© Libro N° 8005.
Estructura Y Superestructura. Un Intento De Lectura
Diacrónica De Los Cuadernos De La Cárcel. Cospito, Giuseppe.
Emancipación. Noviembre 28 de 2020.
Título
original: ©
Estructura Y Superestructura. Un Intento De
Lectura Diacrónica De Los Cuadernos De La Cárcel. Giuseppe Cospito
Versión Original: © Estructura Y Superestructura. Un
Intento De Lectura Diacrónica De Los Cuadernos De La Cárcel. Giuseppe Cospito
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Un Intento De
Lectura Diacrónica De Los Cuadernos De La Cárcel
Giuseppe
Cospito
Estructura Y
Superestructura
Un Intento De Lectura
Diacrónica De Los Cuadernos De La Cárcel
Giuseppe Cospito
En la “primera Serie” de sus Apuntes de
Filosofía, Materialismo e Idealismo, Gramsci escribe que
la cuestión de las “Relaciones entre estructura y superestructura” es el
problema crucial del materialismo histórico (1).
Elegí el tema precisamente para verificar la
posibilidad de seguir la evolución del pensamiento de Gramsci a
través de su reflexión en la cárcel, basándome esencialmente en la cronología
de los Cuadernos propuesta por G. Francioni (2).
Trato de mostrar en particular cómo Gramsci,
volviendo varias veces al tema, pasa a través de sucesivos ajustes que
finalmente lo llevarán a rechazar su propio planteamiento inicial.
Por eso una lectura diacrónica de la obra de Gramsci no
sólo es posible sino indispensable.
De hecho, no obstante su afirmada centralidad, la
cuestión de las relaciones entre estructura y superestructura, ausente en los
diversos planes de estudio precedentes al inicio de la redacción de las notas,
tampoco parece explícitamente en los primeros tres Cuadernos,
escritos entre 1929 y 1930 (3).
Sin embargo, en algunos análisis
histórico-políticos de aquel periodo parece implícita una solución del problema
substancialmente “determinista”. Son ejemplares para este caso los parágrafos
43 y 44 del Cuaderno 1, de febrero-marzo de 1930, en los
cuales leemos que “todo el problema de las diversas corrientes del
Risorgimento se reduce a una cuestión fundamental: que los moderados
representaban una clase relativamente homogénea por lo cual la dirección sufrió
oscilaciones relativamente limitadas, mientras que el Partido de Acción no se
apoyaba en ninguna clase histórica“.
Aquí la estructura parece generar mecánicamente la
superestructura. Tan es así que más adelante se hablará de un desenvolvimiento
histórico “normal dada la estructura“, por lo cual “si en Italia no
surgió un partido jacobino hay razones que debemos buscar en el campo económico“.
Pensándolo bien no estamos lejos de la vulgata marxista tal como podía entonces
ser expresada por Bujarin, cuyo Manual, ampliamente
utilizado por Gramsci en el 1925 para la escuela del
partido (4), vendría a ser criticado solo unos meses después, en mayo de
1930 (5).
Un testimonio extremo del inicial bujarinismo
de Gramsci se puede encontrar, por su admisión implícita, en
el parágrafo 12 del Cuaderno 4, fechado entre mayo y agosto de
1930; esta es la primera nota, en la cual el problema de Estructura y
Superestructura fue explícitamente tematizada como título de rubrica. Aquí de
hecho el autor se adentra en una serie de cuestiones tipo: “las bibliotecas
son estructura o superestructura […] a las cuales responde volviéndolas todavía
más complicadas y obstrusas: “son estructura y superestructura […]. Hay
superestructuras que tienen una ‘estructura material’ pero su carácter
permanece el de las superestructuras […]Tenemos lógica y cronológicamente
también: estructura social-superestructura-estructura material de la superestructura“.
En el texto C (Cuaderno 11, parágrafo 29) el mismo Gramsci atribuye
a Bujarin dicho planteamiento, notando como “hace
inútilmente complicadas las cosas. A partir de este modo de pensar barroco
surgen toda una serie de cuestiones barrocas.” Es verdad que todo esto es
una desviación infantil de la filosofía de la praxis, determinada por la
convicción barroca de que cuanto más se recurra a objetos “materiales”
más ortodoxo se es.
