© Libro N° 7989.
Mercancía Y Valor-Trabajo: Guía De Lectura De Marx. Carcanholo,
Reinaldo A. Emancipación. Noviembre 21 de 2020.
Título
original: ©
Mercancía Y Valor-Trabajo: Guía De Lectura De
Marx. Reinaldo A. Carcanholo
Versión Original: © Mercancía Y Valor-Trabajo: Guía De
Lectura De Marx. Reinaldo A. Carcanholo
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Miranda
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Guía De
Lectura De Marx
Reinaldo A.
Carcanholo
Mercancía Y Valor-Trabajo:
Guía De Lectura De Marx
Reinaldo A. Carcanholo
I. INTRODUCCIÓN
En la misma esencia del dinero se siente algo de la
esencia de la prostitución.
G. Simmel
Si el dinero, según Augier, nace con manchas
naturales
de sangre en una de sus caras, el capital viene al
mundo
chorreando sangre y suciedad por todos los poros,
desde la cabeza a los pies.
K. Marx
1. INTRODUCCIÓN
1. En verdad, la teoría del valor no es una teoría
por construirse. Ella se encuentra mucho más desarrollada de lo que en general
se cree y se sostiene. Es sorprendente el número tan reducido de aspectos de
ella que no fueron descubiertos y expuestos en El Capital.
Ella es mucho más amplia de lo que tiende a pensar.
En primer lugar, no se trata de una teoría que se preocupe simplemente con los
factores que determinan los precios relativos o el nivel de los precios en el
mercado. No es eso. Sus objetivos son mucho más amplios y complejos y su punto
de partida es la comprensión teórica sobre la naturaleza de la riqueza
capitalista.
En segundo lugar, ella no se limita a lo que se
encuentra expuesto en el primer capítulo de El Capital, aunque
sumándose aquellos dedicados al problema de la transformación de los valores en
precios de producción. Las categorías de capital e plusvalía, capital
industrial, capital ficticio, por ejemplo, son aspectos fundamentales de la
mencionada teoría del valor, sin los que ella no estaría completada y sería
incomprensible. En verdad, tales categorías no son sino formas desarrolladas
del valor y, por lo tanto, los capítulos y secciones de El
Capital dedicadas a ellas son indispensables para la referida teoría;
ellas aparecen discutidas y desarrolladas a lo largo de todo el mencionado
libro, en sus diferentes tomos. Capital, por ejemplo, es el mismo valor en su
fase avanzada de desarrollo. Así, podríamos decir, sin exageraciones, que la
exposición de la teoría marxista del valor se encuentra dispuesta en el
conjunto de la obra económica de Marx y, en particular, en su libro
mayor: El Capital.
2. Tal vez todo eso sea una de las razones para
que, desde siempre y hasta los días de hoy, haya existido exagerada
incomprensión sobre la teoría de Marx sobre la sociedad capitalista, incluso
entre muchos de los que se consideran iniciados en el tema. Podemos mostrar que
eso se debe a que muchos tratan de encontrar en su teoría del valor, de manera
inmediata, respuesta a preguntas no pertinentes o, al menos, mal formuladas. No
es fácil convivir con las aberraciones que se encuentran en la casi totalidad
de las interpretaciones sobre dicha teoría.
3. Nuestro objetivo aquí, en este trabajo, es
indicar un camino para el inicio del estudio sobre los aspectos básicos de la
teoría marxista del valor, específicamente sobre aquellos aspectos que aparecen
desarrollados en el primer capítulo de El Capital. Para tanto
seremos obligados a presentar nuestra interpretación sobre el tema.
4. Desde un primer momento debemos advertir una
importante característica de El Capital. No vamos a encontrar allí
la exposición de los resultados acabados de una investigación previa; algo así
como un resumen de las conclusiones. De cierta manera lo que allí se expone es
el camino mismo de la investigación, los pasos metodológicos necesarios para ir
descubriendo progresivamente cada nueva categoría. Veremos que, al leer atenta
y ordenadamente cada uno de sus sucesivos párrafos, estaremos siendo conducidos
de la mano por el autor. El nos llevará de la observación sistemática y
metódica de la realidad, al descubrimiento de las categorías; de éstas y de una
nueva observación de lo real, él nos guiará en el descubrimiento de nuevas
categorías. Empezaremos luego a sentirnos como los verdaderos descubridores de
las mismas.
Aceptemos la invitación del autor, démosle nuestra
mano; caminemos bajo su conducción durante algún tiempo, en pasos más simples o
más difíciles. No tardará mucho y nos daremos cuenta de que en algunos pasos ya
no necesitaremos su mano; podremos caminar solos.
5. Sin embargo, porque estamos acostumbrados a
exposiciones sobre resultados acabados, sobre conclusiones, inicialmente no
entendemos la invitación del autor. Entendemos sus palabras como afirmaciones
conclusivas.
Nuestra intención en los próximos párrafos es,
respecto exclusivamente al primer capítulo, demostrar al lector que el autor
de El Capital efectivamente ha cursado la referida invitación
y, al mismo tiempo, dar los pasos más importantes allí explicitados, aceptando
las dos manos de Marx. Sólo cuando nos sintamos absolutamente seguros, y cuando
sea indispensable, nos atreveremos a dar unos pasos sin ayuda; en ese momento
estaremos invitando al lector a que nos acompañe.
6. Antes de entrar directamente en el tema, es
indispensable una observación. En verdad, la exposición de El
Capital no expresa de manera completa la investigación. Esta tiene
caminos tortuosos, hay momentos de éxitos y también de fracasos; a veces las
preguntas formuladas son correctas, otras veces hay que empezar de nuevo; una
tarea específica diseñada puede resultar productiva o debe ser abandonada a
medio terminar. La investigación, por mejor proyectada que sea, no transcurre
por una línea recta, de la manera que se podía haber pensado inicialmente; en
otras palabras, ella no es un proceso que pueda ser totalmente planificado a
priori.
Es cierto que en El Capital se
encontrará la exposición del proceso de investigación científica, pero no del
proceso real, tal como efectivamente se da. El proceso de investigación que
allí se explicita es ideal, en el sentido de que se abstrae de él los errores,
los fracasos, las tareas realizadas pero improductivas; allí, el proceso
aparece como transcurriendo en una línea recta previamente trazada. Las
categorías van siendo descubiertas una después de las otras; no hay lugar para
la intuición, para la imaginación y la creación. Quien se haya dedicado a
alguna verdadera investigación científica sabrá que aquél proceso descrito como
lineal no es más que una caricatura. Sin embargo, el procedimiento expositivo
usado por Marx es adecuado: a los nuevos investigadores, sólo es necesario
comunicar la investigación realizada en sus aspectos productivos y no sus
caminos equivocados. Así, a posteriori, es posible y correcto exponerla como si
hubiera transcurrido por una línea recta, sin desviaciones.
II. MERCANCIA: VALOR DE USO Y VALOR DE CAMBIO
7. Aceptemos el objeto de estudio señalado
por el autor en El Capital: la riqueza capitalista, es
decir, la riqueza en la época de dominio de El Capital. Nuestro
problema es identificar la naturaleza de esa riqueza, en otras palabras,
nuestra pregunta es:
¿Qué es la riqueza en la época capitalista?
