© Libro N° 7011. Obras Escogidas. Tomo II. Lenin, V. I. Emancipación. Febrero 22 de 2020.
Título
original: © Obras
Escogidas. Tomo II. V. I. Lenin
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OBRAS ESCOGIDAS
TOMO II
V. I. Lenin
OBRAS ESCOGIDAS
TOMO II
V. I. Lenin
OBRAS
ESCOGIDAS, TOMO II (1902-1905)
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V. I. Lenin
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Euskal Herriko
Komunistak
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TOMO 2-12
Prefacio.................................................................................................................. 1
¿Qué hacer?........................................................................................................... 3
Prologo............................................................................................................ 3
I. Dogmatismo y "Libertad de crítica"...................................................... 4
II. La espontaneidad
de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia............................................................................... 13
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata........................ 23
IV. El primitivismo
en el trabajo de los economistas y
la organización de los revolucionarios........................................... 41
V. "Plan" de un periódico político central para toda
Rusia................ 63
Conclusión.................................................................................................... 74
Anexo........................................................................................................... 75
Intento de fusionar "Iskra" con "Rabócheie
Dielo"............................... 75
Enmienda para "¿Qué hacer?"................................................................. 78
Aventurerismo revolucionario......................................................................... 79
A los pobres del campo.................................................................................... 88
1. La lucha de los obreros de la ciudad................................................... 88
2. ¿Qué quieren los socialdemócratas?.................................................. 88
3. Riqueza y miseria, propietarios y obreros en el campo.................. 93
4. ¿Con quién debe ir
el campesino medio? ¿Con los propietarios
y los ricos o con los obreros y los pobres?.................................... 99
5. ¿Qué mejoras
reclaman los socialdemócratas para
todo el pueblo y para los obreros?............................................... 102
6. ¿Qué mejoras
reclaman los socialdemócratas para todos
los campesinos?.............................................................................. 106
7. La lucha de clases en el campo......................................................... 112
Programa del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia,
propuesto por el periódico "Iskra" y la revista
"Zariá"............. 115
El problema nacional en nuestro programa................................................. 117
Un paso adelante, dos
pasos atrás................................................................. 121
Prologo........................................................................................................ 121
a) Preparación del congreso................................................................... 122
b) Importancia de los agrupamientos en el congreso.......................... 122
c) Comienza el
congreso. Incidente con el
Comité de organización................................................................. 123
d) Disolución del
grupo "Yuzhni Rabochi"........................................ 125
e) El incidente de la igualdad de las lenguas...................................... 125
f) El programa agrario............................................................................. 127
g) Los estatutos del partido.................................................................... 130
h) Discusión sobre el
centralismo antes de la escisión
entre los iskristas.............................................................................. 131
i) Articulo primero de los estatutos...................................................... 132
m) Cuadro general de
la lucha en el congreso.
El ala revolucionaria y el ala oportunista del partido............... 141
o) La nueva
"Iskra". El oportunismo en las cuestiones
de organización............................................................................... 145
p) Algo de dialéctica. Dos revoluciones............................................... 158
Democracia obrera y democracia burguesa............................................... 161
El comienzo de la revolución en Rusia....................................................... 166
Nuestras tareas y nuevas fuerzas................................................................. 168
El proletariado y el campesinado................................................................. 173
La dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y
del campesinado............................................................................. 176
Marx y el “reparto negro” norteamericano................................................ 180
Ejercito revolucionario y gobierno revolucionario.................................... 183
Notas.................................................................................................................. 187
1
PREFACIO
En el segundo volumen de
Obras Escogidas de V. I. Lenin en doce tomos hemos incluido las más importantes
del período comprendido entre 1902 y
julio de 1905.
Da comienzo el tomo con el
libro ¿Qué hacer?, que vio la luz en marzo de 1902. Lenin expuso en él su plan
de fundación del partido, de unificación de los círculos marxistas dispersos en
un solo partido revolucionario de la clase obrera de Rusia. Es sabido que en
1898, cuatro años antes de aparecer este libro, se celebró en Minsk el I
Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia; sin embargo, nada más
acabar éste, fueron detenidos cuantos participaron en él, y, de hecho, los
círculos locales no llegaron a
unificarse en un partido único. Lenin demostró en el libro ¿Qué hacer? que las
ideas sustentadas por el "economismo", corriente oportunista
extendida entre una parte de los socialdemócratas rusos, carecían de todo
fundamento. Demostró, ante todo, que el "economismo" era una variedad
del oportunismo internacional, cuyo representante principal a fines del siglo
pasado fue el socialdemócrata alemán Eduardo Bernstein, quien exigía que la
socialdemocracia dejara de ser el partido de la revolución social para
convertirse en un partido de reformas. Lenin hizo una crítica demoledora del
bernsteinianismo. Reveló el peligro que representaba para el movimiento obrero
el "culto a la espontaneidad", peculiar del "economismo",
recalcó la gran importancia que tiene para la lucha de la clase obrera una
teoría revolucionaria justa y formuló y argumentó la tesis de que "sin
teoría revolucionaria tampoco puede
haber movimiento revolucionario" (véase el presente volumen).
El periódico Iskra desempeñó
en 1902 y 1903 un papel inmenso en la elaboración de la teoría marxista y en la creación del partido revolucionario de la clase obrera. En Iskra se publicaron dos
trabajos que reproducimos en este
tomo: Aventurerismo revolucionario y El problema nacional en nuestro programa.
En el primero de ellos,
Lenin combate la táctica aventurera del terrorismo individual, que aplicaba el
partido pequeñoburgués de los socialistas -revolucionarios (eseristas) en la
lucha contra el zarismo. Demuestra, además, la importante función que debían
desempeñar en el movimiento revolucionario las relaciones entre el proletariado
y los campesinos. Trata este mismo tema —el lugar del campesinado en la futura revolución, la alianza de la clase obrera y del campesinado— en el
folleto A los pobres del campo.
En un Estado multinacional,
el destino de las "pequeñas" naciones sojuzgadas y explotadas por el
zarismo debía ser forzosamente uno de los problemas más importantes. En el
artículo dedicado a este problema, Lenin propugna que se reconozca a cada
nación el derecho a la autodeterminación.
En el verano de 1903 se
celebró el II Congreso del POSDR que puso de manifiesto las graves
contradicciones existentes en el seno del partido, las cuales condujeron, en
fin de cuentas, a su escisión y a la formación de dos partidos independientes:
el partido revolucionario de los bolcheviques y el partido oportunista de los
mencheviques. Al principio, estas contradicciones no se manifestaron en lo
principal: el congreso aprobó el programa marxista del partido, que reconocía
como objetivo final la instauración del socialismo y, como condición para el
éxito, la revolución socialista y la dictadura del proletariado. Las
contradicciones se patentizaron al discutirse los estatutos y, en particular,
el problema de la militancia en el partido. Frente a la idea leninista del
partido como destacamento organizado
de vanguardia del
proletariado, el líder menchevique Mártov defendió la tesis de un partido que
admitiese sin cortapisas en sus filas a cuantos lo desearan, es decir, de una
organización amorfa y, en el fondo, pequeñoburguesa y oportunista.
En mayo de 1904 se publicó el libro de Lenin Un paso adelante,
dos pasos atrás que reprodujo el panorama de la lucha interna en el II Congreso
del POSDR. Lenin preparó este libro durante varios meses, estudiando
minuciosamente las actas del congreso y otros documentos del partido de aquél
período. En esta obra asestó un golpe demoledor al oportunismo de los
mencheviques en los problemas de organización, desarrolló la teoría marxista
del partido y concretó los principios orgánicos del partido proletario revolucionario.
Rusia abocó en el período del imperialismo en los umbrales del siglo XX; la
tran sición a la fase monopolista
viose acelerada por la grave crisis de 1900-1903. La ofensiva del capital
contra la clase obrera en los años de esta crisis hizo que se acrecentara el
movimiento huelguístico. Los obreros empezaron a pasar de las huelgas de carácter
económico a las huelgas políticas, a la lucha contra el régimen autocrático.
Comenzó la efervescencia entre los campesinos, los cuales reclamaban la
devolución de las tierras arrebatadas por los latifundistas al abolirse el
régimen de la servidumbre. Se extendió el movimiento estudiantil, que
reivindicaba libertades políticas. La guerra con el Japón, que comenzó en 1904,
exacerbó todas las contradicciones de la vida social de Rusia y aceleró los
acontecimientos revolucionarios. La guerra puso al desnudo la putrefacción del
zarismo, la descomposición de la
máquina estatal de arriba abajo. A pesar de que los soldados rusos pelearon con
valentía, el gobierno zarista sufrió una derrota bochornosa. La conflagración
aumentó bruscamente el descontento en el país y aceleró la revolución.
2
El 9 de enero de 1905, las tropas zaristas ametrallaron en San
Petersburgo una procesión pacífica de obreros que se dirigían al Palacio de
Invierno para entregar una petición al zar. En el país estalló la revolución.
En abril, tres meses después, se celebró en Londres el III Congreso del POSDR,
que definió las tareas principales y la táctica del partido en la revolución
iniciada. Esta se acrecentó durante la primavera y el verano de 1905, luchando
en vanguardia los proletarios: los obreros del San Petersburgo industrial, los
tejedores de Ivánovo-Voznesensk y los metalúrgicos de los Urales. El movimiento
se extendió a los campesinos e incluso
repercutió en el ejército y la marina. En junio se sublevó la tripulación del
acorazado Potemkin y, por vez primera en la historia
de Rusia, se izó la bandera de la revolución en un barco de guerra.
La sublevación de Potemkin
causó gran impresión en Rusia y en el mundo entero. A pesar de que fue
sofocada, Lenin le concedía magna importancia. Precisamente con motivo de estos sucesos escribió el artículo
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario.
Durante las huelgas
surgieron nuevas formas de organización y de lucha: los Soviets de diputados
obreros y los sindicatos.
El POSDR desempeñó un
ingente papel en el movimiento del proletariado, del campesinado y de los
soldados en 1905. Los socialdemócratas leninistas dirigieron huelgas, hicieron
propaganda en el ejército y prepararon la huelga general política. El POSDR llegó
a la primera revolución rusa ya preparado, con una concepción del mundo
sistematizada y un programa definido.
* * *
Los trabajos que figuran en
el presente volumen han sido traducidos de la 5a edición rusa de las Obras
Completas de V. I. Lenin, preparada por el Instituto de Marxismo-Leninismo
adjunto al CC del PCUS. Al final de cada
trabajo, a la derecha, se indican el tomo y las páginas correspondientes.
LA EDITORIAL
Lenin
ÍNDICE
Prólogo del autor
I. Dogmatismo y
"libertad de crítica"
¿Qué significa la "libertad de
crítica"?
Los nuevos defensores de la "libertad de crítica"
La crítica en Rusia
Engels sobre la importancia de la lucha teórica
II. La
espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia Comienzo del ascenso espontáneo
El culto a la espontaneidad. "Rabóchaya Mysl"
El Grupo de Autoemancipación y
"Rabóchei Dielo"
III. Política
tradeunionista y política socialdemócrata
La agitación política y su restricción
por los economistas De cómo Martínov ha profundizado a Plejánov
Las denuncias políticas y la necesidad
de "infundir actividad revolucionaria"
¿Qué hay de común entre el economismo y el terrorismo?
La clase obrera como combatiente de
vanguardia por la democracia Una vez más "calumniadores", una vez más
"embaucadores"
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios ¿Qué es el primitivismo en el trabajo?
El primitivismo en el trabajo y el economismo
La organización de los obreros y la
organización de los revolucionarios Amplitud de la labor de organización
La organización "de conspiradores" y la
"democracia"
El trabajo a escala local y a escala
nacional
V. "Plan" de un periódico
político central para toda Rusia A quién ha ofendido el artículo "¿Por dónde empezar?"
¿Puede un periódico ser organización colectiva?
¿Qué tipo de organización necesitamos?
Conclusión
Anexo. Intento de fusionar "Iskra" con "Rabócheie
Dielo"
Enmienda
para "¿Qué hacer?"
Notas
3
¿QUÉ HACER?
Problemas candentes de nuestro
movimiento “...La
lucha interna da al partido fuerza y vitalidad; la prueba más grande de la
debilidad de un partido
es la
amorfia y la ausencia de fronteras bien delimitadas; el partido se fortalece
depurándose...” (De una carta de Lassalle a Marx, 24 de junio de 1852)
Prólogo
Según el plan inicial del
autor, el presente folleto debía consagrarse a desarrollar minuciosamente las
ideas expuestas en el artículo ¿Por dónde
empezar?1 (Iskra2,
núm. 4, mayo de 1901)*.
* Véase la presente edición, tomo. I. (N. de la Edit.)
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1 El artículo de Lenin ¿Por dónde empezar?, publicado como
editorial en el número 4 de Iskra, da
respuesta a las cuestiones más importantes del movimiento socialdemócrata de
Rusia en aquellos tiempos: carácter y contenido principal de la agitación
política, tareas de organización y plan de creación de un combativo partido
marxista de toda Rusia. Lenin denominó al artículo ¿Por dónde empezar? Esbozo
del plan desarrollado más tarde en el libro ¿Qué hacer?
El artículo sirvió de documentos programático para la
socialdemocracia revolucionaria y fue muy difundido en Rusia y en el extranjero
2 "Iskra" ("La Chispa"): primer periódico marxista
clandestino de toda Rusia, fundado por Lenin en 1900; desempeñó un papel
decisivo en la creación del partido marxista revolucionario de la clase obrera.
Ante la imposibilidad de
editar en Rusia un periódico revolucionario como consecuencia de las
persecuciones policíacas, Lenin concibió en todos los detalles, todavía
desterrado en Siberia, el plan de su publicación en el extranjero. Y terminada
la deportación (enero de 1900), emprendió inmediatamente la puesta en práctica
de su plan. El primer número de la Iskra
leninista vio la luz en diciembre de 1900, en Leipzig; los siguientes, en
Munich; a partir de julio de 1902, en Londres, y desde la primavera de 1903, en
ginebra.
Formaban la Redacción de Iskra
V. I. Lenin, J. Plejánov, Y. Martóv, P. Axelrod, A. Potrésov y V. Zasúlich.
Lenin era de hecho el redactor-jefe y el director del periódico. Publicó en él
artículos sobre todos los problemas fundamentales de la organización del
partido y de la lucha de la clase del proletariado de Rusia y se hizo eco de
los acontecimientos más importantes de la vida internacional.
Iskra se convirtió en centro unificador de las fuerzas del partido,
en centro que agrupaba y educaba a sus cuadros. En diversas ciudades de Rusia
(Petersburgo, Moscú, samara, etc.) se constituyeron grupos y comités del POSDR
de orientación leninista-iskrista, y en enero de 1902 se celebró en Samara un
Congreso de iskristas, en el que se fundó la organización rusa de Iskra.
Por iniciativa de Lenin y
con su participación personal, la Redacción de Iskra elaboró un proyecto de Programa del partido (publicado en el
número 21 del periódico) y preparó el II Congreso del POSDR, que se celebró en
julio y agosto de 1902. Para entonces, la mayoría de las organizaciones
socialdemócratas locales de Rusia se había adherido ya a Iskra, aprobando su táctica, su programa y su plan de organización
y reconociéndolo como su órgano dirigente. El Congreso destacó en una resolución especial el papel excepcional
de Iskra en la lucha por la creación
del partido y proclamó al periódico Órgano Central del POSDR. El II Congreso
eligió la redacción, compuesta por Lenin, Plejánov y Mártov. En contra del
acuerdo adoptado por el Congreso, Mártov se negó a formar parte de la Redacción
de Iskra y sus números 46-51 se
publicaron bajo la dirección de Lenin y Plejánov. Con posterioridad, Plejánov
adoptó las posiciones del menchevismo y exigió que fuesen incluidos en la
Redacción de Iskra todos los antiguos
redactores mencheviques repudiados por el Congreso. Lenin no pudo aceptar esto
y abandonó la Redacción del periódico el 19 de octubre (1 de noviembre) de
1903, siendo cooptado para el CC, desde el que luchó contra los oportunistas
mencheviques. El número 52 apareció bajo la dirección exclusiva de Plejánov,
quien el 13 (26) de noviembre de 1903, incumpliendo la voluntad del Congreso,
cooptó por su cuenta para la Redacción de Iskra
a sus antiguos redactores mencheviques. A partir del número 52, los
mencheviques convirtieron Iskra en su
propio órgano.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
En primer lugar, debemos
disculparnos ante el lector por haber cumplido con retraso la promesa que
hicimos en dicho artículo (y que repetimos en respuesta a numerosos
requerimientos y cartas particulares). Una de las causas de dicha tardanza ha
sido la tentativa, hecha en junio del año pasado (1901), de unificar todas las
organizaciones socialdemócratas rusas en el extranjero3. Era natural que esperase los resultados de esta tentativa que,
de haber tenido éxito, tal vez se hubiese requerido exponer las concepciones de
Iskra en materia de organización
desde un punto de vista algo distinto; en todo caso, este éxito prometía acabar
muy pronto con la existencia de dos corrientes la socialdemocracia rusa. El
lector sabe que el intento fracasó y que, como procuramos demostrar a continuación,
no podía terminar de otro modo después del nuevo viraje de Rabócheie Dielo4, en su número 10, hacia el
"economismo". Ha sido absolutamente necesario emprender una enérgica
lucha contra esta tendencia imprecisa y poco definida, pero, en cambio, tanto
más persistente y capaz de resurgir en formas diversas. De acuerdo con ello, ha
cambiado y se ha ampliado en grado muy considerable en plan inicial del
folleto.
Debían haber sido su tema
principal los tres problemas planteados en el artículo ¿Por dónde empezar?, a saber: el carácter y el contenido principal
de nuestra agitación política, nuestras tareas
de organización y el plan de crear, simultáneamente y en distintas partes, una
organización combativa de toda Rusia. Estos problemas interesan desde hace
mucho al autor, quien trató ya de plantarlos en Rabóchaya Gazeta5 durante una de las tentativas
infructuosas de reanudar su publicación (véase el cap. V). Dos razones han
hecho irrealizable
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3 Por iniciativa del grupo Borbá ("La
lucha") y con su mediación, las organizaciones socialdemócratas en el
extranjero (Unión de Socialdemócratas Rusos, Comité del Bund en el extranjero,
organización revolucionaria Sotsial-Demokrat y organizaciones extranjeras de Iskra y Zariá) sostuvieron conversaciones en la primavera y el verano de
1901 para tratar de llegar a un acuerdo y unificarse. Como preparación del
Congreso en que debía efectuarse la unificación, en junio de 1901 se celebró en
Ginebra una conferencia de representantes de las organizaciones mencionadas (de
ahí su denominación de "Conferencia de junio" o "Conferencia de
Ginebra". En ella se elaboró una resolución (acuerdo en principio), en la
que se consideraba necesario cohesionar todas las organizaciones socialdemócratas
y se condenaba el oportunismo en todas sus manifestaciones y matices:
"economismo", bernsteinianismo, millerandismo, etc. Pero el nuevo
viraje de la Unión de Socialdemócratas Rusos y de su órgano Rabócheie Dielo ""La Causa
Obrera") hacia el oportunismo condenó al fracasó los intentos de
unificación.
El Congreso de unificación de las organizaciones del POSDR en el
extranjero se celebró
en Zurich los días 21 y 22 de septiembre (4 y 5 de octubre) de 1901. Asistieron
a él 6 miembros de las organizaciones de Iskra
y Zariá en el extranjero (Lenin,
Krúpskaya, Mártov y otros), 8 de la organización revolucionaria
Sotsial-Demokrat (de ellos, tres militantes del grupo Emancipación del
Trabajo:: Plejánov, Axelrod y Zasúlich), 16 de la Unión de Socialdemócratas del
Bund en el extranjero) y 3 del grupo Borbá. Lenin, que asistió al Congreso con
el seudónimo de "Frei", pronunció un brillante discurso sobre el
primer punto del orden del día: "Acuerdo en principio e instrucciones a
las redacciones". Fue éste el primer discurso público de Lenin ante los
socialdemócratas rusos en el extranjero. En el Congreso se presentaba en junio
pro el III Congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos. En vista de ello, la
parte revolucionaria del Congreso (los miembros de las organizaciones de Iskra y Zariá, así como los de Sotsial-Demokrat) dio lectura a una
declaración sobre la imposibilidad de llegar a la unificación y abandonó el
Congreso. Por iniciativa de Lenin, estas organizaciones se unificaron en
octubre de 1901, formando la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en
el Extranjero.
4 "Rabócheie
Dielo" ("La Causa Obrera"): revista, órgano de la Unión de
Socialdemócratas Rusos en el Extranjero. Se publicó en Ginebra desde abril de
1899 hasta febrero de 1902, apareciendo 12 números (en nueve volúmenes). La
Redacción de Rabócheie Dielo era el
centro de los "economistas" en el extranjero. La revista apoyaba la
consigna bernsteiniana de "libertad de crítica" del marxismo y
sustentaba posiciones oportunistas en las cuestiones relacionadas con la
táctica y las tareas de organización de la socialdmeocrracia rusa. Los adeptos
de Rabócheie Dielo propagaban la idea
oportunista de subordinación de la lucha política del proletariado a la lucha
económica, se prosternaban ante la espontaneidad del movimiento obrero y
negaban el papel dirigente del partido. En el II Congreso del POSDR, los
portavoces de Rabócheie Dielo
representaban al ala del extrema derecha, oportunista, del partido.
5 "Rabóchaya Gazeta" ("La Gaceta Obrera"): órgano
clandestino de los socialdemócratas de Kíev. En total aparecieron
dos números: el primero, en
agosto de 1897; el segundo, en diciembre (con fecha de noviembre) del mismo
año. El I Congreso del POSDR (marzo de 1898) proclamó a Rabóchaya Gazeta órgano oficial del partido. Después del Congreso,
debido a la detención de los miembros del Comité Central y de la redacción del
periódico, así como de la destrucción de la imprenta, no pudo ver la luz el
tercer número de Rabóchaya Gazeta,
preparado ya para su impresión. En 1899 se intentó reanudar su publicación.
Lenin habla de este intento en el apartado "a" del capítulo quinto de
¿Qué hacer? (Véase el presente
volumen, pág. 169-176).
por completo nuestro primer
propósito de circunscribirnos en este folleto al examen de los tres problemas
mencionados y de exponer nuestras ideas, en la medida de lo posible de manera
afirmativa, sin recurrir o casi sin recurrir a la polémica. Por una parte, el
"economismo" ha resultado más vivaz de lo que suponíamos (empleamos
la palabra "economismo" en su sentido amplio, como se explicó en el
número 12 de Iskra (diciembre de
1901), en el artículo Conversación con
los defensores del economismo, que trazó, por decirlo así, un esbozo del
folleto** que ofrecemos a la atención del lector).
** La comparación de las dos tendencias
existentes en el proletariado revolucionario (la revolucionaria y la
oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo
XVIII (la jacobina —la Montaña— y la gironda) fue hecha en el artículo de fondo
del número 2 de Iskra (febrero de
1901) escrito por Plejánov. A los demócratas-constitucionalistas 6, los "sin título" 7 y los
mencheviques les gusta mucho, hasta ahora, hablar del "jacobinismo"
en la socialdemocracia rusa. Pero hoy prefieren callar u...
olvidar que Plejánov lanzó por primera
vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia. (Nota de Lenin
para la edición de 1907.— N. de la Edit.)
Ha llegado a ser indudable
que las distintas opiniones sobre el modo de resolver estos tres problemas se
explican mucho más por una oposición
radical entre las dos tendencias de la soicaldemocracia rusa que por
divergencias de detalle. Por otra parte, la perplejidad de los
"economistas" al ver que Iskra
sostenía de hecho nuestras concepciones ha evidenciado que hablamos a menudo en
lenguajes literalmente distintos; que, debido a ello, no podemos llegar a ningún acuerdo sin comenzar ab ovo*; que es necesario intentar "explicarnos" sistemáticamente
con todos los "economistas" en la forma más popular posible y basándonos en el mayor número posible
de ejemplos concretos sobre todos los puntos cardinales de nuestras
discrepancias. Y me he decidido a hacer esta tentativa de
"explicarnos" con plena conciencia de que ello va a aumentar
muchísimo el volumen del folleto y a retardar su aparición; pero no he visto
ninguna otra posibilidad de cumplir la promesa hecha en el artículo ¿Por dónde empezar? Así pues, a las disculpas
por la tardanza he de añadir las excusas por los inmensos defectos del folleto
en lo que a su forma literaria se refiere: he tenido que trabajar con una precipitación extrema y, además,
prestar atención a otras muchas ocupaciones.
* Ab ovo: desde el
principio. (N. de la Edit.)
El examen de los tres
problemas indicados sigue constituyendo el tema principal del folleto. Pero he
tenido que comenzar por dos problemas de carácter más general: ¿por qué la
consigna de "libertad de crítica", tan "inocente" y "natural",
es para nosotros una verdadera llamada al combate?; ¿por qué no podemos llegar
a un acuerdo ni siquiera en el problema fundamental del papel de la
socialdemocracia en relación al movimiento espontáneo de masas? Luego expongo
las opiniones acerca del carácter y el contenido de la agitación política, exposición que se ha convertido en un
esclarecimiento de la diferencia entre la política tradeunionista y la
socialdemócrata, en tanto que la exposición
de los puntos de vista sobre las tareas de organización se ha transformado en
un esclarecimiento de la diferencia entre los métodos primitivos de trabajo,
que satisfacen a los "economistas", y la organización
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6 Demócratas-constitucionalistas:
miembros del Partido Demócrata Constitucionalista, principal partido de la
burguesía monárquica liberal de Rusia. Se fundó en octubre de 1905 con
elementos de la burguesía, terratenientes de los zemstvos e intelectuales
burgueses, que se encubrían con falaces frases "democráticas" para
ganarse a los campesinos. Los demócratas-constitucionalistas aspiraban a un
entendimiento con el zarismo; exhortaban a crear una monarquía constitucional y
combatían la consigna de República, defendían la conversación del régimen de
propiedad terrateniente y aprobaban el aplastamiento del movimiento
revolucionario por el zarismo. Durante la primera guerra mundial actuaron como
ideólogos del imperialismo y partidarios de la política anexionista del
zarismo. Triunfante la Gran Revolución Socialista de Octubre, los demócratas-
constitucionalistas enemigos encarnizados del Poder soviético – participaron en
todas las acciones armadas de la contrarrevolución y en las campañas de los
intervencionistas. Después de ser derrotados los intervencionistas y guardias
blancos, los demócratas-constitucionalistas prosiguieron su actividad
contrarrevoluccionaria antisoviética en la emigración.
7 Los sin
título: grupo semimenchevique, semidemoconstitucionalista, de intelectuales
burgueses rusos, formado en el período en que empezó a decrecer la revolución
de 1905-1907. Tomó su nombre del semanario político Bez Zaglavia ("Sin Título") que se publicó en Petersburgo
de enero a mayo de 1906 bajo la dirección de Prokopóvich. Más tarde, los "sin título" se
agruparon alrededor del periódico demócrata-constitucionalista de izquierda Továrisch ("El Camarada").
Encubriéndose con su sin partidismo formal, los "sin título" fueron
vehículos de las ideas del liberalismo burgués y del oportunismo y apoyaron a
los revisionistas de la socialdemocracia rusa e internacional.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
de revolucionarios, que
consideramos indispensable. Después insisto en el "plan" de un
periódico político para toda Rusia, tanto más que las objeciones hechas contra
él carecen de fundamento y que no se ha dado una respuesta a fondo a la pregunta
hecha en ¿Por dónde empezar? De cómo
podríamos emprender simultáneamente en todas partes la formación de la organización que necesitamos. Por
último, en la parte final del folleto espero demostrar que hemos hecho cuanto
dependía de nosotros para prevenir una ruptura decisiva con los
"economistas", ruptura que, sin embargo, ha resultado inevitable; que
Rabócheie Dielo ha adquirido una
significación particular, y se quiere "histórica", por haber
expresado de la manera más completa y con el mayor relieve no el
"economismo" consecuente, sino más bien la dispersión y las
vacilaciones que han constituido el rasgo distintivo de todo un período de la historia de la socialdemocracia rusa; que
por eso adquiere también importancia la polémica, demasiado detallada a primera
vista, con Rabócheie Dielo, pues no
podemos avanzar sin superar definitivamente este período.
Febrero de 1902
N. Lenin
4
I. Dogmatismo y
"libertad de crítica"
¿Qué significa la "libertad de crítica"?
La "libertad de
crítica" es hoy, sin duda, la consigna más en boga, la que más se emplea
en las discusiones entre socialistas y demócratas de todos los países. A
primera vista es difícil imaginarse nada más extraño que esas alusiones
solemnes a la libertad de crítica, hechas por una de las partes contendientes.
¿Es que en el seno de los partidos avanzados se han levantado voces en contra
de la ley constitucional que garantiza la libertad de ciencia y de
investigación científica en la mayoría de los países europeos? "¡Aquí pasa
algo!", se dirá toda persona ajena a la cuestión que haya oído la consigna
de moda, repetida en todas partes, pero que no haya profundizado aún en la
esencia de las discrepancias. "Esta consigna es, por lo visto, una de esas
palabrejas convencionales que, como los apodos, son legalizadas por el uso y se
convierten casi en nombres comunes".
En efecto, para nadie es un
secreto que en el seno de la socialdemocracia internacional* contemporánea se
han formado dos tendencias cuya lucha ora se reaviva y levanta llamas ora se
calma y consume bajo las cenizas de impresionantes "resoluciones de
armisticio". En qué consiste la "nueva tendencia, que asume una
actitud "crítica" frente al marxismo "viejo, dogmático", lo
ha dicho Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente
claridad.
* A propósito. En la historia del
socialismo moderno es quizá un hecho único, y extraordinariamente consolador en
su género, que una disputa entre distintas tendencias en el seno del socialismo
se haya convertido, por vez primera, de nacional e internacional.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
En otros tiempos, las
discusiones entre lassalleanos y eisenacheanos8, entre
guesdistas y posibilistas9, entre fabianos10 y socialdemócratas, entre partidarios de Libertad del Pueblo11 y socialdemócratas12 eran
discusiones puramente nacionales,
![]()
8 Lassalleanos
y eisenacheanos: dos
partidos en el movimiento obrero alemán de la década del 60 y comienzos de la
del 70 del siglo XIX. Sostuvieron una encarnizada lucha, principalmente en
torno a las cuestiones de táctica y, sobre todo, en el problema más palpitante
de la vida política de Alemania de aquella época: las vías de su unificación.
Lassalleanos: partidarios y continuadores del socialista pequeñoburgués
alemán Fernando Lassalle, miembros de la Unión General Obrera Alemana, fundada
en 1863 en el Congreso de sociedades obreras celebrado en Leipzig. Su primer
presidente fue Lassalle, que formuló en programa y las bases tácticas de la
Unión. En su actividad práctica, Lassalle y sus partidarios apoyaban la
política imperialista de Bismarck. "Objetivamente –escribía Engels a Marx
el 27 de enero de 1865 —, esto fue una infamia y una traición a todo el
movmiento obrero a favor de los prusianos". Marx y Engels criticaron
duramente en repetidas ocasiones la teoría, la táctica y los principios de
organización de los lassalleanos como corriente oportunista en el movimiento
obrero alemán.
Eisenaccheanos: miembros del Partido Obrero Socialdemócrata Alemán, fundado en
1869 en el Congreso de constitución de Eisenach. Encabezaban a los
eisenacheanos Augusto Bebel y Guillermo Liebknecht, que se hallaban bajo la
influencia ideológica de Marx y Engels. En el programa de Eisenach se
proclamaba que el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán se consideraba
"una sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores, cuyas
aspiraciones comparte". En cuanto a la unificación de Alemania, los
eisenacheanos defendían "la vía democrática y proletaria, oponiéndose a
que se hiciera la menor concesión al prusianismo, al bismarckianismo y al
nacionalismo" (V. I. Lenin. Augusto
Bebel. Obras Completas, 5ª ed. en ruso. t. 23).
Al formarse en 1871 el Imperio alemán desapareció la
discrepancia táctica fundamental entre lassalleanos y eisenacheanos, y en 1875,
el ascenso del movmiento obrero y el recrudecimiento de las persecuciones
gubernativas llevó a ambos partidos a unificarse en el Congreso de Gotha,
formado el Partido Socialista Obrero de Alemania (más tarde, Partido
Socialdemócrata de Alemania).
9 Guesdistas y posibilistas: corrientes revolucionaria y oportunista,
respectivamente, del movimiento socialista francés. En 1882, al escindirse el
partido obrero de Francia en el Congreso de Saint-Etienne, formaron dos
partidos. Guesdistas: partidarios de
J. Guesde y P. Lafargue, corriente marxista de izquierda, defendida la
necesidad de que el proletariado aplicase una política revolucionaria
independiente. Los guesdistas conservaron el nombre de Partido Obrero de
Francia y permanecieron fieles al programa de El Havre, aprobado por el partido
en 1880, cuya parte teórica había escrito Marx. Gozaban de gran influencia en
los centros industriales de Francia y agrupaban a los elementos avanzados de la
clase obrera. En 1901 formaron el Partido Socialista de Francia.
Posibilistas (P. Brousse, B. Malon y otros): corriente reformista,
pequeñoburguesa, que apartaba al proletariado de los métodos revolucionarios de
lucha. Los posibilistas constituyeron el Partido Obrero Social-Revolucionario.
Negaban el programa revolucionario y la táctica revolucionaria del
proletariado, velaban los objetivos socialistas del movimiento obrero y
proponían limitar la lucha de los obreros en el marco de "lo
posible", por lo que recibieron la denominación de
"posibilistas". Tenían influencia principalmente en las regiones de
Francia más atrasadas en el aspecto económico y entre los sectores menos
desarrollados de la clase obrera. En 1902, los posibilistas y otros grupos
reformistas fundaron el Partido Socialista Francés, con J. Jaurés al frente.
El Partido Socialista de
Francia y el Partido Socialista Francés se fusionaron en 1905, formando un solo
partido: el Partido Socialista Francés. Durante la guerra imperialista de
1914-1918, sus dirigentes (Guesde, Sembat, etc.) traicionaron la causa de la
clase obrera y se hicieron socialchovinistas.
10 Fabianos: miembros de la
Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa fundada en 1884. Recibión
este nombre en memoria del caudillo romano Fabio Máximo (siglo III a. n. e.),
llamado Cunctátor ("El Contemporizador") por su táctica expectante,
que le hacía rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. La
Sociedad Fabiana estaba compuesta principalmente de intelectuales burgueses:
científicos, escritores y políticos (como S. B. Webb, B. Show, R. MacDonald y
otros). Lenin decía que los fabianos eran "la expresión más acabada del
oportunismo" (V.I. Lenin. El programa agrario de la socialdemocracia en la
primera revolución rusa de 1905-1907. Obras Completas, 5ª ed. en ruso t. 16).
En 1900, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. El
"socialismo fabiano" es una de las fuentes de la ideología laborista.
11 La Libertad del Pueblo:
organización política secreta de los populistas-terroristas, surgida en agosto
de 1897 al escindirse la organización populista Tierra y Libertad. Aun
sustentando las posiciones del socialismo utópico populista, los miembros de la
Libertad del Pueblo emprendieron el camino de la lucha política considerando
que la tarea más importante consistía en derrocar la autocracia y conquistar la
libertad política.
Sostuvieron una heroica
lucha contra la autocracia zarista. Pero basándose en la errónea teoría de los
"héroes" activos y la "multitud" pasiva, pensaban
transformar la sociedad con sus propias fuerzas, sin la participación del
pueblo, mediante el terror individual, la intimidación y la desorganización del
gobierno. Después del asesinato de Alejandro II (1 de marzo de 1881), el
gobierno aplastó la organización la Libertad del Pueblo por medio de crueles
represiones, ejecuciones y provocaciones. Los repetidos intentos hechos en los
años 80 para reconstruirlo no dieron resultado.
12 Se alude a los miembros de la
Federación Socialdemócrata de Inglaterra, fundada en 1884. A la par con los
reformistas (Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de ella un grupo
de socialdemócratas revolucionarios partidarios del marxismo (H. Quelch, T.
Mann, E. Aveling, Eleonora Marx y otros), que representaban el ala izquierda
del movimiento socialista inglés. Engels criticó duramente a la Federación
Socialdemócrata de Inglaterra, acusándola de dogmatismo y sectarismo, de
aislarse del movimiento obrero de masas e ignorar sus peculiaridades. La
Federación
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
reflejaban peculiaridades
netamente nacionales, se desarrollaban, por decirlo así, en planos distintos.
En la actualidad (ahora se ve esto bien claro), los fabianos ingleses, los
ministerialistas franceses 13, los bernsteinianos 14 alemanes y los críticos rusos 15 son una
sola familia; se elogian mutuamente, aprenden los unos de los otros y cierran
filas contra el marxismo "dogmático". ¿Será en esta primera
contienda, realmente internacional, con el oportunismo socialista donde la
socialdemocracia revolucionaria internacional se fortalezca los suficiente para
acabar con la reacción política que impera en Europa desde hace ya largo
tiempo?
La socialdemocracia debe
dejar de ser el partido de la revolución social para transformarse en un
partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reclamación
política con toda una batería de "nuevos" argumentos y razonamientos
concertados con bastante armonía. Se ha negado la posibilidad de basar el
socialismo en argumentos científicos y demostrar que es necesario e inevitable
desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia; se ha
refutado la miseria creciente, la proletarización y la exacerbación de las
contradicciones capitalistas; se ha declarado carente de fundamento el concepto
mismo de "objetivo final" y
rechazado de plano la idea de la dictadura del proletariado; se ha denegado que
haya oposición de principios entre el
liberalismo y el socialismo, se ha rebatido la
teoría de la lucha de clases, afirmando que es inaplicable a una sociedad
estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc.
Así pues, la exigencia de
que la socialdemocracia revolucionaria dé un viraje decisivo hacia el
socialreformismo burgués ha ido acompañada de un viraje no menos decisivo hacia
la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta
última crítica del marxismo se venía haciendo ya mucho tiempo, utilizando para
ello la tribuna política, las cátedras universitarias, numerosos folletos y
gran cantidad de tratados científicos; como toda la nueva generación de las
clases instruidas ha sido educada sistemáticamente durante decenios en esta
crítica, no es de extrañar que la "nueva" tendencia
"crítica" haya salido de golpe con acabada perfección en el seno de
la socialdemocracia, como Minerva de la cabeza de Júpiter16. Por su fondo, esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni
formarse: ha sido trasplantada directamente de las publicaciones burguesas a
las publicaciones socialistas.
5
Prosigamos. Por si la
crítica teórica de Bernstein y sus anhelos políticos estaban aún poco claros
para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente
lo que es el "nuevo método". Francia se ha hecho una vez más acreedora
de su vieja reputación de "país en el que las luchas históricas de clase
se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio"
(Engels, fragmento del prólogo a la obra de Marx Der 18
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adoptó en 1927 el nombre de
Partido Socialdemócrata, el cual se fusionó en 1911 con los elementos de
izquierda del Partido Obrero Independiente para formar el Partido Socialista
Británico. En 1920, la mayoría de sus afiliados participó en la fundación del
Partido Comunista de la Gran Bretaña.
13
Ministerialistas
(millerandistas): adeptos de una corriente oportunista en los partido
socialistas de Europa Occidental a fines del siglo XIX y comienzos del XX,
deben su nombre al socialista francés A. Millerand, que en 1899 formó parte del
gobierno burgués reaccionario de Francia y aplicó juntamente con la burguesía
una política imperialista.
14 Bernsteinianos: partidarios de una corriente hostil al marxismo en la
socialdemocracia alemana e internacional, surgida a fines del siglo XIX en
Alemania y que debe su nombre a Eduardo Bernstein, el representante más franco
de las tendencias oportunistas de derecha en el Partido Socialdemócrata Alemán.
Después de la muerte de Engels, Bernstein propugnó la revisión
más descarada de la doctrina revolucionaria de Marx, de acuerdo con el espíritu
del liberalismo burgués (en los artículos Problemas
del socialismo y en el libro Premisas
del socialismo y tareas de la socialdemocracia), pretendiendo convertir el
Partido Socialdemócrata en un partido pequeñoburgués
de reformas sociales. En Rusia fueron partidarios del bernsteinianismo los
"marxistas legales", los "economistas", los bundistas y los
mencheviques. –10.
15
Los
críticos rusos: Lenin alude a los "marxistas legales" Struve,
Bulgákov, Berdiáev y otros, que combatían el marxismo revolucionario en las
publicaciones legales.
16 Júpiter y Minerva: dioses del Panteón de la antigua Roma.
Júpiter: dios del cielo, la luz, la lluvia y los truenos: más tarde,
divinidad suprema en el Imperio Romano.
Minerva:
diosa de la guerra y protectora de los oficios, las ciencias y las arte.
Júpiter y Minerva son identificados en la mitología romana con los dioses
griegos Zeus y Atenea, aplicándoseles todos los mitos de estos dos últimos,
incluso el del nacimiento de Atenea, que salió ya armada de la cabeza de Zeus.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
Brumaire) 17. En lugar de teorizar, los socialistas
franceses han puesto manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más
desarrolladas en el aspecto democrático, les han permitido pasar sin demora al
"bernsteinianismo práctico" con todas sus consecuencias. Millerand ha
dado un brillante ejemplo de este bernsteinianismo práctico: ¡por algo
Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y ensalzar con tanto celo a
Millerand! En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, ni más ni menos
que un partido de reformas y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza,
un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués sino que
incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la
supresión de la dominación de las clases, ¿por qué un ministro socialista no ha
de cautivar a todo el mundo burgués con discursos acerca de la colaboración de
las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de que los
asesinatos de obreros por gendarmes hayan puesto de manifiesto por centésima y
milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las
clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar,
al que los socialistas franceses no dan ahora otro nombre que el de héroe de la
horca, del látigo y de la deportación ("knouteur,
pendeur et déportateur")? ¡Y
a cambio de esta infinita humillación y este autoenvilecimiento del socialismo
ante el mundo entero, a cambio de pervertir la conciencia socialista de las
masas obreras —única base que pueda asegurarnos el triunfo —, a cambio de todo
eso ofrecer unos rimbombantes proyectos de reformas tan miserables que eran
mayores las que se lograba obtener de los gobiernos burgueses!
Quien no cierre
deliberadamente los ojos debe ver por fuerza que la nueva tendencia
"crítica" surgida en el socialismo no es sino una nueva variedad de oportunismo. Y sin o juzgamos a los
hombre por el brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos, ni por el
pomposo sobrenombre que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por las ideas
que propagan en realidad, veremos claramente que la "libertad de crítica"
es la libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia,
la libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata de reformas,
la libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas y elementos
burgueses.
La libertad es una gran
palabra; pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las
guerras más rapaces, y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha
expoliado a los trabajadores. La misma falsedad intrínseca lleva implícito el
empleo actual de la expresión "libertad de crítica". Personas
verdaderamente convencidas de haber impulsado la ciencia no reclamarían
libertada para las nuevas concepciones al lado de las viejas, sino la
sustitución de estas últimas por las primeras. En cambio, los gritos actuales
de ¡Viva la libertad de crítica! Recuerdan demasiado la fábula del tonel vacío.
Marchamos en grupo compacto,
asidos con fuerza de las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos
rodeados de enemigos por todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo
su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión adoptada con toda libertad,
precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, en
la contigua charca, cuyos moradores nos reprochan desde el primer momento el
habernos separado en un grupo independiente y elegido el camino de la lucha y
nos el de la conciliación. Y de pronto, algunos de los nuestros empiezan a
gritar: "¡vamos a esa charca!" Y cuando se les pone en vergüenza,
replican: ¡ah, sí, señores, ustedes son libres no sólo de invitarnos, sino de
ir adonde mejor les plazca, incluso a la charca; hasta creemos que su sitio de
verdad se encuentra precisamente en ella, y estamos dispuestos ayudarles en lo
que podamos para que se trasladen ustedes
allí! ¿Pero, en ese caso, suelten nuestras manos, no se agarren a nosotros, ni
envilezcan la gran palabra libertad, porque también nosotros somos
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17 Lenin cita un fragmento, traducido por
él mismo, del prefacio de Engels a la tercera edición alemana de la obra de
Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
(Véase C. Marx y F. Engels. Obras
Escogidas en tres tomos, t. I, pág. 407, ed. en español, Moscú)
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
"libres" para ir
adonde queramos, libres para luchar no sólo contra la charca, sino incluso
contra los que se desvían hacia ella!
Los nuevos defensores
de la "libertad de crítica"
Precisamente esta
consigna("libertad de crítica") ha sido lanzada de manera solemne en
los últimos tiempos por Rabócheie Dielo
(número 19), órganos de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero 18. Y no como un postulado teórico, sino
como una reivindicación política, como respuesta ala pregunta de si "es
posible la unión de las organizaciones socialdemócratas rusas que actúan en el
extranjero": "Para una unión sólida es indispensable la libertad de
crítica" (pág. 36).
De esta declaración se
deducen dos conclusiones bien claras: 1) Rabócheie
Dielo asume la defensa de la tendencia oportunista en la socialdemocracia
internacional en general; 2) Rabócheie
Dielo exige la libertad del oportunismo en el seno de la socialdemocracia
rusa. Examinemos estas conclusiones.
6
A Rabócheie Dielo le disgusta, "sobre todo", la
"tendencia de Iskra y Zariá 19 a pronosticar la ruptura entre la Montaña y la Gironda 20 en la socialdemocracia internacional*.
* La comparación de las dos tendencias
existentes en el proletariado revolucionario (la revolucionaria y la
oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo
XVIII (la jacobina —la Montaña— y la gironda) fue hecha en el artículo de
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18 La Unión
de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero fue fundada en 1894 por
iniciativa del grupo Emancipación del Trabajo sobre la base de la aceptación
del programa del grupo pro todos los miembros de la Unión.. se encomendó al
grupo la dirección de las publicaciones de la Unión, a la que entregó su imprenta
en marzo de 1895. En el verano del mismo año, durante la estancia de Lenin en
el extranjero, se acordó que la Unión editase las recopilaciones Rabótnik ("El trabajador").
Publicó seis números de Rabótnik,
diez de Listok "Rabótnika"
("La Hoja de "El trabajador""), el folleto de Lenin Explicación
de la ley de multas (1897), etc.
El I Congreso del POSDR
(marzo de 1898) reconoció a la Unión como representante del partido en el
extranjero. Más tarde predominaron en la Unión los elementos oportunistas –los
"economistas", llamados también los "jóvenes" —, los cuales
se negaron a solidarizarse con el Manifiesto del Congreso por declararse en él
que la conquista de la libertad política era el objetivo inmediato de la
socialdemocracia.
En el I Congreso de la Unión, celebrado en Zurich en noviembre
de 1898, el grupo Emancipación del Trabajo se negó a dirigir las publicaciones
de la misma, excepto el número 5-6 de Rabótnik
y los folletos de Lenin. Las tareas de
los Socialdemócratas rusos y La nueva ley de fábricas. En abril de 1899, la
Unión empezó a editar la revista de los "economistas"
Rabócheie Dielo y publicó
declaraciones de simpatía con Bernstein, los millerandistas, etc.
La lucha en el seno de la Unión prosiguió hasta su II Congreso
(abril de 1900, Ginebra) y en el mismo Congreso. Como resultado de esta lucha,
el grupo Emancipación del Trabajo y sus adeptos abandonaron el Congreso y
constituyeron una organización independiente, denominada Sotsial-Demokrat.
En el II Congreso del POSDR (1908), los representantes de la
Unión (los adeptos de Rabócheie Dielo)
adoptaron posiciones oportunistas en extremo y lo abandonaron cuando reconoció
a la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero como
única organización del partido fuera de Rusia. El II Congreso del partido
declaró disuelta la Unión.
19 "Zariá" ("La Aurora"): revista político-científica
marxista, editada en Stuttgart (1901-1902) por la Redacción de Iskra. Sólo se
publicaron cuatro números (en tres volúmenes).
La revista Zariá
criticó el revisionismo internacional y ruso y defendió las bases teóricas del
marxismo.
20 Montaña
y Gironda:
denominación de dos grupos políticos de la burguesía durante la revolución
burguesa francesa de fines del siglo XVIII. Se llamaba Montaña –jacobinos – a los representantes más decididos de la clase
revolucionaria de aquellos tiempos (la burguesía), que defendía la necesidad de
acabar con el absolutismo y el feudalismo. Los girondinos, a diferencia de los
jacobinos, vacilaban entre la revolución y la contrarrevolución y seguían la
senda de las componendas con la monarquía.
Lenin llamó "Gironda
socialista" a la corriente oportunista en la socialdemocracia, y
"Montaña", jacobinos proletarios, a los socialdemócratas
revolucionarios. Después de la escisión del POSDR en bolcheviques y
mencheviques, Lenin destacó con frecuencia que los mencheviques representaban
la corriente girondina en el movimiento obrero.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901) escrito por
Plejánov. A los demócratas-constitucionalistas 21, los
"sin título" 22 y los mencheviques les gusta mucho,
hasta ahora, hablar del "jacobinismo" en la socialdemocracia rusa.
Pero hoy prefieren callar u... olvidar que Plejánov lanzó por primera vez este
concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia. (Nota de Lenin para la
edición de 1907.— N. de la Edit.)
6
"En general —escribe B.
Krichevski, director de Rabócheie Dielo—,
las habladurías sobre la Montaña y la
Gironda en las filas de la
socialdemocracia nos parecen una analogía histórica superficial y extraña en la pluma de un marxista: la Montaña y la
Gironda no representaban dos temperamentos o corrientes intelectuales
diferentes, como puede parecerles a los historiadores de la ideología, sino
distintas clases o sectores: por una parte, la burguesía media; y por otra, la
pequeña burguesía y el proletariado. Pero en el movimiento socialista
contemporáneo no hay choques de interés de clase; sustenta en su totalidad, en
todas (subrayado por B. Kr.) sus variedades, incluidos los más declarados
bernsteinianos, la posición de los
intereses de clase del proletariado, de su lucha de clase por la liberación
política y económica" (pág. 32-33).
¡Atrevida afirmación! ¿No ha
oído B. Krichevski hablar del hecho, observado hace ya tiempo, de que
precisamente la amplia participación del sector
de los "académicos" en el movimiento socialista de los últimos años
ha asegurado una difusión tan rápida del bernsteinianismo? Y lo principal: ¿en
qué funda nuestro autor su juicio de que incluso "los más declarados
bernsteinianos" sustentan la posición
de la lucha de clases por la emancipación política y económica del
proletariado? Nadie lo sabe. Esta enérgica defensa de los más declarados
bernsteinianos no se apoya en ningún argumento, en ninguna razón. El autor
cree, por lo visto, que con repetir cuanto dicen de sí mismos los más
declarados bernsteinianos huelgan las pruebas de su afirmación. Pero ¿es
posible imaginarse algo más "superficial" que este juicio acerca de
toda una tendencia fundado en lo que dicen de sí mismos los representantes de
la tal tendencia? ¿Es posible imaginarse algo más superficial que la
"moraleja" subsiguiente sobre los dos tipos o cauces distintos e
incluso diametralmente opuestos de desarrollo del partido (Rabócheie Dielo, pag. 34-35)? Los socialdemócratas alemanes, se
dice, reconocen la completa libertad de crítica; pero los franceses no, y
precisamente su ejemplo demuestra todo lo "nociva que es la
intolerancia".
Precisamente el ejemplo de
B. Krichevski —responderemos a eso— demuestra que a veces se llaman marxistas
gentes que ven la historia sólo "a lo Ilovaiski"23. Para explicar la unidad del Partido Socialista Alemán y la
desunión del francés no hace falta en absoluto escarbar en las peculiaridades
de la historia de tal o cual país, comparar las condiciones del semiabsolutismo
militar y el parlamentarismo republicano, analizar las consecuencias de la
![]()
21
Demócratas-constitucionalistas: miembros del Partido Demócrata
Constitucionalista, principal partido de la burguesía monárquica liberal de
Rusia. Se fundó en octubre de 1905 con elementos de la burguesía,
terratenientes de los zemstvos e intelectuales burgueses, que se encubrían con falaces
frases "democráticas" para ganarse a los campesinos. Los
demócratas-constitucionalistas aspiraban a un entendimiento con el zarismo;
exhortaban a crear una monarquía constitucional y combatían la consigna de
República, defendían la conversación del régimen de propiedad terrateniente y
aprobaban el aplastamiento del movimiento revolucionario por el zarismo.
Durante la primera guerra mundial actuaron como ideólogos del imperialismo y
partidarios de la política anexionista del zarismo. Triunfante la Gran
Revolución Socialista de Octubre, los demócratas-constitucionalistas enemigos
encarnizados del Poder soviético –participaron en todas las acciones armadas de
la contrarrevolución y en las campañas de los intervencionistas. Después de ser
derrotados los intervencionistas y guardias blancos, los
demócratas-constitucionalistas prosiguieron su actividad contrarrevoluccionaria
antisoviética en la emigración.
22 Los sin
título: grupo semimenchevique, semidemoconstitucionalista, de intelectuales
burgueses rusos, formado en el período en que empezó a decrecer la revolución
de 1905-1907. Tomó su nombre del semanario político Bez Zaglavia ("Sin Título") que se publicó en Petersburgo
de enero a mayo de 1906 bajo la dirección de Prokopóvich. Más tarde, los "sin título" se
agruparon alrededor del periódico demócrata-constitucionalista de izquierda Továrisch ("El Camarada").
Encubriéndose con su sin partidismo formal, los "sin título" fueron
vehículos de las ideas del liberalismo burgués y del oportunismo y apoyaron a
los revisionistas de la socialdemocracia rusa e internacional.
23 Ilovaiski,
Dimitri
(1832-1920): historiador monárquico, autor de manuales de Historia muy
difundidos antes de la Revolución en las escuelas primarias y secundarias de
Rusia. En sus manuales se ensalzaba a la autocracia y se reducía la historia a
la actividad de los zares y caudillos militares.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
Comuna y las de la Ley de
excepción contra los socialistas 24,
confrontar la situación económica y el desarrollo económico, recordar que
"el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana" fue
acompañado de una lucha de energía sin igual en la historia del socialismo, no
sólo contra los extravíos teóricos. (Mülberger, Dühring*, los socialistas de
cátedra25, sino también contra las equivocaciones
en el terreno de la táctica (Lassalle), etc. ¡Todo esto está de más! Los
franceses riñen porque son intolerantes; los alemanes están unidos porque son
buenos chicos.
* Cuando Engels arremetió contra Dühring,
muchos representantes de la socialdemocracia alemana se inclinación por las
concepciones de este último y acusaron a Engels, incluso públicamente, en un
congreso del partido, de brusquedad, intolerancia, polémica impropia de
camaradas, etc. Most y sus compañeros propusieron (en el Congreso de 1877)26 retirar de Vorvärts 27 los artículos de Engels por "no tener interés para la
inmensa mayoría de los lectores”, y Vahlteich declaró que la publicación de
estos artículos había perjudicado mucho al partido, que también Dühring había
prestado servicios a la socialdemocracia: "debemos aprovecharnos a todos
en beneficio del partido, y si los catedráticos discuten, Vorwärts en modo alguno es el lugar adecuado para sostener tales
discusiones" (Vorwärts, 1877,
número 65, 6 de junio). ¡Como ven, éste es también un ejemplo de defensa de la
"libertad de crítica", y no estaría mal que meditaran en él nuestros
críticos legales y oportunistas ilegales, a quienes tanto place invocar el
ejemplo de los alemanes!
Y observen que, mediante
esta sin par profundidad de pensamiento, se "elimina" un hecho que
rebate por completo la defensa de los bernsteinianos. Sólo la experiencia
histórica puede dar una respuesta definitiva e irrevocable a la pregunta de si sustentan la posición de la lucha de clase del proletariado. Por tanto, en este
sentido tiene la máxima importancia precisamente el ejemplo de Francia por
tratarse del único país donde los bernsteinianos han intentado actuar de manera independiente, con la
aprobación calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los oportunistas
rusos: véase R. D., núm. 2-3, pág.
83-84). La alusión a la "intolerancia" de los franceses —además de su
significación "histórica" (en sentido "nozdrioviano ")28— no es más que una tentativa de disimular con palabras graves
hechos muy desagradables.
7
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24 La
Ley de excepción
contra los socialistas fue promulgada en Alemania por el Gobierno de Bismarck
en 1878 para luchar contra el movimiento obrero y socialista. En virtud de esta
ley quedaron prohibidas todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata,
las organizaciones obreras de masa y la prensa obrera. Fueron confiscadas las
publicaciones socialistas y se persiguió y expulsó a los socialdemócratas. pero
las represiones no aplastaron al Partido Socialdemócrata, que reorganizó su
actividad adaptándola a las condiciones de la clandestinidad.
Bajo la presión del creciente movimiento
obrero de masas, la Ley de excepción contra los socialistas fue derogada en
1890. –15.
25 Socialistas de
cátedra: representantes de una
corriente de la Economía Política burguesa en los años 70 y 80 del siglo XIX,
que predicaban el reformismo liberal burgués desde las cátedras universitarias
haciéndolo pasar por socialismo.
Los socialistas de cátedra afirmaban que el Estado burgués está
por encima de las clases, puede conciliar a las clases hostiles e implantar
gradualmente el "socialismo" sin dañar los intereses de los
capitalistas y teniendo en cuenta, en lo posible, las reivindicaciones de los
trabajadores.
Marx, Engels y Lenin denunciaron repetidas veces la esencia
reaccionaria del socialismo de cátedra, cuyas concepciones propagaban en Rusia
los "marxistas legales".
26 Del 27 al 29 de mayo de 1877 se celebró
en la ciudad de Gotha un Congreso ordinario del Partido Socialista Obrero de
Alemania. Al discutirse en él acerca de la prensa del partido, se rechazaron
los intentos de algunos delegados (Most, Valteich) de censurar al periódico Vorwärts ("Adelante"), órgano
central del partido, por haber publicado los artículos de Engels contra Dühring
(editados en 1878 en un libro con el título de Anti-Dühring. La subversión en la ciencia, producida pro el señor
Eugenio Dühring), así como el propio Engels por la brusquedad de la
polémica.
27 "Vorwärts" ("Adelante"): diario, órgano central de la
socialdemocracia alemana; empezó a publicarse en Leipzig en 1876 bajo la
dirección de Guillermo Liebknecht y otros. Fue suspendido en 1878 al
promulgarse la Ley de excepción contra los socialistas, reapareciendo en Berlín
en 1891. Engels luchó desde el periódico contra todas las manifestaciones de
oportunismo pero en la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte
de Engels, la Redacción de Vorwärts
cayó en manos del ala derecha del partido y publicó sistemáticamente artículos
de oportunistas, que predominaban en la socialdemocracia alemana y en la II
Internacional. Durante la primera guerra mundial, Vorwärts mantuvo una posición socialchovinista, después de la Gran
Revolución Socialista de Octubre se convirtió en un centro de propaganda
antisoviética.
28
Nozdriov: personaje de la obra del escritor ruso
N. Gógol Las almas muertas, prototipo del terrateniente pendenciero y
estafador. Gógol denominaba a Nozdriov hombre "histórico" porque
donde quiera que aparecía se producían "historias" y escándalos.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
Tampoco estamos dispuestos,
en absoluto, a entregar a los alemanes como regalo a B. Krichevski y demás
copiosos defensores de la "libertad de crítica". Si se tolera todavía
en las filas del partido alemán "a los más declarados bernsteinianos",
es sólo por cuanto acatan la
resolución de Hannover 29, que rechazó de plano tanto las
"enmiendas" de Bernstein como la de Lübeck 30, contenedora esta última (pese a toda
su diplomacia) de una clara advertencia a Bernstein. Se puede discutir, desde
el punto de vista de los intereses del partido alemán, si esta diplomacia era
oportuna o no, o si, en tal caso, no valía más un mal ajuste que un buen
pleito; se puede disentir, en suma, de si conviene tal o cual procedimiento de rechazar el
bernsteinianismo; pero lo que no se puede hacer es no ver que el partido alemán
ha rechazo dos veces el
bernsteinianismo. Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes confirma la
tesis de que "los más declarados bernsteinianos sustentan la posición de la lucha de clase del
proletariado por su emancipación política y económica "significa no
comprender en absoluto lo que está pasando delante de todos nosotros*.
* Debe advertirse que, al hablar del bernsteinianismo en el
partido alemán, R. Dielo se ha
limitado siempre a un mero relato de los hechos, "absteniéndose" por
completo de calificarlos. Véase, pro ejemplo, el número 2-3, pág. 66, acerca
del Congreso de Stuttgart 31; todas las discrepancias se reducen a la "táctica",
sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior táctica
revolucionaria. O el número 4-5, pág. 25 y siguientes, que es una simple
repetición de los discursos pronunciados en el Congreso de Hannover, acompañado
de la resolución de Bebel; la exposición
de las concepciones de Bernstein y la crítica de las mismas quedan aplazadas de
nuevo (así como en el número 2-3) hasta la publicación de un "artículo
especial". Lo curiosos del caso es que en la pág. 33 del número 4-5
leemos: "... las concepciones expuestas por Bebel cuentan con una inmensa
mayoría en el congreso", y un poco más adelante: "... David ha
defendido las opiniones de Bernstein y sus amigos, a pesar de todo (¡sic!), sustentan la posición de la lucha de
clases"".. ¡Esto se escribió en diciembre de 1899; pero en septiembre
de 1901 R. Dielo no cree ya, por lo visto, que Bebel tenga razón y repite la
opinión de David como suya propia!
Es más: como hemos dicho ya,
Rab. Dielo presenta a la
socialdemocracia rusa la
reivindicación de "libertad de crítica" y defiende el
bernsteinianismo. Por lo visto, ha tenido que convencerse de que se ha agravida
injustamente a nuestros "críticos" y bernsteinianos. ¿A cuáles en
concreto? ¿A quién, dónde y cuándo? ¿En qué consistió, ni más ni menos, la
injusticia? ¡R. Dielo guarda silencio
sobre este punto, no menciona ni una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano
ruso! Sólo nos resta hacer una de las dos hipótesis posibles. O bien la parte agraviada injustamente
no es otra que el mismo R. Dielo (así lo confirma el que en ambos
artículos de su número 10 se trate sólo de agravios inferidos por Zariá e Iskra a R. Dielo). En
este caso, ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que R. Dielo, que siempre ha negado
de manera tan obstinada toda solidaridad con ell Bernsteinianismo, no haya
podido defenderse sin hablar en pro de los "más declarados
bernsteinianos" y de la libertad de crítica? O bien han sido agraviadas injustamente unas terceras personas.
Entonces ¿cuáles pueden ser los motivos que impidan mencionarlas?
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29 Lenin se refiere a la resolución Ataques
a los puntos de vista fundamentales y a la táctica del partido, aprobada por el
Congreso de Hannóver del Partido Socialdemócrata Alemán (9-14 de octubre de
1899). El informe oficial sobre esta cuestión fue presentado por A. Bebel. La
aplastante mayoría del Congreso aprobó la moción de Bebel, que rechazaba los
intentos de revisar las bases teóricas y tácticas de la socialdemocracia. Sin
embargo, en ella no se criticaba duramente a los bernsteinianos, por lo que votaron
a su favor Bernstein y sus partidarios.
30 Lenin alude a la resolución del Congreso de Lübeck del Partido
Socialdemócrata Alemán (22-28 de septiembre de 1901) contra Bernstein, el cual,
después del Congreso de Hannóver de 1899, lejos de cesar sus ataques al
programa y la táctica de la socialdemocracia, los recrudeció e incluso los sacó
fuera del partido. Durante los debates y en la resolución propuesta por Bebel
(que el Congreso aprobó por aplastante mayoría) se hizo a Bernstein una
advertencia expresa. El Congreso rechazó la contrarresolución del oportunista
Heine, que reclamaba "libertad de crítica" y silenciaba el problema
de Bernstein. Sin embargo, en el Congreso de Lübeck no se planteó como una
cuestión de principio la incompatibilidad de la revisión del marxismo con la
pertenencia al Partido Socialdemócrata.
31 El Congreso de
Stuttgart del Partido Socialdemócrata
Alemán, celebrado el 3 al 8 de octubre de 1898, discutió pro vez primera el
problema del revisionismo en sus filas. En el Congreso se dio lectura a una
declaración enviada especialmente por Bernstein, que se encontraba emigrado, en
la que exponía y defendía sus concepciones oportunistas, manifestadas ya antes
en la serie de artículos Problemas del socialismo, aparecida en la revista Die Neue Zeit ("Tiempos Nuevos"). Kautsky y Bebel hicieron en el
Congreso una crítica de principio del bernsteinianismo. Rosa Luxemburgo mantuvo
una posición más intransigente aún frente al revisionismo. El congreso no
adoptó ningún acuerdo sobre esta cuestión, pero los debates mostraron que su
mayoría permanecía fiel a las ideas del marxismo revolucionario.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
Vemos, pues, que R. Dielo sigue jugando al escondite lo
mismo que venía haciendo (y como demostraremos más adelante) desde que
apareció. Además, observen esta primera
aplicación práctica de la decantada "libertad de crítica". De hecho,
esta libertad se ha reducido en el acto no sólo a la falta de toda crítica,
sino a la falta de todo juicio independiente en general. Ese mismo R. Dielo, que guarda silencio sobre el
bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad secreta (según la feliz
expresión de Starovier) 32, ¡propone para curarla copiar lisa y llanamente la última receta alemana contra la variedad alemana de
esta enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica, imitación servil ... o, peor
aún, simiesca! El idéntico contenido social y político del oportunismo
internacional contemporáneo se manifiesta en una y otras variantes, según las
peculiaridades nacionales. En este país, un grupo de oportunistas viene
actuando desde hace tiempo bajo una bandera especial; en ése, los oportunistas
han desdeñado, la teoría, siguiendo en la práctica la política de los radicales
socialistas; en aquél, algunos miembros del partido revolucionario han
desertado al campo del oportunismo y pretender alcanzar sus objetivos no con
una lucha franca en defensa de los principios y de la nueva táctica, sino
mediante una corrupción gradual, imperceptible y, valga la expresión, no
punible de su partido; en el de más allá, esos mismos tránsfugas emplean
iguales procedimientos a la sombra de la esclavitud política, manteniendo una
proporción de lo más original entre la actividad "legal" y la
"ilegal", etc. pero decir que la libertad de crítica y el
bernsteinianismo son una condición para unir a los socialdemócratas rusos, sin haber analizado en qué se
manifiesta precisamente el bernsteinianismo ruso,
ni qué frutos singulares ha dado, es hablar por hablar.
Intentemos, pues, decir
nosotros, aunque sea en pocas palabras, lo que no ha querido exteriorizar (o
quizás ni siquiera ha sabido comprender) R.
Dielo.
La crítica en Rusia
8
La peculiaridad fundamental
de Rusia en el aspecto que examinamos consiste en que el comienzo mismo del movimiento obrero espontáneo, por una parte, y
del viraje de la opinión pública
avanzada al marxismo, por otra, se distinguió por la unión de elementos a todas
luces heterogéneos bajo una bandera común para combatir a un enemigo común (la
concepción sociopolítica anticuada del mundo). Nos referimos a la luna de miel
del "marxismo legal". En general fue un fenómeno de extraordinaria
originalidad que nadie hubiera podido siquiera creer posible en la década del
ochenta o primeros años de la siguiente del siglo pasado. En un país
autocrático, donde la prensa estaba sojuzgada por completo, en una época de
terrible reacción política, cuando eran perseguidos los mínimos brotes de
descontento político y protesta, se abrió de pronto camino en las publicaciones
visadas por la censura la teoría del
marxismo revolucionario expuesta en un lenguaje esópico, pero comprensible para
todos los "interesados". El gobierno se había acostumbrado a
considerar peligrosa únicamente la teoría del grupo (revolucionarios) Libertad
del Pueblo, sin ver, como suelo ocurrir, su evolución interna y regocijándose
de toda crítica que fuera contra ella. Pasó mucho tiempo (mucho según contamos
los rusos) hasta que el gobierno se despertó y hasta que el aparatoso ejército
de censores y gendarmes pudo descubrir al nuevo enemigo y caer sobre
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32 El
Congreso de Stuttgart del
Partido Socialdemócrata Alemán, celebrado el 3 al 8 de octubre de 1898,
discutió pro vez primera el problema del revisionismo en sus filas. En el
Congreso se dio lectura a una declaración enviada especialmente por Bernstein,
que se encontraba emigrado, en la que exponía y defendía sus concepciones
oportunistas, manifestadas ya antes en la serie de artículos Problemas del
socialismo, aparecida en la revista Die
Neue Zeit ("Tiempos
Nuevos"). Kautsky y Bebel hicieron en el Congreso una crítica de principio
del bernsteinianismo. Rosa Luxemburgo mantuvo una posición más intransigente
aún frente al revisionismo. El congreso no adoptó ningún acuerdo sobre esta
cuestión, pero los debates mostraron que su mayoría permanecía fiel a las ideas
del marxismo revolucionario.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
él. Mientras tanto, iba
apareciendo un libro marxista tras otro; empezaban a publicarse revistas y
periódicos marxistas; todo el mundo se hacía marxista; se halagaba y lisonjeaba
a los marxistas; los editores estaban entusiasmados de la extraordinaria venta
que tenían los libros marxistas. Se comprende perfectamente que entre los
marxistas principiantes envueltos por esa humareda de éxito hubiera algún que
otro "escritor envanecido"... 33
Hoy puede hablarse de ese periodo con calma, como de algo ya
pasado. Para nadie es un secreto que la efímera prosperidad alanzada por el
marxismo en la superficie de nuestras publicaciones fue debida a la alianza de
elementos extremistas con otros muy moderados. En el fondo, estos últimos eran
demócratas burgueses, y esa deducción (confirmada con evidencia por el
desarrollo "crítico" posterior de dichos hombres) no podían menos de
hacerla ya ciertas personas en los tiempos de mantenimiento de la
"alianza"*.
* Aludimos al artículo de K. Tulin contra
Struve (véase V.I. Lenin. Obras Completas,
5ª ed. en ruso, t. I, pág. 347-534), basado en un informe que tenía por título El reflejo del marxismo en las publicaciones
burguesas. Véase el Prólogo. (Nota de Lenin para la edición de 1907— N. de la Edit.)
Pero si eso es así, ¿no
recae la mayor responsabilidad por la "confusión" ulterior
precisamente en los socialdemócratas revolucionarios, que pactaron esa alianza
con los futuros "críticos"? Esta pregunta, seguida de una respuesta
afirmativa, se oye a veces en boca de gente que enfoca el problema de una
manera demasiado simple. Pero esa gente no tiene la menor razón. Puede temer
alianzas temporales, aunque sea con personas poco seguras, sólo quien desconfía
de sí mismo, y sin esas alianzas no podría existir ningún partido político.
Ahora bine, la unión con los marxistas legales fue una especie de primera
alianza verdaderamente política concertada por la socialdemocracia rusa.
Gracias a esta alianza se ha logrado el triunfo, de asombrosa rapidez, sobre el
populismo, así como la grandiosa difusión de las ideas del marxismo (si bien en
forma vulgarizada). Además, la alianza no fue pactada sin "condición"
alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la recopilación marxista Datos sobre
el desarrollo económico de Rusia 34,
quemada por la censura de 1895. Si el acuerdo literario con los marxistas
legales puede ser comparado con una alianza política, este libro puede
compararse con un pacto político.
La ruptura no se debió,
desde luego, al hecho de que los "aliados" resultaran ser demócratas
burgueses. Por el contrario, los adeptos de semejantes tendencias son aliados
naturales y deseables de la socialdemocracia, siempre que se trate de las
tareas democráticas de esta última, planteadas en primer plano por la situación
actual de Rusia. Mas, para esta alianza, es condición indispensable que los
socialistas tengan plena posibilidad de revelar a la clase obrera la oposición antagónica existente entre sus intereses
y los de la burguesía. Ahora bien, el bernsteinianismo y la tendencia
"crítica", hacia la cual evolucionó totalmente la mayoría de los
marxistas legales, descartaban esa posibilidad y corrompían la conciencia
socialista, envileciendo el marxismo, predicando la teoría de la atenuación de
las contradicciones sociales, declarando absurda la idea de la revolución
social y de la dictadura del proletariado, reduciendo el movimiento obrero y la
lucha de clases a un tradeunionismo estrecho y a la lucha "realista"
por reformas pequeñas y graduales. Era exactamente lo mismo que si la
democracia burguesa negara al socialismo el derecho a la independencia, y, por
tanto, su derecho ala existencia; en la práctica, eso significaba tratar de
convertir el incipiente movimiento obrero en un apéndice de los liberales.
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33 Un escritor
envanecido: título de uno de los
primeros relatos de Máximo Gorki.
34 Lenin se refiere a la recopilación Datos sobre el desarrollo económico de Rusia,
publicada con una tirada de 2.000 ejemplares en una imprenta legal en abril de
1895. La recopilación contenía el artículo de Lenin (firmado con el seudónimo
de K. Tulin). El contenido económico del
populismo y su crítica en el libro del señor Struve (El reflejo del marxismo en
las publicaciones burguesas), dirigido contra los "marxistas
legales".
El gobierno zarista prohibió
la difusión de la recopilación y, al cabo de un año, la confiscó y quemó. Sólo
se logró salvar unos cien ejemplares, que fueron repartidos clandestinamente
entre los socialdemócratas de Petersburgo y de otras ciudades.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
En tales condiciones, como
es natural, la ruptura se hizo imprescindible. Pero la particularidad
"original" de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba
que los socialdemócratas se apartaban de las publicaciones "legales",
más accesibles para todos y muy difundidas. Los "ex marxistas" se
hicieron fuetes, en ellas, colocándose "bajo el signo de la crítica"
y obteniendo casi el monopolio de "demoler" el marxismo". Los
gritos: "¡Contra la ortodoxia!" y "¡Viva la libertad de
crítica!" (repetidos ahora por R.
Dielo) se pusieron en el acto muy en boga. Ni siquiera los censores ni los
gendarmes pudieron resistir a esa moda, como lo prueba la aparición de tres
ediciones rusas del libro del famoso (famoso a Eróstrato) Bernstein35 o la recomendación por Zubátov 36 de
los libros de Bernstein, del señor Prokopóvich y otros (Iskra, número 10). Los socialdemócratas tienen planteada ahora una
tarea difícil de por sí y, además, complicada en grado increíble por obstáculos
puramente externos: la tarea de combatir la nueva corriente. Y esta corriente
no se ha limitado al terreno de las publicaciones. El viraje hacia la
"crítica" ha ido acompañado de un movimiento opuesto: la inclinación
hacia el "economismo" por parte de los socialdemócratas dedicados a
la labor práctica.
9
Podría servir de tema para un artículo especial esta interesante
cuestión: cómo han surgido y han aumentado el nexo y la interdependencia entre
la crítica legal y el "economismo" ilegal. A nosotros nos basta con
señalar aquí la existencia incuestionable de este nexo. El famoso Credo ha adquirido tan merecida
celebridad precisamente por haber formulado con toda franqueza ese nexo y haber revelado, sin proponérselo, la
tendencia política fundamental del "economismo": que los obreros se
encarguen de la lucha económica (más exacto sería decir: de la lucha
tradeunionista, pues esta última comprende también la política específicamente
obrera), y que la intelectualidad marxista se fusione con los liberales para la
"lucha" política. La labor tradeunionista "entre el pueblo"
resultó ser la realización de la primera mitad de dicha tara, y la crítica
legal, la realización de la segunda mitad. Esta declaración fue un arma tan
excelente en contra del "economismo" que, si no hubiese aparecido el Credo, valdría la pena hacerlo
inventado.
El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin el consentimiento y
hasta en contra, quizás, d ella voluntad de sus autores. Al menos, el autor de
estas líneas, que participó en sacar a la luz del día el nuevo
"programa"*, tuvo que escuchar lamentos y reproches porque el resumen
de las opiniones de los oradores se difundió en copias, recibió el mote de Credo y ¡apareció incluso en la prensa
junto con la protesta! Referimos este episodio porque revela un rasgo muy
curioso de nuestro "economismo": el miedo a la publicidad. Un rasgo
precisamente del "economismo" en general —y no sólo de los autores
del Credo— que se ha manifestado en Rabóchaya Mysl37, el
adepto más franco y más honrado del "economismo", en R. Dielo (al indignarse contra la
publicación de documentos "economistas" en el
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35 Se alude al libro de Bernstein Premisas del socialismo y tareas de la
socialdemocracia que revisaba el marxismo revolucionario en un espíritu
reformista burgués. Se editó en ruso en 1901 con distintos títulos: 1) Materialismo histórico; 2) Problemas sociales; 3) Problemas del socialismo y tareas de la
socialdemocracia.
Eróstrato: pastor de la antigua Efeso, en Asia Menor, que según la
leyenda, incendió en el año 356 a.n.e. el templo de Diana, en Aceso,
considerado como una de las siete maravillas del mundo, con el exclusivo objeto
de inmortalizar su nombre. Se aplica el nombre de Eróstrato a los ambiciosos
que pretenden hacerse célebres aunque sea cometiendo crímenes.
36
Zubátov: coronel de la gendarmería, que intentó
crear el llamado "socialismo policíaco". Formaba falsas
organizaciones obreras protegidas por los gendarmes y la policía para apartar a
los obreros del movimiento revolucionario.
37 "Rabóchaya Mysl" ("El Pensamiento Obrero"): periódico, órgano de
los "economistas"; se publicó desde octubre de 1897 hasta diciembre
de 1902. Vieron la luz 16 números: los dos primeros, en Petersburgo; del número
3 al 11, Berlín, del 12 al 15, en Varsovia, y el último, el 16, fuera de Rusia.
Lenin criticó las concepciones de Rabóchaya Mysl como variedad rusa del
oportunismo internacional en una serie de obras, principalmente en artículos
aparecidos en Iskra, y en el libro ¿Qué hacer? (véase el presente volumen)
.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
Vademécum38; en el comité de Kíev, que hace cosa de
dos años no quiso autorizar la publicación de su Professión de foi39 junto con la refutación** escrita
contra ella, y en muchos, muchísimos partidarios del "economismo".
* Se trata de la Protesta de los 17 contra
el Credo. El autor de estas líneas participó en la redacción de la protesta
(fines de 1899) 40. La protesta fue publicada en el
extranjero, junto con el Credo, en la primavera de 1900. Hoy se sabe ya, por el
artículo de la señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Byloe ) 41, que fue ella la autora del Credo y que entre los
"economistas" de entonces que se encontraban en el extranjero
desempeñó un papel prominente el señor Prokopóvich. (Nota de Lenin para la
edición de 1907.— N. de la Edit.)
** Por lo que sabemos, la composición del comité de Kíev ha cambiado desde entonces.
Este miedo que tienen a la
crítica los adeptos de la libertad de crítica no puede explicarse sólo por
astucia (si bien algunas veces las cosas no ocurren, indudablemente, sin
astucia; ¡no es prudente dejar al descubierto ante el embate del enemigo los brotes,
débiles aún, de la nueva tendencia!). no, la mayoría de los
"economistas" desaprueba con absoluta sinceridad (y, por la propia
esencia del "economismo", tiene que desaprobar) toda clase de
controversias teóricas, disensiones fraccionales, grandes problemas políticos,
proyectos de organizar a revolucionarios, etc. "¡Sería mejor dejar todo
eso a la gente del extranjero!", me dijo en cierta ocasión un
"economista", bastante consecuente, expresando con ello la siguiente
idea, muy difundida (y también puramente tradeunionista): lo que a nosotros nos
incumbe es el movimiento obrero, las organizaciones obreras que tenemos aquí,
en nuestra localidad, y el resto no son más---- que invenciones de los
doctrinarios, "sobrestimación de
la ideología", como
decían los autores de la carta publicada en el número 13 de Iskra, haciendo coro al número 10 de R. Dielo.
Ahora cabe preguntar: en
vista de estas peculiaridades de la "crítica" rusa y del
bernsteinianismo ruso ¿en qué debía consistir la tarea de los que de hecho, y
no sólo de palabra, querían ser adversarios del oportunismo? Primero, era
necesario preocuparse de reanudar la labor teórica, apenas iniciada en la época
del marxismo legal y que había vuelto a recaer sobre los militantes
clandestinos; sin esta labor era imposible un incremento eficaz del movimiento.
Segundo, era preciso emprender una lucha activa contra la "crítica"
legal, que correspondía a fondo los espíritus. Tercero, había que combatir con
energía la dispersión y las vacilaciones en el movimiento práctico, denunciando
y refutando toda tentativa de subestimar, consciente o inconscientemente,
nuestro programa y nuestra táctica.
Es sabido que R. Dielo no hizo ni lo primero, ni lo
segundo, ni lo tercero; y más adelante tendremos que aclarar detalladamente
esta conocida verdad en sus más diversos aspectos. Por ahora, sólo queremos
mostrar la flagrante contradicción en que se halla la reivindicación
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38
El Vademécum para la Redacción de "Rabócheie Dielo". Recopilación editada por el grupo
"Emancipación del Trabajo", con un Prefacio de J. Plejánov (Ginebra,
febrero de 1900) estaba dirigido contra el oportunismo en las filas del POSDR,
principalmente contra el "economismo" de la Unión de Socialdemócratas
Rusos en el Extranjero y su órgano, la revista Rabócheie Dielo.
39 "Professión de
foi" (profesión de fe, programa, exposición de concepciones): hoja
escrita a fines de 1899 para exponer las concepciones oportunistas del Comité
de Kíev del POSDR. Su contenido coincidía en mucho con el conocido Credo de los "economistas".
Lenin criticó este documento en su artículo A
propósito de la "Profession de foi".
40 Lenin escribió la Protesta
de los socialdemócratas de Rusia en agosto de 1899, cuando se encontraba
desterrado. Estaba enfilada contra el Credo,
manifiesto de un grupo de "economistas" (S. Prokopóvich, E. Kuskova y
otros, que
con posterioridad se hicieron demócratas-constitucionalistas).
La Protesta fue discutida y aprobada unánimemente en una reunión de 17
marxistas desterrados, convocada por Lenin en la aldea de Ermakóvskoe (comarca
de Minusinsk). Las colonias de deportados en Turujansk y Orlovo (provincia de
Viatka) se adhirieron a la Protesta, que Lenin envió después al extranjero, al
grupo Emancipación del Trabajo. A comienzos de 1900 fue reproducida por
Plejánov en la recopilación Vademécum
para la Redacción de "Rabócheie Dielo".
41 "Byloe" ("El Pasado"): revista
histórica, dedicada principalmente a la historia del populismo y de los
movimiento sociales que le precedieron. Se editó en Londres (1900-1904) y en
Petersburgo (1906-1907). En 1907 fue suspendida por el gobierno zarista,
reapareciendo en 1908, en París donde se publicó hasta 1912. Su edición en
Rusia se reanudó en 1917, durando hasta 1926.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
de "libertad de
crítica" con las peculiaridades de nuestra crítica patria y del
"economismo" ruso. En efecto, echen un vistazo al texto de la
resolución con que la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero ha
confirmado el punto de vista de R. Dielo:
10
"En beneficio del
ulterior desarrollo ideológico de la socialdemocracia consideramos
absolutamente necesaria la libertad de criticar la teoría socialdemócrata, en
las publicaciones del partido, es el grado en que dicha crítica no esté en
pugna con el carácter clasista y revolucionario de esta teoría" (Dos congresos, pág. 10).
Y se exponen los motivos: la
resolución "coincide en su primera parte con la resolución del Congreso de
Lübeck del partido acerca de Bernstein"... ¡En su simplicidad, los
"aliados" ni siquiera notan qué testimonium
paupertais (certificado de pobreza) se firman a sí mismos con esta manera
de copiar! ... "Pero..., en su segunda parte, restringe más la libertad de
crítica que el Congreso de Lübeck".
¿De modo que la resolución
de la Unión está dirigida contra los bernsteinianos rusos? ¡Porque, de otro
modo sería un absurdo completo referirse a Lübeck! Pero no es cierto que
"restrinja la libertad de crítica de un modo estricto". En su resolución
de Hannover, los alemanes rechazaron punto por punto precisamente las enmiendas que presentó Bernstein, y en la de
Lübeck hicieron una advertencia personal
a Bernstein, mencionando su nombre en el texto. En cambio, nuestros
imitados "libres" no hacen la
menor alusión a una sola de las manifestaciones de la "crítica" y
del "economismo" especialmente rusos; si se guarda silencio de esa
forma, la mera alusión al carácter clasista y revolucionario de la teoría deja
mucha más libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la Unión se
niega a calificar de oportunismo "el llamado economismo" (Dos congresos, pág. 8,punto 1). Pero
esto lo decimos de pasada. Lo principal consiste en que la posición de los oportunistas frente a los
socialdemócratas revolucionarios es diametralmente opuesta en Alemania y en
Rusia. En Alemania, los socialdemócratas revolucionarios, como es sabido, están
a favor de mantener lo que existe: el viejo programa y la vieja táctica, que
todo el mundo conoce y que han sido explicado en todos sus detalles a través de
la experiencia de muchos decenios. Los "críticos", en cambio, quieren
introducir modificaciones; y como estos "críticos" representan una
ínfima minoría, y sus aspiraciones revisionistas son muy tímidas, es fácil comprender
los motivos por los cuales la mayoría se limita a rechazar lisa y llanamente
las "innovaciones". En Rusia, en cambio, son los críticos y los
"economistas" quienes desean mantener lo que existe: los
"críticos" quieren que se siga considerándolos marxistas y que se les
asegure la "libertad de crítica" que disfrutaban en todos los
sentidos (pues, en el fondo, jamás han reconocido ningún vículo de partido*; además, entre nosotros no
había un órgano de partido reconocido por todos que pudiera
"restringir" la libertad de crítica, aunque sólo fuera por medio de
un consejo); los "economistas" quieren que los revolucionarios
reconozcan "la plenitud de derechos del movimiento en el presente" (R. D., número 10, pág. 25), es decir la
"legitimidad" de la existencia de lo que existe; que los
"ideólogos", no traten de "desviar" el movimiento del
camino "determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales
y el medio material" (Carta en
el número 12 de Iskra); que se
considere deseable sostener la lucha "que es posible para los obreros en
las circunstancias presentes", y se considere posible la lucha "que
mantienen realmente en el momento actual" (Suplemento especial de "R. Mysl"42, pág. 14). En cambio, a nosotros, los socialdemócratas
revolucionarios, nos disgusta ese culto a la espontaneidad es decir, a lo que
existe "en el momento actual"; reclamamos que se modifique la táctica
que ha prevalecido durante los últimos años, declaramos que "antes de
unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un
modo
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42 "Suplemento
especial de Rabóchaya Mysl": folleto editado pro la Redacción del órgano
"economista" Rabóchaya Mysl
en septiembre de 1899. El folleto, en particular el artículo Nuestra realidad, firmado por R. M.,
exponía sin ambages las concepciones oportunistas de los
"economistas". Lenin lo criticó en su artículo Una tendencia retrógrada en
la socialdemocracia rusa y en la presente obra.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
resulto y definido"
(del anuncio sobre la publicación de Iskra)**
. En pocas palabras, los alemanes se conforman con lo que existe, rechazando
las modificaciones; nosotros reclamamos que se modifique lo existente,
rechazando el culto a ello y la resignación con ello.
* La falta de vínculos claros con el partido y de tradiciones de
partido constituye por sí sola una diferencia tan cardinal entre Rusia y
Alemania que debería haber puesto en guardia a todo socialista sensato contra
cualquier imitación ciega. Pero he aquí una muestra de hasta dónde llega la
"libertad de crítica" en Rusia. Un crítico ruso, el señor Bulgákov,
hace la siguiente reprimenda al crítico austríaco Hertz: "Pese a toda la
independencia de sus conclusiones, Hertz sigue en este punto (acerca de las
cooperativas), según parece, demasiado atado por las opiniones de su partido y,
al disentir en los detalles, no se decide a desprenderse del principio
general" (El capitalismo y la
agricultura, t. II, pág. 287). ¡Un súbdito de un Estado esclavizado en el
terreno político con una población que el servilismo político y la absoluta
incomprensión del honor de partido y de los vínculos de partido tienen
corrompida en el 999 por 1000 hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un
Estado constitucional porque "lo atan demasiado las opiniones del
partido"! Lo único que les queda a nuestras organizaciones clandestinas es
ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad de crítica ...
** Véase V.I. Lenin. Obras
completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 358. (N. de la Edit.).
¡Precisamente esta
"pequeña" diferencia es la que no han advertido nuestros
"libres" copiadores de resoluciones alemanas!
Engels sobre la
importancia de la lucha teórica
"Dogmatismo,
doctrinarismo", "anquilosamiento del partido, castigo ineludible por
las trabas impuestas al pensamiento": tales son los enemigos contra los
cuales arremeten caballerescamente en Rab.
Dielo los paladines de la "libertad de crítica". Nos alegra mucho
que se haya suscitado esta cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra:
11
¿Y quiénes serán los árbitros?
Tenemos a la vista los
anuncios de dos publicaciones. Uno es el programa de "Rabócheie Dielo", órgano
de prensa de la Unión de Socialdemócratas Rusos (separata del núm. 1, de R. D.). El otro, es el Anuncio sobre la reanudación de las
publicaciones del grupo Emancipación del Trabajo43. Ambos están fechados en 1899, cuando
la "crisis del marxismo" estaba
planteada a la orden del día desde hacía ya mucho tiempo. ¿Y bien? En vano
buscaríamos en el primero de dichos documentos una alusión a este fenómeno y
una exposición definida de la actitud
que el nuevo órgano piensa adoptar ante él. Ni en este programa ni en los
suplementos del mismo, aprobados por el III Congreso de la Unión en 1901 44 (Dos
congresos, pág. 15-18), se dice una sola palabra de la labor teórica ni de
sus tareas inmediatas en el momento actual.
Durante todo este tiempo, la
redacción de R. Dielo ha dado de lado
los problemas teóricos, a pesar de que preocupaban a todos los socialdemócratas
del mundo entero.
Por el contrario, el otro
anuncio señala, ante todo, que en los últimos años ha decaído el interés por la
teoría, reclama con insistencia que se preste una "atención vigilante al
aspecto
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43 Grupo
Emancipación del Trabajo:
primer grupo marxista ruso, fundado pro J. Plejánov en Ginebra en 1883: hizo
una gran labor de difusión del marxismo en Rusia.
En el II Congreso del POSDR, celebrado en agosto de 1903, el
grupo Emancipación del trabajo declaró que dejaba de existir.
44 El III
Congreso de la Unión de Socialdemócratas Rusos se celebró en Zurich, en la
segunda quincena de septiembre de 1901.
En el se aprobaron enmiendas
y adiciones al proyecto de acuerdo de unificación de las organizaciones de
socialdemócratas rusos en el extranjero, preparado por la Conferencia de
Ginebra en junio del mismo año. El Congreso aprobó también las Instrucciones para la redacción de "Rabócheie Dielo", que estimulaba a los revisionistas. Los
acuerdos del Congreso pusieron de manifiesto la preponderancia de las
tendencias oportunistas entre los dirigentes de la Unión y la negativa de éstos
a cumplir las resoluciones de la Conferencia de junio.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
teórico del movimiento
revolucionario del proletariado" y llama a "criticar implacablemente
las tendencias bernsteinianas y otras tendencias antirrevolucionarias" en
nuestro movimiento. Los números aparecidos de Zariá muestran cómo se ha cumplido este programa.
Vemos, pues, que las frases
altisonantes contra el anquilosamiento de la idea, etc., encubren la
despreocupación y la impotencia en el desarrollo del pensamiento teórico. El
ejemplo de los socialdemócratas rusos ilustra con particular evidencia un
fenómeno europeo general (señalado también hace ya mucho por los marxistas
alemanes): la famosa libertad de crítica no significa sustituir una teoría con
otra, sino liberarse de toda teoría íntegra y meditada, significa eclecticismo
y falta de principios. Quien conozca por poco que sea el estado efectivo de
nuestro movimiento, verá forzosamente que la vasta difusión del marxismo, ha
ido acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico. Son muchas las personas
muy poco preparadas, e incluso sin preparación teórica alguna, que se han
adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos prácticos.
Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de tacto de R. Dielo al lanzar con aire triunfal la
sentencia de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más importante
que una docena de programas". Repetir estas palabras en una época de
dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro:
"¡Ojalá tengáis siempre uno que llevar!" Además, estas palabras de
Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa de Gotha45, en la cual censura
duramente el eclecticismo en que se incurrió al formular los principios: si
hace falta unirse —escribía Marx a los dirigentes del partido— , pactad
acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no
trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas. Tal
era el pensamiento de Marx, ¡pero resulta que entre nosotros hay gente que en
nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la teoría!
Sin teoría revolucionaria
tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante
sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se
une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica. Y para la
socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres
circunstancias que se olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido
sólo empieza a organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho
de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento
revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el
contrario, precisamente los últimos tiempos se han distinguido (como predijo
hace ya mucho Axelrod a los "economistas") por una reanimación de las
tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error
"sin importancia" a primera vista puede tener las más tristes
consecuencias, y sólo gente miope puede considerar inoportunas o superfluas las
discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la
consolidación de tal o cual "matiz" puede depender el porvenir de la
socialdemocracia rusa durante muchísimos años.
En segundo lugar, el
movimiento socialdemócrata es internacional por naturaleza. Esto no significa
únicamente que debamos combatir el chovinismo nacional. Significa también que
el movimiento incipiente en un país joven sólo puede desarrollarse con éxito a
condición de que aplique la experiencia de otros países. Y para ello no basta
conocer simplemente esta experiencia o limitarse a copiar las últimas
resoluciones adoptadas; para ello es necesario
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45 Programa
de Gotha: programa
aprobado pro el Partido Socialista Obrero de Alemania en su Congreso de Gotha
(1875), en el que se unificaron los dos partidos socialistas alemanes
existentes hasta entonces: los eisenacheanos (dirigidos por A. Bebel y G.
Liebknecht e influenciados ideológicamente por Marx y Engels) y los
lassallenaos. El programa adolecía de eclecticismo y era oportunista, ya que
los eisenacheanos hicieron concesiones a los lassalleanos en las cuestiones más
importantes y aceptaron sus fórmulas. Marx y Engels sometieron el proyecto del
Programa de Gotha a una crítica demoledora, viendo en él un considerable paso
atrás en comparación con el programa de Eisenach, aprobado en 1869. (Véase C.
Marx y F. Engels. Obras Escogidas en
tres tomos, t. III, pág. 5-38, ed. en español, Moscú)
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
saber enfocar de modo
crítico esta experiencia y comprobarla uno mismo. Quienes se imaginen cuán
gigantescos son el crecimiento y la ramificación del movimiento obrero
contemporáneo comprenderán cuántas fuerzas teóricas y cuánta experiencia
política (y revolucionaria) se necesitan para cumplir esta tarea.
En tercer lugar, ningún otro
partido socialista del mundo ha tenido que afrontar tareas nacionales como las
que tiene planteadas la socialdemocracia rusa. Más adelante deberemos hablar de
los deberes de índole política y orgánica que nos impone esta tarea de liberar
a todo el pueblo del yugo de la autocracia. Por el momento queremos señalar
únicamente que sólo un partido dirigido
por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de
vanguardia. Y para que el lector tenga una idea concreta, por poco que sea,
de lo que esto significa, que
recuerde a precursores de la socialdemocracia rusa como Herzen, Belinski,
Chernyshevski y a la brillante pléyade de revolucionarios de los años 70; que
piense en la importancia universal que está alcanzando ahora la literatura
rusa; que ... ¡pero basta con lo dicho!
12
Aduciremos las observaciones
hechas por Engels en 1874 a la significación de la teoría en el movimiento
socialdemócrata. Engels reconoce tres
formas de la gran lucha de la socialdemocracia, y no dos (la política y la económica) —como es usual entre nosotros
—, colocando también a su lado la lucha
teórica. Sus recomendaciones al movimiento obrero, alemán, ya robustecido en los aspectos práctico y político, son
tan instructivas desde el punto de vista de los problemas y las discusiones
actuales que el lector no nos recriminará, así lo esperamos, por reproducir un
extenso fragmento del prefacio al folleto Der
deutsche Bauernkrieg*, que desde hace ya mucho es una rareza bibliográfica:
* Dritter Abdruck. Leipzig, 1875. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerei.
(La guerra campesina en Alemania,
tercer edición, Leipzig, 1875. Editorial Cooperativa.— N. de la Edit.)
"Los obreros alemanes
tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La
primera es que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y han conservado en
sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas "cultas"
de Alemania. Sin la filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la
filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el
único socialismo científico que ha existido alguna vez. De haber carecido los obreros
de sentido teórico, este socialismo científico nunca hubiera sido, en la medida
que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y demuestra cuán
inmensa es dicha ventaja, de un lado, la indiferencia por toda teoría, que es
una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance con
tanta lentitud, a pesar de la excelente organización de algunos oficios, y de
otro, el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo 46, en su forma primitiva, entre los
franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin,
entre los españoles y los italianos.
"La segunda ventaja
consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al
movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que se
sostiene
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46
Proudhonismo: corriente del socialismo
pequeñoburgués hostil al marxismo, a la que se dio el nombre de su ideólogo, el
anarquista francés Pedro José Proudhon. Proudhon criticaba duramente el
capitalismo, pero no veía la salida en la destrucción del modo capitalista de
producción que engendra ineluctablemente la miseria, la desigualdad y la
explotación de los trabajadores, sino en "perfeccionar" él
capitalismo y eliminar sus defectos y abusos mediante una serie de reformas.
Proudhon soñaba con eternizar la pequeña propiedad privada, proponía
organizar un "Banco del Pueblo" y un "Banco de Cambio", con
ayuda de los cuales podrían los obreros, según él, adquirir medios de
producción propios, hacerse artesanos y asegurar la venta "equitativa"
de sus productos. No comprendía la misión histórica del proletariado, adoptaba
una actitud negativa entre la lucha de clases, la revolución proletaria y la
dictadura del proletariado y negaba con criterio anarquista la necesidad del
Estado. Marx y Engels llevaban una lucha consecuente contra las tentativas de
Proudhon de imponer sus opiniones a la I Internacional. La enérgica lucha de
Mane, Engels y sus partidarios contra el proudhonismo en la I Internacional
acabó en la victoria completa del marxismo.
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
sobre los hombros de
Saint-Simon, Fourir y Owen —tres pensadores que, a pesar del carácter
fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más
grandes de todos los tiempos, habiéndose anticipado genialmente a una infinidad
de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico —,
así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha
desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido
la posibilidad e sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar
en el presento los errores que entonces no había sido posible evitar en la
mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora sin el precedente de las
tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese
impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París?
"Hay que hacer justicia
a los obreros alemanes pro haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas
de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la
lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas y
relacionadas entre sí: teórica, política y económico-práctica (resistencia a
los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside
precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán.
"Esta situación
ventajosa, por su parte, y, por otra, las peculiaridades insulares del
movimiento inglés y la represión violenta del francés, hacen que los obreros
alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible
pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupara este
puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando es de esperar que cumplirán
como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar
sus esfuerzos en todos los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo
los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas,
desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional,
propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el
socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es
decir, que se le estudie. La conciencia así lograda, y cada vez más lúcida,
debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe
cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de
los sindicatos ...
"... Si los obreros
alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del
movimiento —y no le conviene al movimiento que los obreros de una nación
cualquiera marchen al frente del mismo —, sino que ocuparán un puesto de honor
en la línea de combate; y están bien pertrechados para ello si, de pronto duras
pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión
y energía" 47.
Estas palabras de Engels
resultaron proféticas. Algunos años más tarde, al dictarse la ley de excepción
contra los socialistas, los obreros alemanes se vieron de improviso sometidos a
duras pruebas. Y, en efecto, los obreros alemanes les hicieron frente bien
pertrechados y supieron salir victoriosos de esas pruebas.
Al proletariado ruso le
esperan pruebas inconmensurablemente más duras; tendrá que luchar contra un
monstruo, en comparación con el cual parece un verdadero pigmeo la ley de
excepción en un país constitucional. La historia nos ha impuesto ahora una
tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas
del proletariado de cualquier otro país. El cumplimiento de esta tarea, la
demolición del más poderoso baluarte no sólo de la reacción europea, sino
también (podemos decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al
proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario
internacional. Y tenemos derecho a esperar que conquistaremos este título de
honor, que se merecieron ya nuestros predecesores, los revolucionarios de los
años 70, si sabemos infundir
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47 Lenin cita un fragmento, traducido por
él mismo, del prefacio de Engels a su obra La guerra campesina en Alemania.
(Véase C. Marx y F. Engels. Obras Escogidas en tres tomos, t. II, pág. 179-181,
ed. en español, Moscú)
I. Dogmatismo y “libertad de crítica”
a nuestro movimiento, mil veces más
vasto y profundo, la misma decisión abnegada y la misma energía que entonces.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
13
II.La
espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia
Hemos dicho que es preciso
infundir a nuestro pueblo movimiento, muchísimo más vasto y profundo que el de
los años 70, la misma decisión abnegada y la misma energía que entonces. En
efecto, parece que nadie ha puesto en duda hasta ahora que la fuerza del
movimiento contemporáneo reside en el despertar de las masas (y,
principalmente, del proletariado industrial), y su debilidad, en la falta de
conciencia y de espíritu de iniciativa de los dirigentes revolucionarios.
Sin embargo, en los últimos
tiempos se ha hecho un descubrimiento pasmoso que amenaza con trastrocar todas
las opiniones dominantes hasta ahora sobre el particular. Este descubrimiento
ha sido hecho por R. Dielo, el cual,
polemizando con Iskra y Zariá, no se ha limitado a objeciones
parciales, sino que ha intentado reducir "el desacuerdo general" a su
raíz más profunda: a "la distinta apreciación de la importancia
comparativa del elemento espontáneo y del elemento "metódico" consciente".
R. Dielo nos acusa de
"subestimar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del
desarrollo". Respondemos a esto: si la polémica de Iskra y Zariá no hubiera
dado ningún otro resultado que el de llevar a R. Dielo a descubrir ese "desacuerdo general", ese solo
resultado nos proporcionaría una gran satisfacción: hasta tal punto es
significativa esta tesis, hasta tal punto ilustra claramente el fondo de las
actuales discrepancias teóricas y políticas entre los socialdemócratas rusos.
Por eso mismo, la relación
entre lo consciente y lo espontáneo ofrece un magno interés general y debe ser
analizado con todo detalle.
a) Comienzo del ascenso espontáneo
En el capítulo anterior
hemos destacado el apasionamiento general
de la juventud instruida de Rusia por la teoría del marxismo, a mediados de los
años 90. Las huelgas obreras adquirieron también por aquellos años, después de
la famosa guerra industrial de 1896 en San Petersburgo 48, un carácter general. Su extensión a
toda Rusia patentizaba cuán profundo era el movimiento popular que volvía a
renacer; y puestos a hablar del "elemento espontáneo", es natural que
precisamente ese movimiento huelguístico deba ser calificado, ante todo, de
espontáneo. Pero hay diferentes clases de espontaneidad. En Rusia hubo ya
huelgas en los años 70 y 60 (y hasta en la primera mitad del siglo XIX),
acompañadas de destrucción "espontánea" de máquinas, etc. comparadas
con esos "motines", las huelgas de los años 90 pueden incluso
llamarse "conscientes": tan grande fue el paso adelante que dio el
movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el
"elemento
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48
Lenin
se refiere a las grandes huelgas declaradas por los obreros de Petersburgo en
1896. El movimiento huelguístico empezó el 23 de mayo en la importante empresa
textil de Kalinkin. Se extendió rápidamente a todas las fábricas textiles de
Petersburgo y, luego, a las grandes empresas de construcción de maquinaria, de
goma papelera y azucarera. El proletariado de Petersburgo se alzó por vez
primera en un amplio frente de lucha contra los explotadores. Más de 30.000
obreros tomaron parte en estas huelgas, que dirigió la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo.
Las huelgas de Petersburgo
contribuyeron a desarrollar el movimiento obrero en Moscú y otras ciudades de
Rusia y obligaron al gobierno zarista a acelerar la revisión de las leyes
fabriles y a promulgar la ley del 2 (14) de junio de 1897 reduciendo a 11 horas
y media la jornada de trabajo en las fábricas.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
espontáneo" no es sino
la forma embrionaria de lo
consciente. Ahora bien, los motines primitivos reflejaban ya un cierto
despertar de la conciencia: los obreros perdían la fe tradicional en la
inmutabilidad el orden de cosas que los oprimía; empezaban… no diré que a
comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y
rompían resueltamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero, sin
embargo, eso era, más que lucha, una
manifestación de desesperación y de venganza. En las huelgas de los años 90 vemos muchos más destellos de
conciencia: se presentan reivindicaciones concretas, se calcula de antemano el
momento más conveniente, se discuten los casos y ejemplos conocidos de otros
lugares, etc. si bien es verdad que los motines eran simples levantamientos de
gente oprimida, no lo es menso que las huelgas sistemáticas representaban ya
embriones de lucha de clases, pero embriones nada más. Aquellas huelgas eran en
el fondo lucha tradeunionista, aún no eran lucha socialdemócrata; señalaban el
despertar del antagonismo entre los obreros y los patronos; sin embargo, los
obreros no tenían, ni podían tener, conciencia de la oposición inconciliable entre sus intereses y todo el régimen político
y social contemporáneo, es decir, no tenían conciencia socialdemócrata. En este
sentido, las huelgas de los años 90, aunque significaban un progreso gigantesco
en comparación con los "motines", seguían siendo un movimiento
netamente espontáneo.
Hemos dicho que los obreros no
podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde
fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en
condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una
conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que s necesario agruparse
en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación
de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc.*. En cambio, la
doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y
económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases
poseedoras. Por su posición social,
los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels,
pertenecían la intelectualidad burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de
la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del
crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural
e ineludible del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales
revolucionarios socialistas. Hacia la época de que tratamos es decir, a
mediados de los años 90, esta doctrina no sólo era ya el programa, cristalizado
por completo, del grupo Emancipación del Trabajo, sino que incluso se había
ganado a la mayoría de la juventud revolucionaria de Rusia.
* El tradeunionismo en modo alguno descarta toda
"política" como se cree a veces. Las tradeuniones han realizado
siempre cierta agitación y cierta lucha política (pero no socialdemócrata). En
el capítulo siguiente expondremos la diferencia existente entre política
tradeunionista y política socialdemócrata.
14
Así pues, existían tanto el
despertar espontáneo de las masas obreras, el despertar a la vida consciente y
a la lucha consciente, como una juventud revolucionaria que, pertrechada con la
teoría socialdemócrata, pugnaba por acercarse a los obreros. Tiene singular
importancia dejar sentado el hecho, olvidado a menudo (y relativamente poco
conocido), de que los primeros socialdemócratas de aquel período, al ocuparse
con ardor de la agitación económica (y teniendo bien presentes en este sentido
las indicaciones realmente útiles del folleto, Acerca de la agitación, entonces
todavía en manuscrito), lejos de considerarla su única tarea, señalaron también
desde el primer momento las más amplias tareas históricas de la
socialdemocracia rusa, en general, y la tarea de dar al traste con la
autocracia, en particular. Por ejemplo, el grupo de socialdemócratas de San
Petersburgo que fundó la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera 49, redactó ya a fines de 1895 el primer
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49 La
Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, organizada por Lenin en el otoño de
1895, agrupaba a unos veinte círculos obreros marxistas de Petersburgo. Toda su
labor se basaba en los principios del centralismo y de una rigurosa disciplina.
Al frente de la Unión figuraba el Grupo Central, dirigido por Lenin.
Por vez primera en Rusia, la
Unión de Lucha fusionó el socialismo con el movimiento obrero. Dirigió el
movimiento obrero, vinculando la lucha de los trabajadores por sus
reivindicaciones económicas con la lucha política contra el zarismo y editó
octavillas y folletos para los obreros. Las publicaciones de la Unión de Lucha
eran redactadas por
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
número del periódico
titulado Rabóchei Dielo.
Completamente preparado para la imprenta, fue recogido por los gendarmes, al
allanar éstos el domicilio de A. A. Vanéiev*, uno de los miembros del grupo, en
la noche del 8 de diciembre de 1895.
* A.A. Vanéiev falleció en 1899, en
Siberia Oriental, a causa de la tuberculosis que contrajo cuando se hallaba
incomunicado en prisión preventiva. Por eso hemos tenido a bien publicar los
datos que figuran en el texto, cuya autenticidad garantizamos, pues proceden de
gente que conocía personalmente a Vanéiev y tenía intimidad con él.
De modo que el R. Dielo del primer período no tuvo la
suerte de ver la luz. El editorial de aquel número (que quizá alguna revista
como Rússkaya Starina50 exhume de los Archivos del Departamento de Policía dentro de
unos treinta años) esbozaba las tareas históricas de la clase obrera de Rusia,
colocando en primer plano la conquista de la libertad política. Luego seguían
el artículo ¿En qué piensan nuestros ministros?**, dedicado a la disolución de
los Comités de Primera Enseñanza por la fuerza de la policía, y diversas
informaciones y comentarios de corresponsales no sólo de San Petersburgo, sino
de otras localidades de Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la
provincia de Yaroslavl)51. Así pues, si no nos equivocamos, este
"primer ensayo" de los socialdemócratas rusos de los años 90 no era
un periódico de carácter estrechamente local, y mucho menos
"económico"; tendía a unir la lucha huelguística con el movimiento
revolucionario contra la autocracia y lograr que todos los oprimidos por la
política del oscurantismo reaccionario apoyaran a la socialdemocracia. Y
cuantos conozcan, por poco que sea, el estado del movimiento de aquella época,
no dudarán que semejante periódico habría sido acogido con toda simpatía tanto
por los obreros de la capital como por los intelectuales revolucionarios y
habría alcanzado la mayor difusión. El fracaso de esta empresa demostró
únicamente que los socialdemócratas de entonces no estaban en condiciones de
satisfacer la demanda vital del momento debido a la falta de experiencia
revolucionaria y de preparación práctica. Lo mismo cabe decir de Sankt-Petersburgski rabochi Listok 52 y, sobre todo, de Rabóchaya Gazeta y del Manifiesto
del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fundado en la primavera de 1898. Se sobreentiende que no se nos ocurre
siquiera imputar esta falta de preparación a los militares de entonces. Mas,
para aprovechar la experiencia del movimiento y sacar de ella enseñanzas
prácticas, hay que comprender hasta el fin las causas y la significación de tal
o cual defecto. Por eso es de extrema importancia hacer constar que una parte
(incluso, quizá, la mayoría) de los socialdemócratas que actuaron de 1895 a
1898 consideraba posible, con
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Lenin, bajo cuya dirección
se preparó la publicación de Rabócheie
Dielo, periódico de Petersburgo. Por iniciativa suya, los círculos obreros
se unificaron en Uniones de Lucha en Moscú, Kíev, Ekaterinoslav y otras
ciudades y regiones del país.
En la noche del 8 (20) de diciembre d e1895 fue detenida gran
parte de los miembros de la Unión, con Lenin al frente, y confiscado el primer
número de Rabócheie Dielo, preparado
ya para la imprenta.
La importancia de la Unión de Lucha por la Emancipación de la
Clase Obrera, de Petersburgo, consiste, según expresión de Lenin, en 1ue fue el
embrión del partido revolucionario que se apoya en el movimiento obrero y
dirige la lucha de clase del proletariado. En la segunda mitad de 1898, la
Unión de Lucha cayó en manos de los "economistas", quienes a través
del periódico Rabóchaya Mysl
propagaron las ideas del tradeunionismo y el bernsteinianismo en su variante
rusa. Sin embargo, los antiguos miembros de la Unión que no fueron detenidos
participaron en 1898 en la preparación y celebración del I Congreso del POSDR y
en la redacción del Manifiesto, publicado más tarde, continuando las traiciones
de la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera que fundara Lenin.
50 "Rússkaya
Stariná" ("La Antigüedad
Rusa"): revista de historia que apreció mensualmente en Petersburgo desde
1870 hasta 1918. En ella se dedicaba gran espacio a la publicación de memorias,
diarios, apuntes y cartas de estadistas de Rusia y de figuras destacadas de la
cultura, así como de documentos diversos.
51 Se alude a la represión de que fueron
víctimas los huelguistas de la Gran Manufactura de Yaroslavl el 27 de abril (9
de mayo) de 1895. La huelga, en la que participaron 4.000 obreros, fue
provocada por la decisión de la empresa de establecer nuevas tarifas que
reducían los salarios. La huelga fue aplastada cruelmente.
El artículo sobre la huelga de Yaroslavl de 1895 lo escribió
Lenin; no se ha encontrado todavía.
52
"S.-Petersburgski Rabochi Listok" ("Boletín Obrero de San Petersburgo"): órgano
de la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo. Se
publicaron dos números: el primero en febrero (con fecha de enero) de 1897, en
Rusia, y el segundo, en septiembre del mismo año, en Ginebra.
El periódico señaló la tarea de fundir
la lucha económica de la clase obrera con las amplias reivindicaciones
políticas y destacó la necesidad de crear el partido obrero.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
sobrada razón ya entonces,
en los albores del movimiento "espontáneo", defender el programa y la
táctica de combate más amplios***. La falta de preparación de la mayoría de los
revolucionarios, fenómeno completamente natural, no podía despertar grandes
recelos. Dado que el planteamiento de las tareas era justo y que había energías
para repetir los intentos de cumplirlas, los reveses temporales eran una
desgracia a medida. La experiencia revolucionaria y la habilidad de
organización son cosas que se adquieren con el tiempo. ¡Lo que hace falta es
querer formar en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo que hace falta es
tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale
a más de la mitad de su corrección!
** Véase V.I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 75-80. (N. de la Edit.)
*** "Al repudiar la actividad de los socialdemócratas de fines
de los años 90, Iskra no tiene en
cuenta que entonces faltaban condiciones para toda labor que no fuera la lucha
por pequeñas reivindicaciones", dicen los "economistas" en su
Carta a los órganos socialdemócratas rusos (Iskra,
núm. 12). Los hechos mencionados en el texto demuestran que esta afirmación
sobre la "falta de condiciones" es diametralmente opuesta a la
verdad. No sólo a fines, sino incluso a mediados de los años 90 existían de
sobra todas las condiciones necesarias para otra labor, además de la lucha por
pequeñas reivindicaciones; todas las condiciones, excepto una preparación
suficiente de los dirigentes. Y en vez de reconocer con franqueza esta falta de
preparación por nuestra parte, por parte de los ideólogos, de los dirigentes,
los "economistas quieren achacarlo todo a la "falta de
condiciones", a la influencia del medio material, el cual determina un
camino del que ningún ideólogo conseguirá apartar el movimiento. ¿Qué es esto
sino servilismo ante la espontaneidad, apego de los "ideólogos" a sus
propios defectos?
15
Pero la desgracia a medias
se convirtió en una verdadera desgracia cuando comenzó a ofuscarse esa
conciencia (que era muy vía entre los militantes de los susodichos grupos),
cuando aparecieron hombres, y hasta órganos socialdemócratas, dispuestos a
erigir los defectos en virtudes y que incluso intentaron argumentar teóricamente su servilismo y su culto a la
espontaneidad. Es hora ya de hacer el balance de esta tendencia, muy inexactamente definida con la palabra
"economismo", término demasiado estrecho para expresar su contenido.
b) El culto a la espontaneidad. "Rabóchaya Mysl"
Antes de pasar a las
manifestaciones literarias de este culto, señalaremos el siguiente hecho típico
(comunicado en la fuente antes mencionada), que arroja cierta luz sobre la
forma en que surgió y se ahondó en el medio de camaradas que actuaban en San Petersburgo
la divergencia entre las que serían después dos tendencias de la
socialdemocracia rusa. A principios de 1897, A.A. Vanéiev y algunos de sus
camaradas asistieron, antes de ser deportados, a una reunión privada 53 de "viejos" y
"jóvenes" miembros de la Unión de Lucha por la Emancipación de la
Clase Obrera. Se habló principalmente de la organización y, en particular, del Reglamento de la Caja Obrera , cuyo
texto definitivo fue publicado en el número 9-10 de Listok "Rabótnika" 54
pág. 46). Entre los "viejos" ("decembristas" como los
llamaban entonces en broma los socialdemócratas petersburgueses) y algunos de
los "jóvenes" (que más tarde colaboraron activamente en Rabóchaya Mysl) se manifestó en el acto
una divergencia acusada y se desencadenó una acalorada polémica. Los
"jóvenes" defendían las bases principales del Reglamento tal y como
ha sido publicado. Los "viejos"
![]()
53 La "reunión
privada" a que alude Lenin se celebró en Petersburgo entre el 14 y el
117 de febrero (26 de febrero y 1 de marzo) de 1897. Asistieron a ella los
"viejos" –V. Lenin, A. Vanéiev, G. Krzhizhanovski y otros miembros de
la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo,
puesto en libertad por tres días antes de salir para su lugar de deportación en
Siberia— y los "jóvenes", que dirigían la Unión después de haber sido
detenido Lenin.
54 "Listok
"Rabótnika""
("La Hoja de "El Trabajador""): publicación no periódica de
la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, editada en Ginebra desde
1896 hasta 1898. Vieron la luz diez números, los ocho primeros dirigidos por el
grupo Emancipación del Trabajo. En vista de que la mayoría de los miembros de
la Unión se pasó al campo de los "economistas", el grupo se negó a
dirigir las publicación de la Unión por lo que los números 9 y 10 de Listok
(noviembre de 1898) aparecieron bajo la dirección de los
"economistas".
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
decían que lo más necesario
no era eso, sino fortalecer la Unión de Lucha transformándola en una
organización de revolucionarios a la que debían subordinarse las distintas
cajas obreras, los círculos de propaganda entre la juventud estudiantil, etc.
Por supuesto, los contrincantes estaban lejos de ver en esta divergencia el
comienzo de una disensión, un desacuerdo; por el contrario, la consideraban
esporádica y casual. Pero este hecho prueba que, también en Rusia, el
"economismo" no surgió ni se difundió sin lucha contra los
"viejos" socialdemócratas (cosa que los "economistas" de
hoy olvidan con frecuencia). Y si esta lucha no ha dejado, en su mayor parte,
vestigios "documentales", se debe únicamente
a que la composición de los círculos
en funcionamiento cambiaba con frecuencia, por lo cual las divergencias tampoco
ser registraban en documento alguno.
La aparición de Rab. Mysl sacó el "economismo"
a la luz del día, pero tampoco lo hizo de golpe. Hay que tener una idea
concreta de las condiciones de trabajo y de la vida efímera de numerosos
círculos rusos (y sólo puede tenerla quien la ha vivido) para comprender cuánto
hubo de casual en el éxito o fracaso de la nueva tendencia en distintas
ciudades, así como del largo período en que ni los partidarios ni los
adversarios de estas ideas "nuevas" pudieron determinar, ni tuvieron
literalmente la menor posibilidad de hacerlo, si era, en efecto, una tendencia
especial o un simple reflejo de la falta de preparación de algunas personas.
Por ejemplo, los primeros números de Rab.
Mysl, tirados en hectógrafo, no llegaron en absoluto a la inmensa mayoría
de los socialdemócratas. Y si ahora podemos referirnos al editorial de su
primer número es sólo gracias a su reproducción en el artículo de V. I.55 (Listok "Rabótnika",
nú. 9-10, pág. 47 y siguientes), que, como es natural, no dejó de elogiar con fervor (un fervor insensato) al nuevo
periódico, el cual se distinguía tanto de los periódicos y proyectos de
periódicos que hemos mencionado antes*. Este editorial expresa con tanto
relieve todo el espíritu de Rab. Mysl
y del "economismo" en general que merece la pena examinarlo.
* Digamos de paso que este elogio de Rabóchaya Mysl, en noviembre de 1898,
cuando el "economismo" se había definido por completo, sobre todo en
el extranjero, partía del propio V. I.-n., que muy pronto formó parte del
cuerpo de redactores de Rab. Dielo,
¡Y Rab. Dielo todavía continuó
negando la existencia de dos tendencias en la socialdemocracia rusa, como la
sigue negando hoy!
Después de señalar que el
brazo con bocamanga azul 56 no podrá detener el desarrollo del
movimiento obrero, el artículo continúa: "… El movimiento obrero debe esa
vitalidad a que el propio obrero toma, por fin, su destino en sus propias
manos, arrancándolo de las manos de los dirigentes", y más adelante se
explana en detalle esta tesis fundamental. En realidad, la policía arrancó a
los dirigentes (es decir, a los socialdemócratas, a los organizadores de las
Unión de Lucha), puede decirse, de las manos de los obreros*, ¡pero las cosas
son presentadas como si los obreros hubieran luchado contra esos dirigentes y
se hubieran emancipado de su yugo!
16
En vez de exhortar a marchar a volver atrás, a la lucha tradeunionista exclusiva. Se proclamó que
"la base económica del movimiento es velada por el deseo constantes de no
olvidar el ideal político", que el lema del movimiento obrero debe ser:
"lucha por la situación económica" (¡); o mejor aún: "los
obreros, para los obreros"; se declaró que las cajas de resistencia
"valen más para el movimiento que un centenar de otras
organizaciones" (comparen esta afirmación, hecha en octubre de 1897, con
la discusión entre los "decembristas" y los "jóvenes" a
principios de 1897), etc. Frasecitas como, por ejemplo, la de que no debe
colocarse en primer plano la "flor y nata" de los obreros, sino al
obrero "medio", al obrero de la masa; que la "política sigue
siempre dócilmente a la economía", etc., etc., se pusieron de moda y
adquirieron una influencia irresistible sobre la masa de la juventud enrolada
en el movimiento, la cual sólo conocía, en la mayoría de los casos, retazos del
marxismo tal y como se exponían en las publicaciones legales.
![]()
55 V. I.: Vladímir Ivanshin, uno de los líderes del
"economismo".
56 Los gendarmes zaristas vestían uniforme azul.
II.
La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
* El siguiente hecho
característico prueba que esta comparación es justa. Después de ser detenidos
los "decembristas", entre los obreros de la carretera de
Shlisselburgo se difundió la noticia de que había contribuido a ello el
provocador N. N. Mijáilov (un dentista), vinculado a un grupo que estaba en
contacto con los "decembristas". Los obreros se indignaron de tal
modo que decidieron matar a Mijáilov.
Esto significaba someter por
completo la conciencia a la espontaneidad; a la espontaneidad de los
"socialdemócratas" que repetían las "ideas del señor V.V. , a la
espontaneidad de los obreros que se dejaban llevar por el argumento de que conseguir
aumentos de un kopek por rublo estaba más cerca y valía más que todo socialismo
y toda política; de que debían "luchar, sabiendo que lo hacían no para
imprecisas generaciones futuras, sino para ellos mismos y para sus hijos"
(editorial de núm. 1 de R. Mysl)*.
Las frases de este tipo han sido siempre el arma favorita de los burgueses de
Europa Occidental que, en su odio al socialismo, se esforzaban (como el
"socialpolítico" alemán Hirsch) por trasplantar el tradeunionism
inglés a su suelo patrio, diciendo a los obreros que la lucha exclusivamente
sindical* es una lucha para ellos mismos y para sus hijos, y no para imprecisas
generaciones futuras con un impreciso socialismo futuro. Y ahora, "los
V.V. de la socialdemocracia rusa" 57
repiten estas frases burguesas. Importa señalar aquí tres circunstancias que
nos serán de gran utilidad para seguir examinando las divergencias actuales**.
*
Los
alemanes incluso tienen una palabra especial, Nur-Gewerk-schaftler, para
designar a los partidarios de la lucha "exclusivamente sindical".
** Subrayamos actuales para
quienes se encojan farisaicamente de hombros y digan: ¡ahora es fácil demostrar
a Rabóchaya Mysl cuando no es más que
un arcaísmo! Mutato nomine de te fabula
narratur("cambiando el nombre, la fábula habla de ti".
– N.
de la Edit.), contestamos nosotros a esos fariseos contemporáneos cuya
completo sumisión servil a las ideas de Rab.
Mysl será demostrada más adelante.
En primer lugar, el
sometimiento de la conciencia a la espontaneidad, antes mencionado, se produjo
también por vía espontánea. Parece un juego de palabras, pero ¡ay!, es una
amarga verdad. Este hecho no fue resultado de una lucha abierta entre dos
concepciones diametralmente opuestas y del triunfo de una sobre otra, sino que
se debió a que los gendarmes "arrancaron" un número cada vez mayor de
revolucionarios "viejos" y a que aparecieron en escena, también en
número cada vez mayor, los "jóvenes" "V. V. de la
socialdemocracia rusa". Todo el que haya, no ya participado en el
movimiento ruso contemporáneo, sino simplemente respirado sus aires, sabe de
sobra que la situación es como acabamos de describir. Y si, no obstante,
insistimos de manera especial en que el lector se explique del todo este hecho
notorio; si, para mayor claridad, por decirlo así, aducimos datos sobre Rabócheie Dielo del primer período y
sobre las discusiones entre los "viejos" y los "jóvenes" de
principios de 1897 es porque hombres que presumen de "demócratas"
especulan con el hecho de que el gran público (o los jóvenes) lo ignoran. Aún
insistiremos sobre este punto más adelante.
En segundo lugar, ya en la
primera manifestación literaria del "economismo" podemos observar un
fenómeno sumamente original, y peculiar en extremo, que permite comprender
todas las discrepancias existentes entre los socialdemócratas y contemporáneos.
El fenómeno consistente en que los partidarios del "movimiento puramente
obrero", los admiradores del contacto más estrecho y más
"orgánico" (expresión de Rab.
Dielo) con la lucha proletaria, los adversarios de todos los intelectuales
no obreros (aunque sean intelectuales socialistas) se ven obligados a recurrir,
para defender su posición, a los
argumentos de los "exclusivamente tradeunionistas" burgueses. Esto nos prueba que R. Mysl comenzó a llevar a la práctica
desde su aparición –y sin darse cuenta de ello el programa del Credo.
17
Esto prueba (cosa que R. Dielo en modo alguno puede
comprender) que todo lo que sea
rendir culto a la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea aminorar
el papel
![]()
57 V.V.: seudónimo de Vasili Vorontsov, uno de
los ideólogos del populismo liberal de los años 80 y 90 del siglo XIX. Lenin
denomina "V. V. de la socialdemocracia rusa" a los representantes del
"economismo", corriente oportunista en la socialdemocracia de Rusia.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
del "elemento
consciente", el papel de la socialdemocracia, significa –de manera
independiente por completo de la voluntad de quien lo hace – acrecentar la
influencia de la ideología burguesa entre los obreros. Cuantos hablan de
"sobrestimación de la ideología"*,
de exageración del papel del elemento consciente**, etc., se imaginan que
el movimiento puramente obrero puede elaborar por sí solo y elaborará una
ideología independiente con tal de que los obreros "arranquen su destino
de manos de los dirigentes". Pero eso es un craso error. Para completar lo
que acabamos de exponer, añadiremos las siguientes palabras, profundamente
justas e importantes, dichas por C. Kautsky con motivo del proyecto de nuevo
programa del Partido Socialdemócrata Austríaco***:
* Carta de los "economistas" en
el núm. 12 de Iskra. ** Rabócheie Dielo, núm. 10.
***
Neue Zeit, 1901-1902,
XX, I, núm. 3, pág. 79. El proyecto de la comisión a que se refiere C. Kautsky
fue aprobado por el Congreso de Viena 58 (a fines
del año pasado) un tanto modificado.
"Muchos de nuestros
críticos revisionistas consideran que Marx ha afirmado que el desarrollo
económico y la lucha de clases, además de crear las condiciones necesarias para
la producción socialista, engendran directamente la conciencia (subrayado por C. K.) de su necesidad. Y esos
críticos objetan que el país de mayor desarrollo capitalista, Inglaterra, es el
que más lejos está de esa conciencia. A juzgar por el proyecto, podría creerse
que esta sedicente concepción marxista ortodoxa, refutada de la manera indicada,
es compartida por la comisión que redactó el programa austríaco. El proyecto
dice: "Cuanto más crece el proletariado con el desarrollo capitalista,
tanto más obligado se ve a emprender la lucha contra el capitalismo y tanto más
capacitado está para emprenderla. El proletariado llega a adquirir
conciencia" de que el socialismo es posible y necesario. En este orden de
ideas, la conciencia socialista aparece como el resultado necesario e inmediato
de la lucha de clase del proletariado. Eso es falso a todas luces. Por
supuesto, el socialismo, como doctrina, tiene sus raíces en las relaciones
económicas actuales, exactamente igual que la lucha de clase del proletariado;
y lo mismo que esta última, dimana de la lucha contra la pobreza y la miseria
de las masas, pobreza y miseria que el capitalismo engendra. Pero el socialismo
y la lucha de clases surgen juntos, aunque de premisas diferentes; no se
derivan el uno de la otra. La conciencia socialista moderna sólo puede surgir
de profundos conocimientos científicos. En efecto, la ciencia económica
contemporánea es premisa de la producción socialista en el mismo grado que,
pongamos por caso, la técnica moderna; y el proletariado, por mucho que lo
desee, no puede crear ni la una ni la otra; de la ciencia no es el
proletariado, sino la intelectualidad
burguesa (subrayado por C. K.): es del cerebro de algunos miembros de este
sector de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo
han transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los
cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado, allí donde
las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo
introducido desde fuera (von auBen
Hineingetragenes) en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha
surgido espontáneamente (urwüchsig)
dentro de ella. De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía,
con toda razón, que es tarea de la socialdemocracia introducir en el
proletariado la conciencia
(literalmente: llenar al proletariado de ella) de su situación y de su misión. No habría necesidad de hacerlo si esta
conciencia derivara automáticamente de la lucha de clases. El nuevo proyecto,
en cambio, ha transcrito esta tesis del viejo
![]()
58 En el Congreso de Viena del Partido Socialdemócrata Austríaco (2-6 de
noviembre de 1901) se aprobó el nuevo programa del partido, en sustitución del
viejo programa de Hainfel (1888). En el proyecto del nuevo programa que preparó
una comisión especial por encargo del Congreso de Brünn (1899), se hicieron
serias concesiones al bernsteinianismo.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
programa y la ha prendido a la tesis
arriba citada. Pero esto ha interrumpido por completo el curso del
pensamiento…"
Puesto que ni hablar se
puede de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras
en el curso mismo de su movimiento*, el problema se plantea solamente así:
ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad
no ha elaborado ninguna "tercera" ideología, además, en general, en
la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una
ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología
socialista, todo lo que sea separarse
de ella significa fortalecer la ideología burguesa. Se habla de espontaneidad.
18
Pero el desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha
precisamente hacia la subordinación suya a la ideología burguesa, sigue precisamente el camino trazado en el
programa del Credo , pues el movimiento obrero espontáneo es
tradeunionismo, es Nur-Gewerkschaftlerei,
y el tradeunionismo no es otra cosa que el sojuzgamiento ideológico de los obreros por la burguesía. De ahí
que nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consista en combatir la espontaneidad, en apartar el
movimiento obrero de este afán espontáneo del tradeunionismo, que tiende a
cobijarse bajo el ala de la burguesía, y enrolarlo bajo el ala de la
socialdemocracia revolucionaria. La frase de los autores de la carta
"economista", publicada en el núm. 12 de Iskra, de que ningún esfuerzo de los ideólogos más inspirados podrá
desviar el movimiento obrero del camino determinado pro la interacción de los
elementos materiales y el medio material equivale
plenamente, pro tanto, a renunciar al
socialismo. Y si esos autores fuesen capaces de pensar en lo que dicen, de
pensar hasta el fin con valentía y
coherencia –como debe meditar sus ideas toda persona que actúa en la palestra
literaria y social – no les quedaría más remedio que "cruzar sobre el
pecho vacío los brazos innecesarios" y… y ceder el terreno a los señores
Struve y Prokopóvich, que llevan el movimiento obrero "por la línea de la
menor resistencia", es decir, por la línea del tradeunionismo burgués, o a
los señores Zubátov, que lo llevan por la línea de la "ideología"
clerical-policíaca.
* Esto no quiere decir, naturalmente, que
los obreros no participen en esa elaboración. Pero no participan como obreros,
sino como teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling; dicho con
otras palabras, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en
grado mayor o menor, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar. Y para
que lo logren con mayor frecuencia,
es necesario preocuparse lo más posible de elevar el nivel de conciencia de los
obreros en general; es necesario que
éstos no se encierren en el marco, artificialmente restringido, de las
"publicaciones para obreros", sino que aprendan a asimilar más y más
las publicaciones generales. Incluso sería más justo decir, en vez de "no
se encierren", que "no sean encerrados", pues los obreros leen y
quieren leer cuanto se escribe también para los intelectuales, y sólo ciertos
intelectuales (de ínfima categoría) creen que "para los obreros"
basta relatar lo que ocurre en las fábricas y repetir cosas conocidas desde
hace ya mucho tiempo.
Recuerden el ejemplo de
Alemania. ¿En qué consistió el mérito histórico de Lassalle ante el movimiento
obrero alemán? En haber apartado ese
movimiento del camino del tradeunionismo progresista y del cooperativismo, por
el cual se encauzaba espontáneamente (con
la participación benévola de los Scheulze-Delitzsch y sus semejantes). Para
cumplir esta tarea fue necesario algo muy distinto d ela charlatanería sobre la
subestimación del elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso, la interacción
de los elementos y del medio, etc. para ello fue necesario desplegar una lucha encarnizada contra la
espontaneidad, y sólo como resultado de esa lucha, que ha durado largos
años, se ha logrado, por ejemplo, que
la población obrera de Berlín haya dejado de ser un puntal del Partido
Progresista para convertirse en uno de los mejores baluartes de la
socialdemocracia. Y esta lucha no ha terminado aún, ni mucho menos (como
podrían creer quienes estudian la historia del movimiento alemán en los
escritos de Prokopóvich, y su filosofía, en los de Struve). También hoy está
fraccionada la clase obrera alemana, si es lícita la expresión, en varias
ideologías: una parte de los obreros está agrupada en los sindicatos obreros
católicos
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
y monárquicos; otra, en los
sindicatos de Hirsch_Duncker 59, fundados por los admiradores burgueses
del tradeunionismo inglés, y una tercera, en los sindicatos socialdemócratas.
Esta última es incomparable mayor que las demás, pero la ideología
socialdemócrata ha podido conquistar esta supremacía y podrá mantenerla sólo en
lucha tenaz contra todas las demás ideologías.
