© Libro N° 7990.
Marx, “El Capital” Y El Mito Vampírico. Carnero, Silvia.
Emancipación. Noviembre 21 de 2020.
Título
original: ©
Marx, “El Capital” Y El Mito Vampírico. Silvia
Carnero
Versión Original: © Marx, “El Capital” Y El Mito
Vampírico. Silvia Carnero
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MARX, “EL
CAPITAL” Y EL MITO VAMPÍRICO
Silvia
Carnero
Marx, “El Capital” Y El
Mito Vampírico
Silvia Carnero
“[…] El obrero no es ningún agente libre y su
vampiro no cesa
en su empeño, mientras quede,[…], una gota de
sangre que chupar.”
Marx, El Capital
Negar la influencia de Karl Marx en
el siglo XIX es, sencillamente, imposible. Pero, ¿se podría negar, tan
enfáticamente como en el caso anterior, que Marx fue totalmente
inmune e impermeable a las ideas, hipótesis y representaciones vigentes
y circulantes en su propio siglo? ¿Fue esto realmente así? ¿Ejerció Marx una
notable influencia sobre las mentes del siglo XIX y, en cambio, su
pensamiento salió indemne del poder de la cultura y de la visión del mundo
de su propia época?.
Es evidente que Marx se vio
poderosamente afectado por el conjunto de representaciones e hipótesis que
impregnaban su siglo, influjo que puede rastrearse claramente en sus obras, las
páginas de “El Capital“ son un claro ejemplo de la visión del mundo y
del universo simbólico propios del siglo XIX.
Para demostrar la tesis planteada, me abocaré
primero a definir el contexto cultural en el que se encuentra inmerso Marx.
Luego, bucearé en su obra “El Capital“ con la intención de identificar
en ésta las huellas del universo simbólico y la visión del mundo propio del
siglo XIX.
Contexto
Todo grupo humano viviendo en sociedad es
protagonista y, a la vez, hacedor de su propia cultura.
En el devenir de su existencia, los hombres no sólo
se influyen mutuamente en su hacer, sentir y pensar, sino que también y, al
mismo tiempo, son modificados por sus propias creaciones. Estas últimas a nivel
del pensamiento, dan origen al mundo simbólico, innegablemente presente en
todas las sociedades.
El simbolismo permeabiliza las capas sociales y “condiciona
cerebros“, determinando la concepción del mundo que hombres y mujeres
comparten por vivir en una misma sociedad y período histórico. En términos
de Castoriadis, filósofo y psiquiatra, psique y sociedad son
solidarias e inseparables. La psique humana se socializa en la medida que incorpora
el magma de significaciones sociales y, por otro lado, la sociedad sobrevive
gracias a esa incorporación.
A partir de lo expuesto, afirmar que Marx fue
hijo del siglo XIX implica más que su simple localización en el tiempo. Pero, ¿cuánto más?
Sin duda mucho más, pues significa la necesidad de
adentrarnos en ese universo cultural, simbólico, para una vez allí,
descubrir el conjunto de representaciones, y sus significados, los
conceptos, las ideas, los fantasmas y terrores de la época y, en general todo
aquello que pueda haberse inscrito en la subjetividad de Marx.
Las hipótesis sobre la existencia de vampiros, por
ejemplo, eran ideas de circulación corriente en el pensamiento del siglo
XIX. Vampiros -en su acepción de fantasmas o de cuerpos reanimados de
personas muertas- que vagan por las noches chupando la sangre de sus
víctimas hasta causarles la muerte y, de esta forma, propagan el
vampirismo (mito vampírico).
El mito vampírico, en realidad, no es una idea
originada en este momento histórico, existen pruebas de que el mito
vampírico ya era conocido por los antiguos griegos, sin embargo, lo que la
hace singular en el siglo XIX es que ésta adquiere, en esa época,
ciudadanía literaria de gran peso.
Así es como las ideas sobre el vampirismo, circulan
como sombríos fantasmas que revolotean la sociedad londinense. La
publicación de la novela de Bram Stoker, Drácula (1897)
y otras tantas que le precedieron (a modo de ejemplo El Vampiro de John
Polidori, (1818) son el resultado de siglos de circulación del mito.
