© Libro N° 7004.
Ensayos Sobre La Teoría Marxista Del
Valor. Rubin, Isaak
Lllich. Emancipación. Febrero 22 de 2020.
Título
original: © Ensayos
Sobre La Teoría Marxista Del Valor. Isaak Lllich Rubin
Versión Original: © Ensayos Sobre La Teoría Marxista Del
Valor. Isaak Lllich Rubin
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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ENSAYOS SOBRE LA TEORÍA MARXISTA DEL VALOR
Isaak Lllich Rubin
Isaak Lllich Rubin
Ensayos Sobre La Teoría
Marxista Del Valor
Cuadernos de Pasado y Presente / 53 Córdoba
Publicación periódica mensual
Director: José Aricó
Serie: Problemas del marxismo
Tapa: Miguel De Lorenzi
Traducción
de Néstor Miguez
Primera edición, setiembre de 1974
© Ediciones
Pasado y Presente
Distribuido
por Siglo XXI Argentina
Editores S .A .
Córdoba 2064, Buenos Aires
Queda hecho el depósito que 'marca la ley Impreso
en Argentina j Prlnted ln Argentina
Advertencia
El caso de Rubin y de su escuela, perseguidos y
silenciados en los campos de concentración estalinianos bajo la infamante acu
sación de “idealismo menchevizante”, constituye un episodio significativo de la
oposición intelectual de los años 20 al naciente “materialismo dialéctico”
soviético, aunque haya sido menos co nocido que los casos de Lukács y de
Korsch. El nombre de Rubin figura junto a los de Groman, Bazarov, Bujarin,
Preobra-zhenski en el rico debate económico de los años 20 sobre el problema del
desarrollo económico. Más aún, según Rosdolsky, Rubin y su escuela
representaron junto a Preobrazhenski el desarrollo metodológico más avanzado de
aquel "período de oro* de la ciencia económica soviética. Además de los
Ensayos que hoy publicamos por primera vez en español, Rubin escribió en 1930,
La doctrina marxista de la producción y del consumo, que aun hoy permanece
inaccesible a los estudiosos, y que tiene el mérito excepcional en el campo
marxista de haber sido la única obra en la que se destaca la gran importancia
que tiene el va lor de uso en la crítica de Marx a la economía política.
Los Ensayos sobre la teoría marxista del valor
representan una lectura de El capital centrada en la teoría del fetichismo de
las mercancías y en la teoría del valor, en relación con la crí tica de la
economía política. La teoría del valor de Marx no es una teoría económica
válida para todo tipo de sociedad (in clusive la socialista) puesto que
refleja las relaciones de pro ducción cosificadas del capitalismo. Las
categorías económicas no son entonces abstracciones “inocentes”, sino formas
materia les en las que se reflejan determinadas relaciones de producción
sociales. La teoría del fetichismo no es, por ello, un apéndice secundario de
la teoría del valor; representa, por el contrario, la “teoría general de las
relaciones de producción en una so ciedad capitalista mercantil”. La
actualidad de esta posición, que concibe a la economía política como ciencia de
las relaciones
5
“entre los hombres” en el proceso de producción
material, es destacada por Fredy Perlman en su trabajo introductorio al li bro
de Rubin. La Perlman contrapone esta posición a las con cepciones de los
modernos apologetas del neocapitalismo (Sa-muelson), que definen a la economía
en forma fetichista como la elección de los recursos materiales disponibles en
un ámbito de escasez. Sin embargo, la Perlman tiende finalmente a inter pretar
esta historia del fetichismo en un sentido genéricamente “humanístico”, lo cual
termina por no ofrecer una versión ade cuada de las perspectivas reales de
Rubin.
Se trata por sobre todo de leer históricamente a
los Ensayos, en relación con el debate económico de los años veinte. El lí
mite de fondo de aquel debate (en el que “voluntaristas” y “de terministas” se
enfrentaron con una riqueza de perspectivas que sólo parcialmente se vio
reflejada por la sucesiva conformación de una “izquierda” y de una “derecha”)
sigue siendo el de ha ber definido un modelo de “crecimiento” económico basado
so bre una industrialización forzada animada por el propósito de lograr la “máxima
productividad” en competencia global con el sistema capitalista. En última
instancia, derecha e izquierda se montaron sobre esta opción “productivista” y
en cierto sentido no eran más que el anverso y el reverso de la misma moneda.
Es en relación con esta opción donde la posición de Rubin pre senta la mayor
originalidad. El rechazo a concebir la economía según el modelo de una simple
“ingeniería social” basada sobre considerandos productivistas, constituye una
“apertura” que re basa el marco teórico de conjunto. Nos encontramos frente a
un “uso” de las temáticas de la cosificación y del fetichismo, en el campo
concreto de las opciones económico-sociales, que tiene un signo distinto de la
recuperación “filosófica” de las mismas temáticas debida al marxismo
“occidental”, y que proyecta una luz nueva sobre las polémicas de entonces y
las de hoy.
En sus Ensayos, Rubin encara también un tema de
gran ac tualidad a partir de las elaboraciones althusserianas: el de la
relación entre la concepción de la alienación del joven Marx y la teoría madura
del fetichismo. Rubin se opone a una re ducción “filosófica” del fetichismo a
la alienación, pero también a una separación artificiosa entre el joven y el
“viejo” Marx. La discusión encarada por Rubin, aunque en algunas partes se
resiente por su esquematismo, y vista desde la perspectiva ac tual, por su ingenuidad,
es sin embargo ampliamente anticipa-dora y puede quizás ayudar a esclarecer los
términos de un debate empantanado en rígidas oposiciones de principio que
suprimen directamente el concepto de “alienación” y que tienden a absorberlo en
el de fetichismo.
El análisis del fetichismo llevado a cabo porRubin
en el te rreno concreto de las categorías económicas marxistas, hace emerger
la potencialidad crítica de la teoría del fetichismo pára la crítica de la
economía política burguesa. Estamos aquí frente al problema de una nueva
cientificidad, que rompa con las abs tractas categorialidades del pensamiento
burgués. Distinto, pero a la vez conectado al fetichismo, es el problema de la
aliena ción, que se refiere sobre todo al plano de la praxis, fundadora tanto
de las operaciones científicas como de la apariencia so cial. Aunque Rubin no
encara seriamente este segundo proble ma, contribuye con su análisis a una
redefinición del primero.
De este modo, el concepto de fetichismo recibeuna
nueva luz en cuanto categoría crítica y revolucionaria.
PASADO
Y P RESENTE
Fredy Perlman
El fetichismo de la mercancía
Según los economistas cuyas teorías prevalecen
actualmente en América del Norte, la economía ha reemplazado a la economía
política, y la economía trata de la escasez, los precios y la asig nación de
recursos. Según la definición de Paul Samuelson, "la
economía, o la economía política, como se la solía
llam ar... es el estudio de cómo los hombres y la sociedad deciden, con
o sin el uso de dinero, emplear recursos
productivos escasos, que pueden tener aplicaciones alternativas, para producir
diversas mercancías a lo largo del tiempo y distribuirlas para el consumo,
ahora y en el futuro, entre diversas personas y grupos de la sociedad”.1 De
acuerdo con Robert Campbell, “una de las pre ocupaciones centrales de la
economía ha sido siempre qué es lo que determina el precio”.2 Según las
palabras de otro experto, "toda comunidad, nos dicen los textos
elementales, debe abor dar un problema económico general: cómo determinar los
usos de los recursos disponibles, incluyendo no sólo bienes y ser vicios que
puedan ser empleados productivamente, sino también otros medios escasos”.3
Si la economía sólo es, en verdad, un nuevo nombre
de la economía política, y si la disciplina que antes era llamada la eco nomía
política es la que ahora se llama economía, entonces ésta ha reemplazado a la
primera. Pero si el objeto de estudio de la economía política no es el mismo
que el de la economía, entonces el "reemplazo” de la economía política es
realmente la omisión de un campo de conocimiento. Si la economía responde a
cuestiones diferentes de las que plantea la economía política, y si las cuestiones
omitidas se refieren a la forma y la calidad de la vida humana dentro del
sistema económico-social dominante, entonces esta omisión puede ser llamada una
"gran evasión”.4
El teórico de la economía e historiador soviético
I. I. Rubin su girió una definición de economía política que no tiene nada en
común con las definiciones de economía ya citadas. Según Rubin,
“la economía política trata de la actividad laboral
humana, no desde el punto de vista de sus métodos e instrumentos de trabajo,'
sino desde el punto de vista de su forma social. Trata de las rela ciones de
la producción que se establecen entre los hombres en él proceso de
producción”.6 De acuerdo con esta definición, la economía política no es el
estudio de los precios o de los recursos escasos, es un estudio de las
relaciones sociales, un estudia de la cultura. La economía política se plantea
por qué las fuerzas productivas de la sociedad se desarrollan dentro de una
forma social particular, por qué el proceso de la máquina se despliega dentro
del contexto de la empresa comercial, por qué la indus trialización adopta la.
forma del desarrollo capitalista. La eco nomía política se plantea cómo se
regula la actividad laboral de Jas personas en una forma específica, histórica,
de economía.
Las definiciones norteamericanas contemporáneas de
la eco nomía ya citadas, tratan, evidentemente, de problemas diferen tes,
plantean cuestiones diferentes y se refieren a un objeto de estudio distinto
del de la economía política tal como la define Rubin. Esto significa una de dos
cosas: o bien que la economía y la economía política son dos ramas diferentes
del conocimien to, en cuyo caso el “reemplazo” de la economía política por la
economía simplemente significa que los especialistas norteame ricanos en una
de las ramas han reemplazado a la otra rama; o bien que la economía es
realmente el nuevo nombre de lo que “solía llamarse” economía política; en este
caso, al definir la economía como el estudio de la escasez, de los precios y la
asignación de recursos, los economistas norteamericanos están diciendo que las
relaciones de producción entre las personas no constituyen un tema legítimo de
estudio. En este último caso, los economistas citados anteriormente se
constituyen en los jue ces de lo que es y lo que no es un tema legítimo de
interés intelectual; están definiendo los límites del conocimiento norte
americano. Este tipo de dictamen intelectual ha conducido a consecuencias
predecibles en otras sociedades y en otros tiempos: ha conducido a la ignorancia
total en campos excluidos del co nocimiento, y a la aparición de grandes
lagunas y blancos en campos afines del conocimiento.
Samuelson ha suministrado una justificación para la
omisión de la economía política del conocimiento norteamericano. Con el
lenguaje equilibrado y objetivo de un profesor norteameri cano, Samuelson
dice: "Mil millones de personas, un tercio de la población mundial,
considera ciegamente Das Kapital como
10
el evangelio económico. Sin embargo, sin el estudio
disciplinado de la ciencia económica, ¿cómo puede alguien formarse una opinión
razonada acerca de los méritos o falta de méritos de la economía clásica,
tradicional?” 0 Si “mil millones de personas” consideran Das Kapital “como el
evangelio económico”, obvia mente es atinado preguntarse por qué sólo unos
pocos millones de norteamericanos consideran al Curso de economía de Samuel-son
“como el evangelio económico”. Tal vez una respuesta equi librada y objetiva
podría ser que “mil millones de personas” hallan poco que sea relevante o
significativo en los elogios de Samuelson al capitalismo norteamericano y en
sus ejercicios en geometría bidimensional, mientras que los pocos millones de
norteamericanos no tienen otra opción que aprender los “méritos de la economía
clásica, tradicional” La pregunta retórica de Samuelson —“sin embargo, sin el
estudio disciplinado de la cien-cia económica, ¿cómo puede alguien formarse una
opinión ra zonada acerca de los méritos?”— es evidentemente una espada de dos
filos, ya que puede plantearse en relación a cualquier teoría económica
importante, no solamente la de Samuelson; y está claro que corresponde al
estudiante extraer su propia con clusión y hacer su propia opción después de
un “estudio dis ciplinado” de todas las teorías económicas importantes, no
sólo la de Samuelson,
Aunque Samuelson, en su libro de texto
introductorio, de dica mucha atención a Marx, este ensayo mostrará que el tra
tamiento de Samuelson difícilménte constituya un “estudio dis ciplinado” de la
economía política de Marx.
En el presente ensayo esbozaremos algunos de los
temas cen trales de la economía política de Marx, particularmente los temas
tratados en los Ensayos sobre la teoría del valor de Marx, de Rubin. El libro
de Rubin es una exposición vasta y densamente razonada del núcleo de la obra de
Marx, la teoría del fetichismo de la mercancía y la teoría del valor. Rubin
aclara concepciones erróneas que han derivado, y aun derivan, de lecturas
superfi ciales y tratamientos evasivos de la obra de Marx.
El objetivo principal de Marx no era estudiar la
escasez ni explicar la formación de los precios, ni asignar recursos, sino
analizar cómo se regula la actividad laboral de las personas en una economía
capitalista. El objeto de análisis es una estructura social determinada, una
cultura particular, a saber, el capitalismo mercantil, una forma social de
economía en la cual las relaciones
11
entre las personas no se hallan reguladas
directamente, sino a través de las cosas. Por consiguiente, "el carácter
específico de la teoría económica, conio ciencia que trata de la economía
mer-cantil-capitalista, reside precisamente en el hecho que trata de las
relaciones de producción que adquieren formas materiales” (Rubin, p. 95).
El interés fundamental de Marx era la actividad
humana crea dora, particularmente los determinantes, los factores que regulan
y moldean esta actividad en la forma capitalista de economía. El completo
estudio de Rubin pone en claro que éste no fue solamente el interés fundamental
del "joven Marx” o del "viejo Marx”, sino que fue esencial para Marx
en todas sus obras teóricas e históricas que se extienden a lo largo de más de
medio siglo. Rubin muestra que este tema da la unidad de una sola obra a
cincuenta años de investigaciones y escritos, que este tema es el contenido de
la teoría del valor basada en el trabajo, y por ende que la teoría económica de
Marx sólo puede ser comprendida dentro del marco de este tema central. La vasta
obra de Marx no es una serie de episodios inconexos, cada uno de los cuales
plantea problemas específicos abandonados más tarde. Por consiguiente, el
contraste trazado con frecuencia en tre un “joven Marx idealista”, interesado
por los problemas filo sóficos de la existencia humana, y un "viejo Marx
realista”, pre ocupado por los problemas económicos técnicos,7 es superficial
y pasa por alto la unidad esencial de toda la obra de Marx. Ru bin muestra que
los temas centrales del "joven Marx” siguieron recibiendo una elaboración
refinada en las páginas finales de la última obra publicada de Marx. Marx aguzó
constantemente sus conceptos y con frecuencia cambió la terminología, pero sus
in tereses no se modificaron. Rubin lo demuestra rastreando los temas
centrales de obras que Marx escribió a principio de la década de 1840 hasta el
tercer volumen de El capital, publicado por Engels en 1894.
En los diferentes períodos de su productiva vida,
Marx ex presó su preocupación por la creatividad humana a través de diferentes
conceptos, aunque relacionados entre sí. En sus pri meras obras, Marx unificó
sus ideas alrededor del concepto de "alienación” o "enajenación”. Más
tarde, cuando Marx refinó sus ideas sobre el trabajo "cosificado” o
"coagulado”, la teoría del fetichismo de la mercancía le brindó un punto
central, un marco unificador para su análisis. En la obra posterior de Marx, la
teoría del fetichismo de la mercancía, o sea la teoría de la
12
sociedad en la
cual las relaciones entre
las personas adoptan
la forma de relaciones entre cosas, la teoría de
una sociedad
en la cual las relaciones de producción son
cosificadas, se con vierte en "una teoría general de las relaciones de
producción de la economía capitalista mercantil” (Rubin, p. 50). Así, la teoría
marxista del valor, la parte de su economía política criticada con más
frecuencia, sólo puede ser comprendida dentro del con texto de la teoría del
fetichismo de la mercancía, o para decirlo con las palabras de Rubin, el
fundamento de la teoría de Marx “sólo puede exponerse sobre la base de su
teoría del fetichismo de la mercancía, que analiza la estructura general de la
eco nomía mercantil"' (p. 113).
En este ensayo se examinará la relación entre el
concepto de alienación, la teoría del fetichismo de la mercancía y la teoría
del valor, y se mostrará que las tres formulaciones son enfoques de un mismo
problema: la determinación de la actividad crea dora de las personas en la
forma capitalista de economía. Este examen mostrará que Marx no tenía ningún
interés per se en definir un patrón de valores, en desarrollar una teoría de
los precios aislada de un modo históricamente específico de pro ducción o en la
asignación eficiente de recursos. La obra de Marx es un análisis crítico de
cómo se controla a las personas en la economía capitalista, no es un manual
sobre cómo controlar personas y cosas. El subtítulo de los tres volúmenes de El
capital de Marx es "Crítica de la economía política”, y no “Manual de la
administración eficiente”. Esto no significa que Marx no con siderara
importantes los problemas de la asignación de recursos; significa que no los
consideró el problema central de la eco nomía política, que es una ciencia de
las relaciones sociales.
El primer enfoque de Marx en lo concerniente al
análisis de las relaciones sociales en la sociedad capitalista se basó en el
concepto de alienación, o enajenación. Aunque tomó este con cepto de Hegel, ya
en sus primeras obras Marx criticó el con tenido que Hegel diera a este
concepto. "El ser humano, el hom bre, es, para Hegel igual a auto
conciencia. Toda enajenación del ser humano no es, por tanto, nada más que la
enajenación de la autoconciencia”.8 Para Marx, en 1844, la concepción de Hegel
de la conciencia como esencia del hombre es “una crítica oculta y
mistificadora”, pero observa que "en cuanto retiene la enajenación del
hombre —aun cuando éste sólo se manifieste bajo la forma del espíritu— se
hallan implícitos y ocultos en ella todos los elementos de la crítica y, con
frecuencia, preparados
13
y elaborados ya de un modo que descuella
ampliamente sobre el punto de vista hegeliano”.9 Así, Marx adopta el concepto
de “enajenación” como una poderosa herramienta para el análisis, aunque no
concuerda con Hegel acerca de lo enajenado, o sea no concuerda en que el pensar
es la esencia del hombre. Para el Marx de 1844, la esencia del hombre es más
vasta que el pensamiento, que la autoconciencia; es la actividad creadora del
hombre, su trabajo, en todos sus aspectos. Marx considera que la conciencia es sólo
un aspecto de la actividad creadora del hombre. De este modo, si bien admite
que Hegel “concibe el trabajo como la esencia, como el ser del hombre”, señala
que “el único trabajo que Hegel conoce y reconoce es el abstracta-mente
mental”,10 Pero Hegel no sólo define la autoconciencia como esencia del hombre,
sino que luego procede a adaptarse a modos alienados y externalizados de
conciencia, a saber, la religión, la filosofía, el poder del Estado; Hegel
“vuelve a confir marla, sin embargo, en esta forma exteriorizada y la da como
su verdadera existencia, la restaura, pretexta ser en su ser de otro modo, como
tal, en si, y, por tanto, después de superar, por ejemplo, la religión, después
de haber reconocido la religión como un producto de la autoexteriorización, se
encuentra con firmado, sin embargo, en la religión como religión. Esta es la
raíz del falso positivismo de Hegel o de su criticismo meramente aparente” . u
Para Marx, sin embargo, “no puede... hablarse ya de una acomodación de Hegel a
la religión, el Estado, etc”. Y explica “Si yo sé la religión como
autoconciencia humana ex teriorizada, no sé, por tanto, en ella, en cuanto
religión, mi auto-conciencia, sino que sé confirmada en ella mi autoconciencia
etxeriorizada”.12 En otras palabras, aunque Hegel formuló el concepto de
alienación, pudo acomodarse a la religión y al poder del Estado, o sea, a
formas alienadas de existencia que niegan la esencia del hombre aun en la
definición de Hegel (como conciencia).
Así, Marx se propuso dos tareas: reformular el
concepto de alienación y redefinir la esencia del hombre. Para este propó
sito, se dirigió a Feuerbach, quien completó la primera tarea para él e hizo
mucho por brindar una solución provisional a la segunda. La solución para ambas
tareas puede abordarse si se hace de la actividad práctica, creadora, y de las
relaciones de trabajo entre las personas, el centro de la teoría, el punto fun
damental. Sólo entonces será posible comprender que la religión y la filosofía
por igual no son formas de realización, sino más
14
bien formas de alienación de la esencia del hombre.
Marx re conoció su deuda. "La gran hazaña de Feuerbach consiste: 1) en
haber probado que la filosofía no es otra cosa que la religión plasmada en
pensamientos y desarrollada de un modo discur sivo; de que también ella, por
tanto, debe ser condenada, como otra forma y modalidad de la enajenación del
ser humano; 2) en haber fundado el verdadero materialismo y la ciencia redi,
por cuanto que Feuerbach erige, asimismo, en principio fundamental de la teoría
la relación social "entre el hombre y el hombre’ . . .V 8
Marx reconoció el papel de Feuerbach en la
reformulación del concepto de alienación, es decir, en comprender la religión y
la filosofía como alienaciones de la esencia del hombre. Sin em bargo, un año
más tarde, en sus Tesis sobre Feuerbach de 1845, Marx expresa su insatisfacción
con el concepto de Feuerbach de la esencia humana. “Feuerbach diluye la esencia
religiosa en la esencia humana ”, pero para Feuerbach, la esencia del hombre
sigue siendo algo aislado, ahistórico, y, por lo tanto, abstracto. Para Marx,
“la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su
realidad, el conjunto de las rela ciones sociales”.14 Marx generaliza su
insatisfacción con respecto a Feuerbach: “El defecto fundamental de todo el
materialismo anterior —incluyendo el de Feuerbach— es que sólo conciba el
objeto, la realidad, la sensorialidad, bajo la forma de objeto (ob-jekt) o de
contemplación, pero no como actividad sensorial hu mana, como práctica. .
.”.15 Marx da un carácter más específico a esta acusación en una obra
posterior, donde dice que Feuer bach se mantiene “dentro de la teoría, sin
concebir los hombres dentro de su trabazón social dada, bajo las condiciones de
vida existentes que han hecho de ellos lo que son”, y por ende no lle ga nunca
“hasta el hombre realmente existente, hasta el hombre activo, sino que se
detiene en el concepto abstracto *el hom bre’ . . . , no conoce más Velaciones
humanas' ‘entre el hombre y el hombre* que las del amor y la amistad y, además,
idealiza d as... No consigue nunca, por tanto, concebir el mundo sen sible
como la actividad sensible y viva total de los individuos que lo form an
...”.18
Marx puede rechazar la definición que da Feuerbach
del hom bre como una abstracción porque ya en un ensayo anterior so bre “La
producción humana libre” había comenzado a concebir al hombre en términos mucho
más concretos, es decir, había ya comenzado a contemplar el mundo de los
objetos como un mundo de la actividad humana práctica, la actividad creadora.
En este
15
temprano ensayo, escrito en 1844, la concepción de
Marx del hombre aún es ahistórica; no rechazó explícitamente esta visión
ahistórica hasta qu escribió La ideología alemana, con Engels, en 1845-46, y La
miseria de la filosofía, en 1847. Sin embargo, en ese ensayo temprano ya coloca
la actividad creadora humana en el centro, y de este modo también apunta a la
"esencia” alie nada en la sociedad capitalista. Marx pide al lector que
se ima gine seres humanos fuera de la sociedad capitalista, o sea, fuera de la
historia: "Supongamos que hemos producido cosas como seres humanos: en su
producción, cada uno de nosotros habrá afirmado dos veces a sí mismo y al otro.
1) En mi producción, habré objetivado mí individualidad y sus particularidades,
y en el curso de la actividad, habré gozado de una vida individual; al
contemplar el objeto, experimentaré la alegría individual de conocer mi
personalidad como un poder objetivo, sensualmente perceptible e indudable. 2)
En la satisfacción y el uso que hace usted de mi producto, tendré la
satisfacción directa y cons ciente de que mi obra satisfaga una necesidad
humana, que objetive la naturaleza humana, y que cree un objeto apropiado para
la necesidad de otro ser humano. Nuestras producciones serán otros tantos
espejos que reflejen nuestra naturaleza... Mi trabajo será una libre
manifestación de vida y un goce de la vida” 17 Es precisamente este trabajo,
esta producción libre, esta libre manifestación y goce de la vida aquello que
se aliena en la sociedad capitalista: "En la presuposición de la propiedad
privada mi trabajo es una extemalización de la vida porque yo trabajo para
vivir y hacerme de medios de vida. Trabajar no es vivir.” En este punto, Marx
contrapone vividamente la idea del trabajo libre no alienado, con el trabajo
asalariado y alienado, al cual llama trabajo forzado de la sociedad
capitalista: “En la presuposición de la propiedad privada, mi individualidad se
ex-temaliza hasta el punto que odio esta actividad y que es un tormento para
mí. Más bien sólo es entonces la apariencia de una actividad, sólo es una
actividad forzada, que me es impuesta por una necesidad extema y accidenta], y
no por una necesidad interna y d eterm in a d a . Mi trabajo, entonces, se
manifiesta como la expresión objetiva, sensorial, perceptible e indudable de la
pérdida de mi yo y de mi impotencia” 16
Así, Marx se ve conducido a plantear un contraste
entre un hombre no alienado, ideal, ahistórico, y el hombre alienado de la
sociedad capitalista. A partir de aquí podemos seguir a Rubin y mostrar la
relación de este contraste entre lo ideal y lo real
16
con la posterior contradicción entre fuerzas
productivas y rela ciones de producción. Esta última contradicción se
convierte en la base de la teoría del fetichismo de la mercancía de Marx, y por
ende de su teoría del valor. Sin embargo, antes de volver a la exposición de
Rubin, haremos una ligera digresión para examinar dos tipos de interpretación
que se han hecho recien temente de las primeras obras de Marx. Una de ellas
sostiene que puede aceptarse y aplicarse la teoría de la alienación de Marx sin
su crítica del capitalismo; y la otra que los escritos de 1844 contienen la
quintaesencia del pensamiento de Marx, y que las obras posteriores sólo son
reformulaciones de las mis mas ideas.
El sociólogo Robert Blauner reduce la alienación a
"una cua lidad de experiencia personal que resulta de tipos específicos
de ordenamientos sociales”.19 Sobre la base de esta reducción, Blauner dice que
"en la actualidad, la mayoría de los especia listas en ciencias sociales
dirían que la alienación no es una consecuencia del capitalismo per se, sino
del trabajo en las or ganizaciones en gran escala y las burocracias
impersonales que invaden todas las sociedades industriales”.20 En otras palabras,
Blauner define a la alienación como una experiencia psicológica, personal, como
algo que el trabajador siente y que está, por con siguiente, en la mente del
trabajador, y no como una caracte rística estructural de la sociedad
capitalista. Para Blauner, decir que la alienación definida de tal modo “no es
una consecuencia del capitalismo” es, por ende, una tautología. Es esta misma
definición la que hace posible, según él, considerar la aliena ción como una
consecuencia de la industria (o sea, de las fuer zas productivas), y no como
una consecuencia del capitalismo (es decir, de las relaciones sociales).
Pero, independientemente de lo que "dirían la
mayoría de los expertos en ciencias sociales”, en la obra de Marx la alienación
es relacionada con la estructura, de la sociedad capitalista y no con la
experiencia personal del trabajador. Es la naturaleza misma del trabajo
asalariado, la relación social básica de la sociedad capitalista, la que
explica la alienación; “En el trabajo asalariado están contenidos los
siguientes elementos: 1) la relación fortuita y la alienación del trabajo del
sujeto laborante; 2) la relación fortuita y la alienación del trababjo con
respecto a su objeto;
3) la
determinación del trabajador por necesidades sociales que constituyen una
compulsión ajena a él, una compulsión a la cual se somete por necesidades
egoístas y por miseria; estas.
17
necesidades sociales sólo son un modo de satisfacer
las necesi dades de la vida para él así como él sólo es un esclavo de ella;
4) el
mantenimiento de su existencia individual se le aparece al trabajador como el
objetivo de su actividad, y su acción real
sólo es un medio; vive para obtener los medios para
vivir” 21 De hecho, Marx ubica muy explícitamente la alienación en las raíces
mismas de la sociedad capitalista: “Decir que el hombre se aliena de sí mismo
es lo mismo que decir que la sociedad de ese hombre alienado es la caricatura
de su vida común real, de su verdadera vida genérica. Su actividad, pues,
aparece como tormento, su propia creación como una fuerza ajena a él, su
riqueza como miseria, el vínculo esencial que lo une a otros hom bres como algo
no esencial, de modo tal que la separación de otros hombres aparece como su
verdadera existencia.* Marx añade que esta sociedad capitalista, esta
caricatura de comu nidad humana, es la única forma de sociedad que los econo
mistas capitalistas son capaces de imaginar: “La sociedad, dice Adam Smith, es
una empresa comercial. Cada uno de sus miem bros es un comerciante. Es
evidente que la economía política establece una forma alienada de intercambio
social como la forma esencial, original y humana definitiva” 22
En los Manuscritos económico-filosóficos de 1844y
Marx ex plica el concepto de Feuerbach de la alienación del hombre con
respecto a sí mismo en la religión, a la alienación del hombre con respecto a
sí mismo en el producto de su trabajo. En el siguiente pasaje se acerca mucho a
la descripción del mundo de las mercancías como un mundo de fetiches que
regulan y dominan la vida humana: “cuanto mas se mata el obrero tra bajando,
más poderoso se torna el mundo material ajeno a él que crea frente a sí, más pobres
se vuelven él y su mundo in terior, menos se pertenece el obrero a sí mismo.
Lo mismo su cede en la religión. Cuanto más pone el hombre en Dios, menos
retiene de sí mismo. El obrero deposita su vida en el objeto; pero una vez
creado éste, el obrero ya no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece al
objeto. Por tanto, cuanto mayor sea esta actividad, más carente de objeto será
el obrero... La enajenación del obrero en su producto no sólo significa que su
trabajo se convierte en un objeto, en una existencia externa, sino que esta
existencia se halla fuera de él, es independiente de él y ajena a él y
representa frente a él un poder propio y sustan tivo, que la vida que el
obrero ha infundido al objeto se en
18
frenta a él como algo extraño y hostil**23. En la
misma obra Marx se acerca mucho a la definición de producto del trabajo como
trabaj'o coagulado, o trabajo cosifícado, formulación que reaparecerá más de
veinte años más tarde en su teoría del fe tichismo de la mercancía: “el objeto
producido por el trabajo, su producto, se enfrenta a él como algo extraño, como
un poder independiente del productor. El producto del trabajo es el tra bajo
que se ha plasmado, materializado en un objeto, es la ob jetivación del
trabajo”. El trabajo que el obrero pierde se lo apropia el capitalista: ‘‘...
la exterioridad del trabajo para el obrero se revela en el hecho de que no es
algo propio suyo, sino de otro, de que no le pertenece a él y de que él mismo,
en el trabajo, no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro"24.
El resultado de esta alienación del poder creador del obrero es vividamente
descrito por Marx en un pasaje que resume el as pecto cualitativo de su teoría
de la explotación: "cuanto menos seas tú, cuanto menos exteriorices tu
vida, más tendrás, mayor será t\i vida enajenada, más esencia enajenada
acumularás. Todo lo que el economista político te arrebata en cuanto a vida y a
humanidad te lo repone en dinero y en riqueza.. ” 25 El pro ductor aliena su
poder creador, de hecho lo vende al capitalista, y lo que obtiene a cambio es
de un tipo diferente de ese poder creador; a cambio del poder creador obtiene
cosas, y cuanto menos es, como ser humano creador, tantas más cosas posee.
Estas formulaciones ponen en claro que, para Marx,
la alie nación es inherente a las relaciones sociales de la sociedad ca
pitalista, sociedad en la cual una clase se apropia del trabajo que otra clase
aliena; para Marx, el trabajo asalariado es, por definición, trabajo alienado.
Según los términos de su definición del trabaj'o alienado, la afirmación de que
“la alienación no es una consecuencia del capitalismo'* carece de significado.
El filósofo yugoslavo Veljko Korác ha presentado la
teoría de la alienación formulada por Marx en 1844 como la forma final de la
teoría de Marx. Korác resume esta teoría como sigue: “Al establecer mediante un
análisis crítico la alienación del hom bre con respecto al hombre, con
respecto al producto de su trabajo, y hasta con respecto a su propia actividad
humana, Marx planteó la cuestión de abolir todas estas formas de des
humanización, y la posibilidad de reestablecer la sociedad hu mana.” 20 En 1844,
en efecto, Marx habló de "rehabilitar” (si no exactamente de
"reestablecer”) la "sociedad humana”: "El co
19
munismo es. . . por tanto, el momento necesario de
la emanci pación y recuperación humanas. El comunismo es la forma ne cesaria
y el principio energético del inmediato futuro, pero el comunismo no es, en
cuanto tal, la meta del desarrollo humano, la forma de la sociedad humana ” 27
En algunos pasajes de los Manuscritos económico-filosóficos, Marx hasta habló
del comu nismo como de un retorno de la naturaleza humana: “el comu-nismOy
como superación positiva de la propiedad privada. como autoenajenación humana
y, por tanto, como real apropiación de la esencia humana por y para el hombre;
por tanto, como el re torno total, consciente y logrado dentro de toda la
riqueza del desarrollo anterior. . . Este comunismo es, como naturalismo aca
bado = humanismo y, como humanismo acabado == naturalis
m o ... La superación positiva de la
propiedad privada, como
la apropiación de la vida humana, es, por tanto, la
superación positiva de toda enajenación y, por consiguiente, el retomo del
hombre, de la religión, la familia, el Estado, etc., a su existencia humana, es
decir, social” 28. En 1844, Marx también definió el agente, la clase social,
que' llevaría a cabo esta reapropiación del poder creador del hombre, este
retomo a la esencia humana del hombre; sería “una clase con cadenas radicales,
una clase que está en la sociedad civil pero no es de la sociedad civil, una
clase que es la disolución de todas las clases, una esfera de la sociedad que
tiene un carácter universal, por su sufri miento universal, y que no reclama
ningún derecho particular porque sobre ella no se comete ningún mal particular,
sino un mal no calificado; una esfera que no puede invocar ningún tí tulo
tradicional, sino sólo un título hum ano...” 29 Marx hasta describió algunas de
las relaciones sociales de una sociedad no alienada, humana: “Si tomamos al
hombre como hombre y su actitud ante el mundo como una actitud humana, vemos
que sólo podemos cambiar amor por amor, confianza por confianza, etc. Quien
quiera gozar del arte, necesita ser un hombre artís ticamente cu lto ...” 30
Así, no hay duda de que en 1844 Marx habló de una
sociedad humana y una esencia humana que puede ser rehabilitada, re cuperada o
restaurada. Sin embargo, por vigorosos y sugerentes que sean estos pasajes, no
se los puede considerar como la for mulación final de la teoría social y
económica de Marx, ni las obras posteriores de Marx pueden ser consideradas
como meras reformulaciones de las mismas ideas. Erich Fromm es consciente de
esto cuando escribe: “En sus primeros escritos, Marx aún
20
llamaba a la naturaleza humana en general* la
esencia del hom bre*. Luego abandonó esa expresión porque quiso poner en claro
que ‘la esencia del hombre no es ninguna abstracción. . . Marx también quiso
evitar la impresión de que concebía la esencia del hombre como una sustancia
ahistórica.” 31 Fromm también es consciente de que el concepto de alienación de
Marx, “aun que no la palabra, siguió siendo de significación fundamental en
toda su obra importante porterior, incluyendo El capitaT,32 Sin embargo, no
examina las etapas que condujeron del con cepto de alienación a la teoría del
fetichismo de la mercancía, y en su propio esquema filosófico el problema
central es “dejar de dormitar y convertirse en ser humano”. Para Fromm, esto
supone primordialmente modificar las propias ideas y métodos de pensamiento:
“Creo que uno de los más desastrosos errores en la vida individual y social
consiste en quedar atrapado en alternativas estereotipadas de pensamiento...
Creo que el hom bre debe liberarse de ilusiones que lo esclavizan y paralizan,
que debe adquirir conciencia de su realidad interior y la realidad exterior a
él, con el fin de crear un mundo que no necesite de ilusiones. La libertad y la
independencia sólo pueden lograrse cuando se rompen las cadenas de la ilusión ”
33
En el prefacio de La ideología alemana, Marx
ridiculiza a los presuntos revolucionarios que quieren liberar a los hombres de
alternativas estereotipadas de pensamiento, de las ilusiones que los esclavizan
y paralizan. Marx hace decir a estos revolucio narios: “Liberémoslos de los
fantasmas cerebrales de las ideas, de los dogmas, de los seres imaginarios bajo
cuyo yugo dege neran. Rebelémosnos contra esta tiranía de los pensamientos.
Enseñémosles a sustituir estas quimeras por pensamientos que correspondan a la
esencia del hombre, dice uno, a adoptar ante ellos una actitud crítica, dice
otro, a quitárselos de la cabeza, dice el tercero, y la realidad existente se
derrumbará”. Luego Marx lleva lo ridículo hasta su límite: “un hombre listo dio
una vez en pensar que los hombres se hundían en el agua y se aho gaban
simplemente porque se dejaban llevar por la idea de la gravedad. Tan pronto
como se quitasen esta idea de la cabeza, considerándola por ejemplo como una
idea nacida de la supers tición, como una idea religiosa, quedarían sustraídos
al peligro de ahogarse” 34. En una carta escrita a fines de 1846, Marx di
rigió la misma crítica contra P. J. Proudhon: . .el señor Proud-hon pone el
fantástico movimiento de su cabeza. De este modo, son los sabios, los hombres
capaces de arrancar a Dios sus re
21
cónditos pensamientos, los que hacen la historia. A
la plebe sólo le queda la tarea de poner en práctica las revelaciones de los
hombres de ciencia. Ahora comprenderá usted por qué el señor Proudhon es
enemigo declarado de todo movimiento político. Para él, la solución de los
problemas actuales no consiste en la acción pública, sino en las rotaciones
dialécticas de su cabeza” 35.
Entre 1845 y 1847, Marx también abandona su
anterior con cepción de una esencia humana o una naturaleza humana a la cual
debe volver el hombre: “Tal y como los individuos mani fiestan su vida, así
son. Lo que son coincide, por consiguiente, con su producción, tanto con lo que
producen como con el modo cómo producen. Lo que los individuos son depende, por
tanto, de las condiciones materiales de su producción” 36 En efecto, Marx
continúa diciendo que las ideas del hombre acerca de su naturaleza o esencia están
ellas mismas condicionadas por las condiciones materiales en que los hombres se
encuentran y, por consiguiente, “la esencia” del hombre no es algo a lo cual
éste pueda retornar, ni siquiera algo que pueda concebir en el pen samiento,
puesto que se halla constantemente en proceso de cambio histórico. “Los hombres
son los productores de sus re presentaciones, de sus ideas, etc., pero los
hombres reales y actuantes, tal y como se hallan condicionados por un
determinado desarrollo de sus fuerzas productivas y por el intercambio que a él
corresponde... La conciencia no puede ser nunca otra cosa que el ser
consciente, y el ser de los hombres es su proceso de vida real”. Por
consiguiente, wno se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se
imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado,
para llegar, arran cando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte del
hom bre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real, se
expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este
proceso de vida” 37 Así, a diferencia del filósofo que citamos antes, Marx ya
no comienza su análisis con “el concepto del hombre de Marx”; comienza con el
hombre en un medio cultural determinado. Marx sistematizó la relación entre el
desarrollo tecnológico, las relaciones sociales y las ideas en La miseria de la
filosofía en 1847: “al adquirir nuevas fuer zas productivas, los hombres
cambian de modo de producción, y al cambiar el modo de producción... cambian todas
sus re laciones sociales. El molino movido a brazo nos da la sociedad de los
señores feudales; el molino de vapor, la sociedad de los capitalistas
industriales. Los hombres, al establecer las relacio
22
nes sociales con arreglo de su producción material,
crean tam bién los principios, las ideas y las categorías conforme a sus
relaciones sociales."sa El paso siguiente es introducir la “esen
cia" del hombre en la historia, o sea, afirmar que el fcombre no tiene
esencia alguna aparte de su existencia histórica, y eso es precisamente lo que
hace Marx cuando afirma que "la suma de fuerzas de producción, capitales y
formas de intercambio social con que cada individuo y cada generación se encuentran
como con algo dado, es el fundamento real de lo que los filósofos se
representan como la sustancia* y la esencia del hombre*...” 39
Aquí llega a su fin la contraposición de Marx entre
una so ciedad ideal, no alienada y la sociedad capitalista real. El hom bre
crea las condiciones materiales en que vive no en términos de una sociedad
ideal que debe “restaurar”, sino en término de las posibilidades y los límites
de las fuerzas productivas que hereda. Marx define estos límites y
posibilidades históricas en la carta de la cual ya hemos citado un pasaje: “
...lo s hom bres no son libres de escoger sus fuerzas productivas —base de
toda su historia— pues toda fuerza productiva es una fuerza ad quirida,
producto de una actividad anterior. Por tanto, las fuer zas productivas son el
resultado de la energía práctica de los hombres, pero esta misma energía se
halla determinada por las condiciones en que los hombres se encuentran
colocados por las fuerzas productivas ya adquiridas, por la forma social
anterior a ellos, que ellos no han creado y que es producto de las ge
neraciones anteriores... (Este) simple hecho crea una historia de la humanidad,
que es tanto más la historia de la humanidad por cuanto las fuerzas productivas
de los hombres y, por con siguiente, sus relaciones sociales, han adquirido
mayor desarro llo”.40 “En cada momento las personas conquistan la libertad por
sí mismas en la medida en que lo dictan y permiten, no sus ideales de hombres,
sino las fuerzas productivas existentes”.41
Marx resuelve la esencia del hombre en las
condiciones his tóricas en que el hombre existe, y de este modo se ve llevado
a abandonar el conflicto entre el hombre alienado de la sociedad capitalista y
su esencia humana no alienada. Sin embargo, Ru bín señala que más de una
década después, en 1859, el con flicto reaparece en un nuevo plano, no ya en
la forma de un conflicto entre el ideal y la realidad, sino como un conflicto
entre fuerzas productivas y relaciones sociales, que son ambas partes de la realidad;
“Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas
materiales de la sociedad cho
23
can con las relaciones de producción existentes. .
. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se con
vierten en trabas suyas. Se abre así una época de revolución social.” 42
Después de señalar las relaciones de producción, o
sea las relaciones sociales entre las personas en el proceso de produc ción,
como el marco dentro del cual se desarrollan las fuerzas productivas del
hombre, su tecnología, y como cadenas que pue den obstruir el posterior
desarrollo de la tecnología, Marx pasa a efectuar una caracterización detallada
de las relaciones de producción de la sociedad capitalista. Y luego de
abandonar el estudio de la esencia del hombre por el estudio de la situación
histórica del hombre, también abandona la palabra “alienación”, puesto'que el
uso anterior de la palabra la ha convertido en una expresión abreviada de
“alienación del hombre con respecto a su esencia”. Ya en La ideología alemana,
Marx se había refe rido sarcásticamente a la palabra “enajenación*’ (o
alienación) como “un término comprensible para los filósofos”,43 implicando con
esto que ya no era un término aceptable para él. Sin em bargo, aunque abandona
la palabra, continúa desarrollando el contenido que había expresado con ella, y
este ulterior desarrollo lo lleva mucho más allá de sus anteriores
formulaciones, e igual mente más allá de los teóricos que piensan que el
concepto de alienación fue plenamente desarrollado y completado en los Ma
nuscritos económico-filosóficos de 1844. Rubin muestra que este ulterior
desarrollo del concepto de alienación se efectúa preci samente en la teoría
del fetichismo de la mercancía y en la teoría del valor, por lo cual pasaré
ahora a la exposición que hace Rubin de estas teorías e intentaré hacer
explícitas sus conexio nes con el concepto de alienación.44
Rubin describe la transición de Marx del concepto
de alie nación a la teoría del fetichismo de la mercancía en los términos
siguientes: “Con el fin de transformar esta teoría de la aliena ción de las
relaciones humanas en una teoría de la dosificación* de las relaciones sociales
(esto es, en la teoría del fetichismo de la mercancía), Marx tuvo que elaborar
el camino del socialismo utópico al científico, de la negación de la realidad
en nombre de un ideal a la búsqueda dentro de esa realidad misma de las fuerzas
capaces de impulsar el desarrollo y el movimiento” (Ru bin, p, 106). El lazo
entre la alienación y el fetichismo de la mercancía es el concepto de
“cosificación” (materialización u objetivación) de las relaciones sociales.
Rubin rastrea ciertas
24
etapas en la formulación de Marx del concepto de
cosificación. En la Contribución a la crítica de la economía política, de 1859,
Marx señala que en la sociedad capitalista donde el trabajo crea mercancías,
“las relaciones sociales entre las personas, por así decirlo, se presentan
invertidas, como relación social entre las cosas”.45 En esta obra, las
relaciones sociales entre las personas simplemente “parecen” adoptar la forma
de cosas, simplemente parecen cosificadas. Por consiguiente, Marx llama a esta
cosi ficación una “mistificación”, y la atribuye a “el hábito de la vida
cotidiana”,46
Sin embargo, en el tomo I de El capital, esta
cosificación de las relaciones sociales ya no es solamente una apariencia en la
mente del productor individual de mercancías, como tampoco un resultado de los
hábitos de pensamiento del productor de mercancías. Aquí, “la materialización
de las relaciones de pro ducción no surge de ‘hábitos', sino de la estructura
interna de la economía. El fetichismo no es sólo un fenómeno de con ciencia
social, sino de ser social” (Rubin, p. 108). La causa del fetichismo, es decir,
la causa del hecho de que las relaciones entre personas adopten la forma de
relaciones entre cosas, debe buscarse en las características de la economía
capitalista como economía productora de mercancías: '‘La ausencia de regula
ción directa del proceso social de la producción conduce nece sariamente a la
regulación indirecta de] proceso de producción a través del mercado, a través
de los productos del trabajo, a través de las cosas” (Ibid.)
Por consiguiente, la cosificación de las relaciones
sociales y el fetichismo de la mercancía no son “cadenas de ilusiones” que
puedan ser “rotas” dentro del contexto de la sociedad capita lista, porque no
surgen de “alternativas estereotipadas de pen samiento” (Erich Fromm). La
forma capitalista de la produc ción social “necesariamente conduce” a la
cosificación de las re laciones sociales; la cosificación no es sólo una
“consecuencia” del capitalismo, sino que es un aspecto inseparable de él. El trabajo
concreto, no alienado, que es una expresión creadora de la personalidad de un
individuo, no puede realizarse dentro del
proceso de producción de la sociedad capitalista-
El trabajo qu*' produce mercancías, o sea cosas para la venta enel mer
cado, no es un trabajo concreto, sino abstracto,
“abstractamente general, trabajo social que surge de la alienación completa del
trabajo individual” (Rubin, p. 95). En la economía mercantil el trabajo no es
actividad creadora; es el gasto de tiempo de tra
25
I
bajo, de fuerza de trabajo, de trabajo humano
homogéneo o trabajo en general- Tampoco sucede esto en todo tiempo y lu gar.
“Sólo sobre la base de la producción de mercancías, carac terizada por el gran
desarrollo del cambio, la transferencia ma siva de individuos de una actividad
a otra y la indiferencia de los individuos hacia la forma concreta del trabajo,
es posible desarrollar el carácter homogéneo de todas las operaciones la
borales como formas de trabajo humano en general” (Rubin, p.
192) . En
la sociedad capitalista, esta fuerza de trabajo que produce mercancías es ella
misma una mercancía: es una cosa que el capitalista compra al obrero, o como
dice Paul Samuel son: “un hombre es mucho más que una mercancía. Sin em
bargo, es cierto que los hombres alquilan sus servicios por un precio.” 47 Así,
el trabajo, en la sociedad capitalista, es un tra bajo cosificado, es trabajo
convertido en una cosa.
El trabajo cosificado de la sociedad capitalista,
la fuerza de trabajo abstracta, homogénea, que el capitalista compra por un
precio se cristaliza, se congela, en mercancías de las que se apropia el
capitalista y luego vende en el mercado. El traba jador literalmente aliena,
enajena su poder creador, lo vende. Puesto que el poder creador se refiere a la
participación cons ciente del individuo en la formación de su medio material,
puesto que el poder de decidir está en la raíz de la creación, sería más exacto
decir que el poder creador simplemente no existe para el trabajador alquilado,
en la sociedad capitalista. Es pre cisamente el poder de crear sus
circunstancias lo que el tra bajador vende al capitalista; es precisamente
este poder del que se apropia el capitalista, no sólo en la forma del tiempo de
trabajo homogéneo que compra por un precio, sino también en la forma del
trabajo abstracto que se congela en las mercan cías, Este trabajo cosificado,
este trabajo abstracto que se cris taliza, congela, en mercancías, “adquiere
una forma social de terminada” en la sociedad capitalista, o sea la forma del
valor. Marx “hace de la ‘forma del valor el objeto de su examen, o sea, el
valor como la forma social del producto del trabajo, la forma que los economistas
clásicos daban por sentada...” (Ru bín, p. 164). Así, mediante la teoría del
fetichismo de la mer cancía, el concepto de trabajo cosificado se convierte en
el vínculo entre la teoría de la alienación de los Manuscritos eco
nómico-filosóficos de 1844 y la teoría del valor de El capital.
La explicación de Marx del fenómeno de la
cosificación, o sea del hecho que el trabajo abstracto adopte la “forma del va-
26
\
lor”, ya no está concebida en términos de los
hábitos de la gente, sino de las características de una economía mercantil En
El capital, Marx señala que las relaciones entre las personas se realizan a
través de las cosas, y que este es el único medio por el cual pueden realizarse
en una economía productora de mercancías; “la conexión social entre la
actividad laboral de los productores individuales de mercancías solo se realiza
mediante la igualación de todas las formas concretas de trabajo, y esta igualación
se lleva a cabo en la forma de una igualación de todos los productos del
trabaj'o como valores” (Rubin, p. 183). Esto no sólo es cierto para las
relaciones de capitalistas como compradores y vendedores de los productos del
trabajo, sino también para las relaciones entre capitalistas y obreros como
compradores y vendedores de fuerza de trabajo. Debe obser varse que en la
economía mercantil el trabajador mismo es un productor de mercancías
"libre e independiente”. La mercancía que él produce es su fuerza de
trabajo; produce esta mercan cía, comiendo, durmiendo y procreando. En el
lenguaje de Da vid Ricardo, el “precio natura] del trabajo” es ese precio que
permite a los trabajadores "subsistir y perpetuar su raza”,48 o sea
reproducir su fuerza de trabajo. El obrero vende su mer cancía en el mercado
de trabajo bajo la forma de valor y, a cambio de una determinada cantidad de su
mercancía, la fuerza de trabaj'o, recibe una suma determinada de valor, es
decir, dinero, que a su vez cambia por otra suma de valor, o sea, bie nes de
consumo.
Cabe señalar que el trabaj*ador no cambia poder
creador por poder creador. Cuando el obrero vende su fuerza de trabajo como
trabajo abstracto bajo la forma de valor, aliena totalmente su poder creador.
Cuando el capitalista compra una cantidad determinada de la fuerza de trabajo
del obrero, digamos, ocho horas de fuerza de trabajo, no se apropia solamente
de una parte de esa cantidad, por ejemplo, cuatro horas, bajo la forma de
trabajo excedente; el capitalista se apropia de las ocho ho ras de la fuerza
de trabaj'o del obrero. Esta fuerza de trabajo, entonces, se cristaliza, se
congela, en una. cantidad determinada de mercancías, que el capitalista vende
en el mercado, que cam bia como valores por sumas equivalentes de dinero. Y lo
que el trabajador obtiene por su fuerza de trabajo alienada es una suma de
dinero “equivalente en valor” a la fuerza de trabajo. Esta relación de
intercambio de "valores equivalentes”, o sea el intercambio de un
determinado número de horas de fuerza de
27
trabajo por una suma determinada de dinero, oculta
un aspecto cuantitativo, tanto como cualitativo, de la explotación. El as
pecto cuantitativo fue tratado por Marx en su teoría de la ex plotación,
desarrollada en el tomo I de El capital. La suma de dinero que el capitalista
recibe a cambio de las mercancías que vende en el mercado es mayor que la suma
que gasta para la producción de las mercancías, lo cual significa que el
capitalista se apropia de una plusvalía en la forma de ganancia. El aspecto cualitativo
fue tratado por Marx en su teoría de la alienación, y luego desarrollado en la
teoría del fetichismo de la mercancía. Los dos términos de la relación de
equivalencia no son cuali dades equivalentes; son de especies diferentes. Lo
que el obrero recibe a cambio de su poder creador alienado es un “equiva**
lente” sólo en una economía mercantil, donde el poder creador del hombre está
reducido a una mercancía comerciable y es vendido como valor. A cambio de su
poder creador el obrero recibe un salario o sueldo, es decir, una suma de
dinero, y a cambio de este dinero puede comprar productos del trabajo pero no
puede comprar poder creador. En otras palabras, a cambio de su poder creador el
trabajador obtiene cosas. Así, cuando Marx habla de la apropiación capitalista
de la “plus valía” o “trabajo excedente”, se refiere al aspecto cuantitativo
de la explotación, no al aspecto cualitativo. Cualitativamente, el trabajador
aliena la totalidad de su poder creador, su poder de participar conscientemente
en la formación de su medio material con las fuerzas productivas que hereda del
desarrollo tecnológico anterior. Esto significa que “es verdad que los hombres
alquilan sus servicios por un precio” (Samuelson), y como resultado de esto,
“cuanto menos seas tú, cuanto menos exteriorices tu propia
vida, más tendrás, mayor será tu vida enajenada.”
49
En una economía mercantil, las personas se
relacionan entre
sí sólo a través y por medio del intercambio de
cosas; la re lación de compra y venta es “la relación básica de la sociedad
mercantil” (Rubin, p. 64). Las relaciones de producción entre las personas se
establecen a través del intercambio de cosas por que “las relaciones
permanentes y directas entre determinadas personas que son propietarias de
diferentes factores de produc ción no existen: El capitalista, el trabajador
asalariado y el terra teniente, son propietarios de mercancías formalmente
indepen dientes unos de otros. Las relaciones de producción directas entre
ellos aún deben ser establecidas, y en una forma que sea
28
usual para los propietarios de mercancías, a saber,
en ]a forma de la compra y la venta” (Rubin, p. 69; las bastardillas son del
original). Sobre la base de esas relaciones sociales cosificadas, o sea sobre
la base de relaciones de producción que se realizan a través de] intercambio de
las cosas, se lleva ’a cabo el proceso de producción en la sociedad
capitalista, porque las “relaciones de producción que se establecen entre los
representantes de las diferentes clases sociales (el capitalista, el obrero y el
terrate niente), dan como resultado una determinada combinación de los
factores técnicos de la producción.. (Rubín, p. 68). Asi* es por medio de estas
relaciones sociales cosificadas que las fuerzas productivas, o sea la
tecnología, se desarrollan en la so ciedad capitalista.
La apropiación capitalista del poder creador
alienado de la sociedad adopta la forma de una apropiación de las cosas, la
forma de acumulación de capital. Y es precisamente esta acu mulación de
capital lo que define al capitalista como capita lista: “El lugar del
capitalista en la producción está determinado por su propiedad de capital, de
medios de producción, de co sas.. (Rubín, p. 68). Así, en el tomo III de El
capital, Marx dice que “el capitalismo no es otra cosa que el capital perso
nificado, sólo actúa en el proceso de producción como expo nente del capital”;
50 por ello, Rubin habla de la “personificación de las cosas” (Rubin, cap. 3).
El capital confiere al capitalista el poder para comprar maquinarias y materias
primas, para comprar fuerza de trabajo, para incorporar los agentes mate
riales y humanos en una actividad productiva que dé como re sultado
determinadas sumas de mercancías. El capital “arranca, en el proceso social de
producción adecuado a él, una determi nada cantidad de trabajo sobrante a los
productores directos, o sea, a los obreros, sin equivalente, trabajo que
conserva siempre, sustancialmente, su carácter de trabajo forzoso, por mucho
que se presente como resultado de la libre contratación”.51 En la so ciedad
capitalista, un hombre sin capital no tiene el poder de establecer estas
relaciones. Así, superficialmente, parece que el capital, una cosa, posee el
poder de alquilar trabajo, comprar maquinaria, combinar el trabajo y la
maquinaria en un proceso productivo y rendir ganancia e intereses, “parece que
la cosa misma posee la capacidad, la virtud de establecer relaciones de
producción” (Rubin, p. 69). Según las palabras del libro de texto oficial
norteamericano, “los salarios son la retribución del trabajo, el interés la retribución
del capital; y la renta la retribución de
29
la tierra”.52 Marx llama a esto la Fórmula
Trinitaria del Capi talismo: “en la fórmula capital-interés; tierra-renta del
suelo; tra bajo-salario, el capital, la tierra y el trabajo aparecen respecti
vamente como fuentes del interés (en vez de la ganancia), de la renta del suelo
y del salario como si se tratase de sus pro ductos, de sus frutos, como si
aquéllos fuesen la razón y éstos la consecuencia, aquéllos la causa y éstos el
efecto, y además, de tal modo que cada fuente de por sí se refiere a su producto
como a algo arrojado y producido por ella”.53 El capital es una cosa que tiene
el poder de rendir intereses, la tierra es una cosa que tiene el poder de
rendir rentas, el trabajo es una cosa que tiene el poder de rendir salarios, y
el dinero “convierte la lealtad en felonía, el amor en odio y el odio en amor,
la virtud en vicio y el vicio en virtud, al siervo en señor y al señor en
siervo, a la estupidez en talento y al talento en estupidez” 54 o, según la
pro paganda de los bancos norteamericanos, “el dinero trabaja para usted”.
Rubin declara que “los economistas vulgares... atribuyen el poder de aumentar
la productividad del trabajo, que es inhe rente a los medios de producción y
representa su función técnica, a] capital, esto es, a una forma social
específica de producción (teoría de la productividad del capital)” (Rubin, p.
77), y el economista que representa el consenso de su profesión en los años
posteriores a la segunda guerra mundial entre los econo mistas
norteamericanos, escribe en 1967 que “el capital tiene una productividad neta
(o rinde un interés real) que puede ser ex presado en la forma de un
porcentaje anu al...” 85
Una cosa que posee tales poderes es un fetiche, y
el mundo de los fetiches es un “mundo encantado, invertido y puesto de cabeza
en que Monsieur le Capital y Madame la Terre aparecen como personajes sociales
a la par que llevan a cabo sus brujerías directamente como simples cosas
materiales”.56 Marx había de finido este fenómeno en el primer volumen de El
capital: "Lo que aquí reviste, a los ojos de los hombres, la forma
fantasma górica de una relación entre objetos materiales no es más que una relación
social concreta establecida entre los hombres mis mos. Por eso, si queremos
encontrar una analogía a este fenó meno, tenemos que remontamos a las regiones
nebulosas del mundo de la religión, donde los productos de la mente humana
semejan seres dotados de vida propia, de existencia indepen diente, y
relacionados entre sí y con los hombres. Así acontece en el mundo de las
mercancías con los productos de la mano del hombre. A esto es a lo que yo llamo
el fetichismo bajo el
30
que se presentan los productos del trabajo tan
pronto como se crean en forma de mercancías y que es inseparable, por con
siguiente, de este modo de producción. Este carácter fetichista del mundo de
las mercancías responde.,, al carácter social ge nuino y peculiar del trabajo
productor de mercancías” e7. El fe tichista que atribuye sistemáticamente a
las cosas los resultados de las relaciones sociales, se ve conducido a extrañas
conclusio nes: ‘la retribución, ¿de qué es el beneficio?... El economista, después
de cuidadoso análisis, termina relacionando el concepto de beneficio con la
innovación dinámica y la incertidumbre, y con los problemas del monopolio y los
incentivos.” 68 Rubin se ñala que, "en lugar de considerar los fenómenos
técnicos y so ciales como diferentes aspectos de la actividad laboral humana,
aspectos estrechamente relacionados entre sí pero diferentes, los economistas
vulgares los colocan en el mismo nivel, en el mismo plano científico, por así
decir... Esta identificación del proceso de producción con sus formas
sociales... se venga cruelmente” (Rubin, p. 77), y los economistas se asombran
al descubrir que “el objeto que imaginaban tener tangiblemente en las manos se
les aparece de pronto como relación social y, a la inversa, los inquieta en su
forma de objeto lo que justamente acababan de catalogar en la categoría de las
relaciones sociales”.80
Las formas de producción “alienadas del trabajo y
que se en frentan a él como algo independiente” 60 en la forma de capital, dan
al capitalista poder sobre el resto de la sociedad. “El capi talista brilla
con la luz refleja de su capital” (Rubin, p. 73), y sólo puede brillar porque
el poder productivo de los obreros se ha cristalizado en las fuerzas
productivas y ha sido acumulado por él bajo la forma de capital. El
capitalista, como poseedor de capital, se enfrenta ahora con el resto de la
sociedad como aquel a cuya discreción quedan la producción y el consumo; se
enfrenta con la sociedad como su dominador. Ese proceso se celebra en los
libros de textos oficiales de economía: “los beneficios y las elevadas
retribuciones a los factores son el ánzuelo, las za nahorias colgadas ante
nosotros como mulos empresarios. Las pérdidas son nuestro castigo. Los
beneficios van a aquellos que han sido eficientes en el pasado, eficientes en
hacer cosas, en vender cosas, en prever cosas. Mediante los beneficios, la socie
dad otorga el comando de nuevas empresas a aquellos que han obtenido un número
elevado de éxitos.” 61
Puede demostrarse ahora que las conclusiones
anteriores cons tituyen un desarrollo detallado, una clarificación y una
concre
31
ción de la teoría de la alienación expuesta por
Marx en 1844. Se lo puede verificar comparando dichas conclusiones con un
pasaje ya citado, escrito un cuarto de siglo antes de la publica ción de la
teoría del fetichismo de la mercancía en el primer volumen de El capital y casi
medio siglo antes del tercer volu men: “ el objeto producido por el trabajo,
su producto, se en frenta a él como ¿Zgo extraño, como un poder independiente
del productor. El producto del trabajo es el trabajo que se ha plas mado, materializado
en un objeto, es la objetivación del tra bajo . . . La enajenación del obrero
en su producto no sólo sig nifica que su trabajo se convierte en un objeto, en
una existencia externa, sino que esta existencia se halla fuera de él, es inde
pendiente de él y ajena a él y representa frente a él un poder propio y
sustantivo, que la vida que el obrero ha infundido al objeto se enfrenta a él
como algo extraño y hostil” 62. Conside rado retrospectivamente, este pasaje
parece un resumen de la teoría del fetichismo de la mercancía. Sin embargo, las
defini ciones, los conceptos y las relaciones detalladas que este pasaje
parece resumir sólo fueron desarrollados por Marx unas décadas más tarde.
Nuestra siguiente tarea es examinar la teoría del
valor de Marx dentro del contexto de su teoría del fetichismo de la mercancía,
pues como señala Rubin, wla teoría del fetichismo es, per se, la base de todo
el sistema económico de Marx, y en particular de su teoría del valor” (Rubin,
p. 55). En este contexto, Rubin dis tingue tres aspectos del valor: éste “1)
es una relación social entre personas, 2) que asume una forma material y 3) se
rela ciona con el proceso de producción9 (Rubin, d. 115). El objeto de la
teoría del valor es la actividad laboral de las personas, o, como la define
Rubin: “El objeto de la teoría del valor es la interrelación de diversas formas
de trabajo en el proceso de su distribución, que se establece mediante la
relación de cambio entre cosas, esto es, productos de trabajo” (Rubin, p. 120).
En otras palabras, el objeto .de la teoría del valor es el trabajo tal como se
manifiesta en la economía mercantil: aquí el trabajo no adopta la forma de una
participación consciente y creadora en el proceso de transformación del medio
material; adopta la forma del trabajo abstracto que se congela en mercancías y
es vendido en el mercado como valor. “El carácter específico de la economía
mercantil consiste en el hecho de que el proceso técnico-material de la
producción no es regulado directamente por la sociedad, sino que es dirigido
por los productores indi
32
viduales de mercancías. . . El trabajo privado de
los produc tores separados de mercancías se vincula con el trabajo de todos
los otros productores de mercancías y se convierte en trababjo social sólo si
el producto de un productor es igualado como valor con todas las otras
mercancías” (Rubin, p. 123). Antes de ana lizar cómo se distribuye el trabajo
mediante la igualación de las cosas, o sea, cómo se regula la actividad humana
en la sociedad capitalista, Rubin señala que la forma que adopta el trabajo en
la sociedad capitalista es la forma del valor: “la «osificación del trabajo en
el valor es la conclusión más importante de la teoría del fetichismo, que
explica la inevitabilidad de la ‘cofisicación’ de las relaciones de producción
entre las personas en una eco nomía mercantil” (Rubin, p., 125). Así, la
teoría del valor trata de la regulación del trabajo: este hecho es el que la
mayoría de los críticos de la teoría no logran comprender.
El problema que plantea Marx es cómo se regula la
actividad laboral de las personas en la sociedad capitalista. Su teoría del
valor tiene el propósito de dar respuesta a esto. Veremos que la mayoría de los
críticos no brindan una respuesta diferente a la pregunta que se plantea Marx,
sino que objetan la pregunta misma. En otras palabras, los economistas no dicen
que Marx da respuestas erróneas a lo que se plantea, sino que da respuestas
erróneas a lo que ellos se plantean:
Marx se pregunta: ¿cómo se regula la actividad
laboral hu mana en una economía capitalista?
Y responde:
la actividad laboral humana es alienáda por una clase, apropiada por otra, se
congela en mercancías y es vendida en un mercado bajo la forma del valor.
Los economistas responden: Marx se equivoca. El
precio co mercial no está determinado por el trabajo; está determinado por el
precio de producción y por la demanda. “El gran Alfred Marshall” sostenía que
“el precio comercial —esto es, el valor eco nómico— estaba determinado por la
oferta y la demanda, que interactúan de un modo muy similar al descrito por
Adam Smith a propósito de la operación de los mercados competitivos” 6#
Marx conocía perfectamente el papel de la oferta y
la demanda en la determinación del precio comercial, como veremos más ade
lante. Lo que ocurre es que Marx no se preguntaba qué es lo que determina el
precio comercial; se preguntaba cómo se re gula la actividad laboral.
- El
desplazamiento del problema comenzó ya en la década de 1870, antes de la
publicación de los volúmenes segundo y tercero
33
ele El capital de Marx. Por esa época, los
economistas revivieron la teoría utilitaria del valor de Jean Baptiste Say y la
teoría del precio basada en la oferta y la demanda de Augustín Coumot ®4, que
fueron desarrolladas a principio del siglo xix. La virtud de ambos enfoques era
que no decían nada acerca de la regulación del trabajo humano en" la
sociedad capitalista, y este hecho las hizo muy aceptables para los economistas
profesionales de una sociedad capitalista. La resurrección de Say y Coumot fue
reci bida como un nuevo descubrimiento, pues el "nuevo principio”
arrojaba un pesado manto sobre los problemas que había plan teado Marx. “El
nuevo principio era simple: el valor de un pro ducto o servicio no obedece al
trabajo encamado en él, sino a la utilidad de la última unidad comprada. Este
es, en esencia, el principio de la utilidad marginal”, según el historiador
Fusfeld.65 En opinión del economista norteamericano Robert Campbell, la
reaparición de la teoría de la utilidad puso orden en el caos: “La
reconciliación de todas estas explicaciones parciales en con flicto para
constituir una teoría general unificada del valor se produjo recién a fines del
siglo xix por los autores de la escuela utilitarista, con el concepto de
equilibrio general y la reducción de todas las explicaciones al común
denominador de la utilidad.” 66 Fusfeld señala la razón principal de este
entusiasmo: “Una de las más importantes conclusiones que se derivaban de esa
línea de pensamiento era que un sistema de mercado libre tiende a llevar al
máximo el bienestar individual.” 67 Una vez más, era posible dar por sentado
sin poner en tela de juicio precisamente aquello que Marx había cuestionado.
Después de saludar con alborozo la reaparición de la teoría de la utilidád,
Campbell pasa a redefinir la economía de tal manera que excluye las cuestiones
que Marx había planteado. Campbell lo hace explícitamente: “Un resultado de
esta nueva concepción del problema del valor fue la formulación de una nueva
definición de la economía, la única aceptada comúnmente en la actualidad, como
la teoría de la asignación de recursos escasos entre fines divergentes.**8 Sin
mencionar el hecho de que sus propias ideas acerca del valor existían ya en la
época de Ricardo, el economista científico Campbell procede a despachar a Marx
por mantener “ideas acerca del valor que existían ya en la época de Ricardo”.
Camp bell usa luego el lenguaje sobrio y objetivo de las ciencias so ciales
norteamericanas para resumir la obra de toda la vida de Marx: “Marx tomó la teoría
del valor tal como existía por en« tonces y elaboró a partir de algunas de sus
confusiones una
34
teoría de la dinámica del sistema capitalista.
(Sería más exacto describir el proceso a la inversa: Marx tenía ya ciertas
conclu siones y trataba de mostrar que ellas se desprendían rigurosa e
inevitablemente de la teoría del valor generalmente aceptada por entonces. Con
una visión retrospectiva, podemos considerar su esfuerzo como una técnica de
reducción al absurdo para de mostrar las deficiencias de la teoría ricardiana
del valor.)” Sobre la base de este análisis exhaustivo de la obra de Marx, Campbell
concluye desapasionadamente: "así, el lastre de la herencia mar xista en
la teoría económica no consiste tanto en que la con cepción marxista es
simplemente errónea en un aspecto particular (esto es, la suposición de que
sólo el trabajo crea valor) como en no comprender el problema básico de la
teoría económica, en no alcanzar una plena comprensión de lo que debe aclarar
una teoría económica válida. Esto sólo se logró dentro de la co rriente
principal de la teorización económica mundial después que el marxismo entró en
el callejón sin salida ya menciona do 69 Después de redefinir de este modo la
economía y eliminar a Marx, se hace posible nuevamente adherir a “una teoría
del valor basada en el análisis del acto de intercambio como tal, aislado de un
contexto económico y social determinado” (Rubin, p. 138).
Así, los economistas no reemplazaron las respuestas
de Marx a los problemas que planteó por otras respuestas más exactas, sino que
dejaron de lado los problemas y los reemplazaron por otros acerca de la escasez
y el precio comercial; de este modo, "desplazaron todo el centro de la
economía del gran problema de las clases sociales y sus intereses económicos,
que había sido destacado por Ricardo y Marx, y centraron la teoría económica en
el individuo” 70 Fusfeld también explica por qué los eco nomistas desplazaron
el centro de la cuestión: “Los economistas y sus teorías sumamente abstractas
formaban parte del mismo desarrollo social e intelectual que dio origen a las
teorías legales de Stephen Field y al folklore del hombre que se hace a sí
mismo”,71 esto es, los economistas están ideológicamente a tono con la clase
dominante, los capitalistas o, como dice Samuelson, "los beneficios y las
elevadas retribuciones de los factores, son el cebo, las zanahorias colgadas
ante nosotros como mulos em presarios”.72
Incluso algunos teóricos cuyos objetivos primarios
no eran la exaltación del capitalismo han interpretado la teoría del valor de
Marx como una teoría de la asignación de recursos o una
35
teoría de los precios, y han subvalorado o
inclusive han pasado totalmente por alto el contexto sociológico e histórico de
la teoría. Esto no significa que los problemas de la asignación de recursos o
de los precios no tengan nada que ver con un aná lisis histórico y sociológico
del capitalismo, ni que la dilucidación de un aspecto no agregue necesariamente
nada a la compren sión de los otros aspectos. El quid es que una teoría de la
asijf nación de recursos o una teoría de los precios no explica cesariamente
por qué la actividad laboral humana se regula a través de las cosas en la forma
capitalista de economía, puesto que la teoría de la asignación de recursos o la
teoría de los precios pueden comenzar su análisis dando el capitalismo por
supuesto. Al mismo tiempo, un análisis histórico y sociológico de la economía
capitalista no necesita explicar la asignación de recursos o los componentes de
los precios en su intento por caracterizar la forma que asume la actividad
laboral humana en un contexto histórico determinado. Un teórico de los precios
puede interesarse explícitamente por la forma social de la eco nomía cuyos
precios examina, así como Marx se interesó explí citamente por los problemas
de los precios y la asignación de recursos. Pero esto no significa que todo
teórico de los precios o asignador de recursos necesariamente agote los
problemas so ciológicos e históricos, ni siquiera que tenga el menor conoci
miento del capitalismo como forma económica histórica específi ca, así como no
significa que Marx necesariamente haya agotado los problemas de la
determinación de los precios o la asignación de recursos, aunque tuvo un
conocimiento mucho más pro fundo de esos problemas que el que le acreditan la
mayoría de sus superficiales críticos, e incluso algunos de sus superfi ciales
adeptos.
Oskar Lange señaló que “importantes autores de la
escuela marxista” buscaron en Marx una teoría de los precios, y por con
siguiente “comprendieron y resolvieron el problema sólo dentro de los límites
de la teoría del valor-trabajo, con lo cual quedaron sujetos a todas las
limitaciones de la teoría clásica”.73 Sin em bargo, el mismo Lange consideró
la teoría del valor de Marx como un intento por resolver el problema de la
asignación de recursos. Según Lange, Marx "parece haber concebido el tra
bajo como el único tipo de recurso escaso que debe ser distri buido entre
diferentes usos, y quiso resolver el problema me diante la teoría del
valor-trabajo”.74 Fue más bien Lange quien se dedicó a elaborar una teoría de
la asignación de recursos, no
36
Marx, y "el carácter insatisfactorio de su
solución” 75 obedece claramente al hecho de que la teoría de Marx no estaba
des tinada a dar solución a los problemas de Lange.
Fred Cottheil, en un libro reciente sobre Marx,
reduce ex plícitamente la teoría del valor de Marx a una teoría de los
precios. A diferencia de los críticos superficiales de Marx, Got theil señala
que Marx sabía que en la sociedad capitalista los precios no están determinados
por el “contenido del trabajo” de las mercancías: “El concepto de precio que se
incorpora al aná lisis del sistema económico marxista es, sin excepción, el
con cepto de precios de producción...” 76 Sin embargo, al reducir la teoría
del valor de Marx a una teoría de los precios, Gottheil saca la teoría de Marx
de su contexto sociológico e histórico (Gottheil ni siquiera menciona la teoría
del fetichismo de la mercancía de Marx). De este modo, reduce el análisis
histórico y sociológico de Marx de la economía capitalista mercantil a un
sistema mecánico del cual infiere mecánicamente más de ciento cincuenta
“predicciones”.
Joan Robinson sabe que la construcción de una
teoría de los precios no fue el objetivo principal del análisis de Marx, y dice
que éste “se sintió obligado a ofrecer una teoría de los precios relativa, y
aunque la consideró esencial, podemos ver que es ajena al punto principal de su
argumentación”. 77 Sin embargo, Robinson parece desconocer cuál sera “el punto
de la argumen tación”: “El punto principal de la argumentación era algo muy
diferente. Aceptando el dogma de que todas las cosas se inter cambian a precios
proporcionales a sus valores, Marx lo aplica a la fuerza de trabajo. Esta es la
clave que explica el capita lismo. El obrero recibe su valor, su costo, en
términos de tiempo de trabajo, y el empleador lo usa para producir más valor de
lo que cuesta.” 78 Después de reducir la obra de Marx a esta “argumentación”,
Robinson puede concluir: “En este plano, toda la argumentación parece ser
metafísica, brinda un típico ejem plo del modo en que operan las ideas
metafísicas. Lógicamente, es un mero galimatías, pero, para Marx, fue una
arrolladora iluminación y para los marxistas posteriores una fuente de ins
piración.” 79
En un ensayo escrito más de medio siglo antes del
libro de Joan Robinson, Economic Philosophy, Thorstein Veblen se acercó mucho
más que Robinson al “punto principar de la obra de Marx: “Dentro del dominio de
la cultura humana en desarrollo, que es el campo de la especulación marxista en
gran escala,
37
Marx ha dedicado más particularmente sus esfuerzos
al análisis y la formulación teórica de la situación actual, la fase actual del
proceso, el sistema capitalista. Y puesto que el modo pre valeciente de la
producción de bienes determina la vida insti tucional, intelectual y
espiritual de la época, al determinar la forma y el método de la actual lucha
de clases, la discusión necesariamente comienza con la teoría de la ‘producción
capi-(alista’, o la producción tal como se realiza en el sistema ca pitalista.”
®0 Veblen también comprendió con exactitud la rele vancia de las críticas
basadas en una reducción de la teoría del valor de Marx a una teoría de los
precios: “Los críticos de Marx comúnmente identifican el concepto de ‘valor con
el de ‘valor de cambio’, y muestran que la teoría del ‘valor no se ajusta al
comportamiento de los precios en el sistema existente de dis tribución, con la
pía esperanza de haber refutado de este modo la doctrina marxista; mientras
que, por supuesto, en lo esencial ni siquiera la han rozado ” 81
El método de Marx, su enfoque del problema que
planteó, estaba dirigido a abordar ese problema, no los problemas plan teados
por sus críticos, es decir, a responder cómo se regula la distribución del
trabajo, y no por qué la gente compra bienes, o cómo se asignan recursos o qué
determina el precio de mer cado. Así, no fue para definir lo que determina el
precio co mercial, sino para centrarse en el problema de la regulación del
trabajo, que Marx se abstrajo de la economía capitalista real, reduciéndola, por
así decir, a lo esencial. El capitalismo es una economía productora de
mercancías; las relaciones sociales no se establecen directamente, sino a
través del cambio de cosas. Con el fin de saber cómo se regula el trabajo en
una economía donde esta regulación se realiza a través del intercambio de
cosas, Marx construye un modelo de una “economía mercantil simple”, es decir,
una economía abstracta en la cual las rela ciones sociales se establecen
mediante el intercambio de las co sas, y en la cual la proporción en que las
mercancías tienden a intercambiarse está determinada por el tiempo de trabajo
gas tado en su producción. La afirmación de que las mercancías se intercambian
en término del tiempo de trabajo gastado en su producción es, entonces, una tautología,
ya que está contenida en la definición del modelo de Marx. El objeto de la
abstracc-ción es concentrarse en la regulación del trabajo en una eco nomía
mercantil y no responder a lo que determina el precio en la sociedad
capitalista real. En este contexto, carece de im
38
portancia señalar que hay "otros factores de
la producción* (como la tierra y el capital), ya que, como subraya Rubin, “la
teoría del valor no trata del trabajo como un factor técnico de la producción,
sino de la actividad laboral de las personas como base de la vida de la
sociedad, y de las formas sociales dentro de las cuales se realiza el trabajo”
(Rubin, p. 135). También ca rece de importancia señalar que se intercambian
“otras cosas además del trabajo”, pues "Marx no analiza todo intercambio
de cosas, sino sólo la igualación de mercancías a través de la cual se realiza
la regulación social del trabajo en una economía mer cantil” (Rubin, p. 154).
La abstracción de Marx no está diri gida a explicarlo todo; está dirigida a
explicar la regulación del trabajo en una economía mercantil.
En el capítulo II de su libro de texto de economía,
Paul Sa muelson halla totalmente inaceptable el método de Marx. Este
académico, cuya significación en la economía norteamericana probablemente pueda
compararse con la de Lysenko en la ge nética soviética, resume la teoría del
valor de Marx del siguiente modo: “la famosa ‘teoría del valor-trabajo' fue
tomada por Karl Marx de escritores clásicos como Adam Smith y David Ricardo. La
mejor introducción a ella es citar La riqueza de las naciones de Adam Smith.
Smith usó la arcaica noción de una edad do rada, una especie de Edén, donde
habitaba el noble salvaje antes que la tierra y el capital se hicieran escasos
y cuando sólo con taba el trabaio humano.”62 Una vez que ha demostrado su com
prensión de la teoría, Samuelson procede a realizar un análisis crítico de
ella, usando el lenguaje objetivo, sobrio y no ideo lógico de las ciencias
sociales norteamericanas: “Karl Marx, hace un siglo, en Das Kapital (1867),
desgraciadamente se aferró más tercamente que Smith a la teoría excesivamente
simple del trabajo. Esto le proporcionó una terminología persuasiva para
declamar contra la explotación del trabajo’, pero constituía una mala economía
científica...” 83 Antes de llevar a término su de mostración, Samuelson ofrece
su propia teoría acerca de los orí genes de la propiedad privada. La propiedad
surge de la escasez tan naturalmente como los bebés nacen de los úteros: “Pero
sunongamos que hemos abandonado el Edén y los bienes agrí colas exigen, además
de trabajo, tierra fértil que se ha vuelto saficientervs>nte escasa como
para haberse convertido en propie dad privada”** Sobre la base de este
profundo análisis histó rico y sociológico de la economía en que vive, el
Lysenko norte americano concluye: “una vez que se vuelven escasos los factores
39
que no sean el trabajo. . . la teoría del
valor-trabajo se derrumba. Q. E. D.” 85
Sin embargo, en el capítulo 34 de este libro de
texto, el mismo Samuelson explica la “ley de la ventaja relativa” por el mismo
método de abstracción que había usado Marx, o sea, emplea la misma teoría del
valor-trabajo®6 del mismo modo, y se remite a la misma fuente: Ricardo.
Samuelson hasta dice al lector que más adelante “puede brindar algunas de las
reservas necesarias cuando se atenúan nuestras suposiciones simples”.87 En la
intro ducción a su libro, hasta defiende el método de la abstracción: “Aun cuando
tuviéramos más y mejores datos, sería necesario, como en toda ciencia,
simplificar, abstraer, a partir de la infi nita masa de detalles. Ninguna
mente puede abarcar un con junto de hechos no relacionados. Todo análisis
supone abstrac ción. Siempre es necesario idealizar, omitir detalles,
establecer hipótesis y esquemas simples mediante los cuales poder rela cionar
los hechos, y plantear las cuestiones correctas antes de contemplar el mundo
tal como es.” 88 Así, Samuelson no puede oponerse al método de análisis de
Marx: lo que le molesta es el tema; aquello a lo que se opone es al análisis
que pregunta por qué “en nuestro sistema los capitalistas individuales ganan
intereses, dividendos y beneficios, o rentas y utilidades, sobre los bienes de
capital que suministran. Todo trozo de tierra y todo equipo tiene una
escritura, o ‘título de propiedad’, y en tonces pertenece indirectamente a los
accionistas individuales propietarios de la corporación”.89 Samuelson ya ha
dado a sus lectores la respuesta: “Mediante los beneficios, la sociedad otorga
el comando de nuevas empresas a aquellos que han acumulado un número elevado de
éxitos.” 90
Rubin señala que la “economía mercantil simple” de
Marx no puede ser considerada como una etapa histórica que precedió al
capitalismo: “Se trata de una abstracción teórica y no de un cuadro de la
transición histórica de la economía mercantil sim ple a la economía
capitalista” (Rubin, p. 311). Por consiguiente, la “teoría del valor-trabajo es
una teoría de la economía mer cantil simple, no en el sentido que explica el
tipo de economía que precedió a la economía capitalista, sino en el sentido que
sólo describe un aspecto de la economía capitalista, a saber, las re laciones
de producción entre productores de mercancías carac terísticas de toda
economía mercantil” (Rubin, p. 309). Marx tenía perfecto conocimiento de que no
podía “construir la teoría de la economía capitalista partiendo directamente de
la teoría del
40
valor-trabajo, evitando los eslabones intermedios,
la ganancia media y el precio de producción. Caracterizó tales intentos como
‘tentativas por forzar y adecuar directamente las relaciones con cretas a la
relación elemental del valor, ‘tentativas que presentan como existente aquello
que no existe’ ” (Rubin, p. 309).
El libro de Rubin analiza las conexiones entre el
desarrollo técnico y las relaciones sociales en una economía mercantil donde
las personas no se relacionan entre sí directamente, sino a través de los
productos de su trabajo. En esta economía, una mejora técnica no es
experimentada directamente por los productores como un mejoramiento de vida, ni
está acompañada por una transformación consciente de la actividad laboral. Esta
actividad se transforma, no como respuesta al aumento del poder de pro ducción
de la sociedad, sino a los cambios en el valor de los productos. “La fuerza
motriz que transforma todo el sistema del valor se origina en el proceso
técnico-material de la producción. El aumento de la productividad del trabajo
se expresa en una disminución de la cantidad de trabajo concreto que se consume
de hecho, en promedio, en la producción. Como resultado de esto (por el
carácter dual del trabajo, como trabajo concreto y trabajo abstracto) la
cantidad de este trabajo que se considera como ‘social’ o ‘abstracto’ esto es,
como parte del trabajo total, homogéneo, de la sociedad, disminuye. El aumento
de la pro ductividad del trabajo modifica la cantidad de trabajo abstracto
necesario para la producción. Provoca un cambio en el valor del producto del
trabajo. Un cambio en el valor de los produc tos, a su vez, afecta la
distribución del trabajo social entre las diversas ramas de la producción. . .
tal es el esquema de una economía mercantil en la cual el valor desempeña el
papel de regulador, estableciendo el equilibrio en la distribución del tra
bajo social entre las diversas ram as...” Rubin, p. 119).
En las condiciones concretas de la economía
capitalista este proceso es más complejo, pero a pesar de las complejidades
adi cionales la regulación de las actividades productivas de las per sonas
sigue realizándose mediante el movimiento de las cosas. En la economía
capitalista, “la distribución del capital conduce a la distribución del trabajo
social” (Rubin, p. 278). Sin em bargo, “nuestro objetivo es (como antes)
analizar las leyes de la distribución del trabajo social” (Rubin, p. 275), y
por con siguiente, “debemos seguir un camino indirecto y proceder a un
análisis preliminar de las leyes de distribución del capital (Ifci-dem). La
tarea se complica aún más por el hecho de que, “si
41
suponemos que la distribución del trabajo está
determinada por la distribución del capital que adquiere significado como un
eslabón intermedio en la cadena causal, entonces la fórmula de la distribución
del trabajo depende de la fórmula de la distri bución de capitales: masas
desiguales de trabajo que son acti vados por capitales iguales se igualan
entre sí” (p. 288). El abismo entre la distribución del capital y la
distribución del trabajo se sortea mediante el concepto de la composición or
gánica del capital, que establece una relación entre los dos pro cesos (p.
289).
En su análisis Rubin supone “la competencia entre
capitalistas empeñados en diferentes ramas de la producción” y también “la
posibilidad de transferir el capital de una rama a otra” (p. 282).91 Sobre la
base de estos supuestos, “la tasa de ganancia se con vierte en el regulador de
la distribución del capital” (p. 282). Rubin define la ganancia como “el
excedente de precio de venta de la mercadería sobre los costos de su
producción” (p. 283). Y un cambio en el costo de producción es “causado en
último análisis por cambios en la productividad del trabajo y en el
valor-trabajo de algunos artículos” (p. 305). Esquemáticamente, el proceso
puede resumirse del siguiente modo. El cambio técnico produce un cambio en la
productividad del trabajo. Esto mo difica la cantidad de trabajo alienado,
abstracto, que se congela en ciertas mercancías y por consiguiente cambia el
valor de di chas mercancías. Esto a su vez afecta los costos de producción de
las ramas que utilizan dichas mercancías en un proceso de producción, y de este
modo afecta las ganancias de los capi talistas de esas ramas. El cambio de las
ganancias en las ramas afectadas induce a los capitalistas a trasladar sus
capitales a otras ramas, y este movimiento de capitales, a su vez, da origen a
un movimiento de obreros hacia esas otras ramas (aunque el movimiento de los
trabajadores no es necesariamente proporcio nal al movimiento de los
capitales, ya que esto depende de la composición orgánica del capital). La
conclusión de Rubin es que la regulación del trabajo en la sociedad capitalista
sólo di fiere en complejidad, pero no en género, a la regulación del trabajo
en una economía mercantil simple: “La anarquía de la producción social; la
ausencia de relaciones sociales directas en tre los productores; la influencia
mutua de sus actividades la borales a través de las cosas que son producto de
su trabajo; la conexión entre el movimiento de las relaciones de producción
entre las personas y el movimiento de las cosas en el proceso
42
de producción material; la ‘cosificación de las
relaciones de pro ducción; la transformación de sus propiedades en propiedades
de las ‘cosas’: todos estos fenómenos del fetichismo de la mercan cía se
ludían igualmente presentes en toda economía mer cantil, tanto simple como
capitalista. Caracterizan el valor-tra-bajo y el precio de producción por
igual” (p. 307, las bastardillas son de Rubin). El primer volumen de El capital
brinda el con texto, el segundo describe el mecanismo y el tercero trata en
detalle el formidable proceso por el cual “el objeto producido por el trabajo,
su producto, se yergue ahora ante él, como un ser extraño, como un poder
independiente del productor”, el proceso por el cual “la vida que ha otorgado
al objeto se yer gue contra él como una fuerza extraña y hostil”.
Kalamazoo, 1968
F REDY
PERLMAN
43
ENSAYO SOBRE
LA TEORIA MARXISTA DEL VALOR
Introducción
Existe una estrecha relación conceptual entre la
teoría econó mica de Marx y su teoría sociológica, la teoría del materialismo
histórico. Años atrás, Hilferding señaló que la teoría del ma terialismo
histórico y la teoría del valor-trabajo tienen el mismo punto de partida,
específicamente, el trabajo como elemento básico de la sociedad humana,
elemento cuyo desarrollo deter mina finalmente todo el desarrollo de la
sociedad.1
La actividad laboral de las personas se halla
constantemente en un proceso de cambio, a veces más veloz, otras más lento, y
en períodos históricos diferentes tiene un carácter diferente. El proceso de
cambio y de desarrollo de la actividad laboral de las personas supone cambios
de dos tipos: en primer término, los cambios en los medios de producción y los
métodos técnicos por los cuales el hombre actúa sobre la naturaleza,, en otras
palabras, los cambios en las fuerzas productivas de la sociedad; en segundo
lugar, en correspondencia con estos cambios, se producen otros en toda la
estructura de las relaciones de pro ducción entre las personas, entre los
participantes en el proceso social de la producción. Las formaciones económicas
o tipos de economía (por ejemplo, la antigua economía esclavista, la eco nomía
feudal o la capitalista) difieren en el carácter de las re laciones de
producción entre las personas. La economía política teórica trata de una
formación socio-económica definida, es de cir, específicamente, de la economía
capitalista mercantil.
La economía capitalista representa la unión del
proceso téc-nico-material y sus formas sociales, vale decir, la totalidad de
las relaciones de producción entre las personas. Las actividades concretas de
la gente en el proceso de producción técnico-material presupone relaciones de
producción concretas entre ellos, y vi ceversa. El objetivo final de la
ciencia es comprender la eco nomía capitalista como un todo, como un sistema
específico de fuerzas productivas y relaciones de producción entre las persó-
47
ñas. Pero, para abordar ese objetivo final, la
ciencia debe ante todo distinguir, mediante la abstracción, dos aspectos
diferentes de la economía capitalista: el aspecto técnico y el aspecto socio
económico, el proceso técnico-material de la producción y su forma social, las
fuerzas productivas materiales y las relaciones sociales de producción. Gada
uno de estos dos aspectos del pro ceso económico es objeto de una ciencia
distinta. La ciencia de la ingeniería social, aún en estado embrionario, debe convertir
en objeto de su análisis las fuerzas productivas de la sociedad en su
interacción con las relaciones de producción. Por otro lado, la economía
política teórica trata de las relaciones de producción específicas de la
economía capitalista en su interacción con las fuerzas productivas de la
sociedad. Cada una de estas dos cien cias, que sólo aborda un aspecto de todo
el proceso de produc ción, presupone la presencia del otro aspecto del proceso
de producción en la forma de un supuesto que subyacé a su in vestigación. En
otras palabras, aunque la economía política trate de las relaciones de
producción, siempre presupone su vínculo irrompible con el proceso
técnico-material de la producción, y en su investigación supone una etapa y un
proceso concretos de cambio de las fuerzas productivas materiales.
La teoría del materialismo histórico de Marx y su
teoría eco nómica giran alrededor de un problema básico: la relación en tre
las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El objeto de ambas
ciencias es el mismo: los cambios en las rela ciones de producción que
dependen del desarrollo de las fuerzas productivas. El ajuste de las relaciones
de producción a los cambios de las fuerzas productivas —proceso que adopta la
forma de contradicciones crecientes entre las relaciones de producción y las fuerzas
productivas, y la forma de cataclismos sociales cau sados por esas
contradicciones— es el tema básico de la teoría del materialismo histórico.2
Aplicando este enfoque metodoló gico general a la sociedad capitalista
mercantil, obtenemos la teoría económica de Marx. Esta teoría analiza las
relaciones de producción de la sociedad capitalista, el proceso de un cambio
provocado por cambios en las fuerzas productivas, y el surgi miento de
contradicciones que generalmente se expresan en crisis.
La economía política no analiza al aspecto-técnico
material del proceso capitalista de producción, sino su forma socialy esto es,
la totalidad de las relaciones de producción que constituyen la “estructura
económica” del capitalismo. La técnica de la pro
48
ducción (o las fuerzas productivas) sólo está
incluida en el campo de investigación de la teoría económica de Marx como un
supuesto, como un punto de partida que se toma en consi deración sólo en la
medida indispensable para la explicación del genuino objeto de nuestro
análisis, o sea, las relaciones de producción. La distinción de Marx,
coherentemente aplicada, entre el proceso técnico-material de la producción y
sus formas sociales, pone en nuestras manos la clave para comprender su sistema
económico. Esta distinción al mismo tiempo define el método de la economía
política como una ciencia social e his tórica. En el abigarrado y
diversificado caos de la vida econó mica que representa una combinación de
relaciones sociales y métodos técnicos, esa distinción también dirige nuestra
atención precisamente a esas relaciones sociales entre los hombres que surgen
en el proceso de producción, a esas relaciones de pro ducción, para las cuales
la técnica de la producción sirve como supuesto o base. La economía política no
es una ciencia de las relaciones entre las cosas, como pensaban los economistas
vul gares, ni de las relaciones entre las personas y las cosas, como afirmaba
la teoría de la utilidad marginal, sino de las relaciones entre las personas en
el proceso de la producción.
La economía política, que trata de las relaciones
de produc ción entre las personas en la sociedad capitalista mercantil, pre
supone una forma social concreta de economía, una formación económica concreta
de sociedad. No podríamos comprender co rrectamente una sola afirmación de El
capital de Marx si pa sáramos por alto el hecho que tratamos de hechos que se
producen en una sociedad particular. “Como en general en toda ciencia
histórica, social, al observar el desarrollo de las catego rías económicas hay
que tener siempre en cuenta que el sujeto —la moderna sociedad burguesa en este
caso— es algo dado tanto en la realidad como en la mente, y que las categorías
expresan, por lo tanto, formas de ser, determinaciones de existencia, a me
nudo simples aspectos, de esta sociedad determinada, de este sujeto”, .
.También en el método teórico [de la economía polí tica] es necesario que el
sujeto, la sociedad, esté siempre presente en la representación como premisa”.5
Partiendo de un supuesto sociológico concreto, a saber, de la estructura social
concreta de una economía, la economía política nos da ante todo las carac
terísticas de esta forma social de economía y las relaciones de
49
producción que son específicas a ellas. Marx nos
brinda estas ca racterísticas generales en su “teoría del fetichismo de la
mercan cía”, que podría ser llamada más exactamente una teoría general de las
relaciones de producción en la economía capitalista mer cantil.
50
Primera parte
Teoría marxista del fetichismo de la mercancía
La teoría de Marx del fetichismo de la mercancía no
ha ocupado el lugar que merece en el sistema económico marxista. El hecho es
que tanto los marxistas como los adversarios del marxismo han elogiado la
teoría, considerándola como una de las más audaces e ingeniosas
generalizaciones de Marx. Muchos adversarios de la teoría del valor de Marx
tienen en alta consideración la teoría del fetichismo (Tugán-Baranovski, Frank
y hasta Struve, con re servas).1 Algunos autores no aceptan la teoría del
fetichismo en el contexto de la economía política. La juzgan como una brillante
generalización sociológica, una teoría y una política de toda la cultura
contemporánea basada en la cosificación de las relaciones humanas (Hammacher).
Pero tanto defensores como adversarios del marxismo han considerado la teoría
del fetichismo principal mente como una entidad independiente y separada, que
interna mente apenas tiene relación alguna con la teoría económica de Marx. La
presentan como un complemento de la teoría dej valor, como una interesante
digresión literario-cultural que acompaña al texto básico de Marx. Una de las
razones de tal interpretación la brinda el mismo Marx, por la estructura formal
del primer ca pítulo de El capital, donde la teoría del fetichismo es pre sentada
bajo un título separado.3 Esta estructura formal, sin em bargo, no correspondé
a la estructura interna y las conexiones entre las ideas de Marx. La teoría del
fetichismo es, per se, la base de todo el sistema económico de Marx, y en
particular de su teoría del valor.
¿En qué consiste la teoría marxista del fetichismo,
según las ideas generalmente aceptadas? Consiste en que Marx vio las re*
laciones humanas que subyacen en las relaciones entre las cosas, que reveló la
ilusión en la conciencia humana que se origina en una economía mercantil y que
asigna a las cosas características que tienen su origen en las relaciones
sociales que establecen los
53
hombres en el proceso de la producción. “Incapaz de
comprender que la asociación de los hombres que trabajan en su batalla con la
naturaleza, es decir, las relaciones sociales entre los hombres, se expresan en
el intercambio, el fetichismo de la mercancía consi dera la intercambiabilidad
de las mercancías como una propiedad interna, natural de las mercancías mismas.
