© Libro N° 8012.
Marx Y La Acumulación Primitiva. El Carácter
Continuo De Los “Cercamientos” Capitalistas. De Angelis,
Massimo. Emancipación. Noviembre 28 de 2020.
Título
original: ©
Marx Y La Acumulación Primitiva. El Carácter
Continuo De Los “Cercamientos” Capitalistas. Massimo De Angelis
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Carácter Continuo De Los “Cercamientos” Capitalistas. Massimo De Angelis
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MARX Y LA
ACUMULACIÓN PRIMITIVA
El Carácter
Continuo De Los “Cercamientos” Capitalistas
Massimo De
Angelis
Marx Y La Acumulación
Primitiva.
El Carácter Continuo De Los
“Cercamientos” Capitalistas*
Massimo De Angelis
En los últimos veinte años, la ortodoxia neoliberal
devino predominante en todos los niveles de gobierno y delineó las
recomendaciones de política propuestas por los think tanks más
importantes del mundo.
Los países han sido testigos de continuos y masivos
ataques a todas aquellas funciones del Estado que fueron diseñadas para
compensar las deficiencias e injusticias del mercado. Los recortes en el gasto
social han adquirido, por supuesto, muchas formas y diversas configuraciones.
En cada caso, depende del contexto histórico y socioeconómico en el que fueron
implementados, y según se trate de los países “ricos” del Norte, los países
“pobres” del Sur o los países del Este en proceso de “transición”.
De cualquier manera, tras una rápida lectura de la
enorme literatura sobre este tema, uno se queda con la fuerte sensación de que
existe un trasfondo común entre, digamos, los ajustes realizados sobre los
beneficios de desempleo en Gran Bretaña, ante la necesidad de equilibrar el
presupuesto; la ola de privatizaciones que tuvo lugar en Polonia debido a la
necesidad de desmantelar el Estado socialista; y los recortes en los subsidios
alimentarios efectuados en Tanzania por la necesidad de pagar los intereses de
la deuda externa. Este artículo propone que una reinterpretación de la teoría
de la acumulación primitiva postulada por Marx, puede brindarnos
importantes hallazgos acerca del común carácter social de lo
que a prima facie se nos presenta como un conjunto de
políticas desvinculadas entre sí y engendradas por diferentes circunstancias.
Según una de las principales interpretaciones
tradicionales, el concepto de acumulación primitiva de Marx remite
al proceso histórico que dio nacimiento a las precondiciones del modo de
producción capitalista. Estas precondiciones refieren fundamentalmente a la
creación de un sector de la población sin otros medios de vida que su propia
fuerza de trabajo para vender en el naciente mercado laboral, y a los fines de
la acumulación de capital, en las nacientes industrias. En esta concepción, el
adjetivo “primitiva” se corresponde con una clara dimensión temporal (el
pasado), que se convierte en la condición para un futuro capitalista.
Alternativamente, el mismo concepto de acumulación primitiva ha sido
interpretado como un fenómeno continuo dentro del modo de producción
capitalista, especialmente en el marco de los análisis marxistas que describen
la subordinación del Sur respecto del Norte en la economía mundial.
En este artículo, alego que la teoría de Marx sobre
la acumulación primitiva podría ser interpretada como conteniendo, al mismo
tiempo, un argumento histórico y otro de continuidad, pero en formas que se
apartan de las interpretaciones tradicionales. En la segunda sección, repaso
brevemente los dos abordajes clásicos de la acumulación primitiva en el marco
de la tradición marxista. En la tercera sección, analizo la definición dada
por Marx de la acumulación primitiva y la sitúo en su análisis
más amplio del modo de producción capitalista. Esto me llevará a poner de
relieve dos importantes implicaciones teóricas que conlleva la idea de
acumulación primitiva planteada por Marx, esto es, el hecho de que
aquella describe la separación forzada entre las personas y
sus medios sociales de producción, y que dicha separación puede tomar muchas
formas. En la cuarta sección, me extiendo brevemente en este último punto, y
examino algunas de las formas de la acumulación primitiva presentadas por Marx.
Finalmente, en la quinta sección, retorno al significado social de la
acumulación primitiva tal como fue identificado en la tercera sección.
Partiendo del aparato teórico de Marx –principalmente, de su
análisis de la relación entre sujeto y objeto, de su teoría de la alienación, y
de su distinción entre acumulación [propiamente dicha][2] y acumulación
primitiva-, argumento que la acumulación primitiva se encuentra necesariamente
presente en los sistemas capitalistas “maduros” y, dada la naturaleza
conflictiva de las relaciones capitalistas, asume un carácter “continuo”. En la
conclusión, expongo brevemente las implicaciones políticas de este análisis.
Para focalizar en la discusión teórica de Marx,
me abstraeré de los debates alrededor del rol y significado de las
“acumulaciones primitivas socialistas”. Además, por la misma razón, no me
detendré en el análisis de los diferentes matices de sentido implícitos en la
nominación de la categoría estudiada, toda vez que en la literatura es referida
como acumulación “originaria”, “primitiva” o “primaria”. Mi preferencia por la
utilización del término “acumulación primitiva” en este artículo es sólo una
elección práctica, en tanto creo que esta ha sido la fórmula más usada de la
categoría (seguida por “originaria” y luego “primaria”). Cuestionar esta
costumbre establecida debería ser objeto de otro artículo.
Una breve revisión de las interpretaciones
tradicionales
El concepto de acumulación primitiva es una de esas
ideas que ha entrado en el vocabulario común de los académicos marxistas, sin
haber generado demasiada controversia o debate teórico[3]. Dentro de la literatura
es posible identificar dos marcos interpretativos centrales que abordan el
problema de la acumulación primitiva. El primero puede ser representado por el
temprano estudio de Lenin, El desarrollo del capitalismo en
Rusia (1899). En términos generales, este enfoque concibe a la
acumulación primitiva como la premisa histórica del modo de producción
capitalista y, por lo tanto, hace hincapié en el proceso de separación entre
las personas y los medios de producción durante el período de transición entre
modos de producción. En su polémica con los populistas (quienes creían que la
ausencia de un mercado desarrollado evitaría el desarrollo capitalista en
Rusia), Lenin argumentaba que la desaparición de los
campesinos y su expropiación junto con la de sus comunidades, era la condición
para la creación de un mercado capitalista en Rusia. Lenin concebía
este proceso como inevitable y, en última instancia, positivo –aunque, en
general, se encargó de subrayar las contradicciones implicadas. Sin embargo,
estas contradicciones no incluyen una mención de la resistencia campesina
contra la expropiación, ni reflexiones acerca de cómo ésta podría haber
contribuido a la creación de resultados que contradijeran los requerimientos
del desarrollo del capitalismo ruso. Así como Lenin no previó
una resistencia campesina, tampoco previó la sanción de una “legislación
sanguinaria” (Marx, 2005: 918-928) en Rusia para enfrentarla.
La acumulación de capital (1913) de Rosa Luxemburgo representa
una segunda y diferente interpretación. Aunque la autora acepta formalmente que
la acumulación primitiva es un fenómeno histórico único y situado que dio lugar
a la emergencia del capitalismo (para una crítica, véase Rosdolsky, 1977: 279),
su marco teórico apunta hacia una dirección distinta.
Luxemburgo señala que los esquemas de la reproducción ampliada elaborados
por Marx constituyen una representación matemática de las
condiciones para la acumulación, que sólo tendrían validez en el caso
hipotético de que existieran dos clases sociales. No obstante, la autora alega
que la producción capitalista debe contar necesariamente con terceras partes
(campesinos, pequeños productores independientes, etc.) que puedan convertirse
en compradores de mercancías. En consecuencia, la imposición de relaciones de
intercambio entre la producción capitalista y no capitalista deviene necesaria
para la realización de plusvalía. No obstante, estas relaciones de intercambio
se topan con relaciones sociales de producción no capitalistas. Para superar la
resistencia al avance del capital que surge de dicho choque, el capital debe
recurrir a la violencia militar y política.