Una primera sistematización del problema la
encontramos en el parágrafo 38 del Cuaderno 4 redactado en
octubre de 1930: “por un lado tenemos el exceso de ‘economismo’ y por otro
el exceso de ‘ideologismo’. Por un lado se sobrevaloran las causas mecánicas,
por otro el elemento ‘voluntario’ e ‘individual“‘. En esta fase Gramsci
parece colocarse al centro respecto a dos extremos, ambos por combatir: es una
posición que recalca aquélla tomada por Stalin en el debate
soviético contemporáneo entre “mecanicistas” (Bujarin y Bogdanov)
dialécticos (Deborin), ambos condenados por el comité central del PCUS
en enero de 1931.
Realmente en los Cuadernos la crítica gramsciana y
se centrará casi exclusivamente en el “economismo” (representado
por Bujarin), mientras que al “exceso opuesto” serán
dedicadas pocas líneas, más que nada en forma de duda sobre el “prof. Lukacz” (6).
Mayor espacio se dedica a Croce, por demás un simple “estudioso”
del marxismo. Esta asimetría se debe atribuir al desplazamiento del eje de la
ortodoxia staliniana en dirección “mecanicista” justamente a partir de
1930 (el año de la doctrina cominternista del “socialfascismo” y de la
consecuente “vuelta a la izquierda” del PCI, también al centro de las
discusiones políticas en el “colectivo” de la cárcel de Turi). A esto le
sigue el desplazamiento de Gramsci, al menos aparente, en dirección
contraria que en el transcurso de la redacción de los Cuadernos viene a
encontrarse en una posición excéntrica respecto a la inicial. Es el mismo autor
quien sugiere esto cuando observa que a las relaciones de clases “se les ha
dado un significado mecanicista y determinista, de ahí la reacción“ (7).
La evolución del pensamiento de Gramsci sobre
el tema se desenvuelve en el marco de una profundización de la obra de Marx y
en particular de los dos célebres “principios” del Prefacio de 1859 de
Para la crítica de la economía política: 1) “que ninguna sociedad se
pone tareas para cuyas soluciones no existan ya las condiciones necesarias y
suficientes“, y 2) que ninguna sociedad cae sin primero haber desarrollado
todas las formas de vida que son implícitas a sus relaciones. Estos principios
volverán cada vez que se trate el punto fundamental: cómo es que de las
estructuras nace el movimiento histórico (8).
Sin embargo, mientras que en el parágrafo 20
del Cuaderno 7 (escrito entre finales de 1930 y principios de
1931), éstas sirven para eliminar “cualquier mecanicismo“, en el
parágrafo 17 del Cuaderno 15 (de abril-mayo de 1933) son
todavía los “dos principios fundamentales de la ciencias políticas que deben
ser primero desarrollados críticamente en toda su magnitud y depurados de
cualquier residuo de mecanicismo y fatalismo“. La expresión hace referencia
a una análoga empleada por Gramsci en el conocido artículo de
1917 sobre la Revolución contra “El “Capital” a propósito de
las “incrustaciones positivistas y mecanicistas” de las cuales se “había
contaminado” el mismo pensamiento de Marx (9).
En el texto de 1933 Gramsci todavía
escribe que los principios marxistas “deben ser desarrollados los tres
elementos fundamentales en los que se puede distinguir una situación o un
equilibrio de fuerzas, que en el parágrafo 38 del Cuaderno 4 había
expresado de la siguiente manera: “1) hay una relación de las fuerzas
sociales estrechamente ligada a la estructura 2) el momento sucesivo es la
“relación de las fuerzas” políticas 3) el tercer momento es el de la “relación
de las fuerzas militares“.
Pero si a finales de 1930 afirmaba que el “desarrollo
histórico oscila continuamente entre el primer y el tercer momento con la
mediación del segundo”, tres años después creerá necesaria la “máxima
valorización del segundo momento […] y especialmente del tercero” aquel
menos directamente ligado a la “base” económica.