En otras palabras, lo que es en realidad una relación entre hombres, aparece
como una relación entre cosas, dentro del contexto del fetichismo de la mer
cancía.” 3 “Las características que habían parecido misteriosas porque no se
explicaban sobre la base de las relaciones entre los productores, se asignaban
a la esencia natural de las mercancías. Así como el fetichista asigna
características a su fetiche que no surgen de su naturaleza, así también el
economista burgués con sidera la mercancía como una cosa sensoria] que posee
propie dades extrasensoriales.” * La teoría del fetichismo disipa de la mente
de los hombres la ilusión, el grandioso engaño, que ori gina la apariencia de
los fenómenos en la economía mercantil, y la aceptación de esta apariencia (el
movimiento de las cosas, de las mercancías y de su precio comercial) como la
esencia de los fenómenos económicos. Sin embargo, esta interpretación, aunque
generalmente aceptada en la literatura marxista, no agota, ni mu cho menos, el
rico contenido de la teoría del fetichismo elaborada por Marx. Éste no sólo
muestra que las relaciones humanas que dan veladas por las relaciones entre
las cosas, sino también que, en la economía mercantil, las relaciones sociales
de producción inevitablemente adoptan la forma de cosas y no pueden ser ex
presadas sino mediante cosas. La estructura de la economía mer cantil hace que
las cosas desempeñen un papel social particular y muy importante, y de este
modo adquieren propiedades sociales particulares. Marx descubrió las bases
económicas objetivas que rigen el fetichismo de la mercancía. La ilusión y el
error en la mente de los hombres transforma las categorías económicas
co-sificadas en "formas objetivas” (de pensamiento) de las relacio nes de
producción de un modo de producción históricamente determinado: la producción
de mercancías (C., I, p. 38).5
La teoría del fetichismo de la mercancía se
transforma en una teoría general de las relaciones de producción de la economía
mercantil, en una propedéutica a la economía política.
54
I. Las
bases objetivas del fetichismo de la mercancía
La característica distintiva de la economía
mercantil es que los administradores y organizadores de la producción son
producto res independientes de mercancías (pequeños propietarios o gran des
empresarios). Toda empresa particular privada, es autónoma; es decir, su
propietario es independiente, sólo cuida de sus propios intereses, y decide el
tipo y la cantidad de bienes que producirá. Sobre la base de la propiedad
privada tiene a su disposición las herramientas productivas y las materias
primas necesarias, y como propietario legalmente competente dispone del
producto de su empresa. La producción es administrada directamente por pro
ductores de mercancías separados, y no por la sociedad. Ésta no regula
directamente la actividad laboral de sus miembros, no prescribe lo que debe
producirse ni cuánto debe producirse.
Por otro lado, todo productor de mercancía elabora
mercan cías, esto es, productos que no están destinados a su uso per sonal,
sino al mercado, a la sociedad. La división social del trabajo une a todos los
productores de mercancías en un sistema unifi cado que recibe el nombre de
economía nacional, en un “orga nismo productivo” cuyas partes se hallan
mutuamente relacionadas y condicionadas. ¿Cómo surge esa conexión? Por el
intercambio, por el mercado, donde las mercancías de cada productor indi vidual
aparecen en forma despersonalizada como ejemplares se parados de un tipo
determinado de mercancías, independiente mente de quien las produjo, o dónde,
o en qué condiciones específicas. Las mercancías, los productos de los
productores in dividuales de mercancías, circulan y son evaluadas en el
mercado. Las conexiones e interacciones reales entre las empresas indivi
duales —que podríamos llamar independientes y autónomas— sur gen de la
comparación del valor de los bienes y de su intercambio. En el mercado, la
sociedad regula los productos del trabajo, las mercancías, es decir, las cosas.
De este modo, la comunidad re
55
gula indirectamente la actividad laboral de los
hombres, ya que la circulación de los bienes en el mercado, el ascenso y caída
de sus precios, originan cambios en la distribución de la actividad laboral de
los productores de mercancías separados, provoca su entrada en ciertas ramas de
la producción, o su salida de ellas, determina la redistribución de las fuerzas
productivas de la sociedad.
En el mercado, los productores de mercancías no
aparecen como personalidades con un lugar determinado en el proceso de pro
ducción, sino como propietarios y poseedores de cosas, de mer cancías. Todo
productor de mercancías influye en el mercado sólo en la medida en que
suministra bienes a él o los retira, y sólo en esta medida experimenta la
influencia y la presión del mercado. La interacción y la influencia mutua de la
actividad laboral de los productores individuales de mercancías se efectúan
exclusiva mente a través de las cosas, a través de los productos de su tra
bajo que aparecen en el mercado. La expansión de las tierras de cultivo, en la
remota Argentina o en Canadá>puede provocar una disminución de la producción
agrícola de Europa sólo de una manera: disminuyendo el precio de los productos
agrícolas en el mercado. De igual modo, la expansión de la producción en gran
escala arruina al artesano, le hace imposibl? continuar su pro ducción
anterior y lo lleva del campo a la ciudad, a la fábrica.
Debido a la estructura atomista de la sociedad
mercantil y a la ausencia de una regulación social directa de la actividad la
boral de los miembros de la sociedad, las conexiones entre las firmas
individuales, autónomas, privadas, se realizan y mantienen a través de las
mercancías, las cosas, los productos del trabajo.
. .los trabajadores privados sólo funcionan como
eslabones del trabajo colectivo de la sociedad por medio de las relaciones que
el cambio establece entre los productos del trabajo y, a través de ellos, entre
los productores” (C., I, p. 38), Debido al hecho que los productores
individuales de mercancías que realizan una parte del trabajo total de la
sociedad trabajan independiente y sepa radamente, "la interconexión del
trabajo social se presenta como cambio privado de los productos individuales del
trabajo” (carta de Marx a Kugelmann)1. Esto no significa que un determinado
productor de mercancías, A, sólo esté vinculado por relaciones de producción
con los productores de mercancías B, C, y D, quie nes entran con él en un
contrato de compra y venta, y no esté relacionado con cualquier otro miembro de
la sociedad. Al entrar en relaciones de producción directas con sus compradores
B, C y D,
56
nuestro productor de mercancías A se vincula
realmente, mediante una espesa red de relaciones de producción indirectas, con
otras innumerables personas (por ejemplo, con todos los compradores del mismo
producto, con todas las personas a quienes el productor del producto dado
compra medios de producción, etc., y, en úl tima instancia, con todos los
miembros de la sociedad. Esta densa red de relaciones de producción no se
interrumpe en el momento en que el productor de mercancías A termina el acto de
inter cambio con sus compradores y retorna al taller, al proceso de la
producción directa. Nuestro productor de mercancías elabora pro ductos para la
venta, para el mercado, y por ende ya en el pro ceso de producción directa
debe tomar en cuenta las posibles condiciones de] mercado, esto es, se ve
obligado a tomar en con sideración la actividad laboral de otros miembros de
la sociedad, en la medida que influye sobre el movimiento de los precios de las
mercancías en el mercado.
Así, es posible encontrar en la estructura de la
economía mer cantil los siguientes elementos: 1) células individuales de la
economía nacional, es decir, empresas privadas separadas, formal mente
independientes unas de otras; 2) ellas están relacionadas materialmente entre
sí como resultado de la división social del trabajo; 3) la conexión directa
entre los productores individuales de mercancías se establece en el
intercambio, y esto influye in directamente sobre su actividad productiva. En
su empresa, cada productor de mercancías es formalmente libre de producir, a su
voluntad, cualquier1producto que le plazca y por cualquier medio que elija.
Pero cuando lleva el producto final de su trabajo al mercado para cambiarlo, no
es libre de determinar las propor ciones del intercambio, sino que debe
someterse a las condiciones (las fluctuaciones) del mercado, que son comunes a
todos los productores del producto dado. Así, ya en el proceso de la pro
ducción directa se ve obligado a adaptar su actividad laboral (de antemano) a
las posibles condiciones del mercado. El hecho de que el productor dependa del
mercado significa que su actividad productiva depencfe de la actividad
productiva de todos los otros miembros de la sociedad. Si los productores de
paño suministran demasiadas telas al mercado, entonces el productor de paño Pé
rez, que no expandió su producción, no sufrirá menos la caída de precios de las
telas, y deberá disminuir su producción. Si otros productores de paño
introducen una mejora en los medios de producción (por ejemplo, máquinas),
provocando así la dis minución del valor de las telas, entonces nuestro
fabricante de
57
paño también se verá obligado a mejorar su
tecnología. El pro ductor aislado de mercancías, formalmente independiente de
los otros en términos de la orientación, la extensión y los métodos de su
producción, en realidad se halla estrechamente relacionado con ellos a través
del mercado, a través del intercambio. El inter cambio de bienes influye en la
actividad laboral de los hombres; la producción y el intercambio representan
componentes insepara blemente ligados, aunque específicos de la reproducción.
“El pro ceso de la producción capitalista considerado en conjunto repre senta
la unidad del proceso de producción y del proceso de circulación” (C., III, p.
45). El intercambio se convierte en parte del proceso mismo de reproducción o
de la actividad laboral de los hombres, y sólo este aspecto del intercambio,
las proporciones del intercambio, el Valor de las mercancías, es el tema de
nues tra investigación. El intercambio nos interesa principalmente como la
forma social de los procesos de reproducción que deja una marca específica en
la fase de producción directa (ver más ade lante, cap. XIV), y no como una
fase del proceso de reproduc ción que alterna con la fase de la producción
directa.
Este papel del intercambio como componente
indispensable del proceso de reproducción, significa que la actividad laboral
de un miembro de la sociedad puede influir sobre la actividad laboral de otro
sólo a través de las cosas. En la sociedad de mercado, “la independencia de una
persona respecto a otras viene a combinarla con un sistema de mutua dependencia
res pecto a las cosas” (C., I, p. 68). Las relaciones sociales de pro ducción
inevitablemente adoptan una forma cosificada, y en la medida en que hablamos de
relaciones entre productores indi viduales de mercancías y no de relaciones
dentro de empresas privadas separadas, sólo existen y se realizan en esa forma.
En una sociedad de mercado, una cosa no es sólo un
“jero glífico social” misterioso (C., I, p. 39), no es sólo “un recep táculo”
en el cual se ocultan las relaciones sociales de produc ción entre los
hombres. Una cosa es un intermediario en las relaciones sociales, y la
circulación de cosas está inseparable mente relacionada al establecimiento y
realización de las rela ciones de producción entre los hombres. El movimiento
de los precios de las cosas en el mercado no es sólo el reflejo de las relaciones
de producción entre las personas; es su única forma posible de manifestación en
una sociedad de mercado. La cosa adquiere características sociales específicas
en una economía mercantil (por ejemplo, las propiedades de valor, el dinero, el
58
capital), de tal modo que no sólo oculta las
relaciones de pro ducción entre las personas, sino que también las organiza al
servir como un medio de conexión entre los hombres. Más exac tamente, oculta
las relaciones de producción precisamente por que éstas sólo se realizan en la
forma de relaciones entre cosas. “Los hombres no relacionan entre sí los
productos de su trabajo como valores porque estos objetos les parezcan
envolturas sim plemente materiales de un trabajo humano igual. Es al revés. Al
equiparar unos con otros en el cambio, como valores, sus di versos productos,
lo que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos, como modalidades de
trabajo humano. No lo saben, pero lo hacen* ( C., I, p. 39). El cambio y la
igualación en el mercado hacen surgir una conexión social entre los productores
de mercancías y unifican la actividad laboral de las persopas.
Consideramos necesario indicar que por "cosas”
sólo enten demos los productos del trabajo, al igual que Marx. Esta re serva
acerca del concepto de "cosa” no sólo es permisible, sino indispensable,
ya que estamos analizando la circulación de co sas en el mercado en su
conexión con la actividad laboral de los hombres. Estamos interesados en esas
cosas cuya regulación del mercado influye en la actividad laboral de los
productores de mercancías de un modo particular. Y tales cosas son los productos
del trabajo. (Sobre el precio de la tierra, ver más adelante, cap. V.)
La circulación de las cosas, en la medida en que
éstas ad quieren las propiedades sociales específicas del valor y el di nero,
no sólo expresa las relaciones de producción entre los hombres, sino que las
crea.2 “En el curso de los medios de circulación no se limita a expresar la
interdependencia de com pradores y vendedores, sino que esta interdependencia
brota en el curso del dinero y gracias a él” (C., I, p. 94). De hecho, el papel
del dinero como medio de circulación es contrapuesto por Marx con su papel como
medio de pago, que “expresa una interdependencia social que existe ya en todas
sus partes con anterioridad” (Ibtd.). Sin embargo, es obvio que aunque el pago
mediante dinero se produce, en este caso, después del acto de compra y venta, o
sea después del establecimiento de rela ciones sociales entre el vendedor y el
comprador, la igualación de dinero y mercancías se realiza en el instante en
que tiene lugar el acto, y de este modo crea la relación social. “[El di nero]
funciona como medio ideal de compra. Aunque no exista
59
más que en la promesa de dinero del comprador, hace
que la mercancía cambie de mano” (C,, I, p. 93).
Así, el dinero no es sólo un “símbolo”, un signo,
de relaciones sociales de producción ocultas bajo él. Al poner al descubierto
la candidez del sistema monetario, que atribuía las caracterís ticas del
dinero a sus propiedades materiales o naturales, Marx al mismo tiempo desechó
la concepción opuesta del dinero como un “símbolo” de las relaciones sociales
que existen junto al di nero (C., I, p. 54). Según Marx, la concepción que
atribuye las relaciones sociales a las cosas per es es tan incorrecta como la que
considera una cosa sólo como un “símbolo”, un “signo”, de las relaciones
sociales de producción. La cosa adquiere la propiedad del valor, el dinero, el
capital, etcétera, no por sus propiedades naturales, sino por las de aquellas
relaciones so ciales de producción con las cuales se vincula en la economía
mercantil. Así, las relaciones sociales de producción no están sólo
“simbolizadas” por las cosas, sino que se realizan a través de las cosas.
El dinero, como hemos visto, no es sólo un
“símbolo”. En al gunos casos, particularmente en la metamorfosis de la mercan
cía M-D-M, el dinero sólo representa un “reflejo transitorio y objetivo de los
precios de las mercancías” (C., I, p. 129). La transferencia de dinero de una
mano a otra sólo es un medio para la transferencia de bienes. En este caso, “su
existencia funcional absorbe, por decirlo así, su existencia material” (C., I,
p. 87), y puede ser reemplazado por el mero símbolo del papel moneda. Pero
aunque “formalmente” separado de la sus tancia metálica, el papel moneda
representa sin embargo una “objetivación” de relaciones de producción entre
hombres.3
En la economía mercantil, las cosas, los productos
del tra bajo, tienen una existencia dual: material (técnico-natural) y
funcional (social). ¿Cómo podemos explicar la estrecha cone xión entre estos
dos aspectos, la conexión que se expresa en el hecho de que “el trabajo
socialmente determinado" adquiere “rasgos materiales”, y las cosas “rasgos
sociales”?
60
II. El proceso
de producción y su forma social
La estrecha conexión entre lo socio-económico y lo
físico-ma-terial se explica por la particular conexión entre el proceso téc
nico-material y su forma social en la economía mercantil. El proceso
capitalista de producción “es tanto proceso de produc ción de las condiciones
materiales de existencia de la vida hu mana como un proceso que se desarrolla
a través de relaciones específicas, histórico-económicas, de producción, el
conjunto de estas mismas relaciones de producción y, por tanto, el proceso que
produce y reproduce los exponentes de este proceso, sus condiciones materiales
de existencia y sus relaciones mutuas, es decir, su determinada forma económica
de sociedad” (C., III, p, 758). Existe una estrecha conexión y correspondencia
entre el proceso de la producción de bienes materiales y la forma social en que
ésta se lleva a cabo, esto es, la totalidad de las relaciones de producción
entre los hombres. Lá totalidad dada de relaciones de producción entre los
hombres es regulada por una condición determinada de las fuerzas productivas,
es decir, el proceso de producción material. Esta totalidad hace posible,
dentro de ciertos límites, el proceso de producción de productos materiales
indispensables para la sociedad. La correspondencia entre el proceso material
de la producción, por un lado, y las relaciones de producción entre los
individuos que participan en él, por el otro, se realiza de manera diferente en
diferentes for maciones sociales. En una sociedad con una economía regulada,
por ejemplo, en una economía socialista, las relaciones de pro ducción entre
los miembros individuales de la sociedad se esta blecen conscientemente con el
fin de garantizar un curso regular de la producción. El papel de cada miembro
de la sociedad en el proceso de producción, o sea su relación con otros
miembros, se halla conscientemente definido. La coordinación de la acti vidad
laboral de individuos separados se establece sobre la base
61
de las necesidades, estimadas previamente, del
proceso técnico-material de la producción. El sistema dado de relaciones de
producción es en cierto sentido una entidad cerrada, dirigida por una voluntad
y adaptada al proceso material de la produc ción como un todo. Obviamente, los
cambios en el proceso ma terial de producción pueden originar inevitables
cambios en el sistema de relaciones de producción; pero estos cambios se
realizan dentro del sistema y son efectuados por sus propias fuerzas internas,
por decisión de sus organismos administrativos. Los cambios son provocados por
cambios en el proceso de pro ducción. La unidad que existe al comienzo permite
una corres pondencia entre el proceso técnico-material de la producción y las
relaciones de producción que lo configuran. Más tarde, cada uno de estos
elementos se desarrolla sobre la base de un plan determinado previamente. Cada
elemento tiene su lógica inter na, pero, a causa de la unidad inicial, no
surge ninguna con tradicción entre ellos.
Tenemos un ejemplo de tal organización de las
relaciones de producción en la sociedad capitalista-mercantil, particular
mente en la organización del trabajo dentro de una empresa (división técnica
del trabajo) en contraste con la división del trabajo entre productores
privados separados (división social del trabajo). Supongamos que un empresario
posee una gran fábrica textil que tiene tres secciones: el taller de hilado, el
taller de tejido y el taller de tinturas. Los ingenieros, obreros y emplea dos,
son asignados a las diferentes secciones previamente, según un plan
determinado. Ellos están vinculados de antemano por relaciones de producción
determinadas y permanentes, en fun ción de las necesidades del proceso técnico
de producción. Y precisamente por esta razón, las cosas circulan en el proceso
de producción de unas personas a otras según la posición de las mismas en la
producción, según las relaciones de producción entre ellas. Cuando el gerente
de la sección tejido recibe el hilo del taller de hilado, lo transforma en
tela, pero no envía la tela nuevamente al gerente del taller de hilado como un
equivalente del hilo recibido con anterioridad. Lo envía al taller de tin
turas, porque las relaciones permanentes de producción que vinculan a los
obreros del taller de tejidos con los obreros del taller de tinturas
determinan, de antemano, el movimiento de los objetos, los productos del
trabajo, que van de las personas empleadas en el anterior proceso de producción
(tejido) a las personas empleadas en el proceso posterior (teñido). Las reía-
62
ciones de producción entre los hombres están
organizadas de antemano con él propósito de servir a la producción material de
cosas, y no por medio de cosas. Por otro lado, el objeto se mueve en el proceso
de producción de unas personas a otras sobre la base de las relaciones de
producción existentes entre ellas, pero el movimiento no crea relaciones de
producción en tre ellas. Las relaciones de producción entre las personas
tienen exclusivamente un carácter técnico, ambos aspectos se ajustan uno a otro
pero cada uno de ellos tiene un carácter diferente.
El problema es muy diferente cuando el taller de
hilado, el taller de tejido y el taller de teñido pertenecen a tres empresas
diferentes, A, B y C. Ahora A ya no entrega el hilo terminado a B sólo sobre la
base de la capacidad de B de convertirlo en tejido, es decir, de darle la forma
útil a la sociedad. Esto no le interesa; ahora ya no quiere simplemente
entregar su hilado, sino venderlo, vale decir, darlo a un individuo que a
cambio le dará una suma correspondiente de dinero o, en general, un objeto de
igual valor, un equivalente. Para él, es indiferente quién sea este individuo.
Puesto que no está vinculado por re laciones permanentes de producción con
ningún individuo de terminado, A entra en una relación de producción de compra
y venta con cualquier individuo que tenga y convenga en darle una suma
equivalente de dinero por el hilado. Esta relación de producción se limita a la
transferencia de cosas, o sea el tejido va de A al comprador y el dinero del
comprador a A. Aunque nuestro productor de mercancías A no puede de ninguna ma
nera eludir la densa red de relaciones de producción indirectas que lo vinculan
con todos los miembros de la sociedad, no está vinculado de antemano por
relaciones de producción directas con individuos determinados. Estas relaciones
de producción no existen de antemano, sino que se establecen por medio de la
transferencia de cosas de un individuo a otro. Así, no sólo tienen un carácter
social, sino también material. Por otro lado, el ob jeto pasa de un individuo
determinado a otro, no sobre la base de relaciones de producción establecidas
entre ellos de ante mano, sino sobre la base de la compra y la venta, que está
limi tada a la transferencia de esos objetos. La transferencia de cosas
establece una relación de producción directa entre individuos determinados; no
tiene sólo una significación técnica, sino tam bién social.
Así, en una sociedad mercantil que se desarrolla
espontánea mente, el proceso se realiza del siguiente modo. Desde el punto
63
de vista del proceso material, técnico, de la
producción, cada producto del trabajo debe pasar de una fase de producción a
otra, de una unidad de producción a otra, hasta que recibe su forma final y
pasa de la unidad de producción del productor final o el comerciante intermedio
a la unidad económica del consumidor. Pero dadas la autonomía y la
independencia de las unidades económicas separadas, la transferencia del
producto de una unidad económica individual a otra sólo es posible a través de
la compra y la venta, a través del acuerdo entre dos uni dades económicas, lo
cual significa que se establece entre ellas una relación de producción
particular: la compra y la venta. La relación básica de la sociedad mercantil,
la relación entre los propietarios de mercancías, se reduce a una
"relación en la que el hombre sólo entra en posesión de los productos del
tra bajo ajeno desprendiéndose de los del suyo propio” (C., I, p. 69). La
totalidad de las relaciones de producción entre los hombres no es un sistema
uniformemente conexo en el cual un individuo determinado está vinculado por
conexiones permanentes y de terminadas de antemano por otros individuos
determinados. En la economía mercantil, el productor de mercancías sólo se
vincula con un mercado indeterminado, al que entra a través de una sucesión
discreta de transacciones individuales que lo vinculan temporariamente a
determinados productores de mercancías. Cada etapa de esta sucesión corresponde
estrechamente al mo vimiento hacia adelante del producto en el proceso
material de producción. El paso del producto por etapas específicas de pro
ducción se realiza por su paso simultáneo por una serie de uni dades de
producción privadas, sobre la base de acuerdos entre ellas, y del cambio.
Inversamente, la relación de producción vincula dos unidades económicas
privadas en el punto en que el producto material pasa de una unidad económica a
la otra. La relación de producción entre personas determinadas se es tablece
en el momento en que se transfieren las cosas, y des pués de la transferencia
se interrumpe nuevamente.
Podemos ver que la relación de producción básica en
la que determinados productores de mercancías se vinculan directa mente,
estableciéndose de este modo para cada uno de ellos la conexión entre su
actividad laboral y la de todos los miembros de la sociedad, o sea la compra y
venta, se lleva a cabo regu larmente. Este tipo de relación de producción
difiere de las re laciones de producción de tipo organizado en los siguientes
as pectos: 1) se establece entre personas dadas voluntariamente,
64
según las ventajas para los participantes; la
relación social adopta la forma de una transacción privada; 2) vincula a los
parti cipantes por poco tiempo, sin crear una vinculación permanente entre
ellos; pero estas transacciones momentáneas y disconti nuas, tomadas como un
todo, deben mantener la constancia y continuidad del proceso social de la
producción; y 3) une in dividuos particulares en ocasión de la transferencia
de cosas entre ellos, y se limita a esta transferencia de cosas; las rela ciones
entre personas adoptan la forma de igualación de cosas. Las relaciones directas
de producción entre individuos particu lares se establecen por el movimiento
de cosas entre ellos; este movimiento debe corresponder a las necesidades del
proceso de reproducción material. “El intercambio de mercancías es un pro ceso
en el cual el intercambio social de cosas, esto es, el inter cambio de
productos particulares de individuos privados, repre senta simultáneamente el
establecimiento de determinadas rela ciones sociales de producción en que los
individuos entran cuando intercambian cosas” (Zur Kritik der politischen
Okonomie, 1907, p. 32).1 O, como dice Marx, el proceso de circulación incluye
Stoff-und Formwechsel (contenido y forma del intercambio; Das Kapital, t. III,
parte 2, 1894, p. 363), incluye el intercambio de cosas y la transformación de
su forma, es decir, el movimiento de cosas dentro del proceso de producción
material y la trans formación de su forma socio-económica (por ejemplo, la
transfor mación de mercancías en dinero, de dinero en capital, de ca pital en
dinero en capital productivo), que ,corresponde a las diferentes relaciones de
producción entre las personas.
Los aspectos socio-económicos (relaciones entre las personas)
y los aspectos objetivo-materiales (movimiento de las cosas den
tro del proceso de producción) están indisolublemente unidos
en el proceso del cambio. En la sociedad
mercantil-capitalista, estos dos aspectos no se hallan organizados de antemano,
ni ajustados unos a otros. Por esta razón, todo acto individual de intercambio
sólo puede realizarse como resultado de la acción conjunta de ambos aspectos;
sucede como si cada aspecto esti mulase al otro. Sin la presencia de objetos
particulares en las manos de ciertos individuos, éstos no entran en la relación
de producción del intercambio unos con otros. Pero, inversamente, la transferencia
de cosas no puede realizarse si sus propietarios no establecen relaciones de
producción particulares, de inter
cambio. El proceso material de la produccióny por
un lado, y
el sistema de
relaciones de producción entre
unidades econó
65
micas individuales, privadas, por el otro, no se
hallan adaptados uno a otro de antemano. Deben ser adaptados en cada etapa, en
cada una de las transacciones en Tas que se divide formal mente la vida
económica. Si esto no se produce, inevitablemente divergirán, y surgirá un
abismo dentro del proceso de la repro ducción social. En la economía mercantil
tal divergencia siempre es posible. O bien surgen relaciones que no representan
movi mientos reales de productos en el proceso de producción (la especulación),
o bien están ausentes las relaciones de produc ción indispensables para la
normal realización del proceso de producción (crisis en las ventas). En tiempos
normales, tal di vergencia no pasa de ciertos límites, pero en tiempos de
crisis se hace catastrófica.
En esencia, el nexo de las relaciones de producción
entre las personas con el proceso material de la producción tiene el mismo
carácter en una sociedad capitalista estratificada en clases. Como antes,
dejamos de lado las relaciones de producción dentro de una empresa particular y
sólo consideramos las relaciones entre empresas separadas, privadas, relaciones
que las organizan en una economía nacional unificada. En la sociedad
capitalista, los diferentes factores de producción (medios de producción, fuerza
de trabajo y tierra) pertenecen a tres clases sociales diferentes
(capitalistas, trabajadores asalariados y terratenientes) y, así, adquieren una
forma social particular, forma que no tienen en otras formaciones sociales. Los
medios de producción aparecen como capital, el trabajo como trabajo asalariado,
y la tierra como objeto de compra y venta. Las condiciones de trabajo, esto es,
los medios de producción y la tierra, que son “formalmente in
dependientes" (C., III, p. 764) del trabajo mismo, en el sentido de que
pertenecen a diferentes clases sociales, adoptan una forma social particular,
como dijimos antes. Si los factores técnicos in dividuales de producción son
independientes, y si pertenecen a sujetos económicos separados (capitalista,
obrero y terratenien te), el proceso de producción no puede comenzar hasta que
no se establece una relación de producción directa entre individuos
particulares pertenecientes a las tres clases sociales mencionadas.
Esta/relación de producción se realiza concentrando todos los factores técnicos
de la producción en una unidad económica que pertenece a un capitalista. Esta
combinación de todos los factores de la producción, de las personas y las
cosas, es indis pensable en toda forma social de economía, pero “sus distintas
66
combinaciones distinguen las diversas épocas
económicas de la estructura social” (C., II, p. 37).
Consideremos la sociedad feudal, donde la tierra
pertenece al señor y el trabajo y los medios de producción, habitualmente muy
primitivos, pertenecen al siervo. Aquí una relación social de subordinación y
dominación entre el siervo y el señor pre cede y hace posible la combinación
de todos los factores de la producción. En virtud del derecho consuetudinario,
el siervo ex plota un trozo de tierra que pertenece al señor y debe pagar una
renta, así como está obligado a trabajar cierto número de días en la finca
solariega, habitualmente con sus propios medios de producción. Las relaciones
de producción permanentes que existen entre el señor y el siervo permiten la
combinación de todos los factores de la producción en dos lugares: en el trozo
de tierra del campesino y en la finca del señor.
En la sociedad capitalista, como hemos visto, las
relaciones permanentes y directas entre determinadas personas que son pro
pietarias de diferentes factores de producción, no existe. El ca pitalista, el
trabajador asalariado y el terrateniente son propie tarios de mercancías
formalmente independientes unos de otros. Las relaciones de producción directas
entre ellos aún deben ser establecidas y en una forma que sea usual para los
propietarios de mercancías, a saber, en la forma de la compra y la venta. El
capitalista debe comprar al trabajador el derecho a usaT su fuerza de trabajo,
y al terrateniente el derecho a usar su tierra. Para esto, debe poseer capital
suficiente. Sólo como propietario de determinada suma de valor (capital) que le
permite com prar medios de producción y posibilitar al trabajador comprar los
medios de subsistencia necesarios, se convierte en capitalista, en organizador
y administrador de la producción. Los capita listas usan la autoridad de
directores de la producción sólo “como personificación de las condiciones de
trabajo... y no como bajo formas anteriores de producción, en cuanto titulares
del poder político o teocrático” (C., III, p. 813). El capitalista "sólo
es ca pitalista, sólo puede acometer el proceso de explotación del tra bajo,
siempre y cuando sea propietario de las condiciones de trabajo y se enfrente
como tal al obrero como simple posee dor de fuerza de trabajo” (C., III, p.
57). El lugar del ca pitalista en la producción está determinado por su
posesión de capital, de medios de producción, de cosas, y lo mismo es cierto
para el trabajador asalariado como propietario de fuerza de tra bajo y para el
terrateniente como propietario de la tierra.
67
Los agentes de la producción se combinan a través
de los factores de la producción; los vínculos de producción entre las personas
se establecen mediante el movimiento de las cosas. La inde pendencia de los
factores de producción, que se basa en la pro piedad privada, hace posible su
combinación técnico-material, indispensable para el proceso de producción, sólo
estableciendo el proceso de producción del intercambio entre sus propietarios.
Y recíprocamente; las relaciones de producción directas que se establecen entre
los representantes de las diferentes clases so ciales (el capitalista, el
obrero y el terrateniente) dan como resultado una determinada combinación de
los factores técnicos de la producción, y se vinculan con la transferencia de
cosas de una unidad económica a otra. Esta estrecha conexión de las relaciones
de producción entre personas con el movimiento de las cosas en el proceso de la
producción material conduce a la "cosificación” de las relaciones de
producción entre los hombres.
III. (Dosificación
de las relaciones de producción entre los hombres y personificación de cosas
Como hemos visto, en la sociedad
mercantil-capitalista los in dividuos aislados se relacionan directamente
entre sí por deter minadas relaciones de producción, no como miembros de la
so ciedad, no como personas que ocupan un lugar en el proceso social de la
producción, sino como propietarios de determinadas cosas, como “representantes
sociales" de diferentes factores de producción. El capitalista "es
simplemente capital personificado" (C., III, pp. 758 y 763). "En el
terrateniente se personifica la tierra, una de las condiciones esenciales de la
producción” (C., III, pp. 758 y 763). Esta “personificación”, en la cual los
críticos de Marx ven algo incomprensible y hasta místico1 ín dica un fenómeno
muy real: la dependencia de las relaciones de producción entre las personas de
la forma social de las co sas (factores de producción) que les pertenecen y
que son per sonificadas por ellas.
Si cierta persona entra en una relación de
producción directa con otras, como propietaria de ciertas cosas, entonces una
cosa determinada, independientemente de quien la posea, permite a su
propietario ocupar un lugar determinado en el sistema de relaciones de
producción. Puesto que la posesión de ‘ cosas es una condición para el
establecimiento de relaciones de produc ción directas entre las personas,
parece que la cosa misma posee la capacidad, la virtud, de establecer
relaciones de producción. Si la cosa dada brinda a su propietario la
posibilidad de entrar en relaciones de cambio con cualquier otro propietario de
mer cancías, entonces la cosa posee la especial virtud de la
inter-cambiabilidad, tiene "valor" Si la cosa dada vincula a dos pro
pietarios de mercancías, uno de los cuales es un capitalista y el otro un
trabajador asalariado, entonces la cosa no sólo es un "valor”, sino que
también es “capital". Si el capitalista entra en una relación de
producción con un terrateniente, entonces el
69
valor, el dinero que da al terrateniente y mediante
cuya trans ferencia entra en el vínculo de producción, representa la “renta”.
El dinero pagado por el capitalista industrial al capitalista fi nanciero por
el uso de capital prestado por este último, recibe el nombre de “interés”. Todo
tipo de relación de producción entre personas da una “virtud social”, “una
forma social” espe cífica a las cosas mediante las cuales determinadas
personas en tran en relaciones de producción directas. La cosa dada, además de
servir como valor de uso, como objeto material con deter minadas propiedades
que hacen de ella un bien de consumo o un medio de producción, esto es, además
de cumplir una función técnica en el proceso de la producción material, también
cumple la función social de vincular personas.
Así, en la sociedad mercantil-capitalista, las
personas entran en relaciones de producción directas exclusivamente como pro
pietarios de mercancías, como propietarios de cosas. Por otra parte, como
resultado de esto, las cosas adquieren caracterís ticas sociales particulares,
una forma social particular. "Las cua lidades sociales del trabajador”
adquieren “carácter material”, y los objetos, “caracteres sociales” (C., I, p.
54). En lugar de “relaciones sociales directas entre individuos que trabajan”,
como las que se establecen en una sociedad con una economía orgá-nizada, aquí
observamos “relaciones materiales entre personas y relaciones sociales entre
cosas” (C., I, p. 38). Aquí vemos dos propiedades de la economía mercantil:
"personificación de las co sas y . .. materialización de relaciones de
producción en entidades [relaciones entre las cosas]” (C., III, p. 768), “la
materializa ción de las determinaciones sociales de la producción y la per
sonificación de sus fundamentos materiales” ( Ibid ., p. 813).
Por “materialización de las relaciones de
producción” entre las personas Marx entendía el proceso por el cual
determinadas re laciones de producción entre personas (por ejemplo, entre ca
pitalistas y obreros) asignan determinada forma social, o deter minadas
características sociales a las cosas mediante las cuales las personas se
relacionan entre sí (por ejemplo, la forma social del capital).
Por “personificación de las cosas” Marx entendía el
proceso por el cual la existencia de cosas con determinada forma social, por
ejemplo, el capital, permite a su propietario aparecer en la forma de un
capitalista y entrar en relaciones de producción concretas con otras personas.
70
A primera vista ambos procesos pueden parecer
mutuamente excluyentes. Por una parte, la forma social de las cosas es tra
tada como el resultado de las relaciones de producción entre las personas. Por
la otra, lás mismas relaciones de producción se establecen entre las personas
sólo en presencia de cosas con una forma social específica. Esta contradicción
sólo puede ser resuelta en el proceso dialéctico de la producción social, que
Marx consideraba como un proceso continuo y recurrente de reproducción en el
cual cada eslabón es el resultado del eslabón anterior y la causa del
siguiente. La forma social de las cosas es al mismo tiempo el resultado del
proceso anterior de pro ducción y de expectativas acerca del futuro.2
Toda forma social relacionada con los productos del
trabajo en la sociedad capitalista (el dinero, el capital, la ganancia, la
renta, etc.), aparece como el resultado de un largo proceso his tórico y
social a través de la constante repetición y sedimenta ción de relaciones
productivas del mismo tipo. Cuando un tipo dado de relaciones de producción
entre las personas es aún raro y excepcional en una sociedad, no puede imponer
un ca rácter social diferente y permanente a los productos del trabajo que existen
en ella. “El contacto social momentáneo” entre per sonas da a los productos de
su trabajo sólo una forma social momentánea que aparece conjuntamente con los
contactos so ciales que se crean, y desaparece tan pronto como terminan los
contactos sociales (C., I, p. 52). Cuando el cambio está poco desarrollado, el
producto del trabajo determina el valor sólo durante el acto de intercambio, y
no es un valor antes o des pués de ese acto. Cuando los participantes del acto
de inter cambio comparan los productos de su trabajo con un tercer producto,
éste cumple la función de dinero en forma embriona ria, ya que no es dinero
antes ni después del acto de intercambio.
A medida que se desarrollan las fuerzas
productivas, ellas generan un tipo determinado de relaciones de producción
entre los hombres. Estas relaciones son repetidas con frecuencia, se hacen
comunes y se difunden en determinado medio social. Esta "cristalización”
de relaciones de producción entre personas con duce a la "cristalización”
de las formas sociales correspondientes entre cosas. La forma social dada es
"aferrada”, fijada a una cosa, preservada dentro de ella aun cuando las
relaciones de producción entre personas se interrumpan. Sólo a partir de este
momento es posible fechar la aparición de la categoría material dada como
separada de las relaciones de producción entre per
71
sonas de las cuales surgió y a las cuales, a su
vez, afecta. E] “valor” parece convertirse en una propiedad de la cosa con la
que entra en el proceso de intercambio y que la cosa conserva cuando lo
abandona. Lo mismo es cierto para el dinero, el capital y otras formas sociales
de las cosas. Siendo consecuen cias del proceso de producción, se convierten
en sus requisitos. A partir de este punto la forma social dada del producto del
trabajo no sólo sirve como “expresión” de determinado tipo de relaciones de producción
entre los hombres, sino también como su “portadora”. La presencia de una cosa
con determinada forma social en manos de una cierta persona, la induce a entrar
en determinadas relaciones de producción, y le infunde su particular carácter
social. “La cosificación de las relaciones de producción” entre personas se
complementa ahora con la “personificación de cosas”. La forma social del
producto del trabajo, siendo el re sultado de innumerables transacciones entre
productores de mer cancías, se convierte en un poderoso medio para ejercer
presión sobre la motivación de los productores individuales de mercan cías,
obligándolos a adaptar su conducta a los tipos dominantes de relaciones de
producción entre personas de esa sociedad. La influencia de la sociedad sobre
el individuo se realiza a través de la forma social de las cosas. Esa
objetivación o “cosifica ción” de las relaciones de producción entre las
personas en la forma social de las cosas, da al sistema económico mayor du
rabilidad, estabilidad y regularidad. El resultado es la “cristali zación” de
las relaciones de producción entre las personas.
Sólo en determinado nivel de desarrollo, después de
frecuen tes repeticiones, las relaciones de producción entre los hombres dejan
algún tipo de sedimento en la forma de ciertas caracte rísticas sociales que
se fijan a los productos del trabajo. S i' el tipo dado de relaciones de
producción aún no se ha difundido lo suficiente por la sociedad, éstas no
pueden dar a las cosas una forma social adecuada. Cuando el tipo dominante de
pro ducción era la producción artesanal, en la que el objetivo era el “mantenimiento”
del artesano, éste aún se consideraba un “maestro artesano” y consideraba sus
ingresos como la fuente de su “mantenimiento” aun cuando expandía su empresa y,
en esencia, se había convertido ya en un capitalista que vivía del trabajo
asalariado de sus obreros. No consideraba todavía sus ingresos como la
“ganancia” del capital, ni sus medios de pro ducción como “capital”. Del mismo
modo, en virtud de la in fluencia de la agricultura dominante sobre las
relaciones sociales
72
precapitalistas, el interés no era contemplado como
una nueva torma de ingreso, sino que durante largo tiempo fue conside rado
como una forma modificada de renta. El famoso economista Petty trató de derivar
el interés de la renta de esta manera.3 Con este enfoque todas las forma
económicas se “subsumen” bajo la forma dominante del modo dado de producción
(C., III, p. 809). Esto explica por qué debe haber un período de des arrollo
más o menos extenso antes de que el nuevo tipo de re laciones de producción
sea “cosificado” o “cristalizado” en las formas sociales que corresponden a los
productos del trabajo.
Así, la conexión entre las relaciones de producción
entre las personas y las categorías materiales debe presentarse del si guiente
modo. Todo tipo de relación de producción que sea característico de una
economía mercantil-capitalista atribuye .una forma social capitalista a las
cosas por las cuales y mediante las cuales las personas entran en esa relación.
Esto conduce a la “cosificación” o “cristalización” de las relaciones de
producción entre las personas. La cosa que está implicada en una deter minada relación
entre personas y que tiene una forma social correspondiente mantiene esta forma
aunque la relación de pro ducción dada concreta y particular se interrumpa.
Sólo entonces la relación de producción entre las personas puede considerarse
verdaderamente “cosificada”, es decir, “cristalizada” en la forma de una
propiedad de la cosa, propiedad que parece pertenecer a la cosa misma y estar
separada de la relación de producción. Puesto que las cosas se presentan con
una determinada forma social fija, comienzan a su vez a influir sobre las
personas, a moldear sus motivaciones e inducirlas a establecer relaciones de
producción concretas entre sí. Al poseer la forma social de “ca pital”, las
cosas hacen de su propietario un “capitalista” y de terminan de antemano las
relaciones de producción concretas que se establecerán entre él y otros
miembros de la sociedad. Parece como si el carácter social de las cosas
determinase el carácter social de su propietario. Así, se realiza la
“personifica ción de las cosas”. De este modo, el capitalista brilla con la
luz refleja de su capital, pero esto sólo es posible porque él, a su vez,
refleja un tipo determinado de relación de producción en tre personas. Como
resultado de ello, los individuos quedan in cluidos en el tipo dominante de
relaciones de producción. La forma social de las cosas condiciona los vínculos
de producción individuales entre personas particulares sólo porque la forma
social misma es una expresión de vínculos de producción so-
73
cíales. La forma social de las cosas aparece como
una condición del proceso de producción que se da de antemano, ya creada y
permanentemente fija, sólo porque aparece como el resultado congelado,
cristalizado, de un proceso social de producción di námico, en constante flujo
y cambio. De este modo, la aparente contradicción entre la dosificación de las
personas” y la “per sonificación de las cosas” se resuelve en el proceso
dialéctico e ininterrumpido de la reproducción. Esta aparente contradicción se da
entre la determinación de la forma social de las cosas por las relaciones de
producción entre las personas, y la deter minación de las relaciones de
producción individuales entre per sonas por la forma social de las cosas.
De los dos aspectos del proceso de reproducción que
hemos mencionado sólo el segundo, “la personificación de las cosas”, aparece en
la superficie de la vida económica y puede ser ob servado directamente. Las
cosas aparecen bajo una forma social ya elaborada que influye sobre las
motivaciones y la conducta de los productores individuales. Este aspecto del
problema se refleja directamente en la psiquis de los individuos y puede ser
observado de manera directa. Es mucho más difícil rastrear el surgimiento de las
formas sociales de las cosas a partir de las relaciones de producción entre las
personas. Este aspecto del proceso, esto es, la dosificación” de las relaciones
de producción entre las personas, es el resultado heterogéneo de una masa de
transacciones, de acciones humanas que se depositan unas sobre otras. Es el
resultado de un proceso social que se produce “a sus espaldas”, es decir, un
resultado no previsto de antemano como un fin. Sólo mediante un profundo
análisis histórico y socio-económico Marx logró explicar este aspecto del
proceso.
Desde esta perspectiva, podemos comprender las
diferencias que Marx estableció a menudo entre “la apariencia exterior”, la
‘conexión externa”, la “superficie de los fenómenos”, por un la do, y la
“conexión interna”, la “conexión oculta”, la “conexión inmanente”, la
"esencia de las cosas”, por el otro,4 Marx repro chó a los economistas
vulgares el limitarse a un análisis del aspecto externo de un fenómeno.
Reprochó a Adam Smith el oscilar entre perspectivas “esotéricas” (internas) y
“exotéricas” (externas); Se ha sostenido que el significado de estas afirma
ciones de Marx es muy oscuro. Los críticos de Maíx, aun los más generosos, lo
acusaron de hacer metafísica económica por su deseo de explicar las conexiones
ocultas entre los fenómenos. Los marxistas a veces explicaron las afirmaciones
de Marx en
74
términos de su deseo de diferenciar entre los
métodos del em pirismo tosco y la aislación abstracta.5 Pensamos que esta
refe rencia al método de abstracción es indispensable, pero dema siado
inadecuada para caracterizar el método de Marx. No es esto lo que tenía in
viente cuando estableció una oposición en tre las conexiones internas y las
externas de un fenómeno. El método de abstracción es común a Marx y a muchos de
sus predecesores, inclusive Ricardo. Pero fue Marx quien introdujo un método
sociológico en la economía política. Este método trata las categorías
materiales como reflejos de las relaciones de pro ducción entre los hombres.
Es en esta naturaleza social de las categorías materiales donde Marx veía sus
“conexiones internas”. Los economistas vulgares sólo estudian las apariencias
externas que son formas "enajenadas” de las relaciones económicas (C.,
III, p. 757), esto es, la ‘forma objetiva, ya elaborada, de las co sas, sin
captar su carácter social. Ven el proceso de la "perso nificación” de las
cosas que se produce en la superficie de la vida económica, pero no tienen idea
alguna del proceso de “co sificación de las relaciones de producción” entre
las personas. Consideran las categorías materiales como dadas, como “condi
ciones” ya existentes del proceso de producción que afectan los motivos de los
productores y que se expresan en su conciencia; no examinan el carácter de esas
categorías materiales como re sultado del proceso social. Ignoran los procesos
internos socia les, y se restringen a la “conexión externa entre las cosas,
tal como esta conexión aparece en la competencia. En ésta, pues, todo aparece
trastocado, y siempre se presenta en forma inver tida”.6 Así, las relaciones
de producción entre las personas pa recen depender de las formas sociales de
las cosas, y no al revés.
Los economistas vulgares no comprenden que el
proceso de “personificación de las cosas” sólo puede ser comprendido como
resultado del proceso de “cosificación de las relaciones de pro ducción entre
las personas”, y consideran las características so ciales de las cosas (el
valor, el dinero, el capital, etc.) como características naturales que
pertenecen a las cosas mismas. El valor, el dinero, etc., no son considerados
como expresiones de relaciones humanas "vinculadas” a las cosas, sino como
las ca racterísticas directas de las cosas mismas, características que se
“entrelazan directamente” con las características técnico-natura-les de las
cosas. Esta es la causa del fetichismo de la mercancía que caracteriza a los
economistas vulgares y de los lugares co munes que caracterizan el pensamiento
de los participantes en
75
la producción, que se hallan limitados por el
horizonte de la economía capitalista. Esta es la causa de “la materialización
de las relaciones sociales, [de] el entrelazamiento directo de las relaciones
materiales de producción con sus condiciones histó ricas” (C., III, p. 768).
“Un elemento de producción [es] re presentado por una determinada forma social
y entremezclado con ella (I bid., p. 755). “La sustantivación formal de estas
con diciones de trabajo frente al trabajo, la forma específica de esta sustantivación
que las condiciones de trabajo revisten frente a] trabajo asalariado, aparecerá
así como una cualidad inseparable de ellas en cuanto cosas, en cuanto
condiciones materiales de producción, como un carácter inmanente a ellas,
necesariamente asociado a ellas como elementos de producción. El carácter so
cial que presentan en el proceso de producción capitalista, ca rácter
determinado por una época histórica de producción capi talista, carácter
determinado por una época histórica dada, se convierte así en un carácter
material innato a ellas, inherente a ellas por naturaleza y para toda una
eternidad, por decirlo así, como elemento del proceso de producción ( I b i d
III, p. 764).7
La transformación de las relaciones sociales de
producción en propiedades sociales “objetivas” de las cosas es un fenómeno de
la economía mercantil-capitalista y una consecuencia de las conexiones
distintivas entre el proceso de la producción material y el movimiento de las
relaciones de producción. El error de los economistas vulgares no reside en el
hecho que prestan aten ción a las formas materiales de la economía
capitalista, sino en que no ven su conexión con la forma social de la
producción y no las hacen derivar de esta forma social sino de las propiedades
naturales de las cosas. Los efectos de determinadas formas so ciales del
trabajo se atribuyen a las cosas, a los productos de ese trabajo; la relación
misma se presenta de una manera fantástica, bajo la forma de cosas. Hemos visto
que esta es una propiedad específica de la producción de mercancías... Hodgskin
ve en esto una ilusión puramente subjetiva, detrás de la cual se ocultan los
engaños y los intereses de las clases explotadoras. No ve que la manera de
presentación es un resultado de la relación real misma, y que la relación no es
una expresión del modo de presentación sino a la inversa” (Theorien über den
Mehrwert, 1910, t. III, pp. 354-355).
Los economistas vulgares cometen dos clases de
errores: 1) o bien atribuyen el carácter de la “forma económica” a una “cua
lidad real” de las cosas (C., II, p. 143), esto es, hacen derivar
76
fenómenos sociales directamente de fenómenos
técnicos; por ejemplo, la capacidad del capital de rendir ganancia, que pre
supone la existencia de clases sociales particulares y relaciones de producción
entre ellas, es explicada en término de las fun ciones técnicas del capital en
su papel de medios de producción;
2) o
bien atribuyen “determinadas cualidades materiales de los medios de trabajo” a
la forma social de los instrumentos de trabajo ( Ibíd.), es decir, hacen
derivar fenómenos técnicos di rectamente de fenómenos sociales; por ejemplo,
atribuyen el po der de aumentar la productividad del trabajo, que es inherente
a los medios de producción y representa su función técnica, al capital, esto
es, a una forma social específica de producción (teoría de la productividad del
capital).
Estos dos errores, que a primera vista parecen
contradictorios, en realidad pueden ser reducidos al mismo defecto metodoló
gico básico: la identificación del proceso material de la pro ducción con su
forma social, y la identificación de las funciones técnicas de las cosas con
sus funciones sociales. En lugar de considerar los fenómenos técnicos y
sociales como diferentes as pectos de la actividad laboral humana, aspectos
estrechamente relacionados entre sí pero diferentes, los economistas vulgares
los colocan en el mismo nivel, en el mismo plano científico, por así decir.
Examinan los fenómenos económicos directamente en esos aspectos técnicos y
sociales estrechamente entrelazados y “fusionados” que son inherentes a la
economía mercantil. El resultado de esto es una “proporción perfectamente
inconmen surable entre un valor de uso, una cosa material, de una parte, y de
otra una determinada relación social de producción: la plusvalía” (C., III, p.
757); “se establece una proporción entre una relación social considerada como
una cosa y la naturaleza, es decir, se establece una relación entre dos
magnitudes incon mensurables” (Ibíd., p. 757). Esta identificación del proceso
de producción con sus formas sociales "materializadas” bajo la forma de
las cosas se venga, cruelmente. Los economistas a menudo se asombran, con
ingenua estupefacción "cuando el ob jeto que imaginaban tener
tangiblemente en las manos se les aparece de pronto como relación social y, a
la inversa, los in quieta en su forma de objeto lo que justamente acababan de
catalogar en la categoría de las relaciones sociales (Crítica, p, 24).-
Es posible demostrar fácilmente que “la unión
directa de las relaciones materiales de producción con su forma
histórico-so-cial”, como dice Marx, no es inherente a la economía mercantil-
77
capitalista, sino también a otras formas sociales.
Podemos ob servar que las relaciones sociales de producción entre los hom
bres son causalmente dependientes de las condiciones materiales de producción y
de la distribución de los medios técnicos de producción entre los diferentes
grupos sociales también en otros tipos de economía. Desde el punto de vista de
la teoría del materialismo histórico, esta es una ley sociológica general
válida para todas las formaciones sociales. Nadie puede dudar de que la totalidad
de las relaciones de producción entre el terrate niente y los siervos estaba
causalmente determinada por la téc nica de producción y por la distribución
entre el terrateniente y los siervos de los factores técnicos de producción de
la sociedad feudal, o sea, la tierra, el ganado, las herramientas. Pero el
hecho es que en la sociedad feudal las relaciones de producción entre las
personas se establecen sobre la base de la distribución de las cosas entre
ellas y para las cosas, pero no a través de las cosas. Aquí las personas se
relacionan directamente entre sí; “las re laciones sociales de las personas en
sus trabajos se revelan como relaciones personales suyas, sin disfrazarse de
relaciones sociales entre las cosas, entre los productos de un trabajo” (C-, I,
p. 42). Péro la naturaleza específica de la economía mercantil-capitalista
reside en el hecho de que las relaciones de producción entre las personas no se
establecen solamente para las cosas, sino tam bién a través de las cosas. Esto
es precisamente lo que da a las relaciones de producción entre las personas una
forma “materia lizada”, dosificada”, y origina el fetichismo de la mercancía,
la confusión entre el aspecto técnico-material y el aspecto econó mico-social
del proceso de producción, confusión que fue elimi nada por el nuevo método
sociológico de Marx.8
78
IV. Cosa y función social (forma)
i
El nuevo método sociológico que Marx introdujo en
la economía política establece una consecuente diferenciación entre fuerzas
productivas y relaciones de producción, entre el proceso ma terial de la
producción y su forma social, entre el proceso de trabajo y el proceso de
formación del valor. La economía po lítica trata de la actividad laboral
humana, no desde el punto de vista de sus métodos e instrumentos de trabajo,
sino desde el punto de vista de su forma social. Trata de las relaciones de
producción que se establecen entre los hombres en el proceso de la producción.
Pero, puesto que en la sociedad mercantil-capitalista las personas se vinculan
en relaciones de producción a través de la transferencia de cosas, las
relaciones de produc ción entre los hombres adquieren un carácter material.
Esta "ma terialización” se produce porque la cosa a través de la cual las
personas entran en relaciones definidas unas con otras desem peña un pape]
social particular al vincular personas, desempeña el papel de “intermediario” o
"portador” de la relación de pro ducción dada. Además de existir material
o técnicamente como un bien de consumo concreto o un medio de producción, la
cosa parece adquirir una existencia social o funcional, es decir, un carácter
social particular a través del cual se expresa la relación de producción dada,
dando a las cosas una forma social par ticular. Así, las nociones básicas o
categorías de la economía política expresan las formas socioeconómicas básicas
que carac terizan diversos tipos de relaciones de producción entre personas,
que son unidas por las cosas a través de las cuales se establecen esas
relaciones entre personas.
Al abordar el estudio de la “estructura económica
de la so ciedad” o "la suma total de las relaciones de producción” entre
las personas, Marx1 distinguió formas y tipos particulares de relaciones de
producción entre personas en una sociedad capi talista 2 y analizó estos
distintos tipos del siguiente modo. Al
79
gunas de estas relaciones entre personas presuponen
la existen cia de otros tipos de relaciones de producción entre los miembros
de determinada sociedad, y estas últimas relaciones no presu ponen
necesariamente la existencia de las primeras: así, las pri meras suponen las
segundas. Por ejemplo, la relación entre el capitalista financiero C y el
capitalista industrial B consiste en que B recibe un préstamo de C; esta
relación ya presupone la existencia de relaciones de producción entre el
capitalista indus tria] B y el trabajador A, o, más exactamente, con muchos
tra bajadores. Por otro lado, las relaciones entre el capitalista in dustrial
y los trabajadores no presuponen necesariamente que el capitalista B deba pedir
dinero al capitalista financiero. Así, está claro que las categorías económicas
“capital” y “plusvalía” pre ceden a las categorías “capital que rinde
intereses” e “interés”. Además, la relación entre el capitalista industrial y
los obreros adopta la forma de compra y venta de fuerza de trabajo, y pre
supone también que el capitalista produce bienes para la venta, es decir, que
se halla vinculado con otros miembros de la so ciedad a través de las
relaciones de producción que tienen los propietarios de mercancías unos con
otros. Por otro lado, las relaciones entre los propietarios de mercancías no
presuponen necesariamente un vínculo de producción entre el capitalista in
dustrial y los obreros. De esto se desprende claramente que las categorías
“mercancías” y “valor” preceden á la categoría “capi tal”. El orden lógico de
las categorías económicas se sigue del carácter de las relaciones de producción
que son expresadas por las categorías. El sistema económico de Marx analiza una
serie de tipos de relaciones de producción cada vez más complejas. Estas
relaciones de producción se expresan en una serie de for mas sociales de
complejidad creciente, siendo estas las formas sociales que adquieren las
cosas. Esta conexión entre un tipo dado de relación de producción entre
personas y la correspon diente función, o forma social de las cosas, puede
discernirse en todas las categorías económicas.
La relación social básica entre personas como
productores de mercancías que intercambian los productos de su trabajo, da a
éstos la especial propiedad de la intercambiabilidad, que parece entonces ser
una propiedad natural de los mismos: la especial “forma del valor”. Las
relaciones regulares de intercambio entre personas, en el contexto de las
cuales la actividad social de los propietarios de mercancías ha destacado una
mercancía (por ejemplo, el oro) para servir como equivalente general que puede
80
ser cambiado directamente por cualquier otra
mercancía, da a ésta la función particular del dinero, o la “forma del dinero”.
Esta forma del dinero, a su vez, cumple varias funciones o for mas, según el
carácter de la relación de producción entre com pradores y vendedores.
Si la transferencia de bienes del vendedor al
comprador y la transferencia inversa de dinero se realizan simultáneamente, el
dinero asume la función o tiene la íorma de “medio de circu lación”. Si la
transferencia de bienes precede a la transferencia de dinero y la relación
entre el vendedor y el comprador se transforma en una relación entre deudor y
acreedor, el dinero tiene que asumir la función de “medio de pago”. Si el
vendedor guarda el dinero que recibe de su venta posponiendo el mo mento en
que entra en una nueva relación de producción de compra, el dinero adquiere la
función o forma de “tesoro”. Toda función o forma social del dinero expresa un
carácter o tipo diferente de relación de producción entre los participantes del
intercambio.
Con el surgimiento de un nuevo tipo de relación de
produc ción —a saber, la relación capitalista que vincula a un propie tario
de mercancías (un capitalista) con otro (un obrero) y que se establece mediante
la transferencia de dinero— el dinero ad quiere una nueva función o forma
social: se convierte en “ca pital”. Más exactamente, el dinero que vincula en
forma directa al capitalista con los obreros desempeña un papel o tiene la
forma de “capital variable”. Pero, para establecer relaciones de producción con
los obreros, el capitalista debe poseer medios de producción o dinero con el
cual comprarlos. Estos medios de producción o dinero, que sirven indirectamente
para establecer una relación de producción entre el capitalista y los obreros,
tienen la función o forma del “capital constante”. En cuanto consideramos las
relaciones de producción entre la clase de los capitalistas y la de los
trabajadores en el proceso de produc ción, hablamos de “capital productivo” o
“capital en la etapa de la producción”. Pero antes de comenzar el proceso de
pro ducción, el capitalista aparece en el mercado como comprador de medios de
producción y fuerza de trabajo. Estas relaciones de producción entre el
capitalista como comprador y otros propie tarios de mercancías corresponden a
la función o forma del “capital monetario”. AI final del proceso de producción,
el ca pitalista aparece como vendedor de sus productos, lo cual ad quiere
expresión en la función o forma del “capital mercantil”.
81
De este modo, la metamorfosis o “transformación de
la forma* del capital refleja diferentes formas de relaciones de producción
entre las personas.
Pero esto no agota las relaciones de producción que
vincula al capitalista industrial con otros miembros de la sociedad. En primer
lugar, los capitalistas industriales de una rama de la pro ducción se vinculan
con los de todas las otras ramas mediante la competencia de capital y su
transferencia de una rama a otra. Esta relación se expresa en la formación de
la “tasa media ge neral de ganancia” y la venta de los artículos a “los
precios de producción”. Además, la clase de los capitalistas se subdivide, a su
vez, en varios grupos sociales o subclases: capitalistas in dustriales,
comerciales y monetarios (financieros). Junto a estos grupos, hay también una
clase de terratenientes. Las relaciones de producción entre estos diferentes
grupos sociales crean nue vas “formas” sociales y económicas: el capital
comercial y el beneficio comercial, el capital que produce intereses y el
interés, y la renta territorial. El capital “finalmente abandona, por así
decirlo, su vida orgánica interior para discurrir bajo relaciones externas de
vida, bajo relaciones en que ya no se enfrentan el capital y el trabajo, sino
de una parte los capitales y de otra los individuos, considerados simplemente
como compradores y vendedores" (C., III, p. 59).3 El tema de estudio lo constituyen
aquí los diferentes tipos de relaciones de producción, y particu larmente las
relaciones de producción: 1) entre capitalistas y obreros; 2) entre los
capitalistas y los miembros de la sociedad que aparecen como compradores y
vendedores; 3) entre grupos particulares de capitalistas industriales y entre
los capitalistas industriales como grupo y otros grupos de capitalistas
(capita listas comerciales y financieros). El primer tipo de relación de
producción, que constituye la base de la sociedad capitalista, es examinado por
Marx en el tomo I de El capital; el segundo ti po, en el tomo II; y el tercero
en el tomo III. Las relaciones de producción básicas de la sociedad mercantil,
las relaciones entre personas como productores de mercancías, fueron examinadas
por Marx en Contribución a la crítica de la economía política, y fueron
reexaminadas en la parte I del primer volumen de El capital, que lleva el
título de “Mercancías y dinero” y que puede ser considerada como una
introducción al sistema de Marx (en el primer esbozo, Marx llamó a esta parte:
“Introducción. Mercancías, Dinero” (ver Theorien über den Mehrwert, 1910, t.
III, p. V III). El sistema de Marx pasa examen a diversos
82
tipos de relaciones de producción de complejidad
creciente, así como a las formas económicas correspondientes de complejidad
creciente de las cosas.
Las categorías básicas de la economía política
expresan, pues, diversos tipos de relaciones de producción que asumen la forma
de cosas. “En realidad, el valor sólo es en sí mismo expresión material de una
relación entre las actividades productivas de los hombres” (Theorien über den
Mehrtvert, III, p. 218). “Por tanto, cuando Galiani dice que el valor es una
relación entre personas (‘la ricchezza é una ragione tra due persone'), debería
añadir: disfrazada bajo una envoltura material” ( C., I, p. 39, nota), "El
sistema monetario no veía en el oro y la plata, con siderados como dinero,
manifestaciones de un régimen social de producción” (C .,'I, p. 47). “El
capital es una relación social de producción. Es una relación de producción
histórica”.4 El capital es “una relación social expresada (darstellt) en cosas
y mediante cosas” (Theorien über den Mehrtvert, III, p. 325). “El capital no es
una cosa material, sino una determinada relación social de producción,
correspondiente a una determinada for mación histórica de la sociedad, que
toma cuerpo en una cosa material y le infunde un carácter social específico”
(C., III, p. 754).*
Marx explicó con el mayor detalle su concepción de
las ca tegorías económicas como expresión de relaciones de producción entre
las personas al tratar las categorías del valor, el dinero y el capital. Pero
señaló más de una vez que otros conceptos de la economía política expresan
también relaciones de producción entre las personas. La plusvalía representa
“una forma histórica definida de proceso social de la producción” (C., III, p.
756). La renta es una relación social tomada como una cosa (C., III, p. 755).
“La oferta y la demanda son relaciones de una produc ción dada, ni más ni
menos que los intercambios individuales.”6 La división del trabajo, el crédito,
etc., son relaciones de pro ducción burguesa (Ibid.y pp. 120-136). O, como
dice Marx de manera general: “Las categorías económicas no son más que ex
presiones teóricas, abstracciones de las relaciones sociales de pro ducción”
(Ibid., p. 102).
Así, los conceptos básicos de la economía política
expresan diferentes relaciones de producción entre personas en la socie dad
capitalista. Pero puesto que esas relaciones de producción sólo vinculan a las
personas a través de las cosas, éstas cum plen una junción social particular y
adquieren una forma social
83
particular que corresponde al tipo dado de relación
de produc ción. Si decíamos antes que las categorías económicas expresan
relaciones de producción entre personas que adquieren un ca rácter “material”,
también podemos decir que expresan funciones sociales, o formas sociales, que
adquieren las cosas como inter mediarias en las relaciones sociales entre los
hombres. Comen zaremos nuestro análisis con la función social de las cosas.
Marx habló a menudo de las funciones de las cosas,
funciones que corresponden a las diferentes relaciones de producción en tre
personas. En la expresión del valor, una mercancía “fun ciona como
equivalente” (C., I, pp. 15 y 35). “La función del dinero” representa una serie
de funciones diferentes: “función de medida de valores” (ibid., p. 76),
“función de medio de circulación” o “función de moneda” (ibid., pp. 76 y 84),
función de “medio de pago” (ibid., pp. 85, 93 y 96), función de “ate
soramiento” (ibid., p. 101) y “la función como dinero mundial” (p. 101). Las
diferentes relaciones de producción entre com pradores y vendedores
corresponden a diferentes funciones del dinero. El capital es también una
función social específica: . .la condición de capital no les corresponde a las
cosas como tales y bajo cualquier circunstancia, sino que es una función que,
según las circunstancias que en ellas concurran, pueden o no desempeñar” (C.,
II, p. 180). En el capital-dinero, Marx di ferenciaba cuidadosamente la "función
dinero” de la “función capital” (C., II, pp. 364 y 73). El objeto de estudio es
aquí, obviamente, la función social que cumple el capital al vincular
diferentes clases sociales y sus representantes, capitalistas y obreros
asalariados; el objeto de estudio no es, evidentemente, la función técnica que
cumplen los medios de producción en el proceso de la producción material. Si el
capital es una función social, entonces, como dice Marx, Msu subdivisión se
justifica y tiene importancia”. El capital variable y el capital constante di
fieren en lo que respecta a las diferentes funciones que cumplen en el “proceso
de expansión” del capital (C., I, pp. 208-9); el capital variable vincula
directamente al capitalista con el tra bajador y transfiere la fuerza de
trabajo del trabajador al ca pitalista; el capital constante sirve al mismo
propósito indirec
tamente. Existe entre ellos
una “diferencia funcional” (C., I,
p. 210). Lo
mismo es verdadero para la división en capital fijo
y capital circulante.
“No se trata de las definiciones [de capital
fijo y capital circulante, I. R.] bajo las cuales pueden ser en
globadas las
cosas. Se trata de determinadas funciones, expre
84
sadas en determinadas categorías” (C., II, p. 200;
las bastardillas son nuestras). Esta distinción entre las funciones del capital
fijo y el capital circulante se refiere a los diferentes métodos de transferir
el valor del capital al producto, esto es, a la restau ración total o parcial
del valor del capital durante un ciclo (Ibid., pp. 146-7). Esta distinción
entre las funciones sociales en el proceso de transferencia de valor (es decir,
en el proceso de circulación), a menudo es confundido por los economistas con
una distinción entre funciones técnicas en el proceso de producción material, o
sea, con una distinción entre el desgaste gradual de los instrumentos de
trabajo y el consumo total de materias primas y accesorios. En la segunda parte
del tomo II de El capital, Marx dedicó grandes esfuerzos a demostrar que las
categorías del capital fijo y el capital circulante expresan precisamente las
funciones sociales mencionadas de transferencia de valor. En efecto, estas
funciones están relacionadas con fun ciones técnicas particulares de los
medios de producción, pero no coinciden con ellas. No sólo difieren entre sí
por sus fun ciones las distintas partes del capital productivo (constante y
variable, fijo y circulante), sino que también la división del ca pital en
capital productivo, capital-dinero y capital-mercancías se basa en diferencias
en las funciones. Las “funciones de] ca pital mercancías y el capital
comerciar se distinguen de las “funciones del capital productivo" (C., II,
pp. 110 y 73; C., III, p. 266 y en otras partes).
Así, las diferentes categorías de la economía
política descri ben diferentes funciones sociales de las cosas
correspondientes a diferentes relaciones de producción entre las personas. Pero
la función social que se realiza a través de una cosa da a ésta un carácter
social particular, una forma social determinada, una “determinación de la
forma” (formbestimmtheit),7 como escribió Marx con frecuencia. A cada tipo de
relaciones de producción entre las personas corresponde una función social
específica o una “forma económica* de las cosas. Marx señaló más de una vez la
estrecha conexión entre la función y la forma. El vestido “funciona como
equivalente, o lo que es lo mismo, reviste forma equivalencia!” (C., I, p. 48).
“Esta función específica en el proceso de circulación da al dinero como medio
de circulación, una nueva determinación de la forma” ( Kritik der politischen
Okonomie, p. 92). Si la función social de una cosa da a ésta una forma
socioeconómica específica es evidente en tonces que las categorías básicas
de-la economía política (que
85
consideramos antes como expresiones de diferentes
relaciones de producción y funciones sociales de las cosas) sirven como
expresiones de formas socioeconómicas que corresponden a las cosas. Estas
formas dan a las cosas su función como “portado ras” de las relaciones de
producción entre los hombres. Muy a menudo Marx llamó a los fenómenos
económicos que anali zaba “formas económicas”, "definiciones de forma”.
El sistema de Marx examina una serie de “formas económicas” de las co sas o
“definiciones de forma” de creciente complejidad (form-bestimmtheiten), que
corresponden a una serie de relaciones de producción de complejidad creciente
entre las personas. En el prefacio a la primera edición del primer volumen de
El capitaly Marx señaló las dificultades de “analizar las formas económicas”,
particularmente “la forma del valor” y “la forma dinero”. La forma del valor, a
su vez, incluye varias formas: por un lado, toda expresión del valor contiene
una “forma relativa” y una “forma equivalente”; y por otro, el desarrollo
histórico del valor se expresa en la creciente complejidad de sus formas: de
una “forma elemental” el valor pasa por una “forma expandida” y luego a una
“forma general” y una “forma dinero”. La formación del dinero es una “nueva
definición de forma” (Kritik der poli-tischen Okonomie, p. 28), Las diferentes
funciones del dinero son al mismo tiempo diferentes “definiciones de forma”
(Ibid., p. 46). Así, por ejemplo, el dinero como medida del valor y como norma
de los precios implica diferentes definiciones de forma”, cuya confusión ha
dado origen a teorías erróneas ( Ibid.y p. 54).8 “Las diversas formas
especiales del dinero: simple equi valente de mercancías, medio de
circulación, medio de pago, atesoramiento y dinero mundial, apuntan, según el
alcance y la primacía relativa de una u otra función, a fases muy diversas del
proceso de producción social” (C., I, p. 123; las bastardillas son nuestras).
Lo que se subraya aquí es la estrecha conexión entre las formas (funciones) del
dinero y el desarrollo de las relaciones de producción entre personas.
La transición del dinero a capital indica el
surgimiento de una nueva forma económica. “El capital es una forma social que
adquieren los medios de reproducción cuando son usados por el trabajo
asalariado” (Theorien über den Mehrwert, t. III, p.
383) , una
“determinación social particular” (ibíd., p. 547). El trabajo asalariado es
también “una determinación social del tra bajo” (lbtd., p. 563), esto es, una
forma social determinada de trabajo. Las partes componentes del capital
productivo (cons
86
I
tante y variable, fijo y circulante), examinadas en
términos de las diferencias de sus funciones, también representan formas di
ferentes del capital (C.j II, pp. 146-7, y en otras partes). El ca pital fijo
representa una “determinación de forma” (C., II, p. 149). Del mismo modo, el
dinero, el capital productivo y el capital-mercancías son formas diferentes del
capital (C., II, p. 47). A cada una de estas formas le corresponde una función
social particular. El dinero y el capital-mercancías son “formas espe ciales y
distintas que corresponden a las funciones especiales del capital industriar
(C., II, p. 73). El capital pasa “de una forma funcional a otra, de modo que el
capital industrial... existe si multáneamente en sus diversas fases y
funciones" ( Ibid.> p. 93). Si estas funciones se hacen independientes
unas de otras y son realizadas por los capitales separados, éstos adoptan las
fonnas independientes del capital-mercancías de comercio y el capital-dinero
comercia], "por el hecho de que las formas y funciones determinadas que
reviste transitoriamente el capital aparecen como formas y funciones
independientes de una parte desglo sada del capital y encuadrada
exclusivamente en ella (C., III, p. 313).
Así, las categorías económicas expresan diferentes
relaciones de producción entre las personas y las funciones sociales que les
corresponden o las formas socioeconómicas de las cosas. Estas funciones o
formas tienen un carácter social porque son inhe rentes, no a las cosas como
tales, sino a las cosas que forman parte de un medio social definido, o sea,
las cosas a través dé las cuales las personas entran en ciertas relaciones de
produc ción entre sí. Estas formas no reflejan las propiedades de las cosas,
sino las propiedades del medio social. A veces Marx sim plemente habla de
"forma” o “determinación de la forma”, pero lo que quiere decir es
precisamente “forma económica”, “forma social", “forma hístórico-social”
"determinación social de la for ma”, "determinación económica de la
forma”, "determinación histórico-social” (ver, por ejemplo, C., I, pp.
103, 104, 106; C., III, pp. 756, 768, 830; Kapital, t. III, libro II, pp. 351,
358, 360, 366; Theorien über den Mehrtvert, t. III, pp. 484-5, 547, 563; Kritik
der pólitischen Okonomie, p. 20, y en otras partes). A veces, Marx dice también
que la cosa adquiere una “existencia sociar, "existencia formal” (F
ormdasein), “existencia funcional”, “existencia ideal”. (Ver C., I, pp. 83-87;
Theorien über den Mehr tvert, t. III, pp. 314, 349; Kritik der pólitischen
Okonomie, pp. 28, 101, 100, 94). Esta existencia social o funcional de las
cosas
87
se opone a su "existencia material”,
"existencia real”, “existencia directa”, “existencia objetiva” (C., I, p.
87; Kritik der politischen Okonomie, p. 102, Kapital, t. III, libro II, pp.
359, 370, y t. III, libro I, p, 19; Theorien über den Mehrwert, t. III, pp.
193, 292, 320 y 434). Del mismo modo, la forma o función social se opone al
“contenido material”, “sustancia material”, “contenido”, “sus tancia”,
“elementos de producción”, elementos materiales y ob jetivos y condiciones de
producción (C., I, pp. 4, 84, 103, 104, 106; C., III, p. 763; Kritik der
politischen Okonomie, pp. 100-104, 121; Theorien über d m Mehrwert, t. III, pp.
315, 316, 318, 326, 329, 424 y en otras partes).9 Todas estas expresiones que
distinguen entre las funciones técnicas y las funciones sociales de las cosas,
entre el papel técnico de los instrumentos y las condiciones del trabajo y su
forma social, pueden ser reducidas a la diferencia básica que formulamos antes.
Se trata de la dis tinción básica entre el proceso material de la producción y
sus formas sociales, y dos aspectos diferentes (el técnico y el social) del
proceso unificado de la actividad laboral humana. La eco nomía política trata
de las relaciones de producción entre los hombres, esto es, de las formas
sociales deí proceso de produc ción, a diferencia de sus aspectos
técnico-materiales.
¿Significa esto que la teoría económica de Marx
aisló las re laciones de producción entre los hombres del desarrollo de las
fuerzas productivas, cuando analizó la forma social de la pro ducción
aisladamente de su aspecto técnico-material? En abso luto. Toda forma
económicosocial analizada por Marx presupone como algo dado determinada etapa
del proceso técnico-material de la producción. El desarrollo de las formas del
valor y el dinero presupone, como hemos visto, el constante "intercambio
de materia” (stoffwechsel), el paso de cosas materiales. El valor presupone el
valor de uso. El proceso de la formación del va lor presupone el proceso de
producción de valores de uso. El tra bajo abstracto presupone una totalidad
diferente de tipos de trabajo concreto aplicado a diferentes ramas de la
producción. El trabajo socialmente necesario presupone una productividad
diferente del trabajo en diversas empresas de la misma rama. La plusvalía
presupone un nivel determinado de desarrollo de las fuerzas productivas. El
capital y el trabajo asalariado pre suponen una forma social de los factores
técnicos de la produc ción: materiales y personales. Después de la compra de
fuerza de trabajo por el capitalista, la misma diferencia entre factores
materiales y personales de la producción adquiere la forma de
88
capital constante y capital variable. La relación
entre el capital constante y el variable, esto es, la composición orgánica de]
ca pital* se basa en cierta estructura técnica. Otra división del capi tal,
la división en capital fijo y circulante, también presupone una diferencia
técnica entre el uso y desgaste gradual de los instrumentos de trabajo y el
consumo completo de los objetos del trabajo y de la fuerza de trabajo. La
metamorfosis o cam bios de la forma del capital se basan en el hecho de que el
capital productivo organiza directamente el proceso material de producción. El
capital-dinero o el capital-mercancías se relacio nan más indirectamente con
el proceso material de la producción porque representan directamente la etapa
del intercambio. Así, existe una diferencia entre, por una parte, la ganancia
empre-saria, el beneficio comercial y el interés, y por la otra, entre el
trabajo productivo y el trabajo improductivo (empleado en el comercio). La
reproducción del capital presupone la reproduc ción de sus partes componentes
materiales. La formación de una tasa media de ganancia presupone diferentes
composiciones técnicas y orgánicas del capital en las ramas industriales par
ticulares. La renta absoluta presupone una diferencia entre la industria, por
un lado, y la agricultura, por el otro, Diferentes niveles de productividad del
trabajo en diferentes empresas agrí colas e industrias extractivas, provocados
por diferencias en la fertilidad y en la ubicación de los terrenos, se expresan
en la forma de la renta diferencial.
Así, vemos que las relaciones de producción entre
las personas se desarrollan sobre la base de un cierto estado de las fuerzas
productivas. Las categorías económicas presuponen ciertas con diciones
técnicas. Pero en la economía política, las condiciones técnicas no aparecen
como condiciones para el proceso de pro ducción considerado desde sus aspectos
técnicos, sino sólo como presupuestos de las formas socioeconómicas
determinadas que el proceso de producción adquiere. El proceso productivo apa
rece en una determinada forma socioeconómica, a saber, en la forma de la
economía mercantil-capitalista. La economía política trata precisamente de esta
forma de economía y de la totalidad de las relaciones de producción propias de
ella. La famosa teo ría de Marx según la cual el valor de uso es el
presupuesto y no la fuente del valor de cambio, debe ser formulada de una
manera generalizada: la economía política trata de las “formas
económicas", de los tipos de relaciones de producción que se establecen entre
personas en la sociedad capitalista. Esta so
89
ciedad presupone condiciones determinadas del
proceso material de producción y de los factores técnicos que lo componen. Pero
Marx siempre protestó contra la transformación de las condi ciones del proceso
material de producción en presupuestos de la economía política dentro de su
objeto de estudio. Rechazó las teorías que hacen derivar el valor del valor de
uso, el dinero de las propiedades técnicas del oro, y el capital de la produc
tividad técnica de los medios de producción. Las categorías económicas (o las
formas sociales de las cosas) se hallan, por supuesto, muy estrechamente
relacionadas con el proceso ma terial de la producción, pero no se las puede
hacer derivar de él directamente, si no sólo mediante un eslabón indirecto: las
relaciones de producción entre los hombres. Aun en categorías donde los
aspectos técnicos y económicos se hallan estrechamente relacionados y casi se
superponen, Marx distinguió muy hábil mente unos de otros considerando a los
primeros como presu puestos de los segundos. Por ejemplo, el desarrollo
técnico de los factores personales y materiales de la producción es un pre
supuesto o base sobre el cual se desarrolla la distinción “fun cional”,
“formal” o socioeconómica, entre capital variable y ca pital constante. Pero Marx
se negó decididamente a establecer lina distinción entre ellos sobre la base de
que sirven ‘como pago por un elemento -materialmente diferente -de la
producciónr (C., III, p. 51). Para él, esta diferencia reside en sus papeles
funcionalmente distintos en el proceso de la “expansión del ca pital"
(lbid.)> La diferencia entre el capital fijo y el capital circulante reside
en los diferentes modos en que su valor se transfiere a los productos, y no en
la rapidez con que se des gastan físicamente. Esta última distinción brinda
una base ma terial, un presupuesto, un “punto de partida” para la primera,
pero no para la distinción que estamos buscando y que tiene un carácter
económico y no técnico (C., II, p. 174; Theorien über den Mehrwert, t. III, p.
558). Aceptar este presupuesto técnico como nuestro objeto de estudio
significaría que el análisis sería similar al de los economistas vulgares, a
quienes Marx acusó de “brutalidad” en el método analítico por estar interesados
en “diferencias de forma” y considerarlas “sólo en su aspecto ma-temí” (C.,
III, p. 313).
La teoría económica de Marx trata precisamente de
las “di ferencias en las formas” (formas socioeconómicas, relaciones de
producción) que se desarrollan realmente sobre la base de cier tas condiciones
técnico-materiales pero que no deben ser con
90
fundidas con ellas. Es esto, precisamente, lo que
representa la formulación metodológica totalmente nueva de los problemas
económicos que constituye la gran contribución de Marx y dis tingue su obra de
la de sus predecesores, los economistas clá sicos. La atención de éstos estaba
dirigida a descubrir las bases técnico-materiales de las formas sociales que
ellos daban por sentadas y no sometían a ulterior análisis. El objetivo de Marx
fue descubrir las leyes del origen y desarrollo de las formas so ciales que
adopta el proceso técnico-material de la producción en un nivel determinado de
desarrollo de las fuerzas productivas.
Esta diferencia sumamente profunda entre el método
analítico de los economistas clásicos y el de Marx, refleja etapas dife rentes
y necesarias de desarrollo del pensamiento económico. El análisis científico
arranca “de los resultados preestablecidos del proceso histórico” (C., I, p.
40), con las abundantes formas socioeconómicas de las cosas que el analista
encuentra ya es tablecidas y fijas en su realidad circundante (el valor, el
di nero, el capital, los salarios, etc.). Estas formas “poseen ya la firmeza
de formas naturales de la vida social antes de que los hombres se esfuercen por
explicarse, no el carácter histórico de estas formas; que consideran ya algo
inmutable, sino su conte nido” (C., I., pp. 40-41, las bastardillas son
nuestras). Con el fin de descubrir el contenido de esas formas sociales, los
econo mistas clásicos redujeron las formas complejas a formas simples
(abstractas) en sus análisis, y de este modo finalmente llegaron a las bases
técnico-materiales del proceso de producción. Me diante tal análisis
descubrieron el trabajo en el valor, los medios de producción en el capital,
los medios de subsistencia de los trabajadores en los salarios, el producto
excedente (que se ori gina en el incremento de la productividad del trabajo)
en la ganancia. Partiendo de formas sociales dadas y tomándolas como formas
eternas y naturales del proceso de producción, no se preguntaron cómo se habían
originado esas formas. Para la eco nomía política clásica, “el desarrollo
genético de diferentes for mas no constituye un objeto de preocupación. Ella
[la economía política clásica] sólo quiere reducirlas a su unidad mediante el
análisis, puesto que parte de ella como supuesto dado” (Theorien über den
Mehrwert, t. III, p. 572). Luego, cuando las formas socioeconómicas dadas son
reducidas finalmente a su contenido técnico-material, los economistas clásicos
consideran terminada su tarea. Pero Marx empieza precisamente allí donde ellos
de tienen su análisis. Puesto que él no se hallaba restringido por
91
el horizonte de la economía capitalista, y puesto
que sólo la veía como una de varias formas sociales posibles y pasadas de
economía, se preguntó: ¿por qué el contenido técnico-material del proceso de
trabajo, en un nivel determinado de desarrollo de las fuerzas productivas,
asume una forma social particular determinada? La formulación metodológica que
dio Marx al problema es aproximadamente la siguiente: ¿por qué el trabajo asume
la forma de valor, los medios de producción la forma de capital, los medios de
subsistencia de los trabajadores la forma de salario, el aumento en la
productividad de trabajo la forma de aumento de la plusvalía? Dirigió su
atención al análisis de las formas sociales de la economía y a las leyes de su
origen y desarrollo, así como “al proceso de desarrollo de las formas (
Gestaltungsprozess) en sus diversas fases” (Ibid.). Este mé todo genético (o
dialéctico) que contiene análisis y síntesis, fue contrapuesto por Marx al
método analítico unilateral de los eco nomistas clásicos. El carácter único
del método analítico de Marx no consiste sólo en su carácter histórico, sino
también en su carácter sociológico, en la intensa atención que presta a las
for mas sociales de la economía. Partiendo de las formas sociales como dadas,
los economistas clásicos trataron de reducir las formas complejas a las formas
más simples mediante el análisis, con el fin de descubrir por último su base o
contenido técnico-material. Marx, en cambio, partiendo dje una condición dada
del proceso material de la producción, de un nivel determinado de las fuerzas
productivas, trató de explicar el origen y el ca rácter de las formas sociales
que asume el material de produc ción. Partía de las formas simples y, mediante
el método ge nético o dialéctico, llegaba a formas cada vez más complejas. Es
por esto por lo que, como dijimos antes, el interés dominante de Marx está* en
las “formas económicas”, en las “determina ciones de las formas”
(formbestimmtheiten).
92
V.
Relaciones de producción y
categorías materiales
A primera vista, todos ios conceptos básicos de la
economía po lítica (valor, dinero, capital, ganancia, renta, salarios, etc.)
tie nen un carácter material. Marx mostró que bajo cada uno de ellos se oculta
una relación social de producción definida que en la economía mercantil sólo se
realiza a través de las cosas y da a éstas un carácter determinado,
objetivamente social, una “de terminación de la forma” (más precisamente, una
forma social), como dice Marx a menudo. Al analizar cualquier categoría eco
nómica, debemos ante todo señalar la relación social de produc ción que ella
expresa. Sólo si la categoría material es una ex presión de una relación de
producción dada, determinada, entra en el esquema de nuestro análisis. Si esta
categoría material no está relacionada con una relación de producción
determinada entre las personas, la sacamos del esquema de nuestro análisis y la
dejamos de lado. Clasificamos los fenómenos económicos en grupos y construimos
conceptos sobre la base de la identidad de las relaciones que los fenómenos
expresan, y no sobre la base de la coincidencia de sus expresiones materiales.
Por ejem plo, la teoría del valor trata del cambio entre productores au
tónomos de mercancías, de su interacción en el proceso de tra bajo a través de
los productos de su trabajo. La fluctuación del valor de los productos en el
mercado interesa al economista no por sí misma, sino por su relación con la
distribución del tra bajo en la sociedad, con las relaciones del producto
entre pro ductores independientes de mercancías. Por ejemplo, si la tierra
(que no es producto del cambio) aparece en el cambio, entonces las relaciones
de producción, en este caso, no vinculan produc tores de mercancías con
productores de mercancías, sino con un terrateniente; si las fluctuaciones en
los precios de los te rrenos tienen una influencia diferente sobre el curso y
la dis tribución del proceso de producción que las fluctuaciones en
93
los precios de los productos del trabajo, entonces
tenemos una relación social diferente, una relación de producción diferente,
detrás de la misma forma material del cambio y el valor. Esta relación social
^es sometida a un análisis especial, a saber, en el contexto de la teoría de la
renta. Así, la tierra, que tiene un precio —es decir, una expresión monetaria
del valor (como ca tegoría material)— no tiene “valor” en el sentido
mencionado, esto es, en el acto del intercambio el precio de la tierra no expresa
la relación social funcional que vincula el valor de los productos del trabajo
con la actividad laboral de productores independientes de mercancías. Esto
condujo a Marx a la si guiente formulación, que a menudo ha sido mal
interpretada. “Cosas que no son de suyo mercancías, como por ejemplo la
conciencia, el honor, etc., pueden ser cotizadas en dinero por sus poseedores y
recibir a través del precio el cuño de mer cancías. Cabe, por tanto, que una
cosa tenga formalmente un precio sin tener un valor. Aquí, la expresión en
dinero es algo puramente imaginario, como ciertas magnitudes matemáticas. Por
otra parte, puede también ocurrir que esta forma imaginaria de precio encierre
una proporción real de valor o una relación de ella, como sucede, por ejemplo,
con el precio de la tierra no cultivada, que no tiene ningún valor, porque en
ella no se ma terializa trabajo humano alguno” (C., I, pp. 63-64). Estas pa
labras de Marx, que a menudo han desconcertado y hasta pro vocado la burla de
los críticos,1 expresan una profunda idea acerca de la posible divergencia
entre la forma social de las relaciones de trabajo y la forma material que les
corresponde. La forma material tiene su propia lógica y puede incluir otros
fenómenos además de las relaciones de producción que expresa en una formación
económica determinada. Por ejemplo, además del cambio entre productores
independientes de mercancías (el hecho básico de la economía mercantil), la
forma material del cambio incluye el cambio de terrenos, el cambio de bienes
que no pueden multiplicarse por el trabajo, el cambio en una so ciedad
socialista, etc. Desde el punto de vista de las formas materiales de los
fenómenos económicos, la venta de algodón y la venta de una pintura de Rafael o
de un trozo de tierra no difieren en modo alguno entre sí. Pero desde el punto
de vista de su naturaleza social, de su conexión con las relaciones de
producción y su influencia sobre la actividad laboral de las personas, los dos
fenómenos son de un orden diferente y deben ser analizados de manera separada.
Marx destacó frecuentemente que el mismo fenómeno
aparece bajo un aspecto diferente según su forma social. Los medios de
producción, por ejemplo, no son capital en el taller de un ar tesano que
trabaja con ellos, aunque las mismas cosas se con vierten en capital cuando
expresan y ayudan a realizar una relación de producción entre trabajadores
asalariados y su em pleador capitalista. Aun en las manos de un capitalista,
los me dios de producción sólo son capital dentro de los límites de la
relación de producción entre el capitalista y los trabajadores asalariados. En
las manos de un capitalista comercial, los me dios de producción desempeñan un
rol social diferente. “Los medios de producción son capital si, desde el punto
de vista del obrero, funcionan como su no-propiedad esto es, como la propiedad
de otro. En esta forma, sólo funcionan como opues tos al trabajo. La
existencia de esas condiciones en la forma de una oposición al trabajo
transforma a su propietario en un ca-pitaUstay y a los medios de producción que
le pertenecen en capital. Pero en las manos de un capitalista comercial A, el
ca pital carece de esa cualidad de oposición que transforma su dinero en
capital, y de este modo al propietario de dinero en propietario de capital. La
determinación real de la forma (Form-bestimmíheit) mediante la cual el dinero o
las mercancías se trans forman en capital ha desaparecido en este caso. El
capitalista comercial A no se halla en modo alguno relacionado con un
trabajador, sino sólo con otro capitalista, B” (Theorien über den Mehrwert, t.
III, pp. 530-1, las bastardillas son de Marx). La determinación de las formas
sociales, que depende del ca rácter de las relaciones de producción, es la
base para la for mación y clasificación de conceptos económicos.
La economía política trata de determinadas
categorías mate riales si están vinculadas con las relaciones sociales de
produc ción. Inversamente, las relaciones básicas de producción de la economía
mercantil se realizan y expresan sólo en forma ma terial, y son analizadas por
la teoría económica precisamente en esta forma material. El carácter específico
de la teoría económica como ciencia que trata de la economía
mercantil-capitalista, re side precisamente en el hecho de que trata de las
relaciones de producción que adquieren formas materiales. Por supuesto, la
causa de esta cosificación de las relaciones de producción reside en el
carácter espontáneo de la economía mercantil. Pre cisamente porque la
producción mercantil, el objeto de estudio de la teoría económica, se
caracteriza por la espontaneidad, la
95
economía política como ciencia de la economía
mercantil trata
I de
categorías materiales*. La especificidad lógica del conocimiento
teórico-económico debe derivarse precisamente de este carácter material de las
categorías económicas y no directamente de la espontaneidad de la economía
nacional. La revolución en la eco nomía política que Marx llevó a cabo
consiste en haber consi derado las relaciones sociales de producción
existentes detrás de las categorías materiales. Este es el genuino objeto de
es tudio de la economía política como ciencia social. Con este nuevo enfoque
“sociológico”, los fenómenos económicos aparecen bajo una nueva luz, bajo una
perspectiva diferente. Las mismas le yes que habían sido establecidas por los
economistas clásicos recibieron un carácter y un significado totalmente
diferentes en el sistema de Marx.2
96
VI. Críticas de Struve a la teoría det fetichismo
de la mercancía
El enfoque de Marx de las categorías económicas
como expre siones de relaciones sociales de producción (que consideramos en el
capítulo anterior) provocó las críticas de P. Struve, en su libro Khozyastvo t
Tsena [Economía y Precio], Struve reconoce el mérito de la teoría del
fetichismo de Marx en el sentido de que revela, tras el capital, una relación
social de producción entre clases de capitalistas y obreros. Pero no considera
correcto extender la teoría del fetichismo de la mercancía al concepto de valor
y a otras categorías económicas. Struve y otros críticos de Marx transforman la
teoría del fetichismo, de una base ge neral y fundamental del sistema de Marx,
en una digresión aislada aunque brillante.
La crítica de Struve se halla estrechamente
vinculada a su clasificación de todas las categorías económicas en tres clases:
1) categorías
“económicas*, que expresan “relaciones económicas de cada agente económico con
el mundo exterior”,1 por ejem plo, el valor subjetivo (Uennost); 2) categorías
“intereconómi-cas”, que expresan los "fenómenos que surgen de
interacciones entre unidades económicas autónomas” (p. 17), por ejemplo, el
valor (de cambio) objetivo; 3) categorías “sociales”, que expre san “fenómenos
que surgen de interacciones entre agentes eco nómicos que ocupan diferentes
posiciones sociales” (p, 27), por ejemplo, el capital.
Struve ubica sólo el tercer grupo (las categorías
"sociales”) dentro del concepto de relaciones sociales de producción. En
otras palabras, en lugar del concepto de relaciones sociales de producción,
establece un concepto más estrecho, a saber, el de re laciones de producción
entre clases sociales. Partiendo de esto, admite que las relaciones de
producción (es decir, las relaciones sociales y de clases) se ocultan detrás de
la categoría del ca pital, pero en modo alguno detrás de la categoría del valor
97
(Struve usa el término “tsennosi”), que expresa
relaciones entre productores de mercancías iguales, independientes y autónomos,
y por ende está relacionada con la segunda clase de las cate gorías, las
“intereconómicas”. Marx descubrió el fetichismo del capital pero se equivocó en
su teoría del fetichismo de la mer cancía y del valor de cambio.
La inexactitud del razonamiento de Struve es un
resultado de su infundada clasificación de las categorías económicas en tres
clases. Ante todo, en la medida en que las categorías “eco nómicas” son
expresiones de actividades “económicas puras” (den tro de la unidad
económica), separadas de todas las formas sociales de producción, están
totalmente fuera de los límites de la economía política como ciencia social.
Las categorías “inter económicas” no pueden, como sugiere Struve, ser tan
tajante mente distinguidas de las categorías sociales. La “interacción entre
unidades económicas autónomas” no sólo es una caracte rística formal que se
aplica a diferentes formaciones económicas y a todas las épocas históricas,
sino que es un hecho social de terminado, una “relación de producción”
determinada entre uni dades económicas individuales basada en la propiedad
privada y vinculada con la división del trabajo, esto es, una relación que
presupone una sociedad con una estructura social determi nada que sólo se desarrolla
totalmente en la economía mer-cantil-capitalista.
Finalmente, cuando examinamos las categorías
“sociales”, debe señalarse que Struve las limita sin fundamento adecuado, a la
“interacción entre agentes económicos que ocupan diferentes po siciones
sociales” Pero ya se ha mostrado que la “igualdad” en tre productores de
mercancías es un hecho social, una relación de producción determinada. El mismo
Struve captó la estrecha conexión entre la categoría “intereconómica” (que
expresa la igualdad entre productores de mercancías) y la categoría “so cial”
(que expresa la desigualdad social). Afirma que las ca tegorías sociales “en
toda sociedad se construyen de acuerdo con el tipo de intercambio económico, y
parecen adquirir la forma de categorías intereconómicas... El hecho de que las
categorías sociales en el intercambio intereconómico usen los ropajes de las
categorías intereconómicas crea una apariencia de identidad entre ellas” (p.
27). En realidad, no usan vestidos equivocados. Tenemos aquí uno de los rasgos
básicos y sumamente caracte rísticos de la sociedad mercantil-capitalista.
Consiste en el hecho de que en la vida económica las relaciones sociales no
tienen
98
el carácter de dominación social directa de algunos
grupos so ciales sobre otros, sino que se realizan por medio de la “cons
tricción económica”, es decir, por medio de la interacción de agentes
económicos individuales y autónomos sobre la base de acuerdos entre ellos. Los
capitalistas usan el poder, "no como gobernantes políticos o teocráticos”,
sino como “la personifica ción de las condiciones del trabajo en contraste con
el trabajo” (C., III, p. 813). Las relaciones entre clases tienen su punto de
partida eii las relaciones entre capitalistas y obreros como agentes económicos
autónomos. Estas relaciones no pueden ser analizadas o comprendidas sin la
categoría del “valor”.
