© Libro N° 7992.
Glosas A Los Manuscritos Económico-Filosóficos De
1844 De Carlos Marx. Carrillo
Pumarejo, Rafael Eduardo. Emancipación. Noviembre 21 de 2020.
Título
original: ©
Glosas A Los Manuscritos Económico-Filosóficos
De 1844 De Carlos Marx. Rafael Eduardo Carrillo Pumarejo
Versión Original: © Glosas A Los Manuscritos
Económico-Filosóficos De 1844 De Carlos Marx. Rafael Eduardo Carrillo Pumarejo
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GLOSAS A LOS
MANUSCRITOS ECONÓMICO-FILOSÓFICOS DE 1844 DE CARLOS MARX
Rafael
Eduardo Carrillo Pumarejo
Glosas A Los Manuscritos
Económico-Filosóficos De 1844 De Carlos Marx
Rafael Eduardo Carrillo
Pumarejo
INTRODUCCIÓN
Giddens (1998) tiene razón. Marx es, a todas luces, el
pensador que mayor influencia intelectual ha ejercido en las mentes científicas
del siglo XX. Su obra, indudablemente revolucionaria, despierta siempre una
creciente carga emocional. Sus críticos lo refutan una y otra vez, ya que nunca
la crítica a Marx se encuentra terminada. Siempre falta algo.
Sus seguidores, por el contrario, siempre encuentran cosas nuevas, o para
decirlo como Schumpeter (1984), Marx es un
profeta. Un libro, una carta, o cualquier cosa escrita por Marx,
siempre generan polémica, crítica, contracrítica, perspectivas nuevas para la
ciencia o perspectivas olvidadas. En esta breve reflexión el propósito es
comentar algunas ideas consideradas relevantes en los Manuscritos.
MANUSCRITO I
La aparición en 1932 de los Manuscritos
Económico-Filosóficos de 1844 de Marx, desató, dentro del
campo del marxismo, y en particular en las ciencias sociales, una controversia
que llega hasta nuestros días. El marxismo como teoría científica estaba
consolidado en el pensamiento moderno en la época de aparición de los Manuscritos,
y al menos, teóricamente la revolución rusa de 1917 se había inspirado en él.
Fundamentalmente el marxismo teórico giraba en torno a las ideas consignadas en El
Capital, obra madura de Marx por excelencia,
conceptualmente de difícil comprensión, estudiada por pocos, pero acogida por
todos, como la expresión madura del materialismo histórico aplicado a la
crítica de la economía política. El verdadero Marx, es éste, y no
podía ser otro, por eso, cuando se descubren los Manuscritos, con
todos los planteamientos relevantes sobre economía política, el idealismo
alemán, en particular Hegel, la moral, la relación del hombre con
la naturaleza, etc., no muchos creyeron entender que éste era un Marx distinto,
incluso en una postura contradictoria con el Marx de El
Capital; otros lo disculparon diciendo que estos escritos eran de un
joven Marx, y cualquier desliz teórico o idealismo eran propios de
su edad fisiológica y espiritual. Pues bien, a mi juicio, esta obra no es ni
contradictoria con el pensamiento maduro de Marx, ni un error
juvenil; por el contrario, los Manuscritos constituyen el
inicio de la creación del materialismo dialéctico e histórico. El pensamiento
es dialéctico, y por consiguiente, los Manuscritos han sido
negados e incorporados al movimiento del pensamiento marxista.
Los Manuscritos son una fuerte
critica tanto a la ideas de la Economía Clásica como a las posiciones de los
críticos neo-hegelianos con respecto de la dialéctica de Hegel. Marx estaba
convencido de que sin una profunda crítica de los fundamentos de la crítica
misma el avance de la ciencia era limitado e incluso podía devenir en
misticismo. La crítica a las premisas de los economistas ingleses y del
idealismo alemán es el primer aporte de los Manuscritos, y
alrededor de ella girará esta primera aproximación de la concepción que se iba
formando en Marx.
En el primer Manuscrito Marx hace
un recorrido por los conceptos básicos de la Economía Política inglesa, en
especial los expuestos por Smith y Ricardo, por
los cuales Marx sentía admiración y respeto. El manuscrito se
divide en cuatro partes, o cuatro conceptos básicos: Salario, Beneficio
de Capital, Renta del Suelo, y un último, que indudablemente será el más
polémico de todos, Trabajo Enajenado.