Además, si en el Cuaderno 4 el
primer momento era “una relación objetiva […] un dato natural que puede ser
medido con los sistemas de las ciencias exactas o matemáticas“, más tarde,
en la segunda Serie de Materialismo e Idealismo, apelando al “testimonio
auténtico de Marx” y a las “precauciones reales” introducidas por él
mismo, Gramsci pone en primer lugar “la dificultad de
identificar, cada vez, estáticamente, (como imagen fotográfica instantánea) la
estructura“ (10).
“Otra cuestión ligada al problema tratado en
esta rúbrica -leemos en el parágrafo 38 del Cuaderno 4– es
la siguiente: si los hechos históricos fundamentales están determinados por el
malestar o bienestar económico“. Coherentemente con la posición central
respecto a los opuestos extremismos apenas asumida, Gramsci aquí
llega a “excluir cualquier respuesta normativa en este sentido y a proceder
hacia una respuesta más bien genérica“. De cualquier forma está fuera de
discusión que “la acción y la iniciativa política” sean “expresión de
la economía, es más, la expresión eficiente de la economía“, y por lo tanto
la prioridad del hecho político-económico, o sea, la ‘estructura’ como punto de
referencia y de “causa” dialéctica, no mecánica, de las superestructuras
(afirma en el parágrafo 56 del Cuaderno 4 de noviembre de
1930).
Cuando Gramsci enfrenta el dilema
en una de las dos notas del Cuaderno 7 dedicadas a Estructura
y Superestructura, su solución será decididamente diferente: “la pretensión
(presentada como postulado esencial del materialismo histórico) de presentar
cada fluctuación de la política y de la ideología como expresión inmediata de
la estructura, debe ser combatida teóricamente como un infantilismo primitivo” (11).
Se trata de una posición destinada a sufrir ulteriores reajustes hasta llegar a
una versión que, con el cuidado merecido, se puede llamar definitiva: en el
parágrafo 5 del Cuaderno 15 (febrero de 1933) a propósito de
la crisis de 1929 Gramsci se opone a “quien quiera dar a
estos hechos una definición única o encontrar una causa de origen única, que es
lo mismo. Se trata -escribe- de un proceso que tiene muchas
manifestaciones y en el que causas y efectos se complican y se sobreponen.
Simplificar significa “desnaturalizar y falsificar“. “Es difícil en los
hechos separar la crisis económica de las crisis políticas, ideológicas, etc.”
Este apunte tardío da dos indicaciones generales importantes: 1) la crisis de
1929 no provocando el “fatal derrumbe del capitalismo” esperado por
tantos marxistas, contribuye en los años sucesivos a llevar a Gramsci a
negar una relación estrechamente casual entre estructura y superestructura, 2)
negar eso significa en realidad negar la imagen misma de una “base” sobre la
cual se eleva una construcción, por lo que, faltando la primera, necesariamente
también se derrumba la segunda. Gramsci lo sabe: no es casual
que la rúbrica relativa al problema de las relaciones
estructura-superestructura desaparezca después de diciembre de 1931 (12).
Por otro lado, la sistematización intentada en
el Cuaderno 4 ya había entrado en crisis en la segunda Serie
de los Apuntes de filosofía del Cuaderno 7, iniciada en noviembre
de 1930, apenas terminada la primera.
En el parágrafo 10 del Cuaderno 7,
después de un llamado explícito a las “notas escritas en la ‘Primera
Serie'”, Gramsci introduce por vez primera los famosos
conceptos de “guerra de oposición” y “guerra maniobrada” (más
tarde llamada de “movimiento“). La necesidad de pasar de la segunda a la
primera, también en el “arte y en la ciencia política“, se debe al hecho
de que al menos en los países más avanzados, “la sociedad civil” se ha
convertido en una estructura muy compleja y resistente a las “irrupciones”
catastróficas del elemento económico inmediato (crisis, depresiones, etc.). No
es que las cosas queden tal cuales, sino que no se desarrollan de modo
fulminante y con marcha progresiva y definitiva como esperarían los estrategas
del cardonismo político. Gramsci siempre pone límites nuevos a
la acción directa de la estructura sobre la superestructura, ya sea escalonando
sus efectos en el tiempo, ya sea negándoles su mecanicidad. También en este
caso la profundización del problema crucial del materialismo histórico está
acompañada por una re-lectura de sus “padres nobles“, en este caso Lenin.
