© Libro N° 8007.
El Concepto De Política En Los Cuadernos De La
Cárcel. Coutinho, Carlos Nelson. Emancipación.
Noviembre 28 de 2020.
Título
original: ©
El Concepto De Política En Los Cuadernos De La
Cárcel. Carlos Nelson Coutinho
Versión Original: © El Concepto De Política En Los
Cuadernos De La Cárcel. Carlos Nelson Coutinho
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EL CONCEPTO DE
POLÍTICA EN LOS CUADERNOS DE LA CÁRCEL
Carlos Nelson
Coutinho
El Concepto De Política En
Los Cuadernos De La Cárcel
Carlos Nelson Coutinho
Centralidad de la política
Entre los marxistas de su tiempo, Gramsci probablemente
fue el único que utilizó de forma positiva el término ciencias
políticas o ciencias de la política. Mientras que en
los Cuadernos el término sociología siempre
aparece con una connotación marcadamente negativa (es conocida la aversión
gramsciana a la “sociología marxista” propuesta por Bujarin y
su crítica al formalismo y al empirismo de la “sociología“ burguesa), la
expresión ciencia política, por el contrario, tiene en sus apuntes
una indiscutible acepción positiva. No es difícil notar que uno de los
objetivos de los Cuadernos, quizá el más comprometido, es
precisamente la elaboración de una “ciencia de la política” adecuada a
la filosofía de la praxis, o sea al marxismo. Una de las tareas de los
intérpretes de Gramsci es, por tanto, tratar de comprender los
motivos y las consecuencias de dicho empleo positivo del término ciencia
política, más aún cuando se sabe que Gramsci —como
marxista— se coloca mas allá de la falsa división académica del trabajo
intelectual que ya existía en su época, por el contrario adoptando en sus
investigaciones el “punto de vista de la totalidad“, precisamente
aquella apreciación metodológica que según el joven Lukács distingue
radicalmente al marxismo de la llamada “ciencia burguesa”.1
Creo que esta valoración positiva del término ciencia
política deriva sobre todo del bien conocido y declarado
antieconomicismo de Gramsci que lo lleva a repudiar aquellas
lecturas del marxismo propias no sólo de la época de la Segunda Internacional,
sino también, y quizá sobre todo, las del llamado “marxismo soviético”
que tan bien estuvo representado por Bujarin, uno de los
principales adversarios polémicos de los Cuadernos.
El compromiso de Gramsci por
afirmar el papel creativo de la praxis humana en la historia, su percepción de
las “relaciones de fuerza” como momento constitutivo del ser social lo
llevan a privilegiar el estudio del fenómeno político en sus diversas
determinaciones. Por otro lado, la importancia atribuida por Lenin a
la política fue una de las principales razones de la fascinación permanente
de Gramsci por la obra teórica y práctica del gran
revolucionario ruso, fascinación que inclusive lo orilló a minimizar los
indiscutibles puntos de ruptura entre su reflexión y la del autor de El
Estado y la Revolución. Y además, no hay que olvidar el hecho de que el
análisis de la política siempre ha sido una de las contribuciones más fecundas
del pensamiento italiano a la sociedad en un trayecto que va de (a través de
muchas diferencias) Maquiavelo y Vico a Mosca y
a Croce; y es bien sabido lo mucho que Gramsci estaba
ligado, no obstante el irrefutable alcance universal de su pensamiento, al “terreno
nacional” constituido por la cultura de su país.