El mismo Struve no puede mantener coherentemente su
po sición. Desde su punto de vista, el capital es una categoría so cial. Pero
lo define como un "sistema de relaciones sociales entre las clases y
dentro de las clases” (pp. 31-2), es decir, relaciones en tre clases de
capitalistas y obreros, por un lado, y relaciones entre capitalistas
individuales en el proceso de distribución del beneficio total entre ellos, por
el otro. Pero las relaciones entre capitalistas individuales no se realizan
“por la interacción de agentes económicos que ocupan diferentes posiciones
sociales*. ¿Por qué se los incluye, entonces, en la categoría "social” del
capital? Esto significa que las categorías “sociales” no sólo in cluyen
relaciones entre clases, sino también relaciones dentro de las clases, es
decir, relaciones entre personas que están en la misma posición de clase. Pero
entonces, ¿qué nos impide consi derar el valor como una categoría
"social”, considerar las rela ciones entre productores autónomos de
mercancías como relacio nes sociales de producción o, en la terminología de
Struve, como relaciones sociales?
Así, vemos que el mismo Struve no mantiene una
tajante dis tinción entre las relaciones sociales de producción en dos tipos:
las intereconómicas y las sociales. De este modo, se equivoca cuando ve una
“inconsistencia científica en la construcción” de Marx según la cual la
“categoría social, el capital, como rela ción' social, es derivada de la
categoría económica, el valor”
(tsermost) (p. 29).
Ante todo, debe señalarse
que el mismo
Struve, en la
página 30, se contradice cuando
clasifica el valor
(tsennost) como
una categoría "intereconómica” y no económica.
Aparentemente, relaciona el valor subjetivo
(tsennost) con ca tegorías "económicas”, y el valor objetivo, el valor de
cambio, con categorías "intereconómicas”. (Esto puede verse comparando
esta afirmación con el razonamiento que hace en la p. 25.) Pero
99
Struve está muy familiarizado con el hecho de que
Marx derivó [el concepto de] capital del valor objetivo y no subjetivo, esto
es, según la propia terminología de Struve, de la categoría in-tereconómica y
no de la económica. Por esa razón, ataca a Marx. De hecho, la categoría
“social” el capital, así como la categoría "intereconómica”, el valor,
pertenecen al mismo grupo de ca tegorías en el sistema de Marx. Estas son
relaciones sociales de producción o, como dice a veces Marx, relaciones
socioeconó micas, es decir, cada una de ellas expresa su aspecto económico y
su forma social, en contraste con la artificial separación que efectúa Struve.
Al reducir el concepto de relaciones de producción
al con cepto de relaciones “sociales” o, más precisamente, de clase, Struve
tiene conciencia de que Marx usa este concepto en un sentido más amplio. Dice:
€‘En la Miseria de la filosofía la oferta y la demanda, la división del
trabajo, el crédito y el dinero son relaciones de producción. Finalmente, en la
página 130, leemos: “una fábrica moderna, basada en el empleo de maquinaria, es
una relación social de producción, una categoría económica". Es obvio que
todos los conceptos económicos generalmente usados en nuestra época son
tratados aquí como relaciones sociales de producción. Esto es indtidablemente
correcto si el contenido de esos conceptos se refieren de uno u otro modo a
relaciones sociales entre personas en el proceso de la vida económica” (p. 30).
Pero sin negar, podríamos' decir, la exactitud del con cepto de Marx de
relaciones de producción, Struve sin embargo halla este concepto
“excepcionalmente indeterminado” (p. 30), y considera más correcto limitar el
ámbito de este concepto a categorías “sociales” Esto es muy carácterístico de
algunos crí ticos del marxismo. Después del análisis de Marx ya no es po
sible ignorar el papel del aspecto social de la producción, esto es, su forma
social. Si no se está de acuerdo con las conclu siones de Marx, todo lo que
resta es separar el aspecto social del económico y dejar de lado el aspecto
social para ubicarlo en un campo separado. Esto es lo que hizo Struve; y
también lo que hizo Bohm-Bawerk, quien basó su teoría sobre los moti vos de la
“actividad económica pura”, es decir, sobre los motivos del agente económico
aislado de un contexto social e histórico determinado, con la promesa de que
más adelante, en algún momento futuro, examinaría el papel y la significación
de las categorías “sociales”.
100
Al restringir la teoría del fetichismo al campo de
las categorías “sociales”, Struve considera erróneo extender la teoría a cate
gorías intereconómicas, por ejemplo, al concepto de valor. Esto explica la
dualidad de su posición. Por una parte, tiene en alta consideración la teoría
de Marx sobre el capital como relación social. Pero, por la otra, con respecto
a otras categorías econó micas, él mismo sustenta un punto de vista
fetichista. "Así, todas las categorías intereconómicas expresan siempre fenómenos
y re laciones objetivas, pero al mismo tiempo relaciones humanas, relaciones
entre personas. De este modo, el valor subjetivo que se transforma en “valor”
(de cambio) objetivo, de un estado de espíritu, de un sentimiento asignado a
objetos (cosas), se con vierte en su propiedad” (p. 25). Es imposible no ver
aquí una contradicción. Por un lado analizamos relaciones “objetivas, y al
mismo tiempo humanas”, vale decir, relaciones sociales de pro ducción que se
realizan a través de cosas, y se expresan en co sas. Por otro lado, tenemos
aquí la “propiedad” de las cosas mismas. Así, Struve concluye: “A partir de
esto, es evidente que la dosificación’, la objetivación', de las relaciones
humanas, esto es, el fenómeno que Marx llamó el fetichismo del mundo de las
mercancías, aparece en el intercambio económico como una ne cesidad
psicológica. Si el análisis científico, consciente o incons cientemente, se
limita al intercambio económico, el punto de vista fetichista se manifiesta
metodológicamente como el único punto de vista exacto” (p. 25). Si Struve había
querido probar que la teoría económica no puede eliminar las categorías ma
teriales y que debe examinar las relaciones de producción de una economía
mercantil en su forma material, entonces, obvia mente, tenía razón. Pero la
cuestión es si, siguiendo a Marx, analizamos las categorías materiales como la
forma en que se manifiestan las relaciones de producción dadas o si, tal como
se inclina Struve, las analizamos como propiedades de las cosas.
Struve, con otro argumento, trató de defender una
interpre tación fetichista, material, de las categorías “intereconómicas”.
"Al considerar las categorías intereconómicas, Marx olvidó que en sus
manifestaciones concretas y reales ellas están insepara blemente vinculadas a
las relaciones del hombre con el mundo externo, con la naturaleza y las cosas”
(p. 26). En otras pala bras, Struve destacó el papel del proceso de la
producción ma terial. Marx tuvo suficientemente en cuenta este papel en su teoría
de la dependencia de las relaciones de producción con respecto al desarrollo de
las fuerzas productivas. Sin embargo,
LOl
cuando estudiamos las formas sociales de la
producción, o sea, las relaciones de producción, no podemos extraer
conclusiones acerca de la significación de las categorías materiales de la
significación de las cosas en el proceso de la producción material. Marx aclaró
la cuestión de la interrelación particular entre el proceso material de la
producción y su forma social en una sociedad mercantil-capitalista. De hecho,
es sobre esta base que construyó su teoría del fetichismo de la mercancía.
Algunos de los críticos de Marx han tratado de
limitar la teoría del fetichismo de una manera opuesta a la de Struve. Éste
reconoce el fetichismo del capital, pero no el fetichismo del valor. En cierta
medida, encontramos lo opuesto en Hammacher. Según éste, en el primer volumen
de la gran obra de Marx, "se define el capital como la totalidad de las
mercancías que representan trabajo acumulado”, es decir, se da una definición
material del capital, y sólo en el tomo III aparece el "fetichismo del
capital”, Hammacher sostiene que Marx transfirió al capital las características
de las mercancías sólo por analogía, consi derando "las mercancías y el
capital como diferentes sólo desde el punto de vista cuantitativo”.2
La afirmación de que en el primer volumen de El
capital éste es definido como una cosa y no como una relación social no
necesita siquiera ser refutada porque contradice todo el contenido de ese
primer volumen. Igualmente equivocado es pensar que Marx sólo vio una
diferencia “cuantitativa” entre las mercancías y el capital. Marx señaló que el
capital “marca, desde su aparición una época en el proceso de la producción
social” (C., I, p. 123). Pero tanto las mercancías como el capital ocultan
determinadas relaciones sociales bajo una forma ma terial. El fetichismo de
las mercancías, así como el fetichismo resultante del capital, se hallan
presentes por igual en la sociedad capitalista. Pero es inexacto limitar la
teoría del fetichismo de Marx sólo al campo del capital, como hace Struve, o
sólo al campo de intercambio simple de mercancías. La materialización de las
relaciones sociales de producción está en la base misma de la economía
mercantil no organizada, y deja su sello en todas las categorías básicas del razonamiento
económico cotidiano, así como en la economía política como ciencia de la
economía mercantil-capitalista.
VII. El
desarrollo de la teoría del fetichismo
de Marx
Aún no hemos examinado para nada el problema del
origen y el desarrollo de la teoría del fetichismo de Marx. Éste señaló de
manera muy detallada los orígenes de la teoría del valor-trabajo en todos sus
predecesores (en los tres volúmenes de sus Teorías sobre la plusvalía presentó
una extensa lista de estas teorías), pero fue muy parco en sus observaciones
sobre la teoría del fetichismo. (En el tomo III de Theorien über den Mehrtvert,
pp. 354-355, edición de 1910, Marx menciona una forma embrionaria de la teoría
del fetichismo* en la obra de Hodgskin. En nuestra opinión, las observaciones
son muy oc-curas y se refieren a un caso particular.) Si bien el problema de la
relación de la teoría del valor de Marx con la teoría de los economistas
clásicos fue examinada en la literatura econó mica con gran celo aunque sin
particular éxito, el desarrollo de las ideas de Marx sobre el fetichismo de la
mercancía no ha atraído particular atención.
Algunas observaciones sobre el origen de la teoría
marxista del fetichismo de la mercancía pueden encontrarse en el libro de
Hammacher antes citado. En su opinión, los orígenes de esta teoría son
puramente “metafísicos”. Marx simplemente transfirió al campó de la economía
las ideas de Feuerbach sobre la religión. Según éste, el desarrollo de la
religión representa un proceso de "autoalienación” del hombre: el hombre
transfiere su propia esencia al mundo externo, la transforma en Dios y la
enajena de sí mismo. Al principio, Marx aplicó esta teoría de la
"alienación” a los fenómenos ideológicos: "todo el contenido de la
conciencia representa una alienación de las condiciones económicas sobre la
base de las cuales debe explicarse la ideo logía” (Hammacher, op. cit., p.
233). Luego, Marx desarrolló esta teoría y la aplicó al campo de las relaciones
económicas, en las que revela una forma material “alienada”. Hammacher dice que
"para casi todas las anteriores épocas históricas, el
103
modo de producción mismo representó una
autoalienación uni versal; las relaciones sociales se convirtieron en cosas,
esto es, la
cosa
expresó lo que en
realidad era una
relación. La teoría
de la alienación de Feuerbach recibe, así, un nuevo
carácter”
(I b i d p. 233). “Las necesidades humanas se
realizan y aparecen en la forma de esencias alienadas de la religión, según
Feuer bach, al igual que las relaciones económicas en la vida social, según
Marx” (p. 234). Así, la teoría del fetichismo de Marx representa “una síntesis
específica de Hegel, Feuerbach y Ri cardo” (p. 236), con la influencia
primaria de Feuerbach, como hemos visto. La teoría del fetichismo transfiere la
teoría religioso-filosófica de Feuerbach de la “alienación” al campo de la econo
mía. De este modo puede verse, según Hammacher, que esta teoría no contribuye
en modo alguno a la comprensión de los fenómenos económicos en general y a las
formas mercantiles en particular. “La clave para la comprensión de la teoría de
Marx reside en el origen metafísico de la teoría del fetichismo, pero no es una
clave para develar la forma mercantil” (p. 544). La teoría del fetichismo
contiene una “crítica de la cultura contemporánea” sumamente valiosa, cultura
que está cosificada y que reprime al hombre vivo; pero “como teoría económica
del valor, la del fetichismo de la mercancía es equivocada” (p. 546).
“Económicamente insostenible, la teoría del fetichismo se con vierte en una
teoría sociológica sumamente valiosa” (p. 661).
La conclusión de Hammacher sobre la esterilidad de
la teoría del fetichismo de Marx para comprender todo el sistema econó mico, y
en particular la teoría del valor, es un resultado de la inexacta comprensión
de Hammacher de los orígenes “metafísi-cos” de esta teoría. Hammacher se
refiere a La Sagrada Familia, una obra escrita por Marx y Engels a fines de
1844, cuando Marx aún se hallaba bajo la fuerte influencia de ideas socialistas
utópicas y en particular las de Proudhon. En realidad, en esta obra encontramos
embrionariamente la teoría del fetichismo en la forma de un contraste entre las
relaciones “sociales” o “hu manas” y su forma materializada, “alienada”. La
fuente de este contraste fue la difundida concepción de los socialistas
utópicos sobre el carácter del sistema capitalista. De acuerdo con los
socialistas utópicos, este sistema se caracteriza por el hecho de que el obrero
se ve obligado a “alienar” su personalidad, y de que “aliena” el producto de su
trabajo con respecto a sí mismo. La dominación de las “cosas”, del capital,
sobre el hombre, sobre el obrero, se expresa a través de esta alienación.
104
«
Podemos citar algunos pasajes de La Sagrada
Familia. La socie dad capitalista es, “en la práctica, una relación de
alienación del hombre con respecto a su esencia objetiva, así como una expre
sión económica de la autoalienación humana” (Literatumoye ñas-ledie, Literary
Legacy, t. II; traducción rusa, 1908, pp. 163-4). “La definición de compra ya
incluye la manera en que el obrero se relaciona con su producto, como con un
objeto que está perdido para él, que está alienado” (p. 175). “La clase de los
propietarios y la clase proletaria representan la autoalienación humana en la
misma medida. Pero la primera clase se experimenta a sí misma como satisfecha y
confirmada en esta autoalienación. Ve en ella una confirmación de su poder. En
esta alienación mantiene una imagen de su existencia humana. Pero la segunda
clase se experimenta a sí misma como aniquilada en esa aliena ción. Ve su
propia debilidad en ella, y la realidad de su exis tencia inhumana” (p. 155).
Contra esta ‘cúspide de inhumanidad” de la
explotación capi talista, contra esta “separación de todo lo humano, aun de la
apariencia de lo humano” (p. 156), el socialismo utópico eleva su voz en nombre
de la justicia eterna y de los intereses de las masas trabajadoras oprimidas. A
la realidad “inhumana” se con trapone la Utopía, el ideal de lo “humano”. Es
por esto preci samente que Marx elogia a Proudhon, contraponiéndolo a los
economistas burgueses. “A veces los economistas políticos des tacan la significación
del elemento humano, aunque sólo un aspecto de este elemento, en las relaciones
económicas; pero lo hacen en casos excepcionales, o sea, cuando atacan un abuso
particular; a veces (en la mayoría de los casos) toman estas relaciones como
dadas, con su negación obviamente expresada de todo lo humano, o sea, en su
sentido económico estricto” (p. 151). “Todas las conclusiones de la economía
política presu ponen la propiedad privada. Este supuesto básico es a sus ojos
un hecho indiscutible que no se presta a ulterior investi gación. Sin embargo,
Proudhon expone al examen crítico las bases de la economía política, es decir,
la propiedad privada” (p. 149). “Al hacer del tiempo de trabajo (que es la
esencia directa de la actividad humana como tal) la medida de los salarios y
del valor del producto, Proudhon da importancia decisiva al elemento humano. En
cambio, en la vieja economía política, el factor decisivo era el poder material
del capital y de la propiedad territorial” (p. 172).
105
Así, en la sociedad capitalista domina el elemento
“material”, el poder del capital. Esto no es una interpretación ilusoria y
errónea "en la mente humana” de las relaciones entre los hom bres,
relaciones de dominación y subordinación; se trata de un hecho social real. “La
propiedad, el capital, el dinero, el trabajo asalariado y categorías similares
no representan en sí mismas fantasmas de la imaginación, sino productos muy
prácticos y muy concretos de la autoalienación del obrero” (pp. 176*7). A este
elemento “material'* que domina de hecho la vida económica, se le opone el
elemento "humano” como ideal, como norma, como lo que debe ser. Las
relaciones humanas y sus "for mas alienadas” son dos mundos diferentes,
el mundo de lo que debe ser y el mundo de lo que es; se trata de una cadena de
la realidad capitalista en nombre de un ideal socialista. Esta oposición entre
el elemento humano y el elemento material nos recuerda la teoría del fetichismo
de la mercancía de Marx, pero en esencia se mueve en un mundo de ideas
diferentes. Con el fin de transformar esta teoría de la "alienación” de
las re laciones humanas en una teoría de la "cosificación* de las
relaciones sociales (esto es, en la teoría del fetichismo de la mercancía),
Marx tuvo que elaborar el camino del socialismo utópico al científico, del
elogio de Proudhon a una aguda crítica de sus ideas, de la negación de la
realidad en nombre de un ideal a la búsqueda dentro de esa realidad misma de
las fuerzas capaces de impulsar el desarrollo y el movimiento. De La Sagrada
Familia, Marx, debía desplazarse hacia la Mi seria de la filosofía. En la
primera de estas obras Proudhon era elogiado por tomar como punto de partida de
sus observaciones la negación de la propiedad privada, pero luego Marx
construyó su sistema económico precisamente analizando la economía mer cantil
basada en la propiedad privada. En La Sagrada Familia, se elogia a Proudhon por
su idea de que el valor del producto está constituido por el tiempo de trabajo
(como Ha esencia directa de la actividad humana”). Pero en la Miseria de la
filosofía, Proudhon es sometido a crítica por esta teoría. La fórmula de
"la determinación del valor por el tiempo de trabajo” se transforma en la
mente de Marx de una norma de lo que debe ser, en una “expresión científica de
las relaciones econó micas de la sociedad actual ( Miseria de la filosofía, p.
63). De Proudhon, Marx retoma parcialmente a Ricardo, de la utopía pasa al
análisis de la realidad de la economía capitalista.
106
La transición de Marx del socialismo utópico al
científico introdujo un cambio esencial en la mencionada teoría de la “alie
nación”. Si la oposición que Marx había descrito entre las rela ciones humanas
y su forma "material” significaba una oposición entre lo que debe ser y lo
que es, ahora ambos factores opuestos son transferidos al mundo tal como es, al
ser social. La vida . económica de la sociedad contemporánea es, por un lado,
la totalidad de las relaciones sociales de producción y, por el otro, una serie
de categorías "materiales” en las cuales se manifiestan esas relaciones.
Las relaciones de producción entre personas y su forma "material” son el
contenido de una nueva oposición originada en la anterior oposición entre el
elemento "humano” de la economía y sus formas "alienadas”. La fórmula
del fetichis mo de la mercancía fue hallada de este modo. Pero fu: ron aún
necesarias varias etapas antes de que Marx diera a esta teoría
su formulación final.
Como puede verse por las citas de la Miseria de la
filosofía, Marx dijo más de una vez que el dinero, el capital, y otras
categorías económicas no son cosas, sino relaciones de produc ción. Marx dio
una formulación general a estos pensamientos en las siguientes palabras:
"Las categorías económicas no son más que expresiones teóricas,
abstracciones de las relaciones so ciales de producción" (Miseria de la
filosofía, p. 102^. Marx ya vio las relaciones sociales de producción detrás de
las cate gorías materiales de la economía. Pero aún no se preguntó por qué las
relaciones de producción entre las personas reciben necesariamente esta forma
material en una economía mercantil. Marx dio este paso en la Contribución a la
crítica de la eccwomía política, donde dice que "el trabajo creador de
valor de cambio se caracteriza finalmente por el hecho de que las relaciones
sociales entre las personas, por así decirlo, se presentan inverti das, como
relación social entre las cosas” ( Crítica, p. 23). Aquí se da la formulación
exacta del fetichismo de la mercancía. Se destaca el carácter material que está
presente en las rela ciones de producción de la economía mercantil, pero
todavía no se señala la causa de esta “materialización” y su n-cesidad en una
economía nacional no regulada.
En esta "materialización”, Marx aparentemente
ve sobre todo una "mistificación”, que es obvia en las mercancías y más
oscura en el dinero y en el capital. Explica que esta mistificación es posible
sólo como consecuencia de los hábitos adquiridos en la vida cotidiana,
"tínicamente el hábito de lá vida cotidiana induce
107
a considerar trivial y obvio que una relación
social de producción tome la forma de un objeto, dando a la relación entre las
personas en su trabajo el aspecto de una relación que se establece entre las
cosas, y entre estas cosas y las personas” ( Crítica, p. 23). Hammacher tiene
completa razón cuando dice que esta expli cación del fetichismo de la
mercancía en términos de hábitos es muy débil. Pero está profundamente
equivocado cuando afirma que ésta es la única explicación dada por Marx. “Es
sorprendente —dice Hammacher— que Marx descuidó el fundamento para este punto
esencial; en El capital no se da ninguna explicación” (Hammacher, op cit.9 p.
235). Si en El capital no se mencionan estos “hábitos”, es porque toda la
sección del capítulo I sobre el fetichismo de la mercancía contiene una
explicación completa y profunda de este fenómeno. La ausencia de una regulación
directa del proceso social de la producción conduce necesaria mente a la
regulación indirecta del proceso de producción a través del mercado, a través
de los productos del trabajo, a través de las cosas. Aquí el objeto de estudio
es la “materialización” de las relaciones de producción y no sólo una
“mistificación” o ilusión. Esa es una de las características de la estructura
econó mica de la sociedad contemporánea. “La conducta puramente atomística de
los hombres en su proceso social de producción, y, por tanto, la forma material
que revisten sus propias rela ciones de producción, sustraídas a su control y
a sus actos indi-divuales concientes, se revelan ante todo en el hecho de que
los productos de su trabajo revisten, con su carácter general, forma de
mercancías” (C., I, p. 55).
La materialización de las relaciones de producción
no surge de “hábitos” sino de la estructura interna de la economía mer cantil.
El fetichismo no es sólo un fenómeno de conciencia social, sino de ser social.
Sostener, como hace Hammacher, que la única explicación que dio Marx del
fetichismo fue en términos de “hábitos” es pasar totalmente por alto esta
formulación definitiva de la teoría del fetichismo de la mercancía que
encontramos en el tomo I de El capital y en el capítulo sobre “La fórmula
trinitaria” en el tomo III. Así, en La Sagrada Familia, el elemento “huma no”
de la economía es contrastado con el elemento “material”, “alienado”, como el
ideal frente a la realidad. En la Miseria de la filosofía, Marx descubrió las
relaciones sociales de producción detrás de las cosas. En la Contribución a la
crítica de la economía política, se coloca el énfasis en el carácter específico
de la economía mercantil que consiste en el hecho de que las relacio
108
nes sociales de producción se hallan
"cosificadas”. Una descrip ción detallada de este fenómeno y una
explicación de su nece sidad objetiva en una economía mercantil se encuentra
en el tomo I de El capital, principalmente aplicada a los conceptos de valor
(de cambio), dinero y capital. En el tomo III, en el capítulo sobre “La fórmula
trinitaria”, Marx brinda un nuevo desarrollo, aunque fragmentario, de los
mismos pensamientos aplicados a las categorías básicas de la economía
capitalista y destaca la “fusión” específica de las relaciones sociales de pro
ducción con ©1 proceso de la producción material.
109
Segunda
parte
La teoría del valor-trabajo de Marx
Los críticos de Marx a menudo le dirigen el
reproche de que no demostró completamente su teoría del valor-trabajo, sino que
meramente la decretó como algo obvio. Otros críticos se han manifestado
dispuestos a ver algún tipo de prueba'en las primeras páginas de El capital, y
han dirigido su artillería pesada contra las afirmaciones con que Marx inicia
su obra. Este es el enfoque de Bohm-Bawerk en su crítica ( Karl Marx y el
cierre de su sistema; La teoría positiva del capital). Los argumentos de
Bohm-Bawerk parecen a primera vista tan convincentes que podríamos decir
osadamente que ninguna crítica posterior fue concebida sin repetirlos. Sin
embargo, toda la crítica de Bohm-Bawerk se mantiene o cae junto con los
supuestos sobre los que está construida, a saber, que las cinco primeras
páginas de El capital, contienen la única base sobre la cual Marx construyó su
teoría del valor. Nada más erróneo que esta concepción. En las primeras páginas
de El capital Marx, mediante el método ana lítico, pasa del valor de cambio al
valor, y del valor al trabajo. Pero el fundamento dialéctico completo de la
teoría del valor de Marx sólo puede exponerse sobre la base de su teoría del
fetichismo de la mercancía, que analiza la estructura general de la economía
mercantil. Sólo después de descubrir las ba ses de la teoría del valor de Marx
se aclara lo que éste dice en el famoso primer capítulo de El capital. Sólo
entonces la teoría del valor de Marx y las numerosas críticas a ella aparecen
bajo una luz adecuada. Sólo después de la obra de Hilferding1 se comienza a
comprender exactamente el carácter sociológico de la teoría del valor de Marx.
El punto de partida de la teoría del valor-trabajo es un medio social
determinado, una sociedad con una determinada estructura productiva. Esta con
cepción fue a menudo repetida por los marxistas, pero hasta la época de
Hilferding nadie hizo de ella la piedra fundamental de todo el edificio de la
teoría del valor de Marx. Hilferding merece un gran elogio por esto, pero
infortunadamente se limitó
113
a un tratamiento general de los problemas de lá
teoría del va lor, y no expuso sistemáticamente sus bases.
Como vimos en la primera parte, sobre el fetichismo
de la mercancía, la idea central de la teoría del fetichismo no es que la
economía política descubre las relaciones de producción en tre los hombres
detrás de las categorías materiales, sino que en una economía
mercantil-capitalista estas relaciones de pro ducción entre las personas
necesariamente adquieren una forma material y sólo pueden realizarse bajo esta
forma. La formu lación habitualmente breve de esta teoría afirma que el valor,
de la mercancía depende de la cantidad de trabajo socialmente necesario para su
producción; o, en una formulación general, que se oculta tras ella el trabajo,
o que en ella hay contenido valor: valor = trabajo “materializado”. Es más
exacto expresar la teoría del valor a la inversa: en una economía
mercantil-capitalista, las relaciones laborales de producción entre los hom
bres adquieren necesariamente la forma del valor de las cosas, y sólo pueden
aparecer en esta forma material; el trabajo sólo puede expresarse en valor.
Aquí el punto de partida de la inves tigación no es el valor sino el trabajo;
no son las transacciones del cambio en el mercado como tales sino la estructura
de producción de la sociedad mercantil, la totalidad de las relaciones de
producción entre los hombres. Las transacciones del cambio mercantil son,
entonces, la consecuencia necesaria de la estruc tura interna de la sociedad;
son uno de los aspectos del proceso social de la producción. La teoría del
valor-trabajo no se basa en un análisis de las transacciones de cambio como
tales en su
forma material, sino en el análisis de esas
relaciones sociales de producción expresadas en las transacciones.
114
VIII.
Las características básicas de la
teoría del valor de Marx
Antes de abordar en detalle la teoría del valor de
Marx, consi deramos necesario describir sus características principales. Si no
lo hacemos, la presentación de los aspectos separados y los pro blemas
particulares de la teoría del valor (que son muy complejos e interesantes)
pueden ocultar al lector las ideas principales sobre las cuales se basa la
teoría y que impregnan cualquier parte de ella. Obviamente, las características
generales de la teoría de Marx que presentamos en este capítulo sólo pueden ser
plenamente desarrolladas y fundamentadas en los capítulos si guientes. Por
otro lado, el lector encontrará en esos capítulos repeticiones de las ideas
expresadas en éste, aunque presentadas con mayor detalle.
Todos los conceptos básicos de la economía política
expresan, como hemos visto, relaciones sociales de producción entre per sonas.
Si abordamos la teoría del valor desde este punto de vista, nos enfrentamos
entonces con la tarea de demostrar que el valor: 1) es una relación social
entre personas; 2) asume una forma material; y 3) se relaciona con el proceso
de producción.
A primera vista, el valor, como otros conceptos de
la economía política, parece ser una propiedad de las cosas. Observando los
fenómenos del cambio podemos ver que en el mercado cada cosa se cambia por una
determinada cantidad de cualquier otra cosa, o —en las condiciones del cambio
desarrollado— se cambia por una determinada cantidad de dinero (oro), con el
cual se puede comprar cualquier otra cosa en el mercado ( dentro de los limites
de esta suma, por supuesto). Esta suma de dinero, o precio de las cosas, cambia
casi a diario, según las fluctuaciones de] mercado. Hoy, existe una escasez de
paños en el mercado y su precio sube a 3 rublos y 20 kopeks por arshin [1
arshin = 28 pulgadas]. A la semana, la cantidad de paño suministrada al mercado
supera el suministro normal, y el precio cae a 2 rubros
115
75 kopeks por arshin. Estas fluctuaciones y
desviaciones diarias de los precios, si se las considera en un período m^s
largo de tiempo, oscilan alrededor de un nivel medio, alrededor de un precio
medio que es, por ejemplo, de 3 rublos por arshin. En la sociedad capitalista,
este precio medio no es proporcional al valor en trabajo del producto, es
decir, a la cantidad de trabajo nece sario para su producción sino que es
proporcional al llamado “precio de producción”, que es igual al costo de
producción de ese producto más el beneficio medio sobre el capital invertido.
Sin embargo, para simplificar el análisis, podemos abstraemos del hecho de que
el paño es producido por el capitalista con ayuda de trabajadores asalariados.
El método de Marx, como hemos visto antes, consiste en separar y analizar tipos
individuales de relaciones de producción que sólo en su totalidad brindán un
cuadro fiel de la economía capitalista. Por el momento, sólo nos interesa un
tipo básico de relación de producción entre las personas en una economía
mercantil, o sea, la relación entre las personas como productores de mercancías
separados y for malmente independientes unos de otros. Sólo sabemos que el
paño es producido por los productores de mercancías y es llevado al mercado
para ser cambiado o vendido a otros productores de mercancías. Estamos én una
sociedad de productores de mer cancías, en la llamada "economía mercantil
simple”, diferente de una economía capitalista más compleja. En las condiciones
de una economía mercantil simple, los precios medios de los pro ductos son
proporcionales a su valor-trabajo. En otras palabras el valor representa el
nivel medio alrededor del cual fluctúan los precios del mercado y con el cual
los precios coincidirían si el trabajo social se distribuyera proporcionalmente
entre las diversas ramas de la producción. Así, se establecería un estado de
equilibrio entre las distintas ramas de la producción.
Toda sociedad basada en una avanzada división del
trabajo supone necesariamente cierta distribución del trabajo social entre las
diversas ramas de la producción. Todo sistema de división del trabajo es al
mismo tiempo un sistema de distribución del trabajo. En la sociedad comunista
primitiva, en la familia campesina patriarcal o en la sociedad socialista, el
trabajo de todos los miembros de una determinada unidad económica se distribuye
de antemano y concientemente entre las tareas individuales, según el carácter
de las necesidades de los miembros del grupo y del nivel de productividad del
trabajo. En una economía mer cantil, nadie controla la distribución del
trabajo entre las ramas
116
particulares de la producción y entre las empresas
particulares. Ningún fabricante de paños sabe cuánto paño necesita la sociedad
1 en un momento dado ni cuánto paño se produce en
un momento determinado en todas las empresas fabricantes de paños. Así, la
producción de paños supera a la demanda (superproducción) o es inferior a ella
(subproducción). En otras palabras, la can tidad de trabajo social que se
gasta en la producción de paños es? o bien demasiado grande, o bien demasiado
pequeña. El equilibrio entre la producción de paños y otras ramas de la pro
ducción se altera constantemente. La producción de mercancías es un sistema de
equilibrio constantemente perturbado.
Pero si eso es así, entonces, ¿cómo la economía
mercantil sigue existiendo como una totalidad de diferentes ramas de producción
que se complementan unas a otras? La economía mercantil sólo puede existir
porque cada perturbación del equili brio provoca una tendencia a su
restablecimiento. Esta tendencia a restablecer el equilibrio se realiza
mediante el mecanismo del mercado y los precios del mercado. En la economía
mercantil, ningún productor de mercancías puede ordenar a otro que aumente o
disminuya su producción. Mediante sus acciones con relación a las cosas algunas
personas influyen sobre la actividad laboral de otras y las inducen a aumentar
o disminuir la produc ción (aunque ellas mismas no son concientes de esto). La
su perproducción de paños y la caída resultante de los precios por debajo del
valor inducen a los fabricantes de paños a redu cir la producción. Ld inverso
es verdadero en caso de subpro ducción. La desviación de los precios del
mercado con respecto a los valores es el mecanismo mediante el cual se eliminan
la superproducción y la subproducción, y se afirma la tendencia hacia el
restablecimiento del equilibrio entre las ramas de la producción de la economía
nacional.
El cambio de dos mercancías diferentes según sus
valores co rresponde al estado de equilibrio entre dos ramas de la produc
ción. En este equilibrio cesa toda transferencia de trabajo de una rama a la
otra, pero si esto sucede, es obvio que el cambio de dos mercancías de acuerdo
a su valor iguala las ventajas de los productores de mercancías en ambas ramas
de la producción y elimina los motivos para la transferencia de una rama a
otra. En la economía mercantil simple, tal igualación de las condi ciones de
producción entre las diversas ramas significa que una determinada cantidad de
trabajo consumida por los productores de mercancías en esferas diferentes de la
economía nacional
117
suministra a cada uno de ellos un producto de igual
valor. El valor de las mercancías es directamente proporcional a la cantidad de
trabajo necesario para su producción. Si en promedio se necesitan tres horas de
trabajo para la producción de un arshin de paño, dado cierto nivel de la
técnica (el trabajo gastado en materias primas, instrumentos de producción,
etc., también se cuenta), y son necesarias nueve horas de trabajo para la pro
ducción de un par de botas (suponiendo que el trabajo del pañero y el zapatero
son de igual habilidad), entonces el cambio de tres ashins de paño por un par
de botas corresponde al estado de equilibrio entre ambos tipos de trabajo. Una
hora de trabajo del zapatero y una hora de trabajo del pañero se igualan, cada
una de ellas representa una parte igual del trabajo total de la sociedad
distribuido entre todas las ramas de la producción. Así, el trabajo que crea
valor no sólo aparece cortío trabajo cuantitativamente distribuido, sino
también como trabajo socialmente igualado (o igual), o dicho más brevemente,
como trabajo “social", entendido como la masa total de trabajo homo géneo
e igual de toda la sociedad. El trabajo tiene estas carac terísticas sociales
no sólo en una economía mercantil sino tam bién, por ejemplo, en una economía
socialista. En ésta, los órganos de contabilidad del trabajo examinan la labor
de los individuos de antemano como parte del trabajo unificado y total de la
sociedad expresado en unidades de trabajo sociales con vencionales. Pero en la
economía mercantil, el proceso de socia lización, igualación y distribución
del trabajo se lleva a cabo de manera diferente. El trabajo de los individuos
no aparece direc tamente como trabajo social. Se convierte en social sólo
porque es igualado a algún otro trabajo, y esta igualación del trabajo se
efectúa mediante el cambio. En el cambio, los valores de uso concretos y las
formas concretas del trabajo son ignorados com pletamente. Así, el trabajo,
que antes considerábamos como social, como socialmente igualado y cuantitativamente
distribuido, ahora adquiere una característica cualitativa y cuantitativa
particular que sólo es inherente a una economía mercantil; el trabajo apa rece
como trabajo abstracto y socialmente necesario. El valor de las mercancías está
determinado por el trabajo socialmente nece sario, es decir, por cierta
cantidad de trabajo abstracto.
Pero si el valor está determinado por la cantidad
de trabajo socialmente necesario para la producción de una unidad del producto,
entonces esta cantidad de trabajo depende a su vez
118
de la productividad del trabajo. El aumento de la
productividad del trabajo disminuye el trabajo socialmente necesario y reduce
el valor de una unidad del producto. La introducción de má quinas, por
ejemplo, permite la producción de un par de botas en 6 horas en lugar de las 9
horas que antes se necesitaban. De este modo, su valor disminuye de 9 rublos a
6 (si admitimos que una hora del trabajo de un zapatero, que suponemos medio,
crea un valor de 1 rublo). Las
botas más baratas comienzan
a penetrar en la campaña y a desplazar las toscas
sandalias y
las botas caseras. La demanda de zapatos aumenta y
la pro ducción de zapatos se expande. En la economía nacional, se produce una
redistribución de fuerzas productivas. De esta ma nera, la fuerza motriz que
transforma todo el sistema del valor se origina en el proceso técnico-material
de la producción. El aumento de la productividad del trabajo se expresa en una
disminución de la cantidad de trabajo concreto que se consume de hecho, en
promedio, en la producción. Como resultado de esto (por el carácter dual del
trabajo, como trabajo concreto y trabajo abstracto), la cantidad de este
trabajo, que se considera como “social” o “abstracto”, esto es, como parte del
trabajo total, homogéneo, de la sociedad, disminuye. El aumento de la pro
ductividad del trabajo modifica la cantidad de trabajo abstracto necesario para
la producción. Provoca un cambio en el valor del producto del trabajo. Un
cambio en el valor de los productos afecta, a su vez, la distribución del
trabajo social entre las diversas ramas de la producción. Productividad del
trabajo - trabajo abs tracto - valor - distribución del trabajo social; tal es
el esquema
de una economía
mercantil en la cual el valor desempeña el
'
papel de regulador, estableciendo
el equilibrio en la distribución
dél trabajo social entre las diversas ramas de la
economía nacional
(acompañado
por constantes desviaciones y perturbaciones).
La ley del valor es la ley del equilibrio de la
economía mercantil.
La teoría del valor analiza las leyes del cambio,
las leyes de la igualación de las cosas en el mercado, sólo si estas leyes se
rela cionan con las leyes de la producción y distribución del tra bajo en la
economía mercantil. Los términos del cambio entre dos mercancías (consideramos
los términos promedio del cambio y no los precios del mercado accidentales),
corresponden a un nivel determinado de productividad del trabajo en las ramas
que elaboran esos artículos. La igualación de varias formas con cretas de
trabajo como componentes del trabajo social total, distribuidas entre varias
ramas, se realiza a través de la igualación
119
de las cosas, es decir, de los productos del
trabajo como valores. Así, la actual interpretación de la teoría del valor como
una teoría que se limita a las relaciones de cambio entre las cosas es errónea.
El objetivo de esta teoría es descubrir las leyes del equilibrio [de la
distribución] del trabajo tras la regularidad
en la igualación de las cosas [en el proceso del
cambio]. Tam
bién es incorrecto considerar la teoría de Marx
como un análisis de las relaciones entre el trabajo y las cosas9 cosas que son
productos del trabajo. La relación del trabajo con las cosas se refiere a una
forma concreta determinada de trabajo y a una cosa determinada concreta. Esta
es una relación técnica que en sí misma no es objeto de la teoría del valor. El
objeto de la teoría del valor es la mterrelación de diversas formas de trabajo
en el proceso de su distribución, que se establece mediante la relación de
cambio entre las cosas, esto es, entre los productos del trabajo. Así, la
teoría del valor de Marx es totalmente coherente con los ya mencionados
postulados generales de su teoría econó mica, que no analiza relaciones entre
cosas ni relaciones de per sonas con cosas, sino relaciones entre personas que
están vincu ladas entre sí a través de las cosas.
Hasta ahora hemos considerado el valor
principalmente en su aspecto cuantitativo. Abordamos la magnitud dél valor como
reguladora de la distribución cuantitativa del trabajo social entre ramas.
individuales de la producción. En este análisis fuimos llevados al concepto de
trabajo abstracto, que fue tratado tam bién, sobre todo, en su aspecto
cuantitativo, o sea, como trabajo socialmente necesario. Ahora debemos examinar
brevemente el aspecto cualitativo del valor. Según Marx, el valor no sólo es un
regulador de la distribución del trabajo social, sino también una expresión de
las relaciones sociales de producción entre las personas. Desde este punto de
vísta, el valor es una forma social adquirida por los productos del trabajo en
el contexto de deter minadas relaciones de producción entre personas. Del
valor con templado como una magnitud determinada cuantitativamente, debemos
pasar al valor que abordamos como una forma social cualitativamente
determinada. En otras palabras, de la teoría de la “magnitud del valor” debemos
pasar a la teoría de la “forma del valor" ( wertform).1
Como ya hemos señalado, en una economía mercantil
el valor desempeña el papel de regulador de la distribución del trabajo. ¿Este
rol del valor se origina en las características técnicas o en las
características sociales de la economía mercantil, es decir,
120
en el estado de sus fuerzas productivas o en la
forma de sus relaciones de producción entre las personas? Basta plantear la
pregunta para responderla en términos de las características so ciales de la
economía mercantil. No toda distribución del tra bajo social da al producto
del trabajo la forma del valor, sino sólo esa distribución que no es organizada
directamente por la sociedad sino que es regulada indirectamente a través del
mer cado y el cambio de cosas. En una comunidad comunista primi tiva o en una
aldea feudal, el producto del trabajo tiene "valor” (tsennost) en el
sentido de utilidad, valor de uso, .pero no tiene “valor” (stoimost). El
producto adquiere valor (stoimost) sólo en condiciones en las que es producido
específicamente para la venta, y adquiere en el mercado una evaluación objetiva
y exacta que la iguala (mediante el dinero) con todas las otras mercancías y le
da la propiedad de ser intercambiable por cual quier otra mercancía. En otras
palabras, ello supone una forma determinada de economía (la economía
mercantil), una forma determinada de organización del trabajo a través de
empresas independientes y de propiedad privada. El trabajo en sí mismo no da
valor al producto, sino sólo el trabajo que es organizado en determinada forma
social (en la forma de una economía mer cantil). Si los productores se
relacionan entre' sí como orga nizadores formalmente independientes de la
actividad económica y como productores autónomos de mercancías, los valores de
su trabajo se enfrentan unos con otros en el mercado como “valores”. La
igualdad de los productores de mercancías como organiza dores de unidades
económicas individuales y como contractantes de relaciones de producción de
intercambio se expresan en la igualdad de los productos del trabajo como
valores. El valor de las cosas expresa un determinado tipo de relaciones de
pro ducción entre las personas.
Si el producto del trabajo sólo adquiere valor en
determinada forma social de organización del trabajo, entonces el valor no
representa una "propiedad” del producto del trabajo, sino una determinada
“forma sociaT* o “función social” que él producto del trabajo desempeña como
vínculo entre productores de mer cancías disociados, como “intermediario” o
“portador” de rela ciones de producción entre personas. Así, a primera vista,
el valor parece ser simplemente una propiedad de las cosas. Cuando decimos:
“una mesa redonda de roble, pintada, cuesta 25 rublos, o tiene el valor de 25
rublos”, puede mostrarse que esta oración brinda información sobre cuatro
propiedades de la mesa. Pero
121
si pensamos en ello, nos convencemos de que las primeras tres
propiedades de la mesa son
radicalmente distintasde la cuarta.
Las propiedades caracterizan la mesa como
una cosa material
y nos dan determinada información sobre los
aspectos técnicos de la labor del carpintero. Un hombre con experiencia acerca
de estas propiedades de la mesa puede brindar una imagen del aspecto técnico de
la producción, puede dar una idea de las ma terias primas, los accesorios, los
métodos técnicos y hasta la habi lidad técnica del carpintero, pero por mucho
que estudie la mesa no aprenderá nada acerca de las relaciones sociales (de
produc ción) entre los productores de la mesa y otras personas. No puede saber
si el productor es un artesano independiente, un tra bajador asalariado o tal
vez un miembro de una comunidad socialista, o un carpintero aficionado que hace
mesas para uso personal. Las características del producto expresadas en las
pala bras “la mesa vale 25 rublos” son de una naturaleza totalmente distintas.
Estas palabras muestran que la mesa es una mercancía, que ha sido producida
para el mercado, que su productor se relaciona con otros miembros de la
sociedad mediante relaciones de producción entre propietarios de mercancías,
que la economía tie ne determinada forma social, o sea, la forma de una
economía mercantil. No aprendemos nada acerca de los aspectos técnicos de Ja
producción o de la cosa misma, pero aprendemos algo acerca de la forma social
de la producción y acerca de las personas que toman parte en ella. Esto
significa que el "valor” (stcimost) no caracteriza a las cosas, sino a las
relaciones huma nas en que se producen las cosas. No es una propiedad de las
cosas, sino una forma social que adquieren las cosas por el hecho de aue las
personas entran en determinadas relaciones de producción mutuas a través de las
cosas. El valor es una “relación social tomada como una cosa”, una relación de
pro ducción entre personas que adopta la forma de una propiedad de las cosas.
Las relaciones de trabajo entre productores de mercancías o el trabajo social
se “materializan” y “cristalizan” en el valor de un producto del trabajo. Esto
significa que una determinada forma social de organización del trabajo es
compa tible con tma forma social particular de producto del trabajo. “El
trabajo, aue crea (o más exactamente determina, seztende) vplor de cambio, es
una forma social específica del trabajo.” “Crea una determinada forma social de
la riqueza, el valor de cambio” 2 (las bastardillas son nuestras). La
definición del valor como expresión de relaciones de producción entre personas
no
122
contradice la definición de] valor como expresión
de trabajo abstracto que vimos antes. La diferencia sólo reside en el hecho de
que antes analizamos el valor en su aspecto cuantitativo (co mo una magnitud)
y ahora en su aspecto cualitativo (como forma social). De acuerdo con esto, el
trabajo abstracto fue presentado antes en términos de su lado cuantitativo y
ahora es tratado en términos de su lado cualitativo, o sea, como trabajo social
en su forma específica, que presupone relaciones de pro ducción entre personas
como productores de mercancías.
La teoría de Marx de la “forma del valor” (es
decir, de la forma social que adquiere el producto del trabajo) es el resul
tado de una determinada forma del trabajo. Esta teoría es la parte más
específica y original de la teoría del valor de Marx. La idea de que el trabajo
crea valor era conocida mucho antes de la época de Marx, pero en la teoría de
éste adquiere un significado completamente diferente. Marx llevó a cabo una
distinción precisa entre el proceso técnico-material de la produc ción y sus
formas sociales, entre el trabajo como la totalidad de los métodos técnicos
(trabajo concreto) y el trabajo contem plado desde el punto de vista de sus
formas sociales en la sociedad mercantil-capitalista (trabajo abstracto o
trabajo humano en general). El carácter específico de la economía mercantil
consiste en el hecho de que el proceso técnico-material de la producción no es
regulado directamente por la sociedad sino nue es dirigido por los productores
individuales de mercancías. El trabajo concreto está directamente vinculado al
trabajo pri vado de los individuos aislados. El trabajo privado de los produc
tores separados de mercancías se vincula al trabajo de todos los otros
productores de mercancías y se convierte en trabajo social sólo si el producto
de un productor es igualado como valor con todas las otras mercancías. Esta
igualación de todos los pro ductos como valores es al mismo tiempo (como hemos
mos trado) una igualación de todas las formas concretas de trabajo gastado en
las diversas esferas de la economía nacional. Esto significa que el trabajo
privado de los individuos aislados no adquiere el carácter de trabajo social en
la forma concreta en que fue gastado en el proceso de producción, sino a través
cM cambio, que representa una abstracción de las propiedades concretas de las
cosas individuales y las formas individuales del trabajo. En verdad, puesto que
la producción mercantil se orienta hacia el cambio ya durante el proceso de
producción, el pro ductor de mercancías, ya en el proceso de la producción
directa,
123
antes del acto de intercambio, iguala su producto
con una suma determinada de valor (dinero) y así también su trabajo con creto
con una determinada cantidad de trabajo abstracto. Pero, en primer lugar, esta
igualación de trabajo lleva consigo un carácter preliminar “representado en la
conciencia”. La igualación aún debe realizarse en el acto real del intercambio.
En segundo término, aun en su forma preliminar, la igualación del trabajo,
aunque preceda al acto del intercambio, se realiza mediante una igualación de
cosas como valores “representados en la concien cia”. Sin embargo, puesto que
la igualación del trabajo mediante la igualación de las cosas es un resultado
de la forma social de la economía mercantil en donde no hay ninguna
organización social ni igualación del trabajo directa, el trabajo abstracto es
un concepto social e histórico. El trabajo abstracto no expresa una igualdad
psicológica de diversas formas de trabajo, sino una igualación social de
diferentes formas de trabajo que se realiza en la forma específica de
igualación de los vroductos del trabajo.
El carácter especial de la teoría del valor de Marx
consiste en el hecho de que explica precisamente el tipo de trabajo que crea
valor. Marx “investigó el trabajo en su función creadora de valor y puso en
claro por vez primera qué trabajo y por qué y cómo crea valor, descubriendo que
el valor no es otra cosa que el trabajo de esta clase cristalizado”.3 Es
precisamente esta explicación del “doble carácter del trabajo” lo que Marx
conside raba la parte central de su\ teoría del valor.4
Así, el doble carácter del trabajo refleja la
diferencia entre el proceso téonico-material de la producción y su forma
social. Esta diferencia que examinamos en el capítulo sobre el feti chismo de
la mercancía, es la base de toda la teoría económica de Marx, inclusive de la
teoría del valor. Esta diferencia básica genera la diferencia entre trabajo
concreto y trabajo abstracto, que a su vez se expresa en la oposición entre
valor de uso y valor. En el capítulo I de El capital, la exposición de Marx
sigue precisamente el orden opuesto. Comienza su análisis con los fenómenos del
mercado que pueden observarse, con la oposición entre valor de uso y valor de
cambio. A partir de esta oposición, que puede verse en la superficie de los
fenómenos, parece luego sumergirse en el doble carácter del trabajo (con creto
y abstracto). Luego, al final del capítulo I, en la sección sobre la producción
mercantil, revela las formas sociales que asume el proceso técnico-material de
la producción. Marx aborda la sociedad humana partiendo de las cosas, y
considerando luego
124
; el üabajo.
Comienza con cosas que son visibles y se desplaza
* hacia los
fenómenos que deben ser revelados por medio del análisis científico. Marx usa
este método analítico en las primeras cinco páginas de El capital con el fin de
simplificar su presen
tación. Pero el curso dialéctico de su pensamiento
debe ser inter-i. pretado en el orden inverso. Marx pasa de la diferencia entre
; él proceso
de producción y su forma social, es decir, de la estructura social de la
economía mercantil, al doble carácter del trabajo considerado en su aspecto
técnico y social y a la doble naturaleza de la mercancía como valor de uso y
valor de cambio. Una lectura superficial de El capital puede hacer pensar que
al oponer valor de uso y valor de cambio, Marx designa una propiedad de las
cosas mismas (tal es la interpretación de Bohm-Bawerk y de otros críticos de
Marx). En realidad, el pro blema es la diferencia entre la existencia
“material” y la existencia “funcional” de las cosas, entre el producto del
trabajo y su forma social, entre las cosas y las relaciones de producción,
entre per sonas “fundidas” con las cosas, esto es, relaciones de producción
que se expresan mediante las cosas. Así, lo que se revela es una inseparable
conexión entre la teoría del valor de Marx y sus bases metodológicas generales
formuladas en su teoría del fetichismo de la mercancía. El valor es una
relación de producción entre productores autónomos de mercancías; asume la
forma de una propiedad de las cosas y se vincula con la distribución del
trabajo social. O bien, considerando el mismo fenómeno desde el otro ángulo, el
valor es la propiedad del producto del trabajo de cada productor de mercancías
que lo hace intercambiable con los productos del trabajo de cualquier otro
productor de mercancías en una proporción determinada que corresponde a un
nivel dado de productividad de trabajo en las diferentes rama¿ de la producción.
Tenemos aquí una relación humana que adquiere la forma de una propiedad de las
cosas y que se vincula con el proceso de distribución del trabajo en la pro
ducción. En otras palabras, estamos ante relaciones cosiftcadas de producción
entre personas. La cosificación del trabajo en el valor es la conclusión más
importante de la teoría del fetichismo,
que explica
la ínevítabilídad de
la ‘cosificación” de las reía-
' ciones de
producción entre las personas en una economía mer cantil. La teoría del
valor-trabajo no descubrió la condensación material del trabajo (como factor de
la producción) en las cosas que son productos del trabajo; esto se produce en
todas las formaciones económicas y es la base técnica del valor pero
125
no su causa. La teoría del valor-trabajo descubrió
el fetiche, la expresión cosificada del trabajo social en el valor de las
cosas. El trabajo es “cristalizado” o -constituido en valor en el sentido de
que adquiere la “forma social del valor”. El trabajo se expresa y “se refleja”
( sich darstellt). La expresión “sich dars-tellen” es usada con frecuencia por
Marx para caracterizar la relación entre el trabajo abstracto y el valor. Cabe
extrañarse de que los críticos de Marx no observaran esta inseparable conexión
entre su teoría del valor y su teoría de la cosificación o fetichización de las
relaciones de producción entre personas. Comprendieron la teoría del valor de
Marx en un sentido mecánico-naturalista, no en un sentido sociológico.
Así la teoría de Marx analiza los fenómenos
relacionados con el valor desde el punto de vista cualitativo. La teoría del
valor de Marx reposa en dos cimientos básicos: 1) la teoría de la forma del
valor como expresión material del trabajo abstracto que, a su vez, presupone la
existencia de relaciones sociales de producción entre productores autónomos de
mercancías; y 2) la teoría de la distribución del trabajo social y la
dependencia de la magnitud del valor con respecto a la cantidad de trabajo
abstracto que depende, a su vez, del nivel de productividad del trabajo. Se
trata de dos aspectos del mismo proceso: la teoría del valor analiza la forma
social del valor, la forma en que el proceso de distribución del trabajo se
lleva a cabo en la economía mercan til-capitalista. “La forma en la que esta
distri bución proporcional del trabajo se manifiesta en una sociedad en la que
la interconexión del trabajo social se presenta como cambio privado de los
productos individuales del trabajo, es precisamente el valor de cambio de estos
productos.” 6 Así, el valor aparece, cualitativa y cuantitativamente, como una
ex presión del trabajo abstracto. Mediante el trabajo abstracto, el valor se
vincula al mismo tiempo con la forma social del proceso social de la producción
y con su contenido técnico-material. Esto es obvio si recordamos que el valor,
al igual que otras categorías económicas, no expresa relaciones humanas en
gene ral, sino particularmente relaciones de producción entre perso nas.
Cuando Marx trata el valor como la forma social del producto del trabajo
condicionado por una determinada forma social del trabajo, coloca en primer
plano el aspecto cualitativo, sociológico, del valor. Cuando el proceso de
distribución del trabajo y el desarrollo de la productividad del trabajo se
llevan a cabo en una forma social determinada, cuando se examinan
126
las “masas cuantitativamente determinadas del
trabajo total de la sociedad” 8 (incluida la ley de la distribución profesional
del trabajo), entonces el aspecto cuantitativo (hasta podríamos decir
matemático) de los fenómenos que se expresan mediante el valor adquiere
importancia. El error básico de la mayoría de los críticos de Marx consiste en:
1) su total incapacidad para comprender el aspecto cualitativo, sociológico, de
la teoría del valor de Marx; y 2) el hecho de que limitan el aspecto cuanti
tativo al examen de las proporciones del intercambio, es decir, las relaciones
cuantitativas del valor entre cosas; ignoran las interrelaciones cuantitativas
entre las cantidades de trabajo social distribuidas entre las diferentes ramas
de la producción y las diferentes empresas, interrelaciones que están en la
base de la determinación cuantitativa del valor.
Hemos examinado brevemente dos aspectos del valor:
el cuali tativo y el cuantitativo (es decir, el valor como forma social y la
magnitud del valor). Cada uno de estos caminos analíticos
'nos lleva al concepto de trabajo abstracto que, a su vez (como
el concepto del
valor) se nos a-parecía, o bien primeramente en
términos de su
aspecto cualitativo (forma
social del trabajo),
o bien én términos de su aspecto cuantitativo (trabajo social
mente necesario). Así, debíamos reconocer el valor
como la expresión del trabajo abstracto en términos de sus aspectos cualitativo
y cuantitativo. El trabajo abstracto es el “contenido” o la “sustancia” que se
expresa en el valor de un producto del trabajo. Nuestra tarea es también
examinar el valor desde este punto de vista, o sea, desde él punto de vista de
su conexión con el trabajo abstracto como “sustancia” del valor.
Como resultado de esto, llegamos a la conclusión de
que el conocimiento del valor, que es un fenómeno sumamente com plejo, exige
un exhaustivo examen del valor en términos de tres aspectos: la magnitud del
valor, la forma del valor y la sustancia (contenido) del valor. Podríamos
también decir que el valor debe ser examinado: 1) como regulador de la
distribución cuan titativa del trabajo social; 2) como expresión de las
relaciones sociales de producción entre personas; 3) como expresión del trabajo
abstracto.
Esta triple división ayudará al lector a seguir el
orden de nuestra exposición posterior. Ante todo, debemos examinar todo el
mecanismo que vincula el valor y el trabajo. Los capítulos IX a XI están
dedicados a este problema. En el capítulo IX, se considera el valor como una
expresión de las relaciones de
127
producción entre personas y en el capítulo XI se lo
trata desde el punto de vista de su relación con el trabajo abstracto. Sólo tal
análisis exahustivo del mecanismo que vincula el valor y el trabajo en su
totalidad puede brindarnos los fundamentos de la teoría del valor de Marx (por
eso, el contenido de los capí tulos IX a XI puede ser considerado como el
fundamento de la teoría del valor-trabajo). Este análisis nos prepara para otro
re ferido a las partes componentes de este mecanismo: 1) el valor que es
creado por el trabajo, y 2) el trabajo que crea valor. El capítulo XII está
dedicado al análisis de] valor tratado en térmi nos de su forma, contenido
(sustancia) y magnitud. Finalmente, los capítulos XIII a XIV presentan un
análisis del trabajo (que crea valor) en términos de los tres mismos aspectos.
Puesto que el valor es una expresión de relaciones sociales entre personas,
debemos ante todo ofrecer una caracterización general del tra bajo social
(capítulo X III). En una economía mercantil, el traba jo social adquiere una
expresión más precisa en la forma de tra bajo abstracto, que es la “sustancia”
del valor (capítulo XIV). La reducción del trabajo concreto a trabajo abstracto
implica la reducción del trabajo calificado a trabajo simple (capítulo XV), y
así la teoría del trabajo calificado es un complemento de la teoría del trabajo
abstracto. Por último, el aspecto cuan titativo del trabajo abstracto aparece
en la forma del trabajo socialmente necesario (capítulo XVI).
128
IX* El valor
como regulador de la producción
Después de la publicación del tomo I de El
capttal> Kugelmann le dijo a Marx que, en opinión de muchos lectores, éste
no había probado el concepto de valor. Indignado, Marx responde a esta objeción
en la ya citada carta del 11 de julio de 1868: “Cada niño sabe que cualquier
nación morirá de hambre, y no digo en un año, sino en semanas, si dejara de
trabajar. Del mismo modo, todo el mundo reconoce que las masas de pro ductos
correspondientes a diferentes masas de necesidades, exigen masas diferentes y
cuantitativamente determinadas de la tota lidad del trabajo social. Es self
evident que esta necesidad de Is distribución del trabajo social en
determinadas proporciones no puede de ningún modo ser destruido por una
determinada forma de producción social; únicamente puede cambiar la forma de su
manifestación. Las leyes de la naturaleza jamás pueden ser destruidas. Y sólo
puede cambiar, en dependencia de las distintas condiciones históricas, la forma
en la que estas leyes se mani fiestan. Y la forma en la que esta distribución
proporcional del trabajo se manifiesta en una sociedad en la que la
interconexión del trabajo social se presenta como cambio privado de los pro
ductos individuales del trabajo, es precisamente el valor de cambio de estos
productos.” 1
Marx menciona aquí uno de los fundamentos de su
teoría del valor. En la economía mercantil, nadie realiza ni regula
concien-temente la distribución del trabajo social entre las diversas ramas
industríales de tal manera que se corresponda al estado exis tente de las
fuerzas productivas. Puesto que los productores individuales de mercancías son
autónomos en la administración de la producción, la repetición y la
reproducción exacta de un proceso ya dado de producción social es completamente
impo sible. Además, es imposible la expansión proporcional del proceso. Puesto
que las acciones de los productores aislados de mercan cías no están
conectadas ni son constantes, las desviaciones dia-
129
rias en la dirección de la expansión o la
contracción excesivas de la producción son inevitables. Si toda desviación
tendiera a desarrollarse ininterrumpidamente, no sería posible continuar la
producción; la economía social, basada en la división del trabajo, se
derrumbaría. En realidad, toda desviación de la pro ducción hacia arriba o
hacia abajo, provoca fuerzas que frenan la desviación en la dirección dada y
dan origen a movimientos en la dirección opuesta. La expansión excesiva de la
producción conduce a la caída de los precios en el mercado. Esto origina una
reducción de la producción, aun por debajo del nivel nece sario. La ulterior
reducción de la producción detiene la caída de los precios. La vida económica
es un mar de movimientos fluctuantes. No es posible observar el estado de
equilibrio en la distribución del trabajo entre las diversas ramas de la
producción en ningún momento determinado. Pero sin tal estado de equi librio
concebido teóricamente, no es posible explicar el carácter y la dirección del
movimiento fluctuante.
El estado de equilibrio entre dos ramas de la
producción corresponde al intercambio de los productos sobre la base de sus
valores. En otras palabras, tal estado de equilibrio corresponde al nivel medio
de los precios. Este nivel medio es un concepto teórico. Los precios medios no
corresponden a los movimientos reales de los precios del mercado concretos,
pero los explican. Esta fórmula teórica, abstracta, del movimiento de los
precios es, de hecho, la “ley del valor”. Por esto, puede verse que toda objeción
a la teoría del valor que se base en el hecho de que los precios concretos del
mercado no coinciden con los “valores” teóricos, no es más que un malentendido.
El acuerdo total entre los precios del mercado y el valor significaría la
eliminación del regulador único que impide a las diferentes ramas de la
economía social moverse en direcciones opuestas. Esto conduciría a un derrumbe
de la economía. “La forma precio envuelve ya de suyo la posibilidad de una
incongruencia cuantitativa entre el pre cio y la magnitud del valor, es decir,
la posibilidad de una desviación entre el primero y la segunda. Y ello no
supone un defecto de esta forma; por' el contrario, es eso precisamente lo que
la capacita para ser la forma adecuada de un régimen de producción en que la
norma sólo puede imponerse como un ciego promedio de toda ausencia de normas”
(C., I, p. 63).
Un nivel determinado de los precios del mercado,
regulados por la ley del valor, presupone una distribución determinada del
trabajo social entre las ramas particulares de la producción, y
130
modifica esta distribución en una dirección
determinada. En una sección de El capital MaTx habla de las “fluctuaciones
baro métricas de los precios del mercado” (C., I, p. 290). Este fenó meno
debe completarse. Las fluctuaciones de los precios de mercado son, en realidad,
un barómetro, un indicador del pro ceso de distribución del trabajo social que
se produce en las profundidades de la economía social. Pero es un barómetro muy
inusual; un barómetro que no sólo indica el tiempo, sino que también lo corrige.
Un clima puede reemplazar a otro sin una indicación del barómetro. Pero una
fase de la distribución del
trabajo social reemplaza a otra sólo a través de la
fluctuación de los precios del mercado y bajo su presión. Si el movimiento
de los precios del mercado vincula dos fases de la
distribu ción del trabajo en la economía social, tenemos razón en suponer una
estrecha relación interna entre la actividad laboral de los agentes económicos
y el valor. Buscaremos la explicación de estas relaciones en el proceso de
producción social, es decir, en la actividad laboral de las personas, y no en
los fenómenos que están fuera de la esfera de la producción o que no están
rela cionados con ella por una conexión funcional permanente. Por ejemplo, no
buscaremos una explicación en las evaluaciones subjetivas de los individuos o
en las relaciones matemáticas entre precios y cantidades de artículos si estas
relaciones son tratadas como dadas y aisladas del proceso de producción. Los
fenómenos relacionados con el valor sólo pueden ser captados en estrecha
relación con la actividad laboral de la sociedad. La explicación del valor debe
buscarse en el “trabajo” social. Esta es nuestra primera y más general
conclusión.
El papel del valor como regulador de la
distribución del trabajo en la sociedad, fue explicado por Marx no sólo en su
carta a Kugelmann, sino también en varias secciones de El capital. Tal vez esas
observaciones estén expuestas en su forma más
desarrollada en el
capítulo XII, sección 4 del primer volumen
de El capital [párrafo cuarto dedicado a la “División del
trabajo dentro de
la manufactura y
división del trabajo den
tro de la
sociedad”] : “Mientras que
en la manufactura la
ley férrea de la proporcionalidad adscribe determinadas ma
sas de obreros a determinadas funciones, en la distribución
de los productores de mercancías y de sus medios de
pro ducción entre las diversas ramas sociales del trabajo reinan en caótica
mezcla el azar y la arbitrariedad. Claro está que las diversas esferas de
producción procuran mantenerse constante
131
mente en equilibrio, en el sentido de que, de una
parte, cada productor de mercancías tiene necesariamente que producir un valor
de uso y, por tanto, satisfacer una determinada necesidad social, y, como el
volumen de estas necesidades varían cuanti tativamente, hay un cierto nexo
interno que articula las diversas masas de necesidades, formando con ellas un
sistema primitivo y natural; de otra parte, la ley del valor de las mercancías
se encarga de determinar qué parte de su volumen global de tiem po de trabajo
disponible puede la sociedad destinar a la pro ducción de cada clase de
mercancías. Pero esta tendencia constante de las diversas esferas de producción
a mantenerse en equilibrio sólo se manifiesta como reacción contra el
desequilibrio constante. La norma que en el régimen de división del trabajo
dentro del taJler se sigue a priori, como un plan preestablecido, en la
división del trabajo dentro de la sociedad sólo rige a posteriori, como una ley
natural interna, muda, perceptible tan solo en los cambios barométricos de los
precios del mercado” (C., I, pp. 289-290).
Marx expone la misma idea en el volumen III: “La
distribución de este trabajo social y la mutua complementación, el intercambio
de materias de sus productos, la supeditación y la trabazón den tro de la rama
social, quedan encomendadas a la acción fortuita de los distintos productores
capitalistas... la ley del valor sólo actúa aquí como ley interna, que los
agentes individuales consi deran como una ciega ley natural, y esta ley es, de
este modo, la que impone el equilibrio social de la producción en medio de sus
fluctuaciones fortuitas” (C,. III, pp. 212-213).
Así, sin una distribución proporcional del trabajo
entre las diversas ramas de la economía, la economía mercantil no puede
existir. Pero esta distribución proporcional del trabajo sólo pue de
realizarse si las profundas contradicciones internas que yacen en la base misma
de la sociedad mercantil logran superarse. Por un lado, la sociedad mercantil
es unificada en una sola eco nomía social mediante la división del trabajo.
Las partes indivi duales de esta economía se hallan estrechamente relacionadas
entre sí y se influyen mutuamente. Por otro lado, la propiedad privada y la
actividad económica autónoma de los productores individuales de mercancías
desmenuzan la sociedad en una serie de unidades económicas aisladas e
independientes. Esta sociedad mercantil desmenuzada “se convierte en una
sociedad sólo por el intercambio, que es el único proceso económico conocido
para la economía de esta sociedad”.2 El productor de mercancías
132
es formalmente autónomo. Actúa de acuerdo con su
propio juicio unilateral, guiado por su propio interés y tal como lo concibe.
Pero en virtud del proceso de cambio se relaciona con su co-negociador
(comprador o vendedor) y mediante él se vincula indirectamente con todo el
mercado, es decir, con la totalidad de los compradores y vendedores, en
condiciones de compe tencia que tienden a reducir los términos del mercado al
mismo nivel. La conexión de la producción entre productores indivi duales de
mercancías dentro de la misma rama de la producción se logra mediante el
cambio, mediante el valor del producto del trabajo. Tal conexión también se
crea entre diferentes ra mas de la producción, entre diferentes lugares del
país y entre diferentes países. Esta conexión no sólo significa que los produc
tores de mercancías intercambian sus productos, sino también que están
socialmente relacionados unos con otros. Puesto que están vinculados en el
cambio a través de los productos del tra bajo, también se conectan en sus
procesos productivos, en su actividad laboral, ya que en el proceso de la
producción directa deben tomar en cuenta las presuntas condiciones del mercado.
Mediante el cambio y el valor de las mercancías, la actividad laboral de
algunos productores de mercancías influyen sobre la actividad laboral de todos
y causa determinadas modificaciones. Por otro lado, esas modificaciones
influyen en la misma actividad laboral. Las partes individuales de la economía
social se ajustan unas a otras, Pero este ajuste sólo es posible si una parte
influye sobre otra a través del movimiento de los precios en el mercado,
movimiento que está determinado por la “ley del valor”. En otras palabras, sólo
a través del “valor” de las mercancías la acti vidad laboral de los productores
separados e independientes conduce a la unidad productiva que recibe el nombre
de econo mía social, a las interconexiones y al mutuo condicionamiento del
trabajo de los miembros individuales de la sociedad. El valor es la correa de
transmisión que transfiere el movimiento de los procesos laborales de una parte
de la sociedad a otra, haciendo de esta sociedad una totalidad en
funcionamiento.
Así, estamos frente al siguiente dilema: en una
economía mer cantil donde la actividad laboral de los individuos no está regu
lada ni está sujeta al ajuste directo mutuo, la conexión laboral-productiva
entre los productores individuales de mercancías se realiza, o bien a través
del proceso del cambio en el cual los productos del trabajo son igualados como
valores, o bien no pue de realizarse en absoluto. Pero la interconexión entre
las partes
133
individuales de la economía social es un hecho
obvio. Esto signi fica que la explicación de este hecho debe buscarse en el
movi miento de los valores de las mercancías. Detrás del movimiento del valor
debemos develar las interrelaciones entre las actividades laborales de los
individuos. Así confirmamos la conexión entre los fenómenos relacionados con el
valor y la actividad laboral de las personas. Confirmamos la conexión general
entre “valor” y “trabajo”. Aquí nuestro punto de partida no es el valor, sino
e] trabajo. Es erróneo representar la cuestión como si Marx hubiera comenzado
con los fenómenos relacionados con el valor en su expresión material y, luego
de analizarlos, hubiera llegado a la conclusión de que la propiedad común de
las cosas cam biadas y evaluadas sólo puede ser el trabajo. La línea de pensa
miento de Marx se mueve precisamente en dirección opuesta. En la economía
mercantil, el trabajo de los productores indivi duales de mercancías, que
tiene directamente la forma de trabajo privado, puede adquirir el carácter de
trabajo social, es decir, puede estar sujeto al proceso de conexión y
coordinación mutuas sólo a través del “valor9de los productos del trabajo. El
trabajo como fenómeno social sólo puede expresarse en el “valor”. El carácter
específico de la teoría del valor-trabajo de Marx reside en el hecho de que
éste no basa su teoría en las propiedades del valor, esto es, en los actos de
igualación y evaluación de cosas, sino en las propiedades del trabajo en la
economía mer cantil, es decir, en el análisis de la estructura laboral y las
rela ciones de producción del trabajo. El mismo Marx destacó este carácter
específico de su teoría cuando dijo: “La economía polí tica ha analizado,
indudablemente, aunque de un modo imper fecto, el concepto del valor y su
magnitud, descubriendo el contenido que se escondía bajo estas formas. Pero no
se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste aquella
forma, es decir por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué la medida
del trabajo según el tiempo de su du ración se traduce en la magnitud del
valor del producto del trabajo” (C., I, pp. 44-45; las bastardillas son
nuestras). Partiendo de la actividad laboral de las personas, Marx mostró que
en una economía mercantil esta actividad inevitablemente adquiere la forma del
valor de los productos del trabajo.
Los críticos de la teoría del valor de Marx se
oponen funda mentalmente a la posición “privilegiada” que recibe el trabajo
134
en esa teoría. Citan una larga lista de factores y
condiciones que se modifican cuando cambian los precios de las mercancías en el
mercado. Cuestionan la base según la cual se aísla el tra bajo de esa lista y
se lo coloca en una categoría separada. A esto debemos responder que la teoría
del valor no trata del trabajo como un factor técnico de la producción, sino de
la actividad laboral de las personas como base de la vida de la so ciedad y de
las formas sociales dentro de las cuales se lleva a cabo este trabajo. Sin el
análisis de las relaciones productivo-laborales de la sociedad, no hay economía
política. Este análisis muestra que en una economía mercantil, la conexión
productivo-Iaboral entre los productores de mercancías sólo puede expresarse en
una forma material, en la forma del valor de los productos del trabajo.
Podría objetarse que nuestra idea de la conexión
causal interna entre valor y trabajo (una conexión causal que necesariamente se
desprende de la estructura misma de la economía mercantil) es demasiado
general, e indudablemente será puesta en tela de juicio por los críticos de la
teoría del valor de Marx. Veremos más adelante que la formulación de la teoría
del valor-trabajo que ofrecemos ahora en su forma más general adquiere luego un
carácter más concreto. Pero en esta formulación general, la pre sentación del
problema del valor excluye de antemano toda una serie de teorías y condena al
fracaso toda una serie de intentos. Concretamente, las teorías que buscan la
causa determi nante del valor y sus cambios en fenómenos que no están direc
tamente conectados con la actividad laboral de las personas, con el proceso de
producción, son excluidas de antemano (por ejem plo, la teoría de la escuela
austríaca, que parte de las evaluaciones subjetivas de sujetos individuales
aislados del proceso productivo y de las formas sociales concretas en las
cuales este proceso se realiza). Por aguda que sea la explicación dada por tal
teoría, por muy exitosamente que descubra ciertos fenómenos en el cambio de los
precios, adolece del error básico que asegura todos sus éxitos especiales de
antemano: no explica el'm eca nismo productivo de la sociedad contemporánea ni
las condiciones de su funcionamiento y desarrollo normales. Al sustraer el
valor, la correa de transmisión, del mecanismo productivo de la eco nomía
mercantil, esta teoría le quita toda posibilidad de captar la estructura y el
movimiento de este mecanismo. Debemos determinar la conexión entre valor y
trabajo no sólo para com
135
prender los fenómenos relacionados con el “valor”,
sino también para comprender el fenómeno “trabajo” en la sociedad contem
poránea, es decir, la posibilidad de la unidad del proceso pro ductivo en una
sociedad formada por productores individuales de mercancías.
136
X. Igualdad
de los productores de mercancías e igualdad
de las mercancías
La sociedad mercantil-capitalista, como toda
sociedad basada en la división del trabajo, no puede existir sin una
distribución proporcional del trabajo entre las diversas ramas de la produc
ción. Esta distribución del trabajo sólo puede efectuarse si las actividades
laborales de los individuos están vnterconectadas y mutuamente condicionadas.
Esta conexión laboral-productiva sólo puede realizarse mediante el proceso de
cambio en el mercado, mediante el valor de las mercancías, si la producción
mercantil no está regulada socialmente. El análisis del proceso de cambio, de
sus formas sociales y sus conexiones con la producción de la sociedad
mercantil, es en esencia el objeto de la teoría del valor de Marx.1
En el primer capítulo de El capital Marx supuso
tácitamente las premisas sociológicas de la teoría del valor (que ya hemos
presentado) y comenzó directamente a analizar el acto del inter cambio, donde
se expresa la igualdad de las mercancías intercam biadas. Para la mayoría de
los críticos de Marx, esas premisas sociológicas siguen siendo un libro
cerrado. No comprenden que la teoría del valor de Marx es una conclusión basada
en el análisis de las relaciones socioeconómicas que caracterizan a la economía
mercantil. Para ellos, esta teoría no es nada más que “una prueba puramente
lógica, una deducción dialéctica a partir de la naturaleza misma del cambio”.2
Sabemos que Marx no analizó, en efecto, el acto del
inter cambio como tal, aislado de una determinada estructura econó mica de la
sociedad. Analizó las relaciones de producción de una sociedad determinada, a
saber, la sociedad mercantil-capi talista, y el papel del intercambio en esa
sociedad. Si alguien construye una teoría del valor sobre la base del análisis
del acto de intercambio como tal, aislado de un contexto económico y social
determinado, ese fue Bohm-Bawerk, no Marx.
137
Pero aunque Bóhm-Bawerk se equivoca al afirmar que
Marx derivó Ja igualdad de los artículos intercambiados de un análisis
puramente lógico del acto de intercambio, tiene razón al sostener que Marx puso
particular énfasis en la igualdad, en su análisis del acto de intercambio en la
economía mercantil. “Tomemos ahora dos mercancías, por ejemplo trigo y hierro.
Cualquiera que sea la proporción en que se cambien, cabrá siempre represen
tarla por una igualdad en que una determinada cantidad de trigo equivalga a una
cantidad cualquiera de hierro, v. gr.: 1 quarter de trigo = x quintales de
hierro. ¿Qué nos dice esta igualdad? que en los dos objetos distintos, o sea,
en 1 quarter de trigo y en x quintales de hierro, se contiene un algo común de
magnitud igual. Ambas cosas son, por tanto, iguales a una tercera, que no es de
suyo ni la una ni la otra. Cada una de ellas debe, por consiguiente, en cuanto
valor de cambio, poder redu-cirse a este tercer término” (C., I, pp. 2-5). Es
este pasaje el que los críticos de Marx consideran como el punto central y el
único fundamento de su teoría del valor, y contra él dirigen sus golpes
principales. “Quisiera señalar de paso —dice Bohm-Bawerk— que la primera
suposición, según la cual debe mani festarse una ‘igualdad’ en el intercambio
de dos cosas, me parece muy anticuada, lo cual, sin embargo, no importaría
mucho si no fuera también muy poco realista. En palabras simples, me parece una
idea errónea. Donde hay igualdad y equilibrio exacto, no es probable que se
produzca ningún cambio que altere la balanza. Por lo tanto, en el caso del
cambio, cuando el asunto termina con un cambio de propiedad de las mercancías,
indica más bien' la existencia de alguna desigualdad o preponderancia que pro
duce la alteración.” 3
Tal vez sea superfluo señalar que las objeciones de
Bóhm-Bawerk no dan en el blanco. Marx nunca sostuvo que. el cambio se realiza
en condiciones de "equilibrio exacto”; más de una vez señaló que la
“desigualdad” cualitativa de las mercancías es el resultado necesario de la
división del trabajo y representa, al mis mo tiempo, un estímulo necesario del
cambio. Bohm-Bawerk dirigió su atención al cambio de mercancías como valores de
uso y a las evaluaciones subjetivas de la utilidad de las mercan cías que estimulan
el intercambio en los individuos que toman parte en él. Así, destaca
correctamente el hecho de la "desi gualdad”. Pero Marx estaba interesado
en el acto dtf] intercambio como hecho social objetivo, y al subrayar la
igualdad puso de relieve características esenciales de ese hecho social. Sin
embargo,
1 3 8
no tenía presente ningún tipo de estado fantástico
de “equilibrio exacto”.4
Los críticos de la teoría del valor de Marx ven
habitualmente el centro de gravedad de la misma en la definición de la igualdad
cuantitativa en los trabajos necesarios para la producción de mercancías, y que
son igualados en el acto de intercambio. Pero Marx señaló más de una vez el
otro aspecto de su teoría del valor, el aspecto cualitativo, por así decir, en
contraste con el aspecto cuantitativo ya mencionado. Marx no estaba interesado
en las propiedades cualitativas de las mercancías como valores de uso. Su
atención se dirigía a las características cualitativas del acto de intercambio
como fenómeno socio-económico. Sólo sobre la base de estas características
cualitativas y esencialmente socio lógicas es posible comprender el aspecto
cuantitativo del acto de intercambio. Casi todos los críticos de la teoría del
valor de Marx adolecen de una completa ignorancia de este aspecto de la teoría
de Marx. Sus opiniones son tan unilaterales como la con cepción opuesta, según
la cual el fenómeno del valor tal como lo trató Marx, no está en modo alguno
relacionado con las proporciones del cambio, es decir, con el aspecto
cuantitativo del valor.5
Dejando de lado la cuestión de la igualdad
cuantitativa de las mercancías intercambiadas, debemos señalar que, en una
econo mía mercantil, los contactos entre las unidades económicas indi
viduales privadas se realizan en la forma de la compra y la venta, en la forma
de la igualación de valores dados y recibidos por unidades económicas
individuales en el acto del intercambio. Éste es un acto de igualación. Esta
igualación de mercancías intercombinadas refleja la característica social
básica de la econo mía mercantil: la igualdad de los productores de
mercancías. No nos referimos a su igualdad en el sentido de poseer iguales
medios materiales de producción, sino a su igualdad como pro ductores
autónomos de mercancías, independientes unos de otros. Ninguno de ellos puede
influir sobre otro de manera directa y unilateral, sin un acuerdo formal con el
otro. En otras pala bras, un productor puede influir sobre otro, como sujeto
econó mico independiente, a través de los términos del acuerdo. La ausencia de
coerción no económica, la organización de la acti vidad laboral de los
individuos no sobre principios de derecho público sino sobre la base del
derecho civil y el llamado contrato libre, son los aspectos más característicos
de la estructura eco nómica de la sociedad contemporánea. En este contexto, la
forma
1 3 9
básica de las relaciones de producción entre
unidades económicas privadas es la forma del cambio, esto es, la igualación de
valores intercambiados. La igualdad de las mercancías en el cambio es la
expresión material de la relación de producción básica de la sociedad
contemporánea: la conexión entre productores de mer cancías como sujetos
económicos iguales, autónomos e indepen dientes.
Creemos que el siguiente pasaje de El capital es
esencial para la comprensión de las ideas de Marx que hemos expuesto: “Aris
tóteles no podía descifrar por sí mismo, analizando la forma del valor, el
hecho de que en la forma de los valores de las mercancías todos los trabajos se
expresan como trabajo humano igual, y por tanto como equivalentes, porque la
sociedad griega estaba basada en el trabajo de los esclavos y tenía, por tanto,
como base natural la desigualdad entre los hombres y sus fuerzas de trabajo. El
secreto de la expresión de valor, la igualdad y equiparación de valor de todos
los trabajos, en cuanto son y por el hecho de ser todos ellos trabajo humano en
general, sólo podía ser descubierto a partir del momento en que la idea de la
igualdad humana poseyese ya la firmeza de un prejuicio popular. Y para esto era
necesario llegar a una sociedad como la actual, en que la forma-mercancía es la
forma general que revisten los productos del trabajo, en que, por tanto, la
relación social pre ponderante es la relación de unos hombres con otros como
poseedores de mercancías9 (C., I, p. 26).6 La igualdad de los productores de
mercancías autónomos e independientes es el fundamento de la igualdad de los
artículos intercambiados. Esta es la característica básica de la economía
mercantil, de su “estruc tura celular”, por así decir. La teoría del valor
examina el proceso de formación de la unidad productiva llamada economía
social, a partir de las células separadas, podríamos decir, independien tes.
No sin razón escribió Marx en el prefacio a la primera edición del primer
volumen de El capital que la “forma de mercancía que adopta el producto del
trabajo o la forma de valor que reviste la mercancía es la célula económica de
la sociedad burguesa”. Esta estructura celular de la sociedad mercantil repre
senta en sí misma la totalidad de las unidades económicas igua les,
formalmente independientes y privadas.
En el pasaje citado sobre Aristóteles, Marx señala
que en la sociedad esclavista el concepto de valor no podría ser deducido de
“la forma misma del valor”, vale decir, de la expresión ma terial de la
igualdad de mercancías intercambiadas. El misterio
140
del valor sólo puede ser comprendido a partir de
las caracterís ticas de la economía mercantil. No cabe asombrarse de que
críticos que no vieron el carácter sociológico de la teoría del valor de Marx
hayan interpretado el pasaje mencionado sin dis cernimiento. Según Dietzel,
Marx “se guió por el axioma ético de la igualdad9. Este “fundamento ético se
expone en el pasaje donde Marx explica los inconvenientes de la teoría del
valor de Aristóteles, señalando que la base natural de la sociedad griega era la
desigualdad entre personas y entre sus fuerzas de trabajo”.7 Dietzel no
comprende que Marx no se refiere a un pos tulado ético de igualdad, sino a la
igualdad de los productores de mercancías como el hecho social básico de la
economía mer cantil. Repetimos, no se trata de igualdad en el sentido de igual
distribución de bienes materiales, sino en el sentido de inde pendencia y
autonomía de los agentes económicos que organizan la producción.
Si Dietzel transforma la sociedad de productores
iguales de mercancías de un hecho real en un postulado ético, Croce ve en el
principio de igualdad un tipo concebido teóricamente de sociedad imaginada por
Marx sobre la base de consideraciones teóricas y con el propósito de establecer
un contraste y una comparación con la sociedad capitalista que se basa en la
desigualdad. El propósito de esta comparación es explicar las características
espe cíficas de la sociedad capitalista. La igualdad de los productores de
mercancías no es un ideal ético, sino una medida concebida teóricamente, un
patrón con el cual medimos la sociedad capi talista. Croce recuerda el pasaje
donde Marx dice que la natu
raleza del valor sólo
puede explicarse en una sociedad en la
cual la creencia en
la igualdad de las personas ha adquirido
la fuerza de
un prejuicio popular.8
Croce piensa que Marx,
con el fin de comprender el valor en una sociedad
capitalista, tomó como tipo, como patrón teórico, un valor “concreto” diferen
te, a saber, el que poseerían aquellos bienes que pueden multi plicarse por el
trabajo en una sociedad sin las imperfecciones de la sociedad capitalista y en
la cual la fuerza de trabajo no fuera una mercancía. A partir de esto, Croce
deduce la siguiente con clusión sobre las propiedades lógicas de la teoría del
valor de Marx. “El valor-trabajo de Marx no sólo es una generalización lógica,
sino también un hecho concebido y postulado como típico, es decir, algo más que
un mero concepto lógico.” 0
Dietzel transforma la sociedad de productores
iguales de mer cancías en un postulado ético, mientras que Croce lo convierte
141
en lina imagen concreta “elaborada conceptualmente”
en oposi ción a la sociedad capitalista y con el fin de explicar más clara
mente las características de esta sociedad. Pero en realidad, esta sociedad de
productores iguales de mercancías no es más que una abstracción y una
generalización de las características básicas de la economía mercantil en
general, y de la economía capita lista en particular. La teoría del valor y su
premisa de una sociedad de productores iguales de mercancías nos brinda uu análisis
de un aspecto de la economía capitalista, a saber, la rela ción de producción
básica que une a productores de mercancías autónomos. Esta relación es básica
porque genera la economía social (el objeto de la economía política) como una
totalidad indiscutible, aunque flexible. Marx expresó lúcidamente el ca rácter
lógico de su teoría del valor cuando dijo; "Hasta hoy, no conocemos más
relación económica entre los hombres que la de poseedores de mercancías,
relación en la que el hombre sólo entra en posesión de los productos del
trabajo ajeno despren diéndose de los del suyo propio” (C., I, p. 69). La
teoría del valor no nos da una descripción de los fenómenos de una socie dad
imaginaria opuesta a la sociedad capitalista; nos ofrece una generalización de
un aspecto de la sociedad capitalista.
Por último, en la sociedad capitalista las
relaciones de produc ción entre las personas como miembros de diferentes
grupos sociales, no se limitan a las relaciones entre ellas como produc tores
independientes de mercancías. Pero las relaciones entre los miembros de
diferentes grupos sociales en la sociedad capitalista se realizan bajo la forma
y sobre la base de sus interrelaciones como productores iguales y autónomos de
mercancías. El capi talista y los obreros se vinculan entre sí mediante
relaciones de producción. El capital es la expresión material de esta relación.
Pero se vinculan y entran en acuerdos mutuos como productores formalmente
iguales de mercancías. La categoría del valor sirve como expresión de esta
relación de producción, o exactamente, de este aspecto de la relación de
producción que los vincula. Los capitalistas industriales y los terratenientes,
los industríales y los capitalistas financieros, también entran en acuerdos
mutuos como propietarios iguales y autónomos de mercancías. Este as pecto de
la relación de producción entre diversos grupos sociales se expresa en la
teoría del valor. Así se explica una característica de la economía política
como ciencia. Los conceptos básicos de la economía política se construyen sobre
la base del valor, y a pri mera vista hasta parecen ser emanaciones lógicas
del valor.
1 4 2
El primer encuentro con el sistema teórico de Marx
puede con ducir a admitir la opinión de Bóhm-Bawerk de que el sistema de Marx
es un desarrollo lógico-deductivo, puramente lógico, de conceptos abstractos y
su desarrollo inmanente, por el método de HegeL Mediante modificaciones mágicas
y puramente lógicas, el valor se transforma en dinero, el dinero en capital, el
capital en capital aumentado (es decir, capital más plusvalía), la plus valía
en ganancia, interés y renta, etc. Bóhm-Bawerk, que des monta toda la teoría
del valor de Marx, observa que las partes más desarrolladas del sistema de Marx
constituyen una totalidad coherente, rigurosamente derivada de un erróneo punto
de partida. "En esta parte media del sistema marxista, el desarrollo y la
cone xión lógicos presentan una trama y una coherencia intrínseca real mente
imponentes... Por erróneo que sea el punto de partida, estas partes medidas del
sistema, por su extraordinaria coherencia lógica, establecen permanentemente la
reputación del autor como una fuerza intelectual de primer orden.” 10 Por
provenir de Bóhm-Bawerk, pensador inclinado precisamente al desarrollo lógico
de los conceptos, esto representa un gran elogio. Pero en realidad, el poder de
la teoría de Marx no reside en su coherencia lógica interna tanto como en el
hecho de que la teoría está totalmente saturada de un complejo y rico contenido
económico-social toma do de la realidad y aclarado por el poder del
pensamiento abstracto. Según palabras de Marx, un concepto se transforma en otro
no en términos del poder del desarrollo lógico inmanente, sino por la presencia
de toda una serie de condiciones socioeconómicas concomitantes. Una enorme
revolución histórica (descripta por Marx en el capítulo sobre la acumulación
capitalista primitiva) fue necesaria para la transformación del dinero en
capital.
Pero aquí no nos interesa este aspecto de la
cuestión. Un concepto surge de otro sólo en presencia de determinadas condi
ciones socioeconómicas. El hecho es que todo concepto posterior lleva, en la
teoría de Marx, el sello del anterior. Todos los con ceptos básicos del
sistema económico parecen variedades lógicas del concepto de valor. El dinero
es un valor que sirve como equivalente general. El capital es un valor que crea
plusvalía. Los salarios son el valor de la fuerza de trabajo. La ganancia, el interés,
y la renta forman parte de la plusvalía. A primera vista, esta emanación lógica
de los conceptos económicos básicos a partir del concepto de valor parece
inexplicable. Pero puede explicarse por el hecho de que las relaciones de
producción en la sociedad capitalista, que se expresan en los conceptos men-
143
donados (capital, salarios, ganancia, interés,
renta, etc.), apare cen en la forma de relaciones entre productores
independientes de mercancías, relaciones que se expresan a través del concepto
de valor. El capital es una variedad del valor porque la rela ción de
producción entre el capitalista y los obreros adopta la forma de una relación
entre productores iguales de mercancías, esto es, entre agentes económicos
autónomos. El sistema de con ceptos económicos se desarrolla a partir del
sistema de las rela ciones de producción. La estructura lógica de la economía
política como ciencia expresa la estructura social de la sociedad
capitalista.11
La teoría del valor-trabajo da una formación
teórica a la re lación de producción básica de la sociedad mercantil, una
relación de producción entre productores iguales de mercancías. Esto explica la
vitalidad de esta teoría, que ha estado a la cabeza de la ciencia económica a
través de toda la tormentosa corriente de ideas económicas que se reemplazaron
unas a otras, y a través de todos los ataques que se le dirigieron, siempre
bajo nuevas formas y nuevas formulaciones. Marx destacó esta cualidad de la teoría
del valor-trabajo en su carta a Kugelmann del 11 de julio de 1868: “La historia
de la teoría demuestra que la concepción de la relación de valor ha sido
siempre la misma más o menos clara o más o menos nebulosa, más o menos envuelta
en ilusiones o más o menos científicamente precisa”.12 Hilferding también
mencionó la vitalidad de esa teoría: “La teoría económica con el ámbito que
Marx le da en sus Teorías sobre la plus valía es una explicación de la
necesidad capitalista basada en la producción mercantil. Esta base de la vida
económica, que permanece inmutable a través de un enorme y tormentoso
desarrollo, explica el hecho de que la teoría económica refleje ese desarrollo,
conservando leyes básicas que se descubrieron antes y desarrollándolas luego, pero
no eliminándolas comple tamente. Esto significa que el desarrollo lógico de la
teoría acompaña al desarrollo real del capitalismo. Partiendo de las primeras
formulaciones de la ley del valor-trabajo de Petty y Franklin, y terminando con
las más sutiles consideraciones de los tomos II y III de El capital, el proceso
de desarrollo de la teoría económica se manifiesta como un desenvolvimiento ló
gico.” 13
Esta continuidad del desarrollo histórico de la
teoría del valor explica su lugar lógico central en la ciencia económica. Este
lugar lógico sólo puede ser comprendido en términos del papel
particular que la relación básica entre productores
separados de mercancías como agentes económicos iguales y autónomos desempeña
en el sistema de relaciones de producción de la sociedad capitalista.
Esto hace obvio el error de los intentos por
considerar la teoría del valor-trabajo como completamente inaplicable a la
explica ción de la sociedad capitalista y por restringirla a una sociedad
imaginaria o a una sociedad mercantil simple anterior a la socie dad
capitalista. Croce se pregunta “por qué Marx, al analizar los fenómenos
económicos de la segunda o tercera esfera (es decir, los fenómenos de la
ganancia y la renta, I.R .), siempre usó conceptos cuyo lugar sólo estaba en la
primera*’ (vale decir, en la esfera del valor-trabajo, I.R .). “Si la
correspondencia entre el trabajo y el valor sólo se realiza en la sociedad
simplificada de la primera esfera, ¿por qué insistir en traducir los fenó
menos de la segunda a los términos de la primera?” 14 Criticas semejantes se
basan en una comprensión unilateral de la teoría del valor como explicación
exclusivamente de las proporciones cuantitativas del cambio en una economía
mercantil simple,
en un total desconocimiento del aspecto cualitativo
de la teoría
del valor. Si la ley de las proporciones
cuantitativas del cambio se modifica en el intercambio capitalista, en
comparación con el cambio mercantil simple, el aspecto cualitativo del cambio
es el mismo en ambas economías. Sólo el análisis del aspecto cuali tativo
permite abordar y comprender las proporciones cuantita tivas. "La
expropiación de una parte de la sociedad y la propiedad monopolista de los
medios de producción por la otra parte, obvia mente modifican el cambio,
puesto que la desigualdad entre los miembros de la sociedad sólo puede hacerse
manifiesta en el cambio. Pero, puesto que el acto de intercambio es una
relación de igualdad, la desigualdad adopta la forma de la igualdad, ya no como
igualdad de valor, sino como igualdad de precio de producción/ ’ 15 Hilferding
debía haber extendido su idea y ha berla traducido al lenguaje de las
relaciones de producción.
La teoría del valor, que toma como punto de partida
la igual dad de las mercancías intercambiadas, es indispensable para la
explicación de la sociedad capitalista con todas sus desigualdades, porque las
relaciones de producción entre capitalistas y obreros adoptan la forma de
relaciones entre productores formalmente iguales e independientes de
mercancías. Todos los intentos por separar la teoría del valor de la teoría de
la economía capitalista
145
son incorrectos, restrinjan o no la esfera de
actividad de la teoría del valor a una sociedad imaginaria (Croce), a una
econo mía mercantil simple, o aun a una transformación del valor-trabajo en
una cateogría puramente lógica (Tugán-Baranovsld) o, finalmente, a una tajante
separación de las categorías inter-económicas, esto es, la separación del valor
de categorías sociales como el capital (Struve). (Véase el capítulo VI,
“Crítica de Struve a la teoría del fetichismo de la mercancía” )
146
XI.
Igualdad de las mercancías e igualdad del trabajo
La igualdad de los productores de mercancías como
agentes económicos autónomos se expresa en la forma-cambio: el cambio es en
esencia un cambio de equivalentes, una igualación de mercancías intercambiadas.
El papel del cambio en la economía nacional no se limita a su forma social. En
la economía mercantil, el cambio es uno de los componentes indispensables del
proceso de reproducción. Hace posible una adecuada distribución del trabajo y
la continuación de la producción. En su forma, el cambio refleja la estructura
social de la economía mercantil. En términos de su contenido, el cambio es una
de las fases del proceso de trabajo, el proceso de reproducción. Formalmente,
el acto de intercambio se refiere a una igualación de mercan-rías. Desde el
punto de vista del proceso de producción, se halla estrechamente vinculado con
la igualación del trabajo.
Así como el valor expresa la igualdad de todos los
productos del trabajo, así también el trabajo (la sustancia del valor) ex
presa la igualdad del trabajo en todas las formas y de todos los individuos. El
trabajo es “igual”. Pero ¿en qué consiste la igualdad de ese trabajo? Para
responder a esta cuestión, debemos distinguir tres tipos de trabajo igual:
1) Trabajo
fisiológicamente igual.
