© Libro N° 7003.
Historia Del Pensamiento Económico. Rubin, Isaak Illyich. Emancipación. Febrero 22 de
2020.
Título
original: © Isaak
Illyich Rubin. Historia Del Pensamiento Económico.
Versión Original: © Historia Del Pensamiento Económico. Isaak
Illyich Rubin
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
HISTORIA DEL PENSAMIENTO
ECONÓMICO
Isaak
Illyich Rubin
ISAAK ILYICH RUBIN
Isaak Ilyich Rubin (12 junio 1886 - 27 noviembre
1937) nació en Dinaburg, en la actual Latvia, hijo de una familia judía. Rubin
fue un abogado y economista ruso y, en su época, considerado el mayor teórico
sobra el concepto de valor en el pensamiento de Marx.
Desde 1905 participó activamente en el proceso
revolucionario de su natal Rusia, adhiendose primero al Bund Judío y luego a la
fracción menchevique del POSDR.
Se retiró de la política en 1924, dedicándose
íntegramente a sus estudios de la economía marxista. Trabajó de profesor de
economía marxista y en 1926 fue nombrado investigador adjunto al Instituto
Marx-Engels, dirigido entonces por David Riazánov. En ese período publicó sus principales obras
en economía e historia económica, y fue editor de una colección de clásicos de
economía política.
En diciembre de 1930 Rubin fue arrestado y acusado
de pertecer a un inexistente complot menchevique. Gracias a su entrenamiento
como abogado, Rubin logró evadir condena, hasta que, a finales de enero, Rubin
fue confrontado con otro prisionero, quien fue ejecutado a tiros delante de
Rubin cuando este se negó a autoinculparse. La escena se repitió en la noche
siguiente, luego de lo cual Rubin aceptó “confesar” sus supuestos crímenes.
En su juicio, Rubin implicó a Riazánov, pero trató
de minimizar los cargos, negandose a confirmar la existencia de organización
menchevique alguna. Por su negativa a cooperación total, fue sentenciado a
cinco años de prisión.
Cuando, en el transcurso de su condena Rubin
enfermó y se le diagnosticó un probable cáncer, se le movió a un hospital,
donde se buscó infructuosamente sacarle más “confesiones” a cambio de
tratamiento más favorable. En 1934, fue
puesto en libertad y se le permitió trabajar en planificación económica en
Kazajistán.
En 1937, se produjo una nueva ola de purgas
stalinistas, y Rubin fue nuevamente detenido. Nunca más se le vió con vida.
ESCRITOS
1924: Historia del Pensamiento Económico. Un breve
repaso al curso.
1928: Ensayos sobre la teoría marxista del valor
Isaak Illyich Rubin
Historia Del Pensamiento
Económico.
Un breve repaso al curso
Primera publicación: En 1924, en idoma ruso, como el decimocuarto
y último capítulo de Istoriya ekonomicheskoi mysli (Moscú: Gosizdat, 1924; 2ª
ed., 1929). El libro se estructura como un curso sobre la historia del pensamiento
económico hasta Marx, lo cual explica el titulo de la selección.
Traducción al castellano: La traduccion se realizo hace unos años para
una cátedra sobre pensamiento económico de la Universidad de Buenos Aires
(Argentina).
Fuente digital de la versión en castellano: Proporcionada por Daniel Gaido.
Inclusión en marxists.org: Febrero de 2017.
La economía política moderna se creó y desarrolló
paralelamente al surgimiento y crecimiento de la economía capitalista, su
objeto de estudio. En su evolución se refleja la evolución de la economía
capitalista y de su clase dominante, la burguesía. La literatura mercantilista,
por ejemplo, claramente expresa las preocupaciones y requerimientos del capital
mercantil y la burguesía comercial.
Desde la mitad del siglo XVIII, cuando las
estrictas regulaciones estatales y los monopolios de las compañías comerciales
habían comenzado a poner un freno al crecimiento del capitalismo industrial,
hubo extendida oposición a las ideas mercantilistas. En la agrícola Francia
fueron los fisiócratas quienes emprendieron la lucha contra los mercantilistas,
bajo el lema de cuidar el capital productivo agrícola. Los esfuerzos de los
Fisiócratas terminaron en un fracaso práctico y, en menor medida, teórico.