Pero, preguntará el lector: ¿por qué el movimiento espontáneo,
el movimiento por la línea de la menor resistencia, conduce precisamente al
predominio de la ideología burguesa? Por la sencilla razón de que la ideología
burguesa es, por su origen, mucho más antigua que la ideología socialista,
porque su elaboración es más completa y porque posee medios de difusión incomparablemente mayores*. Y cuanto más
joven sea el movimiento socialista en un país, tanto más enérgica deberá ser,
por ello, la lucha contra toda tentativa de afianzar la ideología no
socialista, con tanta mayor decisión se habrá de prevenir a los obreros contra
los malos consejeros que protestan de "la exageración del elemento
consciente", etc. Los autores de la carta "economista", al
unísono con R. Dielo, fulminan la
intolerancia, propia del período infantil del movimiento. Respondemos a eso:
sí, nuestro movimiento se encuentra, en efecto, en la infancia; y para que
llegue con mayor rapidez a la edad viril debe contagiarse precisamente de
intolerancia con quienes frenan su desarrollo postergándose ante la
espontaneidad. ¡Nada hay más ridículo y nocivo que dárselas de viejos
militantes que han pasado hace ya mucho por todos los episodios decisivos de la
lucha!.
* Se dice a menudo que la clase obrera
tiende espontáneamente al socialismo. Esto es justo por completo en el sentido
de que la teoría socialista determina, con más profundidad y exactitud que
ninguna otra, las causas de las calamidades que padece la clase obrera, debido
a lo cual los obreros la asimilan con tanta facilidad, siempre que esta teoría
no ceda ante la espontaneidad, siempre que esta teoría supedite a la
espontaneidad. Por lo general, esto se sobreentiende, pero Rab. Dielo lo olvida y lo desfigura. La clase obrera tiende al
socialismo de manera espontánea; pero la ideología burguesa, la más difundida
(y resucitada sin cesar en las formas más diversas), es, sin embargo, la que
más se impone espontáneamente a los obreros.
En tercer lugar, el primer
número de R. Mysl nos muestra que la
denominación de "economismo" (a la cual, por supuesto, no pensamos
renunciar, pues, de uno u otro modo, es un sobrenombre que ha arraigado ya) no
expresa con suficiente exactitud la esencia de la nueva corriente. Rab. Mysl no niega por completo la lucha
política: en el Reglamento de las cajas, publicado en su primer número, se
habla de la lucha contra el gobierno. Rabóchaya
Mysl entiende sólo que "la política sigue siempre dócilmente a la
economía" (en tanto que Rabócheie
Dielo varía esta tesis, asegurando en su programa que "en Rusia, más
que en ningún otro país, la lucha
económica está ligada de modo inseparable
a la lucha política").
19
Esta tesis de Rabóchaya Mysl y de Rabócheie Dielo son falsos desde el comienzo hasta el fin si entendemos por política la política
socialdemócrata. Como hemos visto ya, es muy frecuente que la lucha económica de los obreros esté ligada (si
bien no de modo inseparable) a la política burguesa, clerical, etc. las tesis
de R. Dielo son justas si entendemos
por política la política tradeunionista, es decir, la aspiración común de todos
los obreros de arrancar al Estado tales o cuales medidas contra las calamidades
propias de su situación, pero que no acaban aún con esa situación, o sea, que
no suprimen el sometimiento del trabajo al capital. Esta aspiración es en
verdad común tanto a los tradeunionistas ingleses, enemigos del
![]()
59 Sindicatos
de Hirsch-Duncker:
organizaciones sindicales reformistas fundadas en Alemania en 1868 por M.
Hirsch y F. Duncker, dirigentes del partido progresista burgués. Los
organizadores de los sindicatos de Hirsch-Duncker propugnaban la
"armonía" de intereses del trabajo y del capital, por lo que
consideraban posible que los capitalistas pertenecieran a los sindicatos junto
con los obreros. Negaban la conveniencia de la lucha huelguística y afirmaban
que los obreros podían emanciparse de la opresión del capital en el marco de la
propia sociedad capitalista mediante la legislación del Estado burgués y con
ayuda de la organización sindical. Consideraban que la misión principal de los
sindicatos era servir de intermediario entre los obreros y los patronos y
acumular recursos pecuniarios. Su actividad se circunscribía principalmente a
las cajas de ayuda mutua y a la labor cultural. Los sindicatos de
Hirsch-Duncker, que existieron hasta mayo de 1933, jamás fueron una fuerza
seria en el movimiento obrero alemán, pese a los esfuerzos de la burguesía y al
apoyo de los organismo gubernamentales. En 1933, los dirigentes oportunistas de
los sindicatos de Hirsch-Duncker ingresaron el "Frente de Trabajo"
fascista.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
socialismo, como a los
obreros católicos, a los obreros "zubatovistas", etc. Hay diferentes
tipos de política. Vemos, pues, que Rab.
Mysl, también en lo que respecta a la lucha política, lejos de negarla,
rinde culto a su espontaneidad, a su
falta de conciencia. Al reconocer plenamente la lucha política que surge en
forma espontánea del propio movimiento obrero (o dicho con más exactitud: los
anhelos y las reivindicaciones políticas de los obreros), renuncia por completo
a elaborar independientemente una política
socialdemócrata específica que corresponda a los objetivos generales del
socialismo y a las condiciones actuales de Rusia. Más adelante demostraremos
que Rab. Dielo incurre en el mismo
error.
c. El Grupo de Autoemancipación Rabóchei Dielo" 60
Hemos examinado con tanto
detalle el editorial, poco conocido y casi olvidado hoy, del primer número de
Rab. Mysl porque expresó antes y con mayor relieve que nadie esa corriente
general que saldría después a la superficie por innumerables arroyuelos. V. I-n
tenía plena razón cuando, al elogiar el primer número y el editorial de Rab.
Mysl, dijo que había sido escrito "con fogosidad y vigor" (Listok
"Rabótnika", núm. 9-10, pág. 49). Toda persona de convicciones firmes
y que cree decir algo nuevo escribe "con vigor" y de manera que pone
de relieve sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre
dos aguas carecen de todo "vigor"; sólo esa gente es capaz, después
de haber elogiado ayer el vigor de Rab. Mysl, de atacar hoy a sus adversarios
porque den muestras de "vigor polémico".
Sin detenernos en el
Suplemento especial de "Rabóchaya Mysl" (distintos motivos nos
obligarán más adelante a referirnos a esta obra, que expresa con la mayor
coherencia las ideas de los "economistas"), comentaremos sólo
brevemente el Llamamiento del Grupo de Autoemancipación de los Obreros (marzo
de 1899, reproducido en Nakanunie 61 de
Londres, núm. 7, julio del mismo año). Los autores de este llamamiento dicen
con toda razón que "la Rusia obrera sólo empieza a despertar, a mirar en
torno suyo y se aferra instintivamente a los medios de lucha que tiene a
mano". Pero deducen de ahí la misma conclusión falsa que R. Mysl,
olvidando que lo instintivo es precisamente lo inconsciente (lo espontáneo), en
cuya ayuda deben acudir los socialistas; que los medios de lucha "que se
tienen a mano" serán siempre, en la sociedad actual, medios
tradeunionistas de lucha, y que la primera ideología "que se tiene a
mano" será la ideología burguesa (tradeunionista). Esos autores tampoco
"niegan" la política, sino que, siguiendo al señor V. V., dicen
solamente (¡solamente!) que la política es una superestructura y que, por ello,
"la agitación política debe ser una superstructura de la agitación en pro
de la lucha económica, debe nacer de ella y seguirla".
En cuanto a R. Dielo,
comenzó su actiivdad precisamente por la "defensa" de los
"economistas". Después de haber afirmado con evidente falsedad, ya en
su primer número (pág. 141 -142) que "ignoraba a qué camaradas jóvenes se
había referido Axelrod" en su conocido folleto*, al hacer una advertencia
a los "economistas", R. Dielo
tuvo que reconocer, en la polémica con Axelrod y Plejánov a propósito de esa
falsedad, que, "fingiendo no saber de quién se trataba, quiso defender de esa acusación injusta a
todos los emigrados socialdemócratas más jóvenes" (Axelrod acusaba de
estrechez de miras a los "economistas")
![]()
60 "Grupo
de Autoemancipación de la clase obrera": pequeño grupo de "economistas"; surgió en
Petersburgo en el otoño de 1898 y existió varios meses. Publicó un manifiesto
exponiendo sus objetivos (fechado en marzo de 1899 y aparecido en la revista
Nakanunie ("La víspera") en julio del mismo año), sus Estatutos y
varias proclamas dirigidas a los obreros.
61 "Nakanunie" ("La Víspera"): revista mensual de
orientación populista, se editó en Londres, en ruso, desde enero de 1899 hasta
febrero de 1902, apareciendo 37 números. La revista agrupó a su alrededor a
representantes de diferentes partidos y corrientes pequeñoburgueses.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
62. En realidad, dicha acusación era
completamente justa, y R. Dielo sabía
muy bien que se aludía, entre otros, a V. I-n, miembro de su redacción.
Señalaré de paso que en la polémica mencionada, Axelrod tenía completa razón, y
R. Dielo se equivocaba de medio a
medio en la interpretación de mi folleto Las
tareas de los socialdemócratas rusos**. Este folleto fue escrito en 1897,
antes de que apareciera Rab. Mysl,
cuando yo consideraba con todo fundamento que la tendencia inicial de la Unión
de Lucha de San Petersburgo, que he definido más arriba, era la predominante. Y
por lo menos hasta mediados de 1898, esa tendencia predominó, en efecto. Por
eso, R. Dielo no tenía ningún derecho
a remitirse, para refutar la existencia y el peligro del
"economismo", a un folleto que exponía concepciones desplazadas en San Petersburgo en
1897-1898 por las concepciones "economistas"***.
* En
torno a las tareas actuales y la táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra, 1898, Dos cartas a Rabóchaya Gazeta, escritas en 1897.
** Véase V.I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 433-470 (N. de la Edit.)
***Defendiéndose, Rabócheie
Dielo completó su primera falsedad ("ignoramos a qué camaradas jóvenes
se ha referido P.B. Axelrod") con una segunda, al escribir en su Respuesta: "Desde que apareció la
reseña deLas tareas, entre algunos
socialdemócratas rusos han surgido o se han definido con mayor o menor claridad
tendencias hacia la unilateralidad económica, que significan un paso atrás en
comparación con el estado de nuestro movimiento esbozado en Las tareas"
(pág. 9). Esto lo dice la Respuesta
publicada en 1900. Pero el primer número de Rabócheie
Dielo (con la reseña) apareció en abril de 1899. ¿Es que el
"economismo" surgió sólo en 1899? No, en 1899 se oyó por vez primera
la voz de protesta de los socialdemócratas rusos
contra el "economismo" (la protesta contra el Credo). (Véase V. I.
Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en
ruso, t. 4, pág. 163-176. –N. de la
Edit.)El "economiso surgió en 1897, como sabe muy bien Rabócheie Dielo, pues, V. I-n elogiaba a
Rabóchaya Mysl ya en noviembre de 1898
(Listok "Rabótnika", núm.
9-10).
20
Pero R. Dielo no sólo "defendía" a los
"economistas", sino que él mismo caía continuamente en sus
equivocaciones principales. Esto se debía al modo ambiguo de interpretar la
siguiente tesis de su propio programa: "El movimiento obrero de masas (la cursiva es de R. D.) surgido en
los últimos años es, a juicio nuestro, un fenómeno de la mayor importancia de
la vida rusa y está llamado principalmente a determinar las tareas (la cursiva es nuestra) y el carácter de la
actividad literaria de la Unión". Es indiscutible que el movimiento de
masas representa un fenómeno de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba
en la manera de concebir "cómo determina las tareas" este movimiento
de masas. Puede concebirse de dos maneras: o
bien en el sentido del culto a la espontaneidad de ese movimiento, es
decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia al de simple servidor del
movimiento obrero como tal (así la conciben Rab.
Mysl, el Grupo de Autoemancipación y los demás "economistas"); o bien en el sentido de que el movimiento de masas nos plantea nuevas tareas teóricas, políticas y orgánicas, mucho más complejas
que las tareas con que podíamos contentarnos antes de que apareciera el
movimiento de masas. Rab. Dielo
tendía y tiende a concebirla precisamente en el primer sentido, pues no ha
dicho nada concreto acerca de las nuevas tareas y ha razonado todo el tiempo
como si el "movimiento de masas" nos eximiera de la necesidad de comprender con claridad y cumplir las
tareas que éste plantea. Será suficiente recordar que R. Dielo consideraba imposible señalar al movimiento obrero de
masas como primera tarea el derrocamiento de la autocracia,
rebajando esta tarea (en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha
por reivindicaciones política inmediatas (Respuestas,
pág. 25).
Dejemos a un lado el
artículo La lucha económica y política en el movimiento ruso, publicado por B.
Krichevski, director de Rab. Dielo,
en el núm. 7 –artículo en que se repiten esos mismos
![]()
62 La polémica entre el grupo Emancipación
del Trabajo y la Redacción de Rabócheie
Dielo se inició en abril de 1899 con la publicación, en el número 1 de
dicho periódico, de una reseña del folleto de Lenin Las tareas de los
socialdemócratas rusos (Ginebra, 1898). La Redacción de Rabócheie Dielo negaba en la reseña el carácter oportunista de la
Unión de socialdemócratas Rusos en el Extranjero y la creciente influencia de
los "economistas" en las organizaciones socialdemócratas de Rusia. Al
mismo tiempo, afirmaba que "el contenido del folleto coincide por completo
con el programa de la Redacción de "Rabócheie
Dielo" y que la Redacción ignoraba "a qué camaradas
"jóvenes" se refiere Axelrod" en el prefacio al folleto.
En al Carta a la Redacción
de "Rabócheie Dielo",
escrita en agosto de 1889, P. Axelrod demostró la inconsistencia de los
intentos del periódico de identificar la posición de la socialdemocracia
revolucionaria (expuesta por Lenin en el folleto Las taresas de los
socialdemócratas ruso) con la posición de los oportunistas rusos y extranjeros.
La polémica conRabócheie Dielo
continúo más tarde en las páginas de Iskra
y Zariá.
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
errores*—, y pasemos
directamente al número 10 de dicho periódico. Por supuesto, no nos detendremos
a analizar objeciones aisladas de b. Krichevski y Martínov contra Zariá e Iskra. Lo único que os interesa aquí es la posición de principios que ha adoptado Rabócheie Dielo en su número 10. No nos detendremos, por ejemplo, a
examinar el caso curioso de que R. Dielo
vea una "contradicción flagrante" entre la tesis:
* Por ejemplo, en ese artículo se expone con las siguientes
palabras la "teoría de las fases" o teoría de los "tímidos
zigzags" en la lucha política: "Las reivindicaciones políticas que,
por su carácter, son comunes a toda Rusia, deben, sin embargo durante los
primeros tiempos" (¡esto se escribe en agosto de 1900!) "corresponder
a la experiencia adquirida por el sector dado (¡sic!) de obreros en la lucha económica. Sólo (¡) tomando como base
esta experiencia se puede y se debe iniciar la agitación política", etc.
(pág. 11). En la pág. 4, indignado el autor por las acusaciones de herejía
economista, carentes de todo fundamento, según él, exclama con tono patético:
"Pero ¿qué socialdemócrata ignora que, según la doctrina de Marx y Engels,
los intereses económicos de las distintas clases desempeñan un papel decisivo
en la historia y que, por tanto (la
cursiva es nuestra), en particular la lucha del proletariado por sus intereses
económicos debe tener una importancia primordial para su desarrollo como clases
y para su lucha emancipadora?" Este "por tanto" está
completamente fuera de lugar. Del hecho de que los intereses económicos
desempeñan un papel decisivo en modo
alguno se deduce que la lucha económica (=sindical) tenga una importancia
primordial, pues los intereses más esenciales y "decisivos" de las
clases pueden satisfacerse en general únicamente
por medio de transformaciones políticas
radicales, en particular, el interés económico fundamental del proletariado
sólo puede beneficiarse por medio de una revolución política que sustituya la
dictadura de la burguesía con la dictadura del proletariado. B. Krichevski
repite el razonamiento de los "V. V. de la socialdemocracia rusa" (la
política sigue a la economía, etc.) y de los bernsteinianos de la alemana (por
ejemplo, Woltmann alegaba precisamente los mismos argumentos para tratar de
demostrar que los obreros, antes de pensar de una revolución política, deben
adquirir una "fuerza económica").
"La socialdemocracia no
se ata las manos, no circunscribe sus actividades a un plano o procedimiento
cualesquiera de lucha política concebidos de antemano: admite todos los medios
de lucha con tal de que correspondan a las fuerzas efectivas del partido",
etc. (núm.
1 de Iskra)*y la tesis:
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 376 (N. de la Edit.)
"Si no existe una
organización fuerte con experiencia de lucha política en cualquier situación y
en cualquier período no se puede ni hablar de un plan sistemático de actividad,
basado en principios firmes y aplicado rigurosamente, del único plan que merece
el nombre de táctica" (núm. 4 de Iskra)*.
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 6-7 (N. de la Edit.)
Cuando se quiere hablar de
táctica, confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de
todos los planes y procedimientos con tal de que sirvan para lograr el fin
propuesto, con la exigencia de guiarse en
un momento político concreto por un plan aplicado a rajatabla equivale a
confundir que la medicina admite todos los sistemas terapéuticos con la
exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad concreta se siga siempre
un sistema determinado.
21
Pero de lo que se trata,
precisamente, es de que Rab. Dielo,
que padece de una enfermedad que hemos llamado culto a la espontaneidad, no
quiere admitir ningún "sistema terapéutico" para curar esta
enfermedad. Por eso ha hecho el notable descubrimiento de que "la
táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del
marxismo" (núm. 10, pág. 18), de que la táctica es "un proceso de crecimiento de las tareas del
partido, las cuales crecen junto con éste" (pág. 11; la cursiva es de R. D.) Esta segunda máxima tiene todas
las probabilidades de hacerse
célebre, de convertirse en un monumento imperecedero a la "tendencia"
de Rab. Dielo. A la pregunta de
"¿A dónde ir?, este órgano dirigente responde: El movimiento es un proceso de cambio de la distancia entre
el punto de partida y el punto subsiguiente del movimiento. Esta incomparable
profundidad de pensamiento no sólo es curiosa (si sólo fuera curiosa no valdría
la pena detenerse especialmente en ella), sino que representa, además, el programa de toda una tendencia, a
saber: el mismo programa que R. M. Expuso (en el Suplemento especial suyo) con las siguientes palabras: es deseable
la lucha que es posible, y es posible
la lucha que se sostiene en un momento dado. Esta es precisamente la tendencia
del oportunismo ilimitado, que se adapta en forma pasiva a la espontaneidad.
"¡La táctica-plan está
en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo!" Eso es una
calumnia contra el marxismo, eso equivale a convertirlo en la caricatura que
nos oponían los
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
populistas en su guerra
contra nosotros. ¡Eso es precisamente aminorar la iniciativa y la energía de
los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el contrario, da un
impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía de los socialdemócratas, abriendo
ante ellos las perspectivas más vastas, poniendo a su disposición (si podemos expresarnos así) las fuerzas poderosas de los
millones y millones que constituyen la clase obrera, la cual se alza a la lucha
"espontáneamente"! Toda la historia de la socialdemocracia
internacional abunda en planes, propuestos ora por uno, ora por otro líder
político, que demuestran la perspicacia y la justedad de las concepciones que
uno tiene de política y organización o revelan la miopía y los errores
políticos de otro. Cuando Alemania dio uno de los mayores virajes históricos –
la formación del Imperio, la apertura del Reichtag, la concesión del sufragio
universal —, Liebknecht tenía un plan de la política y la acción en general de
la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando sobre los socialistas
alemanes cayó la Ley de excepción, Most y Hasselman, dispuestos a exhortar pura
y simplemente a la violencia y al terrorismo, tenían un plan; Höchberg, Schramm
y (en parte) Bernstein tenían otro plan, y empezaron a predicar a los
socialdemócratas que, con su insensata brusquedad y su revolucionarismo, habían
provocado esa ley y debían ganarse el perdón con una conducta ejemplar; tenían
un tercer plan quienes prepararon y llevaron a la práctica la publicación de un
órgano de prensa clandestino 63. Al mirar al pasado, muchos años
después de terminar la lucha por la elección del camino y de haber pronunciado
la historia su veredicto sobre el acierto del camino elegido, no es difícil,
claro está, revelar profundidad de pensamiento, proclamando la máxima de que
las tareas del partido crecen con éste. Pero limitarse en un momento de
confusión*, cuando los "críticos" y los "economistas" rusos
hacen descender a la socialdemocracia al nivel del tradeuninismo, y los
terroristas propugnan con empeño la adopción de una "táctica-plan"
que repite los viejos errores, a semejante profundidad de pensamiento significa
extenderse a sí mismo un "certificado de pobreza". Decir en un
momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente de falta de
iniciativa y energía, de falta de "amplitud en la propaganda, agitación y
organización políticas"**, de falta de "planes" para organizar a
mayor escala la labor revolucionaria, decir en un momento así que "la
táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del
marxismo" no sólo significa envilecer el marxismo en el sentido teórico,
sino, en la práctica, tirar del partido
hacia atrás.
* Ein
Jahr der Verwirrung
("Un año de confusión"): así ha titulado Mehring el apartado de su Historia de la socialdemocracia alemana
en que describe los titubeos y la indecisión que manifestaron los socialistas
en un principio, al elegir la "táctica-plan" que correspondía a las
nuevas condiciones.
** Del editorial del núm. 1 de Iskra. (Véase V. I. Lenin. Tareas
urgentes de nuestro movimiento. – N.
de la Edit.)
"El socialdemócrata
revolucionario –nos alecciona más adelante R.
Dielo – se plantea la única tarea de acelerar con su labor consciente el
desarrollo objetivo, y no suprimirlo o sustituirlo con planes subjetivos. Iskra sabe todo esto en teoría. Pero la
magna importancia que el marxismo atribuye justamente a la labor revolucionaria
consciente la lleva en la práctica, debido a su concepción doctrinaria de la
táctica, a aminorar la importancia del
elemento objetivo o espontáneo del desarrollo" (pág. 18)
22
Otra vez la mayor confusión
teórica, digna del señor V. V. y cofradía. Pero desearíamos preguntar a nuestro
filósofo: ¿en qué puede manifestarse la "aminoración" del desarrollo
objetivo por parte de un autor de planes subjetivos? Evidentemente, en perder
de vista que este desarrollo objetivo crea a afianza, hunde o debilita a estas
o las otras clases, sectores y
![]()
63 Se alude al periódico Der Sozialdemokrat ("El
Socialdemócrata"): órgano central del Partido Socialdemócrata de Alemania
durante el período de vigencia d ela Ley de excepción contra los socialistas.
Se publicó en Zurich desde el
28 de septiembre de 1879 hasta el 22 de
septiembre de 1888, y en Londres desde el 1 de octubre de 1888 hasta el 27 de
septiembre de 1890. En 1879 y 1880 fue dirigido por G. Vollmar, y desde enero
de 1881, por C. Bernstein, sobre el que Engels ejercía entonces gran
influencia. La dirección ideológica de Engels garantizaba la orientación
marxista de Der Sozialdemokrat. Este
dejó de publicarse al ser derogada la Ley de excepción contra los socialistas,
volviendo a ser órgano central del partido del periódico Vorwärts ("Adelante").
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
grupos, a tales o cuales
naciones, grupos de naciones, etc., condicionando así una u otra agrupación
política internacional de fuerzas, una u otra posición de los partidos revolucionarios, etc. pero el pecado de tal
autor no consistirá entonces en aminorar el elemento espontáneo, sino en
aminorar, por el contrario, el elemento consciente,
pues le faltará ""conciencia"" para comprender con acierto
el desarrollo objetivo. Por eso, el mero hecho de hablar de "apreciación
de la importancia relativa" (la
cursiva es de Rabócheie Dielo) de lo
espontáneo y lo consciente revela una falta absoluta de "conciencia".
Si ciertos "elementos espontáneos del desarrollo" son accesibles en
general a la conciencia humana, su apreciación errónea equivaldrá a
"aminorar el elemento concsciente2. Y si son inaccesibles a la conciencia,
no los conocemos ni podemos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B.
Krichevski? Si considera erróneos los "planes subjetivos" de Iskra (y él los declara erróneos),
debería probar qué hechos objetivos no son tenidos en cuenta en esos planes y
acusar a Iskra, por ello, de falta de conciencia, de
""minoración del elemento consciente"" usando su lenguaje. Pero si, descontento con los
planes subjetivos, no tiene más argumento que el de invocar la
"aminoración del elemento espontáneo" (¡!) lo único que demuestra es
que: 1) en teoría, comprende le marxismo a los Karéiev y a lo Mijailovski,
suficientemente ridiculizados por Béltov64; 2)
en la práctica, se da por satisfecho en absoluto con los "elementos
espontáneos del desarrollo", que arrastraron a nuestros marxistas legales
al bernteinianismo, y a nuestros socialdemócratas, al "economismo",
muestra "gran indignación" con quienes han decidido apartar contra viento y marea a la
socialdemocracia rusa del camino del desarrollo "espontáneo".
Y más adelante siguen ya
cosas divertidísimas. "De la misma manera que los hombres, pese a todos
los éxitos de las ciencias naturales, seguirán multiplicándose por el método
antediluviano, el nacimiento de un nuevo régimen, pese a todos los éxitos de
las ciencias sociales y el aumento del número de luchadores conscientes,
seguirá siendo asimismo principalmente
resultado de explosiones espontáneas" (pág. 19). De la misma manera que la sabiduría antediluviana dice que no
hace falta mucha inteligencia para tener hijos, la sabiduría de los
"socialistas modernos" (a lo Narciso Tuporílov)65 proclama: Cualquiera tendrá inteligencia suficiente para
participar en el nacimiento espontáneo de un nuevo régimen social. Nosotros
también creemos que cualquiera tendrá inteligencia suficiente. Para participar
de ese modo, basta dejarse arrastrar
por el "economismo" cuando reina el "economismo", y por el
terrorismo. Así, en la primavera de sete año, cuando tanto importancia tenía
prevenir contra la inclinación al terrorismo, Rabócheie Dielo estaba perplejo ante este problema,
"nuevo" para él. Y seis meses más tarde, cuando el problema ha dejado
de ser actual, nos ofrece a un mismo tiempo la declaración de que "creemos
que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir en contrarrestar
el auge del espíritu terrorista" (R.
D. núm. 10, pág. 23) y la resolución del congreso: "El congreso
considera inoportuno el terrorismo ofensivo sistemático" (Dos congresos, pág. 18). ¡Con qué
magnificas claridad e ilación está dicho! No nos oponemos, pero lo declaramos
inoportuno; y lo declaramos de tal manera, que el terror no sistemático y
defensivo no va incluido en la "resolución". ¡Es forzoso reconocer
que semejante resolución está a cubierto de todo peligro y queda garantizada
por completo contra los errores, como lo está un hombre que habla por hablar! Y
para redactar semejante resolución sólo hacía falta una cosa: saber mantenerse
a la zaga del movimiento. Cuando Iskra
se burló de Rab. Dielo por haber
declarado que el programa del terrorismo era nuevo*, R. Dielo, enfadado, acusó a Iskra
de tener "la pretensión verdaderamente increíble, de imponer a la
organización del partido la solución que ha dado
![]()
64 Jorge Plejánov publicó con el seudónimo
de N. Béltov su conocida obra Acerca del
desarrollo de la concepción monista de la historia, editada en Petersburgo
en 1895.
65 Se trata de la poesía satírica Himno del moderno socialista ruso,
publicada en el número 1 de Zariá
(abril de 1901) por Y. Mártov con la firma de "Narciso Tuporílov". En
ella ridiculizaba a los "economistas" por su adaptación al movimiento
espontáneo
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la
socialdemocracia
a los problemas de táctica hace más de 15 años un grupo de
escritores emigrados" (pág. 24). En efecto ¡qué pretensión y qué
exageración del elemento, consciente: resolver de antemano los problemas en
teoría, para luego convencer de la justedad e esa solución tanto ala
organización como al partido y a las masas!** ¡Otra cosa es repetir simplemente
cosas trilladas y, sin "imponer" nada a nadie, someterse a cada
"viraje", ya sea hacia el "economismo", ya sea hacia el
terrorismo! Rab. Dielo llega incluso
a generalizar este gran precepto de la sabiduría de la vida, acusando a Iskra y Zariá de "oponer su programa al movimiento, como un espíritu
que se cierne sobre un caos amorfo" (pág. 29). Pero ¿en qué consiste el
papel de la socialdemocracia sino en ser el "espíritu" que no sólo se
cierne sobre le movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel
de "su programa"? Porque no ha de consistir en seguir
arrastrándose a la zaga del movimiento, lo que, en el mejor de los casos, sería
inútil para el propio movimiento y, en el peor de los casos, nocivo en extremo.
Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta "táctica-proceso", sino que
la erige en principio, de modo que sería más justo, llamar a esta tendencia
seguidismo (de la palabra "seguir a la zaga") en vez de oportunismo.
Y es obligado reconocer que quienes han decidido firmemente seguir siempre a la
zaga del movimiento están asegurados, en absoluto y para siempre, contra la
"aminoración del elemento espontáneo del desarrollo".
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 7-8 (N. de la Edit.)
**
Tampoco
debe olvidarse que, al resolver "en teoría" el problema del
terrorismo, el grupo Emancipación del Trabajo sintetizó la experiencia del movimiento revolucionario anterior.
23
Así pues, hemos podido
convencernos de que el error fundamental de la "nueva tendencia" en
la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no
comprender que la espontaneidad e las masas exige de nosotros, los socialdemócratas,
una elevada conciencia. Cuanto más crece la lucha espontánea de las masas,
cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor,
es el imperativo de elevar con rapidez la conciencia en la labor teórica,
política y orgánica de la socialdemocracia.
La activación espontánea de
las masas en Rusia ha sido (y sigue siendo) tan rápida que la juventud
socialdemócrata ha resultado poco preparada para cumplir estas tareas
gigantescas. Esta falta de preparación es nuestra desgracia común, una
desgracia de todos los
socialdemócratas rusos. La activación de las masas se ha producido y aumentado
de manera continua y sucesiva, y lejos de cesar donde había comenzado, se ha
extendido a nuevas localidades y nuevos sectores de la población (bajo la
influencia del movimiento obrero se ha reanimado la efervescencia entre la
juventud estudiantil, entre los intelectuales en general e incluso entre los
campesinos). Pero los revolucionarios se
han rezagado de la creciente actividad de las masas tanto en sus
"teorías" como en su labor, no han logrado crear una organización
permanente que funcione sin interrupciones y sea capaz de dirigir todo el
movimiento.
En el primer capítulo hemos
consignado que R. Dielo rebaja
nuestras tareas teóricas y repite "espontáneamente" el grito de moda:
"libertad de crítica"; quienes lo repiten no han tenido
"conciencia" suficiente para comprender que las posiciones de los "críticos"
oportunistas y las de los revolucionarios en Alemania y en Rusia son
diametralmente opuestas.
En los capítulos siguientes
examinaremos cómo se ha manifestado este culto a la espontaneidad en el terreno
de las tareas políticas y en la labor de organización de la socialdemocracia.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
23
III. Política
tradeunionista y política socialdemócrata
Comenzaremos una vez más
haciendo un elogio de Rabócheie Dielo.
En su número 10 publica un artículo de Martínov sobre las discrepancias con Iskra, titulado Las publicaciones de denuncias y la lucha proletaria. "No
podemos limitarnos a denunciar el estado de cosas que entorpece su desarrollo (el del partido obrero). Debemos también
hacernos eco de los intereses inmediatos y cotidianos del proletariado"
(pág. 63). Así formula Martínov la esencia de esas discrepancias. "Iskra… es de hecho el órgano de la oposición revolucionaria, que denuncia el
estado de cosas reinante en nuestro país y, principalmente, el régimen
político… Nosotros, en cambio, trabajamos y seguiremos trabajando por la causa
obrera en estrecha conexión orgánica con la lucha proletaria" (ibíd.). Es
forzoso agradecer a Martínov esta fórmula. Adquiere un notable interés general,
porque, en el fondo, no abarca sólo, ni mucho menos, nuestras discrepancias con
R. Dielo: abarca también, en general,
todas las discrepancias existentes entre nosotros y los "economistas"
respecto a la lucha política. Hemos demostrado ya que los
"economistas" no niegan en absoluto la "política", sino que
únicamente se desvían a cada paso de la concepción socialdemócrata de la
política hacia la concepción tradeunionista. De la misma manera se desvía
Martínov, y por eso estaremos dispuestos a tomarlo por modelo de las
aberraciones economistas en esta cuestión. Trataremos de demostrar que nadie
podrá ofenderse con nosotros por esta elección: ni los autores del Suplemento especial de "Rabóchaya Mysl", ni los autores del
Llamamiento del Grupo de Autoemancipación, ni los autores de la carta
"economista" publicada en el núm. 12 de Iskra.
a. La agitación política y su restricción por los economistas
Todo el mundo sabe que la
lucha económica* de los obreros rusos alcanzó gran extensión y se consolidó a
la par con la aparición de "publicaciones" de denuncias económicas
(concernientes a las fábricas y los oficios). El contenido principal de las
"octavillas" consistía en denunciar la situación existente en las
fábricas, y entre los obreros se desencadenó pronto una verdadera pasión por
estas denuncias. En cuanto los obreros vieron que los círculos socialdemócratas
querían y podían proporcionarles hojas de nuevo tipo – que les decían toda la
verdad sobre su vida miserable, su trabajo increíblemente penoso y su situación
de parias
—, comenzaron a inundarlos, por decirlo así, de cartas de las
fábricas y los talleres. Estas "publicaciones, de denuncias" causaban
inmensa sensación tanto en las fábricas cuyo estado de cosas fustigaban como en
todas las demás a las que llegaban noticias de los hechos denunciados. Y puesto
que las necesidades y las desgracias de los obreros de distintas empresas y de
diferentes oficios tienen mucho de común, la "verdad sobre la vida
obrera" entusiasmaba a todos.
Entre los obreros más atrasados se propagó una verdadera pasión por "ser
publicado", pasión noble por esta forma embrionaria de guerra contra todo
el sistema social moderno, basado en el pillaje y la opresión. Y las
"octavillas", en la inmensa mayoría de los casos, eran de hecho una
declaración de guerra, pues la denuncia producía un efecto terriblemente
excitante, movía a todos los obreros a reclamar que se pusiera fin a los
escándalos más flagrantes y los disponía a defender sus reivindicaciones por
medio de huelgas. Los propios fabricantes tuvieron, en fin de cuentas, que
reconocer hasta tal punto la importancia de estas octavillas como declaración
de guerra, que, muy a menudo, ni
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
siquiera querían esperar a
que empezase la guerra. Las denuncias, como ocurre siempre, tenían fuerza por
el mero hecho de su aparición y adquirían el valor de una poderosa presión
moral. Más de una vez bastó con que apareciera una octavilla para que las reivindicaciones
fuesen satisfechas total o parcialmente. En una palabra, las denuncias
económicas (fabriles) han sido y son un resorte importante de la lucha
económica. Y seguirán conservando esta importancia mientras exista el
capitalismo, que origina necesariamente la autodefensa de los obreros. En los
países europeos más adelantados se puede observar, incluso hoy, que las
denuncias de escándalos en alguna "industria de oficio" de un rincón
perdido o en alguna rama del trabajo a domicilio, olvidada de todas, se
convierten en punto de partida para despertar la conciencia de clase, para
iniciar la lucha sindical y la difusión del socialismo**
* Advertimos, para evitar equívocos, que
en la exposición que sigue entendemos
por lucha económica (según el uso arraigado entre nosotros) la "lucha
económica práctica" que Engels denominó, en la cita reproducida antes,
"resistencia a los capitalistas" y que en los países libres se llama
lucha gremial, sindical o tradeunionista.
** En este capítulo hablamos únicamente de la lucha política, de
su concepción más amplia o más estrecha. Por eso señalaremos sólo de paso, como
un simple hecho curioso, la acusación lanzada por Rab. Dielo contra Iskrade
"moderación excesiva" con respecto a la lucha económica (Dos congresos, pág. 27; acusación
repetida con machaconería por Martínov en su folleto La socialdemocracia y la
clase obrera). Si los señores acusadores midieran por puds o por pliegos de
imprenta (como gustan de hacerlo) la sección de Iskra dedicada a la lucha económica durante el año y la compararan
con la misma sección de R. Dielo y R. Mysl juntos, verían fácilmente que,
incluso en este sentido, están atrasados. Es evidente que el conocer esta
sencilla verdad les obliga a recurrir
a argumentos que demuestran con claridad su confusión. "Iskra –escriben—, quiéralo o no (¡),
tiene (¡) que tomar en consideración las demandas imperiosas de la vida y
publicar, por lo menos (¡!), cartas sobre el movimiento obrero" (Dos congresos, pág. 27). ¡Menudo
argumento para hacernos trizas!
Durante los últimos tiempos,
la inmensa mayoría de los socialdemócratas rusos han estado absorbidos casi
enteramente por esta labor de organización de las denuncias de los abusos
cometidos en las fábricas. Basta con recordar Rab. Mysl para ver a qué extremo
había llegado esa absorción y cómo se olvidaba que semejante actividad, por sí sola, no era aún, en el fondo,
socialdemócrata, sino sólo tradeunionista. En realidad, las denuncias no se
referían más que a las relaciones de los obreros de un oficio determinado con sus patronos respectivos, y lo único
que lograban era que los vendedores de la fuerza de trabajo aprendieran a
vender a mejor precio esta "mercancía" y a luchar contra los
compradores en el terreno de las transacciones puramente comerciales. Estas
denuncias podían convertirse (siempre que las aprovechara en cierto grado la
organización de los revolucionarios) en punto de partida y elemento integrante
de la actividad socialdemócrata, pero podían conducir también (y, con el culto
a la espontaneidad, debían conducir) a la lucha "exclusivamente
sindical" y a un movimiento obrero no socialdemócrata. La socialdemocracia
dirige la lucha de la clase obrera no sólo para conseguir ventajosas
condiciones de venta de la fuerza de trabajo, sino para destruir el régimen
social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos. La socialdemocracia
representa a la clase obrera en sus relaciones no sólo con un grupo determinado
de patronos, sino con todas las clases de la sociedad contemporánea, con el
Estado como fuerza política organizada. Se comprende, por tanto, que, lejos de
poder limitarse a la lucha económica, los socialdemócratas no pueden ni admitir
que la organización de denuncias económicas constituya su actividad
predominante. Debemos emprender una intensa labor de educación política de la
clase obrera, de desarrollo de su conciencia política. Ahora, después del primer embate de Zariá e Iskra contra el
"economismo", "todos están de
acuerdo" con eso (aunque algunos lo están sólo de palabra, como
veremos enseguida).
Cabe preguntar: ¿en qué debe
consistir la educación política? ¿Podemos limitarnos a propagar la idea de que
la clase obrera es hostil a la autocracia? Está claro que no. No basta con explicar la opresión política de que son
objeto los obreros (de la misma manera que era insuficiente explicarles el antagonismo entre sus
intereses y los de los patronos). Hay que hacer agitación con motivo de cada
hecho concreto de esa opresión (como hemos empezado a hacerla con motivo de las
manifestaciones concretas de opresión económica). Y puesto que las más diversas
clases de la sociedad son víctimas de esta
opresión, puesto que se manifiesta en los más diferentes ámbitos de la vida y
de la actividad sindical, cívica, personal, familiar, religiosa, científica,
etc., ¿no es evidente que incumpliríamos
nuestra misión de desarrollar la
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
conciencia política de los
obreros si no asumiéramos la tarea de
organizar una campaña de denuncias
políticas de la autocracia en todos
los aspectos? Porque para hacer agitación con motivo de las manifestaciones concretas de la opresión es preciso
denunciar esas manifestaciones (lo mismo que arpa hacer agitación económica era
necesario denunciar los abusos cometidos en las fábricas).
25
Podría creerse que esto está
claro. Pero aquí precisamente resulta que sólo de palabra están
"todos" de acuerdo con que es necesario desarrollar la conciencia
política en todos su aspectos. Aquí
precisamente resulta que Rab. Dielo,
por ejemplo, lejos de asumir la tarea de organizar
denuncias políticas en todos los aspectos (o comenzar su organización), se ha
puesto a arrastrar hacia atrás
también a Iskra, que había iniciado
esa labor. Escuchen: "La lucha política de la clase obrera es sólo"
(precisamente no es sólo) "la forma más desarrollada, amplia y eficaz de
la lucha económica" (programa de Rab.
Dielo: véase su número 1, pág. 3). "En la actualidad, los
socialdemócratas tienen planteada la tarea de dar a la lucha económica misma,
en la medida de lo posible, un carácter político" (Martinóv en el núm. 10,
pág. 42). "La lucha económica es el medio que se puede aplicar con la
mayor amplitud para incorporar a las masas a la lucha política activa"
(Resolución del Congreso de la Unión 66 y
"enmiendas": Dos congresos,
pág. 11 y 17): como ve el lector, Rab.
Dielo está impregnado de todas estas tesis desde su aparición hasta las
últimas "instrucciones a la redacción", y todas ellas expresan,
evidentemente, un mismo parecer de la agitación y la lucha políticas. Analicen,
pues, este parecer desde el punto de vista de la opinión, dominante entre todos
los "economistas", de que la agitación política debe seguir a la económica. ¿Será cierto que
la lucha económica es, en general*, "el medio que se puede aplicar con la
mayor amplitud" para incorporar a las masas a la lucha política? Es falso
por completo. Medios "que se pueden aplicar" con no menos
"amplitud" para tal "incorporación" son todas y cada una de las manifestaciones
de la opresión policíaca y de la arbitrariedad autocrática, pero en modo alguno
sólo las manifestaciones ligadas a la lucha económica. ¿Por qué los jefes de
los zemstvos 67 y los castigos corporales de los
campesinos, las concusiones de los funcionarios y el trato que da la policía a
la "plebe" de las ciudades, la lucha con los hambrientos y la
persecución de los deseos de instrucción y de saber que siente el pueblo, la
exacción de tributos y la persecución de las sectas religiosas, el
adiestramiento de los soldados a baquetazos y el trato cuartelero que se da a
los estudiantes y los intelectuales liberales; por qué todas estas
manifestaciones de opresión y miles de otras análogas, que no tienen relación
directa con la lucha "económica", han de ser en general medios y
motivos "que se pueden aplicar" con menos "amplitud" para hacer agitación política, para
incorporar a las masas a la lucha política? Todo lo contrarios: es indudable
que, en la suma total de casos cotidianos en que el obrero (él mismo o sus
allegados) está falto de derechos o sufre de la arbitrariedad y la violencia ,
sólo una pequeña minoría son casos de opresión policíaca en la lucha sindical.
¿Para qué restringir de antemano la
envergadura de la agitación política y declarar que se "puede aplicar con
más amplitud" sólo uno de los
medios, al lado del cual, deben hallarse, para un socialdemócrata, otros que,
hablando en general, "pueden aplicarse" con no menos
"amplitud"?
* Decimos "en general" porque en
Rab. Dielo se trata precisamente de
los principios generales y de las tareas generales de todo el partido. Es
indudable que en la práctica se dan casos en que la política debe, efectivamente, seguir a la
economía; pero sólo "economistas" pueden decir eso en una resolución
para toda Rusia. Porque hay también casos en que "desde el comienzo
mismo" se puede hacer agitación
política "únicamente en el terreno económico", puede hacer agitación
política "únicamente en el terreno económicos", pese a lo cual Rab. Dielo ha llegado, por fin, a la
conclusión de que "no hay ninguna necesidad" de ello (Dos congresos, pág. 11). En el capítulo
siguiente probaremos que la táctica de los "políticos" y de los
revolucionarios, lejos
![]()
66 Se alude a la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero.
Véase nota núm. –65.
67 Jefes
de los zemstvos: cargo
administrativo instituido por el gobierno zarista en 1889 con el propósito de
afianzar el poder de los terratenientes sobre los campesinos. Los zémskie nachálniki ("jefes de los
zemstvos") eran designados entre los terratenientes nobles de cada lugar y
gozaban de inmensas atribuciones administrativas y judiciales sobre los
campesinos, incluido el derecho a encarcelarlos y someterlos a castigos
corporales.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
de desconocer las tareas
tradeunionistas de la socialdemocracia, es, por el contrario, la única que
asegura su cumplimiento consecuente.
En tiempos muy, muy remotos
(¡hace un año!…), Rab. Dielo decía:
"Las reivindicaciones políticas inmediatas se hacen asequibles a las masas
después de una huelga o, a lo sumo, de varias huelgas", "en cuanto el
gobierno emplea la policía y la gendarmería" (núm. 7, pág. 15 de agosto de
1900). Ahora, esta teoría oportunista de las fases ha sido ya rechazada por la
Unión, la cual nos hace una concesión al declarar que "no hay ninguna
necesidad de desarrollar desde el comienzo mismo la agitación política exclusivamente
sobre el terreno económico" (Dos
congresos, pág. 11). ¡Por este solo hecho el futuro historiador de la
socialdemocracia rusa verá mejor que por los más largos razonamientos hasta qué
punto han envilecido el socialismo nuestros "economistas"! Pero ¡qué
ingenuidad la de la Unión imaginarse que, a cambio de esta renuncia a una forma
de restricción de la política, podía llevársenos a aceptar otra forma de
restricción! ¿No hubiera sido más lógico decir, también en este caso, que se
debe desarrollar con la mayor amplitud posible la lucha económica, que es
preciso utilizarla siempre para la agitación política, pero que "no hay
ninguna necesidad" de ver en la lucha económica el medio que se puede
aplicar con más amplitud para
incorporar a las masas a la lucha política activa?
La Unión atribuye
importancia al hecho de haber sustituido con las palabras "el medio que se
puede aplicar con la mayor amplitud" la expresión "el mejor
medio", que figura en la resolución correspondiente del IV Congreso de la
Unión Obrera Hebrea (Bund) 68. Nos veríamos, efectivamente, en un
aprieto si tuviésemos que decir cuál de estas dos resoluciones es mejor: a
nuestro juicio, las dos son peores.
Tanto la Unión como el Bund se desvían en este caso (en parte, quizá, hasta
inconscientemente, bajo la influencia de la tradición) hacia una interpretación
economista, tradeunionista, de la política. En el fondo, las cosas no cambian
en nada con que esta interpretación se haga empleando la palabreja "el
mejor" o la expresión, "el que se puede aplicar con la mayor
amplitud".
26
Si la Unión dijera que
"la agitación política sobre el terreno económico" es el medio
aplicado con la mayor amplitud (y no "aplicable"), tendría razón
respecto a acierto período de desarrollo de nuestro movimiento socialdemócrata.
Tendría razón precisamente respecto a los "economistas", respecto a
muchos militantes prácticos (si no a la mayoría de ellos) de 1898 a 1901, pues
esos prácticos-"economistas" aplicaron,
en efecto, la agitación política (¡en el grado en que, en general, la
aplicaban!) casi exclusivamente en el
terreno económico. ¡Semejante agitación política era aceptada y hasta
recomendada, como hemos visto, tanto por Rab.
Mysl como por el Grupo de Autoemancipación! Rab. Dielo debería haber condenado
resueltamente el hecho de que la obra útil de la agitación económica fuera
acompañada de una restricción nociva
de la lucha política; pero, en vez de hacer eso, declara que ¡el medio más
aplicado (por los "economistas")
es el medio más aplicable! No es de extrañar que estos hombres, cuando los
tildamos de "economistas", no encuentren otra salida que ponernos de
vuelta y media, llamándonos "embaucadores",
"desorganizadores", "nuncios del papa" y
"calumniadores"*; no encuentren otra salida que llorar ante todo el
mundo, diciendo que les hemos inferido una atroz afrenta, y declarar casi bajo
juramento que "ni una sola organización socialdemócrata peca hoy de
"economismo""**. ¡Ah, esos calumniadores, esos malignos
políticos! ¿No habrán inventado aldrede todo el "economismo" para
inferir a la gente, por simple odio a la humanidad, atroces afrentas?
* Expresiones textuales del folleto Dos congresos, pág. 31,32, 28 y 30. ** Dos congresos, pág. 32.
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68 La Unión
General Obrera Hebrea de Litunia, Polonia y Rusia (Bund) fue organizada en
1897 en el Congreso de constitución de los grupos socialdemócratas hebreos,
celebrado en Vilno; agrupaba principalmente a los artesanos semiproletarios
hebreos de las regiones occidentales de Rusia. Los bundistas seguían una
política oportunista, menchevique.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
¿Qué sentido concreto, real,
tiene en labios de Martínov plantear ante la socialdemocracia la tarea de
"dar a la lucha económica misma un carácter político"? La lucha
económica es una lucha colectiva de los obreros contra los patronos por conseguir
ventajosas condiciones de venta de la
fuerza del trabajo, por mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los
obreros. Esta lucha es, por
necesidad, una lucha sindical, porque las condiciones de trabajo son muy
diferentes en los distintos oficios y, en consecuencia, la lucha orientada a mejorar estas condiciones tiene que
sostenerse forzosamente por oficios (por los sindicatos de Occidente, por
asociaciones sindicales de carácter provisional y por medio de octavillas en
Rusia, etc.). Dar a la "lucha económica misma un carácter político"
significa, pues, conquistar esas reivindicaciones profesionales, ese
mejoramiento de las condiciones de trabajo en los oficios son "medidas
legislativas y administrativas" (como se expresa Martínov en la página
siguiente, 43, de su artículo). Y eso es precisamente lo que hacen y han hecho
siempre todos los sindicatos obreros. Repasen la obra de los esposos Webb,
serios eruditos (y "serios" oportunistas), y verán que los sindicatos
obreros ingleses han comprendido y cumplen desde hace ya mucho la tarea de
"dar a la lucha económica mima un carácter político"; luchan desde
hace mucho por el derecho de huelga, por la supresión de todos los obstáculos
jurídicos que se oponen al movimiento cooperativista y sindical, por la
promulgación de leyes de protección de la mujer y del niño, por el mejoramiento
de las condiciones de trabajo mediante una legislación sanitaria y fabril, etc.
¡Así pues, tras la pomposa frase de "dar a la lucha
económica misma un carácter
político", que suena con "terribles" hondura de pensamiento y
espíritu revolucionario, se oculta, en realidad, la tendencia tradicional a rebajar la política socialdemócrata al
nivel de política tradeunionista! So pretexto de rectificar la unilateralidad
de Iskra , que considera más
importante –fíjense en esto – "revolucionar el dogma que revolucionar la
vida"*, nos ofrecen como algo nuevo la lucha
por reformas económicas. En efecto, el único contenido, absolutamente el
único, de la frase "dar a la lucha económica misma un carácter
político" es la lucha por reformas económicas. Y el mismo Martínov habría
podido llegar a esta simple conclusión si hubiese profundizado como es debido
en la significación de sus propias palabras. "Nuestro partido –dice,
enfilando su artillería más pesada contra Iskra
– podría y debería presentar al gobierno reivindicaciones concretas de medidas
legislativas y administrativas contra la explotación económica, contra el
desempleo, contra el hambre, etc." (R.
D., núm. 10, pág. 42-43). Reivindicar medidas concretas, ¿no es, acaso,
reclamar reformas sociales? Y preguntamos una vez más a los lectores
imparciales: ¿calumniamos a los rabochediélentsi**
(¡que me perdonen esta palabreja poco feliz hoy en boga!) al calificarlos de
bernsteinianos velados cuando presentan, como discrepancia suya con Iskra,
la tesis de que es necesaria la lucha por reformas económicas?
* Rab.
Dielo, núm. 10,
pág. 60. Así aplica Martínov al estado caótico de nuestro movimiento en la
actualidad la tesis de que "cada paso de movimiento real es más importante
que una docena de programas", cuya aplicación hemos analizado ya antes. En
el fondo, eso no es sino una traducción al ruso de la célebre frase de
Bernstein: "el movimiento lo es todo; el objetivo final, nada".
** Partidarios de Rabócheie
Dielo. (N. de la Edit.)
La socialdemocracia
revolucionaria siempre ha incluido e incluye en sus actividades la lucha por
las reformas. Pero no utiliza la agitación "económica" exclusivamente
para reclamar del gobierno toda clase de medidas: la utiliza también (y en primer
término) para exigir que deje de ser un gobierno autocrático. Además, considera
su deber presentar al gobierno esta exigencia no sólo en el terreno de la lucha económica, sino asimismo en el
terreno de todas las manifestaciones en general de la vida sociopoítica. En una
palabra, subordina la lucha por las reformas como la parte al todo, a la lucha
revolucionaria por la libertad y el socialismo. En cambio, Martínov resucita en
una forma distinta la teoría de las fases, tratando de prescribir
infaliblemente la vía económica, por decirlo así, del desarrollo de la lucha
política. Al propugnar en un momento de efervescencia revolucionaria que la
lucha por reformas es
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
una "tarea"
especial, arrastra al partido hacia atrás y hace el juego al oportunismo
"economista" y liberal.
27
Prosigamos. Después de ocultar púdicamente la lucha por las
reformas tras la pomposa tesis de "dar a la lucha económica misma un
carácter político", Martínov presenta como algo especial únicamente las reformas económicas (e
incluso sólo las reformas fabriles). Ignoramos por qué lo ha hecho. ¿Quizá por
descuido? Pero si hubiera tenido en cuenta no sólo las reformas
"fabriles", perdería todo sentido la tesis entera suya que acabamos
de exponer. ¿Tal vez porque estima posible y probable que el gobierno haga
"concesiones" únicamente en el terreno económico?* De ser así,
resultaría un error extraño.
* Pág. 43: "Desde luego, si
recomendamos a los obreros que presenten determinadas reivindicaciones
económicas al gobierno, lo hacemos porque el gobierno autocrático está
dispuesto, por necesidad, a hacer ciertas concesiones en el terreno económico".
Las concesiones son
posibles, y se hacen a veces también en el ámbito de la legislación sobre
castigos corporales, pasaportes, pagos de rescate 69,
sectas religiosas, censura, etc., etc. Las concesiones "económicas"
(o seudoconcesiones), son sin duda, las más baratas y las más ventajosas para
el gobierno, pues espera ganarse con ellas la confianza de las masas obreras.
Mas por eso mismo nosotros, los socialdemócratas, en modo alguno debemos dar lugar, ni absolutamente con nada, a la
opinión (o a la equivocación) de que apreciamos más las reformas económicas, de
que les concedemos una importancia singular, etc. "Estas reivindicaciones
–dice Martínov, refiriéndose a las reivindicaciones concretas de medidas
legislativas y administrativas formuladas por él antes –no serían palabras
vanas, puesto que, al prometer ciertos resultados palpables podrían ser
apoyadas activamente por la masa obrera"… No somos
"economistas", ¡oh, no! ¡Unicamente nos humillamos a los pies de la
"palpabilidad" de resultados concretos con tanto servilismo como lo
hacen los señores Bernstein, Prokopóvich, Struve, R. M. y tutti quanti! ¡Unicamente damos a entender (con Narciso Tuporílov)
que cuanto no "promete resultados palpables" son "palabras
vanas"! ¡No hacemos sino expresarnos como si la masa obrera fuera incapaz
(y no hubiese demostrado su capacidad, pese a los que le imputan su propio
filisteísmo) de apoyar activamente toda protesta contra la autocracia, incluso la que no le promete absolutamente ningún
resultado palpable!
Tomemos aunque sólo sean los
mismos ejemplos citados por el propio Martínov acerca de las
"medidas" contra el desempleo y el hambre. Mientras Rab. Dielo se ocupa, según promete, de
estudiar y elabora "reivindicaciones concretas (¿en forma de proyectos de
ley?) de medidas legislativas y administrativas" que "pometan
resultados palpables", Iskra,
"que considera siempre más importante revolucionar el dogma que
revolucionar la vida", ha tratado de explicar el nexo indisoluble que une
el desempleo con todo el régimen capitalista, advirtiendo que "el hambre
es inminente", denunciando "la lucha de la policía contra los
hambrientos", así como el indignante Reglamento
provisional de trabajos forzados, y Zariá
ha publicado en separata como folleto de agitación, la parte de su Crónica de la vida interior* dedicada al
hambre. Pero, Dios mío, ¡qué "unilaterales" han sido esos ortodoxos
de incorregible estrechez, esos dogmáticos sordos a los imperativos de la
"vida misma"! ¡Ni uno solo de sus artículos ha contenido— ¡qué horror!
– ni una sola, ¡imagínense ustedes!,
ni siquiera una sola "reivindicación concreta" que "prometa
resultados palpables"! ¡Desgraciados dogmáticos! ¡Hay que llevarlos a
aprender de los Krichevski y los Martínov
![]()
69
Pagos de rescate: cantidades que, según el
"Reglamento" del 19 de febrero de 1861 aboliendo el régimen de la
servidumbre en Rusia, debían pagar los campesinos a los terratenientes por los
lotes de tierra que recibían. El total de los pagos de rescate superaba en
mucho el verdadero valor de los lotes y ascendía a unos 2.000 millones de
rublos. Al abonar los pagos de rescate, los campesinos pagaban, en realidad, a
los terratenientes no sólo la tierra que venían usufructuando desde tiempos
inmemoriales, sino también su propia liberación. Los abrumadores y desorbitados
pagos de rescate provocaban
la ruina y el empobrecimiento en masa de los campesinos. El movimiento
campesino durante el período de la primera revolución rusa (1905-1907) obligó
al gobierno zarista a abolir los pagos de rescate en enero de 1907.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
para que se convenzan de que
la táctica es el proceso del crecimiento, de lo que crece, etc., de que es
necesario dar a la lucha económica misma
un carácter político!
* Véase V. I. Lenin, Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 297-319 (N. de la Edit.)
"La lucha económica de
los obreros contra los patronos y el gobierno (¡¡"lucha económica contra el gobierno"!!),
además de su significado revolucionario directo, tiene también otro: incita
constantemente a los obreros a pensar en su falta de derecho políticos"
(Martínov, pág. 44). Si hemos reproducido este pasaje no es para repetir por
centésima o milésima vez lo que hemos dicha ya antes, sino para agradecer de
manera especial a Martínov esta nueva y excelente fórmula "La lucha
económica de los obreros contra los patronos y el gobierno". ¡Qué
maravilla! Con qué inimitable talento, con qué magistral eliminación de todas
las discrepancias parciales y diferencia de matices entre los
"economistas" tenemos expresada aquí, en su postulado conciso y
claro, toda la esencia del
"economismo", comenzando por el llamamiento a los obreros a sostener
"la lucha política en aras del interés general, para mejorar la situación
de todos los obreros" [Rabóchaya
Mysl, Suplemento especial, pág. 14], siguiendo luego con la teoría de las
fases y terminado con la resolución del congreso sobre el medio "aplicable
con la mayor amplitud", etc. "La lucha económica contra el
gobierno" es precisamente política tradeunionista, que está muy lejos,
lejísima, de la política socialdemócrata.
28
b. De cómo Martínov ha profundizado a Plejánov
"¡Cuántos Sénecas
socialdemócratas han aparecido últimamente en nuestro país!", observó
cierto día un camarada, refiriéndose a la asombrosa inclinación de mucha gente
propensa al "economismo" a alcanzar indefectiblemente con "su propia
inteligencia" las grandes verdades (por ejemplo, que la lucha económica
incita a los obreros a pensar en su falta de derechos), desconociendo con
magnífico desdén de genios innatos cuánto ha proporcionado ya el desarrollo
anterior del pensamiento revolucionario y del movimiento revolucionario. Un
genio innato de esta índole es precisamente Séneca-Martínov. Den un vistazo a
su artículo Problemas inmediatos y
verán cómo llega con "su propio
entendimiento" a cosas dichas hace ya
mucho por Axelrod (al que nuestro Séneca, como es natural, silencia por
completo); cómo empieza, por ejemplo,
a comprender que no podemos pasar por alto la oposición de tales o cuales
sectores de la burguesía (Rabócheie Dielo,
núm. 9, pág. 61, 62, 71; compárese con la Respuesta
de la redacción de R. D. a Axelrod,
pág. 22, 23-24), etc. pero —¡ay! – sólo "llega" y no pasa de "empezar", ya que, a pesar de todo, no ha
comprendido aún las ideas de Axelrod hasta el punto de que habla de "lucha
económica contra los patronos y el gobierno". Rab. Dielo ha venido
acumulando fuerzas durante tres años (de 1898 a 1901) para comprender a Axelrod y, pese a ello ¡no lo ha
comprendido! ¿Quizás también se deba esto a que la socialdemocracia, "a
semejanza de la humanidad", se plantea siempre únicamente tareas
realizables?
Pero los Sénecas no se
distinguen sólo porque ignoran muchas coas (¡eso sería una desgracia a
medias!), sino también porque no ven su ignorancia. Eso es ya una verdadera
desgracia, y esta desgracia los mueve a emprender en el acto la labor de
"profundizar" a Plejánov.
"Desde que Plejánov
escribió el folleto citado (Las tareas de
los socialistas en la lucha contra el hambre en Rusia) ha corrido mucho
agua bajo los puentes –cuenta Séneca-Martínov —. Los socialdemócratas, que en
el transcurso de diez años han dirigido la lucha económica de la clase obrera…,
no han tenido aún tiempo de ofrecer una amplia argumentación teórica de la táctica
del partido. Hoy esta cuestión ha madurado, y si quisiéramos ofrecer esa
argumentación teórica, tendríamos, sin duda, que profundizar
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
considerablemente los
principios tácticos desarrollados en su tiempo por Plejánov… Ahora tendríamos
que definir la diferencia entre la propaganda y la agitación de una manera
distinta a como lo hizo Plejánov" (Martínov acaba de citar las palabras de
Plejánov: "El propagandista comunica muchas ideas a una sola o a varias
personas, mientras que el agitador comunica una sola idea o un pequeño número
de ideas, pero, en cambio, a toda una multitud"). "Nosotros
entenderíamos por propaganda la explicación revolucionaria de todo el régimen
actual o de sus manifestaciones parciales, indiferentemente de que se haga en
una forma accesible sólo para algunas personas o para la multitud. Por
agitación, en el sentido estricto de la palabra (¡sic!), entenderíamos el llamamiento dirigido a las masas para
ciertas acciones concretas, la ayuda a la intervención revolucionaria directa
del proletariado en la vida social".
Felicitamos a la
socialdemocracia rusa –e internacional – por esta nueva terminología
martinoviana, más estricta y más profunda. Hasta ahora creíamos (con Plejánov y
con todos los líderes del movimiento obrero internacional) que sin un
propagandista trata, por ejemplo, el problema del desempleo, debe explicar la
naturaleza capitalista de las crisis, mostrar la causa que las hace inevitables
en la sociedad actual, exponer la necesidad de transformar la sociedad
capitalista en socialista, etc. en una palabra, debe comunicar "muchas
ideas", tantas, que todas ellas en conjunto podrán ser asimiladas en el
acto sólo por pocas (relativamente) personas. En cambio, el agitador, al hablar
de este mismo problema, tomará un ejemplo, el más destacado y más conocido de
su auditorio –pongamos por caso, el de una familia de parados muerta de
inanición, el aumento de la miseria, etc. – y, aprovechando ese hecho conocido
por todos y cada uno, orientará todos sus esfuerzos a inculcar en la
"masa" una sola idea: la
idea de cuán absurda es la contradicción entre el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la
indignación contra esta flagrante injusticia, dejando al propagandista la
explicación completa de esta contradicción. Por eso, el propagandista actúa
principalmente por medio de la palabra impresa,
mientras que el agitador lo hace de viva
voz. Al propagandista se le exigen cualidades
distintas que al agitador. Así, llamaremos propagandistas a Kautsky y a
Lafargue; agitadores, a Bebel y Guesde. Pero segregar un tercer terreno o
tercera función de actividad práctica incluyendo en esta función "el
llamamiento dirigido a las masas para ciertas acciones concretas",
constituye el mayor desatino, pues el "llamamiento", como acto
aislado, o es un complemento natural e inevitable del tratado teórico, del
folleto de propaganda y del discurso de agitación, o es una función netamente
ejecutiva. En efecto, tomemos, por ejemplo, la lucha actual de los socialdemócratas
alemanes contra los aranceles cerealistas. Los teóricos escriben estudios sobre
la política aduanera y "llaman", supongamos, a luchar por la
conclusión de tratados comerciales y por libertad de comercio; el propagandista
hace lo mismo en una revista, y el agitador, en discursos públicos.
29
Las "acciones
concretas" de las masas consisten en este caso en firmar peticiones
dirigidas al Reichstag, reclamando que no se eleven los aranceles cerealistas.
El llamamiento a esta acción parte indirectamente de los teóricos, los
propagandistas y los agitadores, y directamente, de los obreros que recorren
las fábricas y las viviendas particulares recogiendo firmas. Según la
"terminología de Martínov", resulta que Kautsky y Bebel son
propagandistas, y los portadores de las listas de adhesión, agitadores. ¿No es
así?
El ejemplo de los alemanes
me ha hecho recordar la palabra alemana Verballhornung,
que traducida literalmente significa "ballhornización". Juan Ballhorn
fue un editor de Leipzig del siglo XVI; publicó un cantón, en el que, siguiendo
la costumbre, incluyó un dibujo que representaba un gallo, pero, en lugar de la
estampa habitual del gallo con espolones, figuraba uno sin espolones y con dos
huevos al lado. Y en la portada del cantón agregó: "Edición corregido de
Juan Ballhorn". Desde entonces, los alemanes dicen Verballhornung al referirse
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
a una "enmienda"
que, de hecho, empeora el original. Y no puede menso de recordarse a Ballhorn
al ver cómo los Martínov "profundizan" a Plejánov…
¿Para qué ha
"inventado" nuestro Séneca este embrollo? Para demostrar que Iskra, "lo mismo que Plejánov hace
ya unos quince años, presta atención a un solo aspecto del asunto" (pág.
52). Si traducimos esta última frase del lenguaje de Martínov a un lenguaje
corriente (pues la humanidad no ha tenido aún tiempo de adoptar esta
terminología recién descubierta), resultará lo siguiente: en Iskra, las tareas de propaganda y
agitación políticas relegan a segundo plano la tarea de "presentar al
gobierno reivindicaciones concretas de medidas legislativas y
administrativas" que "prometen ciertos resultados palpables" (O,
en otros términos, reivindicaciones de reformas sociales, si se nos permite
emplear una vez más la vieja terminología de la vieja humanidad, que no ha
llegado aún al nivel de Martínov). Proponemos al lector que compare con esta
tesis la retahíla siguiente:
"En estos
programas" (los programas de los socialdemócratas revolucionarios)
"nos asombrará también que coloquen eternamente en primer plano las
ventajas de la actividad de los obreros en el Parlamento (que no existe en
nuestro país) dando de lado por completo (a causa de su nihilismo
revolucionario) la importancia de la participación de los obreros en las
asambleas legislativas de los fabricantes, asambleas que sí existen en nuestro
país, para discutir asuntos de las fábricas… o aunque sólo sea, de la participación
de los obreros en la autogestión urbana…"
El autor de esta retahíla
expresa de una manera algo más directa, clara y franca la idea a que ha llegado
con su propio entendimiento Séneca-Martínov. El autor es R. M., en le Suplemento
especial de "Rabóchaya Mysl"
(pág. 15).
c. Las denuncias políticas y la necesidad de "infundir
actividad revolucionaria"
Al lanzar contra Iskra su "teoría" de
"elevar la actividad de la masa obrera", Martínov ha puesto al
descubierto ¡de hecho! Su tendencia a rebajar
esta actividad, pues ha declarado que el medio preferible, de importancia
singular, "aplicable con la mayor amplitud" para promoverla y su
campo de operaciones es la misma lucha económica, ante la cual se han postrado
todos los "economistas". Este error es característico precisamente
porque no es propio sólo de Martínov, ni mucho menos. En realidad, se puede
"elevar la actividad de la masa obrera" únicamente a condición de que no
nos limitemos a hacer "agitación política sobre el terreno
económico". Y una de las condiciones esenciales para esa extensión
indispensable de la agitación política consiste en organizar denuncias
políticas omnímodas. Sólo con esas denuncias pueden infundirse conciencia política y actividad revolucionaria a
las masas. De ahí que esta actividad sea una de las funciones más importantes
de toda la socialdemocracia internacional, pues ni siquiera la libertad
política suprime en lo más mínimo esas denuncias: lo único que hace es
modificar un tanto su orientación. Por ejemplo, el partido alemán afianza sus
posiciones y extiende su influencia,
sobre todo, gracias a la persistente energía de sus campañas de denuncias
políticas. La conciencia de la clase obrera no puede ser una verdadera
conciencia política si los obreros no están acostumbrados a hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y de
opresión, de todos los abusos y
violencias, cualesquiera que sean las
clases afectadas; a hacerse eco, además, desde el punto de vista
socialdemócrata, y no desde algún otro.. la conciencia de las masas obreras no
puede ser una verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden –
basándose en hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, actuales
sin falta – a observar a cada una de
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
las otras clases sociales en
todas las manifestaciones de su vida
intelectual, moral y política; si no aprenden a hacer un análisis materialista
y una apreciación materialista de todos
los aspectos de la actividad y la vida de todas
las clases, sectores y grupos de la población. Quien orienta la atención, la
capacidad de observación y la conciencia de la clase obrera de manera exclusiva
–o, aunque sólo sea con preferencia – hacia ella misma, no es un
socialdemócrata, pues el conocimiento de la clase obrera por sí misma está
ligado de modo indisoluble a la completa claridad no sólo de los conceptos
teóricos … o mejor dicho: no tanto de los conceptos teóricos como de las ideas,
basadas en la experiencia de la vida política, sobre las relaciones entre todas las clases de la sociedad actual.
Por eso es tan nociva y tan reaccionaria, dada su significación práctica, la
prédica de nuestros "economistas" de que la lucha económica es el
medio que se puede aplicar con más amplitud para incorporar a las masas al
movimiento político.
30
Para llegar a ser un
socialdemócrata, el obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza
económica y de la fisonomía social y política del terrateniente y del cura, del
dignatario y del campesino, del estudiante y del desclasado, conocer sus lados
fuertes y sus puntos flacos; saber orientarse entre los múltiples sofismas y
frases en boga, con los que cada clase y cada sector social encubre sus apetitos egoístas y su
verdadera "entraña"; saber distinguir qué instituciones y leyes
reflejan tales o cuales intereses y cómo lo hacen. Mas esa "idea
clara" no se puede encontrar en ningún libro: pueden proporcionarla
únicamente las escenas de la vida y las denuncias, mientras los hechos están
recientes, de cuanto sucede alrededor nuestro en un momento dado; de lo que
todos y cada uno hablan –o, por lo menos, cuchichean – a su manera; de lo que
revelan determinados acontecimientos, cifras, sentencias judiciales, etc.,
etc., etc. Estas denuncias políticas omnímodas son condición indispensable y fundamental para infundir actividad
revolucionaria a las masas.
![]()
¿Por qué el obrero ruso
muestra todavía poca actividad revolucionaria frente al salvajismo con que la
policía trata al pueblo, frente a las persecuciones de las sectas, los castigos
corporales impuestos a los campesinos, los abusos de la censura, las torturas
de los soldados, la persecución de las iniciativas culturales más inofensivas,
etc.? ¿No será porque la "lucha económica" no le "incita a
pensar" en ello, porque le "promete" pocos "resultados
palpables", porque le ofrece pocos elementos "positivos"? No;
semejante juicio, repetimos, no es sino una tentativa de achacar las culpas
propias a otros, imputar el filisteísmo propio (y también el bernsteinianismo)
a la masa obrera. Debemos culparnos a nosotros mismos, a nuestro atraso con
respecto al movimiento de las masas, de no haber sabido aún organizar denuncias
lo suficiente amplias, brillantes y rápidas contra todas esas ignominias. Si lo
hacemos (y debemos y podemos hacerlo), el obrero más atrasado comprenderá o sentirá que le estudiante y el miembro
de una secta religiosa, el mujik y el escritor son vejados y atropellados por
esa misma fuerza tenebrosa que tanto le oprime y le sojuzga a él en cada paso
de su vida. Al sentirlo, él mismo querrá reaccionar, sentirá un deseo
incontenible de hacerlo; y entonces sabrá armar hoy un escándalo a los
censores, manifestarse mañana ante la casa del gobernador que haya sofocado un
levantamiento campesino, dar pasado mañana una lección a los gendarmes con
sotana que desempeñan la función del Santo Oficio, etc. Hemos hecho todavía muy
poco, casi nada, para lanzar entre
las masas obreras denuncias omnímodas y actuales. Muchos de nosotros ni
siquiera comprendemos aún esta obligación
suya y seguimos espontáneamente tras la "monótona lucha cotidiana" en
el estrecho marco de la vida fabril. En tales condiciones decir que "Iskra tiene la tendencia a rebajar la
importancia dela marcha ascendente de la monótona lucha cotidiana, en
comparación con la propaganda de ideas brillantes y acabadas" (Martínov,
pág. 61), significa arrastra al partido hacia atrás, defender y ensalzar
nuestra falta de preparación, nuestro atraso.
En lo que respecta al
llamamiento a las masas para la acción, éste surgirá por sí mismo siempre que
haya enérgica agitación política y denuncias vivas y aleccionadoras. Pillar a
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
alguien en flagrante delito
y estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y en todas partes es más eficaz
de cualquier "llamamiento" e influye a veces de tal modo que después
es incluso imposible decir con exactitud quién "llamó" a la
muchedumbre y quién propuso tal o cual plan de manifestación, etc. Se puede
llamar a una acción – en el sentido concreto de la palabra, y no en el sentido
general – sólo en el lugar mismo donde la acción se lleve a cabo; y puede
hacerlo únicamente quien va a obrar en el acto. Y nuestra misión de publicistas
socialdemócratas consiste en ahondar, extender e intensificar las denuncias
políticas y la agitación política.
A propósito de los "llamamientos". "Iskra" fue el único órgano que, antes
de los sucesos de la primavera, llamó
a los obreros a intervenir de modo activo en una cuestión – el aislamiento
forzoso de estudiantes – que no prometía
absolutamente ningún resultado palpable
al obrero. Nada más publicarse la disposición
del 11 de enero sobre "el aislamiento forzoso de ciento ochenta y tres
estudiantes para hacer el servicio", Iskra
insertó un artículo sobre este hecho (núm. 2, febrero)* y, antes de que comenzara toda manifestación, llamó con claridad
"a los obreros a acudir en ayuda de los estudiantes", llamó al
"pueblo" a contestar públicamente al insolente desafío del gobierno.
Preguntamos a todos y cada uno: ¿cómo explicar la notable circunstancia de que,
hablando tanto de "llamamientos" y destacando los
"llamamientos" incluso como una forma especial de actividad, Martínov
no haya mencionado para nada este
llamamiento? ¿No será filisteísmo, después de todo, la declaración de Martínov
de que Iskra es unilateral porque no "llama" suficientemente a la lucha
por reivindicaciones que "prometen resultados palpables"?
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 391-396. (N. de la Edit.)
31
Nuestros
"economistas", entre ello Rabócheie
Dielo , tenían éxito porque se adaptaban a la mentalidad de los obreros
atrasados. Pero el obrero socialdemócrata, el obrero revolucionario (y el
número de estos obreros aumenta día en día) rechazará con indignación todos
esos razonamientos sobre la lucha por reivindicaciones que "prometan
resultados palpables", etc., pues comprenderá que no son sino variantes de
la vieja cantilena del aumento de un kopek por rublo. Este obrero dirá a sus
consejeros de R. Mysl y de R. Dielo: en vano se afanan, señores,
interviniendo con demasiado celo en asuntos que nosotros mismos resolvemos y
esquivando el cumplimiento de sus verdaderas obligaciones. Porque no es nada
inteligente decir, como lo hacen ustedes, que la tarea de los socialdemócratas
consiste en dar a la lucha económica msima un carácter político; eso es sólo el
comienzo, y no radica en ello la tarea principal de los socialdemócratas, pues
en el mundo entero, sin exceptuar a Rusia, es la policía misma la que comienza muchas veces a dar a la lucha
económica un carácter político, y los propios obreros aprenden a darse cuenta
de con quién está el gobierno*. En efecto, esa "lucha económica de los
obreros contra los patronos y el gobierno", con que ustedes presumen como
si hubieran descubierto América, la sostienen en numerosos lugares perdidos de
Rusia los propios obreros, que han oído hablar de huelgas, pero que quizá nada
sepan de socialismo. Esa "actividad" nuestra, de los obreros, que
todos ustedes quieren apoyar presentando reivindicaciones concretas que
prometen resultados palpables, existe ya entre nosotros; y en nuestra minúscula
labor cotidiana, sindical, nosotros mismos presentamos esas reivindicaciones
concretas, a menudo sin ayuda alguna de los intelectuales. Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a
los que se pueda alimentar sólo con la papilla de la política
"económica"; queremos saber todo lo que saben los demás, queremos
conocer detalladamente todos los
aspectos de la vida política y tomar parte activa
en todos y cada uno de los acontecimientos políticos. Para ello es necesario
que los intelectuales repitan menos lo que ya sabemos nosotros mismos** y nos
den más de lo que todavía no sabemos, de lo que jamás podremos saber por
nosotros mismos a través de nuestra experiencia fabril y "económica",
o sea: conocimientos políticos. Ustedes, los intelectuales, pueden adquirir
estos conocimientos y tienen el deber
de proporcionárnoslos cien y mil veces más que hasta ahora; además, deben
proporcionárnoslos no sólo en forma
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
de razonamientos, folletos y
artículos (que a menudo —¡disculpen al franqueza! – suelen ser algo aburridos),
sino indispensablemente en forma de denuncias
vivas de cuanto hacen nuestro gobierno y nuestras clases dominantes en estos
momentos en todos los aspectos de la vida. Cumplan con mayor celo esta
obligación suya y hablen menos de
"elevar la actividad de la masa obrera". ¡Nuestra actividad es
mucho de lo que ustedes suponen y sabemos
sostener, por medio de la lucha abierta en la calle, incluso las reivindicaciones
que no prometen ningún "resultado palpable"! Y no son ustedes los
llamados a "elevar" nuestra actividad, pues ustedes mismos carecen
precisamente de esa actividad. ¡Póstrense menos ante la espontaneidad y piensen
más en elevar su propia actividad, señores!
*
La
exigencia de "dar a la lucha económica misma un carácter político" es
la manifestación más patente del culto a
la espontaneidad en la actividad política. La lucha económica adquiere a
menudo un carácter político de manera
espontánea, es decir, sin la
intervención de los "intelectuales", que son el "bacilo
revolucionario", sin la intervención de los socialdemócratas conscientes.
Por ejemplo, la lucha económica de los obreros en Inglaterra adquirió también
un carácter político sin participación alguna de los socialistas. Ahora bine,
la tarea de los socialdemócratas no se limita a la agitación política en el terreno
económico: su tarea es transformar esa política tradeunionista en lucha
política socialdemócrata, aprovechar los destellos de conciencia política que
la lucha económica ha hecho penetrar en los obreros para elevar a éstos al
nivel de conciencia política socialdemócrata.
Pero los Martínov, en vez de elevar e impulsar la conciencia política que se
despierta de manera espontánea, se
prosternan ante la espontaneidad y repiten con machaconería, hasta dar
náuseas, que la lucha económica "incita" a los obreros a pensar en su
falta de derechos políticos. ¡Es de lamentar, señores, que este despertar
espontáneo de la conciencia política tradeunionista no les "incite" a ustedes mismos a pensar
en sus tareas socialdemócratas!
** Para confirmar que todo
este discurso de los obreros a los "economistas" no es una invención
gratuita nuestra, nos remitiremos a dos testigos que, sin duda, conocen el
movimiento obrero directamente y no se inclinan, ni mucho menos, a ser parciales
con nosotros, los "dogmáticos", pues uno de ellos es un
"economista" (¡que considera incluso a Rabócheie Dielo un órgano político!) y el otro, un terrorista. El
primer testigo es el autor de un artículo, notable por su veracidad y viveza,
publicado en el núm. 6 de Rab. D. con
el título El movimiento obrero de San
Petersburgo y las tareas prácticas de la socialdemocracia. Divide a los
obreros en: 1) revolucionarios conscientes; 2) sector intermedio, y 3) el resto
de la masa. Y resulta que el sector
intermedio "a menudo se interesa más por los problemas de la vida política
que por sus interese económicos inmediatos cuya relación con las condiciones
sociales generales ha sido comprendida hace ya mucho"… Rab. Mysl es "criticado con
dureza": "siempre lo mismo, hace mucho que lo sabemos, hace mucho que
lo leímos", "tampoco esta vez hay nada nuevo en la crónica
política" (pág. 30-31). Pero incluso el tercer sector, "la masa
obrera más sensible, más joven, menos corrompida por la taberna y por la iglesia,
que casi nunca tiene posibilidad de conseguir un libro de contenido político,
habla a diestro y siniestro de los fenómenos de la vida política y reflexiona
sobre las noticias fragmentarias acerca de un motín de estudiantes", etc.
Y el terrorista escribe: "… Leen un par de veces unas líneas dedicadas a
minucias de la vida de las fábricas en ciudades que no son las suyas y luego
dejar de leer… Les aburre… No hablar en un periódico obrero sobre el Estado…
significa imaginarse que el obrero es un niño pequeño… El obrero no es un
niño" (Svoboda 70, ed. del Grupo Revolucionario-Socialista, pág. 69-70)
32
d. ¿Qué hay de común entre el economismo y el terrorismo?
Hemos confrontado, en una
nota a pie de página, a un "economista" y a un terrorista no
socialdemócrata, que por casualidad han resultado solidarios. Pero, hablando en
general, entre los unos y los otros existe un nexo no casual, sino interno y necesario,
del cual tendremos que hablar aún más adelante y al que es preciso referirse
precisamente cuando se trata de inculcar la actividad revolucionaria. Los
"economistas" y los terroristas de nuestros días tienen una raíz
común: el culto a la espontaneidad,
del que hemos hablado en el capítulo precedente como de un fenómeno general y
que ahora examinamos desde el punto de vista de su influencia en la actividad
política y la lucha política. A primera vista, nuestra afirmación puede parecer
paradójica: tan grande es, aparentemente, la diferencia
![]()
70 "Svoboda" ("Libertad"): revista
editada en Suiza en 1901 y 1902 por el grupo del mismo nombre, fundado en mayo
de 1901 y que se denominaba grupo "revolucionario-socialista".
Aparecieron dos número de la revista: en 1901 y 1902.
El grupo Svoboda no tenían "ideas, programa, táctica ni
organización firmes y serias, ni raíces en las masas" (véase V.
I. Lenin. Acerca del aventurerismo. Obras Completas,
5ª ed. en ruso, t. 25). En sus publicaciones, el grupo Svoboda predicaba las ideas del "economismo" y del
terrorismo y apoyaba a las organizaciones antiiskristas en Rusia. Dejó de
existir en 1903. –83.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
entre quienes hacen hincapié
en la "monótona lucha cotidiana" y quienes preconizan la lucha más
abnegada del individuo aislado. Pero no es una paradoja. Los
"economistas" y los terroristas rinden culto a dos polos diferentes
de la corriente espontánea: los "economistas", a la espontaneidad del
"movimiento puramente obrero", los terroristas, a la espontaneidad de
la indignación más ardiente de los intelectuales que no saben o no tienen la
posibilidad de vincular la labor revolucionaria al movimiento obrero para
formar un todo. Quienes hayan perdido la fe en esta posibilidad, o jamás la
hayan tenido, difícilmente encontrarán, en efecto, otra manera de manifestar su
sentimiento de indignación y su energía revolucionaria que no sea el
terrorismo. Así pues, el culto a la espontaneidad en las dos direcciones
indicadas no es sino el comienzo de la
aplicación del famoso programa del Credo:
los obreros sostienen su "lucha económica contra los patronos y el
gobierno" (¡que nos perdone el autor del Credo porque expresemos sus ideas con palabras de Martínov! Creemos
tener derecho a hacerlo, pues también en el Credo
se habla de que los obreros, en la lucha económica "chocan con el régimen
político"), ¡y los intelectuales, con sus propias fuerzas, despliegan su
lucha política, como es natural, por medio del terrorismo! Esta conclusión es completamente lógica e
inevitable, y es forzoso insistir sobre ella, aunque quienes comienzan a realizar dicho programa no han comprendido que tal conclusión es
inevitable. La actividad política tiene su lógica, que no depende de la
conciencia de quienes con las mejores intenciones exhortan o al terrorismo o a
imprimir un carácter político a la lucha económica misma. De buenas intenciones
está empedrado el camino del infierno, y en el caso presente las buenas
intenciones no salvan aún de la inclinación espontánea a "la línea del
menor esfuerzo", a la línea del programa netamente burgués del Credo.
Porque tampoco tiene nada de casual que muchos liberales rusos –tanto los
liberales declarados como los que se cubren con una careta marxista –
simpaticen de todo corazón con el terrorismo y traten de mantener la
intensificación de las tendencias terroristas en el momento actual.
Pues bien, al surgir el
"Grupo Revolucionario-Socialista Svoboda",
que se había señalado precisamente la tarea de ayudar por todos los medios al
movimiento obrero, pero incluyendo en el
programa el terrorismo y emancipándose, por decirlo así, de la
socialdemocracia, este hecho vino a
confirmar una vez más la admirable perspicacia de P.B. Axelrod, quien predijo con toda exactitud estos resultados de
las vacilaciones socialdemócratas ya a
fines de 1897 (en su trabajo A
propósito de las tareas y de la táctica actuales) y trazó sus famosas
"dos perspectivas". Todas las discusiones y discrepancias posteriores
entre los socialdemócratas rusos están ya, como la planta en la semilla, en
esas dos perspectivas*.
* Martínov "se imagina otro dilema más real (¿)" (La socialdemocracia y la clase obrera,
pág. 19): "O la socialdemocracia sume la dirección inmediata de la lucha
económica del proletariado y, con ello (¡), la transforma en lucha
revolucionaria de clase"… "Con ello", es decir, al parecer, con
la dirección inmediata de la lucha económica. Que nos indique Martínov dónde se
ha visto que, por el único y solo
hecho de dirigir la lucha sindical, se haya logrado transformar el movimiento
tradeunionista en movimiento revolucionario de clase. ¿No caerá en la cuenta de
que, para realizar esta "transformación", debemos asumir activamente
la "dirección inmediata" de la agitación política omnímoda?… "O bien otra
perspectiva: La socialdemocracia abandona la dirección de la lucha económica de
los obreros y, con ello…, se corta las alas"… Según el juicio de Rab. Dielo, antes citado, es Iskra la que "abandona". Pero
hemos visto que Iskra hace para
dirigir la lucha económica mucho más que
"Rab. Dielo" y, por
añadidura, no se limita a eso ni restringe, en nombre de eso, sus tareas
políticas.
Desde el punto de vista
indicado se comprende también que R.
Dielo, que no ha podido resistir a la espontaneidad del
"economismo", tampoco haya podido resistir a la espontaneidad del
terrorismo. Tiene sumo interés señalar aquí la argumentación especial que ha
esgrimido Sbovoda en defensa del
terrorismo. "Niega por completo" el papel intimidador del terrorismo
(Renacimiento del revolucionarismo,
pág. 64), pero, en cambio, destaca su "importancia excitadora". Esto
es característico, en primer lugar, como una de las fases de la descomposición y decadencia del conjunto
tradicional (presocialdemócrata) de ideas que obligaba a asirse al terrorismo.
Reconocer que en la actualidad es imposible "intimidar" al gobierno
–y, por consiguiente, desorganizarlo –por medio del terrorismo equivale, en el
fondo, a condenar rotundamente este último como sistema de lucha, como campo de
actividad consagrado por su programa.
33
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
En segundo lugar, esto es
aún más característico como ejemplo de la incompresión de nuestras tareas
urgentes de "infundir actividad revolucionaria a las masas". Sbovoda hace propaganda del terrorismo
como medio de "excitar" el movimiento obrero y darle un "fuerte
impulso". ¡Es difícil imaginarse una argumentación que se refute a sí
misma con mayor evidencia! Cabe preguntar: ¿es que existen en la vida rusa tan
pocos abusos que sea preciso aún inventar "excitantes" especiales? Y,
por otra parte, si hay alguien que no se excita ni es excitable siquiera por la
arbitrariedad rusa, ¿no es evidente que seguirá contemplando también con
indiferencia el duelo entre el gobierno y un puñado de terroristas? La realidad
es que las masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa,
pero nosotros no sabemos reunir, si puede decirse así, y concentrar todas las
gotas y chorrillos de la excitación popular que la vida rusa rezuma en cantidad
inconmensurablemente mayor de lo que todos nosotros nos figuramos y pensamos, y
que es preciso fusionar en un solo
torrente gigantesco. Que esto es factible lo demuestran de manera irrefutable
la colosal propagación del movimiento obrero y la avidez, ya señalada, de
publicaciones políticas, así como los llamamientos a dar a la lucha económica
misma un carácter político, son formas distintas de esquivar el deber más imperiosos de los revolucionarios rusos:
organizar la agitación política en
todos sus aspectos. Sbovoda quiere sustituir la agitación con el
terrorismo, confesando sin rodeos que, "en cuanto empiece una agitación
intensa y enérgica entre las masas, el papel excitador de éste
desaparecerá" (Renacimiento del
revolucionarismo, pág. 68). Esto justamente muestra que tanto los
terroristas como los "economistas" subestiman la actividad revolucionaria de las masas, pese al
testimonio evidente de los sucesos de la primavera*; además, unos se precipitan
en busca de "excitantes" artificiales y otros hablan de
"reivindicaciones concretas". Ni los unos ni los otros prestan
suficiente atención al desarrollo de su propia
actividad de agitación política y de organización de denuncias políticas. Y
ni ahora ni en ningún otro momento se puede sustituir
con nada esta labor.
* Se trata de la primavera de 1901, en la
que comenzaron grandes manifestaciones en las calles. (Nota de Lenin para la
edición de 1907. –N. de la Edit.)
e. La clase obrera como combatiente de vanguardia por la
democracia
Hemos visto ya que la
agitación política más amplia y, por consiguiente, la organización de denuncias
políticas de todo género es una tarea necesaria en absoluto, la tarea más imperiosamente necesaria de la
actividad, siempre que esta actividad sea de veras socialdemócrata. Pero hemos llegado a esta conclusión partiendo sólo de la necesidad apremiante que la
clase obrera tiene de conocimientos políticos y de educación política. Sin
embargo, esta manera de plantear la cuestión sería demasiado estrecha y daría
de lado las tareas democráticas universales de toda la socialdemocracia, en
general, y de la socialdemocracia rusa actual, en particular. Para explicar
esta tesis del modo más concreto posible, intentaremos enfocar el problema
desde el punto de vista más "familiar" al "economista", o
sea, desde el punto de vista práctico. "Todos están de acuerdo" con
que es preciso desarrollar la conciencia política de la clase obrera. Pero
¿cómo hacerlo y qué es necesario para hacerlo? La lucha económica "hace
pensar" a los obreros sólo en las cuestiones concernientes a la actitud
del gobierno ante la clase obrera; por eso, por
más que nos esforcemos en "dar a la lucha económica misma un carácter
político", jamás podremos, en
los límites de esta tarea, desarrollar la conciencia política de los obreros
(hasta el grado de conciencia política socialdemócrata), pues los propios límites son estrechos. La
formula de Martínov es valiosa para nosotros, pero en modo alguno porque
ilustre la capacidad del autor para embrollar las cosas. Es valiosa porque pone
de relieve el error fundamental de todos los "economistas": el
convencimiento de que ese puede desarrollar la conciencia política de
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
clase de los obreros desde dentro, por decirlo así, de su
lucha económica, o sea, partiendo sólo (o, al menos, principalmente) de esta
lucha, basándose sólo (o, al menos, principalmente) en esta lucha. Semejante
opinión es errónea de raíz; y precisamente porque los "economistas",
enojados por nuestra polémica con ellos, no quieren reflexionar como es debido
en el origen de nuestras discrepancias, acabamos literalmente por no
comprendernos, por hablar lenguas diferentes.
Al obrero se le puede dotar
de conciencia política de clase sólo
desde fuera, es decir, desde fuera de la lucha económica, desde fuera del
campo de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera de que se
pueden extraer esos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y sectores sociales con
el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre
sí. Por eso, a la pregunta de qué hacen para dotar de conocimientos políticos a
los obreros no se puede dar únicamente la respuesta con que se contentan, en la
mayoría de los casos, los militantes dedicados a la labor práctica, sin hablar
ya de quienes, entre los, son propensos al "economismo", a saber:
"Hay que ir a los obreros". Para aportar a los obreros conocimientos
políticos, los socialdemócratas deben ir
a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.
Si empleamos adrede esta
fórmula tosca y nos expresamos adrede de una forma simplificada y tajante, no
es en modo alguno por el deseo de decir paradojas, sino para
"incitar" a los "economistas" a pensar en las tareas que
desdeñan de manera tan imperdonable y en la diferencia – que ellos no quieren
comprender – entre la política tradeunionista y la política socialdemócrata.
Por eso rogamos al lector que no se impaciente y nos escuche con atención hasta
el final.
34
Tomemos el tipo del círculo
socialdemócrata más difundido en los últimos años y examinemos su actividad.
"Está en contacto con los obreros" y se conforma con eso, editando
hojas que fustigan los abusos cometidos en las fábricas, la parcialidad del
gobierno con los capitalistas y las violencias de la policía; en las reuniones
con los obreros, los límites de estos mismos temas; sólo muy de tarde en tarde
se pronuncian conferencias y charlas acerca de la historia del movimiento
revolucionario, la política interior y exterior de nuestro gobierno, la
evolución económica de Rusia y de Europa, la situación de las distintas clases
en la sociedad contemporánea, etc.; nadie piensa en establecer y desenvolver de
manera sistemática relaciones con otras clases de la sociedad. En el fondo, los
componente de un círculo de este tipo conciben al militante ideal, en la
mayoría de los casos, mucho más parecido a un secretario de tradeunión que a un
jefe político socialista. Porque el secretario de cualquier tradeunión inglesa.,
por ejemplo, ayuda siempre a los obreros a sostener la lucha económica,
organiza la denuncia de los abusos en las fábricas, explica la injusticia de
las leyes y disposiciones que
restringen la libertad de huelga y la libertad de colocar piquetes cerca de las
fábricas (para avisar a todos que en la fábrica dada se han declarado en
huelga), explica la parcialidad de los árbitros pertenecientes a las clases
burguesas del pueblo, etc., etc. En una palabra, todo secretario de tradeunión
sostiene y ayuda a sostener "la lucha económica contra los patrones y el
gobierno". Y jamás se insistirá bastante en que esto no es aún
socialdemocracia, que el ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de
tradeunión, sino el tribuno popular, que sabe reaccionar ante toda
manifestación de arbitrariedad de opresión, dondequiera que se produzca y
cualquiera que sea el sector o la clase social a que afecte; que sabe
sintetizar todas estas manifestaciones en un cuadro único de la brutalidad
policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el hecho más
pequeño para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus
reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y cada uno la importancia
histórica universal de la lucha emancipadora del proletariado. Comparen, por
ejemplo, a hombres como Roberto Knight (conocido secretario y líder de la
Sociedad de Obreros Caldereros, uno de los sindicatos más poderosos de
Inglaterra) y Guillermo Liebknecht e intenten aplicarles las contradicciones en
que basa
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
Martínov sus discrepancias con Iskra. Verán que R. Knight –empiezo a hojear el artículo de
Martínov – " ha exhortado" mucho más "a las masas a ciertas
acciones concretas" (pág. 39), mientras que G. Liebknecht se ha dedicado
más a "explicar desde un punto de vista revolucionario todo el régimen
actual o sus manifestaciones parciales" (pág. 38-39); que R. Knight
"ha formulado las reivindicaciones inmediatas del proletariado e indicado
los medios de satisfacerlas" (pág. 41), mientras que G. Liebknecht, sin
dejar de hacer eso, no ha renunciado a "dirigir al mismo tiempo la intensa
actividad de los diferentes sectores oposicionistas"
y "dictarles un programa positivo de acción"* (pág. 41); que R.
Knight ha procurado precisamente "imprimir, en la medida de lo posible, a
la lucha económica misma un carácter político" (pág. 42) y ha sabido muy
bien "presentar al gobierno reivindicaciones concretas que prometen
ciertos resultados palpables" (pág. 43), en tanto que G. Liebknecht se ha
ocupado mucho más de las "denuncias" "unilaterales" (pág.
40); que R. Knight ha concedido más importancia al "desarrollo progresivo
de la monótona lucha cotidiana" (pág. 61), y g. Liebknecht, "a la
propaganda de ideas brillantes y acabadas" (pág. 61); que G. Liebknecht ha
hecho del periódico dirigido por él precisamente "un órgano de oposición revolucionaria de denuncia
nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen político, por cuanto choca con
los interese de los más diversos sectores de la población" (pág. 63),
mientras que R. Knight "ha trabajado pro la causa obrera en estrecho
contacto orgánico con la lucha proletaria" (pág. 63) – si se entiende por
"estrecho contacto orgánico" ese culto a la espontaneidad que hemos
analizado más arriba en los ejemplos de Krichevski y de Martínov
– y "ha restringido la esfera de su influencia",
convencido, sin duda como Martínov, de que "con ello se hacía más compleja
esta influencia" (pág. 63). Es una palabra, verán que Martínov rebaja de
facto la socialdemocracia al nivel del tradeunionismo, aunque, claro está, en
modo alguno lo hace porque no quiere el bien de la socialdemocracia, sino
simplemente porque se ha apresurado un poco a profundizar a Plejánov, en lugar
de tomarse la molestia de comprenderlo.
* Por ejemplo, durante la guerra
franco-prusiana, Liebknecht dictó un programa de acción para toda la
democracia, cosa que Marx y Engels hicieron en mayor escala en 1848.
Pero volvamos a nuestra exposición. Hemos dicho que el
socialdemócrata, si es partidario, no sólo de palabra, del desarrollo
polifacético de la conciencia política del proletariado, debe "ir a todas
las clases de la población". Surgen varias preguntas: ¿Cómo hacerlo?
¿Tenemos fuerzas suficientes para ello? ¿Existe una base que permita realizar
esta labor entre todas las demás clases? ¿No implicará eso abandonar, o
conducirá a abandonar, el punto de vista de clase? Examinemos estas cuestiones.
35
Debemos "ir a todas las
clases de la población" como teóricos, como propagandistas, como
agitadores y como organizadores. Nadie pone en duda que la labor teórica de los
socialdemócratas debe orientarse a estudiar todas las peculiaridades de la situación
social y política de las diversas clases. Pero se hace muy poco, poquísimo, en
este sentido, desproporcionadamente poco si se compara con la labor tendiente a
estudiar las peculiaridades de la vida fabril. En los comités y en los círculos
podemos encontrar personas que incluso estudian a fondo especialmente algún
ramo de la siderurgia; pero apenas encontrarán ejemplos de miembros de las
organizaciones que (obligados por una u otra razón, como sucede a menudo, a
retirarse de la labor práctica) se dediquen de manera especial a reunir datos
sobre algún problema actual de nuestra vida social y política que pueda servir
d emotivo para desplegar una labor socialdemócrata entre todos sectores de la
población. Cuando se habla de la poca preparación de la mayoría de los actuales
dirigentes del movimiento obrero, es forzoso recordar asimismo la preparación
en este aspecto, pues está ligada también a la concepción
"economista" del "estrecho contacto orgánico con la lucha
proletaria". Pero lo principal, por supuesto, es la propaganda y la agitación entre todos los sectores de la
población. El socialdemócrata de Europa Occidente ve facilitada esta labor por
las reuniones y asambleas populares, a las que asisten cuantos lo deseen, y por
la
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
existencia del Parlamento,
en el cual el representante socialdemócrata habla ante los diputados de todas
las clases. En nuestro país no tenemos ni Parlamento ni libertad de reunión;
pero sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los obreros que quieren
escuchar a un socialdemócrata. Debemos saber también organizar reuniones con
los componentes de todas las clases
de la población que deseen escuchar a un
demócrata. Porque no es socialdemócrata quien olvida en la práctica que
"los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario" 71; que, por ello, debemos exponer y
recalcar ante todo el pueblo los
objetivos democráticos generales, sin ocultar en ningún momento nuestras convicciones socialistas. No es
socialdemócrata quien olvida en la práctica que su deber consiste en ser el primero en plantear, acentuar y
resolver todo problema democrático
general.
"¡Pero si no hay nadie
que no esté de acuerdo con eso!" –nos interrumpirá el lector impaciente— ,
y las nuevas instrucciones a la redacción de Rab. Dielo , aprobadas en el último Congreso de la Unión, dicen con
claridad: "Deben servir de motivos para la propaganda y la agitación
políticas todos los fenómenos y acontecimientos de la vida social y política
que afecten al proletariado, bien directamente, como clase especial, bien como vanguardia de todas las fuerzas
revolucionarias en la lucha por la libertad" (Dos congresos, pág. 17.
La cursiva es nuestra). En efecto,
son palabras muy justas y muy buenas, y nos consideraríamos satisfechos por
ejemplo si "Rabócheie Dielo"
las comprendiese, si no dijese, al mismo
tiempo, otras que las contradicen. Pues no basta con titularse
"vanguardia", destacamento avanzado: es preciso, además, actuar de tal modo que todos los otros
destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza. Y
preguntamos al lector: ¿es que los componentes de los demás "destacamentos"
son tan estúpidos que van a creernos como artículo de fe cuando hablamos de la
"vanguardia"? Imagínense de manera concreta el siguiente cuadro. En
el "destacamento" de radicales o de constitucionalistas lliberales
rusos instruidos se presenta un socialdemócrata y declara: Somos la vanguardia;
"nuestra tarea consiste ahora en dar a la lucha económica misma, en la
medida de lo posible, un carácter político". Todo radical o
constitucionalista que tenga dos dedos de frente (y entre los radicales y constitucionalistas
rusos hay muchos que los tienen), no podrá ́menos
de acoger con una sonrisa semejantes palabras y decir (para sus adentros, claro
está, pues en la mayoría de los casos es diplomático ducho): "¡Qué simple
es esta "vanguardia"! No comprende siquiera que es a nosotros,
representantes avanzados de la democracia burguesa, a quienes incumbe imprimir
a la lucha econ ómica misma de los obreros un carácter político. Porque también
nosotros, como todos los burgueses del Occidente de Europa, queremos incorporar
a los obreros a la política, pero sólo y precisamente a la política
tradeunionista y no a la política socialdemócrata. La política tradeunionista
de la clase obrera es cabalmente la política burguesa de la clase obrera. ¡Y la
definición que esta "vanguardia" hace de su tarea no es otra cosa que
la fórmula de la política tradeunionista! Dejemos, pues, que incluso se llamen
socialdemócratas cuanto quieran. ¡No soy un niño, no voy a acalorarme por una
cuestión de marbetes! Pero que no se dejen llevar por esos nefastos dogmáticos
ortodoxos, ¡que dejen la "libertad de crítica" a quienes llevan
inconscientemente a la socialdemocracia al cauce tradeunionista!"
Y la ligera sonrisa burlona
de nuestro constitucionalista se transformará en risa homérica cuando sepa que
los socialdemócratas que hablan del papel de vanguardia de la socialdemocracia
en el momento actual, cuando el elemento espontaneo prevalece casi por completo
en nuestro movimiento, ¡temen más que nada "aminorar el elemento
espontaneo", temen "aminorar la importancia del desarrollo progresivo
de la monótona lucha cotidiana a expensas de la propaganda de ideas brillantes
y acabadas", etc., etc.! ¡Un
![]()
71 Véase C. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista. Obras
Escogidas en tres tomos, t. I, pág. 140, ed. en español, Moscú.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
destacamento
"avanzado" que teme que lo consciente aventaje a lo espontaneo, que
teme presentar un "plan" audaz que deba ser aceptado incluso por
quienes piensan de otro modo!
36
¿No confundirán la palabra vanguardia con la palabra
retaguardia?
Reflexionen, en efecto, sobre el siguiente razonamiento de
Martínov. En la pagina 40 declara que la táctica de denuncias de Iskra es unilateral; que "por más
que sembremos la desconfianza y el odio al gobierno, no alcanzaremos nuestro
objetivo mientras no logremos desarrollar una energía social lo bastante activa
para derrocarlo". Esta es, dicho sea entre paréntesis, la preocupación, ya
conocida por nosotros, de intensificar la actividad de las masas y tender a
restringir la propia. Mas ahora no se trata de eso. Como vemos, Martínov habla
aquí ́de energía revolucionaria
("para derrocar"). ¿Y a qué conclusión llega? En tiempos ordinarios,
los diversos sectores sociales actúan inevitablemente por separado; "en
vista de eso, está claro que nosotros, los socialdemócratas, no podemos dirigir
simultáneamente la actividad enérgica de los diversos sectores de oposición, no
podemos dictarles un programa positivo de acción, no podemos indicarles los
procedimientos con que se debe luchar día tras día para defender sus intereses...
Los sectores liberales se preocuparan ellos mismos de la lucha activa por sus
intereses inmediatos, que les hará́enfrentarse con nuestro régimen político" (pág. 41). Así ́pues, Martínov, que
empezó́hablando de energía revolucionaria y de lucha activa por el
derrocamiento de la autocracia ¡se desvía en el acto hacia la energía sindical
y la lucha activa por los intereses inmediatos! Se comprende de por sí que no
podemos dirigir la lucha de los estudiantes, de los liberales, etc., por sus
"intereses inmediatos", ¡pero no se trataba de eso, respetabilísimo
economista! De lo que se trataba era de la participación posible y necesaria de
los diferentes sectores sociales en el derrocamiento de la autocracia, y si
queremos ser la "vanguardia", no sólo podemos, sino que debemos dirigir sin falta esta "actividad enérgica de los diversos sectores de
oposición". En cuanto a lo de que nuestros estudiantes, nuestros
liberales, etc. "se enfrentaran con nuestro régimen político", debe
decirse que se preocuparan de esto no sólo ellos mismos, sino, ante todo y
sobre todo, la propia policía y los propios funcionarios del gobierno
autocrático. Pero "nosotros", si queremos ser demócratas avanzados,
debemos preocuparnos de incitar a
quienes están descontentos únicamente del régimen universitario o del zemstvo,
etc., a pensar que es malo todo el régimen político. Nosotros debemos asumir la tarea de organizar la lucha política,
bajo la dirección de nuestro partido, en forma tan múltiple que todos los
sectores de oposición puedan prestar,
y presten de verdad, a esta lucha y a este partido la ayuda que puedan. Nosotros debemos hacer de los militantes
socialdemócratas dedicados a la labor práctica líderes políticos que sepan
dirigir todas las manifestaciones de esta lucha múltiple, que sepan, en el
momento necesario, "dictar un programa positivo de acción" a los
estudiantes en efervescencia, a los descontentos de los zemstvos, a los
miembros indignados de las sectas religiosas, a los maestros nacionales
lesionados en sus intereses, etc., etc. Por eso es completamente falsa la afirmación de Martínov de que "con
respecto a ellos sólo podemos desempeñar el papel negativo de denunciadores del
régimen … Sólo podemos disipar sus
esperanzas en las distintas comisiones gubernamentales" (la cursiva es
nuestra). Al decir esto, Martínov demuestra que no comprende nada en absoluto del verdadero papel de la
"vanguardia" revolucionaria. Y si
el lector tiene esto en cuenta, comprenderá el verdadero sentido de las
siguientes palabras de conclusión de Martínov: "Iskra es un órgano de oposición
revolucionaria que denuncia nuestro régimen, sobre todo el político, por cuanto
choca con los intereses de los más diversos sectores de la población. Nosotros,
en cambio, trabajamos y trabajaremos por la causa obrera en estrecho contacto
orgánico con la lucha proletaria. Al restringir la esfera de nuestra
influencia, hacemos más compleja esta influencia" (pág. 63). El verdadero
sentido de semejante conclusión es: Iskra
quiere elevar la política
tradeunionista de la clase obrera (a la que se limitan con tanta frecuencia
nuestros militantes prácticos, ya sea por equivocación, por falta de
preparación o por convicción) al nivel de política socialdemócrata. En cambio,,
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
Rab. Dielo quiere rebajar la político socialdemócrata al nivel de política
tradeunionista. Y, por si eso fuera poco, asegura a todo el mundo que
"estas po siciones son
perfectamente compatibles en la obra común" (pág. 63). O, sancta simplicitas!
Prosigamos. ¿Tenemos
bastantes fuerzas para llevar nuestra propaganda y nuestra agitación a todas las clases de la población? Pues
claro que sí. Nuestros "economistas", que a menudo son propensos a
negarlo, olvidan el gigantesco paso adelante que ha dado nuestro movimiento de
1894 (más o menos) a 1901. Como "seguidistas" auténticos que son,
viven con frecuencia aferrado a ideas del período inicial, pasado hace ya
mucho, del movimiento. Entonces, en efecto, nuestras fuerzas eran tan pocas que
asombraban, entonces era natural y legítima la decisión de consagrarnos por
entero a la labor entre los obreros y condenar con severidad toda desviación de
esta línea, entonces la tarea estribaba en afianzarse entre la clase obrera.
Ahora ha sido incorporada al movimiento una masa gigantesca de fuerzas; vienen
a nosotros los mejores representantes de la joven generación de las clases
instruidas; por todas partes, en todas las provincias se ven condenadas a la
inactividad personas que ya han tomado o desean tomar parte en el movimiento y
que tienden hacia la socialdemocracia (mientras que en 1894 los
socialdemócratas rusos podían contarse con los dedos). Uno de los defectos
fundamentales de nuestro movimiento, tanto desde el punto de vista político
como de organización, consiste en que no
sabemos emplear todas estas fuerzas ni asignarles el trabajo adecuado (en
el capítulo siguiente, hablaremos con más detalle de esta cuestión). La inmensa
mayoría de dichas fuerzas carece en absoluto de la posibilidad de "ir a
los obreros"; por consiguiente, no pude ni hablarse del peligro de
distraer fuerzas de nuestra labor fundamental. Y para proporcionar a los
obreros conocimientos políticos auténticos, vivos y que abarquen todos los
dominios es necesario que tengamos "gente nuestra", socialdemócratas,
en todas parte, en todos los sectores sociales, en todas las posiciones que permiten conocer los
resortes internos de nuestro mecanismo estatal. Y nos hace falta esa gente no
sólo para la propaganda y la agitación, sino más aún para la organización.
37
¿Existe una base que permita actuar entre todas las clases de la
población? Quienes no ven que existe, prueban una vez más que su conciencia se
rezaga del movimiento ascensional espontáneo de las masas. El movimiento obrero
ha suscitado y suscita entre unos el descontento; entre otros, despierta la
esperanza de lograr el apoyo de la posición;
a otros les hace comprender que el régimen autocrático no tiene razón de ser, y
que su hundimiento es ineludible. Sólo de palabra seríamos
"políticos" y socialdemócratas (como ocurre, en efecto, muy a menudo)
si no tuviéramos conciencia de que nuestro deber consiste en aprovechar todas
las manifestaciones de descontento, en reunir y elaborar todos los elementos de
protesta, por embrionaria que sea. Y no hablemos ya de que la masa de millones
de campesinos trabajadores, artesanos, pequeños productores, etc., escuchará
siempre con avidez la propaganda de un socialdemócrata algo hábil. Pero ¿acaso
existe una sola clase de la población en la que no haya individuos, grupos y círculos
descontentos por la falta de derechos y la arbitrariedad, y, en consecuencia,
capaces de comprender la propaganda del socialdemócrata como portavoz que es de
las demandas democráticas generales más candentes? A quienes deseen formarse
una idea concreta de esta agitación política del socialdemócrata entre todas las clases y sectores de la
población, les indicaremos las denuncias
políticas, en el sentido amplio de la palabra, como el medio principal
(pero, claro está, no único) de esta
agitación.
"Debemos –escribía yo
en el artículo ¿Por dónde empezar? (Iskra, núm. 4, mayo de 1901), del que
tendremos que hablar detenidamente más adelante – despertar en todos los
sectores del pueblo con un mínimo de conciencia la pasión por las denuncias políticas. No debe desconcertarnos que
las voces que hacen denuncias políticas sean ahora tan débiles, escasa y
tímidas. La causa de ello no es, ni mucho menos, una resignación general con la
arbitrariedad policíaca. La razón está en que las personas capaces de denunciar
y dispuestas
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
a hacerlo no tienen una
tribuna desde la que puedan hablar, no tienen un auditorio que escuche
ávidamente y anime a los oradores, no ven por parte alguna en el pueblo una
fuerza a la que merezca la pena dirigir una queja contra el "todopoderoso"
gobierno ruso… Ahora podemos y debemos crear una tribuna para denunciar ante
todo el pueblo al gobierno zarista: esa tribuna tiene que ser un periódico
socialdemócrata"*.
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 10-11. (N. de la Edit.)
Ese auditorio ideal para las
denuncias políticas es precisamente la clase obrera, que necesita, primero y
principalmente, amplios y vivos conocimientos políticos y que es la más capaz
de transformar estos conocimientos en lucha activa, aunque no prometa ningún
"resultado palpable". Ahora bien, la tribuna para estas denuncias
ante todo el pueblo sólo puede ser un
periódico central para toda Rusia. "Sin un órgano político es inconcebible
en la Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento
político", y en este sentido por Europa contemporánea hay que entender
también, sin duda alguna, a Rusia. La prensa se ha convertido, en nuestro país,
desde hace ya mucho, en una fuerza; de lo contrario, el gobierno no gastaría
decenas de miles de rublos en sobornarla y en subvencionar a los Katlov y los
Mescherski de toda laya. Y en la Rusia autocrática no es una novedad que la
prensa clandestina rompa los candados de la censura y obligue a hablar públicamente de ella a los órganos legales y
conservadores. Así ocurrió en los años 70 e incluso a mediados de siglo. ¡Y
cuánto más extensos y profundos son ahora los sectores populares dispuestos a
leer la prensa clandestina y a aprender en ella "a vivir y a morir",
como se expresaba el obrero autor de una carta publicada en el núm. 7 de Iskra! 72. Las
denuncias políticas son precisamente una declaración de guerra al gobierno, de la misma manera que las
denuncias de tipo económico son una declaración de guerra al fabricante. Y la
importancia moral de esta declaración de guerra es tanto mayor cuanto más
amplia y vigorosa es la campaña de denuncias, cuanto más numerosa y decidida es
la clase social que declara la guerra para empezarla. En
consecuencia, las denuncias políticas son, ya de por sí, uno de los medios más potentes para disgregar las filas enemigas, para apartar del adversario a sus
aliados fortuitos o temporales y sembrar la hostilidad y desconfianza entre
quienes participan de continuo en el poder autocrático.
En nuestros días podrá
convertirse en vanguardia de las fuerzas revolucionarias sólo el partido que organice campañas de denuncias de verdad
ante todo el pueblo. Las palabras
"todo el pueblo" encierran un gran contenido. La inmensa mayoría de
los denunciadores que no pertenecen a la clase obrera (y para ser vanguardia es
necesario precisamente atraer a todas las clases) son políticos realistas y
hombres serenos y prácticos. Saben muy bien que si es peligroso
"quejarse" incluso de un modesto funcionario, lo es todavía más
quejarse del "todopoderoso" gobierno ruso. Y se quejarán a nosotros sólo cuando vean que sus
quejas pueden surtir efecto, que somos una
fuerza política. Para lograr que las personas ajenas nos consideren una
fuerza política debemos trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestro grado de conciencia,
nuestra iniciativa y nuestra energía, pues no basta con pegar el marbete de
"vanguardia" a una teoría y una práctica de retaguardia.
38
Pero los admiradores
demasiado celoso del "estrecho contacto orgánico con la lucha
proletaria" nos preguntarán y nos preguntan ya: si debemos encargarnos de
organizar denuncias verdaderamente ante todo el pueblo sobre los abusos
cometidos por el gobierno,
![]()
72 En el número 7 de Iskra (agosto de 1901), en la sección "Crónica del movimiento
obrero y cartas de fábricas y talleres", se publicó una carta de un obrero
tejedor de Petersburgo que testimonia la inmensa influencia de la Iskra leninista sobre los obreros
avanzados.
"… He mostrado Iskra a muchos camaradas y todo el
número se ha deshecho en pedazos, ¡pero es tan valioso" – escribía el
autor de la carta —. Se habla en él de nuestra causa, de toda la causa rusa,
cuyo valor no se puede medir con kopeks ni determinar con horas … El domingo
pasado reuní a once personas y les leí ¿Por
dónde empezar?; no nos separamos hasta bien entrada la noche. ¡Qué verdad
es todo lo que dice, cómo se cala en todo!… Queremos escribir una carta a su Iskra para que no sólo enseñe cómo hay
que empezar, sino cómo hay que vivir y morir".
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
¿en qué se manifestará
entonces el carácter de clase de nuestro movimiento? ¡Pues precisamente en que
seremos nosotros, los socialdemócratas, quienes organizaremos esas campañas de
denuncias ante todo el pueblo; en que todos los problemas plantados en nuestra
agitación serán esclarecidos desde un punto de vista socialdemócrata firme, sin
ninguna indulgencia para las deformaciones, intencionadas o no, del marxismo;
en que esta polifacética agitación política será realizada por un partido que
une en un todo indivisible la ofensiva contra el gobierno en nombre del pueblo
entero, la educación revolucionaria del proletariado –salvaguardando al mismo
tiempo su independencia política —, la dirección de la lucha económica de la
clase obrera y la utilización de sus conflictos espontáneos con sus
explotadores, conflictos que ponen en pie y atraen sin cesar a nuestro campo a
nuevos sectores proletarios!
Pero uno de los rasgos más característicos del
"economismo" consiste precisamente en que no comprende esta conexión;
es más, no comprende que la necesidad más urgente del proletariado (educación
política en todos los aspectos pro medio de la agitación política y de las
denuncias políticas) coincide con la necesidad del movimiento democrático
general. Esa incomprensión se manifiesta tanto en las frases martinovianas como
en diferentes alusiones del mismo sentido a un supuesto punto de vista de clase.
He aquí, por ejemplo, cómo se expresan al respecto los autores de la carta
"economista" publicada en el núm. 12 de Iskra*: "Este mismo defecto fundamental de Iskra (la sobrestimación de la
ideología) es la causa de su inconsecuencia en los problemas referentes a la
actitud de la socialdemocracia ante las diversas clases y tendencias sociales.
Resolviendo por medio de deducciones teóricas…" (y no mediante "el
crecimiento de las tareas del partido, las cuales crecen junto con éste…")
"la tarea de pasar sin demora a la lucha contra el absolutismo y
sintiendo, por lo visto, toda la dificultad de esta tarea para los obreros,
dado el actual estado de cosas…" (y no sólo sintiendo, sino sabiendo muy
bien que esta tarea les parece menos difícil a los obreros que a los
intelectuales "economistas" que los tratan como a niños pequeños,
pues los obreros están dispuestos a batirse incluso por reivindicaciones que,
dicho sea con palabras de inolvidable Martínov, no prometen ningún
"resultado palpable")…, "pero no teniendo la paciencia de
esperar que los obreros acumulen fuerzas para esta lucha, Iskra empieza a buscar aliados entre los liberales y los
intelectuales…"
* La falta de espacio nos ha impedido
responder circunstancialmente en Iskra
a esta carta, tan típica de los "economistas". Su aparición nos causó
verdadero júbilo, pues hacía ya mucho que llegaban hasta nosotros, desde los
lados más diversos, dimes y diretes acerca de que Iskra carecía de un consecuente punto de vista de clase, y sólo
esperábamos una ocasión propicia, o la expresión cristalizada de esta acusación
en boga, para darle una respuesta. Y tenemos por costumbre contestar a los
ataques no con la defensiva, sino con contraataques.
Sí, sí, se nos ha acabado,
en efecto, toda la "paciencia" para "esperar" los días
felices que nos prometen desde hace mucho los "conciliadores" de toda
clase, en los cuales nuestros "economistas" dejarán de imputar su
propio atraso a los obreros y de justificar su insuficiente energía con una
pretendida insuficiencia de fuerzas de los obreros. Preguntamos a nuestros
"economistas": ¿en qué debe consistir la "acumulación de fuerzas
por los obreros para esta lucha"? ¿No es evidente que consiste en dar
educación política a los obreros, en denunciar ante ellos todos los aspectos de nuestra abyecta autocracia? ¿Y no está claro
que justamente para esta labor
necesitamos tener "aliados entre los liberales y los intelectuales"
dispuestos a compartir con nosotros
sus denuncias de la campaña política contra la gente de los zemstvos, los
maestros, estadísticos, estudiantes, etc.? ¿Será, en realidad, tan difícil de
comprender esta asombrosa "treta"? ¿No les viene repitiendo P.B. Axelrod,
ya desde 1897, que "el problema de que los socialdemócratas rusos
conquisten adictos y aliados directos o indirectos entre las clases no
proletarias se resuelve, ante todo y sobre todo, por el carácter de la
propaganda que se hace en el seno del proletariado mismo"? ¡Pero no
obstante, los Martínov y demás "economistas" siguen creyendo que los
obreros deben primero, por medio de
"la lucha económica contra los patronos y el gobierno", acumular
fuerzas (para la política
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
tradeunionista) y sólo después "pasar", según parece,
del tradeunionista "infundir actividad" a la actividad
socialdemócrata!
39
"…En sus búsquedas –continúan los "economistas"
– Iskra se desvía con frecuencia del
punto de vista de clase, velando las contradicciones entre las clases y
colocando en primer plano la comunidad del descontento con el gobierno, aunque
las causas y el grado de este descontento entre los "aliados" son muy
diferentes. Tal es, por ejemplo, la actitud de Iskra ante los zemstvos" … Iskra,
según dicen los "economistas", "promete la ayuda de la clase
obrera a los nobles insatisfechos de las limosnas gubernamentales, sin decir
una sola palabra del antagonismo de clase que separa a estos dos sectores de la
población". Si el lector se remite a los artículos La autocracia y los zemstvos (números 2 y 4 de Iskra), a los que
probablemente aluden los autores de la carta, verá que están consagrados* a
la actitud del gobierno frente a la "agitación blandengue del zemstvo
burocrático y estamental" y frente a la "iniciativa que parte hasta
de las clases poseedoras". El artículo dice que el obrero no puede
contemplar con indiferencia la lucha del gobierno contra el zemstvo; invita a
la gente de los zemstvos a abandonar sus discursos blandengues y pronunciarse
con palabras firmes y tajantes cuando la socialdemocracia revolucionaria se
alce con toda su fuerza ante el gobierno. ¿Qué hay en esto de inaceptable para
los autores de la carta? Nadie lo sabe. ¿Piensan que el obrero "no
comprenderá" las palabras "clases poseedoras" y "zemstvo
burocrático estamental"? ¿Creen que incitar
a la gente de los zemstvos a pasar de los discursos blandengues a las palabras
tajantes es "sobrestimar la ideología"? ¿Se imaginan que los obreros
pueden "acumular fuerzas" para luchar contra el absolutismo si no
saben cómo trata éste también a los
zemstvos? Nadie lo sabe tampoco. Lo único claro es que los autores tienen una
idea muy vaga de las tareas políticas de la socialdemocracia. Que esto es así
nos lo dice con mayor claridad aún esta frase suya: "Idéntica es la
actitud de Iskra" (es decir, de
nuevo "vela las contradicciones entre las clases") "ante, el
movimiento estudiantil". En lugar de exhortar a los obreros a afirmar, por
medio de una manifestación pública, que el verdadero origen de la violencia, de
la arbitrariedad y del desenfreno se halla en el gobierno ruso, y no en la
juventud universitaria (Iskra , núm.
2)**, ¡deberíamos haber publicado, por lo visto, razonamientos en el espíritu
de R. Mysl! Y semejantes ideas son
expresadas por socialdemócratas en el otoño de 1901, después de los sucesos de
febrero y marzo, en vísperas de un nuevo crecer del movimiento estudiantil,
revelador de que, incluso en este terreno, la "espontaneidad" de la
protesta contra la autocracia adelanta
a la dirección consciente del movimiento por la socialdemocracia. ¡El deseo
espontáneo de los obreros de intervenir en defensa de los estudiantes apaleados
por la policía y los cosacos adelanta a la actividad consciente de la
organización socialdemócrata!
* Y durante el período comprendido entre
estos artículos, se ha publicado (Iskra,
núm. 3) otro dedicado especialmente a los antagonismos de clase en el campo.
(Véase V. I. Lenin. Obras Completas,
5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 429-437. – N.
de la Edit.)
** Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 391-396. (N. de la Edit.)
"Sin embargo, en otros
artículos – continúan los autores de la carta— , Iskra condena duramente todo compromiso y defiende, por ejemplo, la
posición intransigente de los
guesdistas". Aconsejamos que mediten bien sobre estas palabras quienes
suelen afirmar con tanta presunción ligereza que las discrepancias entre los
socialdemócratas de nuestros días no son esenciales ni justifican una escisión.
¿Pueden actuar con éxito en una misma organización quienes afirman que hemos
hecho todavía muy poco para denunciar la hostilidad de la autocracia a las
clases más diversas y para dar a conocer a los obreros la oposición de los sectores más diversos de
la población a la autocracia, y quienes ven en esta actividad un
"compromiso", evidentemente un compromiso con la teoría de la
"lucha económica contra los patronos y el gobierno"?
Hemos hablado, al recordar
el cuadragésimo aniversario de la liberación de los campesinos (núm. 3) , de que es necesario llevar la lucha de
clases al campo; hemos mostrado, a propósito del informe secreto de Witte (núm.
4), que la administración autónoma local y
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
la autocracia son inconciliables; hemos atacado el feudalismo de
los terratenientes del gobierno, al comentar la nueva ley (núm. 8)*, y hemos
aplaudido el congreso ilegal de los zemstvos* *, alentando a los miembros y defensores de estos últimos a
abandonar las peticiones humillantes y pasar a la lucha; hemos estimulado a los
estudiantes, que empezaban a comprender la necesidad de la lucha política y
pasaban a ella (núm. 3) y, al mismo tiempo, hemos fustigado la "bárbara
incomprensión" de quienes propugnan el movimiento "exclusivamente
universitario" y exhortan a los estudiantes a no participar en las
manifestaciones callejeras (núm. 3, con motivo del llamamiento del Comité
Ejecutivo de los Estudiantes de Moscú fechado el 25 de febrero); hemos denunciado
los "sueños absurdos" y la "hipocresía falaz" de los
astutos liberales del periódico Rossía 73 (núm. 5) y, a la vez, hemos destacado
la furiosa represión del gobierno carcelero "contra pacíficos literatos,
contra viejos catedráticos y científicos, contra conocidos liberales de los
zemstvos" (núm. 5: Correría
policíaca contra la literatura); hemos revelado el verdadero sentido del
programa "de patronato del Estado para mejorar las condiciones de vida de
los obreros" y celebrado la "preciosa confesión" de que
"más vale prevenir con reformas desde arriba las demandas de reformas
desde abajo que esperar a esto último" (núm. 6)***; hemos animado (núm. 7)
a los funcionarios de Estadística que protestan y condenado a los funcionario
esquiroles (núm. ). ¡Quienes ven en esta táctica una ofuscación de la
conciencia de clase del proletariado y un compromiso
con el liberalismo prueban que no comprenden en absoluto el verdadero
sentido del programa del Credo y, de facto, aplican precisamente este programa,
por mucho que lo repudien! Porque, por eso mismo, arrastran a la
socialdemocracia a "la lucha económica contra los patronos y el
gobierno" y se rinden ante el
liberalismo, renunciando a intervenir de manera activa en cada problema
"liberal" y a fijar frente a él su
propia actitud, su actitud socialdemócrata.
* Véase V. I Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 87-92. (N. de la Edit.) ** Idem, pág. 93-94. (N. de la Edit.
*** Véase V.I. Lenin. Una preciosa confesión. (N.. de la Edit.) ** Idem, pág. 93-94. (N. de la Edit.)
40
f. Una vez más "calumniadores", una vez más
"embaucadores"
Como recordará el lector,
estas amables palabras son de R. Dielo,
que replica así a nuestra acusación de "haber preparado indirectamente el
terreno para convertir el movimiento obrero en un instrumento de la democracia
burguesa". En su simplicidad, Rab.
Dielo ha decidido que esta acusación o es otra cosa que una argucia
polémica. Como si dijera: estos malignos dogmáticos han resuelto decirnos toda
clase de cosas desagradables ¿y qué pude haber más desagradable que ser
instrumento de la democracia burguesa? Y se publica en negrilla un
"mentís": "una calumnia patente" (Dos congresos, pág. 30), "un embaucamiento" (pág. 31),
"una mascarada" (pág. 33). Como Júpiter, Rab. Dielo (aunque se parece poco a Júpiter) se enfada precisamente
porque no tiene razón, demostrando con sus insultos precipitados que es incapaz
de seguir el hilo de los pensamientos de sus adversarios. Y sin embargo, no
hace falta reflexionar mucho para comprender por qué todo culto a la espontaneidad del movimiento de masas, todo rebajamiento de la política
socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista significa precisamente
preparar el terreno para convertir el movimiento obrero en un instrumento de la
democracia burguesa. El movimiento obrero espontáneo sólo puede crear por sí
mismo el tradeunionismo (y lo crea de manera inevitables), y la política
tradeunionista de la clase obrera no es otra cosa que la política burguesa de
la clase obrera. La participación de la clase obrera en la lucha política, e
incluso
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73 "Rossía" ("Rusia"): diario liberal
moderado. Se publicó en Petersburgo desde 1899 hasta 1902, alcanzando gran
difusión en los medios burgueses de la sociedad rusa.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
en la revolución política,
en modo alguno convierte aún su política en una política socialdemócrata. ¿Se
le ocurrirá a R. Dielo negar esto?
¿Se le ocurrirá, al fin, exponer ante todo el mundo, sin ambages ni rodeos, el
concepto que tiene de los problemas candentes de la socialdemocracia
internacional y rusa? ¡Oh, no! Jamás se le ocurrirá nada semejante, pues se
aferra al recurso de "hacerse el ausente": Ni soy quien soy, ni sé ni
quiero saber nada del asunto. Nosotros no somos "economistas", Rab. Mysl no es "economismo",
en general, en Rusia no hay "economismo". Es un recurso muy hábil y
"político", pero tiene un pequeño inconveniente: a los órganos de
prensa que lo practican se les suele poner el mote de "¿En qué puedo servirle?"
Rab. Dielo cree
que, en general, la democracia burguesa en Rusia es una "quimera" (Dos congresos, pág. 32)*. ¡Qué felices
son! Como el avestruz, esconden la cabeza bajo el ala y se imaginan que con
ello han hecho desaparecer todo lo que les rodea. La serie de publicistas
liberales que anuncian triunfalmente cada mes el desmoronamiento e incluso la desaparición
del marxismo; la serie de periódicos liberales Sankt-Petersburgskie Viédomosti, Russkie Viédomosti y
otros muchos) dedicados a estimular a los liberales que llevan a los obreros
una concepción brentaniana de la lucha de clases 74 y
una concepción tradeunionista de la política; la pléyade de críticos del
marxismo, cuyas verdaderas tendencias han puesto tan bien al descubierto el
Credo y cuya mercancía literaria es la única que circula por Rusia sin
impuestos ni aranceles; la reanimación de las tendencias revolucionarias no
socialdemócratas, sobre todo después de los sucesos de febrero y marzo; ¡todo
eso, por lo visto, es una quimera! ¡Todo eso no tiene en absoluto nada que ver
con la democracia burguesa!
* Y a renglón seguido se alude a "las
condiciones concretas rusas, que empujan faltamente el movimiento obrero al
camino revolucionario". ¡No se quiere comprender que el camino
revolucionario del movimiento obrero puede no ser aún el camino socialdemócrata!
Bajo el absolutismo, toda la burguesía de Europa Occidental
"empujaba", empujaba conscientemente a los obreros al camino
revolucionario. Pero los socialdemócratas no podemos contentarnos con eso. Y si
rebajamos de una u otra forma la política socialdemócrata al nivel de la
política espontánea, de la política tradeunionista, con ello precisamente
haremos el juego a la democracia burguesa.
Rab. Dielo y
los autores de la carta "economista" aparecida en el núm. 12 de Iskra deberían "pensar en cuál es
la causa de que estos sucesos de la primavera haya suscitado una reanimación o
socialdemócratas, en lugar de fortalecer la autoridad y el prestigio de la
socialdemocracia". La causa es que no hemos estado a la altura de nuestra
misión, que la actividad de las masas obreras ha sido superior a la nuestra,
que no hemos tenido dirigentes y organizadores revolucionarios preparados en
grado suficiente, que conocieran a la perfección el estado de ánimo de todos
sectores oposicionistas y supieran
ponerse a la cabeza del movimiento, transformar una manifestación espontánea en
una manifestación política, ampliar su carácter político, etc. en estas
condiciones, nuestro atraso seguirá siendo aprovechado de manera inevitable pro
los revolucionarios no socialdemócratas más dinámicos y más enérgicos; y los
obreros, pro grandes que sean su abnegación y su energía en la lucha con la
policía y con las tropas, por muy revolucionaria que sea su actuación, no
pasarán de ser una fuerza que apoye a esos revolucionarios, serán la
retaguardia de la democracia burguesa y no la vanguardia socialdemócrata.
41
Tomemos el caso de la
socialdemocracia alemana, de la que nuestros "economistas" quieren
imitar sólo los lados débiles. ¿Por qué no se produce en Alemania ni un solo suceso político sin que
contribuya aumentar más y más la autoridad y el prestigio de la
socialdemocracia? Pues porque la socialdemocracia es siempre la primera en la
apreciación más revolucionaria de cada suceso, en la defensa de toda protesta
contra la arbitrariedad. No se adormece con la consideración de que la lucha
económica incitará a los obreros a pensar en su falta de
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74 Brentano,
Lujo
(1844-1931): economista burgués alemán partidario del llamado "socialismo
estatal" Afirmaba que la igualdad social era posible en el marco del
capitalismo por medio de reformas y de la conciliación de los intereses de los
capitalistas y los obreros. Encubriéndose con frases marxistas, Brentano y sus
adeptos intentaban subordinar el movimiento obrero a los intereses de la
burguesía. –107.
III. Política tradeunionista y política socialdemócrata
derechos y de que las
condiciones empujan fatalmente el movimiento obrero al camino revolucionario.
Interviene en todos los aspectos y en todos los problemas de la vida social y
política: cuando Guillermo se niega a ratificar el nombramiento de un alcalde
progresista burgués (¡nuestros "economistas" no han tenido tiempo aún
de explicar a los alemanes que esto es, en el fondo, un compromiso con el
liberalismo!); cuando se dicta una ley contra las obras y estampas
"inmorales"; cuando el gobierno influye para que sean elegidos
determinados profesores, etc., etc. La socialdemocracia está siempre en primera
línea, excitando el descontento político en todas las clases, despertando a los
dormidos, espoleando a los rezagados y proporcionando hechos y datos de todo
género para desarrollar la conciencia política y la actividad política del
proletariado. Y el resultado de todo eso es que hasta los enemigos conscientes
del socialismo sienten respeto por el luchador político de vanguardia, y no es
raro que un documento importante, no sólo de los medios burgueses, sino incluso
de las esferas burocráticas y palaciegas, vaya a parar por una especie de
milagro al despacho de la redacción de Vorwärts.