De todos modos, cualesquiera hayan sido los motivos
que llevaron a Gramsci a valorar positivamente la “ciencia
política“, el hecho es que su obra —aunque enfrenta argumentos variados,
hoy clasificables desde el punto de vista académico como filosóficos,
antropológicos, sociológicos, estéticos, etc.— sustancialmente se concentra en
una reflexión sobre la acción y sobre las instituciones políticas (hegemonía,
voluntad colectiva, Estado, Sociedad civil, partidos, etc). En efecto, Gramsci examina
todas las esferas del ser social empezando por su relación con la política. A
lo largo de todos los Cuadernos son frecuentes las referencias
al hecho de que “todo es política”, sea la filosofía, la historia, la
cultura, o hasta la praxis en general. En este sentido me parece justa la
afirmación del pensador católico brasileño A. R. Buzzi: “La
política forma el núcleo central del pensamiento de Gramsci, es lo que le da
sentido y articulación a todas sus investigaciones históricas y reflexiones
filosóficas”. 2
Además, precisamente la reflexión sobre la “ciencia
política” viene a desmentir en la forma más clara una de las más difundidas
lecturas de la obra gramsciana, o sea aquella que hace de Gramsci un
pensador fragmentario a cuyo trabajo teórico, según ésta, le falta (ya sea por
una autónoma decisión metodológica, ya sea por la coerción de las condiciones
objetivas bajo las cuales trabajaba) estructura sistemática. Uno de los más
recientes y brillantes planteamientos de dicha tesis es la que hace Giorgio
Baratta, cuando afirma que en Gramsci el método de
investigación y el método de exposición (determinado por Marx en
el prefacio al Capital —”todavía no aparecen separados el
uno del otro”. 3 No creo que sea así. Me parece que los “Cuadernos
especiales” son intentos (no siempre logrados, es cierto) de pasar del
método de investigación, propio de los “Cuadernos misceláneos“ al de
exposición a través de la creación de una demarcación que va dialécticamente,
como en El Capital, de lo abstracto a lo concreto.
Los núcleos de exposición presentes en los Cuadernos (en
este sentido marxista) son muchos.
Quisiera presentar un solo ejemplo, tomado
precisamente de la reflexión gramsciana sobre política. Gramsci afirma
que “el primer elemento de la ciencia y del arte de la política es que hay
gobernantes y gobernados-gobernados“. 4 Éste “primer
elemento” tiene en los Cuadernos la misma función
metodológica que tiene la mercancía en la exposición dialéctica presente
en El Capital de Marx: se trata de una figura
abstracta (de una “célula“) que contiene potencialmente todas las
determinaciones más concretas de la totalidad. El concepto más concreto de la
teoría política de Gramsci, o sea el de Estado ampliado (sociedad
política + sociedad civil + coerción + consenso + dictadura + hegemonía, etc),
tiene todas sus determinaciones —entre otras: cómo se gobierna, por qué se
obedece, etc.— ya contenidas en ese “primer elemento“ abstracto, o sea
en la relación entre gobernantes y gobernados. Y así como Marx lo
hizo con la forma-mercancía, Gramsci muestra la historicidad
de este “primer elemento“: también la relación entre
gobernantes-gobernados tiene una génesis (en la sociedad de clases) y por tanto
una posibilidad de superación (en las “sociedades reguladas“, sin
clases, o sea en el comunismo). Si se quiere insistir en el parangón con Marx,
se puede decir que los Cuadernos contienen al mismo tiempo
los Grundrisse (los “Cuadernos misceláneos“) y los
primeros esbozos de El Capital (los “Cuadernos especiales”).
Me parece que se cumple con esta centralidad de la
política en las reflexiones presentes en los Cuadernos; de hecho
son muy pocos los analistas de Gramsci que la rechazan
explícitamente, aunque las interpretaciones pueden ser muy diversas entre sí.
Pero precisamente esa casi unanimidad puede motivar una posible objeción de
parte de aquellos adversarios de Gramsci llamados “marxistas”;
¿acaso la elección de un “punto focal” político en oposición al
unilateralismo economicista no habría dañado la formulación teórica general
de Gramsci, haciéndole abandonar el “punto de vista de la
totalidad” y así adaptar otra visión unilateral, justamente la que se
podría denominar “politicista”? El rechazo de esta objeción requiere una
elucidación, aunque sumaria, de la dimensión ontológica del concepto de
política contenido en los Cuadernos de la cárcel.