2) Trabajo
socialmente igualado.
3) Trabajo
abstracto.
Puesto que aquí no nos referiremos a la primera
forma del trabajo (véase el capítulo XIV), debemos explicar la diferencia entre
la segunda y la tercera forma del trabajo.
En una economía organizada, las relaciones entre
las personas son relativamente simples y transparentes. El trabajo adquiere una
forma directamente social, es decir, hay una cierta organi zación social y
determinados órganos sociales que distribuyen el
147
trabajo entre los miembros individuales de la
sociedad. Así, el tra bajo de todo individuo entra directamente en la economía
social como trabajo concreto, con todas sus propiedades concretas. El trabajo
de cada individuo es social precisamente porque es dife rente del trabajo de
otros miembros de la comunidad, y repre senta un complemento material del
trabajo de éstos. En su forma concreta, el trabajo es directamente trabajo
social. Así, es tam bién trabajo distribuido. La organización social del trabajo
con siste en la distribución de éste entre los diferentes miembros de la
comunidad. A la inversa, la división del trabajo se basa en la decisión de
algún órgano social. El trabajo es al mismo tiempo social y distribuido, lo
cual significa que en su forma técnico-material, concreta o útil, el trabajo
posee ambas propiedades. ¿Es este trabajo también socialmente igualado?
Si dejamos de lado las organizaciones sociales que
se basaban en una extrema desigualdad de los sexos y los grupos indivi duales,
y si consideramos una comunidad amplia con división del trabajo (por ejemplo,
una gran comunidad familiar, o zadruga, de los eslavos del Sur), podemos
observar que el pro ceso de igualación debía, o al menos podía, realizarse en
tal comunidad. Tal proceso será aún más necesario en una gran co munidad
socialista. Sin la igualación del trabajo de diferentes formas y diferentes individuos,
el órgano de la comunidad socia lista no puede decidir si es o no más útil
gastar un día de trabajo calificado o dos días de trabajo simple, un mes del
tra bajo del individuo A a dos meses del trabajo del individuo B para producir
ciertos artículos. Pero en una comunidad organi zada, tal proceso de
igualación de trabajo es básicamente dife rente de la igualación que se
produce en una economía mercantil. Imaginemos una comunidad socialista donde el
trabajo se divide entre los miembros de la comunidad. Determinado órgano social
iguala los trabajos de diversos individuos, puesto que sin esta igualación no
puede realizarse un plan social más o menos ex tenso. Pero en tal comunidad,
el proceso de igualación del trabajo es secundario y complementa el proceso de
socialización y distri bución del trabajo. El trabajo es ante todo trabajo
socializado y distribuido. Podemos también incluir aquí la cualidad del trabajo
socialmente igualado como una característica adicional y derivada. La
característica básica del trabajo es la de ser so cial y distribuido, y una
característica complementaria es su propiedad de ser trabajo socialmente
igualado.
148
Examinemos ahora los cambios que se producirían en
la orga nización del trabajo de nuestra comunidad si imaginamos a esta no como
una entidad organizada, sino como una unión de uni dades económicas separadas
de productores privados de mer cancías, esto es, como una economía mercantil.
Las características sociales del trabajo que
observamos en una comunidad organizada también se encuentran en una economía
mercatil. También aquí podemos ver trabajo social, trabajo distribuido y
trabajo socialmente igualado. Pero todos estos procesos de socialización,
igualación y distribución del tra bajo se realizan en una forma muy diferente.
La combinación de esas propiedades es totalmente distinta. Ante todo, en una
economía mercantil, no hay ninguna organización social directa del trabajo. El
trabajo no es directamente social.
En una economía mercantil, el trabajo de un
individuo aislado, de un productor de mercancías aislado, privado, no está
regulado directamente por la sociedad. Como tal, en su forma concreta, el
trabajo aún no entra directamente en la economía social; el trabajo se hace
social en una economía mercantil, sólo cuando adquiere la forma de trabajo
socialmente igualado, o sea, el trabajo de todo productor de mercancías se hace
social sólo porque su producto es igualado con los productos de todos los otros
productores. Así, el trabajo del individuo en cuestión es igualado al trabajo
de otros miembros de la sociedad y a otras formas de trabajo. No hay ninguna
otra propiedad para deter minar el carácter social del trabajo en una economía
mercantil. Aquí no hay ningún plan esbozado de antemano para la socia lización
y distribución del trabajo. La única indicación del hecho de que el trabajo de
determinado individuo está incluido en el sistema social de la economía es el
cambio de productos del trabajo dado por todos los otros productos.
Así, si se compara una economía mercantil con una
comunidad socialista, la propiedad del trabajo social y la propiedad del
trabajo socialmente igualado parecen haber cambiado de lugar. En la comunidad
socialista, la propiedad del trabajo como igual o igualado es el resultado del
proceso de producción, de la decisión en el ámbito de la producción de un
órgano social que socializa y distribuye el trabajo. En la economía mercantil,
el trabajo sólo se hace social en el sentido que se hace igual a todas las otras
formas de trabajo, en el sentido que se hace tra bajo socialmente igualado. El
trabajo social o socialmente igua
149
lado en la forma específica que tiene en la
economía mercantil, puede ser llamado trabajo abstracto.
Podemos ofrecer algunas citas de las obras de Marx
que con firman lo que hemos dicho. La obra más importante al respecto es la
Contribución a la crítica de la economía política, donde Marx dice que el
trabajo se hace “social sólo cuando toma la forma de trabajo universal
abstracto” es decir, “la forma de la igualación con todas las otras formas de
trabajo” ( Crítica, p. 23). Marx a menudo caracteriza la forma social del
trabajo en una economía mercantil con estas palabras: “trabajo abstracto y,
bajo esta forma, social”. También podemos citar la conocida frase de El
capital, según la cual en una economía mercantil, "el carácter
específicamente social de los trabajos privados inde pendientes los unos de
los otros reside en lo que tienen de igual como modalidades que son de trabajo
humano” (C., I, p. 39).
Así, en una economía mercantil, el centro de
gravedad de la
propiedad
social del trabajo se des-plaza
de su característica
de ser trabajo social a su característica de ser
trabajo igual o
socialmente igualado, igualado a través de la
igualación de los
productos del trabajo. El concepto de igualdad del
trabajo desem
peña un papel tan importante en la teoría del valor de Marx
precisamente porque en la economía mercantil el
trabajo sólo se hace social si tiene la propiedad de ser igual.
En una economía mercantil, las características del
trabajo so cial y del trabajo distribuido tienen su fuente en la igualdad del
trabajo. La distribución de] trabajo en la economía mercantil no es una
distribución conciente compatible con determinadas necesidades previamente
manifestadas, sino que se regula por el principio de ]a ventaja igual de la
producción. La distribución del trabajo entre diferentes ramas de la producción
se lleva a cabo de tal modo que los productores de mercancías, a través del gasto
de iguales cantidades de trabajo, adquieren sumas iguales de valor en todas las
ramas de la producción.
Podemos ver que la primera propiedad del trabajo
abstracto (esto es, trabajo socíalmente igualado en la forma específica que
tiene en una economía mercantil) consiste en el hecho de que sólo se hace
social si es igual. Su segunda propiedad consiste en el hecho de que la
igualación del trabajo se realiza a través de la igualación de las cosas.
En una sociedad socialista, los procesos de
igualación del tra bajo y de igualación de las cosas (productos del trabajo)
son
150
p
i
posibles, pero están separados uno de otro. Cuando
se establece el plan para la producción y distribución de las diferentes for
mas de trabajo, la sociedad socialista realiza cierta igualación de las
diferentes formas de trabajo, y simultáneamente iguala cosas (productos del
trabajo) desde el punto de vista de la utilidad social. “Cierto que la sociedad
[socialista] tendrá tam bién entonces que saber cuánto trabajo requiere la
producción de cada objeto de uso. Pues tendrá que establecer un plan de producción
atendiendo a los medios de producción, entre los cuales se encuentran
señaladamente las fuerzas de trabajo. El plan quedará finalmente determinado
por la comparación de los efec tos útiles de los diversos objetos de uso entre
ellos y con las cantidades de trabajo necesarias para su producción.” 1 Cuando
se termine el proceso de producción, cuando se produzca la distribución de las
cosas producidas entre los miembros indi viduales de la sociedad,
probablemente sea indispensable cierta igualación de cosas para el propósito de
la distribución, para la evaluación conciente por la sociedad de esas cosas.2
Es obvio que la sociedad socialista no tiene que evaluar las cosas durante su
igualación (durante su evaluación) en proporción precisa al trabajo gastado en
su producción. Una sociedad dirigida por los objetivos de una política social
puede introducir conciente-mente una estimación inferior de las cosas que
satisfacen las necesidades culturales de las grandes masas populares, y una
estimación mayor de los artículos de lujo, Pero aun cuando la sociedad
socialista evalúe las cosas exactamente en proporción al trabajo gastado en
ellas, la decisión de la igualación de las cosas será separada de la decisión
sobre la igualación del trabajo.
Sucede de otro modo en una sociedad mercantil. Aquí
no hay ninguna decisión social independiente sobre la igualación del trabajo.
La igualación de diversas formas de trabajo sólo se realiza en la forma y
mediante la igualación de las cosas, pro ductos del trabajo. La igualación de
las cosas en la forma de valores en el mercado afecta a la división del trabajo
en la socie dad y a la actividad laboral de los participantes en la
producción. La igualación y distribución de las mercancías en el mercado está
estrechamente vinculada con los procesos de igualación y distribución del
trabajo en la producción social.
Marx señaló con frecuencia que en una economía
mercantil la igualación social del trabajo sólo se realiza en una forma
material y a través de la igualación de las mercancías: “los
151
hombres no relacionan entre sí los productos de su
trabajo como
valores porque estos objetos les parezcan
envolturas simplemente
materiales de un trabajo humano igual. Es al revés.
Al equiparar
unos con otros en el cambio, como valores, sus
diversos produc
tos, lo
que hacen es equiparar entre sí sus diversos trabajos,
como modalidades de trabajo humano. No lo saben
pero lo hacen” m
(C., I, p. 39). La igualación social del trabajo no existe inde-
pendientemente; se la realiza sólo a través de la
igualación de
las cosas.
Esto significa que la igualdad social del trabajo sólo
se realiza a través de las cosas. “El intercambio
de los productos
como mercancías es un determinado método de
intercambio del
trabajo, un método de dependencia del trabajo de
uno con res
pecto al de otro”
(Theorien über den Mehrwert, III,
p. 153).
“La igualdad de toda suerte de trabajo humano se
expresa obje
tivamente en que sus productos son todos,
igualmente, valores"
( Kapital, I, p. 39; C., I, p. 38). “El cerebro de
los productores
privados se
limita a reflejar este doble carácter social de sus
trabajos privados en aquellas formas que revela en la práctica
el
mercado, el cambio
de productos: el
carácter socialmente
útil de sus trabajos privados, bajo la forma de que
el producto
del trabajo ha de ser útil, y útil para otros; el
carácter social de
la igualdad de los distintos trabajos, bajo la
forma del carácter
de valor común a todos esos objetos materialmente
diversos que
son los productos del trabajo” (C., I, p. 39).
No hay nada más
erróneo que interpretar estas palabras
en
el
sentido de que la
igualdad de las cosas
como valores no
representa nada más que una expresión de igualdad
fisiológica
de diversas
formas de trabajo humano (ver
más adelante, el
capítulo sobre El
trabajo abstracto). Esta concepción materia
lista mecánica es extraña a Marx. Él habla del
carácter social de
la igualdad de diversos tipos de trabajo, de los
procesos sociales
de
igualación del trabajo
indispensables para toda
economía
basada en una extensa división del trabajo. En la
economía mer
cantil, este proceso se realiza sólo mediante la
igualación de los
productos
del trabajo como valores. Esta “materialización” del
proceso
social de igualación en la
forma de una igualación
de las cosas
no implica la
objetivación material del
trabajo
como un factor de la producción, es decir, su
acumulación ma
terial en cosas
(productos del trabajo).
“El trabajo de todo individuo se manifiesta en
valores de cam
bio, posee
ese carácter social de igualdad y sólo
se manifiesta
en el
valor de cambio, pues referido al trabajo de todos los
1 5 2
otros individuos, es considerado como trabajo
igual” (Crítica, p. 10). En estas palabras, Marx expresó claramente la
intercone xión y condicionamiento mutuos de los procesos de igualación del
trabajo e igualación de las mercancías como valores, en la economía mercantil.
Esto explica el papel específico que desem peña el proceso del cambio en el
mecanismo de la economía mercantil como igualador de los productos del trabajo
en cuanto a valores. El proceso de igualación y distribución del trabajo se
halla estrechamente conectado con la igualación de valores. Los cambios en la
magnitud del valor de las mercancías dependen del trabajo socialmente necesario
gastado en las mercancías, no por que la igualación de las cosas no sea
posible sin la igualdad del trabajo gastado en ellas (según Bohm-Bawerk, es así
como Marx da fundamento a su teoría), sino porque la igualación social del
trabajo se realiza, en una economía mercantil, sólo en la forma de una
igualación de las mercancías. La clave de la teoría del valor no puede
encontrarse en el acto de intercambio como tal, en la igualación material de
mercancías como valores, sino en el modo en que el trabajo es igualado y
distribuido en la economía mercantil. Nuevamente llegamos a la conclusión de
que Marx reveló las propiedades del “valor” analizando el “trabajo” en una
economía mercantil.
Esto hace obvio el hecho de que Marx analiza el
acto de intercambio sólo en la medida en que desempeña un papel específico en
el proceso de reproducción y se halla estrecha mente vinculado a este proceso.
Marx analiza el “valor” de las mercancías en su conexión con el “trabajo”, con
la igualación y distribución del trabajo en la producción. La teoría del valor
de Marx no analiza todo intercambio de cosas, sino sólo el que se produce: 1)
en una sociedad mercantil; 2) entre produc tores de mercancías autónomos; 3)
cuando está vinculado al proceso de reproducción de determinada manera,
representando así una de las fases necesarias del pro ceso de reproducción. La
interconexión de los procesos de cambio y distribución del trabajo en la
producción nos lleva (para los fines del análisis teórico) a concentrarnos en
el valor de los productos del trabajo (en contraste con los bienes naturales
que pueden tener un precio; ver antes, capítulo V), y por consiguiente sólo en
aque llos productos que pueden ser reproducidos. Si el intercambio de bienes
naturales (por ejemplo, la tierra) es un fenómeno normal de la economía
mercantil, vinculado con el proceso de producción, debemos incluirlo dentro del
ámbito de la economía
153
política. Pero esto debe ser analizado
separadamente en los fenó menos relacionados con el valor de los productos del
trabajo. Por mucho que el precio de la tierra influya en el proceso de
producción, la conexión entre aquellos será diferente de la cone xión
funcional entre el valor de los productos del trabajo y el proceso de
distribución del trabajo en la producción social. El precio de la tierra y, en
general, el precio de los bienes que no pueden multiplicarse no es una
excepción a la teoría del valor-trabajo, sino que está en las fronteras de esa
teoría, en sus límites, límites que la teoría misma fija, como teoría socio
lógica que analiza las leyes que determinan los cambios del valor y el papel
del valor en el proceso de producción de la sociedad mercantil.
Así, Marx no analiza todo intercambio de cosas,
sino sólo la igualación de mercancías a través de la cual se realiza la igua
lación social del trabajo en una economía mercantil. Analizamos el valor de las
mercancías como una manifestación de la “igual dad social del trabajo".
Debemos vincular el concepto de “igualdad social del trabajo” al concepto de
equilibrio entre formas indi viduales de trabajo. La “igualdad del trabajo”
corresponde a un estado determinado de distribución del trabajo en la producción,
o sea, a un estado de equilibrio teóricamente concebido en el cual la
transferencia de trabajo de una rama de la producción a otra cesa. Es obvio que
las transferencias de trabajo se produ cirán siempre y son indispensables si
hay una deformación cons tante de la proporcionalidad en la distribución como
consecuencia de la espontaneidad de la economía. Pero esas transferencias de
trabajo sirven precisamente para eliminar las deformaciones, para suprimir las
desviaciones del promedio, del equilibrio teórica mente concebido entre las
ramas individuales de la producción. El estado de equilibrio se realiza
“teóricamente” cuando los motivos que estimulan a los productores de mercancías
a pasar de una rama a otra desaparecen, cuando se crean ventajas igua les para
la producción en las diferentes ramas. El intercambio de productos del trabajo
entre diferentes ramas según sus valores, la igualdad social de diferentes
tipos de trabajo, corresponde al estado de equilibrio social de la producción.
Las leyes de este equilibro, examinadas en su aspecto cualitativo, son
diferentes en la economía mercantil simple y en la economía capitalista. Esta
diferencia puede explicarse por el hecho de que el equilibrio objetivo en la
distribución del trabajo social se crea mediante la competencia, mediante la
transferencia de trabajo de una
154
rama a otra, transferencia vinculada a los motivos
subjetivos de los productores de mercancías,4 Los diferentes roles de los
produc tores de mercancías en el proceso social de la producción crean, de
este modo, leyes diferentes de equilibrio en la distribución del trabajo. En
una economía mercantil simple, condiciones igualmente ventajosas para la
producción para los productores de mercancías empleadas en ramas diferentes, se
realizan a tra vés del intercambio de mercancías de acuerdo con la cantidad de
trabajo necesario para la producción de estas mercancías. S. Frank desconfía de
esta proposición. En su opinión, "la tendencia a los ingresos iguales de
diferentes ramas de la economía presu pone que el precio del producto será
proporcional a los gastos del productor, de modo que una cierta suma de
ingresos pro vendrá de cierta suma de gastos de producción. Sin embargo, esta
proporcionalidad no presupone la igualdad entre el trabajo social gastado por
el productor y las cantidades de trabajo que obtiene a cambio de su
producción.” 6
Pero S. Frank no se pregunta cuál es el contenido
de los gastos de producción para el productor simple de mercancias, si no es el
gasto de trabajo en la producción. Para el productor simple de mercancías, la
diferencia en las condiciones de la producción en dos ramas diferentes aparecen
como diferentes condiciones para el empleo de trabajo en ellas. En una economía
mercantil simple, el cambio de diez horas de trabajo en una rama de la
producción, por ejemplo, la fabricación de zapatos, por el producto de ocho
horas de trabajo de otra rama, por ejemplo, la fabricación de paños,
necesariamente conduce (si el zapatero y el pañero están igualmente
calificados) a diferentes ventajas de la producción en las dos ramas y a la
transferencia de trabajo de la fabricación de zapatos a la de paños. Suponiendo
una completa movilidad de trabajo en la economía mercantil, toda diferencia más
o menos significativa en las ventajas de la producción genera una tendencia a
la transferencia de trabajo de la rama menos ventajosa de la producción a la
más ventajosa. Esta tendencia subsiste hasta que la rama aventajada se enfrenta
con la amenaza directa del derrumbe económico y encuentra imposible continuar
la producción por las desfavorables condi ciones para la venta de sus productos
en el mercado.
Partiendo de estas consideraciones, no podemos
estar de acuer do con la interpretación de la teoría del valor dada por A.
Bogdanov. “En una sociedad homogénea, con división del trabajo, toda unidad
económica debe recibir, a cambio de sus artículos,
155
una cantidad de productos (para su propio consumo)
igual en valor a sus propios productos, con el fin de mantener la vida
económica al mismo nivel que en el periodo anterior.” “Si las unidades
económicas individuales reciben menos que esto, comien zan a debilitarse y a
derrumbarse, y dejan de ser capaces de
realizar su
anterior rol social.” 6
El intercambio de
productos
que no es
proporcional al trabajo
gastado en la
producción
de esos productos significa que las unidades
económicas indivi duales reciben de la sociedad menos energía de trabajo de la
que dan. Esto conduce a su derrumbe y a la interrupción de la producción. Esto
significa que el curso normal de la producción sólo es posible cuando el
intercambio de productos es propor cional a los gastos de trabajo.7
Por original y seductora que sea esta
interpretación de la teoría del valor-trabajo basada en la “energía”, no es
satisfactoria por las sigiuentes razones: 1) Presupone una ausencia total de
pro ductos excedentes, y esta presuposición es superflua para el análisis de
la economía mercantil y no corresponde a la realidad.
2) Si
se acepta tal premisa, la ley del cambio de los productos en proporción a sus
costos de trabajo se verá que es efectiva en todos los casos de interacción
entre unidades económicas dife rentes, aunque los fundamentos de una economía
mercantil no existan, Lo que se obtiene es una fórmula aplicable a todos los
períodos históricos y abstraída de las propiedades de la economía
mercantil.
3) El argumento
de A. Bogdanov
presupone que
la economía dada debe recibir (como resultado del
cambio) una determinada cantidad de productos en especie necesaria para la
continuación de la producción, es decir, tiene presente la cantidad de
productos en términos físicos y no la suma de valores. A. Bogdanov describe el
límite absoluto más allá del cual el cambio de cosas entre una unidad económica
determinada y otras unidades económicas se hace destructivo para la primera y
la priva de la posibilidad de continuar la producción. Pero al ana lizar la economía
mercantil, el rol decisivo lo desempeña la ventaja relativa de la producción
para los productores de mercancías de las diferentes ramas, y la transferencia
de trabajo de las ramas menos ventajosas a las más ventajosas. En las
condiciones de la producción mercantil simple, iguales ventajas para la pro
ducción en ramas diferentes presuponen un intercambio de mer cancías
proporcional a las cantidades de trabajo gastado en su producción. En la
sociedad capitalista, donde el productor de mercancías no gasta su trabajo sino
su capital, el mismo principio
156
de las ventajas iguales se expresa en una fórmula
diferente: igual ganancia por capitales iguales. La tasa de ganancia regula la
distribución del capital entre las diferentes ramas de la produc ción, y esta
distribución del capital a su vez dirige la distribución del trabajo entre esas
ramas. El movimiento de los precios en el mercado se relaciona con la
distribución del trabajo a través de Ja distribución del capital. El movimiento
de los precios está determinado por el valor-trabajo a través del precio de
producción. Muchos críticos del marxismo se inclinaron a ver en esto la ban
carrota de la teoría del valor de Marx.3 Pasaron por alto el hecho de que la
teoría no sólo analiza el aspecto cuantitativo sino sobre todo el aspecto
cualitativo (social) de los fenómenos relacionados con el valor. La
“cosificacióri” o fetichización de las relaciones laborales, las relaciones de
producción expresadas en el valor de los productos, la igualdad de los
productores de mercancías como agentes económicos y el papel del valor en la
distribución del trabajo en las diferentes ramas de producción, toda esta
cadena de fenómenos que no fue adecuadamente examinada por los crí ticos de
Marx y que fue dilucidada por la teoría del valor de éste, se refiere por igual
a una economía mercantil simple y a una economía capitalista. Pero el aspecto
cuantitativo del valor también interesó a Marx sí se relacionaba con la función
del valor como regulador de la distribución del trabajo. Las propor ciones
cuantitativas en que las cosas se cambian son expresiones de la ley de la
distribución proporcional del trabajo social. El valor del trabajo y el precio
de producción son diferentes manifestaciones de la misma ley de distribución
del trabajo en las condiciones de la producción mercantil simple y en la
sociedad capitalista.8 El equilibrio y la distribución del trabajo son las
bases del valor y sus cambios, tanto en la economía mer cantil simple como en
la economía capitalista. Este es el signi ficado de la teoría del
valor-Mtrabajo”.
En los tres capítulos anteriores examinamos el
mecanismo que vincula el trabajo y el valor. En el capítulo IX, tratamos
primero al valor como regulador de la distribución del trabajo social, en el
capítulo X, como expresión de las relaciones sociales de producción entre las
personas; en el capítulo XI, como expresión de trabajo abstracto. Ahora podemos
volver a un análisis más detallado del concepto de valor.
157
XII.
Contenido y forma del valor
Con el objeto de comprender qué significa el
concepto de “valor" en la obra de Marx, como diferente de la concepción de
Marx del valor de cambio, debemos ante todo examinar cómo abordó Marx el
concepto de “valor”. Como es sabido, el valor de un producto, por ejemplo, 1
arroba de trigo, sólo puede expresarse en el mercado en la forma de un
determinado producto con creto que es adquirido a cambio del primer producto,
por ejem plo, en la forma de 20 libras de betún para zapatos, 2 arshins de
seda, 1 de onza de oro, etc. Así, el “valor” del producto sólo puede aparecer
en su “valor de cambio” o, más precisamente, en sus diferentes valores de
cambio. Pero ¿por qué Marx no limitó su análisis al valor de cambio del
producto y particular mente a las proporciones cuantitativas de cambio de un
producto por otro? ¿Por qué consideró necesario construir el concepto de valor
paralelamente al concepto de valor de cambio y como diferente de él?
En la Contribución a la critica de la economía
política, Marx no había distinguido aún muy claramente entre valor de cambio y
valor. En la Crítica, Marx comenzó su análisis por el valor de uso, luego pasó
al valor de cambio, y de aquí abordó directa mente el valor (que aún llamaba
tauschwert). Esta transición es suave e imperceptible en la obra de Marx, como
si fuera algo obvio.
Pero Marx realiza esta transición de manera muy
diferente en El capital, y es muy interesante comparar las dos primeras páginás
de la Crítica y de El capital.
Las dos primeras páginas de ambas obras concuerdan
perfec tamente una con otra. La exposición comienza en ambas por el valor de
uso y luego pasa al valor de cambio. La afirmación de que el valor de cambio es
una forma de interrelación cuanti tativa o proporción en que los productos se
cambian uno por otros se encuentra en ambos libros. Pero luego, los dos textos
159
divergen. Si en la Crítica Marx pasa
imperceptiblemente del valor de cambio al valor, en El capital parece, por el
contrario, permanecer en un punto determinado, como si previera las objeciones
de sus oponentes. Después de la afirmación que es común a ambos textos, Marx
señala: “Parece, pues, como si el va lor de cambio fuese algo puramente casual
y relativo, como si, por tanto, fuese una contradictio in adjecto la existencia
de un valor de cambio interno, inmanente a la mercancía (valeur intrin-seque).
Pero, observemos la cosa más cerca” (C., I, p. 4).
Podemos ver que aquí Marx tenía in mente un
adversario que deseaba demostrar que no existen nada más que valores de cam
bio relativos, que el concepto de valor es totalmente superfluo en la economía
política. ¿Quién era el oponente al que aludía Marx? Ese oponente era [Samuel]
Bailey, quien sostenía que el concepto de valor es totalmente innecesario en la
economía política y que es menester limitarse a la observación y el análisis de
las proporciones individuales en que se cambian diversos artículos. Bailey,
quien tuvo más éxito en su superficialidad que en su ingeniosa crítica a
Ricardo, trató de socavar los fun damentos de Ja teoría del valor-trabajo.
Sostenía que es erróneo hablar del valor de una mesa. Sólo podemos decir que la
mesa se cambia por tres sillas en una oportunidad, por dos libras de café en
otra, etc.; la magnitud del valor es algo completamente relativo y varía en
diferentes casos. A partir de esto, Bailey extrajo conclusiones que conducían a
la negación del concepto de valor como concepto que difiere del valor relativo
de un producto determinado en un acto determinado de intercambio. Imaginemos el
siguiente caso: el valor de una mesa es igual a tres sillas. Un año más tarde,
la mesa se cambia por seis sillas. Pensamos que tenemos razón si decimos que,
aun cuando el valor de cambio de la mesa se ha modificado, su valor ha perma
necido inmutable. Sólo disminuye el valor de la silla a la mitad de su valor
anterior. Bailey considera esta afirmación como sin sentido. Puesto que la
relación de cambio entre la mesa y las sillas se modificó, la relación de las
sillas con la mesa también se modificó y el valor de la mesa consiste sólo en
esto.
Con el fin de refutar la teoría de Bailey, Marx
consideró necesario desarrollar (en El capital) la concepción según la cual el
valor de cambio no puede ser comprendido si no es reducido a algún factor
común, o sea, al valor. La primera sección del capítulo I de El capital está
dedicada a dar fundamento a esta idea de la transición del valor de cambio al
valor y del valor
160
a la base común que subyace en ambos, vale decir,
el trabajo. La sección 2 es un complemento de la sección 1, puesto que aquí el
concepto de trabajo es analizado con mayor detalle. Podemos decir que Marx pasó
de las diferencias que se mani fiestan en la esfera del valor de cambio al
factor común que cons tituye la base de todos los valores de cambio, o sea, al
valor (y en último análisis al trabajo). Aquí Marx muestra la inexac titud de
la concepción de Bailey sobre la posibilidad de limitar el análisis a la esfera
del valor de cambio. En la sección 3, Marx emprende el curso opuesto y explica
el modo en que el valor de un producto determinado se expresa en sus diversos
valores de cambio. Antes, Marx había sido conducido por el aná lisis a ese
factor común, y ahora se desplaza del factor común a las diferencias. Antes
refutó la concepción de Bailey, y ahora completa la teoría de Ricardo, que no
explica la transición del valor al valor de cambio. Con el fin de refutar la
teoría de Bailey, Marx tuvo que desarrollar la teoría de Ricardo.
En realidad, el intento de Bailey por demostrar que
no hay ningún valor aparte del valor de cambio, fue facilitado de modo
significativo por la unilateralidad de Ricardo. Éste no pudo de mostrar cómo
el valor se expresa en una determinada forma del valor. Así, Marx debió
realizar dos tareas: 1) tuvo que demostrar que el valor debe ser revelado
detrás del valor de cambio; 2) tuvo que probar que el análisis del valor
conduce necesariamente a diferentes formas de su manifestación, al valor de
cambio.
¿Cómo realizó Marx la transición del valor de
cambio al valor? Habitualmente, críticos y comentadores de Marx sostienen que
su argumento central consiste en su famosa comparación entre el trigo y el
hierro en la página 3 del primer volumen de la edición alemana de El capital.
Si se igualan el trigo y el hierro, razonaba Marx, entonces debe haber algo
común a ambos, algo igual en magnitud. Deben ser iguales a una tercera cosa, y
ésta es preci samente su valor. Habitualmente se sostiene que éste es el prin
cipal argumento de Marx. Casi todas las críticas a la teoría de Marx están
dirigidas contra este argumento. Infortunadamente, toda obra dirigida contra
Marx sostiene que Marx trató de probar la necesidad del concepto de valor mediante un razonamiento puramente
abstracto. Pero lo que se ha pasado totalmente por alto es la siguiente
circunstancia. El párrafo en el cual Marx trata de la igualdad del trigo y del
hierro es simplemente una deduc ción a partir del párrafo anterior, que
dice: "Una determinada
161
mercancía, un quarter de trigo por ejemplo, se
cambia en las más diversas proporciones por otras mercancías v. gr.: por %
betún, por y seda, por z oro, etc. Pero, como x betún, y seda, z oro, etc.
representan el valor de cambio de un quarter de trigo, x betún, y seda, z oro,
etc. tienen que ser necesariamente valores de cam bio permutables los unos por
los otros o iguales entre sí. De donde se sigue: primero, que los diversos
valores de cambio de la misma mercancía expresan todos ellos algo igual; segundo,
que el valor de cambio no es ni puede ser más que la expresión de un contenido
diferenciable de él, su ‘forma de manifestarse* ” (C , I, p. 4).
Como puede verse en este pasaje, Marx no examina el
caso particular de la igualación de una mercancía con otra. El punto de partida
del argumento es la afirmación de un hecho desco nocido acerca de la economía
mercantil, de que todas las mer cancías pueden ser igualadas unas con otras, y
de que una mercancía determinada puede ser igualada con una infinidad de otras
mercancías. En otras palabras, el punto de partida de todo el razonamiento de
Marx es la estructura concreta de la economía mercantil y no el método
puramente lógico de compa ración de dos mercancías entre sí.
Así, Marx parte del hecho de la igualación múltiple
de todas las mercancías entre sí, o del hecho de que toda mercancía puede ser
igualada con muchas otras mercancías. Pero esta premisa, por sí misma, no basta
para todas las conclusiones que alcanzó Marx. En la base de esas conclusiones
hay aún un supuesto tácito que Marx formula en diversos lugares.
Otra premisa es la siguiente: suponemos que el
cambio de una cuartilla de trigo por cualquier otra mercancía obedece a cierta
regularidad. La regularidad de estos actos de intercambio obe dece a su
dependencia del proceso de producción. Rechazamos la premisa de que la
cuartilla de trigo puede ser cambiada por una cantidad arbitraria de hierro,
café, etc. No podemos admitir la premisa de que las proporciones del cambio se
establecen en cada momento en el acto mismo del intercambio y tienen, por ende,
un carácter totalmente accidental. Por el contrario, afir* mam os que todas las
posibilidades para el cambio de una mer cancía determinada por cualquier otra
mercancía obedecen a ciertas regularidades basadas en el proceso de producción.
En tal caso, el argumento total de Marx adquiere la siguiente forma,
Marx dice: tomemos, no el cambio al azar de dos
mercancías, hierro y trigo, sino el cambio en la forma en que realmente se
162
produce en una economía mercantil. Entonces veremos
que todo objeto puede ser igualado con todos los otros objetos. En otras
palabras, vemos una infinidad de proporciones de intercambio del producto dado
con todos los otros. Pero estas proporciones de cambio no son accidentales, son
regulares, y su regularidad está determinada por causas que se encuentran en el
proceso de producción. Así, llegamos a la conclusión de que el valor de una
cuartilla de trigo se expresa una vez en dos libras de café, otra en tres
sillas, etc., independientemente de que el valor de una cuartilla de trigo haya
sido el mismo en todos estos casos. Si suponemos que en cada una de las
infinitas proporciones de cam bio la cuartilla de trigo tiene otro valor (y es
a esto a lo que puede reducirse la afirmación de Bailey), entonces admitiríamos
un caos completo en el fenómeno de la formación de los precios, en el imponente
fenómeno del cambio de productos mediante el cual se lleva a cabo la vasta
interrelación de todas las formas del trabajo.
El anterior razonamiento condujo a Marx a la
conclusión de que si bien el valor del producto se manifiesta necesariamente en
el valor de cambio, debía incluir el análisis del valor en el del valor de
cambio e independientemente de él. “En el curso de nuestra investigación
volveremos de nuevo al valor de cambio, como expresión necesaria o forma
obligada de manifestarse el valor, que por ahora estudiaremos
independientemente de esta forma” (C., I, p. 6). De acuerdo con esto Marx
analizó, en las secciones primera y segunda del capítulo I de El capital, el
con cepto de valor con el fin de pasar luego al valor de cambio. Esta
distinción entre valor y valor de cambio nos lleva a pre guntamos: ¿qué es el
valor, a diferencia del valor de cambio?
Si tomamos la opinión más popular y difundida,
entonces, infortunadamente, podemos decir que se considera habitualmente el
valor como el trabajo necesario para la producción de deter minadas
mercancías. Sin embargo, el valor de cambio de ciertas mercancías es
considerado como otro producto por el cual se cambia la primera mercancía. Si
una mesa determinada se pro duce en tres horas de trabajo y se cambia por tres
sillas, habitual mente decimos que el valor de la mesa, igual a las tres horas
de trabajo, fue expresado en otro producto diferente de la mesa misma, o sea,
en tres sillas. Las tres sillas constituyen el valor de cambio de la mesa.
Esta definición popular habitualmente no deja en
claro si el valor está determinado por el trabajo o si el valor es el trabajo
163
mismo. Obviamente, desde el punto de vista de la
teoría de Marx, es exacto decir que el valor de cambio está determinado por el
trabajo, pero entonces debemos preguntarnos: ¿qué es el valor determinado por
el trabajo?, y a esta pregunta habitual mente no encontramos una respuesta
adecuada en las explica ciones populares.
Por ello, el lector frecuentemente se hace la idea
de que el valor del producto no es nada más que el trabajo necesario para su
producción. Se obtiene la impresión falsa de la identidad completa entre
trabajo y valor.
Tal concepción está muy difundida en la literatura
anti-mar-xista. Podríamos decir que gran número de los mal entendidos y las
malas interpretaciones que pueden encontrarse en la literatura anti-marxista se
basan en la falsa impresión de que, según Marx, completa entre trabajo y valor.
Esta falsa impresión a menudo surge de la
incapacidad para captar la terminología y el significado de la obra de Marx.
Por ejemplo, la conocida afirmación de Marx de que el valor es trabajo
“congelado” o “cristalizado”, se interpreta habitualmente en el sentido de que
el trabajo es valor. Esta impresión errónea surge también del doble significado
del verbo ruso “representar” (predstavliat). El valor “representa” trabajo: así
traducimos el verbo alemán “darstellen”. Pero esta frase rusa puede ser enten dida
no sólo en el sentido de que el valor es una represen tación o expresión del
trabajo —el único sentido compatible con la teoría de Marx—, sino también en el
sentido de que el valor es trabajo. Tal impresión, que es la más difundida en
la litera tura crítica dirigida contra Marx, es por supuesto completamente
falsa. El trabajo no puede ser identificado con el valor. El tra bajo es sólo
la sustancia del valor, y con el fin de obtener el valor en el pleno sentido de
la palabra, el trabajo, como sustancia del valor, debe ser tratado en su
conexión inseparable con la “forma del valor” (W ertform) social.
Marx analiza el valor en términos de su forma,
sustancia y mag nitud (Wertform, Wertsubstanz y Wertgrósse). “El punto
decisivo fundamental, consiste en revelar la conexión interna necesaria entre
la forma, la sustancia y la magnitud del valor” (Kapital, I, 1867, p. 34). La
conexión entre estos tres aspectos permanecería oculta a los ojos del analista,
porque Marx los analizó separadamente unos de otros. En la primera edición
alemana de El capital, Marx señaló varias veces que el tema era el análisis de
varios aspectos del mismo objeto: el valor. “Ahora conocemos la sus-
164
tanda del valor. Es el trabajo. Conocemos la medida
de su magnitud. Es el tiempo de trabajo. Lo que nos queda por ver es su formay
que convierte el valor en valor de cambio” (Ibíd., p. 6; las bastardillas son
de Marx). “Hasta ahora sólo hemos definido la sustancia y la magnitud del
valor. Ahora pasamos-al análisis de la forma del valor” (Ibíd., p. 13). En la
segunda edición del tomo I de El capital, estas frases fueron excluidas, pero
el primer capítulo está dividido en secciones con títulos separados: el título
de la primera sección dice “Sustancia y magnitud del valor”; la tercera sección
se titula: “La forma del valor o valor de cambio”. En cuanto a la segunda
sección, dedicada al doble carácter del trabajo, sólo es un complemento de la
primera sección, esto es, de la teoría de la sustancia del valor.
Dejando aquí de lado el aspecto cuantitativo o
magnitud del valor, y limitándonos al aspecto cualitativo, podemos decir que el
valor debe ser considerado en términos de “sustancia” (conte nido) y “forma
del valor”.1 La obligación de analizar el valor en términos de los dos factores
incluidos en él suspone la obli gación de mantener un método genético
(dialéctico) en el análisis. Este método contiene el análisis tanto como la
síntesis.2 Por una parte, Marx parte del análisis del valor como la forma acabada
del producto del trabajo, y mediante el análisis descu bre el contenido
(sustancia) que incluye la forma dada, esto es, el trabajo. Marx sigue aquí el
camino abierto por los econo mista clásicos, particularmente Ricardo, y que
Bailey se niega a seguir. Pero por otro lado, puesto que Ricardo se limitó en
su análisis a la reducción de la forma (el valor) al contenido (el trabajo),
Marx quiere mostrar por qué este contenido adquiere una forma social
determinada. Marx no sólo va de la forma al contenido, sino también del
contenido a la forma. Hace de la “forma del valor” el objeto de su examen, o
sea, el valor como la forma social del producto del trabajo, la forma que los
economistas clásicos daban por supuesta y que, por ende, no necesitaban
explicar.
Al reprochar a Bailey el limitar su análisis al
aspecto cuanti tativo del valor de cambio e ignorar el valor, Marx observa que
la escuela clásica, por otro lado, ignoró las “formas del va lor”, aunque
sometió el valor mismo (es decir, el contenido del valor, su dependencia del
trabajo) al análisis. “La economía po lítica ha analizado, indudablemente,
aunque de un modo imper fecto, el concepto del valor y su magnitud,
descubriendo el
165
contenido que se escondía bajo estas formas. Pero
no se le ha ocurrido preguntarse siquiera por qué este contenido reviste
aquella forma, es decir, por qué el trabajo toma cuerpo en el valor y por qué
la medida del trabajo según el tiempo de su duración se traduce en la magnitud
de valor del producto del trabajo" (C., I, p. 45). Los economistas
clásicos detrás del valor descubrieron el trabajo; Marx mostró que las
relaciones de trabajo entre las personas y el trabajo social adoptan necesa*
riamente la forma material del valor de los productos del tra bajo en una
economía mercantil. Los clásicos señalaron el con tenido del valor, el trabajo
gastado en la producción del pro ducto. Marx estudió sobre todo la “forma del
valor”, vale decir, el valor como la expresión material de las relaciones de
trabajo entre las personas y el trabajo social (abstracto).3
La “forma del valor” desempeña un papel importante
en la teoría marxista del valor. Sin embargo, no atrajo la atención de los
críticos (excepto Hilferding).4 Marx mismo menciona “la forma del valor” en
varios pasajes de manera incidental. La tercera sección del capítulo I de El
capital lleva el título de “La Forma del valor o valor de Cambio”. Pero Marx no
se detiene en la explicación de la forma del valor y pasa rápida mente a sus
diversas modificaciones, a las “formas del valor” particulares: la accidental,
la expandida, la general y la mo netaria. Estas diferentes “formas del valor”,
incluidas en toda exposición popular de la teoría de Marx, deja en la sombra la
“forma del valor” como tal. Marx elaboró la “forma del valor” con mayor detalle
en el pasaje antes mencionado: “Uno de los defectos fundamentales de la
economía política clásica es el no haber conseguido jamás desentrañar del
análisis de la mer cancía, y más especialmente del valor de ésta, la forma del
valor que lo convierte en valor de cambio. Precisamente en la perso na de sus
mejores representantes, como Adam Smith y Ricardo, estudia la forma del valor
como algo perfectamente indiferente o exterior a la propia naturaleza de la
mercancía. La razón de esto no está solamente en que el análisis de la magnitud
del valor absorbe por completo su atención. La causa es más honda. La forma de
valor que reviste el producto del trabajo es la forma más abstracta y, al mismo
tiempo, la más general del régimen burgués de producción, caracterizado así como
una modalidad específica de producción social y a la par, y por ello mismo,
como una modalidad histórica. Por tanto, quien vea en ella la forma natural
eterna de la producción social, pasará
166
por alto necesariamente lo que hay de específico en
la forma del valor y, por consiguiente, en la forma mercancía, que, al
desarrollarse, conduce a la forma dinero, a la forma capital, etc.” (C., I. p.
45, nota; las bastardillas son nuestras).
Así, la “forma del valor” es la forma más general
de la econo mía mercantil; es característica de la forma social que adquiere
el proceso de producción en un determinado nivel del desarro llo histórico.
Puesto que la economía política analiza una forma social de producción
históricamente transitoria, la producción mercantil capitalista, la "forma
del valor” es una de las piedras fundamentales de la teoría del valor de Marx.
Como puede verse en los párrafos citados, la "forma del valor” se halla
es trechamente relacionada con la "forma mercancía”, es decir, con la
característica básica de la economía contemporánea y, que es el hecho de que
los productos del trabajo son producidos por productores autónomos privados.
Sólo mediante el cambio de mercancías aparece la conexión de trabajo entre los
produc tores. En tal forma "mercantil” de economía, el trabajo social
necesario para la producción de un producto determinado no se expresa
directamente en la forma de otros productos que se cambian por el producto dado.
El producto del trabajo se trans forma en una mercancía; tiene valor de uso y
la “forma del valor” social. Así, el trabajo social se "cosifica”,
adquiere la "forma del valor”, esto es, la forma de una propiedad ligada a
las cosas y que parece pertenecer a las cosas mismas. Este trabajo
"cosificado” (y no el trabajo social como tal) es preci samente lo que
representa el valor. Esto es lo que tenemos presente cuando decimos que el
valor ya incluye en sí la “for ma [social] del valor”.
Sin embargo, ¿qué es esta "forma del valor”
que, a diferen cia del valor de cambio, está incluida en el concepto de valor?
Sólo mencionaré una de las más claras definiciones
de la forma del valor, que se encuentra en la primera edición de El capital:
"La forma social de las mercancías y la forma del valor (Wertform), o
forma de intercambiabilidad (forrn der Austauschharkeit) son, pues, lo mismo”
(Kapital, I, 1867, p. 28; -las bastardillas son de Marx). Como podemos ver, la
forma del valor es llamada una forma de intercambiabilidad o una forma social
del producto del trabajo, que reside en el hecho de que puede ser cambiado por cualquier
otra mercancía si esta inter cambiabilidad está determinada por la cantidad de
trabajo necesario para la producción de la mercancía dada. De este
167
modo, cuando hemos pasado del valor de cambio al
valor, no hemos abstraído la forma social del producto del trabajo. Sólo hemos
abstraído el producto concreto en el cual se expresa el
valor
de la mercancía
pero aun tenemos
presente la forma
social del producto del trabajo, su capacidad de ser cambiado
en
determinada proporción por
cualquier otro producto.
Nuestra conclusión
puede formularse de la siguiente mane
ra: Marx analiza la “forma del valor” (Wertform)
separadamen
te del valor de cambio (tauschwert). Con el fin
de incluir la
forma social del producto del trabajo en
el concepto de
debemos
dividir la forma social del
producto en dos formas:
wertform y
tauschwert. Por la
primera, entendemos la
forma
social del producto
que aun no se ha concretado
en cosas
determinadas sino que representa una propiedad
abstracta de las mercancías. Para incluir en el concepto de valor las propie
dades de la forma social del producto del trabajo y, de este modo, mostrar lo
inadmisible de identificar el concepto de va lor con el concepto de trabajo
—identificación que a menudo fue realizada por exposiciones populares de Marx—,
debemos probar que el valor no sólo debe ser examinado desde el aspecto de la
sustancia del valor (es decir, el trabajo), sino también desde el aspecto de la
“forma del valor”. Con el fin de incluir la forma del valor en el concepto de
valor mismo, debemos separarlo del valor de cambio, que Marx trata sepa
radamente del valor. Así, hemos dividido la forma social del producto en dos
partes: la forma social que aún no ha adquirido una forma concreta (esto es,
“la forma del valor”) y la forma que ya tiene una forma concreta e
independiente (esto es, el valor de cambio).
Después de examinar la “forma del valor” debemos
pasar al análisis del contenido o sustancia del valor. Todos los marxistas
coinciden en que el trabajo es el contenido del valor. Pero el problema es de
qué tipo de trabajo se trata. Sabemos que las formas más diferentes pueden
ocultarse en la palabra “trabajo”. ¿Qué tipo de trabajo, precisamente,
constituye el contenido del valor?
Después
de trazar una
distinción entre trabajo
socialmente
igualado en general, que puede existir en
diferentes formas de
la
división social del trabajo, y
trabajo abstracto, que sólo
existe en una economía mercantil, debemos plantear la siguiente
cuestión: ¿entiende Marx
por sustancia o contenido del valor
el trabajo socialmente
igualado en general (es decir, el
trabajo
168
social en general), o el trabajo abstractamente
universal? En otras palabras, cuando hablamos del trabajo como el contenido del
valor, ¿incluimos en el concepto de trabajo todas aquellas características que
se hallaban incluidas en el concepto de tra bajo abstracto, o tomamos el
trabajo en el sentido de trabajo socialmente igualado, que no incluye esas
propiedades que caracterizan la organización social del trabajo en la economía
mercantil? ¿El concepto de trabajo como "contenido” del valor, coincide
con el concepto de “trabajo abstracto” que crea valor? A primera vista, podrían
encontrarse en la obra de Marx argu mentos a favor de ambos significados del
contenido del valor. Podemos hallar argumentos que parecen afirmar que el
trabajo, como contenido del valor, es algo más pobre que el trabajo abs
tracto, es decir, trabajo sin esas propiedades sociales que tiene en una
economía mercantil.
¿Qué argumentos hallamos en favor de esta solución?
Marx a menudo llama contenido del valor a algo que
puede adoptar la forma social del valor pero puede también adoptar otra forma
social. Entiende por contenido algo que puede adoptar diversas formas sociales.
El trabajo socialmente igua lado tiene precisamente esta capacidad, pero no el
trabajo abstracto (esto es, el trabajo que ya ha adquirido una determi nada
forma social). El trabajo socialmente igualado puede adoptar la forma del
trabajo organizado en una economía mer cantil, y la forma del trabajo organizado,
por ejemplo, en una economía socialista. En otras palabras, en, un caso
determinado tomamos la igualación social del trabajo abstractamente, sin
prestar atención a las modificaciones que origina en el conte nido (es decir,
el trabajo) una u otra de sus formas.
¿Se puede encontrar el concepto de contenido del
valor en este sentido en la obra de Marx? Podemos responder a esta pregunta
afirmativamente. Recordamos por ejemplo, con pala bras de Marx, que “el valor
de cambio no es más que una determinada manera social de expresar el trabajo
invertido en un objeto” (C., I, p. 46). Es obvio que aquí el trabajo es tra
tado como el contenido abstracto que puede tomar esta o aquella forma social.
Cuando Marx, en la conocida carta a Kugelmann del 11 de julio de 1868, dice que
la división social del trabajo se manifiesta en la economía mercantil bajo la
for ma del valor, nuevamente trata al trabajo socialmente asignado como el
contenido que puede tomar esta o aquella forma social. En el segundo párrafo de
la sección sobre el fetichismo de la
169
mercancía, Marx dice directamente que “el contenido
de la deter minación del valor” no sólo puede encontrarse en la economía
mercantil, sino también en la familia patriarcal o en el dominio feudal.
También aquí, como podemos ver, se considera el tra bajo como el contenido que
pueden adoptar diversas formas sociales.
Sin embargo, en la obra de Marx también es posible
hallar argumentos a favor del punto de vista opuesto, según el cual 1 debemos
considerar el trabajo abstracto como el contenido del valor. Ante todo,
encontramos en la obra de Marx algunas afirmaciones que declaran esto
directamente, por ejemplo, la siguiente: "Ellas (la mercancías) se
relacionan con el trabajo humano abstracto como con su sustancia social
general” (Kapi-tal, I, 1877, p. 28. Las bastardillas son nuestra). Esta afirma
ción parece no dejar ninguna duda acerca de que el trabajo abstracto no sólo es
el creador del valor, sino también la sus tancia y el contenido del valor.
Llegamos a la misma conclu sión sobre la base de consideraciones
metodológicas. El trabajo socialmente igualado adquiere la forma de trabajo
abstracto en la economía mercantil, y sólo de este trabajo abstracto se des
prende la necesidad del valor como la forma social del produc to del trabajo.
De esto se sigue que el concepto de trabajo abstracto, en nuestro esquema, precede
directamente al con cepto de valor. Podría decirse que este concepto de
trabajo abstracto debe ser tomado como la base, como el contenido y la
sustancia del valor. No podemos olvidar que, en lo que res pecta a la relación
entre contenido y forma, Marx adoptó el punto de vista de Hegel, y no el de
Kant. Este consideró la forma como algo externo en relación al contenido y como
algo que se adhiere al contenido desde afuera. Desde el punto de vista de la
filosofía de Hegel, el contenido no es en sí mismo algo a lo cual la forma se
adhiere desde afuera. Mas bien, a través de su desarrollo, el contenido mismo
da origen a la forma que ya estaba latente en el contenido. La forma surge
necesariamente del contenido mismo. Esta es una premisa bá sica de la metodología
de Hegel y de Marx, premisa que se opone, a su vez, a la de Kant Desde este
punto de vista, la forma del valor surge necesariamente de la sustancia del
valor. Por lo tanto, debemos considerar al trabajo abstracto, en toda
la variedad de sus propiedades sociales
características de una economía mercantil, como la sustancia del valor. Y
finalmente, sí tomamos el trabajo abstracto como contenido del valor, lo
170
gramos una simplificación significativa de todo el
esquema de Marx. En este caso, el trabajo como contenido del valor, no difiere
del trabajo que crea valor.
Hemos llegado a la paradójica situación de que Marx
a veces considera el trabajo social (o socialmente igualado) y a veces el
trabajo abstracto como contenido del valor.
¿Cómo podemos eludir esta contradicción? Ella
desaparece si recordamos que el método dialéctico incluye los dos métodos de
análisis que consideramos antes: el del análisis a partir de la forma para
llegar al contenido y el que va del contenido a la forma. Si partimos del valor
como una forma social deter minada y previamente dada, y si nos preguntamos
cuál es el contenido de esa forma, es evidente que esa forma sólo expresa, en
general, el hecho de que se gasta trabajo social. El valor es contemplado como una
forma que expresa el hecho de la igualación social del trabajo, un hecho que no
sólo se produce en una economía mercantil, sino que también puede surgir en
otras economías. Al pasar analíticamente de las formas aca badas a su
contenido, encontramos el trabajo socialmente igualado como contenido del
valor. Pero llegaremos a otra conclusión si partimos, no de la forma acabada,
sino del con tenido mismo (es decir, el trabajo) del cual surge necesaria
mente la forma (esto es, el valor). Para pasar del trabajo, considerado como el
contenido, al valor, como la forma, debe mos incluir el concepto de trabajo en
la forma social que corresponde a él en la economía mercantil, o sea, debemos
ahora reconocer el trabajo abstractamente universal como el contenido del
valor. Es posible que la aparente contradicción en la determinación del
contenido del valor que encontramos en la obra de Marx, pueda explicarse
precisamente en términos de la diferencia entre los dos métodos.
Puesto que hemos analizado separadamente la forma y
el contenido del valor, debemos considerar la relación existente entre ellos.
¿Qué relación existe entre trabajo y valor? La respuesta general a esta
pregunta es: el valor es la forma ade cuada y exacta de expresar el contenido
del valor (es decir, el trabajo). Con el fin de aclarar esa idea, volvamos al
ejemplo anterior: la mesa se cambia por tres sillas. Decimos que este proceso
de cambio está determinado por cierta regularidad y depende del desarrollo y
las variaciones en la productividad del trabajo. Pero el valor de cambio es* la
forma social del pro ducto del trabajo que expresa no sólo los cambios del
trabajo
171
sino que también los enmascara y oculta. Los oculta
por la simple razón de que el valor de cambio presupone una rela ción de valor
entre dos mercancías, entre la mesa y las sillas. Así, las variaciones en la
proporción de intercambio entre dos objetos no nos dicen si la cantidad de
trabajo gastado en la producción de la mesa o la cantidad de trabajo gastado en
la silla ha variado. Si después de cierto tiempo, se cambia la mesa por seis
sillas, el valor de cambio de la mesa ha variado. Sin embargo, el valor de la
mesa puede no haber variado en absoluto. Con el fin de analizar en la forma
pura la dependen cia del cambio de la forma social del producto con respecto a
la cantidad de trabajo gastado en su producción, Marx tiene que dividir el
hecho en dos partes, separarlo, y decir que es preciso analizar separadamente
las causas que determinan el valor “absoluto” de la mesa y las que determinan
el valor “absoluto” de la silla; y que el mismo acto de intercambio (a saber,
el hecho de que la mesa ahora se cambie por seis sillas en lugar de tres) puede
ser originado por causas que actúan sobre la mesa o por causas cuyas raíces
yacen en la producción de la silla. Para considerar separadamente el efecto de
cada una de estas cadenas causales, Marx debe dividir las variacio nes del
valor de cambio de la mesa en dos partes y suponer que son provocadas por
causas que yacen exclusivamente en la mesa, es decir, cambios en la
productividad del trabajo necesario para la producción de la mesa. En otras
palabras, debe suponer que las sillas y otras mercancías por las cuales puede
cambiarse nuestra mesa, mantienen su valor anterior. Sólo sobre la base de esta
suposición el valor es una forma totalmente exacta y adecuada para expresar el
trabajo en sus aspectos cualitativo y cuantitativo.
Hasta ahora hemos examinado la conexión entre la
sustancia y la forma del valor en su aspecto cualitativo. Ahora debemos
examinar esa misma conexión en su aspecto cuantitativo. Así, pasamos de la
sustancia y la forma al tercer aspecto del valor, su magnitud. Marx considera
el trabajo social no sólo en su aspecto cualitativo (el trabajo como sustancia
del valor), sino también en el cuantitativo (cantidad de trabajo). Del mismo
modo, examina el valor en el aspecto cualitativo (como forma, o forma del valor),
y en el aspecto cuantitativo (magnitud del valor). En este último aspecto, las
interrelaciones entre la “sus tancia” y la “forma del valor” significan
interrelaciones entre el trabajo socialmente abstracto y su forma “cosificada”,
esto es
172
el valor. Aquí, la teoría del valor de Marx se
vincula directa mente con su teoría del fetichismo de la mercancía. En el as
pecto cuantitativo nos interesan las relaciones entre la cantidad de trabajo
abstracto, socialmente necesario, y la magnitud del valor del producto, cuyo
cambio es la base del movimiento regular de los precios del mercado. La
magnitud del valor varía según la cantidad de trabajo abstracto socialmente,
nece sario, pero a causa del doble carácter del trabajo, las varia ciones en la
cantidad de trabajo abstracto socialmente necesa rio son provocadas por
variaciones en la cantidad de trabajo concreto, es decir, por el desarrollo del
proceso técnico-material, de la producción, en particular la productividad del
trabajo. Así, todo el sistema del valor se basa en un gran sistema de
contabilidad social espontánea y en la comparación de los productos del trabajo
de diversos tipos realizados por individuos diferentes como parte del trabajo
social abstracto en su totali dad. Este sistema está oculto y no puede verse
en la superficie de los fenómenos. A su vez, este sistema de trabajo social
abs tracto total es puesto en movimiento por el desarrollo de las fuerzas
productivas materiales, que son el factor último del desarrollo de la sociedad
en general. De esta manera, la teoría del valor de Marx se vincula con su
teoría del materialismo histórico.
En la teoría de Marx encontramos una magnífica
síntesis del contenido y la forma del valor, por un lado, y de los aspec tos
cualitativo y cuantitativo del valor, por el otro. En un pasaje de su obra Marx
señala que Petty confundía dos definiciones de valor: “el valor como la forma
del trabajo social” y “la mag nitud del valor que está determinada por tiempos
de trabajo iguales, según lo cual el trabajo es considerado como la fuente del
valor” (Theorien über den Mehrwert, t. I, 1905, p. 11). La grandeza de Marx
reside precisamente en haber brindado una síntesis de ambas definiciones del
valor. “El valor como la expresión material de las relaciones de producción
entre los hombres” y “el valor como una magnitud determinada por la cantidad de
trabajo o tiempo de trabajo”; ambas definiciones se hallan inseparablemente
unidas en la obra de Marx. El aspecto cuantitativo del concepto de valor, en
cuyo análisis se concentraron sobre todo los economistas clásicos, es exami
nado por Marx sobre la base del análisis del aspecto cualitativo del valor. Es
precisamente la teoría de la forma del valor o del “valor como la forma del
trabajo social”, la que representa la
173
parte más específica de la teoría del valor de
Marx, en oposi ción a la teoría de los economistas clásicos. Entre los
científicos burgueses a menudo se encuentra la idea de que el rasgo ca
racterístico de la obra de Marx, en comparación con los eco nomistas clásicos,
consiste en su reconocimiento del trabajo como la “fuente” o la “sustancia” del
valor. Como puede verse por los pasajes de Marx que hemos citado, el
reconocimiento del trabajo como fuente del valor también puede encontrarse
entre economistas que están interesados principalmente en los fenómenos
cuantitativos relacionados con el valor. En particular, el reconocimiento del
trabajo como fuente del valor puede también encontrarse en Smith y Ricardo.
Pero buscaríamos en vano en esos autores una teoría del “valor como la forma
del trabajo social”.
Antes de Marx, la atención de los economistas
clásicos y sus epígonos se concentró en el contenido del valor, principalmente
en su aspecto cuantitativo (cantidad de trabajo), o en el valor de cambio
relativo, es decir, en las proporciones cuantitativas del cambio. Sometieron a
análisis los dos extremos de la teoría del valor: el desarrollo de la
productividad del trabajo y la técnica como causa interna de las variaciones
del valor, y los cam bios relativos del valor de las mercancías en el mercado.
Pero faltaba la vinculación directa entre estos dos hechos: la “forma del
valor”, esto es, el valor como la forma que se carac teriza por la
cosificación de las relaciones de producción y la transformación del trabajo
social en una propiedad de los pro ductos del trabajo. Esto explica los
reproches de Marx a sus predecesores, que a primera vista podrían parecer
contradic torios. Reprocha a Bailey por examinar las proporciones del cambio,
es decir, el valor de cambio, ignorando el valor. Ve las fallas de los clásicos
en el hecho de que examinaron el valor y la magnitud del valor, el contenido,
pero no la “forma del valor”. Los predecesores de Marx, como ya señalamos,
prestaron atención al contenido del valor, principalmente en el aspecto
cuantitativo (el trabajo y la magnitud del trabajo), y también en el aspecto
cuantitativo del valor de cambio. Des cuidaron el aspecto cualitativo del
trabajo y del valor, la pro piedad característica de la economía mercantil. El
análisis de la “forma del valor” es precisamente lo que da un caracter
sociológico y rasgos específicos al concepto de valor. Esta “forma del valor”
une los extremos de la cadena: el desarrollo de la productividad del trabajo y
los fenómenos del mercado.
174
Sin la forma del valor, esos extremos se separan y
cada uno de ellos se transforma en una teoría unilateral. Obtenemos los gastos
de trabajo en el aspecto técnico independientemente de la forma social del
proceso material de la producción (el valor del trabajo como la categoría
lógica), y las variaciones relati vas de precios del mercado, una teoría de
los precios que trata de explicar las fluctuaciones de estos fuera dé la esfera
del proceso de trabajo y separadamente del hecho básico de la economía social,
del desarrollo de las fuerzas productivas.
Al mostrar que sin la forma del valor no hay valor,
Marx comprendió agudamente que esta forma social, sin el contenido de trabajo
que la llena, permanece vacía. Al observar el des cuido de la forma del valor
por parte de los economistas clá sicos, Marx nos advierte contra otro peligro,
a saber, el de sobrestimar la forma-valor social a expensas de su
contenido-trabajo. “De aquí que surgióse, por antitesis, un sistema
mer-cantilista restaurado (Ganilh, etc.), que no ve en el valor más que la
forma social, o más bien su simple apariencia, desnuda de toda sustancia” (C.,
I, p. 45, nota).6 En otro lugar, Marx dice del mismo Ganilh: “Ganilh tiene
razón cuando dice que Ricardo y la mayoría de los economistas consideran el
trabajo sin el cambio, aunque su sistema, como todo el sistema burgués, reposa
en el valor de cambio ” 6 Ganilh tiene razón cuando destaca el significado del
cambio, es decir, la forma social determinada de la actividad laboral entre las
personas que se expresa en la “forma del valor”. Pero exagera el significado
del cambio a expensas del proceso productivo de trabajo: “Ganilh imagina, con
los mercantilistas, que la magnitud del vajloT es en sí misma el producto del
cambio, cuando de hecho sólo lo es la forma del valor o la forma de mercancía que
el producto recibe a través del cambio.” 7 La forma del valor es complementada
por el contenido del trabajo, la magnitud del valor depende de la cantidad de
trabajo abstracto. A su vez el trabajo que se halla estrechamente vinculado al
sistema del valor por su aspecto social o abstracto, está estrechamente
relacionado al sistema de producción material por su aspecto técnico-material o
concreto.
Como resultado del análisis del valor en el aspecto
de su contenido (es decir el trabajo) y su forma social, logramos las
siguientes ventajas. Nos apartamos abiertamente de la difun dida
identificación del valor y el trabajo, y de este modo de finimos más
exactamente la relación del concepto de valor con
175
el concepto de trabajo. También definimos la
relación entre valor y valor de cambio con mayor exactitud. Antes, cuando el
valor era considerado simplemente como trabajo y no se le daba características
sociales distintas, el valor era igualado con el trabajo, por una parte, y
separado del valor de cambio por un abismo, por la otra. En el concepto de
valor, los economistas frecuentemente duplicaban el mismo trabajo. Sobre la
base de este concepto del valor, no podían pasar al concepto del valor de
cambio. Ahora, cuando consideramos el valor en términos de contenido y forma,
lo relacionamos con el concepto que le precede, el de trabajo abstracto (y en
último análisis con el proceso material de la producción), el contenido. Por
otro lado, mediante la forma del valor ya hemos vinculado el valor con el
concepto que le sigue, el de valor de cambio. En efecto, una vez que hemos
determinado que el valor no representa trabajo en general, sino trabajo que
tiene la “forma de la intercambia-bilidad” de un producto, debemos pasar
directamente del valor al valor de cambio. De este modo, se ve que el concepto
de valor es inseparable del concepto de trabajo, por una parto, y del concepto
de valor de cambio, por la otra.
XIII. El
trabajo social
Hemos llegado a la conclusión de que, en una
economía mer cantil, la igualación del trabajo se realiza mediante la iguala
ción de los productos del trabajo. Los actos individuales de la igualación
social del trabajo no existen en la economía mer cantil. Por ello, es erróneo
presentar el problema de una ma nera que sugiera que alguien iguala diferentes
formas de tra bajo de antemano, comparándolas mediante unidades de me dida
dadas, después de lo cual los productos del trabajo son cambiados proporcionalmente
según las cantidades ya medidas e igualadas de trabajo que contienen. Partiendo
de ese punto de vista, que ignora el carácter anárquico y espontáneo de la
economía mercantil capitalista, con frecuencia los economistas concibieron la
tarea de la teoría económica como la de hallar un patrón del valor que hiciera
posible en la práctica, com parar y medir la cantidad de diversos productos en
el acto del intercambio en el mercado. Pensaban que la teoría del valor-trabajo
destacaba precisamente al trabajo como este patrón práctico de valor. Por esta
razón, su crítica apuntaba a demos trar que el trabajo no puede ser aceptado
como un patrón _ conveniente del valor, precisamente por la ausencia de
unidades establecidas de trabajo con las cuales medir diversas formas de
trabajo, diferentes unas de otras, en términos de intensidad, calidad, peligro
para la salud, etc.
Los economistas mencionados no pudieron liberarse
de una idea errónea que había construido su nido en la economía política y que
atribuía a la teoría del valor una tarea que no era la suya, a saber, la de
encontrar un patrón práctico del valor. En realidad, la teoría del valor tiene
una tarea muy diferente, teórica y no práctica. No necesitamos buscar un patrón
práctico del valor que haga posible la igualación de los productos del trabajo
en el mercado. Esta igualación se realiza en realidad todos los días en el
proceso de cambio en el mer-
177
cado. En este proceso se elabora espontáneamente un
patrón valor, o sea, el dinero, que es indispensable para esta iguala ción.
Este cambio en el mercado no necesita ningún tipo de patrón ideado por los
economistas. La tarea de la teoría del valor es muy diferente, a saber, captar
y explicar teóricamente el proceso de igualación de las mercancías que se
produce re gularmente en el mercado, en estrecha conexión con la igua lación
y distribución del trabajo social en el proceso de produc ción; vale decir,
descubrir Ja relación causal entre ambos procesos y las leyes de sus cambios.
El análisis causal de los procesos reales de igualación de diversas mercancías
y diversas formas de trabajo, y no el hallazgo de patrones prácticos para su
comparación, tal es la tarea de la teoría del valor.
La confusión esencial entre el patrón del valor y
la ley de los cambios del valor en la obra de Smith, provocó un gran
daño a la
economía política que se
hace sentir todavía hoy.
El gran
servicio de Ricardo consistió en haber dejado de lado
el problema de hallar un patrón práctico del valor y colocar
la teoría del valor sobre una base científica
estricta, como el análisis causal de los cambios en los precios de mercado de
pendientes de las variaciones en la productividad del trabajo.1 Su seguidor en
este sentido es Marx, quien criticó agudamente las concepciones del trabajo
como un “patrón inmutable del valor”. “El problema de un patrón inmutable del
valor sólo es en realidad una expresión errónea de la búsqueda de los conceptos
y la naturaleza del valor mismo.” (Theorien über den Wehnoert, III, p. 159).
“El servicio de Bailey consiste en el hecho de que, con sus objeciones, reveló
la confusión entre el 'patrón del valor (tal como está representado en el
dinero, una mercancía que existe junto a otras mercancías) con el patrón y la
sustancia inmanentes del valor" (Ibid., p. 163). La
teoría del valor no busca un “patrón externo” del valor, sino
su “causa”, “la génesis y la
naturaleza inmanente del
valor”
(I b í d pp, 186 y 195). El análisis causal de los
cambios del
valor de las mercancías que dependen de cambios en
la pro ductividad del trabajo, el análisis de estos sucesos reales desde los
puntos de vista cualitativo y cuantitativo, es lo que Marx llama el estudio de
la “sustancia”, y el “patrón inmanente” del valor. “Patrón inmanente” no
significa aquí la cantidad que se toma como unidad de medida, sino una cantidad
vinculada a algún tipo de existencia o algún tipo de cualidad”.2 La afir
mación de Marx de que el trabajo es un patrón inmanente del
178
valor sólo debe ser entendida en el sentido que los
cambios cuantitativos del trabajo necesario para la producción del pro ducto
provocan cambios cuantitativos en el valor del mismo. Así, la expresión “patrón
inmanente” fue transferida por Marx junto con muchos otros términos, de la
filosofía a la economía política. No se la puede considerar muy feliz pues en
una lec tura superficial esa expresión hace pensar al lector principal mente
en una medida de igualación, más que en el análisis causal de cambios cuantitativos
de sucesos. Esta terminología inadecuada, junto con la incorrecta
interpretación del razona miento de Marx en las primeras páginas de El
capital, ha lleva do incluso a algunos marxistas a introducir en la teoría del
valor
un problema que es ajeno a ella, a saber, el de
hallar un patrón práctico del valor.
La igualación del trabajo en una economía mercantil
no se establece por una unidad de medida previamente determinada, sino que se
realiza mediante la igualación de las mercancías en el cambio. Como
consecuencia del proceso de cambio, el producto y el trabajo del productor de
mercancías están sometidos a cambios sustanciales. Aquí no nos referimos a
cambios naturales, materiales. La venta de vestidos no puede provocar ningún
cambio en la forma natural del vestido mismo, ni en el trabajo del sastre, ni
en la totalidad de los procesos concretos de trabajo ya terminados. Pero la
venta del producto modifica su forma de valor, su función o forma social. La
venta afecta indirectamente la actividad laboral de los produc tores de
mercancías. Coloca su trabajo en una determinada relación con el trabajo de
otros productores de mercancías de la misma profesión, es decir, modifica la
función social del trabajo. Las modificaciones a las cuales está sujeto el
producto
del trabajo
én el proceso de cambio pueden ser caracterizadas
del siguiente modo:
1) el producto adquiere la
capacidad de
ser cambiado directamente por cualquier
otro producto del
trabajo social, es decir, exhibe su carácter de ser
un producto social; 2) el producto adquiere este carácter social en tal forma
que es igualado con un producto determinado (el oro) que posee la cualidad de
ser directamente intercambiable por todos los otros productos; 3) la igualación
de todos los productos entre sí que se realiza por su comparación con el oro
(dinero), también incluye la igualación de diversas formas de trabajo que
difieren en los diferentes niveles de calificación, esto es, en la extensión
del aprendizaje; y 4) la igualación de productos de
179
un tipo y una calidad determinados, producidos en
diferentes condiciones técnicas, esto es, con un gasto de diferentes canti
dades individuales de trabajo.
Las transformaciones enumeradas que sufre el
producto a través del proceso del cambio van acompañadas de modificacio nes
análogas en el trabajo del productor de mercancías: 1) el trabajo del productor
privado y aislado de mercancías manifiesta su carácter de trabajo social; 2) la
forma concreta del trabajo es igualada con todas las otras formas concretas del
trabajo. Esta múltiple igualación del trabajo también incluye: 3) la igua
lación de diversas formas de trabajo que difieren en cuanto a calificaciones y
4) la igualación de diferentes gastos individuales de trabajo que se aplican a
la producción de unidades de pro ductos de un tipo y una calidad determinados.
De este modo, a través del proceso de cambio, el trabajo privado adquiere una
característica suplementaria en forma de trabajo social, el trabajo concreto en
la forma de trabajo abstracto, el trabajo complejo se reduce a trabajo simple,
y el trabajo individual a trabajo socialmente necesario. En otras palabras, el
trabajo del productor de mercancías, que en el proceso de producción adopta
direc tamente la forma de trabajo privado, concreto, calificado (esto es,
diferente por un determinado nivel de calificación que en algunos casos puede
considerarse igual a cero) e individual, adquiere propiedades sociales en el
proceso de cambio que lo caracterizan como social, abstracto, simple y
socialmente nece sario.3 No nos enfrentamos con cuatro procesos separados de
transformación del trabajo, como algunos analistas presentan el problema; son
diferentes aspectos del mismo proceso de iguala ción del trabajo que se
realiza mediante la igualación de los productos del trabajo como valores. El
acto unificado de igualar mercancías como valores deja de lado y omite las
propiedades del trabajo como trabajo privado concreto, calificado e indivi
dual. Todos estos aspectos se hallan tan estrechamente relacio nados que, en
la Contribución a la crítica de la economía política, Marx aún no estableció
una distinción suficientemente clara entre ellos y borró los límites entre el
trabajo abstracto, el simple
y el
socialmente necesario ( Crítica, pp. 18-20). Por otra parte en El capital estas
definiciones son desarrolladas por Marx con tal claridad y rigor que la
atención del lector debe captar la estrecha relación entre ellas como
expresiones de diferentes aspectos de la igualación del trabajo en el proceso
de su distri bución. Este proceso presupone: 1) interconexión entre todos
180
los procesos de trabajo (trabajo social); 2)
igualación de las esferas individuales de producción o esferas de trabajo
(trabajo abstracto); 3) igualación de formas del trabajo con diferentes
calificaciones (trabajo simple); y 4) igualación del trabajo apli cado a
empresas individuales dentro de una determinada esfera de la producción
(trabajo socialmente necesario).
Entre las cuatro definiciones de trabajo creador de
valor (men cionadas antes), es fundamental el concepto de trabajo abstracto.
Esto se explica por el hecho de que en una economía mercantil, según
mostraremos más adelante, el trabajo se hace social sólo en la forma de trabajo
abstracto. Además, la transformación del trabajo calificado en trabajo simple
es sólo una parte de un proceso más amplio de transformación del trabajo
concreto en trabajo abstracto. Finalmente, la transformación del trabajo individual
en trabajo socialmente necesario es sólo el aspecto cuantitativo del mismo
proceso de transformación del trabajo concreto en trabajo abstracto.
Precisamente a causa de esto, el concepto de trabajo abstracto es un concepto
fundamental en la teoría del valor de Marx.
Como hemos señalado a menudo, la economía mercantil
se caracteriza por la independencia formal de los productores sepa rados de
mercancías, por una parte, y las relaciones materiales entre sus actividades
laborales, por la otra. Sin embargo, ¿de qué manera el trabajo privado de un
productor individual de mer cancías es incluido en el mecanismo del trabajo
social y es responsable de su movimiento? ¿Cómo el trabajo privado se convierte
en trabajo social, y cómo la totalidad de las unidades económicas privadas,
separadas y dispersas, se transforma en una economía social relativamente
unificada que se caracteriza por los fenómenos de masas que se repiten
regularmente y son estudiados por la economía política? Este es el problema
básico de la economía política, el problema de la posibilidad misma y las
condiciones de existencia de la economía mercantil-capita lista.
En una sociedad con una economía organizada, el
trabajo de un individuo en su forma concreta es directamente organizado y
dirigido por un órgano social. Aparece como parte del trabajo social total,
como trabajo social. En una economía mercantil, el trabajo de un productor
autónomo de mercancías, basado en los derechos de la propiedad privada, aparece
originariamente como trabajo privado. “El punto de partida no es el trabajo de
los individuos en forma de trabajo colectivo, sino, por el
181
contrario, los trabajes particulares dé personas
privadas, trabajos que en el proceso de cambio sólo se revelan como trabajo so
cial general cuando pierden su carácter primitivo. El trabajo social general no
es, pues, una condición lista de antemano en esta forma, sino un resultado al
que se llega” ( Crítica, p. 35). El trabajo del productor de mercancías exhibe
su carácter social no como trabajo concreto gastado en el proceso de
producción, sino sólo como trabajo que debe ser igualado con todas las otras formas
del trabajo a través del proceso del cambio.
Sin embargo, ¿cómo puede el carácter social del
trabajo expre sarse en el cambio? Si un vestido es el producto del trabajo
privado de un sastre, podemos decir entonces que la venta del vestido, o su
cambio por oro, iguala el trabajo privado del sastre con otra forma del trabajo
privado, a saber, el del productor de oro. ¿Cómo puede la igualación de un
trabajo privado con otro trabajo privado dar al primero un carácter social?
Esto sólo es posible en el caso de que el trabajo privado del productor de oro
esté ya igualado con todas las otras formas concretas de trabajo, es decir, si
su producto, el oro, puede ser cambiado directamente por cualquier otro
producto y, por consiguiente, si desempeña el papel de equivalente general, o
dinero. El trabajo del sastre, puesto que es igualado con el trabajo del
productor de oro, es también igualado y vinculado con todas las formas
concretas de trabajo. Igualado con ellas como una forma de trabajo equiva
lente a las mismas, el trabajo del sastre se transforma de concreto, en general
o abstracto. Estando conectado con los otros en el sistema unificado de trabajo
social total, el trabajo del sastre se transforma de trabajo privado en social.
La vasta igualación (mediante el dinero) de todas las formas concretas de
trabajo y su transformación en trabajo abstracto, crea simultáneamente entre
ellas una conexión social que transforma el trabajo privado en social. "El
tiempo de trabajo de un individuo aislado aparece de modo inmediato como tiempo
de trabajo general y este carác ter general del trabajo individual, como
carácter social de este último" (Crítica, p. 20; las bastardillas son de
Marx).4 Sólo como una "cantidad general” el trabajo se convierte en una
"cantidad social9 (Ibíd.) "Trabajo general, y en esta forma trabajo
social* dice Marx con frecuencia. En el primer capítulo de El capital, Marx
enumera tres propiedades de la forma equivalente del valor: 1) el valor de uso
se convierte en una forma en la cual se expresa el valor; 2) el trabajo concreto
se convierte en una forma de manifestación del trabajo abstracto; y 3) el
trabajo
1 8 2
privado adquiere la forma de trabajo directamente
social (C., I, pp. 22-26). Marx inicia su análisis con fenómenos que se
producen en la superficie del mercado en forma material: co mienza con la
oposición entre valor de uso y valor de cambio. Busca la explicación de esta
oposición en la oposición entre trabajo concreto y trabajo abstracto.
Prosiguiendo con este aná lisis de las formas sociales de la organización del
trabajo, pasa al problema central de su teoría económica: la oposición entre
trabajo privado y trabajo social. En la economía mercantil, la transformación
del trabajo privado en trabajo social coincide con la transformación del
trabajo concreto en trabajo abstracto. La conexión social entre la actividad
laboral de los productores individuales de mercancías sólo se realiza mediante
la igualación de todas las formas concretas del trabajo, y esta igualación se
lleva a cabo en la forma de una igualación de todos los productos del trabajo
como valores. Inversamente, la igualación de las diversas formas del trabajo y
la abstracción de sus propiedades concretas es la única relación social que
transforma la totalidad de las unidades económicas privadas en una economía
social unificada. Esto explica la especial atención que dio Marx al concepto de
trabajo abstracto en su teoría.
183
XIV. El
trabajo abstracto
La teoría del trabajo abstracto es uno de los
puntos centrales de la teoría del valor de Marx. Según éste, el trabajo
abstracto “crea” valor. Marx asignó una importancia decisiva a la diferencia
entre trabajo concreto y trabajo abstracto. “Nadie, hasta ahora, había puesto
de relieve críticamente este doble carácter del trabajo representado por la
mercancía. Y como este punto es el eje en torno al cual gira la comprensión de
la economía política, hemos de detenernos a examinarlo con todo cuidado” (C. I,
p. 9). Después de la publicación del primer volumen el El capital Marx escribió
a Engels: “Lo mejor de mi libro es: 1) (en esto descansa toda la comprensión de
los hechos) el doble carácter del trabajo, que se pone de relieve ya en el
primer capítulo, según que se exprese en valor de uso o en valor de cambio;
2) el
estudio de la plusvalía independiente de sus formas espe cíficas, como son la
ganancia, el interés, la renta del suelo, etc.”.1
Cuando vemos la importancia decisiva que Marx
otorgó a la teoría del trabajo abstracto, debemos preguntamos por qué esta
teoría ha recibido tan poca atención en la literatura marxista. Algunos autores
guardan un completo silencio frente a esta cuestión. Por ejemplo, A. Bogdanov
transforma el trabajo abs tracto en “trabajo abstractamente simple”, y dejando
de lado el problema del trabajo concreto y el trabajo abstracto, se limita al
del trabajo simple y calificado.2 Muchos críticos del marxismo también prefieren
colocar el trabajo simple en el lugar del tra bajo abstracto, por ejemplo,
Karl Diehl.8 En las exposiciones populares de la teoría del valor de Marx, los
autores parafra sean con sus propias palabras las definiciones que da Marx en
la segunda sección del capítulo I de El capital, sobre el “doble carácter del
trabajo representado por las mercancías”. Kautsky escribe: “Por un lado, el
trabajo se nos aparece como el gasto productivo de fuerza de trabajo humana en
general; por el otro, como una actividad específica humana para el logro de
deter
185
minado objeto. El primer aspecto del trabajo
constituye el ele mento común de todas las actividades productivas realizadas
por los hombres; el segundo varía según la naturaleza de la activi
dad.” 4 Esta definición
generalmente aceptada puede reducirse
al siguiente enunciado,
muy simple: el
trabajo concreto es
el gasto de energía humana
en una forma determinada (la
elaboración de
vestidos, la tejeduría, etc.). El trabajo
abstracto
es el gasto de energía humana como tal,
independientemente de las formas dadas. Definido de este modo, el concepto de
trabajo abstracto es un concepto fisiológico, desprovisto de todo elemento
social e histórico. El concepto de trabajo abstracto existe en todas las épocas
históricas, independientemente de esta o aquella forma social de producción.
Puesto que hasta los marxistas definen el trabajo
abstracto en el sentido de gasto de energía fisiológica, no debemos mara
villarnos de que este concepto esté difundido en la literatura anti-marxista.
Por ejemplo, según P. Struve: “Marx tomó de los fisiócratas y sus sucesores
ingleses el punto de vista económico-naturalista que es tan sorprendente en su
teoría del trabajó como sustancia del valor. Esta teoría es la coronación de
todas las teorías objetivas del valor. Directamente, materializa el valor, lo transforma
en la sustancia económica de bienes económi cos, similar a la materia física
que es la sustancia de las cosas físicas. Esta sustancia económica es algo
material, porque el trabajo que crea valor es entendido por Marx en un sentido
puramente físico, como un gasto abstracto de energía nerviosa y muscular,
independientemente del contenido concreto intencional de este gasto, que se
distingue por su infinita variedad. El trabajo abstracto de Marx es un concepto
fisiológico, un concepto ideal, y en último análisis un concepto que puede ser
reducido a trabajo mecánico” (prefacio de Struve a la edición rusa del tomo I
de El capital, 1906, p. 28). Según Struve, el trabajo abstracto es un concepto
fisiológico, para Marx; por esta razón, el valor creado por el trabajo
abstracto es algo material. Tal interpretación es compartida por otros críticos
de Marx. Gerlach señaló que, de acuerdo con Marx, "el valor es algo común
a todas las mercancías, es la condición de su intercambiabilidad, y representa
una cosificación de trabajo humano abstracto”.® Gerlach dirige sus
observaciones críticas contra este punto de la teoría del valor de Marx: “Es
completamente imposible reducir el trabajo humano a trabajo simple
fisiológicamente. . . Puesto que el trabajo humano está siempre acompañado y
condicionado
186
por la conciencia, debemos negarnos a reducirlo al
movimiento de músculos y nervios, porque en esta reducción hay siempre algún
tipo de resto que no es reducible a un análisis similar” (Ibíd.y pp. 49-50).
"Los anteriores intentos de mostrar experi mentalmente el trabajo humano
abstracto, aquello que es general en el trabajo humano, aquello que es su
característica espe cífica, no tuvieron éxito; la reducción del trabajo a
energía nerviosa y muscular no es posible” (Ibíd., p. 50). La afirmación de
Gerlach de que el trabajo no puede ser reducido al gasto de energía fisiológica
porque siempre contiene un elemento con-ciente no se relaciona en modo alguno
con el concepto de "trabajo abstracto” elaborado por Marx sobre la base de
su aná lisis de las propiedades de la economía mercantil. Sin embargo, estos
argumentos de Gerlach parecen tan convincentes que a menudo son repetidos por
algunos críticos de la teoría del valor de Marx.fi Encontramos una versión aún
más sorprendente de una concepción naturalista del trabajo abstracto en la obra
de L. Buch; el trabajo en forma abstracta, es tratado “como el proceso de
transformación de energía potencial en trabajo mecá nico” 7 Aquí, la atención
no se dirige tanto a la cantidad de energía fisiológica gastada, como a la
cantidad de trabajo mecá nico recibido. Pero la base teórica del problema es
puramente naturalista y deja de lado totalmente el aspecto social del proceso
de trabajo, esto es, el aspecto que constituye precisamente el objeto directo
de la economía política.
Sólo unos pocos analistas comprenden que las
características del trabajo abstracto no coinciden en modo alguno con una
igualdad fisiológica de diferentes gastos de trabajo. “El carácter universa]
del trabajo no es un concepto de las ciencias naturales que incluye sólo un
contenido fisiológico. El trabajo privado es abstracto-universal, y por ende
también social, como expre sión de la actividad de poseedores de derechos.” 8
Pero la con cepción general de Petry, para quien la teoría del valor de Marx
no representa wertgesetz sino wertbetrachtung, no es una explicación de un
"proceso real en los objetos” sino una “con dición subjetiva del
conocimiento” (Ibíd., p. 50). Esto quita a Petry toda posibilidad de formular
con exactitud el problema del trabajo abstracto.9
Otro intento de introducir un aspecto social en el
concepto de trabajo abstracto se encuentra en la obra de A. Nezhdanov
(Cherevanin). Según Nezhdanov, el concepto de trabajo abstrac to no expresa
una igualdad fisiológica de gasto de trabajo, sino
187
un proceso social de igualación de diferentes
formas del trabajo en la producción. Este es “un proceso social importante e
indis pensable, que realiza toda organización socioeconómica concien-te ...
Este proceso social que caracteriza la reducción de dife rentes formas de
trabajo a trabajo abstracto se lleva a cabo inconcientemente en la sociedad
mercantil”.10 Tomando el trabajo abstracto como expresión del proceso de
igualación del traba jo en toda economía, A. Nezhdanov descuida la forma
particular que la igualación del trabajo adquiere en una economía mer cantil;
aquí no se realiza directamente en el proceso de produc ción, sino mediante el
cambio. El concepto de trabajo abstracto expresa la forma histórica específica
de igualación del trabajo. No es sólo un concepto social, sino también
histórico.
Podemos ver que la mayoría de los autores
entendieron el trabajo abstracto de un modo simplificado, en el sentido de tra
bajo fisiológico. Esto obedece al hecho de que estos autores no se dedicaron a
seguir la teoría del trabajo abstracto de Marx en su totalidad. Para ello
tendrían que haber efectuado un análisis detallado del texto de Marx de la
sección sobre el fetichismo de la mercancía y, en particular, de la
Contribución a la crítica de la economía política, donde Marx desarrolló su
teoría de la manera más completa. En cambio, esos autores prefirieron limitarse
a una repetición literal de unas pocas frases que Marx dedicó al trabajo
abstracto en la sección segunda del capítulo I de El capital.
En la sección mencionada de El capital, Marx, en
efecto, parece brindar una base para la interpretación del trabajo abstracto
pre cisamente en un sentido fisiológico. “Si prescindimos del carácter
concreto de la actividad productiva y, por tanto, de la utilidad del trabajo,
¿qué queda en pie de él? Queda, simplemente, el ser un gasto de fuerza humana
de trabajo. El trabajo del sastre y el del tejedor, aún representando
actividades productivas cuali tativamente distintas, tienen en común el ser un
gasto productivo de cerebro humano, de músculos, de nervios, de brazo, etc.;
por tanto, en este sentido, ambos son trabajo humano" (C., I, p. 11). Y al
concluir, Marx destaca esta idea con relieve aún mayor: “Todo trabajo es, de
una parte, gasto de la fuerza humana de trabajo en el sentido fisiológico y,
como tal, como trabajo humano igual o trabajo humano abstracto, forma el valor
de la mercancía. Pero todo trabajo es, de otra parte, gasto de la fuerza humana
de trabajo bajo una forma especial y encaminada a un fin y, como tal, como
trabajo concreto y útil, produce valores
188
de uso” (C., I, pp. 13-14). Tanto defensores como
adversarios de Marx encuentran apoyo en los pasajes citados y comprenden el
trabajo abstracto en un sentido fisiológico. Los primeros repiten esta
definición sin analizarla críticamente. Los otros le dirigen toda una serie de
objeciones y a veces hacen de esto el punto de partida para la refutación de la
teoría del valor-trabajo. Ni los primeros ni los segundos observan que la con
cepción simplificada del trabajo abstracto (presentada antes), basada a primera
vista en una interpretación literal de las pala bras de Marx, no puede en modo
alguno ser compatible con la totalidad de la teoría del valor de Marx, ni con
una serie de pasajes de El capital.
Marx nunca se cansó de repetir que el valor es un
fenómeno social, que la existencia del valor (wertgegenstandlichkeit) fiene
‘una materialidad puramente social” (C., I, p, 15), y no contiene un solo átomo
de materia. De esto se sigue que el trabajo abstracto, que crea valor, debe ser
entendido como una categoría social en la cual no podemos encontrar ni un átomo
de materia. Una de dos cosas es posible: si el trabajo abstracto es un gasto de
energía humana en forma fisiológica, entonces el valor también tiene un
carácter material cosificado. O bien, el valor es un fenómeno social, y
entonces el trabajo abstracto también debe ser entendido como un fenómeno
social vinculado con una deter minada forma social de la producción. No es
posible recon ciliar un concepto fisiológico de trabajo abstracto con el
carácter histórico del valor que crea. El gasto fisiológico de energía como tal
es el mismo para todas las épocas y, podríamos decir, esta energía creó valor
en todas las épocas. Llegamos a la más tosca interpretación de la teoría del
valor, que contradice de plano la teoría de Marx.
Sólo puede haber un modo de salir de esas
dificultades: puesto que el concepto de valor tiene un carácter social e
histórico en la obra de Marx (y esta es precisamente su contribución y la
carac terística distintiva de su teoría), debemos contruir el concepto de
trabajo abstracto que crea valor sobre la misma base. Si no nos quedamos con
las definiciones preliminares que dio Marx en las primeras páginas de su obra y
nos dedicamos a rastrear el ulterior desarrollo de su pensamiento, hallaremos
en la obra de Marx elementos suficientes para una teoría sociológica del
trabajo abstracto.
Para comprender exactamente la teoría de Marx del
trabajo abstracto no podemos olvidar ni por un minuto que éste relaciona
189
de manera inseparable el concepto de trabajo
abstracto con el concepto de valor. El trabajo abstracto “crea” valor, es el
“con tenido” o la “sustancia” del valor. La tarea de Marx fue, como hemos
señalado con frecuencia, no reducir el valor analíticamente al trabajo
abstracto, sino derivar dialécticamente el valor del trabajo abstracto. Y esto
no es posible si el trabajo es entendido nada más que como trabajo en un
sentido fisiológico. Así, no es accidental que los autores que mantienen
consecuente mente una interpretación fisiológica del trabajo abstracto se vean
obligados a llegar a conclusiones que contradicen de plano la teoría de Marx,
es decir, a concluir que el trabajo abstracto en sí mismo no crea valor.11
Quien quiera sostener la conocida afirmación de Marx de que el trabajo
abstracto crea valor y se expresa en el valor, debe renunciar al concepto
fisiológico de tra bajo abstracto. Pero esto no significa negar el hecho de
que en toda forma social de la economía la actividad laboral de las
personas
se realiza mediante
el gasto de
energía fisiológica.
El trabajo fisiológico es la presuposición del
trabajo abstracto,
en el sentido que no podemos hablar de trabajo
abstracto si no hay gasto de energía fisiológica por parte de los hombres. Pero
este gasto de energía fisiológica sigue siendo una presupo sición, y no el
objeto de nuestro análisis.
En toda forma social de la economía, el trabajo
humano es al mismo tiempo trabajo técnico-material y trabajo fisiológico. El
trabajo posee la primera cualidad sólo en la medida en que está sometido a un
plan técnico definido y se halla dirigido a la producción de productos
necesarios para la satisfacción de nece sidades humanas; el trabajo sólo posee
la segunda cualidad en la medida en que representa un gasto de energía
fisiológica acumulada en el organismo humano y que debe ser restaurada
regularmente. Si el trabajo no creara productos útiles, o si no fuera
acompañado por el gasto de energía del organismo humano, todo el cuadro de la
vida económica de la humanidad sería muy diferente del que realmente es. Así,
el trabajo considerado aisladamente de esta o aquella organización social de la
econo mía es una presuposición técnico-material, tanto como biológica, de toda
actividad económica. Pero esta presuposición de la investigación económica no
puede transformarse en el objeto del análisis. El gasto de energía fisiológica
como tal no es trabajo abstracto ni crea valor.
Hasta ahora hemos examinado la versión fisiológica
del tra bajo abstracto en su forma más tosca. Los defensores de esa
190
forma tosca sostienen que el valor del producto es
creado por el trabajo abstracto como un gasto de cierta suma de energía
fisiológica. Pero hay también formulaciones más finas de esta interpretación
fisiológica, que afirman aproximadamente lo si guiente: la igualdad de los
productos como valores es creada mediante la igualdad de todas las formas de
trabajo como gasto de energía fisiológica. Aquí el trabajo ya no es tratado
simple mente como el gasto de cierta suma de energía fisiológica, sino en términos
de su homogeneidad fisiológica con todas las otras formas de trabajo. Aquí el
organismo humano no es considerado meramente como la fuente de energía
fisiológica en general, sino también como Ja fuente capaz de suministrar
trabajo en cual quier forma concreta. El concepto de trabajo fisiológico en
general ha sido transformado en un concepto de trabajo fisiológicamente igual u
homogéneo.
Sin embargo, este trabajo fisiológicamente
homogéneo no es el objeto, sino más bien la presuposición de la investigación
económica. En realidad, si el trabajo como gasto de energía fisiológica es una
presuposición biológica de toda economía humana, la homogeneidad fisiológica
del trabajo es una presu posición biológica de toda división social del
trabajo. La homo geneidad física del trabajo humano es una presuposición
indispen sable para la transferencia de personas de una forma de trabajo a
otra, y por ende para la posibilidad del proceso social de redistribución del
trabajo social. Si las personas nacieran como las abejas y las hormigas, con
determinados instintos de trabajo que limitaran de antemano sus capacidades
laborales a una forma de actividad, la división del trabajo sería un hecho
biológico, no un hecho social. Para que pueda llevarse a cabo el trabajo social
en una u otra esfera de la producción, todo individuo debe ser capaz de pasar
de una forma de trabajo a otra.
Así, la igualdad fisiológica del trabajo es una
condición nece saria para la igualación y distribución social del trabajo en
general. Sólo sobre la base de la igualdad y homogeneidad fisio lógicas del
trabajo humano, es decir, la variedad y flexibilidad de la actividad laboral de
las personas, es posible la transferencia de una actividad laboral a otra. El
origen del sistema social de la división del trabajo, y en particular el
sistema de producción mercantil, sólo es posible sobre esta base. Así, cuando hablamos
de trabajo abstracto, presuponemos un trabajo que está social mente igualado,
y la igualación social del trabajo presupone su homogeneidad fisiológica, sin
la cual la división social del trabajo
191
como
proceso social no
podría realizarse en
ninguna forma. La homogeneidad
fisiológica del trabajo humano es una pre suposición biológica y no una causa
del desarrollo de la división social del trabajo. (Esta presuposición, a su
vez, es un resultado del largo
proceso de desárrollo humano y, en particular, del desarrollo de
instrumentos de trabajo
y de algunos
órganos del cuerpo: la mano y el cerebro.) El nivel de desarrollo y las formas de
la división social
del trabajo están
determinados por causas puramente sociales y, a su vez, determinan la
medida en que la variedad de operaciones de trabajo que el organismo humano
puede efectuar potencialmente se manifiesta realmente en la variedad de
operaciones de trabajo de los hombres como miembros de una
sociedad. En un sistema de castas
estricto, la homogeneidad fisiológica del trabajo humano no puede expre
sarse en una medida significativa. En una pequeña comunidad basada en la división del trabajo, la homogeneidad fisiológica de éste se manifiesta en un
pequeño círculo de personas y no puede
expresarse el carácter
humano del trabajo.