Pocas páginas más adelante Gramsci recuerda de hecho que “ya
Ilich había comprendido que era necesario un cambio de la guerra maniobrada a
la guerra de posición“, aun si “no tuvo tiempo para profundizar su
fórmula” (13).
En el curso de 1931 el trabajo teórico de los
Cuadernos sufrió un fuerte retroceso, y los sucesivos apuntes del Cuaderno
7 no aportan novedades esenciales respecto a todo lo anteriormente
visto.
De hecho, en un grupo de notas de febrero-marzo de
1932 tenemos el repudio explícito de tal pareja conceptual, de la cual se
reconoce el carácter metafórico y ocasional, ya atribuido por Marx,
a una relación con las ciencias positivas (o más bien positivistas) que la
hacen inadecuada a los tiempos nuevos (aquellos de la revolución contra el
“Capital “en Oriente y de la “guerra de posición” en Occidente). En el
parágrafo 207 del Cuaderno 8 leemos: “Cuestiones de
terminología: El concepto de estructura y superestructura, por el que se dice
que la “anatomía” de la sociedad está constituida por su “economía”, y se
ligara a las discusiones generadas por la clasificación de las especies
animales. El origen de la metáfora usada para indicar un concepto nuevamente
descubierto, ayuda a comprender mejor el concepto mismo, que es llevado al
mundo cultural e históricamente determinado, en el cual es originado. Se
podría repetir, en el caso de estructura y superestructura, lo escrito
por Gramsci en el parágrafo precedente a propósito del término
de materialismo: “la terminología tiene su importancia en el determinar
errores y desviaciones, la terminología es convencional y […] siempre hay que
remitirse a las fuentes culturales para identificar su valor exacto, ya que
bajo una misma fórmula convencional se pueden encontrar contenidos diferentes“.
En la segunda redacción del parágrafo 207, o sea en
el parágrafo 50 del Cuaderno 11 (de 1932), la metáfora de la
economía como anatomía de la sociedad se considera como una de las metáforas “groseras
y violentas” de las cuales “la filosofía de la praxis se ha servido para
fines exclusivamente didácticos en relación con las clases populares ignorantes“.
Todo lo anterior, concluye Gramsci, “es útil para precisar
el límite de la misma metáfora, o sea para impedir que ésta se materialice y
mecanice“.
Evidentemente, no obstante que ya no se reconozca
en las posiciones precedentes, Gramsci probablemente a fines
de 1933 (14), retoma en segunda redacción el citado parágrafo 38 del Cuaderno
4 dejando su texto inalterado (15).
Por paradójico que parezca es justamente la
revolución copernicana (16) de los primeros meses de 1932 la que
garantiza la sobrevivencia de notas provenientes de fases anteriores de su
reflexión. Debido a la imposibilidad de adaptarlas a los nuevos desarrollos y a
la actitud extremadamente conservadora del autor respecto a su propio trabajo,
éstas son copiadas casi en forma íntegra incluyendo la introducción de una
serie de pequeñas y significativas “marcas” (para sí mismo y para los
futuros lectores) de dicha evolución. En primera tenemos la colocación del
fragmento en el Cuaderno 13 (el Cuaderno sobre Maquiavelo y el
“Príncipe Moderno”), en vez en los “filosóficos” 10 y 11,
además del nuevo título, “Análisis de las situaciones: relaciones de fuerza”,
que sintomáticamente sustituye el anterior “Relaciones entre estructura y
superestructura”. Éstas, de “el problema crucial del materialismo histórico“,
se convierten en las cuestiones “que es necesario plantear con exactitud
para lograr un análisis justo de las fuerzas que actúan en la historia de
determinado periodo, y determinar su relación“. Pero sobre todo Gramsci escribe
que “tales análisis no pueden y no deben ser un fin en sí mismos, y obtienen
un significado sólo si sirven para justificar una actividad práctica, una
iniciativa de voluntad“. De este modo el tema evidentemente se desplaza del
primitivo plano “filosófico” al más propiamente político, el único en el cual
la cuestión, teóricamente insoluble, parece tener para el todavía algún
sentido.