Gramsci, crítico de la política
En los Cuadernos Gramsci emplea
el concepto de política en dos principales acepciones, las cuales podrían
llamarse “amplia” y “estrecha”. En su acepción amplia, política
está identificada con libertad, con universalidad, o con mayor precisión, con
todas las formas de praxis que superan la simple recepción pasiva o la
manipulación de los datos inmediatos de la realidad (recepción y manipulación
que marcan gran parte de la praxis técnico-económica y de la praxis cotidiana
en general, dirigiéndose conscientemente, por el contrario, hacia la totalidad
de las relaciones subjetivas y objetivas. Según dicha acepción (es justo
decirlo, de acuerdo con Gramsci, ya que esto corresponde a la realidad
ontológico-social), todas las esferas del ser social han sido atravesadas por
la política, o sea que todas ellas contienen a la política como elemento real o
potencial ineliminable. Se puede entender mejor este planteamiento si se
observa que, en dicha acepción de tipo amplio, “política” para Gramsci es
sinónimo de “catarsis” definida de la siguiente manera en los Cuadernos:
se puede emplear el término “catarsis” para indicar la transición del momento
puramente económico (o egoísta-pasional) al momento ético-político, o sea la
elaboración superior en la conciencia de los hombres de la estructura en
superestructura. Eso también significa el paso de lo “objetivo a lo
subjetivo” y de la “necesidad a la libertad“. La estructura da fuerza
exterior que aplastar al hombre, lo asimila a sí, lo hace pasivo, se transforma
en medio de libertad, en instrumento para crear una nueva forma ético-política
en origen de nuevas iniciativas. La fijación del momento “catártico” se
convierte de este modo, según me parece a mí, en el punto de partida para toda
la filosofía de la praxis: el proceso catártico coincide con la cadena de
síntesis que resultó del desarrollo dialéctico. 5
Aquí se indica con claridad el momento del pasaje
del determinismo económico a la libertad política. Una manifestación
emblemática de “catarsis” sería, por ejemplo, el proceso por medio del
cual una clase supera sus intereses económico-corporativos inmediatos y se alza
hacia una dimensión universal, ético-política, que viene a ocupar el lugar del
origen de “nuevas iniciativas“. En otras palabras, se puede decir que
sería “catártico” el momento en el cual la clase, gracias a la
elaboración de una voluntad colectiva, deja de ser un simple fenómeno económico
y se convierte en sujeto consciente de la historia. He aquí el equivalente
gramsciano del pasaje de “clase en si” a “clase por si“ (Marx)
o de aumento de la conciencia sindical a la conciencia político-universal (Lenin).
Según Gramsci, si una clase social no logra realizar dicha “catarsis”
no puede convertirse en clase nacional, o sea, no puede representar los
intereses universales de un bloque histórico, y por consiguiente, no puede
conquistar la hegemonía en la sociedad.
Pero la dialéctica de la conciencia de clase no es
por nada la única acepción del concepto gramsciano de “catarsis”, o sea
de “política” en un sentido amplio. De hecho, es ontológicamente justo
decir que todas las formas de praxis, incluidas las que no tienen relación
directa con la formación de la conciencia y de la acción de las clases
sociales, implican ese potencial del “momento catártico“, o sea, el
potencial del pasaje de la esfera de la manipulación inmediata —de la recepción
pasiva de la realidad— a la dimensión de la totalidad, del cambio activo del
mundo social. En otras palabras, de un pasaje de la conciencia “egoísta-pasional”
(puramente particular) a la conciencia “ético-política” o universal (a
la conciencia de nuestra participación en el género humano). 6 En
los Cuadernos Gramsci presenta muchos ejemplos de
este “momento catártico” en diversas esferas del ser social, desde el
terreno de las ideologías (pasaje del sentido común heteróclito a buen sentido
crítico y a un concepto del mundo orgánico, como en la “filosofía
sistemática de los filósofos”) hasta el del arte y de la literatura
(elaboración estética de una perspectiva “nacional-popular”, realmente
universal-concreta, y ya no sólo abstractamente “cosmopolita”,
etcétera).