Aquí Luxemburgo introduce una
tesis crucial que, independientemente de la validez de su razonamiento e
interpretación respecto de los esquemas de Marx, resulta
fundamental: el prerrequisito extraeconómico para la producción capitalista –lo
que denominaríamos como acumulación primitiva- es un elemento inherente y
continuo de las sociedades modernas, y su campo de acción se extiende al mundo
entero. A partir de allí, la autora combina su análisis teórico de la
acumulación con una conjetura política: una vez que el mundo entero se torne
capitalista, el sistema habrá alcanzado su final histórico. Aquí, la lucha de
clases entra en escena como un deus ex machina antes de que el
colapso sea provocado por condiciones objetivas. Como en el caso de Lenin,
tampoco para Rosa Luxemburgo la resistencia y la lucha son
elementos constitutivos de la acumulación primitiva, sino un
posible -aunque importante- subproducto.
Las dos interpretaciones clásicas de Lenin y Luxemburgo han
dejado su huella en subsiguientes abordajes. Es quizás útil calificar la
interpretación de Lenin como de “acumulación primitiva
histórica”, a fin de indicar una etapa histórica y temporalmente definida, para
la que se describe el patrón de separación entre las personas y sus medios de
producción. El enfoque de Luxemburgo puede ser definido, en
cambio, como de “acumulación primitiva inherente y continua”, para indicar el
hecho de que este característico proceso de separación extra-económica entre
productores y medios de producción es permanente y constitutivo del sistema
capitalista. Interpretaciones sucesivas y más modernas parecen compartir las
características básicas de estas dos perspectivas. Por ejemplo, en sus estudios
clásicos sobre el desarrollo del capitalismo, Maurice Dobb utiliza
la categoría de acumulación primitiva para indicar una época bien definida de
acumulación de derechos de propiedad, mejor conocida como mercantilismo:
Si, no obstante, es preciso atribuir un significado
a la noción de “acumulación originaria” (en el sentido marxista del
término) anterior en el tiempo al florecimiento de la
producción capitalista, hay que interpretarla, en primer lugar, como una
acumulación de derechos –de títulos sobre patrimonios
existentes, acumulados ante todo por razones especulativas- y, en segundo
lugar, como acumulación en manos de una clase que, por su especial posición
dentro de la sociedad, es capaz de transformar, en definitiva, estos títulos
acumulados de patrimonio en medios efectivos de producción. En otras palabras,
cuando se habla de acumulación en un sentido histórico, nos estamos refiriendo
a la propiedad de patrimonios y a una transferencia de
propiedad, y no a la cantidad de instrumentos tangibles de producción en
existencia (Dobb, 1971: 216).
Según Dobb, por lo tanto, la
acumulación primitiva es acumulación “en un sentido histórico”. Vale la pena
notar que también Paul Sweezy, el principal oponente de Dobb en
el famoso debate sobre la transición del feudalismo al capitalismo -publicado
en Science and Society 1950-1953-, reconoce el “excelente
tratamiento de los problemas esenciales del período de la acumulación
originaria” (Sweezy, 1950: 157) que realiza Dobb. El ahora ya
clásico debate sobre la “transición” (recopilado en Hilton, 1978), así como sus
posteriores desarrollos y derivas –por ejemplo, en torno al debate de Brenner en
las páginas de la revista Pasado y Presente de los años ’70
(recopilado por Astor y Philperin, 1985) y, más tarde, en los intercambios
en Science and Society (Gottlieb, 1984; Leibman, 1984; Sweezy,
1986; McLennon, 1986)- se caracteriza por la aceptación generalizada de la
definición histórica de la acumulación primitiva.
Diferente de la aproximación que realiza Dobb al
problema de la acumulación primitiva -entendida principalmente como un proceso
histórico finalizado-, es la de Samir Amin, que se encuentra más
cercana a la noción de acumulación primitiva definida como proceso inherente y
continuo y que, según este autor, tiene lugar a través de lo que define como la
transferencia de valor dentro de la economía mundial:
Ahora bien, esas relaciones entre las formaciones
del mundo desarrollado (el centro) y las del mundo ‘subdesarrollado’ (la
periferia) se saldan mediante flujos de transferencia de valor que constituyen
la esencia del problema de la acumulación en escala mundial. Cada vez que el
modo de producción capitalista entra en relación con modos de producción
precapitalistas a los que somete, se producen transferencias de valor de los
últimos hacia el primero, de acuerdo con los mecanismos de la acumulación primitiva.
Estos mecanismos no se ubican, entonces, sólo en la prehistoria del
capitalismo; son también contemporáneos. Son estas formas renovadas pero
persistentes de la acumulación primitiva en beneficio del centro, las que
constituyen el objeto de la teoría de la acumulación en escala mundial (Amin,
1975: 11-12).
Otra interpretación dentro de este marco general
podría también incluir la noción de sistema-mundo acuñada por Wallerstein (1979).
El carácter continuo de la acumulación primitiva en este armazón conceptual
acentúa los mecanismos objetivos de la acumulación y circulación de capital.
Una revisión cuidadosa de la definición de
acumulación primitiva planteada por Marx nos permite sopesar
de manera crítica tanto los argumentos históricos como los de continuidad, y
reformularlos políticamente. La clave en el abordaje de Marx es
el concepto de separación entre productores y medios de
producción (en lo que sigue, me referiré a esto simplemente como separación).
Esta definición, implícita en las lógicas contrastantes de la acumulación
ilimitada de capital vis á vis las luchas sociales por
libertad y dignidad, no sólo nos ayuda a describir la naturaleza recurrente de
la “acumulación primitiva”, sino también a señalar la cuestión política central
de cualquier alternativa al capitalismo: el acceso directo a los medios de
existencia.
El concepto de acumulación primitiva en Marx
La definición de acumulación primitiva
En el Capítulo XXIV, ubicado en la Sección Séptima
del Tomo I de El Capital, Marx discute “la llamada
acumulación originaria”. Para cualquier período de tiempo dado, el proceso de
acumulación [propiamente dicho] presupone, por supuesto, que cierta cantidad de
capital pre-acumulado haya sido lanzada al proceso de producción. En ese
sentido, la producción capitalista como un todo, presupone cierta acumulación
“originaria” o “primitiva”. Aunque nunca utiliza el término, Adam Smith fue
el primero en referirse a esta noción, afirmando que “la acumulación de stock”
es una precondición para la división del trabajo (Smith, 1776: 277) y, en
consecuencia, para el acrecentamiento del poder productivo del trabajo. El
abordaje que realiza Marx sobre la acumulación primitiva
aparece, desde el inicio, ligado a un significado teórico distinto que le
asigna a la categoría de capital. La noción de acumulación primitiva está
basada en el concepto de capital en tanto relación de clase, más que en tanto
“stock”: “La relación del capital presupone la escisión entre
los trabajadores y la propiedad sobre las condiciones de realización del
trabajo” (Marx, 2005: 893. Destacados nuestros).
Teniendo en cuenta el sentido dado al concepto de
capital como relación de clase, se sigue, que
El proceso que crea a la relación del
capital, pues, no puede ser otro que el proceso de escisión entre el obrero
y la propiedad de sus condiciones de trabajo, proceso que, por una parte,
transforma en capital los medios de producción y de subsistencia sociales, y
por otra convierte a los productores directos en asalariados (Marx, 2005: 893.
Destacados nuestros).
De este modo,
“la llamada acumulación originaria no es, por
consiguiente, más que el proceso histórico de escisión entre productor
y medios de producción” (Marx, 2005: 893).
También podemos encontrar indicios del énfasis
puesto por Marx en las relaciones de clase a lo largo de la
estructura argumentativa que organiza el capítulo XXIV de El Capital. Marx dedica
dos acápites de este capítulo a la conformación de la clase trabajadora
(acápites 2 y 3) y tres acápites a la conformación de la burguesía (acápites 4,
5 y 6).