Le tocó a la escuela clásica inglesa, la cual
expresó en primera instancia los intereses de la burguesía industrial, realizar
los principales progresos prácticos y teóricos. En la doctrina de Smith la
tarea de sostener una lucha contra las anticuadas restricciones que encadenaban
el crecimiento de la economía capitalista, ocultó y mantuvo bajo tierra los
intereses conflictivos de las diferentes clases que componen la sociedad
burguesa. La doctrina de Ricardo proveyó los fundamentos teóricos para la burguesía
en su conflicto de intereses con la clase terrateniente, un conflicto que se
manifestó con amarga intensidad en Inglaterra al comienzo del siglo XIX.
Al mismo tiempo Ricardo no podía dejar de reconocer
que la burguesía y la clase trabajadora también tenían intereses divergentes,
una admisión que ya contenía las semillas de la desintegración de la escuela
clásica. Con la finalización exitosa de su lucha contra los propietarios de la
tierra (en la década de 1830), la burguesía comenzó a sentirse crecientemente
amenazada por la naciente clase obrera: la descomposición de la escuela clásica
prosiguió a paso acelerado.
1. Mercantilismo (siglos XVI y XVII en Inglaterra)
La política mercantilista, que aceleró la
destrucción de la economía feudal y de los gremios de artesanos, correspondía a
los intereses de la burguesía comercial y el capital mercantil. Su objetivo
principal era fomentar un rápido crecimiento del comercio exterior (junto con
el transporte marítimo y ciertas industrias de exportación como los tejidos de
lana), esforzándose en particular en fomentar el ingreso de metales preciosos
en el país, lo cual a su turno aceleró la transición desde una economía natural
a una monetaria. Es por eso comprensible que la literatura mercantilista
enfocara su atención principalmente en dos problemas fuertemente
interrelacionados: 1) la cuestión del comercio exterior y el balance comercial,
y 2) la cuestión de la regulación de la circulación monetaria. Podemos
distinguir tres períodos caracterizados por la forma en que la solución de
estos problemas fue encarada: a) el período del mercantilismo temprano, b) el
período de la doctrina mercantilista desarrollada, y c) los comienzos de la
oposición antimercantilista.
a) Los primeros mercantilistas dedicaron su
atención principalmente a la circulación de dinero, la cual venía de un período
de casi total desarreglo durante los siglos XVI y XVII. En parte esto se debió
a la "revolución de los precios" que tuvo lugar en ese tiempo [debido
al influjo de metales preciosos de América], y en parte a que los soberanos
rebajaban la cantidad de metal precioso en las monedas metálicas. (debasement
of the currency)
La degradación de las monedas metálicas, el
empeoramiento del tipo de cambio del dinero, y la salida de las monedas no
alteradas a otros países afectaban severamente los intereses de la burguesía
comercial. Los primeros mercantilistas del siglo XVI y principios del XVII
abogaron por el "sistema de balance monetario", y creyeron que sería
posible extirpar estos males a través de regulación gubernamental compulsiva de
la circulación de moneda. En particular ellos demandaron una absoluta prohibición
de la exportación de monedas metálicas, esperando que por este medio el
"balance monetario" del país mejoraría.
b) Los mercantilistas posteriores del siglo XVII
habían comprendido ya que las fluctuaciones dentro de la esfera de la
circulación monetaria (un tipo de cambio desmejorando y la exportación de
monedas metálicas) resultaban de un desfavorable balance comercial del país.
Ellos no creyeron posible regular el flujo de dinero directamente, y por eso
aconsejaron a los gobernantes concentrar energías en regular el balance
comercial del país estimulando la exportación de mercancías a otros países. En
particular recomendaron el desarrollo de las industrias de exportación (así se
podría exportar manufacturas industriales más caras, en vez de materias primas)
y el comercio de tránsito (por ejemplo la compra de mercancías coloniales de
los países oceánicos, tales como India, para ser vendidas en los países
europeos a precios más altos).
En Inglaterra, la teoría del "balance
comercial" fue expresamente desarrollada en el libro de Thomas Mun
(1571-1641) England's Treasure by Forraign Trade, escrito en 1630 pero no
publicado hasta 1664.
c) Hacia el fin del siglo XVII había ya comenzado a
aparecer una oposición al mercantilismo. Dudley North (1641–1691) fue uno de
los primeros librecambistas. El requirió al estado dejar de ejercer
regulaciones compulsivas sobre el flujo de dinero desde y hacia otros países, y
sobre la circulación de mercancías entre ellos. North demandó total libertad
para el comercio exterior y creyó beneficioso para la circulación de dinero y
mercancías el ser autorreguladas.