Sin embargo, lo que aquí más interesa es subrayar
que Gramsci observa la manifestación de este “momento
catártico” incluso al interior de la misma praxis política ya entendida en
su sentido “estrecho”. Gramsci efectivamente hace una
importante distinción de categoría, por un lado, entre la “gran política”
que “comprende las cuestiones asociadas con la fundación de nuevos Estados,
con la lucha contra la destrucción, la defensa, la conservación de determinadas
estructuras orgánicas económico-sociales“; y por el otro la “pequeña
política“ (la política de cada día, la política parlamentaria, de
corredor, de intriga), aquella que incluye “las cuestiones parciales y
cotidianas que se dan al interior de una estructura ya establecida por la lucha
de preeminencia entre las diversas fracciones de una misma clase politica”. 7 La
“pequeña política” podría ser fácilmente identificada con la praxis
manipulatoria, pasiva, que experimenta el determinismo en vez de enfrentado,
mientras que la “gran política” —que como aquella propuesta por Maquiavelo “quiere
crear nuevas relaciones de fuerza y por ello no puede ocuparse del ‘debe ser‘,
obviamente no entendido en el sentido moralista“— 8 es el
momento de la afirmación de la teleología, de la libertad. En este sentido se
puede decir que el supuesto “panpoliticismo” de Gramsci no
es más que percepción dialéctica y materialista de una característica
ontológica esencial del ser social: del hecho de que esta específica modalidad
de seres el resultado de la articulación entre determinismos y libertad,
causalidad y teleología o “deber ser“. 9
Como se dijo, más allá de esta acepción
amplia, Gramsci presenta en los Cuadernos un
concepto estrecho de política, la de la llamada ciencia política, uno que
involucra el conjunto de las prácticas y objetivaciones directamente ligadas a
las relaciones de poder entre gobernante y gobernados. Y bien, si en su
acepción amplia, es decir, en la de “catarsis” la política es un momento
ineliminable y constitutivo de la misma estructura ontológica del ser social,
en la segunda la política es algo históricamente pasajero. O sea, Gramsci no
es un “politólogo” y menos uno con desviaciones politicistas. sino un
crítico de la política; en el mismo sentido en que Marx no es
un “economista” y menos economicista, sino un crítico de la economía
política.
Marx estudia
las leyes del capital no sólo para encontrar su nexo inmanente en su estructura
sincrónico-sistemática, sino también y sobre todo para demostrar que esta
estructura no es algo natural, eterno, sino una formación social con génesis
histórica propia, presupuestos no capitalistas que son momentos estructurales
de la reproducción del mismo capital y que contienen en su interior
contradicciones que tienden a su superación igualmente histórica. El empleo de
la expresión “crítica de la economía política” tiene un sentido preciso:
recoge de la ciencia económica clásica no pocos conceptos, los somete a una
crítica ontológica y los pone en relación con la totalidad social y con el
devenir histórico. 10 Estos conceptos de ciencia económica
devienen parte de otro sistema teórico donde las leyes del capital pierden su
carácter natural fetichista y se convierten en momento de un proceso histórico,
resultado de la acción de los hombres y, por tanto, capaces de ser superados
por esta misma acción.
Siguiendo a Marx, Gramsci asume
la misma posición frente a la ciencia de la política. Si Marx reconoce
los conceptos de mercancía y valor como los puntos de partida de su propia
reflexión, también Gramsci sabe que en la esfera de la praxis
y de las instituciones políticas —según Maquiavelo hasta Mosca—
, el primer elemento es que existen de veras gobernantes y gobernados,
dirigentes y dirigidos. Toda la ciencia y el arte políticos se basan sobre este
hecho primordial, irreductible en ciertas condiciones generales. 11 Igualmente
para Gramsci no es un hecho natural y eterno (Q 17 52).
Esta visión historicista lo lleva a dialectizar su
primer elemento y en consecuencia formular estas preguntas de importancia
metodológica crucial: “Se quiere que haya siempre…” 12 Gramsci adopta,
sin duda, la segunda alternativa y deviene evidente que para él el primer
elemento de la política, como para Marx la célula mercancía y
su forma valor, no es un hecho natural y eterno sino un proceso
histórico. 13
Pues bien, la historicidad de la política,
concebida como “organismo en desarrollo” no se refiere únicamente a sus
categorías estructurales-inmanentismo que es la misma esfera política (en su
sentido estrecho, o sea como relación entre gobernantes y gobernados) la que
tiene, según Gramsci, un carácter histórico. 14 Esta
esfera tiene una génesis histórica, ya que la política únicamente
existe cuando hay gobernantes y gobernados, dirigentes y dirigidos: y esta
visión no resulta de la “naturaleza humana” sino de relaciones sociales
históricas concretas (o sea, “en último análisis“, dice Gramsci,
ésta se remonta “a una división de grupos sociales”, o sea a la división
de la sociedad en clases). 15 Para Gramsci tal
división no siempre fue ni será, ya que podrá desaparecer en la “sociedad
regulada” (comunista), en la cual será superada la división de la sociedad
en clases antagónicas. Efectivamente, en esa “sociedad regulada” Gramsci supone
que “el elemento Estado-coerción (se podría decir, también, la división entre
gobernantes y gobernados) se puede imaginar como algo extinguible a medida que
se afirman elementos cada vez más conspicuos de sociedad regulada (Estado-ético
o sociedad civil)“. 16
Según Marx, en el comunismo la sociedad
tendrá que absorber la esfera económica en el sentido de someter sus leyes
espontáneas y anárquicas al control consciente y planificado de los productores
asociados; para Gramsci, de manera análoga, el comunismo se
caracteriza por el hecho de que la sociedad civil (o Estado-ético) deberá
absorber al Estado-coerción (o Sociedad política), ya que las funciones de este
último se resolverán en las relaciones conscientes y consensuales de la
sociedad civil. En fin, si Marx no cree en el homo
oecononicus de las teorías económicas “clásicas” o “vulgares”,
dotado de una innata lógica “calculadora”, Gramsci igualmente
rechaza la existencia “natural” de homo politicus, el cual
según la “ciencia política” burguesa de Hobbes a Weber,
estaría marcado por una innata “voluntad de poder” o de “prestigio”.