Hay tres puntos centrales que, considero, son
claves para comprender el abordaje de Marx en torno de la
acumulación primitiva. El primero es que la separación de los
productores y medios de producción es una característica común tanto
de la acumulación [propiamente dicha] como de la acumulación primitiva. El
segundo es que la separación es una categoría central
(sino la categoría central) de la crítica de Marx a
la economía política. El tercero es que la diferencia entre acumulación
[propiamente dicha] y acumulación primitiva no es de carácter sustantivo, sino
que la diferencia entre ambas radica en las condiciones y formas mediante las
cuales esta separación es implementada en cada caso.
En lo que sigue, analizaré estos tres aspectos de
forma sucesiva.
La separación y el secreto de la acumulación (primitiva)
La idea de separación se aplica
tanto a la acumulación [propiamente dicha] como a la acumulación
primitiva. Marx es extremadamente preciso en esto. En el Tomo
III de El Capital acentúa que la acumulación [propiamente
dicha] no es otra cosa que la acumulación primitiva –definida en el Tomo I en
términos de separación– reproducida en una escala constantemente
ampliada (Marx, 2005). En Teorías sobre la Plusvalía, Marx es
aún más preciso, cuando escribe que la acumulación [propiamente dicha]
“reproduce la separación y la
existencia autónoma de la riqueza material en contra del trabajo en una escala
constantemente ampliada” (Marx, 1971: 315. Destacados nuestros)
y, por lo tanto,
“simplemente presenta como un proceso
continuo lo que en la acumulación originaria aparece como un proceso
histórico distintivo” (Marx, 1971: 271; 311-2).
Nuevamente, en los Grundrisse plantea:
“Una vez presupuesta esta disociación,
el proceso de producción sólo puede producirla de manera nueva, reproducirla y
volverla a producir en una escala cada vez mayor” (Marx, 2009: 423. Destacados
nuestros).
El significado y centralidad de la “separación” en
la teoría de Marx
Es conocido que el método de investigación de Marx
parte de las leyes de la economía burguesa como una clave para la comprensión
del pasado, más que de la historia real de las relaciones de producción (Marx,
2009: 422). De modo que, si comprendemos lo que Marx quiso decir con separación en
el contexto de la acumulación capitalista [propiamente dicha], podremos
discernir el significado que le otorga a la separación “originaria” o
primitiva.
En el contexto de la acumulación [propiamente
dicha], la separación entre productores y medios de producción implica
esencialmente que “las condiciones objetivas del trabajo vivo se presentan como
valores disociados, autónomos, frente a la capacidad viva de
trabajo como existencia subjetiva; la cual, por ende, se presenta ante ellos
únicamente como valor de un tipo diferente” (Marx, 2009: 423). La
separación de productores y medios de producción en el plano social conlleva el
enfrentamiento del trabajo vivo y las condiciones de producción como valores
independientes que se oponen mutuamente:
Las condiciones objetivas de la capacidad viva de
trabajo están presupuestas como existencia autónoma frente a ella, como la
objetividad de un sujeto diferenciado de la capacidad viva de trabajo y
contrapuesto autónomamente a ella; la reproducción y valorización,
esto es, la ampliación de estas condiciones objetivas, es al mismo
tiempo, pues, la reproducción y producción nueva de esas condiciones como
sujeto de la riqueza, extraño, indiferente ante la capacidad de trabajo y
contrapuesto a ella de manera autónoma. Lo que se reproduce y se produce de
manera nueva no es sólo la existencia de estas condiciones
objetivas del trabajo vivo, sino su existencia como valores autónomos,
esto es, pertenecientes a un sujeto extraño, contrapuestos a esa capacidad viva
de trabajo (Marx, 2009: 423).
Por lo tanto, esta separación es
una condición fundamental para la teoría marxista de la reificación, de la
transformación del sujeto en objeto. En otras palabras, debido a esta separación “las
condiciones objetivas del trabajo adquieren una existencia subjetiva frente a
la capacidad viva de trabajo” (Marx, 2009: 423). Esto significa que los medios
de producción están sujetos por un impulso hacia la auto-valorización y
auto-expansión, y esto, desde la perspectiva del capital, es todo lo que
cuenta. Por otro lado, el trabajo vivo, el “ser subjetivo” par
excellence, es convertido en una cosa entre cosas, quedando “reducida a un
valor de determinado valor de uso al lado de las condiciones
autónomas de su valorización como valores de otro valor de
uso” (Marx, 2009: 423). La especificidad de este sujeto reificado
–la fuerza de trabajo vivo- es que,
El material que ella elabora es material ajeno;
también el instrumento es instrumento ajeno; su trabajo aparece meramente como
un accesorio de ellos en cuanto sustancia, y por ende se objetiva en algo que
no le pertenece. Y aún el propio trabajo vivo se presenta como ajeno frente
a la capacidad viva de trabajo -cuyo trabajo y cuya manifestación vital
específica es él-, el producto del trabajo mismo (Marx, 2009: 423-424).
La idea de separación, por lo tanto, se
hace eco de forma estricta del análisis de Marx sobre el
trabajo alienado, que está enajenado del objeto de la producción, de los medios
de producción, del producto, y de los otros productores (Marx, 1844). La
oposición que hemos venido analizando se encuentra implícita en esta
definición; se trata, por supuesto, de una oposición conflictiva que expresa
una “relación específica de producción, una relación social específica en la
que los dueños de las condiciones de producción tratan a la fuerza de trabajo
vivo como una cosa” (Marx, 1863-66: 989)[4]. Estos mismos dueños son
sólo respetables en cuanto “personificación del capital”, en la cual el capital
es entendido como teniendo “una sola fuerza motora, la de valorizarse a sí
mismo, crear plusvalor, para hacer que su parte constante, los medios de producción,
absorban la mayor cantidad posible de plusvalía del trabajo” (Marx, 1867: 342).
El concepto de separación nos permite clarificar la referencia
de Marx a la acumulación primitiva como acumulación de
relaciones sociales:
“El proceso capitalista de producción, considerado
en su interdependencia o como proceso de reproducción, pues, no solo produce
mercancías, no solo produce plusvalor, sino que produce y reproduce la relación
capitalista misma: por un lado el capitalista, por la otra
el asalariado” (Marx, 1867: 712).
La distinción entre acumulación y acumulación
primitiva
Habiendo definido el carácter común de la
acumulación [propiamente dicha] y la acumulación
primitiva, Marx apunta también a señalar sus características
distintivas. En oposición a la acumulación [propiamente dicha], aquello que
“puede ser llamado acumulación primitiva […] es el presupuesto histórico, en
lugar del resultado histórico, de la producción capitalista” (Marx, 2005: 775).
Si bien comparten el mismo principio –la separación– los dos
conceptos señalan hacia dos condiciones de existencia
diferentes. El último, implica la producción ex novo de
dicha separación, mientras que el primero implica la reproducción –
a una escala ampliada- de esa misma separación:
Esta escisión entre las condiciones de trabajo, por
una parte, y los productores, por la otra, es lo que constituye el concepto del
capital: se inaugura con la acumulación originaria, aparece luego como proceso
constante en la acumulación y concentración del capital y se manifiesta aquí
finalmente como centralización de capitales ya existentes (Marx, 2005: 316).
Entonces, la diferencia clave para Marx no
reside tanto en la ubicación temporal de esta separación –aunque un elemento
secuencial está naturalmente siempre presente- sino en las condiciones
y circunstancias en las que esta separación es impuesta. En los Grundrisse,
por ejemplo, Marx subraya la distinción entre las condiciones
de surgimiento del capital (deviniendo), y las condiciones de existencia del
capital (siendo). Las primeras, “desaparecen en cuanto el capital real emerge”,
mientras que las últimas no aparecen como “condiciones de su génesis, sino como
resultado de su existencia” (Marx, 2009: 421).
