© Libro N° 7012.
Obras Escogidas. Tomo III. Lenin, V. I. Emancipación. Febrero 22 de
2020.
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Escogidas. Tomo III. V. I. Lenin
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OBRAS ESCOGIDAS
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO III
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS, TOMO III (1905-1912)
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V. I. Lenin
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TOMO 3-12
Prefacio.................................................................................................................. 3
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática.............. 6
Prologo........................................................................................................... 6
1. Una cuestión política urgente................................................................. 7
2. ¿Que nos da la
resolución del III congreso del POSDR
sobre el gobierno provisional revolucionario?............................. 9
3.
¿Que es "la victoria decisiva de la revolución sobre el
zarismo"? .12
4.
La liquidación del régimen monárquico y la instauración
de la república................................................................................... 15
5. ¿Cómo hay que "impulsar la revolución adelante"?........................ 17
6. ¿De qué lado
amenaza al proletariado el peligro de verse
con las manos atadas
en la lucha contra la burguesía
inconsecuente?.................................................................................. 19
7. La táctica de "retirar a los conservadores del
gobierno"................. 24
8. La tendencia de Osvobozhdenie
y la del neoiskrismo..................... 27
9. ¿Qué significa ser
el partido de la oposición extrema
durante la revolución?...................................................................... 30
10. Las "comunas
revolucionarias" y la dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y los campesinos...................... 32
11. Breve comparación
de algunas resoluciones del
III congreso del POSDR y de la "conferencia"........................... 36
12. ¿Disminuirá el
alcance de la revolución democrática
si la burguesía le vuelve la espalda?............................................. 38
13. Conclusión. ¿Tenemos derecho a vencer?...................................... 42
Epilogo.......................................................................................................... 47
La revolución enseña....................................................................................... 59
La actitud de la socialdemocracia ante el problema campesino............... 64
Carta abierta al
Comité Central y a los camaradas
que trabajan en el campo................................................................................ 64
El socialismo y el campesinado.................................................................... 69
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletario.................................. 73
El proletariado y el campesinado.................................................................. 77
La organización del partido y las publicaciones del partido..................... 79
Las fuerzas armadas y la revolución............................................................. 82
Socialismo y anarquismo................................................................................ 84
El partido socialista y el revolucionarismo sin partido............................... 86
El socialismo y la religión................................................................................ 90
Revisión del programa agrario del partido obrero...................................... 93
I. Exposición sumaria
del desarrollo histórico de los puntos
de vista de la
socialdemocracia rusa
en la cuestión
agraria...................................................................... 93
II. Cuatro corrientes
en la socialdemocracia sobre
el programa agrario.......................................................................... 95
III. El error principal del camarada Máslov.......................................... 99
IV. Las tareas de nuestro programa agrario........................................ 102
V. Proyecto de programa agrario.......................................................... 104
Las enseñanzas de la
insurrección de Moscú............................................. 105
La guerra de guerrillas.................................................................................... 109
Prefacio a la
traducción rusa de las cartas de C. Marx a L. Kugelmann. 114
Prefacio a la
traducción rusa del libro “Correspondencia de
J. F. Becker, J.
Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros con
F. A. Sorge y otros”..................................................................... 118
A propósito de la revolución de toda la nación......................................... 126
El congreso socialista internacional de Stuttgart...................................... 128
La propaganda
antimilitarista y las organizaciones de
la juventud socialista obrera........................................................ 133
Enseñanzas de la comuna............................................................................. 135
Marxismo y
revisionismo.............................................................................. 137
Apreciación de la revolución rusa................................................................ 141
Material inflamable en la política mundial................................................ 147
El militarismo
belicoso y la táctica antimilitarista de
la socialdemocracia....................................................................... 151
El movimiento estudiantil y la situación política actual.......................... 156
En ruta................................................................................................................ 159
Actitud del partido
obrero ante la religión................................................... 163
Hacia la unidad................................................................................................ 168
La cuestión de las
cooperativas en el congreso
socialista internacional de Copenhague..................................... 172
Las enseñanzas de la revolución................................................................... 176
León Tolstói...................................................................................................... 179
Las divergencias en el movimiento obrero europeo................................. 182
Algunas particularidades del desarrollo histórico del marxismo............. 185
La “reforma campesina” y la revolución proletaria y campesina........... 188
A la memoria de la comuna........................................................................... 193
Liberalismo y democracia.............................................................................. 196
La democracia y el populismo en China...................................................... 201
Dos utopías....................................................................................................... 204
Notas................................................................................................................... 206
3
PREFACIO
El tercer tomo de las Obras Escogidas incluye trabajos
escritos por Lenin entre junio de 1905 y octubre de 1912. Fueron éstos los años
de la primera revolución rusa (1905-1907), de la reacción política que siguió a
la derrota de esta revolución (1907-1910) y del comienzo del nuevo ascenso revolucionario
(1911).
La primera revolución rusa,
que empozó por la manifestación de los obreros petersburgueses del 9 de enero
de 1905, alcanzó su punto culminante en el otoño del mismo año. A comienzos de
octubre de 1905 los obreros declararon la huelga general política, que fue
secundada por el personal de todas las industrias, del transporte, de los
servicios, de correos y telégrafos. Asustado por la amplitud de la lucha
revolucionaria, el zar lanzó el 17 de octubre de 1905 un manifiesto en el que
prometía proclamar en Rusia la Constitución y "conceder" la libertad
de palabra, reunión, etc. No se cumplió ninguna de las promesas del manifiesto.
El pueblo empuñó las armas. Entre diciembre y enero del año siguiente
extendióse por el país una oleada de insurrecciones armadas. Hubo combates en
las calles de Moscú, Nizhni Nóvgorod, Rostov del Don, Novorrossiisk,
Krasnoyarsk y otras ciudades; los obreros peleaban en las barricadas contra la
policía y las tropas zaristas. Los insurrectos exigían la supresión del
zarismo, la convocatoria de la Asamblea Constituyente y la instauración de una
república democrática. En el verano de 1906 estallaron insurrecciones
campesinas en varias provincias y hubo acciones revolucionarias en el ejército
y la marina de guerra.
El gobierno zarista lanzó
las tropas contra el pueblo revolucionario. Las expediciones de castigo
campaban por sus respetos en todo el país; la artillería cañoneaba poblados y
aldeas; perecieron miles y miles de obreros, campesinos, mujeres y niños inermes.
A mediados de 1907 quedó claro que el pueblo no tenía fuerzas suficientes para
vencer al zarismo. La revolución se replegó lentamente, combatiendo. Se
volcaron inhumanas represiones, ante todo, sobre la clase obrera y su
vanguardia, el partido de los bolcheviques. Los tribunales militares dictaban
condenas de muerte; el país se cubrió de horcas; los presidios estaban
repletos. Comenzó un período de reacción despiadada que duró hasta 1910.
Ocupa el lugar principal del
tomo el trabajo Dos tácticas de la
socialdemocracia en la revolución democrática,1 escrito entre junio y julio de 1905.
Desarrollando el marxismo de manera
creadora, Lenin resolvió en este trabajo los problemas de las peculiaridades de
la revolución democrática burguesa en Rusia, que transcurría en la época del
imperialismo, de sus fuerzas propulsoras y sus perspectivas, del paso de la
revolución democrática burguesa a la revolución socialista y de las condiciones
de este paso, del papel dirigente del partido proletario de nuevo tipo y de la
alianza de la clase obrera con el campesinado, conservándose el papel dirigente
del proletariado. El vigor y la vitalidad de las ideas expuestas por Lenin en
![]()
1 Lenin escribió el libro Dos tácticas de la socialdemocracia en la
revolución democrática en junio y julio de 1905, después de terminar sus
labores el III Congreso del POSDR y la conferencia de los mencheviques,
celebrada al mismo tiempo en Ginebra. El libro fue editado en 1905 en Ginebra,
donde vivía y trabajaba a la sazón Lenin. El mismo año fue reeditado en Rusia
por el Comité Central del POSDR. Se distribuyó clandestinamente en muchas
ciudades del país. Recalcando la inmensa importancia de este libro, Lenin
escribió: "En él se exponen ya de modo sistemático las discrepancias
tácticas fundamentales con los mencheviques; las resoluciones del III Congreso
(bolchevique) del POSDR, celebrado en la primavera en Londres, y de la
conferencia menchevique de Ginebra dieron forma definitiva a estas
discrepancias y llevaron a una divergencia cardinal en la apreciación de toda
nuestra revolución burguesa desde el punto de vista de las tareas del
proletariado" (V. I. Lenin. Prólogo a la recopilación "12
años").
este trabajo pasaron la
prueba de la experiencia de las tres revoluciones rusas, de la victoria de la
Gran Revolución Socialista de Octubre.
En los artículos escritos en los meses de mayor ascenso de la
revolución y después de la derrota de ésta (Las
enseñanzas de la insurrección de Moscú, Apreciación de la revolución rusa, A
propósito de la revolución de toda la nación, La guerra de guerrillas, Las
enseñanzas de la revolución, Las fuerzas armadas y la revolución, Algunas
particularidades del desarrollo histórico del marxismo, etc.), se analiza y
sintetiza la experiencia de la revolución democrática burguesa de 1905-1907 en Rusia; a la vez, y en ello estriba el
rasgo distintivo y la magna trascendencia de las obras de Lenin, estos
artículos ofrecen a todo el movimiento obrero internacional magníficos modelos
de cómo se debe aplicar la teoría del marxismo al análisis de una época
histórica concreta. En los artículos enumerados, Lenin plantea, por ejemplo, el
problema de las formas de lucha de la clase obrera. "El marxismo —escribe—
se distingue de todas las formas primitivas del socialismo en que no vincula el
movimiento a una sola forma determinada de lucha. El marxismo admite las formas
más diversas de lucha; además, no las "inventa", sino que sintetiza,
organiza y hace conscientes las formas de lucha de las clases revolucionarias
que aparecen de por sí en el curso del movimiento" (véase el presente
volumen). Lenin muestra con datos concretos de la historia y con hechos de la
realidad viva qué dicta, en la época dada, la necesidad de recurrir a tal o
cual forma de lucha, cuáles son los vínculos existentes entre las formas de
lucha y qué las hace depender de las condiciones objetivas, de la actividad
revolucionaria de las masas, del nivel de conciencia política de éstas, etc.
4
Pero la actualidad y la
trascendencia de los trabajos de Lenin en nuestros días no acaban en lo dicho.
Como dijera él, "algunos de los rasgos fundamentales de nuestra revolución
tienen una importancia no local, específicamente nacional, exclusivamente rusa,
sino internacional" (V. I. Lenin. La
enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo). En este
sentido es de suma importancia, por ejemplo, la experiencia de cómo resolvió la
revolución rusa el problema agrario. En el presente volumen se han incluido
varios trabajos de Lenin sobro el problema agrario: Revisión del programa agrario del partido obrero, El socialismo y el
campesinado, El proletariado y el campesinado y otros, en los que se expone
y argumenta el programa de
nacionalización de la tierra y supresión de la propiedad terrateniente. No cabe
duda de que en los países donde el problema agrario es hoy muy agudo, el
análisis leninista de la posición de las distintas clases ante el problema
agrario, la crítica profunda de todos los aspectos de las opiniones erróneas
existentes en torno a este problema y, sobre todo, las vías de solución del
mismo que propone Lenin ofrecen inmenso interés práctico, y no sólo teórico. En
estos artículos se expone asimismo la experiencia de la lucha del partido de los
bolcheviques por ganar al campesinado como aliado de la clase obrera.
La primera revolución rusa
ejerció inmensa influencia en el desarrollo de la lucha de liberación nacional
en las colonias y países dependientes. Lenin se congratula de los éxitos del
movimiento de liberación nacional en Persia, Turquía, India y China. Tienen una
importancia excepcional sus artículos Material
inflamable en la política mundial, El militarismo belicoso y la táctica
antimilitarista de la socialdemocracia, en los que Lenin define la táctica de los socialdemócratas en
la lucha contra la política colonialista y la opresión nacional. Con el ejemplo
del aplastamiento de la lucha de liberación nacional en Persia, India y otros
países, Lenin muestra que "los "políticos" europeos más
"civilizados", que han cursado la escuela suprema del
constitucionalismo, se convierten en verdaderas fieras cuando las cosas llegan al despertar de la lucha de las
masas contra el capital, contra el sistema colonial capitalista, es decir,
contra el sistema de sojuzgamiento, saqueo y violencia" (véase el presente
volumen). La lucha de Lenin contra el colonialismo adquiere singular
importancia hoy día, cuando bajo los golpes de los movimientos de liberación
nacional se desmorona el sistema colonial del imperialismo, cuando una de las
tareas más importantes
es acabar de la manera más
rápida y completa con el colonialismo y sus secuelas en todas sus formas y
manifestaciones.
Lenin dedicaba también mucha
atención por aquellos años a la lucha contra el creciente peligro de guerra
(véanse los artículos El Congreso
Socialista Internacional de Stuttgart, La propaganda antimilitarista y las
organizaciones de la juventud socialista obrera, El militarismo belicoso y la
táctica antimilitarista de la socialdemocracia). Exhortaba a los partidos de la clase obrera a luchar
contra el militarismo y por conjurar la guerra imperialista mundial que se
avecinaba. Concedía suma importancia a la propaganda de las ideas de la
solidaridad internacional entre las masas trabajadoras. Se pronunciaba como
internacionalista consecuente y enemigo inconciliable de la política
imperialista y de la guerra mundial que estaban preparando las potencias
imperialistas, tanto en los congresos socialistas internacionales como en la
prensa, sobre todo en las incesantes polémicas con el ala nacionalista y
patriotera, que se acusaba más cada día, de los partidos socialdemócratas.
Después de la derrota de la
revolución de 1905— 1907, cuando entre parte de la socialdemocracia cundieron
los sentimientos de decadencia y misticismo, apostasía de la revolución,
dispersión en los problemas de teoría y táctica y oportunismo en todas sus manifestaciones,
Lenin dedicó singular atención a los problemas de la teoría marxista.
"Nada hay tan importante como la cohesión de todos los marxistas, conscientes de la profundidad de la crisis y
de la necesidad de combatirla —escribe— , para salvaguardar las bases teóricas
del marxismo y sus tesis cardinales, desfiguradas desde los lados más opuestos
al extenderse la influencia burguesa entre los diversos "compañeros de
viaje" del marxismo" (véase el presente volumen). Lenin criticó la
teoría y la táctica de los oportunistas de la II Internacional en una serie de
artículos, entre los que destaca Marxismo
y revisionismo, Este artículo es también de gran actualidad en la lucha que
el movimiento comunista internacional sostiene contra el oportunismo y el revisionismo
contemporáneos. Las tesis en él expuestas sobre el revisionismo como
manifestación de la influencia burguesa en el proletariado, sobre las raíces
clasistas del revisionismo, su carácter internacional y los métodos de lucha
que él emplea contra el marxismo revolucionario contribuyen a ver mejor el
fondo del revisionismo contemporáneo.
Ofrece asimismo gran
interés, desde este punto de vista, el artículo La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista Internacional
de Copenhague. Lenin refutó en este artículo
las opiniones de los reformistas franceses, los cuales tenían las cooperativas
por un elemento de "transformación social" de la sociedad
capitalista. También criticó duramente a los oportunistas alemanes que
plantearon la tesis de "superar el capitalismo" en lugar de la tesis
programática de la socialdemocracia de expropiar a los capitalistas.
Lo que Lenin dijo de las
cooperativas conserva hoy su vigencia en la lucha de los partidos comunistas y
obreros contra los revisionistas y reformistas contemporáneos, los cuales
repiten con machaconería que el capitalismo se "transforma" gradualmente
en socialismo y que son posibles re— formas sociales cardinales en el marco de
la sociedad burguesa.
5
Lenin utiliza asimismo la
correspondencia de Marx y Engels como arma teórica en la lucha contra el
oportunismo. Destaca de ella los pasajes que ofrecen singular importancia desde
el punto de vista del desarrollo de la táctica del partido proletario. Además,
previene contra la adopción de los consejos de Marx y Engels sin estudiar las
condiciones históricas concretas y las peculiaridades del movimiento obrero de
los distintos países y hace hincapié en la necesidad de aprender el método
marxista, recalcando que el marxismo no es un dogma rígido, sino una guía para
la acción.
***
Todos los trabajos incluidos en este
tomo van por orden cronológico. Al final del volumen se insertan notas
aclaratorias y un índice onomástico.
LA EDITORIAL
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
6
DOS
TAREAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA.
Prólogo
En los momentos
revolucionarios es muy difícil seguir el paso de los acontecimientos, que
proporcionan una asombrosa cantidad de datos nuevos para valorar las consignas
tácticas de los partidos revolucionarios. Este folleto fue escrito antes de los
acontecimientos de Odessa*. Hemos indicado ya en Proletari2 (núm. 9, La revolución enseña )** que dichos acontecimientos han obligado
incluso a los socialdemócratas que crearon la teoría de la insurrección-proceso
y negaban la propaganda a favor de un gobierno provisional revolucionario, a
pasar o empezar a pasar en la práctica al lado de sus contrincantes. La revolución enseña, indudablemente,
con tal rapidez y tal profundidad que parece increíble en los períodos pacíficos de desarrollo político. Y, lo que tiene
una importancia singular, enseña no sólo a los dirigentes, sino también a las
masas.
* Se alude a la sublevación del acorazado Príncipe Potemkin3. (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Edit.) ** Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
No cabe la menor duda de que
la revolución inculcará el espíritu socialdemócrata a las masas obreras de
Rusia. La revolución confirmará en la práctica el programa y la táctica de la
socialdemocracia, mostrando la verdadera naturaleza de las distintas clases
sociales, mostrando el carácter burgués de nuestra democracia y las verdaderas
aspiraciones de los campesinos, revolucionarios en el sentido democrático
burgués, pero que no entrañan la idea de la "socialización", sino una
nueva lucha de clase entre la burguesía campesina y el proletariado rural. Las
viejas ilusiones del viejo populismo4,
que se translucen de un modo
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2 La insurrección del acorazado Potemkin estalló el 14 (27) de junio de
1905. El acorazado sublevado arribó a Odessa, donde se había declarado por
entonces una huelga general. Pero no se aprovecharon las condiciones favorables
que se daban para la acción conjunta de los obreros de Odessa y los marinos. La
organización bolchevique de esta ciudad quedó debilitada a causa de las
numerosas detenciones; además, estaba desunida. Por otra parte los mencheviques
se oponían a la insurrección armada y sujetaban a los obreros y los marinos
para que no se lanzaran a la lucha ofensiva. El gobierno zarista envió a toda
la flota del mar Negro a aplastar la sublevación del Potemkin; pero los marinos se negaron a disparar contra la nave
sublevada, y los jefes se vieron obligados a retirar de nuevo la escuadra.
Luego de once días de navegar por alta mar y agotar las provisiones y el
carbón, el acorazado Potemkin se vio
obligado a retirarse a las costas de Rumania y entregarse a las autoridades
rumanas. La mayoría de los marinos se quedó en el extranjero. Los que
retornaron a Rusia fueron detenidos y procesados.
La sublevación del acorazado Potemkin acabó en un fracaso, pero
el paso de la tripulación de un gran barco de guerra al lado de la revolución
implicó un importante paso adelante en el desenvolvimiento de la lucha contra
la autocracia. 3 "Proletari"
("El Proletario"): periódico semanal bolchevique clandestino, órgano
central del POSDR, fundado por acuerdo del III Congreso del partido. El director fue Lenin.
Este semanario se publicó en Ginebra desde mayo hasta noviembre de 1905.
4 Populismo: corriente
pequeñoburguesa en el movimiento revolucionario ruso surgida en los años 60-70
del siglo XIX.
Los populistas propugnaban
el derrocamiento de la autocracia y la entrega de la tierra de los
latifundistas a los campesinos. Se consideraban socialistas, pero su socialismo
era utópico. Negaban el desarrollo regular de las relaciones capitalistas en
Rusia y, de conformidad con ello, consideraban que la principal fuerza
revolucionaria era el campesinado, y no el proletariado; veían en la comunidad
rural (véase la nota 98) un embrión de socialismo. Negaban asimismo el papel de
las masas populares en el proceso histórico y afirmaban que la historia la
hacen los grandes hombres, los "héroes", que ellos oponían a la
multitud, inerte según el populismo. Deseosos de alzar a los campesinos a la
lucha contra la autocracia, los populistas iban a las aldeas, "al
pueblo" (y de ahí su denominación); pero no encontraron apoyo.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
tan claro, por ejemplo, en
el proyecto de programa del "partido de los
socialistas-revolucionarios"5 —en
lo relativo a los problemas del desarrollo del capitalismo en Rusia, del
espíritu democrático de nuestra comunidad campesina, y de la trascendencia de
la victoria completa de la insurrección campesina— todas estas ilusiones serán
disipadas implacable y definitivamente por la revolución. Esta dará por vez
primera el auténtico bautismo político a las distintas clases, que saldrán de
la revolución con una fisonomía política definida, mostrándose tales y como son
no sólo en los programas y en las consignas tácticas de sus ideólogos, sino
también en la acción política manifiesta de las masas.
Es indudable que la
revolución nos aleccionará, que aleccionará a las masas populares. Ahora bien,
para el partido político en lucha, la cuestión estriba en si sabremos enseñar
algo a la revolución, en si sabremos aprovechar lo justo de nuestra doctrina socialdemócrata,
de nuestra ligazón con el proletariado, única clase consecuentemente
revolucionaria, para imprimir a la revolución un sello proletario, para llevar
la revolución hasta la verdadera victoria, decisiva, efectiva y no verbal, para
paralizar la volubilidad, la ambigüedad y la traición de la burguesía
democrática.
Hacia este fin debemos
dirigir todos nuestros esfuerzos. El conseguirlo depende, por una parte, del
acierto con que valoremos la posición política, de que sean justas nuestras
consignas tácticas y, por otra parte, de que dichas consignas estén respaldadas
por la fuerza combativa real de las masas obreras. Toda la labor habitual,
regular y corriente de todas las organizaciones y grupos de nuestro partido, la
labor de propaganda, agitación y organización está orientada a fortalecer y
ampliar la ligazón con las masas. Esta labor es siempre necesaria, pero en los
momentos revolucionarios puede ser considerada suficiente menos que nunca. En
dichos momentos, la clase obrera se siente instintivamente impulsada a la
acción revolucionaria manifiesta, y nosotros debemos saber plantear con acierto
las tareas de esa acción con el fin de difundirlas después con la mayor
extensión posible y de hacer que sean comprendidas. No hay que olvidar que el
pesimismo en boga sobre nuestra ligazón con las masas encubre ahora con especial
frecuencia las ideas burguesas relativas al papel del proletariado en la
revolución. Es indudable que hemos de trabajar todavía muchísimo para educar y
organizar a la clase obrera; pero, actualmente, toda la cuestión consiste en
determinar dónde debe hallarse el centro de gravedad político principal de
dicha educación y de dicha organización: ¿en los sindicatos y en las
asociaciones legales o en la insurrección armada, en la formación de un
ejército revolucionario y de un gobierno revolucionario? La
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El populismo atravesó
varias etapas, evolucionando de la democracia revolucionaria al liberalismo.
En los años 80-90, los populistas emprendieron el camino de la
conciliación con el zarismo, expresaban los intereses de los campesinos ricos y
combatían el marxismo. A comienzos del siglo XX, los
socialistas-revolucionarios (eseristas), el Grupo del Trabajo (trudoviques) de
la Duma de Estado y los socialistas populares (enesistas) recogieron las ideas
del populismo (véanse las notas 5 y 207.).
5
Socialistas-revolucionarios
(abreviado, eseristas): partido pequeñoburgués formado en Rusia a fines de 1901
y comienzos de 1902 como consecuencia de la unificación de diversos grupos y
círculos populistas. Los eseristas se llamaban socialistas, pero su socialismo
era utópico y pequeñoburgués. El programa agrario de los eseristas contenía las
reivindicaciones de poner fin a la propiedad terrateniente, abolir la propiedad
privada de la tierra y entregarla toda a las comunidades campesinas, según el
principio de su usufructo igualitario, por el número de bocas o de miembros de
la familia aptos para el trabajo, reiterándose periódicamente el reparto (la
denominada "socialización de la tierra"). En realidad, el
"usufructo igualitario del suelo", al conservarse las relaciones de
producción capitalistas, no habría significado el paso al socialismo y sólo
habría conducido a suprimir las relaciones semifeudales en el campo y acelerar
el desarrollo del capitalismo.
Los eseristas no veían las
diferencias de clase entre el proletariado y el campesinado, velaban la
disociación del campesinado en clases y las contradicciones en su seno y
rechazaban el papel dirigente del proletariado en la revolución. Su método
principal de lucha contra el zarismo era el terrorismo individual.
Al ser derrotada la primera
revolución rusa de 1905-1907, el partido de los socialistas— revolucionarios
sufrió una crisis; sus dirigentes abjuraron prácticamente de la lucha
revolucionaria contra el zarismo. Derrocado éste en febrero de 1917, los líderes
de los eseristas formaron parte del Gobierno Provisional burgués, lucharon
contra la clase obrera, que preparaba la revolución socialista y participaron
en la represión del movimiento campesino en el verano de 1917. Después de la
Revolución Socialista de Octubre lucharon activamente contra el Poder
soviético.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
clase obrera se educa y se
organiza tanto en lo uno como en lo otro. Tanto lo uno como lo otro,
naturalmente, es necesario. Toda la cuestión ahora, en la revolución actual, se
reduce, sin embargo, a determinar dónde residirá el centro de gravedad de la educación
y de la organización de la clase obrera: en lo primero o en lo segundo.
7
El desenlace de la
revolución depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera: de que se
limite a ser un auxiliar de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso por
la fuerza de su empuje contra la autocracia, pero endeble en política, o de que
asuma el papel de dirigente de la revolución popular. Los representantes
conscientes de la burguesía se dan perfecta cuenta de ello. Por eso ensalza Osvobozhdenie6 el akimovismo, el "economismo"7 en la socialdemocracia, el cual coloca actualmente en primer plano
los sindicatos y las asociaciones legales. Por eso el señor Struve celebra
(núm. 72 de Osvobozhdenie) las
tendencias de principio del akimovismo en el neoiskrismo8. Por eso arremete también contra la odiada estrechez
revolucionaria de las resoluciones del III Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia.
Las acertadas consignan
tácticas de la socialdemocracia tienen ahora una importancia particular para
dirigir a las masas. No hay nada más peligroso que rebajar en las épocas
revolucionarias la importancia de las consignas tácticas adictas a los
principios. Por ejemplo, Iskra, en el
número 104, se pasa de hecho al lado de sus contrincantes de la
socialdemocracia, pero, al mismo
tiempo, habla con desdén de la importancia de las consignas y resoluciones
tácticas que se adelantan a la realidad, que señalan el camino por el que
avanza el movimiento con una serie de reveses, errores, etc. Por el contrario,
la elaboración de resoluciones tácticas acertadas tiene una importancia
gigantesca para el partido que quiere dirigir al proletariado en el espíritu de
los firmes principios del marxismo y no seguir únicamente a la zaga de los
acontecimientos. En las resoluciones del III Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia y de la conferencia de la parte que se ha separado del
partido* tenemos la expresión más exacta, más meditada y completa de las
concepciones tácticas no manifestadas de un modo casual por algunos autores,
sino aprobadas por los representantes responsables del proletariado
socialdemócrata. Nuestro partido marcha al frente de todos los demás, con un
programa preciso y aceptado por todos. Nuestro partido también debe dar ejemplo
a los demás partidos con una actitud severa respecto a sus
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6
"Osvobozhdenie"
("Liberación"): revista quincenal que se editó en el extranjero
(desde 1902 hasta 1905) bajo la dirección de P. Struve. Fue órgano de la
burguesía liberal rusa. El 1903 se formó en torno a esta revista (y en enero de
1904 tomó cuerpo) la Unión de Liberación, que existió hasta octubre de 1905.
Posteriormente, los adeptos de Osvobozhdenie constituyeron el núcleo del
Partido Demócrata Constitucionalista, el principal partido de la burguesía
liberal monárquica de Rusia.
7Akimovismo: denominación debida
a V. Akímov, destacado representante del "economismo" y uno de los
oportunistas más
extremos.
"Economismo":
tendencia oportunista de la socialdemocracia rusa de fines del siglo XIX y
comienzos del siglo XX. Los "economistas" limitaban las tareas de la
clase obrera a la lucha económica por el aumento de los salarios, por la mejora
de las condiciones de trabajo, etc., afirmando que la lucha política era cosa
de la burguesía liberal. Negaban el papel dirigente del partido de la clase
obrera y estimaban que el partido debe limitarse a contemplar el proceso
espontáneo del movimiento y registrar los acontecimientos. Al rendir pleitesía
al movimiento obrero espontáneo restaban importancia a la teoría revolucionaria
y a la conciencia y afirmaban que la ideología socialista puede surgir del
movimiento obrero espontáneo. Los "economistas" defendían la
dispersión y el primitivismo en los métodos de trabajo del movimiento
socialdemócrata, proclamándose contra la necesidad de crear un partido
centralizado de la clase obrera.
8 Neoiskrismo:
palabra derivada de la nueva Iskra. Iskra ("La Chispa"): primer
periódico marxista clandestino central para toda Rusia. Lo fundó Lenin en
diciembre de 1900 en el extranjero, de donde era enviado clandestinamente a
Rusia. Iskra desempeñó un magno papel en la cohesión ideológica de los
socialdemócratas rusos y en los preparativos para unificar en un partido
marxista revolucionario las organizaciones socialdemócratas locales, que
estaban dispersas. Después de la escisión del partido en el II Congreso del
POSDR (1903) en bolcheviques (revolucionarios consecuentes) y mencheviques
(corriente oportunista),
Iskra pasó a manos de los mencheviques (a partir del núm. 52, noviembre de
1903) y empezó a denominarse nueva Iskra, a diferencia de la vieja Iskra
leninista. Los mencheviques convirtieron la Iskra en un órgano de lucha contra
el marxismo, contra el partido, en una tribuna del oportunismo.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
resoluciones tácticas, en
oposición al oportunismo de la burguesía democrática de Osvobozhdenie y de la palabrería revolucionaria de los
socialistas-revolucionarios, los cuales sólo
durante la revolución se han acordado de presentar un "proyecto" de
programa y de ocuparse por primera vez de saber si es burguesa la revolución
que se despliega ante sus ojos.
* En el III Congreso del POSDR (celebrado
en Londres en mayo de 1905) sólo participaron los bolcheviques. En la
"conferencia" (celebrada por entonces en Ginebra) sólo participaron
los mencheviques9, a los que se denomina a menudo en el
presente folleto "neoiskristas", porque, al seguir publicando Iskra, manifestaron por boca de Trotski,
correligionario suyo a la sazón, que entre la vieja y la nueva Iskra mediaba un abismo. (Nota de Lenin
para la edición de 1907.— N. de la Edit.)
He aquí por qué
consideramos, que la tarea más actual de la socialdemocracia revolucionaria es
estudiar detenidamente las resoluciones tácticas del III Congreso del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia y de la conferencia, fijar las desviaciones de
los principios del marxismo que se advierten en dichas resoluciones y aclarar
las tareas concretas del proletariado socialdemócrata en la revolución
democrática. A esta labor precisamente está consagrado el presente folleto. La
comprobación de nuestra táctica desde el punto de vista de los principios del
marxismo y de las enseñanzas de la revolución es necesaria también para todo el
que quiera preparar realmente la unidad de táctica como base de la futura
unificación completa de todo el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y no
limitarse únicamente a pronunciar palabras exhortativas.
Julio de 1905.
1. Una cuestión política urgente
En los momentos
revolucionarios que atravesamos está a la orden del día la convocatoria de una
Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Las opiniones divergen cuando se
trata de determinar cómo resolver dicha cuestión. Se manifiestan tres
tendencias políticas. El gobierno zarista admite la necesidad de convocar a
representantes del pueblo, pero en modo alguno desea permitir que esa asamblea
sea de todo el pueblo y sea constituyente. Parece ser que está de acuerdo, si
se da crédito a las noticias de la prensa sobre la labor de la Comisión
Bulyguin10, con una Asamblea Consultiva, elegida
sin libertad de agitación y
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9
Mencheviques: partidarios de la corriente
oportunista de la socialdemocracia rusa. En las elecciones de los organismos
centrales del partido, en el II Congreso del POSDR, celebrado en 1903, los
socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin, obtuvieron la mayoría
("bolshinstvó", y de ahí su denominación de
"bolcheviques"), y los oportunistas, la minoría
("menshinstvó", y de ahí su denominación de
"mencheviques"). Durante la revolución de 1905— 1907, los
mencheviques se pronunciaron contra la hegemonía del proletariado en la
revolución y contra la alianza de la clase obrera y los campesinos; exigían el
acuerdo con la burguesía liberal a la que se debía entregar, a juicio de ellos,
la dirección de la revolución. Durante la reacción que siguió a la derrota de
la revolución de 1905— 1907, la mayoría de los mencheviques se hizo liquidadora
y reclamó la liquidación del partido revolucionario ilegal de la clase obrera.
Después del triunfo de la revolución democrática burguesa de febrero de 1917,
los mencheviques entraron en el Gobierno Provisional burgués, apoyaron su
política imperialista e impugnaban la revolución socialista que se estaba
preparando.
Al triunfar la Revolución Socialista de Octubre, los
mencheviques se convirtieron en un partido abiertamente contrarrevolucionario,
organizador y participante de complots y levantamientos encaminados a derrocar
el Poder soviético.
10 La
Comisión Bulyguin fue instituida por decreto del zar en febrero de 1905
bajo la presidencia del ministro del Interior, A. Bulyguin. La integraron
grandes terratenientes, representantes de la nobleza reaccionaria. Preparó la
ley de convocatoria de la Duma de Estado y el Reglamento para las elecciones a
la Duma que fueron publicados con el manifiesto del zar el 6 (19) de agosto de
1905. El sufragio para las elecciones a esta Duma se concedía sólo a los
terratenientes, a los capitalistas y a un reducido número de campesinos con
hacienda propia. La Duma de Estado carecía de derecho a atribuciones para
adoptar leyes algunas; lo único que podía hacer era deliberar, como órgano
consultivo adjunto al zar, sobre algunas cuestiones.
Los bolcheviques exhortaron
a los obreros y a los campesinos a boicotear activamente la Duma de Bulyguin.
Las elecciones no llegaron a celebrarse, y, por tanto, el Gobierno no logró
convocar la mencionada Duma. La barrieron el ascenso creciente de la revolución
y la huelga política de Octubre.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
conforme a un sistema
electoral restringido con trabas de tipo tributario y social. El proletariado
revolucionario, por cuanto está dirigido por la socialdemocracia, exige el paso
completo del poder a la Asamblea Constituyente, tratando de conseguir con este
fin no sólo el sufragio universal y no sólo la completa libertad de agitación,
sino, además, el derrocamiento inmediato del gobierno zarista y la sustitución
del mismo por un gobierno provisional revolucionario. Finalmente, la burguesía
liberal, que expresa sus deseos por boca de los jefes del llamado "partido
demócrata constitucionalista",11 no
exige el derrocamiento del gobierno zarista, no propugna la consigna de
gobierno provisional, no insiste en las garantías reales para que las
elecciones sean completamente libres y justas, para que la Asamblea de los
representantes pueda ser en efecto de todo el pueblo y en efecto constituyente.
En el fondo, la burguesía liberal, única que constituye un apoyo social serio
de la tendencia de Osvobozhdenie,
trata de conseguir una transacción lo más pacífica posible entre el zar y el
pueblo revolucionario, una transacción tal, además, que deje la mayor parte
posible del poder en sus manos, en las manos de la burguesía, y la menor
posible en manos del pueblo revolucionario, del proletariado y los campesinos.
8
Tal es la situación política
en el momento actual. Tales son las tres tendencias políticas principales,
correspondientes a las tres fuerzas sociales principales de la Rusia
contemporánea. Hemos hablado ya más de una vez en Proletari (núms. 3, 4 y 5)* de cómo los seguidores de Osvobozhdenie encubren con frases
seudodemocráticas su política de medias tintas, es decir, hablando de un modo
más franco y llano, de felonía, de traición a la revolución. Veamos ahora cómo
conciben los socialdemócratas las tareas del momento. Constituyen en este
sentido unos datos excelentes las dos resoluciones, adoptadas recientemente por
el III Congreso del POSDR y por la "conferencia" de la parte que se
ha separado del partido. Es de inmensa importancia saber cuál de estas
resoluciones enjuicia con mayor acierto el momento político y define con mayor
acierto la táctica del proletariado revolucionario, y todo socialdemócrata que
desee cumplir conscientemente sus deberes de propagandista, agitador y
organizador debe orientarse con toda atención en este problema, dando de lado
por completo las consideraciones que no atañen al fondo de la cuestión.
* Véase V. I. Lenin. La lucha revolucionaria y el mercantilismo liberal, Las tareas
democráticas del proletariado revolucionario y Los primeros pasos de la
traición burguesa. (N. de la Edit.)
Se entiende por táctica de
un partido su conducta política o el carácter, la orientación y los
procedimientos de su labor política. Las resoluciones tácticas son aprobadas
por el congreso del partido para definir de un modo preciso la conducta
política del partido, en su conjunto, en relación con las nuevas tareas o en
vista a una nueva situación política. La revolución iniciada en Rusia, es
decir, la divergencia completa, decidida y palmaria entre la inmensa mayoría
del pueblo y el gobierno zarista ha creado una nueva situación de esta
naturaleza. El nuevo problema consiste en determinar qué procedimientos
prácticos se deben emplear para convocar una Asamblea que sea en verdad de todo
el pueblo y que sea en verdad constituyente (desde el punto de vista teórico,
el problema de una Asamblea así ha sido oficialmente resuelto ya por la
socialdemocracia en su programa del partido, hace mucho tiempo y con
anterioridad a todos los demás partidos). Si el pueblo se ha divorciado del
gobierno y las masas han comprendido la necesidad de implantar un nuevo orden
de cosas, un partido que se ha impuesto como fin derribar al gobierno debe
necesariamente pensar con qué gobierno va a remplazar al viejo, al que derriba.
Surge el nuevo problema del
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11
Demócratas constitucionalistas: miembros del Partido Demócrata
Constitucionalista, partido principal de la burguesía liberal monárquica de
Rusia, fundado en octubre de 1905 por elementos de la burguesía, de los
terratenientes y de la intelectualidad burguesa. Se atribuyeron, para engañar a
las masas trabajadoras, la falsa denominación de "partido de la libertad
del pueblo"; en realidad no iban más allá de reivindicar la monarquía
constitucional. Durante la revolución democrática burguesa de febrero de 1917
procuraron salvar la monarquía. Desde la posición dirigente que ocupaban en el
Gobierno Provisional burgués, los demócratas constitucionalistas aplicaban una
política antipopular y contrarrevolucionaria. Después de la victoria de la
Revolución Socialista de Octubre (1917) lucharon activamente contra el Poder
soviético.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
gobierno provisional
revolucionario. Para resolverlo por completo, el partido del proletariado
consciente debe dilucidar: primero, la
importancia del gobierno provisional revolucionario en la revolución que se
está operando y en toda la lucha del proletariado en general; segundo, su actitud frente al gobierno
provisional revolucionario; tercero, las condiciones precisas de la participación de la socialdemocracia
en este gobierno; cuarto, las condiciones de la presión sobre dicho gobierno desde abajo, es decir, en el caso de que
la socialdemocracia no participe en el mismo. Sólo dilucidando todas estas
cuestiones, la conducta política del partido en este terreno será una actitud
de principios, clara y firme.
Veamos, pues, cómo resuelve
estas cuestiones la resolución del III Congreso del POSDR. He aquí el texto
completo:
"Resolución sobre el
gobierno provisional revolucionario.
Considerando:
1) que tanto los intereses inmediatos del
proletariado como los intereses de su lucha por los objetivos finales del
socialismo exigen la libertad política más completa posible y, por
consiguiente, la sustitución de la forma de gobierno autocrática por la república
democrática;
2)
que
la instauración de la república democrática en Rusia sólo es posible mediante
una insurrección popular triunfante, cuyo órgano será el gobierno provisional
revolucionario, único capaz de garantizar una libertad completa de agitación
electoral y convocar, basándola en el sufragio universal, igual, directo y
secreto, una Asamblea Constituyente que exprese en realidad la voluntad del
pueblo;
3)
que
esta revolución democrática en Rusia, dado el régimen socioeconómico actual, no
debilitará, sino que fortalecerá la dominación de la burguesía, la cual
intentará sin falta, en un momento determinado y sin detenerse ante nada,
arrebatar al proletariado de Rusia la mayor parte posible de las conquistas del
período revolucionario,
el III Congreso del POSDR acuerda que:
a) es necesario difundir entre la clase
obrera una idea concreta de la marcha más probable de la revolución y de la
necesidad de la aparición, en un momento determinado de la misma, de un
gobierno provisional revolucionario, del cual el proletariado exigirá la
realización de todas las reivindicaciones políticas y económicas inmediatas de
nuestro programa (programa mínimo);
9
b) conforme a la correlación de fuerzas y a
otros factores que no es posible determinar con exactitud de antemano, es
admisible la participación de mandatarios de nuestro partido en el gobierno
provisional revolucionario con el fin de combatir implacablemente todos los
intentos contrarrevolucionarios y defender los intereses propios de la clase
obrera;
c)
condición
necesaria para esta participación es el control riguroso del partido sobre sus
mandatarios y la salvaguardia constante de la independencia de la
socialdemocracia, que aspira a la revolución socialista completa y es, por
tanto, enemiga inconciliable de todos los partidos burgueses;
d) independientemente de que sea o no
posible la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional
revolucionario, debe propagarse entre los más extensos sectores del
proletariado la idea de que es necesario que éste, armado y dirigido por la socialdemocracia,
presione constantemente al gobierno provisional con el fin de proteger,
consolidar y extender las conquistas de la revolución".
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
2.
¿Que nos da la
resolución del III congreso del POSDR sobre el gobierno provisional
revolucionario?
Como se ve por el título, la
resolución del III Congreso del POSDR está entera y exclusivamente consagrada
al problema relacionado con el gobierno provisional revolucionario. Lo cual
quiere decir que la participación de la socialdemocracia en el gobierno
provisional revolucionario aparece aquí como una parte de la cuestión. Por otro
lado, se trata sólo de un gobierno provisional revolucionario y no de cualquier
otra cosa; por consiguiente, aquí no figuran para nada cuestiones como la de la
"conquista del poder" en general y otras. ¿Ha obrado bien el
congreso, eliminando esta última cuestión y otras análogas? Indiscutiblemente
ha obrado bien, pues la situación política de Rusia en modo alguno pone dichas
cuestiones a la orden del día. Por el contrario, el problema puesto a la orden
del día por todo el pueblo es el derrocamiento de la autocracia y la
convocatoria de la Asamblea Constituyente. Los congresos del partido no deben
resolver las cuestiones a que se refiere, oportuna o inoportunamente, este o el
otro autor, sino las de gran alcance político en virtud de las condiciones del
momento y de la marcha objetiva del desarrollo social.
¿Qué importancia tiene el
gobierno provisional revolucionario en la revolución presente y en la lucha
general del proletariado? La resolución del congreso lo explica, indicando
desde el comienzo la necesidad de la "libertad política más completa posible"
tanto desde el punto de vista de los intereses inmediatos del proletariado como
desde el punto de vista de los "objetivos finales del socialismo".
Pero la libertad política completa exige la sustitución de la autocracia
zarista por la república democrática, como se reconoce ya en el programa de
nuestro partido. Subrayar la consigna de república democrática en la resolución
del congreso es necesario desde el punto de vista lógico y de los principios,
pues el proletariado, como combatiente de vanguardia por la democracia, trata
de alcanzar precisamente la libertad completa; además, subrayar esto es tanto
más conveniente en el momento actual cuanto que precisamente ahora enarbolan la
bandera de la "democracia" los monárquicos, a saber: el llamado partido
"demócrata" constitucionalista o de Osvobozhdenie. Para instaurar la república es absolutamente
necesaria la Asamblea de representantes del pueblo, Asamblea que debe ser
necesariamente de toda la nación (elegida por sufragio universal, igual,
directo y secreto) y constituyente. Eso es lo que reconoce más adelante la
resolución del congreso. Pero no se limita a ello. Para establecer un nuevo
orden de cosas que "exprese efectivamente la voluntad del pueblo" no
basta con dar a la asamblea representativa la denominación de constituyente. Es
preciso que dicha asamblea tenga poder y fuerza para "constituir".
Dándose cuenta de ello, el congreso no se limita en su resolución a dar la
consigna formal de "Asamblea Constituyente", sino que añade las condiciones
materiales y únicas que posibilitan el cumplimiento de la misión de dicha
asamblea. Indicar las condiciones en que la Asamblea Constituyente nominal
puede convertirse en Asamblea Constituyente efectiva es de una necesidad
imperiosa, ya que la burguesía liberal, personificada en el partido monárquico
constitucionalista, falsea deliberadamente, como hemos indicado ya más de una
vez, la consigna de Asamblea Constituyente de todo el pueblo, reduciéndola a
una frase vacía.
La resolución del congreso
dice que sólo un gobierno provisional
revolucionario que sea el órgano de la insurrección popular triunfante es capaz
de garantizar la libertad completa de la agitación electoral y de convocar una
asamblea que exprese realmente la voluntad del pueblo. ¿Es justa esta tesis?
Quien piense ponerla en tela de juicio debe afirmar que el gobierno zarista
puede no tender la mano a la reacción, que es capaz de ser neutral durante las
elecciones, que puede preocuparse de la expresión real de la voluntad del
pueblo. Semejantes afirmaciones son tan absurdas que nadie las defenderá sin
tapujos; pero precisamente los de Osvobozhdenie
las hacen pasar a la chita callando bajo la bandera liberal. La Asamblea
Constituyente debe convocarla alguien; las elecciones libres y justas deben ser
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
garantizadas por alguien;
alguien debe otorgar enteramente a esta asamblea la fuerza y el poder: sólo un
gobierno revolucionario que sea el órgano de la insurrección puede quererlo con
entera sinceridad y tener fuerzas para hacer todo lo necesario con el fin de
realizado. El gobierno zarista se opondrá inevitablemente a ello. Un gobierno
liberal que concertara un arreglo con el zar sin apoyarse por entero en la
insurrección popular no sería capaz de querer sinceramente esto ni de
realizarlo, aun en el caso de que lo deseara con la mayor sinceridad. Por
consiguiente, la resolución del congreso da la única consigna democrática
acertada y consecuente por completo.
10
Pero la apreciación de la
importancia del gobierno provisional revolucionario sería incompleta y errónea
si se perdiera de vista el carácter de clase de la revolución democrática. Por
eso la resolución añade que la revolución fortalecerá la dominación burguesa,
lo cual es inevitable bajo el régimen socioeconómico existente, es decir, el
régimen capitalista. Pero el resultado del fortalecimiento de la dominación de
la burguesía sobre un proletariado más o menos libre en el aspecto político
deberá ser inevitablemente una lucha desesperada entre ellos por el poder,
deberán ser unas tentativas desesperadas de la burguesía para "arrebatar
al proletariado las conquistas del período revolucionario". Al luchar por
la democracia a la vanguardia y al frente de todos, el proletariado no debe
olvidar ni un momento las nuevas contradicciones y la nueva lucha implícitas en
la democracia burguesa.
La significación del
gobierno provisional revolucionario es apreciada, pues, de un modo completo en
la parte de la resolución que hemos examinado: tanto en su actitud ante la
lucha por la libertad y la república como en su actitud ante la Asamblea Constituyente
y ante la revolución democrática, la cual desbrozará el terreno para una nueva
lucha de clases.
Cabe preguntar a renglón
seguido: ¿cuál debe ser la actitud del proletariado en general con respecto al
gobierno provisional revolucionario? La resolución del congreso contesta a
esto, ante todo, dando al partido el consejo explícito de persuadir a la clase
obrera de que es preciso formar un gobierno provisional revolucionario. La
clase obrera debe saber que eso es necesario. Mientras la burguesía
"democrática" deja en las tinieblas el problema del derrocamiento del
gobierno zarista, nosotros debemos colocado en primer plano e insistir en que
se necesita un gobierno provisional revolucionario. Es más, debemos apuntar el
programa de acción de dicho gobierno, programa que corresponda a las
condiciones objetivas del momento histórico que estamos atravesando y a las
tareas de la democracia proletaria. Dicho programa es todo el programa mínimo de nuestro partido, el programa de las
transformaciones políticas y económicas inmediatas, completamente realizables,
por una parte, basándolo en las relaciones socioeconómicas actuales y, por
otra, necesarias para dar el paso siguiente, para alcanzar el socialismo.
Así pues, la resolución
aclara completamente el carácter y los fines del gobierno provisional
revolucionario. Por su origen y por su carácter fundamental, dicho gobierno
debe ser el órgano de la insurrección popular. Por su destino formal, debe ser
un instrumento para convocar la Asamblea Constituyente de todo el pueblo. Por
el contenido de su actuación, debe cumplir el programa mínimo de la democracia
proletaria, único capaz de garantizar los intereses del pueblo en pie de lucha
contra la autocracia.
Se puede objetar que el
gobierno provisional, por ser provisional, no puede llevar a cabo un programa
positivo que no ha sido aprobado aún por todo el pueblo. Semejante objeción no
sería más que un sofisma de reaccionarios y "autocratófilos". No
realizar ningún programa positivo significa tolerar la existencia del régimen
feudal de la autocracia podrida. Sólo podría tolerar tal orden de cosas un
gobierno de traidores a la causa de la revolución, y no un gobierno que fuera
el órgano de la insurrección popular. ¡Sería una burla que alguien propusiera
renunciar al ejercicio práctico de la libertad de reunión hasta que la Asamblea
Constituyente la reconozca, so pretexto de que la Asamblea Constituyente puede
no
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
reconocer la libertad de
reunión! Una burla análoga es objetar contra la aplicación inmediata del
programa mínimo por el gobierno provisional revolucionario.
Señalemos, por último, que, al fijar como tarea del gobierno
provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución
elimina con ello las absurdas ideas semianarquicas de plasmación inmediata del
programa máximo y de conquista del poder para llevar a cabo la revolución
socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el
grado de conciencia y organización de las grandes masas del proletariado
(condición subjetiva, indisolublemente ligada con la objetiva) hacen imposible
la absoluta liberación inmediata de la clase obrera. Sólo la gente más
ignorante puede no ver el carácter burgués de la revolución democrática que se
está operando; sólo los optimistas más cándidos pueden olvidar cuán poco
conocen aún las masas obreras las metas del socialismo y los procedimientos
para alcanzarlo. Pero todos nosotros estamos persuadidos de que la emancipación
de los obreros puede ser obra sólo de los obreros mismos; sin la conciencia y
la organización de las masas, sin su preparación y su educación mediante la
lucha manifiesta de clase contra toda la burguesía, no se puede ni hablar de
revolución socialista. Y como respuesta a las objeciones anárquicas de que
aplazamos la revolución socialista, diremos: no la aplazamos, sino que damos el
primer paso hacia la misma por el único procedimiento posible, por la única
senda certera, a saber: por la senda de la república democrática.
11
Quien quiera ir al
socialismo por otro camino que no sea el de la democracia política, llegará
infaliblemente a conclusiones absurdas y reaccionarias, tanto en el sentido
económico como en el político. Si en un momento determinado tales o cuales
obreros nos preguntan por qué no realizamos nuestro programa máximo, les
contestaremos indicándoles cuán ajenas son aún al socialismo las masas del
pueblo, impregnadas de espíritu democrático, cuán poco desarrolladas están aún
las contradicciones entre las clases, cuán desorganizados se hallan aún los
proletarios. ¡Organizad a centenares de miles de obreros en toda Rusia,
difundid entre millones la simpatía por vuestro programa! Probad a hacerlo, sin
limitaros a pronunciar estrepitosas pero hueras frases anárquicas, y veréis
inmediatamente que llevar a cabo esta organización, difundir esta educación
socialista depende de la realización más completa posible de las
transformaciones democráticas.
Continuemos. Una vez
aclaradas la significación del gobierno provisional revolucionario y la actitud
del proletariado con respecto al mismo, surge la siguiente pregunta: ¿es
admisible, y en qué condiciones, nuestra participación en dicho gobierno
(acción desde arriba)? ¿Cuál debe ser nuestra acción desde abajo? La resolución
da respuestas exactas a estas dos preguntas: declara resueltamente que, de
acuerdo con los principios, la participación de la socialdemocracia en el
gobierno provisional revolucionario (en la época de la revolución democrática,
en la época de la lucha por la república) es admisible. Con esta declaración nos separamos rotundamente tanto de
los anarquistas, que dan a esta pregunta una respuesta negativa, por atenerse a
los principios, como de los "seguidistas" de la socialdemocracia
(tales como Martínov y los neoiskristas), que nos intimidaban con la perspectiva de una situación en la cual dicha
participación pudiera resultar indispensable para nosotros. Con esta
declaración, el III Congreso del POSDR ha rechazado de plano la idea de la
nueva Iskra, según la cual la
participación de los socialdemócratas en el gobierno provisional revolucionario
es una variedad de millerandismo12 e
inadmisible desde el punto de vista de los principios por significar una
consagración del orden de cosas burgués, etc.
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12
Millerandismo: corriente oportunista en la
socialdemocracia que debe su nombre al socialista reformista francés A.
Millerand, el cual entró en el gobierno reaccionario burgués de Francia en
1899. La entrada de Millerand en el gobierno burgués fue una expresión palmaria
de la política de colaboración de los líderes oportunistas de la
socialdemocracia con la burguesía, una renuncia de éstos a la lucha
revolucionaria y una traición a los intereses de las clases trabajadoras.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Pero el problema de la
admisibilidad desde el punto de vista de los principios aún no resuelve,
naturalmente, el de la conveniencia práctica. ¿En qué condiciones es
conveniente esa nueva variedad de lucha, de lucha "desde arriba",
aceptada por el congreso del partido? Cae de su peso que ahora no es posible
hablar de condiciones concretas como la correlación de fuerzas y otras, y la
resolución, naturalmente, renuncia a definir previamente dichas condiciones.
Ninguna persona sensata se decidirá a pronosticar nada en el momento actual con
respecto a la cuestión que nos interesa. Se pueden y se deben determinar el
carácter y los fines de nuestra participación. Es lo que hace la resolución, al
indicar dos objetivos de la participación:
1) lucha implacable contra los intentos
contrarrevolucionarios y 2) defensa de los intereses propios de la clase
obrera. En el momento que los burgueses liberales empiezan a hablar con empeño
de la psicología de la reacción (véase la muy edificante Carta abierta del señor Struve en el número 71 de Osvobozhdenie), esforzándose por
intimidar al pueblo revolucionario e incitarle a ser condescendiente con la
autocracia, es muy oportuno que el partido del proletariado recuerde el
objetivo de la guerra que hoy sostenemos frente a la contrarrevolución. En
última instancia, las grandes cuestiones de la libertad política y de la lucha
entre las clases las decide únicamente la fuerza, y nosotros debemos
preocuparnos de preparar y organizar esta fuerza y de emplearla con energía no
sólo en la defensa, sino también en la ofensiva. La prolongada época de
reacción política, que reina en Europa casi sin interrupción desde los tiempos
de la Comuna de París13, nos ha familiarizado demasiado con la
idea de la acción sólo "desde abajo", nos ha acostumbrado demasiado a
ver sólo la lucha defensiva. Hemos entrado ahora, indudablemente, en una nueva
época; se ha iniciado un período de conmociones y revoluciones políticas. En un
período como el que está atravesando Rusia es intolerable limitarse a los
viejos clisés. Hay que propagar la idea de la acción desde arriba, hay que
prepararse para las acciones ofensivas más enérgicas, hay que estudiar las
condiciones y las formas de dichas acciones. La resolución del congreso coloca
en primer plano dos de estas condiciones; una se refiere al aspecto formal de
la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional
revolucionario (control riguroso de los mandatarios del partido por el partido
mismo); otra, al propio carácter de dicha participación (no perder de vista ni
un instante el objetivo de hacer la revolución socialista completa).
Después de haber aclarado,
por tanto, en todos los aspectos, la política del partido en la acción
"desde arriba" —este nuevo procedimiento de lucha, casi nunca visto
hasta ahora—, la resolución también tiene en cuenta el caso de que no consigamos
obrar desde arriba. Estamos obligados a presionar desde abajo sobre el gobierno
provisional revolucionario en cualquier caso. Para ejercer esta presión desde
abajo, el proletariado debe estar armado — pues en los momentos revolucionarios
las cosas llegan con una rapidez particular hasta una auténtica guerra civil —
y dirigido por la socialdemocracia. El fin de esta presión armada es
"proteger, consolidar y extender las conquistas de la revolución",
esto es, las conquistas que, desde el punto de vista de los intereses del
proletariado, deben consistir en aplicar todo nuestro programa mínimo.
12
Con esto terminamos nuestro
breve examen de la resolución del III Congreso sobre el gobierno provisional
revolucionario. Cómo ve el lector, esta resolución aclara la importancia de la
nueva cuestión, así como la posición del partido del proletariado con respecto
a la misma y la política del partido, tanto dentro del gobierno provisional
revolucionario como fuera de él.
Veamos ahora la resolución respectiva de la
"conferencia".
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13 La
Comuna de París de 1871:
primera experiencia conocida en la historia de dictadura del proletariado, de
gobierno revolucionario de la clase obrera. Fue creada por la revolución
proletaria en París y existió setenta y dos días: desde el 18 de marzo hasta el
28 de mayo de 1871.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
3. ¿Que es "la victoria decisiva de la revolución sobre el
zarismo"?
La resolución de la
"conferencia" está dedicada al problema de la "conquista del poder y la participación en el
gobierno provisional"*.
* El lector podrá restablecer el texto
completo de esta resolución por las citas que figuran en las páginas 400,
403-404, 407, 431, 433 y 434 del presente folleto. (Nota de Lenin para la
edición de 1907. Véase el presente volumen. N.
de la Edit.)
Este modo de
plantearlo es ya, como hemos indicado, confuso. Por una parte, se plantea con
estrechez: se habla sólo de nuestra participación en el gobierno provisional y
no, en general, de las tareas del partido con respecto al gobierno provisional
revolucionario. Por otra parte, se confunden dos cuestiones completamente
distintas: nuestra participación en una de las fases de la revolución democrática y la revolución socialista. En efecto, la
"conquista del poder" por la socialdemocracia es precisamente la revolución
socialista y no puede ser ninguna otra cosa si se emplean estas palabras en su
significación directa y habitual. Pero si no se las comprende en el sentido de
la conquista del poder para la revolución socialista, sino para la revolución
democrática, entonces ¿qué sentido tiene hablar no sólo de participación en el
gobierno provisional revolucionario, sino también de "conquista del
poder" en general?
Evidentemente, nuestros "conferencistas" mismos no sabían muy bien de
lo que tenían que hablar en realidad: si de la revolución democrática o de la
revolución socialista. Quien haya estado al tanto de las publicaciones
consagradas a esta cuestión sabe que es el camarada Martínov quien dio comienzo
a dicha confusión en sus famosas Dos
dictaduras: los neoiskristas recuerdan de mala gana cómo se plantea la
cuestión (ya antes del 9 de enero)14 en
esa obra, modelo de seguidismo, pero la influencia ideológica de la misma en la
conferencia no ofrece duda.
Dejemos a un lado el título
de la resolución. Su contenido nos muestra errores incomparablemente más
profundos y graves. He aquí la primera parte de la misma:
"La victoria decisiva
de la revolución sobre el zarismo puede implicar, bien la formación de un
gobierno provisional, surgido de la insurrección popular triunfante, bien la
iniciativa revolucionaria de tal o cual institución representativa que decida,
bajo la presión revolucionaria directa del pueblo, organizar una Asamblea
Constituyente de todo el pueblo".
Así pues, se nos dice que la
victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo puede ser tanto la
insurrección triunfante como... ¡la decisión de una institución representativa
de organizar una Asamblea Constituyente! ¿Qué significa esto? ¿Cómo es esto?
¿¿La victoria decisiva puede implicar la "decisión" de organizar una
Asamblea Constituyente?? ¡¡Y semejante "victoria" se coloca al lado
de la formación de un gobierno provisional "surgido de la insurrección
popular triunfante"!! La conferencia no se ha dado cuenta de que la
insurrección popular triunfante y la formación de un gobierno provisional
implican la victoria de la revolución de
hecho, mientras la "decisión" de organizar una Asamblea
Constituyente implica la victoria de la revolución sólo de palabra.
La conferencia de los
mencheviques neoiskristas ha incurrido en el mismo error en que incurren
constantemente los liberales, las gentes de Osvobozhdenie.
Estas gentes lanzan frases sobre la Asamblea "Constituyente",
cerrando púdicamente los ojos ante la conservación de la fuerza y del poder en
las manos del zar, olvidando que para "constituir" hay que tener fuerza constitutiva. La conferencia ha
olvidado asimismo que de la "decisión" de unos representantes
cualesquiera al cumplimiento de dicha decisión hay un gran trecho.
![]()
14
El 9
de enero de 1905 fue ametrallada por orden del zar una manifestación pacífica
de obreros petersburgueses que se encaminaban al Palacio de Invierno,
residencia del zar, para entregarle una petición. En respuesta a la atroz
matanza de los obreros inermes, comenzaron por toda Rusia huelgas y
manifestaciones políticas masivas.
Los sucesos del 9 de enero, que
recibieron la denominación de domingo sangriento, fueron el comienzo de la
revolución de 1905-1907.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
La conferencia también ha
olvidado que mientras el poder esté en manos del zar, cualquier decisión de
cualquier representante no es más que charlatanismo huero y desdeñable, como
resultaron serlo las "decisiones" del parlamento de Fráncfort15, famoso en la historia de la revolución alemana de 1848. Marx,
representante del proletariado revolucionario, en su Nueva Gaceta del Rin16, fustigaba con sarcasmos implacables a
los liberales de Fráncfort, análogos
precisamente a los actuales adeptos de Osvobozhdenie,
porque pronunciaban bellos discursos, tomaban toda clase de
"decisiones" democráticas, "instituían" toda clase de
libertades, pero, en la práctica, dejaron el poder en manos del rey y no
organizaron la lucha armada contra las fuerzas militares de que disponía este
último. Y mientras esos liberales de Fráncfort, análogos a los actuales adeptos
de Osvobozhdenie, discurseaban, el
rey esperó el momento oportuno, reforzó sus efectivos militares, y la
contrarrevolución, apoyándose en la fuerza real, infligió una derrota completa
a los demócratas y a todas sus magníficas "decisiones".
13
La conferencia ha equiparado a la victoria decisiva lo que
carece precisamente de condición decisiva para la victoria. ¿Cómo pudieron unos
socialdemócratas que aceptan el programa republicano de nuestro partido
incurrir en tal error? Para comprender este fenómeno extraño hay que ver la
resolución del III Congreso sobre la parte que se ha separado del partido*. En
dicha resolución se indica la pervivencia en nuestro partido de distintas
tendencias "afines al "economismo"".
* Damos el texto completo de esta resolución:
"El congreso hace constar que en el POSDR, desde la época
de su lucha contra el "economismo", se conservan hasta hoy matices
que le son afines en distinto grado y en diversos sentidos, matices que se
caracterizan por una tendencia general a mermar la importancia de los elementos
de conciencia en la lucha proletaria, supeditando dichos elementos a los de la
espontaneidad. En el problema de la organización, los representantes de estos
matices propugnan, en teoría, el principio de organización-proceso, principio
que no corresponde a la labor sistemática del partido, y, en la práctica,
emplean en numerosos casos un sistema de evasivas en el cumplimiento de la
disciplina del partido, y en otros casos, dirigiendo a la parte menos
consciente del partido sus prédicas a favor del empleo a gran escala del
principio de elección sin tener en cuenta las condiciones objetivas de la
realidad rusa, intentan socavar las bases únicas, posibles en el presente, de
los vínculos del partido. En los problemas de táctica dan pruebas de la
tendencia a reducir el alcance de la labor del partido, pronunciándose en
contra de la táctica acabadamente independiente del partido con respecto a los
partidos burgueses liberales; en contra de la posibilidad y de la conveniencia
de que nuestro partido asuma el papel de organizador en la insurrección
popular; en contra de la participación del partido, en cualesquiera
condiciones, en el gobierno provisional democrático revolucionario.
El congreso propone a todo a
los miembros del partido que desplieguen por doquier una enérgica lucha
ideológica contra semejantes desviaciones parciales de los principios de la
socialdemocracia revolucionaria, pero a la vez considera que se puede admitir
la participación en las organizaciones del partido de gentes que, en uno u otro
grado, se adhieren a semejantes ideas con la condición indispensable de que,
reconociendo los congresos del partido y los Estatutos del mismo, acaten
plenamente la disciplina del partido". (Nota de Lenin para la edición de
1907. N. de la Edit.)
Nuestros
"conferencistas" (por algo se hallan, en verdad, bajo la dirección
ideológica de Martínov) razonan sobre la revolución absolutamente con el mismo
criterio con que los "economistas" razonaban sobre la lucha política
o sobre la jornada de ocho horas. Los "economistas" ponían
inmediatamente en juego la "teoría de las fases": 1) lucha por los
derechos; 2) agitación política; 3) lucha política; o 1) jornada de diez horas,
2) jornada de nueve horas, 3) jornada de ocho horas. Todo el mundo conoce bien
cuáles fueron los resultados obtenidos con esta "táctica— proceso".
Ahora nos proponen asimismo dividir con mucha meticulosidad, por anticipado, la
revolución en fases: 1) el zar convoca una institución representativa, 2) esta
institución representativa "decide", bajo la presión del
"pueblo", organizar la Asamblea Constituyente, 3) ...sobre la tercera
fase, los mencheviques no se han puesto todavía de acuerdo; han olvidado que la
presión revolucionaria del pueblo tropieza con la presión contrarrevolucionaria
del zarismo y que, por tanto, o la "decisión" queda sin
![]()
15 Parlamento
de Fráncfort: Asamblea
Nacional de toda Alemania, convocada después de la revolución de marzo de 1848
en este país. En vez de organizar a las masas para la lucha enérgica contra el
absolutismo y el desmembramiento de Alemania, el Parlamento redujo toda su
labor a infructuosos debates en torno a la Constitución imperial.
16 "Nueva Gaceta del Rin" ("Neue Rheinische Zeitung"): diario que se editó en Colonia bajo
la dirección de C. Marx desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de
1849. Los artículos de fondo que determinaban la postura del periódico en los
problemas de mayor importancia de la revolución alemana y europea eran, por lo
general, de Marx y Engels.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
aplicar o el asunto lo
deciden en este caso también la victoria o la derrota de la insurrección
popular. La resolución de la conferencia se parece como dos gotas de agua al
siguiente razonamiento de los "economistas", la victoria decisiva de
los obreros puede significar bien la implantación de la jornada de ocho horas
por vía revolucionaria bien la concesión de la jornada de diez horas y la
"decisión" de pasar a la de nueve... Exactamente lo mismo.
Se nos puede objetar,
quizás, que los autores de la resolución no se proponían equiparar la victoria de la insurrección a la "decisión"
de la institución representativa convocada por el zar, que querían únicamente
estipular la táctica del partido para uno y otro caso. Contestaremos a esto: 1)
El texto de la resolución califica de un modo directo e inequívoco de
"victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo" la decisión de la institución
representativa. Es posible que esto sea el resultado de una redacción
desaliñada, es posible que se la pueda enmendar, recurriendo a las actas, pero
mientras no haya sido enmendada, el sentido de dicha redacción no puede ser más
que uno, y dicho sentido es íntegramente el del espíritu de "Osvobozhdenie". 2) El curso del
raciocinio propio de Osvobozhdenie en
que han caído los autores de la resolución aparece con un relieve
incomparablemente mayor en otros escritos de los neoiskristas. Por ejemplo, en Sotsial -Demokrat,17 órgano del comité de Tiflis (publicado en georgiano y ensalzado
por Iskra en su número 100), en el
artículo El Zemski Sobar y nuestra
táctica se llega incluso a decir que la "táctica" consistente en
"elegir como centro de nuestra
actividad el Zemski Sobor"
(¡sobre la convocatoria del cual, añadiremos por cuenta nuestra, aún no sabemos
nada con exactitud!) "es más
ventajosa para nosotros" que la "táctica" de la insurrección
armada y de la formación de un gobierno provisional
revolucionario.
14
Más adelante aún volveremos
a ocuparnos de este artículo. 3) No se puede oponer nada al examen previo de la
táctica del partido ni para el caso de victoria de la revolución, ni para el
caso de su derrota, ni para el caso de éxito de la insurrección, ni para el
caso de que la insurrección no pueda convertirse en una fuerza imponente. Es
posible que el gobierno zarista logre convocar una asamblea representativa con
el fin de hacer componendas con la burguesía liberal; la resolución del III
Congreso, previniéndolo, habla claro de la "política hipócrita", de
la "seudodemocracia", de las "formas caricaturescas de
representación popular, tales como el llamado Zemski Sobor"*.
* He aquí el texto de esta resolución
sobre la actitud ante la táctica del gobierno en vísperas de la revolución:
"Teniendo en cuenta que, con el fin de sostenerse en el período
revolucionario que atravesamos, el gobierno, al recrudecer las represiones
habituales encaminadas sobre todo contra los elementos conscientes del
proletariado, a la vez 1) trata de corromper políticamente a la clase obrera
mediante concesiones y promesas de reformas, para distraerla así de la lucha
revolucionaria; 2) para el mismo fin reviste su política hipócrita de
concesiones con el ropaje de formas seudodemocráticas, comenzando por invitar a
los obreros a elegir sus representantes para las comisiones y asambleas y
terminando por crear formas caricaturescas de representación popular, tales
como el llamado Zemski Sobor; 3) organiza las llamadas centurias negras18 y alza contra la revolución a todos los elementos del pueblo
reaccionarios, inconscientes o cegados por el odio de raza o de religión;
El III Congreso del POSDR acuerda proponer a todas las
organizaciones del partido:
a) al desenmascarar los
fines reaccionarios de las concesiones del gobierno, subrayar en la propaganda
y agitación su carácter obligado, por una parte, y la absoluta imposibilidad en
que la autocracia se encuentra para conceder reformas que satisfagan al
proletariado, por otra parte;
b) aprovechando la campaña
electoral, explicar a los obreros el verdadero sentido de semejantes medidas
adoptadas por el gobierno y demostrar que el proletariado debe convocar por vía
revolucionaria la Asamblea Constituyente, basada en el sufragio universal,
igual, directo y secreto;
c) organizar al proletariado para
implantar inmediatamente por vía revolucionaria la jornada de 8 horas y
conseguir otras reivindicaciones inmediatas de la clase obrera;
![]()
17
"Sotsial-Demokrat" ("El
Socialdemócrata"): periódico menchevique que se publicó en georgiano en
Tiflis entre abril y noviembre de 1905. Aparecieron en total seis números. Lo
dirigía el líder de los mencheviques georgianos N. Zhordania.
El autor del artículo El Zemski Sobar y nuestra táctica,
publicado en abril de 1905 en el número 1 de Sotsial-Demokrat, fue N.
Zhordania.
18
Centurias negras: bandas de pogromistas formadas por la
policía zarista para luchar contra el movimiento revolucionario. El término
pasó también a ser apelativo de los ultrarreaccionarios y cavernícolas.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
d) organizar la resistencia armada a las
intentonas de las centurias negras y de todos los elementos reaccionarios en
general que son dirigidos por el gobierno". (Nota de Lenin para la edición
de 1907. N. de la Edit.)
Pero el quid está en que
esto no se dice en la resolución sobre el gobierno provisional revolucionario,
pues no tiene nada que ver con él. Este caso relega el problema de la
insurrección y de la formación del gobierno provisional revolucionario, lo
modifica, etc. Pero ahora no se trata de que sea posible toda clase de
combinaciones, de que sean posibles la victoria y la derrota, los caminos
rectos y los rodeos; de lo que
se trata es de que a un
socialdemócrata no le está permitido llevar la confusión a la idea que los
obreros tienen del camino verdaderamente revolucionario, de que no se puede
permitir llamar victoria decisiva a lo que carece de la condición fundamental de la victoria, como hacen
los de Osvobozhdenie. Es posible que
ni aun la jornada de ocho horas la obtengamos de golpe, sino dando un largo
rodeo; pero ¿qué dirán del hombre que califica de victoria de los obreros una
impotencia, una debilidad tal del proletariado, que éste no tenga fuerza para impedir los aplazamientos, las demoras, el
tira y afloja, la traición y la reacción? Es posible que la revolución rusa
acabe en un "aborto constitucional", como en cierta ocasión dijo Vperiod**, pero ¿acaso puede justificar
esto al socialdemócrata que, en vísperas de la lucha decisiva, se pusiera a calificar dicho aborto de "victoria
decisiva sobre el zarismo"? Es posible que, si las cosas van mal, lejos de
conquistar la república, sea incluso ilusoria la constitución "a lo
Shípov"19 que obtengamos; mas ¿por ventura se
podría perdonar a un socialdemócrata que escamoteara nuestra consigna
republicana?
** El periódico Vperiod ("Adelante") empezó a publicarse en Ginebra, en
enero de 1905, como órgano de la fracción bolchevique del partido. De enero a
mayo aparecieron 18 números. A partir del mes de mayo comenzó a publicarse Proletari como Órgano Central del POSDR,
en lugar de Vperiod, de acuerdo con
la resolución del III Congreso del POSDR (dicho congreso se celebró en Londres
en el mes de mayo; los mencheviques no asistieron y organizaron su propia
"conferencia" en Ginebra). (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Edit.)
Naturalmente, los
neoiskristas no han llegado todavía a ese escamoteo. ¡Pero el hecho de que en
su resolución se hayan olvidado
precisamente de hablar de la república evidencia con singular claridad hasta
qué punto se ha disipado en ellos el espíritu revolucionario, hasta qué punto
la afición a los razonamientos muertos les ha eclipsado las tareas de combate
del momento! Es inverosímil, pero es un hecho. Todas las consignas de la
socialdemocracia se ratifican, se repiten, se aclaran, se detallan en distintas
resoluciones de la conferencia, no se olvida ni tan siquiera la elección por
los obreros, en las empresas, de delegados y diputados; únicamente no se ha
hallado la ocasión de recordar la república en la resolución sobre el gobierno
provisional revolucionario. Hablar de "victoria" de la insurrección
popular, de formación de un gobierno provisional y no indicar la relación que
dichos "pasos" y actos guardan con la conquista de la república
significa escribir una resolución para ir a la zaga del movimiento proletario,
y no para dirigir la lucha del proletariado.
15
Resumamos: la primera parte
de la resolución 1) no ha aclarado en lo más mínimo la significación del
gobierno provisional revolucionario desde el punto de vista de la lucha por la
república y de la garantía de una asamblea realmente de todo el pueblo y realmente
constituyente; 2) ha introducido una franca confusión en la conciencia
democrática del proletariado, equiparando a la victoria decisiva de la
revolución sobre el zarismo un estado de cosas tal en que aún falta
precisamente la condición fundamental para la verdadera victoria.
![]()
19
Lenin
denomina constitución a lo Shípov el
proyecto de organización estatal redactado por D. Shípov, liberal moderado que
encabezaba el ala derecha de la gente de los zemstvos (véase la nota 28).
Aspirando a limitar la amplitud de la revolución y lograr a la vez algunas
concesiones del gobierno zarista para los zemstvos, Shípov proponía crear un
órgano consultivo de representantes junto al zar. Mediante esta transacción,
los liberales moderados querían engañar a las masas populares, conservar la
monarquía y, al mismo tiempo, obtener algunos derechos políticos.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
4. La liquidación del régimen monárquico y la instauración de la
república
Pasemos a la parte siguiente de la resolución:
"...Tanto en uno como
en otro caso, esa victoria será el principio de una nueva fase de la época
revolucionaria.
La tarea planteada
espontáneamente por las condiciones objetivas del desarrollo social a esa nueva
fase es la liquidación definitiva de todo el régimen estamental monárquico en
el proceso de la lucha recíproca entre los elementos de la sociedad burguesa,
emancipada en el aspecto político, en pro de la defensa de sus intereses
sociales y de la posesión directa del poder.
Por eso, el gobierno
provisional que asuma el cumplimiento de las tareas de esa revolución, burguesa
por su carácter histórico, no sólo deberá, al regular la lucha recíproca entre
las clases antagónicas de la nación que se emancipa, impulsar el desarrollo
revolucionario, sino también combatir los factores del mismo que supongan un
peligro para las bases del régimen capitalista".
Detengámonos en esta parte,
que representa en sí un apartado independiente de la resolución. La idea
fundamental de los razonamientos que reproducimos coincide con la expuesta en
el tercer punto de la resolución del congreso. Pero si se comparan las dos resoluciones
en esta parte, salta inmediatamente a la vista la siguiente diferencia radical
entre ellas: después de caracterizar en dos palabras la base socioeconómica de
la revolución, la resolución del congreso dirige toda su atención a la lucha de
las clases, netamente definida, por conquistas determinadas, y coloca en primer
plano las tareas de combate del proletariado. Tras describir de un modo
extenso, nebuloso y confuso la base socioeconómica de la revolución, la
resolución de la conferencia habla de un modo muy poco claro de la lucha por
conquistas determinadas y deja por completo a oscuras las tareas de combate del
proletariado. La resolución de la conferencia habla de la liquidación del
antiguo régimen en el proceso de una lucha recíproca entre los elementos de la
sociedad. La resolución del congreso dice que nosotros, partido del
proletariado, debemos efectuar esta liquidación, que sólo la instauración de la
república democrática constituye la liquidación verdadera, que debemos
conquistar esta república, que lucharemos por ella y por la libertad completa
no sólo contra la autocracia, sino también contra la burguesía cuando ésta
intente (y lo hará sin falta) arrebatarnos nuestras conquistas. La resolución
del congreso llama a la lucha a una clase determinada, por un objetivo
inmediato y definido de un modo preciso. La resolución de la conferencia razona
sobre la lucha recíproca de las distintas fuerzas. Una resolución expresa la
psicología de la lucha activa; otra, la de la contemplación pasiva; una está
impregnada de llamamientos a la acción viva; la otra, de razonamientos muertos.
Ambas resoluciones declaran que la revolución que se está desplegando es, para
nosotros, sólo el primer paso, al cual seguirá el segundo; pero una de las
resoluciones saca de aquí la conclusión de que hay que dar con mayor rapidez
este primer paso, acabado con la mayor celeridad, conquistar la república,
aplastar implacablemente la contrarrevolución y preparar el terreno para el
segundo paso; en cambio, la otra resolución rebosa, por decirlo así, de
descripciones prolijas de este primer paso y (perdón por lo vulgar de la
expresión) se saca de la manga lo que piensa al respecto. La resolución del
congreso toma las viejas y eternamente nuevas ideas del marxismo (sobre el carácter
burgués de la revolución democrática) como prólogo o primera premisa para sacar
conclusiones sobre las tareas de vanguardia de la clase de vanguardia que lucha
tanto por la revolución democrática como por la revolución socialista. La
resolución de la conferencia no va más allá del prólogo, repitiéndolo con
machaconería y sutilizando sobre el mismo.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Esta diferencia es
precisamente la que desde hace mucho divide a los marxistas rusos en dos alas:
ala raciociniadora y ala combativa, en los tiempos pasados del marxismo legal;20 ala económica y ala política, en los albores del movimiento de
masas. De la premisa acertada del marxismo sobre las profundas raíces
económicas de la lucha de las clases en general y de la lucha política en
particular, los "economistas" sacaban la original conclusión de que
había que volver la espalda a la lucha política y contener su desarrollo,
reducir su alcance, minimizar sus tareas. Los políticos, por el contrario,
extraían de las mismas premisas otra conclusión, a saber: que cuanto más
profundas sean ahora las raíces de nuestra lucha, tanto más amplia, valerosa y
resuelta debe ser ésta, con tanta más iniciativa debemos sostenerla. En la
actualidad, en otras circunstancias, en una forma modificada, nos hallamos ante
el mismo debate. De las premisas de que la revolución democrática no es aún, ni
mucho menos, la revolución socialista; de que "interesa" no sólo y
exclusivamente a los desposeídos; de que sus raíces profundísimas están en las
necesidades y en las demandas ineluctables de toda la sociedad burguesa en su conjunto sacamos la conclusión de
que la clase avanzada debe plantear con tanta mayor audacia sus tareas
democráticas, debe formularlas hasta el fin con tanta mayor precisión,
propugnar la consigna inmediata de república, propagar la idea de que se
necesita un gobierno provisional revolucionario y de que se debe aplastar
implacablemente la contrarrevolución. Mientras nuestros adversarios, los
neoiskristas, deducen de estas mismas premisas que no hay que formular hasta el
fin las conclusiones democráticas, que entre las consignas prácticas se puede
prescindir de la república, que se puede permitir no propagar la idea de la
necesidad del gobierno provisional revolucionario, que se puede calificar de
victoria decisiva incluso la resolución de convocar la Asamblea Constituyente,
que se puede no propugnar la tarea de la lucha frente a la contrarrevolución
como tarea activa nuestra, sino hundirla en una alusión nebulosa (y formulada
erróneamente, como veremos en seguida) al "proceso de lucha
recíproca". ¡No es éste un lenguaje propio de dirigentes políticos, sino
de ratas de archivo!
16
Y cuanto más atención se
ponga al examen de las distintas fórmulas de la resolución de los neoiskristas,
tanto más claras se verán las particularidades fundamentales de la misma que ya
hemos indicado. Se nos habla, por ejemplo, del "proceso de lucha recíproca
entre los elementos de la sociedad burguesa emancipada en el aspecto
político". Recordando el tema que se trataba en la resolución (gobierno
provisional revolucionario), preguntamos perplejos: si se habla de proceso de
lucha recíproca, ¿cómo se puede guardar silencio sobre los elementos que
esclavizan en el aspecto político a la sociedad burguesa? ¿Se imaginan los
conferencistas que porque hayan supuesto la victoria de la revolución, dichos
elementos han desaparecido ya? Esta idea sería absurda en general y la mayor de
las ingenuidades políticas, una miopía política en particular. Después de la
victoria de la revolución sobre la contrarrevolución, ésta no desaparecerá,
sino que, al contrario, empezará inevitablemente una nueva lucha más
desesperada todavía. Al consagrar nuestra resolución al examen de las tareas
que nos plantearía la victoria de la revolución, debemos dedicar suma atención
a las tareas que tienen como norte rechazar la acometida de la
contrarrevolución (como se hace precisamente en la resolución del congreso), y
no hundir estas tareas políticas inmediatas, esenciales, candentes, de un
partido combativo, en razonamientos generales a propósito de lo que habrá después de la época revolucionaria
actual, de lo que habrá cuando nos hallemos ya ante una "sociedad emancipada en el aspecto político".
Del mismo modo que los "economistas" encubrían su incomprensión de
las tareas políticas candentes con alusiones a las verdades generales sobre la
subordinación de la política a la economía, los neoiskristas,
![]()
20 "Marxismo legal": deformación liberal burguesa del marxismo que
surgió como corriente sociopolítica independiente en los años 90 del siglo XIX
entre la intelectualidad burguesa liberal de Rusia. El marxismo había cobrado
ya por entonces bastante difusión en el país, y los intelectuales burgueses
comenzaron a propugnar con bandera marxista sus ideas en los periódicos y
revistas legales. Por eso recibieron la denominación de "marxistas
legales".
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
al remitirse a las verdades
generales sobre la lucha en el interior de la sociedad emancipada en el aspecto político, encubren su incomprensión de las
tareas revolucionarias candentes de la
emancipación política de dicha sociedad.
Tomen la expresión
"liquidación definitiva de todo el régimen estamental monárquico". En
ruso, liquidación definitiva del régimen monárquico se llama instauración de la
república democrática. Pero al buenazo de Martínov y a sus admiradores les parece
demasiado sencilla y clara esta expresión. Quieren "ahondar" sin
falta y decir las cosas de un modo más "sabihondo". Así resultan, de
una parte, pujos ridículos por demostrar profundidad de pensamiento, y de otra,
en vez de una consigna resulta una descripción; en vez de un llamamiento
alentador a ir adelante resulta una especie de mirada melancólica atrás. Parece
que no se trata de gente viva que quiere luchar ahora mismo, sin más tardanza,
por la república, sino de una especie de momias petrificadas que sub specie aeternitatis* examinan la
cuestión en plusquamperfectum.
* Desde el punto de vista de la eternidad. (N. de la Edit.)
Prosigamos:
"... El gobierno provisional... que
asumiera el cumplimiento de las tareas de esa... revolución burguesa..."
En este punto se ve en
seguida que nuestros conferencistas han descuidado una cuestión concreta que se
alza ante los dirigentes políticos del proletariado. La cuestión de la futura
serie de gobiernos que cumplirán las tareas de la revolución burguesa en general
les hace perder de vista la concreta del gobierno provisional revolucionario.
Si se desea examinar la cuestión en el plano "histórico", el ejemplo
de cualquier país europeo evidenciará que precisamente una serie de gobiernos,
que en modo alguno eran "provisionales", cumplieron las tareas
históricas de la revolución burguesa, que incluso gobiernos que habían vencido
a la revolución se vieron obligados, a pesar de ello, a cumplir las tareas
históricas de esa revolución vencida. Pero "gobierno provisional
revolucionario" no se llama en absoluto a ése del que hablan: se llama así
al gobierno de la época revolucionaria que remplaza directamente al gobierno
derribado y que se apoya en la insurrección popular y no en unas instituciones
representativas surgidas del pueblo. El gobierno provisional revolucionario es
el órgano de la lucha por la victoria inmediata de la revolución, de la lucha
por la represión inmediata de los intentos contrarrevolucionarios, y en modo
alguno un órgano para cumplir las tareas históricas de la revolución burguesa
en general. Dejemos, pues, señores, a los futuros historiadores de la futura
Rússkaya Stariná21 que determinen qué tareas de la
revolución burguesa habrán sido las realizadas por nosotros o por tal o cual
gobierno; esto se podrá hacer aunque sea dentro de treinta años; pero lo que
ahora necesitamos es dar consignas e indicaciones prácticas para la lucha por
la república y para la participación más enérgica del proletariado en esta
lucha.
17
Por las causas indicadas tampoco son satisfactorias las últimas
tesis de la parte de la resolución reproducida por nosotros. Es desacertada en
extremo o, por lo menos, torpe, la expresión de que el gobierno provisional
debería "regular" la lucha entre las clases antagónicas: los
marxistas no deberían emplear una fórmula liberal, de Osvobozhdenie, como ésta, que da motivo a pensar que es posible un
gobierno que no sirva de órgano de la lucha de clases, sino de
"regulador" de la misma... El gobierno debería "no sólo impulsar
el desarrollo revolucionario, sino también luchar contra los factores del mismo
que amenacen las bases del régimen capitalista". ¡Este "factor"
es precisamente ese mismo proletariado en cuyo nombre habla la resolución! En vez
de indicar cómo, en tal momento, el proletariado debe precisamente
"impulsar el desarrollo revolucionario" (empujarlo más allá de lo que
![]()
21 "Rússkaya Stariná" ("La Antigüedad Rusa"): revista
mensual de historia que apareció en San Petersburgo desde 1870 hasta 1918.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
quisiera la burguesía
constitucionalista), en vez de aconsejar prepararse de un modo determinado para
la lucha contra la burguesía cuando ésta se vuelva contra las conquistas de la
revolución; en vez de esto se nos da una descripción general del proceso que
nada dice sobre las tareas concretas de nuestra actuación. La manera que los
neoiskristas tienen de exponer sus ideas nos recuerda la opinión de Marx (en
sus famosas "tesis" sobre Feuerbach) acerca del viejo materialismo,
extraño a la idea de la dialéctica. Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo
—decía Marx—, pero de lo que se trata es de transformarlo.22 Del mismo modo, los neoiskristas pueden describir y explicar no
del todo mal el proceso de la lucha que se despliega ante sus ojos, pero son
incapaces por completo de dar una consigna justa en esta lucha. Marchando con
celo, pero dirigiendo mal, empequeñecen la interpretación materialista de la
historia, pues hacen caso omiso del papel activo, dirigente y orientador que pueden
y deben desempeñar en la historia los partidos que conozcan las condiciones
materiales de la revolución y que se pongan al frente de las clases avanzadas.
5. ¿Cómo hay que "impulsar la revolución adelante"?
He aquí otro pasaje de la resolución:
"En tales condiciones,
la socialdemocracia debe esforzarse por mantener a lo largo de toda la
revolución una postura que le garantice del mejor modo la posibilidad de
impulsar la revolución adelante, que no le ate las manos en la lucha contra la
política inconsecuente e interesada de los partidos burgueses y la preserve de
ser diluida en la democracia burguesa.
Por eso, la socialdemocracia
no se debe proponer el fin de conquistar o compartir el poder en el gobierno
provisional, sino que debe seguir siendo el partido de la oposición
revolucionaria extrema".
El consejo de ocupar una
posición que garantice del mejor modo la posibilidad de impulsar la revolución
adelante nos gusta sobremanera. Lo único que desearíamos es que, además de este
buen consejo, hubiera indicaciones directas de cómo precisamente ahora, en la
situación política presente, en la época de disquisiciones, suposiciones,
habladurías y proyectos de convocatoria de representantes del pueblo, la
socialdemocracia tiene que impulsar la revolución adelante. ¿Puede actualmente
impulsar la revolución adelante quien no comprenda el peligro de la teoría del
"acuerdo" del pueblo con el zar, sostenida por los elementos de Osvobozhdenie, quien califica de
victoria la sola "decisión" de convocar la Asamblea Constituyente,
quien no se plantea como tarea la propaganda activa de la idea de que se
precisa un gobierno provisional revolucionario, quien deja en las tinieblas la
consigna de república democrática? Esa gente, en realidad, impulsa la revolución atrás, porque, en el sentido político-práctico, se ha detenido al
nivel de la posición de los adeptos de
"Osvobozhdenie". ¿Qué valor
puede tener su aceptación del programa que exige la sustitución de la
autocracia por la república, si en la resolución táctica que define las tareas
actuales e inmediatas del partido en el momento revolucionario falta la
consigna de la lucha por la república? ¡Pero si es justamente la posición de
los adeptos de Osvobozhdenie, la
posición de la burguesía constitucionalista, la que se caracteriza realmente en
la actualidad por el hecho de que la decisión de convocar la Asamblea
Constituyente de todo el pueblo es considerada una victoria decisiva, en tanto
se guarda prudente silencio sobre el gobierno provisional revolucionario y
sobre la república! Para impulsar la revolución adelante, esto es,
![]()
22 Se trata del trabajo de C. Marx Tesis sobre Feuerbach. (Véase C. Marx y
F. Engels, Obras Escogidas en tres
tomos, ed. en español, t. I, pág. 10, Moscú, 1973.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
más allá del límite hasta
donde la empuja la burguesía monárquica, hay que preconizar activamente,
subrayar y colocar en primer plano consignas que excluyan la "inconsecuencia" de la democracia burguesa.
En el momento actual, estas consignas son sólo
dos: 1) gobierno provisional revolucionario, y 2) república, porque la
consigna de Asamblea Constituyente de todo el pueblo ha sido aceptada por la burguesía monárquica (véase el programa de
Unión de Liberación)23 y ha sido aceptada precisamente para
escamotear la revolución, para no permitir la victoria completa de la
revolución, para servir a los intereses de una transacción, producto del tira y
afloja entre la gran burguesía y el zarismo. Y vemos que, de estas dos
consignas, las únicas capaces de impulsar la revolución adelante, la
conferencia ha olvidado por completo la de república y ha equiparado
directamente la de gobierno provisional revolucionario a la de Asamblea
Constituyente de todo el pueblo, propugnada por Osvobozhdenie, ¡¡calificando de "victoria decisiva de la
revolución" lo uno y lo otro!!
18
Sí, tal es el hecho
indudable que, estamos persuadidos de ello, servirá de jalón para el futuro
historiador de la socialdemocracia de Rusia. La conferencia de los
socialdemócratas, celebrada en mayo de 1905, adopta una resolución que contiene
buenas palabras sobre la necesidad de impulsar la revolución democrática
adelante y que, de hecho, la impulsa atrás y no va más allá de las consignas
democráticas de la burguesía monárquica.
A los neoiskristas les gusta
reprocharnos que pasamos por alto el peligro de dilución del proletariado en la
democracia burguesa. Quisiéramos ver quién se atrevería a demostrar este
reproche fundándose en el texto de las resoluciones aprobadas por el III
Congreso del POSDR. Respondemos a nuestros contradictores: la socialdemocracia,
que opera en el terreno de la sociedad burguesa, no puede participar en la
política sin marchar, en tal o cual caso, al
lado de la democracia burguesa. La diferencia entre nosotros y, vosotros,
en este punto, consiste en que nosotros vamos al lado de la burguesía
revolucionaria y republicana sin fundirnos con ella, mientras que vosotros vais
al lado de la burguesía liberal y
monárquica sin fundiros tampoco con ella. Así
es como están las cosas.
Vuestras consignas tácticas,
dadas en nombre de la conferencia, coinciden
con las consignas del partido "demócrata-constitucionalista", esto
es, con las del partido de la burguesía
monárquica, con la particularidad de que esta coincidencia no la habéis
advertido, no os habéis dado cuenta
de ella, yendo a parar de este modo, de hecho, a la zaga de las gentes de "Osvobozhdenie".
Nuestras consignas tácticas,
dadas en nombre del III Congreso del POSDR, coinciden con las consignas de la
burguesía democrática revolucionaria y republicana. Esta burguesía y la pequeña
burguesía no han formado todavía un gran partido popular en Rusia*. Pero sólo
puede dudar de la existencia de los elementos del mismo quien no tenga la menor
idea de lo que sucede actualmente en Rusia. Nos proponemos dirigir (en caso de
que la gran revolución rusa se desenvuelva con éxito) no sólo al proletariado,
organizado por el Partido Socialdemócrata, sino también a esa pequeña burguesía
capaz de ir a nuestro lado.
* Los socialistas-revolucionarios son más
bien un grupo terrorista de intelectuales que el embrión de dicho partido,
aunque la significación objetiva de la actividad de este grupo se reduce,
precisamente, a cumplir las tareas de la burguesía revolucionaria y
republicana.
En su resolución, la
conferencia desciende
inconscientemente al nivel de la burguesía liberal y monárquica. Con su
resolución, el congreso del partido eleva
conscientemente a su nivel a los elementos de la democracia revolucionaria
capaces de luchar y no andar con trapicheos.
Dichos elementos se
encuentran sobre todo entre los campesinos. Sin cometer un gran error, al
clasificar los grandes grupos sociales por sus tendencias políticas, podemos
identificar a la democracia revolucionaria y republicana con la masa campesina,
naturalmente, en el mismo sentido y con las mismas reservas y condiciones
sobrentendidas con que se puede identificar
![]()
23 Unión de Liberación: véase la nota 6.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
a la clase obrera con la
socialdemocracia podemos, en otros términos, formular asimismo nuestras
conclusiones del modo siguiente: la conferencia, con sus consignas políticas de interés para toda la nación**
en el momento revolucionario, desciende inconscientemente al nivel de la masa de los terratenientes. El congreso del
partido, con sus consignas políticas de
interés para toda la nación, eleva a la
masa campesina al nivel revolucionario. Al que nos acuse, por esta
conclusión, de afición a las paradojas le hacemos el siguiente reto: que refute
la tesis de que si no tenemos fuerzas para llevar la revolución hasta el fin,
si la revolución termina, como lo quieren los elementos de Osvobozhdenie, en una "victoria decisiva", en forma
únicamente de asamblea representativa convocada por el zar, a la cual sólo en
tono de burla se podría calificar de constituyente, entonces eso será una
revolución con el predominio de los elementos terratenientes y de la gran
burguesía. Por el contrario, si estamos destinados a pasar por una revolución
efectivamente grande, si esta vez la historia no permite un "aborto",
si tenemos fuerzas para llevar la revolución hasta el fin, hasta la victoria
decisiva, no en el sentido que dan a esta palabra las gentes de Osvobozhdenie y los neoiskristas, eso
será una revolución con predominio de elementos campesinos y proletarios.
** No hablamos de las consignas campesinas especiales a las que
se dedican resoluciones aparte.
Quizás algunos vean en el
hecho de admitir la idea de tal predominio una renuncia a nuestra convicción
del carácter burgués de la revolución próxima. Esto es muy posible si se tiene
en cuenta el abuso que se hace de esta noción en Iskra. Por ello no estará de más, ni mucho menos, detenerse en esta
cuestión.
19
6. ¿De qué lado amenaza al proletariado el peligro
de verse con las manos atadas en la lucha contra la burguesía inconsecuente?
Los marxistas están
absolutamente convencidos del carácter burgués de la revolución rusa. ¿Qué
significa esto? Esto significa que las transformaciones democráticas en el
régimen político y las transformaciones socioeconómicas, que se han convertido
en una necesidad para Rusia, lejos de implicar de por sí el socavamiento del
capitalismo, el socavamiento de la dominación de la burguesía, desbrozarán por
primera vez como es debido el terreno para un desarrollo vasto y rápido,
europeo y no asiático, del capitalismo; por primera vez harán posible la
dominación de la burguesía como clase. Los socialistas-revolucionarios no
pueden comprender esta idea porque desconocen el abecé de las leyes del
desarrollo de la producción mercantil y capitalista, no ven que ni el éxito
completo de la insurrección campesina, ni la redistribución de toda la tierra
en beneficio de los campesinos y conforme a sus deseos ("reparto
negro" o algo en este sentido) no destruirían en lo más mínimo al
capitalismo, sino que, por el contrario, darían un impulso a su
desenvolvimiento y acelerarían la diferenciación de clase de los campesinos
mismos. La incomprensión de esta verdad convierte a los
socialistas-revolucionarios en ideólogos inconscientes de la pequeña burguesía.
Insistir en esta verdad tiene para la socialdemocracia una importancia inmensa,
no sólo en teoría, sino también en política práctica, pues de ello se desprende
el carácter obligatorio de la independencia completa de clase del partido del
proletariado en el presente movimiento "democrático general".
Pero de ahí no se desprende,
ni mucho menos, que la revolución democrática
(burguesa por su contenido socioeconómico) no ofrezca inmenso interés para el
proletariado. De ahí no se desprende, ni mucho menos, que la revolución
democrática no se pueda producir tanto en forma ventajosa, sobre todo para el
gran capitalista, para el magnate financiero, para el terrateniente
"ilustrado", como en forma ventajosa para el campesino y para el
obrero.
Los neoiskristas interpretan
de un modo cardinalmente erróneo el sentido y la trascendencia de la categoría
"revolución burguesa". En sus razonamientos se transluce
constantemente la
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
idea de que la revolución
burguesa es una revolución que puede dar únicamente lo que beneficia a la
burguesía. Y, sin embargo, nada hay más erróneo que esta idea. La revolución
burguesa es una revolución que no rebasa el marco del régimen socioeconómico burgués,
esto es, capitalista. La revolución burguesa expresa las necesidades del
desarrollo del capitalismo no sólo sin destruir sus bases, sino, al contrario,
ensanchándolas y profundizándolas. Por tanto, lejos de expresar sólo los
intereses de la clase obrera, esta revolución expresa también los de toda la
burguesía. Por cuanto la dominación de la burguesía sobre la clase obrera es
inevitable en el capitalismo, puede afirmarse con pleno derecho que la
revolución burguesa expresa los intereses no tanto del proletariado como de la
burguesía. Pero es completamente absurda la idea de que la revolución burguesa
no expresa en lo más mínimo los intereses del proletariado. Esta idea absurda
se reduce bien a la ancestral teoría populista de que la revolución burguesa se
halla en pugna con los intereses del proletariado, de que no tenemos necesidad,
por este motivo, de libertad política burguesa, bien al anarquismo, que niega
toda participación del proletariado en la política burguesa, en la revolución
burguesa, en el parlamentarismo burgués. En el aspecto teórico, esta idea es un
olvido de las tesis elementales del marxismo sobre la inevitabilidad del
desarrollo del capitalismo en el terreno de la producción mercantil. El
marxismo enseña que una sociedad fundada en la producción mercantil y que tiene
establecido el intercambio con las naciones capitalistas civilizadas, al llegar
a un cierto grado de desarrollo entra inevitablemente por sí sola en la senda
del capitalismo. El marxismo ha roto para siempre con las lucubraciones de los
populistas y anarquistas, según las cuales, Rusia, por ejemplo, podría eludir
el desarrollo capitalista, saltar del capitalismo, o por encima de él, de
alguna otra manera que no fuese la lucha de clases en el terreno y en los
límites de ese mismo capitalismo.
Todas estas tesis del
marxismo han sido demostradas y repetidas con lujo de pormenores, tanto en
general como en concreto, aplicadas a Rusia. Y de estas tesis se deduce que es
una idea reaccionaria buscar la
salvación de la clase obrera en algo que no sea un desarrollo mayor del
capitalismo. En países como Rusia, la clase obrera no sufre tanto del
capitalismo como de la insuficiencia de desarrollo del capitalismo. Por eso, la
clase obrera está absolutamente
interesada en el desarrollo más vasto, más libre, más rápido del
capitalismo. Es beneficiosa por completo para la clase obrera la supresión de todas
las reminiscencias del pasado que entorpecen el desarrollo amplio, libre y
rápido del capitalismo. La revolución burguesa es, precisamente, la revolución
que barre del modo más resuelto los restos de lo antiguo, las supervivencias
del feudalismo (a las cuales pertenecen no sólo la autocracia, sino también la
monarquía) y que garantiza por completo el desarrollo más amplio, libre y
rápido del capitalismo.
20
Por eso, la revolución
burguesa es beneficiosa en extremo para
el proletariado. La revolución burguesa es absolutamente necesaria para los
intereses del proletariado. Cuanto más profunda, decidida y consecuente sea la
revolución burguesa, tanto más garantizada se hallará la lucha del proletariado
por el socialismo contra la burguesía. Esta conclusión puede parecer nueva o
extraña, paradójica, únicamente a los que ignoran el abecé del socialismo
científico. Y de esta conclusión, dicho sea de paso, se desprende asimismo la
tesis de que, en cierto sentido, la
revolución burguesa es más beneficiosa
para el proletariado que para la burguesía.
He aquí, justamente, en qué sentido es indiscutible esta tesis: a la burguesía
le conviene apoyarse en algunas supervivencias del pasado contra el
proletariado, por ejemplo, en la monarquía, en el ejército permanente, etc. A
la burguesía le conviene que la revolución burguesa no barra con demasiada
resolución todas las supervivencias del pasado, sino que deje en pie algunas de
ellas; es decir, que esta revolución no sea del todo consecuente, que no se
lleve hasta el fin, que no sea decidida e implacable. Los socialdemócratas
expresan a menudo esta idea de un modo algo distinto, diciendo que la burguesía
se traiciona a sí misma, que la burguesía traiciona la causa de la libertad,
que la burguesía es incapaz de una
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
democracia consecuente. A la
burguesía le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democrático
burgués se produzcan con mayor lentitud, de manera más paulatina y cautelosa,
de un modo menos resuelto, mediante reformas y no mediante la revolución, que
estos cambios sean lo más prudentes posible con respecto a las
"honorables" instituciones de la época del feudalismo (tales como la
monarquía), que estos cambios desarrollen lo menos posible la acción
independiente, la iniciativa y la energía revolucionarias del pueblo sencillo,
es decir, de los campesinos y principalmente de los obreros, pues de otro modo
a estos últimos les será tanto más fácil "cambiar de hombro el fusil"
, como dicen los franceses, es decir, dirigir contra la propia burguesía el
arma que ponga en sus manos la revolución burguesa, la libertad que ésta les
dé, las instituciones democráticas que broten en el terreno desbrozado de
feudalismo.
Por el contrario, a la clase
obrera le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democrático
burgués se introduzcan precisamente no mediante reformas, sino por la vía
revolucionaria, pues el camino reformista es el camino de las dilaciones, de
los aplazamientos, de la muerte dolorosa y lenta de los miembros en
putrefacción del organismo popular, y los que más y primordialmente sufren de
este proceso de muerte lenta son el proletariado y los campesinos. El camino
revolucionario es el camino consistente en una operación rápida, la menos
dolorosa para el proletariado: la amputación directa de los miembros que se
pudren; es el camino de las mínimas concesiones y miramientos con respecto a la
monarquía y a sus instituciones repelentes, ignominiosas y putrefactas, que
contaminan la atmósfera con su descomposición.
He ahí por qué nuestra
prensa liberal burguesa deplora, y no sólo por salvarse de la censura, por
miedo al poder de los potentados, la posibilidad de un camino revolucionario,
teme la revolución, asusta al zar con la revolución, se preocupa de evitar la revolución,
se humilla y prosterna servil en aras de reformas mezquinas como base del
camino reformista. Sostienen este punto de vista no sólo Rússkie Viédomosti,24 Syn Otéchestva,25
Nasha Zhizn y Nashi Dni,26 sino también la ilegal y libre Osvobozhdenie. La situación misma de la
burguesía, como clase en la sociedad capitalista, es la causa ineludible de su
inconsecuencia en la revolución democrática. La situación misma del
proletariado, como clase, le obliga a ser demócrata consecuente. Temerosa del
progreso democrático, que amenaza con el fortalecimiento del proletariado, la
burguesía vuelve la vista atrás. El proletariado no tiene nada que perder, más
que sus cadenas; tiene, en cambio, un mundo que ganar mediante la democracia.27 Por eso, cuanto más consecuente es la revolución burguesa en
sus transformaciones democráticas, menos se limita a lo que beneficia
exclusivamente a la burguesía. Cuanto más consecuente es la revolución
burguesa, tanto más garantiza las ventajas del proletariado y de los campesinos
en la revolución democrática.
El marxismo no enseña al
proletario a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en
ella, a entregar su dirección a la burguesía; por el contrario, le enseña a
participar en ella del modo más enérgico y a luchar con la mayor decisión por
la democracia proletaria consecuente, por llevar la revolución hasta el fin. No
podemos salirnos del marco
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24 "Rússkie Viédomosti" ("Noticias de Rusia"): periódico
que aparecía en Moscú entre 1863 y 1918; expresaba las opiniones de la
intelectualidad liberal moderada. Desde 1905 fue órgano del ala derecha del
partido de los demócratas constitucionalistas.
25 "Syn Otéchestva"
("El Hijo de la Patria"): diario de orientación liberal que se editó
en San Petersburgo desde 1856 hasta 1900 y desde 1904 hasta 1905. Fueron
colaboradores del mismo los adeptos de Osvobozhdenie
y los populistas de diversos matices.
26
"Nasha Zhizn" ("Nuestra
Vida"): diario de orientación liberal; se publicó con intervalos en San
Petersburgo entre 1904 y 1906.
"Nashi Dni" ("Nuestros Días"): diario de orientación
liberal; se editó en San Petersburgo desde 1904 hasta 1905.
27 Véase C. Marx y F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista, Obras Escogidas en tres tomos, t. I,
pág. 140, Moscú, 1973.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
democrático burgués de la
revolución rusa, pero podemos ensanchar en proporciones colosales dicho marco,
podemos y debemos, en los límites del mismo, luchar por los intereses del
proletariado, por satisfacer sus necesidades inmediatas y por crear las condiciones
de preparación de sus fuerzas para la futura victoria completa. Hay democracia
burguesa y democracia burguesa. El monárquico de los zemstvos,28 partidario de una cámara alta, que "reclama" el
sufragio universal y llega a la chita callando a un compromiso con el zarismo
para obtener una Constitución enteca es un demócrata burgués. El campesino que
se alza con las armas en la mano contra los terratenientes y los funcionarios
y, por "republicanismo ingenuo", propone "echar al zar"*,
es también un demócrata burgués. Hay regímenes democráticos burgueses como el
de Alemania y el de Inglaterra; como el de Austria y el de Norteamérica o el de
Suiza. Bueno sería el marxista a quien se le escapara, en la época de la
revolución democrática, esta diferencia entre los grados de democracia y entre
el diferente carácter de tal o cual forma de la misma y se limitara a
"discurrir con gran ingenio" a propósito de que, a pesar de todo,
esto es una "revolución burguesa", es fruto de una "revolución
burguesa".
* Véase Osvobozhdenie,
núm. 71, pág. 337, nota 2.
21
Pues bien, nuestros
neoiskristas son precisamente unos sabihondos de este jaez que se vanaglorian
de su miopía. Los neoiskristas se limitan precisamente a razonar en torno al
carácter burgués de la revolución, cuando lo que se precisa es saber diferenciar
la democracia burguesa republicana y revolucionaria de la monárquica y liberal,
sin hablar ya de la diferencia existente entre la democracia burguesa
inconsecuente y la democracia proletaria consecuente. Se contentan — como si se
hubieran convertido verdaderamente en "hombres enfundados"29— con disquisiciones melancólicas sobre el "proceso de
lucha recíproca de las clases antagónicas", cuando de lo que se trata es
de dar una dirección democrática a la
revolución actual, de subrayar las consignas democráticas de vanguardia para distinguirlas de las consignas
traidoras del señor Struve y Cía., de indicar de un modo directo y tajante las
tareas inmediatas de la lucha verdaderamente revolucionaria del proletariado y
de los campesinos, a diferencia del tira y afloja liberal de los latifundistas
y fabricantes. En esto consiste ahora, señores, el fondo de la cuestión que se
les ha escapado: ¡en que nuestra revolución se vea coronada por una verdadera y
grandiosa victoria o tan sólo por una transacción mezquina; en que llegue hasta
la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos o
que "agote sus fuerzas" en una Constitución liberal a lo Shípov!
A primera vista puede
parecer que, al plantear esta cuestión, nos apartamos totalmente de nuestro
tema. Pero sólo a primera vista. En realidad, es precisamente en esta cuestión
donde se halla la raíz de la divergencia de principio que se ha perfilado ya por
completo entre la táctica socialdemócrata del III Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia y la táctica fijada en la conferencia de los
neoiskristas. Estos últimos han dado ya ahora tres pasos atrás, y no dos,
resucitando los errores del "economismo" al resolver las cuestiones
de la táctica de un partido obrero, cuestiones incomparablemente más complejas,
más
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28 Zemstvo: sedicente administración autónoma
local encabezada por la nobleza en las provincias centrales de la Rusia
zarista. Fue instituida en 1864. Sus atribuciones estaban limitadas a los
asuntos económicos puramente locales (construcción de hospitales y caminos,
estadísticas, seguros, etc.). Controlaban su actividad los gobernadores y el
Ministerio del Interior.
Entre la gente de los
zemstvos había representantes de la intelectualidad y terratenientes liberales
de ideas antiautocráticas. Aunque se hallaban en la oposición, temían a la vez
el avance de la revolución y aplaudieron el manifiesto del zar del 17 de octubre
de 1905 como comienzo de una presunta "era constitucional", en tanto
que el manifiesto era en realidad una simple maniobra con el fin de apartar con
falsas promesas al pueblo de la lucha revolucionaria.
29 El
hombre enfundado:
personaje del cuento homónimo de A. Chéjov. Tipo de funcionario de cortos
alcances, temeroso de toda innovación e iniciativa.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
importantes y más vitales
para él, en el momento de la revolución. He aquí por qué es necesario
detenernos con toda atención en el examen del problema planteado.
En la parte de la resolución
de los neoiskristas reproducida por nosotros se indica el peligro de que la
socialdemocracia se ate las manos en la lucha contra la política inconsecuente
de la burguesía, de que se diluya en la democracia burguesa. La idea de este
peligro está presente en todas las publicaciones específicamente neoiskristas y
constituye el verdadero eje de toda la posición de principio en la escisión de
nuestro partido (desde que los elementos de intriga mezquina en esta escisión
han quedado relegados por completo a último término ante los elementos de
viraje hacia el "economismo"). Reconocemos asimismo sin ambages que
este peligro existe realmente, que es ahora mismo cuando, en el apogeo de la
revolución rusa, este peligro ha tomado un carácter de particular seriedad. A
todos nosotros, los teóricos o publicistas de la socialdemocracia, y yo
preferiría incluirme entre los segundos, nos incumbe la tarea inaplazable y de
extraordinaria responsabilidad de analizar de
qué lado amenaza realmente este peligro. Pues el origen de nuestra
divergencia no está en el debate a propósito de si existe o no dicho peligro,
sino en el de saber si proviene del llamado seguidismo de la
"minoría" o del llamado revolucionarismo de la "mayoría".
Para evitar interpretaciones
erróneas y malentendidos consignemos, ante todo, que el peligro de que hablamos
no reside en el aspecto subjetivo de la cuestión, sino en el objetivo, no en la
posición formal que la socialdemocracia ocupe en la lucha, sino en el desenlace
material de toda la lucha revolucionaria presente. La cuestión no consiste en
saber si tales o cuales grupos socialdemócratas querrán diluirse en la
democracia burguesa, de si se darán cuenta de que se diluyen; de esto huelga
hablar. Ni sospechamos que abrigue tal deseo ningún socialdemócrata; por lo
demás, no se trata aquí de deseos, ni mucho menos. La cuestión tampoco estriba
en saber si tales o cuales grupos socialdemócratas conservarán su autonomía
formal, su fisonomía propia, su independencia de la democracia burguesa en todo
el transcurso de la revolución. No sólo pueden dichos grupos proclamar esa
"independencia", sino también mantenerla formalmente, y, sin embargo,
las cosas pueden suceder de manera
que se vean con las manos atadas en la lucha contra la inconsecuencia de la
burguesía. El resultado político definitivo de la revolución puede ser que, a
pesar de la "independencia" formal, a pesar de que la
socialdemocracia conserve plenamente su fisonomía propia como organización,
como partido no sea independiente de hecho, no se halle con fuerzas para
imprimir a la marcha de los acontecimientos el sello de su independencia
proletaria, se sienta tan débil que, en suma, a fin de cuentas, en el balance
definitivo, su "dilución" en la democracia burguesa sea, a pesar de
todo, un hecho histórico.
22
En eso consiste el peligro
real. Veamos ahora de qué lado nos amenaza: ¿del de la desviación de la
socialdemocracia hacia la derecha, personificada por la nueva Iskra, como creemos nosotros, o del de
la desviación de la misma hacia la izquierda, personificada por la
"mayoría", por Vperiod,
etc., como creen los neoiskristas?
Como hemos indicado, la
solución de este problema está determinada por la combinación objetiva de la
acción de las distintas fuerzas sociales. El carácter de estas fuerzas viene
determinado en teoría por el análisis marxista de la realidad rusa y, en la práctica
de hoy día, por las acciones manifiestas de los grupos y las clases en la
marcha de la revolución. Ahora bien, todo el análisis teórico, hecho por los
marxistas mucho antes de la época que estamos atravesando, y todas las
observaciones prácticas sobre el desarrollo de los acontecimientos
revolucionarios nos muestran que son posibles, desde el punto de vista de las
condiciones objetivas, dos rumbos y dos desenlaces de la revolución en Rusia.
La transformación del régimen económico y político de Rusia en el sentido
democrático burgués es inevitable e irrebatible. No hay fuerza en el mundo
capaz de impedir esta transformación. Pero la combinación del empuje de las
fuerzas en presencia, creadoras de esta transformación, puede tener un
desenlace en dos sentidos o dar dos formas de transformación. Una de dos:
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
1) o las cosas terminan en la
"victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo", o 2) no habrá
fuerzas suficientes para la victoria decisiva, y las cosas acabarán en un
arreglo entre el zarismo y los elementos más "inconsecuentes" y "egoístas"
de la burguesía. Toda la variedad infinita de detalles y combinaciones, que
nadie puede prever, se reducen, en suma, justamente a uno de estos dos
resultados.
Analicemos ahora estos
resultados: primero, desde el punto de vista de su trascendencia social y,
después, desde el punto de vista de la situación de la socialdemocracia (de su
"dilución" o de que se vea con las "manos atadas") en uno y
en otro caso.
¿Qué es "la victoria
decisiva de la revolución sobre el zarismo"? Hemos visto ya que, al
emplear esta expresión, los neoiskristas no la comprenden ni aun en su sentido
político inmediato. Menos todavía se advierte que comprendan el contenido de
clase de este concepto. Pues nosotros, los marxistas, en ningún caso debemos
dejarnos seducir por las palabras
"revolución" o "gran revolución rusa", como ahora se dejan
seducir por ellas muchos demócratas
revolucionarios (por el estilo de Gapón). Debemos tener una idea exacta de las
fuerzas reales de la sociedad que se enfrentan con el "zarismo"
(fuerza completamente real y comprensible para todos) y que son capaces de
obtener "la victoria decisiva" sobre él. Esas fuerzas no pueden ser
la gran burguesía, ni los terratenientes, ni los fabricantes, ni la
"sociedad" que sigue a los de Osvobozhdenie.
Vemos que ni siquiera desean una victoria decisiva. Sabemos que son incapaces,
por su posición de clase, de una lucha resuelta contra el zarismo: para ir a
una lucha decidida, la propiedad privada, el capital y la tierra son un lastre
que pesa demasiado. Esas gentes tienen excesiva necesidad del zarismo, de las
fuerzas policiaco-burocráticas y militares del zarismo, contra el proletariado
y los campesinos, para que puedan aspirar a destruirlo. La fuerza capaz de
obtener "la victoria decisiva sobre el zarismo" no puede ser más que
el pueblo, es decir, el proletariado y los campesinos, si se toman las grandes
fuerzas fundamentales, distribuyendo a la pequeña burguesía rural y urbana (que
también es "pueblo") entre el uno y los otros. "La victoria
decisiva de la revolución sobre el zarismo" es la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los
campesinos. Nuestros neoiskristas no podrán eludir esta conclusión,
indicada hace ya tiempo por Vperiod. Nadie más podrá obtener la
victoria decisiva sobre el zarismo.
Y esa victoria será precisamente una dictadura: es decir, deberá
apoyarse inevitablemente en la fuerza de las armas, en las masas armadas, en la
insurrección, y no en tales o cuales instituciones creadas "por la vía
legal", "por la vía pacífica". Podrá ser sólo una dictadura
porque la implantación de los cambios inmediata y absolutamente necesarios para
el proletariado y los campesinos provocará la resistencia desesperada de los
terratenientes, de la gran burguesía y del zarismo. Sin dictadura será imposible
aplastar esta resistencia, rechazar las intentonas contrarrevolucionarias. Pero
no será, naturalmente, una dictadura socialista, sino una dictadura
democrática. Esta dictadura no podrá tocar (sin pasar por toda una serie de
grados intermedios de desarrollo revolucionario) las bases del capitalismo. En
el mejor de los casos, podrá llevar a cabo una redistribución radical de la
propiedad de la tierra a favor de los campesinos, implantar una democracia
consecuente y completa hasta llegar a la república, extirpar no sólo de la vida
del campo, sino también del régimen fabril, todos los rasgos asiáticos y de
servidumbre, iniciar una mejora seria de la situación de los obreros, elevar el
nivel de vida de éstos y, finalmente, last
but not least*, hacer que la hoguera de la revolución prenda en Europa.
Semejante victoria no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra revolución
burguesa en socialista; propiamente la revolución democrática no rebasará el
marco de las relaciones socioeconómicas burguesas; pero, no obstante, tendrá
una importancia gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia y del mundo
entero. Nada elevará a tal altura la energía revolucionaria del proletariado
mundial, nada acortará tanto el camino que conduce a su victoria total como
esta victoria decisiva de la revolución que se ha iniciado en Rusia.
* El último por el orden, mas no por su importancia.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
23
Hasta qué punto es probable esa victoria es ya harina de otro
costal. En modo alguno somos propensos al optimismo insensato a este respecto;
no olvidamos, ni mucho menos, las enormes dificultades de esta tarea; pero, al
ir a la lucha, debemos desear la victoria y saber indicar el verdadero camino
que conduce a ella. Las tendencias capaces de conducir a esta victoria existen
sin discusión. Es verdad que nuestra influencia, la influencia de los
socialdemócratas sobre las masas del proletariado, es aún insuficiente en sumo
grado; el influjo revolucionario sobre las masas campesinas es muy
insignificante; la dispersión, el escaso desarrollo, la ignorancia del
proletariado y, sobre todo, de los campesinos son aún imponentes. Pero la
revolución cohesiona e instruye con rapidez. Cada paso en el desarrollo de la
misma despierta a las masas y las atrae con una fuerza irresistible
precisamente hacia el programa revolucionario, único que expresa de modo
consecuente y completo sus verdaderos intereses, sus intereses vitales.
Una ley de la mecánica dice
que la acción equivale a la reacción. En la historia, la fuerza destructora de
la revolución depende asimismo, y no poco, de la fuerza y de la duración del
período de aplastamiento de las aspiraciones de libertad y de la profundidad
que alcance la contradicción entre la "superestructura" antediluviana
y las fuerzas vivas de la época actual. La situación política internacional va
siendo asimismo en muchos sentidos la más ventajosa para la revolución rusa. La
insurrección de los obreros y los campesinos ha empezado ya; se halla dispersa,
es espontánea, débil, pero demuestra de un modo indiscutible y absoluto la
existencia de fuerzas capaces de ir a una lucha enérgica y que marchan hacia
una victoria decisiva.
Si estas fuerzas resultan
insuficientes, el zarismo podrá concertar la transacción que están preparando
ya, de una parte, los señores Bulyguin, y de otra, los señores Struve. Entonces
las cosas terminarán en una Constitución enteca o incluso, en el peor de los
casos, en una parodia de la misma. Esto será también una "revolución
burguesa", pero abortada, será un abortón, un engendro monstruoso. La
socialdemocracia no se hace ilusiones, conoce la naturaleza traicionera de la
burguesía, no se desalentará ni abandonará su labor tenaz, paciente y firme,
para dar al proletariado una educación de clase incluso en los días más
encapotados de bienandanza burguesa constitucional "a lo Shípov".
Este desenlace se parecería más o menos al de casi todas las revoluciones
democráticas de Europa a lo largo del siglo XIX y, en tal caso, el desarrollo
de nuestro partido seguiría una senda difícil, tortuosa y prolongada, pero
conocida y trillada.
Ahora cabe preguntar: ¿en
cuál de estas dos salidas posibles se vería la socialdemocracia en la práctica
con las manos atadas frente a la burguesía inconsecuente y egoísta? ¿Se vería
de hecho "diluida" o casi diluida en la democracia burguesa?
Basta con formular de un
modo claro esta pregunta para contestada en seguida y sin titubeos.
Si la burguesía consigue
frustrar la revolución rusa mediante un arreglo con el zarismo, la
socialdemocracia se verá en la práctica precisamente atada de manos frente a la
burguesía inconsecuente, la socialdemocracia se verá "diluida" en la
democracia burguesa en el sentido de que el proletariado no conseguirá imprimir
su clara impronta a la revolución, no conseguirá ajustar las cuentas al zarismo
a la manera proletaria, o, como decía en su tiempo Marx, "a la manera
plebeya".
Si se consigue una victoria
decisiva en la revolución, ajustaremos las cuentas al zarismo a la manera
jacobina o, si queréis, plebeya. "Todo el terrorismo francés –escribía
Marx en 1848, en la famosa Nueva Gaceta
del Rin— no fue sino un procedimiento plebeyo para ajustar las cuentas a
los enemigos de la burguesía: al absolutismo, al feudalismo y al
filisteísmo". (Véase
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Marx’Nachlass, edición de Mehring, tomo III, pág. 211.)30 ¿Han pensado alguna vez en el sentido de estas palabras de Marx
quienes intimidan a los obreros socialdemócratas rusos con el espantajo del
"jacobinismo" en la época de la revolución democrática?
Los girondinos 31 de la socialdemocracia rusa actual, los
neoiskristas, no se funden con los elementos de Osvobozhdenie; pero, como consecuencia del carácter de sus
consignas, marchan efectivamente a la zaga de los mismos. Y los elementos de Osvobozhdenie, esto es, los
representantes de la burguesía liberal, quieren ajustar las cuentas a la
autocracia con suavidad, a la manera reformista, haciendo concesiones, sin
ofender ni a la aristocracia, ni a la nobleza, ni a la corte, con cautela, sin
romper nada, con amabilidad y cortesía, como caballeros, poniéndose guantes
blancos (como los que se puso, quitándoselos de las manos a un bachibozuk,32 el señor Petrunkévich en la recepción dada a los
"representantes del pueblo" (?) por Nicolás el Sanguinario.33 Véase Proletari, núm.
5*).
* Véase V. I. Lenin. "Revolucionarios" con guantes
blancos. (N. de la Edit.)
24
Con sus consignas, los
jacobinos de la socialdemocracia moderna —bolcheviques, partidarios de Vperiod, congresistas o partidarios de Proletari34 no sé ya cómo denominarlos— quieren
elevar a la pequeña burguesía revolucionaria y republicana, sobre todo a los
campesinos, al nivel de la democracia consecuente del proletariado, el cual
conserva íntegramente su propia fisonomía de clase. Quieren que el pueblo, es
decir, el proletariado y los campesinos, ajuste las cuentas a la monarquía y a
la aristocracia "a la manera plebeya", aniquilando implacablemente a
los enemigos de la libertad, aplastando por la fuerza su resistencia, sin hacer
ninguna concesión a la herencia maldita del feudalismo, del asiatismo, del
escarnio del hombre.
Esto en modo alguno
significa que queramos sin falta imitar a los jacobinos de 1793, adoptar sus
concepciones, su programa, sus consignas, sus métodos de acción. Nada de eso.
Tenemos un programa nuevo, y no viejo: el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia. Tenemos una consigna nueva: la dictadura democrática revolucionaria
del proletariado y los campesinos. Tendremos también, si vivimos hasta la
victoria auténtica de la revolución, nuevos métodos de obrar que corresponderán
al carácter y a los fines del partido de la clase obrera, partido que aspira a
la revolución socialista completa. Con nuestra comparación no queremos sino
aclarar que los representantes de la clase avanzada del siglo XX, del
proletariado, esto es, los socialdemócratas, se dividen asimismo en las dos
alas (oportunista y revolucionaria) en que se dividían también los
representantes de la clase avanzada del siglo XVIII, la burguesía, esto es,
girondinos y jacobinos.
![]()
30
Lenin
se refiere al libro Aus dem literarischen
Nachlass van Karl Marx, Friedrich Engels und Ferdinand Lassalle. Herausgegeben von Franz Mehring, Band
III, Stuttgart, 1902, S. 211 ("De la herencia literaria de Carlos Marx,
Federico Engels y Fernando Lasalle,
redactado por Franz Mehring", t. III, Stuttgart, 1902, pág. 211).
31 Girondinos y
jacobinos: dos grupos políticos de la
burguesía durante la revolución burguesa de fines del siglo XVIII en Francia.
Los girondinos
expresaban los intereses de la burguesía moderada, vacilaban entre la
revolución y la contrarrevolución y siguieron la senda de las componendas con
la monarquía.
Denominábase jacobinos
a los representantes más decididos de la burguesía, clase revolucionaria a la
sazón, que defendían la necesidad de acabar con el absolutismo y el feudalismo.
Lenin denominaba girondinos de la socialdemocracia a los
mencheviques, corriente oportunista de la socialdemocracia rusa; jacobinos, a
los socialdemócratas revolucionarios.
32 Bachibozuks: nombre dado en los siglos XVIII y XIX
a las unidades irregulares del ejército turco que se distinguían por su
indisciplina, su crueldad y su propensión al pillaje. Aquí se alude a Putiatin,
coronel de la guardia imperial.
33 Se refiere a la audiencia que Nicolás II dio el 6 (19) de junio
de 1905 a una delegación de los zemstvos que le entregó una petición de que se
convocara a los representantes del pueblo a fin de implantar, con la venia del
zar, "un régimen estatal renovado"'. La petición no reclamaba ni el
sufragio universal, directo, igual y secreto ni la garantía de la libertad de
las elecciones
34 Congresistas
o partidarios de "Vperiod" y "Proletari": diferentes denominaciones de los
bolcheviques: según el III Congreso del partido, convocado por ellos, y según
los nombres de los periódicos que editaban: Vperiod
y Proletari.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Sólo en el caso de que
triunfe por completo la revolución democrática se verá el proletariado con las
manos sueltas en la lucha contra la burguesía inconsecuente; sólo en este caso
no se "diluirá" en la democracia burguesa, sino que imprimirá a toda
la revolución su impronta proletaria o, siendo más exactos, la impronta
proletaria y campesina.
En pocas palabras: si no
quiere verse con las manos atadas en la lucha contra la democracia burguesa
inconsecuente, el proletariado debe ser lo suficiente consciente y fuerte para
elevar hasta la conciencia revolucionaria a los campesinos, para dirigir la
acometida de éstos, para plasmar así de un modo independiente la democracia
consecuentemente proletaria.
Así está planteada la
cuestión, resuelta con tan poca fortuna por los neoiskristas, del peligro de
vernos atados de manos en la lucha contra la burguesía inconsecuente. La
burguesía será siempre inconsecuente. No hay nada más cándido y estéril que los
intentos de exponer las condiciones o puntos** cuyo cumplimiento permitiría
considerar a la democracia burguesa amiga sincera del pueblo. Sólo el
proletariado puede ser un luchador consecuente por la democracia. Pero puede
ganar la batalla por la democracia sólo con la condición de que las masas
campesinas se unan a su lucha revolucionaria. Si al proletariado no le alcanzan
las fuerzas para ello, la burguesía se pondrá al frente de la revolución
democrática e imprimirá a la misma un carácter inconsecuente e interesado. No
hay otro medio de impedirlo que la dictadura democrática revolucionaria del
proletariado y los campesinos.
** Como los de Starovier en su resolución,35 anulada por el III Congreso, y como los de la conferencia en
una resolución no menos desafortunada.
Así pues, llegamos a la
conclusión indudable de que es precisamente la táctica neoiskrista la que, por
su significación objetiva, hace el juego
a la democracia burguesa. La prédica de la imprecisión orgánica, que llega
hasta los plebiscitos, hasta la transacción erigida en principio, que llega a
separar del partido las publicaciones del partido; el minimizar las tareas de
la insurrección armada; el confundir las consignas políticas populares del
proletariado revolucionario con las de la burguesía monárquica; el adulterar
las condiciones de "la victoria decisiva de la revolución sobre el
zarismo": todo esto junto tiene precisamente por resultado la política del
seguidismo en los momentos revolucionarios que desorienta y desorganiza al
proletariado, lleva la confusión a su conciencia y aminora la táctica de la
socialdemocracia, en vez de indicar el único camino de la victoria y agrupar en
torno a la consigna del proletariado a todos los elementos revolucionarios y
republicanos del pueblo.
- - -
Para confirmar esta
conclusión, a la que hemos llegado analizando la resolución, abordaremos este
mismo problema desde otros aspectos. Veamos primero de qué manera un
menchevique cándido y sincero ilustra la táctica neoiskrista en el periódico
georgiano Sotsial-Demokrat. Segundo,
veamos quién recurre de hecho, en la actual situación política, a las consignas de la nueva Iskra.
7. La táctica de "retirar a los conservadores del
gobierno"
El artículo arriba
mencionado, publicado en el órgano del "Comité" menchevique de Tiflis
(Sotsial-Demokrat, núm. 1) se titula El Zemski Sobar y nuestra táctica. Su
autor no ha olvidado aún del todo nuestro programa; lanza la Consigna de
república, pero razona sobre táctica de la siguiente manera:
25
![]()
35 Se alude a la resolución de A. Potrésov
(Starovier), adoptada en el II Congreso del POSDR (1903), sobre la actitud con
los liberales.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
"Para conseguir este
objetivo (la república) se pueden indicar dos caminos: o no prestar ninguna
atención al Zemski Sobor que el gobierno convoca, derrotar a éste a mano
armada, formar un gobierno revolucionario y convocar la Asamblea Constituyente o
declarar el Zemski Sobor centro de nuestra acción, presionando con la fuerza de
las armas en sus componentes y en su actividad y obligarle a declararse
Asamblea Constituyente o a convocar la Asamblea Constituyente por su conducto.
Estas dos tácticas se diferencian con meridiana claridad la una de la otra.
Veamos, pues, cuál de las dos es más ventajosa para nosotros".