No olvide el lector, entonces, que Marx también
se encontraba inmerso en esta atmósfera de fantasmas y terror, creada por
las ideas circulantes sobre la existencia de vampiros, y reforzadas
simbólicamente a través de la literatura de la época.
Ahora bien, dejemos un instante a Marx para
plantearnos las siguientes preguntas, ¿por qué las ideas sobre el vampirismo
sobreviven al tiempo? ¿Qué significado real encierran estas representaciones?
Sin lugar a dudas, el significado es la alusión
constante al Mal, a sus modos de encarnar, al terror del hombre de todos los
tiempos, a los poderes que considera extraordinarios que lo rebasan, y
ante los cuales no puede más que temblar. Además, a lo reciente se agrega
que la sordera de las fuerzas de esos poderes es tal, que para el hombre
se convierte en más temible que las fuerzas mismas. El espanto engendra
más espanto, y los seres humanos no pueden más que declarar su convicción
de destruirlas, la victoria sobre los poderes maléficos está
anunciada, entonces, desde su propia concepción.
Bajo mi punto de vista, todo esto vehiculiza el
mito vampírico a través de su simbolismo, y ésta es la razón por la cual
sobrevive al tiempo mismo. El Mal, como encarnación palpable podrá adoptar
formas distintas, al igual que la lucha del hombre para combartirlo, pero algo
es innegable, ambos temas se presentan como constantes en la historia de la
humanidad.
Por otro lado, Marx utiliza ricas
metáforas vampíricas en El Capital precisamente porque Marx no
fue impermeable a las hipótesis intuitivas de su época.
El mito vampírico le sirvió, entonces, como un
molde en el que volcar experiencias límites de su presente, y también, como un
espejo en el que descubrir el reflejo viviente de sus miedos. Sabemos qué
nombre adquieren las experiencias límites y los miedos en Marx, uno
sólo: capitalismo.
Así se expresa Marx en el capítulo
ocho de El Capital (Tomo I, pp. 179):
“El capital es trabajo muerto que no sabe
alimentarse, como los vampiros, más que chupando trabajo vivo, y que vive
más cuanto más trabajo chupa.”
He elegido esta cita ex profeso como prueba de los
desarrollos teóricos que anteceden, y de esta forma podemos observar
como Marx emplea el mito vampírico como medio para
realizar la crítica al capitalismo y sus efectos. El capital, al igual
que los vampiros, es un monstruo, una presencia sobrenatural cuyo carácter
excesivo, poderoso, transgredió y sustituyó lo que anteriormente se
consideraba el orden natural: la sociedad pre-capitalista.
El capitalismo posee sus propias leyes, este “vampiro“
en la representación de Marx, tiene el erotismo de todo lo
prohibido, debemos tener presente que la succión vampírica es una forma
que suple la posesión sexual. En este sentido el capital cumple también
con esta característica, según nos asegura Marx en la cita
anterior, este posee un instinto ciego y desesperado de saciar su apetito
a cualquier costo, por lo tanto, no cesa de succionar trabajo excedente de sus
víctimas, los proletarios.
Podemos observar como este componente sexual,
erótico, para mayor precisión, tan característico de las historias de
vampiros se traslada al vocabulario de Marx y en otro
fragmento del capítulo y la obra ya citada, expresa (op. cit. pp. 219):
“[…]1860, […], fueron los tiempos orgiásticos del
capital.”
Esta situación de integración entre lo erótico y lo
macabro, desde un posicionamiento psicoanalítico podría explicarse como la
afinidad entre Eros-Thánatos, pulsión de vida- pulsión de muerte. Ambas se
mezclan y el límite entre ellas parece borrarse, ya que de la muerte emerge
vida (vampiro), esta vida sólo se conserva con más muerte (víctimas), a su vez
ésta vuelve a iniciar el ciclo muerte-vida (víctimas convertidas en vampiros)
que se repetirá incansablemente hasta la eternidad. Este mismo proceso se evidencia
en la actitud del capitalista hacia los proletarios, el primero mantiene su
vida a costa de la vida de los últimos.
Sigamos con nuestro análisis, el vampiro del mito,
de las leyendas, revela sed y hambre eterna y su desprecio por todos aquellos
seres humanos que lo saciarán en su existencia perpetua. El capitalista
construye sus sueños sobre la vida de los proletarios y con relación a ellos
manifiesta la misma depravada actitud que el vampiro:
“[…]estos patrones (industria del tejido de seda) se pasarán
estrujando seda durante diez horas diarias de la sangre de unos miles de niños
pequeños[…]” (op. cit. pp232).