En resumidas cuentas, el presunto “politicismo”
que tantos intérpretes atribuyen a Gramsci no tiene
verificación en los textos de los Cuadernos. Entendida en su
sentido amplio como “catarsis“, la política es una determinación
ineliminable de la praxis humana, y por consiguiente, cuando Gramsci dice
y confirma que “todo es política“ no ejerce violencia a lo real, sino
que indica un aspecto esencial del ser social, o sea el momento de la
articulación entre subjetividad y objetividad, entre libertad y causalidad,
entre particularidad y universalidad. Y cuando la política se entiende en su
sentido “estrecho”, o sea, como relación de poder entre gobernantes y
gobernados, propio de la “ciencia política” incluso de su tiempo, Gramsci lo
muestra como algo que será dialécticamente superado, aufheben (conservado,
eliminado y elevado a un nivel superior) en la “sociedad regulada“, en
el comunismo. Por eso podemos decir que Gramsci no es un “científico
político“, un politólogo, sino, en el sentido estrechamente marxista de la
expresión, un crítico no sólo de la política como relación entre gobernantes y
gobernados, sino más bien de la “ciencia política” tal como fue
construida en la modernidad.
Las relaciones entre política, economía y totalidad
social
Si Gramsci somete la “ciencia
política” a una crítica ontológica esto significa que no solamente la
historia sino que, en consecuencia, la relaciona con la totalidad social. Esta
adopción del “punto de vista de la totalidad” significa que no descuida
la cuestión decisiva para el marxismo de las relaciones entre política y
economía, o en otras palabras, entre superestructura y estructura. No me parece
cierto, como creen muchos intérpretes, sobre todo aquellos que se quieren
alejar del marxismo, que él plantee a la política sobre la economía, es decir,
que invierta la prioridad ontológica de la estructura frente a la
superestructura, así como fue establecida por Marx y Engels. 17
Sin embargo, para evitar malentendidos hay que
definir con exactitud lo que Gramsci, siguiendo a Marx,
entiende por “economía”. Él entendió bien la lección de Engels,
quien en la reseña de un libro de Marx dijo: “La economía
no trata de cosas sino de relaciones entre personas y, en última instancia,
entre clases, si bien estas relaciones sean siempre ligadas a cosas y aparecen
como cosas“. 18 Gramsci rechaza de este modo con
énfasis la reducción de la economía a relaciones técnicas de producción hecha
entre otros por Bujarin y Loria, que por eso
precisamente son criticados duramente en los Cuadernos. La
estructura económica no es la esfera de la pura producción de objetos
materiales, de cosas, sino el modo con el cual los hombres establecen su “metabolismo”
con la naturaleza y producen y reproducen no sólo estos objetos materiales sino
sobre todo sus mismas relaciones sociales. 19
Se puede ver así que Gramsci identifica
la estructura económica con el “conjunto de relaciones sociales”, o sea,
con la totalidad. Pero al contrario de Hegel y otra vez
siguiendo a Marx, la dialéctica de Gramsci no es
idealista sino materialista: él sabe que la totalidad no se agota sólo en la
acción reciproca de sus momentos, sino contiene siempre además lo que Marx en
la Introducción a los Grundrisse llamó übergreifendes
moment, o sea, “momento”. “La estructura y las superestructuras —dice Gramsci— forman
un bloque histórico, o sea el conjunto complejo y discorde, contradictorio, de
las superestructuras; son el reflejo del conjunto de las relaciones sociales de
producción”. 20 Se ve así que “el momento prevaleciente”
en la totalidad histórica es precisamente “el conjunto de las relaciones
sociales de producción” del cual “el conjunto de las superestructuras
sería el reflejo”. (Gramsci sabe que éste no es un mero
epifenómeno sino algo que tiene espesor ontológico-social; hay muchos pasajes
de los Cuadernos donde él habla de la “solidez” de las
ideologías). 21
Esta prioridad ontológica de la estructura aparece
no sólo en muchos análisis concretos de Gramsci sino también
en un parágrafo que ofrece uno de los principales cánones metodológicos de la “ciencia
política” gramsciana, aquel dedicado al análisis de las situaciones: “relaciones