He ahí cómo los neoiskristas
rusos exponen las ideas plasmadas luego en la resolución examinada por
nosotros. Obsérvese que eso fue escrito antes de Tsushima,36 cuando el "proyecto" de Bulyguin37 aún no había salido a la luz. Hasta los liberales perdían la
paciencia y expresaban su desconfianza en las columnas de la prensa legal, en
tanto que un socialdemócrata neoiskrista resultó ser más confiado que los
liberales. Declaró que "se estaba convocando" el Zemski Sobor y creía
en el zar hasta el punto de proponer que se hiciera de este Zemski Sabor (o
quizás de una "Duma de Estado" o de un "Sobor legislativo
consultivo"), inexistente aún, el centro de nuestra acción. Más franco y
más ingenuo que los autores de la resolución adoptada en la conferencia,
nuestro ciudadano de Tiflis no consideraba equivalentes las dos
"tácticas" (expuestas por él con un candor inimitable), sino que
declaró más "ventajosa" la segunda. Escuchen:
"Táctica primera. Como
sabrán, la revolución que se avecina es una revolución burguesa, es decir, está
dirigida a lograr un cambio del régimen actual en el cual (cambio) está
interesado no sólo el proletariado, sido también toda la sociedad burguesa.
Todas las clases, incluso los capitalistas mismos, se oponen al gobierno. El
proletariado en lucha y la burguesía en lucha van, en cierto sentido, juntos y
atacan juntos al absolutismo desde diversos lados. El gobierno está aislado por
completo y privado de la simpatía de la sociedad. Por eso es muy fácil
destruirlo. No todo el proletariado de Rusia es aún consciente ni está tan
organizado como para poder hacer él solo la revolución. Y si pudiera hacerla,
no haría una revolución burguesa, sino proletaria (socialista). Por tanto, nos
interesa que el gobierno se quede sin aliados, que no pueda desunir a la
oposición, que no se gane a la burguesía y deje así aislado al
proletariado..."
¡De manera que va en
beneficio del proletariado que el gobierno zarista no pueda separar a la
burguesía del proletariado! ¿No se llamará por error Sotsial-Demokrat en vez de Osvobozhdenie
el órgano georgiano? ¡Miren qué inimitable filosofía de la revolución democrática! ¿No vemos nosotros aquí,
con nuestros propios ojos, al pobre ciudadano de Tiflis, desorientado
totalmente por la pedante interpretación seguidista del concepto de
"revolución burguesa"? Examina la cuestión del posible aislamiento del
proletariado en la revolución democrática y se olvida..., se olvida de una
minucia..., ¡de los campesinos! Entre los posibles aliados del proletariado, él
conoce y encuentra de su agrado a los terratenientes de los zemstvos, pero no
sabe nada de los campesinos. ¡Y esto en el Cáucaso! Pues bien, ¿no teníamos
razón nosotros cuando decíamos que, con sus razonamientos, la nueva Iskra desciende al nivel de la burguesía
monárquica en vez de elevar al suyo, como aliados, a los campesinos
revolucionarios?
"...En caso contrario,
la derrota del proletariado y la victoria del gobierno son inevitables. Y
precisamente a esto es a lo que tiende la autocracia. No cabe duda que ésta se
ganará en su Zemski Sobor a los representantes de la nobleza, de los zemstvos,
![]()
36 Se trata de la batalla de Tsushima,
cerca de la isla del mismo nombre, que se empeñó el 14 y el 15 (27-28) de mayo
de 1905 durante la guerra ruso-japonesa. En esta batalla fue derrotada la flota
rosa.
37 Véase la nota 10.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
de la administración urbana,
de las universidades y demás instituciones burguesas. Se esforzará en
ganárselos con pequeñas concesiones y, de esta manera, conciliarlos con ella.
Reforzada de este modo, dirigirá todos sus golpes contra el pueblo obrero, que
quedará aislado. Estamos en el deber de impedir desenlace tan desdichado. Pero
¿acaso se puede hacer esto por el primer camino? Supongamos que no hemos
prestado ninguna atención al Zemski Sobor, sino que hemos empezado a
prepararnos nosotros mismos para la insurrección y un buen día salimos armados
a la calle, dispuestos a luchar. Y he aquí que, en lugar de topar con un solo
enemigo, topamos con dos: el gobierno y el Zemski Sobor. Mientras nosotros nos
preparábamos, a ellos les dio tiempo de entenderse, de llegar a una componenda,
de redactar una Constitución ventajosa para ellos y de repartirse el poder.
Esta es una táctica directamente beneficiosa para el gobierno, y nosotros
debemos renunciar a ella de la manera más enérgica..."
¡Eso es hablar con
franqueza! ¡Hay que renunciar con energía a la "táctica" de preparar
la insurrección porque, "mientras tanto", el gobierno llegará a una
componenda con la burguesía! ¿Sería posible encontrar en las viejas publicaciones
del más inveterado "economismo" algo parecido a esa difamación de la
socialdemocracia revolucionaria? Las insurrecciones y las revueltas obreras y
campesinas que estallan aquí y allá son hechos reales. El Zemski Sobor es una
promesa de Bulyguin. Y el Sotsial-Demokrat
de la ciudad de Tiflis decide renunciar a la táctica de preparar la
insurrección y esperar que se instituya el "centro de acción", el
Zemski Sobor...
26
"...La segunda táctica,
por el contrario, consiste en colocar al Zemski Sobor bajo nuestra vigilancia,
en impedir que haga lo que quiera y que llegue a una componenda con el
gobierno*.
* ¿Qué medios hay para impedir que hagan
su voluntad las gentes de los zemstvos? ¿No será un papel de tornasol especial?
Nosotros sostendremos al
Zemski Sobor siempre que luche contra la autocracia y lo combatiremos en los
casos en que se concilie con ella. Por una intervención enérgica y por la
fuerza, desuniremos a los diputados**, atraeremos a nuestro lado a los radicales,
retiraremos del gobierno a los conservadores y, de esa manera, colocaremos a
todo el Zemski Sobor en el camino revolucionario. Gracias a esta táctica, el
gobierno quedará aislado permanentemente, la oposición será fuerte y, con ello,
se facilitará la implantación de un régimen democrático".
** ¡Vaya por Dios! ¡Ahí tenéis la táctica
"profundizada"! No hay fuerzas para luchar en la calle, pero se puede
"desunir a los diputados" por "la fuerza". Escuche,
camarada de Tiflis; se puede mentir, pero hasta cierto punto...
¡Sí! ¡Sí! Que nos digan
ahora que exageramos el viraje de los neoiskristas hacia la más vulgar variedad
de "economismo". Esto es ya exactamente igual que los famosos polvos
contra las moscas: se atrapa la mosca, se la espolvorea, y ella muere. Desunir por la fuerza a los diputados del Zemski
Sobor, "retirar del gobierno a los conservadores", y todo el Zemski
Sobor emprenderá el camino revolucionario...
Todo eso, sin ninguna clase de insurrección armada "jacobina", con
mucha nobleza, casi a la manera parlamentaria, "presionando" sobre
los miembros del Zemski Sobor.
¡Pobre Rusia! Se ha dicho de
ella que lleva siempre los sombreros pasados de moda y desechados en Europa.
Nosotros aún no tenemos parlamento, ni siquiera lo ha prometido Bulyguin; pero
cretinismo parlamentario38 hay todo el que se quiera.
"...¿Cómo debe
producirse esta intervención? Ante todo, exigiremos que el Zemski Sobor sea
convocado mediante el sufragio universal, igual, directo y secreto. Con la
publicación*** de este procedimiento electoral, la ley**** debe garantizar la
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38
Lenin
aplicaba la expresión de "cretinismo
parlamentario" a los oportunistas que creían omnímodo el sistema
parlamentario y, la actividad parlamentaria, única forma de lucha política en
cualesquiera condiciones.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
completa libertad de
agitación electoral, es decir, la libertad de reunión, de palabra, de prensa,
la inviolabilidad de electores y elegidos y la liberación de todos los presos
políticos. Se debe fijar la fecha de las elecciones con la máxima antelación posible
a fin de que haya tiempo suficiente para informar y preparar al pueblo.
*** ¿En la Iskra?
**** ¿Promulgada por Nicolás?
Y puesto que la elaboración
del reglamento de convocatoria del Sobor ha sido encargada a una comisión
presidida por el ministro del Interior, Bulyguin, debemos presionar sobre esta
comisión y sobre sus miembros*. Si la Comisión Bulyguin se niega a satisfacer
nuestras reivindicaciones** y concede el derecho a elegir diputados sólo a los
pudientes, debemos intervenir en estas elecciones y obligar a los electores por
la vía revolucionaria a votar a los candidatos progresistas y exigir en el
Zemski Sobor la Asamblea Constituyente. En fin, obligar al Zemski Sobor por
todos los medios posibles: manifestaciones, huelgas y, si es necesario, la
insurrección, a convocar la Asamblea Constituyente o a proclamarse Asamblea
Constituyente. El proletariado en armas debe ser el defensor de la Asamblea
Constituyente, y los dos*** juntos marcharán hacia la república democrática.
* ¡He ahí lo que significa la táctica de
"retirar del gobierno a los conservadores"! ** ¡Esto no puede suceder
si aplicamos una táctica tan acertada y tan meditada!
*** ¿El proletariado en armas y los conservadores
"retirados del gobierno"?
Esta es la táctica socialdemócrata, y únicamente ella nos
asegurará la victoria".
No piense el lector que todo
este absurdo inverosímil es un simple ensayo periodístico de cualquier
neoiskrista irresponsable y sin influencia. No, esto se dice en el órgano de
todo un comité neoiskrista, el de Tiflis. Más aún, este absurdo es aprobado abiertamente
por "Iskra" en su número
100, donde leemos estas líneas a propósito de Sotsial-Demokrat:
"El primer número está redactado con amenidad y talento, Se
percibe la pluma ducha y diestra de un redactor que es literato... Puede
afirmarse con seguridad que el periódico cumplirá de un modo brillante la
misión que tiene planteada".
¡Sí! Si esta misión consiste
en demostrar palmariamente a todo el mundo la plena descomposición ideológica
del neoiskrismo, la ha cumplido en realidad de un modo "brillante".
Nadie habría sabido expresar con mayores "amenidad, talento y destreza"
el hundimiento de los neoiskristas en el oportunismo liberal burgués.
27
8. La tendencia de Osvobozhdenie
y la del neoiskrismo
Pasemos ahora a otra confirmación patente de la trascendencia
política del neoiskrismo.
En un artículo excelente,
magnífico, muy instructivo, titulado Cómo
encontrarse a sí mismo (Osvobozhdenie,
núm. 71), el señor Struve hace la guerra al "revolucionarismo
programático" de nuestros partidos extremos. El señor Struve se muestra
descontento, sobre todo, de mí*. Por lo que a mí se refiere, estoy tan contento
del señor Struve que no se puede pedir más. No podría desear mejor aliado en la
lucha contra el "economismo" renaciente de los neoiskristas y contra
la falta absoluta de principios de los "socialistas—
revolucionarios". Ya hablaremos en alguna otra ocasión de cómo el señor
Struve y Osvobozhdenie han demostrado
en la práctica todo el carácter reaccionario de las "enmiendas"
hechas al marxismo en el proyecto de programa de los
socialistas-revolucionarios. De cómo el señor Struve me ha prestado un servicio
leal, honrado y verdadero cada vez que ha aprobado en principio a los
neoiskristas ya hemos hablado reiteradamente** y volveremos a hablar ahora.
* "En comparación con el
revolucionarismo del señor Lenin y sus compañeros, el revolucionarismo de la
socialdemocracia de Europa Occidental, de Bebel y hasta de Kautsky, es
oportunismo, pero las bases de este revolucionarismo, ya suavizado también, han
sido minadas y destruidas por la historia". El ataque es muy violento.
Pero hace mal el señor Struve en pensar que se me pueden imputar todas las
cosas como a un muerto. A mí me basta con hacer un reto al señor Struve, que él
nunca será capaz
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
de aceptar. ¿Dónde y cuándo
he dicho yo que el revolucionarismo de Bebel y de Kautsky sea
"oportunismo"? ¿Dónde y cuándo he pretendido yo crear en la
socialdemocracia internacional una tendencia especial, no idéntica a la de Bebel y Kautsky? ¿Dónde y cuándo han salido a
la luz discrepancias, entre Bebel y Kautsky por una parte, y yo por otra,
discrepancias que se aproximen por su seriedad, aunque sea un poco, a las
surgidas entre Bebel y Kautsky en Breslau, por ejemplo, en el problema agrario? 39 Que pruebe el señor Struve a contestar a estas tres preguntas.
Y a los lectores les
decimos: la burguesía liberal, en todas
partes y siempre , pone en juego el procedimiento que consiste en hacer
creer a sus adeptos de un país determinado que los socialdemócratas de dicho
país son la gente más insensata, mientras que sus compañeros del país vecino
son "buenos chicos". La burguesía alemana ha puesto cientos de veces como ejemplo ante los
Bebel y los Kautsky a los socialistas franceses, que son unos "buenos
chicos". No hace mucho, la burguesía francesa puso a los socialistas
franceses como ejemplo al "bueno" de Bebel. ¡Viejo procedimiento,
señor Struve! Sólo niños e ignorantes morderán ese anzuelo. La solidaridad
completa de la socialdemocracia revolucionaria internacional en todas las
grandes cuestiones programáticas y tácticas es un hecho de lo más
incontrovertible.
** Recordamos al lector que el artículo ¿Qué es lo que no hay que hacer? (Iskra, núm. 52) fue acogido a bombo y
platillos por Osvobozhdenie como un
"significativo viraje" hacia concesiones a los oportunistas. Osvobozhdenie aprobó las tendencias de principio de los neoiskristas,
particularmente en una nota sobre la escisión entre los socialdemócratas rusos.
Osvobozhdenie ha indicado respecto al
folleto de Trotski Nuestras tareas
políticas la analogía de las ideas de este autor con lo que escribieron y
expresaron en un tiempo los colaboradores de Rabócheie Dielo40 Krichevski, Martínov y Akímov (véase la
hoja titulada Un liberal servicial
que editó Vperiod). El folleto de
Martínov Dos dictaduras ha sido
aplaudido por Osvobozhdenie (véase el
suelto de Vperiod, núm. 9). En fin,
las quejas tardías de Starovier con motivo de la vieja consigna de la vieja Iskra: "primero deslindar los campos y luego unirse", han
encontrado simpatía especial en Osvobozhdenie.
El señor Struve hace en su
artículo toda una serie de interesantísimas declaraciones que aquí podemos
señalar únicamente de paso. Abriga el propósito de "crear una democracia
rusa, apoyándose en la colaboración de las clases y no en la lucha", con
la particularidad de que los "intelectuales con privilegios sociales"
(como la "nobleza instruida", a la cual el señor Struve hace
reverencias con el auténtico donaire... de un lacayo) aportarán el "peso
de su posición social" (el peso de la talega de oro) a este partido,
"que no será de clase". El señor Struve expresa el deseo de hacer
saber a la juventud que es falso ese "clisé radical de que la burguesía se
ha asustado y ha traicionado al proletariado y la causa de la libertad".
Aplaudimos con toda el alma este deseo. Nada confirmará mejor la veracidad de
ese "clisé" marxista que la guerra declarada por el señor Struve
contra él. ¡Señor Struve, tenga la bondad de no aplazar para las calendas
griegas la ejecución de su excelente plan!
Para tratar nuestro tema,
nos interesa señalar contra qué consignas prácticas
combate en la actualidad un representante de la burguesía rusa tan sutil y tan
sensible a la menor variación del clima político. En primer lugar, contra la
consigna de republicanismo. El señor Struve está firmemente convencido de que
esta consigna "ni la comprenden ni la sienten las masas populares".
(Se olvida de añadir: ¡La burguesía la comprende, pero no le conviene!)
Desearíamos ver qué responderían al señor Struve los obreros en nuestros
círculos y en nuestras reuniones de masas. ¿O es que los obreros no son pueblo?
¿Y los campesinos? Suelen profesar, según el señor Struve, "un
republicanismo ingenuo" ("echar al zar"), pero la burguesía
liberal cree que el republicanismo ingenuo será remplazado ¡por un monarquismo
consciente y no por un republicanismo consciente! Ça dépend, señor Struve, esto depende aún de las circunstancias.
Ni el zarismo ni la burguesía pueden menos de oponerse a una mejora radical de
la situación de los campesinos a costa de la tierra de los terratenientes, y la
clase obrera no puede menos de cooperar en ello con los campesinos.
28
![]()
39 Se alude a las discrepancias durante la
discusión del proyecto de programa agrario en el Congreso del Partido
Socialdemócrata Alemán, celebrado en Breslau entre el 6 y el 12 de octubre de
1895. El proyecto de programa agrario contenía serios errores, particularmente
se manifestó en él la tendencia a convertir el partido proletario en un partido
"de todo el pueblo". Además de los oportunistas, defendían este
proyecto A. Bebel y G. Liebknecht. El proyecto de programa agrario fue sometido
en el congreso a dura crítica por parte de C. Kautsky, C. Zetkin y otros
socialdemócratas. El congreso rechazó por mayoría de votos (158 contra 63) el
proyecto de programa agrario propuesto por la comisión.
40 Los
colaboradores de "Rabócheie Dielo" ("La Causa Obrera"): partidarios del
"economismo" agrupados en torno a esta revista, que se editó en
Ginebra desde abril de 1899 hasta febrero de 1902. La redacción de Rabócheie Dielo era el centro de los
"economistas" en el extranjero. Rabócheie
Dielo apoyaba la consigna bernsteiniana de "libertad de crítica"
del marxismo y ocupaba una posición oportunista en los problemas de táctica y
en las tareas orgánicas deja socialdemocracia rusa.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
En segundo lugar, el señor
Struve afirma que "en la guerra civil, la razón nunca está de parte del
atacante". Esta idea se acerca mucho a las tendencias del neoiskrismo,
expuestas más arriba. No diremos, como es natural, que en la guerra civil siempre sea ventajoso atacar; no, a
veces la táctica defensiva es obligatoria durante
cierto tiempo. Pero exponer una tesis como la del señor Struve y aplicada a
la Rusia de 1905 es, precisamente, mostrar un fragmento del "clisé
radical" ("la burguesía se asusta y traiciona la causa de la
libertad"). Quien no quiera atacar ahora a la autocracia, a la reacción,
quien no se prepare para este ataque, quien no lo propugne no puede llamarse de
veras partidario de la revolución.
El señor Struve condena las
consignas de "clandestinidad" y "motín" (esta
"insurrección en miniatura"). ¡El señor Struve desprecia lo uno y lo
otro desde el punto de vista "del acceso a las masas"! Nosotros
preguntaríamos al señor Struve si puede indicar dónde se predica el motín, por
ejemplo, en una obra como ¿Qué hacer?,
de un revolucionarista tan extremo, a su modo de ver. Y, en cuanto a "la
clandestinidad", ¿es tan grande la diferencia, por ejemplo, entre nosotros
y el señor Struve? ¿No trabajamos ambos en periódicos "ilegales",
introducidos "clandestinamente" en Rusia y que sirven a los grupos
"secretos" de la Unión de Liberación o del POSDR? Nuestras reuniones
obreras de masas son en muchos casos "clandestinas"; se comete este
pecado. ¿Y las asambleas de los señores de Osvobozhdenie?,
señor Struve, ¿de qué puede usted presumir ante los despreciables partidarios
de la despreciable clandestinidad?
Para proveer de armas a los
obreros se necesita, es cierto, la clandestinidad más estricta. Aquí el señor
Struve habla ya con más franqueza. Escuchen: "Por lo que se refiere a la
insurrección armada o a la revolución en el sentido técnico, sólo una propaganda
del programa democrático entre las masas puede crear las condiciones
sicológicas y sociales de la insurrección armada general. Así pues, aun desde
el punto de vista, no compartido por mí, que considera la insurrección armada
el coronamiento indefectible de la
actual lucha por la emancipación, el inculcar a las masas las ideas de la
transformación democrática es la obra más fundamental y más necesaria".
El señor Struve trata de
eludir la cuestión. Habla de la indefectibilidad de la insurrección en vez de
hablar de su necesidad para la victoria de la revolución. Una insurrección no
preparada, espontánea, dispersa ha empezado ya. Nadie podrá garantizar absolutamente
que llegará hasta la insurrección popular armada íntegra y total, pues eso
depende tanto del estado de las fuerzas revolucionarias (que no se puede medir
del todo más que en la propia lucha) como de la conducta del gobierno y de la
burguesía y de una serie de otras circunstancias que no se pueden prever con
exactitud. Huelga hablar de inevitabilidad en el sentido de esa seguridad
absoluta en un acontecimiento concreto en torno de la cual perora el señor
Struve. Si se quiere ser partidario de la revolución hay que hablar de si es necesaria la insurrección para la victoria de la revolución, de si
hace falta o no preconizada activamente, propugnarla, prepararla inmediata y
enérgicamente. El señor Struve tiene que comprender por fuerza esta diferencia:
por ejemplo, no vela la cuestión, indiscutible para un demócrata, de la
necesidad del sufragio universal con la cuestión, discutible y subordinada para
todo dirigente político, de que se consiga inevitablemente este sufragio en el
curso de la presente revolución. Al eludir el problema de la necesidad de la
insurrección, el señor Struve expresa el fondo más oculto de la posición
política de la burguesía liberal. La burguesía, en primer lugar, prefiere
confabularse con la autocracia en vez de aplastarla; en todo caso, la burguesía
deja la lucha armada para los obreros (esto en segundo lugar). He aquí el
sentido real de las evasivas del señor Struve. He aquí por qué retrocede del problema de la necesidad
de la insurrección al de sus condiciones "sicológicas y sociales" y
al de la "propaganda" previa. Exactamente lo mismo que los
charlatanes burgueses del parlamento de Fráncfort se ocupaban en 1848 de redactar
resoluciones, declaraciones, decisiones, de hacer "propaganda para las
masas" y preparar las "condiciones sicológicas y sociales",
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
cuando de lo que se trataba
era de resistir a la fuerza armada del gobierno, cuando el movimiento
"había conducido a la necesidad" de la lucha armada, cuando la sola
acción verbal (cien veces necesaria en el período de preparación) se había convertido
en una vil inacción y cobardía burguesas; el señor Struve elude exactamente
igual el problema de la insurrección, encubriéndose con frases. El señor Struve nos demuestra palmariamente lo que se
empeñan en no ver muchos socialdemócratas, a saber: que los períodos
revolucionarios se diferencian de los ordinarios y cotidianos, de los períodos
históricos de preparación, en que el estado de ánimo, la excitación y el
convencimiento de las masas deben traducirse, y se traducen, en acción.
El revolucionarismo vulgar
no comprende que la palabra es también una obra. Esta es una tesis
incontestable, aplicada a la historia en
general o a épocas de la historia en las que no hay acción política abierta
de las masas, y esta acción no puede ser remplazada ni creada artificialmente
por ningún motín. El seguidismo de los revolucionarios no comprende que cuando
ha comenzado el momento revolucionario, cuando la vieja
"superestructura" se resquebraja por todas sus junturas, cuando la
acción política abierta de las clases y de las masas, que crean para sí una
nueva superestructura, se ha convertido en un hecho, cuando la guerra civil ha
comenzado, limitarse como antes
"a las palabras" sin dar la
consigna directa de pasar a las "obras", eludir la acción,
invocando las "condiciones sicológicas" y la "propaganda"
en general, significa falta de vigor y de vida, verborrea casuística o bien
equivale a traicionar la revolución. Los charlatanes de la burguesía
democrática de Fráncfort son el ejemplo histórico inolvidable de una tal
traición o de una tal estupidez casuística.
29
¿Quieren que les aclaremos
esta diferencia entre el revolucionarismo vulgar y el seguidismo de los
revolucionarios con ejemplos de la historia del movimiento socialdemócrata de
Rusia? Se lo aclararemos. Recuerden los años 1901-1902, que están aún tan cerca
y que parecen ya pertenecer a un pasado muy lejano. Empezaron las
manifestaciones. El revolucionarismo vulgar lanzó el grito de "al
asalto" (Rabócheie Dielo);
fueron publicadas las "octavillas sanguinarias" (de procedencia
berlinesa, si mal no recuerdo); fueron duramente atacados la "afición
desmedida a escribir" y el aspecto puramente teórico de la idea de hacer
propaganda en toda Rusia por medio de un periódico (Nadiezhdin).41 El seguidismo de los revolucionarios se presentó entonces, por
el contrario, con las prédicas de que "la lucha económica es el mejor medio para la agitación
política". ¿Cuál fue la posición de la socialdemocracia revolucionaria? Atacó estas dos
tendencias. Condenó los "motines descabellados" y los gritos de
"al asalto", pues todos veían o debían ver claro que la acción
abierta de las masas era cosa del mañana. Condenó el seguidismo y planteó
explícitamente la consigna incluso de
insurrección armada de todo el pueblo, no en el sentido de un llamamiento
directo (por entonces el señor Struve no encontraría entre nosotros llamamiento
al "motín"), sino en el sentido de una conclusión indispensable, en el sentido de la
"propaganda" (de la que el señor Struve no se había acordado hasta
ahora; nuestro respetable señor Struve se retrasa siempre unos cuantos años),
en el sentido de la preparación justamente de estas mismas "condiciones
sicológicas y sociales" de las que nos hablan hoy, "con melancolía y
a destiempo", los representantes de una burguesía desconcertada y propensa
al trapicheo. Entonces, el estado
objetivo de cosas colocaba realmente en primer plano la propaganda y la
agitación, la agitación y la propaganda. Entonces, como piedra de toque de la
labor preparatoria de la insurrección podía plantearse (y se planteaba en ¿Qué hacer?) la de crear un periódico
político central para toda Rusia, cuya salida semanal nos parecía un ideal.
Entonces, las consignas de agitación de las masas, en lugar de acciones armadas
directas, y preparación de las condiciones sicológicas y sociales de la insurrección,
en lugar de motines descabellados,
eran las únicas justas de la socialdemocracia revolucionaria. ¡Ahora los acontecimientos han
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41 Se refiere a un artículo de Nadiezhdin (seudónimo de E. Zelenski)
publicado en la prensa contra el plan de la Iskra
leninista. Lenin sometió ya a crítica este artículo en 1902 en su libro ¿Qué hacer? Véase el t. 2 de la presente
edición.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
rebasado esas consignas, el
movimiento se ha adelantado, y ya no son más que trastos viejos y andrajos que
no sirven más que para disimular la hipocresía de la tendencia de Osvobozhdenie y el seguidismo
neoiskrista!
¿O quizás me equivoco?
¿Acaso la revolución no ha empezado aún? ¿Acaso no ha llegado aún el momento de
la acción política abierta de las clases? ¿Acaso la guerra civil no ha
comenzado aún y, por tanto, no ha llegado el momento de que la crítica por las
armas sea el heredero necesario y
obligatorio, el sucesor, el ejecutor testamentario, el colofón del arma de la
crítica?
Miren en derredor suyo,
asómense desde su despacho a la calle para contestar a estas preguntas. ¿Acaso
el gobierno mismo no ha comenzado ya la guerra civil, asesinando en masa en
todas partes a ciudadanos pacíficos e inermes? ¿Es que no actúan las centurias
negras armadas como "argumento" del absolutismo? ¿Es que la burguesía
(hasta la burguesía) no ha reconocido la necesidad de una milicia civil? ¿Acaso
el mismo señor Struve, este mismo señor Struve tan idealmente moderado y
puntual, no dice (¡ah!, ¡lo dice sólo para salir del paso!) que "el
carácter abierto de las acciones revolucionarias" (¡miren cómo hablamos
nosotros ahora!) "es hoy una de las condiciones más importantes de la
influencia educativa en las masas populares"?
El que tenga ojos para ver
no puede dudar de cómo los partidarios de la revolución deben plantear en la
actualidad el problema de la insurrección armada. Pues bien, observen los tres
modos de plantear este problema, publicados en los órganos de prensa libre
capaces de influir algo en las masas.
Primer planteamiento:
Resolución del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia*. Se
reconoce y se declara públicamente que el movimiento democrático revolucionario
general ha conducido ya a la necesidad de la insurrección armada. La organización
del proletariado para la insurrección está planteada a la orden del día como
una de las tareas esenciales, primordiales y necesarias del partido. Se ha
encargado tomar las medidas más enérgicas para armar al proletariado y para
asegurarle la posibilidad de la dirección inmediata de la insurrección.
* He aquí su texto completo.
"Teniendo en cuenta:
1) que el proletariado, la
clase más avanzada y única consecuentemente revolucionaria por la posición que
ocupa, está llamado, por lo mismo, a desempeñar el papel dirigente en el
movimiento democrático revolucionario general de Rusia;
2) que en la actualidad este movimiento ha hecho ya necesaria la
insurrección armada;
3) que el proletariado
participará inevitablemente en esta insurrección del modo más enérgico,
determinando con ello la suerte de la revolución en Rusia;
4) que el proletariado puede
desempeñar el papel dirigente en esta revolución sólo si está cohesionado en
una fuerza política independiente y unida, bajo la bandera del Partido Obrero
Socialdemócrata, el cual dirige su lucha no sólo en el terreno ideológico, sino
también práctico;
5) que sólo el cumplimiento
de este papel puede asegurar al proletariado las condiciones más ventajosas
para la lucha por el socialismo contra las clases poseedoras de la Rusia
democrática burguesa, el III Congreso del POSDR reconoce que la tarea de organizar
al proletariado para la lucha directa contra la autocracia por medio de la
insurrección armada es una de las más importantes e inaplazables del partido en
el momento revolucionario actual.
Por eso, el congreso encarga a todas las organizaciones del
partido:
a) aclarar al proletariado por medio de la
propaganda y de la agitación no sólo la trascendencia política, sino el aspecto
práctico y orgánico de la próxima insurrección armada,
b)aclarar en esa propaganda y agitación el papel de las huelgas
políticas de masas, que pueden tener una gran importancia en el comienzo y en
la marcha misma de la insurrección,
c) tomar las medidas más enérgicas para
armar al proletariado, así como para elaborar el plan de la insurrección armada
y de su dirección inmediata, creando para ello, en la medida que sea necesario,
grupos especiales de funcionarios del partido". (Nota de Lenin para la
edición de 1907. N. de la Edit.)
30
Segundo planteamiento: El
artículo programático, publicado en Osvobozhdenie,
del "jefe de los constitucionalistas rusos" (así ha llamado
recientemente al señor Struve un órgano tan influyente de la burguesía europea
como la Gaceta de Fráncfort)42 o del jefe de la burguesía
![]()
42 "Frankfurter Zeitung" ("Gaceta de Fráncfort"): órgano diario de los grandes bolsistas
alemanes que se publicaba en Fráncfort del Meno desde 1856.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
progresista rusa. No
comparte la opinión de que la insurrección sea indefectible. La clandestinidad
y el motín son procedimientos específicos de un revolucionarismo insensato. El
republicanismo, un método de aturdimiento. La insurrección armada es, de hecho,
una cuestión solamente técnica, mientras que "lo fundamental y más
necesario" es la propaganda entre las masas y la preparación de las
condiciones sicológicas y sociales.
Tercer planteamiento: La
resolución de la conferencia neoiskrista. Nuestra tarea es preparar la
insurrección. La posibilidad de una insurrección llevada a cabo con orden está
excluida. Las condiciones favorables para la insurrección las crean la desorganización
gubernamental, nuestra agitación y nuestra organización. Sólo entonces
"pueden adquirir una importancia más o menos seria los preparativos
técnicos de combate".
¿Nada más? Sí, nada más. Los
dirigentes neoiskristas del proletariado no saben aún si la insurrección se ha
hecho indispensable o no. Para ellos no está claro aún si es inaplazable o no
la tarea de organizar al proletariado para la lucha inmediata. No es necesario
llamar a la adopción de las medidas más enérgicas; es mucho más importante (en
1905 y no en 1902) aclarar, en líneas generales, en qué condiciones
"pueden" estas medidas adquirir una importancia "más o menos
sería”...
¿Veis ahora, camaradas
neoiskristas, a dónde os ha llevado vuestro viraje hacia el martinovismo?
¿Comprendéis que vuestra filosofía política ha resultado ser una reedición de
la filosofía de Osvobozhdenie, que os
habéis colocado (contra vuestra voluntad y al margen de vuestra conciencia) a
la zaga de la burguesía monárquica? ¿No está claro ahora para vosotros que al
insistir en las viejas cantilenas y perfeccionaros en la pedantería habéis
perdido de vista la circunstancia de que —empleando las inolvidables palabras
del inolvidable artículo de Piotr Struve— "el carácter abierto de las
acciones revolucionarias es hoy una de las condiciones más importantes de la
influencia educativa en las masas populares"?
9.
¿Qué significa ser el
partido de la oposición extrema durante la revolución?
Volvamos a la resolución
sobre el gobierno provisional. Hemos señalado que la táctica de los
neoiskristas no impulsa la revolución adelante — cuya posibilidad querrían
garantizar con su resolución—, sino atrás. Hemos señalado que es precisamente
esta táctica la que ata las manos a
la socialdemocracia en la lucha contra la burguesía inconsecuente y que no la preserva de la dilución en la
democracia burguesa. Se comprende que de las premisas falsas de la resolución
se deduce una falsa conclusión: "Por eso, la socialdemocracia no se debe
proponer el fin de conquistar o compartir el poder en el gobierno provisional,
sino que debe seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria
extrema". Fíjense en la primera mitad de esta conclusión, que se refiere
al planteamiento de los fines. ¿Plantean los neoiskristas como fin de la
actividad socialdemócrata la victoria decisiva de la revolución sobre el
zarismo? Sí, la plantean. No saben formular acertadamente las condiciones de la
victoria decisiva, desviándose hacia la formulación de Osvobozhdenie, pero plantean el fin indicado. Prosigamos:
¿relacionan el gobierno provisional con la insurrección? Sí, lo relacionan de
un modo directo al decir que el gobierno provisional surgirá "de la
insurrección popular triunfante". Finalmente, ¿se proponen el fin de
dirigir la insurrección? Sí, pero eluden, como el señor Struve, reconocer que
la insurrección es necesaria e impostergable; al mismo tiempo dicen, a
diferencia del señor Struve, que la "socialdemocracia aspira a subordinarla (la insurrección) a su
influencia y dirección y a utilizarla
en beneficio de la clase obrera".
31
¿No es verdad que todo esto resulta muy
coherente? Nos planteamos el fin de
subordinar la insurrección de las masas proletarias y no proletarias a nuestra influencia, a nuestra dirección
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
y utilizarla en provecho
propio. Por consiguiente, nos planteamos el fin de dirigir, durante la
insurrección, tanto al proletariado como a la burguesía revolucionaria y a la
pequeña burguesía ("grupos no proletarios"), es decir, de "repartir" la dirección de la
insurrección entre la socialdemocracia y la burguesía revolucionaria. Nos
planteamos el fin de alcanzar la victoria
de la insurrección, la cual debe conducir a la instauración de un gobierno
provisional ("surgido de la
insurrección popular triunfante"). ¡¡Por
eso... por eso no debemos fijarnos el fin de adueñarnos del poder o
compartirlo en el gobierno provisional revolucionario!!
Nuestros amigos no pueden atar cabos. Vacilan entre el punto de
vista del señor Struve, que elude la insurrección, y el punto de vista de la
socialdemocracia revolucionaria, que incita a cumplir esta tarea impostergable.
Vacilan entre el anarquismo, que condena desde el punto de vista de los
principios, como una traición al proletariado, toda participación en el
gobierno provisional revolucionario, y el marxismo, que exige dicha
participación siempre y cuando la socialdemocracia ejerza una influencia dirigente
en la insurrección*. No tienen ninguna posición independiente: ni la posición
del señor Struve, que desea llegar a un entendimiento con el zarismo y que, por
lo mismo, debe escurrir el bulto y andar con rodeos en el problema de la
insurrección, ni la posición de los anarquistas, que condenan toda acción
"desde arriba" y toda participación en la revolución burguesa. Los
neoiskristas confunden la componenda con el zarismo y la victoria sobre él.
Quieren participar en la revolución burguesa. Han ido algo más allá que las Dos dictaduras de Martínov. Están
incluso de acuerdo en dirigir la insurrección del pueblo con tal de renunciar a
dicha dirección inmediatamente después de la victoria (¿o quizá momentos antes
de la victoria?), esto es, con tal de no
aprovecharse de los frutos de la victoria y cederlos todos, por entero, a
la burguesía. Y llaman a esto "utilizar la insurrección en beneficio de la clase obrera"...
* Véase Proletari, núm.
3, Sobre el gobierno provisional
revolucionario, artículo segundo.
No hay necesidad de que nos
sigamos deteniendo en este embrollo. Será más útil examinar el origen de dicho embrollo en la
fórmula del mismo, que reza así: "Seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria
extrema".
Esta es una de las conocidas
tesis de la socialdemocracia revolucionaria internacional. Esta tesis es
acertada por completo. Se ha convertido en un lugar común para todos los
adversarios del revisionismo o del oportunismo en los países parlamentarios. Ha
adquirido carta de naturaleza como respuesta legítima e imprescindible al
"cretinismo parlamentario", al millerandismo, al bernsteinianismo,43 al reformismo italiano a lo Turati. Nuestros buenos
neoiskristas se han aprendido al dedillo esta buena tesis y la aplican
celosamente... muy a deshora. Las
categorías de la lucha parlamentaria se incluyen en resoluciones escritas para condiciones en las que no existe
parlamento alguno. El concepto de "oposición", reflejo y expresión de
una situación política en la que nadie habla seriamente de insurrección, se traslada de manera absurda a una situación en la
que la insurrección ha empezado y en
la que piensan en la dirección de la misma y hablan de ella todos los
partidarios de la revolución. El deseo de "seguir" en la misma posición de antes, es decir, obrando sólo
"desde abajo", se expresa de un modo pomposo y rimbombante precisamente cuando la revolución ha
planteado el problema de la necesidad, en caso de victoria de la insurrección,
de obrar desde arriba.
![]()
43 Véanse las notas 12 y 38.
Bernsteinianismo:
corriente oportunista en la socialdemocracia alemana e internacional que surgió
a fines del siglo XIX en Alemania y debe su nombre al socialdemócrata alemán
Eduardo Bernstein.
De 1896 a 1898 Bernstein
publicó en la revista Die Neue Zeit
("Tiempos Nuevos"), órgano teórico de la socialdemocracia alemana,
una serie de artículos con el título general de Problemas del socialismo.
Encubriéndose con la bandera de la "libertad de crítica", intentó
revisar en ellos las bases filosóficas, económicas y políticas del marxismo
revolucionario y sustituirlas con teorías burguesas que propugnaban la
conciliación de las contradicciones de clase y la colaboración de las clases.
Las ideas de Bernstein fueron apoyadas por el ala derecha de la socialdemocracia
alemana y por los oportunistas de la II Internacional.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
¡No, nuestros neoiskristas
no tienen la menor suerte! Ni aun cuando formulan una tesis socialdemócrata
acertada saben aplicarla con acierto. No han pensado en cómo se transforman y
convierten en su antítesis las nociones y los términos de la lucha parlamentaria
en la época en que se ha iniciado la revolución, cuando no hay parlamento,
cuando se está en guerra civil, cuando se oye el fragor de la insurrección. No
han pensado que, en las circunstancias de que se trata, las enmiendas se
proponen por medio de manifestaciones en las calles, las interpelaciones se
hacen mediante acciones ofensivas de los ciudadanos armados, y la oposición al
gobierno se efectúa derrocándolo por la violencia.
Del mismo modo que el famoso
héroe de nuestra épica popular repetía los buenos consejos precisamente cuando
eran inoportunos, también nuestros admiradores de Martínov repiten las
lecciones del parlamentarismo pacífico precisamente cuando ellos mismos consignan
el comienzo de las operaciones militares directas. ¡No hay nada tan curioso
como esta manera de formular con empaque la consigna de "oposición
extrema" en una resolución que empieza aludiendo a "la victoria
decisiva de la revolución", a la "insurrección popular".
¡Reflexionen bien, señores!
32
¿Qué
significa desempeñar el papel de "oposición extrema" en la época de
la insurrección'? ¿Significa denunciar al gobierno o derribarlo? ¿Significa
votar contra el gobierno o infligir una derrota a sus fuerzas armadas en un
combate al descubierto? ¿Significa negarse a llenar la caja del gobierno o
apoderarse por vía revolucionaria de dicha caja para destinada a satisfacer las
necesidades de la insurrección, al armamento de los obreros y campesinos, a la
convocatoria de la Asamblea Constituyente? Señores ¿no empiezan ustedes a
comprender que el concepto de "oposición extrema" no expresa más que
acciones negativas: denunciar, votar en contra, denegar? ¿Por qué? Porque esta
noción se refiere sólo a la lucha parlamentaria y esto en una época en la que
nadie se plantea como fin inmediato de la lucha la "victoria
decisiva". ¿No empezarán ustedes a comprender que la cosa cambia
radicalmente en este sentido cuando el pueblo oprimido en el aspecto político
inicia un asalto denodado en todo el frente para luchar con todas sus energías
por la victoria?
Los obreros nos preguntan:
¿hay que emprender con energía la causa inaplazable de la insurrección? ¿Qué
hacer para que triunfe la insurrección iniciada? ¿Cómo aprovechar la victoria?
¿Qué programa se podrá y deberá realizar entonces? Los neoiskristas ahondadores
del marxismo responden: hay que seguir siendo el partido de la oposición
revolucionaria extrema... Bien, ¿teníamos razón al llamar paladines del
filisteísmo a esos caballeros?
10. Las "comunas revolucionarias" y la
dictadura democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos
La conferencia de los
neoiskristas no se ha sostenido en la posición anarquista a la que había
llegado la nueva Iskra (sólo
"desde abajo" y no "desde abajo y desde arriba"). Lo
absurdo de admitir la insurrección y no admitir la victoria y la participación
en el gobierno provisional revolucionario saltaba demasiado a la vista. Por
eso, la resolución hace salvedades y restricciones a la solución del problema
ofrecida por Martínov y Mártov. Analicemos estas salvedades, expuestas en la
siguiente parte de la resolución:
"Esta táctica
("seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria extrema"),
naturalmente, no excluye en lo más mínimo la conveniencia de la toma parcial,
episódica, del poder y de la formación de comunas revolucionarias en tal o cual
ciudad, en tal o cual región, con el interés exclusivo de contribuir a extender
la insurrección y a desorganizar el gobierno".
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Si es así, quiere decir que
se acepta en principio la acción no sólo desde abajo, sino también desde
arriba. Quiere decir que la tesis sostenida en el conocido artículo satírico de
L. Mártov en Iskra (núm. 93) se
rechaza, teniéndose por justa la táctica del periódico Vperiod: no sólo "desde abajo", sino también "desde
arriba".
Además, la toma del poder
(aunque sea parcial, episódica, etc.) presupone, evidentemente, la
participación no sólo de la socialdemocracia y no sólo del proletariado. Eso se
debe a que no es sólo el proletariado quien está interesado en la revolución
democrática y participa activamente en ella. Se debe a que la insurrección es
"popular", como se dice al comienzo de la resolución examinada, a que
en ella participan asimismo "grupos no proletarios" (expresión de la
resolución de los conferencistas sobre la insurrección), es decir, la burguesía
también. De esta manera, la conferencia
arrojó por la borda, como procuraba Vperiod,
el principio según el cual toda participación de los socialistas con la pequeña
burguesía en el gobierno provisional revolucionario es una traición a la clase
obrera. La "traición" no deja de ser traición por el hecho de que la
acción que la determina sea parcial, episódica, comarcal, etc. Por lo tanto, la conferencia ha arrojado por la borda,
como procuraba Vperiod, esa
equiparación de la participación en el gobierno provisional revolucionario con
el jauresismo vulgar.44 No porque su autoridad se extienda a
una sola ciudad, y no a muchas, a una sola comarca, y no a muchas, como tampoco
por el nombre que lleve, deja de ser gobierno el gobierno. Así pues, la conferencia ha desechado ese
planteamiento, conforme con los principios, que la nueva Iskra intentó hacer de la cuestión.
Veamos ahora si son
razonables los peros que la conferencia impone a la formación, aceptada ahora
en principio, de gobiernos revolucionarios y a la participación en ellos. No
sabemos en qué se diferencia el concepto de "episódico" del concepto "provisional".
Tememos que, en este caso, una palabra extranjera y "nueva" no sirva
aquí más que para ocultar la ausencia de una idea clara. Esto parece "más
profundo"; pero, en realidad, es sólo más oscuro y confuso. ¿En qué se
diferencia la "conveniencia" de la "toma del poder" de una
manera parcial en una ciudad o comarca, de la participación en el gobierno
provisional revolucionario de todo un Estado? ¿Acaso entre las
"ciudades" no figura San Petersburgo, donde ocurrió lo del 9 de
enero? ¿Acaso entre las comarcas no figura el Cáucaso, mayor que muchos
Estados? ¿Acaso las tareas (que desconcertaban en un tiempo a la nueva Iskra ) en todo lo referente a las
cárceles, a la policía, al Tesoro, etc., no se nos plantean también con la
"toma del poder" incluso en una ciudad, sin hablar ya de una comarca?
33
Nadie negará, naturalmente,
que si las fuerzas son insuficientes, si el éxito de la insurrección no es
completo, si la victoria no es decisiva, son posibles gobiernos provisionales
revolucionarios parciales, de ciudades y otros. Pero ¿a qué viene esto? ¿¿No
sois vosotros mismos los que habláis, al comienzo de la resolución, de "la
victoria decisiva de la revolución", de la "insurrección
triunfante"?? ¿Desde cuándo los socialdemócratas asumen la obra de los
anarquistas: dispersar la atención y los fines del proletariado, orientar a
éste hacia lo "parcial" y no hacia lo universal, lo único, lo íntegro
y completo? Al presuponer la "toma del poder" en una ciudad, vosotros
mismos habláis de "extender la insurrección" ¿a otra ciudad? —nos
atreveremos a pensarlo— , ¿a todas las ciudades? — cabe esperarlo—. Vuestras
conclusiones son tan vacilantes y casuales, contradictorias y confusas como
vuestras premisas. El III Congreso del POSDR ha dado una respuesta exhaustiva y
clara a la cuestión del gobierno provisional revolucionario en general. Esta
respuesta se extiende asimismo a todos los gobiernos provisionales parciales.
En cambio, la respuesta de la
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44
Jauresismo: corriente derechista y reformista del
2movimiento socialista francés encabezada por J. Jaurès. So pretexto de la
reivindicación de "libertad de crítica", los jauresistas revisaban
los postulados fundamentales del marxismo y propugnaban la colaboración del
proletariado con la burguesía. En 1902 fundaron el Partido Socialista Francés,
que ocupaba una posición reformista.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
conferencia, separando de un
modo artificial y arbitrario una parte
de la cuestión, no hace sino rehuir
(pero sin éxito) la cuestión en su conjunto y sembrar la confusión.
¿Qué significa eso de
"comunas revolucionarias"? ¿Se distingue este concepto del de
"gobierno provisional revolucionario"? y en caso afirmativo ¿en qué?
Los mismos señores conferencistas lo ignoran. La confusión en las ideas
revolucionarias los conduce, como sucede habitualmente, a la palabrería revolucionaria . Sí, el empleo del término
"comuna revolucionaria" en la resolución de los representantes de la
socialdemocracia es una simple frase revolucionaria, y nada más. Marx condenó
en reiteradas ocasiones semejante frase, en la que, tras un término
"sugestivo" de un pasado caduco,
se velan las tareas del porvenir. El carácter sugestivo de un término que ha
desempeñado un papel en la historia se convierte en casos semejantes en un
oropel inútil y nocivo, en una sonaja. Nosotros necesitamos dar a los obreros y
a todo el pueblo una noción clara e inequívoca de por qué queremos un gobierno provisional revolucionario, de cuáles son precisamente las
transformaciones que realizaremos mañana mismo si ejercemos una influencia
decisiva sobre el poder, en caso de que el desenlace de la insurrección popular
ya iniciada sea victorioso. Estas son las cuestiones planteadas ante los
dirigentes políticos.
El III Congreso del POSDR
les da respuesta con la mayor claridad, presentando un programa completo de
esas transformaciones: el programa mínimo de nuestro partido. Entretanto, la
palabra "comuna" no responde a nada y no hace más que llenar la cabeza
de ecos lejanos...
o frases vacías. Cuanto más
entrañable es para nosotros, por ejemplo, la Comuna de París de 1871, tanto
menos podemos tolerarnos salir del paso con alusiones a la misma sin examinar
sus errores y sus condiciones peculiares. Hacer eso significaría reproducir el
absurdo ejemplo de los blanquistas, ridiculizados por Engels, los cuales se
prosternaban (en 1874, en su "Manifiesto") ante todo acto de la
Comuna.45 ¿Qué dirá el conferencista al obrero
cuando le interrogue sobre esta "comuna revolucionaria" de que se
habla en la resolución? Le podrá decir únicamente que en la historia se conoce
por dicho nombre un gobierno obrero que ni sabía ni podía distinguir entonces
los elementos de la revolución democrática y de la revolución socialista, que
confundía las tareas de la lucha por la república con las de la lucha por el
socialismo, que no supo cumplir la tarea de una ofensiva militar enérgica
contra Versalles, que cometió el error de no apoderarse del Banco de Francia,
etc. En pocas palabras, tanto si os referís en vuestra respuesta a la Comuna de
París como a cualquier otra comuna, dicha respuesta será: La Comuna fue un
gobierno como no debe ser el nuestro.
¡Buena respuesta, ni que decir tiene! El guardar silencio sobre el programa
práctico del partido y empezar inoportunamente a dar una lección de historia en
la resolución ¿no es testimonio de la vanilocuencia con que el exegeta expone
sus razones y de la debilidad de un revolucionario? ¿No es esto indicio de que
se incurre precisamente en el error que en vano querían imputarnos, en
confundir la revolución democrática con la socialista, entre las cuales ninguna
"comuna" ha hecho distinción?
Se presenta como fin
"exclusivo" del gobierno provisional (tan inoportunamente calificado
de comuna) la extensión de la insurrección y la desorganización del gobierno.
Este fin "exclusivo" elimina, en el sentido literal de la palabra,
cualquier otra tarea, siendo una reincidencia en la absurda teoría de
"sólo desde abajo". Una eliminación semejante de otras tareas es, una
vez más, prueba de miopía e irreflexión. La "comuna revolucionaria",
esto es,
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45 Lenin se refiere al programa publicado
en 1874 por el grupo londinense de blanquistas que fueron miembros de la Comuna
de París. Los blanquistas eran
partidarios de una corriente del movimiento socialista francés encabezada por
Luis Augusto Blanqui, eminente revolucionario y destacado representante del
comunismo utópico francés. Los blanquistas, decía Lenin, esperaban que "la
humanidad se libraría de la esclavitud asalariada por medio de un complot de
una pequeña minoría de intelectuales, y no por medio de la lucha de clase del
proletariado". Al sustituir la labor del partido revolucionario con las
acciones de un puñado de confabulados, no tenían en cuenta la situación
concreta necesaria para el triunfo de la insurrección y menospreciaban los
vínculos con las masas.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
el poder revolucionario,
aunque sólo sea en una ciudad, deberá ejercer inevitablemente (si bien con
carácter "temporal, parcial, episódico") todas las funciones del Estado, y, en este caso, es el colmo de la
necedad esconder la cabeza bajo el ala. Dicho poder deberá legalizar la jornada
de ocho horas, instituir la inspección obrera de las fábricas, organizar la
enseñanza general gratuita, implantar la elegibilidad de los jueces y
constituir comités campesinos, etc.; en suma, deberá llevar a cabo, sin falta,
una serie de reformas. Incluir dichas reformas en el concepto de
"contribuir a extender la insurrección" significaría jugar con las
palabras y aumentar deliberadamente la confusión allí donde hace falta una
claridad meridiana.
34
- - -
La parte final de la
resolución neoiskrista no proporciona nuevos datos para la crítica de las
tendencias de principio del "economismo" resucitado en nuestro
partido, pero ilustra en otro aspecto un poco diferente lo dicho más arriba.
He aquí esa parte:
"Sólo en un caso
debería la socialdemocracia encaminar por su iniciativa sus esfuerzos en el
sentido de adueñarse del poder y retenerlo en sus manos el mayor tiempo
posible; a saber: en el caso de que la revolución se extendiera a los países
avanzados de Europa Occidental, en los cuales han alcanzado ya cierta (?)
madurez las condiciones para plasmar el socialismo. En este caso, los limitados
marcos históricos de la revolución rusa se podrían ensanchar considerablemente
y se daría la posibilidad de entrar en la senda de las transformaciones
socialistas.
Basando su táctica en el
propósito de conservar para el partido socialdemócrata, en el transcurso de
todo el período revolucionario, la situación de oposición revolucionaria
extrema con respecto a todos los gobiernos que se sucedan en el poder durante
la revolución, la socialdemocracia podrá prepararse también del modo mejor para
utilizar el poder gubernamental, si éste va a parar (??) a sus manos".
Aquí, la idea fundamental es
la misma que ha formulado reiteradamente Vperiod,
al decir que no debemos temer (como la teme Martínov) la victoria completa de
la socialdemocracia en la revolución democrática, esto es, la dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos, pues una victoria
tal nos permitirá levantar a Europa; y el proletariado socialista europeo,
sacudiéndose el yugo de la burguesía, nos ayudará, a su vez, a hacer la
revolución socialista. Pero miren hasta qué punto aparece empeorada esta idea
en la exposición de los neoiskristas. No nos detendremos en pormenores como el
absurdo de que el poder puede "ir a parar" a las manos de un partido
consciente que considere nociva la táctica de la toma del poder; que en Europa
las condiciones para el socialismo no han alcanzado cierta madurez, sino
madurez en general; que el programa de nuestro partido no trata de
transformaciones socialistas algunas, sino solamente de la revolución
socialista. Tomemos lo principal y fundamental que distingue las ideas de Vperiod de las de la resolución. Vperiod indicaba al proletariado
revolucionario de Rusia una misión activa: triunfar en la lucha por la
democracia y aprovechar esta victoria para propagar la revolución a Europa. La
resolución no comprende esta conexión existente entre nuestra "victoria decisiva"
(no en el sentido neoiskrista) y la revolución en Europa, y, por lo mismo, no
habla de los fines del proletariado ni de las perspectivas de su victoria, sino
de una de las posibilidades en general: "Si la revolución se
extendiera"... Vperiod indicaba
de un modo directo y concreto —y estas indicaciones entraron en la resolución
del III Congreso del POSDR— cómo precisamente se puede y debe "utilizar el
poder gubernamental" en beneficio del proletariado, teniendo en cuenta lo
que se puede realizar inmediatamente, en el grado actual de desarrollo de la
sociedad, y lo que es necesario realizar primero como premisa democrática de la
lucha por el socialismo. También en este sentido la resolución va sin remedio a
la zaga al decir "podrá prepararse para utilizar", sin saber decir cómo podrá
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
prepararse, cómo habrá de prepararse y en qué sentido utilizará el poder. No
dudamos, por ejemplo, de que los neoiskristas "puedan prepararse para
utilizar" la situación dirigente en el partido; pero lo que hay es que,
hasta ahora, su experiencia de dicha utilización y su preparación no alientan ninguna
esperanza respecto a la transformación de la posibilidad en realidad...
Vperiod
decía con exactitud en qué consiste precisamente la "posibilidad real de
mantener el poder en nuestras manos": en la dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y los campesinos, en su masiva fuerza
mancomunada, capaz de superar todas las fuerzas de la contrarrevolución, y en
su coincidencia inexorable de intereses en relación con las transformaciones democráticas. La resolución de la
conferencia tampoco da nada positivo en este sentido, limitándose sólo a eludir
el problema. La posibilidad de mantenerse en el poder en Rusia depende de la
composición de las fuerzas sociales de Rusia misma y de las condiciones de la
revolución democrática que se está desplegando actualmente en nuestro país. La
victoria del proletariado en Europa (y de la propagación de la revolución a
Europa a la victoria del proletariado hay aún cierto trecho) provocará una
lucha contrarrevolucionaria desesperada de la burguesía rusa; y la resolución
de los neoiskristas no dice una palabra de esta fuerza contrarrevolucionaria
cuya importancia se evalúa en la resolución del III Congreso del POSDR. Si en
la lucha por la república y la democracia no pudiéramos apoyarnos en los
campesinos, además del proletariado, "mantener el poder" sería una
causa perdida. Si no es una causa perdida, si "la victoria decisiva de la
revolución sobre el zarismo" abre tal posibilidad, debemos indicarla,
exhortar activamente a transformarla en realidad, dar consignas prácticas no
sólo para el caso de que la revolución se propague a Europa, sino también para que dicha propagación se efectúe.
¡Los seguidistas de la socialdemocracia, al referirse a los "limitados
marcos históricos de la revolución rusa", no hacen más que encubrir la
concepción limitada que tienen de las tareas de esta revolución democrática y
del papel avanzado del proletariado en esta revolución!
35
Una de las objeciones contra
la consigna de "dictadura democrática revolucionaria del proletariado y
los campesinos" consiste en que la dictadura presupone "unidad de
voluntad" (Iskra, núm. 95), y la
unidad de voluntad entre el proletariado y la pequeña burguesía es imposible.
Esta objeción no vale porque se funda en la interpretación abstracta,
"metafísica", del concepto "unidad de voluntad". La
voluntad puede ser unánime en un sentido y no serio en otro. La ausencia de
unidad en los problemas del socialismo y en la lucha por el socialismo no
excluye la unidad de voluntad en las cuestiones de la democracia y en la lucha
por la república. Olvidar esto significaría olvidar la diferencia lógica e
histórica que existe entre la revolución democrática y la revolución
socialista. Olvidar esto significaría olvidar el carácter popular de la revolución democrática: si es "popular",
esto significa que hay "unidad
de voluntad" precisamente en
tanto en cuanto esa revolución satisface las necesidades y las exigencias del pueblo
en general. Más allá de los límites de la democracia no se puede hablar
siquiera de unidad de voluntad entre el proletariado y la burguesía campesina.
La lucha de clases entre ellos es inevitable; pero, en la república
democrática, esta lucha será la lucha popular más profunda y amplia por el socialismo. La dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos tiene, como todo
en el mundo, su pasado y su porvenir. Su pasado es la autocracia, el régimen
feudal, la monarquía, los privilegios. En la lucha contra este pasado, en la
lucha frente a la contrarrevolución, es posible la "unidad de
voluntad" del proletariado y los campesinos, pues hay unidad de intereses.
Su porvenir es la lucha
contra la propiedad privada, la lucha del obrero asalariado contra el patrono,
la lucha por el socialismo. Aquí la unidad de voluntad es imposible*. Aquí no
nos hallamos en presencia del camino que va de la autocracia a la república,
sino del camino que conduce de la república democrática pequeñoburguesa al
socialismo.
* El desarrollo del capitalismo, todavía
más vasto y rápido bajo la libertad, pondrá inevitablemente rápido fin a la
unidad de voluntad, tanto más rápido cuanto antes sean aplastadas la
contrarrevolución y la reacción.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Naturalmente, en una
situación histórica concreta se entrelazan los elementos del pasado y del
porvenir, se confunden uno y otro camino. El trabajo asalariado y su lucha
contra la propiedad privada existen también bajo la autocracia, nacen incluso
en el régimen feudal. Pero esto no nos impide en lo más mínimo distinguir
lógica e históricamente las grandes fases del desarrollo. Todos nosotros
contraponemos la revolución burguesa a la socialista, todos nosotros insistimos
absolutamente en la necesidad de hacer una distinción rigurosa entre las
mismas, pero ¿acaso puede negarse que en la historia se entrelazan elementos
sueltos, particulares de una y otra
revolución? ¿Acaso la época de las revoluciones democráticas no registra en Europa una serie de
movimientos socialistas y de tentativas socialistas? ¿Y acaso la futura
revolución socialista en Europa no tendrá todavía mucho que hacer para dar fin
a lo que ha quedado incompleto en el terreno de la democracia?
El socialdemócrata no debe
olvidar nunca, ni por un instante, la indefectibilidad de la lucha de clase del
proletariado por el socialismo contra la burguesía y la pequeña burguesía más
democráticas y republicanas. Esto es indudable. De eso se desprende la
necesidad absoluta de que la socialdemocracia tenga un partido propio
independiente y rigurosamente clasista. De aquí se desprende el carácter
temporal de nuestra consigna de "batirnos juntos", al lado de la
burguesía, y el deber de vigilar rigurosamente "al aliado, como si se
tratara de un enemigo", etc. Tampoco ofrece nada de esto la menor duda.
Pero sería ridículo y reaccionario olvidar, hacer caso omiso o menospreciar, a
causa de ello, las tareas esenciales del momento, aunque sean transitorias y
temporales. La lucha contra la autocracia es una tarea temporal y transitoria
de los socialistas, pero todo olvido o menosprecio de esa tarea equivale a
traicionar al socialismo y a prestar un servicio a la reacción. La dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos es,
indiscutiblemente, sólo una tarea transitoria y temporal de los socialistas,
pero desentenderse de esta tarea en la época de la revolución democrática es
algo francamente reaccionario.
Las tareas políticas
concretas deben plantearse en una situación concreta. Todo es relativo, todo
transcurre, todo cambia. La socialdemocracia alemana no incluye en el programa
la reivindicación de la república. En dicho país, la situación es tal que esta
cuestión difícilmente puede separarse en la práctica de la cuestión del
socialismo (¡si bien Engels, en las observaciones al proyecto de programa de
Erfurt, hechas en 1891, ponía asimismo en guardia, respecto a Alemania, contra
la tendencia a menospreciar la importancia de la república y de la lucha por la
misma!)46. La socialdemocracia de Rusia ni
siquiera se ha planteado suprimir la reivindicación de la república del
programa y de la agitación, pues en nuestro país no se puede hablar siquiera de
que exista un lazo indisoluble entre el problema de la república y el del
socialismo. Un socialdemócrata alemán de 1898 que no colocara en primer plano
la cuestión especial de la república era un fenómeno natural que no causaba ni
sorpresa ni censura. Un socialdemócrata alemán que en 1848 no planteara la
cuestión de la república, habría sido sencillamente un traidor a la revolución.
No hay verdad abstracta. La verdad es siempre concreta.
36
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46 El
programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata Alemán fue aprobado en el Congreso de Erfurt
en octubre de 1891. Se basaba en la doctrina marxista sobre la inevitabilidad
del hundimiento del modo de producción capitalista y de la sustitución de éste
por el modo de producción socialista; se recalcaba en él la necesidad de que la
clase obrera desplegara la lucha política e indicaba el papel del partido como
dirigente de esta lucha, etc.; pero en él se hacían también serias concesiones
al oportunismo. F. Engels sometió el proyecto del programa de Erfurt a extensa
crítica (véase Contribución a la crítica
del programa socialdemócrata de Erfurt de 1891) lo que, de hecho constituyó
una crítica del oportunismo de toda la II Internacional, para cuyos partidos el
programa de Erfurt era algo así como un modelo. Sin embargo, los dirigentes de
la socialdemocracia alemana ocultaron a las masas del partido la crítica de
Engels, y sus observaciones más importantes no fueron tomadas en consideración
al redactarse el texto definitivo del programa. Lenin consideraba que el
defecto principal del programa de Erfurt, concesión cobarde hecha al
oportunismo, consistió en que silenciaba la dictadura del proletariado.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Llegará un tiempo —cuando
haya terminado la lucha contra la autocracia rusa, cuando haya pasado para
Rusia la época de la revolución democrática— en que será ridículo incluso
hablar de "unidad de voluntad" del proletariado y de los campesinos, de
dictadura democrática, etc. Entonces pensaremos de lleno en la dictadura
socialista del proletariado y hablaremos de ella con más detenimiento. Pero en
la actualidad, el partido de la clase de vanguardia no puede menos de
esforzarse por conseguir con la mayor energía la victoria decisiva de la
revolución democrática sobre el zarismo. Y la victoria decisiva no es otra cosa
que la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los
campesinos.
Observación
1.
Recordamos
al lector que en la polémica de Iskra
con Vperiod, la primera aludía, entre
otras cosas, a la carta de Engels a Turati en que Engels prevenía al jefe
(futuro) de los reformistas italianos para que no confundiese la revolución
democrática con la revolución socialista. La revolución que se avecina en Italia
—escribía Engels a propósito de la situación política de Italia en 1894— será
pequeñoburguesa, democrática y no socialista.47 Iskra reprochaba a Vperiod el haberse apartado del
principio establecido por Engels. Este reproche es injusto, pues Vperiod (núm. 14) reconocía plenamente,
y en general, la certeza de la teoría de Marx sobre la diferencia de las tres
fuerzas principales de las revoluciones del siglo XIX*.
* Véase V. I. Lenin. La
socialdemocracia y el gobierno provisional revolucionario. (N. de la Edit.)
Según esta teoría, contra el
viejo régimen, contra la autocracia, el feudalismo y la servidumbre luchan: 1)
la gran burguesía liberal; 2) la pequeña burguesía radical; 3) el proletariado.
La primera no lucha más que por una monarquía constitucional; la segunda, por
una república democrática; y el tercero, por una revolución socialista. El
socialista que confunda la lucha pequeñoburguesa por la revolución democrática
completa con la lucha proletaria por la revolución socialista se ve amenazado
de sufrir una bancarrota política. Esta advertencia de Marx es completamente
justa. Pero por esta precisa razón es errónea la consigna de "comunas
revolucionarias", pues las comunas que se conocen en la historia
confundían la revolución democrática y la revolución socialista. Por el
contrario, nuestra consigna de dictadura democrática revolucionaria del
proletariado y los campesinos nos preserva por completo de ese error. Nuestra
consigna reconoce incondicionalmente el carácter burgués de la revolución, que
no es capaz de rebasar de un modo
inmediato el marco de una revolución solamente democrática; al propio
tiempo, nuestra consigna impulsa adelante
esta revolución concreta, trata de darle las formas más convenientes para el proletariado, trata, por lo tanto, de
aprovechar al máximo la revolución democrática para que tenga el mayor éxito la
lucha que seguirá desplegando el proletariado por el socialismo.
11.
Breve comparación de
algunas resoluciones del III congreso del POSDR y de la "conferencia"
La cuestión del gobierno
provisional revolucionario es el punto central de los problemas tácticos de la
socialdemocracia en el momento actual. No hay ni posibilidad ni necesidad de
detenerse tanto en el resto de las resoluciones de la conferencia. Nos limitaremos
a indicar en breve algunos puntos que confirman la diferencia de principios,
analizada por nosotros más arriba, en cuanto a la orientación táctica, entre
las resoluciones del III Congreso del POSDR y las resoluciones de la
conferencia.
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47 Véase la carta de F. Engels a F. Turati del 26 de enero de 1894.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Tomen el problema de la
actitud ante la táctica del gobierno en vísperas de la revolución. Volverán a
encontrar una respuesta completa a él en la resolución del III Congreso del
POSDR. Esta resolución tiene en cuenta las diversas condiciones y tareas del
momento peculiar: el desenmascaramiento de la hipocresía de las concesiones del
gobierno, la utilización de las "formas caricaturescas de la
representación popular", la satisfacción revolucionaria de las
reivindicaciones imperiosas de la clase obrera (en primer lugar, la jornada de
ocho horas) y, en fin, la resistencia a las centurias negras. En las
resoluciones de la conferencia, la cuestión está desperdigada en diversas
secciones: la "resistencia a las fuerzas negras de la reacción" se
menciona sólo en la exposición de motivos de la resolución acerca de la actitud
ante los demás partidos. La participación en las elecciones a las instituciones
representativas es examinada aparte de los "compromisos" del zarismo
con la burguesía. En vez de exhortar a la implantación por vía revolucionaria
de la jornada de ocho horas, una resolución especial titulada pomposamente
"sobre la lucha económica" no hace más que repetir (después de
palabras sonoras y muy poco inteligentes acerca del "lugar central que
ocupa la cuestión obrera en la vida social rusa") la vieja consigna de
hacer agitación por el "establecimiento legislativo de la jornada de ocho
horas". La insuficiencia y el retraso de esta consigna en el momento
presente son demasiado claros para que sea preciso detenerse a demostrarlo.
37
El problema de la acción
política manifiesta. El III Congreso tiene en cuenta un próximo cambio radical de nuestra actividad. En modo
alguno se debe abandonar la actividad clandestina y el desarrollo del aparato
clandestino: esto sería hacer el juego a la policía y vendría como anillo al
dedo al gobierno. Pero ahora tampoco puede menos de pensarse ya en la acción
manifiesta. Hace falta preparar en seguida las formas convenientes de esta
acción y, por consiguiente, organismos especiales — menos conspirativos— para
este fin. Hace falta aprovechar las asociaciones legales y semilegales, para
convertirlas, en la medida de lo posible, en puntos de apoyo del futuro Partido
Obrero Socialdemócrata legal de Rusia.
También en esto, la
conferencia fragmenta la cuestión sin dar ninguna consigna enjundiosa. Resalta
sobre todo el ridículo encargo, dado a la Comisión de Organización, de
preocuparse de "colocar" a los literatos legales. Es completamente
absurda la decisión de "someter a nuestra influencia los periódicos
democráticos que se proponen contribuir al movimiento obrero". Se lo
proponen todos nuestros periódicos liberales legales, que siguen casi
totalmente la orientación de Osvobozhdenie.
¿Por qué no comienza la redacción misma de Iskra
por seguir su consejo y no nos da el ejemplo de cómo hay que someter a Osvobozhdenie a la influencia
socialdemócrata? En vez de la consigna de aprovechar las asociaciones legales
para crear puntos de apoyo del partido, se nos da, en primer lugar, un consejo
particular sobre organizaciones únicamente "sindicales"
(participación obligatoria de los miembros del partido en ellas) y, en segundo
lugar, el consejo de dirigir "las organizaciones revolucionarias de los
obreros", es decir, "las organizaciones no reglamentadas", o
sea, "los clubs revolucionarios de los obreros". Alá sabrá cómo estos
"clubs" han venido a parar entre las organizaciones no reglamentadas
ni qué clase de "clubs" son éstos. En vez de directrices exactas y
claras del organismo supremo del partido, vemos unos retazos de pensamientos y
un borrador de notas de literato. No hay manera de tener un cuadro íntegro de
cómo ha de pasar el partido a una base completamente distinta en todo su
trabajo.
El congreso del partido y la
conferencia divergen por completo en el planteamiento de la "cuestión
campesina". El congreso ha redactado una resolución sobre "la actitud
ante el movimiento campesino". La conferencia ha aprobado otra sobre
"el trabajo entre los campesinos". En el primer caso se colocan en
primer plano las tareas de dirigir, en provecho de la lucha de todo el país
contra el zarismo, el amplio movimiento democrático revolucionario. En el
segundo, la cosa se reduce al "trabajo" entre una capa social
determinada. En el primer caso se plantea, como consigna central práctica de la
agitación, la creación inmediata de comités campesinos revolucionarios para
realizar todas las
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
transformaciones
democráticas. En el segundo, la "reivindicación de organizar los
comités" debe ser presentada a la Asamblea Constituyente. ¿Por qué debemos
esperar necesariamente a esta Asamblea Constituyente? ¿Será constituyente en
efecto? ¿Será sólida sin la constitución previa y simultánea de los comités
campesinos revolucionarios? Todas estas cuestiones han sido soslayadas por la
conferencia. En todas sus resoluciones se refleja, efectivamente, la idea
general observada por nosotros de que en la revolución burguesa debemos
limitarnos a nuestro trabajo especial únicamente sin plantearnos el objetivo de
dirigir todo el movimiento democrático y de realizarlo nosotros mismos. Igual
que los "economistas" insistían permanentemente en que la lucha económica
era para los socialdemócratas, y la lucha política para los liberales, así
insisten también los neoiskristas, en todos sus razonamientos, en que nosotros
deberíamos ocupar un modesto rincón al margen de la revolución burguesa y que
la burguesía es la que debería llevarla a cabo activamente.
Por último, no se puede menos de señalar la resolución sobre la
actitud ante los demás partidos. La resolución del III Congreso del POSDR habla
de desenmascarar toda limitación e insuficiencia del movimiento emancipador de
la burguesía sin entregarse a la idea ingenua de enumerar de congreso en
congreso todos los casos posibles de dicha limitación y trazar una línea
divisoria entre burgueses buenos y burgueses malos. La conferencia, repitiendo
el error de Starovier, busca tenazmente esta línea y desarrolla la famosa
teoría del "papel de tornasol". Starovier partía de una idea muy
buena: imponer a la burguesía condiciones más severas. Pero sólo olvidaba que
todo intento de separar de antemano a los demócratas burgueses que merecen
aprobación, que merecen que se llegue a un acuerdo con ellos, etc. Y los que no
lo merecen, conduce a una "fórmula" que el desarrollo de los
acontecimientos lanza en seguida por la borda y lleva la confusión a la
conciencia de clase del proletariado. El centro de gravedad se traslada de la
unidad real en la lucha a declaraciones, promesas, consignas. Starovier
consideraba que esta consigna radical era "el sufragio universal, igual,
directo y secreto". No habían pasado ni dos años, y el "papel de
tornasol" demostraba ya su ineficacia; los elementos de Osvobozhdenie hicieron suya la consigna
de sufragio universal, sin que por ello se aproximaran a la socialdemocracia,
sino que, todo lo contrario, con esta consigna precisamente han intentado
sembrar la confusión entre los obreros y apartarlos del socialismo.
38
Ahora los neoiskristas
presentan "condiciones" aún "más severas",
"exigen" de los enemigos del zarismo que "se apoye de una manera
enérgica e inequívoca (!?) toda acción decisiva del proletariado
organizado", etc., e incluso hasta "una participación activa en la
causa del autoarmamento del pueblo". La línea divisoria ha sido llevada
mucho más allá y, a pesar de todo, ya ha
quedado anticuada otra vez, ha demostrado inmediatamente que no sirve. ¿Por
qué, por ejemplo, falta la consigna de república? ¿Cómo es que, en beneficio de
la "guerra revolucionaria sin cuartel contra todos los cimientos del
régimen monárquico y estamental", los socialdemócratas "exigen"
de los demócratas burgueses todo lo que queráis menos lucha por la república?
Que esto no es buscar las
cosquillas, que el error de los neoiskristas tiene la importancia más vital lo
demuestra la Liga de Emancipación de Rusia (véase el núm. 4 de Proletari)*. Estos "enemigos del
zarismo" responderán plenamente a todas las "exigencias" de los
neoiskristas. Pero nosotros hemos demostrado que el espíritu de Osvobozhdenie reina en el programa (o en
la ausencia de programa) de esta Liga de Emancipación de Rusia y que las gentes
de Osvobozhdenie pueden llevarla a
remolque con facilidad. Sin embargo, la conferencia declara al final de la resolución que "la socialdemocracia seguirá
actuando, como contra falaces amigos
del pueblo, contra todos los partidos políticos que, enarbolando, la bandera
liberal y democrática, se nieguen a
prestar apoyo real a la lucha revolucionaria del proletariado". La Liga de
Emancipación de Rusia, lejos de negar este apoyo, lo ofrece con ahínco. ¿Es
esto
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
garantía de que sus jefes no sean
"falaces amigos del pueblo", aunque sean partidarios de la
emancipación?
* En el número 4 de Proletari,
aparecido el 4 de junio de 1905, ha sido publicado un extenso artículo titulado
Nueva Liga obrera revolucionaria. En él se da a conocer el contenido de los
llamamientos de esta Liga que ha tomado el nombre de Liga de Emancipación de
Rusia y que se plantea el objetivo de convocar la Asamblea Constituyente
mediante la insurrección armada. Más adelante, en el artículo se define la
actitud de la socialdemocracia ante estas asociaciones sin filiación política.
No sabemos en absoluto en qué medida fue viable dicha Liga y qué suerte corrió
en la revolución. (Nota de Lenin para la edición de 1907. N. de la Edit.)
Ya lo ven: presentando de antemano "condiciones" y
planteando "reivindicaciones", cómicas por su temible impotencia, los
neoiskristas no tardan en hacer el ridículo. Sus condiciones y reivindicaciones
resultan en seguida insuficientes para apreciar la realidad viva. Su afán por
las fórmulas es vano, ya que ninguna fórmula puede captar todas y cada una de
las manifestaciones de hipocresía, inconsecuencia y limitación de la democracia
burguesa. No se trata del "papel de tornasol", ni de fórmulas, ni de
reivindicaciones escritas e impresas, ni de distinguir de antemano a los
verdaderos "amigos del pueblo" de los falsos, sino de la unidad real
de la lucha, de la crítica persistente, por parte de los socialdemócratas, de
todo paso "vacilante" de la democracia burguesa. Para la
"cohesión auténtica de todas las fuerzas sociales interesadas en la
reorganización democrática" no hacen falta los "puntos"
debatidos por la conferencia con tanto tesón y tanta ineficacia, sino capacidad
para lanzar consignas verdaderamente revolucionarias. Para esto se necesitan
consignas que eleven al nivel del proletariado a la burguesía revolucionaria y
republicana, y no que empequeñezcan las tareas del proletariado hasta el nivel
de la burguesía monárquica. Para esto hay que participar con la mayor energía
en la insurrección y no oponer reservas raciocinadoras a la tarea inaplazable
de la insurrección armada.
12. ¿Disminuirá el alcance de la revolución
democrática si la burguesía le vuelve la espalda?
Estaban ya escritas las
líneas precedentes cuando recibimos las resoluciones de la conferencia
caucasiana de los neoiskristas, publicadas por Iskra. No podíamos imaginar mejores datos documentales pour la bonne bouche (para postre).
La redacción de Iskra observa con razón: "En el
problema fundamental de la táctica, la conferencia caucasiana ha redactado
asimismo una decisión análoga"
(¡es verdad!) "a la aprobada por la conferencia de toda Rusia" (es
decir, la neoiskrista). "La actitud que la socialdemocracia ha de adoptar
ante el gobierno provisional revolucionario ha sido decidida por los camaradas
caucasianos en el sentido más negativo frente al nuevo método preconizado por
el grupo Vperiod y los delegados al
llamado congreso que se han adherido a dicho grupo". "Se debe
reconocer que la fórmula, ofrecida por la conferencia, de la táctica del
partido proletario en la revolución burguesa, es muy afortunada".
Lo que es verdad, es verdad.
Nadie hubiera podido dar una fórmula más "afortunada" del error
capital de los neoiskristas. Vamos a citar esta fórmula completa, destacando
primero entre paréntesis algunas flores y luego todo el ramillete presentado al
final.
39
Resolución de la conferencia
caucasiana de los neoiskristas sobre el gobierno provisional:
"Considerando que
nuestra tarea consiste en utilizar el momento revolucionario para
profundizar" (¡sí, naturalmente!, sólo que habría de agregarse:
profundizar a la manera de Martínov) "la conciencia socialdemócrata del
proletariado" (¿únicamente para profundizar la conciencia y no para
conquistar la república? ¡Qué "profunda" comprensión de la
revolución!), "la conferencia, con el fin de garantizar al partido la más
completa libertad de crítica del naciente régimen estatal burgués"
(¡garantizar la república no es cosa nuestra! Nuestra misión es sólo garantizar
la libertad de crítica.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Las ideas anarquistas dan
paso al lenguaje anarquista: ¡el régimen "estatal burgués"!),
"se declara contra la formación de un gobierno provisional socialdemócrata
y contra la entrada en el mismo" (acuérdense de la resolución de los bakuninistas48 que cita Engels, adoptada diez meses antes de la revolución
española; véase Proletari , núm. 3)49 "y estima que lo más conveniente es ejercer desde
fuera" (desde abajo y no desde arriba) "una presión sobre el gobierno
provisional burgués para democratizar tanto como sea posible (?!) el régimen
estatal. La conferencia estima que la formación de un gobierno provisional por
los socialdemócratas o su entrada en este gobierno alejaría, por una parte, del
Partido Socialdemócrata a las grandes masas del proletariado, a las que el
partido habría decepcionado, pues la socialdemocracia, a pesar de la toma del
poder, no podría satisfacer las necesidades vitales de la clase obrera, hasta
que se plasme el socialismo" (¡la república no es una necesidad vital!
¡Los autores no advierten, en su inocencia, que emplean un lenguaje puramente
anarquista, como si negasen la participación en las revoluciones burguesas!)
"y, por otra parte, obligaría a las
clases burguesas a dar la espalda a la revolución y, con ello, disminuiría su
alcance".
He aquí el quid de la
cuestión. He aquí dónde se entretejen las ideas anarquistas (como les ocurre
continuamente también a los bernsteinianos de Europa Occidental) con el más
puro oportunismo. Figúrense: ¡no entrar en el gobierno provisional porque eso obligaría
a la burguesía a volver la espalda a la revolución y disminuiría así el alcance
de la revolución! Vemos ya, pues, de cuerpo entero, en su aspecto puro y
consecuente, esa filosofía neoiskrista que nos hace inclinarnos ante la
vulgaridad burguesa y cederle el paso, ya que la revolución es burguesa. Si nos
guiamos, siquiera en parte, siquiera un momento, por la idea de que nuestra
participación puede obligar a la burguesía a dar la espalda a la revolución,
cedemos totalmente por ello la hegemonía en la revolución a las clases
burguesas. Entregamos así enteramente el proletariado a la tutela de la
burguesía (¡¡reservándonos la plena "libertad de crítica"!!),
obligando al proletariado a ser moderado y dócil para evitar que la burguesía
vuelva la espalda. Castramos las demandas más vitales del proletariado,
precisamente sus demandas políticas, nunca bien comprendidas por los
"economistas" y sus epígonos; las castramos para que la burguesía no
vuelva la espalda. Pasamos totalmente del terreno de la lucha revolucionaria
por la conquista de la democracia, en los límites necesarios para el
proletariado, al terreno del tira y afloja con la burguesía, consiguiendo, al
precio de nuestra traición a los principios, al precio de la traición a la
revolución, el beneplácito de la burguesía ("para que no vuelva la
espalda").
En dos breves líneas, los
neoiskristas del Cáucaso han sabido expresar todo el fondo de la táctica de
traición a la revolución, de conversión del proletariado en un miserable
apéndice de las clases burguesas. Lo que hemos deducido más arriba de los errores
de los neoiskristas como tendencia se erige ahora ante nosotros en principio
claro y concreto: ¡a la zaga de la burguesía monárquica! Como la instauración
de la república obligaría (y obliga ya: ejemplo, el señor Struve) a la
burguesía a volver la espalda a la revolución, venga esa consigna de ¡abajo la
lucha por la república! Como toda reivindicación democrática del proletariado
sostenida enérgicamente y llevada hasta el fin obliga siempre y en todas las
partes del mundo
![]()
48 Bakuninismo: corriente que lleva el nombre de M.
Bakunin, ideólogo del anarquismo. Los bakuninistas desplegaron una lucha tenaz
contra la teoría y la táctica marxistas del movimiento obrero. La tesis
fundamental del bakuninismo es la negación de todo Estado, incluida la
dictadura del proletariado, y la incomprensión del papel histórico universal
del proletariado. Según los bakuninistas, debía dirigir los levantamientos
populares una sociedad revolucionaria secreta, compuesta de "destacadas
personalidades". Su táctica de conspiraciones, motines súbitos y
terrorismo era aventurera y hostil a la doctrina marxista de la insurrección.
Al infiltrarse en la I Internacional, Bakunin se había planteado el objetivo de
apoderarse del Consejo General y emprendió la lucha contra Marx. Por su labor
desorganizadora fue expulsado de la I Internacional en el Congreso de La Haya
en 1872.
49 En el número 3 del periódico Proletari se publicó el artículo de
Lenin Sobre el gobierno provisional revolucionario (artículo segundo), en el
que cita el artículo de F. Engels Los bakuninistas en acción. Memorias sobre el
levantamiento en España en el verano de 1873, en el que Engels criticaba la
resolución de los bakuninistas que menciona Lenin.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
a la burguesía a volver la
espalda, ¡escondeos en vuestros agujeros, camaradas obreros, actuad sólo desde
fuera, no penséis en utilizar para la revolución las armas y los procedimientos
del régimen "estatal burgués", conservad vuestra "libertad de
crítica"!
Aquí se manifiesta el error
fundamental en la comprensión misma del término "revolución
burguesa". La "comprensión" martinoviana o neoiskrista del mismo
lleva directamente a traicionar la causa del proletariado en beneficio de la
burguesía.
Quien haya olvidado el
antiguo "economismo", quien no lo estudie ni se acuerde de él
difícilmente podrá comprender la actual reincidencia del
"economismo". Recuerden el Credo50
bernsteiniano. De los puntos de vista y de los programas "puramente
proletarios", esas gentes han sacado la conclusión siguiente: para
nosotros, socialdemócratas, la economía, la verdadera causa obrera, la libertad
de criticar toda politiquería, la verdadera profundización de la labor
socialdemócrata; para ellos, para los liberales, la política. Dios nos libre de
caer en el "revolucionarismo"; esto obligaría a la burguesía a volver
la espalda. Quien relea por entero el Credo
o el suplemento especial al número 9 de Rabóchaya Mysl51 (septiembre de 1899), verá todo el curso de este razonamiento.
40
¡Ahora ocurre lo mismo, pero
a gran escala aplicado al enjuiciamiento de toda la "gran" revolución
rusa, envilecida, ¡ay!, de antemano y rebajada al nivel de su caricatura por
los teóricos del filisteísmo ortodoxo! Para nosotros, socialdemócratas, la
libertad de crítica, la profundización de la conciencia, la acción desde fuera.
Para ellos, para las clases burguesas, la libertad de acción, el campo libre
para su dirección revolucionaria (léase liberal), la libertad de realizar
"reformas" desde arriba.
Estos vulgarizadores del
marxismo jamás han meditado en las palabras de Marx sobre la necesidad de
remplazar las armas de la crítica por la crítica de las armas52. Invocando en vano el nombre de Marx, elaboran de hecho
resoluciones tácticas absolutamente en el espíritu de los charlatanes burgueses
de Fráncfort, que criticaban libremente el absolutismo, profundizaban la
conciencia democrática y no comprendían que la época de la revolución es la
época de la acción, de la acción tanto desde arriba como desde abajo. Al
convertir el marxismo en verborrea de razonamientos, han hecho de la ideología
de la clase de vanguardia, de la clase revolucionaria más decidida y enérgica,
una ideología de los sectores menos desarrollados de esta clase, los cuales
rehúyen las difíciles tareas democráticas revolucionarias y confían estas
tareas democráticas a los señores Struve.
Si, como consecuencia de la
entrada de la socialdemocracia en el gobierno revolucionario, las clases
burguesas vuelven la espalda a la causa de la revolución, "disminuirán con
ello su alcance".
¿Lo oís, obreros rusos? El
alcance de la revolución será mayor si la hacen —a menos que los
socialdemócratas los muevan a volver la espalda — los señores Struve, que no
quieren obtener la victoria sobre el zarismo, sino pactar con él. El alcance de
la revolución será mayor si, de los dos resultados posibles señalados más
arriba por nosotros, es el primero el que se obtiene, es decir, ¡si la
burguesía monárquica llega a entenderse con la autocracia, para que otorgue una
"constitución" a lo Shípov!
Los socialdemócratas que, en
resoluciones destinadas a ser directriz para todo el partido, escriben cosas
tan vergonzosas o aprueban esas "afortunadas" resoluciones, están tan
![]()
50 "Credo". Con este título cobró popularidad el manifiesto
publicado en 1899 por el grupo de los "economistas". Este manifiesto
expresaba de la manera más palmaria el oportunismo del "economismo"
ruso. Con el título de Protesta de los socialdemócratas de Rusia Lenin escribió
una brusca protesta contra las opiniones de los "economistas",
denunciándolas.
51 "Rabóchaya Mysl";
("El Pensamiento Obrero"); periódico, órgano de los
"economistas"; apareció desde octubre de 1897 hasta diciembre de
1902.
52 Se alude a una expresión de Marx en su trabajo Contribución a la crítica de la filosofía
hegeliana del Derecho.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
obcecados por la pedante
verborrea que ha despojado de toda vida al marxismo que no ven cómo esas
resoluciones convierten en frases vacías todas sus otras palabras excelentes.
Tomen cualquier artículo de Iskra,
tomen incluso el famoso folleto de nuestro ilustre Martínov y encontrarán en
ellos divagaciones sobre la insurrección popular,
sobre la necesidad de llevar la revolución hasta
el fin, sobre la aspiración a apoyarse en los sectores profundos del pueblo para luchar contra la burguesía
inconsecuente. Pero todas estas cosas buenas
se convierten en frases — miserables desde el momento en que adopten o aprueben
la idea— de que el "alcance de la revolución disminuirá" si la
burguesía se desentiende de ella. Una de dos, señores: o bien debemos aspirar a
hacer la revolución con el pueblo y obtener una victoria completa sobre el
zarismo, a pesar de la burguesía inconsecuente, egoísta y cobarde, o bien no
admitimos este "a pesar", tememos que la burguesía "vuelva la
espalda" y entonces entregamos el proletariado y el pueblo a manos de esta
misma burguesía inconsecuente, egoísta y cobarde.
No traten de interpretar mis
palabras a su manera. No griten que se les acusa de traición consciente. No;
han tendido siempre a hundirse, y están ahora hundidos en la charca, con la
misma inconsciencia con que los antiguos "economistas" se deslizaban
incontenible e irremediablemente por la pendiente de la
"profundización" del marxismo hasta la pedantería antirrevolucionaria
sin alma y sin vida.
¿De qué fuerzas sociales
existentes depende el "alcance de la revolución"? ¿Han pensado en
ello, señores? Dejemos a un lado las fuerzas de la política exterior y de las
combinaciones internacionales, que se vuelven ahora por completo a nuestro favor,
pero de las cuales hacemos caso omiso en nuestro examen, y con razón sobrada,
pues de lo que se trata es de las fuerzas interiores de Rusia. Examinen estas
fuerzas sociales interiores. Contra la revolución se lanzan la autocracia, la
corte, la policía, los funcionarios, el ejército y los cuatro gatos de la alta
aristocracia. Cuanto más profunda es la indignación en el pueblo, menos seguro
es el ejército, mayor la vacilación entre los funcionarios. Por otra parte, la
burguesía, en su conjunto, está ahora en pro de la revolución y prueba su celo
pronunciando discursos sobre la libertad, hablando más a menudo cada vez en
nombre del pueblo e incluso de la revolución*. Pero todos nosotros, los
marxistas, sabemos por la teoría y observamos cada día y a cada hora en el ejemplo
de nuestros liberales, de la gente de los zemstvos y de los adeptos de Osvobozhdenie, que la burguesía está en
pro de la revolución de una manera inconsecuente, egoísta y cobarde. La
burguesía se pasará inevitablemente en su mayoría al bando de la
contrarrevolución, al bando de la autocracia contra la revolución, contra el
pueblo, en cuanto se satisfagan sus intereses estrechos y egoístas, en cuanto
"vuelva la espalda" a la democracia consecuente (¡y ahora ya comienza a volver la espalda!).
*
En
este sentido es interesante la carta abierta del señor Struve a Jaures,
publicada recientemente por este último en L'Humanité53 y por el señor Struve en Osvobozhdenie,
núm. 42.
41
Queda "el pueblo",
es decir, el proletariado y los campesinos: sólo el proletariado es capaz de ir
seguro hasta el fin, pues va mucho más allá de la revolución democrática. Por
eso el proletariado lucha en vanguardia por la república, rechazando desdeñoso
los consejos, necios e indignos de él, de quienes le dicen que tenga cuidado de
no asustar a la burguesía. Entre los campesinos hay, al lado de los elementos
pequeñoburgueses, una masa de elementos semiproletarios. Esto les hace ser
también inestables, obligando al proletariado a fundirse en un partido estricto
de clase. Pero la inestabilidad de los campesinos es distinta por completo de
la inestabilidad de la burguesía; pues, en este momento concreto, los
campesinos están menos interesados en que se mantenga indemne la propiedad
privada que en arrebatar a los latifundistas sus tierras, que son una de las
principales formas de dicha
![]()
53 "L'Humanité": diario fundado por J. Jaurès en 1904 como órgano
del Partido Socialista Francés. Desde diciembre de 1920, después de la escisión
del Partido Socialista Francés en el Congreso de Tours y de la formación del
Partido Comunista de Francia, el periódico pasó a ser órgano central suyo.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
propiedad. Sin convertirse
por ello en socialistas ni dejar de ser pequeños burgueses, los campesinos
pueden actuar como los más perfectos y radicales partidarios de la revolución
democrática. Los campesinos procederán así siempre y cuando la marcha de los
acontecimientos revolucionarios que los alecciona no se interrumpa demasiado
pronto por la traición de la burguesía y la derrota del proletariado. Con esa
condición, los campesinos se convertirán siempre en un baluarte de la
revolución y de la república, ya que sólo una revolución plenamente victoriosa
puede entregar al campesino todo en
materia de reformas agrarias, todo lo que
el campesino quiere, con lo que sueña y lo que necesita realmente (no para
destruir el capitalismo, como se figuran los
"socialistas-revolucionarios", sino) para salir de la abyección de la
semiservidumbre, de las tinieblas, del embrutecimiento y del servilismo, para
mejorar sus condiciones de existencia, en la medida en que esto es posible en
el marco de la economía mercantil.
Más aún. Los campesinos se
hallan vinculados a la revolución no sólo por la transformación agraria
radical, sino, además, por todos sus intereses generales y permanentes. Incluso
en la lucha contra el proletariado tiene el campesino necesidad de la democracia,
pues sólo el régimen democrático es capaz de expresar con exactitud sus
intereses y de darle la preponderancia como masa, como mayoría. Cuanto más
instruido esté el campesino (y desde la guerra con el Japón54 se instruye con una rapidez que muchos no sospechan siquiera,
habituados a medir la instrucción únicamente con el rasero escolar), con tanto
mayores consecuencia y decisión se pondrá a favor de la revolución democrática
completa, porque no tiene miedo, como la burguesía, a la soberanía del pueblo;
por el contrario, ve en ella una ventaja. La república democrática se
convertirá en su ideal en cuanto comience a librarse de su monarquismo ingenuo,
pues el monarquismo consciente de la burguesía traficante (con su Cámara alta,
etc.) promete al campesino la misma privación de derechos, el mismo
embrutecimiento, la misma ignorancia ligeramente teñidos de un barniz
constitucional a la europea.
He ahí por qué la burguesía,
como clase, tiende natural e inevitablemente a esconderse bajo el ala del
partido liberal monárquico, mientras los campesinos, como masa, tienden a
colocarse bajo la dirección del partido revolucionario y republicano. He ahí por
qué la burguesía no es capaz de llevar la revolución democrática hasta el fin,
mientras que los campesinos son capaces de llevar la revolución hasta el fin, y
nosotros debemos ayudarles con todas nuestras fuerzas en eso.
Se me objetará: no hay
necesidad de probado; es el abecé: todos los socialdemócratas lo comprenden
perfectamente. No, no lo comprenden los que son capaces de hablar de la
"disminución del alcance" de la revolución en el caso de que la
burguesía se aparte de ella. Esas gentes repiten frases de nuestro programa
agrario, aprendidas de memoria, pero sin comprender su sentido; pues, de otro
modo, no temerían la idea de la dictadura democrática revolucionaria del
proletariado y los campesinos que se desprende necesariamente de toda la
concepción marxista y de nuestro programa; de otro modo, no limitarían el
alcance de la gran revolución rusa al que puede darle la burguesía. Esas gentes
refutan sus frases marxistas revolucionarias abstractas con sus resoluciones antimarxistas
y antirrevolucionarias concretas.
Quien comprenda
verdaderamente cuál es el papel de los campesinos en la revolución rusa
victoriosa será incapaz de decir que el alcance de la revolución se reduce si
la burguesía le vuelve la espalda; pues, en realidad, la revolución rusa no
comenzará a adquirir su verdadero
![]()
54 Guerra ruso-japonesa: guerra
imperialista entre la Rusia zarista y el Japón en los años 1904-1905. El Japón
asestó a las tropas zaristas varias derrotas catastróficas y ganó la guerra. En
septiembre de 1905 se firmó el tratado de paz de Portsmouth (EE.UU.) entre
Rusia y el Japón. El descalabro militar agravó la crisis política y aceleró el
comienzo de la revolución en Rusia.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
alcance, no comenzará a
cobrar realmente el mayor empuje posible en la época de la revolución
democrática burguesa hasta que la burguesía no le vuelva la espalda, y la masa
campesina actúe como activa fuerza revolucionaria junto al proletariado. Para
ser llevada consecuentemente hasta su término, nuestra revolución democrática
debe apoyarse en fuerzas capaces de contrarrestar la inevitable inconsecuencia
de la burguesía (es decir, capaces precisamente de "obligarle a volver la
espalda", lo que temen, en su simplicidad, los partidarios caucasianos de Iskra).
42
El proletariado debe llevar a su término la revolución
democrática, atrayéndose a las masas campesinas, para aplastar por la fuerza la
resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El
proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a la masa
de elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la
resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de
la pequeña burguesía.
Tales son las tareas del proletariado que los partidarios de la nueva Iskra conciben de un modo tan estrecho
en todos sus razonamientos y resoluciones sobre el alcance de la revolución.
No hay que olvidar sólo una
circunstancia que de vista cuando se pierde frecuentemente discurre sobre este
"alcance". No hay que olvidar que no hablamos aquí de las
dificultades del problema, sino de la vía en la cual hay que buscar y procurar su
solución. No se trata de que sea fácil o difícil hacer que el alcance de la
revolución sea potente e invencible, sino de cómo hay que proceder para que su
alcance sea mayor. El desacuerdo se refiere precisamente al carácter
fundamental de la actividad, a su orientación misma. Lo subrayamos porque
gentes negligentes y de pocos escrúpulos confunden con harta frecuencia dos
cuestiones diferentes: la cuestión del camino a seguir, es decir, de la
elección entre dos caminos diferentes, y la cuestión de la facilidad o de la
proximidad del fin que se ha de alcanzar por el camino emprendido.
No nos hemos referido en
absoluto a esta última cuestión en la exposición precedente porque dicha
cuestión no haya suscitado desavenencias ni discrepancias en el seno de nuestro
partido. Pero, claro está, la cuestión es de por sí muy importante y digna de
la mayor atención de todos los socialdemócratas. Sería un optimismo
imperdonable olvidar las dificultades que supone el incorporar al movimiento no
sólo a la masa de la clase obrera, sino también a la masa campesina. Contra
estas dificultades precisamente se han estrellado más de una vez los esfuerzos
hechos para llevar hasta el fin la revolución democrática, con la
particularidad de que en la mayoría de los casos triunfaba la burguesía más
inconsecuente y más egoísta, la cual "amasaba capital" defensivo de
la monarquía contra el pueblo y, al mismo tiempo, "conservaba la
virginidad" del liberalismo... o de la tendencia de Osvobozhdenie. Pero dificultad no supone imposibilidad de
realización. Lo que importa es estar seguros de haber elegido el buen camino, y
esta seguridad centuplica la energía revolucionaria y el entusiasmo
revolucionario, que son capaces de hacer milagros.
El grado de profundidad de
la discrepancia existente entre los socialdemócratas de nuestros días respecto
a la elección del camino que se debe seguir aparece instantáneamente con
evidencia cuando se compara la resolución de los neoiskristas caucasianos con
la del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Esta segunda
declara: la burguesía es inconsecuente, tratará sin falta de arrebatarnos las
conquistas de la revolución. Por lo tanto, preparaos con más energía para la
lucha, camaradas obreros, armaos, atraed a vuestro lado a los campesinos. No
entregaremos sin combate a la burguesía egoísta nuestras conquistas
revolucionarias. La resolución de los neoiskristas caucasianos dice: la
burguesía es inconsecuente, puede volver la espalda a la revolución. Por eso,
camaradas obreros, tened la bondad de no pensar en participar en el gobierno
provisional; porque, en ese caso, es probable que la burguesía vuelva la
espalda, ¡y el alcance de la revolución será menor, por tanto!
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Unos dicen: impulsad la
revolución adelante, hasta el fin, a pesar de la resistencia o de la pasividad
de la burguesía inconsecuente.
Otros dicen: no penséis en
llevar la revolución hasta el fin por vuestra cuenta; pues, entonces, la
burguesía inconsecuente le volverá la espalda.
¿Es que no son dos
derroteros diametralmente opuestos? ¿No es evidente que una táctica excluye por
completo a la otra y que la primera es la única táctica acertada de la
socialdemocracia revolucionaria, mientras que la segunda es, en el fondo, una
táctica puramente peculiar al estilo de Osvobozhdenie?
13. Conclusión. ¿Tenemos derecho a vencer?
Los que conocen
superficialmente el estado de cosas reinante en la socialdemocracia de Rusia o
lo juzgan desde fuera y desconocen la historia de toda la lucha interna
desplegada en nuestro partido desde la época del "economismo", se
desentienden muy a menudo también de las divergencias tácticas que se han
definido ahora, sobre todo después del III Congreso, aludiendo simplemente a
dos tendencias naturales, inevitables, completamente conciliables, de todo
movimiento socialdemócrata. Por una parte, según ellos, se subraya vivamente la
labor corriente, cotidiana, habitual, la necesidad de desarrollar la propaganda
y la agitación, de preparar las fuerzas, de profundizar el movimiento, etc. Por
otra parte, se subrayan las tareas de combate, las tareas políticas de orden
general y las tareas revolucionarias del movimiento, se indica la necesidad de
la insurrección armada y se lanzan las consignas de dictadura democrática
revolucionaria y de gobierno provisional revolucionario. No se debe exagerar ni
una parte ni otra; ni allí ni aquí (como, en general, en ninguna parte del
mundo) los extremismos son buenos, etc., etc.
43
Las baratas verdades de
sabiduría práctica (y "política" entre comillas) que hay sin duda en
semejantes razonamientos encubren, sin embargo, con demasiada frecuencia la
incomprensión de las necesidades vitales, candentes, del partido. Fíjense en
las actuales divergencias tácticas que hay entre los socialdemócratas rusos.
Naturalmente, el hecho de que en los razonamientos neoiskristas sobre la
táctica se subraye de un modo acentuado el aspecto cotidiano, habitual, del
trabajo, aún no podría representar de por sí ningún peligro ni provocar
divergencia alguna en las consignas tácticas. Pero basta comparar las
resoluciones del III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia con
las resoluciones de la conferencia para que dicha divergencia salte a la vista.
¿De qué se trata? Primero,
de que no basta una simple indicación general, abstracta, de las dos corrientes
existentes en el movimiento y de lo perniciosos que son los extremismos. Hay
que saber concretamente de qué adolece el movimiento actual en el momento
presente, dónde está ahora el peligro político real para el partido. Segundo,
hay que saber a qué fuerzas políticas reales hacen el juego estas o las otras
consignas tácticas o quizá tal o cual ausencia de consignas. Si escuchan a los
neoiskristas, llegarán a la conclusión de que el partido de la socialdemocracia
se ve amenazado del peligro de arrojar por la borda la propaganda y la
agitación, la lucha económica y la crítica de la democracia burguesa, de
dejarse seducir desmesuradamente por la preparación militar, por los ataques
armados, por la toma del poder, etc. Pero, en realidad, el verdadero peligro
que amenaza al partido proviene de otro lado completamente distinto. Quien
conozca algo de cerca la situación del movimiento y quien, de un modo reflexivo,
esté atento a su curso, no puede menos de ver cuán ridículos son los temores
neoiskristas. Toda la labor del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia ha
cristalizado ya en un marco sólido e invariable que garantiza de manera
absoluta la colocación del centro de gravedad en la propaganda y la agitación,
en los mítines relámpago
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
y reuniones de masas, en la
difusión de octavillas y folletos, en la contribución a la lucha económica y en
el apoyo a sus consignas. No hay ni un solo comité de partido, ni un solo
comité distrital, ni una sola reunión central, ni un solo grupo fabril donde el
noventa y nueve por ciento de la atención, de las fuerzas y del tiempo no se
dedique siempre y de un modo constante a todas estas funciones, afianzadas ya
desde la segunda mitad de la década del 90. Esto lo ignoran sólo quienes
desconocen por completo el movimiento. Sólo gente muy ingenua o desinformada
puede tomar en serio la repetición neoiskrista de cosas trilladas cuando esto
se hace con empaque.
El hecho es que entre
nosotros, lejos de dejarse sentir de un modo desmesurado las tareas de la
insurrección, las consignas políticas generales y la dirección de toda la
revolución popular, lo que salta a la vista en este sentido y constituye el
lado más vulnerable, un peligro real para el movimiento que puede degenerar, y
degenera ya en algunos sitios, de revolucionario de hecho en revolucionario de
palabra, es precisamente el atraso. De los muchos centenares de organizaciones,
grupos y círculos que desempeñan labor de partido no encontrarán ni uno solo en
el cual no se haya llevado a cabo desde su nacimiento esa labor cotidiana, de
la que hablan los Sénecas de la nueva Iskra,
dándose el tono de gentes que han descubierto nuevas verdades, y, por el
contrario, encontrarán un porcentaje insignificante de grupos y círculos que
conozcan las tareas de la insurrección armada, que hayan abordado el
cumplimiento de las mismas y que se den cuenta de la necesidad de dirigir toda
la revolución popular contra el zarismo, de la necesidad de propugnar para ello
estas consignas de vanguardia precisamente, y no otras.
Llevamos un atraso increíble
con respecto a las tareas de vanguardia y revolucionarias de verdad, en
infinidad de casos aún no las conocemos y, debido a nuestro atraso en este
sentido, hemos dejado de fortalecer en muchos sitios la democracia burguesa revolucionaria.
Y los que escriben en la nueva Iskra,
dando la espalda a la marcha de los acontecimientos y a las exigencias del
momento, repiten tozudos: ¡No olvidéis lo viejo! ¡No os dejéis llevar por lo
nuevo! Este es el tono fundamental e invariable de todas las resoluciones
sustanciales de la conferencia, mientras que en las resoluciones del congreso
también se podrá leer siempre lo siguiente: al mismo tiempo que confirmamos lo
viejo (y sin detenernos a repetirlo con machaconería, precisamente porque es algo
viejo, ya resuelto y estampado en las publicaciones, en las resoluciones y en
las experiencias), planteamos una tarea nueva, llamamos la atención sobre la
misma, lanzamos una consigna nueva y exigimos de los socialdemócratas realmente
revolucionarios una labor inmediata para ponerla en práctica.
He aquí cómo está, en
realidad, planteada la cuestión de las dos tendencias en la táctica de la
socialdemocracia. La época revolucionaria ha promovido nuevas tareas que sólo
gentes ciegas por completo pueden no ver. Y estas tareas las aceptan con
denuedo unos socialdemócratas y las ponen a la orden del día: la insurrección
armada es inaplazable, preparaos para la misma inmediata y enérgicamente,
acordaos de que es imprescindible para la victoria decisiva, plantead las
consignas de república, gobierno provisional y dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y los campesinos. Otros socialdemócratas, en
cambio, retroceden, no se mueven del sitio; en vez de dar consignas, escriben
prólogos; en lugar de indicar lo nuevo al paso que confirman lo viejo, repiten
con machaconería incansable y aburrimiento lo viejo, inventan pretextos para
desentenderse de lo nuevo, sin saber definir las condiciones de la victoria
decisiva ni presentar las únicas consignas adecuadas a la aspiración de
conseguir la victoria completa.
44
Tenemos delante el resultado
político de este seguidismo. El cuento del acercamiento de la
"mayoría" del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a la democracia
burguesa revolucionaria no pasa de ser un cuento sin confirmar por un solo
hecho político, por una sola resolución importante de los
"bolcheviques", por un solo acto del III Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia. Mientras tanto, la burguesía oportunista, monárquica,
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
personificada en Osvobozhdenie, aplaude desde hace tiempo
las tendencias "de principio" del neoiskrismo y ahora, sencillamente,
hace ya mover su molino con el agua de las mismas, hace suyos todos los
términos e "ideúchas" contra la "clandestinidad" y el "motín",
contra las exageraciones del aspecto "técnico" de la revolución,
contra la presentación directa de la consigna de la insurrección armada, contra
el "revolucionarismo" de las reivindicaciones extremas, etc., etc. La
resolución de toda una conferencia de los socialdemócratas
"mencheviques" del Cáucaso y la aprobación de dicho acuerdo por la
redacción de la nueva Iskra ofrecen
un resumen político inequívoco de todo esto: ¡que la burguesía no vuelva la espalda en caso de que el proletariado
participe en la dictadura democrática revolucionaria! Con esto está dicho todo.
Con esto se consagra definitivamente la transformación del proletariado en
apéndice de la burguesía monárquica. Con esto queda demostrada en la práctica y
no mediante la declaración casual de una persona, sino de una resolución
especialmente aprobada por toda una tendencia, la significación política del seguidismo neoiskrista.
Quien reflexione en estos
hechos comprenderá la verdadera significación de las alusiones en boga a los
dos aspectos y a las dos tendencias del movimiento socialdemócrata. Tomen el
bernsteinianismo para estudiar dichas tendencias a gran escala. Los bernsteinianos
afirmaban y afirman, exactamente igual, que son ellos precisamente los que
comprenden las verdaderas demandas del proletariado, las tareas de acrecentar
sus fuerzas, ampliar todo el trabajo, preparar los elementos de la nueva
sociedad y desplegar la propaganda y la agitación. ¡Exigimos el reconocimiento
abierto de lo que existe! —dice Bernstein, consagrando con esto el
"movimiento" sin
"objetivo final", consagrando sólo la táctica defensiva, predicando
la táctica del miedo "a que la burguesía vuelva la espalda". También
los bernsteinianos gritaban a propósito del "jacobinismo" de los
socialdemócratas revolucionarios, de los "literatos" que no
comprenden la "iniciativa obrera", etc., etc. En realidad, como todo
el mundo sabe, los socialdemócratas revolucionarios no han pensado siquiera en
abandonar la labor cotidiana, la labor menuda, la preparación de fuerzas, etc.,
etc. Lo único que exigían era la conciencia clara del objetivo final, el
planteamiento claro de las tareas revolucionarias, querían elevar a los
sectores semiproletarios y semipequeñoburgueses al nivel revolucionario del
proletariado y no hacer descender este nivel hasta las consideraciones
oportunistas de que "no vuelva la espalda la burguesía". Quizá la
expresión más elocuente de esta disensión entre el ala oportunista intelectual
y el ala revolucionaria proletaria del partido fuese la pregunta: dür fen wir siegen?, "¿tenemos
derecho a vencer?", ¿nos está permitido vencer?, ¿no es peligroso vencer?,
¿conviene que venzamos? Por extraño que parezca a primera vista, esta pregunta
fue, sin embargo, formulada, y debía serlo, pues los oportunistas temían la victoria,
intimidaban al proletariado con la perspectiva de la misma, pronosticaban toda
clase de calamidades como consecuencia de ella, ridiculizaban las consignas que
incitaban directamente a conquistarla.
Esta misma división
fundamental en tendencia oportunista intelectual y tendencia revolucionaria
proletaria existe también entre nosotros, con la sola diferencia, muy
sustancial, de que no se trata de la revolución socialista, sino de la
revolución democrática. Entre nosotros se ha formulado también la pregunta,
absurda a primera vista: "¿tenemos derecho a vencer?" Esta pregunta
ha sido formulada por Martínov en sus Dos
dictaduras, donde vaticina toda clase de calamidades si preparamos muy bien
y llevamos a cabo con pleno éxito la insurrección. Ha sido formulada por todas
las publicaciones de los neoiskristas consagradas al problema del gobierno
provisional revolucionario, con la particularidad de que se ha intentado
constantemente con celo, pero sin éxito, confundir la participación de
Millerand en el gobierno oportunista burgués con la participación de Varlin55 en el gobierno
![]()
55 Se trata de la participación de Luis
Eugenio Varlin, destacado dirigente del movimiento obrero francés y de la I
Internacional, en el Consejo de la Comuna de París en 1871.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
revolucionario
pequeñoburgués. La cuestión ha quedado recogida en la resolución con las
palabras de temor a que "la burguesía vuelva la espalda". Y si bien
Kautsky, por ejemplo, intenta ahora ironizar, diciendo que nuestras discusiones
sobre el gobierno provisional revolucionario se parecen al reparto de la piel
del oso antes de matarlo, esta ironía no demuestra otra cosa sino que incluso
socialdemócratas inteligentes y revolucionarios se descarrían cuando hablan de
lo que conocen sólo de oídas. La socialdemocracia alemana aún no se encuentra
muy cerca del momento en que pueda matar el oso (hacer la revolución
socialista), pero la discusión en torno a si "tenemos derecho" a
matarlo ha tenido inmensa importancia desde el punto de vista de los principios
y desde el punto de vista político práctico. Los socialdemócratas rusos aún no
tendrán tan pronto las fuerzas suficientes para "matar a su oso"
(hacer la revolución democrática), pero es de suma importancia para todo el
porvenir de Rusia y para el porvenir de la socialdemocracia rusa saber si
"tenemos derecho" a matarlo. No se puede ni hablar de un
reclutamiento enérgico y eficaz de un ejército, ni del mando del mismo, sin
estar seguros de que "tenemos derecho" a vencer.
45
Fíjense en nuestros viejos "economistas". También
gritaban que sus adversarios eran unos conspiradores, unos jacobinos (véase Rabócheie Dielo, sobre todo el número
10, y el discurso de Martínov en los debates del II Congreso sobre el programa)
que, enfrascados en la política, se separaban de las masas, olvidaban las bases
del movimiento obrero, no tenían en cuenta la iniciativa obrera, etc., etc.
Pero, en realidad, esos partidarios de la "iniciativa obrera" eran
unos intelectuales oportunistas que imponían a los obreros su concepción
estrecha y filistea de las tareas del proletariado. En realidad, los
adversarios del "economismo", como puede verlo cualquiera por la
vieja Iskra, no abandonaban ni
relegaban a último término ni uno solo de los aspectos de la labor
socialdemócrata, no olvidaban en lo más mínimo la lucha económica y, al mismo
tiempo, sabían plantear con toda amplitud las tareas políticas urgentes e
inmediatas, oponiéndose a la transformación del partido obrero en un apéndice
"económico" de la burguesía liberal.
Los economistas se habían
aprendido de memoria que la base de la política es la economía y
"entendían" esto como la necesidad de hacer descender la lucha
política al nivel de la económica. Los neoiskristas se han aprendido de memoria
que la base económica de la revolución democrática es la revolución burguesa y
han "entendido" esto como la necesidad de hacer descender las tareas
democráticas del proletariado al nivel de la moderación burguesa, al límite en
que, si es rebasado, "la burguesía volverá la espalda". So pretexto
de profundizar el trabajo, so pretexto de la iniciativa obrera y de la política
puramente de clase, los economistas entregaban en la práctica la clase obrera a
manos de los políticos liberales burgueses, es decir, conducían el partido por
un camino cuya significación objetiva era precisamente ésta. Los neoiskristas,
con los mismos pretextos, traicionan en la práctica los intereses del
proletariado en la revolución democrática a favor de la burguesía, es decir,
conducen el partido por el camino cuya significación objetiva es precisamente
ésta. A los "economistas" les parecía que la hegemonía en la lucha
política no era cosa de los socialdemócratas, sino propiamente cosa de los
liberales. A los neoiskristas les parece que la realización activa de la
revolución democrática no es cosa de los socialdemócratas, sino propiamente
cosa de la burguesía democrática, pues la dirección y la participación del
proletariado en primera línea "mermará la amplitud" de la revolución.
En pocas palabras, los
neoiskristas son unos epígonos del "economismo" no sólo porque su
origen viene del II Congreso del partido, sino también por su modo actual de
plantear las tareas tácticas del proletariado en la revolución democrática. Son
también un ala oportunista intelectual del partido. En materia de organización,
comenzaron por el individualismo anarquista, propio de los intelectuales, y han
terminado en la "desorganización-proceso",
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
consagrando en los
"estatutos"56 aprobados por la conferencia la falta
de ligazón de las publicaciones con la organización del partido, las elecciones
indirectas, casi en cuatro etapas, el sistema de plebiscitos bonapartistas en
vez de representación democrática y, finalmente, el principio del
"acuerdo" entre la parte y el todo. En la táctica del partido se
deslizaban por la misma pendiente. En el "plan de campaña de los
zemstvos"57 declararon como "tipo superior de
manifestación" las acciones ante la gente de los zemstvos, no viendo en la
escena política más que dos fuerzas activas (¡esto en vísperas del 9 de
enero!): el gobierno y la democracia burguesa. "Profundizaron" la
tarea urgente de armarse, sustituyendo la consigna práctica directa por un
llamamiento a armar al pueblo del deseo ardiente de armarse por su mano. Las
tareas de la insurrección armada, del gobierno provisional, de la dictadura
democrática revolucionaria han sido ahora deformadas y embotadas en sus
resoluciones oficiales. "Que la burguesía no vuelva la espalda" —
este acorde final de la última de sus resoluciones— proyecta viva luz sobre la
cuestión de saber adónde conduce al partido el camino que ellos preconizan.
La revolución democrática en
Rusia es una revolución burguesa por su fondo social y económico. No basta con
repetir sencillamente esta tesis marxista justa. Hay que saberla comprender y
aplicar a las consignas políticas. Toda la libertad política en general, basada
en las relaciones de producción actuales, esto es, capitalistas, es una
libertad burguesa. La reivindicación de libertad expresa, ante todo, los
intereses de la burguesía. Sus representantes fueron los primeros en presentar
esta reivindicación. Sus partidarios han aprovechado en todas partes como
dueños y señores la libertad obtenida, ajustándola al rasero de la moderación y
la escrupulosidad burguesas, combinándola con la represión del proletariado
revolucionario, más refinada en tiempo de paz y de una crueldad feroz durante
las tempestades.
46
Pero únicamente los populistas rebeldes, los anarquistas y los
"economistas" podían deducir de esto la negación o el menoscabo de la
lucha por la libertad. Se ha conseguido imponer al proletariado estas doctrinas
de intelectuales filisteos únicamente de un modo temporal, a pesar de su
resistencia. El proletariado se ha dado cuenta, por instinto, de que necesita
la libertad política, de que la necesita él más que nadie, a pesar de que ésta
refuerce y organice directamente a la burguesía. El proletariado no espera su
salvación de la renuncia a la lucha de clases, sino del desarrollo de ésta, del
aumento de la amplitud, la conciencia, la organización y la energía de ésta.
Quien menoscabe las tareas de la lucha política convierte al socialdemócrata,
de tribuno popular, en secretario de tradeunión. Quien menoscabe las tareas
proletarias en la revolución democrática burguesa convierte al socialdemócrata,
de jefe de la revolución popular, en líder de un sindicato obrero
libre.
Sí, de la revolución popular. La socialdemocracia ha luchado
y lucha con pleno derecho contra el abuso democrático burgués de la palabra
"pueblo". Exige que con esta palabra no se encubra la incomprensión
de los antagonismos de clase en el seno del pueblo. Insiste absolutamente en
que el partido del proletariado necesita completa independencia de clase. Pero
divide al "pueblo" en "clases", y no para que la clase de
vanguardia se encierre en sí misma, se limite con una medida estrecha, castre
su actividad con consideraciones como la de que no vuelvan la espalda los
magnates de la economía del mundo, sino para que la clase de vanguardia, sin
adolecer de las vacilaciones, la inconstancia y la indecisión de las clases
![]()
56 Se alude a los Estatutos de organización aprobados por la
Conferencia menchevique de Ginebra en 1905.
57
Plan
de campaña de los zemstvos: plan menchevique de apoyo a la burguesía liberal en
la "campaña de los zemstvos": congresos, asambleas y banquetes de la
gente de los zemstvos, celebrados desde el otoño de 1904 hasta enero de 1905,
en los que se pronunciaban discursos y se adoptaban resoluciones en el espíritu
de las reivindicaciones constitucionales moderadas.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
intermedias, luche con la
mayor energía y el mayor entusiasmo por la causa de todo el pueblo, al frente
de todo el pueblo.
¡He ahí lo que no comprenden
tan a menudo los neoiskristas actuales que sustituyen las consignas políticas
activas de la revolución democrática con la repetición casuística de la palabra
"clase" en todos los géneros y casos!
La revolución democrática es
burguesa. La consigna de "reparto negro" o de "tierra y
libertad" —esta consigna difundidísima entre la masa campesina, ignorante
y oprimida, pero que busca apasionadamente la luz y la felicidad— es burguesa.
Pero nosotros, marxistas, debemos saber que no hay ni puede haber otro camino
hacia la verdadera libertad del proletariado y de los campesinos que el camino
de la libertad burguesa y del progreso burgués. No debemos olvidar que en estos
momentos no hay ni puede haber otro medio de acercar el socialismo que la
libertad política completa, la república democrática, la dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y los campesinos. Como representantes de la
clase de vanguardia, de la única clase revolucionaria sin reservas, sin dudas,
sin volver la vista atrás, debemos plantear ante todo el pueblo, del modo más
amplio, con las mayores osadía e iniciativa posibles, las tareas de la
revolución democrática. El menoscabo de dichas tareas es en teoría una
caricatura de marxismo y una adulteración filistea del mismo, y en la práctica
política significa entregar la causa de la revolución a manos de la burguesía,
la cual dejará inevitablemente de ser consecuente para hacer la revolución. Las
dificultades que se alzan en el camino hacia la victoria completa de la
revolución son muy grandes. Nadie podrá censurar a los representantes del
proletariado si hacen todos los esfuerzos posibles, y estos esfuerzos quedan
frustrados ante la resistencia de la reacción, la traición de la burguesía y la
ignorancia de las masas. Pero todo el mundo — sobre todo el proletariado
consciente— condenará a la socialdemocracia si ésta cercena la energía
revolucionaria de la revolución democrática, si cercena el entusiasmo
revolucionario con el miedo a vencer, con consideraciones encauzadas a que la
burguesía no vuelva la espalda.
Las revoluciones son las
locomotoras de la historia, decía Marx.58 Las
revoluciones son la fiesta de los oprimidos y explotados. La masa del pueblo
nunca es capaz de ser un creador tan activo de nuevos regímenes sociales como
durante la revolución. En tales períodos, el pueblo es capaz de hacer milagros,
desde el punto de vista del rasero estrecho y pequeñoburgués del progreso
paulatino. Pero es necesario que también los dirigentes de los partidos
revolucionarios planteen sus tareas de un modo más amplio y audaz en tales
períodos, que sus consignas se adelanten siempre a la iniciativa revolucionaria
de las masas, sirviendo de faro a las mismas, mostrando en toda su grandeza y
en toda su magnificencia nuestro ideal democrático y socialista, indicando el
camino más corto y más directo hacia la victoria completa, incondicional y
decisiva. Reservamos a los oportunistas de la burguesía de Osvobozhdenie la búsqueda, por miedo a la revolución y por miedo al
camino directo, de sendas indirectas,
de rodeo, de componenda. Si se nos obliga por la fuerza a arrastrarnos por
dichas sendas, sabremos cumplir con nuestro deber aun en la labor cotidiana
menuda. Pero que sea la lucha sin cuartel la que decida primero la elección del
camino. Seremos unos felones y unos traidores a la revolución si no
aprovechamos esta energía de las masas en fiesta y su entusiasmo revolucionario
para la lucha implacable y abnegada por el camino directo y decidido. Que los
oportunistas de la burguesía tiemblen de pensar en la reacción futura. A los
obreros no les asusta la idea de que la reacción se proponga ser terrible ni
que la burguesía se disponga a volver la espalda. Los obreros no esperan
componendas, no imploran dádivas; aspiran a aplastar sin piedad a las fuerzas
reaccionarias, es decir, aspiran a la
dictadura democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos.
47
![]()
58 Véase C. Marx. Las luchas
de clases en Francia de 1848 a 1850.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Ni que decir tiene que en
los períodos tempestuosos la nave de nuestro partido se ve amenazada por
mayores peligros que durante la "navegación" tranquila del progreso
liberal, que significa la extracción dolorosa y lenta de los jugos de la clase
obrera por sus explotadores. Ni que decir tiene que las tareas de la dictadura
democrática revolucionaria son mil veces más difíciles y complejas que las
tareas de la "oposición extrema" y de la lucha parlamentaria
exclusiva. Pero vale más que, quien es capaz, en el momento revolucionario
actual, de preferir conscientemente la navegación tranquila y el camino de la
"oposición" sin riesgos, se aparte temporalmente de la labor
socialdemócrata, espere el fin de la revolución, espere que termine la fiesta y
retorne la labor cotidiana, espere que su habitual y estrecho rasero no sea una
disonancia tan repelente y una deformación tan monstruosa de las tareas de la
clase de vanguardia.
¡A la cabeza de todo el
pueblo y, en particular, de los campesinos, por la libertad total, por la
revolución democrática consecuente, por la república! ¡A la cabeza de todos los
trabajadores y explotados, por el socialismo! Esta debe ser, en la práctica, la
política del proletariado revolucionario, ésta es la consigna de clase que debe
presidir y determinar la solución de todos los problemas tácticos, de todos los
pasos prácticos del partido obrero durante la revolución.
Epilogo
Otra vez la tendencia de Osvobozhdenie,
otra vez el neoiskrismo
Los números 71-72 de Osvobozhdenie y 102— 103 de Iskra nos aportan nuevos datos de
extraordinaria riqueza sobre la cuestión a que dedicamos el capítulo 8 de
nuestro folleto. Como no tenemos posibilidad alguna de utilizar aquí todos
estos ricos datos, nos detendremos solamente en lo más esencial. Primero, en la
clase de "realismo" de la socialdemocracia que Osvobozhdenie elogia y por qué debe elogiarlo; segundo, en la
correlación de los conceptos de revolución y dictadura.
I. ¿Por qué elogian los realistas liberales burgueses a los
"realistas"
socialdemócratas?
Los artículos La escisión en la socialdemocracia rusa y El
triunfo del sentido común (Osvobozhdenie,
núm. 72) constituyen un juicio de la burguesía liberal sobre la
socialdemocracia, valiosísimo para los proletarios conscientes. Por mucho que
se recomiende a todos los socialdemócratas que lean enteros estos artículos y
mediten en cada una de sus frases, nunca se exagerará la nota. Reproduciremos,
ante todo, las tesis principales de los dos:
"Desde fuera —dice Osvobozhdenie— es bastante difícil
captar el sentido político real de la discrepancia que ha dividido al partido
socialdemócrata en dos fracciones. Calificar la fracción de la
"mayoría" de más radical y franca a diferencia de la
"minoría", que admite, en bien de la causa, algunos compromisos, no
es totalmente exacto y, en todo caso, no es una definición concluyente. La
fracción de la minoría acata al menos los dogmas tradicionales de la ortodoxia
marxista tal vez con más celo aún que la fracción de Lenin. Nos parece más
exacta la siguiente definición. El espíritu político fundamental de la
"mayoría" es un revolucionarismo abstracto, un espíritu de rebeldía,
el afán de levantar por todos los medios una insurrección de la masa del pueblo
y
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
tomar inmediatamente el poder en su nombre; esto aproxima en
cierto grado a "leninistas" y socialistas-revolucionarios y eclipsa
en su conciencia la idea de la lucha de clases con la idea de una revolución de
todo el pueblo ruso; por otra parte, los "leninistas" desechan en la
práctica muchas de las limitaciones de la doctrina socialdemócrata, pero están
impregnados de la estrechez del revolucionarismo, renuncian a todo trabajo
práctico que no sea la preparación de la insurrección inmediata y, leales a sus
principios, hacen caso omiso de todas las formas de agitación legal y semilegal
y de toda clase de compromisos útiles en la práctica con otras tendencias
oposicionistas. Por el contrario, la minoría, muy adicta a los dogmas del
marxismo, conserva a la vez los elementos realistas de la concepción marxista
del mundo. La idea fundamental de esta fracción es la oposición de los
intereses del "proletariado" a los intereses de la burguesía. Pero,
por otra parte, mira la lucha del proletariado —naturalmente, dentro de ciertos
límites dictados por los dogmas inmutables de la socialdemocracia— con sensatez
realista, con una noción clara de todas las condiciones y tareas concretas de
esta lucha. Ambas fracciones aplican su punto de vista fundamental de un modo
no del todo consecuente, pues las atan en su obra creadora ideológica y
política las fórmulas estrictas del catecismo socialdemócrata, que impiden a
los "leninistas" convertirse en amotinadores declarados, a la manera,
por lo menos, de algunos socialistas-revolucionarios, y a los
"iskristas" convertirse en dirigentes prácticos del movimiento
político real de la clase obrera".
48
Y, exponiendo más adelante
el contenido de las principales resoluciones, el que escribe en Osvobozhdmie
aclara sus "pensamientos" generales con algunas advertencias
concretas respecto a ellas. En comparación con el III Congreso, dice él, "la
conferencia de la minoría mantiene una actitud distinta por completo ante la
insurrección armada". "En relación con la actitud ante la
insurrección armada" aparece la disensión de las resoluciones sobre el
gobierno provisional. "Igual divergencia se manifiesta en la actitud ante
los sindicatos obreros. Los "leninistas" no han dicho en sus
resoluciones una sola palabra sobre este importantísimo punto de partida de la
educación política y de la organización de la clase obrera. La minoría, por el
contrario, ha elaborado una resolución muy seria". En cuanto a la actitud
ante los liberales, ambas fracciones están de acuerdo, según dicho autor, pero
el III Congreso "repite casi textualmente la resolución de Plejánov sobre
la actitud con los liberales, adoptada en el II Congreso, y rechaza la
resolución de Starovier, más favorable para los liberales, adoptada en el mismo
congreso". Siendo en general análogas las resoluciones del congreso y de
la conferencia en lo tocante al movimiento campesino, la "mayoría"
hace más hincapié en la idea de la confiscación revolucionaria de las tierras
de los terratenientes, etc., mientras que la "minoría" quiere hacer
de la reivindicación de reformas democráticas estatales y administrativas la
base de su agitación".
Finalmente, Osvobozhdenie cita una resolución
menchevique, publicada en el número 100 de Iskra,
cuyo punto principal dice: "Puesto que, actualmente, el trabajo
clandestino por sí solo no asegura a las masas una participación suficiente en
la vida del partido y lleva, en parte, a oponer las masas como tales al partido
como organización ilegal, este último necesita tomar en sus manos la lucha
sindical de los obreros en el terreno legal, coordinando estrechamente esta
lucha con las tareas socialdemócratas". Respecto a esta resolución, Osvobozhdenie exclama: "Nosotros
aplaudimos efusivamente esta resolución como un triunfo del sentido común como
un momento de lucidez de una parte del Partido Socialdemócrata en el terreno de
la táctica".
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Ahora el lector conoce ya
todas las apreciaciones esenciales de Osvobozhdenie.
Sería un grandísimo error, naturalmente, considerar acertadas estas opiniones
en el sentido de su concordancia con la verdad objetiva. Todo socialdemócrata
descubrirá fácilmente a cada paso errores en ellas. Sería una ingenuidad
olvidar que todas estas opiniones están impregnadas totalmente de los intereses
y el punto de vista de la burguesía liberal y que son parciales y tendenciosas
del comienzo al fin en este sentido. Reflejan las ideas de la socialdemocracia
igual que un espejo cóncavo o convexo los objetos. Pero sería un error mayor
aún olvidar que estos juicios deformados a gusto de la burguesía reflejan, a
fin de cuentas, los intereses reales de la burguesía, la cual, como clase,
comprende perfectamente, sin duda alguna, qué tendencias de la socialdemocracia
le convienen, le son próximas, afines, simpáticas, y cuáles le son nocivas,
ajenas, extrañas, antipáticas. Un filósofo burgués o un publicista burgués
jamás comprenderá con acierto a la socialdemocracia, ni a la menchevique ni a
la bolchevique. Pero si es un publicista algo inteligente, no le engañará su
instinto de clase y captará siempre bien en el fondo la significación que para
la burguesía tenga tal o cual tendencia dentro de la socialdemocracia, aunque
la deforme al exponerla. El instinto de clase de nuestro enemigo y el juicio de
clase que emita merecen siempre, por eso, la atención más seria de todo
proletario consciente.
¿Qué nos dice, por boca de
los partidarios de Osvobozhdenie, el
instinto de clase de la burguesía de Rusia?
Expresa de una manera evidente la satisfacción que le producen
las tendencias del neoiskrismo, alabándolo por su realismo, por su sensatez,
por el triunfo del sentido común, por la seriedad de las resoluciones, por su
clara visión táctica, por su practicismo, etc., y expresa su descontento por
las tendencias del III Congreso, censurándolo por la estrechez, el
revolucionarismo, el espíritu de rebeldía, la negación de los compromisos
útiles en la práctica, etc. El instinto de clase sugiere a la burguesía precisamente
lo que ha sido demostrado multitud de veces en nuestras publicaciones con los
datos más exactos, a saber: que los neoiskristas son el ala oportunista de la
actual socialdemocracia rusa, y sus adversarios, el ala revolucionaria. Los
liberales no pueden menos de tener simpatías por las tendencias de la primera
de dichas alas, no pueden menos de censurar las tendencias de la segunda. Los
liberales, como ideólogos de la burguesía, comprenden perfectamente que a la
burguesía le conviene "el practicismo, la sensatez, la seriedad" de
la clase obrera, es decir, la limitación en la práctica del campo de su
actividad al marco del capitalismo, de las reformas, de la lucha sindical, etc.