8. Nos diría el autor que, para contestar esa
pregunta, no tenemos otro instrumento científico que la observación de la
realidad
“La riqueza de las sociedades en que impera el
régimen capitalista de producción se nos aparece como un inmenso arsenal de
mercancías . . .”[i]
En otras palabras, observamos que
la riqueza capitalista es “un inmenso arsenal de mercancías”, se nos aparece,
se nos presenta como “un inmenso arsenal de mercancías”. No se trata de una
definición[ii] del tipo:
riqueza capitalista es mercancía. Se trata de una simple constatación, a partir
de una simple observación de la realidad.
Sería posible, aquí, afirmar que riqueza es dinero,
al contrario de decir que es mercancía. Sin embargo, ese simple y sucio trozo
de papel (aunque muy complejo y misterioso del punto de vista teórico),
constituido por el dinero, solamente puede ser considerado riqueza por ser
capaz de comprar mercancías; cualquier mercancía.
9. Si queremos conocer la riqueza capitalista y si
miramos la sociedad donde impera ese régimen de producción, veremos que esa
riqueza está formada por mercancías; por eso, no tenemos otra cosa que hacer
que observar [iii] la mercancía más de
cerca. Eso es lo que implícitamente dice nuestro autor.
10. Si observamos la mercancía, nos damos cuenta de
que ella presenta dos características, tiene dos aspectos inmediatamente
observables. Ella es “en primer término, un objeto externo, una cosa
apta para satisfacer necesidades humanas, de cualquier clase que ellas
sean” (Marx, p. 3). En segundo lugar, ella es un objeto capaz de
intercambiarse con otros objetos, con otras mercancías; ella es capaz de
comprar otras mercancías.
11. Esas dos características de la mercancía no son
producto de la imaginación del autor de El Capital; ellas son
fácilmente observables por cualquiera de nosotros. Marx lo que hizo fue dar
nombres a esas características, crear términos
relativos a esos aspectos. La mercancía es un valor de uso por
su capacidad de satisfacer necesidades; es un valor de cambio (o
tiene valor de cambio) por su capacidad de comprar sus similares.
Así, podemos decir en este momento que la mercancía
es valor de uso y es valor de cambio; es la unidad de esos dos aspectos.
12. Nuestra investigación no tiene otro camino a
seguir que observar más de cerca los dos aspectos de la
mercancía. No analizaremos aquí el valor de uso porque no nos
interesa en este momento. Corremos el riesgo, sin embargo, de que se llegue a
creer que ese aspecto de la mercancía tiene un papel secundario en la teoría de
Marx, cosa que es evidentemente incorrecta. La verdad es que destacar su
importancia implicaría demasiado espacio, más de lo que podríamos disponer en
este ensayo[iv].
Analicemos el valor de cambio.
III. DEL VALOR DE CAMBIO AL VALOR
13. ¿Qué es valor de cambio de una mercancía? El
valor de cambio es “la relación cuantitativa, la proporción en que se cambian
valores de uso de una clase por valores de uso de otra…”5 (Marx, p.
4).
Eso significa que, de cierta manera, una mercancía
no tiene un valor cambio, tiene valores de cambio. ¿Cuántos?
Por ejemplo:
1 Kg. de trigo
= 5 Kg. de maíz
= 0,5 Kg. de carne
= 2 litros de leche
= 6 Kg. de yuca
= 3 Kg. de frijoles
etc.
Podríamos decir que la mercancía trigo tiene tantos
valores de cambio cuantas mercancías diferentes de ella existan en el mercado y
puedan, por tanto, intercambiarse con ella.
14. Ahora bien, tomemos un particular valor de
cambio de una mercancía cualquiera. Esa proporción o relación cuantitativa, que
es el valor de cambio, “varía constantemente con los lugares, y los
tiempos.” (Marx, p. 4)
En otras palabras, si observamos, en el mercado, el
valor de cambio de una mercancía con otra cualquiera, veremos que esa
proporción no permanece invariable; se modifica en el tiempo. Por otra, parte,
si en el mismo momento observamos diferentes mercados, distante uno de los
otros, veremos distintos valores de cambio de una mercancía respecto a otra
determinada.
15. Esa variabilidad respecto al tiempo y al
espacio parece indicar que el valor de cambio tiene la casualidad como
una de sus características.
16. Por otro lado, el valor de cambio de una
mercancía como proporción que es, varía según sea la otra mercancía con la que
se intercambia la primera.
17. La variabilidad del valor de cambio de una
mercancía según sea la otra mercancía con la que se intercambia la primera
determina en aquél la característica de relatividad. El valor de
cambio es una característica relativa a ambas mercancías que
participan de una relación de intercambio.
18. Así, la observación sistemática del mercado
permite, a nuestro autor, descubrir dos características inmediatamente
observables del valor de cambio: su variabilidad y su relatividad.
La variabilidad, característica fácilmente visible, obliga que Marx manifieste
la sospecha sobre la posibilidad de que el valor de cambio sea casual. La
variabilidad sugiere, así, la posibilidad de la casualidad.
“Parece, pues, como si el valor de cambio fuese
algo puramente casual y relativo, como si, por tanto, fuese una contradictio in
adjecto (un contrasentido).la existencia de un valor de cambio interno,
inmanente a la mercancía (valeur intriséque).” (Marx, p. 4)
En otros términos, parece un contrasentido pensar
la existencia de un valor no interior mismo de la mercancía.
19. Entonces, la conclusión de nuestro autor es la
siguiente: a) si es cierto que el valor de cambio es relativo, y si él tuviera
una explicación científica, ella no se encontraría en la mercancía (“inmanente”
a ella) cuyo valor de cambio preguntamos; la explicación se encontraría en
ambas mercancías en conjunto, en la que está a la izquierda y en la que está a
la derecha de la igualdad; b) sin embargo, si el valor de cambio fuera
puramente casual (párrafo 18), no tendría ningún sentido buscar una explicación
científica para él; las cosas casuales no tienen explicación científica,
excepto a través de la ley de las probabilidades, que no es lo que, en verdad,
lo que interesa aquí.
20. Sin embargo, ese aparente contrasentido
de buscar una explicación para el valor de cambio y, además, de buscarla en la
misma mercancía y no en su relación con otra, no hace que nuestro autor
renuncie a buscar una teoría del valor. Veremos que la conclusión de que no
tiene sentido buscar la explicación del valor de cambio, es decir, buscar
el valor, es resultado exclusivo de la observación inmediata,
preliminar de la realidad, de la superficie de los fenómenos reales.
21. No existe otra manera de superar esa conclusión
preliminar — de superar el nivel aparencial — que la misma observación de los
fenómenos. Es por eso que nuestro autor señala: (parece) “un
contrasentido la existencia de ‘un valor de cambio interno, inmanente a la
mercancía (valeur intrinséque). Pero, observemos la cosa más cerca. ” (Marx,
p. 4)
22. Observemos, entonces, la cosa más de cerca. La
aparente casualidad del valor de cambio era consecuencia del hecho de su
variabilidad en el tiempo y en el espacio. Eliminemos el cambio en el tiempo y
en el espacio; si encontráramos así alguna regla sistemática a la que atienda
el valor de cambio, entonces podremos concluir que, en verdad, no es casual y
que, por tanto, puede y debe encontrarse una explicación científica causal para
él.
En verdad, encontrada una única regularidad en un
fenómeno que suponemos ser casual, la casualidad debe ser abandonada. Basta
considerar el ejemplo de los sorteos de lotería. Si en la observación de sus
resultados sucesivos encontramos una única regularidad que permanezca por
tiempo más o menos prolongado, en algún momento llegaremos a la conclusión de
que algo está interfiriendo de manera deliberada; no puede ser casual. Por eso,
procuraremos una regularidad en el valor de cambio; una única regularidad que
sea.
