© Libro N° 8013.
Notas Sobre Las Finanzas. De Brunhoff,
Suzanne. Emancipación. Noviembre 28 de 2020.
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Notas Sobre Las Finanzas. Suzanne De Brunhoff
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Suzanne De
Brunhoff
Notas Sobre Las Finanzas
Suzanne De Brunhoff
Abordamos aquí dos puntos:
1º. ¿Qué nos aporta la referencia a Marx para
un estudio sobre las finanzas contemporáneas? Y no sólo es el desfase
histórico, es que, además, Marx sólo trata de la cuestión en
manuscritos, comprendido el correspondiente al tomo III de El Capital publicado
en 1895 por Engels. Yo quisiera retomar aquí esta cuestión
examinando la relación de Marx con la escuela clásica, sobre
todo Ricardo, y la aportación original de Marx sobre
el lazo entre “capital real” productivo y el “capital dinero”.
2º. Algunas observaciones a propósito de las
cuestiones contemporáneas sobre el análisis de las finanzas y su considerable
desarrollo desde los años 80. Evocaremos las investigaciones de marxistas
americanos (Paul M. Sweezy), y algunas indicaciones sobre la situación,
aportadas sobre todo por «The Economist», ese semanario neoliberal
que Marx leía en la biblioteca de Cambridge para informarse
sobre el mundo de los negocios.
I. Las preguntas de Marx sobre «el sistema de crédito» del
capitalismo
Marx emplea
en varias ocasiones esta expresión de sistema de crédito para nombrar el modo
de financiación del capitalismo de su tiempo. Es una estructura financiera
particular, herencia de la «acumulación primitiva» del capital «mercantil» y
del capital de «préstamo», que tiene un nueva situación en relación con el
capital productivo, único creador de valor real. Marx utiliza
elementos descubiertos por Ricardo, pero lo hace a su manera.
1. La
herencia de los clásicos
Ricardo, «el gran economista de la producción», desarrolló la teoría del valor
trabajo heredada de Adam Smith. No hay más que tres “factores de
producción” ‐ la tierra, el capital, el trabajo – en los que se basa la
distribución de las ganancias ‐renta, beneficio, salario. La tasa de interés es
un ingreso secundario, derivado del beneficio. En sus escritos
monetarios, Ricardo participa en las discusiones sobre la
política monetaria del Banco de Inglaterra alineándose del lado de la «currency
school»: el valor de la moneda, aunque sea de oro, depende de su cantidad.
La idea de un capital dinero no tiene sentido aquí.
Por otra parte, existe un grupo social de «money
men», propietarios de fondos de inversión, que tienen necesidad de una
moneda bien administrada, es decir, sin inflación. En el plano internacional,
en régimen de patrón oro y de libre circulación de las mercancías y del oro,
puede ocurrir que la tasa de cambio de la moneda nacional sea desfavorable para
Inglaterra. Eso «no puede corregirse más que por la exportación de mercancías,
por una transferencia de lingotes o por una reducción del papel en circulación»
(ib. p. 231). Esta concepción del equilibrio de la balanza de pagos está en la
raíz del concepto de «beneficios sobre los costos comparativos de producción»,
aún dominante en las ideas del liberalismo actual sobre el librecambio
internacional de mercancías y de capitales.
Marx adopta
la idea clásica de la tasa de interés derivada del beneficio. Ya se trate del
crédito bancario o de las acciones, su producto se distribuye entre los
acreedores a partir del beneficio de la producción de los capitalistas
industriales. Al contrario que el crédito al Estado para financiar la deuda
pública, que se paga con los impuestos, ingreso estatal obtenido de la economía
real. Los economistas clásicos han discutido mucho a propósito del reparto de
los impuestos sobre «los factores de producción» procurando buscar el que menos
afecte a la «economía real». Esta cuestión no se trata aquí, tendrá que hacerse
en el marco de las instituciones financieras, sobre todo los bancos.
2. Capital dinero y capital real según Marx
La noción de capital dinero es propia de Marx,
en relación con la de la plusvalía. Está ligada a su concepción de la moneda
que excluye la teoría cuantitativa. Marx retoma a su manera la
historia escrita por Adam Smith. Él describe en El Capital la
acumulación de dinero en Europa y su carácter mundial, incluyendo «el pillaje»
de recursos, en bienes, en oro y en hombres, de continentes no europeos. El
auge del «capital comercial» y del «capital dinero», sostenido por las
políticas públicas, ha sido una de las condiciones históricas del capitalismo.