Ahí está la clave de la
aparente "contradicción", la cual rebasa tanto la capacidad de
comprensión de Rab. Dielo que la
revista se limita a levantar las manos al cielo clamando:
"¡Mascarada!" En efecto, ¡figúrense ustedes: nosotros, Rab. Dielo, colocamos en primer plano el movimiento obrero de masas (¡y lo imprimimos en
negrilla!), prevenimos a todos y a
cada uno contra el peligro de disminuir la importancia del elemento espontáneo,
queremos dar un carácter político a la misma, a la mismísima lucha económica, queremos mantener un contacto
estrecho y orgánico con la lucha proletaria! Y después de eso se nos dice que
preparamos el terreno para convertir el movimiento obrero en un instrumento de
la democracia burguesa. ¿Y quién nos lo dice? ¡Hombres que llegan a un
"compromiso" con el liberalismo, interviniendo en todos los problemas
"liberales" (¡qué incomprensión del "contacto orgánico con la
lucha proletaria"!) y dedicando tanto atención a los estudiantes e incluso
(¡qué horror!) a la gente de los zemstvos! ¡Hombres que, en general, quieren
consagrar una parte mayor de sus fuerzas (en comparación con los
"economistas") a la actividad entre las clases no proletarias de la
población! ¿No es eso, acaso, una "mascarada"?
¡Pobre Rab. Dielo!
¿Llegará alguna vez a desentrañar el secreto de esta treta?
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
IV.
El primitivismo en el trabajo de los economistas y la organización de los
revolucionarios
Las afirmaciones de Rab. Dielo, antes analizadas, de que la
lucha económica es el medio de agitación política más ampliamente aplicable, de
que nuestra tarea consiste ahora en dar a la lucha económica misma un carácter
político, etc., demuestran que se tiene una noción estrecha no sólo de nuestras
tareas políticas, sino también de las de
organización. Para sostener la "lucha económica contra los patronos y
el gobierno" es innecesaria en absoluto una organización centralizada de
toda Rusia –que, por ello mismo, no puede formarse en el curso de semejante
lucha – que agrupe en un solo impulso común todas las manifestaciones de oposición política, de protesta y de
indignación; una organización formada por revolucionarios profesionales y
dirigida por verdaderos líderes políticos de todo el pueblo. Y se comprende. La
estructura de cualquier organismo está determinada, de modo natural e
inevitable, pro el contenido de la actividad de dicho organismo. De ahí que Rab. Dielo, con las afirmaciones que
hemos examinado anteriormente, consagre y legitime, no sólo la estrechez de la
actividad política, sino también la estrechez de la labor de organización. Y en
este caso, como siempre, es un órgano de prensa cuya conciencia cede ante la
espontaneidad. Sin embargo, el culto a las formas de organización espontáneas,
la incomprensión de cuán estrecha y primitiva es nuestra labor de organización,
de hasta qué punto somos todavía unos "artesanos" en un terreno tan
importante, esta incomprensión, digo yo, es una verdadera enfermedad propia de
la decadencia, sino una enfermedad debida al crecimiento. Pero precisamente
ahora, cuando la ola de la indignación espontánea nos azota, por decirlo así, a
nosotros como dirigentes y organizadores del movimiento, es necesaria en grado
sumo la lucha más intransigente contra toda defensa del atraso, contra toda
legitimación de la estrechez de miras en este sentido; es necesario en grado
sumo despertar, en cuantos toman parte o se proponen tomar parte en la labor
práctica, el descontento por los métodos
primitivos de trabajo que predominan entre nosotros y la decisión
inquebrantable de desembarazarnos de ellos.
a. ¿Qué es el primitivismo en el trabajo?
42
Intentemos responder a esta
pregunta trazando un pequeño cuadro de la actividad de un círculo
socialdemócrata típico de los años comprendidos entre 1894 y 1901. Hemos
aludido ya a la propensión general de la juventud estudiantil de aquél período
hacia el marxismo. Claro que esta propensión no era sólo, e incluso no tanto,
hacia el marxismo en calidad de teoría como en calidad de respuesta a la
pregunta "¿Qué hacer?", de llamamiento a emprender la campaña contra
el enemigo. Y los nuevos guerreros iban a la campaña con un equipo y una
preparación primitivos en extremo. En muchísimos casos carecían casi por
completo hasta de equipo y no tenían absolutamente ninguna preparación. Iban a
la guerra como verdaderos labradores, sin más pertrecho que un garrote en la
mano. Falto de todo contacto con los viejos dirigentes del movimiento, falto de
toda ligazón con los círculos de otros lugares o hasta de otros puntos de la
ciudad (o de otros centros de enseñanza), sin organización alguna de las
diferentes partes de la labor revolucionaria, sin ningún plan sistematizado de
acción para un período más o menos prolongado, un círculo de estudiantes se
ponen en contacto con obreros y empieza a trabajar. Despliega paso a paso una
agitación
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
y una propaganda cada vez más vastas, y con su actuación se gana
las simpatías de sectores obreros bastante amplios, así como de una parte de la
sociedad instruida, que proporciona dinero y pone a disposición del "comité" nuevos y nuevos grupos de jóvenes.
Crece el prestigio del comité (o unión de lucha) y aumenta su actividad, que se
amplía de un modo espontáneo por completo: las mismas personas que hace un año
o unos cuantos meses intervenían en círculos de estudiantes y resolvían el
problema de "¿a dónde ir?", que entablaban y mantenían relaciones con
los obreros, redactaban e imprimían octavillas, se ponen en contacto con otros
grupos de revolucionarios, consiguen publicaciones, emprenden la edición de un
periódico local, empiezan a hablar de organizar una manifestación y, por fin,
pasan a operaciones militares abiertas (que pueden ser, según las
circunstancias, la primera hoja de agitación, el primer número del periódico o
la primera manifestación). Y por lo general, en cuanto se inician estas operaciones,
se produce un fracaso inmediato y completo. Inmediato y completo precisamente
porque dichas operaciones militares no son el resultado de un plan sistemático,
bien meditado y preparado poco a poco, de una lucha larga y tenaz, sino
sencillamente el crecimiento espontáneo de una labor de círculo efectuada de
acuerdo con la tradición. Porque la policía, como es natural, conoce casi
siempre a todos los dirigentes principales del movimiento local, que se han
"acreditado" ya en las aulas universitarias, y sólo espera el momento
más propicio para hacer la redada, consistiendo adrede que el círculo se
extienda y se desarrolle en grado suficiente para contar con un corpus delicti palpable, y dejando cada
vez intencionadamente unas cuantas personas, de ella conocidas, "como
semilla" (expresión técnica que emplean, según mis noticias, tanto los
nuestros como los gendarmes). Es forzoso comparar semejante guerra con una campaña
de bandas de campesinos armados de garrotes contra un ejército moderno. Y es de
admirar la vitalidad de un movimiento que se ha extendido, crecido y
conquistado victorias pese a la completa falta de preparación de los
combatientes. Es cierto que, desde le punto de vista histórico, el carácter
primitivo del equipo era al principio no sólo inevitable, sino incluso legítimo , como una de las
condiciones que permitía atraer a gran número de combatientes. Pero en cuanto
empezaron las operaciones militares serias (y empezaron ya, en realidad, con
las huelgas del verano de 1896), las deficiencias de nuestra organización de
combate se hicieron sentir cada vez más. El gobierno se desconcertó al
principio y cometió una serie de errores (por ejemplo, contar a la opinión
pública monstruosidades de los socialistas o deportar a obreros de las
capitales a centros industriales de provincias), pero no tardó en adaptarse a
las nuevas condiciones de la lucha y supo colocar en los lugares adecuados sus
destacamentos de provocadores, espías y gendarmes, pertrechados con todos los
medios modernos. Las redadas se hicieron tan frecuentes, abarcaron a un número
tan grande de personas y barrieron los círculos locales hasta el punto de que
la masa obrera quedó lo que se dice sin dirigentes, y el movimiento adquirió un
carácter esporádico increíble, siendo imposible en absoluto establecer
continuidad ni conexión alguna en el trabajo. El pasmoso fraccionamiento de los
militantes locales, la composición
fortuita de los círculos, la falta de preparación y la estrechez de horizontes
en el terreno de los problemas teóricos, políticos y orgánicos eran
consecuencia inevitable de las condiciones descritas. Las cosas han llegado al
extremo de que, en algunos lugares, los obreros, a causa de nuestra falta de
firmeza y de hábitos de lucha clandestina, desconfían de los intelectuales y se
apartan de ellos: ¡los intelectuales, dicen, originan fracasos por su acción
demasiado irreflexiva!
Cuantos conozcan, por poco
que sea, el movimiento saben que todos los socialdemócratas reflexivos
perciben, al fin, que el primitivismo en el trabajo es una enfermedad. Mas para
que no crea el lector no iniciado que "construimos" con artificio,
una fase especial o una enfermedad peculiar del movimiento, nos remitiremos al
testigo ya citado. Que se nos disculpe la extensión de la cita.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
"Si el paso gradual a
una actividad práctica más amplia –escribe B-v 75 en
el número 6 de Rab. Dielo—, paso que
depende directamente del período general de transición por que atraviesa el movimiento obrero ruso, es un rasgo
característico…, existe otro rasgo no menos interesante en el mecanismo general
de la revolución obrera rusa. Nos referimos
a la escasez general de fuerzas revolucionarias aptas para la acción*, que
se deja sentir no sólo en San
Petersburgo, sino en toda Rusia.
* La cursiva en toda la cita es nuestra
43
A la par con la
intensificación general del movimiento obrero, con el desarrollo general de la
masa obrera, con la creciente frecuencia de las huelgas y con la lucha de masas
de los obreros, cada día más abierta –lo que recrudece las persecuciones gubernamentales,
las detenciones, los destierros y las deportaciones —, se hace más y más patente esta escasez de fuerzas revolucionarias de
alta calidad y, sin duda, no deja de influir en la profundidad y el carácter
general del movimiento. Muchas huelgas
transcurren sin una influencia enérgica y directa de las organizaciones
revolucionarias…, se deja sentir la escasez de hojas de agitación y de
publicaciones clandestinas… los círculos obreros se quedan sin agitadores… Al
mismo tiempo se deja notar la falta constante de dinero. En una palabra, el crecimiento del movimiento obrero rebasa
al crecimiento y al desarrollo de las organizaciones revolucionarias. Los efectivos de revolucionarios activos
resultan demasiado insignificantes para concentrar en sus manos la influencia
sobre toda la masa obrera en efervescencia y para dar a todos los disturbios
aunque sea un asomo de armonía y organización… Los círculos y los
revolucionarios no están unidos, no están agrupados, no constituyen una
organización única, fuerte y disciplinada, con partes metódicamente
desarrolladas"… Y después de hacer constar que el surgimiento inmediato de
nuevos círculos en lugar de los aniquilados "demuestra tan sólo la
vitalidad del movimiento…, pero no prueba que exista una cantidad suficiente de
militantes revolucionarios plenamente aptos", el autor concluye: "La
falta de preparación práctica de los revolucionarios petersburgueses se refleja
también en los resultados de su labor. Los últimos procesos, y en particular
los de los grupos Autoemancipación y Lucha del Trabajo contra el Capital 76, han demostrado claramente que un
agitador joven que no conozca al detalle las condiciones del trabajo y, por
consiguiente, de la agitación en una fábrica determinada, que no conozca los
principios de la clandestinidad y que sólo haya asimilado" (¿asimilado?)
"las ideas generales de la socialdemocracia, puede trabajar unos cuatro,
cinco o seis meses. Luego viene la detención, que muchas veces acarrea el
aniquilamiento de toda la organización o, por lo menos de una parte de ella.
Cabe preguntar: ¿puede un grupo actuar con éxito, con fruto, cuando su
existencia está limitada a unos cuantos meses? Es evidente que los defectos de
las organizaciones existentes no pueden atribuirse por entero al período de
transición…; es evidente que la
cantidad y, sobre todo, la calidad de los componentes de las organizaciones
activas desempeñan aquí un papel de no escasa importancia, y la tarea
primordial de nuestros socialdemócratas… debe consistir en unificar realmente las organizaciones con una selección rigurosa de
sus miembros".
![]()
75 B-v: Borís Sávinkov, uno de los dirigentes del partido
socialrrevolucionario, de carácter pequeñoburgués. –113.
76
Se
alude al grupo Lucha del trabajo contra
el Capital organizado en Petersburgo en la primavera de 1899. Estaba
formado por algunos obreros e intelectuales, carecía de estrechos vínculos con
el movimiento obrero de Petersburgo y se disolvió en el verano de 1899 al ser
detenidos casi todos sus componentes. Pro sus opiniones estaba muy cerca
del "economismo".
El grupo editó una hoja, titulada Nuestro programa, que no llegó
a difundirse, a causa de las detenciones. –114.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
b. El primitivismo en el trabajo y el economismo
Debemos analizar ahora una
cuestión que, sin duda, se plantean ya los lectores: ¿puede establecerse una
relación entre le primitivismo en el trabajo, como enfermedad de crecimiento
que afecta a todo el movimiento, y el
"economismo", como una tendencia de la socialdemocracia rusa? Creemos
que sí. La falta de preparación práctica y la falta de habilidad en la labor de
organización son, en efecto, cosas comunes a todos nosotros, incluso a quienes desde el primer momento han
sustentado con firmeza el punto de vista del marxismo revolucionario. Y es
cierto que nadie podría culpar de esta falta de preparación, por sí sola, a los
militantes dedicados a la labor práctica. Pero, además de la falta de
preparación, el concepto "primitivismo en el trabajo" implica también
otra cosa: el reducido alcance de toda la actividad revolucionaria en general,
la incomprensión de que con esta labor estrecha es imposible constituir una
buena organización de revolucionarios y, por último –y eso es lo principal —,
las tentativas de justificar esta estrechez y erigirla en una
"teoría" particular, es decir, el culto a la espontaneidad también en
este terreno. En cuanto se manifestaron tales tentativas se manifestaron en dos
direcciones. Unos empezaron a decir: la propia masa obrera no ha planteado aún
tareas políticas tan amplias y combativas como las que quieren
"imponerle" los revolucionarios, debe luchar todavía por
reivindicaciones políticas inmediatas, sostener "la lucha económica contra
los patronos y el gobierno"* (y a esta lucha "accesible" al
movimiento de masas corresponde, como es natural, una organización
"accesible" incluso a la juventud menos preparada). Otros, alejados
de toda "gradación", comenzaron a decir: se puede y se debe
"hacer la revolución política", mas para eso no hay necesidad alguna
de crear una fuerte organización de revolucionarios que eduque al proletariado
en una lucha firme y tenaz; para eso basta con que empuñemos todos el garrote
ya conocido y "asequible". Hablando sin alegorías: que organicemos la
huelga general**; o que estimulemos el "indolente" desarrollo del
movimiento obrero por medio del "terrorismo excitante"***. Ambas
tendencias, los oportunistas y los "revolucionistas", capitulan ante
el primitivismo imperante en el trabajo, no confían en que sea posible
desembarazarse de él, no comprenden nuestra primera y más urgente tarea
práctica: crear una organización de
revolucionarios capaz de asegurar a la lucha política energía, firmeza y
continuidad.
* Rab. Mysl y Rab. Dielo,
sobre todo la Respuesta a Plejánov.
** ¿Quién
hará la revolución política?, folleto publicado en Rusia en la recopilación
La lucha proletaria y reeditado por
el comité de Kíev.
*** Renacimiento del
revolucionarismo y Svoboda.
44
Acabamos de citar las
palabras de B-v: "El crecimiento del movimiento obrero rebasa el
crecimiento y el desarrollo de las organizaciones revolucionarias". Esta
"valiosa noticia de un observador directo" (comentario de la
redacción de Rabócheie Dielo al
artículo de B-v) tiene para nosotros un doble valor. Demuestra que teníamos
razón al considerar que la causa fundamental de la crisis por que atraviesa en
la actualidad la socialdemocracia rusa está en el atraso de los dirigentes
("ideólogos", revolucionarios, socialdemócratas) respecto al movimiento ascensional espontáneo de las
masas. Demuestra que todas esas disquisiciones de los autores de la
carta"economista" (en el núm. 12 de Iskra), de B. Krichevski y Martínov, sobre el peligro de disminuir
la importancia del elemento espontáneo, la monótona lucha cotidiana, la
táctica-proceso, etc., son precisamente una defensa y una exaltación del
primitivismo en el trabajo. Esos hombres, que no pueden pronunciar la palabra
"teórico" sin una mueca de desprecio y que llaman "intuición de
la vida" a su prosternación ante la falta de preparación para la vida y
ante el desarrollo insuficiente, demuestran de hecho que no comprenden nuestras
tareas prácticas más imperiosas.
Gritan a quienes se han rezagado: "¡Seguid el paso! ¡No os
adelantéis!" Y a quienes adolecen de falta de energía y de iniciativa en
la labor de organización, de falta de "planes" para organizar las
cosas con amplitud y
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
valentía ¡les hablan de la
"táctica-proceso"! Nuestro pecado capital consiste en rebajar nuestras tareas políticas y orgánicas al nivel de los intereses
inmediatos, "palpables", "concretos" de la lucha económica
cotidiana, pero siguen cantándonos; ¡hay que imprimir a la lucha económica
misma un carácter político! Repetimos: eso es literalmente la misma "intuición
de la vida" que demostraba poseer el personaje de la épica popular que
gritaba al paso de un entierro: "¡Ojalá tengáis siempre uno que
llevar!"
Recuerden la incomparable presunción, verdaderamente digna de
Narciso, con que esos sabios aleccionaban a Plejánov: "A los círculos obreros les son inaccesibles en
general (¡sic!) las tareas políticas
en el sentido real, práctico de esa
palabra, es decir, en el sentido de una lucha práctica, conveniente y eficaz, por reivindicaciones
políticas" (Respuesta de la
redacción de "R.D.", pág. 24). ¡Hay círculos y círculos, señores!
Desde luego, a un círculo de "artesanos"
le son inaccesibles las tareas políticas, mientras esos artesanos no comprendan
el primitivismo de su trabajo y no se desembaracen de él. Pero si, además, esos
artesanos tienen apego a sus métodos, si escriben siempre en cursiva la palabra
"práctico" y se imaginan que el practicismo exige de ellos que
rebajen sus tareas al nivel de la comprensión de los sectores más atrasados de
las masas, entonces, por supuesto, serán incorregibles y, en efecto, las tareas políticas les serán inaccesibles
en general. Pero a un círculo de adalides como Alexéiev y Myshkin,
Jaulturin y Zheliábov les son accesibles las tareas políticas en el sentido más
real, más práctico, de la palabra. Y les son accesibles precisamente por cuanto
sus fogosos discursos encuentran eco en la masa que se despierta
espontáneamente; por cuanto su impetuosa energía es secundada y apoyada por la
energía de la clase revolucionaria. Plejánov tenía mil veces razón no sólo
cuando indicó cuál era esta clase revolucionaria, no sólo cuando demostró que
su despertar espontáneo era inevitable e ineludibles, sino también cuando
incluso señaló a los "círculos obreros" una tarea política grande y
sublime. Y ustedes invocan el movimiento de masas, surgido desde entonces, para
rebajar esa tarea, para reducir la energía y el alcance de la
actividad de los "círculos obreros". ¿Qué es esto sino apego del artesano a sus métodos? Se vanaglorian
de su espíritu práctico y no ven el hecho conocido de todo militante ruso
entregado a la labor práctica: que milagros puede hacer en la obra
revolucionaria la energía no sólo de un círculo, sino incluso de un individuo.
¿O creen que en nuestro movimiento no pueden existir adalides como los que
existieron en los años 70? ¿Por qué razón? ¿Por qué estamos poco preparados?
¡Pero nos preparamos, nos seguiremos preparando y llegaremos a estar
preparados! Es cierto que, por desgracia, en agua estancada de la "lucha
económica contra los patronos y el gobierno" se ha criado entre nosotros
verdín: han aparecido personas que se postran ante la espontaneidad y
contemplan con unción (como dice Plejánov) "la parte trasera" del
proletariado ruso. Sin embargo, sabremos limpiarnos ese verdín. Es ahora
precisamente cuando el revolucionario ruso, guiándose por una teoría
verdaderamente revolucionaria y apoyándose en una clase verdaderamente
revolucionaria que despierta de manera espontánea, puede al fin — ¡al fin! –
alzarse cuan alto es y desplegar todas sus fuerzas de gigante. Para ello sólo
hace falta que entre la masa de militantes dedicados a la actividad práctica –y
entre la masa, mayor aún, de quienes sueñan con la práctica ya desde el banco
de la escuela – sea acogido con burla y desprecio todo intento de rebajar
nuestras tareas políticas y el alcance de nuestra labor de organización. ¡Y lo
conseguiremos, señores, pueden estar seguros de ello!
45
En el artículo ¿Por dónde empezar? he escrito contra Rabócheie Dielo: "En veinticuatro
horas se puede cambiar de táctica en la agitación respecto a algún problema
especial, se puede cambiar de táctica en la realización de algún detalle de
organización del partido; pero cambiar, no digamos en veinticuatro horas, sino
incluso en veinticuatro meses de criterio acerca de si hace falta en general,
siempre y en absoluto una organización combativa y una agiación política entre
las masas es cosa que sólo pueden hacer personas sin principios"*.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
Rabócheie Dielo contesta: "Esta acusación de Iskra, la única que pretende estar basada en hechos, carece de todo
fundamento.
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 6. (N. de la Edit.)
Los lectores de R.. Dielo
saben muy bien que nosotros, desde el comienzo mismo, no sólo hemos exhortado a
la agitación política, sin esperar a que apareciera Iskra …" (diciendo al paso que, no ya a los círculos obrero,
"ni aun siquiera al movimiento obrero de masas se le puede plantear como
primera tarea política la de derribar el absolutismo", sino únicamente la
lucha por reivindicaciones políticas inmediatas, y que "las
reivindicaciones políticas inmediatas se hacen accesibles a las masas después
de una o, en todo caso, de varias huelgas")…, "sino que, con nuestras
publicaciones hemos proporcionado desde el extranjero a los camaradas que
actúan en Rusia los únicos materiales de agitación política
socialdemócrata…" (y en estos materiales no sólo han practicado con la
mayor amplitud la agitación política exclusivamente en el terreno de la lucha
económica, sino que han llegado, por fin, a la conclusión de que esta agitación
limitada es "la que se puede aplicar con la mayor amplitud". ¿Y no
advierten ustedes, señores, que su argumentación demuestra precisamente la
necesidad de que apareciera Iskra –en
vista del carácter de esos materiales únicos – y la necesidad de la lucha de Iskra contra Rabócheie Dielo?)… "Por otra parte, nuestra actividad
editorial preparaba en la práctica la unidad táctica del partido…" (¿la
unidad de convicción de que la táctica es un proceso de crecimiento de las
tareas del partido, las cuales crecen junto con éste? ¡Valiente unidad!)…
"y, con ello, la posibilidad de crear una "organización de
combate" para cuya formación ha hecho la Unión todo lo que está al alcance
de una organización residente en el extranjero" (R. D. núm. 10, pág. 15).
¡Vano intento de salir del paso! Jamás se me ha ocurrido negar que han hecho
ustedes todo lo que estaba a su alcance. Lo que yo he afirmado y afirmo es que
los límites de lo
"accesible" para ustedes se restringen por la miopía de sus
concepciones. Es ridículo hablar de "organizaciones de combate" para
luchar por "reivindicaciones políticas inmediatas" o para "la
lucha económica contra los patronos y el gobierno".
Pero si el lector quiere ver
perlas de enamoramiento "económico" de los métodos primitivos, tendrá
que pasar, como es lógico, del ecléctico y vacilante Rab. Dielo al consecuente y decidido Rab. Mysl. "Dos palabras ahora sobre la llamada
intelectualidad revolucionaria – escribía R.
M. En el Suplemento especial,
pág. 13— . es cierto que más de una vez ha demostrado en la práctica que está
totalmente dispuesta a "entablar el combate decisivo contra el
zarismo". Pero lo malo es que, perseguida de manera implacable por la
policía política, nuestra intelectualidad revolucionaria tomaba esta lucha
contra la policía política por una lucha política contra la autocracia. Por eso
sigue aún sin encontrar respuesta a la pregunta de "dónde sacar fuerzas
para luchar contra la autocracia"".
¿Verdad que es incomparable
este olímpico desprecio que siente por la lucha contra la policía un admirador
(en el peor sentido de la palabra) del movimiento espontáneo? ¡¡Está dispuesto a justificar
nuestra inepcia para la actividad clandestina diciendo que, con el movimiento
espontáneo de masas, no tiene importancia, en el fondo, la lucha contra la
policía política!! Muy pocos, poquísimos suscribirán esta monstruosa
conclusión: con tanto dolor siente todo el mundo las deficiencas de nuestras
organizaciones revolucionarias. Pero si no la suscribe, por ejemplo, Martínov,
es sólo porque no sabe o no tiene la valentía de reflexionar hasta el fin en
sus propias tesis. En efecto, ¿acaso una "tarea" como la de que las
masas planteen reivindicaciones concretas que prometan resultados palpables
exige preocuparse de manera especial pro crear una organización de
revolucionarios sólida, centralizada y combativa? ¿No cumple también esta
"tarea" una masa que en modo alguno "lucha contra la policía
política"? Más aún: ¿sería realizable esta tarea, si, además de un
reducido número de dirigentes, no se encargaran de cumplirla también (en su
inmensa mayoría) obreros que son incapaces
en absoluto de "luchar contra la policía política"? Estos obreros,
los hombres de medios de la masa, pueden dar pruebas de energía y abnegación
gigantescas en una huelga, en la lucha
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
contra la policía y las
tropas en la calle, pueden decidir (y
son los únicos que pueden), el desenlace de todo nuestro movimiento; pero
precisamente la lucha contra la policía política exige cualidades especiales,
exige revolucionarios profesionales .
Y nosotros debemos preocuparnos no sólo de que las masas "planteen"
reivindicaciones concretas, sino también de que la masa de obreros
"destaque", en número cada vez mayor, a estos revolucionarios
profesionales. Llegamos así al problema de las relaciones entre la organización
de revolucionarios profesionales y el movimiento puramente obrero. Este
problema, poco reflejado en las publicaciones, nos ha ocupado a nosotros, los
"políticos", mucho tiempo en pláticas y discusiones con camaradas más
o menos inclinados al "economismo". Merece la pena que nos detengamos
en él especialmente. Pero terminemos antes de ilustrar con otra cita nuestra
tesis sobre la relación entre el primitivismo en el trabajo y el
"economismo".
46
"El grupo Emancipación
del Trabajo –decía el señor N.N. en su Respuesta 77 –exige que se luche directamente contra
el gobierno, sin pensar dónde está la fuerza material necesaria pasa esa lucha
ni indicar qué caminos ha de seguir ésta".
Y subrayando estas últimas palabras, el autor hace a propósito del término
"caminos" la observación siguiente: "Esta circunstancia no puede
explicarse por fines conspirativos, ya que en el programa no se trata de una
conjura, sino de un movimiento de masas.
Y las masas no pueden avanzar por caminos secretos. ¿Es posible, acaso, una
huelga secreta? ¿Es posible celebrar en secreto una manifestación o presentar
en secreto una petición?" Vademécum,
pág. 59). El autor ha abordado de lleno tanto la "fuerza material"
(los organizadores de las huelgas y manifestaciones) como los
"caminos" que debe seguir esta lucha; pero se ha quedado, sin
embargo, confuso y perplejo, pues se "prosterna" ante el movimiento
de masas, es decir, lo considera algo que nos exime de nuestra actividad revolucionaria, y no algo que debe
alentar e impulsar nuestra actividad
revolucionaria. Una huelga secreta es imposible para quienes participen en ella
o tengan relación inmediata con ella. Pero para las masas de obreros rusos, esa
huelga puede ser (y lo es en la mayoría de los casos) "secreta", porque
el gobierno se preocupará de cortar toda relación con los huelguistas, se
preocupara de hacer imposible toda difusión de noticias sobre la huelga. Y aquí
es necesaria la "lucha contra la policía política", una lucha
especial, una lucha que jamás podrá sostener activamente una masa tan amplia
como la que participa en las huelgas. Esta lucha deben organizarla, "según
todas las reglas del arte", personas cuya profesión sea la actividad
revolucionaria. La organización de esta lucha no se ha hecho menos necesaria porque las masas se
incorporen espontáneamente al movimiento. Al contrario: la organización se
hace, por eso, más necesaria, pues
nosotros, los socialistas, faltaríamos a nuestras obligaciones directas ante
las masas si nos supiéramos impedir
que la policía haga secreta (y si a veces no preparásemos nosotros mismos en
secreto) cualquier huelga o manifestación. Y sabremos hacerlo precisamente porque las masas que despiertan
espontáneamente destacarán también de
su seno a más y más "revolucionarios profesionales" (siempre que no
se nos ocurra invitan a los obreros, de diferentes maneras, al inmovilismo).
c. La organización de los obreros y la organización de los
revolucionarios
Si el concepto de
"lucha económica contra los patronos y el gobierno" corresponde para
una socialdemócrata al de lucha política, es natural esperar que el concepto de
"organización de revolucionarios" corresponda más o menos al de "organización
de obreros". Y así ocurre, en efecto; de suerte que, al hablar de
organización, resulta que hablamos literalmente en lenguas diferentes. Por
ejemplo, recuerdo como si hubiera ocurrido hoy la conversación que sostuve en
cierta ocasión con un "economista" bastante consecuente al que antes
no conocía
![]()
77 N. N.: Serguéi Prokopóvich, "economista" activo, más tarde
demócrata-constitucionalista. –121.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
78. La conversación giraba en torno al
folleto ¿Quién hará la revolución
política? Pronto convinimos en que el defecto principal de este folleto
consistía en dar de lado el problema de la organización. Nos figurábamos estar
ya de acuerdo, pero…, al seguir la conversación, resultó que hablábamos de
cosas distintas. Mi interlocutor acusaba al autor de no tener en cuenta las
cajas de resistencia, las sociedades de socorros mutuos, etc.; yo en cambio,
pensaba en la organización de revolucionarios indispensable para
"hacer" la revolución política. ¡Y en cuanto se reveló esta
discrepancia, no recuerdo haber coincidido jamás con este
"economista" sobre ninguna cuestión de principio!
¿En qué consistía, pues, el
origen de nuestras discrepancias? Precisamente en que los
"economistas" se apartan a cada paso de las concepciones
socialdemócratas para caer en el tradeunionismo, tanto en las tareas de
organización como en las políticas. La lucha política de la socialdemocracia es
mucho más amplia y compleja que la lucha económica de los obreros contra los
patronos y el gobierno. Del mismo modo (y como consecuencia de ello), la
organización de un partido socialdemócrata revolucionario ha de ser
inevitablemente de un género distinto
que la organización de los obreros para la lucha económica. la organización de los obreros deber ser, primero,
profesional; segundo, lo más amplia posible; tercero, lo menos clandestina
posible (aquí más adelante me refiero, claro está, sólo a la Rusia
autocrática). Por el contrario, la organización de los revolucionarios debe agrupar,
ante todo y sobre todo, a personas cuya profesión sea la actividad
revolucionaria (por eso hablo de una organización de revolucionarios, teniendo
en cuenta a los revolucionarios
socialdemócratas). Ante este rasgo común de los miembros de semejante
organización debe desaparecer en absoluto
toda diferencia entre obreros e intelectuales, sin hablar ya de la
diferencia entre las diversas
profesiones de unos y otros. Esta organización debe ser necesariamente no muy
amplia y lo más clandestina posible. Detengámonos en estos tres puntos
distintos.
47
En los países que gozan de
libertad política, la diferencia entre la organización sindical y la
organización política es completamente clara, como lo es también la diferencia
entre las tradeuniones y la socialdemocracia. Por supuesto, las relaciones de esta
última con las primeras varían de manera inevitable en los distintos países, en
dependencia de las condiciones históricas, jurídicas, etc., pudiendo ser más o
menos estrechas, complejas, etc. (desde nuestro punto de vista, deben ser lo
más estrechas y lo menos complejas posibles); pero no puede ni hablarse de
identificar en los países libres la organización de los sindicatos con la
organización del partido socialdemócrata. En Rusia, en cambio, el yugo de la
autocracia borra a primera vista toda diferencia entre la organización
socialdemócrata y el sindicato obrero, pues todo
sindicato obrero todo círculo están prohibidos, y la huelga, principal
manifestación y arma de la lucha económica de los obreros, se considera en
general un delito común (¡y a veces incluso un delito político!). por
consiguiente, las condiciones de Rusia, de una parte, "incitan" con
gran fuerza a los obreros que sostienen la lucha económica a pensar en las
cuestiones políticas, y, de otra, "incitan" a los socialdemócratas a
confundir el tradeunionismo con la socialdemocracia (nuestros Krichevski,
Martínov y Cía., que hablan sin cesar de la "incitación" del primer
tipo, no ven la "incitación" del segundo tipo). En efecto,
imaginémonos a personas absorbidas en el 99 por 100 por "la lucha económica
contra los patronos y el gobierno". Unas jamás pensarán durante todo el período de su actuación (de
cuatro a seis meses) en la necesidad de una organización más compleja de
revolucionarios. Otras "tropezarán" tal vez con publicaciones
bernsteinianas, bastante difundidas, y extraerán de ellas la convicción de que
lo importante de verdad es "el desarrollo progresivo de la monótona lucha
cotidiana". Otras, en fin, se dejarán quizá seducir por la tentadora idea
de dar al mundo un nuevo ejemplo de "estrecho contacto orgánico con la
lucha proletaria", de contacto del movimiento sindical con el movimiento
socialdemócrata. Cuanto más tarde entra un país en la palestra del capitalismo
y, en consecuencia, del movimiento obrero –
![]()
78
Se trata, por lo
visto, de la primera entrevista de Lenin con A. Martínov, que tuvo lugar en
1901. –123.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
razonarán esas personas —,
tanto más pueden participar los socialistas en el movimiento sindical y
apoyarlo, y tanto menos puede y debe haber sindicatos no socialdemócratas.
hasta ahora, tal razonamiento es completamente justo; pero la desgracia
consiste en que van más lejos y sueñan con una fusión total de la
socialdemmocracia y el tradeunionismo. En seguida veremos, por el ejemplo de
los Estatutos de la Unión de Lucha de San
Petersburgo, el nocivo reflejo de esos sueños en nuestros planes de
organización.
Las organizaciones obreras para la lucha económica han de ser
organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemócrata debe, dentro de lo
posible, apoyar a estas organizaciones y actuar intensamente en ellas. De
acuerdo. Pero es contrario en absoluto a nuestros intereses exigir que sólo los
socialdemócratas puedan ser miembros de las organizaciones
"gremiales", pues eso reduciría el alcance de nuestra influencia
entre las masas. Que participe en la organización gremial todo obrero que
comprenda la necesidad de la unión para luchar contra los patronos y el
gobierno. El fin mismo de las organizaciones gremiales sería inaccesible si no
agrupasen a todos los obreros capaces de comprender, por lo menos, esta noción
elemental, si dichas organizaciones gremiales no fuesen muy amplias. Y cuanto más amplias sean estas
organizaciones tanto más amplia será nuestra influencia en ellas, ejercida no
sólo por el desarrollo "espontáneo" de la lucha económica, sino
también por el influjo directo y consciente de los miembros socialistas de los
sindicatos sobre sus camaradas. Pero en una organización amplia es imposible la
clandestinidad rigurosa (pues exige mucha más preparación que para participar
en la lucha económica). ¿Cómo conciliar esta contradicción entre la necesidad
de una organización amplia y de una clandestinidad rigurosa? ¿Cómo conseguir
que las organizaciones gremiales sean lo menos clandestinas posible? En
general, no puede haber más que dos caminos: o bien la legalización de las
asociaciones gremiales (que en algunos países ha precedido a la legalización de
las organizaciones socialistas y políticas), o bien el mantenimiento de la
organización secreta, pero tan "libre", tan poco reglamentaria, tan lose*, como dicen los alemanes, que la
clandestinidad quede reducida casi a cero para la masa de afiliados.
* Libre, amplia. (N. de la
Edit.)
La legalización de asociaciones obreras no socialistas y no
políticas ha comenzado ya en Rusia, y está fuera de toda duda que cada paso de
nuestro movimiento obrero socialdemócrata, que crece con rapidez, estimulará y
multiplicará las tentativas de esta legalización, efectuadas principalmente por
los adictos al régimen vigente, pero también, en parte, por los propios obreros
y los intelectuales liberales. Los Vasíliev y los Zubátov han izado ya la
bandera de la legalización; los señores Ozerov y Worms le han prometido y dado
ya su concurso, y la nueva corriente ha encontrado ya adeptos entre los
obreros. Y nosotros no podemos dejar ya de tener en cuenta esta corriente. Es
poco probable que entre los socialdemócratas pueda existir más de una opinión
acerca de cómo hay que tenerla en cuenta. Nuestro deber consiste en denunciar
sin desmayo toda participación de los Zubátov y los Vasíliev, de los gendarmes
y los curas en esta corriente, y explicar a los obreros los verdaderos
propósitos de estos elementos. Nuestro deber consiste en denunciar asimismo
toda nota conciliadora, de "armonía", que se deslice en los discursos
de los liberales en las reuniones obreras públicas, independientemente de que
dichas notas sean debidas al sincero convencimiento de que es deseable la
colaboración pacífica de las clases, al afán de congraciarse con las
autoridades o a simple falta de habilidad. Tenemos, en fin, el deber de poner
en guardia a los obreros contra las celadas que les tiende con frecuencia la
policía, que en estas reuniones públicas y en las sociedades autorizadas
observa a los "más fogosos" e intenta aprovechar las organizaciones
legales para introducir provocadores también en las ilegales.
48
Pero hacer todo eso no
significa en absoluto olvidar que, en fin
de cuentas , la legalización del movimiento obrero nos beneficiará a
nosotros, y no, en modo alguno, a los Zubátov. Al contrario: precisamente con
nuestra campaña de denuncias separamos la cizaña. El trigo está
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
en interesar en los
problemas sociales y políticos a sectores obreros aún más amplios, a los
sectores más atrasados; en liberarnos nosotros, los revolucionarios, de
funciones que son, en el fondo, legales (difusión de libros legales, socorros
mutuos, etc.) y cuyo desarrollo nos proporcionará, de manera ineluctable y en
cantidad creciente, hechos y datos para la agitación. En este sentido, podemos
y debemos decir a los Zubátov y a los Ozerov: "¡Esfuércense, señores,
esfuércense!" Por cuanto tienden ustedes una celada a los obreros
(mediante la provocación directa o la corrupción "honrada" de los
obreros con ayuda del "struvismo" 79,
nosotros ya nos encargaremos de desenmascararlos. Por cuanto dan ustedes un
verdadero paso adelante –aunque sea en forma del más "tímido zigzag",
pero un paso adelante —, les diremos: "¡Sigan, sigan!" Un verdadero
paso adelante no puede ser sino una ampliación efectiva, aunque minúscula, del
campo de acción de los obreros. Y toda ampliación semejante ha de beneficiarnos
y acelerar la aparición de sociedades legales en las que no sean los
provocadores quienes pesquen a los socialistas, sino los socialistas quienes
pesquen adeptos. En una palabra, nuestra tarea consiste ahora en combatir la
cizaña. No es cosa nuestra cultivar el trigo en pequeños tiestos. Al arrancar
la cizaña, desbrozamos el terreno para que pueda crecer el trigo. Y mientras
los Afanasi Ivánovich y las Puljeria Ivánovna 80 se
dedican al cultivo doméstico, nosotros debemos preparar segadores que sepan
arrancar hoy la cizaña y recoger mañana el trigo*.
*
La
lucha de Iskra contra la cizaña ha
originado esta airada salida de tono de Rab.
Dielo: "Para Iskra, en
cambio, estos importantes acontecimientos (los de la primavera) son rasgos
menos característicos de la época que las miserables tentativas de los agentes
de Zubátov de "legalizar" el movimiento obrero. Iskra no ve que estos hechos se vuelven precisamente contra ella y
prueban que el movimiento obrero ha alcanzado, a juicio del gobierno,
proporciones muy amenazadoras" (Dos
congresos, pág. 27). La culpa de todo la tiene el "dogmatismo" de
estos ortodoxos, "sordos a las exigencias imperiosas de la vida". ¡Se
obstinan en no ver trigo de un metro de alto para hacer la guerra a cizaña de
un centímetro! ¿No es esto un "sentido deformado de la perspectiva con
respecto al movimiento obrero ruso" (ibíd., pág. 27)?
Así pues, nosotros no podemos resolver por medio
de la legalización el problema de crear una organización sindical lo menos
clandestina y lo más amplia posible (pero nos alegraría mucho que los Zubátov y
los Ozerov nos ofreciesen la posibilidad, aunque fuese parcial, de resolverlo
de este modo ¡para lo cual tenemos que combatirlos con la mayor energía
posible!). Nos queda el recurso de las organizaciones sindicales secretas, y debemos prestar toda ayuda a los obreros
que emprenden ya (como sabemos de buena tinta) este camino. Las organizaciones
sindicales pueden ser utilísimas para desarrollar y reforzar la lucha económica
y, además, convertirse en un auxiliar de gran importancia para la agitación
política y la organización revolucionaria. Para llegar a este resultado y
orientar el naciente movimiento sindical hacia el cauce deseable para la
socialdemocracia, es preciso, ante todo, comprender bien lo absurdo del plan de
organización que preconizan los "economistas" petersburgueses desde
hace ya cerca de cinco años. Este plan ha sido expuesto en el Reglamento de la Caja Obrera del mes de
julio de 1897 (Listok "Rabótnika",
núm. 9-10, pág. 46, del núm. 1 de Rab. Mysl) y en el Reglamento de la Organización Sindical
Obrera de octubre de 1900 (boletín especial, impreso en San Petersburgo y
mencionado en el núm. 1 de Iskra). El
defecto de ambos reglamentos consiste en que estructuran con todo detalle una
vasta organización obrera y la confunden con la organización de los
revolucionarios. Tomemos el segundo reglamento por ser el más acabado. Consta
de cincuenta y dos artículos: veintitrés exponen la estructura, el
funcionamiento y las atribuciones de los "círculos obreros", que
serán organizados en cada fábrica ("diez hombres como máximo") y
elegirán los "grupos centrales" (de fábrica). "El grupo central
– dice el art. 2— observa todo lo que pasa en su fábrica y lleva la crónica de
lo que sucede en ella". "El grupo central da cuenta cada mes a todos
los cotizantes del estado de la caja" (art. 17), etc. Diez artículos están
consagrados a la "organización distrital", y diecinueve, a la
complejísima relación entre el Comité de la Organización Obrera y el Comité de
la Unión de Lucha de San Petersburgo
![]()
79 Struvismo: es decir, marxismo legal (según el nombre de su representante
principal, Piotr Struve).
80
Afanasi Ivánovich y Puljeria Ivánovna: familia patriarcal de pequeños
terratenientes, descrita en la novela terratenientes de antaño, del conocido
escritor ruso Nicolás Gógol.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
(delegados de cada distrito
y de los "grupos ejecutivos": "grupos de propagandistas, para
las relaciones con las provincias, para las relaciones con el extranjero, para
la administración de los depósitos, de las ediciones y de la caja").
¡La socialdemocracia
equivale a "grupos ejecutivos" en lo que concierne a la lucha
económica de los obreros! Sería difícil demostrar con mayor relieve cómo el
pensamiento del "economista" se desvía de la socialdmeocracia hacia
el tradeunionismo; hasta qué punto le es extraña toda noción de que el
socialdemoócrata debe pensar, ante todo, en una organización de revolucionarios
capaces de dirigir toda la lucha
emancipadora del proletariado. Hablar de "la emancipación política de la
clase obrera", de la lucha contra "la arbitrariedad zarista" y
escribir semejante reglamento de una organización significa no tener la menor
idea de cuáles son las verdaderas tareas políticas de la socialdmeocracia. Ni
uno solo del medio centenar de artículos revela la mínima comprensión de que es
necesario hacer la más amplia agitación política entre las masas, una agitación
que ponga en claro todos los aspectos del absolutismo ruso y toda la fisonomía
de las diferentes clases sociales de Rusia. Es más, con un reglamento así son
inalcanzables no sólo los fines políticos, sino incluso los fines
tradeunionistas, pues estos últimos requieren una organización por profesiones
que ni siquiera se menciona en el reglamento.
49
Pero lo más característico es, quizá, la pesadez asombrosa de
todo este "sistema" que trata de ligar cada fábrica al
"comité" mediante una cadena ininterrumpida de reglas uniformes,
minuciosas hasta lo ridículo y con un sistema electoral indirecto de tres
grados. Encerrado en el estrecho horizonte del "economismo", el
pensamiento cae en detalles que despiden un tufillo a papeleo y burocracia. En
realidad, claro está, las tres cuartas partes de estos artículos jamás son aplicados;
pero, en cambio, una organización tan "clandestina", con un grupo
central en cada fábrica, facilita a los gendarmes la realización de redadas
increíblemente vastas. Los camaradas polacos han pasado ya por esta fase del
movimiento, en la que todos ellos se dejaron llevar por idea de fundar cajas
obreras a vasta escala, pero renunciaron muy pronto a ella, al persuadirse de
que sólo facilitaban presa abundante a los gendarmes. Si queremos amplias
organizaciones obreras y no amplios descalabros, si no queremos dar gusto a los
gendarmes, debemos tender a que estas organizaciones no estén reglamentadas en
absoluto. ¿Podrán entonces funcionar? Veamos cuáles son sus funciones: "…
Observar todo lo que pasa en la fábrica y llevar la crónica de lo que sucede en
ella" (art. 2 del reglamento). ¿Existe una necesidad absoluta de
reglamentar esto? ¿No podría conseguirse mejor por medio de crónicas en la
prensa clandestina, sin crear para ello grupos especiales? "…Dirigir la
lucha de los obreros por el mejoramiento de su situación en la fábrica"
(art. 3). Para esto tampoco hace falta reglamentación. Todo agitador, por poco
inteligente que sea, sabrá averiguar a fondo, por una simple conversación, qué
reivindicaciones quieren presentar los obreros y, después, hacerlas llegar a
una organización estrecha, y no amplia, de revolucionarios para que les envíe
la octavilla apropiada. "…Crear una caja… con cotización de dos kopeks por
rublo" (art. 9) y dar cuenta cada mes a todos de las entradas y salidas
(art. 17); excluir a los miembros que no paguen las cuotas (art. 10), etc. Eso
es un verdadero paraíso para la policía, pues nada hay más fácil que penetrar
en el secreto de la "caja central fabril", confiscar el dinero y
encarcelar a todos los militantes mejores. ¿No sería más sencillo emitir
cupones de uno o dos kopekss con el sello de una organización determinada (muy
reducida y muy clandestina), o incluso, sin sello alguno, hacer colectar cuyo
resultado se daría a conocer en un periódico ilegal con un lenguaje
convencional? De este modo se alcanzaría el mismo fin, y a los gendarmes les
sería cine veces más difícil descubrir los hilos de la organización.
Podría continuar este
análisis del reglamento, pero creo que con lo dicho basta. Un pequeño núcleo
bien unido, compuesto pro los obreros más seguros, más experimentados y mejor
templados, con delegados en los distritos principales y ligado a la organización
de
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
revolucionarios de acuerdo
con las reglas de la más rigurosa clandestinidad, podrá realizar perfectamente,
con el más amplio concurso de las masas y sin reglamentación alguna, todas las funciones que competen a una
organización sindical, y realizarlas, además, de la manera deseable para la
socialdemocracia. Sólo así se podrá consolidar
y desarrollar, a pesar de todos los gendarmes, el movimiento sindical socialdemócrata.
Se me objetará que una
organización tan lose, sin ninguna
reglamentación, sin ningún afiliado conocido y registrado, no puede ser
calificada de organización. Es posible. Para mí la denominación no tiene
importancia. Pero esta "organización sin afiliados" hará todo lo
necesario y asegurará desde el primer momento un contacto sólido entre nuestras
futuras tradeuniones y el socialismo. Y quienes deseen bajo el absolutismo una amplia organización de obreros, con
elecciones, informes, sufragio universal, etc., son unos utopistas incurables.
La moraleja es simple: si
comenzamos por crear firmemente una fuerte organización de revolucionarios,
podremos asegurar la estabilidad del movimiento en su conjunto y alcanzar, al
mismo tiempo, los objetivos socialdemócratas y los objetivos netamente tradeunionistas.
Pero si comenzamos a constituir una amplia organización obrera con el pretexto
de que es la más "accesible" a la masa (aunque, en realidad, será más
accesible a los gendarmes y pondrá a los revolucionarios más al alcance de la
policía), no conseguiremos ninguno de estos objetivos, no nos desembarazaremos
de nuestros métodos primitivos y, con nuestro fraccionamiento y nuestros
fracasos continuos, no logramos más que hacer más accesibles a la masa las
tradeuniones del tipo de las de Zubátov u Ozerov.
¿En qué deben consistir, en
suma, las funciones de esta organización de revolucionarios? Vamos a decirlo
con todo detalle. Pero examinemos antes otro razonamiento muy típico de nuestro
terrorista, el cual (¡triste destino!) vuelve a marchar al lado del "economista".
La revista para obreros Svoboda (núm.
1) contiene un artículo titulado La
organización, cuyo autor procura defender a sus amigos los
"economistas" obreros de Ivánovo-Voznesensk.
50
"Mala cosa es –dice—
una muchedumbre silenciosa, inconsciente; mala cosa es un movimiento que no
viene de la base. Vean lo que sucede: cuando los estudiantes de una ciudad
universitaria retornan a sus hogares durante unas fiestas en el verano, el movimiento
obrero se paraliza. ¿Puede ser una verdadera fuerza un movimiento obrero así,
estimulado desde fuera? En modo alguno… todavía no ha aprendido a andar solo y
lo llevan con andaderas. Y así en todo: los estudiantes e van y el movimiento
cesa; se encarcela a los elementos más capaces, a la crema, y la leche se
agria; se detiene al "comité" y, hasta que se forma otro nuevo,
vuelve la calma. Además, no se sabe qué otro se formará, quizá no se parezca en
nada al antiguo; aquél decía una cosa, éste dirá lo contrario. El nexo entre el
ayer y el mañana está roto, la experiencia del pasado no alecciona al porvenir.
Y todo porque el movimiento no tiene raíces profundas en la multitud; porque no
son un centenar de bobos, sino una docena de inteligentes quienes actúan.
Siempre es fácil que una docena de hombres caiga en la boca del lobo; pero
cuando la organización engloba a la multitud, cuando todo viene de la multitud,
ningún esfuerzo, sea de quien sea, podrá destruir la obra" (pág. 63).
La descripción es justa.
Ofrece un buen cuadro de nuestro primitivismo. Pero las conclusiones son dignas
de Rabóchaya Mysl por su falta de
lógica y de tacto político. Son el colmo de la insensatez, pues el autor
confunde la cuestión filosófica e histórica social de las "raíces
profundas" del movimiento con una cuestión técnica y de organización: cómo
luchar mejor contra los gendarmes. Son el colmo de la falta de tacto político,
porque, en lugar de apelar a los buenos dirigentes contra los malos, el autor
apela a la "multitud" contra los dirigentes en general. Son un
intento de hacernos retroceder en el terreno de la organización, de la misma
manera que la idea de sustituir la agitación política con el terrorismo
excitante nos hace retroceder en el sentido político. A decir verdad, me veo en
un auténtico embarras de
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
richesses*,
sin saber por dónde empezar el análisis del galimatías con que nos obsequia Svoboda.
* Aprieto de abundancia. (N.
de la Edit.)
Para mayor claridad, comenzaré por un ejemplo: el de los
alemanes. Nos negarán ustedes, me imagino, que su organización engloba a la
multitud, que entre ellos todo viene de la multitud y que el movimiento obrero
ha aprendido a andar solo. Sin embargo, ¡¡cómo aprecia esta multitud de varios
millones de hombres a su "docena" de jefes políticos probados, con
qué firmeza los sigue!! Más de una vez, los diputados de los partidos adversos
han tratado de irritar en el Parlamento a los socialistas, diciéndoles:
"¡Vaya unos demócratas! El movimiento de la clase obrera no existe entre
ustedes más que de palabra; en realidad, es siempre el mismo grupo de jefes el
que interviene. Año tras año, decenio tras decenio, siempre el mismo Bebel,
siempre el mismo Liebknecht. ¡Vuestros delegados, supuestamente elegidos por
los obreros, son más inamovibles que los funcionarios nombrados por el
emperador!" Pero los alemanes han acogido con un sonrisa de desprecio
estas tentativas demagógicas de oponer la "multitud" a los
"jefes", de atizar en ella malos instintos de vanidad, de privar al
movimiento de solidez y estabilidad, minando la confianza de las masas en la
"docena de inteligentes". Los alemanes han alcanzado ya suficiente
desarrollo del pensamiento político, tienen suficiente experiencia política
para comprender que, sin "una docena" de jefes de talento (los
talentos no surgen por centenares), de jefes probados, preparados
profesionalmente, instruidos por un alarga práctica y bien compenetrados,
ninguna clase d ela sociedad contemporánea puede luchar con firmeza. También
los alemanes han tenido a sus demagogos, que adulaban a los "centenares de
bobos", colocándolos por encima de las "docenas de
inteligentes"; que glorificaban el "puño musculoso" de la masa,
incitaban (como Most o Hasselmann) a esta masa a acometer acciones
"revolucionarias" irreflexivas y sembraban la desconfianza respecto a
los jefes probados y firmes. Y el socialismo alemán ha crecido y se ha
fortalecido gracias únicamente a una lucha tenaz e intransigentes contra toda
clase de elementos demagógicos en su seno. Pero en su período en que toda la
crisis de la socialdemocracia rusa se explica por el hecho de que las masas que
despiertan de un modo espontáneo carecen de jefes suficientemente preparados,
desarrollados y expertos, nuestros sabihondos nos dicen con la perspicacia de
Ivánushka**: "¡Mala cosa es un movimiento que no viene de la base!"
** Ivánushka: personaje de los cuentos populares rusos. (N. de la Edit.)
"Un comité compuesto de
estudiantes no nos conviene porque es inestables". ¡Completamente justo!
Pero la conclusión que se deduce de ahí es que hace falta un comité de revolucionarios profesionales, sin que
importe si son estudiantes u obreros las personas capaces de forjarse como
tales revolucionarios profesionales. ¡Ustedes, en cambio, sacan la conclusión
de que no se debe estimular desde fuera el movimiento obrero! En su ingenuidad
política, no se dan cuenta siquiera de que hacen el juego a nuestros "economistas"
y a nuestros métodos primitivos. Permítanme una pregunta: ¿Cómo han
"estimulado" nuestros estudiantes a nuestros obreros? Unicamente transmitiéndoles los retazos
de conocimientos políticos que ellos tenían, las migajas de ideas socialistas
que habían podido adquirir (pues el principal alimento espiritual del
estudiante de nuestros días, el marxismo legal, no podía darle más que le abecé,
no puede darle más que migajas). Ahora bien, tal "estímulo desde
fuera" no ha sido demasiado grande, sino, al contrario, demasiado pequeño,
escandalosamente pequeño en nuestro movimiento, pues no hemos hecho más que
cocernos con excesivo celo en nuestra propia salsa, prosternarnos con excesivo
servilismo ante la elemental "lucha económica de los obreros contra los
patronos y el gobierno". Nosotros, los revolucionarios de profesión,
debemos dedicarnos, y nos dedicaremos, a ese "estímulo" cien veces
más. Pero precisamente porque eligen esta abyecta expresión de "estímulo
desde fuera", inspira de modo inevitable al obrero (por lo menos al obrero
tan poco desarrollado como ustedes) la desconfianza hacia todos los que les
proporcionan desde fuera conocimientos políticos y experiencia revolucionaria,
y que despierta el deseo
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
instintivo de rechazarlos a todos, proceden ustedes como demagogos, y los demagogos son los
peores enemigos de la clase obrera.
51
¡Sí, sí! Y no se apresuren a
poner el grito en el cielo a propósito de mis "métodos" polémicos
"exentos de camaradería"! Ni siquiera se me ocurre poner en tela de
juicio la pureza de sus intenciones; he dicho ya que la ingenuidad política
también basta para hacer de una persona un demagogo. Pero he demostrado que han
caído en la demagogia, y jamás me cansaré de repetir que los demagogos son los
peores enemigos de la clase obrera. Son los perores, porque excitan los malos
instintos de la multitud y porque a los obreros atrasados les es imposible
reconocer a estos enemigos, los cuales se presentan, y a veces sinceramente,
como amigos. Son los peores, porque en este período de dispersión y
vacilaciones, en el que la fisonomía de nuestro movimiento está aún formándose,
nada hay más fácil que arrastrar demagógicamente a la multitud, a la cual
podrán convencer después de su error sólo las más amargas pruebas. De ahí que
la consigna del momento de los socialdemócratas rusos deba ser combatir con
decisión tanto a Svoboda como a Rabócheie Dielo, que caen en la
demagogia. (Más adelante hablaremos detenidamente de este punto*.)
* Aquí nos limitaremos a advertir que
cuanto hemos dicho respecto al "estímulo desde fuera" y a los demás
razonamientos de Svoboda sobre
organización es aplicable por entero a todos los "economistas",
comprendidos los adeptos de Rabócheie
Dielo, pues, en parte, han preconizado y sostenido activamente estos puntos
de vista sobre los problemas de organización o, en parte, han caído en ellos.
"Es más fácil cazar a una docena de inteligentes que a un
centenar de bobos". Este magnífico axioma (que les valdrá siempre los
aplausos del centenar de bobos) parece evidente sólo porque, en el curso de su
razonamiento, han saltado de una cuestión a otra. Comenzaron por hablar, y
siguen hablando, de la captura del "comité", de la captura de la
"organización", y ahora saltan a otra cuestión, a la captura de las
"raíces profundas" del movimiento. Está claro que nuestro movimiento
es indestructible sólo porque tiene centenares y centenares de miles de raíces
profundas, pero no se trata de eso, ni mucho menos. En lo que se refiere a las
"raíces profundas", tampoco ahora se nos puede "cazar", a
pesar de todo el primitivismo de nuestro trabajo; y, sin embargo, todos
deploramos, y no podemos menos de deplorar, la caza de "organizaciones", que rompe toda
continuidad del movimiento. Y puesto que plantean la cuestión de la caza de organizaciones e insisten en trata de
ella, les diré que es mucho más difícil cazar a una docena de inteligentes que
a un centenar de bobos; y seguiré sosteniéndolo sin hacer ningún caso de sus
esfuerzos para azuzar a la multitud contra mi "espíritu
antidemocrático", etc. Como he señalado más de una vez, debe entenderse
por "inteligentes" en materia de organización sólo a los revolucionarios profesionales, sin que
importe sin son estudiantes u obreros quienes se forjen como tales
revolucionarios profesionales. Pues bien, yo afirmo: 1) que no puede haber un
movimiento revolucionario sólido sin una organización de dirigentes estable que
guarde la continuidad; 2) que cuanto más vasta sea la masa que se incorpore
espontáneamente a la lucha – y que constituye la base del movimiento y
participa en él —, tanto más imperiosa será la necesidad de semejante
organización y tanto más sólida deberá ser ésta (pues con tanta mayor facilidad
podrán los demagogos de toda laya arrastrar a los sectores atrasados de la
masa); 3) que dicha organización debe estar formada, en los fundamental, por
hombres que hagan de las actividades revolucionarias su profesión; 4) que en un
país autocrático, cuanto más restrinjamos
el contingente de miembros de dicha organización, incluyendo en ella sólo a los que hacen de las actividades
revolucionarias su profesión y que tengan una preparación profesional en el
arte de luchar contra la policía política, tanto más difícil será
"cazar" a esta organización, y 5) tanto mayor será le número de personas de la clase obrera y de las obras
clases de la sociedad que podrán participar en el movimiento y colaborar en él
de un modo activo.
52
Invito a nuestros
"economistas", terroristas, y "economistas-terroristas"* a
que refuten estas tesis, las dos últimas de las cuales voy a desarrollar ahora.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
*
Este
término sería, quizá, más justo que el precedente en lo que se refiere a Svoboda, pues en Renacimiento del revolucionarismo se defiende del terrorismo; y en
el artículo en cuestión, el "economismo". "No las quiero, no
están maduras", puede, en
general, decirse de Svoboda. Tiene
buenas aptitudes y las mejores intenciones, pero el único resultado es la
confusión; confusión, principalmente, porque, al defender la continuidad de la
organización, Svoboda no quiere saber
nada de continuidad del pensamiento revolucionario y de la teoría
socialdemócrata. Esforzarse por resucitar al revolucionario profesional (Renacimiento del revolucionarismo) y
proponer para eso, primero, el terrorismo excitante y, segundo, la
"organización de los obreros medios" (Svoboda, núm. 1, pág. 66 y siguientes), menos
"estimulados" desde fuera", equivale, en verdad, a derribar la
casa propia para tener leña con que calentarla.
Lo de si es más fácil cazar
a "una docena de inteligentes" que a "un centenar de bobos"
se reduce al problema que he analizado antes: si es compatible una organización de masas con la
necesidad de observar la clandestinidad más rigurosa. Jamás podremos dar a una
organización amplia el carácter clandestino indispensable para una lucha firme
y tenaz contra el gobierno. La concentración de todas la funciones clandestinas
en manos del menor número posible de revolucionarios profesionales no
significa, ni mucho menos, que estos últimos "pensarán por todos",
que la multitud no tomará parte activa en el
movimiento. Al contrario: la multitud promoverá de su seno a un número cada
vez mayor de revolucionarios profesionales, pues sabrá entonces que no basta
con que unos estudiantes y algunos obreros que luchan en el terreno económico
se reúnan para constituir un "comité", sino que es necesario formarse
durante años como revolucionarios profesionales, y "pensará" no sólo
en los métodos primitivos de trabajo, sino precisamente en esta formación. La
centralización de las funciones clandestinas de la organización no implica en modo alguno la centralización de
todas las funciones del movimiento.
La colaboración activa de las más amplias masas en las publicaciones
clandestinas, lejos de disminuir, se decuplicará
cuando una "docena" de revolucionarios profesionales centralicen las
funciones clandestinas de esta labor. Así, y sólo así, conseguiremos que la
lectura de las publicaciones clandestinas, la colaboración en ellas y, en parte,
hasta su difusión dejen casi de ser una
obra clandestina, pues la policía comprenderá pronto cuán absurdas e
imposibles son las persecuciones judiciales y administrativas con motivo de
cada uno de los miles de ejemplares de publicaciones distribuidas. Lo mismo
cabe decir no sólo de la prensa, sino de todas las funciones del movimiento,
incluso de las manifestaciones. La participación más activa y más amplia de las
masas en una manifestación, lejos de salir perjudicada, tendrá, por el
contrario, muchas más probabilidades de éxito si una "docena" de
revolucionarios probados, no menso adiestrados profesionalmente que nuestra
policía, centraliza todos los aspectos de la labor clandestina: edición de
octavillas, confección de un plan aproximado, nombramiento de un grupo de
dirigentes para cada distrito de la ciudad, para cada barriada fabril, cada
establecimiento de enseñanza, etc. (se dirá, ya lo sé, que mis concepciones
"no son democráticas", pero más adelante refutaré de manera detallada
esta objeción nada inteligente). La centralización de las funciones más
clandestinas por la organización de revolucionarios no debilitará, sino que
reforzará la amplitud y el contenido de la actividad de un gran número de otras
organizaciones destinadas a las vastas masas y, por ello, lo menos
reglamentadas y lo menos clandestinas posible: sindicatos obreros, círculos
obreros culturales y de lectura de publicaciones clandestinas, círculos
socialistas, y democráticos también, para todos
los demás sectores de la población, etc., etc. Tales círculos, y organizaciones
son necesarios en todas partes, en el
mayor número y con las funciones más diversas; pero es absurdo y
perjudicial confundir estas
organizaciones con la de los revolucionarios,
borrar las fronteras entre ellas, apagar en la masa la conciencia, ya de por sí
increíblemente oscurecida, de que para "servir" al movimiento de
masas hacen falta hombres dedicados de manera especial y por entero a la acción
socialdemócrata, y que estos hombres deben forjarse
con paciencia y tenacidad como revolucionarios profesionales.
Sí, esta conciencia se halla
oscurecida hasta lo increíble. Con
nuestro primitivismo en el trabajo hemos puesto en entredicho el prestigio de
los revolucionarios en Rusia: en esto
radica nuestro pecado capital en materia de organización. Un revolucionario
blandengue, vacilante en los problemas teóricos y de estrechos horizontes, que
justifica su inercia con la
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
espontaneidad del movimiento
de masas y se asemeja más a un secretario de tradeunión que a un tribuno
popular, carente de un plan amplio y audaz que imponga respeto incluso a sus
adversarios, inexperto e inhábil en su arte profesional (la lucha contra la
policía política), ¡no es, con perdón sea dicho, un revolucionario, sino un
mísero artesano!
Que ningún militante
dedicado a la labor práctica se ofenda por este duro epíteto, pues en lo que
concierne a la falta de preparación, me lo aplico a mí mismo en primer término.
He actuado en un círculo 81 que se asignaba tareas vastas y
omnímodas, y todos nosotros, sus componentes, sufríamos lo indecible al
comprender que no éramos más que unos artesanos en un momento histórico en que,
modificando ligeramente la antigua máxima, podría decirse: ¡Dadnos una
organización de revolucionarios y removeremos a Rusia de sus cimientos! Y
cuanto más a menudo he tenido que recordar la bochornosa sensación de vergüenza
que me daba entonces, tanto mayor ha sido mi amargura contra los
seudosocialdemócratas que "deshonran el nombre de revolucionario" con
su propaganda y no comprenden que nuestra misión no consiste en propugnar que
se rebaje al revolucionario al nivel del militante primitivo, sino en elevar a
este último al nivel del revolucionario.
53
d. Amplitud de la labor de organización
Como hemos visto, B-v habla
de "la escasez de fuerzas revolucionarias aptas para la acción, que se
deja sentir no sólo en San Petersburgo, sino en toda Rusia". Y es poco
probable que alguien ponga en duda este hecho. Pero el quid está en cómo explicarlo.
B-v escribe:
"No nos proponemos
esclarecer las causas históricas de este fenómeno; sólo diremos que la
sociedad, desmoralizada por una larga reacción política y disgregada por los
cambios económicos que se han producido y se producen, promueve un número extremadamente reducido de personas
aptas para la labor revolucionaria; que la clase obrera, al promover a revolucionarios obreros, completa en parte
las filas de las organizaciones clandestinas; pero el número de estos
revolucionarios no corresponde a las demandas de la época. Tanto más que la
situación del ocupado en la fábrica once horas y media al día, sólo le permite
desempeñar principalmente funciones de agitador; en cambio, la propaganda y la
organización, la reproducción y distribución de publicaciones clandestinas, la
edición de proclamas, etc., recaen ante todo, quiérase o no, sobre un número
reducidísimo de intelectuales" (R.
Dielo, núm. 6, pág. 38-39).
Discrepamos en muchos puntos
de esta opinión de B-v. no estamos de acuerdo, en particular, con las palabras
subrayadas por nosotros, las cuales muestran con singular relieve que, después
de haber sufrido mucho (como todo militante práctico que piense algo) a causa
de nuestros métodos primitivos, B-v no puede, agobiado por el
"economismo", encontrar una salida de esta situación insoportable.
No, la sociedad promueve un número extremadamente grande de personas aptas para la "causa", pero no sabemos
utilizarlas a todas. En este sentido,
el estado crítico, el estado de transición
de nuestro movimiento puede formularse del modo siguiente: nos falta gente, y gente hay muchísima. Hay infinidad de hombres
porque tanto la clase obrera como sectores cada vez más diversos de la sociedad
proporcionan año tras año, y en cantidad creciente, descontentos que desean
protestar y que están dispuestos a contribuir cuanto puedan a la lucha contra
el absolutismo, cuyo carácter insoportable no comprende aún todo el mundo,
aunque masas cada día más vastas lo perciben más y más. Pero, al mismo tiempo,
no hay hombres, porque no hay dirigentes, no hay jefes políticos, no hay
talentos organizadores capaces de realizar una labor amplia y,
![]()
81 Lenin alude al círculo de
socialdemócratas petersburgueses ("los viejos") encabezado por él.
Sobre la base de este círculo se fundó en 1895 la Unión de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera. –139.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
a la vez, indivisible y
armónica, que permita emplear todas las fuerzas, hasta las más insignificantes.
"El crecimiento y el desarrollo de las organizaciones
revolucionarias" se rezagan no sólo del crecimiento del movimiento obrero,
cosa que reconoce incluso B-v, sino también del crecimiento del movimiento
democrático general en todos los sectores del pueblo. (Por lo demás, es
probable que B-v consideraría hoy esto un complemento a su conclusión). El
alcance de la labor revolucionaria es demasiado reducido en comparación con la
amplia base espontánea del movimiento, está demasiado ahogado por la mezquina
teoría de "la lucha económica contra los patronos y el gobierno".
Pero hoy deben "ir a todas las clases de la población" no sólo los agitadores
políticos, sino también los organizadores socialdemócratas*.
* Entre los militantes, por ejemplo, se observa en los últimos
tiempos una reanimación indudable del espíritu democrático, en parte a causa de
los combates de calle, cada vez más frecuentes, contra "enemigos"
como los obreros y los estudiantes. Y en cuanto nos lo permitan nuestras
fuerzas, deberemos dedicar sin falta la mayor atención a la labor de agitación
y propaganda entre los soldados y oficiales, a la creación de
"organizaciones militares" afiliadas a nuestro partido.
No creo que un solo militante dedicado a la actividad práctica
dude que los socialdemócratas puedan repartir mil funciones fragmentarias de su
trabajo de organización entre personas de las clases más diversas. La falta de
especialización es uno de los mayores defectos de nuestra técnica que B-v
deplora con tanta amargura y tanta razón. Cuanto más menudas sean las distintas
"operaciones" de la labor general, tantas más personas capaces de
llevarlas a cabo podrán encontrarse (y, en la mayoría de los casos, totalmente
incapaces de ser revolucionarios profesionales) y tanto más difícil será que la
policía "cace" a todos esos "militantes que desempeñan funciones
fragmentarias", tanto más difícil será que pueda montar con el delito
insignificante de un individuo un "asunto" que compense los gastos
del Estado en el mantenimiento de la policía política. Y en lo que respecta al
número de personas dispuestas a prestarnos su concurso, hemos señalado ya en el
capítulo precedente el cambio gigantesco que se ha operado en este aspecto
durante los cinco años últimos. Pero, por otra parte, para agrupar en un todo
único esas pequeñas fracciones, para no fragmentar junto con las funciones del
movimiento el propio movimiento y para infundir al ejecutor de las funciones
menudas la fe en la necesidad y la importancia de su trabajo, sin la cual nunca
trabajará**, para todo esto hace falta precisamente una fuerte organización de
revolucionarios probados.
**
Recuerdo que un camarada me refirió un día que
un inspector fabril, que había ayudado a la socialdemocracia y estaba dispuesto
a seguir ayundándola, se quejaba amargamente, diciendo que no sabía si su
"información" llegaba a un verdadero centro revolucionario, hasta qué
punto era necesaria su ayuda ni hasta qué punto era posible utilizar sus
pequeños y menudos servicios. Todo militante dedicado a la labor práctica
podría citar, sin duda, más de un caso semejante, en que nuestros métodos
primitivos de trabajo nos han privado de aliados. ¡Pero los empleados y los
funcionarios podrían prestarnos y nos prestarían "pequeños"
servicios, que en conjunto serían de un valor inapreciable, no sólo en las
fábricas, sino en correos, en ferrocarriles, en ad uanas, entre la nobleza, en
la iglesia y en todos los demás sitios, incluso en la policía y hasta en la
corte! Si tuviéramos ya un verdadero partido, una organización verdaderamente
combativa de revolucionarios, no arriesgaríamos a todos esos "auxiliares",
no nos apresuraríamos a introducirlos siempre y sin falta en el corazón mismo
de las "actividades clandestinas"; al contrario, los cuidaríamos de
un modo singular en incluso prepararíamos especialmente a personas para esas
funciones, recordando que muchos estudiantes podrían sernos más útiles como
funcionarios "auxiliares" que como revolucionarios "a breve
plazo". Pero, vuelvo a repetirlo, sólo puede aplicar esta táctica una
organización completamente firme ya que no tenga escasez de fuerzas activas.
Con una organización así, la fe en la fuerza del partido se hará
tanto más firme y tanto más extensa cuanto más clandestina sea esta
organización; y en la guerra, como es sabido, lo más importante es no sólo
infundir confianza en sus fuerzas al ejército propio, sino hacer que crean en
ello el enemigo y todos lo elementos neutrales;
una neutralidad amistosa puede, a veces, decidir la contienda. Con semejante
organización, erigida sobre una firme base teórica, y disponiendo de un órgano
de prensa socialdemócrata, no habrá que temer que el movimiento sea desviado de
su camino por los numerosos elementos "extraños" que se hayan
adherido a él (al contrario, precisamente ahora, cuando predominan los métodos
primitivos, vemos que muchos socialdemócratas lo llevan a la trayectoria del Credo, imaginándose que sólo ellos son
socialdemócratas). En un palabra, la especialización presupone necesariamente
la centralización y, a su vez, la exige en forma absoluta.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
Pero el mismo B-v, que ha
mostrado tan bien toda la necesidad de la especialización, no la aprecia
bastante, a nuestro parecer, en la segunda parte del razonamiento citado. Dice
que el número de revolucionarios procedentes de los medios obreros es insuficiente.
Esta observación es del todo justa, y volvemos a subrayar que la "valiosa
noticia de un observador directo" confirma por entero nuestra opinión
sobre las causas de la crisis actual de la socialdemocracia y, por tanto, sobre
los medios de remediarla. No sólo los revolucionarios en general se rezagan del
ascenso espontáneo de las masas obreras. Y este hecho confirma del modo más evidente, incluso desde el punto de
vista "práctico", que la "pedagogía" con que nos obsequia
tan a menudo, al discutirse el problema de nuestros deberes para con los
obreros, es absurda y reaccionaria en el
aspecto político.
Este hecho testimonia que nuestra obligación primordial y más
imperiosa consiste en ayudar a formar obreros revolucionarios que, desde el
punto de vista de su actividad en el partido, estén al mismo nivel que los
intelectuales revolucionarios (subrayamos: desde
el punto de vista de su actividad en el partido, pues en otros sentidos,
aunque sea necesario, está lejos de
ser tan fácil y tan urgente que los obreros lleguen al mismo nivel). Por eso
debemos orientar nuestra atención principal
a elevar a los obreros al nivel de los revolucionarios y no a descender indefectiblemente nosotros
mismos al nivel de la "masa obrera", como quieren los
"economistas", e indefectiblemente al nivel del "obrero
medio", como quiere Svoboda
(que, en este sentido, se eleva al segundo grado de la "pedagogía"
economista). Nada más lejos de mí que el propósito de negar la necesidad de
publicaciones de divulgación para los obreros y de otras publicaciones de más
divulgación aún (pero, claro está, no vulgares) para los obreros muy atrasados.
Pero lo que me indigna es ese constante meter sin venir a cuento la pedagogía
en los problemas políticos, en las cuestiones de organización. Pues ustedes,
señores, que se desvelan pro el "obrero medio", en el fondo más bien
ofenden a los obreros con el deseo de hacerles sin falta una reverencia antes de hablar de política obrera o de organización
obrera. ¡Yérganse para hablar de cosas serias y dejen la pedagogía a quienes
ejercen el magisterio, pues no es ocupación de políticos ni de organizadores!
¿Es que entre los intelectuales no hay también hombres avanzados, elementos
"medios" y "masas"? ¿Es que no reconoce todo el mundo que
los intelectuales también necesitan publicaciones de divulgación? ¿No se
escribe esa literatura? Pero imagínense que, en un artículo sobre la
organización de los estudiantes universitarios o de bachillerato, el autor se
pusiera a repetir con machaconería, como quien hace un descubrimiento, que se
precisa, ante todo, una organización de "estudiantes medios". Por
seguro que semejante autor sería puesto en ridículo, y le estaría muy bien
empleado. Le dirían: usted denos unas cuantas ideíllas de organización, si las
tiene, y ya veremos nosotros mismos quién es "medio", superior o
inferior. Y si las que tiene sobre organización no son propias, todas sus
disquisiciones sobre las
"masas" y los "elementos medios" hastiarán simplemente.
Comprendan de una vez que los problemas de "política" y
"organización" son ya de por sí tan serios que no se puede hablar de
ellos sino con toda seriedad: se puede y se debe preparar a los obreros (lo mismo que a los estudiantes
universitarios y de bachillerato) para
poder abordar ante ellos esos problemas; pero una vez los han abordado, den
verdaderas respuestas, no se vuelvan atrás, hacia los "elementos
medios" o hacia las "masas", no salgan del paso con retruécanos
o frases.*
* Svoboda, núm. 1, artículo La organización, pág. 66: "La masa
obrera apoyará con todo su peso todas las reivindicaciones que sean formuladas
en nombre del Trabajo de Rusia" (¡Trabajo con mayúsculas sin falta!) Y el
mismo autor exclama: "Yo no les tengo ninguna rabia a los intelectuales,
pero…" (éste es el pero que
Schedrían traducía con las palabras: ¡de puntillas no se es más alto!)…
"pero me pongo terriblemente furioso cuando viene una persona a contarme
una retahíla de cosas muy bonitas y buenas y me hace que las crea por su (¿de
él?) lindeza y demás méritos" (pág. 62). También yo "me pongo
terriblemente furioso"…
55
Si el obrero revolucionario
quiere prepararse por entero para su trabajo, debe convertirse también en un
revolucionario profesional. Por esto no tiene razón B -v cuando dice que, pro
estar el obrero ocupado en la fábrica once horas y media, las demás funciones
revolucionarias (salvo la agitación) "recaen ante todo, quiérase o no, sobre un número
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
reducidísimo de
intelectuales". No sucede esto "quiérase o no", sino debido a
nuestro atraso, porque no comprendemos que tenemos el deber de ayudar a todo
obrero que se distinga por su capacidad para convertirse en un agitador,
organizador, propagandista, distribuidor, etc., etc., profesional. En este
sentido dilapidamos vergonzosamente nuestras fuerzas, no sabemos cuidar lo que
tiene que ser cultivado y desarrollado con particular solicitud. Fíjense en los
alemanes: tienen cien veces más fuerzas que nosotros, pero comprenden
perfectamente que los agitadores, etc., capaces de verdad, no descuellan con
excesiva frecuencia de entre los obreros "medios". Por eso procuran
colocar enseguida a todo obrero capaz en condiciones que le permitan desarrollar
plenamente y aplicar plenamente sus aptitudes: hacen de él un agitador
profesional, lo animan a ensanchar su campo de acción, a extender ésta de una
fábrica a todo un oficio, de una localidad a todo el país. De este modo, el
obrero adquiere experiencia y habilidad profesional, amplía su horizonte y su
saber, observa de cerca de los jefes políticos destacados de otros lugares y de
otros partidos, procura ponerse a la misma altura que ellos y unir en su
persona el conocimiento del medio obrero y la lozanía de las convicciones
socialistas a la maestría profesional sin la que no puede le proletariado desplegar su tenaz lucha contra sus
enemigos perfectamente instruidos. Así, sólo así, surgen de la masa obrera los
Bebel y los Auer. Pero lo que en un país libre en el aspecto político se hace
en gran parte por sí solo, en Rusia deben hacerlo sistemáticamente nuestras
organizaciones. Un agitador obrero que tenga algún talento y
"prometa" no debe trabajar
once horas en la fábrica. Debemos arreglarlo de manera que viva de los fondos
del partido, que pueda pasar a la clandestinidad en el momento preciso, que
cambie de lugar de acción, pues de otro modo no adquirirá gran experiencia, no
ampliará su horizonte, no podrá sostenerse siquiera varios años en la lucha
contra los gendarmes. Cuanto más amplio y profundo es el movimiento espontáneo
de las masas obreras, tantos más agitadores de talento descuellan, y no sólo
agitadores, sino organizadores, propagandistas y militantes
"prácticos" de talento, "prácticos" en el buen sentido de
la palabra (que son tan escasos entre nuestros intelectuales, en su mayor parte
un tanto desidiosos y tardos a la rusa). Cuando tengamos destacamentos de
obreros revolucionarios (y bien entendido que "todas las armas" de la
acción revolucionaria) especialmente preparados y con un largo aprendizaje,
ninguna policía política del mundo podrá con ellos, porque esos destacamentos
de hombres consagrados en cuerpo y alma a la revolución gozarán igualmente de
la confianza ilimitada de las más amplias masas obreras. Y somos los culpables directos de no
"empujar" bastante a los obreros a este camino, que es el mismo para
ellos y para los "intelectuales", al camino del aprendizaje
revolucionario profesional, tirando demasiado a menudo de ellos hacia atrás con
nuestros discursos necios sobre lo que es "accesible" para la masa
obrera, para los "obreros medios", etc.
En este sentido, igual que
en los otros, el reducido alcance del trabajo de organización está en relación
indudable e íntima (aunque no se dé cuenta de ello la inmensa mayoría de los
"economistas" y de los militantes prácticos noveles) con la reducción
del alcance de nuestra teoría y de nuestras tareas políticas. El culto a la
espontaneidad origina una especie de temor de apartarnos un poquitín de lo que
sea "accesible" a las masas, un temor de subir demasiado pro encima
de la simple satisfacción de sus necesidades directas e inmediatas. ¡No tengan
miedo, señores! ¡Recuerden ustedes que en materia de organización estamos a un
nivel tan bajo que es absurda hasta l apropia idea de que podamos subir demasiado
alto!
e. La organización "de conspiradores" y la
"democracia"
Entre nosotros hay mucha
gente tan sensible a "la voz de la vida" que nada temen tanto como
eso precisamente, acusando de ser adeptos del grupo Libertad del Pueblo, de no
comprender la "democracia", etc., a los que comparten las opiniones
expuestas más arriba.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
Nos vemos precisados a
detenernos en estas acusaciones, que apoya también, como es natural, Rabócheie Dielo.
Quien escribe estas líneas
sabe muy bien que los "economistas" petersburgueses acusaban ya a Rabóchaya Gazeta de seguir a Libertad del Pueblo (cosa comprensible
si se la compara con Rabóchaya Mysl).
Pro eso, cuando, después de aparecer Iskra,
un camarada nos refirió que los socialdemócratas de la ciudad X califican a Iskra de órgano de Libertad del Pueblo,
no nos sentimos nada sorprendidos. Naturalmente, esa acusación era para todos
nosotros un elogio, pues ¿a qué socialdemócrata decente no habrán acusado de lo
mismo los "economistas"?
56
Estas acusaciones son
debidas a malentendidos de dos géneros. En primer lugar, en nuestro país se
conoce tan poco la historia del movimiento revolucionario que toda idea de
formar una organización combativa centralizada que declare una guerra sin
cuartel al zarismo es calificada de adicta a Libertad del Pueblo. Pero lo
magnífica organización que tenían los revolucionarios de la década del 70 y que
debiera servirnos a todos de modelo no la crearon, ni mucho menos, los adeptos
de Libertad del Pueblo, sino los
partidarios de Tierra y Libertad
82 que luego se dividió en Reparto Negro y
Libertad del Pueblo. Por eso es absurdo, tanto desde el punto de vista
histórico como desde el lógico, ver en una organización revolucionaria de
combate algo específico de Libertad del Pueblo, porque ninguna tendencia revolucionaria que piense realmente en
una lucha seria puede prescindir de semejante organización. El error de los
adeptos de Libertad del Pueblo no consistió en procurar que se incorporaran a
su organización todos los
descontentos ni orientar esa organización hacia una lucha resuelta contra la
autocracia. En eso, pro el contrario, estriba su gran mérito ante la historia.
Y su error consintió en haberse apoyado en una teoría que no tenía en realidad
nada de revolucionaria y en no haber sabido, o en no haber podido, establecer
un nexo firme entre su movimiento y la lucha de clases en la sociedad
capitalista en desarrollo. Y sólo la más burda incomprensión del marxismo (o su
"comprensión" en sentido "struvista") ha podido dar lugar a
la opinión de que la aparición de un movimiento obrero espontáneo de masas nos exime de la obligación de fundar una
organización de revolucionarios tan buena como la de los partidarios de Tierra
y Libertad o de crear otra incomparablemente mejor. Por el contrario, ese
movimiento nos impone precisamente
dicha obligación, ya que la lucha espontánea del proletariado no se convertirá en su verdadera "lucha
de clase" mientras no esté dirigida por una fuerte organización de
revolucionarios.
En segundo lugar, muchos –y
entre ello, por lo visto, B. Krichevski (R. D., núm. 10, pág. 18) – no
comprenden bien la polémica que siempre han sostenido los socialdemócratas
contra la concepción de la lucha política como una lucha "de conspiradores".
Hemos protestado y protestaremos siempre, desde luego, contra la reducción de la lucha política alas
proporciones de una conjuración*, pero eso, claro está, en modo alguno
significaba que negásemos la necesidad de una fuerte organización
revolucionaria. Y, por ejemplo, en el folleto citado en la nota, junto a la
polémica contra quienes quieren reducir la lucha política
![]()
82 Tierra
y Libertad:
organización secreta de populistas revolucionarios, fundada en Petersburgo en
el otoño de 1876. Sus componentes consideraban a los campesinos como la fuerza
revolucionaria fundamental de Rusia y trataban de alzarlos a la insurrección
contra le zarismo. Efectuaron una labor revolucionaria en diversas provincias
de Rusia: Tambov, Vorónezh, etc.
El fracaso de la labor revolucionaria entre los campesinos y el
recrudecimiento de la represión gubernamental contribuyeron a que en 1879 se
formase en el seno de Tierra y Libertad un grupo de terroristas, que
renunciaron a la propaganda revolucionaria entre los campesinos y proclamaron
que le medio principal de lucha revolucionaria con el zarismo era el terrorismo
contra los gobernantes zaristas. En el Congreso celebrado aquel mismo año en
Vorónezh, Tierra y Libertad se escindió en dos organizaciones: la Voluntad del
Pueblo, que emprendió el camino del terror, y El Reparto Negro, que mantuvo las
posiciones de Tierra y Libertad. Con posterioridad, una parte de los
componentes de El Reparto Negro –Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Deich e Ignátov—
abrazaron el marxismo y en 1883 fundaron en el extranjero la primera
organización marxista rusa el grupo Emancipación del Trabajo.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
a una conjuración se
encuentra el esquema de una organización (como ideal de los socialdemócratas)
lo bastante fuerte para poder recurrir tanto a la "insurrección" como
a cualquier "otra forma de ataque" con objeto de asestar el golpe
decisivo al absolutismo"**. Por su forma, una organización revolucionaria
de esa fuerza en un país autocrático puede llamarse también organización
"de conspiradores" porque la palabra francesa "conspiration" equivale a
"conjuración", y el carácter conspirativo es imprescindible en el
grado máximo para semejante organización. El carácter conspirativo es condición
tan imprescindible de tal organización que las demás condiciones (número,
selección, funciones, etc. de los miembros) tienen que concertarse con ella.
Sería, pro tanto, extrema candidez temer que nos acusen a los socialdemócratas
de querer crear una organización de conspiradores. Todo enemigo del
"economismo" debe enorgullecerse de esa acusación, así como de la
acusación de ser partidario de Libertad del Pueblo.
* Véase Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 21, la polémica
contra P. L. Lavrov. (Véase V. I. Lenin.
Obras Completas, 5ª edic. en ruso, t. 2, pág. 451. – N. de la Edit. )
** Las tareas de los
socialdemócratas rusos, pág. 23. (Véase V. I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. 2, pág. 451.— N. de la Edit.). Por cierto, he aquí
otro ejemplo de cómo Rab. Dielo o no
comprende lo que dice, o cambia de opinión "según de donde sople el viento". En el número 1
de R. Dielo se dice en cursiva:
"El contenido del folleto que
acabamos de exponer coincide plenamente con el programa de la redacción de
"Rabóchie Dielo" (pág.
142). ¿Es cierto eso? ¿Coincide con Las tareas la idea de que no se puede plantear al movimiento de masas como primera tarea
derrocar la autocracia? ¿Coincide con ellas la teoría de la "lucha
económica contra los patronos y el gobierno"? ¿Coincide la teoría de las
fases? Que el lector juzgue de la firmeza de principios de un órgano que
comprende la "coincidencia” de manera tan original.
Se nos objetará que una organización tan poderosa y tan
rigurosamente secreta, que concentra en sus manos todos los hilos de la
actividad conspirativa, organización necesariamente centralista, puede lanzarse
con excesiva ligereza a un ataque prematuro, puede enconar irreflexivamente el
movimiento antes de que lo hagan posible y necesario la extensión del
descontento político, la fuerza de la efervescencia y de la exasperación de la
clase obrera, etc. Nosotros contestaremos que, hablando en términos abstractos,
no es posible negar, desde luego, que una organización de combate puede abocar en una batalla
impremeditada, la cual puede acabar
en una derrota que en modo alguno sería inevitable en otras condiciones. Pero,
en semejante problema, es imposible limitarse a consideraciones abstractas,
porque todo combate entraña la posibilidad abstracta de la derrota, y no hay
otro medio de disminuir esta
posibilidad que preparar organizadamente el combate. Y si planteamos el
problema en el terreno concreto de las condiciones actuales de Rusia, habremos
de llegar a esta conclusión positiva: una fuerte organización revolucionaria es
sin duda necesaria para dar precisamente estabilidad al movimiento y preservarlo de la posibilidad de los
ataques irreflexivos. Justamente ahora, cuando carecemos de semejante
organización y cuando el movimiento revolucionario crece espontánea y
rápidamente, se observan ya dos
extremos opuestos (que, como es lógico, "se tocan"): o un
"economismo" sin el menor
fundamento, acompañado de prédicas de moderación, o un "terrorismo
excitante", con tan poco fundamento, que tiende "a producir
artificiosamente, en el movimiento que se desarrolla y se consolida, pero que
todavía está más cerca de su principio que de su fin, síntomas de su fin"
(V. Z. En Zariá, núm. 2-3, pág. 353).
Y el ejemplo de Rab. Dielo demuestra
que existen ya socialdemócratas que
capitulan ante ambos extremos. Y no es
de extrañar, porque, amén de otras razones, la "lucha económica contra los
patronos y el gobierno" jamás
satisfará a un revolucionario, y extremos opuestos siempre surgirán aquí o
allá. Sólo una organización combativa centralizada que aplique firmemente la
política socialdemócrata y satisfaga, pro decirlo así, todos los instintos y
aspiraciones revolucionarios puede preservar de un ataque irreflexivo al
movimiento y preparar un ataque con perspectivas de éxito.
57
Se nos objetará también que
el punto de vista expuesto sobre la organización contradice el "principio
democrático". La acusación anterior tiene un origen ruso tan específico
como específico carácter extranjero tiene esta otra. Sólo una
organización con sede en el extranjero (La
Unión de Socialdemócratas Rusos) ha podido dar a su redacción, entre otras
instrucciones, la siguiente:
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
"Principio de organización. Para favorecer el desarrollo y la
unificación de la socialdemocracia es preciso subrayar, desarrollar, luchar por
un amplio principio democrático de su organización de partido, cosa que han
hecho especialmente imprescindible las tendencias antidemocráticas aparecidas
en las filas de nuestro partido" (Dos
congresos, pág. 18)
En el capítulo siguiente
veremos cómo lucha precisamente Rab.
Dielo contra las "tendencias antidemocráticas" de Iskra. Veamos ahora más de cerca el
"principio" que proponen los "economistas". Es probable que
todo el mundo esté de acuerdo en que el "amplio principio
democrático" presupone las dos condiciones imprescindibles que siguen:
primero, publicidad completa, y, segundo, carácter electivo de todos los
cargos. Sin publicidad, más aún, sin una publicidad que no quede reducida a los
miembros de la organización sería ridículo hablar de espíritu democrático.
Llamaremos democrática a la organización del partido socialista alemán ya que
en él todo es público, incluso las sesiones de sus congresos; pero nadie
llamará democrática a una organización que se oculte de todos los que no sean
miembros suyos con el manto del secreto. Cabe preguntar: ¿qué sentido tiene
proponer un "amplio principio
democrático", cuando la condición fundamental de ese principio es irrealizable para una organización
secreta? El "amplio principio" resulta ser una mera frase que suena
mucho, pero que está vacía. Más aún. Esta frase demuestra una incomprensión
completa de las tareas urgentes del momento en materia de organización. Todo el
mundo sabe hasta qué punto está extendida entre nosotros la falta de
discreción, conspirativa que predomina en la "gran" masa de
revolucionarios. Ya hemos visto con cuánta amargura se queja de ello B -v,
exigiendo, lleno de razón, "una severa selección de los afiliados"
(R. D., núm. 6, pág. 42). ¡Y de pronto aparecen gentes que se ufanan de su
"sentido de la vida" y, en semejante situación, no subrayan la necesidad de la más severa
discreción conspirativa y de la más rigurosa (y, por consiguiente, más estrecha) selección de los afiliados, sino un
"amplio principio
democrático"! Esto se llama tomar el rábano por las hojas.
No queda mejor parado el segundo rasgo de la democracia: el
carácter electivo. En los países que gozan de libertad política, esta condición
se sobreentiendo por sí misma. "Se considera miembro del partido todo el
que acepta los principios de su programa y ayuda al partido en la medida de sus
fuerzas", dice el artículo primera de los estatutos orgánicos del Partido
Socialdemócrata Alemán. Y como toda la liza política está abierta para todos,
igual que la rampa del escenario para el público de un teatro, el que se acepte
o se rechace, se apoye o se impugne son cosas que todos saben pro los
periódicos y por las reuniones públicas. Todo el mundo sabe que determinado
dirigente político ha comenzado de tal manera, ha pasado por tal y tal
evolución, se ha portado de tal y tal modo en un momento difícil de su vida, se
distingue en general por tales y tales cualidades: pro tanto, es natural que a
este dirigente lo puedan elegir o no elegir, con conocimiento de causa, para
determinado cargo en el partido, todos
los miembros del mismo. El control general (en el sentido literal de la
palabra) de cada uno de los pasos del
afiliado al partido, a lo largo de su carrera política, crea un mecanismo de
acción automática que tiene pro resultado lo que en Biología se llama
"supervivencia de los mejor adaptados". La "selección
natural", producto de la completa publicidad del carácter electivo y del
control general, asegura que cada dirigente esté a fin de cuentas "en su
sitio", se encargue d e la labor que mejor concuerde con sus fuerzas y
aptitudes, sufra en su carne todas las consecuencias de sus errores y demuestre
a la vista de todos su capacidad para reconocer sus faltas y evitarlas.
58
¡Pero prueben ustedes a
encajar este cuadro en el marco de nuestra autocracia! ¿Es acaso concebible
entre nosotros que "todo el que acepte los principios del programa del
partido y ayude al partido en la medida de sus fuerzas" controle cada paso
del revolucionario clandestino? ¿Qué todos elijan a uno o a otro entre estos
últimos, cuando, el bien de su trabajo, el revolucionario está obligado a ocultar su verdadera personalidad a las nueve
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
décimas partes de esos
"todos"? Reflexionen, aunque sólo sea un momento, en el verdadero
sentido de las sonoras palabras de Rab.
Dielo y verán que la "amplia democracia" de una organización de
partido en las tinieblas de la autocracia, cuando son los gendarmes quienes
seleccionan, no es más que un juguete
inútil y perjudicial. Inútil porque, en la práctica, jamás ha podido
organización revolucionaria alguna aplicar una
amplia democracia, ni puede aplicarla, por mucho que lo desee. Perjudicial
porque los intentos de aplicar en la práctica un "amplio principio
democrático" sólo facilitan a la policía las grandes redadas y perpetúan
los métodos primitivos de trabajo dominantes, desviando el pensamiento de los
militantes dedicados a la labor práctica de la seria e imperiosa tarea de
forjarse como revolucionarios profesionales hacia la redacción de prolijos
reglamentos "burocráticos" sobre sistemas de votación. Sólo en el
extranjero, donde no pocas veces se juntan gentes que no pueden encontrar una
labor verdadera y real, ha podido desarrollarse en algún sitio, sobre todo en
diversos grupos pequeños, ese "juego a la democracia".
Para demostrar al lector
cuán indecoroso es el procedimiento predilecto de Rab. Dielo para preconizar un "principio" tan decoroso
como la democracia en la labor revolucionaria, apelaremos de nuevo a un
testigo. Se trata de E. Serebriakov, director de la revista londinense Nakanunie, que siente gran debilidad pro
Rab. Dielo y profundo odio a Plejánov
y los "plejanovistas"; en los artículos referentes a la escisión de
la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, Nakanunie se puso resueltamente al lado de Rab. Dielo y descargó un nubarrón de palabras detestables sobre
Plejánov. Tanto más valor tiene para nosotros el testigo en este punto. En el
artículo Con motivo del llamamiento del
"Grupo de Autoemancipación de los
Obreros", inserto en el número 7 de Nakanunie (julio de 1899), E.
Serebriakov decía que era "indecoroso" plantear cuestiones
"de obcecación, de primacía, de lo que se llama el areópago, en un
movimiento revolucionario serio", y decía, entre otras cosas, lo
siguiente:
"Myshkin, Rogachov,
Zheliábov, Mijáilov, Peróvskaya, Figner y otro nunca se consideraron dirigentes
y nadie los había elegido ni nombrado, aunque en realidad sí lo eran, porque
tanto en el período de propaganda como en la lucha contra el gobierno cargaron
con el mayor peso del trabajo, fueron a los sitios más peligrosos y su
actividad fue la más fructífera. Y la primacía no resultaba de que la desearan,
sino de que los camaradas que los rodeaban confiaban en su inteligencia, en su
energía y en su lealtad. Temer a un areógrafo (y si no se le teme no hay por
qué mencionarlo) que puede dirigir autoritariamente el movimiento es ya
demasiada candidez. ¿Quién lo obedecería?"
Preguntamos al lector: ¿en
qué se diferencia el "areópago" de las "tendencias
antidemocráticas"? ¿No es evidente que el "decoroso" principio
de organización de Rabócheie Dielo es
tan cándido como indecoroso? Cándido porque sencillamente nadie obedecerá a un "areópago" o a
gentes con "tendencias antidemocráticas", toda vez que "los
camaradas que los rodean no confiarán en su inteligencia, en su energía nni en
su lealtad". E indecoroso como demagógica salida de tono que especula con
la presunción de unos, con el desconocimiento que otros tienen del estado en
que realmente se encuentra nuestro movimiento y con la falta de preparación de
los terceros y su desconocimiento de la historia del movimiento revolucionario.
El único principio de organización serio a que deben atenerse los dirigentes de
nuestro movimiento ha de ser el siguiente: la más severa discreción
conspirativa, la más rigurosa selección de los afiliados y la preparación de
revolucionarios profesionales. Si se cuenta con estas cualidades, está asegurado
algo mucho más importante que el "ambiente democrático", a saber: la
plena confianza mutua, propia de camaradas, entre los revolucionarios. Y es
indiscutible que necesitamos más esta confianza porque en Rusia no se puede ni
hablar de sustituirla por un control democrático general. Cometeríamos un gran
error si creyéramos que, por ser imposible un control verdaderamente
"democrático", los afiliados a una organización revolucionaria se
convierten en
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
incontrolados: no tienen
tiempo de pensar en las formas de juguete de democracia (democracia en el seno
de un apretado núcleo de camaradas entre los que reina confianza mutua), pero
sienten muy en lo vivo su responsabilidad,
pues saben además, pro experiencia, que una organización de verdaderos
revolucionarios no se detendrá en medios para deshacerse de un miembro digo.
Además, en el país hay una opinión publica bastante desarrollada de los medios
revolucionarios rusos (e internacionales) que tiene mucha historia castiga con
implacable severidad todo incumplimiento del deber de la camaradería (¡y la
"democracia", la verdadera democracia, no la de juguete, va
implícita, como la parte en el todo, en este concepto de camaradería!). ¡Tomen
todo esto en consideración y comprenderán qué nauseabundo tufillo a juego a los
generales en el extranjero trasciende de todas esas habladurías y resoluciones
sobre las "tendencias antidemocráticas"!
59
Hay que observar, además,
que la otra fuente de tales habladurías, es decir, la candidez, se alimenta
asimismo de una confusión de ideas acerca de la democracia. En el libro de los
esposos Webb sobre los tradeuniones inglesas hay un capítulo curioso: La democracia primitiva. Los autores
refieren en él que los obreros ingleses tenían por señal imprescindible de democracia en el primer período de
existencia de sus sindicatos que todos hicieran de todo en la dirección de los
mismos: no sólo se decidían todas las cuestiones pro votación de todos los
miembros, sino que los cargos también eran desempeñados sucesivamente por todos
los afiliados. Fue necesaria una larga experiencia histórica para que los
obreros comprendieran lo absurdo de semejante concepto de la democracia y la
necesidad, por una parte, de que existieran instituciones representativas y,
por otra, funcionarios profesionales. Fueron necesarios unos cuantos casos de
quiebra de cajas de los sindicatos para que los obreros comprendieran que la
proporción entre las cuotas que pagaban y los subsidios que recibían no podía
decidirse sólo por votación democrática, sino que exigía, además, el consejo de
un perito en seguros. Lean también el libro de Kautsky sobre el parlamentarismo
y la legislación popular y verán que las deducciones del teórico marxista
coinciden con las enseñanzas de prolongados años de práctica de los obreros
unidos ""espontáneamente"" Kautsky rebate con denuedo la
forma primitiva que Rittinghausen tiene de concebir la democracia, se burla de
la gente dispuesta a exigir en nombre de la democracia que "los periódicos
del pueblo sean redactados directamente por el pueblo", demuestra la
necesidad de que existan, periodistas, parlamentarios, etc., profesionales, para dirigir de un modo
socialdemócrata la lucha de clase del proletariado; ataca el "socialismo
de anarquistas y literatos" que exaltan "por afán efectista" la
legislación que emana directamente del pueblo y no comprenden que su aplicación
es muy convencional en la sociedad contemporánea.
Todo el que haya desplegado
una labor práctica en nuestro movimiento sabe cuán extendido está entre la masa
de la juventud estudiantil y de los obreros el concepto "primitivo"
de la democracia. No es de extrañar que este concepto penetre tanto en
estatutos como en publicaciones. Los "economistas" de tipo
bernsteiniano decían en sus estatutos: "Artículo 10. Todos los asuntos que
atañen a los intereses de toda la organización sindical se resolverán pro
mayoría de votos de todos sus miembros". Los "economistas" de
tipo terrorista los secundan: "Es preciso que los acuerdos del comité
pasen por todos los círculos y sólo entonces sean efectivos" (Svoboda, núm. 1, pág. 67). Observen que
esta reclamación de aplicar ampliamente el referéndum se plantea ¡después de exigir que toda la organización se base en el
principio electivo! Nada más lejos de nosotros, claro está, que censurar por
eso a los militantes dedicados al trabajo práctico, que han tenido muy poca
posibilidad de conocer la teoría y la práctica de las organizaciones
democráticas de verdad. Pero cuando Rab.
Dielo, que pretende ejercer una función dirigente, se limita en tales
circunstancias a insertar una resolución sobre el amplio principio democrático
¿cómo no llamar a esto sino puro "afán efectista"?
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
f. El trabajo a escala local y a escala nacional
Si las objeciones que se
hacen al plan de organización que aquí exponemos, reprochándole su falta de
democracia y su carácter conspirativo, carecen totalmente de fundamento, queda
todavía pendiente una cuestión que se plantea muchas veces y merece detenido
examen: se trata de la relación existente entre el trabajo local y el trabajo a
escala nacional. Se expresa el temor de que, al crearse una organización
centralista, el centro de gravedad pase del primer trabajo, al segundo, el
temor de que esto perjudique al movimiento, debilite la solidez de los vínculos
que nos unen con la masa obrera, y, en general, la estabilidad de la agitación
local. Contestaremos que nuestro movimiento se resiente durante estos últimos
años precisamente de que los militantes locales estén demasiado absorbidos pro
el trabajo local; que por esta razón es necesario desplazar algo, sin el menor
género de dudas, el centro de la gravedad hacia el trabajo en plano nacional;
que, lejos de debilitar, este desplazamiento dará, por el contrario, mayor
solidez a nuestros vínculos y mayor estabilidad a nuestra agitación local.
Examinemos la cuestión del órgano central y de los órganos locales, rogando al
lector que no olvide que la prensa no es para nosotros sino un ejemplo ilustrativo de la labor
revolucionaria y que, en general, es infinitamente más amplia y más variada.
En el primer período del movimiento de masas (1896 -1898), los
militantes locales intentan publicar un órgano destinado a toda Rusia: Rabóchaya Gazeta; en el período
siguiente (1898-1900), el movimiento da un gigantesco paso adelante, pero los
órganos locales absorben totalmente la atención de los dirigentes. Si se hace
un recuento de todos esos órganos locales, resultará* por término medio un
número al mes. ¿No es esto una prueba evidente del primitivismo de nuestros
métodos de trabajo? ¿No demuestra eso de manera fehaciente el atraso que
nuestra organización revolucionaria lleva del avance espontáneo del movimiento?
Si se hubiera publicado la misma cantidad
de números de periódicos por una organización única, y no por grupos locales
dispersos, no sólo habríamos ahorrado una inmensidad de fuerzas, sino asegurado
a nuestro trabajo infinitamente más estabilidad y continuidad. Olvidan con
demasiada frecuencia este sencillo razonamiento tanto los militantes dedicados
a las labores prácticas, que trabajan activamente
de manera casi exclusiva en los órganos locales (por desgracia, en la inmensa
mayoría de los casos, la situación no ha cambiado), como los publicistas que
muestran en esta cuestión asombroso quijotismo. El militante dedicado al
trabajo práctico suele darse por satisfecho con el razonamiento de que a los
militantes locales "les es difícil"** ocuparse de la publicación de
un periódico central para toda Rusia y que mejor es tener periódicos locales
que no tener ninguno. Esto último es, desde luego, muy cierto, y ningún
militante dedicado al trabajo práctico reconocerá antes que nosotros la gran
importancia y la gran utilidad de los periódicos locales en general.
* Véase el Informe presentado al Congreso
de parís 83, pág. 14: "Desde entonces (1897)
hasta la primavera de 1900 fueron publicados en diversos puntos treinta
números de varios periódicos… Por término medio, aparecería más de un número
al mes"
** Esta dificultad es sólo aparente. En
realidad, no hay círculo local que no pueda asumir con energía una u otra
función del trabajo a escala nacional. "No digas que no puedes, sino que
no quieres".
60
Pero no se trata de esto,
sino de ver si es posible librarse del fraccionamiento y del primitivismo en el
trabajo tan palmariamente reflejados en los treinta números de periódicos
locales publicados por toda Rusia en dos años y medio. No se constriñan al
principio indiscutible, pero demasiado abstracto, de la utilidad de los
periódicos locales en general; tengan, además, el valor de reconocer
francamente sus lados negativos, puestos de manifiesto en dos años y medio de
experiencia. Esta experiencia demuestra que, en nuestras condiciones, los
periódicos locales resultan en la mayoría de los casos vacilantes en los
![]()
83
Se
alude el folleto Informe sobre el movimiento socialdemócrata ruso al Congreso Socialista Internacional, celebrado
en parís en 1900 (edición de la Unión de Socialdemócratas Rusos, Ginebra,
1901). El informe lo escribió la Redacción
de Rabócheie Dielo por encargo de la
Unión.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
principios y faltos de
importancia política; en cuanto al consumo de energías revolucionarias,
resultan demasiado costosos, e insatisfactorios por completo, desde le punto de
vista técnico (me refiero, claro está, no a la técnica tipográfica, sino a la frecuencia
y regularidad de la publicación). Y todos los defectos indicados no son obra de
la casualidad, sino consecuencia inevitable del fraccionamiento que, por una
parte, explica el predominio de los periódicos locales en el período que
examinamos, y, por otra parte, encuentra un
apoyo en ese predominio. Una organización local, por sí sola, no está realmente en condiciones de asegurar la firmeza de principios de su periódico
ni de colocarlo a la altura de órgano político, no está en condiciones de
reunir y utilizar datos suficientes para escribir de toda nuestra vida
política. Y, en cuanto al argumento
que ordinariamente se esgrime en los países libres para justificar la necesidad
de numerosos periódicos locales –que son baratos, porque los confeccionan obreros
locales, y pueden ofrecer una información mejor y más rápida a la población
local—
, la experiencia ha demostrado que, en nuestro país, se vuelve
contra dichos periódicos. Estos resultan demasiado costosos en lo que al
consumo de energías revolucionarias se refiere; y son publicados muy de tarde en tarde por la sencilla
razón de que un periódico ilegal, por
pequeño que sea, precisa un inmenso mecanismo clandestino de imprenta, que
requiere la existencia de una gran industria fabril, pues en un taller de
artesanos no es posible montar semejante mecanismo. Mas cuando éste es
primitivo, la policía aprovecha muchas veces (todo militante dedicado al
trabajo práctico conoce numerosos ejemplos de este género) la aparición y
difusión de uno o dos números para hacer una redada masiva, que lo barre todo tan bien que es preciso volver a empezar
de nuevo. Un buen mecanismo clandestino de imprenta exige una buena preparación
profesional de los revolucionarios y la más consecuente división del trabajo, y
estas dos condiciones son de todo punto irrealizables en una organización local
aislada, por mucha fuerza que reúna en un momento dado. No hablemos ya de los
intereses generales de todo nuestro movimiento (una educación socialista y
política de los obreros basada en principios firmes); también los intereses
locales específicos quedan mejor
atendidos por órganos no locales. Sólo a primera vista puede parecer esto
una paradoja; en realidad, la experiencia de los dos años y medio de que hemos
hablado lo demuestra de manera irrefutable. Todo el mundo convendrá en que si
las fuerzas locales que han publicado treinta números de periódicos hubieran
trabajado para un solo periódico, habrían publicado sin dificultad sesenta
números, si no cien, y, por consiguiente, se habrían reflejado de un modo más
completo las particularidades del movimiento puramente local. No cabe duda de
que no es fácil conseguir esta coordinación; pero hace falta que, al fin,
reconozcamos su necesidad; que cada círculo local piense y trabaje activamente en ese sentido sin esperar el empujón de fuera,
sin dejarse seducir por la accesibilidad
y la proximidad de un órgano loca, proximidad que –según lo prueba nuestra
experiencia revolucionaria – es, buena parte, ilusoria.
Y prestan un flaco servicio
al trabajo práctico los publicistas que, considerándose muy próximos a los
militantes prácticos, no se dan cuenta de este carácter ilusorio y salen del
paso con un razonamiento de simpleza tan extraordinaria como de vacuidad tan
asombrosa: hacen falta periódicos locales, hacen falta periódicos comarcales,
hacen falta periódicos centrales para toda Rusia. Es natural que, hablando en
términos generales, todo esto haga falta, pero también hace falta, cuando se
aborda un problema concreto de organización, pensar en las condiciones de medio
y tiempo. ¿No es, en efecto, un caso de quijotismo cuando Svoboda (núm. 1, pág. 68), "deteniéndose" específicamente
"en el problema del periódico",
escribe: "Nosotros creemos que en todo lugar algo considerable de
concentración de obreros debe haber
periódico obrero propio. No traído de fuera, sino justamente propio". Si
este publicista no quiere pensar en el sentido de sus palabras, piense usted al
menos por él, lector: ¡cuántas decenas, si no centenares de "lugares algo
considerables de concentración de obreros" hay en Rusia, y qué
perpetuación de nuestro primitivismo en el trabajo resultará si cada
organización local se pusiera efectivamente a publicar su propio
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
periódico! ¡Cómo facilitaría
este fraccionamiento a nuestros gendarmes la tarea de capturar –y, además, sin
hacer esfuerzos "algo considerables" – a los militantes locales,
desde el comienzo mismo de su actuación, antes de haber podido llegar a ser
verdaderos revolucionarios!
61
En un periódico central para toda Rusia – continúa el autor— no
interesarían mucho las narraciones de los manejos de los fabricantes "y de
los pormenores de poca monta de la vida fabril en diversas ciudades que no son
la suya", pero "al orlense no le aburrirá leer lo que sucede en
Oriol. Sabe siempre con quién se han "metido", a quién "se le da
para el pelo" y a él le baila el ojo" (pág.. 69). Sí, sí, al orlense
le baila el ojo, pero a nuestro publicista también "le baila"
demasiado la imaginación. En lo que éste debiera pensar es en si se muestra
tacto al defender la mezquindad de esfuerzos. No cederemos a nadie la palma en
reconocer cuán necesario e importante es denunciar los abusos que se cometen en
las fábricas, pero hay que recordar que hemos llegado ya a un momento en que a
los vecinos de San Petersburgo les aburre leer las cartas petersburguesas del
periódico petersburgués Rabóchaya Mysl.
Para denunciar los abusos que se cometen en las fábricas locales hemos tenido
siempre, y debemos seguir teniendo siempre
las hojas volantes; pero el periódico
hay que elevarlo, y no rebajarlo al
nivel de hojas volantes de fábrica. Para un "periódico" necesitamos
denuncias no tanto de "pequeñeces", como de los grandes defectos
típicos de la vida fabril, denuncias hechas con ejemplos de singular realce y,
pro lo mismo, capaces de interesar a todos los obreros y a todos los dirigentes
del movimiento, capaces de enriquecer efectivamente sus conocimientos,
ensanchar su horizonte, dar comienzo al despertar de un distrito más, de un
nuevo sector profesional de obreros.
"Además, en un
periódico local, los manejos de la administración de la fábrica o de otras
autoridades pueden recogerse en seguida, aún recientes. Y mientras la noticia
llega a un periódico central, lejano, en el punto de origen ya se habrá
olvidado lo sucedido: "¿Cuándo habrá ocurrido eso?; ¡cualquiera lo
recuerda!"" (loc. cit.). en efecto, ¡cualquiera lo recuerda! Los
treinta números publicados en dos años y medio corresponden, según hemos visto
en la misma fuente, a seis ciudades. De modo que a cada ciudad corresponde, por
término medio, ¡un número de periódico
por medio año! E incluso si nuestro insubstancial publicista triplica en su hipótesis el rendimiento
del trabajo local (cosa que sería indudablemente inexacta con relación a una
ciudad media, porque es imposible aumentar considerablemente el rendimiento sin
salir del primitivismo en el trabajo), no recibiríamos, sin embargo, a más de
un número cada dos meses, es decir, una situación que en nada se parece a
"recoger las noticias aún recientes". Pero bastaría con que se
unieran diez organizaciones locales e invistieran de funciones activas a sus
delgados con el fin de montar un periódico central que entonces pudieran
"recogerse" por toda Rusia
no pequeñeces, sino escándalos notables y típicos en realidad, y esto cada dos
semanas. Nadie que sepa en qué situación se encuentran nuestras organizaciones
lo dudará. Y en cuanto a lo de pillar al enemigo con las manos en la masa, si
se toma esto en serio y no se habla por hablar, un periódico clandestino no
puede, en general, ni pensar en ello: esto puede hacerlo sólo una hoja volante,
porque el plazo máximo para sorprender así al enemigo no pasa, en la mayoría de
los casos, de uno o dos días (tomen, por ejemplo, el caso de una huelga breve
corriente, de atropellos en una fábrica o de una manifestación etc.).
"El obrero no sólo vive
en la fábrica, sino en la ciudad también", continúa nuestro autor, pasando
de lo particular a lo general con una consecuencia tan rigurosa que honraría al
mismo Borís Krichevski. Y señala los problemas de las dumas, hospitales y
escuelas de las ciudades, exigiendo que el periódico obrero no calle los
asuntos urbanos en general. La exigencia es de por sí magnífica, pero ilustra
con particular evidencia la abstracta vacuidad a que se limitan con demasiado
frecuencia las disquisiciones sobre
los periódicos locales. Primero, si en "todo lugar algo considerable de
concentración de obreros" se publicaran en
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
efecto periódicos con una
sección urbana tan detallada como quiere Svoboda,
dadas nuestras condiciones rusas, la cosa degeneraría inevitablemente en
verdadera cicatería, conduciría a debilitar la conciencia de lo importante que
es un empuje revolucionario general en toda Rusia contra la autocracia zarista
y reforzaría los brotes, muy vivaces y más bien ocultos o reprimidos que
arrancados de raíz, de una tendencia que ya ha adquirido fama por la célebre
máxima sobre los revolucionarios que hablar demasiado del parlamento
inexistente y muy poco de las dumas urbanas existentes. Y hemos dicho
"inevitablemente", subrayando así que no es esto, sino lo contrario,
lo que Svoboda quiere a sabiendas.
Pero no basta con las buenas intenciones. Para que la labor de esclarecimiento
de los asuntos urbanos quede organizada con la orientación debida respecto a
todo nuestro trabajo, hay que empezar
por elaborar totalmente y dejar sentada con firmeza esa orientación, y no sólo
mediante razonamientos, sino mediante una inmensidad de ejemplos, para que
adquiera ya la solidez de tradición.
Esto es lo que estamos muy lejos de tener y pro esto precisamente hay que empezar antes de que se pueda pensar en
una vasta prensa local y hablar de ella.
62
Segundo, para escribir bien
y de un modo interesante de verdad sobre asuntos locales, hay que conocerlos
bien, y no sólo por los libros. Pero en toda Rusia apenas hay socialdemócratas
que posean este conocimiento. Para escribir en un periódico (y no en folletos
de divulgación) sobre asuntos locales y estatales hay que disponer de datos
frescos, variados, recogidos y elaborados por una persona entendida. Y para
recoger y elaborar tales datos no basta la "democracia primitiva" de
un círculo primitivo, en el que todos hacen de todo y se divierten jugando al
referéndum. Para eso hace falta una plana mayor de autores especializados, de
corresponsales especializados, un ejército de reporteros socialdemócratas, que
entablen relaciones en todas partes, que sepan penetrar en todos los
"secretos de Estado" (con los que tanto presume y que con tanta
facilidad revela el funcionario ruso) y meterse entre todos los
"bastidores"; un ejército de hombres obligados "por su
cargo" a ser ubicuos y omniscios. Y nosotros, partido de lucha contra toda opresión económica, política,
social y nacional, podemos y debemos encontrar, reunir, formar, movilizar y
poner en campaña un ejército así de hombres omnisapientes, ¡pero eso está
todavía por hacer! Ahora bien, nosotros no sólo no hemos dado aún,, en la
inmensa mayoría de los lugares, ni un paso en esa dirección, sino que a menudo
ni siquiera existe la conciencia de
la necesidad de hacerlo. Búsquense en nuestra pensa socialdemócrata artículos
vivos e interesantes, crónicas y denuncias sobre nuestros asuntos y asuntillos
diplomáticos, militares, eclesiásticos, urbanos, financieros, etc., etc.: se
encontrará muy poco o casi nada*.
¡Por eso "me enfado terriblemente siempre que viene alguien y me ensarta
una retahíla de lindezas y preciosidades" sobre la necesidad de periódicos
"en todo lugar algo considerable de concentración de obreros" que
denuncien las arbitrariedades tanto en la administración fabril como en la
pública local y nacional!
*
Por esta razón,
incluso el ejemplo de los órganos locales de excepcional valía confirma
totalmente nuestro punto de vista. Por ejemplo, Yuzhni Rabochi 84 es un excelente periódico, al que no se puede acusar de falta
de firmeza en los principios. Pero como sale rara vez, y las redadas son muy
frecuentes, no ha podido dar al movimiento local todo lo que pretendía. Lo más
apremiante para el partido en estos momentos –plantear con firmeza de
principios los problemas fundamentales del movimiento y desplegar una agitación
política en todos los sentidos – ha sido superior a las fuerzas de ese órgano
local. Lo muy bueno que ha dado, como los artículos sobre el congreso de los
industriales mineros, sobre el paro, etc., no era de carácter estrictamente
local, sino necesario para toda Rusia,
y no sólo para el Sur. Artículos como ésos no los ha habido en toda nuestra
prensa socialdemócrata.
El predomino de la prensa
local sobre la central es síntoma de penuria o de lujo. De penuria, cuando el
movimiento no ha cobrado todavía fuerzas para un trabajo a gran escala, cuando
aún vegeta en medio del primitivismo y casi se ahoga "en las pequeñeces de
la vida fabril". De lujo, cuando el movimiento ha podido ya plenamente con la tarea de las denuncias en todos los
sentidos y de la agitación en todos los sentidos, de modo que, además del
órgano
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84 Yuzhni
Rabochi ("El
Obrero del Sur"): periódico socialdemócrata, editado clandestinamente or
el grupo del mismo nombre desde enero de 1900 hasta abril de 1902. Aparecieron
12 números, que fueron difundidos, sobre todo, en las organizaciones
socialdemócratas del sur de Rusia.
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
central, se hacen necesarios
numerosos órganos locales. Decida cada cual por sí mismo qué es lo que prueba
el predominio que hoy tienen los periódicos locales entre nosotros. Por mi
parte, me limitaré a formular con exactitud mi conclusión par ano dar pie a
malentendidos. Hasta ahora, la mayoría de nuestras organizaciones locales
piensan casi exclusivamente en órganos locales y trabajan de un modo activo
casi exclusivamente para ellos. Esto no es normal. Debe suceder lo contrario,
que la mayoría de las organizaciones locales piense sobre todo en un órgano
central para toda Rusia y trabaje principalmente para él. Mientras no ocurra
sí, no podremos publicar ni un solo
periódico que sea por lo menos capaz de proporcionar realmente al movimiento
una agitación en todos los sentidos
en la prensa. Y cuando esto se así, se entablarán por sí solas unas relaciones
normales entre el órgano central necesario y los órganos locales necesarios.
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A primera vista, la
conclusión de que se precisa desplazar el centro de gravedad del trabajo local
al trabajo a escala de toda Rusia puede parecer inaplicable al terreno de la
lucha económica especial: el enemigo directo de los obreros es en este caso un
patrono determinado o un grupo de patronos no ligados entre sí por una
organización que recuerde, aunque sea remotamente, una organización puramente
militar, rigurosamente centralista, dirigida hasta en los detalles más pequeños
por una voluntad única, como es la organización del gobierno ruso, nuestro
enemigo directo en la lucha política.
Pero no es así. La lucha
económica –lo hemos dicho ya muchas veces— es una lucha sindical, y por ello
exige que los obreros se unan por oficios, y no sólo por el lugar de trabajo. Y
la necesidad de esta unión profesional se hace tanto más imperiosa cuanto mayor
es la rapidez con que avanza la unión de nuestros patronos en toda clase de
sociedades y corporaciones. Nuestra dispersión y nuestros métodos primitivos de
trabajo obstaculizan directamente esta unión, que exige una organización de
revolucionarios única para toda Rusia y capaz de encargarse de dirigir
sindicatos obreros a escala de todo el país. Ya hemos hablado antes del tipo de
organización deseable con este objeto, y ahora añadiremos sólo unas palabras en
relación con el problema de nuestra prensa.
63
No creo que nadie dude de
que todo periódico socialdemócrata deba tener una sección dedicada a la lucha sindical (económica). Pero el
crecimiento del movimiento sindical nos obliga a pensar también en una prensa
sindical. Creemos, sin embargo, que en Rusia todavía no se puede ni hablar,
salvo raras excepciones, de periódicos sindicales: son un lujo, y nosotros
carecemos muchas veces hasta del pan de cada día. La forma de prensa sindical
adecuada a las condiciones de trabajo clandestino, y ya ahora imprescindible,
tendría que ser entre nosotros la de folletos
sindicales. En ellos deberían recogerse y agruparse sistemáticamente datos legales* e ilegales las condiciones de
trabajo en cada oficio, sobre las diferencias que en este sentido existen entre
los diversos puntos de Rusia, sobre las principales reivindicaciones de los
obreros de una profesión determinada, sobre las deficiencias de la legislación
concerniente a ella, sobre los casos notables de la lucha económica de los
obreros de este gremio, sobre los gérmenes, la situación actual y las
necesidades de su organización sindical, etc. Estos folletos, primero,
librarían a nuestra prensa socialdemócrata de una inmensidad de pormenores
sindicales que sólo interesan especialmente a los obreros de este oficio.
Segundo, fijarían los resultados de nuestra experiencia en la lucha sindical,
conservarían los datos recogidos, que ahora se pierden literalmente en el
cúmulo de hojas y crónicas sueltas, y los sintetizarían. Tercero, podrían
servir de algo así como guía para los agitadores, ya que las condiciones de
trabajo varían con relativa lentitud, las reivindicaciones fundamentales de los
obreros de un oficio determinado son extraordinariamente estables (compárense
las reivindicaciones de los tejedores de la
IV. El primitivismo en el trabajo de los economistas y la
organización de los revolucionarios
región de Moscú, en 1885 85 y de la región de San Petersburgo, en
1896) 86 y un resumen de setas reivindicaciones
y necesidades podría servir durante años enteros de manual excelente para la
agitación económica en localidades atrasadas o entre capas atrasadas de
obreros; ejemplos de huelgas que hayan tenido éxito en una región, datos sobre
un nivel de vida más elevado y sobre mejores condiciones de trabajo en una
localidad estimularían también a los obreros de otros lugares a nuevas y nuevas
luchas. Cuarto, tomando la iniciativa de sintetizar la lucha sindical y
reforzando de este modo los vínculos del movimiento sindical ruso con el
socialismo, la socialdemocracia se preocuparía al mismo tiempo de que nuestro
trabajo tradeunionista no ocupara un puesto ni demasiado reducido ni demasiado
grande en el conjunto de nuestro trabajo socialdemócrata. A una organización
local que esté apartada de las organizaciones de otras ciudades le es muy
difícil, a veces casi imposible, mantener en este sentido una proporción adecuada
(y el ejemplo de Rabocháya Mysl
demuestra a qué punto de monstruosa exageración de carácter tradeunionista
puede llegarse en tal caso). Pero a una organización de revolucionarios a
escala de toda Rusia que sustente con firmeza el punto de vista del marxismo,
que dirija toda la lucha política y disponga de una plana mayor de agitadores
profesionales, jamás le será difícil determinar acertadamente esa proporción.
* Los datos legales tienen especial importancia en este sentido, y
estamos particularmente atrasados en lo que se refiere a saber recogerlos y
utilizarlos sistemáticamente. No será exagerado decir que solo con datos
legales puede llegar a confeccionarse más o menos un folleto sindical, mientras
que es imposible hacerlo con datos ilegales nada más. Recogiendo entre los
obreros datos ilegales sobre problemas como los que ha tratado Rabóchaya Mysl 87, derrocharemos en vano una
inmensidad de fuerzas de un revolucionario (al que fácilmente puede sustituir
en este trabajo un militante legal) y, a pesar de todo, no obtenemos nunca
buenos datos, porque los obreros, que generalmente sólo conocen una sección de
una gran fábrica y que casi siempre sólo conocen los resultados económicos,
pero no las normas ni las condiciones generales de su trabajo, no pueden
adquirir los conocimientos que suelen tener los empleados, inspectores, médicos
fabriles, etc., y que están profusamente diseminados en crónicas periodísticas
y publicaciones especiales de carácter industrial, sanitario, de los zemstvos,
etc.
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85 El movimiento huelguístico de 1885
afectó a numerosas empresas de la industria textil a las provincias de
Vladímir, Moscú, Tver y otras regiones del centro industrial del país. La más
famosa fue la declarada pro los obreros de la manufactura Nikólskoe, de Savva
Morózov (huelga de Morózov), en enero de 1885. Entre las reivindicaciones
principales de los obreros figuraban la disminución de las multas y la
reglamentación de las condiciones de contratación. Las tropas aplastaron la
huelga de Morózov, en la que participaron cerca de 8.000 trabajadores bajo la
dirección de obreros avanzados; 33 huelguistas fueron entregados a los
tribunas, y más de 600, deportados. El movimiento huelguístico de 1885 y 1886
obligó al gobierno zarista a promulgar la ley del 3 (15) de junio de 1886 (la
llamada "ley de multas").
86 Véase la nota núm. 46.
87 Lenin se refiere a la hoja Cuestionario sobre la situación de la clase
obrera de Rusia (1898) y al folleto Cuestionario
para reunir datos acerca de la situación de la clase obrera en Rusia (1899),
publicados por la Redacción de Rabóchaya
Mysl. La hoja contenía 17 preguntas, y el folleto, 158, acerca de las
condiciones de trabajo y de vida de los obreros.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
V. "Plan"
de un periódico político central para toda Rusia
"El error más grande de
Iskra en este sentido –escribe B.
Krichevski (R. D., núm. 10, pág. 30),
imputándonos la tendencia a "convertir la teoría en doctrina muerta,
aislándola de la práctica" – es un "plan" de una organización de
todo el partido" (es decir, el artículo ¿Por dónde empezar?). Y Martínov lo secunda, declarando que "la
tendencia de Iskra de aminorar la importancia de la marcha progresiva
de la monótono lucha cotidiana en comparación con la propaganda de ideas
brillantes y acabadas…, ha sido coronada por el plannn de organización del
partido, plan que se nos ofrece en el artículo ¿Por dónde empezar?, publicado en el número 4" (loc. cit. pág.
61). Finalmente, hace poco se ha sumado a los indignados con este
"plan" (las comillas deben expresar la ironía con que lo acoge) L.
Nadiezhdin, que en su folleto En vísperas de la revolución, que acabamos de
recibir (edición del "Grupo Revolucionario -Socialista" Svoboda, que ya conocemos), declara que
"al hablar ahora de una organización cuyos hilos arranquen de un periódico
central para toda Rusia es dar ideas y hacer trabajo de gabinete" (pág.
126), dar pruebas de "literaturismo", etc.
64
No puede sorprendernos que
nuestro terrorista coincida con los defensores de la "marcha progresiva de
la monótona lucha cotidiana", pues ya hemos visto las raíces de esta
afinidad en los capítulos sobre política y organización. Pero debemos observar
en el acto que L. Nadiezhdin, y sólo él, ha tratado honradamente de penetrar en
el curso del pensamiento del artículo que le ha disgustado; ha tratado de
responder yendo al grano, mientras que Rab.
Dielo no ha dicho en esencia nada y ha tratado tan sólo de embrollar la
cuestión, mediante una sarta de
indecorosas y demagógicas salidas de tono. Y, por desagradable de ello sea, hay
que perder tiempo en limpiar antes los establos de Augías.88
a. A quién ha ofendido el artículo "¿Por dónde
empezar?"*
* En la recopilación En doce años, Lenin
suprimió el apartado "a)" del capítulo quinto, insertando la
siguiente nota: "En la presente edición se suprime el apartado "a) A
quién ha ofendido el artículo ¿Por dónde empezar?", pues contiene
exclusivamente una polémica con Rabócheie
Dielo y el Bund en torno a los intentos de Iskra de "mandar", etc. En este apartado se decía, entre
otras coas, que el propio Bund había invitado (en 1898-1899) a los miembros de Iskra a reanudar la publicación del
órgano central del partido y organizar un "laboratorio literario". (N. de la Edit.)
Vamos a citar un ramillete
de las expresiones y exclamaciones con que ha arremetido contra nosotros Rabócheie Dielo. "No es un
periódico el que puede crear la organización del partido, sino a la
inversa"… "Un periódico que se encuentre por encima del partido, esté
fuera de su control y no dependa de él por tener su propia red de
agentes"… "¿Por obra de qué milagro ha olvidado Iskra las organizaciones socialdemócratas, ya existentes de hecho,
del partido a que ella misma pertenece?"… "Personas poseedoras de principios
firmes y del plan correspondiente son también los reguladores supremos de la
lucha real del partido, al que dictan el cumplimiento de su plan"…
"El plan relega a nuestras organizaciones, reales y vitales, al reino de
las sombras y quiere dar vida a una red fantástica de agentes"… "Si
el plan de Iskra fuese llevado a la
práctica, borraría por completo las huellas del Partido Obrero
![]()
88 Los establos de Augías: en la mitología
griega, establos muy sucios del rey Augías, limpiados en un día por el héroe
legendario Hércules.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
Socialdemócrata de Rusia que
se viene formando en nuestro país"… "Un órgano de propaganda se
sustrae al control y se convierte en legislador absoluto de toda la lucha
revolucionaria práctica"… "¿Qué actitud debe asumir nuestro partido
al verse totalmente sometido a una
redacción autónoma?", etc., etc.
Como ve el lector por el
contenido y el tono de estas citas, Rabócheie
Dielo se ha ofendido. Pero no por lo que a él le toca, sino por lo que toca
a las organizaciones y comités de nuestro partido, a los que Iskra, según pretende dicho órgano,
quiere relegar al reino de las sombras y hasta borrar sus huellas. ¡Que todos
los horrores fueran así! Pero hay una cosa extraña. El artículo ¿Por dónde empezar? apareció en mayo de
1901, y los artículos de Rabócheie Dielo
en septiembre de 1901; ahora estamos ya a mediados de enero de 1902. ¡En estos
cinco meses (tanto antes como después de septiembre), ni un solo comité, ni una
sola organización del partido ha protestado formalmente contra ese monstruo
que quiere desterrar a los comités y organizaciones al reino de las sombras! Y
hay que hacer constar que, durante este período, han aparecido, tanto en Iskra
como en numerosas otras publicaciones, locales y no locales, decenas y
centenares de comunicaciones de todos los confines de Rusia. ¿Cómo ha podido
suceder que las organizaciones a las que se quiere desterrar al reino de las
sombras no se hayan dado cuenta de ello ni se hayan sentido ofendidas, y que,
en cambio, se haya ofendido una tercera persona?
Ha sucedido esto porque los comités y las demás organizaciones
están ocupadas en trabajar de verdad, y no en jugar a la
"democracia". Los comités han leído el artículo ¿Por dónde empezar?, han visto en él una tentativa "de trazar
un plan concreto de esta organización a
fin de que se pueda emprender su creación desde todas partes", y,
habiéndose percatado perfectamente de
que ni una sola de "todas esas partes" pensará en "emprender su
creación" antes de estar convencido de que es necesaria y de que el plan arquitectónico
es certero, no han pensado, naturalmente, en "ofenderse" pro la
osadía de los que han dicho en Iskra:
"Dada la urgencia e importancia del asunto, nos decidimos, por nuestra
parte, a someter a la consideración de los camaradas el bosquejo de un plan que
desarrollaremos con más detalle en un folleto en preparación". Parece
mentira que no se comprenda, de enfocar este problema con honestidad, que si
los camaradas aceptan el plan
sometido a su consideración, no lo ejecutarán por "subordinación", sino
por el convencimiento de que es necesario para nuestra obra común, y que, en el
caso de no aceptarlo, el
"bosquejo" (¡qué palabra más presuntuosa!, ¿verdad?) no pasará de ser
un simple bosquejo. ¿¿No es demagogia arremeter contra el bosquejo de un plan
no sólo "demoliéndolo" y aconsejando a los camaradas que lo rechacen,
sino previniendo a gentes poco
expertas en la labor revolucionaria contra los autores del bosquejo por el mero hecho de que éstos se
atreven a "legislar", a actuar de "reguladores supremos",
es decir, que se atreven a proponer
un bosquejo de plan?? ¿Puede nuestro partido desarrollarse y marchar adelante
sin la tentativa de elevar a los dirigentes locales a ideas, tareas, planes,
etc. más amplios tropieza no sólo con la objeción de que estas ideas son
erróneas, sino con una sensación de "agravio" pro el hecho de que se
les "quiera" "elevar"?