de fuerza“. De aquí empieza a fijar al momento objetivo de esta relación,
el que se manifiesta en el ámbito de las condiciones económicas “estrechamente
ligado a la estructura, objetivo, independiente de la voluntad de los hombres que
puede ser medido con los sistemas de las ciencias exactas o físicas”. 22 Solamente
después se puede analizar la relación específicamente política de las fuerzas
sociales donde los factores subjetivos tienen un papel determinante; a este
nivel en efecto lo que cuenta es el “grado de homogeneidad, autoconciencia y
organización alcanzado por los varios grupos sociales… momento que puede ser a
su vez “ubicado y analizado en varios grados que corresponden a los diversos
momentos de la conciencia política colectiva que van de la fase
económ¡co-corporativa a la estrictamente política“. 23
En la conclusión de la nota sobre “catarsis”
se puede ver cómo la acción política se desenvuelve para Gramsci en
el ámbito de las determinaciones impuestas por la estructura: “El proceso
catártico…”. 24 En otras palabras, el momento catártico, el de
la libertad, de la teleologia, del deber ser, de la iniciativa del sujeto, en
fin, de la política. No es creación absoluta, no obra en el vacío sino al
interior de las determinaciones económico-objetivas que limitan sin cancelar
los márgenes de actuación de la libertad. Como en los clásicos, también
en Gramsci la economia determina a la política no por la
imposición mecánica de resultados unívocos, fatales, sino delimitando el ámbito
de las alternativas que se plantean de vez en vez a la acción del sujeto.
Esta prioridad ontológica de la estructura, por una
parte, es confirmada frente a la politica en sentido amplio, o sea, por la
catarsis que se presenta como una posición teleológica que sale de la
causalidad para efectuar el “paso de lo objetivo a lo subjetivo y de la
necesidad a la libertad”. 25 Y por otra, dicha prioridad se
confirma por la política en sentido estrecho: no sólo en el análisis de las
relaciones de fuerza —quizás el centro de la ciencia política gramsciana—
empieza la consolidación de las condiciones económicas, sino hasta se puede
decir que toda la esfera de la política cuyo primer elemento es la división
entre gobernantes y gobernados, depende en última instancia de determinaciones
estructurales, económicas. De hecho, la génesis de este primer elemento llega a
la división de la sociedad en clases antagónicas, una división producida por la
economía entendida como “el conjunto de relaciones sociales“, o sea como
una esfera que comprende no sólo a las “fuerzas productivas“, sino
también “las relaciones sociales de producción“, esto es, para usar la
terminología de Habermas, no sólo el “trabajo” sino también
“la interacción“. 26
Me parece que en este terreno se puede encontrar
otra importante contribución de Gramsci a la antología del ser
social, y más especialmente a la ciencia política del marxismo. Como se
sabe, Marx insistió sobre el hecho de que el proceso de
socialización de la producción en la generación de una disminución del tiempo
de trabajo socialmente necesario comporta al mismo tiempo un “retraso de las
barreras naturales“, o sea, una ampliación del ámbito de la libertad humana
frente a las ineliminables determinaciones naturales. 27 Hasta
se puede decir que la socialización de la producción reduciendo la jornada de
trabajo y agrupando grandes conglomerados humanos está en la base de los
procesos de socialización de la participación política, de la creación de un
gran número de sujetos políticos colectivos; es decir, está en la base de
lo que Gramsci llamó la “sociedad civil“. 28
Esto significa que si al proceso de socialización de
la producción corresponde un “tendencial retraso de las barreras naturales“,
una más grande autonomía de la praxis humana frente a la coerción de las leyes
naturales, resulta a su vez de la socialización de la política lo que se podría
llamar “atraso de las barreras económicas”, o sea, ampliación de la
autonomía y de la influencia de la política sobre la totalidad de la vida
social, Cuanto raras se amplía la socialización dela politica y con ello la
sociedad civil, tanto más los procesos sociales serán determinados por la teleologia