En estas palabras de Marx no sólo
se manifiesta la comparación con el mito, en la imagen de la sangre, sino que
podemos advertir, también, otra intención, la de hacer alusión al vampirismo.
Y aquí haremos un alto, para señalar que en las
metáforas, que tan cuidadosamente construye Marx en este
capítulo, pueden leerse dos sentidos que se integran. En uno de ellos, debemos
ceñir la interpretación que hace Marx del capitalismo en
relación con el mito vampírico, éste se evidencia por sus símbolos típicos:
figura maléfica, succión, sangre, víctimas, muerte, como ya lo hemos visto. En
el otro, en cambio, la intención del autor es referirse al vampirismo con la
misma acepción en que figura en los diccionarios.
¿A qué aludimos, entonces, con esta nueva variable?
Al campo específico de las relaciones humanas, analizadas desde una clase que
se presenta como explotadora, capitalista y otra que es explotada, la obrera.
El capitalista explota al proletario, apropiándose
de su trabajo, de su vida, de su alma, aumentando su capital a través de la
plusvalía. En este juego maléfico entre dominador y dominado el poder es,
obviamente, del capitalista, quién posee y sojuzga a sus víctimas.
Todo lo obtiene el capitalista sin el menor
esfuerzo físico ya que se enriquece a costa del esfuerzo ajeno, el de un niño o
el de un adulto, al hambre insaciable del capital no le interesa Ia edad de sus
víctimas.
Bajo mi óptica, es éste el significado que debemos
atribuirle al segundo sentido que Marx vehiculiza a
través de las metáforas.
Analicemos, ahora, un recurso indispensable en el
mito vampírico y luego su relación en la teoría de Marx; me refiero
a la oscuridad. La noche es el momento en que los vampiros actúan, de ahí su
importancia tan trascendente en las leyendas sobre ellos. Sin embargo, para la
mayoría de los seres humanos la noche, es sinónimo de oscuridad, de tinieblas,
de muerte, de poderes maléficos, en suma, de peligro. Veamos, ahora, cómo esto
se transfiere al pensamiento marxista.
Marx, hace una
crítica severa al capitalista que haciendo gala de su afán desmedido de
riqueza, cual vampiro utiliza también la noche para seguir explotando a sus
obreros. Estos últimos, terminan sumergidos dentro de sus lugares de trabajo en
una noche eterna, pues a causa de su cansancio y las condiciones físicas
paupérrimas que presentan, se les borran los conceptos de día y noche. Así,
todo se transforma en oscuridad permanente, trabajo excedente y, como
consecuente de esto último, en la muerte para muchos de ellos. Marx en El
Capital, denomina a las fábricas las “Casas del terror“ porque allí
ocurren los sucesos que hasta hace un momento describíamos. Esto no debe ser
tomado como un dato más, es importante en cuanto podemos considerarlo como otro
influjo de las ideas vampíricas en la teoría marxista. Según creo, en la
representación de Marx la “Casa del terror“ haría
referencia a la morada donde habita el vampiro. Es indiscutible, que este
pensador considera a este último como personificación del Mal, de lo demoníaco
y a misma representación se hace del capitalista, una prueba de esto (op. cit.
pp. 249):
“[…](el
proletario) debe defenderse contra la “serpiente” de sus tormentos[…]”.
La serpiente, ha sido desde la historia bíblica, la
forma asumida por el demonio para aparecerse ante los hombres, es símbolo, por
tanto, del Mal, de lo diabólico. No es raro, por tanto, debido a la connotación
que en sí misma encarna, que Marx la utilice como metáfora con
la que aludir al capitalista.
Ahora bien, y como último análisis, si el
vampiro/capitalista refieren al Mal, estos se advierten como tal en
contraste con lo que se considera el Bien.
El Bien en la teoría marxista está representado por
un colectivo, los proletarios. Quienes llevarán a cabo la revolución, y
harán posible la sociedad comunista, desterrando para siempre al
capitalismo o lo que es lo mismo al Mal.
Lector, ahora sí hemos llegamos al final de nuestra
búsqueda, hasta aquí he pretendido mostrar la influencia que ejercieron
las hipótesis vampíricas del siglo XIX en la subjetividad de Marx.