Porque también L. Nadiezhdin ha "demolido" nuestro plan, pero no se
ha rebajado a semejante demagogia,
que ya no puede explicarse simplemente por candor o por ideas políticas de un
carácter primitivo; ha rechazado resueltamente y desde el primer momento la
acusación de "fiscalizar al partido". Por esta razón podemos y
debemos responder con argumentos a la crítica que Nadiezhdin hace del plan,
mientras que a Rabócheie Dielo sólo
cabe contestar con el desprecio.
65
Pero el despreciar a un
autor que se rebaja hasta el punto de gritar sobre "absolutismo" y
"subordinación" no nos exime del deber de deshacer el lío en el que
estas gentes meten al lector. Y aquí podemos demostrar palmariamente a todo el
mundo de qué jaez son las frases en boga sobre la "amplia
democracia". Se nos acusa de haber olvidado los comités, de querer o de
intentar desterrarlos al reino de las sombras, etc. ¿Cómo contestar a estas
acusaciones,
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
cuando, por razones de
discreción conspirativa, no podemos
decir al lector casi nada en realidad
de nuestras verdaderas relaciones con los comités? Quienes lanzan una acusación zahiriente que irrita a la multitud nos
llevan ventaja por su desfachatez y por su desdén a los deberes del
revolucionario que oculta cuidadosamente de los ojos del mundo las relaciones y
los vínculos que tiene, establece o trata de entablar. Desde luego, nos negamos
de una vez para siempre a competir con gente de esa calaña en el terreno de la
"democracia". En cuanto al lector no iniciado en los asuntos del
partido, el único medio de cumplir nuestro deber con él consiste en hablarle no
de lo que es o están im Werden*, sino
de una pequeña apreté de los que ha sido, ya que se puede hablar de ello porque
pertenece al pasado.
* En proceso de gestación, de surgimiento. (N. de la Edit.)
El Bund nos acusa de
"impostores" con una alusión*; la Unión en el extranjero nos acusa de
que tratamos de borrar las huellas del partido. ¡Un momento, señores! Recibirán
ustedes plena satisfacción en el momento que expongamos al público cuatro hechos del pasado.
* Iskra, núm. 8, respuesta del Comité Central
de la Unión General Obrera Hebrea de Rusia y de Polonia a nuestro artículo
sobre el problema nacional.
Primer* hecho. Los miembros
de una de las Uniones de Lucha que participaron directamente en la formación de
nuestro partido y en el envío de un delegado al congreso que lo fundó se ponen
de acuerdo con uno de los miembros del grupo Iskra para establecer una biblioteca obrera especial con objeto de
atender a las necesidades de todo el movimiento. No se consigue abrir la
biblioteca obrera; y los folletos Las
tareas de los socialdemócratas rusos y La
nueva ley de fábricas**, escritos para ella, van a parar indirectamente y
por mediación de terceras personas al
extranjero, donde son publicados 89.
* Enumeramos deliberadamente estos hechos en orden distinto de
cómo ocurrieron. 90
** Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª Ed. en ruso, t. 2, pág. 433-470 y 263-314. (N. de la Edit.)
Segundo hecho. Los miembros
del Comité Central del Bund proponen a uno de los miembros del grupo Iskra organizar conjuntamente lo que
entonces el Bund llamaba "un laboratorio literario", indicando que si
no se lograba realizar el proyecto, nuestro movimiento podía retroceder mucho.
Resultado de aquellas negociaciones fue el folleto La causa obrera en Rusia*.
* Dicho sea de paso, el autor de este
folleto me pide que haga saber que, lo mismo que sus folletos anteriores, el
presente fue enviado a la Unión, suponiendo que el grupo Emancipación del
Trabajo redactaría sus publicaciones (circunstancias especiales no le permitían
conocer entonces, es decir, en febrero de 1899, el cambio operado en la
redacción). Lo reeditará en breve la Liga. 91
Tercer hecho. El Comité
Central del Bund por intermedio de una pequeña ciudad provinciana, se dirige a
uno de los miembros del grupo Iskra,
proponiéndole que se encargue de redactar Rabóchaya
Gazeta que ha de reanudar su publicación y obtiene, desde luego, su
![]()
89 En el verano de 1897, la Unión de Lucha
por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo, propuso a Lenin
(desterrado entonces en Siberia, en el pueblo de Shúshenskoe) que participase
en la creación de una serie especial de libros para los obreros. Lenin escribió
los folletos mencionados en el texto, que fueron editados en Ginebra: Las tareas de los socialdemócratas rusos
(1898) y La nueva ley de fábricas
(1899).
90 Lenin hace esta observación con fines conspirativos. Los hechos
son presentados precisamente en el orden en que sucedieron.
91 La
Liga de la socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero se fundó en octubre de 1901, por
iniciativa de Lenin formando parte de ella la organización de Iskra en el extranjero y la organización
revolucioanria Sotsial-Demokrat (en la que entraba el grupo Emancipación del
Trabajo). La Liga tenía por misión las ideas de las socialdemocracia
revolucionaria y contribuir a constituir una organización socialdemócrata
combativa. La Liga representaba a la organización de Iskra en el extranjero. Unía a los socialdemócratas rusos emigrados
partidarios de Iskra, ayudaba económicamente
al periódico, organizaba su envío a Rusia y editaba obras de divulgación
marxista. Publicó también varios Boletines y folletos. El II Congreso del POSDR
la confirmó como única organización del partido en el extranjero, encargándole
de actuar bajo al dirección y el control del CC del POSDR.
Después del II Congreso del
partido, los mencheviques se atrincheraron en la Liga y lucharon contra Lenin,
contra los bolcheviques. En el II Congreso de la Liga (octubre de 1903)
calumniaron al os bolcheviques, después de los cual Lenin y sus adeptos se retiraron
del Congreso. Los mencheviques adoptaron unos nuevos Estatutos de la liga,
opuestos a los Estatutos del partido aprobados en el II Congreso del POSDR.
Desde entonces, la Liga se convirtió en un baluarte del menchevismo. Existió
hasta 1905. –173.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
conformidad. Más tarde
cambia la propuesta: se trata solamente de colaborar, debido a una nueva composición de la redacción. Claro que
también se da la conformidad. Se envían los artículos (que se ha logrado
conservar): Nuestro programa,
protestando enérgicamente contra la campaña bernsteiniana y contra el viraje de
las publicaciones legales y Rabóchaya
Mysl; Nuestra tarea urgente
("la organización de un órgano del partido que aparezca regularmente y esté ligado
estrechamente a todos los grupos locales"; los defectos del
"primitivismo en el trabajo" imperante); Un problema vital (analizando la objeción de que primero habría que
desarrollar la actividad de los grupos locales y luego emprender la
organización de un órgano central; insistiendo en la importancia primordial de
"la organización revolucionaria", en la necesidad de "elevar la
organización, la disciplina y la técnica de la conspiración al más alto grado
de perfección")*. La propuesta de reanudar la publicación de Rabóchaya Gazeta no llega a ponerse en
práctica, y los artículos quedan sin publicar 92.
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 182-186, 187-192 y 193-198. (N. de la Edit)
Cuarto hecho. Un miembro del
comité organizador del II Congreso ordinario de nuestro partido comunica a un
miembro del grupo Iskra el programa
del congreso y presenta la candidatura de este grupo para redactar Rabóchaya Gazeta, que reanudaba su
publicación. Esta gestión, por decirlo así, preliminar, es sancionada luego por
el comité al que pertenecía dicha persona, así como por el Comité Central del
Bund; al grupo Iskra se indica el
lugar y la fecha de celebración del congreso, pero el grupo (que por ciertos
motivos no estaba seguro de poder enviar un delegado a este congreso) redacta
asimismo un informe escrito para éste. En dicho informe se sostiene la idea de
que eligiéndose sólo el Comité Central, lejos de resolverse el problema del
agrupamiento en un momento de completa dispersión como el actual, se corre,
además el riesgo de poner en tela de juicio la gran idea de la creación del
partido, caso de caer nuevamente en una rápida y completa redada, cosa más que
probable cuando impera la falta de discreción conspirativa; que, por ello,
debía empezarse por invitar a todos los comités y a todas las demás
organizaciones a sostener el órgano central cuando reanudara su aparición,
órgano que realmente vincularía a
todos los comités con lazos efectivos
y prepararía realmente un grupo de dirigentes de todo el movimiento; que los comités y el partido podrían ya
fácilmente transformar en Comité Central este grupo, creado pro los primeros,
cuando dicho grupo se hubiera desarrollado y fortalecido. Pero debido a una
serie de detenciones el congreso no pudo celebrarse; y por motivos de
conspiración se destruyó el informe que sólo algunos camaradas, entre ellos los
delegados de un comité, habían podido leer 93.
66
Juzgue ahora el lector por
sí mismo del carácter de procedimientos como la alusión del Bund a una
impostura o el argumento de Rabócheie
Dielo acerca de que queremos desterrar a los comités al reino de las
sombras, "sustituir" la organización del partido por una organización
que difunda las ideas de un solo periódico. Pues precisamente ante los comités,
por reiteradas invitaciones de ellos,
informamos sobre la necesidad de adoptar un plan
![]()
92 En 1899, por iniciativa del CC del Bund,
se intentó reanudar la publicación de Rabóchaya
Gazeta. Lenin escribió para el número 3 de este periódico los artículos
citados.
93 A iniciativa del Comité de Ekaterinoslav del POSDR, apoyado por
el Bund y la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, a comienzos de
1900 se intentó convocar el II Congreso del partido, restablecer el Comité
Central y reanudar la publicación del órgano central del partido, Rabóchaya
Gazeta. En febrero de 1900 se trasladó a Moscú I. Lalayants, miembro del Comité
de Ekaterinoslav, para sostener conversaciones con Lenin. Lalayant propuso al
grupo de Iskra –Lenin, Mártov y
Potrésov— que participase en el Congreso y se encargase de dirigir Rabóchaya Gazeta. Lenin y el grupo
Emancipación del Trabajo consideraban prematura la convocatoria del Congreso;
sin embargo, el grupo Emancipación del Trabajo no pudo negarse a participar en
él, por lo que encargó a Lenin de representarle, enviándole desde el extranjero
la correspondiente credencial. Pero las detenciones en masa efectuadas por la
policía en abril y mayo de 1900 impidieron la celebración del Congreso. A
Smolensk, donde debía tener lugar, llegaaron únicamente los representantes del
Bund, de la redacción de Yuzhni Rabochi y de la Unión de Socialdemócratas Rusos
en el Extranjero.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
determinado de trabajo
común.. y precisamente para la organización del partido elaboramos este plan en
nuestros artículos enviados a Rabóchaya
Gazeta y en el informe para el congreso del partido, y repetimos que los
hicimos por invitación de personas que ocupaban en el partido una posición tan influyente, que tomaban la
iniciativa de reconstruirlo (de hecho). Y sólo cuando hubieron fracasado las
dos tentativas que la organización del partido hizo con nosotros para reanudar oficialmente
la publicación del órgano central del partido, creímos que era nuestro deber ineludible presentar un órgano no oficial, para que, en la tercera
tentativa, los camaradas vieran ya ciertos resultados de la experiencia y no meras conjeturas. Ahora
todo el mundo puede apreciar ya ciertos resultados de esa experiencia, y todos
los camaradas pueden juzgar si comprendimos bien nuestro deber y la opinión que
merecen las personas que, molestas por el hecho de que demostremos a unas su
falta de consecuencia en el problema "nacional" y a otras lo
inadmisible de sus vacilaciones sin principios, tratan de equivocar a quienes
desconocen el pasado más reciente.
b. ¿Puede un periódico ser organización colectiva?
La clave del artículo ¿Por
dónde empezar? está en que hace precisamente esta pregunta y en que da una
respuesta afirmativa. L. Nadiezhdin es, que sepamos, la única persona que
intenta estudiar esta cuestión a fondo y demostrar la necesidad de darle respuesta
negativa. A continuación reproducimos íntegramente sus argumentos:
"…Mucho nos place que
plantee Iskra (núm. 4) la necesidad
de un periódico central para toda Rusia, pero en modo alguno podemos convenir
en que este planteamiento corresponde al título del artículo ¿Por dónde empezar? Es, sin duda, uno de
los asuntos de suma importancia, pero no se pueden colocar los cimientos de una
organización combativa para un momento revolucionario ni con esa labor, ni con
toda una serie de hojas populares, ni con una montaña de proclamas. Es indispensable
empezar a formar fuertes organizaciones políticas locales. Nosotros carecemos
de ellas, nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros
cultos, mientras que las masas desplegaron de modo casi exclusivo una lucha
económica. Si no se educan fuertes
organizaciones políticas locales, ¿qué valor podría tener un periódico central
para toda Rusia, aunque esté excelentemente organizado? ¡Una llama de fuego
que sale de en medio de una zarza, y la zarza está ardiendo y no se consume! Iskra cree que el pueblos e reunirá y
organizará en torno a ese periódico, en el trabajo para él. ¡Pero si le es mucho más fácil reunirse y
organizarse en torno a una labor más concreta! Esta labor puede y debe
consistir en organizar periódicos locales a vasta escasa, en prepara
inmediatamente las fuerzas obreras para manifestaciones, en hacer que las
organizaciones locales trabajen constantemente entre los parados (difundiendo
de un modo persistente entre ellos hojas volantes y octavillas, convocándolos a
reuniones, llamándolos a oponer resistencia al gobierno, etc.) ¡Hay que iniciar
una labor política activa en el plano local, y cuando surja la necesidad de
unificarse en este terreno real, la unión no será artificiosa, no quedará sobre
el papel, porque no es por medio de periódicos como se conseguirá esta
unificación del trabajo local en una obra común para toda Rusa!" (En vísperas de la revolución,
pág. 54).
Hemos subrayado en este
elocuente trozo los pasajes que permiten apreciar con mayor relieve tanto el
juicio equivocado del autor sobre nuestro plan como, en general, su erróneo
punto de vista, que él opone a Iskra.
Si no se educan fuertes organizaciones políticas locales, de nada valdrá el
mejor periódico central para toda Rusia. Completamente justo. Pero se trata
precisamente de que no existe otro medio
de educar fuertes organizaciones políticas de
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
un periódico central para
toda Rusia. Al autor se le ha escapado la declaración más importante que Iskra hizo antes de pasar a exponer su
"plan": la declaración de que era necesario "exhortar a formar
una organización revolucionaria capaz e unir a todas las fuerzas y de dirigir
el movimiento no sólo nominalmente
sino en realidad, es decir, capaz de estar siempre
dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para
multiplicar y reforzar los efectivos
que han de utilizarse en el combate decisivo". Después de febrero y marzo,
todos están ahora en principio de acuerdo con eso –continúa Iskra-; pero lo que necesitamos es resolver el problema de una manera práctica,
y no en principio; lo que necesitamos es trazar inmediatamente un plan concreto
de esta obra para que todos puedan ahora mismo emprender la construcción desde todas partes. ¡Y he aquí que, de
la solución práctica del problema, nos empujan una vez más hacia atrás, hacia
una verdad justa en principio, incontestable, grande, pero de todo punto
insuficiente, incomprensible por completo para las grandes masas trabajadoras:
hacia la "educación de fuertes organizaciones políticas"! pero ¡si no
se trata ya de eso, respetable autor, sino de cómo precisamente hay que educar, y educar con éxito!
67
No es verdad que
"nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros cultos,
mientras que las masas desplegaban de modo casi exclusivo una lucha
económica". Bajo esta forma, la tesis se desvía hacia la tendencia,
habitual en Svoboda y errónea de raíz
de oponer los obreros cultos a la "masa". Pues también los obreros
cultos de nuestro país han desplegado en estos últimos años "de modo casi
exclusivo una lucha económica. Esto, por una parte. Por otra, tampoco las masas
aprenderán jamás a desplegar la lucha política mientras no ayudemos a formarse
a los dirigentes de esta lucha, procedentes tanto de los obreros cultos como de
los intelectuales; y estos dirigentes pueden formarse exclusivamente enjuiciando de modo sistemático y cotidiano todos
los aspectos de nuestra vida política, todas
las tentativas de protesta y de lucha de las distintas clases y por
diversos motivos. ¡Por eso es
simplemente ridículo hablar de "educar organizaciones políticas" y,
al mismo tiempo, oponer la
"labor sobre el papel" de un periódico político a la "labor
política activa en el plano local"!
¡Pero si Iskra adapta precisamente su
"plan" de un periódico central al "plan" de crear una
"disposición para el
combate" que pueda apoyar tanto un movimiento de obreros parados o un
alzamiento campesino como el descontento de la gente de los zemstvos, "la
indignación de la población contra los ensorberbecidos bachibozuks
zaristas", etc.! Por lo demás, toda persona familiarizada con el
movimiento sabe perfectamente que la inmensa mayoría de las organizaciones
locales ni siquiera piensa en ello;
que muchas de las perspectivas aquí esbozadas de "una labor política
viva" no las ha puesto en práctica ni
una sola vez ninguna organización; que, por ejemplo, la tentativa de llamar
la atención sobre el recrudecimiento
del descontento y de las protestas entre los intelectuales de los zemstvos
lleva el desconcierto y la perplejidad tanto a Nadiezhdin ("¡Dios mío!,
¿pero será ese órgano para los intelectuales de los zemstvos?", En vísperas, pág. 129), como a los
"economistas" (véase la carta en el número 12 de Iskra), como a muchos militantes dedicados al trabajo práctico. En
tales condiciones se puede "empezar" únicamente por hacer pensar
a la gente en todo esto, por hacerla resumir y sintetizar todos y cada uno de
los indicios de efervescencia y de lucha activa. En los momentos actuales de
subestimación de la importancia de las tareas socialdemócratas, la "labor
política activa" puede iniciarse
exclusivamente por una agitación política viva, cosa imposible sin un
periódico central para toda Rusia que
aparezca con frecuencia y que se difunda con regularidad.
Los que consideran el
"plan" de Iskra una
manifestación de "literaturismo" no han comprendido en absoluto el
fondo del plan, tomando como fin lo que se propone como medio más adecuado para
el momento actual. Esta gente no se ha molestado en meditar sobre dos
comparaciones que ilustran palmariamente el plan propuesto. La organización de
un periódico político central para toda Rusia –se decía en Iskra— debe ser el hilo
fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ampliar
incesantemente esta
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
organización (es decir, la
organización revolucionaria, siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda
explosión). Hagan ustedes el favor de decirnos: cuando unos albañiles colocan
en diferentes sitios las piedras de una obra grandiosa y sin precedentes, ¿es
una labor "sobre el papel" tender el cordel que les ayuda a encontrar
el lugar preciso para las piedras, que les indica la meta final de la obra
común, que les permite colocar no sólo cada piedra, sino cada trozo de piedra,
el cual, al sumarse a los precedentes y a los que sigan, formará la hilada
recta y completa? ¿No vivimos acaso un momento de esta índole en nuestra vida
de partido, cuando tenemos piedras y albañiles, pero nos falta precisamente el
cordel, visible para todos y en el cual todos puedan atenerse? No importa que
griten que, al tender el cordel, lo que pretendemos es mandar: si fuera así,
señores, pondríamos Rabóchaya Gazeta,
núm. 3, en lugar de Iskra, núm. 1,
como nos lo habían propuesto algunos camaradas y como tendríamos pleno
derecho a hacer después de los acontecimientos que hemos referido más
arriba. Pero no lo hemos hecho: queríamos tener al manos sueltas para
desarrollar una lucha inconciliable contra toda clase de seudosocialdmeócratas;
queríamos que nuestro cordel, si está bien derecho, sea respetado por su
rectitud y no porque lo haya tendido un órgano oficial.
"La unificación de las
actividades locales en órganos centrales se mueve en un círculo vicioso –nos
alecciona L.Nadiezhdin– . La unificación requiere homogeneidad de elementos, y
esta homogeneidad no puede ser creada más que por algún aglutinante, pero este
aglutinante sólo puede aparecer como producto de fuertes organizaciones locales
que, en el momento actual, en modo alguno se distinguen por su
homogeneidad". Verdad ésta tan respetable y tan incontestable como la de
que es necesario educar fuertes organizaciones políticas. Y no menos estéril. Cualquier problema "se mueve en un
círculo vicioso", pues toda la vida política es una cadena infinita
compuesta de un sinfín de eslabones. Todo el arte de un político estriba
justamente en encontrar y aferrarse con nervio al preciso eslaboncito que menos
pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento
determinado y mejor garantice a quien lo sujete la posesión de toda cadena*. Si
tuviéramos un destacamento de albañiles expertos que trabajasen de un modo tan
acorde que aun si el cordel pudieran colocar las piedras precisamente donde
hace falta (hablando en abstracto, esto no es imposible, ni mucho menos),
entonces quizás podríamos aferrarnos también a otro eslaboncito. Pero la
desgracia consiste justamente en que aún carecemos de albañiles expertos que
trabajen tan bien concertados, en que las piedras se colocan muy a menudo al
azar, sin guiarse por el cordel común, de manera tan desordenada que el enemigo
las dispersa de un soplo como si fuesen granos de arena y no piedras.
*
¡Camarada Krichevski!
¡Camarada Martínov! Llamo la atención de ustedes sobre esta manifestación
escandalosa de "absolutismo", de "autoridad sin control",
de "reglamentación soberana", etc. Fíjense: ¡quiere poseer toda la
cadena! Apresúrense a presentar querella. Ya tienen tema para dos artículos de
fondo en el número 12 de Rabócheie
Dielo.
68
Otra comparación: "El
periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino
también un organizador colectivo. En ese último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de
un edificio en construcción, que señalan sus
contornos, facilitan las relaciones entre los distintos albañiles, les
ayudan a distribuirse la tarea y a observar los resultados generales alcanzados
por el trabajo organizado"*. ¿Verdad que esto se parece mucho a la manera
como el literato, hombre de gabinete, exagera la importancia de su función? El
andamiaje no es imprescindible para la vivienda misma: se hace de materiales de
peor calidad, se levanta pro un breve período, y luego, una vez terminado el
edificio, aunque sólo sea en bruto, va a parar a la estufa. En cuanto a la
edificación de organizaciones revolucionarias, la experiencia demuestra que a
veces se pueden construir sin andamios (recuérdese la década del 70). Pero
ahora no podemos ni imaginarnos la posibilidad de levantar sin andamiaje el
edificio que necesitamos.
* Al insertar en Rabócheie Dielo la primera frase de esta cita (núm. 10, pág. 62),
Martínov ha omitido precisamente la segunda frase, como subrayando así ́que no
quiere meterse en honduras o que es incapaz de comprender el fondo de la
cuestión.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
Nadiezhdin no está de acuerdo y dice: "Iskra cree que el pueblo se reunirá y organizará en torno a ese
periódico en el trabajo para él. ¡Pero si
le es mucho más fácil reunirse y organizarse en torno a una labor más concreta!" Así, así: "más
fácil reunirse y organizarse en torno a una labor más concreta"… Dice el
refrán: "Agua que no has de beber, déjala correr". Pero hay gentes
que no sienten reparo en beber agua en la que ya se ha escupido. ¡Qué de infamias
no habrán dicho nuestros excelentes "críticos" legales "del
marxismo" y admiradores ilegales de Rabóchaya
Mysl en nombre de este mayor concretamiento! ¡Hasta qué punto coartan todo
nuestro movimiento nuestra estrechez de miras, nuestra falta de iniciativa y
nuestra timidez, que se justifican con los argumentos tradicionales de que
"¡es mucho más fácil… en torno a una labor más concreta¡" ¡Y
Nadiezhdin, que se considera dotado de un sentido especial de la
"vida", que condena con singular severidad a los hombres de
"gabinete", que imputa (con pretensiones de agudeza) a Iskra la debilidad de ver en todas
partes "economismo", que se imagina estar a cien codos por encima de
esta división en ortodoxos y críticos, no se da cuenta de que, con sus
argumentos, favorece la estrechez de miras que le indigna y bebe precisamente
el agua llena de escupitajos! No basta, no, la indignación más sincera contra
la estrechez de miras, ni el deseo más ardiente de hacer levantar a las gentes
que se prosternan ante esta estrechez si el que se indigna va a merced de las
olas y del viento y si se aferra con tanta "espontaneidad" como los
revolucionarios de la década del 70 al "terror excitante", al
"terror agrario", al "toque a rebato", etc. Vean en qué
consiste ese "algo más concreto" en torno al que – cree él – será
"mucho más fácil" reunirse y organizarse: 1) periódicos locales; 2)
preparación de manifestaciones; 3) trabajo entre los obreros parados. A simple
vista se advierte que todo eso ha sido entresacado totalmente al azar, por
casualidad, pro decir algo, porque, comoquiera que se mire, será un perfecto
desatino ver en ello algo de especial utilidad para "reunir y
organizar". Y el mismo Naidezhdin dice unas páginas más adelante: "Ya
va siendo hora de hacer constar sencillamente un hecho: en el plano local se realiza
una labor pequeña en grado sumo, los comités no hacen ni la décima parte de lo
que podrían… los centros de unificación que tenemos ahora son una ficción, son
burocracia revolucionaria, sus miembros se dedican a ascenderse mutuamente a
generales, y así seguirán las cosas mientras no se desarrollen fuertes
organizaciones locales". No cabe duda de que estas palabras encierran, al
mismo tiempo que exageraciones, muchas y amargas verdades. ¿Será posible que
Nadiezhdin no vea el nexo existente entre la pequeña labor realizada en el
plano local y el estrecho horizonte de los dirigentes locales, la escasa
amplitud de sus actividades, cosas inevitables, dada la poca preparación de los
mismos, puesto que se encierran en los marcos de las organizaciones locales?
¿Será posible que Nadiezhdin haya olvidado, lo mismo que le autor del artículo
sobre organización publicado en Svoboda,
que el paso a una amplia prensa local (desde 1898) fue acompañado de una
intensificación especial del "economismo" y del "primitivismo en
el trabajo"?
69
Además, aunque se pudiera
organizar de manera más o menos satisfactoria "una abundante prensa
local" (ya hemos demostrado más arriba que es imposible, salvo en casos
muy excepcionales), ni siquiera en ese caso podrían tampoco los órganos locales
"reunir organizar" todas
las fuerzas de los revolucionarios para una ofensiva general contra la autocracia, para dirigir la lucha aunada . No se olvide que aquí sólo se
trata del alcance "colectivo", organizador, del periódico, y
podríamos hacer a Nadiezhdin, defensor del fraccionamiento, la misma pregunta
irónica que él hace: "¿No habremos heredado de alguna parte 200.000
organizadores revolucionarios?" Prosigamos. No se puede contraponer la "preparación de
manifestaciones" al plan de Iskra
por la sencilla razón de que este plan dice justamente que las manifestaciones
más extensas son uno de sus fines;
pero de lo que se trata es de elegir el
medio práctico. Nadiezhdin se ha vuelto a embrollar al perder de vista que
sólo puede "preparar" manifestaciones (que hasta ahora han sido
espontáneas pro completo en la inmensa mayoría de los casos) un ejército ya
"reunido y organizado", y lo que
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
nosotros no sabemos precisamente es reunir y
organizar. "Trabajo entre los obreros parados". Siempre la misma
confusión, ya que esto es también una de las operaciones bélicas de unos
efectivos movilizados y no un plan para movilizar dichos efectivos. El caso
siguiente demuestra hasta qué punto subestima Nadiezhdin, también en este
sentido, el daño que produce nuestro fraccionamiento, la falta de los
"200.000 organizadores". Muchos (Nadiezhdin entre ellos) han
reprochado a Iskra la parquedad de
noticias sobre el paro forzoso y la accidentalidad de las crónicas sobre los
fenómenos más habituales de la vida rural. El reproche es merecido, pero Iskra aparece como culpable sin tener
culpa alguna. Nosotros tratamos de "tender un cordelito" también pro
la aldea, pero en el campo no hay casi albañiles y se ha de alentar por fuerza a todo el que comunique aun
el hecho más habitual, abrigando la esperanza de que esto multiplique el número
de colaboradores en este terreno y nos
enseñe a todos a elegir, por fin, los hechos que resaltan de verdad. Pero
es tan escaso el mensaje que, sin o lo sintetizamos a escala nacional, no hay
absolutamente nada con que aprender. No cabe duda de que un hombre que tenga,
aunque sea aproximadamente, las aptitudes de agitador y el conocimiento de la
vida de los vagabundos que observamos en Nadiezhdin podría prestar al
movimiento servicios inestimables, haciendo agitación entre los obreros
parados; pero preocupara de dar a conocer a todos
los camaradas rusos cada paso de su actuación, para que sirva de enseñanza y
ejemplo a quienes, en su inmensa mayoría, aún no saben emprender esta nueva
labor.
De la importancia de
unificar y de la necesidad de "reunir y organizar" habla ahora todo
el mundo sin excepción, pero en la mayoría de los casos no se tiene la menor
idea concreta de por dónde empezar y cómo llevar a cabo esa unificación. Todos
convendrán, por seguro, en que si "unificamos", por ejemplo, los
círculos aislados de barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos de
barrio de una ciudad, harán falta para ello organismos
comunes , es decir, no sólo la denominación común de "unión",
sino una labor realmente común, un
intercambio de publicaciones de experiencia, de fuerzas y distribución de
funciones, no ya sólo por barrios, sino por oficios de todos los trabajos
urbanos. Todo el mundo convendrá en que un sólido mecanismo conspirativo no
cubrirá sus gastos (si es que puede emplearse una expresión comercial) con los
"recursos" (se sobreentiende que tanto materiales como personales) de
un barrio; que en este reducido campo de acción no pueda explayarse el talento
de un especialista. Pero lo mismo puede afirmarse de la unión de distintas
ciudades, porque incluso el campo de acción de una comarca aislada resulta, y ha resultado ya en la
historia de nuestro movimiento socialdemócrata, de una estrechez insuficiente:
lo hemos demostrado cumplidamente antes con el ejemplo de la agitación política
y de la labor de organización. Es de imperiosa e impostergable necesidad
ampliar ante todo este campo de acción, crear un nexo real entre las ciudades
respaldado en una labor regular y común,
porque el fraccionamiento deprime a la gente que "está en el hoyo"
(expresión del autor de una carta dirigida a Iskra) sin saber lo que pasa en el mundo, de quién aprender, cómo
conseguir experiencia y de qué manera satisfacer su deseo de una actividad
amplia. Y yo continúo insistiendo en que este nexo real sólo puede empezar a
establecerse con un periódico central que sea, para toda Rusia, la única
empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus aspectos más
variados, impulsando con ello a la
gente a seguir infatigablemente hacia delante, por todos los numerosos caminos llevan a la revolución, lo mismo que
todos los caminos llevan a Roma. Si deseamos la unificación no sólo de palabra
es necesario que cada círculo local dedique
inmediatamente, por ejemplo, una cuarta parte de sus fuerzas a un trabajo activo para la obra común. Y el periódico le muestra enseguida* los contornos
generales, las proporciones y el carácter de la obra; le muestra qué lagunas
son las que más se dejan sentir en toda la actividad general de Rusia; dónde no
hay agitación, dónde son débiles los vínculos, qué ruedecitas del inmenso
mecanismo general podría un círculo determinado arreglar o sustituir por otras
mejores. Un círculo que aún no haya trabajado y que sólo busque trabajo podría empezar
ya, no con los métodos primitivos del
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
artesano en su pequeño
taller aislado, que no conoce ni el desarrollo de la "industria"
anterior a él ni el estado general de los métodos vigentes de producción
industrial, sino como colaborador de una vasta empresa que refleja todo el empuje revolucionario general contra la autocracia.
Y cuanto más perfecta sea la preparación de cada ruedecita, cuanto mayor
cantidad de trabajadores sueltos participen en la obra común tanto más tupida
será nuestra red y tanta menos confusión provocarán en las filas comunes inevitables
descalabros.
* Con una salvedad:
siempre que simpatice con la orientación de este periódico y considere útil a
la causa ser su colaborador, entendiendo por ello no solamente la colaboración
literaria, sino toda la colaboración revolucionaria en general. Nota para
"Rabócheie Dielo": esta
salvedad se sobrentiende para los revolucionarios que aprecian el trabajo y no
el juego a la democracia, que no hacen distinción entre ser
"simpatizante" y participar de la manera más activa y real.
70
El vínculo efectivo
empezaría ya a establecerlo la mera difusión del periódico (si es que éste
merecería realmente el nombre del periódico, es decir, si apareciese
regularmente y no una vez al mes, como las revistas voluminosas, sino unas
cuatro veces). Hoy día son muy raras las relaciones entre las ciudades en
cuanto a los asuntos revolucionarios, en todo caso son una excepción; entonces,
estas relaciones se convertirían en regla, y, naturalmente, no sólo asegurarían
la difusión del periódico, sino también (lo que revista mayor importancia) el
intercambio de experiencia, informaciones, fuerzas y recursos. La labor de
organización alcanzaría en el acto una amplitud mucho mayor, y el éxito de una
localidad alentaría constantemente a seguir perfeccionándose, a aprovechar la
experiencia ya adquirida por un camarada que actúa en otro confín del país. El
trabajo local sería mucho más rico y variado que ahora; las denuncias de los
manejos políticos y económicos que se recogiesen por toda Rusia servirían para
la nutrición intelectual de los obreros de todas las profesiones y de todos los grados de desarrollo,
suministrarían datos y darían motivos para charlas y lecturas sobre los problemas más distintos,
planteados, además, por las alusiones de la prensa legal, pro lo que se dice en
sociedad y por los "tímidos" comunicados del gobierno. Cada
explosión, cada manifestación se enjuiciaría y discutiría en todos sus aspectos
y en todos los confines de Rusia, despertando el deseo de no quedar a la zaga,
de hacer las cosas mejor que nadie (¡nosotros, los socialistas, no desechamos
en absoluto toda emulación, toda "competencia" en general!), de
preparar conscientemente lo que la primera vez se hizo en cierto modo de manera
espontánea, de aprovechar las condiciones favorables de una localidad
determinada o de un momento determinado para modificar el plan de ataque, etc.
Al mismo tiempo, esta reanimación de la labor local no acarrearía la
desesperada tensión "agónica" de todas
las fuerzas, ni la movilización de todos
los hombres, como sucede a menudo ahora, cuando hay que organizar una
manifestación o publicar un número de un periódico local: por una parte, la
policía tropezaría con dificultades mucho mayores para llegar hasta la
"raíz", ya que no se sabría en qué localidad había que buscarla; por
otra, una labor regular y común enseñaría a los hombres a concordar, en cada
caso concreto, la fuerza de un ataque con el estado de fuerzas de tal o cual
destacamento del ejército común (ahora casi nadie piensa en parte alguna en esa
coordinación, pues los ataques son espontáneos en sus nueve décimas partes), y
facilitaría el "transporte" no sólo de las publicaciones, sino
también de las fuerzas revolucionarias.
Ahora, en la mayor parte de
los casos estas fuerzas se desangran en la estrecha labor local; en cambio,
entonces habría posibilidad y constantes ocasiones para trasladar a un agitador
u organizador más o menos capaz de un extremo a otro del país. Comenzando por
un pequeño viaje para resolver asuntos del partido y a expensas del mismo, los
militantes se acostumbrarían a vivir enteramente a costa del partido, a hacerse
revolucionarios profesionales, a formarse como verdaderos guías políticos.
Y si realmente lográsemos
que todos o una gran mayoría de los comités, grupos y círculos locales
emprendiesen activamente la labor común, en un futuro no lejano estaríamos en
condiciones de publicar un semanario que se difundiese regularmente en decenas de
millares de ejemplares por toda Rusia. Este periódico sería una partícula de un
enorme fuelle de
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
fragua que avivase cada
chispa de la lucha de clases y de la indignación del pueblo, convirtiéndola en
un gran incendio. En torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy pequeña
aún, pero regular y común en el pleno
sentido de la palabra, se concentraría sistemáticamente y se instruiría el
ejército permanente de luchadores probados. No tardaríamos en ver subir por los
andamios de este edificio común de organización y destacarse de entre nuestros
revolucionarios a los Zheliábov socialdemócratas; de entre nuestros obreros, a
los Bebel rusos, que se pondrían a la cabeza del ejército movilizado y
levantarían a todo el pueblo para acabar con la ignominia y la maldición de
Rusia.
¡En esto es en lo que hay que soñar!
***
"¡Hay que soñar!"
He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el
"Congreso de unificación" frente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se pone
en pie el camarada Martínov y se encara a mí con tono amenazador:
"Permítame que les pregunte: ¿tiene aún la redacción autónoma derecho a
soñar sin consultar antes a los comités del partido?" Tras él se yergue el
camarada Krichevski (profundizando filosóficamente al camarada Martínov, quien
hace mucho tiempo había profundizado ya al camarada Pejánov) y prosigue en tono
más amenazador aún: "Yo voy más lejos, si no olvida que, según Marx, la
humanidad siempre se plantea tareas realizables, que la táctica es un proceso
de crecimiento de las tareas, las cuales crecen con el partido".
71
Sólo de pensar en estas
preguntas amenazadoras me dan escalofríos y miro dónde podría esconderme.
Intentaré hacerlo tras Písarev.
"Hay disparidades y
disparidades –escribía Písarev a propósito de la existente entre los sueños y
la realidad —. Mis sueños pueden adelantarse al curso natural de los
acontecimientos o bien desviarse hacia donde el curso natural de los
acontecimientos no pueden llegar jamás. En el primer caso, los sueños no
producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del
trabajador… En sueños de esta índole no hay nada que deforme o paralice la
fuerza de trabajo. Todo lo contrario. Si el hombre estuviese privado por
completo de la capacidad de soñar así, si no pudiese adelantarse alguna que
otra vez y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la
obra que empieza a perfilarse por su mano, no podría figurarme de ningún modo
qué móviles lo obligarían a emprender y llevar a cabo vastas y penosas empresas
en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica… La
disparidad entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que
el soñador crea seriamente en un sueño, se fije atentamente en la vida, compare
sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje a
conciencia por que se cumplan sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre
los sueños y la vida, todo va bien" 94.
Pues bien, los sueños de
esta naturaleza, por desgracia, son rarísimos en nuestro movimiento. Y la culpa
la tienen, sobre todo, los representantes de la crítica legal y del
"seguidismo" ilegal que presumen de su sensatez, de sus
"proximidad" a lo "concreto".
c. ¿Qué tipo de organización necesitamos?
Por lo que precede, puede
ver el lector que nuestra "táctica-plan" consiste en rechazar el llamamiento inmediato al asalto, en
exigir que se organice "debidamente el asedio de la fortaleza enemiga" o, dicho en otros términos, en exigir que
todos los esfuerzos se dirijan a
![]()
94 Lenin cita el artículo de D. Písarev Errores de un pensamiento en agraz.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
reunir, organizar y
movilizar un ejército regular. Cuando pusimos en ridículo a Rabócheie Dielo por el cambio que dio,
pasando del "economismo" a los gritos sobre la necesidad del asalto (gritos que dio en el número 6
de Listok "R. Diela" 95 en abril de 1901), dicho órgano nos
atacó, como es natural, acusándonos de "doctrinarismo", diciendo que
no comprendemos el deber revolucionario, que exhortamos a la prudencia, etc.
desde luego, en modo alguno nos ha extrañado esta acusación en boca de gentes
que carecen de todo principio y que salen del paso con la sabihonda
"táctica-proceso"; como tampoco nos ha extrañado que esta acusación
la haya repetido Nadiezhdin, que en general tiene el desprecio más olímpico por
la firmeza de los principios programáticos y tácticos.
Dicen que la historia no se
repite. Pero Nadiezhdin hace los imposibles por repetirla e imitarla con tesón
a Tkachov, denigrando el "culturalismo revolucionario", vociferando
sobre "las campanas al vuelo del Veche"*,
pregonando un "punto de vista" especial "de vísperas de la
revolución", etc. Por lo visto, olvida la conocida sentencia de que, si el
original de un acontecimiento histórico es una tragedia, su copia no es más que
una farsa 96. La tentativa de adueñarse del poder
–tentativa preparada por la prédica de Tkachov y realizada por el terrorismo
"horripilante" y que en realidad horripilaba entonces– era
majestuosa, y, en cambio, el terrorismo "excitante" del pequeño
Tkachov es simplemente ridículo; sobre todo, es ridículo cuando se complementa
con la idea de organizar a los obreros medios.
* Veche: asamblea
popular en la antigua Rusia, para la que se convocaba al toque de campana. (N. de la edit.)
"Si Iskra –escribe Nadiezhdin– saliese de su
esfera del literaturismo, vería que esto (hechos como la carta de un obrero en
el número 7 de Iskra, etc.) son
síntomas demostrativos de que pronto, muy pronto, comenzará el
"asalto", y hablar ahora (¡sic!)
de una organización cuyos hilos arranquen de un periódico central para toda
Rusia es fomentar ideas y labor de gabinete". Fíjense en esta confusión
inimaginable: por una parte, terrorismo excitante y "organización de los
obreros medios" a la par con la idea de que es "más fácil"
reunirse en torno a algo "más concreto", por ejemplo, de periódicos
locales, y, por otra parte, hablar "ahora" de una organización para
toda Rusia significa dar ideas de gabinete, es decir (empleando un lenguaje más
franco y sencillo), ¡"ahora" ya es tarde! Y para "fundar a vasta
escala periódicos locales" ¿no es tarde, respetabilísimo L. Nadiezhdin?
Comparen con eso el punto de vista y la táctica de Iskra: el terrorismo excitante es una tontería; hablar de organizar
precisamente a los obreros medios y de fundar a vasta escala periódicos locales significa abril de par en par las
puertas al "economismo". Es preciso hablar de una organización de
revolucionarios única para toda Rusia, y no será tarde hablar de ella hasta el
momento en que empiece el asalto de verdad, y no sobre el papel.
"Si – continúa
Nadiezhdin —, en cuanto a la organización, nuestra situación está muy lejos de
ser brillante: sí, Iskra tiene
completa razón cuando dice que el grueso de nuestras fuerzas militares está
construido pro voluntarios e insurrectos… Está bien que tengáis una idea lúcida
del estado de nuestras fuerzas, pero ¿por qué olvidáis que la multitud no es en absoluto nuestra y que por eso no nos
preguntará cuándo hay que romper
las hostilidades y se lanzará al "motín"?… Cuando la multitud empiece
a actuar ella misma con su devastadora fuerza espontánea, puede arrollar y desalojar al "ejército regular", al que
siempre se pensaba organizar en forma extraordinariamente sistemática, pero no hubo tiempo de hacerlo. (Subrayado por
mí).
72
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95 "Listok
"Rabóchego Diela""
("La Hoja de "Rabócheie Dielo""): suplemento no periódico
de la revista Rabócheie Dielo; se
editó en Ginebra desde junio de 1900 hasta julio de 1901, apareciendo
únicamente ocho números.
96 Lenin alude al siguiente pasaje de la
obra de Carlos Marx El Dieciocho Brumario
de Luis Bonaparte: "Hegel dice en alguna parte que todos los grandes
hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos,
dos veces. Pero se olvidó de agregar; una vez como tragedia y otra vez como
farsa". (Véase C. Marx y F. Engels, Obras
Escogidas en tres tomos, t. I, pág. 408, ed. en español, Moscú)
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
¡Extraña lógica! Precisamente porque "la multitud no
es nuestra" es insensato e indecoroso dar gritos de "asalto"
inmediato, ya que el asalto es un ataque de un ejército regular y no una
explosión espontánea de la multitud. Precisamente porque la multitud puede arrollar y desalojar al ejército
regular necesitamos sin falta que toda nuestra labor de "organización
extraordinariamente sistemática" del ejército regular marche a la par con
el auge espontáneo, porque cuanto mejor consigamos esta organización tanto más
probable será que el ejército regular no sea arrollado por la multitud, sino
que se ponga a su frente y la encabece. Nadiezhdin se confunde porque se
imagina que este ejército sistemáticamente organizado se ocupa de algo que lo
aparta de la multitud, mientras que, en realidad, éste se ocupa exclusivamente
de una agitación política múltiple y general, es decir, justamente de la labor
que aproxima y funde en un todo la
fuerza destructora espontánea de la multitud y la fuerza destructora consciente
de la organización de revolucionarios. La verdad es que ustedes, señores,
inculpan al prójimo las faltas propias, pues precisamente el grupo Svoboda, al introducir en el programa el terrorismo, exhorta
con ello a crear una organización de terroristas, y una organización así
desviaría realmente a nuestro ejército de su aproximación a la multitud que,
por desgracia, ni es aún nuestra ni nos pregunta, o nos pregunta poco, cuándo y
cómo hay que romper las hostilidades.
"Nos pillará
desprevenidos la propia revolución –continúa Nadiezhdin, asustando a Iskra —, como nos ha ocurrido con los
acontecimientos actuales, que nos han caído encima como un alud". Esta
frase, relacionada con las que hemos citado antes, nos demuestra palmariamente
que es absurdo el "punto de vista" especial "de vísperas de la
revolución" ideado por Svoboda*.
Hablando sin ambages, el "punto de vista" especial se reduce a que
"ahora" ya es tarde para
deliberar y prepararse. Pero en este caso, ¡oh, respetabilísimo enemigo del
"literaturismo"!, ¿para qué escribir 132 páginas impresas "sobre
cuestiones de teoría** y táctica"? ¿No le parece que "al punto de
vista de vísperas de la revolución" le iría mejor publicar 132.000 octavillas
con un breve llamamiento: "¡Por ellos!"?
* En vísperas de la
revolución, pág. 62.
** Dicho sea de paso, L. Nadiezhdin no dice
casi nada de los problemas de teoría en su "revista de cuestiones
teóricas", si prescindimos del siguiente pasaje, sumamente curioso
"desde el punto de vista de vísperas de la revolución": "La
bernsteiniada en su conjunto pierde para nuestro momento su carácter agudo,
como lo mismo nos da que el señor Adamóvich demuestre que el señor Struve debe
presentar la dimisión o que, por el contrario, el señor Struve desmienta al
señor Adamóvich y no consienta en dimitir. Nos da absolutamente igual, porque
ha sonado la hora decisiva de la revolución" (pág. 110). Sería difícil
describir con mayor relieve la despreocupación infinita de L. Nadiezhdin por la
teoría. ¡¡Como hemos proclamado que estamos en "vísperas de la
revolución", "nos da absolutamente lo mismo" que los ortodoxos
logren o no desalojar definitivamente de sus posiciones a los críticos!! ¡Y nuestro sabio no se percata de que,
precisamente durante la revolución, nos harán falta los resultados de la lucha
teórica contra los críticos para luchar resueltamente contra sus posiciones prácticas!
Precisamente correr menor
riesgo de que lo pille desprevenido la revolución quien coloca en el ángulo
principal de todo su programa, de toda su táctica,
de toda su labor de organización la agitación política entre todo el pueblo, como
hace Iskra. Los que se dedican en
toda Rusia a trenzar los hilos de la organización que arranque de un periódico
central para todo el país, lejos de que los pillen desprevenidos los sucesos de
la primavera, nos han ofrecido la posibilidad de pronosticarlos. Tampoco los
han pillado desprevenidos las manifestaciones descritas en los números 13 y 14
de Iskra; por el contrario, han
tomado parte en ellas, con viva conciencia de que su deber era acudir en ayuda
del ascenso espontáneo de la multitud, contribuyendo al mismo tiempo, por medio
de su periódico, a que todos los camaradas rusos conozcan estas manifestaciones
y utilicen su experiencia. ¡Y si conservan la vida, tampoco dejarán que los
pille desprevenidos la revolución, que reclama de nosotros, ante todo y por
encima de todo, que saquemos experiencia en la agitación, sepamos apoyar
(apoyar a la manera socialdemócrata) toda protesta y acertemos a orientar el
movimiento espontáneo, salvaguardándolo de los errores de los amigos y de las
celadas de los enemigos!
Hemos llegado, pues, a la
última razón que nos obliga a hacer particular hincapié en el plan de una
organización formada en torno a un periódico central para toda Rusia, mediante
la labor conjunta en este periódico común. Sólo una organización semejante aseguraría
la
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
flexibilidad indispensable a
la organización socialdemócrata combativa, es decir, la capacidad de adaptarse
en el acto a las condiciones de lucha más variadas y cambiantes con rapidez;
saber, "de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo
que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando concentra éstas en un
punto, y para saber de otro lado, aprovechar la torpeza de movimientos de este
enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser
atacado"*.
* Iskra, núm. 4: ¿Por dónde
empezar? "Un trabajo largo no asusta a los revolucionarios
culturalistas que no comparten el punto de vista de vísperas de la
revolución", escribe Nadiezhdin (pág. 62). Con este motivo haremos la
siguiente observación: si no sabemos elaborar una táctica política y un plan de
organización orientados sin falta hacia una labor
muy larga y que al mismo tiempo aseguren, por el propio proceso de este
trabajo, la disposición de nuestro
partido a ocupar su puesto y cumplir con su deber en cualquier circunstancia
imprevista, pro más que se precipiten los acontecimientos, seremos simplemente
unos deplorables aventureros políticos. Sólo Nadiezhdin, que ha empezado a
llamarse socialdemócrata desde ayer, puede olvidar que el objetivo de la
socialdemocracia consiste en transformar de raíz las condiciones de vida de
toda la humanidad, pro lo cual es imperdonable que un socialdemócrata se
"asuste" por lo largo del trabajo.
73
Sería un gravísimo error
montar la organización del partido cifrando las esperanzas sólo en las
explosiones y luchas de las calles o sólo en la "marcha progresiva de la
lucha cotidiana y monótona". Debemos desplegar siempre nuestra labor
cotidiana dispuestos a todo, porque muchas veces es casi imposible prever por
anticipado cómo alternarán los períodos de explosiones con los de calma y, aun
cuando fuera posible preverlo, no se podría aprovechar la previsión para
reconstruir la organización, porque en un país autocrático estos cambios se
producen con asombrosa rapidez, a veces como consecuencia de una incursión,
nocturna de los genízaros zaristas 97. De
la revolución misma no debe uno forjarse la idea de que sea un acto único
(como, por lo visto, se la imaginan los Nadiezhdin), sino de que es una
sucesión rápida de explosiones más o menos violentas, alternando con períodos
de calma más o menos profunda. Por tanto, el contenido fundamental de las
actividades de la organización de nuestro partido, el centro de gravedad de
estas actividades debe consistir en una labor que es posible y necesaria tanto
durante el período de la explosión más violenta como durante el de la calma más
completa, a saber: en una labor de agitación política unificada en toda Rusia
que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que dirija a las más
grandes masas. Y esta labor es inconcebible en la Rusia actual sin un periódico
central para toda Rusia que aparezca muy a menudo. La organización que se forme
por sí misma en torno a este periódico, la organización de sus colaboradores
(en la acepción más amplia del término, es decir, de todos los que trabajan en
trono a él) estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar el honor, el
prestigio y la continuidad del partido en los momentos de mayor
"depresión" revolucionaria, hasta prepara la insurrección armada de
todo el pueblo, fijar fecha para su comienzo y llevarla a la práctica.
En efecto, figurémonos una
redada completa, muy corriente entre nosotros, en una o varias localidades. Al
no haber en todas las organizaciones locales una labor común llevada en forma
regular, estos descalabros van acompañados a menudo de la interrupción del
trabajo por largos meses. En cambio, si todas tuvieran una labor común,
bastarían, en el caso de la mayor redada, unas cuantas semanas de trabajo de
dos o tres personas enérgicas para poner en contacto con el organismo central
común a los nuevos círculos de la juventud que, como es sabido, incluso ahora
brotan con suma rapidez; y cuando la labor común que sufre los descalabros está
a la vista de todo el mundo, los nuevos círculos pueden surgir y ponerse en
contacto con dicho organismo central más pronto aún.
Por otra parte, imagínense
una insurrección popular. Ahora es probable que todo el mundo esté de acuerdo
en que debemos pensar en ella y prepararnos para ella. Pero ¿cómo prepararnos?
¡No se querrá que el Comité Central, éste no lograría absolutamente nada con
designarlos, dadas las actuales condiciones rusas. Por el contrario, una red de
agentes* que
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97 Genízaros: infantería regular en la Turquía de
los sultanes, creada en el siglo XIV. Era la fuerza policíaca principal y se
distinguía por su crueldad excepcional. Los regimientos de genízaros fueron
disueltos en 1826. Lenin llamaba genízaros a los policías zaristas.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
se forme por sí misma en el trabajo de organización y difusión
de un periódico central no tendría que "aguardar con los brazos
cruzados" la consigna de la regular que le garantizase, en caso de
insurrección, las mayores probabilidades de éxito. Esa misma labor es la que
reforzaría los lazos de unión tanto con las más grandes masas obreras como con
todos los sectores descontentos de la autocracia, lo cual suma importancia para
la insurrección. En esa labor precisamente se formaría la capacidad de
enjuiciar con tino la situación política general y, por tanto, la capacidad de
elegir el momento adecuado para la insurrección. Esa misma labor es la que
acostumbraría a todas las
organizaciones locales a hacerse unísono eco de los problemas, casos y sucesos
políticos que agitan a toda Rusia, responder a estos "sucesos" con la
mayor energía posible, de la manera más uniforme y conveniente posible; y la
insurrección es, en el fondo, la "respuesta" más enérgica, más
uniforme y más conveniente de todo el pueblo al gobierno. Esa misma labor es la
que acostumbraría, por último, a todas las organizaciones revolucionarias, en
todos los confines de Rusia, a mantener las relaciones más constantes, y
conspirativas a la vez, que crearían la unidad efectiva del partido; sin estas relaciones es imposible discutir
colectivamente un plan de insurrección ni adoptar las medidas preparatorias
indispensables en vísperas de ésta, medidas que deben guardarse en el secreto
más riguroso.
* ¡Ay! ¡Se me ha escapado una vez más la truculenta palabra
"agentes" que tanto hiere el democrático oído de los Martínov! Me
extraña que esta palabra no haya molestado a los corifeos de la década del y0
y, en cambio, moleste a los primitivos de la del 90. Me gusta esta palabra,
porque indica de un modo claro y tajante la
causa común a la que todos los agentes subordinan sus pensamientos y sus
actos, y si hubiese que sustituir esta palabra por otra, yo sólo elegiría el
término "colaborados", si éste no tuviese cierto deje de
literaturismo y de vaguedad. Porque lo que necesitamos es una organización
militar de agentes. A propósito sea dicho, los numerosos Martínov (sobre todo,
en el extranjero), que gustan de "ascenderse recíprocamente a
generales", podrían decir, en lugar de "agente en asuntos de
pasaportes", "comandante en jefe de la unidad especial destinada a
proveer de pasaportes a los revolucionarios", etc.
74
En pocas palabras, "el
plan de un periódico político central para toda Rusia", lejos de ser el
fruto de un trabajo de gabinete de personas contaminadas de doctrinarismo y
literaturismo (como les ha parecido a gentes que han meditado poco en él), es,
por el contrario, el plan más práctico de empezar a prepararse en el acto y por
doquier par la insurrección, sin olvidar al mismo tiempo ni por un instante la
labor corriente de cada día.
Conclusión
La historia de la socialdemocracia rusa se divide
manifiestamente en tres períodos.
El primer período comprende
cerca de un decenio, de 1884 a 1894 poco más o menos. Fue el período en que
brotaron y se afianzaron la teoría y el programa de la socialdemocracia. El
número de adeptos de la nueva tendencia en Rusia se podía contar con los dedos
de las manos. La socialdemocracia existía sin movimiento obrero y pasaba, como
partido político por el proceso de desarrollo intrauterino.
El segundo período abarca
tres o cuatro años, de 1894 a 1898. La socialdemocracia aparece como movimiento
social, como impulso de las masas populares, como partido político. Fue el
período de infancia y adolescencia. Con la rapidez de una epidemia, se propaga
el apasionamiento general de los intelectuales por la lucha contra el populismo
y por la corriente de ir hacia los obreros, el apasionamiento general de los
obreros por las huelgas. El movimiento hace grandes progresos. La mayoría de
los dirigentes eran hombres muy jóvenes que estaban lejos de haber alcanzado la
"edad de treinta y cinco años", que el señor N. Mijailovski tenía por
algo así como frontera natural. Por su juventud, no estaban preparados para la
labor práctica y desaparecían de la escena con asombrosa rapidez. Pero la
magnitud
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
de su trabajo, en la mayoría
de los casos, era muy grande. Muchos de ellos comenzaron a pensar de un modo
revolucionario como adeptos del grupo Libertad del Pueblo. Casi todos rendían
en sus mocedades pleitesía los héroes del terrorismo, y les costó mucho trabajo
sustraerse a la impresión seductora de esta tradición heroica; hubo que romper
con personas que a toda costa querían seguir siendo fieles a Libertad del
Pueblo y gozaban de gran respeto entre los jóvenes socialdemócratas. la lucha
obligaba a estudiar, a leer obras ilegales de todas las tendencias, a ocuparse
intensamente de los problemas del populismo legal. Formados en esta lucha, los
socialdemócratas acudían al movimiento obrero sin olvidar "un
instante" ni la teoría del marxismo que les alumbró con luz meridiana ni
la tarea de derrocar a la autocracia. La formación del partido, en la primavera
de 1898, fue el acto de mayor relieve, y último
a la vez, de los socialdemócratas de aquel período.
El tercer período despunta, como acabamos de ver, en 1897 y
viene a sustituir definitivamente al segundo en 1898 (1898 -¿). Es el período
de dispersión, de disgregación,, de vacilación. Igual que mudan la voz los
adolescentes, la socialdemocracia rusa de aquel período también la mudó y
empezó a dar notas falsas, por una parte, en las obras de los señores Struve,
Prokopóvich, Bulgákov y Berdiáiev, y, por otra, en las de V. I.-n, R.M., B.
Krichevski y Martínov. Pero iban cada uno por su lado y retrocedían los
dirigentes nada más: el propio movimiento seguía creciendo y haciendo progresos
gigantescos. La lucha proletaria englobaba nuevos sectores de obreros y se
propagaba por toda Rusia, contribuyendo a la vez indirectamente a avivar el
espíritu democrático entre los estudiantes y entre los otros sectores de la
población. Pero la conciencia de los dirigentes cedió ante la magnitud y el
vigor del crecimiento espontáneo. Entre los socialdemócratas predominaba ya
otra clase de gente: los militantes formados casi exclusivamente en el espíritu
de la literatura marxista "legal", cosa tanto más insuficiente cuanto
más alto era el nivel de conciencia que reclamaba de ellos la espontaneidad de
las masas. Los dirigentes no sólo quedaban rezagados tanto en el sentido
teórico ("libertad de crítica") como en el terreno práctico
("métodos primitivos de trabajo"), sino que intentaban defender su
atraso recurriendo a toda clase de argumentos rimbombantes. El movimiento
socialdemócrata era rebajado al nivel del tradeunionismo tanto por los
brentanistas de la literatura legal como por los seguidistas de la ilegal. El
programa del Credo comienza a
llevarse a la práctica, sobre todo, cuando los "métodos primitivos de
trabajo" de los socialdemócratas, reavivan las tendencias revolucionarias
no socialdemócratas.
75
Y si el lector me reprocha
que me haya explayado con exceso de pormenores en un periódico como Rabócheie Dielo, le contestaré: R. Dielo ha adquirido una importancia
"histórica" por haber reflejado con el mayor relieve el
"espíritu" de este tercer período*. No era el consecuente R. M., sino
precisamente los Krichevski y Martínov, que cambian de dirección como las veletas
a los cuatro vientos, quienes podían expresar de verdad la dispersión, las
vacilaciones y la disposición a hacer
concesiones a la "crítica", al "economismo" y al
terrorismo. Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de
algún admirador de "lo absoluto" por la labor práctica, sino
precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación
por la teoría. Más que negar abiertamente las "grandes palabras", lo
que hacían los héroes de este período era envilecerlas:. El socialismo
científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en
una mezcolanza a la que se añadían "libremente" líquidos procedentes
de cualquier manual alemán nuevo; la consigna de "lucha de clases" no
impulsaba a una actividad cada vez más amplia, cada vez más enérgica, sino que
servía de amortiguador, ya que "la lucha económica está íntimamente ligada
a la lucha política"; la idea del partido no exhortaba a crear una
organización combativa de revolucionarios, sino que justificaba una especie de
"burocracia revolucionaria" y el juego infantil a formas
"democráticas".
*
Podría
contestar también con un refrán alemán: "Den Sack schlägt man, den Esel
meint man", lo cual quiere decir: quien a uno castiga, a ciento hostiga.
No sóloRab. Dielo, sino la gran masa
de los militantes dedicados al trabajo práctico y de los
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
teóricos
sentían entusiasmo por la "crítica" de moda, se armaban un lío con la
espontaneidad, se desviaban de la concepción socialdemócrata de nuestras tareas
política y orgánicas hacia la concepción tradeunionista.
Ignoramos cuándo acabará el
tercer período y empezará el cuarto (en todo caso anunciado ya por muchos
síntomas). Del campo de la historia pasamos aquí al terreno de lo presente y,
en parte, de lo futuro. Pero creemos con firmeza que el cuarto período ha de
conducir al afianzamiento del marxismo militante, que la socialdemocracia rusa
saldrá fortalecida y arreciada de la crisis, que la retaguardia oportunista
será "relevada" por un verdadero destacamento de vanguardia de la
clase más revolucionaria.
A guisa de exhortación a
este "relevo", y resumiendo lo que acabamos de exponer, podemos dar
esta escueta respuesta a la pregunta: ¿qué hacer?:
Acabar con el tercer período.
Anexo. Intento de fusionar "Iskra" con "Rabócheie
Dielo
Nos resta esbozar la táctica
adoptada y consecuentemente aplicada por Iskra
en las relaciones orgánicas con Rabócheie
Dielo . Esta táctica ha sido expuesta ya por completo en el número 1 de Iskra, en el artículo sobre La escisión
de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero*. Admitimos en seguida
el punto de vista de que la verdadera Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero, reconocida por el I Congreso de nuestro partido como su
representante fuera del país, se había escindido en dos organizaciones; que
seguía pendiente el problema de la representación del partido, puesto que lo
había resuelto sólo con carácter provisional y convencional, en el Congreso
internacional celebrado en París, la elección de dos miembros procedentes de
Rusia, uno por cada parte de la Unión escindida, para el Buró Socialista
Internacional permanente 98 hemos declarado que, en fondo,
Rabócheie Dielo no tenía razón; en cuanto a los principios, nos colocamos
resueltamente al lado del grupo Emancipación del Trabajo, pero nos negamos, al
mismo tiempo, a entrar en detalles de la escisión y señalamos los méritos de la
Unión en el terreno de la labor puramente práctica**.
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 384-385. (N. de la Edit.)
** Este juicio sobre la escisión no sólo se
basaba en el conocimiento de las publicaciones, sino en datos recogidos en el
extranjero por algunos miembros de nuestra organización que habían estado allí.
De modo que nos manteníamos,
hasta cierto punto, a la expectativa: hacíamos una concesión al criterio
imperante entre la mayoría de los socialdemócratas rusos, los cuales sostenían
que incluso los enemigos más decididos del "economismo" podían trabajar
codo con codo con la Unión, porque ésta había declarado más de una vez que
estaba de acuerdo en principio con el grupo Emancipación del Trabajo y que no
pretendía, según afirmaba, tener una posición
independiente en los problemas cardinales de la teoría y de la táctica. El
acierto de la posición que habíamos
adoptado lo corrobora indirectamente el hecho de que, casi en el momento de
aparecer el primer número de Iskra
(diciembre de 1900), se separaron de la Unión tres miembros, formando el
llamado grupo de iniciadores, los cuales se dirigieron: 1) a la sección de la
organización de Iskra en el
extranjero; 2) a la Organización Revolucionaria Sotsial-Demokrat, y 3) a la
Unión, proponiendo sus mediación para entablar negociaciones
![]()
98 Buró
Socialista Internacional (BSI): órgano ejecutivo e informativo permanente de la II
Internacional, integrado por representantes de todos los partidos socialistas
adheridos a ella.
Para representar en él a los
socialdemócratas rusos fueron elegidos J. Plejánov y B. Krichevski. Lenin pasó
a formar parte de BSI en 1905 en nombre de POSDR. EL Buró dejó de actuar en
1914.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
conciliadoras. Las dos
primeras organizaciones aceptaron en seguida, la tercera se negó. Por cierto, cuando en el Congreso de
"unificación", celebrado el año pasado, uno de los oradores expuso
los hechos citados, un miembro de la administración de la Unión declaró que su
negativa se debía exclusivamente a que la Unión estaba descontenta de la composición del grupo de iniciadores.
Estimando que es mi deber insertar esta explicación, no puedo, sin embargo,
dejar de observar por mi parte que no la considero satisfactoria: como la Unión
estaba al tanto de la conformidad de las dos organizaciones para entablar
negociaciones, podía dirigirse a ellas por conducto de otro mediador o
directamente.
En la primavera de 1901,
tanto Zariá (núm. 1, abril) como Iskra (núm. 4, mayo) entablaron una
polémica directa contra Rabócheie Dielo*.
Iskra atacó, sobre todo, el Viraje
histórico de Rabócheie Dielo, que
en su hoja de abril, esto es, después de los acontecimientos de primavera, dio ya muestras de poca
firmeza respecto al apasionamiento por el terrorismo y por los llamamientos
"sanguinarios". A pesar de esta polémica, la Unión contestó que
estaba dispuesta a reanudar las negociaciones de conciliación por intermedio de
un nuevo grupo de "conciliadores". La conferencia preliminar de
representantes de las tres organizaciones citadas se celebró ene l mes de junio
y elaboró un proyecto de pacto basado en un detalladísimo "acuerdo en
principio", publicado por la Unión en el folleto Dos congresos y por la Liga en el folleto Documentos del Congreso de "unificación".
* Véase V. I. Lenin. Obras
Completas, 5ª ed. en ruso, t. 5, pág. 1-13 (N. de la Edit.)
76
El contenido de este acuerdo
(o, como suele llamársele, resoluciones a la Conferencia de junio) adoptado con
arreglo a los principios demuestra con claridad meridiana que nosotros
exigíamos, como condición indispensable para la unificación, que se repudiara
del modo más decidido toda manifestación de oportunismo en general y de
oportunismo ruso en particular. "Rechazamos –dice el primer párrafo— todas
las tentativas de introducir el oportunismo en la lucha de clase del
proletariado, tentativas que se han manifestado en el llamado
"economismo", bernsteinianismo, millerandismo, etc.". "La
esfera de actividad de la socialdemocracia comprende… la lucha ideológica
contra todos los adversarios del marxismo revolucionario" (4, c). "En
todas las esferas de la labor de agitación y de organización, la
socialdemocracia no debe olvidar ni un instante la tarea inmediata del
proletariado ruso: derrocar a la autocracia" (5, a); … "la agitación,
no sólo en el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra el
capital" (5,b); … "no reconociendo … la fase de la lucha puramente
económica y de la lucha por reivindicaciones políticas parciales" (5, c);
… "consideramos de importancia para el movimiento criticar las corrientes
que erigen en principio… lo elemental… y lo estrecho de las formas inferiores
del movimiento" (5, d). Incluso una persona completamente extraña, después
de leer más o menos atentamente estas resoluciones, ha de ver pro su mismo
enunciado que se dirigen contra quienes eran oportunistas y
"economistas" y han olvidado, aunque sólo sea un instante, la tarea
de derribar la autocracia, contra quienes han aceptado la teoría de las fases,
han erigido en principio la estrechez de miras, etc. Y quien reconozca más o
menos la polémica que el grupo Emancipación del Trabajo, Zariá e Iskra han tenido
con Rabócheie Dielo, no dudará un
instante que estas resoluciones rechazan, punto por punto, precisamente las
aberraciones en que había caído Rabócheie
Dielo. Por eso, cuando en el Congreso de "unificación" uno de los
miembros de la Unión declaró que los artículos publicados en el número 10 de Rabóchie Dielo no se debían al nuevo
"viraje histórico" de la Unión, sino al espíritu demasiado "abstracto"* de las
resoluciones, uno de los oradores lo puso con toda razón en ridículo. Las
resoluciones, contestó, lejos de ser abstractas, son increíblemente concretas:
basta echarles una ojeada para ver que "se quería cazar a alguien".
* Esta afirmación se repite en Dos congresos, pág. 25.
Esta expresión motivó en el
congreso un episodio característico. Por una parte, B. Krichevski se aferró a
la palabra "cazar", creyendo que era un lapsus delator de mala
intención por nuestra parte ("tener una emboscada") y exclamó en tono
patético: "¿A quién se iba a cazar?"
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
"Sí, en efecto, ¿a
quién?", preguntó irónicamente Plejánov. "Yo ayudaré al camarada
Plejánov en su perplejidad –contestó B. Krichevski—, yo le explicaré a quien se
quería cazar era a la redacción de "R.
Dielo". (Hilaridad general) ¡Pero no nos hemos dejado cazar!" (Exclamaciones de la izquierda:
"¡Peor para vosotros!") Por otra parte, un miembro del grupo Borbá
(grupo de conciliadores), pronunciándose contra las enmiendas de la Unión a las
resoluciones, y en su deseo de defender a nuestro orador, declaró que,
evidentemente, la expresión "se quería cazar" se había escapado sin
querer en el calor de la polémica.
Por lo que a mí se refiere
creo que el orador que ha empleado la expresión o se sentirá del todo
satisfecho de esta "defensa". Yo creo que las palabras "se
quería cazar a alguien" fueron "dichas en broma, pero pensadas en
serio": nosotros hemos acusado siempre a R. Dielo de falta de firmeza, de vacilaciones, razón por la cual
debíamos, naturalmente, tratar de cazarlo para hacer imposibles las
vacilaciones en lo sucesivo. No se podía hablar aquí de mala intención porque
se trataba de falta de firmeza en los principios. Y hemos sabido
"cazar" a la Unión procediendo lealmente*, de manera que las
resoluciones de junio fueron firmadas por el propio b. Krichevski y por otro
miembro de la administración de la Unión.
* A saber: en la introducción a las resoluciones de junio dijimos
que la socialdemocracia rusa mantuvo siempre en conjunto la posición de fidelidad a los principios del
grupo Emancipación del Trabajo y que el mérito de la Unión estaba sobre todo en
su actividad en el terreno de las publicaciones y de la organización. En otros
términos, dijimos que estábamos completamente dispuestos a olvidar el pasado y
a reconocer que la labor de nuestros camaradas de la Unión era útil a la causa,
a condición de que acabaran por completo con las vacilaciones, objeto de
nuestra "caza". Toda persona imparcial que lea las resoluciones de junio
las comprenderá sólo en este sentido. Pero si ahora la Unión nos acusa
solemnemente de faltar a la verdad (Dos
congresos, pág. 30) por estas palabras sobre sus méritos, después de haber
provocado ella misma con su nuevo viraje hacia el "economismo" (en
los artículos del número 10 y en las enmiendas) la ruptura, esta acusación,
como es natural, no puede menos de provocar una sonrisa.
77
Los artículos publicados en
el número 10 de R. Dielo (nuestros
camaradas vieron este número sólo cuando hubieron llegado al congreso y unos
días antes inaugurarse éste) demostraban claramente que del verano al otoño se
había producido otro viraje en la Unión: los "economistas" obtuvieron
una vez más la supremacía, y la redacción, dúctil a toda nueva
"corriente", volvió a defender a los "más declarados
bernsteinianos", la "libertad de crítica" y la
"espontaneidad" y a predicar por boca de Martínov la "teoría de
restringir" la esfera de nuestra influencia política (con el propósito
aparente de complicar esta misma influencia). Una vez más se ha confirmado la
certera observación de Parvus de que es difícil cazar a un oportunista con una
simple fórmula, porque le cuesta tan poco firmar cualquier fórmula como renegar
de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de principios
más o menos definidos y firmes. Hoy, los oportunistas rechazan toda tentativa
de introducir el oportunismo, rechazan toda restricción, prometen solemnemente
"no olvidar un instante el derrocamiento de la autocracia", hacer
"agitación no sólo en el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado
contra el capital", etc. Y mañana cambian de tono y vuelven a las andadas
so pretexto de defender la espontaneidad, de la marcha progresiva de la lucha
cotidiana y monótona, de ensalzar las reivindicaciones que prometen resultados
palpables, etc. Al continuar afirmando que en los artículos del número 10 la "Unión
no ha visto ni ve ninguna abjuración herética de los principios generales del
proyecto de la conferencia" (Dos congresos, pág. 26), la Unión sólo revela
con ello que es incapaz por completo o que no quiere comprender el fondo de las
discrepancias.
Después del número 10 de R.
Diego nos quedaba por hacer una sola tentativa: iniciar una discusión general
para convencernos de si toda la Unión se solidarizaba con estos artículos y con
su redacción. La Unión, está disgustada con nosotros, sobre todo, por este
hecho y nos acusa de que intentamos sembrar la discordia en su seno, de que nos
inmiscuimos en cosas ajenas, etc. Acusaciones a todas luces infundadas, porque,
teniendo una redacción compuesta por elección y dúctil para "girar"
al menor soplo del viento, y éramos nosotros quienes determinábamos esa
dirección en las sesiones a puerta cerrada, a las que sólo asistían los
miembros de las organizaciones venidas para unificarse. Las enmiendas que se ha
introducido en las resoluciones de junio en nombre de la Unión nos han quitado
el último
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
asomo de esperanza de llegar a un acuerdo. Las enmiendas son una
prueba documental del nuevo viraje hacia el "economismo" y de la
solidaridad de la mayoría de la Unión con el número 10 de R. Dielo . Se borraba del número de manifestaciones del oportunismo
el "llamado economismo" (debido ala supuesta "vaguedad" de
estas palabras, si bien de esta motivación no se deduce sino la necesidad de
definir con mayor exactitud la esencia de una aberración muy extendida);
también se borraba el "millerandismo" (si bien B. Krichevski lo
defendía en R. Dielo, núm. 2-3, pág.
83-84, y con mayor franqueza aún en Vorwärts*).
A pesar de que las resoluciones de junio indicaban de manera terminante que la
tarea de la socialdemocracia consistía en "dirigir todas las
manifestaciones de lucha del proletariado contra todas las formas de opresión
política, económica y social",
exigiendo con ello que se introdujera método y unidad en todas estas
manifestaciones de lucha, la Unión añadía palabras superfluas por demás,
diciendo que la "lucha económica es un poderoso estímulo para el
movimiento de masas" (estas palabras, de pro sí, son indiscutibles, pero,
existiendo un "economismo" estrecho, no podían menos de llevar a
interpretaciones falsas). Más aún, se ha llegado hasta a restringir con descaro
en las resoluciones de junio la "política", ya eliminando las
palabras "ni por un instante" (no olvidar el objetivo del
derrocamiento de la autocracia), ya añadiendo las palabras "la lucha
económica es el medio aplicable con la
mayor amplitud para incorporar a las masas a la lucha política
activa". Es natural que, una vez introducidas
estas enmiendas, todos los oradores de nuestra parte fueran renunciando uno
tras otro a la palabra, pues veían la completa inutilidad de seguir negociando
con gente que volvía a girar hacia el "economismo" y se reservaba la
libertad de vacilar.
* En Vorwärts
se inició una polémica a este respecto entre su redacción actual, Kautsky y Zariá. No dejaremos de dar a conocer
esta polémica a los lectores rusos.99
"Precisamente lo que la Unión ha tenido por condición sine
qua non para la solidez del futuro acuerdo, o sea, el mantenimiento de la
fisonomía de R. Dielo y de su
autonomía, es lo que Iskra
consideraba un obstáculo para el acuerdo" (Dos congresos, pág. 25). Esto es muy inexacto. Nunca hemos atentado contra la autonomía de R. Dielo*. Efectivamente, hemos rechazado en forma categórica su
fisonomía propia si se entiende por tal la "fisonomía propia" en los problemas de principio de la teoría y de la
táctica: las resoluciones de junio contienen precisamente la negación
categórica de esta fisonomía propia, porque, en la práctica, esta
"fisonomía propia" ha significado siempre, lo repetimos, vacilaciones
de toda clase y el apoyo que prestaban a la dispersión imperante en nuestro
ambiente, dispersión insoportable desde el punto de vista del partido. Con sus
artículos del número 10 y con las "enmiendas", R. Dielo ha manifestado claramente su deseo de mantener
precisamente esta fisonomía propia, y semejante deseo ha conducido de manera
natural e inevitable a la ruptura y a la declaración de guerra. Pero todos
nosotros estábamos dispuestos a reconocer la "fisonomía propia" de R. Dielo en el sentido de que debe
concentrarse en determinadas funciones literarias. La distribución acertada de
estas funciones se imponía por sí misma: 1) revista científica, 2) periódico
político y 3) recopilaciones y folletos de divulgación. Sólo la conformidad de R. Dielo con esta distribución
demostraría su sincero deseo de acabar de una vez para siempre con las
aberraciones combatidas por las resoluciones de junio; sólo esta distribución
eliminaría toda posibilidad de rozamientos aseguraría efectivamente la firmeza
del acuerdo, sirviendo a la vez de base par que nuestro movimiento crezca más y
alcance nuevos éxitos.
* Si no contamos como restricción de la
autonomía las reuniones de las redacciones, relacionadas con la formación de un
consejo supremo común de las organizaciones unidas, cosa que R. Dielo aceptó también en junio.
78
Ahora ningún socialdemócrata ruso puede
poner ya en duda que la ruptura definitiva de la tendencia revolucionaria con
la oportunista no ha sido originada por cuestiones "de
![]()
99 En el número 18 de Iskra, del 10 de
marzo de 1902, se insertó en la sección Vida
del partido el suelto La polémica
de "Zariá" con la redacción de
"Vorwärts", en el que se exponía el punto de vista de la redacción
de Iskra y Zariá sobre esta polémica.
V. “Plan” de un periódico político central para toda Rusia
organización", sino
precisamente por el deseo de los oportunistas de afianzar la fisonomía propia
del oportunismo y de seguir ofuscando las mentes con las disquisiciones de los Krichevski y los
Martínov.
Escrito entre el
otoño de 1901 y febrero de 1902.
Publicado por primera
vez en marzo de 1902 en folleto aparte en Stuttgart.
T. 6, págs.. 1-190
Enmienda
El "grupo de
iniciadores", al que me he referido en el folleto ¿Qué hacer?, pág. 141, me pide que haga la siguiente enmienda al
pasaje donde se expone su participación en el intento de conciliar las
organizaciones socialdemócratas en el extranjero:
"Sólo uno de los tres
miembros de este grupo se retiró de la Unión a fines de 1900; los restantes no
lo hicieron hasta 1901, cuando se hubieron convencido de que era imposible
conseguir que la Unión aceptar celebrar una conferencia con la organización de Iskra en el extranjero y con la
Organización Revolucionaria Sotsial-Demokrat, a lo que se constreñía la
propuesta del grupo de iniciadores. La administración de la Unión rechazó al
principio esta propuesta, achacando su negativa a participar en la conferencia
a la "incompetencia" de los integrantes del grupo de iniciadores
mediador y expresando su deseo de entablar relaciones directas con la
organización de Iskra en el
extranjero. Sin embargo, la administración de la Unión no tardó en poner en
conocimiento del grupo de iniciadores que, después de aparecido el primer
número de Iskra, en el cual se
publicaba la nota sobre la escisión de la Unión, cambiaba de parecer y no
quería ponerse en contacto con Iskra.
¿Cómo explicar después de eso la declaración de un miembro de la administración
de la Unión de que la negativa de ésta a participar en la conferencia se debía exclusivamente a que estaba descontenta
de la composición del grupo de
iniciadores? Por cierto, tampoco se comprende que la administración de la Unión
aceptara participar en la Conferencia de junio del año pasado: la nota que
apareció en el primer número de Iskra
sigue en vigor, y la repudia de la Unión por Iskra cobró mayor realce en el primer volumen de Zariá y en el cuarto número de Iskra, que aparecieron antes de la
Conferencia de Junio".
N. Lenin
"Iskra",
núm. 19, del 1 de abril de 1902
T. 6, págs. 191-192
79
AVENTURERISMO
REVOLUCIONARIO.
I
Vivimos tiempos turbulentos,
en los que la historia de Rusia avanza con botas de siete leguas y cada año
significa, a veces, más que decenios en períodos pacíficos. Se hace el balance
de medio siglo de la época posterior a la reforma campesina100 y se asientan los cimientos de las estructuras sociopolíticas
que determinarán durante largo tiempo los destinos de todo el país. El
movimiento revolucionario sigue creciendo con celeridad sorprendente y
"nuestras tendencias" sazonan (y se agostan) con rapidez extraordinaria.
Las tendencias que disponen de sólidas bases en el régimen clasista de un país
capitalista en tan rápido desarrollo como Rusia encuentran "su sitio"
casi en el acto y buscan a las clases afines. Un ejemplo: la evolución del
señor Struve. Los obreros revolucionarios proponían, hace sólo año y medio, que
se le "arrancase la careta" de marxista; ahora, él mismo actúa ya sin
careta como jefe (¿o lacayo?) de los terratenientes liberales, orgullosos de su
arraigo y su sensatez. Por el contrario, las tendencias que expresan únicamente
la volubilidad tradicional de las opiniones sustentados por los sectores
intelectuales intermedios e indefinidos tratan de remplazar el acercamiento a
determinadas clases con declaraciones, tanto más ruidosas cuanto mayor es el
estruendo de los acontecimientos. "Alborotamos, amigo, alborotamos":
tal es la consigna de muchas personas de espíritu revolucionario, arrastradas
por el torbellino de los acontecimientos y carentes de bases teóricas y
sociales.
Entre esas tendencias
"ruidosas" figuran también los
"socialistas-revolucionarios",101 cuya
fisonomía se dibuja con claridad creciente. Y es hora ya de que el proletariado
examine con atención esta fisonomía y comprenda de un modo exacto qué
representan en realidad quienes lo buscan por amigo con tanto mayor insistencia
cuanto más evidente se hace su imposibilidad de existir como corriente especial
sin acercarse de lleno a la clase social revolucionaria de verdad.
Circunstancias de tres tipos
han contribuido más que nada a descubrir la fisonomía auténtica de los
socialistas-revolucionarios. Primero, la división entre la socialdemocracia
![]()
100 Es decir, después de la reforma de 1861 que abolió el régimen de
la servidumbre en Rusia.
101 Partido de los
socialistas-revolucionarios (eseristas): partido
pequeñoburgués formado en Rusia a fines de 1901 y comienzos de 1902 mediante la
unificación de diversos grupos y círculos populistas. Los eseristas se llamaban
socialistas, pero su socialismo era utópico y pequeñoburgués.
El programa agrario de los eseristas contenía la reivindicación
de suprimir la gran propiedad agraria, abolir la propiedad privada de la tierra
y entregar toda la tierra a las comunidades campesinas para el usufructo
igualitario del suelo con repartos periódicos según el número de bocas o de
miembros de la familia aptos para el trabajo (la llamada "socialización de
la tierra").
En realidad, el
"usufructo igualitario del suelo, basado en el trabajo propio", al
conservarse las relaciones de producción capitalistas, no habría significado el
paso al socialismo y habría conducido únicamente a suprimir las relaciones
semifeudales en el campo y acelerar el desarrollo del capitalismo. Los
eseristas no veían las diferencias de clase entre el proletariado y el
campesinado, velaban la disociación de clase y las contradicciones en el seno
del campesinado —entre los campesinos trabajadores y los kulaks— y negaban el
papel dirigente del proletariado en la revolución. Su método principal de lucha
contra el zarismo era el terrorismo individual.
Al ser derrotada la primera
revolución rusa de 1905— 1907, el partido de los socialistas-revolucionarios
entró en crisis: sus dirigentes abjuraron prácticamente de la lucha
revolucionaria contra el zarismo. Después de ser derrocado el zarismo en
febrero de 1917, los líderes eseristas formaron parte del Gobierno Provisional
burgués, lucharon contra la clase obrera —que preparaba la revolución
socialista— y participaron en la represión del movimiento campesino en el
verano de 1917. Cuando triunfó la Revolución Socialista de Octubre, los
eseristas lucharon activamente contra el Poder soviético.
revolucionaria y el
oportunismo, que se alza bajo la bandera de la "crítica del
marxismo". Segundo, el asesinato de Sipiaguin por Balmáshev y el nuevo
viraje de algunos revolucionarios hacia el terrorismo. Tercero y principal, el
novísimo movimiento entre el campesinado, que ha obligado a quienes saben nadar
entre dos aguas y carecen de todo programa a manifestarse post factum con algo, al menos, que se parezca a un programa.
Analicemos estas tres circunstancias, previniendo que en un artículo
periodístico sólo podremos abordar someramente los puntos fundamentales de la
argumentación y que quizás la expongamos con mayor detenimiento en un artículo
para alguna revista o folleto.
Los
socialistas-revolucionarios han hecho una declaración teórica de principios
sólo en el número 2 de Véstnik Russkoi
Revoliutsii,102 en un editorial no firmado y titulado El crecimiento mundial y la crisis del
socialismo. Aconsejamos con insistencia este artículo a cuantos quieran tener una idea clara de la versatilidad
y de la más absoluta carencia de principios en el terreno de la teoría (así
como del arte de encubrirlas con un torrente de palabras). Todo el contenido de
este artículo, notable en grado sumo, puede expresarse en dos palabras. El
socialismo ha crecido y se ha convertido en una fuerza mundial, el socialismo
(= el marxismo) se escinde ahora a consecuencia de la guerra de los
revolucionarios ("ortodoxos") contra los oportunistas ("críticos").
"Como es natural", los socialistas -revolucionarios jamás hemos
simpatizado con el oportunismo, pero saltamos de gozo con motivo de la
"crítica" que nos ha librado del dogma; también nosotros emprendemos
la revisión de ese dogma, y aunque todavía no hemos mostrado absolutamente
ninguna crítica (a excepción de la oportunista burguesa), aunque todavía no
hemos revisado nada en absoluto, esta libertad nuestra respecto de la teoría
debe sernos reconocida como un mérito intencionado. Con tanto mayor motivo debe
reconocérsenos el mérito de que, como personas libres de la teoría que somos,
defendamos a capa y espada la unión general y condenemos con fervor toda
discusión teórica de principios. "Una organización revolucionaria seria —
nos asegura muy en serio V. R. R. en
el núm. 2, pág. 127— renunciaría a resolver los problemas en litigio de la
teoría social, que desunen siempre,
lo que, como es natural, no debe impedir a los teóricos buscarles
solución". O dicho más claro: que el escritor escriba, y el lector lea;
mientras tanto, alegrémonos nosotros con motivo de ese lugar vacío liberado.
80
No es necesario, por
supuesto, analizar en serio esta teoría del apartamiento del socialismo (con
motivo, en realidad, de las discusiones). A juicio nuestro, la crisis del
socialismo obliga a los socialistas más o menos serios a redoblar precisamente
la atención por la teoría, a adoptar de modo más resuelto una posición
determinada con rigor, a deslindarse con mayor decisión de los elementos
vacilantes e inseguros. En cambio, a juicio de los socialistas-revolucionarios,
puesto que "incluso entre los alemanes" hay escisión y disensión, el
propio Dios nos ordena a los rusos que estemos orgullosos de no saber adónde
vamos. A nuestro parecer, la falta de teoría niega el derecho de existencia a
la tendencia revolucionaria y, tarde o temprano, la condena de manera
ineluctable a la bancarrota política. En cambio, a juicio de los
socialistas-revolucionarios, la falta de teoría es una cosa muy buena,
especialmente cómoda "para la unificación". Como ven, no podremos
entendernos con ellos, ni ellos con nosotros, pues hablamos lenguajes
distintos. Sólo hay una esperanza: que les haga entrar en razón el señor
Struve, quien habla también (aunque con mayor seriedad) de suprimir los dogmas
y de que "nuestra" misión (como la misión de toda burguesía que se
dirige al proletariado) no consiste en desunir, sino en unir. ¿Verán algún día
los socialistas-revolucionarios, con la ayuda del señor Struve, lo que
significa de verdad su posición de librarse del socialismo para unirse y de
unirse por haberse librado del socialismo?
![]()
102
"Véstnik Russkoi Revoliutsii.
Sotsialno-politícheskoie obozrenie" ("El Heraldo de la Revolución
Rusa. Revista sociopolítica"): revista clandestina que se editó en el
extranjero en 1901— 1905. A parecieron cuatro números; a partir del núm. 2 fue
órgano teórico de los eseristas.
Pasemos al segundo punto, al problema del terrorismo.
Los
socialistas-revolucionarios se afanan por defender el terrorismo, cuya
inutilidad ha demostrado de modo tan patente la experiencia del movimiento
revolucionario ruso, declarando que lo admiten sólo junto a la labor entre las
masas y que, por ello, no les atañen los argumentos que los socialdemócratas
rusos han esgrimido para refutar la conveniencia (y la han refutado para largo)
de este método de lucha. Se repite algo muy parecido a su actitud ante la
"crítica". No somos oportunistas, gritan los socialistas—
revolucionarios; pero, al mismo tiempo, relegan al olvido el dogma del
socialismo proletario, tomando por base únicamente la crítica oportunista, y
ninguna otra. No repetimos los errores de los terroristas, no distraemos a
nadie de la labor entre las masas, aseguran los socialistas-revolucionarios;
pero, al mismo tiempo, recomiendan celosamente al partido actos como el
asesinato de Sipiaguin por Balmáshev, aunque todo el mundo sabe y ve muy bien
que este acto no ha tenido —ni podía tener, por la forma en que ha sido
realizado — ninguna relación con las masas, que quienes lo han cometido no
confiaban ni contaban con ningún apoyo o acción concreta de la multitud. Los
socialistas-revolucionarios no advierten ingenuamente que su inclinación al
terrorismo está unida con el más estrecho vínculo causal al hecho de haberse
encontrado desde el primer momento, y de seguir encontrándose, al margen del
movimiento obrero, sin tratar siquiera de convertirse en el partido de una
clase revolucionaria que sostiene su lucha de clase. Los votos fervorosos
obligan con mucha frecuencia a ponerse en guardia y
desconfiar de la veracidad
de lo que necesita un condimento picante. Y cuando leo las aseveraciones de los
socialistas- revolucionarios de que con el terrorismo no relegan la labor entre
las masas, recuerdo con frecuencia estas palabras: ¿cómo no se cansan de jurar?
Porque quienes hacen esas afirmaciones se han apartado ya, y siguen
apartándose, del movimiento obrero socialdemócrata —que de veras pone en pie a
las masas-, asiéndose a fragmentos de teorías, cualesquiera que sean.
La octavilla publicada el 3
de abril de 1902 por el Partido de los Socialistas-Revolucionarios103 puede servir de magnífica ilustración a cuanto queda dicho. Es
la fuente más auténtica, más viva, más cercana a los propugnadores de la acción
directa. En esta octavilla, "el planteamiento del problema de la lucha
terrorista" "coincide plenamente" también "con la
concepción del partido", según el valioso testimonio de Revoliutsiónnaya Rossía104 (núm. 7, pág. 24)*.
*A decir verdad, Revoliutsiónnaya Rossía hace también
ciertos equilibrios al hablar de este punto. Por una parte, "coincide
plenamente"; por otra, insinúa "exageraciones". Por un lado,
declara que esta octavilla es obra sólo de "un grupo" de
socialistas-revolucionarios. Por otro, nos encontramos ante el hecho de que lleva la siguiente
firma: "Edición del Partido de
los Socialistas-Revolucionarios"; y, además, repite el epígrafe de Revoliutsiónnaya Rossía ("En la
lucha adquirirás tu derecho"). Comprendemos que a Revoliutsiónnaya Rossía le desagrade tocar punto tan delicado; sin
embargo, consideramos sencillamente indecoroso jugar al escondite en tales
casos. A la socialdemocracia revolucionaria le desagradó también la existencia
del "economismo",105 pero lo desenmascaró públicamente sin
intentar jamás desorientar a nadie.
La octavilla del 3 de abril
copia con exactitud admirable el clisé de la "novísima" argumentación
de los terroristas. Lo primero que salta a la vista son estas palabras:
"no exhortamos a practicar el terrorismo en lugar de la labor entre las
masas, sino precisamente a realizar esa labor de manera simultánea". Y
saltan a la vista porque han sido compuestas con caracteres el triple mayores
que el resto del texto (procedimiento repetido también, como es natural, por Revoliutsiónnaya Rossía). ¡Es tan
sencillo, en efecto! Basta con componer con negrillas "no en lugar, sino
además de la labor" para que pierdan en el acto su
![]()
103 Lenin alude a la octavilla A todos los súbditos del zar ruso,
publicada el 3 de abril de 1902 en la imprenta del partido de los eseristas y
la repercusión que tuvo en el periódico Revolutsiónnaya
Rossía, núm. 7 de junio de 1902.
104
Revolutsiónnaya Rossía
("La Rusia Revolucionaria"): periódico clandestino que la Unión de
Socialistas-Revolucionarios publicaba en Rusia desde fines de 1900; desde enero
de 1902 hasta diciembre de 1905 salió en Ginebra como órgano oficial del
partido eserista.
105 Véase la nota 4.
valor todos los argumentos
de los socialdemócratas, todas las enseñanzas de la historia. Pero prueben a
leer toda la octavilla y verán que el juramento en negrillas invoca en vano el
nombre de las masas. ¡El día en que "el pueblo obrero salga de las
tinieblas" y "la potente ola popular haga pedazos las puertas de
hierro" "no llegará, ¡ay!" (textualmente: ¡ay!) "tan pronto
y es terrible pensar cuántas víctimas costará!" ¿Es que las palabras
"no llegará, ¡ay!, tan pronto" no expresan incomprensión absoluta del
movimiento de masas y desconfianza en él? ¿Es que este argumento no ha sido
inventado adrede para burlarse de que el pueblo obrero se ponga ya en pie? Y,
por último, aun en el caso de que este manido argumento tuviera tanto
fundamento como absurdo es en realidad, de él dimanaría con singular relieve la
inutilidad del terrorismo, pues sin
el pueblo obrero no pueden nada, nada a ciencia cierta, las bombas de toda
índole.
81
Pero escuchen lo que sigue:
"Cada golpe terrorista parece arrebatar a la autocracia una parte de su
fuerza y transferir (!) toda esta fuerza (!) a los luchadores por la
libertad". "Y como el terrorismo será practicado de manera
sistemática (!), es evidente que la balanza se inclinará por último a nuestro
favor". Sí, sí, es evidente para todos que nos encontramos ante el mayor
de los prejuicios terroristas en su forma más burda: ¡el asesinato político
"transfiere la fuerza" por sí solo! Ahí tienen, de una parte, la
teoría de la transferencia de la fuerza, y de otra, "no en lugar, sino
además de la labor..." ¿Cómo no se cansarán de lanzar votos?
Pero esto no es más que el
comienzo. Lo gordo viene después. "¿Contra quién disparar?", pregunta
el Partido de los Socialistas-Revolucionarios. Y responde: contra los
ministros, y no contra el zar, pues "el zar no llevará las cosas al extremo"
(¡¡cómo lo han sabido??) y, además, "esto es más fácil" (¡así se dice
textualmente!): "ningún ministro puede atrincherarse en palacio como en
una fortaleza". Y esta argumentación termina con el siguiente
razonamiento, digno de ser inmortalizado como modelo de "teoría" de
los socialistas-revolucionarios: "Contra la multitud, la autocracia tiene
a los soldados; contra las organizaciones revolucionarias, a la policía secreta
y uniformada; pero ¿qué podrá salvarla..." (¿a quién?, ¿a la autocracia?;
¡el autor, sin darse cuenta, ha identificado ya a la autocracia con el
ministro, contra quien es fácil disparar!) "...de individuos aislados o de
pequeños grupos que se preparan constantemente para el ataque, incluso en
secreto los unos de los otros (!!), y atacan? No hay fuerza que valga contra la
calidad de incapturable. Por tanto, nuestra tarea es clara: eliminar a todo
verdugo autocrático y autoritario por el único procedimiento que la autocracia
nos ha dejado (!): la muerte". Por muchas montañas de papel que escriban los
socialistas-revolucionarios, asegurando que con su prédica del terrorismo no
relegan ni desorganizan la labor entre las masas, no podrán refutar con
torrentes de palabras el hecho de que precisamente la octavilla citada expresa
con exactitud la verdadera psicología del terrorista contemporáneo. La teoría
de la transferencia de la fuerza se completa de manera lógica con la teoría de
la calidad de incapturable, teoría que pone definitivamente cabeza abajo no
sólo toda la experiencia del pasado, sino todo el sentido común. Que la
"multitud" es la única "esperanza" de la revolución y que
contra la policía sólo puede luchar una organización revolucionaria que dirija
(de hecho, y no de palabra) a esa multitud son cosas tan elementales que da vergüenza
demostradas. Y sólo la gente que lo ha olvidado todo y no ha aprendido
absolutamente nada es capaz de resolver la cuestión "al revés",
llegando al fabuloso y absurdo disparate de que a la autocracia pueden
"salvarla" de la multitud los soldados, y de las organizaciones
revolucionarias, la policía, ¡¡pero nada
la salvará de los individuos sueltos que se dediquen a cazar ministros!!
Este fabuloso razonamiento
que —estamos seguros de ello— se hará célebre, en modo alguno es una simple
curiosidad. Alecciona también porque pone al desnudo, al llevarlo con audacia
hasta el absurdo, el error fundamental de los terroristas, el error común de
los terroristas y los "economistas" (¿quizás haya que decir ya: de
los antiguos portavoces del finado "economismo"?) Este error
consiste, como hemos indicado ya muchas veces, en no
comprender el defecto principal de nuestro movimiento. Debido al
desarrollo del movimiento a velocidad extraordinaria, los dirigentes se han
rezagado de las masas, y las organizaciones revolucionarias no han crecido en
la misma proporción que la actividad revolucionaria del proletariado,
resultando incapaces para ir en cabeza y dirigir a las masas. Ninguna persona
concienzuda que conozca algo, por poco que sea, el movimiento duda hoy de que
haya tal desproporción. Y como esto es así, también es evidente que los
actuales terroristas son verdaderos "economistas" al revés, ya que
caen en el extremo opuesto, tan insensato como el otro. Exhortar al terrorismo,
a que individuos sueltos y grupos que no se conocen entre sí organicen
atentados contra ministros en momentos cuando los revolucionarios carecen de fuerzas y medios suficientes para dirigir a las masas,
que se ponen ya en pie, significa de por
sí no sólo interrumpir la labor entre las masas, sino desorganizarla de
manera directa. En la octavilla del 3 de abril leemos que nosotros, los
revolucionarios, "estamos acostumbrados a apiñarnos tímidamente en un
tropel, e incluso (NB) el espíritu nuevo y audaz que se viene dejando sentir
durante los dos o tres años últimos ha dado, por ahora, mayor impulso al estado
de ánimo de la multitud que al de los individuos". En estas palabras hay
mucha verdad revelada sin proponérselo sus autores. Y precisamente esta verdad
derrota en toda la línea a los predicadores del terrorismo. Todo socialista que
piensa extrae de esta verdad la siguiente conclusión: hay que actuar en tropel
con mayor energía, audacia y unanimidad. Pero los socialistas -revolucionarios
deducen: ¡"dispara, individuo incapturable, pues el tropel, ¡ay!, no
llegará tan pronto, y, además, están los soldados para hacerle frente!"
¡Señores, esto ya no tiene la menor sensatez!
82
En la octavilla tampoco
falta la teoría del terrorismo excitativo. "Cada desafío del héroe
despierta en todos nosotros el espíritu de lucha e intrepidez", nos dicen.
Sin embargo, sabemos por lo pasado y vemos por lo presente que sólo las nuevas
formas del movimiento de masas o el despertar de nuevos sectores de la masa a
la lucha independiente despiertan de verdad en
todos el espíritu de lucha e intrepidez. En cambio, los desafíos,
precisamente porque no pasan de ser desafíos
de los Balmáshev, causan sólo de momento una sensación efímera y llevan a la
larga incluso a la apatía, a la espera pasiva del desafío siguiente. Se nos asegura más adelante que "cada
relámpago de terrorismo da luz a la inteligencia", lo cual no advertimos,
lamentablemente, en el Partido de los Socialistas— Revolucionarios, que
preconiza el terrorismo. Se nos ofrece una teoría de la labor minúscula y de la
gran obra. "Quien tenga más fuerzas y mayores posibilidades y decisión no
debe darse por satisfecho con la labor minúscula (!), debe buscar y entregarse
a una gran obra: la propaganda del terrorismo entre las masas (1), la
preparación de complicadas... (¡se ha olvidado ya la teoría de la calidad de
incapturable!...) empresas terroristas". ¿Verdad que resulta inteligente a
maravilla? Entregar la vida de un revolucionario para vengarse del canalla
Sipiaguin y sustituirlo por el canalla Pleve es una gran obra. Pero preparar,
por ejemplo, a las masas para una manifestación armada es una labor minúscula. Revoliutsiónnaya Rossía explica esto en
su número 8, al declarar que de las manifestaciones armadas "es fácil
hablar y escribir como de algo perteneciente a un, futuro lejano e
impreciso"; "pero todas estas peroratas han tenido hasta ahora un
carácter sólo teórico".106
¡Qué bien conocemos este lenguaje de quienes se sienten libres de las
incomodidades que implican las firmes convicciones socialistas y de la gravosa
experiencia de todos los movimientos populares, cualesquiera que sean! Esas
personas confunden lo tangible y lo sensacional inmediato de los resultados con
su importancia práctica. Para ellas, la exigencia de sustentar con firmeza el
criterio clasista y velar por el carácter masivo del movimiento es
"teorización" "imprecisa". La precisión consiste, según
ellas, en seguir con servilismo cada viraje del estado ánimo y ... y, como
consecuencia, ser impotente sin remedió ante cada viraje. Empiezan las
manifestaciones, y
![]()
106Lenin aduce citas del mensaje de la Unión Campesina del Partido de los Socialistas-Revolucionarios A todos
los que laboran por el socialismo revolucionario en Rusia (Revolutsiónnaya Rossía, núm. 8, del 25
de junio de 1902, pág. 6).
esa gente se deshace en
frases sangrientas y habla del comienzo del fin. Se interrumpen las
manifestaciones, y entonces nos desanimamos y gritamos a todo correr: "el
pueblo ¡ay! aún tardará..." Una nueva infamia de los verdugos zaristas, y
exigimos que se nos indique el medio "preciso" que sirva de respuesta
exhaustiva precisamente a esa violencia de los verdugos, un medio que
"transfiera la fuerza" en el acto, ¡y prometemos con orgullo dicha
transferencia! Esa gente no comprende que la promesa de "transferir"
la fuerza es, ya de por sí, aventurerismo político y que este aventurerismo
depende de su carencia de principios.
La socialdemocracia pondrá
siempre en guardia contra el aventurerismo y denunciará sin piedad las
ilusiones, que terminan de manera ineluctable en el más completo desengaño.
Debemos tener presente que un partido revolucionario es digno de este nombre
sólo cuando dirige de verdad el
movimiento de una clase revolucionaria. Debemos tener presente que todo
movimiento popular adquiere formas infinitamente diversas, elabora sin cesar
nuevas formas y abandona las viejas, creando variantes o nuevas combinaciones
de las formas viejas y nuevas. Y es deber nuestro participar de manera activa
en este proceso de elaboración de métodos y medios de lucha. Cuando arreció el
movimiento estudiantil, llamamos al obrero en ayuda del estudiante (Iskra, núm. 2), sin atrevernos a
predecir las formas de las manifestaciones, sin prometer que de ellas
dimanarían la transferencia inmediata de la fuerza, el alumbramiento de la
inteligencia y la calidad especial de incapturable. Cuando se estabilizaron las
manifestaciones, llamamos a organizarlas y a armar a las masas, dimos la tarea
de preparar la insurrección del pueblo. Sin negar en principio lo más mínimo la
violencia y el terrorismo, exigimos que se trabajara en la preparación de
formas de violencia que previesen y asegurasen la participación directa de las
masas. No cerramos los ojos ante la dificultad de esta tarea, pero laboraremos
con firmeza y tenacidad para cumplirla, sin que nos turben las objeciones de
que es "un futuro lejano e impreciso". Sí, señores, somos también
partidarios de las futuras formas del movimiento, y no sólo de las pasadas.
Preferimos el largo y difícil trabajo en lo que tiene porvenir y no la
"fácil" repetición de lo que ha sido ya condenado por el pasado.
Arrancaremos siempre la careta a quienes hablan sin cesar de la guerra contra
los clisés del dogma, pero se limitan, de hecho, a repetir los lugares comunes
de las teorías más vetustas y dañinas de la transferencia de la fuerza, de la
diferencia entre la labor grande y la minúscula y, como es natural, de la teoría
del desafío y del combate singular. "De la misma manera que los jefes
decidían antaño en un combate singular las batallas de los pueblos, los
terroristas conquistarán la libertad para Rusia en combate singular con la
autocracia"; así termina la octavilla del 3 de abril. Y basta con publicar
semejantes frases para verlas refutadas.
Quienes realizan de verdad
su labor revolucionaria en ligazón con la lucha de clase del proletariado
saben, ven y sienten perfectamente cuán numerosas son las demandas directas e
inmediatas del proletariado (y de los sectores del pueblo capaces de apoyarle)
todavía sin satisfacer. Saben que en muchísimos lugares, en zonas inmensas, los
obreros pugnan literalmente por lanzarse a la lucha, y sus impulsos se pierden
en vano por la insuficiencia de publicaciones y de dirigentes, por la falta de
fuerzas y medios en las organizaciones revolucionarias. Y nos encontramos —
vemos que nos encontramos— en el maldito círculo vicioso que tanto tiempo
gravitó sobre la revolución rusa como un sino fatal. De un lado, se pierde en
vano el ímpetu revolucionario de la multitud poco ilustrada y organizada. De
otro lado, se pierden en vano los disparos de los "individuos
incapturables", que pierden la fe en la posibilidad de marchar en filas
cerradas, de laborar hombro a hombro con la masa.
83
¡Pero la cosa aún puede
remediarse por completo, camaradas! La pérdida de la fe en la verdadera obra no
es más que una rara excepción. El apasionamiento por el terrorismo no es más
que un estado de ánimo efímero. ¡Cerremos más estrechamente las filas socialdemócratas
y fundiremos en un todo la organización combativa de los revolucionarios y el
heroísmo masivo del proletariado ruso!
---
En el artículo siguiente
examinaremos el programa agrario de los socialistas-revolucionarios.
II
La actitud de los
socialistas -revolucionarios ante el movimiento campesino ofrece un interés
especial. Precisamente en el problema agrario se han considerado siempre
fuertes, sobre todo, los representantes del viejo socialismo ruso, sus
herederos populistas-liberales107 y
los numerosos partidarios de la crítica oportunista en Rusia, los cuales
afirman a gritos que la "crítica" ha infligido ya la derrota
definitiva al marxismo en este dominio. También nuestros
socialistas-revolucionarios ponen de vuelta y media, como suele decirse, al
marxismo: "prejuicios dogmáticos... dogmas ya caducos y hace mucho
refutados por la vida..., la intelectualidad revolucionaria ha cerrado los ojos
ante los problemas del campo, la labor revolucionaria entre los campesinos
estaba prohibida por la ortodoxia", y otras muchas cosas del mismo estilo.
Hoy está de moda soltar coces a la ortodoxia. Pero ¿en qué variedad habrá que
clasificar a los coceadores que no
tuvieron tiempo siquiera de bosquejar su propio programa agrario antes de que comenzara el movimiento
entre los campesinos? Cuando Iskra,
ya en el núm. 3*, esbozó su programa agrario, Véstnik Russkoi Revoltutsii sólo pudo balbucear: "Con semejante planteamiento del problema se
esfuma en grado considerable otra de nuestras discrepancias". Por cierto,
a la redacción de Véstnik Russkoi
Revoliutsii le ocurrió la pequeña desgracia de no comprender en absoluto
precisamente el planteamiento del problema por Iskra ("llevar la lucha de clases al campo"). Ahora Revoliutsiónnaya Rossía se remite con
retraso al folleto titulado Un problema actual, aunque tampoco hay allí
programa alguno, sino sólo la exaltación de oportunistas tan
"famosos" como Hertz.
* Véase la presente edición, tomo I. (N. de la Edit.)
Pues bien, esta misma gente,
que antes de iniciarse el movimiento se mostraba de acuerdo tanto con Iskra como con Hertz, al día siguiente
de la insurrección campesina lanza un manifiesto "en nombre de la Unión
Campesina (!) del Partido de los Socialistas-Revolucionarios", en el que
no encontrarán ni una sola sílaba que proceda realmente del campesino, sólo
encontrarán la repetición literal de lo que han leído centenares de veces en
los escritos de los populistas, los liberales y los "críticos"108... Suele decirse que la fortuna sonríe a los audaces. Y eso así
es, señores socialistas— revolucionarios, pero no es ésta la audacia que
atestiguan los anuncios burdamente pintarrajeados.
Hemos visto que la
"ventaja" principal de los socialistas-revolucionarios consiste en
sentirse libres de la teoría; y su arte principal, en hablar para no decir
nada. Mas, para presentar un programa hay que decir algo. Es necesario, por
ejemplo, arrojar por la borda "el dogma de los socialdemócratas rusos de
fines de los años 80 y comienzos de la década del 90, según el cual no existe
otra fuerza revolucionaria que el proletariado urbano". ¡Qué cómoda es la
palabreja "dogma"! Basta con adulterar ligeramente la teoría opuesta,
encubrir luego esta adulteración con el espantajo llamado "dogma", ¡y
asunto concluido!
Todo el socialismo moderno,
empezando por el Manifiesto Comunista,
se basa en la verdad indiscutible de que la única clase auténticamente revolucionaria de la sociedad capitalista es el
proletariado. Las demás clases pueden ser y son revolucionarias sólo en parte y
sólo en ciertas condiciones. Cabe preguntar: ¿qué se debe pensar de quienes
"han convertido" esta verdad en un dogma de los socialdemócratas
rusos de una época determinada y pretenden
![]()
107
Véase la nota 60.
108 Véase la nota 12.
convencer al lector ingenuo
de que este dogma "se basaba íntegramente en la creencia de que la lucha
política abierta estaba aún muy lejos"?
Frente a la teoría de Marx sobre la única clase verdaderamente
revolucionaria de la sociedad moderna, los socialistas-revolucionarios oponen
una trinidad —"intelectualidad, proletariado y campesinado"-, con lo
cual revelan una irremediable confusión conceptual. Si se contrapone la
intelectualidad al proletariado y al campesinado, eso significa que se entiende
por intelectualidad una determinada categoría social, un grupo de personas que
ocupa una posición social tan definida como la de los obreros asalariados y los
campesinos. Mas considerada como tal categoría social, la intelectualidad rusa
es precisamente una intelectualidad burguesa y pequeñoburguesa. El señor Struve
tiene toda la razón, en lo que atañe a esta categoría, cuando denomina su
periódico órgano de la intelectualidad rusa. Pero si se habla de los
intelectuales que no ocupan todavía
una posición social determinada, o de los que la vida ha desalojado ya de su posición normal y que se pasan al campo del
proletariado, entonces será absurdo por completo contraponer esta
intelectualidad al proletariado, Como cualquiera otra clase de la sociedad
moderna, el proletariado no sólo forma su propia intelectualidad, sino que,
además, conquista partidarios entre toda la gente culta. La campaña de los
socialistas-revolucionarios contra el "dogma" fundamental del
marxismo sólo viene a demostrar una vez más que toda la fuerza de ese partido
está representada por el puñado de intelectuales rusos que se han desgajado de
lo viejo, pero no se han identificado con lo nuevo.
84
En lo que se refiere al campesinado, los juicios de los
socialistas-revolucionarios son todavía más confusos. Basta con fijarse en el
planteamiento de la cuestión: "¿Cuáles son las clases sociales que, en
general (!), se aferran siempre (!!) al régimen existente... (¿sólo el
autocrático?, ¿o, en términos generales, el burgués?)..., lo protegen y no se
dejan llevar por la radicalización?" En rigor, esta pregunta sólo puede
contestarse con otra: ¿qué elementos de la intelectualidad se aferran siempre y
en general al caos de ideas existente, lo protegen y no se dejan llevar por la
concepción del mundo ciertamente socialista? Pero los
socialistas-revolucionarios quieren dar una respuesta seria a una pregunta
carente de seriedad. Entre "estas" clases incluyen, en primer lugar,
a la burguesía, pues sus "intereses han sido satisfechos". El viejo
prejuicio de que los intereses de la burguesía rusa han sido ya satisfechos en
tal grado que en nuestro país no existe ni puede existir una democracia
burguesa (véase Véstnik Russkoi
Revoliutsii, núm. 2, págs. 132-133) es hoy patrimonio común de los
"economistas" y de los socialistas-revolucionarios. Una vez más: ¿no
les hará entrar en razón el señor Struve?
En segundo lugar, incluyen
entre estas clases a "los sectores pequeñoburgueses", "cuyos
intereses son individualistas, no están definidos como intereses de clase ni se
formulan en un programa sociopolítico reformador o revolucionario". Dios
sabrá de dónde proviene eso. Todo el mundo sabe que la pequeña burguesía, lejos
de proteger siempre y en general el régimen existente, actúa no pocas veces en
sentido revolucionario incluso contra la burguesía (concretamente, cuando se
suma al proletariado), con mucha frecuencia contra el absolutismo y casi
siempre formula programas de reformas sociales. Nuestro autor se ha limitado a
charlatanear del modo "más estrepitoso" contra la pequeña burguesía,
siguiendo la "norma de la vida" que Turguénev pone en boca de
"un viejo pícaro" en una de sus Poesías en prosa: gritar lo más alto
posible contra los defectos que uno mismo ve que tiene.109 Pues bien: por cuanto los socialistas-revolucionarios ven que
sólo algunos sectores pequeñoburgueses de la intelectualidad pueden constituir
la única base social de su posición entre dos aguas, escriben, por ello, de la
pequeña burguesía como si el tal término no significara una categoría social y
fuera simplemente un giro polémico. Desean también eludir
![]()
109
Se alude a una de las
Poesías en prosa del escritor ruso
Iván Turguénev titulada La norma de la
vida.
otro punto desagradable: su
incomprensión de que el campesinado de nuestros días, tomado en su conjunto,
pertenece a los "sectores pequeñoburgueses". ¿Por qué no intentan,
señores socialistas-revolucionarios, darnos una respuesta sobre este punto? ¿No
podrían decirnos por qué, mientras repiten trozos de las teorías del marxismo
ruso (por ejemplo, sobre la significación progresista de que los campesinos
busquen ocupaciones eventuales fuera de su hacienda y vayan de un lugar a
otro), cierran los ojos ante el hecho de que ese mismo marxismo ha demostrado
el carácter pequeñoburgués de la hacienda campesina rusa? ¿No podrían
explicarnos cómo es posible que en la sociedad moderna los "propietarios o
semipropietarios" no pertenezcan a los sectores pequeñoburgueses?
¡No, no esperen nada de eso!
Los socialistas— revolucionarios no contestarán, no dirán ni explicarán nada a
fondo, pues (a semejanza, una vez más, de los "economistas") han
asimilado firmemente la táctica de hacerse los ausentes cuando se trata de la
teoría. Revoliutsiónnaya Rossía
señala con la cabeza a Véstnik Russkoi
Revoliutsii como si dijera: "Eso
es cosa suya" (véase núm. 4, respuesta a Zariá), y Véstnik Russkoi Revoliutsii relata al
lector las hazañas de la crítica oportunista y amenaza, amenaza y vuelve a
amenazar con exacerbar más aún la crítica. ¡Poco es eso, señores!
Los
socialistas-revolucionarios han mantenido su pureza frente a la influencia
nociva de las modernas doctrinas socialistas. Han conservado incólumes los
buenos y viejos métodos del socialismo vulgar. Nos encontramos ante un nuevo
hecho histórico, ante un nuevo movimiento que surge en determinado sector del
pueblo. Pero ellos no estudian la situación de este sector, no se fijan el
objetivo de explicar el movimiento de esta categoría social por su carácter y
sus relaciones con el régimen económico en desarrollo de toda la sociedad. Para
ellos, todo eso es dogma vacío, ortodoxia ya caduca. Su procedimiento es más
sencillo. ¿De qué hablan los propios representantes de este sector en ascenso?
De la tierra, del aumento de las parcelas, de su redistribución. Y eso es todo.
Ahí tienen un "programa semisocialista", un "principio
absolutamente justo", una "idea luminosa", el "ideal que
vive ya en germen en la mente de los campesinos", etc. Lo único que hace
falta es "depurar y elaborar este ideal", deducir "la idea pura
del socialismo". ¿No lo cree usted, lector? ¿Le parece inverosímil que
vuelvan a sacar a la luz del día estos andrajos populistas personas que repiten
con tanto desparpajo lo que han leído en el último libro? Pues es un hecho, y
todas las frases que hemos citado han sido tomadas de la declaración hecha
"en nombre de la Unión Campesina" y aparecida en el núm. 8 de Revoliutsiónnaya Rossía.
85
Los socialistas-revolucionarios acusan a Iskra de rezar un responso prematuro al calificar el movimiento
campesino de última sublevación del campesinado; el campesinado, nos sermonean,
puede participar también en el movimiento socialista del proletariado. Esta
acusación muestra palmariamente toda la confusión de ideas que existe entre los
socialistas-revolucionarios. No han comprendido siquiera que una cosa es el
movimiento democrático contra los restos de la servidumbre y otra el movimiento
socialista contra la burguesía. Y al no comprender el propio movimiento
campesino, no han podido comprender tampoco que las palabras de Iskra que los asustaron se refieren
únicamente al primero de los dos movimientos. Iskra no sólo dice en su programa que los pequeños productores
arruinados (incluidos los campesinos) pueden y deben participar en el
movimiento socialista del proletariado, sino que, además, señala con exactitud
las condiciones de esa participación. Pero el actual movimiento campesino no es
en modo alguno un movimiento socialista, dirigido contra la burguesía y el
capitalismo. Por el contrario, agrupa a los elementos burgueses y proletarios
del campesinado, que están realmente unidos en la lucha contra los restos de la
servidumbre. El movimiento campesino de nuestros días tiende a instaurar —e
instaurará— en el campo no un modo de vida socialista o semisocialista, sino un
modo de vida burgués, limpiando de trabas feudales las bases, ya formadas, del
régimen burgués en nuestro agro.
Por otra parte, todo eso es
incomprensible en absoluto para los socialistas-revolucionarios. Incluso
aseguran en serio a Iskra que
desbrozar el camino para el desarrollo del capitalismo es un dogma vacío, pues
"las reformas" (de los años sesenta)110 "desbrozaron ya (!) por completo (!!) el terreno al
desarrollo del capitalismo". Ahí tienen hasta dónde puede llegar un hombre
despierto y cautivo de una pluma ágil, el cual se imagina que puede escribir
"en nombre de la Unión Campesina" todo lo que se le ocurra: ¡el
campesino no lo comprenderá! Pero reflexione un poco, estimado autor: ¿no ha
oído nunca que los restos de la servidumbre frenan el desarrollo del
capitalismo? ¿No le parece que esto es casi una tautología? ¿Y no ha leído en
ningún sitio que en el campo ruso actual siguen existiendo restos de la
servidumbre?
Iskra
afirma que la próxima revolución será burguesa. Los socialistas-revolucionarios
objetan: será, "ante todo, una revolución política y, hasta cierto punto,
democrática". ¿Por qué no intentan los autores de esta graciosa objeción
explicarnos si ha habido alguna vez en la historia, y si es concebible en
general, una revolución burguesa que no sea "hasta cierto punto
democrática"? Porque ni siquiera el programa de los propios
socialistas-revolucionarios (usufructo igualitario de la tierra convertida en
propiedad de la sociedad) rebasa los límites de un programa burgués, pues
mantener la producción mercantil y admitir la hacienda privada, aunque sea en
la tierra común, no suprime en lo más mínimo las relaciones capitalistas en la
agricultura.
Cuanto más frívola es la
actitud de los socialistas— revolucionarios ante las verdades más elementales
del moderno socialismo, con tanta mayor facilidad inventan "deducciones
elementalísimas" y hasta se enorgullecen de que su "programa se reduce"
a ellas. Examinemos sus tres deducciones, que perdurarán probablemente como un
monumento a la agudeza de ingenio y a la profundidad de las convicciones
socialistas de los socialistas-revolucionarios.
Deducción Nº 1: "Ahora
gran parte del territorio de Rusia pertenece ya al Estado; es necesario que
todo el territorio pertenezca al pueblo". "Ahora" estamos
"ya" hartos de encontrar enternecedoras alusiones a la propiedad agraria
del Estado en Rusia en las obras de los populistas policíacos (a lo Sazónov y
otros) y de diversos reformadores de cátedra.111 Es "necesario" que a la cola de esos señores se
arrastren hombres que se denominan socialistas y, además, revolucionarios. Es
"necesario" que los socialistas subrayen la supuesta omnipotencia del
"Estado" (olvidándose incluso de que gran parte de las tierras
estatales están concentradas en las zonas periféricas deshabitadas del país), y
no la oposición clasista entre los campesinos semisiervos y el puñado de
grandes terratenientes privilegiados, dueños de la mayoría de las mejores
tierras cultivadas y con los que el "Estado" ha vivido siempre en
buena armonía. Nuestros socialistas— revolucionarios, al imaginarse que deducen
la idea pura del socialismo, lo que en realidad hacen es mancillarla por no
adoptar una actitud crítica ante el viejopopulismo.
Deducción Nº 2: "Ahora
la tierra pasa ya del capital al trabajo; es necesario que el Estado dé cima a
este proceso". De un error, otro mayor. Demos un paso más hacia el
populismo policiaco e invitemos al "Estado" (¡de clase!)' a ampliar
la propiedad agraria campesina en general. Eso será socialista en magnífico
grado y revolucionario en escala sorprendente. Pero ¿qué se puede esperar de
quienes conceptúan que la compra y el arriendo de tierras por los campesinos es
el paso "del capital al trabajo" y no de la tierra de los
terratenientes feudales a la burguesía feudal? Recordemos a esta gente aunque
nada más sean los datos referentes a la distribución efectiva de las tierras
que "están pasando al trabajo": de seis a nueve décimas partes de las
tierras compradas por campesinos y de cinco a ocho décimas partes de
![]()
110
Se
trata de la reforma de 1861 sobre la abolición del régimen de la servidumbre en
Rusia y la serie de reformas que la siguieron en las esferas de las finanzas,
de la instrucción pública, la reforma judicial, la reforma militar y otras.
111
Véase la nota 24
las tierras arrendadas por
labradores se concentran en manos de una
quinta parte de familias, es decir, de una pequeña minoría de gente
acomodada. Juzguen por eso si abunda la
verdad en las palabras de los socialistas— revolucionarios cuando afirman que
ellos "no cuentan" con los campesinos acomodados, sino sólo con
"los escuetos sectores del trabajo".
86
Deducción Nº 3: "El
campesino tiene ya tierra y, en la mayoría de los casos, basa el usufructo en
la distribución igualitaria; es necesario llevar hasta el fin este usufructo
laboral... y darle cima mediante el desarrollo de cooperativas de todo tipo,
llegando a la producción agrícola colectiva". ¡Escarben en el
socialista-revolucionario y encontrarán al señor V. V.! En cuanto se llega a
los hechos, no tardan en salir a rastras al exterior los viejos prejuicios del
populismo, conservados perfectamente bajo el manto de hábiles frases. Propiedad
estatal de la tierra— culminación por el Estado del paso de la tierra a los
campesinos-comunidad rural-cooperativas— colectivismo: en este magnífico
esquema de los señores Sazónov, Yúzov y N.-on, de los socialistas— revolucionarios,
de Gorshtetter, Totomiants, etc., etc., falta un detalle insignificante. En él
no se habla ni del capitalismo en desarrollo ni de la lucha de clases. Pero ¿de
dónde podía surgir esta pequeñez en la mente de unos hombres cuyo bagaje ideológico
se reduce a andrajos del populismo y elegantes remiendos de la crítica de moda?
¿No ha dicho el propio señor Bulgákov
que en el campo no hay lugar para la lucha de clases? ¿Es que la sustitución de
la lucha de clases con "las cooperativas de todo tipo" no satisfará a
los liberales, a los "críticos" y, en general, a cuantos ven en el socialismo
sólo un rótulo tradicional? ¿Y acaso no se puede tratar de tranquilizar a los
ingenuos con la aseveración de que "naturalmente, no tenemos que ver nada
con toda idealización de la comunidad", aunque junto a ella leamos
vaniloquios colosales sobre "la colosal organización del campesinado
comunal", acerca de que "en ciertos aspectos, ni una sola clase de
Rusia se siente tan impulsada como los campesinos a la lucha puramente (!)
política", que los límites y la competencia de la autodeterminación (!)
campesina son mucho más amplios que los del zemstvo, que esta combinación de
una "autonomía" amplia"... (¿hasta los límites mismos de la
aldea?) con la ausencia "de los derechos cívicos más elementales"
"parece haber sido inventada adrede para... despertar y ejercitar (!) los
instintos y hábitos políticos de la lucha social"? Si no te gusta, no
escuches, pero...
"Hace falta estar ciego
para no ver cuánto más fácil es pasar a la idea de la socialización de la
tierra a partir de las tradiciones de la administración comunal de la
tierra". ¿No será al revés, señores? ¿N o estarán ciegos y sordos de
remate quienes no se han enterado hasta ahora de que es justamente el
aislamiento medieval de la comunidad semisierva, que fracciona al campesinado
en minúsculas agrupaciones y ata de pies y manos al proletariado rural, lo que
mantiene las tradiciones de rutina, opresión y barbarie? ¿No tiran ustedes
piedras contra su propio tejado, al reconocer la utilidad de que los campesinos
tengan una ocupación auxiliar, la cual ha acabado ya en tres cuartas partes con
el cacareado igualitarismo de las tradiciones comunales, reduciéndolas a una
simple intriga policíaca?
El programa mínimo de los
socialistas— revolucionarios, basado en la teoría que acabamos de analizar, es
algo verdaderamente curioso. Dos puntos de este "programa" dicen: 1)
"socialización de la tierra, es decir, su paso a propiedad de toda la
sociedad y en usufructo de los trabajadores"; 2) "desarrollo entre
los campesinos de agrupaciones sociales y cooperativas económicas de todo tipo
... (¿para la lucha "puramente" política?)... para ir emancipando
paso a paso del poder del capital monetario al campesinado... (¿y someterlo al
capital industrial?)... y para preparar la futura producción agrícola
colectiva". En estos dos puntos se refleja como el sol en una pequeña gota
de agua todo el espíritu del "socialrevolucionarismo" de nuestros
días. En teoría, frases revolucionarias en vez de un sistema meditado y cabal
de concepciones; en la práctica, una tentativa impotente de aferrarse a uno u
otro pequeño recurso de moda en vez de participar en la lucha de clases; eso es
todo lo que nos ofrecen. Para colocar en el programa mínimo la socialización de la
tierra al lado de las cooperativas hacía falta, debemos reconocerlo, un
valor cívico nada común. Nuestro programa mínimo se basa, por una parte, en
Babeuf y, por otra, en el señor Levitski. Es algo inimitable.
Si fuera posible tomar en serio este programa, deberíamos decir
que, al engañarse a sí mismos con el sonido de las palabras, los socialistas—
revolucionarios engañan también al campesino. Porque es un engaño decir que
"las cooperativas de todo tipo" desempeñan en la sociedad actual un
papel revolucionario y preparan el terreno para el colectivismo, y no para el
fortalecimiento de la burguesía rural. Es un engaño prometer al "campesinado" la socialización de la
tierra como un "mínimo", como algo tan próximo como las cooperativas.
Cualquier socialista podría explicar a nuestros socialistas-revolucionarios que
la abolición de la propiedad privada de la tierra puede ser hoy únicamente el
umbral de la abolición de la propiedad en general y que, por sí sola, la entrega
de la tierra "en usufructo de los trabajadores" no satisfaría aún al
proletariado, pues millones y decenas de millones de campesinos arruinados no
estarían en condiciones de cultivarla, aunque la tuvieran. Y proveer de aperos,
ganado, etc., a esos millones de campesinos arruinados significaría ya la
socialización de todos los medios de producción y requeriría la revolución
socialista del proletariado, y no el movimiento campesino contra los restos de
la servidumbre. Los socialistas-revolucionarios confunden la socialización de
la tierra con su nacionalización burguesa. Esta segunda medida es concebible
también, hablando en abstracto, sin suprimir la base del capitalismo, sin
abolir el trabajo asalariado. Pero precisamente el ejemplo de los mismos socialistas—
revolucionarios confirma de manera fehaciente la verdad de que lanzar la
consigna de nacionalización de la tierra en un Estado policiaco significa velar
el único principio revolucionario —el de la lucha de clases— y hacer el juego a
la burocracia.
87
Y por si esto fuera poco,
los socialistas— revolucionarios caen en la más franca reacción cuando se
sublevan contra la reivindicación de nuestro proyecto de programa:
"derogación de todas las leyes que coartan el derecho de los campesinos a
disponer de su tierra". En nombre del prejuicio populista del
"principio comunal" y del "principio igualitario", niegan
al campesino un "derecho cívico tan elemental" como es el de disponer
de su tierra, renuncian indulgentemente a ver el cerrado carácter de la
comunidad actual y se convierten en defensores de las prohibiciones policíacas,
establecidas y sostenidas por el "Estado" "...¡de los jefes de
los zemstvos!112 Creemos que ni al señor Levitski ni
siquiera al señor Pobedonóstsev les asustará lo más mínimo la consigna de
socialización de la tierra para su usufructo igualitario, ya que esta
reivindicación se proclama como un mínimo, junto al cual figuran las cooperativas
y la defensa de la sujeción policíaca del mujik a la parcela que le ha asignado
el Estado.113
Que el programa agrario de
los socialistas— revolucionarios sirva de enseñanza y advertencia a todos los
socialistas, que sea un ejemplo patente de adónde conducen la vacuidad
ideológica y la falta de principios, denominadas por alguna gente ligera de cascos
libertad respecto del dogma. En cuanto se llega a los hechos, vemos que los
socialistas— revolucionarios no poseen ni una sola de las tres condiciones
necesarias para presentar un programa socialista consecuente: ni una idea clara
del objetivo final, ni una comprensión justa del camino que conduce a ese
objetivo, ni una noción exacta del verdadero estado de cosas en el momento
actual y de las tareas inmediatas de este momento. Al mezclar la socialización
de la tierra con su nacionalización burguesa y confundir la primitiva idea
campesina de la pequeña parcela en usufructo igualitario con la doctrina del
moderno socialismo sobre la transformación de todos los medios de producción en
propiedad social y
![]()
112
Véase la nota 65
113
Tierra parcelaria: tierra dejada en usufructo a los
campesinos por pago de rescate después de ser abolida la servidumbre en Rusia
en 1861; estaba en posesión comunal y se distribuía en usufructo entre los
campesinos mediante repartos periódicos.
la organización de la
producción socialista, no han hecho otra cosa que eclipsar el objetivo final
del socialismo. La idea que tienen del camino que conduce al socialismo queda
caracterizada admirablemente con la sustitución de la lucha de clases por el desarrollo
de las cooperativas. Al apreciar el momento actual de la evolución agraria de
Rusia han olvidado una pequeñez: los restos del régimen de la servidumbre que
oprimen al campo ruso. La famosa trinidad que expresa sus concepciones teóricas
—intelectualidad, proletariado y campesinado— se ha completado con otra
trinidad "programática" no menos famosa: socialización de la tierra—
cooperativas— sujeción a la parcela.
Compárese con esto el
programa de Iskra, que señala un solo
objetivo final a todo el proletariado en lucha, sin reducirlo a un
"mínimo" ni rebajarlo para adaptarse a las ideas de algunos sectores
atrasados del proletariado o de los pequeños productores. El camino para lograr
este objetivo es el mismo en la ciudad y en el campo: la lucha de clase del
proletariado contra la burguesía. Pero, además de esta lucha de clase, en
nuestro campo sigue sosteniéndose otra: la lucha de todo el campesinado contra
los restos de la servidumbre. Y en esta lucha, el partido del proletariado
promete su apoyo a todo el campesinado, se esfuerza por señalarle el verdadero
objetivo de su impulso revolucionario, por encauzar su rebelión contra su
verdadero enemigo, considerando deshonesto e indigno tratar al mujik como a un
menor sometido a tutela y ocultarle que, en el momento actual, sólo puede
conseguir de inmediato la abolición total de los restos y vestigios de la
servidumbre, sólo puede desbrozar el camino para una lucha más amplia y más
difícil de todo el proletariado contra toda la sociedad burguesa.
Publicado
en los núms. 23 y 24 de "Iskra" el 1 de agosto y el 1 de septiembre
de 1902. T. 6, págs. 377-398
88
A LOS POBRES DEL
CAMPO.
Explicación a los campesinos de qué quieren los socialdemócratas
1. La lucha de los obreros de la ciudad
Es probable que muchos
campesinos hayan oído hablar ya de los disturbios obreros en las ciudades.
Algunos habrán estado en las capitales114 y en
las fábricas y habrán tenido ocasión de ver allí los motines, como los llama la
policía. Otros conocerán a obreros que han participado en los disturbios y han
sido confinados en las aldeas por orden de las autoridades. Otros habrán leído
octavillas de los obreros y folletos sobre la lucha obrera. Por último, habrá
quienes hayan oído simplemente relatos de gente avezada sobre lo que ocurre en
las ciudades.
Antes se amotinaban
solamente los estudiantes, pero ahora se han levantado en todas las grandes
ciudades millares y millares de obreros que luchan, en la mayoría de los casos,
contra sus patronos, contra los fabricantes, contra los capitalistas. Los obreros
declaran huelgas, suspenden todos a un mismo tiempo el trabajo en la fábrica,
reclaman aumento de salario, exigen que no se les obligue a trabajar once o
diez horas al día, sino ocho nada más. Reclaman también otras mejoras para la
gente que trabaja. Quieren que los talleres estén mejor instalados, que las
máquinas tengan dispositivos especiales de protección para no mutilar a los
obreros que las manejan, que sus hijos puedan asistir a las escuelas, que se
atienda debidamente a los enfermos en los hospitales, que las viviendas de los
obreros sean casas adecuadas para seres humanos y no auténticas perreras.