Al principio del libro I de El Capital, Marx expone
su concepción de la circulación de mercancías en relación con los valores de
cambio y la moneda. En ruptura con todas las teorías cuantitativas, introduce
la moneda como «equivalente general», con su valor y sus diferentes formas y
funciones. Esto abre la vía a dos nociones originales respecto a los análisis
de los clásicos. Por una parte, existe un capital dinero D, que será un
elemento de la acumulación capitalista. Pero, por otra parte, la fórmula D‐D’ es
absurda, porque el dinero en cuanto tal no crea valor en la circulación de los
valores de cambio. De ahí la introducción de la mercancía «fuerza de trabajo»
asalariada, única creadora de plusvalía y de beneficio.
Es el uso de esta particular mercancía obrera lo
que compra «el hombre de los escudos»*, el capitalista industrial, por el valor
de reproducción de las mercancías para el consumo del obrero. Los salarios
reales indispensables, enumerados por A. Smith y Ricardo,
aquí son mercancías a comprar contra un salario monetario que ratifica el valor
de uso de la mercancía fuerza de trabajo. La explotación del asalariado no es
un robo, es el mecanismo capitalista fundamental, conforme con el intercambio
de equivalentes y ratificado por contrato entre dos individuos en el mercado de
trabajo.
Cualesquiera que sean las vicisitudes del concepto
expuesto por los ponentes precedentes en este seminario, el «capital dinero» es
una forma esencial del capital en Marx. Significa que el
capital‐dinero es ambivalente en relación con la producción capitalista: indispensable,
pero incapaz de valorizarse por sí mismo.
Sin embargo, el sector del «capital ficticio»
aumenta de manera acumulativa durante ciertos periodos, punto sobre el que
trataremos más adelante, como si se nutriera de sí mismo, siendo así que no
crea valor. La búsqueda de Marx de un estatuto de las finanzas
capitalistas se manifiesta en las notas del libro III de El Capital editado
por Engels (a reserva de la nueva edición alemana de las obras
de Marx y de los errores de las diversas traducciones en
francés, inglés, etc.). Sin embargo ya en el libro primero de El
Capital introdujo el papel del «sistema de crédito» en «La
ley general de la acumulación del capital» (K 1, cap. 23, vol.3, pp. 759ss).
Este sistema, al principio modesto, según Marx, se convierte, en el
capitalismo desarrollado, «en arma nueva y terrible en la lucha competitiva,
transformándose finalmente en un inmenso mecanismo social para la
centralización de los capitales» [ib. p. 779, nota b].
Es también el sistema de crédito el que ha
permitido la construcción de ferrocarriles y otras grandes inversiones.
Este sistema de financiación está en ruptura con la
antigua práctica de la usura en el nivel económico e institucional –véase la
instauración en Inglaterra del techo legal de la tasa de interés. Y «recoge los
recursos monetarios disponibles que son invertidos en acciones, préstamos
bancarios, valores extranjeros…». Marx da indicaciones aquí y
allá sobre el carácter internacional de este sistema de crédito. Está
concentrado en los países ricos donde se forma un mercado monetario y
financiero dominante. El de Londres ha llegado a ser, en comparación con otros
países europeos, el más importante a nivel de finanzas internacionales debido
al empuje del desarrollo industrial inglés. Inglaterra ha sido la iniciadora
del régimen monetario internacional del patrón oro vinculándolo oficialmente
con su moneda, así como del liberalismo monetario, lo que ha reforzado el papel
predominante de la libra esterlina en las transacciones mundiales, en relación
con el dominio de los mares y el Imperio colonial. Pero en sus notas, Marx se
muestra atento al auge industrial americano, capaz de dar un día a América el
predominio.
Estos puntos de la historia monetaria y financiera
son todos muy interesantes y sugestivos. Sin embargo la situación del capital
financiero en relación con el «capital real» sigue siendo un problema abordado
varias veces en el libro III de El Capital. El aumento del sector
financiero y su papel con relación a la acumulación de capital productivo es
una dinámica del «sistema de crédito». Incluso los ahorros de los trabajadores,
amasados con tantas dificultades, se colocan en fondos específicos o en depósitos
bancarios. Un ‘hilo dorado’ que acentúa la dependencia de los asalariados del
capitalismo, dice Marx. Sin embargo el status de los bancos y otros
elementos constitutivos de las finanzas sigue siendo de lo más difícil de
precisar.
Los bancos y mercados financieros no crean valor,
como ya lo indicaron los clásicos. Los títulos sobre una parte del producto
real no son más que derechos de propiedad sobre una parte de los futuros
productos del trabajo, según Marx. Es un desarrollo de la idea
expuesta más arriba según la cual la tasa de interés es una deducción sobre el
beneficio. Sin embargo, este reparto del beneficio de la producción plantea
problemas particulares sobre todo en cuanto a la naturaleza de las relaciones
entre los «money men» y los empresarios, así como entre sus respectivas
áreas de desarrollo. Marx subraya varias veces que las
variaciones de la tasa de interés dependen de la oferta y la demanda de dinero
en un mercado específico, en el que, por otra parte, la institución Banco
central, poder privado y poder del Estado, juega un papel importante. Este
mercado monetario difiere del de las acciones, aunque uno y otro se
comuniquen.