Para la burguesía es peligrosa y temible "la limitación revolucionaria"
del proletariado y su aspiración a conseguir, en nombre de sus tareas de clase,
un papel dirigente en la revolución del pueblo ruso.
49
Que éste es, efectivamente,
el sentido de la palabra "realismo" en la interpretación de Osvobozhdenie se puede ver, entre otras
cosas, en el empleo que de ella han hecho con anterioridad Osvobozhdenie
y el señor Struve. La misma Iskra no
ha podido menos de reconocer esa significación del "realismo" de Osvobozhdenie. Recuerden, por ejemplo,
el artículo titulado ¡Ya es hora!,
publicado en el suplemento al número 73-74 de Iskra. El autor del artículo (consecuente paladín de las
concepciones de la "charca" en el II Congreso del Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia) ha expresado francamente su opinión de que
"Akímov ha desempeñado en el congreso más bien el papel de espectro del
oportunismo que el de verdadero representante suyo". Y la redacción de Iskra se ha visto obligada
inmediatamente a rectificar al autor del artículo ¡Ya es hora!, declarando en
una nota:
"No se puede estar de
acuerdo con esta opinión. Los puntos de vista programáticos del camarada Akímov
llevan bien marcado el sello del oportunismo, cosa que reconoce también el
crítico de Osvobozhdenie en uno de
sus últimos números, señalando que el camarada Akímov pertenece a la tendencia
"realista" (léase revisionista)".
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Así pues, la Iskra misma sabe perfectamente que el
"realismo" de Osvobozhdenie
no es ni más ni menos que oportunismo. Si ahora, al atacar el "realismo
liberal" (núm. 102 de Iskra), Iskra silencia que los liberales la alabaron por su realismo, este silencio se explica
por el hecho de que tales alabanzas
son peores que cualquier censura. Tales alabanzas (que ni son casuales ni es la
primera vez que las hace Osvobozhdenie)
demuestran en la práctica el parentesco del realismo liberal con estas
tendencias del "realismo" (léase oportunismo) socialdemócrata que se
traslucen en cada resolución de los neoiskristas debido a la falsedad de toda
su posición táctica.
En efecto, la burguesía de
Rusia ha manifestado ya plenamente su inconsecuencia y su egoísmo en la
revolución "del pueblo", lo ha manifestado tanto por las reflexiones
del señor Struve como por el tono y el contenido de gran número de periódicos
liberales y por el carácter de los actos políticos de gran número de
funcionarios de los zemstvos, de gran número de intelectuales, en general, de
todo género de partidarios de los señores Trubetskói, Petrunkévich, Ródichev y
Cía. Desde luego, la burguesía no siempre comprende con plena claridad, pero su
intuición de clase le hace darse perfecta cuenta, en general, de que, por una
parte, el proletariado y el "pueblo" son útiles para su revolución
como carne de cañón, como ariete contra el absolutismo, pero que, por otra
parte, el proletariado y los campesinos revolucionarios son peligrosísimos para
ella en el caso de que consigan la "victoria decisiva sobre el
zarismo" y lleven hasta el fin la revolución democrática. Por eso la
burguesía procura por todos los medios que el proletariado se conforme con
desempeñar un papel "modesto" en la revolución, que sea más moderado,
más práctico, más realista, que su actividad esté determinada por el principio:
"que la burguesía no vuelva la espalda".
Los burgueses instruidos
saben perfectamente que ellos no podrán desembarazarse del movimiento obrero.
Por eso no impugnan en absoluto el movimiento obrero ni la lucha de clase del
proletariado; no, incluso hacen todo tipo de reverencias a la libertad de
huelga, a la lucha de clases civilizada, comprendiendo el movimiento obrero y
la lucha de clases a la manera de Brentano o de los sindicatos de Hirsch y
Duncker. Dicho de otra manera, están dispuestos por completo a
"conceder" a los obreros la libertad de huelga y de asociación (casi
conquistada ya de hecho por los mismos obreros) con tal de que éstos renuncien
al "espíritu de rebeldía", al "revolucionarismo estrecho",
a la hostilidad a los "compromisos útiles en la práctica", a la
pretensión y al deseo de imprimir "a la revolución popular rusa" el
sello de su lucha de clase, el sello de la perseverancia proletaria, de la
decisión proletaria, del "jacobinismo plebeyo". Los burgueses
instruidos de toda Rusia procuran por eso con todas sus fuerzas, por mil medios
y caminos —libros*, conferencias, discursos, charlas, etc., etc.—
,
inculcar
a los obreros las ideas de la sensatez (burguesa), del practicismo (liberal),
del realismo (oportunista), de la lucha de clases (a la manera de Brentano)59, de los sindicatos (como los de Hirsch y Duncker)60, etc. Las dos últimas consignas son cómodas en particular para
los burgueses del partido "demócrata constitucionalista" o de Osvobozhdenie, ya que coinciden en
apariencia con las consignas marxistas; ya que, silenciando algunas cosas y
tergiversando ligeramente las consignas mismas, es facilísimo confundirlas con
las socialdemócratas y, a veces, incluso hacerlas pasar por socialdemócratas.
Así, por ejemplo,
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59 "Concepción brentaniana de la lucha de clases", "brentanismo"; doctrina liberal
burguesa que predica la posibilidad de resolver el problema obrero en el marco
del capitalismo mediante una legislación fabril y la organización de los
obreros en sindicatos. Debe su nombre a Lujo Brentano, catedrático de Economía
Política de la Universidad de Munich, y uno de los representantes principales
del socialismo de cátedra.
60 Los sindicatos de Hirsch y Duncker, sindicatos reformistas de
Alemania, fueron fundados por estos dos dirigentes del Partido Progresista
burgués. Al predicar la "armonía" de intereses del trabajo y el
capital, los organizadores de estos sindicatos creían posible admitir en ellos
a capitalistas al lado de los obreros y negaban la conveniencia de la lucha
huelguística. Afirmaban que era posible librar a los obreros del yugo del
capital en el marco de la sociedad capitalista mediante la legislación del
Estado burgués y con la ayuda de los sindicatos; veían la misión principal de
éstos en el arbitraje entre los obreros y los patronos y en la recaudación de
fondos. Su labor se limitaba fundamentalmente a las mutualidades y a las
organizaciones de cultura e instrucción.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
el periódico liberal Rassviet,61 que se publica legalmente (y del cual procuraremos hablar algún
día con más detenimiento con los lectores de Proletari), dice a menudo cosas tan "atrevidas" sobre la
lucha de clases, sobre la posibilidad de que la burguesía engañe al
proletariado, sobre el movimiento obrero, sobre la iniciativa del proletariado,
etc., etc., que el lector poco atento y el obrero poco desarrollado tomarán
fácilmente su "espíritu socialdemócrata" por oro de ley. Pero, de
hecho, esto es una falsificación burguesa de la socialdemocracia, una
deformación y una tergiversación oportunistas del concepto de la lucha de
clases.
* Compárese Prokopóvich. La cuestión obrera en Rusia.
50
Toda esta gigantesca
falsificación burguesa (gigantesca por la amplitud de su impacto en las masas)
se basa en la tendencia a reducir el movimiento obrero a un movimiento
principalmente sindical, a mantenerlo lo más alejado posible de una política
independiente (es decir, revolucionaria y orientada a la dictadura
democrática), a "eclipsar en la conciencia de los obreros la idea de la
revolución de todo el pueblo ruso con la idea de la lucha de las clases".
Cómo ve el lector, hemos
dado la vuelta de pies a cabeza a la fórmula de Osvobozhdenie. Excelente fórmula que expresa perfectamente dos
puntos de vista sobre el papel del proletariado en la revolución democrática,
el punto de vista burgués y el punto de vista socialdemócrata. La burguesía
quiere constreñir el proletariado al solo movimiento sindical y, de esta
manera, "eclipsar en su conciencia la idea de la revolución de todo el
pueblo ruso con la idea de la lucha de clases" (a la manera de Brentano), exactamente igual que los autores
bernsteinianos del Credo, los cuales eclipsaban en la conciencia de los obreros
la idea de la lucha política con la idea del movimiento "puramente
obrero". La socialdemocracia quiere, por el contrario, desarrollar la
lucha de clase del proletariado hasta hacerle asumir en la revolución de todo
el pueblo ruso un papel dirigente, es decir, llevar esta revolución hasta la
dictadura democrática del proletariado y los campesinos.
Nuestra revolución es una
revolución de todo el pueblo, dice la burguesía al proletariado. Por eso tú,
como clase peculiar, debes limitarte a tu lucha de clase; en aras del
"sentido común", debes dirigir tu atención principal a los sindicatos
y a su legalización; debes considerar precisamente esos sindicatos "el
punto de partida más importante para tu educación política y para tu
organización"; en los momentos revolucionarios debes redactar, sobre todo,
resoluciones "serias", parecidas a la de los neoiskristas; debes ser
circunspecto con las resoluciones "más benignas para los liberales";
debes preferir a dirigentes que tiendan a convertirse en "dirigentes
prácticos del movimiento político real de la clase obrera"; debes
"conservar los elementos realistas de la concepción marxista del
mundo" (si, por desgracia, ya te has contagiado de las "fórmulas
rígidas" de este catecismo "no científico").
Nuestra revolución es una
revolución de todo el pueblo, dice la socialdemocracia al proletariado. Por
eso, como eres la clase más avanzada y la única revolucionaria hasta el fin,
debes aspirar no sólo a participar en la revolución de la manera más enérgica,
sino a desempeñar un papel dirigente en ella. Por eso no debes encerrarte en el
marco de la lucha de clase concebido con estrechez, sobre todo en el sentido
del movimiento sindical, sino, por el contrario, tratar de ampliar el marco y
el contenido de tu lucha de clase hasta abarcar con él no sólo todas las tareas
de la actual revolución democrática del pueblo ruso, sino también las tareas de
la revolución socialista que ha de seguir. Por eso, sin desentenderse del
movimiento sindical y sin dejar de aprovechar hasta el más pequeño resquicio de
legalidad, en la época de la revolución se deben colocar en primer plano las
tareas de la insurrección armada y de formar un ejército revolucionario y un
gobierno revolucionario como únicos
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61 "Rassviet" ("Amanecer"): diario liberal legal que se
publicó en San Petersburgo desde marzo hasta noviembre de 1905.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
caminos hacia la victoria
completa del pueblo sobre el zarismo, hacia la conquista de la república
democrática y de la verdadera libertad política.
Huelga hablar de la
ambigüedad e inconsecuencia, como es natural gratas para la burguesía, de que
adolecen en esta cuestión las resoluciones neoiskristas, gracias a su
"línea" errónea.
II. Nueva "profundización" del problema por el
camarada Martinov
Pasemos a los artículos de
Martínov en los números 102 y 103 de Iskra.
De suyo se entiende que no contestaremos a los intentos de Martínov de probar
la falsedad de nuestra interpretación de una serie de citas de Engels y Marx y
la justedad de la suya. Estas tentativas son tan poco serias, los subterfugios
empleados tan evidentes, y la cuestión tan clara que no tendría ningún interés
detenerse en ellas una vez más. A cualquier lector que piense le será fácil
discernir los ingenuos ardides de Martínov en su retirada en toda la línea,
sobre todo cuando sean publicadas las traducciones completas de los folletos Los bakuninistas en acción, de Engels, y
Mensaje del Comité Central a la Liga de
los Comunistas —marzo de 1850— , de Marx, preparados por un grupo de
colaboradores de Proletari. Bastará
una sola cita del artículo de Martínov para que el lector vea claramente su
retirada.
Iskra
"reconoce" —dice Martínov en el número 103— "que uno de los
caminos posibles y convenientes para el desarrollo de la revolución es formar
un gobierno provisional y niega la conveniencia de que los socialdemócratas
participen en un gobierno provisional burgués, precisamente para apoderarse
después de toda la máquina del Estado con el fin de hacer la revolución
socialista". Dicho con otras palabras: Iskra
ha reconocido ahora lo absurdo de los temores que le inspiraba la
responsabilidad del gobierno revolucionario por el Tesoro y los bancos, del
miedo de que fuese peligroso e imposible tomar en sus manos las
"cárceles", etc. Pero Iskra
continúa embrollando las cosas, como antes, al confundir la dictadura
democrática con la dictadura socialista. La confusión es inevitable para cubrir
la retirada.
51
Martínov descuella entre los
confusionistas de la nueva Iskra como
confusionista de primera clase, como confusionista de talento, valga la
expresión. Embrollando el problema en sus esfuerzos por
"profundizarlo", llega casi siempre a "forjarse" nuevos
enunciados que revelan a maravilla toda la falsedad de la posición ocupada por
él. Recuerden cómo "profundizaba" en la época del “economismo" a
Plejánov e ideó fecundo la fórmula: "lucha económica contra los patronos y
el gobierno". Sería difícil encontrar en todas las publicaciones de los
"economistas" una expresión más feliz de toda la falsedad de esta
tendencia. Y lo mismo ocurre hoy: Martínov sirve con tesón a la nueva Iskra y, casi siempre que toma la
palabra, nos ofrece nuevos y excelentes datos para apreciar la falsa posición
neoiskrista. En el número 102 dice que Lenin "ha trastrocado de una manera
imperceptible los conceptos de revolución y dictadura" (pág. 3, col. 2).
A esta acusación se reducen,
en esencia, todas las acusaciones de los neoiskristas contra nosotros. ¡Cuán
agradecidos le estamos a Martínov por esta acusación! ¡Qué servicio
inapreciable nos presta en la lucha contra el neoiskrismo, formulando la
acusación de esa manera! En verdad, vamos a tener que pedir a la redacción de Iskra que lance más a menudo a Martínov
contra nosotros, encargándole "ahondar" los ataques a Proletari y formularlos "desde el
punto de vista de los principios puros". Pues cuanto más se esfuerza
Martínov por argumentar desde el punto de vista de los principios, tanto peor
lo hace y tanto más evidente resulta la prueba de las deficiencias del
neoiskrismo, con tanto mayor éxito hace consigo mismo y con sus amigos la útil
operación pedagógica de reductio ad absurdum (de reducir al absurdo los
principios de la nueva Iskra).
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Vperiod y Proletari "trastruecan" los
conceptos de revolución y dictadura. A Iskra
no le gusta este "trastrueque". ¡Eso es, honorabilísimo camarada
Martínov! Usted ha dicho, sin habérselo propuesto, una gran verdad. Usted ha
confirmado con una fórmula nueva nuestra afirmación de que Iskra va a la zaga de la revolución y se desvía hacia un
planteamiento de las tareas de la revolución a lo Osvobozhdenie, mientras que Vperiod
y Proletari dan consignas que
impulsan adelante la revolución democrática.
¿No lo comprende usted,
camarada Martínov? En vista de la importancia de la cuestión, trataremos de
explicárselo con detenimiento.
El carácter burgués de la
revolución democrática se refleja, entre otras cosas, en el hecho de que toda
una serie de clases, grupos y sectores sociales, que se mantienen por completo
en el terreno del reconocimiento de la propiedad privada y de la economía
mercantil y son incapaces de salirse de él, llegan, por la fuerza de las cosas,
a reconocer que la autocracia y todo el régimen de servidumbre en general son
inservibles y se adhieren a la reclamación de libertad. Cabe señalar que cada
vez está más claro el carácter burgués de esta libertad, exigida por la
"sociedad" y defendida con un torrente de palabras (¡solamente de
palabras!) de los terratenientes y capitalistas. Al mismo tiempo resulta más
evidente cada día la diferencia radical que hay entre lucha obrera y lucha
burguesa por la libertad, entre democracia proletaria y democracia liberal. La
clase obrera y sus representantes conscientes avanzan e impulsan adelante esta
lucha, no sólo sin temor a llevarla hasta el fin, sino tratando de ir mucho más
allá de los más lejanos límites de la revolución democrática. La burguesía es
inconsecuente y egoísta, y no acepta las consignas de libertad más que de un
modo incompleto e hipócrita. Todo intento de marcar con una línea peculiar, con
"puntos" elaborados especialmente (como los puntos de la resolución
de Starovier o de la de los conferencistas), los límites desde los cuales
comienza esa hipocresía de los amigos burgueses de la libertad o, si se quiere,
esa traición a la libertad por sus amigos burgueses, está infaliblemente
condenado al fracaso, pues la burguesía, colocada entre dos fuegos (la
autocracia y el proletariado), es capaz de cambiar por mil caminos y medios su
posición y sus consignas, adaptándose un poco a la derecha y otro poco a la
izquierda, tirando, aflojando y trapicheando siempre. La tarea de la democracia
proletaria no consiste en inventar estos "puntos" muertos, sino en
hacer una crítica continua de la situación política cambiante, en desenmascarar
las nuevas inconsecuencias y traiciones imprevistas de la burguesía.
Recuerden la historia de los
escritos políticos del señor Struve en las publicaciones ilegales y de la
guerra que le hizo la socialdemocracia y verán de manera palmaria cómo cumplió
estas tareas la socialdemocracia, campeona de la democracia proletaria. El
señor Struve comenzó por lanzar una consigna, puramente a lo Shípov;
"¡derechos y poder para los zemstvos!" (véase mi artículo en Zariá62: Los perseguidores de los zemstvos y los
Aníbales del liberalismo). La socialdemocracia lo desenmascaraba y lo
empujaba hacia un programa netamente constitucionalista. Cuando estos
"empujones" surtieron efecto, gracias a la marcha particularmente
rápida de los acontecimientos revolucionarios, la lucha se orientó hacia la siguiente cuestión de la democracia:
no sólo una Constitución en general, sino sin falta sufragio universal igual, directo y secreto. Cuando
"ocupamos" al "adversario" esta nueva posición (la adopción
del sufragio universal por la Unión de Liberación), seguimos presionando,
demostrando la hipocresía y la falsedad del sistema bicameral, el
reconocimiento incompleto del sufragio universal por los adeptos de Osvobozhdenie, señalando en su monarquismo el carácter mercantilista de
su democracia o, dicho con otras palabras, la
malversación de los intereses de la gran revolución rusa por los elementos
de Osvobozhdenie, estos héroes de la
bolsa de oro.
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62 "Zariá" ("Aurora"): revista científica y política
marxista que editó en 1901-1902 en Stuttgart la redacción de Iskra. En total
aparecieron cuatro números (tres cuadernos). Esta revista criticaba el
revisionismo internacional y ruso y defendía las bases teóricas del marxismo.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
52
En fin, la brutal terquedad de la autocracia, el progreso
gigantesco de la guerra civil y el atolladero en que habían metido a Rusia los
monárquicos empezaron a influir hasta en las mentes más rutinarias. La
revolución se convertía en un hecho. Para aceptar la revolución ya no hacía
falta ser un revolucionario. El gobierno autocrático se descomponía en realidad
y sigue descomponiéndose a la vista de todos. Como ha señalado con razón un
liberal (el señor Gredeskul) en la prensa legal, se ha creado de hecho un
estado de insubordinación al gobierno existente. A pesar de toda su aparente
fuerza, la autocracia ha resultado ser impotente, los acontecimientos de la
revolución en desarrollo han empezado simplemente a arrinconar este organismo
parasitario que se descompone en vida. Obligados a respaldar su actividad (o,
más exactamente, sus trapicheos políticos) con las relaciones concretas que se
están estableciendo de hecho, los burgueses liberales han empezado a ver la
necesidad de aceptar la revolución. Y lo hacen no porque sean revolucionarios,
sino a pesar de que no son revolucionarios. Lo hacen por necesidad y en contra
de su voluntad, viendo irritados los éxitos de la revolución, acusando de
revolucionaria a la autocracia, que no quiere componendas, sino la lucha a vida
o muerte. Negociantes por naturaleza, odian la lucha y la revolución, pero las
circunstancias los obligan a pisar el terreno de la revolución, puesto que no
hay otro terreno bajo los pies.
Asistimos a un espectáculo
muy aleccionador y cómico. Las prostitutas del liberalismo burgués intentan
cubrirse con la toga revolucionaria. Los de Osvobozhdenie
—risum teneatis, amici!* ¡los de Osvobozhdenie empiezan a hablar en
nombre de la revolución! ¡¡¡Los de
Osvobozhdenie empiezan a asegurar que "no temen la revolución"
(el señor Struve, en el núm. 72 de Osvobozhdenie)!!! ¡¡¡Los de Osvobozhdenie tienen la pretensión de
"ponerse a la cabeza de la revolución"!!!
* ¡Contened la risa, amigos!
Este es un fenómeno muy
significativo que caracteriza no sólo el progreso del liberalismo burgués,
sino, más aún, el progreso de los éxitos reales del movimiento revolucionario
que obligó a que lo reconocieran.
Hasta la burguesía comienza a darse cuenta de que es más conveniente pisar el terreno de la revolución —hasta tal punto se
tambalea la autocracia —. Mas, por otra parte, este fenómeno, que testimonia el
ascenso de todo el movimiento a un escalón nuevo, superior, nos plantea tareas
también nuevas, también de orden superior. La burguesía no puede admitir la
revolución con sinceridad, independientemente de la honestidad personal de tal
o cual ideólogo de la burguesía. La burguesía no puede menos de aportar también
a esta fase superior del movimiento su egoísmo y su inconsecuencia, su
trapicheo y sus mezquinos estratagemas reaccionarios. Debemos formular ahora de otra manera las tareas concretas e
inmediatas de la revolución en nombre de nuestro programa y para el desarrollo de nuestro programa. Lo que ayer era
bastante, hoy es insuficiente. Es
posible que ayer fuera bastante exigir, como consigna democrática de
vanguardia, el reconocimiento de la revolución. Ahora esto es poco. La
revolución ha obligado hasta al señor Struve a admitirla. Ahora se exige de la
clase de vanguardia que determine exactamente el contenido mismo de las tareas inmediatas e inaplazables de esta
revolución. Al aceptar la revolución
los señores Struve enseñan una y otra vez la punta de sus orejas asnales,
entonando de nuevo la vieja cantinela de la posibilidad de un desenlace
pacífico, de que Nicolás llame al poder a los señores de Osvobozhdenie, etc., etc. Los señores de Osvobozhdenie aceptan la revolución con el fin de escamoteada, de
traicionarla con menos riesgo para
ellos. Nos incumbe ahora indicar al proletariado y al pueblo entero la
insuficiencia de la consigna "revolución", mostrar la necesidad de
una definición clara e inequívoca, consecuente y decidida del contenido mismo de la revolución. Y esta
definición constituye la única consigna capaz de expresar con tino la
"victoria decisiva" de la revolución, la consigna: dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y los campesinos.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
Abusar del sentido de las
palabras es un fenómeno corrientísimo en política. Por ejemplo, en más de una
ocasión se llamaron "socialistas" los partidarios del liberalismo
burgués de Inglaterra ("ahora todos somos socialistas" — "We all
are socialists now", dijo Harcourt), los partidarios de Bismarck y los
amigos del Papa León XIII. La palabra "revolución" también sirve
perfectamente para que se abuse de ella y, en determinada fase del desarrollo
del movimiento, ese abuso es inevitable. Cuando el señor Struve se puso a
hablar en nombre de la revolución, no pudimos menos de evocar a Thiers. Pocos
días antes de la revolución de febrero, aquel enano monstruoso, prototipo de la
venalidad política de la burguesía, barruntaba la inminencia de la tempestad
popular. ¡Y declaró desde la tribuna parlamentaria que él pertenecía al partido de la revolución! (Véase La guerra civil en Francia, de Marx). La
significación política del paso de Osvobozhdenie
al partido de la revolución es absolutamente
idéntica a este "paso" de Thiers. Cuando los Thiers rusos se
ponen a hablar de su pertenencia al
partido de la revolución, eso quiere decir que la consigna de revolución es ya
insuficiente, que no dice nada, que no plantea ninguna tarea, pues la
revolución es un hecho, y se suman a ella los elementos más heterogéneos.
53
En efecto, ¿qué es la
revolución desde el punto de vista del marxismo? La destrucción violenta de la
superestructura política caduca, cuya contradicción con las nuevas relaciones
de producción ha dado lugar en determinado instante a su hundimiento. La contradicción
entre la autocracia y todo el régimen de la Rusia capitalista, entre la
autocracia y todas las demandas del desarrollo democrático burgués del país da
lugar ahora a una bancarrota tanto mayor cuanto más tiempo se ha mantenido
artificiosamente esa contradicción. La superestructura se desgarra por todas
sus costuras, cede a la presión, se debilita. El pueblo se ve precisado a crear
él mismo, por medio de los representantes de las más distintas clases y grupos,
una nueva superestructura. En un momento determinado del desarrollo, la
inutilidad de la vieja superestructura se hace evidente para todos. Todos
aceptan la revolución. La tarea consiste ahora en determinar qué clases
precisamente y cómo precisamente
deben construir la nueva superestructura. ¡Sin esa definición, la consigna de revolución en el momento actual es una
consigna vacía y sin sentido, pues la debilidad de la autocracia hace
"revolucionarios" incluso a los grandes príncipes y a Moskóvskie Viédomosti!63 Sin esa definición no se puede ni hablar de las tareas
democráticas avanzadas de la clase de
vanguardia. Y esa definición es concretamente la consigna de dictadura
democrática del proletariado y los campesinos. Esta consigna define tanto a las
clases en que pueden y deben apoyarse los nuevos "constructores" de
la nueva superestructura como su carácter (dictadura "democrática" a
diferencia de la socialista) y el método de construir (dictadura, esto es,
aplastamiento por la violencia de la resistencia violenta, armamento de las
clases revolucionarias del pueblo). Quien no admita ahora esta consigna de
dictadura democrática revolucionaria, la consigna de ejército revolucionario,
de gobierno revolucionario, de comités campesinos revolucionarios o no
comprende en absoluto las tareas de la revolución, no sabe determinar sus
nuevas y supremas tareas planteadas por el momento actual, o engaña al pueblo,
traiciona la revolución abusando de la consigna de "revolución".
El primer caso es el del
camarada Martínov y sus amigos. El segundo es el del señor Struve y de todo el
partido "demócrata constitucionalista" de los zemstvos.
¡El camarada Martínov ha
sido tan perspicaz e ingenioso que ha lanzado la acusación de que "se
trastruecan" los conceptos de revolución y de dictadura precisamente
cuando el desarrollo de la revolución exige que se definan sus tareas con la
consigna de dictadura! En realidad, el camarada Martínov ha tenido otra vez la
desgracia de quedarse a la zaga, de
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63 "Moskóvskie Viédomosti" ("Las noticias de Moscú"):
periódico que publicaba la Universidad de Moscú desde 1756; propagaba las ideas
de los sectores más reaccionarios de los terratenientes y el clero. Desde 1905
fue uno de los órganos principales de las centurias negras. Apareció hasta la
Revolución Socialista de Octubre.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
tropezar en el penúltimo
escalón, de situarse al nivel de la
tendencia de "Osvobozhdenie",
pues admitir (de palabra) la "revolución" y rechazar la dictadura
democrática del proletariado y los campesinos (es decir, la revolución en la
práctica) corresponde ahora precisamente a la posición política de Osvobozhdenie, esto es, a los intereses
de la burguesía monárquica liberal. La burguesía liberal dice ahora, por boca
del señor Struve, que está en pro de la revolución. El proletariado consciente
exige, por boca de los socialdemócratas revolucionarios, la dictadura del
proletariado y los campesinos. Y aquí tercia en la polémica el sabihondo de la
nueva Iskra , gritando: ¡no oséis
"trastrocar" los conceptos de revolución y dictadura! Pues bien,
¿acaso no es verdad que la falsa posición de los neoiskristas los condena a ir
constantemente a la zaga de la tendencia de Osvobozhdenie?
Hemos demostrado que los
elementos de Osvobozhdenie suben
peldaño por peldaño (no sin la influencia de los empujones estimulantes de la
socialdemocracia) la escalera que conduce al reconocimiento de la democracia.
Al principio el objeto de nuestra discusión con ellos era: ¿táctica a lo Shípov
(conceder derechos e investir de poder a los zemstvos) o constitucionalismo?
Después: ¿elecciones limitadas o sufragio universal? Después: ¿reconocimiento
de la revolución o trapicheo con la autocracia? Por último, ahora,
¿reconocimiento de la revolución sin dictadura del proletariado y los
campesinos o reconocimiento de la reivindicación de dictadura de estas clases
en la revolución democrática? Es posible y probable que los señores de Osvobozhdenie (los de ahora o sus
sucesores en el ala izquierda de la democracia burguesa, es igual) asciendan un
escalón más, es decir, admitan también, con el tiempo (tal vez cuando el
camarada Martínov suba otro escalón), la consigna de dictadura. Y es incluso
inevitable que así sea si la revolución rusa avanza con éxito y alcanza la
victoria decisiva. ¿Cuál será entonces la posición de la socialdemocracia? La
victoria completa de la revolución actual será el fin de la revolución
democrática y el comienzo de la lucha enérgica por la revolución socialista.
54
La satisfacción de las reivindicaciones de los campesinos de
nuestros días, el aplastamiento completo de la reacción, la conquista de la
república democrática marcarán el fin completo del espíritu revolucionario de
la burguesía e incluso de la pequeña burguesía, será el comienzo de la
verdadera lucha del proletariado por el socialismo. Cuanto más completa sea la
revolución democrática tanto más rápida y amplia, tanto más neta y denodada
será esta nueva lucha. La consigna de dictadura "democrática" expresa
precisamente el carácter histórico limitado de la actual revolución y la
necesidad de una nueva lucha basada en un nuevo orden de cosas, por la
liberación total de la clase obrera de todo yugo y de toda explotación. Dicho
de otra manera, cuando la burguesía democrática o la pequeña burguesía ascienda
un escalón más, cuando sea un hecho no sólo la revolución, sino la victoria
completa de la revolución, "trastrocaremos" (quizá en medio de los
gritos de horror de los nuevos Martínov futuros) la consigna de dictadura
democrática y la consigna de dictadura socialista del proletariado, es decir,
de revolución socialista completa.
III. La vulgar exposición burguesa de la dictadura y
el concepto que Marx tenia de ella
Mehring relata en las notas
dedicadas a la edición —publicada por él— de los artículos de Marx, insertos en
la Nueva Gaceta del Rin en 1848, que
las publicaciones burguesas hacían, entre otras cosas, a dicho periódico el
reproche de que exigía, al parecer, "la instauración inmediata de la
dictadura como único medio para poner en práctica la democracia"
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
(Marx’Nachlass, t. III, pág. 53)64.
Desde el punto de vista vulgar de la burguesía, el concepto de dictadura y el
concepto de democracia se excluyen mutuamente. Al no comprender la teoría de la
lucha de clases y estar acostumbrado a ver en la liza política únicamente los
pequeños altercados de los diversos grupos y facciones de la burguesía, el
burgués entiende por dictadura la anulación de todas las libertades y garantías
democráticas, entiende por dictadura toda arbitrariedad, todo abuso de poder en
provecho personal del dictador. En el fondo, precisamente este vulgar punto de
vista burgués se trasluce también en nuestro Martínov que, como conclusión de
su "nueva campaña" en la nueva Iskra,
explica el apasionamiento de Vperiod
y de Proletari por la consigna de
dictadura, diciendo que Lenin "desea apasionadamente probar suerte" (Iskra, núm. 103, pág. 3, col. 2). Esta
deliciosa explicación se encuentra por entero al mismo nivel que las
acusaciones burguesas a la Nueva Gaceta
del Rin de que preconizaba la dictadura. Por consiguiente, Marx fue acusado
también
—¡aunque no por los
"socialdemócratas", sino por los liberales burgueses!— de
"trastrocar" los conceptos de revolución y dictadura. Para aclarar a
Martínov el concepto de dictadura de una clase, a diferencia de dictadura de un
individuo, y las tareas de la dictadura democrática, a diferencia de las que se
plantean a la dictadura socialista, será útil que nos detengamos a examinar las
ideas de la Nueva Gaceta del Rin.
"Toda estructura
provisional del Estado —escribía la Nueva
Gaceta del Rin el 14 de septiembre de 1848—, después de una revolución,
exige una dictadura, y una dictadura enérgica. Nosotros hemos reprochado desde
el principio a Camphausen (presidente del Consejo de Ministros después del 18
de marzo de 1848) el que no obrara de manera dictatorial, el que no destruyera
y barriera en seguida los restos de las viejas instituciones. Y mientras el
señor Camphausen se entregaba a sus ilusiones constitucionales, el partido
vencido (es decir, el partido de la reacción) consolidaba sus posiciones en la
burocracia y en el ejército y hasta comenzaba a atreverse en distintos lugares
a la lucha al descubierto".65
Estas palabras —dice con
razón Mehring— resumen en unas cuantas tesis la idea expuesta con prolijidad en
largos artículos de la Nueva Gaceta del
Rin, sobre el gobierno Camphausen. ¿Y qué nos dicen estas palabras de Marx?
Nos dicen que el gobierno provisional revolucionario debe actuar de manera
dictatorial (tesis que Iskra en modo
alguno ha podido comprender por su temor a la consigna de dictadura); que una
tarea de esta dictadura es destruir los restos de las viejas instituciones
(precisamente lo que se indica con claridad en la resolución del III Congreso
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sobre la lucha frente a la
contrarrevolución y se omite en la resolución de la conferencia, como hemos
señalado más arriba). En tercer y último lugar, de estas palabras se desprende
que Marx fustigaba a los demócratas burgueses por sus "ilusiones
constitucionales" en una época de revolución y de guerra civil declarada.
El sentido de estas palabras está clarísimo en el artículo de la Nueva Gaceta del Rin del 6 de junio de
1848. "La Asamblea Nacional Constituyente — escribía Marx — debe ser, ante
todo, una asamblea activa, activa a lo revolucionario. Pero la Asamblea de
Fráncfort se entrega a ejercicios escolares de parlamentarismo y deja al
gobierno que obre. Supongamos que este sabio concilio llegue, tras maduro
debate, a componer el mejor orden del día y la mejor de las Constituciones.
¿Para qué servirán el mejor orden del día y la mejor de las Constituciones si,
mientras tanto, los gobiernos alemanes han puesto ya la bayoneta a la orden del
día ?66
![]()
64 Lenin se remite a la introducción de F.
Mehring al libro Aus dem literarischen
Nachlass von Karl Marx, Friedrich
Engels und Ferdinand Lassalle. Herausgegeben
pon Franz Mehring. Band III, Stuttgart, 1902, S. 53 ("De la herencia literaria de Carlos Marx, Federico
Engels y Fernando Lassalle, redactado por Franz Mehring, t. III, S tuttgart,
1902, ptíg. 53).
Más adelante, en las páginas 121-122 Lenin vuelve a citar esta
introducción de F. Mehring.
65 Véase el artículo de C. Marx La
crisis y la contrarrevolución.
66 Véase el artículo de C. Marx y F. Engels Los programas del partido radical democrático de Fráncfort y la
izquierda de Fráncfort.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
He aquí el sentido de la
consigna de dictadura. De ello se desprende cuál sería la actitud de Marx ante
unas resoluciones que llaman victoria decisiva al "acuerdo de organizar la
Asamblea Constituyente" o que invitan ¡"a seguir siendo el partido de
oposición revolucionaria extrema"!
55
Los grandes problemas de la vida de los pueblos se resuelven
solamente por la fuerza. Las propias clases reaccionarias son generalmente las
primeras en recurrir a la violencia, a la guerra civil, y "ponen la
bayoneta a la orden del día", como lo ha hecho la autocracia rusa y
continúa haciéndolo, sistemática y constantemente por todas partes, desde el 9
de enero. Y una vez creada esta situación, una vez que la bayoneta encabeza
realmente el orden político del día, una vez que la insurrección ha resultado
imprescindible e inaplazable, las ilusiones constitucionales y los ejercicios
escolares de parlamentarismo no sirven más que para encubrir la traición de la
burguesía a la revolución, para en cubrir el hecho de que la burguesía
"vuelve la espalda" a la revolución. La clase verdaderamente
revolucionaria debe lanzar en este preciso caso la consigna de dictadura.
Respecto a las tareas de la
dictadura, Marx escribía ya en la Nueva
Gaceta del Rin: "La Asamblea Nacional debo haber actuado de manera
dictatorial contra las intentonas reaccionarias de los gobiernos caducos, y así
hubiera adquirido tal fuerza en la opinión popular que todas las bayonetas se
habrían roto contra ella... Y esta Asamblea fatiga al pueblo alemán con
discursos aburridos en lugar de atraerlo o de ser atraída por él".67 A juicio de Marx, la Asamblea Nacional debió "haber
eliminado del régimen existente en Alemania todo lo que estuviera en pugna con
el principio de la soberanía del pueblo"; después "consolidar la base
revolucionaria en que descansaba y asegurar, contra todos los ataques, la
soberanía del pueblo conquistada por la revolución".68
Así pues, las tareas que
Marx asignaba en 1848 al gobierno revolucionario o a la dictadura se reducían,
ante todo, por su contenido, a la revolución democrática: defensa frente a la contrarrevolución y eliminación
efectiva de todo lo que estuviera en pugna con la soberanía del pueblo. Esto no
es otra cosa que una dictadura democrática revolucionaria.
Veamos ahora qué clases
podían y debían, a juicio de Marx, cumplir esta tarea (aplicar hasta el fin en
la práctica el principio de la soberanía del pueblo y rechazar los ataques de
la contrarrevolución). Marx habla de "pueblo". Pero sabemos que luchó
siempre sin piedad contra las ilusiones pequeñoburguesas de unidad del
"pueblo", de ausencia de lucha de clases en el seno del pueblo. Al
emplear la palabra "pueblo", Marx no velaba con ella la diferencia de
las clases, sino que unificaba determinados elementos capaces de llevar la
revolución hasta el fin.
Después del triunfo del
proletariado de Berlín el 18 de marzo —escribía la Nueva Gaceta del Rin—, la revolución ha tenido resultados de dos
tipos: "Por una parte, el armamento del
pueblo, el derecho de asociación, la soberanía del pueblo conquistada en la
práctica; por otra parte, el mantenimiento de la monarquía y el ministerio
Camphausen— Hansemann, es decir, un gobierno de representantes de la gran
burguesía. De esta manera, la revolución ha tenido resultados de dos tipos que
debían abocar inevitablemente en la ruptura. El pueblo ha vencido; ha
conquistado libertades de carácter decididamente democrático, pero el poder
inmediato no ha pasado a sus manos, sino a manos de la gran burguesía. En suma,
la revolución no ha sido llevada hasta el fin. El pueblo ha permitido a los
representantes de la gran burguesía formar un ministerio, y estos
representantes de la gran burguesía han demostrado inmediatamente sus
aspiraciones, proponiendo una alianza a la vieja nobleza prusiana y a la
burocracia. En el ministerio han entrado Arnim, Kanitz y Schwerin.
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67 Véase la nota 66.
68 Lenin cita el artículo de F. Engels La Asamblea de Fráncfort.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
“La gran burguesía, antirrevolucionaria desde el comienzo mismo,
ha concertado una alianza defensiva y ofensiva con la reacción por miedo al
pueblo, es decir, a los obreros y a la burguesía democrática" (subrayado por nosotros).69
Así pues, para conseguir el
triunfo decisivo de la revolución no sólo es insuficiente aún "el acuerdo
de organizar la Asamblea Constituyente", sino hasta ¡su propia
convocatoria! Incluso después del triunfo parcial en la lucha armada (triunfo de
los obreros berlineses sobre las tropas el 18 de marzo de 1848) es posible una
revolución "incompleta", "no llevada hasta el fin". ¿De qué
depende, pues, el que sea llevada hasta el fin? De las manos a que pase la
dominación efectiva: de que pase a manos de los Petrunkévich y los Ródichev, es
decir, de los Camphausen y los Hansemann, o a manos del pueblo, es decir, de
los obreros y de la burguesía democrática. En el primer caso, la burguesía
tendrá el poder, y el proletariado, la "libertad de crítica", la
libertad para "seguir siendo el partido de la oposición revolucionaria
extrema". Inmediatamente después del triunfo, la burguesía concertará una
alianza con la reacción (esto también ocurriría inevitablemente en Rusia si los
obreros de San Petersburgo, por ejemplo, consiguieran un triunfo sólo parcial
en los combates contra las tropas en la calle y dejaran formar gobierno a los
señores Petrunkévich y Cía.). En el segundo caso, sería posible la dictadura
democrática revolucionaria, es decir, el triunfo completo de la revolución.
Queda por determinar con
mayor exactitud qué entendía propiamente Marx por "burguesía
democrática" (demokratische
Bürgerschaft), a la cual, sumada a los obreros, él llamaba pueblo en
contraposición a la gran burguesía.
56
El siguiente pasaje de un
artículo de la Nueva Gaceta del Rin,
publicado el 29 de julio de 1848, da una respuesta clara: "...La
revolución alemana de 1848 no es sino una parodia de la revolución francesa de
1789.
"El 4 de agosto de
1789, tres semanas después de la toma de la Bastilla, el pueblo francés arrolló
en un solo día todas las cargas tributarias feudales.
"El 11 de julio de
1848, cuatro meses después de las barricadas de marzo, las cargas tributarias
feudales arrollaron al pueblo alemán. Teste
Gierke cum Hansemanno*.
* "Testigos: el señor Gierke y el
señor Hansemann". Hanseman era el ministro del partido de la gran
burguesía (en ruso, Trubetskólo Ródichev, etc.). Gierke, ministro de
Agricultura del gobierno Hansemann, redactó un "atrevido" proyecto de
presunta "abolición sin indemnización de las cargas tributarias
feudales" y, en realidad, de abolición de las pequeñas y sin importancia,
pero de conservación de las más esenciales o su rescate mediante pago. El señor
Gierke es algo así como en Rusia los señores Kablukov, Manuílov, Guertsenstéin
y otros liberales burgueses semejantes, amigos del mujik, que quieren una
"ampliación de la propiedad agraria campesina", pero sin lesionar a
los terratenientes.
"La burguesía francesa
de 1789 no abandonó ni un minuto a sus aliados, los campesinos. Sabía que su
dominación se basaba en la liquidación del feudalismo en el campo, en la
creación de una clase de campesinos propietarios (grundbesitzenden) libres.
"La burguesía alemana
de 1848 traiciona sin ningún escrúpulo a los campesinos, sus aliados más
naturales, que son carne de su carne y sin los cuales no puede nada contra la
nobleza.
"El mantenimiento de
los derechos feudales, sancionados bajo la apariencia del rescate (ilusorio):
he aquí el resultado de la revolución alemana de 1848. El parto de los
montes".70
Este es un pasaje muy
aleccionador que nos ofrece cuatro tesis importantes: 1) La revolución alemana
incompleta se diferencia de la francesa, llevada hasta su fin, en que la
'burguesía traicionó a la democracia en general y a los campesinos en
particular. 2) La base de la realización completa de la revolución democrática
está en la creación de una clase de campesinos libres. 3) La creación de una
clase tal está en la supresión de las cargas tributarias feudales, en la
destrucción del feudalismo, pero esto en modo alguno es aún la revolución
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69 Véase el artículo de F. Engels Debates berlineses acerca de la revolución.
70 Véase el artículo de C. Marx El
proyecto de ley sobre la abolición de las cargas feudales.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
socialista. 4) Los
campesinos son los aliados "más naturales" de la burguesía, y
precisando, de la burguesía democrática, sin los cuales esta última "no
puede nada" contra la reacción.
Todas estas tesis, modificadas conforme a las particularidades
nacionales concretas, poniendo régimen de servidumbre en lugar de feudalismo,
pueden ser también aplicadas, en su totalidad, a la Rusia de 1905. No cabe duda
de que, si sacamos las enseñanzas de la experiencia de Alemania, explicada por
Marx, no podemos llegar a otra consigna, para el triunfo decisivo de la
revolución, que a la de dictadura democrática revolucionaria del proletariado y
los campesinos. No cabe duda de que el proletariado y los campesinos son las
partes integrantes principales de ese "pueblo" que Marx contraponía
en 1848 a la reacción que resistía y a la burguesía que traicionaba. No cabe
duda de que también en Rusia la burguesía liberal y los señores de Osvobozhdenie traicionan y traicionarán
a los campesinos, o sea, saldrán del paso con una seudorreforma y se colocarán
al lado de los terratenientes en la lucha decidida entre éstos y los
campesinos. Únicamente el proletariado es capaz de apoyar a los campesinos hasta
el fin en esta lucha. No cabe duda, por último, de que, en Rusia, el éxito de
la lucha campesina, es decir, el paso de todas las tierras a poder de los
campesinos significará también una revolución democrática completa, pues ésta
es la base social de la revolución llevada hasta el fin, pero en modo alguno
será una revolución socialista ni la "socialización" de que hablan
los ideólogos de la pequeña burguesía, los socialistas— revolucionarios. El
éxito de la insurrección campesina, la victoria de la revolución democrática,
no hará sino desbrozar el camino para una lucha decidida y verdadera por el
socialismo, que tenga por base la república democrática. Los campesinos, como
clase poseedora de tierras, desempeñarán en esta lucha el mismo papel traidor e
inconsecuente que ahora desempeña la burguesía en la lucha por la democracia.
Olvidar esto es olvidar el socialismo, engañarse a sí mismo y engañar a los
demás respecto a los verdaderos intereses y tareas del proletariado.
Para no dejar ninguna laguna
en la exposición de las ideas que Marx tenía en 1848 es necesario destacar una
diferencia esencial entre la socialdemocracia alemana de entonces (o partido
comunista del proletariado, hablando en el lenguaje de entonces) y la actual
socialdemocracia rusa. Concedamos la palabra a Mehring:
"La Nueva Gaceta del Rin apareció en la liza
política como "órgano de la democracia". No se puede menos de ver la
orientación general de todos sus artículos. Pero, de modo directo, defendía más
los intereses de la revolución burguesa frente al absolutismo y el feudalismo
que los intereses del proletariado frente a los de la burguesía. Pocos datos
encontrarán en sus columnas sobre el movimiento obrero específico durante la
revolución, aunque no se debe olvidar que, al mismo tiempo, se publicaba dos
veces por semana, bajo la dirección de Moll y Schapper, el órgano especial de
la Unión Obrera de Colonia.71
57
De todos modos, la escasa
atención que la Nueva Gaceta del Rin72
dedicaba al movimiento obrero alemán de entonces salta a la vista del lector
contemporáneo, pese a que su activista más capaz, Stephan Born, había sido
discípulo de Marx y Engels en París y Bruselas y, en 1848, corresponsal del
periódico de ellos en Berlín. Born cuenta en sus Memorias que Marx y Engels nunca le expresaron una sola palabra de
desaprobación de su agitación obrera. Pero las declaraciones posteriores de
Engels permiten suponer que ellos estaban descontentos, por lo menos, de los
métodos de esta agitación. Este descontento era fundado, ya que Born se
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71 El Órgano
de la Unión Obrera de Colonia se titulaba al principio Zeitnng des Arbeiter-Vereins zu Köln ("Gaceta de la Unión
Obrera de Colonia") con el subtítulo de "Freiheit, Brüderlichkeit, Arbeit" ("Libertad,
Fraternidad, Trabajo"). Apareció desde abril hasta octubre de 1848 (40
números en total) bajo la dirección de A. Gotschalck, hasta julio de 1848, y
luego de I. Moll, ambos miembros de la Liga de los Comunistas. Después de clausurarse
este periódico, la Unión Obrera de
Colonia reanudó el 26 de octubre su publicación con el título de Freiheit, Brüderlichkeit, Arbeit, que apareció hasta el 24 de junio de 1849.
72 Véase la nota 16.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
veía obligado a hacer muchas
concesiones a la conciencia de clase del proletariado, no desarrollada aún en
la mayor parte de Alemania, concesiones que estaban por debajo de toda crítica
desde el punto de vista del Manifiesto
Comunista. Su descontento no era fundado, por cuanto, a pesar de todo, Born
supo mantener la agitación, dirigida por él, a un nivel relativamente alto...
Sin duda alguna, Marx y Engels tenían razón en el plano histórico y político
cuando veían el interés fundamental de la clase obrera, ante todo, en impulsar
al máximo la revolución burguesa... Pese a ello, una prueba notable de cómo el
instinto elemental del movimiento obrero sabe corregir las concepciones de los
pensadores más geniales es el hecho de que éstos se pronunciaran, en abril de
1849, a favor de una organización específicamente obrera y decidieran
participar en el congreso obrero, que preparaba principalmente el proletariado
del Este del Elba (Prusia Oriental)".
De modo que ¡sólo en abril
de 1849, casi un año después de la aparición del periódico revolucionario (la Nueva Gaceta del Rin empezó a salir el 1
de junio de 1848), Marx y Engels se pronunciaron a favor de una organización
obrera independiente! ¡Hasta entonces dirigían simplemente un "órgano de
la democracia" no ligado con ningún lazo orgánico a un partido obrero independiente!
Este hecho, monstruoso e increíble desde nuestro punto de vista actual, nos
demuestra con claridad qué diferencia tan enorme hay entre la socialdemocracia
alemana de entonces y el actual Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Este
hecho nos muestra cuánto más débiles eran los rasgos proletarios del
movimiento, su corriente proletaria, en la revolución democrática alemana
(debido al atraso de Alemania en 1848, tanto en el sentido económico como en el
político: su fraccionamiento estatal). Esto no se debe olvidar (como lo olvida,
por ejemplo, Plejánov) al apreciar las numerosas declaraciones que hizo Marx en
esta época y en otra algo posterior sobre la necesidad de que el proletariado
organizase su propio partido. Marx, al cabo de casi un año, basándose
únicamente en la experiencia de la revolución democrática, sacó en la práctica
esa conclusión: hasta tal punto era entonces filisteo y pequeñoburgués todo el
ambiente de Alemania. Para nosotros, esta conclusión es ya una adquisición
vieja y sólida de la experiencia de medio siglo de la socialdemocracia
internacional, adquisición con la cual hemos
comenzado a organizar el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Entre
nosotros, por ejemplo, no puede darse
el caso de que los periódicos revolucionarios del proletariado estén al margen
del Partido Socialdemócrata del proletariado o de que actúen un solo instante
como simples "órganos de la democracia".
Pero el contraste, que no
hacía más que perfilarse entre Marx y Stephan Born, existe en nuestro país,
tanto más desarrollado cuanto más potente es la corriente proletaria en el
torrente democrático de nuestra revolución. Refiriéndose al probable descontento
de Marx y Engels por la agitación de Stephan Born, Mehring se expresa de una
forma demasiado suave y evasiva. He aquí lo que escribía Engels sobre Born en
1885 (prólogo a Enthüllungen über den
Kommunistenprozess zu Köln. Zúrich. 1885*):
* Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia,
Zúrich, 1885. (N. de la Edit.)
Los miembros de la Liga de
los Comunistas73 estaban en todas partes a la cabeza del
movimiento democrático más extremo, demostrando con esto que la Liga era una
excelente escuela de actividad revolucionaria. "El cajista Stephan Born,
militante activo de la Liga en Bruselas y París, fundó en Berlín una
"Hermandad Obrera" (Arbeiterverbrüderung)
que adquirió considerable extensión y se mantuvo hasta 1850. Born, joven de
talento, se precipitó, sin embargo, a actuar como político. Con tal de reunir
gente a su alrededor,
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73 Liga
de los Comunistas:
primera organización comunista internacional del proletariado fundada bajo la
dirección de Marx y Engels a comienzos de junio de 1847 en Londres. Los
principios programáticos y orgánicos de la Liga fueron elaborados con la
participación directa de Marx y Engels. Ellos mismos escribieron el documento
programático Manifiesto del Partido
Comunista, publicado en febrero de 1848. La Liga de los Comunistas existió
hasta noviembre de 1852 y fue la precursora de la Asociación Internacional de los Trabajadores (I Internacional). Los
líderes más destacados de la Liga de los Comunistas desempeñaron posteriormente
un papel dirigente en la I Internacional.
Dos tareas de la socialdemocracia en la revolución democrática
"alternaba" con un
montón de elementos de lo más dispares (Kreti
und Plethi). No era, ni mucho menos, una de esas personas capaces de unir
tendencias contradictorias, de proyectar luz en el caos. Por este motivo, en
las publicaciones oficiales de su Hermandad se confundían y entremezclaban
constantemente los puntos de vista del Manifiesto
Comunista con reminiscencias y aspiraciones gremiales, con retazos de ideas
de Luis Blanc y Proudhon, con la defensa del proteccionismo, etc.; en pocas
palabras, esta gente quería contentar a todo el mundo (Allen alles sein). Se
ocupaban particularmente de organizar huelgas, sindicatos, cooperativas de
producción, olvidando que la tarea consistía, ante todo, en conquistar, por
medio de la victoria política, primero el único terreno sobre el cual se
podrían realizar, sólida y
firmemente, cosas como éstas (subrayado por nosotros). Y cuando las victorias
de la reacción obligaron a los líderes de esta Hermandad a sentir la necesidad
de participar directamente en la lucha revolucionaria, como es natural, la masa
atrasada que estaba agrupada a su alrededor los abandonó. Born tomó parte en la
insurrección de Dresde en mayo de 1849 y se salvó por una feliz casualidad. La
Hermandad Obrera se mantuvo al margen del gran movimiento político del
proletariado como una asociación aislada que más bien existía sólo sobre el
papel, desempeñando una función tan secundaria que la reacción no consideró
preciso prohibida hasta 1850, y sus secciones filiales no fueron disueltas
hasta muchos años después. Born, cuyo auténtico nombre es Buttermilch*, no
consiguió ser político y terminó siendo un pequeño profesor suizo que ahora, en
vez de traducir a Marx al idioma gremial, traduce en un alemán dulzón al
buenazo de Renan".74
* Al traducir a Engels, yo cometí un error en este punto en la
primera edición, tomando la palabra Buttermilch (suero de leche. N. de la Edit.) por apodo y no por
nombre propio. Este error ha causado, naturalmente, extraordinaria satisfacción
a los mencheviques. Koltsov ha
escrito que yo "había profundizado a Engels" (publicado en la
recopilación En dos años); Plejánov, incluso ahora, recuerda este error en
Továrisch;75 en pocas palabras, se ha encontrado un excelente pretexto para
echar tierra a la cuestión de las dos tendencias en el movimiento obrero de
1848 en Alemania: la tendencia de Born (afín a nuestros
"economistas") y la tendencia marxista. Aprovechar los errores del
adversario, aunque sólo sea en lo del nombre de Born, es más que natural. Pero
echar tierra a la esencia del problema en las dos tácticas con enmiendas a la
traducción es tanto como darse por vencido en lo esencial de la discusión.
(Nota de Lenin a la edición de 1907. N.
de la Edit.)
58
¡Así es cómo apreciaba
Engels las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática!
Nuestros neoiskristas
tienden también hacia el "economismo" con más celo que inteligencia,
haciéndose acreedores de las alabanzas de la burguesía monárquica por su
"sensatez". También reúnen a su alrededor a los elementos más
dispares, adulando" a los "economistas", seduciendo
demagógicamente a la masa atrasada con las consignas de "iniciativa",
"democracia", "autonomía", etc., etc. Sus asociaciones
obreras existen también, muy a menudo, sólo en las páginas de la nueva Iskra a lo Jlestakov.76 Sus consignas y resoluciones ponen de manifiesto la misma
incomprensión de las tareas del "gran movimiento político del
proletariado".
Escrito en junio-julio de 1905. Publicado en libro aparte en
julio de 1905, por el CC del POSDR, en Ginebra.
T. 11, págs. 1-131.
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74 Véase F. Engels. Contribución
a la historia de la Liga de los Comunistas.
75 Jlestakov: personaje de la comedia de N. Gógol El revisor, tipo de
fanfarrón sin medida y embustero.
76
Se alude al artículo
de J. Plejánov ¿Es posible esto?,
impreso en el periódico Továrisch, núm. 381 (septiembre de 1907).
"Továrisch"
("El camarada"): diario burgués que se publicó en San Petersburgo en
1906-1907. Formalmente no pertenecía a ningún partido; pero, en la práctica,
era órgano de los demócratas constitucionalistas de izquierda. Colaboraban en
él también los mencheviques.
59
LA REVOLUCIÓN
ENSEÑA.
Las divergencias existentes
en el seno de los partidos políticos y entre ellos suelen superarse no sólo
discutiendo con argumentos fieles a los principios, sino también por efecto del
curso de la propia vida política, y sería más exacto decir que no tanto de la
primera forma como de la segunda. Sobre todo las divergencias en cuanto a la
táctica del partido, o sea, a su conducta política, se zanjan a menudo con el
paso efectivo de quienes están equivocados al camino certero de la lucha bajo
el influjo de las enseñanzas de la vida, bajo la presión del propio curso de
los acontecimientos, que obliga a seguir ese camino acertado y desecha simple y
llanamente los razonamientos equivocados, los deja sin base ni contenido,
abatidos y faltos de interés. Eso no significa, desde luego, que las
divergencias de principio en problemas de táctica carezcan de gran importancia
y no exijan aclaraciones fundamentales de la cuestión, pues tales aclaraciones
son las únicas que pueden mantener al partido a la altura de sus convicciones
teóricas. No. Eso sólo significa que es necesario comprobar con la mayor
frecuencia posible, a la luz de los nuevos acontecimientos políticos, las
decisiones tácticas adoptadas antes. Tal comprobación es necesaria en teoría y
en la práctica: en teoría, para que la realidad de los hechos nos convenzan de
si son acertadas, y en qué medida lo son, las decisiones tomadas y qué
correctivos obligan a introducir en ellas los acontecimientos políticos
ocurridos después de que fueron adoptadas; en la práctica, para aprender a
guiarnos con tino por esas decisiones, para aprender a considerarlas
directrices que deben ser aplicadas de inmediato.
La época revolucionaria es
la que ofrece más datos que cualquier otra para tal comprobación, merced a la
enorme rapidez del desarrollo político y al enconamiento de los choques
políticos que se avecinan, estallan y se deciden. La vieja "superestructura"
se derrumba en la época revolucionaria, y la nueva es creada a la vista de
todos por la acción voluntaria de las más diferentes fuerzas sociales, que
muestran con hechos su verdadera naturaleza.
Así también la revolución
rusa nos ofrece, poco menos que cada semana, datos políticos de sorprendente
riqueza que permiten comprobar nuestros acuerdos sobre táctica adoptados antes
y aprovechar las enseñanzas más instructivas para toda nuestra actividad
práctica. Tomemos los acontecimientos de Odessa.77 Un conato de insurrección frustrada. Un destacamento del
ejército revolucionario sufrió una derrota que, si bien no dio al enemigo la
oportunidad de que lo aniquilase, le permitió arrinconarlo en un territorio
neutral (lo mismo que los alemanes obligaron a un ejército francés a que se
replegara a Suiza, durante la guerra de 1870-1871), donde fue desarmado por el
Estado neutral. Doloroso fracaso, dura derrota. Pero ¡qué abismo media entre
este fracaso sufrido en la lucha y los continuos fracasos que llueven sobre los
trapicheos de los Shípbv, Trubetskói, Petrunkévich, Struve y todos esos lacayos
burgueses del zar! Engels dijo una vez que los ejércitos derrotados aprenden
extraordinariamente.78 Estas magníficas palabras son más
aplicables, sin ningún grado de comparación, a los ejércitos revolucionarios
engrosados por las clases avanzadas que a los ejércitos de una u otra nación.
Mientras no sea barrida la vieja superestructura que contamina a todo el pueblo
con su podredumbre, cada nueva derrota dará lugar a la formación de nuevos
ejércitos de combatientes, los pondrá en juego, los aleccionará con la
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77 Véase la nota 2.
78 Se trata del artículo de F. Engels ¿Puede Europa desarmarse?
experiencia de sus camaradas
y los instruirá en los métodos nuevos y superiores de batallar. Por supuesto,
existe una experiencia colectiva mucho más amplia, de la humanidad, inscrita en
la historia de la democracia y la socialdemocracia internacionales y reafirmada
por los representantes de vanguardia del pensamiento revolucionario. De esa
experiencia se surte nuestro partido para la propaganda y la agitación
cotidianas. Pero mientras la sociedad se base en la opresión y explotación de
millones de trabajadores, sólo unos pocos pueden aprender directamente de esa
experiencia. Las masas deben aprender, sobre todo, en sus costillas, pagando
con duros sacrificios cada lección, cada nuevo avance hacia la emancipación.
Dura ha sido la lección del 9 de enero,79 pero
ha revolucionado el estado de ánimo del proletariado de toda Rusia. Dura es la
lección de la insurrección de Odessa; mas, como obra en un estado de ánimo ya
revolucionario, ahora enseñará al proletariado revolucionario no sólo a luchar,
sino también a vencer. Con motivo de los acontecimientos de Odessa decimos: el
ejército revolucionario ha sido vencido, ¡viva el ejército revolucionario!
En el núm. 7 de nuestro
periódico hemos hablado ya de cómo la insurrección de Odessa ha proyectado
nueva luz sobre nuestras consignas de ejército revolucionario y gobierno
revolucionario*. En el número anterior hablamos (en el artículo del camarada V.
S.) de las enseñanzas militares de la insurrección.80 En el presente número volvemos a referimos a algunas de sus
enseñanzas políticas (en el artículo La
revolución en la ciudad). Ahora debemos detenemos, además, a comprobar
nuestros recientes acuerdos sobre táctica en el doble sentido de su acierto
teórico y de su conveniencia práctica, de lo cual ya hemos hablado antes.
* Véase V. I. Lenin. Ejército revolucionario y gobierno
revolucionario. (N. de la Edit.)
60
Las cuestiones políticas
esenciales del momento actual son la insurrección y el gobierno revolucionario.
De ellas es de lo que más han hablado y discutido entre sí los
socialdemócratas. A ellas estuvieron dedicadas las resoluciones más importantes
del III Congreso del POSDR y de la conferencia de los que se han separado del
partido. En torno a estas cuestiones giran las principales divergencias
tácticas en el seno de la socialdemocracia rusa. Y ahora cabe preguntar: ¿bajo
qué luz se presentan esas divergencias después
de la insurrección de Odessa? Todo el que se tome la molestia de releer las
opiniones y los artículos sobre esa insurrección, por una parte, y las cuatro
resoluciones que a los problemas de la insurrección y del gobierno provisional
dedicaron el congreso del partido y la conferencia de los neoiskristas, por la
otra, notará inmediatamente cómo estos últimos, influidos por los
acontecimientos, comenzaron a pasarse de hecho al bando de sus contrincantes,
es decir, a obrar de acuerdo con las resoluciones del III Congreso, y no con
las suyas. No hay mejor crítico de una doctrina errónea que el curso de los
acontecimientos revolucionarios.
Bajo la influencia de estos
acontecimientos, la redacción de Iskra
publicó la hoja volante La primera
victoria de la revolución, dirigida a los "ciudadanos, obreros y
campesinos de Rusia", cuya parte
esencial dice:
"Ha llegado el momento
de actuar con valentía y apoyar con todas las fuerzas la intrépida insurrección
de los soldados. ¡Ahora vencerá la valentía!
"¡Convocad, pues, a
asambleas públicas del pueblo y llevadle la noticia del hundimiento del
baluarte militar del zarismo! ¡Apoderaos, donde sea posible, de las
instituciones urbanas para convertidas en bastiones de la autogestión
revolucionaria del pueblo! Expulsad a los funcionarios zaristas y convocad a
elecciones populares para
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79 Véase la nota 14.
80 El artículo mencionado por Lenin de V.
Sévertsev (V. Filátov) sobre las enseñanzas militares de la insurrección y
titulado El Príncipe Potemkin de la
Táurida está dedicado a la sublevación del acorazado Potemkin y se publicó
en el periódico Proletari, núm. 8
(julio de 1905).
las instituciones de
autogestión revolucionaria, a las que encomendaréis la dirección provisional de
los asuntos públicos hasta el triunfo definitivo sobre el gobierno zarista y el
establecimiento de un nuevo orden estatal. ¡Apoderaos de las sucursales del
Banco del Estado, de los arsenales y armad a todo el pueblo! ¡Entablad
comunicación entre las ciudades y entre éstas y el campo, para que los
ciudadanos armados se apresuren a ayudarse los unos a los otros dondequiera que
haga falta! ¡Tomad las cárceles y poned en libertad a los combatientes presos
de nuestra causa: con ellos fortaleceréis vuestras filas! ¡Proclamad en todas
partes el derrocamiento de la monarquía zarista y su sustitución por una
república democrática libre! ¡En pie, ciudadanos! ¡Ha sonado la hora de la
emancipación! ¡Viva la revolución! ¡Viva la república democrática! ¡Viva el
ejército revolucionario! ¡Abajo la autocracia!"
Se trata, pues, de un
llamamiento enérgico, explícito y claro a la insurrección armada de todo el
pueblo. Se trata asimismo de un llamamiento enérgico a formar un gobierno
provisional revolucionario, si bien lamentamos que en este punto esté redactado
de manera velada y reticente. Analicemos primero el problema de la
insurrección.
¿Existe alguna diferencia de
principio entre las resoluciones que sobre este problema adoptaron el III
Congreso y la conferencia? Sin duda. Ya hemos hablado de eso en el núm. 6 de Proletari (Tercer paso atrás) y ahora volveremos a referirnos al instructivo
testimonio de Osvobozhdenie,81 en cuyo número 72 leemos que la "mayoría" cae en un
"revolucionarismo abstracto, un
espíritu de rebeldía, el afán de levantar por todos los medios una insurrección
de la masa del pueblo y tomar inmediatamente el poder en su nombre".
"Por el contrario, la minoría, muy adicta a los dogmas del marxismo,
conserva a la vez los elementos realistas de la concepción marxista del
mundo". Este juicio de liberales que han pasado la escuela preparatoria
del marxismo y el bernsteinianismo es sumamente valioso. Los burgueses
liberales han reprochado siempre al ala revolucionaria de la socialdemocracia
el "revolucionarismo abstracto y el amotinamiento" y elogiado siempre
al ala oportunista su enfoque "realista" del problema. La propia Iskra ha tenido que reconocer (véase el
núm. 73, nota a propósito de la aprobación del "realismo" del folleto
del camarada Akímov) por el señor Struve que, en boca de los adeptos de Osvobozhdenie, "realista"
significa "oportunista". Los señores de Osvobozhdenie no conocen otro realismo que el reptante; les es
ajena por completo la dialéctica revolucionaria del realismo marxista, que hace
resaltar los objetivos de lucha de la clase avanzada y revela en lo existente
los elementos que lo destruirán. Por eso la caracterización que da Osvobozhdenie de las dos tendencias de
la socialdemocracia confirma una vez más el hecho, probado por nuestras
publicaciones, de que la "mayoría" es el ala revolucionaria, y la
"minoría", el ala oportunista de la socialdemocracia rusa.
61
Osvobozhdenie reconoce sin reservas que, en comparación con el congreso,
"la conferencia de la minoría tiene una actitud totalmente distinta ante
la insurrección armada". En efecto, la resolución de la conferencia,
primero, se contradice, pues tan pronto niega como admite la posibilidad de una
insurrección llevada a cabo con orden (pág. 1, punto d); y, segundo, se limita
a enumerar las condiciones generales
de los "preparativos de la insurrección", o sea:
a)
ampliar
la agitación, b) consolidar los vínculos con el movimiento de las masas, c)
desarrollar la conciencia revolucionaria, d) establecer una ligazón entre las
distintas regiones,
e) atraer a grupos no proletarios a apoyar
al proletariado. La resolución del congreso, por el contrario, plantea
abiertamente consignas positivas al afirmar que el movimiento ha hecho ya necesaria la insurrección y
al exhortar a organizar al proletariado para una lucha inmediata, a adoptar las
medidas más enérgicas para armarlo y a explicar en la propaganda y en la
agitación "no sólo el significado político" de la insurrección (a eso
se reduce, en
![]()
81 Véase la nota 6.
realidad, la resolución de
la conferencia), sino también sus aspectos práctico y de organización.
Para ver más clara la
diferencia existente entre uno y otro modo de abordar el problema, recordaremos
la evolución que han seguido las ideas socialdemócratas sobre la insurrección
desde el surgimiento del movimiento obrero de masas. Primera etapa. Año de
1897. En Las tareas de los
socialdemócratas rusos, de Lenin, se lee que "hablar de antemano de
cuál será el medio a que recurrirá la
socialdemocracia para el derrocamiento directo de la autocracia, de si
preferirá, por ejemplo, la insurrección o la huelga política de masas u otra
forma de ataque, sería lo mismo que si unos generales se reuniesen en consejo
militar antes de haber reclutado tropas"*. Aquí, como vemos, ni siquiera
se habla de preparar una insurrección, sino únicamente de reunir un ejército,
es decir, de la propaganda, de la agitación y de la organización en general.
* Véase la presente edición, tomo 1. (N. de la Edit.)
Segunda etapa. Año de 1902. En ¿Qué hacer?, de Lenin, leemos:
"...Imagínense una insurrección popular. Ahora (febrero de
1902) es probable que todo el mundo esté de acuerdo en que debemos pensar en
ella y preparamos para ella. Pero ¿cómo
prepararnos? ¡No se querrá que el Comité Central nombre agentes en todas las
localidades para preparar la insurrección! Aunque tuviésemos un Comité Central,
éste no lograría absolutamente nada con designarlos, dadas las actuales
condiciones rusas. Por el contrario, una red de agentes que se forme por sí
misma en el trabajo de organización y difusión de un periódico central no
tendría que "aguardar con los brazos cruzados" la consigna de la
insurrección, sino que desplegaría justamente esa labor regular que le
garantizase, en caso de insurrección, las mayores probabilidades de éxito. Esa
misma labor es la que reforzaría los lazos de unión tanto con las más grandes
masas obreras como con todos los sectores descontentos de la autocracia, lo
cual tiene suma importancia para la insurrección. En esa labor precisamente se
formaría la capacidad de enjuiciar con tino la situación política general y,
por tanto, la capacidad de elegir el momento adecuado para la insurrección. Esa
misma labor es la que acostumbraría a todas las organizaciones locales a
hacerse unísono eco de los problemas, casos y sucesos políticos que agitan a
toda Rusia, responder a estos "sucesos" con la mayor energía posible,
de la manera más uniforme y conveniente posible; y la insurrección es, en el
fondo, la "respuesta" más enérgica, más uniforme y más conveniente de
todo el pueblo al gobierno. Esa misma labor es la que acostumbraría, por
último, a todas las organizaciones
revolucionarias, en todos los confines de Rusia, a mantener las relaciones más
constantes, y conspirativas a la vez, que crearían la unidad efectiva del
partido; sin estas relaciones es imposible discutir colectivamente un plan de
insurrección ni adoptar las medidas preparatorias indispensables en vísperas de
ésta, medidas que deben guardarse en el secreto más riguroso"**.
** Véase la presente edición, tomo 2. (N. de la Edit.)
¿Qué tesis sobre la
insurrección expone este razonamiento? 1) Que la idea de "preparar"
la insurrección designando agentes especiales que habrían de "aguardar con
los brazos cruzados" es absurda. 2) Que son necesarios los lazos de unión,
surgidos del trabajo común, entre las
personas y organizaciones que despliegan una labor regular. 3) Que es preciso
reforzar en esta labor los lazos de unión entre los sectores proletarios
(obreros) y no proletarios (todos los descontentos). 4) Que es necesario formar
en común la capacidad de enjuiciar con tino la situación política y hacerse
"unísono eco", de la manera más conveniente, a los sucesos políticos.
5) Que se precisa la unidad efectiva de todas las organizaciones
revolucionarias locales.
Vemos, por consiguiente,
formulada ya con claridad la consigna de preparar
la insurrección, pero aún falta el llamamiento directo a comenzarla, no se
reconoce aún que el movimiento "ha conducido ya a la necesidad de la
insurrección", que es preciso armarse inmediatamente,
organizar grupos de combate,
etc. Vemos precisamente el análisis de esas mismas condiciones de preparación
de la insurrección que se repiten casi
textualmente en la resolución de la conferencia (¡¡en 1905!!).
62
Tercera etapa. Año de 1905.
En el periódico Vperiod 82 y luego, en la resolución del III
Congreso se da otro paso adelante: además de la preparación política general de
la insurrección, se plantea la consigna directa de organizarse y armarse
inmediatamente para ella y formar grupos especiales (de combate), pues el
movimiento "ha conducido ya a la necesidad de la insurrección armada"
(punto 2 de la resolución del congreso).
Esta breve referencia de
historia nos induce a sacar tres deducciones indiscutibles: 1) La afirmación de
los burgueses liberales, adeptos de Osvobozhdenie,
de que nosotros caemos en "el revolucionarismo abstracto, en el afán de
amotinar" es una patente falta a la verdad. Nosotros planteamos y hemos
planteado siempre este problema precisamente en el terreno concreto, y no de un modo "abstracto",
abordándolo de distintas maneras en 1897, 1902 y 1905. La acusación de afán de amotinar es una frase oportunista de
los señores burgueses liberales, que se disponen a traicionar los intereses de
la revolución y dejarla en la estacada en los momentos de la lucha decisiva
contra la autocracia. 2) La conferencia de los neoiskristas se ha detenido en
la segunda etapa de desarrollo del problema de la insurrección, limitándose en
1905 a repetir lo que valía sólo en 1902. Se ha quedado atrasada del desarrollo revolucionario tres años. 3) Bajo el
impacto de las enseñanzas de la vida, en concreto, de la insurrección de
Odessa, los neoiskristas han reconocido de hecho que es preciso actuar tal y
como estipulan las resoluciones del congreso y no las de su propia conferencia,
es decir, han reconocido que es impostergable la tarea de la insurrección y de
absoluta necesidad hacer sin demora llamamientos inmediatos a organizar
directamente la insurrección y armarse.
La revolución ha descartado
en seguida la atrasada doctrina socialdemócrata. Tenemos, pues, un obstáculo
menos para la unidad práctica en el trabajo común con los neoiskristas, sin que
eso signifique, todavía, la desaparición total de las divergencias de
principio. No podemos contentarnos con que nuestras consignas tácticas vayan
renqueando a la zaga de los acontecimientos, adaptándose a ellos una vez
consumados. Debemos procurar que estas consignas nos lleven adelante, nos
alumbren el camino que nos queda y nos eleven por encima de las tareas
inmediatas del momento. Para desplegar una lucha consecuente y tesonera, el
partido del proletariado no puede determinar su táctica de cuando en cuando.
Debe reunir en sus decisiones tácticas la fidelidad a los principios del
marxismo y la evaluación exacta de los objetivos avanzados de la clase
revolucionaria.
Otro problema político
esencial es el del gobierno provisional revolucionario. Aquí vemos tal vez con
mayor claridad aún que la redacción de Iskra
rompe virtualmente en su hoja volante con las consignas de la conferencia y se
adhiere a las consignas tácticas del III Congreso. La absurda teoría de que la
socialdemocracia "no se debe proponer el fin de conquistar" (para una
revolución democrática) "ni compartir el poder en el gobierno
provisional" ha sido arrojada por la borda, pues la hoja volante exhorta
francamente a "apoderarse de las instituciones urbanas" y a
"organizar la gestión provisional de los asuntos públicos". La
absurda consigna de "seguir siendo el partido de la oposición
revolucionaria extrema" (absurda en un período de revolución, aunque muy
acertada en el de controversia exclusivamente parlamentaria) ha sido archivada,
en realidad, porque los acontecimientos de Odessa han obligado a Iskra a comprender que durante una
insurrección es ridículo
![]()
82 El periódico Vperiod ("Adelante") empezó a publicarse en Ginebra, en
enero de 1905, como órgano de la fracción bolchevique del partido. De enero a
mayo aparecieron 18 números. A partir del mes de mayo comenzó a publicarse Proletari como Órgano Central del POSDR,
en lugar de Vperiod, de acuerdo con
la resolución del III Congreso del POSDR (dicho
congreso se celebró en Londres en el mes de mayo; los mencheviques no
asistieron y organizaron su propia "conferencia" en Ginebra).
limitarse a esta consigna,
que es necesario llamar activamente a la insurrección, a llevarla a cabo con
toda energía y utilizar el poder revolucionario. También ha sido desechada la
absurda consigna de las "comunas revolucionarias", pues los acontecimientos
de Odessa han obligado a Iskra a
comprender que esa consigna sólo propicia la confusión de la revolución
democrática con la revolución socialista. Y confundir estas dos cosas tan
diferentes no sería más que aventurerismo evidenciador de una falta absoluta de
claridad de pensamiento teórico y capaz de entorpecer el cumplimiento de las
medidas prácticas esenciales que faciliten a la clase obrera la lucha por el
socialismo en la república democrática.
Recordemos la polémica de la
nueva Iskra con Vperiod, su táctica de actuar "sólo desde abajo", en
oposición a la de Vperiod de obrar
"desde abajo y desde arriba", y veremos que Iskra ha adoptado nuestra solución del problema, pues ahora ella
misma exhorta sin tapujos a la acción
desde arriba. Recordemos los recelos de Iskra
ante el peligro de que nos desacreditáramos, al asumir la responsabilidad por
el Tesoro del Estado, la Hacienda Pública, etc. Y veremos que aunque nuestros
argumentos no la convencieron, los propios hechos la han convencido de la razón
que asiste a estos argumentos, ya que en la mencionada hoja volante Iskra recomienda sin ambages
"apoderarse de las sucursales del Banco del Estado". La absurda
teoría de que la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y los
campesinos y la participación conjunta de los mismos en un gobierno provisional
revolucionario es "una traición al proletariado", o "un vulgar
jauresismo (millerandismo)",83 ha
sido lisa y llanamente olvidada por los neoiskristas, quienes ahora exhortan
precisamente a los obreros y campesinos a apoderarse de las instituciones
urbanas, las sucursales del Banco del Estado y los arsenales, a "armar a
todo el pueblo" (por lo visto, ahora se trata de armarlo con armas, y no
sólo con el "fervoroso deseo de armarse"), a proclamar el
derrocamiento de la monarquía zarista, etc.; en pocas palabras, a actuar por
entero conforme al programa que se ofrece en las resoluciones del III Congreso,
a actuar como pide la consigna de dictadura democrática revolucionaria y
gobierno provisional revolucionario.
63
Es cierto que Iskra no alude en su hoja volante ni a
una ni a otra consigna. Enumera y describe todas las acciones típicas, en
conjunto, de un gobierno provisional revolucionario, pero rehúye mencionado.
Mal hecho. En realidad, ha adoptado por sí sola esta consigna. Pero la falta
del término claro puede sólo inducir a vacilar, sembrar la indecisión y la
confusión en las mentes de los luchadores. El temor a los términos
"gobierno revolucionario" y "poder revolucionario" es un
temor puramente anarquista, impropio de un marxista. Para
"apoderarse" de instituciones y bancos, "convocar a
elecciones", encomendar "la gestión provisional de los asuntos",
"proclamar el derrocamiento de la monarquía", para todo eso es
absolutamente necesario formar y proclamar, primero, un gobierno provisional
revolucionario que una y dirija hacia un mismo fin toda la actividad militar y
política del pueblo revolucionario. Sin esa unidad, sin el acatamiento general
del gobierno provisional por el pueblo revolucionario, sin el paso de todo el
poder a manos del gobierno provisional, ese "apoderarse" de
instituciones y toda "proclamación" de la república no serán más que
un simple y vano disparate de amotinadores. Si la energía revolucionaria del
pueblo no está concentrada en un gobierno revolucionario, se desarticula
después del primer éxito de la insurrección, se dispersa en minucias, pierde la
amplitud nacional y no puede cumplir la misión de mantener lo conquistado y
realizar lo proclamado.
"Repetimos: de hecho,
en la práctica, la marcha de los acontecimientos obliga a los socialdemócratas
que no aceptan las resoluciones del III Congreso del POSDR a actuar justamente
conforme a las consignas lanzadas por este congreso y arrojar por la borda las
de su conferencia. La revolución enseña.
¡Nuestro deber consiste en aprovechar al máximo las enseñanzas de la
revolución, en coordinar nuestras consignas tácticas con nuestra conducta
![]()
83 Jauresismo (millerandismo): véanse las notas 44 y 12.
y con nuestras tareas
inmediatas, en difundir entre las masas la comprensión certera de esas tareas
inmediatas, en empezar con la mayor amplitud a organizar a los obreros en todas
partes para alcanzar los objetivos de combate de la insurrección, para crear un
ejército revolucionario y para formar un gobierno provisional
revolucionario!
Publicado el 13 (26)
de julio de 1905 en el núm. 9 de "Proletari".
T. 11, págs. 133-143.
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
64
LA
ACTITUD DE LA SOCIALDEMOCRACIA ANTE EL PROBLEMA CAMPESINO.
La enorme importancia del movimiento
campesino en la revolución democrática por que atraviesa Rusia ha sido
explicada ya multitud de veces por toda la prensa socialdemócrata. El
III
Congreso
del POSDR aprobó, como es sabido, una resolución especial sobre esta cuestión
para determinar con mayor exactitud y unificar la labor de todo el partido del
proletariado consciente en lo que se refiere, precisamente, al actual
movimiento campesino. A pesar de que esta resolución había sido preparada con
anterioridad (el primer proyecto apareció en el número 11 de Vperiod el 10 (23) de marzo de este
año*) y de que fue cuidadosamente redactada por el congreso del partido, que
trató de formular los puntos de vista ya sentados de toda la socialdemocracia
de Rusia, a pesar de eso, la resolución ha causado perplejidad entre diversos
camaradas que actúan en Rusia. El comité de Sarátov ha considerado por
unanimidad que esta resolución es inaceptable (véase el núm. 10 de Proletari). Por desgracia, el deseo
expresado ya entonces por nosotros de que nos aclarasen este veredicto no ha
sido satisfecho hasta ahora. Lo único que sabemos es que el comité de Sarátov
ha declarado también inaceptable la resolución agraria de la conferencia
neoiskrista. Por consiguiente lo que no le satisface es lo que hay de común en
ambas resoluciones y no lo que las diferencia.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Un nuevo documento acerca de esta
cuestión es la carta que nos han enviado de un camarada de Moscú (editada en
multicopista), cuyo texto íntegro reproducimos:
Carta abierta al Comité Central y a los camaradas que trabajan
en el campo
Camaradas:
La organización regional del
comité de Moscú ha emprendido de plano el trabajo entre los campesinos. La
falta de experiencia en la organización de una labor de este género, las
condiciones especiales del campo en nuestra zona central, la insuficiente claridad
de las directrices contenidas en las resoluciones del III Congreso relativas a
esta cuestión y la ausencia casi total de literatura, tanto en las
publicaciones periódicas como en general, acerca del trabajo entre los
campesinos, nos obligan a rogar al Comité Central que nos envíe directrices
detalladas de principio y de carácter práctico y a pediros a vosotros,
compañeros de trabajo, que nos facilitéis los datos prácticos que os ha
proporcionado vuestra experiencia.
Estimamos necesario daros a
conocer las dudas que nos han surgido al leer la resolución del III Congreso
"sobre la actitud ante el movimiento campesino", así como el plan de
organización que ya hemos empezado a aplicar en los pueblos de nuestra región.
"§ a) Propagar entre
los grandes sectores del pueblo que la socialdemocracia se fija la tarea de
apoyar con la mayor energía todas las medidas revolucionarias del campesinado
capaces de mejorar su situación, llegando incluso a la confiscación de las
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
tierras de los
terratenientes, del fisco, de la Iglesia, de los monasterios y de la
Corona" (fragmento de la resolución del III Congreso del POSDR).
Lo primero que no está claro
en este apartado es de qué manera efectuarán y deben efectuar la propaganda las
organizaciones del partido. La propaganda exige, ante todo, una organización
muy cercana a quienes está destinada. Sigue en pie la cuestión de si esta
organización tomará la forma de comités del proletariado agrícola o si serán
posibles también otros medios de organización para la propaganda oral y
escrita.
Lo mismo puede afirmarse de
la promesa de un apoyo enérgico. Apoyar, y además con energía, sólo es posible
también cuando existe una organización local. La cuestión del "apoyo
enérgico" nos parece, en general, extremadamente vaga. ¿Es que puede la
socialdemocracia apoyar la expropiación de las tierras de los terratenientes
sometidos al laboreo más intensivo, con el empleo de máquinas, cultivos
superiores, etc.? La transferencia de estas tierras a propietarios
pequeñoburgueses, por muy importante que sea mejorar su situación, es un paso
atrás desde el punto de vista del desarrollo capitalista de semejante hacienda.
Y nosotros, sin dejar de ser socialdemócratas, deberíamos, a nuestro juicio,
hacer la siguiente salvedad en este punto relativo al "apoyo":
"siempre que la expropiación de estas tierras y su transformación en
propiedad campesina (pequeñoburguesa) implique una forma superior de desarrollo
de dicha hacienda en dichas tierras".
Más adelante:
"§ d) Tender a la
organización independiente del proletariado agrícola, a su fusión con el
proletariado urbano bajo la bandera del Partido Socialdemócrata y a tener
representantes suyos en los comités campesinos".
65
Surgen dudas respecto a la
última parte de este punto, pues las organizaciones democráticas burguesas,
como la Unión Campesina,84 y las utópicas reaccionarias al estilo
de los socialistas— revolucionarios organizan bajo sus banderas tanto a los
elementos burgueses del campesinado como a los proletarios. Al hacer que
representantes nuestros de las organizaciones del proletariado agrícola formen
parte de esos comités "campesinos", estaremos en contradicción con
nosotros mismos, con nuestros puntos de vista sobre el bloque, etc.
También en este caso, a nuestro parecer, son necesarias
enmiendas, y muy serias.
Tales son algunas de las
observaciones generales a las resoluciones del III Congreso. Es de desear que
se analicen cuanto antes y con el mayor detenimiento posible".
Por lo que se refiere al
plan de organización "rural" dentro de nuestra organización regional,
tenemos que actuar en unas condiciones de las que las resoluciones del III
Congreso no dicen nada en absoluto. Es necesario señalar, primero, que la zona
donde desarrollamos nuestra actividad —la provincia de Moscú y los distritos de
las provincias colindantes con ella— es sobre todo industrial, con unas
industrias de oficios relativamente poco desarrolladas y una parte muy
insignificante de población dedicada exclusivamente
a la agricultura. Grandes manufacturas de 10.000 a 15.000 obreros se alternan
con pequeñas fábricas de 500 a 1.000 trabajadores diseminadas por pueblos y
aldeas remotas. Podría parecer que, en tales condiciones, la
![]()
84 Unión
Campesina (Unión
Campesina de toda Rusia): organización democrática revolucionaria surgida en
1905. Exigía la libertad política y la convocatoria inmediata de la Asamblea
Constituyente; su programa agrario reclamaba la abolición de la propiedad
privada de la tierra.
En su política, la Unión
Campesina, que se hallaba bajo la influencia de los eseristas y los liberales,
mostró ambigüedad, vacilaciones e indecisión pequeñoburguesas. Al reivindicar
la abolición de la propiedad terrateniente, la Unión accedía a compensar en
parte a los terratenientes. Dejó de existir a comienzos de 1907.
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
socialdemocracia encontraría aquí un terreno muy propicio, pero
la realidad ha demostrado que tales augurios hechos a la ligera están por
debajo de toda crítica. A pesar de que algunas fábricas existen desde hace
cuarenta o cincuenta años, la inmensa mayoría de nuestro proletariado aún no se
ha desprendido de la tierra. El "campo" se le ha adherido con tal
fuerza que ninguna de las premisas sicológicas y de distinto género que se
crean en el proletariado "puro" en el proceso del trabajo colectivo
se desarrollan en nuestro proletariado. La hacienda agrícola de nuestros
"proletarios" es deforme. El tejedor de una fábrica contrata a un
bracero para que trabaje su pequeña parcela. En esa parcela trabajan su mujer
(si es que no está en la fábrica), los hijos, los viejos y los inválidos, y él
mismo trabajará en ella cuando envejezca, cuando quede mutilado o sea despedido
por su conducta turbulenta o sospechosa. Es difícil llamar proletarios a estos
"proletarios". Por su situación económica son elementos depauperados;
por su ideología, pequeños burgueses. Son ignorantes y conservadores. Entre
ellos se recluta a los elementos de las centurias negras. Pero últimamente
también comienza a despertar en ellos la conciencia. A través de sus lazos con
el proletariado "puro", despertamos de su sueño secular a esta masa
atrasada, y no sin éxito. Esos lazos aumentan, se fortalecen en algunos
lugares, los elementos depauperados se supeditan a nuestra influencia y van
asimilando nuestra ideología tanto en la fábrica como en el campo. Y no creemos
que sea heterodoxia fomentar las organizaciones en un medio no
"puramente" proletario. No contamos con otro medio, y si nos
aferramos a la ortodoxia, a organizar exclusivamente al
"proletariado" agrícola, tendremos que disolver nuestra organización
y las organizaciones vecinas. Sabemos que nos será difícil luchar contra el
ansia de expropiación de las tierras cultivables y otros terrenos abandonados
por los terratenientes o de las tierras que los padres de capa y sotana no
supieron explotar como es debido. Sabemos que la democracia burguesa, desde la
fracción "democrático-monárquica" (existe una fracción así en el
distrito de Ruza) hasta la Unión Campesina, luchará contra nosotros por influir
en los "depauperados"; pero nosotros armaremos a los últimos contra
los primeros. Utilizaremos todas las fuerzas socialdemócratas de la región,
tanto las intelectuales como las obreras proletarias, para organizar y
consolidar nuestros comités socialdemócratas de "depauperados". Y lo
haremos de acuerdo con el siguiente plan. En cada cabeza de distrito o centro
industrial importante organizaremos comités distritales de los grupos de la
organización regional. El comité de distrito organizará, además de las fábricas
de su zona, comités "campesinos". Por razones de conspiración, estos
comités no deben ser numerosos y su composición será determinada por los
campesinos depauperados de mayor espíritu revolucionario y más capaces. Allí
donde existan fábricas y campesinos, habrá que organizados en un comité de
subgrupo.
Ante todo, dicho comité debe
orientarse clara y exactamente en las condiciones que le rodean: A) Relaciones
agrarias: 1) lotes comunales en
usufructo, arriendos, formas de propiedad (comunal, individual, etc.); 2) tierras colindantes: a) a quién pertenecen;
b) cantidad de tierra; c) relación de los campesinos con esas tierras; d) condiciones en que son usufructuadas;
1) pago en trabajo, 2) rentas excesivas por los
"recortes", etc.;
e)
deudas
a los kulaks, terratenientes, etc. B) Tributos, impuestos, volumen de las
contribuciones sobre las tierras de los campesinos y de los terratenientes. C)
Ocupaciones fuera de la hacienda propia, industrias de oficio, pasaportes,
contratos de invierno,85 etc. D) Fábricas locales: condiciones
de trabajo: 1) salarios, 2) jornada de trabajo, 3) trato de la administración, 4) condiciones de vivienda, etc. E)
![]()
85
Contrata
de campesinos para las faenas de verano que los terratenientes y los kulaks
practicaban en invierno, cuando más necesitados de dinero estaban los
campesinos. Se concertaba en condiciones onerosas para éstos.
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
Administración: jefes de los zemstvos,86 alcalde, escribano, jueces subdistritales,
guardias, cura. F) Zemstvos87: representantes de los campesinos, empleados de los
zemstvos: maestro de escuela, médico,
biblioteca, escuelas, salas de té. G) Asambleas
subdistritales: composición
y modo de tratar los asuntos. H) Organizaciones: Unión Campesina,
socialistas-revolucionarios, socialdemócratas.
66
Una vez conocidos todos
estos datos, el comité campesino socialdemócrata tiene el deber de conseguir
que las asambleas adopten los acuerdos que se desprendan de tal o cual estado
anormal de cosas. Además de eso, dicho comité lleva a cabo entre las masas una
intensa labor de propaganda y agitación de las ideas de la socialdemocracia,
organiza círculos, mítines relámpago y grandes reuniones clandestinas al aire
libre, difunde proclamas y publicaciones, colecta dinero para la caja del
partido y mantiene relaciones con la organización regional a través del grupo
del distrito.
Si conseguimos organizar
toda una serie de comités de este tipo, el éxito de la socialdemocracia estará
asegurado.
Un organizador comarcal.
Ni que decir tiene que no
asumimos la tarea de elaborar las directrices prácticas detalladas de que habla
el camarada: eso compete a los militantes locales y al Centro de Dirección
Práctica del interior de Rusia. Nuestro propósito es aprovechar la sustanciosa
carta del camarada de Moscú para explicar i las resoluciones del III Congreso y
las tareas actuales del partido en general. Por la carta se ve que las
incomprensiones que ha suscitado la resolución del III Congreso sólo en parte
son producto de dudas teóricas. Otra fuente de origen es la cuestión nueva, no
surgida antes, sobre las relaciones entre los "comités campesinos
revolucionarios" y los "comités
socialdemócratas" que trabajan en el seno del campesinado. El propio
planteamiento de esta última cuestión prueba que la labor socialdemócrata entre
los campesinos ha dado un considerable paso adelante. Las necesidades prácticas
de la agitación "en el campo", que ha empezado a afianzarse y a
revestir formas sólidas y permanentes, colocan a la orden del día cuestiones
relativamente de detalle. Y el autor de la carta olvida reiteradamente que, al
acusar de falta de claridad a la resolución del congreso, busca, en el fondo,
solución a un problema que el congreso del partido no ha planteado ni podía
plantear.
Por ejemplo, no es del todo
acertada la opinión del autor de que la propaganda de nuestras ideas y el apoyo
al movimiento campesino "sólo" son posibles cuando existe una
organización local. Estas organizaciones, como es lógico, son deseables y,
cuando el trabajo se amplía, necesarias; pero la labor indicada es posible y
necesaria hasta en los lugares donde no hay tales organizaciones. En toda
nuestra actividad, incluso entre el proletariado urbano nada más, debemos tener
presente el problema campesino y difundir la declaración que ha hecho todo el partido del proletariado consciente
representado por el III Congreso: apoyamos la insurrección campesina. Los campesinos deben conocer esto a través
de las publicaciones, de los obreros, de organizaciones especiales, etc. Los
campesinos deben saber que, al prestar ese apoyo, el proletariado
socialdemócrata no se detendrá ante
ninguna confiscación de la tierra (es decir, ante la expropiación sin
indemnizar a los propietarios).
El autor de la carta plantea
en este sentido un problema teórico: si sería conveniente limitar con una
salvedad especial la expropiación de las grandes haciendas y su transformación
en "propiedad campesina pequeñoburguesa". Mas, al proponer esa
salvedad, el autor restringe
![]()
86 Jefes
de los zemstvos: cargo
administrativo instituido por el gobierno zarista en 1889 con el propósito de
afianzar el poder de los terratenientes sobre los campesinos. Los Jefes de los
zemstvos eran designados entre los terratenientes de la nobleza de cada lugar y
gozaban de inmensas atribuciones administrativas y judiciales sobre los
campesinos, incluido el derecho a detenerlos y someterlos a castigos
corporales.
87 Véase la nota 28.
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
arbitrariamente el sentido
de la resolución del III Congreso. En la resolución no se dice ni una palabra de que el Partido Socialdemócrata se
comprometa a apoyar el paso de las tierras
confiscadas precisamente a manos de los propietarios pequeñoburgueses. La
resolución dice que apoyamos "hasta la confiscación", es decir, hasta
la expropiación sin indemnización, pero en modo alguno decide la cuestión de a
quién entregar lo expropiado. No es casual que se haya dejado en pie esta
cuestión: los artículos del periódico Vperiod
(números 11*, 12** y 15***) muestran que se consideraba insensato decidir de
antemano este problema. Allí se indicaba, por ejemplo, que en la república
democrática, la socialdemocracia no puede comprometerse ni atarse las manos en
lo que se refiere a la nacionalización de la tierra.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
** Véase V. I. Lenin. Acerca
de nuestro programa agrario. (N. de
la Edit.)
*** Véase V. I. Lenin. El
programa agrario de los liberales. (N.
de la Edit.)
En efecto, a diferencia de
los socialistas— revolucionarios pequeñoburgueses, el centro de gravedad para
nosotros es ahora el aspecto democrático revolucionario de las insurrecciones
campesinas y la organización especial del proletariado agrícola en un partido
de clase. El fondo de la cuestión no reside actualmente en los proyectos
fantásticos de "reparto negro" o de nacionalización, sino en que el
campesinado comprenda y realice la destrucción revolucionaria del viejo
régimen. Por eso, los socialistas— revolucionarios hacen hincapié en la
"socialización", etc., y nosotros en los comités campesinos revolucionarios: sin ellos, decimos, ninguna
transformación significará nada. Con ellos, y apoyándose en ellos, es posible la victoria de la insurrección campesina.
67
Debemos ayudar a la
insurrección campesina por todos los medios, llegando hasta la confiscación de
las tierras, pero no, desde luego, hasta
todo género de fantásticos proyectos pequeñoburgueses. Apoyamos el
movimiento campesino por cuanto es un movimiento democrático revolucionario. Nos preparamos (ahora mismo,
inmediatamente) para luchar contra él cuando comience a actuar como un
movimiento reaccionario, antiproletario. Toda la esencia del marxismo está en
esta doble tarea que sólo quienes no comprenden el marxismo pueden simplificar
o reducir a una sola y simple tarea.
Tomemos un ejemplo concreto.
Supongamos que la insurrección campesina ha triunfado. Los comités
revolucionarios de campesinos y el gobierno provisional revolucionario (que se
apoya, en parte, precisamente en esos comités) pueden efectuar cualquier confiscación
de la gran propiedad. Nosotros somos partidarios de la confiscación, como ya
hemos declarado. Pero, ¿a quién aconsejamos entregar las tierras confiscadas?
En esta cuestión no nos hemos atado las manos ni nos las ataremos nunca con
declaraciones parecidas a las que propone imprudentemente el autor de la carta.
Este ha olvidado que en esa misma resolución del III Congreso se habla, en
primer lugar, de "depurar de todo
aditamento reaccionario el contenido democrático revolucionario del movimiento
campesino" y, en segundo lugar, de la necesidad, "en todos
los casos y en todas las circunstancias, de la organización independiente del
proletariado agrícola". Tales son nuestras directrices. En el
movimiento campesino habrá siempre
aditamentos reaccionarios y nosotros les declaramos la guerra de antemano. El
antagonismo de clase entre el proletariado agrícola y la burguesía campesina es
inevitable, y nosotros lo ponemos al descubierto con antelación, lo explicamos
y nos preparamos para luchar sobre ese
terreno. Uno de los motivos de esta lucha puede ser muy bien la cuestión de a quién y cómo entregar las tierras
confiscadas. Y nosotros no velamos esta cuestión, no prometemos el reparto
igualitario, la "socialización", etc., sino que decimos: entonces
lucharemos otra vez, volveremos a luchar, lucharemos en un nuevo terreno y con
otros aliados: entonces estaremos incondicionalmente al lado del proletariado
agrícola, de toda la clase obrera contra la burguesía campesina. En la
práctica, esto puede significar; el paso de la tierra a manos de la clase de
pequeños propietarios campesinos, allí donde predomine la gran propiedad
opresora, de la servidumbre, y no existan aún las condiciones materiales para
la gran producción socialista; la nacionalización, a condición del triunfo
completo de la
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
revolución democrática, y la
entrega de las grandes haciendas capitalistas a asociaciones de obreros, pues de la revolución democrática
comenzaremos a pasar en seguida, y precisamente
en la medida de nuestras fuerzas, de las fuerzas del proletariado consciente y
organizado, a la revolución socialista. Somos partidarios de la revolución
ininterrumpida. No nos quedaremos a mitad de camino. Si no prometemos desde
ahora e inmediatamente toda clase de "socializaciones", es
precisamente porque conocemos las verdaderas condiciones de esta tarea y, lejos
de velar la nueva lucha de clases que madura en el seno del campesinado, la
ponemos al descubierto.
Al principio apoyaremos
hasta el fin, por todos los medios, hasta la confiscación, al campesino en
general contra el terrateniente; después (e incluso no después, sino al mismo
tiempo) apoyaremos al proletariado contra el campesino en general. Predecir ahora la combinación de fuerzas en el
seno del campesinado "al día siguiente" de la revolución
(democrática) es una utopía vana. Sin caer en el aventurerismo, sin traicionar
nuestra conciencia científica, sin buscar popularidad barata, podemos decir y
decimos solamente una cosa:
ayudaremos con todas nuestras fuerzas a todo el campesinado a hacer la
revolución democrática para que a nosotros, al partido del
proletariado, nos sea más fácil pasar
lo antes posible a una tarea nueva y superior: a la revolución socialista. No
prometemos ninguna armonía, ningún igualitarismo, ninguna
"socialización" con la victoria de la insurrección campesina actual; por el contrario,
"prometemos" una nueva lucha, una nueva desigualdad, una nueva
revolución, a la cual aspiramos. Nuestra doctrina es menos "dulce"
que los cuentos de los socialistas-revolucionarios; pero quienes deseen que les
ofrezcan sólo cosas dulces, que
acudan a los socialistas-revolucionarios; nosotros les diremos: ¡buen provecho!
Este punto de vista marxista
resuelve también, a nuestro modo de ver, la cuestión de los comités. A nuestro
juicio, no debe haber comités campesinos
socialdemócratas: si son socialdemócratas, eso significa que no son sólo
campesinos, si son campesinos, significa que no son puramente proletarios, que
no son socialdemócratas. Hay multitud de personas aficionadas a confundir estas
dos cosas, pero nosotros no figuramos entre ellas. Dondequiera que sea posible,
tenderemos a organizar nuestros comités,
comités del Partido Obrero
Socialdemócrata.
68
De ellos formarán parte los campesinos, los elementos
depauperados, los intelectuales, las prostitutas (un obrero nos preguntaba hace
poco en una carta si no sería conveniente que hiciéramos agitación entre las
prostitutas), los soldados, los maestros, los obreros; en una palabra, todos los socialdemócratas y nadie más que
los socialdemócratas. Estos comités llevarán a cabo íntegramente, en toda
su amplitud, la labor socialdemócrata, procurando, no obstante, organizar de
manera especial y aparte al proletariado agrícola, pues la socialdemocracia es
el partido de clase del proletariado. Es
un gravísimo error tener por "heterodoxo" el organizar al
proletariado que no se ha depurado por completo de los diversos vestigios del
pasado y quisiéramos creer que el pasaje de la carta referente a este punto se
basa en una simple incomprensión. El proletariado urbano e industrial
constituirá indefectiblemente el núcleo fundamental de nuestro Partido Obrero
Socialdemócrata, mas nosotros debemos ganar para el partido, educar y organizar
a todos los trabajadores y explotados, como dice nuestro programa, a todos sin
excepción: a los artesanos y a los elementos depauperados, a los mendigos y a
las sirvientas, a los vagabundos y a las prostitutas, con la condición
indispensable y obligatoria, naturalmente, de que sean ellos quienes se
adhieran a la socialdemocracia y no a la inversa, de que sean ellos quienes
adopten el punto de vista del proletariado y no éste el de ellos.
¿Para qué, pues, los comités
campesinos revolucionarios?, preguntará el lector. ¿Es que no hacen falta? Sí,
hacen falta. Nuestro ideal es: en el campo, comités puramente socialdemócratas
por doquier y, después, un acuerdo de éstos con todos los elementos, grupos y
círculos democráticos revolucionarios del campesinado para formar comités
La actitud de la socialdemocracia ente el problema campesino
campesinos revolucionarios.
Hay en esta cuestión una analogía completa con la independencia del Partido
Obrero Socialdemócrata en las ciudades y su alianza con todos los demócratas
revolucionarios con vistas a la insurrección. Somos partidarios de la insurrección
de los campesinos. Estamos decididamente contra la mezcolanza y la fusión de
elementos heterogéneos de clase y de partidos heterogéneos. Somos partidarios
de que, con vistas a la insurrección, la socialdemocracia impulse a toda la
democracia revolucionaria, ayude a toda ella a organizarse, marche junto con ella, pero sin
fundirse, a las barricadas en la ciudad y contra los terratenientes y la
policía en el campo.
¡Viva la insurrección de la
ciudad y el campo contra la autocracia! ¡Viva la socialdemocracia
revolucionaria como destacamento de vanguardia de toda la democracia
revolucionaria en la presente revolución!
Publicado el 14 (1)
de septiembre de 1905 en el núm. 16 de "Proletari".
T. 11, págs. 215-224.
El socialismo y el campesinado
69
EL SOCIALISMO Y EL
CAMPESINADO.
La Revolución que está
viviendo Rusia es una revolución de todo el pueblo. Los intereses de todo el
pueblo han entrado en contradicción inconciliable con los del puñado de
personas que forman el gobierno autocrático y lo apoyan. La propia existencia
de la sociedad contemporánea, basada en la economía mercantil, con diferencias
y contradicciones inmensas de los intereses de las distintas clases y grupos de
la población, exige el aniquilamiento de la autocracia, la libertad política,
la expresión pública y directa de los intereses de las clases dominantes en la
estructura y la administración del Estado. La revolución democrática, burguesa
por su esencia social y económica, no puede dejar de expresar las necesidades
de toda la sociedad burguesa.
Pero esta misma sociedad,
que parece hoy unida e íntegra en la lucha contra la autocracia, está dividida
irrevocablemente por el abismo entre el capital y el trabajo. El pueblo que se
ha alzado contra la autocracia no forma un todo único. Propietarios y obreros
asalariados, un número insignificante de ricachos (“los diez mil de arriba”) y
decenas de millones de desposeídos y trabajadores son, en verdad, “dos
naciones”, como dijera un inglés perspicaz en la primera mitad del siglo XIX.88 La lucha entre el proletariado y la burguesía está a la orden
del día en toda Europa. Esta lucha se ha extendido también a Rusia hace ya
mucho. En la Rusia de nuestros días no son dos fuerzas en lucha las que
constituyen el contenido de la revolución, sino guerras sociales diferentes y
de natural distinta: una en las entrañas del régimen autocrático y feudal
contemporáneo; la otra, en las entrañas del futuro régimen democrático burgués,
que está naciendo ya ante nuestros ojos. Una es la lucha de todo el pueblo por
la libertad (por la libertad de la sociedad burguesa), por la democracia, es
decir, por el poder soberano del pueblo; la otra es la lucha de clase del
proletariado contra la burguesía, por la organización socialista de la
sociedad.
Sobre los socialistas recae,
pues, una tarea dura y difícil: sostener al mismo tiempo dos guerras
completamente distintas por su carácter, por sus objetivos y por la composición
de las fuerzas sociales capaces de participar con decisión en una u otra guerra.
La socialdemocracia ha planteado con claridad esta difícil tarea y la ha
cumplido con firmeza gracias a que ha basado todo su programa en el socialismo
científico, es decir, en el marxismo; gracias a que se ha incorporado como un
destacamento más al ejército de la socialdemocracia mundial, la cual ha
comprobado, confirmado, explicado y desarrollado con mayor detalle las tesis
del marxismo en la experiencia de una larga serie de movimientos democráticos y
socialistas de los países europeos más diversos.
La socialdemocracia
revolucionaria ha procurado mostrar desde hace mucho, y ha mostrado, el
carácter burgués de la democracia rusa, desde la populista liberal hasta la
formula de Osvobozhdenie. Ha mostrado
siempre la inevitable inconsecuencia, limitación y estrechez de la democracia burguesa. Ha señalado al
proletariado socialista en la época de la revolución democrática la tarea de
ganarse a la masa del campesinado y, paralizando la inestabilidad de la
burguesía, vencer y aplastar a la autocracia. La victoria decisiva de la
revolución democrática es posible únicamente como dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y del campesinado. Pero cuanto más rápida y
completa sea esta victoria, con
![]()
88 Dos naciones: subtítulo de la novela Sybil, del escritor inglés del siglo
XIX Benjamin Disraeli (conde de Beaconsfield)
El socialismo y el campesinado
tanta mayor rapidez y
profundidad se desarrollarán las nuevas contradicciones y la nueva lucha de
clases en el terreno de un régimen burgués plenamente democratizado. Cuanto más
amplitud demos a la revolución democrática, tanto más cerca nos encontraremos
cara a cara con las tareas de la revolución socialista, tanto más áspera y
enconada será la lucha del proletariado contra las bases mismas de la sociedad
burguesa.
La socialdemocracia debe
luchar con firmeza contra toda desviación de este planteamiento de las tareas
democráticas revolucionarias y socialistas del proletariado. Es absurdo hacer
caso omiso del carácter democrático, es decir, burgués en el fondo, de la
revolución actual; es absurdo, por ello, lanzar consignas como la creación de
comunas revolucionarias. Es absurdo y reaccionario minimizar las tareas de la
participación —y, por cierto, participación dirigente— del proletariado en la
revolución democrática, sustrayéndose, aunque sólo sea, a la consigna de
dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado. Es
absurdo confundir las tareas y las condiciones de la revolución democrática y
de la revolución socialista, que son heterogéneas, lo repetimos, tanto por su
carácter como por la composición de las fuerzas sociales que participan en
ellas.
70
Es este último error el que nos proponemos analizar ahora con
detenimiento. El desarrollo insuficiente de las contradicciones de clase entre
el pueblo en general, y entre el campesinado en particular, es un fenómeno
inevitable en la época de la revolución democrática, que crea por vez primera
las bases para un desenvolvimiento verdaderamente amplio del capitalismo. Y
este desarrollo insuficiente de la economía suscita la supervivencia y el
resurgimiento, en un aspecto u otro, de las formas atrasadas de socialismo, que
es un socialismo pequeñoburgués, pues idealiza transformaciones que no rebasan
los límites de las relaciones pequeñoburguesas. La masa campesina no es
consciente, ni puede serlo, de que la “libertad” más completa y la distribución
más “equitativa” incluso de toda la tierra, lejos de acabar con el capitalismo,
creará, por el contrario, condiciones para que se desarrolle con amplitud y
fuerza singulares. Pero mientras la socialdemocracia destaca y apoya únicamente
el contenido democrático revolucionario de estas aspiraciones campesinas, el
socialismo pequeñoburgués erige en teoría la inconsciencia campesina, mezclando
o confundiendo en un todo las condiciones y las tareas de la revolución
democrática verdadera y de la revolución socialista imaginaria.
La manifestación más evidente de esta confusa ideología
pequeñoburguesa es el programa
—más exactamente, el
proyecto de programa — de los “socialistas-revolucionarios”, los cuales se han
apresurado a proclamarse partido con una rapidez inversamente proporcional al
grado de desarrollo de las formas y premisas de un partido existente entre ellos.
Al analizar su proyecto de programa (véase Vperiod,
núm. 3)* hemos tenido ya la oportunidad de mostrar que la raíz de las
concepciones de los socialistas-revolucionarios está en el viejo populismo
ruso.89 Pero como todo el desarrollo económico
de Rusia y toda la marcha de la revolución rusa socavan implacable y
despiadadamente, cada día y cada hora, el terreno bajo los puntales del
populismo puro, las concepciones de los socialistas-revolucionarios se hacen
eclécticas de manera inevitable. Tratan de remendar los desgarrones del
populismo como la “crítica” oportunista, hoy de moda, del marxismo; pero las
vetustas vestiduras no son por ello más resistentes. En resumen, su programa es
una cosa absolutamente inerte, llena de contradicciones internas, que en la
historia del socialismo ruso expresa únicamente una de las etapas en el camino
de la Rusia de la servidumbre a la Rusia burguesa, en el camino “del populismo
al marxismo”. Esta definición típica de toda una serie de corrientes más o
menos minúsculas del pensamiento revolucionario contemporáneo puede aplicarse
también al
![]()
89 Véase la nota 4.
El socialismo y el campesinado
novísimo provecto de programa agrario
del Partido Socialista Polaco (PSP),90
publicado en el número 6-8 de Przedswit.91
* Véase V. I. Lenin. Del
populismo al marxismo. (N. de la Edit.)
El proyecto divide el
programa agrario en dos partes. La parte primera expone las “reformas para cuya
realización han madurado ya las condiciones sociales”; la parte segunda
“formula el coronamiento y la integración de las reformas agrarias expuestas en
la parte primera”. A su vez, la parte primera se subdivide en tres secciones:
A) protección del trabajo: reivindicaciones en beneficio del proletariado
agrícola; B) reformas agrarias (en el sentido estricto, o, por decirlo así,
reivindicaciones campesinas) y C) protección de la población rural
(administración autónoma, etc.).
En este programa es un paso
hacia el marxismo el intento de separar del programa máximo algo parecido a un
programa mínimo; luego, el planteamiento completamente independiente de
reivindicaciones de puro carácter proletario; más adelante, el reconocimiento,
en la argumentación del programa, de que para un socialista es inadmisible en
absoluto “halagar los instintos de propietario de las masas campesinas”. En
realidad, si se meditase a fondo la verdad que encierra este último
planteamiento y se la desarrollase consecuentemente hasta el fin, resultaría de
manera inevitable un estricto programa marxista. Pero la desgracia está
precisamente en que el PSP no es un partido firmemente proletario y extrae sus
ideas con el mismo agrado del pozo de la crítica oportunista del marxismo.
“Como consecuencia de la tendencia, no probada, de la propiedad agraria a la
concentración —leemos en la argumentación del programa—, carece de sentido
defender con plena sinceridad y seguridad esta forma de hacienda y convencer al
campesino de que las pequeñas haciendas desaparecerán sin remedio”.
Esto no es más que un eco de
la economía política burguesa. Los economistas burgueses tratan con todas sus
fuerza de inculcar al pequeño campesino la idea de que el capitalismo es
compatible con el bienestar del pequeño propietario agrícola. Por eso ocultan
el problema general de la economía mercantil, de la opresión del capital, de la
decadencia y disminución de la pequeña hacienda campesina con el problema
parcial de la concentración de la propiedad agraria. Cierran los ojos ante el
hecho de que la gran producción en las ramas mercantiles especiales de la
agricultura se desarrolla también en la propiedad agraria pequeña y mediana, de
que esta propiedad se disgrega como consecuencia del crecimiento de la renta,
del yugo de las hipotecas y de la presión de la usura. Dejan a oscuras el hecho
indiscutible de la superioridad técnica de la gran hacienda en la agricultura y
el empeoramiento de las condiciones de vida del campesino en su lucha contra el
capitalismo. En las palabras del PSP no hay nada más que una repetición de
estos prejuicios burgueses, resucitados por los David contemporáneos.
71
La falta de firmeza de las
opiniones teóricas se manifiesta asimismo en el programa práctico. Tomen la
parte primera: las reformas agrarias en el sentido estricto. De una parte,
leerán: punto 5) “Abolición de todas las restricciones en la compra de tierras
parcelarias”92 y 6)
![]()
90 PSP (Partido Socialista Polaco): partido
reformista y nacionalista fundado en 1892. Hacía propaganda separatista y
nacionalista entre los obreros polacos y aspiraba a apartarlos de la lucha al
lado de los obreros rusos contra la autocracia y el capitalismo.
A lo largo de toda la
historia del PSP y bajo la presión de los obreros de la base, en el seno del
partido surgieron grupos izquierdistas. Algunos se adhirieron posteriormente al
ala revolucionaria del movimiento obrero polaco. En 1906 el PSP se dividió en
PSP izquierdista y en PSP derechista y patriotero, en la sedicente
"fracción revolucionaria".
91 "Przedswit":
revista política fundada por un grupo de socialistas polacos en 1881; apareció
con interrupciones hasta 1920. De 1900 a 1905 fue órgano teórico de discusión
del PSP.
92 Tierra
parcelaria: tierra
dejada en usufructo a los campesinos en pago de rescate después de abolida la
servidumbre en Rusia en 1861. Los campesinos no tenían derecho a vender la
tierra parcelaria que, en gran parte del país, estaba en posesión comunal y se
distribuía en usufructo entre los campesinos mediante repartos periódicos.
El socialismo y el campesinado
abolición de los szarwarki93 y de los carros (prestaciones en especie). Todo eso son
reivindicaciones mínimas puramente marxistas. Al presentarlas (sobre todo el
punto 5), el PSP da un paso adelante en comparación con nuestros socialistas—
revolucionarios94, quienes sienten debilidad,
conjuntamente con Moskóvskie Viédomosti”95, por la famosa “inalienabilidad de las parcelas”. Al
presentarlas, el PSP se acerca de lleno a la idea marxista de la lucha contra
los vestigios de la servidumbre como base y contenido del actual movimiento
campesino. Pero aunque se acerca a esta idea, el PSP está lejos de aceptarla de
manera plena y consciente.
Los puntos principales del
programa mínimo que analizamos dicen: “1) nacionalización, mediante
confiscación, de las fincas de la Corona, del Estado y del clero; 2)
nacionalización de la gran propiedad agraria cuando no existan herederos
directos; 3) nacionalización de los bosques, los ríos y los lagos”. Estas
reivindicaciones adolecen de todos los defectos del programa que presenta en
primer plano en el momento actual la nacionalización de la tierra. Mientras no
existan la libertad política completa y el poder soberano del pueblo, mientras
no exista la república democrática, es prematuro e irrazonable reivindicar la
nacionalización, pues nacionalización significa paso a manos del Estado, y el
Estado actual es policiaco y clasista, y el de mañana será, en todo caso,
clasista. De otra parte, como consigna que haga avanzar hacia la
democratización, esta demanda es singularmente inadecuada, pues no traslada el
centro de gravedad a las relaciones de los campesinos con los terratenientes
(los campesinos se apoderan de las tierras de los terratenientes), sino a las
relaciones de los terratenientes con el Estado. Este planteamiento de la
cuestión es falso de raíz en un momento en que los campesinos despliegan una
lucha revolucionaria por la tierra tanto contra los terratenientes como contra
el Estado de los terratenientes. Comités campesinos revolucionarios para la
confiscación, como instrumento de la confiscación: tal es la única consigna que
corresponde a este momento y que hace avanzar la lucha de clase contra los terratenientes
en ligazón indisoluble con la destrucción revolucionaria del Estado
terrateniente.
Los demás puntos del
programa mínimo agrario del proyecto del PSP son los siguientes: “4) limitación
del derecho de propiedad, por cuanto se convierte en un obstáculo para todo
mejoramiento de los terrenos, si este mejoramiento es considerado necesario por
la mayoría de los interesados; ...7) nacionalización del seguro de cereales
contra incendios y granizadas, y del ganado contra las epizootias; 8) ayuda
legislativa por parte del Estado a la formación de arteles y cooperativas
agrícolas; 9) escuelas de agronomía”.
Estos puntos están
concebidos plenamente en el espíritu de los socialistas-revolucionarios o (lo
que es lo mismo) en el espíritu del reformismo burgués. No tienen nada de
revolucionario. Son, desde luego, progresistas, eso es indiscutible; pero
progresistas en provecho de los propietarios. Y el que los presente un
socialista significa precisamente dar pábulo a los instintos de propietario.
Presentarlos es lo mismo que exigir la ayuda del Estado a los trusts, cártels,
consorcios y sociedades industriales, que no son menos “progresistas” que las
cooperativas, los seguros. etc., en la agricultura. Todo eso es progreso
capitalista. Y no es cosa nuestra, sino de los amos, de los propietarios,
preocuparse de él. El socialismo proletario, a diferencia del socialismo
pequeñoburgués, deja a los condes de Rocquigny, a los terratenientes de los
zemstvos, etc., la preocupación por las cooperativas de los amos y pequeños
propietarios, y se preocupa íntegra y exclusivamente de las cooperativas de los
obreros asalariados para luchar contra los amos.
![]()
93 Szarwarki: tributo en trabajo y acarreo que se
imponía a los campesinos en Polonia, con carácter obligatorio, para la
construcción de carreteras, puentes y otros objetivos militares o de utilidad
pública.
94
94 Véase la nota 5.
95 Véase la nota 63.
El socialismo y el campesinado
Veamos ahora la parte
segunda del programa. Consta de un solo punto, el siguiente: “Nacionalización
mediante confiscación de la gran propiedad agraria. Las tierras de labor y los
prados adquiridos de este modo por el pueblo deberán ser divididos en parcelas
y entregados en arriendo garantizado a largo plazo a los campesinos sin tierra
o que poseen poca tierra”.
¡En efecto, bonito “coronamiento”! Un partido que se llama
socialista propone, como “coronamiento e integración de las reformas agrarias”,
no una organización socialista de la sociedad, ni mucho menos, sino una absurda
utopía pequeñoburguesa. Nos encontramos ante el ejemplo más patente de completa
confusión de las revoluciones democrática y socialista, de completa
incomprensión de sus diferentes objetivos. El paso de la tierra de los
terratenientes a los campesinos puede ser —y ha sido en toda Europa— parte
integrante de la revolución democrática, una de las etapas de la revolución
burguesa; pero únicamente los radicales burgueses pueden calificar eso de
coronamiento o ultimación. La redistribución de la tierra entre unas u otras
categorías de propietarios, entre unas y otras clases de amos puede ser
beneficiosa y necesaria para que triunfe la democracia, para extirpar de raíz
los vestigios de la servidumbre, para elevar el nivel de vida de las masas,
para acelerar el desarrollo del capitalismo, etc.; el apoyo más decidido a
semejante medida puede ser obligatorio para el proletariado socialista en la
época de la revolución democrática; pero “el coronamiento y la ultimación”
puede ser únicamente la producción socialista, y no la pequeña producción
campesina. La “garantía” de los pequeños arriendos campesinos, perdurando la
economía mercantil y el capitalismo, no es más que una reaccionaria utopía
pequeñoburguesa.
72
Vemos ahora que el error
fundamental del PSP no es exclusivo de él, no es único, no es casual. Expresa
en forma más dama y precisa (más clara y precisa que la decantada
“socialización” de los socialistas-revolucionarios, que ni ellos mismos
entienden) el error cardinal de todo
el populismo ruso, de todo el liberalismo y el radicalismo burgueses rusos es
el problema agrario, incluso del que se ha manifestado en los debates del
último congreso (de septiembre), celebrado en Moscú, de la gente de los
zemstvos.
Este error cardinal puede formularse como sigue:
En el planteamiento de los objetivos inmediatos, el programa del
PSP no es revolucionario. En sus objetivos finales, no es socialista.
O dicho de otro modo: la
incomprensión de la diferencia que existe entre la revolución democrática y la
revolución socialista conduce a que, en las tareas democráticas, no se
manifieste su aspecto verdaderamente revolucionario y a que, en las tareas socialistas,
se introduzca toda la confusión de la concepción democrática burguesa. Resulta
una consigna insuficientemente revolucionaria para el demócrata e
imperdonablemente confusa para el socialista.
Por el contrario, el
programa de la socialdemocracia corresponde a todas las exigencias de apoyar a
la democracia verdaderamente revolucionaria y de presentar un claro objetivo
socialista. En el movimiento campesino actual vemos una lucha contra la servidumbre,
una lucha contra los terratenientes y el Estado terrateniente. Apoyamos esta
lucha hasta el fin. Y la única consigna justa para este apoyo es la
confiscación por medio de los comités campesinos revolucionarios. Qué hacer con
las tierras confiscadas es un problema secundario. No seremos nosotros quienes
lo resolvamos sino los campesinos. Al emprender su solución se iniciará la
lucha entre el proletariado y la burguesía en el seno del campesinado. Esa es
la razón de que dejemos pendiente la cuestión (cosa que tanto disgusta a los
utopistas pequeñoburgueses) o nos limitemos a señalar el comienzo del camino en
forma de confiscación de los recortes (en lo cual las personas poco reflexivas
ven un obstáculo al movimiento, pese a las numerosas aclaraciones de la
socialdemocracia).
El socialismo y el campesinado
Existe un solo medio de que
la reforma agraria, inevitable en la Rusia de hoy, desempeñe un papel
democrático revolucionario: efectuarla mediante la iniciativa revolucionaria de
los propios campesinos, a pesar de los terratenientes y la burocracia, a pesar
del Estado, es decir, por vía revolucionaria. Después de semejante transformación, la peor distribución de la tierra será,
desde todos los puntos de vista, mejor que la actual. Y señalamos este camino,
colocando en primer plano la reivindicación de los comités campesinos
revolucionarios.
Pero, al mismo tiempo,
decimos al proletariado agrícola: “La victoria más radical de los campesinos, a
la que debes contribuir ahora con todas tus fuerzas, no te librará de la
miseria. Para lograr ese objetivo no hay más que un medio: el triunfo de todo el
proletariado —del industrial y del agrícola— sobre toda la burguesía, la
organización de la sociedad socialista”.
Junto con los campesinos
proletarios contra los terratenientes y el Estado terrateniente; junto con el
proletariado urbano contra toda la burguesía y todos los campesinos
propietarios. Tal es la consigna del proletariado agrícola consciente. Y si
esta consigna no es aceptada en el acto o incluso no es aceptada en absoluto
por los pequeños propietarios, se convertirá, en cambio, en la consigna de los
obreros, será confirmada inevitablemente por toda la revolución, nos
desembarazará de las ilusiones pequeñoburguesas, nos señalará con claridad y
precisión nuestro objetivo socialista.
Publicado el 10 de
octubre (27 de septiembre) de 1905 en el núm. 20 de “Proletari”.
T. 11, págs. 282-291.
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
73
SOCIALISMO
PEQUEÑOBURGUÉS Y SOCIALISMO PROLETARIO.
El marxismo es, entre las
distintas doctrinas del socialismo, la que ha adquirido hoy predominio completo
en Europa; y la lucha por la implantación del régimen socialista se despliega
casi íntegramente como una lucha de la clase obrera, dirigida por los partidos
socialdemócratas. Mas este predominio completo del socialismo proletario, que
se basa en la doctrina del marxismo, no se ha consolidado de golpe, sino
después de una larga lucha contra todas las doctrinas atrasadas, contra el
socialismo pequeñoburgués, el anarquismo, etc. Hace unos treinta años, el
marxismo no predominaba todavía ni siquiera en Alemania, donde prevalecían,
hablando con propiedad, opiniones de transición mixtas, eclécticas entre el
socialismo pequeñoburgués y el socialismo proletario. Y en los países latinos,
en Francia, España, Bélgica, las doctrinas más difundidas entre los obreros
avanzados fueron el proudhonismo96, el
blanquismo97 y el anarquismo, que expresaban
claramente el punto de vista del pequeño burgués y no del proletario.
¿A qué se debe esta rápida y
completa victoria del marxismo precisamente en los últimos decenios? Todo el
desarrollo tanto económico como político de las sociedades contemporáneas y
toda la experiencia del movimiento revolucionario y de la lucha de las clases
oprimidas han confirmado cada día más la justedad de las ideas marxistas. La
decadencia de la pequeña burguesía había de acarrear ineluctablemente, tarde o
temprano, la desaparición de todo prejuicio pequeñoburgués. El desarrollo del
capitalismo y el enconamiento de la lucha de clases en el seno de la sociedad
capitalista fueron la mejor agitación en pro de las ideas del socialismo
proletario.
El atraso de Rusia explica,
lógicamente, la gran consistencia que tienen en nuestro país diversas doctrinas
atrasadas del socialismo. Toda la historia del pensamiento revolucionario ruso
durante el cuarto de siglo último es la historia de la lucha del marxismo
contra el socialismo populista pequeñoburgués. Y si el rápido crecimiento y los
sorprendentes éxitos del movimiento obrero ruso han dado ya al marxismo la
victoria en Rusia también, por otro lado el desarrollo de un movimiento
campesino indudablemente revolucionario —sobre todo después de los célebres
levantamientos campesinos de 1902 en Ucrania— ha reanimado hasta cierto punto
el populismo, senil y decrépito. El viejo populismo, remozado con el
oportunismo europeo de moda (el revisionismo, el bernsteinianismo y la crítica
de la teoría de Marx) constituye todo el bagaje ideológico original de los
llamados socialistas-
![]()
96
Proudhonismo: corriente del socialismo
pequeñoburgués hostil al marxismo, a la que se dio el nombre de su ideólogo, el
anarquista francés Pedro José Proudhon. Proudhon criticaba duramente el
capitalismo, pero no veía la salida en la destrucción del modo capitalista de
producción que engendra ineluctablemente la miseria, la desigualdad y la
explotación de los trabajadores, sino en "perfeccionar" el
capitalismo y eliminar sus defectos y abusos mediante una serie de reformas.
Proudhon soñaba con eternizar la pequeña propiedad privada, proponía organizar
un "banco del pueblo" y un "banco de cambio", con ayuda de
los cuales podrían los obreros, según él, adquirir medios de producción
propios, hacerse artesanos y asegurar la venta "equitativa" de sus
productos. No comprendía la misión histórica del proletariado, adoptaba una
actitud negativa ante la lucha de clases, la revolución proletaria y la
dictadura del proletariado y negaba con criterio anarquista la necesidad del
Estado. Marx y Engels llevaban una lucha consecuente contra las tentativas de
Proudhon de imponer sus opiniones a la I Internacional. La enérgica lucha de
Marx, Engels y sus partidarios contra el proudhonismo en la I Internacional
acabó en la victoria completa del marxismo.
97 Véase la nota 45.
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
revolucionarios. De ahí que
la cuestión campesina ocupe el lugar central en las disputas de los marxistas
tanto con los populistas puros como con los socialistas-revolucionarios.
El populismo fue, hasta
cierto grado, una doctrina íntegra y consecuente. Se negaba el dominio del
capitalismo en Rusia; se negaba el papel de los obreros fabriles como
luchadores avanzados de todo el proletariado; se negaba la importancia de la
revolución política y de la libertad política burguesa; se pregonaba la
inmediata revolución socialista, basada en la comunidad campesina98 con su pequeña hacienda. De toda esta doctrina íntegra hoy no
quedan más que retazos; mas para comprender conscientemente las disputas
presentes e impedir que se conviertan en un altercado es necesario tener
siempre en cuenta las bases
populistas generales y fundamentales de los extravíos de nuestros
socialistas-revolucionarios.
El hombre del futuro en
Rusia es el mujik, pensaban los populistas, y esta opinión se desprendía
inevitablemente de la confianza en el carácter socialista de la comunidad rural
y de la desconfianza en los destinos del capitalismo. El hombre del futuro en
Rusia es el obrero, pensaban los marxistas, y el desarrollo del capitalismo
ruso tanto en la agricultura como en la industria confirma más y más sus
opiniones. El movimiento obrero en Rusia ha hecho ahora que se le reconozca;
por lo que se refiere al movimiento campesino, todo el abismo existente entre
el populismo y el marxismo sigue manifestándose hasta hoy en la distinta comprensión de este movimiento. Para el
populista, precisamente el movimiento campesino refuta el marxismo, es un
movimiento a favor de la revolución socialista inmediata, no reconoce ninguna
libertad política burguesa, y parte de la pequeña hacienda, y no de la grande.
Para el populista, en suma, el movimiento campesino es un movimiento
verdaderamente socialista, auténtica y directamente socialista. La fe populista
en la comunidad rural y el anarquismo populista explican por completo la
ineluctabilidad de estas conclusiones.
Para el marxista, el
movimiento campesino es precisamente un movimiento no socialista, sino
democrático. Es en Rusia, lo mismo que ocurrió en otros países, un acompañante
indispensable de la revolución democrática, burguesa por su contenido
socioeconómico. Ese movimiento no se orienta lo más mínimo contra las bases del
régimen burgués, contra la economía mercantil, contra el capital. Por el
contrario, se orienta contra las viejas relaciones de servidumbre,
precapitalistas, en el campo y contra la propiedad agraria terrateniente como
principal punto de apoyo de todas las supervivencias del régimen de la
servidumbre. Por ello, la victoria completa de este movimiento campesino no
eliminará el capitalismo; antes bien creará una base más amplia para su
desenvolvimiento, acelerará y agudizará el desarrollo puramente capitalista. La
victoria completa de una insurrección campesina sólo puede crear un baluarte de
la república democrática burguesa en la que se desplegará precisamente por vez
primera, en toda su pureza, la lucha del proletariado contra la burguesía.
74
![]()
98
Comunidad (campesina) en Rusia: forma de
usufructo mancomunado de la tierra por los campesinos que se distinguía por la
rotación forzosa de los cultivos y el aprovechamiento indiviso de los bosques y
los pastos. Los rasgos más importantes de la comunidad rural rusa eran la
caución solidaria (responsabilidad colectiva obligatoria de los campesinos por
el aprontamiento oportuno y completo de los pagos en dinero y la ejecución de
las prestaciones de todo género a favor del Estado y los terratenientes), el
reparto periódico de las tierras entre los miembros de la comunidad, la falta
del derecho a renunciar al lote y la prohibición de la compraventa de la
tierra.