La policía interviene en la lucha obrera. Detiene a los obreros,
los encarcela, los confina sin juicio previo en sus pueblos natales y hasta los
destierra a Siberia. El gobierno dicta leyes que prohíben las huelgas y las
reuniones de los obreros. Pero los obreros luchan contra la policía y contra el
gobierno. Y claman: ¡Ya hemos doblado bastante el espinazo los millones de
obreros! ¡Ya hemos trabajado bastante para los ricachones, sin salir de la
miseria! ¡Basta de tolerar que se nos robe! ¡Queremos agruparnos en
asociaciones, queremos reunir a todos los obreros en una gran unión obrera (un partido obrero) y conquistar entre
todos una vida mejor! Queremos una sociedad nueva y mejor organizada. Y en esta
sociedad nueva y mejor no habrá ricos ni pobres; todos deberán trabajar. No
serán unos cuantos ricachones, sino todos los trabajadores los que han de gozar
de los frutos del trabajo común. Las máquinas y demás perfeccionamientos deben
aliviar el trabajo de todos, y no enriquecer a unos cuantos a costa de millones
y millones de hombres del pueblo. Esta sociedad nueva y mejor se llama sociedad socialista. La doctrina que
trata de esta sociedad se llama socialismo.
Las asociaciones de obreros para
luchar por esta organización mejor de la sociedad se llaman partidos socialdemócratas. Tales partidos existen
abiertamente en casi todos los países (menos en Rusia y Turquía), y nuestros
obreros, unidos a los socialistas de entre la gente instruida, también han
organizado un partido de este tipo: el
Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia.
![]()
114
Es decir, en Moscú y
en San Petersburgo.
El gobierno lo persigue;
pero el partido, pese a todas las prohibiciones, existe en la ilegalidad,
publica sus periódicos y sus libros y organiza asociaciones secretas; y los
obreros no sólo se reúnen clandestinamente, sino que incluso salen a la calle en
grandes masas y despliegan banderas con inscripciones como éstas: "¡Viva
la jornada de 8 horas!", "¡Viva la libertad!", "¡Viva el
socialismo!" El gobierno persigue por eso con furia a los obreros. Hasta
manda tropas para que disparen contra ellos. Los soldados rusos han matado a
obreros rusos en Yaroslavl, en San Petersburgo, en Riga, en Rostov del Don, en
Zlatoúst.
Pero los obreros no se
rinden. Continúan la lucha. Dicen: no nos asustan las persecuciones, ni las
cárceles, ni el destierro, ni los trabajos forzados, ni la muerte. Nuestra
causa es justa. Luchamos por la libertad y la felicidad de todos los que
trabajan. Luchamos por liberar de la violencia, de la opresión y de la miseria
a decenas y centenares de millones de hombres del pueblo. Los obreros son cada
vez más conscientes. El número de socialdemócratas aumenta con rapidez en todos
los países. Triunfaremos a pesar de todas las persecuciones.
Los pobres del campo deben
comprender claramente quiénes son los socialdemócratas, qué quieren y cómo hay
que obrar en el campo para ayudarles a conquistar la felicidad del pueblo.
2. ¿Qué quieren los socialdemócratas?
Los socialdemócratas rusos
pretenden, ante todo, la libertad
política. Y necesitan esta libertad para agrupar amplia y públicamente a
todos los obreros rusos en la lucha por una organización nueva y mejor de la
sociedad, por una sociedad socialista.
¿Qué es la libertad política?
89
Para que el campesino lo
comprenda debe comparar primero su actual libertad con el régimen de la
servidumbre. En el régimen de la servidumbre, el campesino no podía casarse sin
la autorización del terrateniente. Ahora no necesita ningún permiso para casarse.
En el régimen de la servidumbre, el campesino debía trabajar obligatoriamente
para su señor en los días señalados por el baile que lo representaba. Ahora el
campesino es libre de elegir patrono, los días de trabajo y el jornal que ha de
percibir. En el régimen de la servidumbre, el campesino no podía abandonar la
aldea sin la autorización del señor. Ahora es libre de ir adonde quiera, si el
"mir" se lo permite, si no tiene deudas atrasadas, si consigue el
pasaporte, si el gobernador o el jefe de policía del distrito no le prohíben el
desplazamiento. De modo que ni siquiera ahora puede trasladarse libremente el
campesino adonde quiera; el campesino sigue siendo un semisiervo. Más adelante
explicaremos con detenimiento por qué el campesino ruso sigue siendo un
semisiervo y cómo puede salir de esta situación.
En el régimen de la
servidumbre, el campesino no podía adquirir bienes, no podía comprar tierras
sin la autorización del señor. Ahora es libre de adquirir toda clase de bienes
(aunque tampoco goza de plena libertad para marcharse del "mir", ni plena
libertad para disponer de sus propias tierras como le plazca). En el régimen de
la servidumbre podía el campesino ser sometido a castigos corporales por orden
del terrateniente. Ahora no puede ser castigado por su terrateniente, si bien
tampoco está libre hasta la fecha de los castigos corporales.
Pues bien, esta libertad es
la que se llama libertad civil: la
libertad en los asuntos familiares, en los asuntos personales, en los asuntos
relacionados con los bienes. El campesino y el obrero son libres (aunque no del
todo) para organizar su vida familiar, sus asuntos personales, para disponer de
su trabajo (elegir patrono) y de sus bienes.
Pero ni los obreros rusos ni
todo el pueblo ruso disfrutan hasta ahora de la libertad de administrar sus
asuntos nacionales. El pueblo todo,
en masa, sigue siendo tan siervo de los
funcionarios como los
campesinos lo eran de los terratenientes. El pueblo ruso no tiene derecho a
elegir a los funcionarios ni a representantes que promulguen leyes para todo el
Estado. El pueblo ruso ni siquiera tiene el derecho de organizar asambleas para
deliberar sobre los asuntos del Estado
. Sin el permiso de los funcionarios que nos han sido impuestos sin nuestro
consentimiento, lo mismo que en los viejos tiempos el señor nombraba sin el
consentimiento de los campesinos al baile que lo representaba, no podemos
siquiera publicar periódicos, ni libros, ni hablar ante todos y para todos de
los asuntos del Estado.
Lo mismo que antes eran los
campesinos esclavos de los terratenientes, sigue siendo el pueblo ruso hasta
hoy esclavo de los funcionarios. En el régimen de la servidumbre, los
campesinos carecían de libertades civiles; de igual manera carece el pueblo ruso
hasta hoy de libertad política. Libertad política
quiere decir libertad del pueblo para disponer de sus asuntos nacionales, de
los asuntos del Estado. Libertad política quiere decir derecho del pueblo a
elegir a sus representantes (diputados) a la Duma de Estado115 (Parlamento) . Todas las leyes deben ser discutidas y
promulgadas por esta Duma de Estado elegida por el pueblo y única capacitada
para fijar todos los impuestos y tributos. Libertad política quiere decir
derecho del pueblo a elegir él mismo a todos sus funcionarios, de convocar toda
clase de asambleas para deliberar sobre todos los asuntos del Estado y
publicar, sin necesidad de permiso alguno, toda suerte de libros y periódicos.
Todos los demás pueblos de
Europa han conquistado hace ya mucho tiempo la libertad política. Sólo en
Turquía y en Rusia el pueblo sigue sometido a la esclavitud política del
gobierno del sultán y del gobierno autocrático del zar. La autocracia zarista
significa potestad ilimitada del zar. El pueblo no toma parte alguna en la
organización ni en la administración del Estado. El zar, con su poder
unipersonal, ilimitado y absoluto, es el único que promulga todas las leyes y
nombra a todos los funcionarios. Pero, naturalmente, el zar ni siquiera puede conocer todas las
leyes rusas ni a todos los funcionarios rusos. El zar ni siquiera puede estar enterado de lo que ocurre en el Estado.
El zar no hace sino sancionar la voluntad de algunos de los funcionarios más
importantes y linajudos. Una persona sola, pese a todos sus deseos, no podría
gobernar un Estado tan vasto como es Rusia. Quien gobierna a Rusia no es el zar
—¡lo de la autocracia
unipersonal son meras palabras!-, sino un puñado de funcionarios de los más
ricos y linajudos. El zar se entera sólo de lo que este puñado tiene a bien
comunicarle. El zar no cuenta con ninguna posibilidad de contrariar la voluntad
de este puñado de la nobleza venerable: él mismo es un terrateniente de la
nobleza; ha vivido siempre desde la infancia entre esa gente de rancio abolengo
y ellos son quienes lo han educado e instruido; el zar sabe del pueblo ruso
únicamente lo que sabe de él esta nobleza de abolengo, lo que saben de él los
ricos terratenientes y los pocos comerciantes acaudalados que tienen acceso a
la corte.
En cada administración de vólost116 se puede ver colgado
el siguiente cuadro: el zar Alejandro
III (padre del actual soberano) pronuncia
una alocución a los síndicos subdistritales que asisten al acto de su
coronación. El zar les ordena: "¡Obedeced
a vuestros mariscales de la
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115 Duma
de Estado:
institución representativa que el gobierno zarista se vio obligado a convocar
como consecuencia de los acontecimientos revolucionarios de 1905. Formalmente,
la Duma de Estado era un órgano legislativo; pero, en realidad, no tenía ningún
poder real. Las elecciones a la Duma de Estado eran indirectas, desiguales y
restringidas. Los derechos electorales de las clases trabajadoras, así como de
las naciones alógenas que poblaban Rusia, estaban muy limitados, y gran parte
de obreros y campesinos carecían totalmente de derecho a voto. Según la ley
electoral del 11 (24) de diciembre de 1905, un voto de un terrateniente se
equiparaba a tres votos de representantes de la burguesía urbana, a quince
votos de campesinos y a cuarenta y cinco de obreros.
116 Vólost: en la Rusia prerrevolucionaria, unidad
administrativa inferior. Formaba parte del distrito, el cual, a su vez,
integraba la provincia.
nobleza!"117 y el zar actual, Nicolás II, repetía las mismas palabras.
Quiere decir que los mismos zares reconocen que no pueden gobernar el Estado
sino con la nobleza, mediante los nobles. Es preciso tener bien presentes estos
discursos del zar sobre la obediencia que los campesinos deben a la nobleza.
Hay que comprender claramente cómo engañan al pueblo quienes se esfuerzan por
presentar al gobierno del zar como el mejor de los gobiernos. En otros países,
dicen, existe un gobierno representativo; allí se elige a los ricos, y los
ricos son injustos gobernando y oprimen a los pobres. En cambio, el gobierno de
Rusia no es representativo; quien lo gobierna todo es el zar autocrático. El
zar está por encima de todos, tanto de los pobres como de los ricos. El zar es
justo con todos, tanto con los pobres como con los ricos.
90
Estos discursos no son sino
pura hipocresía. Todos los rusos saben lo que vale la justicia de nuestra forma
de gobierno. Todos saben si en nuestro país un simple obrero o un jornalero del
campo puede o no formar parte del Consejo de Estado. Mientras que en todos los
demás países europeos ha habido obreros de fábricas y jornaleros del campo
elegidos a las Dumas de Estado (Parlamentos), donde han podido hablar
libremente a todo el pueblo de la calamitosa vida de los obreros, exhortándolos
a asociarse y a luchar por una vida mejor. Y nadie se ha atrevido a interrumpir
tales discursos de los diputados del pueblo, ningún policía ha osado tocarles
al pelo de la ropa.
En Rusia no existe un
gobierno representativo; gobiernan no sólo los ricos y los aristócratas, sino
los peores de ellos. Gobiernan los que se destacan por su soplonería en la
corte zarista, los que mejor saben poner la zancadilla, los que mienten y calumnian
ante el zar, los que adulan y halagan. Gobiernan en secreto; el pueblo no se
entera ni puede enterarse de cuáles son las leyes que se preparan, ni las
guerras que se planean, ni los nuevos impuestos que se van a implantar, ni qué
funcionarios ni por qué méritos o culpas son premiados o destituidos. En ningún
país hay tantos funcionarios como en Rusia. Y estos funcionarios se alzan como
un denso bosque ante el pueblo amordazado; un simple trabajador jamás logrará
abrirse paso a través de ese bosque, nunca alcanzará la verdad. Ninguna
reclamación contra los funcionarios, acusados de concusión, despojo o
violencia, sale a la luz: el interminable papeleo burocrático la extingue. La
voz de una persona sola nunca llega a todo el pueblo, pues se desvanece en esa
tupida selva o es apagada en las mazmorras policíacas. El ejército de
funcionarios que no ha sido elegido por el pueblo ni tampoco está obligado a
rendir cuentas a éste, ha tejido una espesa telaraña, en la que los hombres
forcejean como moscas.
El absolutismo zarista es el
absolutismo de los funcionarios. El absolutismo zarista es la sumisión feudal
del pueblo a los funcionarios y, sobre todo, a la policía. El absolutismo
zarista es el absolutismo de la policía.
Por eso los obreros salen a
la calle y escriben en sus banderas: "¡Abajo el absolutismo!",
"¡Viva la libertad política!" Por eso millones y millones de
campesinos pobres tienen que apoyar y hacer suyo este grito de combate de los
obreros de la ciudad. Lo mismo que éstos, los obreros del campo y los
campesinos desposeídos, sin dejarse asustar por las persecuciones, sin temer
las amenazas y violencias de toda clase del enemigo, sin inmutarse por los
primeros reveses, deben emprender una lucha resuelta por la libertad de todo el
pueblo ruso y reclamar, ante todo, una
convocatoria de representantes del pueblo. ¡Que el pueblo mismo elija en
toda Rusia a sus diputados! ¡Que estos representantes del pueblo constituyan
una asamblea suprema que establezca un gobierno electo en Rusia, libere al
pueblo de la sumisión feudal a los funcionarios y a la policía y le asegure la
libertad de reunión, la libertad de palabra y la libertad de prensa!
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117 Mariscal
de la nobleza:
representante de la nobleza de una provincia o distrito de la Rusia zarista,
elegido por la respectiva asamblea de la nobleza. El mariscal de la nobleza
entendía en los asuntos de ésta, ocupaba una posición influyente en la
administración y presidía las reuniones de los zemstvos.
Esto es lo que quieren, ante
todo, los socialdemócratas. Este es el significado de su primera
reivindicación: libertad política.
Sabemos que la libertad
política, la libertad de elección a la Duma de Estado (Parlamento), la libertad
de reunión y la libertad de prensa no han de liberar de golpe y porrazo al
pueblo trabajador de la miseria y la opresión. En el mundo no hay un medio que
pueda librar de golpe a los pobres de la ciudad y del campo de trabajar para
los ricos. El pueblo trabajador no puede confiar más que en sí mismo, no puede contar con nadie más que consigo mismo. Nadie le librará de la miseria si no se libra de ella él mismo. Y para
liberarse, los obreros deben unirse en todo el país, en toda Rusia, en una
asociación, en un partido. Pero los millones de obreros no pueden unirse
mientras el gobierno policiaco absolutista prohíba toda reunión, todo periódico
obrero, toda elección de diputados obreros. Para unirse, hay que disfrutar del
derecho de organización de toda clase de asociaciones, hay que gozar de la
libertad de asociación, de la libertad política.
La libertad política no
librará inmediatamente a los obreros de la miseria, pero les proporcionará armas para luchar contra ella. No existe ni
puede existir otro medio de lucha contra
la miseria que la unión de los obreros mismos. No hay posibilidad de unión para
millones de hombres del pueblo mientras no haya libertad política.
En todos los países europeos
en que el pueblo ha conquistado la libertad política, los obreros hace ya mucho
tiempo que han comenzado a unirse. Los obreros que carecen de tierra y de
talleres y que han trabajado toda su vida como asalariados de otras personas
son denominados en toda Europa proletarios. Hace más de cincuenta años que sonó
el llamamiento a la unión del pueblo trabajador: "¡Proletarios de todos
los países, uníos!"118 Estas palabras han recorrido en los
últimos cincuenta años el mundo entero; estas palabras se repiten en miles y
miles de asambleas obreras; estas palabras pueden leerse en millones de
folletos y periódicos socialdemócratas publicados en todos los idiomas.
91
Claro está que unir a
millones de obreros en una asociación, en un partido, es una obra muy ardua que
requiere tiempo, perseverancia, tenacidad y valor. Los obreros están agobiados
por el peso de la pobreza y de la miseria, están embrutecidos por los eternos
trabajos forzados para los capitalistas y los terratenientes; los obreros
carecen a menudo de tiempo hasta para pensar en el motivo de su eterna miseria
y en la manera de librarse de ella. Se impide por todos los medios la unión de
los obreros; y esto se hace empleando la violencia en forma directa y con toda
ferocidad, como en Rusia, donde no existe libertad política, o negando el
trabajo a los obreros que propagan la doctrina socialista, o bien, por último,
valiéndose del engaño y del soborno. Pero no hay violencias ni persecuciones
que puedan detener a los obreros proletarios que luchan por esa gran causa que
es la de liberar de la miseria y la opresión a todo el pueblo trabajador. El
número de obreros socialdemócratas aumenta sin cesar. Así, en el vecino país
alemán existe un gobierno representativo. Antes, en Alemania también gobernaba
el rey en forma absoluta y con poderes ilimitados. Pero desde hace tiempo — más
de cincuenta años-, el pueblo alemán liquidó el absolutismo y conquistó por la
fuerza la libertad política. En Alemania, las leyes no son redactadas por un
puñado de funcionarios, como ocurre en Rusia, sino por una asamblea de diputados del pueblo, por un Parlamento o Dieta
imperial, como lo llaman los alemanes. Los diputados a esta Dieta son elegidos
por todos los varones que han alcanzado la mayoría de edad. Por eso se puede
calcular el número de votos emitidos a favor de los socialdemócratas. En 1887,
una décima parte del total de los votos fue emitida a favor de los
socialdemócratas. En 1898 (durante las últimas elecciones a la Dieta imperial
alemana), el número de votos obtenidos por los socialdemócratas casi se triplicó. Más de la cuarta parte
de todos los votos era ya a favor de
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118 Palabras del Manifiesto del Partido Comunista, documento programático cumbre del
comunismo científico escrito por C. Marx y F. Engels en 1848.
los socialdemócratas. Más de dos millones de hombres adultos
eligieron al Parlamento a diputados
socialdemócratas. Entre los obreros del campo de Alemania, el socialismo
está aún poco difundido; pero ahora
progresa con suma rapidez. Y cuando la masa de braceros, de jornaleros y de
campesinos pobres y depauperados se una a sus hermanos de la ciudad, los
obreros alemanes vencerán y establecerán un régimen en el que no habrá miseria
ni opresión de los trabajadores.
Ahora bien, ¿por qué medios
quieren los obreros socialdemócratas liberar de la miseria al pueblo?
Para saberlo hay que
comprender claramente cuál es la causa de la miseria de las grandes masas del
pueblo en el régimen social de nuestros días. Crecen ricas ciudades,
constrúyense tiendas y casas lujosas, se tienden vías férreas, se introduce
toda clase de máquinas y de perfeccionamientos en la industria y en la
agricultura y, por otro lado, millones de hombres del pueblo no consiguen salir
de la miseria y continúan trabajando toda la vida para lograr a duras penas
mantener a sus familias. Pero esto no es todo. Aumenta sin cesar el número de
parados. Cada vez hay más gentes en el campo y en la ciudad que no pueden
encontrar ningún trabajo. En las aldeas pasan hambre; en las ciudades engrosan
los ejércitos de vagabundos y maleantes, viven hacinados como bestias en las
covachas de los arrabales o en terribles sótanos y tugurios, como en el mercado
Jitrov de Moscú.
Cada vez hay más riquezas y
más lujo, mientras que los millones y millones de hombres que crean con su
trabajo todas estas riquezas siguen sumidos en la pobreza y en la miseria. Los
campesinos se mueren de hambre, los obreros deambulan sin trabajo; entretanto,
los comerciantes exportan de Rusia al extranjero millones de puds de trigo y
las fábricas están paradas porque no hay posibilidad de colocar las mercancías,
de venderlas. ¿Cómo puede suceder eso?
Sucede, ante todo, porque la
gran mayoría de las tierras, así como las fábricas, los talleres, las máquinas,
los edificios y los barcos son propiedad de un reducido número de ricachos. En
estas tierras, en estas fábricas y en estos talleres trabajan decenas de
millones de hombres, mientras que los dueños de todo eso son unos millares o
unas decenas de miles de ricos, de terratenientes, de comerciantes, de
fabricantes. El pueblo trabaja para ellos a cambio de un salario, de un
mendrugo de pan. Todo lo producido por encima de la miserable cantidad
requerida para la manutención de los obreros se lo embolsan los ricos; ésos son
sus beneficios, sus "ingresos". Todas las ventajas proporcionadas por
las máquinas y por los perfeccionamientos introducidos en el trabajo benefician
a los terratenientes y a los capitalistas; ellos son los que acumulan millones
y millones, mientras que los trabajadores sólo perciben de todas estas riquezas
unas despreciables migajas. Los trabajadores se reúnen para trabajar: en las
grandes fincas y en las grandes fábricas trabajan varios centenares, y a veces
hasta varios miles de obreros. Esta labor conjunta, con empleo de máquinas de
lo más variadas, acrecienta la eficacia del trabajo, pues un solo obrero rinde
ahora mucho más de lo que rendían antaño decenas de obreros que trabajaban
individualmente y sin ninguna clase de máquinas. Pero los que se aprovechan de
los frutos de esta eficacia, de este mayor rendimiento del trabajo, no son
todos los trabajadores, sino sólo un número insignificante de grandes
terratenientes, comerciantes y fabricantes.
A menudo se oye decir que
los terratenientes y los comerciantes "dan trabajo" al pueblo, "dan" el sustento a la gente pobre.
Se dice, por ejemplo, que a los campesinos del lugar los "mantiene" la fábrica vecina o la
finca vecina. Mas, en realidad, son los obreros quienes, con su trabajo, se mantienen a sí mismos y mantienen también a todos los que no
trabajan. Pero a cambio del permiso
de trabajar en las tierras del terrateniente, en la fábrica o en el ferrocarril, el obrero entrega gratis al propietario todo lo
que produce, recibiendo únicamente lo preciso para una mísera existencia. Esto
quiere decir que, en realidad, no son
los terratenientes ni los
comerciantes quienes dan trabajo a los obreros, sino éstos quienes mantienen
con su trabajo a todos, entregando gratis la mayor parte de su trabajo.
92
Prosigamos. La miseria del
pueblo proviene, en todos los Estados modernos, de que los trabajadores
elaboran toda clase de objetos para la venta, para el mercado. El fabricante y
el artesano, el terrateniente y el campesino acomodado producen distintos artículos,
crían ganado, siembran y recogen cereales para
la venta, para obtener dinero. El
dinero es hoy, en todas partes, la fuerza suprema. Por dinero se canjean todos
los productos del trabajo humano. Por dinero se puede adquirir todo cuanto se
quiera. Por dinero se puede incluso comprar a un hombre, es decir, obligar a un
hombre pobre a trabajar para el que tiene dinero. Antes, la fuerza principal
era la tierra. Así ocurría en el régimen de la servidumbre. El que poseía
tierra era fuerte y poderoso. Pero ahora, la fuerza principal es el dinero, el
capital. Por dinero se puede adquirir toda la tierra que se quiera. Sin dinero
poco se puede hacer, aun disponiendo de tierra, pues no se puede comprar un
arado ni otros aperos, no se puede comprar ganado, ropa ni demás artículos que
se venden en la ciudad, sin hablar ya de pagar las contribuciones. Para
conseguir dinero, casi todos los terratenientes han hipotecado sus fincas. Para
conseguir dinero, el gobierno pide préstamos a los ricos ya los banqueros de
todo el mundo y paga en concepto de intereses centenares de millones de rublos
al año.
Por dinero todos luchan
ahora ferozmente unos contra otros. Cada cual se afana por comprar más barato y
por vender más caro; cada cual trata de adelantarse a los demás, de vender la
mayor cantidad posible de mercancías, de hacer que bajen los precios, de
ocultar a los demás los lugares donde se puede vender con ventaja o conseguir
suministros lucrativos. Las gentes de pocos recursos, el pequeño artesano y el
pequeño campesino son los que llevan la peor parte en esta gran contienda por
el dinero, los que siempre quedan a la zaga del comerciante rico o del
campesino rico. Nunca tienen reservas, viven al día, y en todos los apuros o
calamidades tienen que empeñar sus últimos enseres o malvender el ganado de
labor. Y una vez que han caído en las garras de algún kulak119 o usurero, son rarísimos los casos en que pueden soltarse del
cepo; la mayoría de las veces terminan arruinándose por completo. Cada año,
centenares de miles de pequeños campesinos y artesanos condenan las puertas y
ventanas de sus casas, traspasan gratis sus lotes a la comunidad y se
convierten en obreros asalariados, en braceros, en peones, en proletarios.
Entretanto, los ricos amasan cada vez mayores fortunas en esta lucha por el
dinero. Los ricos acumulan millones, centenares de millones de rublos en los
bancos y se lucran no sólo con el dinero propio, sino también con el dinero
ajeno depositado en los bancos. Las decenas o los centenares de rublos
depositados en los bancos o en las cajas de ahorro por las gentes modestas
proporcionan a éstas 3 ó 4 kopeks de interés por cada rublo, mientras que los
ricos juntan millones con esas decenas de rublos, multiplican sus operaciones y
obtienen de diez a veinte kopeks por cada rublo.
Por eso dicen los obreros
socialdemócratas que el único medio de acabar con la miseria del pueblo es
cambiar de arriba abajo el orden actual de cosas en todo el Estado e instaurar
el orden socialista, lo que quiere
decir quitarles a los grandes terratenientes sus haciendas, a los fabricantes sus fábricas, a los
banqueros sus capitales en dinero efectivo, suprimir su propiedad privada y entregarla al pueblo trabajador en todo el
Estado. Entonces quienes dispondrán
del trabajo de los obreros serán los obreros mismos y sus delegados, y no los
ricos, que viven del trabajo ajeno. Entonces los frutos del trabajo común y las
ventajas de todos los perfeccionamientos y de las máquinas serán para todos los
obreros. Entonces la riqueza aumentará con mayor rapidez, pues los obreros
trabajarán para sí mismos mejor que para los capitalistas, la jornada de
trabajo será más corta, los obreros comerán y vestirán mejor, y su vida
cambiará por completo.
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119 Kulaks: "campesinos ricos que explotan
trabajo ajeno, bien contratando mano de obra, bien prestando dinero con
intereses usurarios, etc."
Pero transformar todo el
orden de cosas en todo el Estado es una tarea ímproba. Para ello es preciso un
gran trabajo, una lucha larga y tenaz. Todos los ricos, todos los propietarios,
toda la burguesía* defenderán sus
riquezas con uñas y dientes. Para defender a toda la clase rica se levantarán los funcionarios y el ejército,
pues el gobierno mismo se encuentra en manos
de la clase rica. Los obreros tienen que unirse y luchar juntos, como un solo
hombre, contra todos los que viven del trabajo ajeno; los obreros tienen que
unirse ellos mismos y unir a todos los desposeídos en una sola clase obrera, en una sola clase del proletariado . La lucha será
difícil para la clase obrera, pero terminará necesariamente en el triunfo de
los obreros, porque la burguesía, la gente que vive del trabajo ajeno,
constituye una ínfima parte del pueblo, mientras que la clase obrera representa
la inmensa mayoría del pueblo. Obreros contra propietarios quiere decir
millones contra millares.
* Burgués quiere decir propietario.
Burguesía quiere decir el conjunto de propietarios. Un gran burgués es un gran
propietario. Un pequeño burgués es un pequeño propietario. Los términos
"burguesía" y "proletariado" quieren decir lo mismo que
propietarios y obreros, ricos y pobres, gente que vive del trabajo ajeno y
gente que trabaja para otros a cambio de un salario.
Y los obreros de Rusia
comienzan ya a unirse para esta gran lucha en un partido obrero
socialdemócrata. A pesar de lo difícil que es asociarse clandestinamente,
ocultándose de la policía, la unión se robustece y acrecienta. Y cuando el
pueblo ruso conquiste la libertad política, la causa de la unión de la clase
obrera, la causa del socialismo progresará con mucha mayor rapidez, con más
rapidez aún de lo que progresa actualmente entre los obreros alemanes.
93
3. Riqueza y miseria, propietarios y obreros en el campo
Ahora ya sabemos qué quieren
los socialdemócratas. Quieren luchar contra toda la clase rica para liberar al
pueblo de la miseria. Y en nuestro país, la miseria en el campo no es menor,
sino quizás mayor, que en las ciudades. No vamos a hablar aquí de cuán grande
es la miseria en el campo: todos los obreros que hayan estado en el campo y
todos los campesinos conocen muy bien la miseria, el hambre, el frío y la ruina
que imperan en el agro.
Pero el campesino ignora por qué vive en la miseria, pasa hambre
y se arruina; ignora cómo puede
librarse de la miseria. Para saber esto es preciso, ante todo, comprender el
origen de toda miseria, de toda indigencia, tanto en la ciudad como en el agro.
Ya nos hemos referido a ello brevemente y hemos visto que los campesinos pobres
y los obreros del campo deben unirse con los obreros de la ciudad. Mas esto no
basta. Hay que saber, además, quién seguirá en el campo a los ricos, a los
propietarios, y quién a los obreros, a los socialdemócratas. Hay que conocer si
son muchos los campesinos que saben, tan bien como los terratenientes, amasar
capital y vivir del trabajo ajeno. Si eso no se esclarece a fondo, nada de lo
que se diga sobre la miseria podrá surtir efecto, y los pobres del campo no
llegarán a comprender quiénes son en
el campo los que deben agruparse entre sí y unirse con los obreros de la
ciudad, ni qué deben hacer para
conseguir una alianza firme, para que
el campesino no se vea engañado por
el terrateniente y, encima, también por los suyos, por los mujiks ricos.
A fin de poner eso en claro,
veamos ahora cuál es la fuerza de los terratenientes en el campo y cuál la de
los campesinos ricos.
Comencemos por los
terratenientes. De su fuerza se puede juzgar, ante todo, por la superficie de
tierra que poseen a título de propiedad privada. El total de las tierras en la
Rusia europea —tanto la parcelaria de los campesinos como las tierras de propiedad
privada— se calculaba en cerca de 240 millones de deciatinas* (sin contar las
tierras del fisco, de las que hablaremos aparte)**.
*Una deciatina equivale, aproximadamente, a una hectárea. (N. de la Edit.)
* Todas estas cifras, como las que siguen,
sobre la cantidad de tierra datan de los años 1877 y 1878 y han quedado muy
anticuadas. Pero no existen datos más recientes. El gobierno ruso sólo puede
mantenerse en la oscuridad, razón por la cual se reúnen en nuestro país tan
raramente datos completos y veraces sobre la vida del pueblo en todo el Estado.
De estos 240 millones de
deciatinas, hay en poder de los campesinos, es decir, de más de diez millones de familias, 131 millones de deciatinas de
tierra parcelaria. Mientras que en poder
de los propietarios privados, es decir, de menos
de medio millón de familias, hay 109 millones de deciatinas. Esto quiere
decir que, por término medio, a una familia campesina le corresponden 13
deciatinas, mientras que a la familia de un propietario privado, ¡218
deciatinas! Pero la desigualdad en la distribución de la tierra es todavía
mucho mayor, como veremos en seguida.
Siete de
los ciento nueve millones de deciatinas de tierra en poder de los propietarios
privados pertenecen a la corona, es
decir, son propiedad privada de los miembros de la familia imperial. El zar,
con su familia, es el primer terrateniente, el terrateniente más grande de
Rusia. ¡Una sola familia posee más
tierra que medio millón de familias
campesinas! Además, las iglesias y los monasterios poseen cerca de seis
millones de deciatinas. Nuestros popes predican a los campesinos desinterés y
abstinencia, mientras ellos mismos han echado la zarpa, sin reparar en medios,
a inmensas extensiones de tierra.
Además, cerca de dos
millones de deciatinas se hallan en poder de las ciudades y poblados y otro
tanto en manos de distintas sociedades y compañías comerciales e industriales.
Unos noventa y dos millones de deciatinas (la cifra exacta es de 91.605.845, mas,
para simplificar, redondeamos) pertenecen a menos
de medio millón (481.358) de familias de propietarios privados. La mitad de
estas familias son propietarios muy pequeños: cada uno posee menos de 10
deciatinas. En total, poseen menos de un millón de deciatinas. En cambio, dieciséis mil familias poseen, cada una,
más de mil deciatinas de tierra; en
total, poseen sesenta y cinco millones de
deciatinas. Para demostrar qué enorme es la superficie de tierra
concentrada en manos de los grandes
terratenientes, señalaremos además que algo
menos de mil familias
(924) poseen, cada una, más de diez mil deciatinas de tierra, y todas ellas poseen ¡veintisiete millones de deciatinas! Un
millar de familias terratenientes poseen tanto como dos millones de familias campesinas.
Se comprende, pues, que
millones y millones de hombres del pueblo deban
pasar penalidades y hambre, y hayan de
pasarlas siempre, mientras varios millares de ricachones posean extensiones
tan inmensas. De ahí que, mientras eso ocurra, también el poder del Estado, el
propio gobierno (aunque sea el gobierno zarista) habrá de danzar al son que le
toquen esos grandes terratenientes. Se comprende que los pobres del campo no
tengan de quién ni de dónde esperar ayuda, mientras ellos mismos no se unan, no
se agrupen estrechamente en una sola clase para desplegar una lucha tenaz
desesperada contra la clase de los terratenientes.
94
Aquí cabe hacer notar que en
nuestro país hay muchísimas personas (hasta entre la gente instruida) que
tienen una idea completamente equivocada de la fuerza de la clase de los
terratenientes cuando dicen que el "Estado" posee mucha más tierra. "Hoy
ya — dicen esos malos consejeros del campesino-, una gran parte del territorio
(es decir, de toda la tierra) de Rusia pertenece al Estado" (hemos citado
estas palabras del periódico Revoliutsiónnaya
Rossía, núm. 8, pág. 8). El error de estos hombres se debe a lo siguiente.
Han oído que el Tesoro posee en la
Rusia europea ciento cincuenta millones de deciatinas, cosa que, realmente, es cierta; pero se han
olvidado de que estos ciento cincuenta millones de deciatinas son en su casi
totalidad tierras yermas y bosques en el
lejano Norte, en las provincias de Arjánguelsk, Vólogda, Olonets, Viatka y
Perm. De modo que el Tesoro sólo posee tierras que no han servido hasta ahora
en absoluto para la explotación. Y las tierras cultivables en poder del Tesoro
son menos de cuatro millones de
deciatinas; pero estas tierras (por ejemplo, en la provincia de Samara,
donde está la mayor parte) son arrendadas por los ricos a precios baratísimos,
por una bagatela. Los ricos toman en arriendo decenas de
millares de deciatinas de
estas tierras y luego las subarriendan a los campesinos por una renta
triplicada.
Sí, muy malos consejeros del
campesino son quienes le dicen que el Tesoro posee mucha tierra. En realidad,
los que poseen muchas tierras buenas son los grandes propietarios agrarios
(incluido el zar), y estos grandes terratenientes tienen en sus manos el propio
Tesoro. Y mientras los pobres del campo no sepan unirse y llegar a ser, gracias
a su unión, una fuerza temible, el "Estado" seguirá siendo siempre un
obediente criado de la clase de los terratenientes. Tampoco hay que olvidar
que, antes, los terratenientes eran casi exclusivamente de la nobleza. También
hoy la nobleza posee mucha tierra (ciento quince mil nobles poseían, según los
datos de 1877 y 1878, setenta y tres millones de deciatinas). Pero la fuerza
principal es ahora el dinero, el capital. Inmensas superficies de tierra han
sido compradas por los comerciantes y los campesinos acomodados. Se calcula
que, en treinta años (de 1863 a 1892), la nobleza perdió tierras (es decir,
vendió más de lo que compró) por una suma de seiscientos millones y pico de
rublos. Entretanto, los comerciantes y los ciudadanos honorables adquirieron
tierras por valor de doscientos cincuenta millones de rublos. Los campesinos,
los cosacos y "demás lugareños" (así denomina nuestro gobierno a la
gente humilde para distinguida de la "gente noble" y
"selecta") adquirieron tierra por valor de trescientos millones de
rublos. Esto quiere decir que en toda Rusia, por término medio, los campesinos
adquieren anualmente tierras en propiedad privada por la suma de diez millones
de rublos.
Por lo tanto, hay distintos
campesinos: unos viven en la miseria y pasan hambre; otros se enriquecen. Por
tanto, cada día son más los campesinos ricos que se orientan hacia los
terratenientes, que se pondrán al lado de los ricos contra los obreros. Y los
pobres del campo, que quieren unirse a los obreros de la ciudad, tienen que
pensarlo bien, tienen que ver si son muchos esos campesinos ricos, cuál es su
fuerza y qué clase de unión necesitamos para combatirla. Acabamos de mencionar
a los malos consejeros del campesino. A estos malos consejeros les gusta
repetir: los campesinos ya tienen su unión. Esta unión es el "mir",
la comunidad. El "mil'" es una gran fuerza. La unión en el
"mir'" agrupa estrechamente a los campesinos; la organización (es
decir, asociación, unión) de los campesinos en el "mil'" es colosal
(es decir, enorme, inabarcable).
Eso no es cierto. Eso es un
cuento. Aunque inventado por buenas gentes, un cuento al fin y al cabo. Si
prestamos oído a los cuentos, no haremos sino dañar nuestra causa, la causa de
la alianza de los pobres del campo con los obreros de la ciudad. Que cada
hombre del agro mire atentamente en torno suyo: ¿es que la unión en el
"mir", la comunidad campesina, se parece en algo a la unión de los
pobres para luchar contra todos los
ricachones, contra todos los que
viven del trabajo ajeno? No, no se parece ni puede parecerse. En cada aldea, en
cada comunidad hay muchos braceros, muchos campesinos arruinados, así como
también hay ricachones que tienen braceros en sus haciendas y adquieren tierras
"en propiedad perpetua". Estos ricachones son también miembros de la
comunidad y llevan la batuta en ella, pues constituyen una fuerza. Pero ¿acaso
necesitamos una unión en la que entren los ricachones y lleven la batuta
dentro? De ningún modo. Lo que necesitamos es una unión para luchar contra los ricachones. Por tanto, la unión en el
"mir" no nos sirve en absoluto.
Necesitamos una unión
voluntaria, una unión constituida exclusivamente por quienes hayan comprendido
que deben aliarse con los obreros de la ciudad. Y la comunidad no es una unión
voluntaria, sino una unión oficial. La comunidad no la forman quienes trabajan
para los ricachones, quienes desean luchar unidos contra los ricachones. La
integran hombres de toda índole, y no por su propia voluntad, sino porque sus
padres vivieron en esas tierras y trabajaron para ese terrateniente, porque las
autoridades los adscribieron a esa comunidad. Los campesinos pobres no pueden
salirse libremente de la comunidad; tampoco pueden admitir libremente en ella a
ninguna persona ajena, registrada por la policía en otro
subdistrito, pero que para
nosotros, para nuestra unión, tal vez fuese necesario que estuviera
precisamente aquí. Sí, nos hace falta una unión distinta por completo, la unión
voluntaria de los obreros agrícolas y campesinos pobres, exclusivamente para luchar
contra todos los que viven del trabajo ajeno.
95
Hace ya mucho que pasaron los tiempos en que el "mir'"
era una fuerza. Y esos tiempos jamás volverán. El "mir" era una
fuerza cuando entre los campesinos no había casi braceros ni obreros que
deambularan por toda Rusia en busca de un jornal, cuando no había casi ricachos
y cuando a todos los oprimía igualmente el señor feudal. Ahora la fuerza
principal es el dinero. Por dinero, hasta los miembros de una misma comunidad
luchan entre sí como fieras salvajes. Los mujiks adinerados oprimen a miembros
de su propia comunidad y los expolian con más crueldad que algunos
terratenientes. Lo que nosotros necesitamos ahora no es la unión en el
"mir", sino la unión contra el
poder del dinero, contra el poder del capital, la unión de todos los
obreros agrícolas y de todos los campesinos pobres de las distintas
comunidades, la alianza de todos los pobres del campo con los obreros de la
ciudad para combatir por igual a los terratenientes y a los campesinos ricos.
Ya hemos visto cuál es la
fuerza de los terratenientes. Veamos ahora si los campesinos ricos son muchos y
qué fuerza tienen.
De la fuerza de los
terratenientes hemos juzgado por la magnitud de sus fincas, por el área de sus
tierras. Los terratenientes disponen libremente de sus tierras, las compran y
venden con toda libertad. Por eso puede juzgarse con toda exactitud de su fuerza
por la superficie de las tierras que poseen. Los campesinos, en cambio, no
gozan hasta ahora en nuestro país del derecho de disponer libremente de sus
tierras; hasta hoy siguen siendo semisiervos, sujetos a su comunidad. Por eso
no puede juzgarse de la fuerza de los campesinos ricos por la superficie de
tierra parcelaría de que disponen. Los campesinos ricos no se enriquecen con el
producto de sus parcelas comunales, sino que compran mucha tierra, tanto en propiedad "perpetua" (es
decir, en propiedad privada) como "por años" (es decir, la toman en
arriendo), y la compran ya sea a los terratenientes ya a otros campesinos de la
misma comunidad, que abandonan la tierra o la ceden, acuciados por la
necesidad. Por eso, lo más acertado será diferenciar a los campesinos ricos,
medios y pobres por el número de caballos que posean. Un campesino que tiene
muchos es casi siempre un campesino rico; y si tiene mucho ganado de labor es
porque posee extensos sembrados, mucha tierra, aparte de la parcelaría suya,
así como dinero disponible. Además, contamos con la posibilidad de averiguar
cuántos campesinos, dueños de muchos caballos, hay en toda Rusia (la Rusia
europea, sin contar Siberia ni el Cáucaso). Por supuesto, no se olvide que de
toda Rusia sólo puede hablarse en promedios: entre los distintos distritos y
provincias hay grandes diferencias. Así, cerca de las ciudades hay a menudo
campesinos ricos que no poseen muchos caballos. Unos se dedican al ventajoso
negocio de la horticultura; otros tienen poco ganado de labor, pero mucho
vacuno y venden leche. Hay también por toda Rusia campesinos que no se
enriquecen con la tierra, sino comerciando; instalan mantequerías, molinos y
otras empresas. Todo el que vive en el campo conoce muy bien a los campesinos
ricos de su aldea e incluso de la comarca. Pero lo que nosotros necesitamos
saber es cuántos hay en toda Rusia y cuál es su fuerza para que el campesino
pobre no actúe al azar, a ciegas, sino que sepa exactamente cómo son sus amigos
y cómo sus enemigos.
Pues bien, veamos cuántos
son los campesinos ricos y pobres de ganado de labor. Ya hemos dicho que en
toda Rusia existen cerca de diez millones
de familias campesinas. El total de caballos de que disponen ahora debe de
andar por los quince millones (hace
unos catorce años había diecisiete millones, pero ahora hay menos) . Esto
significa que, por término medio, a cada diez
familias corresponden quince
caballos. Pero el caso es que algunos — muy pocos— poseen muchos caballos,
mientras que otros — la gran mayoría— carecen por completo de ellos o tienen
pocos. Los campesinos sin caballo no
bajan de los tres millones, y
cerca de tres millones y
medio de campesinos tienen un solo
caballo. Son campesinos en completa ruina o campesinos pobres. Los llamamos
los pobres del campo. Son seis millones y
medio de familias de los diez millones antes señalados, es decir, ¡ casi las dos terceras partes! Luego
siguen los campesinos medios, que poseen una yunta. Suman cerca de dos millones de familias, con unos cuatro millones de caballos. Siguen
los campesinos ricos, que poseen más de un par de caballos de tiro. De esta
categoría hay millón y medio de
familias, pero poseen siete millones
y medio de caballos*. Por tanto, aproximadamente la sexta parte de las familias
posee la mitad del ganado de labor.
* Repetimos una vez más que calculamos con
promedios, en cifras aproximadas. Puede darse el caso de que los campesinos
ricos no sean exactamente millón y medio, sino millón y un cuarto, millón y
tres cuartos o incluso dos millones. La diferencia no es muy grande. El fin que
perseguimos no es calcular cada millar o cada centena de millar, sino
comprender claramente cuál es la fuerza de los campesinos ricos, cuál es su
situación, para saber distinguir a los enemigos y a los amigos, para no
ilusionarse con toda clase de cuentos o charlatanerías, sino para conocer con
exactitud tanto la situación de los pobres como, especialmente, la de los
ricos.
Que cada trabajador rural se
fije bien en su subdistrito y en los subdistritos vecinos. Verá que nuestro
cálculo es exacto, que, por término medio, así resulta en todas partes: por
cada cien familias, diez, a lo más veinte, corresponden a los campesinos ricos;
unas veinte, a los campesinos medios, las demás, a los campesinos pobres.
Sabido esto, podemos juzgar
con bastante exactitud de la fuerza de los campesinos ricos. Su número no es
muy grande: en diversas comunidades, en diversos subdistritos hay unos diez o
veinte por cada cien familias. Pero estas contadas familias son las más ricas.
Por ello poseen, en toda Rusia, casi la misma cantidad de caballos que todos
los campesinos restantes juntos. Eso significa que también tienen casi la mitad
de todos los sembrados campesinos. Recogen muchos más cereales de los que
necesitan para alimentar a sus familias. Venden mucho grano.
96
Los cereales no sólo les
sirven para alimentarse, sino, en su mayor parte, para venderlos, para hacer
dinero. Estos campesinos pueden acumular dinero. Lo depositan en las cajas de
ahorro y en los bancos y compran tierras. Ya nos hemos referido a la gran cantidad
de tierra que los campesinos compran cada año en todo el país. Casi toda esa
tierra cae en manos de esos contados campesinos ricos. Los pobres del campo,
lejos de pensar en la compra de tierras, tienen que cavilar en el modo de
obtener medios de subsistencia. Muy a menudo el dinero no les alcanza para pan
ni, mucho menos, para comprar tierras. Por esta razón cualquier banco en
general, y el Banco Campesino en particular, no ayudan a adquirir tierras a
todos los campesinos (como aseguran a veces algunas personas que engañan al
mujik o la gente demasiado simple), sino sólo a un número insignificante de
ellos, sólo a los campesinos ricos. Por esta misma razón, esos malos consejeros
del mujik que hemos mencionado antes mienten cuando, al hablar de la compra de
tierras por los campesinos, afirman que esta tierra pasa del capital al
trabajo. La tierra no puede pasar nunca al trabajo, es decir, al trabajador
pobre, pues por ella hay que pagar dinero. Y los pobres jamás tienen dinero de
sobra. La tierra pasa sólo a los campesinos adinerados, al capital, sólo a las
manos de quienes han de ser combatidos por los pobres del campo en unión de los
obreros de la ciudad.
Los campesinos ricos no sólo
adquieren tierras en propiedad perpetua; toman aún más por años, en arriendo.
Se las arrebatan a los campesinos pobres, arrendando extensas superficies. Por
ejemplo, en un solo distrito de la provincia de Poltava (el de Ronstantinogrado)
se calculó la tierra que tomaban en arriendo lo campesinos ricos. ¿Y qué
resultó? Los que arrendaban treinta y más deciatinas por familia eran muy
pocos: dos familias de cada quince. Pero estos ricachones acaparaban la mitad del total de la tierra
arrendada, correspondiendo a cada uno de ellos ¡setenta y cinco deciatinas de tierra arrendada! En la provincia de
Táurida se calculó cuánta tierra del Tesoro arrendada por el "mir"
(por las comunidades campesinas) había sido acaparada por los ricachones.
Resultó que los ricachones —una quinta
parte de las familias— acaparaban las
tres cuartas partes de todas las tierras arrendadas. En todas partes la
tierra se reparte según el dinero, y los que disponen de dinero son solamente
unos cuantos ricachones.
Además, los propios
campesinos dan hoy en arriendo mucha tierra. Abandonan sus parcelas, pues
carecen de ganado, de simientes, de recurso alguno para seguir llevando
adelante sus haciendas. Sin dinero, hoy día no se puede hacer nada, aun
poseyendo tierra. Así, en el distrito de Novoúzensk, provincia de Samara, una
familia, y a veces dos de cada tres de campesinos ricos toman en arriendo tierra parcelaria en su propia comunidad o en
otras. Y los que dan su tierra en arriendo son campesinos que no tienen ganado
de labor o tienen un solo caballo. En la provincia de Táurida, la tercera parte de las familias
campesinas entrega en arriendo sus parcelas. Y entrega la cuarta parte del total de las parcelas campesinas, doscientas
cincuenta mil deciatinas, ciento cincuenta mil de las cuales (las tres quintas
partes) van a parar ¡a manos de los campesinos ricos! Una vez más vemos si la
unión en el "mir" (en la comunidad) sirve o no para los pobres. En la
comunidad rural, quien posee el dinero tiene la fuerza. Pero nosotros
necesitamos la unión de los pobres de todas las comunidades.
Lo mismo que se engaña al
campesino con la compra de tierra, también se le engaña, al hablarle de la
adquisición a precios módicos de arados, segadoras y otros aperos
perfeccionados. Se organizan almacenes y arteles en los zemstvos y se dice: los
aperos perfeccionados mejorarán la situación de los campesinos. Esto es puro
embuste. Todos los mejores aperos van a parar sólo a manos de los ricachones;
los pobres casi ni los ven en absoluto. Los pobres no están para arados ni para
segadoras. ¡Bastante tienen con ir tirando! Toda esta "ayuda al
campesino" es ayuda a los ricachones, y nada más. Y a la masa de
campesinos pobres, que carece de tierra, de ganado y de reservas no se le ayuda
con el abaratamiento de los aperos perfeccionados. Por ejemplo, en un distrito
de la provincia de Samara se han contado todos los aperos perfeccionados que
hay en poder de los campesinos ricos y de los campesinos pobres. Resulta que una quinta parte de las familias, es
decir, las más acomodadas, tienen en sus manos casi las tres cuartas partes de todos los aperos perfeccionados, mientras
que los pobres —la mitad de las
familias— poseen tan sólo una trigésima
parte. En dicho distrito hay veintiocho mil familias, diez mil de las
cuales carecen de caballos o tienen
uno solo; estas diez mil sólo poseen siete de los 5.724 aperos perfeccionados
con que cuentan todas las haciendas campesinas del distrito. Siete aperos de
5.724: ¡he ahí en qué proporción llegan a los campesinos pobres los perfeccionamientos
de la hacienda rural, la difusión de arados y segadoras que, según se afirma,
ayuda a "todos los labradores"! ¡He ahí lo que los campesinos pobres
pueden esperar de quienes hablan de "mejorar la hacienda campesina"!
Por último, una de las
peculiaridades principales de los campesinos ricos es que contratan a braceros y jornaleros. Lo mismo que los terratenientes,
los campesinos ricos viven también del
trabajo ajeno. Lo mismo que los terratenientes, se enriquecen a costa de la
miseria y la ruina de las masas campesinas. Lo mismo que los terratenientes, se
afanan por exprimir la mayor cantidad posible de trabajo de sus braceros y
pagarles lo menos posible. Si millones de campesinos no se arruinaran por
completo y no se viesen obligados a buscar trabajo en haciendas de otros, a
convertirse en asalariados, a vender su fuerza de trabajo, los campesinos ricos
no podrían existir, no podrían explotar sus fincas. Entonces no podrían recoger
las parcelas "abandonadas"" no encontrarían obreros. Y en toda
Rusia, el millón y medio de campesinos ricos contratan, probablemente, no menos
de un millón de braceros y
jornaleros. Naturalmente, en la gran lucha entre la clase propietaria y la
clase desposeída, entre los patronos y los obreros, entre la burguesía y el
proletariado, los campesinos ricos se pondrán al lado de los propietarios, en
contra de la clase obrera.
97
Ahora ya conocemos la
situación y la fuerza de los campesinos ricos. Veamos cómo viven los pobres del
campo.
Ya hemos dicho que las capas
pobres del campo constituyen la enorme mayoría, casi las dos terceras partes de
las familias campesinas de toda Rusia. En primer término, el número de
haciendas campesinas
carentes de ganado de labor es, por lo menos, de tres millones; hoy quizás sean más aún, cerca de tres millones y
medio. Cada año de hambre, cada mala cosecha arruina a decenas de millares de
familias. La población aumenta, cada vez se vive con más aprieto, en tanto que
la mejor tierra ha sido acaparada ya por los terratenientes y los campesinos
ricos. Pues bien, cada año son más los campesinos que se arruinan, que se van a
las ciudades y a las fábricas, que se ponen a trabajar de braceros, de peones.
Un campesino sin caballo es ya un paria completo. Es un proletario. No vive
(puesto que subsiste, aunque mejor dicho estaría que va maltirando, y no
viviendo) de la tierra, ni de su hacienda, sino del trabajo asalariado. Es un hermano carnal del obrero de la ciudad.
No necesita tan siquiera la tierra:
la mitad de las familias que no tienen caballo arriendan sus parcelas, y a veces incluso las entregan gratis a la
comunidad (algunos hasta pagan algo ellos mismos para cubrir las contribuciones),
pues no las pueden cultivar por su cuenta. El campesino sin caballo siembra una
deciatina, a lo sumo dos. Siempre tiene que comprar grano (si es que tiene con
qué), pues el suyo nunca le basta. Muy poco le aventajan los que poseen un solo
caballo, que en toda Rusia sumarán unos tres millones y medio de familias.
Suele haber excepciones, claro, y ya hemos dicho que en algunas partes hay
campesinos que, con un solo caballo, viven medianamente e incluso son ricos.
Pero no hablamos de las excepciones ni de algunos lugares aislados, sino de
toda Rusia. Si tomamos a toda la masa de campesinos poseedores de un solo
caballo, no cabe duda de que esta masa se compone de pobres, de indigentes. El
campesino poseedor de un solo caballo, incluso en las provincias agrícolas
siembra todo lo más tres o cuatro deciatinas, rara vez cinco; y tampoco le
alcanza su propio cereal. No se alimenta mejor que el campesino sin caballo ni
siquiera en los años de buena cosecha; por lo tanto, nunca llega a comer lo
suficiente, siempre pasa hambre. Su hacienda está en completa decadencia, su
ganado es malo, está mal alimentado y no tiene fuerza para ejecutar debidamente
las labores del campo. El campesino que tiene un solo caballo puede gastar —
por ejemplo, en la provincia de Vorónezh— en toda su hacienda (además del
forraje para el ganado), a lo sumo, ¡veinte
rublos al año! (Un campesino rico gasta el décuplo.) ¡Veinte rublos al año para pagar la renta de la tierra,
comprar ganado, reparar el arado y otros aperos de labranza, para pagar al
pastor y para todo lo demás! ¿Acaso puede llamarse hacienda eso? Eso es un
agobio constante, un trabajo de galeotes, un eterno tormento. Se comprende,
pues, que entre los campesinos poseedores de un solo caballo haya no pocos que
también dan en arriendo sus parcelas.
El que está en la miseria poco provecho puede sacarle a la tierra, aun teniéndola. Sin dinero, de la tierra no se obtiene no
ya producto en metálico, sino ni siquiera lo necesario para el sustento. Y el
dinero hace falta para todo: para comer, para vestir, para llevar adelante la
hacienda y para pagar los impuestos. En la provincia de Vorónezh, cada
campesino que posee un solo caballo debe pagar anualmente, tan sólo en concepto
de impuestos, unos dieciocho rublos,
mientras que, para todos los gastos,
apenas si puede conseguir más de setenta y cinco rublos al año. Así, sólo en
tono de burla puede hablarse de compra de tierras, de aperos perfeccionados o
de bancos agrícolas: nada de eso ha sido ideado para los pobres.
¿De dónde, pues, sacar el
dinero? Buscando algún "jornal". El campesino que tiene un solo
caballo, lo mismo que el que no tiene ninguno, puede ir tirando asimismo a
trancas y barrancas gracias sólo a "las ocupaciones auxiliares". ¿Y qué
significa buscar "jornales"? Significa trabajar en haciendas de
otros, hacer trabajo asalariado. Significa que el campesino poseedor de un solo
caballo es ya un propietario sólo a medias, habiéndose convertido en
asalariado, en proletario. Por eso se llama a estos campesinos semiproletarios. Son asimismo hermanos
carnales del obrero de la ciudad, pues también a ellos los despojan a mansalva
los patronos de todo tipo. Tampoco ellos tienen otra salida ni otra salvación
que no sea unirse con los socialdemócratas para luchar juntos contra todos los
ricachones, contra todos los propietarios. ¿Quién trabaja en el tendido de los
ferrocarriles? ¿A quién roban los contratistas? ¿Quién va a las talas y a
transportar la madera por los ríos? ¿Quién trabaja de
bracero? ¿Quién de
jornalero? ¿Quién hace los trabajos menos calificados en las ciudades y en los
muelles de los puertos? Los pobres del campo. Los campesinos que carecen de
caballos o que poseen un solo caballo. Los proletarios y semiproletarios del
campo. ¡Y cuántos son en toda Rusia! Se ha sacado la cuenta de que cada año se
solicitan en toda Rusia (excluidos el Cáucaso y Siberia) ocho y, a veces, hasta
nueve millones de pasaportes. Todos son de trabajadores que salen de sus aldeas
en busca de jornal. Son campesinos de nombre nada más, pero, en realidad, se
trata de asalariados, de obreros. Todos ellos deben unirse en una sola
asociación con los obreros de la ciudad, y cada destello de luz y de saber que
llegue al campo fortalecerá y consolidará esta asociación.
98
Tampoco hay que olvidar otra cosa más respecto a las
"ocupaciones auxiliares". Funcionarios de toda laya, así como las
gentes con mentalidad de funcionario, suelen decir que el campesino, el mujik,
"necesita" dos cosas: tierra (mas no mucha, pues no hay de donde
sacarla, ya que los ricachones la han acaparado) y "jornales". De
manera que, al decir de esta gente, para ayudar al pueblo hay que fomentar en
el campo las industrias de oficio, hay que "proporcionar" más
"jornales". Todo eso no es más que pura hipocresía. Para el campesino
pobre no hay más jornales que los procedentes del trabajo asalariado.
"Proporcionar jornales" al campesino quiere decir transformarlo en
obrero asalariado. ¡Ni que decir tiene que es una excelente ayuda! Para los
campesinos ricos hay otra clase de "ocupaciones auxiliares" que
requieren capital: por ejemplo, la instalación de molinos o de cualquier otra
empresa, la compra de una trilladora, el comercio, etc. Confundir estas
ocupaciones auxiliares de la gente adinerada con el trabajo asalariado de los campesinos pobres significa engañar a
estos últimos. A los ricos, naturalmente, les conviene este engaño, les
conviene presentar las cosas como si todas las "ocupaciones
auxiliares" estuviesen al alcance de todos los campesinos. Mas quien
procura en realidad el bien de los campesinos pobres les dice toda la verdad y nada más que la verdad.
Ahora nos queda por hablar
del campesino medio. Ya hemos visto que, en general, se puede considerar
campesino medio, en toda Rusia, al que posee una yunta, y que entre los diez
millones de familias campesinas habrá cerca de dos millones de este tipo. El campesino
medio se encuentra entre el campesino rico y el proletario; por eso
precisamente se le llama campesino medio. También su vida es mediana: en los
años buenos logra salir del paso con lo que le rinde su hacienda; pero la
miseria lo acecha de continuo. Carece de ahorros, y si los tiene, son bien
escasos. Por eso es precaria su hacienda. El campesino medio tropieza con
dificultades para conseguir dinero. De su propia hacienda rara vez puede
obtener el que necesita, y aun así, muy justo. Y si quiere buscar algún jornal,
tiene que abandonar su hacienda, y ésta se resiente. No obstante, pocos
campesinos medios pueden pasarse sin ocupaciones auxiliares, y muchos tienen
que trabajar por contrata, la necesidad les hace caer en las zarpas de los
terratenientes, contraer deudas. Y el campesino medio casi nunca logra liquidar
sus deudas, pues carece de ingresos seguros, como los del campesino rico. Por
eso cuando contrae una deuda es como si metiese el cuello en el dogal. Nunca
consigue salir de las deudas y acaba arruinándose por completo. El campesino
medio es quien más trabaja para el terrateniente, pues éste necesita para
ciertos trabajos a destajo a un campesino no arruinado, a un campesino que
tenga una yunta y todos los aperos de labranza necesarios. Al campesino medio
le es difícil buscar ocupaciones auxiliares en otros lugares alejados, y por
eso tolera que el terrateniente lo subyugue, tanto por el cereal como por el
apacentamiento de su ganado, por el arrendamiento de los recortes120 y por el dinero que le pidiera prestado en invierno. Además del
terrateniente y del kulak, acosa también al campesino medio el
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120
Recortes o tierras recortadas: tierras segregadas de las parcelas de
los campesinos en beneficio de los terratenientes al abolirse el régimen de la
servidumbre en Rusia en 1861. Eran, en lo fundamental, las partes mejores de
los lotes campesinos —prados, bosques, pastizales y abrevaderos-, sin los
cuales los campesinos no podían, en la práctica, llevar independientemente su
hacienda, por lo que se vieron obligados a tomarlas en arriendo a los
terratenientes en condiciones onerosas.
vecino rico, que nunca
pierde ocasión de quedarse con la tierra de éste y de oprimirle con todos los
medios a su alcance. Así vive el campesino medio, que no es ni chicha ni
limonada. No puede ser ni verdadero patrono ni obrero. Todos los campesinos
medios pretenden ser acomodados, quieren ser propietarios, pero son contados
quienes lo consiguen. Muy pocos de ellos llegan a tomar braceros o jornaleros,
afanados por enriquecerse a costa del trabajo ajeno, por encumbrarse sobre
espaldas ajenas y llegar a campesinos ricos. La mayoría de los campesinos
medios no sólo carecen de recursos para tomar braceros o jornaleros, sino que
ellos mismos han de trabajar por un jornal.
En todas partes donde
comienza la lucha entre ricos y pobres, entre propietarios y obreros, el
campesino medio se encuentra en la encrucijada, sin saber qué partido tomar.
Los ricos lo llaman a su lado y le dicen: tú también eres un amo, un
propietario, no tienes por qué andar con los obreros descamisados. Y los
obreros le dicen: los ricos te estafarán y te robarán, no tienes otra salvación
que ayudarnos en la lucha contra todos los ricos. Esta pugna por el campesino
medio se despliega por doquier, en todos los países donde los obreros
socialdemócratas luchan por la emancipación del pueblo trabajador. En Rusia
esta lucha comienza justamente ahora. Por esta razón debemos estudiar ese
problema con particular cuidado y comprender claramente de qué engaños se valen
los ricos para atraer a los campesinos medios, comprender claramente qué
debemos hacer para denunciar esos engaños y cómo tenemos que ayudar al
campesino medio a encontrar a sus auténticos amigos. Si los obreros
socialdemócratas rusos emprenden al punto un camino acertado, lograremos, mucho
más rápidamente que los camaradas obreros alemanes, organizar una sólida
alianza de los trabajadores del campo con los obreros de la ciudad y obtener
pronto la victoria sobre todos los enemigos de los trabajadores.
99
4.
¿Con quién debe ir el
campesino medio? ¿Con los propietarios y los ricos o con los obreros y los
pobres?
Todos los propietarios, toda
la burguesía procuran ganarse al campesino medio, prometiéndole las más
diversas medidas para mejorar su hacienda (arados baratos, bancos agrícolas,
siembra de pastos, venta de ganado y abonos a bajos precios, etc.), así como
haciéndole participar en toda clase de sociedades agrícolas (cooperativas, como
se las llama en los libros), de asociaciones de labradores de todo género para
llevar mejor la hacienda. De esta manera procura la burguesía desviar de la
alianza con los obreros al campesino medio e incluso al pequeño, al
semiproletario, y trata de colocarlos al lado de los ricos, de la burguesía, en
la lucha de ésta contra los obreros, contra el proletariado.
Los obreros socialdemócratas
contestan a eso: mejorar las haciendas es buena cosa. Nada de malo hay en
comprar más barato los arados; hoy hasta los comerciantes algo avispados
procuran vender barato para atraer clientes. Pero cuando se dice a los campesinos
medios y pobres que la mejora de la hacienda y el abaratamiento de los arados
han de ayudarles a todos a salir de la miseria y a levantar cabeza, sin tocar
para nada a los ricos, esto ya es un
engaño. De todas esas mejoras, abaratamientos y cooperativas (sociedades
para la venta y compra de mercancías)
los que salen mucho más beneficiados son
los ricos. Los ricos se fortalecen más cada día, y cada día oprimen más a
los campesinos pobres y medios. Mientras los ricos sigan siendo ricos y tengan
en su poder la mayor parte de las tierras, así como del ganado, de los aperos y
del dinero, no sólo los campesinos pobres, sino incluso los campesinos medios jamás lograrán salir de la miseria.
Algún que otro campesino medio podrá pasar a duras penas a la categoría de rico
con ayuda de estas mejoras y de estas cooperativas, mas el pueblo todo y todos
los campesinos medios se hundirán más y más en la miseria. Para que todos los campesinos medios se hagan
ricos hay que retirar a los propios
ricos, cosa que puede lograr
solamente la alianza de los obreros de la ciudad con los pobres del campo.
La burguesía dice al
campesino medio (y hasta al pequeño campesino): te venderemos tierra barata y
arados baratos, pero a cambio de que nos vendas tu alma, de que renuncies a la
lucha contra todos los ricos.
El obrero socialdemócrata
dice: si realmente venden barato ¿por qué no comprar, si hay dinero? El negocio
es el negocio. Pero nadie debe vender nunca su alma. Renunciar a la lucha al
lado de los obreros de la ciudad contra toda la burguesía significa seguir
eternamente en la miseria y en la penuria. El abaratamiento de las mercancías
no hará sino beneficiar todavía más al rico, enriquecerlo más aún. Y al que no
tenga dinero, de nada le valdrá bicoca alguna mientras no le arrebate a la
burguesía el que se ha embolsado.
Tomemos un ejemplo. Los
adictos de la burguesía prodigan elogios a las cooperativas de todo género
(sociedades para comprar barato y vender con ventaja). Hay incluso gentes que
se llaman "socialistas-revolucionarios" y que, siguiendo a la burguesía,
aseguran a voz en cuello que lo que más necesita el campesino son las
cooperativas. También en Rusia se comienza a fomentarlas, pero son todavía muy
pocas y lo seguirán siendo mientras no haya libertad política. Pero en Alemania
hay muchas cooperativas de toda clase entre los campesinos. Y miren quién saca
más provecho de ellas. En toda Alemania hay ciento cuarenta mil propietarios
agrícolas que participan en cooperativas para la venta de leche y productos
lácteos. Estos ciento cuarenta mil propietarios (una vez más tomamos números
redondos para mayor sencillez) poseen 1.100.000 vacas. Se calcula que en toda
Alemania hay cuatro millones de
campesinos pobres, de los cuales sólo cuarenta mil participan en estas cooperativas, lo que quiere decir que
de cada cien campesinos pobres solamente
uno utiliza estas cooperativas. Estos cuarenta mil campesinos pobres tienen
sólo cien mil vacas. El número de propietarios medios, de campesinos medios, es
de un millón; de ellos, cincuenta mil
participan en las cooperativas (es decir, cinco por cada cien), y tienen
doscientas mil vacas. Por último, el número de propietarios ricos (es decir,
terratenientes y campesinos ricos) es de un
tercio de millón, de los cuales participan en las cooperativas cincuenta
mil (o sea, ¡diecisiete de cada
cien!), y tienen ochocientas mil vacas!
¡He ahí a quién benefician
ante todo y sobre todo las cooperativas! Es así como engaña al mujik la gente
que habla de salvar al campesino medio con sociedades de todo género para
comprar barato y vender con ventaja. ¡Demasiado barato quiere pagar la burguesía
para "arrancar" al mujik de la influencia de los socialdemócratas,
que llaman a los campesinos pobres y medios a luchar a su lado!
En nuestro país también se
comienza a organizar distintas queserías y lecherías colectivas. Y también hay
mucha gente que grita: lo que necesita el mujik son arteles, la unión en la
comunidad, cooperativas. Pero fíjense a quién benefician esos arteles, esas
cooperativas, esos arrendamientos comunales. En nuestro país hay por lo menos
veinte familias campesinas de cada cien que carecen de vacas; treinta tienen a
razón de una vaca y venden leche acuciadas por la gran necesidad, mientras que
sus hijos se quedan sin leche, padecen hambre y mueren como moscas. En cambio,
los mujiks ricos tienen tres, cuatro y más vacas; en total, la mitad de las
vacas de los campesinos. ¿A quién, pues, benefician las queserías colectivas?
Está claro que en primer término a los terratenientes y a la burguesía rural.
Está claro que les conviene que los
campesinos medios y pobres quieran imitarlos y aspiren a ser como ellos, que no
tengan por medio para salir de la miseria la lucha de todos los obreros contra
toda la burguesía, sino la aspiración de cada pequeño propietario a escapar de
su situación y pasar a las filas de los ricachos.
100
Esta aspiración la apoyan y
estimulan por todos los medios cuantos adeptos tiene la burguesía con la careta
de defensores y amigos del pequeño campesino. Y hay mucha gente
ingenua que no ve al lobo
bajo la piel de cordero y repite las mentiras de la burguesía, creyendo que
beneficia al campesino pobre y medio. Por ejemplo, procuran demostrar en sus
libros y discursos que la pequeña hacienda es la más ventajosa, la más rentable,
que la pequeña hacienda prospera; por eso, según ellos, hay tantos pequeños
propietarios agrícolas en todas partes y están tan aferrados a la tierra (¡y no
porque la burguesía haya acaparado ya las mejores tierras ni porque también
tenga en sus manos todo el dinero, mientras que los campesinos pobres han de
pasar toda la vida apreturas y tribulaciones en su jirón de tierra!). El
pequeño campesino no necesita mucho dinero, dice esa gente meliflua; el
campesino pequeño y medio es más ahorrativo y diligente que el rico; y, además,
sabe vivir con más sencillez: en lugar de comprar heno para sus bestias, se las
arregla con paja; en lugar de comprar una máquina cara, se levanta más
temprano, trabaja más y suple a la máquina; en lugar de entregar su dinero a otras
gentes en pago por cada reparación, empuña en las fiestas el hacha, hace toda
clase de trabajos de carpintería y le resulta mucho más barato que al gran
propietario; en lugar de mantener un caballo o un buey, que resultan caros, se
las apaña con la vaca hasta para labrar la tierra; en Alemania todos los
campesinos pobres aran con vacas; y en nuestro país el pueblo está también tan
arruinado que no sólo a las vacas, sino incluso a la gente se la unce al arado.
¡Y es tan ventajoso, tan barato! ¡Qué digno de elogio es que el campesino medio
y pequeño sea tan diligente y laborioso, que viva con tanta sobriedad, que no
se regale con nada, que no piense en el socialismo, sino únicamente en su
hacienda! ¡No siguen el ejemplo de los obreros, que declaran huelgas contra la
burguesía, sino de los ricos, tratan de llegar a ser gente acomodada! ¡Oh, si
todo el mundo fuese tan laborioso y tan diligente, si viviese con tanta
sencillez, si no se emborrachase, si ahorrase más dinero, si gastase menos en
ropa y tuviese menos hijos viviría muy bien y no habría ni miseria ni penurias!
La burguesía dirige estas
almibaradas parrafadas al campesino medio, y hay todavía pazguatos que creen en
esas cantinelas y las repiten*. En realidad, esas soflamas no son sino un
engaño, un escarnio al campesino. Esa gente meliflua llama hacienda barata y
ventajosa a la miseria, a la amarga necesidad que obliga al campesino medio y
pequeño a trabajar de sol a sol, a ahorrar en cada mendrugo de pan, a negarse
cualquier gasto por nimio que sea. Naturalmente ¿puede haber algo más
"barato" y "ventajoso" que llevar tres años los mismos
pantalones, andar en verano sin botas, sujetar el arado de madera con una soga
y alimentar la vaca con paja podrida sacada de la techumbre? ¡Habría que poner
en esa hacienda "barata" y "ventajosa" a cualquier burgués
o campesino rico y no tardaría en olvidar sus charlas almibaradas!
* En Rusia, esos pazguatos que quieren el
bien del mujik y que, no obstante, a veces lanzan esas soflamas se llaman
"populistas" o también "partidarios de la pequeña
hacienda". Por sus pocas luces les siguen asimismo los "socialistas-revolucionarios".
También entre los alemanes hay no poca gente meliflua. Uno de ellos, Eduardo
David, escribió hace poco un libro voluminoso, en el que afirma que la pequeña
hacienda es incalculablemente más ventajosa que la grande, pues el pequeño
campesino no hace gastos superfluos, no mantiene caballerías para arar las
tierras y se las arregla con la misma vaca que le da leche.
La gente que prodiga elogios
a la pequeña hacienda quiere a veces favorecer al campesino; pero, en realidad,
no hace más que perjudicarlo. Con sus palabras melosas engaña al mujik, lo
mismo que se engaña al pueblo con la
lotería. Ahora diré qué es eso de la lotería. Supongamos que tengo una vaca
que cuesta, por ejemplo, cincuenta rublos. Quiero rifarla y ofrezco a todo el
mundo billetes por valor de un rublo. ¡Por un solo rublo se puede ganar una
vaca! La gente acude al señuelo, y los rublos llueven. Cuando he reunido cien
rublos, hago el sorteo: el que tenga el billete premiado, se llevará la vaca
por un solo rublo, y los demás se irán sin nada. ¿Le ha salido
"barata" la vaca a la gente? No; le ha salido muy cara, porque ha
pagado el doble de lo que cuesta, porque dos personas (el que ha organizado la
lotería y el que ha ganado la vaca) se han lucrado sin ningún trabajo a costa
de las noventa y nueve personas que han perdido su dinero. Así pues, quien diga
que las loterías son ventajosas para el pueblo no hace más que engañarlo. Lo
mismo engaña al campesino el que promete librarlo de la miseria y de la pobreza
mediante cooperativas de toda clase (sociedades para vender
con ventana y comprar
barato), mediante todo género de perfeccionamientos agrícolas, bancos, etc. Así
como en la lotería uno sale ganando, mientras los demás pierden, sucede aquí lo
mismo: un campesino medio podrá amañárselas, llegar a la posición de los ricos,
mientras que noventa y nueve de sus compañeros pasarán la vida doblando el
espinazo, sin lograr salir de la miseria y hasta cayendo más y más en la ruina.
Que cada aldeano se fije bien en lo que pasa en su comunidad y en todos los
contornos: ¿son muchos los campesinos medios que consiguen llegar a ricos y
olvidar la miseria? ¿Y cuántos son los que no se ven libres de la miseria en
toda la vida? ¿Cuántos los que se arruinan y se marchan de la aldea? Como hemos
visto, el número de haciendas campesinas medias de toda Rusia se calcula en no
más de dos millones. Supongamos que el número de sociedades de toda clase para
comprar barato y vender con ventaja se decuplique en comparación con las que
existen ahora. ¿Qué ocurrirá? Pues que, en el mejor de los casos, unos cien mil
campesinos medios podrán llegar a ricos. ¿Y qué significará esto? Que llegarán
a serlo cinco de cada cien campesinos medios. Pero ¿y los noventa y cinco
restantes? ¡Vivirán con las mismas dificultades, y muchos con más dificultades
que antes! ¡Y los campesinos pobres se arruinarán más aún!
101
Naturalmente, lo que la
burguesía necesita es que el mayor número posible de campesinos medios y
pequeños siga a los ricos, crea en la
posibilidad de librarse de la miseria sin luchar contra la burguesía y confíe en su laboriosidad, en su
capacidad de ahorrar y de enriquecerse, y no en su alianza con los obreros del
campo y de la ciudad. La burguesía trata de alimentar por todos los medios esta
fe y esta esperanza engañosas del mujik, trata de adormecerlo con toda clase de
palabras almibaradas.
Para descubrir el engaño de toda esta gente meliflua, basta con
hacerle tres preguntas.
Primera. ¿Puede librarse el
pueblo trabajador de la penuria y de la miseria, en tanto pertenezcan a
propietarios privados cien millones de deciatinas de los doscientos cuarenta
millones de tierra cultivable que hay en Rusia; en tanto dieciséis mil grandes
terratenientes tengan en su poder sesenta y cinco millones de deciatinas?
Segunda. ¿Puede librarse el
pueblo trabajador de la penuria y de la miseria, en tanto millón y medio de
familias campesinas ricas (del total de diez millones) acaparen la mitad de los
sembrados, de los caballos, del ganado y de mucho más de la mitad de todas las
reservas y de los ahorros de los campesinos? ¿En tanto esta burguesía campesina
siga enriqueciéndose más y más, oprimiendo a los campesinos pobres y medios y
amasando fortunas con el trabajo de los braceros y jornaleros? ¿En tanto seis
millones y medio de familias campesinas sigan arruinadas, siempre hambrientas y
ganándose un mísero mendrugo de pan con toda clase de trabajos asalariados?
Tercera. ¿Puede librarse el
pueblo trabajador de la penuria y de la miseria, cuando el dinero ha pasado a
ser la fuerza principal, cuando se puede comprar por dinero todo: una fábrica,
tierras y hasta hombres para hacerlos obreros asalariados, esclavos asalariados?
¿Cuándo sin dinero no se puede vivir ni sacar adelante la hacienda? ¿Cuando el
pequeño propietario, el pobre, tiene que luchar contra el gran propietario para
conseguir dinero? ¿Cuando varios millares de terratenientes, comerciantes,
fabricantes y banqueros tienen acaparados centenares de millones de rublos y
disponen, además, de todos los bancos, donde se concentran millares de millones
de rublos?
Nadie puede eludir estas
preguntas con melifluas palabras acerca de las ventajas de la pequeña hacienda
o de las cooperativas. Estas preguntas tienen sólo una respuesta: la verdadera
"cooperación", capaz de salvar al pueblo trabajador, es la alianza de los pobres del campo con
los obreros socialdemócratas de la ciudad para luchar contra toda la burguesía.
Cuanto antes se amplíe y afiance esta alianza con tanta mayor rapidez
comprenderá el campesino
medio toda la falsedad de las promesas burguesas, con tanta mayor rapidez se
pondrá de nuestro lado.
La burguesía lo sabe, y por eso, además de las palabras melosas,
difunde mentiras y más mentiras acerca de los socialdemócratas. Dice que éstos
quieren suprimir la propiedad del campesino medio y pequeño. Eso es mentira. Los socialdemócratas
quieren suprimir solamente la gran propiedad, solamente la de los que viven del trabaja ajeno. Los socialdemócratas
nunca suprimirán la propiedad de los patronos pequeños y medios que no emplean
a obreros asalariados. Los socialdemócratas guardan y defienden los intereses
de todo el pueblo trabajador, y no
sólo de los obreros de la ciudad, que son los más conscientes y están más
unidos; defienden también los intereses de los obreros agrícolas, de los
pequeños artesanos y de los campesinos siempre y cuando no tengan obreros asalariados
ni sigan a los ricos, ni se pasen al lado de la burguesía. Los socialdemócratas luchan por todas las mejoras de la vida de los
obreros y de los campesinos que puedan ser aplicadas ya, hasta tanto no destruyamos el dominio de la
burguesía, y que faciliten la lucha contra la burguesía. Pero los
socialdemócratas no engañan al campesino, le dicen toda la verdad, le dicen de
antemano y con toda franqueza que ninguna mejora puede salvar al pueblo de la
penuria y de la miseria mientras la burguesía siga dominando. Para que todo el pueblo sepa quiénes son los
socialdemócratas y qué pretenden, éstos han redactado su programa*. Un programa
quiere decir una exposición breve, clara y precisa de todo lo que el partido quiere conquistar y por lo que lucha. El
Partido Socialdemócrata es el único partido que presenta un programa claro y preciso para que todo el pueblo
lo vea y lo conozca, para que en el partido no puedan militar sino los que
efectivamente desean luchar por emancipar a todo el pueblo trabajador del yugo
de la burguesía y que, además, tienen una noción clara y certera de quiénes
deben unirse para esta lucha y cómo hay que desplegarla. Además, los
socialdemócratas estiman que en el programa hay que explicar con claridad,
franqueza y exactitud las causas de la
penuria y de la miseria del pueblo trabajador y por qué la unión de los
obreros se amplía y fortalece. Decir
que se vive mal y llamar al levantamiento es poco; eso puede hacerlo cualquier
charlatán, mas con escaso resultado. Es preciso que el pueblo trabajador
comprenda claramente la causa de su
indigencia y sepa con quién debe unirse
para luchar, para salir de la pobreza.
* Véase, al final de este folleto, el
Apéndice: Programa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, propuesto por
el periódico socialdemócrata Iskra y
la revista Zariá.
102
Ya hemos dicho lo que
quieren los socialdemócratas; hemos mencionado las causas de la penuria y de la
miseria del pueblo trabajador, hemos indicado contra quiénes deben luchar los
campesinos pobres y con quiénes unirse para sostener esta lucha.
Ahora diremos cuáles son las mejoras de la vida de los
obreros y de los campesinos que podemos conquistar inmediatamente con nuestra lucha.
5. ¿Qué mejoras reclaman los socialdemócratas para
todo el pueblo y para los obreros?
Los socialdemócratas luchan
por liberar al pueblo trabajador de todo despojo de toda opresión y de toda
injusticia. Para verse libre, la clase obrera tiene, ante todo, que unirse. Y
para unirse hace falta libertad de asociación, es decir, derecho de asociación;
es preciso disfrutar de libertad política.
Ya hemos dicho que el absolutismo es el avasallamiento del pueblo por los
funcionarios y la policía. Por eso necesita libertad política todo el pueblo, a
excepción del puñado de cortesanos, magnates y altos dignatarios que tienen
acceso a la corte. Ahora bien, los que más la necesitan son los obreros y los
campesinos. Los ricos pueden, gracias a su dinero, ponerse a cubierto de la
arbitrariedad y los abusos de los
funcionarios y la policía.
La gente rica puede hacer oír sus quejas muy arriba. Por eso la policía y los
funcionarios la molestan mucho menos que a los pobres. Los obreros y los
campesinos carecen de medios para ponerse a cubierto de la policía y los funcionarios,
no pueden elevar sus quejas a nadie ni disponen de dinero para pleitos. Los
obreros y los campesinos jamás lograrán verse libres de las cargas, los abusos
y las vejaciones de la policía y de los funcionarios mientras no exista en el
Estado un gobierno electivo, mientras
no haya una asamblea nacional de
diputados. Sólo la asamblea nacional de diputados es capaz de liberar al pueblo del avasallamiento en que lo
tienen los funcionarios. Todo campesino consciente debe apoyar a los
socialdemócratas, los cuales, ante todo y sobre todo, reclaman al gobierno
zarista la convocatoria de una asamblea
nacional de diputados. Los diputados deben ser elegidos por todos, sin
distinciones estamentales entre ricos y pobres. Las elecciones deben ser
libres, sin que los funcionarios pongan impedimentos de ningún género. Del
orden en las elecciones deben cuidar mandatarios y no los gendarmes rurales o
los jefes de los zemstvos. Sólo así podrán los diputados de todo el pueblo
estudiar las necesidades de éste e implantar en Rusia un régimen mejor.
Los socialdemócratas exigen
que la policía no pueda encarcelar a nadie sin previo juicio. Los funcionarios
deben ser castigados severamente por toda detención arbitraria. Para poner fin
a los abusos de los funcionarios hace falta que el pueblo mismo los elija, que
cada cual pueda apelar directamente a los tribunales contra cualquier
funcionario. De lo contrario ¿qué se saca con denunciar a los gendarmes rurales
ante el jefe del zemstvo o a éste ante el gobernador? Como es natural, el jefe
del zemstvo no hará más que encubrir a los gendarmes, el gobernador al jefe del
zemstvo, y el castigado será el demandante, que irá a presidio o será
desterrado a Siberia. Sólo se meterá en cintura a los funcionarios cuando en
Rusia (lo mismo que en los demás Estados) gocen todos del derecho a elevar
quejas a la asamblea nacional, a los tribunales de libre elección, a hablar
libremente de sus necesidades o a escribir en la prensa.
El pueblo ruso sigue hasta
hoy sojuzgado por los funcionarios. ¡Sin la autorización de éstos no se puede
celebrar una reunión ni publicar un periódico o un libro! ¿No es esto una
verdadera servidumbre? Si no se pueden organizar libremente reuniones ni publicar
libros con toda libertad ¿cómo se va a hacer entrar en razón a los funcionarios
y a los ricos? Por supuesto, son los funcionarios quienes prohíben todo libro
veraz, toda palabra veraz sobre las necesidades del pueblo. Por eso, el Partido
Socialdemócrata también se ve obligado a publicar y a difundir clandestinamente
este libro que estáis leyendo; y a quien se le encuentre, se le hará comparecer
ante los tribunales y será encarcelado. Pero los obreros socialdemócratas no se
arredran y publican y distribuyen entre el pueblo más libros veraces cada día.
¡Y ni las cárceles ni las persecuciones podrán poner coto a la lucha por la
libertad del pueblo!
Los socialdemócratas exigen
que sean suprimidos los estamentos, que todos los ciudadanos del Estado gocen
de absoluta igualdad de derechos. En nuestro país hay actualmente sectores no
tributarios y estamentos que tributan, castas privilegiadas y gente sin ningún
privilegio, personas de alcurnia y villanos. Para la plebe subsiste hasta el
látigo. No hay otro país donde los obreros y los campesinos sufran tantas
vejaciones. En ningún país, fuera de Rusia, rigen leyes distintas para los
diversos sectores sociales. Ya es hora de que el pueblo ruso reclame para el
mujik los mismos derechos de que
disfruta el noble. ¿No es una vergüenza que cuarenta años después de la
abolición del régimen de la servidumbre siga en vigor la pena del azote, siga
existiendo el sector tributario?
Los socialdemócratas
reclaman para el pueblo plena libertad de desplazamiento y de ocupación. ¿Qué
significa libertad de desplazamiento?
Significa que el campesino tenga derecho de ir adonde quiera, de trasladarse a
donde se le antoje, de elegir para su residencia cualquier aldea o ciudad sin
tener que solicitar la autorización de nadie. Significa que en Rusia
sean suprimidos también los
pasaportes (en otros Estados hace ya mucho tiempo que han sido suprimidos), que
ningún gendarme rural ni ningún jefe del zemstvo se atreva a impedir a ningún
campesino tomar domicilio y trabajar donde quiera. El mujik ruso está tan
avasallado todavía por los funcionarios que no puede trasladarse libremente a
la ciudad ni a otras tierras. ¡El ministro dispone que los gobernadores no
permitan traslados sin permiso previo! ¡Resulta que el gobernador sabe mejor
adónde tiene que ir el mujik que el propio interesado! ¡El mujik es un niño que
ni siquiera puede moverse sin la autorización de los jefes! ¿No es esto una
verdadera adscripción a la gleba? ¿No es un escarnio al pueblo el que cualquier
vástago de la nobleza venido a menos tenga autoridad sobre agricultores
adultos, propietarios de tierras?
103
Hay un librillo titulado La mala cosecha y la calamidad pública
(o sea, el hambre), escrito por el señor Ermólov, actual "ministro de
Agricultura". En él se dice abiertamente: el mujik no debe trasladarse de
lugar cuando los señores terratenientes de su localidad necesitan mano de obra.
El ministro habla claramente y sin el menor recato, creyendo que el mujik no
oirá sus palabras o que, si las oye, no las comprenderá. ¿Para qué ha de
permitirse la marcha de la gente cuando los señores terratenientes tienen necesidad
de mano de obra barata? Cuanto más apretado viva el pueblo, mayores serán las
ventajas de los terratenientes, mayor la miseria de aquél, menos jornal exigirá
y más sumiso será para soportar todo género de opresiones. Antes eran los
bailes quienes cuidaban de los intereses de los señores; hoy lo hacen los jefes
de los zemstvos y los gobernadores. Antes eran los bailes quienes ordenaban que
se azotase a la gente en las cuadras; hoy son los jefes de los zemstvos quienes
ordenan que se azote a la gente en la administración subdistrital.
Los socialdemócratas
reclaman la supresión del ejército permanente para sustituido por milicias
populares, por el armamento de todo el pueblo. El ejército permanente es un
ejército alejado del pueblo e instruido para disparar contra el pueblo. Si al
soldado no se le encerrase en el cuartel durante varios años y no se le
sometiera a una disciplina inhumana, ¿podría acaso disparar contra sus
hermanos, los obreros y los campesinos? ¿Podría acaso ir contra los mujiks
hambrientos? Para .defender el país contra los ataques de un enemigo no hace
ninguna falta un ejército permanente; para ello basta con las milicias
populares. Si todos los ciudadanos del Estado estuvieran armados, ningún
enemigo sería peligroso para Rusia. Y el pueblo se vería libre del peso de la
soldadesca, cuyo mantenimiento cuesta anualmente
centenares de millones de rublos al pueblo, y ésta es la causa de que los
tributos sean tan altos, y la vida
más difícil cada día. La soldadesca retuerza más aún el poder de los
funcionarios y de la policía sobre el pueblo. La soldadesca hace falta para
saquear a otros pueblos, por ejemplo, para quitar tierra a los chinos. Ello no
mejora la situación del pueblo, sino que la empeora con nuevos impuestos. La
sustitución del ejército permanente por el pueblo en armas sería un enorme
alivio para todos los obreros y todos los campesinos.
También sería un enorme
alivio para ellos la abolición de los
impuestos indirectos, abolición que reclaman los socialdemócratas. Se
llaman impuestos indirectos los que no graven directamente la tierra o la
propiedad, sino que son pagados indirectamente
por el pueblo, mediante el aumento del precio de los artículos. El fisco grava
con impuestos el azúcar, el vodka, el petróleo, las cerillas y toda clase de
artículos de uso y consumo; este impuesto lo abona al fisco el comerciante o el
fabricante; pero, como es natural, no de su bolsillo, sino de los bolsillos de
los compradores. Los precios del vodka, del azúcar, del petróleo y de las
cerillas suben; y los que compran una botella de vodka o una libra de azúcar
pagan no sólo el precio del artículo, sino, además, el impuesto que lo grava.
Por ejemplo, si se pagan catorce kopeks por una libra de azúcar, cuatro kopeks
(más o menos) corresponden al impuesto; el fabricante de azúcar ha pagado ya
este impuesto al Tesoro, y ahora se rembolsa la suma pagada a costa de cada
comprador. Vemos, pues, que los impuestos indirectos son los que gravan los
artículos de uso y consumo, los que el comprador paga en forma de precio más
alto. Se suele decir que los
impuestos indirectos son los más justos, pues uno paga en relación con lo que
compra. Esto no es cierto. Los impuestos indirectos son los más injustos, pues
a los pobres les es mucho más difícil pagarlos que a los ricos. Un rico tiene
ingresos diez e incluso cien veces superiores a los de un campesino o un
obrero. Pero ¿acaso necesita el rico cien veces más azúcar, diez veces más
vodka, más cerillas o petróleo que el pobre? Claro que no. Una familia rica
puede comprar el doble, o el triple, todo lo más, de petróleo, vodka o azúcar
de lo que compra una familia pobre. Ello quiere decir que, de sus ingresos, el
rico pagará en concepto de impuestos una
parte menor que el pobre. Supongamos que un campesino pobre tiene dos
cientos rublos de ingresos anuales y que destina sesenta a la adquisición de
distintos artículos, los cuales, como están gravados con impuestos, son más
caros (el azúcar, las cerillas y el petróleo están gravados con un impuesto de consumo que el fabricante
ha de pagar antes de lanzar la mercancía al mercado; el fisco eleva
directamente el precio del vodka fabricado por el Estado; el precio del percal,
del hierro y de otros artículos ha aumentado porque la importación de estos
artículos del extranjero, que son más baratos, está gravada con altos
aranceles). De estos sesenta rublos, veinte
se irán en impuestos. Es decir, que el pobre entregará por cada rublo de
ingresos diez kopeks en concepto de
impuestos indirectos (sin contar los directos, el rescate, los tributos, la
contribución de la tierra, los impuestos de los zemstvos, de las
administraciones locales, de la comunidad). El campesino rico tiene mil rublos
de ingresos; si compra mercancías por valor de ciento cincuenta rublos,
gravadas con impuestos indirectos, cincuenta
rublos se le irán en el pago de estos impuestos. Lo que quiere decir que el
rico pagará en concepto de impuestos indirectos nada más que cinco kopeks por cada rublo de ingresos.
104
Cuanto más rica es una
persona, menos impuestos indirectos paga en relación con sus ingresos. Por esta
razón, los impuestos indirectos son los más injustos. Los impuestos indirectos
son gravámenes para los pobres. Los campesinos y los obreros constituyen las
nueve décimas partes del total de la población y pagan las nueve o las ocho
décimas partes de todos los impuestos indirectos. ¡En cambio, por seguro que no
perciben más de las cuatro décimas partes de todos los ingresos! Pues bien, los
socialdemócratas reclaman la abolición de los impuestos indirectos y la
implantación de un impuesto progresivo sobre los ingresos y las herencias. Lo
que quiere decir que cuanto mayores sean los ingresos, más altos deben ser los
impuestos. El que tenga mil rublos de ingresos, que pague un kopek por cada
rublo; el que tenga dos mil rublos, que pague dos kopeks, y así sucesivamente.
Los que tengan ingresos pequeños (por ejemplo, inferiores a cuatrocientos
rublos) no pagarán nada. Los más ricos serán los que paguen los impuestos más
elevados. Semejante impuesto de utilidades,
o mejor dicho, semejante impuesto progresivo
de utilidades sería mucho más justo que los impuestos indirectos. Por eso
los socialdemócratas exigen la abolición de los impuestos indirectos y la
implantación de un impuesto progresivo de utilidades. Como es lógico, ningún
propietario, ningún burgués quiere que así sea, y todos se oponen a ello. Sólo
la firme alianza de los pobres del campo y los obreros de la ciudad podrá
arrancar a la burguesía esta mejora.
Por último, una mejora de
mucha importancia para todo el pueblo y, en especial, para los pobres del
campo, es la enseñanza gratuita para
los niños, reclamada por los socialdemócratas. Hoy día existen muchas menos
escuelas en el campo que en las ciudades con la agravante de que sólo las
clases ricas, sólo la burguesía puede dar a sus hijos una buena instrucción.
Únicamente la enseñanza gratuita y obligatoria para todos los niños puede sacar
al pueblo, aunque en parte nada más, de su ignorancia actual. Los pobres del
campo son los que padecen más por su ignorancia y los que más necesitan la
instrucción. Pero, como es natural, necesitamos una enseñanza libre y auténtica
y no la que nos imponen los funcionarios y los popes.
Los socialdemócratas
reclaman también que cada uno tenga pleno derecho a profesar libremente la
religión que quiera. De todos los Estados europeos, tan sólo en Rusia, y
también
en Turquía, rigen todavía
leyes ignominiosas contra los creyentes de otras religiones que no sea la
ortodoxa, es decir, contra los cismáticos, contra los seguidores de sectas y
contra los hebreos. Estas leyes, o bien prohíben una religión determinada, o prohíben
su propagación, o privan de ciertos derechos a los devotos de esta religión.
Todas esas leyes son las más injustas, las más coercitivas, las más
ignominiosas. Cada cual debe disfrutar de plena libertad, y no sólo para
profesar la religión que quiera, sino
también para propagar cualquier religión y para cambiar de religión. Ningún
funcionario debe tener siquiera el derecho de preguntar la religión que uno profesa, cualquiera que sea, por tratarse de
un asunto que sólo incumbe a la conciencia, y nadie debe entrometerse. No debe
haber ninguna religión ni iglesia "dominante".
Todas las religiones y todas las iglesias deben ser iguales ante la ley. A los
sacerdotes de cada religión pueden mantenerlos sus creyentes respectivos, y el
Estado no debe sostener a expensas del Tesoro ninguna religión, a ninguna clase
de sacerdotes, ni ortodoxos, ni cismáticos, ni de sectas, ni a cualesquiera
otros. Por todo esto luchan los socialdemócratas, y mientras esas medidas no
sean puestas en práctica sin salvedades ni añagazas de ningún género, el pueblo
no se verá libre de las vergonzosas persecuciones policíacas por motivos
religiosos ni de las no menos vergonzosas dádivas policíacas en beneficio de
una u otra religión.
***
Hemos visto las mejoras que
los socialdemócratas quieren lograr para todo el pueblo, sobre todo para los
pobres. Veamos ahora qué mejoras pretenden para los obreros, no sólo fabriles y
urbanos, sino también para los del campo. Los obreros fabriles viven más juntos
y agrupados, trabajan en grandes talleres y les es más fácil aprovechar la
ayuda que les brindan los socialdemócratas de los medios instruidos. Debido a
todas estas razones, los obreros de las ciudades han comenzado, mucho antes que
todos los demás, a luchar contra los patronos y han conseguido mejoras más
importantes; entre ellas, la promulgación de leyes fabriles. Pero los
socialdemócratas luchan por conseguir iguales mejoras para todos los obreros, para los operarios que tanto en la ciudad como
en el campo trabajan a domicilio para sus patronos; para los obreros
asalariados que trabajan para pequeños maestros de oficios y artesanos; para
los obreros de la construcción (carpinteros, albañiles, etc.); para los obreros
forestales, para los peones, y exactamente
lo mismo para los obreros agrícolas. En la actualidad, todos los obreros
mencionados comienzan a unirse por toda Rusia, siguiendo el ejemplo de los
fabriles y ayudados por éstos; se unen para luchar por mejores condiciones de
vida, por la reducción de la jornada de trabajo, por salarios más altos. Y el Partido Socialdemócrata se plantea la
misión de ayudar a todos los obreros en su lucha por una vida mejor, de ayudar
a todos a organizar (unir) en fuertes
asociaciones a los obreros más firmes y seguros, de ayudarles con la difusión
de libros y octavillas, con el envío de obreros avezados para ponerlos al lado
de los inexpertos y, en general, de ayudarles en todo lo posible. Cuando
consigamos la libertad política, tendremos en la asamblea nacional de diputados
gente nuestra, diputados obreros, socialdemócratas, y ellos, igual que sus
camaradas de otros países, exigirán la aprobación de leyes que favorezcan a los
obreros.
105
No vamos a enumerar aquí todas las mejoras que el Partido
Socialdemócrata reivindica para los obreros, pues figuran en el programa y
están explicadas con detalle en el libro La
causa obrera en Rusia. Aquí nos bastará con citar las principales. La
jornada de trabajo no debe pasar de
ocho horas. Debe haber siempre un día a la semana para el descanso. Las horas
extraordinarias deben ser terminantemente prohibidas, así como el trabajo
nocturno. Los niños deben recibir enseñanza gratuita hasta los 16 años, razón
por la cual no se debe tolerar que realicen trabajo asalariado antes de esa
edad. En los trabajos nocivos no debe admitirse a mujeres. Los obreros
accidentados en el trabajo deben recibir una indemnización del patrón: por
ejemplo, en los casos de accidentes trabajando con trilladoras, aventadoras,
etc. La paga siempre debe ser semanal
para todos los obreros asalariados, y no bimestral ni
trimestral, como es
frecuente en las contratas para faenas agrícolas. A los obreros les importa
mucho recibir puntualmente la paga cada semana, y además en metálico, y no en
artículos. A los patronos les gusta mucho imponer a los obreros, a cuenta del
jornal, la compra de toda clase de mercancías malas a precios exorbitantes.
Para poner coto a esta desvergüenza se precisa una ley que prohíba
terminantemente el pago del salario en especie. Los obreros de edad avanzada
deben recibir una pensión del Estado. Los obreros mantienen con su trabajo a
todas las clases ricas y a todo el Estado; por eso tienen tanto derecho a la
jubilación como los funcionarios, que lo disfrutan. Para que los patronos no se
atrevan a abusar de su situación ni vulnerar los reglamentos dictados en favor
de los obreros, se deberá nombrar inspectores, y no sólo en las fábricas, sino
también en las grandes haciendas de los terratenientes, y, en general, en todas
las empresas que tengan obreros asalariados. Pero esos inspectores no deben ser
funcionarios, no deben ser nombrados por los ministros o los gobernadores, no
deben estar al servicio de la policía. Los inspectores deben ser obreros elegidos. La Hacienda Pública
debe pagar a esos mandatarios de los obreros, libremente elegidos por éstos. Y esos diputados obreros elegidos deben cuidar
también de que las viviendas de los obreros estén en buen estado, de que los
amos no obliguen a los obreros a vivir en pocilgas o en covachas (como suele
ocurrir en las labores del campo), de que se observen las disposiciones sobre
el descanso laboral, etc. Además, no hay que olvidar que de nada servirá ningún
mandatario elegido de los obreros mientras no haya libertad política, mientras
la policía sea omnipotente y no responda ante el pueblo. Todo el mundo sabe que
ahora la policía detiene sin orden judicial previa, y no sólo a los diputados
obreros, sino a cualquier obrero que se atreva a hablar en nombre de todos, que
denuncie las infracciones de la ley y llame a los obreros a la unión. Pero
cuando tengamos libertad política, los diputados da los obreros serán de gran
utilidad.
Es preciso prohibir terminantemente a todos los
patronos (fabricantes, terratenientes, contratistas, campesinos ricos) que
hagan a capricho ninguna clase de descuentos del salario de los obreros, como,
por ejemplo, los descuentos por trabajo defectuoso, multas, etc. Es una
arbitrariedad y un abuso el que los patronos descuenten a capricho dinero del salario de los obreros. Bajo ningún concepto
se debe permitir que el patrono merme el salario de los obreros con descuentos
de ningún tipo. El patrono no debe ser al mismo tiempo juez y alguacil
(¡valiente juez, que se embolsa los descuentos que hace al obrero!), sino que
debe recurrir a un verdadero tribunal
de elección, integrado, a partes iguales, por representantes de los obreros y
de los patronos. Sólo un tribunal de esta índole podrá examinar con justicia
las quejas de los patronos contra los obreros y las de los obreros contra los
patronos.
Estas son las mejoras que
los socialdemócratas reivindican para toda la clase obrera. Los obreros de cada
finca, de cada hacienda o de cada contratista deben procurar examinar con
personas dignas de confianza cuáles son las mejoras que deben exigir, cuáles
las reivindicaciones que han de presentar (como es natural, las
reivindicaciones de los obreros serán distintas en cada fábrica, en cada
hacienda y para cada contratista).
Los comités socialdemócratas ayudan a los obreros en toda Rusia a formular sus
reivindicaciones con precisión y claridad y también a lanzar octavillas
impresas donde exponen estas reivindicaciones para que las conozcan todos los
obreros, así como los patronos y las autoridades. Cuando los obreros defienden
estrechamente unidos, como un solo hombre, sus reivindicaciones, los patronos
tienen que ceder y aceptarlas. Por este camino han conseguido ya muchas mejoras
los obreros en las ciudades. Y ahora también los operarios de la industria a
domicilio, los artesanos y los obreros agrícolas comienzan a unirse (a
organizarse) y a luchar por sus reivindicaciones. Mientras no tenemos libertad
política, luchamos clandestinamente, ocultándonos de la policía, que prohíbe
toda clase de octavillas y toda asociación obrera. Pero cuando conquistemos la
libertad política, ampliaremos nuestra lucha y la desplegaremos a la vista de
todos para que el pueblo trabajador de toda
Rusia se una y se defienda
de las vejaciones con mayor cohesión. Cuantos más obreros se agrupen en el
Partido Obrero Socialdemócrata tanto mayor será su fuerza, tanto antes lograrán
liberar por completo a la clase obrera de toda opresión, de todo trabajo
asalariado, de todo trabajo para la burguesía.
106
***
Ya hemos dicho que el
Partido Obrero Socialdemócrata quiere conseguir mejoras no sólo para los
obreros, sino también para todos los
campesinos. Veamos ahora cuáles son las que reivindica para éstos.
6. ¿Qué mejoras reclaman los socialdemócratas para todos los
campesinos?
Para la emancipación
completa de todos los trabajadores, los campesinos pobres deben luchar unidos a
los obreros de la ciudad contra toda la burguesía, incluidos los campesinos
ricos. Los campesinos ricos tratarán de pagar a sus braceros lo menos posible y
de obligarles a trabajar más horas y más duro. Los obreros de la ciudad y del
campo reclamarán que los braceros del campesino rico también cobren salarios
más elevados y trabajen en mejores condiciones, disfrutando de descanso. Por
consiguiente —ya lo hemos dicho y lo repetiremos siempre-, los campesinos
pobres tienen que formar sus propias asociaciones sin los campesinos ricos.
Pero en Rusia todos los
campesinos, tanto los ricos como los pobres, siguen siendo aún siervos en
muchos aspectos. Todos ellos constituyen los
villanos, el sector inferior, tributario; todos están avasallados por los
funcionarios de la policía y por los jefes de los zemstvos; todos siguen
trabajando con mucha frecuencia para el señor, igual que antes, por el disfrute
de los recortes, de los abrevaderos, de los pastizales y de los prados, lo
mismo que se trabajaba para el señor feudal bajo el régimen de la servidumbre. Todos los campesinos quieren liberarse
de esta nueva servidumbre, todos
quieren gozar de la plenitud de derechos, todos
odian a los terratenientes, que hasta hoy siguen obligándolos a hacer prestaciones personales, a pagar
con su trabajo a los señores de la nobleza por el disfrute de la tierra, de los abrevaderos, de los pastizales, de
los prados; siguen obligándolos a trabajar por los daños que haya ocasionado el
ganado del campesino en los campos del señor y a enviar a las mujeres a segar
"a merced" los campos del señor. Los campesinos pobres sufren mucho
más a causa de todos estos servicios que los campesinos ricos. El campesino
rico se libra a veces mediante un rescate de su trabajo para el señor; pero, no
obstante, se halla también muy oprimido las más de las veces por los
terratenientes. Por lo tanto, los campesinos pobres deben luchar junto con los
campesinos ricos contra la falta de derechos, contra
toda prestación personal,
contra toda clase de pago en trabajo. Pero sólo nos libraremos de todo sojuzgamiento, de toda miseria, cuando venzamos a toda la burguesía, incluidos los campesinos ricos. Ahora bien, hay yugos
que nos sacudiremos antes, pues también al campesino rico le saben a cuerno
quemado. En Rusia tenemos todavía muchos lugares y muchas comarcas donde todos
los campesinos siguen siendo hasta la fecha siervos en todos los aspectos. Por
eso todos los obreros rusos y todos los campesinos pobres tienen que luchar con todas sus fuerzas en dos
direcciones: por una parte, aliados a todos los obreros, contra todos los burgueses; por otra,
aliados a todos los campesinos, contra
los funcionarios de las aldeas, contra los terratenientes feudales. Si los
campesinos pobres no constituyen su organización
especial, aparte de los campesinos ricos, éstos los engañarán, los estafarán,
se harán terratenientes, y a quien no tiene nada no sólo lo dejarán mondo y
lirondo, sino que ni la libertad de asociarse le concederán siquiera. Si los
campesinos pobres no luchan junto
a los campesinos ricos
contra el yugo feudal, continuarán atados, sin poder moverse, y tampoco tendrán
plena libertad para unirse a los obreros de la ciudad.
Los campesinos pobres deben
descargar primero sus golpes contra los terratenientes y sacudirse aunque sólo
sea el yugo peor, el más pernicioso, el yugo de los señores. En esta empresa
muchos campesinos ricos y partidarios de la burguesía también se pondrán de
parte de los campesinos pobres, pues todos están ya hartos de la soberbia de
los terratenientes. Pero en cuanto le cortemos las alas al poder de los grandes
terratenientes, el campesino rico enseñará los dientes y alargará sus garras
con ánimo de apoderarse de todo; y, por cierto, esas garras están bien afiladas
y ya han arramblado con mucho. Por eso hay que estar alerta y sellar una unión
fuerte e indestructible con los obreros de la ciudad. Estos obreros ayudarán a
despojar al terrateniente de sus hábitos inveterados de gran señor y también a
bajar los humos al campesino rico (como se los han bajado ya un poco a sus
patronos, a los fabricantes). Sin la alianza con los obreros de la ciudad, los
campesinos pobres no se librarán nunca
de todos los yugos, de toda necesidad y de toda miseria; nadie más que los
obreros les ayudarán en esta empresa,
y tampoco tienen con quién contar, si no es consigo mismos. Pero hay mejoras
que hemos de conseguir antes, que podemos obtener ahora mismo, al comienzo de
esta gran lucha. En Rusia existen muchas cargas que desaparecieron hace tiempo
en otros países. Pues bien, todos los
campesinos rusos pueden librarse ahora
mismo del yugo de los funcionarios, del yugo de la servidumbre impuesto por
los señores.
Examinemos ahora qué mejoras
reclama ante todo y sobre todo el Partido Obrero Socialdemócrata para librar a
todos los campesinos rusos aunque sólo sea del peor de los yugos, del yugo
feudal, y para dejar las manos libres a los campesinos pobres en la lucha
contra toda la burguesía rusa.
107
La primera reivindicación
del Partido Obrero Socialdemócrata es abolir en el acto todos los pagos de
rescate, todas las capitaciones, todas las cargas que agobian a los campesinos
"tributarios". Cuando los comités de nobles y el gobierno aristocrático
del zar ruso "emanciparon" de la servidumbre a los campesinos, se
obligó a éstos a rescatar sus propias
tierras, ¡a pagar las tierras que venían cultivando desde tiempos inmemoriales!
Fue una expoliación. Los comités de
nobles despojaban abiertamente a los
campesinos con la ayuda del gobierno
zarista, el cual envió tropas a muchos lugares para imponer por la fuerza las actas reglamentarias,121 para dar baqueta a los campesinos que no querían aceptar las
míseras y mermadas parcelas. Sin las tropas, sin las torturas y los
fusilamientos los comités de nobles no habrían podido despojar nunca tan
descaradamente a los campesinos como lo hicieron durante la abolición de la
servidumbre. Los campesinos tienen que recordar siempre cómo los estafaron y
saquearon los comités de nobles y de los terratenientes, porque también ahora
el gobierno zarista nombra siempre comités de nobles o de funcionarios cuando
se trata de promulgar nuevas leyes para los campesinos. Recientemente (el 26 de
febrero de 1903) el zar ha lanzado un manifiesto, en el que promete revisar y
mejorar las leyes sobre los campesinos. Pero ¿quién las va a revisar? ¿Quién
las va a mejorar? ¡Otra vez los nobles y los funcionarios! Los campesinos
siempre serán engañados mientras no consigan constituir comités campesinos para mejorar la vida campesina. ¡Ya han mandado
bastante tiempo los terratenientes, los jefes de los zemstvos y los
funcionarios de todos los tipos a los campesinos! ¡Ya es hora de acabar con
esta servidumbre feudal que impone cualquier gendarme de aldea, cualquier hijo
de noble arruinado por las francachelas, llámese jefe de zemstvo, jefe de
policía o gobernador! Los campesinos deben exigir que se les conceda la
![]()
121
Actas reglamentarias: actas que determinaban las relaciones
agrarias entre los campesinos con obligaciones temporales y los terratenientes
después de la abolición del régimen de la servidumbre en 1861. En las actas
reglamentarias se señalaba la superficie de tierra que los campesinos tenían a
su disposición antes de la reforma y los predios que quedaban en su poder
después de ésta. También se enumeraban las prestaciones que estaban obligados a
hacer al terrateniente y se fijaba el pago de rescate.
libertad de organizar ellos mismos sus asuntos, deliberar,
proponer y aplicar por sí mismos
nuevas leyes. Los campesinos deben exigir comités campesinos libres,
constituidos por elección, y mientras no lo consigan serán siempre engañados y
expoliados por los nobles y los funcionarios. Nadie liberará de los
funcionarios sanguijuelas a los mujiks si no se liberan ellos mismos, si no se
unen para tomar sus destinos en sus
propias manos.
Los socialdemócratas no sólo
reivindican la abolición total e inmediata de los pagos de rescate, de las
capitaciones y demás cargas, sino que exigen también que se restituya al pueblo el dinero que le han arrebatado con los
rescates. Desde que han sido liberados de la
servidumbre por los comités de nobles, los campesinos han pagado de más en
toda Rusia centenares de millones de rublos. Y deben reclamar la restitución de
este dinero. Que el gobierno imponga un tributo especial a la nobleza gran
terrateniente, que se confisquen las tierras de los monasterios y de la corona
(es decir, de la familia imperial), que una asamblea nacional de diputados
disponga de ese dinero en beneficio de los campesinos. En ninguna parte del
mundo existe tanta humillación, tanta miseria, una mortalidad tan espantosa de
hambre que afecta a millones de campesinos como en Rusia. En nuestro país se ha
condenado al campesino a morir de hambre porque lo saquearon los comités de
nobles y le siguen robando todos los años desde entonces, haciéndole pagar los
viejos tributos a los herederos de los antiguos señores feudales, obligándole a
pagar los rescates y las capitaciones ¡Que los expoliadores respondan de sus
fechorías! ¡Que paguen los grandes terratenientes de la nobleza para que se pueda
prestar ayuda eficaz a los hambrientos! El mujik hambriento no necesita
limosnas ni dádivas mezquinas. Que exija la devolución del dinero que ha pagado
durante años y años a los terratenientes y al Estado. Entonces la asamblea
nacional de diputados y los comités campesinos podrán prestar una ayuda eficaz
y verdadera a los hambrientos.
El Partido Obrero
Socialdemócrata reivindica, además, la abolición inmediata y completa de la
caución solidaria122 y de todas las leyes que impiden al campesino disponer de sus tierras.
El manifiesto del zar del 26 de febrero de 1903 promete anular la caución
solidaria. Ya se ha promulgado la ley que la anula. Pero no basta. Es preciso,
además, derogar inmediatamente todas las leyes que impiden al campesino
disponer de su tierra. De lo contrario, el campesino, aun sin la caución
solidaria, no podrá ser completamente libre, seguirá siendo un semisiervo. El
campesino debe obtener la libertad
completa de disponer de su tierra, debe poder entregarla o venderla a quien
quiera, sin tener que solicitar la autorización de nadie. Y esto es lo que no
consiente el decreto del zar, por el cual toda la nobleza, todos los
comerciantes, toda la burguesía pequeña y media pueden disponer libremente de
la tierra, pero no el campesino. El mujik es un niño pequeño. Hay que poner a
su lado a un jefe de zemstvo para que vele por él como una niñera. Hay que
prohibirle que venda su parcela, pues derrochará el dinero. Así es cómo
discurren los defensores de la servidumbre, y todavía hay bobalicones que les
dan crédito y que, deseando el bien del mujik, dicen que hay que prohibirle que
venda la tierra. Incluso los populistas (de quienes hemos hablado
anteriormente) y gentes que se llaman a sí mismos "socialistas—
revolucionarios" se dejan convencer y creen preferible que nuestro mujik
siga siendo un poquitín siervo y no venda la tierra.
Los socialdemócratas dicen:
¡Eso es pura hipocresía, señoritismo y palabras almibaradas! Cuando alcancemos
el socialismo, cuando la clase obrera venza a la burguesía, toda la tierra será
común y nadie tendrá derecho a
venderla. Bien, pero ¿y hasta entonces? ¡El noble y el comerciante podrán
venderla, y el campesino no? ¡El noble y el comerciante serán libres,
![]()
122
Caución solidaria: responsabilidad colectiva obligatoria
de los campesinos de cada comunidad rural por la satisfacción puntual y
completa de los pagos en metálico y por el cumplimiento de toda clase de
prestaciones en beneficio del Estado y los terratenientes (contribuciones,
pagos de rescate, recluta de quintas, etc.). Esta forma de vasallaje de los
campesinos no fue suprimida hasta 1906.
mientras el campesino
seguirá siendo medio siervo? ¡El campesino tendrá que seguir pidiendo permiso a
las autoridades?
108
Eso es un engaño, y por mucho que se encubra con frases melosas,
no dejará de serlo.
En tanto se permita al noble
y al comerciante vender sus tierras, el campesino debe tener también pleno derecho de vender la suya y
disponer de ella con absoluta libertad,
exactamente lo mismo que el noble y el comerciante.
Cuando la clase obrera haya
vencido a toda la burguesía, confiscará la tierra de los grandes propietarios,
organizará en las grandes fincas haciendas
colectivas para que los obreros cultiven la tierra juntos, en común, elijan
libremente a gente de confianza para los cargos administrativos, dispongan de
toda clase de máquinas que faciliten las labores y trabajen por turnos no más
de ocho horas diarias (o puede que seis). Entonces, incluso el pequeño
campesino que quiera seguir trabajando solo, a la antigua, no lo hará para el
mercado, para vender sus productos al primero que llegue, sino para la
asociación obrera. El pequeño campesino suministrará a la asociación obrera
pan, carne y legumbres, y los obreros le entregarán a cambio, sin dinero,
máquinas, ganado, abonos, ropa y todo lo que necesite. Entonces no habrá lucha
por el dinero entre el gran y el pequeño propietario, no habrá trabajo
asalariado en provecho de otros, sino que todos trabajarán para sí mismos,
todos los perfeccionamientos del trabajo y las máquinas beneficiarán a los
propios obreros, servirán para facilitar su trabajo, para mejorar su vida.
Pero toda persona sensata
comprende que no se puede conseguir el socialismo de golpe. Para ello hay que
luchar encarnizadamente contra toda la burguesía, contra toda clase de
gobiernos, hay que agrupar en una unión sólida e inquebrantable a todos los obreros
de las ciudades de Rusia entera y a los campesinos pobres con ellos. Es una
obra grandiosa, a la que vale la pena consagrar toda la vida. Y mientras no
hayamos alcanzado el socialismo, el gran propietario seguirá luchando contra el
pequeño propietario por el dinero. ¿Por qué el gran propietario ha de tener la
libertad de vender la tierra, y el pequeño campesino no ha de tenerla? Lo
repetimos una vez más: los campesinos no son niños pequeños y no permitirán a
nadie que les mande; los campesinos deben obtener los mismos derechos, sin restricción alguna, que disfrutan la
nobleza y los comerciantes.
Suele decirse también que la
tierra del campesino no es suya, sino de la comunidad, y no se puede permitir a
cada cual que la venda. Esto es también un engaño. ¿Acaso la nobleza y los
comerciantes no tienen sus asociaciones? ¿Acaso no se unen también en compañías,
no compran juntos tierras y fábricas y todo lo que se les antoja? ¿Por qué,
pues, no se inventa ninguna restricción para las asociaciones de los nobles, en
tanto que cualquier canalla de la policía va ideando restricciones y
prohibiciones para el mujik? Los campesinos jamás han recibido nada bueno de
los funcionarios, y sí únicamente palizas, cargas tributarias y ultrajes. Los
campesinos jamás recibirán nada bueno hasta que tomen todos sus asuntos en sus
propias manos, hasta que consigan la plena igualdad de derechos y la libertad
completa. Si los campesinos quieren que sus tierras sean colectivas, nadie
podrá impedírselo; constituirán por acuerdo voluntario una sociedad formada por
quienes ellos quieran y como quieran, y redactarán el contrato colectivo que
mejor les cuadre, con absoluta libertad. Y que ningún funcionario se atreva a
meter las narices en los asuntos de la colectividad campesina, que nadie tenga
la osadía de mofarse del campesino e inventar restricciones y prohibiciones
para el mujik.
***
Por último, los
socialdemócratas quieren conseguir otra importante mejora para los campesinos:
limitar ahora mismo, en el acto, el avasallamiento del mujik por los señores,
el avasallamiento feudal del mujik. Está claro que no podremos suprimir todas
las cargas
mientras haya en el mundo
miseria; y no se podrá acabar con la miseria mientras las tierras y las
fábricas estén en poder de la burguesía, mientras la fuerza principal del mundo
esté en el dinero, mientras no se instaure la sociedad socialista. Pero en las
aldeas de Rusia persiste aún mucho avasallamiento de singular dureza que ya no
lo hay en otros países, aunque en ellos tampoco se ha instaurado todavía el
socialismo. En Rusia aún hay mucho avasallamiento
feudal ventajoso para todos los terratenientes, avasallamiento que pesa sobre todos los campesinos y que puede
y debe ser suprimido ahora mismo, en el acto y en primer término.
Expliquemos qué yugo es ése, al que denominamos avasallamiento
feudal.
Cualquier aldeano conoce
casos como éstos: las fincas del terrateniente se encuentran al lado de las
tierras de los campesinos. Cuando se liberó a los campesinos, se les despojó,
con los recortes, de tierras que necesitaban, se les arrebató prados, pastizales,
dehesas y abrevaderos. Los campesinos no pueden hacer nada sin los recortes que
les quitaron, sin los pastizales, sin los abrevaderos. Quiéranlo o no, tienen
que recurrir al terrateniente y pedirle que les deje llevar el ganado al
abrevadero, al pastizal, etc. El terrateniente no explota su finca, tal vez ni
siquiera tenga dinero y viva únicamente de lo que le proporciona este
avasallamiento de los campesinos. Los campesinos trabajan gratis para él por el
disfrute de los recortes, labran con sus caballerías las tierras del
terrateniente, recogen las cosechas de éste, le siegan los prados, le trillan
las mieses y, en algunos lugares, llevan incluso estiércol suyo para abonar las
tierras del terrateniente, le entregan lienzo, huevos y animales de toda especie.
¡Exactamente igual que en el régimen de la servidumbre!
109
Entonces los campesinos trabajaban gratis para el señor de la
hacienda en que vivían; y ahora lo hacen también con mucha frecuencia gratis
para el señor por el disfrute de las mismas tierras que les arrebataron al ser
liberados por los comités de nobles. Es la misma prestación personal. En
algunas provincias los propios campesinos llaman a este trabajo sufra. Esto es
lo que nosotros denominamos avasallamiento feudal. Los comités de
terratenientes, los comités de la nobleza se las arreglaron durante la liberación
de los campesinos siervos para poder seguir avasallándolos como antes. Para
ello recortaron adrede las parcelas de los mujiks, enclavaron las tierras del
terrateniente entre las del mujik a fin de que éste no tuviera sitio ni para
soltar una gallina, trasladaron a los campesinos a tierras peores y les
cerraron adrede el paso hacia los abrevaderos con campos de terratenientes. En
pocas palabras, se las arreglaron para que los campesinos cayeran en la celada
y poder seguir esclavizándolos con toda impunidad. Y es incalculable el número
de aldeas en que los campesinos siguen tan supeditados a los terratenientes
vecinos como durante el régimen de la servidumbre. En estas aldeas, tanto el
mujik rico como el pobre están atados de pies y manos y se hallan a merced del
terrateniente. Esto causa mucho mayores penalidades al campesino pobre que al
rico. El mujik rico suele tener sus tierras y no presta ningún servicio en las
tierras del señor, sino que manda a algún bracero a que trabaje por él. Pero el
campesino pobre no tiene ninguna salida, y el terrateniente lo exprime como
quiere. Con semejante avasallamiento, el campesino pobre no puede ni respirar,
no puede ausentarse en busca de jornales porque tiene que trabajar para el
señor, no puede ni pensar siquiera en unirse libremente con todos los
campesinos pobres y con los obreros de la ciudad para constituir una
asociación, un partido.
Ahora bien, ¿no habrá algún
medio para abolir ese avasallamiento ahora mismo, en el acto? El Partido Obrero
Socialdemócrata ofrece a los campesinos dos
medios para conseguirlo. Pero, lo repetimos una vez más, sólo el socialismo
liberará de todo avasallamiento a todos los campesinos pobres, pues mientras
los ricos tengan fuerza, siempre oprimirán de uno u otro modo a los pobres.
Suprimir de golpe todas las formas de avasallamiento es imposible; mas se puede
restringir en gran medida el avasallamiento de mayores nocividad e ignominia,
el avasallamiento feudal,
que oprime tanto a los campesinos pobres como a los campesinos medios e incluso
a los ricos, se puede lograr hoy mismo un alivio para los campesinos.
Para conseguirlo hay dos recursos.
Primero: tribunales de libre
elección constituidos por delegados de los braceros y de los campesinos pobres,
así como de los campesinos ricos y de los terratenientes.
Segundo: comités campesinos elegidos con
libertad. Estos comités campesinos no sólo deben tener el derecho de deliberar
y adoptar medidas de todo género para suprimir las prestaciones personales y
acabar con los vestigios del régimen de la servidumbre, sino también el de incautarse de los recortes de las tierras y
restituirlos a los campesinos.
Examinemos con mayor
detenimiento estos dos medios. Los tribunales de mandatarios de libre elección
examinarán todas las reclamaciones de los campesinos contra el avasallamiento.
Estos tribunales tendrán derecho a disminuir la renta si los terratenientes
llegasen a elevarla demasiado, aprovechándose de la miseria de los campesinos.
Estos tribunales tendrán asimismo el derecho de eximir a los campesinos de los
pagos abusivos. Por ejemplo, si un terrateniente hubiese contratado a un mujik
en invierno para trabajar en verano por la mitad del jornal ordinario, el
tribunal examinará el caso y fijará una retribución justa. Es claro que estos
tribunales no deberán estar integrados por funcionarios, sino por delegados
elegidos con libertad y, además, de manera que los braceros y los campesinos
pobres tengan necesariamente los suyos y que el número de éstos no sea inferior
al de los delegados de los campesinos ricos y los terratenientes. Estos
tribunales examinarán también todos los conflictos entre los obreros y los patronos.
A los obreros y a todos los campesinos pobres les será más fácil defender sus
derechos en estos tribunales, les será más fácil unirse y ver claramente
quiénes son los que pueden defender con firmeza y fidelidad a los campesinos
pobres y a los obreros.
El otro medio es más importante aún. Se trata de los comités campesinos libres, elegidos
e integrados por mandatarios de los braceros y de los campesinos pobres, medios
y ricos. En cada distrito habrá un comité (o varios, si los campesinos lo
estimasen necesario; incluso es posible que lleguen a elegir un comité
campesino en cada subdistrito y en cada aldea grande). Nadie mejor que los
propios campesinos conoce el avasallamiento que pesa sobre ellos. Nadie mejor
que los propios campesinos sabrá desenmascarar a los terratenientes, que siguen
viviendo hasta hoy del avasallamiento feudal. Los comités campesinos
determinarán qué recortes de tierras, prados, dehesas, etc. fueron arrebatados
injustamente a los campesinos y decidirán si procede confiscar estas tierras
sin indemnización o indemnizando a expensas de la gran nobleza a quienes las
adquirieron. Los comités campesinos librarán a los agricultores, por lo menos,
de las trampas en que los capturaron muchísimos comités de la nobleza y de los
terratenientes. Los comités campesinos librarán a los campesinos de la
injerencia de los funcionarios, demostrarán que los campesinos mismos quieren y
pueden organizar sus asuntos y les ayudarán a ponerse de acuerdo sobre sus
necesidades y a conocer bien a las personas capaces de defender lealmente a los
pobres del campo y la alianza con los obreros de la ciudad. Los comités
campesinos son el primer paso para que hasta en las aldeas más remotas
adquieran los campesinos plena independencia y lleguen a ser dueños de su destino.
110
Por eso los obreros socialdemócratas advierten a los campesinos:
No os fieis de ningún
comité de la nobleza, de ninguna comisión de funcionarios.
Exigid una asamblea
de diputados de todo el pueblo.
Exigid la institución
de comités campesinos.
Exigid libertad
completa para publicar toda clase de libros y periódicos.
Cuando todos sin excepción
gocen del derecho de manifestar con libertad, sin temor a nadie, sus opiniones
y sus deseos, tanto en la asamblea de diputados de todo el pueblo como en los
comités campesinos, o en los periódicos, se verá muy pronto quién está al lado
de la clase obrera y quién al lado de la burguesía. Ahora, la inmensa mayoría
ni siquiera piensa en eso; unos ocultan sus verdaderas opiniones, otros aún no
tienen opinión propia; también los hay que engañan deliberadamente. Pero
entonces todos pensarán ya en ello, no habrá por qué ocultarlo y no se tardará
en ponerlo todo en claro. Ya hemos dicho que la burguesía atraerá a su lado a
los campesinos ricos. Cuanto antes y con más amplitud se logre suprimir el
avasallamiento feudal de los campesinos, cuanto mayor sea la verdadera libertad
obtenida por éstos, tanto antes se unirán los campesinos pobres entre ellos,
tanto antes se unirán también los campesinos ricos con toda la burguesía. Y no
importa que se unan; eso no nos asusta, aunque sabemos perfectamente que esa
unión robustecerá a los campesinos ricos. También nosotros nos uniremos, y nuestra unión , la unión de los pobres
del campo con los obreros de la ciudad será incalculablemente más numerosa,
será una unión de decenas de millones contra otra de centenares de miles.
Sabemos también que la burguesía tratará (¡ya lo está haciendo!) de atraer a su
lado a los campesinos medios e incluso a los pequeños campesinos, tratará de
engañarlos, de seducirlos, de dividirlos, les prometerá hacerlos también a todos
ellos campesinos ricos. Ya hemos visto de qué medios y engaños se vale la
burguesía para seducir al campesino medio. Debemos, por esto, abrirles de
antemano los ojos a los campesinos pobres, reforzar de antemano su peculiar
alianza con los obreros de la ciudad contra toda la burguesía.
Que cada aldeano mire bien a
su alrededor. ¡Con cuánta frecuencia hablan los mujiks ricos contra los
señores, contra los terratenientes! ¡Cómo se lamentan de la opresión del
pueblo, de que la tierra de los señores permanece baldía! ¡Cómo les gusta
hablar (cuando no hay testigos) de que el mujik tome la tierra en sus manos!
¿Se puede acaso creer lo que
dicen los ricos? No. Los campesinos ricos no quieren la tierra para el pueblo,
sino para ellos. Ya tienen acaparada mucha tierra, bien comprada bien tomada en
arriendo; pero les parece poca aún. Esto
quiere decir que los campesinos pobres no irán mucho tiempo al lado de los
ricos en su lucha contra los terratenientes. Sólo podemos dar con ellos el primer paso; luego
tendremos que ir separados.
Por eso hay que separar muy bien este primer paso de los otros
pasos, así como de nuestro último paso, del paso principal. El primer paso en el campo es liberar
por completo y conceder plenos derechos al campesino, así como elegir comités
campesinos encargados de restituir los recortes. Nuestro último paso, tanto en
la ciudad como en el campo, será uno mismo:
confiscar todas las tierras y todas las fábricas de los terratenientes y de la
burguesía e instaurar la sociedad socialista. Entre el primero y el último
paso tendremos que sostener no pocas luchas, y quien confunde el primer paso con el último perjudica esta lucha y
pone sin darse cuenta una venda en
los ojos de los campesinos pobres.
Los campesinos pobres darán
el primer paso con todos los campesinos. Tal vez algunos kulaks queden al
margen de la lucha; tal vez haya un mujik de cada cien a quien no le repugne
ningún avasallamiento. Pero la gran masa marchará junta, porque todos los campesinos
necesitan la igualdad de derechos. El yugo de los terratenientes ata a todos de
pies y manos. Pero el último paso nunca lo darán todos los campesinos juntos,
porque se alzarán todos los campesinos ricos contra los braceros. Entonces
necesitaremos la sólida alianza de los campesinos pobres con los obreros socialdemócratas de la ciudad.
Engañan a los campesinos quienes les dicen que pueden dar a la vez el primer
paso y el último. Y quienes afirman tal cosa, olvidan la gran lucha existente
entre los propios campesinos, la gran lucha empeñada entre los campesinos
pobres y los campesinos ricos.
Por eso los socialdemócratas
no prometen de inmediato al campesino
el oro y el moro. Por eso exigen, ante todo, plena libertad para la lucha, para
esa lucha grande y amplia de todo el pueblo, de toda la clase obrera contra
toda la burguesía. Por eso los socialdemócratas proponen un primer paso, pequeño, pero seguro.
111
Algunos creen que nuestra reivindicación de constituir comités
campesinos para limitar el avasallamiento y devolver los recortes es una
especie de barrera o de tope. Como si dijéramos: detente aquí y no vayas más
allá. Esa gente ha comprendido muy mal lo que quieren los socialdemócratas. La
reivindicación de constituir comités campesinos para limitar el avasallamiento
y devolver los recortes no es ninguna barrera. Es una puerta, y hay que forzarla primero para seguir adelante, para marchar por un camino ancho y despejado hasta el final, hasta la liberación
completa de todo el pueblo trabajador de Rusia. Mientras los campesinos no fuercen esa puerta,
seguirán en la ignorancia, seguirán avasallados, sin gozar de plenos derechos,
sin libertad completa y verdadera, y ni siquiera podrán ver con claridad entre
ellos quién es amigo y quién enemigo de los trabajadores. Por eso los
socialdemócratas señalan esta puerta y dicen que primero hay que empujarla con
el esfuerzo de todo el pueblo y echarla abajo. En cambio hay gentes que se
llaman populistas y socialistas-revolucionarios, que también desean el bien del
mujik, que alborotan, vociferan y hacen aspavientos, que quieren ayudarle y ¡no ven dicha puerta! Esa gente es tan
ciega, que dice: ¡no debe concederse al mujik el derecho a disponer libremente
de su tierra! Desean el bien del mujik, pero discurren a veces como partidarios
de la servidumbre. De amigos como ésos poca ayuda tendremos. ¿De qué vale desear
el bien del mujik cuando ni siquiera se ve claramente cuál es la primera puerta
que hay que forzar? ¿De qué vale desear el socialismo, si no se ve la manera de
salir al camino de la libre lucha popular por el socialismo, y no sólo en la
ciudad, sino también en el campo, no sólo contra los terratenientes, sino también
contra los ricos dentro de la comunidad,
del "mir"?
Por eso los socialdemócratas
señalan con tanta insistencia esta puerta, la más próxima, la primera. La
dificultad no consiste ahora en expresar un cúmulo de buenos deseos, sino en
señalar el camino acertado, en comprender claramente cómo se ha de dar el primer paso. Que el mujik ruso está abrumado
por el avasallamiento, que el mujik ruso sigue siendo un semisiervo, ya lo
dicen y lo escriben hace cuarenta años todos los amigos del mujik. Mucho antes
de que aparecieran en Rusia los socialdemócratas, todos los amigos del mujik
habían escrito ya numerosos libros describiendo la forma bochornosa en que los
terratenientes despojan y avasallan al mujik mediante recortes de todo tipo de
las tierras. Que hay que ayudar al mujik ahora mismo, en el acto, que hay que liberarlo,
por poco que sea, del avasallamiento, es cosa que hoy ven todas las personas
honradas, y hasta los funcionarios de nuestro gobierno policiaco comienzan a
hablar de ello. Pero todo consiste en saber cómo
ha de acometerse esta empresa, cómo ha de darse el primer paso, cuál es la
puerta que hay que echar abajo
primero.