23. Como dijimos, eliminemos las variaciones de
tiempo y de espacio. Observemos de nuevo el mercado y supongamos encontramos
allí que:
1 Kg. de trigo
= 5 Kg. de maíz
= 0,5 Kg. de carne
= 2 litros de leche
= 6 Kg. de yuca
= 3 Kg. de frijoles
etc.
Preguntémonos ahora cuál sería el valor de cambio
de 2 litros de leche en términos de yuca, en el mismo lugar y en el mismo
momento anterior. No hay que buscar mucho esa respuesta, pues el mismo mercado
nos indica:
2 litros de leche
= 6 Kg. de yuca
Y si quisiéramos saber el valor de cambio de esa
cantidad de leche en términos de todas las demás mercancías, la respuesta
inmediata sería:
2 litros de leche
= 6 Kg. de yuca
= 5 Kg. de maíz
= 0,5 Kg. de carne
= 3 Kg. de frijoles
= etc.[v]
24. ¿Qué significa lo anterior?
Dados los valores de cambio del trigo, los valores
de cambio de la leche no es casual, están determinados.
Por otro lado, si hubiéramos partido del valor de
cambio de la leche, el valor de cambio del trigo no podría ser
cualquiera; estaría determinado y, por tanto, no es casual. La casualidad como
característica del valor de cambio, era exclusivamente de la apariencia.
Debemos entonces buscar la explicación del valor de cambio.
25. Tomemos otra vez las diferentes expresiones del
valor de cambio de 1 Kg. de trigo:
5 Kg. de maíz,
0,5 Kg. de carne,
2 litros de leche,
6 Kg. de yuca,
3 Kg. de frijoles.
Podemos ver que todas esas cantidades de diferentes
mercancías son intercambiables entre sí, en el mismo mercado y en el mismo
momento señalado anteriormente, exactamente en el volumen ahí indicado. Eso
significa que son, en el mercado, todas iguales entre sí. Todos los diferentes
valor de cambio de la mercancía trigo son iguales entre sí, y quien afirma eso
es el propio mercado.
Eso constituye una regularidad. Es verdad que eso
ocurre en un mercado y en un determinado instante, es decir, una vez eliminadas
las variaciones de espacio y tiempo, como habíamos dicho. Pero también es
verdad que eso es un hecho en el interior de cualquier mercado y en cualquier
momento. Se trata de una regularidad que siempre ocurre y, por lo tanto,
podemos descartar la idea de la casualidad.
26. Ahora bien, en las expresiones de cambio de 1
Kg. de trigo, expuestas antes, ¿qué hacen todas esas cosas iguales entre sí,
del lado derecho de la igualdad?
En otras palabras, ¿qué es lo que ha obligado que
todas esas cantidades de diferentes mercancías sean iguales? Ese resultado no
es casual, es necesario.
Ese algo que obliga la igualdad de todas ellas es
una propiedad de la mercancía trigo. No puede ser otra cosa. A esa propiedad
inmanente al trigo, descubierta a través de la observación sistemática, nuestro
autor llama valor[vi].
27. Resumamos todas las consideraciones anteriores
con palabras de nuestro autor:
“Una determinada mercancía, un quarter de trigo por
ejemplo, se cambia en las más diversas proporciones por otras mercancías v.
gr.: por x betún, por y seda, por z oro, etc. Pero, como x betún, y seda, z
oro, etc., representan el valor de cambio de un quarter de trigo, x betún, y
seda, z oro, etc., tienen que ser necesariamente valores de cambio permutables
los unos por los otros o iguales entre si. De donde se sigue: primero, que los
diversos valores de cambio de la misma mercancía expresan todos ellos algo
igual; segundo, que el valor de cambio no es ni puede ser más que la expresión
de un contenido diferenciable de él, su ´forma de manifestarse´.” (Marx, p. 4)
28. Entonces, el valor de cambio de una mercancía
es expresión de un contenido de (algo inmanente a) la mercancía. Es la forma de
manifestación de una sustancia que difiere de él y que se encuentra en el seno
de la mercancía. Ese contenido distinto del valor de cambio, esa sustancia
tiene un nombre dado por Marx: valor[vii].
29. Hagamos una breve pausa en este momento,
mirando hacia atrás el proceso metodológico utilizado para llegara a los
resultados encontrados. Hemos destacado que el punto de partida de nuestro
autor es siempre la realidad misma y no su propia imaginación, su pensamiento;
su método de investigación es la observación sistemática de esa realidad.
Por suerte hay referencia del mismo autor sobre la
cuestión:
“… yo no arranco nunca de los ´conceptos´, ni por
lo tanto del ´concepto del valor´ … Yo parto de la forma social más simple en
el que toma cuerpo el producto del trabajo de la sociedad actual, que es la
´mercancía´. Analizo ésta, y lo hago fijándome ante todo en la forma bajo la
cual se presenta. Y descubro que la ´mercancía´ es, de una parte, en su forma
material, un objeto útil o, dicho en otros términos, un valor de uso, y de otra
parte, encarnación del valor de cambio y, desde este punto de vista, ´valor de
cambio´ ella misma. Sigo analizando el ´valor de cambio´ y encuentro que éste
no es más que una ´forma de manifestarse´, un modo especial de aparecer el
valor contenido en la mercancía, en vista de lo cual procedo al análisis de
este último.”[viii]
[i] Marx, K. El
Capital . Crítica de la Economía Política. México: FCE, 1966. Tomo I,
p. 3. (Todas las próximas citas, excepto cuando explícito, se refieren al
mismo autor, obra y tomo. Por eso, sólo indicaremos, después de cada una de
ellas, el nombre del autor y el número de la página).
[ii] En la teoría de Marx,
al contrario de lo que estamos acostumbrados, no existen definiciones. No
podemos aceptar definiciones acabadas. El método marxista trata de los
fenómenos sociales como procesos en transformación, movidos por una dinámica
que resulta de sus contradicciones internas y que no pueden ser captadas por
definiciones. Estas solo pueden capturar lo estático. Más que eso, las
realidades se resumen a los propios movimientos; ellos son pasibles de
descripción y de comprensión, pero nunca de definición. Los movimientos
implican siempre metamorfosis. La realidad es el propio movimiento, aquella
inexiste fuera de este (este asunto fue tratado originariamente en: Carcanholo,
R. A. e Nakatani, P. O capital especulativo parasitário: una precisão teórica
sobre o capital financeiro, característico da globalização. Ensaios FEE, v. 20,
nº 1, pp. 264- 304. Porto Alegre, junio de 1999).
[iii] La observación de la
realidad es el primer paso del método científico de la dialéctica materialista
característica del pensamiento de Marx.