El problema de la comunidad en Rusia motivó acaloradas
discusiones y dio origen a multitud de escritos de economía. Dedicaban especial
atención a la comunidad, sobre todo, los populistas. Barajando tendenciosamente
los hechos, los populistas procuraban demostrar que la comunidad en Rusia tenía
una "estabilidad" singular y protegía a los campesinos de la
penetración de las relaciones capitalistas en su vida, los "salvaba"
de la ruina y de la disociación en clases y, en última instancia, los llevaría
al socialismo. Lenin mostró con inmensidad de datos y cifras cómo se
desarrollaban las relaciones capitalistas en el campo ruso y cómo el capital,
al penetrar en la comunidad campesina patriarcal, descomponía en su seno al
campesinado en clases antagónicas: kulaks (campesinos ricos) y campesinos
pobres.
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
Esas son, pues, las dos
opiniones antagónicas que debe comprender con claridad quien desee orientarse
en el abismo que separa en el terreno de los principios a
socialistas-revolucionarios y socialdemócratas. Según una opinión, el
movimiento campesino es socialista; según la otra, es un movimiento democrático
burgués. Por esto puede verse la gran ignorancia de que dan prueba nuestros
socialistas-revolucionarios al repetir por centésima vez (comparemos, por
ejemplo, el núm. 75 de Revolutsiónnaya
Rossía)99 que, en alguna ocasión, los marxistas
ortodoxos han "hecho caso omiso" (no han querido saber nada) de la
cuestión campesina. Hay un solo medio de luchar contra semejante ignorancia
supina: repetir el abecé, exponer las viejas ideas consecuentemente populistas,
indicar por centésima y milésima vez que la diferencia verdadera no consiste en
el deseo o en la falta de deseo de tener en cuenta la cuestión campesina, en su
reconocimiento u omisión, sino en la distinta
apreciación del presente movimiento campesino y de la actual cuestión
campesina en Rusia. Quien habla de
que los marxistas han "hecho caso omiso" de la cuestión campesina en
Rusia es, en primer lugar, un ignorante de tomo y lomo, pues las obras
principales de los marxistas rusos, empezando por el libro de Plejánov Nuestras discrepancias (aparecido hace
más de veinte años), han estado dedicadas primordialmente a explicar el
carácter erróneo de las ideas populistas en la cuestión campesina rusa. En
segundo lugar, quien dice que los marxistas han "hecho caso omiso" de
la cuestión campesina demuestra su tendencia a esquivar la apreciación completa
de la discrepancia verdaderamente de principio: ¿es o no democrático burgués el
actual movimiento campesino?, ¿está o no orientado, por su alcance objetivo, contra
los restos del régimen de la servidumbre?
Los
socialistas-revolucionarios no han dado nunca, ni pueden dar, una respuesta
clara y exacta a esta pregunta, pues se embrollan irremisiblemente entre la
vieja opinión populista y la actual opinión marxista sobre el problema
campesino en Rusia. Los marxistas dicen que los socialistas— revolucionarios
mantienen el punto de vista de la pequeña burguesía (y los denominan ideólogos
de la pequeña burguesía) precisamente porque éstos no pueden desembarazarse de
las ilusiones pequeñoburguesas, de las fantasías del populismo en la
apreciación del movimiento campesino.
He ahí por qué nos vemos
obligados a repetir: la b y la a se leen ba. —¿Qué se propone el actual movimiento campesino en Rusia?
Conquistar la tierra y la libertad. —¿Qué alcance tendrá la victoria completa
de este movimiento? Al conseguir la libertad, acabará con el dominio de los
terratenientes y de los funcionarios en la administración del Estado. Al
conseguir la tierra, entregará a los campesinos las tierras de los
terratenientes. La libertad más completa y la expropiación más completa de los
terratenientes (confiscación de sus tierras) ¿acabarán con la economía
mercantil? No, no acabarán con ella. —La libertad más completa y la
expropiación más completa de los terratenientes ¿acabarán con las haciendas
campesinas individuales en la tierra comunal o en la tierra
"socializada"? No, no acabarán con ellas. —La libertad más completa y
la expropiación más completa de los terratenientes ¿acabarán con el profundo
abismo existente entre el campesino rico, propietario de muchos caballos y
vacas, y el bracero, el jornalero, es decir, entre la burguesía rural y el
proletariado agrícola? No, no acabará con él. Al contrario, cuanto más completa
sea la derrota y la liquidación del sector superior (terrateniente), más
profunda será la discordia de clase entre la burguesía y el proletariado. —¿Qué
importancia tendrá la victoria completa de la insurrección campesina por su
alcance objetivo? Esta victoria barrerá íntegramente todos los restos del
régimen de la servidumbre, pero no acabará con el régimen burgués de economía,
no acabará con el capitalismo, con la división de la sociedad en clases, en
ricos y pobres, en burguesía y proletariado. —¿Por qué el actual movimiento
campesino es un movimiento
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99 "Revolutsiónnaya Rossía" ("La Rusia Revolucionaria"):
periódico clandestino que la Unión de Socialistas-Revolucionarios publicaba en
Rusia a partir de fines de 1900; desde enero de 1902 hasta diciembre de 1905
apareció en Ginebra como órgano oficial del partido eserista.
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
democrático burgués? Porque,
al acabar con el poder de los funcionarios y de los terratenientes, crea un
régimen democrático de la sociedad, sin modificar la base burguesa de esta
sociedad democrática, sin poner fin al dominio del capital. —¿Cuál debe ser la
actitud del obrero consciente, del socialista, ante el actual movimiento
campesino? Debe apoyar este movimiento, ayudar con la mayor energía a los
campesinos, ayudarles hasta el fin a desembarazarse tanto del poder de los
funcionarios como del de los terratenientes. Mas, al mismo tiempo, debe
explicar a los campesinos que no basta desembarazarse del poder de los
funcionarios y de los terratenientes.
75
Al hacer esto es necesario,
al mismo tiempo, prepararse para destruir el poder del capital, el poder de la
burguesía. Y a este fin hay que propagar sin tardanza la doctrina plenamente
socialista, es decir, marxista, y unir, cohesionar y organizar a los proletarios
agrícolas para la lucha contra la burguesía campesina y contra toda la
burguesía de Rusia. —¿Puede el obrero consciente olvidar la lucha democrática
en aras de la lucha socialista, o viceversa? No, el obrero consciente se llama
socialdemócrata precisamente porque ha comprendido la relación que existe entre
una y otra lucha. Sabe que el único camino para llegar al socialismo pasa por
la democracia, por la libertad política. Por eso tiende a la plasmación
completa y consecuente de la democracia a fin de alcanzar el objetivo final, el
socialismo. — ¿Por qué no son iguales las condiciones de la lucha democrática y
de la lucha socialista? Porque en una y otra lucha los obreros tendrán
infaliblemente aliados distintos. Despliegan la lucha democrática aliado de una
parte de la burguesía, sobre todo de la pequeña burguesía. Sostienen la lucha
socialista contra toda la burguesía. La lucha contra los funcionarios y los
terratenientes puede y debe llevarse al lado de todos los campesinos, incluso
los ricos y los medios. Mientras que la lucha contra la burguesía, por tanto,
contra los campesinos ricos, sólo puede mantenerse con la mayor seguridad en
compañía del proletariado agrícola.
Si recordamos todas estas
verdades elementales del marxismo, cuyo análisis prefieren siempre rehuir los
socialistas-revolucionarios, nos será fácil apreciar sus siguientes objeciones
"contemporáneas" al marxismo.
"Sólo Alá sabe —exclama
Revolutsiónnaya Rossía (núm. 75)—
para qué hacía falta apoyar en un principio al campesino en general contra el
terrateniente y después (es decir, al mismo tiempo) al proletariado contra el
campesino en general, en lugar de apoyar de una vez al proletariado contra el
terrateniente, y qué tiene que ver el marxismo con todo eso".
Esto constituye el punto de
vista del anarquismo más primitivo y pueril por lo ingenuo. La humanidad sueña
desde hace muchos siglos, incluso muchos milenios, con destruir "de una
vez" toda explotación. Pero esos sueños siguieron siendo sueños hasta que
millones de explotados comenzaron a unirse en todo el mundo a fin de sostener
una lucha consecuente, firme y múltiple para transformar la sociedad
capitalista en la dirección del propio desarrollo de esta sociedad. Los sueños
socialistas se transformaron en lucha socialista de millones de seres
únicamente cuando el socialismo científico de Marx vinculó las aspiraciones
transformadoras a la lucha de una
clase determinada. Fuera de
la lucha de clases, el socialismo es una frase vacía o un sueño ingenuo. Y en
Rusia tenemos delante dos luchas distintas de dos fuerzas sociales diferentes.
El proletariado lucha contra la burguesía en todas partes donde existen
relaciones de producción capitalistas (y esas relaciones existen —dicho sea
para conocimiento de nuestros socialistas-revolucionarios— incluso en la
comunidad campesina, es decir, en la tierra más "socializada", desde
su punto de vista). El campesinado, como sector de pequeños propietarios de la
tierra, de pequeños burgueses, lucha contra todos los restos del régimen de la
servidumbre, contra los funcionarios y los terratenientes. Sólo gentes que
desconocen por completo la economía política y la historia de las revoluciones
en el mundo entero pueden dejar de ver estas dos guerras sociales, distintas y
de naturaleza diferente. Cerrar los
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
ojos ante la diferencia de
estas dos guerras, recurriendo a las palabras "de una vez", significa
esconder la cabeza debajo del ala y renunciar a todo análisis de la realidad.
Carentes de la integridad de
opiniones del viejo populismo, los socialistas-revolucionarios han olvidado
incluso muchas cosas de la doctrina de los propios populistas. "Al ayudar
al campesinado a expropiar a los terratenientes —escribe Revolutsiónnaya Rossía en el mismo artículo—, el señor Lenin
contribuye inconscientemente a colocar la economía pequeñoburguesa sobre las
ruinas de formas ya más o menos desarrolladas de economía agrícola capitalista.
¿No es esto un paso atrás desde el punto de vista del marxismo ortodoxo?"
¡Avergüéncense, señores!
¡Han olvidado ustedes a su propio señor V. V.! Consulten su obra Los destinos del capitalismo, los Ensayos del señor Nikolái.-on, y otros
trabajos, que constituyen la fuente
de la sabiduría de ustedes. Entonces recordarán que la hacienda terrateniente
en Rusia reúne rasgos de capitalismo y del régimen de la servidumbre. Sabrán
entonces que existe el sistema de pago en trabajo100, esta reminiscencia evidente de la prestación personal. Si por
añadidura ojean ustedes un libro marxista tan ortodoxo como el tercer tomo de El Capital, de Marx, se enterarán de que
el desarrollo de la hacienda basada en la prestación personal y su
transformación en capitalista101 no
se efectuó en ningún sitio ni podía efectuarse de otro modo que a través de la
hacienda campesina pequeñoburguesa. Para denigrar el marxismo, proceden ustedes
de una manera sencilla en extremo y hace demasiado tiempo desenmascarada:
¡atribuyen al marxismo la opinión simplista y caricaturesca de la sustitución
directa de la gran hacienda basada en la prestación personal por la gran
hacienda capitalista! Ustedes razonan así: las cosechas de los terratenientes
son mayores que las de los campesinos; por tanto, la expropiación de los
terratenientes supone un paso atrás. Este razonamiento es digno de un
estudiante de cuarto curso de bachillerato. Piensen ustedes, señores ¿no habrá
constituido "un paso atrás" separar la tierra campesina, de poco
rendimiento, de la de los terratenientes, de gran rendimiento, durante la caída
del régimen de la servidumbre?
76
La hacienda terrateniente
moderna en Rusia une rasgos de capitalismo y de régimen de la servidumbre. La
lucha actual de los campesinos contra los terratenientes es, por su
significación objetiva, una lucha contra los restos del régimen de la
servidumbre. Mas intentar contar todos los casos aislados y sopesar cada uno de
ellos, determinar con la precisión de un peso de boticario dónde termina
exactamente el régimen de la servidumbre y dónde empieza el capitalismo puro
significa atribuir a los marxistas la pedantería propia. No podemos saber qué
parte del precio de los artículos comprados a un pequeño tendero constituye el
valor creado por el trabajo y qué parte la estafa, etc. ¿Significa esto,
señores, que deba arrojarse por la borda la teoría del valor producto del
trabajo?
La hacienda terrateniente
moderna une rasgos de capitalismo y de régimen de la servidumbre. Únicamente
los pedantes pueden sacar de aquí la conclusión de que nuestro deber consiste
en sopesar, contar y registrar cada rasgo en cada caso aislado según su carácter
social. Únicamente los utopistas pueden sacar de aquí la conclusión de que
"no hay ninguna razón" para que diferenciemos las dos guerras
sociales distintas. Lo que se desprende de aquí, en realidad, es la conclusión
—y únicamente ella— de que tanto en nuestro programa como en nuestra táctica
debemos unir la lucha puramente proletaria contra el capitalismo a la lucha
democrática general (y campesina general) contra la servidumbre.
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100 Sistema
de pago en trabajo, pagos en trabajo: reminiscencias del régimen de la servidumbre, sistema leonino
de contrata de campesinos, los cuales debían trabajar con su ganado y sus
aperos para los terratenientes o los campesinos ricos explotadores.
101 Véase C. Marx. El Capital,
t. III, capítulo XLVII.
Socialismo pequeñoburgués y socialismo proletariado
Cuanto más desarrollados
estén los rasgos capitalistas en la moderna hacienda terrateniente de
semiservidumbre más imperiosa será la necesidad de agrupar hoy mismo en una
organización independiente al proletariado agrícola, pues mayor será la rapidez
con que aparecerá en escena, durante cualquier confiscación, el antagonismo
puramente capitalista o puramente proletario. Cuanto más acusados sean los
rasgos capitalistas en la hacienda terrateniente tanto antes empujará la
confiscación democrática hacia la verdadera lucha por el socialismo y, por
tanto, más peligrosa resultará la falsa idealización de la revolución
democrática efectuada con la palabreja de "socialización". He ahí la
conclusión que se desprende del entrelazamiento del capitalismo y del régimen
de la servidumbre en la hacienda terrateniente.
Así pues, hay que unir la
lucha puramente proletaria con la lucha campesina general, pero sin
confundidas. Hay que apoyar la lucha democrática general y la lucha campesina
general, mas sin fundirse, en modo alguno, con esta lucha no clasista, sin
idealizarla con palabrejas falaces como socialización, sin olvidarse un solo
instante de organizar al proletariado urbano y al agrícola en un partido socialdemócrata de clase completamente
independiente. Al apoyar hasta el fin la democracia más decidida, este partido
no se dejará apartar del camino revolucionario con sueños reaccionarios y
experimentos de "igualitarismo" en la economía mercantil. La lucha de
los campesinos contra los terratenientes es hoy revolucionaria; la confiscación
de las tierras de los terratenientes, en el momento actual de evolución
económica y política, es revolucionaria en todos los sentidos, y nosotros
apoyamos esta medida democrática revolucionaria. Mas denominar
"socialización" a esta medida, engañarse a sí mismo y engañar al
pueblo con la posibilidad del usufructo "igualitario" del suelo en la
economía mercantil constituye una utopía reaccionaria pequeñoburguesa que
dejamos a los socialistas reaccionarios.
Publicado el 7 de
noviembre (25 de octubre) de 1905 en el núm. 24 de "Proletari".
T. 12, págs. 39-48.
El proletariado y el campesinado
77
EL PROLETARIADO Y EL
CAMPESINADO.
El Congreso de la Unión
Campesina102 que se celebra actualmente en Moscú
vuelve a poner sobre el tapete la cuestión palpitante de la actitud de la
socialdemocracia ante el movimiento campesino. Esta cuestión ha sitio siempre
vital para los marxistas rusos al determinar su programa y su táctica. En el
primer provecto de programa de los socialdemócratas rusos, editado en 1854 en
el extranjero por el grupo Emancipación del Trabajo103, se dedicó ya gran atención al problema campesino.
No puede mencionarse ni una
sola obra importante de los marxistas dedicada a problemas generales, ni un
solo órgano de prensa socialdemócrata que, a partir de entonces, no haya
repetido, desarrollado y aplicado a los distintos casos las opiniones y consignas
marxistas.
La cuestión del movimiento
campesino ha pasado a ser vital ahora no sólo por su significación teórica,
sino también por su propia importancia práctica inmediata. Ahora hay que
transformar nuestras consignas generales en llamamientos concretos del proletariado
revolucionario al campesinado revolucionario. Ha llegado el momento en que el
campesinado actúa como creador consciente de un nuevo régimen de la vida rusa.
Y del grado en que se eleve su conciencia depende, en gran medida, la marcha y
el desenlace de la gran revolución rusa.
¿Qué quiere de la revolución
el campesinado? ¿Qué puede dar la revolución al campesinado? He aquí dos
preguntas a las que debe contestar todo político y, en particular, todo obrero
consciente, que es un político en el sentido mejor, no vulgarizado por la
politiquería burguesa, de esta palabra.
El campesinado quiere tierra
y libertad. Sobre esto no puede haber discrepancias. Todos los obreros
conscientes apoyan con todas sus fuerzas al campesinado revolucionario. Todos
los obreros conscientes quieren y tratan de conseguir que el campesinado reciba
toda la tierra y toda la libertad. Toda la tierra significa no considerarse
satisfecho con ninguna clase de limosna o concesiones parciales, significa
orientarse no al acuerdo de los campesinos con los terratenientes, sino a la
liquidación de la propiedad feudal de la tierra. Y el partido del proletariado
consciente, la socialdemocracia, se ha pronunciado en este sentido con la mayor
decisión: en su III Congreso, celebrado en mayo de este año, el POSDR aprobó
una resolución en la que se hablaba claramente del apoyo a las reivindicaciones
campesinas revolucionarias incluida la
confiscación de todas las tierras de propiedad particular. Esta resolución
nuestra con claridad que el partido
de los obreros conscientes apoya la reivindicaciones campesina
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102
Véase la nota 84.
103 Emancipación
del Trabajo: primer
grupo marxista ruso fundado por J. Plejánov en Suiza en 1883. Realizó una gran
labor de propaganda del marxismo en Rusia y asestó un rudo golpe al populismo.
Los dos proyectos de programa de los socialdemócratas rusos, escritos por
Plejánov y editados por el grupo Emancipación del Trabajo (1883 y 1885), fueron
un importante paso en la preparación y creación del partido socialdemócrata de
Rusia. Sin embargo, el grupo no estuvo ligado con el movimiento obrero práctico
en Rusia. Lenin decía que el grupo Emancipación del Trabajo no había hecho sino
"fundar la socialdemocracia en teoría y dar el primer paso al encuentro
del movimiento obrero". Los miembros del grupo incurrieron en graves
errores: sobrestimaban el papel de la burguesía liberal y subestimaban el papel
revolucionario del campesinado y la importancia de la alianza del proletariado
con los campesinos para la victoria sobre el zarismo.
En el II Congreso del POSDR, celebrado en agosto de 1903, el
grupo Emancipación del Trabajo se declaró disuelto.
El proletariado y el campesinado
de toda la tierra. Y en este
sentido, la resolución adoptada en la conferencia de la otra mitad de nuestro
partido coincide en absoluto, por su contenido, con la del III Congreso del
POSDR.
“Toda la libertad” significa
elegibilidad de los funcionarios y dignatarios que dirigen los asuntos públicos
y sociales. ‘Toda la libertad” significa la destrucción completa de un poder
estatal que no dependa integra y exclusivamente del pueblo, que no sea de
elección popular, que no dé al pueblo cuenta de su gestión ni sea revocable por
él. “Toda la libertad” significa que no es el pueblo quien debe someterse a los
funcionarios, sino los funcionarios quienes deben someterse al pueblo.
Claro que no todos los
campesinos que luchan por la tierra y la libertad tienen plena conciencia de
esta lucha y llegan a la reivindicación de la República. Mas la orientación
democrática de las reivindicaciones campesinas está fuera de toda duda. Por eso
el campesinado tiene asegurado el apoyo del proletariado a estas
reivindicaciones. Los campesinos deben saber que la bandera roja izada en las
ciudades es la bandera de lucha por las reivindicaciones inmediatas y vitales
no sólo de los obreros industriales y agrícolas, sino también de millones y
decenas de millones de pequeños agricultores.
Los restos del régimen de la
servidumbre, en todas y cada una de sus formas y variedades, siguen oprimiendo
despiadadamente hasta hoy a toda la masa campesina, y el proletariado, bajo la
bandera roja, ha declarado la guerra a esa opresión.
Mas la bandera roja no
simboliza únicamente el apoyo del proletariado a las reivindicaciones
campesinas. Simboliza, además, las reivindicaciones independientes del
proletariado. Simboliza la lucha no sólo por la tierra y la libertad, sino
también contra toda explotación del hombre por el hombre, contra la miseria de
las masas populares contra la dominación del capital. Y ante nosotros surge la
segunda pregunta: ¿qué puede dar la revolución al campesinado? Muchos amigos
sinceros de los campesinos (incluidos, por ejemplo, los
socialistas-revolucionarios) no tienen en cuenta esta cuestión, no ven su
importancia. Piensan que basta formular y contestar a la pregunta de qué desean
los campesinos y recibir la respuesta: tierra y libertad. Esto es un gran
error.
78
La libertad completa y la elegibilidad completa de todos los
funcionarios, hasta del jefe del Estado, no eliminarán el dominio del capital,
no acabarán con la riqueza de unos pocos y la miseria de las masas. La
liquidación completa de la propiedad privada sobre la tierra no acabará tampoco
ni con el dominio del capital ni con la miseria de las masas. En la tierra
perteneciente a todo el pueblo organizará también de manera independiente su
hacienda sólo quien posea capital, aperos, ganado, máquinas, reservas de
semillas, recursos pecuniarios en general, etc. Y quien no tenga nada más que
sus brazos seguirá siendo siempre un esclavo del capital, incluso en la
república democrática, incluso perteneciendo la tierra a todo el pueblo. La
idea de “socialización” de la tierra sin socializaci ón del capital, la idea de
que es posible el usufructo igualitario del suelo, existiendo el capital y la
economía mercantil, es un error. El socialismo ha conocido en casi todos los
países de Europa tiempos en que la mayoría compartía este y otros errores
semejantes. La experiencia de la lucha de la clase obrera en todos los países
ha mostrado en la práctica todo el peligro que encierra semejante error, del
que se han desembarazado ahora por completo los proletarios socialistas de
Europa y América.
Así pues, la bandera roja de
los obreros conscientes significa, primero, que apoyamos con todas nuestras
fuerzas la lucha campesina por toda la libertad y por toda la tierra; segundo,
que no nos detenemos ahí y vamos más lejos. Además de luchar por la libertad y
la tierra, luchamos por el socialismo. La lucha por el socialismo es la lucha
contra la dominación del capital. Esta lucha la sostienen, ante todo, los
obreros asalariados, que dependen directa y plenamente del capital. Por lo que
se refiere a los pequeños patronos, tienen en parte capital y, con frecuencia,
explotan ellos mismos a obreros. Por eso no todos los pequeños
El proletariado y el campesinado
campesinos engrosan las
filas de los luchadores por el socialismo, sino únicamente los que se colocan
resuelta y conscientemente al lado de los obreros contra el capital, al lado de
la propiedad social contra la propiedad privada.
He ahí por qué los
socialdemócratas dicen que luchan al lado de todo el campesinado contra los
terratenientes y los funcionarios y que, además, ellos, los proletarios de la
ciudad, luchan al lado de los proletarios agrícolas contra el capital. La lucha
por la tierra y la libertad es una lucha democrática. La lucha por destruir la
dominación del capital es una lucha socialista.
Enviemos, pues, un caluroso
saludo a la Unión Campesina, que ha tomado el acuerdo de luchar con unidad y
firmeza, abnegadamente y sin vacilaciones, por la libertad completa y por toda
la tierra. Estos campesinos son demócratas auténticos. Debemos explicarles sus
errores en la comprensión de las tareas de la democracia y del socialismo de
manera paciente y comedida, como a aliados a quienes nos une la gran lucha
común. Estos campesinos son auténticos demócratas revolucionarios con quienes
debemos marchar y marcharemos a la lucha por la victoria completa de la
revolución actual. Sentimos la mayor simpatía, una simpatía absoluta, por el
plan de huelga general y por la decisión de alzarse la próxima vez unidos, de
mancomún, los obreros de la ciudad y todos los pobres del campo. Todos los
obreros conscientes harán los máximos esfuerzos para cooperar a la realización
de este plan. Pero ninguna alianza, ni siquiera con los demócratas
revolucionarios más honrados y resueltos, hará que los proletarios olviden su objetivo,
aún más grande e importante: la lucha por el socialismo, por destruir
íntegramente la dominación del capital, por liberar de cualquier explotación a
todos los trabajadores. ¡Adelante, obreros y campesinos a la lucha común por la
tierra y la libertad! ¡Adelante proletarios, unidos por la socialdemocracia
internacional, a la lucha por el socialismo!
Publicado el 12 de
noviembre de 1905 en el número 11 de “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 94-98.
La organización del partido y las publicaciones del partido
79
LA ORGANIZACIÓN DEL
PARTIDO Y LAS PUBLICACIONES DEL PARTIDO.
Las nuevas condiciones en
que se desenvuelve la actividad socialdemócrata en Rusia después de la
Revolución de Octubre104 han puesto a la orden del día el
problema de las publicaciones del partido. Comienza a desaparecer la diferencia
entre prensa clandestina y prensa legal, triste herencia de la época de la
Rusia feudal y autocrática. Esta diferencia no ha desaparecido aún, ni mucho
menos. El hipócrita gobierno de nuestro primer ministro llega a tal extremo en
sus atropellos que Izvestia Sovieta
Rabóchij Deputátov105 se publica “clandestinamente”, pero el
gobierno sólo cosecha nuevos bochornos y nuevos golpes morales con sus torpes
intentos de “prohibir” lo que no puede impedir que aparezca.
Cuando existía una
diferencia entre la prensa clandestina y la prensa legal, el problema de la
prensa del partido y de la que no era del partido se resolvía de manera simple,
falsa y monstruosa en extremo. Toda la prensa ilegal era del partido, se editaba
y estaba dirigida por organizaciones y grupos vinculados de una u otra manera a
grupos de camaradas que realizaban trabajo práctico de partido. La prensa
legal, en su conjunto, no pertenecía a ningún partido, pues estaba prohibida la
expresión de las diversas tendencias políticas; pero “se inclinaba” hacia tal o
cual partido. Eran inevitables las alianzas deformes, las “convivencias”
anormales y los ropajes falsos; a las forzadas reticencias de quienes deseaban
dar a conocer opiniones de partido se unían la incomprensión o la cobardía
intelectual de los que no habían llegado a compenetrarse con esas opiniones y
de los que, en realidad, no eran hombres de partido.
¡Maldita época de discursos
esópicos, de bajeza literaria, de lenguaje servil y de feudalismo ideológico!
El proletariado ha puesto fin a esta infamia, bajo cuyo peso se asfixiaba en
Rusia todo lo vivo y todo lo nuevo. Pero el proletariado aún no ha conquistado
para Rusia más que una libertad a medias.
La revolución no ha
terminado todavía. El zarismo ya no
tiene fuerza para vencer a la revolución, pero la revolución no es aun lo bastante fuerte para vencer
al zarismo. Atravesamos unos momentos en que se manifiesta por doquier y en
todos los aspectos esta anormal conjugación del partidismo abierto, honesto,
directo y consecuente y la ‘‘legalidad’’ clandestina, velada, “diplomática”,
envuelta en evasivas. Esta anormal conjugación repercute asimismo en nuestro
periódico; por mucho que ironice el señor Guchkov a propósito de la tiranía
socialdemócrata, que prohíbe la publicación de periódico burgueses liberales y
moderados, continua siendo un hecho que Proletari,
Órgano Central del Partido Socialdemócrata de Rusia, no está autorizado en la
Rusia autocrática y policíaca.
Lo cierto es que lo ya
conseguido en esta primera mitad de la revolución nos obliga a todos nosotros a
reorganizar inmediatamente este asunto. La literatura puede ser en el noventa
por ciento de los casos, incluso “legalmente”, una literatura de partido. La
literatura debe adquirir un carácter partidista. En oposición a los hábitos
burgueses, en oposición a la prensa burguesa mercantil, de empresa, en
oposición al arribismo y al individualismo literario
![]()
104
Se
trata de la huelga política general de
octubre de 1905 que tuvo por resultado el "Manifiesto" del 17 de
octubre del zar que "otorgaba" al pueblo las libertades civiles. Los
bolcheviques utilizaron la libertad de prensa para editar legalmente sus
periódicos. A fines de 1905, después del aplastamiento de la insurrección
armada de diciembre, la autocracia pasó a la ofensiva contra las organizaciones
y la prensa obreras.
105
“Izvestia Sovieta Rabóchij Deputátov"
("Noticias del Soviet de Diputados Obreros"): órgano del Soviet de
Diputados Obreros de San Petersburgo; apareció de octubre a diciembre de 1905
corno boletín de información de la actividad del Soviet.
La organización del partido y las publicaciones del partido
burgués, al “anarquismo se
ñorial” y al afán de lucro, el proletariado socialista debe proclamar el
principio de la literatura del partido,
desarrollar este principio y aplicarlo en la forma más completa e íntegra
posible.
¿En qué consiste este
principio de la literatura del partido? No consiste solamente en que la
literatura no puede ser para el proletariado socialista un medio de lucro de
individuos o grupos ni, en general, obra individual, independiente de la causa
proletaria común. ¡Abajo los literatos apolíticos! ¡Abajo los literatos
superhombres! La literatura debe ser una
parte de la causa proletaria, debe ser “rueda y tornillo” de un solo y gran
mecanismos socialdemócrata, puesto en movimiento por toda la vanguardia consciente
de toda la clase obrera. La labor literaria debe pasar a ser una parte
integrante del trabajo organizado, coordinado y unificado del partido
socialdemócrata.
“Toda comparación cojea”,
dice un proverbio alemán. También cojea mi comparación de la literatura con un
tornillo y de un movimiento vivo con un mecanismo. Hasta es posible que salgan
por ahí intelectuales histéricos que alboroten a propósito de esta comparación,
de la cual dirán que degrada, paraliza y “burocratiza” la libre lucha
ideológica, la libertad de crítica, la libertad de creación literaria, etc.,
etc. En realidad, semejantes vociferaciones no serían sino la expresión del
individualismo intelectual burgués. Sin duda, la labor literaria es la que
menos se presta a la igualación mecánica, a la nivelación, al dominio de la
mayoría sobre la minoría. Sin duda, en esta labor es absolutamente necesario
asegurar mayor campo a la iniciativa personal, a las inclinaciones
individuales, al pensamiento y a la imaginación, a la forma y al fondo.
80
Todo esto es indudable, pero
sólo demuestra que la función literaria del partido del proletariado no puede
ser identificada mecánicamente con sus demás funciones. Esto en modo alguno
desmiente la tesis, extraña y peregrina para la burguesía y para la democracia
burguesa, de que la labor literaria debe, de manera indefectible y obligatoria,
estar indisolublemente ligada a los otros aspectos de la actividad del partido
socialdemócrata. Los periódicos deben ser órganos de las diversas
organizaciones del partido. Los literatos deben formar parte, sin falta, de las
organizaciones del partido. Las editoriales y sus depósitos, las librerías,
salas de lectura, bibliotecas y distribuidoras de publicaciones deben ser del
partido y rendir cuentas ante él. El proletariado socialista organizado debe
seguir atento esta labor, controlarla, introducir en toda ella, sin excepción
alguna, el vivo raudal de la viva actividad proletaria, haciendo que
desaparezca así toda base para el viejo principio ruso semioblomoviano 106 y semimercantilista de que el escritor
escribe cuando le parece y el lector lee cuando le viene en gana.
Ni que decir tiene, claro
es, que no puede verificarse de golpe esta transformación de la labor
literaria, emporcada por una censura asiática y por una burguesía europea. Nada
más lejos de nosotros que la idea de preconizar un sistema uniforme o una solución
del problema mediante unas cuantas disposiciones reglamentarias. Lo que menos
cabe a este respecto es el esquematismo. De lo que se trata es de que todo
nuestro partido, todo el proletariado socialdemócrata consciente de Rusia
entera tome conciencia de esta nueva tarea, se la plantee con claridad y
emprenda en todas partes su cumplimiento. Liberados de la censura feudal, no
queremos caer y no caeremos en los lazos mercantilistas de las relaciones
literarias burguesas. Querernos crear y crearemos una prensa que sea libre, no
ya con respecto a la policía, sino con respecto al capital, una prensa exenta
de arribismo; es más, exenta también del individualismo anárquico burgués.
Estas últimas palabras
parecerán acaso una paradoja o una burla de que queremos hacer objeto a los
lectores. ¿Cómo?, exclamará, tal vez, algún intelectual, ardiente partidario de
la
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106 Oblómov: protagonista de la novela homónima del
escritor ruso I. Goncharov. El nombre de Oblómov se ha hecho sinónimo de
rutina, estancamiento y pasividad extrema.
La organización del partido y las publicaciones del partido
libertad. ¿Cómo? ¡Pretenden
supeditar a la colectividad algo tan delicado e individual como la creación
literaria! ¡Pretenden que los obreros resuelvan por mayoría de votos las
cuestiones de la ciencia, de la filosofía y de la estética! ¡Niegan la libertad
absoluta de la creación ideológica absolutamente individual!
¡Tranquilícense, señores! En
primer lugar, se trata de las publicaciones del partido y de su subordinación
al control del partido. Cada cual es libre de escribir y de hablar cuanto
quiera, sin la menor cortapisa. Pero toda asociación libre (incluido todo
partido) es también libre para arrojar de su seno a aquellos de sus miembros
que utilicen el nombre de ésta para propugnar puntos de vista contrarios a
ella. La libertad de palabra de prensa debe ser completa. Pero también debe
serlo la libertad de asociación. Yo tengo la obligación de concederte, en
nombre de la libertad de palabra, pleno derecho a gritar, mentir y escribir
todo lo que desees. Pero tú tienes la obligación de concederme a mí, en nombre
de la libertad de asociación, el derecho a concertar o anular una alianza con
quienes se expresan de tal o cual manera. El partido es una unión voluntaria
cuya disgregación, primero ideológica y luego material, sería inevitable si no
se desembarazase de los miembros que sostienen opiniones opuestas a las del partido.
Pues bien, para determinar los límites entre lo que es del partido y lo que es
contrario al partido está el programa del mismo, están sus resoluciones sobre
táctica y sus estatutos y está, por último, toda la experiencia de la
socialdemocracia internacional, de las asociaciones voluntarias internacionales
del proletariado, que da constantemente entrada en sus partidos a distintos
elementos o tendencias no del todo consecuentes, no del todo marxistas puros,
no del todo justos, pero que también lleva siempre periódicamente a cabo
“depuraciones” de su partido. As í ocurrirá, señores partidarios de la
“libertad de cr ítica” burguesa, entre nosotros, dentro de nuestro partido: ahora nuestro partido se está
transformando de golpe en un partido de masas; ahora estamos atravesando un
período de brusco tránsito a la organización abierta; ahora acudirán
indefectiblemente a nuestras filas muchos elementos inconsecuentes (desde el
punto de vista marxista), inclusive algunos cristianos y hasta quizás místicos.
Tenernos un estómago resistente, somos marxistas firmes como la roca.
Digeriremos a estos elementos inconsecuentes. La libertad de pensamiento y la
libertad de crítica en el seno del partido jamás nos harán olvidar la libertad
de agrupación en asociaciones libres que se denominan partidos.
En segundo lugar, señores
individualistas burgueses, debemos deciros que vuestras peroraciones sobre la
libertad absoluta son pura hipocresía. No puede haber “libertad” real y
efectiva en una sociedad fundada sobre el poder del dinero, en una sociedad en
la que las masas trabajadoras viven en la miseria mientras un puñado de
potentados vegeta en el parasitismo. ¿Acaso usted, señor escritor, no depende
de su editor burgués y de su público burgués, que le exige pornografía en
novelas y estampas y prostitución como “suplemento” del “sagrado” arte
escénico? Esta libertad absoluta es una frase burguesa o anarquista (pues el
anarquismo, como concepción del mundo, es la ideología burguesa vuelta del
revés). Es imposible vivir en la sociedad y no depender de ella. La libertad
del escritor, del pintor y de la actriz burgueses no es sino la dependencia
embozada (o que se trata de embozar hipócritamente) respecto de la bolsa de
oro, del soborno y el condumio.
81
Los socialistas
desenmascaramos esa hipocresía y arrancamos falsos rótulos, y no para conseguir
una literatura y un arte independientes de las clases sociales (esto será
posible únicamente en la sociedad socialista sin clases), sino para oponer a la
literatura hipócritamente libre, pero de hecho vinculada a la burguesía, una
literatura libre en realidad y ligada abiertamente al proletariado.
Será una literatura libre
porque no han de ser el afán de lucro y el arribismo, sino la idea del
socialismo y la simpatía por los trabajadores las que incorporen a sus filas
nuevas fuerzas. Será una literatura libre porque servirá no a damiselas
hastiadas de todo, no a los “diez mil
La organización del partido y las publicaciones del partido
de arriba”, cargados de
aburrimiento y de grasa, sino a millones y decenas de millones de trabajadores
que son la flor y nata del país, su fuerza, su futuro. Será una literatura
libre que fecunde la última palabra del pensamiento revolucionario de la humanidad
con la experiencia y la actividad viva del proletariado socialista, una
literatura que haga efectiva la relación recíproca y constante entre la
experiencia del pasado (el socialismo científico, coronación del desarrollo del
socialismo desde sus formas primitivas, utópicas) y la experiencia del presente
(la lucha actual de los camaradas obreros).
¡Manos a la obra, camaradas!
Tenemos por delante una tarea nueva y difícil, pero grande y fecunda: organizar
una vasta, multiforme y variada labor literaria en ligazón estrecha e
indisoluble con el movimiento obrero socialdemócrata. Todas las publicaciones
socialdemócratas deben ser publicaciones del partido. Todos los periódicos,
revistas, editoriales, etc. deben emprender inmediatamente el trabajo de
reorganización, hacer las cosas de manera que se incorporen por entero, de una
u otra forma, a tal o cual organización del partido. Sólo entonces la
literatura “socialdemócrata” merecerá realmente este nombre; sólo entonces
podrá cumplir con su deber; sólo entonces podrá, incluso dentro de la sociedad
burguesa, sustraerse a la esclavitud de la burguesía y fundirse con el
movimiento de la clase verdaderamente avanzada y revolucionaria hasta el fin.
Publicado el 13 de
noviembre de 1905 en el núm. 12 de “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 99-105.
Las fuerzas armadas y la revolución
82
LAS FUERZAS ARMADAS Y
LA REVOLUCIÓN.
La insurrección de
Sebastopol se extiende cada vez más107. El
desenlace se aproxima. Los marinos y soldados que combaten por la libertad
destituyen a sus jefes. El orden está asegurado por completo. El gobierno no
consigue repetir la infame treta de Cronstadt ni provocar ningún pogromo 108. La escuadra se ha negado a levar
anclas y amenaza a la ciudad si se intenta reprimir a los insurrectos. El
teniente retirado Shmidtt, que obtuvo el retiro por su “insolente” discurso
sobre la defensa, con las armas, de las libertades prometidas en el manifiesto
del 17 de octubre109, ha tomado el mando del Ochákov. Hoy,
15, debe expirar, según comunica Rus110, el
plazo fijado a los marinos para rendirse.
Estamos, por consiguiente,
en vísperas de un momento decisivo. En los próximos días —tal vez en las
próximas horas— se verá si los insurrectos logran una victoria completa, si son
derrotados, o si se llega a alguna transacción. En todo caso, los acontecimientos
de Sebastopol evidencian la quiebra total del viejo régimen de esclavitud en
las fuerzas armadas, régimen que convertía a los soldados en máquinas con
fusil, en instrumentos de represión del mínimo anhelo de libertad.
Se fueron para no volver los
tiempos en que el ejército ruso —como sucedió en 1849— marchaba a reprimir la
revolución más allá de las fronteras de Rusia111. Ahora el ejército se ha separado definitivamente de la
autocracia. No todo el ejército es ya revolucionario. La conciencia política de
los soldados y marinos está todavía a un nivel muy bajo. Pero lo
![]()
107 La
insurrección armada en Sebastopol comenzó el 11 (24) de noviembre de 1905 y duró cinco días. Los
marinos, los soldados y los obreros revolucionarios reclamaban la convocación
de la Asamblea Constituyente, la proclamación de la república democrática, la
libertad de palabra, de reunión y de mítines, la implantación de la jornada
laboral de ocho horas y la mejora de las condiciones de vida. A los sublevados
se
adhirieron los marinos del
crucero Ochákov, del acorazado Panteleimón (antes Potemkin) y los de varios destructores y barcos de otros tipos.
Encabezó la sublevación el teniente P. Shmidt. Los bolcheviques querían
encauzar la acción por la vía de la lucha armada. Pero los mencheviques, que
eran mayoría en el comité socialdemócrata de Sebastopol, se pronunciaron en
contra de la insurrección armada, lo que sembró la discordia en las filas de
los sublevados. La insurrección fue aplastada. El juicio, comenzado en febrero
de 1906, contra los participantes en la insurrección, condenó al teniente
Shmidt y a tres marinos a la pena de muerte y, a varios centenares, a diversos
plazos de trabajos forzados y presidio. Unas mil personas fueron castigadas sin
proceso. Pese a que la insurrección de Sebastopol acabó en una derrota,
desempeñó un gran papel durante la revolución de 1905-1907.
108
Se trata de la
insurrección armada de los marinos y los soldados de Cronstadt el 26 y 27 de
octubre (8-9 de noviembre) de 1905 que fue aplastada sin piedad.
109 El 17 (30) de octubre
de 1905, durante las jornadas de
máximo ascenso de la huelga política de octubre en toda Rusia, se promulgó el
manifiesto del zar que prometía las "libertades civiles" y una Duma
"legislativa". El manifiesto fue una maniobra política de la autocracia
cuyo sentido estribaba en ganar tiempo, dividir las fuerzas revolucionarias,
frustrar la huelga y aplastar la revolución. Los bolcheviques desenmascararon
el contenido verdadero del manifiesto. El 18 (31) de octubre de 1905, el CC del
POSDR lanzó un llamamiento "¡Al pueblo ruso!", en el que explicaba
toda la falsedad del manifiesto del zar y exhortaba a proseguir la lucha.
110 "Rus" ("Rusia"): diario liberal burgués próximo a los
demócratas constitucionalistas durante la revolución de 1905; se publicó en San
Petersburgo de diciembre de 1903 a diciembre de 1905.
111 Se trata de la participación de las
tropas del zar ruso Nicolás I en el aplastamiento del movimiento revolucionario
de liberación nacional en los países europeos. En 1848 el zar envió tropas a
Rumania, Polonia, el litoral báltico, a la parte de Ucrania que se extiende a
la derecha del Dniéper y concedió al emperador austriaco un empréstito de seis
millones para aplastar el movimiento de liberación nacional de Italia. En 1849
se aplastó, con la ayuda de tropas zaristas, la revolución en Hungría.
Las fuerzas armadas y la revolución
importante es que ya ha
despertado la conciencia, que los soldados han comenzado su movimiento, que el
aire de la libertad ha penetrado en los cuarteles por doquier. El cuartel era
en Rusia, por lo general, peor que cualquier cárcel: en ninguna otra parte el
individuo estaba tan oprimido y vejado como en el cuartel; en ninguna otra
parte proliferaban tanto los castigos, los golpes, los ultrajes al ser humano.
Y ese cuartel se está convirtiendo en un foco de la revolución.
Los sucesos de Sebastopol no
son hechos aislados ni casuales. No hablaremos de las anteriores tentativas de
insurrección manifiesta en la marina y en el ejército. Comparemos el incendio
de Sebastopol con las chispas de San Petersburgo. Recordemos las reivindicaciones
de los soldados que se formulan ahora en las distintas unidades militares de
San Petersburgo (publicadas en el número de ayer de nuestro periódico). ¡Qué
extraordinario documento es esa lista de reivindicaciones! Con cuánta claridad
nos muestra
que el ejército esclavo se
está transformando en ejército revolucionario. ¿Qué fuerza podrá frenar ahora
la propagación de tales reivindicaciones en toda la marina y en todo el
ejército?
Los soldados de San
Petersburgo quieren mejor rancho, mejor vestuario y mejor alojamiento, reclaman
aumento de los haberes y reducción del plazo de servicio y de las horas de
ejercicios diarios. Pero entre sus reivindicaciones ocupan mucho más lugar otras,
que sólo puede reclamar el soldado ciudadano. El derecho a asistir de uniforme
a todas las reuniones, “al igual que todos los paisanos”, el derecho a leer y
tener en el cuartel periódicos de toda
índole, la libertad de conciencia, la igualdad de derechos para todas las
nacionalidades, la completa abolición de toda subordinación al grado militar
fuera del cuartel, la eliminación del servicio de los ordenanzas, la supresión
de los consejos de guerra y la transferencia de todos los encartamientos
militares a los tribunales civiles, el derecho de elevar quejas colectivas y el
de defenderse ante cualquier ademán de un superior de sentar la mano. Tales son
las principales reivindicaciones de los soldados de San Petersburgo.
Estas reivindicaciones
muestran que la inmensa mayoría del ejército se solidariza ya con los
sublevados por la libertad en Sebastopol.
Estas reivindicaciones
muestran que los falaces discursos de los lacayos de la autocracia para
encomiar la neutralidad del ejército, la necesidad de mantenerlo al margen de
la política, etc., no despertarán la menor simpatía entre los soldados.
El ejército no puede ni debe
ser neutral. No inmiscuir al ejército en la política es la consigna de los
hipócritas lacayos de la burguesía y del zarismo que, en realidad, siempre han
inmiscuido al ejército en la política reaccionaria, han convertido a los
soldados rusos en servidores de las centurias negras, en ayudantes de la
policía. No es posible permanecer al margen de la lucha de todo el pueblo por
la libertad. Quien muestra indiferencia ante esta lucha, apoya de hecho los
desmanes del gobierno policiaco que ha prometido la libertad sólo para
escarnecerla.
Las reivindicaciones de los
soldados -ciudadanos son las reivindicaciones de la socialdemocracia, las
reivindicaciones de todos los partidos revolucionarios, de todos los obreros
que tienen conciencia de clase. El sumarse a las filas de los partidarios de la
libertad, el pasarse al lado del pueblo asegurará el triunfo de la causa de la
libertad y la conquista de las reivindicaciones de los soldados.
83
Mas para ver satisfechas en
realidad, por completo y para largo, estas reivindicaciones es preciso dar otro
pequeño paso adelante. Hay que reunir en un manojo, en un todo único, las
demandas particulares de los soldados atormentados por el maldito régimen
presidiario del cuartel. Esas reivindicaciones conjuntas implicarán: supresión
del ejército regular y sustitución del mismo por el armamento de todo el
pueblo.
Las fuerzas armadas y la revolución
En todos los países del
mundo el ejército regular sirve no tanto contra el enemigo exterior como contra
el enemigo interior. El ejército regular se ha convertido en todas partes en
instrumento de la reacción, en asistente del capital en su lucha contra el
trabajo, en verdugo de la libertad del pueblo. No nos limitemos, pues, en
nuestra gran revolución liberadora a las reivindicaciones particulares.
Arranquemos el mal de cuajo. Suprimamos por completo el ejército regular. Que
el ejército se funda con el pueblo armado, que los soldados lleven al pueblo
sus conocimientos militares, que desaparezcan los cuarteles y sean remplazados
por una escuela militar libre. No habrá fuerza en el mundo que se atreva a
atentar contra la libre Rusia si el baluarte de esa libertad es el pueblo
armado que ha eliminado a la casta militar, que ha convertido en paisanos a
todos los soldados y en soldados a todos lo paisanos capaces de empuñar las
armas.
La experiencia de Europa
Occidental ha mostrado hasta qué punto es reaccionario el ejército regular. La
ciencia militar ha demostrado que la milicia popular es viable por completo, y
puede ponerse a la altura de las misiones militares no sólo en una guerra
defensiva, sino también en una guerra ofensiva.
Dejemos que la burguesía
hipócrita o sentimental sueñe con el desarme. Mientras haya en el mundo
oprimidos y explotados, debemos procurar no el desarme, sino el armamento de
todo el pueblo, lo único que puede asegurar plenamente la libertad, lo único
que puede barrer por completo a la reacción. Sólo si se realiza esta
transformación disfrutarán la libertad en la práctica los millones de
trabajadores y no sólo el puñado de explotadores.
Escrito el 15 (28) de noviembre de 1905. Publicado el 16 de
noviembre de 1905 en el núm. 14 de “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 111-114.
84
SOCIALISMO Y
ANARQUISMO.
El Comité Ejecutivo del
Soviet de diputados obreros acordó ayer, 28 de noviembre, rechazar la petición
de los anarquistas de que fueran admitidos representantes suyos en el Comité
Ejecutivo y en el Soviet de diputados obreros. Los motivos de este acuerdo han
sido expuestos por el propio Comité Ejecutivo del siguiente modo: “1) en toda
la práctica internacional, en los congresos y conferencias socialistas no hay
representantes de los anarquistas, ya que no reconocen la lucha política como
medio de conseguir sus ideales; 2) puede haber representación de un partido,
pero los anarquistas no son un partido”.
Consideramos que el acuerdo
del Comité Ejecutivo es un paso justo en grado sumo, de magna importancia en el
aspecto de los principios y de la actividad política práctica. Naturalmente, si
se considerara al Soviet de diputados obreros como un parlamento de obreros o
como un órgano de autogestión del proletariado, la negativa a admitir a los
anarquistas sería una equivocación. Por pequeña que sea (afortunadamente) la
influencia de los anarquistas en nuestros medios obreros, cierto número de
obreros está, sin duda, a su lado. El que los anarquistas constituyan un
partido, o una organización, o un grupo, o una unión libre de correligionarios
es una cuestión formal que no tiene gran importancia de principios. Por último,
si los anarquistas, que niegan la lucha política, solicitan ellos mismos la
entrada en una organización que sostiene esa lucha, tan escandalosa
inconsecuencia muestra una vez más, claro está, toda la inconsecuencia de las
concepciones de la táctica de los anarquistas. Pero, como es natural, no se puede
expulsar de un “parlamento” o de un “órgano de autogestión” por falta de
consistencia.
Nos parece que el acuerdo
del Comité Ejecutivo es completamente justo y no está en la menor pugna con las
tareas de esta institución, su carácter y su composición. El Soviet de
diputados obreros no es un parlamento obrero ni un órgano de autogestión proletaria,
no es, en general, un órgano de autogestión, sino una organización de combate
para lograr fines concretos.
De esta organización de
combate forman parte, basándose en un acuerdo temporal y no formalizado de
lucha, representantes del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (partido del
socialismo proletario), del partido de los “socialistas— revolucionarios” (representantes
del socialismo pequeño-burgués, o extrema izquierda de la democracia burguesa
revolucionaria), y, finalmente, numerosos obreros “sin partido”. Estos últimos,
sin embargo, no son en general “sin partido”, sino sólo revolucionarios no
adheridos a ningún partido, pues sus simpatías están por entero con la
revolución, por cuya victoria luchan con entusiasmo, energía y abnegación
ilimitadas. Por eso será completamente natural incluir también en el Comité
Ejecutivo a representantes del campesinado revolucionario.
En el fondo, el Soviet de
diputados obreros es una amplia alianza de combate, no formalizada, de
socialistas y demócratas revolucionarios; aunque, como es lógico, el
“revolucionarismo sin partido” encubre toda una serie de grados de transición
entre unos y otros. Es evidente la necesidad de semejante alianza para sostener
huelgas políticas y otras formas más activas de lucha por las reivindicaciones
democráticas vitales, que reconoce y aprueba la mayoría gigantesca de la
población. En esa alianza, los anarquistas no serán un factor positivo, sino
negativo; llevarán a ella
solamente la desorganización, con lo cual debilitarán la fuerza del embate
general; todavía “podrán discutir” acerca de la urgencia e importancia de las
transformaciones políticas. La exclusión de los anarquistas de una alianza de
combate que realiza, digámoslo así, nuestra revolución democrática es
absolutamente indispensable también desde el punto de vista de los intereses de
esta revolución. En la alianza de combate hay lugar únicamente para quienes
luchan por el objetivo de esta alianza. Y si, por ejemplo, los “demócratas
constitucionalistas” o el “Partido del Orden Jurídico”112 reclutaran incluso a varios centenares de obreros para sus
organizaciones de San Petersburgo, no es probable que el Comité Ejecutivo del
Soviet de Diputados Obreros abriera sus puertas a los representantes de tales
organizaciones.
Al explicar su decisión, el
Comité Ejecutivo se remite a la práctica de los congresos socialistas
internacionales. Aplaudimos calurosamente esta declaración, este reconocimiento
de la dirección ideológica de la socialdemocracia internacional por el órgano
del Soviet de Diputados obreros de San Petersburgo. La revolución rusa ha
adquirido ya significación internacional. Los enemigos de la revolución en
Rusia traman ya conspiraciones con Guillermo I con todos los oscurantistas,
verdugos, espadones y explotadores de Europa contra la Rusia libre. No
olvidemos tampoco que la victoria completa de nuestra revolución requiere la
alianza del proletariado revolucionario de Rusia con los obreros socialistas de
todos los países.
85
Los congresos socialistas
internacionales no acordaron en vano cerrar sus puertas a los anarquistas.
Entre el socialismo y el anarquismo media todo un abismo que en vano intentan
declarar inexistente los agentes provocadores de la policía secreta o los lacayos
periodísticos de los gobiernos reaccionarios. La concepción del mundo de los
anarquistas es la concepción burguesa vuelta del revés. Sus teorías
individualistas y su ideal individualista están en oposición diametral con el
socialismo. Sus opiniones no expresan el futuro del régimen burgués, que marcha
con fuerza incontenible hacia la socialización del trabajo, sino el presente e
incluso el pasado de ese régimen, el dominio de la ciega casualidad sobre el
pequeño productor aislado y solitario. Su táctica, que se reduce a negar la
lucha política, desune a los proletarios y los transforma de hecho en
participantes pasivos de una u otra política burguesa, pues para los obreros es
imposible e irrealizable apartarse de verdad de la política.
En la actual revolución en
Rusia se destaca a primer plano de manera imperiosa en extremo la tarea de
cohesionar las fuerzas del proletariado, de organizarlo, de instruir y educar
políticamente a la clase obrera. Cuantas más atrocidades cometa el gobierno
ultrarreaccionario, cuanto más celo pongan sus agentes provocadores para atizar
las malas pasiones de las masas ignorantes, cuanto más desesperadamente se
aferren los defensores de la autocracia, podrida en vida, a los intentos de
desacreditar la revolución, organizando asaltos, pogromos y asesinatos por la
espalda y emborrachando a los descamisados; cuantas más cosas de éstas ocurran,
tanta más importancia tendrá la tarea de organizar, que recae en primer término
sobre el partido del proletariado socialista. Y por eso emplearemos todos los
medios de lucha ideológica para que la influencia de los anarquistas en los
obreros rusos siga siendo tan insignificante como hasta ahora.
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112 Sobre los demócratas
constitucionalistas véase la nota 11.
"Partido del Orden Jurídico": partido contrarrevolucionario de
la gran burguesía comercial e industrial, de los terratenientes y de los altos
sectores de la burocracia; se constituyó en el otoño de 1905 y cobró forma
definitiva después de la publicación del manifiesto del 17 (30) de octubre.
Encubriéndose con la bandera del "orden jurídico", el partido actuaba
en realidad con energía en defensa del régimen zarista. En 1907 se disolvió,
sumándose parte de sus miembros a los octubristas y, otra parte, a los de las
centurias negras.
Escrito
el 24 de noviembre (7 de diciembre) de 1905. Publicado el 25 de noviembre de
1905 en el núm. 21 del periódico “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 129-132.
El Partido Socialista y el Revolucionarismo sin Partido
86
EL
PARTIDO SOCIALISTA Y EL REVOLUCIONARISMO SIN PARTIDO.
I
Al abarcar rápidamente
nuevos y nuevos sectores de la población el movimiento revolucionario de Rusia
está creando toda una serie de organizaciones sin partido. La necesidad de
unión se manifiesta con tanta mayor fuerza cuanto más tiempo ha sido contenida
y perseguida. Las organizaciones surgen sin cesar de una u otra forma, a menudo
sin cristalizar aún, y su carácter es muy original. Aquí no hay marcos bien
delimitados, como los de las organizaciones europeas. Los sindicatos adquieren
carácter político. La lucha política se funde con la económica —por ejemplo, en
forma de huelgas—, creando formas unidas de organizaciones temporales o más o
menos permanentes.
¿Cuál es el significado de
este fenómeno? ¿Cuál debe ser la actitud de la socialdemocracia ante él?
El partidismo riguroso es
secuela y resultado de una lucha de clases muy desarrollada. Y, al contrario,
en beneficio de una amplia y abierta lucha de clases es necesario fomentar un
riguroso partidismo. Por eso el partido del proletariado consciente, la socialdemocracia,
combate siempre con plena razón el sin partidismo y se esfuerza invariablemente
por crear un partido obrero socialista fiel a los principios y bien
cohesionado. Esta labor tiene éxito entre las masas en la medida que el
desarrollo del capitalismo escinde a todo el pueblo cada vez más profundamente
en clases, agudizando las contradicciones entre ellas.
Es muy comprensible que la
presente revolución en Rusia haya engendrado y engendre tantas organizaciones
sin partido. Por su contenido socioeconómico, esta revolución es democrática, o
sea, burguesa. Esta revolución derroca el régimen autocrático-feudal, abriendo
campo libre al régimen burgués, dando así satisfacción a las demandas de todas
las clases de la sociedad burguesa, siendo en este sentido una revolución de
todo el pueblo. Esto no significa, claro es, que nuestra revolución no tenga un
carácter de clase; naturalmente que no significa eso. Pero esta revolución va
dirigida contra las clases y castas que han caducado y están caducando desde el
punto de vista de la sociedad burguesa, clases y castas extrañas a esta
sociedad y que impiden su desarrollo. Y como toda la vida económica del país es
ya burguesa en todos sus rasgos fundamentales, como la inmensa mayoría de la
población vive ya de hecho en unas condiciones burguesas de existencia, los
elementos contrarrevolucionarios son, desde luego, insignificantes en número,
son en realidad “un puñado” en comparación con “el pueblo”. El car ácter de
clase de la revolución burguesa se manifiesta, pues, inevitablemente en el
carácter “popular” y, a primera vista, no de clase de la lucha de todas las
clases de la sociedad burguesa contra la autocracia y la servidumbre.
La época de la revolución
burguesa se distingue, tanto en Rusia como en otros países, por un desarrollo
relativamente incompleto de las contradicciones de clase de la sociedad
capitalista. Es cierto que en Rusia el capitalismo está hoy mucho más desarrollado
que en la Alemania de 1848, sin hablar ya de la Francia de 1789; pero no cabe
duda de que las contradicciones puramente capitalistas son veladas aún en grado
muy acusado en nuestro país por las contradicciones entre la “cultura” y el
asiatisino, el europeísmo y el tartarismo,
El Partido Socialista y el Revolucionarismo sin Partido
el capitalismo y el régimen
de servidumbre, es decir, se presentan en primer plano reivindicaciones cuya
satisfacción impulsará el desarrollo del capitalismo, lo depurará de la escoria
del feudalismo y mejorará las condiciones de vida y de lucha tanto del
proletariado como de la burguesía.
En efecto, si examinamos el
infinito número de reivindicaciones, demandas y dolénces* que hoy se formulan en Rusia en cada fábrica u oficina,
en cada regimiento, puesto de la guardia municipal, parroquia, centro de
enseñanza, etc.. etc., comprobaremos fácilmente que la inmensa mayoría de ellas
son, si cabe expresarse así, reivindicaciones de estricto carácter “cultural”.
* Quejas. (N. de la Edit.)
Quiero decir que no son,
propiamente hablando, reivindicaciones específicas de clase, sino demandas de
un elemental sentido jurídico, demandas que lejos de destruir el capitalismo,
lo encajan en el marco del europeísmo y liberan al capitalismo de la barbarie,
del salvajismo, del soborno y de las demás supervivencias “rusas” del régimen
de servidumbre. En realidad, también las reivindicaciones proletarias se
limitan en la mayoría de los casos a exigir transformaciones plenamente
realizables en el marco del capitalismo. El proletariado de Rusia reclama hoy,
de manera inmediata, no lo que socava el capitalismo, sino lo que lo depura y
lo que acelera e impulsa su desarrollo.
87
Naturalmente, la situación
especial del proletariado en la sociedad capitalista hace que la inclinación de
los obreros hacia el socialismo, la unión de los obreros con el partido
socialista se abra paso con fuerza espontánea en las fases más iniciales del
movimiento. Pero las reivindicaciones netamente socialistas son aún cosa del
futuro, y en el orden del día figuran las reivindicaciones democráticas de los
obreros en política y las reivindicaciones económicas dentro de los límites del
capitalismo en el dominio de la economía. Incluso el proletariado hace la
revolución, por decirlo así, dentro de los límites del programa mínimo y no del
programa máximo113. No hay ni que hablar del campesinado,
de esta gigantesca masa de la población, aplastante por su número. Su “programa
máximo”, sus objetivos finales no van más allá de las fronteras del
capitalismos el cual se desarrollaría con más amplitud y pujanza al pasar toda
la tierra a manos de todo el campesinado y de todo el pueblo. La revolución
campesina es en los momentos actuales una revolución burguesa, por mucho que
“ofendan” estas palabras el oído sentimental de los sentimentales caballeros de
nuestro socialismo pequeñoburgués.
El carácter bien delimitado
de la revolución en desarrollo da origen de un modo completamente natural a
organizaciones sin partido. Todo el movimiento en su conjunto adquiere de
manera inevitable la impronta del sin partidismo externo, una apariencia de sin
partidismo; pero, claro está, sólo una apariencia. La necesidad de una vida
“humana” y culta, de la unión, de la defensa de la propia dignidad y de los
derechos del hombre y del ciudadano abarca a todo y a todos, agrupa a todas las
clases, rebasa con gigantesco ímpetu todo partidismo, pone en movimiento a las
gentes que todavía están muy lejos de poder elevarse hasta el partidismo. La
urgencia de la conquista de derechos y reformas inmediatas, elementalmente
necesarias, relega, por decirlo así, a un segundo plano toda idea y todo
pensamiento acerca de lo que vendrá más tarde. El apasionamiento por la lucha
presente, apasionamiento necesario y legítimo sin el cual es imposible el éxito
en la lucha, obliga a idealizar estos objetivos inmediatos y elementales, los
pinta de color de rosa e incluso los envuelve a veces en un ropaje fantástico;
la simple democracia, la adocenada democracia
![]()
113 El programa del partido, aprobado en
1903 en el II Congreso del POSDR, constaba de dos partes: el programa máximo y
el programa mínimo. El programa máximo orientaba a la victoria de la revolución
socialista y al establecimiento de la dictadura del proletariado para edificar
la sociedad socialista. El programa mínimo incluía las reivindicaciones
inmediatas del partido: derrocamiento de la autocracia, proclamación de la
república democrática, introducción de la jornada laboral de 8 horas y
destrucción de todos los restos del feudalismo en el campo.
El Partido Socialista y el Revolucionarismo sin Partido
burguesa, se toma por
socialismo y es clasificada como socialismo. Todo es, al parecer, “sin
partido”; todo se funde, por decirlo así, en un solo movimiento “liberador”
(que, en realidad, libera a toda la sociedad burguesa); todo adquiere una capa
ligera y superficial de “socialismo”, principalmente merced al papel de
vanguardia del proletariado socialista en la lucha democrática.
La idea del sin partidismo
no puede menos de alcanzar en tales condiciones, determinadas victorias
pasajeras. El sin partidismo no puede menos de pasar a ser una consigna de
moda, pues la moda se aferra impotente a la zaga de los acontecimientos y, como
fenómeno “habitual” de la superficie política, aparece precisamente una
organización sin partido, democracia sin partido, movimiento huelguístico sin
partido, revolucionarismo sin partido.
Cabe preguntar: ¿qué actitud
deben adoptar ante esta imparcialidad
y ante esta idea del sin partidismo los partidarios y representantes de las
distintas clases? No en el sentido subjetivo, sino objetivo, es decir, no en el
sentido de cuál debe ser la actitud ante este hecho, sino en el sentido de qué
actitud se impone inevitablemente según sean los intereses y los puntos de
vista de las diferentes clases.
II
Como ya hemos mostrado, el
sin partidismo es un producto o, si se quiere, una expresión del carácter
burgués de nuestra revolución. La burguesía no puede menos de tender a él, pues
la ausencia de partidos entre los que luchan por la libertad de la sociedad
burguesa significa la ausencia de una nueva lucha contra esta misma sociedad
burguesa. Quien despliega una lucha “sin partido” por la libertad, o no
comprende el carácter burgués de ésta, o canoniza dicho régimen burgués, o
aplaza hasta las calendas griegas la lucha contra él, el “perfeccionamiento” de
dicho régimen. Y al contrario, quien consciente o inconscientemente se mantiene
al lado del orden de cosas burgués, no puede menos de sentirse atraído por la
idea del sin partidismo.
La lucha entre las clases
hostiles en una sociedad dividida en clases se convierte de manera
indefectible, al llegar a una fase determinada de su desarrollo, en lucha
política. La lucha entre los partidos es la expresión íntegra, completa y
acabada de la lucha política entre las clases. El sin partidismo significa
indiferencia ante la lucha de los partidos. Pero esta indiferencia no equivale
a neutralidad, a abstención en la lucha, pues en la lucha de clases no puede
haber neutrales; en la sociedad capitalista no es posible “abstenerse” de
participar en el intercambio de productos o de fuerza de trabajo. Y este
intercambio engendra inexorablemente la lucha económica y tras ésta, la lucha
política. Por eso, la indiferencia ante la lucha no es en realidad inhibición
de la lucha, abstención de ella o neutralidad. La indiferencia es el apoyo
tácito al fuerte, al que domina. Quien mostraba en Rusia indiferencia por la
autocracia antes de que ésta cayera, al estallar la Revolución de Octubre114, apoyaba tácitamente a la autocracia. Quien es indiferente en
la Europa contemporánea a la dominación de la burguesía, apoya tácitamente a la
burguesía. Quien muestra indiferencia por la idea del carácter burgués de la
lucha en aras de la libertad, apoya tácitamente el dominio de la burguesía en
esta lucha, el dominio de la burguesía en la naciente Rusia libre. La
indiferencia política no es otra cosa que saciedad política. El que está harto
es “indiferente” e “insensible” ante el problema del pan de cada día; pero el
hambriento será siempre un hombre “de partido” en esta cuesti ón. La
“indiferencia y la impasibilidad” de una persona ante el problema del pan de
cada día no significa que no necesite pan, sino que lo tiene siempre asegurado,
que no carece de él nunca, que se ha acomodado bien en el
![]()
114
Véase la nota 104.
El Partido Socialista y el Revolucionarismo sin Partido
“partido” de los ahítos. El
sin partidismo en la sociedad burguesa no es sino un expresión hipócrita,
encubierta y pasiva de pertenencia al partido de los ahítos, al partido de los
que dominan, al partido de los explotadores.
88
El sin partidismo es una
idea burguesa. El partidismo es una idea socialista. Esta tesis, en general, es
aplicable a toda la sociedad burguesa. Naturalmente, hay que saber aplicar esta
verdad general a las distintas cuestiones y casos parciales. Pero olvidar esta
verdad en unos momentos en que la sociedad burguesa en su conjunto se alza
contra la servidumbre y la autocracia significa renunciar de hecho y por
completo a la crítica socialista de la sociedad burguesa.
La revolución rusa, a pesar
de que aún se encuentra en la fase inicial de su desarrollo, proporciona ya no
pocos datos para corroborar las consideraciones generales arriba expuestas. El
riguroso partidismo ha sido y es defendido desde siempre exclusivamente por la
socialdemocracia, por el partido del proletariado consciente. Nuestros
liberales, representantes de los puntos de vista de la burguesía, no pueden
transigir con el partidismo socialista ni quieren oír hablar de lucha de
clases; recuérdense aunque sólo sean los recientes discursos del señor
Ródichev, que ha repetido por enésima vez lo que dijeran con machaconería tanto
Osvobozhdenie115,
editada en el extranjero, como los innumerables y avasallados órganos del
liberalismo ruso. Por último, la ideología de la clase intermedia, de la
pequeña burguesía, ha tenido clara expresión en los puntos de vista de los
“radicales” rusos de distintos matices, comenzando por Nasha Zhizn , los “radicales demócratas”116, y terminando por los “socialistas-revolucionarios”. Donde
estos últimos han confirmado con la mayor nitidez su mezcolanza de socialismo y
democracia es en la cuestión agraria, concretamente en la consigna de
“socialización” (de la tierra sin socialización del capital). Es sabido también
que transigen con el radicalismo burgués, pero no transigen con la idea del
partidismo socialdemócrata.
No es tema nuestro examinar
cómo se reflejan los intereses de las distintas clases en el programa y la
táctica de los liberales y radicales rusos de todos los matices. Aquí hemos
abordado sólo de paso este interesante problema y debemos pasar ahora a las
conclusiones políticas prácticas sobre la actitud de nuestro partido ante las
organizaciones sin partido.
¿Es admisible la
participación de los socialistas en organizaciones sin Partido? Si lo es ¿en
qué condiciones? ¿Qué táctica hay que seguir en esas organizaciones?
A la primera pregunta no se
puede contestar con un no rotundo, basado en consideraciones de principio.
Sería erróneo afirmar que no es admisible en ningún caso y en ninguna
circunstancia la participación de los socialistas en organizaciones sin partido
(es decir, burguesas más o menos consciente o inconscientemente). En la época
de la revolución democrática, la renuncia a participar en organizaciones sin
partido equivaldría en ciertos casos a renunciar a participar en la revolución
democrática. Pero es indudable que los socialistas deben circunscribirse
estrictamente a estos “ciertos casos” y que sólo pueden admitir esta
participación en condiciones determinadas y limitadas de un modo riguroso. Pues
si las organizaciones sin partido son debidas, como ya hemos dicho, a un nivel
relativamente bajo de desarrollo de la lucha de clases, por otra parte, el
riguroso partidismo es una de las condiciones que transforman la lucha de
clases en una lucha consciente, clara, precisa y fiel a los principios.
![]()
115 Véase la nota 6.
116 Sobre Nasha Zhizn
véase la nota 26.
Radicales demócratas: organización pequeñoburguesa que se constituyó en noviembre de
1905; ocupaba una posición intermedia entre los demócratas constitucionalistas
y los mencheviques. A comienzos de 1906 esta organización se disolvió, y sus
afiliados se adhirieron a los órganos de prensa Bez Zaglavia y Továrisch,
de tendencia semidemócrata constitucionalista.
El Partido Socialista y el Revolucionarismo sin Partido
La salvaguardia de la
independencia ideológica y política del partido del proletariado es una
obligación constante, invariable e incondicional de los socialistas. Quien no
cumple con esta obligación deja de hecho
de ser socialista, por muy sinceras que sean sus convicciones “socialistas”
(socialistas de palabra). Un socialista puede permitirse participar en
organizaciones sin partido sólo como excepción. Y los propios fines de esta
participación, su carácter, las condiciones de la misma, etc., deben subordinarse
por entero a la tarea fundamental: preparar y organizar al proletariado
socialista para la dirección consciente de la revolución socialista.
Las circunstancias pueden
obligarnos a participar en organizaciones sin partido, sobre todo en la época
de la revolución democrática, y, en particular, de una revolución democrática
en la que el proletariado desempeñe un papel relevante. Una tal participación
puede ser necesaria, por ejemplo, para propagar el socialismo entre un
auditorio democrático no definido o en beneficio de la lucha conjunta de
socialistas y demócratas revolucionarios frente a la contrarrevolución. En el
primer caso, esta participación será un medio de difundir nuestros puntos de
vista; en el segundo, un pacto de lucha en aras de la consecución de
determinados objetivos revolucionarios. En ambos casos, la participación sólo
puede ser temporal. En ambos casos, esa participación sólo es admisible a
condición de que se guarde por completo la independencia del partido obrero y a
condición de que todo el partido en su conjunto controle y dirija
obligatoriamente a sus miembros y grupos “delegados” a las asociaciones o
consejos sin partido.
89
Cuando la actividad de nuestro partido era secreta, la
realización de ese control y de esa dirección ofrecía dificultades gigantescas,
a veces casi insuperables. Ahora, cuando la actividad del partido es cada vez
más abierta, este control y esta dirección pueden y deben ser efectuados con la
mayor amplitud, e inexcusablemente no ya sólo por la “cúspide, sino también por
la “base” del partido, por todos los obreros organizados que integran el
partido. Los informes sobre la actuación de los socialdemócratas en las
asociaciones o consejos sin partido y sobre las condiciones y los objetivos de
la misma, así como las resoluciones de cualquier tipo de organizaciones del
partido a propósito de dicha actuación deben entrar sin falta a formar parte de
la labor práctica del partido obrero. Sólo una tal participación real del
partido en su conjunto, una participación en la orientación de todas las actividades de ese carácter puede
contraponer de hecho el trabajo verdaderamente socialista al trabajo
democrático general.
¿Qué táctica debemos aplicar
en las asociaciones sin partido? En primer término, aprovechar toda posibilidad
de establecer nuestros propios vínculos y de propagar nuestro programa
socialista íntegro. En segundo término, determinar las tareas políticas inmediatas
del momento desde el punto de vista de la realización más plena y decidida de
la revolución democrática, dar consignas políticas en la revolución
democrática, formular el “programa” de las transformaciones que debe llevar a
cabo la democracia revolucionaria en lucha a diferencia de la chalanesca
democracia liberal.
Sólo con un tal
planteamiento del problema puede ser admisible y fecunda la participación de
los miembros de nuestro partido en las organizaciones revolucionarias sin
partido creadas hoy por los obreros, mañana por los campesinos, mañana por los
soldados, etc. Sólo con un tal planteamiento del problema estaremos en
condiciones de cumplir la doble tarea del partido obrero en la revolución
burguesa: llevar hasta el fin la revolución democrática, ampliar y reforzar los
efectivos del proletariado socialista que necesita la libertad para desplegar
una lucha despiadada por el derrocamiento del dominio del capital.
Publicado el 26 de noviembre y el 2 de diciembre de 1905 en los
núms. 22 y 27 de “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 133-141.
90
EL SOCIALISMO Y LA
RELIGIÓN.
Toda la sociedad moderna se
sienta en la explotación de masas inmensas de la clase obrera por una minoría
insignificante de la población, perteneciente a las clases de los propietarios
agrícolas y de los capitalistas. En una sociedad esclavista, pues los obreros
“libres”, que trabajan toda la vida para los capitalistas, “tienen derecho”
únicamente a los medios de existencia indispensables para que se puedan
mantener los esclavos que producen ganancias, para asegurar y perpetuar la
esclavitud capitalista.
La opresión económica de los
obreros suscita y engendra inevitablemente todo género de opresión política, de
humillación social, de embrutecimiento y embotamiento de la vida espiritual y
moral de las masas. Los obreros pueden conseguir una mayor o menor libertad
política para luchar por su emancipación económica, pero ninguna libertad les
emancipará de la miseria, el paro forzoso y la opresión mientras no sea
derrocado el poder del capital. La religión es uno de los tipos de opresión
espiritual que cae en todas partes sobre las masas populares, aplastadas por el
trabajo eterno para otros, por la pobreza y la soledad. La impotencia de las
clases explotadas en la lucha contra los explotadores da origen también
inevitablemente a la fe en una mejor vida de ultratumba, del mismo modo que la
impotencia de los salvajes en la lucha contra la Naturaleza hace nacer la fe en
los dioses, demonios, milagros, etc. La religión enseña resignación y paciencia
en la vida terrenal a quienes trabajan y pasan necesidades toda la vida,
consolándolos con la esperanza de recibir la recompensa en el cielo. Y a
quienes viven del trabajo ajeno, les enseña caridad en la vida terrenal,
ofreciéndoles una absolución muy barata de su existencia de explotadores y
vendiéndoles a precios módicos pasajes al bienestar celestial. La religión es
el opio del pueblo. La religión es una especie de aguardiente espiritual de
mala calidad en el que los esclavos del capital ahogan su fisonomía humana,
hunden sus reivindicaciones de una vida digna del hombre.
Pero el esclavo que adquiere
conciencia de su esclavitud y se alza a la lucha por su manumisión ya no es más
que semiesclavo. El obrero consciente de nuestros días, educado por la gran
industria fabril e instruido por la vida urbana, se sacude con desprecio los
prejuicios religiosos, deja el cielo a los curas y mojigatos burgueses y lucha
por conquistar para sí una vida mejor aquí, en la tierra. El proletariado
moderno se coloca al lado del socialismo, que incorpora la ciencia a la lucha
contra la niebla religiosa y libera al obrero de la fe en la vida de
ultratumba, al unirlo para la verdadera lucha por una vida mejor en la tierra.
La religión debe ser
declarada asunto privado: es costumbre expresar corrientemente con estas
palabras la actitud de los socialistas ante la religión. Pero hay que
determinar con exactitud el significado de estas palabras para que no puedan
dar origen a ninguna confusión. Reclamamos que la religión sea un asunto
privado con respecto al Estado, mas en modo alguno podemos considerar la
religión asunto privado con respecto a nuestro propio partido. El Estado no
debe tener nada que ver con la religión; las asociaciones religiosas no deben
estar vinculadas al poder del Estado. Cada cual debe tener plena libertad de
profesar la religión que prefiera o de no confesar ninguna, es decir, de ser
ateo, como lo es habitualmente todo socialista. Es intolerable por completo
cualquier diferencia de derechos entre los ciudadanos según sus creencias
religiosas. En los documentos oficiales debe ser suprimida por completo hasta
la menor alusión a una u otra religión de los ciudadanos. No
debe existir ningún pago del
Estado a la Iglesia, ninguna entrega de sumas del Estado a las asociaciones
eclesiásticas y religiosas, las cuales han de ser asociaciones completamente
libres, independientes del poder, de ciudadanos unidos por la comunidad de
creencias. Únicamente la satisfacción íntegra de estas reivindicaciones puede
poner fin al vergonzoso y maldito pasado, cuando la Iglesia se encontraba en
dependencia feudal del Estado, y los ciudadanos rusos se hallaban en
dependencia feudal de la Iglesia oficial; cuando existían y se aplicaban leyes
medievales, inquisitoriales (existentes hasta ahora en nuestros códigos y
reglamento penales), que perseguían por sustentar determinadas creencias o por
no tener ninguna, violentaban la conciencia del hombre y vinculaban los
puestecillos oficiales y los ingresos fiscales al reparto de uno u otro mejunje
eclesiástico-estatal. Separación completa de la Iglesia y del Estado: tal es la
reivindicación que presenta el proletariado socialista al Estado contemporáneo y
a la Iglesia contemporánea.
91
La revolución rusa debe hacer realidad esta reivindicación como
parte integrante e indispensable de la libertad política. En este terreno, la
revolución rusa se halla en condiciones singularmente favorables, pues la
repugnante burocracia de la autocracia policiaco-feudal ha provocado el
descontento, la efervescencia y la indignación incluso entre el clero. Por muy
embrutecido que esté y muy ignorante que sea el clero ortodoxo ruso, incluso él
ha sido despertado ahora por el trueno de la caída del viejo régimen medieval
en Rusia. Hasta él se suma a la reclamación de libertad, protesta contra la
burocracia y la arbitrariedad de los funcionarios, contra la vigilancia
policíaca impuesta a los “servidores de Dios”. Los socialistas debemos apoyar
este movimiento, llevando hasta el fin las reivindicaciones de los hombres
honrados y sinceros que forman parte del clero, tomarles por la palabra de
libertad y exigirles que rompan resueltamente todos los vínculos entre la
religión y la policía. Si son ustedes sinceros, deben propugnar que la Iglesia
y el Estado, así como la escuela y la Iglesia, se separen por completo, que la
religión sea declarada de modo pleno y absoluto asunto privado. Pero si no
aceptan ustedes estas reivindicaciones consecuentes de la libertad, eso
significará que siguen prisioneros de las tradiciones inquisitoriales, que
continúan apegados a los puestecillos oficiales y a los ingresos fiscales;
significará que no creen en la fuerza espiritual de su arma, que siguen
dejándose sobornar por el poder del Estado; y entonces los obreros conscientes
de toda Rusia les declararán una guerra sin cuartel.
La religión no es asunto
privado con respecto al partido del proletariado socialista. Nuestro partido es
la unión de luchadores conscientes y avanzados por la emancipación de la clase
obrera. Esta unión no puede ni debe permanecer indiferente ante la inconsciencia,
la ignorancia o el oscurantismo bajo la forma de creencias religiosas. Exigimos
la completa separación de la Iglesia y el Estado para luchar contra el
oscurantismo religioso con un arma puramente ideológica y solamente ideológica,
con nuestra prensa y nuestra palabra. Pero hemos fundado nuestra unión, el
POSDR, entre otras cosas, para sostener precisamente esa lucha contra todo
embaucamiento religioso de los obreros. Para nosotros, la lucha ideológica no
es asunto privado, sino asunto de todo el partido, de todo el proletariado.
Si esto es así, ¿por qué no
declaramos en nuestro programa que somos ateos?, ¿por qué no prohibimos a los
cristianos y creyentes que ingresen en nuestro partido?
La respuesta a estas
preguntas debe aclarar una diferencia muy importante que existe entre el
planteamiento democrático burgués del problema religioso y el planteamiento
socialdemócrata.
Nuestro programa se basa en
una concepción científica del mundo, precisamente en la concepción
materialista. Por eso, la explicación de nuestro programa comprende también, de
modo necesario, la explicación de las verdaderas raíces históricas económicas de
la niebla religiosa. Nuestra propaganda incluye obligatoriamente la propaganda
del ateísmo, y una de
las ramas de nuestra labor
de partido debe consistir hoy en editar las correspondientes publicaciones
científicas que con tanto rigor ha prohibido y perseguido hasta ahora el poder
autocrático feudal del Estado. Quizás debamos seguir el consejo que dio Engels
en cierta ocasión a los socialistas alemanes: traducir y difundir profusamente
los libios ateos de la Ilustración francesa del siglo XVIII.117
Pero, al hacer eso, no
debemos caer de ninguna manera en el planteamiento abstracto, idealista, del
problema religioso “a partir de la razón”, al margen de la lucha de clases,
como hacen con frecuencia los demócratas radicales pertenecientes a la burguesía.
Sería absurdo pensar que en una sociedad basada en la opresión y el
embrutecimiento infinitos de las masas obreras se puedan disipar los prejuicios
religiosos por medio de la prédica escueta. Sería estrechez burguesa olvidar
que la opresión religiosa sobre el género humano es sólo producto y reflejo de
la opresión económica en el seno de la sociedad. No hay libros ni prédicas
capaces de ilustrar al proletariado si no le ilustra su propia lucha contra las
fuerzas tenebrosas del capitalismo. La unidad de esta verdadera lucha
revolucionaria de la clase oprimida por crear el paraíso en la tierra tiene
para nosotros más importancia que la unidad de criterio de los proletarios
acerca del paraíso en el cielo.
He ahí por qué no
proclamamos ni debemos proclamar nuestro ateísmo en nuestro programa; he ahí
por qué no prohibimos ni debemos prohibir el acercamiento a nuestro partido a
los proletarios que conservan todavía unos u otros vestigios de los viejos
prejuicios. Propagaremos siempre nuestra concepción científica del mundo,
necesitamos luchar contra la inconsecuencia de unos u otros “cristianos”; pero
esto en modo alguno significa que debamos colocar el problema religioso en un
primer plano que está muy lejos de corresponderle; que debamos admitir la
división de las fuerzas de la lucha verdaderamente revolucionaria, económica y
política, en aras de opiniones o desvaríos de tercer orden, que pierden
rápidamente toda importancia política y son arrojados con no menos rapidez al
desván de los trastos viejos por la propia marcha del desarrollo económico.
La burguesía reaccionaria se
ha preocupado en todas partes, y empieza a preocuparse ahora en nuestro país,
de azuzar la enemistad religiosa para desviar en esa dirección la atención de
las masas y apartarlas de los problemas económicos y políticos auténticamente
importantes y cardinales que está resolviendo ahora de modo práctico el
proletariado de toda Rusia, uniéndose en su lucha revolucionaria. Esta política
reaccionaria de desmembración de las fuerzas proletarias, que se manifiesta
hoy, principalmente, en los pogromos de las centurias negras, puede llegar a
concebir mañana otras formas más sutiles. En todo caso, le opondremos la
prédica de la solidaridad proletaria y de la concepción científica del mundo,
una prédica serena, firme y paciente, ajena a toda instigación de discordias
secundarias.
92
El proletariado
revolucionario conseguirá que la religión sea en realidad un asunto privado con
respecto al Estado. Y en este régimen político, limpio del moho medieval, el
proletariado desplegará una lucha amplia y abierta para suprimir la esclavitud
económica, auténtica fuente del embaucamiento religioso de la humanidad.
Publicado el 3 de
diciembre de 1905 en el núm. 28 de “Nóvaya Zhizn”.
T. 12, págs. 142-147.
![]()
117 Véase el artículo de F. Engels Publicaciones de la emigración.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
93
REVISIÓN
DEL PROGRAMA AGRARIO DEL PARTIDO OBRERO. 118
Todos reconocen hoy la
necesidad de revisar el programa agrario del partido obrero. La última
conferencia de la "mayoría" (diciembre de 1905) planteó formalmente
este problema en sazón, que figura ya en el orden del día del Congreso de
Unificación.
Nos proponemos hacer al
comienzo una brevísima exposición del planteamiento de la cuestión agraria en
la historia de la socialdemocracia rusa, comentar después los diversos
proyectos de programa propuestos hoy por los socialdemócratas y, finalmente,
esbozar el proyecto que defendemos nosotros.
I. Exposición sumaria del desarrollo histórico de los puntos de
vista de la socialdemocracia rusa en la cuestión agraria
Desde el momento mismo de su
surgimiento, la socialdemocracia rusa reconoció la enorme importancia del
problema agrario y de la cuestión campesina especial en Rusia, incluyendo el
análisis independiente de esta cuestión en todos sus planteamientos programáticos.
La opinión opuesta,
difundida frecuentemente por los populistas y los socialistas— revolucionarios,119 se basa en una ignorancia supina o en una tergiversación
premeditada de la cuestión.
En el primer proyecto de
programa de los socialdemócratas rusos, publicado por el grupo Emancipación del
Trabajo120 en 1884, figuraba ya la reivindicación
de "revisión radical de las relaciones agrarias" y de liquidación de
todas las relaciones de servidumbre en el campo (por no tener a mano las viejas
publicaciones socialdemócratas publicadas en el extranjero, nos vemos obligados
a citar de memoria, respondiendo de la idea general, pero no del propio texto
de las citas).
Más tarde, en la revista Sotsial-Demokrat121
(postrimerías de la década del 80) y en los folletos La ruina nacional en Rusia y Las tareas de los socialistas en la lucha
contra el hambre en Rusia (1891-1892), Plejánov destacó repetidas veces y
con las frases más enérgicas la enorme
importancia de la cuestión campesina en Rusia, señalando incluso que era
posible también el "reparto negro"122
durante la próxima revolución democrática y que la socialdemocracia no temía ni
eludía estas perspectivas. A pesar de que en modo alguno era una medida
socialista, el "reparto negro" debería dar un gran impulso al
desarrollo del
![]()
118 Lenin escribió el folleto Revisión del programa agrario del partido
obrero en la segunda mitad de marzo de 1906. Este trabajo está dedicado a
argumentar el proyecto bolchevique de solución del problema agrario presentado
al IV Congreso (de Unificación) del POSDR.
119 Véanse las notas 4 y 5.
120 Véase la nota 103.
121 Sotsial-Demokrat: revista política y literaria no periódica del grupo
Emancipación del Trabajo.
122 "El reparto negro":
consigna que expresaba la aspiración de los campesinos al reparto general de
capitalismo,
al crecimiento del mercado interior, a la elevación del bienestar del
campesinado, a la descomposición de la comunidad, 123 al
desarrollo de las contradicciones de clase en el campo y a la liquidación de
todos los vestigios de la vieja Rusia de la servidumbre y el vasallaje.
Esta indicación de Plejánov
sobre el "reparto negro" tiene para nosotros singular importancia
histórica. Muestra con elocuencia que los socialdemócratas hicieron desde el
primer instante precisamente el planteamiento teórico del problema agrario en
Rusia que vienen manteniendo de modo invariable hasta nuestros días.
Los socialdemócratas rusos
han defendido siempre, desde el surgimiento de su partido hasta nuestros días,
las tres tesis siguientes. Primera.
La revolución agraria formará inevitablemente parte de la revolución
democrática en Rusia. El contenido de esta revolución será liberar al campo de
las relaciones de servidumbre y vasallaje. Segunda.
La futura revolución agraria será, por su significación social y económica, una
revolución democrática burguesa; no debilitará, sino que intensificará el
desarrollo del capitalismo y de las contradicciones capitalistas de clase. Tercera. La socialdemocracia tiene
sobrado fundamento para apoyar esta revolución del modo más decidido, señalando
unas u otras tareas inmediatas, pero sin atarse las manos ni renunciar lo más
mínimo a respaldar incluso el "reparto negro".
Quien ignora estas tres
tesis, quien no las ha leído en toda la literatura socialdemócrata sobre la
cuestión agraria en Rusia, o desconoce el problema o da de lado su esencia
(como hacen constantemente los socialistas-revolucionarios).
Retornando al desarrollo
histórico de los puntos de vista de la socialdemocracia en la cuestión
campesina, señalaremos entre las publicaciones de finales de la década del 90 Las tareas de los socialdemócratas rusos
(1897), donde se refuta enérgicamente la opinión de que los socialdemócratas tienen una actitud de
"indiferencia" por el campesinado y se repiten las opiniones
generales de la socialdemocracia. Señalemos también el periódico Iskra, en cuyo número 3, aparecido en la
primavera (marzo y abril) de 1901, es decir, un año antes del primer gran levantamiento campesino en Rusia, se
publicó un artículo de fondo titulado
El partido obrero y el campesinado ,
que subrayaba una vez más la importancia de la cuestión campesina y planteaba,
entre otras reivindicaciones, la devolución de los recortes.124
Este artículo puede ser
considerado primer esbozo de programa agrario del POSDR, publicado en el verano
de 1902 en nombre de la redacción de Iskra
y de Zariá,125 y se convirtió en programa oficial de nuestro partido en su II
Congreso (agosto de 1903).
94
En este programa, toda la lucha contra la autocracia se
considera una lucha del régimen burgués contra la servidumbre; el punto de
vista de principio del marxismo aparece en él con la mayor claridad en la tesis
fundamental de su parte agraria: "a fin de acabar con los restos del
régimen de servidumbre, que pesan como un yugo abrumador sobre los campesinos,
y en bien del libre desarrollo de la lucha de clases en el campo, el partido
exige..."
Casi todos los críticos del programa socialdemócrata pasan por
alto esta tesis fundamental:
no ven lo de bulto.
![]()
123 Véase la nota 98.
124
Recortes o tierras recortadas:
tierras segregadas de las parcelas de los campesinos en beneficio de los
terratenientes al abolirse el régimen de servidumbre en Rusia en 1861. Eran, en
lo fundamental, las mejores partes de los lotes de los campesinos —prados,
bosques, pastizales y abrevaderos—, sin los cuales los campesinos no podían, en
la práctica, llevar la hacienda con independencia, por lo que se veían
obligados a tomarlos en arriendo a los terratenientes en condiciones onerosas.
125 Véanse las notas 8 y 62.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
Además de las
reivindicaciones indiscutibles (anulación de los tributos sectoriales, rebaja
de los arrendamientos, libertad de los campesinos de disponer de sus tierras),
algunos puntos del programa agrario, aprobado en el II Congreso, contenían
también la reivindicación de que fueran devueltos los rescates126 y creados comités campesinos para restituir los recortes y
acabar con los restos de las relaciones del régimen de servidumbre.
El último punto, el de los
recortes, es el que suscitó mayores críticas en las filas socialdemócratas.
Este punto fue criticado también por el grupo socialdemócrata Borbá127 que
proponía (si la memoria no me falla) la expropiación de toda la tierra de los
terratenientes, y por el camarada Equis (su crítica y mi réplica* fueron
publicadas en un folleto de Ginebra durante el verano de 1903, en vísperas del
II Congreso, siendo entregado a sus delegados). En lugar de los recortes y de
la devolución de los rescates, el camarada Equis proponía: 1) confiscación de
las tierras de la Iglesia, de los monasterios y de la Corona y su transferencia
"en posesión al Estado democrático"; 2) "implantación de un
impuesto progresivo sobre la renta agraria de los grandes propietarios
agrícolas a fin de que esta forma de ingresos pase a manos del Estado
democrático para atender las necesidades del pueblo", y 3) transferencia
de una parte de las tierras de propiedad particular (de los grandes
propietarios) y, a ser posible, de todas las tierras a grandes organizaciones
sociales de administración autónoma local (zemstvos)" .
* Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa. (N. de la Edit.)
Yo critiqué este programa, denominándolo "formulación
empeorada y contradictoria de la reivindicación de nacionalización de la
tierra", y destaqué que los comités de campesinos tienen importancia como
consigna de lucha que pone en pie a un estamento oprimido; que la
socialdemocracia no debe atarse las manos prometiendo, aunque sólo sea,
oponerse a la "venta" de las tierras confiscadas; que la devolución
de los recortes no limita, ni mucho
menos, las aspiraciones de la
socialdemocracia, sino únicamente la posibilidad de que el proletariado
agrícola y la burguesía rural presenten las tareas comunes. Subrayé que
"si la reivindicación de toda la tierra significa la reivindicación de
nacionalización o de entrega de la tierra a los campesinos propietarios actuales,
apreciaremos esta reivindicación desde el punto de vista de los intereses del
proletariado, teniendo en cuenta todas
las circunstancias de la cuestión (el subrayado es nuestro); no podemos
decir de antemano, por ejemplo, si nuestros
campesinos propietarios, cuando la revolución los despierte a la vida política,
actuarán como partido democrático revolucionario o como partido del orden"
(págs. 35-36 del folleto. citado*).
* Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa. (N. de la Edit.)
Esa misma idea de que los
recortes no limitan la amplitud del movimiento campesino ni nuestro apoyo al
mismo, si va más lejos, fue desarrollada también por mí en el 'folleto A los pobres del campo (publicado en
1903, antes del II Congreso), donde a los "recortes" no se les
![]()
126
Pagos de rescate: cantidades que, según el Reglamento
del 19 de febrero de 1861 sobre la abolición de la servidumbre en Rusia, debían
pagar los campesinos a los terratenientes por las parcelas que recibían. Al
concertar el trato de rescate, el gobierno abonaba a los terratenientes una
suma, considerada deuda de los campesinos, que éstos debían amortizar en
cuarenta y nueve años. Las partes correspondientes de dicha deuda que los
campesinos desembolsaban anualmente se llamaban pagos de rescate, cuyo monto
rebasaba en mucho el precio real de las parcelas. Estos pagos eran tan
abrumadores y superiores a las posibilidades de los campesinos que originaban
su ruina y su depauperación en masa.
El movimiento campesino durante la
primera revolución rusa de 1905-1907 obligó al gobierno zarista a abolir los
pagos de rescate desde enero de 1907.
127 Formaron el grupo Borbá en París, en el verano de 1900, D. Riazánov, Y. Steklov y E.
Gurévich. El grupo adoptó la denominación de Borbá ("La Lucha") en mayo de 1901. Tergiversaba en sus
publicaciones la teoría revolucionaria del marxismo, interpretándola en el
espíritu doctrinario y escolástico, y mostraba hostilidad a los principios
leninistas de organización del partido. Por sus desviaciones de las
concepciones y la táctica socialdemócratas, los actos desorganizadores y la
desconexión de las organizaciones socialdemócratas de Rusia, este grupo no fue
admitido en el II Congreso del POSDR y fue disuelto por acuerdo del mismo.
denomina
"tope", sino "puerta"*, y la idea del paso de toda la tierra al campesinado no es
rechazada, ni muchos menos, sino incluso aplaudida en determinada situación
política.
* Véase V. I. Lenin. A los
pobres del campo, tomo 2 de la presente edición.
Por lo que se refiere al
reparto negro, en agosto de 1902 escribía yo (Zariá, núm. 4, pág. 176), al defender el proyecto de programa
agrario:
"En la reivindicación
del reparto negro es reaccionaria la utopía de querer socializar y perpetuar la
pequeña producción campesina, pero en ella hay también (además de la utopía de
que el "campesinado" puede ser portador de la revolución socialista) un aspecto revolucionario, a
saber: el deseo de barrer con una insurrección campesina todos los vestigios
del régimen de la servidumbre"*.
* Véase V. I. Lenin. El
programa agrario de la socialdemocracia rusa. (N. de la Edit.)
Por tanto, los datos de las
publicaciones de 1902-1903 demuestran irrefutablemente que los autores de este
punto no vieron jamás en la reivindicación de los recortes una limitación de la
amplitud del movimiento campesino ni de nuestro apoyo al mismo. No obstante, la
marcha de los acontecimientos mostraba que este punto del programa era
insatisfactorio, pues el movimiento campesino crece con enorme rapidez en
amplitud y profundidad, y nuestro programa suscita confusión entre las grandes
masas. Y el partido de la clase obrera debe tener en cuenta a las grandes masas
y no puede limitarse a aludir a unos comentarios, que explican el programa
obligatorio para todos con argumentos no obligatorios para el partido.
95
Maduraba la necesidad de
revisar el programa agrario. A comienzos de 1905, en un número del periódico
socialdemócrata "bolchevique" Vperiod
(que se publicaba semanalmente en Ginebra entre enero y mayo de 1905) fue
expuesto el proyecto de modificaciones del programa agrario, en virtud del cual
se eliminaba el punto de los recortes, sustituyéndose por "el apoyo a las
reivindicaciones campesinas, incluida la
confiscación de todas las tierras de los terratenientes"*.
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Pero en el III Congreso del
POSDR (mayo de 1905) y en la "conferencia" simultánea de la
"minoría" no se planteó la cuestión de revisar el propio programa. La
cuestión se limitó a elaborar una resolución táctica. Ambas mitades del partido
coincidieron en el apoyo al movimiento campesino, incluida la confiscación de
todas las tierras de los terratenientes.
Hablando con propiedad,
estas resoluciones predeterminaron la revisión del programa agrario del POSDR.
En la última conferencia de la "mayoría" (diciembre de 1905) se
aceptó mi propuesta de expresar el deseo de que fueran eliminados los puntos relativos
a los recortes y a la devolución de los rescates, sustituyendo dichos puntos
por una indicación sobre el apoyo al movimiento campesino, incluida la
confiscación de todas las tierras de los terratenientes* .
* La resolución fue publicada en Rus,
Nasha Zhizn y Pravda.128 (Véase V. I. Lenin. Resolución sobre la cuestión agraria
aprobada por la Conferencia de la "mayoría" en Tammerfors. N. de la Edit.)
Y con esto damos por terminada nuestra
exposición sumaria del desarrollo histórico de los puntos de vista del POSDR en
la cuestión agraria.
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128 "Rus": véase
la nota 110.
"Nasha Zhizn": véase la nota 26.
"Pravda" ("La Verdad"): revista socialdemócrata
mensual dedicada a problemas de arte, literatura y vida pública; aparecía en
Moscú entre 1904 y 1906 principalmente con la participación de los
mencheviques.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
II. Cuatro corrientes en
la socialdemocracia sobre el programa agrario
Además de la mencionada
resolución de la conferencia "bolchevique", sobre esta cuestión
tenemos en la actualidad dos proyectos acabados de programa agrario —los de los
camaradas Máslov y Rozhkov— y las observaciones y consideraciones incompletas,
es decir, que no dan un proyecto terminado de programa, de los camaradas Finn,
Plejánov y Kautsky.
Expongamos brevemente las opiniones de estos autores.
El camarada Máslov propone
el proyecto del camarada Equis un tanto modificado, o sea, suprime de él la
implantación del impuesto progresivo sobre la renta agraria y enmienda la
reivindicación de transferencia de las tierras de particulares a los zemstvos.
La enmienda de Máslov consiste, en primer lugar, en que suprime las palabras de
Equis "y, a ser posible, de todas las tierras" (es decir, que todas
las tierras pasen a posesión de los zemstvos)129; en segundo lugar, Máslov suprime en absoluto la mención de los
"zemstvos" que figura en el texto de Equis, diciendo "grandes
organizaciones regionales" en vez de "grandes organizaciones
sociales: los zemstvos". Todo el punto correspondiente dice así, como lo
ha redactado Máslov:
"Transferencia de las
tierras de propiedad particular (gran propiedad agraria) a grandes
organizaciones regionales autónomas. Las dimensiones mínimas de las parcelas de
tierra que deben ser enajenadas serán determinadas por un organismo popular
regional". Por consiguiente, Máslov renuncia decididamente a la
nacionalización completa, admitida condicionalmente por Equis, y exige la
"municipalización" o, más exactamente, la
"provincialización". Máslov presenta tres argumentos contra la
nacionalización: 1) la nacionalización constituiría un atentado a la
autodeterminación de las naciones; 2) los campesinos, sobre todo los campesinos
con hacienda, no accederán a la nacionalización de sus tierras; 3) la
nacionalización reforzará la burocracia, inevitable en el Estado clasista,
democrático burgués.
Máslov critica el reparto
("división") de las tierras de los terratenientes únicamente como una
utopía seudosocialista de los socialistas— revolucionarios, sin apreciar esta
medida en comparación con la "nacionalización".
Por lo que se refiere a
Rozhkov, éste no quiere ni el reparto ni la nacionalización, exigiendo sólo que
se sustituya el punto sobre los recortes por otro que diga más o menos:
"Entrega sin rescate a los campesinos de todas las tierras que sirven de instrumento
para su esclavización económica" (véase la recopilación El momento actual,
pág. 6 del artículo del camarada N. Rozhkov), Reclama la confiscación de las
tierras de la Iglesia y otras, sin indicar "su transferencia en posesión
del Estado democrático" (como quiere el camarada Máslov).
Prosigamos. El camarada
Finn, en su artículo inacabado (Mir Bozhi,130 1906), rechaza la nacionalización y se muestra partidario, al
parecer, del reparto de las tierras de los terratenientes entre los campesinos
como propiedad privada.
El camarada Plejánov, en el
núm. 5 de Dnevnik,131 no dice tampoco una sola palabra acerca de determinadas
modificaciones en nuestro programa agrario. Al criticar a Máslov, se limita
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129 Véase la nota 28.
130
"Mir Bozhi" ("El Mundo de
Dios"): revista mensual literaria y de divulgación científica de tendencia
liberal; se publicó en San Petersburgo desde 1892 hasta 1906. Desde 1906 hasta
1918 apareció con el título de Sovremenni
Mir ("El Mundo Contemporáneo").
131 "Dnievnik Sotsial-Demokrata" ("El Diario del
Socialdemócrata"): órgano editado sin regularidad por J. Plejánov;
apareció (16 números con grandes intervalos) en Ginebra desde marzo de 1905
hasta abril de 1912. En los ocho números primeros (1905-1906) Plejánov explayó
opiniones de extrema derecha, mencheviques y oportunistas en
a
defender la "táctica flexible" en general, rechaza la
"nacionalización" (esgrimiendo los viejos argumentos de Zariá) y parece inclinarse por el
reparto de las tierras de los terratenientes entre los campesinos.
96
Por último, C. Kautsky, en
su excelente trabajo La cuestión agraria
en Rusia, expone los fundamentos generales de los puntos de vista
socialdemócratas sobre el problema y expresa su plena simpatía por el reparto
de las tierras de los terratenientes, admitiendo, al parecer, la
nacionalización en determinadas condiciones, pero sin aludir en absoluto al
viejo programa agrario del POSDR y a los proyectos de modificaciones del mismo.
Si agrupamos las opiniones manifestadas en nuestro partido sobre
el programa agrario del
POSDR, obtendremos los cuatro
tipos fundamentales que siguen:
1) el programa agrario del POSDR no debe
exigir ni la nacionalización ni la confiscación de las tierras de los
terratenientes (esta opinión es compartida por los defensores del actual
programa o de pequeñas modificaciones como las que propone el camarada Rozhkov);
2)
el
programa agrario del POSDR debe reivindicar la confiscación de las tierras de
los terratenientes, no exigiendo la nacionalización, cualquiera que sea su
forma (figuran aquí, por lo visto, el camarada Finn y, probablemente el
camarada Plejánov, aunque su opinión no está clara);
3)
enajenación
de las tierras de los terratenientes junto a una nacionalización original y
limitada ("zemstvolización" y "provincialización"
propugnadas por Equis, Máslov, Groman y otros);
4) confiscación de las tierras de los
terratenientes y, en determinadas
condiciones políticas, nacionalización de la tierra (programa propuesto por
la mayoría de la comisión designada por el Comité Central Unificado de nuestro
partido; este programa, que es defendido por el autor de estas líneas, figura
más adelante, al final del folleto)*
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Examinemos todas estas opiniones.
Los partidarios del programa
actual o de un programa como el que propone el camarada Rozhkov se basan en dos
opiniones: o la confiscación de las grandes fincas, que lleva a su división en
pequeñas economías, no puede ser defendida de ninguna manera desde el punto de
vista socialdemócrata, o en el programa en modo alguno puede caber la
confiscación, ya que su lugar se halla únicamente en la resolución táctica.
Comencemos por la primera
opinión. Se nos dice que las grandes fincas constituyen el tipo capitalista
avanzado. Su confiscación y su reparto es una medida reaccionaria, un paso
atrás hacia la pequeña hacienda. Los socialdemócratas no pueden ser partidarios
de semejante medida.
Consideramos que esta opinión es equivocada.
Debemos tener en cuenta el
resultado general y final del movimiento campesino contemporáneo y no hundirlo
en casos y particularidades aislados. En suma, la actual hacienda terrateniente
en Rusia se mantiene más por el sistema de servidumbre y vasallaje que por el
sistema capitalista de economía. Quien niegue esto, no podrá explicar el amplio
y profundo movimiento campesino revolucionario existente hoy en Rusia. Nuestro
error, al plantear la reivindicación de devolver los recortes, consistía en que
se apreciaba de modo insuficiente la amplitud y la profundidad del movimiento
democrático, concretamente democrático burgués, en el campesinado. No es
razonable insistir en este error ahora,
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defensa del bloque de la
socialdemocracia con la burguesía liberal; negaba la alianza del proletariado
con el campesinado y censuraba la insurrección armada de diciembre.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
cuando la revolución nos ha
enseñado mucho. La confiscación de todas las tierras de los terratenientes
representará para el desarrollo del capitalismo una ventaja mucho mayor que la
desventaja que proporcionaría el reparto de la gran hacienda capitalista. El
reparto no destruirá el capitalismo ni tirará de él hacia atrás, sino que
desbrozará, igualará, ampliará y consolidará en grado inmenso el terreno para
su nuevo desarrollo (del capitalismo). Hemos dicho siempre que limitar la
amplitud del movimiento campesino no es, ni mucho menos, tarea de los
socialdemócratas, y renunciar en la actualidad a la reivindicación de confiscar
todas las tierras de los terratenientes constituiría una evidente limitación de
la amplitud de un movimiento social definido.
Por eso, los camaradas que
luchan hoy contra la reivindicación de confiscar todas las tierras de los
terratenientes se equivocan tanto como los mineros ingleses del carbón, que
tienen una jornada de menos de 8 horas y luchan contra la implantación legislativa
de la jornada de 8 horas en todo el país.
Otros camaradas hacen
concesiones al "espíritu de la época". En el programa —dicen—,
recortes o enajenación de las tierras que sirven para el sojuzgamiento. En la
resolución táctica, confiscación. No hay que mezclar, dicen, el programa con la
táctica.
Respondemos a esto que el
intento de marcar un límite absoluto entre el programa y la táctica conduce
únicamente al escolasticismo o a la pedantería. El programa determina las
posiciones generales, fundamentales, de la clase obrera ante otras clases; la táctica,
las posiciones parciales y temporales. Esto, sin duda, es justo. Mas no puede
olvidarse que toda nuestra lucha contra los restos del régimen de la
servidumbre en el campo es una tarea parcial y temporal, en comparación con las
tareas socialistas generales del proletariado.
97
Si el "régimen
constitucional" a lo Shípov se sostiene en Rusia diez o quince años, estos
restos desaparecerán, causando sufrimientos sin número a la población; mas, a
pesar de todo, desaparecerán, morirán por sí solos. Entonces será imposible un
movimiento campesino democrático más o menos fuerte, no se podrá defender
ningún programa agrario "a fin de eliminar los restos del régimen de la
servidumbre". Por tanto, la diferencia entre programa y táctica es
solamente relativa. Y para un partido de masas, que actúa precisamente ahora de
modo más abierto que antes, es extraordinariamente grande la desventaja que
significaría incluir en el programa una reivindicación parcial, limitada y
estrecha y, en una resolución táctica, una reivindicación general, amplia y
universal. De todos modos, habrá que revisar de nuevo bastante pronto el
programa agrario de nuestro partido; tanto si se consolida la
"Constitución" de Dubásov— Shípov como si triunfa la insurrección
campesina y obrera. No hay, pues, necesidad de esforzarse especialmente por
construir una casa para siempre.
Pasemos al segundo tipo de
opiniones. Se nos dice: confiscación y reparto de las tierras de los
terratenientes, sí; pero nacionalización, en modo alguno. Se esgrime a Kautsky
en defensa del reparto y se repiten los argumentos anteriores de todos los socialdemócratas
(véase Zariá, núm. 4) contra la
nacionalización. Estamos completa e incondicionalmente de acuerdo con que el reparto de las tierras de
los terratenientes en la actualidad sería, en su conjunto, una medida
progresista de verdad tanto en el sentido económico como en el político.
Estamos de acuerdo, además, con que, en la sociedad burguesa, la clase de los
pequeños propietarios es, en determinadas condiciones, "un baluarte más
firme de la democracia que la clase de los arrendatarios, quienes dependen del
Estado policiaco-clasista, aunque sea constitucional" (Lenin. Respuesta a Equis, pág. 27*).
* Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa. (N. de la Edit.)
Pero nosotros estimamos que limitarse a estas consideraciones en el
momento actual de la revolución democrática en Rusia, limitarse a defender la
vieja posición de 1902, significaría no tener en cuenta en absoluto la
coyuntura socioclasista y política que ha cambiado esencialmente. Zariá señalaba en agosto de 1902 (vol.
4, artículo de Plejánov, pág. 36) que
Moskóvskie Viédomosti132 defendía en nuestro país la nacionalización y exponía la idea,
indiscutiblemente correcta, de que la reivindicación de nacionalizar la tierra
no es siempre, ni en todas partes, revolucionaria, ni mucho menos. Esto último,
naturalmente, es justo; mas en ese mismo artículo de Plejánov (pág. 37) se
señala que, "en una época
revolucionaria" (el subrayado es de Plejánov), la expropiación de los
grandes propietarios agrarios puede ser en nuestro país una necesidad y que, en
determinadas circunstancias, será imprescindible plantear esta cuestión.
Es indudable que el estado
de cosas ha cambiado hoy de manera esencial en comparación con 1902. La
revolución subió mucho en 1905 y ahora prepara fuerzas para un nuevo embate. No
se puede ni hablar de que Moskóvskie
Viédomosti defienda la nacionalización de la tierra (en un sentido más o
menos serio). Antes al contrario; salvaguardar la intangibilidad de la
propiedad privada de la tierra ha pasado a ser el tema principal de los
discursos de Nicolás II y de los aullidos de Gringmut y Cía. La insurrección
campesina ha sacudido ya a la Rusia de la servidumbre, y la autocracia
agonizante cifra ahora todas sus esperanzas sólo en el contubernio con la clase
terrateniente, empavorecida por el movimiento campesino. No sólo Moskóvskie Viédomosti, sino incluso
Slovo, órgano de los adeptos de Shípov, acosa a Witte y el proyecto "socialista" de Kútler, que no propone la
nacionalización, sino únicamente la
compra obligatoria de una parte de las tierras. Las furiosas persecuciones
del gobierno contra la Unión
Campesina y las feroces "dragonadas" contra los campesinos agitados
muestran con claridad meridiana que se ha perfilado por entero el carácter
democrático revolucionario del movimiento campesino.
Este movimiento, lo mismo
que cualquier movimiento profundo del pueblo, ha despertado ya y continúa
despertando en el campesinado inmensos entusiasmo y energía revolucionarios. En
su lucha contra la propiedad agraria terrateniente, los campesinos llegan sin
falta, y han llegado ya en la persona de sus representantes de vanguardia, a la
reivindicación de que sea abolida en general toda la propiedad privada de la
tierra*.
* Véase
Acuerdos de los Congresos de la Unión Campesina del 1 de agosto y del 6 de
noviembre de 1905.
(San Petersburgo, 1905, pág. 6) y Actas
del Congreso de Constitución de la Unión Campesina de toda Rusia (San
Petersburgo, 1905), passim (aquí y allá. N.
de la Edit.)
No cabe la menor duda de que
la idea de la propiedad de todo el pueblo sobre la tierra circula ahora con
extraordinaria amplitud entre el campesinado. Y es indudable también que, a
pesar de la ignorancia del campesinado, a pesar de los elementos utópicos
reaccionarios de sus deseos, esta idea tiene, en suma, carácter democrático
revolucionario*.
* En el núm. 5 de Dnevnik,
el camarada Plejánov pone en guardia a Rusia contra la repetición de las
experiencias de Van Han-shi (reformador chino del siglo XI que fracasó en sus
intentos de nacionalización de la tierra) y pretende demostrar que el origen de
la idea campesina de nacionalizar la tierra es reaccionario. El carácter
artificioso de esta argumentación salta a la vista. En verdad, qui prouve trop, ne prouve rien (quien
prueba mucho no prueba nada). Si se pudiera comparar la Rusia del siglo XX con
la China del siglo XI, ni Plejánov ni yo hablaríamos, sin duda, ni del carácter
democrático revolucionario del movimiento campesino en Rusia ni del capitalismo
en Rusia. Por lo que se refiere al origen (o carácter) reaccionario de la idea
campesina de nacionalización de la tierra, también en la idea del reparto negro
existen rasgos indudables no sólo de su origen reaccionario, sino también de su
carácter reaccionario en el momento actual. En todo el movimiento campesino y
en toda la ideología campesina hay elementos reaccionarios, mas esto en modo
alguno desmiente el carácter democrático revolucionario general de todo el
movimiento en su conjunto. Por eso, Plejánov, además de no haber demostrado con
nada su tesis (sobre la imposibilidad de que los socialdemócratas presenten la
reivindicación de nacionalizar la tierra en determinadas condiciones
políticas), hasta la ha debilitado mucho con su argumentación, artificiosa en
extremo.
98
Los socialdemócratas deben
depurar esta idea de sus tergiversaciones reaccionarias y socialistas
pequeñoburguesas: de esto no cabe discutir. Pero los socialdemócratas
cometerían un profundo error si arrojaran por la borda toda esta reivindicación
sin saber destacar su aspecto democrático revolucionario. Debemos decir al
campesino con toda sinceridad y energía que la nacionalización de la tierra es
una medida burguesa, que es útil sólo en determinadas condiciones políticas;
pero sería una política miope que nosotros, los socialistas, interviniéramos
ante la masa campesina negando sin más ni
más esta medida en
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132 Véase la nota 63.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
general. Y no sólo una
política miope, sino una deformación teórica del marxismo, el cual ha dejado
sentado con toda precisión que la nacionalización de la tierra es posible y
concebible también en la sociedad burguesa, que no retendrá, sino que intensificará
el desarrollo del capitalismo y que constituye el máximo de las reformas
democráticas burguesas en la esfera de las relaciones agrarias.
Mas ¿puede negar alguien que
en la actualidad debemos defender
ante el campesinado precisamente el máximo de transformaciones democráticas
burguesas? ¿Acaso es posible no ver hasta ahora la ligazón existente entre el
radicalismo de las reivindicaciones agrarias del campesino (abolición de la
propiedad privada sobre la tierra) y el radicalismo de sus reivindicaciones
políticas (república, etc.)?
No, en el momento actual,
cuando se trata de llevar hasta el fin la revolución democrática, la posición
de los socialdemócratas en la cuestión agraria puede ser únicamente ésta:
contra la propiedad terrateniente y a favor de la propiedad campesina, si se
conserva la propiedad privada de la tierra en general; contra la propiedad
privada de la tierra y por la nacionalización de la tierra, en determinadas condiciones políticas.
Llegamos de esta forma al
tercer tipo de opiniones: "zemstvolización" o
"provincialización" preconizadas por Equis, Máslov y otros. Me veo
obligado a repetir aquí contra Máslov parte de lo que dije contra Equis en
1903, a saber: que hace una "formulación empeorada y contradictoria de la
reivindicación de nacionalización de la tierra" (Lenin. Respuesta a Equis, pág. 42*). "La
entrega de la tierra —escribía yo entonces— (hablando en general) es deseable a
manos del Estado democrático y no de organizaciones sociales pequeñas (del tipo
de zemstvo presente o futuro)".
* Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa. (N. de la Edit.
¿Qué propone Máslov? Propone
una mezcla de nacionalización más zemstvolización más propiedad privada de la
tierra sin ninguna indicación de las distintas condiciones políticas en las que
uno u otro régimen agrario es beneficioso (relativamente) para el proletariado.
En efecto, en el punto 3 de su proyecto, Máslov exige la
"confiscación" de las tierras de la Iglesia y otras,
"transfiriéndolas en posesión al Estado democrático". Es una forma
pura de nacionalización. Mas surgen diversas preguntas: ¿por qué no se indican
las condiciones políticas que hacen innocua la nacionalización en la sociedad
burguesa? ¿Por qué no se propone aquí la zemstvolización en lugar de la
nacionalización? ¿Por qué ha sido elegida una fórmula que excluye la venta de las tierras confiscadas?** Máslov no responde a
ninguna de estas preguntas.
** Cfr. Lenin. Respuesta a Equis, pág. 27. "Sería erróneo decir que la
socialdemocracia estará siempre y en todas las condiciones contra la
venta". (Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa. N. de la Edit.). Creer inalienable la propiedad privada de la
tierra y excluir la posibilidad de la venta es ilógico e insensato.
Al proponer la
nacionalización de las tierras de la Iglesia, de los monasterios y de la Corona
e impugnar, al mismo tiempo, la nacionalización en general, Máslov se rebate a
sí mismo. Sus argumentos contra la nacionalización son, en parte, incompletos e
inexactos y, en parte, absolutamente débiles. Primer argumento: la
nacionalización es un atentado a la autodeterminación de las naciones. Desde
San Petersburgo no se puede disponer del territorio de Transcaucasia. Esto no
es un argumento, sino un absurdo completo.
99
En primer lugar, el derecho
de las naciones a la autodeterminación está reconocido en nuestro programa y,
por consiguiente, Transcaucasia "tiene derecho" a autodeterminarse,
separándose de San Petersburgo. ¡Máslov no se opone a las "cuatro
colas",133 basándose en que
"Transcaucasia" puede no aceptarlas! En segundo lugar, la amplia
administración
![]()
133 Las cuatro colas ("chetiriojjvostka"):
denominación abreviada que se daba a las
cuatro reivindicaciones del sistema electoral democrático: sufragio universal,
igual, directo y secreto.
autónoma,
tanto local como regional, está reconocida en
general en nuestro programa y, por tanto, ¡es absolutamente ridículo hablar
de que "la burocracia de San Petersburgo dispondría de las tierras de los
montañeses"! (Máslov, pág. 22). En tercer lugar, la ley de
"zemstvolización" de las tierras transcaucásicas
tendrá que promulgarla, de todos modos, la Asamblea Constituyente petersburguesa, ¡pues Máslov no quiere
conceder a cualquier región periférica del país la libertad de conservar el
régimen de propiedad agraria terrateniente! Así pues, todo el argumento de
Máslov cae de su peso.
Segundo argumento: "La
nacionalización de la tierra presupone la transferencia de todas las tierras a manos del Estado. Mas ¿acaso los campesinos,
sobre todo los que tienen hacienda propia, accederán a transferir
voluntariamente sus tierras a quien sea?" (Máslov, pág. 20).
En primer lugar, Máslov
juega con las palabras o confunde los conceptos. Nacionalización significa
transferencia del derecho de propiedad sobre la tierra, del derecho a recibir
la renta, pero en modo alguno transferencia de la propia tierra. Nacionalización
en modo alguno significa que todos los campesinos tengan que transferir
forzosamente la tierra a nadie. Explicaremos esto a Máslov con un ejemplo.
Revolución socialista significa transferencia no sólo de la propiedad de la
tierra, sino de la tierra misma como objeto de economía, a toda la sociedad.
¿Quiere decir esto que los socialistas deseen despojar de la tierra a los
pequeños campesinos en contra de su voluntad? No, ningún socialista sensato ha
propuesto nunca semejante estupidez.
¿Hay alguien que considere
necesario hacer una salvedad especial sobre esto en el programa socialista que
habla de sustituir la propiedad privada de la tierra por la propiedad social?
No, ningún partido socialdemócrata hace semejante salvedad. Tanto menor es el
fundamento que tenemos para inventar supuestos horrores acerca de la
nacionalización. La nacionalización es la transferencia de la renta al Estado.
Los campesinos, en la mayoría de los casos, no reciben ninguna renta de la
tierra. Por tanto, al efectuarse la nacionalización no habrá que pagarles nada,
y el Estado democrático campesino (que Máslov presupone tácitamente con su
zemstvolización, pero que no determina con exactitud) implantará, además, el
impuesto progresivo sobre la renta y disminuirá la contribución de los pequeños
propietarios. La nacionalización facilitará la circulación mercantil de la
tierra, pero no significará en lo más mínimo arrancar ésta a los pequeños
campesinos en contra de su voluntad.
En segundo lugar, si se
argumenta contra la nacionalización desde el punto de vista de la
"conformidad voluntaria" de los campesinos con hacienda propia,
preguntamos a Máslov: ¿"accederán voluntariamente" los mujiks—
propietarios a que el "Estado democrático", en el que los campesinos
representarán una fuerza, les entregue sólo
en arriendo las mejores tierras, es decir, las tierras de los
terratenientes, de la Iglesia y de la Corona? Esto, en realidad, significa
decirles: las tierras malas, parcelarias, te las entrego en propiedad; pero las
buenas, las de los terratenientes, arriéndalas. Toma el pan de centeno gratis,
mas paga con dinero constante y sonante el blanco. Los campesinos no accederán
jamás a esto. Una de dos, camarada Máslov: o las relaciones económicas hacen
necesaria la propiedad privada y ésta es ventajosa —en cuyo caso hay que hablar
de reparto de las tierras de los terratenientes o de la confiscación en
general—, o es posible y ventajosa la nacionalización de toda la tierra, y
entonces no es de forzosa necesidad una excepción especial para los campesinos.
La unión de la nacionalización con la provincialización y de esta última con la
propiedad privada es sencillamente un embrollo. Se puede garantizar que, con la victoria completa de la revolución
democrática, semejante medida jamás podría ser realizada.
III. El error principal del camarada Máslov
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
Es necesario detenerse en
otra consideración que se desprende de cuanto queda dicho, pero que requiere un
análisis más detallado. Acabamos de decir que puede garantizarse que el
programa de Máslov no se realizaría ni siquiera con la victoria completa de la
revolución democrática. Hablando en general, el carácter
"irrealizable" de ciertas reivindicaciones del programa en el sentido
de la improbabilidad de su satisfacción en el momento actual o en un futuro
próximo no puede ser considerado un argumento contra esas reivindicaciones. C.
Kautsky lo ha señalado con particular relieve en su artículo contra Rosa
Luxemburgo sobre la independencia de Polonia*.
* En mi artículo sobre el proyecto de
programa agrario, publicado en el núm. 4 de Zariá,
se citan extractos de este artículo. (Véase V. I. Lenin. El programa agrario de
la socialdemocracia rusa. N. de la Edit.)
R. Luxemburgo hablaba del carácter "irrealizable" de
esta independencia, mas C. Kautsky objetaba que la cuestión no consistía en que
fuera "realizable" en el sentido indicado, sino en que determinada
reivindicación correspondiera a la dirección general del desarrollo de la
sociedad o a la situación económica y política general en todo el mundo
civilizado. Tomen, por ejemplo, decía Kautsky, la reivindicación que figura en
el programa de la socialdemocracia alemana de que todos los funcionarios sean
elegidos por el pueblo. Naturalmente, esta reivindicación es
"irrealizable" desde el punto de vista del actual estado de cosas en
Alemania. Sin embargo, esta reivindicación es justa y necesaria por completo,
pues es parte inalienable de la revolución democrática consecuente, hacia la
que tiende todo el desarrollo social y que trata de conseguir la
socialdemocracia como premisa del socialismo y como elemento indispensable de
la superestructura política de éste.
100
Por eso, al hablar del
carácter irrealizable del programa de Máslov, subrayamos estas palabras: con la
victoria completa de la revolución democrática. En modo alguno hablamos de que
el programa de Máslov sea irrealizable desde el punto de vista de las actuales
relaciones y condiciones políticas. No. Afirmamos que precisamente con la
revolución democrática completa y consecuente hasta el fin, es decir,
precisamente dándose las condiciones políticas más diferentes de las actuales y
más favorables para reformas agrarias radicales, precisamente en esas
condiciones, el programa de Máslov es irrealizable, no porque sea, por decido
así, demasiado grande, sino porque es demasiado pequeño desde el punto de vista
de esas condiciones. Dicho de otro modo: si las cosas no llegan a la victoria
completa de la revolución democrática, no podrá hablarse en serio de ninguna
abolición de la propiedad agraria terrateniente, de ninguna confiscación de las
tierras de la Corona y de otras tierras, de ninguna municipalización, etc. Por
el contrario, si las cosas llegan a la victoria completa de la revolución
democrática, ésta no puede limitarse
a municipalizar una parte de las tierras. Una revolución que barra toda la
propiedad agraria terrateniente (y una revolución así es la que presuponen
Máslov y todos los partidarios del reparto o de la confiscación de las fincas
de los terratenientes) requiere una energía y una amplitud revolucionaria sin
precedentes en la historia. Admitir la posibilidad de semejante revolución sin
confiscar la propiedad agraria terrateniente (Máslov habla en su proyecto de
programa únicamente de "enajenación", y no de confiscación), sin
difundir entre el "pueblo" con la mayor amplitud la idea de la
nacionalización de toda la tierra, sin crear las formas políticas más avanzadas
de democracia, significa admitir un disparate. Todos los aspectos de la vida
social están estrechamente vinculados entre sí y sometidos por completo, en fin
de cuentas, a las relaciones de producción. La medida radical de abolir la
propiedad agraria terrateniente es inconcebible sin la modificación radical de
las formas estatales (y esta modificación, con semejante reforma económica,
sólo puede tener una orientación democrática), es inconcebible sin que el
pensamiento "popular" y campesino, que exige la abolición de la más
importante variedad de propiedad privada de la tierra, se alce contra la
propiedad privada de la tierra en general. Con otras palabras: una
transformación tan enérgica como la abolición de la propiedad agraria
terrateniente dará obligatoriamente por sí misma el más poderoso impulso a todo
el desarrollo social, económico y político. El socialista que ponga al orden
del día el problema de una transformación de esa naturaleza debe reflexionar
también en las
nuevas
cuestiones que de ello se desprenden, debe abordar esta transformación no sólo
desde el punto de vista de su pasado, sino también de su futuro.
Y desde este punto de vista
es insatisfactorio en especial el proyecto del camarada Máslov. Este proyecto
formula de modo erróneo, en primer lugar, las consignas que ahora, hoy e
inmediatamente deben encender, impulsar, difundir y "organizar" la
revolución agraria: esas consignas sólo pueden ser la confiscación de todas las tierras de los terratenientes y la
organización indispensable, con estos fines, de comités campesinos , como única forma adecuada de órganos locales
de poder revolucionario ligado al pueblo y fuerte. Este proyecto es erróneo, en
segundo lugar, porque no indica con precisión las condiciones políticas sin las
cuales la "municipalización" no es una medida útil sin falta, sino,
con toda seguridad, incluso perjudicial para el proletariado y los campesinos:
no da una definición exacta e inequívoca del concepto "Estado
democrático". En tercer lugar, este proyecto —y ello constituye uno de sus
defectos más esenciales y con menos frecuencia observados— no aborda la actual
revolución agraria desde el punto de vista de su futuro, no indica las tareas
que se desprenden directamente de ella, adolece de desacuerdo entre las
premisas económicas y políticas en que él mismo se basa.
En efecto analicemos con
mayor atención el argumento de más peso (el tercero) para defender el proyecto
de Máslov. Este argumento proclama: la nacionalización fortalecerá el poder del
Estado burgués, en tanto, que los órganos municipales y, en general, locales de
dicho Estado son más democráticos, no recae sobre ellos la carga de los gastos
para el ejército, no desempeñan directamente las funciones de opresión
policíaca del proletariado, etc., etc. Es fácil ver que este argumento prevé un
Estado no del todo democrático, es
decir, un Estado en el que precisamente el punto más importante, el poder
central, conserva la mayor similitud con el viejo régimen militar burocrático;
en el que las instituciones locales, teniendo un carácter secundario y
subalterno, son mejores, más democráticas que las instituciones centrales; es
decir, este argumento presupone no llevar
hasta su término la revolución democrática.
101
Presupone tácitamente algo
intermedio entre la Rusia de la época de Alejandro III, cuando los zemstvos
eran mejores que las instituciones centrales, y la Francia de la época de
"la república sin republicanos", cuando la burguesía reaccionaria, asustada por el
reforzamiento del proletariado, creó una "república monárquica"
antidemocrática, con instituciones centrales que eran mucho peores que las
locales, menos democráticas, más impregnadas de espíritu militarista,
burocrático y policiaco. En esencia, el proyecto de Máslov presupone
tácitamente que las reivindicaciones de nuestro programa político mínimo no han
sido satisfechas en toda su plenitud, que no está garantizado el poder soberano
del pueblo, que no se ha abolido el ejército permanente ni se ha establecido la
elegibilidad de los funcionarios, etc.; dicho con otras palabras, nuestra
revolución democrática, lo mismo que la mayor parte de las revoluciones
democráticas europeas, no ha sido llevada hasta su término; que ha sido, como
todas ellas, recortada, adulterada y "retrotraída". El proyecto de
Máslov está adaptado especialmente a una revolución democrática a medias,
inconsecuente, incompleta y "desarmada" por la reacción*.
* Kautsky, a quien se remite Máslov,
advierte especialmente en su libro Agrarfrage
(La cuestión campesina. N. de la Edit.) que la nacionalización,
absurda en las condiciones de Mecklemburgo, tendría otro significado en la
Inglaterra o la Australia democráticas.
Es esta circunstancia,
precisamente, la que hace que el proyecto de Másloy sea artificioso, mecánico e
irrealizable por completo en el sentido expuesto más arriba, contradictorio en
sí mismo y vacilante, de la palabra, y, por último, unilateral (pues se concibe
que de la revolución democrática se pasará únicamente a la reacción burguesa
antidemocrática y no a una lucha más enconada del proletariado por el
socialismo).
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
Es intolerable en absoluto
presuponer tácitamente que no se ha
llevado hasta su término la revolución democrática que no se han realizado las
reivindicaciones esenciales de nuestro programa político mínimo. Es obligatorio
no silenciar semejante cosa, sino indicarla con toda exactitud. Si Máslov
quisiera guardarse fidelidad a sí mismo, si quisiera eliminar todo elemento de
imprecisión y de falsedad interior en su proyecto, debería decir: puesto que el
Estado que surgirá en nuestro país de la revolución actual será,
"probablemente", muy poco democrático, es preferible no reforzar su
poder con la nacionalización, sino limitarse a la zemstvolización, pues "hay que suponer" que los zemstvos
serán mejores y más democráticos que las instituciones públicas centrales.
Esta, y no otra, es la premisa tácita del proyecto de Máslov. Por eso, cuando
emplea en su proyecto (punto tercero) la expresión "Estado democrático"
y, además, sin ninguna salvedad, dice el mayor embuste, se desorienta a sí
mismo y desorienta al proletariado y a todo el pueblo, pues lo que hace, en
realidad, es "ajustar" su proyecto precisamente a un Estado no
democrático, a un Estado reaccionario, surgido de una democracia no llevada
hasta el fin o "arrebatada" por la reacción.