Marx comienza
su crítica con una afirmación que informará no sólo este primer Manuscrito,
sino los siguientes: “El salario está determinado por la lucha abierta entre
capitalista y obrero” (Marx, 1975). La dialéctica de capitalista y obrero,
que nos recuerda la vieja dialéctica de señor-siervo de la Fenomenología de Hegel,
es la tesis clave para entender la crítica de los Manuscritos. En
primer lugar Marx toma distancia del método de los economistas
clásicos, y hoy diríamos de los neo-clásicos modernos, que parten de una
situación ideal de la economía, y deducen de ella sus postulados básicos.
Para Marx, el análisis debe partir de un hecho actual, real, y no
de nebulosas situaciones como las de Robinson Crusoe, y a partir de
allí, continuar con el análisis de los demás hechos. Lo importante para Marx es
establecer la relación causal entre los hechos, premisa básica de cualquier
ciencia. Esto por supuesto no es un problema secundario. El problema del método
en las ciencias es un problema principal, y más cuando una disciplina
científica esta deviniendo en ciencia. Un ejemplo moderno de la mistificación
de la ciencia lo tenemos en Milton Friedman (1967), brillante
economista neo-clásico, que asegura que en cuanto al método de las ciencias las
premisas no son importantes, lo que importa no es sino la capacidad de
predicción de las mismas, que es, digamos, la versión moderna de la postura de los
clásicos antiguos, que Marx, por supuesto, rechazaba. O, en
palabras de Marx, “supone como hecho, como acontecimiento lo que
debería deducir, esto es, la relación necesaria entre dos cosas” (Marx,
1975).
La relación dialéctica capitalista-obrero es una
relación necesaria, no externa, ni casual. La relación es de fuerza, porque es
una lucha, y es de naturaleza inversa. Lo que gana el capitalista
necesariamente lo pierde el obrero, y viceversa. El salario, que en la época
de Marx, era la cantidad mínima de mercancías que necesitaba un
obrero para sostenerse él y su familia, es la primera determinación económica
de esta lucha. Por supuesto, en el mismo momento se determina la ganancia. La
relación salario-ganancia es inversa. Ahora, el producto excedente que con su
labor producen los obreros, y su distribución, son el eje de la Economía
Política Clásica. La tasa de ganancia, la renta del suelo, etc., como
categorías económicas, no son más que la expresión teórica de la puja real
entre capitalistas y obreros por el producto excedente.
Pero la contradicción no se queda ahí, sino que se
extiende a toda la sociedad capitalista. Entre más riqueza tenga la sociedad
—crecimiento económico, diríamos hoy—, más penurias y pobreza cargan los
obreros. La tecnología y los progresos de la ciencia que se expresan en
máquinas y herramientas mejoradas, desplazan mano de obra obrera, y hacen la
situación del obrero más penosa. En otras palabras, en la sociedad capitalista
unos se hacen más ricos (los capitalistas), y otros más pobres (los obreros), y
debo añadir, siguiendo la premisa de Marx, que los primeros se
hacen ricos a costa de la pobreza de los segundos.
Marx termina
el Manuscrito con un concepto polémico: El trabajo
alienado. Ciertamente el problema de la alienación en Marx, y
su desarrollo en los Manuscritos, se ha trabajado mucho. Creo que
la clave para entender esta parte de los Manuscritos es la
idea básica de la alienación en La Esencia del Cristianismo,
de Feuerbach (2009). Para Feuerbach (1979) la
idea de alienación está asociada a la idea de Dios. Dios no es más que la
objetivación de la esencia del hombre. Además, esta objetivación se hace en
contradicción dialéctica con el hombre mismo: Dios es bueno, el hombre es malo;
Dios es inmortal, el hombre es mortal, etc. En fin, Dios es creado por el
hombre a su imagen y semejanza, y no al revés. Pero en esta relación
dialéctica, Dios termina sometiendo al hombre. Las religiones no serían sino la
expresión de esta alienación del hombre, y por lo tanto, condenables.
Para Marx, la alienación parte del
hecho de que el trabajador se relaciona con el producto de su trabajo como un
objeto extraño. El producto del trabajo es la objetivación del trabajador
mismo, que se ha vuelto extraño a él, y que lo domina. Entre más ponga de sí en
el producto de su trabajo menos tendrá de sí en éste. Así como las religiones
son condenables, así debe ser condenable y criticada científicamente la
Economía Política, ya que, en palabras de Marx “La Economía
Política oculta la enajenación esencial del trabajo porque no considera la
relación inmediata entre el trabajador (el trabajo) y la producción” (Marx,
1975).