Los economistas que debatían los problemas del
balance monetario y el balance comercial se interesaron principalmente en
aquellas cuestiones prácticas que tocaban los intereses de la burguesía
comercial.
Junto con esta corriente "mercantil" en
el pensamiento mercantilista, apareció, hacia fines del siglo XVII, una
tendencia "filosófica" cuyos representantes (Petty, Locke, Hume)
exhibieron gran interés en solucionar problemas teóricos, primero y
principalmente aquellos sobre el valor y el dinero.
Tan pronto como los economistas dirigieron su
pensamiento hacia el análisis teórico de los fenómenos económicos, ellos se
encontraron confrontados con el problema del valor.
En la Edad Media, cuando los precios eran fijados
compulsivamente por las autoridades de la ciudad y de los gremios, el problema
del valor había sido planteado normativamente: Los escritores Escolásticos
argumentaban sobre el "justo precio" (justum pretium) que era
necesario establecer compulsivamente para asegurar al artesano su acostumbrado
estándar de vida.
Durante la época del capital mercantil, la
formación de precios vía regulación gradualmente cedió lugar a la espontánea
formación de precios a través del mercado. Los economistas del siglo XVII se
encontraron de cara a un nuevo problema teórico: ¿Cuáles eran las leyes que
gobernaban esta formación de precios en el mercado? Las respuestas a esta
cuestión eran aún superficiales y no desarrolladas. John Locke (1632-1704), el
bien conocido filósofo, respondió que el movimiento de los precios dependía de
los cambios en la oferta y la demanda. Nicholas Barbon (1637-1698), su
contemporáneo, planteó la teoría de la "utilidad subjetiva": en sus
palabras "El valor de todas las mercancías, surge de su utilidad" y
depende de las "necesidades y deseos" de aquellos que las consumen.
Una tentativa más exhaustiva para encontrar una
regularidad determinada por una ley en lo que parecía a primera vista el
desordenado y azaroso movimiento de los precios fue hecho por James Steuart
(1713-1780), uno de los últimos mercantilistas y un defensor de la teoría de
los "costos de producción". Desde su punto de vista una mercancía
tiene un "valor real" igual a su costo de producción. El precio de
una mercancía no puede ser menor que este valor real, pero es normalmente más
alto, conteniendo este excedente el "beneficio" del industrial. Este
beneficio, por eso, es algo añadido al valor de la mercancía, y corresponde al
industrial porque él ha conseguido venderla bajo circunstancias favorables (es
el "beneficio comercial"). La idea de que el beneficio es creado
dentro del proceso de circulación es encontrada en casi todos los escritos
mercantilistas y refleja las condiciones de la época del capital mercantil, en
la cual se conseguían colosales beneficios en el comercio exterior, el comercio
colonial en particular. Desde un punto de vista teórico la doctrina del
"beneficio comercial" (profit upon alienation) significa el completo
repudio de cualquier solución al problema del beneficio y del plusvalor en
general.
La solución más sofisticada para el problema del
valor vino de William Petty (1623-1687), el ingenioso progenitor de la
"teoría del valor trabajo" (labour theory of value: teoría laboral
del valor). De acuerdo a la doctrina de Petty, el "precio natural" de
un producto o su valor es determinado por la cantidad de trabajo gastado en su
producción. Cuando un productor intercambia su producto recibe una cantidad de
plata (dinero) en la cual ha sido incorporado tanto trabajo como él mismo ha
gastado produciendo el producto en cuestión. El valor de un producto, pan por
ejemplo, se descompondrá en dos componentes: 1) salarios, que igualan al mínimo
necesario de medios de subsistencia del trabajador (Petty y otros
mercantilistas fueron defensores de la "ley de hierro de los
salarios", en el sentido de que ellos recomendaban limitar los salarios de
los trabajadores a un mínimo de medios de subsistencia en el interés del
desarrollo del capitalismo), y 2) renta de la tierra. Consecuentemente Petty
identificaba la renta de la tierra con plusvalor en general, un punto de vista
que fue generalmente sustentado en un período en el que el capitalismo estaba
recién desarrollándose, y que más tarde fue explícitamente adoptado por los
Fisiócratas.