Si esto es así —y así es,
sin duda alguna—, queda claro el carácter artificioso e "inventado"
del proyecto de Máslov. En efecto, si se presupone un Estado con un poder
central más reaccionario que las autoridades locales, un Estado del tipo de la
tercera República francesa sin republicanos, resulta absolutamente ridículo
admitir la idea de que es posible abolir la propiedad agraria terrateniente en
semejante Estado o, por lo menos, mantener en él la abolición de la propiedad
agraria terrateniente llevada a cabo por el empuje revolucionario. Todo Estado de este tipo, en una parte del mundo que
se llama Europa y en un siglo que se denomina XX, debería inevitablemente, en
virtud de la lógica objetiva de la lucha de clases, empezar por proteger la propiedad agraria terrateniente o por restablecerla, si hubiera sido en parte abolida. Todo el sentido, el
sentido objetivo, de cualquier Estado semidemocrático
—y, de hecho, reaccionario—
de este tipo consiste en defender los puntales fundamentales del poder burgués terrateniente y burocrático,
sacrificando sólo las prerrogativas menos esenciales. Pues la coexistencia en
dichos Estados de poder central reaccionario y de instituciones locales,
zemstvos, municipios, etc. más o menos "democráticos" se explica
única y exclusivamente porque estas instituciones locales se ocupan de medidas inofensivas para el Estado burgués
—"estañadura de los lavabos", abastecimiento de agua, tranvías
eléctricos, etc.— e incapaces de minar las
bases de lo que se denomina "orden social existente". Sería una
ingenuidad pueril extender a la posible "labor" de los zemstvos en la
abolición de la propiedad agraria terrateniente las observaciones efectuadas
sobre su labor en lo que se refiere al abastecimiento de agua y al alumbrado
público. Sería lo mismo que si un ayuntamiento urbano, integrado exclusivamente
por socialdemócratas, en cualquier Poshejonie134 de Francia se propusiera "municipalizar" en todo el
país la propiedad privada de la tierra ocupada por edificios particulares. La
cuestión reside precisamente en que la abolición de la propiedad agraria
terrateniente se diferencia un poquito, por su carácter, de medidas como la
mejora del suministro de agua, del alumbrado, del saneamiento, etc. La cuestión
reside precisamente en que la primera "medida"
"afecta" de la manera más audaz a las bases fundamentales de todo el "orden social
existente", sacude y socava estas bases con una fuerza gigantesca y
facilita, en proporciones sin igual en la historia, el empuje del proletariado
contra todo el régimen burgués.
102
Sí, en este
caso, cualquier Estado burgués debe preocuparse, ante todo y sobre todo, de
conservar las bases de la dominación burguesa: en cuanto se lesionen los
intereses vitales del Estado burgués terrateniente serán anulados en un
instante todos los derechos y privilegios en la estañadura autónoma de lavabos,
toda la municipalización se irá en el acto al diablo, y será desterrada por
"expediciones punitivas" toda sombra de democracia en las
![]()
134 Poshejonie: sinónimo de rincón provinciano de
brutales usos y costumbres patriarcales. El vocablo entró en uso merced a la
obra del satírico ruso Saltikov-Schedrín En
el antiguo Poshejonie.
instituciones
locales. Presuponer con aire inocente la autonomía municipal democrática,
existiendo un poder central reaccionario, y extender esta "autonomía"
a la abolición de la propiedad agraria terrateniente significa dar modelos
inimitables de absurdos evidentes o de infinita ingenuidad política.
IV. Las tareas de nuestro programa agrario
La cuestión del programa
agrario del POSDR se aclararía considerablemente si intentáramos exponer este
programa en forma de consejos sencillos y claros que debe dar la
socialdemocracia al proletariado y al campesinado en la época de la revolución
democrática.
El primer consejo será
inevitablemente el que sigue: orientar todos los esfuerzos a la victoria
completa de la insurrección campesina. Sin esta victoria es imposible siquiera
hablar en serio ni de "confiscación de la tierra" de los terratenientes
ni de crear un Estado verdaderamente democrático. Y la consigna que llame a los
campesinos a la insurrección no puede ser más que una: confiscación de todas
las tierras de los terratenientes (en modo alguno enajenación en general o
expropiación en general, dejando a oscuras la cuestión del rescate), y
confiscación obligatoria por los comités campesinos hasta la Asamblea
Constituyente.
Cualquier otro consejo
(incluidas la consigna de Máslov de "enajenación" y toda su
municipalización) es un llamamiento a resolver el problema no por medio de la
insurrección, sino mediante un contubernio con los terratenientes, con el poder
central reaccionario; es un llamamiento a resolver el problema no por medios
revolucionarios, sino burocráticos, ya que los más democráticos organismos
regionales y de los zemstvos no pueden dejar de ser burocráticos en comparación
con los comités revolucionarios de campesinos, que allí mismo, sobre el
terreno, deben desembarazarse al punto de los terratenientes y apoderarse de
los derechos a refrendar por la Asamblea Constituyente de todo el pueblo.
El segundo consejo será
inevitablemente el que sigue: sin una democratización completa del régimen
político, sin la república y la garantía efectiva del poder soberano del pueblo
no se puede ni pensar en mantener las conquistas de la insurrección campesina
ni en dar el más pequeño paso adelante. Este consejo nuestro a los obreros y
campesinos debemos formularlo con singular claridad y exactitud para que sean
imposibles toda duda, toda ambigüedad, toda interpretación equivocada, toda
admisión tácita de un despropósito tal como la posibilidad de abolir la
propiedad agraria terrateniente, existiendo el poder central reaccionario. Y
por eso, al dar con insistencia nuestros consejos políticos, debemos decir al
campesino: una vez has tomado la tierra, debes marchar adelante, pues en caso
contrario serás derrotado y lanzado inevitablemente atrás por los
terratenientes y la gran burguesía. Es imposible tomar la tierra y retenerla
sin nuevas conquistas políticas, sin asestar un golpe nuevo y más denodado a
toda la propiedad privada sobre la tierra en general. En política, como en toda
la vida social, no avanzar significa ser lanzado atrás. O la burguesía,
robustecida después de la revolución democrática (pues ésta la fortalece,
naturalmente), anula todas las conquistas de los obreros y de las masas
campesinas, o el proletariado y las masas campesinas se abren camino adelante.
Y esto significa república y pleno poder soberano del pueblo. Esto significa:
en caso de conquistarse la república, nacionalización de toda la tierra como
máximo posible de la revolución democrática burguesa, como paso adelante
natural y necesario de la victoria de la democracia burguesa a la iniciación de
la verdadera lucha por el socialismo.
El tercer y último consejo
es: organizaos en una asociación independiente, proletarios y semiproletarios
de la ciudad y del campo. No creáis a ningún propietario, aunque sea pequeño,
aunque sea "trabajador". No os dejéis seducir por la pequeña hacienda,
si se
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
conserva la producción
mercantil. Cuanto más se aproximan las cosas a la victoria de la insurrección
campesina, más cerca está el viraje de los campesinos propietarios contra el
proletariado, más necesaria es una organización proletaria independiente, con
mayor energía, tenacidad, decisión y fuerza debemos exhortar a la revolución
socialista completa. Nosotros apoyamos el movimiento campesino hasta el fin,
pero debemos recordar que es un movimiento de otra clase, no de la clase que
puede realizar y realizará la revolución socialista. Por eso eludimos el
problema de qué hacer con la tierra desde el punto de vista de su distribución
como objeto de economía; en la sociedad burguesa, esta cuestión pueden
resolverla y la resolverán únicamente los propietarios y los pequeños
propietarios. A nosotros nos interesa enteramente (y después de la victoria de
la insurrección campesina casi exclusivamente): ¿qué debe hacer el proletariado
agrícola? Nos ocupamos y nos ocuparemos, principalmente, de esta cuestión,
dejando a los ideólogos del pequeño burgués el trabajo de inventar el usufructo
igualitario del suelo y otras cosas por el estilo. Nosotros respondemos a esta
cuestión, que es la cuestión vital de la Rusia nueva, democrática burguesa: el
proletariado agrícola debe organizarse independientemente, junto con el urbano,
para luchar por la revolución socialista completa.
103
Por consiguiente, nuestro
programa agrario debe constar de tres partes fundamentales: primero, del
llamamiento más enérgico al empuje campesino revolucionario contra la propiedad
agraria terrateniente; segundo, de la indicación exacta del paso sucesivo que
puede y debe dar el movimiento para consolidar las conquistas campesinas y para
pasar de la victoria de la democracia a la lucha proletaria directa por el
socialismo; tercero, de la indicación de las tareas proletarias de clase del
partido, que surgen ante nosotros de modo tanto más imperativo y exigen un
claro planteamiento con tanta mayor insistencia cuanto más se acerca la
victoria de la insurrección campesina.
El programa de Máslov no da
solución a ninguno de los problemas fundamentales que debe resolver ahora el
POSDR: este programa no formula la consigna que orienta hoy ya, inmediatamente,
en la época del Estado más antidemocrático, el movimiento campesino a la
victoria; este programa no contiene una definición exacta de las
transformaciones políticas necesarias para llevar a su término y afianzar las
transformaciones agrarias; no señala las medidas necesarias en el terreno de la
reforma agraria en las condiciones de completa y consecuente democracia; no
define la posición proletaria de nuestro partido respecto a todas las
transformaciones democráticas burguesas. Este programa no determina ni las
condiciones del "primer paso" ni las tareas del "segundo
paso"; las echa todas a un montón, empezando por la entrega de las tierras
de la Corona al inexistente "Estado democrático" y continuando por la
entrega de las tierras de los terratenientes a las municipalidades democráticas
¡por temor al carácter antidemocrático del poder central! En los momentos
actuales este programa, no revolucionario por su significación práctica y
basado en el supuesto de un arreglo completamente artificioso y totalmente
inverosímil con un poder central semirreaccionario, no puede servir de guía al
partido obrero en ninguno de los posibles e imaginables caminos de desarrollo
de la revolución democrática en Rusia.
Resumamos. El único programa
acertado en las condiciones de la revolución democrática será el siguiente:
exigir en el acto la confiscación de las tierras de los terratenientes y la
institución de
comités campesinos*, sin
acompañar esta reivindicación de salvedades restrictivas de ningún género. Esta
reivindicación es revolucionaria y beneficiosa desde el punto de vista tanto
del proletariado como del campesinado en todas las condiciones, incluso las
peores. Esta reivindicación implica de modo inevitable la bancarrota del Estado
policiaco y el fortalecimiento de la democracia.
* A semejanza de Equis, Máslov "ve
una contradicción en que exigimos la abolición de los sectores sociales y, al
mismo tiempo, la institución de comités campesinos, es decir, sectoriales. En
realidad, la contradicción aquí es sólo aparente: para abolir los sectores
sociales es necesaria la "dictadura" del sector inferior, oprimido,
de la misma manera que, para abolir las clases en
general,
entre ellas la de los proletarios, es necesaria la dictadura del proletariado.
Todo nuestro programa agrario persigue el objetivo de abolir las tradiciones
del régimen de la servidumbre y de los sectores sociales en la esfera de las
relaciones agrarias y, para semejante abolición, puede apelarse únicamente al
sector inferior, al sector oprimido por estos vestigios del régimen de la
servidumbre". Lenin. Respuesta a
Equis, pág. 29. (Véase V. I. Lenin. Respuesta
a la crítica de nuestro proyecto de programa, N. de la Edit.)
Mas no es posible limitarse
a la confiscación. En la época de la revolución democrática y de la
insurrección campesina en modo alguno podemos rechazar de manera absoluta la
nacionalización de la tierra. Lo único que hace falta es condicionar esta
reivindicación, puntualizando las condiciones políticas inexcusables para que
la nacionalización no perjudique al proletariado ni al campesinado.
Un programa así será
completo y acabado. Dará el máximo absoluto de lo que es concebible en general
en toda revolución democrática burguesa. No atará las manos a la
socialdemocracia, admitiendo el reparto y la nacionalización en distintas
coyunturas políticas. En modo alguno suscitará la discordia entre el
campesinado y el proletariado como luchadores por la democracia**. Lanzará
ahora e inmediatamente bajo el régimen político y policiaco-autocrático
consignas absolutamente revolucionarias que revolucionen ese régimen,
presentando también las reivindicaciones ulteriores para el caso de que triunfe
por completo la revolución democrática, es decir, para el caso de que se dé una
situación en la que la culminación de la revolución democrática ofrezca nuevas
perspectivas y plantee nuevas tareas.
** Para disipar toda idea de que el partido obrero quiere imponer a
los campesinos cualquier proyecto quimérico de reformas, sin tener en cuenta la
voluntad del campesinado y el movimiento independiente que existe en el seno de
éste, se adjunta al proyecto de programa la variante A, en la que, en lugar de
la reivindicación directa de nacionalización, se habla al principio de apoyo
del partido a la aspiración del campesinado revolucionario a abolir la
propiedad privada de la tierra.
104
Es absolutamente necesario
señalar con exactitud en el programa nuestra posición proletaria especial en
toda la revolución democrática agraria. No hay que turbarse por el hecho de que
el lugar de semejante indicación esté en la resolución táctica o de que esto
sea una repetición de la parte general del programa.
En aras de la claridad de
nuestra posición y de su explicación a las masas merece la pena sacrificar el
armonioso esquema de la división de los temas en programáticos y tácticos.
Presentamos el
correspondiente proyecto de programa agrario elaborado por la mayoría de la
"comisión agraria" (la "comisión agraria" fue designada por
el Comité Central Unificado del POSDR para que redactara el proyecto de nuevo
programa agrario).
V. Proyecto de programa agrario
A fin de acabar con los
restos del régimen de la servidumbre, que abruman directamente con su peso a
los campesinos, y en bien del libre desarrollo de la lucha de clases en el
campo, el partido exige:
1) confiscación de todas las tierras de la
Iglesia, de los monasterios, de la Corona, del Estado, del zar y de los
terratenientes;
2)
institución
de comités campesinos para abolir inmediatamente todos los vestigios del poder
y los privilegios de los terratenientes y para disponer de hecho de las tierras
confiscadas hasta que la Asamblea Constituyente de todo el pueblo establezca el
nuevo régimen agrario;
3)
supresión
de todos los tributos y prestaciones a que está sometido actualmente el
campesinado como sector tributario;
4) derogación de todas las leyes que impiden al campesino disponer
de sus tierras;
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
5) conceder a los tribunales populares
electivos el derecho a rebajar las rentas abusivas de los arrendamientos y a
declarar nulos los contratos de carácter leonino.
Si la enérgica victoria de
la revolución actual en Rusia asegura por completo el poder soberano del
pueblo, es decir, crea la república y un régimen estatal, plenamente
democrático, el partido* propugnará la abolición de la propiedad privada de la
tierra y la transferencia de todas las tierras en propiedad general de todo el
pueblo.
* Variante A.
...el partido apoyará la
aspiración del campesinado revolucionario a abolir la propiedad privada de la
tierra y propugnará la entrega de todas las tierras en propiedad del Estado.
Además, el Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia se plantea la tarea, en todos los casos y cualesquiera
que sean las transformaciones democráticas agrarias, de aspirar siempre a
agrupar al proletariado agrícola en una organización de clase independiente, a
explicarle la oposición inconciliable que hay entre sus intereses y los de la
burguesía rural, prevenirle contra las ilusiones del sistema de la pequeña
hacienda que, existiendo la producción mercantil, nunca está en condiciones de
acabar con la miseria de las masas, y, por último, señalar la necesidad de la
revolución socialista completa como único medio para abolir toda miseria y toda
explotación.
Escrito en la segunda quincena de marzo de 1906. Publicado a
comienzos de abril de 1906 en folleto aparte por la Editorial petersburguesa
"Nasha Mysl".
T. 12, págs. 239-270.
V. I. Lenin
LAS ENSEÑANZAS DE LA INSURRECCIÓN DE MOSCÚ.
libro Moscú en diciembre de 1905 (M. 1906) ha visto la luz con la mayor
oportunidad. Asimilar la experiencia de la insurrección de diciembre es una
tarea urgente del partido obrero. Es de lamentar que este libro sea ese poco de
hiel que hace amarga mucha miel; los datos son interesantísimos, a pesar de ser
incompletos, mientras que las conclusiones son increíblemente descuidadas,
increíblemente vulgares. De esas conclusiones hablaremos aparte*. De momento
abordaremos la cuestión política de palpitante actualidad: las enseñanzas de la
insurrección de Moscú.
* Véase V. I. Lenin. ¡Fuera! (N. de la Edit.)
La forma principal del
movimiento de diciembre en Moscú fue la huelga pacífica y las manifestaciones.
La inmensa mayoría de la masa obrera no participó activamente más que en estas
formas de lucha. Pero precisamente la acción de diciembre en Moscú demostró de
un modo evidente que la huelga general, como forma independiente y principal de
lucha, ha caducado, que el movimiento, con una fuerza espontánea e
irresistible, se desborda de este marco estrecho y engendra la forma suprema de
lucha: la insurrección.
Al declarar la huelga, todos
los partidos revolucionarios y todos los sindicatos de Moscú se daban cuenta e
incluso percibían que se transformaría inevitablemente en insurrección, El 6 de
diciembre, el Soviet de diputados obreros acordó "tender a transformar la
huelga en insurrección armada". Pero, en realidad, ninguna de las
organizaciones estaba preparada para ello; incluso el Consejo coligado de los
destacamentos obreros de combate135
hablaba (¡el 9 de diciembre!) de la
insurrección como de una cosa lejana, y es indudable que la lucha en la calle
se desplegó por encima e independientemente de aquél. Las organizaciones habían
quedado rezagadas del crecimiento y de la amplitud del movimiento.
La huelga se iba
transformando en insurrección, ante todo, bajo la presión de las condiciones
objetivas creadas después de octubre.136 No
era ya posible sorprender al gobierno por medio de una huelga general; éste
había organizado ya una contrarrevolución presta a obrar militarmente. Tanto el
curso general de la revolución rusa después de octubre como la sucesión de los
acontecimientos de Moscú en las jornadas de diciembre han confirmado de un modo
admirable una de las profundas tesis de Marx: la revolución avanza por el hecho
de que crea una contrarrevolución fuerte y unida, es decir, obliga al enemigo a
recurrir a medios
![]()
135 Destacamentos
obreros de combate:
destacamentos armados de obreros, creados para la lucha contra el zarismo en
los centros industriales de Rusia en el año revolucionario de 1905. Los
destacamentos de combate participaron en la insurrección armada de Moscú y en
las de otras ciudades.
Integraban el Consejo
coligado de los destacamentos obreros de combate, fundado en Moscú a fines de
octubre de 1905, representantes de los destacamentos de combate organizados por
los partidos socialdemócrata, eserista y otros. La mayoría eserista y menchevique
de este consejo desorganizaba su labor; durante la insurrección armada de
diciembre, el Consejo coligado se vio a la zaga de los acontecimientos
revolucionarios y no supo desempeñar su papel de Estado Mayor de operaciones de
la insurrección.
136
En
octubre de 1905, el proletariado revolucionario de Rusia declaró la huelga
política general en toda Rusia. Suspendieron el trabajo en el inmenso país
todas las fábricas, talleres y ferrocarriles. La huelga general mostró la gran
fuerza de la clase obrera. El zar se vio obligado a hacer público el 17 de
octubre un manifiesto en el que prometía "otorgar" una constitución y
la libertad de palabra, reunión, prensa, etc. Las promesas del zar fueron un
engaño y quedaron sin cumplir.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
de defensa cada vez más
extremos y elabora, por lo mismo, medios de ataque más potentes cada día.137
Los días 7 y 8 de diciembre: huelga pacífica, manifestaciones
pacíficas de masas. El 8 por la
noche: sitio del Acuario.138 El 9, durante el día: los dragones cargan contra la muchedumbre
en la plaza Strastnaya. Por la noche, devastación de la casa de Fídler.139 Los ánimos se exaltan. La muchedumbre no organizada de la calle
levanta, de modo completamente espontáneo y con vacilaciones, las
primerasbarricadas.
El 10, la artillería abre
fuego contra las barricadas y contra la muchedumbre en las calles. Las
barricadas son levantadas con seguridad y no son ya un hecho aislado, sino
absolutamente a escala de masas. Toda la población está en las calles; los
principales centros de la ciudad se cubren de una red de barricadas. Durante
varios días se desarrolla una obstinada lucha de guerrillas entre los
destacamentos de combate y la tropa, lucha que extenúa a los soldados y obliga
a Dubásov a implorar refuerzos. Sólo para el 15 de diciembre la superioridad de
las fuerzas gubernamentales es completa; y el 17, el regimiento Semiónovski140 devasta la barriada de Presnia, último baluarte de la
insurrección.
De la huelga y de las
manifestaciones a las barricadas aisladas. De las barricadas aisladas a las
barricadas levantadas en masa y a la lucha en las calles contra la tropa. Por
encima de las organizaciones, la lucha proletaria de masas pasa de la huelga a
la insurrección. Esta es la grandiosa conquista histórica de la revolución rusa
en las jornadas de diciembre de 1905, lograda, como todas las precedentes al
precio de sacrificios inmensos. El movimiento ha sido elevado de la huelga
política general al grado superior, ha forzado a la reacción a ir hasta el fin en su resistencia,
aproximando así, en proporciones gigantescas, el momento en que la revolución llegará también hasta el fin
en el empleo de los medios de ofensiva. La reacción no puede ir más allá de cañonear las barricadas, las casas y a la
muchedumbre de la calle. La revolución
tiene todavía adónde ir, más allá de los destacamentos de combate de Moscú,
mucho más allá tanto en extensión como en profundidad. Y la revolución ha hecho
ya mucho camino después de diciembre. La base de la crisis revolucionaria se ha
hecho infinitamente más amplia; ahora hay que afilar más el corte.
106
El cambio de las condiciones objetivas de la lucha, cambio que
exigía pasar de la huelga a la insurrección, lo ha sentido el proletariado
antes que sus dirigentes. La práctica, como siempre, ha precedido a la teoría.
La huelga pacífica y las manifestaciones han dejado en seguida de satisfacer a
los obreros, que preguntaban: ¿y después?, y que exigían acciones enérgicas. La
directriz de levantar barricadas llegó a los barrios con inmenso retraso,
cuando se construían ya en el centro. Los obreros se pusieron en masa a la
obra, pero esto tampoco les satisfacía,
y preguntaban: ¿y después?, y exigían acciones enérgicas. Nosotros, dirigentes del proletariado socialdemócrata, hemos
hecho en diciembre como ese estratega que tenía sus regimientos dispuestos de
manera tan absurda que la mayor parte de sus tropas no estaba en condiciones de
participar activamente en la batalla. Las masas obreras buscaban directrices
para acciones enérgicas de las masas, y no las encontraban.
Así pues, nada más miope que
el punto de vista de Plejánov, que hacen suyo todos los oportunistas, de que no
se debió emprender esta huelga inoportuna, que "no se debía haber
![]()
137 Lenin aduce una tesis de la obra de C. Marx Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850.
138 En la anochecida del 8 (21) de diciembre
de 1905, los soldados y la policía acordonaron el jardín "Acuario",
en el local de cuyo teatro transcurría a la sazón un multitudinario mitin. Se
logró evitar el derramamiento de sangre merced a las abnegadas acciones de los
destacamentos obreros que lo custodiaban; a los que llevaban armas se les dio
la posibilidad de escapar por aberturas en la valla, pero los otros
participantes en el mitin salieron por la puerta y fueron cacheados, aporreados
y, muchos, detenidos.
139 El local de la escuela de Fídler era un lugar permanente de
mítines y reuniones del partido.
140 El
regimiento Semiónovski de
la guardia fue enviado de San Petersburgo a Moscú en diciembre de 1905 para
reprimir la insurrección de los obreros moscovitas sublevados.
empuñado
las armas". Por el contrario, lo que se debió hacer fue empuñar las armas
con más resolución, con más energía y mayor acometividad; lo que se debió hacer
fue explicar a las masas la imposibilidad de una huelga puramente pacifica y la
necesidad de una lucha armada denodada e implacable. Y hoy debemos, en fin,
reconocer públicamente, y proclamar bien alto, la insuficiencia de las huelgas
políticas; debemos llevar a cabo la agitación entre las más grandes masas a
favor de la insurrección armada, sin disimular esta cuestión mediante ningún
"grado preliminar", sin cubrirla con ningún velo. Ocultar a las masas
la necesidad de una guerra encarnizada, sangrienta y exterminadora como tarea
inmediata de la acción próxima es engañarse a sí mismo y engañar al pueblo.
Tal es la primera lección de
los acontecimientos de diciembre. La segunda concierne al carácter de la
insurrección, a la manera de hacerla, a las condiciones en las cuales las
tropas se pasan al lado del pueblo. Sobre este último punto, entre el ala derecha
de nuestro partido está extendidísima una opinión muy unilateral: la de que es
imposible luchar contra un ejército moderno; es preciso que el ejército se haga
revolucionario. De suyo se comprende que si la revolución no gana a las masas y
al ejército mismo, no se puede ni pensar en una lucha seria. De suyo se
comprende que el trabajo en el ejército es necesario. Pero no hay que figurarse
este cambio de frente en la tropa como un acto simple, único, resultante de la
persuasión, por una parte, y de la comprensión, por otra. La insurrección de
Moscú demuestra con evidencia lo que esta concepción tiene de rutinaria y
muerta. La vacilación de la tropa, en realidad inevitable en presencia de todo
movimiento verdaderamente popular, conduce, cuando la lucha revolucionaria se
hace más aguda, a una verdadera lucha por
ganarse el ejército. La insurrección de Moscú nos muestra precisamente la
lucha más implacable, más furiosa,
entablada entre la reacción y la revolución, por conquistar el ejército.
Dubásov mismo ha declarado que sólo 5.000 hombres, de los 15.000 de la
guarnición de Moscú, eran de confianza. El gobierno retenía a los vacilantes
por las medidas más diversas y más extremas: se les persuadía, se les adulaba,
se les sobornaba, distribuyéndoles relojes, dinero, etc.; se les emborrachaba
con aguardiente, se les engañaba, se les aterrorizaba, se les encerraba en los
cuarteles, se les desarmaba, se les arrancaba por la traición y la violencia a
los soldados considerados más inseguros. Y hay que tener el valor de reconocer
franca y públicamente que en este aspecto el gobierno nos ha dejado atrás. No
supimos utilizar las fuerzas de que disponíamos para sostener con tanta
actividad, audacia, espíritu de iniciativa y de ofensiva una lucha por ganarnos
el ejército vacilante, como la que el gobierno ha emprendido y realizado con
éxito. Nos dedicamos y nos dedicaremos todavía con mayor tenacidad a
"trabajar" ideológicamente al ejército; pero no seríamos más que unos
lamentables pedantes si olvidásemos que en el momento de la insurrección es
precisa también la lucha física por la conquista delejército.
El proletariado de Moscú nos
dio durante las jornadas de diciembre admirables lecciones de
"preparación" ideológica de la tropa: por ejemplo, el 8 de diciembre,
en la plaza Strastnaya, cuando la muchedumbre rodeó a los cosacos,141 se mezcló y fraternizó con ellos y los persuadió de que se
volviesen atrás. O bien el 10, en Presnia, cuando dos jóvenes obreras, que
llevaban una bandera roja entre una muchedumbre de 10.000 personas, salieron al
paso de los cosacos gritando: "¡Matadnos! ¡Mientras nos quede vida no
tomaréis nuestra bandera!” y los cosacos, confusos, volvieron grupas, en tanto
que la muchedumbre gritaba: "¡Vivan los cosacos!" Estos modelos de
audacia y de heroísmo deben quedar grabados para siempre en la conciencia del
proletariado.
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141
Cosacos: En un principio, gente libre que se
había evadido del yugo feudal (campesinos siervos y pobres de las ciudades) que
se asentaba en las regiones periféricas del Estado ruso (el Don, el Yaik,
Zaporozhie, etc.). En el siglo XVIII eran agricultores con franquicias
obligados a prestar servicio militar en condiciones especiales. De ellos se
formaban a menudo unidades militares especiales que la autocracia empleaba para
combatir el movimiento revolucionario.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
Pero he aquí ejemplos de
nuestro retraso con respectó a Dubásov. El 9 de diciembre van soldados por la
calle Bolshaya Serpujóvskaya, cantando La
Marsellesa, a unirse a los insurrectos. Los obreros les mandan delegados.
Malájov va a galope tendido hacia ellos. Los obreros llegan con retraso;
Malájov llega a tiempo, pronuncia un discurso inflamado, que hace vacilar a los
soldados, después de lo cual los cerca con los dragones, los conduce al cuartel
y los encierra en el mismo.
107
Malájov supo llegar a tiempo
y nosotros no, a pesar de que, en dos días, a nuestro llamamiento se habían
alzado 150.000 hombres, los cuales habrían podido y debido organizar un
servicio de patrullas en las calles Malájov hizo cercar a los soldados por los
dragones, y nosotros no hicimos cercar a los Malájov por obreros armados de
bombas. Habríamos podido y debido hacerlo; y desde hace mucho tiempo la prensa
socialdemócrata (la vieja Iskra142
venía señalando ya que él exterminio implacable de los jefes civiles y
militares es nuestro deber en tiempo de insurrección. Lo que se produjo en la
calle Bolshaya Serpujóvskaya, a lo que se ve, se repitió, a grandes rasgos,
ante los cuarteles Nesvizhskie y Krútitskie, y cuando las tentativas del
proletariado de “ganarse" al regimiento de Ekaterinoslav, y cuando el
envío de delegados a los zapadores de Alexándrov, y cuando la reexpedición de
la artillería de Rostov dirigida contra Moscú, y cuando el desarme de los
zapadores en Kolomna, y así sucesivamente. Durante la insurrección no estuvimos
a la altura de nuestra misión en la lucha por la conquista del ejército
vacilante.
Diciembre confirmó con
evidencia otra tesis profunda de Marx, olvidada por los oportunistas: la
insurrección es un arte, y la principal regla de este arte es la ofensiva, una
ofensiva sumamente intrépida y de una firmeza inquebrantable 143. No hemos asimilado suficientemente
esta verdad. Hemos estudiado y enseñado a las masas de un modo insuficiente
este arte, esta regla de la ofensiva a toda costa. Ahora, nuestro deber
consiste en reparar con toda energía esta falta. No basta agruparse en torno a
consignas políticas: es preciso agruparse también para la insurrección armada.
Quien esté en contra, quien no se prepare para ella, debe ser expulsado sin
piedad de las filas de los partidarios de la revolución; echado al campo de sus
adversarios, de los traidores o de los cobardes, pues se aproxima el día en que
la fuerza de los acontecimientos y las circunstancias de la lucha nos obligarán
a distinguir por este signo a los amigos y a los enemigos. No debemos predicar
la pasividad, ni la simple "espera" del momento en que la tropa
"se pase" a nuestro lado; debemos echar todas las campanas al vuelo
para proclamar la necesidad de la ofensiva intrépida, del ataque a mano armada,
la necesidad de exterminar a los jefes y de luchar con la mayor energía por la conquista
del ejército vacilante.
La tercera gran lección que
nos ha dado Moscú se refiere a la táctica y a la organización de las fuerzas
para la insurrección. La táctica militar depende del nivel de la técnica
militar. Engels repitió con machaconería esta verdad y se la sirvió con cuchara
a los marxistas.144 La técnica militar no es hoy lo que era
a mediados del siglo XIX. Oponer la muchedumbre a la artillería y defender las
barricadas a tiros de revólver sería estúpido. Y Kautsky tenía razón cuando
escribía que ya es hora, después de Moscú, de revisar las conclusiones de
Engels, y que Moscú ha hecho aparecer una "nueva táctica de barricadas". Esta táctica es la táctica de
las guerrillas. La organización que dicha táctica supone son los destacamentos
móviles y pequeñísimos: grupos de diez, de tres, incluso de dos. Entre nosotros
se puede encontrar
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142 Véase la nota 8.
143 Se alude a la obra de F. Engels Revolución y contrarrevolución en Alemania
(cap. XVII). Lenin, que escribió su artículo en 1906 aún no sabía que el autor
era Engels, ya que dicha obra se publicó en 1851-1852 en The New York Daily
Tribune en una serie de artículos firmados por Marx (a la sazón, colaborador de
este periódico).
Engels escribió estos
artículos por encargo de Marx, quien le daba continuamente consejos.
Sólo en 1913, con motivo de la publicación de la correspondencia
entre Marx y Engels, se supo que Revolución
y contrarrevolución en Alemania era debida a la pluma de Engels.
144 Desarrolla esta tesis F. Engels en varias de sus obras,
particularmente en Anti-Dühring.
ahora
con frecuencia a socialdemócratas que se ríen burlonamente cuando se habla de
esos grupos de cinco o de tres. Pero las risas burlonas no son más que un medio
barato de cerrar los ojos ante esta nueva cuestión de la táctica y de la
organización reclamadas por el combate de calle, dada la técnica militar
moderna. Lean atentamente el relato de la insurrección de Moscú, señores, y
comprenderán la relación existente entre los "grupos de cinco" y el
problema de la "nueva táctica de barricadas".
Moscú hizo aparecer esta
táctica, pero está lejos de haberla desarrollado, está lejos de haberla
desplegado en proporciones algo amplias, realmente de masas. Los miembros de
los destacamentos eran poco numerosos; la masa obrera no había recibido la
consigna de atacar con denuedo y no la puso en práctica; el carácter de los
destacamentos de guerrilleros era demasiado uniforme; su armamento y sus
procedimientos, insuficientes; su aptitud de dirigir a la muchedumbre, casi
rudimentaria. Debemos reparar esta falta, y la repararemos estudiando la
experiencia de Moscú, propagando esta experiencia entre las masas, estimulando
el genio creador de las masas mismas en el sentido del desarrollo ulterior de
la experiencia. Y la guerra en guerrillas, el terror masivo que casi sin
interrupción se extiende por todas partes en Rusia a partir del mes de
diciembre contribuirán sin duda a enseñar a las masas la táctica acertada
durante la insurrección. La socialdemocracia debe admitir e incorporar a su
táctica este terror ejercido por las masas, naturalmente, organizándolo y
controlándolo, subordinándolo a los intereses y a las condiciones del
movimiento obrero y de la lucha revolucionaria general, eliminando y cortando
implacablemente esa deformación "apachesca" de la guerra de
guerrillas, de la cual hicieron justicia de una manera tan maravillosa y tan
implacable los moscovitas durante las jornadas de la insurrección y los letones
durante las jornadas de las famosas repúblicas letonas.145
La técnica militar hace
nuevos progresos en estos últimos tiempos. La guerra japonesa146 ha hecho aparecer la granada de mano. Las fábricas de armas han
lanzado al mercado el fusil automático. La una y el otro comienzan ya a ser
empleados con éxito en la revolución rusa, pero en proporciones que están lejos
de ser suficientes. Podemos y debemos aprovechar los progresos de la técnica,
enseñar a los destacamentos obreros la fabricación a gran escala de bombas,
ayudarles, así como a nuestros destacamentos de combate, a procurarse
explosivos, detonadores y fusiles automáticos. Si la masa obrera participa en
la insurrección en las ciudades, si atacamos en masa al enemigo, si luchamos de
una manera diestra y decidida por conquistar al ejército, que vacila aún más
después de la Duma,147 después de Sveaborg y
![]()
145
En
diciembre de 1905 algunas ciudades letonas pasaron a manos de los destacamentos
armados de obreros, braceros y campesinos insurrectos. Empezó una guerra de
guerrillas contra las tropas zaristas. Las insurrecciones de Letonia fueron
sofocadas en enero de 1906 por expediciones punitivas del gobierno zarista.
146 Véase la nota 54.
147 Duma de Estado: organismo representativo que el gobierno zarista se vio
obligado a convocar como resultado de los acontecimientos revolucionarios de
1905. Formalmente, la Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en
realidad, carecía de todo poder real. Las elecciones a la Duma de Estado no
eran ni directas, ni iguales, ni universales. Los derechos electorales de las
clases trabajadoras, así como de las naciones alógenas que pueblan Rusia,
estaban muy restringidos; una gran parte de obreros y campesinos se veía privada
de ellos, en general.
Se trata de la I Duma de
Estado (denominada de Witte), convocada en abril de 1906 según el
reglamento elaborado por el presidente del Consejo de Ministros S. Witte. Las
elecciones se celebraron en febrero-marzo de 1906. Los bolcheviques les
declararon el boicot, y éste socavó considerablemente el prestigio de la Duma
de Estado y debilitó la fe de una parte de la población en ella; pero no se
logró hacer fracasar las elecciones. Al fracaso del boicot contribuyeron los
planteamientos desorganizadores de los mencheviques y la existencia de fuertes
ilusiones constitucionales entre los campesinos. Cuando, a pesar de todo, la
Duma se reunió, Lenin planteó la tarea de utilizarla con fines de agitación y
propaganda revolucionarias para desenmascararla como burda falsificación de la
representatividad del pueblo. Pese a todas sus debilidades y a la ambigüedad de
sus decisiones, la I Duma de Estado defraudó las esperanzas del gobierno, que
la disolvió el 8 (21) de julio de 1906. Véase también la nota 302.
Revisión del programa agrario del Partido Obrero
Cronstad,148 si la participación del campo en la lucha común es asegurada,
¡la victoria será nuestra en la próxima insurrección armada de toda Rusia.
108
Despleguemos, pues, con mayor amplitud nuestra actividad y
definamos con mayor audacia nuestras tareas, asimilando las enseñanzas de las
grandes jornadas de la revolución en Rusia. Nuestra actividad se basa en una
apreciación justa de los intereses de las clases y de lo que requiere el
desarrollo de todo el pueblo en el momento presente. En torno a la consigna:
derrocamiento del poder zarista y convocatoria de la Asamblea Constituyente por
un gobierno revolucionario, agrupamos y agruparemos a una parte cada vez mayor
del proletariado, de los campesinos y del ejército. Desarrollar la conciencia
de las masas sigue siendo, como siempre, la base y el contenido principal de
todo nuestro trabajo. Pero no olvidemos que a esta tarea general, constante,
fundamental, en los momentos como el que atraviesa Rusia, se agregan tareas
particulares, especiales. No nos convirtamos en pedantes y filisteos, no
rehuyamos estas tareas particulares del momento, estas tareas especiales de las
formas actuales de lucha, recurriendo a lugares comunes sobre nuestros deberes
constantes e inmutables, cualesquiera que sean los tiempos y las
circunstancias.
Recordemos que la gran lucha
de masas se aproxima y que ésta será la insurrección armada, la cual debe ser,
en la medida de lo posible, simultánea. Las masas deben saber que se lanzan a
una lucha armada, sangrienta, sin cuartel. El desprecio a la muerte debe
difundirse entre las masas y asegurar la victoria. La ofensiva contra el
enemigo debe ser lo más enérgica posible; ofensiva, y no defensiva: ésta debe
ser la consigna de las masas; y su tarea, exterminio implacable del enemigo; la
organización de la lucha se hará móvil y ágil; los elementos vacilantes del
ejército serán incorporados a la lucha activa. El partido del proletariado
consciente debe cumplir con su deber en esta gran lucha.
Publicado el 29 de
agosto de 1906 en el núm. 2 de "Proletari".
T. 13, págs. 369-377.
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148 Se refiere a los levantamientos de los
soldados y marinos en las fortalezas de Sveaborg (cerca de Helsingfors) y
Cronstadt en julio de 1906.
109
LA GUERRA DE
GUERRILLAS.
La cuestión de la guerra de
guerrillas es de sumo interés para nuestro partido y para la masa obrera. La
hemos tratado ya varias veces de un modo accidental y ahora nos disponemos a
cumplir nuestra promesa de exponer con mayor amplitud lo que pensamos de ella*.
* Véase V. I. Lenin. Los
acontecimientos del día. (N. de la
Edit.)
I
Vayamos por orden. ¿Qué
demandas fundamentales debe presentar todo marxista al análisis de las formas
de lucha? Primero, el marxismo se distingue de todas las formas primitivas del
socialismo en que no vincula el movimiento a una sola forma determinada de
lucha. El marxismo admite las formas más diversas de lucha; además, no las
"inventa", sino que sintetiza, organiza y hace conscientes las formas
de lucha de las clases revolucionarias que aparecen de por sí en el curso del
movimiento. Enemigo absoluto de toda fórmula abstracta, de toda receta
doctrinaria, el marxismo exige atención a la lucha de masas qué está empeñada, lucha que da origen a métodos de defensa y
ataque más nuevos y diversos cada día en la medida que el movimiento se va
extendiendo, en la medida que aumenta la conciencia de las masas y se acentúan
las crisis económicas y políticas. Por eso el marxismo no rechaza de plano
ninguna forma de lucha. El marxismo en ningún caso se limita a las posibles
formas de lucha practicables y existentes sólo en un momento dado, admitiendo la inevitabilidad de que aparezcan, al
cambiar la coyuntura social, formas nuevas y
desconocidas de quienes actúan en el período dado. A este respecto, lejos
de pretender enseñar a las masas las formas de lucha inventadas por
"sistematizadores" de gabinete, aprende,
si es lícito expresarse así, de la práctica masiva. Sabemos — decía Kautsky,
por ejemplo, al examinar las formas
de la revolución social— que la próxima crisis nos aportará formas nuevas de
lucha que no podemos prever ahora.
Segundo, el marxismo exige
que el problema de las formas de lucha se enfoque desde un ángulo absolutamente
histórico. Plantearlo desvinculado de
las circunstancias históricas concretas significa no comprender el abecé del
materialismo dialéctico. En los diversos momentos de evolución económica, según
sean las diferentes condiciones políticas, las costumbres, la cultura nacional,
etc., salen a primer plano distintas formas de lucha que se hacen
preponderantes y, en relación con ellas, se modifican a su vez las formas
secundarias, accesorias. Intentar admitir o rechazar un método concreto de
lucha sin examinar detenidamente la situación concreta del movimiento de que se
trate, en el grado de desarrollo que haya alcanzado, significa abandonar por
completo el terreno del marxismo.
Estos son los dos principios
teóricos fundamentales que deben guiarnos. La historia del marxismo en Europa
Occidental nos ofrece innumerables ejemplos corroborativos de lo dicho. La
socialdemocracia europea tiene en el momento actual el parlamentarismo y el
movimiento sindical por las formas de lucha principales; en el pasado admitía
la insurrección, y está muy dispuesta a admitirla en el porvenir si la
situación cambia, pese a la opinión de los
burgueses liberales como los
demócratas constitucionalistas y los "sin título"149 rusos. La socialdemocracia negaba en la década del 70 la huelga
general como panacea de la sociedad, como medio para derrocar de golpe a la
burguesía por vía no política, pero admite plenamente la huelga política masiva
(sobre todo después de la experiencia rusa de 1905) como uno de los métodos de
lucha, indispensable en ciertas condiciones. La socialdemocracia, que en la
década del 40 del siglo XIX admitía la lucha de barricadas en las calles, y la
rechazaba, basándose en datos concretos, a fines del siglo XIX, ha declarado
que está dispuesta por completo a revisar este último criterio y admitir la
conveniencia de tal lucha después de la experiencia de Moscú, que ha dado origen,
según Kautsky, a una nueva táctica de barricadas.
II
Una vez sentadas las tesis
generales del marxismo sobre este problema, pasamos a la revolución rusa.
Recordemos el desarrollo histórico de las formas de lucha que ella ha hecho
aparecer. Primero, las huelgas económicas de los obreros (1896-1900); después,
las manifestaciones políticas de obreros y estudiantes (1901-1902), las
revueltas campesinas (1902), el comienzo de las huelgas políticas masivas
combinadas de distinta manera con las manifestaciones (Rostov en 1902, las
huelgas del verano de 1903, el 9 de enero de 1905),150 la huelga política en toda Rusia con casos locales de combates
de barricadas (octubre de 1905), la lucha masiva de barricadas y la
insurrección armada (diciembre de 1905), la lucha parlamentaria: pacífica
(abril-junio de 1906), los alzamientos militares parciales (junio de 1905-julio
de 1906), las sublevaciones parciales de campesinos (otoño de 1905-otoño de
1906).
110
Tal es el estado de cosas,
en el otoño de 1906 desde el punto de vista de las formas de lucha en general.
La forma de lucha con que la autocracia "contesta" son los pogromos a
cargo de las centurias negras, empezando por el de Kishiniov en la primavera de
1903 y acabando con el de Siedlce en el otoño de 1906.151 Durante todo este período, la organización de pogromos y
palizas a hebreos, estudiantes, revolucionarios y obreros conscientes no deja
de progresar y perfeccionarse, agregándose a la violencia de la chusma
sobornada la violencia de las tropas ultrarreaccionarias, llegándose hasta el
empleo de la artillería en pueblos y ciudades en combinación con expediciones
punitivas, trenes de represión, etc.
Tal es el fondo esencial del
cuadro. Sobre este fondo resalta —sin duda como algo particular, secundario,
derivado— un fenómeno a cuyo estudio y enjuiciamiento dedicamos el presente
artículo. ¿Qué fenómeno es éste? ¿Cuáles son sus formas, sus causas, la fecha
de su aparición y el grado de su difusión? ¿Cuál es su trascendencia en la
marcha general de la revolución? ¿Cuál su relación con la lucha de la clase
obrera, lucha organizada y dirigida por la
![]()
149 Sobre los demócratas constitucionalistas véase la nota 11. Los "sin título": grupo semimenchevique
y semidemócrata constitucionalista de los intelectuales burgueses rusos formado
al comenzar el período de descenso de la revolución de 1905-1907. Tomó su
nombre del semanario político Bez
Zaglavia ("Sin título"), que se editó de enero a mayo de 1906 en
San Petersburgo, luego los miembros de este grupo se reunieron en torno al
periódico de los demócratas constitucionalistas de izquierda Továrisch.
Encubriéndose con su
imparcialidad formal, los "sin título" defendían las ideas del
liberalismo burgués y del oportunismo y apoyaban a los revisionistas de la
socialdemocracia rusa e internacional.
150 Véase la nota 14.
151 Pogromo de Kishiniov: uno de los pogromos hebreos más cruentos de la Rusia zarista,
organizado por el ministro del Interior V. Pleve en abril de 1903. Como
resultado del pogromo hubo varios centenares de personas muertas y heridas y se
destruyeron y saquearon más de mil apartamentos.
El
pogromo hebreo de Siedlce fue
organizado a fines de agosto de 1906. La ciudad fue cañoneada y ametrallada,
resultando muertos y heridos centenares de personas.
socialdemocracia? Estas son
las preguntas que debemos dilucidar ahora, después de haber bosquejado el fondo
general del cuadro.
El fenómeno que nos interesa
es la lucha armada. Sostienen esta lucha individuos sueltos y pequeños grupos.
Una parte milita en las organizaciones revolucionarias; otra parte (la mayor en ciertos sitios de Rusia), no
está encuadrada en ninguna organización revolucionaria.
La lucha armada persigue dos fines diversos,
que es preciso distinguir rigurosamente:
primero, se orienta a la eliminación física de algunos individuos, jefes y subalternos de la policía y del
ejército; segundo, a la confiscación de los fondos pertenecientes al gobierno y
a ciertos particulares. Una parte de las sumas confiscadas va al partido, otra
parte se dedica especialmente al armamento y a la preparación de la
insurrección, y otra, al mantenimiento de los que sostienen la lucha que explicamos.
Las grandes expropiaciones (la del Cáucaso, de más de 200.000 rublos; la de
Moscú, de 875.000 rublos) estaban destinadas precisamente a los partidos
revolucionarios ante todo; las pequeñas expropiaciones sirven ante todo, y a
veces por entero, para el mantenimiento de los "expropiadores". No
cabe duda de que esta forma de lucha se ha desplegado y extendido mucho tan
sólo en 1906, es decir, después de la insurrección de diciembre. El
agravamiento de la crisis política hasta llegar a lucha armada y, sobre todo,
el aumento de la miseria, del hambre y del paro en aldeas y ciudades son unas
de las causas importantes que han dado lugar a la lucha que describimos. El
hampa, el "lumpenproletariado" y los grupos anarquistas han adoptado
esta forma como la principal y hasta exclusiva de lucha social. Deben
conceptuarse de formas de lucha empleadas en "respuesta" por la
autocracia la declaración del estado de guerra, la movilización de más tropas,
el desencadenamiento de pogromos por las centurias negras (Siedlce) y la
instrucción de procesos en consejo de guerra sumarísimo.
III
El juicio que se emite
habitualmente sobre la lucha en cuestión se reduce a lo siguiente: esto es
anarquismo, blanquismo,152 el antiguo terrorismo, éstos son actos
de individuos sueltos, desligados de las masas, que desmoralizan a los obreros,
que apartan de ellos a los amplios sectores de la población, que desorganizan
el movimiento, que perjudican a la revolución. En las noticias diarias de los
periódicos se encuentran sin dificultad ejemplos confirmativos de este
razonamiento.
Pero ¿son convincentes esos
ejemplos? Tomemos, para comprobarlo, la zona donde esa forma de lucha está más desarrollada: el país letón. Veamos
en qué términos se lamenta, entre el 9 y el 12 de septiembre, de la actividad
de la socialdemocracia letona el periódico Nóvoie
Vremia.153 El Partido Obrero Socialdemócrata Letón
(sección del Partido Obrero Socialdemócrata
de Rusia) publica normalmente su periódico, con una tirada de 30.000
ejemplares;154 en la sección oficial se insertan
listas de confidentes cuya supresión constituye
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152 Véase la nota 45.
153 Nóvoie Vremia ("Tiempos Nuevos"): diario publicado en San
Petersburgo desde 1868 hasta 1917; perteneció a distintos editores y cambiaba
reiteradamente de orientación política. Al principio era de tendencia liberal
moderada; pero desde 1876 pasó a ser órgano de los círculos reaccionarios de la
nobleza y de la burocracia. Desde 1905, órgano de las centurias negras.
154 El
Partido Obrero Socialdemócrata Letón se fundó en junio de 1904 en el I Congreso del partido. En
1905-1907 dirigió la lucha revolucionaria de los obreros.
En el IV Congreso (de Unificación), celebrado en 1906, entró en
el POSDR como organización territorial. Después del congreso empezó a llamarse
Socialdemocracia del País Letón.
Se alude al periódico "Zihna" ("Cina") ("La Lucha"), órgano central de la
socialdemocracia letona; se fundó en marzo de 1904. Apareció ilegalmente en
Riga con grandes intervalos hasta agosto de 1909 y, luego, en el extranjero. A
partir de abril de 1917, Zihna fue un periódico legal y se editaba en
Petrogrado, Riga y otras ciudades; y desde agosto de 1919, luego de la victoria
temporal de la contrarrevolución en Letonia, volvió a publicarse
clandestinamente en Riga.
un deber para cada persona
honrada; los que ayudan a la policía son declarados "enemigos de la
revolución" que deben ser ejecutados y responder, además, con sus bienes;
se manda a la población que no entregue para el Partido Socialdemócrata más que
contra recibo acuñado; en el último informe del partido figuran, entre los
48.000 rublos de ingreso del año, 5.600 rublos de la sección de Libava
destinados a la compra de armas y procurados por expropiación. Como se puede
comprender, Nóvoie Vremia lanza rayos
y centellas contra esta "legislación revolucionaria", contra este
"gobierno terrible".
Nadie se atreverá a
calificar de anarquismo, ni de blanquismo, ni de terrorismo estos actos de los
socialdemócratas letones. ¿Por qué? Porque en este caso, es evidente el nexo
entre la nueva forma de lucha y la insurrección que estalló en diciembre y se avecina
de nuevo. Respecto a toda Rusia, este nexo no es tan evidente, pero existe. La
propagación de la lucha de "guerrillas", precisamente después de
diciembre, y su nexo con la agravación de la crisis no sólo económica, sino
también política, son innegables. El viejo terrorismo ruso era obra del
intelectual conspirador; ahora, quien sostiene la lucha de guerrillas es, por
regla general, el obrero aguerrido o simplemente sin trabajo. Los vocablos
blanquismo y anarquismo acuden con facilidad a la imaginación de los
aficionados a los clisés; pero, en el ambiente insurreccional que se respira
con tanta evidencia en el país letón, salta a la vista que estos remoquetes
aprendidos a fuerza de repetirlos no tienen ningún valor.
111
El ejemplo de los letones
patentiza la falsedad completa, el carácter anticientífico y antihistórico del
análisis que tan a menudo se hace entre nosotros de la guerra de guerrillas
desvinculada del ambiente insurreccional. Hay que tener en cuenta este ambiente,
meditar en las peculiaridades de las transiciones de unos a otros actos grandes
de la insurrección, comprender qué formas de lucha surgen necesariamente como
consecuencia de ello, y no salir del paso con una retahíla de palabras
aprendidas a fuerza de repetirlas que emplean por igual los demócratas
constitucionalistas y Nóvoie Vremia:
¡anarquía, pillaje, hampa!
El guerrillear, se dice,
desorganiza nuestra labor. Apliquemos este razonamiento a la situación que se
dio después de diciembre de 1905, al período de los pogromos desatados por las
centurias negras y de las declaraciones del estado de guerra. ¿Qué desorganiza
más el movimiento en tales períodos:
la falta de resistencia o la lucha organizada de los guerrilleros? Comparad la
Rusia Central con sus zonas periféricas del Oeste, con Polonia y el país letón.
Es indudable que la lucha de guerrillas está más extendida y desarrollada en
estas zonas occidentales. Tampoco cabe duda de que el movimiento revolucionario
en general, y el movimiento socialdemócrata en particular, están más desorganizados en la Rusia Central
que en las zonas del Oeste. Por supuesto, ni siquiera se nos ocurre deducir que
si los movimientos socialdemócratas polaco y letón están menos desorganizados
es gracias a la guerra de guerrillas. No. La única conclusión que se desprende
de ello es que la guerra de guerrillas no tiene que ver nada en la desorganización
del movimiento obrero socialdemócrata de la Rusia de 1906.
Se invoca a menudo la
peculiaridad de las condiciones nacionales; pero esto delata con singular
evidencia la endeblez de la argumentación en boga. Si la causa está en las
condiciones nacionales, la culpa no es del anarquismo, ni del blanquismo, ni
del terrorismo
—pecados comunes a toda
Rusia e incluso específicamente rusos—, sino de algo diferente. ¡Analicen en concreto este algo diferente,
señores! Y entonces verán que la opresión o el antagonismo nacionales no
explican nada, pues siempre han existido en las zonas periféricas occidentales,
mientras que la lucha de guerrillas es allí producto sólo del período histórico
actual. Hay muchas zonas donde existen opresión y antagonismo nacionales, pero
no lucha de guerrillas, que se despliega a veces sin que se dé la menor
opresión nacional. Un análisis
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Después de proclamarse el Poder
soviético en Letonia en junio de 1940, pasó a ser órgano del CC del Partido
Comunista de Letonia y del Soviet Supremo de la RSS de Letonia.
concreto de la cuestión
probará que la causa no está en el yugo nacional, sino en las condiciones de la
insurrección. La lucha de guerrillas es una forma inevitable de lucha cuando el
movimiento de masas ha llegado ya realmente a la insurrección y cuando se dan
treguas más o menos prolongadas entre las "grandes batallas" de la
guerra civil.
No es el guerrillear lo que
desorganiza el movimiento, sino la debilidad del partido, que no sabe asumir la
dirección de las guerrillas. He aquí por qué los anatemas habituales entre
nosotros, los rusos, contra las guerrillas coinciden con acciones secretas,
accidentales, no organizadas de las mismas que, en realidad, desorganizan el
partido. Incapaces de comprender las condiciones históricas que originan está
lucha, somos también incapaces de contrarrestar sus aspectos negativos.
Entretanto, la lucha continúa. La provocan poderosos factores económicos y
políticos. No tenemos fuerza para suprimir estos factores ni evitar esta lucha.
Nuestras quejas del guerrilleo son quejas contra la debilidad de nuestro
partido en materia de insurrección.
Lo que hemos dicho de la
desorganización se refiere igualmente a la desmoralización. No es la guerra de
guerrillas lo que desmoraliza, sino la
falta de organización, de orden y de filiación política de las guerrillas.
El censurar e imprecar el guerrilleo no nos libra, ni mucho menos, de esta
innegabilísima desmoralización, pues las censuras e imprecaciones son
absolutamente impotentes para detener un fenómeno debido a causas económicas y
políticas profundas. Se nos objetará que la incapacidad para detener un
fenómeno anormal y desmoralizador no es razón para que el partido adopte procedimientos de lucha anormales y
desmoralizadores. Pero tal objeción sería burguesa liberal en puridad, y no
marxista, pues un marxista no puede considerar anormales y desmoralizadoras en
general la guerra civil o la guerra de guerrillas, que es una de sus formas. El
marxista pisa el terreno de la lucha de clases, y no el de la paz social. En
ciertos períodos de crisis económicas y políticas graves, la lucha de clases
llega en su desarrollo a transformarse en guerra civil abierta, es decir, en
lucha armada entre dos partes del pueblo. En tales períodos, el marxista está obligado a pisar el terreno de la
guerra civil. Toda condena moral de la guerra civil es inadmisible de todo
punto según el criterio del marxismo.
112
En una época de guerra
civil, el partido ideal del proletariado es un
partido beligerante. Esto es incontrovertible en absoluto. Admitimos por
entero que, según el criterio de la guerra civil, se puede demostrar, y se
demuestra en realidad, la inconveniencia
de tales o cuales formas de guerra civil en uno u otro momento. Admitimos
plenamente la crítica de las diversas formas de guerra civil desde el punto de
vista de la conveniencia militar y
estamos de acuerdo sin reservas en qué, en esta cuestión llevan la voz cantante
los militantes activos socialdemócratas de cada localidad. Pero, en nombre de
los principios del marxismo, exigimos absolutamente que nadie se limite en el
análisis de las condiciones de la guerra civil a tópicos sobre el anarquismo,
el blanquismo y el terrorismo; que de los absurdos procedimientos empleados en
la guerra de guerrillas en cierto momento por cierta organización del Partido
Socialista Polaco155 no se haga un espantajo contra la
participación de la socialdemocracia en la guerra de guerrillas en general.
Hay que acoger con espíritu
crítico los argumentos de que la causa de la desorganización del movimiento es
la guerra de guerrillas. Toda forma
nueva de lucha, que trae aparejada nuevos peligros y nuevos sacrificios,
"desorganiza" indefectiblemente las organizaciones no preparadas para
esta nueva forma de lucha. El paso a la agitación desorganizó nuestros antiguos
círculos de propagandistas. Más tarde, el paso a las manifestaciones
desorganizó nuestros comités. En toda guerra, cualquier operación lleva cierto
desorden a las filas de los
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155 Véase la nota 90.
beligerantes. De esto no
debe deducirse que no se ha de combatir. Debe deducirse que se ha de aprender a combatir. Y nada más.
Cuando veo a
socialdemócratas que declaran con arrogancia y suficiencia: nosotros no somos
anarquistas, ni atracadores, ni malhechores; estamos por encima de todo eso,
rechazamos la guerra de guerrillas, me pregunto: ¿comprenderá esa gente lo que
dice? Por todo el país hay escaramuzas y refriegas armadas entre el gobierno
ultrarreaccionario y la población. Es un fenómeno absolutamente inevitable en
la fase actual de desarrollo de la revolución. La población reacciona ante este
fenómeno de una manera espontánea, sin organizarse —y, precisamente por eso, en
formas a menudo poco afortunadas y malas—,
también mediante escaramuzas y ataques armados. Convengo en que, debido a la
debilidad o a la falta de preparación de nuestra organización, podemos
renunciar, en un lugar y en un momento dado, a poner esta lucha espontánea bajo
la dirección del partido. Convengo en que deben resolver esta cuestión los
militantes activos de tal lugar y en que la transformación de organizaciones
débiles y poco preparadas no es cosa fácil. Pero cuando veo a un teórico o a un
publicista de la socialdemocracia que, en vez de apenarse por esta falta de
preparación, repite con arrogante suficiencia y entusiasmo narcisista las
frases sobre el anarquismo, el blanquismo y el terrorismo aprendidas en su
primera juventud a fuerza de repetirlas, me da mucha pena ver vejada la
doctrina más revolucionaria del mundo.
Se dice que la guerra de
guerrillas aproxima el proletariado consciente a la categoría de los hampones
degradados y entregados a la bebida. Es cierto. Pero de aquí sólo se desprende
que el partido del proletariado jamás puede considerar que la guerra de guerrillas
es el único método de lucha, ni siquiera el principal; que este método debe
estar subordinado a los otros, debe guardar proporción con los métodos
esenciales de lucha y estar ennoblecido por la influencia ilustrativa y
organizadora del socialismo. Sin esta
última condición, todos, absolutamente todos los métodos de lucha empleados en
la sociedad burguesa aproximan al proletariado a los diversos sectores no
proletarios, situados por encima o por debajo de él, y, abandonados al curso
espontáneo de los acontecimientos, se descomponen, se pervierten, se
prostituyen. Las huelgas, abandonadas al capricho de los acontecimientos,
degeneran en "alianzas", en transacciones entre patronos y obreros contra el consumidor. El Parlamento
degenera en una casa de mujeres públicas en la que una banda de politicastros
burgueses hace, al por mayor y al por menor, la trata de la "libertad
popular", del "liberalismo", de la "democracia", del
republicanismo, del anticlericalismo, del socialismo y otras tantas mercancías
de fácil colocación. La prensa se transforma en alcahueta barata, en
instrumento de perversión de las masas, de burdo halago de los bajos instintos
de la chusma, etc., etc. La socialdemocracia no conoce métodos de lucha universales
que separen al proletariado con una muralla china de los sectores situados algo
más arriba o algo más abajo de él. La socialdemocracia emplea distintos métodos
en los diversos períodos, adaptando siempre su aplicación a condiciones rigurosamente determinadas por la
doctrina y la organización*.
* Se acusa frecuentemente a los
socialdemócratas bolcheviques de frivolidad y pasión por la guerra de
guerrillas. No estará de más recordar, por tanto, que en el proyecto de
resolución sobre las acciones de guerrilla (Partinie Izvestia, núm. 2156 e informe de Lenin acerca del congreso)157, el grupo de bolcheviques que las defiende ha puesto las
condiciones siguientes para su
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156 Partinie
Izvestia
("Noticias del Partido"): periódico ilegal, órgano del CC unificado
del POSDR, fundado después de la fusión del CC bolchevique y la Comisión de
Organización menchevique. Se publicó en vísperas del IV Congreso (de
Unificación) del partido. Salieron en total dos números (en febrero y marzo de
1906).
157 Se trata del "Informe sobre el Congreso de Unificación del
POSDR (Carta a los obreros petersburgueses)".
El IV Congreso (de Unificación) del POSDR se celebró en Estocolmo en abril de
1906. Tenían mayoría en él los mencheviques, lo cual se explicaba porque
numerosas organizaciones bolcheviques del partido que encabezaban las acciones
armadas de las masas fueron derrotadas y no pudieron enviar a delegados suyos.
En el congreso se desplegó una sañuda lucha en torno a los problemas debatidos
entre bolcheviques y mencheviques. Lenin pronunció informes y discursos sobre
el problema agrario, enjuició la situación de entonces y las tareas de clase
del proletariado y habló de la actitud ante la Duma de Estado, de la
insurrección armada y de otros problemas; participó en la comisión de redacción
del proyecto de Estatutos del POSDR. La superioridad numérica de los mencheviques
en el congreso
aprobación: que no haya, en
absoluto, "expropiaciones" de bienes privados; que no se recomienden
las "expropiaciones" de bienes del Estado y se toleren sólo, bajo el
control del partido, las transferencias de fondos para las necesidades de la
insurrección. Que se recomienden los actos de guerrilla en forma de terrorismo
individual contra los opresores integrantes del gobierno y los elementos
activos de las centurias negras, pero siempre que: 1) se tenga en cuenta el
estado de ánimo de las grandes masas; 2) se tomen en consideración las
circunstancias en que se desenvuelve el movimiento obrero local; 3) se procure
no dilapidar inútilmente las fuerzas del proletariado. La diferencia práctica
entre este proyecto y la resolución aprobada en el Congreso de Unificación
consiste exclusivamente en que no se toleran las "expropiaciones" de
bienes del Estado.
113
IV
Las formas de lucha de la
revolución rusa, comparadas con las que se registraron en las revoluciones
burguesas de Europa, se distinguen por su extraordinaria variedad. Kautsky lo
había previsto en parte cuando decía en 1902 que la futura revolución (y agregaba:
salvo, acaso, en Rusia) sería no tanto una lucha del pueblo contra el gobierno
como una lucha entre dos partes del pueblo. En Rusia vemos que esta segunda lucha toma indudablemente más
amplitud que en las revoluciones burguesas de Occidente. Los enemigos de
nuestra revolución son poco numerosos entre el pueblo; pero, en la medida que
la lucha se encona, ellos se organizan más y más y cuentan con el apoyo de los
sectores reaccionarios de la burguesía. Es, pues, completamente natural e
inevitable que en una época semejante,
en una época de huelgas políticas de todo el pueblo, la insurrección no pueda revestir la antigua forma de actos sueltos
limitados a un lapso muy breve y a una extensión muy reducida. Es completamente
natural e inevitable que la insurrección tome formas más elevadas y complejas,
las formas de guerra civil prolongada que abarque a todo el país, es decir, de
una lucha armada entre dos partes del pueblo. Esta guerra no se puede concebir
de otra manera que como una sucesión de pocas batallas grandes, separadas por
treguas de relativa duración y jalonadas por multitud de pequeñas escaramuzas a
lo largo de estas treguas. Si eso es así
—y así es sin ningún género
de dudas—, la socialdemocracia debe plantearse la misión de constituir
organizaciones que sean lo más idóneas posible para dirigir a las masas en esas
grandes batallas y, hasta donde se pueda, en estas pequeñas escaramuzas. En la
época en que la lucha de clases se exacerba tanto que llega a convertirse en
guerra civil, la socialdemocracia debe proponerse no sólo tomar parte en esta guerra civil, sino desempeñar la
función dirigente en ella. Debe educar y preparar a sus organizaciones de
suerte que obren efectivamente como parte
beligerante, sin perder ocasión de causar daños a las fuerzas del
adversario.
Ni que decir tiene que la
tarea es difícil, que no se puede cumplir de la noche a la mañana. Para
cumplirla, lo mismo que todo el pueblo se reeduca e instruye en la lucha a lo
largo de la guerra civil, nuestras organizaciones deben educarse y reorganizarse
con los datos obtenidos de la experiencia.
No tenemos la menor
pretensión de imponer a los militantes activos una forma de lucha cualquiera
inventada por nosotros, ni siquiera resolver, desde nuestro despacho la
cuestión del papel que una u otra forma de guerra de guerrillas pueda
desempeñar en el curso general de la guerra civil en Rusia. Nada más lejos de
nosotros que la idea de ver en el enjuiciamiento concreto de una u otra acción
de guerrilla un problema de tendencia en la socialdemocracia.
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determinó el carácter de los
acuerdos del mismo. Tras tenaz lucha, el congreso aprobó las resoluciones
mencheviques sobre la Duma de Estado y la insurrección armada y adoptó el
programa agrario de los mencheviques.
El congreso entró en la
historia del partido como el Congreso de Unificación del POSDR. Pero la
unificación no dejó de ser formal. En realidad, mencheviques y bolcheviques
tenían opiniones y plataformas distintas sobre problemas importantísimos de la
revolución, constituyendo en la práctica dos partidos. La lucha en el congreso
descubrió ante las masas del partido el contenido y la profundidad de las
discrepancias de principio entre bolcheviques y mencheviques.
Pero creemos que nuestra
misión es contribuir en la medida de nuestras fuerzas a justipreciar en teoría las formas nuevas de lucha que
da la vida; creemos que nuestra misión es combatir sin piedad la rutina y los prejuicios que impiden a los obreros
conscientes plantear con tino esta nueva y difícil cuestión y abordar como es
debido su solución.
Publicado el 30 de
septiembre de 1906 en el núm. 5 de "Proletari".
T. 14, págs. 1-12.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
114
PREFACIO A LA TRADUCCIÓN RUSA DE LAS CARTAS DE C. MARX A L.
KUGELMANN.
Al editar en un folleto la
recopilación completa de las cartas de Marx a Kugelmann, publicadas en el
semanario socialdemócrata alemán Neue
Zeit,158 nos proponemos dar a conocer más de
cerca al público ruso a Marx y el marxismo. En la correspondencia de Marx
ocupan un lugar destacado, como era de esperar, sus asuntos privados. Para un
biógrafo, todo esto son noticias muy valiosas. Mas para el gran público en
general, y para la clase obrera de Rusia en particular, son de una importancia
infinitamente mayor los pasajes de las cartas que contienen datos de carácter
teórico y político. En nuestro país precisamente, en la época revolucionaria
que vivimos, es muy instructivo calar en los datos evidenciadores de cómo Marx
se hacía eco inmediato de todos los problemas del movimiento obrero y de la
política mundial. Asiste toda la razón a la redacción de Neue Zeit cuando
afirma que “nos enaltece el conocer a aquellos hombres cuyas ideas y voluntad
se formaron en el ambiente de las grandes revoluciones”. En 1907 es doblemente
necesario para los socialistas rusos el conocerlos, ya que eso les proporciona
infinidad de enseñanzas valiosísimas acerca de las tareas inmediatas de los
socialistas en todas las revoluciones, cualesquiera que sean las que conmuevan
a su país. Rusia atraviesa precisamente en nuestros días por una “gran
revolución”. La política seguida por Marx en los años 60, relativamente
turbulentos, debe servir con muchísima frecuencia, de modelo palmario para la
política socialdemócrata en la actual revolución rusa.
Nos permitiremos señalar,
pues, con la mayor brevedad los pasajes de especial importancia teórica de la
correspondencia de Marx y examinar con más detenimiento su política
revolucionaria de representante del proletariado.
Desde el punto de vista de
la comprensión mejor y más profunda del marxismo ofrece notable interés la
carta del 11 de julio de 1868. Marx expone en ella con extraordinaria claridad,
en forma de polémica contra los economistas vulgares, el concepto que él tenía
de la llamada teoría del valor “trabajo”. Marx analiza en esta carta con
sencillez, concisi ón y suma claridad precisamente las objeciones a su teoría
del valor que acuden de la manera más natural a la mente de los lectores de El Capital menos preparados y que, por
lo mismo, son recogidas con el mayor celo por los mediocres representantes de
la “ciencia” burguesa “de cátedra”. Marx explica en esta carta el camino que él
tomó y es necesario tomar para comprender la ley del valor. Enseña, poniendo
como ejemplos, las objeciones más corrientes que le hacen, cuál es el método suyo. Descubre la relación
existente entre un problema tan teórico y abstracto en puridad (al parecer),
como es el de la teoría del valor, y “los intereses de las clases dominantes”,
que exigen “se perpetúe la confusión”.
Nos resta desear que cuantos se inicien en el estudio de Marx y en la lectura
de El Capital, lean y relean la carta
aludida por nosotros y estudien al paso los primeros y más difíciles capítulos
de El Capital.
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158 "Die Neue Zeit" ("Tiempos Nuevos"): revista teórica
del Partido Socialdemócrata Alemán que apareció en Stuttgart de 1883 a 1923.
Colaboraron en ella destacados líderes del movimiento obrero alemán e
internacional de fines del siglo XIX y comienzos del XX: A. Bebel, G.
Liebknecht, R. Luxemburgo, F. Mehring, C. Zetkin, P. Lafargue, J. Plejánov y
otros. Desde la segunda mitad de los años noventa, después de fallecer Engels,
en la revista se insertaron regularmente artículos de revisionistas, incluida
una serie de artículos de E. Bernstein con el título de Problemas del
socialismo, con la que los revisionistas inauguraron una campaña contra el
marxismo.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
Otros pasajes de las cartas,
interesantes en especial, desde el punto de vista teórico, son las opiniones
que Marx tenía de diversos autores. Cuando uno lee estos juicios de Marx,
escritos con amenidad y llenos de pasión, que revelan el inmenso interés de
Marx por todas las grandes tendencias ideológicas y por analizarlas, le da la
impresión de que está oyendo hablar al genial pensador. Además de las opiniones
exteriorizadas de paso sobre Dietzgen, merece especial atención de los lectores
el juicio emitido sobre los proudhonistas.159 La
“brillante” juventud intelectual, procedente de las filas de la burgues ía, que
se precipita “hacia el proletariado” en los períodos de efervescencia social,
pero que es incapaz de identificarse con el punto de vista de la clase obrera y
de trabajar encuadrada en las organizaciones proletarias, acatando su
disciplina, está pintada con unos cuantos trazos de un esplendor asombroso.160
Contienen estas cartas la
opinión que Dühring mereció a Marx,161
opinión que parece presagiar el Anti-Dühring,
la famosa obra de Engels escrita (en colaboración con Marx) nueve años más
tarde. Existe una traducción rusa de dicha obra, hecha por Tsederbaum, que, por
desgracia, además de omisiones, contiene errores y es francamente mala. Hay a
continuación un juicio crítico sobre Thünen que se refiere exactamente igual a
la teoría de la renta de Ricardo.162 Marx
rebatía ya con denuedo por entonces, en 1868, los “errores de Ricardo” y los
refutó definitivamente en el tercer tomo de El
Capital, aparecido en 1894, errores repetidos hasta hoy día por los
revisionistas, desde nuestro ultraburgués e incluso ultrarreaccionario señor
Bulgákov hasta el “casi ortodoxo” Máslov.
Es interesante asimismo la
opinión que Marx tenía de Büchner, del materialismo vulgar y de la “palabrería
superficial” que éste copió de Lange (¡fuente usual de la filosofía burguesa
“de cátedra”!).163
115
Veamos ahora la política
revolucionaria de Marx. En Rusia ha adquirido una difusión asombrosa entre los
socialdemócratas cierta noción pequeñoburguesa del marxismo, según la cual el
período revolucionario constituye, con sus formas especiales de lucha y con las
tareas particulares del proletariado, casi una anomalía, en tanto que la
“Constitución” y la “oposición extrema” son lo normal. Ningún país del mundo
atraviesa ahora por una crisis revolucionaria tan profunda como Rusia, y en
ningún otro país existen “marxistas” (empequeñecedores y vulgarizadores del
marxismo) que sean tan escépticos y filisteos en cuanto a la revolución. ¡Del
hecho de que el contenido de la revolución sea burgués, en nuestro país se saca
la conclusión trivial de que la burguesía es el motor de la revolución, de que las tareas del proletariado en la
misma son auxiliares, no independientes, y de que es imposible que el
proletariado dirija la revolución!
¡Cómo denuncia Marx en sus
cartas a Kugelmann esta vulgar interpretación del marxismo! He aquí la carta
del 6 de abril de 1866. Marx había concluido por entonces su obra principal.
Había emitido ya su opinión definitiva sobre la revolución alemana de 1848
catorce años antes de que fuese escrita esta carta.164 Marx mismo refutó en 1850 sus ilusiones socialistas sobre la
proximidad, en 1848, de la revolución socialista.165 Y en 1866, cuando empezó a ver las nuevas crisis políticas, que
se avecinaban, escribió:
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159 Véase la nota 96.
160 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 9 de octubre de
1866.
161 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 6 de marzo de 1868.
162 Véase la carta de C. Marx aL. Kugelmann del 6 de marzo de 1868.
163 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 5 de diciembre de
1868.
164 Se alude al trabajo de F. Engels Revolución y contrarrevolución en Alemania (Véase también la nota
143).
165 Véase C. Marx y F. Engels: Tercer
comentario internacional. De mayo a octubre.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
“¿Comprenderán al fin
nuestros filisteos (se trata de los liberales burgueses de Alemania) que sin
una revolución que barra a los Habsburgo y Hohenzollern, las cosas llevar en
fin de cuentas, a una nueva Guerra de los Treinta Años?...166 167
Ni la más pequeña ilusión en
que la revolución inmediata (que se llevó a cabo desde arriba y no desde abajo,
como esperaba Marx) barriese a la burguesía y al capitalismo. La expresión más
clara y precisa de que esta revolución no haría más que barrer a las monarquías
prusiana y austriaca. ¡Pero qué fe en esta revolución burguesa! ¡Qué pasión
revolucionaria de luchador proletario que comprendía el inmenso papel de la
revolución burguesa para el avance del movimiento socialista!
Tres años más tarde, en
vísperas de la bancarrota de imperio napoleónico en Francia, al señalar la
existencia de un movimiento social “muy interesante”, Marx dijo con verdadero entusiasmo que “los
parisienses, en efecto, comienzan a estudiar su reciente pasado revolucionario
con vistas a prepararse para la nueva lucha revolucionaria que se avecina”. Y,
tras descubrir la lucha entre las clases que se puso de manifiesto al enjuiciar
ese pasado, Marx concluyó: “¡Hierve a todo vapor la caldera de la maga Historia!
¡Cuándo llegaremos nosotros (en
Alemania) a ese punto!”168
Eso es lo que deberían
aprender de Marx los intelectuales marxistas de Rusia, relajados por el
escepticismo, embobecidos por la pedantería y propensos a las palabras de
arrepentimiento, esos intelectuales que se cansan pronto de la revolución y
sueñan en su entierro, como si fuese una fiesta, para sustituirla con la prosa
constitucional. Deberían aprender del jefe y teórico de los proletarios a tener
fe en la revolución, a saber llamar a la clase obrera a que defienda hasta el
fin sus tareas revolucionarias inmediatas y mantenga firme el espíritu, lo que
no da lugar a los lloriqueos pusilánimes ante los reveses temporales de la
revolución.
Los pedantes del marxismo
piensan que todo esto es verborrea ética, romanticismo, falta de sentido
realista. ¡No, señores! Esto es saber unir la teoría revolucionaria con la
política revolucionaria, pues sin esta unión el marxismo se convierte en
brentanismo, en struvismo, en sombartismo169. La
doctrina de Marx fundió en un todo indisoluble la teoría y la práctica de la
lucha de las clases. Y no es marxista quien, para justificar el estado de cosas
existente, deforma una teoría que deja serena constancia de la situación
objetiva, llegando a querer amoldarse cuanto antes a cada descenso temporal de
la revolución, a abandonar lo antes posible las “ilusiones revolucionarias” y
dedicarse a pequeñeces “reales”.
Marx sabía palpar la
proximidad de la revolución y hacer comprender al proletariado sus tareas
revolucionarias de vanguardia en las épocas más pacíficas, que podrían parecer,
según expresión suya, “idílicas” o “de estancamiento desconsolador” (según la redacción
de Neue Zeit). Pero nuestros
intelectuales rusos, que simplifican a Marx como filisteos, ¡aconsejan al proletariado, en el período culminante
de la revolución, que siga una política de inactividad,
![]()
166
La Guerra de los Treinta Años de 1618 a
1648: guerra
general europea. Fue debida a la exacerbación de las contradicciones entre
distintos grupos de Estados europeos y adquirió la forma de lucha entre
protestantes y católicos. Alemania, palestra principal de esta lucha, fue
objeto de la expoliación militar y de las pretensiones anexionistas de los
beligerantes. La guerra terminó en la firma de la paz de Westfalia, que
refrendó la desmembración política de Alemania.
167 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann
del 6 de abril de 1866.
168 Véase la carta de C. Marx aL. Kugelmann del 3 de marzo de 1869.
169 Brentallismo, véase la nota 59.
Struvismo o "marxismo legal", véase la nota 20.
"Sombartismo, corriente burguesa liberal que debe su nombre al
economista vulgar alemán V. Sombart, uno de los ideólogos del liberalismo
burgués. Lenin escribió que Sombart sustituía "el marxismo con el
brentanismo empleando la terminología de Marx, remitiéndose a ciertos asertos
de Marx y disfrazándose de marxismo".
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
que se deje llevar
dócilmente “por la corriente”, que apoye con timidez a los elementos más
vacilantes del partido liberal de moda!
La apreciación que Marx hace
de la Comuna corona sus cartas a Kugelmann. Esta apreciación enseña mucho,
sobre todo, si la comparamos con los métodos empleados por los socialdemócratas
rusos del ala derecha. Plejánov, que después de diciembre de 1905 exclamó con
pusilanimidad: “¡No se debía haber empuñado las armas!”, tenía la modestia de
compararse con Marx, afirmando que también Marx frenaba la revolución en 1870.
Sí, también Marx la frenaba. Pero fíjense en el abismo que hay entre
Plejánov y Marx en la comparación hecha por el propio Plejánov.
En noviembre de 1905, un mes
antes de que llegase a su punto culminante la primera ola revolucionaria rusa,
Plejánov, lejos de prevenir resueltamente al proletariado, afirmaba sin rodeos
que era necesario aprender a manejar las
armas y armarse. Pero cuando, pasado un mes, estalló la lucha, Plejánov se
apresuró a representar el papel del intelectual arrepentido, gritando, sin
hacer análisis alguno de la importancia y función de la misma en la marcha
general de los acontecimientos y de su nexo con las formas anteriores de lucha:
“¡No se debía haber empuñado las armas!”
116
En septiembre de 1870, medio año antes de proclamarse la Comuna, Marx
advirtió expresamente a los obreros franceses, diciéndoles en el famoso
llamamiento de la Internacional170 que
la insurrección sería una locura. Marx puso al descubierto de antemano las
ilusiones nacionalistas en que el movimiento pudiera desarrollarse como en
1792. Marx supo decir muchos meses antes, y
no después de los acontecimientos: “No se debe empuñar las armas”.
Pero, ¿qué actitud mantuvo
Marx cuando esta obra desesperada,
según su propia declaración de septiembre, empezó a ponerse en práctica en
marzo de 1871? ¿Acaso aprovechó estos sucesos (como hizo Plejánov con los de
diciembre de 1905) únicamente en “detrimento” de sus adversarios, los
proudhonistas y blanquistas que dirigían la Comuna? ¿Acaso se puso a refunfuñar
como una educadora: “Ya os lo decía yo, ya os lo advertí, ahí tenéis vuestro
romanticismo, é sos son vuestros delirios revolucionarios”? ¿Ac aso Marx soltó
a los comuneros un sermón de filisteo satisfecho de sí mismo como Plejánov a
los luchadores de diciembre: “No se debía haber empuñado las armas”?
No. El 12 de abril de 1871
Marx escribió a Kugelmann una carta llena
de entusiasmo que nosotros colgaríamos con sumo placer en la casa de todos
los socialdemócratas rusos, de todos los obreros rusos que sepan leer.
Marx, que en septiembre de
1870 tildó la insurrección de locura, al ver en abril de 1871 el carácter
popular y multitudinario del movimiento, le dedica la atención superlativa del
participante en los grandes acontecimientos que implican un avance en el movimiento
revolucionario de trascendencia histórica universal.
Esto —dijo Marx— es un intento de destrozar la máquina
burocrática militar, y no simplemente de ponerla en otras manos. Y Marx canta
una verdadera loa a los “heroicos”
![]()
170 Lenin alude a la I Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores),
primera organización internacional de masas del proletariado, fundada en 1864
en una reunión de obreros de todo el mundo que se celebró en Londres, convocada
por obreros franceses e ingleses. El organizador y dirigente de la I
Internacional, el autor de su Manifiesto Inaugural, de sus estatutos y de otros
documentos programáticos y tácticos suyos fue Marx.
El órgano dirigente central de la I Internacional era el Consejo
General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, miembro permanente
del cual fue Marx. La I Internacional dirigió la lucha económica y política de
los obreros de diversos países y reforzó su solidaridad internacional. Es
inmenso el papel de la I Internacional en la difusión del marxismo y en la
unión del socialismo con el movimiento obrero. La I Internacional existió hasta
1876.
Lenin se refiere al Segundo llamamiento del Consejo General de Asociación Internacional de
los Trabajadores sobre la guerra franco— prusiana, escrito por Marx.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
obreros de París dirigidos
por proudhonistas y blanquistas. “¡Qué flexibilidad –escribe—, qué iniciativa
histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisienses!“... “La
historia no conoce todavía otro ejemplo de heroísmo semejante”.
La iniciativa histórica de las masas es lo que más aprecia Marx. ¡Oh, si nuestros
socialdemócratas rusos hubiesen aprendido de Marx a valorar la iniciativa histórica de los obreros y
campesinos rusos en octubre y diciembre de 1905!
A un lado, el homenaje a la iniciativa histórica de las masas por
parte del más profundo de los pensadores, que supo prever el fracaso con medio
año de anticipación, y al otro lado, el laso, insensible y pedantesco: “¡No se
debía haber empuñado las armas!” ¿No están acaso tan lejos como el cielo de la
tierra?
Y en su calidad de
participante en la lucha de las masas, en la que actuó con todo el entusiasmo y
toda la pasión propios de él, Marx abordó desde su exilio en Londres la tarea
de criticar los pasos inmediatos de los parisienses “valientes hasta la locura”
y “dispuestos a tomar el cielo por asalto”.
¡Oh, cómo se habrían mofado
entonces de Marx nuestros sabios “realistas” contemporáneos de entre los
marxistas que hacen trizas el romanticismo revolucionario en la Rusia de 1906 y
1907! ¡Cómo se habría burlado esta gente del materialista, del economista, del enemigo de las utopías que admira
la “tentativa” de tomar el cielo por
asalto! ¡Cuántas lagrimas, cuánta compasión o cuántas risitas condescendientes
habrían prodigado todos estos hombres enfundados171 con motivo de las tendencias amotinadora del utopismo, etc.,
etc., con motivo de semejante juicio sobre el movimiento presto a asaltar el
cielo!
Pero Marx no alcanzó la
archisabiduria de los gobios172 que
temen hablar de la técnica de las formas superiores de la lucha revolucionaria.
Analizó precisamente estas cuestiones técnicas de la insurrección. ¿Defensa u
ofensiva?, pregunta, como si las operaciones militares se desarrollasen a las
puertas de Londres. Y responde: ofensiva sin falta, “se debía haber emprendido inmediatamente la ofensiva contra Versalles...”
Esto lo escribía Marx en
abril de 1871, unas semanas antes del grande y sangriento mes de mayo...
Los insurrectos que se
lanzaron a la “demencial” obra (septiembre de 1870) de tomar el cielo por
asalto debieron haber emprendido inmediatamente la ofensiva contra Versalles”.
“No se debía haber empuñado las armas”
en diciembre de 1905 para repeler con fuerza las primeras tentativas de
arrebatar las libertades conquistadas...
¡En efecto, Plejánov no se comparó en vano con Marx!
“El segundo error —continúa
Marx su crítica de índole técnica—
consiste en que el Comité Central” (es decir, la dirección militar, tomen nota, pues se trata del CC de la Guardia
Nacional) “renunció demasiado pronto
a sus poderes...”
Marx supo prevenir a los dirigentes contra una insurrección
prematura. Pero ante el proletariado que asaltaba el cielo, adoptó la actitud
de consejero práctico, de participante en la
lucha de las masas que elevan todo el movimiento a un grado superior, a pesar de las teorías falsas y los errores de
Blanqui y Proudhon.
117
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171 Véase la nota 29.
172 El gobio sabio: tipo de pequeño burgués medroso del cuento homónimo del
satírico ruso M. Saltikov-Schedrín.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
“Comoquiera que resulte
—escribió Marx—, la insurrección de París, incluso en el caso de que la
aplasten los lobos, los cerdos y los viles perros de la vieja sociedad, es la
proeza más gloriosa de nuestro partido desde la época de la insurrección de
junio”.173
Y Marx, sin ocultar al
proletariado ni uno solo de los
errores de la Comuna, dedicó a esta proeza
una obra que es hasta hoy la mejor
guía en la lucha por conquistar el “cielo”, y el espantajo más horrendo para
los “cerdos” liberales y radicales.174
Plejánov ha dedicado a
diciembre una “obra” que se ha convertido casi en el evangelio de los
demócratas constitucionalistas.175
En efecto, Plejánov no se comparó en vano con Marx.
Por lo visto, Kugelmann
expresó en su respuesta a Marx algunas dudas, alegando lo desesperado de la
empresa, el realismo en oposición al romanticismo; al menos, comparó la Comuna,
o sea, la insurrección, con la
manifestación pacífica del 13 de junio de 1849 en París.
Marx dio a vuelta de correo (el 17 de abril de 1871) una severa
respuesta a Kugelmann.
“Claro, que sería comodísimo –escribía— hacer la
historia universal si la lucha se pudiese emprender sólo con probabilidades
infalibles de éxito”.
En septiembre de 1870, Marx
calificaba la insurrección de locura. Pero cuando las masas se sublevan, Marx
quiere marchar con ellas, aprender al lado de ellas en el curso de la lucha, y
no darles instrucciones oficinescas. Comprende que las tentativas de tener en
cuenta por adelantado y con toda precisión
las probabilidades de éxito no serían más que charlatanería o vacua pedantería.
Pone por encima de todo el que la
clase obrera hace la historia universal con heroísmo, abnegación e iniciativa.
Marx enfocaba esta historia desde el punto de vista de sus creadores, que no podía tener en cuenta por adelantado y de modo infalible las probabilidades de
éxito, y no desde el punto de vista del filisteo intelectual que viene con la
moraleja de que “era fácil prever..., no se debía haber empuñado...”
Marx sabía apreciar también
que en la historia hay momentos cuando la lucha desesperada de las masas,
incluso en defensa de una causa condenada al fracaso, es indispensable con el fin de que estas masas sigan aprendiendo y
preparándose para la lucha siguiente.
Nuestros cuasimarxistas
actuales, que gustan de citar vanamente a Marx para tomarle sólo su apreciación
del pasado, y no para aprender de él a crear el futuro, no comprenden en
absoluto, ni les cabe en la cabeza, semejante manera de plantear el problema. Plejánov ni siquiera pensó en tal
planteamiento al emprender, después de diciembre de 1905, la tarea de “frenar...”
Pero Marx plantea
precisamente este problema, sin olvidar lo más mínimo que, en septiembre de
1870, él mismo reconoció que la insurrección era una locura.
“Los canallas burgueses de
Versalles —escribe Marx— pusieron a los parisienses ante una alternativa: o
aceptar el reto o entregarse sin lucha. La
desmoralización de la clase obrera en este último caso habría sido una
desgracia mucho mayor que el
perecimiento de cualquier número de líderes”.176
Con esto daremos fin a
nuestro breve esbozo de lecciones de política digna del proletariado, tal como
nos las enseña Marx en sus cartas a Kugelmann.
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173 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de
1871.
174 Lenin se refiere a la obra de C. Marx La guerra civil en Francia.
175 Véase la nota 11.
176 Véase la carta de C. Marx a L. Kugelmann del 17 de abril de
1871.
Prefacio a la traducción rusa de las cartas del C. Marx a L.
Kugelmann
La clase obrera de Rusia ha demostrado
ya una vez, y lo demostrará todavía otras veces, que es capaz de “tomar el
cielo por asalto”.
5 de
febrero de 1907. Publicado en 1907 en un Folleto de la Editorial “Nóvaya Duma”,
de San Petersburgo.
T. 14, págs. 371-379.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
118
PREFACIO A LA TRADUCCIÓN RUSA DEL LIBRO
“CORRESPONDENCIA DE J. F. BECKER, J. DIETZGEN, F. ENGELS, C. MARX Y OTROS CON
F. A. SORGE Y OTROS”.
La recopilación de las
cartas de Marx, Engels y Dietzgen, Becker y otros dirigentes del movimiento
obrero internacional del siglo pasado, que ofrecernos al público ruso,
constituye un complemento indispensable a nuestras publicaciones marxistas de
vanguardia.
No vamos a tratar aquí con
detenimiento la importancia que estas cartas tienen para la historia del
socialismo y para conocer hasta el fondo la actividad de Marx y Engels. Este
aspecto del problema no requiere aclaraciones. Diremos sólo que, para comprender
las cartas que publicamos, hay que conocer los principales trabajos de historia
de la internacional (véase Jaeckh. La
Internacional. Traducción rusa publicada por Znanie) y del movimiento
obrero alemán y americano (véanse Franz Mehring. Historia de la socialdemocracia alemana, y Morris Hillquit. Historia del socialismo en Norteamérica),
etc.
Tampoco nos proponemos hacer
aquí un esbozo general del contenido de la correspondencia ni analizar los
diversos períodos históricos que abarca. Mehring lo hizo perfectamente en su
artículo Der Sorgesche Briefwechsel
(“La correspondencia de Sorge” en Neue
Zeit, año 25, números 1 y 2) que es probable adjunte el editor a esta
versión o se publique en edición rusa aparte.
Las enseñazas que el
proletariado en lucha debe extraer de la actividad de Marx y Engels a lo largo
de casi treinta años (l867-1895), luego de haber conocido sus aspectos íntimos,
ofrecen especial interés para los socialistas rusos en la época revolucionaria
que atravesamos. Por lo mismo, no es de extrañar que también en nuestras
publicaciones socialdemócratas se hicieran los primeros intentos de dar a
conocer a los lectores las cartas de Marx y Engels a Sorge cuando se plantearon
los problemas “palpitantes” de la táctica socialdemócrata en la revolución rusa
(Sovreménnaya Zhizn de Plejánov y la
recopilación menchevique Otkliki)177. Nos proponernos analizar los pasajes de la correspondencia
publicada que tienen una importancia singular de el punto de vista de las
tareas actuales del partido obrero en Rusia y fijar la atención de los lectores
en ellos.
Marx y Engels expresaban con
la mayor frecuencia en sus cartas opiniones de los problemas de actualidad del
movimiento obrero anglo— americano y alemán. Esto es comprensible, puesto que
eran alemanes residente a la sazón en Inglaterra y se carteaban con un camarada
suyo en Norteamérica. Del movimiento obrero francés, y, sobre todo, de la
Comuna de París. Marx se exteriorizaba con mayor frecuencia y detenimiento en
las cartas dirigidas al socialdemócrata alemán Kugelmann*.
*
Véase
Cartas de C. Marx al Doctor Kugelmann.
Traducción al ruso redactada por N. Lenin. Prefacio de N. Lenin. San
Petersburgo. 1907. (Véase el presente volumen. N. de la Edit.)
Es aleccionador en sumo
grado comparar lo que dijeron Marx y Engels sobre el movimiento obrero alemán y
del anglo-norteamericano. Si se tiene en cuenta que Alemania, por un lado, e
Inglaterra y Norteamérica, por otro, se encuentran en diversas fases de desarrollo
capitalista y presentan distintas formas de dominación de la burguesía como
clase en toda la vida política de estos países, dicha comparación adquiere una
importancia de singular
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177
"Sovreménnaya Zhizn" ("La Vida
Contemporánea"): revista menchevique; se publicó en Moscú desde abril de
1906 hasta marzo de 1907.
"Otkliki"
("Ecos"): cuadernos mencheviques publicados en San Petersburgo
durante los años 1906
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
magnitud. Desde el punto de
vista científico, observamos aquí un ejemplo de dialéctica materialista, la
capacidad de sacar a primer plano y recalcar diversos puntos y aspectos del
problema aplicado a las peculiaridades concretas de unas u otras condiciones
políticas y económicas. Desde el punto de vista de la política práctica y de la
táctica del partido obrero vemos aquí un ejemplo de cómo los autores del Manifiesto Comunista determinaban las
tareas del proletariado en lucha conforme a las diversas etapas que atravesaba
el movimiento obrero nacional de los distintos países.
Lo que Marx y Engels
critican con mayor acritud en el socialismo anglo-norteamericano es su
aislamiento del movimiento obrero. Lo que resalta en todos sus numerosos
comentarios sobre la Federación Socialdemócrata (Social-Democratic Federation)178 de
Inglaterra y sobre los Socialistas norteamericanos es la acusación de que éstos
habían convertido el marxismo en un dogma, en una “ortodoxia anquilosada (starre)”, de que tenían el marxismo por
un “símbolo de fe y no por una guía para
la acción”179, de que no sabían adaptarse al poderoso
movimiento obrero de masas que marchaba a su lado, ineficaz en el terreno de la
teoría, pero lleno de vida. “¿Donde habríamos ido a parar —pregunta Engels en
su carta del 27 de enero de 1887— si, en el período de 1864 a 1873, hubiéramos
querido marchar siempre hombro a hombro sólo con los que se declaraban
abiertamente partidarios de nuestro programa?” y en la carta anterior (del 28
de diciembre de 1886), al referirse a la influencia de las ideas de Henry
George en la clase obrera de Norteamérica, Engels escribe:
119
“Uno o dos millones de votos
obreros, entregados en noviembre a un partido obrero auténtico (bona fide ), son en el momento actual
infinitamente más importantes que un centenar de miles de votos emitidos en pro
de un programa impecable en el sentido teórico”.
Estos pasajes son muy
interesantes. En nuestro país ha habido socialdemócratas que se han apresurado
a aprovecharlos en defensa de la idea de un “congreso obrero”180, algo por el estilo, del “amplio partido obrero” propuesto por
Larin. ¿Y por qué no en defensa del “bloque de izquierdas”?, preguntaremos a
nuestros precoces “aprovechadores” de Engels. Las cartas de las que se han
tomado estas citas datan de cuando los obreros de EE.UU. votaron en las
elecciones por Henry George. La señora Wischnewetzky, una norteamericana que
estaba casada con un ruso y traducía las obras de Engels, pidió a éste, según
se desprende de la respuesta que él le dio, que hiciera una crítica a fondo de
Henry George. Engels le decía (el 28 de diciembre de 1886) que no había llegado aún el momento de hacerlo, puesto que más
valdría que el partido obrero comenzara a formarse, con un programa no del todo
ortodoxo. Los propios obreros comprenderían luego el quid del asunto,
“aprenderían de sus propios errores”; mas “yo tendría por un grave error”
entorpecer “la cohesión nacional del partido obrero a causa de un programa,
cualquiera que este sea”
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178 Se refiere a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra, fundada en 1884. A la par
con los reformistas (Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de la
Federación Socialdemócrata de Inglaterra un grupo de socialdemócratas
revolucionarios partidarios del marxismo (Harry Quelch, Tomás Mann, Edward
Eveling, Eleonora Marx y otros) que constituían el ala izquierda del
movimiento socialista de Inglaterra. F. Engels criticó duramente
a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra por su dogmatismo y su
sectarismo, por apartarse del movimiento obrero de masas de Inglaterra y
desestimar sus peculiaridades. En 1907, la Federación Socialdemócrata de
Inglaterra empezó a llamarse Partido Socialdemócrata que, en 1911, formó con
los elementos de izquierda del Partido Obrero Independiente el Partido
Socialista Británico; en 1920, la mayoría de sus afiliados tomó parte en la
fundación del Partido Comunista de la Gran Bretaña.
179 Véase la carta de F. Engels a F. Sorge del 29 de noviembre de
1886.
180 Se trata de los liquidadores,
representantes de la corriente predominante entre los mencheviques (ala
oportunista del POSDR) después de ser derrotada la revolución de 1905-1907. Uno
de sus líderes fue Larin. Exigían la liquidación del partido revolucionario
clandestino de la clase obrera. Exhortaban a los obreros a poner fin a la lucha
revolucionaria contra el zarismo y se proponían celebrar un "congreso
obrero" sin filiación política para constituir en él un "amplio
partido obrero" oportunista que se dedicase exclusivamente a la actividad
legal autorizada por el gobierno zarista. El liquidacionismo no era popular
entre las masas obreras. La Conferencia de Praga del POSDR, celebrada el 6 de
enero de 1912, expulsó del partido a los liquidadores.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Por supuesto, Engels
comprendía perfectamente, y lo señaló reiteradas veces, cuán absurdas y reaccionarias eran las ideas de Henry
George desde el punto de vista socialista.
En la correspondencia de Sorge hay una interesantísima carta de C. Marx fechada
el 20 de junio de 1881, en la que Marx enjuicia a H. George como ideólogo de la
burguesía radical. “En el sentido teórico, Henry George es un hombre totalmente
atrasado” (total arrieré), escribía
Marx. Sin embargo, Engels no temía ir a las elecciones al lado de este
verdadero socialista-reaccionario con
tal de que hubiera gente capaz de predecir a las masas “las consecuencias que
podrían acarrear sus propios errores” (Engels, carta del 29 de noviembre de
1886).
Sobre los “Caballeros del
Trabajo” (Knights of Labor),181 la organización de los obreros norteamericanos de entonces,
Engels escribía en la carta citada: “Su punto más flaco (literalmente: podrido,
faulste ) es la abstención política a...”. “Uno de los pasos primeros y más
importantes de todo país que se incorpora al movimiento ha de ser la
organización de un partido obrero independiente, no importa por qué camino con
tal de que este partido sea verdaderamente obrero”.182
Es evidente que de ahí no se
puede inferir absolutamente nada a favor del salto de la socialdemocracia al
congreso obrero sin filiación política, etc. En cambio, quien no quiera ser
acusado por Engels de empequeñecer el marxismo hasta dejarlo en “dogma”,
“ortodoxia”, “sectarismo”, etc., tendrá que sacar de ahí la conclusión de que
algunas veces es indispensable ir a una campaña electoral unidos con los
“social— reaccionarios” radicales.
Pero, desde luego, es más
interesante analizar no tanto estos paralelismos norteamericano-rusos (hemos
tenido que recurrir a ellos para responder a nuestros contradictores) Como los
rasgos fundamentales del movimiento
obrero anglo— norteamericano. Estos rasgos son: ningún planteamiento de tareas democráticas más o menos importantes, de
carácter nacional, ante el proletariado; completa subordinación del
proletariado a la política burguesa; aislamiento sectario de los grupitos y
puñados de socialistas con relación al proletariado; ningún éxito de los
socialistas entre las masas obreras en las elecciones, etc. Quien olvida estas
circunstancias fundamentales y se pone a sacar conclusiones generales de los
“paralelismos norteamericano— rusos” muestra extrema ligereza.
Si, en semejantes
circunstancias, Engels hace tanto hincapié en las organizaciones económicas de
los obreros es porque se trata de los regímenes democráticos mejor
consolidados, que plantean al proletariado tareas de carácter puramente
socialista.
Si Engels hace hincapié en
la importancia de un partido obrero independiente, aunque tenga un mal
programa, es porque se trata de países que aún no habían visto ni sombra de
independencia política de los obreros y donde éstos marchaban y siguen
marchando las más de las veces en política detrás de la burguesía.
Tratar de extender las
conclusiones sacadas de semejantes razonamientos a países o situaciones
históricas en que el proletariado ha creado ya su propio partido independiente
antes que la burguesía liberal y en que el proletariado no tiene ni sombra de
tradiciones de entregar sus votos a los politicastros burgueses, tratar de
extender estas conclusiones a países o situaciones históricas en que a la orden
del día no estén planteadas las tareas socialistas inmediatas, sino las
democráticas burguesas, es mofarse del método histórico de Marx.
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181
"Caballeros del Trabajo", "Noble Orden de los Caballeros del Trabajo":
organización de obreros de los EE.UU. fundada en Filadelfia en 1869. Hasta 1881
fue una organización secreta. El florecimiento de la labor de esta organización
data de los años 80 cuando los Caballeros del Trabajo participaron en el vasto
movimiento huelguístico. No obstante, los líderes oportunistas, que negaban la
lucha revolucionaria de clase, condujeron paulatinamente a la pérdida del
prestigio de esta orden entre las masas. A fines de los años 90 la labor de la
organización quedó reducida a la nada, y ésta se disolvió.
182 Véase la carta de F. Engels a F. Sorge del 29 de noviembre de
1886.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Nuestra idea quedará más
clara aún para el lector si comparamos cómo enjuicia Engels los movimientos
anglo-norteamericano y alemán.
La correspondencia publicada
contiene muchísimos comentarios de éstos, y son también muy interesantes. La
idea central que los preside a todos es distinta por completo: la de prevenir
contra el “ala derecha” del partido obrero, la de hacer una guerra implacable
(a veces, como la de Marx en los años 1877-1879, una guerra furiosa) al oportunismo en las filas de la socialdemocracia.
120
Respaldaremos primero el
aserto en algunos pasajes de las cartas y nos detendremos luego a evaluar este
fenómeno.
Ante todo, hay que señalar
cómo enjuiciaba Marx a H öchberg y Cía. Franz Mehring trata de atenuar en su
artículo Der Sorgesche Briefwechsel
las invectivas de Marx, lo mismo que las posteriores de Engels a los
oportunistas y, a mi parecer, se sobrepasa un tanto. En particular, con
respecto a Höchberg y Cía., Mehring abunda en la opinión de que Marx se
equivocaba al enjuiciar a Lassalle y a los lassalleanos.183 Pero lo que nos interesa por ahora, repetimos, no es la
apreciación desde el punto de vista histórico de la razón o exageración de las
invectivas de Marx contra determinados socialistas, sino la opinión que, conforme a los principios, tenía Marx de
ciertas corrientes del socialismo en
general.
Al lamentarse de los
compromisos de los socialdemócratas alemanes con los lassalleanos y con Dühring
(carta del 19 de octubre de 1877), Marx condena también el compromiso “con toda
una pandilla de estudiantes imberbes y doctores archisabidillos” (“doctor” en
Alemania es un título científico que corresponde en Rusia al de “candidato a
doctor” o al de quien se “ha graduado en la Universidad con matrícula de
honor”), “que se habían propuesto dar al socialismo una orientación “idealista
más elevada”, es decir, sustituir su base materialista (que exige un estudio
objetivo para operar con ella) por una mitología nueva con sus diosas y todo:
justicia, libertad, igualdad y fraternidad. Uno de los representantes de esta
orientación era el editor de la revista Zukumft184 doctor Höchberg, quien “se pagó” el ingreso en el partido,
admito que “con las mejores intenciones”, pero yo me r ío de toda clase de
“intenciones”. Rara vez salió a la luz del día algo más lamentable y con mayor
“pretensión modesta” que el programa de su Zukunft”
(carta número 70).185
En otra carta, escrita casi
dos años más tarde (el 19 de septiembre de 1879), Marx desmiente el infundió de
que él y Engels fueran los inspiradores de J.
Most y cuenta a Sorge con lujo de pormenores cuál es su actitud frente a
los oportunistas del Partido Socialdemócrata Alemán. La revista Zukunft estaba
dirigida por Höchberg, Schramm y Eduardo Bernstein. Marx y Engels se negaron a colaborar en publicación
semejante, y cuando se trató de fundar un nuevo órgano de prensa del partido con la participación y ayuda
pecuniaria de Höchberg, Marx y Engels exigieron previamente, para controlar a
todo aquel “batiburrillo de doctores estudiantes y socialistas de cátedra”,186 que se aceptara a Hirsch para director responsable
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183 Lassalleanos: partidarios y seguidores del
socialista pequeñoburgués alemán F. Lassalle, miembros de la Asociación General
de los Obreros Alemanes, fundada en 1863. Su primer presidente fue Lassalle,
quien expuso el programa y los fundamentos de la táctica de la Asociación. La
Asociación General de los Obreros Alemanes adoptó por programa político suyo la
lucha en pro del sufragio universal y, por programa económico, la creación de
asociaciones obreras de producción subsidiadas por el Estado. Lassalle y sus
partidarios apoyaban en su labor práctica la política de nación dominante de
Bismarck. Marx y Engels criticaron reiteradas veces y con dureza la teoría, la
táctica y los principios de organización del lassalleanismo como corriente
oportunista en el movimiento obrero alemán.
184 "Die Zukunft" ("El Futuro"): revista de tendencia
socialreformista editada por un grupo de miembros del Partido Socialdemócrata
Alemán; apareció desde octubre de 1877 hasta noviembre de 1878 en Berlín. El
editor era K. Höchberg, que intentó encauzar el partido por la vía reformista.
Colaboraban en esta revista K. Schramm y E. Bernstein.
185 Véase la carta de C. Marx a F. Sorge del 19 de octubre de 1877.
186 Socialistas
de cátedra:
representantes de una tendencia de la economía política burguesa de los años 70
y 80 del siglo XIX que, so capa de socialismo, predicaban el reformismo liberal
burgués desde las cátedras universitarias.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
designado por ellos; luego
en una carta circular, se dirigieron directamente a Bebel, Liebknecht y otros
dirigentes del Partido Socialdemócrata, advirtiéndoles que si la orientación de
Höchberg, Schramm y Bernstein no cambiaba, lucharían abiertamente contra
“semejante vilipendio (Verluderung vocablo más
fuerte aún en alemán) de la teoría y del partido”.
Aquél fue el período del
Partido Socialdemócrata Alemán, que Mehring, en su Historia, tildó de Un año de
confusión (Ein Jahr der Verwirrung).
Después de la “ley de excepción”187, el
partido no encontró en seguida el camino acertado, cayendo primero en el
anarquismo de Most y en el oportunismo de Höchberg y Cía. “Estas gentes
—escribía Marx de los últimos—
, que son unos ceros a la izquierda desde
el punto de vista teórico y unos inútiles en el sentido práctico, tratan de
hacer más moderado el socialismo (del que sólo tienen un concepto elaborado
conforme a la receta universitaria) y, sobre todo, el Partido Socialdemócrata,
e ilustrar a los obreros o, como dicen ellos, inculcarles “rudimentos de
instrucción”, sin poseer ellos mismos más que conocimientos a medias y
confusos; además se proponen, ante todo, agrandar la importancia del partido a
ojos de la pequeña burguesía. Pero no son ni más ni menos que unos deplorables
charlatanes contrarrevolucionarios”.
La “furiosa” invectiva de
Marx dio lugar a que los oportunistas se replegasen y... esfumaran. En la carta
del 19 de noviembre de 1879188 Marx
comunica que H öchberg fue retirado del consejo de redacción y que todos los
líderes influyentes del partido, como Bebel, Liebknecht, Bracke y otros se
retractaron de las ideas que aquél defendía. El Sozialemokrat,189 órgano del Partido Socialdemócrata,
apareció bajo la dirección de Vollmar, quien pertenecía a la sazón al ala
revolucionaria del partido. Un año más tarde (el 5 de noviembre de 1880) Marx
cuenta que él y Engels combatieron sin cesar la “deplorable” orientación del Sozialdemokrat, teniendo que luchar a
menudo con dureza (“wobei’s oft scharf hergeht”). Liebknecht
visitó a Marx en 1880 y le prometió “una mejoría” en todos los sentidos.
La paz fue restablecida, y
la contienda no se exteriorizó. Höchberg se apartó, y Bernstein se hizo
socialdemócrata revolucionario... al menos hasta el fallecimiento de Engels en
1895.
121
El 20 de junio de 1882
Engels contó a Sorge esta lucha como si fuera ya un episodio del pasado. “En
general, las cosas en Alemania marchan perfectamente. Es cierto que los señores
literatos del partido intentaron provocar en él un viraje reaccionario, pero
fracasaron estrepitosamente. Los vejámenes a que los obreros socialdemócratas
se ven sometidos en todas partes los han hecho más revolucionarios aún de lo
que eran hace tres años... Estos señores (los literatos del partido) querían a
toda costa, al precio de la sumisión, la mansedumbre y el servilismo, obtener
con súplicas la abolición de la ley contra los socialistas, que de modo tan
poco ceremonioso les había privado de las gratificaciones literarias. Con la
abolición de esta ley se hará patente, sin duda, la escisión, y los señores
Viereck y Höchberg,
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Afirmaban que el Estado
burgués está por encima de las clases, puede conciliar las contradicciones
antagónicas e ir implantando poco a poco el "socialismo" sin lesionar
los intereses de los capitalistas y teniendo en cuenta, en la medida de lo posible,
las reivindicaciones de los trabajadores.
187 La Ley de excepción contra
los socialistas fue promulgada en Alemania por el Gobierno de Bismarck en
1878 para luchar contra el movimiento obrero y socialista. Prohibía todas las
organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas
y la prensa obrera; fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se
persiguió y expulsó a los socialdemócratas. En 1890, bajo la presión del
creciente movimiento obrero de masas, la Ley de excepción contra los
socialistas fue derogada.
188 Véase la carta de C. Marx a F. Sorge del 19 de septiembre de
1879.
189
"Der Sozialdemokrat" ("El
Socialdemócrata"): órgano central del Partido Socialdemócrata Alemán
durante el período de vigencia de la Ley de excepción contra los socialistas;
este periódico se publicó en Zurich desde septiembre de 1879 hasta septiembre
de 1888; y en Londres, desde octubre de 1888 hasta septiembre de 1890. Entre
1879 y 1880 lo dirigió Vollmar; y a partir de enero de 1881, Bernstein, que por
aquellos años se hallaba bajo una fuerte influencia de Engels, cuya dirección
ideológica aseguraba la orientación marxista del periódico. Der Sozialdemokrat
dejó de editarse cuando fue derogada la Ley de excepción contra los socialistas
(1890), el órgano central del partido volvió a ser el periódico Vorwärts.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
etc., formando un ala
derecha, se separarán de nosotros; con ellos se podrá entablar de vez en cuando
negociaciones, hasta que, al fin, acaben por desaparecer. Expresamos esta
opinión nuestra nada más promulgarse la ley contra los socialistas, cuando Höchberg
y Schramm publicaron en los Anales190 una
crítica infame en sumo grado de las actividades del partido y exigieron de éste
una conducta más decorosa, más correcta y elegante” (“jebildetes ” en lugar de gebildetes,
escribe Engels, aludiendo a la pronunciación berlinesa de los literatos
alemanes).
La profecía de la
bernsteiniada,191 hecha en 1882, se confirmó con
exactitud en 1898 y en los años siguientes.
Y desde entonces, sobre todo
después de la muerte de Marx, Engels no se cansa —puede afirmarse sin temor a
exagerar— de “enderezar” lo que los oportunistas alemanes tuercen.
Fines de 1884. Son
condenados los “prejuicios pequeñoburgueses” de los diputados socialdemócratas
alemanes al Reichstag, que votan las subvenciones a las compañías navieras (Dampfersubvention192 véase la Historia de
Mehring). Engels participa a Sorge que se ve obligado a mantener sobre esto una
gran correspondencia (carta del 31 de diciembre de 1884).
Año 1885. Enjuiciando toda
la historia de la Dampfersubvention,
Engels escribe (3 de junio) que “las cosas han llegado casi a la escisión”. El
“filisteísmo” de los diputados socialdemócratas es “colosal”. “Una minoría parlamentaria socialista de orientación
pequeñoburguesa es inevitable en un país como Alemania”, dice Engels.
Año 1887. Engels contesta a
Sorge, quien le había escrito que el partido se cubría de vergüenza al elegir
diputados a gente de la calaña de Viereck (socialdemócrata del corte de
Höchberg). ¡Qué se le va a hacer! —dice Engels justificándose—, el partido obrero
no tiene de dónde sacar buenos diputados al Reichstag. “Los señores del ala
derecha saben que se les tolera sólo a causa de la ley contra los socialistas y
que, el primer día que el partido respire con mayor libertad, serán expulsados
del mismo”. Adem ás, será mejor, en general, “que el partido esté por encima de
sus héroes parlamentarios, y no al revés” (3 de marzo de 1887). Liebknecht —se
queja Engels — es un conciliado y trata siempre de encubrir con frases las
divergencias. Pero cuando las cosas lleguen a la escisión, en el momento
decisivo, estará con nosotros.
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190
"Anales de ciencias sociales y política
social" ("Jahrbuch für Sozialwissenschaft und
Sozialpolitik"): revista de tendencia socialreformista; la editaba K.
Hochberg en Zurich entre 1879 y 1881. Aparecieron tres cuadernos.
El artículo aludido, Ruckblicke
auf die sozialistische Bewegung in Deutschland. Kriltische Aphorismen
("Ojeada retrospectiva al movimiento socialista en Alemania. Aforismos
críticos") se publicó en el primer libro de los Anales.
191 Véase la nota 43.
192
Se trata de las
discrepancias surgidas en la minoría socialdemócrata del Reichstag alemán con
motivo de las subvenciones a las compañías navieras (Dampfersubvention). A fines de 1884, el canciller de Alemania,
Bismarck, exigió al Reichstag, en aras de la política colonial de anexiones,
que sancionase los subsidios para las compañías navieras a fin de organizar
travesías marítimas regulares a Asia Oriental, Australia y África. El ala de
izquierda de la minoría socialdemócrata, dirigida por Bebel y Liebknecht,
rechazó el proyecto. Durante la discusión del problema en el Reichstag, en
marzo de 1885, el ala derecha de la minoría socialdemócrata votó en pro de la
apertura de las líneas de navegación asiático-oriental y australiana;
condicionó su conformidad con el proyecto de Bismarck a la aceptación de
algunas reclamaciones, entre otras, a la de que los nuevos barcos se
construyeran en astilleros alemanes. Sólo después de haber declinado el
Reichstag esa reclamación votó la minoría en pleno contra el proyecto
gubernamental. La conducta del grueso de la minoría (ala derecha) motivó la
crítica del periódico Sozial-demokrat
y de las organizaciones socialdemócratas.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Año 1889. Se celebran dos
congresos socialdemócratas internacionales en París.193 Los oportunistas (con los posibilistas franceses 194 a la cabeza) se separan de los
socialdemócratas revolucionarios. Engels (que ha cumplido ya 68 años) se lanza
al combate como un joven. Dedica una serie de cartas (desde el 12 de enero
hasta el 20 de julio de 1889) a la lucha contra estos oportunistas. Arremete no
sólo contra ellos, sino también contra los alemanes, contra Liebknecht, Bebel y
otros, por conciliadores.
Engels escribe el 12 de
enero de 1889 que los posibilistas se han vendido al gobierno. Acusa a los
miembros de la Federación Socialdemócrata inglesa (FSD) de estar conchabados
con los posibilistas. “El correteo y la inmensa correspondencia en torno a este
maldito congreso no me dejan tiempo para otra cosa” (11 de mayo de 1889). Los
posibilistas se menean, y los nuestros están dormidos, dice irritado Engels.
Ahora incluso Auer y Schippel reclaman que vayamos al congreso de los
posibilistas. Esto ha abierto “al fin” los ojos a Liebknecht. Engels escribe
con Bernstein folletos (firmados por Bernstein; Engels los llama “nuestros
folletos”) contra los oportunistas.
“A excepción de la FSD, los
posibilistas no tienen a su lado en toda Europa ninguna organización socialista
(8 de junio de 1889); por tanto, no les queda más remedio que retornar a las
tradeuniones no socialistas” (¡para que se enteren nuestros admiradores de un
amplio partido obrero, de un congreso obrero, etc.!). “De América vendrá un
solo delegado de los Caballeros del
Trabajo ”. El adversario es el mismo que durante la lucha con los
bakuninistas195 “con la única diferencia de que la
bandera de los anarquistas ha sido sustituida con la de los posibilistas;
venden igualmente sus principios a la burguesía a cambio de unas concesiones al
por menor y, sobre todo, a cambio de enchufes, para sus líderes (concejalías,
empleos en las Bolsas de Trabajo, etc.)”. Brousse (jefe de los posibilistas) e
Hyndman (líder de la FSD, que se ha aliado a los posibilistas) atacan al
“marxismo autoritario” y pretenden constituir “el núcleo de una nueva
Internacional”.
“¡No puedes imaginarte lo
ingenuos que son los alemanes! Me ha costado esfuerzos colosales explicar
incluso al propio Bebel de qué va en realidad” (8 de junio de 1880). Y cuando
ambos congresos se han celebrado, cuando los socialdemócratas revolucionarios
sobrepasan en número a los posibilistas (agrupados
con los tradeunionistas, con la FSD, con parte de los austriacos, etc.),
Engels no cabe en sí de contento (17 de julio de 1889). Le alegra que las
propuestas y planes conciliadores de Liebknecht y otros hayan fracasado (20 de
julio de 1889). “Nuestra sentimental cofradía conciliadora se tiene bien
merecida una burda patada en salva sea la parte por toda la efusión de su
amistad”. “A ver si así se curan por algún tiempo”.
122
...Mehring tiene razón (en Der Sorgesche Briefwechsel) cuando
afirma que Marx y Engels entendían poco de “buenas maneras”: “no se paraban a
pensarlo mucho para asestar un golpe, pero tampoco lloriqueaban por cada uno
que recibían”. “Si os cre éis — escribía Engels en cierta ocasión— que vuestros
alfilerazos podrán pinchar mi vieja piel, gruesa y bien curtida, os
equivocáis”.196 Marx y Engels suponían también en los
demás esta templanza adquirida por ellos —escribe Mehring.
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193 Los dos congresos socialdemócratas
internacionales convocados simultáneamente en París: el I Congreso de la II
Internacional, y el de los posibilistas franceses y la Federación
Socialdemócrata de Inglaterra.
194 Posibilistas
(P. Brousse, B. Malon y otros): corriente reformista pequeñoburguesa en el
movimiento socialista francés que desviaba al proletariado de los métodos
revolucionarios de lucha. A raíz de la escisión del Partido Obrero de Francia
en 1882, los posibilistas formaron el Partido Obrero socialrevolucionario;
negaban el programa y la táctica revolucionarios del proletariado, velaban las
metas socialistas del movimiento obrero y proponían limitar la lucha de los
obreros a lo "posible", de donde procede la denominación del partido.
En 1902, los posibilistas fundaron con otros grupos reformistas el Partido
Socialista Francés encabezado por J. Jaurès.
195 Véase la nota 48.
196 Véase la carta de F. Engels a F. Kelley— Wischnewetzky del 2 de
mayo de 1888.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Año 1893. Ajuste de cuentas
a los “fabianos”,197 que se impone de por sí... para juzgar
de los bernsteinianos (por algo Bernstein ha “educado” su oportunismo en
Inglaterra, en el trato con los “fabianos”). “Aquí, en Londres, los fabianos
son una pandilla de arribistas que, sin embargo, tienen bastante sentido común
para comprender que la revolución social es inevitable; mas, al no querer
confiar esta gigantesca labor únicamente al tosco proletariado, se dignan
ponerse a la cabeza de él. El temor a la revolución constituye su principio
básico. Son “intelectuales” par
excellence. Su socialismo es un socialismo municipal: el municipio y no la
nación, al menos en los primeros tiempos, debe adueñarse de los medios de
producción. Pintan su socialismo como una consecuencia extrema, pero
ineluctable, del liberalismo burgués. De ahí su táctica: no combatir a los
liberales con denuedo, como a adversarios suyos, sino llevarlos a las
conclusiones socialistas, es decir, embaucarlos, “impregnar de socialismo el
liberalismo”, no oponer los candidatos socialistas a los liberales, sino
pasárselos de contrabando a los liberales, es decir, hacer que salgan elegidos
con artimañas... Pero es claro que no comprenden que, obrando así, los
engañados serán ellos mismos, o lo será el socialismo.
Los fabianos han publicado,
además de distintas porquerías, algunos libros buenos de propaganda, y eso es
lo mejor de cuanto han hecho los ingleses en este campo. Pero tan pronto como
vuelven a su táctica peculiar, la de velar la lucha entre las clases, la cosa
va mal. Por causa de la lucha de clases, los fabianos nos odian con fanatismo a
Marx y a todos nosotros.
Como es natural, los fabianos cuentan
con muchos partidarios burgueses, por lo que disponen de “mucho dinero”198...
Apreciación clásica del oportunismo intelectual en la
socialdemocracia
Año 1894. El problema
campesino. “En el continente —escribe Engels el 10 de noviembre de 1894—,
conforme crece el movimiento, se agranda también el afán de éxitos mayores aún,
y la caza de campesinos, en el sentido literal de la palabra, se está poniendo
de moda. Primero fueron los franceses, quienes declararon en Nantes por boca de
Lafargue, que no sólo no es cuestión nuestra acelerar la ruina de los pequeños
campesinos —el capitalismo se encargará de hacerlo por nosotros—, sino que es
necesario defender en realidad al campesino contra el fisco, contra los
usureros y latifundistas. Pero, en modo alguno podemos expresar nuestra
conformidad con esto. Primero, porque es necio, y segundo, porque es imposible.
Luego Vollmar dice en Francfort que, en
general propone sobornar a los
campesinos, y el campesino a que se refiere es el de la Alta Baviera,
distinto del pequeño campesino de la
región del Rin, abrumado por las deudas, pues se trata del agricultor medio y
rico que explota a mozos y mozas de labor y vende ganado y cereales. Esto ya no
se puede admitir sin renunciar a todos los principios”.
Año 1894, 4 de diciembre:
“...Los bávaros se han vuelto muy requeteoportunistas y se han transformado
casi en un simple partido del pueblo (me refiero a la mayoría de los líderes y
a muchos principiantes que han ingresado en el partido); en el Landtag bávaro
han votado a favor de la totalidad del presupuesto, y Vollmar, sobre todo, ha
organizado una agitación
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197 Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana,
organización reformista inglesa fundada en 1881. Esta sociedad debe su nombre
al caudillo romano del siglo III a. n. e. Fabio Cunctator (El Contemporizador),
llamado así por su táctica expectante en la guerra contra Aníbal. Los miembros
de la Sociedad Fabiana eran principalmente intelectuales de la burguesía:
hombres de ciencia, escritores y políticos que negaban la necesidad de la lucha
de clase del proletariado y de la revolución socialista y afirmaban que el paso
del capitalismo al socialismo es posible sólo mediante pequeñas reformas y
transformaciones paulatinas de la sociedad. En 1900, la Sociedad Fabiana
ingresó en el Partido Laborista.
198 Véase la carta de F. Engels a F. Sorge del 18 de enero de 1893.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
entre los campesinos a fin
de ganarse no a los mozos de labranza sino a los agricultores ricos de la Alta
Baviera, a los propietarios de parcelas de 25 a 80 acres de tierra (de 10 a 30
hectáreas), es decir, a los que de ninguna manera pueden arreglárselas sin
obreros asalariados...”
De ahí se desprende que en
el curso de más de un decenio Marx y Engels lucharon sistemática e
incesantemente contra el oportunismo en el Partido Socialdemócrata Alemán y
combatieron el espíritu filisteo intelectual y pequeñoburgués en el socialismo.
Este es un hecho de suma importancia. El gran público sabe que la
socialdemocracia alemana es tenida por modelo de política y táctica marxistas
del proletariado, pero ignora la lucha constante que los fundadores del
marxismo hubieron de sostener contra el “ala derecha” (expresión de Engels) de
este partido. Y no es casual que poco después de la muerte de Engels se
manifestara abiertamente esta lucha, hasta entonces latente. Era el resultado
inevitable de decenios de desarrollo histórico de la socialdemocracia alemana.
Y en la actualidad resaltan
ante nosotros con singulares relieve las dos trayectorias de los consejos,
indicaciones, enmiendas, amenazas y moralejas de Engels (y de Marx). Los dos
exhortaron a los socialistas anglo-norteamericanos más que a nadie a que se
fundiesen con el movimiento obrero y extirpasen de sus propias organizaciones
el estrecho y rutinario espíritu de secta. Los dos enseñaron a los
socialdemócratas alemanes, más que a nadie, a no caer en el filisteísmo en el
“cretinismo parlamentario (expresión de Marx en carta del 19 de septiembre de
1879), en el oportunismo intelectual pequeñoburgués.
123
¿No es acaso sintomático que
nuestras comadres socialdemócratas cacareen tanto sobre los consejos del primer
tipo y cierren el pico respecto del segundo? ¿Acaso semejante apreciación unilateral de las cartas de Marx y Engels no
es el mejor indicio de que nuestra socialdemocracia, la socialdemocracia de
Rusia, presenta cierto... “carácter unilateral”?
Hoy, cuando el movimiento
obrero internacional descubre síntomas de profunda efervescencia y vacilación,
cuando los extremos del oportunismo, del “cretinismo parlamentario” y del
reformismo filisteo han hecho surgir los extremos opuestos del sindicalismo
revolucionario, la trayectoria general de las “enmiendas” hechas por Marx y
Engels al socialismo anglo-norteamericano y alemán adquiere una importancia
excepcional.
Marx y Engels enseñaban a
los socialistas de los países donde no
existe un partido obrero socialdemócrata, ni hay diputados socialdemócratas
en los parlamentos, ni política
socialdemócrata sistemática y consecuente en las elecciones y en la prensa,
etc., a romper a toda costa con el
sectarismo estrecho e incorporarse al
movimiento obrero a fin de interesar en
la política al proletariado. Pues tanto en Inglaterra como en Norteamérica,
a lo largo del último tercio del
siglo XIX, el proletariado no mostró casi ninguna independencia política. La
liza política en estos países —ante la ausencia casi absoluta de tareas
históricas de carácter democrático burgués— estaba ocupada enteramente por una burguesía triunfante y satisfecha de sí misma,
igual en todo el mundo en el arte de embaucar, corromper y sobornar a los
obreros.
Creer que estos consejos de
Marx y Engels al movimiento obrero anglo-norteamericano pueden ser aplicados
lisa y llanamente a las circunstancias de Rusia significa utilizar el marxismo
para un mezquino ajuste fraccional de cuentas entre intelectuales y no para
asimilar su método ni para estudiar las peculiaridades históricas
concretas del movimiento obrero en países determinados.
Por el contrario, en un país
donde la revolución democrática burguesa ha quedado sin terminar, donde
imperaba e impera “un despotismo militar revestido de formas parlamentarias”
(expresión de Marx en su Crítica del
programa de Gotha), donde el proletariado hace ya mucho que participa en la
política y aplica una política socialdemócrata,
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
en un país así temían Marx y
Engels más que nada el envilecimiento parlamentario y el empequeñecimiento
filisteo de las tareas y proporciones del movimiento obrero.
Con tanto mayor motivo
debemos recalcar y poner en primer plano en la época de la revolución
democrática burguesa en Rusia, este
aspecto del marxismo, porque en nuestro país hay una prensa burguesa liberal
extendida, “brillante” y rica, que pregona a miles de voces ante el
proletariado la “ejemplar” lealtad, la legalidad parlamentaria, la modestia y
la moderación del vecino movimiento obrero alemán.
Esta patraña interesada de
los traidores burgueses de la revolución rusa no es fruto de la casualidad ni
de la perversidad personal de alguno que otro de los antiguos o futuros
ministros del campo de los demócratas constitucionalistas. Es fruto de los profundos
intereses económicos de los terratenientes y burgueses liberales de Rusia. Y en
la lucha contra esta patraña, contra este “aturdimiento de las masas” (“Massenverdummung”, según expresión de
Engels en la carta del 29 de noviembre de 1886), las cartas de Marx y Engels
deben servir de arma insustituible para todos los socialistas rusos.
La patraña interesada de los
burgueses liberales muestra al pueblo la “modestia” ejemplar de los
socialdemócratas alemanes, cuyos jefes, los fundadores de la teoría marxista,
nos dicen:
“La actuación revolucionaria
de los franceses ha puesto al desnudo de manera más repelente aún la hipocresía
de los oportunistas de la minoría parlamentaria socialdemócrata alemana,
Viereck y Cía.” (se trata de la formación de un partido obrero en el Parlamento
francés y de la huelga de Decazeville,199 que
levantó una barrera entre los radicales franceses y el proletariado de
Francia). “En los últimos debates sobre la ley contra los socialistas sólo han
hablado Liebknecht y Bebel, y ambos muy bien. Con semejantes debates podemos
presentarnos nuevamente en buena sociedad, cosa que antes, por desgracia, no
siempre ocurría. En general, está bien que a los alemanes, sobre todo después
de haber enviado al Reichstag un número tan crecido de filisteos (cosa que era,
sin embargo, inevitable), se les dispute el papel de dirigentes del movimiento
social internacional. En períodos de
calma, todo se vuelve filisteo en Alemania, y en tales momentos, es
absolutamente indispensable el aguijón de la competencia francesa...” (carta
del 29 de abril de 1886).
Estas son las enseñanzas que
mejor debería asimilar el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que se halla
bajo la influencia ideológica predominante de la socialdemocracia alemana.
124
Nos proporciona estas
enseñanza no sólo algún que otro pasaje de la correspondencia de las dos
personalidades más grandes del siglo XIX, sino el espíritu y todo el fondo de
la crítica de la experiencia internacional del proletariado, crítica que ellos
hicieron con franqueza de camaradas, sin la menor diplomacia o interés
mezquino.
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199 Huelga
de Decazeville: huelga
espontánea de dos mil mineros de la hulla de la ciudad de Decazeville
(Departamento de Aveyron) en Francia. Declarada como resultado de las
insufribles condiciones de trabajo y de la intensificación de la explotación de
los obreros por los patronos, duró cinco meses, desde enero hasta junio de
1886. El gobierno introdujo tropas en Decazeville, lo que fue causa de gran
efervescencia en Francia y de varios mítines de protesta en París y en
provincias. En un mitin celebrado en la capital francesa, J. Guesde y P.
Lafargue protestaron contra las acciones del gobierno y de los patronos.
Durante una acalorada
discusión en torno a la huelga de Decazeville, los diputados burgueses del
Parlamento francés, incluidos los radicales, a los que antes se adherían los
diputados obreros, se pronunciaron en apoyo del gobierno y de las represiones
contra los huelguistas, lo cual dio lugar a que los diputados obreros se
apartasen de los radicales y formasen en el Parlamento francés una minoría
obrera independiente.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Demuestran asimismo hasta
qué grado están realmente impregnadas de ese espíritu todas las cartas de Marx
y Engels, los siguientes pasajes, si bien de índole relativamente privada, no
por eso menos sintomáticos.