MANUSCRITO II
El segundo Manuscrito es el más
corto de todos. Marx (1844; 1975) lo intitula “Antítesis
del Capital y el Trabajo”. En el primer manuscrito partía de la lucha real
entre capitalistas y obreros, en este segundo Manuscrito parte
de la expresión teórica que los representa: capital y trabajo, para establecer
y aclarar más determinaciones de la Economía Política en un plano teórico
abstracto. A mi entender, lo más valioso de este Manuscrito se
encuentra al final del mismo, donde Marx aplica la triada
hegeliana: afirmación, negación, y negación de la negación, que es relevante
para el método de Marx, incluso pudiéramos afirmar que, descontada
la mística religiosa de Hegel, es el verdadero método de lo que hoy
conocemos como materialismo dialéctico e histórico. La siguiente cita del
segundo Manuscrito muestra de una manera diáfana las
intenciones de Marx en cuanto al método: “La relación de la
propiedad privada es trabajo, capital y la relación entre ambos. El movimiento
que estos elementos han de recorrer es el siguiente: Primeramente: Unidad
inmediata y mediata de ambos. Capital y trabajo primero aún unidos, luego
separados, extrañados; pero exigiéndose y aumentándose recíprocamente como
condiciones positivas. Oposición de ambos, se excluyen recíprocamente; el
trabajador sabe que el capitalista es la negación de su existencia y viceversa;
cada uno de ellos trata de arrebatar su existencia al otro. Oposición de cada
uno de ellos consigo mismo, Capital = trabajo acumulado = trabajo. Como tal
descomponiéndose en sí mismo y sus intereses, así como éstos a su vez se
descomponen en intereses y beneficios. Sacrificio total del capitalista. Cae en
la clase obrera así como el obrero —aunque sólo excepcionalmente— se hace
capitalista. Trabajo como momento del capital, sus costos. El salario, pues,
sacrificio del capital”. (Marx, 1975).
Esto sencillamente es Hegel puro. Hegel aplicado
a la crítica de la economía política. Marx ya no retrocederá
en cuanto al método correcto. El Capital es la aplicación más
general hecha por Marx del método dialéctico en el cual quedó
negado, y a la vez incorporado, la tesis de los Manuscritos. Así
como en algunos de sus escritos Marx sostuviera que para
entender a los simios hay que entender primero a los primates superiores, de la
misma forma sostenemos que para entender los Manuscritos hay
que primero entender El Capital, cosa que, por lo pronto, no es
fácil.
MANUSCRITO III
El tercer Manuscrito es el más
extenso y el más rico en conceptos, sin embargo, quiero señalar tres ideas que,
a mi juicio, son relevantes para la comprensión ulterior del método de Marx.
Una primera idea del tercer Manuscrito es
la relación entre propiedad privada y comunismo. Para Marx, el
concepto de propiedad privada no ha sido entendido de manera cabal, esto es, en
su conexión interna. Comprender el concepto de propiedad privada significa
comprenderla como la oposición de trabajo y capital. Ahora bien, si se le
comprende como la oposición de capital y trabajo, necesariamente surge, como
movimiento dialéctico de los conceptos, su momento de superación. El comunismo
es la superación de la propiedad privada. Y no es un momento de superación
externo a ella sino que deviene de su contradicción interna: capital versus
trabajo. Creo que la idea más importante en la dialéctica de superación
comunista de la propiedad privada es que esta superación es una superación
real, de la propiedad privada capitalista real; es el resultado del desarrollo
de la contradicción entre capital y trabajo, y no un sueño, un ideal, como
tantos salvadores de la humanidad han planteado. Se podrá ser amigo o enemigo del
comunismo, el socialismo o como quiera llamárselo, pero él es la superación de
la propiedad privada capitalista, una realidad objetiva, independiente de
cualquier postura ideológica o política. La contradicción particular entre
propiedad privada y comunismo, y la forma como Marx la
resuelve es, si se quiere, una metodología general del devenir de los procesos
históricos que Marx aporta a las ciencias sociales.