Sólo sobre la base de la
producción de mercancías, caracterizada
por el gran desarrollo del
cambio, la transferencia masiva de indivi duos de una actividad a otra y la
indiferencia de los individuos hacia la
forma concreta del
trabajo, es posible
desarrollar el carácter
homogéneo de todas
las operaciones laborales
como formas de trabajo humano en general. La homogeneidad fisio lógica
del trabajo humano fue una presuposición necesaria de la división social del
trabajo, pero sólo en un nivel determinado del desarrollo social y en una forma
social determinada de la economía, el trabajo del individuo tiene el carácter
de una forma de manifestación del trabajo humano en general. No exageraría* mos
si dijéramos que quizá el concepto de hombre en general y de trabajo
humano en general
surgió sobre la
base de la economía
mercantil. Esto es precisamente lo
que Marx quiso señalar cuando indicó que el carácter
general humano del trabajo
se expresa en el trabajo abstracto.
Hemos llegado a la conclusión de que el trabajo
fisiológico en general, o trabajo fisiológicamente homogéneo, no es en sí mismo
trabajo abstracto, aunque constituye su supuesto. El tra bajo homogéneo que se
expresa en la igualdad del valor debe ser considerado como trabajo socialmente
igualado. Puesto que el valor del producto del trabajo es una función social y
no una función natural, el trabajo, que crea este valor, no es una sustancia
fisiológica, sino “social”. Marx expresó esta idea de
19 2
manera clara y breve en su obra Salario, precio y
ganancia: “Como los valores de cambio de las mercancías no son más que
funciones sociales de las mismas y no tienen nada que ver con sus propiedades
naturales, lo primero que tenemos que pregun tarnos es esto: ¿cuál es la
sustancia social común a todas las mercancías? Es el trabajo. Para producir una
mercancía, hay que invertir en ella o incorporar a ella una determinada
cantidad de trabajo. Y no simplemente trabajo, sino trabajo social ” 12 Y en la
medida en que este trabajo es homogéneo, lo que está en con sideración es el
trabajo socialmente igual o trabajo socialmente igualado.
Así, no debemos limitarnos a la característica del
trabajo como trabajo igual, sino distinguir tres tipos de trabajo igual, como
dijimos en el capítulo XI.
1) Trabajo
fisiológicamente igual,
2) Trabajo
socialmente igualado.
3) Trabajo
abstracto o abstracto-universal, es decir, trabajo socialmente igualado en la
forma específica que adquiere en una economía mercantil.
Aunque el trabajo abstracto es una propiedad
específica de una economía mercantil, el trabajo socialmente igualado puede
encontrarse, por ejemplo, en una comuna socialista. El trabajo abstracto no
solamente no coincide con el trabajo fisiológica-mente igual, sino que tampoco
puede identificarse en absoluto con el trabajo socialmente igualado (ver más
arriba, capítulo XI). Todo trabajo abstracto es trabajo social y socialmente
igualado, pero no todo trabajo socialmente igualado puede considerarse como trabajo
abstracto. Para que el trabajo socialmente igualado adopte la forma específica
de trabajo abstracto característica de la economía mercantil, son necesarias
dos condiciones, como mostró agudamente Marx. Es necesario que: 1) la igualdad
de diferentes tipos de trabajo y de individuos exprese “el carácter social
específico del trabajo privado realizado independiente mente” (C., I, p. 30),
es decir, que el trabajo se convierta en trabajo social sólo como trabajo
igual; 2) que esta igualación del trabajo se realice en una forma material, o
sea, “asuma en el producto la forma de valor* (Ibtd.).18 En ausencia de estas
condiciones, el trabajo es fisiológicamente homogéneo. También puede ser
socialmente igualado, pero no es trabajo abstracto-universal.
Si algunos autores confunden erróneamente el
trabajo abstracto
193
con el trabajo fisiológicamente homogéneo, otros
autores cometen un error igualmente inaceptable, aunque no tan burdo: con
funden el trabajo abstracto con el trabajo socialmente igualado. Su
razonamiento puede reducirse a los siguientes términos: el órgano de una comuna
socialista, como hemos visto, iguala tra bajos de diferentes formas e
individuos con el propósito de la contabilización y la distribución del
trabajo, esto es, reduce todo trabajo a una unidad general que es
necesariamente abstracta; así, el trabajo adquiere el carácter de trabajo
abstracto.14 Si esos autores insisten en su derecho de llamar “abstracto” al
trabajo socialmente igualado, podemos reconocer tal derecho: todo autor tiene
la facultad de dar cualquier nombre que quiera a un fenómeno, aunque tal
terminología arbitraria puede ser muy peligrosa y crea una gran confusión en la
ciencia. Pero nuestro argumento no se refiere al nombre que se de al trabajo
social mente igualado, sino a algo diferente. Abordemos la siguiente cuestión:
¿qué entendemos por este “trabajo abstracto” que crea valor y se expresa en el
valor, de acuerdo con la teoría de Marx? Debemos mencionar nuevamente que Marx
no sólo quería reducir de manera analítica el valor al trabajo, sino también
derivar analíticamente el valor del trabajo. Y desde este punto de vista, es
evidente que ni el trabajo fisiológicamente homogéneo ni el trabajo socialmente
igualado, como tales, crean valor. El trabajo abstracto que Marx consideró no
sólo es socialmente igualado, sino también trabajo socialmente igualado de una
forma espe cífica que es característica de una economía mercantil. En el
sistema de Marx, el concepto de trabajo abstracto se halla insepa rablemente
relacionado con las características básicas de la economía mercantil. Para
demostrarlo, debemos explicar con mayor detalle las ideas de Marx sobre el
carácter del trabajo abstracto.
Marx comienza su análisis con el análisis de las
mercancías, en las cuales distingue dos aspectos: el técnico-material y el
social (es decir, el valor de uso y el valor). De modo similar, Marx distingue
dos aspectos en el trabajo encamado en las mercancías. El trabajo concreto y el
trabajo abstracto son dos aspectos (técnico-material y social) del mismo
trabajo encamado en las mercancías- El aspecto social de este trabajo, que crea
valor y se expresa en el valor, es el trabajo abstracto.
Comencemos con la definición que da Marx de trabajo
con creto. “Como creador de valores de uso, es decir como trabajó útil, el
trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y
194
condición independiente de todas las formas de
sociedad, una necesidad perenne y natura] sin la que no se concebiría el inter
cambio orgánico entre el hombre y la naturaleza, ni por con siguiente, la vida
humana” (C., I, p. 10; las bastardillas son nuestras). Es obvio que el trabajo
abstracto se contrapone al trabajo concreto. El trabajo abstracto se relaciona
con "una forma social definida”, y expresa determinadas relaciones entre
los hombres en el proceso de producción. El trabajo concreto es la definición
del trabajo en términos de sus propiedades técnico-materiales. El trabajo
abstracto incluye la definición de las formas sociales de organización del
trabajo humano. No se trata de una definición genérica y especifica del
trabajo, sino del análisis del trabajo desde dos puntos de vista; el técnico^
material y el social. El concepto de traba jo abstracto expresa las
características de la organización social del trabajo en una sociedad
mercantil-capitalista.15
Para una interpretación exacta de la oposición
entre trabajo concreto y trabajo abstracto, debemos partir de la oposición que
estableció Marx entre trabajo privado y trabajo social, y que he mos examinado
antes.
El trabajo es social si se lo examina como parte de
la masa total de trabajo social homogéneo o, como dice Marx con fre cuencia,
si se lo ve en términos de su relación con "el trabajo total de la
sociedad”. En una gran comunidad socialista, el trabajo de los miembros de la
comunidad, en su forma concreta (por ejemplo, el trabajo de un zapatero), está
incluido direc tamente en el mecanismo labora] unificado de la sociedad y es
igualado con un número determinado de unidades de trabajo social (si nos
referimos a la primera fase de una economía socialista, cuando el trabajo de
los individuos es aún evaluado por la sociedad; para un examen más detallado de
este tema, ver el final de este capítulo). En su forma concreta, el trabajo es,
en este caso, directamente trabajo social. Es diferente en una economía
mercantil, donde el trabajo concreto de los productores no es directamente
trabajo social sino privado, es decir, el tra bajo de un producto privado de
mercancías, un propietario privado de medios de producción y un organizador
autónomo de la actividad económica. Este trabajo privado sólo puede llegar a
ser social mediante su igualación con toda las otras formas de trabajo,
mediante la igualación de sus productos (ver más arriba capítulo X I). En otras
palabras, el trabajo concreto no se hace social porque tenga la forma de
trabajo concreto que
195
produce valores de uso concretos, por ejemplo,
zapatos, sino sólo si los zapatos son igualados como valores con una deter
minada suma de dinero (y, mediante el dinero, con todos los otros productos
como valores). Así, el trabajo materializado en los zapatos es igualado con
todas las otras formas de trabajo y, por consiguiente, se despoja de su forma
concreta determi nada y se convierte en trabajo impersonal, en una partícula
de la masa total del trabajo social homogéneo. Analógicamente, así como los productos
concretos del trabajo (por ejemplo, zapatos) manifiestan su carácter como valor
sólo si el producto se despoja de su forma concreta y es igualado con una
determinada suma de unidades monetarias abstractas, así también el trabajo
privado y concreto contenido en el producto manifiesta su carácter de trabajo
social si se despoja de su forma concreta y es igualado, en determinada
proporción, con todas las otras formas de tra bajo, es decir, es igualado con
una cantidad determinada de trabajo impersonal, homogéneo y abstracto, de
“trabajo en gene rar'. La transformación del trabajo privado en trabajo social
sólo puede efectuarse mediante la transfomación del trabajo concreto en trabajo
abstracto. Por otro lado, la transformación del trabajo concreto en abstracto
significa ya su inclusión en la masa de trabajo social homogéneo, vale decir,
su transformación en tra bajo social. El trabajo abstracto es la variedad del
trabajo social o trabajo socialmente igualado en general. Es trabajo social o
socialmente igualado en la forma específica que tiene en una eco nomía
mercantil. El trabajo abstracto no es sólo trabajo social mente igualado, esto
es, abstraído de sus propiedades concretas, trabajo impersonal y homogéneo. Es
trabajo que se hace social sólo como trabajo impersonal y homogéneo. El
concepto de trabajo abstracto presupone que el proceso de despersonalización o
igualación del trabajo es un proceso unificado por el cual se “socializa” el
trabajo, es decir, se lo ha incluido en la masa total de trabajo social. Esta
igualación del trabajo puede realizarse en el proceso de la producción directa,
antes del acto de intercambio, pero sólo mentalmente y como previsión. En
realidad, se produce en el acto del cambio, en la igualación (aunque sea mental
y anticipada) del producto del trabajo dado con una suma defi nida de dinero.
Aunque esta igualación precede al cambio, se la debe efectuar en el proceso
real del cambio.
El papel del trabajo que hemos descrito es
característico preci samente de una economía mercantil, y es particularmente
sor prendente si se compara la sociedad mercantil con otras formas
196
de economía. “Consideremos las prestaciones y los
tributos en especie de la Edad Media. Lo que aquí constituye el vínculo social
son los trabajos determinados 10 de los individuos, en forma de prestaciones en
especie, o sea, la particularidad y no la gene ralidad 17 del trabajo. O
consideremos el trabajo colectivo en su forma original, tal como lo encontramos
en el umbral de la his toria de todos los pueblos civilizados. Aquí el
carácter social del trabajo no proviene, evidentemente, de que el trabajo del
indi viduo tome la forma abstracta de la generalidad, o de que su producto
adopte la forma de un equivalente general. Es el régimen comunitario en el que
se basa la producción el que impide que el trabajo del individuo sea trabajo
privado y que su producto tenga carácter privado, y, por el contrario, el que
hace que el trabajo individual se realice directamente como función de un
miembro del organismo social. El trabajo que se mani fiesta en el valor de
cambio es, por hipótesis, el trabajo del individuo aislado. Sólo cuando toma la
forma de su contrario inmediato, y la forma de la generalidad abstracta,
deviene trabajo social” (Crítica, p. 22; las bastardillas son nuestras). Marx
repite la misma idea en El capital. Dice de la sociedad medieval: en ella “lo
que constituye la forma directamente social del trabajo es la forma natural de
éste, su carácter concreto, y no su carácter general, como en el régimen de
producción de mercancías” (C., I, p. 42). Del mismo modo, en la producción
agrícola de una familia patriarcal campesina “los diversos trabajos que en
gendran estos productos, la agricultura y la ganadería, el hilar y el tejer y
el cortar, etc., son, por su forma natural, funciones sociales” (Ibíd., p. 43).
Así, a diferencia de la familia patriarcal o del
dominio feudal, donde el trabajo en su forma concreta tiene un carácter direc
tamente social, en la sociedad mercantil la única relación social entre
unidades económicas independientes y privadas se realiza a través de un
múltiple intercambio y la igualación de los
productos
de las más variadas formas concretas de
trabajo,
es
decir, mediante la
abstracción de sus
propiedades con
cretas,
mediante la transformación del trabajo concreto en
trabajo abstracto. El gasto de energía humana como
tal, en un sentido fisiológico, no es aún trabajo abstracto, trabajo que crea
valor, aunque sea su premisa. La abstracción de las normas concretas de
trabajo, la relación básica entre productores sepa rados de mercancías, es lo
que caracteriza al trabajo abstracto. El concepto de trabajo abstracto
presupone una determinada
197
forma social de organización del trabajo en una
economía mer cantil: los productores individuales de mercancías no se vinculan
directamente en el proceso mismo de la producción en la medida en que este
proceso representa la totalidad de las actividades laborales concretas; esta
conexión se realiza mediante la abstrac ción de esas propiedades concretas. El
trabajo abstracto no es una categoría fisiológica, sino una categoría social e
histórica. El trabajo abstracto no sólo difiere del concreto por sus propie
dades negativas (la abstracción de las formas concretas del trabajo), sino
también por su propiedad positiva (la igualación de todas las formas del
trabajo en un múltiple intercambio de los productos mismos). “El trabajo
materializado en el valor de las mercancías no representa tan sólo de un modo
negativo, como trabajo en que se hace abstracción de todas las formas concretas
y cualidades útiles de los trabajos reales, sino que con ello ponemos de
relieve, además, de un modo expreso, su propio carácter positivo. Lo que
hacemos es reducir todos los trabajos reales al carácter de trabajo humano
común a todos ellos, a la inversión de fuerza humana de trabajo” (C., I, p.
33). En otros pasajes, Marx destaca que esta reducción de las formas concretas
del trabajo abstracto se realiza indefinidamente en el proceso del cambio. Sin
embargo, en el proceso de la producción directa, esta reducción tiene un
carácter anticipado o ideal, puesto que la producción está destinada al cambio
(ver más adelante). En la teoría del valor de Marx, la transformación del
trabajo concreto en trabajo abstracto no es un acto teórico de abstracción
efectuado con el propósito de hallar una unidad general de me dida. Tal
transformación constituye un suceso social real. La expresión teórica de este
suceso, a saber, la Igualación social de diferentes formas de trabajo, y no su
igualdad fisiológica, es la categoría del trabajo abstracto. El olvido de esta
naturaleza positiva y social del trabajo abstracto ha conducido a la inter
pretación de éste como un cálculo de gastos de trabajo en un sentido
fisiológico, o sea, como una propiedad puramente nega tiva de abstracción de
las formas específicas del trabajo concreto.
El trabajo abstracto aparece y se desarrolla en la
medida en que el cambio se convierte en la forma social del proceso de pro
ducción transformando así a éste en producción mercantil. En ausencia del
cambio como forma social de la producción, no puede haber trabajo abstracto.
Así, en la medida en que el
mercado
y la esfera
del cambio se
difunden, en la
medida
en que las unidades económicas individuales son
arrastradas al
198
cambio y en la medida en que esas unidades se
transforman en una economía social unificada y más tarde en una economía
mundial, las propiedades características del trabajo que hemos llamado
abstracto se refuerza. Así, Marx escribió: “Sólo el co mercio exterior, el
desarrollo del mercado hasta constituir un mercado mundial, transforma el
dinero en dinero mundial, y el trabajo abstracto en trabajo social. La riqueza
abstracta, el valor, el dinero —y, por consiguiente, el trabajo abstracto— se
desarrollan en la medida en que el trabajo concreto se expande hasta constituir
la totalidad de las variadas formas de trabajo que abarca el mercado
mundial" (Theorien über den Mehrtvert, III, p. 301; las bastardillas son
de Marx). Cuando el cambio está constreñido a los límites nacionales, el
trabajo abstracto aún no existe en su forma más desarrollada. El carác ter
abstracto del trabajo llega a su culminación cuando el comer cio internacional
vincula y unifica todos los países, y cuando el producto del trabajo nacional
pierde sus propiedades concretas específicas porque es entregado al mercado
mundial e igualado con los productos del trabajo de las más variadas industrias
nacionales. Este concepto de trabajo abstracto está lejos, en verdad, del
concepto de gasto de trabajo en un sentido fisio lógico, sin referencia a las
propiedades cualitativas de la acti vidad laboral o a las formas sociales de
la organización del trabajo.
En la producción basada en el cambio, el productor
no está interesado en el valor de uso de los productos que elabora, sino
exclusivamente en su valor. Los productos no le interesan como resultado del
trabajo concreto, sino como resultado del trabajo abstracto, es decir, en la
medida en que pueden despo jarse de su innata forma útil y transformarse en
dinero y, median te éste, en una serie infinita de diferentes valores de uso.
Desde el punto de vista del valor, si determinada ocupación es menos ventajosa
para un productor que otra, pasa de una actividad concreta a otra,
presuponiendo que en la economía mercantil existe plena movilidad del trabajo.
El cambio crea la indiferencia del productor hacia su trabajo concreto' (obvia
mente, en la forma de una tendencia que interrumpen y debi litan influencias
contrarias). “La indiferencia por un trabajo particular corresponde a una forma
de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a
otro y en la que un género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por
lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces,
199
no sólo en cuanto categoría, sino también en la
realidad, en el medio para crear la riqueza en general y, como determinación,
ha dejado de adherirse al individuo como una particularidad suya. Este estado
de cosas alcanza su máximo desarrollo en la forma más moderna de sociedad
burguesa, en los Estados Unidos. Aquí, pues, la abstracción de la categoría
'trabajo’, el ‘trabajo en general’, el trabajo sans phrase, que es el punto de
partida de la economía moderna, resulta por primera vez prácticamente cierta. De
este modo, la abstracción más simple que la economía moderna coloca en el
vértice, y que expresa una relación anti quísima y válida para todas las
formas de sociedad, se presenta no obstante como prácticamente cierta en este
grado de abs tracción sólo como categoría de la sociedad moderna... Este
ejemplo de trabajo muestra de una manera muy clara cómo incluso las categorías
más abstractas, a pesar de su validez —pre cisamente debida a su naturaleza
abstracta— para todas las épocas, son no obstante, en lo que hay de determinado
en esta abstracción, el producto de condiciones históricas y poseen validez
sólo para estas condiciones y dentro de sus límites.” 18 Hemos citado este
largo pasaje de la obra de Marx porque en él demuestra difinitivamente la imposibilidad
de definir fisioló gicamente el “trabajo abstracto” o el “trabajo en general”.
El “trabajo en general’ existe a primera vista en todas las formas de sociedad,
pero en realidad es un producto de las condiciones históricas de una economía
mercantil y “posee plena significa ción” sólo en esta economía. El trabajo
abstracto se convierte en una relación social entre los miembros de la sociedad
si es realizado mediante el cambio y la igualación de productos de las más
variadas formas de trabajo: “dentro de este mundo [el de las mercancías], es el
carácter general y humano del trabajo el que forma su carácter específicamente
social” (C., I, p. 33), y sólo este carácter social del trabajo abstraído de
las propiedades concretas le da el carácter de trabajo abstracto que crea
valor. En el valor, “el carácter general del trabajo indivi dual”, aparece
“como su carácter social”. Marx repite esta idea constantemente en la
Contribución a la crítica de la economía política.
Así, en la medida en que el valor puede ser
derivado dialécti camente del trabajo, debemos entender por trabajo aquel
trabajo organizado en la forma social determinada que existe en una economía
mercantil. Cuando hablamos de trabajo fisiológica mente homogéneo o incluso de
trabajo socialmente igualado,
200
este trabajo no crea valor. Podemos considerar otro
concepto menos concreto de trabajo sólo limitando la tarea a una reduc ción
puramente analítica del valor al trabajo. Si partimos del valor como una forma
social acabada y determinada del producto del trabajo (que no exige una
explicación particular), y si nos preguntamos a qué trabajo puede reducirse
este valor, respon demos brevemente: a trabajo homogéneo. En otras palabras,
si sólo es posible derivar dialécticamente el valor del trabajo abstracto que se
distingue por una forma social concreta, la reducción analítica del valor al
trabajo puede limitarse a la defi nición del carácter del trabajo como trabajo
socialmente igualado en general,10 o incluso como trabajo fisiológicamente
homogéneo. Es posible que esto precisamente explique el hecho de que en la
segunda sección del capítulo I del primer volumen de El capital Marx redujo el
valor al trabajo por el método analítico y subrayó el carácter del trabajo como
fisiológicamente homogéneo, sin detenerse ya en la forma social de organización
del trabajo en la economía mercantil.20 Por otra parte, cada vez que Marx desea
derivar dialécticamente el valor del trabajo abstracto, subraya la forma social
del trabajo en la economía mercantil como característica del trabajo abstracto.
Puesto que hemos explicado la naturaleza social del
trabajo abstracto y su relación con el proceso de cambio, debemos responder a
ciertas observaciones críticas21 que se plantearon contra nuestra concepción
del trabajo abstracto. Algunos críticos dicen que nuestra concepción puede
conducir a la conclusión de que el trabajo abstracto sólo se origina en el acto
de inter cambio, de lo cual se sigue que el valor también se origina sólo en
el cambio. Sin embargo, desde el punto de vista de Marx, el valor, y por ende
también el trabajo abstracto, debe ya existir en el proceso de producción. Esto
toca a una cuestión suma mente seria y profunda acerca de la relación entre la
producción y el cambio. ¿Cómo resolveremos este problema? Por un lado, el valor
y el trabajo abstracto deben ya existir en el proceso de cambio; pero, por otro
lado, Marx en varios pasajes dice que el trabajo presupone el proceso de
cambio.
Podemos citar varios ejemplos. Según Marx, Franklin
percibió el carácter abstracto del trabajo, pero no comprendió que era
abstractamente general, trabajo social que surge de la completa alienación del
trabajo individual (Crítica, pp. 47-48). Así, el principal error de Franklin
fue no tomar en consideración el hecho
201
de que el trabajo abstracto surge de la alienación
del trabajo individual.
Este caso no constituye una frase aislada en la
obra de Marx. En posteriores ediciones de El capital Marx subrayó, con crecien
te agudeza, la idea de que en una economía mercantil sólo el cambio transforma
el trabajo concreto en trabajo abstracto.
Examinemos el conocido pasaje que citamos antes:
“los hom bres no relacionan entre sí los productos de su trabajo como valores
porque estos objetos les parezcan envolturas simplemente materiales de un
trabajo humano igual. Es al revés. AI equiparar unos con otros en el cambio,
como valores, sus diversos pro ductos, lo que hacen es equiparar entre sí sus
diversos trabajos, como modalidades de trabajo humano” (C., I, p. 39). En la
primera edición de El capital, este pasaje tenía precisamente el significado opuesto.
En la obra original de Marx, este pasaje dice: “Los hombres relacionan sus
productos como valores en la medida en que estas cosas son para ellos solamente
envolturas materiales de trabajo humano homogéneo”, etc. ( Kapttal, I, 1867, p.
38). Para evitar que se lo interpretara en el sentido de que los hombres
igualan concientemente su trabajo de antemano, como trabajo abstracto, Marx
modificó totalmente el significa do de esa frase en la segunda edición, y
destacó el significado según el cual la igualación del trabajo como trabajo
abstracto sólo se produce mediante el cambio de los productos del trabajo. Se
trata de un cambio significativo entre la primera y la se gunda edición.
Pero, como dijimos, Marx no se limitó a la segunda
edición del Volumen I de El capital. También modificó el texto utilizado pava
la edición francesa de 1875. Allí escribió que había intro ducido los cambios
que no había podido incluir en la segunda edición alemana. Sobre esta base,
Marx asignó a la edición francesa de El capital un valor científico
independiente, para lelo al del original alemán.
En la segunda edición de El capital encontramos la
conocida frase: “Para encontrar la igualdad toto coelo de diversos trabajos,
hay que hacer forzosamente abstracción de su desigualdad real, reducirlos al
carácter común a todos ellos como desgaste de fuerza humana de trabajo, como
trabajo humano abstracto” (C., I, p. 39). En la edición francesa, Marx, al
final de esta frase reemplazó el punto por una coma y agregó: “y sólo el cambio
realiza esta reducción, al oponer los productos de dife- -j rentes formas de
trabajo unos a otros sobre la base de la igualdad”
202
(edición francesa de El capital, 1875, p. 29). Este
agregado es significativo y muestra claramente hasta qué punto Marx estaba
lejos de la interpretación fisiológica del trabajo abstracto. ¿Cómo podemos
reconciliar estas declaraciones de Marx, que podríamos multiplicar, con su
concepción básica de que el valor es creado en la producción?
No es difícil reconciliar esas concepciones.
El problema es que, al abordar el problema de la
relación entre el cambio y la producción, no se han distinguido adecua damente
dos conceptos del cambio. Debemos distinguir el cambio como una forma social
del proceso de reproducción, y el cam bio como una fase particular de este
proceso de reproducción, que alterna con la fase de la producción directa.
A primera vista, parece que el cambio es una fase
separada del proceso de reproducción. Podemos ver que el proceso de la
producción directa es el primero, y la fase del cambio sigue luego. Aquí el
cambio está separado de la producción y per manece opuesto a ella. Pero el
cambio no sólo es una fase separada del proceso de reproducción; imprime su
sello espe cífico a todo este proceso. Es una forma social particular del
proceso social de producción. Producción basada en el cambio privado: tales son
las palabras con las que Marx caracteriza frecuentemente a una economía
mercantil. Desde este punto de vista, “el cambio de productos como mercancías
es una forma determinada de trabajo social o producción social” (Theorien über
den Mehrtvert, III, 1921, p. 153). Si prestamos atención al hecho de que el
cambio es una forma social del proceso de producción, una forma que deja su
sello en el curso del proceso de producción mismo, muchas de las afirmaciones
de Marx se harán totalmente claras. Cuando Marx repite constantemente que el
trabajo abstracto sólo es el resultado del cambio, esto significa que es el
resultado de una forma social dada del proceso de producción. Sólo en la medida
en que el proceso de producción adquiere la forma de producción mercantil, es
decir, producción basada en el cambio, el trabajo adquiere la for ma de
trabajo abstracto, y los productos del trabajo la forma del valor.
Así, el cambio es sobre todo una forma del proceso
de pro ducción, o una forma del trabajo social. Puesto que el cambio es
realmente la forma dominante del proceso de producción, imprime su sello sobre
la fase de la producción directa. En otras palabras, puesto que una persona
produce después de haber
203
entrado en el acto de cambio, y antes de entrar en
el siguiente acto de cambio, el proceso de producción directa adquiere
determinadas propiedades sociales que corresponden a la orga nización de la
economía mercantil basada en el cambio. Aunque el productor de mercancías
permanezca aún en su taller y en un momento determinado no haya entrado en el
cambio con otros miembros de la sociedad, siente ya la presión de todas
aquellas personas que entran en el mercado como sus compradores, com
petidores, personas que compran a sus competidores, etc., en último análisis,
la presión de todos los miembros de la sociedad. Esta relación económica y
estas relaciones de producción que se realizan directamente en el cambio,
extienden su influencia aún después de los actos concretos de intercambio.
Estos actos dejan un claro sello social en el individuo y en el producto de su
trabajo. Ya en el proceso mismo de la producción directa, el pro ductor
aparece como un productor de mercancías, su trabajo tiene el carácter de trabajo
abstracto y su producto el de valor.
Pero aquí es necesario prevenir contra los
siguientes errores. Muchos autores piensan que puesto que el proceso de
producción directa ya posee determinadas propiedades sociales, esto signi fica
que los productos del trabajo y el trabajo, en la fase de la producción
directa, están caracterizados en todos sus detalles por las mismas propiedades
sociales que los caracterizan en la fase del cambio. Tal supuesto es erróneo
porque aunque ambas fases (la fase de la producción y la fase del cambio) se
hallan íntimamente relacionadas, esto no significa que la fase de la producción
se haya convertido en la del cambio. Hay cierta semejanza entre las dos fases,
pero también se mantiene cierta diferencia. En otras palabras, reconocemos que,
desde el mo mento en que el cambio se convierte en la forma dominante de
trabajo social y las personas producen especialmente para el cambio, el
carácter del producto del trabajo como valor es to mado en consideración en la
fase de la producción directa. Pero este carácter del producto del trabajo como
valor no es aún ese carácter que adquiere cuando es de hecho cambiado por
dinero, cuando, con palabras de Marx, su valor “idear se transforma en valor
“real” y la forma social de las mercancías es sustituida por la forma social
del dinero.
Esto también es verdad para el trabajo. Sabemos que
los productores de mercancías, en sus actos de producción, toman en
consideración la situación del mercado y de la demanda durante el proceso de
producción directa. Ellos producen exclu-
204
sivamente con el fin de transformar su producto en
dinero y, de este modo, su trabajo privado y concreto en trabajo social y
abstracto. Pero esta inclusión del trabajo del individuo en el mecanismo
labora] de toda la sociedad es sólo preliminar y conjetural: aún debe someterse
a la dura verificación del pro ceso del cambio, verificación que puede dar
resultados positivos o negativos para el productor de mercancías. Así, la
actividad laboral de los productores de mercancías en la fase de la pro
ducción es directamente trabajo privado y concreto, y sólo indi rectamente, o
de manera latente, como dice Marx, trabajo social.
De este modo, cuando leemos la obra de Marx, y
particular- * mente sus descripciones de cómo el cambio influye en el valor y
en el trabajo abstracto, debemos siempre preguntarnos qué es lo que tiene
presente Marx en cada caso, si el cambio como forma del proceso de producción o
el cambio como fase separada que se opone a la fase de la producción. En la
medida en que trata del cambio como una forma del proceso de producción, Marx
dice claramente que sin el cambio no hay trabajo abstracto ni valor. El trabajo
adquiere el carácter de abstracto sólo en la medida en que se desarrolla el
cambio. Cuando Marx habla del cambio como de una fase separada que está en
oposición a la fase de la producción, dice que aún antes del proceso del cambio
el trabajo y el producto del trabajo poseen determinadas características
sociales, pero que estas características deben rea lizarse en el proceso de
cambio. En el proceso de producción directa, el trabajo no es aún trabajo
abstracto en el pleno sentido de la palabra: aún debe convertirse (toerden) en
trabajo abstracto. En las obras de Marx pueden encontrarse muchas afirmaciones
de este tenor. Podemos citar dos pasajes de la Crítica: "En realidad, los
trabajos individuales que se manifies tan en estos valores de uso particulares
devienen trabajo general, y, bajo esta forma, trabajo social sólo
intercambiándose realmen te de modo recíproco en forma proporcional a la
duración del tiempo de trabajo que contienen esos valores de uso. El tiempo de
trabajo social general no existe, por así decir, más que en estado latente en
estas mercancías, y sólo se revela en su proceso de cambio” ( Crítica, p. 35).
En otra parte Marx escribe: “Las mercancías que se enfrentan tienen ahora un
doble modo de existencia: real, como valores de uso, e ideal, como valores de
cambio. Ahora expresan las unas por las otras la doble forma del trabajo que
contienen, el trabajo concreto particular realmente existente en su valor de
uso, mientras que el tiempo
205
de trabajo abstracto general reviste en sus precios
una existencia figurada” (lbíd., p. 60).
Marx sostiene que las mercancías y el dinero no
pierden sus diferencias por el hecho de que toda mercancía deba transfor marse
en dinero; cada uno es en realidad lo que el otro es idealmente, e idealmente
lo que el primero es en realidad. Todas estas declaraciones muestran que no
debemos abordar el problema demasiado literalmente. No debemos pensar que, como
en el proceso de la producción directa los productores de mercancías se
vinculan directamente unos con otros mediante relaciones de producción, por ello
sus productos y su trabajo poseen ya un carácter directamente social. En
verdad, no sucede así. El trabajo de los productores de mercancías es
directamente privado y concreto, pero adquiere una propiedad social
suplementaria, “ideal” o “latente”, en la forma de trabajo general-abstracto y
social. Marx siempre se rió de los utopistas que soñaban en la desaparición del
dinero y creían en el dogma de que “el trabajo particular del individuo privado
que ella [la mercancíal con tiene es inmediatamente trabajo social” (Crítica*
p. 79).
Debemos ahora responder a la siguiente cuestión:
¿Puede tener el trabajo abstracto, que consideramos como una “sustancia social”
exclusivamente una determinación cuantitativa, es decir, una magnitud
determinada? Es obvio que desde el punto de vista de la teoría de Marx el
trabajo abstracto tiene una magnitud determinada, y precisamente a causa de
ello el producto del trabajo no sólo adquiere la forma social del valor, sino
que tiene un valor de determinada magnitud. Con el fin de captar la posibilidad
de la caracterización cuantitativa del trabajo abs tracto, debemos recurrir
nuevamente a la comparación del trabajo abstracto con el trabajo socialmente
igualado que se encuentra en una comunidad socialista. Suponemos que los
órganos de la comunidad socialista igualan trabajos de diferentes tipos y dife
rentes individuos. Por ejemplo, un día de trabajo simple es tomado como unidad,
y un día de trabajo calificado como igual a 3 unidades; un día de trabajo del
obrero experimentado A es considerado igual a 2 días de trabajo del obrero
inexperto B, etc. Sobre la base de estos principios generales, los órganos de
contabilidad social saben que el obrero A gastó en el proceso de producción 20
unidades de trabajo, y el obrero B 10 uni dades de trabajo. ¿Significa esto
que A trabajó realmente el doble que B? En absoluto. Y menos aún significa este
cálculo que A gastó dos veces más energía fisiológica que B. Desde e]
208
punto de vista de la extensión real de tiempo de su
trabajo, es posible que A y B hayan trabajado un número igual de horas. Es
posible que desde el punto de vista de la cantidad de energía fisiológica
gastada en el proceso de trabajo, A haya gastado menos energía que B. Sin
embargo, la cantidad de “trabajo social” que constituye la cuota de A es mayor
que la cantidad de trabajo que constituye la cuota de B. Este trabajo
representa una "sustancia social” exclusivamente. Las unidades de este
trabajo son unidades de una masa homogénea de trabajo social, calculado e
igualado por órganos sociales. Al mismo tiem po, este trabajo social tiene una
magnitud totalmente determi nada, pero (y no debemos olvidar esto), una
magnitud de un carácter puramente social. Las 20 unidades de trabajo que son la
cuota de A no representan un número de horas de trabajo ni una suma de energía
fisiológica gastada realmente, sino un número de unidades de trabajo social, es
decir, una magnitud social. El trabajo abstracto es precisamente una magnitud
social de este tipo. En una economía mercantil espontánea desempeña el papel
que desempeña el trabajo socialmente igualado en una economía socialista
organizada de manera conciente. Así, Marx dice constantemente que el trabajo
abstracto es una “sustancia sociar y su magnitud una “magnitud social”
Sólo mediante tal interpretación sociológica del
trabajo abs tracto podemos comprender la afirmación fundamental de Marx de que
el trabajo abstracto “crea” valor o encuentra su expre sión en la forma del
valor. La concepción fisiológica del trabajo abstracto puede llevar fácilmente
a un concepto naturalista del valor, a una concepción que está en flagrante
contradicción con la teoría de Marx. Según éste, el trabajo abstracto y el
valor se distinguen por la misma naturaleza social y representan magnitudes puramente
sociales. El trabajo abstracto significa "determinación social del
trabajo”, y el valor, la propiedad social del producto del trabajo. Sólo el
trabajo abstracto, que presu pone determinadas relaciones de producción entre
las personas, crea valor, y no el trabajo en el sentido técnico-material o
fisio lógico.22 Las relaciones entre el trabajo abstracto y el valor no pueden
ser concebidas como relaciones entre causas físicas y efectos físicos. E) valor
es una expresión materia] de] trabajo social en la forma específica que posee
el trabajo en una econo mía mercantil, esto es, trabajo abstracto. Esto
significa que el valor es trabajo “coagulado”, “es simple coágulo de trabajo
hu mano indistinto”, “cristalización de esta sustancia social” del
trabajo (C., I, p. 6). A causa de estas
afirmaciones, Marx fue atacado y acusado con frecuencia de elaborar una
construcción "naturalista” de la teoría del valor. Pero tales afirmaciones
sólo pueden ser comprendidas adecuadamente comparándolas con la teoría de Marx
del fetichismo de la mercancía y la dosificación” de las relaciones sociales.
El primer postulado de Marx es que las relaciones sociales de producción entre
los hombres se expresan en una forma material. De esto se sigue que el trabajo
social (o sea, abstracto) se expresa en la forma del valor. Así, el valor es
trabajo "cosificado”, "materializado” y simultáneamente es una
expresión de las relaciones de producción entre los hombres. Estas dos
definiciones del valor se contradicen entre sí cuando se piensa en trabajo
fisiológico; pero se complementan perfec tamente si pensamos en trabajo
social. El trabajo abstracto y el valor tienen una naturaleza social, no
técnico-material o fisio lógica. El valor es una propiedad social (o una forma
social) de un producto del trabajo, así como el trabajo abstracto es una
“sustancia social” que está en la base de este valor. Sin embargo, el trabajo
abstracto, así como el valor que crea, no tiene sólo up aspecto cualitativo,
sino también otro cuantitativo. Tiene una determinada magnitud, en el mismo
sentido que el trabajo social contabilizado por los órganos de una comunidad
socialista tiene una determinada magnitud.
Para terminar con el problema de la determinación
cuanti tativa del trabajo abstracto, debemos explicar un posible malen
tendido que puede surgir. A primera vista, parecería que si el trabajo
abstracto es el resultado de la igualación social del tra bajo mediante la
igualación de los productos del trabajo, el único criterio de igualdad o
desigualdad de dos gastos de trabajo
es el hecho
de la igualdad (o desigualdad) en el proceso
de cambio. Desde este punto de vista, no podemos
hablar de igualdad o desigualdad de dos gastos de trabajo antes del mo mento
de su igualación social a través del proceso de cambio. Por otro lado, si en el
proceso de cambio esos gastos de trabajo son socialmente igualados, debemos
considerarlos iguales aunque no lo sean (por ejemplo, con respecto al número de
horas de trabajo) en el proceso de producción directa.
Tal supuesto conduce a conclusiones falsas. Nos
quita el dere cho a decir que en el proceso de cambio cantidades iguales de
trabajo, y a veces cantidades muy desiguales (por ejemplo, en el intercambio de
los productos de trabajo muy calificado por los productos de trabajo no
calificado, o en el intercambio de pro
208
ductos según sus precios de producción en una
economía capita lista, etc.), son socialmente igualados. Tendríamos que
admitir que la igualación del trabajo en el proceso de cambio se realiza
independientemente de los aspectos cuantitativos que caracte rizan al trabajo
en el proceso de producción directa (por ejem plo, la extensión, la
intensidad, la duración del aprendizaje para un nivel determinado de
calificación, etc.), y así la igualación social carecería de toda regularidad
puesto que estaría deter minada exclusivamente por la espontaneidad del
mercado.
Es fácil demostrar que la teoría del tiempo
abstracto desa rrollada antes no tiene nada en común con la falsa impresión
mencionada. Podemos volver al ejemplo de la comunidad socia lista. Los órganos
de la comunidad socialista reconocerían al obrero A el derecho a 20 horas de
trabajo social y al obrero B el derecho a 10 horas de trabajo social. Los
órganos de la comunidad socialista realizarían estos cálculos sobre la base de
las propiedades que caracterizan al trabajo en el proceso técnico-material de
la producción (por ejemplo, su extensión, su inten sidad, la cantidad de
bienes producidos, etc.). Si los órganos de la comunidad socialista tomaran
como único criterio decisivo la cantidad de energía fisiológica gastada por los
obreros (supo nemos que esta cantidad puede ser determinada mediante inves
tigaciones psico-fisiológicas) para determinar la cuota de cada obrero,
diríamos que los fundamentos de la igualación social del trabajo son aquellas
propiedades del mismo que los carac terizan en términos de su aspecto
fisiológico, y no técnico-material. Pero esto no modificaría el problema. En
ambos casos, diríamos que el acto de igualación social de dos gastos de trabajo
se realiza sobre la base de características que están fuera del acto de
igualación mismo. Pero de esto no se sigue en modo alguno que la igualdad
social de dos gastos de trabajo, deter minados sobre la base de su igualdad
fisiológica, sea idéntica a su igualdad fisiológica. Aun si suponemos que una
determinada expresión numérica de dos cantidades de trabajo social (20 horas y
10 horas de trabajo social) coincide exactamente con la expre sión numérica de
dos cantidades de energía fisiológica (20 y 10 unidades de energía
fisiológica), subsiste una diferencia esencial entre la naturaleza del trabajo
social y el gasto de energía fisioló gica, entre la igualación social del
trabajo y su igualdad fisio lógica. Esto es así en aún mayor medida en
aquellos casos en que la igualación social no se regula sobre la base de una
pro piedad, sino de toda una serie de propiedades que caracterizan
209
al trabajo en su aspecto técnico-material o su
aspecto fisioló gico. En este caso, el trabajo socialmente homogéneo no sólo
es cualitativamente diferente del trabajo fisiológicamente homo géneo, sino
que la determinación cuantitativa del primero sólo puede ser comprendida como
el resultado de la igualación social del trabajo. Ni las características
cualitativas ni las cuantita tivas del trabajo social pueden ser comprendidas
sin el análisis de la forma social del proceso de producción en el cual se realiza
la igualación social del trabajo.
Tal es precisamente el estado de cosas que
encontramos en una economía mercantil. La igualdad de dos cantidades de tra
bajo abstracto significa su igualdad como partes del trabajo social total,
igualdad que sólo se establece en el proceso de igualación social de] trabajo
por medio de la igualación de los productos del trabajo. Así, afirmamos que en
una economía mercantil la igualdad social de dos gastos de trabajo o su
igualdad en la forma de trabajo abstracto, se establece a través del proceso de
cambio. Pero esto no nos impide discernir una serie de propiedades
cuantitativas que distinguen al trabajo en términos de sus aspectos
técnico-material y fisiológico, y que influyen causaimente en la determinación
cuantitativa del trabajo abs tracto antes del acto de intercambio e
independientemente de él. Las más importantes de estas propiedades son: 1) la
extensión del gasto de trabajo, o la cantidad de tiempo trabajado; 2) la
intensidad del trabajo*, 3) la calificación del trabajo; y 4) la can tidad de
productos elaborados en una unidad de tiempo. Po demos examinar brevemente
cada una de estas propiedades.
Marx considera la cantidad de tiempo de trabajo
gastado por el obrero como la propiedad básica que caracteriza a la deter
minación cuantitativa del trabajo. Este método de determinación cuantitativa
del trabajo según el tiempo de trabajo es caracte rístico del método
sociológico de Marx. Si contemplamos la determinación cuantitativa del trabajo
en un laboratorio psico-fisiológico, tendríamos que adoptar como unidad de
trabajo cierta cantidad de energía fisiológica gastada. Pero cuando conside
ramos la distribución del trabajo social total entre los individuos y las ramas
de producción (distribución que se lleva a cabo concientemente en una comunidad
socialista y espontáneamente en una economía mercantil), diferentes cantidades
de trabajo aparecen como diferentes cantidades de tiempo de trabajo. Por ello,
Marx con frecuencia reemplaza el trabajo por el tiempo
210
de trabajo, y examina a éste como la sustancia
materializada en el producto (Crítica, pp. 18 y 20).
Así, Marx toma el tiempo de trabajo, o “la magnitud
extensiva del trabajo", como la medida básica de éste (C., I, p. 434).
Junto con esta propiedad, toma la intensidad del trabajo, “la magnitud
intensiva del trabajo”, esto es "la inversión de una determinada cantidad
de trabajo en un determinado espacio de tiempo”, como una propiedad
complementaria y secundaria (IíndL). Una hora de trabajo de mayor intensidad es
reconocida como igual, por ejemplo, a una hora y media de trabajo de intensidad
normal. En otras palabras, el trabajo más intenso es considerado igual a un
trabajo más prolongado. La inten sidad se traslada a unidades de tiempo de
trabajo, o la magnitud intensiva se calcula como magnitud extensiva. Esta
reducción de la intensidad del trabajo a tiempo de trabajo testimonia
claramente basta qué punto Marx subordinó las propiedades características del
trabajo en su aspecto fisiológico a las propie dades de carácter social, que
desempeñan un papel decisivo en el proceso social de distribución del trabajo.
El papel subordinado de la intensidad del trabajo
con respecto al tiempo de trabajo aparece con mayor claridad aún en poste
riores observaciones de Marx. Según éste, la propiedad de la intensidad del
trabajo se toma en consideración para determinar una cantidad de trabajo
abstracto sólo cuando los gastos de trabajo considerados difieren, en mayor o
menor medida, en com paración con el nivel medio. Pero “si la intensidad del
trabajo aumentase simultáneamente y por igual en todas las ramas industriales,
el nuevo grado, más alto, de intensidad se conver tiría en el grado social
medio o normal y dejaría, por tanto, de contar como magnitud extensiva” (C., I,
p. 439).2a Dicho de otro modo, si en un país determinado, hoy o hace cincuenta
años, un millón de días de trabajo (de 8 horas cada uno) se gasta en la
producción cotidiana, la suma de valores creados cada día permanece inmutable,
aunque la intensidad media del trabajo aumente, por ejemplo, una vez y media,
durante el medio siglo transcurrido y, de este modo, aumente la cantidad de
energía fisiológica gastada. Este razonamiento de Marx prueba que no se debe
confundir el trabajo fisiológico con el abstracto, y que la cantidad de energía
fisiológica no puede ser tomada como la propiedad cualitativa básica que
determina la cantidad de trabajo abstracto y la magnitud del valor creado. Marx
considera el tiempo de trabajo como la medida del trabajo, y la intensidad
211
del mismo
tiene sólo un papel
suplementario y subordinado. Dedicaremos el
capítulo siguiente al
problema del trabajo calificado. Aquí sólo señalaremos que
Marx, fiel a su concepción general del tiempo de trabajo como medida del trabajo,
redujo un día de trabajo calificado a determinado número de días de
trabajo simple, es decir, nuevamente a tiempo de
trabajo. Hasta ahora hemos examinado la igualación de cantidades de
trabajo gastadas en diversas ramas de la
producción. Si consi deramos diferentes gastos de trabajo en la misma rama de
la producción (más precisamente, gastos para la producción de bienes del mismo
tipo y calidad), su igualación estará sujeta al siguiente principio: dos gastos
de trabajo se reconocen como iguales si crean cantidades iguales de un producto
determinado, aunque de hecho esos gastos de trabajo puedan ser muy dife rentes
entre sí en términos de la extensión del tiempo de trabajo, intensidad, etc. El
día de trabajo de un obrero más altamente calificado, o que trabaja con mejores
medios de producción, es igualado socialmente a dos días de trabajo de un
obrero menos calificado, o un obrero que trabaja con medios de pro ducción
pobres, aunque la cantidad de energía fisiológica gastada en el primer caso sea
mucho menor que en el segundo. Aquí la propiedad decisiva que determina la
característica cuantitativa del trabajo abstracto y socialmente necesario no
representa en ningún sentido una cantidad de energía fisiológica gastada.
También en esto Marx reduce el trabajo de un obrero que se distingue por su
habilidad o por mejores medios de producción a tiempo de trabajo socialmente
necesario, esto es, iguala el trabajo a una determinada cantidad de tiempo de
trabajo.
Podemos ver que la característica cuantitativa del
trabajo abstracto está causalmente condicionada por una serie de pro piedades
que distinguen al trabajo en términos de sus aspectos técnico-material y
fisiológico en el proceso de producción directa, antes del proceso de
intercambio e independientemente de él. Pero si dos gastos de trabajo
determinados, independientemente del proceso de intercambio, difieren en cuanto
a extensión, intensidad, nivel de calificación y productividad técnica, la
igualación social de estos gastos de trabajo se realiza en una economía
mercantil sólo a través del cambio. El trabajo social mente igualado y el
trabajo abstracto difieren cualitativa y cuantitativamente del trabajo
examinado en términos de sus aspectos técnico-material o fisiológico.
212
XV. El
trabajo calificado
En el proceso de cambio, los productos de
diferentes formas concretas son igualados, y así es también igualado el
trabajo. Si otras condiciones permanecen inmutables, las diferencias en las
formas concretas del trabajo no desempeñan ningún papel en la economía
mercantil, y el producto de una hora de tra bajo del zapatero es igualado al
producto de una hora de trabajo del sastre. Sin embargo, las diferentes formas
de trabajo se realizan en condiciones desiguales; difieren unas de otras en
cuanto a su intensidad, su peligro para la salud, la extensión del aprendizaje,
etc. El proceso de cambio elimina lasdiferencias en las formas de trabajo; al
tiempo, elimina las diferentes condiciones y convierte las diferencias
cualitativas en cuanti tativas. A causa de estas diferentes condiciones, el
producto de un día de trabajo del zapatero se cambia, por ejemplo, por el
producto de dos días de trabajo de un obrero no calificado de la construcción o
un excavador, o por el producto de medio día de trabajo de un joyero. En el
mercado, los productos elabo rados en cantidades desiguales de tiempo son
igualados como valores. A primera vista, esta concepción contradice la premisa
básica de la teoría de Marx, según la cual el valor del producto del trabajo es
proporcional al tiempo de trabajo gastado en su producción. Veamos cómo puede
resolverse esta contradicción.
Entre las diferentes condiciones de trabajo
mencionadas antes, las más importantes son la intensidad de la forma dada de
trabajo y la extensión del aprendizaje y preparación requeridos para esa forma
de trabajo o esa profesión. La cuestión de la intensidad del trabajo no
constituye un problema teórico especial y la consideraremos al pasar. En
cambio, dedicaremos nuestra atención a la cuestión del trabajo calificado.
Ante todo, definiremos trabajo calificado y trabajo
simple. El trabajo simple “es el empleo de esa simple fuerza de trabajo que
todo hombre común y corriente, por término medio, posee
213
en su organismo corpóreo, sin necesidad de una especial edu
cación” ( C.y I, p.
11; las bastardillas son nuestras), A diferencia
del trabajo simple, llamaremos trabajo calificado
al que exige
un
aprendizaje especial, es
decir, “un aprendizaje más largo
o profesional y una educación general más
importante que la me día para los trabajadores”.1 No debemos pensar que el
trabajo
simple,
medio, es una magnitud igual en diferentes personas
y no cambia en
el curso del
desarrollo histórico. El
trabajo
simple medio tiene un carácter diferente en diferentes
países
y en diferentes épocas culturales, pero representa
una cierta magnitud para cada sociedad determinada en un momento determinado de
su desarrollo (C., I, p. 11). El trabajo que cual quier obrero medio puede
realizar en Inglaterra exigiría cierto tipo de preparación en el obrero de
Rusia. El trabajo que el obrero ruso medio puede realizar en la actualidad
habría sido considerado un trabajo por encima del nivel medio, en cuanto a
complejidad, en la Rusia de hace cien años.
La diferencia entre el trabajo calificado y el
simple se mani fiesta: 1) en el mayor valor de los productos que elabora el
trabajo calificado, y 2) en el mayor valor de la fuerza de tra bajo
calificado, es decir, en el mayor salario del trabajador calificado asalariado.
Por una parte, el producto de un día de trabajo tí'el joyero tiene un valor dos
veces mayor que el producto del día de trabajo de un zapatero. Por otro lado,
el obrero-joyero obtiene del joyero-empresario un salario mayor que el obtenido
por el zapatero de su patrón. El primer fenó meno es una propiedad de la
economía mercantil como tal y caracteriza a las relaciones entre las personas
como productoras de mercancías. El segundo fenómeno sólo es una propiedad de la
economía capitalista y caracteriza a las relaciones entre los hom bres como
relaciones capitalistas y trabajadores asalariados. Puesto que en la teoría del
valor, que estudia las propiedades
de la economía mercantil como tal, sólo
consideramos el valor de
las mercancías y no el de la fuerza de trabajo, en
este capítulo
sólo consideraremos el valor de los productos
elaborados por el
trabajo
calificado, dejando de
lado la cuestión
del valor de
la fuerza de trabajo calificado.
El concepto de trabajo calificado debe distinguirse
con pre cisión de otros dos conceptos con los que frecuentemente se lo
confunde: la habilidad (o destreza) y la intensidad. Al hablar de trabajo
calificado, tenemos en cuenta el nivel de calificación (aprendizaje) media que
se requiere para emplearse en una
214
determinada forma de trabajo, una determinada
profesión o especialidad. Es necesario distinguir esta calificación media de la
calificación individual del productor particular, en el contexto de la misma
profesión o especialidad. El trabajo del joyero exige, en promedio, un alto
nivel de calificación, pero diferentes joyeros tienen en su trabajo diferentes
grados de experiencia, aprendizaje y habilidad; difieren unos de otros por la
destreza o habilidad de su trabajo (C., I, pp. 6-7 y 148). Si los zapateros producen,
en promedio, un par de zapatos por día, y un zapa tero que es más hábil y
mejor preparado produce dos pares, entonces, naturalmente, el producto de un
día de trabajo del zapatero más calificado (dos pares de zapatos) tendrá dos
veces más valor que el producto de un día de trabajo del zapa tero de
habilidad media (ün par de zapatos). Esto es obvio» puesto que el valor está
determinado, como veremos^ en detalle en el capítulo siguiente, no por el
trabajo individual, sino por el socialmente necesario para la producción. Las
diferencias en habilidad o destreza entre los dos zapateros diferentes pueden
ser medidas con precisión en términos de las distintas cantidades de productos
que elaboran durante el mismo tiempo (con los mismos instrumentos de trabajo y
otras condiciones iguales). Así, el concepto de habilidad o destreza del
trabajo entra en la teoría de trabajo socialmente necesario y no presenta
especiales dificultades teóricas. La cuestión del trabajo calificado presenta
problemas mucho mayores. Se relaciona con diferentes valores de productos
elaborados al mismo tiempo por dos productores en diferente* profesiones,
productores cuyos productos no son com parables entre sí. Los analistas que
reducen el. trabajo calificado a la habilidad simplemente eluden el problema.
Así, L. Boudin sostiene que el valor mayor del producto del trabajo calificado
puede explicarse por el hecho de que el trabajador calificado pro duce una
mayor cantidad de productos.2 F. Oppenheimer dice que Marx, quien se concentró
en la calificación "adquirida”, aquella que resulta de "una educación
y un aprendizaje más largos”, descubrió la calificación “innata”. Pero a
nuestro juicio, Oppenheimer incluyó en esta calificación "innata” la
habilidad individual de productores particulares, que se relaciona con el
trabajo socialmente necesario y no con el trabajo calificado, donde Oppenheimer
la colocó.3
Otros analistas han tratado reducir el trabajo
calificado a trabajo más intensivo< La intensidad o tensión del trabajo está
determinada por la cantidad de trabajo que se gasta en una
215
anidad de tiempo. Así como podemos observar
diferencias indi viduales en la intensidad del trabajo entre dos productores
de la. misma profesión, así también podemos observar la diferente intensidad
media del trabajo en dos profesiones diferentes (C., I,
pp. 336,
438 y 471). Los artículos producidos por trabajos de la misma duración pero
diferente intensidad tienen diferentes valores, pues la cantidad de trabajo
abstracto no sólo depende de la extensión del tiempo de trabajo gastado, sino
también de la intensidad del trabajo. (Ver el final del capítulo anterior.)
Como dijimos antes, algunos analistas han tratado
de resolver el problema del trabajo calificado viendo en él un trabajo de mayor
intensidad o tensión. “El trabajo complejo puede producir un valor mayor que el
trabajo simple sólo en condiciones en las que es más intenso que el trabajo
simple”, dice Liebknecht.4
Esta mayor intensidad del trabajo calificado se
expresa ante todo en un mayor gasto de energía mental, en mayor “atención,
esfuerzo intelectual y desgaste mental”. Supongamos que un zapatero gasta % de
una unidad de energía mental por unidad
de trabajo muscular, y un joyero gasta En este
ejemplo, una hora de trabajo del zapatero representa el gasto de 1 1/4 unidades
de energía (muscular tanto como mental), y una hora de trabajo del joyero
representa 2 V2 unidades de energía, esto es, el tra bajo del joyero crea dos
veces más valor. Liebknecht mismo es conciente de que tal supuesto tiene un
carácter “hipotético”.5 Creemos que esta suposición no sólo es infundada sino
que está también desmentida por los hechos. Tomamos en cuenta formas de trabajo
calificado que crean mercancías de mayor valor, a causa de la extensión del
aprendizaje. Pero en términos de intensidad, no exceden la intensidad de formas
de trabajo menos calificador Debemos explicar por qué el trabajo calificado,
independientemente del nivel de su intensidad, crea un producto de mayor
valor.6
Nos enfrentamos con el siguiente problema: “por qué
el gasto de igual tiempo de trabajo en dos profesiones con diferentes niveles
medios de calificación (extensión del aprendizaje) crean mercancías de
diferente valor? En la literatura marxista es po sible observar dos enfoques
diferentes para resolver esta cuestión. Uno de ellos puede encontrarse en la
obra de A. Bogdanov. Éste observa que una fuerza de trabajo calificada puede
fun cionar normalmente sólo a condición de que se satisfagan nece sidades más
significativas y variadas del obrero mismo, es decir, a condición de que
consuma una mayor cantidad de diferentes
216
productos. Así, la fuerza de trabajo compleja tiene
mayor valor de trabajo y cuesta a la sociedad una cantidad mayor de su trabajo.
Por esta razón, tal fuerza de trabajo da a la sociedad un trabajo más complejo,
esto es, ‘multiplicado’ ”.7 Si el traba jador calificado absorbe bienes de
consumo y, por consiguiente, una energía social cinco veces mayor que en el
caso del traba jador simple, entonces una hora de trabajo del primero
producirá un valor cinco veces mayor que una hora de trabajo simple.
Consideramos inaceptable el argumento de Bogdanov,
ante todo por su metodología. En esencia, Bogdanov deduce el mayor valor del
producto del trabajo calificado del mayor valor de la fuerza de trabajo
calificada. Explica el valor de las mercancías en términos del valor de la
fuerza de trabajo. Pero el camino analítico de Marx es exactamente el opuesto.
En la teoría del valor, cuando explica el valor de las mercancías pro ducidas
por el trabajo calificado, Marx analiza las relaciones entre los hombres como productores
de mercancías o la econo mía mercantil simple; en esta etapa del análisis el
valor de la fuerza de trabajo en general y del trabajo calificado en parti
cular, no existe para Marx (C., I, p. 12, nota).8 En la obra de Marx, el valor
de las mercancías está determinado por ej trabajo abstracto, que representa en
sí mismo una cantidad social y no tiene valor. En cambio, en la obra de
Bogdanov, el trabajo o el .tiempo de trabajo, que determina el valor, tiene a
su vez valor. El valor de las mercancías está determinado por el tiempo de
trabajo materializado en ellas, y el valor de este tiempo de trabajo está
determinado por el valor de los bienes de consumo necesarios para la
subsistencia del trabajador.® Así, llegamos a un círculo vicioso del que Bogdanov
trata de salir mediante un argumento que, en nuestra opinión, no es
convincente.10
Independientemente de estos defectos metodológicos,
debemos observar que Bogdanov sólo indica el límite mínimo absoluto por debajo
del cual el valor de los productos del trabajo califi cado no pueden
descender. El valor, en todas las circunstancias, debe ser suficiente para
mantener la fuerza de trabajo calificada en su nivel anterior, de modo que no
se vea obligada a desca lificarse (a sumergirse en un nivel inferior de
calificación). Pero, como hemos indicado, excepto para el límite mínimo
absoluto, la ventaja relativa de diferentes formas del trabajo desempeña un
papel decisivo en la economía mercantil.11 Supon gamos que el valor del
producto de un tipo determinado de trabajo calificado es totalmente adecuado
para mantener la fuer*
217
za de trabajo calificada del productor, pero no es
suficiente para hacer el trabajo en esa profesión relativamente más venta joso
que en otras profesiones que exigen un período de apren dizaje más corto. En
estas condiciones, se iniciará una transfe rencia de trabajo desde la
profesión aludida; y ésta continuará hasta que el valor del producto de dicha
profesión se eleve a un nivel que establezca una igualdad relativa en las
condi ciones de producción y un estado de equilibrio entre las dife rentes
formas del trabajo. En el análisis de los problemas del trabajo calificado
debemos partir, no del equilibrio entre el con sumo y la productividad de la
forma dada de trabajo, sino del equilibrio entre diferentes formas de trabajo.
Así, llegamos al punto de partida básico de la teoría del valor de Marx, a la
dis tribución del trabajo social entre las diíerentes ramas de la economía
social.
En capítulos anteriores desarrollamos la idea de
que el cambio de productos de diferentes formas de trabajo en términos de sus
valores corresponde al estado de equilibrio entre dos ramas dadas de la
producción. Esta posición general es totalmente aplicable a casos en que los
productos de dos formas de trabajo se intercambian, formas de trabajo con
diferentes niveles de calificación. El valor del producto del trabajo
calificado debe exceder el valor del producto del trabajo simple (o de trabajo
menos calificado en general) en la cantidad de valor que com pensa las
diferentes condiciones de producción y establece el equilibrio entre esas
formas de trabajo. El producto de una hora de trabajo del joyero es igualado en
el mercado con el producto de dos horas de trabajo del zapatero, porque el
equi librio en la distribución del trabajo entre esas dos ramas de la
producción se establece precisamente en la proporción de cambio indicada y cesa
la transferencia de una rama a la otra. El pro blema del trabajo calificado se
reduce al análisis de las condi ciones de equilibrio entre diferentes formas
de trabajo que difie-ten en cuanto a la calificación. Este problema aún no está
resuelto, pero se halla claramente planteado. Aún no hemos respondido a nuestra
pregunta, pero ya hemos esbozado el método, el camino que nos llevará a nuestro
objetivo.
Gran número de analistas marxistas han seguido este
camino.12 Concentran su atención en el hecho de que el producto del trabajo
calificado no sólo es el resultado del trabajo que se gasta directamente en su
producción, sino también del trabajo necesario para el aprendizaje del
trabajador en esa profesión.
2 1 8
Este último trabajo también entra en el valor del
producto y lo hace, por consiguiente, más caro. “En lo que tiene que dar por el
producto del trabajo calificado, la sociedad paga, por consi guiente, un
equivalente del valor que los trabajos calificados habrían creado si hubieran
sido consumidos directamente por la sociedad”,13 y no gastados en el
aprendizaje de una fuerza de trabajo calificada. Estos procesos de trabajo se
componen del trabajo del patrón artesano y el maestro, trabajo gastado para preparar
un trabajador de determinada profesión, y el trabajo del estudiante mismo
durante el período de aprendizaje. O. Bauer tiene toda la razón cuando, al
examinar la cuestión de si el trabajo del maestro entra o no en el valor del
producto del tra bajo calificado, toma como punto de partida de su
razonamiento condiciones de equilibrio entre diferentes ramas de la producción.
Llega a las siguientes conclusiones: “Junto con el valor creado por el trabajo
gastado en el proceso directo de producción, y con el valor transferido por el
maestro a la fuerza de trabajo calificada, el valor que crea el maestro en el
proceso de apren dizaje es también uno de los factores determinantes del valor
de los productos elaborados por el trabajo calificado en la etapa de la producción
mercantil simple.” 14
Así, el trabajo gastado en preparar a los
productores en una determinada profesión entra en el valor del producto del
trabajo calificado. Pero en profesiones que difieren en cuanto a califi
caciones y complejidad del trabajo, el aprendizaje de los traba jadores
habitualmente se lleva a cabo medíante la selección entre los estudiantes más
capaces. De tres individuos que estudian ingeniería, tal vez sólo uno se gradúe
y logre su objetivo. Así, el gasto del trabajo de tres estudiantes y el
corespondiente gasto aumentado del trabajo del instructor, son necesarios para
la preparación de un ingeniero. De este modo, la transferencia de estudiantes
de una profesión, entre los cuales sólo un tercio tiene probabilidades de
alcanzar el objetivo, se realiza en sufi ciente medida sólo sí el valor
aumentado de los productos de la profesión dada puede compensar los inevitables
(y en cierta medida, desperdiciados) gastos de trabajo. A igualdad de otras
condiciones, el valor medio del producto de una hora de trabajo en profesiones
donde el aprendizaje exige gasto de trabajo de muchos competidores, será mayor
que el valor medio de una hora de trabajo de profesiones en las que no existen
estas dificultades.15 Esta circunstancia eleva el valor del producto del
trabajo altamente calificado.111
2 1 9
Como vemos, la reducción del trabajo calificado a
trabajo simple es uno de los resultados del proceso social objetivo de
igualación de diferentes formas de trabajo que, en la sociedad capitalista, se
realiza mediante la igualación de mercancías en el mercado. No debemos repetir
el error de Adam Smith, quien “toma erróneamente la ecuación objetiva que
establece de modo brutal el proceso social entre trabajos desiguales, por la
igualdad subjetiva de los derechos de los trabajos individuales” ( Crítica, p.
51). El producto de una hora de trabajo del joyero no se cambia por el producto
de dos horas de trabajo del zapatero porque el joyero considere subjetivamente
que su trabajo es dos veces más valioso que el del zapatero. Por el contrario,
las evaluaciones subjetivas concientes de los productores están deter minadas
por el proceso objetivo de igualación de mercancías diferentes, y a través de
las mercancías, por la igualación de di ferentes formas de trabajo en el
mercado. Por último, el joyero está motivado por el cálculo, hecho de antemano,
de que el producto de su trabajo tendrá dos veces más valor que el del
zapatero. En su conciencia anticipa lo que sucederá en el mer cado, sólo
porque su conciencia fija y generaliza la experiencia anterior. Lo que aquí
sucede es análogo a lo que Marx describe cuando explica la tasa superior de
ganancia que se obtiene en aquellas ramas de la economía capitalista que
implican un riesgo, una dificultad especial, etc. “Cuando los precios medios y
los precios comerciales que a ellos corresponden se han consolidado durante
algún tiempo, los distintos capitalistas adquieren la conciencia de que en este
proceso se compensan determinadas diferencias y las incluyen en sus cálculos
mutuos” (C., III, p. 211; las bastardillas son de Marx). Del mismo modo, en el
acto del intercambio el joyero toma de antemano en cuenta su habilidad
superior. Esta habilidad superior es “tenida en cuenta como una causa de
compensación válida de una vez para todas” (C., III, p. 211). Pero este cáculo
sólo es un resultado del proceso social de intercambio, un resultado de las
acciones en conflicto de un gran número de productores de mercancías. Si
tomamos el trabajo de un obrero no calificado (un excavador) como trabajo
simple, y si tomamos una hora de su trabajo como unidad, entonces una hora de
trabajo del joyero es igual, digamos, a cuatro unidades, no porque el joyero
evalúe su trabajo y le asigne el valor de cuatro unidades, sino porque su
trabajo es igualado en el mer cado con cuatro unidades de trabajo simple. La
reducción del trabajo complejo a trabajo simple es un proceso real que se
220
realiza mediante el proceso de intercambio y, en
último análisis, se reduce a la igualación de diferentes formas de trabajo en
el proceso de distribución del trabajo social, no a las diferentes evaluaciones
de diversas formas de trabajo o a la definición de diferentes valores del
trabajo.11 Puesto que la igualación de dife rentes formas de trabajo se
realiza, en la economía mercantil, mediante la igualación de los productos del
trabajo como valores, la reducción del trabajo calificado a trabajo simple no puede
efectuarse de otro modo que mediante la igualación de los productos del
trabajo. "Por muy complejo que sea el trabajo a que debe su existencia una
mercancía, el valor la equipara en seguida al producto del trabajo simple, y
como tal valor sólo representa, por tanto, una determinada cantidad de trabajo
sim ple” (C., I, p. 44). "El valor de las más variadas mercancías se
expresa en todas partes en dinero, es decir, en una deter minada cantidad de
oro o plata. Y, precisamente a causa de esto, las diferentes formas de trabajo
representadas por esos valores son reducidas, en diferentes proporciones, a
determinadas canti dades de la misma forma de trabajo simple, a saber, el
trabajo que produce oro y plata.” 18 El supuesto de que la reducción del
trabajo calificado a trabajo simple debe realizarse de antemano y preceder al
cambio con el fin de hacer posible el acto de igualación de los productos del
trabajo pasa por alto la base misma de la teoría del valor de Marx.
Como vemos, a fin de explicar el elevado valor del
producto del trabajo calificado no necesitamos rechazar la teoría del
valor-trabajo; sólo debemos comprender claramente la idea básica de esta
teoría, como teoría que analiza la ley de equilibrio y la distri bución del
trabajo social en la economía mercantil-capitalista. Desde este punto de vista,
podemos evaluar los argumentos de los críticos de Marx 19 que hacen del
problema del trabajo calificado el blanco principal de sus ataques, y lo ven
como el punto más vulnerable de la teoría de Marx. Las objeciones de estos
críticos pueden reducirse a dos afirmaciones básicas: 1) cualquiera sea el modo
como los marxistas expliquen las causas del mayor valor de los productos del
trabajo calificado, es un hecho del cambio el que los productos de cantidades
desiguales de trabajo se intercam bian como equivalentes, lo cual contradice
la teoría del valor-tra bajo; 2) los marxistas no pueden indicar el criterio o
patrón por el cual podemos igualar de antemano una unidad de trabajo cali
ficado, por ejemplo, una hora de trabajo del joyero, con un determinado número
de unidades de trabajo simple.
221
La primera objeción se basa en la idea errónea de
que la teoría del valor-trabajo hace depender la igualdad de las mer cancías
exclusivamente de la igualdad fisiológica del gasto de trabajo necesario para
su producción. Con esta interpretación de la teoría del valor-trabajo, no se
puede negar el hecho de que una hora del trabajo del joyero y cuatro horas del
trabajo del zapatero representan, desde el punto de vista fisiológico,
cantidades desiguales de trabajo. Todo intento de representar una hora de trabajo
calificado como trabajo fisiológicamente condensado e igual, en términos de
energía, a varias horas de trabajo simple, parece inútil y metodológicamente
incorrecto. El trabajo calificado, en efecto, es trabajo potencial condensado,
multiplicado; no es trabajo fisiológicamente condensado, sino socialmente
condensado. La teoría del valor-trabajo no afirma la igualdad fisiológica, sino
la igualación social del trabajo, que a su vez, por supuesto, se realiza sobre
la base de propiedades que caracterizan al trabajo en los aspectos
técnico-material y fisiológico (ver el final del capítulo anterior). En el
mercado, los productos no se cambian en términos de cantidades iguales de
trabajo, sino de cantidades igualadas. Nuestra tarea es analizar las leyes de
la igualación social de diversas formas de trabajo en el proceso de
distribución social del trabajo. Sí estas leyes explican las causas de la
igualación de una hora de trabajo del joyero con cuatro horas de trabajo del
obrero no calificado, nuestro problema está resuelto, sin que importe la
igualdad o desigualdad fisiológica de estas cantidades de trabajo socialmente
igualadas.
La segunda objeción de los críticos de Marx asigna
a la teoría económica una tarea que no es en modo alguno adecuada a ella:
hallar un patrón del valor que haga operativamente posible comparar diferentes
tipos de trabajo. Pero la teoría del valor no se ocupa del análisis o la
búsqueda de un patrón operativo de igualación; busca una causal del proceso
objetivo'de igua lación de diferentes formas de trabajo que se produce
realmente en una sociedad mercantil-capitalista.20 En la sociedad capitalista
ese proceso se realiza espontáneamente, no está organizado. La igualación de
diferentes formas de trabajo no se efectúa directamente, sino que se establece
mediante la igualación de los productos del trabajo en el mercado, es un
resultado de las acciones conflictivas de un gran número de productores de mer
cancías. En estas condiciones, la “sociedad es el único contador competente que
puede calcular el nivel de los precios, y el
método que emplea la sociedad para lograr este fin
es la com petencia”.21 Los críticos de Marx que asignan al trabajo simple el
papel de un patrón práctico y una unidad para la igualación del trabajo, en
esencia sustituyen la sociedad capitalista por una economía organizada. En
ésta, diferentes formas de trabajo son igualadas directamente entre sí sin
intercambio en el mercado ni competencia, sin la igualación de cosas en el
mercado como valores.
Al rechazar esta confusión de puntos de vista
teóricos y prác ticos, y al sostener consecuentemente un punto de vista
teórico, hallamos que la teoría del valor explica, de una manera total mente
adecuada, la causa del valor mayor del trabajo altamente calificado y de los
cambios de estos valores. Si el período de aprendizaje se acorta, o en general
si el gasto de trabajo nece sario para preparar en determinada profesión a una
persona se acorta, el valor de los productos de esta profesión cae. Esto explica
toda, una serie de fenómenos de la vida económica. Así, por ejemplo, a partir
de la segunda mitad del siglo xix el valor del producto del trabajo de los
empleados comerciales y el valor de su fuerza de trabajo cayeron
significativamente. Esto puede explicarse “porque la formación previa, los
conoci mientos comerciales y de lenguas, etc., se reproducen cada vez más
rápidamente, más fácilmente, de un modo más general y más barato a medida que
progresan la ciencia y la educación popular” (C., III, p. 293).
En este capítulo, como en el anterior, partimos de
un estado de equilibrio entre las diversas ramas de la producción social y las
diferentes formas de trabajo. Pero, como sabemos, la economía
mercantil-capitalista es un sistema en el cual el equi librio se destruye
constantemente. Sólo aparece en la forma de una tendencia que es destruida y
trabada por factores que actúan contra ella. En el campo del trabajo
calificado, la tendencia a establecer el equilibrio entre diferentes formas de
trabajo es más débil en la medida en que un largo período de calificación o
elevados costos de aprendizaje en una profesión determinada, presentan grandes
obstáculos a la transferencia de trabajo de esa profesión a otras más simples.
Cuando aplicamos un esquema teórico a la realidad viva es necesario tomar en
consideración el efecto retardado de esos obstáculos. Las dificultades para ser
admitido en profesiones superiores da a estas profesiones cierto tipo de
monopolio. Por otro lado, son de fácil acceso “unas cuantas ramas de trabajo
inferiores y, por serlo, constantemente
223
abarrotadas y mal retribuidas” (C., I, p. 366). Con
frecuencia, la dificultad en la admisión en profesiones que requieren ma yores
habilidades y la selección que se realiza en tal admisión, arroja a muchos
competidores sin éxito a profesiones inferiores, con lo cual aumenta la oferta
excedente en esas profesiones.23 Además, la creciente complejidad técnica y
organizativa del proceso capitalista de producción intensifica la demanda de
nue vas formas de trabajo calificada, aumentado desproporcionada mente el
pago de esa fuerza de trabajo y de sus productos. Este es un premio, por así
decir, por el tiempo gastado en adquirir calificaciones (que puede ser más o
menos largo). Este premio aparece en un proceso dinámico de cambio en las
calificaciones del trabajo. Pero, así como las desviaciones de los precios del
mercado con respecto a los valores no refutan sino que hacen posible la
realización de la ley del valor, así también el “premio por la calificación”,
que significa la ausencia de equilibrio entre diferentes formas de trabajo,
conduce a su vez al aumento del trabajo calificado y a la distribución de las
fuerzas productivas en dirección del equilibrio de la economía social.
224
XVI. El
trabajo socialmente necesario
En capítulos anteriores nos concentramos
principalmente en el análisis del aspecto cualitativo del trabajo que crea
valor. Ahora podemos pasar a un análisis más directo del aspecto cuantitativo.
Como se sabe, cuando Marx afirmaba que los cambios
en la magnitud del valor de las mercancías dependen de cambios en la cantidad
de trabajo gastado en su producción, no se refería al trabajo individual que un
productor determinado gasta real mente en la producción de su mercancía, sino
a la cantidad media de trabajo necesario para la producción de ese producto
según un nivel determinado de desarrollo de las fuerzas produc tivas„ “Tiempo
de trabajo socialmente necesario es aquel que se requiere para producir un
valor de uso cualquiera, en las condi ciones normales de producción y con el
grado medio de destreza e intensidad de trabajo imperantes en la sociedad. Así,
por ejemplo, después de introducirse en Inglaterra el telar de vapor, el
volumen de trabajo necesario para convertir en tela una deter minada cantidad
de hilado, seguramente quedaría reducido a la mitad. El tejedor manual inglés
seguía invirtiendo en esta ope ración, naturalmente, el mismo tiempo de
trabajo que antes, pero ahora el producto de su trabajo individual sólo
representaba ya media hora de trabajo social, quedando por tanto limitado a la
mitad de su valor primitivo” (C., I, pp. 6-7). La magnitud del trabajo
socialmente necesario está determinada por el nivel de desarrollo de las fuerzas
productivas, entendidas en sentido amplio como la totalidad de los factores
materiales y humanos de la producción. El tiempo de trabajo socialmente
necesario no sólo cambia correlativamente con los cambios en “las condiciones
de producción”, es decir, en los factores técnico-materiales y organizativos,
sino también correlativamente con los cambios en la fuerza de trabajo* en la
“habilidad e intensidad del trabajo”.
En la primera etapa de su análisis, Marx supuso que
todas las unidades de determinado tipo de producto eran producidas
225
en condiciones iguales, normales y medias. El
trabajo individual gastado en cada unidad coincide cuantitativamente con el
trabajo
socialmente necesario, y el valor individual con el
valor social
o comercial. Aquí no se toma aún en consideración
la diferen
cia entre el trabajo individual y el trabajo
socialmente necesario, entre el valor individual y el social (comercial). Así,
Man habla simplemente del “valor”, y no del “valor comercial”, en esos pasajes
(el valor comercial no se menciona en el primer volumen de El capital). En
etapas posteriores de su análisis, Marx supuso que diferentes unidades de
determinado tipo de mercancía son producidas en diferentes condiciones
técnicas. Aquí aparece la oposición entre valor individual y valor social
(comercial). En otras palabras, el concepto de valor es desa rrollado con más
amplitud y es definido más exactamente como valor social o comercial. Del mismo
modo, el tipo de trabajo socialmente necesario se contrapone al tiempo de
trabajo indi vidual, que difiere en empresas de la misma rama de producción.
De este modo expresamos la propiedad de la economía mercantil por la cual se
establece el mismo precio para todas las mer cancías de un tipo y una calidad
determinados que se inter cambian en el mercado. Esto es independiente de las
condiciones técnicas individuales en las que se producen esas mercancías, y
también de la cantidad de trabajo individual gastado en su producción en
diferentes empresas. Una sociedad basada en una economía mertantil no regula
directamente la actividad laboral de las personas, sino que la regula a través
del valor de los productos del trabajo, a través de las mercancías. El mercado
no toma en cuenta las propiedades y las desviaciones individuales en la
actividad laboral de los productores individuales de mercancías en unidades
económicas individuales. “Para estos efectos cada mercancía se considera como
un ejemplar medio de su especie” (C., I, p. 7). Cada mercancía particular no se
vende según su valor individual, sino según su valor social medio, al que Marx
llama valor comercial en el tomo III de El capital.
Todas las empresas de la misma rama de producción
pueden ser ordenadas en una serie según su nivel de desarrollo técnico, a
partir de las más productivas y terminando con las más atrasadas.
Independientemente de las diferencias en el valor individual del producto en
cada una de las empresas o en cada grupo de empresas (para mayor simplicidad,
seguiremos a Marx en la distinción de tres tipos de empresas): las de niveles
de productividad alto, medio y bajo), sus bienes se venden en el
226
mercado al mismo precio, determinado en último
análisis (por desviación y destrucción) por el valor medio o comercial: “Las
mercancías cuyo valor individual es inferior al valor comercial realizan una
plusvalía o ganancia extraordinaria, mientras que aquellas cuyo valor
individual es superior al valor comercial no pueden realizar una parte de la
plusvalía que en ellas se contiene” (C., III, p. 183). Esta diferencia entre el
valor comer cial y el valor individual, que origina diversas ventajas en la
producción para las empresas con diferentes niveles de produc tividad del
trabajo, es el principal motor del progreso técnico en la sociedad capitalista.
Toda empresa capitalista trata de introducir las últimas mejoras técnicas, de
disminuir el valor individual de la producción en comparación con el valor
medio o comercial, y de lograr la posibilidad de extraer un beneficio
excedente. Las empresas con una tecnología atrasada tratan de disminuir el
valor individual de sus productos, si es posible al nivel del valor comercial;
de lo contrario, son amenazadas por la competencia de empresas más productivas
y corren el riesgo del derrumbe económico. La victoria de la producción en gran
escala sobre la producción en pequeña escala, el aumento del progreso técnico y
la concentración de la producción en empresas mayores y técnicamente más
perfectas, son la consecuencia de la venta de mercancías en el mercado de
acuerdo con el valor medio de mercado, independiente del valor individual.
Si suponemos determinado nivel de desarrollo de las
fuerzas productivas én una rama de producción (la rama es definida como la
totalidad de las empresas con niveles muy diferentes de productividad), el
valor del mercado es una magnitud deter minada. Pero es erróneo pensar que
está dado o establecido de antemano, que se lo calculó sobre la base de una
técnica deter minada. Como ya señalamos, la técnica de las diferentes empresas
es también diferente. El valor de mercado es una magnitud que se establece como
resultado del conflicto en el mercado entre gran número de vendedores, de
productores de mercancías que producen en diferentes condiciones técnicas y que
entregan al mercado mercancías que poseen diversos valores individuales. Como
apuntamos en el capítulo XIII, la transformación del trabajo individual en
trabajo socialmente necesario se realiza mediante el mismo proceso de cambio
que transforma el trabajo privado y concreto en trabajo social y abstracto: “Es
necesario que los distintos valores individuales se nivelen en tomo a un valor
social, el valor comercial a que nos hemos referido más
227
arriba, para lo cual se requiere que exista una
competencia entre los productores de la misma clase de mercancías, y, además,
que exista un mercado en el cual todos ellos pongan a la venta sus productos”
(C., III, pp. 184-185). El valor comercial es el resul tante de la lucha en el
mercado entre varios productores de determinada rama de producción (en esto
tomamos en cuenta las condiciones normales del mercado, que presuponen un equi
librio entre la oferta y la demanda y, por ende, un equilibrio entre esas ramas
de producción y otras; sobre este punto, ver más adelante). De manera análoga,
el trabajo socialmente nece sario, que determina el valor comercial, es un
resultante de dife rentes niveles de productividad del trabajo en diferentes
empresas. El trabajo socialmente necesario determina el valor de las mer
cancías sólo en la medida en que el mercado une a todos los productores de una
rama determinada y los coloca en las mismas condiciones de cambio en el
mercado. Según la extensión del
mercado
y la subordinación de los productores particulares
de mercancías
a las fuerzas
del mercado, el
valor comercial
que se crea es uniforme para todas las mercancías
de deter minado tipo y calidad. Del mismo modo, el trabajo socialmente
necesario adquiere importancia. El valor de mercado se esta blece mediante la
competencia entre productores de la misma rama de la producción. Pero en la
sociedad capitalista desarro llada, hay también competencia entre capitales
invertidos en diferentes ramas de la producción. La transferencia de capitales
de una rama a otra, es decir, "la competencia de capitales en diferentes
esferas. . . revela el precio de producción que iguala las tasas de beneficio
en las diferentes esferas” (Ibíd.). El valor comercial adquiere la forma de
precio de producción.
Si el valor comercial se establece sólo como
resultado del pro ceso social de la competencia entre empresas con diferentes
niveles de productividad, debemos preguntarnos entonces qué grupo de empresas
determina ese valor comercial. En otras palabras, qué magnitud representa el
trabajo medio socialmente necesario que determina el valor comercial: “El valor
comercial deberá considerarse, de una parte, como el valor medio de Jas
mercancías producidas en una esfera de producción; de otra parte, como el valor
individual de las mercancías producidas por debajo de las condiciones medias de
su esfera de producción y que constituyen la gran masa de los productos de la
misma” (C., III, p. 183). Si hacemos la suposición simplificadora de que, para
la totalidad de las mercancías de una determinada rama
228
de producción, el valor comercial coincide con el
valor individual (aunque diverja del valor individual de las unidades particu
lares), el valor comercial de las mercancías igualará la suma de todos los
valores individuales de las mercancías de la rama considerada, dividida por el
número de mercancías. Pero en una fase posterior de análisis, debemos suponer
que detrás de la totalidad de la rama de producción la suma de valores comer
ciales puede apartarse de la suma de valores individuales (cosa que, por ejemplo,
sucede en la agricultura); la coincidencia de estas dos sumas sólo se mantiene
para el conjunto de todas las ramas de producción o para la economía social de
su totalidad. En este caso, el valor de mercado ya no coincidirá exactamente
con la suma de valores individuales dividida por el número de mercancías de un
tipo determinado. En tal caso, la determinación cuantitativa de valores
comerciales está su jeta a las leyes siguientes. En la concepción de Marx, en
condi ciones normales, el valor comercial se aproxima al valor individual de
la masa dominante de productos de una rama determinada de la producción. Si una
gran parte de las mercancías es produ cida en empresas con una productividad
del trabajo media y sólo una parte insignificante se produce en las peores
condiciones, el valor comercial estará regulado por las empresas de produc
tividad media, es decir, se acercará al valor individual de los productos
elaborados por este tipo de empresas. Este es el caso más frecuente. Si “la
cantidad de mercancías producidas en las condiciones más desfavorables
representa una proporción mayor, comparada no sólo con el otro extremo (vale
decir, las produ cidas en las mejores condiciones) sino con las condiciones
me dias”, entonces “la masa producida en las condiciones más desfavorables
regulará el valor comercial o valor social” (C., III, p. 188), esto es, se
aproximará a los valores individuales de esas mercancías (pero sólo en algunos
casos coincidirá totalmente con ellos, por ejemplo, en la agricultura). Por
último, si las mercancías producidas en las mejores condiciones dominan el
mercado ejercerán entonces una influencia decisiva sobre el valor comercial. En
otras plabras, el trabajo socialmente necesario puede aproximarse al trabajo de
productividad media (esto su cede en la mayoría de los casos) tanto como al
trabajo de productividad superior o inferior. Sólo es necesario que el tra
bajo de superior (o inferior) productividad entregue al mercado la mayor parte
de las mercancías, es decir, para convertirse en el trabajo medio (no en el
sentido de productividad media, sino
2 2 9
de la productividad más difundida) de una
determinada rama de producción.1
De acuerdo con el razonamiento de Marx que hemos
expuesto, éste presupone un curso normal de la producción, una corres
pondencia entre la oferta de mercancías y la demanda efectiva, o sea, aquellos
casos en que los compradores compran la cantidad total de mercancías de un
determinado tipo según sus valores normales de mercado. Como hemos visto, el
valor comercial se halla determinado por el trabajo de productividad superior,
media o inferior; todas estas formas de trabajo pueden repre sentar trabajo socialmente
necesario, según la estructura técnica de una determinada rama de producción y
según las relaciones entre empresas con diferentes niveles de productividad en
esa rama. Pero todos estos casos diferentes de determinación de los valores
comerciales en condiciones de oferta y demanda normales, deben distinguirse
estrictamente de los casos de diver gencia entre la oferta y la demanda,
cuando el precio comercial es mayor que el valor comercial (demanda excesiva) o
cuando el precio comercial es inferior al valor comercial (oferta excesiva).
“Prescindimos aquí del caso de abarrotamiento del mercado, en que es siempre la
parte producida en mejores condiciones la que regula el precio comercial; pero
aquí no se trata ya del precio comercial, en cuanto es distinto del valor
comercial, sino de las diversas determinaciones del valor comercial mismo” (C.,
III, p. 187). ¿Cómo podemos explicar los cambios en el valor comercia] que
dependen del predominio numérico de uno u otro grupo de empresas (de
productividad superior, media o inferior)?
La respuesta a esta pregunta puede encontrarse en
el meca nismo de distribución del trabajo y de equilibrio entre las diferentes
ramas de la producción social. El valor comercial corresponde al estado
definido teóricamente de equilibrio entre las diferentes ramas de producción.
Si las mercancías se venden según su valor comercial, el estado de equilibrio
se mantiene, es decir, la producción de una rama determinada no se expande o
contrae a expensas de otras ramas. El equilibrio entre las diferentes ramas de
producción, la correspondencia entre la pro ducción social y las necesidades
sociales y la coincidencia de los precios 'comerciales con los valores
comerciales son todos factores estrechamente relacionados entre sí y
concomitantes. “Para que el precio comercial de mercancías idénticas, pero
producidas tal vez con un matiz individual cada una de ellas, corresponda
al valor comercial, no difiera de él ni por exceso
ni por defecto, es necesario que la presión que ejercen entre sí los distintos
vendedores sea lo suficientemente grande para lanzar al merca do la masa de
mercancías que reclaman las necesidades sociales, es decir, la cantidad por la
que la sociedad se halla en condi ciones de pagar el valor comercial” (C.,
III, p. 185). La coin cidencia de los precios con los valores comerciales
corresponde al estado de equilibrio entre las diversas ramas de producción. Las
diferencias en la determinación del valor comercial o del trabajo de
productividad superior, inedia o inferior, se hacen claras si concentramos
nuestra atención en el papel de los valores comerciales en el mecanismo de
distribución y equilibrio del trabajo. Si las empresas con elevada
productividad son domi nantes, o dicho más exactamente, si las masas de
productos elaborados en las mejores condiciones son dominantes, el valor
comercial no puede ser regulado por el valor de producción en condiciones medias
o inferiores, puesto que esto provocaría un aumento de los beneficios
excedentes en empresas de mayor productividad y conduciría a una gran expansión
de la produc ción en esas empresas. Esta expansión de la producción (en el
caso del papel dominante de este grupo de empresas) provo caría en el mercado
un exceso de la demanda y una gravitación de los precios al nivel del valor en
empresas de elevada pro ductividad. Un razonamiento similar puede aplicarse a
los casos de predominio numérico de otro grupo de empresas, o sea, a aquellas
con productividad media o inferior. Los diferentes casos de regulación de los
valores comerciales (o, lo cual es lo mismo, la determinación del trabajo
socialmente necesario) pue den explicarse por las diferentes condiciones de
equilibrio de una determinada rama de producción con otras ramas. Este
equilibrio depende del predominio de empresas con diferentes niveles de
productividad, es decir, en último análisis, del nivel de desarrollo de las
fuerzas productivas.
Así, el trabajo socialmente necesario que determina
el valor comercial de las mercancías en una rama determinada de la producción,
puede ser el trabajo de productividad superior, media o inferior. Qué trabajo
sea el socialmente necesario de pende del nivel de desarrollo de las fuerzas
productivas en cada rama de producción, y ante todo del predominio cuantitativo
de empresas con diferentes niveles de productividad (como dijimos antes, no
consideramos el número de las empresas, sino
231
la masa de mercancías producidas en ellas).2 Pero
esto no es todo.
Supongamos que dos ramas de producción tienen una
distri bución cuantitativa absolutamente igual de empresas con dife rentes
niveles de productividad. Supongamos que las empresas
de productividad media constituyen el 40 las empresas con
productividad superior el 30 % y las de productividad inferior
también del 30 %. Pero existe la siguiente
diferencia esencial entre ambas ramas de producción. En la primera rama, la
pro ducción en empresas con mejor equipo tiene posibilidad de una expansión
más rápida e importante (por ejemplo, a causa de ventajas particulares en la
concentración de la producción; a causa de la facilidad para recibir desde el
exterior o para producir internamente de manera rápida las máquinas necesa
rias; y a causa de la abundancia de materias primas, la dispo nibilidad de una
fuerza de trabajo apropiada para la producción fabril, etc.). En la otra rama,
la producción en gran escala puede expandirse más lentamente y en menor medida.
Puede decirse de antemano que en la primera rama el valor comercial tenderá a
establecerse (obviamente, a igualdad de otras condiciones) en un nivel inferior
que en la segunda rama; es decir, en la primera el valor comercial estará más
próximo a los gastos de trabajo en las empresas con mayor productividad. Sin
embargo, en la segunda rama el valor comercial puede aumentar. Si el valor
comercial, en la primera rama, aumenta tanto como en la segunda, el resultado
será una expansión rápida e importante de la producción en empresas de
productividad superior, un exceso de la oferta en el mercado, la ruptura del
equilibrio entre la oferta y la demanda, y la caída de los precios. Para la
primera rama de producción, el mantenimiento del equilibrio con las otras ramas
presupone que el valor comercial se apro xima a los gastos en empresas de
mayor productividad. En la segunda rama, el equilibrio de la economía social es
posible con un nivel superior del valor comercial, esto es, cuando los pre
cios se aproximan a los gastos de trabajo en empresas de produc tividad media
e inferior.
Finalmente, también son posibles los casos en que
el equilibrio de la economía social se realiza cuando el valor comercial no
está determinado por los gastos individuales de trabajo en un grupo determinado
de empresas (por ejemplo, de alta produc tividad), sino por la cantidad media
de gasto de trabajo en el grupo considerado más cercano a él. Esto puede
suceder con
232
frecuencia si, en esa rama determinada de la
producción, las empresas no se dividen en tres grupos según su productividad,
como hemos supuesto, sino en dos, de elevada y baja produc tividad. Es obvio
que el “valor medio” no es considerado aquí
como una media aritmética: puede estar más cercano a los
gastos del grupo de productividad superior o
inferior, según las condiciones de equilibrio entre esa rama dada de la pro
ducción y otras. Así, L. Boudin simplifica el problema exce sivamente cuando
dice que en caso de introducirmejoras técnicas y nuevos métodos de producción,
“el valor de las mercancías producidas... no se medirá por el gasto medio de
trabajo, sino por el del viejo o el del nuevo método”.3
De este modo, los diferentes casos de determinación
del valor comercial (o sea, la determinación del trabajo socialmente nece
sario) se explican por las diferentes condiciones de equilibrio entre la rama
considerada y otras ramas de la economía social, según el nivel de desarrollo
de las fuerzas productivas. El aumento del poder productivo del trabajo en una
rama determinada de la producción que modifique las condiciones de equilibrio
entre esta rama y otras, modifica la magnitud del trabajo socialmente necesario
y el valor comercial. El tiempo de trabajo “cambia al cambiar la capacidad
productiva del trabajo” (C., I, p. 7). “En términos generales: cuanto mayor sea
la capacidad produc tiva del trabajo, tanto más corto será el tiempo de
trabajo nece sario para la producción de un artículo, tanto menor la cantidad
de trabajo cristalizada en él y tanto más reducido su valor. Y por el
contrario, cuanto menor sea la capacidad productiva del trabajo, tanto mayor
será el tiempo de trabajo necesario para la producción de un artículo y tanto
más grande el valor de éste” (C., I, p. 8). En la teoría de Marx, el concepto
de trabajo socialmente necesario se halla estrechamente relacionado con el
concepto de fuerza productiva del trabajo. En una economía mercantil, el desarrollo
de las fuerzas productivas encuentra su expresión económica en los cambios en
el trabajo socialmente necesario y los cambio en el valor comercial de las
mercancías individuales que está determinado por el trabajo socialmente
necesario. El movimiento del valor en el mercado es un refle jo del proceso de
desarrollo de la productividad del trabajo. Sombart dio una notable formulación
a esta idea en su conocido artículo dedicado al tomo III de El capital. “El
valor es una forma histórica específica en la cual se expresa el poder
productivo del trabajo social que gobierna, en último análisis, todos los
233
fenómenos económicos.” 4 Sin embargo, Sombart se
equivoca al ver en la teoría del trabajo socialmente necesario todo el conte
nido de la teoría del valor de Marx. La teoría del trabajo socialmente
necesario sólo abarca el aspecto cuantitativo, no el cualitativo, del valor.
“El hecho de que la cantidad de trabajo contenido en las mercancías sea una
cantidad socialmente nece saria para la producción de las mismas, y por ende
que el tiempo de trabajo sea tiempo de trabajo necesario, constituye una definición
que sólo se refiere a la magnitud del valor* (Theorien über den Mehrtvert, III,
pp. 160-161). Sombart se limitó al aspecto de la teoría de Marx qiíe examina la
depen dencia de los cambios en la magnitud del valor con respecto al movimento
del proceso material de la producción, y no observó la parte más original de la
teoría de Marx, o sea, la teoría de la “forma del valor”.5
Antes señalamos que los diferentes casos de
determinación del valor comercial que examinamos deben distinguirse
estrictamente de los casos de desviación de los precios con respecto a los
valores comerciales que resultan de la oferta o de la demanda excesiva. Si el
valor comercial se halla determinado por los valores medios en condiciones
normales, entonces, cuando la demanda es excesiva, el precio comercial se
apartará del valor comercial hacia arriba, acercándose a los gastos de empresas
de baja productividad. Lo contrario sucede en el caso de una oferta excesiva.