Aquí, Marx está enfatizando un
punto simple pero crucial: “el capital, una vez desarrollado históricamente,
crea él mismo sus condiciones de existencia (no como condiciones de su
surgimiento, sino como resultados de su existencia)” (Marx, 2009: 420) y, por
lo tanto, ésto conlleva la reproducción (en escala ampliada) de la separación
entre medios de producción y productores. No obstante, la producción ex
novo de la separación implica la existencia de fuerzas sociales que se
posicionan por fuera de la esfera impersonal y “pura” de las leyes económicas.
La separación ex novo entre los medios de producción y los
productores se corresponde con la creación ex novo de la
oposición entre ambos, y con la fundación ex novo del
específico carácter alienado adquirido por el trabajo en el capitalismo.
Este es el elemento de novedad, de “originalidad”,
que Marx parece señalar cuando enfatiza que, mientras la
acumulación [propiamente dicha] depende fundamentalmente de
“la coerción sorda de las relaciones económicas [que] pone su sello a la
dominación del capitalista sobre el obrero”; la acumulación primitiva lo hace
de la separación impuesta principalmente a través de la
“fuerza directa extra-económica” (Marx, 2005: 899-900), por ejemplo del Estado
(Marx, 1867: 900), de sectores particulares de las clases sociales (Marx, 1867:
879), etc. Podemos decir, por tanto, que la acumulación primitiva es para Marx
un proceso social instigado por algún actor social (el Estado, alguna clase
social particular, etc.) y dirigido a la población que tiene alguna forma de acceso
directo a los medios de producción. Este proceso social frecuentemente toma la
forma de una estrategia que apunta a separarlos.
La discusión arriba planteada nos permite iluminar
dos amplias piedras angulares teóricas en pos de reformular la teoría de Marx sobre
la acumulación primitiva. En primer lugar, la comentada separación no sólo
indica la ruptura entre modos de producción en una época
histórica de “transición”. Esto implica que la acumulación primitiva no puede
ser confinada a un pasado distante. Aquí estoy proponiendo que en la
interpretación de Marx, nada indica que esta separación no
pueda ocurrir en cualquier período, incluso dentro del modo de producción
capitalista “maduro”, cuando las condiciones para una separación ex
novo se presentan. Discutiré esta cuestión con mayor detalle en la
sección 5, al evaluar los elementos que nos aporta la teoría de Marx sobre
la acumulación primitiva para pensar la continuidad de dicho proceso al
interior del modo de producción capitalista. En segundo término, insistir en el
rol que tiene la separación en la definición de acumulación
primitiva, así como en la distinción entre ésta y la acumulación [propiamente
dicha] –que se basa en las condiciones de implementación de esta separación-,
abre una vía para investigar las diferentes formas posibles que puede adoptar
la acumulación primitiva. Esto, por supuesto, puede llevar a la formulación de
una taxonomía de la acumulación primitiva, ejercicio que no será desarrollado
aquí. En la sección 4, en cambio, discutiré algunas de las varias formas de la
acumulación primitiva descriptas por Marx.
Diferentes formas de acumulación primitiva en Marx
Es bien sabido que el análisis de Marx en
torno al proceso de cercamiento de tierras en Inglaterra era una mera ilustración de
la acumulación primitiva, una ilustración específica de Inglaterra[5]. Más aún, la discusión
de Marx sobre la acumulación primitiva en Inglaterra nos lleva
incluso hacia tierras distantes, en la medida en que dichas áreas están
conectadas y subordinadas al proceso de acumulación en Inglaterra[6]. Un ejemplo típico es el
comercio de esclavos. Entre 1690 y 1721 fueron creados nuevos puertos (como
Liverpool), mientras los antiguos cobraban nueva vida como resultado del
florecimiento del comercio de esclavos (como Bristol). El número de esclavos transportados
saltó de 27.500 en el siglo XVII a un número que se estima entre los 40.000 y
100.000 en el siglo XVIII (Linebaugh, 1991: 46). Marx no tiene ningún reparo en
señalar que “Liverpool se engrandeció gracias al comercio de esclavos” y éste,
en efecto, “era su método de acumulación originaria” (Marx, 2005: 924). No
obstante, este método de acumulación primitiva no supone un modelo marxista
clásico de transición del feudalismo al capitalismo que pueda ser aplicado a
África. Esta modelo, que fue común en la ortodoxia marxista hasta no hace tanto
tiempo, al enfatizar el rol jugado por el cercamiento de tierras en la
“transición” del modo de producción feudal al capitalista en Inglaterra,
contribuyó a la transformación del concepto de acumulación primitiva en un
piedra angular del monumental edificio generalmente conocido como “teoría de
las etapas”.[7] En cambio, el ejemplo
del comercio de esclavos demuestra que la acumulación primitiva puede ocurrir a
través de la interacción entre Norte y Sur, la división internacional del
trabajo, la destrucción de las comunidades de África y el esclavismo. Marx estaba,
por supuesto, muy consciente de todas estas formas. Por lo tanto, en este caso,
el “proceso histórico de separación de los productores de sus medios de
producción” revela características y dimensiones bastante diferentes a la
representación estereotipada de los cercamientos de tierras que retratan el
pasaje del “feudalismo” al “capitalismo” en Europa.
Aquí, la definición de acumulación primitiva es
consistente con la concepción de la economía capitalista como una economía
mundial, en el sentido braudeliano (Braudel, 1982), según el cual la
acumulación [propiamente dicha] en un lugar puede corresponderse con la
acumulación primitiva en otro lugar, esto es, que la producción ex
novo de la separación en un lugar puede ser la condición para la reproducción de
esa misma separación en otro lugar interconectado. Si consideramos estas
interrelaciones, podemos apreciar enteramente la agudeza de las reflexiones
provistas por la interpretación de la acumulación primitiva que aquí
denominamos como “continua e inherente”.
Marx también
se refiere a otras formas de acumulación primitiva. Se trata de aquellas
impulsadas a través de la manipulación del dinero por el Estado. Marx considera
la deuda pública, el sistema de crédito internacional y los impuestos, como
medios fundamentales de una extendida acumulación primitiva. La deuda pública
[…] se convierte en una de las palancas más
efectivas de la acumulación originaria. Como con un toque de varita mágica,
infunde virtud generadora al dinero improductivo y lo transforma en capital,
sin que por ello él mismo tenga que exponerse a las molestias y riesgos
inseparables de la inversión industrial e incluso de la usuraria (Marx, 2005:
943).
En forma complementaria a la deuda pública opera el
moderno sistema fiscal,
[…] cuyo puntal está constituido por los impuestos
sobre los medios de subsistencia más imprescindibles (y, en consecuencia, por
el encarecimiento de los mismos), lleva en sí, por tanto, el germen de su
progresión automática. La sobrecarga de impuestos no es, pues, un incidente,
sino antes bien un principio. De ahí que en Holanda, donde este sistema se
aplicó por vez primera, el gran patriota de Witt lo celebrara en sus máximas como
el mejor sistema para hacer del asalariado un individuo sumiso, frugal, industrioso
y… abrumado de trabajo (Marx, 2005: 944).
De la misma forma, el sistema internacional de
crédito que acrecienta la deuda nacional,
“a menudo encubría una de las fuentes de la
acumulación originaria en un país determinado […] No pocos capitales que
ingresan actualmente a Estados Unidos sin partida de nacimiento, son sangre de
niños recién ayer capitalizada en Inglaterra” (Marx, 2005: 944).
Todos estos ejemplos apuntan al hecho de que,
para Marx, la acumulación primitiva no sólo asume la forma directa
del cercamiento de tierras tal como ocurrió en el proceso inglés de la
acumulación primitiva, sino que también tiene lugar a través de otros medios.
Una sucinta revisión de la literatura actual sobre la vinculación entre la
deuda del Tercer Mundo y la generalización de la pobreza, revela que los rasgos
del capitalismo de los siglos XVIII-XIX bien pueden presentar una llamativa
semejanza con los del capitalismo del siglo XXI, siempre que los diferentes
contextos históricos sean, por supuesto, tenidos en cuenta.