En el análisis político del Cuaderno 3
Gramsci ya había acogido las “Contradicciones aparentes” entre la
“concepción fatalista de la historia” y el “voluntarismo formalista descomedido
y trivial” (17), mientras que los contemporáneos “Apuntes de filosofía”
del Cuaderno 4 se basaban justamente sobre la oposición
“economismo-ideologismo”, destinada a ser superada sólo mucho más tarde.
En las conversaciones con los compañeros de prisión
en 1930, Gramsci (contemporáneamente a los arreglos realizados
en el parágrafo 38 del Cuaderno 4) “para romper con quienes
acusaban al marxismo de mecanicista, de fatalismo, de determinismo económico,
de economicismo“, invitaba como recuerda quien tomó parte en aquellas “lecciones“,
“a no hablar más de ‘estructura’ y ‘superestructura’, etc., sino sólo de
proceso histórico en el cual todos los factores toman parte”. (18) De
este modo se anticipó por más de un año a los resultados a los que llegaría en
los Cuadernos. Se puede concluir que para Gramsci es válido lo
que él mismo escribió a propósito de Marx: “un hombre
político escribe sobre filosofía: puede ser que su verdadera filosofía se
encuentre en los escritos de política. En cada personalidad hay una actividad
dominante y predominante. Es en ésta donde hay que buscar su pensamiento, la
mayoría de las veces implícito y a veces en contradicción con el pensamiento
admitido ex professo” (19).
Entre las variantes aportadas por Gramsci en
la redacción de la nota central del Cuaderno 4, hay que
señalar todavía aquella relativa a “la afirmación de Engels de que la
economía es en un último análisis” el resorte de la historia”, la cual en
el texto C suena de la siguiente manera: “hay que recordar la afirmación de
Engels de que la economía sólo en ‘último análisis’ es el resorte de la
historia“. El añadir el adverbio sólo y poner después el verbo ser limitan
mucho el alcance de la expresión “en ultimo análisis“, si no es que de
hecho la invierte. Por eso Gramsci, respondiendo nuevamente a la
pregunta de “si las crisis históricas fundamentales están determinadas
inmediatamente por las crisis económicas“, al contrario que en 1930 ya no
puede “excluir cualquier respuesta normativa” sino más bien “excluir,
que por sí mismas, las crisis económicas produzcan eventos fundamentales, éstas
solo pueden crear un terreno más favorable a la difusión de ciertos modos de
pensar, de plantear y resolver las cuestiones que involucran el ulterior
desarrollo de la vida estatal”.
Gramsci continúa ocupándose del problema en los Cuadernos sucesivos y
particularmente en el Cuaderno 15, según su propia declaración, “iniciado
en 1933 y escrito sin considerar las divisiones de la materia y las
agrupaciones de las notas en cuadernos especiales” (20). Gramsci evidentemente
se da cuenta de la imposibilidad de adecuar, en una segunda redacción, el
contenido de muchos apuntes de años anteriores a las nuevas posiciones
alcanzadas, y prefiere expresar en textos escritos ex novo. Para el problema
que estamos tratando es de particular interés el parágrafo 25 del Cuaderno
15 en el cual la frase “entre condiciones objetivas y condiciones
subjetivas del evento histórico” se convierte en una simple distinción de
carácter didascálico: por lo mismo es en la medida de las fuerzas subjetivas y
de su intensidad que puede versar la discusión, y por lo tanto en la relación
dialéctica entre las fuerzas subjetivas contrastantes. Es necesario evitar que
la cuestión sea puesta en términos intelectualistas y no histórico-políticos.