Haciendo esta identificación Petty se prevenía de
postular el problema del plusvalor. A pesar de caer en innumerables
contradicciones en la manera en que la expuso, en su teoría del valor trabajo
Petty puso los cimientos en los cuales los Clásicos y Marx fueron más tarde a
construir la teoría del plusvalor. Se puede decir con seguridad que la teoría
del valor de Petty es el más valioso legado teórico que la literatura
mercantilista iba a legar.
El otro problema teórico junto con la teoría del
valor que atrajo la atención de los mercantilistas fue el del dinero. Toda la
vieja literatura mercantilista había girado alrededor de los problemas
prácticos de la circulación monetaria: La degradación de las monedas metálicas,
la exportación de dinero al extranjero, etc. Hacia el fin del período
mercantilista, sin embargo, nosotros ya encontramos a Hume y Steuart haciendo
reflexiones y formulaciones más o menos maduras sobre las dos teorías en
conflicto sobre el dinero, las cuales están aún hoy en día luchando por la
supremacía científica. El famoso filósofo David Hume (1711–1776), dio una
formulación explícita de la "teoría cuantitativa" del dinero
metálico, de acuerdo a la cual el valor de la unidad monetaria depende de la
cantidad de moneda en circulación: el valor del dinero cambia inversamente a la
variación en su cantidad. La "teoría cuantitativa" había sido
formulada ya en el siglo XVI, bajo el impacto de la "revolución de los
precios" provocada por el influjo de metal precioso desde América. Hume,
sin embargo, la profundizó y la refirió. El oponente de Hume en esta cuestión
fue el ya mencionado James Steuart, quien argumentaba que la cantidad de dinero
metálico en circulación depende de las necesidades de la circulación de
mercancías. Las ideas de Steuart fueron más tarde retomadas por Thomas Tooke
(1774-1858) en la primera mitad del siglo XIX y posteriormente fueron
desarrolladas por Marx.
2. Los Fisiócratas (segunda mitad del siglo XVIII
en Francia)
El término "Fisiócratas" fue aplicado a
un grupo de economistas que aparecieron en escena en la década de 1760,
especialmente en Francia, La cabeza de la escuela fue François Quesnay
(1694-1774), quien reunió a su alrededor un grupo de discípulos y partidarios.
Después de un breve período de brillante éxito, la doctrina fisiocrática fue
suplantada por las teorías de la nueva escuela "clásica" que había
emergido en Inglaterra, y fue por un largo tiempo observada con desprecio y aún
con burla. Marx fue uno de los primeros en notar los méritos científicos de los
Fisiócratas, los que más tarde a fueron a ganar creciente y extendido
reconocimiento científico.
Mientras la doctrina mercantilista reflejaba las
condiciones de la economía inglesa durante la época del capital mercantil, la
teoría fisiocrática correspondió más a las condiciones sociales y económicas de
la Francia a mediados del siglo XVIII. Este fue un tiempo en que Francia se vio
envuelta en una lucha global con Inglaterra por la supremacía naval, comercial
y colonial y, después de una prolongada guerra, se vio forzada a ceder el
primer lugar a su rival. La política mercantilista -practicada con especial
determinación bajo el ministerio de Jean-Baptiste Colbert (1665-1683)- de
fomentar la industria, la navegación y el comercio a expensas del estado, había
fallado en alcanzar sus objetivos y había devorado enormes recursos.
El efecto combinado de las políticas mercantilistas
y las supervivencias feudales fue la devastación de la agricultura. Una miríada
de factores estaba operando para contener el crecimiento de la agricultura: una
tecnología agrícola atrasada, acompañada por pobres cosechas; las políticas
mercantilistas de prohibir la exportación de trigo, que deprimía el precio del
mismo y un sistema de impuestos cuyo peso recaía sobre los campesinos y
liberaba a la nobleza. En su programa de reformas económicas, los Fisiócratas
se esforzaron por eliminar cada uno de estos factores. Ellos fervientemente
defendían el tipo de agricultura racional que se desarrollaba con notable éxito
en Inglaterra. Recomendaban que la tierra fuera arrendada a grandes
agricultores con abundante capital. Reclamaban la abolición de las
prohibiciones a la exportación de trigo, argumentando el beneficio de altos
precios del trigo y bajos precios de los bienes industriales. Finalmente, a fin
de proteger al agricultor de los pesados impuestos, pedían que todos los
impuestos fueran trasladados sobre la renta recibida por los señores de la
tierra.