de la voluntad colectiva y tanto menos será coercitiva la causalidad automática
de la economia. 29
Gramsci entendió muy bien este hecho histórico-ontológico que está hasta
en la base de uno de los puntos mas altos de su ciencia política, o sea, la
formación de una estrategia especial de transición al socialismo en las
sociedades más complejas, occidentales. Ya en 1926, poco antes de su arresto,
observaba: “En los países de capitalismo avanzado la clase dominante posee
reservas políticas y organizativas que no poseía, por ejemplo, en Rusia. Esto
significa que también las crisis económicas gravísimas no tienen repercusiones
inmediatas en el. terreno politico”. 30 En los Cuadernos,
cuando el concepto de sociedad civil apenas elaborado le permite dar una
concreción más grande a la formulación del 1.926 polemiza contra el
economicismo de Luxemburg observando que en los “Estados
avanzados… la sociedad civil devino una estructura muy compleja y resistente a
las irrupciones catastróficas del elemento económico inmediato (crisis,
depresiones, etc); las superestructuras de la sociedad civil son como el
sistema de las trincheras en la guerra moderna“. 31
Por tanto, al contrario de lo que supone el
marxismo economicista, el modo en que se relacionan economía y política no está
dado una vez por siempre: el modo de articulación entre las dos esferas, su
papel de momento relevante que ejerce sobre la otra en el seno de la totalidad
del ser social, depende de las características concretas de la formación social
en cuestión, por lo que nos encontramos delante de una relación históricamente
cambiante. Si los hombres de una sociedad primitiva son enteramente impotentes
frente a las consecuencias de una catástrofe natural, lo mismo no sucede en una
sociedad más evolucionada donde el desarrollo de las fuerzas productivas y de
la técnica hace posible una lucha eficaz contra ello, o sea, produce un “retraimiento
de las barreras naturales”. Lo mismo no es el papel de la economía en las
formaciones donde la sociedad civil es primordial y gelatinosa. en Oriente, y
aquellas donde “entre el Estado y la sociedad civil hay una relación justa“,
es decir, en Occidente. 32 Mientras en las primeras los
hombres son más atomizados y se orientan según una espontaneidad “egoísta-pasional”,
lo que los hace más vulnerables a la acción de los hechos económicos, en las
segundas la presencia de una sociedad civil desarrollada que es mediación
consciente entre el mundo de la economía y las instituciones del Estado
en sentido estrecho, crea una serie de trincheras y fortalezas entre lo
económico y lo político, o en otras palabras, promueve un “retraimiento de
las barreras económicas“.
Esta justa relación ontológica entre economía y
política establecida por Gramsci, no sólo le permite fundar de modo
metodológicamente adecuado sus varios análisis concretos de la totalidad
social, sino que representa también un desarrollo de los principios generales
del materialismo histórico. Es verdad que los “fundadores de la filosofía de
la praxis“, al contrario de tantos de sus epígonos, indicaron casi siempre
las mediaciones entre economía y política rechazando las lecturas mecanicistas
de la primacía de la economía; pero es igualmente verdad que ellos no
desarrollaron de forma sistemática el modo con el cual estas mediaciones se
determinan históricamente, o sea sufren cambios en función de rasgos concretos
de la formación social correspondiente, en función del grado de socialización
de la política y de autonomía y complejidad de la sociedad civil. 33
Nos encontramos frente a un nuevo e importante
descubrimiento ontológico de Gramsci que es parte de
tantas contribuciones suyas a la ciencia política de la filosofía de la praxis.
Podemos además decir que en los Cuadernos está la más lúcida
elaboración de una ontología marxista de la praxis política.
NOTAS
1. G. Lukács, Storia e conscienza di classe,
Milán, 1973, p. 35.
2. A. R. Buzzi, La théorie politique
d’Antonio Gramsci, Louvaina-Paris, 1967, p. 187.
3. G. Baratta, Le rose e i quaderni, Roma,
2000, p. 108. Sobre la diferencia entre método de investigación y método de
exposición, cfr. Marx, El Capital, varias ediciones.