Estructura y superestructura ahora se sustituye por
la dialéctica entre fuerzas subjetivas y objetivas, mucho menos dicotómicas,
puesto que para Gramsci objetivo significa “humanamente
objetivo y por lo tanto también humanamente subjetivo” (21) y
“universal subjetivo”. Anteriormente Gramsci había hecho uso
de las antítesis “cantidad-calidad” y “contenido-forma“, pero las
abandonó pronto ya que volvían a proponer la visión dual de la realidad
implícita en la metáfora arquitectónica que se proponía superar (22).
En 1934 el trabajo del Cuaderno 17, el
ultimo “misceláneo”, procede a un ritmo muy reducido: a falta de nuevo material
de redacción, las señas del recorrido ideal gramsciano habrá que buscarlas
nuevamente en las variaciones aportadas a los textos al volverlos a copiar en
los “Cuadernos especiales”; por ejemplo, en el parágrafo 12 del Cuaderno
16 en el cual se trata por enésima vez de establecer en qué consiste
la “naturaleza humana“: desde la primera redacción (Cuaderno 8,
parágrafo 151, abril de 1932) leemos: “no se puede hablar de “naturaleza”
como algo fijo y objetivo“, sino como el “conjunto de las relaciones
sociales que determina una conciencia históricamente definida”. La
conclusión es inevitable: por lo tanto hay que referirse a las relaciones
técnicas de producción. Estos pasajes son literalmente copiados en el texto C,
pero ahí donde Gramsci había primero escrito: “en esta
objetividad y necesidad histórica se puede colocar la universalidad del
principio moral“, ahora, después de la expresión necesidad histórica
introduce el elocuente paréntesis: “que por demás no es obvia, y es
necesario que se le reconozca críticamente y se le convierta en sostén de modo
completo y casi’capilar“.
Esto confirma que para el último Gramsci no
puede existir la necesidad sin una correspondiente voluntad, o como afirma en
otras partes, la distinción entre los dos conceptos es sólo “didascálica” y no
real, el problema en realidad es otro: “¿sobre qué base, se puede constituir
una élite que guíe las multitudes las eduque, y que sea capaz de ser ejemplar?“.
Consideremos finalmente el parágrafo 48 del Cuaderno
17, de junio de 1935: Gramsci vuelve otra vez al tema de “el
estudio de los diversos ‘grados’ o ‘momentos’ de las situaciones militares y
políticas“, que es después la formulación asumida en 1932, por el problema
de las “relaciones entre estructura y superestructura“: señal de que por
lo que ha escrito hasta ese momento no le satisface plenamente. También en esta
página, a cinco años de la primera sistematización de la cuestión, intenta
nuevas soluciones inéditas y “debidas distinciones entre la ‘causa
eficiente’ que prepare al evento histórico o político de grado diverso o
significado (o extensión) y la ‘causa determinante’ que inmediatamente produce
el evento“. Tales distinciones son ulteriormente complicadas por el hecho
de que ambas causas “pueden tener diversos momentos o grados“, y lo que
realmente es importante para quien interpreta es ver cómo “el problema
crucial del materialismo histórico“, lejos de poder decirse resuelto, sigue
aún abierto y candente, y Gramsci se dedica a esto hasta los últimos días de su
trabajo teórico.
Notas
(1) A. Gramsci, Quaderni del carcere, Edición
critica de V.Gerratana, Einaudi, Tormo 1975, p. 455 , edición italiana, siempre
designada con la letra Q.
(2) G. Francioni, L’officmna gramsciana,
Bibliopolis, Napoli 1984, pp. 140-146 y las modificaciones aportadas por su
autor en II problema filológico dei “Quaderní del carcere” di Gramsci, Pavia
1998, pp. 90-95.
(3) El término estructura (variante de aquel de
economía) se encuentra en el programa inicial del “primer cuaderno” pero en
relación a la arquitectura del canto décimo del Infierno de Dante.