Si la cantidad de productos en el mercado "es menor o mayor que la demanda
de ella, se darán divergencias del precio comercial con respecto al valor
comerciar (C., III, p. 189). Marx distinguió estrictamente los casos en que el
valor comercial está determinado, por ejemplo, por los gastos de las empresas
de elevada productividad debido al hecho de que la mayor cantidad de mercancías
se produce en esas empresas, de los casos en que el valor comercial se halla
normalmente determinado por el valor medio, pero a causa de la oferta excesiva
el precio comercial es mayor que el valor comercial y está determinado por los
gastos de las empresas de elevada productividad (G , III, pp. 187 y 189-190).
En el primer caso, la venta de artículos según los gastos de trabajo de las em
presas de elevada productividad indica un estado normal de cosas en el mercado,
y hay equilibrio entre la rama considerada de la producción y otras ramas. En
el segundo caso, la venta de mer cancías según los mismos gastos tiene por
causa un anormal
234
exceso de la oferta en el mercado y provoca
inevitablemente una contracción de la producción en la rama correspondiente,
esto es, indica una ausencia de equilibrio entre las ramas parti culares. En
el primer caso, las mercancías se venden de acuerdo a su valor comercial. En el
segundo caso, el precio de las mer cancías se aparta del valor comercial
determinado por el trabajo socialmente necesario.
En este contexto podemos ver claramente el error
cometido por aquellos intérpretes de Marx que afirman que aun en caso de oferta
excesiva (o escasez de mercancías) en el mercado, las mercancías se venden
según el trabajo socialmente necesario gastado en su producción. Por trabajo
socialmente necesario, no entienden solamente el trabajo necesario para la
producción de una unidad de cierta mercancía dado determinado desa rrollo de
las fuerzas productivas, sino la suma total de trabajo que la sociedad, en su conjunto,
puede gastar en la producción de un tipo determinado de mercancía. Si la
sociedad, dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, puede
gastar un millón de días de trabajo en la producción de zapatos (produciendo un
millón de pares de zapatos), y si la sociedad gastó 1.250.000, entonces el
millón doscientos cincuenta mil pares producidos sólo representa un millón de
días de trabajo social mente necesario, y un par de zapatos representa 0,8
días de trabajo. Un par de zapatos no se vende por 10 rublos (si supo nemos
que el trabajo de un día crea un valor de 10 rublos) sino por 8 rublos.
¿Podemos decir que, a causa de la producción excesiva, la cantidad de trabajo
socialmente necesario contenido en un par de zapatos se modificó aunque la
técnica para pro ducir zapatos no se modificó en modo alguno? O quizá debemos
decir: aunque la cantidad de trabajo socialmente necesario requerida para la
producción de un par de zapatos no se modi ficó, a causa de la oferta excesiva
se venden a un precio comercial que está por debajo del valor comercial
determinado por el trabajo socialmente necesario. Los intérpretes ya
mencionados de Marx responden a la pregunta en la primera forma, estable
ciendo así un concepto "económico” de trabajo necesario, es decir,
reconociendo que el trabajo socialmente necesario no sólo cambia en relación
con los cambios en el poder productivo del trabajo, sino también en relación
con los cambios en el equi librio entre la oferta y la demanda sociales. Al
definir la depen dencia del trabajo socialmente necesario con respecto al
poder productivo del trabajo, nosotros hemos respondido de la segunda
235
manera. Una cosa es que, a causa de mejoras en la
técnica el tiempo necesario para la producción de un par de zapatos disminuya
de 10 a 8 horas, lo cual significa un descenso del trabajo socialmente
necesario, una caída del valor, una caída general del precio de los zapatos
como fenómeno permanente y normal; y otra cosa muy diferente es que, por un
exceso en la oferta de zapatos, un par de ellos se venda a 8 rublos aunque se
necesiten 10 horas para la producción de zapatos, igual que antes. Se trata de un
estado anormal de cosas en el mercado, que conduce a la contracción de la
producción de zapatos; se trata de una caída temporaria de los precios, que
tenderán a volver al nivel anterior. En el primer caso, se produce un cambio en
las condiciones de la producción, vale decir, en el tiempo de trabajo
necesario.6 En el segundo caso, “aunque cada parte del producto cuesta sólo el
tiempo de trabajo socialmente nece-sario (aquí suponemos que permanecen iguales
las otras condi ciones de producción), en esta rama se gastó una cantidad de
trabajo social, una cantidad mayor que la necesaria en la masa general.7
Quienes proponen ampliar el concepto de trabajo
socialmente necesario cometen los siguientes errores metodológicos funda
mentales:
1) Confunden
un estado normal de cosas en el mercado con un estado anormal, las leyes del
equilibrio entre diferentes ra mas de la producción con casos de ruptura del
equilibrio que pueden ser sólo temporarios.
2) De
este modo, destruyen el concepto de trabajo socialmente necesario, que
presupone el equilibrio entre la rama considerada de la producción y otras
ramas.
3) Ignoran
el mecanismo de desviación de los precios comer ciales con respecto a los
valores, al tratar inexactamente la venta de artículos a cualquier precio en
cualquier condición anormal del mercado como una ventá que corresponde al
valor. Se confunde el precio con el valor.
4) Rompen
la estrecha relación entre el concepto de trabajo socialmente necesario y el
concepto de poder productivo del trabajo, con lo cual admiten que el primero
cambie sin cambios correspondientes en el segundo.
En el próximo capítulo haremos un análisis
detallado de la versión “económica” del trabajo socialmente necesario.
2 3 6
XVII. Valor y necesidad social
1. V ALOR
Y DEMANDA
Los defensores del llamado concepto “económico” del
trabajo socialmente necesario dicen: una mercancía puede ser vendida de acuerdo
con su valor sólo a condición de que la cantidad general de mercancías
producidas de un tipo determinado corres ponda al volumen de la necesidad
social de esos artículos o, lo que es lo mismo, que la cantidad de trabajo
realmente gastado en esa rama de la industria coincida con la cantidad de
trabajo que la sociedad puede gastar en la producción de dicha cla se de
mercancía, suponiendo un nivel determinado de desa-rrollo de las fuerzas
productivas. Sin embargo, es obvio que esta última cantidad de trabajo depende
del volumen de la necesidad social de los productos considerados, o de la
cantidad de demanda de ellos. Estos significa que el valor de las mercan cías
no sólo depende de la productividad del trabajo (que expresa esa cantidad de
trabajo necesario para la producción de mercancías en determinadas condiciones
técnicas medias), sino también del volumen de las necesidades sociales o
demanda. Los adversarios de esta concepción objetan que los cambios en la
demanda que no van acompañados por cambios en la produc tividad del trabajo y
en la técnica de producción sólo provocan desviaciones temporarias de los
precios comerciales con respecto a los valores comerciales, pero no cambios de
largo alcance y permanentes en los precios medios, es decir, no provocan cam
bios en el valor mismo. Con el fin de comprender este problema, es necesario
examinar el efecto del mecanismo de la demanda y la oferta (o competencia).1
“En la oferta y la demanda... la oferta es siempre
igual a la suma de los vendedores o productores de una determinada clase de
mercancía y la demanda igual a la suma de los compradores
237
o consumidores (productivos o individuales) de la
misma clase de mercancía (C., III, p. 196). Detengámonos primero en la demanda.
Debemos definirla más exactamente: la demanda es igual a la suma de los
compradores multiplicada por la cantidad media de mercancías que cada uno de
ellos compra, esto es, la demanda es igual a la suma de mercancías que pueden
hallar los compradores en el mercado. A primera vista parecería que el volumen
de la demanda es una cantidad exactamente determi nada que depende del volumen
de la necesidad social de un producto determinado. Pero no es así. “La
determinación cuan» titativa de esta necesidad es algo absolutamente elástico y
fluc-tuante. Su fijeza es pura apariencia. Si los medios de subsistencia fuesen
más baratos o los salarios en dinero más elevados, los obreros comprarían más
artículos de consumo y se ampliaría la necesidad social’ de esta clase de
mercancías” (C., III, p. 192; las bastardillas son nuestras). Como vemos, el
volumen de la demanda está determinado, no sólo por las necesidades presentes,
sino también por el monto de los ingresos o por la capacidad de pago de los
compradores, y por el precio de las mercancías. La demanda de algodón de una
población campesina puede aumentar: 1) por la mayor necesidad de la población
campe sina de algodón en lugar de lino tejido en la casa (dejamos de lado la
cuestión de las causas económicas o sociales de ese cambio de necesidades); 2)
por un aumento de los ingresos
o el poder de compra de los
campesinos; 3) por una
caída
del precio del algodón. Suponiendo determinada
estructura de las necesidades y determinado poder de compra (esto és, dada la
distribución de ingresos en la sociedad), la demanda de una mercancía
particular cambia en relación con los cambios en su precio. La demanda “se
mueve en el sentido inverso al precio, aumentando cuando éste disminuye y
viceversa” (C., III, p. 194). “La ampliación o la restricción del mercado
depende del precio de cada mercancía y se halla en razón inversa al alza o la
baja de este precio” (I bíd., p. 119). La influencia del señalado
aba-ratamiento de las mercancías en la expansión del consumo de esas mercancías
será más intensa si tal abaratamiento no es transitorio sino duradero, es
decir, si el abaratamiento es el resul tado de un aumento en la productividad
del trabajo en la rama considerada y de una caída en el valor del producto (C.,
III, p. 611).
Así, el volumen de la demanda de una mercancía
cambia cuando cambia el precio de la misma. La demanda es una can
238
tidad determinada solamente para un cierto precio
de las mer cancías. La dependencia del volumen de la demanda con respecto a
los cambios en el precio tiene un carácter desigual para mercancías diferentes.
La demanda de artículos de subsistencia, por ejemplo, pan, sal, etc., se
caracteriza por una baja elasticidad, o sea que las fluctuaciones en el volumen
del consumo de esas mercancías, y por ende de la demanda de ellas, no son tan
significativas como las correspondientes fluctuaciones en los pre cios. Si el
precio del pan disminuye a la mitad de su precio anterior, el consumo de pan no
aumentará dos veces, sino menos. Esto no significa que el abaratamiento del pan
no aumente la demanda de él. El consumo directo de pan aumenta hasta cierta
medida. Además, “una parte del grano puede consumirse convertido en aguardiente
o cerveza. Y el aumento de consumo de estos dos artículos no se halla
circunscrito, ni mucho menos, dentro de límites estrechos” (C., III, p. 611)
Finalmente, el “abaratamiento de la producción de trigo puede traer como con
secuencia el que este cereal desplace al centeno o a la avena como artículo
fundamental de alimentación de las masas popu lares” (Ibíd.), lo cual aumenta
la demanda de trigo. De este modo, hasta los artículos para la subsistencia
caen bajo la ley general según la cual el volumen del consumo, y por ende el
volumen de la demanda de una mercancía determinada, varía de manera
inversamente proporcional a la variación de su precio. Esta dependencia de la
demanda con respecto al precio es abso lutamente obvia si recordamos el
carácter restringido del poder de compra de las masas de la población y, en
primer término, de los trabajadores asalariados, en la sociedad capitalista.
Sólo las mercancías baratas están al alcance de las masas trabaja doras. Sólo
en la medida en que ciertas mercancías se abaratan entran en los hábitos de
consumo de la mayoría de la población y se convierten en objeto de demanda
masiva.
En la sociedad capitalista, la necesidad social, en
general, y también la necesidad social respaldada por el poder de compra, o la
demanda correspondiente, no representa —como hemos visto— una magnitud fija y
precisamente determinada. La mag-nitud de una demanda particular está
determinada por un cierto precio. Si decimos que la demanda de paño en
determinado país, durante un año, es de 240.000 arshins, entonces debemos
agregar, ciertamente: “a un precio determinado”, por ejemplo, 2 rublos 75
kopeks por arshin. Así, la demanda puede ser repre
239
sentada en un cuadro que muestre diferentes
cantidades de la demanda en relación con precios diferentes. Examinemos el si
guiente cuadro de demanda para el paño: 2
CUADRO 1
Preciosyen rublos Demanda
(por arshin) (en
arshins)
7 r.-k. 30.000
6 r.-k. 50.000
5 r.-k 75.000
3 r.—50 k. 100.000
3 r.-25 k. 120.000
3 r.—k. k. 150.000
2 r.—75 240.000'
2 r.—50 k. 300.000
2 r.-k. 360.000
1 r.-k. 450.000
Este cuadro puede ser desarrollado hacia arriba o
hacia abajo: hacia arriba, hasta el punto en que las mercancías encuentren un
pequeño número de compradores de las clases ricas de la sociedad; hacia abajo,
hasta el punto en que la necesidad de paño de la mayoría de la población se
satisfaga tan plenamente que un ulterior abaratamiento del paño ya no provoque
una posterior expansión de la demanda. Entre esos dos extremos, es posible un
número infinito de combinaciones del volumen de la demanda y el nivel de los
precios. ¿Cuál de esas posibles combinaciones se da en la realidad? Sobre la
base de la demanda solamente, no podemos discernir si la demanda de 30.000
ashins a 7 rublos por ashin se realizará con mayor probabilidad que una demanda
de 450.000 arshins a 1 rublo por arshin, o si es más probable una combinación
que esté entre esos dos extremos. El volumen real de la demanda está
determinado por la mag nitud de la productividad del trabajo, que se expresa
en el valor de 1 ashin de paño.
Volvamos a las condiciones en que se produce el
paño. Su pongamos que todas las fábricas de paño lo producen sobre la base de
las mismas condiciones técnicas. La productividad del trabajo en la manufactura
del paño se encuentra en un nivel en el cual es necesario gastar 2 % horas de
trabajo (incluyendo los gastos en materias primas, máquinas, etc.) para la
producción
240
de 1 arshin de paño. Si suponemos que una hora de
trabajo crea un valor igual a un rublo, entonces obtenemos un valor de mercado
de 2 rublos 75 kopeks por un arshin. En una economía capitalista, el precio
medio del paño no es igual al valor-trabajo sino al precio de producción. En
este caso, suponemos que el precio de producción es igual a 2 rublos 75 kopeks.
En nuestro análisis posterior, por lo general consideraremos el valor comer
cial igual al valor-trabajo o al precio de producción. Un valor comercial de 2
rublos 75 kopeks es un mínimo por debajo del cual el precio del paño no puede
caer durante mucho tiempo, puesto que tal caída del precio provocaría una
reducción en la producción de paño y una transferencia de capital a otras
ramas. También suponemos que el valor de 1 arshin de paño es igual a 2 rublos
75 kopeks, independientemente de que se produzca una cantidad mayor o menor de
paño. En otras palabras, el aumento de la producción de paño no modifica la
cantidad de trabajo o los costos de producción gastados en 1 arshin de paño. En
este caso, el valor comercial de 2 rublos 75 kopeks, ‘el mínimo con el que se
contentarán los productores, ...e s también el máximo” 3 por encima del cual el
precio no puede subir por mucho tiempo, puesto que tal aumento provocaría una
transferencia de capital de otras ramas y una expansión en la producción de
paño. Así, de una cantidad infinita de posibles combinaciones del volumen de la
demanda y del precio, sólo una puede existir por largo tiempo, a saber, aquella
en la cual el valor comercial es igual al precio, esto es, una combi nación
que en el cuadro 1 ocupa el séptimo lugar desde arriba: 2 rublos 75
kopeks-240.000 arshins. Obviamente, esta combina ción no se manifiesta con
exactitud sino que representa el estado de equilibrio, el nivel medio alrededor
del cual los precios reales del mercado y el volumen real de la demanda
fluctuarán. El valor comercial de 2 rublos 75 kopeks determina el volumen de la
demanda efectiva, 240.000 arshins, y la oferta (o sea, el volumen de
producción) será atraída hacia esa cantidad. El aumento de la producción, por
ejemplo, al nivel de 300.000 arshins, provocará una caída del precio por debajo
del valor comercial, aproximadamente a 2 rublos 50 kopeks, que es desven
tajoso para los productores y los obligará a disminuir la produc ción. Lo
inverso sucederá en el caso de una contracción de la producción por debajo de
240.000 arshins. Las proporciones normales de producción o de oferta serán
iguales a 240.000 arshins. Así, todas las combinaciones de nuestro cuadro
excepto
241
una sola pueden existir temporariamente, pues
expresan una situación anormal del mercado e indican una desviáción del precio
comercial con respecto al valor comercial. Entre todas las combinaciones
posibles, sólo aquella que corresponde al vaJor comercial de 2 rublos 75 kopeks
por 240.000 arshins repre senta un estado de equilibrio. El valor comercial de
2 rublos 75 kopeks puede ser llamado precio de equilibrio o precio normal, y el
monto de producción de 240.000 arshins puede ser llamado monto de equilibrio*
que representa al mismo tiempo la de manda y la oferta normales.
Entre la infinidad de combinaciones inestables de
la demanda, sólo hemos encontrado una combinación estable de equilibrio que
consiste en el precio (valor) de equilibrio y su correspon diente monto de
equilibrio. La estabilidad de esta combinación puede explicarse en términos de
la estabilidad del precio (va lor) de producción y no por la estabilidad del
monto de equi librio, El mecanismo de la economía capitalista no explica por
qué el volumen de la demanda tiende a ser una cantidad de 240.000 arshins, independientemente
de todas las fluctuaciones hacia arriba y hacia abajo. Pero este mecanismo
explica plena mente que los precios comerciales tiendan hacía el valor (o
precio de producción) de 2 rublos 75 kopeks, a pesar de todas las
fluctuaciones. Así, también el volumen de la demanda tiende a 240.000 arshins.
El estado de la tecnología determina el valor del producto, y éste a su vez
determina el volumen normal de la demanda y la correspondiente cantidad normal
de oferta, si suponemos un nivel determinado de necesidades y un nivel
determinado de ingresos de la población. La desviación de la oferta real con
respecto a la normal (es decir, la sobreproducción o la subproducción) provoca
una desviación del precio comercial con respecto al valor. Esta desviación del
precio origina a su vez una tendencia a modificar la oferta real en la
dirección de la oferta normal- Si todo este sistema de fluctuaciones o este
mecanismo de oferta y demanda gira alrededor de cantidades —los valores—
determinados por la técnica de producción, en tonces, los cambios en estos
valores que resultan del desarrollo de las fuerzas productivas provocan cambios
correspondientes en todo el mecanismo de la oferta y la demanda. Se crea un
nuevo centro de gravedad en el mecanismo del mercado. Los cambios en los
valores modifican el volumen de la demanda normal. Si, por el desarrollo de las
fuerzas productivas, la canti dad de trabajo socialmente necesario para
producir un arshin
242
de paño disminuye de 2 % a 2 horas, y por ende el
valor de 1 arshin de paño cae de 2 rublos 75 kopeks a 2 rublos 50 kopeks,
entonces la cantidad de demanda y oferta normales se estable cerán en el nivel
de 300.000 arshins (si las necesidades y el poder de compra de la población
permanecen inmutables). Los cambios en el valor provocan cambios en la demanda
y la oferta. “Por tanto, si la oferta y la demanda regulan el precio comercial,
o mejor dicho, las oscilaciones de los precios comer* cíales con respecto al
valor comercial, tenemos que, por otra
parte, el valor
comercial regula la proporción
entre la
oferta
y la demanda o es el centro en torno al cual las
fluctuaciones
de la oferta y la demanda hacen oscilar los precios
comerciales” (C., III, p. 185). En otras palabras, el valor (o el precio
normal) determina la demanda y la oferta normales. Las desviaciones de la
demanda o la oferta reales con respecto a sus niveles normales determinan “el
precio comercial, o mejor dicho, las oscilaciones de los precios comerciales
con respecto al valor comercial”, oscilaciones que á su vez originan un
movimiento hacia el equilibrio. El valor regula el precio a través de la de
manda y la oferta normales. Decimos que el estado de equilibrio entre la oferta
y la demanda es el estado en el cual las mer cancías se venden según su valor.
Y puesto que la venta de mercancías según su valor corresponde al estado de
equilibrio entre las diferentes ramas de producción, llegamos a la siguiente
conclusión: el equilibrio entre la demanda y la oferta se produce si hay
equilibrio entre las diversas ramas de la producción. Cometeríamos un error
metodológico si tomáramos el equilibrio entre la demanda y la oferta como el
punto de partida del análisis económico. El equilibrio en la distribución del
trabajo social entre las diferentes ramas de producción sigue siendo el punto
de partida, al igual que en nuestro análisis anterior.
Si bien las concepciones sobre la demanda y la
oferta que Marx expresó en el capítulo X del tomo III de El capital (y en otras
partes) son fragmentarias, esto no significa que no encon tremos en su obra
indicios que dan testimonio del hecho de que entendió el mecanismo de la
demanda y la oferta en el sentido que hemos expuesto. Según Marx, el precio
comercial correspon derá al valor comercial a condición de que los vendedores
lancen al mercado “la masa de mercancías que reclaman las necesidades sociales,
es decir, la cantidad por la que la sociedad se halla en condiciones de pagar
el valor comerciar (Ibíd.). En palabras de Marx, “las necesidades sociales”
dependen dé la
243
cantidad de mercancías
que encuentran los
compradores en
el
mercado a un
precio igual al
valor, esto es,
la cantidad
que hemos llamado “demanda normal” u “oferta
normal”. En otras partes Marx habla de “la diferencia entre la cantidad de las
mercancías producidas y la cantidad a que las mercan cías se venden por su
valor comercial” (Ibíd., p. 189), es decir, de la diferencia entre la demanda
real y la “demanda normal”. Así se explican varios pasajes de las obras de Marx
en los que habla de los requisitos sociales "usuales” y del volumen
“usual” de la demanda y la oferta. Marx se refiere a la “demanda nor mal” y la
“oferta normal”, que coresponden a un valor deter minado y cambian si cambia
dicho valor. Dice Marx de un economista inglés: “Este hombre tan sabio no
comprende que, en el caso de que se trata, es precisamente el cambio operado en
el cost of production y también, por tanto, en el valor, lo que determina la
variación de la demanda y, por consiguiente, la proporción entre ésta y la
oferta, y que esta variación en cuanto a la demanda provoca una variación en
cuanto a la oferta; lo cual probaría exactamente lo contrario de lo que nuestro
pen sador se propone demostrar; probaría, en efecto, que la varia ción del
costo de producción no se halla regulada en modo alguno por la proporción entre
la oferta y la demanda, sino que es ella, por el contrario, la que regula esta
proporción” (C., III, p. 194, nota; las bastardillas son nuestras).
Hemos visto que los cambios en el valor (si las
exigencias y el poder de compra de la población se mantienen sin modificación)
provocan cambios en el volumen normal de la demanda. Veamos ahora si existe
también aquí una relación inversa: si un cambio de largo alcance en la demanda
provoca un cambio en el valor del producto, cuando la técnica de producción no
se modifica. Nos referimos a cambios constantes de largo alcance en la de
manda y no a cambios temporarios que sólo influyen en el precio de mercado. Tales
cambios de largo alcance (por ejem plo, el aumento de la demanda de un
producto determinado) que son independientes de los cambios en el valor de los
pro ductos pueden ocurrir, o bien a causa de un aumento del poder de compra de
la población, o bien a causa de un aumento de las necesidades de determinado
producto. Este aumento de las necesidades puede obedecer a causas sociales o a
causas naturales (por ejemplo, cambios permanentes en las condiciones
climáticas pueden crear una mayor demanda de vestidos de invierno).
Consideramos esta cuestión con mayor detalle más adelante.
244
Por ahora daremos por sentado que la demanda de
vestimenta ha cambiado, por ejemplo, a causa de nuevas necesidades de vestidos
de invierno. Los cambios en la demanda se expresan en el hecho de que ahora un
número mayor de compradores está de acuerdo en pagar un precio superior por las
vestimentas, o sea, que un número mayor de compradores y una demanda más amplia
corresponden a cada precio de la vestimenta. El cuadro adopta la forma
siguiente:
CUADRO 2
Precio, en rublos
7 r . - k .
6 r . - k .
5 r . - k .
3 r. 50 k.
3 r. 25 k.
3 r . - k ,
2 r. 75 k.
2 r. 50 k.
2 r. — k.
1 r . - k .
Demanda (en arshins)
50.000
75.000
100.000
150.000
200.000
240.000
280.000
320.000
400.000
500.000
El precio comercial que corresponde al valor en el
cuadro 1 era de 2 rublos 75 kopeks, y el volumen normal de la demanda y oferta
de 240.000 arshins. El cambio en la demanda registrado en el cuadro 2
incrementó directamente el precio comercial del paño a unos 3 rublos por
arshin, puesto que sólo había 240.000 arshins de paño en el mercado. De acuerdo
con nuestro esquema, ésta era la cantidad buscada por los compradores al precio
de 3 rublos. Todos los productores venden sus mercancías, no por 2 rublos 75 kopeks
como antes, sino por 3 rublos. Puesto que la técnica de producción no se
modificó (según nuestro supuesto), los productores recibieron una superganancia
de 25 kopeks por arshin. Esto origina una expansión de la producción y quizá
hasta una transferencia de capital de otras esferas (mediante la expansión de
créditos que los bancos otorgan a la industria del paño). La producción se
expanderá hasta que llegue al punto en que el equilibrio entre la industria del
paño y otras ramas de la producción se reestablezca. Esto ocurre cuando la
indus tria del paño aumenta su producción de 240.000 a 280.000 arshins, que
serán vendidos al precio anterior de 2 rublos 75
2 4 5
1
4
kopeks. Este precio corresponde al estado de la
técnica y el valor comercial. El aumento o la disminución de la demanda no
puede causar un aumento o una disminución del valor del producto si no cambian
las relaciones técnicas de la producción, pero puede provocar un aumento o una
disminución de la producción en una rama. Pero el valor del producto está
deter minado exclusivamente por el nivel de desarrollo de las fuerzas
productivas y por la técnica de producción. Por consiguiente, la demanda no
influye en la magnitud del valor, por el contra río, el valor combinado con la
demanda determinada parcial mente por el valor, determina el volumen de la
producción en una rama determinada, es decir, la distribución de las fuerzas
productivas. "La urgencia de las necesidades influye sobre la distribución
de las fuerzas productivas de la sociedad, pero
el valor
relativo de los diferentes productos
está determinado
por el trabajo gastado en su producción.” 5
Al reconocer la influencia de los cambios en la
demanda sobre el volumen de la producción, sobre su expansión y contracción,
¿nos ponemos en contradicción con el concepto básico de la teoría económica de
Marx, según el cual el desarrollo de la eco nomía está determinado por las
condiciones de producción, por la composición y el nivel de desarrollo de las
fuerzas pro ductivas? En absoluto. Si los cambios en la demanda de una
mercancía determinada influyen en el volumen de su producción, estos cambios en
la demanda son, a su vez, provocados por las siguientes causas: 1) los cambios
en el valor de una mercancía determinada, por ejemplo, su abaratamiento como
resultado del desarrollo de las fuerzas productivas en una rama determinada de
la producción; 2) los cambios en el poder de compra o los ingresos de
diferentes grupos sociales; esto significa que la demanda está determinada por
los ingresos de las diferentes clases sociales (C., III, pp. 197-8) y “se halla
esencialmente
condicionada por la
relación de las distintas clases entre sí y
por su respectiva posición
económica” (Ibíd., p. 185), lo cual,
a su vez, cambia según
los cambios en las fuerzas productivas;
3) por
último, los cambios en la intensidad o urgencia de las necesidades de una
mercancía determinada. A primera vista, parecería que en el último caso hacemos
depender la producción del consumo. Pero debemos preguntarnos qué provoca los
cam bios en la urgencia de las necesidades de una mercancía deter
minada. Suponemos que si el precio
de los arados de hierro
y el poder de compra de la población permanecen
iguales y la
246
F
É.
necesidad de arados aumenta por la sustitución de
arados de hierro en lugar de arados de madera en la agricultura, la nece sidad
creciente provoca un aumento temporario del precio co mercial de los arados
por encima de su valor y, como resultado de ello, aumenta la producción de
arados. La necesidad o la demanda acrecida provoca una expansión de la
producción, Pero ese aumento de la demanda fue provocado por el desarrollo de
las fuerzas productivas, no en la rama considerada de la producción (la de arados),
sino en otras ramas (en la agricul tura). Tomemos otro ejemplo, que se
relaciona con los bienes de consumo. La propaganda anti-alcohólica exitosa hace
dismi nuir la demanda de bebidas alcohólicas cuyo precio cae tempo rariamente
por debajo de su valor y, como resultado de ello, disminuye la producción de
las destilerías. Hemos elegido inten cionalmente un ejemplo en que la
reducción de la producción es provocada por causas sociales de carácter
ideológico y no económico. Es obvio que el éxito de la propaganda
anti-alcohólica fue originado por el nivel económico, social, cultural y mora]
de los diferentes grupos sociales, nivel que, a su vez, cambia como resultado
de una serie compleja de condiciones sociales que lo rodean. Estas condiciones
sociales pueden ser explicadas, en último análisis, por el desarrollo de las
actividades produc tivas de la sociedad. Finalmente, podemos pasar de las
condi ciones económicas y sociales que modifican la demanda a fenó menos
naturales que pueden también influir, en algunos casos, sobre el volumen de la
demanda. Los cambios bruscos y per manentes en las condiciones climáticas,
pueden reforzar o debilitar la necesidad de vestidos de invierno y provocar una
expansión o una contracción en la producción de paños. Aquí no es necesario
mencionar que los cambios en la demanda provocados por causas puramente
naturales e independientes de causas sociales son raros. Pero aun tales casos
no contradicen la tesis de la primacía de la producción sobre el consumo. Esta
tesis no debe ser enten dida en el sentido de que la producción se realiza
automática mente, en una especie de vacío, fuera de la sociedad de las
personas vivientes, con sus diversas necesidades que se basan en exigencias
biológicas (alimento, protección del frío, etc.). Pero los objetos con que el
hombre satisface sus necesidades y la manera de satisfacer tales necesidades se
hallan determinados por el desarrollo de la producción y modifican, a su vez,
el carácter de las necesidades, y hasta pueden crear nuevas nece sidades.
"El hambre es hambre, pero el hambre que se satisface
247
con carne guisada, comida con cuchillo y tenedor,
es un hambre muy distinta del que devora carne cruda con ayuda de manos, uñas y
dientes.” 6 En esta forma particular el hambre es el resultado de un largo
desarrollo histórico y social. Exactamente del mismo modo, los cambios en las
condiciones climáticas hacen surgir la necesidad de determinados bienes, de
paño, o sea, de paño de una determinada calidad y manufactura, es decir, una
necesidad cuyo carácter está determinado por el desarrollo anterior de la sociedad,
y, en último análisis, de sus fuerzas productivas. El aumento cuantitativo de
la demanda de paño es diferente para las diferentes clases sociales, y depende
de sus ingresos. Si en un determinado período de la producción, un
determinado nivel de
necesidad de paño
(necesidad basada
en exigencias biológicas) es un
hecho dado de antemano o un
requisito de la
producción, entonces tal
estado de necesidad
de paño es a su vez el resultado del desarrollo
social anterior. “El mismo proceso de producción los transforma (a los requi
sitos de la producción) de naturales se hacen históricos; si para un período
aparecen como un supuesto natural de la producción, para otro período, en
cambio, constituyen su resultado histórico” (Ibíd., p 17). El carácter y el
cambio de la necesidad de un producto determinado, aunque sea básicamente una
necesidad biológica, están determinados por el desarrollo de las fuerzas productivas
que puede realizarse en esa esfera de la producción o en otras esferas, y que
puede realizarse en el presente o en un período histórico anterior. Marx no
niega la influencia del consumo sobre la producción ni las interacciones entre
ellos (Ibíd., p. 21). Pero su objetivo es hallar una regularidad social en los
cambios de las necesidades, regularidad que, en último análisis, puede
explicarse en términos de la regularidad del desa rrollo de las fuerzas
productivas.
2. E l V A L O R
Y L A D IS T R IB U C IÓ N P R O P O R C IO N A L D E L
T R A B A J O
Hemos llegado a la conclusión de que el volumen de
la demanda de un producto está determinado por el valor del producto y cambia
cuando cambia el valor ( dadas determinadas necesidades y el poder productivo
de la población). El desarrollo de las fuerzas productivas en una rama
determinada cambia el valor del producto y, por ende, el volumen de la demanda
social de
2 4 8
esc producto. Como puede verse en el esquema n? 1
de la demanda, un volumen determinado de ésta corresponde a un valor dado del
producto. El volumen de la demanda es igual al número de unidades del producto
que se buscan al precio dado.
La multiplicación del valor por unidad del producto
(que está determinado por las condiciones técnicas de producción) por el número
de unidades que se venderán al valor dado expresa la necesidad social que puede
pagar por el producto dado1
Esto es lo que Marx llamaba las "necesidades
sociales cuanti tativamente establecidas” de un producto dado (C., III, p.
592), el Volumen social” de la necesidad (Ibíd., p. 189), la “deter minada
cantidad de necesidades sociales” (Ibíd., p. 191). “De terminadas cantidades
de producción social en las distintas ramas de producción” (Ibíd.), “su
reproducción anual sobre escala establecida” { Ibíd.), corresponden a esta
necesidad social. Este volumen usual, normal, depende “de que el trabajo se
distribuya proporcionalmente entre las diversas ramas de producción en
proporción a estas necesidades sociales, cuantitativamente esta blecidas” (C„
III, p. 592).
Así, determinada magnitud de valor por unidad de
mercancía determina el número de mercancías que encontrarán los com pradores,
y el producto de esas dos cifras (el valor por la can tidad) expresa el
volumen de la necesidad social, por la cual Marx siempre entendía necesidad
social capaz de pagar (C., III,
pp. 184-185,
191, 195-96). Si el valor de un arshin es de 2 rublos 75 kopeks, el número de
arshins de paño que son solicitados en el mercado es igual a 240.000. El
volumen de la necesidad social se expresa en las siguientes cantidades: 2
rublos 75 ko peks X 240.000 = 660.000 rublos. Si un rublo representa un valor
creado por una hora de trabajo, entonces 660.000 horas de trabajo social medio
se gastan en la producción de paño, dada una distribución proporcional del
trabajo entre las ramas particulares de la producción. Esta cantidad no está
determinada de antemano por nadie en la sociedad capitalista; nadie la
controla, nadie se ocupa de mantenerla. Sólo se establece como resultado de la
competcncia en el mercado, mediante un proceso constantemente interrumpido por
desviaciones y rupturas, proceso en el cual “reinan el azar y la arbitrariedad”
(C., I, p. 289), como Marx señaló repetidamente (C., I7 p. 140). Esta cifra
sólo expresa el nivel medio o el contro estable alrededor del cual fluctúan los
volúmenes reales de la demanda y la oferta. La estabilidad de esta cantidad de
necesidad social (660.000)
249
se explica exclusivamente por el hecho de que
representa una combinación o multiplicación de dos cifras, una de las cuales (2
rublos 75 kopeks) es el valor por unidad de mercancía, que está determinado por
las técnicas productivas y representa un centro estable alrededor del cual
fluctúan los precios comer
ciales. La otra cifra, 240.000 arshins, depende de
la primera. El volumen de la demanda social y laproducción social en una
rama determinada fluctúa alrededor de la cifra
660.000 preci samente porque los precios comerciales fluctúan alrededor del
valor de 2 rublos 75 kopeks. La estabilidad de un volumen determinado de
necesidad social es el resultado de la estabilidad de una determinada magnitud
de valor como centro de fluctua
ciones de los
precios comerciales.8
Los defensores de la interpretación “económica” del trabajo
socialmente necesario han invertido
todo el proceso, tomando
su resultado final, la cifra de 660.000 rublos, el
valor de la masa total de las mercancías de una rama determinada, como el punto
de partida de su análisis. Ellos dicen: dado un nivel particular de desarrollo
de las fuerzas productivas, la sociedad puede gastar 660.000 horas de trabajo
en la producción de paños. Estas horas de trabajo crean un valor de 660,000
rublos. El valor de las mercancías de la rama considerada debe, por lo tanto,
ser igual a 660.000 rublos, no puede ser mayor ni menor. Esta cantidad
definidamente establecida determina el valor de una unidad particular de una
mercancía: esta cifra es igual al cociente que resulta de dividir 660.000 por
el número de unidades producidas. Sí se producen 240.000 unidades de paño, el
valor de un arshin es igual a 2 rublos 75 kopeks; si la producción aumenta a
264.000 arshins, el valor cae a 2 rublos 50 kopeks; pero si la producción cae a
220.000 arshins, el valor aumenta a 3 rublos. Cada una de estas combinaciones
(2 r. 75 k. X 240.000, 2 k. 50 k. X 264.000, 3 k. X 220.000) es igual a
660.000. El valor de una unidad del producto puede cambiar (2 r. 75 k., 2 r. 50
k., o 3 r.) aunque la técnica de producción no cambie. El valor general de
todos los productos (660.000 rublos) tiene un carácter constante y estable. La
cantidad general de trabajo que se necesita en una rama determinada de la
producción con una determinada distribución proporcional del trabajo (660.000
horas de trabajo) también tiene un carácter estable y constante. En
determinadas condi ciones, esta magnitud constante puede ser combinada de
dife rentes modos con dos factores: el valor por unidad de mercancía y el
número de bienes manufacturados (2 r. 75 k. X 240.000 = 2
250
r. 50 k. X 264.000 = 3 r. X 220.000 — 660.000). De
este modo, el valor de la mercancía no está determinado por la cantidad de
trabajo necesario para la producción de una unidad de mer cancía, sino por la
cantidad total de trabajo asignado a la esfera dada de la producción9 dividida
por el número de artículos manufacturados.
Esta argumentación, resumida, de los defensores de
la llamada versión “económica* del trabajo socialmente necesario es, en nuestra
opinión, inadecuada por las siguientes razones:
1) AI tomar la cantidad de trabajo asignada a una
esfera de la producción (resultado del complejo proceso de competencia en el
mercado) como punto de partida del análisis, la versión "económica”
concibe la sociedad capitalista según el esquema de una sociedad socialista
organizada, en la cual la distribución proporcional del trabajo se calcula de
antemano.
2) La
interpretación no examina el problema de qué es lo que determina la cantidad de
trabajo asignada a una esfera particular, cantidad que en la sociedad
capitalista no está determinda por nadie ni es mantenida concientemente por
nadie. Tal análisis
mostraría que la cantidad señalada de trabajo es el
resultado o el producto del valor multiplicado por la cantidad de productos
demandada en el mercado a un precio dado. El valor no está determinado por la
cantidad de trabajo en esa esfera particular, sino que tal cantidad presupone
el valor como magnitud que depende de la técnica de producción.
3) La
interpretación económica no hace derivar el volumen estable, constante (en
condiciones dadas), de trabajo que se asigna a una esfera particular (660.000
horas de trabajo) del
valor estable por unidad de la mercancía (2 rublos 75 kopeks
o 2 % horas
de trabajo). Esta interpretación, por el contrario,
hace derivar el carácter estable del valor de la
masa total de productos de una esfera particular, de la multiplicación de los
factores diferentes (el valor por unidad y la cantidad). Esto
significa que llega
a la conclusión
de que la
magnitud del
valor por unidad del producto (2 rublos
75 kopeks, 2 rublos
50 kopeks, 3 rublos) es inestable y cambiante. Así, niega com
pletamente la significación del valor por
unidad del producto
como
centro de gravedad de las
fluctuaciones en Jos precios
y como
regulador básico de
la economía capitalista.
4) La
interpretación económica no toma en cuenta el hecho de que, entre todas las
combinaciones posibles que dan 660.000
251
con un estado determinado de la técnica (y
precisamente con el gasto de 2 % horas de trabajo socialmente necesario en la
producción de 1 arshin de paño), sólo una combinación es esta
ble: la
combinación de equilibrio constante
(a saber, 2 r. 75
k. X 240.000 = 660.000). Pero las otras
combinaciones sólo pue
den ser combinaciones temporarias y transicionales
de desequi librio. La interpretación económica confunde el estado de equili
brio con un estado de equilibrio perturbado, el valor con el precio.
Debemos distinguir dos aspectos de la
interpretación econó mica: en primer lugar, esta interpretación trata de
discernir ciertos hechos y, en segundo lugar trata de explicar tales hechos
teóricamente. Afirma que todo cambio en el volumen de la producción (si la
técnica no se modifica) provoca un cambio inversamente proporcional en el
precio comercial del producto. A causa de esta proporcionalidad inversa en los
cambios de ambas magnitudes, el producto de la multiplicación de esas dos
cantidades es una cantidad inmutable, constante. Luego, si la producción de
paño disminuye de 240.000 a 220.000 arshins, esto es, en un 11/12, el precio
por arshin del paño aumenta de 2 r. 75 k. a 3 r., esto es, 12/11. La
multiplicación del número do mercancías por el precio por unidad es en ambos
casos igual a 660.000. Al tratar de explicar esto, la interpretación económica
afirma que la cantidad de trabajo asignado a una rama particular de la
producción (660.000 horas de trabajo) es una magnitud constante y determina la
suma de valores y los precios comer ciales de todos los productos de esa rama.
Puesto que esta magnitud es constante, el cambio en el número de artículos
producidos en dicha rama provoca cambios inversamente propor cionales en el
valor y el precio comercial por unidad de producto. La cantidad de trabajo
gastada en dicha rama de la producción regula el valor tanto como el precio por
unidad del producto.
Aun cuando la interpretación económica distinguiera
correcta mente el hecho de que los cambios en la cantidad de productos son
inversamente proporcionales a los cambios en el precio por unidad de producto,
su explicación teórica sería falsa. El aumento en el precio de 1 arshin de
paño, de 2 r. 75 k. a 3 r„ en el caso de una disminución de la producción de
240.000 a 220.000 arshins significaría un cambio en el precio comercial del
paño y su desviación con respecto al valor, que seguía siendo el mismo si las
condiciones técnicas no se modifican, esto es, sería igual
a 2 r, 75 k. De este modo, la cantidad de trabajo
asignada a
252
una esfera particular de la producción no sería la
reguladora del valor por unidad de producto, sino que sólo regularía el precio
comercial. El precio comercial del producto en cualquier momento sería igual a
la cantidad indicada de trabajo dividida por el número de artículos
manufacturados. Así es como ciertos voceros de la interpretación ‘‘técnica”
presentan el problema: reconocen el hecho de la proporcionalidad inversa entre
el cambio en la cantidad y el precio comercial de un producto, pero rechazan la
explicación dada por la interpretación económica.10 No hay ninguna duda de que
esta interpretación según la cual la suma de los precios comerciales de los
productos de una esfera particular de la producción representa, a pesar de
todas las fluctuaciones de los precios, una cantidad constante determinada por
la cantidad de trabajo asignada a esa esfera, es apoyada por algunas de las
observaciones de Marx.11 Sin embargo creemos que la idea de la proporcionalidad
inversa entre los cambios en la cantidad y el precio comercial de los productos
provoca toda una serie de objeciones muy serias:
1) Esta
concepción contradice hechos empíricos, los cuales muestran, por ejemplo, que
cuando el número de mercancías se duplica, el precio comercial no cae a la
mitad del precio anterior sino por encima o por debajo de este precio, en dife
rentes cantidades para diferentes productos. En este contexto, una diferencia
particularmente aguda puede observarse entre los bienes de subsistencia y los
artículos de lujo. Según ciertos cálculos, la duplicación de la oferta de pan
hace disminuir su precio cuatro o cinco veces.
2) La
concepción teórica de la proporcionalidad inversa entre el cambio en la
cantidad y el precio de los productos no ha sido demostrada. ¿Por qué habría de
subir el precio con respecto al precio o el valor normal de 2 r. 75 k. a 3 r.
esto es, 12/11 del precio original), si la producción se reduce de 240.000 a
220,000, es decir, en 11/12 respecto al volumen anterior? ¿No es posible que
(en la manufactura de paños) el precio de 3 r. no corres ponda a la cantidad
de producción de 220.000 arshins (como
supone la teoría de la proporcionalidad), sino a la
cantidad de 150.000 arshins, como muestra nuestro esquema de la de manda n° 1?
¿Dónde está, en la sociedad capitalista, el meca nismo que hace el precio
comercial del paño invariablemente igual a 660.000 rublos?
3) La última
pregunta revela la debilidad metodológica de la
253
teoría que hemos considerado. En la sociedad
capitalista, las leyes de los fenómenos económicos tienen efectos similares a
los de “la ley de la gravedad**, que se afirma “cuando se le cae a uno la casa
encima” (C., I, p. 40), es decir, funcionan como tendencias, como centros de
fluctuaciones y desviaciones regulares. La teoría que estamos examinando
transforma una tendencia o una ley que regula los fenómenos en un hecho
empírico: la suma de los precios comerciales, no sólo en condi ciones de
equilibrio, esto es, como la suma de los valores comer ciales, sino en
cualquier situación de mercado y en cualquier momento, coincide totalmente con
la cantidad de trabajo asig nada a esa esfera. La suposición de una “armonía
preestablecida” no sólo está refutada, sino que tampoco corresponde a las bases
metodológicas generales de la teoría de Marx sobre la economía capitalista.
Las objeciones que hemos registrado nos obligan a
rechazar la tesis de la proporcionalidad inversa entre los cambios en la
cantidad y el precio comercial de los productos, vale decir, la tesis de la
estabilidad empírica de la suma de los precios córner^ cíales de los productos
en una esfera particular. Las afirmaciones de Marx en este contexto deben ser
entendidas, en nuestra opinión, no en el sentido de una exacta proporcionalidad
inversa, sino en el de una dirección inversa entre los cambios en la cantidad y
los precios comerciales de los productos. Todo aumento de la producción más
allá de su volumen normal provoca una caída del precio por debajo del valor, y
una disminución de la producción origina un aumento en el precio. Ambos
factores (la cantidad de productos y sus precios comerciales) cambian en
direcciones inversas, aunque no en una proporcionalidad inversa. Como
consecuencia de ésta, la cantidad de trabajo asignada a una esfera particular
no sólo desempeña el papel de un centro de equilibrio, un nivel medio de las
fluctuaciones hacia las cuales tiende la suma de los precios comerciales, sino
que representa en cierta medida un promedio matemático de la suma de los
precios comerciales que cambian diariamente. Pero este carácter de promedio
matemático no significa en modo alguno que las dos cantidades coincidan
totalmente, y además no tiene una significación teórica particular. En la obra
de Marx generalmente encontramos una formulación más cauta de los cambios
inversos en la cantidad de productos y sus precios comerciales ( C.y III, p.
182; Theorien über den Mehrwert, IH, p. 341). Nos sentimos tanto más
justificados para interpretar a
254
Marx en este sentido cuanto que en su obra
encontramos a veces una negación dirécta de la proporcionalidad inversa entre
los cambios en la cantidad de los productos y sus precios. Marx señaló que en
el caso de una cosecha pobre “la suma de los precios de la masa disminuida de
cereales es mayor que la suma de los precios de la masa de aquellos antes de su
dismi nución” (Crítica, p. 98). Esto es una expresión de la conocida ley ya
citada, según la cual la disminución en la producción de cereal a la mitad de su
cantidad anterior eleva el precio de un pud 12 de cereal a más del doble de su
precio anterior, de modo que la suma total de los precios del cereal aumenta.
En otro pasaje, Marx rechaza la teoría de Ramsey, según la cual la caída en el
valor del producto a la mitad de su valor anterior por mejoras en la producción
va acompañada por un aumento de la producción al doble de la cantidad anterior:
“El valor ( de las mer cancías) cae, pero no en proporción al aumento de su
cantidad. Por ejemplo, la cantidad puede duplicarse, pero el valor de las
mercancías individuales puede caer de 2 a 1 Í4, y no a uno” (Theorien über den
Mehrtvert y III, p. 407), como sucedería según Ramsey y según los defensores de
la concepción que estamos examinando. Si el abaratamiento de las mercancías
(como consecuencia de un adelanto técnico) de 2 r. a 1 1 4 r* puede ir
acompañado de una duplicación en la producción de dicho producto, entonces, de
manera inversa, una duplicación anormal de la producción puede ir acompañada de
una caída en el precio de 2 r. a 1 % r., y no a 1 r. como lo exigiría la tesis
de la proporcionalidad inversa.
Así, consideramos incorrecta la concepción según la
cual la cantidad de trabajo asignada a una particular esfera de la pro~ ducción
y a los productos individuales manufacturados en esa esfera determina el valor
de una unidad del producto (como sostienen los defensores de la interpretación
económica) o coin cide precisamente con el precio comercial de una unidad del
producto (como afirman los defensores de la interpretación técnica). El valor
por unidad del producto está determinado por la cantidad de trabajo socialmente
necesario para su producción. Dado un cierto nivel de la técnica, esto
representa una magnitud constante en relación a la cantidad de artículos
manufacturados. El precio comercial depende de la cantidad de artículos produ
cidos y varía en la dirección opuesta (pero no es inversamente proporcional) a
este cambio en la cantidad. Sin embargo, el precio comercial no coincide con el
cociente que resulta de di-
2 5 5
]
viclir la cantidad de trabajo asignada a la esfera
particular en cuestión por el número de artículos producidos. ¿Significa esto
que ignoramos totalmente la cantidad de trabajo que se asigna a una particular
esfera de la producción (dada una distribución proporcional del trabajo? En
modo alguno. La tendencia a una distribución proporcional del trabajo (sería
más exacto decir una distribución determinada, estable,13 del trabajo) entre
las diferentes ramas de la producción, que depende del nivel general de desarrollo
de las fuerzas productivas, constituye un hecho básico de la vida económica que
sometemos a examen. Pero, como hemos observado más de una vez, en una sociedad
capi talista, donde reina la anarquía de la producción, esta tendencia no
representa el punto de partida del proceso económico, sino más bien su
resultado final. Este resultado no se manifiesta precisamente en hechos
empíricos, sino que sólo sirve como un centro de sus fluctuaciones y
desviaciones. Admitimos que la cantidad de trabajo asignada a una esfera
determinada de la pro ducción (dada cierta distribución proporcional del
trabajo) desempeña cierto papel como regulador en la economía capita lista,
pero: 1) es un regulador en el sentido de una tendencia, un nivel de
equilibrio, un centro de fluctuaciones, pero en modo alguno en el sentido de
una expresión exacta de sucesos empíricos, o sea, precios comerciales; 2) lo
que es aún más importante, este regulador pertenece a todo un sistema de
reguladores y es un resultado del regulador básico de dicho
sistema —el valor— como centro de fluctuaciones
de los precios
comerciales.
Tomemos un ejemplo con
cifras simples. Supongamos que:
a) la
cantidad de trabajo socialmente necesario
para producir
un arshin
de paño (con determinada técnica media) es igual
a 2 horas, o el valor de un arshin es igual a 2 rublos; b) dado
ese valor, la cantidad de paño que puede venderse
en el mer cado, y por ende el volumen normal de la producción, consiste
en 100 arshins de paño. De esto se sigue que: c) la
cantidad de
trabajo
requerida por esa
esfera particular de la producción
es de 2 horas X 100 = 200 horas, o el valor total del producto de
dicha esfera es igual a 2 r. X 100 =
200 rublos. Estamos ante
tres reguladores o tres magnitudes reguladoras, y
cada una de ellas es un centro de fluctuaciones de determinadas magnitudes
empíricas y reales. Examinemos la primera magnitud: ai) en la medida en que
expresa la cantidad de trabajo necesaria para la producción de un arshin de
paño (2 horas de trabajo), esta
2 5 6
magnitud influye sobre el gasto real de trabajo en
diferentes empresas de la industria del paño. Si determinado grupo de empresas
de baja productividad no gasta 2 sino 3 horas de tra bajo por arshin,
gradualmente será desplazada por las empresas más productivas, a menos que se
adapte a su nivel superior de la técnica. Si un grupo determinado de empresas
no gasta dos
horas sino 1 entonces este grupo gradualmente
desplazará a las empresas más atrasadas, y al cabo de un tiempo hará disminuir
el trabajo socialmente necesario a l horas. En resu men, el trabajo individual
y el trabajo socialmente necesario (aunque no coincidan) manifiestan una
tendencia hacia la igua lación. a2) Si la misma magnitud indica el valor por
unidad de producción (2 rublos), es el centro de las fluctuaciones de los
precios comerciales. Si el precio comercial cae por debajo de los dos rublos, la
producción cae y habrá una transferencia de capital hacia afuera de la esfera
considerada. Si los precios aumentan por encima de los valores, se producirá la
situación opuesta. El valor y el precio comercial no coinciden, pero el primero
es el regulador, el centro de fluctuaciones, del segundo.
Pasemos ahora a la segunda magnitud reguladora, la
que hemos designado con la letra b: el volumen normal de produc ción, 100
arshins, es el centro de las fluctuaciones del volumen real de producción en la
esfera considerada. Si se producen más de 100 arshins, entonces el precio cae
por debajo del valor de 2 rublos por arshin y comienza una reducción en la
producción. Lo contrario sucede en caso de subproducción. Como podemos ver, el
segundo regulador (b) depende del primero (a2), no sólo en el sentido de que la
magnitud del valor determina el volumen de la producción (dada determinada
estructura de nece sidades y determinado poder de compra de la población),
sino también en el sentido de que la distorsión del volumen de producción (la
sobreproducción o la subproducción) es corregida por la desviación de los
precios comerciales con respecto al valor. El volumen normal de la producción,
100 arshins (b), es el centro de las fluctuaciones del volumen real de la
producción, precisamente porque el valor de dos rublos (a2) es el centro de las
fluctuaciones de los precios comerciales.
Finalmente, pasamos a la tercera magnitud
reguladora, (c), que representa el producto de la multiplicación de las dos
primeras, o sea 200 = 2 X 100 o c = ab. Pero, como hemos visto, a puede tener
dos significados: ai representa la cantidad de trabajo gastada en la producción
de 1 arshin de paño (2
257
horas); aL>representa el valor de 1 arshin (2
rublos). Si tomamos at b = 2 horas de trabajo X 100 = 200 horas de trabajo,
entonces obtenemos la cantidad de trabajo que se asigna a una esfera
determinada de la producción (dada determinada distribución proporcional del
trabajo), o el centro de las fluctuaciones de los
gastos de trabajo reales en la
esfera considerada. Si tomamos
a2b 2 rublos X 100 = 200 rublos, entonces obtenemos la
suma de los valores de los productos de la esfera considerada,
o el centro de fluctuaciones de la suma de los
valores comerciales de los productos en dicha esfera. Así, no negamos en modo
alguno que la tercera magnitud, c = 200, también desempeñe el papel de
regulador, de centro de las fluctuaciones. Pero hacemos derivar su papel del
papel regulador de sus compo nentes, a y b. Como podemos ver, c = ab, y el
papel regulador de c es el resultado de los papeles reguladores de a y b. 200
horas de trabajo es el centro de las fluctuaciones de la cantidad de trabajo
gastada en la esfera considerada, precisa mente porque 2 horas de trabajo
indican el gasto medio de trabajo por unidad de producto, y 100 arshins es el
centro de las fluctuaciones del volumen de la producción. Exactamente del mismo
modo, 200 rublos es el centro de las fluctuaciones de la suma de los precios
comerciales de la esfera considerada, preci samente porque 2 rublos, o el
valor, es el centro de las fluc
tuaciones de
los precios comerciales por
unidad de producto,
y 100 arshins
es el centro
de las fluctuaciones
del volumen
de la producción. Las tres magnitudes reguladoras,
a, b y c, representan un sistema regulador unificado en el cual c es el
resultante de a y b, y b, a su vez, varía en relación a los cambios en a. Esta
ultima magnitud, es decir, la cantidad de trabajo socialmente necesario para la
producción de una unidad de producto (2 horas de trabajo), o el valor de una
unidad del pro ducto (2 rublos), es la magnitud reguladora básica de todo el
sistema de equilibrio de la economía capitalista.
Hemos visto, que c = ab. Esto significa que c puede
variar
en
relación con una
variación en a
o una variación
en b.
Esto quiere decir que la cantidad de trabajo
gastada en una esfera determinada difiere del estado de equilibrio (o de una
distribución proporcional del trabajo), o bien porque la cantidad de trabajo
por unidad de producción es mayor o menor que lo socialmente necesario, dada la
cantidad normal de artículos manufacturados, o bien porque la cantidad de
unidades produ cidas es demasiado grande o demasiado pequeña en comparación
2 5 8
con la cantidad normal de producción, para cierto
gasto normal de trabajo por unidad de producción. En el primer caso, se
producen 100 arshins, pero en condiciones técnicas que pueden
estar por debajo, por ejemplo, del nivel medio, con un gasto
de 3 horas de trabajo por arshin. En el segundo caso, el gasto de
trabajo
por arshin es
igual a la magnitud normal,
2 horas
de trabajo, pero se producen 150 arshins. En ambos
casos el gasto total de trabajo en la esfera de producción considerada consiste
en 300 horas en lugar de las 200 horas normales. Sobre esa base, los defensores
de la interpretación económica consi deran iguales ambos casos. Afirman que la
sobreproducción es equivalente a un gasto excesivo de trabajo por unidad de
pro ducción. Esta afirmación se explica por el hecho de que toda su atención
se concentra exclusivamente en la magnitud regu ladora derivada c. Desde este
punto de vista, en ambos casos hay un gasto excesivo de trabajo en la esfera
considerada: 300 horas en lugar de 200. Pero si no nos quedamos en esta mag
nitud derivada sino que pasamos a sus componentes, las magni tudes reguladoras
básicas, entonces el cuadro cambia. En el primer caso, la causa de la
divergencia reside en el campo de a (el gasto de trabajo por unidad de
producción), en el segundo caso, en el campo de b (la cantidad de artículos
pro ducidos). En el primer caso, el equilibrio entre empresas con di ferentes
niveles de productividad dentro de una esfera determi nada se rompe. En el
segundo caso, se rompe el equilibrio entre la cantidad de producción en la
esfera considerada y en otras esferas, es decir, el equilibrio entre esferas
diferentes de la producción. Esta es la razón de que en el primer caso el equi
librio se establezca por la redistribución de las fuerzas produc tivas desde
las empresas técnicamente atrasadas a empresas más productivas dentro de la
esfera considerada; en el segundo caso, el equilibrio se establecerá mediante
la redistribución de las fuerzas productivas entre esferas diferentes de la
producción. Confundir los dos casos significa sacrificar los intereses del
análisis científico de los fenómenos económicos en aras de una analogía
superficial y, como dijo Marx a menudo, en aras de “abstracciones forzadas”,
vale decir, reducir fenómenos de natu raleza económica diferente al mismo
concepto de trabajo social mente necesario,
Así, el error básico de la “interpretación
económica” no reside en el hecho de que no reconoce el papel regulador de la
can tidad de trabajo asignada a una esfera particular de la producción
259
(dada determinada distribución proporcional del
trabajo), sino en el hecho de que: 1) interpreta erróneamente el papel de un
regulador en la economía capitalista, transformándolo en un nivel de
equilibrio, un centro de las fluctuaciones, en un reflejo de fenómenos
empíricos, y 2) asigna a este regulador un carácter independiente y
fundamental, cuando éste pertenece a todo un sistema de reguladores y en
realidad tiene un carácter derivado. No es posible derivar el valor de la
cantidad de trabajo asignada a una esfera determinada, porque la cantidad de
trabajo varía en función de las variaciones en el valor que reflejan el desa
rrollo de la productividad del trabajo. A pesar de las afirmaciones de sus
defensores, la “interpretación económica” no complementa la interpretación
“técnica”, sino que más bien la descarta: al afirmar que el valor varía en
relación al número de artículos producidos (dada una técnica constante),
rechaza el concepto de valor como magnitud que depende de la productividad de]
trabajo. Por otro lado, la “interpretación técnica” logra explicar totalmente
el fenómeno de la distribución proporcional del tra bajo en la sociedad y el
papel regulador de la cantidad de trabajo asignada a una esfera determinada de
la producción, es decir, logra explicar esos fenómenos que la interpretación
económica había presuntamente resuelto, según sus defensores.
3. E l V A L O R
Y E L V O L U M E N
D E L A P R O D U C C IÓ N
En nuestros anteriores cuadros de la demanda y la
oferta supu simos que los gastos de trabajo necesario para la producción de
una unidad de producto permanecían constantes cuando aumen taba el volumen de
la producción. Ahora introduciremos un nuevo supuesto, a saber, que una nueva
cantidad adicional de productos se produce en condiciones peores que antes.
Podemos recordar la teoría de Ricardo sobre la renta diferencial. Según esta
teoría el aumento de la demanda del cereal debida al aumento en la población
hace necesario cultivar tierras menos fértiles o lotes de tierras que están más
alejados del mercado. Así, la cantidad de trabajo necesario para la producción
de un pud de cereal en las condiciones menos favorables (o para el transporte
del cereal) aumenta. Y puesto que precisamente esa cantidad de trabajo
determina el valor de la masa total de cereal producido, el valor de éste
aumenta. El mismo fenómeno puede
260
observarse en la minería, donde existe un
movimiento de las minas ricas a las menos abundantes. El aumento de la produc
ción va acompañado por un aumento del valor de la unidad del producto, mientras
que antes consideramos el valor de una unidad del producto como independiente
de la cantidad de la producción. Una situación análoga puede hallarse en ramas
de la industria donde la producción se realiza en empresas con diferentes
niveles de productividad. Suponemos que las empresas con productividad más alta,
que pueden ofrecer artículos al menor precio, no pueden producir la cantidad de
artículos que deman daría el mercado a un precio bajo semejante. En vista de
que la producción debe también realizarse en empresas de productividad media e
inferior, el valor comercial de las mercan cías está determinado por el valor
de las mercancías producidas en condiciones medias o menos favorables (ver el
capítulo sobre el trabajo socialmente necesario). También aquí el aumento de la
producción significa un aumento del valor, y por ende un aumento del precio por
unidad del producto. Presentamos el siguiente cuadro de la oferta:
CUADRO 3
Volumen de la producción Precio de producción
(en arshins) (o valor) (en
rublos)
100.000 2 r. 75 k.
150.000 3 r. - k.
200.000 3 r. 25 k.
Suponemos que si el nivel de precios es inferior a
2 r. 75 k., los productores suspenderán la producción (con excepción, qui zá,
de grupos insignificantes de productores que no tomamos en cuenta). En la
medida en que el precio aumenta al nivel de 3 r. 25 k., la producción atraerá a
empresas de productividad media e inferior. Pero un precio superior a 3 r. 25
k. daría un beneficio tan alto a los empresarios que podemos considerar que el
nivel de la producción, a ese precio, es ilimitado en comparación con la
demanda limitada. Así, los precios pueden fluctuar entre 2 r. 75 k. y 3r. 25
k., y el volumen de la produc ción entre 100.000 y 200.000 arshins. Pero, ¿a
qué nivel se es tablecerán el precio y el volumen de la producción?
Volvamos
al cuadro N° 1
de la demanda
para compararlo
261
con el cuadro de la oferta. Podemos ver que el
precio se esta biliza al nivel de 3 rublos y el volumen de la producción a
150.000 arshins. El equilibrio entre la demanda y la oferta se restablece, y el
precio coincide con el valor-trabajo (o con el precio de producción), que está
determinado por los gastos de trabajo en empresas de productividad media.
Supongamos aho ra (como hicimos antes) que, por una u otra razón (por el
aumento del poder de compra de la población o por la inten sificación de la urgencia
de las necesidades), la demanda de paños aumenta y es expresada por el cuadro
N? 2 de la deman da. El precio de 3 rublos no puede mantenerse, porque a este
precio la oferta consiste en 150.000 arshins, y la demanda en 240.000. El
precio subirá a causa de ese exceso de la demanda, hasta que llegue al nivel de
3 r. 25 k. A este precio, tanto la demanda como la oferta serán iguales a
200.000 arshins y se hallarán en estado de equilibrio. Al mismo tiempo, el
nuevo precio de 3 r. 25 k. 'coincidirá con un nuevo valor (o precio de
producción) aumentado que, por la expansión de la producción de 150.000 a
200.000 arshins, estará ahora regulado por los gas tos de trabajo de las
empresas con baja productividad.
Si dijimos antes que el aumento de la demanda
influye sobre el volumen de la producción, sin influir sobre la magnitud del
valor (antes, el aumento de la producción de 240.000 a 280.000 arshins se
realizaba al mismo valor de 2 r. 75 k.), en este caso el aumento de la demanda
provoca aumento de la producción de 150*000 a 200.000 arshins, y va acompañado
por un aumento del valor de 3 r. a 3 r. 25 k. La demanda determina de alguna
manera el valor.
Esta conclusión es de decisiva significación para
los repre sentantes de las escuelas angloamericana y matemática de eco nomía
política, incluyendo a Marshall.14 Algunos de estos eco nomistas sostienen que
Ricardo conspiró contra su propia teoría del valor-trabajo con su teoría de la
renta diferencial y que abrió el camino para una teoría de la demanda y la
oferta que él rechazaba y, en último análisis, para una teoría que define la
magnitud del valor en términos de la magnitud de las nece sidades. Estos
economistas apelan al siguiente argumento. El valor está determinado por los
gastos de trabajo en los peores lotes de tierra, o en las condiciones menos
favorables. Esto sig nifica que el valor aumenta con la extensión de la
producción a tierras peores o, en general, a empresas menos productivas, es
decir, en la medida en que la producción aumenta. Y puesto
2 6 2
\
que el aumento de la producción es provocado por un
aumento de la demanda, luego, el valor no regula la oferta y la demanda como
pensaban Ricardo y Marx, sino que el valor mismo está determinado por la
demanda y la oferta.
Los defensores de este argumento olvidan una
circunstancia muy importante. En el ejemplo que examinamos, las variaciones en
el volumen de la producción significan al mismo tiempo variaciones de las
condiciones técnicas de producción dentro de la misma rama. Examinemos tres
ejemplos.
En el primer caso, la producción sólo se realiza en
las me jores empresas, que suministran al mercado 100.000 arshins al precio de
2 r. 75 k. En el segundo caso (del cual partimos en nuestro ejemplo), la
producción se efectuó en las empresas mejores y medias, que en conjunto
producen 150.000 arshins al precio de tres rublos. En el tercer caso la
producción se lleva a cabo en las empresas mejores, medias y peores y llega a
un nivel de 200.000 arshins al precio de 3 r. 25 k. En los tres casos, que
corresponden a nuestro cuadro numero 3, no sólo son diferentes los volúmenes de
la producción, sino también las condiciones técnicas de la misma en la rama
considerada. El valor ha cambiado precisamente porque las condiciones de
producción cambiaron en dicha rama. De este ejemplo no de bemos extraer la
conclusión de que los cambios en el valor están determinados por cambios en la
demanda y no por cambios en las condiciones técnicas de la producción. Por el
contrario, la conclusión sólo puede ser que los cambios en la demanda no pueden
influir en la magnitud del valor de ningún modo, excepto modificando las
condiciones técnicas de producción en la rama considerada. Así, la proposición
básica de la teoría de Marx, según la cual los cambios en el valor están
determina dos exclusivamente por cambios en las condiciones técnicas, sigue
siendo válida. La demanda no puede influir sobre el valor directamente, sino
sólo de modo indirecto, o sea mediante cambios en el volumen de la producción,
y por ende, en sus condiciones técnicas. ¿Contradice está influencia indirecta
de la demanda sobre el valor la teoría de Marx? En modo alguno.
La teoría de Marx define la relación causal entre los cambios
en el valor y el desarrollo
de las fuerzas productivas. Pero el
desarrollo de las fuerzas
productivas, a su vez, está sujeto a la
influencia
de toda una serie de condiciones sociales, políticas
y hasta culturales (por ejemplo, Ja
influencia del alfabetismo y
la educación técnica sobre la productividad del
trabajo). ¿Acaso
263
el marxismo ha negado alguna vez que la política
aduanera o los cercamientos influyan en el desarrollo de las fuerzas pro
ductivas? Estos factores pueden indirectamente hasta provocar un cambio en el
valor de los productos. La prohibición de importar materias primas extranjeras
baratas y la necesidad de producirlas dentro del país con grandes gastos de
trabajo eleva el valor del producto procesado a partir de estas materias
primas. Los cercamientos que llevaron a los campesinos a tierras peores y más distantes
provocó un aumento en el precio del cereal. ¿Significa esto que los cambios en
el valor son provocados por los cercamientos o la política aduanera, y no por
los cambios en las condiciones técnicas de la producción? Por el contrario, de
esto concluimos que variadas condiciones económicas y so ciales, que incluyen
las variaciones en la demanda, pueden afectar al valor, no junto a las
condiciones técnicas de la pro ducción, sino solamente mediante cambios en las
condiciones técnicas de producción. Así, la técnica de la producción sigue
siendo el único factor que determina el valor. Marx consideró totalmente
posible tal electo indirecto de la demanda sobre el valor (mediante cambios en
las condiciones técnicas de pro ducción). En un pasaje se refirió a la
transferencia de mejores a peores condiciones de la producción que hemos
examinado.
“Puede conducir también en
tal o cual rama
de producción,
al aumento del propio valor comercial durante un
período más
o menos largo, al hacer que una parte de los
productos deman dados se produzcan durante este período en peores condicio
nes” (C., III, p. 194).15 Por otro lado, la caída de la demanda puede también
influir sobre la magnitud del valor de un pro ducto. “Si, por ejemplo,
disminuye la demanda y con ella el precio comercial, esto puede traer como
consecuencia la reti rada de capital, con la consiguiente baja de la oferta.
Pero puede conducir también al descenso del propio valor comercial por medio de
inventos que acorten, que reduzcan el tiempo de trabajo necesario” (C., III, p.
193). En este caso, “el precio de las mercancías habría modificado su valor, a
causa del efecto sobre la oferta, sobre los costos de producción” 16 Es sabido
que la introducción de nuevas técnicas de producción que dismi nuyen el valor
de los productos con frecuencia se realiza en condiciones de crisis y de
descenso de las ventas.
Nadie diría que en esos casos la caída del valor
obedece a la caída de la demanda, y no a la mejora en las condiciones técnicas
de producción. Y no podemos decir, por el ejemplo
264
citado antes, que el aumento del valor es el
resultado del aumento de la demanda y no del empeoramiento de las con diciones
técnicas medias de producción en la rama considerada. Examinemos la misma
cuestión desde otro ángulo. Los defen sores de la teoría de la demanda y la
oferta afirman que sólo la competencia, o el punto de intersección de las
curvas de la demanda y la oferta, determina el nivel de los precios. Los
defensores de la teoría del valor-trabajo afirman que el punto de intersección
y equilibrio de la oferta y la demanda no cam bia al azar, sino que fluctúa
alrededor de cierto nivel que está determinado por las condiciones técnicas de
producción. Exa minemos esta cuestión en el ejemplo que hemos utilizado.
El cuadro de la demanda muestra muchas
combinaciones posibles del volumen de la demanda y el precio; no nos da ninguna
indicación acerca de las combinaciones que pueden darse en la realidad. Ninguna
combinación tiene mayor proba bilidad que las otras. Pero tan pronto como
pasamos al cuadro de la oferta, podemos decir con confianza: la estructura
técnica de la rama de producción considerada y el nivel de producti vidad del
trabajo en ella están limitados de antemano a los extremos de las fluctuaciones
del valor entre 2 r. 75 k. y 3 r. 25 k. Sea cual fuere el volumen de la
demanda, la caída de los precios por debajo de 2 r. 75 k. hace desventajosa e
imposible la ampliación de la producción, dadas las mismas condiciones
técnicas. Pero un aumento del precio por encima de 3 r. 25 k. provoca un enorme
incremento de la oferta y un movimiento opuesto de los precios. Esto significa
que sólo tres combina ciones de la oferta, determinadas por las condiciones
técnicas de esas ramas de la producción pueden darse frente a la infi nidad de
demandas posibles. Los cambios posibles máximo y mínimo del valor se hallan
establecidos de antemano. Nuestra tarea principal, al analizar la oferta y la
demanda, consiste en hallar “los límites reguladores o las magnitudes límites” (Cv
III, p. 248).
Hasta ahora sólo conocemos los límites en los
cambios del valor, pero todavía no sabemos si será igual a 2 r. 75 k., o 3 r.
25 k. Los cambios en el volumen de la producción (100,000 arshins, 150.000
arshins o 200.000 arshins) y la extensión de la producción a empresas de menor
productividad modifican la magnitud media del trabajo socialmente necesario por
unidad de producto, esto es, modifican el valor (o el precio de produc
2 6 5
ción). Estos cambios se explican por las
condiciones técnicas de una rama determinada.
Entre los tres niveles posibles del valor, aquel
que tiene lugar en la realidad es el nivel en el cual el volumen de la oferta
iguala al volumen de la demanda (en el cuadro de la demanda número 1, ese valor
es de 3 rublos, y en el cuadro número 2, de
3 r. 25 k.).
En ambos casos, el valor corresponde totalmente a las condiciones técnicas de
producción. En el primer caso, la producción de 150.000 arshins se realiza en
empresas de elevada productividad. En el segundo caso, para producir 200.000
ar shins, también deben producir las empresas de baja producti vidad. Esto
aumenta los gastos medios de trabajo socialmente necesario, y por ende el
valor. Por consiguiente, llegamos a nuestra conclusión anterior, de que la
demanda puede influir indirectamente sólo sobre el volumen de la producción.
Pero puesto que un cambio en el volumen de la producción equivale a un cambio
en las condiciones técnicas medias de produc ción (dadas las propiedades
técnicas de la rama), esto con
duce al incremento del valor. En todos los casos,
los límites de las variaciones posibles del valor y la magnitud del valor
establecida en la realidad (obviamente, como centro de las fluctuaciones de los
precios comerciales) se hallan totalmente determinados por las condiciones
técnicas de producción. Sin hacer referencia a toda una serie de condiciones
que complican la cuestión ni a métodos indirectos, nuestro análisis (cuyo
objetivo es descubrir regularidades en el caos aparente del movimiento de los precios
y en la competencia, en lo que a primera vista son relaciones accidentales
entre la demanda y la oferta) nos ha conducido directamente al nivel de
desarrollo de las fuerzas productivas que, en la economía mercantil-capita
lista, es reflejado por la forma social específica del valor y por los cambios
en su magnitud.*17
4. L a E C U
A C IÓ N D E L A O
F E R T A Y L A D
E M A N D A
Después del análisis anterior, no nos resultará
difícil determinar el valor de acuerdo a la conocida “ecuación de la oferta y
la demanda”, en la cual la escuela matemática basa su teoría de los precios.
Esta escuela revive una vieja teoría de la oferta y la demanda que elimina sus
contradicciones lógicas internas
2(56
sobre una nueva base metodológica. Si la teoría
anterior soste nía que el precio está determinado por las relaciones entre la
demanda y la oferta, la moderna escuela matemática entiende rigurosamente que
el volumen de la demanda y la oferta de pende del precio. De este modo, la
afirmación de que existe una dependencia causal del precio con respecto a la
demanda y la oferta se convierte en un círculo vicioso. La teoría del
valor-trabajo elude este círculo vicioso; reconoce que, si bien el precio está
determinado por la oferta y la demanda, la ley del valor regula a su vez la
oferta. Esta varía en relación con el desarrollo de las fuerzas productivas y
los cambios en la can tidad de trabajo socialmente necesario. La escuela
matemática ha hallado una salida diferente de este círculo vicioso: esta
escuela renuncia a resolver la cuestión misma de la dependencia causal entre el
fenómeno de los precios y se limita a una formulación matemática de la
dependencia funcional entre el precio, por un lado, y el volumen de la demanda
y la oferta, por el otro. Esta teoría no se pregunta por qué cambian los
precios, sino que sólo muestra cómo se producen cambios si multáneos en el
precio y la demanda (o la oferta). La teoría ilustra esta dependencia funcional
entre los fenómenos con el diagrama 1.
Los segmentos que yacen a lo largo del eje
horizontal, 1, 2* 3, etc. (las coordenadas horizontales) indican el precio por
unidad de producto; 1 rublo, 2 r., 3 r., etc. Los segmentos que yacen sobre el
eje vertical (las coordenadas verticales) indican la cantidad de la demanda o
la oferta; por ejemplo, i significa 100.000 unidades, n significa 200.000 etc.
La curva de la demanda sigue una trayectoria
descendente; comienza muy alto a precios bajos; si el precio se acerca a cero,
la demanda es mayor que x, o sea, 1.000.000. Si el precio es de 10 rublos, la
demanda cae a cero. Para cada precio existe un volumen correspondiente de
demanda. Para conocer el volumen de la demanda, por ejemplo, cuando el precio
es de 2 rublos, debemos trazar una línea vertical hasta el punto donde corta a
la curva de la demanda. La ordenada será apro ximadamente iv, es decir, al precio
de 2 rublos la demanda será de 400.000. La curva de la oferta se desplaza en un
sentido inverso al de la curva de la demanda. Aumenta si aumentan los
precios. El punto de intersección de la curvas de
la demanda
y la oferta determina el precio de las mercancías.
Si hacemos
2 6 7
DIAGRAMA 1
X
I»
VBf
Vil
VI
V
IV
ni
H
i
una proyección vertical desde este punto, vemos que
el punto
está
aproximadamente en 3, es decir,
el precio es igual a 3.
El
valor de la coordenada
vertical es igual
aproximadamente
a ni, es decir, al precio de 3 rublos la demanda y
la oferta serán aproximadamente iguales a 300.000, o sea, la demanda y la
oferta se compensan, están en equilibrio. Esta es la igualación de la oferta y
la demanda que se efectúa en el caso dado de un precio de 3 rublos. Para
cualquier otro precio, el equilibrio es imposible. Si el precio es inferior a 3
rublos, la demanda será mayor que la oferta; si el precio es superior a 3
rublos, la oferta superará a la demanda.
Se
desprende del diagrama
que el precio está determinado
exclusivamente por el punto de intersección de las curvas
de
la demanda y la oferta. Puesto que este punto de
intersección
se desplaza con cada cambio en una de las curvas,
por ejemplo, en la curva de la demanda, parecería a primera vista que
263
el cambio en la demanda modifica el precio, aunque
no baya cambio en las condiciones de producción. Por ejemplo, en el caso de un
aumento de la demanda (la curva punteada del aumento en la demanda, en el
diagrama), la curva de la de manda cortará a la misma curva de la oferta en un
punto di ferente, un punto que corresponde al valor 5. Esto significa que en
caso del aumento indicado de la demanda, el equilibrio entre ésta y la oferta
se producirá al precio de 5 rublos. Pare cería que el precio no está determinado
por las condiciones de producción, sino exclusivamente por las curvas de la
demanda y la oferta. La variación en la demanda por si sola modifica el precio
identificado con el valor.
Tal conclusión es el resultado de una construcción
errónea de la curva de la oferta. Esta curva se construye según el modelo de la
curva de la demanda, pero en la dirección opuesta, partiendo del precio más
bajo. En realidad, los economistas matemáticos captan el hecho de que si el
precio es cercano a cero, no hay oferta de artículos. Por esta razón, hacen
partir la curva de la oferta, no de cero, sino de un precio que se acerca a 1,
en nuestro diagrama cercano a 2/3, o sea, a 66 2/3 kopecks. Si el precio es de
66 2/3, entonces la oferta se acerca al punto medio hacia 1, es decir, es igual
a 50.000; si el precio es de 3 rublos, la oferta es igual a m, o sea, 300.000.
Al precio de 10 rublos, la curva aumenta hasta aproximadamente vi-vn es decir,
es aproximadamente igual a 650.000 unidades. Tal cur va de la oferta es
posible si consideramos una situación de mercado en un momento determinado. Si
suponemos que el precio normal es de 3 rublos y el volumen normal de la oferta
de 300.000, es posible que si los precios caen catastróficamente hasta 66 2/3
kopecks, sólo un pequeño número de productores se verá realmente obligado a
vender artículos a un precio tan bajo, a saber, 50.000 unidades a ese precio.
Por otro lado, un aumento desusado de los precios al nivel de 10 rublos obliga
a los productores a entregar al mercado todas las reservas y a expandir
inmediatamente la producción, si ello es posible. Puede suceder, aunque no es
muy probable, que de este modo logren entregar al mercado 650.000 unidades de
bienes. Pero del pre cio accidental de un día pasamos al precio permanente,
estable, medio, que determina el volumen constante, medio y normal, de la
demanda y la oferta. Si queremos hallar una conexión funcional entre el nivel
medio de precios y el volumen medio de la demanda y la oferta en el diagrama,
inmediatamente ob
2 6 9
servaremos la construcción errónea de la curva de
la oferta. Si un volumen medio de la oferta de 300.000 corresponde a un precio
medio de 3 rublos, entonces la caída del precio a 66 2/3 kopecks, con la misma
técnica de producción, no dará como resultado una reducción de la oferta media
a 50.000, sino una total suspensión de la oferta y una transferencia de capital
de esa rama a otras ramas de la industria. Por otro lado, si el precio medio
(dadas condiciones constantes de la producción) aumenta de 3 rublos a 10, esto
provocaría una continua transferencia de capital de otra ramas, y el aumento
del volumen medio de la oferta no permanecería en 650.000, sino que aumentaría
mucho más allá de esta cifra. Teóricamente, la oferta aumen taría hasta que
esta rama devorase completamente a todas las otras ramas de la producción. En
la práctica, la cantidad ofrecida sería mayor que cualquier volumen de demanda,
y podríamos reconocerla como una magnitud ilimitada. Como podemos ver, algunos
casos de equilibrio entre la demanda y la oferta re presentados en nuestro
diagrama inevitablemente conducen a una destrucción entre el equilibrio de las
diversas ramas de la producción, es decir, a la transferencia de fuerzas
producti vas de una rama a la otra. Puesto que tal. transferencia modifica el
volumen de la oferta, también es cierto que esto da origen a una destrucción
del equilibrio entre la demanda y la oferta. Por consiguiente, el diagrama nos
brinda sólo un cuadro de un estado momentáneo del mercado, pero no nos muestra
un equi librio de largo alcance, estable, entre la demanda y la oferta,
que pueda ser teóricamente comprendida sólo como el
resultado del equilibrio entre las diversas ramas de la producción. Desde el
punto de vista del equilibrio en la distribución del trabajo social entre las
diversas ramas de la producción, la forma de la curva de la oferta debe ser en
un todo diferente de la que muestra el Diagrama 1.
Ante todo supongamos (como hicimos al comienzo de
este capítulo) que el precio de producción (o valor) por unidad de producto es
una magnitud determinada (por ejemplo, 3 rublos), independiente del volumen de
la producción si las con diciones técnicas son constantes. Esto significa que,
al precio de 3 rublos, se establece el equilibrio entre las ramas dadas de la
producción y otras ramas, y se interrumpe la transferencia de capital de una
rama a la otra. De esto se sigue que la caída del precio por debajo de 3 rublos
provocará una transferencia de capital de la esfera considerada y una tendencia
a la inte-
270
rrupcion total de la oferta de la mercancía
considerada. Pero el aumento del precio por encima de 3 rublos originará una
transferencia de capital desde otras esferas y una tendencia al aumento
ilimitado de ]a producción (podemos señalar que, como antes, no nos referimos a
un aumento temporario o una disminución temporaria del precio, sino a un nivel
constante, duradero, de los precios, y de un volumen medio duradero de la
oferta y la demanda). Así, si el precio es inferior a 3 rublos la oferta se
detendrá totalmente, y si el precio es superior a 3 rublos, la oferta puede ser
considerada como ilimitada con respecto a la demanda. No presentamos ninguna
curva de la oferta. El equilibrio entre la demanda y la oferta sólo puede
establecerse si el nivel de los precios coincide
con el valor (3 rublos). La magnitud del valor (3 rublos) determina el
volumen de la demanda efectiva para una mercancía
determi nada y el correspondiente volumen de la oferta (300.000 uni dades de
producto). El diagrama tiene la siguiente forma:
DIAGRAMA 2
Como podemos ver en este diagrama, las condiciones
técnicas
de producción
(o el trabajo socialmente necesario en un sen
tido técnico) determinan el valor, o el centro
alrededor del
cual fluctúan los precios medios
(en la economía
capitalista
tal centro no será el valor del
trabajo, sino más bien el precio
de producción). La coordenada vertical sólo puede
establecerse en relación a la cantidad 3, lo cual significa un valor de 3
rublos. Sin embargo, la curva de la demanda sólo determina el punto expresado
por la coordenada vertical, o sea el volumen de la demanda efectiva y el
volumen de la producción que, en el diagrama, se acerca a la cantidad m, es
decir, 300.000. Una variación en la curva de la demanda, por ejemplo, un
aumento de la demanda por una u otra razón, sólo puede incrementar el volumen
de la oferta (en el ejemplo dado, a vi, vale decir a 600.000, como puede verse
en la curva punteada del diagra ma), pero no incrementa el precio medio, que
sigue siendo, como antes, de 3 rublos. Este precio está determinado exclusi
vamente por la productividad del trabajo o por las condiciones técnicas de
producción.
Introduzcamos ahora (como hicimos antes) una
condición adicional. Supongamos que en la esfera considerada las em presas de
mayor productividad sólo pueden suministrar al mer
cado una
cantidad limitada de bienes; el resto de ellos debe
ser producido en empresas de productividad media e inferior.
Si el precio
de 2 r. 50 k. es el precio
de producción (o valor)
en las empresas de mayor productividad, el volumen
de la oferta será de 200.000 unidades; si el precio es de 3 rublos, la oferta
será 300.000, y a 3 r. 50 k., 400.000. Si el precio medio es inferior a 2 r. 50
k., se hará dominante una tendencia a in terrumpir la producción. Si el precio
medio es superior a 3 r. 50 k., dominará una tendencia hacia la expansión
ilimitada de la oferta. Debido a esto, las fluctuaciones de los precios me
dios están limitados de antemano por el mínimo de 2 r. 50 k. Tres niveles de
precios medios o valores son posibles dentro de esos límites: 2 r. 50 k., 3 r.
y 3 r. 50 k. Cada uno de ellos co rresponde a un determinado volumen de
producción (200.000, 300.000, y 400.000), y por ende a un nivel determinado de
la técnica productiva. El diagrama tiene la forma siguiente:
DIAGRAMA 3
1 2 3 4 5 é 7 8 910
Si en el Diagrama 2 la oferta de bienes (por parte
de los pro ductores) se realizaba al precio de tres rublos, ahora la oferta se
efectúa sólo si el precio llega a 2 r. 50 k. En este caso, la oferta es igual a
II, es decir, 200.000, (la cantidad sobre la ordenada que es una proyección de
la letra A). Si el precio es de 3 rublos, la oferta aumentará a m, es decir, a
300.000; en el diagrama esto corresponde a la letra C. Si el precio es igual a
3 r. 50 k. la oferta es igual a iv, o sea, 400.000 (corres ponde a la
coordenada vertical del punto B). La curva ACB es la curva de la oferta. El
punto de intersección de esta curva de la oferta con la curva de la demanda (en
el punto C) determina el volumen real de la oferta y el valor correspondiente o
centro de las fluctuaciones de los precios. En el ejemplo dado el precio se
establece a 3 rublos y el volumen de la producción es igual a III, o sea,
300.000. La producción se llevará a cabo en las empresas de productividad
superior y media. En tales
273
condiciones técnicas de producción, el valor y el
precio medio son iguales a 3 rublos. Si la curva de la demanda media se
desplaza ligeramente hacia abajo debido a una disminución permanente de la
demanda, encontrará a la curva de la oferta en el punto A; en este caso el
volumen medio de la oferta será igual a 200.000 unidades y la producción sólo
se realizará en las empresas de mayor productividad; el valor caerá a 2 r. 50
k. Si la curva de la demanda se desplaza ligeramente hacia arriba debido a un
aumento de la demanda, cortará a la curva de la oferta en el punto B, el
volumen medio de la producción será igual a iv, es decir, 400.000, y el valor
será de 3 r. 50 k. La velación entre las curvas de la demanda y la oferta que
fue formulada por la escuela matemática y que esta escuela repre senta en el
Diagrama 1, existe en realidad (si consideramos el precio medio y el volumen
medio de la demanda y la oferta) sólo dentro de los estrechos límites de las
fluctuaciones de los precios comprendidos entre 2 r. 50 k. y 3 r. 50 k., es
decir los límites que son establecidos totalmente por las técnicas pro
ductivas en empresas con diferentes niveles de productividad y por las
relaciones cuantitativas entre esas empresas, o sea, por el nivel medio de la
técnica en la rama considerada. Sólo dentro de esos estrechos límites la oferta
tiene la forma de una curva en ascenso. Todo punto de esa curva, entonces,
muestra la cantidad de la producción y su precio correspon diente. Sólo dentro
de tales límites estrechos los cambios en la curva de la demanda que desplazan
el punto de intersección de esta con la curva de la oferta (los puntos A, C o
B) modi fican el volumen de la producción. Tales cambios influyen en las
condiciones técnicas medias en las que se producen la masa total de productos,
y de este modo influyen en la magnitud del valor (2 r. 50 k., 3 r. 50 k.). Pero
tal influencia de la demanda sobre el valor sólo tiene lugar mediante cambios
en las con diciones técnicas de producción y se halla restringida a límites estrechos
que dependen de la estructura técnica de la rama considerada. Puesto que sólo
la demanda puede ir más allá de esos límites, su influencia directa sobre el
valor a través de la técnica de la producción) cesa. Supongamos, que la demanda
aumenta, como se ve en la línea punteada del diagrama en el Diagrama 1,
diseñado por los economistas matemáticos, tal aumento de la demanda conduce a
la intersección de la curva de la demanda con la curva de la oferta en un punto
que corresponde al precio de 5 rublos. Parecería que el aumento
274
de la demanda incrementa en forma directa el valor
de la mercancía. Sin embargo, en el diagrama 3, el precio medio no puede ser
mayor de 3 r. 50 k., puesto que tal aumento provo caría una tendencia a un
incremento ilimitado de la oferta
o sea, la oferta superaría en mucho a la demanda.
La curva de
la oferta no se extiende más allá de B. Así, la
curva de la demanda creciente no intersepta a la curva de la oferta,
inter-septa a la proyección que pasa por el punto B y que corres ponde al
precio medio máximo de 3 r. 50 k. Esto significa que si el volumen de la
producción aumenta a vil, es decir, a 700.000, debido al incremento de la
demanda, el valor y el precio medio seguirán siendo, como antes, de 3 r. 50k.
(más precisamente, el precio será ligeramente mayor que 3 r. 50 k. y tenderá a
ese valor desde arriba, puesto que según nuestra suposición, si el precio es de
3 r. 50 k., la cantidad de producción sólo será de 400.000). Así, las
diferencias entre el Diagrama 1 y el Diagrama
3 consisten en lo siguiente:
En el Diagrama 1 tenemos dos curvas (la demanda y
la oferta) que no están reguladas por las condiciones de la pro ducción. Su
intersección puede tener lugar en cualquier punto, dependiendo esto solamente
de la dirección de tales curvas; por consiguiente, el punto de intersección
puede establecerse por la competencia en cualquier nivel. Todo cambio en la
demanda
modifica directamente el precio, que es considerado
idéntico al valor.
En el Diagrama 3, la oferta no tiene de antemano la
forma
de una curva que permita un número infinito de
puntos de intersección, sino que tiene la forma de un corto segmento de recta
ACB que está determinado por las condiciones técnicas de producción. La
competencia está regulada de antemano por las condiciones de producción. Estas
condiciones establecen los límites de los cambios del valor o precios medios.
Por otra parte, el valor, que se hajla en cada caso establecido dentro de estos
límites, corresponde exactamente a las condiciones de producción que acompañan
al volumen dado de la producción. La demanda no puede influir sobre el valor
directamente y sin límite, sino sólo indirectamente, mediante cambios en las
con diciones técnicas de producción, y dentro de límites estrechos, que se
hallan también determinados por estas condiciones téc nicas, Por consiguiente,
la premisa básica de la teoría de Marx
275
conserva su validez: el valor y sus cambios están
determinados exclusivamente por el nivel y el desarrollo de la productividad
del trabajo, o por la cantidad de trabajo socialmente necesa rio para la
producción de una unidad del producto, en las condiciones técnicas medias.
XVIII. El
valor y el precio de producción
Después de finalizar su examen de las relaciones de
produc ción entre productores de mercancías (teoría del valor) y entre
capitalistas y obreros (teoría del capital), Marx pasa al análisis de las
relaciones de producción entre capitalistas industriales en las diferentes
ramas de la producción (teoría del precio de producción), en el tercer volumen
de El capital. La competen cia de capitales entre las diferentes esferas de la
producción lleva a la formación de una tasa de ganancia general, media, y a la
venta de las mercancías a precios de producción, que son iguales a los gastos
de producción más la ganancia media y, cuantitativamente, no coinciden con el
valor-trabajo de las mercancías. La magnitud de los gastos de producción y la
ganancia media, así como sus cambios, se explican por los cambios en la
productividad del trabajo y en el valor-trabajo de las mercancías; esto
significa que las leyes de los cambios en los precios de producción sólo pueden
ser comprendidas si partimos de la ley del valor-trabajo. Por otro lado, la
tasa media de ganancia y el precio de producción, que son reguladores de la
distribución del capital entre diversas ramas de la produc ción, regulan
indirectamente (mediante la distribución de ca pitales) la distribución del
trabajo social entre las diferentes ramas de la producción. La economía
capitalista es un sistema de capitales distribuidos que se halla en equilibrio
dinámico, pero esta economía no deja de ser un sistema de trabajo dis tribuido
que está en un equilibrio dinámico, como sucede con toda economía basada en la
división del trabajo. Sólo es nece sario ver debajo del proceso visible de
distribución de capitales el proceso invisible de distribución del trabajo.
Marx logró mostrar claramente la relación entre esos dos procesos expli cando
el concepto que sirve como eslabón entre ellos, a saber, el concepto de
composición orgánica del capital. Si conocemos la distribución de un capital
determinado en capital constante
277
y capital variable y la tasa de la plusvalía,
podemos determinar fácilmente la cantidad de trabajo que ese capital pone en
acción y podemos pasar de la distribución del capital a la distribución del
trabajo. Así, si en el tercer volumen de El capital Marx
brinda la teoría del precio de
producción como regulador de
la distribución del
capital, esta teoría se halla
vinculada con
la del valor de dos maneras: por un lado se deriva
el precio de producción del valor-trabajo; por el otro, la distribución del
capital conduce a la distribución del trabajo social. En lugar del esquema de
una economía mercantil simple: productividad del trabajo-trabajo
abstracto-valor-distribución del trabajo so cial,, para una economía
capitalista obtenemos un esquema más completo: productividad del
trabajo-trabajo abstracto-valor-precio de producción-distribución del
capital-distribución del trabajo social. La teoría de Marx sobre el precio de
producción no contradice la teoría del valor-trabajo; se basa en ella y la
incluye como una de sus componentes. Esto se hace evidente si recordamos que la
teoría del valor-trabajo sólo analiza un tipo de relación de producción entre
los hombres (entre pro ductores de mercancías). Pero la teoría del precio de
produc ción supone la existencia de los tres tipos básicos de relaciones de
producción entre personas en la sociedad capitalista (rela ciones entre productores
de mercancías, relaciones entre capi talistas y obreros, y relaciones entre
grupos particulares de ca pitalistas industríales). Si limitamos la economía
capitalista a estos tres tipos de relaciones de producción, entonces esta
economía es similar a un espacio de tres dimensiones en el cual es posible
determinar una posición sólo en términos de tres dimensiones o tres planos.
Puesto que un espacio tridi mensional no puede ser reducido a un plano,
tampoco la teo ría de la economía capitalista puede ser reducida a una teoría,
la teoría del valor-trabajo. Así como en el espacio tridimen sional es
necesario determinar la distancia de cada punto con respecto a tres planos, así
también la teoría de la economía capitalista presupone la teoría de las relaciones
de producción entre productores de mercancías, es decir, la teoría del
valor-trabajo. Los críticos de la teoría de Marx que ven una contra dicción
entre la teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción no
comprenden el método de Marx. Este método consiste en un análisis coherente de
diversos tipos de relaciones de producción entre los hombres, o, por así decir,
de diversas dimensiones sociales.
278
1. D
ISTRIBUCIÓN Y EQUILIBRIO DEL CAPITAL
Como hemos visto, Marx analizó los cambios en el
valor de las mercancías relacionándolos estrechamente con la actividad la
boral de los productores de mercancías. El intercambio de dos productos del
trabajo a su valor-trabajo significa que existe equilibrio entre dos ramas de
la producción. Los cambios en el valor-trabajo de un producto destruyen este
equilibrio del trabajo y provocan una transferencia del mismo de una rama de la
producción a otra, efectuando una redistribución de las fuerzas productivas en
la economía social. Los cambios en el poder productivo del trabajo originan
aumentos o disminucio nes en la cantidad de trabajo necesario para la
producción de determinados artículos, provocando aumentos o disminuciones
correspondientes en los valores de las mercancías. Los cambios en el valor, a
su vez, dan origen a una nueva distribución del trabajo entre la rama
productiva considerada y otras ramas. La productividad del trabajo influye
sobre la distribución del trabajo social mediante el valor-trabajo.