El programa económico de los Fisiócratas,
especialmente su esquema de reforma impositiva, correspondía a los intereses de
la burguesía rural y estaba dirigida directamente contra la nobleza feudal. Sin
embargo, como ellos no podían confiar en ninguna clase social influyente (la
burguesía rural a mediados del siglo XVIII en Francia era demasiado pequeña e
inconsecuente), los Fisiócratas pusieron sus esperanzas principalmente en la
corona, de quien esperaban que llevara adelante las deseadas reformas. Es por eso
comprensible que los Fisiócratas hicieran cuanto pudieran para mellar el filo
de su programa dirigido contra la nobleza feudal y en cambio agudizaran el
ataque a la política mercantilista. Ellos escamoteaban el carácter burgués de
su programa y enfáticamente acentuaban su naturaleza agraria. El slogan de
defender la agricultura de las dañosas consecuencias de la política
mercantilista se convirtió en la consigna favorita de los fisiócratas. [a esto
hay que sumar su defensa del librecambio: laissez faire.]
Los mercantilistas habían mantenido que el mejor
medio para hacer rico a un país era el extensivo desarrollo del comercio
exterior. Los Fisiócratas reconocieron como única fuente de riqueza de una
nación a la agricultura. Los mercantilistas habían visto el comercio exterior
como la milagrosa fuente de metales preciosos y enormes beneficios hacia el
interior del país. Para refutar esta noción mercantilista, los Fisiócratas
tenían que construir una nueva teoría del dinero y del excedente de valor.
Desde su punto de vista el dinero no era nada más que una ayuda conveniente en
la circulación de los productos: la riqueza de una nación consistía en
productos, no en dinero. Pero como los productos industriales no eran nada más
que materias primas obtenidas de la agricultura y remodeladas por el trabajo de
la población industrial, y como esta última obtenía sus medios de subsistencia
también de la agricultura, la riqueza de una nación consistía en última
instancia en el producto agrícola, o en la sustancia material que la población
agrícola extraía de las generosas entrañas de la madre naturaleza. La riqueza
era creada solamente en el proceso de la producción agrícola, y no en el
proceso de circulación. Así la política mercantilista de fomentar
unilateralmente y artificialmente el comercio y la industria a expensas de la
agricultura era absurda y dañosa en grado sumo, ya que una política de fuerte
regulación y limitación estatal pone restricciones a la libertad económica
individual y por eso viola las leyes del "derecho natural'' (laissez
faire: dejen hacer).
Para dar a su programa de política económica un más
sólido fundamento, los Fisiócratas construyeron su sistema teórico, cuyos
puntos centrales fueron: 1) la doctrina del "producto neto"
(plusvalor), y 2) la teoría de la reproducción del capital social.
Para demostrar la necesidad de bombear capital
fuera del comercio y la industria y dentro de la agricultura, los Fisiócratas
plantearon la doctrina de que solamente la agricultura crea "producto
neto" o "ingresos" (plusvalor). En la producción agrícola, la
generosidad de la naturaleza suministraba al hombre una cantidad mayor de
sustancia material que la que había sido necesaria para las necesidades del
cultivador y para reponer sus costos de producción. Este excedente de sustancia
material o "producto neto", iba a los propietarios de la tierra como
renta sobre las propiedades y formaba así la base para la riqueza de la nación.
Esto constituía el fondo que "alimentaba" a la población industrial
en los pueblos y cubría los gastos del aparato del estado. Así, para los
Fisiócratas, el trabajo agrícola era el único trabajo que era verdaderamente
"productivo"; el trabajo industrial era trabajo "estéril",
en el sentido que no rendía "producto neto" (plusvalor) sobre y por
encima de los costos de producción.