Las distintas personas que
desean el bien del mujik dan a este problema dos soluciones diferentes. Cada
proletario del campo tiene que tratar de comprender claramente las dos
soluciones y hacerse una idea firme y concreta. Una solución la dan los populistas
y los socialistas-revolucionarios. Ante todo, dicen, hay que desarrollar entre
los campesinos toda clase de cooperativas. Hay que reforzar la comunidad rural.
No debe concederse a cada campesino el derecho a disponer libremente de su
tierra. Que la comunidad rural tenga mayores derechos, que toda la tierra de
Rusia sea poco a poco de la comunidad. A los campesinos hay que concederles
todo género de facilidades para la adquisición de tierras, para que la tierra
pase con mayor facilidad del capital al trabajo.
La otra solución la dan los
socialdemócratas. El campesino tiene, ante todo, que lograr la plenitud de
derechos, sin exceptuar ninguno, de que gozan el noble y el comerciante. El
campesino debe tener pleno derecho a disponer libremente de su tierra. Para
suprimir la
forma más infame de
avasallamiento hay que constituir comités campesinos que restituyan a los
labradores los recortes. No es la unión en el "mir'" lo que
necesitamos, sino la unión de los campesinos pobres de las distintas
comunidades rurales en toda Rusia, la alianza de los proletarios del campo con
los proletarios de la ciudad. Toda cooperativa y la adquisición de tierras por
la comunidad rural siempre beneficiarán más a los campesinos ricos y engañarán
al campesino medio.
El gobierno ruso ve que es
preciso aliviar la situación de los campesinos, pero quiere salir del paso con
zarandajas, pretende hacerlo todo mediante los funcionarios. Los campesinos
deben estar alerta, pues las comisiones de funcionarios los engañarán lo mismo
que los engañaron los comités de nobles. Los campesinos deben reclamar la
elección de comités campesinos libres. No hay que esperar que los funcionarios
concedan un alivio; son los mismos campesinos los que deben tomar en sus manos
su propio destino. No importa que demos primero un solo paso, no importa que
primero nos libremos sólo del peor avasallamiento. Lo que importa es que los
campesinos se percaten de su fuerza, que se pongan de acuerdo y se unan
libremente. Ninguna persona honrada puede negar que los recortes sirven a
menudo para aplicar la forma más escandalosa de avasallamiento: el
avasallamiento feudal. Ninguna persona honrada puede negar que nuestra
reivindicación es la exigencia primordial y más justa: que los propios
campesinos elijan libremente sus comités, sin funcionarios, para suprimir todo
avasallamiento feudal.
En los comités libres de
campesinos (lo mismo que en la libre asamblea de diputados de toda Rusia), los
socialdemócratas procederán, inmediatamente y con todas sus fuerzas, a sellar
una alianza especial entre los proletarios del campo y los proletarios de la
ciudad. Los socialdemócratas defenderán todas las medidas que favorezcan a los
proletarios del campo y les ayudarán, una vez dado el primer paso, a dar lo más
pronto y lo más unidos posible el segundo, el tercero y así sucesivamente hasta
el último, hasta la completa victoria del
proletariado. Pero ¿acaso puede afirmarse ya hoy cuál será la
reivindicación que habrá de estar
mañana a la orden del día para dar el segundo paso? No, no es posible decirlo,
porque ignoramos cuál será mañana la actitud de los campesinos ricos y de mucha
gente instruida que se ocupa de toda clase de cooperativas y de todo género de
transferencias de tierras del capital al trabajo.
112
Puede darse el caso de que
para entonces aún no hayan tenido tiempo de entenderse con los terratenientes y
quieran darle el golpe de gracia al poder de éstos. Nada mejor. Los
socialdemócratas así lo desean. Y aconsejarán a los proletarios del campo y de la
ciudad que reclamen la confiscación de todas las tierras de los latifundistas y
su entrega al Estado popular libre. Los socialdemócratas velarán atentamente
por que los proletarios del campo no sean engañados, por que se refuercen más
aún para la lucha final por la emancipación completa del proletariado.
Pero tal vez las cosas
sucedan de un modo completamente distinto, y hasta es más probable que así sea.
Mañana mismo, tan pronto se restrinja y limite la peor forma de avasallamiento,
los campesinos ricos y mucha gente instruida pueden unirse con los terratenientes,
y entonces toda la burguesía del campo se alzará contra todo el proletariado
rural. Entonces sería ridículo que luchásemos únicamente contra los
terratenientes. Entonces tendremos que luchar contra toda la burguesía y
exigir, ante todo, la mayor libertad y el mayor campo posibles para esta lucha,
exigir mejoras para la vida del obrero a fin de facilitarle la lucha.
En todo caso, ocurra lo uno
o lo otro, nuestra primera tarea, nuestra tarea principal e indefectible será: fortalecer la alianza de los proletarios y
semiproletarios del campo con el proletariado de la ciudad. Para esta
alianza nos hace falta ahora mismo, en el acto, plena libertad política para el pueblo, igualdad completa de derechos
para los campesinos y la supresión del avasallamiento feudal. Y cuando esta
alianza se forje y se consolide,
desenmascararemos con
facilidad todos los engaños de que se vale la burguesía para embaucar al
campesino medio; entonces daremos rápida y fácilmente, contra toda la burguesía
y todas las fuerzas del gobierno, el segundo, el tercero y el último paso; entonces
marcharemos con firmeza hacia la victoria y lograremos rápidamente la liberación completa de todo el pueblo
trabajador.
7. La lucha de clases en el campo
¿Qué es la lucha de clases? Es la lucha de una parte del pueblo
contra otra, la lucha de las masas trabajadoras, de los parias y de los
oprimidos contra los privilegiados, los opresores y los parásitos; la lucha de
los obreros asalariados, de los proletarios contra los propietarios, contra la
burguesía. En el campo ruso se ha sostenido siempre, y sigue empeñada ahora,
esta gran lucha, aunque no todos la vean ni todos comprendan su significado.
Durante el régimen de la servidumbre, toda la masa de los campesinos luchaba
contra sus opresores, contra la clase de los terratenientes, a los que
protegía, defendía y apoyaba el gobierno del zar. Los campesinos no podían
unirse, pues entonces estaban completamente anonadados por la ignorancia y
carecían de aliados y de hermanos entre los obreros de la ciudad. Pese a ello,
los campesinos luchaban como sabían y como podían. No temían las feroces
persecuciones del gobierno, ni los baquetazos ni las balas; no creían a los
curas, que querían inculcarles a toda costa la idea de que el régimen de la
servidumbre estaba sancionado por las sagradas escrituras y legitimado por Dios
(¡así lo afirmaba rotundamente en aquella época el arzobispo Filareto!). Se
levantaban en diversos lugares hasta que el gobierno acabó por ceder, temeroso
de un alzamiento general de todos ellos.
El régimen de la servidumbre
fue abolido, aunque no del todo. Los campesinos siguieron privados de derechos,
siguieron constituyendo el sector inferior, villano y tributario, aprisionado
por las garras del avasallamiento feudal. Continuaron los disturbios en el
campo. Los campesinos siguieron buscando la verdadera y completa libertad. Pero
después de la abolición del régimen de la servidumbre surgió una nueva lucha de
clases: la lucha entre el proletariado y
la burguesía. Aumentaron las riquezas, se construyeron ferrocarriles y
grandes fábricas y creció la
población de las ciudades, que ganaron en suntuosidad; pero todas esas riquezas
las acaparaba un número muy reducido de personas, mientras el pueblo se
empobrecía más, se arruinaba, pasaba hambre y tenía que buscar un jornal,
trabajando para otros. Los obreros de la ciudad emprendieron una lucha nueva:
la gran lucha de todos los pobres contra todos los ricos. Los obreros de las
ciudades se agruparon en el Partido Socialdemócrata y luchan ahora unidos, con
tesón y firmeza, avanzando paso a paso, preparándose para la gran lucha final y
exigiendo la libertad política para todo el pueblo.
Llegó a agotarse también la
paciencia de los campesinos. En la primavera del pasado año de 1902, los
campesinos de las provincias de Poltava, Járkov y otras se alzaron contra los
terratenientes, apoderándose de sus graneros, repartiéndose sus bienes y entregando
a los hambrientos el trigo que había sido sembrado y recogido por ellos, pero
del que se habían apropiado los terratenientes. Los campesinos reclamaban un
nuevo reparto de la tierra. Y como no podían soportar la terrible opresión, se
lanzaron a buscar una suerte mejor, decidiendo, con razón sobrada, que más
valía morir luchando contra los opresores que renunciar a la lucha y dejarse
morir de hambre. Pero los campesinos no lograron mejorar su suerte. El gobierno
zarista los declaró simples rebeldes y bandoleros (¡por haber arrebatado a los
expoliadores terratenientes el trigo que los propios campesinos habían sembrado
y recogido!) y envió contra ellos tropas, como si se tratara de combatir a un
ejército enemigo. Los campesinos fueron derrotados. Se disparó contra ellos,
matando a muchos.
113
Los campesinos eran azotados
ferozmente, a veces hasta quedar sin vida, se los torturaba como ni siquiera
los turcos torturan jamás a sus enemigos, los cristianos. Los enviados del zar,
los gobernadores, eran los que con más saña aplicaban las torturas, como
auténticos verdugos. Los soldados violaban a las mujeres y a las hijas de los
campesinos, los cuales fueron juzgados al fin y a la postre por tribunales de
funcionarios, que los obligaron a desembolsar ochocientos mil rublos a favor de
los terratenientes. En aquel proceso ignominioso, celebrado a puerta cerrada,
no se permitió siquiera que los defensores hablasen de las torturas y los
martirios que los enviados del zar, el gobernador Obolenski y otros sicarios
zaristas, habían aplicado a los campesinos.
Los campesinos lucharon por
una causa justa. La clase obrera rusa honrará siempre la memoria de los
mártires fusilados o muertos a palos por los sicarios del zar. Estos mártires
lucharon por la libertad y la felicidad del pueblo trabajador y fueron vencidos;
pero los campesinos se volverán a levantar una y otra vez, sin que su ánimo
decaiga por la primera derrota. Los obreros conscientes habrán de aplicar todos
sus esfuerzos a que el mayor número posible de trabajadores de la ciudad y del
campo conozca la lucha de los campesinos y se prepare para otra más afortunada.
Los obreros conscientes dedicarán todos sus esfuerzos a ayudar a los campesinos
a que comprendan claramente por qué fue
aplastado el primer alzamiento campesino (el de 1902) y qué se debe hacer para
que alcancen el triunfo los campesinos y los obreros, y no los sicarios del
zar.
El levantamiento campesino
fue aplastado porque se trataba del de una masa ignorante e inconsciente, de un
alzamiento sin reivindicaciones políticas claras y concretas, pues en él no
figuraba la exigencia de un cambio de régimen estatal. El levantamiento
campesino fue aplastado porque careció de
preparación. El levantamiento campesino fue aplastado porque los
proletarios del campo no estaban aliados aún a los proletarios de la ciudad.
Estas fueron las tres causas del primer fracaso campesino. Para que un alzamiento
triunfe es preciso que sea consciente, esté preparado, abarque a toda Rusia y
se lleve a cabo en unión de los obreros de la ciudad. Cada paso de la lucha
obrera en las ciudades, cada libro o periódico socialdemócrata, cada alocución
de un obrero consciente a los proletarios del campo contribuye a acercar el día
en que el alzamiento habrá de repetirse y conducir a la victoria.
Los campesinos se alzaron
inconscientemente por la sencilla razón de que ya no podían aguantar más,
porque no se resignaban a morir sin rechistar ni oponer resistencia. Habían
sufrido tanto a causa de las expoliaciones, de la opresión y de las torturas de
todo género que no podían menos de dar crédito, aunque fuera un instante, a los
sordos rumores sobre la piedad del zar, no podían menos de creer que toda
persona sensata habría de reconocer justo el reparto del trigo entre los
hambrientos, entre los que se habían pasado la vida trabajando para otros,
sembrando y recogiendo trigo, y que ahora se morían de hambre junto a los
abarrotados graneros "del señor". Los campesinos parecían haberse
olvidado de que las mejores tierras y todas las fábricas habían sido acaparadas
por los ricos, por los terratenientes y por la burguesía precisamente para que
el pueblo, obligado por el hambre, trabajase para ellos. Los campesinos se
habían olvidado de que para defender a la clase de los ricos no sólo se pronuncian
sermones desde los púlpitos, sino que también está el gobierno del zar con todo
el enjambre de funcionarios y soldados. Pero el gobierno del zar se encargó de
recordárselo, demostrándoles con feroz crueldad lo que significaba el poder del
Estado, a quién sirve y a quién defiende. Nosotros tenemos tan sólo que
recordar con mayor frecuencia esta lección a los campesinos, y ellos
comprenderán fácilmente por qué es indispensable cambiar el régimen estatal, por qué es indispensable la libertad política. Los levantamientos
campesinos dejarán de ser inconscientes cuando sea mayor el número de los que
comprendan esto, cuando todo campesino instruido y sensato conozca las tres reivindicaciones principales por
las que se debe luchar en primer término. La primera reivindicación es convocar una
asamblea de diputados de todo el pueblo para establecer en
Rusia un gobierno de elección popular, y no un gobierno
autocrático. La
segunda reivindicación es libertad
general para publicar toda clase de libros y periódicos. La tercera
reivindicación es que las leyes
reconozcan la plena igualdad de derechos de los campesinos con respecto a los demás estamentos y que se
convoquen elecciones a comités campesinos para liquidar en primer término todo
avasallamiento feudal. Estas son las reivindicaciones fundamentales de los
socialdemócratas, y a los campesinos no les será ahora difícil comprenderlas,
comprender por dónde hay que empezar
la lucha por la libertad del pueblo. Y cuando los campesinos hayan comprendido
estas reivindicaciones, comprenderán también que es preciso prepararse para la
lucha con gran anticipación, de un modo firme y tenaz, y que esa preparación no
puede realizarse yendo cada uno por su lado, sino juntos con los obreros de la
ciudad, con los socialdemócratas.
Cada obrero y cada campesino
consciente debe reunir en torno suyo a los compañeros más sensatos, leales y
valientes y procurar explicarles qué quieren conseguir los socialdemócratas
para que todos comprendan qué lucha se debe empeñar y qué reclamar. Es preciso
que los socialdemócratas conscientes empiecen a enseñar su doctrina a los
campesinos, les den a leer libros socialdemócratas, les expliquen el contenido
de esos libros en pequeñas reuniones de gente de confianza y lo hagan todo esto
poco a poco, con cautela, pero sin cesar.
114
Ahora bien, la doctrina
socialdemócrata no se debe explicar únicamente según está escrita en los
libros, sino corroborándola con cada ejemplo, con cada caso de opresión y de
injusticia que se observe. La doctrina socialdemócrata es la doctrina de la
lucha contra toda opresión, contra todo despojo, contra toda injusticia. Sólo
puede ser un verdadero socialdemócrata quien conozca las causas de la opresión y luche siempre y en todas partes contra
cualquier caso de opresión. Mas ¿cómo ha de hacerse todo eso? Los
socialdemócratas conscientes de cada
ciudad o de cada aldea deben reunirse y decidir ellos mismos la forma en que
todo eso ha de llevarse a cabo a fin de que reporte el mayor provecho posible a
toda la clase obrera. Citaré un par de casos como ejemplo. Supongamos que un
obrero socialdemócrata va a pasar una temporada a su aldea o que cualquier
obrero socialdemócrata de la ciudad va a una aldea que no es la suya. La aldea
entera se encuentra entre las garras del terrateniente, como una mosca
prisionera en una tela de araña, sin poder librarse en toda la vida del
avasallamiento ni huir de él a ninguna parte. Hay que elegir sin pérdida de
tiempo a los campesinos más inteligentes, más sensatos y más seguros, a los que
buscan la verdad y no se dejan intimidar por cualquier esbirro policiaco, y
explicarles las causas de su sojuzgamiento, hacerles comprender de qué medios
se han valido los terratenientes para engañar y despojar a los campesinos en
los comités de la nobleza. Hay que hablarles de la fuerza de los ricos y de
cómo el gobierno del zar les presta su apoyo, hay que darles a conocer las
reivindicaciones de los obreros socialdemócratas. Cuando los campesinos hayan
comprendido estas cosas nada complicadas, habrá que pensar muy bien con ellos
en la posibilidad de que, todos a una, opongan resistencia al terrateniente, la
posibilidad de presentarle sus primeras y principales reivindicaciones (como
ocurre en las ciudades, donde los obreros presentan sus reivindicaciones a los
patronos). Si el terrateniente tiene sometido a su férula un pueblo grande o
varias aldeas, lo mejor sería conseguir del comité socialdemócrata más próximo,
mediante personas de confianza, octavillas en las que el comité describa bien,
desde su mismo origen, el yugo que padecen los campesinos y exponga cuáles han
de ser sus primeras reivindicaciones: que se rebaje la renta por la tierra
arrendada; que las contratas de invierno 123 se
hagan conforme a los jornales existentes, y no a medio jornal; que no se
aplique castigos abusivos ni se acose tanto a los campesinos por los daños que
cause su ganado en las tierras del señor y otras reivindicaciones de distinto
género. Estas octavillas permitirán a
![]()
123 Contrata de campesinos para las faenas
de verano que los terratenientes y los kulaks practicaban en invierno, cuando
más necesitados de dinero estaban los campesinos. El contrato se concertaba en
condiciones onerosas para éstos.
los campesinos que sepan
leer enterarse bien de las cosas y explicárselas, a su vez, a los analfabetos.
Los campesinos verán entonces claramente que los socialdemócratas están de su
lado, que condenan toda expoliación. Los campesinos empezarán entonces a
comprender cuál es el alivio que pueden conseguir inmediatamente —y que, aunque
sea muy pequeño, no por eso dejará de ser un alivio— si se mantienen unidos, y
cuáles son las grandes mejoras que hay que conseguir en todo el Estado mediante
una gran lucha llevada a cabo en unión de los obreros socialdemócratas de la
ciudad. Los campesinos se irán entonces preparando cada vez más para esta gran
lucha, irán aprendiendo a encontrar gente segura y a defender de mancomún sus
reivindicaciones. Quizás se logre algunas veces organizar una huelga, a
semejanza de como lo hacen los obreros de la ciudad. Bien es verdad que en el
campo esto es más difícil; pero, no obstante, en algunas ocasiones puede
conseguirse, pues en otros países ha habido huelgas que han tenido éxito, por
ejemplo, durante las temporadas de siembra o recolección, cuando los
terratenientes y los agricultores ricos necesitan obreros a toda costa. Si los
campesinos pobres se han preparado para la huelga, si todos han llegado hace
tiempo a un acuerdo respecto a las reivindicaciones comunes que van a
presentar, si esas reivindicaciones han sido esclarecidas en octavillas o
simplemente bien explicadas en reuniones, todos se mantendrán unidos, y el
terrateniente se verá obligado a ceder o, por lo menos, a poner cierto freno a
su expoliación. Si la huelga se sostiene con solidaridad, si se organiza en la
época de las faenas agrícolas, poco será lo que puedan hacer el terrateniente o
incluso las autoridades con sus tropas, pues el tiempo pasa, el terrateniente verá
que eso es una ruina para él y se avendrá muy pronto a razones. Naturalmente,
se trata de algo nuevo, y las cosas nuevas no siempre salen bien desde el
principio. En un comienzo, tampoco los obreros de las ciudades sabían luchar
unidos, no sabían cuáles eran las reivindicaciones que debían presentar en
común, yendo simplemente a romper las máquinas y a destrozar las fábricas. Pero
ahora los obreros han aprendido a luchar unidos. Toda obra nueva requiere un
aprendizaje. Ahora los obreros ya saben que de buenas a primeras sólo se pueden
conseguir algunos respiros — siempre y cuando se actúe con solidaridad-;
mientras tanto, el pueblo se irá acostumbrando a resistir unido y se irá
preparando cada vez mejor para la gran lucha decisiva. Del mismo modo irán aprendiendo
los campesinos a ofrecer resistencia a los expoliadores más crueles, a
reivindicar, unidos, medidas que alivien su situación y a prepararse con
cautela, con firmeza y en todas partes para la gran lucha por la libertad. El
número de obreros y campesinos conscientes será cada día mayor; las
organizaciones socialdemócratas del campo, cada vez más fuertes; y cada caso de
avasallamiento por parte de los terratenientes, cada exacción hecha para los
curas, cada atrocidad de la policía y cada abuso de las autoridades irán
abriendo más y más los ojos al pueblo, irán acostumbrándolo a luchar unido y
habituándolo a la idea de que es preciso cambiar por la fuerza el régimen
estatal existente.
115
Al principio de este folleto hemos dicho ya que los obreros de
las ciudades salen ahora a las calles y a las plazas exigiendo públicamente libertad, inscribiendo en sus banderas y
proclamando a gritos la consigna de "¡Abajo el absolutismo!" Pronto
llegará el día en que los obreros de las ciudades se levanten, mas no para
pasearse por las calles gritando, sino para la gran lucha final; el día en que
todos los obreros clamarán como un solo hombre: "¡Moriremos luchando o
conseguiremos la libertad!"; el día en que, para ocupar el puesto de los
centenares de obreros caídos en la lucha, se alzarán con mayor decisión aún
miles de nuevos combatientes. Y entonces se levantarán también los campesinos,
se levantarán en toda Rusia y acudirán en ayuda de los obreros de las ciudades,
dispuestos a luchar hasta el fin por la libertad de los campesinos y de los
obreros. Cuando este levantamiento se produzca, no habrá hordas zaristas
capaces de hacerle frente. La victoria será del pueblo trabajador, y la clase
obrera emprenderá el grande y anchuroso camino que habrá de librar a todos los
trabajadores de toda opresión. ¡La clase obrera aprovechará la libertad para
luchar por el socialismo!
Programa del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, propuesto
por el periódico "Iskra" y la revista "Zariá"
Ya hemos dicho qué es un
programa, para qué hace falta y por qué tan sólo el Partido Socialdemócrata
propone un programa claro y concreto. El único organismo que puede aprobar
definitivamente el programa es el congreso de nuestro partido, es decir, una asamblea
en la que se reúnan delegados de todos los militantes. En la actualidad, el
Comité de Organización, está llevando a cabo los preparativos para celebrar ese
congreso. Pero muchos comités de nuestro partido han declarado ya públicamente
que están de acuerdo con Iskra , que
reconocen a Iskra como órgano central
de prensa del partido. Por eso nuestro proyecto de programa puede servir muy
bien para dar a conocer con toda exactitud, antes de la celebración del
congreso, qué quieren los socialdemócratas. De aquí que hayamos considerado
necesario ofrecer íntegro este proyecto como apéndice a nuestro folleto.
Claro que, sin una
explicación previa, no todo lo que se dice en el programa podrá ser comprendido
por cualquier obrero. Muchos grandes socialistas han trabajado en la creación
de la doctrina socialdemócrata, a la que dieron forma definitiva Marx y Engels;
mucho han tenido que padecer los obreros de todos los países para adquirir la
experiencia que hoy queremos aprovechar nosotros, asentando en ella nuestro
programa. Por eso, los obreros deben estudiar la doctrina socialdemócrata, para
comprender cada palabra del programa, que es su programa, su bandera
de lucha. Los obreros comprenden y asimilan el programa socialdemócrata con
mucha facilidad porque en él se habla de lo que todo obrero consciente ha visto
y vivido. A nadie deben asustar las "dificultades" que ofrece el
comprender de primera intención el programa: cuanto más lea y reflexione cada
obrero, cuanta más experiencia de lucha posea, mejor lo comprenderá. Pero es
preciso que todos mediten y discutan el programa íntegro de los socialdemócratas, que todos tengan siempre en la
memoria cuanto los socialdemócratas piden
y piensan acerca de la liberación del pueblo trabajador en su totalidad.
Los socialdemócratas quieren que no quede uno sin conocer con claridad y
exactitud, del principio al fin, toda la verdad de lo que es el Partido
Socialdemócrata.
Aquí no podemos explicar con
detalles todo el programa. Necesitaríamos para eso escribir un libro más. Nos
limitaremos a señalar brevemente el contenido del programa y aconsejamos al
lector que consiga en su ayuda dos libritos. Uno es El Programa de Erfurt, del socialdemócrata alemán Carlos
Kautsky, traducido al ruso; el otro es La
causa obrera en Rusia, del socialdemócrata ruso L. Mártov. Ambos libritos
le ayudarán a comprender todos los
puntos de nuestro programa.
Señalaremos ahora con una
letra cada parte de nuestro programa (véase el texto más adelante) y diremos de
qué trata cada una.
A)
Al
principio mismo se dice que el proletariado lucha en todo el mundo por su
emancipación, y que el proletariado ruso no es sino un destacamento del
ejército mundial de la clase obrera de todos los países.
B) Luego se explica cuál es el orden
burgués imperante en casi todos los países del mundo, Rusia incluida; cómo
padece miseria y calamidades la mayor parte de la población, trabajando para
los terratenientes y los capitalistas; cómo se arruinan los pequeños artesanos
y campesinos, mientras se levantan grandes fábricas; cómo oprime el capital, no
sólo al obrero, sino también a su mujer y a sus hijos; cómo empeora la
situación de la clase obrera; cómo aumentan el paro y la miseria.
C)
Después
se habla de la unión de los obreros, de su lucha y del gran objetivo de ésta:
liberar a todos los oprimidos, suprimir por completo toda opresión de los
pobres por los ricos. En esta parte se explica asimismo la razón de que la
clase obrera se vaya haciendo cada vez más fuerte y de que sea inevitable su
triunfo sobre todos sus enemigos, sobre todos los defensores de la burguesía.
D) A continuación se dice para qué han sido organizados partidos
socialdemócratas en todos
los países, cómo estos partidos ayudan a
la clase obrera a luchar, cómo agrupan y dirigen a
los obreros, cómo los ilustran y
preparan para la gran lucha. .
116
E) Luego se explican las causas de que en
Rusia el pueblo viva en peores condiciones que en otros países y se dice qué
gran maldición es el régimen absolutista del zar, que lo primero que hace falta
es derrocar ese régimen y dar paso a un gobierno de elección popular.
F) ¿Qué mejoras puede proporcionar a todo
el pueblo un gobierno electivo? Ya las hemos indicado en nuestro folleto;
también el programa habla de ellas.
G) Seguidamente el programa señala las
mejoras que deben conseguirse hoy mismo para toda la clase obrera a fin de que
pueda vivir mejor y luchar con más libertad por el socialismo.
H) El programa destaca en especial las
mejoras que deben conseguirse en primer término para todos los campesinos al
objeto de que los pobres del campo puedan desplegar con mayores facilidad y
libertad su lucha de clase tanto contra la burguesía rural como contra toda la
burguesía rusa.
I) Por último, el Partido Socialdemócrata
advierte al pueblo que no debe dar crédito a ninguna promesa ni a las palabras
melifluas de la policía y de los funcionarios, sino luchar firmemente por la
convocatoria inmediata de una asamblea de diputados de libre elección por todo
el pueblo.
Escrito
en la primera quincena de marzo de 1903. Publicado en un folleto en mayo de
1903, en Ginebra, por la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el
Extranjero.
T. 7, págs. 129-230.
El problema nacional en nuestro programa
117
EL PROBLEMA NACIONAL
EN NUESTRO PROGRAMA.
En el proyecto de programa
del partido reivindicamos la república gobernada conforme a una Constitución
democrática que asegure, entre otras cosas, "el reconocimiento del derecho
de autodeterminación para todas las naciones que integran el Estado". A
muchos les ha parecido poco clara esta reivindicación programática, y en el
núm. 33,124 al referirnos al Manifiesto de los
socialdemócratas armenios, explicamos del siguiente modo el significado de este
punto. La socialdemocracia luchará en todo momento contra cualquier intento de
influir desde fuera sobre la autodeterminación nacional, ya sea por medio de la
violencia como de cualquier injusticia. Ahora bien, el reconocimiento
incondicional de la lucha por la libre determinación en modo alguno nos obliga
a apoyar cualquier demanda de autodeterminación nacional. La socialdemocracia,
como partido del proletariado, se plantea la tarea positiva y fundamental de
cooperar a la autodeterminación del proletariado de cada nación, y no a la de
pueblos y naciones como tales. Nosotros debemos tender, siempre y de un modo
incondicional, a lograr la unión más
estrecha entre los proletarios de todas las naciones, y tan sólo en casos
aislados y a título de excepción podemos presentar y apoyar con energía
reivindicaciones tendentes a constituir un nuevo Estado de clase o a sustituir
la plena unidad política del Estado por una unidad federativa, más débil, etc.
Tal interpretación de
nuestro programa en lo tocante a la cuestión nacional provocó una enérgica
protesta del Partido Socialista Polaco (PSP).125 En el artículo Actitud de
la socialdemocracia de Rusia ante el problema nacional (Przedswit,126 marzo de 1903), el PSP se
muestra indignado de tan "asombrosa" interpretación y de cuán
"nebulosa" es nuestra "enigmática" autodeterminación,
acusándonos de doctrinarios y de adictos a la concepción "anarquista"
de que "el obrero no muestra interés por nada que no sea la destrucción
total del capitalismo, ya que el idioma, la nación, la cultura, etc., no son
más que invenciones burguesas", etc. Merece la pena que nos detengamos a
examinar con todo detalle esta argumentación, en la que aparecen casi todos los
malentendidos sobre la cuestión nacional, tan habituales y tan difundidos entre
los socialistas.
¿Por qué resulta tan
"asombrosa" nuestra interpretación? ¿Por qué se la considera una
desviación del sentido "literal"? ¿Será posible que el reconocimiento
del derecho de las naciones a la
libre determinación exija que se apoye
cualquier demanda de autodeterminación de cualquier nación? El
reconocimiento del derecho de todos los ciudadanos a unirse
en asociaciones libres no nos obliga en absoluto a los socialdemócratas a apoyar la formación de toda nueva
asociación ni nos impide pronunciarnos y realizar una labor de agitación en
contra de la idea de constituir una nueva asociación que no sea conveniente ni
razonable. Reconocemos incluso el derecho
de los jesuitas a realizar libremente una labor de agitación, pero luchamos (no
al modo policiaco, claro está) contra la unión de los jesuitas y los
proletarios. Por eso, cuando Przedswit
dice: "si esa reivindicación de la libre autodeterminación debe ser
entendida literalmente (y tal es el
significado que hasta ahora le hemos atribuido) nos daríamos por
![]()
124 Se alude al periódico Iskra.
Véase la nota 1.
125 PSP: Partido Socialista Polaco, partido reformista y
nacionalista fundado en 1892.
126
"Przedswit": revista política que
empezó a publicar un grupo de socialistas polacos en 1881 y apareció con
interrupciones hasta 1920.
El problema nacional en nuestro programa
satisfechos", resulta
evidente que quien se aparta del sentido literal del programa es precisamente
el PSP. Desde un punto de vista formal, lo ilógico de su deducción no ofrece
dudas.
Pero no queremos limitarnos a una comprobación formal de nuestra
interpretación. Planteemos también expresamente el fondo de la cuestión: ¿debe
la socialdemocracia exigir siempre y sin condiciones la independencia nacional
o sólo en determinadas condiciones? Y en el segundo caso ¿en cuáles
concretamente? El PSP siempre ha resuelto esta cuestión a favor del
reconocimiento incondicional, por lo que no nos extraña en absoluto su ternura
para con los socialistas-revolucionarios rusos, que exigen un régimen político
federativo y se pronuncian en pro del "reconocimiento pleno e
incondicional del derecho de autodeterminación nacional" (Revoliutsiónnaya Rossía , núm. 18,
artículo El sojuzgamiento nacional y el
socialismo revolucionario). Por desgracia, no se trata más que de una de
esas frases democráticas burguesas
que muestran por milésima vez la verdadera naturaleza del llamado partido de
los llamados socialistas— revolucionarios. Al morder el anzuelo de esas frases
y al dejarse seducir por todo ese alboroto, el PSP muestra a su vez lo poco
ligado que está en su conciencia teórica y en su actividad política con la
lucha de clase del proletariado. Y nosotros debemos supeditar la reivindicación de la autodeterminación nacional
justamente a los intereses de esa lucha. Y ésa es la condición que establece la
diferencia entre nuestro planteamiento de la cuestión nacional y el
planteamiento democrático burgués. El demócrata burgués (y también el
oportunista socialista de nuestros días, que sigue sus pasos) se imagina que la
democracia suprime la lucha de clases, y por eso plantea todas sus
reivindicaciones políticas en forma abstracta, superficial,
"incondicional" desde el punto de vista de los intereses de
"todo el pueblo" o incluso desde el punto de vista del eterno
principio absoluto de la moral. Los socialdemócratas desenmascaran
implacablemente esa ilusión burguesa, y lo hacen siempre y en todas partes, lo
mismo si está expresada en una filosofía idealista abstracta que en el
planteamiento de la reivindicación incondicional de la independencia nacional.
118
En el caso de que aún sea
preciso demostrar que los marxistas no pueden reconocer la reivindicación de
independencia nacional más que en forma condicionada y precisamente en virtud
de la condición arriba expuesta, citaremos las palabras de un autor que defendía desde un punto de vista
marxista la reclamación de los proletarios polacos de que se concediera la
independencia a Polonia. En 1896, Carlos Kautsky escribía en su artículo Finis Poloniae?: "En cuanto el
proletariado polaco se dedique a la cuestión polaca, no podrá dejar de
pronunciarse a favor de la independencia de Polonia. Por eso, no puede menos de
aplaudir cualquier paso que se dé ya ahora en esa dirección siempre y cuando
dicho paso sea compatible con los intereses de clase del proletariado internacional
en lucha.
"En todo caso — sigue
diciendo Kautsky-, es preciso hacer esta salvedad. La independencia nacional no está tan íntimamente ligada a los
intereses de clase del proletariado en lucha como para que haya que tender a
ella de un modo incondicional y en todas las circunstancias.* Marx y Engels
defendieron con extraordinaria energía la unificación y la liberación de Italia; pero eso no impidió que en 1859 se
pronunciaran contra la alianza de Italia con Napoleón" (Neue Zeit, XIV, 2,
pág. 520).
* Subrayado por nosotros.
Ya lo ven ustedes: Kautsky
rechaza de plano la reivindicación incondicional
de la independencia de las naciones y exige categóricamente que el problema se
plantee no sólo en el terreno de la historia en general, sino precisamente en
el de clase. Y si examinamos cómo planteaban la cuestión polaca Marx y Engels,
veremos que también lo hacían de esa
El problema nacional en nuestro programa
mismísima manera desde el
primer momento. La Nueva Gaceta del Rin127 dedicó mucho espacio a la cuestión polaca y reclamaba con
energía no sólo la independencia de Polonia, sino también la guerra de Alemania
con Rusia por la libertad de Polonia. Sin embargo, en aquella misma época, Marx
atacó a Ruge, quien se había pronunciado a favor de la libertad de Polonia en
la Dieta de Francfort,128 dando a la cuestión polaca una solución
basada exclusivamente en frases democráticas burguesas sobre la
"vergonzosa injusticia" y sin hacer el menor análisis histórico. Marx
no era uno de esos pedantes y filisteos de la revolución que, en los momentos
revolucionarios de la historia, lo que más temen de todo es la
"polémica". Se burlaba con sarcasmo implacable del
"humanitario" ciudadano Ruge, mostrándole en el ejemplo de la
opresión del Sur de Francia por el Norte que no toda opresión nacional
despierta siempre un anhelo de independencia legítimo desde el punto de vista
de la democracia y del proletariado. Marx hacía referencia a las particulares
condiciones sociales por las que "Polonia había llegado a ser la parte
revolucionaria de Rusia, Austria y Prusia...
Incluso la nobleza polaca,
que en parte se asentaba todavía en bases feudales, se había adherido con un
espíritu de abnegación sin igual a la revolución agraria democrática. Polonia
era ya un foco de la democracia europea cuando Alemania vegetaba aún en la más
vulgar ideología constitucional y pomposamente filosófica... Mientras nosotros
(los alemanes) ayudemos a oprimir a Polonia, mientras tengamos atada una parte
de Polonia a Alemania seguiremos atados nosotros mismos a Rusia y a la política
rusa y no podremos liberarnos radicalmente en nuestro país del absolutismo
patriarcal-feudal. La creación de una Polonia democrática es la primera
condición para crear una Alemania democrática".129
Hemos citado con tanta
amplitud estas manifestaciones porque muestran a las claras en qué condiciones
históricas plasmó entre la socialdemocracia internacional ese planteamiento de
la cuestión polaca que ha persistido durante casi toda la segunda mitad del
siglo XIX. No fijarse en el cambio que desde entonces han experimentado las
condiciones y defender las viejas soluciones del marxismo equivale a permanecer
fieles a la letra de la doctrina, pero no a su espíritu, significa repetir de
memoria las antiguas conclusiones sin saber aprovechar los métodos de
investigación marxista para analizar la nueva situación política. La época de
entonces, época de los últimos movimientos revolucionarios burgueses, y la
época actual, época de atroz reacción y de máxima tensión de todas las fuerzas
en vísperas de la revolución proletaria, se distinguen del modo más fehaciente.
Entonces era revolucionaria Polonia
en su totalidad y no sólo el campesinado, sino también la nobleza en masa. Las
tradiciones de la lucha por la liberación nacional eran tan fuertes y tan
profundas que los mejores hijos de Polonia, después de haber sido derrotados en
su patria, iban a todas partes a prestar apoyo a las clases revolucionarias. El
recuerdo de Dabrowski y Wróblewski se halla indisolublemente ligado al más
grande movimiento proletario del siglo XIX, a la última insurrección (confiamos
en que haya sido la última infructuosa) de los obreros de París.130 Entonces era realmente imposible el pleno
triunfo de la democracia en Europa si no se
restauraba la independencia de Polonia. Entonces
Polonia era realmente el baluarte de la civilización frente al zarismo, el
destacamento avanzado de la democracia.
119
![]()
127 "Nueva Gaceta del Rin" ("Neue Rheinische Zeitung"):
salió diariamente en Colonia bajo la redacción de C. Marx desde el 1 de junio
de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849.
Órgano combativo del ala
proletaria de la democracia, este periódico desempeñó la función de educador de
las masas populares y las alzaba a combatir a la contrarrevolución. Los
editoriales, que fijaban la postura del periódico en los problemas de mayor importancia
de la revolución alemana y europea, solían estar escritos por Marx y Engels.
128
Dieta de Fráncfort: Asamblea Nacional de toda Alemania fue
convocada después de la revolución de marzo de 1848 en este país. En vez de
organizar a las masas para la lucha decidida contra el absolutismo y el
desmembramiento de Alemania, el Parlamento redujo su labor a debates ociosos en
torno a la Constitución imperial
129
F. Engels. Debates en torno al problema polaco en
Fráncfort.
130 Véase la nota 20.
El problema nacional en nuestro programa
Ahora las clases gobernantes de Polonia, la nobleza de Alemania y
Austria y los peces gordos de la industria y las finanzas de Rusia son
partidarios de las clases gobernantes de los países que oprimen a Polonia,
mientras que el proletariado alemán y ruso lucha por su emancipación a la par
con el proletariado polaco, que ha recogido heroicamente las grandes
tradiciones de la vieja Polonia revolucionaria. Ahora los representantes avanzados del marxismo en el vecino país,
que están atentos al desarrollo político de Europa y llenos de simpatía por la
heroica lucha de los polacos, reconocen, sin embargo, expresamente que
"Petersburgo es hoy un centro revolucionario mucho más importante que
Varsovia y que el movimiento revolucionario ruso tiene ya mucha más importancia
internacional que el polaco". Así hablaba Kautsky en 1896, al exteriorizar
que era natural suponer que en el programa de los socialdemócratas polacos
figurase la reivindicación de restablecer la independencia de Polonia. Y en
1902, al estudiar la evolución del problema polaco desde 1848 hasta nuestros
días, Mehring llegó a la siguiente conclusión: "Si al proletariado polaco
se le ocurriera inscribir en su bandera el restablecimiento del Estado clasista
polaco, del que ni oír hablar quieren las propias clases dominantes,
representaría un sainete histórico. Las clases poseedoras suelen correr esta
clase de aventuras (como fue el caso de la nobleza polaca en 1791), pero la
clase obrera no puede caer tan bajo. Si esta utopía reaccionaria es sacada a la
luz del día para que los sectores de la intelectualidad y de la pequeña
burguesía, entre los cuales aún encuentra cierto eco la agitación nacional, se
sientan atraídos por la agitación proletaria, merece ser condenada por partida
doble como manifestación de ese infame oportunismo que sacrifica los intereses
cardinales de la clase obrera en aras de efímeros e insignificantes éxitos de
poco precio.
"Estos intereses
imponen a rajatabla a los obreros polacos de los tres Estados que se han
repartido a Polonia la necesidad de luchar hombro a hombro y sin ninguna
reserva al lado de sus hermanos de clase. Pasaron los tiempos en que de la
revolución burguesa podía nacer una Polonia libre; en la actualidad, el
resurgimiento de Polonia sólo es posible con la revolución social, cuando el
proletariado contemporáneo rompa sus cadenas".
Suscribimos por entero esta
conclusión de Mehring. Advertimos sólo que tal conclusión sigue siendo
intachable aun en el caso de que no vayamos en nuestros argumentos tan lejos
como Mehring. No cabe duda de que el estado actual de la cuestión polaca difiere
radicalmente del de hace cincuenta años. Pero no puede considerarse eterno tal
estado. Tampoco cabe duda de que el antagonismo de clase ha relegado muy a
segundo plano los problemas nacionales; pero no se puede afirmar de un modo
rotundo, sin correr peligro de caer en el doctrinarismo, que no pueda aparecer
por cierto tiempo en el proscenio del drama político tal o cual problema
nacional. Ni cabe duda alguna de que es muy poco probable el restablecimiento
de Polonia antes de la caída del capitalismo, pero no se puede afirmar la
imposibilidad absoluta de que, en determinada concurrencia de circunstancias,
la burguesía polaca pueda mostrarse partidaria de la independencia, etc. En
este sentido, la socialdemocracia rusa tampoco se ata las manos, ni mucho menos.
Al plantear en su programa el reconocimiento del derecho de las naciones a la
autodeterminación, lo hace teniendo en cuenta todas las combinaciones posibles
y aun todas las imaginables. Este
programa en modo alguno excluye la posibilidad de que el proletariado polaco
haga suya la consigna de una república polaca libre e independiente, aun cuando
sea ínfima la probabilidad de que esto pueda realizarse antes del socialismo.
Este programa sólo exige que el partido socialista de verdad no corrompa la
conciencia proletaria, no vele la lucha de clases, no seduzca a la clase obrera
con frases democráticas burguesas, no vulnere la unidad de la actual lucha
política del proletariado. En esta condición, la única bajo la cual admitimos
la autodeterminación, es justamente donde reside la esencia del problema. En
vano se esfuerza el PSP en presentar las cosas como si lo que le separa de los
socialdemócratas rusos o alemanes es que éstos niegan el derecho a la
autodeterminación, el derecho a aspirar a una república libre e independiente.
No es esto lo que nos impide considerar al PSP un auténtico partido obrero
El problema nacional en nuestro programa
socialdemócrata, sino la tendencia que manifiesta a olvidar el
punto de vista de clase, a velarlo con su patrioterismo, así como la ruptura de
la unidad en la actual lucha política. He aquí, por ejemplo, el habitual
planteamiento de la cuestión por el PSP: "...arrancando Polonia al
zarismo, nosotros sólo podemos debilitarlo; son los camaradas rusos los que
tienen que derribarlo". O bien "al ser suprimida la autocracia,
nosotros determinaríamos simplemente nuestro destino, separándonos de Rusia".
Vean ustedes a qué monstruosas conclusiones lleva esta monstruosa lógica, aun
desde el punto de vista de la reivindicación programática del restablecimiento
de la independencia de Polonia. Como
quiera que una de las posibles consecuencias (pero no cabe duda de que bajo
el dominio de la burguesía, no seguras del todo) de la evolución democrática es
la reconstitución de Polonia, el proletariado polaco no debe luchar al lado del
proletariado ruso por el derrocamiento del zarismo, sino "sólo" por
el debilitamiento de éste mediante la separación de Polonia. Como quiera que el zarismo ruso va
reforzando su alianza con la burguesía y los gobiernos de Alemania, Austria,
etc., el proletariado polaco tiene que debilitar la suya con el proletariado
ruso, alemán, etc., a cuyo lado lucha ahora contra una misma opresión. Esto no es otra cosa que sacrificar los más
acuciantes intereses del proletariado a una interpretación democrática burguesa
de la independencia nacional.
120
La desintegración de Rusia,
a la que aspira el PSP, en contraste
con nuestro objetivo de derrocar la autocracia, es y será una frase sin sentido
mientras el desarrollo económico vaya cohesionando más y más las distintas
partes de un todo político y mientras la burguesía de todos los países se vaya
agrupando cada vez más estrechamente frente a su enemigo común, el
proletariado, y en defensa de su común aliado, el zar. En cambio, la desintegración de las fuerzas del
proletariado, que gime ahora bajo el yugo de esa misma autocracia, es una
triste realidad, es una consecuencia
directa del error del PSP, de su prosternación ante las fórmulas democráticas
burguesas. Para cerrar los ojos ante esa desintegración del proletariado, el
PSP tiene que caer en el patrioterismo y exponer, por ejemplo, las concepciones
de los socialdemócratas rusos en los siguientes términos: "Nosotros (los
polacos) debemos esperar hasta que llegue la revolución social y, mientras
tanto, soportar pacientemente la opresión nacional". Esto es una flagrante
falsedad. Los socialdemócratas rusos jamás han aconsejado tal cosa; al
contrario, ellos mismos luchan y exhortan a todo el proletariado ruso a luchar
contra cualquier opresión nacional en Rusia; ellos proponen en su programa no
sólo la plena igualdad de derechos para los idiomas, las naciones, etc., sino
también el reconocimiento del derecho de cada nación a ser dueña de sus
destinos. Y si nosotros, al reconocer ese derecho, supeditamos a los intereses de la lucha proletaria nuestro apoyo a
la reivindicación de la independencia
nacional, sólo un patriotero puede explicar nuestra posición por la
desconfianza que otras nacionalidades inspiran a los rusos, pues en realidad
tal posición debe desprenderse por fuerza de la desconfianza que la burguesía
inspira al proletario consciente. El PSP considera que el problema nacional se
reduce a la siguiente contraposición: "nosotros" (los polacos) y
"ellos" (los alemanes, rusos, etc.). Pero los socialdemócratas
destacan en primer plano esta otra contraposición: "nosotros", los
proletarios, y "ellos", la burguesía. "Nosotros" —los
proletarios— hemos visto muchísimas veces cómo la burguesía traiciona los intereses de la libertad,
de la patria, del idioma y de la nación cada vez que se alza ante ella el
proletariado revolucionario. Hemos visto cómo la burguesía francesa se
entregaba a los prusianos en el momento de mayor opresión y humillación de la nación
francesa, cómo el gobierno de la defensa nacional se convertía en el gobierno
de la traición al pueblo, cómo la burguesía de una nación oprimida recababa la
ayuda de los soldados de la nación opresora para aplastar a sus compatriotas
proletarios, que se habían atrevido a tender la mano hacia el poder. Por eso, y
sin que nos inmuten lo más mínimo los despropósitos patrioteros y oportunistas,
siempre diremos a los obreros polacos: sólo la alianza mayor y más estrecha con
el proletariado ruso puede dar satisfacción a las exigencias de la actuar lucha
política
El problema nacional en nuestro programa
contra la autocracia, sólo
esa alianza es capaz de asegurar la plena emancipación política y económica.
Lo que acabamos de decir de
la cuestión polaca puede aplicarse íntegramente a cualquier problema nacional.
La maldita historia de la autocracia nos ha dejado en herencia una terrible
desunión de las clases obreras de los distintos pueblos oprimidos por esa
autocracia. Semejante desunión constituye un mal gravísimo y un obstáculo
tremendo para la lucha contra la autocracia, por lo que no debemos perpetuar
ese mal ni canonizar esa iniquidad con ningún "principio" de
independencia orgánica o de "federación" de partidos. Lo más simple y
fácil es, naturalmente, seguir la línea de menor resistencia y acomodarse cada
cual en su rincón, ateniéndose a la regla de "eso no va conmigo",
como quiere hacerlo ahora el Bund. Cuanto mejor comprendamos lo necesaria que
es la unidad, cuanto más firme sea nuestro convencimiento de que la ofensiva
general contra la autocracia es imposible sin una unidad completa, cuanto más
resalte la necesidad de que, dado el régimen político de nuestro país, exista
una organización centralizada de lucha, tanto menos inclinados nos sentiremos a
conformarnos con una solución "simple" del problema, pero que es tan
sólo una solución aparente y, en realidad, profundamente falsa. Si no se
comprende cuán nociva es la desunión, si no se quiere acabar a toda costa y de
manera radical con esa desunión en el campo del partido proletario, tampoco
harán falta las hojas de parra de la "federación", de nada servirá
abordar la solución de un problema que en el fondo no quiere resolver una de
las "partes", mejor será dejar que las enseñanzas proporcionadas por
la experiencia de la vida y por el movimiento real convenzan de la necesidad
del centralismo para asegurar el éxito de la lucha de los proletarios de
cualquier pueblo oprimido por la autocracia contra esa misma autocracia y
contra la burguesía internacional, cada vez más unida.
Publicado el 15 de
julio de 1903 en el núm. 44 de "Iskra".
T. 7, págs. 133-242.
Un paso adelante, dos pasos atrás
121
UN PASO ADELANTE, DOS
PASOS ATRÁS.
(Una crisis en
nuestro partido)131
Prologo
En toda lucha larga, tenaz y apasionada
comienzan a perfilarse por
lo general, al cabo de cierto tiempo, los problemas en litigio centrales,
básicos, de cuya solución depende el desenlace definitivo de la campaña y
respecto a los cuales se relegan a segundo plano cada día más todos los episodios
de poca monta y pequeñeces de toda índole de la lucha.
Esto es lo que sucede
también con la lucha empeñada en el seno de nuestro partido, de la que están
pendientes hace ya seis meses todos sus militantes. Y precisamente porque en el
esbozo de toda la lucha que ofrezco al lector he tenido que referirme a muchas
pequeñeces* de insignificante interés y a muchas intrigas*, en el fondo, de
ningún interés, precisamente por ello quisiera, desde el comienzo mismo, atraer
la atención del lector a dos puntos verdaderamente centrales y básicos que
ofrecen inmenso interés, revisten indudable valor histórico y constituyen las
cuestiones políticas más urgentes que nuestro partido tiene planteadas hoy.
* Omitidas en la presente edición. (N. de la Edit.)
La primera de ellas es la
relativa a la trascendencia política de la división de nuestro partido en
"mayoría" y "minoría", división que ha tomado forma en su
II Congreso132 y que ha dejado muy atrás todas las
divisiones anteriores de los socialdemócratas rusos.
![]()
131 Lenin empleó varios meses en prepararse
para escribir el libro Un paso adelante,
dos pasos atrás (Una crisis en nuestro partido), estudiando detenidamente las actas
de las sesiones y las resoluciones del II Congreso del POSDR editadas en enero de 1904, los
discursos de cada delegado, los agrupamientos políticos que se habían formado
en el congreso y los documentos del Comité Central y del Consejo del partido.
El libro vio la luz en mayo de 1904.
En la presente edición, esta obra se publica según la
recopilación En doce años, aparecida
en 1907 (en la portada figura el año 1908). Lenin excluyó de esta edición los
puntos j, k, l, ll, n, ñ, hizo algunas abreviaciones en otros e introdujo
varias notas complementarias.
132 El II
Congreso del POSDR se celebró del 17 (30) de julio al 10 (23) de agosto de
1903. Las trece sesiones primeras se celebraron en Bruselas. Luego, debido a
las persecuciones de la policía, las sesiones de éste pasaron a Londres. Los
problemas de más importancia del congreso fueron la aprobación del programa y
de los estatutos del partido y las elecciones de los organismos dirigentes del
mismo. Lenin y sus partidarios desplegaron en el congreso una lucha enérgica
contra los oportunistas. El congreso aprobó por unanimidad (con una sola
abstención) el programa del partido, en el que se formulaban tanto las tareas
inmediatas del proletariado en la revolución democrático-burguesa que se
avecinaba (programa mínimo) como otras tareas calculadas para la victoria de la
revolución socialista y el establecimiento de la dictadura del proletariado
(programa máximo). Al discutirse los estatutos del partido, se desplegó una
lucha tenaz en torno a los principios de organización del partido. Lenin y sus
adeptos luchaban por crear un partido revolucionario combativo de la clase
obrera y creían necesario adoptar unos estatutos que fuesen una traba para el
ingreso de elementos inseguros y vacilantes en sus filas. Por eso en la fórmula
del primer artículo de los estatutos, propuesta por Lenin, la admisión se hacía
depender no sólo de que se reconociera el programa y se prestara ayuda material
al partido, sino también de la participación personal en una de sus
organizaciones. Mártov sometió al examen del congreso su fórmula del primer
artículo que hacía depender la admisión en el partido, además de reconocer su
programa y pagar cuotas, prestar colaboración personal y regular en él bajo la
dirección de una de sus organizaciones. La fórmula de Mártov, que facilitaba el
ingreso en las filas del partido a los elementos inseguros, fue apoyada en el
congreso no sólo por los antiiskristas y la "charca"
("centro"), sino también por los iskristas "blandengues"
(inseguros) y aprobada por una minoría insignificante de votos en el congreso.
El congreso aprobó los estatutos redactados por Lenin. Aprobó también varias
resoluciones sobre cuestiones de táctica.
En el congreso se produjo
una escisión entre los partidarios consecuentes de la tendencia iskrista,
leninistas, y los partidarios de Martov, iskristas blandengues. Los adictos de
la orientación leninista obtuvieron la mayoría
Un paso adelante, dos pasos atrás
La segunda concierne al
valor de principio de la posición de la nueva Iskra133 en los problemas de organización, ya
que esta posición es efectivamente de principios.
La primera cuestión es la
del punto de arranque de nuestra lucha en el partido, la del origen, las causas
y el carácter político fundamental de esta lucha. La segunda cuestión es la de
los resultados definitivos de la misma, la de su meta, la del balance que, en
el terreno de los principios, resulta si se suma todo lo que se refiere a la
esfera de los principios y se resta todo lo que se refiere a la esfera de las
intrigas mezquinas. La primera cuestión se despeja analizando la lucha
desplegada en el congreso del partido; la segunda, analizando el nuevo
contenido de principio de la nueva Iskra.
Uno y otro análisis, que constituyen el contenido de las nueve décimas partes
de mi folleto, llevan a la conclusión de que la "mayoría" es el ala
revolucionaria de nuestro partido, y la "minoría" es su ala
oportunista. Las discrepancias que separan un ala de la otra en el presente se
reducen, principalmente, no al programa ni a la táctica, sino sólo a problemas
de organización; el nuevo sistema de concepciones, que se vislumbra en la nueva
Iskra con tanta mayor claridad cuanto
más procura ahondar su posición y cuanto más depurada va quedando ésta de
intrigas por la cooptación, es el oportunismo en los problemas de organización.
El principal defecto de lo
que se ha escrito hasta ahora sobre la crisis de nuestro partido, en el terreno
del estudio y explicación de los hechos, es la falta casi total de un análisis
de las actas del congreso del partido y, en el terreno del esclarecimiento de
los principios fundamentales del problema de organización, la falta de un
análisis del nexo que indudablemente existe entre el error cardinal cometido
por los camaradas Mártov y Axelrod al formular el artículo primero de los
estatutos y al defender esta fórmula, por una parte, y todo el
"sistema" (si es que puede hablarse en este caso de sistema) de
concepciones de principio que ahora tiene Iskra
sobre el problema de organización. La actual redacción de Iskra ni siquiera advierte, por lo visto, este nexo, aun cuando en
las publicaciones de la "mayoría"
se haya señalado ya muchísimas veces la importancia de las discusiones en torno
al artículo primero. En el fondo, el camarada Axelrod y el camarada Mártov no
hacen ahora sino ahondar, acrecentar y ensanchar su error inicial respecto al
artículo primero. En realidad, la posición de los oportunistas en el problema
de organización, consistente en que abogan por una organización amorfa y sin
fuerte cohesión; en que rechazan la idea (la idea "burocrática") de
estructurar el partido de arriba abajo conforme al congreso del mismo y a los
organismos elegidos por él; en su tendencia a ir de abajo arriba, permitiendo
que se tenga por miembro del partido cualquier profesor, cualquier estudiante
de bachillerato, "todo huelguista"; en su hostilidad al
"formalismo" que exige de los militantes la pertenencia a una de las
organizaciones reconocidas por el partido; en su propensión a la psicología del
intelectual burgués, dispuesto tan sólo a "reconocer platónicamente las
relaciones de organización"; en la facilidad con que se entregan a las
lucubraciones oportunistas y a las frases anárquicas; en su tendencia al
autonomismo en contra del centralismo; resumiendo, en todo lo que hoy florece
con exuberancia en la nueva Iskra,
contribuyendo cada día más al esclarecimiento palmario y completo del error
inicial, despuntó ya en las discusiones entabladas en torno al artículo
primero.
122
Por lo que se refiere a las
actas del congreso del partido, la falta de atención, verdaderamente
inmerecida, de que son objeto puede explicarse sólo por las intrigas que
encizañan nuestras
![]()
(bolshinstvó) de votos en
las elecciones a los organismos centrales del partido y empezaron a denominarse
bolcheviques; y los oportunistas, que quedaron en minoría (menshinstvó),
mencheviques. El congreso tuvo inmensa importancia en el desarrollo del movimiento
obrero de Rusia. Puso fin al primitivismo en el trabajo y a la dispersión del
movimiento socialdemócrata en círculos, dando comienzo al partido marxista
revolucionario en Rusia, al partido de los bolcheviques. Lenin escribió:
"El bolchevismo existe como corriente del pensamiento político y como
partido político desde 1903" (Obras
Completas, 5a ed. en ruso, t. 41, pág. 6).
133Véase la nota 1.
Un paso adelante, dos pasos atrás
discusiones y, además, tal
vez por la abundancia de verdades demasiado amargas contenidas en esas actas
que brindan un cuadro único en su género —insustituible por lo exacto, lo
completo, lo polifacético, lo rico y lo auténtico — de la verdadera situación
creada en nuestro partido; un cuadro de los puntos de vista, de los estados de
ánimo y de los planes pintado por los mismos hombres que participan en el
movimiento; un cuadro de los matices políticos existentes en nuestro partido
que permite ver su fuerza relativa, sus relaciones mutuas y su lucha.
Precisamente las actas del congreso del partido, y sólo ellas, son las que nos
permiten ver hasta qué punto hemos conseguido barrer de verdad los restos de
las viejas relaciones, puras relaciones de círculo, y sustituidas con una
grande y única conexión del partido. Todo militante que quiera participar
conscientemente en los asuntos de su partido está obligado a estudiar con
detenimiento nuestro congreso; y repito que a estudiar, porque la mera lectura
del montón de escritos desordenados, como son las actas, no basta para dar un
cuadro del congreso. Sólo mediante un estudio minucioso e individual puede
conseguirse (y debe conseguirse) que los breves resúmenes de los discursos, los
sucintos extractos de las discusiones y las pequeñas escaramuzas por pequeñas
(pequeñas al parecer) cuestiones converjan en un todo para que los miembros del
partido vean alzarse viva la figura de cada orador destacado y quede clara toda
la fisonomía política de cada grupo de delegados al congreso. El que escribe
estas líneas dará por bien empleado su trabajo si consigue al menos impulsar el
estudio amplio e individual de las actas del congreso del partido.
Unas palabras más sobre los
adversarios de la socialdemocracia. Se refocilan con malicia de nuestras
discusiones, haciendo muecas de alegría; procurarán, claro es, entresacar para
sus fines algunos pasajes sueltos de mi folleto, consagrado a los defectos y
deficiencias de nuestro partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo
bastante fogueados en la brega para no dejarse cohibir por semejantes
alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo
al descubierto sin piedad sus propias deficiencias, que a la fuerza serán
inexorablemente allanadas por el desarrollo del movimiento obrero. ¡Y que
prueben los señores adversarios a describirnos un cuadro de la situación efectiva de sus "partidos" que
tenga aunque sólo sea un lejano parecido con el que ofrecen las actas de
nuestro II Congreso!
Mayo de 1904.
N. Lenin
a) Preparación del congreso
En el anuncio de 1900 que
precedió a la inauguración de Iskra,
este periódico declaró que, antes de unificarnos, hacía falta deslindar
nuestros campos. Iskra procuró
convertir la Conferencia de 1902134 en
una reunión privada y no en un congreso del partido*. Iskra
![]()
134 La
Conferencia de 1902 de
representantes de los comités y organizaciones del POSDR se celebró del 21 al
28 de marzo (del 5 al 10 de abril) de 1902 en Bielostok. Los
"economistas" y los del Bund, que apoyaban a los primeros, tenían el
propósito de hacer de la conferencia el II Congreso del partido, tratando con
ello de fortalecer sus posiciones en la socialdemocracia rusa y paralizar la
creciente influencia de Iskra. Sin
embargo, estas tentativas no tuvieron éxito debido a que en la conferencia
participó un reducido número de representantes de los comités y organizaciones
del partido (estuvieron representadas sólo cuatro de las organizaciones del
POSDR que actuaban en Rusia) y a las grandes discrepancias de principio que se
revelaron en aquélla; objetó rudamente contra la transformación de la
conferencia en un congreso del partido el delegado de Iskra, quien procuró demostrar que un congreso como éste era
incompetente y no estaba preparado.
La conferencia eligió un
Comité de Organización para preparar el II Congreso del partido. Poco después
de celebrarse ésta, la mayoría de sus delegados, incluidos dos miembros del
Comité de Organización, fueron detenidos por la policía. El nuevo Comité de
Organización para preparar el II Congreso del POSDR se formó en noviembre de
1902 en Pskov en una conferencia de representantes del Comité de Petersburgo
del POSDR, de la organización de Iskra
en Rusia y del grupo Yuzhni Rabochi.
Un paso adelante, dos pasos atrás
procedió con extraordinario
cuidado en el verano y el otoño de 1902 al renovar el Comité de Organización
elegido por aquella conferencia. Por último, la labor de deslindamiento acabó
tal y como todos nosotros reconocimos. El Comité de Organización se constituyó
en las postrimerías de 1902, Iskra
celebró su afianzamiento y declaró — en el artículo de fondo del núm. 32— que
la convocatoria de un congreso del partido era una necesidad de lo más
imperiosa y urgente. De modo que lo que menos se nos puede reprochar es
precipitación en la convocatoria del II Congreso. Nos atuvimos estrictamente a
la regla: en cosa alguna, pensar mucho y hacer una.
* Véanse las actas del II Congreso, pág. 20.
b) Importancia de los agrupamientos en el congreso
¿Cuál era, pues, la tarea
principal del congreso? Crear un partido verdadero
basado en las normas de principio y organización propuestas y elaboradas por Iskra. Los tres años de actividad de Iskra y su reconocimiento por la mayoría
de los comités habían decidido de antemano que ésa debía ser precisamente la
dirección en que habría de trabajar el congreso. El programa y la orientación
de Iskra debían convertirse en el
programa y la orientación del partido; los planes de organización de Iskra debían quedar consolidados en los
estatutos orgánicos del partido. Pero se comprende de por sí que semejante
resultado no podía conseguirse sin lucha: la plenitud de representación en el
congreso aseguraba también la asistencia de organizaciones que sostenían contra
Iskra una lucha denodada (Bund y Rabócheie Dielo)135 y de otras que, reconociendo de palabra a Iskra como órgano directivo, perseguían
en la práctica planes peculiares suyos y se distinguían por su falta de firmeza
en el terreno de los principios (el grupo Yuzhni
Rabochi136 y los delegados de algunos comités
adheridos a él). En tales condiciones, el congreso no podía menos de
convertirse en campo de batalla por la
victoria de la orientación iskrista. Todo el que lea con alguna atención
las actas del congreso verá en
seguida que éste fue en realidad dicho campo de batalla. Nuestra misión ahora
consiste en estudiar detenidamente los agrupamientos principales que, con
motivo de diversas cuestiones, se han manifestado en el congreso y reconstruir,
con los datos exactos de las actas, la fisonomía política de cada uno de los
grupos fundamentales del mismo. ¿Qué eran en verdad los grupos, tendencias y
matices que debían unirse en el congreso, bajo la dirección de Iskra, en un partido único? Esto es lo
que hemos de mostrar, analizando los debates y las votaciones. La aclaración de
este punto es también de cardinal importancia para estudiar quiénes son en
realidad nuestros socialdemócratas y para comprender las causas de la
discrepancia.
123
![]()
135 Bund, véase la nota 66. Rabócheie
Dielo, véase la nota 3.
136 145 Grupo Yuzhni Rabochi:
grupo socialdemócrata formado en el otoño de 1900 en el sur de Rusia en torno
al periódico clandestino del mismo nombre. En oposición a los
"economistas", el grupo Yuzhni Rabochi estimaba una tarea
importantísima la lucha política del proletariado y el derrocamiento de la
autocracia, se pronunciaba contra el terrorismo, abogaba por la necesidad de
desplegar el movimiento revolucionario de masas y llevó a cabo una gran labor
revolucionaria en el sur de Rusia. Al mismo tiempo, el grupo sobrestimó el
papel de la burguesía liberal y no concedía importancia al movimiento
campesino. En contra del plan iskrista de crear un partido marxista
centralizado mediante la agrupación de los socialdemócratas revolucionarios en
torno a Iskra el grupo Yuzhni Rabochi propuso un plan de restablecimiento del
POSDR mediante la creación de agrupaciones socialdemócratas regionales. En
noviembre de 1902, el grupo Yuzhni
Rabochi participó en la creación del Comité de Organización para convocar
el II Congreso del partido y, luego, participó en sus labores. Pero tampoco en
este período la posición de los miembros del grupo Yuzhni Rabochi fue revolucionaria consecuente. En el II Congreso
del POSDR los delegados del grupo Yuzhni Rabochi ocuparon una posición
"centrista". Este congreso acordó disolver el grupo Yuzhni Rabochi,
lo mismo que los otros grupos y organizaciones socialdemócratas que llevaban
una existencia independiente.
Un paso adelante, dos pasos atrás
c) Comienza el congreso. Incidente con el Comité de organización
Como mejor se hará el
análisis de los debates y votaciones del congreso será siguiendo el orden de
las sesiones del mismo, a fin de ir señalando consecutivamente los matices
políticos que en él iban resaltando cada vez más. Sólo cuando sea absolutamente
necesario dejaremos de atenernos al orden cronológico para examinar de paso
problemas que guarden estrecha relación entre sí o agrupamientos homogéneos. En
aras de la imparcialidad, trataremos de señalar todas las votaciones principales, dejando a un lado, naturalmente,
numerosos casos en que se votaron menudencias que nos quitaron en el congreso
inmensidad de tiempo (en parte, por nuestra inexperiencia y porque no supimos
distribuir los problemas entre las reuniones de comisiones y las sesiones
plenarias, y, en parte, por dilaciones rayanas en la obstrucción).
El primer problema promotor
de los debates en que empezaron a manifestarse los diferentes matices fue el de
la prelación (en el "orden del día" del congreso) del punto
siguiente: "Situación del Bund en el partido (págs. 29-33 de las actas).
Según el criterio iskrista, que defendíamos Plejánov, Mártov, Trotski y yo, no
podía haber ningún género de dudas a este respecto. La salida del Bund del seno
del partido demostró de manera fehaciente la justedad de nuestras
consideraciones: si el Bund no quería ir con nosotros ni reconocer los
principios de organización que con Iskra
compartía la mayoría del partido, era inútil y absurdo "aparentar"
que íbamos juntos y únicamente alargar el congreso (como lo alargaban los
bundistas). El problema estaba ya claro por completo en las publicaciones; y
para todo militante que reflexionara algo era evidente que sólo cabía plantear
de plano la cuestión y elegir expresa y honestamente entre autonomía (vamos
juntos) y federación (nos separamos).
Con toda su política de
evasivas, también aquí quisieron los bundistas eludir el problema, aplazándolo.
Se les unió el camarada Akímov, quien planteó en el acto, por lo visto en
nombre de todos los partidarios de Rabócheie
Dielo, las discrepancias con Iskra
en materia de organización (pág. 31 de las actas). Al lado del Bund y de Rabócheie Dielo se coloca el camarada
Májov (¡dos votos del comité de Nikoláiev, que hacía poco había expresado su
solidaridad con Iskra!). El camarada
Májov tiene una verdadera confusión en este problema y cree también un
"problema peliagudo" el del "régimen democrático o, por el
contrario (¡fíjense en esto!), del centralismo".
De manera que contra los
iskristas están: el Bund, Rabócheie Dielo
y el camarada Májov, que reúnen precisamente los diez votos opuestos a nosotros
(pág. 33). El número de votos a nuestro
favor fue de treinta, en torno del cual oscilan con frecuencia, como
veremos más adelante, los votos de
los iskristas. Hubo once abstenciones de los que, por lo visto, no se
inclinaban por ninguno de los dos "partidos" en pugna. Es interesante
observar que, cuando votamos el artículo 2 de los estatutos del Bund (artículo
que, al ser rechazado, provocó la salida del Bund del seno del partido), los
votos a favor del artículo 2 y las abstenciones sumaron también diez (pág. 289
de las actas), absteniéndose precisamente los tres representantes de Rabócheie Dielo (Brúker, Martínov y
Akímov) y el camarada Májov. Es evidente que la votación sobre el lugar que
correspondía al problema del Bund tuvo por resultado un agrupamiento nada casual. Es evidente que todos estos
camaradas disentían de Iskra no sólo
en la cuestión técnica del orden de examen de los problemas, sino también en el fondo.
Después de votar el lugar
que correspondía al problema del Bund, surgió en el congreso la cuestión del
grupo Borbá,137 cuestión que produjo también un
agrupamiento muy
![]()
137 Véase la nota 107.
Un paso adelante, dos pasos atrás
interesante y que estaba
estrechamente relacionada con el problema más "peliagudo" del
congreso: el de la composición personal de los organismos centrales. La
comisión encargada de decidir quién ha de tomar parte en el congreso opina que
no debe invitarse al grupo Borbá, según acuerdo, dos veces reiterado, del Comité de Organización (v. págs. 383 y 375
de las actas) y el informe de sus
representantes en esta comisión (pág. 35).
El camarada Egórov, miembro
del Comité de Organización, declara que "el problema del grupo Borbá
(tomen nota: del grupo Borbá y no de tal o cual miembro de este grupo) es nuevo
para él" y pide que se suspenda la sesión. Es una incógnita sin despejar
el que un problema sobre el que han recaído dos acuerdos del Comité de
Organización pueda ser nuevo para uno de sus miembros. Se suspende la sesión y
se reúne el Comité de Organización (pág. 40 de las actas) con la asistencia de
sus miembros que se encuentran por casualidad en el congreso (estaban ausentes
varios miembros del mismo, que eran de los viejos de la organización de Iskra). Comienzan los debates sobre
Borbá. Están en pro los representantes de Rabócheie
Dielo (Martínov, Akímov y Brúker, págs. 36-38); en contra, los iskristas
(Pavlóvich, Sorokin, Langue, Trotski, Mártov y otros). Nuevamente se abre en el
congreso la división en grupos que ya conocemos. Con motivo de Borbá se empeña
una lucha tenaz, y el camarada Mártov pronuncia un discurso muy detallado (pág.
38) y "combativo" en el que alude con razón a la "desigualdad
con que están representados" los grupos rusos y extranjeros, habla de que
no estaría "bien" del todo conceder a un grupo del extranjero un
"privilegio" (¡palabras de oro, especialmente instructivas ahora,
desde el punto de vista de lo que ha sucedido después del congreso!), que no
debía fomentarse "en el partido el caos orgánico, manifestación
sintomática del cual era un desmembramiento no debido a ninguna consideración
de principio". Nadie, fuera de los partidarios de Rabócheie Dielo, se puso de una manera franca y argumentada al lado
del grupo Borbá mientras estuvo abierto el turno de petición de la palabra
(pág. 40).
124
Después de
cerrado el turno de petición de la palabra, cuando ya no se puede hablar sobre el fondo de la cuestión, el
camarada Egórov "insiste en que se escuche el acuerdo que acaba de tomar
el Comité de Organización". No es de extrañar que los delegados al
congreso se muestren indignados de tal proceder, y el camarada Plejánov, como
presidente, expresa su "perplejidad de que el camarada Egórov siga en sus
trece". Porque una de dos: o se habla clara y concretamente sobre el fondo
de la cuestión ante todo el congreso o se calla uno la boca. ¡Pero dejar que se
cierre el turno de petición de la palabra y presentar después al congreso como
"palabras finales" un nuevo acuerdo del Comité de Organización
precisamente sobre el problema discutido es un golpe a traición!
La sesión se reanuda después
de la comida, y el buró, que sigue en la perplejidad, decide dejarse de
"formalidades" y echar mano del último recurso que sólo en casos
extremos se utiliza en los congresos: "la explicación entre camaradas".
Popov, representante del Comité de Organización, comunica el acuerdo de éste
aprobado por todos sus miembros con un voto en contra, el de Pavlóvich (pág.
43), acuerdo que propone al congreso invitar a Riazánov.
Pavlóvich declara que ha
negado y sigue negando legitimidad a la reunión del Comité de Organización y
que el nuevo acuerdo del citado comité "está en contradicción con el anterior". Esta declaración
desencadena una verdadera tempestad. El camarada Egórov, también miembro del Comité de Organización y del grupo Yuzhni Rabochi, elude en su respuesta el
fondo del problema y quiere trasladar el centro de la atención al de la
disciplina. El camarada Pavlóvich, dice, ha faltado a la disciplina de partido
(!), ya que el Comité de Organización, después de examinar la protesta de
aquél, había acordado "no poner en conocimiento del congreso la opinión
particular de Pavlóvich". Se pasa a discutir el problema de la disciplina
de partido, y Plejánov explica en forma didáctica al camarada Egórov, entre
ruidosos aplausos del congreso, que "nosotros
no tenemos mandatos imperativos" (pág. 42, cfr. pág. 379, reglamento
del congreso, artículo 7: "Los delegados no tendrán limitados sus
Un paso adelante, dos pasos atrás
poderes por mandatos
imperativos. Gozarán de plenas libertad e independencia en su ejercicio").
"El congreso es la instancia suprema del partido", y, por tanto,
falta a la disciplina debida al partido y al reglamento del congreso precisamente
quien ponga obstáculos en cualquier forma a que cualquiera de los delegados
apelen directamente al congreso sobre
todas las cuestiones de la vida del
partido sin excepción alguna. La cuestión en litigio se reduce, pues, al dilema: ¿círculos o partido? O restricción de los
derechos de los delegados al congreso, en virtud de imaginarios derechos o
estatutos de toda suerte de grupos y círculos, o disolución total antes del congreso, y no sólo de
palabra, sino de hecho, de todas las instancias inferiores y viejos grupitos
hasta que se creen verdaderas instituciones funcionales del partido. El lector
puede ver ya por esto la inmensa importancia de principio que tenía tal
discusión al comienzo mismo (tercera sesión) de un congreso que se proponía
restaurar de hecho el partido. En esta discusión se concentraba, por decirlo
así, el conflicto declarado entre los antiguos círculos y grupitos (como el Yuzhni Rabochi) y el partido que
renacía. Y los grupos antiiskristas salen en seguida a la superficie: tanto el
bundista Abramsón como el camarada Martínov, ardiente partidario de la actual
redacción de Iskra, y el camarada
Májov, a quien también conocemos, se pronuncian a favor de Egórov y del grupo Yuzhni Rabochi, en contra de Pavlóvich.
El camarada Martínov, que ahora, a porfía con Mártov y Axelrod, hace gala de "democracia" en materia
de organización, recuerda hasta...
¡¡el ejército, donde sólo se
puede apelar a la instancia superior por mediación de la inferior!! Todo el que
asistía al congreso o había estado muy al tanto de la historia interna de
nuestro partido hasta la celebración del congreso comprendía con meridiana
claridad el verdadero sentido de esta "cerrada" oposición
antiiskrista. La tarea de la oposición (acaso no siempre comprendida por todos
sus representantes y a veces sostenida por inercia) consistía en salvaguardar
la independencia, la peculiaridad y los intereses de capilla de los pequeños
grupos para que no se los tragara un partido amplio que se venía estructurando
tal y como estipulaban los principios iskristas.
Ese es precisamente el punto
de vista que, respecto a la cuestión tratada, adoptó asimismo el camarada
Mártov, quien por entonces no se había unido aún a Martínov. El camarada Mártov
se alza resuelto y con razón contra quienes, "en la idea de la disciplina
de partido, no van más allá de las obligaciones del revolucionario ante el
grupo de orden inferior del que forma parte". "En el seno de un
partido unido es inadmisible agrupamiento forzoso
alguno" (subrayado por Mártov), explica Mártov a los defensores de los
círculos sin prever cómo fustigan estas palabras su propia conducta política en
las últimas sesiones del congreso y después de él...
125
d) Disolución del grupo "Yuzhni Rabochi"
Quizás tenga visos de
casualidad la forma en que se dividieron los delegados en el problema del
Comité de Organización. Pero tal opinión sería errónea, y, para eliminarla,
abandonaremos el orden cronológico y examinaremos en el acto un incidente que,
aun cuando se produjo al finalizar el congreso, está íntimamente relacionado
con lo que acabamos de exponer. Se trata de la disolución del grupo Yuzhni Rabochi. En contra de las
tendencias de Iskra en materia de
organización —plena cohesión de las fuerzas del partido y eliminación del caos
que las desmiembra— se pronunciaron en este caso los intereses de uno de los
grupos, cuya labor era útil mientras no había un verdadero partido, pero que
holgaba cuando se organizó el trabajo de un modo centralizado. En aras de los
intereses de un círculo, el grupo Yuzhni
Rabochi podía pretender con tanto derecho como la vieja redacción de Iskra a que se observara la
"continuidad" y su inviolabilidad. En aras de los intereses del
partido, este grupo debía someterse al traslado de sus fuerzas a "las
correspondientes organizaciones del partido" (pág. 313, final de la
resolución adoptada por
Un paso adelante, dos pasos atrás
el congreso). Desde el punto
de vista de los intereses de círculo y de la mentalidad "filistea" no
podía menos de parecer "delicada" (expresión de los camaradas Rúsov y
Deutsch) la disolución de un grupo útil, que tenía tan pocas ganas de
disolverse como la vieja redacción de Iskra.
Desde el punto de vista de los intereses del partido, era imprescindible la
disolución, "el desleimiento" (expresión de Gúsev) en el partido. El
grupo Yuzhni Rabochi dijo sin rodeos
que "no estimaba necesario" declararse disuelto y exigía que "el
congreso expresara su opinión en forma categórica" y, además "en el
acto: sí o no". El grupo Yuzhni
Rabochi apelaba explícitamente a la misma "continuidad" que la
vieja redacción de Iskra... ¡después
de haber sido disuelta! "Aunque todos nosotros, uno por uno, constituimos
un partido unido —dijo el camarada Egórov-, este partido se compone, sin
embargo, de toda una serie de organizaciones que se deben tener en cuenta como magnitudes históricas... Si una
organización de este tipo no perjudica al
partido, no hay motivo para disolverla".
Así pues, se planteaba con
absoluta claridad una importante cuestión de principio, y todos los iskristas
—mientras no salían aún a primer plano sus propios intereses de circulo— se
levantaron con denuedo contra los elementos vacilantes (los bundistas y dos de Rabócheie Dielo habían abandonado ya el
congreso; se habrían declarado sin duda decididos partidarios de "tener en cuenta las magnitudes
históricas"). La votación dio treinta
y un votos a favor, cinco en contra y cinco abstenciones (cuatro miembros
del grupo Yuzhni Rabochi y
probablemente Belov, a juzgar por sus anteriores declaraciones, pág. 308). El
grupo de diez votos, opuesto a rajatabla al plan de organización consecuente
propugnado por Iskra y defensor de
los círculos contra el espíritu de partido, se perfila con toda nitidez. En los
debates, los iskristas plantean esta cuestión precisamente desde el punto de
vista de los principios (véase el discurso de Langue, pág. 315), pronunciándose
en contra de los métodos primitivos de trabajo y de la dispersión, negándose a
tener en cuenta las "simpatías" de las diversas organizaciones y
diciendo francamente que la unificación del partido y el triunfo de los
principios programáticos que aquí hemos aprobado se habrían conseguido ya
"si los camaradas del grupo Yuzhni
Rabochi se hubieran atenido antes, hace uno o dos años, a un punto de vista
de mayor adhesión a los principios". En el mismo sentido hablan Orlov,
Gúsev, Liádov, Muraviov, Rúsov, Pavlóvich, Glébov y Gorin. Los iskristas de la
"minoría", lejos de impugnar estas alusiones concretas, que se
hicieron reiteradamente en el congreso a la política y la
"trayectoria" de insuficiente adhesión a los principios que seguían
el grupo Yuzhni Rabochi, Májov y
otros; lejos de hacer salvedad alguna a este respecto, se unieron resueltamente a ellos por boca de
Deutsch, censurando el "caos" y aplaudiendo que el propio camarada
Rúsov "planteara francamente la cuestión" (pág. 315).
El asunto de la disolución
del grupo Yuzhni Rabochi indignó
terriblemente a sus componentes, de lo que también encontramos indicios en las
actas (no debe olvidarse que las actas dan sólo un pálido reflejo de los
debates, pues en lugar de discursos completos contienen extractos y resúmenes
muy abreviados). El camarada Egórov calificó incluso de "mentira" la
simple mención del grupo Rabóchaya Mysl138 junto al Yuzhni Rabochi,
ejemplo típico de la actitud predominante en el congreso respecto al
"economismo" consecuente. Incluso mucho después, en la 37 sesión,
Egórov habla de la disolución de Yuzhni
Rabochi con la mayor de las irritaciones (pág. 356), pidiendo que se haga
constar en el acta que, cuando se trató de este grupo, no se preguntó a sus
miembros con qué medios contaban para editar
![]()
138 "Rabóchaya Mysl" ("El Pensamiento Obrero"): grupo de
los "economistas"; su periódico aparecía en el extranjero con el
mismo nombre (véase la nota 34).
El grupo Rabóchaya Mysl propagaba opiniones
abiertamente oportunistas. Se pronunciaba contra la lucha política de la clase
obrera, limitando sus tareas "a los intereses del momento", a
reclamar algunas reformas parciales, principalmente de carácter económico. Al
rendir pleitesía a la espontaneidad del movimiento obrero, los representantes
de Rabóchaya Mysl se pronunciaban
contra la fundación de un partido proletario independiente. Rebajaban la
importancia de la teoría revolucionaria, de la conciencia, y afirmaban que la
ideología socialista puede brotar del movimiento espontáneo
Un paso adelante, dos pasos atrás
ni se les habló del control
por parte del Órgano Central y del Comité Central. Durante la discusión sobre
el grupo Yuzhni Rabochi, el camarada
Popov alude a la compacta mayoría que pareció decidir de antemano la cuestión
de dicho grupo. "Ahora —dice (pág. 316)-, después de los discursos de los camaradas Gúsev y Orlov, todo está
claro". El sentido de estas palabras
es indudable: ahora, después de que los iskristas han expresado su opinión y
han propuesto una resolución, todo está claro, es decir, está claro que el
grupo Yuzhni Rabochi será disuelto
contra su voluntad.
e) El incidente de la igualdad de las lenguas
Volvamos al orden de
sesiones del congreso. Hemos podido persuadirnos de que antes aún de que se
pasara a examinar a fondo las cuestiones, se había manifestado ya con claridad
en el congreso no sólo un grupo perfectamente definido de antiiskristas (ocho votos),
sino también un grupo de elementos intermedios, vacilantes, dispuestos a apoyar
a estos ocho y aumentar su número hasta dieciséis o dieciocho votos.
126
La cuestión del lugar que
debía ocupar el Bund en el partido, examinada en el congreso con
extraordinarios y excesivos pormenores, se redujo a tratar una tesis de
principio, posponiéndose el acuerdo práctico hasta que se discutieran las
relaciones en materia de organización. Como en las publicaciones se había
dedicado ya bastante espacio antes del congreso a explicar temas referentes a
este punto, los debates del congreso dieron poco relativamente nuevo. Sin
embargo, no se puede menos de señalar que los partidarios de Rabócheie Dielo (Martínov, Akímov y
Brúker), al decir que estaban conformes con la resolución de Mártov, hicieron la salvedad de que la consideraban
insuficiente y disentían de ella en las conclusiones (págs. 69, 73, 83, 86).
Después de tratar del lugar
que correspondía al Bund, el congreso pasó a discutir el programa. En este
punto, la mayor parte de la discusión giró en torno a enmiendas parciales de
escaso interés. En principio, la oposición de los antiiskristas se expresó
únicamente en la cruzada del camarada Martínov contra el célebre planteamiento
de la cuestión de lo espontáneo y lo consciente. Estuvieron de acuerdo con
Martínov, como es natural, los bundistas y los de Rabócheie Dielo. Mártov y Plejánov, entre otros, demostraron lo
infundado de las objeciones de Martínov. ¡Como cosa curiosa hay que hacer notar
que la redacción de Iskra (tras de
pensarlo, por lo visto) se ha pasado al lado de Martínov y dice ahora lo
contrario de lo que decía en el
congreso!139
Dejando a un lado las
discusiones sobre el reconocimiento de Iskra
como Órgano Central (de las que hemos hablado antes) y el comienzo de los
debates sobre los estatutos (será más cómodo analizar los debates cuando
examinemos toda la discusión de los estatutos), pasaremos a los matices de
principio que se descubrieron al tratar del programa. Señalemos ante todo un
detalle típico en grado sumo: los debates acerca de la representación
proporcional. El camarada Egórov, del grupo Yuzhni
Rabochi, abogó por que se incluyera este punto en el programa, y lo hizo de
tal modo que motivó la acertada objeción de Posadovski (iskrista de la minoría)
de que había una "seria discrepancia". "Es indudable —dijo el
camarada Posadovski— que disentimos en la cuestión fundamental siguiente: ¿es preciso someter nuestra política futura a
unos u otros principios democráticos fundamentales, reconociéndoles un
valor absoluto, o bien deben quedar todos los principios democráticos
![]()
139 La redacción de la Iskra menchevique publicó en el suplemento al número 57 de Iskra
(15 de enero de 1904) un artículo del ex "economista" A. Martínov, en
el que éste se manifestaba contra los principios de organización del
bolchevismo. En su nota dedicada al artículo de Martínov, la redacción de Iskra, aunque declaró formalmente su
discrepancia con algunas ideas del autor, aprobó en su conjunto el artículo,
aceptando sus argumentos fundamentales.
Un paso adelante, dos pasos atrás
sometidos exclusivamente a los intereses de nuestro partido? Me
declaro decididamente partidario de esto último". Plejánov "se
adhiere sin reservas" a Posadovski, rebelándose de manera más concreta y
enérgica aún contra "el valor absoluto de los principios
democráticos" y contra "el modo abstracto" de interpretarlos.
"Es concebible en hipótesis el caso – dice de que los socialdemócratas
estemos en contra del sufragio universal. Hubo una época en que la burguesía de
las repúblicas italianas privaba de derechos políticos a la nobleza. El
proletariado revolucionario podría limitar los derechos políticos de las clases
superiores, lo mismo que éstas hacían antes con él". El discurso de
Plejánov es acogido con aplausos y, siseos, y cuando Plejánov protesta contra
el Zwischenruf*, diciendo "no hay que sisear", y ruega a los
camaradas que no se cohíban, el camarada Egórov se pone en pie y dice:
"Como esos discursos provocan aplausos, no tengo más remedio que
sisear". Y se declara con el camarada Goldblat (delegado del Bund) en
contra de las opiniones de Posadovski y Plejánov. Es de lamentar que se
levantara la sesión y no se volviera a tratar el asunto que surgió en los
debates.
* Objeción hecha desde un escaño durante un discurso. (N. de la Edit.)
La discrepancia se puso de
manifiesto con mayor relieve aún en la cuestión de la "igualdad de las
lenguas" (pág. 171 y siguientes de las actas). En este punto los debates
no son tan elocuentes como las votaciones: sumándolas, llegamos a la cifra
inverosímil de ¡dieciséis! ¿Cuál fue
el motivo? Decidir si bastaba señalar en el programa la igualdad de todos los
ciudadanos, independientemente de su sexo, etc., y de su lengua, o si era preciso decir: "libertad de
lengua" o "igualdad de las lenguas". El camarada Mártov ha
definido este episodio con bastante acierto en el Congreso de la Liga, diciendo
que "una discusión insignificante sobre la redacción de un punto del
programa adquirió significación de principio porque la mitad del congreso se
mostraba dispuesta a echar abajo la Comisión de Programa". Así es,
precisamente. El motivo del choque fue insignificante en realidad, y, sin
embargo, el choque adquirió verdadero carácter de principio y, por lo mismo, formas terriblemente encarnizadas,
llegándose al intento de "echar
abajo" la Comisión de Programa y a sospechar que se deseaba "jugar una mala pasada al congreso"
(¡sospecha que Egórov expresó con relación a Mártov!), llegándose a cruzar
alusiones personales del carácter más... insultante (pág. 178). Incluso el
camarada Popov "lamentó que, por naderías, se creara ese ambiente" (subrayado por mí, pág. 182), ambiente que reinó
durante tres sesiones (16, 17 y 18).
Todas estas expresiones
muestran del modo más preciso y categórico el importantísimo hecho de que el
ambiente de "sospechas" y de las más enconadas formas de lucha
("echar abajo") — ¡después, en el Congreso de la Liga, se acusó a la
mayoría de los iskristas de haberlo creado!— había sido creado, en realidad, mucho antes de que nos escindiéramos en
mayoría y minoría. El conflicto no lo promovieron ni los insultos ni las
pullas, que fueron sólo un síntoma de
que en el mismo agrupamiento político del congreso existía una
"contradicción", existían todos los antecedentes de un conflicto,
existía una falta de homogeneidad interna que prorrumpía con fuerza inmanente
con cualquier motivo, incluso
insignificante.
127
Por el contrario, desde el
punto de vista que yo observo el congreso, se explica y era inevitable por
completo el conflicto más agudo de carácter de
principio por un motivo "insignificante". Puesto que en nuestro
congreso hubo una lucha constante entre iskristas y antiiskristas, puesto que
entre éstos y aquéllos estaban los elementos vacilantes y puesto que estos
últimos sumaban con los antiiskristas un tercio de los votos (8+10=18 de 51,
según mis cálculos, por supuesto aproximados), resulta muy comprensible y
natural que siempre que se apartaba de
los iskristas una minoría, aunque
fuese pequeña, se abría una posibilidad
de victoria de la tendencia antiiskrista, provocándose, por ello mismo, una
lucha "rabiosa". Esto no es resultado de las salidas de tono e
invectivas de inoportuna dureza, sino de la correlación de fuerzas políticas.
No eran las palabras mayores las que daban origen al conflicto político, sino
la existencia de un conflicto político en el mismo agrupamiento del congreso lo
que daba pie a los insultos y a las diatribas: esta contraposición encierra la
Un paso adelante, dos pasos atrás
discrepancia fundamental de
principio entre Mártov y nosotros en la apreciación de la importancia política
del congreso y de sus resultados.
En el transcurso de todo el
congreso hubo tres casos notables de separación de un grupo insignificante de
iskristas de su mayoría —la igualdad de las lenguas, el artículo primero de los
estatutos y las elecciones-, y en los tres casos se entabló una lucha
encarnizada que, al fin y al cabo, ha tenido por consecuencia la grave crisis
que sufre ahora el partido. Para comprender el sentido político de esta crisis
y de esta lucha, debemos examinar los agrupamientos políticos de los matices
que se enfrentaron en el congreso.
Comienza la guerra por una
discusión entre el camarada Mártov y el líder de los bundistas, camarada Líber
(págs. 171 -172). Mártov procura demostrar que es suficiente exigir "la
igualdad de derechos de los ciudadanos". Se declina la "libertad de
idioma", pero se propone de rechazo la "igualdad de las
lenguas", y el camarada Egórov se lanza al combate en compañía de Líber.
Mártov califica de fetichismo "el que los oradores insistan en la igualdad
de las naciones y trasladen la desigualdad al terreno lingüístico. Entretanto,
esta cuestión debe examinarse por otro lado: existe una desigualdad de derechos
entre las naciones, y esta desigualdad se expresa también, entre otras cosas,
en que los de una nación determinada se ven privados del derecho a emplear su lengua
materna" (pág. 172).
El agrupamiento de los
delegados en esta lucha está claro en especial merced a la abundancia de
votaciones nominales. Estas votaciones fueron tres. Contra el núcleo iskrista
forman bloque permanente todos los antiiskristas (ocho votos) y, con muy
ligeras vacilaciones, todo el centro (Májov, Lvov, Egórov, Popov, Medvédev,
Ivanov, Tsariov, Belov; sólo vacilaron al principio los dos últimos,
absteniéndose unas veces, votando otras con nosotros, y no se definieron por
completo hasta la tercera votación). De los iskristas se separa una parte,
sobre todo los caucasianos (tres con seis votos), y, debido a esto, prevalece
al fin y al cabo la tendencia del "fetichismo". Cuando se votó por
tercera vez, cuando los partidarios de ambas tendencias aclararon más sus
posiciones, los tres caucasianos de los seis votos se apartaron de los
iskristas de la mayoría y se adhirieron al grupo contrario. De los iskristas de
la minoría se apartaron dos con dos votos: Posadovski y Róstich. En las dos
primeras votaciones se pasaron al grupo opuesto o se abstuvieron: Lenski,
Stepánov y Gorski, de la mayoría iskrista, y Deutsch, de la minoría. La separación de ocho votos iskristas (del
total de treinta y tres) inclinó la balanza a favor de la coalición de
antiiskristas y elementos vacilantes. Este es precisamente el hecho fundamental de la división en grupos que
hubo en el congreso, hecho que volvió a repetirse (separándose sólo otros
iskristas) con motivo de la votación del artículo primero de los estatutos y de
las elecciones.
f) El programa agrario
La falta de firmeza de los
antiiskristas y del "centro" en el terreno de los principios se puso
también de relieve en las discusiones entabladas en torno al programa agrario,
que quitaron al congreso mucho tiempo (véase págs. 190-226 de las actas) y
plantearon numerosas cuestiones de extraordinario interés. Como podía
esperarse, es el camarada Martínov quien emprende la ofensiva contra el
programa (después de unas pequeñas observaciones de los camaradas Líber y
Egórov). Utiliza el viejo argumento de que, corrigiendo "precisamente esta
injusticia histórica", "canonizamos" de un modo indirecto
"otras injusticias históricas", etc. Se pone de su lado el camarada
Egórov, que ni siquiera "ve claramente cuál es el sentido de este
programa: se trata de un programa para nosotros, es decir, formula las
reivindicaciones que nosotros planteamos, o se trata de un programa que
nosotros queremos hacer popular" (!?!?). El camarada Líber "desearía
hacer las mismas indicaciones que el camarada Egórov". El camarada Májov
habla con la decisión que le es propia, declarando que "la mayoría (?) de
Un paso adelante, dos pasos atrás
los que han hablado no
comprende en absoluto qué es el programa propuesto ni los fines que
persigue".
128
Según dice, "es difícil
considerar socialdemócrata el programa agrario propuesto"; este
programa... "huele un poco a juego a enmendar injusticias
históricas", tiene "un matiz de demagogia y aventurerismo". La
confirmación teórica de estas lucubraciones es la habitual exageración y
simplificación del marxismo vulgar: se afirma que los iskristas "quieren
operar con los campesinos como con algo homogéneo; y como los campesinos están
ya hace tiempo
(?)
divididos
en clases, el proponer un programa único conduce inevitablemente a hacer
demagógico este programa en su conjunto que, al ser aplicado, se transformará
en una aventura" (202). El camarada Májov "delata" aquí la
verdadera causa de la actitud negativa que ante nuestro programa agrario
adoptan muchos socialdemócratas, dispuestos a "reconocer" a Iskra (como ha hecho el mismo Májov),
pero sin haber reflexionado ni poco ni mucho en su orientación, en su posición
teórica y táctica. Precisamente la vulgarización del marxismo aplicado a un
fenómeno tan complejo y polifacético como es el tipo actual de economía
campesina rusa, y no la divergencia sobre algunas particularidades, es lo que
ha motivado y sigue motivando la incomprensión de dicho programa. Y sobre este
punto de vista de un marxismo vulgar se pusieron rápidamente de acuerdo los
líderes de los elementos antiiskristas (Líber y Martínov) y los del
"centro": Egórov y Májov. El camarada Egórov expresó también
francamente uno de los rasgos característicos del grupo Yuzhni Rabochi y de los grupos y círculos que tienden hacia él, a
saber: la incomprensión de la importancia del movimiento campesino, la
incomprensión de que el lado débil de nuestros socialdemócratas, durante las
primeras y célebres insurrecciones campesinas, no consistió en sobrestimar,
sino antes al contrario, en subestimar esa importancia (y en no tener fuerzas
suficientes para utilizar el movimiento). "Estoy lejos de compartir el
entusiasmo que la redacción siente por el movimiento campesino —dijo el
camarada Egórov-, entusiasmo que después de las revueltas campesinas se apoderó
de muchos socialdemócratas". Desgraciadamente, el camarada Egórov no se
tomó la molestia de informar con alguna exactitud al congreso en qué consiste
ese entusiasmo de la redacción ni de aducir indicaciones concretas sobre los
datos publicados por Iskra. Además,
olvidó que Iskra había expuesto ya
todos los puntos fundamentales de nuestro programa agrario en su tercer
número*, es decir, mucho antes de las revueltas campesinas. ¡No pecaría por
exceso quien "ha reconocido" a Iskra
no sólo de palabra si dedicara alguna atención más a sus principios teóricos y
tácticos!
* Véase la presente edición, tomo I. (N. de la Edit.)
"¡No, no podemos hacer
mucho entre los campesinos!", exclama el camarada Egórov y luego explica
esta exclamación, mas no como protesta contra tal o cual
"apasionamiento" aislado, sino como repudio a toda nuestra posición:
"y eso significa precisamente que nuestra consigna no puede competir con
una consigna aventurera". Tipiquísima fórmula de actitud carente de
principios ante la obra, ¡de actitud que todo lo reduce a una
"competencia" de consignas de distintos partidos! Y esto lo dice el
orador después de haber confesado que lo satisfacían las explicaciones teóricas
acerca de que nosotros aspiramos a un éxito rotundo en la agitación sin que nos
asusten los reveses pasajeros y que un éxito rotundo (a pesar del estrepitoso
griterío... momentáneo de los "competidores") es imposible sin una
firme base teórica del programa (pág. 196). ¡Qué lío se trasluce del aserto de
"satisfacción" seguido al punto de la repetición de las tesis
vulgares heredadas del viejo economismo, para el cual la "competencia de
consignas" era lo decisivo en todas las cuestiones, y no sólo del programa
agrario, sino de todo el programa y de toda la táctica de la lucha económica y
política. "No podéis obligar al bracero —decía el camarada Egórov— a
luchar al lado del campesino rico por los recortes, que están ya en buena parte
en manos de ese campesino rico".
Se nos presenta de nuevo la
misma simplificación, indudablemente emparentada con nuestro economismo
oportunista, que hacía hincapié en la imposibilidad de "obligar" al
proletario a luchar por lo que está en buena parte en manos de la burguesía y
por lo que irá
Un paso adelante, dos pasos atrás
a parar en mayor proporción
aún a sus manos en el futuro. Se nos ofrece otra vez la misma vulgarización,
que olvida las peculiaridades rusas de las relaciones capitalistas comunes
entre el bracero y el campesino rico. Los recortes oprimen ahora, oprimen en
realidad también al bracero, a quien
no es necesario "obligar" a luchar por liberarse del avasallamiento a
que está sometido. En cambio, hay que "obligar" a algunos
intelectuales: obligarles a tener una visión más amplia de sus tareas,
obligarles a renunciar a los tópicos cuando traten problemas concretos,
obligarles a tener en cuenta la coyuntura histórica, que complica y modifica
nuestros objetivos. Sólo el prejuicio de que el mujik es un mentecato
—prejuicio que, como observa con razón el camarada Mártov (pág. 202), se deja
entrever en los discursos del camarada Májov y de otros adversarios del
programa agrario-, sólo un prejuicio así explica precisamente que estos
adversarios olviden las condiciones reales de la vida de nuestros braceros.
Después de haber simplificado el problema, reduciéndolo a una
mera contraposición — obrero y capitalista-, los representantes de nuestro
"centro" intentaron, como de costumbre, achacar su estrechez de miras
al mujik. "Por lo mismo que creo al mujik inteligente en la medida que se
lo permite su estrecho punto de vista de clase —decía el camarada Májov-,
supongo que será partidario del ideal pequeñoburgués de incautación y
reparto". En estas palabras se mezclan claramente dos cosas: una
definición del punto de vista de clase del mujik como pequeño burgués y un estrechamiento de este punto de
vista, su reducción a una "medida estrecha". Precisamente en esta
reducción es donde está el error de los Egórov y los Májov (lo mismo que el
error de los Martínov y los Akímov consistía en reducir a una "medida
estrecha" el punto de vista del proletario). Sin embargo, tanto la lógica
como la historia enseñan que el punto de vista pequeñoburgués de clase puede
ser más o menos estrecho, más o menos progresivo, precisamente por la doble
posición del pequeño burgués. Y nuestra tarea en modo alguno puede consistir en
desalentarnos ante la estrechez ("mentecatez") del mujik o ante el
"prejuicio" que lo domina, sino, por el contrario, en ensanchar
constantemente su punto de vista, en contribuir a la victoria de su juicio
sobre su prejuicio.
129
El punto de vista del
"marxismo" vulgar sobre el problema agrario ruso ha tenido su
expresión culminante en las palabras finales del discurso pronunciado en
consonancia con los principios por el camarada Májov, fiel defensor de la vieja
redacción de Iskra. Por algo fueron
acogidas sus palabras con aplausos..., si bien es verdad que irónicos.
"Desde luego, yo no sé a qué llamar desgracia" —dice el camarada
Májov, indignado porque Plejánov había dado a entender que el movimiento en pro
del reparto negro140 no nos asustaba en absoluto y que no
seríamos nosotros quienes pusiéramos trabas a ese movimiento progresista
(progresista-burgués).— "Pero esa revolución, si es que puede dársele este
nombre, no será revolucionaria. Yo estaría más en lo cierto si dijera que no
será ya revolución, sino reacción (risas),
una revolución parecida a un motín... Semejante revolución nos hará retroceder
y exigirá cierto tiempo para volver nuevamente a la situación en que ahora nos
encontramos. Porque ahora tenemos mucho más que en los tiempos de la Revolución
Francesa (aplausos irónicos), tenemos
un partido socialdemócrata (risas)..."
Vemos, pues, que también en
problemas de escueto principio, suscitados por el programa agrario, se puso de
manifiesto en el acto el agrupamiento que ya conocemos. Los antiiskristas (ocho
votos) emprenden una cruzada en nombre del marxismo vulgar; tras ellos van los
jefes del "centro", los Egórov y los Májov, extraviándose y yendo a
parar siempre al mismo punto de vista estrecho. Por eso es muy natural que la
votación arroje en algunos puntos del programa agrario treinta y treinta y
cinco votos a favor (págs. 225 y 226), es decir,
![]()
140 "El reparto negro": consigna que expresaba la aspiración de los
campesinos al reparto general de la tierra y a la liquidación de la propiedad
terrateniente.
Un paso adelante, dos pasos atrás
precisamente el número
aproximado que ya hemos visto cuando se discutía el lugar que correspondía a la
discusión del problema del Bund, cuando se produjo el incidente con el Comité
de Organización y cuando se trató de la disolución del grupo Yuzhni Rabochi. En cuanto se planteaba
un problema que se saliera algo del tópico sentado y habitual, un problema que
exigiera cierta aplicación independiente de la teoría de Marx a relaciones
socioeconómicas de carácter peculiar y nuevo (nuevo para los alemanes), resultaba
que sólo tres quintas partes de los votos iskristas sabían estar a la altura de
las circunstancias, y todo el "centro" se iba inmediatamente tras los
Líbar y los Martínov.
La discusión del programa
agrario muestra claramente la lucha de los iskristas contra las dos quintas
partes bien contadas del congreso. Los delegados caucasianos adoptaron en este
punto una posición acertada a carta cabal, gracias en gran parte quizás a que,
conociendo de cerca las formas locales de numerosos vestigios del régimen de la
servidumbre, estaban a salvo de las meras contraposiciones de carácter
abstracto y escolar que satisfacían a los Májov. Contra Martínov, Líbar, Májov
y Egórov se alzaron Plejánov, Gúsev (quien confirmó que "una concepción
tan pesimista de nuestra labor en el campo"... como la del camarada
Egórov... la había encontrado a menudo entre los camaradas que actuaban en
Rusia"), Rostrov, Rarski y Trotski. Este último indica con razón que los
"consejos benévolos" de los críticos del programa agrario
"huelen demasiado a filisteísmo".
Al hablar de los argumentos
que huelen a "filisteísmo", el camarada Trotski señalaba que "en
el período revolucionario que se avecina debemos ligarnos a los
campesinos"... "Y ante tarea semejante, el escepticismo y la
"perspicacia" política de Májov y Egórov son más perniciosos que
cualquier miopía". El camarada Róstich, otro iskrista de la minoría,
señalaba con mucho acierto "la falta de seguridad en sí mismo y en su
firmeza de principios" por parte del camarada Májov, caracterización que
da en la misma diana de nuestro "centro". "En su pesimismo, el
camarada Májov coincide con el camarada Egórov, aunque entre ellos hay matices
—continuaba el camarada Róstich-. Olvida que, en el momento actual, los
socialdemócratas trabajan ya entre los campesinos y dirigen ya su movimiento en
la medida de lo posible. Y con este pesimismo suyo reducen la amplitud de
nuestro trabajo" (pág. 210).
Para terminar de hablar de
las discusiones que hubo en el congreso en torno al programa, vale la pena
mencionar también los breves debates sobre el apoyo a tendencias
oposicionistas. En nuestro programa se dice claramente que el Partido
Socialdemócrata apoya "todo movimiento oposicionista
y revolucionario dirigido contra el
régimen social y político existente en Rusia". Podría parecer que esta
última salvedad indica con suficiente precisión
qué tendencias oposicionistas son las que apoyamos. ¡Sin embargo, los
diferentes matices definidos hace ya tiempo en nuestro partido aparecieron en
el acto también en este punto, por
difícil que fuera imaginarse que aún eran posibles "confusiones e incomprensiones" en un asunto tan
trillado! Era evidente que no se trataba de incomprensiones, sino precisamente
de matices. Májov, Liber y Martinov
dieron en seguida la voz de alarma.
130
Májov empieza de nuevo por
una simplificación vulgar del marxismo. "No tenemos más clase
revolucionaria que el proletariado —dice; pero de este principio justo deduce
al punto una consecuencia equivocada -: las demás son algo de poca monta, un
pegote (hilaridad general)... Sí, un
pegote, y lo único que quieren es aprovecharse. Yo estoy en contra de que se las apoye" (pág. 226). La
fórmula inimitable que el camarada Májov dio a su posición turbó a muchos (de
sus partidarios), pero en realidad coincidieron con él tanto Líber como
Martinov, proponiendo que se suprimiera la palabra "oposicionista" o
se limitara su alcance, añadiendo "democrático oposicionista".
Plejánov se alzó con razón contra esta enmienda de Martínov. "Nosotros
debemos criticar a los liberales —dijo— y descubrir su posición ambigua. Esto
es verdad... Pero, al poner de manifiesto la estrechez y la limitación de todos
los otros movimientos, exceptuado el socialdemócrata, estamos obligados a
explicar al
Un paso adelante, dos pasos atrás
proletariado que, comparada
con el absolutismo, incluso una constitución que no conceda el sufragio
universal es un paso adelante y que, por ello, el proletariado no debe preferir
el régimen actual a semejante constitución". Los camaradas Martínov, Líber
y Májov discrepan y mantienen su posición, contra la cual dirigen sus ataques
Axelrod, Starovier, Trotski y nuevamente Plejánov. El camarada Májov no pierde
la ocasión de volver a tirar piedras a su tejado. Al principio dice que las
demás clases (fuera del proletariado) son "de poca monta" y que él
"está en contra de que se las apoye". Después se compadece y reconoce
que, "siendo en el fondo reaccionaria, la burguesía es muchas veces
revolucionaria, por ejemplo, cuando se trata de luchar contra el feudalismo y
sus vestigios". "Pero hay grupos — continúa-, que son siempre (?)
reaccionarios, como los artesanos". ¡A semejantes perlas llevaron su
palabrería en el terreno de los principios los mismos líderes de nuestro "centro",
que después defendían con espumarajos en la boca a la vieja redacción!
Precisamente los artesanos — incluso en Europa Occidental, donde la
organización gremial era tan fuerte-, lo mismo que otros pequeños burgueses en
las ciudades, dieron pruebas de extraordinario espíritu revolucionario en la
época de la caída del absolutismo. Precisamente para el socialdemócrata ruso es
sobre todo absurdo repetir sin reflexionar lo que dicen sus camaradas de
Occidente sobre los artesanos de ahora, en una época alejada uno o medio siglo
de la caída del absolutismo. Decir en Rusia que los artesanos son reaccionarios
en comparación con la burguesía en el terreno de las cuestiones políticas no es
más que una frase estereotipada y aprendida de memoria.
g) Los estatutos del partido
Después del programa, el
congreso discutió los estatutos del partido (pasamos por alto la cuestión del
Órgano Central mencionada anteriormente y los informes de los delegados, cuya
mayoría, por desgracia, no pudo presentar los en forma satisfactoria). Huelga
decir que la cuestión de los estatutos tenía para todos nosotros inmensa
importancia. Porque, en efecto, Iskra
había sido desde el primer momento no sólo un órgano de prensa, sino, además,
una célula de organización. En el artículo de fondo de su número cuatro (¿Por dónde empezar?), Iskra había propuesto todo un plan de
organización, aplicándolo sistemática y continuamente
durante tres años. Cuando el II
Congreso del partido reconoció a Iskra
como Órgano Central, dos puntos de los tres que exponían los motivos de la
resolución respectiva (pág. 147) estaban consagrados precisamente a este plan de organización y a las ideas de
"Iskra" en materia de organización: a su papel en la dirección
del trabajo práctico del partido y a
su papel dirigente en la labor de unificación. Por ello es completamente
natural que no pudiera considerarse
acabada la labor de Iskra y toda la
obra de organización del partido, toda
la obra de restablecimiento efectivo
del partido, si la totalidad de éste no reconocía y no dejaba sentadas de una
forma taxativa ciertas ideas de organización. Y esta tarea debían cumplirla los
estatutos orgánicos del partido.
Las ideas fundamentales que Iskra trataba de colocar en la base de
la organización del partido se reducían, en el fondo, a las dos que damos a
continuación. La primera idea, la del centralismo, determinaba en principio el
modo de resolver el cúmulo de problemas particulares y de detalle en el terreno
de la organización. La segunda, la que se refería a la función especial del
órgano ideológico directivo, un periódico, tenía presente lo que necesitaba, de
un modo peculiar y temporal, precisamente el movimiento obrero socialdemócrata
ruso bajo la esclavitud política, a condición de crear en el extranjero una
base inicial de operaciones para la ofensiva revolucionaria. La primera idea,
que era la única de principios, debía cruzar de parte a parte los estatutos; la
segunda idea, idea particular debida a una circunstancia temporal de lugar y de
modo de acción, se expresaba en un apartamiento aparente del centralismo, en la
creación de dos centros, el Órgano
Central y el
Un paso adelante, dos pasos atrás
Comité Central. En el artículo de fondo de Iskra
(núm. 4) ¿Por dónde empezar?*, así
como en ¿Qué hacer?*, desarrollé
estas dos ideas fundamentales de la organización iskrista del partido y, por
último, las he explicado detalladamente, casi en forma de estatutos, en la Carta a un camarada. En realidad, no restaba por hacer más que sentarse
uno a redactar para dar forma a los artículos de los estatutos que debían
llevar a la práctica esas precisas ideas, si el reconocimiento de Iskra no quedaba en el papel, si no era
una frase convencional.
* Véase la presente edición, tomo I. (N. de la Edit.) *
131
h) Discusión sobre el centralismo antes de la escisión entre los
iskristas
Antes de pasar a una
cuestión interesante de verdad y que, sin duda alguna, pone al descubierto los
diversos matices de opinión respecto a la fórmula del artículo primero de los
estatutos, nos detendremos someramente algo más en la breve discusión general
de los estatutos que ocupó la sesión 14 y parte de la 15 del congreso. Como ya
he dicho, el camarada Mártov se adhirió
(pág. 157) a mi punto de vista en materia de organización, haciendo tan sólo
dos salvedades por discrepar de mí en cosas
de detalle. En cambio, tanto los antiískristas como el "centro"
se alzaron en seguida contra las dos ideas fundamentales
de todo el plan de organización de Iskra
(y, por consiguiente, de todos los estatutos): tanto contra el centralismo como
contra los "dos organismos centrales". El camarada Líber calificó mis
estatutos de "desconfianza organizada" y vio descentralización en los dos organismos centrales (lo mismo que los
camaradas Popov y Egórov). El camarada Akímov expresó el deseo de ampliar la
esfera de competencia de los comités locales, concretamente de otorgarles a
ellos mismos "el derecho de modificar su composición". "Es
preciso darles mayor libertad de acción... Los comités locales deben ser
elegidos por los militantes activos de la localidad, lo mismo que el CC es
elegido por los representantes de todas las organizaciones activas de Rusia. Y
si tampoco esto puede permitirse, que se limite entonces el número de miembros
designados por el CC para trabajar en los comités locales..." (pág. 158).
Como se ve, el camarada Akímov apunta un argumento contra la "hipertrofia
del centralismo"; pero el camarada Mártov sigue sordo a estas autorizadas
indicaciones hasta que la derrota en el problema de la composición de los
organismos centrales lo lleva a seguir a Akímov... Entonces sólo impugnaban el
"monstruoso centralismo" aquellos a quienes no convenía, evidentemente, el centralismo de Iskra: Akímov, Líber y Goldblat; los seguían con cautela y precaución (de modo que siempre pudieran
volverse atrás) Egórov (véanse las págs. 156 y
276) y demás. Entonces la inmensa mayoría del
partido aún veía con toda claridad que eran precisamente los intereses de
capilla, de círculo, del Bund y del grupo Yuzhni
Rabochi, etc., los que suscitaban la protesta contra el centralismo.
Tómese, por ejemplo, el
discurso del camarada Goldblat (págs. 160-161). Arremete contra mi
"monstruoso" centralismo que, según él, conduce al
"aniquilamiento" de las organizaciones inferiores y "está
impregnado de la tendencia a otorgar al centro un poder ilimitado, el derecho
de intervención ilimitada en todo", que reserva a las organizaciones
"el único derecho de someterse sin rechistar a lo que se les ordene desde
arriba", etc. "El organismo central estipulado en el proyecto se
encontrará en el vacío: a su alrededor no habrá periferia alguna; sólo una
especie de masa amorfa en la que se moverán sus agentes ejecutores". El
Bund que, batallando contra nuestro centralismo, concede a su propio organismo central derechos ilimitados, marcados de un
modo todavía más preciso (aunque sólo
sea, por no citar otros ejemplos, la facultad de admitir y expulsar a
militantes e incluso la de rechazar a delegados a los congresos), se ha ganado
la hilaridad del congreso.
También se ha puesto
claramente de manifiesto la división en grupos en cuanto a los dos organismos
centrales: Líber, Akímov, Popov y Egórov se han enfrentado a todos los iskristas.
Un paso adelante, dos pasos atrás
El plan de los dos
organismos centrales se desprendía lógicamente de las ideas que, en materia de
organización, había desarrollado siempre la vieja
Iskra (¡y que de palabra habían
aprobado los camaradas del tipo de Popov y Egórov!). La política de la vieja Iskra era diametralmente opuesta a
los planes de Yuzhni Rabochi, a los
planes de crear un órgano popular paralelo y convertirlo en órgano predominante
en realidad. Este es el origen de la contradicción que, a primera vista, podría
parecer extraña: por un solo organismo central, es decir, por lo que podría parecer un mayor centralismo, están todos los
antiiskristas y toda la charca. Claro que también hubo delegados (sobre todo en
la charca) que apenas si tenían clara comprensión de a donde conducirían y
tenían que conducir, por la fuerza misma de las cosas, los planes de
organización del grupo Yuzhni Rabochi,
pero los impelía al bando de los antiinkristas su propia naturaleza irresoluta
y poco segura de sí misma.
Deben destacarse de entre
los discursos pronunciados por iskristas durante estos debates (que precedieron a la escisión de los iskristas)
sobre los estatutos, los de los camaradas Mártov (la "adhesión" a mis
ideas en materia de organización) y Trotski. Este último contestó a los
camaradas Akímov y Líber. "Los estatutos —había dicho (el camarada
Akímov)— determinan la esfera de competencia del CC con bastante imprecisión.
No puedo estar de acuerdo con él. Por el contrario, esta determinación es
precisa y significa: por cuanto el partido es un todo, se hace imprescindible
asegurarle el control de la actividad de los comités locales. Empleando una
expresión mía, el camarada Líber ha dicho que los estatutos son la
"desconfianza organizada". Es verdad. Pero yo me refería con esta
expresión a los estatutos propuestos por los representantes del Bund, estatutos
que eran la "desconfianza organizada" de todo el partido por parte de
un sector del mismo. En cambio, nuestros estatutos representan la desconfianza
organizada de todos los sectores del partido por parte de éste, es decir, el
control de todas las organizaciones locales, regionales, nacionales, etc."
(158).
132
i) Articulo primero de los estatutos
Aducimos en una nota* las
fórmulas distintas que promovieron interesantes debates en el congreso. Estos
debates duraron casi dos sesiones y acabaron en dos votaciones nominales
(en todo el congreso no hubo, si no me equivoco, más que ocho votaciones
nominales, tan sólo en casos de especial importancia, por la enorme pérdida de
tiempo que suponen tales votaciones). Se había planteado una cuestión que,
indudablemente, tiene carácter de principio. El interés del congreso por los
debates era inmenso. En la votación tomaron parte todos los delegados, fenómeno
raro en nuestro congreso (como en todo gran congreso) y prueba, al mismo
tiempo, del interés de los que discutían.
* Artículo primero de mi proyecto:
"Se considerará miembro del partido a todo el que acepte su programa y
apoye al partido tanto con recursos materiales como con su participación
personal en una de las organizaciones del mismo".
Artículo primero de la
fórmula propuesta por Mártov en el congreso y aprobada por éste: "Se
considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que
acepte su programa, apoye al partido con recursos materiales y le preste su colaboración
personal bajo la dirección de una de sus organizaciones".
¿En qué consistía, pues, la
esencia de la cuestión en litigio? Ya dije en el congreso, y lo he repetido
muchas veces después, que "no considero en absoluto nuestra discrepancia
(respecto al artículo primero) tan esencial que de ella dependa la vida o la
muerte del partido. ¡No pereceremos, ni mucho menos, por un mal artículo en los
estatutos!" (250). Aunque esta discrepancia pone de manifiesto matices de
principio, en modo alguno podía producir por sí misma la divergencia (y en
realidad, hablando sin convencionalismos, la escisión) que se ha producido
después del congreso. Pero toda pequeña
discrepancia puede hacerse grande si
se insiste en ella, si se coloca en primer plano, si comenzamos a buscar todas las raíces y todas las ramificaciones de
la misma. Toda pequeña discrepancia puede adquirir inmensa importancia si sirve de punto de partida para un viraje hacia ciertos conceptos
equivocados
Un paso adelante, dos pasos atrás
y si a estos conceptos
equivocados vienen a unirse, en virtud de nuevas discrepancias adicionales,
actos anárquicos que llevan al
partido a la escisión.
Esta era precisamente la
situación en el caso que examinamos. Ahora
la cuestión está ya planteada de la
manera siguiente: ¿Se ha reflejado en la fórmula de Mártov, defendida por Axelrod, su (de él o de ellos)
inconstancia, su falta de firmeza y su vaguedad política, como dije en el
congreso del partido (pág. 333), su (de él o de ellos) desviación hacia el
jauresismo141 y el anarquismo, según suponía Plejánov
en el Congreso de la Liga (pág. 102 y otras de las actas de la Liga)? ¿O es que
mi fórmula, defendida por Plejánov, reflejaba una concepción del centralismo
equivocada, burocrática, formalista, al estilo Pompadour, no socialdemócrata? ¿Oportunismo
y anarquismo o burocracia y formalismo?: en estos términos está planteada
la cuestión ahora, cuando se ha hecho grande la pequeña divergencia. Y nosotros
debemos tener en cuenta precisamente
esta forma de plantear el problema, que los acontecimientos nos han impuesto a
todos, al examinar el fondo de los
argumentos en pro y en contra de mi fórmula.
Comencemos el examen de estos argumentos por un análisis de las
discusiones entabladas en el congreso. El primer discurso, pronunciado por el
camarada Egórov, no ofrece interés más que por su actitud (non liquet, no está todavía claro para mí, no sé aún dónde está la
verdad), muy típica de muchos delegados a quienes no les fue fácil orientarse
en un problema efectivamente nuevo, bastante complejo y de muchos pormenores.
El discurso siguiente, el del camarada Axelrod, plantea ya de entrada la
cuestión en el terreno de los principios. Es el primer discurso de esta índole;
mejor dicho, es, en general, el primer discurso del camarada Axelrod en el
congreso y cuesta trabajo tener por muy afortunado su estreno con el célebre
"profesor". "Yo creo — dijo el camarada Axelrod— que debemos
delimitar los conceptos de partido y organización. Aquí están confundidos. Esta
confusión es peligrosa". Tal es el primer argumento contra mi fórmula.
Pero fíjense más de cerca. Cuando digo que el partido debe ser una suma (y no
una simple suma aritmética, sino un
complejo) de organizaciones**,
¿quiere esto decir que yo "confundo" dos conceptos: el de partido y
el de organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo perfectamente
claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el partido, como destacamento de
vanguardia de la clase, esté lo más organizado
posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un mínimo de organización.
** La palabra "organización" suele utilizarse, en dos
sentidos: lato y estricto. En sentido estricto implica una célula de una
colectividad humana que se ha definido aunque sólo sea en grado mínimo de
forma. En el lato sentido, significa una suma de dichas células, formando un
todo. Por ejemplo: la marina, el ejército, el Estado constituyen
simultáneamente una suma de organizaciones (en el sentido estricto de la
palabra) y una variedad de organización social (en el sentido lato de la
palabra). El Departamento de Instrucción Pública es una organización (en el
lato sentido de la palabra) y consta de una serie de organizaciones (en el
sentido estricto de la palabra). Del mismo modo, un partido es también una
organización, debe ser una
organización (en el lato sentido de la palabra); pero, al mismo tiempo, un
partido debe constar de una serie de organizaciones diversas (en el sentido
estricto de la palabra). De allí que el camarada Axelrod, al hablar de la
delimitación entre los conceptos de partido y organización, no haya tenido en
cuenta, en primer lugar, esta diferencia entre el sentido lato y estricto de la
palabra organización, y, en segundo lugar, no se haya fijado en que ha echado
él mismo en un solo montón elementos
organizados y no organizados.
133
Mi contrincante, por el
contrario, confunde en el partido elementos organizados y no organizados, a los
que se dejan dirigir con los que no se dejan, a los avanzados con los atrasados
incorregibles, pues los atrasados corregibles pueden entrar en la organización.
Esta confusión es la peligrosa de
verdad. El camarada Axelrod alude luego a "las organizaciones del pasado rigurosamente conspirativas
y centralistas" (Tierra y Libertad y Libertad del
![]()
141 Jauresismo: tendencia denominada con el nombre del
socialista francés J. Jaures, que encabezaba el ala derecha, reformista, del
movimiento socialista francés. So pretexto de la reivindicación de
"libertad de crítica", los jauresistas se pronunciaban por que se
revisaran las tesis fundamentales del marxismo, predicaban la colaboración de
clases entre el proletariado y la burguesía. En 1902 los jauresistas formaron
el Partido Socialista Francés, que sustentaba posiciones reformistas.
Un paso adelante, dos pasos atrás
Pueblo)142; en torno de estas organizaciones, según dice, "se
agruparon toda una serie de personas que no formaban parte de la organización,
pero que ayudaban a ésta de una u otra forma y eran consideradas miembros del
partido... Este principio debe aplicarse en forma aún más rigurosa en la
organización socialdemócrata". Aquí hemos llegado precisamente a uno de los porqués de la cuestión: "este
principio", que autoriza llamarse miembros del partido a personas no
encuadradas en ninguna de sus organizaciones, sino que se limitan a
"ayudarle de uno u otro modo" ¿es, efectivamente, un principio
socialdemócrata? Plejánov ha dado a esta pregunta la única respuesta posible:
"Axelrod no tenía razón cuando aludía a la década del 70. Entonces existía
un centro bien organizado, con una disciplina perfecta; alrededor de él
existían organizaciones de diversa categoría que él había creado, y lo que
estaba fuera de esas organizaciones era caos y anarquía. Los elementos
integrantes de este caos daban en llamarse miembros del partido, pero la causa
no salía ganando con ello, sino perdiendo. No debemos imitar la anarquía de la
década del 70, sino evitarla". Por tanto, "este principio", que
el camarada Axelrod quería hacer pasar por socialdemócrata, es en realidad un principio anárquico. Para refutar esto
es preciso demostrar la posibilidad
del control, de la dirección y de la disciplina al margen de la organización,
hay que demostrar la necesidad de que
a los "elementos del caos" se les adjudique el título de miembros del
partido. Los defensores de la fórmula del camarada Mártov no han demostrado y
no podían demostrar ni una cosa ni otra.
Para poner un ejemplo, el camarada Axelrod ha hablado del "profesor que se considera socialdemócrata y lo
declara". Para llevar a su término la idea implícita en este ejemplo, el
camarada Axelrod debiera haber dicho luego si los mismos socialdemócratas
organizados reconocen como socialdemócrata a este profesor. No habiendo
formulado esta segunda pregunta, el camarada Axelrod ha dejado su argumentación
a medias. En efecto, una de dos: o bien los socialdemócratas organizados
consideran socialdemócrata al profesor de que tratamos, y entonces ¿por qué no
incluirlo en esta o la otra organización socialdemócrata? Sólo después de
semejante incorporación estarán "las declaraciones" del profesor en
armonía con sus actos y no serán frases hueras (que es en lo que con harta
frecuencia quedan las declaraciones de los profesores). O bien los
socialdemócratas organizados no
consideran socialdemócrata al profesor, y en este caso carece de sentido y es
absurdo y perjudicial concederle el
derecho a ostentar el título de miembro del partido, que entraña consideración
y responsabilidad. Por tanto, la cosa queda reducida precisamente a aplicar de
un modo consecuente el principio de organización o a canonizar la dispersión y
la anarquía. ¿Estamos edificando el partido, tomando por base el núcleo de socialdemócratas que ya ha sido
constituido y ha adquirido cohesión, el núcleo que ha organizado, supongamos, el congreso del partido y que debe
extender y multiplicar toda clase de organizaciones del partido, o nos
contentamos con la frase
tranquilizadora de que todos los que ayudan son miembros del partido? "Si
aceptamos la fórmula de Lenin — continuó el camarada Axelrod— echaremos por la
borda a parte de los que, aun cuando no puedan ser admitidos directamente en la
organización, son, sin embargo, miembros del partido". La confusión de
conceptos de que Axelrod quiso acusarme a mí resalta aquí en sus propias
palabras con toda claridad: tiene ya por un hecho que todos los que ayudan son miembros del partido, cuando esto es
precisamente lo que se discute, y los impugnadores tienen que demostrar aún la necesidad y la ventaja
de semejante interpretación. ¿Cuál es el contenido de esta frase, a primera
vista terrible, de echar por la borda? Si únicamente se considera miembros del
partido a los que militan en organizaciones del partido reconocidas como tales,
entonces los que no pueden ingresar "directamente" en ninguna
organización del partido podrán, sin embargo, actuar en una organización que no
sea del partido, pero que esté adherida a él. Por consiguiente, no se puede ni
hablar de arrojar por la borda en el sentido de apartar de las actividades, de
la participación en el movimiento. Por el contrario, cuanto más fuertes sean
nuestras organizaciones del partido, integradas por
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142 Tierra y Libertad, véase la nota 89. Libertad del Pueblo, véase la nota 9.
Un paso adelante, dos pasos atrás
socialdemócratas efectivos, cuanto menos vacilación e
inconstancia haya dentro del partido,
tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será la influencia
del partido en los elementos de las masas obreras que lo rodean y que él
dirige. Porque, en verdad, no se puede confundir al partido como destacamento
de vanguardia de la clase obrera con toda la clase. Y ésta es precisamente la
confusión (propia de nuestro economismo oportunista, en general) en que cae el
camarada Axelrod cuando dice: "Claro es que ante todo constituimos una
organización de los elementos más activos del partido, una organización de
revolucionarios; pero, como somos un partido de clase, debemos pensar en hacer
las cosas de manera que no queden fuera de él personas que, de un modo
consciente, aunque quizá no con plena actividad, tienen ligazón con dicho
partido".
134
Primero, entre los elementos
activos del Partido Obrero Socialdemócrata en modo alguno figurarán tan sólo
las organizaciones de revolucionarios, sino toda
una serie de organizaciones obreras reconocidas como organizaciones del
partido. Segundo ¿por qué motivo y en virtud de qué lógica podía deducirse del
simple hecho de que somos un partido de clase, que no es preciso distinguir
entre los que integran el partido y
los que tienen ligazón con él? Todo
lo contrario: precisamente porque hay diferencias en el grado de conciencia y
de actividad es necesario hacer distinción en cuanto al grado de proximidad al
partido. Nosotros somos un partido de clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra
civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe
adherirse a nuestro partido lo más posible; pero sería manilovismo143 y "seguidismo" creer que casi toda la clase o la
clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el grado de
conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su partido
socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que,
en el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más
asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en
condiciones de englobar a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la
diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que
gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia
de elevar a sectores más amplios cada vez a un nivel superior sería únicamente
engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas,
restringir nuestras tareas. Y precisamente en ese cerrar los ojos y en ese
olvidar se incurre cuando se borra la diferencia existente entre los que se
adhieren y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una
parte, y los que ayudan, por otra.
Alegar que somos un partido
de clase para justificar la
dispersión orgánica, para justificar
la confusión entre organización y desorganización significa repetir el error de
Nadiezhdin, que confundía "la cuestión filosófica e histórico-social de
las "profundas raíces" del movimiento con una cuestión técnica de
organización". Y precisamente esta confusión, que con tanta suerte inició
el camarada Axelrod, la repitieron después decenas de veces los oradores que
defendieron la fórmula del camarada Mártov. "Cuanto más se extienda el
título de miembro del partido, tanto mejor", dice Mártov, sin explicar, no
obstante, qué ventaja resulta de la amplia difusión de un título que no corresponde a su contenido. ¿Puede negarse que es una
ficción el control de los miembros del partido que no forman parte de su
organización? La amplia difusión de una ficción es nociva, y no útil.
"Sólo podemos alegrarnos de que todo huelguista, todo manifestante que
responda de sus actos pueda declararse miembro del partido" (pág. 239).
¿De verdad? ¿Cualquier huelguista debe
tener derecho a declararse miembro del partido? Con esta tesis, el camarada
Mártov lleva en el acto su error al absurdo,
rebajando el movimiento socialdemócrata al espíritu de huelga, repitiendo
las malandanzas de los Akímov. Sólo podemos alegrarnos de que la
socialdemocracia consiga dirigir cada huelga, porque la obligación directa y
absoluta de la socialdemocracia estriba en dirigir todas
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143 Manilovismo: denominación debida al nombre del
terrateniente Manílov, personaje de la obra del escritor ruso N. Gógol Las almas muertas. Es sinónimo de
placidez, sentimentalismo melifluo y fantasía ilusoria.
Un paso adelante, dos pasos atrás
las manifestaciones de la
lucha de clase del proletariado, y la huelga es una de las manifestaciones más
profundas y potentes de esta lucha. Pero seremos seguidistas si consentimos que
esta forma elemental de lucha, ipso facto
nada más que forma tradeunionista, se
identifique con la lucha socialdemócrata, multilateral y consciente. De un
modo oportunista, consagraremos una cosa
manifiestamente falsa si concedemos a todo huelguista el derecho a
"declararse miembro del partido", pues semejante
"declaración", en una
inmensidad de casos, será una declaración falsa. Nos adormeceremos con ensueños manilovianos si se nos ocurre asegurarnos a nosotros mismos y
asegurar a los demás que todo huelguista
puede ser socialdemócrata y miembro
del Partido Socialdemócrata, dada la infinita
fragmentación, opresión y embrutecimiento que, en el capitalismo, pesará
inevitablemente sobre sectores muy amplios de obreros "no
especializados", no calificados. Precisamente el ejemplo del "huelguista" muestra con singular
claridad la diferencia existente entre la
aspiración revolucionaria a dirigir de un modo socialdemócrata cada huelga y la frase oportunista que declara
miembro del partido a todo
huelguista. Nosotros somos el partido
de la clase por cuanto dirigimos, en
efecto, de un modo socialdemócrata, a casi toda e incluso a toda la clase
proletaria; pero sólo los Akímov pueden deducir de esto que tengamos que
identificar de palabra el partido y
la clase.
"No me da miedo una
organización de conspiradores" —decía el camarada Mártov en el mismo
discurso-, mas —añadía-, para mí, una organización de conspiradores sólo tiene
sentido en tanto en cuanto la rodea un amplio partido obrero socialdemócrata"
(pág. 239). Para ser exacto, debiera decir: en tanto en cuanto la rodea un
amplio movimiento obrero
socialdemócrata. Y en esta forma, la tesis del camarada Mártov no sólo es
indiscutible, sino que es una evidente perogrullada. Me detengo en este punto
únicamente porque, de la perogrullada del camarada Mártov, los oradores
siguientes dedujeron el argumento muy
corriente y muy vulgar de que Lenin quería "reducir todo el conjunto
de miembros del partido a un conjunto
de conspiradores". Tanto el camarada Posadovski como el camarada Popov
esgrimieron este argumento, que sólo puede hacer sonreír, mas cuando Martínov y
Akímov lo hicieron suyo, su verdadero carácter, es decir, el carácter de frase
oportunista quedó ya esbozado con toda claridad. Hoy día, el camarada Axelrod despliega
este mismo argumento en la nueva Iskra
para poner en conocimiento de los lectores los nuevos puntos de vista de la
nueva redacción en materia de organización.