Por otra parte, los agentes financieros, sobre todo
los banqueros y otras instituciones financieras, a menudo son tratados
por Marx de parásitos, especuladores, incluso de ladrones. Sin
embargo ellos tienen también su función en la acumulación del capital
productivo como lo vimos más arriba a propósito del «sistema de crédito». Su
actividad crea la ilusión del capital «ficticio», es decir, de la valorización
del dinero por su propia inversión, del desarrollo del sector financiero por sí
mismo. Volvemos a encontrar aquí la idea del imposible «D‐D’» expuesto más
arriba.
Marx vuelve
de nuevo con detenimiento sobre este tema, particularmente en los capítulos del
29 al 33 del libro III de El Capital. ¿Cómo articular la existencia
de dos especies de capitalistas, el empresario y el financiero, cuando sólo es
el capital productivo el creador de plusvalía? ¿Cuál es el fundamento real del
reparto entre ellos del beneficio de la producción? Me parece que el párrafo
siguiente es de los más claros. Marx indica que «las acciones
de las compañías de ferrocarriles, mineras, de navegación, etc., representan el
capital real… Pero este capital no existe de dos maneras, una vez como valor de
capital de los títulos de propiedad, de las acciones, y la otra como capital
realmente invertido o a invertir en esas empresas… la acción no es otra cosa
que un título de propiedad… sobre el plusvalor que se ha de realizar por
intermedio de ese capital» (K 3 vol. 7 cap.29, p. 601). Sin embargo estos
títulos tienen su propio precio en el mercado y su «valor de capitalización» en
relación con la tasa de interés y él mismo es también variable y está sujeto a
especulación. No hay más que un solo capital que produce beneficio, pero dos
suertes de capitalistas que se complementan y se enfrentan eventualmente por el
reparto de la plusvalía creada por el trabajo asalariado.
Pero no hay entre ellos regla alguna de reparto de
esta plusvalía.
Habría que examinar también, a partir de las notas
de Marx, la relación establecida entre crisis de crédito y ciclos
del capital, pero eso no se aborda aquí.
II. Análisis contemporáneos de las finanzas
1) Un punto a desarrollar en la versión final: la
noción de capital nacida de la escuela clásica y de Marx no
existe en las teorías económicas dominantes, sean las de J.M. Keynes o
las neoclásicas, aunque éstas difieren mucho unas de otras. Desapareció junto
con la noción de valor‐trabajo. En cuanto a la noción de moneda, tan importante
para comprender el papel económico de los «money men», terminó siendo un
subproducto de la economía «real», con los índices de estadísticas de los
precios que indican estabilidad o inflación. La teoría cuantitativa de la
moneda vino a ser dominante, así como el examen de la política de tasas de
interés de los bancos centrales. La significación del papel internacional del
patrón oro está poco analizada. Keynes, en su «Treatise on Money»
de 1930, fue uno de los últimos en ocuparse de ello en el plano teórico con la
preocupación política de preservar un rol internacional para las monedas
europeas.
El pensamiento dominante hoy es ecléctico: moneda
como medio de reglamento, activos de inversión individual de las familias,
cantidad en circulación dependiente en última instancia del Banco central. Toda
esta mezcolanza se encuentra en M. Friedman, uno de los
inspiradores del fin del régimen de Bretton Woods, del cambio flotante de las
monedas y de la liberalización de los mercados financieros.
Habría que analizar el aumento de las técnicas de
gestión de cartera, en relación con los instrumentos matemáticos sofisticados
para evaluar el rendimiento en relación con el riesgo de las inversiones. Al
igual que el de las consultorías en gestión de activos, compatibilidad, derecho
de los negocios; es un aspecto de la «externalización» del coste de los
servicios financieros por las grandes empresas y bancos. Habría que ver también
la función de las instituciones privadas de calificación crediticia de las grandes
empresas americanas así como el papel de las instituciones públicas que se
supone que velan por la veracidad de las cuentas de las empresas cotizadas en
Bolsa.