Creo haber cumplido el objetivo, pues las pruebas
se encuentran en la obra misma de este pensador, como pudimos comprobarlo.
A modo de cierre, sirva una breve conclusión.
Conclusión
¿Por qué fue importante descubrir si el pensamiento
de Marx había sido influenciado por la cultura y la visión del
mundo propio del siglo XIX? ¿Es este aspecto de relevancia dentro de ese
universo económico, de explotación, de capitalistas y proletarios, de impronta
revolucionaria, que Marx representa?.
Sin duda, creo que fue muy importante, ya que
miradas y abordajes diferentes a la teoría marxista ayudan a que no se pierda
la riqueza del pensamiento de Marx.
Pensamiento, que podemos advertir como el resultado
de una síntesis dialéctica entre el pensamiento racionalista, científico y
materialista de la filosofía de las Luces y del idealismo alemán, junto con
esta crítica romántica a la sociedad burguesa.
Y por lo general, de Marx sólo
interesa una sola vertiente y se olvida, puntualmente, ese componente
romántico.
Aspecto romántico que, además, sirve como una de
las causas justificatorias de su adhesión a las hipótesis vampíricas de su
época. Me refiero a “una“ de las causas porque, tal vez, sus razones
sean mucho más profundas, inconscientes, si se quiere, y ni el mismo Marx,
haya podido reparar en ellas.
Hagamos un ejercicio mental, e interpretemos desde
dos corrientes psicológicas diferentes, el porqué de la adhesión de Marx al
mito vampírico: desde la teoría del psicólogo Carl Jung, por
ejemplo, Marx podría haber adherido, por la presencia en todo
ser humano, de lo que este psicólogo llamó “La Sombra“ es decir el Mal.
Esta parte oscura en nosotros, se asemejaría a todo Io que de malévolo existe
en el vampiro, recordemos que era la forma que asumía el Mal en el siglo XIX.
En cambio, desde el psicoanálisis freudiano la explicación sería
diferente: Marx adhirió al mito vampírico, quizás porque le
sirvió de vehículo para canalizar su pulsión (fuerza o empuje que moviliza a
actuar) hacia el capitalismo y materializar su crítica.
En realidad, nunca sabremos sus verdaderas razones
y como dijimos anteriormente, tampoco él hubiese podido, en ese momento, dar
cuenta de su adhesión, ya que como bien lo expresa Freud en El
Porvenir de una ilusión, los hombres viven el presente con cierta
ingenuidad sin poder valorar exactamente sus contenidos.
Lo que sí es cierto, y con esto quisiera cerrar el
presente ensayo, es que ningún hombre vive su propia época sin internalizar el
“magma“ de ideas, representaciones y significados que en ella se
generan; ni siquiera el mismo Marx pudo.
*Publicado originalmente en A parte rei. Revista
de Filosofía
Bibliografía
o Abrams, M H., El Romanticismo: tradición y
revolución, Visor, Madrid, 1992.
o Castoriadis, C., La Institución imaginaria de la
sociedad, Tusquets, Barcelona, 1999.
o Freud, S., Más allá del principio del placer, en
Oras completas vol. XVIII, Amorrortu, Buenos Aires, 1992.
o Freud, S., El porvenir de una ilusión, en Obras
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o Goodwin, B., Marxismo (Cap. IV), en El uso de las
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o Jung, C., El hombre y sus símbolos, Caralt,
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o Martin, R., Los “Drácula“: Vlad, Tepes, El
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o Marx, K., El Capital, 3 voIs., W. Roces (trad.),
Fondo de Cultura Económica, México, 1999.
o Marx, K., Los fundamentos de la crítica de la
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1972.
o Peyre, H., ¿Qué es verdaderamente el
Romanticismo?, Marcial Suarez (trad.), Ducel, Madrid, 1972.
o Praz, M., La Literatura Inglesa. Del Romanticismo
al Siglo XX. Losada. Buenos Aires, 1976.
o Quirarte, V., Sintaxis del vampiro, Verdehalago,
México, 1996.
o Stoker, B., Drácula, Anaya, Madrid, 1992.
o Villacañas, J.L., La quiebra de la razón
ilustrada: Idealismo y Romanticismo, Cincel, Madrid, 1999.

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