[iv] Dejemos constancia,
sin embargo, que, si la teoría de Marx es entendida adecuadamente, en toda su
profundidad, su concepto de utilidad muy poco tiene a ver con el mismo concepto
neoclásico. Mientras para los autores de esa corriente de pensamiento la
utilidad se limita a ser una relación subjetiva entre el individuo y el objeto,
en la teoría marxista esa relación subjetiva debe ser entendida como puramente
aparencial. El estudio adecuado de los esquemas de la reproducción (tomo II
de El Capital) permite entender que la utilidad, en su esencia, se
refiere a las necesidades dEl Capital y no de cada individuo, pues
el sujeto social, en El Capitalismo, sufre una inversión (el ser
humano es sustituido por El Capital, en el papel de sujeto
económico y social). Por eso, la utilidad para los neoclásicos esta muy lejos
de la utilidad para Marx. Y eso es natural que ocurra, pues estamos frente a
dos teorías: la primera con una perspectiva unidimensional de la realidad y la
otra con una visión dialéctica. Debe ser destacado el hecho de que, para Marx,
la afirmación de que la utilidad sea una relación subjetiva individuo/objeto no
constituye error o engaño; ella es correcta, pero insuficiente, pues la
apariencia es sólo una de las dos verdaderas dimensiones de lo real. El error
ocurriría si pensáramos que la utilidad es solamente eso; que posee sólo esa
dimensión; el engaño está constituido por la creencia en la unidimensionalidad
del real. Para mayores informaciones sobre la importancia del valor de uso en
la teoría económica de Marx, cf. Rosdolsky (1978 – capítulo 3) y Marx (1966),
pp. 719-720.
[v] Este razonamiento
podría ser víctima de una crítica con base en el hecho de la existencia de una
ganancia del intermediario. Para evitar mayores discusiones, basta indicar que
lo que nos interesa aquí es solamente llegar a la conclusión de que los distintos
valores de cambio de la mismo mercancía son todos iguales entre si y que esa
igualdad es determinada por el mismo mercado. Para demostrar eso tal vez fuese
suficiente argumentar que, con las cantidades especificadas de las diferentes
mercancías, cualquier poseedor podría adquirir siempre la misma cantidad de la
mercancía trigo, es decir, de aquella cuyo valor de cambio estamos estudiando.
[vi] Algo similar ocurre
con el magnetismo. Un imán atrae otros objetos de hierro debido a su propiedad
interior llamada magnetismo. De manera similar (en ese aspecto), el valor es
una propiedad inmanente a las mercancías que no puede ser observada directamente.
Sólo sabemos de su existencia debido a sus manifestaciones: los valores de
cambio. Podemos mirar un imán por todos sus lados, jamás sabremos de la
existencia de su imantación no fuera por sus manifestaciones: la atracción de
otros objetos de hierro. De la misma manera como la imantación transforma un
objeto de hierro en imán, en un objeto que era más o menos misterioso
antiguamente, el valor transforma los valores de uso productos del trabajo
humano en mercancías, objetos total y absolutamente misteriosos hasta hoy. Tal
vez más hoy que ayer.
[vii] Considerar iguales el
valor de cambio y el valor, lo que es lo mismo que confundir valor y precio de
mercado, es un error absolutamente primario; es el error de identificar esencia
y apariencia, Lo que es mas sorprendente es la frecuencia con la que podemos
nos encontrar con él. Más adelante podremos ver que el propio Marx tiene algo
de culpa al inducir sus lectores menos atentos a ese engaño; y no fue
intencional (véase el párrafo 51 más adelante). Lo que es innegable es que, en
muchos pasajes de El Capital no queda la menor duda de que se
trata de conceptos diferentes, aunque relacionado.
[viii] Marx, C. Glosas
Marginales al Tratado de Economía Política de Adolfo Wagner, en El
Capital, pp. 717 y 718.
IV. EL VALOR
30. Entonces, como vimos, el valor es una cualidad,
una propiedad de la mercancía. Esa cualidad o propiedad de la mercancía
consiste en su capacidad de comprar (de intercambiarse con)
otras mercancías, con todas las demás mercancías.
31. La propiedad valor de la
mercancía no aparece (no se expresa) por si misma, no aparece como tal
propiedad, sino a través de su manifestación: el valor de cambio. Por eso el
valor de cambio es forma necesaria de manifestación del valor.
32. Esa propiedad valor que poseen las cosas en la
sociedad mercantil no es natural a las cosas. En otras palabras, las cosas no
tienen valor por ser cosas. Sólo tienen valor porque se encuentran dentro de
una sociedad mercantil. Es esa sociedad, al igualar en el mercado
el trigo al maíz, por ejemplo, que le asigna al trigo su propiedad de ser
valor; ella y sólo ella le confiere el poder de comprar.
33. Entonces, el valor es cualidad entregada a las
cosas por la sociedad; pero no por cualquier sociedad, sino por la sociedad
mercantil. Luego el valor es una cualidad social e histórica de las cosas.
34. Una cosa, producto del trabajo del hombre,
adquiere valor porque en la sociedad se produce el intercambio. Este es el
resultado de la existencia de particulares relaciones sociales entre los
productores, de relaciones entre productores independientes y autónomos que
producen unos para los otros.
Entonces, el valor no es más que la expresión en
las cosas de las particulares relaciones sociales de producción existentes
en la sociedad mercantil. Así, las relaciones mercantiles de producción se
expresan en las cosas como una cualidad social de ellas; como valor.
35. El valor es una especie de sello que
la sociedad imprime sobre la materialidad física de cada valor de uso,
transformándolo en mercancía. Ese sello indeleble impreso en la cara de la
mercancía dice: VALOR. Indeleble, pero invisible. Es algo similar, en la
mercancía, a la nacionalidad de una persona. La nacionalidad indica, en
general, el local de nacimiento del individuo: “soy peruano”, por ejemplo. El
valor revela que el valor de uso que le sostiene, proviene de (o es originario
de, fue producido bajo) relaciones sociales mercantiles de producción. El valor
es una especie de pasaporte que confiere a su poseedor (la mercancía) el poder
de comprar (de intercambiarse con) sus similares (es decir: otras mercancías).
Muchas veces se dice que el valor es una relación
social. Esa no es una afirmación rigurosamente correcta. El valor es, en
realidad, la relación social mercantil expresa en las cosas
producidas por el trabajo como una propiedad (o calidad específica de ellas),
propiedad esa que consiste en un cierto poder de compra sobre las demás cosas.
36. Así, el valor no tiene materialidad física;
pero, al mismo tiempo, no es una simple idea, un simple pensamiento. Es real y
tiene materialidad, pero ésta es una materialidad social e histórica.
V. VALOR Y TRABAJO[i]
37. ¿Cuál es el mecanismo a través del cual la
sociedad mercantil imprime a las cosas el sello VALOR, la característica valor?
Ese mecanismo es el Trabajo Humano.
38. Ahora bien, al hacer iguales dos mercancías
cualesquiera, por ejemplo el trigo y el hierro
x trigo = y hierro ,
el mercado al mismo tiempo nos está diciendo que el
trabajo del productor de trigo incorporado a ese producto y el que produjo el
hierro son iguales.
Sin embargo, es evidente que esos dos trabajos son
objetivamente diferentes entre sí y, entonces, no es que sean iguales en el
mercado, éste los hace iguales, abstrae sus diferencias.
39. Entonces, de la misma manera que la mercancía
es la unidad de dos aspectos (valor de uso y valor), el trabajo mercantil es a
la vez trabajo concreto (o útil) y trabajo abstracto. Es trabajo
concreto (o útil) en la medida en que nos fijamos en sus propiedades
específicas, que permiten la distinción entre el trabajo de un tipo del trabajo
de otra clase. Es trabajo abstracto, en la medida en que lo
consideramos como puro trabajo humano, indistinto[ii].
“Ahora bien, si prescindimos del valor de uso de
las mercancías éstas sólo conservan una cualidad: la de ser productos del
trabajo, pero no productos de un trabajo real y concreto. Al prescindir de su
valor de uso, prescindimos también de los elementos materiales y de las formas
que los convierten en tal valor de uso. Dejarán de ser una mesa, una casa, una
madeja de hilo o un objeto útil cualquiera. Todas sus propiedades materiales se
habrán evaporado. Dejarán de ser también productos del trabajo del ebanista,
del carpintero, del tejedor o de otro trabajo productivo concreto cualquiera.