(4) Los textos usados por Gramsci para la escuela
de partido se encuentran ahora recogidos en II rivoluzionario qualificato,
editado por C. Morgia, Delotti, Roma 1988; véase la primera entrega que Gramsci
introduce escribiendo que esta “se basará o más bien traducirá el libro del
compañero Bujarin sobre la teoría del materialismo histórico” (p. 70).
(5) El “Anti-Bujarin” gramsciano inicia de hecho
con el Q 1, & 153 donde por demás se critican solo “los errores lógicos”
del Manual.
(6) Cfr. Q, 469 y 1449 (dos versiones de un texto).
(7) Q. 1346.
(8) Q. 4, & 38.
(9) A.Gramsci, La cittá futura (1917-18) al cuidado
de S. Caprioglio, Einaudi, Torino 1982, p. 513: este es uno de los casos donde
el Gramsci maduro de la segunda mitad de los Cuadernos recupera, pasando por
varias experiencias teóricas políticas, la mejor parte de su “voluntarismo”
juvenil. Me permito remitir a mi Struttura-sovrastruttura, Tesis, Universidad
de Génova, 1989-90, pp. 201 y sgs.
(10) Q. 7, & 24 (febrero 1931).
(11) ibidem.
(12) Para resumir, esta rúbrica aparece en los Q
seis veces; (tres en el Q 4, && 12, 38 y 45 que tendrán una segunda
versión; dos en el Q 7, && 10 y 24; el primero retomado en el Q 13,
& 24, cl segundo queda en una sola versión; una en el Q 8, & 182 que
queda como texto B): Ya esta consideración cuantitativa hace ver el sentido del
cómo Gramsci mientras profundiza la cuestión, se da cuenta de lo insuficiente
de su planteamiento inicial, rechazando hasta su formulación terminológica.
(13) Q. 7, & 16 (noviembre-diciembre 1930).
(14) Aparece como se sabe pocas veces en los
escritos de Marx y Engels de modo nada problemático y casi en passant, “lo cual
es un primer motivo para pensar que la célebre “superestructura” no fuese para
Marx más que una metáfora usada con discreción estilística en pocas ocasiones y
con frecuencia sustituida por otras metáforas o mas bien por explicaciones
teóricas. Una buena parte de estas confusiones (entre metáfora y explicación
teórica), lamentablemente las difundieron los marxistas” (L. Silva, Lo stile
leiterario di Marx, trad. it., Bompiani, Milano 1973, pp. 50 y 56).
(15) El & 25 del Q 13 cita explícitamente una
fuente de octubre-diciembre 1933: (a esta fecha podrían asignarse también los
&& 17-18 donde el Q 4. & 38 encuentra su versión final), vista su
estrecha relación con los sucesivos && 23 y 27 y siendo posible un
fuerte retroceso, si no suspensión del trabajo gramsciano en los meses
precedentes por la grave crisis de salud de marzo, según los testimonios de las
cartas contemporáneas (cfr. A. Gramsci, Lettere dal carcere, al cuidado de S.Caprioglio
y E.Fubini, Einaudi, Torno 1965, p. 761).
(16) La expresión aparecerá menos casual si se
considera que en estos meses Gramsci además de iniciar Cuadernos “especiales”,
interrumpe defmitivamente aquellos de traducciones; y no es ciertamente casual
la coincidencia cronológica entre el abandono de la metáfora
estructura-superestructura y la sustitución de los términos materialismo
histórico y marxismo con filosofía de la praxis (cfr. M. R. Romagnuolo,
Quistioni di nomenclatura: materialismo strorico e filosofia della prassi nei
“Quaderni” gramsciani, Studi filosofici, X-XI, 1987, pp. 123-166).
(17) Q. 3, & 42 (junio-julio 1930).
(18) M.Garuglieri, Ricordo di Gramsci, Societá,
núm. 7-8, 1946, p. 697.
(19) Q. 1493.
(20) Q. 1748.
(21) Q. 1048.
(22) También en este aspecto, ver mi tesis, cit. pp
112-130.

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