4. Q 15 (4).
5. Q 10 (6).
6. El concepto de catarsis con la misma acepción de
particularidad a la universalidad, pero referida a las esferas de la ética y de
la estética, ocupa un lugar decisivo en G. Lukács, Estética, Einaudi,
1970, vol. I, pp. 762-795.
7. Q 13 (6).
8. Q 13 (15).
9. G. Lukács, Per l’ontologia
dell’essere sociale, Roma 2 vol., 1976-1981.
10. Sobre el concepto de crítica ontológica, cfr.,
ibid., vol. 2 pp. 283-319.
11. Q 15 (4).
12. Q 13 (19).
13. Q 15 (4). Esta afirmación no deja dudas
sobre el hecho de que Gramsci se alejaba de la “ciencia política” de su
tiempo como de la de Mosca con la misma radicalidad con la que Marx
se alejaba de la economiza política de Smith y Ricado. Me parece absolutamente
injustificable por ello la posición de un estudioso que queriendo defender
la hipótesis insostenible de que la ”la teoria política gramsciana
sea en gran parte una critica constructiva a un desarrollo critico de
la de Mosca” pretende justamente que “Mosca parece teorizar la eternidad e
inmutabilidad de este hecho -la división entre gobernantes y gobernados
mientras Gramsci parece presuponer lo opuesto”, pero concluye rápidamente
que “esta diversidad es quizás sólo aparente” (Maurice A. Finocchiaro. “Gramsci e
G. Mosca“, en Gramsci e l’Italia. R. Giacomini. D. Losurdo y M.
Martelli, Nápoles. 1994. pp. 114 y 120.
14. Como vimos, Gramsci no reduce la politica a su
dimensión estrecha sino que la concibe como catarsis. Se podría decir
que en esta dimensión “amplia” la politica es también momento privilegiado
de la interacción intersubjetiva de consenso entre los hombres y, por
tanto, parte ineliminable de la ontologia del ser social. Cfr C. N.
Coutinho. “Volontá generale e demociazia in Rousseau, Hegel e Gramsci“,
en Gramsci e il Novencento. G. Vacca, Roma. 1999. vol. 2, pp.
291-312.
15. Q 15 (4).
16. Q 6 (88).
17. Sobre “prioridad ontológica” cfr. Lukács, Per
l’ontologia dell’essere sociale, op. cit, vol. I, pp. 261-320.
18. Engels, A contribuçao a critica da
economia politica. Obras escolhidas, op. cit. vol. I, p. 361.
19. Q 11 (29).
20. Q 8 (182). Sobre el momento “prevaleciente”,
cfr. Marx, Einleitung zur Kritik der politischen Ökonomie, Paris,
Editions Sociales, 1974, p. 140; y G. Lukács, Per l’ontologia
dell’essere sociale, op. cit., vol. I, p. 314 y ss.
21. Entre otros, Q 11 (29).
22. Q 13 (17). Gramsci alude evidentemente al
Prefacio de La crítica de la economía política de Marx, donde
este habla del “sacudimiento material de las condiciones económicas que puede
ser constatado con la precisión de las ciencias naturales”.
23. Q 13 (17).
24. Q 10-11 (6).
25. Esta relación ente objetividad y subjetividad
se manifiesta con evidencia en uno de los principales conceptos de Gramsci, el
de voluntad . Cfr, Q 11 (59).
26. Entre los textos del filósofo alemán cfr.
Jürgen Habermas, Travail et interaction, Paris 1973, , pp. 163-211.
Aquí no se pueden ver las diferencias entre Gramsci y Habermas.
27. G. Lukács, Per l’ontologia…, op.
cit., vol. I, p. 335
28. C. N. Coutinho, “La societá civile in
Gramsci e il Brassile di oggi“, en Critica marxista, nums. 3-4,
2000, pp. 67-73.
29. Para Lukács, y ciertamente para Gramsci,
también este desarrollo tiene su máxima expresión en el comunismo. G.
Lukács, L’uomo e la democracia, Roma 1987, pp. 62-63.
30. A. Gramsci, Un esame della situazione
italiana, en La costruzione del Partito Comunista 1923-1926.
Einaudi, 1971, p.121.
31. Q 13 (24).
32. Q 7 (16).
33. Digo de forma sistemática porque creo que al
menos Marx intuyó el problema. Cfr. Il Capitale, op. cit., p. 99.

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