Esta relación causal más o menos directa entre el
valor-trabajo de los productos y la distribución del trabajo social supone que
los cambios en el valor trabajo de los productos afectan directamente a los
productores, o sea a los organizado res de la producción, provocando su
transferencia de una rama a otra, y, por consiguiente la redistribución del
trabajo. En otras palabras, se supone que el organizador de la produc ción es
un productor directo, un trabajador, y al mismo tiempo el propietario de los medios
de producción, por ejemplo, un artesano o un campesino. Este pequeño productor
trata de dirigir su trabajo hacia aquellas esferas de la producción en que la
cantidad dada de trabajo le rinde un producto que es altamente valorado en el
mercado. El resultado de la distri bución del trabajo social entre las
diferentes ramas de la produc ción es que una cantidad determinada de trabajo
de igual intensidad, calificación, etc., rinde un valor de mercado apro
ximadamente igual a los productores de todas las ramas de la producción. Al
empeñar su trabajo vivo en la producción de zapatos o de trabas, el artesano al
mismo tiempo empeña trabajo pasado, acumulado, es decir, instrumentos y
materiales de trabajo (o medios de producción, en el sentido amplio de estos
términos) que son necesarios para la producción en su
2 7 9
actividad. Esos medios de producción habitualmente
no son muy complicados, su valor es relativamente insignificante y, así, no
conducen naturalmente a diferencias significativas entre es feras individuales
de la producción artesanal. La distribución del trabajo (trabajo vivo) entre
ramas particulares de la pro ducción va acompañada de la distribución de los
medios de producción (trabajo acumulado) entre esas ramas. La distri bución
del trabajo, que se regula por la ley-trabajo, tiene un carácter primario,
básico; la distribución de los instrumentos de trabajo tiene un caracter
secundario, derivado.
La distribución del trabajo es completamente
diferente en una economía capitalista. Puesto que los organizadores de la
producción son en este caso capitalistas industriales, la expan sión o
contracción de la producción, vale decir, la distribución de las fuerzas
productivas, depende de ellos. Los capitalistas
invierten
sus capitales en la
esfera de la
producción que es
más provechosa.
La transferencia de
capital a una
esfera de
la
producción crea una
mayor demanda de
trabajo en esa
rama y, por consiguiente, un
aumento de los
salarios. Esto
atrae mano de obra, trabajo vivo, a esa rama.1 La
distribución de las fuerzas productivas entre esferas particulares de la eco
nomía social adopta la forma de una distribución de capitales entre esas
esferas. Esta distribución de capitales, a su vez, lle va a una distribución
correspondiente del trabajo vivo, o fuerza de trabajo. Si en un país
determinado observamos un aumento del capital invertido en la minería del
carbón y un incremen
to del número de obreros empleados en ella, podemos
pregun
tarnos cuál de estos eventos es la causa del otro.
Obviamente
nadie discrepará en cuanto a la respuesta: la transferencia de
capital conduce a la transferencia de fuerza
de trabajo, no a
la inversa. En la sociedad capitalista la
distribución del trabajo
está
regulada por la
distribución del capital.
Así, si nuestro
objetivo es (como antes) analizar las leyes de la
distribución del trabajo social en la economía social, debemos seguir un camino
indirecto y proceder a un análisis preliminar de las leyes de distribución del
capital.
El productor simple de mercancías gasta su trabajo
en la producción y trata de obtener un valor comercial que sea proporcional al
trabajo que ha gastado en su producto. Este valor comercial debe ser adecuado
para la subsistencia de él y de su familia y para la continuación de la
producción al volumen anterior, o a un volumen ligeramente mayor. Pero el
280
capitalista gasta su capital en la producción,
trata de obtener un capital que sea mayor que su capital original. Marx formuló
esta diferencia en las conocidas fórmulas de la economía mer cantil simple,
M-D-M-(mercancía-dinero-mercancía), y la eco nomía capitalista, D-M -D+a (
dinero-mercancía-dinero aumen tado). Si analizamos esta breve fórmula,
observaremos dife rencias técnicas (pequeña producción y producción en gran
escala) y diferencias sociales (cual es la clase social que orga niza la producción)
entre la economía mercantil simple y la economía capitalista. Observaremos
diferencias en los motivos de los productores (el artesano trata de asegurarse
la subsis tencia, mientras que el capitalista trata de incrementar el valor)
como resultado del carácter diferente de la producción y de la posición social
diferente del productor.
“El contenido subjetivo de este proceso de
circulación —la valorización del valor— es su fin subjetivo'" (C., I. p.
109). El capitalista dirige su capital hacia una u otra esfera de la pro
ducción según la medida en que el capital invertido en dicha esfera aumente. La
distribución del capital entre esferas dife rentes de la producción depende de
la tasa de aumento del capital en ellas.
La tasa de aumento del capital está determinada por
la relación entre d, el incremento del capital, y D, el capital in vertido. En
la economía mercantil simple, el valor de las mer
cancías se expresa en
la fórmula: M = c + ( v - f p)*2 El arte
sano sustrae el valor de los medios de producción que usó, o
sea c, del valor del producto
acabado, y el resto (v-f~p)> que
agregó mediante su trabajo, lo gasta parcialmente
en artículos para la subsistencia propia y de su familia (v), y lo que queda
representa un fondo para la expansión del consumo o la pro
ducción
(p). El mismo valor del producto tiene
la forma
M = ( c - f v) + p, para el capitalista.
El capitalista sustrae
( c - f - v ) = k
del capital invertido, o los gastos de producción,
del valor de la mercancía, lo gaste en la compra de
medios de
producción (c) o en
la fuerza de trabajo (v). Considera al
resto, p, como su ganancia.3
Por consiguiente, c - f v = k,
y
p = g. La fórmula M
= c - f - (v-J-p) se transforma en la fór
mula M = k -f- g, es decir, “el valor de la mercancía = precio
de costo -f- la ganancia” (C., III, p. 53)
Pero el capitalista no
está interesado en
la cantidad absoluta
de la ganancia
sino
en la relación entre la ganancia y el capital
invertido, o sea,
en la tasa de
ganancia p’ =g,/k. La tasa de ganancia expresa
281
"el grado de valorización de todo el capital
desembolsado” (C., III, p. 61). Nuestra anterior afirmación de que la distri
bución del capital depende de su tasa de aumento en diversas esferas de la
producción significa que la tasa de ganancia se
convierte en el regulador de la distribución del
capital.
La transferencia de capital de ramas de la
producción con bajas tasas de ganancia a ramas con elevadas tasas de ganan
cia, crea una tendencia hacia la igualación de las tasas de ganancia en todas
las ramas de la producción, una tendencia hacia el establecimiento de una tasa
general de ganancia. Obviamente, esa tendencia nunca se realiza de manera tota]
en una economía capitalista desorganizada, puesto que en ésta el equilibrio
completo entre las diversas esferas de la produc ción no existe. Pero esta ausencia
de equilibrio, que va acompa
ñada por diferencias en las tasas de ganancia,
provoca la transferencia de capitales. Dicha transferencia tiende a igualar las
tasas de ganancia y a establecer el equilibrio entre las dife rentes ramas de
la producción. Esta "nivelación constante de las constantes desigualdades”
(C., III, p. 198) provoca la lucha
del
capital por una
mayor tasa de ganancia.
En la produc
ción capitalista “se trata de sacar del capital
invertido en la producción la misma plusvalía o la misma ganancia que cualquier
otro capital de la misma magnitud o en proporción a su magnitud, cualquiera que
sea la rama de producción en que se invierta... Bajo esta forma, el capital
cobra conciencia de sí mismo como una potencia social en la que cada
capitalista toma parte en su producción a la participación que le corres ponde
dentro del capital total de la sociedad” (C., III, pp. 197-198). Con el fin de establecer
tal tasa genera] media de ganancia, es necesaria la competencia entre los
capitalistas empeñados en diferentes ramas de la producción. También es
necesaria la posi bilidad de transferir el capital de una rama a otra, pues de
no ser así, podrían establecerse diversas tasas de ganancia en dife rentes
ramas de la producción. Si es posible tal competencia de capitales, el
equilibrio entre las diferentes ramas de la pro ducción sólo puede suponerse
teóricamente en el caso que las tasas de ganancia existentes en esas ramas sean
aproximada mente iguales. Los capitalistas que trabajan en condiciones me
dias, socialmente necesarias, en esas ramas productivas, obtendrán la tasa
general media de ganancia.
Los capitales de valor igual invertidos en
diferentes esferas de la producción rinden la misma ganancia. Los capitales que
2 8 2
difieren en su monto rinden ganancias
proporcionales a su magnitud. Si los capitales K y Ki rinden las ganancias G y
Gi, entonces
G G1
K KÍ S
donde g' es la tasa general media de ganancia. Pero
¿de dónde obtiene el capitalista su ganancia? Del precio de venta de su
mercancía. La ganancia del capitalista, g', es el excedente: el precio de venta
de la mercancía menos los costos de producción. Así, los precios de venta de
diferentes mercancías deben esta blecerse en un nivel para el cual' los
capitalistas, los productores de esas mercancías, reciban un excedente sobre el
precio de venta, un beneficio que sea proporcional a la magnitud del capital invertido,
después de reembolsar o pagar los gasto de pro ducción. El precio de venta de
los artículos, que incluye los gastos de producción y rinde una ganancia media
sobre el capital total invertido, recibe el nombre de precio de producción. En
otras palabras el precio de producción es el precio de las mer cancías al cual
los capitalistas obtienen una ganancia media sobre su capital invertido. Puesto
que el equilibrio entre las diferentes ramas de la producción presupone, como
hemos visto, que los capitalistas de todas las ramas de la producción reciban
una ganancia media, el equilibrio entre las diferentes esferas de la producción
presupone que los productos se venden a los precios de producción. El precio de
producción corresponde al equilibrio de la economía capitalista. Es un nivel
medio, teóri camente definido, de precios, dados los cuales la transferencia
de capital de una rama a la otra no ocurre. Sí el valor-trabajo corresponde al
equilibrio del trabajo entre las diferentes esferas de la producción, el precio
de producción corresponde al equi librio del capital invertido en las
diferentes esferas. El precio de producción es “lo que condiciona la oferta, la
reproducción de las mercancías de toda esfera especial de producción’* (C.,
III, p. 200), es decir, la condición de equilibrio entre las diferentes esferas
de la economía capitalista.
No debe confundirse el precio de producción con el
precio comercia], que fluctúa constantemente por encima y por debajo de él, a
veces superando al precio de producción, y a veces cayendo por debajo de él. El
precio de producción es un centro teóricamente definido de equilibrio, un
regulador de las constantes fluctuaciones de los precios comerciales. En las
condi-
2 8 3
dones de una economía capitalista el precio de
producción desempeña la misma función social que el precio comercial
determinado por los gastos de trabajo desempeña en las condi ciones de la
producción mercantil simple. Tanto el primero como el segundo son "precios
de equilibrio” pero el valor-trabajo corresponde a un estado de equilibrio en
la distribución del trabajo entre las diversas ramas de la economía mercantil
simple, y el precio de producción corresponde al estado de equilibrio en la
distribución de capitales entre las diferentes ramas de la economía
capitalista. Esta distribución del capital señala, a su vez, cierta
distribución del trabajo. Podemos ver que la compe tencia conduce al
establecimiento de un nivel diferente de precios de las mercancías en
diferentes formas sociales de la economía. Como dice Hilferding muy
acertadamente, la compe tencia sólo puede explicar la "tendencia al
establecimiento de la igualdad en las relaciones económicas” para los
productores individuales de mercancías. Pero, ¿en qué consiste la igualdad de
esas relaciones individuales? La igualdad depende de la estructura social
objetiva de la economía social. En un caso, será una igualdad del trabajo; en
otro, una igualdad del capital.
Como hemos visto, el precio de producción es igual
a los costos de producción más la ganancia media sobre el capital invertido.
Conocida la tasa media de ganancia, no es difícil calcular el precio de
producción. Supongamos que el capital invertido es 100, y la tasa media de
ganancia del 22%. Si el capital invertido se amortiza durante un año, entonces
el precio de producción será igual a todo el capital. El precio de pro ducción
es igual a 100 -f- 22 = 122. El cálculo es más complejo si sólo una parte del capital
fijo invertido es consumido durante el año. Si el capital de 100 consiste en 20
v y 80 c, de lo cual sólo 50 c se consumen durante el año, entonces los costos
de
producción son iguales a 50 c 20 v = 70. A esta suma se le
agrega el 22
%. Este
porcentaje no se calcula sobre
la base
de los costos de producción, 70, sino del capital total
invertido,
100. Así,
el precio de producción es 70 + 22 = 92 (C., III, pp.155 -156). Si del mismo
capital constante de 80 c, sólo 30 c son gastados durante el año, entonces los
costos de producción serían 30 c + 20 v = 50. A esta suma, igual que antes, se
le agrega la ganancia del 22 %. El precio de producción de la mer cancía es
igual a los costos de producción más la ganancia media de todo el capital
invertido.
2 8 4
2. D IS T R IB U C IÓ N D E L
C A P IT A L y D IS T R IB U C IÓ
N D E L
T R A B A J O
Para simplificar
nuestros cálculos, supondremos que
el capital
total invertido
se gasta durante el año, es decir, que
los gastos
de producción son iguales al capital invertido. Si
se producen
dos mercancías mediante los capitales K y Ki,
entonces el precio
de producción
de la primera mercancía es igual a K + g'K,
y el de la
segunda, Ki + g'Ki.4 Los
precios de producción
de las dos mercancías se relacionan entre sí del
siguiente modo:
K + g'K K
( l + g') K
Kx + g'Kx” K
x í l + gO ^ KÍ
Los precios de producción de las mercancías son
proporcionales a los capitales con los que se producen las mercancías. Éstas
tienen el mismo precio de producción si son producidas con los mismos
capitales. La igualación en el mercado de dos mercancías que se producen en
ramas diferentes de la producción supone la igualdad de los dos capitales.
La igualación en el mercado de mercancías
producidas con capitales iguales indica una igualación de las mercancías pro
ducidas con cantidades desiguales de trabajo. Capitales iguales con diferentes
composiciones orgánicas aplican diferentes can tidades de trabajo. Supongamos
que un capital de 100 consiste en 70 c y 30 v. Otro capital de 100 consiste en
90 c y 10 v. Si la tasa de plusvalía es de 100 %, el trabajo vivo de los
obreros es dos veces mayor que el trabajo pagado expresado por el capital variable
(es decir, el salario). Así, 70 unidades de trabajo acumulado y 60 unidades de
trabajo vivo se gastan en la producción de la primera mercancía, un tota] de
130; 90 unidades de trabajo acumulado y 20 unidades de trabajo vivo se gastan
en la producción de la segunda, un total de 110. Puesto que ambas mercancías
fueron producidas por capitales iguales, ellas son igualadas en el mercado
independientemente del hecho de que fueron producidas mediante cantidades
desiguales de tra bajo. La igualdad de los capitales supone la desigualdad del
trabajo.
La divergencia entre la magnitud de los capitales y
la can tidad de trabajo también obedece a diferencias en el período de
rotación de la parte variable del capital. Suponemos que la composición
orgánica de ambos capitales es igual: o sea, de
2 8 5
80 c + 20 v. Pero la parte variable del primer
capital circula una vez al año, y la del segundo tres veces, es decir, cada
tercio de un año el capitalista paga a sus obreros 20 v. La suma de los
salarios pagados a los obreros durante el año es igual a 60. Es obvio que los
gastos de trabajo para la primera mercancía son de 80 -f- 40 « 120, y para la
segunda mercancía 80 -f-120 =
« 2 0 0 . Pero
puesto que los capitales invertidos, a pesar de las diferencias en el período
de rotación, son 100 en ambos casos, las mercancías son igualadas entre sí
aunque sean producidas por cantidades desiguales de trabajo. Es necesario
mencionar que "la diferencia en cuanto al período de rotación sólo tiene
impor tancia de por sí en cuanto afecta a la masa de ganancia que el mismo
capital puede apropiarse y realizar en un tiempo deter minado” (C., III, p.
159), vale decir, si estamos considerando la diferencia en el período de
rotación del capital variable. Los fenómenos mencionados, a saber, las
diferencias en la composición orgánica del capital en el período de rotación,
pueden en último análisis reducirse al hecho de que la magnitud del capital en
sí misma no puede servir de indicadora de la cantidad de trabajo vivo que
activa, puesto que esta depende:
1) de
la magnitud del capital variable, y 2) del número de rotaciones.
Por consiguiente, llegamos a una conclusión que a
primera vísta contradice la teoría del valor-trabajo. Partiendo de la ley
clásica del equilibrio de la economía capitalista, o sea de tasas iguales de
ganancia para todas las ramas de la producción, de la venta de las mercancías a
los precios de producción que contienen tasas de ganancia iguales, llegamos a
los siguientes
resultados. Capitales iguales activan desiguales
cantidades de trabajo. Precios de producción iguales corresponden a
valores-trabajo desiguales. En la teoría del valor-trabajo los elementos
básicos de nuestro razonamiento eran el valor-trabajo de las mercancías como
función de la productividad del trabajo, y la distribución del trabajo entre
diferentes esferas de la producción en un estado de equilibrio. Pero el precio
de producción no coincide con el valor-trabajo, ni la distribución del capital
coin cide con la distribución del trabajo. ¿Significa esto que los elementos
básicos de la teoría del valor-trabajo son totalmente supérfluos para analizar
la economía capitalista, que debemos des echar este innecesario lastre teórico
y concentrar nuestra atención exclusivamente en el precio de producción y en la
distribución del capital? Trataremos de demostrar que el análisis de los
precios
286
de producción y la distribución del capital
presupone, a su vez, el valor-trabajo, que estos eslabones centrales de la
teoría de la economía capitalista no excluyen los eslabones de la teoría del
valor-trabajo que consideramos antes. Por el contrario, en nues tro análisis
posterior mostraremos que el precio de producción y la distribución de
capitales conduce al valor-trabajo y a la distribución del trabajo y están
incluidos, paralelamente a ellos en una teoría general del equilibrio de la
economía capitalista. Debemos construir un puente que vaya de la distribución
de capitales a la distribución del trabajo, y del precio de producción al
valor-trabajo. Abordemos ante todo la primera mitad de esta tarea.
Hemos visto que la distribución de capitales no
coincide con la distribución del trabajo, que la igualdad de los capitales
supone una desigualdad en el trabajo. Si un capital de 100, gastado en
determinada rama de la producción es igualado, a través del cambio de las
mercancías en el mercado, con un capital de 100 gastado en cualquier otra rama
de la producción, si existen diferencias en la composición orgánica de esos
capitales, esto significará que la cantidad dada de trabajo gastado en la
primera rama será igualado con otra cantidad de trabajo gastado en la segunda
rama, pero que no es igual a la primera cantidad. Ahora bien, aún debemos
determinar precisamente qué canti dades de trabajo gastadas en diferentes
esferas de la producción son iguales entre sí. Aunque la magnitud de los
capitales no coincide cuantitativamente con las cantidades de trabajo que
activan, esto no significa que no haya una estrecha conexión entre esos
capitales y el trabajo. Esta conexión puede observarse si conocemos la composición
orgánica de los capitales. Si el primer capital consiste en 80 c - f 20 v, y el
segundo en 70 c - f 30 v, y si la tasa de plusvalia es del 100 %, entonces el
primer capital activa 40 unidades de trabajo vivo y la segunda 60. A la tasa
dada de plusvalía “una cierta cantidad de capital variable expresa una cierta
cantidad de fuerza de trabajo puesta en movimiento y, por tanto, una
determinada cantidad de trabajo que se materializa” (C., III, p. 157). El
capital variable sirve, pues (como ocurre siempre, cuando se parte de un
salario dado), de índice de la masa de trabajo puesto en acción por un
determinado capital-dinero” (Ibíd.). Así, sabemos que, en la pri mera esfera
de la producción, la cantidad total de trabajo gastado es de 120 (80 acumulado
y 40 vivo), y en la segunda, de 130 (70 acumulado y 60 vivo). Partiendo de una
distribución de
287
capitales de determinadas esferas de la producción
(100 en cada una), hemos llegado, a través de la composición orgánica de]
capital, a la distribución del trabajo social entre esas esferas (120 en la
primera y 130 en la segunda). Sabemos que la can tidad de trabajo de 120
gastada en la primera rama es igualada con una masa de trabajo de 130 gastada
en la segunda esfera. La economía capitalista establece el equilibrio entre
cantidades desiguales de trabajo cuando están activadas por capitales iguales. Mediante
las leyes del equilibrio de los capitales, hemos llegado al equilibrio en la
distribución del trabajo. En realidad, en las condiciones de la producción
mercantil simple, se establece el equilibrio entre cantidades iguales de
trabajo, y en las condi ciones de una economía capitalista entre cantidades
desiguales. Pero la tarea del análisis científico consiste en formular clara
mente las leyes del equilibrio y la distribución del trabajo cual quiera que
sea la forma que adopte esa fórmula. Si consideramos un esquema simple de
distribución del trabajo, que está deter minado por el valor-trabajo (el cual
a su vez depende de la producitividad del trabajo), entonces obtenemos la
fórmula de las cantidades iguales de trabajo. Si suponemos que la distri bución
del trabajo está determinada por la distribución del capital, que adquiere
significado como eslabón intermedio
en la cadena
causal, entonces la
fórmula de la
distribución
del trabajo depende de la fórmula de la
distribución de capi tales: masas desiguales de trabajo que son activadas por
capitales iguales se igualan entre sí. El objeto de nuestro análisis sigue
siendo, como antes, el equilibrio y la distribución del trabajo social. En la
economía capitalista, esta distribución se realiza mediante la distribución de
capitales. Esta es la razón de que la fórmula para el equilibrio del trabajo
sea más compleja que en el caso de la economía mercantil simple; se la deriva
de la fórmula para el equilibrio de capitales.
Como hemos visto, la igualación de las cosas en el
mercado se halla estrechamente conectada con la igualación del trabajo también
en una sociedad capitalista. Si se igualan en el mercado productos de dos
ramas, y si son producidos con cantidades iguales de capital y con el gasto de
masas desiguales de trabajo, esto significa que en el proceso de distribución
del trabajo social entre las diferentes ramas, masas desiguales de trabajo
activadas
por capitales iguales son igualadas entre sí. Marx
no se limitó
a señalar la
desigualdad del valor-trabajo
de dos mercancías
con iguales precios de producción: nos brindó una
fórmula teó
288
rica para la desviación del precio de producción
con respecto al valor-trabajo. Tampoco se limitó a afirmar que en la economía
capitalista masas desiguales de trabajo gastadas en esferas dife rentes son
igualadas entre sí: también nos brindó una fórmula teórica para la desviación
de la distribución del trabajo con respecto a la distribución de capitales,
esto es, estableció una relación entre ambos procesos mediante el concepto de
compo sición orgánica del capital.
Para ejemplificar lo que hemos esbozado podemos
citar la primera mitad del cuadro que introduce Marx en el tomo III, de El
capital (hemos cambiado algunos de los encabezamientos). “Tomemos cinco esferas
de producción distintas, asignando una composición orgánica distinta a cada uno
de los capitales in vertidos en ellas” (C., III, p. 161). La suma total del
capital social es igual a 500,'y la tasa de la plusvalía es del 100 %.
Distribución Composición
orgánica Distribución
de capitales del capital del trabajo
I. 100 80 c
-f 20 v 120
II. 100 70 c
-f 30 v 130
III. 100 60 c
+ 40 v 140
IV. 100 85 c
-f 15 v 115
V. 100 95 c
-f 5 v 105
Hemos llamado a la tercer columna
"distribución del trabajo”. Esta columna muestra la cantidad de trabajo
gastada en cada esfera. Marx llamó a esta columna “valor del producto”, porque
el valor-trabajo del producto total de cada esfera de la producción está
determinado por la cantidad de trabajo gastado en cada esfera. Los críticos de
la teoría de Marx sostienen que ese título, “valor del producto”, es ficticio,
artificialmente constituido y teóricamente superfluo. No toman en cuenta que
esta columna no sólo muestra el valor-trabajo de las diferentes ramas de la
producción, sino también la distribución del trabajo social entre las
diferentes ramas de la producción, es decir, un fenómeno que existe
objetivamente y tiene una significación fundamenta] para la teoría económica.
El rechazo de esa columna equivale al rechazo de la teoría económica, que
analiza la actividad laboral de la sociedad. El cuadro muestra claramente que
Marx trazó un puente entre la distribución del capital, mediante su composición
orgánica, y la distribución del trabajo social.5 Así,
289
la cadena causal de conexiones se hace más profunda
y adquiere la forma siguiente: precio de producción-distribución de capi
tales-distribución del trabajo social Ahora debemos pasar al aná lisis del
primer eslabón de esta cadena, el precio de producción, y discernir si ese
eslabón no presupone otro, más elemental.
3. E l P R E C IO D
E P R O D U C C IÓ N
Antes llegamos al siguiente esquema de relaciones
causales: precio de producción-distribución de capitales-distribución del
trabajo. El punto de partida de este esquema es el precio de producción.
¿Debemos conformamos en nuestro análisis con par tir del precio de producción
o debemos llevar dicho análisis más adelante? ¿Qué es el precio de producción?
Los costos de pro ducción más la ganancia media. ¿En qué consisten los costos
de producción? Consisten en el valor del capital constante y el capital variable
gastado en la producción. Demos un paso más y preguntemos: ¿A qué es igual el
valor del capital constante y del capital variable? Dicho valor es obviamente
igual al de Jas mercancías que son sus componentes (o sea, máquinas, materias
primas, bienes de subsistencia, etc.). De este modo, toda nuestra argumentación
se desarrolla en un círculo vicioso: se explica el valor de las mercancías por
el precio de producción, esto es, los costos de producción, o valor del
capital, y éste, a su vez, es reducido al valor de las mercancías. “Determinar
el valor de las mercancías por el valor de los capitales es lo mismo que deter
minar el valor de las mercancías por el valor de las mercancías” (Theorien über
den Mehrwerty III, p. 82).
Para evitar que el precio de producción se
convierta en un círculo vicioso debemos hallar aquellas condiciones que
originan cambios en los precios de producción y en las tasas medias de
ganancia* Comenzaremos con los costos de producción. Si la tasa media de
ganancia no cambia, entonces los precios de producción de las mercancías
cambian cuando cambian los costos de pro ducción. Los costos de producción de
determinadas mercancías cambian en los casos siguientes: 1) cuando la cantidad
relativa de medios de producción y el trabajo necesario para la producción
cambia, o sea, cuando cambia la productividad del trabajo en la esfera
considerada de la producción, dados precios constan tes; 2) cuando los precios
de los medios de producción cambian;
290
esto presupone cambios en la productividad del
trabajo en las ramas que producen esos medios de producción (si permanecen
constantes las cantidades relativas de bienes de producción y fuerza de
trabajo). En ambos casos los costos de producción varían en relación con los
cambios en la productividad del trabajo y, por consiguiente, en relación con
los cambios en el valor-trabajo. “Permaneciendo inalterable la cuota general de
la ga nancia, el precio de producción de una mercancía sólo puede variar
porque varíe su propio valor; porque se necesita una cantidad mayor o menor de
trabajo para reproducir esta mer cancía, bien porque cambie la productividad
del trabajo que produce la mercancía en su forma definida, bien porque sufra
alteración la del trabajo productor de aquellas que contribuyen a su
producción. El precio de producción de los hilados de algodón, por ejemplo,
puede descender, bien porque el algodón en bruto se produzca más barato, bien
porque el trabajo del hilado sea ahora más productivo por efecto de la
introducción de maquinaria más perfecta” (C., III, pp. 207-208; ver también p.
108). Es necesario señalar que los precios de producción expresados en forma
cuantitativa no coinciden exactamente con el valor-trabajo de las mercancías
que los constituyen. “Como el precio de producción puede diferir del valor de
la mercancía, puede ocurrir que el precio de costo de una mercancía en que vaya
incluido el precio de producción de otra mercancía sea superior o inferior a la
parte de su valor total formada por el valor de los medios de producción
empleados para producirla” (C.y III, p. 170). Podemos ver que esta
circunstancia, a la cual Tugán-Baranovski asignó tanta importancia en su
crítica de la teoría de Marx, era bien conocida por éste. Marx hasta previno
“que cuando en una esfera especial de la producción el precio de costo de la
mercancía se equipara al valor de los medios de producción empleados para
producirla, cabe siempre la posibi lidad de error” (C., III, p. 170). Pero
esta desviación en modo alguno entra en conflicto con el hecho de que los
cambios en el valor del trabajo causados por los cambios en la produc tividad
del trabajo provocan cambios en los costos de producción y, por ende, en los
precios de producción. Esto es precisamente lo que se debía probar. El hecho de
que las expresiones cuan titativas de diferentes series de fenómenos diverjan
no elimina la existencia de una relación causal entre ellas, ni autoriza a
negar que los cambios en una de las series de fenómenos depan-
2 9 1
dan de cambios en la otra. Nuestra tarea sólo
estará completada si podemos establecer las leyes de esa dependencia.
La segunda parte del precio de producción, además
de los costos de producción, es la ganancia media, esto es, la tasa media de
ganancia multiplicada por el capital. Debemos ahora examinar con mayor detalle
la formación de la ganancia media, su mag nitud y sus cambios.
La teoría de la ganancia analiza las relaciones
mutuas y las leyes de cambio de los ingresos de los capitalistas industriales
individuales y los grupos de capitalistas. Pero las relaciones de producción
entre los capitalistas individuales y sus grupos no pueden ser entendidas sin
el análisis preliminar de la relación de producción básica entre la clase de
los capitalistas y la clase de los trabajadores asalariados- Así, la teoría de
la ganancia, que analiza las relaciones mutuas entre los ingresos de los capi
talistas individuales y sus grupos, fue construida por Marx sobre la base de la
teoría de la plusvalía, en la cual analizó las
relaciones entre el ingreso de la clase capitalista
y la clase de los trabajadores asalariados.
Sabemos por la teoría de la plusvalía que en la
sociedad capitalista el valor de un producto se forma con los tres com
ponentes siguientes. Una parte (c) compensa el valor del capital constante
consumido en la producción: se trata de un valor reproducido, y no de un valor
creado. Cuando se sustrae este valor de todo el valor del producto (M-c),
obtenemos el valor
producido por el trabajo
vivo, “creado” por él. Este
valor es
un resultado del proceso dado de la
producción. A su vez
se compone de dos partes: una de ellas (v)
reembolsa a los
trabajadores el valor de los bienes de
subsistencia, esto es, paga sus salarios; es el capital variable. El resto p =
M —c — v = M — —(e + v) = M — k, es la plusvalía, que pertenece al capitalista
y que gasta en consumo personal y en la expansión de la produc ción (esto es,
acumulación). De este modo todo el valor recibido se divide en un fondo para la
reproducción del capital cons tante (c), el fondo de subsistencia del trabajo
o reproducción de la fuerza del trabajo (v), y el fondo para la subsistencia del
capitalista y la reproducción ampliada (p).
La plusvalía aparece porque el trabajo gastado por
los obreros en el proceso de producción es mayor que el trabajo necesario para
la producción de su fondo de subsistencia. Esto significa que la plusvalía
aumenta en la medida en que el trabajo gastado en la producción aumenta y
disminuye el trabajo necesario
2 9 2
para la producción del fondo de subsistencia del
obrero. La plusvalía está determinada por la diferencia entre el trabajo total
y el trabajo pagado, es decir, por el trabajo excedente o trabajo no pagado.
Este es el que “crea” la plusvalía. Pero, según explicamos antes, es erróneo
presentar el problema como si el trabajo excedente, como si la actividad
material, el valor excedente “creado”, fuera una propiedad de las cosas. El
trabajo excedente “se expresa”, “se manifiesta” “está representado” (sich darstellt)
en la plusvalía. Los cambios en la magnitud de la plusvalía dependen de los
cambios en la cantidad de trabajo excedente.
La magnitud del trabajo excedente depende: 1) de su
relación con el trabajo necesario, pagado, es decir de la tasa de trabajo
excedente o la tasa de plusvalía, p/v; 2) (si tomamos dicha tasa como
establecida) del número de obreros,6 es decir, de la cantidad de trabajo vivo
que es activada por el capital. Esta blecida la tasa de la plusvalía, la suma
total del valor excedente depende de la cantidad total de trabajo vivo y, por
consiguiente, del trabajo excedente. Tomemos ahora dos capitales, de 100 cada
uno, que dan una ganancia igual debido a la tendencia a la igualación a la tasa
de ganancia. Si los capitales se gastan exclu sivamente en pagar fuerza de
trabajo (v), entonces activan masas iguales de trabajo excedente. Aquí las
ganancias iguales correspon den a capitales iguales, y también a cantidades
iguales de trabajo excedente, de modo que la ganancia coincide con la
plusvalía. Obtenemos el mismo resultado si ambos capitales se distribuyen en
proporciones iguales en capital constante y capital variable. La igualdad de
los capitales variables supone la igualdad de
trabajo vivo que este capital activa. Pero si un capital de
100
en una rama de la producción es igual a 70 o + 30 v, y
otro
capital de 100 en otras ramas es igual a 90 c
+ 10 v, entonces
las masas de
trabajo vivo que ellos activan
no son iguales,
ni lo
serán, por consiguiente, las masas
de trabajo excedente.
Sin embargo estos capitales, por ser iguales,
rinden ganancias iguales, por ejemplo de 20, debido a la competencia de capi
tales entre diferentes ramas de la producción. Es obvio que
las ganancias que estos capitales rinden no
corresponden a las masas de trabajo vivo que esos capitales activan ni, por
ende, a las masas de trabajo excedente. Las ganancias no son propor cionales a
las masas de trabajo. En otras palabras los capitalistas obtienen cuotas de
ganancia que difieren de las que obtendrían si las ganancias fueran
proporcionales al trabajo excedente o
2 9 3
*!
Á
\
plusvalía. Sólo en este contexto podemos comprender
la afirma ción de Marx según la cual los capitalistas “no incluyen la plus
valía ni, por tanto, la ganancia producida en su propia esfera al producirse
estas mercancías” (C., III, p. 164). Algunos crí ticos de Marx lo entendieron
en el sentido de que el primero de los capitales mencionados parece “dar” al
segundo capital 10 unidades de trabajo activado por el primer capital; parte
del trabajo excedente y de la plusvalía se “desbordan”, como un líquido, de una
rama de la producción a otra, o sea de ramas con una baja composición orgánica
del capital a aquellas que se distinguen por su elevada composición orgánica:
“Las plus valías extraídas de los obreros en ramas particulares de la
producción deben fluir de una esfera a la otra hasta que la tasa de ganancia
sea igual y todos los capitales obtengan una tasa media de ganancia... Sin
embargo tal afirmación es imposible, puesto que la plusvalía no representa un
precio original en dinero, sino solamente tiempo de trabajo cristalizado. En
esta forma no puede fluir de una esfera a otra. Y, lo que es más importante
aun, no es plusvalía lo que fluye, sino que los capitales mismos fluyen de una
esfera de la producción a otra hasta que las tasas de ganancia son igualadas ”
7 Es totalmente obvio, y no necesitamos probarlo aquí que, según Marx, el
proceso de igua lación de las tasas de ganancia se realiza mediante la
transferencia de capitales, y no de plusvah'as, de una rama a la otra (C., III,
pp. 198,
164, 184, 242 y en otras partes). Puesto que los precios de producción
establecidos en diferentes ramas de la producción contienen tasas de ganancia
iguales, la transferencia de capitales conduce al hecho de que los beneficios
recibidos por los capi
tales no son proporcionales a la cantidad de
trabajo vivo ni al i raba jo excedente activado por esos capitales. Pero si
bien la rrlación entre las cuotas de ganancia de dos capitales inver tidos en
diferentes ramas de la producción no corresponden a la relación entre los
trabajos vivos activados por esos capitales, de ello no se sigue que una parte
del trabajo excedente o de la plusvalía “se transfiera”, “se desborde”, de una
rama de la producción a otra. Tal concepción, basada en una interpreta ción
literal de algunas afirmaciones de Marx, a veces se infiltra en la obra de
algunos marxistas; surge de una visión del valor como un objeto material que
tiene las características de un líquido. Pero si el valor no es una substancia
que fluya de un hombre a otro sino una relación social entre personas, fijada,
“expresada”, “representada” en las cosas, la concepción del des-
294
borde del valor de una rama de producción a otra no
resulta de la teoría del valor de Marx, sino que básicamente la contra dice
como fenómeno social.
Si en la sociedad capitalista no hay una
dependencia directa entre la ganancia del capitalista y la cantidad de trabajo
vivo y, por ende de trabajo excedente activado por el capital, ¿signi fica
esto que debemos abandonar totalmente la búsqueda de las leyes de la formación
de las tasas medias de ganancia y de las causas que influyen en su nivel? ¿Por
qué la tasa media de ganancia de un país determinado es de 10 %, y no del 5 % o
del 25 %? No pedimos a la economía política una fórmula exacta para el cálculo
de la tasa media de ganancia en cada caso. Pero le pedimos, no que tome
determinada tasa de ganancia como punto de partida del análisis (un punto de
partida que no necesita ser explicado), sino que trate de deter minar las
causas básicas de la cadena de los fenómenos respon sables de los aumentos o
disminuciones en la tasa media de ganancia es decir, los cambios que determinan
el nivel de la ga nancia. Esta fue la tarea que realizó Marx en sus conocidos
cuadros del capítulo 9 del tomo III de El capital. Puesto que los cuadros
segundo y tercero de Marx toman en cuenta el consumo parcial del capital fijo,
tomaremos esto como base de su primer cuadro, con el fin de no complicar los
cálculos. Com
pletaremos
este cuadro de una manera coherente. Marx toma
Desviaciones
del
precio de
Valor- Tasa Precio producción
de pro con
resp. al
trabajo inedia
Capitales Plusvalía ducción valor (tj de
de los de
de los la
ganancia
productos ganancia
productos con respecto
a
la plus-
valia)
I. 80c
+ 20v 120 20 22
% 122 + 2
II. 70c
+ 30v 130 30 22% 122 — 8
III. 60c
+ 40v 140 40 22% 122 — 18
IV. 85c + 15v 115 15 22
% 122 + 7
V. 95c + 5v 105 5 22% 122 + 17
390c -f llOv 610 110 110 610 0
78c + 22v — 22 — - -
2 9 5
cinco ramas diferentes de la producción, con
capitales de dife rente composición orgánica invertidos en ella. La tasa de la
plusvalía es en todas partes igual al 100 %.
El capital total de la sociedad es de 500, de los
cuales 390 son c, y 110 son v. Este capital se distribuye entre 5 ramas, con
100 de capital en cada una. La composición del capital muestra cuánto trabajo
vivo y, por ende, trabajo excedente, hay en cada rama. El valor-trabajo total
del producto es 610, y la pluvalía total es 110. Si las mercancías de cada ráma
se vendieran por su valor-trabajo o, lo que es lo mismo, si las ganancias en
cada rama correspondieran a las cantidades de trabajo vivo y, por ende, de
trabajo excedente aplicado en cada rama, las tasas de ganancia de las ramas
particulares de la producción serían: 20 %, 30 %, 40%, 15% y 5 fe. Las ramas de
menor composición orgánica del capital rendirían mayores ganancias, y las de
ma yor composición orgánica una ganancia menor. Pero, como sabemos, tales
tasas diferentes de ganancia no son posibles en la sociedad capitalista, ya que
esto provocaría una transferencia de capitales de las esferas con bajas tasas a
aquellas con tasas elevadas, hasta establecerse la misma tasa de ganancia en
todas ellas. En caso dado, la tasa de ganancia es de 22 por ciento. Las
mercancías producidas por iguales capitales de 100 se ven den a iguales
precios de producción de 122, aunque hayan sido producidas por cantidades
desiguales de trabajo. Todo capital de 100 recibe un beneficio del 22 %, aunque
capitales iguales activan cantidades desiguales de trabajo excedente en las
dife rentes esferas. “Cada capital invertido, cualquiera que sea su
composición orgánica, deduce por cada 100, en cada año o en cada período de
tiempo que se tome como base, la ganancia que dentro de este período de tiempo
corresponde a 100 como parte alícuota del capital total. Para lo que atañe al
reparto de la ganancia, los distintos capitalistas se consideran como sim ples
accionistas de una sociedad anónima en que los dividen dos se distribuyen
porcentualmente y en que, por tanto, los diversos capitalistas, sólo se
distinguen entre sí por la magnitud del capital invertido por cada uno de ellos
en la empresa colec tiva, por su participación proporcional en la empresa
conjunta, por el número de sus acciones” (C., III, pp. 164-165).
Pero ¿en qué nivel se establece la tasa media de
ganancia? ¿por qué esta tasa es precisamente del 22 %? Supongamos que todas las
ramas de la producción están ordenadas en una suce sión decreciente, según la
cantidad de trabajo vivo activada por
2 9 6
cada 100 unidades de capital. La parte variable de
los capitales (tomada en cuotas porcentuales) disminuye de arriba hacia abajo
(o la composición orgánica del capital disminuye de arriba hacia abajo).
Paralelamente a esto, y en la misma relación, la tasa de ganancia disminuye de
arriba hacia abajo. La tasa de ganancia que corresponde a cada capital depende
(en este ejem plo) de la cantidad de trabajo vivo que el capital activa o de
la magnitud de su capital variable. Pero, como sabemos, tal dife rencia en las
tasas de ganancia es imposible. La competencia entre los capitales establecería
una tasa media de ganancia pa ra todas las ramas de la producción; esta tasa
media estaría situada en algún punto cercano a la mitad de las tasas descen
dentes de ganancia. Esta tasa media de ganancia corresponde a un capital que
activa una cantidad media de trabajo vivo o una magnitud media de capital
variable. En otras palabras, la “cuota media de ganancia no es sino la ganancia
porcentual mente calculada que se obtiene en aquella esfera de composición
social media en que por tanto la ganancia coincide con la plus valía” (C.,
III, p. 178). En el caso dado, el capital social total de 500 consiste en 390 c
+ 110 v, la composición media de cada 100 es 78 c + 22 v; si la tasa de
plusvalía es del 100 %, cada 100 de este capital de composición media obtiene
una tasa de plusvalía del 22 %. La magnitud de esa plusvalía determina el monto
de la tasa media de ganancia. Dicha tasa, por consi guiente, está determinada
por la relación de la masa total de plusvalía (p) producida en la sociedad con
el capital social total (K), o g’ = p/K.
Marx llega a la misma conclusión de un modo
diferente. Ape la al método de la comparación, que usa a menudo para explicar
las propiedades características de la economía capitalista. En el problema
considerado, —la cuestión de la tasa media de ganancia— compara la economía
capitalista desarrollada con:
1) una
economía mercantil simple, y 2) una economía capi talista embrionaria e
hipotética, que difiere del capitalismo de sarrollado en la ausencia de
competencia entre capitales de esferas diferentes de la producción, o sea, que
cada capital es fijo dentro de una rama determinada de la producción.
Así, podemos suponer ante todo una sociedad de
producto res de mercancías simples que poseen medios de producción por un
valor de 390 unidades de trabajo; el trabajo vivo de sus miembros asciende a
220. Las fuerzas productivas de la sociedad, que constituyen 610 unidades de
trabajo vivo y trabajo acumu-
2 9 7
Jado se distribuyen entre cinco ramas de la
producción. La combinación de trabajo vivo y trabajo acumulado es diferente en
cada rama, según las condiciones técnicas de cada una de ellas. Supongamos que
las combinaciones son las siguientes (el primer número representa trabajo
acumulado y el segundo trabajo vivo): I 80 + 40, II 70 + 60, III 60 + 80, IX 85
+ 30,
V 95 + 10.
Supongamos que la productividad del trabajo ha
alcanzado tal nivel de desarrollo que el pequeño
productor reproduce el valor de sus medios de subsistencia con la mitad de su
trabajo. Entonces, el valor total de la producción, 610, se divide en un fondo
de reproducción de los medios de pro ducción, 390, un fondo para la
subsistencia de los productores, 110, y una plusvalía, 110. La plusvalía
permanece en manos de estos mismos pequeños productores. Pueden gastarla para
am pliar el consumo o para ampliar la producción (o, en parte, para lo primero
y en parte para lo segundo). Esta plusvalía de 110 se distribuirá
proporcionalmente entre las diferentes ramas de la producción y los productores
individuales en fun ción del trabajo gastado. La distribución entre las ramas
indi viduales será: 20, 30, 40, 15, 5. En realidad, estas masas de plusvalía
sólo son proporcionales a las masas de trabajo vivo, no al trabajo acumulado
asignado a cada rama. Si se calculan las masas de plusvalía sobre la cantidad
total de trabajo en cada rama (vivo y acumulado), darán tasas de ganancia desi
guales.8 Pero en una economía mercantil simple, los productores no tienen
conciencia de la categoría de la ganancia. No con templan los medios de
producción como un capital que debe rendir una determinada tasa de ganancia,
sino como condicio nes para la activación del trabajo que brinda a cada
productor de mercancías la posibilidad de colocar su trabajo en términos
iguales a los de otros productores de mercancías, es decir, en términos o en
condiciones en que cantidades iguales de trabajo vivo rinden valores iguales.
Supongamos ahora que dominan en la economía los
capita listas, y no los pequeños productores de mercancías. Las otras
condiciones no cambian. El valor del producto total y el valor de los fondos
individuales en los que se divide tampoco cam bian. La diferencia consiste en
que el fondo para la ampliación del consumo y la producción (o plusvalía) de
110 no permanece en manos de los productores directos, sino en manos de los
capitalistas. El mismo valor social total se distribuye de un
29S
modo diferente entre las clases sociales. Puesto
que el valor del producto de las ramas particulares de la producción no ha
cambiado, la plusvalía se distribuye en las mismas proporciones que antes entre
ramas particulares y capitalistas particulares. Los capitalistas de cada una de
las cinco ramas obtienen 20, 30, 40, 15 y 5. Pero ellos calculan estas masas de
plusvalía sobre el capital total invertido, que es de 100 en cada rama. Como
resultado de ello, las tasas de ganancia son diferentes. Sólo pueden ser
diferentes debido a la ausencia de competencia entre las ramas particulares de
la producción.
Por último, pasemos del capitalismo hipotético al
capitalis mo real, donde hay competencia de capitales entre las diferen tes
esferas de la producción. Aquí las diferentes tasas de ganan cia son
imposibles, porque esto provocaría un movimiento de capitales de una rama a
otra hasta que todas tuvieran la misma tasa de ganancia. En otras palabras, la
distribución de la masa anterior de plusvalía entre esferas diferentes y
capitalistas par ticulares será ahora diferente, será proporcional a los
capitales invertidos en las diversas ramas. La distribución de la plusvalía se
modifica, pero el valor total de] fondo para el consumo am pliado y la
reproducción ampliada permanece igual. La ante rior masa de plusvalía se
distribuye ahora entre capitalistas particulares según la magnitud de sus
capitales. Así se obtiene
la tasa media de ganancia. Ella está determinada
por la rela ción de la plusvalía total con el capital social total.
La comparación entre una economía mercantil simple,
una economía capitalista hipotética y una economía capitalista de sarrollada
no fue elaborada por Marx en la forma en que la hemos presentado nosotros. Marx
habla de la producción mer cantil simple en el capítulo X del primer volumen
de El capital. Toma una economía capitalista hipotética como base de su
análisis en el capítulo VIII y en los cuadros del capítulo IX, donde supone la
ausencia de competencia entre esferas particulares y diferentes tasas de ganancia.
La comparación entre los tres tipos diferentes de economía que hemos realizado
da origen a ciertas dudas. Una economía mercantil simple presupone el predomi
nio del trabajo vivo sobre el trabajo acumulado, y una relación aproximadamente
homogénea entre el trabajo vivo y el trabajo acumulado en las diversas ramas de
la producción. Pero en nuestros esquemas se supone que esta relación es
diferente en cada esfera. Tal objeción no es muy importante, porque las
relaciones diferentes entre el trabajo vivo y el trabajo acumulado
299
(aunque no sean características de la economía
mercantil sim ple) no contradicen lógicamente este tipo de economía y pueden
ser usadas en un esquema teórico. Dudas más serias surgen del esquema de la
economía capitalista embrionaria o hipoté tica. Si la ausencia de competencia
entre los capitalistas de las diferentes esferas de esa economía explica por
qué las mer cancías no se venden según sus precios de producción, tal ausencia
de competencia también hace imposible explicar la venta de los artículos según
su valor-trabajo. En una economía mercantil simple, la venta de los artículos
según su valor-trabajo sólo puede mantenerse a condición de que se pueda
transferir trabajo de una rama a otra, es decir, si hay competencia entre las
distintas ramas de la producción. Marx señaló en un pasaje que la venta de los
artículos según su valor-trabajo supone como condición necesaria que ningún
monopolio natural o artificial haga posible que las partes contratantes vendan
por encima del valor o las obligue a vender por debajo del valor (C., III, p.
183). Pero si no hay competencia entre los capitales, si cada capital es fijo
en cada rama, entonces de esto resulta el estado de "monopolio. Las ventas
a precios superiores a los valores-trabajo no provocan una transferencia de
capital desde otras esferas. Las ventas a precios inferiores al valor-trabajo
no originan un flujo de capitales desde la rama considerada a otras. No hay
regularidad en el establecimiento de proporciones de intercambio entre las
mercancías en términos de su valor-trabajo correspondiente. ¿Sobre qué base el
esquema de la eco nomía capitalista embrionaria supone que la venta de mercan
cías se realiza según su valor-trabajo, si está ausente la compe tencia entre
capitalistas en diferentes esferas?
Es posible responder a esta cuestión sólo si el
esquema se explica en la firma en que lo hemos explicado antes. El Dia
grama 2 no es el cuadro de una sociedad capitalista
embrio naria que haya existido en la historia, sino un esquema teórico e
hipotético derivado del Diagrama N9 1 (la economía mercan til simple) mediante
un procedimiento metodológico que con siste en cambiar solamente una condición
del esquema, man teniendo iguales todas las otras. En comparación con el
esquema N9 1, en el esquema N9 2 sólo se ha modificado una condición. Se supone
que la economía no se basa1en pequeños productores de mercancías, sino en
capitalistas. Se supone que las otras condiciones son las mismas que antes: la
mesa de trabajo vivo y iiabajo acumulado en cada rama, el valor del producto
total y
300
la masa de la plusvalía y, por ende, el precio de
los productos; el precio de venta de las mercancías según su valor-trabajo se
mantiene al mismo nivel que antes. La venta de mercancías es una condición
teórica que se transfiere del esquema 1 al esquema 2, y sólo es posible si
existe otra condición teórica adicional, es decir, si no hay competencia entre
los capitalistas de las diferentes ramas. Por lo tanto, puesto que modificamos
esta única condición para pasar del esquema 1 al esquema 2 (el capitalismo desarrollado),
o sea, puesto que introducimos el supuesto de la competencia de los capitales,
la venta de los artículos según su valor-trabajo da lugar a la venta de los
artícu los según los precios de producción, a través de los cuales los
capitalistas realizan una tasa de ganancia. Pero al trasponer esta condición
del esquema 2 al esquema 3 por el mismo pro cedimiento metodológico
modificando una condición, dejamos inmutables las otras condiciones, en
particular, la anterior masa de la plusvalía. De este modo, llegamos a la
conclusión de que la formación de una tasa general media de ganancia refleja
una redistribución de la anterior masa total de la plusvalía entre los
capitalistas. La proporción de esta plusvalía con respecto al capital social
total determina el nivel de la tasa media de ganancia. Repetimos que esta
“redistribución” de la plusvalía no debe ser entendida, en nuestra opinión,
como un proceso histórico que efectivamente se haya realizado y que haya estado
precedida por una economía capitalista embrionaria con dis tintas tasas de
ganancia en diferentes ramas.9 Es un esquema teórico de la distribución de la
ganancia en una economía ca pitalista. Este esquema deriva del primero (la
producción mer cantil simple) mediante un doble cambio en las condiciones. Al
pasar del esquema 1 al esquema 2, supusimos que la clase social que obtiene la
plusvalía cambió. Al pasar del esquema 2 al 3 supusimos que en el contexto de
la misma clase de capita listas se produjo una redistribución del capital entre
las dife rentes esferas. En esencia, ambas transiciones representan dos
eslabones lógicos de un razonamiento. Han sido distinguidas en pro de la
claridad, pero no existen separadamente. En nuestra opinión, la transformación
del eslabón lógico intermedio, el esquema 2, en un cuadro de una economía que
haya existido en la historia como transición de la producción mercantil sim
ple a la producción capitalista desarrollada, es errónea.
Así, la tasa media de ganancia está
cuantitativamente deter minada por la relación entre la masa total de
plusvalía y el
301
capital social total. Suponemos que en el sistema
de Marx la magnitud de la tasa media de ganancia es derivada de la masa total
de la plusvalía, y no de las diferentes tasas de ganancia, como podría
deducirse de una primera lectura de la obra de Marx. La derivación de la tasa
media de ganancia de las dife rentes tasas de ganancia despierta objeciones
basadas en el hecho de que la existencia de tasas diferentes en ramas dife
rentes no está probada lógica o históricamente. La existencia de tasas de ganancia
diferentes, se originó según esta concep ción, en la venta de productos de
diferentes ramas según su valor-trabajo, pero, como vimos antes, las distintas
tasas de ganancia en diferentes ramas de la producción sólo desempe ñaron el
papel de un esquema teórico en la obra de Marx, un esquema que explica la
formación y la magnitud de una tasa media de ganancia apelando a la
comparación. Marx mismo señaló que, “la cuota general de ganancia se halla
determinada, pues por dos factores;
“1) por la composición orgánica de los capitales en
las dis tintas esferas de producción, es decir, por las distintas cuotas de
ganancia de las distintas esferas;
2 ) por la distribución del capital total de la
sociedad entre estas distintas esferas, es decir, por la magnitud relativa del
capital invertido en cada esfera especial de producción y, consiguientemente, a
base de una cuota especial de ganancia, es decir, por la parte relativa de la
masa del capital total de la sociedad que absorbe cada esfera especial de
producción” (C.,
III, pp. 168-169).
Es obvio que Marx usó diferentes tasas de ganancia
en es feras particulares sólo como expresiones numéricas, como in dicadores
de la composición orgánica del capital, esto es, masas de trabajo vivo y por
consiguiente de trabajo excedente acti vadas por cada 100 unidades de capital
en una esfera deter minada. Este factor es combinado con otros; la cantidad de
trabajo excedente que corresponde a cada 100 unidades de capital en cada esfera
es multiplicada por la magnitud (el número de centenas) del capital invertido
en la esfera con siderada. Obtenemos como resultado la masa de trabajo ex
cedente y de plusvalía, ante todo en las esferas particulares, y luego en la
economía social en su totalidad. Así, la tasa media de ganancia no está
determinada, en último análisis, por las diferentes tasas de ganancia en las
diferentes esferas, sino por la masa total de plusvalía y por la relación de
esta masa con
302
respecto al capital social total,10 es decir, por
magnitudes que no son teóricamente sospechosas desde el punto de vista de la
teoría del valor-trabajo. Al mismo tiempo, esas magnitudes re flejan fenómenos
reales de la economía social, o sea, las masas de trabajo social vivo y el
capital social. El carácter específico de ]a teoría de Marx sobre el precio de
producción consiste precisamente en el hecho de que toda la cuestión de las
rela ciones entre la plusvalía y la ganancia se transfiere de los capitales
individuales al capital social total. Esta es la razón por la cual, en nuestra
exposición de la teoría de Marx, dife rentes tasas de ganancia en diferentes
esferas no sirven como eslabones intermedios necesarios para una teoría de la
tasa media de ganancia; esto puede resumirse de la siguiente manera. En Ja
economía capitalista, la distribución del capital no es proporcional a la
distribución de trabajo vivo. Una cantidad diferente de trabajo vivo, y por
ende de trabajo excedente, co rresponde a cada 100 unidades de capital en las
diferentes ra mas. (Las diferentes tasas de ganancia representan expresiones
numéricas de esta relación entre el trabajo excedente y el ca pital en cada
rama.) Esta composición orgánica del capital en diferentes ramas y la magnitud
del capital en cada rama deter minan la masa total de trabajo excedente y la
plusvalía en las ramas particulares y en toda Ja economía. Debido a la compe
tencia entre capitales, capitales iguales en diferentes esferas obtienen
ganancias iguales, y por consiguiente, la ganancia que los capitales
particulares obtienen no es proporcional a la can tidad de trabajo vivo
activado por esos capitales. En conse cuencia, la ganancia no es proporcional
a la plusvalía, sino que está determinada por la tasa media de ganancia, es
decir, por la relación entre la plusvalía total y el capital social total.
Si una lectura del capítulo VIII del tomo III de El
capital da la impresión de que las diferencias en las tasas de ganancia que
surgen a causa de la venta de las mercancías según su valor-trabajo desempeñan
el papel de un eslabón indispensable en las construcciones de Marx, ello se
explica por las siguientes propiedades de su exposición. Cuando Marx se
aproxima a los lugares decisivos de su sistema, cuando debe pasar de las de
finiciones generales a explicaciones más particulares, de los con ceptos generales
a sus modificaciones, de una “determina ción de la forma” a otra, apela al
siguiente método de exposi ción. Mediante un enorme poder de pensamiento,
extrae todas las conclusiones lógicas de la primera definición que elabora,
303
para desarrollar luego intrépidamente todas las
consecuencias que se desprenden de ese concepto hasta sus extremos lógicos.
Muestra al lector todas las contradicciones de esas consecuen cias, es decir,
su divergencia de la realidad. Cuando la atención del lector ha sido llevada a
este límite, cuando el lector co mienza a pensar que la definición inicial
debe ser totalmente rechazada, porque es contradictoria, Marx acude en su ayuda
y sugiere una solución para el problema, solución que no con siste en desechar
la primera definición, sino más bien en “modi ficarla”, “desarrollarla” y
completarla. Así se eliminan las con tradiciones. Marx hace esto en el
capítulo IV del tomo I de El capital, cuando examina la transición del valor de
las mercan cías al valor de la fuerza de trabajo. Extrae una conclusión acerca
de la imposibilidad de la formación de plusvalía sobre la base de un
intercambio de las mercancías según su valor-trabajo, esto es, llega a una
conclusión que está manifiestamente en conflicto con la realidad. En el
análisis posterior, esta conclu sión es rechazada por la teoría del valor de
la fuerza de trabajo.
Así es
como está construido el capítulo VIII del
tomo III de
El capital.
Sobre la base de la venta
de los artículos según
su valores-trabajo, Marx concluye que existen tasas
diferentes
de ganancia en esferas diferentes. Desarrollando
esta conclusión hasta sacar todas sus consecuencias, establece al final del ca pítulo VIII que esa conclusión entra
el conflicto con la realidad y que tal contradicción debe ser resuelta. En el
tomo I de El capital, Marx nunca había
sostenido que era imposible la exis tencia de la plusvalía; aquí no dice que
son posibles diferentes tasas de ganancia. La imposibilidad de la plusvalía en
el capí tulo IV del tomo I, y la posibilidad de tasas diferentes de ga nancia
en el capítulo VIII del tomo III, no sirven a Marx como eslabones lógicamente
necesarios para sus
construcciones sino como prueba
de lo opuesto. El hecho de que estas conclusiones conduzcan a un absurdo lógico
muestra que el análisis aún no ha terminado y debe ser llevado más adelante.
Marx no establece la existencia de diferentes tasas de ganancia, sino por el
contra rio la insuficiencia de toda teoría que se base en tal premisa. Hemos
llegado a la conclusión de que la tasa media de ga
nancia está determinada
por la relación entre la plusvalía total
y el capital social
total. De esto se sigue que los cambios en
la tasa media de
ganancia pueden provenir de
cambios en la
tasa de la plusvalía, y también de las variaciones en las rela
ciones de la plusvalía
con el capital social total. En el primer
304
caso, el cambio sólo puede ocurrir porque el valor
de la fuerza de trabajo disminuya o porque aumente, causas ambas igual mente
imposibles a menos que se modifique la productividad del trabajo que produce
medios de subsistencia, es decir, a menos que cambie el valor de las mercancías
que se destinan al consumo del obrero” (C., III, p. 207). Tomemos ahora el se
gundo caso, cuando los cambios parten del capital, o sea, de un aumento o un
decrecimiento de su parte constante. La relación modificada entre el capital
constante y el trabajo refleja un cambio en la productividad del trabajo. “Por
tanto, al cambiar la productividad del trabajo tiene que operarse
necesariamente un cambio en cuanto al valor de ciertas mercancías” (ibíd.). Los
cambios en la tasa media de ganancia, resulten de la tasa de la plusvalía o del
capital, son en ambos casos provocados, en último análisis, por cambios en la
productividad del trabajo y, en consecuencia, por cambios en el valor de
ciertos artículos.
De esto se desprende que los cambios en los costos
de pro ducción y en las tasas medias de ganancia son causados por cambios en
la productividad del trabajo. Y puesto que el pre cio de producción consiste
en los gastos de producción más
la ganancia medía, las variaciones en los precios
de producción sony en último análisis, causados por cambios en la productivi
dad del trabajo y en el valor-trabajo de algunos
artículos. Si el cambio en el precio de producción es causado por un cambio en
los costos de producción, esto significa que la productividad del trabajo, en
la esfera considerada de la producción, y el va lor-trabajo en ésta, han
cambiado. “Rige, pues, la ley de que al cambiar el precio de producción de una
mercancía como con secuencia de un cambio operado en la cuota general de
ganan
cia, aunque pueda permanecer inalterable
su propio valor,
tiene necesariamente que
producirse un cambio
de valor en
lo tocante a las
otras mercancías (ibid.),
es decir, cambios en
la productividad del trabajo en otras esferas. En
todos los casos, el precio de producción cambia en relación con cambios en la
productividad del trabajo y cambios correspondientes en el valor-trabajo. El
esquema de las relaciones causales entre el precio de producción, por un lado,
y la productividad del tra bajo y el valor-trabajo, por el otro, es el
siguiente: productivi dad del trabajo-valor abstracto-valor-costos de
producción más ganancia media-precio de producción.
305
4. E l v a l o r - t r a b a j o y e
l p r e c io d e p r o d u c c ió n
Ahora podemos considerar, finalmente, la cadena de
eslabones Jógicos que completan la teoría del precio de producción de Marx. Esa
cadena consiste en los siguientes eslabones básicos: productividad del
trabajo-trabajo abstracto-valor-precio de pro ducción-distribución del
capital-distribución del trabajo. Si com paramos este esquema de seis
elementos con el esquema de cua tro elementos de la producción mercantil
simple, productividad del trabajo-trabajo abstracto-valor-distribución del
trabajo, ve mos que los eslabones del esquema de la producción mercantil
simple se han convertido en eslabones del esquema de la eco nomía capitalista.
Por consiguiente, la teoría del valor-trabajo es un fundamento necesario de la
teoría del precio de produc ción, y ésta es un desarrollo necesario de la
teoría del valor-trabajo. La publicación del tercer volumen de El capital dio
origen a una enorme literatura sobre las llamadas "contradic-ciones” entre
el tomo I y el III de El capital. Los críticos soste nían que en el tomo III
Marx había repudiado en esencia su teoría del valor-trabajo, y algunos hasta
afirmaban que, cuando había escrito el primer volumen, nunca había soñado en
las dificultades y contradicciones en que lo sumiría la teoría del
valor-trabajo cuando tuviera que explicar la tasa de ganancia. El prólogo de
Karl Kautsky al tercer volumen de El capital tes timonia que, cuando fue
publicado el primer volumen, la teoría del precio de producción explicada en el
tomo III ya había sido elaborada por Marx en todos sus detalles. Ya en el tomo
I Marx frecuentemente señala que en la sociedad capitalista los precios medios
comerciales se apartan de los valores-trabajo. El conte nido del tercer tomo
de Theorien über den Mehrwert también nos informa de otra circunstancia
importante. Toda la econo mía política posterior a Ricardo gira alrededor del
problema de la relación entre el precio de producción y el valor-trabajo. La
respuesta a este problema era una tarea histórica para el pensamiento
económico. En opinión de Marx, el mérito parti cular de su teoría del valor
consistía en brindar una solución
a este problema.
Los críticos que ven contradicciones entre los
tomos I y III de
El capital adoptan como punto de partida una
concepción es trecha de la teoría del valor, pues la consideran exclusivamente
como una fórmula de las proporciones cuantitativas del inter-
306
\
cambio de mercancías. Desde tal punto de vista, la
teoría del valor-trabajo y la teoría del precio de producción no representan
dos etapas o grados lógicos de abstracción de los mismos fe nómenos
económicos, sino más bien dos teorías o afirmaciones diferentes que se
contradicen entre sí. La primera teoría sostie ne que las mercancías se
intercambian en proporción al gasto de trabajo necesario para su producción. La
segunda teoría afirma que las mercancías no se intercambian de manera pro
porcional a estos gastos de trabajo. ¡Extraño método de abs tracción!, dicen
los críticos; primero sostiene una cosa, y luego otra que contradice a la
primera. Pero estos críticos no toman en cuenta que la fórmula cuantitativa
para el intercambio de mercancías sólo es la conclusión de una teoría muy
compleja que trata de la forma social de los fenómenos relacionados con el
valor, el reflejo de un determinado tipo de relaciones so ciales de producción
entre personas, así como el contenido de estos fenómenos, su papel como
reguladores de la distribución del trabajo social.
La anarquía de la producción social; la ausencia de
relacio nes sociales directas entre los productores; la influencia mutua de
sus actividades laborales a través de las cosas que son pro ducto de su
trabajo; la conexión entre el movimiento de las relaciones de producción entre
las personas y el movimiento de las cosas en el proceso de la producción
material; la dosifica ción” de las relaciones de producción; la transformación
de sus propiedades en propiedades de las “cosas”: todos estos fenó menos del fetichismo
de la mercancía se hallan igualmente presentes en toda economía mercantil,
tanto simple como ca pitalista. Caracterizan al valor-trabajo y al precio de
producción por igual. Pero toda economía mercantil se basa en la división del
trabajo, esto es, representa un sistema de distribución del trabajo. ¿Cómo se
lleva a cabo esta división del trabajo entre diversas esferas de la producción?
Está dirigida por el mecanis mo de los precios comerciales, que provoca los
flujos y reflujos del trabajo. Las fluctuaciones de los precios comerciales
mani fiestan cierta regularidad, pues oscilan alrededor de cierto nivel medio,
alrededor de un precio “estabilizador”, como lo llama adecuadamente
Oppenheimer.11 Este precio “estabilizador”, a su vez, cambia en relación con el
aumento de la productividad del trabajo y sirve como regulador de la
distribución del tra bajo. El aumento de la productividad del trabajo influye
sobre la distribución del trabajo social a través del mecanismo del
307
precio comercial, cuyo movimiento está sujeto a la
ley del valor. Este es el mecanismo abstracto más simple que distribuye el
trabajo en la economía mercantil. Este mecanismo existe en toda economía
mercantil, incluyendo la economía capitalista. En ésta, no hay otro mecanismo
que distribuya el trabajo que la fluc tuación de los precios comerciales. Pero
puesto que la econo* mía capitalista es un sistema complejo de relaciones
sociales de producción en el que las personas no se relacionan entre sí sólo como
propietarias de mercancías sino también como capitalistas y trabajadores
asalariados, el mecanismo que distri buye el trabajo funciona de una manera
más compleja. Puesto que los productores simples de mercancías gastan su propio
trabajo en la producción, el aumento de la productividad del tra bajo,
expresado en el valor-trabajo de los productos, provoca los flujos y reflujos
del trabajo, es decir, influye sobre la dis tribución del trabajo social. En
otras palabras, la economía mer cantil simple se caracteriza por una relación
causal directa entre la productividad del trabajo expresada en el valor-trabajo
de los productos y la distribución del trabajo.12 En la sociedad capitalista,
esta relación causal no puede ser directa, ya que la distribución del trabajo
se realiza mediante la distribución del capital. El aumento de la productividad
del trabajo, expresado en el valor-trabajo de los productos, no puede influir
sobre la distribución del trabajo de otro modo que mediante su influen cia
sobre la distribución del capital Tal influencia sólo es po sible, a su vez,
si los cambios en la productividad del trabajo y el valor-trabajo provocan
cambios en los costos de producción o en la tasa media de ganancia, es decir,
si influyen sobre el precio de producción.
Así, el esquema: productividad del trabajo-trabajo
abstracto-valor-distribución del trabajo, representa, por así decir, un modelo,
teórico de las relaciones causales directas entre el au mento de la
productividad del trabajo, expresado en el valor-trabajo, y la distribución del
trabajo social. El esquema: pro ductividad del trabajo-trabajo
abstracto-valor-precio de produc ción-distribución del capital-distribución
del trabajo, representa un modelo teórico de la misma cadena causal, en donde
la pro ductividad del trabajo no afecta de manera directa a la distri bución
del mismo, sino a través de un “eslabón intermedio” (expresión que Marx usa a
menudo en este contexto): median te el precio de producción y la distribución
del capital. En ambos esquemas, los términos primero y último son los mismos.
308
El mecanismo de las relaciones causales entre ellos
también es el mismo. Pero, en el primer esquema, suponemos que la co nexión
causal es más inmediata y directa. En el segundo esque-raa, introducimos
elementos que complican la situación, es decir, eslabones intermedios. Éste es
el camino usual del análisis abstracto, camino al cual Marx recurrió en todas
sus construc ciones. El primer esquema representa un modelo más abstracto, más
simplificado, de los fenómenos pero es indispensable para la comprensión de las
formas más complejas de los fenómenos que se producen en la sociedad
capitalista. Si limitáramos el alcance del análisis a los eslabones intermedios
que son visibles en la superficie de los fenómenos en la economía capitalista,
o sea el precio de producción y la distribución del capital, nues
tro análisis sería incompleto en ambas direcciones,
al comienzo
y al final. Tomaríamos el precio de producción
(vale decir, los
gastos de producción más la ganancia media) como punto de
partida. Pero si se explica el precio de producción
en términos
de los costos de producción,
simplemente referimos el
valor
del producto al valor de sus componentes, esto es, no salimos
de un círculo vicioso.
La ganancia media queda sin explicar,
al igual que su volumen y sus cambios. Así, el
precio de pro ducción sólo puede ser explicado por cambios en la productivi
dad del trabajo o en el valor-trabajo de los productos. Por una parte, nos
equivocamos si consideramos la distribución del capital como punto final de
nuestro análisis; debemos pasar a la distribución del trabajo social. De este
modo, la teoría del precio de producción debe basarse inevitablemente en la
teoría del valor-trabajo. Por otra parte, la teoría del valor-trabajo de be ser
desarrollada y completada en la teoría del precio do producción. Marx rechazó
todo intento de construir la teo ría de la economía capitalista partiendo
directamente de la teoría del valor-trabajo, evitando los eslabones
intermedios, la ganan cia media y el precio de producción. Caracterizó tales
intentos como "tentativas por forzar y adecuar directamente relaciones
concretas a la relación elemental del valor* (Theorien über den Mehrwert? III,
p. 145), “tentativas que presentan como existen te aquello que no existe”
(Ibíd., p. 97).
Por ende, la teoría del valor-trabajo y la teoría
del precio de producción no son teorías de dos tipos diferentes de economía,
sino de la misma economía capitalista considerada en dos niveles diferentes de
abstracción científica. La teoría del valor-trabajo es una teoría de la
economía mercantil simple, no en el sentido
303
que explica el tipo de economía que precedió a la
economía capitalista, sino en el sentido que sólo describe un aspecto de la
economía capitalista, a saber, las relaciones de producción entre productores
de mercancías características de toda economía mercantil.
5. F UNDAMENTOS
HISTÓRICOS DE LA
TEORÍA DEL VALOR-TRA BAJO
Después de la publicación del tercer volumen de El
capital, los adversarios de la teoría del valor de Marx, y en cierta medida
también sus defensores, crearon la impresión de que las con clusiones del
tercer volumen demostraban la inaplícabilidad de la ley del valor-trabajo a la
economía capitalista. Esta es la razón por la cual ciertos marxistas se
inclinaron a construir un llamado fundamento “histórico” para la teoría del
valor de Marx. Sostenían que, si bien la ley del valor-trabajo, en la forma en que
Marx la desarrolló en el tomo I de El capital no era aplicable a la economía
capitalista, era sin embargo totalmente válida para el período histórico que
precedió al surgimiento del capitalismo y en el cual dominaban las pequeñas
artesanías y la economía campesina. En el tercer volumen de El capital es
posible encontrar ciertos pasajes que pueden ser interpretados de este modo.
Allí Marx dice que “es absolutamente correcto considerar los valores de las
mercancías, no sólo teóricamente sino históricamente, como el prius de los
precios de producción” (C., III, p. 182). Estos comentarios breves de Marx
fueron desarrollados en detalle por Engels en el artículo publicado en 1895 en
Neue Zeit.13 Aquí Engels brindó una base para la idea de que la ley del valor
de Marx estuvo en vigencia durante un período histórico que duró de cinco mil a
siete mil años, período que comenzó con la aparición del intercambio y terminó
en el siglo xv, cuando surgió el capitalismo. El artículo de Engels encontró
ardientes defensores pero también ardientes opositores, algunos de ellos
marxistas. Los opositores señalaron que el intercambio no abarcó toda la
economía social antes de la aparición del capitalismo, que abarcó primero los
excedentes que quedaban después de la satisfacción de las necesidades de la
unidad económica autosuficiente y natural, que el meca nismo de la igualación
general de diferentes gastos individuales de trabajo en unidades económicas
separadas en el mercado no
310
existía y que, por consiguiente, no era correcto
hablar de trabajo abstracto y socialmente necesario, que constituye la base de
la teoría del valor. Aquí no nos ocuparemos de la controversia histórica acerca
de si las mercancías se intercambiaban en pro porción al trabajo gastado en su
producción antes de la aparición del capitalismo. Por razones metodológicas,
nos oponemos a relacionar esta cuestión con la de la significación teórica de
la ley del valor-trabajo para la explicación de la economía capi talista.
Ante todo, volvamos a la obra de Marx. Algunos
pasajes del tomo III de El capital pueden ser usados por los defensores de una
explicación histórica del valor-trabajo. Sin embargo, ahora que disponemos de
otras obras de Marx, sabemos con certeza que éste se opuso enérgicamente a la
idea de que la ley del valor estuvo en vigencia en el período precedente al
desarrollo del capitalismo. Marx objetó la concepción del economista inglés
Torrens, defensor de una tesis que puede encontrarse hasta en la obra de Adam Smith.
Torrens sostenía que el pleno desarrollo de una economía mercantil y, por
consiguiente, el
pleno
desarrollo de las
leyes propias de esta
economía, sólo
es posible en el capitalismo y no antes, “Esto
significa que la
ley del valor-trabajo existe en la producción que
no es mercantil (o sólo en parte Jo es), pero no existe en Ja producción que no
se basa en la existencia de productos en forma de mercancías. Esa ley misma, y
la mercancía como forma general de los pro ductos, son abstraídas de la
producción capitalista, y ahora presuntamente la primera no puede aplicarse a
ella” (Theorien über den Mehrwert, III, p. 80). “Ahora resulta que Ja Jey del
valor, abstraída de la producción capitalista, contradice los fenómenos de
ésta” (Ibíd., p. 78). Estas notas irónicas de Marx muestran claramente su
relación con la concepción de Ja teoría del valor como una ley que funciona en
la economía precapi-talista pero no en la economía capitalista. Pero ¿cómo
podemos reconciliar estas afirmaciones con algunas observaciones del tomo III
de El capital? La aparente divergencia entre ellas desaparece si volvemos a la
Introducción a la crítica de la economía política, que nos ofrece una valiosa
explicación del método abstracto de análisis de Marx. Éste subraya que el mé
todo de pasar de conceptos abstractos a conceptos concretos es sólo un método
por el cual el pensamiento comprende lo concreto, y no la manera en que el
fenómeno concreto realmente sucedió.14 Esto significa que la transición del
valor-trabajo, o de
311
la economía mercantil, al precio de producción, o a
la economía capitalista, es un método para comprender lo concreto, es decir, la
economía capitalista. Se trata de una abstracción teórica, y no de un cuadro de
la transición histórica de la economía mercantil simple a la economía
capitalista. Esto confirma la idea que formulamos antes, de que los cuadros del
capítulo IX del tercer volumen de El capital, que ilustran la formación de
tasas medias de ganancia a partir de tasas diferentes de ganan cia, pintan un
esquema teórico de los fenómenos y no el desa rrollo histórico de ellos. “La
categoría económica más simple, como, por ejemplo, el valor de cam bio... no
puede existir jamás de otro modo que bajo la forma de relación unilateral
abstracta de un todo concreto y viviente ya dado” (Ibíd.), o sea, la economía
capitalista.
Después de haber explicado el carácter teórico de
las cate gorías abstractas, Marx se pregunta: “¿Pero estas categorías simples,
no tienen una existencia histórica o natural, anterior a las categorías
concretas?” (Ibíd.). Marx responde que tales casos son posibles. Una categoría
simple (por ejemplo, el valor) puede existir históricamente antes de la
categoría concreta (por ejemplo, el precio de producción). Pero en este caso,
la categoría simple tiene aún un carácter rudimentario, embrionario, que refleja
relaciones de lo “concreto no desarrollado” Así, “aunque la categoría más
simple haya podido existir históricamente antes que la más concreta, en su
pleno desarrollo intensivo y extensivo puede pertenecer sólo a una forma social
compleja” (ibíd., p, 24). Aplicando esta conclusión al problema que nos
interesa, podemos decir: el valor-trabajo (o la mercancía) es “anterior”
históricamente al precio de producción (o capital). Existió en una forma
rudimentaria antes del capitalismo, y sólo el desarro llo de la economía
mercantil preparó la base para el surgimiento de la economía capitalista. Pero
el valor-trabajo, en su forma desarrollada, sólo existe en el capitalismo. La
teoría del valor-trabajo, que desarrolla un sistema lógico completo de las
cate gorías del valor, trabajo abstracto, trabajo socialmente necesario, etc.,
expresa la “relación unilateral abstracta de un todo concreto y vivo ya dado”,
vale decir, expresa la abstracción de la economía capitalista.
El problema histórico de si las mercancías se
intercambiaron en proporción a los gastos de trabajo antes de la aparición del
capitalismo, debe ser distinguido del concerniente a la signifi cación teórica
que posee la teoría del valor-trabajo. Si se respon
312
diera afirmativamente al primer problema y si el
análisis de la economía capitalista no requiriera la teoría del valor-trabajo,
po dríamos considerar dicha teoría como una introducción histórica a la
economía política, pero en modo alguno como un funda mento teórico básico
sobre el cual se construye la economía política de Marx; y a la inversa, si se
respondiera negativamente al problema histórico pero se demostrara el carácter
indispensable de la teoría del valor-trabajo para la comprensión teórica de los
complejos fenómenos de la economía capitalista, esta teoría seguiría siendo el
punto de partida de la teoría económica, como lo es ahora. En resumen,
cualquiera que fuera el modo como se resolviera el problema histórico acerca de
la influencia de la ley del valor-trabajo en el período anterior al
capitalismo, tal solución no eximiría en modo alguno a los marxistas de su
responsabilidad de aceptar el desafío de sus adversarios en el problema
referente a la significación teórica de la ley del valor-trabajo para la
comprensión de la economía capitalista. Confundir el encuadre teórico con el
encuadre histórico de la teoría del valor no sólo es inútil, como hemos
mostrado, sino también perjudicial. Tal tratamiento coloca en primer plano las
proporciones del inter cambio e ignora la forma social y la función social del
valor como regulador de la distribución del trabajo, función que el valor
desempeña en gran medida sólo en una economía mercantil desarrollada, es decir,
una economía capitalista. Si el analista descubre que tribus primitivas, que
viven en las condiciones de una economía natural y raramente apelan al cambio,
se guían por los gastos de trabajo cuando establecen proporciones para el
intercambio, se siente inclinado a hallar aquí la cate goría del valor. Se
transforma el valor en una categoría supra-histórica, en gastos de trabajo
independientes de la forma social de la organización del trabajo.15 El encuadre
“histórico” del pro blema conduce, pues, a ignorar el carácter histórico de la
categoría del valor. Otros teóricos, suponiendo que “la aparición del valor de
cambio debe buscarse en una economía natural que se convierte en economía
monetaria”, finalmente determinan el valor, no en términos del trabajo que el
productor gasta en su producción, sino por el valor que el productor tendría
que gastar en ausencia del intercambio y de la necesidad de hacer el producto
con su propio trabajo.16
La teoría del valor-trabajo y la teoría del precio
de producción difieren una de otra no como teorías diferentes que tienen vi-
313
gencía en diferentes períodos históricos, sino como
difiere una teoría abstracta de un hecho concreto, como dos grados de
abstracción de Ja misma teoría sobre la economía capitalista. La teoría del
valor-trabajo sólo presupone relaciones de pro ducción entre productores de
mercancías. La teoría del precio de producción supone, además, relaciones de
producción entre capitalista y obreros, por un lado, y entre diversos grupos de
ca pitalistas industriales, por el otro.
314
XIX. El
trabajo productivo
Para formular exactamente el problema del trabajo
productivo debemos ante todo realizar una tarea preliminar: debemos deter
minar el significado exacto de la teoría de Marx sobre el trabajo productivo.
Infortunadamente, ninguna parte de la vasta lite ratura crítica sobre Marx
está tan llena de discrepancias con ceptuales como la concerniente a este
problema, tanto entre los marxistas como entre ellos y sus adversarios. Una de
las razones de esa confusión es la idea poco clara que se tiene de las concepciones
mismas de Marx sobre el trabajo productivo.
Para interpretar las ideas de Marx, es necesario
partir del capítulo IV del tomo I de sus Theorien über den Mehrwewrt, que lleva
el título de “El trabajo productivo y el trabajo impro ductivo”, Marx brinda
una breve formulación de las ideas desa rrolladas en este capítulo en el tomo
I de El capital, en el capítu lo XIV: "La producción capitalista no es ya
producción de mercan cías, sino que es, sustancialmente, producción de
plusvalía. El obrero no produce para sí mismo, sino para el capital. Por eso, ahora
no basta con que produzca en términos generales, sino que ha de producir
concretamente plusvalía. Dentro del capitalismo, sólo es productivo el obrero
que produce plusvalía para el capi talista o que trabaja para hacer rentable
el capital. Si se nos permite poner un ejemplo ajeno a la órbita de la
producción material, diremos que un maestro de escuela es obrero produc tivo
si, además de moldear las cabezas de los niños, moldea su propio trabajo para
enriquecer al patrono. El hecho de que éste invierta su capital en una fábrica
de enseñanza en vez de invertirlo en una fábrica de salchichas, no altera en lo
más mínimo los términos del problema. Por tanto, el concepto del trabajo
productivo no entraña simplemente una relación entre la actividad y el efecto
útil de ésta, entre el obrero y el producto de su trabajo, sino que lleva
además implícita una relación específica social e históricamente dada de
producción, que con
315
vierte al obrero en instrumento directo de
valorización del capi tal” (C., I, pp. 425-426). Después de afirmar esto, Marx
promete considerar esta cuestión en detalle en el “tomo IV” de El capital, es
decir, en su libro dedicado al estudio de las teorías sobre la plusvalía* En
efecto, al final del primer tomo de esta obra encon tramos una disgresión que,
en esencia, constituye un desarrollo detallado de las ideas ya formuladas en el
tomo I de El capital.
Ante todo, Marx señala que “sólo los burgueses de
horizonte limitado, que conciben las formas capitalistas como las formas
absolutas de la producción, pueden confundir el problema de qué sea el trabajo
productivo desde el punto de vista del capital con este otro: ¿qué trabajo es
productivo de por sí, qué es de por sí el trabajo productivo?”1 Marx descarta
por inútil la cuestión de qué tipo de trabajo es productivo en general, en
todas las épocas históricas, independientemente de las relaciones sociales concretas.
Todo sistema de relaciones de producción, todo orden económico, tiene su
concepto del trabajo productivo. Marx limita su análisis a la cuestión de qué
trabajo es productivo desde el punto de vista del capital, o en el sistema
capitalista de economía. Responde a esto del siguiente modo: "Dentro del
sistema de la producción capitalista trabajo productivo es, pues, aquel que
produce plusvalía para su patrón, el trabajo que transforma las condiciones
objetivas en capital y el propietario de ellas en capi talista, el trabajo que
produce como capital su propio producto” (ibíd., p. 217). “Sólo es productivo
el trabajo que se convierte directamente en capital o, lo que es lo mismo, el
trabajo que constituye el capital variable” (ibíd., p. 216). En otras palabras,
el trabajo productivo es “aquel que se cambia directamente por capital” (ibíd.,
p. 137), vale decir, el trabajo que el capitalista compra como capital variable
con el propósito de usarlo para crear valores de cambio y plusvalía. El trabajo
improductivo es aquel que “no se cambia por capital, sino directamente por
renta, por salario o ganancia y, naturalmente, por los diversos elementos que
forman la ganancia del capitalista, como son el interés y la renta del suelo”
(i b í d p. 137).
De las definiciones de Marx se desprenden
necesariamente dos conclusiones: 1) todo trabajo que el capitalista compra con
su capital variable con el fin de extraer de él una plusvalía es trabajo
productivo, independientemente de que este trabajo se materialice o no en
objetos y de que sea o no objetivamente necesario o útil para proceso social de
producción (por ejemplo, el trabajo de un payaso empleado por un empresario de
circo).
316
2) Todo
trabajo que el capitalista no compra con su capital variable no es productivo
desde el punto de vista de la economía capitalista, aunque este trabajo pueda
ser objetivamente útil y pueda materializarse en artículos de consumo que
satisfagan necesidades humanas de subsistencia. A primera vista estas dos
conclusiones son paradójicas y contradicen el concepto común de trabajo
productivo. Sin embargo, se deducen lógicamente de la definición de Marx. Y
éste la aplica audazmente. “Un actor,
incluso un clown, puede ser, por tanto, un obrero
productivo
si trabaja al servicio de un capitalista, de un
patrón, y entrega
a éste una cantidad mayor en trabajo de la que
recibe de él en forma de salario. En cambio, un sastre que trabaja a domicilio
por días, para reparar los pantalones del capitalista, no crea más que un valor
de uso y no es, por tanto, más que un obrero improductivo. El trabajo del actor
se cambia por capital, el del sastre por renta. El primero crea plusvalía; el
segundo no hace más que consumir renta” (i b í d p. 137). A primera vista, este
ejemplo es sorprendentemente paradójico. El trabajo inútil del payaso es
considerado trabajo productivo y el trabajo sumamente útil del sastre es
tratado como improductivo. ¿Cuál es el signifi cado de estas definiciones de
Marx?
En la mayoría de los textos de economía política,
el trabajo productivo es abordado desde el punto de vista de su nece sidad
objetiva para la producción social en general, o para la producción de bienes
materiales. En estos enfoques, el factor decisivo es el contenido del trabajo,
o sea, su resultado, que es habitualmente un objeto material al cual está
dirigido el trabajo y es creado por él. El problema que aborda Marx no tiene
nada en común con este otro, excepto el nombre. Para Marx, el trabajo productivo
significa: trabajo incorporado al sistema social de producción. A Marx le
interesaba la cuestión de qué produc ción social se trata, de cómo la
actividad laboral de las personas que están empeñadas en el sistema social de
producción difiere de la actividad laboral de las personas que no están
empeñadas en dicha producción (por ejemplo, el trabajo orientado hacia la
satisfacción de necesidades personales o al servicio de una casa).
¿Cuál es el
criterio por el que se incluye la actividad laboral
de los hombres en la producción social? ¿Qué es lo
que hace
a esta actividad trabajo "productivo”?
Marx dio la siguiente respuesta a este problema.
Todo sistema de producción se caracteriza por el conjunto de las relaciones de
producción determinadas por la forma social de organización
317
del trabajo. En la sociedad capitalista el trabajo
está organizado en la forma de trabajo asalariado, esto es, se organiza la eco
nomía en la forma de empresas capitalistas donde trabajadores asalariados
trabajan bajo las órdenes de un capitalista. Crean mercancías y rinden una
plusvalía al capitalista. Sólo el trabajo organizado en la forma de empresas
capitalistas, que tiene la forma de trabajo asalariado, alquilado por el
capital con el fin de extraer de él una plusvalía, se incluye en el sistema de
la producción capitalista. Ese trabajo es trabajo “p rod u ctiv o Todo tipo de
trabajo que es incluido en el sistema social de producción dado puede ser
considerado como productivo, es decir, todo tipo de trabajo organizado en la
determinada forma social carac terística del sistema de producción
considerado. Dicho de otro modo, el trabajo es considerado productivo o
improductivo no desde el punto de vista de su contenido, o sea, en términos del
carácter de la actividad laboral concreta, sino desde el punto de vista de la
forma social de su organización, de su compati bilidad con las relaciones de
producción que caracterizan al orden económico dado de la sociedad. Marx señaló
con fre-cuenoia esta característica. Este aspecto distingue a su teoría de Jas
teorías comunes sobre el trabajo productivo, que asignan un papel decisivo al
contenido de la actividad laboral. “El punto de apoyo para reunir estos
elementos de juicio no lo dan, pues, los resultados materiales del trabajo, ni
tampoco la naturaleza del producto, ni el rendimiento del trabajo considerado
como trabajo concreto, sino las formas sociales específicas, las relaciones
sociales de la producción dentro de las que se realizan” (Ibíd.,
p. 137).
Es una definición que “no proviene ni del contenido ni del rendimiento del
trabajo, sino exclusivamente de la forma social especifica que éste reviste”
(Ibíd., p. 138). "El carácter concreto del trabajo y de su producto no
guarda de por sí la menor relación con esta división del trabajo en productivo
e improductivo” (Ibíd.), " . . . el contenido de este trabajo no interesa
para nada, por el momento” (Ibíd., p. 221). “Esta divi sión del trabajo en
trabajo productivo e improductivo no afecta para nada, de por sí, a la
categoría específica del trabajo ni al valor de uso en que toma cuerpo su
especialidad” (Ibíd., p. 139),
De todo esto se desprende que, desde el punto de
vista ma terial, el mismo trabajo puede ser productivo o improductivo (es
decir, puede estar o no incluido en el sistema capitalista de producción),
según que esté o no organizado en la forma de empresa capitalista. “El obrero
de una fábrica de pianos, por
318
ejemplo, es un obrero productivo. Su trabajo no se
limita a reponer el salario que consume, sino que su producto, el piano, la
mercancía vendida por el fabricante, contiene además del salario, plusvalía.
Supongamos, en cambio, que adquiriendo todos los elementos necesarios para
ello, una persona, en vez de comprar el piano al fabricante, contrate a un
obrero para que se lo construya en su casa. Este obrero sería un obrero im~
productivo, pues su trabajo se cambiaría directamente por la renta de quien le
encargase el piano” (Ibíd,, p. 139). En el pri mer caso, el trabajador que
construye el piano está incorporado a una empresa capitalista, y por ende, a un
sistema de produc ción capitalista. En el segundo caso no es así. “Cuando
Milton, por ejemplo, escribía El Paraíso perdido, era un obrero impro ductivo.
En cambio, es un obrero productivo el autor que sumi nistra a su editor
originales para ser publicados. Milton produjo El Paraíso perdido como el
gusano de seda produce la seda: por un impulso. Después de lo cual, vendió su
producto por 5 mil libras esterlinas. En cambio, el autor que fabrica libros,
manuales de economía política por ejemplo, bajo la dirección de su editor, es
un obrero productivo, pues su producción se halla sometida por definición al capital
que ha de hacer fruc tificar” “Una cantante que vende su canto por su propia
cuenta es un trabajador improductivo. Pero la misma cantante, si recibe de un
empresario el encargo de cantar con el fin de hacer dinero para él, es un
trabajador productivo, pues produce capital” (Ibíd., p. 220). La forma
capitalista de organización del trabajo incluye el trabajo en el sistema de
producción capitalista y lo convierte en trabajo “productivo”. Todas las
actividades laborales que no se realizan en la forma de una empresa organizada
sobre principios capitalistas no se incluyen en el sistema capitalista de
producción ni son consideradas trabajo “productivo” Tal es el carácter de las
actividades laborales dirigidas hacia la satisfacción de necesidades personales
(resabios de la economía doméstica natural). Aun el trabajo asalariado, si no
es empleado para rendir una plusvalía (por ejemplo, el trabajo de sirvientes
do mésticos), no es productivo en el sentido de la definición dada. Pero el
trabajo de sirvientes domésticos no es improductivo porque sea “inútil” o
porque no produzca bienes materiales. Como dice Marx, el trabajo de un cocinero
produce ‘Valores de uso materiales” ( I b í d p. 138), pero es improductivo si
el cocinero se contrata como sirviente personal. Por otro lado, el trabajo de
un lacayo, aunque no produzca bienes materiales y
319
sea reconocido habitualmente como “inútil”, puede
ser trabajo productivo si está organizado en la forma de una empresa capi
talista. “Los cocineros y los camareros de un hotel serán obreros productivos
siempre y cuando que su trabajo se traduzca en capital para su patrón, y
obreros improductivos si sus servicios representan simplemente la inversión de
rentas” ( Ibíd., p. 138). “Obreros productivos de por sí pueden ser, respecto a
mí, obreros improductivos. Si mando empapelar mi casa por un obrero que se halla
al servicio de un patrón, es lo mismo que si comprase una casa empapelada y
diese mi dinero por una mercancía destinada a mi consumo; en cambio, para su
patrón, el obrero empapelador es un obrero productivo, puesto que le produce
plusvalía" (Ibíd., p. 222). ¿Debemos entender por esto que Marx sólo
reconoce un criterio relativo y subjetivo, y no un criterio social y objetivo,
del carácter productivo del trabajo? Creemos que no. Marx sólo afirma que el
trabajo de un tapicero, si forma parte de la casa del consumidor-cliente, no
está incluido en el sistema de producción capitalista. Sólo se hace productivo
cuando se incorpora a la economía de un empresario capitalista.
Por consiguiente, sólo el trabajo organizado sobre
principios capitalistas [/, por ende, incluido en el sistema de producción ca
pitalista es trabajo productivo. No debe entenderse la produc ción capitalista
en el sentido del sistema económico-social exis tente y concreto, aue no se
compone exclusivamente de empresas de carácter capitalista pues también
contiene resabios de formas precapitalistas de producción (por ejemplo,
producción campe sina y artesanal). El sistema de producción capitalista sólo
abarca las unidades económicas constituidas sobre principios capitalistas. Es
una abstracción científica derivada de una realidad económica concreta, y en
esta forma abstracta representa el objeto de la economía política como ciencia
de la economía capitalista. En este, como abstracción teórica, el trabajo del
campesino y el del artesano no existen. No se considera la cuestión de su
carácter productivo. Los artesanos y campesinos “serán vende dores de
mercancías y no vendedores de trabajo; su situación no tiene, por tanto, nada
que ver con el cambio del capital ni, por consiguiente, con la distinción de
trabajo productivo e impro ductivo, distinción basada pura y simplemente en el
hecho de que el trabajo se cambia, en un caso, por dinero como tal dinero, y en
el otro por dinero como capital. Aún produciendo mer cancías, estos obreros no
son productivos ni improductivos, pues
320
su producción no entra dentro del marco del tipo de
producción capitalista” (Ibíd., p. 222).
Desde el punto de vista de la definición que da
Marx de trabajo productivo, el trabajo del empleado público, de la policía, de
los soldados y sacerdotes no puede vincularse con el trabajo productivo. No
porque este trabajo sea “inútil” o porque no se materialice en “cosas”, sino
sólo porque está organizado sobre principios de derecho público y no en la
forma de empresas capitalistas privadas. Un empleado de correos no es un
trabajador productivo, pero si el correo estuviera organizado en la forma de
una empresa capitalista privada que cobrara dinero por la entrega de cartas y
paquetes, los trabajadores asalariados de esas empresas serían trabajadores
productivos. Si la tarea de proteger las cargas y los pasajeros en los caminos
no fuera realizada por la policía estatal, sino por oficinas de transporte
privadas que mantuvieran la protección armada mediante trabajadores contra
tados, los miembros de tales oficinas serían trabajadores pro ductivos. Su
trabajo estaría incluido en el sistema de producción capitalista (por ejemplo,
a la ley de las tasas iguales de ganancia para todas las ramas de la
producción). No puede decirse esto del correo o de la policía, que están
organizados sobre principios de derecho público. La labor de los empleados de
correos o de la policía no está incluida en el sistema de producción
capitalista; no es trabajo productivo.
Como vemos, cuando Marx define el trabajo
productivo, se abstrae totalmente de su contenido, del carácter y el resultado
concretos y útiles del trabajo. Considera el trabajo sólo desde el punto de
vista de su forma social. El trabajo organizado en una empresa capitalista es
trabajo productivo. El concepto de “productivo” —como los otros conceptos de la
economía política de Marx— tiene un carácter histórico y social. Por esta
razón, sería sumamente incorrecto atribuir un carécter “materialista” a la teoría
del trabajo productivo de Marx. Desde la perspectiva de éste, no se puede
considerar como productivo solamente al trabajo que sirve a la satisfacción de
necesidades materiales (y no a las llamadas necesidades espirituales). Y en la
primera página de El capital Marx escribió: “El carácter de estas nece
sidades, el que broten por ejemplo del estómago o de la fantasía, no interesa
en lo más mínimo para estos efectos” (C., I, p. 3). La naturaleza de las
necesidades no tiene ninguna importancia. Del mismo modo, Marx no asignó una
significación decisiva a la diferencia entre el trabajo físico y el intelectual
Marx habló
321
de esto en un conocido pasaje del capitulo XIV de
El capital, y en muchos otros lugares. Con referencia a “el trabajo de los
ingenieros, de los vigilantes, del director, de los empleados; en una palabra,
el trabajo de todo el personal cuya colaboración es necesaria p aT a producir
determinada mercancía en una esfera cualquiera de la producción material”,
afirmó que “estas personas añaden al capital constante su trabajo total,
incrementando con ello proporcionalmente el valor del producto” (Historia crítica
de la teoría de la plusvalía, tomo I, p. 142). (¿Hasta qué punto es cierto esto
para el caso de los banqueros, etc.?)2 Se supone que los trabajadores
intelectuales son “indispensables” para el proceso de producción y, por ende,
que “ganan” retribuciones derivadas de los productos creados por los
trabajadores materiales. Según Marx, sin embargo, ellos crean un nuevo valor.