El carácter continuo de la Acumulación Primitiva
Introducción
En un importante estudio reciente, Michael
Perelman (2000, c. 2)[8] sostiene la idea de
que el carácter continuo de la acumulación primitiva ya está presente en Marx,
y avala su hipótesis mediante tres referencias[9], para las que provee
diversas evidencias textuales[10]. Asimismo, Perelman señala
que Marx quiso des-enfatizar el concepto de acumulación
primitiva por razones políticas y estratégicas, más que por razones teóricas.
Un énfasis excesivo en la acumulación primitiva
hubiera distraído al lector de la “silenciosa compulsión del mercado”
(Perelman, 2000: 31). El argumento es que Marx quería acentuar
el rol de las fuerzas del mercado, allí donde ya habían reemplazado a la
acumulación primitiva, en tanto dispositivo disciplinario para reforzar la
separación entre el trabajo y los medios de producción. Aunque esta
interpretación pueda explicar la relativa menor extensión dada por Marx a
la discusión de la acumulación primitiva, no responde la pregunta acerca de la
medida en que su marco teórico es compatible con la idea del carácter continuo
de dicho proceso.
Continuidad, conflicto de clase y comunismo
La interpretación del análisis de Marx en
torno de la acumulación primitiva presentada hasta aquí, ha revelado dos puntos
básicos interconectados: primero, que la acumulación primitiva es la
producción ex novo de la separación entre productores y medios
de producción y, por lo tanto, en ciertas condiciones, representa una
estrategia del capital.
Segundo, que este proceso social -o estrategia-
puede adquirir diferentes formas. La historicidad contenida en el concepto es
revelada, no tanto por el hecho de que la acumulación primitiva ocurra antes de
la emergencia del modo de producción capitalista –aunque este es también el
caso-, sino porque es la base, la presuposición, la precondición
básica y necesaria para que la acumulación de capital [propiamente dicha] pueda
ocurrir. Debe ser señalado que esta última definición –que es del propio Marx-,
resulta ser más amplia que la adoptada por la “interpretación histórica
clásica” y, por lo tanto, aquella incluye esta última. Esto es así porque si la
acumulación primitiva es definida en términos de las precondiciones que
satisface para la acumulación de capital [propiamente dicha], su dimensión
temporal incluye –en principio- tanto el período del establecimiento del modo
de producción capitalista, como la producción, preservación y expansión de este
modo de producción, toda vez que los productores se convierten ellos
mismos en un obstáculo para la reproducción de la separación de los medios de
producción de la que son objeto, separación en los términos en que ha sido
descripta previamente.
Otra forma de explicarlo, sería a través del
concepto de “doble movimiento” de Karl Polanyi (1944). De
un lado está el movimiento histórico del mercado, un movimiento que no tiene un
límite inherente y, por lo tanto, amenaza la existencia misma de la sociedad.
De otro lado, está la propensión natural de la sociedad a defenderse a sí misma
y, en ese sentido, a crear instituciones para su protección. En términos
de Polanyi, el elemento continuo de la acumulación primitiva
en Marx podría ser identificado en aquellos procesos sociales
–o conjunto de estrategias- dirigidas a desmantelar estas instituciones que
protegen a la sociedad del mercado. El elemento de continuidad, crucial en la
reformulación de la teoría de Marx sobre la acumulación
primitiva emerge, en consecuencia, una vez que reconocemos el otro movimiento
de la sociedad.
Hemos derivado el carácter estratégico de la
acumulación primitiva de su definición, según la cual se trata “[d]el proceso
histórico de escisión entre el productor y sus medios de producción”; mientras
que en la definición de la acumulación [propiamente dicha] esta escisión ocurre
a una escala ampliada. En Marx, esta última escisión es,
claramente, el resultado de la fuerza motora de lo que podemos denominar como
un sujeto histórico fundamental –aunque despersonalizado- que es el capital,
definido repetidamente por Marx en términos de su ilimitada
necesidad de auto-expansión mediante la acumulación permanente[11]. Esta incesante dinámica
de expansión está condenada a chocar contra límites tales como aquellos
planteados por áreas geográficas no afectadas por la producción capitalista -o
que se encuentran en los márgenes de aquella. Ejemplos de expansión en este sentido
incluyen el ya citado comercio de esclavos mencionado por Marx, así
como la discusión planteada por Luxemburgo que puede, cuanto
menos, ser atendida por el desarrollo destacado que realiza de estas
reflexiones ya contenidas en el texto de Marx[12].
No obstante, Marx usualmente se
refiere también al capital como reactivo vis á vis aquellas
fuerzas sociales que establecen un límite a la acumulación [propiamente dicha].
Especialmente, la dinámica del capital es definida
por su reacción contra los efectos de las diversas luchas comprometidas con lo
que Marx creía era el sujeto histórico de la transformación
social par excellence – la clase trabajadora[13].
El choque de estas dos fuerzas históricas revela la
naturaleza antagónica de “la presente forma de relaciones de producción” que
“da señales de su advenimiento –prefigurando el futuro” (Marx, 1858: 461).
Hemos visto que Marx define la naturaleza antagónica
constitutiva de las relaciones de producción capitalistas en términos de
separación entre productores y medios de producción. Por consiguiente, la
definición de acumulación primitiva –del origen de esa separación- está
enlazada al corazón de la visión [de futuro] que tiene Marx de
la sociedad humana, pero en tanto refleja una imagen invertida: que los
productores tienen acceso directo a los medios de producción (de más está decir
que esto último refiere a una condición de producción colectiva, y no meramente
a una estrategia individual de mercado para la supervivencia alternativa de la
fuerza de trabajo). Para Marx, el acceso directo a los medios de
producción puede ciertamente adquirir muchas formas, algunas de las cuales
pueden también coexistir históricamente con formas de explotación (para algunos
ejemplos, véase Marx, 1867: 170-1). Sin embargo, todas muestran diversos grados
de lo que es, sin ninguna duda, tan central en el pensamiento de Marx:
la autonomía y autodeterminación de los productores para la organización y
administración del trabajo social. La acumulación primitiva definida en
términos de separación (que se analiza en la última sección del Tomo I de El
Capital) opera como una imagen que refleja en negativo el salto de Marx
hacia una hipotética sociedad postcapitalista (sugerida en la primera sección
del mismo volumen), en la que imagina, “una asociación de
hombres libres que trabajen con medios de producción colectivos y
empleen, conscientemente, sus muchas fuerzas de trabajo individuales como una
fuerza de trabajo social” (Marx, 2005: 96. Destacados nuestros).
Más arriba habíamos indicado que el carácter
alienado del trabajo resulta de la reproducción de esta separación entre
productores y medios de producción en el marco del proceso de acumulación
[propiamente dicho]. El carácter alienado del trabajo es, por supuesto, una de
las fuentes principales del inherente y continuo conflicto de clase dentro de
la teoría del capitalismo en Marx. Asimismo, su superación es
para Marx el horizonte fundamental sobre el cual puede
concebirse una sociedad post-capitalista. Dentro del marco teórico y crítico de
Marx, por lo tanto, la escisión implícita en la definición de acumulación
primitiva puede ser entendida no solo como el origen del capital vis á
vis las relaciones sociales pre-capitalistas, sino también como una
reafirmación de las prioridades del capital vis á vis aquellas
fuerzas sociales que se organizan en contra de esta separación. De modo que los
espacios precapitalistas de autonomía (las tierras comunales de la Inglaterra
de los yeomen; los bienes comunes de África que fueron blanco de
los mercaderes de esclavos) no son los únicos objetos de las estrategias de
acumulación primitiva. Por el contrario, también se ha convertido en su objeto
cualquier balance de poder entre clases que constituya una “rigidez” para la
expansión del proceso de acumulación capitalista [propiamente dicho], o bien
vaya en la dirección contraria. Dado que, para Marx, las luchas de la clase
trabajadora constituyen un elemento continuo de la relación de producción
capitalista, el capital debe involucrarse en estrategias de acumulación
primitiva para recrear las “bases” de la acumulación [propiamente dicha].