135
En la primera sesión del congreso, cuando se trató del artículo
primero, observé ya que los impugnadores querían sacar provecho de arma tan
barata, y por esto hice en mi discurso la advertencia siguiente (pág. 240):
"No se crea que las organizaciones del partido deben constar sólo de
revolucionarios profesionales. Necesitamos organizaciones de lo más variadas,
de todos los tipos, categorías y matices, comenzando por organizaciones
extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo por organizaciones
muy amplias, libres, lose Organisationen".
Y ésta es una verdad tan evidente y lógica que tuve por superfluo detenerme en
ella. Ya lo indiqué en ¿Qué hacer? y
en la Carta a un camarada desplegué
esta idea de un modo más concreto. Los círculos de las fábricas —decía yo en
dicha carta— "tienen especial importancia para nosotros: en efecto, toda
la fuerza principal del movimiento reside en el grado de organización de los
obreros de las grandes fábricas, pues las grandes
fábricas contienen la parte de la clase obrera predominante no sólo por su
número, sino más aún por su influencia, su desarrollo y su capacidad de lucha.
Cada fábrica debe ser una fortaleza nuestra... El subcomité de fábrica debe
procurar abarcar toda la empresa, el mayor número posible de obreros en una red
de toda clase de círculos (o agentes)... Todos los grupos, círculos,
subcomités, etc. deben considerarse organismos dependientes del comité o
secciones filiales del mismo. Algunos de ellos declararán francamente su deseo
de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y, a condición de que sean aprobados por el
comité, entrarán a formar parte del partido,
asumirán determinadas funciones (por encargo del comité o de acuerdo con
él), se
Un paso adelante, dos pasos atrás
comprometerán a someterse a
las disposiciones de los organismos del partido, obtendrán los derechos de todos los miembros del partido, se
considerarán los candidatos más próximos a
miembros del comité, etc. Otros no
entrarán a formar parte del POSDR, permaneciendo en la situación de
círculos, organizados por miembros del partido o adheridos a este o el otro
grupo del partido, etc." (págs. 17-18). Las palabras que he subrayado
indican con particular claridad que la
idea que yo puse en el artículo primero estaba totalmente expresada ya en
la Carta a un camarada. Allí están
claramente indicadas las condiciones de ingreso en el partido, a saber: 1) cierto grado de
organización y 2) confirmación por un comité del partido. Una página después
indico también aproximadamente qué grupos y organizaciones y con qué criterio
deben (o no deben) ser admitidos en el partido: "Un grupo de distribuidores
debe pertenecer al POSDR y conocer a determinado número de miembros y
funcionarios suyos. Un grupo que estudie las condiciones profesionales del
trabajo y elabore tipos de reivindicaciones profesionales no está obligado a
pertenecer al POSDR. Un grupo de estudiantes, de oficiales del ejército o de
empleados que se preocupen de su formación con
la ayuda de uno o dos miembros del partido no tienen siquiera por qué saber
a veces que éstos militan en él,
etc." (págs. 18— 19).
Por el grado de organización
en general, y por el de clandestinidad de la organización en particular, pueden
distinguirse, poco más o menos, las categorías siguientes: 1) organizaciones de
revolucionarios; 2) organizaciones de obreros, lo más amplias y diversas
posible (me limito a la clase obrera, suponiendo, como cosa que se entiende por
sí misma que, en determinadas condiciones, ciertos elementos de otras clases
entrarán también en estas organizaciones). Estas dos categorías constituyen el
partido. Luego: 3) organizaciones obreras adheridas al partido; 4)
organizaciones obreras no adheridas al partido, pero subordinadas de hecho a su
control y dirección; 5) elementos no organizados de la clase obrera sometidos
también en parte, al menos en los casos de grandes manifestaciones de la lucha
de clases, a la dirección de la socialdemocracia. Así es, aproximadamente, cómo
están las cosas desde mi punto de vista. Desde el punto de vista del camarada
Mártov, las fronteras del partido quedan, por el contrario, sin delimitar en
absoluto, ya que "cualquier huelguista" puede "declararse
miembro del partido". ¿Qué provecho puede sacarse de semejante vaguedad?
La gran difusión del "título". Y el daño que causa estriba en que
siembra la idea desorganizadora de
confundir la clase con el partido.
Para ilustrar los principios
generales que hemos expuesto, daremos un somero vistazo más a los debates
entablados luego en el congreso en torno al artículo primero. La camarada
Brúker (para satisfacción del camarada Mártov) se declaró a favor de mi fórmula,
pero su alianza conmigo, a diferencia de la alianza del camarada Akímov con
Mártov, resultó estar fundada en un malentendido. La camarada Brúker "no
está de acuerdo con el conjunto de los estatutos ni con todo su espíritu"
(pág. 239) y abogó por mi fórmula como
base de la democracia deseable para los partidarios de Rabócheie Dielo. La camarada Brúker no se ha elevado aún al punto de vista de que, en la lucha política, hay
que elegir a veces el mal menor; la camarada Brúker no se fijó en que era
inútil defender la democracia en un congreso como el nuestro. El camarada
Akímov fue más perspicaz. Planteó la cuestión de un modo absolutamente exacto,
reconociendo que "los camaradas Mártov y Lenin discuten en torno a qué
fórmula alcanza mejor su fin común" (pág. 252).
136
"Brúker y yo —continúa—
queremos elegir la que menos alcanza el
fin. Yo, en este sentido, elijo la fórmula de Mártov". El camarada
Akímov explicó con franqueza que considera "irrealizable y
perjudicial" "el propio fin de ellos" (de Plejánov, de Mártov y
mío, es decir, el de crear una organización dirigente de revolucionarios); lo
mismo que el camarada Martínov*, propugna la idea de los
"economistas" de que no es precisa "una organización de
revolucionarios". El "tiene profunda fe en que la vida acabará por imponerse
en nuestra organización de partido, independientemente de que le cerréis el
camino con la fórmula de
Un paso adelante, dos pasos atrás
Mártov o con la fórmula de
Lenin". No valdría la pena detenerse en esta concepción
"seguidista" de la "vida" si no tropezáramos también con
ella en los discursos del camarada Mártov. Su segunda intervención (pág. 245)
es, en general, tan interesante que merece ser examinada en detalle.
* El camarada Martínov, por lo demás,
quiere distinguirse del camarada Akímov, quiere demostrar que conspirativo no
significa clandestino, que la diferencia existente entre estas dos palabras es
de conceptos. Pero ni el camarada Martínov ni el camarada Axelrod, que ahora
sigue sus pasos, han explicado al fin en qué consiste esa diferencia. El
camarada Martínov "hace como si" yo, por ejemplo, en ¿Qué hacer? (lo mismo que en Las tareas)
(véase la presente edición, tomo I. N. de
la Edit.) no me hubiera pronunciado terminantemente en contra de
"reducir la lucha política a una conspiración". El camarada Martínov
quiere forzar a sus oyentes a olvidar
que quienes eran el blanco de mi lucha no veían la necesidad de una organización de revolucionarios,
como tampoco la ve ahora el camarada Akímov.
Primer argumento del
camarada Mártov: el control de las organizaciones del partido sobre sus
militantes que no figuren en una de ellas "es posible por cuanto un
comité, al encargar a cualquiera una función determinada, puede controlar su
cumplimiento" (pág. 245). Tesis en extremo característica, pues
"delata", valga la expresión, a quién le hace falta y a quién
servirá, en realidad, la fórmula de
Mártov: a intelectuales sueltos o a grupos de obreros y a las masas obreras.
Porque la fórmula de Mártov puede ser interpretada de dos maneras: 1) todo el
que preste al partido de un modo regular su colaboración personal bajo la
dirección de una de sus organizaciones tiene derecho a "declararse" (palabra del mismo
camarada Mártov) miembro del partido; 2) toda organización del partido tiene derecho a reconocer como miembro
del mismo a todo aquel que le preste de un modo regular su colaboración
personal, bajo su dirección. Sólo la primera interpretación permite, en efecto,
que "todo huelguista" se llame miembro del partido, y sólo esta interpretación, por eso mismo,
se ganó en seguida los corazones de los Líber, Akímov y Martínov. Pero esta
interpretación es ya, evidentemente, una frase, porque entonces quedaría
incluida en ella toda la
clase obrera y se borraría
la diferencia entre partido y clase; tan sólo "simbólicamente" puede
hablarse de control y dirección de la actividad de "todo huelguista".
Por esta razón justamente se ha desviado en el acto el camarada Mártov hasta
caer en la segunda interpretación (aunque, dicho sea entre paréntesis, ha sido rechazada de plano por el congreso,
al no aprobar la resolución de Kóstich,144
pág. 255): el comité encomendará las funciones
y controlará su cumplimiento. Desde luego, jamás existirán semejantes encargos
especiales para la masa de los obreros, de los
millares de proletarios (de quienes hablan los camaradas Axelrod y
Martínov); pero sí se darán a menudo precisamente a los profesores que recordaba el camarada Axelrod, a los estudiantes de bachillerato que
desvelaban a los camaradas Líber y Popov (pág. 241), a la juventud revolucionaria que tenía presente el camarada Axelrod
en su segundo discurso (pág. 242). Resumiendo, o la fórmula del camarada Mártov
quedará reducida a letra muerta, a frase vacía, o servirá principalmente y de
un modo casi exclusivo "a intelectuales
imbuidos de individualismo burgués" y reacios a. ingresar en una
organización. De palabra, la fórmula
de Mártov parece defender los intereses de las extensas capas del proletariado;
pero, de hecho, esta fórmula servirá
a los intereses de la intelectualidad
burguesa, que rehúye la disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a negar que la intelectualidad, como sector especial
dentro de las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por su individualismo y su incapacidad de someterse a
la disciplina y a la organización (véanse, aunque sólo sea, los conocidos
artículos de Kautsky sobre los intelectuales); eso es, por cierto, lo que
distingue del proletariado con desventaja a este sector social; ésa es una de
las razones explicativas de la flojedad y de la inconstancia de los
intelectuales, que tantas veces ha sentido el proletariado. Y esta propiedad de
los intelectuales está inseparablemente ligada a sus
![]()
144 En la resolución de S. Zborovski
(Kóstich), rechazada por el congreso, se proponía la siguiente redacción del
artículo primero de los estatutos del partido: "Toda persona que acepte el
programa del partido y preste ayuda económica y su colaboración personal
regular al partido, bajo la dirección de una de las organizaciones del mismo,
se considerará miembro del partido".
Un paso adelante, dos pasos atrás
condiciones habituales de
vida, a las condiciones en que se ganan sus sueldos, que en muchísimos aspectos
son muy parecidas a las condiciones de existencia
pequeñoburguesa (trabajo individual o en colectividades muy pequeñas,
etc.). ¡Por último, no es tampoco un fenómeno casual el que precisamente los
defensores de la fórmula del camarada Mártov hubieran de poner ejemplos de
profesores y estudiantes de bachillerato! No fueron paladines de una amplia
lucha proletaria los que, en la discusión del artículo primero, intervinieron
contra los paladines de una organización de conspiradores radicales, como
pensaban los camaradas Martínov y Axelrod, sino que los partidarios del individualismo intelectual burgués
chocaron con los partidarios de la
organización y la disciplina proletarias.
137
El camarada Popov decía:
"En todas partes, tanto en San Petersburgo como en Nikoláiev o en Odesa,
según atestiguan representantes de estas ciudades, hay muchos obreros que hacen
circular publicaciones, realizan agitación oral y no pueden ser miembros de la
organización. Se les puede adscribir a ella, pero es imposible considerados
militantes" (pág. 241). ¿Por qué no pueden ser miembros de la
organización? Sólo el camarada Popov conoce el secreto. Ya he citado antes un
pasaje de la Carta a un camarada que
demuestra que es posible e imprescindible incluir precisamente en
organizaciones a todos estos obreros (por centenares, y no por decenas),
pudiendo y debiendo muchísimas de estas organizaciones ingresar en el partido.
Segundo argumento del
camarada Mártov: "Para Lenin, en el partido no hay otras organizaciones
que las del partido"... ¡Absolutamente exacto!... "Para mí, por el
contrario, deben existir semejantes organizaciones. La vida crea y multiplica organizaciones
con más rapidez de lo que logramos incluidas en la jerarquía de nuestra
organización combativa de revolucionarios profesionales"... esto no es
cierto en dos sentidos: 1) la "vida" crea muchas menos organizaciones
eficientes de revolucionarios que las que necesitamos, que las que precisa el
movimiento obrero; 2) nuestro partido debe ser jerarquía no sólo de las
organizaciones de revolucionarios, sino de la masa de las organizaciones
obreras... "Lenin cree que el CC sólo concederá el título de organizaciones
del partido a las que guarden completa y firme adhesión a los principios. Pero
la camarada Brúker comprende perfectamente que la vida (sic!) se impondrá y que
el CC, para no dejar fuera del partido a numerosas organizaciones, tendrá que
legalizarlas, aun cuando no sean firmes del todo: por eso se adhiere la
camarada Brúker a Lenin"... Desde luego, si el CC se compusiera obligatoriamente de individuos que no
rigen su conducta por lo que opinan ellos, sino por lo que dicen otros (véase el incidente con el CO), la
"vida" se "impondría" en el sentido de que prevalecerían
los elementos más atrasados del partido. Mas no podrá citarse ni un motivo razonable que obligue a un CC inteligente a admitir en el partido a
elementos "inseguros". ¡Precisamente
con esta alusión a la "vida" que "produce" elementos
inseguros demuestra el camarada Mártov palpablemente el carácter oportunista de
su plan de organización!... "Yo, por el contrario, creo —continúa— que si
una organización de este tipo (que no es firme del todo) está conforme en
aceptar el programa del partido y el control del partido, podemos admitirla en
él sin convertirla por ello en organización del mismo. Yo tendría por un gran
triunfo de nuestro partido el que, por ejemplo, cualquier unión de
"independientes" decidiera aceptar el punto de vista de la
socialdemocracia y su programa e ingresar en el partido, cosa que, sin embargo,
no significaría que incluiríamos dicha unión en la organización del
partido"... He ahí a qué confusión lleva la fórmula de Mártov: ¡organizaciones
sin partido que pertenecen al partido! Imaginémonos su esquema: el partido
= 1) organizaciones de revolucionarios +
2) organizaciones obreras a las que se reconoce el carácter de organizaciones
del partido + 3) organizaciones obreras a las que no se reconoce este carácter
(sobre todo, formadas por "independientes") +4) individuos encargados
de diversas funciones, profesores, estudiantes de bachillerato, etc. + 5)
"todo huelguista". Con tan excelente plan sólo pueden parangonarse
las palabras del camarada Líber: "Nuestra tarea no consiste sólo en
organizar una organización (!!); podemos y debemos organizar el partido"
Un paso adelante, dos pasos atrás
(pág. 241). Sí, desde luego,
podemos y debemos hacerlo, mas lo que se necesita para ello no son palabras sin
sentido como las de "organizar organizaciones", sino exigir directamente a los miembros del
partido que lleven a cabo en realidad una labor de organización. Hablar de "organización del partido" y
propugnar que se encubra con la palabra partido toda especie de desorganización
y dispersión es hablar por hablar.
"Nuestra fórmula —dice
el camarada Mártov— expresa la aspiración a que exista una serie de
organizaciones entre la organización de revolucionarios y la masa". No es
precisamente eso. Dicha aspiración, obligatoria en efecto, es la que no expresa la fórmula de Mártov, porque no estimula a organizarse, no contiene
la exigencia de organizarse, no separa lo organizado de lo no organizado. No da
más que un título, y a este respecto
no puede uno menos de recordar las palabras del camarada Axelrod: "No hay
decreto que pueda prohibirles a ellos (a los círculos de la juventud
revolucionaria, etc.) y a individuos sueltos que se llamen
socialdemócratas" (¡es la pura verdad!) "e incluso que se consideren
parte integrante del partido"... ¡Esto es ya falso del todo! No se puede, y carece
de objeto, prohibir que se tome el nombre de socialdemócrata, porque esta
palabra sólo expresa directamente un
sistema de convicciones, y no determinadas relaciones de organización. Se puede
y se debe prohibir a círculos e individuos sueltos "que se consideren
parte integrante del partido" cuando estos círculos e individuos
perjudican a la causa del partido, lo corrompen o desorganizan. ¡Sería ridículo
hablar de un partido como de un todo,
como de una magnitud política, si no pudiera "prohibir por decreto" a
un círculo "que se considere parte integrante" del todo! ¿Qué objeto
tendría entonces establecer un procedimiento y condiciones para la expulsión del
partido? El camarada Axelrod ha llevado en forma palpable al absurdo el error
fundamental del camarada Mártov; incluso lo ha erigido en teoría oportunista, al añadir: "en la fórmula de Lenin, el
artículo primero está en flagrante contradicción de principio con la misma
esencia
(!!) y con las tareas del Partido Socialdemócrata del
proletariado" (pág. 243). Esto significa, ni más ni menos, lo siguiente:
el exigir más del partido que de la clase está en contradicción de principio
con la esencia misma de las tareas del proletariado. No es de extrañar que
Akímov defendiera con todas sus fuerzas teoría semejante.
138
Para ser justos, hay que
hacer constar que el camarada Axelrod, deseoso ahora de convertir en embrión de nuevas opiniones esta fórmula errónea que tiende con evidencia al
oportunismo, en el congreso se mostró, por el contrario, dispuesto a
"regatear", diciendo: "Pero me doy cuenta de que estoy llamando
a una puerta abierta"... (de eso mismo me doy cuenta en la nueva Iskra)... "porque el camarada
Lenin, con sus círculos periféricos, que se consideran partes integrantes de la
organización del partido, se adelanta a lo que pido" ... (y no sólo con
los círculos periféricos, sino con toda clase de uniones obreras: cfr. la pág.
242 de las actas, el discurso del camarada Strájov y los pasajes de ¿Qué hacer? y de la Carta a un camarada que hemos citado antes). "Aún quedan los
individuos sueltos, pero también sobre este
punto podría regatearse". Yo contesté al camarada Axelrod que, hablando en
general, no era contrario a lo de regatear, y tengo que aclarar ahora en qué
sentido lo dije. Donde menos concesiones hubiera hecho yo es precisamente en lo
que se refiere a los individuos sueltos, a todos esos profesores, estudiantes
de bachillerato, etc.; pero si hubiera surgido una duda acerca de las
organizaciones obreras, yo hubiera accedido (a pesar de que, como he demostrado
más arriba, tales dudas carecen por completo de fundamento) a añadir a mi
artículo primero una nota, poco más o menos del tenor siguiente: "Las
organizaciones obreras que acepten el programa y los estatutos del Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia deberán ser incluidas, en el mayor número
posible, entre las organizaciones del partido". Claro que, hablando en
rigor, el lugar de semejante deseo no está en los estatutos, que deben
limitarse a definiciones jurídicas, sino en comentarios aclaratorios, en
folletos (y ya he dicho que en mis folletos figuraban tales aclaraciones mucho
antes de los estatutos); pero esa nota no contendría, por lo menos, ni sombra
de ideas falsas que pudieran llevar a la
Un paso adelante, dos pasos atrás
desorganización, ni sombra de las
digresiones oportunistas* ni de las
"concepciones anárquicas" sin duda implícitas en la fórmula del
camarada Mártov.
* De este tipo de digresiones, que surgen
inevitablemente cuando se trata de argumentar la fórmula de Mártov, es, en
particular, la frase del camarada Trotski (págs. 248 y 346) de que "el
oportunismo se debe a causas más complejas (o: es determinado por causas más
profundas) que tal o cual punto de los estatutos; se debe al nivel relativo de
desarrollo de la democracia burguesa y del proletariado"... No se trata de
que los puntos de los estatutos puedan dar lugar al oportunismo, sino de
forjar, con ellos, un arma más o menos afilada contra el oportunismo. Cuanto
más profundas sean sus causas, tanto más afilada deberá ser el arma. Por
consiguiente, justificar con las
"causas profundas" del oportunismo una fórmula que le abre las
puertas es el más genuino de los seguidismos. Cuando el camarada Trotski estaba
en contra del camarada Líber, comprendía que los estatutos son "la
desconfianza organizada" de la parte por el todo, del destacamento
atrasado por el de vanguardia; pero cuando el camarada Trotski resultó estar
junto al camarada Líber, se olvidó de ello e incluso llegó a justificar la
debilidad e inconstancia de la organización de esta desconfianza (desconfianza
del oportunismo) por nosotros con
"causas complejas", con el "nivel de desarrollo del
proletariado", etc. Otro argumento del camarada Trotski: “a juventud
intelectual, de uno u otro modo organizada, le es mucho más fácil incluirse (subrayado por mí) en las
listas del partido". Precisamente. Por esto adolece de vaguedad propia de
intelectuales una fórmula en virtud de la cual incluso elementos desorganizados
se declaran miembros del partido, y
no la mía, que elimina el derecho a "incluirse a sí mismo" en las listas. El camarada Trotski dice que si el
CC "no reconoce" las organizaciones de oportunistas, ello se debe
sólo al carácter de los individuos, y si estos individuos son conocidos como
personalidades políticas, no son peligrosos, se los puede alejar por medio del
boicot de todo el partido. Esto sólo es verdad en los casos cuando es preciso alejar del partido (y aun es una verdad
a medias, porque un partido organizado aleja mediante el voto y no por medio de
un boicot). Pero es absolutamente inexacto en los casos, mucho más frecuentes,
cuando es absurdo alejar, cuando es
preciso sólo controlar. Con fines de
control, el CC puede incluir intencionadamente
en el partido, con ciertas condiciones,
una organización no firme del todo, pero capaz de trabajar, para probarla, para
intentar encauzarla por el buen camino,
para paralizar mediante su dirección las desviaciones parciales, etc. Incluir
de este modo no es peligroso siempre
que no se consienta en general "incluirse a sí mismo" en las listas
del partido. Una inclusión de esta índole será muchas veces beneficiosa para
que se expresen (y se examinen) con franqueza y responsabilidad, bajo control, los puntos de vista equivocados y la
táctica equivocada. "Pero si las definiciones jurídicas han de
corresponder a las relaciones reales, la fórmula del camarada Lenin tiene que
ser rechazada", dice el camarada Trotski, y lo dice de nuevo como un
oportunista. Las relaciones reales no son una cosa muerta, pues viven y se
desarrollan. Las definiciones jurídicas pueden estar a tono con el desarrollo
progresivo de esas relaciones, pero pueden "corresponder" también (si
estas definiciones son malas) a una regresión o a un anquilosamiento. Este
último caso es precisamente el "caso" del camarada Mártov.
La última expresión, que he
citado entre comillas, pertenece al camarada Pavlóvich, quien conceptúa con
sobrada razón de anarquismo el
reconocer como militantes a elementos "irresponsables
y que se incluyen a sí mismos en el
partido". "Traducida al lenguaje corriente"
—decía el camarada Pavlóvich, explicando mi fórmula al camarada
Líber — significa: "si quieres ser miembro del partido, debes reconocer
también las relaciones de organización, y no sólo de manera platónica".
Con igual razón ha señalado el camarada Pavlóvich la contradicción existente
entre la fórmula del camarada Mártov y el principio indiscutible del socialismo
científico que con tan poca fortuna citó el mismo camarada Mártov:
139
"Nuestro partido es el intérprete consciente de un proceso
inconsciente". Exacto. Y precisamente por eso es un error pretender que
"todo huelguista" pueda adjudicarse el título de miembro del partido,
porque si "toda huelga" no fuera sólo la expresión espontánea de un
poderoso instinto de clase y de lucha de clase que conduce inevitablemente a la
revolución social, sino una expresión
consciente de ese proceso, entonces..., entonces la huelga general no sería
una frase anarquista, entonces nuestro partido englobaría en el acto y de golpe a toda la clase obrera y, por
consiguiente, también acabaría de golpe con toda
la sociedad burguesa. Para ser en
realidad intérprete consciente, el partido debe saber establecer unas relaciones de organización que aseguren determinado nivel de conciencia
y eleven sistemáticamente este nivel. "De ir por el camino de Mártov —dijo
el camarada Pavlóvich-, hay que suprimir ante todo el punto relativo al
reconocimiento del programa, porque
para aceptar un programa es menester asimilarlo y comprenderlo... El
reconocimiento del programa está condicionado por un nivel bastante elevado de
conciencia política". Nunca consentiremos que el apoyo a la socialdemocracia, la
participación en la lucha que ella dirige, se vean limitadas artificialmente por ninguna exigencia, cualquiera que sea
(asimilación, comprensión, etc.), porque esa misma participación, por el mero hecho de manifestarse, eleva tanto la conciencia como los
instintos de organización; pero ya que nos
hemos agrupado en un partido para un trabajo metódico, debemos preocuparnos
de asegurar que sea metódico.
Un paso adelante, dos pasos atrás
Inmediatamente, en el transcurso de esa
misma sesión, se vio que no estaba de más la advertencia del camarada
Pavlóvich acerca del programa. Los camaradas Akímov y Líber, que habían hecho
triunfar la fórmula del camarada Mártov*, descubrieron en el acto su verdadera naturaleza, al exigir (págs. 254-255) que
(para "ser miembro" del partido) se reconociera también el programa
tan sólo de un mudo platónico, tan sólo en sus "principios
fundamentales". "La propuesta del camarada Akímov es absolutamente
lógica desde el punto de vista del camarada Mártov", advirtió el camarada
Pavlóvich.
* Obtuvo 28 votos a favor y 22 en contra.
De los ocho antiiskristas, siete votaron por Mártov y uno por mí. Sin el
auxilio de los oportunistas, el camarada Mártov no hubiera podido hacer
triunfar su fórmula oportunista.
***
La división de votos que se
produjo con motivo del artículo primero de los estatutos puso de manifiesto un
fenómeno absolutamente del mismo tipo que el que se observó en el incidente con
motivo de la igualdad de las lenguas: el hecho de que se apartase de la mayoría
iskrista la cuarta parte (aproximadamente) de sus componentes permitió el
triunfo de los antiiskristas, seguidos del "centro".
Los puntos "j", "k" y "1" han sido
suprimidos de la presente edición porque contienen casi exclusivamente una
descripción de las pequeñas discusiones en torno a pormenores de los estatutos
o con motivo de la composición de los organismos centrales del partido. Ni lo
uno ni lo otro ofrece interés para el lector de hoy ni reviste importancia para
aclarar las discrepancias entre la "minoría" y la
"mayoría". Aducimos únicamente el final del punto "1", que
se refiere a un problema de táctica tratado ya en el II Congreso:
Una
discusión de fondo interesante, pero demasiado breve, por desgracia, se entabló
con motivo de la resolución de Starovier sobre los liberales. El congreso la
aprobó, según puede verse por las firmas que figuran a su pie (págs. 357 y
358), porque tres partidarios de la "mayoría" (Braun, Orlov, Osipov)
votaron tanto por ella como por la
resolución de Plejánov, sin percatarse de la irreductible contradicción que
existía entre ambas. A primera vista, no hay entre ellas contradicción
irreductible, porque la de Plejánov sienta un principio general, expresa una
actitud determinada de principio y de táctica respecto al liberalismo burgués en Rusia, y la de Starovier trata de determinar
las condiciones concretas en que son
admisibles "acuerdos temporales" con “tendencias liberales o
democráticas liberales". Ambas resoluciones versan de temas distintos.
Pero la de Starovier adolece precisamente de vaguedad política, siendo por ello fútil y mezquina. No define el contenido de clase del
liberalismo ruso, no indica determinadas
tendencias políticas que le sirven de expresión, no explica al proletariado sus tareas fundamentales de propaganda y agitación respecto a estas tendencias
determinadas, confunde (en virtud de su vaguedad) cosas tan distintas como el
movimiento estudiantil y Osvobozhdenie,145 prescribe con excesiva menudencia, de un modo casuístico, tres condiciones concretas en las que
pueden admitirse "acuerdos temporales". También en este caso, como en
muchos otros, la vaguedad política conduce a la casuística. La falta de un
principio general y el intento de enumerar las "condiciones" lleva a
que éstas se indiquen de un modo mezquino y, hablando en rigor, inexacto. En efecto, véanse esas tres
condiciones de Starovier: 1) "Las tendencias liberales o democráticas
liberales" deben "decir de un modo claro e inequívoco que en su lucha
contra el gobierno autocrático se colocan resueltamente al lado de la
socialdemocracia de Rusia". ¿En qué consiste la diferencia existente entre
las tendencias liberales y las tendencias democráticas liberales? La resolución
![]()
145 "Osvobozhdenie" ("Emancipación"): revista quincenal
que se editó en el extranjero desde 1902 hasta 1905 bajo la redacción de P.
Struve; fue órgano de la burguesía liberal rusa. En 1903, en torno a la revista
empezó a agruparse (y en enero de 1904 se formó) la Unión de Emancipación, que
existió hasta octubre de 1905. Los adeptos de Osvobozhdenie constituyeron luego el núcleo del Partido Demócrata
Constitucionalista que se formó en octubre de 1905 y fue el partido principal de la burguesía monárquica liberal
de Rusia.
Un paso adelante, dos pasos atrás
no contiene dato alguno que
permita contestar a esta pregunta. ¿No consistirá la diferencia en que las
tendencias liberales expresan la posición de los sectores de la burguesía menos
progresistas en el sentido político en tanto que las tendencias democráticas
liberales expresan la posición de los sectores más progresistas de la burguesía
y de la pequeña burguesía? Si es así, ¿¿cree posible el camarada Starovier que
los sectores menos progresistas (pero progresistas pese a todo, pues de otro
modo no cabría hablar de liberalismo) de la burguesía "se pondrán
resueltamente al lado de la socialdemocracia"?? Esto es absurdo, y aun
cuando los representantes de semejante tendencia "lo dijeran de un modo claro e inequívoco" (hipótesis
absolutamente imposible), nosotros, partido del proletariado, estaríamos
obligados a no dar crédito a sus declaraciones. Ser liberal y ponerse
resueltamente al lado de la socialdemocracia son cosas que se excluyen
mutuamente.
140
Y aún más. Supongamos que las "tendencias liberales o
democráticas liberales" declaren de un modo claro e inequívoco que, en su
lucha contra la autocracia, se ponen "resueltamente al lado de los socialistas-revolucionarios. Esta
hipótesis es mucho menos inverosímil que la del camarada Starovier (en virtud
del fondo democrático-burgués de la tendencia de los
socialistas-revolucionarios). Por el sentido de su resolución, en virtud de su
vaguedad y carácter casuístico, resulta que en
tal caso no son admisibles acuerdos temporales con semejantes liberales. Y,
sin embargo, esta consecuencia inevitable de la resolución del camarada
Starovier lleva a una tesis francamente
falsa. Los acuerdos temporales son también admisibles con los socialistas—
revolucionarios (véase la resolución del congreso sobre ellos), y, por consiguiente, con los liberales que
se pusieran al lado de los socialistas— revolucionarios.
Segunda condición: si dichas
tendencias "no incluyen en sus programas reivindicaciones que estén en
pugna con los intereses de la clase obrera y de la democracia en general o
reivindicaciones que ofusquen su conciencia". Se repite el mismo error: no
ha habido ni puede haber tendencias democráticas liberales que no incluyan en
sus programas reivindicaciones que no estén en pugna con los intereses de la
clase obrera y no ofusquen su conciencia (la conciencia del proletariado).
Incluso una de las fracciones más democráticas de nuestra tendencia democrática
liberal, la fracción de los socialistas -revolucionarios, presenta en su
programa, embrollado como todos los programas liberales, reivindicaciones que
están en pugna con los intereses de la clase obrera y que ofuscan su
conciencia. De ahí se debe deducir que es imprescindible
"desenmascarar la estrechez e insuficiencia del movimiento de liberación
de la burguesía", pero en modo alguno que sean inadmisibles los acuerdos
temporales.
Por último, también la
tercera "condición" del camarada Starovier (que los demócratas
liberales hagan consigna de su lucha el derecho al sufragio universal, igual,
secreto y directo) es falsa en la
forma general que se le ha dado: no sería
razonable, en caso alguno, declarar inadmisibles
acuerdos temporales y particulares con las tendencias democráticas liberales
que propugnaran la consigna de una constitución restrictiva, una constitución
"enteca" en general. En el fondo, precisamente a este caso correspondería
la "tendencia" de los señores del grupo Osvobozhdenie, pero sería miopía política, incompatible con los
principios del marxismo, atarse las manos, prohibiendo con antelación los
"acuerdos temporales" aunque fuera con los liberales más tibios.
En resumen: la resolución
del camarada Starovier, firmada también por los camaradas Mártov y Axelrod, es equivocada, y el tercer congreso
procederá con buen juicio si la anula. Adolece de vaguedad política en su
posición teórica y táctica y de casuística en las "condiciones"
prácticas que exige. Confunde dos
cuestiones distintas: 1) el desenmascaramiento de los rasgos
"antirrevolucionarios y antiproletarios" de toda tendencia democrática liberal, así como la obligación de
luchar contra estos rasgos y 2) la condición
que hace posibles los acuerdos
temporales y particulares con cualquiera de dichas
Un paso adelante, dos pasos atrás
tendencias. No da lo que
hace falta (un análisis del contenido de clase del liberalismo) y da lo que no
hace falta (prescripción de "condiciones"). En un congreso del
partido es, en general, absurdo poner "condiciones" concretas para acuerdos
temporales cuando ni siquiera se ha presentado todavía ningún negociador
concreto para el posible acuerdo. Y aunque existiera tal
"negociador", sería cien veces más racional dejar que fueran los
organismos centrales del partido quienes pusieran las "condiciones"
del acuerdo temporal, como lo ha hecho el congreso en lo que se refiere a la
"tendencia" de los señores socialistas-revolucionarios (véase la
modificación introducida por Plejánov al final de la resolución del camarada
Axelrod, págs. 362 y 15 de las actas).
Por lo que se refiere a las objeciones de la "minoría"
contra la resolución de Plejánov, el único argumento del camarada Mártov decía:
la resolución de Plejánov "termina en una deducción mísera: hay que
desenmascarar a un hombre de letras. ¿No será eso "querer matar moscas a
mazazos"?" (pág. 358). Este argumento, en el que la ausencia de ideas
se disfraza con la mordaz expresión de "mísera deducción", nos
proporciona una nueva muestra de frase presuntuosa. Primero, la resolución de
Plejánov habla de "desenmascarar ante el proletariado la estrechez y la
insuficiencia del movimiento de liberación de la burguesía en todos los puntos
en que se manifiesten esa estrechez y esa insuficiencia". De aquí que la
afirmación del camarada Mártov (en el Congreso de la Liga, pág. 88 de las
actas) de que "toda la atención debe concentrarse únicamente en Struve, en
un solo liberal" sea una tontería de lo más simple. Segundo, comparar al
señor Struve con una "mosca", cuando se trata de la posibilidad de
acuerdos temporales con los liberales rusos, significa sacrificar al sarcasmo
algo que es de elemental evidencia política. No, el señor Struve no es una
mosca, sino una magnitud política, y no es una magnitud por ser personalmente
una figura muy destacada. El valor de magnitud política se lo da su posición,
su posición de único representante del liberalismo ruso, del liberalismo con
cierta organización y capacidad de actuar en el mundo de la clandestinidad. Por
eso, hablar de los liberales rusos y de la actitud de nuestro partido respecto
a ellos y no tener en cuenta precisamente al señor Struve, precisamente a Osvobozhdenie, es hablar por hablar. ¿O
quizás pruebe el camarada Mártov a indicamos
aunque sólo sea una "tendencia liberal o democrática liberal" en
Rusia que pueda compararse, al menos
de lejos y en el momento actual, con la tendencia de Osvobozhdenie? ¡Sería curioso ver tentativa semejante!
141
"Nada significa el
nombre de Struve para los obreros", afirmaba el camarada Kostrov en apoyo
del camarada Mártov. Esto, dicho sea sin el propósito de molestar al camarada
Kostrov ni al camarada Mártov, es un argumento a lo Akímov. Como lo del proletariado
en caso genitivo.146
¿Para qué obreros "no
significa nada el nombre de Struve" (ni el de Osvobozhdenie, citado en la resolución del camarada Plejánov junto
al del señor Struve)? Para los obreros que conocen muy poco o no conocen en
absoluto las "tendencias liberales y democráticas liberales" de
Rusia. Cabe preguntar: ¿debe consistir la actitud del congreso de nuestro
partido con semejantes obreros en encargar a los miembros del partido que hagan
conocer a estos obreros la única tendencia definidamente liberal que existe en
Rusia o en callar un nombre poco conocido de los obreros precisamente porque
ellos saben poco de política? Si el camarada Kostrov, después de dar el primer
paso tras el camarada Akímov, no quiere dar el segundo, tal vez resuelva este
dilema optando por lo primero. Y en cuanto lo haya resuelto en este primer
sentido, verá cuán endeble era su argumento. En todo caso, las palabras
![]()
146 Lenin se refiere al discurso pronunciado
por el "economista" V. P. Akímov en el II Congreso del POSDR, el
cual, al criticar el proyecto de programa del partido propuesto por Iskra, se valió, entre otros, del
argumento de que la palabra "proletariado" no figuraba en el programa
como sujeto, sino como complemento. A juicio de Akímov, en esto se manifestaba
la tendencia a aislar el partido de los intereses del proletariado.
Un paso adelante, dos pasos atrás
"Struve" y "Osvobozhdenie", de la resolución de
Plejánov, pueden dar a los obreros mucho más que las palabras "tendencia
liberal y democrática liberal" de la resolución de Starovier.
Sólo por Osvobozhdenie puede conocer en la
práctica el obrero ruso, en el momento actual, las tendencias políticas,
expresadas de manera más o menos abierta, de nuestro liberalismo. Las
publicaciones liberales de carácter legal no sirven, en este caso, precisamente
por su nebulosidad. Y nosotros debemos dirigir con el mayor celo (y ante las
masas obreras más amplias posible) el filo de nuestra crítica contra los
elementos de Osvobozhdenie para que,
en el momento de la revolución que se avecina, el proletariado ruso sepa
detener con la verdadera crítica de las armas las inevitables tentativas de los
señores de Osvobozhdenie de cercenar
el carácter democrático de la revolución.
m)
Cuadro general de la
lucha en el congreso. El ala revolucionaria y el ala oportunista del partido
Ahora debemos hacer el
resumen para contestar, basándonos en todos
los datos que proporciona el congreso, a la pregunta siguiente: ¿cuáles fueron
los elementos, grupos y matices que formaron la mayoría y la minoría destinadas
a constituir durante cierto tiempo la división fundamental de nuestro partido?
Es necesario hacer el resumen de todos los datos que sobre matices de
principios, de teoría y de táctica ofrecen con tanta abundancia las actas del
congreso. Sin este "resumen" general, sin un cuadro general de todo
el congreso y de todos los agrupamientos más importantes en las votaciones,
estos datos quedarán demasiado fragmentados y dispersos, pareciendo a primera
vista que los diversos agrupamientos han sido obra de la casualidad, sobre todo
a quien no se tome la molestia de estudiar
por su cuenta en todos los aspectos las actas del congreso (pero ¿serán muchos
los lectores que se hayan tomado esta
molestia?).
En los diarios de sesiones
del Parlamento de Inglaterra se encuentra con frecuencia la típica palabra división. La Cámara "se ha
dividido" en tal mayoría y tal minoría, se dice al hablar de la votación
de un asunto determinado. La "división" de nuestra cámara
socialdemócrata, en las diversas cuestiones tratadas en el congreso, nos
proporciona un cuadro, único en su género
e insustituible por lo completo y exacto, de la lucha interna que se
entabló en el partido, un cuadro de
sus matices y grupos. Para dar evidencia a este cuadro, para obtener un cuadro verdadero y no un
amontonamiento de hechos y pequeños hechos sin ilación, fragmentados y aislados; para poner término a las disputas sin fin
ni sentido sobre las diversas votaciones (quién votó a quién y quién apoyó a
quién), he decidido intentar representar en forma de diagrama todos los tipos fundamentales de "división" habidos en nuestro congreso.
Es probable que tal procedimiento parezca extraño a muchos, pero dudo que pueda
encontrarse otra forma de exposición que sintetice y formule en realidad los
resultados, que sea más completa y más exacta. En las votaciones nominales se
puede precisar con absoluta exactitud si este o el otro delegado ha votado a
favor o en contra de determinada propuesta; y en algunas votaciones importantes
no nominales puede averiguarse esto, por medio de las actas, con un grado
inmenso de probabilidad, con suficiente aproximación a la verdad. Y si, al
hacerlo, se tienen en cuenta todas
las votaciones nominales y no nominales en las que se trató de puntos de alguna
importancia (a juzgar, verbigracia, por lo detallado del examen y el
acaloramiento de las discusiones), obtendremos una imagen de la lucha interna
de nuestro partido que tendrá la máxima objetividad posible de alcanzar con los
materiales de que disponemos. Al hacerlo, en lugar de presentar una imagen
fotográfica, es decir, en lugar de dar cada votación por separado, procuraremos
describir un cuadro, es decir, dar a conocer todos los tipos principales de votaciones, omitiendo las que no encajan en el
cuadro y las variantes que carecen relativamente de
Un paso adelante, dos pasos atrás
importancia y que sólo
podrían embrollar las cosas. En todo caso, cualquiera podrá comprobar en las
actas cada trazo de nuestro cuadro, completarlo con cualquier votación aislada
y, en suma, criticarlo no sólo con razonamientos, dudas e indicaciones sobre
casos aislados, sino pintando otro cuadro
basado en los mismos datos.
142
Al hacer figurar en el
diagrama a cada uno de los delegados que tomaron parte en las votaciones,
representaremos gráficamente, de un modo distinto, los cuatro grupos
fundamentales que hemos ido observando escrupulosamente a lo largo de los
debates del congreso, a saber: 1) iskristas de la mayoría; 2) iskristas de la
minoría; 3) "centro", y 4) antiiskristas. En multitud de ejemplos hemos visto la diferencia de matices de
principio existente entre estos grupos, y si a alguien le disgustan los nombres que les hemos dado, por
recordar demasiado a los aficionados a los recovecos la organización de Iskra y la tendencia de Iskra, les advertiremos que no se trata
del nombre. Ahora, cuando hemos observado ya los matices en todos los debates
del congreso, pueden sustituirse fácilmente las denominaciones arraigadas ya y
habituales en el partido (pero que hieren ciertos oídos) por la definición de la esencia del matiz de cada grupo.
Al hacerlo, los cuatro grupos mencionados recibirían las denominaciones
siguientes: 1) socialdemócratas revolucionarios consecuentes;
2)
pequeños
oportunistas; 3) oportunistas medios, y 4) grandes oportunistas (grandes a
nuestra escala rusa).
Pasemos a exponer con
detalle los tipos de votaciones "fotografiados" en el diagrama
adjunto (véase el diagrama "Cuadro general de la lucha desplegada en el
congreso".)
El primer tipo de votaciones
(A) comprende los casos de unión del "centro" a los iskristas contra
los antiiskristas o contra parte de éstos. Fueron de este tipo la votación del
programa en su conjunto (se abstuvo sólo el camarada Akímov; los demás votaron
a favor), la votación de la resolución de principio contra la federación (todos
a favor, menos los cinco bundistas), la votación del artículo segundo de los
estatutos del Bund (en contra nuestra votaron los cinco bundistas; hubo cinco
abstenciones: Martínov, Akímov, Brúker y Májov con dos votos; los demás votaron
a favor de nosotros); esta votación es la
representada en la franja A del diagrama. Del mismo tipo fueron luego las
tres votaciones sobre la ratificación de Iskra
para Órgano Central del partido; la
redacción (cinco votos) se abstuvo; en las tres votaciones se pronunciaron en
contra dos personas (Akímov y Brúker) y, además, al votarse los motivos de la
ratificación de Iskra, se abstuvieron
los cinco bundistas y el camarada Martínov*.
* ¿Por qué hemos elegido para el diagrama
precisamente la votación del artículo 2 de los estatutos del Bund? Porque las
votaciones relacionadas con la aprobación de Iskra son menos completas, y las relacionadas con el programa y la
federación atañen a acuerdos políticos menos determinados y concretos. En
general, elegir una u otra votación entre toda una serie del mismo tipo en nada
modificaría los trazos fundamentales del cuadro, como podrá persuadirse todo el
que haga las modificaciones respectivas.
El tipo de votación que
acabamos de examinar da respuesta a una pregunta de extraordinario interés e
importancia: ¿cuándo votó con los iskristas el "centro" del congreso?
Cuando, salvo raras excepciones, estaban
también con nosotros los antiiskristas (aprobación del programa,
ratificación de Iskra, prescindiendo
de los motivos), o cuando se trataba de declaraciones
que aún no obligan directamente a tomar una posición política determinada
(reconocer el trabajo de organización de Iskra
aún no obliga a poner en práctica su política en materia de organización
respecto a los grupos particulares; rechazar la federación no impide aún
abstenerse cuando se trata de un proyecto concreto de federación, como hemos
visto en el ejemplo del camarada Májov). Ya hemos visto antes, al hablar de la
significación de los agrupamientos en el congreso en general, de qué manera tan
inexacta se enfoca este problema en la exposición oficial de la Iskra oficial que (por boca del camarada
Mártov) borra y vela la diferencia
entre iskristas y "centro", entre los socialdemócratas
revolucionarios consecuentes y los
oportunistas, ¡alegando los casos en que
también los antiiskristas fueron con nosotros! Ni los oportunistas alemanes
y franceses más "derechistas" de los partidos socialdemócratas votan en contra de puntos como la adopción del programa en su conjunto.
Un paso adelante, dos pasos atrás
![]()
143
Los números con + y –
representan el total de votos emitidos en pro o en contra de ciertas
cuestiones. Los guarismos al pie de las franjas representan el número de votos
de cada uno de los cuatro grupos. El tipo de la votación representada por las
letras A-E se explica en el texto
El segundo tipo de
votaciones (B) abarca los casos en que los iskristas, consecuentes e
inconsecuentes, se unieron contra todos los antiiskristas y todo el
"centro". Estos casos se refieren principalmente a las cuestiones en
que se trataba de aplicar los planes concretos y determinados de la política
iskrista, en que se trataba de reconocer a Iskra
en la práctica y no sólo de palabra. A este grupo pertenece el incidente con el Comité de Organización*,
el planteamiento en primer lugar de
la situación del Bund en el partido, la disolución del grupo Yuzhni Rabochi, las dos votaciones sobre
el programa agrario y, por último, en sexto lugar, la votación contra la Unión
de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero (Rabócheie
Dielo), es decir, el reconocimiento de la Liga como única organización del
partido en el extranjero.
* Esta es precisamente la votación que representa la franja B: los
iskristas obtuvieron treinta y dos votos, y la resolución del delegado del
Bund, dieciséis, Es de notar que entre las votaciones de este tipo no hay ni
una sola nominal. Tan sólo dos géneros de datos nos indican, con enorme grado
de verosimilitud, la distribución de los delegados: 1) en los debates, los
oradores de los dos grupos de iskristas se declaran a favor, y los oradores de
los antiiskristas y del centro, en contra; 2) el número de votos "a
favor" siempre se aproxima mucho a treinta y tres, Tampoco debemos olvidar
que, al analizar los debates del congreso, señalamos, también fuera de las
votaciones, toda una serie de casos en que el "centro" se unió a los
antiiskristas (a los oportunistas) contra nosotros, como sucedió al tratarse
del valor absoluto de las reivindicaciones democráticas, del apoyo a los
elementos oposicionistas, de la limitación del centralismo, etc.
El viejo espíritu de círculo, anterior a
la formación del partido, los intereses de organizaciones o grupitos
oportunistas y una concepción estrecha del marxismo luchaban allí contra la
Un paso adelante, dos pasos atrás
política, firme y
consecuente en los principios, de la socialdemocracia revolucionaria; los
iskristas de la minoría estuvieron todavía a nuestro lado en toda una serie de
casos, en toda una serie de votaciones de suma importancia (desde el punto de
vista del Comité de Organización, de Yuzhni
Rabochi y de Rabócheie Dielo)...,
mientras no se trató de su propio espíritu de círculo, de su propia
inconsecuencia. Las "divisiones" en el tipo de votación que
examinamos demuestran de un modo evidente que en una serie de cuestiones
concernientes a la aplicación de nuestros principios, el centro estaba al lado de los antiiskristas, se encontraba mucho
más próximo a ellos que a nosotros, mucho más inclinado de hecho al ala oportunista
que al ala revolucionaria de la
socialdemocracia. Los "iskristas" de nombre, que se
avergonzaban de serlo, ponían al
desnudo su naturaleza, y la inevitable lucha despertaba no poca irritación que
impedía a los espíritus menos reflexivos y más impresionables ver el sentido de
los matices de principio manifiestos en esa lucha. Pero ahora, cuando se ha
aplacado un tanto el ardor de la pelea y han quedado las actas como extracto
objetivo de una serie de reñidas batallas, ahora sólo quien cierre los ojos
dejará de ver que no era ni podía ser casualidad la unión de los Májov y los
Egórov con los Akímov y los Líber.
El tercer tipo de votaciones del congreso, que comprende las
tres últimas franjas de las cinco del diagrama (a saber: C, D, y E), se
caracteriza por el hecho de que una
pequeña parte de los iskristas se separa y paga al lado de los antiiskristas,
que vencen por eso mismo (mientras permanecen
en el congreso). Para seguir con plena exactitud el desarrollo de esta célebre
coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas, cuya sola mención hacía
a Mártov lanzar histéricos mensajes en el congreso, citamos los tres tipos
fundamentales de votaciones nominales
de esta clase. C. es la votación de la igualdad de las lenguas (tomamos la
tercera y última votación nominal de
este punto por ser la más completa). Todos los antiiskristas y todo el centro
se levantan como una muralla contra nosotros, y de los iskristas se separa una
parte de la mayoría y una parte de la minoría. No puede verse aún qué iskristas son capaces de una coalición sólida y
definitiva con la "derecha" oportunista del congreso. Sigue la votación del tipo D, relativa al
artículo primero de los estatutos (hemos tomado la más definida de las dos
votaciones, es decir, la que no registró ninguna abstención). La coalición adquiere mayor realce y se hace
más sólida: todos los iskristas de la minoría están ya al lado de Akímov y Líber; de los iskristas de
la mayoría lo están muy pocos, compensando su falta el paso a nuestro lado de
tres delegados del "centro" y uno de los antiiskristas. Una simple
ojeada al diagrama bastará para convencerse de qué elementos eran los que, por
casualidad y temporalmente, pasaban ora a un lado ora a otro, y cuáles iban con fuerza irresistible hacia una firme coalición con los Akímov. En
la última votación (E, elecciones para el Órgano Central, para el CC y para el Consejo del Partido), que representa precisamente la división
definitiva en mayoría y minoría, se ve con claridad la fusión completa de
la minoría iskrista con todo el "centro" y con los
restos de los antiiskristas. De los ocho antiiskristas sólo quedaba entonces en
el congreso la camarada Brúker (a la cual el camarada Akímov había explicado ya
su error y la cual había ocupado en las filas de los martovistas el lugar que por derecho le correspondía). La retirada
de los siete oportunistas más
"derechistas" decidió la suerte de las elecciones en contra de
Mártov*.
* Los siete oportunistas que se retiraron del II Congreso fueron
los cinco bundistas (el Bund se separó del partido en el II Congreso, después
de haberse rechazado el principio federativo) y dos de Rabócheie Dielo: el camarada Martínov y el camarada Akímov. Estos
últimos se retiraron del congreso cuando se reconoció a la Liga iskrista por
única organización del partido en el extranjero, es decir, que la Unión de
Socialdemócratas Rusos en el Extranjero, afecta a Rabócheie Dielo, fue disuelta. (Nota de Lenin a la edición de 1907.
N. de la Edit.)
144
Hagamos ahora un resumen del
congreso, basándonos en datos objetivos de las votaciones de todo tipo.
Se ha hablado mucho del
carácter "casual" de la mayoría de nuestro congreso. Este es el único
argumento con que se ha consolado el camarada Mártov en su De nuevo en minoría. El diagrama muestra claramente que en un
sentido, sólo en un sentido, puede considerarse que la mayoría fue obra de la
casualidad, a saber: en el de que puede afirmarse que los siete
Un paso adelante, dos pasos atrás
elementos más oportunistas
de la "derecha" se
retiraron por casualidad. En lo que
tenga de casual esta retirada, nada más que en eso es también obra de la
casualidad nuestra mayoría. Una simple ojeada al diagrama demuestra mejor que
largas digresiones al lado de quién habrían estado y debieron haber estado esos siete delegados**. Pero cabe preguntar
¿hasta qué punto puede considerarse casual la retirada de esos siete? Esto es
algo que a los de la mayoría aficionados a hablar de la "casualidad"
no les agrada preguntarse. Les molesta la pregunta. ¿Es casual que se retiraran
los más acérrimos representantes del ala derecha de nuestro partido, y no del
ala izquierda? ¿Es casual que se
retiraran los oportunistas y no los socialdemócratas revolucionarios
consecuentes? ¿No guardará esta retirada "casual" cierta relación con la lucha contra el ala
oportunista que se sostuvo durante todo el congreso y que con tanta evidencia
queda señalada en nuestro diagrama?
** Más adelante veremos que, después del congreso, tanto el camarada
Akímov como el comité de Vorónezh, el más afín
al camarada Akímov, expresaron francamente sus simpatías por "la minoría".
Basta formular estas
preguntas desagradables para la minoría y tendremos claro qué hecho se oculta
tras las habladurías de que la mayoría se formó por casualidad. El hecho
indudable e indiscutible de que la minoría estaba formada por los miembros de
nuestro partido más propensos al oportunismo. Constituyeron la minoría los
elementos del partido menos firmes desde el punto de vista teórico, menos
consecuentes en el terreno de los principios. Formó la minoría precisamente el
ala derecha del partido. La división en mayoría y minoría es continuación
directa e inevitable de la división de la socialdemocracia en revolucionaria y
oportunista, en Montaña y Gironda,147 que
no es de ayer, que no sólo existe en el partido obrero ruso y que, seguramente,
no desaparecerá mañana.
Este hecho tiene cardinal
importancia para explicar las causas y vicisitudes de las divergencias. Tratar
de eludir este hecho, negando o
disimulando la lucha desplegada en el congreso y los matices de principio en
ella señalados significa extenderse uno mismo el certificado de la más completa
pobreza mental y política. Y para refutar
ese hecho hay que demostrar, primero,
que el cuadro general de las votaciones y "divisiones" que hubo en el
congreso de nuestro partido no es como yo lo he expuesto; hay que demostrar, segundo , que los equivocados en el fondo de todas las cuestiones por las que
"se dividió" el congreso eran
los socialdemócratas revolucionarios más consecuentes, que en Rusia llevan el
nombre de iskristas.
El hecho de que la minoría
estuviese constituida por los elementos más oportunistas, menos firmes y menos
consecuentes del partido contesta, entre otras, a muchas dudas y objeciones que
dirige a la mayoría gente que conoce poco el asunto o no ha pensado bastante en
la cuestión. ¿No es mezquino, se nos dice, explicar la divergencia por un pequeño error del camarada Mártov y del camarada
Axelrod? Sí, señores, el error del camarada Mártov fue pequeño (y yo lo señalé
ya en el congreso, en el ardor de la lucha); pero de ese pequeño error podía resultar (y resultó) un gran daño, pues el camarada Mártov se dejó arrastrar
por delegados que habían cometido toda una serie de errores, que habían
demostrado en toda una serie de cuestiones su propensión al oportunismo y su
poca rectitud en el terreno de los principios. Hecho individual y sin
importancia fue que los camaradas Mártov y Axelrod mostrasen veleidad; pero no
fue ya un hecho individual, sino de
partido y de no poca importancia
la formación de una minoría muy significativa de todos los elementos menos firmes,
de todos los que no reconocían en absoluto la tendencia de Iskra y luchaban abiertamente contra ella o la reconocían de
palabra mientras que, de hecho, iban muy a menudo con los antiiskristas.
¿No es ridículo explicar la divergencia con el argumento
de que predominan el viejo espíritu rutinario de círculo y la mentalidad
revolucionaria filistea en el pequeño círculo de la vieja
![]()
147 Véase la nota 16
Un paso adelante, dos pasos atrás
redacción de Iskra? No, no es ridículo porque en
apoyo de ese espíritu individual de círculo se levantó cuanto hubo luchado en nuestro partido, durante todo el
congreso, por el espíritu de círculo en
todas sus formas, cuanto, en general,
no había podido elevarse por encima de
la mentalidad revolucionaria pequeñoburguesa, cuanto alegaba el carácter
"histórico" del mal de la mentalidad filistea y del espíritu de
círculo para justificar y mantener este mal. Tal vez pudiera considerarse aún
casualidad el que los intereses estrictamente de círculo triunfaran sobre el
partidismo sólo en un pequeño círculo: el de la redacción de Iskra; pero no fue una casualidad que se
levantaran en recia muralla para defender ese espíritu de círculo los camaradas
Akímov y Brúker, que tenían en igual aprecio (si no en más) la
"continuidad histórica" del célebre comité de Vorónezh y de la famosa
"Organización Obrera" de San Petersburgo, 148 que se levantaran los camaradas Egórov
para llorar el "asesinato" de Rabócheie
Dielo con tanta amargura (si no con más) como el "asesinato" de
la vieja redacción, que se levantaran
los camaradas Májov, etc., etc. Dime con quién andas y te diré quién eres, dice
la sabiduría popular. Dime quién es tu aliado político, quién vota por ti y te
diré cuál es tu fisonomía política.
145
El pequeño error del camarada Mártov y del camarada Axelrod
seguía y podía seguir siendo pequeño mientras no servía de punto de arranque
para una firme alianza entre ellos y
toda el ala oportunista de nuestro partido; mientras, en virtud de esta
alianza, no conducía a que el oportunismo se reanimara, a que se tomaran el desquite todos aquellos
contra quienes luchaba Iskra y que
estaban dispuestos a desahogar ahora
con inmenso gozo toda su rabia en los
partidarios consecuentes de la socialdemocracia revolucionaria. Lo ocurrido
después del congreso ha conducido precisamente a que, en la nueva Iskra, veamos justamente que el
oportunismo se reanima, que los Akímov y las Brúker se toman el desquite (véase
la hoja del comité de Vorónezh), que los Martínov se entusiasman y, por fin
(¡por fin!), se les permite cocear en la odiada Iskra al odiado "enemigo" por todos los viejos agravios.
De por sí, la división del
congreso (y del partido) en ala izquierda y derecha, en ala revolucionaria y
oportunista, no sólo no representaba aún nada terrible ni nada crítico, sino ni
siquiera anormal en absoluto. Por el contrario, el último decenio de la
historia de la socialdemocracia rusa (y no sólo rusa) llevaba de un modo fatal
e ineludible a esta división. Que el motivo de esta última fuera una serie de
errores bien pequeños del ala
derecha, de discrepancias bien insignificantes (relativamente), es una
circunstancia que (aun chocando a un observador superficial y a un espíritu
filisteo) significaba un gran paso
adelante de todo el conjunto de nuestro partido. Antes discrepábamos en
grandes problemas que, a veces, hasta podían
justificar una escisión; ahora estamos ya de acuerdo en todo lo grande e
importante; ahora sólo nos separan matices,
por los cuales se puede y se debe discutir, pero sería absurdo y pueril
separarse (como ya ha dicho con sobrada razón el camarada Plejánov en el
interesante artículo Qué es lo que no hay
que hacer, artículo del que aún hemos de volver a hablar). Ahora, cuando la conducta anárquica de
la minoría después del congreso casi
ha llevado al partido a la escisión, es frecuente encontrar a sabihondos que
dicen: ¿acaso valía la pena, en general, luchar en el congreso por pequeñeces
como el incidente con el Comité de Organización, la disolución del grupo Yuzhni Rabochi o Rabócheie Dielo, el artículo primero, la disolución de la vieja
redacción, etc.? Quien así razona introduce precisamente el punto de vista de
círculo en los asuntos del partido; la lucha de matices es, en el partido, inevitable y necesaria mientras no lleve
a la anarquía y la escisión, mientras no rebase los límites admitidos de común acuerdo por todos los camaradas y
miembros del partido. Y nuestra lucha
contra el ala derecha del partido en el
congreso , contra Akímov y Axelrod, contra
Martínov y Mártov en nada rebasó esos
límites. Bastará recordar, aunque sólo sea, que cuando los camaradas
Martínov y Akímov se retiraron del congreso, todos estábamos
![]()
148 El
comité de Vorónezh y la "Organización Obrera" de San Petersburgo estaban en las manos de los
"economistas" y ocupaban una posición hostil con relación a la Iskra
leninista y a su plan orgánico de edificar el partido marxista.
Un paso adelante, dos pasos atrás
dispuestos a
desterrar como fuese la idea de "agravio", todos adoptamos (por treinta y dos votos) la resolución del
camarada Trotski que invitaba a estos camaradas a darse por satisfechos con las
explicaciones y a retirar su declaración.
(Los puntos "n" y "ñ" han sido suprimidos de
la presente edición porque en ellos se describe la lucha entablada con motivo
de la composición personal de los organismos centrales después del congreso, o
sea, algo donde, lo que menos hubo, fueron cuestiones de principios, y lo que
más, intrigas.)
o) La nueva "Iskra". El oportunismo en las
cuestiones de organización
Para analizar la posición de
principios de la nueva Iskra hay que
tomar por base, sin duda, dos artículos del camarada Axelrod*. Ya hemos
explicado detalladamente más arriba la significación concreta** de toda una
serie de sus palabrejas favoritas; ahora hemos de procurar abstraernos de esa
significación concreta y calar en el curso del pensamiento que ha llevado a la
"minoría" (por uno u otro motivo fútil y mezquino) a adoptar
precisamente estas y no otras consignas, hemos de examinar la significación de
estas consignas en el terreno de los principios, independientemente de su
origen, independientemente de la "cooptación". Hoy vivimos bajo el
signo de las concesiones: hagamos, pues, una concesión al camarada Axelrod y
"tomemos en serio" su "teoría".
* Estos artículos se incluyeron en la
recopilación Dos años de "Iskra",
parte II, pág. 122 y siguientes. (San Petersburgo, 1906.) (Nota del autor para
la edición de 1907. N. de la Edit.)
** Esta "significación
concreta" se refiere a la lucha desplegada en el congreso y después de
éste en torno a la composición personal de los organismos centrales; la
descripción de esta lucha ha sido omitida en la presente edición.
La tesis fundamental del
camarada Axelrod (núm. 57 de Iskra)
es la siguiente: "Nuestro movimiento llevaba implícitas desde el primer
instante dos tendencias opuestas, cuyo antagonismo recíproco no podía menos de
progresar y reflejarse en él paralelamente a su propio desarrollo". A
saber: "En principio, el objetivo proletario del movimiento (en Rusia) es
el mismo que el de la socialdemocracia occidental". Pero en nuestro país
la influencia sobre las masas obreras emana "de un elemento de la sociedad
extraño a ellas": la intelectualidad radical. Así pues, el camarada
Axelrod hace constar que en nuestro partido existe un antagonismo entre las
tendencias proletarias y las tendencias radicales de la intelectualidad.
146
En eso al camarada Axelrod
le asiste toda la razón. No hay duda de que tal antagonismo existe (y no sólo
en el Partido Socialdemócrata de Rusia). Más aún: todo el mundo sabe que este
antagonismo explica precisamente en gran medida la división de la socialdemocracia
contemporánea en socialdemocracia revolucionaria (o sea, ortodoxa) y
socialdemocracia oportunista (revisionista, ministerialista, reformista),
división que se ha manifestado por completo asimismo en Rusia durante los
últimos diez años de nuestro movimiento. Todo el mundo sabe también que es
precisamente la socialdemocracia ortodoxa la que expresa las tendencias
proletarias del movimiento, mientras que la socialdemocracia oportunista
expresa las tendencias democráticas de la intelectualidad.
Pero al abordar de lleno
este hecho notorio, el camarada Axelrod empieza a retroceder temeroso. No hace el menor intento de analizar cómo se ha
manifestado esta división en la historia de la socialdemocracia rusa, en
general, y en el congreso de nuestro partido, en particular, ¡aunque escribe
precisamente con motivo del congreso! Lo mismo que toda la redacción de la
nueva Iskra, el camarada Axelrod da
muestras de temer como a la muerte a
las actas de este congreso. Y no debe extrañarnos, después de cuánto hemos
dicho más arriba; pero, tratándose de un "teórico" que pretende
estudiar las diversas tendencias de nuestro movimiento, es un caso original de fobia a la verdad. Desdeñando, por esta
particularidad que le caracteriza, los datos más recientes y más exactos sobre
las tendencias
Un paso adelante, dos pasos atrás
de nuestro movimiento, el
camarada Axelrod busca la salvación en la esfera de los dulces sueños:
"Puesto que el marxismo legal o semimarxismo —dice— ha dado un jefe
literario a nuestros liberales ¿por qué no ha de proporcionar la traviesa
historia a la democracia burguesa revolucionaria un jefe procedente de la
escuela del marxismo ortodoxo, revolucionario?" A propósito de este sueño,
grato al camarada Axelrod, sólo podemos decir que si la historia hace a veces
travesuras, ello no justifica las
travesuras de pensamiento de quien analiza esa misma historia. Cuando el
jefe del semimarxismo dejaba traslucir al liberal, las personas que querían (y
sabían) calar en sus "tendencias" no apelaban a las posibles
travesuras de la historia, sino a decenas y centenares de ejemplos de la
mentalidad y lógica de ese jefe, a las peculiaridades de toda su fisonomía
literaria que delataban la proyección del marxismo en las publicaciones
burguesas. Pero si el camarada Axelrod, que ha empezado a analizar "las
tendencias revolucionarias en general y las tendencias proletarias en nuestro
movimiento", no ha sabido dar a conocer ni demostrar con nada, absolutamente con nada, ciertas tendencias en tales y
cuales representantes de esa, por él odiada, ala ortodoxa del partido, con ello
lo único que ha hecho ha sido extenderse a sí mismo un solemne certificado de pobreza. ¡Muy mal deben irle ya las cosas
al camarada Axelrod cuando no le queda más
remedio que apelar a las posibles travesuras de la historia!
La otra invocación del
camarada Axelrod —a los "jacobinos"— es más instructiva aún. El
camarada Axelrod no ignora, probablemente, que la división de la
socialdemocracia contemporánea en revolucionaria y oportunista ha dado pie,
hace ya tiempo, y no solamente en Rusia, "a analogías históricas con la
época de la Gran Revolución Francesa". El camarada Axelrod no ignora,
probablemente, que los girondinos de la
socialdemocracia contemporánea recurren siempre y en todas partes a los
términos de "jacobinismo", "blanquismo", 149 etc., para calificar a sus adversarios.
No imitemos, pues, al camarada Axelrod en su fobia a la verdad y veamos si las
actas de nuestro congreso contienen datos para analizar y comprobar las
tendencias y analogías que estamos examinando.
Primer ejemplo. La discusión
del programa en el congreso del partido. El camarada Akímov ("de acuerdo
por completo" con el camarada Martínov) declara: "Si se compara el
párrafo sobre la conquista del poder político (sobre la dictadura del proletariado)
con los análogos de todos los demás programas socialdemócratas, veremos que ha
sido redactado de un modo que puede interpretarse, y en efecto ya ha sido
interpretado por Plejánov, en el sentido de que el papel de la organización
dirigente deberá relegar a segundo plano a la clase por ella dirigida y aislar
a la primera de la segunda. Y la definición de nuestras tareas políticas es,
por tanto, exactamente igual que la hecha por Libertad del Pueblo (pág. 124 de
las actas). El camarada Plejánov y otros iskristas reprochan en sus réplicas al
camarada Akímov el oportunismo que practica. ¿No creerá el camarada Axelrod que
esta discusión nos demuestra (en realidad, y no en imaginarias travesuras de la
historia) el antagonismo existente entre los
modernos jacobinos y los modernos girondinos
de la socialdemocracia? ¿Y no habrá hablado
el camarada Axelrod de jacobinos porque se encuentra (debido a los errores
en que ha incurrido) entre los girondinos de la socialdemocracia?
Segundo ejemplo. El camarada
Posadovski plantea la "seria discrepancia" que existe sobre la
"cuestión fundamental" del "valor absoluto de los principios
democráticos" (pág. 169). Niega con Plejánov que tengan valor absoluto.
Los líderes del "centro" o de la charca (Egórov) y de los
antiiskristas (Goldblat) se alzan resueltamente contra esto, creyendo que
Plejánov "imita la táctica burguesa" (pág. 170): ésta es precisamente la idea del camarada Axelrod sobre la
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149
Blanquismo: corriente del movimiento socialista
francés encabezada por Luis Augusto Blanqui (1805-1881), eminente
revolucionario y destacado representante del comunismo utópico francés.
Los blanquistas negaban la
lucha de clases, sustituían la labor del partido revolucionario con acciones de
un puñado de conspiradores, no tenían en cuenta la situación concreta necesaria
para el triunfo de la insurrección y desdeñaban el contacto con las masas.
Un paso adelante, dos pasos atrás
relación entre la ortodoxia y la tendencia burguesa, con la única diferencia de que Axelrod
deja esta idea en el aire, mientras que Goldblat la relaciona con determinados
debates. Preguntamos una vez más: ¿no creerá el camarada Axelrod que esta
discusión nos muestra asimismo de manera
palpable en nuestro congreso del partido el antagonismo existente entre
jacobinos y girondinos de la socialdemocracia contemporánea? ¿No gritará el
camarada Axelrod contra los jacobinos porque se ve entre los girondinos?
147
Tercer ejemplo. La discusión
sobre el artículo primero de los estatutos. ¿Quién defiende "las tendencias proletarias en nuestro
movimiento", quién subraya que el obrero no teme la organización, que el proletario no
simpatiza con la anarquía, que aprecia el estímulo de la consigna
"¡Organizaos!"? ¿Quién pone en guardia contra la intelectualidad
burguesa, impregnada de oportunismo hasta la médula? Los jacobinos de la socialdemocracia. ¿Y quién mete de contrabando
en el partido a la intelectualidad radical, quién se preocupa de los
profesores, de los estudiantes de bachillerato, de los individuos solitarios,
de la juventud radical? El girondino
Axelrod con el girondino Líber.
¡Con qué poca habilidad se
defiende el camarada Axelrod de la "falsa acusación de oportunismo"
que se extendió públicamente en el congreso de nuestro partido contra la
mayoría del grupo Emancipación del Trabajo! ¡Se defiende de manera que confirma
la acusación, con su cantilena de la manida tonadilla bernsteiniana sobre el
jacobinismo, el blanquismo, etc.! Grita acerca del peligro que representa la
intelectualidad radical para poner sordina a sus propios discursos en el
congreso del partido que rezuman solicitud por esa misma intelectualidad.
Las "terribles
palabras" de jacobinismo, etc., no expresan absolutamente nada más que oportunismo. El jacobino,
indisolublemente ligado a la organización
del proletariado consciente de sus
intereses de clase, es precisamente el
socialdemócrata revolucionario. El girondino que echa de menos a los
profesores y a los estudiantes de bachillerato, que teme la dictadura del
proletariado y sueña con el valor absoluto de las reivindicaciones democráticas
es precisamente el oportunista. Los
oportunistas son los únicos que pueden todavía, en la época actual, ver un
peligro en las organizaciones de conspiradores, cuando la idea de reducir la
lucha política a un complot ha sido refutada y desechada hace mucho por la
vida, cuando se ha explicado y repetido hasta la saciedad la cardinal
importancia de la agitación política de masas. El fundamento real del miedo a
la conjuración, al blanquismo no está en uno u otro rasgo manifiesto del
movimiento práctico (como desde hace tiempo y en vano intentan demostrar
Bernstein y compañía), sino en la timidez girondina del intelectual burgués
cuya psicología se abre paso tantas veces entre los socialdemócratas
contemporáneos. Nada más cómico que estos pujos de la nueva Iskra por decir algo nuevo (dicho en su tiempo centenares de veces), previniendo
contra la táctica de los revolucionarios conspiradores de Francia en los años
cuarenta y sesenta (núm. 62, artículo de fondo).150 Es posible que en el próximo número de Iskra los girondinos de la socialdemocracia contemporánea nos
muestren a un grupo de conspiradores franceses de los años cuarenta para
quienes era una noción elemental, estudiada y aprendida hacía tiempo, la
importancia de la agitación política entre las masas obreras, la importancia de
los periódicos obreros como bases de la influencia del partido sobre la clase.
La propensión de la nueva Iskra a repetir con machaconería cosas
archisabidas, presentándolas como palabras nuevas, no tiene, por cierto, nada
de casual; es consecuencia inevitable de la situación en que se encuentran
Axelrod y Mártov, que han ido a parar al ala oportunista de nuestro partido.
Situación obliga. Tienen que repetir frases oportunistas,
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150 Lenin alude al artículo de L. Mártov
aparecido en Iskra bajo el titulo ¿Es así
como hay que prepararse?, en el que Mártov se opuso a la preparación de la
insurrección armada en toda Rusia, considerándola una utopía y una conjuración.
Un paso adelante, dos pasos atrás
retroceder para
tratar de encontrar en un pasado remoto
alguna justificación de su postura, imposible de defender desde el punto de
vista de la lucha en el congreso y de los matices y divisiones del partido que
se han señalado en él. A la sabihondez de Akímov sobre el jacobinismo y el
blanquismo une el camarada Axelrod las jeremiadas del mismo Akímov, quien se
queja de que "unilaterales", demasiado "apasionados", etc.,
etc., han sido no sólo los "economistas", sino también los
"políticos". Citando se leen los grandilocuentes razonamientos sobre
esa torna en la nueva Iskra, que
pretende vanidosamente estar por encima de todas esas parcialidades y
apasionamientos, se pregunta uno con complejidad: ¿A quiénes toman por modelo?
¿Dónde han oído hablar así?.151
¿Quién no sabe que la división de los socialdemócratas rusos en economistas y
políticos hace ya tiempo que pasó a la historia? Repasen la Iskra del año o los dos años últimos que
precedieron al congreso del partido y verán que la lucha contra el
"economismo" se atenúa y cesa ya por completo en 1902, verán que, por
ejemplo, en julio de 1903 (núm. 43) se hablaba de los tiempos del
"economismo" como de algo "definitivamente pasado", se
consideraba el "economismo" "definitivamente enterrado", y
los apasionamientos de los políticos evidente atavismo. ¿Por qué, pues, vuelve
la nueva redacción de Iskra a esa
división enterrada para siempre? ¿Es que hemos luchado en el congreso contra
los Akímov por los errores que cometieron hace dos años en Rabócheie Dielo? Si hubiésemos procedido así, seríamos tontos de
remate.
148
Pero todo el mundo sabe que
no hemos procedido así, que hemos luchado contra los Akímov en el congreso, y
no por sus viejos errores en Rabócheie
Dielo, enterrados para siempre, sino por los nuevos errores en que han incurrido al formular sus
razonamientos y al emitir sus votos en el congreso. No es la posición que
adoptaron en Rabócheie Dielo , sino
en el congreso, la que nos ha servido para juzgar de cuáles son los errores
superados de verdad y cuáles los que persisten y originan la necesidad de
discusiones. Para el tiempo del congreso no existía ya la antigua división en
economistas y políticos, pero continuaban existiendo aún diversas tendencias
oportunistas que se manifestaron en los debates y votaciones sobre una serie de
cuestiones y que, al fin y al cabo, llevaron a una nueva división del partido
en "mayoría" y "minoría". Todo el quid de la cuestión
estriba en que la nueva redacción de Iskra,
por razones fáciles de comprender, trata de velar el nexo de esta nueva
división con el oportunismo que se observa hoy
en nuestro partido y, por lo mismo, se ve obligada a retroceder de la nueva a
la vieja división. La incapacidad de explicar el origen político de la nueva
división (o el deseo, por espíritu de concesión, de velar* este origen) obliga
a volver a machacar lo ya repetido con machaconería a propósito de la vieja
división, que pasó hace ya tiempo a la historia. Todo el mundo sabe que la
nueva división tiene por base la divergencia en cuestiones de organización, que
empezó por una controversia sobre los principios de ésta (artículo primero de
los estatutos) y terminó en una "práctica" digna de los anarquistas.
La antigua división en economistas y políticos tenía por base un desacuerdo en
problemas, principalmente, de táctica.
* Véase el artículo de Plejánov sobre el
"economismo" en el núm. 53 de Iskra.
Por lo visto, en el subtítulo de este artículo se ha escapado una pequeña
errata. En lugar de "pensando en voz alta en el II Congreso del
partido", hay que leer, evidentemente, "en el Congreso de la Liga", o quizás "en la cooptación". En el mismo
grado en que es oportuno hacer una concesión, en ciertas condiciones, al
tratarse de pretensiones personales, es inadmisible (desde el punto de vista de
partido y no desde el punto de vista filisteo) confundir los problemas que
preocupan al partido, sustituir la cuestión del nuevo error de Mártov y
Axelrod, quienes comenzaron a virar de la ortodoxia hacia el oportunismo, con
la cuestión del viejo error (que nadie, salvo la nueva Iskra, recuerda hoy) de los Martínov y los Akímov, los cuales quizá
estén ahora dispuestos a virar del oportunismo hacia la ortodoxia en muchos
problemas del programa y de la táctica.
Dejando así los problemas
más complejos, esenciales y de verdadera actualidad en la vida del partido para
tratar problemas hace tiempo resueltos y replanteados de manera artificiosa, la
nueva Iskra trata de justificar su
retirada con una cómica sabihondez que no puede recibir otra denominación que
la de seguidismo. Por obra y gracia del camarada Axelrod, en todos los escritos
de la nueva Iskra preside la profunda
"idea" de que el contenido
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151 Lenin cita aquí la poesía de Mijaíl Lérmontov El periodista, el lector y el escritor.
Un paso adelante, dos pasos atrás
es más importante que la forma, de que el programa y la táctica
son más importantes que la organización, de que "la vitalidad de la
organización es directamente proporcional al volumen y a la importancia del
contenido que aporta al movimiento", de que el centralismo no es
"algo que se baste a sí mismo", no es un "talismán
universal", etc., etc. ¡Grandes, profundas verdades! El programa, en
efecto, es más importante que la táctica, y la táctica es más importante que la
organización. El alfabeto es más importante que la etimología, y la etimología
más que la sintaxis: pero ¿qué podría decirse de quienes son suspendidos en el
examen de sintaxis y luego se ufanan y presumen de tener que repetir el curso?
El camarada Axelrod ha razonado como un oportunista sobre cuestiones de
principio en materia de organización (artículo primero), en organización ha
obrado como un anarquista, y ahora ahonda la socialdemocracia: ¡no están
maduras las uvas! Propiamente ¿qué es la organización? Una forma nada más. ¿Qué
es el centralismo? No es un talismán. ¿Qué es la sintaxis? Tiene menos
importancia que la etimología, no es más que la forma de unir los elementos de
la etimología... ¿No convendrá el camarada Alexándrov con nosotros — pregunta
triunfalmente la nueva redacción de Iskra-,
si decimos que el congreso ha contribuido mucho más a centralizar la labor del
partido redactando su programa que adoptando sus estatutos, por muy perfectos
que parezcan estos últimos?" (núm. 56, suplemento). Es de esperar que este
enunciado clásico adquiera una notoriedad histórica no menos vasta ni menos
sólida que las famosa frase del camarada Krichevski de que la socialdemocracia,
como la humanidad, se plantea siempre tareas realizables. Esta sabihondez de la
nueva Iskra es exactamente de la
misma estofa. ¿Por qué es blanco de las burlas la frase del camarada
Krichevski? Porque, con una trivialidad que él quería hacer pasar por
filosofía, justificaba el error en cuestiones de táctica y la incapacidad de
cierta parte de los socialdemócratas para plantear como es debido las tareas
políticas. Exactamente lo mismo justifica la nueva Iskra el error de cierta parte de los socialdemócratas en problemas
de organización y la veleidad propia de intelectuales de ciertos camaradas que
los ha llevado a la fraseología anarquista; ¡lo justifica con la trivialidad de
afirmar que el programa es más importante que los estatutos, y las cuestiones
programáticas más que las de organización! Pues bien, ¿no es esto seguidismo?
¿No es esto presumir por haberse quedado a repetir el curso?
149
La adopción del programa
contribuye más que la de los estatutos a centralizar el trabajo. Esta
trivialidad, que se quiere hacer pasar por filosofía, trasciende a intelectual
radical mucho más próximo al decadentismo burgués que a la socialdemocracia.
Porque, en esta célebre frase, el verbo centralizar está tomado ya en un
sentido completamente simbólico. Si
los autores de esta frase no saben pensar o no quieren hacerlo, que recuerden,
por lo menos, el simple hecho de que la adopción del programa con los bundistas,
lejos de centralizar nuestra labor común, ni siquiera nos ha preservado de la
escisión. La unidad en cuestiones de programa y en cuestiones de táctica es una
condición indispensable, pero aún insuficiente para unificar el partido, para
centralizar la labor del partido. (¡Dios santo, qué cosas tan elementales hay
que repetir con machaconería en estos tiempos de confusión de todos los
conceptos!) Para centralizar hace falta, además, unidad orgánica, inconcebible
en un partido que rebase, por poco que sea, los límites de un círculo familiar
y no tenga estatutos aprobados, ni subordinación de la minoría a la mayoría, ni
subordinación de la parte al todo. Mientras carecíamos de unidad en las
cuestiones fundamentales del programa y de la táctica, decíamos sin rodeos que
vivíamos en una época de dispersión y de círculos, declarábamos francamente que
antes de unificamos teníamos que deslindar los campos; ni hablábamos siquiera
de formas de organización conjunta, tratábamos exclusivamente de las nuevas cuestiones
(entonces realmente nuevas) de la lucha contra el oportunismo en materia de
programa y de táctica. Ahora, esta lucha, según lo confesamos todos, ha
asegurado ya suficiente unidad, formulada en el programa y en las resoluciones
del partido sobre táctica; ahora teníamos que dar el paso siguiente y, de común
acuerdo, lo hemos dado: hemos
Un paso adelante, dos pasos atrás
elaborado las formas de una organización única que
aglutina a todos los círculos. ¡Se nos ha hecho retroceder hacia una conducta
anarquista, hacia una fraseología anarquista, hacia el restablecimiento del
círculo en lugar de la redacción del órgano del partido, y este paso atrás se
justifica diciendo que el alfabeto contribuye más a formar la oración correcta
que el conocimiento de la sintaxis!
La filosofía del seguidismo,
que prosperaba hace tres años en las cuestiones de táctica, renace ahora
aplicada a las de organización. Vean este razonamiento de la nueva redacción:
"La orientación socialdemócrata combativa —dice el camarada Alexándrov— no
debe ser aplicada en el partido tan sólo por la lucha ideológica, sino también
por determinadas formas de organización". La redacción nos alecciona:
"No está mal esta confrontación de la lucha ideológica y de las formas de
organización. La lucha ideológica es un proceso, mientras que las formas de
organización son sólo... formas" (¡lo juro, así está impreso en el
suplemento del núm. 56, pág. 4, al pie de la primera columna!) "que deben
envolver un contenido cambiante, en desarrollo: el trabajo práctico, en
desarrollo, del partido". Esto es ya lo del cuento de que el proyectil es
proyectil y la bomba es bomba. ¡La lucha ideológica es un proceso, y las formas
de organización son sólo formas envolventes de un contenido! De lo que se trata
es de saber si nuestra lucha ideológica estará envuelta en formas más elevadas,
las formas de una organización del partido obligatoria para todos o en las
formas de la antigua dispersión y del antiguo esparcimiento en círculos. Se nos
ha hecho retroceder de formas más elevadas a formas más primitivas, y esto se
justifica afirmando que la lucha ideológica es un proceso, y las formas son
sólo formas. Exactamente del mismo modo el camarada Krichevski nos hacía
retroceder en sus tiempos de la táctica-plan a la táctica-proceso.
Vean estas frases presuntuosas de la nueva Iskra sobre la "autoeducación del proletariado", frases
dirigidas contra quienes, según se afirma, son capaces de no ver el contenido
tras la forma (núm. 58, artículo de fondo). ¿No es esto un akimovismo número
dos? El akimovismo número uno justificaba el atraso de cierta parte de los
intelectuales socialdemócratas en lo que se refiere a plantear cuestiones de
táctica, invocando un contenido más "profundo" de la "lucha
proletaria", invocando la autoeducación del proletariado. El akimovismo
número dos justifica el atraso de cierta parte de les intelectuales
socialdemócratas en los problemas de la teoría y la práctica de la organización
con el no menos profundo argumento de que la organización no es sino una forma,
y lo esencial es la autoeducación del proletariado. El proletariado no teme la
organización ni la disciplina, ¡sépanlo esos señores que se preocupan tanto del
hermano menor! El proletariado no va a cuidarse de que los señores profesores y
estudiantes de bachillerato que no quieran entrar en ninguna organización sean
considerados miembros del partido porque trabajen bajo el control de una de sus
organizaciones. La vida entera del proletariado lo educa para la organización
de un modo mucho más radical que a muchos intelectualoides. El proletariado, a
poco que comprenda nuestro programa y nuestra táctica, no justificará el atraso
en la organización, aduciendo que la forma es menos importante que el
contenido. No es el proletariado, sino algunos
intelectuales encuadrados en nuestro partido quienes adolecen de falta de autoeducación en materia de organización y disciplina, en materia de hostilidad y
desprecio a la fraseología anarquista. Los Akímov número dos calumnian de igual
manera al proletariado, al decir que éste no está preparado para la
organización, lo mismo que lo calumniaron los Akímov número uno diciendo que no
estaba preparado para la lucha política. El proletario que se haya hecho
socialdemócrata consciente y se sienta miembro del partido rechazará el seguidismo
en materia de organización con el mismo desprecio con que ha rechazado el
seguidismo en los problemas de táctica.
150
Vean, por último, la profundidad de pensamiento del
"Práctico" de la nueva Iskra:
"Interpretada en su verdadero sentido, la idea de una
organización "combativa" centralista
Un paso adelante, dos pasos atrás
— dice— que unifique y centralice la actividad (subrayado por la hondura de la sapiencia) "de
los revolucionarios, no toma, naturalmente, cuerpo sino en el caso de que esta
actividad exista" (¡nuevo e
ingenioso!); "la misma organización, como forma" (¡escuchen,
escuchen!) "no puede desarrollarse sino simultáneamente" (subrayado por el autor, como en los demás
casos de esta cita) "con el desarrollo del trabajo revolucionario que
constituye su contenido" (núm. 57). ¿No recuerda esta, una vez más, a
aquel héroe de la poesía épica popular que, al ver un cortejo fúnebre, decía:
Ojalá tengáis siempre uno que llevar? De seguro que no se encontrará en nuestro
partido ni un sólo militante práctico (sin comillas) que no comprenda que es
precisamente la forma de nuestra actividad (es decir, la organización) la que
hace tiempo está atrasada del contenido, terriblemente atrasada, y que los
gritos a los rezagados: "¡Al paso! ¡No os adelantéis!", no pueden
venir sino de los Juan Lanas que militan en él. Traten de comparar, aunque sólo
sea, por ejemplo, a nuestro partido con el Bund. No cabe la menor duda de que el contenido* del trabajo de nuestro
partido es infinitamente más rico, más variado, más amplio y más profundo que
en el Bund.
* Por no hablar ya de que el
contenido del trabajo de nuestro partido ha sido fijado en el congreso (en
el programa, etc.) en el espíritu de la socialdemocracia revolucionaria sólo a costa de luchar contra esos mismos
antiiskristas y contra esa misma charca, cuyos representantes predominan
numéricamente en nuestra "minoría".
Su amplitud teórica es mayor; su programa está más desarrollado;
su influencia sobre las masas obreras (y no sólo sobre los artesanos
organizados) es más vasta y más profunda; la propaganda y la agitación son más
variadas; el palpitar del trabajo político es más vivo en los militantes de
vanguardia y en los militantes de la base; los movimientos populares, con motivo de las manifestaciones y de las huelgas
generales, son más grandiosos; la actividad entre las capas no proletarias es
más enérgica. Pero ¿y la "forma"? La "forma" de nuestra
labor está atrasada, en comparación con la del Bund, hasta un punto
inadmisible; está atrasada hasta el punto de que salta a la vista y saca los
colores de vergüenza a todo el que tome a pecho los asuntos de su partido. El
retraso de la organización del trabajo, en comparación con su contenido, es
nuestro punto flaco, y lo era ya mucho antes del congreso, mucho antes de que
se constituyera el Comité de Organización. El estado rudimentario y efímero de la
forma no permite seguir haciendo progresos serios en el desarrollo del
contenido, provoca un estancamiento vergonzoso, lleva a malgastar las fuerzas y
hace que los actos no correspondan a las palabras. Todos están hartos de sufrir
de esta incongruencia, ¡y ahora los Axelrod y los "Prácticos" de la
nueva Iskra vienen a predicarnos el
profundo pensamiento de que la forma debe desarrollarse de un modo natural sólo
a la par del contenido!
A esto conduce un pequeño
error en materia de organización (artículo primero), si se pone uno a ahondar en la necedad y a buscar un
argumento filosófico para una frase oportunista. ¡Pasito a pasito, con tímido
zigzag!:152 ya hemos oído esta tonadilla aplicada a
los problemas de táctica; ahora la oímos aplicada a los problemas de
organización. El seguidismo en cuestiones
de organización es un producto natural e inevitable de la psicología del individualista anarquista, cuando este
último empieza a erigir en sistema de
concepciones, en peculiares divergencias de principio sus
desviaciones anarquistas (quizá accidentales en un comienzo). En el Congreso de
la Liga hemos visto los comienzos de este anarquismo; en la nueva Iskra vemos tentativas de erigirlo en
sistema de concepciones. Estas tentativas confirman admirablemente lo que ya se
dijo en el congreso del partido sobre la diferencia de puntos de vista que hay
entre el intelectual burgués, adherido a la socialdemocracia, y el proletario
que ha adquirido conciencia de sus intereses de clase. Por ejemplo, ese mismo
"Práctico" de la nueva Iskra,
cuya profundidad de pensamiento ya conocemos, me echa en cara el que yo me
imagine el partido "como una enorme fábrica" con un director, el
Comité Central, a su frente (núm. 57, suplemento). El "Práctico" no
sospecha siquiera que la terrible palabra por él lanzada nos descubre al punto
la psicología de un intelectual burgués que no
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152 Palabras del satírico Himno
del socialista ruso. Véase la nota 63.
Un paso adelante, dos pasos atrás
conoce ni la práctica ni la teoría de la organización
proletaria. Precisamente la fábrica, que a algunos les parece sólo un
espantajo, representa la forma superior de cooperación capitalista que ha
unificado y disciplinado al proletariado, que le ha enseñado a organizarse y lo
ha colocado a la cabeza de todos los demás sectores de la población trabajadora
y explotada. Precisamente el marxismo, como ideología del proletariado
instruido por el capitalismo, ha enseñado y enseña a los intelectuales vacilantes
la diferencia que existe entre el aspecto explotador de la fábrica (disciplina
fundada en el miedo a la muerte por hambre) y su aspecto organizador
(disciplina fundada en el trabajo en común, unificado por las condiciones de la
producción, muy desarrollada desde el punto de vista técnico). La disciplina y
la organización, que tanto trabajo le cuesta adquirir al intelectual burgués,
son asimiladas con singular facilidad por el proletariado gracias precisamente
a esta "escuela" de la fábrica. El miedo mortal a esta escuela y la
completa incomprensión de su valía organizadora caracterizan precisamente los
métodos del pensamiento que reflejan las condiciones de vida pequeñoburguesas,
a las que debe su origen el tipo de anarquismo que los socialdemócratas alemanes
llaman Edelanarchismus, o sea,
anarquismo del señor "distinguido", anarquismo señorial, diría yo.
Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La
organización del partido se le antoja una "fábrica" monstruosa; la
sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un
"avasallamiento" (véanse los artículos de Axelrod); la división del
trabajo bajo la dirección de un organismo central hace proferir alaridos
tragicómicos contra la transformación de los hombres en "ruedas y
tornillos" de un mecanismo (y la transformación de estas que cree más
espantosa es la de incluir a los redactores entre el personal corriente), la
mención de los estatutos orgánicos del partido le hace torcer una mueca de
desprecio y exteriorizar la desdeñosa observación (dirigida a los
"formalistas") de que se podría vivir sin estatutos.
151
Es increíble, pero es un
hecho: precisamente ésta es la edificante observación que me hace el camarada
Mártov en el núm. 58 de Iskra,
citando, para dar más fuerza de convicción a sus palabras, las mías de la Carta a un camarada . ¿No es
"anarquismo señorial", no es seguidismo justificar con ejemplos
sacados de la época de dispersión, de la época de esparcimiento en círculos, el
mantenimiento y la glorificación del sistema de círculos y de la anarquía en
una época en que ya está constituido el partido?
¿Por qué no necesitábamos
antes los estatutos? Porque el partido se componía de círculos aislados sin
ningún nexo orgánico entre ellos. El paso de un círculo a otro era simple
cuestión de la "buena voluntad" de uno u otro individuo que no contaba
con la expresión formalizada de la voluntad del todo. Dentro de los círculos,
las cuestiones en litigio no se resolvían según estatutos algunos, "sino luchando y amenazando con marcharse":
esto es lo que decía yo en la Carta a un
camarada, fundándome en la experiencia de una serie de círculos, en
general, y en la del grupo de los seis que constituíamos la redacción, en
particular. En la época de los círculos, tal fenómeno era natural e inevitable,
pero a nadie se le ocurría elogiarlo ni hacer de ello un ideal: todos se
quejaban de semejante dispersión, todo el mundo sufría a causa de ella y
ansiaba la fusión de los círculos dispersos en una organización del partido. Y
ahora, cuando se ha llevado a cabo esta fusión, se nos hace retroceder, se nos
sirve, como si fueran principios superiores de organización, ¡fraseología
anarquista! A los que están acostumbrados a la holgada bata y a las pantuflas
del oblomovismo153 de la vida familiar de los círculos,
unos estatutos formales les parecen algo estrecho, apretado, pesado, ruin,
burocrático, avasallador, un estorbo para el libre "proceso" de la
lucha ideológica. El anarquismo señorial no comprende que hacen falta unos
estatutos formales precisamente para sustituir el estrecho nexo de los círculos
con un amplio nexo de partido. No se precisaba ni era posible dar una forma
definida al nexo existente en el interior de un círculo, o entre
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153 Oblómov: personaje principal de la novela
homónima del escritor ruso I. A. Goncharov. El nombre de Oblómov se ha hecho
sinónimo de rutina, estancamiento y pasividad extrema.
Un paso adelante, dos pasos atrás
los círculos, porque dicho
nexo se basaba en una amistad personal o en una "confianza"
incontrolada e infundada. El nexo del partido no puede ni debe basarse en la
una ni en la otra; es indispensable basarlo precisamente en unos estatutos
formales, redactados "burocráticamente" (desde el punto de vista del
intelectual licencioso), y cuya estricta observancia es lo único que nos
precave contra la arbitrariedad y los caprichos de los círculos, contra los
métodos de altercado instituidos en los círculos y calificados de libre
"proceso" de la lucha ideológica.
La redacción de la nueva Iskra lanza contra Alexándrov la
edificante indicación de que "la confianza es una cosa delicada que no se
puede meter a mazazos en los corazones ni en las cabezas" (núm. 56,
suplemento). La redacción no comprende, que precisamente el colocar en primer
plano la confianza, la mera
confianza, delata una vez más su anarquismo señorial y su seguidismo en materia
de organización. Cuando yo era únicamente miembro de un círculo, ya fuera del
grupo de los seis redactores o de la organización de Iskra, tenía derecho a justificar, por ejemplo, mi negativa a
trabajar con X., alegando sólo la falta de confianza, sin tener que dar
explicaciones ni argumentos. Una vez miembro del partido, no tengo derecho a invocar sólo una vaga falta de confianza, porque
ello equivaldría a abrir de par en par las puertas a todas las extravagancias y
a todas las arbitrariedades del viejo espíritu de círculo; estoy obligado a argumentar mi
"confianza" o mi "desconfianza" con un razonamiento formal,
es decir, a referirme a esta o a la otra disposición formalmente fijada de
nuestro programa, de nuestra táctica, de nuestros estatutos; estoy obligado a
no limitarme a un "tengo confianza" o "desconfío", sin más
ni más, sino a reconocer que debo responder de mis decisiones, como en general
toda parte integrante del partido debe responder
de las suyas ante el conjunto del mismo; estoy obligado a seguir la vía formalmente prescrita para expresar mi
"desconfianza", para sacar adelante las ideas y los deseos dimanantes
de esta desconfianza. Nos hemos elevado ya de la "confianza"
incontrolada, propia de los círculos,
al punto de vista del partido, que
exige la observancia de procedimientos controlados y formalmente determinados
para expresar y comprobar la
confianza. ¡Y la redacción nos hace retroceder y denomina su seguidismo
conceptos nuevos de la organización!
Vean cómo nuestra redacción
llamada del partido piensa de los grupos de literatos que podrían exigir una
representación en ella: "No nos indignaremos, no invocaremos a gritos la
disciplina", nos sermonean estos anarquistas señoriales que siempre y en
todas partes han mirado con arrogancia eso que recibe el nombre de disciplina.
Nosotros, dicen, nos "entenderemos" (¡sic!) con el grupo, si es serio, o nos reiremos de sus exigencias.
152
¡Qué sublime nobleza —podríase creer— se alza aquí contra el
vulgar formalismo "de fábrica"! En realidad, tenemos delante la misma
fraseología de los círculos remozada y ofrecida al partido por una redacción
que siente que no es un organismo del partido, sino un fragmento de un antiguo
círculo. La falsedad interna de esta posición conduce de modo inevitable a la
profundidad de pensamiento anarquista
que erige en principio de
organización socialdemócrata la dispersión, declarada farisaicamente de palabra
cosa ya pasada. No hace falta ninguna jerarquía de organismos e instancias
superiores e inferiores del partido: para el anarquismo señorial, una jerarquía
de este tipo es invención burocrática de ministerios, departamentos, etc.
(véase el artículo de Axelrod); no hace falta subordinación alguna de la parte
al todo, no hace falta ninguna definición "burocrática y formal" de
los procedimientos propios del partido
para "entenderse" o deslindarse: que la fraseología sobre los métodos "auténticamente socialdemócratas"
de organización canonice los viejos altercados de los círculos.
He ahí donde el proletario
que ha pasado por la escuela "de la fábrica" puede y debe dar una
lección al individualismo anarquista. Hace ya tiempo que el obrero consciente
ha salido de los pañales: ya no rehúye al intelectual como tal. El obrero
consciente sabe apreciar el acervo de conocimientos, más rico, y el horizonte
político, más amplio, que encuentra en los
Un paso adelante, dos pasos atrás
intelectuales
socialdemócratas. Pero conforme se va constituyendo en nuestro país un verdadero partido, el obrero
consciente debe aprender a distinguir la psicología del soldado del ejército proletario de la
psicología del intelectual burgués que se pavonea con frases anarquistas; debe
aprender a exigir que cumplan sus
deberes de miembros del partido no sólo los militantes de filas, sino también
"los de arriba"; debe aprender a afrontar el seguidismo en problemas
de organización con el mismo desprecio con que en otros tiempos afrontaba el
seguidismo en problemas de táctica.
En conexión inseparable con
el girondismo y el anarquismo señorial se halla otra peculiaridad típica, la
última, de la posición de la nueva Iskra
en cuestiones de organización: la defensa del autonomismo contra el centralismo. Este es precisamente el sentido
de principio que tienen (si es que tienen alguno) los clamores contra la
burocracia y la autocracia, las lamentaciones a propósito del "desdén
inmerecido que se muestra a los no iskristas" (que defendieron el
autonomismo en el congreso), los cómicos gritos de que se exige "una
sumisión absoluta", las amargas quejas contra el "despotismo",
etc., etc. El ala oportunista de cualquier partido defiende y justifica siempre
todo lo atrasado tanto en materia de programa como de táctica y de
organización. La defensa de las ideas atrasadas de la nueva Iskra en materia de organización
(seguidismo) está estrechamente relacionada con la defensa del autonomismo.
Verdad es que el autonomismo está tan desacreditado por los tres años de
propaganda de la vieja Iskra, hablando
en general, que a la nueva Iskra aún
le da vergüenza pronunciarse abiertamente a su favor; nos asegura aún que
siente simpatía por el centralismo, pero lo demuestra únicamente imprimiendo en
cursiva la palabra centralismo. En realidad, aplicando la más ligera crítica a
los "principios" del casi centralismo "auténticamente
socialdemócrata" (¿y no anarquista?) de la nueva Iskra, se descubre a cada paso el punto de vista del autonomismo.
¿No está claro ahora para todo el mundo que Axelrod y Mártov, en problemas de
organización, han virado hacia Akímov? ¿Es que no lo han reconocido
solemnemente ellos mismos en sus significativas palabras sobre el "desdén
inmerecido que se muestra a los no iskristas"? ¿Y no es acaso el
autonomismo que han defendido Akímov y sus amigos en el congreso de nuestro
partido?
Precisamente el autonomismo
(si no el anarquismo) es lo que defendieron Mártov y Axelrod en el Congreso de
la Liga, cuando con divertido empeño trataron de demostrar que la parte no debe
subordinarse al todo, que la parte es autónoma en la determinación de sus
relaciones con el todo, que los estatutos de la Liga del Extranjero, que
formulan estas relaciones, son válidos contra la voluntad de la mayoría del
partido, contra la voluntad del organismo central del partido. Precisamente el
autonomismo es lo que también defiende ahora al camarada Mártov sin tapujos en
las columnas de la nueva Iskra (núm.
60) a propósito de que el Comité Central designa a miembros en los comités
locales. No hablaré de los sofismas pueriles con que defendió el camarada
Mártov el autonomismo en el Congreso de la Liga y lo defiende ahora en la nueva
Iskra. Me importa señalar aquí la
tendencia indiscutible a defender el
autonomismo contra el centralismo como rasgo fundamental del oportunismo en
las cuestiones de organización.
Tentativa casi única de analizar el concepto de burocracia es la
que hace la nueva Iskra (núm. 53), al
oponer el "principio democrático
formal" (subrayado por el autor) al "principio burocrático formal". Esta contraposición (por desgracia, tan
poco desarrollada y explicada como la
alusión a los no iskristas) contiene un grano de verdad. Burocracia versus democracia es precisamente
centralismo versus autonomismo; es el
principio de organización de la socialdemocracia revolucionaria frente al
principio de organización de los oportunistas de la socialdemocracia. Este
último trata de ir de abajo arriba, y por ello defiende, siempre que puede y
cuando puede, el autonomismo, la "democracia" que va (en los casos en
que hay exceso de celo) hasta el anarquismo. El primero trata de empezar por
arriba, preconizando la extensión de los derechos y poderes del organismo
central respecto a las partes. En la
Un paso adelante, dos pasos atrás
época de la dispersión y del
esparcimiento en círculos, la cima de donde quería partir la socialdemocracia
revolucionaria en su organización era inevitablemente uno de los círculos, el
más influyente por su actividad y consecuencia revolucionaria (en nuestro caso,
la organización de Iskra ). En una
época de restablecimiento de la unidad efectiva del partido y de disolución de
los círculos anticuados en esa unidad, esa cima es inevitablemente el congreso del partido, órgano supremo
del mismo. El congreso agrupa, en la medida de lo posible, a todos los representantes de las organizaciones activas
y, designando organismos centrales (muchas veces con una composición que
satisface más a los elementos de vanguardia que a los rezagados, que gusta más
al ala revolucionaria que a su ala oportunista), hace de ellos la cima hasta el
congreso siguiente. Así proceden, por lo menos, los europeos de la
socialdemocracia, si bien esta costumbre, que los anarquistas odian en
principio, comienza a extenderse también poco a poco, y no sin dificultades,
sin lucha ni discordias, a los asiáticos de la socialdemocracia.
153
Es interesante en grado sumo
consignar que los rasgos típicos esenciales del oportunismo que he señalado en
materia de organización (autonomismo, anarquismo señorial o propio de
intelectuales, seguidismo y girondismo) se observan mutatis mutandis (con las modificaciones correspondientes) en todos
los partidos socialdemócratas de todo el mundo que presentan una división en
ala revolucionaria y ala oportunista (¿y dónde no la presentan?). Esto se ha
puesto de manifiesto muy recientemente y con singular relieve en el Partido
Socialdemócrata Alemán, cuando la derrota sufrida en la 20 circunscripción
electoral de Sajonia (el llamado incidente de Göhre*) ha puesto a la orden del
día los principios de organización
del partido. El celo de los oportunistas alemanes ha contribuido en especial a
promover la cuestión de principio con motivo de este incidente. Göhre mismo
(antes pastor protestante, autor del conocido libro Drei Monate Fabrikarbeiter** y uno de los "héroes" del
Congreso de Dresde) es un oportunista empedernido, y el órgano de los
oportunistas alemanes consecuentes, Sozialislische
Monatshefte ("Revista Mensual Socialista"),154 ha "intercedido" inmediatamente por él.
* Göhre había sido elegido diputado al Reichstag el 16 de junio
de 1903, en la 15 circunscripción sajona, pero después del Congreso de Dresde155 renunció al acta. Los
electores de la circunscripción 20, cuando quedó vacante por muerte de Rosenow,
quisieron proponer de nuevo la candidatura de Göhre. La dirección central del
partido y el Comité Central de agitación de Sajonia se opusieron y, como no
tenían derecho a prohibir formalmente la candidatura de Göhre, procuraron, no
obstante, conseguir que éste renunciara a ella. Los socialdemócratas fueron
derrotados en las elecciones.
** Tres meses de obrero en
una fábrica. (N. de la Edit.)
El oportunismo en el
programa está, naturalmente, ligado al oportunismo en la táctica y al
oportunismo en las cuestiones de organización. El camarada Wolfgang Heine se ha
encargado de exponer el "nuevo" punto de vista. Para describir al
lector la fisonomía de este intelectual típico que, al adherirse a la
socialdemocracia, ha aportado a ésta su manera oportunista de pensar, bastará
decir que el camarada Wolfgang Heine es un poco menos que un camarada Akímov
alemán y un poco más que un camarada Egórov alemán.
El camarada Wolfgang Heine
ha abierto una campaña en Sozialistische
Monatshefte con no menos boato que el camarada Axelrod en la nueva Iskra. El titulo de su artículo es ya
muy significativo: Notas democráticas a
propósito del incidente de Göhre (núm. 4 de Sozialistische Monatshefte, de abril). Y el contenido es no menos
atronador. El camarada W. Heine se alza contra
"los atentados a la autonomía de la circunscripción electoral",
defiende "el principio
![]()
154 "Sozialistische Monatshefte" ("Revista Mensual
Socialista"): revista, principal órgano de prensa de los oportunistas
alemanes y uno de los órganos del revisionismo internacional. Se publicó en
Berlín de 1897 a 1933.
155 El
Congreso de Dresde de la socialdemocracia alemana se celebró del 13 al 20 de septiembre
de 1903. La cuestión fundamental que se trató en él fue la de la táctica del
partido y la lucha contra el revisionismo. En el congreso fueron sometidos a
crítica los puntos de vista revisionistas de E. Bernstein, P. Göhre, E. David,
W. Heine y de algunos otros socialdemócratas alemanes. Sin embargo, el congreso
no mantuvo una posición consecuente en la lucha contra el revisionismo; los
revisionistas de la socialdemocracia alemana no fueron expulsados del partido, y
después del congreso continuaron propagando sus puntos de vista oportunistas.
Un paso adelante, dos pasos atrás
democrático", protesta contra la intervención de una
"autoridad nombrada" (es decir, de la dirección central del partido)
en la libre elección de los delegados por el pueblo. No se trata aquí de un
incidente fortuito, nos alecciona el camarada W. Heine, sino de toda "una tendencia a la burocracia y al
centralismo en el partido", tendencia que, según él, se había observado ya antes, pero que ahora se
hace especialmente peligrosa. Es preciso "reconocer en principio que los
organismos locales del partido son los portadores de su vida" (plagio del
folleto del camarada Mártov De nuevo en
minoría). No hay que "acostumbrarse a que todas las decisiones
políticas importantes partan de un solo centro", es preciso prevenir al
partido contra "una política doctrinaria que pierde el contacto con la
vida" (tomado del discurso del camarada Mártov en el congreso del partido
eso de que "la vida se impondrá")" ...Mirando a la raíz de las
cosas —dice, profundizando su argumentación, el camarada W. Heine-, haciendo
abstracción de los conflictos personales que aquí, como siempre, han
desempeñado un papel no pequeño, veremos en este ensañamiento contra los revisionistas (subrayado por el
autor que, es de suponer, alude a la distinción entre los conceptos de lucha
contra el revisionismo y lucha contra los revisionistas) principalmente una
desconfianza de los representantes oficiales del partido respecto al "elemento extraño" (por lo visto, W.
Heine no ha leído todavía el folleto sobre la lucha contra el estado de sitio,
y por eso recurre al anglicismo: Outsidertum),
la desconfianza de lo que no es habitual por parte de la tradición, de lo
individual por parte de la institución impersonal" (véase la resolución de
Axelrod en el Congreso de la Liga acerca de la coacción ejercida sobre la
iniciativa individual), "en una palabra, la misma tendencia que ya hemos
descrito antes como tendencia a la burocracia y al centralismo en el
partido".
154
El concepto de "disciplina" inspira al camarada W.
Heine no menos noble indignación que al camarada Axelrod. "...Se ha
reprochado a los revisionistas —escribe— falta de disciplina por haber escrito
en Sozialistische Monatshefte, órgano
al que no querían reconocer ni siquiera carácter socialdemócrata, pues no está bajo el control del partido. Este solo
intento de reducir el concepto de "socialdemócrata", está sola
exigencia de disciplina en el campo
de la producción ideológica, donde debe reinar una libertad absoluta"
(recuerden la base: la lucha ideológica es un proceso, y las formas de
organización no son más que formas), "son testimonio de una tendencia a la
burocracia y al sojuzgamiento de la individualidad". Y W. Heine sigue
durante largo tiempo fulminando en todos los tonos esa odiosa tendencia a crear
"una vasta organización
omnímoda, lo más centralizada posible, una
táctica, una teoría"; fulmina la
reclamación de "obediencia incondicional", "sumisión
ciega"; fulmina "el centralismo simplificado", etc., etc.,
literalmente "a lo Axelrod".
La discusión iniciada por W.
Heine se ha extendido, y como en el partido alemán no la encizañaba ninguna
intriga con motivo de la cooptación, como los Akímov alemanes esclarecen su
fisonomía no sólo en los congresos, sino también constantemente en un órgano
especial, la discusión se ha reducido pronto a un análisis de las tendencias de
principios de la ortodoxia y del revisionismo en materia de organización. C.
Kautsky ha obrado (Neue Zeit, 1904, núm. 28, artículo Wahlkreis und Partei: "La circunscripción electoral y el
partido") como uno de los representantes de la tendencia revolucionaria
(acusada, claro está, como entre nosotros, de espíritu "dictatorial",
"inquisitorial" y demás cosas truculentas). El artículo de W. Reine —
declara C. Kautsky— "muestra el curso del pensamiento de toda la tendencia
revisionista". No sólo en Alemania, sino también en Francia y en Italia se
alzan los oportunistas como una muralla en defensa del autonomismo, del
relajamiento de la disciplina del partido, de su reducción a cero; en todas
partes conducen sus tendencias a la desorganización,
a la deformación del "principio democrático" en anarquismo. "La democracia no es la ausencia de poder —
enseña C. Kautsky a los oportunistas en el problema de organización-, la
democracia no es la anarquía; es la supremacía de las masas sobre sus
mandatarios, a diferencia de otras formas de poder en que los seudoservidores
del pueblo son, en realidad, sus amos". C. Kautsky examina detalladamente
el papel desorganizador del
Un paso adelante, dos pasos atrás
autonomismo oportunista en
los distintos países; demuestra que precisamente la adhesión "de una masa de elementos burgueses"*
a la socialdemocracia refuerza el oportunismo, el autonomismo y las tendencias
a la infracción de la disciplina; recuerda una y otra 'vez que precisamente
"la organización es el arma con la cual se emancipará el
proletariado", que precisamente "la organización es el arma propia
del proletariado en la lucha de clases".
* C. Kautsky menciona a título de ejemplo
a Jaurès. A medida que se iban
desviando hacia el oportunismo, a los hombres como él debía parecerles
indefectiblemente "la disciplina del partido una coacción inadmisible de
su libre albedrío".
En Alemania, donde el
oportunismo es más débil que en Francia e Italia, "las tendencias
autonomistas no han conducido hasta ahora sino a declamaciones más o menos
patéticas contra los dictadores y los grandes inquisidores, contra las
excomuniones** y la búsqueda de herejías, a enredos e intrigas sin fin cuyo
análisis no conduciría más que a incesantes disputas".
** Bannstrahl, anatema. Es la palabra alemana
equivalente a las que se emplearían en ruso para expresar "estado de
sitio" y "leyes de excepción". Es la "palabra
truculenta" de los oportunistas alemanes.
No es de extrañar que en
Rusia, donde el oportunismo es en el partido más débil aún que en Alemania, las
tendencias autonomistas hayan dado lugar a menos ideas y a más
"declamaciones patéticas" e intrigas.
No es de extrañar que
Kautsky llegue a la conclusión siguiente: "Quizá no haya cuestión en que
el revisionismo de todos los países, a pesar de su diversidad y de la variedad
de sus matices, se distinga por tanta uniformidad como en el preciso problema
de organización". C. Kautsky formula asimismo las tendencias fundamentales
de la ortodoxia y del revisionismo en este terreno, recurriendo a la
"palabra truculenta": burocracia versus (contra) democracia. Se nos
dice —escribe C. Kautsky— que conceder a la dirección del partido el derecho a
influir en la elección de candidatos (a diputados) por las circunscripciones
electorales locales es "atentar vergonzosamente contra el principio
democrático, el cual exige que toda la actividad política se ejerza de abajo
arriba, por iniciativa de las masas, y no de arriba abajo, por vía
burocrática... Pero si existe algún principio verdaderamente democrático es el
de que la mayoría debe prevalecer sobre la minoría, y no al contrario..."
La elección de diputados al Parlamento, por cualquier circunscripción, es un
asunto importante para todo el partido en su conjunto, el cual debe influir por
ello mismo en la promoción de los candidatos, al menos mediante personas de
confianza del partido (Vertravensmänner).
"Quien crea que este procedimiento es demasiado burocrático o demasiado
centralista, que pruebe a proponer que los candidatos sean promovidos por
votación directa de todos los miembros del partido en general (sämtliche Parteigenossen). Y como esto
es irrealizable, no hay razón para quejarse de falta de democracia cuándo la
función de que se trata, como muchas otras que se refieren al partido en
conjunto, es desempeñada por uno o varios organismos del partido". Según
el "derecho consuetudinario" del partido alemán, las distintas
circunscripciones electorales "se entendían ya antes amigablemente"
con la dirección del partido para presentar uno u otro candidato. "Pero el
partido es ya demasiado grande para que baste este tácito derecho consuetudinario.
El derecho consuetudinario deja de ser derecho cuando ya no se lo reconoce como
algo que cae de su peso, cuando se ponen en duda sus definiciones e incluso su
propia existencia. En este caso resulta absolutamente imprescindible formular
de un modo exacto este derecho, codificarlo..." fijar de un modo más
"exacto en los estatutos (statutarische
Festlegung) y reforzar simultáneamente el carácter riguroso (grossere Straffheit) de la
organización".
155
Ustedes ven, pues, en
circunstancias distintas, la misma lucha entre el ala oportunista y el ala
revolucionaria del partido en torno a la cuestión de organización, el mismo
conflicto entre autonomismo y centralismo, entre democracia y "burocracia",
entre la tendencia a debilitar y la tendencia a reforzar el carácter riguroso
de la organización y de la disciplina, entre la
Un paso adelante, dos pasos atrás
psicología del intelectual
vacilante y la del proletario firme, entre el individualismo propio de
intelectuales y la cohesión proletaria. Cabe preguntar: ¿Qué actitud ha
adoptado ante este conflicto la democracia
burguesa , no esa democracia que sólo prometió enseñar en secreto algún día
al camarada Axelrod la traviesa historia, sino la verdadera democracia, la
democracia burguesa real, que tiene asimismo en Alemania representantes no
menos inteligentes ni menos observadores que nuestros señores de Osvobozhdenie? La democracia burguesa
alemana ha respondido inmediatamente a la nueva discusión y —como la rusa igual
que siempre y en todas partes— se ha colocado de lleno al lado del ala
oportunista del Partido Socialdemócrata. El destacado órgano del capital bursátil
de Alemania, la Gaceta de Francfort ,156 ha publicado un artículo de fondo fulminante (Frankf. Ztg ., 7 de abril de 1904, núm. 97, Abendblatt ), evidenciador de que la manera indecorosa de plagiar a
Axelrod se convierte sin más ni más en algo así como una enfermedad de la
prensa alemana. Los terribles demócratas de la Bolsa de Fráncfort fustigan el
"absolutismo" del Partido Socialdemócrata, la "dictadura del
partido", "el dominio autocrático de los jefes del partido", esas
"excomuniones" con las que se pretende (recuérdese la "falsa
acusación de oportunismo") "castigar a todo el revisionismo",
esa reclamación de "obediencia ciega", esa "disciplina que
anquilosa" , esa exigencia de "subordinación lacayuna", de hacer
de los miembros del partido "cadáveres políticos" (¡esto es mucho más
fuerte que lo de los tornillos y las ruedecitas!) "Como ustedes pueden
advertir, toda originalidad personal, toda individualidad — dicen indignados
los caballeros de la Bolsa, al observar el estado de cosas antidemocrático que
rige en la socialdemocracia-, ha de verse perseguida, porque amenaza con llevar
al estado de cosas que rige en Francia, al jauresismo y al milleranismo, como
ha declarado francamente Sinderman en la información presentada sobre este problema"
al congreso del partido de los socialdemócratas sajones.
- - -
Así pues, si las nuevas
palabrejas de la nueva Iskra sobre
organización tienen algún sentido de principio, no cabe duda de que es un
sentido oportunista. Esta deducción queda confirmada tanto por el análisis del
congreso de nuestro partido, que se escindió en ala revolucionaria y ala
oportunista, como por el ejemplo de todos
los partidos socialdemócratas europeos, en cuyo seno se manifiesta el
oportunismo en materia de organización en las mismas tendencias, en las mismas
acusaciones y, muy a menudo, con las mismas palabrejas. Imprimen su sello, como
es natural, las peculiaridades nacionales de los diversos partidos y la
diferencia de condiciones políticas de los distintos países, haciendo que el
oportunismo alemán no se parezca en nada al oportunismo francés, ni el francés
al italiano, ni el italiano al ruso. Pero, a pesar de toda esta diferencia de
condiciones, se observa claramente la homogeneidad de la división fundamental
de todos estos partidos en ala revolucionaria y ala oportunista, la
homogeneidad del curso del pensamiento y de las tendencias del oportunismo en
el problema de organización*. El gran número de representantes de la
intelectualidad radical que figura entre nuestros marxistas y nuestros
socialdemócratas ha traído y trae como consecuencia inevitable el oportunismo,
originado por su psicología en los terrenos y en las formas más diversas. Hemos
combatido al oportunismo en las cuestiones fundamentales de nuestra concepción
del mundo, en cuestiones programáticas, y la divergencia absoluta en lo concerniente
a los fines ha conducido inevitablemente a un deslindamiento definitivo entre
los liberales, que han estropeado nuestro marxismo legal, y los
socialdemócratas. Hemos combatido al oportunismo en problemas de táctica, y
nuestra divergencia con los camaradas Krichevski y Akímov en lo relativo a
estos problemas menos importantes tuvo tan sólo, como es lógico, un carácter
temporal y no siguió la formación de partidos distintos. Ahora hemos de vencer
el oportunismo de Mártov y Axelrod en problemas
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156
"Frankfurter Zeitung" ("Gaceta
de Francfort"): diario, órgano de los grandes bolsistas alemanes; se editó
en Francfort del Meno de 1856 a 1943.
Un paso adelante, dos pasos atrás
de organización, menos cardinales aún,
claro está, que los de programa y de táctica, pero que en el momento actual
aparecen en el primer plano de la vida de nuestro partido.
*
Nadie dudará hoy de
que la antigua división de los socialdemócratas rusos, en cuanto a los
problemas de táctica, en economistas y políticos, se identificaba con la
división de toda la socialdemocracia internacional en oportunistas y
revolucionarios, aunque existiese una gran diferencia entre los camaradas
Martínov y Akímov, por una parte, y los camaradas von Vollmar y von Elm o
Jaurès y Millerand, por otra. Del mismo modo es indudable la homogeneidad de
las divisiones fundamentales en el problema de organización, a pesar de la
inmensa diferencia de condiciones que hay entre los países privados de derechos
políticos y los países libres en el aspecto político. Es peculiar en extremo
que la redacción de la nueva Iskra,
tan afecta a los principios, después de haber tratado de pasada la discusión
entre Kautsky y Heine (núm. 64), haya pasado
por alto, temerosa, el problema de las tendencias de principio de todo
oportunismo y de toda ortodoxia en materia de organización.
156
Cuando se habla de lucha
contra el oportunismo no hay que olvidar nunca un rasgo peculiar de todo el
oportunismo contemporáneo en todos los terrenos: su carácter indefinido,
difuso, inaprensible. El oportunista, por su misma naturaleza, evita siempre
plantear los problemas de manera concreta y rotunda, busca la resultante, se
desliza como una culebra entre puntos de vista que se excluyen mutuamente,
esforzándose por "estar de acuerdo" con uno y otro, reduciendo sus
discrepancias a pequeñas enmiendas, a dudas, a buenos deseos candorosos, etc.,
etc. El camarada E. Bernstein, oportunista en cuestiones programáticas,
"está de acuerdo" con el programa revolucionario del partido y,
aunque probablemente desearía una "reforma cardinal" del mismo,
considera que esta reforma no es oportuna ni conveniente, ni tan importante
como aclarar los "principios generales" "de crítica" (que
consisten, principalmente, en tomar sin crítica alguna principios y palabrejas
de la democracia burguesa). El camarada von Vollmar, oportunista en problemas
de táctica, también está de acuerdo con la vieja táctica de la socialdemocracia
revolucionaria y se limita igualmente más a hacer declaraciones enfáticas,
presentar ligeras enmiendas y gastar pequeñas bromas sin proponer jamás ninguna
táctica "ministerialista" determinada. 157 Los
camaradas Mártov y Axelrod, oportunistas en problemas de organización, tampoco
han dado hasta ahora tesis determinadas de principios que puedan ser
"asentadas en unos estatutos", a pesar de que se les ha exhortado directamente
a hacerlo; también desearían, sin el menor género de dudas, una "reforma
cardinal" de los estatutos de nuestra organización (Iskra , núm. 58, pág. 2, columna 3); pero preferirían empezar por
ocuparse de "problemas generales de organización" (porque una reforma
efectivamente cardinal de nuestros estatutos que, a pesar del artículo primero,
tienen un carácter centralista, si se hiciera en el espíritu de la nueva Iskra, conduciría inevitablemente al
autonomismo, y el camarada Mártov, claro está, no quiere reconocer, ni aun ante
sí mismo, que tiende en principio al autonomismo). De aquí que su posición
"en principio", en cuanto al problema de organización, tenga todos
los colores del arco iris: predominan inocentes y patéticas declamaciones
acerca del absolutismo y la burocracia, la obediencia ciega y los tornillos y
ruedecitas; declamaciones tan candorosas que resulta aún muy difícil distinguir
en ellas lo que hay efectivamente de principios de lo que es en realidad
cooptación. Pero quien en mucho hablar se empeña, a menudo se despeña: los
intentos de analizar y definir exactamente la odiosa "burocracia"
conducen inevitablemente al autonomismo; los intentos de
"profundizar" y fundamentar llevan indefectiblemente a justificar el atraso,
llevan al seguidismo, a la fraseología girondina. Por último, como único
principio efectivamente definido y que, por lo mismo, se manifiesta con
peculiar claridad en la práctica (la práctica precede siempre a la teoría),
aparece el principio del anarquismo. Ridiculización de la disciplina,
autonomismo y anarquismo, tal es la escalerilla por la que tan pronto baja como
sube nuestro oportunismo en materia de organización, saltando de peldaño en
peldaño y esquivando con habilidad toda definición precisa de sus principios*.
Exactamente la misma gradación presenta el oportunismo en cuanto al programa y
la táctica: burla de la "ortodoxia", de la estrechez y de la
inflexibilidad —"crítica" revisionista y ministerialismo— democracia
burguesa.
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157 Véase la nota 10.
Un paso adelante, dos pasos atrás
* Quien recuerde la discusión del artículo
primero verá ahora claro que el error, ampliado y profundizado, de los
camaradas Mártov y Axelrod en este artículo conduce inevitablemente al oportunismo en materia de organización. La idea
fundamental del camarada Mártov — lo de incluirse uno mismo en el partido— es
en rigor la falsa "democracia", la idea de estructurar el partido de
abajo arriba. Mi idea, por el contrario, es "burocrática" en el
sentido de que el partido se estructura de arriba abajo, empezando por el
congreso y siguiendo por las diversas organizaciones del partido. En la
discusión del artículo primero apuntaban ya tanto la psicología del intelectual
burgués como las frases anarquistas y la sabihondez oportunista y seguidista.
El camarada Mártov habla del "despertar del pensamiento" en la nueva Iskra. Lo cual es verdad en el sentido
de que él y Axelrod dirigen efectivamente el pensamiento por un rumbo nuevo,
empezando por el artículo primero. El mal está en que ese rumbo es oportunista.
Cuanto más "breguen" por ese rumbo, tanto más se hundirán en la
charca.
En estrecha relación
sicológica con el odio a la disciplina está la persistente nota sostenida de enojo que suena en todos los escritos de
todos los oportunistas contemporáneos en general y de nuestra minoría en
particular. Se ven perseguidos, oprimidos, expulsados, asediados, aperreadas.
En esas palabrejas hay mucha más verdad sicológica y política de la que,
probablemente, suponía el mismo autor de la encantadora y aguda broma sobre los
aperreados y las aperreadores.158
Miren, en efecto, las actas del congreso de nuestro partido y verán que la
minoría está constituida por todos los ofendidos, por todos los que han sufrido
de la socialdemocracia revolucionaria alguna ofensa en algo. Ahí están los
bundistas y los de Rabócheie Dielo, a
los que "ofendimos" hasta el punto de que se retiraron del congreso;
ahí están los de Yuzhni Rabochi, mortalmente ofendidos porque se ha dado muerte a
las organizaciones en general y a la suya en particular; ahí está el camarada
Májov, al que se ofendió cada vez que hizo uso de la palabra (porque puso buen
cuidado en hacer siempre el ridículo); ahí están, por última, los camaradas
Mártov y Axelrod, ofendidos por la "falsa acusación de oportunismo"
con motivo del artículo primero de los estatutos y por su derrota en las
elecciones.
157
Y todos estos amargos resentimientos no fueron resultado casual
de inadmisibles pullas, de bruscas invectivas, de una polémica furiosa, de
portazos y amenazas enseñando el puño, como siguen creyendo aún muchísimos
filisteos, sino la consecuencia política inevitable de los tres años de labor
ideológica de Iskra . Si nosotros, en
el transcurso de estos tres años, hicimos algo más que dar rienda suelta a la
lengua, si expresamos convicciones que deben convertirse en realidad, no
pudimos menos de luchar en el congreso contra los antiiskristas y contra la
"charca". Y cuando, en unión del camarada Mártov, que combatía con la
visera levantada en las primeras filas, ofendimos a tantísima gente, sólo nos
faltaba agraviar un poco, muy poco, al camarada Axelrod y al camarada Mártov
para que la copa se desbordara. La cantidad se convirtió en calidad. Se produjo
una negación de la negación. Todos los ofendidos olvidaron sus cuentas
recíprocas: sollozando, se arrojaron los unos en brazos de los otros y enarbolaron
la bandera de la "insurrección contra el leninismo"*.
* Esta maravillosa expresión es del camarada Mártov.
La insurrección es una cosa
magnífica cuando se alzan los elementos avanzados contra los reaccionarios.
Está muy bien que el ala revolucionaria se alce contra el ala oportunista. Pero
es malo que el ala oportunista se alce contra la revolucionaria.
El camarada Plejánov se ve
obligado a tomar parte en este feo asunto en calidad de, valga la expresión,
prisionero de guerra. Trata de "desahogarse" pescando una que otra
frase desafortunada del autor de tal o cual resolución favorable a la "mayoría"
y, al hacerlo, exclama: "¡Pobre camarada Lenin! ¡Vaya ortodoxos que tiene
por partidarios!" (Iskra, núm.
63, suplemento).
Bueno ¿sabe usted, camarada
Plejánov? Si yo soy pobre, la redacción de la nueva Iskra está en la miseria por completo. Por pobre que yo sea, no he
llegado todavía a un grado de miseria tan absoluto que deba cerrar los ojos
ante el congreso del partido y buscar en resoluciones
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158 Se alude a la Breve Constitución del POSDR, escrita en broma por Mártov y
publicada como suplemento a su artículo En
turno (Iskra, núm. 58, del 25 de
enero de 1904). Ironizando con motivo de los principios de organización del bolchevismo y quejándose del supuesto
mal trato a los mencheviques, Mártov escribió en su Constitución acerca de los
"aperreadores" y los "aperreados", refiriéndose a los
bolcheviques y a los mencheviques.
Un paso adelante, dos pasos atrás
de miembros de los comités
datos para ejercitar la agudeza de mi ingenio. Por pobre que yo sea, soy mil
veces más rico que quienes tienen por partidarios a individuos que no sólo
dicen por casualidad alguna que otra frase desafortunada, sino que en todos los
problemas, tanto de organización como de táctica y de programa, se aferran con
empeño y firmeza a principios opuestos a los de la socialdemocracia
revolucionaria. Por pobre que yo sea, no he llegado aún al extremo de tener que
ocultar al público los elogios
rendidos por semejantes partidarios. Y eso es lo que se ve obligado a hacer la
redacción de la nueva Iskra.
¿Sabe usted, lector, qué es
el comité de Vorónezh del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia? Si no la
sabe, lea las actas del congreso de este partido. Por ellas se enterará de que
la tendencia de dicho comité es la que expresan por entero el camarada Akímov y
la camarada Brúker, los cuales lucharon en toda la línea contra el ala
revolucionaria del partido en el congreso y fueron colocados decenas de veces
entre los oportunistas por todo el mundo, empezando por el camarada Plejánov y
acabando por el camarada Popov. Pues bien, este comité de Vorónezh, en su hoja
de enero (núm. 12, 1904), declara:
"En nuestro partido,
siempre en crecimiento, se produjo el año pasado un acontecimiento de
trascendental importancia para él: se celebró el II Congreso del POSDR, que
reunió a representantes de sus organizaciones. La convocatoria de un congreso
del partido es algo muy complejo y, bajo la monarquía, algo muy arriesgado y
difícil; por ello no es de extrañar que la convocatoria del congreso del
partido se llevara a cabo de un modo muy
lejano a la perfección y que el mismo congreso, aunque transcurrió con toda
normalidad, no diera satisfacción a todo lo que de él exigía el partido. Los
camaradas a quienes la conferencia de 1902 encomendó la convocatoria del
congreso habían sido detenidos, y éste lo
prepararon personas designadas por una sola tendencia de la socialdemocracia
rusa: la tendencia iskrista. Muchas organizaciones
socialdemócratas, pero no iskristas, no fueron incorporadas a las labores del
congreso: a ello se debe, en parte,
el hecho de que el congreso cumpliera de
un modo extremadamente imperfecto su cometido en lo que se refiere a
redactar el programa y los estatutos
del partido, que haya en los estatutos grandes lagunas "que pueden dar lugar a peligrosas
confusiones", según reconocen las mismas personas que participaron en el
congreso. Los propios iskristas se escindieron en él, y muchos militantes
destacados de nuestro POSDR, que antes parecían aceptar en su totalidad el
programa de acción de Iskra,
reconocían que eran irreales muchos de sus puntos de vista, propugnados principalmente por Lenin y Plejánov.
Aunque estos últimos triunfaron en el congreso, la fuerza de la vida práctica,
las exigencias del trabajo real, en cuyas filas figuran también todos los no
iskristas, corrigen presto los errores de los teóricos y han hecho ya serias
rectificaciones después del congreso. "Iskra"
ha cambiado mucho y promete prestar
oído atento a las exigencias de los militantes de la socialdemocracia en general. Por tanto, aunque las labores del
congreso deben ser revisadas por el congreso próximo y —cosa evidente para los
que tomaron parte en él— no son satisfactorias y, por lo mismo, no pueden ser tomadas en el partido como decisiones
incontestables, el congreso puso en claro el estado de cosas existente en
el partido, proporcionó copiosos
datos para la subsiguiente labor teórica y orgánica del mismo y constituyó una
experiencia aleccionadora de enorme interés para el trabajo del partido en
pleno. Todas las organizaciones tendrán
en cuenta las resoluciones del congreso y los estatutos por éste
redactados, pero muchas se abstendrán de
guiarse únicamente por ellos, debido a sus evidentes imperfecciones.
158
El comité de Vorónezh,
comprendiendo toda la importancia del trabajo del partido en conjunto, se hizo vivamente eco de todos los problemas relacionados con la convocatoria del
congreso. Se da cuenta de toda la importancia de lo sucedido en el
Un paso adelante, dos pasos atrás
congreso y se congratula del cambio que se ha producido en "Iskra", convertida en Órgano
Central (órgano principal).
Aunque no nos satisface todavía el estado de cosas que se
observa en el partido y en el CC, confiamos en que con los esfuerzos de todos
se conseguirá perfeccionar la difícil labor de organización del partido. Frente
a los falsos rumores que circulan, el comité de Vorónezh declara a los
camaradas que no puede ni hablarse de que él salga del partido. El comité de
Vorónezh comprende perfectamente cuán peligroso precedente (ejemplo) sería que
saliera del seno del POSDR una organización obrera como es este comité, qué reproche recaería por ello sobre el
partido y qué perjudicial sería para las organizaciones obreras que
siguieran ese ejemplo. Nuestro deber
no es provocar nuevas escisiones, sino aspirar tenazmente a la unificación de
todos los obreros conscientes y socialistas en un partido único. Además, el II
Congreso ha sido un congreso ordinario y no constituyente. Sólo el juzgado del
partido puede acordar una expulsión, pero ningún organismo, ni aun el mismo
Comité Central, tiene derecho a excluir del partido a ninguna organización
socialdemócrata. Es más: en el II Congreso se aprobó el artículo octavo de los
estatutos, según el cual cada organización es autónoma (independiente) en sus
asuntos locales, causa por la que el
comité de Vorónezh tiene pleno derecho a llevar a la vida y al partido sus
puntos de vista en materia de organización".
Al referirse a esta hoja en
su número 61, la redacción de la nueva Iskra
ha publicado la segunda parte del pasaje que hemos reproducido, la parte
impresa en caracteres corrientes; la primera, reproducida en glosilla, ha preferido omitirla.