De ese valor reciben una retribución y dejan una parte del mismo en manos del
capitalista en la forma de valor no pagado, de plusvalía.
El trabajo intelectual necesario para el proceso de
producción material no difiere en ningún aspecto del trabajo físico. Es “pro
ductivo” si está organizado sobre principios capitalistas. En este caso, es
absolutamente igual que el trabajo intelectual esté organizado junto al trabajo
físico en una empresa (oficina téc nica, laboratorio químico u oficina de
contabilidad, en una fábrica) o que esté separado en una empresa independiente
(un laboratorio químico experimental independiente que tenga la tarea de
mejorar la producción, etc.).
La siguiente diferencia entre tipos de trabajo
tiene importante significación para el problema del trabajo productivo: se
trata de la diferencia entre el trabajo que “se concreta en valores de uso
materiales ( Ibíd., p. 143) y el trabajo o los servicios “que no asumen forma
objetiva, es decir, que no adoptan, conside rados como cosas, una existencia
propia, distinta de quienes los prestan” (Ibíd.), “en los que la producción no
puede separarse del mismo acto de creación. Es lo que ocurre con todos los ejecutantes,
artistas, actores, profesores, médicos, curas, etc.* (Ibíd., p. 223).3
Suponiendo que “todo el mundo de las mer cancías, todas las ramas de la
producción material, de la produc ción de la riqueza material, se hallan
sometidas, teóricamente o de hecho, al tipo de producción capitalista” (Ibíd.),
la esfera de la producción material como un todo está incluida en la esfera del
trabajo productivo, es decir, organizada de manera capitalista. Por otro lado,
los fenómenos relacionados con la producción no material “representan episodios
significantes si los
322
comparamos con el panorama de conjunto. Podemos,
por consi guiente, dejarlos a un lado” (IfndL, p. 224). Así, sobre la base de
dos supuestos, a saber, 1) que la producción como un todo está organizada sobre
principios capitalistas, y 2) que la pro ducción no material está excluida de
nuestro análisis, puede definirse el trabajo productivo como trabajo que
produce riqueza material. “Por donde hemos descubierto una segunda caracte
rística secundaría del trabajo productivo, distinta de su carac terística determinante
e independiente en absoluto del contenido del trabajo” (Ibíd., p. 224). Es
necesario recordar que se trata de una definición “secundaria”, que sólo es
válida si se aceptan las premisas mencionadas, es decir, si se supone de
antemano el trabajo organizado en forma capitalista. En realidad, como el mis
mo Marx lo señaló con frecuencia, el trabajo productivo en el sentido definido
y el trabajo que produce riqueza material no coinciden; divergen en dos
aspectos. El trabajo productivo incluye el trabajo que aunque no está encarnado
en cosas materiales, está organizado sobre principios capitalistas. Por otro
lado, el trabajo que produce riqueza material pero no está organizado en la
forma de la producción capitalista no es trabajo productivo desde el punto de
vista de la producción capitalista (ver Historia crítica de la teoría de la
plusvalía, p. 143) * Si no adop tamos la "definición secundaria",
sino la “característica decisiva" del trabajo productivo, que Marx define
como trabajo que crea plusvalía, vemos que todo rastro de trabajo definido
"de manera materialista” queda eliminado de la definición de Marx. Esta
toma como punto de partida la forma social (o sea, capitalista) de organización
del trabajo. Esta definición tiene un carácter sociológico.
A primera vista, la concepción del trabajo
productivo desa rrollada en la Historia crítica de la teoría de la plusvalía
diverge de la idea de Marx sobre el trabajo de los trabajadores y ofici nistas
empleados en el comercio y el crédito ( Capital, tomo II, capítulo VI, y tomo
III, capítulos XVI-XIX). Marx no considera productivo tal trabajo. Según muchos
científicos sociales, inclu yendo marxistas, éste se negó a considerar
productivo este trabajo porque no produce cambios en las cosas materiales. Según
ellos, esto es un resabio de las teorías "materialistas” del trabajo
productivo. Al referirse a la oposición de la "escuela clásica”, para la
cual el trabajo productivo, o el trabajo que crea valor (desde un punto de
vista burgués, esto es una simple tautología), debe ciertamente estar encamado
en cosas materiales", V. Ba-
323
zarov se pregunta con asombro: “¿Cómo pudo Marx
cometer tal error después de haber descubierto la psicología fetichista del
productor de mercancías con tanto ingenio?” 5 A. Bogdanov cri ticó las teorías
que separan los aspectos “intelectual” y “mate rial” del trabajo, y agregó:
“Estas concepciones de la economía política clásica no fueron sometidas por
Marx a la crítica que merecen; en general, Marx mismo apoyó esas concepciones.”
6
¿Es verdad que los tomos II y III de El capital
están impreg nados de esa concepción “materialista” del trabajo productivo que
Marx sometió a una crítica detallada y destructiva en la Historia crítica de la
teoría de la plusvalía? En realidad, no existe tal contradicción patente en las
ideas de Marx. Éste no re nuncia al concepto de trabajo productivo como
trabajo organizado sobre principios capitalistas, independientemente de su
carácter concreto y útil y sus resultados. Pero, si no es así, ¿por qué Marx no
considera el trabajo de los vendedores y los oficinistas organizados en una
empresa comercial capitalista como trabajo productivo? Para responder a esta
pregunta, debemos recordar que, cuando Marx hablaba de trabajo productivo como
trabajo alquilado por el capital en la Historia crítica de la teoría de la
plusvalía, sólo tenía presente el capital productivo. El agregado al tomo I de
esta obra que lleva como título “La idea del trabajo productivo”,7 comienza con
la cuestión del capital pro ductivo. De éste, Marx pasa al trabajo productivo.
Este agregado termina con las siguientes palabras: “Aquí no nos hemos referido
más que al capital productivo, es decir, al capital directamente empleado en el
proceso de producción inmediata. Más adelante nos ocuparemos del capital en el
proceso de la circulación. Y cuando tratemos del capital comercial, veremos
hasta qué punto los obreros que trabajan para él son productivos o impro
ductivos”.8 Así, la cuestión del trabajo productivo reposa en la cuestión del
capital productivo, es decir, en la conocida teoría del tomo II de El capital
sobre “Las metamorfosis del capital
y su ciclo”,
Según esa teoría,
el capital pasa
por tres fases
en su proceso de reproducción*, capital-dinero,
capital productivo y capital-mercancías. Las fases primera y tercera
representan el “proceso de circulación del capital”, y la segunda el
"proceso de producción del capital”. En este esquema, el capital
“producti vo” no se opone al improductivo, sino al capital en el “proceso de
circulación’. El capital productivo organiza directamente el proceso de la
creación de bienes de consumo en el sentido más amplio. Ese proceso incluye
todo trabajo necesario para
324
la adaptación de bienes a los fines del consumo,
por ejemplo, el almacenamiento, el transporte, el empaquetamiento, etc. El
capital en el proceso de circulación organiza la “circulación genuina”, la
compra y la venta, por ejemplo, la transferencia del derecho de propiedad
abstraído de la transferencia real de productos. Este capital supera la
fricción del sistema mercantil capitalista, por así decir, fricción que obedece
al hecho de que el sistema se halla escindido en unidades económicas
individuales. Precede y sigue al proceso de creación de bienes de consumo,
aunque está ligado al mismo indirectamente. La “producción de capital” y la
“circulación de capital” son independientes en el sistema de Marx y son
tratados separadamente, aunque al mismo tiempo Marx no pierde de vista la
unidad de todo el proceso de repro ducción del capital. Esta es la base de la
distinción entre el trabajo empleado en la producción y el empleado en la
circu lación, Pero esta división nada tiene que ver con una división del trabajo
en trabajo que opera cambios en los bienes mate riales y trabajo que no posee
esa propiedad. Marx distingue entre el trabajo alquilado por el capital
“productivo”, o más
precisamente por el capital en la fase de la producción, y el
trabajo alquilado
por el capital-mercancías o el
capital-dinero,
o más precisamente, el capital en
la fase de la circulación.
Sólo el primer tipo de trabajo es “productivo”, no
porque pro duzca bienes materiales, sino porque es alquilado por el capital
“productivo”, esto es, el capital en la fase de la producción. La participación
del trabajo en la producción de bienes para el consumidor (no necesariamente
bienes materiales) representa, para Marx, una propiedad adicional del carácter
productivo del trabajo pero no el criterio para establecerlo. Este criterio
sigue siendo la forma capitalista de organización del trabajo. El carácter
productivo del trabajo es una expresión del carácter productivo del capital. El
movimiento de las fases del capital determina las características del trabajo
que alquilan. Aquí Marx permanece fiel a su idea de que en la sociedad
capitalista la fuerza motriz del desarrollo es el capital: sus movimientos
determinan el movimiento del trabajo, que está subordinado al capital.
Así, según Marx, es trabajo productivo todo tipo de
trabajo organizado en las formas del proceso capitalista de producción o, más
precisamente, el trabajo alquilado por el capital “pro ductivo”, es decir,
capital en la fase de la producción. El trabajo del vendedor no es productivo,
no porque no produzca cambios
325
en los bienes materiales, sino sólo porque es
contratado por el capital en la fase de la circulación. El trabajo del payaso
al ser vicio del empresario de circo es productivo aunque no provoque cambios
en los bienes materiales y, desde el punto de vista de las exigencias de la
economía social, sea menos útil que la labor del vendedor. El trabajo del
payaso es productivo porque es empleado por el capital en la fase de la
producción. (El resul tado de la producción, en este caso, consiste en bienes
ma teriales, en chistes, pero esto no modifica el problema. Los
chistes del payaso tienen
valor de uso y valor de cambio.
Su
valor de cambio
es mayor que el valor
de la reproduc
ción de la fuerza de
trabajo del payaso, es decir, que su
salario y los gastos en capital constante. Por
consiguiente, el empresario obtiene una plusvalía.) Por otro lado, el trabajo
del boletero de un circo, que vende entradas para las funcio nes del payaso,
es improductivo, porque es contratado por el capital en la fase de la
circulación: sólo ayuda a transferir el "derecho a observar el
espectáculo”, el derecho a gozar de los chistes del payaso, de una persona (el
empresario) a otra (el público).0
Para una captación exacta de la idea de Marx, es
necesario comprender con claridad que la fase de circulación del capital no
significa una circulación y distribución “verdaderas”, "reales”, de
productos, es decir, un proceso de transferencia real de las manos de los
productores a las de los consumidores, acompañado necesariamente de los
procesos del transporte, el almacenamien to, el empaquetamiento, etc. La
función de circulación del capital sólo consiste en transferir el derecho de
propiedad de un producto de una persona a otra, sólo es una transformación del
valor de una forma mercancía a una forma dinero o, inver samente, sólo una
realización del valor producido. Es una tran sición ideal o formal, pero no
real. Estos son los "gastos de circulación, derivados del simple cambio de
forma del valor, de la circulación idealmente considerada” (C., II, p. 121).
"Aquí, sólo nos referiremos al carácter general de los gastos de circu
lación que surgen de la metamorfosis puramente formal” (ibíd., p. 120). Marx demostró
la siguiente afirmación: “La ley general es que todos los gastos de circulación
que responden simple mente a un cambio de la forma de la mercancía no añaden a
ésta ningún valor" (ibíd., p. 132).
Marx distinguió tajantemente entre esta
“metamorfosis for mal”, que es la esencia de la fase de circulación, y la
"función
326
real” del capital-mercancías (C., III, p. 265).
Entre estas fun ciones reales Marx incluía: transporte, almacenamiento, “dis
tribución de las mercancías bajo una forma distribuible” (ibíd., p. 264),
“expedición, transporte, distribución, venta al por me nor” (ibíd., pp. 276 y
282). Debe entenderse que la realización formal del valor, esto es, la
transferencia del derecho de propie dad sobre los productos, “se limita a
servir de vehículo a su realización y con ello, al mismo tiempo, al verdadero
cambio de las mercancías, a su paso de unas manos a otras, al meta bolismo
social” (ibíd., p. 276). Pero teóricamente, la realización formal, la función
genuina del capital en la circulación es en todo diferente de las funciones
reales mencionadas que son, en esencia, ajenas a este capital y tienen un
carácter “hetero géneo” (i b í d p. 276). En las empresas comerciales comunes,
estas funciones formales y reales habitualmente se mezclan y entrelazan. El
trabajo del vendedor de una tienda sirve a la función real de la conservación,
el desempaquetamiento, el em paquetamiento, el transporte, etc., y las
funciones formales de la compra y la venta. Pero es posible separar estas
funciones tanto en cuanto a personas como en cuanto a lugares: “Las mercancías
preparadas para ser compradas o vendidas pueden almacenarse también en docks y
otros lugares públicos” (ibíd p, 282), por ejemplo, en depósitos comerciales y
de transporte. El momento formal de la realización, la compra y la venta, puede
producirse en otra parte, en una “oficina de ventas” especial. Los aspectos
formales y los reales de la circulación se separan unos de otros.
Marx consideró todas las funciones reales como
“procesos de producción persistentes dentro del proceso de circulación” (ibíd.,
p. 264), “procesos de producción que pueden continuar en el proceso de
circulación” (iZnd., p. 282). Son “procesos de producción proseguidos
simplemente en la circulación y cuyo carácter productivo se oculta bajo la
forma de ésta” (C., II, p. 121). Así, el trabajo que se aplica a estos
“procesos de pro ducción” es trabajo productivo que crea valor y plusvalía. Si
el trabajo del vendedor consiste en llevar a cabo funciones reales:
conservación, transporte, empaquetamiento, etc., es trabajo pro ductivo, no
porque se encame en bienes materiales (la conser vación no produce tales
cambios), sino porque está empeñado en el “proceso de la producción”, y por
consiguiente es contra tado por el capital productivo. La labor del mismo
empleado comercial es improductiva sólo si sirve exclusivamente a las
327
“metamorfosis formales” del valor, a su
realización, a la trans ferencia ideal del derecho de propiedad sobre el
producto de una persona a otra. La “metamorfosis formal” que se produce en la
“Oficina de ventas” y que está separada de todas las fun ciones reales también
exige ciertos gastos de circulación y gastos de trabajo, a saber, la
contabilidad, el manejo de los libros comerciales, la correspondencia, etc.
(C., III, p. 282). Este trabajo no es productivo, pero, una vez más, no porque
no cree bienes materiales, sino porque sirve a la “metamorfosis formal” del
valor, a la fase de “circulación” del capital en forma pura.
Aceptando la distinción de Marx entre funciones
“formales" y funciones “materiales” (preferimos el término “real”, que se
encuentra en la obra de Marx; el término “material” puede dar origen a
malentendidos), V. Bazarov niega que las funciones formales puedan exigir “la
aplicación de un solo átomo de trabajo humano vivo”*10 “En realidad, sólo el
aspecto material’ de las funciones del capital-mercancías absorbe trabajo
humano vivo. Pero la metamorfosis formal no exige ningún gasto’ del
comerciante.” No estamos de acuerdo con la opinión de Baza rov. Supongamos que
todas las funciones reales, “materiales”, se separan de las funciones formales
y que los artículos se con servan en depósitos, barracas, etc., especiales.
Supongamos que en la “oficina de ventas” sólo se realiza el acto formal de la
compra y la venta, la transferencia del derecho de propiedad sobre la
mercancía. Los gastos de equipamiento de la ofici na, el mantenimiento de los
empleados, los agentes de ventas, la contabilidad, en la medida en que son
usados por la trans ferencia del derecho de propiedad de una persona a otra,
son todos “gastos genuinos de circulación”, sólo relacionados con la
metamorfosis formal del valor. Como podemos ver, aún ésta exige “gastos” del
comerciante y la aplicación de trabajo hu mano que, en este caso, es
improductivo, según Marx.
Dirigimos la atención del lector a la cuestión de
la contabi lidad porque, como afirman algunos autores, Marx negó el carácter
productivo del trabajo en la contabilidad, en to dos los casos.11 Sostenemos
que tal opinión es errónea. En realidad, las ideas de Marx sobre la
“contabilidad” (C., II, ca pítulo VI) se caracterizan por su extrema oscuridad
y pueden ser interpretadas en el sentido indicado. Pero, desde el punto de
vista de la concepción de Marx del trabajo productivo, la cuestión del trabajo de
los contadores no plantea particulares dudas. Si la contabilidad es necesaria
para la ejecución de fun
328
ciones reales de la producción, aunque esas
funciones se lleven cabo en el curso de la circulación (el trabajo del contador
se relaciona con la producción, la conservación y el transporte de bienes),
entonces la contabilidad se relaciona con el proceso de producción. El trabajo
del contador es improductivo sólo cuando realiza la metamorfosis formal del
valor, la transferencia del derecho de propiedad sobre el producto, el acto de
compra y venta en su forma ideal. Repetimos que, en este caso, el trabajo del contador
no es improductivo porque no efectúe cambios en bienes materiales (a este
respecto, no difiere del trabajo del contador de una fábrica), sino porque es
contratado por el capital en la fase de la circulación (separada de todas las
funciones reales).
Estas distinciones entre funciones formales y
funciones reales del capital-mercancías, o entre la circulación en su forma
pura y “los procesos de producción que se llevan acabo en el proceso de
circulación”, fueron aplicadas por Marx en los tomos II y III de El capital. No
podemos estar de acuerdo con la opinión de que Marx sólo aplicó esas
distinciones en el tomo III, mientras que el tomo II trata arbitrariamente
todos los gastos en el inter cambio, incluyendo los efectuados en las
funciones reales de la circulación, como improductivos. V. Bazarov13 y A.
Bogdanov13 expresaron tal opinión acerca de una importante diferencia en tre
el tomo II y el III de El capital. En realidad, incluso en el tomo II de El
capital Marx sólo relaciona con los gastos incon dicionalmente improductivos
los “gastos genuinos de circula ción”, y no todos los gastos de circulación
(C., II, p. 115). En el tomo II, habla de “procesos de producción” que se
realizan en el intercambio y tienen un carácter productivo (i b í d p. 121). Sin
tomar en consideración diferencias secundarias en matices de pensamiento y en
la formulación, no hallamos tal contradic ción básica entre los tomos II y III
de El capital. Esto no signi fica negar que en el capítulo XVII del tomo III,
y particular mente en el capítulo VI del tomo II, haya pasajes discordantes,
oscuridad terminológica y contradicciones particulares, pero la concepción
básica del trabajo productivo como aquel que es contratado por el capital (aun
en procesos complementarios de la producción que se llevan a cabo en la
circulación) y del trabajo improductivo como el que sirve al capital en la fase
de circulación pura o en la “metamorfosis formal” del valor es muy clara.
029
A. Bogdanov objeta la división de Marx de las
funciones del capital-mercancías en reales (continuación del proceso produc
tivo) y formales (circulación pura) sobre la base de que, en el capitalismo,
las funciones formales son tan “objetivamente ne cesarias9 como las reales,
puesto que su propósito es satisfacer exigencias reales del sistema productivo
considerado.14 Pero Marx no pretendió negar la necesidad de la fase de
circulación en el proceso de reproducción del capital. “Él [el agente com
prador y vendedor] realiza una función necesaria, ya que el proceso de
reproducción mismo incluye también funciones im productivas” (C., II, p. 117),
es decir, la función de la circu lación pura. “El tiempo de trabajo que se
invierte en estas operaciones [de la circulación pura] se dedica a operaciones
que son necesarias en el proceso de reproducción del capital, pero no añade
ningún valor” (C., III, p. 283). Según Marx, las fases de la producción y la
circulación son igualmente necesa rias en el proceso de reproducción del
capital. Pero esto no eli mina las propiedades distintivas de esas dos fases
del movi miento del capital. El trabajo contratado por el capital en la fase
de la producción y el contratado en la fase de la circula ción son ambos
necesarios, pero Marx sólo consideraba produc tivo al primero. A. Bogdanov
toma la necesidad objetiva del trabajo para el sistema económico considerado
como un criterio de productividad. De este modo, no sólo suprime la diferencia
entre el trabajo aplicado a la producción y el trabajo aplicado a la
circulación, sino que agrega condicionalmente “funciones relacionadas con la
actividad militar” 15 a las funciones produc tivas, aunque las funciones
relacionadas con la actividad militar están organizadas sobre la base del
derecho público y no de la producción capitalista privada. En oposición a Marx,
A. Bog danov no toma como criterio de su productividad la forma social de
organización del trabajo, sino "el carácter indispensa ble” del trabajo,
en su forma concreta y útil, para el sistema económico considerado.
Así, las concepciones de los autores que reducen la
teoría del trabajo productivo de Marx a una diferencia entre el trabajo
encarnado en cosas materiales y el que no posee esta propiedad deben ser
consideradas como incondicionalmente erróneas. Hil ferding se acerca a este
problema de la obra de Marx. Conside ra todo trabajo “necesario para el
propósito social de la produc ción, y por ende, independiente de la forma
histórica determi nada que la producción adopte en la forma social determinada
330
en consideración”, como productivo. “Por otra
parte, el trabajo que sólo se gasta para los fines de la circulación
capitalista, es decir, que se origina en la organización histórica determinada
de la producción, no crea valor."16 Algunos pasajes de la obra de Marx
(C., II, pp. 120 y 124), son similares a la definición que da Hilferding del
trabajo improductivo. Pero la definición de Hilferding del trabajo productivo
como "independiente de la forma social determinada de la producción”
diverge de la de Marx. La concepción de Hilferding, según la cual el “criterio
de productividad. . . es el mismo en todas las formaciones so ciales” (ibíd.)
contradice de plano todo el sistema de Marx. La distinción que estableció éste
entre el trabajo contratado por el capital en la fase de la producción y el
contratado en la fase de la circulación se reflejó y, en parte, se modificó en
la con cepción de Hilferding.
No nos planteamos si la definición del trabajo
productivo que da Marx, basada en el análisis de la forma social del tra bajo,
es o no correcta, o si las definiciones comunes de los tratados de economía
política que se basan en la “indispensa bilidad”, la “utilidad”, el carácter
"material” del trabajo o su papel en el consumo personal y productivo, son
correctas. No decimos que la distinción de Marx, que se abstrae del contenido
de los gastos de trabajo, es más exacta que las ideas más co munes. Sólo afirmamos
que la concepción de Marx es diferente de estas concepciones comunes y no está
incluida en ellas. Marx dirigió su atención a otro aspecto de los fenómenos, y
podemos lamentar que haya elegido el término “productivo” para su enfoque de
las diferencias entre el trabajo contratado por el capital en la fase de la
producción y el contratado en la fase de la circulación. El término
"productivo” tiene un signi ficado diferente en la ciencia económica.
(Quizás un término más adecuado habría sido “trabajo de producción”.)
331
Notas
F REDY PERLM
AN
E L f e t ic
h is m o de l a m
e r c a n c ía
1 Paul A. Samuelson, Economics, An Introdvctory
Analysis, Nueva York,
McGraw Hill, 1967, séptima edición, pp. 1 y 5 (las
bastardillas son de Samuelson). El libro de Samuelson es el prototipo del texto
actualmente en uso en las universidades norteamericanas para enseñar a los
estudiantes los principios de la economía. [Hay edic. en esp., Curso de
economía mo derna. Ed. Aguilar, Madrid, 1972]
2 Robert W. Campbell, “Marx, Kantorovich and
Novozhilov: Stoimost versus Reality", Slavic Review, Octubre de 1961, pp.,
402-418. Reimpreso
en
Wayne A. Leeman,
rec., Capitalism, Market Socialism and Cenital
Planning,
Boston, Houghton Mifflin,
1963, pp. 102-118, y también
en
Harry G.
Shaffer, The Soviet
Economy. Nueva York,
Appleton-Century-
Crofts,
1963, pp. 350-366. Campbell es una autoridad norteamericana
actual en economía marxista. Soviet Planning, New Haven,
3 Abram Bergson, The
Economics of
Yale University Press, 1964, p. 3. Bergson es
director del Centro de Inves tigaciones Rusas de la Universidad de Harvard y,
como Campbell, es ac tualmente una autoridad en economía marxista.
4 Según el título de la obra de William Appleman
Williams, The Great Evasión, Chicago, Quadrangle Books, 1964. Williams describe
vividamen te algunas de las técnicas de la evasión: "Las tácticas de
escape de la realidad empleadas en esta temeraria arremetida llenarían un
manual de equívocos, un texto de bizantinismos y una guía sobre cómo eludir los
problemas.” (p. 18) .
5 I. I. Rubin, Ocherki po teorii stoimosti Marksa,
Moscú, Gosudastven-noe IzdateFstvo, 3a. ed., 1928, p. 41; en esta traducción,
p. 81. El libro de Rubín nunca fue reeditado en la Unión Soviética después de
1928, y nunca había sido traducido antes. Las citas posteriores de esta Intro
ducción se
refieren a esta traducción.
6 Samuelson, op. c i t p. 1.
7 Por ejemplo: “Es bastante curioso que haya sido el joven Marx (el
de
principios de la década de 1840) quien elaboró ideas muy afines a
otros sistemas de pensamiento que han ejercido gran
atractivo durante los decenios de 1950 y 1960: el psicoanálisis, el
existencialismo y el budismo Zen. Por el contrario, la obra del Marx maduro,
que ponía de relieve el análisis económico y político, ha sido menos atrayente
para los intelec-
333
tuales de las naciones occidentales avanzadas desde
el final de L '?g7*nda
guerra
mundial/* Robert Blauner,
Alienation and Freedom ; jactory
Worker and His Industry, Chicago: University of
Chicago Press, *.‘^4, p. 1.
y Karl Marx,
Manuscritos económico-filosóficos de 1844 en Marx y
Engels,
Escritos Económicos Varios.
Ed. Grijalbo, México, 1969, p. 115.
1 Ibíd., p. 113. (Las bastardillas son del original.)
10 Ibíd., p. 114.
J1 Ibíd
., p. 119.
12 Ibíd., p. 119.
13 Ibíd.,
pp. 109-110.
14 Karl
Marx, “Tesis sobre Feuerbach” en Marx y Engels, Obras Esco gidas, Ed.
Progreso, Moscú, s.t. t. I, p. 398.
15 Ibíd., p. 397.
10 Marx y Engels, La ideología alemana. Ed. Pueblos
Unidos, Monte video, 1968, pp. 48-49.
17 Do “Excerpt-Notes of 1844”, en Writings of the
Young Marx on Philosophy and Societtj, traducido y editado por Lloyd D. Easton
y Kurt H. Guddat, Garden-City, Anchor Books, 1967, p. 281. (Las bastardillas
son del original.)
18 Ibíd., pp. 281-282.
Jí) Blauner, op.
cit., p. 15.
2,1 Ibíd.,
p. 3.
21 De
“Excerpt-Notes of 1844”, op. cit., pp.
275-276.
22 Ibíd.,
p. 272.
23 Karl Marx, “Manuscritos.. ” op. cit., p. 04.
Ibíd., pp. 63 y 66.
25 Ibíd.
y p. 93.
20 Veljko
Korác, “In Search of Human Society”, en Erich Fromm, rec., Socialist Humanism,
Garden City, Anchor Books, 1966, p. 6. (Las bas tardillas son del original.)
[Hay edic. en esp.]
27 Karl
Marx, “Manuscritos...” op. cit., p. 91.
28 Ibíd.,
pp. 82 y 83.
29 Easton
y Guddat, Writings of the Young Marx on Philosophy and Society, pp. 262-263.
30 Karl Marx, “Manuscritos...” op. cit., p. 108.
31 Erich
Fromm, Beyond the Chains of lllusion, Nueva York, Pocket Books, Inc., 1962, p.
32. [Hay edic. en esp.]
33 Ibíd., p. 49.
33 Ibíd.,
pp. 196-197.
34 Marx y Engels, La ideología alemana, op. cit., pp. 11 y 12.
35 Carta de
Marx a P. V. Annenkov del 28 de
diciembre de 1846, en
Karl Marx, Miseria
de la filosofía,
Buenos Aires, Siglo XXI, 1970, pp.169-
182.
36 Marx y Engels, La ideología alemana, op. cit., pp. 19-20
37 Ibíd., p.
26. op. cit., p. 102.
38 Karl Marx, Miseria de la filosofía,
39 Marx y
Engels, La ideología alemana, op.
cit., p. 41.
40 Carta de
Marx a Annenkov, op. cit., p. 171.
41 Marx y
Engels, La ideología alemana, op. cit., p. 475.
42 Karl Marx, “Prólogo
a Contribución a la crítica
de la economía
política”
en Introducción General
a la crítica de la economía política,
334
1857, Cuad. de Pasado y Presente/1, Córdoba, 1968,
p. 70. Es intere sante señalar que en este punto Marx comienza a elaborar una
teoría general del desarrollo y el cambio culturales o, como lo ha llamado el
antropólogo Leslie White, una “ciencia de la cultura” (ver Leslie A. White, The
Science of Culture, New York, Grove Press, 1949). El párrafo que contiene el
pasaje citado también contiene Ja siguiente formulación: “del mismo modo que no
podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar a
estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay
que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por
el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones
de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen
todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas
y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales
para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad an tigua.
Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede
alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo
brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones
materiales para su realización” (p. 70).
43 Marx y Engels, La ideología alemana, op. cit., p. 36.
44 Wright Mills no comprendió la conexión entre
el concepto de alie
nación
y la obra
posterior de Marx, es decir, los tres volúmenes de
El capital y, por consiguiente, redujo el problema de la
alienación a “la
actitud de los hombres frente al trabajo que desempeñan”.
Como resul
tado de
esto, Mills se sintió desengañado por Marx en este aspecto: “En
todo caso, cuanto menos,
el estado en que Marx dejó la concepción de
h enajenación
es bastante incompleto y brillantemente ambiguo”. C. Wright Milles, Los
marxiste, Ed; Era, México, 1904, p. 97.
45 Karl Marx, Contribución a la crítica de la
economía política, Ed. Estudio, Buenos Aires, 1970, p. 23.
46 Ibíd.
47 Samuelson, op. cit., p. 542.
48David
Ricardo, The Principies
of Politícal Economtj
andTaxation,
Homewood, Illinois: Richard O. Irwin, Inc., 1963, p.
45.
49 Karl Marx, Manuscritos, op. cit., p. 93. Cultura Económica, México,
50 Karl Marx, El capital, Ed. Fondo de
1966, t. III,
p. 758.
51 El capital, op. cit., p. 758.
62 Samuelson, op. cit., p. 591.
53 Karl
Marx, El capital, op. cit., t. III p. 756.
54 Karl Marx, Manuscritos, op. cit.f p. 107.
55 Samuelson, op. cit., p. 572 p. 168.
56 Karl
Marx, El capital, op. cit., t. III,
57 Karl
Marx, El capital, op. cit.t t. I, p. 38.
58 Samuelson,
op. cit., p. 591. op. cit., p. 24.
59 Karl
Marx, Contribución a la crítica — ,
60 Karl
Marx, El capital, op. cit., III, p. 763.
:fll Samuelson, op. cit., p, 602. cit., pp. 63 y 64.
62 Karl Marx, Manuscritos, op.
3 Daniel R.
Fusfeld, The Age of the Economist, Glenview, llinois; Scott, Foresman &
Co., 1966, p. 74, [Hay edic. en esp.]
335
4 Jean
Baptiste Say, Traité d’Économie politique, publicado en 1803; Auguste Cournot,
Recherches sur les principes mathématiques de la tfiéo-
rie des richesses, 1838. La resurrección
fue llevada a cabo en la década
de 1870 por Karl Manger, William Stanley Jevons y León Walras, y sa
labor fue “sintetizada” por Alfred Marshall en el decenio
de 1890.
65 Daniel R. Fusfeld, The a g e . . . , op. cit., p. 73.
66 Robert
Campbell, “Marxian Analysis,
Mathematical Methods, and
Scientific Economic Planning”, en Shaffer, op. cit., p. 352.
67 Fusfeld, op.
cit., pág. 74.
68 Campbell,
op. cit.
09 Ibíd. op. cit., p. 74.
70 Fusfeld,
71 Ibíd., p. 75.
72 Samuelson,
op. cit., pp. 601-602, antes citado.
73 Oskar
Lange, On the Economic Theory of Socialism, Nueva York,
McGrow Hill, 1964 (publicado junto con un ensayo de Fred M.
Taylor).
p. 141. [Hay edic. en esp.]
74 Ibíd., pp. 132-133.
™ Ibíd., p.
133.
70 Fred M. Gottheil, M aris Economic predictions,
Evanston, Northwes tern University Press, 1966, p. 27. [Hay edic. en esp.]
77 Joan Robinson, Economic Philosophy, Garden
City, Anchor Books,
1964, p. 35.
[Hay edic. en esp.]
78 Ibíd., p. 37. Bastardillas del original.
78 Ibíd.
80 Thorstein
Veblen, “The Socialist
Economics of Karl Marx”, The
Quarterly Journal of Economics, Agosto
20 de 1906;
reimpreso en The
Portable Veblen, rec. por
Marx Lerner, Nueva York, Viking Press, 1948,
p. 284. En
una nota al pie Veblen agrega la explicación de que “según
el uso
marxista, ‘producción capitalista*
significa producción de
artículos
para el mercado realizada por trabajo asalariado
bajo la dirección de em pleadores que poseen (o controlan) los medios de
producción y se de dican a la industria en búsqueda de un beneficio”.
Ibíd., pp,
287-288.
83 Sanmuelson, op. cit., p. 27.
83 Ibíd., p. 29.
84 Ibíd., Las bastardillas son de Samuelson.
85 Ibíd
.
86 De la explicación de Samuelson de la ley de la
ventaja relativa: “En
América del Norte,
una unidad de alimento cuesta X día de
trabajo y
una unidad de
vestimenta cuesta 2 días de trabajo. En Europa,
el costo
es de 3 días de trabajo para el alimento y 4 días para la
vestimenta”,
etc., Ibíd., p. 649.
87 Ibíd., p. 648.
88 Ibíd., p. 8. Las bastardillas son de Samuelson.
89 Ibíd., p. 50.
9° Ibíd., p. 602.
91 Rubin no
considera los casos en
que no son válidos los supuestos
de una competencia perfecta y una movilidad perfecta
del capital. Por
ello, no extiende su análisis a los problemas del
imperialismo, el mono polio, el militarismo, y las colonias internas (que hoy
caerían bajo el ró
336
tulo de racismo). Tampoco considera los cambios en
las relaciones de producción causados por la escala y el poder en aumento de
las fuerzas productivas, que Marx había comenzado a explorar en parte en el
tercer volumen de El capital, ni aborda su desarrollo o sus transformaciones.
I NTRODUCCIÓN
1 Hilferding,
R., “Bóhm-Bawerk’s Marx-Kritik”, Marx-Studien, Viena, 1904 [véase este trabajo
en Cuadernos de P y P N*? 49].
2 Aquí dejamos
de lado la parte de la teoría del materialismo histórico
que trata de las leyes de desarrollo de la
ideología.
3 Karl Marx, Elementos fundamentales para la
crítica de la economía política (borrador) 1857-1858, Introducción, Ed. Siglo
XXI, Buenos Aires, 1971, pp. 27 y 23.
PARTE I
T EORÍA M
ARXISTA DEL FETICHISM O
DE LA MERCANCÍA
1 Rykachev es
una excepción. Escribe: "La teoría del fetichismo de la mercancía de Marx
puede ser reducida a unas pocas analogías, superfi ciales, vacías y
esencialmente inexactas. Ese famoso descubrimiento del secreto del fetichismo
de la mercancía, que por algún malentendido ha conservado una aureola de
profundidad aún a los ojos de moderados admiradores de Marx, como M. Tugán
Baranovski y S. Frank, no es la parte más vigorosa sino casi la más débil del
sistema de Marx/' Rykachev,
Dengi i deneshnaya vlast (El dinero y el poder del dinero), 1910, p.
156. 3 En la primera edición alemana de El capital, todo el primer capítulo,
incluyendo la teoría del fetichismo de
la mercancía, apareció como
una sola parte, bajo
el título general
de "Mercancías” (fCapital,
I, 1867,
pp. 1-44).
3 Bogdanov, A., Kratkit kurs ekonomicheskoi nauki
(Curso breve de Cien cia Económica), 1920, p. 105.
* Kautsky, K.,
The Economic Doctrines of Karl Marx, Londres, A. y C. Black, 1925, p. 11. [Hay
edic. en esp.]
5 La letra “C” significa El capital,
y los números romanos indican el
tomo. Los números de página se refieren a la edición
en tres tomos de
El capital editada
por el Fondo
de Cultura Económica,
México, 1964.
[N. del
T.]
C APÍTULO I
L AS
BASES OBJETIVAS DEL
FETICHISM O DE LA
MERCANCÍA
1 Marx y Engels, Obras escogidas, op. cit., t.
II, Moscú, p. 454.
2 El modo en
que esta propiedad social de las cosas, que son expresiones
337
de relaciones de producción entre personas,
interviene en la creación de relaciones de producción entre individuos será
explicado más adelante, en el cap. III.
3 No podemos
estar de acuerdo con Hilferding en que el papel moneda suprime la
“cosificación” de las relaciones de producción. “Dentro de los límites de una
cantidad mínima de medios de circulación, la expresión material de las
relaciones sociales es reemplazada por relaciones sociales concientemente
reguladas. Esto es posible porque el dinero metálico repre senta una relación
social, aunque esté disimulada por una caparazón ma terial” (R. Hilferding,
Das Finanzkapital, Viena, Wiener Volksbuchhandlung, 1910). El cambio de las
mercancías mediante papel moneda también es realizado en una forma no regulada,
espontánea y “cosificada”, como en el caso del dinero metálico. El papel moneda
no es una “cosa” desde el punto de vista del valor interno de la materia de que
está hecho; pero es una cosa en el sentido que, a través de él, se expresan, de
manera “cosificada”, las relaciones sociales de producción entre comprador y
vendedor.
Pero si Hilferding se equivoca, la idea opuesta de
Bogdanov, quien sostiene que el papel moneda representa un grado mayor de
fetichismo de las relaciones sociales que el dinero metálico, tiene aún menos
funda mento. Bogdanov, Kurs politicheskoi ehonomii (Curso de Economía Polí
tica),
t. II, parte
4, p. 161.
C A P ÍT U L O
n
E L PROCESO DE PRODUCCIÓN Y SU FO RM A SOCIAL
1 En la traducción rusa de P. Rumyantsev, esto
setraduce incorrecta mente como “resultado”. Kritika politicheskoi ekonomii
(Crítica de la eco nomía política), San Petersburgo, 1922, p. 53. MaTX dice
Erzeugung (producción, establecimiento), y no Erzeugniss (producto, resultado).
[Más adelante, cuando Rubin cita la traducción rusa, nosotros citaremos: Karl
Marx, Contribución a la crítica de la economía política. [Ed. Estudio, Bue nos
Aires, 1970 y en las citas futuras nos referiremos a esta edición como Crítica.]
C APÍTULO
III
C OSIFICACIÓN DE LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN EN
TRE LOS HOM BRES Y PERSONIFICACIÓN DE COSAS
1 C f Pasow, Richard, Kapitálismus, Jena, G.
Fisher, 1918, p. 84.
2 Más adelante haremos una breve exposición de las
conclusiones desa rrolladas más extensamente en nuestro artículo “Relaciones
de Producción y Categorías Marxistas”, Pod znamenem marksizma (Bajo la Bandera
del Marxismo), 1924, n<> 10-11.
338
3 Cf. I. Rubín, Istoritja ekonomicheskoi mtjsli
(Historia del pensamiento económico), 2» edición, 1928, cap. Vil.
4 Ver C.j III, p. 756, y otras obras.
5 Kunov, “K ponimaiyu metoda issledovaniya Marksa”
(Hacia la com prensión del método de investigación de Marx), Osnovny problemy
politi-
cheskoi ekonomii,
1922, pp. 57-58.
6 K. Marx, Teorit pribavochnoi stoimosti (Teorías
de la plusvalía), t. II, p. 57.
7 Solo considerando esta “fusión” de relaciones
sociales y condiciones materiales de producción desde este punto de vista, se
nos aclara la teoría de Marx acerca de la naturaleza dual de las mercancías así
como su afirmación de que los valores de uso aparecen como el “soporte material
del valor de cambio” (C., I, p. 4). El valor de uso y el valor no son dos
propiedades diferentes de las cosas, como sostiene Bohm-Bawerk. El con
traste
entre ellos es
causado por el
contraste entre el método de las
ciencias de la
naturaleza, que considera
la mercancía como una cosa,
y el método sociológico, que trata de relaciones sociales “fusionadas con
las cosas”. “El valor de uso expresa unarelación natural entre
una cosa
y un hombre, la existencia de cosas para el hombre.
Pero el valor de cambio representa la existencia social de las cosas” (Theorien
über den Mehrwert, 1910, t. III, p. 355).
8 En general, la conexión entre las cosas y las
relaciones sociales entre las personas es más compleja y multilateral. Así, por
ejemplo, tomando en consideración solamente fenómenos que se hallan
estrechamente relacio nados con nuestro tema, podemos observar: 1) en la
esfera económica de diversas formaciones sociales, la dependencia causal de las
relaciones de
producción entre personas
con respecto a
la distribución de las cosas
entre ellas (la dependencia
de las relaciones de producción con
respecto
a la estructura y la distribución de las fuerzas productivas); 2) en la
esfera económica de la economía
mercantil-capitalista, la realización de las
relaciones de producción entre personas a través de las cosas, su “fusión”
(el fetichismo
de la mercancía, en el sentido préciso de las palabras);
3) en
diversas esferas de
diversas formaciones sociales, la simbolización
de las relaciones entre las personas en cosas (la simbolización social general
o la fetichizaeión de las relaciones sociales entre las personas). Aquí sólo
nos interesa el segundo punto, el fetichismo de la
mercancía en el sentido preciso de las palabras, y juzgamos indispensable
establecer una clara distinción entre este punto y el primero (la confusión
entre ambos es obser vable en Nicolai Bujarín, Teoría del materialismo
histórico [Cuadernos de Pasado y Presente/31, Córdoba, 1972] y en éste y el
tercero (la teoría del fetichismo de A. Bogdanov cae en esta confusión).
C APÍTULO IV
C OSA Y FUNCIÓN
SOCIAL (FO RM A )
1 Karl Marx, “Prólogo a la contribución a la
crítica de la economía po lítica”, en Introducción general a la crítica. . . ,
op. cit.
2 Tenemos presentes diversas formas o tipos de
relaciones de producción
3 3 9
entre personas en una sociedad capitalista, y no
diversos tipos de relaciones
de
producción que caractericen
diferentes tipos de
formaciones sociales.
3 Las bastardillas son nuestras (I. R.).
4 Karl Marx, “Trabajo asalariado y capital”, en
Marx y Engels, Obras escogidas, op. cit.7 t. I, p. 70. En esta edición el
pasaje citado es traducido así: “También el capital es una relación social de
producción. Es una relación burguesa de producción, una relación de producción
de la sociedad burguesa”.
5 Muy a menudo Marx dice que una relación de
producción “está repre
sentada”
(sich darstellt) en una cosa, y que una cosa
“representa” (dars-
tellt) una
relación de producción. op. cit., p. 38.
6 Karl Marx, Miseria de la filosofía,
7 El concepto de formbestimmtheit o formbestimmung
desempeña un papel importante en el sistema de Marx. Este sistema se ocupa ante
todo del análisis de las formas sociales de economía, o sea, de las relaciones
de producción entre los hombres. Marx decía a menudo Bestimmheit. V. Ba-zarov e
I. Stepanov a veces traducen muy correctamente este término por la palabra
“forma” (cf. Kapital, t. III, Libro II, pp. 365-300, y en la palabra
“nominación” (“naznachenie”), como hace a menudo T. Rumyantsev (Kritik der Pólitischen
Okonomie, p. 10; traducción rusa, p. 40). La traduc ción “determinación
formal” (formalnoe opredelenie”) también yerra con respecto al sentido que
tiene en cuenta Marx. (Nakoplenie kapitali i krizisy. La acumulación del
capital y las crisist de S. Bessonova.) Preferimos una
traducción precisa: “determinación de la forma” o
“definición de la forma”. 8 Traducida por “distinct forms of expression” en la
edición inglesa de
la Critique,
1904, p. 81. (N. del
T. de la ed. inglesa.)
9 Debemos señalar que Marx a veces usa los términos
“función” y “for ma” en un sentido técnico-material; el primero, muy a menudo;
el segundo, más raramente. Esto origina un inconveniente terminológico, pero en
esencia esto no impide a Marx establecer distinciones claras entre los dos
sentidos de los términos, excepto en algunos pasajes que son oscuros y
contradic torios (por ejemplo, en el t. II, parte II, de El capital). Por otro
lado, los términos “sustancia” y “contenido” son usados por Marx no sólo para
referirse al proceso material de la producción,
sino también a sus formas sociales.
C APÍTULO V
R ELACIONES
DE PRODUCCIÓN Y
CATEGORÍAS M A TERIALES
1 “Fenómenos
reales, como el del valor de la tierra, son presentados como ‘imaginarios' e
‘irracionales*, mientras que conceptos imaginarios, como el misterioso Valor de
cambio’, que no aparece en el cambio, son identificados como la única realidad”
(Tugán-Baranovski, Teoreticheskie osnovy mark-sizma, Bases teóricas del
marxismo, 4^ ed., 1918, p. 118). El pasaje de Marx citado significa que, si
bien la compra y la venta de tierra no expresa directamente relaciones entre
productores de mercancías mediante los pro
ductos
de su trabajo,
están sin embargo
vinculadas con esas
relaciones
y pueden explicarse en términos de ellas. En otras
palabras, la teoría de la
340
renta deriva de la teoría del valor. Riekes
interpretó incorrectamente este pasaje en el sentido de que la protección de la
propiedad territorial exige gastos, es decir, trabajo, que se expresa en el
precio de la tierra (Riekes, Hugo, Wert und Tauschtvert, Berlín, L. Simion [s.
f.], p. 27).
2 La
ignorancia de esta diferencia esencial entre la teoría del valor de Marx y las
teorías de los economistas clásicos explica la debilidad del libro de Rosenberg
(Isaiah Rosenberg, Ricardo und Marx ais Werttheore-tiker; eine Kritische
Studie, Viena, Kommissionsverlag von I. Brand, 1904).
C APÍTULO VI
CRÍTICAS DE STRUVE A LA TEORÍA DEL FETICHISM O DE LA
MERCANCÍA
1 Khozyaistvo i tsena
(Economía y Precio), t. I, p.
17.
2 Hammacher, Emil,
Das
philosophisch-dkonomtsche
System des Mar-
xismus, Leipzig, Duncker
y Humblot, 1909, p. 548.
C A P ÍT U L O
v n
E l D E S A
R R O L L O D E L A T
E O R ÍA D E L F E T IC H IS M O D E M
A R X
1 “Bóhm-Bawerks
Marx-Kritik, Marx-Studien, Viena, 1904, y el artícu lo ya citado, “Zur
Problemstellug der theoretischen Ókonomie bei Karl Marx”, Die Neue Zeit,
Stuttgart, 1904. [V. ambos trabajos en el Cuaderno de Pasado y Presente, N<?
49, Córdoba, 1974.]
C A P ÍT U L O
v m
L AS
CARATERÍSTICAS BÁSICAS DE
LA TEORÍA DEL
VALOR DE M ARX
1 Por forma del valor no entendemos las diversas
formas que el valor adopta en el curso de su desarrollo (por ejemplo, la forma
elemental, la forma expandida, etc.), sino el valor concebido desde el punto de
vista de sus formas sociales, es decir, el valor como forma.
2 Kritik der
politischen Okonomie, p. 13.
3 F. Engels, “Prefacio” al tomo II de El capital,
p. 19. (Las bastardillas
son de Engels). (traducción
rusa de
4 El capital, I.,
p. 41; Cartas de Marx y Engels
V. Adoratski, 1923, p. 168).
5 “Carta de
Marx a Kugelmann del 11 de julio de 1868, en Karl Marx y
Friedrich Engels, Obras escogidas, op. cit.,
t. II, p. 457 (las bastardillas
son de
Marx).
• 6 Ibíd.
341
C APÍTULO IX
E L v a lo
b c o m o r e g u la d o r d e l a
p ro d u c c ió n
1 “Carta de
Marx a Kugelmann” del 11 de julio de 1968, op. cit., p. 457.
3 Hilferding,
Finanzkapital (edición rusa, 1923, p. 6).
[Hay edic. en esp.]
CAPÍTULO X
I GUALDAD
DE LOS PRODUCTOS
DE M ERCANCÍAS
E IGUALDAD
DE LAS MERCANCÍAS
1 Simmel
piensa que la investigación económica comienza, no con las cosas
intercambiables, sino con el papel socio-econonómico del cambio: “El cambio es
un fenómeno sociológico sui generis, una forma y una función primitiva de la
vida interindividual; no es en modo alguno una consecuencia lógica de las
propiedades cualitativas y cuantitativas de las cosas que son llamadas utilidad
y escasez" (Georg Simmel, Philosophie des
Geldesy Leipzig, Duncker y Humblot, 1907, p. 59).
2 Eugen
von Bohm-Bawerk, Karl
Marx and the Cióse of
his System,
Nueva York, Augustns M. Kelley, 1949, p, 68.
3 Bohm-Bawerk, op. cit., p. 68.
4 “El acto mismo del cambio y el precio que resulta
de él influyen [ . . . ] en la conducta de todos los compradores y vendedores
posteriores, y por ende no ejercen su influencia en la forma de la desigualdad,
sino en la de la igualdad, es decir, como expresiones de equivalencia*’
(Zwiedineck, “Über den Subjektivismus in der Preislehre", Archiv fiir
Sozialwissenschaft u. Sozialpditik, 1914, t. 38, Parte II, pp. 22-23.
5 Véase, por ejemplo, F. Petry, Der soziále Cehalt
der Marschen Werí-theorie, Jena, 1916, pp. 27-28.
8 Como es obvio, aquí no nos interesa determinar si
Marx entendió o no exactamente a Aristóteles, o si su comprensión de
Aristóteles es un tipo de “subjetivismo científico”, como afirmó V. Zheleznov
(Ekonomicheskoe mirovozzerenie dvemih grekov [La concepción económica de los
antiguos griegos], Moscú, 1919, p. 244), sin fundamentos adecuados, en nuestra
opinión.
7 Heinrich Dietzel, Theoretische Sozialoekonomik,
Leipzig, C.F. Win-ter, 1895, p. 273.
8 Benedetto Croce, Historical Materialism and the
Economics of Karl Marx, Londres, Frank Cass & Co., 1966, pp. 60-66.
9 Ibid.y p. 56.
10 Bohm-Bawerk, op. cit., pp. 88-89.
11 F. Oppenheimer ve la "falla metodológica”
de Marx y su error bási co en el hecho de que tomó la “premisa de la igualdad
social éntre los participantes en el acto del intercambio”, que es la base de
la teoría del valor, como punto de partida para el análisis de la sociedad
capitalista, con sn desigualdad de clases. Cita con simpatía la siguiente
afirmación de Tugán-Baranovski; “Al suponer la igualdad social entre Jos
participan
342
tes en el acto de intercambio, nos abstraemos de la
estructura interna de la sociedad en la cual se lleva a cabo dicho acto” (
Franz Oppenheimer, Wert und Kapitalprofit, Jena, G. Fisher, 1916, p. 176)
Oppenheimer reprocha a Marx el haber ignorado la desigualdad de clases en la
sociedad capita lista en su teoría del valor,
Liefmann hace la objeción opuesta a la teoría
económica de Marx, o sea el hecho de suponer “de antemano la existencia de
determinadas clases” (Robert Liefmann, Grundsátze der Volkswirtsckaftslehre,
Stuttgart
y
Berlín, Deutsche Verlagsanstalt, 1920, p. 34), En esencia,
Liefmann
tiene razón: la teoría económica de Marx supone de
antemano la desigualdad de las clases en la sociedad capitalista. Pero puesto
que las relaciones entre las clases, en la sociedad capitalista, adoptan la
forma de rela ciones entre productores independientes de mercancías, el punto
de partida del análisis es el valor, que supone la igualdad social entre los
participantes en el acto de intercambio. La teoría del valor de Marx supera la
unila-teralidad de Oppenheimer y de Liefmann. Una crítica detallada de las
ideas de Oppenheimer y de Liefmann se encontrará en nuestra obra Sovremennye
ekonomisty na Zapode (Economistas occidentales contem poráneos), 1927.
12 Op. cit., p. 458.
13 Hilferding, “Aas der Vorgeschíchte der Marxschen
Oekonomie”, Neue
Zeit, 1910-1911. t. II.
14 Croce, op. cit., p. 134. 1910 (edición rusa,
1918, p.
15 Hilferding,
Das Finanzkapital, Viena,
23).
C APÍTULO X
I
I GUALDAD DE LAS MERCANCÍAS E IGUALDAD
DEL TR A BA JO
1 F. Engels, Anti-Dühring, Ed. Grijalbo, México,
1968, p. 307.
2 Aquí tenemos in mente el primer período de la
economía socialista, cuando la sociedad aún regulará la distribución de los
productos entre sus miembros particulares,
3 En la edición alemana original, Marx no habla de
“sustancia del valor” (es decir, el trabajo), sino de “objetividad del trabajo”
(Wertgegenstandr lichkeit) o, más simplemente, de valor (este es el modo como
se ha tra ducido este término en la edición francesa d e El capital, al
cuidado de Marx). En la versión rusa, este término con frecuencia fue traducido
erróneamente como “sustancia del valor” (es decir,
trabajo).
4 Viene
al caso el
siguiente comentario de
Bortkiewicz: “La ley
del
valor queda supendida en el
aire si
no se supone que
los productores
que producen para el mercado tratan de obtener la
mayor ventaja que pueden gastando el menor esfuerzo, y que también ellos están
en condi ciones de cambiar de ocupación” (Bortkiewicz, “Wertrechnung und
Preis-rechnung in Marschen System”, Archiv fiir Sozialwissenschaft u.
Sozialpo-litik, 1906, XXIII, N> 1, p. 39). Pero Bortkiewiez considera
erróneamente que esta aserción constituye una contradición básica de la
interpretación de Hilferding de la teoría de Marx. Hilferding no ignora la
competencia
3 4 3
ni las relaciones entre la oferta y la demanda,
pero esta interconexión “está regulada por el precio de producción” Hilferding,
Bohm-Batverk’s Criticism of Marx, Nueva York, Augustus Kelley, 1949, p. 193).
Hilferding comprende que las acciones económicas se llevan a cabo a través de
los motivos de los agentes económicos, pero señala: “Sólo la tendencia a es
tablecer la igualdad de las relaciones económicas puede derivarse de los
motivos de los agentes económicos, motivos que a su vez están determi nados por
la naturaleza de las relaciones económicas” (Ftnanzkapital, edición rusa, p.
264). Esta tendencia es la premisa para la explicación de los fenómenos de la
economía mercantil capitalista, pero no es la única explicación. “La motivación
de los agentes de la producción capitalista debe hacerse derivar de la función
social de las acciones económicas en un modo de producción dado” (Ibíd., p.
241).
5 S. Frank,
Teoriya tsennost Marksa i yeyo znachenie (La teoría del valor de Marx y su
significación), 1900, pp. 137-138.
8 Kratkii kurs
ekonomicheskoi nauki (Breve curso de ciencia económi ca), 1920, p. 03. El
mismo razonamiento puede encontrarse en su Kurs poli ticheskoi ekonomii (Curso
de economía política), t. II, 4a. Parte, pp. 22-24.
7 Tales
argumentos también pueden encontrarse en forma rudimentaria en la obra de N.
Ziber. “El cambio que no se basara en cantidades igua les de trabajo social
conduciría a la destrucción de unas fuerzas econó micas por otras. Esto no
podría persistir en ningún caso durante un exten so período. Pero sólo un
largo período es adecuado para el análisis cien
tífico” (N.
Ziber, Teoriya tsennosti i kapitala
Rikardo [La teoría del valor
y del capital de Ricardo], 1871, p. 88).
g Así, por
ejemplo, Hainisch dice: “¿Qué es el valor-trabajo, según estas
explicaciones
(de El capital, tomo III, I.R.).
Es un concepto arbitraria
mente construido, y no el valor de cambio de la realidad económica.
No
es el
hecho real que constituyó nuestro punto de partida para el análisis
y que queríamos explicar (Hainisch,
Die Marx sche
Mehnoerttheorie,
1915, p. 22).
Las palabras de Hainisch son típicas de
toda una corriente
crítica del marxismo suscitada por la publicación
del tomo III de El ca pital. Los críticos más agudos no atribuyen ninguna
significación a las “contradicciones” ostensibles entre el tomo I y* el III de
El capital, o al menos no las consideran esenciales (ver J. Schumpeter,
“Epochen der Dogmen und Methodengeschichte”, Grundriss der Sozialoekonomik, I,
1914, p. 82, y F. Oppenheimer, Wert und Kapitalprofit, Jena, G. Fischer, 1910,
pp. 171-173).
Sus críticas van dirigidas contra las premisas básicas de la teoría del valor
de Marx. Por otro lado, los críticos que insisten en las contradicciones entre
la teoría del valor de Marx y su teoría del precio de producción reconocen que
la lógica de la teoría del valor no puede ponerse en tela de juicio. “En
efecto, es posible hacer objeciones formales a las deducciones realizadas en la
teoría del valor de Marx, y en realidad se las ha hecho. Pero no hay duda de
que tales objeciones ño han logrado su objetivo” (Heimann, “Metjaodologisches
zu den Problemen des Wertes”, Archiv für Sozialwissenschaft u. Sozialpolittk,
1913, XXXVII, N? 3, p. 775). La imposibilidad de "refutar a Marx partiendo
de la teoría del valor” fue reconocida hasta por Dietzel, Vom Lehrwert der
Wertlehre, Leipzig, A. Deicliert, 1921, p. 31)*
9 Véase más adelante, capítulo XVIII, “Valor y precio de producción”.
3 4 4
C APITULO
XZI
C ONTENIDO
Y FORM A DEL
VALOR
1 Aquí
y más adelante, “forma
del valor" (Wertform)
no indica Jas
diversas formas que el valor adquirió en su
desarrollo (por ejemplo, for
ma accidental, expandida y general del valor), sino
del valor mismo, que
es considerado como la forma social del producto
del trabajo. En otras palabras, aquí no tenemos in mente las diversas “formas
del valor” sino “el valor como forma”.
2 Sobre estos métodos ver supra, al final del
capítulo IV.
3 Dejamos de lado la controvertida cuestión de si
Marx interpretó o no correctamente a los clásicos. Suponemos que, con relación
a Ricardo, Marx tenía razón cuando decía que éste examinó la cantidad y
parcial mente, el contenido del valor, pero ignoró su forma (ver Theorien über
den Mehrwert, t. II, libro I, p. 12 y t. III, pp. 163-164). Un análisis más
detallado se hallará en nuestro artículo “Características básicas de la teoría
del valor de Marx y sus diferencias con la teoría de Ricardo”, en Rozenberg,
Teofiya stoimosti u Ricardo i Marksa (La teoría del valor en Ricardo y en
Marx), Moscú, Moskovskii Rabochii, 1924.
4 La significación de
la forma del
valor para la
comprensión de la
teoría de Marx fue señalada por S. Bulgakov en sus
viejos e interesantes artículos (“Chto takoye trudovaya tsennost” [Qué es el
valor-trabajo] en Sbornike pravovedeniya i obshchestvennykh znanii [Ensayos
sobre juris prudencia y ciencias sociales], 1896, t. VI, p. 234, y
“Onekotorykh osnov-nykh ponyatiyakh politicheskoi ekonomii” [Sobre algunos
conceptos básicos de la Economía Política], en Nauchnom Obozrenii [Panorama
científico], 1898, N9 2, p. 337).
5 En el original alemán, Marx dice simplemente:
substanzlosen Schein (p. 47). Los traductores que no han prestado adecuada
atención a la distinción entre la forma y el contenido (la sustancia)
consideraron necesario introducir la palabra “independiente”, que no se
encuentra en Marx. Struve traduce substanzlosen por las palabras “sin
contenido”, que vierte
adecuadamente el concepto de Marx, quien veía en la
“sustancia” del valor su contenido, en oposición a la forma.
6 Theories of Surplus Valué, Moscú, Foreign
Publishing House, 1956, parte I, p. 199.
7 I b í d p. 200.
C a p ít u lo x
n i
E L t r a b
a j o s o c i a l
1 Ver I. Rubin, Istoriya ekonomicheskoi mysli
(Historia del pensamien to económico), 2a. edición, 1928, caps. XXII y XXVIII.
2 O. Bauer, “Istoriya Kapitala”, Sbomik osnovnye
problemy politiches koi ekonomii (Problemas básicos de la economía política),
1922, p. 47. Esta es la conocida definición de la medida que da Hegel. Ver Kuno
3 4 5
Fischer, Geschichte der neuem Pkilosopkie, t. 8,
Heidelberg, C. Winter 1901, p. 490, y C. F. Hegel, Samtliche W erke, t. III,
libro I, Leipzig, F, Meíner, 1923, p, 340.
3 En la producción mercantil, es decir, la
producción destinada de antemano al cambio, el trabajo adquiere Jas mencionadas
propiedades sociales ya en el proceso de la producción directa, aunque sólo
como pro piedades “latentes” o ‘‘potenciales" que deben ser realizadas en
el proceso del cambio. Aparece directamente como trabajo privado, concreto,
califi cado e individual, y al mismo tiempo como potenciaJmente social,
abstrac to, simple y socialmente necesario (ver el capítulo siguiente).
4 En Contribución a la crítica de la economía
política, Marx llama “ge neral” al trabajo abstracto.
C a p ít u lo x
iv
E L t r a b
a j o a b s t r a c t o
1 Carta de Marx a Engels del 24 de Agosto de 1867,
en Marx, El capital,
op. cit., t.
I (Apéndice - Cartas sobre el tomo
I de El capital)> p, 688.
2 Bogdanov, Kurs pditicheskoi ekonomii (Curso de
Economía Política), t. II, parte 4, p. 18.
3 Karl Fiehl, Sazialwissenschaftliche ErlÜuterungen
zu David Ricardos Gnmdgesetzen der Volksxoirtschaft und Besteurung, t. I,
Leipzig, F. Mei-ner, 1921, pp. 102rl04.
4 K. Kautsky, The Economic Doctrines of Karl Marx,
Londres, A. & C. Black, 1925, p. 16,
5 Otto Gerlanch, Über díe Bedingungen
loirtschaftlicher Thatigkeit, Jena, G. Fischer, 1890, p. 18.
0 Por ejemplo, K. Diebl, op. cit,
p. 104.
7 Leo von Buch, Über die Elemente der pólitischen
Oekonomie, I Theil: íntensitat der Arbeit, Wert und Preis der Waren, Leipzig,
Duncker und Humblot, 1896, p. 149.
8 F. Petry, Der soziale Gehalt der Marxschen
Werttheorie, Jena, 1916, pp- 23 -24.
0 Se hallará
un análisis y una crítica excelentes del libro de Petry en un artículo de R.
Hilferding, en Grunbergs Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der
Arbeiterbewegung, 1919, pp. 439-448. Véase también nuestro Sovremennye
ekonomisty na Zapade (Economistas contemporáneos de Occidente), 1927.
10 “Tepriya tsenosti i pribyli Marks pered sudom
Fetishista” (La teoría del valor y del beneficio de Marx ante el Juicio de los
Fetichistas), Nauch* noye Obezrenie (Panorama Científico), No 8, p. 1393.
11 Véase
“Otvet kritikam” (Respuesta a los críticos), en I. I. Rubín, Ocherki po teorii
stoímosti Marksa (Ensayos sobre la teoría marxista del valor), Moscú,
Gosudarstvennoe Izdatelstvo, 1928, que fue agregado como apéndice a la tercera
edición.
12 “Salario,
precio y ganancia’' en Karl Marx y Friedrich Engels, Obras Escogidas, op.
cit.> t. I» p. 395.
18 “En esta forma concreta de producción, en la
producción de mercan
3 4 6
cía. . . el carácter específicamente social de los
trabajos privados indepen dientes los unos de los otros reside en lo que
tienen de igual como moda lidades que son de trabajo humano, revistiendo la
forma del carácter de valor de los productos del trabajo’* (C., I, pp. 39-40).
14 Pna idea bastante similar puede encontrarse en
el artículo de I. Dash-kovski, "Abstraktnyi trud i ekonomicheskie
kategorii Marksa” (El trabajo abstracto y las categorías económicas de Marx),
Fod znamenem marksizma (Bajo la bandera del marxismo), 1926, No 6. Dashkovski
también confun de el trabajo abstracto con el trabajo fisiológico. (Ver Rubín,
“Otvet kriti-kam”, loe. cit.)
15 “Como vemos, la diferencia entre el trabajo
considerado como fuente de valor de uso y el mismo trabajo en cuanto crea
valor, con la que en su tugar nos encontramos al analizar la mercancía, se nos
presenta ahora al estudiar los diversos aspectos del proceso de producción”
(C., I, p. 147), es decir, entre el proceso de producción en su aspecto técnico
y su aspecto social. Véase F. Petry, Der soztale Qehalt der Marxschen
Werttheorie, Jena, 1916, p. 22.
16 Marx escribió “específico" (osobennyí
[Besonderheit]), es decir, el carácter concreto del trabajo (Critique, p. 22).
Los traductores a menudo crean confusión al traducir el término **besondere”
(esto es, específico o concreto) por la palabra “privado*’.
17 En la crítica, Marx llama '‘universal” al
trabajo abstracto, como se ñalamos antes.
18 Karl Marx, Elementos fundamentales para una
crítica de la economía política (borrador) 1857-185#, Introducción, op cit.,
pp. 25-26.
1& Ver supra, capítulo XII, las citas en las
que Marx reconoce el trabajo socialmente igualado como sustancia del valor.
20 En la
primera edición alemana de El capital, Marx resume la diferen cia entre el
trabajo concreto y el trabajo abstracto del siguiente modo: “De lo que se ha
dicho, se desprende que una mercancía no posee dos for mas diferentes de
trabajo, sino que uno y él mismo trabajo es definido de maneras diferentes y
hasta opuestas según se relacione con el valor de uso de las mercancías como
con su producto, o con el valor mercantil como con su expresión material” (
Kapital, I, 1867, p. 13; las bastardillas son de Marx). El valor no es el
producto del trabajo, sino que es una expresión material, fetiche, de la
actividad laboral de los hombres. Infortunadamente, en la segunda edición, Marx
remplazó este resumen que subraya el carácter social del trabajo social por la
conocida oración final de la sección 2 del capítulo I, que ha suministrado a
muchos comentadores una base para en tender el trabajo abstracto en un sentido
fisiológico: “todo trabajo es, de una parte, gasto de la fuerza humana de
trabado en el sentido filológico” (C., I, p. 13). Al parecer, el mismo Marx se
percató de la inexactitud de la caracterización preliminar del trabajo
abstracto que dio en la segunda edición de El capital. Una prueba notable de
esto es que en la edición francesa del tomo I de El capital (1875), Marx juzgó
necesario completar esta caracterización. Allí, en la página 18, Marx dio
simultáneamente ambas definiciones del trabajo abstracto; ante todo repite la
definición citada de la primera edición de El capital, después de la cual sigue
la definición de la segunda edición. No debe olvidarse que, por regla general,
en la edición francesa de El capital, Marx simplificó y, en algunos lugares,
abrevió su exposición. Sin embargo, en este punto consideró necesario completar
y
3 4 7
complejizar
la caracterización del
trabajo abstracto, reconociendo
así al
parecer, la
insuficiencia de la definición
dada en la
segunda edición.
21 Véase Rubin, “Otvet kritikam”,
loe, cit,
22 Esta es la razón por la cual Stolzmann está
equivocado. Este escribe: "Si el significado y el carácter de todos los
sucesos económicos se sigue de sus ‘funciones sociales*, ¿por qué no es verdad
esto también para el tra bajo, por qué el trabajo no halla su carácter en su
función social, es decir, en la función que le corresponde dentro del orden
económico actual, que es el objeto que se debe explicar?" (Stolzmann, Der
Zweck in der Volkswirt-schfat, 1909, p. 533). En realidad, Marx no contempló el
trabajo que crea valor como un factor técnico de producción, sino que lo
consideró desde el punto de vista de las formas sociales de su organización.
Según Marx, la forma social del trabajo no está suspendida en el vacío, sino
que se baila estrechamente relacionada con el proceso material de la
producción. Sólo por una interpretación totalmente equivocada de la forma
social del trabajo en el sistema de Marx se puede afirmar que "el trabajo
es simplemente un factor técnico de producción” (S. Prokopovich, K kritike
Marcsa [Hacia una crítica de Marx], 1901, p, 16), o considerar “un error
fundamental de Marx el que, al explicar el valor en términos del trabajo, pase
por alto las diferentes evaluaciones de diferentes formas de trabajo'' como
factor de la producción (G. Gassel, “Grundríss einer elementaren Preislehre”,
Zeit-schrift für die gesamte StaatsuHssenschaft, 1899, n<? 3, p. 447). Hasta
Marshall ve el error de Marx en haber ignorado la
“cualidad del trabajo” (Marshall, Principies of Economics, 1910, p. 503). El
problema es si estamos interesados en las propiedades sociales o en las
propiedades técnicas del trabajo. Marx estaba interesado en las formas sociales
o la cualidad social del trabajo en una economía mercantil, forma que se
expresa en el acto de abstracción de las propiedades técnicas de las diferentes
formas de trabajo.
23 Marx expresó la misma idea más tajantemente en
Theorien uber den Mehrwerty III, pp. 365-366: “Si esta intensificación del
trabajo se hiciera general, el valor de las mercancías tendría que disminuir en
correspondencia con la menor cantidad de tiempo de trabajo gastada en ellas/'
Si, por un aumento general de la intensidad del trabajo, se gastan 12 horas en
vez de 15 en un producto determinado, entonces, en opinión de Marx, el valor
del producto disminuye (pues está determinado por el tiempo de trabajo y por el
número de horas gastadas). La cantidad de energía fisiológica gastada en los
productos no ha variado (esto es, en 12 horas se gasta tanta energía como antes
en 15). Así, desde el punto de vista de los defensores de la interpretación
fisiológica del valor-trabajo, el valor del producto no tendría que variar.
C a p ít u lo x
v
E L t b a b
a jo c a l i f i c a d o
1 Otto Bauer,
“Qualifizierte Arbeit und Kapitalismus”, Die Nene Zeity Stuttgart, 1906, Bd. I,
n? 20.
%Louis B. Boudin, The Theoretical System of Karl
Marx in the Light of Recent Criticism, Chicago, Charles Kerr & Co., 1907.
3 4 8
3 Franz
Oppenheimer, Wert und Kapitalprofit, Jena, G. Fischer, 2* ed., 1922, p. 63, pp.
65-66. Ofrecemos una crítica detallada de las ideas de Oppenheimer en nuestra
obra Sovremennye ekonomtsty na Zapade (Econo mistas contemporáneos de
Occidente), 1927.
A Wiíhelm Liebknecht, Zur Geschichte der
Werttheorie in England, Jena, G. Fischer, 1902, p. 102. El autor de este libro
es hijo de Wilhelm Liebk necht y hermano de Karl Liebknecht. Brindamos una
crítica detallada de las ideas de Liebknecht en nuestra introduoción a la
traducción rusa de esta obra.
5 Ibíd.y
p. 103.
6 En la
traducción rusa de P. Rumiantsev de la Contribución a la critica de la economía
política, al trabajo complejo se lo llama "trabajo de mayor tensión”
(1922, p. 38). El lector no debe dejarse confundir por este término, ya que no
es propio de Marx. En la edición original, Marx lo llama “trabajo de mayor
potencial” (p. 6).
7 A. Bogdanov
e I. Stepanov, Kurs politicheskol ekonomii (Curso de economía política), t. II,
p. 19. Las bastardillas son nuestras.
8 En un pasaje, Marx se aparta de su método
habitual y tiende a con* siderar el valor del producto del trabajo calificado
como dependiente del valor de Ja fuerza de trabajo calificada. Ver Theorien
über den Mehrwert, III, pp. 197-198.
9 Ver. F. Engels, Anti-DühHng, op. cit,y p. 182.
10 Op. cit., p. 20.
11 Ver nuestras objeciones similares a A. Bogdanov
en el capítulo “Igual
dad de las
mercancías e igualdad deltrabajo”.
13 R. Hilferding, Bdhm-Bawerk’s Criticism of Marx
(Nueva York, Augus tos M. Kelley, 1949). H. Deutsch, Qualifizierte Arbeit und
Kapitalismus, Viena, C. W. Stem, 1904. Otto Bauer, op. cit. V. N. Poznyakov,
Kvalifitsi-rovannyi trud i teoriya tsennosti Marksa (El trabajo calificado y la
teorías dei valor de Marx), 2* ed.
13
Hilferding, op. cit., p. 145.
14 Bauer,
op. cit., pp. 131-132.
15 Esta
tesis, que ya se encuentra en Adam Smith, fue destacada par ticularmente por
L. Lyubimov (Kurs politicheskoi ekonomii —Curso de economía política—, 1923,
pp. 72-78). Infortunadamente, L. Lyubimov mezcló el problema de qué es lo que
determina el valor medio de los productos de una profesión altamente calificada
—por ejemplo, ingenieros, artistas, etc.— con la cuestión concerniente a qué es
lo que determina ei precio individual de un objeto irreproductible (por
ejemplo, una pintura de Rafael). Cuando considera artículos reproducibles
elaborados masiva mente (por ejempJo, el trabajo de un ingeniero puede ser
considerado como trabajo que produce, con escasas excepciones, productos
homogéneos y reproducibles), se puede obtener el valor de una unidad del
producto dividiendo el valor de la producción total de una profesión
determinada por el número de productos homogéneos elaborados por dicha
profesión. Pero esto no es posible con respecto a los objetos particulares
irreprodu-cibles. El hecho de que el gasto de trabajo de miles de pintores que
fracasaron sea compensado por el precio de una pintura de Rafael, o que el
gasto de trabajo de cientos de pintores infructuosos sea compensado por el
precio de una pintura de Salvador Rosa, no puede en modo alguno inferirse el
hecho de que el valor medio del producto de una
hora de trabajo de un
pintor sea igual al
valor del producto de cinco
horas de trabajo simple (a
cada hora del trabajo del
pintor se agrega
una hora de trabajo gastada
por el pintor en su aprendizaje y tres horas
de trabajo gastadas en el
aprendizaje de tres
pintores que fracasaron),
L. Lyubimov tiene mucha razón
cuando somete el
valor del producto
de un trabajador altamente calificado a la ley del
valor, Pero no puede negar el hecho del monopolio con respecto al precio
individual de objetos irreprodueibles. P. Maslov comete el error opuesto.
Atribuye también un carácter monopolista al valor medio de productos del
trabajo altamente calificado (ver su Kapitálizm — El capitalismo—, 1914, pp.
191-192).
El objetivo de Marx no era someter el precio de
objetos irreprodueibles a la ley del valor. No lo hizo por la simple razón de
que la ley del valor debe explicar, precisamente, las leyes de las actividades
productivas hu manas. En su teoría del valor, Marx no considera el valor de
productos que “no pueden reproducirse mediante el trabajo, como ocurre con las
antigüedades, las obras de arte de determinados maestros, etc.*' (C., III,
p. 590).
16 En
la sociedad capitalista,
el interés por
los gastos de aprendizaje
es algo agregado; en algunos casos, se lo considera
como capital invertido. Ver Maslov, op. cit., p. 191, y Bauer, op. cit., p.
142. Sin embargo, lo que aquí ocurre, no es la producción de nuevo valor, sino
sólo una redis tribución del valor ya producido.
17 Como afirman Oppenheimer y otros. Ver
Oppenheimer, Wert und Kapitálprofit, 2a* ed., 1922, pp. 69- 70.
38 [Rubin
cita la edición rusa del primer volumen de El capital, tra ducida por V.
Bazarov e I. Stepanov, 1923, p. 170.]
n£> Ver Bohm-Bawerk, op. cit,
20 Ver
supra, el capítulo sobre “El trabajo
social”.
21 Rudolf
Hilferding, Bohm-Bawerk’s Criticism of Marx (publicado junto con la obra de
Eugen von Bohm-Bawerk Karl Marx and the Cióse of
his System), Nueva York, Augustus M. Kelley, 1949, pp.
146-147.
- 2 Maslov,
Kapitalizm (Capitalismo), p. 192.
C APÍTULO
XVI
E L t r a b
a j o s o c ia lm e n t e n e c e s a r io
1 K. Diehl
afirma inexactamente que Marx sólo considera el trabajo gastado en empresas de
productividad media como trabajo socialmente necesario. Pero si, en una
determinada rama de la producción, la masa de productos elaborados en las
peores condiciones es dominante, el valor de mercado estará determinado por el
trabajo de baja productividad. “Aquí, como resultado de determinadas
condiciones de la oferta, el tiempo de trabajo socialmente necesario no es el
factor decisivo, sino más bien una magnitud mayor" (K. Diehl, Über das
Verhaltnis von Wert und Preis im bkonomischen System von Marx, Jena, 1898, pp.
23-24). Tal opinión sólo puede ser válida en los casos de divergencia entre la
oferta y la demanda que provoquen la desviación de los precios con respecto a
los valores de mercado; en tales casos, el trabajo socialmente necesario no
3 5 0
es decisivo. Sino qu e Jo es más bien una magnitud
que lo excede o que es inferior a él. Pero Diehl comprende el hecho de que el
razonamiento de Marx no se refiere a tales casos de desviación de los precios
con res pecto a los valores de mercado (sobre esto, ver más adelante), sino
que se refiere precisamente a la “correspondencia de la masa general de los
productos con las necesidades sociales’* (lbid., p. 24), esto es, al equilibrio
entre la rama considerada de la producción y otras ramas. Pero si este equilibrio
aparece cuando el valor del mercado está determinado por el trabajo de baja
productividad, este trabajo, precisamente, es considerado
como socialmente necesario.
Si Diehl
sólo considera como socialmente
necesario el trabajo de pro
ductividad
media, otros autores se inclinan
a reconocer tal carácter sólo
al trabajo de elevada productividad, gastado en las
mejores condiciones técnicas. “El valor de cambio real de todos los valores
depende del tiempo de trabajo necesario con los métodos técnicos de producción
más desarro llados, del tiempo de trabajo socialmente necesario* ” (W.
Liebknecht,
Zur
Geschichte der Werttheorie
in Engkind, Jena,
1902, p. 94). Como
vimos en el texto, esta
idea también diverge de la teoría de
Marx.
2 “Cuál grupo de
empresas (con diferentes niveles de productividad
I.R.) determinará, en
último análisis, el
valor medio, dependerá de las
interrelaciones
numéricas o las interrelaciones cuantitativas proporciona
les entre las clases de empresas en una rama
determinada” (Theorie über
den Mehrwert, t. II, Libro I, p. 56).
3 Louis
B. Boudin, The
Theoretical System of
Karl Marx, Chicago,
Charles H. Kerr & Co., 1907, p. 70.
4 Wemer Somhart, “Zur Kritik des Oekonomischen System von Marx”,
Braurís Archiv f 'úr soziale Gesetzgebung u. Statistik, 1894, t. VII, p. 577.
5 Este inconveniente básico de la interpretación de
Sotnbart fue seña lado por S. Bufgakov en su artículo “Chto takoe trudovaya
tsennost” (Qué es el valor del trabajo), Sbomiki pravovedeniya i obschstvennykh
znanii (Ensayos sobre
jurisprudencia y ciencias
sociales), 1896, t. VI,
p. 238.
6 Marx, Teorías de
la plusvalía [traducción
rusa de V. Zhleznov, t. I,
p. 151;
traducción rusa de Plejanov, t. I, pp. 184-185]. 7 Ibíd.
C A P ÍT U L O
x v n
V ALOR
V NECESIDAD SOCIAL
1 El lector puede hallar la historia de la llamada
versión “técnica” o “económica" del trabajo socialmente necesario en los
siguientes libros: T. Grigoroviehi, Die Wertlehre bei Marx und Lasalle, Viena,
1910; Karl Diehl, Sozialwissenschaftliche elauterungen zu David Ricardos
Grund-gesetzten der Volkswirtschaft und Besteuemngy t. I, Leipzig, F. Meiner
1921; ver también la discusión publicada en el periódico Pod znamenem marksxzma
(Bajo la bandera del marxismo) en 1922-23, en particular, los artículos de M. Dvolaitski,
A. Mendelson y V. Motylev.
3 5 1
2 Las cifras absolutas y la tasa de aumento de la
demanda son total mente arbitrarias.
3 John Stuart Mili, Principies of Political
Economy, Nueva York, Au-gustus M. Kelley, 1905, pp. 451-452.
4 Las expresiones “precio de equilibrio” y “monto
de equilibrio” fueron usadas por Marshall, Principies of Economy, 1910, p. 345.
El adjetivo “normal” no es usado aquí en el sentido de “deber ser”, sino de un
nivel medio que corresponde al estado de equilibrio y que expresa una regula
ridad en el movimiento
de los precios. khozyaistva
(Teoría del desa
5 Maslov, Teoriya razvitiya narodnogo
rrollo de la economía nacional),
1910, p. 238.
0 Karl Marx,
Elementos fundamentales para
la crítica de
la economía
política, op.
cit., Introducción, p. 12.
7 A menudo Marx entendía por necesidad social la
cantidad de pro ductos que se solicitan en el mercado. Pero estas diferencias
terminoló gicas no nos interesan aquí. Nuestro propósito no es definir ciertos
tér minos, sino distinguir diversos conceptos* a saber: 1) el valor por unidad
de mercancía; 2) la cantidad de unidades de una mercancía que se soli cita en
el mercado a un valor determinado; 3) la multiplicación del valor por unidad de
mercancía por el número de unidades que se solicitan en el mercado a un valor
determinado. Lo importante aquí es destacar que el volumen de la necesidad
social de productos de un tipo determinado no es independiente del valor por
unidad de la mercancía, y presupone tal valor.
8 Aquí tenemos
presente la estabilidad en determinadas condiciones.
Esto no
excluye cambios» si cambian esas condiciones. la cantidad
6 Entendemos por
esta expresión, aquí y más
adelante,
de trabajo que se
asigna a una esfera determinada
de producción, dada
una distribución proporcional del trabajo, esto es, un estado de
equilibrio,
10 L.
Lyubimov, Kurs politicheskoi
ekonomii (Curso de economía polí
tica),
1923, pp. 244-245.
11 En
Historia crítica de la teoría de la
plusvalía.
13 [Unidad de
peso aproximadamente igual
a 36,11 libras-N.
de la
ed. iglesa.]
13 El
término “proporcional” no debe entenderse en el sentido de una
distribución racional y predeterminada del trabajo,
cosa que no existe en una sociedad capitalista. Aludimos a una regularidad, a
cierta cons
tancia y estabilidad (a pesar de Jas fluctuaciones
y desviaciones diarias)
en la distribución del trabajo entre ramas particulares, que depende del
nivel de
desarrollo de las fuerzas productivas.
14 Información en lengua rusa
sobre estas escuelas
puede encontrarse
en los siguientes libros: 1. Blyumin, Súbyektivnaya shkola v politicheskoi
ekonomii (La
escuela subjetiva en economía política),
1928; N. Shaposh-
nikov, Teoriya tscnnosti i raspredeleniya (Teoría
del valor y la distribución), 1912; L. Yurovskií, Ocherki po teorii tseny
(Ensayos sobre la teoría de los precios), Saratov, 1919; A. Bilimovich, K
voprosu o rastsenke khozyaist-
vennykh blag (Sobre la cuestión
de Ja evaluación de los
bienes econó
micos), Kiev, 1914.
15 En el
original Marx dice: “sólo el valor comercial aumenta por un
período más o menos prolongado”, ( Kapital, III, 1894, parte
I, p.
107).
El caso que menciona Marx, en el cual el aumento de la
demanda como
3 5 2
consecuencia del paso a condiciones peores de
producción aumenta d valor por unidad del producto, era conocido por Ricardo (
Principies of Political
Economy
and Taxation, tomo I de Piero
Sraffa, The Works and Corres-
pondence of David Ricardo, Londres, Cambridge Uni
versity Press, 1962, p. 93). Es posible hallar muchos ejemplos análosos en El
capital y en Theorien über den Mehrwert, en los capítulos dedicados a la renta
di ferencial.
16 Marx, Teorii pribavochnoi stoimosti (Historia
crítica de la teoría de la plusvalía), t. II, San Petersburgo, 1923, p. 132.
17 El hecho de que los costos de producción
aumentan con el aumento del volumen de la producción (calculada por unidad del
producto) fue ubicado en los cimientos de ?a teoría de la renta de Ricardo y
fue des tacado, por los representantes de las escuelas angloamericana y
matemá tica. Hemos juzgado necesario dedicar especial atención a esta teoría
debido al interés teórico que presenta este problema para la teoría del valor.
En la práctica, la cuestión aludida tiene una gran importancia para la agricultura
y para las industrias extractivas. Sin embargo, en el contexto de la
manufactura encontramos más a menudo casos de disminución de los
costos de producción cuando aumenta el volumen de la producción (calcu
lados por
unidad del producto). en los
siguientes li
18 En
lengua rusa, este diagrama puede bailarse
bros:
Charles Gide, Osnovy politischeskoi
ekonomii (Principios de econo
mía
política), 1916, p.
233; y en
su Istoriya ekonomicheskikh uchenii
[Historia de
las doctrinas económicas],
1918, p. 413;
N. Shaposhnikov,
Teoriya tsennosti i
raspredeleniya (Teoría del
valor y la distribución),
1910, cap. I.
C APÍTULO XVIU
E L v a l o
r y
e l p r e c io d e p
ro d u c c ió n
1 “El trabajo asalariado sometido
al capital... [tiene] que transfor
marse como lo exijan las necesidades de su capital
y dejarse desplazar de
una esfera
de producción a otra” (C., III, p. 198), v = capital
2 M es el valor de la mercancía; c = capital constante;
variable; k = capital total; p =
plusvalía; p* = tasa de la plusvalía;
g = ganancia; g’
= tasa de ganancia. Las categorías
c, v y p sólo
son
importantes cuando se las aplica a la economía
capitalista. Usamos estas categorías en un sentido condicional cuando las
aplicamos a una economía mercantil simple.
3 Aquí consideramos la plusvalía total como igual a
la ganancia. como
4 Marx habitualmente usa la fórmula K + Kd\ entendiendo
K
los costos de producción, y no como el capital (C., III p. 170 y 175). Pero
en otras partes dice que capitales iguales producen mercancías que tienen
el mismo precio de producción, “si nos abstraemos
del hecho de que una parte de capital fijo entra al proceso de trabajo sin
entrar al proceso de aumento del valor” (Theorien über den Mehrwert, II, p.
76). La fórmula de la proporcionalidad de los precios de producción a los
capitales que
353
citamos antes puede mantenerse aun con un consumo
parcial de capital fijo, si “el valor de la parte no gastada del capital fijo
se calcula en el producto** (ibíd. p. 174). Supongamos que el primer capital de
100 con siste en 80 c 4- 20 v y que el consumo de capital fijo es de 50 c.
Otro capital de 100 consiste en 70 c 4- 30 v, y el consumo de capital fijo es
de 20 c. La tasa media de ganancia es del 20 %. El precio de producción del
primer producto es 90, y el del segundo 70; es decir, los precios de producción
no son iguales, aunque los capitales si lo son. Pero si la parte no usada del
capital fijo, o sea 30, se agrega a 90, y si agregamos 50 a 70, entonces en
ambos casos obtenemos 120, Los precios de producción que incluyen la parte no
usada del capital fijo son proporcionales al capital. Ver el cálculo detallado
en la nota de Kautsky en Theorien über den Mehr-xoerty III, p. 74; y ver
también El capital, I, pp. 81-82, especialmente la nota al pie.
5 Infortunadamente, Marx no llegó a desarrollar con
mayor detalle el problema de la relación entre la distribución de capitales y
la distribución del trabajo, pero es evidente que pensaba volver sobre él. Marx
se detiene en el problema de si el trabajo, por lo tanto, “se distribuye
proporcional mente entre las diversas ramas de producción en proporción a
estas nece sidades sociales, cuantitativamente establecidas” (C., III, p.
592).
6 Se consideran fijas
la extensión del
día de trabajo
y la intensidad
del mismo.
7 Badge, Der Kapitalprofit, 1920, p. 48. E. Heimann construyó su
crítica sobre la misma base. Heimann, “Methodologisches zu den Proble-
men des Wertes”, Archiv für Sozialwissenschaft u.
Sozúdpolitik, 1913, B.
37, H. 3, p. 777.
8 Se entiende que las categorías de plusvalía y
ganancia no se co nocen en la economía mercantil simple. Aquí examinamos
aquella parte del valor de las mercancías producidas por productores simples de
mer cancías que tendría la forma de plusvalía o ganancia en las condiciones de
una economía capitalista.
9 Debe comprenderse que no negamos el hecho de que
en una econo mía capitalista real pueden observarse constantemente distintas
tasas de
ganancias en diferentes ramas. Tales diferencias
engendran una tendencia
a la transferencia de capitales y esto, a su vez,
elimina la desigualdad de
las tasas de ganancia. Tampoco negamos que en el
período del capitalismo escasamente desarrollado las desigualdades en las tasas
de ganancia fueron muy importantes. Pero rechazamos Ja teoría según la cual
esas desigual dades fueron causadas por el hecho de que las mercancías se
vendían de acuerdo a su valor-trabajo, por un lado, y de que estaba ausente la
competencia entre diferentes ramas, por eJ otro. Si suponemos que esta com
petencia no existía, entonces se hace inexplicable que las mercancías se vendieran
según su valor-trabajo.
10 Si el capital social total es 1,000 y la masa
total de plusvalía 100, entonces la tasa general media de ganancia será del 10
%, independiente mente de cómo se distribuye el trabajo vivo total entre las
ramas parti culares y de qué tipos de tasas de ganancia se formen en ellas. A
la inversa, si la masa total de plusvalía aumenta a 150 y el capital total
permanece el mismo ( 1 .000), entonces la tasa general media de ganancia
aumentará del 10 al 15 %, aunque las tasas de ganancia no cambien en
3 5 4
las ramas particula.es de la producción (esto es posible sí
el capital se
distribuye entre las diferentes ramas de otra
manera). 1922, p. 23.
11 Franz Oppenheimer, Wert und Kapitalprofit, Jena,
12 Más precisamente, esta relación causal no es directa, pues la produc
tividad del trabajo influye sobre la distribución
del trabajo al modificar el valor-trabajo. Por ello hablamos aquí de la
“productividad del trabajo que se expresa en el valor-trabajo de los
productos”.
13 Traducción rusa en Novoe Slovo, setiembre de 1897.
34 Elementos
fundamentales para la crítica de la economía política, Introducción, op. cit.,
pp. 21-22.
15 Ver
A. Bogdanov e I. Stepanov, Kurs politicheskoi ekonomii (Curso de economía
política), t. II, libro 4, pp. 21-22.
16 P.
Maslov, Teoriya razoitiya
narodnogo khozyaistva (Teoría del
de
sarrollo de la
economía nacional), 1910,
pp. 180-183.
C a p ít u lo x
ix
E L t r a
b a j o p ro d u c tiv o
1 Marx,
Historia crítica de la teoría de la plusvalía, Ed. Cartago, Bue
nos Aires,
1956, tomo I, p. 216.
2 Más adelante
se aclarará la reserva acerca de los banqueros.
3 No siempre los economistas efectúan una clara
distinción entre el trabajo que tiene un carácter material, el trabajo
destinado a la satisfac ción de necesidades materiales, y el trabajo que se
encama en cosas mate riales, Por ejemplo, en dos páginas diferentes, S.
Bulgakov, al hablar del trabajo productivo, alude, o bien al “trabajo dirigido
a elaborar objetos útiles para e l hombre", o bien a l “trabajo dirigido
hacia la satisfacción de necesidades materiales”, en “O nekotorykh osnovnykh
ponyatyakh poli ticheskoi ekonomii*’ (Sobre algunos conceptos básicos de la
economía po
lítica),
Nauchnoe Obozrenie (Panorama
científico), 1898, n*? 2,
pp. 335
y 336.
4 Ver B. I.
Gorev, Na ideologicheskom fronte (Sobre
el frente ideoló
gico), 1923,
pp. 24-26.
5 V. Bazarov,
Trud proizvoditélnyi i trud, obrazuyushchii tsenost* (Tra
bajo productivo
y trabajo que crea valor), San Petersburgo, 1899, p,
23.
6 A. Bogdanov e I.
Stepanov, Kurs politicheskoi
ekonomii (Curso de
economía política), t. II, 4a. edición, p. 12.
7 [Cf. la
edición de K. Kautsky de Teorías de la plusvalía, Nueva York, International
Publishers, 1952.]
8 Marx, Historia crítica. . . op.
cit., tomo I, p. 224.
9 Lo dicho no significa que Marx no vea diferencia
alguna entre la producción material y la producción no material. Al admitir
como produc tivo todo trabajo empleado por el capital productivo, Marx al
parecer
sostenía
que, dentro de este trabajo productivo,
era necesario distinguir
el “trabajo productivo en sentido estrecho”, es
decir, el trabajo empleado
en la producción
material y encamado
en cosas materiales ( Theorien
über den Mehrwert,
III p. 496).
3 5 5
10 Bazarov. op. cit.,
p. 35. obra de V. Bazarov (op. cit.,
11 Tal opinión puedeencontrarse en la
p. 49) y de I. Davydov, en suartículo
“K voprosu o proizvoditel’nom i
neproizvoditernom trude” (Contribución al problema
del trabajo produc tivo y el trabajo improductivo), Nattchnoe Obozrenie
(Panorama cientí fico), 1900, n*? I, p. 154; y en C. Prokopovich, "K
Kritike Marksa” (Contribución a la critica de Marx), 1901, p. 35; Julián
Borchardt, Die volkswirtschaftlichen Grundbegriffe nach der Lehre von Karl
Marx, Berlin, Buchverlag Ratebund, 1920, p. 72.
12 Op. c i t pp. 39-40,
13 Kurs politicheskoi ekonomii (Curso de economía política), t. II, parte
4, pp. 12-13.
14 Op. cit.,
p. 13.
15 Op. cit.,
p. 17.
16 R. Hilferding, “Postanovka problemy
teoriticheskoi ekonomii u Mark sa” (La formulación de Marx de los problemas de
la teoría económica), Osnovnye problemy politicheskoi ekonomii (Problemas
básicos de la Eco nomía política), 1922, pp. 107-108.
3 5 6
Nota del editor
Para la edición era español del libro de Rubin
hemos utilizado la versión inglesa de Milos Samardzija y Fredy Perlman, Essays
on Marxs Theory of Valué, Black & Red, Detroit, 1972, basada en la tercera
edición rusa (Isaak Illich Rubin, Ocherki po teorii stoimosti Marksa,
Gosudarstvennoe Izdatelsvo, edición, 1928), dada la absoluta imposibilidad de
conseguir un ejemplar en su idioma original de esta obra. La traducción del
inglés fue hecha por Néstor Miguez y el cotejo con la edición en español de El capital
y de otras obras de Marx, por María Braun.
Indice
Advertencia 5
Fxedy
Perlman 9
El fetichismo de la mercancía
Isaak niich Rubín
Ensayo sobre
la teoría marxista del valor
Introducción 47
Primera
parte
Teoría marxista del fetichismo de la mercancía 51
I. Las bases objetivas del fetichismo de la
mercancía 55
II. El proceso de producción y su forma social 61
III. Cosificación de las relaciones de producción
entre los hombres y personificación de cosas 69
IV. Cosa y función social (forma) 79
V. Relaciones de producción y categoría materiales 93
VI. Críticas de Struve a la teoría del fetichismo
de la mercancía 97
VII. El desarrollo de la teoría del fetichismo de Marx 103
Segunda
parte
La teoría del valor-trabajo de Marx 111
VIII.
Las características básicas
de la teoría
del valor
de Marx 115
IX. El
valor como regulador de la producción 129
X. Igualdad de los productores de mercancías e 137
igualdad de las
mercancías
XI. Igualdad de las mercancías e igualdad del
trabajo 147
XII.
Contenido y forma del valor 159
XIII. El trabajo social 177
XIV. El trabajo abstracto 185
XV. El trabajo calificado 213
XVI. El trabajo socialmente necesario 225
XVII. Valor y necesidad social 237
XVIII. El valor y el precio de producción 277
XIX. El trabajo productivo 315
Notas 333
Nota del editor 357

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