En 1889 comenzó en
Inglaterra un movimiento lozano y enérgico, lleno de nuevo espíritu
revolucionario, de los simples obreros no especializados ni cualificados (del
gas, del puerto, etc.). Engels estaba entusiasmado de este movimiento y subrayó
con admiración el papel de la hija de Marx, “Tussy”, que hac ía agitación entre
estos obreros. “Lo que más repele aquí — escribe Engels desde Londres el 7 de
diciembre de 1889— es la “respectability” burguesa, que se ha hecho sangre de
la propia sangre de los obreros. La desarticulación de la sociedad en numerosas
gradaciones, indiscutiblemente reconocidas por todos, cada una de las cuales
por separado tiene su propio “honor” y está impregnadas de un sentimiento
innato de respeto a los “mejores” a los “superiores”, data de tiempo tan remoto
y está tan arraigada que a la burguesía no le cuesta gran trabajo engañar a las
masas. Yo, por ejemplo, estoy muy poco seguro de que John Burns se enorgullezca
en su fuero interno de su popularidad entre los de su propia clase más que de
la que goza a los ojos del cardenal Manning, del alcalde de Londres y de la
burguesía en general. Y Champion, teniente retirado, venía haciendo ya muchos
años ciertos negocios sucios con elementos burgueses, sobre todo conservadores,
mientras predicaba en un congreso clerical el socialismo, etc. Incluso el
propio Tom Mann, a quien tengo por el mejor de todos ellos, se complace en
contar que va a almorzar con el alcalde de Londres. Sólo al compararlos con los
franceses se convence uno de lo bien que influye en este sentido la
revolución”.
Los comentarios huelgan.
Un ejemplo más. En 1891 se
cernía el peligro de guerra europea. Engels mantuvo correspondencia sobre esto
con Bebel, y se pusieron de acuerdo los dos en que, si Rusia agredía a
Alemania, los socialistas alemanes tendrían que combatir a la desesperada contra
los rusos y cualesquier aliados suyos. “Si Alemania fuere estrangulada,
nosotros lo seríamos con ella. Pero en el caso de que la lucha tomara un giro
favorable, ésta cobraría un carácter tan encarnizado que Alemania podría
sostenerse gracias sólo a medidas revolucionarias, por lo que es muy posible
que nos viésemos obligados a empuñar el timón del poder y proceder al estilo
del año 1793” (carta del 24 de octubre de 1891).
¡Para que se enteren los
oportunistas que gritaban a voz en cuello que las perspectivas “jacobinas”200 aparecidas en 1905 ante el partido obrero ruso nada tenían que
ver con la socialdemocracia! Engels indicaba explícitamente a Bebel, la
posibilidad de que los socialdemócratas hubieran de participar en un gobierno
provisional.
Es muy natural que, con
semejantes conceptos de las tareas de los partidos obreros socialdemócratas,
Marx y Engels tuvieran la fe más halagüeña en la revolución rusa y en su
gigantesca trascendencia universal. En su correspondencia vemos, durante casi
veinte años, esa apasionada espera de la revolución en Rusia.
He aquí una carta de Marx
del 27 de septiembre de 1877. La crisis oriental201 despierta el entusiasmo de Marx. “Rusia hace ya mucho que se
encuentra en el umbral de grandes revoluciones, para las que han madurado ya
todos los elementos necesarios. La explosión se ha adelantado en muchos años
gracias a los golpes asestados por los bravos turcos... La revolución comenzará
secundum artem (“según todas las
reglas del arte”) por devaneos
constitucionales y habrá una bulla de primera (il y aura un beau tapage). Con el beneplácito de la madre naturaleza, llegaremos a vivir hasta ese triunfo”.
(Marx tenía a la sazón 59 años de edad).
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200 Véase la nota 31.
201 Se refiere a la guerra ruso-turca de 1877-1878.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
La madre naturaleza no dio
(y tal vez no pudiera dar) a Marx el beneplácito para vivir hasta “ese
triunfo”. Pero él predijo los
“devaneos constitucionales”, y sus palabras parecen escritas ayer mismo, tanto
sobre la primera como sobre la segunda Duma.202 Y
eso que la advertencia de los “devaneos constitucionales” que él hizo para el
pueblo implica justamente “el alma viva” de la táctica del boicot, tan
detestable para los liberales y los oportunistas...
He aquí la carta de Marx del
5 de noviembre de l880. Se alboroza del éxito que El Capital tiene en Rusia y se pone de parte de los adeptos de
Libertad del Pueblo y en contra del grupo Reparto Negro, 203 recién formado a la sazón. Marx captó
con tino los elementos ácratas de las ideas de los populistas de Reparto Negro
y, sin conocer ni tener la posibilidad de conocer entonces la futura evolución
de éstos hacia la socialdemocracia, los ataca con toda la fuerza de su sarcasmo
flagelador:
“Estos se ñores son
contrarios a toda acción política revolucionaria. A juicio de ellos, Rusia debe
dar un salto al milenio anarco-comunista— ateísta. Mientras tanto, preparan
este salto con el más tedioso doctrinarismo. Han tomado los llamados principios
de sus doctrinas del difunto Bakunin”.
De ahí puede inferirse el
valor que, para la Rusia de 1905 y los años ulteriores, habría concedido Marx a
la trascendencia de las “acciones políticas revolucionarias” de la socialdemocracia*.
* A propósito sea dicho. Si no me falla la memoria, entre 1900 y
1903 me contó, no sé si Plejanov o Vera Zasúlich, que existía una carta de
Engels a Pléjanov sobre Nuestras
discrepancias y sobre el carácter de la revolución inminente en Rusia.
Sería interesante saber con exactitud si ha existido tal carta, si se ha
conservado y si no es hora ya de publicarla.204
125
He aquí una carta de Engels,
fechada el 6 de abril de 1887: “En cambio, parece que la crisis es inminente en
Rusia. Los últimos atentados han provocado un gran desconcierto...” y en la
carta del 9 de abril de 1887 vuelve a lo mismo. “el ejército está lleno de
oficiales descontentos que conspiran” (Engels se hallaba entonces impresionado
por la lucha revolucionaria de los adeptos de Libertad del Pueblo y cifraba
esperanzas en los oficiales, sin poder ver aún el espíritu revolucionario de
los soldados y marinos rusos que se dio a conocer con tanto esplendor dieciocho
años más tarde...). “...No creo que el estado actual de cosas perdure ni
siquiera un año. Y cuando en Rusia estalle la revolución (“losgeht”), entonces ¡hurra!”
La carta de 23 de abril de
1887 dice: “En Alemania se suceden las persecuciones (de los socialistas).
Dijérase que Bismarck quiere prepararlo todo para que, en el momento que la
revolución estalle en Rusia, y eso es cuestión de meses, Alemania pueda seguir
al punto su ejemplo” (“losgeschlagen
werden”).
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202 La I
Duma de Estado (abril-julio de 1906) y la
II Duma de Estado (febrero-junio de 1907) fueron disueltas por el gobierno
zarista.
203 En 1879, la organización secreta de los populistas Tierra y
Libertad se dividió en dos: Libertad del Pueblo y Reparto Negro.
Los adeptos de
Libertad del Pueblo constituían una
organización revolucionaria secreta de populistas terroristas, aparecida en
agosto de 1879.
El objetivo inmediato de los
partidarios de Libertad del Pueblo era el derrocamiento de la autocracia y la
proclamación de la república democrática. Plantearon por primera vez en la
historia del populismo la necesidad de la lucha política; sin embargo, la
redujeron a conspiraciones y al terrorismo individual. Organizaron varios
atentados a funcionarios zaristas y, el 1 de marzo de 1881, asesinaron al zar
Alejandro II. Los organizadores del atentado fueron ejecutados; luego siguió
una serie de procesos judiciales. En la segunda mitad de los años 80 Libertad
del Pueblo fue desbaratada por completo. La teoría y la táctica erróneas y la
falta de amplias relaciones con las masas populares determinaron el fracaso de
esta organización, pese a la abnegación y al heroísmo de sus adictos. Adeptos de Reparto Negro: miembros de
una organización revolucionaria secreta que propugnaban en sus reivindicaciones
programáticas, en lo fundamental, la plataforma populista de Tierra y Libertad.
Tenían por fuerza revolucionaria fundamental de Rusia a los campesinos y hacían
propaganda revolucionaria en varias provincias. Creían errónea la táctica del
terrorismo individual. Posteriormente, una parte de los adeptos de Reparto
Negro evolucionó hacia el marxismo.
204 Engels escribió a Vera Zasúlich acerca
de Nuestras discrepancias y el
carácter de la próxima revolución en Rusia en una carta con fecha del 23 de
abril de 1885. Dicha carta se publicó por primera vez en 1925.
Prefacio a la traducción rusa del libro “ Correspondencia de J.
F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
Los meses se hicieron
larguísimos. Sin duda alguna habrá filisteos que, frunciendo la frente y
torciendo el gesto, condenaran con rigor el “revolucionarismo” de Engels o se
reirán condescendientes de las viejas utopías del viejo emigrado
revolucionario.
Sí, Marx y Engels se
equivocaron mucho y a menudo en cuanto a la proximidad de la revolución, en
cuanto a las esperanzas cifradas en la victoria de la revolución (por ejemplo,
en 1848 en Alemania) y en cuanto a la creencia de que la “república” alemana estaba
próxima (“morir por la república”, escribía Engels sobre aquella época,
recordando su estado de ánimo como participante en la campaña militar a favor
de la Constitución imperial en 1848— 1849)205.
También se equivocaron en 1871, cuando se empeñaron en la empresa de “alzar el
sur de Francia, para lo cual (Becker escribe en primera persona de plural,
refiriéndose a sí mismo y a sus amigos más cercanos, en la carta núm. 14 del 21
de julio de 1871) sacrificaban y arriesgaban todo lo q ue les era humanamente
posible...” y en la misma carta: “Si en los meses de marzo y abril hubiéramos
tenido más dinero, habríamos podido levantar todo el sur de Francia y salvar la
Comuna de París”. Pero semejantes errores de los gigantes del pensamiento
revolucionario que trataban de elevar y supieron elevar al proletariado del
mundo entero por encima de las tareas pequeñas, habituales, de tres al cuarto,
son mil veces más nobles, más majestuosos, más
valiosos y próximos a la verdad en el plano histórico que la impúdica
sapiencia del liberalismo oficial que canta, pregona, invoca y proclama la
vanidad de las vanidades revolucionarias, la inutilidad de la lucha
revolucionaria y el encanto de los delirios “constitucionales”
contrarrevolucionarios...
Con sus acciones
revolucionarias llenas de errores, la clase obrera rusa conquistará su libertad
e impulsará a Europa; y que los desaprensivos sigan envaneciéndose de la
infalibilidad de su inacción revolucionaria.
6 de
abril de 1907. Publicado en 1907 en el libro editado por P. Daug en San
Petersburgo. T. 15, págs. 229-249
![]()
205 Lenin se refiere al ensayo Morir por la república, de la serie de
ensayos La campaña alemana por la
Constitución imperial.
A propósito de la revolución de toda la nación
126
A PROPÓSITO DE LA
REVOLUCIÓN DE TODA LA NACIÓN.
En cierto sentido, sólo una
revolución de toda la nación puede ser victoriosa. Esto es cierto en el sentido
de que, para el triunfo de una revolución, es necesario unir a la inmensa
mayoría de la población en la lucha por las reivindicaciones de esa revolución.
Esta inmensa mayoría debe estar integrada por una clase o por las distintas
clases que tengan algunos objetivos comunes. En cuanto a la actual revolución
rusa, también es cierto, por supuesto, que sólo puede vencer como revolución de
toda la nación en el sentido de que,
para su triunfo, es preciso que la inmensa mayoría de la población participe
conscientemente en la lucha.
Y a eso queda reducida la
certeza convencional de la expresión en boga revolución “de toda la nación”. De
este concepto no se puede sacar ninguna conclusión más, excepto la mencionada
que, en realidad, es una perogrullada (sólo una inmensa mayoría puede vencer a
la minoría organizada y dominante). En consecuencia, resulta profundamente
erróneo y antimarxista aplicar este concepto como fórmula general, como
esquema, como criterio táctico. El concepto de “revolución de toda la nación”
debe indicar a un marxista la necesidad de analizar con precisión los
diferentes intereses de las diferentes
clases, que coinciden en ciertos objetivos comunes, concretos y limitados. En
ningún caso debe servir para velar u ocultar el estudio de la lucha de clases
en la marcha de la revolución, sea cual fuere. Semejante empleo del concepto
“revolución de toda la nación” sería renunciar totalmente al marxismo y
retornar a la fraseología vulgar de los demócratas pequeñoburgueses o de los
socialistas pequeñoburgueses.
Nuestros socialdemócratas
del ala derecha olvidan con frecuencia esta verdad. Olvidan con mayor
frecuencia aún que con el progreso de la
revolución se modifica en ella la correlación de las clases. Todo verdadero
progreso de la revolución significa incorporar al movimiento mayores masas y, por lo tanto, mayor
conciencia de los intereses de clase, mayor definición de los agrupamientos
políticos, de los partidos, y un trazo más claro de la fisonomía de clase de
los diferentes partidos; significa, por tanto, una sustitución creciente de las
reivindicaciones políticas y económicas generales, abstractas, poco claras y
vagas en su abstracción, con las
diferentes reivindicaciones concretas y definidas con precisión de las
distintas clases.
La revolución burguesa rusa,
por ejemplo, lo mismo que toda revolución burguesa, comienza inevitablemente
con las consignas generales de “libertad política” e “intereses del pueblo”,
pero el significado concreto de estas consignas va quedando claro para las
masas y clases sólo en el curso de la lucha y sólo en la medida en que se
emprende la plasmación práctica de esa “libertad”, en que se pone un contenido concreto en una palabra tan vacía como
“democracia”. En vísperas y a comienzos de la revolución burguesa todos actúan
en nombre de la democracia: el proletariado, los campesinos sumados a los
elementos pequeñoburgueses de las ciudades y los burgueses liberales de consuno
con los terratenientes liberales. Sólo en el curso de la lucha de las clases,
sólo durante el desarrollo histórico más o menos prolongado de la revolución se
descubre la diferente interpretación que las distintas clases dan a esa
“democracia”. Es m ás, se descubre el profundo abismo que media entre los
intereses de las distintas clases, las cuales exigen diferentes medidas económicas y políticas en nombre de una misma y
única “democracia”.
A propósito de la revolución de toda la nación
Sólo en el curso de la
lucha, sólo en el proceso de desarrollo de la revolución se aclara que una
clase o sector “democrático” no quiere o no puede ir tan lejos como otro; que,
al cumplirse las tareas “comunes” (supuestamente comunes), se producen enconados
choques en torno al modo de cumplirlas; por ejemplo, a propósito del grado,
extensión y plenitud de la libertad o del poder del pueblo, de la forma de
entrega de la tierra a los campesinos, etc.
Nos hemos visto forzados a
recordar todas estas verdades olvidadas para aclarar al lector la reciente
controversia abierta entre dos periódicos. He aquí lo que uno de ellos, Naródnaya Gazeta, escribía contra el
otro, Nashe Ejo:206
“El agrupamiento de la
población en partidos —escribe Nashe Ejo—,
esta importantísima enseñanza política y adquisición política primordial de la
revolución durante las elecciones a la II Duma, ha evidenciado de manera
fehaciente con hechos de escala nacional este viraje a la derecha de vastos
sectores de terratenientes y burguesía”. Esta es una gran verdad; pero el
estado de ánimo y los poderes que los diputados “izquierdistas” —eseristas,
trudoviques y enesistas207— traían de provincias también “han
mostrado con evidencia a escala nacional” que “el pueblo”, en los momentos
actuales, está imbuido en no poca medida de las “ilusiones constitucionales” de
los demócratas constitucionalistas, que “el pueblo” cifra excesivas esperanzas
en que la Duma se valdrá por sí sola, que “el pueblo” se preocupa demasiado por
la “conservación” de la Duma. Los que escriben en el peri ódico Nashe Ejo no han visto lo principal. Han
visto a quién ha enviado el pueblo a la Duma, pero no para qué los ha enviado.
Pero, en este caso, ¿admitiría Nashe Ejo
que, al invitar al proletariado a que se desentienda de las tareas de “toda la
nación”, lo invita a que se aísle no sólo de la “sociedad” burguesa, sino
también del “pueblo” pequeñoburgués?”
En una parrafada instructiva
y notable en sumo grado que revela tres grandes errores del oportunismo:
primero, al resultado de las elecciones se contrapone el estado de ánimo de los
diputados; eso significa sustituir el ánimo del pueblo con el ánimo de los
diputados, abandonar lo más profundo, amplio y primordial para recurrir a lo
más somero, estrecho y derivado*. Segundo, se sustituye el factor firmeza y
consecuencia de la política y la táctica del proletariado con la toma en
consideración de tal o cual “estado de ánimo”. Tercero —y esto es lo principal—, en nombre del vulgar fetiche democrático
de “revolución de toda la
![]()
206 "Naródnaya Gazeta" ("Gaceta del Pueblo"): periódico
menchevique que apareció en San Petersburgo en abril de 1907. Salieron dos
números.
"Nashe Ejo" ("Nuestro Eco"): diario legal bolchevique
que se publicó en San Petersburgo desde marzo hasta abril de 1907. Estaba
dirigido por Lenin.
207 Sobre los eseristas véase la nota 5.
Trudoviques (Grupo del Trabajo): grupo de demócratas pequeñoburgueses de
las Dumas de Estado de Rusia constituido por campesinos e intelectuales de
tendencia populista. Lo fundaron en abril de 1906 los diputados campesinos a la
I Duma de Estado. Vacilaban en las Dumas entre los demócratas
constitucionalistas y los socialdemócratas. Estas vacilaciones se debían a la
naturaleza misma de clase de los campesinos, o sea, pequeños propietarios.
Debido a que los trudoviques representaban, pese a todo, a las masas campesinas,
los bolcheviques aplicaban en las Dumas la táctica de los acuerdos con ellos en
algunos problemas para la lucha común contra la autocracia zarista y los
demócratas constitucionalistas. En 1917, el Grupo del Trabajo se unió al
partido de los "socialistas populares".
Enesistas ("socialistas populares"): miembros del Partido
Socialista Popular del Trabajo, partido pequeñoburgués desgajado del ala
derecha del de los socialistas-revolucionarios (eseristas) en 1906. Los
socialistas populares renunciaron a la reivindicación de la república y de la
entrega gratuita de toda la tierra de los terratenientes a los campesinos. Se
pronunciaron en pro de la nacionalización parcial de la tierra, pagando rescate
a los terratenientes y distribuyéndola entre los campesinos según la denominada
norma laboral. Los socialistas populares se pronunciaban a favor de un bloque
con los demócratas constitucionalistas. Después de la revolución democrática
burguesa de febrero de 1917, el partido de los socialistas populares se fundió
con los trudoviques y apoyó activamente la labor del Gobierno Provisional
burgués, en el cual estaba representado. Después de la Revolución Socialista de
Octubre, los socialistas populares participaron en complots
contrarrevolucionarios y acciones armadas contra el Poder soviético. Este
partido dejó de existir durante la intervención militar extranjera y la guerra
civil.
A propósito de la revolución de toda la nación
nación” se quiere intimidar al
proletariado, diciéndole que se va a “aislar” del “pueblo pequeñoburgués”.
*
En
cuanto a los “poderes”, rechazamos de plano este argumento, ¿Quién lleva la
cuenta de los poderes y preceptos revolucionarios y oportunistas? ¿Quién ignora
la de periódicos que han sido clausurados por publicar preceptos
revolucionarios?
Examinemos con la mayor
brevedad posible los dos primeros errores. Las elecciones importaban a las
masas y patentizaron, a la par que el estado de ánimo momentáneo de éstas, sus profundos intereses. En modo alguno
era de marxistas volver la espalda a los intereses de clase (reflejados en el
agrupamiento de los partidos durante las elecciones) para recurrir a un estado
de ánimo momentáneo. El ánimo de los diputados puede estar decaído, pero los
intereses económicos de las masas pueden provocar una lucha de masas. Por eso
puede ser necesario tener en cuenta el “estado de ánimo” para determinar el momento propicio de tal o cual acción,
paso, llamamiento, etc.; mas en modo alguno para determinar la táctica del proletariado. Razonar de otro modo equivale a
sustituir la táctica proletaria consecuente
con la supeditación, disconforme de todo principio, a los “estados de ánimo”. Y
en esas circunstancias se trataba precisamente del rumbo táctico y no del “momento”. Que el proletariado se haya
recobrado ahora o no (como cree Naródnaya
Gazeta), importa para deducir “el
momento” de acción, pero no para fijar el
rumbo táctico de acción de la clase obrera.
El tercer error es el más
profundo e importante: el temor de “aislar” a los socialdemócratas, o al
proletariado (que es lo mismo), del pueblo pequeñoburgués. Ese sí que es un
temor de lo más indecoroso.
Puesto que los eseristas,
los trudoviques y los enesistas siguen realmente los pasos a los demócratas
constitucionalistas —cosa que ocurre y ha ocurrido con mucha frecuencia,
empezando por la votación a favor de Golovín y siguiendo con la famosa táctica del
silencio sepulcral, etc.—, la socialdemocracia se ve obligada a aislarse del pueblo pequeñoburgués. Una de dos: o
las vacilaciones del pueblo pequeñoburgués ponen al desnudo la naturaleza
vacilante en general de los pequeños burgueses y el penoso y difícil desarrollo
de la revolución, sin implicar por ello que ésta toque a su fin ni que sus
fuerzas estén agotadas (así pensamos nosotros), y en este caso, al aislarse de
todas las vacilaciones e inconsecuencias del pueblo pequeñoburgués, el
proletariado socialdemócrata educa a ese pueblo para la lucha, lo prepara para
ella, desarrolla su conciencia, su decisión, su firmeza, etc., o las
vacilaciones del pueblo pequeñoburgués implican el fin absoluto de la
revolución burguesa actual (nosotros creemos que esta concepción es errónea, y ningún socialdemócrata la ha
sostenido clara y abiertamente, aunque no cabe duda de que los socialdemócratas
de extrema derecha se inclinan por ella). Entonces el proletariado
socialdemócrata también está obligado
a aislarse de las vacilaciones (o de la traición) de la pequeña burguesía para
educar la conciencia de clase de las
masas obreras y prepararlas para la participación más regular, más firme y
enérgica en la revolución siguiente.
En ambos casos, en todos los
casos, el proletariado socialdemócrata tiene la obligación incuestionable de
aislarse del pueblo pequeñoburgués, imbuido
de ilusiones demócratas constitucionalistas. En todos los casos debe
aplicar la firme y consecuente política de una clase revolucionaria de verdad sin dejarse desconcertar por
cuentos reaccionarios o pequeñoburgueses de ningún género sobre las tareas de
toda la nación en general o la revolución de toda la nación.
Puede ocurrir, si se da tal
o cual combinación de fuerzas y circunstancias adversas, que una gran mayoría
de los sectores burgueses y pequeñoburgueses se contamine por algún tiempo de
servilismo, adulación rastrera o miedo. Esto sería cobardía “de toda la
nación”, y el proletariado socialdemócrata se aísla de ella en aras de los
intereses de todo el movimiento obrero.
A propósito de la revolución de toda la nación
Publicado el 2 de
mayo de 1907 en el núm. 16 de “Proletari”.
T. 15, págs. 276-280.
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
128
EL CONGRESO SOCIALISTA INTERNACIONAL DE STUTTGART. 208
El congreso recién
clausurado en Stuttgart ha sido el duodécimo de la Internacional proletaria.
Los cinco primeros datan de la época de la Primera Internacional (1866-1872),
que dirigió Marx, procurando, según la atinada expresión de Bebel, formar desde
arriba la unidad internacional del proletariado en lucha. Este intento no podía
llevar a feliz término mientras no se cohesionaran y robustecieran los partidos
socialistas nacionales; pero la actividad de la Primera Internacional prestó
grandes servicios al movimiento obrero de todos los países y ha dejado huellas
indelebles.
La Segunda Internacional
empezó en el Congreso Socialista Internacional de París en 1889. En los
siguientes congresos, celebrados en Bruselas (1891), Zúrich (1893), Londres
(1896), París (1900) y Ámsterdam (1904), esta nueva Internacional apoyada en
vigorosos partidos nacionales se afianzó definitivamente. Al de Stuttgart han
asistido 884 delegados de 25 pueblos de Europa, Asia (el Japón y parte de la
India), América, Australia y África (un delegado de Sudáfrica).
El gran alcance del Congreso
Socialista Internacional de Stuttgart estriba precisamente en que ha implicado
un fortalecimiento definitivo de la Segunda Internacional y la transformación
de los congresos internacionales en asambleas prácticas que ejercen la mayor
influencia en el carácter y orientación de la actividad socialista en todo el
orbe. Formalmente, los acuerdos de los congresos internacionales no son
obligatorios para cada país por separado; mas su importancia moral es tanta
que, el no cumplirlos de hecho, es una excepción acaso más rara que el
incumplimiento por algunos partidos de los acuerdos de sus propios congresos.
El Congreso de Ámsterdam consiguió unir a los socialistas franceses, y su
resolución contra el ministerialismo expresó realmente la voluntad del
proletariado consciente de todo el mundo, determinando la política de los
partidos obreros.
El Congreso de Stuttgart ha
dado un gran paso adelante en la misma dirección y ha sido, con respecto a
varias cuestiones importantes, la instancia suprema para determinar la línea
política del socialismo. Ha definido esta línea política con más firmeza aún
que el de Ámsterdam en el sentido de la socialdemocracia revolucionaria contra
el oportunismo. Die Gleichheit,209 órgano de las trabajadoras socialdemócratas alemanas, redactado
por Clara Zetkin, escribe con razón a
este respecto: "Las distintas desviaciones de algunos partidos socialistas
hacia el oportunismo en todas las cuestiones fueron corregidas en el sentido
revolucionario gracias a la colaboración de los socialistas de todos los
países".
Por cierto, un fenómeno
digno de señalar y deplorar ha sido que la socialdemocracia alemana, siempre
defensora hasta aquí del punto de vista revolucionario en el marxismo, se ha
mostrado inestable o ha ocupado una posición oportunista. El Congreso de Stuttgart
ha confirmado una profunda observación que Engels hiciera del movimiento obrero
alemán. El 29 de abril de 1886 escribió a Sorge, veterano de la Primera
Internacional: "En general, está
![]()
208 El Congreso
Socialista Internacional de Stuttgart,
VII Congreso de la II Internacional,
se celebró entre el 18 y el 24 de agosto de 1907.
II Internacional:
organización internacional de los partidos socialistas fundada en 1889. Al
empezar la época imperialista, fueron predominando cada vez más en la II
Internacional las tendencias oportunistas. Al estallar la guerra imperialista
mundial de 1914-1918, los líderes oportunistas de la II Internacional se
alzaron abiertamente en defensa de la política imperialista de los gobiernos
burgueses de sus países, y la II Internacional se desmoronó.
209 "Die Gleichheit" ("La Igualdad"): revista quincenal
socialdemócrata, órgano del movimiento obrero femenino de Alemania y, luego,
del movimiento femenino internacional; apareció en Stuttgart entre 1890 y 1925;
desde 1892 hasta 1917 estuvo dirigida por Clara Zetkin.
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
bien que a los alemanes,
sobre todo después de haber mandado al Reichstag a un número tan considerable
de filisteos (lo que era, no obstante, inevitable), se les dispute el papel de
dirigentes del movimiento socialista internacional. En períodos de calma todo
se vuelve filisteo en Alemania, y en tales momentos es absolutamente
indispensable el aguijón de la competencia francesa, de la que no habrá
falta".
En Stuttgart no ha faltado el aguijón de la competencia
francesa, y este aguijón ha sido muy necesario, pues los alemanes han mostrado
mucho filisteísmo. Los socialdemócratas rusos deben tenerlo muy presente, pues
nuestros liberales (y no sólo los liberales) hacen los imposibles por presentar
como un modelo digno de imitación precisamente los aspectos menos esplendorosos
de la socialdemocracia alemana. Los adalides del pensamiento más insignes y
reflexivos de los socialdemócratas alemanes han señalado esta circunstancia y,
tras desprenderse de toda falsa sensación de bochorno, la han señalado
resueltamente como una advertencia. "En Ámsterdam —se dice en el órgano
de Clara Zetkin— el tema revolucionario principal de todos los debates en el
parlamento del proletariado mundial fue la resolución de Dresde; en el Congreso
de Stuttgart han sido desagradables disonancias los discursos oportunistas de
Vollmar, en la comisión de cuestiones de militarismo, de Päplow, en la
comisión de problemas de emigración, y de David (y Bernstein asimismo,
agregamos nosotros), en la comisión de problemas coloniales. Los representantes
alemanes han sido esta vez, en la mayoría de las comisiones, y con relación a
la mayoría de los problemas, los cabecillas del oportunismo". C. Kautsky
escribe, enjuiciando el Congreso de Stuttgart: "Esta vez no se ha
manifestado en nada el papel dirigente desempeñado realmente hasta hoy por la
socialdemocracia alemana en la Segunda Internacional".
129
Pasemos a examinar algunas
cuestiones debatidas en el congreso. Sobre el problema de las colonias no se ha
logrado vencer las discrepancias en la comisión respectiva. Ha resuelto la
disputa entre oportunistas y revolucionarios el propio congreso, y la ha
resuelto a favor de los revolucionarios por mayoría de 127 votos contra 108 y
10 abstenciones. A propósito, señalaremos aquí el grato fenómeno de que todos
los socialistas de Rusia han votado unánimemente con espíritu revolucionario en
todas las cuestiones (Rusia tiene 20 votos, 10 de los cuales se han concedido
al POSDR, excluidos los polacos, 7 a los eseristas y 3 a los representantes de
los sindicatos. Luego, Polonia cuenta con 10 votos, repartidos así: 4 los
socialdemócratas polacos y 6, el PSP 210 y
las zonas no rusas de Polonia. Finalmente, los dos representantes de Finlandia
tienen 8 votos).
En torno a la cuestión
colonial se formó en la comisión una mayoría oportunista, y en el proyecto de
resolución apareció una frase monstruosa que versaba: "El congreso no
condena en principio y para todos los tiempos toda política colonial, que puede
desempeñar una función civilizadora en un régimen socialista". De hecho,
esta tesis equivalía a una regresión directa a la política burguesa y a la
concepción burguesa, que justifica las guerras y atrocidades colonialistas.
Esto es una regresión hacia Roosevelt, dijo un delegado americano. Las
tentativas de justificar esta regresión con las tareas de la "política
colonial socialista" y de llevar a cabo reformas positivas en las colonias
fueron desafortunadas hasta lo imposible. El socialismo jamás ha renunciado ni
renuncia a defender que se hagan reformas en las colonias
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210
Socialdemócratas polacos: miembros de la Socialdemocracia del
Reino Polaco y de Lituania. (SDRPL), partido revolucionario de la clase obrera
polaca que apareció en 1893, primero como Socialdemocracia del Reino Polaco y,
a partir de agosto de 1900, después del congreso de las organizaciones
socialdemócratas del Reino Polaco y Lituania, donde se unificaron los
socialdemócratas polacos con parte de los lituanos, empezó a denominarse
Socialdemocracia del Reino Polaco y de Lituania. El mérito de este partido
estriba en que encauzaba el movimiento obrero polaco hacia la alianza con el
movimiento obrero ruso y combatía el nacionalismo.
La SDRPL aplaudió la Gran Revolución Socialista de Octubre y
desplegó la lucha por el triunfo de la revolución proletaria en Polonia. En
diciembre de 1918, en el Congreso de Unificación de la SDRPL y el PSP de
izquierda, los dos partidos se unieron y formaron el Partido Comunista Obrero
de Polonia.
Sobre el PSP véase la nota 90.
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
también, pero esto no tiene
ni debe tener nada de común con el debilitamiento de nuestra posición de
principios contra las conquistas, el sometimiento de otros pueblos, la
violencia y el saqueo, que constituyen la "política colonial". El
programa mínimo de todos los partidos socialistas se refiere a las metrópolis y
a las colonias. El propio concepto de "política colonial socialista"
es un embrollo sin pies ni cabeza. El congreso ha obrado muy bien al quitar de
la resolución las susodichas palabras y sustituirlas por una condena más
enérgica todavía de la política colonial que en resoluciones anteriores.
La resolución sobre la
actitud de los partidos socialistas con respecto a los sindicatos tiene una
importancia de singular magnitud para nosotros, los rusos. Esta cuestión se nos
plantea a la orden del día. El Congreso de Estocolmo la resolvió a favor de los
sindicatos sin partido, es decir,
ratificó la posición de nuestros adeptos de la
neutralidad, encabezados por Plejánov. El Congreso de Londres dio un paso
hacia los sindicatos partidistas, en contra de la neutralidad. Como se
sabe, la resolución de Londres despertó grandes discusiones y el descontento en
una parte de los sindicatos y, sobre todo, en la prensa democrática burguesa.
En Stuttgart esta cuestión
se ha planteado, en el fondo, así: ¿Neutralidad o aproximación, cada día más
estrecha, de los sindicatos al partido? y el Congreso Socialista Internacional,
como el lector puede convencerse por la resolución de dicho congreso, se ha
pronunciado por que los sindicatos estén más próximos al partido. Ni siquiera
se menciona en ella la neutralidad ni la no filiación de los sindicatos al
partido. Kautsky, defensor en la socialdemocracia alemana del acercamiento de
los sindicatos al partido, contra la neutralidad de Bebel, ha tenido por eso
pleno derecho a proclamar en su informe sobre el Congreso de Stuttgart ante los
obreros de Leipzig (Vorwärts211, 1907, núm. 209, suplemento):
"La resolución del
Congreso de Stuttgart dice todo lo que nos hace falta. Pone fin para siempre a la neutralidad”. Clara Zetkin escribe:
"En principio, nadie ha impugnado ya (en Stuttgart) la tendencia histórica
fundamental de la lucha proletaria de clase: a coligar la lucha política con la
económica, a agrupar unas y otras organizaciones lo más estrechamente posible
en una fuerza única de la clase obrera socialista. Sólo el representante de los
socialdemócratas rusos, camarada Plejánov" (ha debido decir: el
representante de los mencheviques212 que
enviaron a Plejánov a la comisión como defensor de la "neutralidad"),
"y la mayoría de la delegación francesa han intentado justificar con
argumentos bastante desafortunados cierta restricción de este principio,
remitiéndose a las particularidades de sus países. La inmensa mayoría del
congreso se ha puesto al lado de la política resuelta de unidad de la
socialdemocracia con los sindicatos..."
Es preciso señalar que el
argumento de Plejánov, desafortunado según el acertado parecer de Zetkin, ha
recorrido los periódicos legales rusos tal y como está expuesto a continuación.
Plejánov ha argüido en la comisión del Congreso de Stuttgart que "en Rusia
hay once partidos revolucionarios"; "¿con cuál de ellos deben unirse
los sindicatos?" (citamos por el Vorwärts,
núm. 196, 1. suplemento). Esta referencia de Plejánov no es cierta ni de hecho
ni por principio. De hecho, en cada nacionalidad de Rusia luchan no más de dos
partidos por la influencia en el proletariado socialista; los socialdemócratas
y los eseristas, los socialdemócratas polacos y los adeptos del PSP, los
socialdemócratas letones y los eseristas letones (la llamada Unión
Socialdemócrata Letona), los socialdemócratas armenios y los dashnaktsutiunes213 y así sucesivamente. La delegación de Rusia en Stuttgart
también se
![]()
211 "Vorwärts" ("Adelante"): órgano central del Partido
Socialdemócrata Alemán; aparecía todos los días en Berlín entre 1891 y 1933. En
las páginas de este periódico batalló Engels contra todas las manifestaciones
de oportunismo. Desde la segunda mitad de los años 90, después de la muerte de
Engels, la redacción de Vorwärts se
vio en manos del ala derecha del partido y publicaba con regularidad artículos
de los oportunistas.
212 Véase la nota 9.
213
Socialdemócratas armenios: miembros de la "Organización
Obrera Socialdemócrata Armenia" ("específicos"), que se formó
poco después del II Congreso del POSDR (1003). De manera parecida a los
bundistas, los "específicos"
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
escindió en seguida en dos.
El número de 11 partidos es totalmente arbitrario y confunde a los obreros. Y
por principio, no lleva razón Plejánov, porque la lucha entre el socialismo
proletario y el socialismo pequeñoburgués en Rusia es inevitable en todas
partes, incluidos los sindicatos. A los ingleses, por ejemplo, no se les ha
ocurrido sublevarse contra la resolución, pese a que en su país también hay dos
partidos socialistas en pugna, el socialdemócrata (SDF)214 y los "independientes" (ILP)215.
130
En el ejemplo de Alemania se
ve con particular claridad que la idea de la neutralidad de los sindicatos,
rechazada en Stuttgart, ha inferido ya mucho daño al movimiento obrero. En
Alemania es donde más propaganda se ha hecho de la neutralidad y donde más se
ha llevado ésta a la práctica. El resultado ha sido una desviación tan patente
de los sindicatos alemanes hacia el oportunismo que la ha reconocido
abiertamente hasta Kautsky, tan prudente en esta cuestión. En su informe a los
obreros de Leipzig dice sin ambages que el "conservadurismo" revelado
por la delegación alemana en Stuttgart "se llega a comprender si se fija
uno en la composición de esta delegación. La mitad eran representantes de los
sindicatos, de suerte que el "ala derecha" de nuestro partido se ha
visto con más fuerzas de las que tiene realmente en el partido".
La resolución del Congreso
de Stuttgart debe acelerar, sin duda, la ruptura enérgica de la
socialdemocracia rusa con la idea de la neutralidad, tan dilecta de nuestros
liberales. Debemos trabajar permanentemente en los sindicatos, observando la
prudencia necesaria y avanzando todo lo poco a poco que sea preciso, sin dar
pasos bruscos ni torpes, en el espíritu de aproximar los sindicatos más al
partido socialdemócrata.
Luego, en el problema de
emigración e inmigración, planteado en la comisión respectiva del Congreso de
Stuttgart, ha surgido una discrepancia muy definida entre oportunistas y
revolucionarios. Los primeros estaban obsesos con la idea de restringir el derecho de desplazamiento
de los obreros atrasados, poco desarrollados, sobre todo japoneses y chinos. En
ellos podía más el espíritu gremial cerrado, estrecho y de exclusivismo
tradeunionista que el conocimiento de las tareas socialistas: instruir y
organizar a las capas proletarias no incorporadas todavía al movimiento obrero.
El congreso ha rechazado todas las tentativas hechas en este sentido. Hasta en
la comisión han sonado muy solas las voces emitidas en pro de restringir la
libertad de desplazamiento, y la resolución del Congreso Internacional rebosa
de reconocimiento de la lucha de clase solidaria de los obreros de todos los
países.
La resolución sobre el
derecho femenino al sufragio ha sido también aprobada por unanimidad. Sólo una
inglesa de la semiburguesa Sociedad Fabiana216 ha
sostenido que es admisible la lucha por un sufragio femenino restringido, a
favor de las pudientes, y no de todas las mujeres. El congreso lo ha rechazado
rotundamente y se ha pronunciado en pro de que las obreras luchen por el
sufragio femenino al lado de los partidos de clase del
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reclamaban la estructura
federativa del partido, o sea, la división del proletariado por naciones, y se
declararon únicos representantes del proletariado armenio. Para justificar su
nacionalismo apelaban a las "condiciones específicas de cada nación".
Dashnaktsutiún (dashnakes): partido
contrarrevolucionario nacionalista burgués. Se formó a comienzos de los años 90
del siglo XIX y luchó contra el movimiento revolucionario de los obreros y los
campesinos.
En 1918-20, los dashnakes encabezaron el gobierno nacionalista
burgués de Armenia. El gobierno dashnake fue derrocado en noviembre de 1920, a
raíz de una sublevación armada de los trabajadores de Armenia apoyados por el
Ejército Rojo.
214 Véase la nota 178.
215 ILP (Independent Labour Party), Partido
Laborista Independiente: organización reformista fundada en 1893. En el ILP
entraron los socios de las "nuevas tradeuniones" y de varios viejos
sindicatos más, intelectuales y pequeños burgueses que se hallaban bajo la
influencia de los fabianos. Encabezaba el partido Keir Hardie. El ILP ocupaba
posiciones reformistas burguesas desde el mismo comienzo de su fundación y
dedicaba la atención principal a la forma parlamentaria de lucha y a las
transacciones parlamentarias con el Partido Liberal. Caracterizando al Partido
Laborista Independiente, Lenin escribió que, "en realidad, era un partido
oportunista siempre dependiente de la burguesía, sólo "independiente"
del socialismo, pero muy dependiente del liberalismo".
216 Véase la nota 197.
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
proletariado y no de las
adictas burguesas de la igualdad de derechos de la mujer. El congreso ha
reconocido que en la campaña por el sufragio femenino es necesario defender
plenamente los principios del socialismo y la igualdad de derechos entre el
hombre y la mujer, sin desvirtuar estos principios por razón alguna de
conveniencia.
Sobre este punto ha surgido
una interesante disparidad de opiniones en la comisión. Los austriacos (Víctor
Adler y Adelheid Popp) han justificado su táctica en la lucha por el sufragio
universal masculino: en aras de la conquista de este derecho estimaban
conveniente no sacar al primer plano de la agitación la reivindicación de
derechos electorales también para la mujer. Los socialdemócratas alemanes,
sobre todo Zetkin, protestaron ya contra esto cuando los austriacos desplegaron
su campaña por el sufragio universal. Zetkin declaró en la prensa que en modo
alguno se debía posponer la reivindicación del sufragio femenino; que los
austriacos sacrificaban de modo oportunista los principios por consideraciones
de conveniencia y que, lejos de debilitar el alcance de la agitación y el
empuje del movimiento popular, lo vigorizarían si defendían también con la
misma energía el derecho electoral femenino. Zitz, otra destacada
socialdemócrata alemana, se ha adherido plenamente a Zetkin en la comisión. La
enmienda de Adler, que justificaba indirectamente la táctica austriaca (en esta
enmienda sólo se dice que no haya intermitencias en la lucha por el sufragio
realmente para todos los ciudadanos y no que la lucha por el sufragio gire
siempre en torno a la reivindicación de la igualdad de derechos para el hombre
y la mujer), ha sido rechazada por
doce votos contra nueve. Como mejor se puede expresar el punto de vista de la comisión y del congreso es con las
siguientes palabras de la mencionada Zitz, tomadas de su discurso pronunciado
en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas (esta conferencia se ha
celebrado en Stuttgart al mismo tiempo que el congreso): "Tenemos que
exigir por principio todo lo que consideramos justo –dice Zitz—, y sólo cuando
las fuerzas para la lucha son insuficientes aceptamos lo que podemos conseguir.
Esta ha sido siempre la táctica de la socialdemocracia. Cuanto más modestas
sean nuestras reivindicaciones, tanto más modestas serán también las
concesiones del gobierno..." Por esta discusión entre las socialdemócratas
austríacas y alemanas podrá ver el lector cuán severa es la actitud de los
mejores marxistas ante las menores desviaciones de una táctica revolucionaria
consecuente de principios.
131
El último día del congreso
ha estado dedicado a la cuestión del militarismo, la que más interesaba a
todos. El tristemente famoso Hervé ha defendido un punto de vista inconsistente
en grado sumo al no haber sabido ligar las guerras con el sistema capitalista
en general y la agitación antiinilitarista con toda la labor del socialismo. El
proyecto de Hervé de "responder" a cualquier guerra con la huelga y
la insurrección ha revelado una incomprensión completa de que el empleo de uno
u otro medio de lucha no depende de la decisión previa de los revolucionarios,
sino de las condiciones objetivas de la crisis, tanto económica como política,
que provoque la guerra.
Pero si Hervé ha mostrado,
indudablemente, ligereza, superficialidad y apego a las frases rimbombantes,
habría sido una miopía suprema contraponerle nada más una exposición dogmática
de verdades generales del socialismo. En este error (del que no han estado
totalmente exentos Bebel y Guesde) ha incurrido Vollmar, sobre todo. Le ha
hecho a Hervé una crítica arrolladora con la inusitada autosuficiencia de quien
está seducido por el parlamentarismo estereotipado, sin advertir que su propia
estrechez y rigidez oportunistas obligan
a reconocer un hilo de vida en el herveísmo, a pesar de lo absurdo y disparatado, desde el punto de vista teórico, del planteamiento de la cuestión
por el propio Hervé. Suele acontecer, por cierto, que disparates teóricos
encubran cierta verdad práctica cuando en el movimiento se opera un nuevo
viraje. Y este aspecto de la cuestión, consistente en exhortar a que se
aprecien no sólo los métodos parlamentarios de lucha, en exhortar a que se obre
según sean las condiciones que se den en la guerra futura y en las crisis
futuras, lo han
El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart
subrayado los
socialdemócratas revolucionarios, especialmente Rosa Luxemburgo en su discurso.
Rosa Luxemburgo ha propuesto con los delegados socialdemócratas rusos (Lenin y
Mártov; los dos se han solidarizado con esto) varias enmiendas a la resolución
de Bebel, enmiendas en las que se ha recalcado la necesidad de desplegar
agitación entre la juventud, la necesidad de aprovechar la crisis provocada por
la guerra para acelerar la caída de la burguesía, la necesidad de tener
presente que variarían ineludiblemente los métodos y medios de combate a medida
que se acentuase la lucha de clases y cambiase la situación política. De la
resolución de Bebel, dogmática y unilateral, muerta, que admitía la
interpretación dada por Vollmar, ha resultado, pues, en fin de cuentas, otra
completamente distinta. En ella se repiten todas las verdades teóricas para
instrucción de los herveístas, capaces de olvidarse del socialismo en aras del
antimilitarismo. Mas estas verdades no son un preámbulo para justificar el
cretinismo parlamentario, ni para bendecir los medios de lucha pacíficos nada
más, ni para que se adore la situación dada, relativamente pacífica y
tranquila, sino para que se reconozcan todos los medios de lucha, para que se
tenga en cuenta la experiencia de la revolución de Rusia, para que se
despliegue el aspecto eficaz y creador del movimiento.
El órgano de Zetkin, que ya
hemos mencionado varias veces, recoge con perfecta exactitud este rasgo
precisamente, el más destacado e importante de la resolución del congreso sobre
el antimilitarismo. "En esta resolución —dice Zetkin de la relativa al
antimilitarismo — ha triunfado también a fin de cuentas la energía
revolucionaria (Tatkrajt) y la
valiente fe de la clase obrera en su capacidad de lucha; ha vencido al
evangelio pesimista de la impotencia y al afán rutinario de limitarse a los
viejos procedimientos de lucha, exclusivamente parlamentarios, por un lado, y
al simplón deporte antimilitarista, de los semianarquistas franceses del tipo
de Hervé, por otro. La resolución, aprobada en última instancia por unanimidad,
tanto en la comisión como por los casi novecientos delegados de todos los
países, expresa con enérgicas palabras el ascenso gigantesco experimentado por
el movimiento obrero revolucionario desde el último Congreso Internacional;
destaca como principio de la táctica proletaria su flexibilidad, su capacidad
para desarrollarse, su acentuación (Zuspitzung) en la medida que maduran las
condiciones para ello".
El herveísmo ha sido
rebatido, mas no a favor del oportunismo ni desde el punto de vista del
dogmatismo y de la pasividad. El proletariado internacional ha reconocido
plenamente la aspiración viva a métodos de lucha más resueltos y nuevos cada
vez y la ha vinculado con todo el exacerbamiento de las contradicciones
económicas, con todas las condiciones de las crisis que origina el capitalismo.
El alcance de la resolución
del Congreso Socialista Internacional de Stuttgart sobre el militarismo estriba
en que expresa no una vacua amenaza herveísta, sino una clara conciencia de que
la revolución social es inevitable, una decisión firme de luchar hasta el fin,
una disposición a recurrir a los medios de lucha más revolucionarios.
El ejército proletario se
robustece en todos los países. Su conciencia, su cohesión y su decisión
aumentan rápidamente. Y el capitalismo se encarga, con buenos resultados, de
hacer más frecuentes las crisis que este ejército aprovechará para dar al traste
con él.
Escrito en septiembre de 1907. Publicado en octubre de 1907 en
"El calendario de 1908 para todos".
T. 16, págs. 79-89.
La propaganda antimilitarista y las organizaciones de la
juventud socialista obrera
133
LA
PROPAGANDA ANTIMILITARISTA Y LAS ORGANIZACIONES DE LA JUVENTUD SOCIALISTA
OBRERA.
Como se sabe, en el Congreso
Socialista Internacional de Stuttgart se ha discutido el problema del
militarismo y, en relación con él, la cuestión de la propaganda
antimilitarista. En la resolución aprobada con este motivo se dice, entre otras
cosas, que el congreso considera una obligación de las clases trabajadoras
“contribuir a que la juventud obrera se eduque en el espíritu de la fraternidad
de los pueblos y del socialismo y tenga conciencia de clase”. El congreso ve en
ello una garantía de que el ejército deje de ser un instrumento ciego en manos
de las clases gobernantes, las cuales disponen de él a su antojo y pueden
lanzarlo contra el pueblo en cualquier momento.
Hacer propaganda entre los
soldados en servicio activo es dificilísimo y, a veces, casi imposible. La vida
cuartelera, la estrecha vigilancia y los escasos permisos dificultan en extremo
la comunicación con el mundo exterior; la disciplina militar y el absurdo
amaestramiento a cumplir como autómatas las voces de mando atemorizan a los
soldados; los jefes militares no escatiman esfuerzos para extirpar de los
“brutos ignorantes” todo pensamiento vivo, todo sentimiento humano e inculcarle
obediencia ciega, odio absurdo y atroz a los enemigos “exteriores” e
“interiores”... Ganarse la confianza del soldado arrancado del medio habitual,
que está solo y atemorizado, que no sabe nada y tiene metidas en la cabeza las
ideas más monstruosas de todo lo que le rodea es mucho más difícil que ganarse
la de los jóvenes en edad de reemplazo, que viven en familia, tienen amigos y
están estrechamente ligados con ellos por una comunidad de intereses. La
propaganda antimilitarista entre la juventud obrera da en todas partes resultados
magníficos. Y eso es de una importancia inmensa. El obrero que se incorpora a
filas convertido en un socialdemócrata consciente es mal puntal para los
poderosos.
En todos los países europeos
existen organizaciones de la juventud socialista obrera. En algunos, como
Bélgica, Austria y Suecia, son grandes agrupaciones que realizan una importante
labor de partido. Naturalmente, el fin principal de las organizaciones juveniles
es la autodidaxia, la adquisición de una concepción socialista del mundo clara
y sin deformar. Mas, a la vez, realizan también una labor práctica. Luchan por
mejorar la situación de los aprendices y procuran defenderlos de la desmedida
explotación por los patronos. Las organizaciones de la juventud socialista
obrera aún dedican más tiempo y atención a la propaganda antimilitarista.
Tratan, para ello, de
entablar estrechos vínculos con los jóvenes soldados. Y lo consiguen del modo
siguiente. Mientras el joven obrero no ha sido llamado a filas, es miembro de
la organización y paga sus cuotas. Cuando sienta plaza, la organización sigue
manteniendo con él contacto permanente, le envía periódicamente una pequeña
ayuda en metálico (“el sou del soldado”, como la denominan en Francia), que,
por pequeña que sea, tiene para él una importancia sustancial. Por su parte, él
se compromete a informar con regularidad a la organización de cuanto se hace en
el cuartel, a comunicarle por escrito sus impresiones. De este modo, aun
haciendo el servicio, el soldado no pierde el contacto con la organización a
que pertenecía.
La propaganda antimilitarista y las organizaciones de la
juventud socialista obrera
Las autoridades procuran
siempre enviar al soldado a sentar plaza lo más lejos posible del lugar en que
viva, a fin de que no esté ligado con la población local por ningún interés, a
fin de que se sienta ajeno a ella. Entonces es más fácil obligarle a que
obedezca la orden de disparar contra la multitud. Las organizaciones de la
juventud obrera se esfuerzan por impedir este aislamiento del soldado respecto
de la población local. Las organizaciones juveniles están relacionadas entre
ellas. Al aparecer en una nueva ciudad el soldado que pertenecía a la
agrupación juvenil de su lugar de residencia es recibido como un huésped grato
por la organización correspondiente, la cual lo pone en el acto al corriente de
los intereses locales y le ayuda en la medida de sus posibilidades. El soldado
deja de ser un extraño, un forastero. Sabe también que si le ocurre algo,
tendrá ayuda y apoyo. El saberlo le infunde valentía, y él se mueve con más
atrevimiento en el cuartel y defiende con más audacia sus derechos y su dignidad
humana.
Los estrechos vínculos de
las organizaciones juveniles con los jóvenes soldados permiten a aquéllas
desplegar entre éstos una vasta propaganda antimilitarista. Esto se logra en lo
fundamental mediante las publicaciones antimilitaristas que dichas organizaciones
editan y difunden en gran cantidad, sobre todo en Francia y Bélgica, y también
en Suiza, Suecia, etc.
134
El contenido de estas publicaciones es de lo más diverso:
postales con dibujos antimilitaristas, coplas soldadescas de carácter
antimilitarista (muchas de las cuales son muy populares entre los soldados), el
“catecismo del soldado” (en Francia se han distribuido más de 100.000
ejemplares), folletos, proclamas y hojas de todo género; periódicos y revistas
semanales, quincenales y mensuales para los soldados, algunos de ellos
ilustrados. Han alcanzado gran difusión publicaciones como El Cuartel, El Recluta, El Joven Soldado, Pioupiou (apodo cariñoso
del bisoño) y Adelante. En Bélgica,
por ejemplo, los periódicos El Cuartel
y El Recluta tienen una tirada de
60.000 ejemplares cada uno. Aparecen muchas revistas, sobre todo, durante las levas. Se envían a domicilio a todos los
reclutas números especiales de los periódicos del soldado. Las publicaciones
antimilitaristas les llegan a los soldados en los cuarteles, éstos las reciben
en la calle, las encuentran en los cafés, en las tabernas, en todos los lugares
que frecuentan.
Se dedica una atención
especial a los reclutas, a los que se organizan despedidas solemnes. Durante
los apellidamientos hay cabalgatas en las ciudades. En Austria, por ejemplo,
los reclutas, vestidos de luto, cruzan de punta a punta las ciudades al compás
de marchas fúnebres. Delante va una carroza guarnecida de rojo. En las paredes
se fijan por doquier carteles colorados con el siguiente lema de grandes
trazos: “¡Vosotros no dispararéis contra el pueblo!” En honor de los reclutas
se celebran festines, en los que se pronuncian fogosos discursos
antimilitaristas. En pocas palabras, se hace todo lo posible para despertar la
conciencia del recluta, para preservarlo de la malsana influencia de las ideas
y sentimientos que le imbuirán en el cuartel por todos los medios lícitos e
ilícitos.
Y la labor de la juventud
socialista da sus frutos. En Bélgica existen ya en el ejército cerca de quince
organizaciones de soldados, adheridas en su mayoría al Partido Obrero
Socialdemócrata y estrechamente vinculadas entre si. Hay regimientos en los que
están organizadas dos terceras partes de los soldados. En Francia, el espíritu
antimilitarista se ha hecho general. Durante las huelgas de Dunkerque, Creusot,
Longwy y Monceau-les— Mines, los soldados enviados contra los huelguistas se
solidarizaron con éstos...
En las filas del ejército
crece sin cesar el número de socialdemócratas; las tropas son más inseguras
cada día. ¿Al lado de quién se pondrán cuando la burguesía haya de verse las
caras con la clase obrera organizada? La juventud socialista obrera pone toda
la energía y todo el ardor juveniles para que las tropas se pongan al lado del
pueblo.
La propaganda antimilitarista y las organizaciones de la
juventud socialista obrera
Publicado el 8 de
octubre de 1907 en el núm. 16 de “Vperiod”.
T. 16, págs. 114-117.
135
ENSEÑANZAS DE LA
COMUNA. 217
Después del golpe de Estado
que puso fin a la revolución de 1848, Francia cayó durante dieciocho años bajo
el yugo del régimen napoleónico, que llevó al país no sólo a la ruina
económica, sino también a una humillación nacional. Al sublevarse contra el viejo
régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y la otra de clase:
liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los
obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituye
el rasgo más peculiar de la Comuna.
La burguesía formó entonces
el “gobierno de la defensa nacional”, bajo cuya dirección tenía que luchar el
proletariado por la independencia de toda la nación. Se trataba, en realidad,
de un gobierno “de traición nacional”, el cual consideraba que su misión
consistía en luchar contra el proletariado parisiense. Pero el proletariado,
cegado por las ilusiones patrióticas, no se daba cuenta de ello. La idea
patriótica arrancaba de la Gran Revolución del siglo XVIII; esta idea se adueñó
de las mentes de los socialistas de la Comuna; y Blanqui, por ejemplo, que era
sin duda alguna un revolucionario y un ferviente partidario del socialismo, no
halló para su periódico mejor título que el angustioso grito burgués: “¡La patria en peligro!”
La conjugación de estas
tareas contradictorias — el patriotismo y el socialismo— constituyó el error
fatal de los socialistas franceses. En el Manifiesto que la Internacional lanzó
en septiembre de 1870, Marx puso ya en guardia al proletariado francés contra
el peligro de dejarse llevar del entusiasmo por una falsa idea nacional.218 Profundos cambios se habían operado desde los tiempos de la
Gran Revolución; las contradicciones de clase se habían agudizado, y si
entonces la lucha contra la reacción de toda Europa agrupaba a toda la nación
revolucionaria, ahora el proletariado ya no podía unir sus intereses a los de
las otras clases, que eran hostiles; la burguesía debía cargar con
responsabilidad de la humillación nacional; misión del proletariado era luchar
por emancipación socialista del trabajo sometido yugo de la burguesía.
En efecto, no tardó en verse
el trasfondo verdadero del “patriotismo” burgués. Después de concertar una paz
vergonzosa con los prusianos, el gobierno de Versalles procedió a cumplir su
tarea directa y la emprendió con el armamento — terrorífico para él— del
proletariado parisiense. Los obreros respondieron proclamando la Comuna y
declarando la guerra civil.
A pesar de que el
proletariado socialista estaba dividido en numerosas sectas, la Comuna fue un
ejemplo brillante de cómo el proletariado sabe cumplir unánime las tareas
democráticas, que la burguesía sólo sabía proclamar. Sin ninguna legislación
complicada, con toda sencillez, el proletariado, que había conquistado el
poder, llevó a cabo la democratización del régimen social, suprimió la
burocracia y estableció la elección de los funcionarios por el pueblo.
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217 El artículo Enseñanzas de la Comuna, publicado en el número 2 de Zagraníchnaya Gazeta del 23 de marzo de
1908, es el acta taquigráfica de un informe pronunciado por Lenin. Al
publicado, la redacción del periódico dio la siguiente aclaración: "El 18
de marzo se celebró en Ginebra un mitin internacional en conmemoración de tres
aniversarios del proletariado: el veinticinco de la muerte de Marx, el sesenta
de la revolución de marzo de 1848 y el treinta y siete de la Comuna de París.
En nombre del POSDR habló el camarada Lenin, que trató de la importancia de la
Comuna".
"Zagraníchnaya Gazeta"
("Gaceta del Extranjero"): periódico del grupo de emigrados rusos en
Ginebra; apareció en marzo y abril de 1908.
218 Véase C. Marx. Segundo llamamiento del Consejo General de la Asociación Internacional
de los Trabajadores sobre la guerra franco-Prusiana.
Pero dos errores malograron
los frutos de la brillante victoria. El proletariado se detuvo a mitad de
camino: en lugar de comenzar la “expropiación de los expropiadores”, se puso a
soñar con la entronización de la justicia suprema en un país unificado por una
tarea común a toda la nación; no se apoderó de instituciones como, por ejemplo,
el banco; las teorías de los proudhonistas219 del
“justo cambio”, etc., dominaban aún entre los socialistas. El segundo error
consistió en la excesiva magnanimidad del proletariado: en lugar de exterminar
a sus enemigos, que era lo que debía haber hecho, trató de influir en la moral
de ellos, menospreció la importancia que en la guerra civil tienen las acciones
puramente militares y, en vez de coronar su victoria en París con una ofensiva
resuelta sobre Versalles, se demoró y dio tiempo al gobierno versallés de
reunir las fuerzas tenebrosas y preparase para la semana sangrienta de mayo.
Mas, pese a todos sus
errores, la Comuna constituye un magno ejemplo del más importante movimiento
proletario del siglo XIX. Marx concedió un gran valor al alcance histórico de
la Comuna: si cuando la pandilla de Versalles emprendió la traicionera tentativa
de apoderarse de las armas del proletariado parisiense, los obreros se las
hubiesen dejado arrebatar sin lucha, la funesta desmoralización que semejante
debilidad hubiera sembrado en las filas del movimiento proletario habría sido
muchísimo más grave que el daño ocasionado por las pérdidas que sufrió la clase
obrera en el combate por la defensa de sus armas.220 Por grandes que hayan sido las pérdidas de la Comuna, la
significación de ésta para la lucha general del proletariado las ha compensado:
la Comuna puso en conmoción el movimiento socialista de Europa, mostró la
fuerza de la guerra civil, disipó las ilusiones patrióticas y acabó con la fe
ingenua en los anhelos nacionales de la burguesía. La Comuna enseñó al
proletariado europeo a plantear en forma concreta las tareas de la revolución
socialista.
136
El proletariado no olvidará
la lección recibida. La clase obrera la aprovechará, como ya la aprovechó en
Rusia durante la insurrección de diciembre.
La época que precedió a la
revolución rusa y la preparó tiene cierta semejanza con la del yugo napoleónico
en Francia. También en Rusia la camarilla autocrática llevó el país a los
horrores de la ruina económica y de la humillación nacional. Pero la revolución
no pudo estallar durante mucho tiempo, hasta que el desarrollo social creó las
condiciones precisas para un movimiento de masas. Pese a todo su heroísmo, los
ataques aislados al gobierno durante el período prerrevolucionario se
estrellaban contra la indiferencia de las masas populares. Tan sólo la
socialdemocracia, con un trabajo perseverante y metódico, logró educar a las
masas hasta hacerlas llegar a las formas superiores de lucha: las acciones de
masas y la guerra civil con las armas en la mano.
La socialdemocracia supo
acabar con los errores “nacionales” y “patrióticos” del joven proletariado y,
cuando se logró arrancar al zar el manifiesto del 17 de octubre,221 en lo que ella participó directamente, el proletariado comenzó
a prepararse con energía para la siguiente e inevitable etapa de la revolución:
la insurrección armada. Libre de las ilusiones “nacionales”, fue concentrando
sus fuerzas de clase en sus organizaciones de masas: los Soviets de diputados
obreros y soldados, etc. Y pese a la gran diferencia que había entre los
objetivos y las tareas de la revolución rusa y los de la francesa de 1871, el
proletariado ruso hubo de recurrir al mismo método de lucha que la Comuna de
París fue la primera en utilizar: la guerra civil. Teniendo presentes sus
enseñanzas, sabía que el proletariado no debe desdeñar los medios pacíficos de
lucha, que sirven a sus intereses corrientes de cada día y son indispensables
en el período preparatorio de las revoluciones. Pero el proletariado jamás
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219 Véase la nota 96.
220 Véase el juicio que Marx emitió de la Comuna de París, como
predecesora de la nueva sociedad, en el trabajo La guerra civil en Francia y en las cartas a L. Kugelmann del 12 y
el 17 de abril de 1871.
221 Véase la nota 109.
debe olvidar que, en
determinadas condiciones, la lucha de clases adopta la forma de lucha armada y
de guerra civil; hay momentos en que los intereses del proletariado exigen un
exterminio implacable de los enemigos en combates al descubierto. El proletariado
francés lo demostró por primera vez en la Comuna, y el proletariado ruso le dio
una brillante confirmación en el alzamiento de diciembre.
No importa que estas dos
magnas insurrecciones de la clase obrera fueran aplastadas. Vendrá una nueva
insurrección ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado
las que flojeen. Esa insurrección dará la victoria completa al proletariado
socialista.
Publicado
el 23 de marzo de 1908 en el núm. 2 de “Zagraníchnaya Gazeta” T. 16, págs.
451-454.
137
MARXISMO Y
REVISIONISMO.
Un conocido aforismo dice
que si los axiomas geométricos chocasen con los intereses de los hombres,
seguramente habría quien los refutase. Las teorías de las ciencias naturales,
que chocaban con los viejos prejuicios de la teología, provocaron y siguen provocando
hasta hoy día la lucha más rabiosa. Nada tiene de extraño, pues, que la
doctrina de Marx, puesta directamente al servicio de la educación y
organización de la clase de vanguardia de la sociedad moderna, señale las
tareas de esta clase y demuestre que es inevitable la sustitución —en virtud
del desarrollo económico— del régimen actual por un nuevo orden de cosas; nada
tiene de extraño que esta doctrina hubiera de conquistar en lucha cada paso
dado en la senda de la vida.
Huelga hablar de la ciencia
y la filosofía burguesas, enseñadas de un modo oficial por catedráticos
oficiales para embrutecer a las nuevas generaciones de las clases pudientes y
"amaestradas" contra los enemigos de fuera y de dentro. Esta ciencia
no quiere ni oír mencionar el marxismo, al que declara refutado y destruido;
contra Marx arremeten con igual celo tanto los hombres de ciencia jóvenes, que
hacen carrera rebatiendo el socialismo, como los ancianos seniles, que guardan
el legado de toda clase de "sistemas" caducos. Los avances del
marxismo, la difusión y el arraigo de sus ideas entre la clase obrera provocan
inevitablemente la reiteración y el enconamiento de esos ataques burgueses
contra el marxismo, el cual sale más fortalecido, más templado, con más vida de
cada una de sus "destrucciones" a manos de la ciencia oficial.
Mas tampoco entre las
doctrinas vinculadas a la lucha de la clase obrera y difundidas sobre todo
entre el proletariado ganó el marxismo de golpe, ni muchísimo menos, sus
posiciones. Durante el primer medio siglo de su existencia (desde la década del
40 del siglo XIX), el marxismo impugnó las teorías que le eran profundamente
hostiles. En la primera mitad de la década del 40, Marx y Engels saldaron
cuentas con los jóvenes hegelianos radicales, que abrazaban el idealismo
filosófico. A fines de esta década pasa a primer plano la lucha en el terreno
de las doctrinas económicas, la lucha contra el proudhonismo.222 Esta lucha culmina en la década del 50: crítica de los partidos
y de las doctrinas que se habían dado a conocer en el turbulento año 1848. En
la década del 60, la lucha se desplaza del campo de la teoría general a un
terreno más cercano al movimiento obrero propiamente dicho: expulsión del
bakuninismo de la Internacional.223 A
comienzos de la década del 70 descuella en Alemania, por breve tiempo, el proudhonista
Mülberger; a fines de esta década, el positivista Dühring. Pero la influencia
de uno y otro en el proletariado es ahora insignificante en extremo. El
marxismo alcanza ya el triunfo absoluto sobre todas las demás ideologías del
movimiento obrero.
Hacia la década del 90 del
siglo pasado, este triunfo estaba ya consumado en sus rasgos fundamentales.
Hasta en los países latinos, donde se mantenían más tiempo las tradiciones del
proudhonismo, los partidos obreros estructuraron en la práctica sus programas y
su táctica sobre bases marxistas. Al renovarse —en forma de congresos
internacionales periódicos— la organización internacional del movimiento
obrero, ésta se colocó al punto y
![]()
222 Véase la nota 96.
223 Véase la nota 48.
casi sin lucha, en todo lo
esencial, en el terreno del marxismo. Pero cuando el marxismo hubo desplazado a
todas las doctrinas más o menos coherentes que le eran hostiles, las tendencias
albergadas en ellas buscaron otros caminos. Cambiaron las formas y los motivos
de la lucha, pero ésta continuó. Y el segundo medio siglo de existencia del
marxismo (década del 90 del siglo pasado) comenzó por la lucha de una corriente
antimarxista en el seno del propio marxismo.
Esta corriente debe su
nombre al ex marxista ortodoxo Bernstein, que es quien más alborotó y ofreció
la expresión más acabada de las enmiendas hechas a Marx, de la revisión de
Marx, del revisionismo. Incluso en Rusia, donde el socialismo no marxista se mantuvo
lógicamente el mayor tiempo la causa del atraso económico del país y del
predominio de la población campesina, oprimida por los vestigios feudales,
incluso en Rusia, este socialismo se convierte a ojos vistas en revisionismo. Y
lo mismo en el problema agrario (programa de municipalización de toda la
tierra) que en las cuestiones generales programáticas y tácticas, nuestros
socialpopulistas sustituyen cada vez más con "enmiendas" a Marx los
restos agonizantes y caducos del viejo sistema, coherente a su modo y
profundamente hostil al marxismo.
El socialismo premarxista ha
sido derrotado. Continúa la lucha, pero ya no en su propio terreno, sino en el
terreno general del marxismo, a título de revisionismo. Veamos, pues, cuál es
el contenido ideológico del revisionismo.
138
En el campo de la filosofía,
el revisionismo iba a remolque de la "ciencia" académica burguesa.
Los catedráticos "retornaban a Kant", y el revisionismo seguía los
pasos a los neokantianos; los catedráticos repetían, por milésima vez, las
vulgaridades de los curas contra el materialismo filosófico, y los
revisionistas, sonriendo con indulgencia, balbuceaban (repitiendo ce por be el
último manual) que el materialismo había sido "refutado" hacía mucho
tiempo. Los catedráticos trataban a Hegel de "perro muerto"224 y, predicando ellos mismos el idealismo, sólo que mil veces más
mezquino y trivial que el hegeliano, se encogían de hombros con desdén ante la
dialéctica, y los revisionistas se metían tras ellos en la charca del
envilecimiento filosófico de la ciencia, sustituyendo la "sutil" (y
revolucionaria) dialéctica con la "simple" (y tranquila)
"evolución". Los catedráticos se ganaban su sueldo del Estado
acomodando sus sistemas, tanto los idealistas como los "críticos", a
la "filosofía" medieval imperante (es decir, a la teología), y los
revisionistas se acogían a ellos, esforzándose en hacer de la religión un
"asunto privado", mas no con relación al Estado moderno, sino al
partido de la clase de vanguardia.
Huelga decir cuál era la
significación real clasista de semejantes "enmiendas" a Marx: la cosa
es clara de por sí. Señalaremos solamente que Plejánov fue, dentro de la
socialdemocracia internacional, el único marxista que hizo, desde el punto de
vista del materialismo dialéctico consecuente, la crítica de aquellas
increíbles vulgaridades expuestas por los revisionistas. Es tanto más necesario
subrayarlo con energía que en nuestros días se hacen tentativas profundamente
erróneas de dar por bueno el viejo y reaccionario fárrago filosófico so capa de
criticar el oportunismo táctico de Plejánov*.
* Véase el libro Ensayos sobre la filosofía del marxismo, de Bogdánov, Bazárov y
otros. No es éste el lugar oportuno para analizarlo, y por el momento, he de
limitarme a declarar que no tardaré mucho en demostrar en una serie de
artículos, o en un folleto aparte, que todo lo dicho en el texto sobre los
revisionistas neokantianos guarda también relación, en sustancia, con estos
"nuevos" revisionistas neohumistas y neoberkelianos. (Véase V. I.
Lenin. Materialismo y empiriocriticismo,
en el tomo 4 de la presente edición. N.
de la Edit.)
Pasando a la economía
política, debe señalarse, ante todo, que en esta esfera las
"enmiendas" de los revisionistas eran muchísimo más variadas y
minuciosas. Los revisionistas procuraban sugestionar al público con
"nuevos datos del desarrollo económico". Decían que en la agricultura
no se opera en absoluto la concentración y el desplazamiento de la pequeña
![]()
224 Véase C. Marx. El Capital,
t. I, Palabras finales a la segunda
edición.
producción por la grande, y
que en el comercio y la industria transcurre con suma lentitud. Decían que las
crisis son ahora menos frecuentes y graves y que era probable que los
consorcios y los trusts diesen al capital la posibilidad de superarlas por completo.
Decían que la "teoría de la bancarrota", hacia la cual marcha el
capitalismo, carece de fundamento debido a la tendencia a suavizar y atenuar
las contradicciones de las clases. Decían, por último, que no estaría de más
enmendar también la teoría del valor de Marx conforme a Böhm-Bawerk.
La lucha contra los revisionistas en torno a estas cuestiones
reavivó el pensamiento teórico del socialismo internacional con la misma
fecundidad que veinte años antes había hecho la polémica de Engels con Dühring.
Los argumentos de los revisionistas fueron analizados con hechos y cifras en la
mano. Se demostró que los revisionistas embellecían constantemente la pequeña
producción actual. La superioridad técnica y comercial de la gran producción sobre la pequeña no sólo en
la industria, sino también en la agricultura, queda probada con datos
irrefutables. Pero, en la agricultura, la producción mercantil está mucho menos
desarrollada, y los estadísticos y economistas actuales no saben, por lo
general, destacar las ramas (y, a veces, incluso las operaciones) especiales de
la agricultura que expresan cómo ésta va siendo englobada progresivamente en el
intercambio de la economía mundial.
La pequeña producción se sostiene sobre las ruinas de la economía natural
gracias al empeoramiento infinito de la alimentación, al hambre crónica, a la
prolongación de la jornada de trabajo y al deterioro y peor cuidado del ganado;
en suma, gracias a los mismos medios con que se sostuvo también la artesanía
contra la manufactura capitalista. Cada paso adelante de la ciencia y de la
técnica socava, inevitable e inexorablemente, los cimientos de la pequeña
producción en la sociedad capitalista. Y la tarea de la economía política
socialista consiste en investigar todas las formas de este proceso, no pocas
veces complejas e intrincadas, y demostrar al pequeño productor que le será
imposible sostenerse bajo el capitalismo, que la situación de las haciendas
campesinas en el régimen capitalista es desesperada, y se precisa que el
campesino adopte el punto de vista del proletariado. En el problema que
tratamos, los revisionistas incurrieron en el pecado científico de hacer una
síntesis superficial de algunos hechos entresacados unilateralmente,
desvinculándolos de lodo el régimen del capitalismo, y en el pecado político de
exhortar o impulsar inexorablemente al campesino, de un modo voluntario o
involuntario, a adoptar el punto de vista del propietario (es decir, el punto
de vista de la burguesía), en vez de impulsarle hacia el punto de vista del
proletario revolucionario.
139
El revisionismo salió aún peor parado de la teoría de las crisis
y de la teoría de la bancarrota. Sólo gentes de lo más miopes, y sólo durante
un periodo muy breve, pudieron pensar, bajo el influjo de unos cuantos años de
auge y prosperidad industrial, en revisar las bases de la doctrina de Marx. La
realidad se encargó de demostrar muy pronto a los revisionistas que las crisis
no habían fenecido: tras la prosperidad vino otra crisis. Cambiaron las formas,
la sucesión y el cuadro de las distintas crisis, pero éstas seguían siendo
parte inseparable e ineludible del régimen capitalista. Los cártels y los
trusts reunían sus industrias y acentuaban a la vez, a la vista de todos, la
anarquía de la producción, la inseguridad económica del proletariado y la
opresión del capital, exacerbando así, en un grado nunca visto, las
contradicciones de las clases. Los modernos trusts gigantescos han venido
justamente a demostrar, de modo bien palpable y en proporciones muy extensas,
que el capitalismo marcha hacia la bancarrota, tanto en el sentido de las
crisis políticas y económicas aisladas como en el del completo hundimiento de
todo el régimen capitalista. La reciente crisis financiera de Norteamérica y la
espantosa agravación del paro en toda Europa, sin hablar ya de la inminente
crisis industrial, de la que ya despuntan no pocos síntomas, han hecho olvidar
las últimas "teorías" de los revisionistas a todo el mundo, tal vez
incluso a muchos de ellos mismos. Lo que no debe olvidarse son las enseñanzas
que esta veleidad de los intelectuales ha dado a la clase obrera.
En cuanto a la teoría del
valor, baste decir que, aparte de alusiones y añoranzas muy vagas, por
Böhm-Bawerk, los revisionistas no han aportado aquí absolutamente nada ni
dejado, por tanto, ninguna huella en el desarrollo del pensamiento científico.
En el campo de la política,
el revisionismo intentó revisar lo que constituye realmente la base del
marxismo, o sea, la teoría de la lucha de las clases. La libertad política, la
democracia y el sufragio universal destruyen la base de la lucha de las clases
—nos decían los revisionistas— y desmienten la vieja tesis del Manifiesto Comunista de que los obreros
no tienen patria. Puesto que en la democracia impera la "voluntad de la
mayoría", no debemos ver en el Estado, según ellos, el órgano de
dominación de una clase ni negarnos a hacer alianzas con la burguesía
progresista, socialreformista, contra los reaccionarios.
Es indiscutible que estas
objeciones de los revisionistas formaban un sistema bastante ordenado de
concepciones, a saber: las harto conocidas concepciones liberales de la
burguesía. Los liberales han dicho siempre que el parlamentarismo burgués
suprime las clases y las diferencias entre ellas, ya que todos los ciudadanos
sin excepción tienen derecho al voto y a la gestión pública. Toda la historia
europea de la segunda mitad del siglo XIX, y toda la historia de la revolución
rusa a comienzos del siglo XX enseñan de manera palpable cuán absurdas son
tales concepciones. Lejos de atenuarse, las diferencias económicas se acentúan
y acrecientan con las libertades del capitalismo "democrático". El
parlamentarismo no suprime el fondo opresor de clase de las repúblicas
burguesas más democráticas, sino que lo pone al desnudo. Ayudando a instruir y
organizar a contingentes de la población incomparablemente más nutridos que los
incorporados antes a la participación activa en los acontecimientos políticos, el
parlamentarismo no da solución a las crisis ni a las revoluciones políticas;
más bien exacerba al máximo la guerra civil durante estas revoluciones. Los
acontecimientos de París en la primavera de 1871 y los de Rusia en el invierno
de 1905 mostraron con meridiana claridad cuán inevitable es dicho
exacerbamiento. La burguesía francesa no vaciló un instante, para aplastar el
movimiento proletario, en pactar con el enemigo de toda la nación, con las
tropas extranjeras que habían devastado a su patria. Quien no comprenda la
ineludible dialéctica interna del parlamentarismo y de la democracia burguesa,
dialéctica que lleva a zanjar el litigio por la violencia masiva con más rudeza
aún que en tiempos anteriores, jamás sabrá desplegar una propaganda y una
agitación consecuentes, basadas en este parlamentarismo y ajustadas a los
principios, que preparen verdaderamente a las masas obreras para participar
victoriosas en tales "litigios". La experiencia de las alianzas, de
los convenios, de los bloques con el liberalismo socialreformista en Europa
Occidental y con el reformismo liberal (demócratas constitucionalistas)225 en la revolución rusa, muestra de manera suasoria que estos
convenios no hacen sino ofuscar la conciencia de las masas, mermando el alcance
real de su lucha, en vez de entenderlo, al unir a los que luchan con los
elementos menos capaces de pelear, con los elementos más vacilantes y
traidores. El millerandismo francés226 — la
mayor experiencia de aplicación de la táctica política revisionista a gran
escala nacional de verdad— nos ha ofrecido una muestra práctica de lo que vale
el revisionismo, y el proletariado del mundo entero jamás la olvidará.
El complemento natural de
las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud ante el
objetivo final del movimiento socialista. "El fin no es nada; el
movimiento lo es todo"; esta frase proverbial de Bernstein expresa la
esencia del revisionismo mejor que muchas y largas disertaciones. Determinar de
cuando en cuando la conducta que se debe seguir, adaptarse a los
acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los
intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el
régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo y sacrificar estos
intereses cardinales por
![]()
225 Véase la nota 11.
226 Véase la nota 12.
ventajas reales o supuestas
del momento: ésa es la política revisionista. Y de su esencia misma se
desprende con toda certidumbre que esta política puede adoptar formas
infinitamente diversas y que cada problema un tanto "nuevo", cada
viraje un tanto inesperado e imprevisto de los acontecimientos —aunque este
viraje sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas
y por el plazo más corto—, dará lugar siempre, ineluctablemente, a tal o cual
variedad de revisionismo.
140
La irrevocabilidad del
revisionismo se debe a su raigambre clasista en la sociedad contemporánea. El
revisionismo es un fenómeno internacional. A ningún socialista algo enterado y
habituado a pensar le puede caber la menor duda de que la relación entre ortodoxos
y bernsteinianos227 en Alemania, entre guesdistas y
jauresistas (ahora broussistas sobre todo)228 en
Francia, entre la Federación Socialdemócrata y el Partido Laborista
Independiente en Inglaterra229,
entre de Brouckère y Vandervelde en Bélgica, entre integralistas y reformistas
en Italia230 y entre bolcheviques y mencheviques en
Rusia231 es, en el fondo, la misma en todas
partes, pese a la gigantesca diversidad de condiciones nacionales y factores
históricos en la situación actual de todos estos países. La
"divisoria" que cruza el seno del socialismo internacional
contemporáneo hoy ya, en los diversos países del mundo, es, en realidad, una misma línea, lo cual patentiza el
inmenso paso adelante que se ha dado en comparación con lo que había hace treinta
o cuarenta años, cuando en los diversos países pugnaban tendencias heterogéneas
dentro de un socialismo internacional único. Ese "revisionismo de
izquierda" que se perfila hoy en los países latinos con el nombre de
"sindicalismo revolucionario"232 se
adapta asimismo al marxismo, "enmendándolo": Labriola en Italia y
Lagardelle en Francia aducen a cada paso al Marx mal comprendido para apelar al
Marx bien comprendido.
No podemos detenernos a
examinar aquí el contenido ideológico de este
revisionismo, que dista mucho de estar tan desarrollado como el revisionismo
oportunista y que no se ha internacionalizado, que no ha reñido ni una sola
batalla práctica importante con el partido socialista de ningún país. Por eso
nos limitaremos a ese "revisionismo de derecha" que hemos esbozado
antes.
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227 Ortodoxos: socialdemócratas alemanes que combatían la revisión del
marxismo.
Sobre el bernsteinianismo véase la nota 43.
228 Guesdistas: partidarios de la corriente marxista revolucionaria del
movimiento socialista francés de fines del siglo XIX y comienzos del XX,
encabezada por I. Guesde y P. Lafargue. En 1882, después de haberse escindido
el Partido Obrero de Francia en el Congreso de Saint-Etienne, las guesdistas
formaron un partido independiente, conservando la vieja denominación. Se
mantuvieron fieles al programa aprobado en 1880 en el Congreso de El Havre, la
parte teórica del cual había sido escrita por C. Marx, y defendían la política
revolucionaria independiente del proletariado. En 1901, los partidarios de la
lucha revolucionaria de las clases, encabezados por J. Guesde, se unieron en el
Partido Socialista de Francia (cuyos miembros comenzaron a denominarse asimismo
guesdistas). En 1905, los guesdistas se unificaron con el Partido Socialista
Francés, que era reformista, constituyendo el Partido Socialista Unificado
Francés. Sobre los jauresistas véase la nota 44.
Sobre los broussistas
(posibilistas) véase la nota 194.
229 Sobre la FSD véase la nota 178.
230
Integralistas: partidarios del socialismo
"integral", variedad de socialismo pequeñoburgués. El líder de los
integralistas era Enrico Ferri. Como corriente centrista que era en el Partido
Socialista Italiano, los integralistas lucharon a finales del siglo XIX y
comienzos del XX en torno a una serie de problemas contra los reformistas, que
ocupaban posiciones oportunistas extremas y colaboraban con la burguesía
reaccionaria.
231 Véase la nota 9.
232
Sindicalismo revolucionario: corriente pequeñoburguesa
semianarquista surgida en el movimiento obrero de diversos países de Europa
Occidental a fines del siglo XIX. Los sindicalistas negaban la necesidad de la
lucha política de la clase obrera, el papel dirigente del partido y la dictadura
del proletariado y consideraban que los sindicatos, mediante la huelga general
de los obreros, pero sin revolución, pueden derrocar el capitalismo y tomar en
sus manos la dirección de la producción. Lenin señalaba que "el
sindicalismo revolucionario ha sido en muchos países resultado directo e
inevitable del oportunismo, del reformismo y del cretinismo
parlamentario". (Véase V. I. Lenin. Prólogo
al folleto de Vúinov (A. V.
Lunacharski) sobre la actitud del partido ante los sindicatos).
¿En qué estriba la
irrevocabilidad de este revisionismo en la sociedad capitalista? ¿Por qué es
más profundo que las diferencias dimanantes de las particularidades nacionales
y del grado de desarrollo del capitalismo? Lo es porque, en todo país capitalista,
existen siempre, al lado del proletariado, extensos sectores de pequeña
burguesía, de pequeños propietarios. El capitalismo nació y sigue naciendo sin
cesar de la pequeña producción. El capitalismo vuelve a crear indefectiblemente
toda una serie de "sectores medios" (apéndices de las fábricas,
trabajo a domicilio, pequeños talleres diseminados por todo el país, porque así
lo exige la gran industria, por ejemplo, la de bicicletas y automóviles, etc.).
Estos nuevos pequeños productores se ven arrojados también, de manera tan
indefectible, a las filas del proletariado. Es completamente natural que la
mentalidad pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de
los grandes partidos obreros. Es completamente natural que deba suceder así, y
así sucederá siempre hasta que se llegue a las peripecias de la revolución
proletaria, pues sería un craso error creer que es necesaria la proletarización
"completa" de la mayoría de los habitantes para que se pueda hacer
esa revolución. Lo que hoy estamos experimentando, con frecuencia en mero plano
ideológico —las impugnaciones de las enmiendas teóricas hechas a Marx-; y lo
que hoy sólo se manifiesta en la práctica con motivo de ciertos problemas
parciales, sueltos, del movimiento obrero —como discrepancias tácticas con los
revisionistas y escisiones relacionadas con.ello —, lo tendrá que experimentar
sin falta la clase obrera, en proporciones incomparablemente mayores, cuando la
revolución proletaria exacerbe todos los problemas en litigio y concentre todas
las discrepancias en los puntos de mayor importancia para determinar la
conducta de las masas, obligando a separar en el fragor del combate a los
enemigos de los amigos y a prescindir de los malos aliados para asestar golpes
demoledores al enemigo.
La lucha ideológica que el
marxismo revolucionario llevó contra el revisionismo a fines del siglo XIX no
es más que el preludio de las grandes batallas revolucionarias del
proletariado, que, pese a todas las vacilaciones y debilidades de la pequeña
burguesía, avanza hacia el triunfo completo de su causa.
Escrito en la segunda quincena de marzo, no más tarde del 3 (16)
de abril de 1908. Publicado entre el 25 de septiembre (8 de octubre) y el 2
(15) de octubre de 1908 en la recopilación "Carlos Marx (1818-1883)".
San Petersburgo. Firmado: V. Ilín.
T. 17, págs. 15-26.
Apreciación de la Revolución rusa
141
APRECIACIÓN DE LA
REVOLUCIÓN RUSA. 233
En Rusia ya no hay nadie que
piense en hacer la revolución como enseñaba Marx. Así o poco más o menos así lo
acaba de proclamar un periódico liberal, casi democrático, casi socialdemócrata
incluso: el periódico (menchevique) Stolichnaya
Pochta.234 Y debemos hacer justicia a los autores
de esa sentencia por haber sabido captar bien el fondo del estado de ánimo
reinante en la política contemporánea y de la actitud ante las enseñanzas de
nuestra revolución que sin duda predomina entre los más vastos sectores intelectuales,
entre la pequeña burguesía medio instruida y tal vez entre muchos sectores de
la pequeña burguesía que no tiene ninguna instrucción.
En esa sentencia se expresa
no sólo aversión al marxismo en general, el cual está firmemente convencido de
la misión revolucionaria del proletariado y dispuesto a apoyar sin reservas
todo movimiento revolucionario de las grandes masas, a exacerbar la lucha y
llevarla hasta el fin. Se expresa, además, la aversión a los métodos de lucha,
a la manera de obrar y a la táctica puestos recientemente
a prueba en la práctica de la
revolución rusa. Todas las victorias, o semivictorias, o, para ser más exactos,
cuartos de victoria de nuestra revolución se han conquistado exclusivamente
gracias al empuje revolucionario directo del proletariado, que iba a la cabeza
de los sectores no proletarios de la población trabajadora. Todas las derrotas
se han debido al debilitamiento de ese empuje, a la táctica de eludido,
tomándolo por descartado, y a veces (entre los demócratas constitucionalistas),
pensando eliminado.
Ahora, cuando se han
desencadenado las represiones contrarrevolucionarias, la pequeña burguesía se
adapta cobarde a los nuevos amos y señores de la vida, se coloca junto a los
nuevos califas momentáneos y renuncia al pasado, procura olvidarlo, persuadirse
a sí misma y persuadir a los demás de que en Rusia ya no hay quien piense en
hacer la revolución como enseñaba Marx, ya no hay quien piense en la
"dictadura del proletariado", etcétera.
La victoria física del viejo
régimen sobre el pueblo insurrecto también sembró siempre en las otras
revoluciones burguesas el desaliento y la dispersión entre vastos sectores de
la sociedad "instruida". Pero entre los partidos burgueses que luchaban
en la práctica por la libertad y desempeñaban un papel más o menos visible en
los acontecimientos revolucionarios de verdad siempre hubo ilusiones opuestas a
las que ahora prevalecen entre la pequeña burguesía intelectual de Rusia. Eran
ilusiones en el triunfo inevitable, inmediato y completo de "la libertad,
la igualdad y la fraternidad"; eran ilusiones en una república de toda la
humanidad y no de la burguesía, en una república que implantaría en la Tierra
la paz y la buena voluntad entre los hombres. Eran ilusiones en la ausencia de
discordias de clase en el seno del pueblo oprimido por la monarquía y el
régimen medieval, en la imposibilidad de derrotar un "ideal" con la
violencia, en la oposición diametral entre el feudalismo caduco
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233 Lenin escribió el artículo Apreciación de la revolución rusa en
marzo de 1908 para la revista de la socialdemocracia polaca Przeglad Socjaldemokratyczny, que lo
publicó en su segundo número, en abril de 1908.
"Przeglad
Socjaldemokratyczny" ("Revista socialdemócrata"): la
editaron en Cracovia los socialdemócratas polacos con la participación directa
de R. Luxemburgo desde 1902 hasta 1904 y desde 1908 hasta 1910.
234 "Stolíchnaya Pochta"
("El Correo de la Capital"): diario que apareció en San Petersburgo
desde octubre de 1906 hasta febrero de 1908. Al comienzo era órgano de los
demócratas constitucionalistas de izquierda, y desde febrero de 1907 se hizo
tribuna del Grupo del Trabajo.
Fue prohibido por el gobierno zarista.
Apreciación de la Revolución rusa
y el nuevo régimen libre,
democrático y republicano cuyo carácter burgués no se comprendía en absoluto o
sólo se comprendía de manera confusa en extremo.
Por eso, los representantes
del proletariado que en los períodos contrarrevolucionarios supieron adoptar el
punto de vista del socialismo científico tuvieron que luchar (como lo hicieron,
por ejemplo, Marx y Engels en 1850) contra las ilusiones de los republicanos
burgueses, contra la concepción idealista de las tradiciones de la revolución y
de su esencia, contra las frases superficiales pronunciadas en sustitución de
una labor consecuente y seria en el medio de una clase determinada.235 En nuestro país ocurre lo contrario. No vemos las ilusiones del
republicanismo primitivo que frenen la obra vital de continuar la labor
revolucionaria en las nuevas condiciones, que son ya otras. No vemos que se exagere la importancia de la República,
que esta consigna indispensable de lucha contra el feudalismo y la monarquía se
transforme en la consigna de toda lucha emancipadora de cuantos trabajan y, en
general, son explotados. Los socialistas-revolucionarios236 y los grupos afines a ellos que alimentaban ideas semejantes a
las expuestas han quedado en cuadro, y los tres años de tempestad
revolucionaria (1905- 1907) les han proporcionado, en lugar de un gran
entusiasmo por el republicanismo, un nuevo partido de la pequeña burguesía
oportunista, el de los socialistas populares,237 y un nuevo recrudecimiento de la rebeldía antipolítica y del
anarquismo.
Al día siguiente del primer
embate de la revolución de 1848 en la Alemania pequeñoburguesa se dejaron
sentir con fuerza las ilusiones dominantes entre la democracia republicana
pequeñoburguesa. En la Rusia de la pequeña burguesía, al día siguiente del embate
de la revolución de 1905 se dejaron sentir con fuerza, y siguen dejándose
sentir, las ilusiones del oportunismo pequeñoburgués, el cual esperaba lograr
un compromiso sin lucha, temía la lucha y se apresuró, después de la primera
derrota, a renunciar a su pasado, contaminando el ambiente público con el
desaliento, la pusilanimidad y la apostasía.
142
Es evidente que tal diferencia proviene de la existente en el
régimen social y en las circunstancias históricas de ambas revoluciones. Y no
se trata de que la contradicción entre la masa de la población pequeñoburguesa
y el viejo régimen fuese menos aguda en Rusia. Todo lo contrario. Nuestro
campesinado creó ya en el primer período de la revolución rusa un movimiento
agrario incomparablemente más poderoso, definido y consciente en el aspecto
político que el de las precedentes revoluciones burguesas del siglo XIX. Se
trata de que el sector social que formó el núcleo de la democracia
revolucionaria en Europa —los artesanos organizados en gremios en las ciudades,
la burguesía y la pequeña burguesía urbanas—, hubo de orientarse en Rusia al
liberalismo contrarrevolucionario. Las circunstancias que han echado al
liberalismo ruso con mucha más fuerza que al europeo en brazos de la
contrarrevolución son el grado de conciencia del proletariado socialista, que
marcha mano a mano con el ejército internacional de la revolución socialista en
Europa, y el espíritu, revolucionario en sumo grado, del mujik, a quien el yugo
secular de los señores feudales ha puesto en la situación más desesperada e
impulsado a exigir la confiscación de la tierra de los terratenientes. Por eso
recae con fuerza singular en la clase obrera rusa la tarea de guardar las
tradiciones de la lucha revolucionaria, de la que se apresuran a abjurar los
intelectuales y la pequeña burguesía; la tarea de desarrollar y afianzar esas
tradiciones, de inculcarlas a las masas populares y llevarlas al próximo
ascenso del inexorable movimiento democrático.
Este es el derrotero que
siguen espontáneamente los propios obreros. Han vivido con demasiada pasión la
gran batalla de octubre y diciembre. Han visto con demasiada claridad
![]()
235 Véase C. Marx y F. Engels. Tercer
comentario internacional. De mayo a octubre.
236 Véase la nota 5.
237 Véase la nota 207.
Apreciación de la Revolución rusa
que su situación puede
cambiar sólo mediante esa lucha
revolucionaria directa. Ahora todos ellos hablan o, al menos, sienten como el
tejedor que decía en una carta al órgano de prensa de su sindicato: los
fabricantes nos han arrebatado nuestras conquistas; los capataces vuelven a
hacer escarnio de nosotros como antes; ya
verán la que les espera cuando vuelva de nuevo el año 1905.
Ya verán la que les espera
cuando vuelva de nuevo el año 1905. Así piensan los obreros. Para ellos, ese
año de lucha fue un modelo de lo que hay
que hacer. Para los intelectuales y la pequeña burguesía renegada fue
"un año de locura", un modelo de lo
que no hay que hacer. Para el proletariado, el estudio crítico y la
asimilación de la experiencia revolucionaria deben consistir en aprender a
aplicar con mayor éxito los métodos
de lucha de antaño, en hacer más
amplios, más concentrados y más conscientes ese mismo batallar huelguístico de
octubre y esa misma lucha armada de diciembre. Para el liberalismo
contrarrevolucionario, que lleva en pos de sí a los intelectuales renegados, la
asimilación de la experiencia revolucionaria debe consistir en desembarazarse
para siempre del "candoroso" ímpetu de la "bárbara" lucha
de las masas, sustituyéndola con una labor constitucional
"culta y civilizada" en el terreno del "constitucionalismo"
stolypiniano.
Hoy todo el mundo habla de
asimilar y comprobar con criterio crítico la experiencia de la revolución.
Hablan los socialistas y los liberales. Hablan los oportunistas y los
socialdemócratas revolucionarios. Pero no todos comprenden que las variadísimas
recetas para asimilar la experiencia revolucionaria oscilan, precisamente,
entre los dos extremos mencionados.
No todos plantean con claridad la cuestión de si debemos asimilar y ayudar a las masas a que asimilen la experiencia
de la lucha revolucionaria con el objeto de sostener una lucha más firme, más
tenaz y más resuelta o si debemos asimilar y transmitir a las masas la
"experiencia" de la traición de los demócratas constitucionalistas a
la revolución.
Carlos Kautsky abordó este
problema en su planteamiento teórico fundamental. En la segunda edición de su
conocida obra La revolución social,
traducida a los principales idiomas europeos, hizo una serie de adiciones y
enmiendas a la luz de la experiencia de la revolución rusa. El prefacio a la
segunda edición está fechado en octubre de 1906, prueba de que el autor
disponía ya de datos para analizar no sólo "el período tempestuoso"
de 1905, sino también acontecimientos primordiales del "período demócrata
constitucionalista" de nuestra revolución, la época de entusiasmo general
(casi general) por las victorias electorales de los demócratas
constitucionalistas y por la I Duma.
¿Qué problemas de la
experiencia revolucionaria rusa estimó Kautsky lo bastante grandes y
fundamentales o, al menos, tan importantes como para proporcionar nuevos elementos a un marxista que
estudia en general las "formas y
armas de la revolución social" (como versa el título del apartado séptimo
de la obra de Kautsky, es decir, precisamente el que se completó a la luz de la
experiencia de 1905 y 1906)?
El autor analiza dos problemas.
Primero, la composición de
clase de las fuerzas capaces de vencer en la revolución rusa, haciendo de ella
una revolución triunfante de verdad.
Segundo, la importancia de
las formas superiores de lucha de las masas, superiores en el aspecto de la
orientación de su energía revolucionaria y del carácter ofensivo que ha dado la
revolución rusa, a saber: la lucha de diciembre, es decir, la insurrección
armada.
143
Todo socialista (sobre todo
si es marxista) que medite con algo de serenidad en los acontecimientos de la
revolución rusa deberá reconocer que esos dos problemas son, en efecto, los
principales, los fundamentales para evaluar la revolución rusa y la táctica que
"la actual situación impone al partido obrero. Si no nos damos clara y
completa cuenta de qué clases son capaces,
en virtud de las condiciones económicas objetivas, de hacer que triunfe
Apreciación de la Revolución rusa
la revolución burguesa rusa,
serán palabras vanas, mera declamación democrática lo que digamos de nuestro
afán por conseguir el triunfo de esa revolución y no podremos evitar que
nuestra táctica en la revolución burguesa sea vacilante y no se atenga a los
principios.
Por otro lado, para
determinar de modo concreto la táctica de un partido revolucionario en los
momentos más tempestuosos de la crisis nacional que sufre el país, es a todas
luces insuficiente limitarse a señalar qué clases son capaces de obrar en pro del triunfo de la
revolución. Los períodos revolucionarios se distinguen precisamente de los
períodos del llamado desarrollo pacífico, cuando las condiciones económicas no
provocan profundas crisis ni originan potentes movimientos de masas, en que,
durante los primeros, las formas de
lucha son siempre mucho más diversas,
y la lucha revolucionaria directa de las masas predomina sobre la labor de
agitación y propaganda realizada por los dirigentes en el Parlamento, en la
prensa, etc. Por eso, si al evaluar los períodos revolucionarios nos limitamos
a determinar la trayectoria de la
acción de las distintas clases sin analizar sus formas de lucha, nuestro juicio, desde el punto de vista
científico, no será ni completo ni dialéctico,
y desde el punto de vista político práctico degenerará en razonamientos muertos (con lo que, dicho sea de paso, se contenta
el camarada Plejánov en las nueve décimas partes de sus escritos sobre la
táctica de los socialdemócratas en la revolución rusa).
Para evaluar la revolución
con un criterio marxista de verdad, desde el punto de vista del materialismo
dialéctico, hay que enjuiciarla como una lucha de fuerzas sociales vivas que
han sido colocadas en determinadas condiciones objetivas, actúan de una manera
determinada y aplican con más o menos éxito determinadas formas de lucha.
Puesto en el terreno de este análisis y, por supuesto, sólo en él, es oportuno,
más aún, es indispensable que el marxista evalúe también el aspecto técnico de la lucha, los problemas
técnicos de la misma. Admitir determinada forma de lucha y desestimar la
necesidad de aprender su técnica es lo mismo que admitir la necesidad de
participar en determinadas
elecciones, haciendo caso omiso de la ley que regula el procedimiento de estas
elecciones.
Pasemos ahora a analizar la
solución de Kautsky a los dos problemas planteados antes que, como se sabe,
suscitaron largas y acaloradas discusiones entre los socialdemócratas rusos en
el transcurso de todo el período de la revolución, desde la primavera de 1905,
cuando el III Congreso bolchevique del POSDR, celebrado en Londres, y la
conferencia menchevique, celebrada simultáneamente en Ginebra, recogieron en
resoluciones concretas los principios que constituyen la base de su táctica,
hasta el Congreso de Londres del POSDR unificado, que se celebró en la
primavera de 1907.
Kautsky da al primer
problema la siguiente solución. En Europa Occidental, dice, el proletariado
constituye la gran masa de la población. Por eso la victoria de la democracia
en la Europa actual significa la supremacía política del proletariado. "En
Rusia, con su población predominantemente campesina, no puede esperarse lo
mismo. Desde luego, la victoria de la socialdemocracia tampoco está excluida en
Rusia en un futuro próximo (absehbar
en alemán, es decir, en un futuro que se puede ver, alcanzar con la vista);
pero esa victoria sólo podría ser resultado de la alianza (Koalition) del proletariado y el campesinado". Y Kautsky
afirma incluso que esa victoria daría inexorablemente un poderoso impulso a la
revolución proletaria en Europa Occidental.
Así pues, vemos que el
concepto de revolución burguesa no define aún lo suficiente a las fuerzas que
pueden conquistar la victoria en esa revolución. Son posibles, y ha habido
revoluciones burguesas en las que la burguesía comercial, o industrial mercantil
desempeñó el papel de principal fuerza motriz. La victoria de semejantes
revoluciones fue posible como victoria del correspondiente sector de la
burguesía sobre sus adversarios (por ejemplo, la nobleza privilegiada o la
monarquía absoluta). En Rusia la situación es otra. La victoria de la
revolución burguesa en nuestro país es imposible como victoria de la burguesía. Parece
Apreciación de la Revolución rusa
paradójico, pero es así. El
predominio de la población campesina, terriblemente oprimida por la gran
propiedad terrateniente semifeudal, y la energía y conciencia de clase del
proletariado, organizado ya en un partido socialista, son circunstancias que imprimen
un carácter singular a nuestra revolución burguesa. Esta
particularidad no elimina el carácter burgués de la revolución (como intentaron
demostrar Mártov y Plejánov en sus más que desafortunadas observaciones a la
posición de Kautsky). No hace sino determinar el carácter contrarrevolucionario
de nuestra burguesía y la necesidad de la dictadura del proletariado y el
campesinado para conseguir la victoria en esa revolución. Porque la
"coalición del proletariado y el campesinado" que conquiste la victoria en la revolución burguesa no
es otra cosa que la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el
campesinado.
144
Esta tesis constituye el
punto de partida de las discrepancias tácticas de la socialdemocracia durante
la revolución. Sólo teniéndola en cuenta pueden comprenderse todas las disputas
particulares (apoyo a los demócratas constitucionalistas en general, bloque de
izquierdas y su carácter, etc.) y los choques en casos aislados. Sólo en esta
discrepancia táctica fundamental, y no en los afanes por "entrar en
pelea" o "declarar el boicot", como creen a veces los que están
mal informados, se hallaba el origen
de las divergencias entre bolcheviques y mencheviques durante el primer período
de la revolución (1905-1907).
Por mucho que se insista en
la necesidad de estudiar con toda atención este origen de las discrepancias, de
analizar desde este punto de vista la
experiencia de ambas Dumas y de la lucha directa del campesinado nunca será
bastante. Si no realizamos esta labor ahora, no estaremos en condiciones de dar
un solo paso en el terreno de la táctica, cuando comience el nuevo ascenso del
movimiento, sin suscitar las viejas disputas o reproducir conflictos de grupos
y la disensión en el partido. Debemos determinar la actitud de la
socialdemocracia ante el liberalismo y la democracia burguesa campesina,
partiendo de la experiencia de la revolución rusa. De otro modo no tendremos
una táctica del proletariado que se atenga firmemente a los principios.
Señalemos, de paso, que la "alianza del proletariado y el
campesinado" en modo alguno debe comprenderse como fusión de clases
distintas o de los partidos del proletariado y el campesinado. No sólo la
fusión, sino incluso cualquier acuerdo duradero sería fatal para el partido socialista
de la clase obrera y debilitaría la
lucha democrática revolucionaria. Las vacilaciones ineludibles del campesinado
entre la burguesía liberal y el proletariado son producto de su situación como
clase; y nuestra revolución ha ofrecido copiosos ejemplos de ello en las más
diversas esferas de la lucha (el boicot a la Duma de Witte,238 las elecciones, los trudoviques239 en la I y II Dumas, etc.). Sólo aplicando una política
absolutamente independiente, de vanguardia de la revolución, podrá el proletariado
apartar al campesinado de los liberales, sustraerlo de la influencia de los
mismos, llevarlo en pos de sí a lo largo de la lucha y realizar, por tanto, la
"alianza" en la práctica,
alianza que será efectiva siempre y cuando el campesinado luche con moral
revolucionaria. La "alianza" del proletariado y el campesinado para vencer a los enemigos comunes, y no para
jugar a los bloques y acuerdos, no puede realizarse coqueteando con los
trudoviques, sino criticando de manera implacable sus debilidades y vacilaciones,
propagando la idea de organizar el partido campesino republicano y
revolucionario.
El carácter específico que
hemos señalado de la revolución burguesa rusa la distingue de las otras
revoluciones burguesas de los tiempos modernos, pero la asemeja a las grandes revoluciones burguesas de
antaño, cuando el campesinado desempeñaba un destacado papel revolucionario. En
este sentido merece suma atención lo escrito por Federico Engels
![]()
238 Denominábase Duma de Vitte la I Duma de Estado convocada el 27 de abril de 1906
según el reglamento redactado por el presidente del Consejo de Ministros S.
Vitte. El 8 de julio de 1906, la I Duma de Estado fue disuelta por el gobierno
zarista.
Véase también la nota 147.
239 Véase la nota 207.
Apreciación de la Revolución rusa
en su artículo Sobre el materialismo histórico, tan
profundo y rico en ideas (prólogo — traducido al alemán por el propio Engels en
Neue Zeit, 1892-1893, año XI, vol. 1— a la edición inglesa del folleto Del socialismo utópico al socialismo
científico). "Cosa singular —dice Engels— , en las tres grandes
revoluciones burguesas" (la Reforma y la guerra campesina del siglo XVI en
Alemania; la revolución inglesa del siglo XVII; la revolución francesa del
siglo XVIII) "son los campesinos los que engrosan las tropas de combate, y
ellos también, precisamente, la clase que, después de alcanzar el triunfo,
queda arruinada infaliblemente por las consecuencias económicas de este
triunfo. Cien años después de Cromwell, el yeomanry
(campesinado) de Inglaterra casi había desaparecido. En todo caso, sin la
intervención de este yeomanry y del
elemento plebeyo de las ciudades, la burguesía nunca hubiera podido llevar la
lucha hasta su final victorioso, ni a Carlos I al cadalso. Para que la
burguesía pudiera recoger aunque sólo fueran los frutos del triunfo, que
estaban bien maduros, fue necesario llevar la revolución bastante más allá de
su meta; exactamente como habría de ocurrir en Francia en 1793 y en Alemania en
1848. En efecto, ésta parece ser una de las leyes que presiden el desarrollo de
la sociedad burguesa". Y en otro pasaje del mismo artículo señala Engels
que la revolución francesa fue "la primera (insurrección) que llevó
realmente la batalla hasta la destrucción de uno de los dos beligerantes, la
aristocracia, y el triunfo completo del otro, la burguesía".
Las dos observaciones o
síntesis históricas de Engels han sido brillantemente confirmadas por la marcha
de la revolución rusa. Se ha confirmado también que la intervención del
campesinado y el proletariado, "del elemento plebeyo de las ciudades",
es lo único que puede impulsar en serio la revolución burguesa (si en la
Alemania del siglo XVI, en la Inglaterra del siglo XVII y en la Francia del
siglo XVIII es posible poner en primer plano al campesinado, en la Rusia del
siglo XX es absolutamente obligatorio cambiar la correlación, pues el
campesinado no significa nada sin la iniciativa y sin la dirección del
proletariado). Se ha confirmado también que es necesario llevar la revolución mucho más allá de sus metas burguesas
directas, inmediatas, ya en buena sazón, para alcanzar de verdad esas metas, para consolidar en forma
definitiva las conquistas burguesas mínimas. Por eso es fácil imaginar el
desprecio que sentiría Engels por las recetas pequeñoburguesas destinadas a
encajar por adelantado la revolución en el marco burgués inmediato, en el
estrecho marco burgués, "para que la burguesía no le vuelva la
espalda", como decían los mencheviques del Cáucaso en su resolución de
1905, o para tener "una garantía contra la restauración", como afirmaba
Plejánov en Estocolmo.
145
Kautsky analiza el otro problema, relacionado con el juicio que
le merece la insurrección de diciembre de 1905, en el prefacio a la segunda
edición de su folleto. "Ahora —escribe — ya no puedo afirmar con la misma
seguridad que en 1902 que las insurrecciones armadas y los combates de
barricadas no desempeñarán el papel decisivo en las próximas revoluciones. A
esa afirmación se opone con demasiada claridad la experiencia de la lucha en
las calles de Moscú: un puñado de hombres se mantuvo durante una semana frente
a todo un ejército en la lucha de barricadas, y casi abría triunfado si el
fracaso del movimiento revolucionario en otras ciudades no hubiese permitido el
envío de tantos refuerzos al ejército, que le permitieron concentrar en
definitiva contra los insurgentes una superioridad monstruosa de fuerzas. Desde
luego, este éxito relativo de la lucha de barricadas ha sido posible sólo
porque la población urbana apoyó con energía a los revolucionarios y porque las
tropas estaban desmoralizadas por completo. Pero ¿quién puede afirmar con
seguridad que es imposible algo semejante en la Europa Occidental?"
Así pues, al cabo de casi un
año de la insurrección, cuando ya no era cosa de dejarse llevar por el deseo de
elevar la moral de los insurgentes, un investigador tan prudente como Kautsky
reconocía de modo categórico que la insurrección de Moscú había sido "un
éxito relativo" de la lucha de las barricadas y creía necesario rectificar
su conclusión general de
Apreciación de la Revolución rusa
que los combates en las
calles no pueden desempeñar un papel importante en las revoluciones futuras.
La lucha de diciembre de
1905 ha demostrado que la
insurrección armada puede triunfar con el actual nivel del material bélico y de
la organización militar. La lucha de diciembre ha evidenciado que, desde ahora,
el movimiento obrero internacional debe contar en las próximas revoluciones
proletarias con la posibilidad de semejantes formas de lucha. Esas son las
deducciones que se desprenden, en efecto, de la experiencia de nuestra
revolución; ésas son las enseñanzas que deben asimilar las más vastas masas. ¡Cuán
lejos están esas deducciones y enseñanzas del curso que Plejánov dio a los
razonamientos con su opinión, famosa a lo Eróstrato, sobre la insurrección de
diciembre: "No se debía haber empuñado las armas!" ¡Qué mar de
comentarios de apostasía suscitó tal apreciación! ¡Qué infinidad de manos
sucias de liberales se aferraron a ella para corromper a las masas obreras e
imbuirles el espíritu de compromiso pequeñoburgués!
La apreciación de Plejánov
no contiene ni un ápice de verdad histórica. Si Marx, que seis meses antes de
la Comuna dijo que la insurrección sería una locura, supo, no obstante,
apreciar esa "locura" como el más grandioso movimiento de masas del
proletariado del siglo XIX, con mil veces más razón deben los socialdemócratas
rusos convencer ahora a las masas de que la lucha de diciembre ha sido el
movimiento proletario más necesario, más legítimo y más grande, después de la
Comuna. La clase obrera de Rusia se educará precisamente en esos puntos de
vista, digan lo que digan y lloren cuanto quieran tales o cuales intelectuales
pertenecientes a la socialdemocracia.
Quizás debamos hacer aquí
una advertencia, si tenemos presente que este artículo va destinado a los
camaradas polacos. Como, por desgracia, no sé polaco, conozco sólo de oídas las
condiciones de Polonia. Y podrá objetárseme con facilidad que en Polonia, todo
un partido (la llamada ala derecha del PSP240) se
rompió la crisma en una lucha de guerrillas impotente, en el terrorismo y el
estrépito de las detonaciones en aras precisamente de las tradiciones de
rebelión y de la lucha conjunta del proletariado y el campesinado. Es muy
probable que, desde este punto de vista, las condiciones polacas se diferencien
radicalmente, en efecto, de las del resto de Rusia. No soy quién para juzgar.
Debo advertir, sin embargo, que en ningún sitio, excepto Polonia, hemos visto
una desviación tan insensata de la táctica revolucionaria, desviación que
promueve justa resistencia y oposición. Y aquí acude por sí solo este
pensamiento: ¡pero si ha sido justamente en Polonia donde no hubo tal lucha
armada de masas en diciembre de 1905! ¿Acaso no ha prendido precisamente en
Polonia, y sólo en Polonia, la táctica adulterada e insensata del anarquismo
que "hace" la revolución, porque las condiciones no permitieron que
se desarrollase allí, aunque fuese por breves instantes, la lucha armada de las
masas? ¿Acaso la tradición de esa misma lucha, la tradición de la insurrección
armada de diciembre, no es a veces el único medio serio para superar las
tendencias anarquistas en el seno del partido obrero, no con la moral
estereotipada, filistea, pequeñoburguesa, sino pasando de la violencia sin
objeto, absurda y dispersa, a la violencia orientada de las masas, ligada al
vasto movimiento y a la acentuación de la lucha proletaria directa?
146
La evaluación de nuestra
revolución está muy lejos de tener importancia sólo en teoría; tiene, además,
una importancia directa, actual, desde el punto de vista práctico. Hoy día toda
nuestra labor de propaganda, agitación y organización está siempre relacionada
con el proceso de asimilación de las enseñanzas de estos tres grandes años por
las amplias masas de la clase trabajadora y de la población semi proletaria.
Ahora no podemos limitarnos a declarar sin más ni más (a tono con la resolución
aprobada por el X Congreso del ala izquierda del PSP) que, con los datos que
obran en nuestro poder, no estamos en condiciones de
![]()
240 Véase la nota 90.
Apreciación de la Revolución rusa
determinar si el camino que
se abre ante nosotros es de explosión revolucionaria o de pertinaces, pausados
y pequeños pasos adelante. Es claro que en el mundo de nuestros días no hay
estadística que pueda determinar eso. Es claro que debemos realizar nuestra
labor de manera que esté impregnada por entero de espíritu y contenido general socialistas, por duras que sean las
pruebas que nos depare el futuro. Pero eso no es todo. Detenerse ahí significa
no saber dar ninguna orientación efectiva al partido proletario. Debemos
plantearnos de cara y decidir con energía en qué dirección vamos a encaminarnos
ahora para estudiar la experiencia de los tres años de revolución. Debemos
proclamar en público y a plena voz, para enseñanza de los vacilantes y los
pobres de espíritu y para vergüenza de los que reniegan del socialismo y lo
abandonan, que el partido obrero ve en la lucha revolucionaria directa de las
masas, en la lucha de octubre y diciembre de 1905, el más grandioso movimiento
del proletariado después de la Comuna de París; que sólo en el desarrollo de
esas formas de lucha reside la garantía de los éxitos futuros de la revolución;
que esos ejemplos de lucha deben ser para nosotros un faro en la educación de
las nuevas generaciones de luchadores.
Si orientamos nuestra labor
cotidiana en esa dirección y recordamos que sólo largos años de seria y firme
labor preparatoria aseguraron al partido su influencia rotunda sobre el
proletariado en 1905, seremos capaces de lograr que la clase obrera continúe
creciendo sin cesar y se convierta en una fuerza socialdemócrata revolucionaria
consciente, sean cuales fueren el curso de los acontecimientos y el ritmo de
descomposición de la autocracia.
Publicado en polaco en abril de 1908 en el núm. 2 de la revista
"Przeglad Socjaldemokratyczny". Publicado en ruso el 10 (23) de mayo
de 1908 en el núm. 30 del periódico "Proletari".
T. 17, págs. 37-51.
Material inflamable en la política mundial
147
MATERIAL INFLAMABLE
EN LA POLÍTICA MUNDIAL.
El movimiento revolucionario
de los distintos países de Europa y Asia se ha dejado sentir de modo tan
impresionante en los últimos tiempos que se dibuja ante nosotros con bastante
claridad una nueva etapa de la lucha internacional del proletariado, incomparablemente
superior a la precedente.
En Persia se ha producido
una contrarrevolución241 que ha unido en sí de modo original la
disolución de la primera Duma en Rusia y la insurrección rusa de fines de 1905.
Las tropas del zar ruso, vergonzosamente derrotadas por los japoneses, se toman
el desquite, dando pruebas de celo al servicio de la contrarrevolución. Las
hazañas de los ametrallamientos, de las expediciones punitivas, de los
apaleamientos y del saqueo en Rusia son seguidas de las proezas de esos mismos
cosacos para aplastar la revolución en Persia. Es comprensible que Nicolás
Románov, al frente de los terratenientes de las centurias negras y de los
capitalistas asustados por las huelgas y la guerra civil, monte en cólera
contra los revolucionarios persas. No es la primera vez que se encomienda a los
cristianísimos guerreros rusos el papel de verdugos internacionales. Pero es un
fenómeno un tanto distinto que Inglaterra, lavándose las manos farisaicamente,
mantenga una clara neutralidad amistosa con relación a los persas reaccionarios
y partidarios del absolutismo. Los burgueses liberales ingleses, irritados por
el desarrollo del movimiento obrero en su país y asustados por el auge de la
lucha revolucionaria en la India, muestran con creciente frecuencia, franqueza
y brusquedad que los “políticos” europeos más “civilizados”, que han cursado la
escuela suprema del constitucionalismo, se convierten en verdaderas fieras cuando las cosas llegan al
despertar de la lucha de las masas contra el capital, contra el sistema
colonial capitalista, es decir, contra el sistema de sojuzgamiento, saqueo y
violencia. Difícil es la situación de los revolucionarios persas en un país que
casi están ya dispuestos a repartirse los dueños de la India, por un lado, y el
gobierno contrarrevolucionario ruso, por otro. Pero la tenaz lucha desplegada
en Tabriz, el paso repetido de la fortuna militar a manos de los
revolucionarios, que parecían derrotados por completo, muestran que los
bachibozuks del sha, incluso a pesar de la ayuda de los Liájov rusos y de los
diplomáticos ingleses, encuentran la más fuerte resistencia por abajo. Un
movimiento revolucionario como éste, que sabe oponer resistencia militar a los
intentos de restauración y que obliga a los héroes de esos intentos a pedir
ayuda a los extranjeros, no puede ser aplastado y, en tales circunstancias, el
triunfo más rotundo de la reacción persa no sería otra cosa que la antesala de
nuevas sublevaciones populares.
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241 A fines de 1905 empezó la revolución en
Persia. El pueblo se alzó contra el gobierno despótico del sha, que vendía el
país a los imperialistas extranjeros y llevo a las masas populares al último
grado de la ruina y la miseria. Confabulado con el sha persa, el zar ruso envió
a Persia una brigada de cosacos al mando del coronel Liájov, para aplastar la
revolución. En Junio de 1908, la brigada de Liajov dio un golpe
contrarrevolucionario en Teherán y disolvió la Asamblea convocada por
reclamación popular en octubre de 1906. Los diputados fueron asesinados
atrozmente. Pero el pueblo siguió la lucha. Los destacamentos revolucionarios
que irrumpieron en julio de 1909 en Teherán vencieron a la brigada de Liájov y
destronaron al sha Muhammed Alí. La revolución fue aplastada por la
intervención de los imperialistas extranjeros. El zar ruso y el gobierno
británico, que se habían puesto de acuerdo para repartirse a Persia en zonas de
influencia ocuparon en 1911 gran parte del territorio de este país, liquidaron
las conquistas de la revolución y restauraron el poder del sha y de los señores
feudales.
Material inflamable en la política mundial
En Turquía ha triunfado el
movimiento revolucionario entre las tropas, dirigido por los Jóvenes Turcos.242 Es cierto que este triunfo no es más que una semivictoria e
incluso la parte menor de una victoria, pues el Nicolás II turco (sultán Abdul
Hamid II) ha salido del paso, por ahora, con la promesa de restaurar la famosa
Constitución de Turquía. Mas semejantes semivictorias en las revoluciones,
semejantes concesiones presurosas y obligadas del viejo régimen constituyen la
garantía más segura de que se registrarán nuevas peripecias de la guerra civil,
mucho más decididas y más graves, que arrastrarán a masas populares más
amplias. La escuela de la guerra civil no pasa en vano para los pueblos. Es una
escuela difícil y sus estudios completos contienen inevitablemente victorias de la contrarrevolución, desenfreno de
los reaccionarios enfurecidos, salvajes represalias del viejo régimen contra
los insurgentes, etc. Pero únicamente los pedantes empedernidos y las momias de
sesos enjutos pueden lloriquear porque los pueblos ingresen en esa escuela
dolorosa; esa escuela enseña a las clases oprimidas a hacer la guerra civil,
enseña a hacer triunfar la revolución, concentra en las masas de esclavos
modernos todo el odio que encierran eternamente los esclavos oprimidos, obtusos
e ignorantes y que les lleva a grandiosas hazañas históricas cuando adquieren
conciencia del oprobio de su esclavitud.
En la India, los esclavos
aborígenes de los “civilizados” capitalistas ingleses causan en los últimos
tiempos una desagradable inquietud a sus “señores”. No tienen fin las
violencias y el saqueo, denominados sistema de administración inglesa de la
India. En ningún lugar del mundo —a excepción, naturalmente, de Rusia— , existe
semejante miseria de las masas, semejante hambre crónica de la población. Los
políticos más liberales y radicales de la Bretaña libre, como John Morley —
autoridad para los demócratas constitucionalistas, rusos y no rusos, estrella
del periodismo “progresivo” (lacayuno, de hecho, ante el capital)—, se
transforman como gobernantes de la India en auténticos Gengis Khan capaces de
sancionar todas las medidas de “apaciguamiento” de la población que tienen
encomendada e incluso de ¡azotar a
los protestantes políticos!
148
El pequeño semanario de los
socialdemócratas ingleses, Justice243 ha
sido prohibido en la India por esos miserables liberalesy “radicales” tipo
Morley. Y cuando Keir Hardie,jefe del Partido Laborista Independiente (Independent Labour Party) y diputado al
Parlamento inglés, se atrevió a trasladarse temerariamente a la India para
hablar a los aborígenes de las más elementales exigencias de la democracia,
toda la prensa burguesa británica comenzó a aullar contra el “insurgente”.
Ahora, los más influyentes periódicos ingleses hablan, rechinando los dientes,
de los “agitadores” que perturban la tranquilidad de la India; aplauden las
sentencias de los jueces y las represalias administrativas, puramente rusas, a
lo Pleve, contra los publicistas demócratas indios. Pero en la India, la calle
comienza a salir en defensa de sus escritores y jefes políticos. La vil
sentencia dictada por los chacales ingleses contra el demócrata indio Tilak
—condenado a largos años de destierro por los
votos de los jurados
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242 Jóvenes
Turcos:
denominación europea de los miembros del partido de la burguesía y los
terratenientes turcos. Unión y Progreso, partido nacionalista fundado en 1889
en Estambul. Los Jóvenes Turcos aspiraban a limitar el poder absoluto del
sultán, transformar el imperio feudal en una monarquía constitucional burguesa
y reforzar el papel de la burguesía turca en la vida económica y política del
país. Se alude a la revolución turca de 1908-1909.
Encabezaron el movimiento
revolucionario contra el gobierno despótico del sultán Abdul Hamid II los
adeptos de los Jóvenes Turcos. En julio de 1908 se sublevaron las tropas que se
hallaban bajo el mando de oficiales afiliados a los Jóvenes Turcos. Apoyaron a
los insurrectos la población de las ciudades y los campesinos. Temeroso de la
propagación del movimiento revolucionario, Abdul Hamid II proclamó la
Constitución de 1876, abolida de hecho en 1878, cuando, por orden del sultán,
fue disuelto el Parlamento turco. El nuevo parlamento inauguró sus sesiones a
fines de 1908. En abril de 1909, el sultán turco intentó dar un golpe
contrarrevolucionario en Estambul. Tras dos días de combates en las calles de
la ciudad, los jóvenes Turcos vencieron a los adeptos del sultán, que fue
destronado, y en Turquía se proclamó la monarquía constitucional. Se formó un
gobierno de Jóvenes Turcos.
243 "Justice" ("Justicia"): semanario que se publicó en
Londres desde enero de 1884 hasta comienzos de 1925; primero fue órgano de la
Federación Socialdemócrata, y, desde 1911, órgano del Partido Socialista
Británico. Desde febrero de 1925 hasta diciembre de 1933 apareció con el título
de Social-Demokrat.
Material inflamable en la política mundial
ingleses y
en contra del criterio de los jurados indios, partidarios de la absolución,
como ha puesto en claro la interpelación hecha días pasados en la Cámara de los
Comunes—, este acto de venganza de los lacayos de la bolsa de oro contra un
demócrata ha provocado manifestaciones y una huelga en Bombay. También en la
India ha llegado ya el proletariado a la lucha política consciente de masas. Y
siendo así, ¡toca a su fin el régimen anglo-ruso en la India! Con su saqueo
colonial de los países asiáticos, los europeos han sabido templar a uno de
ellos, al Japón, para conquistar grandes victorias militares que le han
asegurado su desarrollo nacional independiente. No cabe la menor duda de que el
saqueo secular de la India por los ingleses y la lucha actual de estos europeos
“avanzados” contra la democracia persa e india templarán a millones y decenas de millones de proletarios de Asia
para librar una lucha tan victoriosa (como la de los japoneses) contra los
opresores. El obrero europeo consciente tiene ya camaradas asiáticos cuyo
número crecerá por momentos.
En China, el movimiento
revolucionario contra la Edad Media se ha dejado sentir también con fuerza
singular en los últimos meses. Es cierto que todavía no puede afirmarse nada
concreto de este movimiento —tan pocas son las noticias que tenemos de él y tan
abundantes las que nos llegan de sublevaciones en distintos lugares de China-;
mas no ofrece dudas el fuerte crecimiento del “nuevo espíritu” y de las
“corrientes europeas” en China, sobre todo después de la guerra ruso-japonesa244, y, por consiguiente, es inevitable también la transformación
de las viejas revueltas chinas en un movimiento democrático consciente. La
conducta de los franceses en Indochina prueba que algunos participantes del
saqueo colonial han sentido inquietud esta vez: ¡han ayudado al “poder histórico” chino en las represalias contra
los revolucionarios! Han sentido el mismo miedo por la integridad de “sus”
dominios asiáticos, vecinos de China.
Pero no son los dominios
asiáticos los únicos que preocupan a la burguesía francesa. Las barricadas en
Villeneuve Saint-Georges, cerca de París, y el ametrallamiento de los
huelguistas que las levantaron (jueves, 30 de julio) son acontecimientos que
han mostrado una vez más la exacerbación de la lucha de las clases en Europa.
Clemenceau, un radical que gobierna a Francia en nombre de los capitalistas,
trabaja con celo inusitado para desvanecer entre el proletariado los últimos
restos de las ilusiones republicanas burguesas. El ametrallamiento de los
obreros por tropas a las órdenes de un gobierno “radical” se ha convertido bajo
Clemenceau en un fenómeno casi más frecuente que antes. A causa de ello, los
socialistas franceses han dado a Clemenceau el apodo de “Rojo”. Y ahora, cuando
sus agentes, gendarmes y generales han vertido de nuevo sangre obrera, los
socialistas recuerdan las palabras proverbiales que este republicano burgués,
el más progresista, dijo un día a unos delegados obreros: “Ustedes y nosotros nos
encontramos a distintos lados de la barricada”. Sí, el proletariado francés y
los republicanos burgueses más radicales se sitúan ahora definitivamente a
lados distintos de la barricada. La clase obrera de Francia ha derramado mucha
sangre para conquistar y defender la República, y en la actualidad, consolidado
por completo el régimen republicano, la lucha decidida de los propietarios y
los trabajadores avanza con creciente rapidez. “No fue una simple paliza —
escribe L’Humanité,245 refiriéndose al 30 de julio—, fue un
fragmento de batalla”. Los generales y los policías querían provocar a los
obreros a toda costa y convertir una manifestación pacífica e inerme en una
sarracina. Mas, al cercar y atacar a los huelguistas y manifestantes inermes,
las tropas encontraron resistencia, dieron pie a que se levantaran barricadas
en el acto y provocaron acontecimientos que han conmovido a toda Francia. Estas
barricadas de tablas eran tan malas que daban risa, dice el mismo periódico.
Pero no es eso lo importante. Lo importante es que la Tercera República había
acabado con las barricadas. Ahora
![]()
244 Véase la nota 54.
245 Véase la nota 53.
Material inflamable en la política mundial
“Clemenceau vuelve a
ponerlas en uso”. Y, al proceder así, razona con la misma franqueza con que
hablaban de la guerra civil “los verdugos de junio en 1848 y Galliffet en
1871”.
149
No es sólo la prensa
socialista la que recuerda estas grandes fechas históricas con motivo de los
acontecimientos del 30 de julio. Los periódicos burgueses se lanzan con furia
salvaje contra los obreros, acusándolos de haberse comportado como si tuviesen
la intención de empezar la revolución socialista. Uno de estos periódicos
describe un episodio pequeño, pero característico, que muestra el estado de
ánimo de ambos bandos en el lugar del suceso. Cuando los obreros que conducían
a uno de sus camaradas herido pasaron por delante del general Virvaire, que
mandaba el ataque contra los huelguistas, los manifestantes gritaron: ¡“Saluez”! y el general de la República
burguesa saludó militarmente al enemigo herido.
La exacerbación de la lucha
del proletariado contra la burguesía se observa en todos los países
capitalistas avanzados, con la particularidad de que la diferencia de
condiciones históricas, de sistemas políticos y de formas del movimiento obrero
determina distintas manifestaciones de una misma tendencia. En Norteamérica e
Inglaterra, con plena libertad política y ausencia de toda tradición
revolucionaria y socialista en el proletariado —o, por lo menos, de tradición
viva alguna—, esta exacerbación se manifiesta en la intensificación del
movimiento contra los trusts, en el extraordinario incremento del socialismo y
de la atención que le prestan las clases poseedoras, en el paso de las
organizaciones obreras, a veces puramente económicas, a la lucha política
proletaria independiente y metódica. En Austria y Alemania, y en parte también
en los países escandinavos, la exacerbación de la lucha de las clases se
manifiesta en la pugna electoral, en las relaciones entre los partidos, en el
acercamiento de todos los burgueses de distinto pelaje entre ellos frente al
enemigo común
—el proletariado— y en la
intensificación de las represiones judiciales y policíacas. Lenta, pero
inflexiblemente, los dos campos hostiles incrementan sus fuerzas, fortalecen
sus organizaciones, se apartan cada vez más el uno del otro en toda la vida social,
como si se preparasen, en silencio y de forma concentrada, para las futuras
batallas revolucionarias. En los países latinos —Italia y, sobre todo,
Francia—, la exacerbación de la lucha de clases se manifiesta en explosiones
particularmente impetuosas, violentas, en parte francamente revolucionarias,
cuando el odio escondido del proletariado a sus opresores escapa con fuerza
súbita y la situación “pacífica” de lucha parlamentaria es sustituida por
escenas de verdadera guerra civil.
El movimiento revolucionario
internacional del proletariado no se desarrolla ni puede desarrollarse de modo
igual y en idénticas formas en los distintos países. El aprovechamiento pleno y
a fondo de todas las posibilidades en las diversas esferas de actividad sólo se
logra con la lucha de clase de los obreros de los distintos países. Cada país
aporta al caudal común sus valiosos rasgos originales; mas, en cada país, el
movimiento adolece de uno u otro aspecto unilateral, de unos u otros defectos
teóricos o prácticos de los distintos partidos socialistas. En su conjunto,
vemos con claridad un gigantesco paso adelante del socialismo internacional, la
cohesión de los millones de combatientes que integran los ejércitos del
proletariado en una serie de choques concretos con el enemigo, la proximidad de
la lucha decisiva con la burguesía, de una lucha muchísimo más preparada por parte de la clase obrera
que en los tiempos de la Comuna, última gran insurrección del proletariado.