Este elemento de continuidad de la acumulación
primitiva no es sólo consistente con el análisis empírico utilizado por Marx para
describir el proceso de acumulación primitiva, sino que también parece estar
contenido en su marco teórico. Esto es así porque la acumulación [propiamente
dicha] es igual a la acumulación primitiva “en un nivel superior”, y “una vez
dada la existencia del capital, el modo de producción capitalista se desarrolla
a sí mismo de tal forma que mantiene y reproduce esta separación en
una escala constantemente ampliada hasta que la transformación
histórica tiene lugar” (Marx, 1971: 271. Destacados nuestros). Así que la
“transformación histórica” es puesta como un límite a la acumulación
[propiamente dicha], y la acumulación primitiva es planteada como un desafío
–desde la perspectiva capitalista- para la “transformación histórica”. En
determinando punto los conflictos de clase crean cuellos de botella en el
proceso de acumulación [propiamente dicha] en una dirección que reduce la
distancia entre productores y medios de producción, y cualquier estrategia
utilizada para recuperar o revertir este movimiento de asociación merece entrar
en la categoría –consistente con la teoría y definición de Marx- de acumulación
primitiva.
El texto de Marx es
suficientemente claro en esto. Tal como fue citado previamente – y lo
reproduzco aquí por comodidad- la acumulación [propiamente dicha] depende de
“la coerción sorda de las relaciones económicas [que] pone su sello a la
dominación del capitalista sobre el obrero”. En este caso,
[…] sigue usándose, siempre, la violencia directa,
extraeconómica, pero sólo excepcionalmente. Para el curso usual de las cosas es
posible confiar el obrero a las “leyes naturales de la producción”, esto es, a
la dependencia en que el mismo se encuentra con respecto al capital,
dependencia surgida de las condiciones de producción mismas y garantizada y
perpetuada por éstas (Marx, 1867: 899-900). De otra manera sucedían las cosas
durante la génesis histórica de la producción capitalista. La burguesía naciente
necesita y usa del poder del Estado para “regular” el salario, esto es, para
comprimirlo dentro de los límites gratos a la producción de plusvalor, para
prolongar la jornada laboral y para mantener al trabajador mismo en el grado
normal de dependencia. Es este un factor esencial de la llamada acumulación
originaria (Marx, 2005: 922).
La diferencia clave entre “el curso usual de las
cosas” y la “acumulación primitiva”, por lo tanto, parece ser la existencia de
“una clase trabajadora que, por educación, tradición y hábito reconoce las
exigencias de ese modo de producción como leyes naturales, evidentes por sí
mismas” (ibíd.). De modo que, en tanto que la clase trabajadora acepte los
requerimientos del capital como una ley natural, la acumulación [propiamente
dicha] no necesita de la acumulación primitiva. No obstante, las luchas de la
clase trabajadora representan precisamente una ruptura en esa aceptación, una
no conformidad con las leyes de la oferta y la demanda, un rechazo a la
subordinación al “curso usual de las cosas”. Cuando esto ocurre, dos fenómenos
interrelaciones tienen lugar en la opinión de Marx.
Primero, el uso ideológico de la economía política
para legitimar “el curso usual de las cosas” o “las leyes naturales de la
producción capitalista”:
No bien los obreros descifran, por tanto, el
misterio de cómo en la misma medida en que trabajan más producen más riqueza
ajena, […] no bien, por tanto, procuran organizar, mediante trades’ unions,
etc., una cooperación planificada entre los ocupados y los desocupados para
anular o paliar las consecuencias ruinosas que esa ley natural de la
producción capitalista trae aparejadas para su clase, el capital y su
sicofante, el economista, claman airados contra es violación de la ley
“eterna”, y por así decirlo “sagrada”, de la oferta y la demanda (Marx, 2005:
797).
En la medida que identificamos la ideología como
una forma de poder social (Bobbio, 1990), luego el uso ideológico de la
economía política en dicha coyuntura es en sí mismo un medio extra-económico de
reimponer el “curso usual de las cosas”.
Segundo, Marx enfatiza, por
supuesto, otros “medios extra-económicos” más materiales:
Toda solidaridad entre los ocupados y los
desocupados perturba, en efecto, el “libre” juego de esa ley”. Por otra parte,
no bien en las colonias, por ejemplo, se dan circunstancias adversas que
impiden la creación del ejército industrial de reserva, menoscabando
así la dependencia absoluta de la clase obrera respecto de la clase
capitalista, el capital, junto a su Sancho Panza, esgrimidor de lugares
comunes, se declara en rebeldía contra la “sagrada” ley de la oferta y la
demanda y procura encauzarla con la ayuda de medios coercitivos (Marx, 2005:
797).
De esto se sigue, en consecuencia, que la
acumulación primitiva no sólo es el “fundamento histórico de la acumulación
específicamente capitalista en vez de [su] resultado histórico” (Marx, 2005:
776), sino que también adquiere un carácter continuo –en consonancia con la
continuidad inherente del conflicto social- dentro de la producción
capitalista. En las próximas dos secciones, proveo dos cortas ilustraciones de
estos elementos de continuidad inferidos de los textos de Marx.
Ilustración I: la continuidad de la acumulación
primitiva y de los cercamientos
El primer ejemplo no supone la existencia de un
modo de producción capitalista “maduro”, pero resulta muy útil para
ejemplificar la relevancia conceptual que tiene la lucha de clases para la
definición de la acumulación primitiva en Marx. Tomo este
ejemplo de un evento que tuvo lugar durante el período “clásico” de los
cercamientos ingleses. El domingo 1 de abril de 1649 un pequeño grupo de
hombres pobres se reunieron en St. George´s Hill, justo en las afueras de
Londres y en los márgenes de la Gran Bosque de Windsor, terreno de caza del rey
y la realeza. Comenzaron a cavar la tierra en un acto de “suposición simbólica
de su propiedad sobre las tierras comunes” (Hill, 1972: 110). En el período de
diez días, su número creció de cuatro a cinco mil. Un año después, “la colonia
había sido dispersada por la fuerza, las cabañas y muebles quemados, los
Cavadores[14] echados fuera del
área” (Hill, 1972: 113). Este episodio de la historia inglesa podría añadirse
con suma coherencia al acápite 3 del Capítulo XXIV de Marx,
titulado “Legislación sanguinaria contra los expropiados”. Aun cuando la mayor
parte del acápite se ocupa de la legislación de los Tudor destinada a
criminalizar y reprimir el comportamiento popular (vagancia, mendicidad, robo)
inducido por la expropiación de la tierra, este episodio va un paso más
adelante, esclareciendo que la acumulación primitiva adquiere sentido vis-à-vis patrones
de resistencia y lucha. Este episodio supone la acción activa y organizada de
una masa de pobres urbanos y desposeídos de su tierra volcados a la directa
reapropiación de la tierra para su transformación en una tierra comunal.
Parafraseando a Marx, fue una acción dirigida a “asociar a
los productores con su medios de producción”. Queda claro, por lo tanto, que la
fuerza utilizada por las autoridades para dispersas a los Cavadores, puede ser
entendida, en forma consistente con la teoría de Marx, como un acto
de “acumulación primitiva”, en tanto reintroduce la separación entre
productores y medios de producción. Aunque Marx no incluyó
este episodio en su análisis de la acumulación primitiva, en el acápite 3 del
Capítulo XXIV, sí ofrece un puñado de casos en los que las luchas se
contraponen a la legislación estatal que, o bien representa un “repliegue” del
capital vis-à-vis estas luchas[15], o un intento de
contenerlas[16].