Con el carácter útil de los productos del trabajo, desaparecerá el carácter
útil de los trabajos que representan y desaparecerán también, por tanto, las
diversas formas concretas de estos trabajos, que dejarán de distinguirse unos
de otros para reducirse todos ellos al mismo trabajo humano, al trabajo humano
abstracto”. (Marx, pp. 5
y 6).
40. Así, el trabajo mercantil tiene dos caras, o en
otras palabras, es la unidad de dos aspectos (polos): trabajo concreto (útil) y
trabajo abstracto.
Es justamente por tener ese doble aspecto que es
capaz de producir una mercancía, es decir, producir dos cosas a la vez: valor
de uso y valor.
Como trabajo concreto (útil) el trabajo crea
valores de uso[iii]; como trabajo abstracto
produce valor:
“Pues bien, considerados como cristalización de esa
sustancia social común (trabajo humano indistinto, abstracto, R.C.) a todos
ellos, estos objetos son valores, valores-mercancías.” (Marx, p. 6)
“Por tanto, un valor de uso, un bien, sólo encierra
un valor por ser encarnación o materialización de trabajo humano
abstracto”. (Marx, p. 6)
41. Es necesario insistir. El carácter abstracto
del trabajo mercantil no es un producto del pensamiento, de la imaginación. Es
el mercado, la realidad misma del Capitalismo, quien crea la
indiferencia del trabajo, el trabajo abstracto[iv].
En verdad, los dos polos contradictorios del
trabajo (concreto y abstracto) son, en principio, puntos de vista diferentes, a
partir de los cuales podemos observar el trabajo. Podemos mirar el trabajo de
un ebanista, por ejemplo, del punto de vista de lo que su acción particular
posee de diferente en relación al trabajo de otros productores. De esa manera,
estaremos el trabajo útil o concreto. Podemos mirarlo, también, de otro punto
de vista: observando apenas lo que el tiene en común con el trabajo de todas
las demás clases. Así estaremos viendo el trabajo abstracto; estaremos haciendo
abstracción de trabajo.
Por tanto, en verdad, la abstracción es un producto
de nuestro pensamiento. Sin embargo, en la sociedad capitalista esa idea no es
arbitraria, pues es el propio mercado el que igual trabajos distintos. Desear
utilizar el concepto de trabajo abstracto para entender sociedades no
capitalista, no mercantiles, eso si sería una arbitrariedad del pensamiento. Es
por eso que podemos decir que el trabajo abstracto, en El Capitalismo,
es un concepto propio de la realidad y no un simple y arbitrario pensamiento[v].
VI. LA MAGNITUD DEL VALOR
42. Observemos una vez más el valor de cambio.
Sabemos que él no es más que expresión, forma de manifestación del valor.
Sabemos también que él es una determinada proporción cuantitativa.
Ahora bien, ¿de dónde proviene esa característica
cuantitativa del valor de cambio?
Como el valor de cambio no es más que expresión
fenoménica del valor, sus características no pueden ser más que expresiones de
propiedades del mismo valor. La característica cuantitativa del valor de cambio
sólo corresponder a una dimensión cuantitativa del valor. A esa dimensión
cuantitativa del valor se le da el nombre de magnitud del valor.
Observemos ahora, antes de proseguir, un aspecto
formal extremadamente importante. Muchas veces, cuando Marx cuando quiere se
referir a la magnitud del valor, escribe simplemente: valor.
Así, encontraremos con cierta frecuencia
referencias de siguiente tipo: el valor de determinada mercancía es igual a 10
horas de trabajo. Obviamente, el autor está aquí se refiriendo a la magnitud
del valor de la mercancía. Ese es un procedimiento simplificador y aceptable si
tenemos siempre presente su significación.
43. Como “un bien sólo encierra valor por
ser encarnación o materialización de trabajo humano abstracto” (Marx,
p. 6). la magnitud del valor se determina por la cantidad o
volumen de trabajo humano socialmente necesario para la producción del
respectivo bien.
Ahora bien, “la cantidad de trabajo que
encierra (una determinada mercancía, R.C.) se mide
por el tiempo de su duración, y el tiempo de trabajo, tiene, finalmente, su
unidad de medida en las distintas fracciones de tiempo: horas, días, etc.”
(Marx, p. 6)
Debemos destacar que es muy importante diferenciar
claramente lo que es medida del valor (el tiempo de trabajo socialmente
necesario) de lo que es su determinación (cantidad de trabajo socialmente
necesario). Eso es relevante, sobre todo si consideramos es concepto de
intensificación del trabajo, aspecto que desarrollaremos en los “Temas
Complementares”, al final de este trabajo.
Otra observación importante aquí es la de que, en
verdad, la magnitud del valor de una mercancía no se determina por la cantidad
de trabajo socialmente necesario para producirla, pero por la
cantidad de trabajo socialmente necesario para reproducirla. Eso
significa que la magnitud del valor de una mercancía producida en el año
pasado, por ejemplo, no queda determinada por las condiciones tecnológicas
vigentes en aquel momento, pero en las existentes hoy. Por lo tanto, la
magnitud del valor de esa mercancía es igual a la cantidad de trabajo
socialmente necesario para producir una mercancía exactamente igual a ella,
hoy; en este momento.
44. Por tiempo de trabajo socialmente necesario,
nuestro autor entiende que “es aquél que se requiere para producir un valor de
uso cualquiera, en las condiciones normales de producción y con el grado medio
de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la sociedad” (Marx, pp. 6 y
7)
No trataremos aquí más detalles del trabajo
socialmente necesario.
VII. CATEGORIAS ABSTRACTAS
45. Volvamos al primer párrafo de El
Capital. El autor nos dice allí que la riqueza, en la época capitalista,
consiste en “un inmenso arsenal de mercancías”.
Entonces, la primera categoría que aparece en ese
libro es la de riqueza. Pero esa categoría, como tal, no se
refiere a ninguna época en particular, a ninguna sociedad en particular; es una
categoría GENERAL adecuada a cualquier época histórica, a
cualquier tipo de sociedad.
Por otra parte, la mercancía es la riqueza en la
época mercantil, especialmente en la época capitalista. Entonces la mercancía
es una categoría PARTICULAR, exclusiva de la sociedad
mercantil.
Las categorías abstractas de GENERAL y PARTICULAR
corresponden en este caso, respectivamente, a las categorías RIQUEZA (R) y
MERCANCIA (M):
46. Como la riqueza capitalista es mercancía,
entonces aquella es a la vez, y de manera contradictoria, dos cosas: es valor
de uso y es valor.
Esa característica contradictoria de la riqueza
capitalista puede fácilmente revelarse en su dimensión cuantitativa: puede
presentarse una situación real en que la riqueza capitalista esté en
crecimiento desde el punto de vista del valor de uso, y no lo esté (al mismo
tiempo) desde el punto de vista del valor.