Le ha dado vergüenza.
p) Algo de dialéctica. Dos revoluciones
Al lanzar una somera ojeada
al desenvolvimiento de la crisis en nuestro partido, veremos sin dificultad
que, salvo raras excepciones, la composición fundamental de los dos bandos en
pugna ha sido siempre la misma. Ha sido la lucha entre el ala revolucionaria y
el ala oportunista de nuestro partido. Pero esta lucha ha pasado por las fases
más diversas, y todo el que quiera ver claro en el enorme fárrago de
publicaciones ya acumuladas, en la inmensidad de alusiones y aclaraciones
aisladas, citas truncadas, diversas acusaciones, etc., etc., ha de tener un
conocimiento exacto de las peculiaridades de cada una de estas fases.
Cada una de las mencionadas
fases se distingue por una coyuntura de lucha y un objetivo inmediato de ataque
muy distintos; cada fase representa, por decirlo así, un solo combate de una
campaña general. Nada podrá entenderse de nuestra lucha si no se estudian las
condiciones concretas de cada batalla. Y, una vez estudiadas, veremos bien
claro que, en efecto, su desarrollo sigue la vía dialéctica, la vía de las
contradicciones: la minoría se convierte en mayoría, la mayoría en minoría;
cada bando pasa de la defensiva a la ofensiva y viceversa; "se niega"
el punto de partida de la lucha ideológica (artículo primero), dando paso a las
intrigas, que lo llenan todo*; pero luego empieza "la negación de la
negación" y, "aviniéndose" a trancas y barrancas en el seno de
los diversos organismos centrales, volvemos al punto de partida de la lucha
puramente ideológica. Pero esta "tesis" está ya enriquecida por todos
los resultados de la “antitesis" y se ha elevado a síntesis superior,
cuando el error aislado y casual del artículo primero se ha convertido en un
casi sistema de concepciones oportunistas sobre el problema de organización,
cuando para todo el mundo es cada vez más evidente la relación que guarda este
fenómeno con la división fundamental de nuestro partido en ala revolucionaria y
ala oportunista. En pocas palabras, no sólo crece
Un paso adelante, dos pasos atrás
la avena según el esquema de Hegel, sino
que los socialdemócratas rusos luchan entre sí también según el esquema de
Hegel.
* El difícil problema de trazar una
frontera entre la intriga y la divergencia de principio se resuelve ahora por
sí mismo: es intriga todo lo que se refiere a la cooptación; y divergencia de
principio, todo lo tocante al análisis de la lucha en el congreso, a los
debates sobre el artículo primero y al viraje hacia el oportunismo y el
anarquismo.
Pero la gran dialéctica
hegeliana, que el marxismo ha adoptado después de haberla puesto cabeza arriba,
no debe confundirse nunca con el vulgar método de justificar los zigzags de los
dirigentes políticos que se pasan del ala revolucionaria al ala oportunista del
partido, con la vulgar manera de meter en un saco declaraciones diversas,
aspectos distintos del desarrollo de diversas fases de un proceso único. La
verdadera dialéctica no justifica los errores personales, sino que estudia los
virajes inevitables, demostrando su inevitabilidad con el estudio más detallado
del desarrollo en todos los aspectos concretos. El principio fundamental de la
dialéctica es: no hay verdad abstracta, la verdad es siempre concreta... Y
tampoco debe confundirse esta gran dialéctica hegeliana con la acomodaticia y
vulgar sabiduría que expresa el proverbio italiano: mettere la coda dove non va il capo (meter la cola por donde no
cabe la cabeza).
159
El resultado del desarrollo
dialéctico de la lucha empeñada en nuestro partido se reduce a dos
revoluciones. El congreso del partido fue una verdadera revolución, según
observó con razón el camarada Mártov en su De
nuevo en minoría. Razón tienen también los chistosos de la minoría que
dicen: ¡el mundo avanza por revoluciones, por eso hemos hecho nosotros una
revolución! En efecto, han hecho una revolución después del congreso; y también
es verdad que, hablando en general, el mundo avanza por revoluciones. Pero esta
máxima general no determina todavía la significación concreta de cada una de
las revoluciones concretas: hay revoluciones, que, remedando la inolvidable
expresión del inolvidable camarada Májov, son como reacciones. Para determinar
si esta o la otra revolución concreta ha hecho avanzar o retroceder al
"mundo" (a nuestro partido), hay que saber si ha sido el ala
revolucionaria o el ala oportunista del partido la fuerza real que la ha
producido; hay que saber si han sido los principios revolucionarios o los
principios oportunistas los que animaban a los combatientes.
El congreso de nuestro
partido fue un fenómeno único en su género, sin precedente en toda la historia
del movimiento revolucionario ruso. Por primera vez consiguió un partido
revolucionario clandestino salir de las tinieblas de la ilegalidad a la luz del
día, mostrando a cada cual la trayectoria y el desenlace de la lucha interna de
nuestro partido, toda la fisonomía del partido y de cada una de sus partes de
cierta importancia en las cuestiones de programa, táctica y organización. Por
primera vez conseguimos librarnos de las tradiciones de relajamiento propio de
los círculos y de filisteísmo revolucionario, reunir decenas de los grupos más
diversos, muchas veces terriblemente hostiles, unidos exclusivamente por la
fuerza de la idea y dispuestos (dispuestos en principio) a sacrificar cualquier
particularismo e independencia de grupo en aras del gran todo que por primera
vez creábamos de hecho: el partido.
Pero, en política, los sacrificios no se obtienen sin esfuerzo: se conquistan combatiendo. Por fuerza hubo de ser
encarnizadísimo el combate para dar muerte a las organizaciones. El viento
fresco de la lucha franca y libre se convirtió en torbellino. Y este torbellino
barrió —¡bien barridos están!— sin dejar uno, los restos de todos los
intereses, sentimientos y tradiciones de círculo, creando por primera vez
organismos colectivos efectivamente de partido.
Pero no es lo mismo predicar
que dar trigo. Una cosa es sacrificar en principio el espíritu de círculo en
aras del partido y otra renunciar al propio círculo de uno. El viento fresco lo
fue demasiado para quienes estaban habituados a la atmósfera viciada del
filisteísmo. "El partido no ha podido con su primer congreso", dijo
con razón (con razón, pero sin querer) el camarada Mártov en su De nuevo en minoría. Era demasiado
fuerte la sensación de agravio por la muerte dada a las organizaciones. La
violenta vorágine levantó del fondo de la corriente de nuestro partido todo el
cieno que estaba depositado, y el cieno se ha
Un paso adelante, dos pasos atrás
desquitado. El viejo y
anquilosado espíritu de círculo ha podido más que el joven, espíritu de
partido. Reforzada con la conquista casual de Akímov, el ala oportunista del
partido, que había sufrido una derrota completa, se ha impuesto —claro que por
algún tiempo nada más— al ala revolucionaria.
En fin de cuentas, ha resultado una nueva Iskra, que se ve precisada a desarrollar y profundizar el error
cometido por sus redactores en el congreso del partido. La vieja Iskra enseñaba las máximas de la lucha
revolucionaria. La nueva Iskra
predica la sabiduría filistea: concesiones y espíritu acomodaticio. La vieja Iskra era el órgano de la ortodoxia
militante. La nueva Iskra es una
reanimación del oportunismo, sobre todo en cuestiones de organización. La vieja
Iskra se había concitado la honrosa
enemistad de los oportunistas de Rusia y del Occidente de Europa. La nueva Iskra se "ha hecho más
prudente" y pronto dejará de avergonzarse de los elogios que le prodigan
los extremistas del oportunismo. La vieja Iskra
caminaba con paso firme hacia su objetivo, y sus palabras no se apartaban de
sus hechos. En la nueva Iskra, la
falsedad interior de su posición engendra de modo inevitable —incluso
independientemente de la voluntad y conciencia de tal o cual persona— la
hipocresía política. Grita contra el espíritu de círculo para encubrir la
victoria de este último sobre el espíritu de partido. Censura farisaicamente la
escisión, como si en un partido algo organizado pudiera imaginarse contra ésta
un medio que no sea la subordinación de la minoría a la mayoría. Declara que es
imprescindible tener en cuenta la opinión pública revolucionaria y, ocultando
los elogios de los Akímov, se dedica a un mezquino chismorreo contra los
comités del ala revolucionaria del partido. ¡Qué vergüenza! ¡Cómo han cubierto
de oprobio a nuestra vieja Iskra!
160
Un paso adelante, dos pasos atrás... Es algo que sucede en la
vida de los individuos, en la historia de las naciones y en el desarrollo de
los partidos. Y sería la más criminal de las cobardías dudar, aunque sólo fuera
por un momento, del inevitable y completo triunfo de los principios de la
socialdemocracia revolucionaria, de la organización proletaria y de la
disciplina del partido. Hemos logrado ya mucho y debemos seguir luchando, sin
que nuestro ánimo decaiga ante los reveses. Debemos luchar consecuentemente,
despreciando los procedimientos filisteos de los altercados propios de los
círculos, salvaguardando hasta la última posibilidad el nexo que enlaza en un
partido único a todos los socialdemócratas de Rusia, nexo establecido a costa
de tantos esfuerzos, y tratando de conseguir, con una labor tenaz y
sistemática, que todos los miembros del partido, y especialmente los obreros,
conozcan plena y conscientemente los deberes de partido, la lucha que se
entabló en el II Congreso del partido, todos los motivos y vicisitudes de
nuestra divergencia, todo lo funesto del oportunismo, que también en el terreno
de organización — al igual que en el terreno de nuestro programa y de nuestra
táctica— se rinde impotente a la psicología burguesa, adopta sin crítica alguna
el punto de vista de la democracia burguesa y embota el arma de la lucha de
clase del proletariado.
En su lucha por el poder, el
proletariado no dispone de más arma que la organización. Desunido por el
imperio de la anárquica competencia dentro del mundo burgués, aplastado por los
trabajos forzosos al servicio del capital, lanzado constantemente "al bajo
fondo" de la miseria más completa, del embrutecimiento y de la
degeneración, el proletariado puede hacerse y se hará sin falta una fuerza
invencible siempre y cuando su unión ideológica por medio de los principios del
marxismo se refuerce con la unidad material de la organización que cohesiona a
los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera. Ante este
ejército no podrán resistir ni el poder decrépito de la autocracia rusa ni el
poder caducante del capitalismo internacional. Este ejército cerrará mascada
día más, a pesar de todos los zigzags y pasos atrás, a pesar de las frases
oportunistas de los girondinos de la socialdemocracia contemporánea, a pesar de
los fatuos elogios del atrasado espíritu de círculo, a pesar de los oropeles y
el alboroto del anarquismo propio de intelectuales.
Un paso adelante, dos pasos atrás
Escrito en
febrero-mayo de 1904. Publicado en volumen aparte en mayo de 1904 en Ginebra.
T. 8, págs. 187-404.
Democracia obrera y democracia burguesa
161
DEMOCRACIA OBRERA Y
DEMOCRACIA BURGUESA.
La actitud de la
socialdemocracia, o democracia obrera, ante la democracia burguesa es un
problema viejo y, al mismo tiempo, eternamente nuevo. Viejo porque está
planteado desde el momento mismo en que surgió la socialdemocracia. Sus bases
teóricas fueron esclarecidas ya en las primeras obras marxistas, en el Manifiesto Comunista y en El Capital. Eternamente nuevo porque
cada paso en el desarrollo de cualquier país capitalista brinda una combinación
especial, original, de matices distintos de la democracia burguesa y de
tendencias diferentes en el movimiento socialista.
También en Rusia, nuestro
país, este viejo problema se ha hecho hay singularmente nuevo. Para que podamos
explicarnos con mayor claridad la situación actual, empezáremos por una pequeña
remembranza de tipo histórico. El viejo populismo revolucionario ruso
sustentaba una concepción utópica, semianarquista. Consideraba que el campesino
comunitario era un socialista formado. Tras el liberalismo de la sociedad rusa
culta advertía con claridad los apetitos de la burguesía rusa. Negaba la lucha
por la libertad política, viendo en ella una lucha por lograr instituciones
ventajosas para la burguesía. Los adeptos de Libertad del Pueblo dieron un paso
adelante al emprender la lucha política, pero no consiguieron ligarla al
socialismo. El planteamiento socialista explícito del problema quedó incluso
oscurecido cuando, al decaer la fe en el espíritu socialista de nuestra
comunidad campesina, se intentó renovada con teorías como la del señor V. V.
acerca del carácter no clasista, no burgués, de la intelectualidad democrática
rusa. De este modo se sentaron las bases para que el populismo, que había
repudiado antes por completo el liberalismo burgués, comenzara a fundirse
paulatinamente con él en una sola tendencia populista liberal. Se hizo más
evidente cada día la naturaleza democrática burguesa del movimiento intelectual
ruso —desde el más moderado, el culturalista, hasta el más extremista, el
revolucionario terrorista-, al mismo tiempo que surgían y se desarrollaban la
ideología proletaria (la socialdemocracia) y el movimiento obrero de masas.
Pero el crecimiento de este último fue acompañado de una escisión entre los
socialdemócratas. Se manifestó patentemente la existencia de dos alas en la
socialdemocracia: la revolucionaria, que expresaba las tendencias proletarias de
nuestro movimiento, y la oportunista, que expresaba sus tendencias
intelectuales. El marxismo legal no tardó en revelarse, de hecho, como "un
reflejo del marxismo en las publicaciones burguesas" y, pasando por el
oportunismo bernsteiniano, fue a caer de lleno en el liberalismo. De un lado,
los economistas que militaban en la socialdemocracia se dejaron arrastrar por
la concepción semianarquista de un movimiento puramente obrero, consideraron
que el apoyo de los socialistas a la oposición burguesa representaba una
traición al punto de vista de clase y declararon que la democracia burguesa en
Rusia era un fantasma*. De otro lado, los economistas de un matiz distinto,
apasionados por ese mismo movimiento puramente obrero, acusaron a los
socialdemócratas revolucionarios de desentenderse de la lucha social que
sostienen contra la autocracia nuestros liberales, la gente de los zemstvos y
los culturalistas**.
* Véase el folleto Dos congresos (pág. 32), editado por Rabócheie Dielo y dirigido contra Iskra. ** Véase el Suplemento
especial de "Rabóchaya Mysl",
septiembre de 1899.
La vieja Iskra mostró los elementos de democracia
burguesa en Rusia cuando mucha gente no los veía aún. Y pidió que el
proletariado respaldara a esa democracia (véanse el núm. 2 de Iskra, acerca del apoyo al movimiento
estudiantil; el núm. 8, en torno al congreso clandestino
Democracia obrera y democracia burguesa
de los zemstvos; el núm. 16,
sobre los mariscales de la nobleza de tendencias liberales; el núm. 18,
respecto a la efervescencia en los zemstvos, y otros)***. Señaló siempre el
carácter de clase, burgués, del movimiento liberal y radical y dijo a los fluctuantes
adeptos de Osvobozhdenie: "Es
hora ya de comprender la verdad elemental de que la conjunción efectiva (y no de palabra) en la lucha contra el
enemigo común no se asegura con politiquería, ni con lo que el finado Stepniak
denominó en cierta ocasión autolimitación y autoocultamiento, ni con la mentira
convencional del mutuo reconocimiento diplomático, sino con la participación
efectiva en la lucha, con la unidad efectiva en la lucha. Cuando la batalla de
los socialdemócratas alemanes contra la reacción policíaco-militar y
clerical-feudal se hacía común de verdad con la lucha de cualquier partido
auténtico que se apoyase en una clase determinada del pueblo (por ejemplo, en
la burguesía liberal), la unidad de acción se establecía sin necesidad de frases
acerca del reconocimiento mutuo" (núm. 26).
***
Aprovecho la ocasión
para expresar mi sincera gratitud a Starovier y Plejánov, que han emprendido la
labor, extraordinariamente útil, de descubrir a los autores de los artículos
sin firma publicados en la vieja Iskra.
Esperamos que llevarán hasta el fin esta labor que proporcionará datos
característicos en grado sumo para valorar el viraje de la nueva Iskra hacia el ideario de Rabócheie Dielo.
162
Este planteamiento del problema por parte de la vieja Iskra nos lleva de pleno a las
discusiones actuales en torno a la actitud de la socialdemocracia frente a los
liberales. Es sabido que estas discusiones empezaron en el II Congreso, el cual
aprobó dos resoluciones que correspondían al punto de vista de la mayoría
(resolución de Plejánov) y al de la minoría (resolución de Starovier). La
primera define con precisión el carácter de clase del liberalismo como
movimiento de la burguesía y coloca en primer plano la tarea de esclarecer al
proletariado el fondo antirrevolucionario y antiproletario de la principal
tendencia liberal (la de Osvobozhdenie).
Al admitir la necesidad de que el proletariado apoye a la democracia burguesa,
esta resolución no cae en la politiquería del reconocimiento mutuo, sino que,
en el espíritu de la vieja Iskra,
ciñe la cuestión a la lucha conjunta: los socialdemócratas "deben apoyar a
la burguesía en la misma medida en
que es revolucionaria o sólo oposicionista en
su lucha contra el zarismo".
Por el contrario, la
resolución de Starovier no contiene un análisis clasista del liberalismo y de
la democracia. Está llena de buenos propósitos; inventa condiciones de un
acuerdo, probablemente más elevadas y buenas, pero, por desgracia, ficticias, verbales: los liberales o los demócratas
deben declarar esto o aquello, no
deben presentar unas u otras reivindicaciones,
deben convertir en consigna de su
lucha tales o cuales cosas... ¡Como si la
historia de la democracia burguesa no previniera a los obreros, en todas
partes, contra la fe en las declaraciones, reivindicaciones y consignas! ¡Como
si la historia no nos hubiera mostrado con centenares de ejemplos que los
demócratas burgueses proclamaron no sólo consignas de plena libertad, sino
incluso de igualdad, consignas socialistas, sin dejar por eso de ser demócratas
burgueses y "ofuscar" más aún con ello la conciencia del
proletariado! ¡El ala intelectual de la socialdemocracia quiere combatir este
ofuscamiento reclamando a los demócratas burgueses que no ofusquen! El ala
proletaria lucha mediante un análisis del contenido de clase de la democracia.
El ala intelectual persigue las condiciones verbales de los acuerdos. El ala
proletaria exige una conjunción efectiva en la lucha. El ala intelectual
inventa un rasero para determinar cuál es la burguesía buena, benévola y
merecedora de que se llegue a un acuerdo con ella. El ala proletaria no espera
ninguna benevolencia de la burguesía, sino que apoya a toda burguesía, aunque
sea la peor, en la medida en que lucha de
verdad contra el zarismo. El ala intelectual cae en el punto de vista del
mercachifle: si se colocan ustedes al
lado de los socialdemócratas, y no de los socialistas— revolucionarios,
accederemos a concertar un acuerdo contra el enemigo común; de lo contrario,
no. El ala proletaria sustenta el punto de vista de la utilidad: los apoyaremos
exclusivamente en el caso de que podamos asestar con mayor habilidad un golpe a
nuestro enemigo.
Democracia obrera y democracia burguesa
Todos los defectos de la
resolución de Starovier se hicieron patentes en cuanto dicha resolución entró
en contacto con la realidad. Ese primer contacto fue el famoso plan de la
redacción de la nueva Iskra, el plan
de "un tipo superior de movilización", vinculado a los razonamientos
de principio en el núm. 77 (artículo de fondo: La democracia en una encrucijada) y en el núm. 78 (artículo de
Starovier). Del plan se ha hablado ya en el folleto de Lenin, pero los razonamientos deberán ser analizados aquí.
La razón fundamental (o,
mejor dicho, la sinrazón fundamental) de las consideraciones de la nueva Iskra a que nos referimos es la
diferencia que se establece entre la gente de los zemstvos y la democracia
burguesa. Esta diferencia es lo que impregna a ambos artículos, y el lector
atento observará que en vez del término democracia burguesa, y a la par con él,
se emplean como términos equivalentes estos otros: democracia, intelectualidad
radical (¡sic!), democracia naciente
y democracia intelectual. La nueva Iskra,
con la modestia que la caracteriza, eleva esta diferencia a la categoría de
gran descubrimiento, de concepción original, que al pobre Lenin "no le es
dado comprender". Se liga directamente esta diferencia al nuevo método de
lucha de que tanto hemos oído hablar a Trotski y a la propia redacción de Iskra, a saber: el liberalismo de los
zemstvos "sólo sirve para ser flagelado con escorpiones", mientras
que la democracia intelectual es apta para concertar acuerdos con nosotros. La
democracia debe actuar por su cuenta, como una fuerza independiente. "El
liberalismo de Rusia, al que se ha despojado de su parte históricamente
necesaria, de su nervio motor (¡escuchen!), de su mitad democrática burguesa,
sólo sirve para ser flagelado con escorpiones". En la concepción leninista
"del liberalismo ruso no quedaba lugar para los elementos sociales en los
que la socialdemocracia podría influir, no importa cuándo (!), como vanguardia
de la democracia".
Tal es la nueva teoría. Y
como todas las nuevas teorías de la Iskra
actual, es un embrollo completo. Primero, es infundada y ridícula la pretensión
de tener la prioridad en lo que respecta al descubrimiento de la democracia
intelectual. Segundo, es falsa la diferencia entre el liberalismo de los
zemstvos y la democracia burguesa. Tercero, es infundada la opinión de que la
intelectualidad pueda convertirse en una fuerza independiente. Cuarto, es
injusto afirmar que el liberalismo de los zemstvos (sin la mitad
"democrática burguesa") sólo sirve para ser flagelado, etc.
Examinemos todos estos puntos.
Se dice que Lenin desconoció
el nacimiento de la democracia intelectual y del tercer elemento.
163
Abrimos el núm. 2-3 de Zariá.
Tomamos la misma Crónica de la vida
interior que cita Starovier en su artículo. Leemos el título del capítulo tercero: El
tercer elemento . Hojeamos este capítulo y encontramos que en él se habla
del "aumento del número y la influencia de los médicos, peritos, etc.,
empleados en el zemstvo"; del "indómito desarrollo económico, que
crea una demanda de intelectuales, cuyo número crece de día en día"; de
"los inevitables conflictos de estos intelectuales con la burocracia y con
los tiburones de la administración"; del "carácter verdaderamente
epidémico de estos conflictos en los últimos tiempos"; de "la
irreconciliabilidad de la autocracia con los intereses de la intelectualidad en
general"; e incluso leemos un franco
llamamiento a estos elementos a agruparse "bajo la bandera" de la
socialdemocracia...
¿Verdad que está bien? ¡La
democracia intelectual que se acaba de descubrir y la necesidad de llamarla a
agruparse bajo la bandera de la socialdemocracia fueron
"descubiertas" por el maligno Lenin hace tres años!
Claro que entonces no se
había descubierto aún la contraposición directa entre los hombres de los
zemstvos y la democracia burguesa. Pero esta contraposición es algo tan
inteligente como si se dijera: la provincia de Moscú y el territorio del
Imperio ruso. Los mayores contribuyentes partidarios de los zemstvos y los
mariscales de la nobleza son demócratas
por
Democracia obrera y democracia burguesa
cuanto se pronuncian contra
la autocracia y el régimen de la servidumbre. Su espíritu democrático es
limitado, estrecho e inconsecuente, de la misma manera que es limitada,
estrecha e inconsecuente en grados distintos toda democracia burguesa. El
editorial del núm. 77 de Iskra
analiza nuestro liberalismo, dividiéndolo en los siguientes grupos: 1)
terratenientes feudales; 2) terratenientes liberales; 3) intelectuales
liberales partidarios de una constitución restringida, y 4) intelectuales
democráticos, la extrema izquierda. Este análisis es incompleto y embrollado,
pues se confunde la división de los intelectuales con la división de los
diferentes grupos y clases cuyos intereses expresa la intelectualidad. Además
de los intereses de un vasto sector de terratenientes, la democracia burguesa
rusa refleja los de gran número de comerciantes e industriales, primordialmente
medianos y pequeños, y también (lo que tiene singular importancia) de una gran
masa de campesinos acomodados y pequeños propietarios. Pasar por alto este
sector, el más amplio de la democracia burguesa rusa, es la primera laguna en
el análisis de Iskra. La segunda
consiste en olvidar que la intelectualidad democrática rusa se divide por su
posición política, de manera necesaria y no casual, en tres corrientes: la de Osvobozhdenie, la socialista—
revolucionaria y la socialdemócrata. Todas estas tendencias tienen una larga
historia, y cada una de ellas expresa (con la precisión posible en un Estado
autocrático) el punto de vista de los ideólogos moderados o revolucionarios de
la democracia burguesa y el punto de vista del proletariado. Nada más curioso
que el ingenuo deseo de la nueva Iskra:
"la democracia debe actuar como una fuerza independiente", ¡y a
renglón seguido identificar la democracia con la intelectualidad radical! La
nueva Iskra ha olvidado que la
intelectualidad radical o la democracia intelectual convertida en "una
fuerza independiente" ¡es
precisamente nuestro "partido de los socialistas-revolucionarios"!
En nuestra intelectualidad democrática no podía haber otra "extrema izquierda". Pero se comprende de por
sí que sólo con ironía, o refiriéndose a las bombas, se puede hablar de esa
intelectualidad como de una fuerza independiente. Sustentar las posiciones de
la democracia burguesa y marchar a la izquierda de Osvobozhdenie significa marchar hacia los
socialistas-revolucionarios y sólo hacia ellos.
Finalmente, aún resiste
menos la crítica el último y novísimo descubrimiento de la nueva Iskra: que "el liberalismo sin su
mitad democrática burguesa" sólo sirve para ser flagelado con escorpiones y que "es más
sensato arrojar por la borda la idea de la hegemonía" si no haya quién
dirigirse, excepto a la gente de los zemstvos. Todo liberalismo sirve para que
la socialdemocracia lo apoye en la misma medida en que combate de veras a la
autocracia. La idea de la hegemonía se plasma precisamente en este apoyo del
único demócrata consecuente hasta el fin, es decir, del proletariado, a todos
los demócratas inconsecuentes (o sea, burgueses). Sólo la concepción
pequeñoburguesa, mercantilista, de la hegemonía ve su esencia en el compromiso,
en el reconocimiento mutuo y en las condiciones verbales. Desde el punto de
vista proletario, la hegemonía pertenece en la guerra a quien lucha con mayor
energía que los demás, a quien aprovecha todas las ocasiones para asestar
golpes al enemigo, a aquel cuyas palabras no difieren de los hechos y es, por
ello, el guía ideológico de la democracia y critica toda ambigüedad*. La nueva Iskra se equivoca de medio a medio si
cree que la ambigüedad es una cualidad moral, y no económico-política, de la
burguesía; si cree que se puede y debe encontrar una medida de la ambigüedad
hasta la cual el liberalismo sólo merece escorpiones y después de la cual merece acuerdos. Esto significa precisamente
"determinar de antemano la medida de la ruindad admisible".
* Una observación destinada al neoiskrista perspicaz. Se nos dirá,
probablemente, que la enérgica lucha del proletariado sin ninguna clase de condiciones conducirá a que la burguesía
utilice los frutos de la victoria. Respondemos con una pregunta: ¿qué garantía puede haber, excepto la fuerza
independiente del proletariado, de que se cumplan sus propias condiciones?
164
En efecto, reflexionen sobre
las siguientes palabras: poner como condición de un acuerdo con los grupos
oposicionistas el que éstos reconozcan el sufragio universal, igual, directo y
secreto significa "presentarles el reactivo irrefragable de nuestra
reivindicación, el papel de tornasol de la democracia, y volcar en la balanza
de sus cálculos políticos todo el valor de la ayuda proletaria" (núm. 78).
¡Con qué belleza está escrito! ¡Y qué ganas dan de decir a
Democracia obrera y democracia burguesa
Starovier, autor de estas
hermosas palabras: Arkadi Nikoláievich, amigo mío, déjate de florilegios! El
señor Struve ha rechazado de un plumazo el irrefragable reactivo de Starovier,
al incluir el sufragio universal en el programa de la Unión de la Liberación. Y
el mismo Struve nos ha demostrado con hechos más de una vez que todos esos
programas son para los liberales un trozo de papel, y no de tornasol, sino de
un papel corriente, pues al demócrata burgués no le cuesta nada escribir hoy
una cosa y mañana otra. Es la misma cualidad que distingue incluso a muchos
intelectuales burgueses que se suman a la socialdemocracia. Toda la historia
del liberalismo europeo y ruso ofrece centenares de ejemplos de que sus
palabras difieren de sus hechos, y precisamente por eso es ingenuo el afán de
Starovier de inventar irrefragables reactivos de papel.
Este ingenuo afán le lleva a
la gran idea de que apoyar en su lucha contra el zarismo a los burgueses que no
están de acuerdo con el sufragio universal significa ¡"reducir a la nada
la idea del sufragio universal"! ¿Quizá Starovier se decida a escribirnos
otro bello* artículo para demostrar que, al apoyar a los monárquicos en su
lucha contra la autocracia, reducimos a la nada la "idea" de la
república? La desgracia está precisamente en que el pensamiento de Starovier
gira impotente en el marco de las condiciones, consignas, reivindicaciones y
declaraciones y pierde de vista el único criterio real: el grado de
participación efectiva en la lucha. De ello resulta inevitablemente, en la
práctica, el acicalamiento de la intelectualidad radical y la declaración de
que es posible el "acuerdo" con ella.
* Vean otra pequeña muestra de la prosa de
nuestro Arkadi Nikoláievich: "Cuantos hayan tenido ocasión de observar la
vida social de Rusia durante los últimos años habrán advertido, sin duda, la
acentuada inclinación democrática hacia la idea de la libertad constitucional,
sin afeites, desnuda de todos los sedimentos ideológicos y de todas las
supervivencias del pasado histórico. Esta inclinación ha sido algo así como la
realización de un largo proceso de cambios moleculares en los medios de la
democracia, de metamorfosis ovidianas, que con su caleidoscópico abigarramiento
colmaron la atención y el interés de varias generaciones consecutivas a lo
largo de dos decenios". ¡Lástima que eso no sea cierto, pues la idea de la
libertad, lejos de ser puesta al desnudo, se tiñe precisamente de idealismo en
los novísimos filósofos de la democracia burguesa (Bulgákov, Berdiáiev,
Novgoródtsev y otros. Véase Problemas del
idealismo y Novi Puf).159 ¡Lástima también que en todas esas
metamorfosis ovidianas de abigarramiento caleidoscópico de Starovier, Trotski y
Mártov se manifieste sin afeites la inclinación a la fraseología huera!
La intelectualidad es
proclamada, para mofa del marxismo, el "nervio motor" (¿y no el
servidor vanílocuo?) del liberalismo. Los radicales franceses e italianos son
galardonados con el título de hombres que nada tienen que ver con las
reivindicaciones antidemocráticas o antiproletarias, aunque todo el mundo sabe
que estos radicales han traicionado sus propios programas y ofuscado la
conciencia del proletariado infinidad de veces y aunque en el mismo número (78)
de Iskra puede leerse en la página
siguiente (7) que los monárquicos y los republicanos de Italia "han hecho
causa común en la lucha contra el socialismo". La resolución de los
intelectuales de Sarátov (de la Sociedad de Sanidad), que señala la necesidad
de que participen en la labor legislativa representantes de todo el pueblo, es
declarada "voz auténtica (!!) de la democracia" (núm. 77). El plan
práctico de participación de los proletarios en la campaña de los zemstvos160 va acompañado de un consejo: "concertar cierto acuerdo con
los representantes del ala izquierda de la burguesía oposicionista" (el
famoso acuerdo de no sembrar el pánico). Y a la pregunta de Lenin de adónde han
ido a parar las famosas condiciones de Starovier para la firma de acuerdos, la
nueva redacción de Iskra responde:
"Los miembros del
partido deben guardar siempre en la memoria estas condiciones y, sabiendo
cuáles son las únicas en que el partido está dispuesto a concertar acuerdos
políticos formales con el partido democrático, tendrán el deber moral, incluso
en los
![]()
159
Lenin
se refiere a la colección de artículos de filosofía de S. N. Bulgákov, E. N.
Trubetskói y otros, aparecida en 1902 con el título de Problemas del idealismo.
"Novi Put"
("Nueva Vía"): revista mensual; apareció en San Petersburgo en 1903 y
1904; participaban en ella representantes de las tendencias idealista y
mística.
160 Plan
de la campaña de los zemstvos: plan menchevique de apoyo a la "campaña de los
zemstvos" (congresos, asambleas y banquetes de los hombres de los zemstvos
en los que se pronunciaban discursos y adoptaban resoluciones en el espíritu de
las reivindicaciones constitucionales moderadas) que desplegó la burguesía
liberal desde otoño de 1904 hasta enero de 1905.
Democracia obrera y democracia burguesa
acuerdos parciales de que se
habla en la carta, de establecer una diferencia rigurosa entre los
representantes seguros de la oposición burguesa, los demócratas auténticos, y
los liberales aprovechados"**.
** Véase el segundo editorial, Carta a las organizaciones del partido,
publicada también con carácter confidencial ("sólo para los miembros del
partido"), aunque no contiene nada de confidencial. Es instructivo en
grado sumo comparar esta respuesta de toda la redacción con el folleto
"confidencial" de Plejánov titulado Acerca de nuestra táctica respecto a la lucha de la burguesía liberal
contra el zarismo (Ginebra. 1905. Carta al Comité Central. Sólo para los
miembros del partido). Esperamos
volver a tratar de estos dos escritos.
De escalón en escalón. Junto
al acuerdo del partido (único admisible, según la resolución de Starovier) han
aparecido acuerdos parciales en algunas ciudades, y, junto a los acuerdos
formales, acuerdos morales. Ha resultado que la aceptación verbal de las
"condiciones" y su obligatoriedad "moral" conceden el
título de "demócrata auténtico" y "seguro", aunque hasta
los niños saben que decenas y centenas de charlatanes de los zemstvos están
dispuestos a hacer cualquier declaración verbal, incluso a asegurar, bajo
palabra de honor de radical, que son socialistas: todo con tal de tranquilizar
a los socialdemócratas.
165
No, el proletariado no
aceptará este juego de las consignas, las declaraciones y los acuerdos. El
proletariado jamás olvidará que los demócratas burgueses no pueden ser
demócratas seguros. El proletariado apoyará a la democracia burguesa, pero no
comprometiéndose con ella a no sembrar el pánico ni abrigando fe en su
seguridad; la apoyará cuando luche de verdad, y en la medida en que luche,
contra la autocracia. Este apoyo es necesario para lograr los objetivos
independientes, sociales y revolucionarios, del proletariado.
Publicado el 24 (11)
de enero de 1905 en el núm. 3 de "Vperiod".
T. 9, págs. 179-189.
El comienzo de la revolución en Rusia
166
EL COMIENZO DE LA
REVOLUCIÓN EN RUSIA.
Ginebra, miércoles, 25 (12) de enero
En Rusia están ocurriendo
sucesos históricos de la mayor magnitud. El proletariado se ha sublevado contra
el zarismo. A la insurrección lo ha empujado el gobierno. No es probable que
ahora quede la menor duda de que el gobierno dejaba adrede que se desarrollara
relativamente sin obstáculos el movimiento huelguístico y comenzase una nutrida
manifestación con el deseo de llevar las cosas hasta el empleo de la fuerza
armada. ¡Y las ha llevado! Miles de muertos y heridos: tal es el balance del
domingo sangriento del 9 de enero161 en
San Petersburgo. Las tropas han vencido a los obreros, a las mujeres y a los
niños inermes. La tropa ha arrollado al adversario, ametrallando a los obreros
que yacían en el suelo. “¡Buena lección les hemos dado!”, dicen ahora con
cinismo indescriptible los sicarios del zar y sus lacayos europeos de la
burguesía conservadora.
¡Sí, la lección ha sido
grande! El proletariado ruso no la olvidará. Los sectores menos preparados y
más atrasados de la clase obrera que tenían una fe candorosa en el zar y
deseaban de todo corazón entregar pacíficamente “al zar en persona” la petición
del atormentado pueblo han recibido, todos, una lección de la fuerza armada
dirigida por el zar o el gran príncipe Vladímir, tío del zar.
La clase obrera ha recibido
una gran lección de guerra civil; la educación revolucionaria del proletariado
ha avanzado en un día como no hubiera podido hacerlo en meses y años de vida
monótona, cotidiana, de opresión. El lema de “¡libertad o muerte!” del heroico
proletariado petersburgués repercute ahora en toda Rusia. Los acontecimientos
sobrevienen con asombrosa rapidez. En San Petersburgo se extiende la huelga
general. Ha quedado paralizada toda la vida industrial, social y política. El
lunes, 10 de enero, los choques entre los obreros y las tropas son más
encarnizados. A despecho de los falsos comunicados gubernamentales, se derrama
sangre en muchísimos barrios de la capital. Se alzan los obreros de Kólpino. El
proletariado se arma y arma al pueblo. Se dice que los obreros se han apoderado
del arsenal de Sestroretsk. Se pertrechan con revólveres, forjan armas de sus
herramientas y consiguen bombas para luchar a la desesperada por la libertad.
La huelga general se propaga a las provincias. En Moscú han abandonado ya el
trabajo diez mil personas y se anuncia para mañana (jueves, 13 de enero) la
huelga general. Ha estallado la rebelión en Riga. Salen en manifestación los
obreros de Lodz. Se está preparando la insurrección en Varsovia. Hay
manifestaciones del proletariado en Helsingfors. Aumenta la efervescencia entre
los obreros y se expande la huelga en Bakú, Odesa, Kíev, Járkov, Kovno y Vilna.
Arden los almacenes y el arsenal de la Marina en Sebastopol, y las tropas se
niegan a disparar contra los marinos insurrectos. Hay huelga en Revel y
Sarátov. En Radom ha habido un choque armado de obreros y reservistas con las
tropas.
La revolución va en aumento.
El gobierno empieza ya a lanzarse de un lado a otro. Procura pasar de la
política de represión sangrienta a la de concesiones económicas y salir del
paso
![]()
161 El 9 de enero de 1905 por orden del zar
fue ametrallada la manifestación pacífica de obreros petersburgueses organizada
por el cura Gapón que se encaminaba al Palacio de Invierno para entregar una
petición al zar. En respuesta a la atroz matanza de obreros inermes, se
declararon huelgas y manifestaciones políticas de masas por toda Rusia. Los
sucesos del 9 de enero, que obtuvieron la denominación de domingo sangriento,
fueron el comienzo de la revolución de 1905-1907.
El comienzo de la revolución en Rusia
con la dádiva o la promesa
de implantar la jornada laboral de nueve horas. Pero la lección de la jornada
sangrienta no puede caer en saco roto. La reivindicación de los obreros
petersburgueses sublevados convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyente
elegida por sufragio universal directo, igual y secreto debe ser la
reivindicación de todos los obreros en huelga. Derrocamiento inmediato del
gobierno: ésta es la consigna que, como respuesta a la matanza del 9 de enero,
han lanzado hasta los obreros de San Petersburgo, que creían en el zar, por
boca de su líder, el sacerdote Gueorgui Gapón, quien ha dicho después de este
día sangriento: “Ya no tenemos zar. Lo separa del pueblo un río de sangre.
¡Viva la lucha por la libertad!”
Nosotros decimos: ¡Viva el
proletariado revolucionario! La huelga general pone en pie y moviliza a masas
cada día más nutridas de la clase obrera y de los pobres de la ciudad. El
armamento del pueblo pasa a ser una de las tareas inmediatas del momento revolucionario.
Sólo el pueblo armado puede
ser un verdadero baluarte de su libertad. Y cuanto antes logre armarse el
proletariado, cuanto más tiempo se mantenga en su posición aguerrida de
huelguista revolucionario, tanto antes vacilarán las tropas, tanto mayor será
el número de soldados que comprendan al fin lo que hacen y que se pongan al
lado del pueblo contra los monstruos, contra el tirano, contra los asesinos de
obreros inermes, de sus mujeres y de sus hijos. Cualquiera que sea el desenlace
de la actual insurrección en el propio San Petersburgo, será en todo caso
inevitable e inexorablemente el primer peldaño hacia una insurrección más
amplia, más consciente y mejor preparada. Es posible que el gobierno logre
aplazar la hora del ajuste de cuentas, pero eso puede sólo hacer más grandioso
el siguiente paso del empuje revolucionario. El aplazamiento lo aprovechará
únicamente la socialdemocracia para cohesionar las filas de los combatientes
organizados y difundir las noticias de la acción comenzada por los obreros de San
Petersburgo. El proletariado se sumará a la lucha, dejando las fábricas y
preparando su armamento. Entre los pobres de la ciudad y entre los millones de
campesinos circularán más cada vez las consignas de la lucha por la libertad.
Se formarán comités revolucionarios en cada fábrica, en cada barriada urbana y
en cada aldea importante. El pueblo sublevado derrocará todas las instituciones
gubernamentales de la autocracia zarista y proclamará la convocatoria inmediata
de la Asamblea Constituyente.
167
El armamento inmediato de los obreros y de todos los ciudadanos
en general, la preparación y la organización de las fuerzas revolucionarias
para acabar con las autoridades y las instituciones del gobierno constituyen la
base práctica que permite y debe agrupar a todos los revolucionarios sin
distinción para asestar el golpe de mancomún. El proletariado debe seguir
siempre su camino independiente sin debilitar sus vínculos con el Partido
Socialdemócrata, ni olvidar nunca sus magnos objetivos finales de emancipar a
la humanidad entera de toda explotación. Pero esta independencia del Partido
Socialdemócrata proletario jamás nos hará olvidar cuán importante es el empuje
revolucionario común a la hora de la presente revolución. Los socialdemócratas
podemos y debemos caminar aparte de los revolucionarios de la democracia
burguesa, guardando la independencia de clase del proletariado, pero debemos
marchar unidos con ellos durante la insurrección, al asestar golpes directos al
zarismo, al hacer frente a las tropas y al asaltar las Bastillas del maldito
enemigo de todo el pueblo ruso.
El proletariado del mundo
entero tiene ahora los ojos puestos con febril impaciencia en el proletariado
de toda Rusia. El derrocamiento del zarismo ruso, heroicamente comenzado por
nuestra clase obrera, será un punto crucial en la historia de todos los países
y facilitará la obra de todos los obreros de todas las naciones, de todos los
Estados y en todos los confines del globo terráqueo. ¡Que ningún
socialdemócrata, que ningún obrero consciente olvide las magnas tareas de lucha
de todo el pueblo que recaen sobre sus espaldas! ¡Que no olvide que representa
las demandas y los intereses de todos los campesinos, de toda la masa de los
El comienzo de la revolución en Rusia
trabajadores y explotados, de todo el
pueblo contra el enemigo común! Hoy está a la vista de todos el ejemplo de los
heroicos proletarios de San Petersburgo.
¡Viva la Revolución!
¡Viva el proletariado en armas!
Publicado el 31 (18) de enero de 1905 en el núm. 4 de “Vperiod”.
T. 9, págs. 201-204
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
168
NUESTRAS TAREAS Y
NUEVAS FUERZAS.
El desarrollo del movimiento
obrero de masas en Rusia, ligado con el de la socialdemocracia, se caracteriza
por tres notables transiciones. La primera va de los estrechos círculos
propagandísticos a la amplia agitación económica entre las masas; la segunda, a
la agitación política a gran escala y a las manifestaciones públicas en las
calles; la tercera, a una verdadera guerra civil, a la lucha revolucionaria
directa, a la insurrección armada del pueblo. Cada una de estas transiciones
estuvo preparada, de un lado, por el esfuerzo del pensamiento socialista en una
dirección primordial y, de otro, por los profundos cambios operados en las
condiciones de vida y en toda la psicología de la clase obrera, por el
despertar de nuevos y nuevos sectores de la misma a una lucha más consciente y
activa. Estos cambios se producían a veces sin ruido; el proletariado"
reunía fuerzas entre bastidores, de modo imperceptible, decepcionando a menudo
a los intelectuales de la solidez y vitalidad del movimiento de las masas.
Luego se llegaba a un punto crucial, y todo el movimiento revolucionario
parecía elevarse de golpe a una fase nueva, superior. Al proletariado y su
destacamento de vanguardia, la socialdemocracia, se les planteaban tareas prácticamente nuevas; para cumplirlas
brotaban como por ensalmo las nuevas fuerzas que, la víspera de llegar al punto
crucial, nadie sospechaba que existieran. Pero eso no ocurría de pronto, ni sin
vacilaciones, ni sin lucha de tendencias en el seno de la socialdemocracia, ni
sin retornar más de una vez a las viejas concepciones, que se creían caducas y
sepultas hacía tiempo.
Uno de esos períodos de
vacilaciones es el que está cruzando hoy día la socialdemocracia en Rusia. Hubo
un tiempo en que el tránsito a la agitación política se abría paso a través de
teorías oportunistas, en que se temía que no hubiese fuerzas suficientes para
cumplir las nuevas tareas y se justificaba el rezago que llevaba la
socialdemocracia de las demandas del proletariado, repitiendo con desmedida
frecuencia la palabra "clasista" o interpretando de manera seguidista
la actitud del partido ante la clase. La marcha del movimiento barrió todos
esos temores debidos a la miopía y todas esas concepciones atrasadas.
Actualmente, su acrecido empuje va acompañado otra vez, aunque en una forma
algo distinta, de la lucha contra los círculos y las corrientes caducos. Los de
Rabócheie Dielo han reencarnado en
los de la nueva Iskra. Para adaptar
nuestra táctica y nuestra organización a las nuevas tareas es preciso vencer la
resistencia de las teorías oportunistas del "tipo superior de
manifestaciones" (plan de la campaña de los zemstvos) o de la
"organización-proceso", es preciso luchar contra el temor
reaccionario a "señalar fecha" para la insurrección o a la dictadura
democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos. El atraso que la
socialdemocracia lleva de las demandas imperiosas del proletariado vuelve a
justificarse, repitiendo con inmoderada frecuencia (y poco seso muy a menudo)
la palabra "clasista" y quitando importancia a las tareas del partido
con relación a la clase. De nuevo se abusa de la consigna de "iniciativa
obrera", dando preferencia a las formas inferiores de actividad y haciendo
caso omiso de las formas superiores de la verdadera acción socialdemócrata y de
la auténtica iniciativa revolucionaria del proletariado mismo.
Es indudable que la marcha
del movimiento barrerá también esta vez todos esos vestigios de concepciones
anticuadas y sin vida. Pero eso no ocurrirá, ni mucho menos, por la simple
refutación de los viejos errores, sino, sobre todo, por la labor revolucionaria
positiva para cumplir las nuevas tareas, ganar para nuestro partido las nuevas
fuerzas que salen hoy en cantidad tan gigantesca en el campo revolucionario y
ponerlas en juego. Estas son las precisas
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
cuestiones de la actividad revolucionaria positiva que deben
constituir el objeto principal de las labores del III Congreso, próximo a
celebrarse; en ellas justamente deben centrar ahora sus pensamientos tanto en
el plano local como general de trabajo todos los miembros de nuestro partido.
Hemos dicho ya muchas veces a grandes rasgos cuáles son las nuevas tareas que
nos esperan: ampliar la agitación para que llegue a nuevos sectores pobres de
la ciudad y del campo; crear una organización más vasta, dinámica y fuerte;
preparar la insurrección y armar al pueblo, concertando para ello un acuerdo
con la democracia revolucionaria. Las noticias sobre las huelgas generales en
toda Rusia, así como sobre las huelgas y el espíritu revolucionario de la
juventud, de los intelectuales democráticos en general y hasta de numerosos
sectores de la burguesía evidencian de manera elocuente cuáles son las nuevas
fuerzas que pueden cumplir estas tareas. La existencia de fuerzas frescas tan
inmensas y la plena seguridad en que incluso la actual efervescencia
revolucionaria, nunca vista en Rusia, abarca todavía sólo a una pequeña parte
de la gigantesca reserva del material inflamable implícito en la clase obrera y
en el campesinado constituyen la completa y absoluta garantía de que las nuevas
tareas pueden ser y serán cumplidas sin falta. El problema práctico que tenemos
planteado consiste, ante todo, en cómo utilizar, orientar, agrupar y organizar precisamente estas nuevas fuerzas, en cómo concentrar precisamente la labor socialdemócrata,
sobre todo, en las nuevas tareas supremas que plantea el momento, sin olvidar
en modo alguno las viejas y habituales tareas que se nos plantean y plantearán
mientras subsista el mundo de la explotación capitalista.
169
Para esbozar algunos modos
de resolver este problema práctico, empecemos por un ejemplo parcial, pero muy
típico, a juicio nuestro. No hace mucho, en vísperas del comienzo de la
revolución, la revista liberal burguesa Osvobozhdenie
(núm. 63) trató el problema del trabajo de organización de la socialdemocracia.
Examinando atentamente la lucha de las dos tendencias de la socialdemocracia, Osvobozhdenie no perdió la ocasión de
aprovecharse una vez más del viraje de la nueva Iskra hacia el "economismo" y de subrayar (con motivo del
folleto demagógico de Rabochi) su simpatía de hondo arraigo en los principios
por el "economismo." El órgano liberal observó con tino que de este
folleto (véase lo que se dice de él en el núm. 2 de Vperiod)162 se desprende la negación o el
empequeñecimiento ineludibles del papel de la socialdemocracia revolucionaria.
Y a propósito de las afirmaciones erróneas por completo de Rabochi sobre la
supuesta preterición de la lucha económica después de la victoria de los
marxistas ortodoxos, Osvobozhdenie
dice:
"La ilusión de la
socialdemocracia rusa contemporánea estriba en que teme el trabajo cultural,
las vías legales, el "economismo" y las llamadas formas no políticas
del movimiento obrero, sin comprender que sólo el trabajo cultural y las formas
legales no políticas pueden crear una base lo suficiente sólida y amplia para
un movimiento de la clase obrera que merezca llamarse revolucionario". Y Osvobozhdenie aconseja a sus adeptos
"tomar la iniciativa para crear un movimiento obrero sindical", no
contra la socialdemocracia, sino con ella, tendiendo al paso un paralelo a las
condiciones del movimiento obrero alemán en la época de la Ley de excepción
contra los socialistas.163
Este no es el sitio
apropiado para hablar de ese paralelo, profundamente erróneo. Es necesario,
ante todo, restablecer la verdad sobre la actitud de la socialdemocracia ante
las formas legales del movimiento obrero. "La legalización de asociaciones
obreras no socialistas y no políticas ha comenzado ya en Rusia", se decía
el año 1902 en ¿Qué hacer?. "Y
nosotros no podemos dejar ya de tener en cuenta esta corriente". Allí se
pregunta cómo tenerla en cuenta y se responde indicando la necesidad de
desenmascarar no sólo las doctrinas
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162 "Vperiod": semanario
bolchevique clandestino, editado en Ginebra desde diciembre de 1904 hasta mayo
de 1905. Aparecieron dieciocho números. El organizador, inspirador ideológico y
dirigente inmediato del periódico fue Lenin.
163 Véase la nota 21.
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
zubatovianas,164 sino todas las prédicas liberales de la armonía a propósito de
la "colaboración de clases" (Osvobozhdenie,
al invitar a los socialdemócratas a la colaboración, reconoce plenamente la
primera tarea y silencia la segunda). "Pero hacer todo esto —se dice más
adelante— no significa en absoluto olvidar que, en fin de cuentas, la
legalización del movimiento obrero nos beneficiará a nosotros, y no, en modo
alguno, a los Zubátov". Separamos la cizaña del trigo, desenmascarando a
los Zubátov y al liberalismo en las reuniones legales. "El trigo está en
interesar en los problemas sociales y políticos a sectores obreros aún más
amplios, a los sectores más atrasados; en liberarnos nosotros, los
revolucionarios, de funciones que son, en el fondo, legales (difusión de libros
legales, socorros mutuos, etc.) y cuyo desarrollo nos proporcionará, de manera
ineluctable y en cantidad creciente, hechos y datos para la agitación".
De aquí se desprende con
claridad que, en cuanto al "temor"
a las formas legales del movimiento, es Osvobozhdenie
la que ha sido víctima de una "ilusión
", y nadie más. Los socialdemócratas revolucionarios no sólo no temen
estas formas, sino que señalan abiertamente la existencia de cizaña y trigo en ellas. Con 'sus razonamientos, Osvobozhdenie no hace, por consiguiente, más que encubrir el temor
real (y fundado) de los liberales a que la socialdemocracia revolucionaria
desenmascare la naturaleza de clase del
liberalismo.
Pero lo que nos interesa,
sobre todo desde el punto de vista de las tareas actuales, es cómo descargar a
los revolucionarios de una parte de sus funciones. Precisamente el momento que
estamos atravesando de comienzo de la revolución imprime a este problema una
actualidad y una amplitud singulares. "Cuanto más energía pongamos en la
lucha revolucionaria tanto más obligado se verá el gobierno a legalizar una
parte de la labor "sindical", desembarazándonos así de parte de la
carga que pesa sobre nosotros", se decía en ¿Qué hacer?". Pero una enérgica lucha revolucionaria nos
desembaraza de "parte de la carga que
pesa sobre nosotros", no sólo siguiendo este camino, sino otros
muchos. El momento que estamos atravesando no sólo ha "legalizado"
mucho de lo que antes estaba prohibido. Ha ampliado tanto el movimiento que hoy
es corriente, habitual y accesible para las masas, incluso al margen de la
legalización oficial, mucho de lo que antes se consideraba, y así lo era, al
alcance sólo de un revolucionario. Toda la marcha histórica del desarrollo del
movimiento socialdemócrata se caracteriza por conquistar contra viento y marea
una libertad de acción cada vez más amplia, pese a las leyes del zarismo y a
las medidas de la policía. El proletariado revolucionario parece rodearse de
cierta atmósfera, inasequible para el gobierno, de simpatía y apoyo tanto entre
la clase obrera como entre las demás clases (que, claro está, sólo hacen suya
una pequeña parte de las reivindicaciones de la democracia obrera).
170
En los comienzos del
movimiento, los socialdemócratas tenían que cumplir múltiples tareas de puro
carácter cultural y aplicar sus energías casi exclusivamente a la agitación
económica. Pero en la actualidad va pasando cada día más una función tras otra
a manos de las nuevas fuerzas y de sectores más amplios, que van siendo
incorporados al movimiento. Las organizaciones revolucionarias venían
concentrando en sus manos cada día más la función de la verdadera dirección política, la función de señalar las
deducciones socialdemócratas
dimanantes de las manifestaciones de protesta obrera y descontento popular. Al
principio teníamos que enseñar a los obreros el abecé en el sentido directo y
figurado de la palabra. Ahora, el nivel de instrucción política se ha elevado
en proporción tan gigantesca que podemos y debemos concentrar todos nuestros
esfuerzos en los fines socialdemócratas más inmediatos de la dirección
organizada del torrente revolucionario. Ahora, los liberales y la prensa legal
ejecutan una inmensidad de la labor "preparatoria" que venía ocupando
hasta la fecha demasiado nuestras fuerzas. Ahora se ha extendido tanto la
propaganda pública, no perseguida por el debilitado gobierno, de las ideas y
reivindicaciones democráticas que
![]()
164 Véase la nota 56.
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
hemos de amoldarnos a la
envergadura completamente nueva del movimiento. Es natural que en esta labor
preparatoria haya cizaña y trigo; es natural que los socialdemócratas tengan
que prestar ahora cada vez más atención a la lucha contra la influencia de la
democracia burguesa en los obreros. Pero una labor así entrañará mucho más
contenido verdaderamente socialdemócrata que nuestra anterior actividad,
orientada sobre todo a despertar a las masas inconscientes en el aspecto
político.
Cuanto más se amplía el
movimiento popular, tanto más se descubre la verdadera naturaleza de las
diferentes clases, tanto más urgente es la tarea del partido de dirigir a la clase, de ser su organizador, y no marchar
a la zaga de los acontecimientos. Cuanto más se desarrolla por doquier la
iniciativa revolucionaria de toda índole tanto más evidentes son la vacuidad y
la carencia de sentido de las palabrejas a lo Rabócheie Dielo sobre la iniciativa en general, repetidas de tan
buen grado por cualquier vocinglero*, tanto más resalta la importancia de la
actividad socialdemócrata
independiente y tanta más iniciativa
revolucionaria exigen de nosotros los acontecimientos. Cuanto más amplios
son los nuevos torrentes del movimiento social que van brotando, tanto mayor
importancia adquiere una fuerte organización socialdemócrata que sepa abrirles
nuevos cauces. Cuanto más obran a nuestro favor la propaganda y la agitación
democrática que hacen otros, tanto mayor importancia tiene la dirección
organizada de la socialdemocracia para proteger de la democracia burguesa la
independencia de la clase obrera.
* En el periódico Vperiod, en vez de las palabras "por cualquier
vocinglero", se dice: "por los adeptos de la nueva Iskra". (N. de la Edit.)
Una época revolucionaria es
para la socialdemocracia lo que los tiempos de guerra para un ejército. Hay que
ensanchar los cuadros de nuestro ejército y pasar a éste de los contingentes de
paz a los de guerra, movilizar a los reservistas, llamar a los que están de
permiso para que se reintegren a sus banderas, y organizar nuevos cuerpos de
ejército, destacamentos y servicios auxiliares. No se debe olvidar que en la
guerra es inevitable e imprescindible reponer las bajas con reclutas menos
preparados, remplazar a cada paso a oficiales por soldados, acelerar y
simplificar el ascenso de soldados a oficiales.
Hablando sin metáforas, es preciso ampliar en gran medida las
organizaciones de toda índole que integran el partido o están adheridas a él
para avanzar, aunque sólo sea en cierto grado, al paso del torrente
centuplicado de la energía revolucionaria del pueblo. Esto no significa, por
supuesto, que se deba relegar la preparación sólida y la enseñanza sistemática
de los preceptos del marxismo; pero hay que tener presente que hoy revisten
mucha más importancia para la preparación y adiestramiento las propias acciones
de guerra, que instruyen a los
bisoños justa y exclusivamente en nuestra
orientación. Hay que tener presente que
nuestra fidelidad "doctrinaria" al marxismo se ve afianzada hoy con las lecciones concretas que el curso
de los acontecimientos revolucionarios da en todas partes a las masas, y todas
estas lecciones corroboran precisamente nuestro dogma. Por lo tanto, no
hablamos de renunciar al dogma, ni de atenuar nuestros recelos y nuestra
desconfianza de los intelectuales sin definir y de los zascandiles
revolucionarios, sino todo lo contrario. Hablamos de los nuevos métodos de
enseñar el dogma, métodos que un socialdemócrata no puede permitirse olvidar.
Hablamos de cuán importante es ahora aprovechar las lecciones concretas de los
grandes acontecimientos revolucionarios para enseñar, no ya a los círculos,
sino a las masas, nuestras viejas lecciones "dogmáticas" sobre la
necesidad, por ejemplo, de unir en la práctica el terrorismo con la
insurrección de las masas y de que tras el liberalismo de la sociedad instruida
rusa es preciso saber distinguir los intereses de clase de nuestra burguesía
(véase la polémica sobre esta cuestión con los socialistas-revolucionarios en
el número 3 de Vperiod).
171
O sea, que no se trata de
debilitar nuestras exigencias socialdemócratas ni nuestra intolerancia
ortodoxa, sino de reforzar lo uno y lo otro por nuevos derroteros, con nuevos
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
métodos de instrucción. En
tiempos de guerra es preciso instruir directamente a los reclutas en las
acciones militares. ¡Asimilad, pues, con más ánimo los nuevos métodos de
instrucción, camaradas! ¡Formad con más audacia nuevas y nuevas huestes,
enviadlas al combate, reclutad a más jóvenes obreros, ensanchad el marco
habitual de todas las organizaciones del partido, comenzando por los comités y
terminando por los grupos de fábrica, los sindicatos de taller y los círculos
estudiantiles! No olvidéis que toda tardanza nuestra en esta obra redundará en
beneficio de los enemigos de la socialdemocracia, pues las nuevas corrientes
buscan salida en el acto, y si no encuentran el cauce socialdemócrata, fluirán
hacia otros. Tened presente que cada paso práctico del movimiento
revolucionario enseñará sin falta, de manera inexorable, a los jóvenes
reclutas, precisamente la ciencia socialdemócrata, puesto que esta ciencia se
basa en la apreciación objetiva y fidedigna de las fuerzas y tendencias de las
diferentes clases, y la revolución no es otra cosa que la destrucción de las
viejas superestructuras y la acción independiente de las diferentes clases, que
tienden a crear a su manera otra superestructura. Mas no reduzcáis nuestra
ciencia revolucionaria a dogma libresco, no la envilezcáis con frases
despreciables sobre la táctica— proceso y la organización-proceso, con frases
justificativas de la dispersión, de la falta de firmeza e iniciativa. Dejad
vasto campo a las empresas más diversas de los grupos y círculos más distintos,
sin olvidar que su acierto en la elección de camino está asegurado no sólo y no
tanto por nuestros consejos como por los dictados inexorables de la propia
marcha de los acontecimientos revolucionarios. Se dijo hace ya mucho que en
política hay que aprender a menudo del enemigo. Y en los momentos
revolucionarios, el enemigo nos impone siempre deducciones atinadas con
singulares ejemplaridad y rapidez.
Resumiendo, es preciso tener
en cuenta que el movimiento se ha centuplicado, el trabajo lleva un nuevo
ritmo, el ambiente está más despejado y el campo de actividad se ha ensanchado.
Hay que dar a todo el trabajo una amplitud completamente distinta. Es menester
desplazar el centro de gravedad de los métodos de enseñanza basados en la
explicación de las lecciones de los tiempos de paz a los de aprendizaje en las
hostilidades. Es preciso reclutar con más audacia, amplitud y rapidez a jóvenes
luchadores para las filas de todas nuestras organizaciones. Para eso es
necesario crear, sin perder un instante, centenares
de nuevas organizaciones. Sí, centenares, esto no es una hipérbole, y no me objetéis diciendo que ahora ya es
"tarde" para dedicarse a una labor tan amplia de organización. No,
nunca es tarde para organizarse. La libertad que estamos obteniendo en el
terreno legal y la que estamos conquistando a despecho de la ley debemos
utilizarla para multiplicar y fortalecer todas las organizaciones del partido.
Cualesquiera que sean el curso y el desenlace de la revolución, por pronto que
la detengan unas u otras circunstancias, todas sus conquistas reales serán
sólidas y seguras únicamente en la medida en que el proletariado esté
organizado.
La consigna de
"¡Organizaos!" que los partidarios de la mayoría quisieron presentar
en forma acabada al II Congreso del partido debe ser puesta en práctica ahora
sin tardanza. Si no sabemos crear con audacia e iniciativa nuevas
organizaciones, tendremos que renunciar a la vana pretensión de desempeñar el
papel de vanguardia. Si nos detenemos sin aliento en los límites, formas y
marcos ya logrados de los comités, grupos, reuniones y círculos, demostraremos
nuestra ineptitud. Ahora surgen por doquier al margen de nosotros, millares de
círculos sin programa ni objetivos concretos, por el simple efecto de los
acontecimientos. Es preciso que los socialdemócratas se planteen la misión de
entablar relaciones directas con el mayor número posible de esos círculos y
reforzarlas, que les presten ayuda, que los aleccionen con sus conocimientos y
su experiencia y les den vida con su iniciativa revolucionaria. Que todos esos
círculos, exceptuados los que no quieren ser socialdemócratas, se incorporen
directamente al partido o se adhieran a
él . En este último caso no se debe exigir ni que acepten nuestro programa
ni que entablen sin falta relaciones orgánicas con nosotros: basta el mero
sentimiento de protesta, la sola simpatía por la causa
Nuestras tareas y nuevas fuerzas
de la socialdemocracia
revolucionaria internacional para que esos círculos adheridos al partido se transformen, en virtud de la enérgica labor
de los socialdemócratas y de la influencia
de los acontecimientos, primero en auxiliares democráticos del Partido Obrero
Socialdemócrata y luego en militantes suyos persuadidos.
Gente hay muchísima y nos
falta gente: en esta fórmula contradictoria se manifiestan desde hace mucho las
contradicciones de la vida orgánica y de las exigencias orgánicas de la
socialdemocracia. Esta contradicción resalta con singular fuerza en estos momentos:
con igual frecuencia se oyen desde todas partes apasionantes llamamientos a las
nuevas fuerzas, quejas por la falta de gente en las organizaciones y, a la vez,
se registra por doquier una gigantesca oferta de servicios y el crecimiento de
fuerzas lozanas, sobre todo entre la clase obrera. Un organizador práctico que
en estas condiciones se queje de la falta de hombres incurre en la misma
ilusión óptica en que incurriera en el momento culminante del desarrollo de la
gran Revolución Francesa madame Roland, quien escribió en 1793: "En
Francia no hay hombres, no hay más que pigmeos". A quien tal diga, los
árboles le impiden ver el bosque; quien hable así confiesa que los
acontecimientos lo han deslumbrado, que no es él, como revolucionario, quien
los maneja en su conciencia y en su actividad, sino que son los acontecimientos
los que lo manejan y lo abruman a él. A tal organizador le traerá más cuenta retirarse y ceder el puesto a las fuerzas
lozanas cuya energía compensará con creces la vieja y detestable rutina.
172
Gente hay, nunca ha habido
tanta como ahora en la Rusia revolucionaria. Jamás se vio una clase
revolucionaria ante condiciones tan propicias en verdad —en cuanto a los
aliados temporales, los amigos conscientes y los auxiliares involuntarios— como
las que el proletariado ruso tiene delante en nuestros días. Gente hay
muchísima: lo único que se necesita es arrojar por la borda las ideas y
sermones seguidistas, lo único que se necesita es dejar campo libre a la
iniciativa y a la innovación, a los "planes" y a las
"empresas". Entonces seremos dignos representantes de la gran clase
revolucionaria, entonces el proletariado de Rusia llevará a cabo la gran
revolución rusa con el mismo heroísmo con que la ha comenzado.
Publicado el 8 de
marzo (23 de febrero) de 1905 en el núm. 9 de "Vperiod".
T. 9, págs. 294-306
El proletariado y el campesinado
173
EL PROLETARIADO Y EL
CAMPESINADO.
Comienzan los levantamientos
campesinos. De distintas provincias llegan noticias de asaltos a las fincas de
los terratenientes y de confiscación de su grano y su ganado por los
campesinos. Las tropas zaristas, arrolladas por los japoneses en Manchuria,165 se desquitan, ensañándose en el pueblo inerme y emprendiendo
expediciones contra el enemigo interior: los pobres del campo. El movimiento
obrero de las ciudades adquiere un nuevo aliado: el campesinado revolucionario.
La actitud que la vanguardia consciente del proletariado, la socialdemocracia,
debe adoptar ante el movimiento campesino cobra una importancia práctica
directa y debe plantearse en el orden del día inmediato de todas las
organizaciones de nuestro partido, en cada alocución de nuestros propagandistas
y agitadores.
La socialdemocracia ha
señalado ya varias veces que el movimiento campesino le plantea una doble
tarea. Debemos apoyarlo e impulsarlo sin reservas porque es un movimiento
democrático revolucionario. Debemos mantener a la vez con firmeza nuestro punto
de vista proletario de clase, organizando al proletariado agrícola, a semejanza
del proletariado urbano y junto con él, en un partido de clase independiente,
explicándole la oposición hostil existente entre sus intereses y los del
campesinado burgués, exhortándole a luchar por la revolución socialista,
indicándole que para emanciparse de la opresión y de la miseria no vale
transformar a varias capas del campesinado en pequeños burgueses: hay que
sustituir todo el régimen burgués con el régimen socialista.
Esta doble tarea de la
socialdemocracia se ha recalcado muchas veces en la vieja Iskra a partir del número 3, es decir, antes incluso del primer
movimiento campesino de 1902; se expresó también en el programa de nuestro
partido y se ha repetido asimismo en nuestro periódico (núm. 3). Ahora; cuando
es de singular importancia explicar su planteamiento práctico, ofrecen interés
las observaciones que Carlos Kautsky hace en su artículo Los campesinos y la revolución en Rusia, publicado en la revista
socialdemócrata alemana Die Neue Zeit.
Como socialdemócrata, Kautsky
defiende con firmeza la verdad de que nuestra revolución no tiene planteada hoy
la tarea de llevar a cabo la revolución socialista, sino de retirar los
estorbos políticos que obstaculizan el desarrollo del modo de producción existente,
es decir, del capitalista. Y Kautsky agrega: "El movimiento revolucionario
de las ciudades debe mantenerse neutral en lo tocante a las relaciones entre el
campesino y el terrateniente. Carece de todo fundamento para situarse entre los
campesinos y el terrateniente, para defender al último contra los primeros; su
simpatía está por entero con el campesinado. Mas la tarea del movimiento
revolucionario de la ciudad tampoco es, en modo alguno, azuzar a los campesinos
contra los terratenientes, que en la Rusia contemporánea no desempeñan, ni
mucho menos, la función de la nobleza feudal francesa de los tiempos del
"viejo régimen", por ejemplo. Dicho sea de paso, la influencia que
podrían ejercer los revolucionarios de la ciudad sobre las relaciones entre los
terratenientes y los campesinos, incluso si lo quisieran; sería escasísima.
Estas relaciones las determinarán entre sí los propios terratenientes y
campesinos". Para comprender de manera acertada estas observaciones de
Kautsky, que si
![]()
165 Se
trata de la guerra imperialista ruso-japonesa de 1904-1905. Japón asestó a las tropas zaristas una serie de
graves derrotas y ganó la guerra. En septiembre de 1905 se concertó en
Portsmouth (EE.UU.) el tratado de paz entre Rusia y el Japón. La derrota
militar del zarismo ahondó la crisis política y aceleró el advenimiento de la
revolución en Rusia.
El proletariado y el campesinado
se arrancaran de su conexión
podrían dar origen a no pocas incomprensiones, es preciso asimismo tener en
cuenta sin falta la siguiente observación que hace al final del artículo.
"La revolución victoriosa —nos dice— no encontraría seguramente grandes
dificultades para aprovechar los extensos latifundios de los enemigos jurados
de la revolución con el fin de mejorar las condiciones de existencia de los
proletarios y de los campesinos".
Al lector que confronte con
atención todos estos asertos de Kautsky no le será difícil ver en ellos el
planteamiento socialdemócrata del problema que acabamos de esbozar. Algunas
inexactitudes y vaguedades que hay en las expresiones de Kautsky pueden explicarse
por lo somero de sus observaciones y por el insuficiente conocimiento que él
tiene del programa agrario de la socialdemocracia rusa. El quid de la cuestión
está en que la actitud del proletariado revolucionario ante el litigio entre
los campesinos y los terratenientes no puede ser idéntica en todos los casos ni
en todas las circunstancias en virtud de las diversas vicisitudes de la
revolución rusa. En unas condiciones y determinadas coyunturas, esa actitud
debe ser no sólo de simpatía, sino de apoyo directo, y no sólo de apoyo, sino
de "azuzamiento". En otras condiciones, esa actitud puede y debe ser
de neutralidad. A juzgar por las observaciones citadas, Kautsky, a diferencia
de nuestros "socialistas-revolucionarios", hundidos por completo en
las ilusiones vulgares de la democracia revolucionaria, y de numerosos
socialdemócratas que, a semejanza de Riazánov o de Equis, buscaban una solución
"sencilla", idéntica para todas las combinaciones, de nuestro
problema, ha captado con tino su doble aspecto. El error fundamental de tales
socialdemócratas (y de todos los socialistas— revolucionarios) consiste en que
no se atienen al punto de vista de clase y, buscando una solución idéntica para
todas las combinaciones, olvidan la doble naturaleza del campesino acomodado y
del campesino medio. En sus cálculos operan, en el fondo, sólo con dos clases:
o con los terratenientes y la "clase obrero-campesina" o con los
propietarios y los proletarios. Pero la realidad es que tenemos delante a tres
clases diferentes por sus objetivos inmediatos y finales: los terratenientes,
los campesinos acomodados con parte de los campesinos medios y, por último, el
proletariado. Con semejante estado de cosas, la tarea del proletariado no
puede, de hecho, dejar de ser doble, y toda la dificultad del programa agrario
socialdemócrata y de la táctica agraria en Rusia consiste en determinar con la
mayor claridad y exactitud posibles en qué condiciones es obligatoria para el
proletariado la neutralidad y en qué otras son obligados el apoyo y el
"azuzamiento".
174
La solución de este problema no puede ser más que una: junto con
la burguesía rural, contra todo régimen de la servidumbre y contra los
terratenientes feudales; junto con el proletariado urbano, contra la burguesía
rural y contra toda burguesía: tal es la "línea" del proletariado
agrícola y de su ideólogo socialdemócrata. Con otras palabras: apoyar y empujar
al campesinado incluso a toda incautación de cualquier "sacrosanta
propiedad" señorial, ya que este
campesinado actúa con espíritu democrático revolucionario. Desconfiar del campesinado, organizarse aparte de él,
estar dispuesto a luchar contra él, ya
que actúa con espíritu reaccionario o antiproletario. Dicho de otra manera:
ayudar al campesino cuando su lucha contra el terrateniente es útil al
desarrollo y fortalecimiento de la democracia; mantener la neutralidad cuando
la lucha del campesino contra el terrateniente se limita a un ajuste de
cuentas, indiferente para el proletariado y para la democracia, entre dos
fracciones de la clase de propietarios agrícolas.
Como es natural, semejante
respuesta no satisfará a quienes abordan el problema campesino sin concepciones
teóricas meditadas, a quienes andan a la caza de consignas
"revolucionarias" (de palabra) efectistas y de moda, a quienes no
comprenden el inmenso y serio peligro que representa el aventurerismo
revolucionario precisamente en el problema campesino. Con relación a esas
gentes — que ya no son pocas entre nosotros; figuran entre ellas los
socialistas-revolucionarios, cuyas filas tienen asegurado el aumento con el
desarrollo de la revolución y del movimiento campesino-, los socialdemócratas
deben defender
El proletariado y el campesinado
enérgicamente el punto de
vista de la lucha de clases frente a toda vaguedad revolucionaria y el cálculo
sereno de la disparidad del campesinado frente a la fraseología revolucionaria.
Hablando de una manera práctica y concreta, como mejor podemos acercarnos a la
verdad es haciendo la siguiente afirmación: todos los enemigos de la
socialdemocracia en el problema agrario no tienen en cuenta que en la Rusia
europea existe todo un sector de campesinos acomodados (entre 1.500.000 y
2.000.000 de haciendas de un total de casi 10.000.000). Este sector tiene en
sus manos no menos de la mitad de los instrumentos de producción y de toda la
propiedad de que dispone el campesinado. Este sector no puede existir sin
contratar a braceros y jornaleros. Es, indudablemente, hostil al régimen de la
servidumbre, a los terratenientes y a la burocracia, es capaz de hacerse
demócrata, pero es más indudable aún su hostilidad al proletariado agrícola.
Todo intento de velar, de dar de lado esta hostilidad de clase en el programa y
la táctica agrarios significa abandonar, consciente o inconscientemente, el
punto de vista socialista.
Entre el proletariado
agrícola y la burguesía rural se halla el sector del campesinado medio, en cuya
situación existen rasgos de uno y otro antípoda. Los rasgos comunes de la
situación de todos estos sectores, de todo el campesinado en su conjunto, hacen,
sin duda, democrático todo su movimiento, por grandes que sean unas u otras
manifestaciones de falta de conciencia y de espíritu reaccionario. Nuestra
tarea consiste en no abandonar nunca el punto de vista de clase y organizar la
más estrecha alianza del proletariado de la ciudad y del campo. Nuestra tarea
consiste en explicarnos y explicar al pueblo el contenido democrático y
revolucionario auténticos que entraña
la aspiración general, pero nebulosa, de "tierra y libertad". Nuestra
tarea consiste, por ello, en apoyar e impulsar con la mayor energía esta
aspiración al paso que preparamos los elementos de lucha socialista en el campo
también.
Para definir con precisión
la actitud que ha de mantener en la práctica el Partido Obrero Socialdemócrata
ante el movimiento campesino, el III Congreso de nuestro partido debe aprobar
una resolución en apoyo de dicho movimiento. He aquí un proyecto de resolución,
que formula los puntos de vista expuestos antes y desarrollados en las
publicaciones socialdemócratas, proyecto que debe ser discutido ahora por el
mayor número posible de funcionarios del partido.
"El Partido Obrero
Socialdemócrata de Rusia, partido del proletariado consciente, tiende a liberar
por completo a todos los trabajadores de toda explotación y apoya todo
movimiento revolucionario contra el régimen social y político existente. Por eso
el POSDR apoya también con la mayor energía el actual movimiento campesino y
defiende todas las medidas revolucionarias capaces de mejorar la situación del
campesinado, sin detenerse para ello ante la expropiación de la tierra de los
latifundistas. Como partido de clase del proletariado, el POSDR tiende siempre
a que el proletariado agrícola esté encuadrado en su organización de clase
independiente, sin olvidarse un instante de explicarle la contraposición hostil
existente entre sus intereses y los intereses de la burguesía rural, de
explicarle que sólo la lucha conjunta del proletariado de la ciudad y del campo
contra toda la sociedad burguesa puede conducir a la revolución socialista,
única capaz de liberar en realidad de la miseria y de la explotación a toda la
masa de campesinos pobres.
175
Como consigna práctica de
agitación entre el campesinado y como medio para dar la mayor conciencia a este
movimiento, el POSDR lanza la de constituir sin demora comités campesinos
revolucionarios a fin de apoyar plenamente todas las transformaciones democráticas
y su realización en los detalles. En esos comités, el POSDR tenderá también a
que los proletarios agrícolas estén encuadrados en su organización
independiente con el fin de apoyar, por un lado, a todo el campesinado en todas
sus luchas revolucionarias democráticas y de proteger, por otro, los verdaderos
intereses del proletariado agrícola en su lucha contra la burguesía
rural".
El proletariado y el campesinado
Publicado el 23 (10)
de marzo de 1905 en el núm. 11 de "Vperiod".
T. 9, págs. 341-346.
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
176
LA
DICTADURA DEMOCRÁTICA REVOLUCIONARIA DEL PROLETARIADO Y DEL CAMPESINADO.
El problema de la
participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario
ha sido planteado a la orden del día no tanto por la marcha de los
acontecimientos como por los razonamientos teóricos de los socialdemócratas de
una tendencia. En dos artículos (núms. 13 y 14) hemos analizado los
razonamientos de Martínov, que ha sido el primero en plantear este problema.
Resulta, sin embargo, que el interés despertado por él es tan grande, y las
incomprensiones suscitadas por tales razonamientos tan enormes (véase, sobre
todo, el núm. 93 de Iskra), que es
necesario detenerse una vez más en esta cuestión. Cualquiera que sea la opinión
de los socialdemócratas acerca de la probabilidad de que en un futuro no lejano
tengamos que resolver esta cuestión, y no sólo en teoría, el partido necesita
que sus objetivos inmediatos estén claros. Sin una respuesta clara a esta
cuestión es imposible, ahora ya, una propaganda y una agitación pertinaces, sin
titubeos ni reticencias de ningún género.
Intentemos restablecer el
fondo de la cuestión en litigio. Si no queremos únicamente arrancar concesiones
a la autocracia, sino derrocarla de verdad, debemos tratar de conseguir la
sustitución del gobierno zarista por un gobierno provisional revolucionario
que, por un lado, convoque la Asamblea Constituyente, basándola en un auténtico
sufragio universal, directo, igual y secreto y, por otro, esté en condiciones
de mantener de hecho una verdadera libertad durante las elecciones. Y surge la
pregunta: ¿puede permitirse el Partido Obrero Socialdemócrata participar en
semejante gobierno provisional revolucionario? Esta pregunta la formularon ya
por primera vez antes del 9 de enero los representantes del ala oportunista de
nuestro partido, concretamente Martínov, quien dio —y después de él, Iskra— una respuesta negativa. Martínov
se esforzó por llevar hasta el absurdo los puntos de vista de los
socialdemócratas revolucionarios, diciendo, para intimidarlos, que si prosperaba la labor organizadora de la
revolución y si nuestro partido dirigía la insurrección popular armada, nos veríamos obligados a participar en el
gobierno provisional revolucionario. Y tal participación es una inadmisible "usurpación del poder", un
"jauresismo vulgar", intolerable en un partido socialdemócrata de
clase.
Detengámonos en los
razonamientos de quienes comparten dicha opinión. Al entrar en el gobierno
provisional, nos dicen, la socialdemocracia tendrá el poder en sus manos; pero,
como partido del proletariado, no puede tener el poder sin intentar cumplir nuestro
programa máximo, es decir, sin intentar hacer la revolución socialista. Y en
los momentos actuales sufrirá inevitablemente una derrota en esa empresa y no
hará más que cubrirse de oprobio, hacer el juego a la reacción. Por eso, según
ellos, la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional
revolucionario es inadmisible.
Este razonamiento se basa en
la confusión de la revolución democrática con la revolución socialista, de la
lucha por la república (incluido en ello todo nuestro programa mínimo) con la
lucha por el socialismo. En efecto, la socialdemocracia no haría más que
cubrirse de oprobio si intentara plantearse la revolución socialista como
objetivo inmediato. Precisamente contra semejantes ideas confusas y oscuras de
nuestros "socialistas-revolucionarios" ha luchado siempre la
socialdemocracia. Precisamente por eso ha hecho siempre hincapié en que la
futura revolución en Rusia presentaría carácter burgués y exigido
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
con energía que el programa mínimo democrático vaya separado del
programa máximo socialista. Esto pueden olvidarlo durante la revolución algunos
socialdemócratas propensos a dejarse llevar por la espontaneidad, pero no el
partido en su conjunto. Los adeptos de esta errónea opinión se dejan arrastrar
por la espontaneidad, creyendo que la marcha de las cosas obligará en esa
situación a la socialdemocracia a emprender contra su voluntad la revolución
socialista. Si fuera así, nuestro programa sería equivocado, no correspondería
a "la marcha de las cosas": quienes se dejan arrastrar por la
espontaneidad temen precisamente eso, temen que nuestro programa no sea
acertado. Pero sus temores (cuya explicación sicológica hemos intentado apuntar
en nuestros artículos) no tienen el menor fundamento. Nuestro programa está en
lo cierto. La propia marcha de las cosas lo confirmará de manera inexorable, y
cuanto más tiempo pase tanto mejor lo hará. La propia marcha de las cosas nos
"impondrá" la necesidad absoluta de una lucha desesperada por la
república, orientará de hecho en esa precisa dirección nuestras fuerzas, las
fuerzas del proletariado activo en el terreno político. La propia marcha de las
cosas nos impondrá de manera inevitable durante la revolución democrática tal
masa de aliados procedentes de la pequeña burguesía y del campesinado —cuyas
necesidades efectivas serán las que exijan el cumplimiento del programa mínimo—
que resultan ridículos en verdad los temores de un paso demasiado rápido al
programa máximo.
177
Mas, por otra parte, son
esos mismos aliados procedentes de la democracia pequeñoburguesa quienes
suscitan nuevos temores entre los socialdemócratas de cierta tendencia: el
temor al "jauresismo vulgar". Una resolución del Congreso de
Ámsterdam166 prohíbe a la socialdemocracia
participar en el gobierno al lado de la democracia burguesa; eso es jauresismo,
o sea, traicionar inconscientemente los intereses del proletariado, transformar
a éste en lacayo de la burguesía, corromperlo con el oropel del poder, inaccesible
por completo en la práctica dentro de la sociedad
burguesa.
Este razonamiento no es menos falso. Evidencia
que sus autores se han
aprendido de memoria unas buenas resoluciones, pero sin comprender su
significado; han empollado palabrejas antijauresianas, pero no han meditado en
ellas y las emplean sin ton ni son; han asimilado la letra, mas no el espíritu
de las últimas lecciones de la socialdemocracia revolucionaria internacional.
Quien quiera tasar el jauresismo desde el punto de vista del materialismo
dialéctico, debe separar estrictamente las argumentaciones subjetivas de las
condiciones históricas objetivas. Subjetivamente, Jaurès quería salvar la
república, concertando para ello una alianza con la democracia burguesa. Las
condiciones objetivas de este "experimento" consistían en que la
república era ya en Francia un hecho y no estaba amenazada por ningún peligro
serio; en que la clase obrera contaba con todas las posibilidades para
desarrollar su organización política independiente de clase y no las utilizó en
medida suficiente, influida, en parte, precisamente por la exuberancia de
oropeles en los ejercicios parlamentarios de sus jefes; en que, en realidad, la
historia planteaba ya de manera objetiva a la clase obrera la tarea de la
revolución socialista, de la que los Millerand trataban de apartar al
proletariado con la promesa de minúsculas reformas sociales.
![]()
166
Congreso de Ámsterdam: Congreso socialista de la II
Internacional que se celebró en Ámsterdam en agosto de 1904. El congreso
examinó las siguientes cuestiones: 1) las reglas internacionales de la táctica
socialista; 2) la política colonial; 3) la huelga general; 4) la política
social y el seguro de los obreros; 5) los trusts, el paro y otros problemas.
En la resolución sobre el
primer punto, al que se remite Lenin, se indicaba que la socialdemocracia
"no puede aspirar a participar en el poder gubernamental en el seno de la
sociedad burguesa". No obstante, los jefes derechistas de los partidos
socialdemócratas, pese a las resoluciones del Congreso de Ámsterdam, entraban y
entran en los gobiernos burgueses, aplicando la política de conservación y
fortalecimiento del Estado burgués y de dominación de la burguesía.
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
Tomen ahora a Rusia.
Subjetivamente, socialdemócratas revolucionarios como los de Vperiod o Parvus quieren defender la
república, concluyendo para ello una alianza con la democracia burguesa revolucionaria. Las condiciones objetivas se
diferencian de las francesas como el cielo de la tierra. Objetivamente, la
marcha histórica de las cosas ha planteado hoy al proletariado ruso justamente
la tarea de la revolución democrática burguesa (cuyo contenido íntegro lo
expresamos, para abreviar, con la palabra república); esta misma tarea la tiene
planteada todo el pueblo, es decir, toda la masa de la pequeña burguesía y del
campesinado; sin esta revolución es inconcebible un desarrollo algo amplio de
la organización independiente de clase para la revolución socialista.
Imagínense de una manera
concreta toda la diferencia de condiciones objetivas y digan: ¿qué debe
pensarse de quienes olvidan esta diferencia, dejándose llevar por la analogía
de ciertas palabras, la semejanza de ciertas letras y la identidad de argumentos
subjetivos?
Puesto que Jaurès en
Francia se dejó seducir por la reforma social burguesa, encubriéndose
erróneamente con el fin subjetivo de luchar por la república, ¡nosotros, los
socialdemócratas rusos, debemos renunciar a la lucha seria por la república! A
eso, precisamente a eso, se reduce la sabiduría de los partidarios de la nueva Iskra.167
En efecto, ¿acaso no está claro que el proletariado no puede
concebir la lucha por la república sin aliarse con la masa pequeñoburguesa del
pueblo? ¿No está claro que sin la dictadura revolucionaria del proletariado y
del campesinado no existe ni sombra de esperanza en el éxito de esta lucha? Uno
de los defectos principales de la opinión que examinamos estriba en su carencia
de vida, en su carácter estereotipado, en que hace caso omiso de las
condiciones de la época revolucionaria. Luchar por la república y renunciar al
mismo tiempo a la dictadura democrática revolucionaria es lo mismo que si Oyama
decidiera luchar contra Kuropatkin junto a Mukden, renunciando de antemano a la
idea de entrar en la ciudad. Si nosotros, el pueblo revolucionario, es decir,
el proletariado y el campesinado, queremos "golpear juntos" a la
autocracia, ¡debemos también matarla juntos, rematarla juntos, rechazar juntos
los ineluctables intentos de restaurarla! (Para evitar posibles malentendidos,
aclaramos una vez más que entendemos por república no sólo e incluso no tanto
la forma de gobierno como todo el conjunto de transformaciones democráticas de
nuestro programa mínimo.) Hace falta tener una noción verdaderamente escolar de
la historia para imaginarse las cosas sin "saltos", como una línea
recta que asciende con lentitud y regularidad: primero le toca la vez a la gran
burguesía liberal (concesionistas de la autocracia), después a la pequeña
burguesía revolucionaria (república democrática) y, finalmente, al proletariado
(revolución socialista). Este cuadro es exacto en general, es exacto "a la
larga", durante un siglo (por ejemplo, para Francia, de 1789 a 1905); mas
para trazarse al tenor de este cuadro el plan de la propia actividad en una
época revolucionaria hace falta ser un virtuoso del filisteísmo. Si la
autocracia rusa no consigue salvarse ni aun ahora, saliendo del atolladero con
una Constitución enteca, si no sólo se la hace tambalearse, sino que se la derroca de verdad, se necesitará, por lo
visto, una tensión gigantesca de las energías revolucionarias de todas las
clases avanzadas para defender esta conquista. ¡Y este "defender" no
es otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado y del
campesinado! Cuanto más conquistemos ahora, cuanto mayor sea la energía con que
defendamos lo conquistado, tanto menor será lo que pueda arrebatar
posteriormente la ineluctable reacción futura, más cortos serán estos
intervalos de reacción y más fácil les resultará la tarea a los luchadores
proletarios que nos siguen.
178
¡Y en estos momentos
aparecen gentes que, antes de la lucha, quieren medir de antemano con
exactitud, "a lo Ilovaiski", la modestísima porción de conquistas
futuras; gentes que antes de la caída de la autocracia, incluso antes del 9 de
enero, tuvieron la idea de asustar a la clase
![]()
167 Partidarios de la nueva
Iskra: mencheviques. Véase la nota 1.
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
obrera de Rusia con el
espantajo de la terrible dictadura democrática revolucionaria! ¡Y semejantes
"medidores" aspiran al título de socialdemócratas revolucionarios!...
Participar en el gobierno
provisional con la democracia burguesa revolucionaria, gimotean ellos,
significa santificar el régimen burgués, santificar la conservación de las
cárceles y de la policía, del paro forzoso y de la miseria, de la propiedad y
de la prostitución. Esta conclusión es digna de los anarquistas o de los
populistas. La socialdemocracia no vuelve la espalda a la lucha por la libertad
política, pretextando que se trata de la libertad política burguesa. La
socialdemocracia conceptúa la "santificación" del régimen burgués
desde el punto de vista histórico. Cuando preguntaron a Feuerbach si
santificaba el materialismo de Büchner, Vogt y Moleschott, respondió: yo
santifico el materialismo en su relación al pasado, y no en su relación al futuro,
De esa misma manera santifica la socialdemocracia el régimen burgués. Nunca ha
temido ni temerá decir que santifica el régimen republicano y democrático
burgués en su relación al régimen burgués de la autocracia y la servidumbre,
Pero la socialdemocracia "santifica" la república burguesa sólo como
última forma de la dominación de clase, como el terreno más conveniente para la
lucha del proletariado contra la burguesía; la santifica no por sus cárceles y
su policía, por su propiedad y su prostitución, sino para que se despliegue con
amplitud y libertad la lucha contra esas encantadoras instituciones.
Estamos muy lejos, como es
natural, de afirmar que nuestra participación en el gobierno provisional
revolucionario no implica ningún peligro para la socialdemocracia. No hay ni
puede haber una forma de lucha o una situación política que no entrañe peligros,
Si se carece de instinto revolucionario de clase, si se carece de una
concepción acabada del mundo que se halle a la altura de la ciencia, si no se
tiene cabeza (dicho sea sin el propósito de suscitar las iras de los camaradas
neoiskristas), entonces es peligroso hasta participar en las huelgas, puesto
que se puede caer en el "economismo", hasta participar en la lucha
parlamentaria, ya que esto puede terminar en el cretinismo parlamentario,168 y apoyar a la democracia liberal de los zemstvos, puesto que
puede abocar en el "plan de la campaña de los zemstvos" , Entonces es
peligroso hasta leer las utilísimas obras de Jaurès y Aulard sobre la historia
de la Revolución francesa, pues pueden conducir al folleto de Martínov acerca
de las dos dictaduras.
Por supuesto, la
participación en el gobierno provisional revolucionario sería en extremo
peligrosa si la socialdemocracia olvidara, aunque sólo fuera por un instante,
las diferencias de clase existentes entre el proletariado y la pequeña
burguesía; si concertara a destiempo una alianza desfavorable para nosotros con
uno u otro partido pequeñoburgués de intelectuales que no mereciera confianza;
si la socialdemocracia perdiera de vista, aunque sólo fuera por un momento, sus
objetivos independientes y la necesidad (en todas las circunstancias y
coyunturas políticas de cualquier tipo, en todos los virajes y cambios
políticos sin excepción) de plantear en primer plano el desarrollo de la
conciencia de clase del proletariado y de su organización política independiente.
Pero en tales condiciones, repetimos, cualquier paso político es igual de
peligroso. Las más simples informaciones muestran a todos hasta qué extremo
carece de fundamento ligar estos posibles temores con el planteamiento actual
de las tareas inmediatas de la socialdemocracia revolucionaria. No hablaremos
de nosotros, no reproduciremos las numerosas declaraciones, advertencias e
indicaciones hechas sobre esta cuestión en el periódico Vperiod; nos remitiremos a Parvus, Al manifestarse en pro de la
participación de la socialdemocracia en el gobierno revolucionario provisional,
Parvus subraya con toda energía unas condiciones que jamás debemos olvidar:
golpear juntos y marchar separados, no mezclar las organizaciones, vigilar
![]()
168
Lenin
aplicaba la expresión de "cretinismo parlamentario" a los
oportunistas que estimaban que el sistema parlamentario es todopoderoso, y la
actividad parlamentaria, la única forma de lucha política en todas las
condiciones.
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
al aliado como a un enemigo,
etc. No nos detenemos con mayor detalle en este aspecto del problema, ya
señalado en el artículo.
Hoy el verdadero peligro
político para la socialdemocracia no se halla, ni mucho menos, allí donde lo
buscan los neoiskristas, no. Lo que debe asustarnos no es la idea de la
dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del campesinado, sino
el espíritu de seguidismo y caduquez que corrompe al partido del proletariado,
manifestándose en toda clase de teorías acerca de la organización como proceso,
del armamento como proceso, etc. Tomen, por ejemplo, el último intento de Iskra de establecer una diferencia entre
el gobierno provisional revolucionario y la dictadura democrática
revolucionaria del proletariado y del campesinado. ¿Acaso no es un modelo de
escolástica inerte? Quienes inventan diferencias tales son capaces de enhebrar
bellas palabras, pero incapaces en absoluto de pensar. La relación entre los
conceptos indicados es, en realidad, aproximadamente igual a la que existe
entre la forma jurídica y el contenido de clase. Quien dice "gobierno
provisional revolucionario" subraya la cuestión en el aspecto del derecho
público, subraya el origen del gobierno (no la ley, sino la revolución), su
carácter provisional sujeto a la futura Asamblea Constituyente. Pero cualquiera
que sea la forma, cualquiera que sea el origen y cualesquiera que sean las condiciones,
está claro, en todo caso, que el gobierno provisional revolucionario no puede
dejar de apoyarse en determinadas clases. Basta recordar este hecho elemental
para ver que el gobierno provisional revolucionario no puede ser otra cosa que
la dictadura revolucionaria del proletariado y del campesinado. Por
consiguiente, la diferencia que establece Iskra
no hace más que tirar del partido hacia atrás, hacia estériles polémicas
verbalistas, apartándolo del análisis concreto de los intereses de clase en la
revolución rusa.
179
O tomemos otro razonamiento de Iskra . Con motivo de la exclamación ¡Viva el gobierno provisional
revolucionario!, el periódico dice con tono de dómine: "la combinación de
las palabras "viva" y "gobierno" es denigrante”. ¿No es una
sonora frase vacía? ¡Hablan de derrocar la autocracia y temen denigrarse
aplaudiendo al gobierno revolucionario! Sorprende, en verdad, que no teman
denigrarse aplaudiendo a la república, pues ésta presupone sin falta un
gobierno, y ningún socialdemócrata ha dudado nunca de que se trata precisamente
de un gobierno burgués. ¿Qué diferencia hay entre aplaudir al gobierno
provisional revolucionario y a la república democrática? ¿Es que la
socialdemocracia, dirigente político de la clase más revolucionaria, debe
parecerse a la solterona anémica e histérica que insiste melindrosa en la
necesidad de la hoja de parra? ¿Se puede aplaudir lo que presupone un gobierno
democrático-burgués, pero no es posible aplaudir abiertamente al gobierno
provisional revolucionario y democrático?
Imagínense el cuadro de la
insurrección obrera triunfante en San Petersburgo. La autocracia derrocada. La
formación de un gobierno provisional revolucionario. Los obreros armados
clamando con júbilo: ¡Viva el gobierno provisional revolucionario! Apartados de
ellos, los neoiskristas, alzando farisaicamente al cielo sus pudorosos ojos y
exclamando, al tiempo que se dan golpes en sus sensibles y morales pechos:
Gracias, Señor, por no parecernos a estos publicanos, por no habernos denigrado
con tales combinaciones de palabras...
¡No, y mil veces no,
camaradas! No temáis denigraros con la participación más enérgica y resuelta,
al lado de la democracia burguesa revolucionaria, en la revolución republicana.
No exageréis los peligros de esa participación que nuestro proletariado organizado
puede afrontar perfectamente. Unos meses de dictadura revolucionaria del
proletariado y del campesinado harán más que decenios de pacífico y
embrutecedor clima de estancamiento político. Si después del 9 de enero, en
medio de la esclavitud política, la clase obrera rusa ha sido capaz de
movilizar a más de un millón de proletarios para una acción colectiva, firme y
enérgica, cuando tengamos la dictadura democrática revolucionaria movilizaremos
a decenas de millones de pobres de la ciudad y del campo y haremos de la
revolución política rusa el prólogo de
La dictadura democrática revolucionaria del proletariado y del
campesinado
la revolución socialista europea.
Publicado el 12 de
abril (30 de marzo) de 1905 en el núm. 14 de "Vperiod".
T. 10, págs. 20-31.
Marx y el “reparto negro” norteamericano
180
MARX Y EL “REPARTO
NEGRO” NORTEAMERICANO.
En el núm. 12 del periódico Vperiod se menciona la crítica de Marx
contra Kriege con motivo del problema agrario. La escribió en 1846, y no en
1848, como indica por equivocación el camarada X, autor del artículo, Hermann
Kriege, un colaborador de Marx muy joven a la sazón, emigró en el año 1845 a
los EE.UU., donde fundó la revista VolksTribun ("Tribuno del pueblo") 169 para hacer propaganda del comunismo.
Pero la hizo de tal forma que Marx se vio obligado a protestar enérgicamente en
nombre de los comunistas alemanes contra los escritos de Hermann Kriege que
comprometían al Partido Comunista. La crítica de la tendencia de Kriege,
publicada en 1846 en Westphálische Dampfboot 170 e
inserta luego en el segundo tomo de las obras de Marx editadas por Mehring,
ofrece inmenso interés para los socialdemócratas rusos de nuestros días.
Y es que la propia marcha
del movimiento social norteamericano ponía también entonces, lo mismo que
sucede ahora en Rusia, el problema agrario en uno de los primeros planos; con
la particularidad de que se trataba precisamente no de una sociedad capitalista
desarrollada, sino de crear las condiciones iniciales y básicas para un
desarrollo verdadero del capitalismo. Esta última circunstancia es de singular
importancia para trazar un paralelo entre la opinión que las ideas
norteamericanas de un "reparto negro" merecían a Marx y la que el
movimiento campesino contemporáneo merece a los socialdemócratas rusos.
En su revista, Kriege no
daba ningún dato que permitiera estudiar las peculiaridades sociales concretas
del régimen norteamericano para aclarar el verdadero carácter del movimiento de
los reformadores agrarios de entonces, que pretendían anular la renta. En
cambio, Kriege envolvía (exactamente igual que nuestros "socialistas—
revolucionarios") el problema de la revolución agraria con frases pomposas
y rimbombantes. "Cada pobre —escribía Kriege— se transforma inmediatamente
en un miembro útil de la sociedad humana, si se le asegura la posibilidad de
realizar un trabajo productivo. Esta posibilidad la tendrá asegurada para
siempre si la sociedad le entrega una parcela de tierra con la que pueda
alimentarse él y alimentar a su familia. Si esta gigantesca extensión de tierra
(los 1.400 millones de acres de tierras nacionales norteamericanas) fuese
excluida de la circulación mercantil y entregada, en superficies limitadas,
para asegurar el trabajo*, en Norteamérica se acabaría de golpe y porrazo con
la miseria"...
* Recuérdese lo escrito por Revoliutsiónnaya Rossía, a partir del
núm. 8, sobre el paso de la tierra de manos del capital a manos del trabajo,
sobre el papel de las tierras estatales de Rusia, sobre el usufructo
igualitario de la tierra, sobre la idea burguesa de incluir la tierra en la
circulación mercantil, etc. ¡Exactamente lo mismo que Kriege!
Marx objeta a eso: "Se
habría podido esperar que se comprendiera que no estaba en la mano de los
legisladores impedir con decretos que el régimen patriarcal deseado por Kriege
se desarrolle y convierta en régimen industrial o hacer que los Estados industriales
y comerciales del litoral del Este vuelvan a la barbarie patriarcal".
Así pues, tenemos delante un
verdadero plan de reparto negro norteamericano consistente en excluir de la
circulación mercantil una gran extensión territorial, otorgar el derecho a la
![]()
169
"Der Volks-Tribun": semanario
fundado por los "socialistas verdaderos" alemanes en Nueva York.
Apareció desde enero hasta diciembre de 1846.
170 "Das Westphälische Dampfboot" ("El Vapor de
Westfalia"): revista mensual, órgano de una de las tendencias del
socialismo pequeñoburgués o "verdadero" alemán; se publicó desde
enero de 1845 hasta marzo de 1848.
Marx y el “reparto negro” norteamericano
tierra y poner tope a la
propiedad o usufructo de la misma. Y Marx hace desde el principio una crítica
serena del utopismo, indica el proceso inevitable de la transformación del
régimen patriarcal en industrial, es decir, hablando en lenguaje moderno, el
proceso inevitable del desarrollo del capitalismo. Pero sería un gran error
creer que los sueños utópicos de quienes participaron en este movimiento
indujeran a Marx una opinión negativa del propio movimiento en general. Nada de
eso. En los mismos comienzos de su labor como publicista, Marx sabía distinguir
ya el verdadero contenido progresista implícito en este movimiento de los
oropeles ideológicos que lo revestían. En la segunda parte de su crítica,
titulada La Economía (es decir, la
economía política) de "Tribuno del Pueblo" y su actitud ante la joven Norteamérica,
Marx escribía:
"Reconocemos por entero
la justificación histórica del movimiento de los nacional-reformistas
norteamericanos. Sabemos que este movimiento aspira a un resultado que, en el
momento actual, impulsaría, por cierto, el desarrollo del industrialismo de la
sociedad burguesa contemporánea, pero que, al ser fruto del movimiento
proletario y atacar a la propiedad agraria en general, y en particular en las
condiciones que existen hoy en Norteamérica, ha de conducir por fuerza, gracias
a sus propias consecuencias, más allá, al comunismo. Kriege, que se adhirió con
los comunistas alemanes de Nueva York al movimiento contra la renta (Anti-Rent Bewegung), reviste de frases
rimbombantes este hecho sencillo, sin detenerse a examinar el contenido mismo
de este movimiento. Con ello demuestra que no ve clara en absoluto la ligazón
existente entre la joven Norteamérica y las condiciones sociales norteamericanas.
Citemos otro ejemplo de sus pomposas frases sobre el plan que tienen los
agrarios de parcelar las tierras a escala norteamericana.
181
En el artículo titulado ¿Qué
es lo que queremos?, inserto en el núm. 10 de Tribuno del Pueblo, se dice: "Los nacional-reformistas
norteamericanos denominan el suelo patrimonio común de todos los hombres... y
exigen que el poder legislativo de la nación adopte medidas para que los 400
millones de acres de tierra que aún no han caído en manos de los especuladores
ladrones sean conservados como patrimonio común e inalienable de toda la
humanidad". Pues bien, con el fin de conservar este "patrimonio común
e inalienable" para toda la humanidad, aceptan el plan de los nacional—
reformistas de "poner a disposición de cada campesino, cualquiera que sea
su país natal, 160 acres de tierra norteamericana para asegurarle el
sustento". En el artículo Respuesta
a Konze, publicado en el núm. 14, este plan se expone de la manera
siguiente: "Nadie podrá tomar posesión de más de 160 acres de dicho
patrimonio público, no apropiado aún, y eso con la sola condición de que los
trabaje personalmente". De modo que, a fin de conservar el suelo como
"patrimonio común e inalienable", y de "toda la humanidad"
por añadidura, es necesario comenzar inmediatamente por repartirlo. Kriege se
imagina poder impedir mediante alguna ley las consecuencias inevitables de
semejante reparto: la concentración, el progreso industrial, etc. Se imagina
que los 160 acres de tierra son una magnitud siempre fija, como si el valor
intrínseco de tal superficie no variara según su calidad. Los
"campesinos" tendrán que intercambiar entre sí y con otros, si no la tierra
misma, sus productos. Y como se llegará a eso, resultará muy pronto que alguno
de los "campesinos", incluso sin capital, gracias a su trabajo y a la
mayor fertilidad natural de sus 160 acres, llevará a otro a la situación de
jornalero suyo. Y además, ¿acaso no da igual que "a manos de los
especuladores ladrones" vaya a parar "la tierra" o el producto
de la misma? Examinemos en serio esta ofrenda que Kriege hace a la humanidad.
Los 1.400 millones de acres de tierra deben ser conservados "como patrimonio
común e inalienable de toda la humanidad" y, con ello, cada campesino
obtendrá 160 acres de tierra. Podemos, pues, sacar la cuenta de lo que abarca
la "humanidad" de Kriege: justamente a 8.750.000
"campesinos", o sea, contando a razón de cinco personas por familia,
a 43.750.000 habitantes. De igual manera podemos calcular cuánto durará esta
"perpetuidad" durante la que "el proletariado, como
representante del género humano, estará en posesión de toda la tierra",
por lo menos, en los Estados Unidos.
Marx y el “reparto negro” norteamericano
Si la población de los
EE.UU. continúa aumentando con la misma rapidez que hasta el presente, es
decir, duplicándose cada veinticinco años, dicha "eternidad" durará
menos de cuarenta años. En este tiempo quedarán ocupados los 1.400 millones de acres
de tierra, y las generaciones venideras ya no tendrán nada de que "tomar
posesión". Pero, como el reparto gratuito de la tierra acrecentará en
medida extraordinaria la inmigración, la "perpetuidad" de Kriege bien
puede acabar antes, sobre todo si se tiene presente que la extensión de tierras
para 44 millones de habitantes no alcanzará como aliviadero ni para el
pauperismo europeo actual. En Europa, una persona de cada diez se halla en la
indigencia: sólo las Islas Británicas cuentan con siete millones de indigentes.
Encontramos un ejemplo similar de candor político-económico en el artículo A las mujeres, inserto en el núm. 13 de
dicha revista y en el que Kriege afirma que si la ciudad de Nueva York
repartiera gratuitamente sus 52.000 acres de tierra de Long Island, eso
bastaría para librar "de golpe y porrazo" y para siempre a Nueva York
de todo pauperismo, miseria y crímenes.
"Si Kriege tratase el
movimiento por la liberación de la tierra como una forma inicial, e
imprescindible en ciertas condiciones, de movimiento proletario; si lo tuviese,
en virtud de la situación que ocupa en la vida la clase que lo origina, por un movimiento
que necesariamente se irá desarrollando en movimiento comunista; si mostrase de
qué manera los anhelos comunistas en Norteamérica tenían que empezar a
manifestarse de esta forma agraria que, a primera vista, está en contradicción
con todo comunismo, nada habría que objetar contra ello. Pero Kriege declara
esta forma de movimiento, de mero alcance secundario de ciertas gentes reales,
causa de la humanidad en general. Kriege expone esta causa como el objetivo
final y supremo de todo movimiento en general, convirtiendo de este modo las
metas concretas del mismo en simple y pomposo absurdo. En el mencionado
artículo del núm. 10, Kriege canta estos himnos triunfales: "Y he aquí que
de esta manera se verían realizados, por fin, los sueños seculares de los europeos;
para ellos se prepararía, a este lado del océano, la tierra que no tendrían más
que tomar y fecundar con la labor de sus brazos, para poder espetar a la cara
de todos los tiranos del mundo la orgullosa declaración: ¡Esta es mi choza, que no habéis construido
vosotros; éste es mi hogar, que llena
de envidia vuestros corazones!"
"Kriege bien podría
agregar: éste es mi montón de estiércol, producido por mí, por mi mujer y mis
hijos, por mi bracero y mi ganado. ¿Y quiénes serían esos europeos que verían
así realizados sus "sueños"? ¡En modo alguno los obreros comunistas!
¡Serían los tenderos y artesanos en quiebra o los labradores arruinados, que
sueñan con la felicidad de volver a ser en Norteamérica pequeños burgueses y
campesinos! ¿Y en qué consistiría ese "sueño" realizado mediante los
1.400 millones de acres? En ninguna otra cosa que no fuera transformar a todos
en propietarios privados, sueño tan irrealizable y tan comunista como podría
serlo el de convertir a todo el mundo en emperadores, reyes o papas".
182
La crítica de Marx está
llena de mordacidad y sarcasmo. Fustiga a Kriege precisamente por los rasgos de
sus concepciones que vemos hoy entre nuestros
"socialistas-revolucionarios": el predominio de la fraseología, las
utopías pequeñoburguesas exhibidas como ejemplos de un utopismo revolucionario
supremo y la incomprensión de las bases reales del régimen económico moderno y
de su desarrollo. Marx, que entonces no era más que un futuro economista,
señala con notable perspicacia el papel del intercambio y de la economía
mercantil. Si no es con la tierra —dice Marx-, los campesinos harán el
intercambio con los productos de la tierra. ¡Con esto ya está dicho todo! Tal
modo de plantear el problema es aplicable en muchísimos sentidos al movimiento
campesino ruso y a sus ideólogos "socialistas" pequeñoburgueses.
Pero Marx dista mucho, al
propio tiempo, de "negar" sin más ni más este movimiento
pequeñoburgués, de darlo de lado como un doctrinario, de temer ensuciarse las
manos al contacto con la democracia revolucionaria pequeñoburguesa, cosa tan
propia de muchos
Marx y el “reparto negro” norteamericano
exegetas. Al ridiculizar sin
piedad los absurdos atavíos ideológicos del movimiento, Marx procura determinar
de un modo materialista y con serenidad su verdadero
contenido histórico, sus consecuencias inminentes impuestas por las condiciones
objetivas, independientemente de la voluntad, la conciencia, los sueños y las
teorías de tales o cuales individuos. Por lo mismo, Marx no condena, sino que
aprueba plenamente el apoyo de este movimiento por parte de los comunistas.
Señala desde el punto de vista dialéctico, es decir, analizando el movimiento
en todos sus aspectos y teniendo en cuenta el pasado y el futuro, el aspecto
revolucionario de los ataques a la propiedad de la tierra y conceptúa el
movimiento pequeñoburgués de forma peculiar e inicial del movimiento
proletario, comunista. Lo que usted sueña conseguir con ese movimiento —dice
Marx, refiriéndose a Kriege-, no lo logrará: en lugar de la fraternidad vendrá
el aislamiento pequeñoburgués; en lugar de la inalienabilidad de las parcelas
campesinas, la inclusión de la tierra en la circulación mercantil; en lugar de
asestar un golpe a los especuladores largos de uñas, lo que se hará es ampliar
la base para el desarrollo capitalista. Pero el mal capitalista, que en vano se
imagina usted eludir, resulta, desde el punto de vista histórico, un bien,
puesto que acelerará enormemente el desarrollo de la sociedad y aproximará
muchísimo las formas nuevas y superiores del movimiento comunista. El golpe
asestado a la propiedad privada de la tierra facilitará los inminentes golpes a
la propiedad en general que seguirán; las acciones revolucionarias de una clase
inferior, tendentes a conseguir cambios que proporcionen temporalmente un
exiguo bienestar —y no a todos, ni muchísimo menos-, facilitarán las
subsiguientes e inexorables acciones revolucionarias de la clase ínfima para
conseguir un cambio que asegure realmente y por completo la felicidad humana a
todos los trabajadores.
Para nosotros, los
socialdemócratas rusos, el planteamiento que hace Marx del problema contra
Kriege debe servirnos de ejemplo. El carácter efectivamente pequeñoburgués del
movimiento campesino de nuestros días en Rusia está fuera de toda duda; debemos
explicarlo con todo empeño y combatir sin tregua ni cuartel todas las ilusiones
de los diversos "socialistas-revolucionarios" o socialistas
primitivos de toda especie a este respecto. Nuestro objetivo permanente, que no
debemos perder de vista ni un momento, ha de ser el de organizar el partido
independiente del proletariado que aspira a realizar la revolución socialista
completa a través de todas las transformaciones democráticas. Mas volver por
ello la espalda al movimiento campesino sería adoptar una actitud
irremisiblemente filistea y pedantesca. ¡No! El carácter democrático y
revolucionario de este movimiento es indudable, y debemos apoyarlo y
desarrollarlo con todas nuestras fuerzas, infundiéndole conciencia política y
haciéndole definirse desde el punto de vista de clase; impulsado adelante,
marchar a su lado, hombro a hombro, hasta el fin, puesto que nosotros vamos
mucho más allá de la meta de cualquier movimiento campesino, puesto que
marchamos a la supresión definitiva de la división misma de la sociedad en
clases. No es probable que exista en el mundo otro país en el que el
campesinado haya sufrido tantas penas, tanta opresión y tantos vejámenes como
en Rusia. Cuanto más tenebrosa ha sido esta opresión tanto más turbulento va a
ser ahora su despertar y tanto más irresistible su empuje revolucionario. La
misión del proletariado revolucionario consciente es sumar todas sus fuerzas a
este empuje para que no deje piedra sobre piedra de la vieja y maldita Rusia de
la servidumbre y del absolutismo, país de esclavos, para que dé una nueva
generación de hombres valerosos y libres, para que cree un nuevo país
republicano, en el que se despliegue a todo lo ancho nuestra lucha proletaria
por el socialismo.
Publicado el 20 (7) de abril en el núm. 15 de “Vperiod”.
T. 10, págs. 53-60.
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
183
EJERCITO
REVOLUCIONARIO Y GOBIERNO REVOLUCIONARIO.
El levantamiento de Odesa y
el paso del acorazado Potemkin al lado de la revolución han implicado un nuevo
e importante paso en el desarrollo del movimiento revolucionario contra la
autocracia. Los acontecimientos han venido a confirmar con asombrosa rapidez
cuán oportunos fueron los llamamientos a la insurrección y a la formación de un
gobierno provisional revolucionario que los representantes conscientes del
proletariado, reunidos en el III Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de
Rusia,171 dirigieron al pueblo. La nueva
llamarada de la revolución proyecta su luz sobre la importancia práctica de
estos llamamientos y nos obliga a definir con más exactitud las tareas de los
combatientes revolucionarios en los momentos que Rusia atraviesa.
Bajo el impacto del curso
espontáneo de los acontecimientos, sazona y se organiza a nuestra vista la
insurrección armada de todo el pueblo. No ha transcurrido aún tanto tiempo
desde que la única manifestación de la lucha del pueblo contra la autocracia eran
las revueltas, es decir, los
disturbios inconscientes y desorganizados, espontáneos y a veces salvajes. Pero
el movimiento obrero, que es el movimiento de la clase más avanzada, el
proletariado, no ha tardado en salirse de esa fase inicial. La propaganda y la
agitación conscientes de la socialdemocracia han surtido efecto. Las revueltas
han dado paso a las huelgas organizadas y a las manifestaciones políticas contra la autocracia. Las feroces
represalias militares venían "educando" varios años al proletariado y
a la plebe de las ciudades, preparándolos para las formas superiores de la
lucha revolucionaria. La criminal y vergonzosa guerra en que la autocracia
metió al pueblo ha consumido la paciencia de éste. Han empezado las tentativas
de resistencia armada de la multitud a las tropas zaristas. Se ha dado comienzo
a verdaderos combates del pueblo con las tropas en las calles, a batallas en
las barricadas. El Cáucaso, Lodz, Odesa y Libava nos acaban de dar ejemplos
de heroísmo proletario y de entusiasmo popular. La lucha se ha propagado,
convirtiéndose en insurrección. El ignominioso papel de verdugos de la libertad
y de esbirros de la policía desempeñado por las fuerzas armadas del zarismo no
ha podido menos de irles abriendo poco a poco los ojos a ellas mismas. El
ejército ha empezado a vacilar. Primero han sido casos sueltos de
insubordinación, de alborotos entre los reservistas, de protestas de oficiales,
de agitación entre los soldados y de negativas de compañías o regimientos
sueltos a disparar contra sus hermanos, los obreros. Luego ha venido el paso de una parte del ejército al lado de
la insurrección.
La inmensa importancia de
los últimos sucesos de Odesa consiste ni más ni menos en que allí se ha
incorporado abiertamente por primera vez a la revolución una gran unidad
militar del zarismo: todo un acorazado. El gobierno ha hecho esfuerzos
desesperados y puesto en juego toda clase de subterfugios para ocultar al
pueblo este suceso y sofocar en el comienzo mismo la insurrección de los
marinos. Mas sin el menor resultado. Los barcos de guerra enviados contra el
acorazado revolucionario Potemkin se han
negado a pelear contra sus compañeros. Con haber difundido por Europa la
noticia de la rendición del Potemkin
y la orden del zar de
![]()
171
El III Congreso del POSDR se celebró en
Londres entreel12yel27deabril(5deabril-10demayo) de 1905. Estuvo preparado por
los bolcheviques y transcurrió bajo la dirección de Lenin. Los mencheviques se
negaron a participar en el congreso y reunieron en Ginebra su conferencia. El
congreso examinó las cuestiones cardinales de la revolución que se desplegaba
en Rusia y determinó las tareas del proletariado y de su partido.
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
echar a pique el acorazado
revolucionario, lo único que ha conseguido el gobierno de la autocracia ha sido
cubrirse definitivamente de oprobio ante al mundo entero. La escuadra ha
regresado a Sebastopol, y el gobierno se apresura a diseminar a los marinos y
desarmar los barcos de guerra; circulan rumores de que a los oficiales de la
flota del mar Negro se les da el retiro en masa; después de haberse rendido el
acorazado Gueorgui Pobedonósets, se
ha reanudado el amotinamiento de su marinería. Se sublevan también los marinos
de Libava y Cronstadt y menudean sus choques con las tropas; en el primero de
estos dos puertos combaten en barricadas los marinos al lado de los obreros
contra los soldados. La prensa extranjera informa de los amotinamientos en
otros barcos de guerra (el Minin, el Alejandro Segundo, etc.). El gobierno
zarista se ha quedado sin marina. Lo
más que hasta ahora ha podido lograr
es contenerla para que no se sume activamente a la revolución. El acorazado Potemkin sigue siendo territorio
inexpugnable de la revolución, y, cualquiera que sea su suerte, tenemos delante un hecho indudable y significativo en sumo
grado: el intento de formar el núcleo del ejército revolucionario.
No hay represiones ni
victorias parciales sobre la revolución que puedan borrar la importancia de
este acontecimiento. Se ha dado el primer paso. Se ha pasado el Rubicón. Toda
Rusia y el mundo entero han visto sumarse fuerzas armadas a la revolución. A lo
sobrevenido en la flota del mar Negro seguirán sin falta nuevas tentativas, más
enérgicas aún, de formar el ejército revolucionario. Nuestro deber ahora es
apoyar con todas nuestras fuerzas esas tentativas, explicar a las más nutridas
masas del proletariado y de los campesinos la trascendencia que en la lucha por
la libertad tiene para todo el pueblo el ejército revolucionario y ayudar a los
destacamentos de este ejército a levantar la
bandera de la libertad de todo el pueblo, bandera capaz de atraer a las
masas y de agrupar las fuerzas que
aplasten a la autocracia zarista.
184
Revueltas, manifestaciones,
batallas en las calles, destacamentos del ejército de la revolución: tales son
las etapas del desarrollo de la insurrección popular. Hemos llegado, por
último, a la etapa postrera, lo que, por supuesto, no significa que el movimiento
se encuentre ya, en su totalidad, en esta nueva fase superior. No, en el
movimiento hay aún muchas cosas sin desarrollar; en los acontecimientos de
Odesa se ven aún rasgos palmarios de la revuelta a la antigua. Pero lo que sí
significa es que las oleadas más pujantes del torrente espontáneo han llegado
ya al umbral mismo de la "fortaleza" de la autocracia. Significa que
los elementos de vanguardia de la propia masa del pueblo han llegado ya, y no
en virtud de razonamientos teóricos, sino bajo la presión del empuje del
creciente movimiento, a la altura de las tareas nuevas, superiores, de lucha,
de la lucha final contra el enemigo del pueblo ruso. La autocracia lo ha hecho todo para preparar esta lucha. Ha venido
empujando durante años al pueblo a la lucha armada contra las tropas, y ahora
recoge lo que sembró. De las tropas mismas salen destacamentos del ejército
revolucionario.
La misión de esos
destacamentos estriba en proclamar la insurrección, proporcionar a las masas la dirección militar necesaria en la
guerra civil, lo mismo que en toda otra guerra, crear puntos de apoyo de la
lucha abierta de todo el pueblo extender la insurrección a los lugares vecinos,
asegurar primero, al menos en una pequeña parte del territorio del país, la
libertad política completa, emprender la reorganización revolucionaria del
podrido régimen de la autocracia, desplegar al máximo la obra revolucionaria de
los de abajo, que en tiempos de paz actúan poco, pero que salen a primer plano
en las épocas de revolución. Sólo cuando hayan comprendido estas nuevas tareas,
sólo cuando las planteen con audacia y amplitud podrán los destacamentos del
ejército revolucionario obtener una victoria completa y servir de apoyo al
gobierno revolucionario. Ahora bien, el gobierno revolucionario es en esta fase
de la insurrección popular algo de necesidad tan imperiosa como el ejército revolucionario. El ejército
revolucionario se necesita para batallar y dirigir militarmente la lucha que
las masas del pueblo despliegan contra los restos de las fuerzas armadas de la
autocracia. El
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
ejército revolucionario se
necesita porque los grandes problemas de la historia se pueden resolver
únicamente por la fuerza, y la
organización de la fuerza en la lucha de nuestros días es la organización
militar. Y además de los restos de las fuerzas armadas de la autocracia,
existen las fuerzas armadas de los Estados vecinos, a los que el gobierno ruso,
en pleno desmoronamiento, implora ya ayuda, de lo que hablaremos más adelante.
El gobierno revolucionario
se necesita para ejercer la dirección política de las masas populares, primero
en la parte del territorio conquistado ya al zarismo por el ejército
revolucionario y luego en el país entero. Se necesita para emprender sin demora
las transformaciones políticas, en aras de las cuales se hace la revolución:
para implantar la autogestión revolucionaria del pueblo, convocar una Asamblea
Constituyente que sea constituyente de verdad y represente a todo el pueblo en
realidad, para dar las "libertades" sin las que es imposible expresar
con acierto la voluntad del pueblo. El gobierno revolucionario hace falta para
unir en el aspecto político la parte insurrecta del pueblo que ha roto de verás
y para siempre con la autocracia, hace falta para organizar a esa parte en el
plano político. Es claro que tal organización puede ser únicamente provisional,
lo mismo que sólo provisional puede ser el gobierno revolucionario que se hace
cargo del poder en nombre del pueblo para hacer que se cumpla la voluntad del
pueblo y actuar por mediación del pueblo. Mas dicha organización debe iniciarse
al punto, en relación indestructible con cada paso venturoso de la
insurrección, ya que la agrupación política y la dirección política no pueden
ser demoradas ni por un instante. La dirección política, asumida al punto por el pueblo insurrecto, es no
menos necesaria para la victoria completa del pueblo sobre el zarismo que la
dirección militar de sus fuerzas.
Nadie que conserve en alguna
medida la facultad de razonar puede poner en duda cuál será el desenlace
definitivo de la lucha entre los adictos de la autocracia y la masa del pueblo.
Mas no debemos cerrar los ojos ante la circunstancia de que la lucha en serio
sólo empieza y de que aún nos aguardan grandes pruebas. Tanto el ejército
revolucionario como el gobierno revolucionario son "organismos" de un
tipo tan elevado, requieren unas instituciones tan complejas y una conciencia
cívica tan desarrollada que sería erróneo esperar que todas estas tareas se
cumplan de buenas a primeras, a un mismo tiempo, con sencillez y acierto. Pero
nosotros no lo esperamos, sabemos estimar la importancia de la tenaz, lenta y a
menudo imperceptible labor de educación política que siempre ha desplegado y
seguirá desplegando la socialdemocracia. Mas tampoco debemos pecar de falta de
fe en el pueblo, más peligrosa aún hoy día; debemos tener presente la inmensa
fuerza educativa y organizadora de la revolución, cuando los ingentes acontecimientos
históricos hacen salir de sus guaridas, desvanes y sótanos a los filisteos y
los obligan a hacerse ciudadanos.
Unos meses de revolución hacen a veces a ciudadanos con mayores celeridad y
amplitud que decenios de estancamiento político. La misión de los lideres
conscientes de la clase revolucionaria es ir siempre por delante de ella en lo
que se refiere a esa educación, explicar la importancia de las nuevas tareas y
llamar adelante, hacia nuestra magna meta definitiva. Los reveses que nos
aguardan y no podremos evitar en los intentos sucesivos de formar el ejército
revolucionario y el gobierno provisional revolucionario no harán sino
adiestrarnos en el cumplimiento práctico
de estas tareas, no harán sino incorporar a su cumplimiento a fuerzas
populares, nuevas y lozanas, que hoy están latentes.
185
Tomemos el arte militar.
Ningún socialdemócrata que sepa algo de historia y haya estudiado a Engels, tan
entendido en este arte, pondrá jamás en tela de juicio la inmensa importancia
de los conocimientos militares, la enorme trascendencia del material de guerra
y de la organización militar como instrumentos de los que se valen las masas
populares y las clases del pueblo para ventilar los grandes choques de la
historia. La socialdemocracia no ha caído nunca tan bajo como para jugar a las
conjuras militares, nunca puso en primer plano los problemas militares mientras
no se dieran las condiciones de una guerra civil comenzada*.
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
Pero ahora todos los socialdemócratas han colocado los problemas
militares, si no en primer término, sí en uno de los primeros y afirman que ha
llegado el momento de estudiarlos y de que las masas populares los conozcan. El
ejército revolucionario debe emplear en la práctica los conocimientos militares
y los recursos castrenses para decidir toda la suerte ulterior del pueblo ruso,
para resolver el problema primero y más urgente de todos, el problema de la
libertad.
* Compárese con Las tareas de los socialdemócratas rusos, de Lenin, pág. 23, donde
se dice que en 1897 no era oportuno plantear el problema de los métodos del
ataque decisivo al zarismo. (Véase la presente edición, t. I. N. de la Edit.)
La socialdemocracia no ha
considerado nunca ni considera la guerra desde un punto de vista sentimental.
La condena en redondo como recurso atroz para zanjar las disensiones entre los
seres humanos, pero sabe que las guerras son inevitables mientras la sociedad
esté dividida en clases, mientras subsista la explotación del hombre por el
hombre. Y para acabar con esta explotación no podremos prescindir de la guerra,
que siempre y en todas partes es declarada por las propias clases explotadoras,
dominantes y opresoras. Hay guerras y guerras. Hay guerras que son aventuras
emprendidas en beneficio de los intereses de una dinastía, para satisfacer los
apetitos de una banda de salteadores, para alcanzar los fines de los héroes del
lucro capitalista. Hay guerras — y éstas son las únicas legítimas en la sociedad capitalista— dirigidas contra los
opresores y esclavizadores del pueblo. Únicamente los utopistas o los filisteos
pueden condenar estas guerras, alegando la fidelidad a los principios.
Únicamente los burgueses que hacen traición a la libertad pueden hoy volver en
Rusia la espalda a una guerra de este tipo, a una guerra por la libertad del
pueblo. El proletariado ha dado comienzo en Rusia a esta gran guerra de
liberación y sabrá continuarla, formando él mismo los destacamentos del
ejército revolucionario y reforzando los destacamentos de soldados o marinos
que se pasen a nuestro bando, atrayendo a los campesinos e inculcando a los
nuevos ciudadanos de Rusia, que se
forman y se templan en el fuego de la guerra civil, el heroísmo y el entusiasmo de los luchadores por
la libertad y la dicha de la humanidad entera.
Ahora bien, la tarea de
constituir el gobierno revolucionario es tan nueva, tan difícil y complicada
como la de dar organización militar a las fuerzas de la revolución. Pero
también puede y debe cumplirla el pueblo. Y cada revés parcial sufrido en este
terreno motivará el perfeccionamiento de los métodos y los medios, consolidará
y ampliará los resultados. El III Congreso del POSD de Rusia ha expuesto en una
resolución las condiciones generales para el cumplimiento de la nueva tarea: ya
es hora de examinar y preparar las condiciones prácticas de su cumplimiento.
Nuestro partido tiene un programa mínimo, un programa acabado de
transformaciones perfectamente realizables sin dilación alguna y sin rebasar
los límites de la revolución democrática (es decir, burguesa), transformaciones
imprescindibles para que el proletariado pueda seguir la lucha por la
revolución socialista. Pero este programa contiene reivindicaciones
fundamentales y reivindicaciones parciales que dimanan de las primeras o se
presuponen. Lo que importa en cada tentativa de constituir el gobierno
provisional revolucionario es plantear precisamente las reivindicaciones
fundamentales para mostrar a todo el pueblo, incluso a las masas más atrasadas,
en fórmulas concisas, con rasgos claros y bien definidos los fines y las tareas
democráticas generales de este gobierno.
Creemos que se pueden
señalar seis puntos fundamentales de ese tipo que deben llegar a ser la bandera
política y el programa inmediato de todo gobierno revolucionario, que deben
ganar la simpatía del pueblo para este gobierno y que deben concentrar toda la
energía revolucionaria del pueblo como obra más urgente.
He aquí esos seis puntos: 1)
Asamblea Constituyente elegida por todo el pueblo, 2) armamento del pueblo, 3)
libertad política, 4) plena libertad a los pueblos oprimidos y mermados en sus
derechos, 5) jornada de ocho horas y 6) comités revolucionarios campesinos.
Esta es, por supuesto, sólo una enumeración aproximada, los títulos nada más, los nombres de toda una serie de
transformaciones que hace falta llevar a cabo en el acto
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
para conquistar la república
democrática. No pretendemos agotar aquí el tema. Nos guía el solo propósito de
exponer con claridad nuestra idea de la importancia que revisten ciertas tareas
fundamentales.
186
Es preciso que el gobierno revolucionario recabe el apoyo de la
gente del pueblo, de las masas obreras y campesinas, sin el cual no podrá
sostenerse; sin la iniciativa revolucionaria del pueblo será un cero, menos que
un cero. Nuestro deber es prevenir al pueblo contra el fondo aventurero de las
promesas altisonantes, pero absurdas (como es la de llevar a cabo en el acto la
"socialización", que no comprenden ni los mismos que la proclaman),
preconizando al mismo tiempo transformaciones que de veras se pueden realizar
al punto y de veras son necesarias para consolidar la causa de la revolución.
El gobierno revolucionario debe poner en pie al "pueblo" y organizar su energía revolucionaria. La
libertad completa de los pueblos oprimidos, es decir, el reconocimiento de su
autodeterminación política, y no sólo cultural, la aplicación de medidas
imperiosas de protección de la clase obrera (y en primer orden, la jornada de
ocho horas) y, por último, la garantía de medidas serias que beneficien a las
masas campesinas sin reparar en el egoísmo de los terratenientes son, a juicio
nuestro, los puntos principales que debe recalcar en especial todo gobierno
revolucionario. No hablamos de los tres primeros puntos, ya que están demasiado
claros para que requieran comentarios. Tampoco hablamos de la necesidad de
realizar en la práctica transformaciones ni siquiera en un pequeño territorio
conquistado, pongamos por caso, al zarismo; la realización práctica es mil
veces más importante que cualquier manifiesto y también, claro está, mil veces
más difícil. Llamamos a detener la atención sólo en que es preciso propagar
ahora mismo y sin ninguna dilación por todos los medios la noción verdadera de
nuestras tareas inmediatas, que atañen a todo el pueblo. Hay que saber hablar
al pueblo —en el verdadero sentido de la palabra-, y no sólo para hacerle el
llamamiento general a la lucha (suficiente en el período anterior a la
formación del gobierno revolucionario), sino para incitarlo directamente a que
lleve a cabo sin tardanza las transformaciones democráticas más radicales, a
que las realice en el acto por su mano.
Ejército revolucionario y
gobierno revolucionario son las dos caras de una medalla. Son dos instituciones
igualmente necesarias para asegurar el éxito de la insurrección y consolidar
sus frutos. Son dos consignas que han de ser lanzadas sin falta y explicadas
como las únicas consecuentes y revolucionarias. En nuestro país hay ahora
muchos que se denominan a sí mismos demócratas. Pero son más los de boca para
fuera y menos los de veras. Abundan los vocingleros del Partido Demócrata
Constitucionalista,172 pero escasean los demócratas verdaderos entre la decantada
"sociedad", entre los zemstvos supuestamente democráticos, es decir, los que desean de corazón el
poder soberano y completo del pueblo y son capaces de luchar a vida o muerte
contra los enemigos de ese poder soberano, contra los defensores de la
autocracia zarista.
La clase obrera no tiene esa
cobardía ni esa hipócrita ambigüedad propias de la burguesía como clase. La
clase obrera puede y debe ser democrática consecuente hasta el fin. Con la
sangre que ha vertido en las calles de San Petersburgo, Riga, Libava, Varsovia,
Lodz, Odesa, Bakú y muchas ciudades más ha demostrado su derecho a ser la
vanguardia de la revolución democrática. Y en los momentos decisivos que
atravesamos, también debe estar a la altura de esa gran función. Los
proletarios conscientes que militan en el POSDR deben proclamar delante de todo
el pueblo las consignas democráticas avanzadas sin olvidar un instante sus
fines socialistas ni la independencia de su clase y de su partido. Para
nosotros, para el proletariado, la revolución democrática no es más que el
primer peldaño en el camino que lleva a emancipar por completo el trabajo de
toda explotación, que lleva a la magna meta socialista. Por eso debemos subir
lo antes posible este primer peldaño, por eso debemos
![]()
172 Véase la nota 17.
Ejército revolucionario y gobierno revolucionario
deshacernos con la mayor
energía de los enemigos de la libertad del pueblo y proclamar lo más alto
posible las consignas de la democracia consecuente: ejército revolucionario y
gobierno revolucionario.
Publicado el 10 de
julio (27 de junio) de 1905 en el núm. 7 de “Proletari”.
T. 10, págs. 335-344.

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