Una segunda idea es la importancia del poder del
dinero. Esta parte del tercer Manuscrito — considero—, es el
comienzo de una teoría monetaria en Marx, que será desarrollada en
detalle en su Contribución a la Crítica de la Economía Política, y
en la primera parte de El Capital. Según Marx,
“[…] el dinero, en cuanto posee la propiedad de comprarlo todo, en
cuanto posee la propiedad de apropiarse todos los objetos es, pues, el objeto
por excelencia” (Marx, 1975). Esta afirmación tiene varios aspectos. Uno
primero, es que el dinero en cuanto posee la propiedad de apropiarse de todos
los objetos, es la categoría por excelencia de la Economía Política. Las
economías capitalistas son economías de intercambio, de intercambio de
mercancías, y el dinero es el mediador universal. Las economías capitalistas
son economías monetarias. Un segundo aspecto es que si el dinero posee la
propiedad de comprarlo todo, y siendo consecuentes con el concepto de trabajo
alienado del primer Manuscrito, el dinero no es más que la alienación
general y abstracta del capitalismo en su conjunto. La propiedad de comprarlo
todo hace que el dinero sea el instrumento dialéctico de transformar todo en su
contrario, propiedad que se encuentra bellamente pincelada en la literatura,
sobre todo en Shakespeare, por quien Marx sentía
devoción. Un apunte rápido: Creo que Marx olvidó a un literato
que capturó con su gracia las propiedades dialécticas del dinero, éste es Francisco
de Quevedo (1912), en su maravilloso poema Poderoso Caballero
es Don Dinero: […] yo al oro me humillo, él es mi amado y mi
amante…
Una última idea es la crítica de la dialéctica y la
filosofía de Hegel, y los aportes de Feuerbach a
la misma. Lo primero es que Marx lanza una crítica a lo que él
llamó el movimiento crítico, es decir, un conjunto de filósofos, conocidos como
neo-hegelianos. La crítica de Marx afirma que este movimiento
filosófico no revisó los fundamentos de su postura filosófica, y su método, es
decir, la Filosofía de Hegel (1966), y su dialéctica en
particular. Tomaron la dialéctica mistificada de Hegel, tal cual se
halla en La Fenomenología del Espíritu y en la Ciencia
de la Lógica, y no supieron remontarse sobre ella para hacer aportes
positivos de la misma, es decir, continuaban con la vieja perspectiva
hegeliana, puesta formalmente con lenguaje nuevo, pero incluso muchas veces la
terminología es la de Hegel, como lo demuestra con los ejemplos
de Bauer y Strauss.
Una cosa muy distinta es Feuerbach (1979).
Éste sí hace verdaderos progresos en cuanto a la crítica de la filosofía
de Hegel, y en particular a su dialéctica. Feuerbach es
el verdadero vencedor de la dialéctica antigua, que se resume en Hegel.
Para él la filosofía de Hegel no es más que religión y teología, puesta en
forma de conceptos y desarrollada por el pensamiento. Por muy moderna que
aparenta ser la filosofía de Hegel, no es sino misticismo y
religión y, por supuesto, igualmente condenable. Feuerbach propone
como premisa básica la relación hombre a hombre, premisa que es la partida de
la fundamentación científica de la filosofía. Marx tomará esta
idea de Feuerbach y la reinterpretará como relación social de
trabajo y producción, como una crítica de la sociedad y de la historia, y la
desarrollará en todos sus aspectos, en especial en El Capital.
Indudablemente, el pensamiento de Feuerbach es el punto nodal
—para hablar un poco como Hegel—, la forma filosófica de transición
entre la dialéctica mística hegeliana, y la dialéctica científica de Marx.
A manera de conclusión podemos decir:
1. Las determinaciones de la economía capitalista
son el resultado de la oposición dialéctica entre capital y trabajo. Toda
crítica debe partir de esta oposición, desarrollarla en todos sus aspectos como
relación necesaria, y así buscar, de manera consistente, un reflejo lo más fiel
posible de la sociedad capitalista moderna. El trabajo alienado en el producto
es un corolario de la oposición dialéctica entre capitalistas y obreros. La
superación del trabajo alineado se logra restituyendo el control de los obreros
sobre los medios de vida.
2. El método dialéctico es relevante para el
marxismo teórico. La crítica marxista a los postulados y conceptos
fundamentales de la Economía Política Clásica no es más que la aplicación del
método dialéctico al entendimiento de la particular oposición trabajo- capital.
La utilización de la dialéctica marxista, cuya fuente indiscutible es Hegel (1966),
debe necesariamente pasar por el filtro de la crítica feuerbachina, so pena de
correr el riesgo de desviarse al misticismo.
BIBLOGRAFÍA
Feuerbach, L. (2009). La Esencia del Cristianismo.
Madrid: Prometeo Libros.
Friedman, M. (1967). Ensayos sobre Economía
Positiva. Madrid: Gredos.
Giddens, A. (1998). El capitalismo y la moderna
teoría social: un análisis de los escritos de Marx, Durkheim y Weber.
Barcelona: Idea Books.
Hegel, G. W. F. (1966). Fenomenología del Espíritu.
México, D. F.: F.C.E.
Marx, C. (1975). Manuscritos Económicos y
Filosóficos de 1844. La Habana: Editorial Pueblo y Educación.
Mesa y López, R. (Trad.) (1912). Antología de los
mejores poetas castellanos. Londres: Thomas Nelson and Sons.
Schumpeter, J. (1984) Capitalismo, Socialismo y
Democracia. Barcelona: Folio.

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