Ilustración II: la continuidad de la acumulación
primitiva y la “barrera social” contra el capital
Otro ejemplo involucra la producción capitalista
“madura” y nos lleva hasta la descripción de Marx de la
relación entre el plusvalor absoluto y relativo para el caso de los límites de
la jornada laboral. Al final del Capítulo VIII del Tomo I de El
capital sobre la jornada laboral, Marx señala como
las acciones de la clase trabajadora son responsables de erigir una “barrera
social” a la extensión de aquella:
Para “protegerse” contra la serpiente de sus
tormentos, los obreros tienen que confederar sus cabezas e imponer como clase
una ley estatal, una barrera social infranqueable que les impida a ellos mismos
venderse junto a su descendencia, por medio de un contrato libre con el
capital, para la muerte y la esclavitud. En lugar del pomposo catálogo de los
“derechos humanos inalienables” hace ahora su aparición la modesta Magna Carta
de una jornada laboral restringida por la ley, una carta magna que “pone en claro
finalmente cuándo termina el tiempo que el obrero vende, y cuándo comienza el
tiempo que le pertenece a sí mismo” (Marx, 2005: 364-365).
Esta “barrera social todo-poderosa”, producto de
las luchas de los trabajadores, que define la extensión de la jornada laboral,
establece un límite a la extracción de plusvalor absoluto. La definición de
barrera social evoca la idea de un límite social más allá del
cual el capital no puede continuar imponiendo la muerte sobre [el] trabajo
vivo. En este sentido, dicha barrera social es una forma de “bien común social”
porque establece un límite a la ampliación de la escala de separación entre
productores y medios de producción.
Es “confederando sus cabezas como una clase”, y
reforzando un límite a la jornada laboral como los productores hacen valer sus
necesidades humanas vis-à-vis el alienado sistema de
producción[17], acortando la brecha que
los separa de los medios de producción.
En este punto, el capital introduce maquinaria[18], que es el “arma más
poderosa para reprimir las periódicas revueltas obreras, las huelgas, etc.,
dirigidas contra la autocracia del capital” (Marx, 2005: 530)[19]. La introducción de la
maquinaria en esta coyuntura representa un acto de acumulación
[propiamente dicha], de recreación de la separación a una escala ampliada, más
allá de los límites establecidos por la “barrera social”. Racionalizando la
jornada laboral, reestructurando el proceso de trabajo y despidiendo
trabajadores, la introducción de la maquinaria apunta a eludir aquella “barrera
social” que fue erigida y, por lo tanto, a recrear la separación entre
los medios de producción y los productores a mayor escala. Haciendo esto,
intensifica el trabajo al punto que “la jornada laboral de 10 horas, más
concentrada, contiene mayor cantidad de trabajo, esto es, más fuerza de trabajo
gastada, que la más porosa jornada de laboral de 12 horas” (Marx, 1867: 500).
No es necesario decir que cualquier intento de revocar la ley que sanciona [los
límites a] la extensión de la jornada laboral hubiera sido, en cambio, un acto
de producción ex novo de esa separación, un acto de
acumulación primitiva.
Conclusión
El marco interpretativo aquí provisto acentúa la
continuidad de la acumulación primitiva y su persistencia fundamental en las
economías del capitalismo maduro. El fundamento de esta continuidad radica en
lo que Marx denominó “la naturaleza antagónica de la relación
de capital”.
El resultado es, creo, un panorama de la teoría
de Marx sobre la acumulación primitiva que nos ofrece
profundas reflexiones acerca del núcleo central de la propia acumulación
capitalista –la escisión entre los productores y los medios de producción- y
sobre los límites planteados a esa misma acumulación capitalista por las luchas
sociales. Reformular la teoría de Marx sobre la acumulación
primitiva de esta forma, contribuye al rescate de su teoría sobre el modo de
producción capitalista de la irrelevancia política en el mejor de los casos, y
de la instrumentalidad funcional a la opresión capitalista en el peor de los
escenarios. En efecto, considerar a la “acumulación primitiva” como una fase
histórica antes que una estrategia recurrente del capital vis-á-vis el
carácter continuo de las luchas, abrió el camino para que incluso los
“revolucionarios” le den la bienvenida y la promuevan como una etapa necesaria
hacia el “socialismo”.
El énfasis puesto aquí en la similitud conceptual
básica que existe entre aquellos procesos que ocurrieron en el período
considerado por los historiadores como el amanecer de la era capitalista, y el
período posterior caracterizado por la vigencia de un sistema capitalista
maduro, no pretende minimizar las obvias y notables diferencias entre ambos.
Las modernas formas de acumulación primitiva ocurren en contextos bastante
diferentes de aquellos en los que tuvieron lugar el movimiento de cercamientos
ingleses o el comercio de esclavos. Aun así, enfatizar sus características
comunes nos permite interpretar lo nuevo sin olvidarnos de las duras lecciones
de lo viejo.
Los derechos y subsidios socio-económicos son, en
la mayor parte de los casos, el resultado de batallas pasadas. Las
instituciones estatales han procurado desarrollar y adaptar muchos de estos
derechos y programas a las prioridades del sistema capitalista. Lo derechos y
subvenciones garantizados por el Estado benefactor de la segunda posguerra, por
ejemplo, pueden entenderse como institucionalización de los bienes comunes
sociales en diversas formas particulares. Junto con las políticas de
crecimiento, la implementación de las políticas de pleno empleo y la
institucionalización de los convenios de productividad, el Estado benefactor
fue instituido para integrar [aunque de manera subordinada] las expectativas de
la gente luego de las dos guerras, la revolución Soviética, y el crecimiento
internacional del movimientos sindical. Por lo tanto, el actual proyecto
neoliberal, que de diversas maneras se propone avanzar sobre los bienes comunes
sociales creados en el período de posguerra, se establece a sí mismo como una
moderna forma de cercamiento, que algunos denominan como “nuevos cercamientos”[20].
Así, la comprensión del carácter continuo de los
cercamientos ilumina dos cuestiones cruciales. Primero, el hecho de que existe
un sustrato común entre las diferentes formas fenoménicas que adoptan las
políticas neoliberales y que, por lo tanto, las poblaciones del Norte, Este y
Sur están enfrentando estrategias de separación de sus medios de existencia,
posiblemente diferentes en apariencia, pero sustancialmente similares en sus
lógicas profundas. Segundo, esto nos permite identificar la cuestión esencial que
cualquier debate sobre las alternativas en el marco del creciente movimiento
global anti-capitalista debe plantearse: el problema del acceso directo a los
medios de existencia, producción y comunicación; el problema de los bienes
comunes.
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[*] Este artículo es una
versión ligeramente modificada de mi artículo “La teoría de la acumulación
primitiva en Marx: una reinterpretación sugestiva”, en http://homepages.uel.ac.uk/M.DeAgnelis/PIMACCA.htm
[2] N. de T.: Toda vez
que, a lo largo del artículo, el autor se refiera a la acumulación
[propiamente dicha], se deberá entender que alude a la reproducción
ampliada, en contraposición a la acumulación primitiva u originaria.
[3] Este no es el caso
cuando el concepto se aplica a la descripción histórica de la llamada
transición del feudalismo al capitalismo. Tal como describiré brevemente más
adelante, esto ha generado mucho debate.
[4] Para un análisis más
detallado en torno de la conexión entre reificación y fetichismo de la
mercancía en Marx, véase De Angelis (1996).
[5] En una carta de
noviembre de 1877, dirigida al comité editorial del periódico [ruso] Otechestvenniye
Zapitski [El memorial de la patria], Marx clarificaba que “El capítulo
sobre la acumulación primitiva no pretende más que trazar el camino por el cual
surgió el orden económico capitalista, en Europa occidental, del seno del
régimen económico feudal”. Por ello describe el movimiento histórico que, al
divorciar a los productores de sus medios de producción, los convierte en
asalariados (en proletarios, en el sentido moderno de la palabra), al tiempo
que convierte en capitalistas a quienes poseen los medios de producción” (Marx,
1977: 449-451).