Marx se refiere a una situación que indica ese
carácter contradictorio de la riqueza capitalista:
“Cuanto mayor sea la cantidad de valor de uso mayor
será, de por sí, la riqueza capitalista: dos levitas encierran más riqueza que
una. Con dos levitas pueden vestirse dos personas; con una de estas prendas una
solamente, etc. Sin embargo, puede ocurrir que a medida que crece la riqueza
material, disminuya la magnitud de valor que representa. Estas fluctuaciones
contradictorias entre sí se explican por el doble carácter del trabajo”. (Marx, p. 13)
47. La riqueza capitalista, o la mercancía, es la
unidad contradictoria de valor (V) y valor de uso (Vu):
Ahora bien, el valor de uso es una dimensión de la
riqueza capitalista común a la riqueza en cualquier época histórica, en
cualquier tipo de sociedad. En otras palabras, la riqueza en cualquier tipo de
sociedad siempre estará constituida por valores de uso. Por eso, el valor de
uso es el CONTENIDO material de la riqueza.
“Los valores de uso forman el contenido material de
la riqueza, cualquiera sea la forma social de ésta”. (Marx, p. 4)
Por otro lado, el valor, como expresión en las
cosas de las particulares relaciones mercantiles de producción, es la FORMA
HISTORICA de la riqueza en la época capitalista.
48. Entonces, la mercancía (o la riqueza
capitalista) es la unidad contradictoria de dos polos: del contenido (valor de
uso) y de la forma (valor).
49. De la misma manera, el trabajo mercantil (en la
época capitalista) es la unidad contradictoria de dos polos: del contenido
(trabajo útil o concreto) y de la forma (trabajo abstracto).
“Como creador de valores de uso, es decir como
trabajo útil, el trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y
condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne
y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hombre y
la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana”. (Marx, p. 10)
Entonces, la dimensión trabajo útil (o
concreto) del trabajo mercantil (o capitalista) es propia del trabajo
en cualquier forma de sociedad, es por tanto propia del trabajo en
general. Por tanto, el trabajo útil es el contenido del
trabajo mercantil.
Por otra parte, la indiferenciación del trabajo, la
dimensión abstracta del trabajo mercantil, es producto de la realidad
capitalista. Entonces, el trabajo abstracto es la forma social
histórica del trabajo en la sociedad capitalista.
50. Habíamos visto que el valor no es
inmediatamente observable en la realidad; se expresa por el valor de cambio.
Este no sólo es inmediatamente observable en la sociedad capitalista, sino que
presenta dos características aparenciales: la casualidad y la relatividad. Sólo
sobrepasando esas características aparenciales del valor de cambio es que nos
encontrábamos con el valor. Entonces, el valor de cambio es una categoría
aparencial, de la APARIENCIA, mientras que el valor es una categoría relativa a
la ESENCIA.
APARIENCIA ESENCIA
51. Así, el valor de cambio es la apariencia del
valor, su forma de expresión o su forma de manifestación. El
forma con el valor, también, una unidad de dos polos contrapuestos:
¿Cuál es el nombre que Marx atribuye a esa unidad
contradictoria? Unas veces él la llama por el nombre de valor;
otras veces de valor de cambio y eso, en nuestro
entendimiento, es un punto de partida para muchos equívocos[vi]. Por eso es que, en
nuestra opinión, muchos llegan a identificar, como si fueran sinónimos, valor y
valor de cambio, lo que constituye un error grave e ingenuo[vii].
Así,
Por otra parte, otra observación sobre
terminología: no debemos confundir forma de expresión o de
manifestación con forma social e histórica. La
palabra forma es usada aquí en dos sentidos totalmente
distintos. Es indispensable, también, atención sobre ese aspecto.
52. Vimos que la mercancía es la unidad
contradictoria de valor de uso y valor, pero habíamos visto antes que era a la
vez valor de uso y valor de cambio.
Inmediatamente observada, y por tanto en
apariencia, la mercancía es la unidad de valor de uso y valor de cambio:
En esencia la mercancía es la unidad contradictoria
de dos polos: valor de uso y valor.
53. Habíamos visto en el párrafo 31 que el valor no
se expresa por sí mismo. El valor como cualidad social de las cosas, sólo puede
revelarse (expresarse o manifestarse) a través de la relación social de unas
mercancías con otras; a través del valor de cambio[viii]:
“Cabalmente al revés de lo que ocurre con la
materialidad de las mercancías corpóreas, visibles y tangibles, en su valor
objetivado no entra ni un átomo de materia natural. Ya podemos tomar una
mercancía y darle todas las vueltas que queramos: como valor, nos encontraremos
con que es siempre inaprehensible. Recordemos, sin embargo, que las mercancías
sólo se materializan como valores en cuanto son expresión de la misma unidad
social: trabajo humano, que, por tanto, su materialidad como valores es puramente
social, y comprenderemos sin ningún esfuerzo que esa su materialidad como
valores sólo puede revelarse en la relación social de unas mercancías con
otras.” (Marx, pp. 14 y 15)
54. Entonces el valor se expresa a través del valor
de cambio; éste es la forma del valor, la forma necesaria del
valor. Veremos posteriormente que el precio es un valor de cambio de cierta
clase, el valor de cambio de una mercancía con el dinero. Entonces el precio (y
también el dinero) es una forma del valor.
55. ¿Qué hace el autor en el apartado 3 del
capítulo 1 de El Capital?
“En efecto, en nuestra investigación comenzamos
estudiando el valor de cambio o relación de cambio de las mercancías, para
descubrir, encerrado en esta relación, su valor. Ahora, no tenemos más remedio
que retrotraernos nuevamente a esta forma o manifestación de valor.” (Marx, p. 15)
Entonces, lo que se hace es volver al valor de
cambio; pero no se trata de repetir lo que ya se había descubierto
inicialmente. El valor de cambio lo habíamos visto como un fenómeno
inmediatamente observable, y no descubrimos más de lo que era posible a partir
de una simple observación superficial. Ahora ya conocemos su explicación
científica, el valor.
Partiendo de ella, se trata de descubrir nuevas
determinaciones del valor de cambio, aquellas que no podían ser conocidas
antes. Veremos que el conocimiento de nuevas determinaciones del valor de
cambio (como expresión del valor que es), nos enriquecerá el conocimiento del
valor mismo.
Si quisiéramos plantear lo anterior a través de
categorías más abstractas, podríamos decir lo siguiente: a) Nuestro primer
acercamiento a la apariencia de un fenómeno se hace a través de la simple
observación del mismo, de la observación de la superficie del fenómeno. b)
Después, un tratamiento sistemático, metodológicamente adecuado, nos permite
descubrir su esencia, su explicación esencial. c) Pero eso no es suficiente, es
necesario a partir de lo anterior volver a la manifestación fenoménica y descubrir
sus determinaciones; se verá entonces que la explicación científica ganará toda
su riqueza.
56. El propósito del autor en el referido apartado
es investigar la génesis teórica del dinero y del precio,
su naturaleza:
“Ahora bien, es menester que consigamos nosotros lo
que la economía burguesa no ha intentado siquiera: poner en claro la génesis de
la forma dinero, para lo cual tendremos que investigar, remontándonos desde
esta forma fascinadora hasta sus manifestaciones más sencillas y más humildes,
el desarrollo de la expresión del valor que se encierra en la relación de valor
de las mercancías. Con ello, veremos, al mismo tiempo, cómo el enigma del
dinero se esfuma.” (Marx, p. 15)
57. ¿Por qué decimos que el autor estudia allí
la génesis teórica del dinero? Porque sólo investiga los momentos
teóricos fundamentales del desarrollo histórico de la forma del
valor, desde el trueque hasta llegar al dinero.