Y este paso adelante de todo
el socialismo internacional, al lado de la exacerbación de la lucha democrática
revolucionaria en Asia, coloca a la revolución rusa en condiciones particulares
y especialmente difíciles. La revolución rusa tiene un gran aliado
internacional tanto en Europa como en Asia; mas, al mismo tiempo, y precisamente como consecuencia de ello,
tiene un enemigo no sólo nacional, no sólo ruso, sino internacional. La reacción contra la lucha, cada día más intensa, del proletariado es inevitable en
todos los países capitalistas, y esta reacción une estrechamente a los
gobiernos burgueses del mundo entero contra todo movimiento popular, contra
toda revolución en Asia y, de modo singular, en Europa. Los
Material inflamable en la política mundial
oportunistas de nuestro
partido, a semejanza de la mayoría de los intelectuales liberales de Rusia,
siguen soñando con una revolución burguesa en Rusia que “no aparte” a la
burguesía, que no la asuste, no origine una reacción “excesiva”, que no
conduzca a la conquista del poder por las clases revolucionarias. ¡Vanas
esperanzas! ¡Utopía filistea! El material inflamable aumenta con tanta rapidez
en todos los países avanzados del mundo, y el incendio se extiende con tanta
evidencia a la mayoría de los Estados de Asia, ayer todavía sumidos en un
profundo sueño, que son absolutamente indefectibles el fortalecimiento de la
reacción burguesa internacional y la exacerbación de toda revolución nacional.
La contrarrevolución en
Rusia no cumple ni puede cumplir las tareas históricas de nuestra revolución.
La burguesía rusa se inclina inexorablemente cada vez más hacia la corriente
antiproletaria y antidemocrática internacional. No es en los aliados liberales
en quienes debe confiar el proletariado ruso. Debe seguir su propio camino
independiente hacia la victoria completa de la revolución apoyándose en la
necesidad de que el problema agrario en Rusia sea resuelto violentamente por
las propias masas campesinas, ayudándoles a acabar con el dominio de los
terratenientes cavernícolas y de la autocracia ultrarreaccionaria, señalándose
como tarea la dictadura democrática del proletariado y del campesinado en Rusia
y recordando que su lucha y sus victorias están indisolublemente unidas al
movimiento revolucionario internacional. Menos ilusiones en torno al
liberalismo de la burguesía contrarrevolucionaria (en Rusia y en todo el
mundo). ¡Más atención al crecimiento del proletariado revolucionario
internacional!
Publicado el 23 de
julio (5 de agosto) de 1908 en el núm. 33 de “Proletari”.
T. 17, págs. 174-183.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
151
EL
MILITARISMO BELICOSO Y LA TÁCTICA ANTIMILITARISTA DE LA SOCIALDEMOCRACIA.
I
Los diplomáticos están
agitados. Llueven las “notas”, los “despachos” y las “declaraciones”; los
ministros cuchichean a espaldas de los maniquíes coronados que “consolidan la
paz” con una copa de champaña en la mano. Mas los “súbditos” saben perfectamente
que cuando acuden los cuervos, huele a carroña. El lord conservador Cromer ha
declarado en la Cámara inglesa: “Vivimos una época en la que se juega a una
carta los intereses nacionales (?), en la que se enardecen las pasiones y
surgen el peligro y la posibilidad de colisión, por pacíficas (!) que sean las
intenciones de los gobernantes”.
En los últimos tiempos se ha
acumulado bastante material inflamable y sigue aumentando sin cesar. La
revolución en Persia amenaza con remover todas las barreras —“zonas de
influencias”— colocadas allí por las potencias europeas. El movimiento
constitucionalista en Turquía amenaza con arrancar este patrimonio de las
garras de los buitres capitalistas europeos. Además, se alzan amenazadores los
viejos “problemas”, hoy agravados, de Macedonia, Asia Central, Extremo Oriente,
etc., etc.
Entretanto, con la actual
red de tratados, convenios, etc., públicos y secretos, basta el menor
papirotazo de cualquier “potencia” para que “de la chispa nazca la llama”.
Y cuanto más esgrimen las
armas los gobiernos, amenazándose los unos a los otros, con mayor crueldad
aplastan el movimiento antimilitarista en sus países respectivos. Las
persecuciones a los antimilitaristas crecen en extensión e intensidad. El
ministerio “radical socialista” de Clemeceau-Briand practica la violencia no
peor que el ministerio terrateniente conservador de Bülow. La disolución de las
“organizaciones juveniles” en toda Alemania en virtud de la nueva ley de
asociación y reunión, que prohíbe a los menores de veinte años la asistencia a
reuniones políticas, ha dificultado extraordinariamente la agitación
antimilitarista en dicho país.
Como consecuencia, vuelve a
reanimarse en la prensa socialdemócrata la disputa en torno a la táctica
antimilitarista de los socialistas, que se había aplacado después del Congreso
de Stuttgart.246
![]()
246 El
Congreso Socialista Internacional de Stuttgart (VII Congreso de la II Internacional)
se celebró del 18 al 24 de agosto de 1907. Una de las cuestiones debatidas en
el Congreso fue El militarismo y los
conflictos internacionales. Lenin participó en las labores de la comisión
dedicada a dicho tema. Al discutirse el proyecto de resolución, propuesto por
A. Bebel, Lenin logró con sus enmiendas, apoyadas por los representantes de la
socialdemocracia polaca, cambiarlo de raíz en el espíritu del marxismo
revolucionario. La enmienda más importante que modificó por principio el
proyecto de resolución fue la siguiente: "En caso de que, a pesar de todo,
la guerra sea desencadenada, ellos (la clase obrera de los distintos países y
sus representantes en los parlamentos. N.de
la Edit.) deben... procurar con todos los medios aprovechar la crisis
económica y política provocada por la guerra para agitar a las masas populares
y acelerar la caída de la dominación capitalista de clase". Esta tesis fue
confirmada por el Congreso de Copenhague en 1910 y entró luego en la resolución
del Congreso de Basilea celebrado en 1912.
La adopción de la resolución El militarismo y los conflictos
internacionales fue una victoria inmensa del ala revolucionaria sobre la
oportunista en el movimiento obrero internacional.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
Se produce un fenómeno
extraño a primera vista: a pesar de la importancia evidente de este problema y
del claro y manifiesto perjuicio que el militarismo causa al proletariado, es
difícil encontrar otro que motive tantas vacilaciones y tantas discrepancias
entre los socialistas occidentales como las controversias en torno a la táctica
antimilitarista.
Las premisas de principio
para resolver con tino este problema fueron establecidas hace mucho con toda
firmeza y no suscitan discrepancias. El militarismo moderno es resultado del
capitalismo. Es, en sus dos formas, una “manifestación vital” del capitalismo:
como fuerza militar utilizada por los Estados capitalistas en sus choques
externos (“Militarismus nach aussen”,
según dicen los alemanes) y como instrumento en manos de las clases dominantes para aplastar todo género de
movimientos (económicos y políticos) del proletariado (“Militarismus nach innen”). Diversos congresos internacionales (el
de París de 1889, el de Bruselas de 1891, el de Zurich de 1893 y, por último,
el de Stuttgart de 1907) dieron en sus resoluciones una expresión acabada de
este punto de vista.247 A pesar de que el Congreso de
Stuttgart, en consonancia con su orden del día (Los conflictos internacionales ), dedicó más atención al aspecto
del militarismo que los alemanes denominan “Militarismus
nach aussen” (“externo”), su resolución es la que muestra de modo más
detallado esta conexión del militarismo y el capitalismo. He aquí el pasaje
correspondiente de dicha resolución: “Las guerras entre los Estados
capitalistas son por lo común consecuencia de su competencia en el mercado
mundial, ya que cada Estado trata no sólo de asegurarse una zona de venta, sino
de conquistar nuevas zonas, desempeñando en ello el papel principal el
sojuzgamiento de pueblos y países ajenos. Estas guerras son originadas, además,
por los constantes armamentos bélicos a que da lugar el militarismo,
instrumento principal de la dominación de clase de la burguesía y del
sometimiento político de la clase obrera.
“Las guerras son propiciadas
por los prejuicios nacionalistas, cultivados sistemáticamente en los países
civilizados en provecho de las clases dominantes con objeto de distraer a las
masas proletarias de sus propios objetivos de clase y obligarlas a olvidar el
deber de la solidaridad internacional de clase.
“Por lo tanto, las guerras
tienen sus raíces en la propia naturaleza del capitalismo; sólo cesarán cuando
deje de existir el régimen capitalista o cuando la inmensidad de sacrificios
humanos y monetarios, ocasionados por el desarrollo técnico-militar, y la
indignación popular provocada por los armamentos conduzcan a la eliminación de
este sistema.
152
“La clase obrera, principal
proveedora de soldados, sobre la cual recae también el peso fundamental de los
sacrificios materiales, es, en particular, enemigo natural de las guerras, ya
que éstas se hallan en pugna con sus objetivos: la instauración de un régimen
económico basado en el principio socialista que haga realidad la solidaridad de
los pueblos”...
![]()
247 El problema del militarismo se discutió
en todos los congresos internacionales mencionados por Lenin. El de París
adoptó una resolución sobre la sustitución de los ejércitos permanentes por el
armamento general del pueblo. Esta resolución reclamaba que se consolidara la
paz entre los pueblos y obligaba a los socialistas a votar contra los créditos
de guerra. Ligaba la lucha por la paz con la lucha por el socialismo.
En el Congreso de Bruselas
pronunciaron informes sobre la actitud de la clase obrera ante el militarismo
G. Liebknecht y E. Vaillant. El informe de Liebknecht dio pie a que se adoptara
una resolución que llamaba a protestar contra toda tentativa de preparar la
guerra y recalcaba que sólo el establecimiento de la sociedad socialista, en la
que se pone fin a la explotación del hombre por el hombre, proporcionará la paz
a los pueblos y pondrá fin al militarismo. Pero ni el informe ni la resolución
propuesta por Liebknecht contenían medidas concretas algunas de lucha contra el
militarismo y la guerra.
En el Congreso de Zurich, como resultado de la
discusión del problema
militar, planteado en el informe de J. Plejánov, se adoptó una resolución que
repetía en el fondo las tesis generales de la resolución de Bruselas. El punto
más importante y acertado en el aspecto político de la resolución aprobada fue
el que obligaba a los partidos socialistas a votar contra los créditos
militares. El problema del militarismo y la táctica autimilitarista se
examinaron con el mayor detenimiento en el Congreso de Stuttgart.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
II
Así pues, la conexión de
principio entre el militarismo y el capitalismo ha sido establecida con firmeza
entre los socialistas, y en este punto no hay discrepancias. Mas el
reconocimiento de esta conexión no determina por sí solo de manera concreta la
táctica antimilitarista de los socialistas ni resuelve el problema práctico de
cómo luchar contra la carga que supone el militarismo y cómo impedir las
guerras. Y es precisamente en las respuestas a estas interrogantes en las que
se observa una considerable disparidad de opiniones entre los socialistas. En
el Congreso de Stuttgart pudieron comprobarse de manera muy palpable estas
discrepancias.
En un polo se hallan los
socialdemócratas alemanes del tipo de Vollmar. Puesto que el militarismo es
hijo del capitalismo y las guerras son un satélite inexcusable del desarrollo
capitalista, razonan, no es necesaria ninguna actividad antimilitarista especial.
Así mismo lo ha declarado Vollmar en el congreso del partido celebrado en
Essen. En cuanto al problema de la conducta que se debe seguir en caso de
declaración de guerra, la mayoría de los socialdemócratas alemanes, con Bebel y
Vollmar a la cabeza, mantienen a porfía la posición de que los socialdemócratas
deben defender a su patria frente a la agresión, de que están obligados a tomar
parte en una guerra “defensiva”. Esta tesis condujo a Vollmar a declarar en
Stuttgart que “todo el amor a la humanidad no puede impedirnos ser buenos
alemanes” y al diputado socialdemócrata Noske a proclamar en el Reichstag que,
en caso de guerra contra Alemania, “los socialdemócratas no se quedarán atrás
de los partidos burgueses y se echar el fusil al hombro”. A Noske no le ha
faltado más que dar otro paso para decir: “Deseamos que Alemania esté armada
todo lo posible”.
En el otro polo se encuentra
un reducido grupo de partidarios de Hervé. El proletariado no tiene patria,
razonan los herveístas. Por tanto, todas las guerras se hacen en provecho de
los capitalistas; por tanto, el proletariado debe luchar contra cada guerra. El
proletariado debe responder a toda declaración de guerra con la huelga militar
y la insurrección. A esto debe reducirse principalmente la propagan da
antimilitarista. Por eso presentó Hervé en Stuttgart el siguiente proyecto de
resolución: “...El congreso invita a responder a toda declaración de guerra, venga de donde venga, con la huelga
militar y la insurrección”.
Tales son las dos posiciones
“extremas” que adoptan en este problema los socialistas occidentales. En ellas
se reflejan, “como el sol en una gota de agua”, las dos enfermedades que siguen
dañando la actividad del proletariado socialista en Occidente: las tendencias
oportunistas, de un lado, y la verborrea anarquista, de otro.
Ante todo, hagamos algunas
observaciones sobre el patriotismo. Es cierto que en el Manifiesto Comunista se dice que “los proletarios no tienen
patria”; también es cierto que la posición
de Vollmar, Noske y Cía. es “un guantazo” a esta tesis fundamental del
socialismo internacional. Mas de esto
aún no se desprende que sea justa la afirmación de Hervé y de sus partidarios de que al proletariado
le es indiferente vivir en una patria o en otra: en la Alemania monárquica, en
la Francia republicana o en la Turquía despótica. La patria, es decir, el medio
político, cultural y social dado, es el factor más poderoso en la lucha de
clase del proletariado. Y si Vollmar no tiene razón, al fijar cierta actitud
“auténticamente alemana” del proletariado ante la “patria”, tampoco tiene más
Hervé con su imperdonable posición no crítica ante un factor tan importante de
la lucha emancipadora del proletariado. El proletariado no puede permanecer
indiferente e impasible ante las condiciones políticas, sociales y culturales
de su lucha; por tanto, tampoco pueden serle indiferentes los destinos de su
país. Pero los destinos del país le interesan únicamente en lo que atañen a su lucha de clase, y no en virtud de un
“patriotismo” burgués, indecoroso por completo en boca de un socialdemócrata.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
Más complejo es el otro
problema: el de la actitud ante el militarismo y la guerra. A primera vista es
evidente que Hervé mezcla de modo intolerable estas dos cuestiones, olvida la
relación causal entre la guerra y el capitalismo; si el proletariado adoptase
la táctica de Hervé, se condenaría a una labor estéril: utilizaría toda su
disposición para el combate (puesto que se habla de insurrección) en luchar
contra el efecto (la guerra), dejando que siguiese existiendo la causa (el
capitalismo).
El método anarquista de
reflexionar se revela aquí en plena medida. Son evidentes la fe ciega en la
fuerza milagrosa de toda action directe,
la desvinculación de esa “acción directa” de la coyuntura sociopolítica general
sin el menor análisis de é sta; en suma, “la arbitraria comprensión mecanicista
de los fenómenos sociales”, según la expresión de C. Liebknecht.
153
El plan de Hervé es “muy sencillo”: el d ía en que se declare la
guerra, los soldados socialistas desertarán y los reservistas declararán la
huelga, quedándose en sus casas. Sin embargo, “la huelga de reservistas no es
una resistencia pasiva: la clase obrera no tardaría en pasar rápidamente a la
resistencia abierta, a la insurrección, y esta última tendría mayores
posibilidades aún de acabar en una victoria porque el ejército de operaciones
se encontraría en las fronteras del país” (G. Hervé. Leur patrie*).
* G. Hervé. La patria de
ellos. (N. de la Edit.)
En eso consiste este “plan
real, directo y práctico”; y, seguro de su éxito, Hervé propone que se responda
con la huelga militar y la insurrección a toda declaración de guerra.
Como se desprende
claramente, no se trata aquí de si puede el proletariado, cuando lo estime
conveniente, responder con la huelga y la insurrección a la declaración de
guerra. Lo que se discute es si debe imponerse al proletariado la obligación de
responder con la insurrección a cada guerra. Resolver la cuestión en este
último sentido significaría privar al proletariado de la iniciativa de elegir
el momento del combate decisivo y cedérsela a sus enemigos; no sería el
proletariado el que eligiese el momento de la lucha en consonancia con sus
intereses, cuando es elevada su conciencia socialista general, fuerte su
organización, favorable el pretexto, etc.; no, los gobiernos burgueses podrían
provocarle a la insurrección incluso cuando las condiciones para ella fuesen
desfavorables, por ejemplo, declarando una guerra muy capaz de despertar en
vastos sectores de la población sentimientos patrióticos y patrioteros, una
guerra que, de este modo, aislaría al proletariado insurrecto. Además, no debe
perderse de vista que la burguesía —la cual persigue con tanta saña la labor
antimilitarista en tiempos de paz desde la Alemania monárquica hasta la Francia
republicana y la Suiza democrática— arremetería con terrible furia contra todo
intento de huelga militar en caso de guerra, en el momento de vigencia de las
leyes marciales, de los estados de sitio, de los consejos de guerra
sumarísimos, etc.
Tiene razón Kautsky, al
decir de la idea de Hervé: “La idea de la huelga militar ha nacido bajo el
influjo de “buenos” motivos, es noble y está henchida de heroísmo, pero es una
tontería heroica”.
El proletariado, si lo
considera oportuno y conveniente, puede responder con la huelga militar a la
declaración de guerra; puede recurrir también a la huelga militar entre otros
medios para conseguir la revolución social. Mas no le conviene atarse las manos
con esta “receta táctica”.
Así mismo respondió a esta cuestión litigiosa el Congreso
Internacional de Stuttgart.
III
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
Mas si las opiniones de los
herveístas son “una tontería heroica”, la posición de Vollmar, Noske y sus
correligionarios del “ala derecha” es una cobardía oportunista. Puesto que el
militarismo es hijo del capital y caerá con él —razonaban en Stuttgart y, sobre
todo, en Essen—, no hace falta una agitación antimilitarista especial: no debe
haberla. Pero, les objetaron en Stuttgart, la solución radical de los problemas
obrero y femenino, por ejemplo, tampoco es posible mientras exista el régimen
capitalista y, sin embargo, luchamos por la legislación obrera, por la
ampliación de los derechos civiles de la mujer, etc. La propaganda
antimilitarista especial debe hacerse con tanta mayor energía por cuanto cada
día son más frecuentes los casos de ingerencia de la fuerza militar en la lucha
del trabajo contra el capital y es cada vez más evidente la importancia del
militarismo no sólo en la lucha actual del proletariado, sino también en el
futuro, en el momento de la revolución social.
La propaganda
antimilitarista especial se ve respaldada no sólo por pruebas acordes con los
principios, sino por una importante experiencia histórica. Bélgica marcha a la
cabeza de los demás países en este terreno. El Partido Obrero Belga, además de
la propaganda general de las ideas antimilitaristas, ha organizado grupos de
jóvenes socialistas con la denominación de “Joven Guardia” (“Jeunes Gardes”).
Los grupos de un mismo distrito forman parte de la Federación distrital; a su
vez, todas las federaciones distritales están unidas en la Federación nacional,
dirigida por un “Consejo Central”. Los órganos periodísticos de los “jóvenes
guardias” (La jeunesse c’est l’avenir; De
Caserne, De Loteling**, etc.) se difunden ¡en decenas de miles de
ejemplares! La federación más fuerte es la de Valonia, que comprende 62 grupos
locales con 10.000 militantes; en total, la “Joven Guardia” tiene en la
actualidad 121 grupos locales.
** La juventud es el futuro; El
cuartel, El recluta. (N. de la Edit.)
Además de la propaganda
escrita, se hace una intensa propaganda oral: en enero y septiembre (meses de
reclutamiento), en las principales ciudades de Bélgica se celebran asambleas y
manifestaciones populares; ante los ayuntamientos, al aire libre, oradores
socialistas explican a los reclutas el significado del militarismo. En el
“Consejo Central” de los “jóvenes guardias” se ha organizado un “Comité de
reclamaciones”, encargado de reunir datos sobre las injusticias cometidas en
los cuarteles. Estos datos son publicados cada día en el órgano central del
partido, Le Peuple 248 en una sección titulada Vida del
ejército. La propaganda antimilitarista no se detiene en el umbral del cuartel,
sino que los soldados socialistas forman grupos para hacer propaganda en el
seno del ejército. En la actualidad existen unos quince grupos de este tipo
(“uniones de soldados”).
154
Siguiendo el ejemplo belga,
aunque variando en intensidad y formas de organización, se hace propaganda
antimilitarista en Francia*, Suiza, Austria y otros países.
* Una peculiaridad interesante de los
franceses es el llamado “sou del soldado”: cada semana, el obrero entrega un
sou al secretario de su sindicato; la sumas así reunidas son enviadas a los
soldados “para recordarles que, incluso vestidos de uniforme, pertenecen a la
clase explotada y no deben olvidarlo en ninguna circunstancia”.
Así pues, la actividad
antimilitarista especial no es sólo necesaria en especial, sino también
conveniente y fructífera en la práctica. Por eso, puesto que Vollmar se rebela
contra ella, señalando que el régimen policiaco existente en Alemania la hace
imposible y que hay peligro de que por su culpa sean desbaratadas las
organizaciones del partido, el problema se reduce a analizar en concreto las
condiciones de un país determinado; se trata de un hecho, y no de un principio.
Aunque también en este caso es justa la observación de Jaurès de que la
socialdemocracia alemana, que soportó en su juventud, en los duros años de las
leyes de excepción contra los socialistas249 la
mano de hierro del conde de Bismarck, ahora, incomparablemente acrecida y
fortalecida, podría no temer las persecuciones de los actuales
![]()
248
"Le Peuple" ("El Pueblo"):
órgano central del Partido Obrero Belga (reformista); se fundó en 1884 y sigue
apareciendo diariamente en Bruselas.
249 Véase la nota 187.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
gobernantes. Mas Vollmar no
tiene ninguna razón cuando trata de apoyarse en el argumento de que la
propaganda antimilitarista especial es inconveniente por principio.
No menos oportunista es la
convicción de Vollmar y sus correligionarios de que los socialdemócratas tienen
el deber de participar en una guerra defensiva. La brillante crítica de Kautsky
no ha dejado piedra sobre piedra de estos puntos de vista. Kautsky ha señalado
que, a veces, sobre todo en los momentos de embriaguez patriótica, es
completamente imposible comprender si una guerra determinada responde a
objetivos defensivos u ofensivos (Kautsky cita este ejemplo: ¿atacó o se
defendió el Japón al comienzo de la guerra ruso-japonesa?). Los
socialdemócratas se enredarían en la maraña de las negociaciones diplomáticas
si se les ocurriese fijar su actitud ante la guerra en dependencia de este
síntoma. Los socialdemócratas pueden verse incluso en una situación que les
mueva a exigir guerras ofensivas. En 1848 (no estar de más que lo recuerden
también los herveístas), Marx y Engels consideraban necesaria la guerra de
Alemania contra Rusia. Más tarde trataron de influir en la opinión pública de
Inglaterra para inclinarla a la guerra contra Rusia. Por cierto, Kautsky cita
el siguiente ejemplo hipotético: “Supongamos –dice— que el movimiento
revolucionario triunfa en Rusia y que la influencia de este triunfo hace que el
poder pase en Francia a manos del proletariado; supongamos, por otro lado, que
contra la nueva Rusia se forma una coalición de los monarcas europeos.
¿Protestará la socialdemocracia internacional si la República Francesa acude en
ayuda de Rusia?” (C. Kautsky. Nuestro
punto de vista sobre el patriotismo y la guerra).
Es evidente que, en esta
cuestión (lo mismo que en el criterio acerca del “patriotismo”), no es el
carácter defensivo u ofensivo de la guerra, sino los intereses de la lucha de
clase del proletariado, o, mejor dicho, los intereses del movimiento internacional
del proletariado, lo que constituye el único punto de vista desde el que se
puede abordar y resolver el problema de la actitud de los socialdemócratas ante
uno u otro fenómeno de las relaciones internacionales.
Un reciente artículo de
Jaurè s muestra hasta dónde es capaz de llegar el oportunismo en estas
cuestiones. Al exponer su opinión sobre la situación internacional en un
periódico liberal burgués de Alemania, Jaurès defiende la alianza de Francia e
Inglaterra con Rusia contra las acusaciones de propósitos no pacíficos y
considera esta alianza “una garantía de paz”, congratulándose de que “hemos
vivido para ver ahora la alianza de Inglaterra y Rusia, los dos viejos
enemigos”.
En la Carta abierta a Jaurès, publicada en el último número de Neue Zeit,250 Rosa Luxemburgo enjuicia de manera magnífica esa opinión y da
fogosa réplica a su autor.
En primer lugar, Rosa
Luxemburgo hace constancia de que hablar de alianza de “Rusia” e “Inglaterra”
significa “hablar en el lenguaje de los políticos burgueses”, ya que los
intereses de los Estados capitalistas y los intereses del proletariado en
política exterior son opuestos y no puede hablarse de armonía de intereses en
la esfera de las relaciones exteriores. Si el militarismo es producto del
capitalismo, eso significa que las guerras tampoco pueden ser suprimidas por
las intrigas de los gobernantes y diplomáticos y que la tarea de los
socialistas no consiste en despertar ilusiones en este sentido, sino, por el
contrario, en denunciar permanentemente la hipocresía y la impotencia de las
“gestiones pacíficas” en el terreno diplomático.
155
Pero el punto más importante
de la “carta” es la apreciación de la alianza de Inglaterra y Francia con
Rusia, alianza tan alabada por Jaurès. La burguesía europea ha dado al zarismo
la posibilidad de rechazar el ataque revolucionario. “Ahora, en el intento de
transformar la victoria temporal sobre la revolución en victoria definitiva, el
absolutismo se vale, ante todo,
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250 Véase la nota 158.
El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista de la
socialdemocracia
del probado recurso de todas
las despotías que se tambalean: de los éxitos en política exterior”. Todas las
alianzas de Rusia implican hoy “una Santa Alianza de la burgues ía de la Europa
Occidental con la contrarrevolución rusa, con los opresores y verdugos de los
luchadores rusos y polacos por la libertad, implican el fortalecimiento de la
más sangrienta reacción no sólo dentro de Rusia, sino también en las relaciones
internacionales”. “Por eso, la tarea más elemental de los socialistas y los
proletarios de todos los países consiste en impedir con todas sus energías la
alianza con la Rusia contrarrevolucionaria”.
“¿Cómo explicarse —pregunta
Rosa Luxemburgo a Jaur ès— que vaya usted a esforzarse “con la mayor energía”
por hacer del gobierno de los sangrientos verdugos de la revolución rusa y la
insurrección persa un factor influyente de la política europea, y de las horcas
rusas pilares de la paz internacional? ¿Usted, que en cierta ocasión pronunció
en el Parlamento francés un brillante discurso contra el empréstito ruso?
¿Usted, que hace unas semanas publicó en su periódico L’Humanité un ardoroso llamamiento a la opinión pública contra la
sangrienta labor de los tribunales militares en la Polonia rusa? ¿Cómo es
posible conciliar sus planes de paz, basados en la alianza franco-rusa y
anglo-rusa, con la reciente protesta de la minoría socialista del Parlamento
francés y la Comisión Administrativa del Consejo Nacional del Partido
Socialista contra el viaje del presidente Falliè res a Rusia, con esa protesta
firmada por usted, la cual defiende en términos fogosos los intereses de la
revolución rusa? Si el Presidente de la República Francesa desea remitirse a la
idea que usted tiene de la situación internacional, responderá así a su
protesta: quien aprueba el fin, debe aprobar también los medios; quien ve en la
alianza con la Rusia zarista la armonía de la paz internacional, debe aceptar
todo lo que fortalece esa alianza y conduce a la amistad.
“¡Qué habría dicho usted si
en Alemania, Rusia o Inglaterra hubieran surgido en otros tiempos socialistas y
revolucionarios que, “en beneficio de la paz”, hubiesen recomendado la alianza
con el gobierno de la restauración o con el gobierno de Thiers y Jules Favre y
refrendado esa alianza con su prestigio moral!”.
Esta carta habla por sí
sola, y los socialdemócratas rusos no pueden sino aplaudir a la camarada Rosa
Luxemburgo por su protesta y por su defensa de la revolución rusa ante el
proletariado internacional.
Publicado el 23 de
julio de 1908 en el núm. 33 de “Proletari”.
t. 17, págs. 186-196.
El movimiento estudiantil y la situación política actual.
156
EL
MOVIMIENTO ESTUDIANTIL Y LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL.
En la Universidad de San
Petersburgo se ha declarado una huelga estudiantil, a la que se han sumado
numerosos establecimientos de enseñanza superior. El movimiento se ha extendido
ya a Moscú y Járkov. A juzgar por los datos que publican los periódicos rusos y
extranjeros, así como por los contenidos en cartas privadas remitidas desde
Rusia, nos encontramos ante un movimiento académico
bastante amplio.251
¡Retorno a lo antiguo!
¡Retorno a la Rusia prerrevolucionaria!: eso es lo que prueban, ante todo,
dichos acontecimientos. La reacción gubernamental sigue apretando las clavijas
a las universidades. La lucha eterna en la Rusia autocrática contra las organizaciones
estudiantiles ha adquirido la forma de cruzada del ministro ultrarreaccionario
Shvarts —quien obra con la plena conformidad del “premier” Stolypin— contra la
autonomía prometida a los estudiantes en el otoño de 1905 (¡qué no “prometería”
entonces la autocracia, bajo la presión de la clase obrera revolucionaria, a
los ciudadanos rusos!), contra la autonomía que disfrutaban los estudiantes
cuando la autocracia “no tenía tiempo de ocuparse” de ellos y que ella, por su
propia naturaleza, había de empezar a arrebatarles.
La prensa liberal —esta vez
a la par que algunos octubristas252— se
aflige y gime como antes, se afligen y gimotean los señores catedráticos,
implorando al gobierno que no emprenda el camino de la reacción, que aproveche
la magnífica oportunidad para “asegurar con reformas la paz y el orden” en “el
pa ís atormentado por las conmociones”, y suplicando a los estudiantes que no
recurran a medios ilegales de acción, capaces únicamente de hacer el juego a la
reacción, etc., etc., etc. ¡Qué viejas y trilladas cantilenas! ¡Con qué
vivacidad resucitan ante nosotros lo que ocurrió hará veinte años, a finales de
la década del 80 del siglo pasado! La semejanza de aquellos tiempos con los de
hoy parecerá sorprendente, sobre todo, si se toma el momento actual por separado,
al margen de los tres años de revolución vividos, ya que la Duma 253 expresa con una pequeñísima diferencia
(a primera vista) la misma correlación de fuerzas existente antes de la
revolución: la dominación del terrateniente brutal que prefiere tener conocidos
en la corte e influencias mediante su cofrade, el funcionario público, antes
que cualquier representación; el apoyo de los comerciantes (octubristas), a ese
mismo funcionario, pues no se atreven a quedarse sin padres bienhechores; la
“oposici ón” de los intelectuales burgueses, que se preocupan, ante todo, de
demostrar su lealtad y que califican de actividad política del liberalismo la
invocación a los
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251 Se trata del movimiento estudiantil de
masas que empezó en Rusia en el otoño de 1908 en San Petersburgo. El movimiento
estudiantil de entonces fue promovido por la política reaccionaria del ministro
de Instrucción Pública A. Shvarts, que declaro una cruzada contra los restos de
la autonomía universitaria y quería suprimir todas las libertades estudiantiles
en vigor desde 1905.
252 Octubristas: miembros del partido del mismo nombre (o Unión del 17 de
Octubre), formado en Rusia después de publicarse el manifiesto del zar del 17
(30) de octubre de 1905 (véase la nota 104). Era un partido
contrarrevolucionario que representaba y defendía los intereses de la gran
burguesía y los terratenientes que explotaban su hacienda a lo capitalista;
encabezaban este partido el conocido industrial A. Guchkov y el gran
terrateniente M. Rodzianko. Los octubristas apoyaban totalmente la política
interior y exterior del gobierno zarista.
253 Véase la nota 147.
El movimiento estudiantil y la situación política actual.
poderosos. Los diputados
obreros de la Duma hacen recordar poco, demasiado poco, el papel que desempeñó
no hace tanto el proletariado con su lucha declarada de masas.
Cabe preguntar: ¿podemos, en
esas condiciones, conceder importancia a las viejas formas de lucha académica
primitiva de los estudiantes? Si los liberales han retrocedido a la “política”
de los años 80 (sólo en tono de burla puede hablarse aquí, naturalmente, de
política), ¿no empequeñecerá la socialdemocracia sus tareas al considerar
necesario apoyar de una u otra forma la lucha académica?
Por lo visto, esta pregunta
se la hacen en algún sitio lo estudiantes socialdemócratas. Al menos, la
redacción de nuestro periódico ha recibido una carta de un grupo de estudiantes
socialdemócratas, en la que se dice, entre otras cosas:
“El 13 de septiembre, la
asamblea de estudiantes de la Universidad de San Petersburgo acordó llamar a la
huelga general estudiantil en todo el país, motivando su llamamiento en la
táctica agresiva de Shvarts; la plataforma de la huelga es académica; la asamblea
aplaude incluso los “primeros pasos” de los claustros de profesores de Moscú y
San Petersburgo en la lucha por la autonomía. Nos deja perplejos la plataforma
académica presentada por la asamblea de San Petersburgo y la consideramos
inadmisible en las circunstancias presentes e incapaz de unir a los estudiantes
para una lucha enérgica y amplia. Concebimos la acción estudiantil únicamente
coordinada con la lucha política general, en ningún caso aislada. No existen
elementos capaces de unir al estudiantado. En vista de ello, nos pronunciamos
contra la acción académica”.
El error en que incurren los
autores de la carta es de un alcance político mucho mayor de lo que podría su
ponerse a simple vista, pues el juicio expuesto aborda, en el fondo, un tema
incomparablemente más amplio e importante que la participación en esta huelga.
“Concebimos la acción estudiantil únicamente coordinada con la
lucha política general.
En vista de ello, nos pronunciamos contra la acción académica”.
157
Este juicio es profundamente erróneo. La consigna revolucionaria
—hay que tender a coordinar la acción política de los estudiantes con el
proletariado, etc.— se transforma, en este caso, de guía viva para una
agitación cada vez más amplia, múltiple y combativa, en un dogma muerto que se
aplica maquinalmente a etapas distintas de formas diversas del movimiento. No
basta con proclamar la acción política coordinada, repitiendo la “última
palabra” de las ense ñanzas de la revolución. Hay que saber agitar a favor de
la acción política, aprovechando para
ello todas las posibilidades, todas las condiciones y, ante todo y sobre todo, cualquier conflicto
multitudinario de tales o cuales elementos avanzados con la autocracia. No se
trata, naturalmente, de que clasifiquemos de antemano todo movimiento
estudiantil por “etapas” obligatorias y observemos sin falta si atraviesa con
exactitud cada etapa, temiendo desviaciones “inoportunas” hacia el terreno de
la política etc. Semejante punto de vista sería una pedantería de lo más
perniciosa y sólo conduciría a una política oportunista. Pero no menos
pernicioso es el error inverso, cuando, en aras de una consigna mal entendida
en el sentido de su rigidez, no se quieren tener en cuenta ni la situación
creada en la práctica ni las condiciones del respectivo movimiento de masas:
tal aplicación de una consigna degenera de modo inevitable en palabrería
revolucionaria.
Son posibles condiciones en
las que el movimiento académico empequeñezca o desmiembre el movimiento
político o desvíe de él. En esos casos, los grupos socialdemócratas de
estudiantes estarían obligados, como es natural, a concentrar su agitación
contra tal movimiento. Sin embargo, todo el mundo ve que las condiciones
políticas objetivas del momento son distintas: el movimiento académico es una
expresión del comienzo del movimiento
de la nueva “hornada” de jóvenes estudiantes, acostumbrados ya más o menos
El movimiento estudiantil y la situación política actual.
a una autonomía raquítica.
Este movimiento se inicia cuando no existen otras formas de lucha de masas, en
medio de una calma que permite a las multitudes seguir digiriendo — todavía en silencio, absortas y pausadas— las
experiencias de tres años de revolución.
En esas condiciones, la
socialdemocracia cometería un profundo error si se pronunciase “contra la
acción académica”. No, los grupos de estudiantes afiliados a nuestro partido
deben orientar todos sus esfuerzos a apoyar, aprovechar y ampliar ese movimiento.
Como todo apoyo de la socialdemocracia a las formas primitivas de movimiento,
el presente apoyo debe consistir asimismo, ante todo y sobre todo, en extender
nuestra influencia ideológica y orgánica a sectores más amplios, enardecidos
por el conflicto y encarados a cada paso, en esta forma de conflicto, con el primer conflicto político. Porque la
juventud estudiantil que ha ingresado en las universidades durante los dos años
últimos ha vivido apartada casi por completo de la política y está educada en
el espíritu de la estrecha autonomía académica no sólo por los catedráticos
adictos al gobierno y por la prensa gubernamental, sino también por los
catedráticos liberales y por todo el Partido Demócrata Constitucionalista. Para
esta juventud, la huelga amplia (¡si sabe organizar una huelga amplia!;
nosotros hemos de hacer todo lo posible para ayudarle a organizarla, aunque
naturalmente, no somos los socialistas quienes respondemos de que uno u otro
movimiento burgués se vea coronado por el éxito) es el comienzo de un conflicto
político, así lo comprendan como no los contendientes. Nuestra tarea estriba en
explicar a la masa de pro testantes “acad émicos” el significado objetivo de
este conflicto, en procurar convertirlo en un movimiento político consciente , en decuplicar la labor de
agitación de los grupos socialdemócratas del estudiantado y en orientar toda esta actividad a que se
asimilen las conclusiones revolucionarias de la historia de tres años, a que se comprenda la indispensabilidad de una nueva
lucha revolucionaria, a que nuestras viejas consignas —que siguen siendo
actuales por completo— de derrocamiento de la autocracia y de convocatoria de
la Asamblea Constituyente vuelvan a ser objeto de discusión y piedra de toque
de la concentración política de las generaciones lozanas de la democracia.
Los estudiantes
socialdemócratas no tienen derecho a renunciar a semejante labor, cualesquiera
que sean las circunstancias. Y por difícil que sea esa labor en el momento
presente, por muchos fracasos que sufran unos u otros agitadores en una u otra
universidad, asociación de estudiantes, asamblea, etc., les diremos: ¡llamad y
os abrirán! La labor de agitación política jamás se pierde en vano. Su éxito no
se mide únicamente porque hayamos logrado o no, al punto y sin demora, la
mayoría o el acuerdo para la acción política coordinada. Es posible que no lo
consigamos de golpe: para eso somos precisamente un partido proletario
organizado, para que los reveses transitorios no nos cohíban, sino para hacer nuestra labor con tenacidad, con
perseverancia y constancia, incluso en las condiciones más difíciles.
El llamamiento del Consejo
Estudiantil de Coalición de San Petersburgo que publicamos a continuación,
prueba que incluso los elementos más activos del estudiantado se aferran
tenazmente al academicismo puro y siguen entonando hasta ahora la cantinela demócrata
constitucionalista y octubrista. Y eso al mismo tiempo que la prensa demócrata
constitucionalista y octubrista mantiene la actitud más infame ante la huelga,
procurando demostrar en pleno apogeo de la lucha que ésta es perjudicial,
criminal, etc. No podemos menos de aplaudir la réplica que el Comité de San
Petersburgo de nuestro partido ha tenido a bien dar al Consejo de Coalición
(véase Vida del Partido)254.
158
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254 Se alude a la resolución del Comité de San Petersburgo del
POSDR, publicada el 3 de octubre de 1908 en el número
36 del periódico Proletari, en la sección Vida
del Partido. El Comité de San Petersburgo exhortaba a los grupos de
estudiantes socialdemócratas a desentenderse públicamente del llamamiento hecho
por el Consejo Estudiantil de Coalición y a subordinar el movimiento
estudiantil a las tareas de la socialdemocracia en la lucha de todo el pueblo
contra el zarismo.
El movimiento estudiantil y la situación política actual.
Por lo visto, el látigo de
Shvarts no es suficiente aún para hacer de los estudiantes “académicos” de
nuestros días estudiantes “políticos”; para completar la instrucción
revolucionaria de los nuevos cuadros se necesita, además, el aguijón de nuevos
y nuevos centuriones negros. Con esos cuadros, instruidos por toda la política
stolypiniana, instruidos por cada paso de la contrarrevolución, también debemos
trabajar constantemente nosotros, los socialdemócratas, que vemos clara la
inexcusabilidad objetiva de nuevos conflictos democráticos burgueses a escala
nacional con la autocracia, la cual ha cerrado filas con la Duma de las
centurias negras y los octubristas.
Sí, a escala nacional, pues
la contrarrevolución de las centurias negras, al hacer retroceder a Rusia, no
sólo templa a nuevos luchadores en las filas del proletariado revolucionario,
sino que levantará también de modo inevitable un nuevo movimiento de la
democracia no proletaria, es decir, burguesa (comprendiendo por él, como es
natural, no la participación de toda la
oposición en la lucha, sino la amplia participación de los elementos de la
burguesía y de la pequeña burguesía
verdaderamente democráticos, es decir, capaces de luchar). El comienzo de la
lucha estudiantil de masas en la Rusia de 1908 es un síntoma político, un
síntoma de toda la situación actual, creada por la contrarrevolución. Miles y
millones de hilos ligan a la juventud estudiantil con la burguesía media e
inferior, con los pequeños funcionarios, con determinados grupos del
campesinado, del clero, etc. Si en la primavera de 1908 se intentó resucitar la
Unión de Liberación 255 más a la izquierda que la vieja unión
demócrata constitucionalista, semiterrateniente, representada por Piotr Struve;
si en el otoño empieza a agitarse la multitud juvenil más próxima a la
burguesía democrática de Rusia; si los escritorzuelos venales vuelven a aullar
con rabia decuplicada contra la revolución en las escuelas; si gimen y lloran
los ruines catedráticos liberales y los jefes demócratas constitucionalistas
con motivo de las huelgas inoportunas, peligrosas y funestas, indeseables para
los queridos octubristas, capaces de “apartar” a los octubristas, a los octubristas
dominantes, eso significa que se almacena nuevo material explosivo en los
polvorines, significa que no sólo
entre los estudiantes comienza la reacción contra los reaccionarios.
Y por débil e incipiente que
sea este comienzo, el partido de la clase obrera debe aprovecharlo y lo
aprovecha. Supimos trabajar años y decenios antes de la revolución, llevando
nuestras consignas revolucionarias primero a los círculos obreros, después a
las masas obreras, luego a la calle y más tarde a las barricadas. Debemos saber
también ahora poner a punto, ante
todo, lo que constituye la tarea del día y sin lo cual no dejarán de ser frases
vacías cuanto se hable de la acción política coordinada, a saber: una fuerte
organización proletaria que haga por doquier agitación política entre las masas a favor de sus consignas
revolucionarias. También nuestros grupos universitarios deben ocuparse de esta
organización en sus medios estudiantiles, de esta agitación basada en el
movimiento dado.
El proletariado no se hará
esperar. Cede con frecuencia a la democracia burguesa la primacía de los
discursos en los banquetes, en las asociaciones legales, en las universidades,
desde las tribunas de las instituciones representativas. Pero no cede ni cederá
jamás la primacía en la lucha revolucionaria, seria y grande de las masas. Las
condiciones para el estallido de esta lucha no maduran con tanta rapidez ni
facilidad como quisiéramos unos u otros; pero estas condiciones maduran
continuamente. Y el pequeño comienzo de los pequeños conflictos académicos es
un gran comienzo, pues detrás irán — si no hoy, mañana; si no mañana, pasado
mañana— grandes continuaciones.
Publicado el 3 (16)
de octubre de 1908 en el núm. 36 de “Proletari”.
T. 17, págs. 214-220.
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255 Véase la nota 6.
159
EN RUTA.
Queda atrás un año de
desbarajuste, de confusión ideológica y política, un año de dispersión del
partido. Todas las organizaciones del partido han visto reducidos sus
efectivos, y algunas
—precisamente las que
contaban con menor número de proletarios— se han venido abajo. Las
organizaciones semilegales del partido, creadas por la revolución, han sufrido
golpe tras golpe. Las cosas han llegado al punto de que algunos militantes,
influidos por el ambiente de disgregación, se han preguntado si es preciso
mantener el partido socialdemócrata tal como era antes, si es preciso continuar
su obra, si es preciso ir de nuevo a la clandestinidad y cómo hacerlo. Los del
ala de extrema derecha han respondido en el sentido de la legalización a todo
trance, aun a costa de renunciar abiertamente al programa, a la táctica y a la
organización del partido (la llamada corriente liquidadora).256 Indudablemente, no ha sido sólo una crisis en el terreno de la
organización, sino también una crisis ideológica y política.
La reciente Conferencia
nacional del POSDR marca la ruta al partido y, por lo visto, representa un
viraje en el desarrollo del movimiento obrero ruso después de la victoria de la
contrarrevolución. Los acuerdos de la conferencia, publicados en el Comunicado
especial del Comité Central de nuestro partido, han sido aprobados por el CC y
entran, por consiguiente, en vigor para todo el partido hasta el congreso
siguiente. En estos acuerdos se ha dado una respuesta muy concreta al problema
relativo a las causas y a la significación de la crisis, así como a los medios
para salir de ella. Trabajando de acuerdo con las resoluciones de la
conferencia y luchando por que todos
los cuadros del partido comprendan de manera clara y plena las tareas actuales
del mismo, nuestras organizaciones sabrán vigorizar y cohesionar sus fuerzas
para desplegar una actividad socialdemócrata revolucionaria bien coordinada y
viva.
La causa fundamental de la
crisis del partido está señalada en los considerandos de la resolución sobre
problemas de organización. Esta causa fundamental reside en la depuración del
partido obrero de elementos intelectuales y pequeñoburgueses vacilantes que se
adhirieron al movimiento obrero, principalmente, con la esperanza de un próximo
triunfo de la revolución democrática burguesa y que no han podido mantenerse
firmes en el período de reacción. La inestabilidad se ha manifestado también en
el terreno de la teoría ("apartamiento del marxismo revolucionario":
resolución sobre el momento actual), en el terreno de la táctica
("reducción de las consignas") y en el terreno de la política de
organización del partido. Los obreros conscientes se han resistido a esta
inestabilidad, han actuado con energía contra el liquidacionismo y han empezado
a tomar en sus manos los asuntos de las organizaciones del partido y la
dirección de las mismas. Si este núcleo básico de nuestro partido no pudo sobreponerse
de golpe a los elementos de dispersión y crisis, ello fue debido no sólo a que
era grande y difícil la tarea, dado el triunfo de la contrarrevolución, sino a
que se manifestó cierta indiferencia ante el partido entre obreros de espíritu
revolucionario, pero sin la suficiente conciencia socialista. A los obreros
conscientes de Rusia están dirigidas precisamente en primer término las
resoluciones de la conferencia, como criterio bien determinado de la
socialdemocracia sobre los medios de lucha contra la dispersión y las vacilaciones.
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256 Véase la nota 180.
Análisis marxista de las
actuales relaciones entre las clases y de la nueva política del zarismo;
indicación del objetivo inmediato de la lucha, que sigue siendo el que se marcó
nuestro partido; apreciación de las enseñanzas de la revolución en el problema
de una justa táctica socialdemócrata revolucionaria; explicación de las causas
de la crisis del partido e indicación del papel del elemento proletario de éste
en la lucha contra dicha crisis; solución del problema de la correlación entre
la organización clandestina y la organización legal; reconocimiento de la
necesidad de utilizar la tribuna de la Duma y elaboración de indicaciones
rectoras precisas para nuestra minoría de la Duma en relación con la crítica
directa de sus errores: tal es el contenido principal de los acuerdos de la
conferencia, que dan una respuesta completa a la cuestión del firme camino que
ha de elegir el partido de la clase obrera en los duros tiempos que vivimos.
Examinemos con atención esta respuesta.
Las relaciones entre las
clases en su alineamiento político siguen siendo las mismas que en el período
que hemos atravesado de lucha revolucionaria directa de las masas. La inmensa
mayoría del campesinado no puede menos de aspirar a una revolución agraria que
destruya la propiedad semifeudal de la tierra, revolución que no es factible
sin derrocar el poder zarista. El triunfo de la reacción abruma sobre todo a
los elementos más democráticos del campesinado, incapaz de organizarse con
solidez; pero, a pesar de toda la opresión, a pesar de la Duma de las centurias
negras, a pesar de la extremada inestabilidad de los trudoviques, el espíritu
revolucionario de las masas campesinas se ha puesto claramente de relieve
incluso a través de los debates en la III Duma.
160
La posición fundamental del
proletariado en lo tocante a las tareas de la revolución democrática burguesa
en Rusia sigue inmutable: dirigir al campesinado democrático, arrancarlo de la
influencia de los burgueses liberales, del partido demócrata constitucionalista,
que, a pesar de las pequeñas discordias particulares, sigue acercándose a los
octubristas y, en estos últimos tiempos, trata de crear el nacional—
liberalismo y de apoyar al zarismo y a la reacción mediante una agitación
patriotera. La finalidad de la lucha
—se dice en la resolución—
sigue siendo la destrucción total de la monarquía y la conquista del poder
político por el proletariado y los campesinos revolucionarios.
La autocracia continúa
siendo el enemigo principal del proletariado y de toda la democracia. Pero
sería un error pensar que la autocracia es lo que era. La
"Constitución" stolypiniana y la política agraria stolypiniana257 constituyen una nueva etapa en la descomposición del viejo
zarismo semipatriarcal y semifeudal, un nuevo paso en el camino de la
transformación del zarismo en una monarquía burguesa. Los delegados del
Cáucaso, que manifestaron el deseo de descartar por entero esta apreciación del
momento actual o de poner "plutocrático" donde dice
"burgués", sostuvieron un punto de vista erróneo. La autocracia era
plutocrática desde hacía mucho, pero sólo después de la primera etapa de la
revolución, por el impacto de sus golpes, se está haciendo burguesa en su
política agraria y en la alianza directa,
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257 Lenin se refiere a las leyes agrarias
preparadas por Stolypin y promulgadas por el gobierno zarista: la ley del 9
(22) de noviembre de 1906 que, después de discutida y aprobada por la Duma de
Estado y ratificada por el Consejo de Estado se denominó ley del 14 de junio de
1910 y decreto del 15 (28) de noviembre de 1906. Según estas leyes, a los
campesinos se concedía el derecho de registro de sus parcelas en propiedad
personal y de abandonar la comunidad para formar caseríos. Estos campesinos de
caserío podían obtener, para comprar tierras, subsidios del Banco Campesino. El
objetivo de las leyes agrarias stolypinianas era crear una clase de kulaks como
apoyo de la autocracia zarista en el campo, conservándose la propiedad agraria
de los terratenientes y destruyéndose violentamente la comunidad. La política
agraria de Stolypin aceleró la evolución capitalista de la agricultura por la
vía "prusiana", la más penosa, conservándose el poder, la propiedad y
los privilegios de los terratenientes feudales, aumentó la expropiación forzosa
del grueso del campesinado y aceleró el desarrollo de la burguesía rural que
obtuvo la posibilidad de comprar a bajo precio las parcelas de los campesinos
pobres.
Se aprovechó del derecho a
salir de las comunidades, ante todo, la burguesía rural, que obtuvo la
posibilidad de afianzar de esa manera su hacienda. Abandonaban asimismo la
comunidad parte de los campesinos pobres para vender sus parcelas y romper
definitivamente con la aldea. Los pequeños campesinos, atosigados por las
penurias, seguían en la indigencia y el atraso.
organizada a escala
nacional, con determinados sectores de la burguesía. La autocracia venía
nutriendo desde hace mucho a la burguesía; hace tiempo que la burguesía se
viene abriendo paso con su dinero hacia las "alturas", hacia la
influencia en la legislación y en la administración, hacia los puestos
representativos al lado de la nobleza de alta alcurnia; pero la peculiaridad
del momento actual consiste en que la autocracia ha tenido que crear un
organismo representativo para determinados sectores de la burguesía, ha tenido
que hacer equilibrios entre ellos y los señores feudales, ha tenido que
organizar en la Duma la alianza de estos sectores, ha tenido que desistir de
todas las esperanzas cifradas en el espíritu patriarcal del mujik y buscar
apoyo contra las masas del campo en los ricachones que están arruinando a la
comunidad.
La autocracia se encubre con
organismos supuestamente constitucionales; pero al mismo tiempo aparece como
nunca al desnudo su
naturaleza de clase, gracias
a la alianza del zar con los Purishkévich y los Guchkov, y sólo con ellos. La
autocracia intenta acometer el cumplimiento de tareas objetivamente necesarias
de la revolución burguesa: creación de un sistema representativo popular que en
realidad administre los asuntos de la sociedad burguesa y depuración de las
relaciones agrarias semifeudales, enmarañadas y caducas; pero justamente el
resultado práctico de las nuevas medidas de la autocracia es hasta el día de
hoy igual a cero, lo que no hace sino demostrar con mayor nitidez la necesidad
de otras fuerzas y de otros medios para cumplir esta tarea histórica. Hasta
ahora venía contraponiéndose la autocracia, en la conciencia de las masas de
millones de personas no duchas en política, al sistema representativo popular
en general; ahora, la lucha limita su objetivo, define de un modo más concreto
su tarea como contienda por el poder del Estado, contienda que determina el
carácter y el significado del propio régimen representativo. He aquí por qué la
III Duma representa una etapa particular en la descomposición del viejo
zarismo, en el reforzamiento de su aventurerismo, en la profundización de las
viejas tareas revolucionarias y en la ampliación del campo de lucha (y del
número de los que participan en la lucha) por estas tareas.
Esta etapa debe ser superada; las nuevas condiciones del momento
reclaman nuevas formas de lucha; la utilización de la tribuna de la Duma es una
necesidad absoluta; la labor prolongada de educación y organización de las
masas del proletariado pasa a primer plano; la combinación de la organización
clandestina y de la organización legal impone al partido tareas especiales; la
divulgación y el esclarecimiento de la experiencia de la revolución,
desacreditada por los liberales y los intelectuales liquidadores, son
necesarios con fines teóricos y prácticos. Pero la línea partido, que debe
saber tener en cuenta condiciones en los métodos y medios sigue siendo la
misma. La razón de socialdemócrata revolucionaria —se dice las resoluciones de
la conferencia— confirmada por la experiencia de la lucha de masas de
1905-1907. La derrota de la revolución como resultado de esta primera campaña
ha puesto de relieve que eran insuficientes la preparación de las fuerzas y la
profundidad y amplitud de la crisis revolucionaria, y no que fuesen erróneas
las tareas, no que fuesen "utópicos" los fines inmediatos, no que
fuesen desatinados los medios y los métodos; ¡pero Stolypin y Cía. se esfuerzan
con celo digno del mayor encomio por ahondar y ampliar esta crisis! Dejemos que
los liberales y los azorados intelectuales, después de la primera batalla
verdaderamente de masas por la libertad, se amilanen y digan temerosos: no
presentéis combate donde ya fuisteis derrotados; no reemprendáis ese camino
fatal. El proletariado consciente les responderá: las grandes guerras de la
historia, las grandes tareas de las revoluciones se decidieron únicamente
porque las clases avanzadas repitieron sus embestidas, no una vez ni dos, y
lograron la victoria aleccionadas por la experiencia de las derrotas.
161
Los ejércitos derrotados aprenden bien.
Las clases revolucionarias de Rusia fueron derrotadas en la primera campaña,
pero sigue en pie la situación revolucionaria. La crisis
revolucionaria se avecina y
madura de nuevo, aunque en otras formas y por distinto camino, a veces con
mucha más lentitud de lo que desearíamos. Debemos llevar a cabo una labor
prolongada de preparación de masas más amplias para esa crisis, de una preparación
más seria que tenga en cuenta tareas superiores y más concretas, y cuanto mayor
sea la eficacia con que realicemos esa labor, tanto más segura será la victoria
en la nueva lucha. El proletariado ruso puede enorgullecerse de que en 1905,
bajo su dirección, una nación de esclavos se transformó por vez primera en un
ejército de millones de combatientes que atacaba al zarismo, en un ejército de
la revolución. Y ese mismo proletariado sabrá ahora realizar una labor
consecuente, firme y paciente de educación y preparación de los nuevos cuadros
de una fuerza revolucionaria más poderosa.
Como ya hemos indicado, la
utilización de la tribuna de la Duma forma necesariamente parte de esta labor
de educación y preparación. La resolución de la conferencia sobre la minoría de
la Duma señala a nuestro partido el camino más afín — de buscar ejemplos en la
historia— a la experiencia de los socialdemócratas alemanes durante la vigencia
de la Ley de excepción. Un partido ilegal debe saber utilizar, debe aprender a
utilizar la minoría legal de la Duma, debe educar a esta minoría, haciendo de
ella una organización de partido que esté a la altura de sus tareas. La táctica
más errónea, la desviación más lamentable de esta labor proletaria consecuente,
dictada por las condiciones del momento que atravesamos, sería la de plantear
la cuestión de la retirada de la minoría (en la conferencia hubo dos
"otzovistas",258 que no plantearon abiertamente la
cuestión) o renunciar a la crítica directa y pública de los errores de dicha
minoría y a la enumeración de estos errores en la resolución (cosa que
pretendieron en la conferencia algunos delegados). La resolución reconoce
plenamente que la minoría incurrió también en errores, de los que ella no es la
única responsable y que son del todo similares a los inevitables errores de
todas las organizaciones de nuestro partido. Pero hay otros errores: las
desviaciones de la línea política del partido. Puesto que estas desviaciones
tuvieron lugar y cayó en ellas una organización que actuaba abiertamente en
nombre de todo el partido, el partido estaba obligado a decir con claridad y
exactitud que eran desviaciones. En la historia de los partidos socialistas de
Europa Occidental han existido en más de una ocasión relaciones anormales entre
las minorías parlamentarias y el partido; hasta ahora, en los países latinos,
estas relaciones son con frecuencia anormales, las minorías parlamentarias no
están suficientemente controladas por el partido. Debemos plantear desde el
primer momento de un modo distinto la tarea de crear en Rusia un
parlamentarismo socialdemócrata y emprender inmediatamente una labor coordinada
en este sentido para que todo diputado socialdemócrata vea realmente que está
respaldado por el partido, que el partido siente inquietud por sus faltas y se
preocupa de encarrilarlo por la buena senda; para que todo militante participe
en la labor general del partido con relación a la Duma, aprenda de la crítica
marxista concreta de cada uno de los pasos de la minoría, comprenda que su
deber es ayudarla y se esfuerce por lograr que la minoría supedite su actividad
específica a toda la labor de propaganda y agitación del partido.
La conferencia ha sido la
primera asamblea competente de delegados de las organizaciones más importantes
del partido que ha discutido la actividad desplegada por la minoría
socialdemócrata de la Duma durante todo el período de las sesiones. Y la
resolución de la
![]()
258
Otzovistas (de la palabra "otozvat",
revocar, retirar): corriente oportunista aparecida entre una parte de los
bolcheviques después de la derrota de la revolución de 1905-1907. Encubriéndose
con frases revolucionarias, los otzovistas exigían que se revocara a los
diputados socialdemócratas de la III Duma de Estado y se dejara de trabajar en
las organizaciones legales. Declarando que, dada la reacción, el partido debe
realizar únicamente labor clandestina, los otzovistas se negaban a participar
en la Duma, en los sindicatos obreros, en las cooperativas y en las otras
organizaciones legales y semilegales de masas; creían necesario concentrar todo
el trabajo del partido en el seno de la organización ilegal. Los otzovistas
ocasionaron gran daño al partido. Su política amenazaba con aislar al partido
de las masas y convertirlo en una organización sectaria incapaz de reunir
fuerzas cuando comenzase el nuevo ascenso revolucionario.
conferencia es una clara
muestra de cómo va a plantear nuestro partido su labor en la Duma, de lo mucho
que se exige en este sentido a sí mismo y de lo mucho que exige a la minoría,
como también del propósito firme e inalterable de nuestro partido de trabajar
para forjar un verdadero parlamentarismo socialdemócrata.
La actitud ante la minoría
de la Duma tiene un aspecto que atañe a la táctica y otro a la organización. En
este último sentido, la resolución sobre la minoría de la Duma es una nueva
aplicación a un caso particular de los principios generales de la política de
organización, establecidos por la conferencia en la resolución sobre las
directrices en materia de organización. En este punto, la conferencia ha hecho
constar la existencia de dos tendencias fundamentales dentro del POSDR: una
consistente en trasladar el centro de gravedad a la organización clandestina
del partido; y otra —más o menos afín al liquidacionismo — que traslada el
centro de gravedad a las organizaciones legales y semilegales. La cuestión
estriba en que el momento actual se caracteriza, como ya hemos indicado, por el
hecho de que cierto número de militantes, sobre todo intelectuales, pero, en
parte, también obreros, abandona el partido.
162
La tendencia liquidacionista pregunta si son los elementos
mejores y más activos los que abandonan el partido y eligen como campo de
actividad las organizaciones legales, o si quienes se dan de baja son "los
elementos vacilantes intelectuales y pequeñoburgueses". Ni que decir tiene
que, al rechazar y condenar con energía el liquidacionismo, la conferencia ha
respondido en este último sentido. Los elementos más proletarios del partido y
los intelectuales más adictos a los principios y más socialdemócratas han
permanecido fieles al POSDR. Los casos de abandono del partido equivalen a su
depuración, equivalen a que el partido se ha desembarazado de los amigos menos
firmes, de los amigos inseguros, de los "compañeros de viaje" (Mitläufer), que siempre se han adherido
temporalmente al proletariado, procedentes de la pequeña burguesía o
"desclasados", es decir, descarriados de una u otra clase social.
De esta apreciación del
principio de organización del partido se desprende lógicamente la orientación
de la política de organización adoptada por la conferencia. Reforzar la
organización clandestina del partido, crear células del partido en todas las
esferas de actividad, constituir en primer término "comités obreros
puramente del partido, aunque sean poco numerosos en cada empresa
industrial", concentrar las funciones rectoras en manos de dirigentes del
movimiento socialdemócrata procedentes de las filas de los propios obreros:
ésta es la tarea del día. Como es natural, la misión de estas células y de
estos comités debe consistir en utilizar todas las organizaciones semilegales
y, a ser posible, las legales, en mantener "un estrecho contacto con las masas"
y en orientar el trabajo de forma que la socialdemocracia se haga eco de todas
las inquietudes de las masas. Cada célula y cada comité obrero del partido
deben convertirse en un "punto de apoyo para la labor de agitación, de
propaganda y de organización práctica entre las masas", es decir, deben ir
sin falta adonde van las masas y esforzarse a cada paso por impulsar la
conciencia de las masas en dirección al socialismo, por ligar cada cuestión
parcial a las tareas generales del proletariado, hacer que toda medida de
organización contribuya a asegurar la cohesión de clase y por conquistar con su energía y con su influencia
ideológica (y no con sus títulos y rangos,
claro está) el papel dirigente en todas las organizaciones proletarias legales.
No importa que a veces estas células y estos comités sean poco numerosos; en
cambio, estarán ligados por la tradición y la organización del partido y por un
programa concreto de clase; de este modo dos o tres socialdemócratas militantes
del partido sabrán no diluirse en una organización legal amorfa, sino aplicar
en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todas las
situaciones su línea de partido e
influir sobre el medio social en el espíritu de todo el partido en lugar de
dejarse absorber por este medio.
Se pueden disolver las
organizaciones de masas de una u otra índole, se puede acosar a los sindicatos
legales, se puede malograr con impedimentos policíacos toda iniciativa abierta
de los obreros bajo el régimen de la contrarrevolución; pero en el mundo no hay
fuerza capaz de evitar la concentración de masas de los obreros en un país
capitalista, como lo es ya Rusia. De uno u otro modo, legal o semilegalmente,
en forma abierta o velada, la clase obrera encontrará unos u otros puntos de
cohesión; siempre y por doquier irán delante de las masas los socialdemócratas
conscientes afiliados al partido, siempre y por doquier se cohesionarán éstos
para influir en las masas en el espíritu del partido. Y la socialdemocracia,
que demostró en la revolución abierta que ella es el partido de la clase y que
supo llevar tras de sí a millones de personas a la huelga, a la insurrección en
1905 y a las elecciones en 1906-1907, sabrá también ahora seguir siendo el
partido de la clase, el partido de las masas, sabrá seguir siendo la vanguardia
que, en los momentos más difíciles, no se separará de su ejército y sabrá
ayudarle a remontar este período difícil, cohesionar de nuevo sus filas y
preparar nuevos luchadores.
Ya pueden alborozarse y
aullar los jerarcas de las centurias negras en la Duma y fuera de la Duma, en
la capital y en las aldeas perdidas, ya puede agitarse en su frenesí la
reacción: el sabidillo señor Stolypin no puede dar un paso sin acelerar la
caída de la autocracia equilibrista, sin madejar un nuevo ovillo de sinrazones
y quimeras políticas, sin sumar fuerzas nuevas y frescas a las filas del
proletariado y a las filas de los elementos revolucionarios de la masa
campesina. El partido, que sabrá consolidarse para desplegar una labor
consecuente en ligazón con las masas, el partido de la clase avanzada, que
sabrá organizar a la vanguardia de dicha clase y orientar sus fuerzas para
influir en el espíritu socialdemócrata sobre cada aspecto de la vida del proletariado,
este partido ha de vencer contra viento y marea.
Publicado el 28 de
enero (10 de febrero) de 1909 en el núm. 2 de "Sotsial-Demokrat".
T. 17, págs. 354-365.
Actitud del Partido Obrero ante la religión
163
ACTITUD DEL PARTIDO
OBRERO ANTE LA RELIGIÓN.
El discurso del diputado
Surkov en la Duma de Estado, durante la discusión del presupuesto del Sínodo,259 y los debates en nuestra minoría de la Duma, al examinarse el
proyecto de este discurso — que publicamos a continuación— han planteado un
problema de extraordinaria importancia y actualidad precisamente en nuestros
días. Es indudable que el interés por todo lo relacionado con la religión
abarca ahora a vastos círculos de la "sociedad", habiendo penetrado
en las filas de los intelectuales próximos al movimiento obrero y en ciertos
medios obreros. La socialdemocracia tiene el deber ineludible de exponer su
actitud ante la religión.
La socialdemocracia basa
toda la concepción del mundo en el socialismo científico, es decir, en el
marxismo. La base filosófica del marxismo, como declararon repetidas veces Marx
y Engels, es el materialismo dialéctico, que hizo suyas plenamente las tradiciones
históricas del materialismo del siglo XVIII en Francia y de Feuerbach (primera
mitad del siglo XIX) en Alemania, del materialismo indiscutiblemente ateo y
decididamente hostil a toda religión. Recordemos que todo el Anti-Dühring de Engels, que Marx leyó en
manuscrito, acusa al materialista y ateo Dühring de inconsecuencia en su
materialismo y de haber dejado escapatorias a la religión y a la filosofía
religiosa. Recordemos que, en su obra sobre Ludwid Feuerbach, Engels le
reprocha haber luchado contra la religión no para aniquilarla, sino para
renovarla, para crear una religión nueva, "sublime", etc. La religión
es el opio del pueblo. Esta máxima de Marx constituye la piedra angular de toda
la concepción marxista en la cuestión religiosa.260 El marxismo considera siempre que todas las religiones e
iglesias modernas, todas y cada una de las organizaciones religiosas son
órganos de la reacción burguesa llamados a defender la explotación y a
embrutecer a la clase obrera.
Sin embargo, Engels condenó
reiteradamente a la vez los intentos de quienes, deseando ser "más
izquierdistas" o "más revolucionarios" que la socialdemocracia,
pretendían introducir en el programa del partido obrero el reconocimiento categórico
del ateísmo como declaración de guerra a la religión. Al referirse en 1874 al
célebre manifiesto de los comuneros blanquistas261 emigrados en Londres, Engels calificaba de estupidez su
vocinglera declaración de guerra a la religión, afirmando que semejante actitud
era el medio mejor de avivar el interés por la religión y de dificultar la
verdadera extinción de la misma. Engels acusaba a los blanquistas de ser
incapaces de comprender que sólo la lucha de clase de las masas obreras, al
atraer ampliamente a los vastos sectores proletarios a una actividad práctica
social consciente y revolucionaria, será capaz de librar de verdad a las masas
oprimidas del yugo de la religión, en tanto que declarar como misión política
del partido obrero la guerra a la religión es una frase anarquista262. Y en 1877, al anatematizar sin piedad en el Anti-Dühring las mínimas concesiones del
filósofo Dühring al idealismo y a la religión, Engels condenaba con no menos
energía la idea seudorrevolucionaria de aquél sobre la prohibición de la
religión en la sociedad socialista. Declarar semejante guerra a la religión,
decía Engels, significaría "ser más bismarckista que Bismarck", es
decir, repetir la necedad de su lucha contra los clericales (la famosa
"lucha por la cultura", Kulturkampf,
o sea, la lucha
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259 Santo sínodo: organismo supremo de la Iglesia ortodoxa en Rusia.
260 Véase C. Marx. Contribución
a la crítica de la filosofía hegeliana del Derecho. Introducción
261 Véase la nota 45.
262 Véase F. Engels.
Publicaciones de la emigración. II. El Programa de los emigrados blanquistas de
la Comuna.
Actitud del Partido Obrero ante la religión
sostenida por Bismarck en la
década de 1870 contra el Partido Católico Alemán, el partido del
"Centro", mediante persecuciones policíacas del catolicismo). Lo
único que consiguió Bismarck con esta lucha fue fortalecer el clericalismo militante de los católicos y perjudicar
a la causa de la verdadera cultura, pues colocó en primer plano las divisiones
religiosas en lugar de las divisiones políticas, distrayendo así la atención de
algunos sectores de la clase obrera y de la democracia de las tareas esenciales
de la lucha de clase y revolucionaria para orientarlos hacia el
anticlericalismo más superficial y falazmente burgués. Al acusar a Dühring, que
pretendía aparecer como ultrarrevolucionario, de querer repetir en otra forma
la misma necedad de Bismarck, Engels requería del partido obrero que supiese
trabajar con paciencia para organizar e ilustrar al proletariado, para realizar
una obra que conduce a la extinción de la religión, y no lanzarse a las
aventuras de una guerra política contra la religión.263 Este punto de vista arraigó en la socialdemocracia alemana, que
se manifestó, por ejemplo, a favor de la libertad de acción de los jesuitas, a
favor de su admisión en Alemania y de la abolición de todas las medidas de
lucha policíaca contra una u otra religión. "Declarar la religión asunto
privado": este famoso punto del Programa de Erfurt (1891) afianzó dicha
táctica política de la socialdemocracia.
164
Esta táctica se ha
convertido ya en una rutina, ha llegado a originar una nueva adulteración del
marxismo en el sentido contrario, en el sentido oportunista. La tesis del
Programa de Erfurt ha comenzado a ser interpretada en el sentido de que
nosotros, los socialdemócratas, nuestro partido, considera la religión asunto privado; que para nosotros, como
socialdemócratas y como partido, la religión es asunto privado. Sin polemizar
directamente con este punto de vista oportunista, Engels estimó necesario en la
década del 90 del siglo XIX combatirlo con energía no en forma polémica, sino
de modo positivo: en forma de una declaración en la que subrayaba adrede que la
socialdemocracia tiene a la religión por asunto privado con respecto al Estado, pero en modo alguno
con respecto a sí misma, con respecto al marxismo, con respecto al partido
obrero.264
Tal es la historia externa
de las manifestaciones de Marx y Engels acerca de la religión. Para quienes
tienen una opinión desordenada del marxismo, para quienes no saben o no quieren
meditar, esta historia es un cúmulo de contradicciones absurdas y de vaivenes
del marxismo: una especie de mezcolanza de ateísmo "consecuente" y de
"condescendencias" con la religión, vacilaciones "carentes de
principios" entre la guerra r-r-revolucionaria contra Dios y la aspiración
cobarde de "adaptarse" a los obreros creyentes, el temor a
espantarlos, etc., etc. En las publicaciones de los charlatanes anarquistas
pueden hallarse no pocos ataques de esta índole al marxismo.
Pero quienes sean capaces,
aunque sólo en grado mínimo, de enfocar con seriedad el marxismo, de
profundizar en sus bases filosóficas y en la experiencia de la socialdemocracia
internacional, verán con facilidad que la táctica del marxismo ante la religión
es profundamente consecuente y que Marx y Engels la meditaron bien; verán que
lo que los diletantes o ignorantes consideran vacilaciones es una conclusión
directa e ineludible del materialismo dialéctico. Constituiría un craso error
pensar queja aparente "moderación" del marxismo frente a la religión
se explica por sedicentes razones "tácticas", por el deseo de
"no espantar", etc. Al contrario: la trayectoria política del
marxismo también está indisolublemente ligada a sus bases filosóficas en esta
cuestión.
El marxismo es materialismo.
En calidad de tal, es tan implacable enemigo de la religión como el
materialismo de los enciclopedistas del siglo XVIII265 o el materialismo de Feuerbach. Esto
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263 Véase F. Engels. Anti-Dühring.
264 Se refiere a la Introducción
de F. Engels al folleto de C. Marx La
guerra civil en Francia.
265 Enciclopedistas: grupo de hombres de la Ilustración del
siglo XVIII en Francia: filósofos, naturalistas y polígrafos agrupados para
editar la Encyclopédie ou Dictionnaire
raisonné des sciences, des arts et des métiers (1751-1780)
("Enciclopedia o diccionario razonado de las ciencias, las artes y los
oficios"). Su organizador y dirigente fue Dionisio
Actitud del Partido Obrero ante la religión
es indudable. Pero el
materialismo dialéctico de Marx y Engels va más lejos que el de los
enciclopedistas y el de Feuerbach al aplicar la filosofía materialista a la
historia y a las ciencias sociales. Debemos luchar contra la religión. Este es
el abecé de todo el materialismo y,
por tanto, del marxismo. Pero el marxismo no es un materialismo que se detiene
en el abecé. El marxismo va más allá. Afirma: hay que saber luchar contra la religión, y para ello es necesario explicar desde el punto de vista materialista los
orígenes de la fe y de la religión entre las masas. La lucha contra la religión
no puede limitarse ni reducirse a una prédica ideológica abstracta; hay que
vincular esta lucha a la actividad práctica concreta del movimiento de clases,
que tiende a eliminar las raíces sociales de la religión. ¿Por qué persiste la
religión entre los sectores atrasados del proletariado urbano, entre las vastas
capas semiproletarias y entre la masa campesina? Por la ignorancia del pueblo,
responderán el progresista burgués, el radical o el materialista burgués. En
consecuencia, ¡abajo la religión y viva el ateísmo!; la difusión de las
concepciones ateístas es nuestra tarea principal. El marxista dice: No es
cierto. Semejante opinión es una ficción culturalista superficial, burguesa,
limitada. Semejante opinión no es profunda y explica las raíces de la religión
de un modo no materialista, de un modo idealista. En los países capitalistas
contemporáneos, estas raíces son, principalmente, sociales. La raíz más profunda de la religión en nuestros tiempos
es la opresión social de las masas
trabajadoras, su aparente impotencia total frente a las fuerzas ciegas del
capitalismo, el cual causa cada día y cada hora a los trabajadores sufrimientos
y martirios mil veces más horrorosos y bárbaros que cualquier acontecimiento
extraordinario, como las guerras, los terremotos, etc. "El miedo creó a
los dioses". El miedo a la fuerza ciega del capital —ciega porque no puede
ser prevista por las masas del pueblo—, que amenaza a cada paso con aportar y
aporta al proletario y al pequeño propietario la perdición, la ruina
"inesperada", "repentina", "casual",
convirtiéndolo en mendigo, en indigente, arrojándolo a la prostitución,
acarreándole la muerte por hambre: he ahí la raíz de la religión contemporánea
que el materialista debe tener en cuenta antes que nada, y más que nada, si no
quiere quedarse en aprendiz de materialista. Ningún folleto educativo será
capaz de desarraigar la religión entre las masas aplastadas por los trabajos
forzados del régimen capitalista y que dependen de las fuerzas ciegas y
destructivas del capitalismo, mientras dichas masas no aprendan a luchar unidas
y organizadas, de modo sistemático y consciente, contra esa raíz de la
religión, contra el dominio del capital
en todas sus formas.
¿Debe inferirse de esto que
el folleto educativo antirreligioso es nocivo o superfluo? No. De esto se
deduce otra cosa muy distinta. Se deduce que la propaganda atea de la
socialdemocracia debe estar subordinada
a su tarea fundamental: el desarrollo de la lucha de clases de las masas
explotadas contra los explotadores.
165
Es posible que quien no haya
reflexionado en las bases del materialismo dialéctico, es decir, de la
filosofía de Marx y Engels, no comprenda (o, por lo menos, no comprenda en
seguida) esta tesis. Se preguntará: ¿Cómo es posible subordinar la propaganda ideológica,
la prédica de ciertas ideas, la lucha contra un enemigo milenario de la cultura
y del progreso (es decir, contra la religión) a la lucha de las clases, es
decir, a la lucha por objetivos prácticos determinados en el terreno económico
y político?
Esta objeción figura entre
las que se hacen corrientemente al marxismo y que testimonian la incomprensión
más completa de la dialéctica de Marx. La contradicción que sume en la
![]()
Diderot, y su ayudante
inmediato, Juan Le Rond d'Alembert. Participaron activamente en la Enciclopedia
Enrique Holbach, Claudio Adriano Helvecio y Voltaire; en los primeros tomos
colaboró asimismo Juan Jacobo Rousseau. La
Enciclopedia reunía a un numeroso grupo de especialistas en diversos
dominios del saber. Los colaboradores de la
Enciclopedia tenían diversas opiniones tanto en ciencias como en política;
no obstante, los agrupaba su oposición al
feudalismo y a la arbitrariedad de la Iglesia y el odio al escolasticismo
medieval. Desempeñaban el papel primordial entre los enciclopedistas los
materialistas, que se pronunciaban activamente contra la filosofía idealista.
Los enciclopedistas eran ideólogos de la burguesía revolucionaria y
desempeñaron un papel decisivo en la preparación ideológica de la revolución
burguesa de fines del siglo XVIII en Francia.
Actitud del Partido Obrero ante la religión
perplejidad a quienes
objetan de este modo es una contradicción real de la vida misma, es decir, una
contradicción dialéctica y no verbal ni inventada. Separar con una barrera
absoluta, infranqueable, la propaganda teórica del ateísmo —es decir, la destrucción
de las creencias religiosas entre ciertos sectores del proletariado— y el
éxito, la marcha, las condiciones de la lucha de clase de estos sectores
significa discurrir de modo no dialéctico, convertir en barrera absoluta lo que
es una barrera móvil y relativa; significa desligar por medio de la violencia
lo que está indisolublemente ligado en la vida real. Tomemos un ejemplo. El
proletariado de determinada región y de determinada rama industrial se divide,
supongamos, en un sector avanzado de socialdemócratas bastante conscientes
—que, naturalmente, son ateos— y en otro de obreros bastante atrasados,
vinculados todavía al campo y a los campesinos, que creen en Dios, van a la
iglesia e incluso se encuentran bajo la influencia directa del cura local, quien,
admitámoslo, crea una organización obrera cristiana. Supongamos, además, que la
lucha económica en dicha localidad haya llevado a la huelga. El marxista tiene
el deber de colocar en primer plano el éxito del movimiento huelguístico, de
oponerse resueltamente en esa lucha a la división de los obreros en ateos y
cristianos y de combatir esa división. En tales condiciones, la prédica ateísta
puede resultar superflua y nociva, no desde el punto de vista de las
consideraciones filisteas de que no se debe espantar a los sectores atrasados o
perder un acta en las elecciones, etc., sino desde el punto de vista del
progreso afectivo de la lucha de clases, que, en las circunstancias de la
sociedad capitalista moderna, llevará a los obreros cristianos a la socialdemocracia
y al ateísmo cien veces mejor que la mera propaganda atea. En tal momento y en
semejante situación, el predicador del ateísmo sólo favorecería al cura y a los curas, quienes lo único que desean es
sustituir la división de los obreros en huelguistas y no huelguistas por la
división en creyentes y ateos. El anarquista, al predicar la guerra contra Dios
a toda costa, ayudaría, de hecho, a los curas y a la burguesía (de la misma
manera que los anarquistas ayudan siempre, en
la práctica, a la burguesía). El marxista debe ser materialista, o sea,
enemigo de la religión; pero debe ser
un materialista dialéctico, es decir, debe plantear la lucha contra la religión
no en el terreno abstracto, puramente teórico, de prédica siempre igual, sino
de modo concreto, en el término de la lucha de clases que se despliega en la
práctica y que educa a las masas más que nada y mejor que nada. El marxista
debe saber tener en cuenta toda la situación concreta, encontrando siempre la
frontera entre el anarquismo y el oportunismo (esta frontera es relativa,
móvil, variable, pero existe), y no caer en el "revolucionarismo"
abstracto, verbal y, en realidad, vacuo del anarquista, ni en el filisteísmo y
el oportunismo del pequeñoburgués o del intelectual liberal que teme la lucha
contra la religión, olvida esta tarea suya, se resigna con la fe en Dios y no
se orienta por los intereses de la lucha de clase, sino por el mezquino y
mísero cálculo de no ofender, no rechazar ni asustar, ateniéndose a la
ultrasabia sentencia de "vive y deja vivir a los demás", etc., etc.
Desde este punto de vista
hay que resolver todas las cuestiones particulares relativas a la actitud de la
socialdemocracia ante la religión. Por ejemplo, se pregunta con frecuencia si
un sacerdote puede ser miembro del Partido Socialdemócrata y, por lo general,
se responde de modo afirmativo incondicional, invocando la experiencia de los
partidos socialdemócratas europeos. Pero esta experiencia no es fruto
únicamente de la aplicación de la doctrina marxista al movimiento obrero, sino
también de las condiciones históricas especiales de Occidente, que no existen
en Rusia (más adelante hablaremos de ellas); de modo que la respuesta
afirmativa incondicional es, en este caso, errónea. No se puede declarar de una
vez para siempre y para todas las situaciones que los sacerdotes no pueden ser
miembros del Partido Socialdemócrata, pero tampoco se puede establecer de una
vez para siempre la regla contraria. Si un sacerdote viene a nuestras filas
para realizar una labor política conjunta y cumple con probidad el trabajo de
partido, sin combatir el programa de éste, podemos admitirlo en las filas
socialdemócratas. Porque, en tales condiciones, la contradicción entre el
espíritu y las bases de nuestro programa, por un lado, y las convicciones
religiosas del
Actitud del Partido Obrero ante la religión
sacerdote, por otro, podrían
seguir siendo una contradicción personal suya, que sólo a él afectase, ya que
una organización política no puede examinar a sus militantes para saber si
existe contradicción entre sus conceptos y el programa del partido. Pero, claro
está, caso semejante podría ser una rara excepción incluso en Europa, mas en
Rusia es ya casi inverosímil. Y si, por ejemplo, un sacerdote ingresase en el
Partido Socialdemócrata y empezase a realizar en él, como labor principal y
casi única, la prédica activa de las concepciones religiosas, el partido por
fuerza tendría que expulsarlo de sus filas. Debemos no sólo admitir, sino
atraer sin falta al Partido Socialdemócrata a todos los obreros que conservan
la fe en Dios; somos enemigos incondicionales de la más mínima ofensa a sus
creencias religiosas, pero los atraemos para educarlos en el espíritu de
nuestro programa y no para que luchen activamente contra él. Admitimos en el seno del partido la libertad de
opinión, pero dentro de ciertos límites, determinados por la libertad de
agrupación: no estamos obligados a marchar codo con codo con los predicadores
activos de opiniones que rechaza la mayoría del partido.
166
Otro ejemplo. ¿Se puede
condenar por igual y en todas las circunstancias a los militantes del Partido
Socialdemócrata por declarar "el socialismo es mi religión" y por
predicar opiniones en consonancia con semejante declaración? No. La desviación
del marxismo (y, por consiguiente, del socialismo) es en este caso indudable;
pero la significación de esta desviación, su peso relativo, por así decirlo,
pueden ser diferentes en diferentes circunstancias. Una cosa es cuando el
agitador, o la persona que pronuncia un discurso ante las masas obreras, habla
así para que lo comprendan mejor, para empezar su exposición o subrayar con
mayor claridad sus conceptos en los términos más usuales entre una masa poco
culta. Pero otra cosa es cuando un escritor comienza a predicar la
"construcción de Dios" o el socialismo de los constructores de Dios 266 (en el espíritu, por ejemplo, de
nuestros Lunacharski y Cía.). En la misma medida en que, en el primer caso, la
condenación sería injusta e incluso una limitación inadecuada de la libertad
del agitador, de la libertad de influencia "pedagógica", en el
segundo caso la condenación por parte del partido es indispensable y obligada.
Para unos, la tesis de que "el socialismo es una religión" es una
forma de pasar de la religión al socialismo; para otros, del socialismo a la religión.
Analicemos ahora las
condiciones que han originado en Occidente la interpretación oportunista de la
tesis "declarar la religión asunto privado". En ello han influido,
naturalmente, las causas comunes que dan origen al oportunismo en general como
sacrificio de los intereses fundamentales del movimiento obrero en aras de las
ventajas momentáneas. El partido del proletariado exige del Estado que declare la religión asunto privado; pero no
considera, ni mucho menos, "asunto privado" la lucha contra el opio
del pueblo, la lucha contra las supersticiones religiosas, etc. ¡Los
oportunistas tergiversan la cuestión como si el Partido Socialdemócrata considerase la religión asunto privado!
Pero, además de la habitual
deformación oportunista (no explicada en absoluto durante los debates que
sostuvo nuestra minoría de la Duma al analizarse el discurso sobre la
religión), existen condiciones históricas especiales que han suscitado, si se
me permite la expresión, la excesiva indiferencia actual de los
socialdemócratas europeos ante la cuestión religiosa. Son condiciones de dos
géneros. Primero, la tarea de la lucha contra la religión es una tarea
histórica de la burguesía revolucionaria, y la democracia burguesa de
Occidente, en la época
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266 Lenin se refiere a la corriente
religioso-filosófica, hostil al marxismo, de los constructores de Dios, aparecida en el período de la reacción
stolypiniana entre una parte de intelectuales del partido que se habían
desviado del marxismo después de la derrota de la revolución de 1905-1907. Los
"constructores de Dios" (A. Lunacharski, V. Bazárov y otros)
predicaban la creación de una religión nueva, "socialista", tratando
de reconciliar el marxismo con la religión.
En una reunión ampliada de
la redacción del periódico Proletari
(1909) se condenó la "construcción de Dios" y, en una resolución
especial, se declaró que los bolcheviques no tenían nada que ver con "tal
tergiversación del socialismo científico".
Actitud del Partido Obrero ante la religión
de sus revoluciones o de sus
ataques al feudalismo y al espíritu medieval, la cumplió (o cumplía) en grado
considerable. Tanto en Francia como en Alemania existe la tradición de la
guerra burguesa contra la religión, guerra iniciada mucho antes de aparecer el
socialismo (los enciclopedistas, Feuerbach). En Rusia, de acuerdo con las
condiciones de nuestra revolución democrática burguesa, esta tarea también
recae casi por entero sobre las espaldas de la clase obrera. En nuestro país,
la democracia pequeñoburguesa (populista) no ha hecho en este terreno muchísimo
(como creen los demócratas constitucionalistas ultrarreaccionarios de nuevo
cuño, o los ultrarreaccionarios demócratas constitucionalistas de Veji)267,
sino poquísimo en comparación con
Europa.
Por otra parte, la tradición
de la guerra burguesa contra la religión creó en Europa una deformación específicamente burguesa de esta guerra por parte
del anarquismo, el cual, como han
explicado hace ya mucho y reiteradas veces los marxistas, se sitúa en el
terreno de la concepción burguesa del mundo, a pesar de toda la
"furia" de sus ataques a la burguesía. Los anarquistas y los
blanquistas en los países latinos, Most (que, dicho sea de paso, fue discípulo
de Dühring) y Cía. en Alemania y los anarquistas de la década del 80 en
Austria, llevaron hasta el nec plus ultra
la frase revolucionaria en su lucha contra la religión. No es de extrañar que,
ahora, los socialdemócratas europeos caigan
en el extremo opuesto de los anarquistas. Esto es comprensible y, en cierto
modo, legítimo; pero nosotros, los socialdemócratas rusos, no podemos olvidar
las condiciones históricas especiales de Occidente.
Segundo, en Occidente, después de haber terminado las
revoluciones burguesas nacionales, después
de haber sido implantada la libertad de conciencia más o menos completa, la
lucha democrática contra la religión
quedó tan relegada históricamente a segundo plano por la lucha de la democracia
burguesa contra el socialismo que los gobiernos burgueses intentaron conscientemente desviar la atención de
las masas del socialismo, organizando una "cruzada" cuasiliberal contra el clericalismo.
Este carácter tenía también el Kulturkampf
en Alemania y la lucha de los republicanos burgueses de Francia contra el
clericalismo. El anticlericalismo burgués, como medio de desviar la atención de
las masas obreras del socialismo, precedió en Occidente a la difusión entre los
socialdemócratas de su actual "indiferencia" ante la lucha contra la
religión. Y también esto es comprensible y legítimo, pues los socialdemócratas
debían oponer al anticlericalismo burgués y bismarckiano precisamente la subordinación de la lucha contra la
religión a la lucha por el socialismo.
167
En Rusia, las condiciones
son completamente distintas. El proletariado es el guía de nuestra revolución
democrática burguesa. Su partido debe ser el guía ideológico en la lucha contra
todo lo medieval, incluidos la vieja religión oficial y todos los intentos de
renovarla o fundamentarla de nuevo o sobre una base distinta, etc.
Por eso, si Engels corregía
con relativa suavidad el oportunismo de los socialdemócratas alemanes — que
habían sustituido la reivindicación del partido obrero de que el Estado declarase la religión asunto
privado, declarando ellos mismos la
religión asunto privado para los propios socialdemócratas y para el Partido
Socialdemócrata—, es lógico que la aceptación de esta tergiversación alemana
por los oportunistas rusos mereciera una condenación cien veces más dura por
parte de Engels.
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267 Los
de 'Veji": conocidos publicistas demócratas constitucionalistas,
representantes de la burguesía liberal contrarrevolucionaria: N. Berdiáiev, S.
Bulgákov, M. Guershenzón, A. Izgóiev y otros, que publicaron en la primavera de
1909 en Moscú una recopilación de artículos con el título de Veji ("Jalones"). En estos
artículos, dedicados a la intelectualidad rusa, los de Veji procuraban denigrar las tradiciones democráticas
revolucionarias del movimiento de liberación en Rusia; se mofaron del
movimiento de 1905 y dieron las gracias al gobierno zarista por haber salvado
"con sus bayonetas y sus cárceles de la furia popular" a la
burguesía.
Actitud del Partido Obrero ante la religión
Al declarar desde la tribuna
de la Duma que la religión es el opio del pueblo, nuestra minoría procedió de
modo completamente justo, sentando con ello un precedente que deberá servir de
base para todas las manifestaciones de los socialdemócratas rusos acerca de la
religión. ¿Debería haberse ido más lejos, desarrollando con mayor detalle las
conclusiones ateas? Creemos que no. Eso podría haber acarreado la amenaza de
que el partido político del proletariado hiperbolizase la lucha antirreligiosa;
eso podría haber conducido a borrar la línea divisoria entre la lucha burguesa
y la lucha socialista contra la religión. La primera tarea que debía cumplir la
minoría socialdemócrata en la Duma ultrarreaccionaria fue cumplida con honor.
La segunda tarea, y quizá la
principal para los socialdemócratas —explicar el papel de clase que desempeñan
la Iglesia y el clero al apoyar al Gobierno ultrarreaccionario y a la burguesía
en su lucha contra la clase obrera—, fue cumplida también con honor. Es claro
que sobre este tema podría decirse mucho más, y las intervenciones posteriores
de los socialdemócratas sabrán completar el discurso del camarada Surkov; sin
embargo, su discurso fue magnífico y su difusión por todas nuestras
organizaciones es un deber directo del partido.
La tercera tarea consistía
en explicar con toda minuciosidad el sentido justo de la tesis que con tanta frecuencia deforman los
oportunistas alemanes: "declarar la religión asunto privado". Por
desgracia, el camarada Surkov no lo hizo. Esto es tanto más de lamentar por
cuanto, en la actividad anterior de la minoría, el camarada Beloúsov cometió un
error en esta cuestión, que fue señalado oportunamente en Proletari.268 Los debates en la minoría demuestran
que la discusión en torno al ateísmo le impidió ver el problema de cómo exponer
correctamente la famosa reivindicación de declarar la religión asunto privado.
No acusaremos sólo al camarada Surkovde este error de toda la minoría. Más aún:
reconocemos francamente que la culpa es de todo el partido por no haber
explicado en grado suficiente esta cuestión, por no haber inculcado
suficientemente en la conciencia de los socialdemócratas el significado de la
observación de Engels a los oportunistas alemanes. Los debates en la minoría
demuestran que eso fue, precisamente, una comprensión confusa de la cuestión y
no falta de deseos de atenerse a la doctrina de Marx, por lo que estamos
seguros de que este error será subsanado en las intervenciones subsiguientes de
la minoría.
En resumidas cuentas,
repetimos que el discurso del camarada Surkov es magnífico y debe ser difundido
por todas las organizaciones. Al discutir el contenido de este discurso, la
minoría ha demostrado que cumple a conciencia con su deber socialdemócrata. Nos
resta desear que en la prensa del partido aparezcan con mayor frecuencia
informaciones acerca de los debates en el seno de la minoría, a fin de
aproximar ésta al partido, de darle a conocer la intensa labor que realiza la
minoría y de establecer la unidad ideológica en la actuación de uno y otra.
Publicado el 13 (26)
de mayo de 1909 en el núm. 45 de "Proletari".
T. 17, págs. 415-426.
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268 El error del diputado T. Beloúsov
consistió en que, al discutirse el presupuesto del Santo Sínodo en la sesión
del 22 de marzo de 1908 de la III Duma de Estado, en la fórmula que él propuso
para resolver el problema, la religión se reconocía "asunto privado de
cada cual".
Lo erróneo del planteamiento de Beloúsov
se señaló en el artículo de fondo del número 28 del periódico Proletari del 2 de abril de 1908.
168
HACIA LA UNIDAD.
En febrero de 1909, hace
exactamente un año, en el núm. 2 de Sotsial-Demokrat
caracterizamos las labores de la Conferencia del POSDR, diciendo que lo
pusieron a este “en ruta” luego de “un año de desbarajuste, de dispersión
ideológica y política, un año de desorientación del partido” (artículo En ruta*).
* Véase el presente volumen. (N. de la Edit.)
Señalábamos allí que la
grave crisis que atravesaba nuestro partido era, indudablemente, no sólo
orgánica, sino también ideológica y política. Juzgábamos que la garantía de una
lucha eficaz del organismo del partido contra las influencias disgregadoras del
período contrarrevolucionario residía, ante todo, en que las decisiones
tácticas de la conferencia habían resuelto con acierto el problema fundamental:
la plena confirmación por el partido obrero de sus objetivos revolucionarios,
comprobados en el reciente período de tempestad y empuje; de su táctica
socialdemócrata revolucionaria, confirmada por la experiencia de la lucha
directa de las masas; al mismo tiempo, por haber tenido en cuenta los enormes
cambios económicos y político de que hemos sido testigos y los intentos de la
autocracia de adaptarse a las condiciones burguesas de la época, de organizarse
como monarquía burguesa y asegurar los intereses del zarismo y de los
terratenientes cavernícolas, mediante una alianza abierta, amplia y realizada
en forma sistemática con los sectores superiores de la burguesía del campo y
con los magnates del capitalismo comercial e industrial. Señalábamos la tarea
orgánica del partido, vinculada al nuevo momento histórico: la tarea del
partido ilegal de utilizar todas las posibles instituciones legales, entre
ellas el grupo socialdemócrata de la Duma, a fin de crear puntos de apoyo para
la labor socialdemócrata revolucionaria entre las masas. Al indicar la
semejanza de esta tarea de organización con la que resolvieron nuestros
camaradas alemanes en la época de la ley de excepción,269 nos referíamos a “la lamentable desviación de la labor
proletaria consecuente”, expresada en la negación del trabajo socialdemócrata
en la Duma o en la renuncia a la crítica directa y franca de la línea de
nuestro grupo de la Duma, expresada en negar o subestimar el partido
socialdemócrata ilegal, en los intentos de sustituirlo por una organización
legal amorfa, mermar nuestras consignas revolucionarias, etc.
Una vez lanzada esta mirada
retrospectiva, podemos apreciar mejor la significación de la reciente sesión
plenaria del Comité Central de nuestro partido.270 Los lectores hallarán en otro lugar del presente número el
texto de las principales resoluciones allí aprobadas. El
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269 Véase la nota 187.
270 El Pleno del CC del POSDR, conocido por el de
"unificación", se celebró del 2 al 23 de enero de 1910 en París.
En las labores del Pleno de enero del CC participaron
representantes de todas las fracciones y grupos, así como de las organizaciones
socialdemócratas nacionales. En el Pleno tenían mayoría los conciliadores.
Lenin desplegó en el Pleno
una tenaz lucha contra los oportunistas y los conciliadores, con el afán de que
se condenara enérgicamente el liquidacionismo y el otzovismo, siguiendo la
trayectoria de aproximar a los bolcheviques y los mencheviques del partido.
Pese a que los conciliadores y los representantes de las organizaciones
nacionales accedieron, bajo la presión de los mencheviques de Golos, Vperiod y de los trotskistas, a
no mencionar en las resoluciones a los liquidadores y a los otzovistas con sus
nombres, la resolución del Pleno condenó el liquidacionismo y el otzovismo y
reconoció el peligro de estas corrientes y la necesidad de combatirlas.
Posteriormente, Lenin, evaluando la importancia del Pleno de
enero, dijo que éste había determinado definitivamente la táctica del partido
en el período de la contrarrevolución al declarar que el liquidacionismo y el
otzovismo son manifestaciones de la influencia burguesa en el proletariado.
Lenin condenó duramente los acuerdos conciliadores del Pleno.
significado de estas
resoluciones es un gran paso hacia la unidad real del partido, hacia la
cohesión de todas las fuerzas del mismo, hacia el reconocimiento unánime de las tesis fundamentales
relacionadas con la táctica y la organización del partido que determinan el camino de la socialdemocracia en
estos tiempos difíciles. Un año atrás, este camino fue señalado con acierto, y
ahora todo el partido lo comprende, todas
las fracciones del partido se han convencido de su acierto. El año transcurrido
ha sido un año de nuevas divisiones, de nueva lucha fraccionista, un año en que
se ha acentuado el peligro de desintegración
del partido. Sin embargo, las condiciones de trabajo en las diversas
localidades, la difícil situación de la organización socialdemócrata y las
tareas impostergables de la lucha económica y política del proletariado han
venido impulsando a todas las fracciones a la unidad de las fuerzas
socialdemócratas. Cuanto más fuerte, insolente y rabiosa se hacía la
contrarrevolución, cuanto más se extendía en las capas liberales y democráticas
pequeñoburguesas la vil actitud de repudio y abjuración de la revolución, tanto
mayor era la atracción que el partido
ejercía en todos los socialdemócratas. Es muy típico que, bajo la influencia de
este cúmulo de circunstancias, en la segunda mitad de 1909, miembros del
partido con posiciones tan dispares como el camarada Plejánov, menchevique, por
una parte, y el grupo Vperiod271
(grupo de bolcheviques que se separó del bolchevismo ortodoxo) por otra, se
hayan pronunciado a favor del partidismo. El primero se manifestó resueltamente
en agosto de 1909 contra la escisión y la política de escisión del partido con
la consigna de “lucha por alcanzar la influencia en el partido”. El segundo
publicó una plataforma que, si bien al comienzo habla de una “lucha por
restablecer la unidad del bolchevismo”, finaliza condenando categóricamente el
fraccionismo, “un partido dentro del partido”, “el carácter aislado y
exclusivista de las fracciones”, y exige resueltamente su “disolución” en el
partido, su “fusión” y la trasformación de los centros fraccionistas en centros
“verdadera y exclusivamente ideológicos y literarios” (págs. 18 y 19 del
folleto: La situación actual y las tareas
del partido).
169
Todas las fracciones
reconocen ahora en forma unánime —desde luego, no en todos los detalles, sino
en lo fundamental— el camino señalado
claramente por la mayoría del partido. Un año de intensa lucha de fracciones ha
dado lugar a que se dé un paso decidido con miras a suprimir todas las fracciones y todo fraccionismo
en aras de la unidad del partido. Se ha resuelto unir todas las fuerzas en
torno de las tareas impostergables de la lucha económica y política del
proletariado; se ha declarado la clausura del órgano de la fracción bolchevique
y se ha aprobado, por unanimidad una resolución acerca de la necesidad de
cerrar Golos Sotsial-Demokrata,272 órgano de la fracción menchevique. Por unanimidad han sido
tomadas varias resoluciones, entre
las que debemos destacar especialmente, como las más importantes, las
concernientes a la situación interna del partido y a la convocatoria de una
próxima conferencia del partido. La primera de estas resoluciones, que es, por
así decir, la plataforma de unificación de las fracciones, merece un análisis
muy detenido.
Comienza por las siguientes
palabras: “desarrollando las tesis fundamentales de las resoluciones de la
Conferencia del partido de 1908...” Más arriba citarnos estas tesis
fundamentales de las tres principales resoluciones de la Conferencia de
diciembre de 1908: sobre la apreciación del momento actual y las tareas
políticas del proletariado; sobre la política orgánica del partido y la actitud
de éste ante la minoría socialdemócrata de la Duma.
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271 El
grupo "Vperiod":
grupo antipartido organizado en 1909; tenía su órgano de prensa, del mismo
nombre, y lo editó en Ginebra en 1910 y 1911. El grupo Vperiod, que no contaba
con apoyo en el movimiento obrero, se disolvió en 1913-1914.
272 "Golos Sotsial-Demokrata" ("La Voz del
Socialdemócrata"): órgano de los mencheviques en el extranjero; apareció
desde febrero de 1908 hasta diciembre de 1911, primero en Ginebra y luego en
París. Desde el primer número defendió a los liquidadores, justificando la
labor antipartido que hacían. Cuando salió de la redacción Plejánov, que
condenaba la posición liquidadora del periódico, Golos Sotsial-Demokrata se
definió definitivamente como centro ideológico de los liquidadores.
No cabe la menor duda de que
en el partido no hay unanimidad en cada detalle y cada punto de las
resoluciones mencionadas; que para criticarlas y reelaborarlas como indican la
experiencia y las enseñanzas de la lucha económica y política cada vez más compleja,
la prensa del partido debe abrir ampliamente sus puertas, que todas las fracciones, o mejor dicho,
todas las tendencias del partido
deben tener desde ahora este trabajo de crítica, adaptación y perfeccionamiento
por asunto para definir su propia posición, para esclarecer su propia línea.
Pero la labor de crítica y corrección de la línea del partido no debe
entorpecer la unidad en la actividad
del partido, la cual no debe cesar un solo instante, no debe vacilar y debe
orientarse en todo conforme a las
tesis fundamentales de las resoluciones mencionadas.
Al desarrollar estas tesis,
el primer punto de la resolución del Comité Central me nciona “los principios
básicos” de la táctica socialdemócrata, la cual, conforme al método de toda la
socialdemocracia internacional, no puede adoptarse —especialmente en una época
como la que estamos viviendo— “sólo para la situación concreta del momento
inmediato”, sino que debe tener en cuenta las diversas vías y todas las
situaciones posibles: tanto para el caso de un “rápido viraje” como para el de
“una relativa estabilidad de la situación”. Por primera vez se presenta al
proletariado la posibilidad de aplicar sistemática y consecuentemente este
método táctico. La táctica de nuestro partido debe hacer que “el proletariado
esté dispuesto para una nueva lucha revolucionaria abierta” a un mismo tiempo,
en una misma acción suya y en una misma red de células orgánicas (sin ello
perderíamos el derecho a considerarnos parte de la socialdemocracia
revolucionaria y no cumpliríamos nuestro principal deber, legado por la época
de 1905 e impuesto por cada faceta de la situación económica y política
actual), y “permitirle utilizan en
beneficio suyo todas las contradicciones del inestable régimen de la
contrarrevolución” (sin esto nuestro espíritu revolucionario se convertiría en
mera frase, en repetición de palabras
revolucionarias en lugar de aplicar
la suma de la experiencia revolucionaria, los conocimientos y las enseñanzas de
la socialdemocracia internacional a cada
acción práctica, al aprovechamiento de cada
contradicción y vacilación del zarismo, de sus aliados y de todos los partidos
burgueses).
El segundo punto de la
resolución caracteriza la crisis que atraviesa el movimiento obrero de Rusia.
Unámonos y acudamos en ayuda de la nueva generación de obreros socialdemócratas
para que ella pueda cumplir su tarea histórica, renovar la organización del
partido e idear nuevas formas de lucha sin renunciar en lo más mínimo a “las
tareas de la revolución ni a sus métodos”, sino, por el contrario, defendi
éndolos y preparando una base más amplia y firme para aplicar con mayores
probabilidades de vencer esos métodos en la próxima revolución.
El tercer punto de la
resolución describe las condiciones que han despertado por doquier en los
obreros conscientes el “anhelo de concentrar las fuerzas socialdemócratas del
partido y consolidar la unidad del mismo”. La primera de estas condiciones es
la vasta corriente contrarrevolucionaria. El enemigo se une y avanza. A los
viejos enemigos —el zarismo, la arbitrariedad y la violencia de los
funcionarios públicos, la opresión y el desvergonzado escarnio por parte de los
terratenientes feudales— se agrega otro más: la burguesía, cada vez más unida
por una consciente hostilidad al proletariado, una hostilidad reforzada por la
propia experiencia. Se tortura, martiriza y extermina más que nunca a los
revolucionarios. Se procura denigrar a la revolución, cubrirla de ignominia,
borrarla de la memoria del pueblo. Pero la clase obrera jamás permitió aún en
país alguno que sus enemigos le quitaran la más importante conquista de
cualquier revolución digna de ese nombre: la experiencia de la lucha de masas,
la convicción de millones de trabajadores y explotados de que esa lucha es
imprescindible para cualquier mejora efectiva de su situación. La clase obrera
de Rusia mantendrá a través de todas las pruebas su disposición para la lucha
revolucionaria, el heroísmo de las masas con el que triunfó en 1905 y que aún
le permitirá triunfar otras veces.
170
No nos une sólo el yugo de
la contrarrevolución y el desenfreno de los sentimientos
contrarrevolucionarios. Nos une también cada paso del modesto trabajo práctico
y cotidiano. La labor de la socialdemocracia en la Duma hace constantes
progresos, librándose de sus inevitables errores del comienzo, superando el
escepticismo y la indiferencia, forjando las armas, tan valiosas para todos los
socialdemócratas, de la propaganda y la agitación revolucionarias, la lucha de
clases organizada. Todo congreso legal en el que participan obreros, toda
institución legal donde penetra el proletariado e introduce su conciencia de
clase, la defensa abierta de los intereses del trabajo y de las exigencias de
la democracia conduce a la unión de las fuerzas y al desarrollo del movimiento
en su conjunto. Ninguna persecución por parte del gobierno, ningún ardid de sus
aliados cavernícolas y burgueses podrán aniquilar las manifestaciones de lucha
proletaria en las más diversas y a veces inesperadas formas, porque el propio
capitalismo, a cada paso de su desarrollo, va instruyendo y uniendo a sus
sepultureros, multiplicando sus filas y redoblando su cólera.
En el mismo sentido (el afán
de partidismo) actúa el aislamiento de los grupos socialdemócratas y los
métodos primitivos de trabajo de que tanto adolece nuestro movimiento desde
hace año y medio o dos años. Resulta imposible elevar el nivel del trabajo práctico
sin concentrar las fuerzas, sin crear un centro dirigente. El Comité Central ha
adoptado una serie de resoluciones sobre la organización y funcionamiento de
ese centro, sobre su ampliación con la inclusión de militantes prácticos, sobre
la vinculación más estrecha de su trabajo con el que se realiza en las
localidades, etc. Las inquietudes teóricas, que pasan inevitablemente a primer
plano en los tiempos de estancamiento, requieren igualmente unión para defender
el socialismo, en general, y el marxismo como único socialismo científico, en
concreto, frente a la contrarrevolución burguesa que moviliza todas sus fuerzas
para combatir las ideas de la socialdemocracia revolucionaria.
Finalmente, el último punto
de la resolución se refiere a las tareas ideológicas y políticas del movimiento
socialdemócrata. El agudo proceso interno del movimiento socialdemócrata entre
1908 y 1909 fue causa de que también se plantearan estas tareas con extremada
agudeza y que se cumplieran mediante la más enconada lucha de fracciones. Esto
no fue una casualidad, fue un fenómeno inevitable, en la situación de crisis y
desintegración de las organizaciones del partido. Pero fue justamente
imprescindible, y la aprobación unánime de la resolución que analizamos ha
demostrado palpablemente el anhelo común de marchar adelante, de pasar de la
lucha en torno de las tesis básicas en discusión a reconocerlas como
indiscutibles y a emprender en común un trabajo más intenso basado en ese
reconocimiento.
En la resolución se reconoce
que la actual situación histórica y la influencia que la burguesía ejerce en el
proletariado originan inevitablemente dos tipos de desviación del camino
certero. Los rasgos característicos de una de estas desviaciones son esencialmente
los siguientes: “negación del partido socialdemócrata ilegal; subestimación de
su papel y significado; tentativas de restringir las tareas programáticas y
tácticas, las consignas de la socialdemocracia revolucionaria, etc.”. La
vinculación entre estos errores dentro de la socialdemocracia y la corriente
contrarrevolucionaria burguesa externa es obvia. Nada hay tan odioso para la
burguesía y el zarismo como el partido socialdemócrata ilegal que, con su
labor, demuestra su fidelidad a los postulados de la revolución y su
indeclinable disposición de lucha sin cuartel contra las bases de la
“legalidad” de Stolypin. Nada hay tan odioso para la burguesía y los lacayos
del zarismo como los objetivos y las consignas revolucionarias de la
socialdemocracia. Defender lo uno y lo otro es nuestra indiscutible tarea, y
esa combinación del trabajo ilegal y legal requiere de nosotros, sobre todo,
que luchemos contra cualquier “subestimación del papel y el significado” del
partido ilegal. Y esa necesidad de defender la posición del partido dentro de
los marcos legales en las cuestiones más insignificantes, y en proporciones de
lo más modestas, por motivos concretos, exige una vigilancia especial para que
las tareas y consignas no se mermen,
para que la modificación de
la forma de lucha no
destruya su contenido, no la haga menos inconciliable, no deforme la
perspectiva histórica y los objetivos históricos del proletariado, esto es,
dirigir a todos los trabajadores y explotados, conducir a toda la masa del
pueblo por una serie de revoluciones burguesas que conquisten una república
democrática hacia la revolución proletaria que derribe al propio capitalismo.
Pero, por otra parte —y aquí
pasamos a caracterizar la otra desviación— , es imposible realizar en la
práctica el trabajo socialdemócrata revolucionario de cada día si no se aprende
a modificar sus formas, adaptándolas a las peculiaridades de cada nuevo giro de
la historia. “La negaci ón del trabajo socialdemócrata en la Duma y de la
utilización de las posibilidades legales, la incomprensión de la importancia de
ambas cosas” es precisamente el tipo de desviación que hace imposible aplicar
en la práctica una política socialdemócrata de clase. La nueva etapa del
desarrollo histórico de Rusia nos plantea nuevas tareas; esto no quiere decir
que las viejas tareas hayan sido cumplidas, que podamos permitirnos
abandonarlas. No; quiere decir que es preciso tener en cuenta estas nuevas
tareas, hallar nuevas formas de lucha y preparar la táctica y la organización
apropiadas.
171
Puesto que en el partido se ha comenzado a concertar un acuerdo
con relación a estos problemas fundamentales, un acuerdo con relación a la
necesidad de “superar” las dos
desviaciones señaladas, principalmente ampliando y profundizando el trabajo
socialdemócrata, lo más importante (para determinar correctamente “las tareas
ideológicas y políticas del movimiento socialdemócrata”) se ha logrado. Ahora
es necesario aplicar sistemáticamente lo que se ha logrado, conseguir que todos
los medios del partido, que todos sus funcionarios locales comprendan con
absoluta claridad estas tareas, llevar hasta su conclusión lógica la
explicación del peligro que representan ambas desviaciones en todas las esferas
del trabajo y organizar éste de manera que haga
imposibles las vacilaciones en uno u otro sentido. Las medidas prácticas
para cumplir los acuerdos adoptados, las exigencias de la lucha económica y
política misma mostrarán luego qué queda por hacer y cómo acabar de hacerlo.
Entre esas exigencias hay
una que forma parte del curso habitual de la vida del partido (cuando existe
ese “curso habitual”). Nos referimos a una conferencia del partido que reúna a
los representantes de las organizaciones y grupos socialdemócratas de todos los
confines de Rusia que están dedicados
realmente al trabajo local. Por modesta que sea la tarea, la
desorganización actual la hace dificilísima. La resolución del Comité Central
tiene en cuenta las nuevas dificultades (la elección directa de delegados
regionales por las células locales y no por conferencias regionales, si éstas
no pueden ser convocadas) y las nuevas tareas (la participación con voz pero
sin voto de los funcionarios del partido que actúan en el movimiento legal).
Las condiciones objetivas
exigen que la base de la organización del partido esté compuesta de células
obreras ilegales, modestas por sus dimensiones y por las formas actuales de
trabajo. Pero para que aprendan a realizar una labor revolucionaria socialdemócrata
sistemática, persistente y metódica en la difícil situación actual, esas
células deben tener una iniciativa y una actividad independiente mucho mayores
que antes, tanto más que, en los más de los casos, no podrán esperar la ayuda
de camaradas viejos y experimentados. Estas células no podrán cumplir las
tareas de ejercer constante influencia en las masas y realizar una acción
conjunta con las masas sin entablar antes, en primer término, sólidos vínculos
mutuos y, en segundo término, sin establecer puntos de apoyo, en forma de todos
los tipos posibles de instituciones legales. De ahí la necesidad de una
conferencia de delegados de dichas células ilegales, como cosa primera, ante
todo, inmediatamente y a toda costa. De ahí la necesidad de que en dicha conferencia
participen los socialdemócratas de
partido que actúan en el movimiento legal, los representantes de “los
grupos socialdemócratas en el movimiento legal que están dispuestos a entablar
un vínculo orgánico sólido con los
centros
locales del partido”.
Únicamente en cada lugar y en el curso mismo del trabajo cotidiano ilegal se
podrá determinar quiénes de nuestros socialdemócratas legales son de verdad y
no sólo de palabra auténticos hombres de partido, quiénes de ellos han comprendido
realmente las nuevas condiciones de trabajo señaladas más arriba y cómo
combinarlas con las viejas tareas de la socialdemocracia revolucionaria; quién
están sinceramente dispuestos a trabajar en el cumplimiento de estas tareas;
qué grupos están realmente dispuestos a entablar un sólido vínculo orgánico con
el partido.
Esperamos que en este
trabajo se aglutinarán ahora todas las fuerzas de la socialdemocracia, que los
funcionarios del partido del centro y de las localidades iniciarán los
preparativos para la conferencia con el mayor vigor, que esta conferencia
ayudará a consolidar definitivamente nuestra unidad del partido y a impulsar la
labor mancomunada de crear una base proletaria más amplia, más firme y más
flexible para las futuras batallas revolucionarias.
Publicado el 13 (26)
de febrero de 1910 en el núm. 11 de “Sotsial-Demokrat”.
T. 19, págs. 192-201.
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
172
LA
CUESTIÓN DE LAS COOPERATIVAS EN EL CONGRESO SOCIALISTA INTERNACIONAL DE
COPENHAGUE. 273
En el presente artículo me
propongo limitarme a exponer el curso de los debates del congreso en torno a la
cuestión enunciada en el título y a caracterizar las tendencias del pensamiento
socialista que han luchado en él entre sí.
Antes del Congreso se habían
publicado tres proyectos de resoluciones sobro las cooperativas. El belga (núm.
5 del Boletín Periódico del Buró
Socialista Internacional , que sale irregularmente en las tres lenguas
oficiales de los congresos internacionales) empieza previniendo a los obreros
socialistas contra la doctrina de los que ven en las cooperativas algo que se
basta a sí mismo, cierto remedio para resolver la cuestión social. Al reconocer
luego que la clase obrera está extraordinariamente interesada en utilizar las
cooperativas como instrumento de su lucha de clase, el proyecto del partido
belga señala las ventajas inmediatas de las cooperativas (lucha contra la
explotación comercial, mejora de las condiciones de trabajo en las empresas de
los abastecedores, etc.) y expresa el deseo de que entre los partidos
socialistas y las cooperativas se “entablen nexos orgánicos más estrechos cada
vez”.
El proyecto de la mayoría
del Partido Socialista Francés está redactado en el espíritu de Jaurès. Las
cooperativas se ponen por las nubes y se presentan, igual que hacen los
reformistas burgueses, como elemento “imprescindible” de la “transformación social”.
Se pronuncian frases nebulosas sobre la conversión de las cooperativas de
alianzas de individuos aislados en federaciones generales de asociaciones. Las
cooperativas proletarias se confunden con las cooperativas de pequeños
propietarios (en la agricultura). Se preconiza la neutralidad de las
cooperativas, se describe el daño que puede ocasionar el que las cooperativas
contraigan obligaciones ante el Partido Socialista.
Por último, el proyecto de
la minoría socialista francesa (guesdista) declara resueltamente que las
cooperativas, por sí solas, no son organizaciones de clase (como los
sindicatos, por ejemplo), que la importancia de las cooperativas se determina
por el empleo que se haga de ellas. Al ingresar en masa en las cooperativas,
los obreros pueden sacar provecho de ellas para su lucha contra el capitalismo,
pueden explicarse hasta cierto punto en la práctica lo que sería la sociedad
socialista, organizada una vez suprimidas las contradicciones del régimen
contemporáneo. El proyecto hace hincapié, por eso, en el alcance limitado de
las cooperativas y exhorta a los partidos socialistas a que apoyen a las
cooperativas proletarias, previene contra las ilusiones de cooperativismo,
recomienda la cohesión de los socialistas dentro de las cooperativas a fin de
explicar a las masas su tarea genuina: conquistar el poder político y convertir
los medios de producción e intercambio en propiedad común.
![]()
273 El
Congreso Socialista Internacional de Copenhague (VIII Congreso de la II Internacional)
se celebró del 28 de agosto al 3 de septiembre de 1910. Asistieron 896
delegados en representación de los países de Europa, América del Norte y del
Sur, Sudáfrica y Australia.
Lenin formó parte de una de
las comisiones fundamentales del congreso, la comisión para las cooperativas.
Sobre las labores de la comisión y sobre la lucha que se desplegó en el
congreso en torno al papel y las tareas de las cooperativas en la lucha revolucionaria
del proletariado y a las relaciones entre las cooperativas y los partidos
socialistas véase el presente artículo.
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
Es evidente por completo que
aquí se perfilan dos líneas fundamentales: una es la línea de la lucha de clase
proletaria, del reconocimiento de que las cooperativas valen para esta lucha
como instrumento de ella, como uno de sus medios auxiliares, y de la
determinación de las condiciones en que las cooperativas puedan desempeñar
realmente ese papel y no sean simples establecimientos comerciales. La otra
línea es la pequeñoburguesa, que vela el papel de las cooperativas en la lucha
de clase del proletariado, que lleva la importancia de las cooperativas más
allá de los límites de esta lucha (o sea, que confunde los puntos de vista del
proletariado y de los propietarios respecto a las cooperativas), que define el
objetivo de las cooperativas con frases tan generales que puede aceptarlas
también un reformador burgués, ideólogo de los propietarios y pequeños
propietarios progresistas.
Lamentablemente, las dos
líneas mencionadas sólo se han perfilado
en los tres proyectos preparados con antelación y no se han contrapuesto con
claridad, precisión y rigidez, como dos tendencias, cuya lucha decidiera la
cuestión. Y por eso los debates del congreso han transcurrido desordenados, de
manera confusa, como espontánea. Se “ha topado” a cada instante con
discrepancias, pero no se han puesto en claro del todo, y, en consecuencia, ha
salido una resolución que refleja confusión de pensamiento, que no da todo cuanto podía y debía dar una
resolución de un congreso de partidos socialistas.
En la comisión para la
cuestión de las cooperativas se han perfilado en seguida dos tendencias. Una,
la de Jaurès y Elm. Elm ha sido uno de los cuatro delegados alemanes en la
comisión de cooperativas y ha hablado en representación de los alemanes, ha hablado
en un espíritu oportunista definido. La otra tendencia ha sido la belga. El
intermediario y apaciguador ha sido el austriaco Karpeles, destacado dirigente
del movimiento cooperativo austriaco que no ha defendido una línea de
principios definida, pero (mejor dicho: no “pero”, sino precisamente por eso)
que se ha inclinado mucho más a menudo al lado de los oportunistas. Y a los
mismos belgas les ha movido más a discutir con Jaurès y Elm el instinto del
planteamiento verdaderamente proletario del asunto de las cooperativas que una
comprensión clara de la hostilidad e inconciliabilidad de los puntos de vista
proletario y pequeñoburgués de la cuestión. Por eso Anseele (presidente de la
comisión de cooperativas), por ejemplo, ha pronunciado fogosos y magníficos
discursos en la comisión contra la neutralidad de las cooperativas, contra la
exageración de su importancia, por la necesidad de que seamos socialistas-cooperativistas y no cooperativistas-socialistas, y al redactar la resolución, el mismo
Anseele podía desesperar a uno por su transigencia con las formulaciones de
Jaurès y Elm y por no querer penetrar en las causas de la discrepancia.
173
Pero volvamos a las sesiones
de la comisión. Se comprenderá que, en el curso de los debates, han tenido la
influencia decisiva los representantes de las naciones poseedoras de un
movimiento cooperativista muy desarrollado. Con la particularidad de que se ha
revelado en seguida una discrepancia entre los belgas y los alemanes, con
inmensa desventaja de estos últimos. Los belgas, en todo caso, han aplicado la
línea proletaria, aunque no de una manera consecuente del todo ni plenamente
clara. Elm ha hablado como un oportunista de pura cepa (sobre todo en la
subcomisión, de lo que trataremos más adelante). Es natural que el papel
dirigente haya pertenecido a los belgas. Los austriacos se han inclinado a su
favor, y al final de la labor de la comisión se ha leído una resolución austro-belga, mientras que Elm, que
había presentado una resolución alemana, ha declarado sin rodeos que considera
posible por completo concordarla con el provecto de Jaurès. Como quiera que
los franceses han tenido una minoría de peso contra Jaur ès (por su punto de
vista se han emitido 202 votos, y por el de Guesde 142), y los alemanes de
seguro hubieran reunido una minoría no menos fuerte contra Elm (si se hubiese
planteado de manera clara y tajante la cuestión de los dos puntos de vista), la
alianza austro-belga ha tenido la ocasión pintada para vencer. Y se ha tratado,
naturalmente, no tanto de “vencer”, en el sentido estricto de la palabra, como
de defender
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
el punto de vista proletario
consecuente sobre las cooperativas. No se ha logrado esa consecuencia debido a
las excesivas concesiones que la subcomisión ha hecho a Jaurès y Elm.
Por lo que respecta a
nosotros, socialdemócratas rusos, hemos procurado apoyar en la comisión la
línea austro-belga, y con ese objeto propusimos, antes aún de que se diera a
conocer el proyecto conciliatorio austro-belga, nuestro proyecto de resolución,
del siguiente contenido.
“Proyecto de la delegación socialdemócrata de Rusia
El congreso opina:
1) Que las asociaciones de consumo
proletarias mejoran la situación de la clase obrera en el sentido de reducir
las proporciones de la explotación por parte de intermediarios mercantiles de
toda laya, influir en las condiciones de trabajo de los obreros ocupados en
empresas de abastecedores y mejorar la situación de los propios empleados.
2)
Que
estas asociaciones pueden adquirir gran importancia para la lucha económica y
política de masas del proletariado, apoyando a los obreros durante las huelgas,
lockouts, persecuciones políticas, etcétera.
Por otro lado, el congreso señala:
1) que las mejoras posibles de alcanzar
mediante las asociaciones de consumo pueden ser muy insignificantes en tanto
los medios de producción estén en manos de la clase sin cuya expropiación será
imposible realizar el socialismo;
2)
que
las asociaciones de consumo no son organizaciones de lucha inmediata contra el
capital y existen al lado de organizaciones del mismo género de otras clases,
organizaciones que pueden crear la ilusión de que son un recurso mediante el
cual se puede resolver la cuestión social sin lucha de clases y sin expropiar a
la burguesía.
El congreso exhorta a los obreros de todos los países:
a)
a
ingresar en las asociaciones de consumo proletarias y coadyuvar al máximo a que
se desarrollen, defendiendo al mismo tiempo el carácter democrático de estas
organizaciones;
b)
a
contribuir, haciendo incansablemente propaganda socialista en las asociaciones
de consumo, a que se difundan entre los obreros las ideas de la lucha de clase
y del socialismo;
c) a procurar, al mismo tiempo, conseguir
la aproximación más completa posible de todas las formas del movimiento obrero.
El congreso señala también
que las asociaciones de producción tienen importancia para la lucha de la clase
obrera sólo en el caso de que formen parte integrante de las de consumo”.
Todos los proyectos de
resolución se han entregado a la subcomisión (las comisiones de los congresos
internacionales son tan numerosas, pues cada nación envía a cuatro delegados a
cada una de ellas, que no se puede ni hablar de redactar el texto de una resolución
con toda la comisión reunida). Componían la subcomisión diez personas: dos
belgas (Anseele y Vandervelde), un francés (Jaurès), un austriaco (Karpeles),
un alemán (Elm), un holandés (el marxista Wibaut), un italiano, un danés, un
inglés y un socialdemócrata ruso (Vóinov y yo: a nuestra delegación
socialdemócrata no le dio tiempo para reunirse y elegir representante, por eso
hemos asistido los dos, pero ha votado uno solo).
174
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
En la subcomisión se ha
realizado ya la labor puramente práctica de redactar el texto de la resolución.
El texto aprobado por el congreso, excepto ciertas modificaciones
insignificantes de estilo, es el que redactó la subcomisión; los lectores
encontrarán el texto de la resolución del congreso en otro sitio de este
número. En la subcomisión, a diferencia de la comisión, se ha centrado la lucha
no en la cuestión de la actitud de las cooperativas frente al partido, sino en
otra más adicta a los principios, en la cuestión de la importancia y papel de
las cooperativas. Los belgas estaban por una definición, completamente justa y
leal a los principios, del papel de las cooperativas como uno de los
instrumentos auxiliares posibles (en determinadas condiciones) de la lucha
proletaria de clase por la “expropriation
intégrale” de la clase de los capitalistas. Elm, apoyado por Jaur ès, se
ha sublevado resueltamente y ha mostrado por entero todo su oportunismo. Ha
dicho que no se sabe si se llegará, en general, a la expropiación, que él,
personalmente, la considera de todo punto inverosímil, que esa cuestión es
discutible para la “mayoría” (!), que en el programa del partido
socialdemócrata alemán no figura la expropiación y que se debe decir “Ueberwindung des Kapitalismus”,
“superación del capitalismo”. Las famosas palabras de Bebel, pronunciadas en
Hannover al clausurar las discusiones con Beinstein, “es bleibt bei der Expropriation ”, “estamos, como antes, por la
expropiación”274, han sido echadas al olvido por uno de
los dirigentes del oportunismo alemán. Con motivo de estas discusiones ha
surgido la “cuesti ón de la socialización”. Jaurès ha exigido a modo de
ultimátum que figure en la definición del papel de las cooperativas: “ayudan a
los obreros (como se dice en el texto de la resoluci ón aprobada por el
congreso) a preparar la democratización y la socialización de los medios de
producción e intercambio”.
Es una de esas frases
difusas, indeterminadas, plenamente aceptables para los ideólogos del pequeño
propietario y para los teóricos del reformismo burgués que tan bien le salen a
Jaurès y que tanto le agradan. ¿Qué quiere decir “democratización de los medios
de producción e intercambio”? (Luego, en la comisión, cuando el proyecto ha
vuelto allí de la subcomisión, los franceses han sustituido el vocablo medios (moyens) por la palabra fuerzas (forces ), pero la cosa no ha cambiado
nada por eso). La producción campesina (he dicho yo en la subcomisión) es más
“democrática” que la gran producción capitalista. ¿Significa esto que nosotros,
los socialistas, queremos que se cree pequeña producción? ¿Qué es
“socialización”? Por este término se puede entender la transformación en
propiedad de toda la sociedad, pero se pueden entender también las medidas
parciales que se quieran, las reformas que se quieran dentro del capitalismo,
empezando por las asociaciones de campesinos y terminando por los baños y los
urinarios municipales. Jaurès ha alegado en la subcomisión las asociaciones
agrícolas danesas, opinando, por lo visto, como los economistas burgueses, que
no son empresas capitalistas.
Para contrarrestar ese
oportunismo, nosotros (socialdemócratas rusos y polacos) hemos intentado apelar
a Wurm, corredactor del Neue Zeit275 también representante de los alemanes en la comisión de
cooperativas, contra Elm. Wurm no ha aprobado la frase de la “democratizaci ón
y socialización”, ha propuesto (a título de voto particular) varias enmiendas,
ha parlamentado entre Elm y los marxistas, pero Elm ha manifestado tamaña
“dureza pétrea” que Wurm no ha logrado nada. Ya después del congreso he leído
en el Leipziger Volkszeitung276 (núm. 201, 31 de agosto de 1910, 3. Beilage) que en la delegación
alemana se había planteado ya el martes la cuestión de las cooperativas.
“R. Fischer ha preguntado —dice el corresponsal de este periódico— si no hay
discrepancias en la cuestión
![]()
274 Lenin aduce las palabras de A. Bebe del
informe sobre los Ataques a las
concepciones fundamentales y a la táctica del partido, pronunciado en el
Congreso de Hannover de la socialdemocracia alemana (9-14 de octubre de 1899).
275 Véase la nota 158.
276 "Leipziger Volkszeitung" ("Gaceta Popular de
Leipzig"): órgano del ala izquierda de la socialdemocracia alemana. Salió
diariamente desde 1894 hasta 1933; lo redactaron varios años F. Mehring y R.
Luxemburgo. Desde 1917 hasta 1922 fue órgano de los "independientes"
alemanes; luego, órgano de los socialdemócratas de derecha.
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
de las cooperativas entre
los delegados alemanes”. Elm ha
contestado: “Sí las hay. De la noche a la mañana no las supera uno. Los
acuerdos de los congresos siempre son acuerdos de compromiso, y, en esta
cuestión, también se acabará, seguramente, por un compromiso”. Wurm: “Mis opiniones de las cooperativas
son distintas por completo (durchaus
andere) de las de von Elm; pero, así y todo, nos pondremos de acuerdo,
probablemente, en la resolución general”. La delegación ha creído innecesario
seguir el debate después de esto.
Este comunicado confirma el
fenómeno que se esbozó ya plenamente en el Congreso Internacional de Stuttgart.
La delegación alemana se compone por partes iguales de representantes del
partido y de los sindicatos. De éstos salen casi siempre oportunistas, pues
suelen elegir a secretarios y otros “bur ócratas” sindicales. En suma, que los
alemanes son incapaces de mantener una línea firme de principios en los
congresos internacionales, y la hegemonía en la Internacional se les escapa a
veces de las manos. La impotencia de Wurm frente a Elm no ha hecho sino
ilustrar una vez más la crisis de la socialdemocracia alemana, consistente en
la inminencia del deslinde resuelto e ineludible con los oportunistas.
En la cuestión de la ayuda
económica al partido por parte de las cooperativas, Elm y Jaurès también han
conseguido en la subcomisión una concesión excesiva de los belgas, los cuales
han transigido con la formulación: “Se permite a las cooperativas de cada pa ís
decidir si han de aportar alguna ayuda, y en qué medida, directamente de sus
fondos, al movimiento político y sindical”.