[6] El estrecho
confinamiento geográfico usualmente implícito en el tradicional abordaje
histórico de la
acumulación primitiva ha estado, por supuesto, en
la base de ciertas críticas. Por ejemplo, en su famoso estudio sobre el
subdesarrollo en África, Walter Rodney (1972: 101) escribe: “el abismo
ideológico es responsable por el hecho de que la mayoría de los académicos
burgueses escriben sobre fenómenos tales como la revolución industrial en
Inglaterra sin mencionar siquiera una vez el comercio europeo de esclavos como
un factor de la acumulación primitiva de capital […] Pero incluso marxistas
(tan prominentes como Maurice Dobb y F.J. Hobsbawn) por muchos años
concentraron su análisis de la evolución del capitalismo desde el feudalismo
dentro de Europa, sólo haciendo referencias marginales a la masiva explotación
de africanos, asiáticos e indígenas americanos”.
[7] De acuerdo con la
interpretación de la “teoría de las etapas”, Marx divide la historia mundial en
etapas, cada una de las cuales tiene su propia estructura económica y social.
La transición desde una etapa “inferior” a una “superior” debe seguir un
recorrido lógico, y no es posible saltear etapas de desarrollo. Esta
interpretación, que fue dominante hasta hace no tanto tiempo, constituye el
marco básico del materialismo histórico clásico. Está conectada a la
interpretación histórica de la acumulación primitiva, según la cual, mediante
un tajante corte temporal, este proceso crea las condiciones para la transición
a la fase capitalista de la historia mundial. Desafortunadamente, Marx escribió
en contra de tornar la experiencia inglesa en un modelo histórico universal
sobre el desarrollo social y económico. Por ejemplo, en la edición francesa
de El Capital, la última editada por el propio Marx, limita
claramente su análisis de la acumulación primitiva a Europa occidental (Smith,
1995: 54). En un claro alegato contra una teoría de etapas universal, la famosa
respuesta de Marx a Vera Zasúlich habla por sí misma: “La ‘fatalidad histórica’
de este movimiento [la separación radical entre productor y medios de
producción] está, pues, expresamente restringida a los países
de Europa occidental” (Marx, 1980: 60).
[8] Véase el artículo de
Perelman traducido al español en este mismo número de Theomai, o
su versión original en inglés en la edición N°2 de The Commoner: http://www.commoner.org.uk/index.php?p=5
[9] Éstas son las
siguientes: primera, el material del Capítulo XXIV no parece ser
cualitativamente diferente del que se encuentra en el capítulo anterior
titulado “La ley general de acumulación capitalista”. Segunda, “cuando el
estudio de Marx sobre la acumulación primitiva finalmente alcanza la cuestión
de Edward Gibbon Wakefield [Capítulo XXV, Tomo I de El Capital],
Marx no restringe su apreciación del padre de la moderna teoría de la
colonización, limitando su relevancia al contexto de una Inglaterra temprana.
Por el contrario, insiste en que Wakefield ofrece reflexiones significativas
sobre la Inglaterra de la época en que el propio Marx vive y trabaja” (Perelman
1997, C. 2: 4). Tercero, “leída en esta clave, la carta de Marx a Mikhailovsky
es también consistente con la idea de que la importancia de la acumulación
originaria no radica en lo que ésta enseña acerca de las sociedades pasadas,
sino en lo que enseña sobre las sociedades más avanzadas […] el propio Marx,
refiriéndose a las instituciones de México, insistió en que ‘la naturaleza del
capital permanece igual tanto en sus formas desarrolladas como subdesarrolladas’
(Marx 1867: 400n)” (Perelman 1997, C. 2: 4).
[10] Por ejemplo, respecto
de la discusión acerca de la caída de la tasa de ganancia, Marx hace referencia
a “la expropiación del residuo final de productores directos, a quienes aún les
queda algo para ser expropiado” (Marx 1894: 348) [como posible respuesta del
capital]. Esto, por supuesto, presupone que el proceso de expropiación –de
separación ex novo entre productores y medios de producción-,
no está completo dentro de las sociedades del capitalismo maduro, donde la tasa
de ganancia está sujeta a la tendencia decreciente.
[11] Por ejemplo, Marx
sostiene que “la circulación del dinero como capital es un fin en sí mismo,
dado que la valorización del valor tiene lugar sólo dentro de este movimiento
constantemente renovado. El movimiento del capital es, por lo tanto, ilimitado”
(Marx, 1967: 253). Para una discusión sobre el carácter ilimitado de la
acumulación, véase De Angelis (1995).
[12] Hay al respecto,
muchos otros ejemplos reseñados por académicos radicales. Perelman (1997) cita
la economía del hogar como un objetivo de la acumulación primitiva, así como la
expropiación de otros bienes comunes tales como la transformación de las
fiestas tradicionales en días laborables. Federici (1992), Fortunati (1981) y
Mies (1986) entre otros, refieren a la expropiación del cuerpo de las mujeres,
esto es, de los poderes sexuales y reproductivos de las mujeres para su
constitución como fuerza de trabajo que cumpla con los requisitos necesarios
para la valorización del capital. Federici (1988) analiza el proceso de la caza
de brujas en los siglos XVI y XVII, en tanto allana el camino para el avance de
políticas estatales tendientes a controlar las tasas demográficas y la
reproducción de la fuerza de trabajo.
[13] Aquí se considera el
abordaje más amplio de Marx, en el que la lucha de clases juega un rol central
(Cleaver, 1979; Caffentzis, 1995; De Angelis, 1995).
[14] N. de T.: Los Cavadores fueron
una facción cristiana fundada en 1649 por Gerrard Winstanley, basada en el
comunalismo religioso.
[15] “Las crueles leyes
anticoalicionistas fueron derogadas en 1825, ante la amenazadora actitud del
proletariado” (Marx, 2005: 926).
[16] “Desde los inicios de
la tormenta revolucionaria, la burguesía francesa se atrevió a despojar
nuevamente a los obreros del recién conquistado derecho de asociación” (Marx,
2005: 927).
[17] Esta separación, como
hemos visto, se realiza en el medida en que el trabajo muerto domina al trabajo
vivo, de modo que “el trabajo se presenta sólo como un instrumento que
posibilita una específica cantidad de valor, esto es, una
específica masa de trabajo objetivado a través de su acción en tanto trabajo
vivo. El capital utiliza al trabajador, el trabajador no
utiliza al capital, y sólo los objetos que utilizan al
trabajador y, por consiguiente, poseen autonomía, una
conciencia y una voluntad propias en el capitalismo, son capital”
(Marx, 1863-1866: 1008). Debido a la separación entre medios de producción y
productores directos, “el movimiento y la actividad del instrumento de trabajo
afirma su autonomía vis-à-vis el trabajador. El instrumento de
trabajo deviene una forma industrial de movimiento perpetuo. Permanecería
produciendo indefinidamente, si no se chocara contra ciertos límites naturales
que toman la forma de los cuerpos débiles y las férreas voluntades de sus
asistentes humanos” (Marx, 2005: 526).
[18] “Tan pronto como el
gradual recrudecimiento de los amotinamientos de la clase trabajadora […] hace
imposible, de una vez por todas, el incremento de
la producción de plusvalor mediante la prolongación de la jornada laboral, el
capital se lanza a sí mismo con todo su poderío, y con plena conciencia de la
situación, a la producción de plusvalor relativo, mediante la aceleración del
desarrollo del sistema de maquinarias” (Marx, 1867: 533-4).
[19] Marx sostiene que la
maquinaria “no sólo opera como competidor poderoso, irresistible, siempre
dispuesto a convertir al asalariado en obrero ‘superfluo’. El capital proclama
y maneja, abierta y tendencialmente, a la maquinaria como potencia hostil al
obrero […] Se podría escribir una historia entera de los inventos que
surgieron, desde 1830, como medios bélicos del capital contra los
amotinamientos obreros (Marx, 2005: 530).
[20] Véase, por ejemplo,
Federici (1992) y Midnight Notes (1990), ambas publicadas en la revista The
Commoner, N°2. Véase también Caffentzis (1995).

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