De cierta manera es la historia del dinero la que
allí se estudia, pero la historia despojada de sus determinaciones más
concretas; una especie de teoría de la historia del dinero.
58. El autor nos hablaba del “enigma del dinero”.
¿En qué consiste lo enigmático, lo fascinador del dinero? Eso es algo que se
comprenderá posteriormente. Sin embargo, podemos adelantar aquí que lo
enigmático se relaciona con el hecho de que el oro parece que
funciona como dinero por ser oro, por sus cualidades materiales, naturales.
Veremos que eso es una pura ilusión aunque necesaria, producto de la misma
realidad y no de un error del observador[ix].
IX. LA FORMA FORTUITA DEL VALOR
59. El autor parte, entonces, de la expresión más
simple, más primitiva del valor: el trueque.
xA = yB o
xA vale yB
60. Esa forma del valor corresponde a la etapa más
primitiva del desarrollo de las ‘relaciones mercantiles de producción; en
verdad, la prehistoria de la sociedad mercantil.
En esa etapa el objetivo del productor es la
producción de valores de uso y sólo eventualmente el excedente producido, o
parte de él, llega a convertirse en mercancías. No existe allí un intercambio
sistemático de mercancías. El es eventual, casual, no sistemático.
Las relaciones mercantiles no están aún
desarrolladas, tampoco lo está la mercancía. En realidad no se trata aún de una
verdadera mercancía con todas sus determinaciones; se trata de un embrión de
mercancía.
61. En verdad, el proceso de desarrollo de la forma
del valor, corresponde al proceso de desarrollo del valor y, por tanto, de la
mercancía. Ellos, además, reflejan el proceso de desarrollo de las relaciones
mercantiles de producción, proceso a través del cual esas relaciones llegan
progresivamente a dominar la sociedad entera.
Por eso, la forma simple o fortuita del valor
corresponde al momento más primitivo del valor y de la mercancía y se refiere a
las primeras manifestaciones, que son eventuales, de las relaciones mercantiles
en la sociedad de productores:
“De aquí se desprende que la forma simple del valor
de la mercancía es al propio tiempo la forma simple de mercancía del producto
del trabajo; que, por tanto, el desarrollo de la forma de la mercancía coincide
con el desarrollo de la forma del calor”. (Marx, p. 28)
62. A pesar de simple y primitiva, en esta forma ya
se encuentra el secreto de todas las formas más desarrolladas del valor. Y, lo
más importante, aquí se puede descubrir ese secreto:
“En esta forma simple del valor reside el secreto
de todas las formas del valor. Por eso es en su análisis donde reside la
verdadera dificultad del problema”. (Marx, p. 15)
63. Analicemos, entonces, la forma simple
xA = yB, o 1 litro de leche =
5Kg. de trigo.
En la expresión anterior, la pregunta que se hace
es:
– ¿Cuál es el valor de xA?, o
– ¿Cuál es el valor de 1 litro de leche?
La respuesta es:
– El valor trigo de un litro de leche es 5Kg.
– El valor en B de xA es y.
64. Entonces, la mercancía A, como no lo puede
hacer por sí mismo, expresa su valor a través de B. Así, B
sirve de material de expresión del valor de A.
65. ¿A través de qué mecanismo A declara al mundo
que es un valor? El mecanismo usado por A para declararse como valor es su
relación, en el mercado, con una mercancía distinta, con B.
“Al decir que las mercancías, consideradas como
valores, no son más que cristalizaciones de trabajo humano, nuestro análisis
las reduce a la abstracción del valor, pero sin darles una forma de valor
distinta a las formas naturales que revisten. La cosa cambia cuando se trata de
la expresión de valor de una mercancía. Aquí, es su propia relación con otra
mercancía lo que acusa su carácter de valor”. (Marx, p. 17)
66. Observemos una vez más la expresión xA =
y B.
El valor de A aparece como un valor relativo,
relativo a B, por tanto, reviste la forma relativa del valor. La mercancía B
aparece, en la relación, como equivalente del valor de A y,
por tanto, es la forma equivalencial del valor de A:
“Dos mercancías distintas, A y B, en nuestro
ejemplo el lienzo y la levita, desempeñan aquí dos papeles manifiestamente
distintos. El lienzo expresa su valor en la levita; la levita sirve de material
para esta expresión de valor. La primera mercancía desempeña un papel activo,
la segunda un papel pasivo. El valor de la primera mercancía aparece bajo la
forma del valor relativo, o lo que es lo mismo, reviste la forma relativa del
valor. La segunda mercancía funciona como equivalente, o lo que es lo mismo, reviste
forma equivalencial”. (Marx, p.
15)
67. Es evidente que la relación xA = yB puede
invertirse: yB = xA, pero en esta nueva relación la pregunta es diferente, se
ha modificado. Ahora, en la expresión yB = xA, la pregunta es:
¿Cuál es el valor de B?
Así, en la última relación, B reviste la forma
relativa y A es el equivalente.
Sin embargo, una cosa no puede ocurrir, una
mercancía no puede ser a la vez forma relativa y equivalencial pues, entonces,
sería equivalente de sí mismo.
68. Observando más de cerca la relación del valor
xA = yB, vemos que el valor de una mercancía (A) se
expresa a través del valor de uso de otra (B). La mercancía que
funciona como equivalente le presta a A su materialidad (la materialidad de B,
es decir, su valor de uso) para que A pueda expresar su valor[x]:
“Por tanto, en la relación o razón de valor en que
la levita (B) actúa como equivalente del lienzo (A), la forma levita (es decir, el valor de uso levita, R.C.) es
considerada como forma del valor. El valor de la mercancía lienzo (A) se
expresa, por consiguiente, en la materialidad corpórea de la mercancía levita
(B), o lo que es lo mismo, el valor de una mercancía se expresa en el valor de,
uso de otra”. (Marx, p. 19)
Y también:
“La primera característica con que tropezamos al
estudiar la forma equivalencia] es ésta: en ella, el valor de uso se convierte
en forma de expresión de su antítesis, o sea, de] valor”. (Marx, p. 23)
69. Ahora bien, ¿por qué el valor de uso B tiene el
poder de ser equivalente del valor de A? o mejor, ¿por qué puede ser
representante del valor?
Lo que le permite a B prestar a A su “tieso cuerpo”
de levita, prestar su materialidad corpórea, su valor de uso, para servir de
material de expresión del valor de A (del lienzo), es el hecho de
que sea también un valor:
“Lo que en la expresión de valor del lienzo (A)
permite a la levita (B) asumir el papel de su igual cualitativo, de objeto de
idéntica naturaleza, es el ser un valor”. (Marx, precios 18)
70. Lo planteado hasta ahora no es suficiente para
entender la forma equivalencial, para comprender el hecho de que un valor de
uso sea capaz de representar valor, sobre todo por el hecho de que aquél se
refiere a la materialidad física de una mercancía y éste a la materialidad
social.
El problema estará solucionado, si se entiende lo
siguiente:
“Pero adviértase que la levita (B), la materialidad
de la mercancía levita (B), es un simple valor de uso. Realmente, una levita
(B) es un objeto tan poco apto para expresar valor como cualquier pieza de
lienzo (A). Lo cual prueba que, situada en la relación o razón de valor con el
lienzo (A), la levita adquiere una importancia que tiene fuera de ella…” (Marx, p. 18)
“Por tanto, la relación o razón de valor hace que
la forma natural de la mercancía B se convierta en la forma de valor de la
mercancía A, o que la materialidad corpórea de la primera sirva de espejo de
valor de la segunda”. (Marx, p. 19)
Así, es justamente la relación de valor que
transforma el valor de uso B en representante de valor; ella es que confiere a
B la magia de la representación de su contrario: del valor.