El análisis heterodoxo de las finanzas se ha
desplazado hacia dos temas principales. El primero es el de el «exceso del
desarrollo del sector financiero» en los países capitalistas ricos desde los
años 80 y la liberalización de los movimientos de capitales de los países
occidentales. Los críticos de las políticas de las instituciones financieras
internacionales, sobre todo las del FMI, y del papel depredador del enorme
endeudamiento de los países del «Tercer Mundo». A finales del siglo XX hubo
muchos proyectos de reformas, como el de la Tasa Tobin, sobre las transacciones
bancarias.
Un segundo tema es el de la inestabilidad propia de
las finanzas liberalizadas: sucesión de burbujas y de crisis. La idea es
susceptible de varias interpretaciones. La teoría ortodoxa de la racionalidad
de los mercados evoca pulsiones irracionales pero no puede explicarlas según su
propia lógica. Las ideas heterodoxas relacionan el crecimiento excesivo de las
finanzas con la economía real de producción: economías ricas convertidas en
«rentistas» que explotan los recursos de bienes y de fuerza de trabajo de los
países en vías de desarrollo.
Se trata, en estas críticas, de las finanzas
privadas internacionales liberalizadas. Las finanzas del Estado son apenas
discutidas. La crítica heterodoxa de los reglamentos europeos de estabilidad
promovidas por el Tratado de Mastrique apuntaba sobre todo un sesgo a favor de
las finanzas privadas. Pero no ha habido después en Europa mucha discusión
sobre este punto, siendo así que las deudas de todos los grandes Estados
capitalistas, entre ellos el Reino Unido, han aumentado. Otro punto poco
tratado, en Francia por ejemplo, es la evolución de las instituciones
financieras públicas, Caja de Depósitos, Cajas de Ahorro, y el proyecto de
banca de Correos: evolución del sector financiero público hacia una
privatización en concordia con las empresas públicas, pero que suscita menos
análisis y contestación. Sin embargo, si se propone una alternativa política a
la desregulación financiera, debería ocuparse también de esta forma de
privatización.
2) Un intento de análisis marxista del desarrollo de las finanzas
en relación con la economía real
El desarrollo considerable de las finanzas desde
principio de los 80 ha estado relacionado con la baja de la tasa de ganancia
durante los años 70 (P.M. Sweezy (1994)). El proceso de acumulación ya no está
centrado en el capital productivo. Y «la relación inversa entre capital real y
capital financiero es la clave de la comprensión de las nuevas tendencias
mundiales».
P.M. Sweezy está cerca de las teorías del estancamiento de M. Kalecki y J.
Steindl. Piensa que el crecimiento americano de 1946 a 1960 no fue más que
un episodio de la reconstrucción posterior a la segunda guerra mundial. Los
años 70, de estancamiento y de inflación, o estanflación, dieron paso al
«triunfo del capital financiero», que no ha sido desmentido posteriormente.
A pesar de mi desacuerdo con Sweezy,
evoco aquí esta tesis por dos razones. La primera es la inquietud que se
manifiesta en diferentes números de The Economist desde 2003
sobre la recuperación de las inversiones de las grandes empresas americanas.
Por ejemplo, los beneficios fueron considerables en 2004 y primera mitad de
2005, pero fueron escasas las inversiones en innovaciones reales. Otro temor,
el de una nueva «estanflación» a causa de los precios del petróleo y de las
materias primas. Según esta revista, las empresas han logrado la compresión de
sus costos, sobre todo el del trabajo, pero sus inversiones se aplazan
demasiado.
La segunda inquietud, la emergencia de China, cuya
tasa de acumulación real y de crecimiento sobrepasa de lejos a la de Occidente.
A mí me parece que no podemos descuidar la
discusión sobre estas ideas. Principalmente la de la nueva situación de la
clase asalariada en los países capitalistas desarrollados. Hubo muchas
ilusiones a propósito del accionariado asalariado, el «capitalismo patrimonial»
de mañana, de las cuales algunas se van disipando (la del «ownership society»
preconizada por Bush para privatizar las pensiones de los
asalariados es impopular en EEUU). Una puesta al día de las ideas de Marx sobre
el capital financiero en relación con el capital real y el trabajo asalariado
nos ayudaría.
____________________________
* En la ed. castellana de El Capital, libro 1º,
cap. 4.3, p.203: ‘nuestro hombre poseedor de dinero’. [N. del T.]
Bibliografía breve:
‐ K.J. Arrow (1982) Real and nominal
magnitudes in economics, en D. Bell and I. Kristol (eds), «The crisis in
economic theory », Basic Books, New York
‐ R. Hilferding (1910) Das Finanzcapital,
traducción francesa, 1970, Éditions de Minuit
‐ Karl Marx (1894) Capital, libre
3, eds de Engels, traduction française, 1970, Éditions Sociales
‐ P.M. Sweezy (1994) The Triumph of
Financial Capital, Monthly Review, junio

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