175
Cuando el proyecto de la subcomisión ha vuelto a la comisión
para que lo sancionaran definitivamente, hemos puesto toda la atención en estos
dos puntos. Hemos propuesto con Guesde dos enmiendas (las principales): en
primer término, sustituir las palabras “(las cooperativas) ayudan a los obreros
a preparar la democratización y la socialización de la producción y del
intercambio” por las palabras: “(las cooperativas) ayudan en cierta medida a
preparar el funcionamiento de la producción y del intercambio una vez
expropiada la clase de los capitalistas”. El sentido de esta enmienda,
formulada con un estilo no del todo acertado, no consiste en que las
cooperativas no puedan ayudar a los obreros hoy día, sino en que el
funcionamiento de los futuros producción e intercambio, preparados hoy ya por las cooperativas, puede empezar sólo después de la expropiación de los
capitalistas. La segunda enmienda se ha referido al punto que trata de la
actitud de las cooperativas frente al partido, hemos propuesto añadir las palabras
“lo que (o sea, la ayuda a la lucha obrera), en todo caso, es deseable desde el
punto de vista del socialismo” o sustituir todo ese punto por otro, que
recomienda directamente a los socialistas
de las cooperativas propagar y defender la necesidad de ayudar directamente a
la lucha de clase del proletariado.
La comisión ha rechazado las
dos enmiendas, que han reunido sólo unos quince votos. Los
socialistas-revolucionarios277 han
votado —como siempre en los congresos internacionales— por Jaurès. Ante el
público ruso están dispuestos a reprochar de oportunista hasta a Bebel, y ante
el europeo ¡siguen a Jaurès y a Elm! Wurm ha intentado corregir el final de la
resolución, cambiando de lugar los tres párrafos últimos. Que se diga antes que
es deseable la unión de las cooperativas en una federación (segundo párrafo
desde el final). Que se declare luego que depende de las cooperativas prestar
ayuda directa al partido o no prestarla (tercer párrafo desde el final). Y que
el último párrafo empiece con las palabras: “pero” (pero el congreso declara que son deseables relaciones más estrechas
cada voz entre el partido, los sindicatos y las cooperativas). Entonces estará
claro por el contexto general que el
congreso recomienda a las
cooperativas que ayuden al partido. ¡Elm ha rechazado incluso esta enmienda! Wurm la ha retirado. Entonces
Wihaut la ha presentado en su nombre, nosotros hemos votado por ella, pero ha
sido rechazada.
![]()
277 Véase la nota 5.
La cuestión de las cooperativas en el Congreso Socialista
Internacional de Copenhague
Hemos conferenciado con
Guesde acerca de qué posición adoptar en el pleno del congreso. Guesde ha
opinado —y su opinión la han compartido los socialdemócratas revolucionarios
alemanes— que no vale la pena promover una guerra en el pleno del congreso por enmiendas
parciales, que se debe votar, en general, en pro de la resolución. Los defectos de ésta consisten en que se ha admitido una frase
revisionista, que no sustituye la definición del objetivo del socialismo, sino
que está al lado de esta definición,
y en una expresión insuficientemente
enérgica de la idea de que las cooperativas obreras deben apoyar la lucha de la clase obrera. Se debería procurar
corregir estos defectos, pero no ha habido fundamento para promover en el pleno
una lucha por ellos. Hemos estado de acuerdo con esta opinión de Guesde, y la
resolución se ha aprobado por unanimidad en el pleno del congreso.
Resumiendo la labor del congreso en torno a la cuestión de las
cooperativas, debemos decir
—sin ocultarnos a nosotros
mismos ni a los obreros los defectos de la resolución—, que la Internacional ha
dado una definición acertada, en los rasgos fundamentales, de las tareas de las
cooperativas proletarias. Todo miembro del partido, todo obrero socialdemócrata,
todo obrero cooperativista consciente debe regirse por la resolución aprobada y
encauzar toda su actividad según el espíritu de la misma.
El Congreso de Copenhague
significa la fase del desarrollo del movimiento obrero cuando éste se
desenvolvía preferentemente, por así decir, en amplitud y empezaba a arrastrar
al cauce de la lucha de clases a las cooperativas proletarias. Las discrepancias
con los revisionistas se han perfilado, pero éstos aún están lejos de actuar
con un programa independiente. La lucha contra el revisionismo se ha aplazado,
pero vendrá ineludiblemente.
Publicado el 25 de
septiembre (8 de octubre) de 1910 en el Núm. 17 de “Sotsial-Demokrat”.
T. 19, págs. 345-354.
Las enseñanzas de la revolución
176
LAS ENSEÑANZAS DE LA
REVOLUCIÓN.
Han pasado cinco años desde
que, en octubre de 1905, la clase obrera de Rusia asestó el primer golpe
contundente al absolutismo zarista. En aquellos grandes días, el proletariado
puso en pie de lucha contra sus opresores a millones de trabajadores. En unos
cuantos meses de 1905 conquistó mejoras que en vano esperó decenas de años que
le concedieran las “autoridades”. El proletariado conquistó para todo el pueblo
ruso, si bien para muy poco tiempo, la libertad de prensa, de reunión y de
asociación, hasta entonces desconocidas en Rusia. Barrió de su camino la
falseada Duma de Bulyguin,278 arrancó al zar el manifiesto sobre la
Constitución e hizo imposible, de una vez para siempre, el gobierno de Rusia
sin instituciones representativas.
Las grandes victorias del
proletariado quedaron sólo en victorias a medias, ya que no fue derrocado el
poder zarista. La insurrección de diciembre acabó en una derrota, y el
absolutismo zarista empezó a arrebatar, una por una, las conquistas de la clase
obrera conforme se iba debilitando la presión de esta última, conforme se iba
debilitando la lucha de las masas. Las huelgas de los obreros, y los disturbios
de los campesinos y de los soldados fueron mucho más débiles en 1906 que en
1905; pero, a pesar de todo, aún tuvieron mucha virulencia. El zar disolvió la
primera Duma, durante cuya existencia empezó a propagarse de nuevo la lucha del
pueblo; pero no se atrevió a modificar inmediatamente la ley electoral. En
1907, la lucha de los obreros se debilitó más aún, y el zar, al disolver la
segunda Duma, dio un golpe de Estado (3 de junio de 1907)279, violó sus promesas más solemnes de no dictar leyes sin la
conformidad de la Duma y modificó la ley electoral de manera que alcanzasen la
mayoría de la Duma con absoluta seguridad los terratenientes y los
capitalistas, el partido de las centurias negras y sus secuaces.
Tanto las victorias como las
derrotas de la revolución han ofrecido grandes enseñanzas históricas al pueblo
ruso. Al conmemorar el quinto aniversario de 1905, tratemos de comprender
nosotros mismos el contenido principal de estas enseñanzas.
La enseñanza primera y fundamental estriba en que sólo la lucha revolucionaria de las masas es capaz de conseguir
mejoras algo serias en la vida de los obreros y en el gobierno del Estado. Ni
la “simpatía” de la gente culta por los obreros ni la lucha heroica de
terroristas individuales han podido minar el absolutismo zarista ni la
omnipotencia de los capitalistas. Ha podido hacerlo únicamente la lucha de los
mismos obreros, la lucha conjunta de millones de hombres, y cuando esta lucha
se debilitaba, se comenzaba a arrebatar inmediatamente a
![]()
278 Véase la nota 10.
279 Lenin alude al golpe reaccionario de
Estado del 3 (16) de junio de 1907 que se manifestó en la disolución de la II
Duma de Estado por el gobierno y en la modificación de la ley electoral. La
nueva ley electoral aumentó considerablemente la representación de los
terratenientes y de la burguesía comercial e industrial en la Duma y redujo en
varias veces la ya de por sí exigua de los campesinos y los obreros. Fue una
burda infracción del manifiesto del 17 de octubre de 1905 y de la Ley
Fundamental de 1906, según los cuales el gobierno no podía promulgar leyes sin
la sanción de la Duma de Estado. La nueva ley electoral privaba del derecho al
voto a la población autóctona de la Rusia asiática y dejaba en la mitad la
representación de la población de Polonia y del Cáucaso. En toda Rusia se privó
del derecho a votar a los que no sabían ruso. La III Duma, elegida según esta
ley, y reunida el 1 de noviembre de 1907, fue por su composición
ultrarreaccionária y octubrista.
Sobre la legislación agraria de Stolypin véase la nota 257.
Las enseñanzas de la revolución
los obreros lo que éstos habían
conquistado. La revolución rusa ha confirmado lo que se canta en el himno
internacional de los obreros.
“Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador;
nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor”.
La segunda enseñanza es que no basta minar y poner coto al poder zarista. Hay que
destruirlo. Mientras el poder zarista no sea destruido, las concesiones del zar
no serán sólidas. El zar hacía concesiones cuando el empuje de la revolución se
acentuaba; y las anulaba todas cuando este empuje disminuía. Sólo la conquista
de la República democrática, el derrocamiento del poder zarista y el paso del
poder a manos del pueblo pueden liberar a Rusia de la violencia y de la
arbitrariedad de los funcionarios, de la Duma compuesta por gente de las
centurias negras y de los octubristas, de la omnipotencia de los terratenientes
y de los lacayos de los terratenientes en el campo. Si las calamidades de los
campesinos y de los obreros son ahora, después de la revolución, más duras que
antes, ésta es la expiación por la debilidad de la revolución, por no haberse
derrocado el poder zarista. El año de 1905 y, después, las dos primeras Dumas y
su disolución enseñaron muchísimo al pueblo; en primer lugar, le enseñaron a
luchar de mancomún por reivindicaciones políticas. Una vez despierto para la
vida política, el pueblo comenzó por pedir concesiones a la autocracia: que el
zar convocara la Duma, remplazase a los viejos ministros por otros y
“concediera” el sufragio universal. Pero la autocracia no hacía ni podía hacer
tales concesiones. A la petición de concesiones la autocracia contestó con las
bayonetas. Entonces el pueblo comenzó a ver que era imprescindible la lucha contra el poder autocrático.
Ahora puede afirmarse que Stolypin y la Duma negra, señorial, meten a
machamartillo esta idea en el cerebro de los campesinos. Quieren con seguirlo y
lo conseguirán.
La autocracia zarista ha
sacado también enseñanzas de la revolución. Ha visto que no puede cifrar
esperanzas en la fe de los campesinos en el zar. Ahora refuerza su poder
mediante la alianza con los terratenientes de las centurias negras y con los
fabricantes octubristas. Para derribar a la autocracia zarista hace falta que
el empuje de la lucha revolucionaria de masas sea mucho más fuerte que en 1905.
177
¿Es posible un empuje mucho
más fuerte? La respuesta a esta pregunta nos lleva a la tercera enseñanza, la más
importante, de la revolución. Esta enseñanza consiste en que hemos visto cómo actúan las diversas clases del
pueblo ruso. Hasta 1905, a muchos les parecía que todo el pueblo aspiraba por igual a la libertad y quería la misma
libertad; al menos, la inmensa mayoría carecía de una noción clara de que las
distintas clases del pueblo ruso mantenía una actitud distinta frente a la
lucha por la libertad y aspiraban a una libertad distinta. La revolución ha
disipado la bruma. A finales de 1905 y después, durante la primera y la segunda
Dumas, todas las clases de la
sociedad rusa actuaron abiertamente. Se mostraron en la liza, pusieron de
manifiesto cuáles eran sus verdaderas aspiraciones, por qué objetivos pueden
luchar y con cuánta fuerza, tesón y energía son capaces de luchar.
Los obreros fabriles, el
proletariado industrial sostuvo la lucha más denodada y tenaz contra la
autocracia. El proletariado empezó la revolución desde la jornada del 9 de
enero280 y con huelgas masivas. El proletariado
llevó la lucha hasta el fin, alzándose a la insurrección armada en diciembre de
1905, en defensa de los campesinos ametrallados, aporreados, torturados. El
número de huelguistas en 1905 fue de cerca de tres millones (e incluyendo a los ferroviarios, a los empleados de
Correos, etc., seguramente unos cuatro millones); en 1906, de un millón; y en
1907, de tres cuartos de millón. El mundo aún no había conocido un
![]()
280 Véase la nota 14
Las enseñanzas de la revolución
movimiento huelguístico tan
pujante. El proletariado ruso demostró qué fuerzas sin aprovechar aún entrañan
las masas obreras cuando madura una crisis revolucionaria de verdad. La mayor
ola huelguística del mundo, la de 1905, estuvo muy lejos de agotar las fuerzas
combativas del proletariado. Por ejemplo, en la región industrial de Moscú
había 567.000 obreros fabriles y 540.000 huelguistas; y, en la de San
Petersburgo, 300.000 obreros fabriles y un millón de huelguistas. Por
consiguiente, los obreros de la región de Moscú estuvieron muy lejos de poner
en la lucha el mismo tesón que los petersburgueses. Y en la provincia de
Liflandia (ciudad de Riga), con 50.000 obreros hubo 250.000 huelguistas, es
decir, cada obrero estuvo en huelga en 1905, por término medio, más de cinco
veces. Ahora, en toda Rusia hay no menos de tres millones de obreros fabriles,
mineros y ferroviarios, y esta cifra aumenta de año en año; si el movimiento
tuviera la pujanza que tuvo en Riga en 1905, los obreros podrían poner en línea
un ejército de quince millones de
huelguistas.
Ante una pujanza como ésa no
se habría podido sostener ningún poder zarista. Pero todo el mundo comprende
que tal pujanza no se puede suscitar de manera artificiosa, por deseo de los
socialistas o de los obreros de vanguardia. Dicha pujanza es sólo posible
cuando la crisis, la indignación y la revolución se extienden por todo el país.
Para prepararla hay que incorporar a la lucha a los sectores más atrasados de
los obreros, hay que desplegar durante años y años una vasta, persistente e
infatigable labor de propaganda, agitación y organización, creando asociaciones
y organizaciones de toda índole del proletariado y fortaleciéndolas.
Por el vigor de la lucha, la
clase obrera de Rusia aventajaba a todas las demás clases del pueblo ruso. Las
condiciones mismas de vida de los obreros los hacen aptos para la lucha y los
impulsan a ella. El capital reúne a los obreros en grandes masas en las grandes
ciudades, los cohesiona y les enseña a actuar unidos. Dan de cara a cada paso
con su enemigo principal, la clase de los capitalistas. Combatiendo a este
enemigo, el obrero se hace socialista,
comprende la necesidad de reorganizar por completo la sociedad y poner fin a
toda miseria y toda opresión. Al hacerse socialistas, los obreros luchan con
valentía y abnegación contra todo lo que se les opone en su camino y, ante
todo, contra el poder zarista y los terratenientes feudales.
Los campesinos se alzaron
asimismo en la revolución a la lucha contra los terratenientes y contra el
gobierno, pero su lucha era mucho más débil. Se calcula que en la lucha
revolucionaria, en las huelgas, participó la mayoría de los obreros fabriles
(las tres quintas partes); pero de los campesinos participaron sin duda alguna
sólo una minoría: probablemente, no más de la quinta o la cuarta parte. Los
campesinos lucharon con menos tenacidad, más diseminados, de manera menos
consciente, a menudo sin haber perdido aún la esperanza en la bondad del
padrecito zar. En 1905— 1906, los campesinos, propiamente hablando, no hicieron
más que asustar al zar y a los terratenientes. Pero lo que hace falta no es
asustarlos, sino aniquilarlos , así
como también es necesario barrer de la faz de la tierra su gobierno, el gobierno zarista
. Ahora, Stolypin y la Duma negra, terrateniente, se esfuerzan por hacer de los
campesinos ricos nuevos terratenientes de caserío, aliados del zar y de las
centurias negras.281 Pero mientras más ayude el zar y la
Duma a los campesinos ricos a arruinar a la masa de los agricultores, más
consciente se hará esta masa, menor será la fe que tenga en el zar, fe de
esclavos de la gleba, fe de gente subyugada e ignorante. Cada año aumenta el
número de obreros agrícolas en el campo: su única salvación está en la alianza
con los obreros de la ciudad para la lucha común.
178
Cada año aumenta en pueblos
y aldeas el número de campesinos arruinados, sumidos en la más completa miseria
y hambrientos; cuando el proletariado de las ciudades se alce, millones
![]()
281 Véase la nota 18.
Las enseñanzas de la revolución
y millones de esos
campesinos arruinados se lanzarán a una lucha más resuelta y aunada contra el
zar y los terratenientes.
En la revolución tomó parte
también la burguesía liberal, es decir, los terratenientes, los fabricantes,
los abogados, los profesores, etc. liberales. Constituyen el partido de la
“libertad del pueblo” (demócratas constitucionalistas). Prometieron mucho al
pueblo y armaron mucho ruido en sus periódicos, hablando de libertad. Tenían la
mayoría de los diputados en la primera y segunda Dumas. Prometían conseguir la
libertad “por la vía pacífica” y condenaban la lucha revolucionaria de los
obreros y campesinos. Los campesinos y muchos de los diputados campesinos
(“trudoviques”) creyeron esas promesas y fueron sumisos y obedientes tras los
liberales, eludiendo la lucha revolucionaria del proletariado. Ese fue el craso
error de los campesinos (y de mucha gente de la ciudad) durante la revolución.
Los liberales contribuían con una mano, y eso muy rara vez, a la lucha por la
libertad; la otra se la tendían siempre al zar, prometiéndole conservar y
reforzar su poder, conciliar a los campesinos con los terratenientes, “apaciguar”
a los obreros “revoltosos”.
Cuando la revolución llegó a
la lucha resuelta contra el zar, a la insurrección de diciembre de 905, todos
los liberales sin excepción traicionaron de manera canallesca la libertad del
pueblo, abandonaron la lucha. La autocracia zarista aprovechó esta traición de
los liberales a la libertad del pueblo, aprovechó la ignorancia de los
campesinos que tenían mucha fe en los liberales, y derrotó a los obreros
insurrectos. Y cuando el proletariado fue derrotado, no hubo Dumas, ni
discursos almibarados de los demócratas constitucionalistas, ni promesas de
éstos que impidieran al zar destruir los restos de la libertad y restablecer la
autocracia y la omnipotencia de los terratenientes feudales.
Los liberales se vieron
engañados. Los campesinos recibieron una lección dura, pero útil. En Rusia no
habrá libertad mientras las grandes masas del pueblo crean a los liberales,
crean en la posibilidad de una “paz” con el poder zarista y eludan la lucha revolucionaria
de los obreros. En el mundo no habrá fuerza capaz de impedir el advenimiento de
la libertad en Rusia cuando la masa del proletariado urbano se alce a la lucha,
aparte a los liberales vacilantes y traidores y lleve en pos de sí a los obreros
agrícolas y a los campesinos arruinados.
Y que el proletariado de
Rusia se alzará a una lucha como ésa, que se colocará de nuevo a la cabeza de
la revolución, lo garantiza toda la situación económica de Rusia, toda la
experiencia de los años revolucionarios.
Hace cinco años, el
proletariado asestó el primer golpe a la autocracia rusa. Brillaron para el
pueblo ruso los primeros rayos de la libertad. Hoy se ha entronizado de nuevo
la autocracia zarista; vuelven a reinar y gobernar los feudales; vuelve a
imperar por doquier la violencia contra los obreros y los campesinos; imperan
en todas partes el despotismo asiático de las autoridades y los viles ultrajes
al pueblo. Pero las duras enseñanzas no serán estériles. El pueblo ruso no es
el mismo de antes de 1005. El proletariado le ha enseñado a luchar. El
proletariado lo llevará a la victoria.
Publicado el 30 de
octubre (12 de noviembre) de 1910 en el núm. 1 de “Rabóchaya Gazeta”.
T. 19, págs. 416-424.
179
LEON TOLSTÓI.
Ha muerto León Tolstói. Su
importancia mundial como artista y su celebridad universal como pensador y
predicador reflejan, a su modo, la trascendencia universal de la revolución
rusa.
León Tolstói se reveló ya
como un gran artista en los tiempos del régimen de la servidumbre. En la serie
de obras geniales que escribió en los cincuenta años largos de su labor
literaria, pintó principalmente a la vieja Rusia prerrevolucionaria que incluso
después de 1861 siguió en estado de semiservidumbre; a la Rusia rural, a la
Rusia del terrateniente y el campesino. Al pintar este período de la vida
histórica de Rusia, León Tolstói supo plantear tantas cuestiones cardinales en
sus escritos y alcanzó en su arte tanta fuerza que sus obras figuran entre las
mejores de la literatura mundial. La época en que se preparaba la revolución en
uno de los países oprimidos por los señores feudales fue, gracias a la manera
genial en que Tolstói la trató, un paso adelante en el desarrollo artístico de
toda la humanidad.
Tolstói es conocido como
artista sólo por una minoría insignificante incluso en Rusia. Para hacer
efectivamente sus grandes obras patrimonio de todos hay que luchar, y esta lucha debe estar encauzada contra el
régimen social que ha condenado a millones y millones de seres a la ignorancia,
al embrutecimiento, a un trabajo de forzados y a la miseria; hay que hacer la
revolución socialista.
Tolstói no sólo escribió
obras literarias que siempre serán apreciadas y leídas por las masas cuando
éstas creen para sí condiciones de vida humanas, derrocando la opresión de los
terratenientes y los capitalistas; supo también describir con fuerza admirable
el estado de ánimo de las grandes masas sojuzgadas por el orden de cosas
contemporáneo, supo pintar su situación y expresar sus sentimientos espontáneos
de protesta e indignación. Tolstói, que perteneció, principalmente, a la época
de 1861-1904, reflejó con asombroso realce en sus obras —como artista, como
pensador y predicador— los rasgos de la especificidad histórica de toda la
primera revolución rusa, su fuerza y su debilidad.
Uno de los principales
rasgos distintivos de nuestra revolución consiste en que fue una revolución
burguesa campesina en una época de
gran desarrollo del capitalismo en el mundo entero y relativamente alto en
Rusia. Fue una revolución burguesa, pues su tarea inmediata era derrocar la
autocracia zarista, la monarquía zarista, y destruir el sistema de posesión de
la tierra por los terratenientes, y no derrocar la dominación de la burguesía.
El campesinado, sobre todo, no tenía conciencia de esta última tarea, no
comprendía su diferencia de otros objetivos de la lucha más próximos e
inmediatos. Y fue una revolución burguesa campesina porque las condiciones
objetivas pusieron en primer plano la necesidad de hacer cambios en las
condiciones cardinales de vida del campesinado, de destruir el viejo sistema
medieval de posesión de la tierra, de “desbrozar el terreno” para el
capitalismo; las condiciones objetivas llevaron a las masas campesinas al
ámbito de una actividad histórica más o menos independiente.
Las obras de Tolstói
expresaron la fuerza y la debilidad, la potencia y la limitación del movimiento
precisamente campesino de masas. Su protesta calurosa, apasionada y muchas
veces de una dureza implacable contra el Estado y la Iglesia policiaco-oficial
refleja el pensar y el sentir de la primitiva democracia campesina, en la que
siglos de servidumbre, de arbitrariedad y saqueo por parte de los funcionarios,
de jesuitismo, de engaños y
embaucamientos eclesiásticos
acumularon montañas de cólera y odio. Su negación inexorable de la propiedad
privada de la tierra refleja la psicología de la masa campesina en el momento
histórico en que el viejo sistema medieval de posesión de la tierra —tanto de
la tierra de los terratenientes como de la del Estado asignada en parcelas a
los campesinos— acabó por convertirse en un estorbo insoportable para el
desarrollo del país, en el momento histórico en que este viejo sistema de
posesión de la tierra debía ser inevitablemente destruido del modo más violento
e implacable. Su constante denuncia del capitalismo, llena del más profundo
sentimiento y de la más encendida indignación, refleja todo el espanto del
campesino patriarcal, sobre el que avanzaba un enemigo nuevo, invisible,
incomprensible, que venía de la ciudad o del extranjero —no se sabía a ciencia
cierta— y destruía todos los “puntales” de la vida del campo, trayendo consigo
una ruina inaudita, la miseria, la muerte por hambre, el embrutecimiento, la
prostitución, la sífilis, todas las calamidades de la “época de la acumulación
originaria”, agravadas cien veces al ser trasplantados al suelo ruso los
modernísimos métodos de saqueo ideados por el señor Cupón.282
180
Pero como fervoroso
protestante, apasionado fustigador y gran crítico, puso también de manifiesto
en sus obras una incomprensión de las causas de la crisis que se cernía sobre
Rusia, y de los medios para salir de ella, propia tan sólo de un campesino patriarcal
e ingenuo, y no de un escritor con cultura europea. La lucha contra el Estado
feudal y policiaco, contra la monarquía, se convirtió para él en negación de la
política, llevó a la doctrina de la “no resistencia al mal”, a mantenerse
totalmente al margen de la lucha revolucionaria de las masas en 1905-1907. La
lucha contra la Iglesia oficial se conjugaba con la prédica de una religión
nueva, purificada, es decir, de un nuevo veneno, purificado y sutil, para las
masas oprimidas. La negación de la propiedad privada sobre la tierra no llevaba
a concentrar todo el fuego de la lucha contra el enemigo efectivo, contra el
sistema de posesión de la tierra por los terratenientes y su instrumento
político del poder, es decir, la monarquía, sino a lanzar suspiros de ensueño,
vaguedad y lasitud. La denuncia del capitalismo y de las calamidades que éste
originaba a las masas se conjugaba con una actitud de apatía completa frente a
la lucha de liberación que sostiene en todo el mundo el proletariado socialista
internacional.
Las contradicciones
existentes en las ideas de Tolstói no son sólo contradicciones de su propio
pensar, sino un reflejo de las condiciones, complejísimas y contradictorias en
extremo, así como de las influencias sociales y tradiciones históricas que determinaba
la psicología de las distintas clases y capas de la sociedad rusa en la época posterior a la reforma, pero anterior a la revolución.
Por ello sólo puede
aquilatarse acertadamente a Tolstói desde el punto de vista de la clase que,
con su papel político y su lucha en la revolución —primer desenlace de ese nudo
de contradicciones—, demostró que está llamada a ser el jefe en la lucha por la
libertad del pueblo y por liberar a las masas de la explotación; que demostró
su abnegada fidelidad a la causa de la democracia y su capacidad para luchar
contra la limitación y la inconsecuencia de la democracia burguesa (comprendida
la campesina). Sólo puede aquilatarse acertadamente a Tolstói partiendo del
punto de vista del proletariado socialdemócrata.
Fíjense en lo que dicen de
Tolstói los periódicos del gobierno. Vierten lágrimas de cocodrilo, asegurando
que tienen en alta estima al “gran escritor”; pero, al mismo tiempo, defienden
el “santísimo” sínodo.283 Y los santísimos padres acaban de hacer
una canallada de lo más inmunda, enviando a sus popes a la cabecera del
moribundo para engañar al pueblo y decir que Tolstói “se ha arrepentido”. El
santísimo sínodo excomulgó a Tolstói. Tanto mejor. Esa hazaña se le recordará
citando el pueblo ajuste las cuentas a los funcionarios con sotanas, a
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282 "El señor Cupón": expresión figurada que se adoptó en la
literatura de los años 80 y 90 del siglo XIX para mencionar el capital y a los
capitalistas.
283 Véase la nota 259.
los gendarmes de Cristo, a
los negros inquisidores que han apoyado los pogromos contra los hebreos y otras
hazañas de la ultrarreaccionaria pandilla zarista de las centurias negras.
Fíjense en lo que dicen de
Tolstói los periódicos liberales. Salen del paso con esas frases hueras del
lenguaje oficial que emplean los liberales, con esas frases trilladas y
magisteriales sobre “la voz de la humanidad civilizada”, “el eco unánime del mundo
”, las “ideas de la verdad y el bien”, etc., etc., por las que Tolstói
flagelaba con tanta fuerza — y tanta razón— a la ciencia burguesa. Los
periódicos liberales no pueden decir
clara y concretamente qué piensan de las ideas de Tolstói sobre el Estado, la
Iglesia, la propiedad privada de la tierra y el capitalismo, y no porque la
censura les estorbe; todo lo contrario, ¡la censura les ayuda a salir del
apuro!; no pueden porque cada tesis de la crítica de Tolstói es una bofetada al
liberalismo burgués; porque el valiente y franco planteamiento de implacable dureza de las cuestiones más candentes
y malditas de nuestra época por Tolstói es una
bofetada a las frases estereotipadas, a los trillados subterfugios y a la
falsedad escurridiza, “civilizada”, de nuestra prensa liberal (y liberal—
populista). Los liberales se alzan unánimes en defensa de Tolstói, contra el
sínodo; mas, al mismo tiempo, están por... los de Veji,284 con los que “se puede discutir”, pero
con los que “hay” que convivir en un mismo partido, con los que “hay” que
trabajar conjuntamente en la literatura y en la política. Pero Antonio, el
obispo de Volynia se da el pico con los de Veji.
Los liberales colocan en
primer plano que Tolstói es “la gran conciencia”. ¿Acaso no es ésta una frase
huera que repiten de mil maneras Nóvoie
Vremia 285 y todos los demás órganos de prensa
semejantes? ¿Acaso no es eso eludir las cuestiones concretas de la democracia y
el socialismo planteadas por Tolstói? ¿Acaso no pone eso en primer plano lo que
expresa los prejuicios de Tolstói, y no su razón, lo que en él pertenece al
pasado, y no al futuro, su negación de la política y su prédica del
autoperfeccionamiento moral, y no su violenta protesta de toda dominación de
clase?
Ha muerto Tolstói, y quedó
en el pasado la Rusia anterior a la revolución, la Rusia cuya debilidad e
impotencia se expresaron en la filosofía del genial artista y vemos reflejadas
en sus obras. Pero en su herencia hay cosas que no pertenecen al pasado, sino
al futuro. Esa herencia pasa a manos del proletariado de Rusia, que la está
estudiando. El explicará a las masas trabajadoras y explotadas la significación
de la crítica que Tolstói hizo del Estado, de la Iglesia, de la propiedad
privada de la tierra; y no lo hará para que las masas se limiten a
autoperfeccionarse y a suspirar por una vida santa, sino para que se alcen con
el fin de asestar un nuevo golpe a la monarquía zarista y a la posesión
terrateniente, que en 1905 sólo fueron ligeramente quebrantadas y que deben ser
destruidas. Explicará a las masas la crítica que Tolstói hizo del capitalismo,
pero no lo hará para que las masas se limiten a maldecir el capitalismo y el
poder del dinero, sino para que aprendan a apoyarse, a cada paso de su vida y de
su lucha, en las conquistas técnicas y sociales del capitalismo, para que
aprendan a agruparse en un ejército único de millones de luchadores socialistas
que derrocarán el capitalismo y crearán una nueva sociedad sin miserias para el
pueblo, sin explotación del hombre por el hombre.
Publicado el 16 (29)
de noviembre de 1910 en el núm. 18 de “Sotsial-Demokrat”.
T. 20, págs. 19-24.
![]()
284 Véase la nota 267.
285 Véase la nota 153.
Las divergencias en el movimiento obrero europeo
182
LAS
DIVERGENCIAS EN EL MOVIMIENTO OBRERO EUROPEO.
I
Las divergencias tácticas
fundamentales que se manifiestan en el movimiento obrero de nuestros días en
Europa y en América se reducen a la lucha contra dos importantes corrientes que
se desvían del marxismo, el cual es hoy, en la práctica, la teoría dominante en
dicho movimiento. Estas dos corrientes son: el revisionismo (oportunismo,
reformismo) y el anarquismo (el anarcosindicalismo, anarcosocialismo). Ambas
desviaciones de la teoría y de la táctica marxistas, teoría y táctica
dominantes en el movimiento obrero, se registran con diversas formas y
distintos matices en todos los países civilizados a lo largo de la historia de
más de medio siglo del movimiento obrero de masas.
Este solo hecho evidencia ya
que no es posible explicar dichas desviaciones ni como casualidades ni como
equivocaciones de tales o cuales personas o grupos, ni siquiera por la
influencia de las peculiaridades o tradiciones nacionales, etc. Tiene que haber
causas cardinales, inherentes al régimen económico y al carácter del desarrollo
de todos los países capitalistas, que originan constantemente estas
desviaciones. Un librito del marxista holandés Anton Panneckoek, aparecido el
año pasado con el título de Las
divergencias tácticas en el movimiento obrero (Die taktitchen Differenzen in der Arbeiterbewegung, Hamburg,
Erdmann Dubber, 1909), es un intento interesante de analizar científicamente
dichas causas. En la exposición que sigue daremos a conocer al lector las
conclusiones a que ha llegado Panneckoek, conclusiones que no se puede menos de
reconocer atinadas por completo.
Una de las causas más
profundas que originan periódicamente divergencias en la táctica es el propio
hecho de que el movimiento obrero crece. Si no lo medimos con el rasero de
algún ideal fantástico, si lo examinamos como un movimiento práctico de hombres
corrientes, quedará claro que la incorporación de más y más
"reclutas" y la inclusión de nuevos sectores de las masas
trabajadoras deben ir acompañadas inexorablemente de vacilaciones en el terreno
de la teoría y de la táctica, de la repetición de viejos errores, de la vuelta
temporal a conceptos y métodos anticuados, etc. El movimiento obrero de cada
país emplea periódicamente más o menos energía, atención y tiempo para
"instruir" a los reclutas.
Además, el desarrollo del
capitalismo no es igual de rápido en los diversos países y en las distintas
ramas de la economía nacional. La clase obrera y sus ideólogos asimilan el
marxismo con mayores facilidad, prontitud, extensión y solidez allí donde más
desarrollada está la gran industria. Las relaciones económicas atrasadas o que
van a la zaga en su desarrollo conducen siempre a la aparición de partidarios
del movimiento obrero que asimilan sólo algunos aspectos del marxismo, sólo
partes separadas de la nueva concepción del mundo o consignas y
reivindicaciones sueltas, sin sentirse capaces de romper resueltamente con
todas las tradiciones de la concepción burguesa en general y de la democrática
burguesa en particular.
Además, el carácter
dialéctico del desarrollo social, que transcurre entre contradicciones y
mediante contradicciones, constituye una fuente permanente de discrepancias. El
capitalismo es un factor de progreso porque destruye los viejos modos de
producción y
Las divergencias en el movimiento obrero europeo
desarrolla las fuerzas
productivas; pero, al llegar a cierto grado de desarrollo, frena al paso el
incremento de las fuerzas productivas. El capitalismo desarrolla, organiza,
disciplina a los obreros, pero también aplasta, oprime, causa la degeneración, la
miseria, etc. El propio capitalismo crea a su sepulturero, él mismo crea los
elementos del nuevo régimen; pero, al propio tiempo, si no se produce un
"salto", estos elementos sueltos en nada cambian el estado general de
cosas, no lesionan el dominio del capital. El marxismo, como teoría del
materialismo dialéctico, sabe explicar estas contradicciones de la vida real,
de la historia palpitante del capitalismo y del movimiento obrero. Ahora bien,
se comprende de por sí que las masas aprenden de la vida, y no de los libros,
por lo que algunas personas o grupos suelen exagerar y erigir siempre en teoría
unilateral, en sistema táctico unilateral tal o cual rasgo del desarrollo
capitalista, tal o cual "enseñanza" derivada de este desarrollo.
Los ideólogos, los liberales
y los demócratas burgueses que no comprenden el marxismo ni el movimiento
obrero moderno, pasan constantemente de un extremo de impotencia a otro. Tan
pronto pretenden explicarlo todo, diciendo que gentes malvadas "azuzan"
a una clase contra otra, como se consuelan creyendo que el partido obrero es
"un partido pacífico de reformas". Deben tenerse por producto directo
de esta concepción burguesa y de su influencia el anarcosindicalismo y el
reformismo, que se aferran a un solo aspecto del movimiento obrero y erigen esa
unilateralidad en teoría, declarando incompatibles las tendencias o rasgos del
movimiento obrero que constituyen la peculiaridad específica de tal o cual
período, de tales o cuales condiciones de actuación de la clase obrera. Pero la
vida real, la historia real implica
estas tendencias diversas de manera similar a como la vida y el desarrollo de
la naturaleza implican la evolución lenta y los saltos rápidos, las
interrupciones del movimiento paulatino.
183
Los revisionistas creen que
los razonamientos en torno a los "saltos" y al antagonismo de
principio entre el movimiento obrero y toda la vieja sociedad son meras
palabras. Creen que las reformas son una plasmación parcial de socialismo. El
anarcosindicalista rechaza la "labor menuda", sobre todo la
utilización de la tribuna parlamentaria. En la práctica, esta última táctica se
reduce a esperar "días grandes", y eso se hace sin saber reunir al
paso las fuerzas creadoras de los grandes acontecimientos. Unos y otros frenan
la obra principal y más apremiante: la de agrupar a los obreros en
organizaciones nutridas y robustas que funcionen bien y sepan funcionar bien en
cualesquiera circunstancias, en
organizaciones rebosantes de espíritu de lucha de clase que tengan una visión
clara de sus objetivos y estén educadas en la verdadera concepción marxista del
mundo.
Aquí nos permitiremos una
pequeña digresión y diremos entre paréntesis, a fin de evitar posibles
malentendidos, que Panneckoek ilustra su análisis con ejemplos tomados exclusivamente de la historia de Europa
Occidental, sobre todo de Alemania y Francia, sin tener en cuenta para nada
a Rusia. Si alguna vez parece que alude a Rusia, eso se debe sólo a que las tendencias principales
originadas por ciertas desviaciones de la táctica marxista se manifiestan
asimismo en nuestro país, a pesar de las enormes diferencias de cultura, modo
de vida y tipo histórico de economía que hay entre Rusia y Occidente.
Por último, una causa muy
importante de discrepancia entre los participantes en el movimiento obrero
reside en los cambios de táctica de las clases gobernantes, en general, y de la
burguesía, en particular. Si la táctica de la burguesía fuera siempre similar
o, al menos, homogénea, la clase obrera no tardaría en aprender a responder a
ella con una táctica igual de similar y homogénea. Pero, en la práctica, la
burguesía de todos los países pone en juego inexorablemente dos sistemas de
gobierno, dos métodos de lucha para defender sus intereses y su dominación, dos
métodos que se alternan o entremezclan, formando distintas combinaciones. Se
trata, en primer término, del método de la violencia, método que niega toda
concesión al movimiento obrero, método que apoya todas las instituciones viejas
y caducas, método que rechaza de plano las reformas. Este es el fondo de la
política
Las divergencias en el movimiento obrero europeo
conservadora que, en Europa
Occidental, deja de ser cada día más la política de las clases terratenientes
para convertirse en una variedad de la política burguesa en general. El otro
método es el del "liberalismo", el de dar pasos hacia el desarrollo
de los derechos políticos, hacia las reformas, las concesiones, etc.
Cuando la burguesía pasa de
un método a otro no lo hace obedeciendo a alevosas intenciones de algunos
individuos, ni tampoco por mera casualidad, sino en virtud del carácter
profundamente contradictorio de su propia situación. Una sociedad capitalista
normal no puede desarrollarse con buen éxito sin un régimen representativo
consolidado, si la población, que no puede menos de distinguirse por sus
demandas "culturales" relativamente altas, no goza de ciertos
derechos políticos. Estas demandas de poseer un nivel cultural mínimo son
debidas a las condiciones del propio modo de producción capitalista, con su
técnica elevada, su complejidad, flexibilidad, movilidad, rapidez en el
desarrollo de la competencia mundial, etc. Los cambios de táctica de la
burguesía y el paso de ésta del método de la violencia al de las supuestas
concesiones son, por lo mismo, consustánciales de los últimos cincuenta años de
historia de todos los países europeos, con la particularidad de que, en
determinados períodos, unos países prefieren un método y otros otro. Por
ejemplo, Inglaterra era en los años 60 y 70 del siglo XIX el país clásico de la
política burguesa "liberal". Alemania, en las décadas del 70 y el 80,
aplicaba el método de la violencia, etc.
Cuando en Alemania imperaba
el método de la violencia, la repercusión unilateral de este sistema de
gobierno burgués fue un incremento del anarcosindicalismo, o, como lo llamaban
entonces, del anarquismo en el movimiento obrero ("los jóvenes" al
principio de la década del 90,286
Johann Most a comienzos de la del 80). Cuando en 1890 se produjo el viraje
hacia las "concesiones", éste resultó ser, como siempre, más
peligroso aún para el movimiento obrero, originando una repercusión igualmente
unilateral del "reformismo" burgués: el oportunismo en el movimiento
obrero. "La finalidad positiva, real, de la política liberal de la
burguesía –dice Panneckoek— es desorientar a los obreros, sembrar la escisión
en sus filas, transformar su política en un apéndice impotente de la política
de supuestas reformas, política siempre impotente y efímera".
La burguesía logra a menudo
sus objetivos para cierto tiempo mediante una política "liberal" que,
como indica con razón Panneckoek, es una política "más astuta". Parte
de los obreros y de sus representantes se deja engañar a veces por las
aparentes concesiones. Los revisionistas declaran "anticuada" la
doctrina de la lucha de las clases o comienzan a aplicar una política que, de
hecho, significa una renuncia a la lucha de clase. Los zigzags de la táctica
burguesa dan lugar a que se afiance el revisionismo en el movimiento obrero y
hacen a menudo que las discrepancias en su seno se transformen en escisión
manifiesta.
184
Todas las causas de ese
género promueven divergencias de táctica en el movimiento obrero, en el medio
proletario. Pero entre el proletariado y los sectores de la pequeña burguesía
próximos a él, incluido el campesinado, no hay ni puede haber ninguna muralla
china. Se entiende que el paso de algunos individuos, grupos y sectores de la
pequeña burguesía a las filas del proletariado no puede menos de originar, por
su parte, cambios en la táctica de éste.
La experiencia del
movimiento obrero de los diversos países ayuda a comprender, con ejemplos
concretos de la práctica, el fondo de la táctica marxista, contribuyendo a que
otros
![]()
286 Los
jóvenes: en la
socialdemocracia alemana, grupo pequeñoburgués semianarquista formado en 1890.
Constituían su núcleo fundamental literatos jóvenes y estudiantes (de ahí su
denominación) que pretendían al papel de teóricos y dirigentes del partido.
Esta oposición, que no comprendía las condiciones de la labor del partido
después de la abolición de la Ley de excepción contra los socialistas
(1878-1890), negaba la necesidad de utilizar las formas legales de lucha, se
pronunciaba contra la participación de la socialdemocracia en el parlamento y
acusaba al partido de oportunismo y defender los intereses de la pequeña
burguesía.
Las divergencias en el movimiento obrero europeo
países más jóvenes sepan distinguir con
mayor claridad la verdadera significación clasista de las desviaciones del
marxismo y puedan combatirlas con mayor éxito.
Publicado el 16 de
diciembre de 1910, en el núm. 1 de "Zviezdá".
T. 20, págs. 62-69.
Algunas particularidades del desarrollo histórico del marxismo
185
ALGUNAS
PARTICULARIDADES DEL DESARROLLO HISTÓRICO DEL MARXISMO.
Nuestra doctrina —dijo
Engels en su nombre y en el de su ilustre amigo — no es un dogma, sino una guía
para la acción. Esta tesis clásica subraya con notable vigor y fuerza de
expresión un aspecto del marxismo que se pierde con mucha frecuencia de vista.
Y al perderlo de vista, hacemos del marxismo una doctrina unilateral, deforme,
muerta, le arrancamos el alma viva, socavamos sus cimientos teóricos más
hondos: la dialéctica, la doctrina del desarrollo histórico multilateral y
pleno de contradicciones; quebrantamos su ligazón con las tareas prácticas
concretas de la época, que pueden cambiar con cada nuevo viraje de la historia.
Y precisamente en nuestros
tiempos, entre quienes se interesan por los destinos del marxismo en Rusia se
encuentran con particular frecuencia gentes que pierden de vista justamente ese
aspecto del marxismo. Ahora bien, todos ven claro que estos últimos años Rusia
ha sufrido cambios muy bruscos, que han modificado con rapidez y vigor
extraordinarios la situación política y social, que es lo que determina de
manera directa e inmediata las condiciones de la acción y, por consiguiente,
las tareas de la acción. No me refiero, claro, a las tareas generales y
fundamentales, que no cambian con los virajes de la historia si no cambia la
correlación fundamental entre las clases. Es de una evidencia absoluta que esa
tendencia general de la evolución económica (y no sólo económica) de Rusia no
ha cambiado, digamos, en estos seis años últimos, como tampoco ha cambiado la
correlación fundamental entre las distintas clases de la sociedad rusa.
Pero las tareas de la acción
inmediata y directa han sufrido en este período un cambio muy profundo, puesto
que ha cambiado la situación política y social concreta; por consiguiente, en el marxismo, como doctrina viva, debían de
pasar también a primer plano diversos
aspectos suyos.
Para aclarar esta idea,
veamos cuáles han sido los cambios de la situación política y social concreta
en los últimos seis años. Ante nosotros resaltan en seguida los dos trienios en
que se divide este período: uno termina por el verano de 1907; el otro acaba en
el verano de 1910. El primer trienio se distingue, desde el punto de vista
puramente teórico, por rápidos cambios en los rasgos fundamentales del régimen
estatal de Rusia, con la particularidad de que la marcha de estos cambios fue
muy desigual, y la amplitud de las oscilaciones muy grande en ambas
direcciones. La base económica y social de estos cambios de la
"superestructura" fue la acción de todas las clases de la sociedad rusa en los terrenos más diversos (actividad dentro y fuera
de la Duma, prensa, asociaciones, reuniones, etc.), una acción tan abierta, imponente y masiva como pocas veces registra
la historia.
Por el contrario, el segundo
trienio se distingue — repetimos que esta vez nos limitamos al punto de vista
puramente teórico, "sociológico"— por una evolución tan lenta que
casi equivale al estancamiento. Ningún cambio más o menos apreciable en el
régimen estatal. Ninguna o casi ninguna acción abierta y amplia de las clases en la mayoría de los
"campos" en que durante el período precedente se desarrollaron esas
acciones.
La semejanza de ambos
períodos estriba en que la evolución de Rusia ha sido en el uno y en el otro la
misma de antes, una evolución capitalista. La contradicción existente entre
dicha evolución económica y la pervivencia de numerosas instituciones feudales,
medievales, no
Algunas particularidades del desarrollo histórico del marxismo
ha desaparecido, sigue
siendo la misma, no atenuada, antes bien agravada por la penetración de cierto
contenido parcial de signo burgués en unas u otras instituciones.
La diferencia entre ambos períodos estriba en que, durante el
primero, en el proscenio de la acción histórica figuraba el problema de cuál
sería el resultado de los rápidos y desiguales cambios mencionados. El fondo de
esos cambios, en virtud del carácter capitalista de la evolución de Rusia,
había de ser necesariamente burgués. Pero hay burguesía y burguesía. La
burguesía media y grande, partidaria de un liberalismo más o menos moderado,
temía, por su propia posición de clase, los cambios bruscos y trataba de
conservar restos considerables de las viejas instituciones tanto en el régimen
agrario como en la "superestructura" política. La pequeña burguesía
rural, entrelazada con los campesinos que viven "de su trabajo", por
fuerza debía aspirar a otro género de
transformaciones burguesas que dejaran mucho menos sitio a las supervivencias
medievales de todo tipo. Los obreros asalariados, conscientes de lo que ocurría
a su alrededor, no podían menos de adoptar cierta actitud ante este choque de
dos tendencias dispares que, al quedar las dos enmarcadas en el régimen
burgués, determinaban las formas diferentes por completo de este régimen, la
rapidez totalmente distinta de su desarrollo y la diversa amplitud de la esfera
de sus influencias progresivas.
186
Así pues, la época del
trienio pasado colocó en el primer plano del marxismo, y no por casualidad,
sino por fuerza, las cuestiones que suelen ser denominadas de táctica. Nada más
erróneo que tener las discusiones y divergencias en torno a estas cuestiones
por polémicas "de intelectuales", por una "lucha empeñada con el
fin de lograr la influencia en el proletariado inmaduro" y por
"adaptación de los intelectuales al proletariado", como piensan los
partidarios de toda laya de Veji.
Todo lo contrario, precisamente por haber adquirido madurez, esta clase no
podía ver con indiferencia el choque de las dos tendencias dispares de todo el
desarrollo burgués de Rusia, y los ideólogos de esta clase no podían menos de
exponer las fórmulas teóricas correspondientes (de manera directa o indirecta,
como reflejo directo o inverso) a dichas tendencias.
En el segundo trienio no
estaba planteado a la orden del día el choque de las tendencias dispares del
desarrollo burgués de Rusia, ya que los ultrarreaccionarios habían aplastado,
pospuesto, arrinconado y amortiguado por cierto tiempo ambas tendencias. Los
ultrarreaccionarios medievales no sólo han invadido por completo el proscenio,
sino que han llenado de ánimos de Veji, de abatimiento y apostasía los
corazones de los más amplios sectores de la sociedad burguesa. En vez del
choque de los dos métodos de transformación de lo viejo, han quedado en la
superficie la pérdida de la fe en toda transformación, el espíritu de
"sumisión" y "arrepentimiento", la afición por las
doctrinas antisociales, la moda del misticismo, etc.
Y este cambio de
sorprendente brusquedad no ha sido ni casual ni resultado de una presión
"exterior" nada más. La época anterior había agitado tan
profundamente a sectores de la población apartados de los problemas políticos,
ajenos a ellos durante generaciones enteras, durante siglos, que se hizo
natural e inevitable "revisar todos los valores", estudiar de nuevo
los problemas fundamentales y mostrar un nuevo interés por la teoría, por su
abecé, por su estudio desde las primeras letras. Los millones de seres,
despertados de pronto de un largo sueño y colocados de improviso ante problemas
importantísimos, no podían sostenerse mucho tiempo a esa altura ni avanzar sin
detenerse, sin retornar a las cuestiones elementales y sin una nueva
preparación que les ayudara a "digerir" las enseñanzas de valor
inaudito y a poner a una masa incomparablemente mayor en condiciones de
reanudar el avance, pero ya con paso mucho más firme y seguro, con conciencia
mucho mayor y de manera mucho más consecuente.
Algunas particularidades del desarrollo histórico del marxismo
La dialéctica del desarrollo
histórico ha sido tal que, en el primer período, se planteaba a la orden del
día realizar transformaciones inmediatas en todos los ámbitos de la vida del
país, y, en el segundo, que los más vastos sectores estudiaran la experiencia
adquirida, asimilaran y penetraran, si es lícito expresarse así, en el
subsuelo, en las filas atrasadas de las diferentes clases.
Precisamente porque el
marxismo no es un dogma muerto ni una doctrina acabada, consumada e inmutable,
sino una guía viva para la acción, no podía menos de reflejar en su organismo
el cambio, de asombrosa brusquedad, operado en las condiciones de la vida social.
El reflejo de este cambio ha sido una profunda disgregación, una gran
dispersión, vacilaciones de todo género, en suma, una gravísima crisis interna del marxismo. La enérgica
resistencia ofrecida a esa disgregación, la lucha resuelta y tenaz en pro de los fundamentos del marxismo se ha
puesto de nuevo a la orden del día. Sectores de extraordinaria amplitud de las
clases que no pueden prescindir del marxismo para formular sus tareas lo
asimilaron de un modo unilateral y deforme en extremo en la época anterior,
aprendiéndose de memoria unas u otras "consignas", tales o cuales
soluciones a los problemas tácticos, pero sin
comprender los criterios marxistas para dar con esas soluciones. La
"revisión de todos los valores"
en las diversas esferas de la vida social ha conducido a la
"revisión" de los fundamentos filosóficos más abstractos y generales
del marxismo. La influencia de los matices idealistas más diversos de la
filosofía burguesa se deja sentir entre los marxistas en forma de epidemia machista.
La repetición de "consignas" aprendidas de memoria, pero no
comprendidas ni meditadas, ha conducido a una amplia difusión de la fraseología
huera, concretada en la realidad en tendencias que no tienen nada de marxistas,
en tendencias pequeñoburguesas como el "otzovismo" manifiesto o
disimulado, o en el reconocimiento de esta misma tendencia en calidad de
"matiz legítimo" del marxismo.
Por otra parte, el espíritu
de Veji, el espíritu de apostasía,
que abarcaba a los más amplios sectores de la burguesía, ha penetrado también
en la tendencia que trata de encajar la teoría y la labor práctica marxistas en
el cauce de "la moderación y el orden". Del marxismo no queda ya más
que la fraseología con que se revisten esas consideraciones acerca de la
"jerarquía", la "hegemonía", etc., impregnadas de espíritu
liberal.
En el presente artículo no
podemos proponernos, como es natural, analizar ésas consideraciones. Baste
mencionarlas para ilustrar la profundidad de la crisis que atraviesa el
marxismo, de la cual hablábamos antes, y la relación que tiene con toda la
situación económica y social del período que vivimos. No es posible sustraerse
de los problemas que esta crisis plantea. No hay nada más nocivo ni desafecto a
los principios que tratar de escapar por la tangente con frases. Nada hay tan
importante como la cohesión de todos
los marxistas, conscientes de la profundidad de la crisis y de la necesidad de
combatirla, para salvaguardar las bases teóricas del marxismo y sus tesis
cardinales, desfiguradas desde los lados más opuestos al extenderse la
influencia burguesa entre los diversos "compañeros de viaje" del
marxismo.
187
El trienio anterior ha
elevado a la participación consciente en la vida social a sectores muy amplios,
que a menudo empiezan sólo ahora a conocer debidamente el marxismo. En este
sentido, la prensa burguesa da pábulo a muchos más errores que antes y los difunde
con mucha mayor amplitud. La disgregación en el marxismo supone un peligro
singular en estas condiciones. Por eso, la tarea de la época, en el sentido más
directo y exacto de la palabra, es, para los marxistas, comprender los motivos
que hacen inevitable esa disgregación en los tiempos que atravesamos y unirse
para combatirla de manera consecuente.
Publicado el 23 de
diciembre de 1910 en el núm. 2 de "Zviezdá".
T. 20, págs. 84-89.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
188
LA
“REFORMA CAMPESINA” Y LA REVOLUCIÓN PROLETARIA Y CAMPESINA.
Se ha celebrado el
aniversario que tanto temía la monarquía de los Románov y que despertó tan
beatífico arrobamiento entre los liberales de Rusia. El gobierno zarista lo ha
festejado difundiendo con profusión "entre la gente" folletos
conmemorativos del Club Nacional de las centurias negras, intensificando las
detenciones de todos los "sospechosos", prohibiendo las reuniones en
que pudieran pronunciarse discursos con el más leve tinte democrático, multando
y amordazando a los periódicos y poniendo trabas a los cinematógrafos
"subversivos".
Los liberales lo han
celebrado derramando lágrimas vivas sobre la necesidad de "un segundo 19
de febrero", 287 (Viéstnik
Evropi )288, expresando sus sentimientos de
fidelidad al trono (retrato del zar en primera plana de Riech) 289, hablando de su abatimiento cívico, de
la inestabilidad de la "Constitución" patria, de la funesta rotura de
los "seculares principios agrarios" por la política de Stolypin en el
campo,290 etc., etc.
En un rescripto dirigido a
Stolypin, Nicolás II declaraba que la culminación de la "gran
reforma" del 19 de febrero de 1861 era precisamente la política agraria de
Stolypin, es decir, el abandono de las tierras de los campesinos al saqueo
desenfrenado de un puñado de explotadores, de kulaks y mujiks acomodados, y el
sometimiento del campo a los terratenientes feudales.
Y es preciso reconocer que
Nicolás el Sanguinario, primer terrateniente de Rusia, está más cerca de la
verdad histórica que nuestros beatíficos liberales. El primer terrateniente y
principal señor feudal ha comprendido, mejor dicho, las lecciones recibidas del
Consejo de la Nobleza Unida291 le
han hecho comprender esa verdad de la lucha de clases de que, por todo su
carácter, las "reformas" realizadas por los señores feudales no
pueden menos de ser reformas feudales y de ir acompañadas de un régimen de violencias
de todo género. Nuestros demócratas constitucionalistas y, en general, nuestros
liberales temen el movimiento revolucionario de las masas, único capaz de
borrar de la faz de la tierra a los terratenientes feudales y acabar con su
omnipotencia en el Estado ruso; y ese temor les impide comprender que mientras
no sean derrocados los terratenientes feudales, cualquier reforma —y en
particular las reformas agrarias— sólo es posible al modo feudal, con carácter
feudal y aplicada con métodos feudales. Temer la revolución, soñar con las
reformas y quejarse de que las "reformas" son llevadas a cabo por
señores feudales y al modo feudal es el colmo de la villanía y la estupidez.
Nicolás II tiene mucha más razón y abre mucho mejor
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287 Se trata de la "Reforma
campesina", de la abolición del régimen de servidumbre en Rusia. Llevó a
cabo la reforma el gobierno zarista (el 19 de febrero de 1861) de la manera que
mejor asegurase los intereses de los terratenientes.
288 "Viéstnik Evropi" ("El Mensajero de Europa"): revista
mensual política, histórica y literaria de orientación burguesa liberal; se
publicó en San Petersburgo desde 1866 hasta 1918. Insertaba artículos contra
los marxistas revolucionarios.
289
"Riech" ("La Palabra"):
órgano central del partido Demócrata Constitucionalista; apareció a diario en
San Petersburgo desde febrero de 1906 hasta octubre de 1917.
290 Véase la nota 257.
291 Consejo
de la Nobleza Unida:
organización terrateniente contrarrevolucionaria fundada en mayo de 1906.
Existió hasta octubre de 1917, teniendo por fin principal defender el régimen
autocrático, la gran propiedad latifundista y los privilegios de la nobleza. Un
número considerable de sus miembros formó parte del Consejo de Estado y de los
organismos dirigentes de las asociaciones ultrarreaccionarias.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
los ojos al pueblo ruso
cuando "ofrece" claramente a elegir entre las "reformas"
feudales y la revolución popular que derriba a los terratenientesfeudales.
La Reforma del 19 de febrero
de 1861 fue una reforma feudal que nuestros liberales pueden embellecer y
presentar como una reforma "pacífica" únicamente porque el movimiento revolucionario de Rusia
era a la sazón de una debilidad rayana en la insignificancia y porque entre las
masas oprimidas no había aparecido aún la
clase revolucionaria. El decreto del 9 de noviembre de 1906 y la ley del 14
de junio de 1910292 son reformas feudales del mismo
contenido burgués que la de 1861; pera los liberales no pueden presentarla como una reforma "pacífica", no
pueden embellecerla con tanta facilidad (aunque ya empiezan a hacerlo, como,
por ejemplo, en Rússkaya Mysl ), pues
si bien es posible olvidar a los pocos revolucionarios aislados de 1861, no es
posible olvidar la revolución de 1905. En 1905 nació en Rusia la clase revolucionaria, el
proletariado, que supo incorporar también a la masa campesina al movimiento
revolucionario. Y cuando una clase revolucionaria ha nacido en un país, no
puede ser aplastada por ningún tipo de persecuciones; sólo puede perecer si
perece todo el país, sólo puede morir después de haber triunfado.
- - -
Recordemos los principales
rasgos de la Reforma campesina de 1861. La decantada "emancipación"
fue una expoliación de lo más descarada de los campesinos, a los que se hizo
objeto de una serie de violencias y de continuo escarnio. Con la "emancipación",
en las provincias de tierras negras se arrebató a los campesinos más de la
quinta parte de las tierras que poseían. En algunas provincias se les arrebató
la tercera y aun las dos quintas partes. Con la "emancipación", las
tierras campesinas fueron deslindadas de las de los terratenientes en tal forma
que los campesinos hubieron de trasladarse a verdaderos "arenales",
mientras que las tierras de los terratenientes se enclavaban en las de los
campesinos para que a los nobles aristócratas les fuera más fácil someterlos y
arrendarles tierras a precios de usura. Con la "emancipación" se
obligó a los campesinos a "rescatar" sus propias tierras, haciéndoles
pagar de paso el doble o el triple del precio real de la tierra. En
suma, la "época de las reformas" de la década del 60 dejó al
campesino en la miseria, en el embrutecimiento y en la ignorancia y sometido a
los terratenientes feudales en el dominio de la justicia, de la administración,
de la enseñanza escolar y de los zemstvos.293
189
La "gran reforma"
fue una reforma feudal, y no podía dejar de serlo, pues quienes la aplicaron
fueron los señores feudales. ¿Qué fuerza los obligó a emprender la reforma? La
fuerza del desarrollo económico, que iba llevando a Rusia por la senda del
capitalismo. Los terratenientes feudales no podían evitar el desarrollo del
intercambio comercial de Rusia con Europa, no podían mantener en pie las viejas
formas de economía que se venían abajo. La guerra de Crimea294 puso al desnudo la podredumbre y la impotencia de la Rusia
feudal. Las "revueltas" campesinas, que cada decenio precedente a la
reforma iban en aumento, obligaron a Alejandro II, primer terrateniente, a
reconocer que era preferible proceder a la emancipación desde arriba que esperar el derrocamiento desde abajo.
La "reforma
campesina" fue una reforma burguesa aplicada por señores feudales. Fue un
paso en la transformación de Rusia en una monarquía burguesa. Su contenido era
burgués, y se exteriorizaba tanto más cuanto menos se recortaban las tierras campesinas, cuanto
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292 Véase la nota 257.
293 Véase la nota 28.
294 Guerra
de Crimea de 1853-1856:
guerra de Rusia contra la coalición integrada por Inglaterra, Francia, Turquía
y Cerdeña por la preponderancia en el Próximo Oriente. La Rusia feudal y
atrasada no podía oponerse a los países capitalistas más desarrollados en el
sentido económico de Europa Occidental. La derrota en la guerra socavó el
prestigio de Rusia y debilitó su situación política exterior. La guerra de
Crimea aceleró la maduración de la situación revolucionaria de 1859-1861 en el
país, producto de la cual fueron las reformas burguesas de los años 60 y 70 del
siglo XIX.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
mayor era
su separación de las tierras de los terratenientes, cuanto menor era el tributo (es decir, el "rescate") que tenían
que pagar a los señores feudales, cuanto más
libres de la influencia y la presión de los señores feudales quedaban los
campesinos de cada lugar. Cuando el
campesino se eximía de la potestad de los señores feudales, caía bajo el poder
del dinero, se veía en las condiciones de la producción mercantil y en
dependencia del naciente capital. Y después de 1861, el desarrollo del
capitalismo en Rusia fue tan rápido que en varios decenios hubo
transformaciones que se llevaron siglos enteros en algunos países viejos de
Europa.
La conocida controversia
entre los partidarios del régimen de servidumbre y los liberales, tan exagerada
y embellecida por nuestros historiadores liberales y liberal-populistas, fue
una lucha en el seno de las clases
dominantes, sobre todo entre los
terratenientes, una lucha que se empeñó exclusivamente
en torno al grado y la forma de las
concesiones. Los liberales, lo mismo que los defensores del régimen de
servidumbre, eran partidarios de que se reconociese la propiedad y el poder de
los terratenientes, y condenaban con indignación cualquier idea revolucionaria
sobre la supresión de esa propiedad y el
total derrocamiento de ese poder.
Estas ideas revolucionarias
no podían menos de bullir en la mente de los campesinos siervos. Y si los
siglos de esclavitud habían entorpecido y embrutecido a las masas campesinas
hasta el punto de que durante la reforma sólo fueron capaces de sublevarse en
forma aislada y dispersa, y que más bien eran "revueltas" sin la luz
de ninguna conciencia política, ya entonces había en Rusia revolucionarios que
estaban al lado de los campesinos, comprendían toda la estrechez y mezquindad
de la célebre "reforma campesina" y todo su carácter feudal. Al
frente de estos revolucionarios, cuyo número era reducidísimo, estaba N.
Chernyshevski.
El 19 de febrero de 1861
marca el comienzo de una nueva Rusia, de la Rusia burguesa que surge de la
época feudal. Los liberales de la década del 60 y Chernyshevski son los
representantes de dos tendencias históricas, de dos fuerzas históricas que,
desde entonces y hasta nuestros días, vienen determinando el desenlace de la
lucha por una nueva Rusia. Por esa razón, en el cincuentenario del 19 de
febrero es necesario que el proletariado con conciencia de clase se forme la
idea más clara posible de cuál era la esencia de esas dos tendencias y cuáles
sus relaciones recíprocas.
Los liberales querían
"emancipar" a Rusia "desde arriba", sin destruir la
monarquía del zar ni la propiedad de la tierra y el poder de los
terratenientes, impulsando a éstos a hacer tan sólo "concesiones" en
el espíritu de la época. Los liberales han sido y siguen siendo los ideólogos
de la burguesía, que no puede aceptar el régimen de la servidumbre, pero que
teme la revolución, teme el movimiento de las masas capaz de derrocar la
monarquía y acabar con el poder de los terratenientes. Los liberales se limitan
por eso a la "lucha por las reformas", a la "lucha por los
derechos", es decir, a repartir el poder entre los señores feudales y la
burguesía. Ante tal correlación de fuerzas no
puede haber más "reformas" que las llevadas a cabo por los
señores feudales ni más "derechos" que los limitados por la
arbitrariedad de los señores feudales.
Chernyshevski fue un
socialista utópico que soñaba con el paso al socialismo a través de la vieja
comunidad campesina de tipo semifeudal295 y no
veía, ni podía ver en los años 60 del siglo pasado, que sólo el desarrollo del
capitalismo y del proletariado es capaz de crear las condiciones materiales y
la fuerza social necesarias para hacer realidad el socialismo. Pero
Chernyshevski no fue sólo un socialista utópico. Fue también un demócrata
revolucionario y sabía influir con espíritu revolucionario en todos los
acontecimientos políticos de su época, defendiendo, a pesar de todas las
barreras y obstáculos puestos por la censura, la idea de la revolución
campesina, la idea de la lucha de las masas por el derrocamiento de todos los
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295 Véase la nota 98.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
viejos poderes. La
"reforma campesina" de 1861, que los liberales embellecían al
comienzo y luego llegaron incluso a glorificar, era calificada por
Chernyshevski de infamia, pues veía
con claridad su carácter feudal, veía con claridad que los señores
emancipadores liberales esquilmaban por completo a los campesinos.
Chernyshevski llamaba a los liberales de los años 60 "charlatanes, fanfarrones y tontos", pues veía con claridad su
temor a la revolución, su abulia y su servilismo ante los detentadores del poder.
190
Estas dos tendencias
históricas se han ido desarrollando en el medio siglo transcurrido desde el 19
de febrero, y han ido separándose en forma cada vez más clara, definitiva y
decidida. Fueron creciendo las fuerzas de la burguesía liberal monárquica, que
propugnaba circunscribirse a la labor "cultural" y rechazaba el
trabajo revolucionario clandestino. Fueron creciendo las fuerzas de la
democracia y el socialismo, al principio fundidas en la ideología utópica y en
la lucha intelectual de los adeptos de Libertad del Pueblo y de los populistas
revolucionarios.296 Sin embargo, a partir de la década de
90 del siglo pasado comenzaron a divergir con la transición de la lucha
revolucionaria de los terroristas y propagandistas aislados a la lucha de las
propias clases revolucionarias.
La década prerrevoludonaria
de 1895 a 1904 nos muestra ya la actuación franca y descubierta y el
crecimiento incontenible de las masas proletarias, el incremento de la lucha
huelguística, el aumento de la agitación, la organización y el partido obrero
socialdemócratas. Siguiendo a la vanguardia socialista del proletariado,
comienza a incorporarse también a la lucha de masas el campesinado democrático
revolucionario, sobre todo a partir de 1902.
Las dos tendencias que en
1861 apenas se habían perfilado en la vida y en la literatura, se desarrollaron
en la revolución de 1905, crecieron y hallaron su expresión en el movimiento de
las masas, en la lucha de los partidos en los más diversos
ámbitos: en la prensa, en los mítines, en los sindicatos, en las huelgas, en la
insurrección, en las Dumas de Estado.
La burguesía liberal
monárquica fundó el partido de los demócratas constitucionalistas y el de los
octubristas, que trabajaron juntos al principio (hasta el verano de 1905) en el
movimiento liberal de los zemstvos y después se dividieron en dos partidos,
entre los que se declaró (y subsiste) una fuerte competencia, destacando uno a
primer plano su "faz"
liberal por excelencia, y el otro, la suya, monárquica por excelencia, pero
siempre coincidieron en lo más esencial, en la tarea de denunciar a los
revolucionarios, de mofarse de la insurrección de diciembre y honrar cómo si
fuera su bandera la hoja de parra "constitucional" del absolutismo.
Ambos partidos se han situado y se sitúan en un terreno "rigurosamente
constitucional", es decir, se circunscriben al marco de actividad que las
centurias negras del zar y de los señores feudales pudieron permitir sin
entregar su poder, sin dejar escapar de las manos su autocracia y sin
sacrificar ni un kopek de sus ingresos esclavistas "consagrados por los
siglos", ni el más mínimo privilegio de sus "bien adquiridos"
derechos.
Las tendencias democrática y
socialista se separaron de la liberal y trazaron una línea de demarcación entre
ellas. El proletariado se organizó y actuó en forma independiente del
campesinado, agrupándose en torno a su partido obrero socialdemócrata. Durante
la revolución, la organización de los campesinos fue incomparablemente más
débil, sus acciones fueron mucho más dispersas y débiles, el nivel de su
conciencia era mucho más bajo; las ilusiones monárquicas (y las
constitucionales, indisolublemente ligadas a aquéllas) paralizaron más de una
vez la energía del campesinado, haciéndolo depender de los liberales y, a
veces, de los cavernícolas de las centurias negras, dando origen a varias
ilusiones sobre "la tierra de Dios" en vez de estimular la ofensiva
contra los terratenientes de la nobleza para suprimir por completo esta clase.
No obstante, en general, el campesinado como masa luchó
![]()
296 Sobre Libertad del Pueblo véase la nota 203. Sobre los
populistas véase la nota 4.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
precisamente contra los
terratenientes, actuó en forma revolucionaria, y en todas las Dumas —incluso en
la tercera, cuya elección fue estropeada por una representación netamente
favorable a los señores feudales— constituyó grupos trudoviques que, a pesar de
sus frecuentes vacilaciones, representaban a la verdadera democracia. En el
movimiento de masas de los años 1905-1907, los demócratas constitucionalistas y
los trudoviques representaron en el movimiento de masas y formularon en el
aspecto político, respectivamente, la posición y las tendencias de la burguesía
liberal monárquica y democrática revolucionaria.
El año de 1861 engendró el
de 1905. El carácter feudal de la primera "gran" reforma burguesa
entorpeció el desarrollo, condenó a los campesinos a sufrir un sinfín de
martirios de los peores y más amargos, pero no hizo cambiar la dirección del desarrollo
ni impidió la revolución burguesa en 1905. La Reforma de 1861 retrasó el
desenlace, al abrir determinadas válvulas de escape, dio cierto incremento al
capitalismo, pero no evitó el desenlace ineludible que, en 1905, tuvo por
escenario un terreno incomparablemente más amplio y se manifestó en la
embestida de las masas contra la autocracia del zar y de los terratenientes
feudales. La reforma, aplicada por los señores feudales en una época de
absoluta falta de desarrollo de las masas oprimidas, engendró la revolución en
cuanto maduraron los elementos revolucionarios en estas masas.
191
La III Duma y la política
agraria de Stolypin son la segunda reforma burguesa llevada a cabo por los
defensores del régimen de servidumbre. Si el 19 de febrero de 1861 fue el
primer paso hacia la transformación de una autocracia puramente feudal en monarquía
burguesa, la época de 1908 a 1910 nos muestra el segundo paso, más serio que el
primero, por el mismo camino. Han
pasado casi cuatro años y medio desde la promulgación del ukase del 9 de noviembre de 1906 y más de tres años y
medio desde el 3 de junio de 1907,297 y
ahora no sólo la burguesía demócrata constitucionalista, sino también, en grado
considerable, la octubrista se convencen del "fracaso" de la
"Constitución" y de la política agraria del 3 de junio. El "más
derechista de los demócratas constitucionalistas" —como ha sido calificado
recientemente con toda justicia el semioctubrista señor Maklákov— tenía sobrada
razón para decir el 25 de febrero, hablando en la Duma en nombre de los
demócratas constitucionalistas y de los octubristas, que "ahora están
descontentos los sectores centrales del país que más desean una paz duradera y
temen una nueva explosión de la ola revolucionaria". La consigna general
es una: "Todos dicen —prosiguió el señor Maklákov— que si seguimos
avanzando por el camino en que nos meten, acabarán por llevarnos a una segunda
revolución".
La consigna general de la
burguesía demócrata constitucionalista y octubrista en la primavera de 1911
confirma que nuestro partido juzgó con acierto la situación en la resolución de
su conferencia de diciembre de 1908. "Los factores fundamentales de la
vida económica y política —dice la resolución— que provocaron la revolución de
1905, siguen actuando, y en tal situación económica y política madura
inevitablemente una nueva crisis revolucionaria".
Ménshikov, un plumífero
mercenario del gobierno cavernícola del zarismo, manifestó no hace mucho en Nóvoie Vremia que la reforma del 19 de
febrero "ha fracasado sin pena ni gloria", pues "el año 1861 no
pudo evitar el novecientos cinco". Ahora los abogados y parlamentarios a
sueldo de la burguesía liberal anuncian el fracaso de las "reformas"
del 9 de noviembre de 1906 y del 3 de junio de 1907, pues estas
"reformas" llevan a una segunda revolución. Ambas declaraciones, lo
mismo que toda la historia del movimiento liberal y revolucionario de 1861 a
1905, ofrecen datos muy interesantes para esclarecer el
![]()
297
Véase la nota 279.
La “Reforma Campesina” y la revolución proletaria y campesina
importantísimo problema de
la relación entre la reforma y la revolución, del papel de los reformistas y de
los revolucionarios en la lucha social.
Los adversarios de la
revolución, furiosos y rechinando los dientes unos, llenos de amargura y
abatimiento otros, reconocen que las "reformas" de 1861 y 1907-1910
son un fracaso, pues no evitan la revolución. La socialdemocracia, que
representa a la única clase consecuentemente revolucionaria de nuestros días,
contesta así a esta confesión: los revolucionarios desempeñaron un inmenso
papel histórico en la lucha social y en todas las crisis sociales, aun cuando estas crisis no llevaron
directamente más que a reformas a medias. Los revolucionarios son los guías de
las fuerzas sociales que llevan a cabo todas las transformaciones; las reformas
son un subproducto de la lucha revolucionaría.
Los revolucionarios de 1861
se quedaron solos y, al parecer, sufrieron una derrota total. Pero, en
realidad, fueron ellos justamente las grandes figuras de aquella época, y,
cuanto más nos alejamos de ella, con mayor claridad vemos su grandeza y más
resaltan la mezquindad e insignificancia de los reformistas liberales de
entonces.
La clase revolucionaria de
1905-1907, el proletariado socialista, sufrió, al parecer, una derrota total.
Los monárquicos liberales y los liquidadores entre los marxistas de pacotilla
se cansaron de gritar que el proletariado había ido "demasiado lejos";
que había llegado a cometer "excesos", que se había dejado arrastrar
"por la espontánea lucha de clases", que se había dejado seducir por
la perniciosa idea de la "hegemonía del proletariado", etc., etc. En
realidad, la "culpa" del proletariado había sido únicamente no haber
ido lo bastante lejos, pero esta "culpa" se justifica por el estado
en que se encontraban entonces sus fuerzas y ha sido redimida con su incansable
labor socialdemócrata revolucionaria, que no cesó ni siquiera en la época de más
feroz reacción, y con su lucha inexorable contra todas las manifestaciones de
reformismo y oportunismo. En realidad, todo lo que se ha arrebatado a los
enemigos, todo lo que se ha conquistado y se sostiene firmemente en pie se
conserva y se mantiene en la medida en que es fuerte y permanece viva la lucha
revolucionaria en todos los medios de la labor proletaria. En realidad, sólo el
proletariado ha defendido hasta el fin la democracia consecuente y ha
desenmascarado toda la debilidad del liberalismo, arrancando a las masas
campesinas de su influencia y alzándose a la insurrección armada con heroísmo.
Nadie puede predecir hasta
dónde se realizarán en Rusia las transformaciones auténticamente democráticas
en la época de sus revoluciones burguesas; pero no cabe la menor duda de que
sólo la lucha revolucionaria del proletariado habrá de ser la que determine el
alcance y el éxito de las transformaciones. Entre las "reformas"
feudales hechas en un espíritu burgués y la revolución democrática dirigida por
el proletariado no puede haber más que las impotentes y abúlicas vacilaciones
del liberalismo y del reformismo oportunista debidas a su endeblez ideológica.
192
Si lanzamos una mirada
general a la historia de Rusia del último medio siglo, a los años 1861 y 1905,
sólo podemos repetir, aún más convencidos, las palabras de la resolución de
nuestro partido: "El objetivo de nuestra lucha sigue siendo el derrocamiento
del zarismo y la conquista del poder político por el proletariado, apoyándose
éste en las capas revolucionarias del campesinado y llevando a cabo la
revolución democrática burguesa mediante la convocatoria de una asamblea
constituyente de todo el pueblo y la instauración de la república
democrática".
Publicado el 19 de
marzo (1 de abril) de 1911 en el núm. 21-22 de "Sotsial-Demokrat".
T. 20, págs. 171-180.
193
A LA MEMORIA DE LA
COMUNA.
Han pasado cuarenta años
desde que se proclamó la Comuna de París. Siguiendo la costumbre, el
proletariado francés ha honrado con mítines y manifestaciones la memoria de los
hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a
llevar coronas de flores a las tumbas de los comuneros fusilados durante la
terrible “semana de mayo” y a jurar ante estas tumbas que luchará con tesón
hasta lograr el triunfo completo de sus ideas, hasta dar cumplido fin a la obra
por ellos legada.
¿Por qué, pues, no sólo el
proletariado francés, sino el de todo el mundo rinde pleitesía a los hombres de
la Comuna de París como a sus precursores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna?
La Comuna surgió de manera
espontánea, nadie la preparó de un modo consciente y sistemático. La infausta
guerra con Alemania, los sufrimientos del asedio, el paro obrero y la ruina de
la pequeña burguesía; la indignación de las masas contra las clases superiores
y las autoridades que habían demostrado una incapacidad absoluta; la sorda
efervescencia en el seno de la clase obrera, descontenta de su situación y
ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea
Nacional, que hacía temer por los destinos de la República, fueron las causas
que concurrieron con otras muchas a impulsar a la población parisiense a la
revolución del 18 de marzo, que puso de improviso el poder en manos de la
Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se
había adherido a los obreros.
Fue un acontecimiento
histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por lo
general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus
apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18
de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su
policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación, y el poder
pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado,
avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar en la política si
no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la
Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera
tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del
capital, a la destrucción de las bases
mismas del régimen social contemporáneo.
En un principio se trató de
un movimiento heterogéneo y confuso en extremo. A él se sumaron también los
patriotas con la esperanza de que la Comuna reanudase la guerra contra los
alemanes y la llevara a un desenlace venturoso. Lo apoyaron asimismo los pequeños
tenderos, en peligro de ruina si no se aplazaba el pago de las letras vencidas
y de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la
Comuna les concedió). Por último, en un comienzo también simpatizaron en cierto
grado con él los republicanos burgueses, temerosos de que la reaccionaria
Asamblea Nacional (el “villanaje”, los brutos terratenientes) restableciese la
monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento lo desempeñaron,
naturalmente, los obreros (sobre todo, los artesanos parisienses), entre los
cuales se había desplegado en los últimos años del Segundo Imperio298 una intensa propaganda socialista, estando incluso muchos de
ellos afiliados a la Internacional.299
![]()
298 El Segundo Imperio de Francia (1852-1870).
299 Véase la nota 170
Únicamente los obreros
guardaron fidelidad a la Comuna hasta el fin. Los republicanos burgueses y la
pequeña burguesía no tardaron en apartarse de ella: unos se asustaron del
carácter revolucionario socialista del movimiento, de su carácter proletario; otros
se apartaron de ella cuando vieron que estaba condenada a una derrota
inevitable. Únicamente los proletarios franceses apoyaron a su gobierno sin
temor ni desmayo, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la
emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para todos los
trabajadores.
Abandonada por sus aliados
de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada
inevitablemente. Toda la burguesía francesa, todos los terratenientes,
bolsistas y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los
explotadores se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en
libertad a 100.000 soldados franceses, prisioneros de los alemanes, para
aplastar al París revolucionario), esta coalición burguesa logró enfrentar con
el proletariado parisiense a los atrasados campesinos y a la pequeña burguesía
de provincias y cercar medio París con un anillo de hierro (la otra mitad había
sido cercada por el ejército alemán). En algunas ciudades importantes de
Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras), los obreros también
intentaron tomar el poder, proclamar la Comuna y acudir en auxilio de París,
pero estos intentos fracasaron pronto. Y París, que había sido el primero en
enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, quedó abandonado a sus
propias fuerzas y condenado a una muerte segura.
194
Para que una revolución
social triunfe se necesitan, por lo menos, dos condiciones: un alto desarrollo
de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871
no se dio ninguna de estas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún
poco desarrollado, Francia era entonces, fundamentalmente, un país de pequeña
burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía
un partido obrero, la clase obrera no tenía preparación ni había pasado por un
largo entrenamiento y, en su masa, ni siquiera tenía una noción clara del todo
de cuáles eran sus objetivos ni de cómo podía alcanzarlos. No había una
organización política seria del proletariado, ni grandes sindicatos y
cooperativas...
Pero lo principal que faltó
a la Comuna fue tiempo, desahogo para mirar bien cómo iban las cosas y
emprender la realización de su programa. Apenas puso ella manos a la obra, el
gobierno, atrincherado en Versalles y apoyado por toda la burguesía, rompió las
hostilidades contra París. La Comuna hubo de pensar, ante todo, en su propia
defensa. Y hasta el final mismo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de
mayo, no tuvo tiempo de pensar seriamente en otra cosa.
Por cierto, pese a esas
condiciones tan desfavorables y a la brevedad de su existencia, la Comuna tuvo
tiempo de aplicar algunas medidas que caracterizan bastante sus verdaderos
sentido y objetivos. Sustituyó el ejército permanente instrumento ciego en manos
de las clases dominantes, por el armamento de todo el pueblo; proclamó la
separación de la Iglesia y el Estado; suprimió la subvención al culto (es
decir, el sueldo que el Estado pagaba a los curas) y dio un carácter
estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un rudo golpe a
los gendarmes de sotana. Poco fue lo que le dio tiempo a hacer en el terreno
puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter de
gobierno popular, de gobierno obrero: quedó suprimido el trabajo nocturno en
las tahonas; fue abolido el sistema de las multas, esa expoliación consagrada
por la ley de que se hacía víctima a los obreros; finalmente, fue promulgado el
famoso decreto de entrega de todas las fábricas y talleres abandonados o paralizados
por sus dueños a las cooperativas obreras con el fin de reanudar la producción.
Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente
democrático, proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los
funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal
de un obrero ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos anuales (menos de
200 rublos al mes).
Todas estas medidas
mostraban con harta elocuencia que la Comuna constituía una amenaza de muerte
para el viejo mundo, basado en el avasallamiento y la explotación. Esa era la
causa de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el Ayuntamiento
de París ondease la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza
organizada del gobierno pudo, al fin, dominar a la fuerza mal organizada de la
revolución, los generales bonapartistas, esos generales batidos por los
alemanes y bizarros frente a sus compatriotas vencidos, esos Rennenkampf y
Méller-Zakomelski franceses hicieron una matanza como jamás se había visto en
París. Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca
embrutecida; unos 45.000 fueron detenidos, ejecutados luego muchos y
desterrados o enviados a trabajos forzados miles de ellos. En total, París
perdió unos 100.000 hijos, entre los que se contaban los mejores obreros de
todos los oficios.
La burguesía estaba
satisfecha. “¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!”, decía
su sanguinario jefe, el enano Thiers, cuando él y sus generales hubieron
ahogado en sangre la sublevación del proletariado de París. Mas de nada
sirvieron los graznidos de esos cuervos burgueses. No habrían pasado aún seis
años del aplastamiento de la Comuna, aún se hallaban muchos de sus luchadores
en presidio o en el exilio, cuando en Francia se inició un nuevo movimiento
obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus
predecesores y en absoluto descorazonada por la derrota que sufrieron, recogió
la bandera caída de las manos de los combatientes de la Comuna y la llevó
adelante con firmeza y valentía al grito de “¡Viva la revolución social! ¡Viva
la Comuna!” y tres o cuatro años más tarde, un nuevo partido obrero y la
agitación levantada por éste en el país obligaron a las clases dominantes a
poner en libertad a los comuneros que el gobierno aún tenía presos.
Honran la memoria de los
combatientes de la Comuna no sólo los obreros franceses, sino también el
proletariado de todo el mundo, pues aquélla no luchó por un objetivo local o
nacional estrecho, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de
todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la
revolución social, la Comuna se ha granjeado la simpatía dondequiera que sufre
y lucha el proletariado. El cuadro de su vida y de su muerte, el ejemplo de un
gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la
capital del mundo y el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y sus
padecimientos después de la derrota han levantado la moral de millones de
obreros, han alentado sus esperanzas y han ganado sus simpatías para el
socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su profundo
sueño a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un
impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa
de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy en cada uno de nosotros.
195
La causa de la Comuna es la
causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política
y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en
este sentido es inmortal.
Publicado el 15 (28)
de abril de 1911 en el núm. 4-5 de “Rabóchaya Gazeta”.
T. 20, págs. 217-222.
196
LIBERALISMO Y
DEMOCRACIA.
I
La conferencia de los
trudoviques,300 de la que hemos hablado nosotros y se
ha informado ya en algunos periódicos (Riech
del 28 de marzo entre ellos), ofrece singular importancia desde el punto de
vista de la toma de posición de los partidos en la campaña electoral de la IV
Duma. Después del bloque de los liberales moderados (demócratas
constitucionalistas y "progresistas sin partido")301 y de las resoluciones de los demócratas obreros acerca de su
táctica en las elecciones, los únicos que quedaban por "definirse"
para que el cuadro fuera completo eran los trudoviques.
Ahora todas las clases de la sociedad rusa, personificadas en todos los
partidos políticos más o menos serios y dignos de atención, han determinado su
posición en la campaña electoral. Si bien es cierto que para los partidos
políticos burgueses, sobre todo para los que se han instalado "para
largo" en el edificio del régimen del 3 de junio, las elecciones son
principalmente un período de intensa publicidad, no lo es menos que para la
democracia obrera, para los marxistas, la tarea primordial de dicha campaña
consiste en explicar al pueblo cuál es el
fondo de los distintos partidos políticos, explicar qué ideas se propugnan y
quiénes las secundan, qué intereses vitales de verdad rigen la actividad de
tal o cual partido, qué clases de la sociedad se ocultan tras
uno u otro rótulo.
Desde este punto de vista
tendremos que detenernos varias veces
en la conferencia de los trudoviques y dedicar especial atención, en beneficio
de la clase obrera, precisamente al problema de principio que acabamos de
mencionar. Tanto los ultrarreaccionarios como los liberales (demócratas constitucionalistas) se limitan a
silenciar este problema o a tergiversar en
mil maneras diferentes su planteamiento y su solución, y no lo hacen por
incomprensión o mala fe de tal o cual individuo, sino porque los intereses de clase de los terratenientes y de la
burguesía los obligan a presentar
deformado el fondo de los partidos campesinos y obreros.
Por su parte, los
trudoviques, partido fundamentalmente campesino, no están interesados en
silenciar, al menos, el problema de la diferencia existente entre el
liberalismo y la democracia; pero la solución que le dan es errónea. Desde el
punto de vista del campesino, es decir, del pequeño propietario, no es posible
darle una solución acertada; se le da
únicamente desde el punto de vista del obrero asalariado: prueba de ello es no
sólo la teoría,
![]()
300
Véase la nota 207.
301 Sobre les demócratas constitucionalistas véase la nota 11.
Progresistas: grupo político de
la burguesía liberal monárquica de Rusia que, en las elecciones a la Duma de
Estado y en las propias Dumas procuraba agrupar bajo la bandera del "sin
partidismo" a elementos de los diversos partidos y grupos burgueses y terratenientes.
En noviembre de 1912, los progresistas se agruparon en un
partido político independiente con el siguiente programa: constitución muy
restringida, pequeñas reformas, gabinete responsable, o sea, gobierno
responsable ante la
Duma, y aplastamiento
del movimiento revolucionario. Lenin indicaba que, por su composición y por su
ideología, los progresistas eran "una mezcla de octubristas y demócratas
constitucionalistas".
Después de la revolución
democrática burguesa de febrero de 1917, algunos líderes del partido de los
progresistas entraron en el Gobierno Provisional burgués. Después de la
victoria de la Revolución Socialista de Octubre (1917), este partido llevó una
lucha activa contra el Poder soviético.
la ciencia, sino también la experiencia de todos los países
europeos, toda la historia económica y política de los partidos europeos a lo
largo, sobre todo, del siglo XIX.
Fíjense aunque sólo sea en
lo que dicen los liberales de los trudoviques y éstos de sí mismos. El
periódico liberal Riech, órgano
principal de los demócratas constitucionalistas, dice que los trudoviques
sufrieron más que nadie el efecto de las enmiendas de la ley electoral del 3 de
junio de 1907, que su táctica "no puede diferenciarse gran cosa" de
la táctica de los demócratas constitucionalistas, pues éstos, fíjense, pueden
"repetir", y repiten, casi todo lo dicho por los trudoviques.
"Por último —se escribe en Riech—,
los pactos electorales con los trudoviques pueden hacernos falta sólo en algún
lugar aislado, y estos lugares serán poquísimos".
Medítese en esta apreciación
y se verá que es la de un burgués liberal desplazado por la ley del 3 de junio
de la posición dirigente (que ocupaba en virtud de la ley del 11 de diciembre
de 1905;302 pero, al paso, le concedió en la
oposición un puesto respetable, a
cubierto de la democracia. Señores trudoviques, ustedes no suponen nada de
importancia para nosotros y no los tomamos en serio: tal es el verdadero
sentido de la declaración de Riech.
¿Por qué no suponen nada importante? Porque la ley del 3 de junio los ha dejado
sin fuerza para las elecciones.
Para cualquier demócrata, y
sobre todo para cualquier obrero, lo que cuenta no son los partidos que tienen
el monopolio o una situación privilegiada según la ley electoral en vigor, sino
los que representan a las grandes masas de la población, concretamente a la
población trabajadora y explotada. La ley del 3 de junio pone a cubierto precisamente de estas masas al burgués liberal, y
por ello no suponen nada de importancia para él. Los abogados y los periodistas
liberales necesitan escaños en la Duma, los burgueses liberales necesitan
compartir el poder con los Purishkévich: eso es lo que necesitan; pero el
desarrollo del pensamiento político independiente de las masas campesinas, el
desarrollo de su iniciativa como clase es algo que el liberal no necesita, algo
que constituye un verdadero peligro para él. El liberal necesita al elector,
los liberales necesitan una multitud que tenga fe en ellos y los siga (para
obligar a los Purishkévich a que les hagan sitio); pero el liberal teme la
independencia política de las multitudes.
197
¿Por qué no teme, pues, a los trudoviques, los cuales, como
partido "independiente" que está muy cerca del campesinado, es decir,
de la inmensa mayoría de la población, no representan al liberalismo, sino a la
democracia burguesa? ¡Pues porque los trudoviques son demócratas independientes
de los liberales en grado insuficiente
y no saben luchar contra éstos por la
influencia en las masas! No puede uno menos de detenerse centenares de veces en
esta importantísima cuestión de la política actual de Rusia, si se toma esa
política en serio, a conciencia, ateniéndose a los principios, y no en el
sentido charlatanesco (o liberal) de la búsqueda de actas de diputado. Mientras
la tarea histórica de nuestra época en Rusia sea la transformación política en
sentido democrático, el quid del
problema de esta transformación consistirá inexorablemente en que las multitudinarias masas populares, lo más
multitudinarias posible, lleguen a ser demócratas conscientes, es decir,
enemigas bien decididas, consecuentes y firmes de la estrechez de miras, de la
limitación mental, de las
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302 El 11 (24) de diciembre de 1905, el
gobierno zarista promulgó una ley electoral, según la cual se celebraron las
elecciones a la I Duma (abril— julio de 1906) (Véase la nota 147).
A diferencia del Reglamento sobre la Duma "consultiva"
de Bulyguin, la nueva ley preveía la elección de una Duma
"legislativa". A las curias antes establecidas: agrícola
(terrateniente), urbana (burguesa) y campesina se agregó la curia obrera y se
amplió algo el número de electores urbanos, conservándose el total de
compromisarios de la curia urbana. El sufragio no era universal. Estaban
privados del derecho al voto las mujeres, los obreros de las pequeñas empresas,
los pueblos nómadas, los soldados y los menores de veinticinco años. Las
elecciones eran desiguales: correspondía un compromisario por cada dos mil
electores de la curia terrateniente, por cada siete mil de la curia urbana, por
cada treinta mil de la curia campesina y por cada noventa mil de la curia
obrera. Las elecciones eran indirectas, se hacían en varias etapas.
medias tintas y de la
cobardía liberales. No es todavía un obrero con conciencia de clase quien no ha
comprendido que no se puede ser luchador consecuente por la abolición de la
esclavitud asalariada sin comprender
esta misión política de nuestra época y bregar por cumplirla.
Cuando los liberales, los
demócratas constitucionalistas, dicen que su "táctica" no se
diferencia "gran cosa" de la trudovique, eso refleja la ignorancia
más supina o la más impúdica falta a la verdad. Cada página de la historia
política del último decenio de Rusia refuta centenares y miles de veces esa
falta a la verdad. La historia contemporánea de Rusia ofrece pruebas de nuestra
experiencia rusa de que la diferencia
entre el liberalismo y la democracia campesina es inconmensurablemente más
profunda que cualquier problema de "táctica", pues ha salido a
relucir siempre y sin excepción, por ejemplo, en los últimos ocho años, a pesar
de que la marcha de los acontecimientos ha dado lugar reiteradas veces a los
más bruscos virajes "tácticos"; esta diferencia es
inconmensurablemente más profunda que cualquier "programa", ya que
los programas sólo expresan lo que piensan
los hombres de vanguardia de una clase sobre las tareas y la posición de esta
clase. No fueron las opiniones de los hombres de vanguardia, sino las acciones
de las multitudes las que nos evidenciaron la diferencia cardinal existente
entre la situación económica y política actual de la burguesía liberal y el
campesinado democrático burgués. De ahí la diferencia cardinal de intereses de
clase con relación a las "fuerzas que mandan" en la Rusia de hoy. De
ahí la diferencia cardinal en todos los puntos de partida y en toda la amplitud
de la actividad política.
Tanto al liberal como al
trudovique puede parecerle que profesan las mismas ideas políticas, pues ambos
están "contra Purishkévich". Pero si uno se apea de estas opiniones de los políticos y cala un
poquito más en la posición de clase
de las masas, verá que, en la vida,
la burguesía liberal comparte los privilegios políticos con los Purishkévich y
que la discusión gira sólo en torno a
si han de poseer los Purishkévich las dos terceras partes de dichos privilegios y el resto los Miliukov, o a la
inversa. Tómese "la vida", tómese la situación económica del
campesinado ruso actual como sector de pequeños propietarios en la agricultura
y se verá que no se trata, ni mucho menos, del reparto de privilegios
políticos, que no se trata, ni mucho menos, de los privilegios políticos, que
aquí hasta la palabra "vida"
debe entrecomillarse, pues la propia existencia de los Purishkévich significa la muerte por hambre de un millón de
esos pequeños propietarios.
En la Rusia contemporánea
hay dos burguesías. Una está constituida por un sector reducidísimo de
capitalistas maduros y supermaduros, que, personificados en los octubristas y
los demócratas constitucionalistas, se dedican en la práctica a compartir con los Purishkévich el actual poder
político y los actuales privilegios políticos. El vocablo "actual"
debe entenderse en un sentido bastante amplio que incluya, por ejemplo, los
privilegios que guarda hoy la ley del 3 de junio de 1907 y los que ayer
guardaba la ley del 11 de diciembre de 1905.
La otra burguesía está
formada por un sector muy vasto de propietarios pequeños y, en parte, medianos,
que no han madurado aún, ni mucho menos, pero que ponen sus energías a
lograrlo. En su mayor parte son campesinos que, en la época actual de la
historia rusa, tienen que afrontar en la
práctica el problema de cómo no morir de hambre por culpa de los Purishkévich, y en modo alguno el de los
privilegios. Y ése es el problema de la base misma del poder de los
Purishkévich en general, del origen de todo poder de los Purishkévich.
Toda la historia de la
emancipación política de Rusia es la historia de la lucha entre estas dos
tendencias burguesas. Todo el sentido de los millares de palabras bonitas
acerca de la libertad y la igualdad, del reparto "igualitario" de la
tierra y del "populismo" se reduce a la lucha entre estas dos
tendencias burguesas. El resultado de esta lucha será inevitablemente una Rusia
plenamente burguesa, teñida por completo o en la mayor parte de uno de esos
dos "colores". Ni
que decir tiene que tal lucha no le es indiferente, ni mucho menos, al obrero
asalariado; por el contrario, si tiene conciencia de clase, interviene en ella
con la mayor energía, esforzándose por que el campesino lo siga a él, y no al
liberal.
198
A eso precisamente se reducen también los problemas que la
conferencia de los trudoviques no pudo menos de tratar. De esos problemas
hablaremos detenidamente en los siguientes artículos. Por ahora nos limitaremos
a hacer un breve resumen de lo dicho. El problema de los trudoviques y de los
demócratas constitucionalistas es uno de los más importantes de la emancipación
política de Rusia. No hay nada más trivial que reducir este problema a la
"fuerza" de unos u otros partidos en el sistema del 3 de junio, a la
"conveniencia" de unos u otros pactos durante las elecciones llevadas
a cabo según el mencionado sistema. Por el contrario, el problema particular de
los pactos, de las segundas vueltas, etc., puede resolverse con acierto desde
el punto de vista del obrero asalariado sólo en el caso de que se hayan
comprendido las raíces de clase de ambos partidos, de los demócratas burgueses
(trudoviques) y de los liberales burgueses (demócratas constitucionalistas,
"progresistas", etc.).
II
La conferencia de los
trudoviques ha planteado toda una serie de problemas políticos muy interesantes
y aleccionadores. Hoy disponemos de un magnífico comentario de sus acuerdos; el
artículo del señor V. Vodovózov, titulado El
programa electoral del grupo del Trabajo y publicado en el núm. 13 del
semanario petersburgués Zaprosi Zhizni,303 que se edita con la más estrecha participación de los señores
Kovalevski y Blank. Claro está que el comentario del señor Vodovózov no es
"magnífico" desde nuestro punto de vista; lo es porque expone con
fidelidad las concepciones y los anhelos de los trudoviques. Cuantos se
interesen por el peso de las fuerzas sociales democráticas rusas deben leer con
toda atención el artículo del señor Vodovózov.
El Grupo del Trabajo — dice
— parte de la convicción de que, en el presente momento histórico, los
intereses del campesinado, de la clase obrera y de la intelectualidad
trabajadora, lejos de estar en contradicción, son casi idénticos; por ello un
solo partido podría muy bien representar los intereses de esas tres clases
sociales. Pero, en virtud de las condiciones históricas, la clase obrera
encontró su representación en el Partido Socialdemócrata, y por ello, como es
natural, los trudoviques tuvieron que ser, principalmente representantes
políticos del campesinado. Y lo fueron.
Ahí se ve en seguida el
error básico que comparten todos los populistas, incluidos los que están más a
la "izquierda". Parten de una "convicción" que está en
pugna con todos los postulados de la ciencia económica y toda la experiencia de
los países que vivieron épocas semejantes a la que hoy atraviesa Rusia. Siguen
sosteniendo esas "convicciones" incluso cuando la experiencia de la
historia rusa los obliga a aceptar que en nuestro país las refuta asimismo la
marcha de los acontecimientos.
La segunda frase de los
trudoviques rebate la primera. Si un mismo partido pudiera representar los
intereses de la clase obrera y del campesinado, ¿de dónde habría salido un
partido independiente de la clase obrera? y si este partido se fundó y
consolidó en un período de particular importancia y singular crisis de la
historia de Rusia (1905), si incluso los trudoviques tienen que admitir que la
clase obrera "encontró" su partido "en virtud de las
![]()
303 "Zaprosi Zhizni" ("Las Demandas de la Vida"): revista
semanal que apareció en San Petersburgo desde 1909 hasta 1912. Colaboraban en
ella los demócratas constitucionalistas.
condiciones
históricas", eso significa que las "condiciones históricas" han refutado las
"convicciones" de los trudoviques.
Si los trudoviques han resultado ser el partido del
campesinado, aunque, según sus convicciones, debieran ser un partido no sólo
del campesinado, eso quiere decir que sus convicciones son erróneas, que son
una ilusión. Y esa ilusión es precisamente la misma de todos los partidos democráticos burgueses de Europa en el período
de la lucha contra el feudalismo y el
absolutismo. Predominaba en una u otra forma la idea de los "partidos al
margen de las clases", y las "condiciones históricas" han
refutado siempre esa idea, han destruido siempre esa ilusión. Los intentos o
esfuerzos por englobar a distintas clases en "un solo partido" son
propios precisamente de la democracia burguesa de la época en que ésta hubo de
ver a su principal enemigo en lo pasado, y no en lo porvenir, en los señores
feudales, y no en el proletariado.
La pretensión de
"englobar" a distintas clases emparienta a los trudoviques con los
demócratas constitucionalistas, que también quieren ser un partido por encima de las clases, también
afirman que los intereses de la clase obrera, del campesinado y de la
intelectualidad trabajadora son "casi idénticos". ¡En la
intelectualidad trabajadora incluyen asimismo a señores del tipo de Maklákov!
El obrero con conciencia de clase luchará siempre contra toda idea de partidos
por encima de las clases, contra todo encubrimiento del abismo de clase abierto
entre los obreros asalariados y los pequeños propietarios.
La semejanza de trudoviques
y demócratas constitucionalistas consiste en que unos y otros comparten los
prejuicios burgueses sobre la posibilidad de fusión de distintas clases, la
diferencia entre ellos radica en la clase
hacia la cual lleva la marcha de los acontecimientos a uno y otro partido,
a pesar de sus deseos y, a veces, a pesar de lo que piensan algunos de sus
miembros. La historia ha enseñado a los trudoviques a estar más cerca de la
verdad, a decir que son un partido campesino. Los demócratas constitucionalistas
siguen denominándose demócratas, siendo en realidad liberales
contrarrevolucionarios.
199
Por desgracia, esta última
verdad está lejos de ser comprendida con claridad por los trudoviques, tan
lejos que en las resoluciones oficiales de su conferencia no se da ninguna apreciación de los demócratas constitucionalistas.
En las resoluciones oficiales se habla sólo de que debe pactarse "primero con los socialdemócratas y, luego, con los demócratas
constitucionalistas". Eso es poco. El problema de los pactos electorales
puede resolverse con acierto, de manera consecuente y con fidelidad a los
principios sólo si se dilucida por
completo la naturaleza de clase de los partidos que pactan y en qué consisten
su divergencia principal y la coincidencia transitoria de sus intereses.
De eso no se habla más que
en el comentario del señor Vodovózov.
Estos puntos precisamente del artículo son los que Riech se ha preocupado
de ocultar por completo a los lectores, al destacarlo y enjuiciarlo.
Estimamos que se debe fijar sin falta la atención en ellos.
"El Grupo del Trabajo
—escribe el señor Vodovózovh— a comprendido bien que el régimen actual de Rusia
es un régimen absolutista y arbitrario, y por ello ha condenado con energía
todas las declaraciones hechas por el partido demócrata constitucionalista con
el deseo de anunciar urbi et orbi la
existencia de un régimen constitucional en Rusia y se ha opuesto a las solemnes
recepciones tributadas a los representantes de los parlamentos inglés y francés
para hacer una exhibición del constitucionalismo ruso. El Grupo del Trabajo
jamás dudó de que sólo una transformación radical y profunda de todo el régimen
estatal y social puede llevar a Rusia al camino de un desarrollo acertado y
sano; por ello simpatizó con todas las expresiones de ese convencimiento en la
vida de nuestra sociedad. Precisamente ese convencimiento suponía un profundo
abismo entre el Grupo del Trabajo y el partido demócrata
constitucionalista"... Un poco más adelante se repite la misma idea de la
"evolución pacífica de los demócratas constitucionalistas y la táctica
demócrata
constitucionalista creada
por esa evolución", "debido a la cual los trudoviques siempre han
estado más alejados de los demócratas constitucionalistas que de los
socialdemócratas".
Se comprende por qué "Riech", órgano de los demócratas
constitucionalistas, tuvo que preocuparse de ocultar a sus lectores estos
devaneos, que expresan con claridad el deseo de trazar una divisoria entre la
democracia y el liberalismo. Esta divisoria existe, sin duda; pero el señor
Vodovózov, aunque habla de un "profundo abismo", tiene una idea muy
superficial de esa divisoria. Según él, resulta que la diferencia es, hablando
con propiedad, de táctica y apreciación del momento: los trudoviques están en
pro de un cambio radical, y los demócratas constitucionalistas son
evolucionistas pacíficos; los trudoviques estiman que el régimen en Rusia es
absolutista, los demócratas constitucionalistas, que, gracias a Dios, tenemos
Constitución. ¡Diferencia posible entre el ala derecha y el ala izquierda de
una misma clase!
¿Se limita a esto la
diferencia entre trudoviques y demócratas constitucionalistas? ¿No ha confesado
el mismo señor Vodovózov que los trudoviques son un partido del campesinado?
¿No hay en la posición de clase del
campesinado con relación a Purishkévich y al purishkevichismo, por ejemplo,
rasgos que la distinguen de la posición de la burguesía liberal?
Si no los hay, la diferencia
entre trudoviques y demócratas constitucionalistas es poco profunda, incluso
desde el punto de vista de su actitud ante el feudalismo y el absolutismo. Si
los hay, debe colocarse en primer plano precisamente la diferencia de intereses de clase, y no la diferencia
de "opiniones" en cuanto al absolutismo y a la Constitución o la
evolución pacífica.
Los trudoviques quieren ser
más radicales que los demócratas constitucionalistas. Eso está muy bien. Pero
su radicalismo sería más consecuente y más profundo si vieran con claridad el
fondo de clase de la burguesía liberal monárquica, si hablaran explícitamente
en su plataforma del liberalismo contrarrevolucionario de los demócratas
constitucionalistas.
Por eso el señor Vodovózov
"se justifica" en vano, invocando obstáculos exteriores, en virtud de
los cuales los trudoviques "se han visto forzados a redactar una
resolución cuyos puntos de mayor enjundia se ocultan tras la referencia a la plataforma
del Grupo del Trabajo", que no está clara del todo ni al alcance de la
mayoría de los lectores. Primero, los trudoviques no estaban obligados a
circunscribirse al terreno delimitado por dichos obstáculos; al hacerlo, dejan
entrever, exactamente igual que nuestros liquidadores, que no se distinguen
bastante de los demócratas constitucionalistas. Segundo, han tenido todas las
posibilidades de formular en cualquier otro terreno el fondo de clase y la
naturaleza contrarrevolucionaria del liberalismo demócrata— constitucionalista.
Vemos, por consiguiente, que
las vacilaciones de los trudoviques entre los demócratas constitucionalistas y
los socialdemócratas no son casuales, sino resultado de las condiciones, muy
profundas y arraigadas, en que se encuentran los campesinos. La posición
intermedia, al margen de la lucha directa entre el burgués y el proletario,
fomenta la ilusión en un partido que esté al margen o por encima de las clases.
Los prejuicios burgueses comunes, peculiares del grande y del pequeño
propietario, aproximan a trudoviques y demócratas constitucionalistas. De ahí
la insuficiente constancia de los trudoviques, como demócratas burgueses,
incluso en su lucha contra los cimientos del poder de los Purishkévich.
200
La tarea de los obreros
conscientes es contribuir a cohesionar a la democracia campesina, menos
dependiente de los liberales y menos sometida a su influencia en la medida de
lo posible, y más consecuente y más enérgica en la medida de lo posible. La
situación de las multitudinarias masas campesinas es tal que la propensión a
luchar por la "transformación
radical y profunda", como la ha
expresado el señor Vodovózov, tiene raíces extraordinariamente vigorosas,
ramificadas y profundas.
Publicado el 8 y el
19 de abril de 1912 en los núms. 27 (63) y 32 (68) de "Zviezdá".
T. 21, págs. 237-246.
La democracia y el populismo en China
201
LA DEMOCRACIA Y EL
POPULISMO EN CHINA.
El artículo del Presidente
interino de la República China, Sun Yat-sen, que reproducimos del periódico
socialista de Bruselas Le Peuple304 ofrece un interés absolutamente excepcional para nosotros, los
rusos.
Un refrán dice que las cosas
se ven mejor desde fuera. Sun Yat-sen es un testigo interesantísimo “desde
fuera”, ya que, tratándose de un hombre instruido a la europea, por lo visto,
no conoce a Rusia en absoluto. Pues bien, este representante, instruido a la
europea, de la combativa y victoriosa democracia china que ha conquistado la
República305 nos plantea
—de modo completamente
independiente de Rusia, de la experiencia rusa y de la literatura rusa—
problemas puramente rusos. El demócrata avanzado chino razona exactamente igual
que un ruso. Su semejanza con el populista ruso es tan grande que llega a la plena
identificación de las ideas fundamentales y de toda una serie de expresiones.
Las cosas se ven mejor desde
fuera. La plataforma de la gran democracia china —pues el artículo de Sun
Yat-sen es precisamente esa plataforma— nos obliga y nos brinda un pretexto
favorable para ello, a examinar una vez más, desde el punto de vista de los
nuevos acontecimientos mundiales, la relación existente entre la democracia y
el populismo en las revoluciones burguesas contemporáneas de Asia. Este es uno
de los problemas más serios planteados ante Rusia en su época revolucionaria,
iniciada en 1905. Y no sólo ante Rusia, sino ante toda Asia, como se ve por la
plataforma del Presidente interino de la República China, sobre todo si se
compara esa plataforma con el desarrollo de los acontecimientos revolucionarios
en Rusia, Turquía, Persia y China. Indudablemente, Rusia es, en muchísimos y
esencialísimos aspectos, un Estado asiático, uno de los Estados asiáticos más
bárbaros, medievales y vergonzosamente atrasados.
La democracia burguesa rusa
tiene un tinte populista, empezando por su lejano y solitario precursor, el
noble Herzen, y acabando por sus representantes masivos, los miembros de la
Unión Campesina en 1905 306, y los diputados trudoviques de las
tres primeras Dumas de 1906 a 1912. Ahora vemos que la democracia burguesa de
China está teñida de un color populista completamente análogo. Examinemos,
tomando como ejemplo a Sun Yat-sen, en qué consiste la “significación social”
de las ideas nacidas del profundo movimiento revolucionario de centenares de
millones de seres que se incorporan ahora definitivamente al torrente de la
civilización capitalista universal.
Cada línea de la plataforma
de Sun Yat-sen está impregnada de un sincero y combativo espíritu democrático.
Plena comprensión de que la revolución “racial” es insuficiente. Ni pizca de
apoliticismo o, cuando menos, de desdén por la libertad política, de admisión
de la idea de que la autocracia china sea compatible con la “reforma social”
china, con las
![]()
304 Véase la nota 248
305 En la primavera de 1911 comenzó en China la revolución que
derrocó el poder de la dinastía manchú y proclamó la república. Sun Yat-sen,
que encabezaba el movimiento revolucionario, fue elegido presidente interino de
la República China. No obstante, se vio obligado a abandonar este puesto bajo
la presión de las fuerzas contrarrevolucionarias; en su lugar subió a la
presidencia el aventurero Yuan Shih-kai, quien implantó en el país un régimen
de dictadura militar contrarrevolucionaria.
306 Véase la nota 84.
La democracia y el populismo en China
transformaciones
constitucionales chinas, etc. Un espíritu democrático íntegro que reivindica la
República. Un planteamiento de plano del problema de la situación de las masas,
de la lucha de las masas, una calurosa simpatía por los trabajadores y explotados
y fe en su razón, en su fuerza.
Nos encontramos ante una
ideología verdaderamente grande de un pueblo verdaderamente grande que sabe no
sólo llorar su esclavitud secular, no sólo soñar con la libertad y la igualdad,
sino también luchar contra los
opresores seculares de China.
Se impone por sí sola la
comparación del Presidente interino de la República de la China salvaje, muerta
y asiática, con los distintos presidentes de las repúblicas de Europa y
América, de países de una cultura avanzada. Los presidentes de allá son sin excepción hombres de
negocios, agentes o títeres en manos de la burguesía, podrida hasta la médula,
cubierta de pies a cabeza de lodo y sangre, no de sangre de los padichah y
bogdichán, sino de sangre de los obreros ametrallados en nombre del progreso y
de la civilización por declararse en huelga. Los presidentes de allá son
representantes de la burguesía que abjuró hace mucho de todos los ideales de la
juventud, que se ha prostituido hasta el fin y se ha vendido por completo a los
millonarios, a los multimillonarios, a los señores feudales aburguesados, etc.
El presidente de acá, el
asiático Presidente interino de la República, es un demócrata revolucionario,
pletórico de nobleza y heroísmo propios de una clase ascendente y no en
decadencia; de una clase que no teme el porvenir, sino que cree en él y lucha por
él con abnegación; de una clase que odia el pasado y sabe arrojar la hedionda
podredumbre de muerte que asfixia todo lo vivo, y no aferrarse a la
conservación y restauración del pasado con el fin de mantener sus privilegios.
202
Y bien, ¿no significará esto
que se ha podrido el Occidente materialista y que la luz alumbra únicamente
desde el Oriente místico y religioso? No, todo lo contrario. Eso significa que
el Oriente ha emprendido de manera definitiva la senda del Occidente, que
nuevos centenares y centenares de
millones de seres tomarán parte, desde hoy, en la lucha por los ideales que llegó a formular el Occidente. Se ha
podrido la burguesía occidental, y ante ella se yergue ya su sepulturero: el
proletariado. Pero en Asia existe aún
una burguesía capaz de representar a la democracia sincera, combativa y
consecuente, digna compañera de los grandes tribunos y grandes prohombres de
fines del siglo XVIII en Francia.
El representante o apoyo
social principal de esta burguesía asiática, capaz todavía de realizar una obra
de progreso desde el punto de vista histórico, es el campesino. Junto a él
existe ya la burguesía liberal, cuyos dirigentes, a semejanza de Yuan Shih-kai,
son aptos más que nada para la traición: ayer temían al bogdichán, se postraban
ante él; después, cuando vieron la fuerza de la democracia revolucionaria,
cuando presintieron su victoria, traicionaron al bogdichán, y mañana
traicionarán a los demócratas en aras de alguna componenda con cualquier
bogdichán “constitucional” viejo o nuevo.
Sin el sublime y sincero
entusiasmo democrático que enardece a las masas trabajadoras y las capacita
para hacer milagros —y ese entusiasmo se ve en cada frase de la plataforma de
Sun Yat-sen— sería imposible la verdadera liberación del pueblo chino de la
esclavitud secular.
Pero esta ideología de la
democracia combativa se combina en el populista chino, primero, con los sueños
socialistas, con la esperanza de que China eluda la vía capitalista, de que
conjure el capitalismo, y, segundo, con el plan y la prédica de una reforma
agraria radical. Estas dos últimas corrientes político-ideológicas son
precisamente las que constituyen el elemento formador del populismo en el sentido específico del concepto, es decir, a
diferencia de la democracia, como adición a la democracia.
¿Cuáles son el origen y la significación de esas corrientes?
La democracia y el populismo en China
La democracia china no
habría podido derrocar el viejo régimen en China y conquistar la República sin
un inmenso crecimiento espiritual y revolucionario de las masas. Ese
crecimiento presupone y engendra la más sincera condolencia por la situación de
las masas trabajadoras, el más acérrimo odio a los opresores y explotadores.
Pero en Europa y América, de las que los chinos avanzados —todos los chinos, por cuanto ellos han pasado ese crecimiento—
tomaron sus ideas emancipadoras, está planteada ya la tarea de liberarse de la
burguesía, es decir, de pasar al socialismo. De ahí se desprende
ineluctablemente la simpatía de los demócratas chinos por el socialismo, su
socialismo subjetivo.
Los demócratas chinos son
socialistas subjetivamente porque están contra la explotación y la opresión de
las masas. Pero las condiciones objetivas
de China —país atrasado, agrícola, semifeudal—, plantean a la orden del día en
la vida de un pueblo de casi quinientos millones de seres un solo tipo
determinado, original desde el punto de vista histórico, de esa opresión y de
esa explotación: el feudalismo. El feudalismo se basaba en el predominio del
género de vida agrícola y de la economía natural; la fuente de la explotación
feudal del campesino chino era su adscripción,
de una otra forma, a la tierra; los exponentes políticos de esa explotación
eran los señores feudales, todos juntos y cada uno por su lado, con el
bogdichán a la cabeza como jefe del sistema.
Y resulta que de los
pensamientos y programas subjetivamente socialistas del demócrata chino se
obtiene en la práctica un programa de “modificación de todas las bases
jurídicas” de la “propiedad inmueble” nada
más, un programa de abolición de la explotación feudal nada más.
Ahí está el fondo del populismo de Sun Yat-sen,
de su programa progresista, combativo y revolucionario de transformaciones
agrarias democráticas burguesas y de su teoría supuestamente socialista.
Examinada desde el punto de
vista de la doctrina, esta teoría es la del “socialista” reaccionario
pequeñoburgués. Porque es reaccionario por completo el sueño de que en China se
pueda “conjurar” el capitalismo, de que en China, como consecuencia de su atraso,
sea más fácil “la revolución social”, etc. Y el propio Sun Yat-sen, con una
ingenuidad inimitable que puede ser calificada de virginal, hace trizas su
teoría populista reaccionaria, al reconocer lo que la vida le obliga a
reconocer: que “China se encuentra en vísperas de un gigantesco desarrollo
industrial” (es decir, capitalista), que en China “el comercio” (es decir, el
capitalismo) “se desarrollará en inmensas proporciones”, que “dentro de 50 años
tendremos muchos Shanghais”, es decir, multitudinarios centros de riqueza
capitalista y pobreza y miseria proletarias.
Pero cabe preguntar —y ahí
está todo el quid de la cuestión, ahí está el punto más interesante, ante el
que se dé tiene con frecuencia, truncado y castrado, el cuasimarxismo liberal-:
¿es que defiende Sun Yat-sen un programa agrario verdaderamente reaccionario
basado en su reaccionaria teoría económica?
De eso mismo se trata, de
que no lo defiende. En eso mismo consiste la dialéctica de las relaciones
sociales de China, en que los demócratas chinos, que simpatizan sinceramente
con el socialismo de Europa, lo han transformado en una teoría reaccionaria y,
basándose en esta teoría reaccionaria acerca de la “conjuraci ón” del
capitalismo, ¡propugnan un programa agrario puramente
capitalista, un programa agrario capitalista en el máximo grado!
203
En efecto, ¿en qué consiste
la “revolución económica” de que habla Sun Yat-sen con tanta pompa y oscuridad
en el comienzo en su artículo?
En transferir la renta al
Estado, es decir, en nacionalizar la tierra mediante cierto impuesto único en
el espíritu de Henry George. La “revolución económica” que propone y preconiza
Sun Yat-sen no tiene en absoluto ninguna otra cosa real.
La democracia y el populismo en China
La diferencia entre lo que
vale la tierra en un rincón rural perdido y en Shanghai es la diferencia en la
magnitud de la renta. El valor de la tierra es la renta capitalizada. Hacer que
el “valor agregado” de la tierra sea “propiedad del pueblo” significa
transferir la renta, es decir, la propiedad de la tierra, al Estado o, dicho de
otro modo, nacionalizar la tierra.
¿Es posible semejante
reforma en el marco del capitalismo? No sólo es posible, sino que supone el
capitalismo más puro, el capitalismo más consecuente, un capitalismo de una
perfección ideal. Marx lo enseñó en la Miseria
de la Filosofía, lo demostró con pormenores en el tomo III de El Capital y lo desarrolló con singular
evidencia en la polémica con Rodbertus en Teorías
de la plusvalía.
La nacionalización de la
tierra permite abolir la renta absoluta, manteniendo únicamente la renta
diferencial. Según la doctrina de Marx, la nacionalización de la tierra
significa la eliminación más completa de los monopolios medievales y de las
relaciones medievales en la agricultura, la mayor libertad de circulación
mercantil de la tierra, la mayor facilidad de adaptación de la agricultura al
mercado. La ironía de la historia consiste en que el populismo aplica, en
nombre de la “lucha contra el capitalismo” en la agricultura, un programa
agrario cuya realización plena significaría el más rápido desarrollo del capitalismo en la agricultura.
¿Qué necesidad económica ha
promovido en uno de los países campesinos más atrasados de Asia la difusión de
los programas democráticos burgueses más avanzados con relación a la tierra? La
necesidad de destruir el feudalismo en todas sus formas y manifestaciones.
Cuanto más se rezagaba China
de Europa y del Japón, mayor era la amenaza de desmembramiento y disgregación
nacional que se cernía sobre ella. Sólo podía “renovarla” el heroísmo de las
masas populares revolucionarias, capaz, en el terreno político, de crear la
República China y, en el terreno agrario, de asegurar el más rápido progreso
capitalista mediante la nacionalización de la tierra.
Otra cosa es si se logrará eso y en qué medida.
En su revolución burguesa,
los distintos países han puesto en práctica diferentes grados de democracia
política y agraria y, además, en las combinaciones más abigarradas. Lo decidirá
la situación internacional y la correlación de las fuerzas sociales en China.
Es probable que el bogdichán una a los señores feudales, la burocracia y al
clero chinos y prepare la restauración. Yuan Shih-kai, representante de la
burguesía que apenas ha tenido tiempo de transformarse de liberal-monárquica en
liberal-republicana (¿por mucho tiempo?), aplicará una política de maniobras
entre la monarquía y la revolución. La democracia burguesa revolucionaria,
representada por Sun Yat-sen, busca acertadamente el camino de la “renovación”
de China en el desarrollo de las mayores iniciativa, decisión y audacia de las
masas campesinas en el terreno de las reformas políticas y agrarias.
Finalmente, por cuanto
aumentará en China el número de Shanghais, aumentará también el proletariado
chino. Es muy probable que este constituya un Partido Obrero Socialdemócrata
Chino, el cual, al mismo tiempo que critique las utopías pequeñoburguesas y los
puntos de vista reaccionarios de Sun Yat-sen, se preocupará sin duda por
destacar, proteger y desarrollar el núcleo democrático revolucionario de su
programa político y agrario.
Publicado el 15 de
julio de 1912 en el núm. 17 de “Névskaya Zviezdá”.
T. 21, págs. 400-406.
204
DOS UTOPÍAS.
Utopía es una palabra
griega: “u” significa en griego “no”, y “topos”, lugar. Utopía es un lugar que
no existe, una fantasía, una ficción, un cuento.
En política, utopía es un
deseo que en modo alguno puede convertirse en realidad, ni en nuestros días ni
en el porvenir; un deseo que no se apoya en las fuerzas sociales ni está
respaldado por el crecimiento y el desarrollo de las fuerzas políticas, de las
fuerzas de clase.
Cuanto menos libertad hay en
un país, cuanto más parcas son las manifestaciones de la patente lucha de las
clases, cuanto más bajo es el nivel de instrucción de las masas, con tanta mayor facilidad suelen surgir las utopías
políticas y tanto más tiempo se mantienen.
En la Rusia actual existen
dos tipos de utopía política que perduran con la mayor firmeza y ejercen, por
su atractivo, cierta influencia en las masas. Son la utopía liberal y la utopía
populista.
La utopía liberal consiste
en creer que se pueden conseguir mejoras algo serias en Rusia, en su libertad
política y en la situación de las masas del pueblo trabajador por una vía
pacífica, por las buenas, sin molestar a nadie, sin retirar a los Purishkévich,
sin una encarnizada lucha de clases llevada hasta el fin. Es la utopía de la paz entre la Rusia libre y los
Purishkévich.
La utopía populista es el
sueño del intelectual populista y del campesino trudovique en que un nuevo
reparto de todas las tierras, hecho con justicia, pueda suprimir el poder y el dominio del capital. Suprimir la esclavitud
asalariada, o el sueño en que bajo el dominio del capital, del dinero, de la
producción mercantil pueda observarse
una distribución “justa” e “igualitaria” de las tierras.
¿Cuál es el origen de estas
utopías? ¿Por qué perduran con vigor suficiente en la Rusia de nuestros días?
Su origen está en los
intereses de las clases que luchan contra el antiguo régimen, contra el
feudalismo, contra la falta de derechos, en suma, “contra los Purishkévich”, y
que no mantienen una posición independiente en esta lucha. La utopía, los
sueños, son fruto de esta falta de independencia, de esta debilidad. Los sueños son lo que el destino depara a los débiles.
La burguesía liberal, en
general, y los intelectuales liberales de la burguesía, en particular, no
pueden menos de aspirar a la libertad y a la legalidad porque, sin ellas, no es
completa, ni absoluta, ni segura la dominación de la burguesía. Pero la burguesía
teme más el movimiento de las masas que a la reacción. De ahí la sorprendente e
increíble debilidad del liberalismo
en política, su absoluta impotencia. De ahí la infinita serie de equívocos,
falsedades, hipocresía y cobardes subterfugios en toda la política de los
liberales, que deben jugar a la democracia para atraerse a las masas, pero que,
al mismo tiempo, son profundamente antidemocráticos, profundamente hostiles al
movimiento de las masas, a su iniciativa, a su manera de “asaltar el cielo”,
como dijera Marx en cierta ocasión, refiriéndose a uno de los movimientos de
masas del siglo pasado en Europa.307
![]()
307 La expresión citada ha sido tomada de la
carta de C. Marx a L. Kugelmann del 12 de abril de 1871, en la que se enjuicia
la Comuna de París.
La utopía del liberalismo es
la utopía de la impotencia en la emancipación política de Rusia, la utopía de
la egoísta bolsa de oro que quiere compartir “pacíficamente” los privilegios
con los Purishkévich, presentando este noble deseo como la teoría de una
victoria “pacífica” de la democracia rusa. La utopía liberal es el sueño de
vencer a los Purishkévich sin derrotarlos, de quebrantarlos sin hacer les daño.
Está claro que esta utopía es nociva no sólo por ser utopía, sino porque corrompe la conciencia democrática de
las masas. Las masas que crean en esta utopía jamás conseguirán la libertad,
son indignas de ella, merecen plenamente que los Purishkévich hagan escarnio de
ellas.
La utopía de los populistas
y de los trudoviques308 es el sueño del pequeño patrono, que
ocupa una posición intermedia entre el capitalista y el obrero asalariado, de
suprimir la esclavitud asalariada sin lucha de clases. Cuando el problema de la
liberación económica se plantee para Rusia tan próximo, inmediato y actual como es hoy el de la liberación
política, la utopía de los populistas resultará no menos nociva que la de los liberales.
Pero Rusia se encuentra
todavía en la época de su transformación burguesa, y no proletaria; no es el
problema de la liberación económica del proletariado el que está maduro por completo, sino el de la libertad
política, es decir (en el fondo), el de la plena libertad burguesa.
En lo que se refiere a este
último problema, la utopía de los populistas desempeña un papel histórico
peculiar. Pese a que trata de una utopía acerca de cuáles deben ser (y serán)
las consecuencias económicas de un nuevo reparto de la tierra, es un acompañante
y un síntoma del gran ascenso democrático de las masas campesinas, es
decir, de las masas que constituyen la
mayoría de la población en la Rusia actual, en la Rusia burguesa y feudal.
(En una Rusia puramente burguesa, lo mismo que en una Europa puramente
burguesa, los campesinos no constituirán la mayoría de la población.)
205
La utopía de los liberales
corrompe la conciencia democrática de las masas. La utopía de los populistas,
aun corrompiendo la conciencia socialista
de las masas, es un acompañante, un síntoma, en parte incluso expresión, de
ascenso democrático de las mismas.
La dialéctica de la historia
es tal que los populistas y los trudoviques proponen y aplican, como medio
anticapitalista, la medida capitalista más consecuente y decidida en el terreno
del problema agrario en Rusia. El “igualitarismo” del nuevo reparto de tierras
es una utopía, pero la ruptura más completa con toda la antigua propiedad
agraria, tanto con la feudal como con la parcelaria y la “fiscal”, ruptura
indispensable para el nuevo reparto,
es la medida más necesaria, más progresista desde el punto de vista económico y
más urgente en el sentido democrático burgués para un Estado como Rusia.
No olvidemos la admirable sentencia de Engels:
“Lo que es falso en el
sentido económico formal puede ser verdad en el sentido histórico universal”.309
Engels formuló esta profunda
tesis, refiriéndose al socialismo utópico. Este socialismo era “falso” en el
sentido económico formal. Era “falso” cuando declaraba que la plusvalía es una injusticia desde el punto de vista
de las leyes del intercambio. Contra este
socialismo tenían razón, en el
sentido económico formal, los teóricos de la economía política burguesa, pues
la plusvalía dimana de un modo absolutamente “natural”, absolutamente “justo”,
de las leyes del intercambio.
Pero el socialismo utópico tenía razón en el sentido histérico
universal, pues era síntoma, expresión y presagio de la clase que, nacida del
capitalismo, ha crecido hasta convertirse hoy,
![]()
308 Véanse las notas 4 y 207.
309 Lenin cita el prólogo de F. Engels a la primera edición alemana
del libro de C. Marx Miseria de la
Filosofía.
a comienzos del siglo XX, en
una fuerza de masas capaz de poner fin al capitalismo y que avanza con empuje
incontenible para lograrlo.
La profunda tesis de Engels
debe ser recordada al enjuiciar la actual utopía de los populistas o de los
trudoviques en Rusia (quizá no sólo en Rusia, sino en toda una serie de Estados
asiáticos que atraviesan en el siglo XX por revoluciones burguesas).
La democracia de los populistas, falsa en el sentido económico formal, es una
verdad en el sentido histórico; falsa
como utopía socialista, esta
democracia es una verdad de la
peculiar lucha democrática de las masas campesinas, lucha que se despliega tal
y como lo determinan las circunstancias históricas, que constituye un elemento
inseparable de la transformación burguesa y es condición del triunfo completo
de esta transformación.
La utopía liberal desenseña
a las masas campesinas de luchar. La utopía populista expresa el afán de lucha
de estas masas, prometiéndoles un millón de bienaventuranzas por la victoria;
en realidad, esa victoria les proporcionará solamente un centenar de ellas.
Pero ¿no es natural que los millones que emprenden la lucha, después de haber
vivido durante siglos en un obscurantismo inaudito, en la estrechez, la
miseria, la suciedad, el abandono y el embrutecimiento, exageren en diez veces
los frutos de la posible victoria?
La utopía liberal encubre el
deseo egoísta de los nuevos explotadores de compartir los privilegios con los
viejos explotadores. La utopía populista expresa la aspiración de millones de
trabajadores de la pequeña burguesía a acabar por completo con los antiguos explotadores feudales y es una falsa
esperanza de eliminar “a la vez” a los nuevos explotadores, a los capitalistas.
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Es claro que los marxistas,
enemigos de toda utopía, deben defender la independencia de la clase que puede
luchar con abnegación contra el
feudalismo precisamente porque no ha arraigado lo más mínimo en la
participación de la propiedad, que hace de la burguesía un enemigo a medias y,
con frecuencia, incluso un aliado de los señores feudales. Los campesinos “han
echado raíces” en la pequeña producción mercantil; si la concurrencia de
circunstancias históricas es propicia, pueden
lograr la supresión más completa del feudalismo; pero siempre mostrarán ciertas
vacilaciones —y no por casualidad, sino porque eso es inevitable— entre la
burguesía y el proletariado, entre el liberalismo y el marxismo.
Claro está que los marxistas
deben separar cuidadosamente de la paja de utopías populistas el grano bueno y
valioso del espíritu democrático sincero, decidido y combativo de las masas
campesinas.
En las viejas publicaciones
marxistas de la década del 80 del siglo pasado puede observarse la tendencia
sistemática a destacar este valioso grano democrático. Ya estudiarán
sistemáticamente algún día esta tendencia los historiadores y analizarán qué
relación guarda con lo que ha recibido el nombre de “bolchevismo” en el primer
decenio del siglo XX.
Escrito antes del 5 (18) de octubre de 1912. Publicado por vez
primera en el núm. 1 de 1924 de la revista “Zhizn”.
T. 22, págs. 117-121.

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