71. Habíamos visto ya que, como cualquier otra
mercancía, B tiene dos aspectos (dos caras): valor de uso (contenido) y valor
(forma social e histórica),
siendo la forma social valor (V) un poder entregado
por la sociedad mercantil al valor de uso B.
Pero vimos en el párrafo anterior (70) que en la
relación xA = yB, B adquiere un poder extra; un poder que no se debe ni a las
propiedades de su valor de uso, ni tampoco a las de su valor: adquiere el poder de
ser equivalente.
Ese nuevo poder, al igual que el anterior, también
le es entregado a B por la sociedad mercantil; es expresión de las relaciones
mercantiles. Entonces, el poder de ser equivalente es una
nueva forma social e histórica que B adquiere.
Esquemáticamente podríamos escribir:
dónde Eq = Equivalente.
Así. La forma equivalencial es una forma social que
se agrega a la que ya poseía B, o sea, al valor.
72. Resumiendo, podríamos decir que ser forma
equivalencial le permite al valor de uso B ser expresión (exteriorización) del
valor de A, ser representación de valor:
“En esta relación (xA = yB), la levita sólo
interesa como exteriorización del valor, como valor materializado …” (Marx, p. 17)
“La levita tiene, pues, para estos efectos, la
consideración de objeto en que toma cuerpo el valor, de objeto que representa
el valor en su forma natural y tangible”. Marx, p.18)
Así considerada, la levita es ´representación de
valor´…” (Marx, p. 18)
Además, podríamos decir que el trabajo concreto o
útil, al cual la mercancía que funciona como equivalente debe su materialidad,
es la forma de expresión (de manifestación) del trabajo humano abstracto[xi].
Continuará…
———————————————————————————————–
[i] La relación entre
valor y trabajo humano, es decir, el hecho de que este sea la fuente, el origen
del valor, no nos parece haber recibido, en El Capital, el trato
más adecuado y suficiente, Probablemente eso se explica por el hecho de que, en
la época de su redacción, por lo menos entre los grandes autores, el asunto no
era tan controvertido. La verdadera causa que le permite a Marx sostener ser el
trabajo humano lo que produce el valor es mucho más significativa de lo que
puede parecer en el capítulo sobre la mercancía de su libro. En los días de
hoy, cuando mucho se discute el asunto, es indispensable presentar el tema de
una forma más detallada. Por eso, dejaremos para discutir el asunto en los
“Temas Complementares”, en el final de este trabajo.
[ii] “Si prescindimos
del carácter concreto de la actividad productiva y, por tanto, de la utilidad
del trabajo, ¿qué queda de pie de él? Queda, simplemente, el ser un gasto de
´fuerza humana de trabajo´. El trabajo del sastre y el del tejedor, aun
representando actividades productivas cualitativamente distintas, tienen en
común el ser un gasto productivo de cerebro humano, de músculo, de nervios, de
brazo, etc.; por tanto, en este sentido, ambos son ´trabajo humano´”. (Marx,
p. 11)
[iii] “La levita es un
valor de uso que satisface una necesidad concreta. Para crearlo, se requiere
una determinada clase de actividad productiva. Esta actividad está
determinada por su fin, modo de operar, objeto, medios y resultado. El trabajo
cuya utilidad viene a materializarse así, en el valor de uso de su producto …
es lo que llamamos … trabajo útil”. (Marx, p. 9).
“Del mismo modo que la levita y el lienzo son
valores de uso cualitativamente distintos, los trabajos a que deben su
existencia – o sea, el trabajo del sastre y el del tejedor – son también
trabajos cualitativamente distintos”. (Marx, p. 9)
[iv] El trabajo humano
sólo crea valor como trabajo abstracto y, por tanto, el valor no es un producto
natural del trabajo, es producto de las relaciones mercantiles de producción.
[v] La acción del
pensamiento de producir abstracciones es mucho más frecuente de lo que se
podría pensar. En todo momento estamos haciendo abstracciones. Es completamente
diferente cuando pensamos en un gato, por ejemplo, y no en “mi” gato. Este es
lleno de particularidades y es por eso que lo identificamos como “el mío”.
“Gato” o “un gato” es el resultado, en el pensamiento, de la abstracción de
diferentes particularidades. Se trata de una idea, pero ella no es arbitraria;
corresponde a la realidad y la prueba de eso es que entre ellos, los gatos,
existe la posibilidad de reproducción. Lo mismo ocurre con el concepto de
perro; se trata de un concepto no arbitrario del pensamiento. Sin embargo,
aunque posible, la idea de un animal mezcla de can y gato (mitad uno, mitad
otro) no tiene sentido; se trataría de una idea arbitraria, sin correspondencia
con la realidad.
[vi] Por ejemplo, cuando
el hace afirmaciones del tipo “el valor de tal mercancía es 10 libras
esterlinas”, esta llamando el precio o valor de cambio de valor. En verdad,
rigurosamente, debería decir: “el valor (unidad esencia/apariencia), en su
dimensión aparencial, de esa mercancía, es tantas libras.
Por otra parte, en el inicio del capítulo I, sobre
la mercancía, cuando afirma que “el valor de cambio aparece como la relación
cuantitativa …”, todo nos lleva a creer que está, verdaderamente, refiriéndose
a la unidad valor (con sus dos polos) y no propiamente al valor de cambio:
“A primera vista, el valor de cambio aparece como
la relación cuantitativa, la proporción en que se cambian valores de uso
de una clase por valores de uso de otra, relación que varía constantemente con
los lugares y los tiempos”. (Marx, p. 4)
No fuera correcta nuestra interpretación, el
debería haber dicho: el valor de cambio es la relación cuantitativa entre
valores de uso.
[vii] Ver nota de pie de
página nº 8 anterior.
[viii] En nota anterior de
pie de página, habíamos hecho una analogía entre el valor y el magnetismo en
objetos de hierro. Aquí podemos también nos apoyar en otra analogía, ahora con
la personalidad de una persona. De la misma manera que el valor, la personalidad
humana no se presenta como tal, pero se expresa. Se manifiesta a través de la
relación de la referida persona con todas las demás. Es el conjunto de las
formas a través de las cuales ocurre su racionamiento con todas las demás
personas, lo que nos permite conocer la exacta personalidad de ella. Es lo
mismo que ocurre con el valor de las mercancías. El hecho de que la
personalidad no sea directamente visible, no nos permite negar su realidad.
[ix] Tal vez sea
conveniente destacar una vez más el hecho de que la apariencia nunca debe ser
vista como resultado de un error o engaño del observador. Ella es aspecto
fundamental de la realidad, al lado de la esencia. El error está, como ya
dijimos, en considerar que la realidad se resume a su aspecto visible; el
engaño esta en creer en la unidimensionalidad de lo real. ¿En qué sentido,
entonces, la esencia puede ser vista como superior a la apariencia? Tal vez
solamente en el sentido de que solo la esencia permite entender los nexos
íntimos de la realidad, solo ella permite explicar la razón de la propia
conformación de la apariencia, la estructura y las leyes de funcionamiento
además de las tendencias y potencialidades de lo real.
[x] Que una mercancía sea
equivalente de la mía, presupone que yo desee su valor de uso y que, entonces,
acepte cambiar mi mercancía por ella.
[xi] Ver párrafo 67.

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