Para ilustrar más claramente la dependencia que las
clases terrateniente e industrial tenían de la clase de los agricultores (a los
cuales Quesnay veía como representando a toda la población agrícola), Quesnay
creó su famosa teoría de la reproducción, la cual difundió en su famoso Tableau
Economique (1758). En el Tableau Quesnay mostró como se movía el total de la
producción anual de una nación. La totalidad de la cosecha de trigo venía
primero de todo a las manos de la población agrícola, la cual retenía parte de
la misma para su propia provisión y pagaba una parte a la clase de los
propietarios de la tierra como renta; una tercera parte del producto agrícola
(materias primas para el procesamiento industrial y medios de subsistencia)
pasaba a las manos de la clase industrial, la cual a su turno regresaba
productos terminados - en parte a la clase de los cultivadores, en parte a los
propietarios de la tierra. Paralelamente con el movimiento de productos entre
las distintas clases sociales, pero en dirección inversa, se establecía un
movimiento de dinero, el cual funcionaba meramente como un auxiliar, para
mediar la circulación de mercancías. Como lo representaba Quesnay, todo el
proceso de distribución del producto social entre las distintas clases sociales
era tal que al finalizar todas las clases de la sociedad tenían sus necesidades
de consumo satisfechas y un nuevo ciclo de reproducción estaba listo a
comenzar.
El Tableau Economique representó el más importante
legado teórico de Quesnay. Fue la primera, ingeniosa tentativa de capturar la
totalidad del proceso de producción, circulación, distribución y consumo del
producto social con un simple esquema. Mientras que los mercantilistas se
habían ocupado en debatir problemas aislados, y usualmente de índole práctica,
Quesnay hizo un audaz intento de descubrir el mecanismo de la reproducción
capitalista como un todo, un intento que le da el derecho de ser llamado el padre
de la economía política contemporánea. En su teoría de la reproducción Quesnay
se adelantó mucho a su tiempo. Aún los economistas Clásicos fueron incapaces de
comprender este logro teórico; solamente Marx iba a desarrollarlo más tarde.
Hay también una valiosa idea teórica en la doctrina
Fisiocrática del "producto neto", aunque está oculta debajo de un
ropaje fantástico. Para los mercantilistas la fuente de beneficio era el
comercio y el beneficio era un excedente que quedaba después de cubrir los
costos de producción. Los Fisiócratas enseñaron que el excedente, o ingreso
neto, está estrictamente formado dentro del proceso de producción agrícola.
Consecuentemente ellos trasladaron la fuente de formación del plusvalor fuera
del proceso de circulación y dentro del proceso de producción. Esta fue una
nueva formulación del problema del plusvalor y constituyó uno de los grandes
méritos de los Fisiócratas, Ellos fueron incapaces de resolverlo, sin embargo,
porque su naturalismo ingenuo, el cual pone la productividad física del suelo
en el lugar de la productividad económica del trabajo, y la producción de
sustancia material en el lugar de la producción de valor. Fue necesario dar una
nueva base a la teoría del valor tan vigorosamente planteada por los
Fisiócratas, a saber la teoría del valor-trabajo dada a conocer por los
mercantilistas, y por Petty en particular. Le tocó a Adam Smith llevar adelante
esa tarea.
3. Adam Smith (1723-1790) y La riqueza de las
naciones (1776)
Los mercantilistas actuaban como defensores de los
intereses del capital mercantil, pero hacia el siglo XVIII la política
mercantilista ya se había convertido en un freno para el posterior desarrollo
del capitalismo: estaba retardando la transición de la preponderancia del
capital mercantil a la preponderancia del capital industrial. En Francia la
burguesía rural, de quien los fisiócratas actuaron como delegados, era
numéricamente pequeña y tenía poca influencia. Por eso los fisiócratas fueron
impotentes para vencer la dominación del capital mercantil. Solamente la
burguesía industrial en las ciudades tenía el poder para quebrar la
preponderancia del mercantilismo. En forma similar, al nivel de la teoría
económica, fue solamente gracias a los esfuerzos de la escuela clásica,
representando los intereses del capitalismo industrial, que el mercantilismo
fue vencido como doctrina. Adam Smith es considerado el fundador de la escuela
clásica.
La primera mitad del siglo XVIII fue un período de
transición en la historia de la economía inglesa. Aunque la artesanía aún
mantenía parcialmente su posición, había dejado bastante lugar a la industria
domiciliaria (cottage industry). Había también una más modesta propagación de
la manufactura.
Adam Smith puede ser llamado el economista del
período manufacturero. El nacimiento del capitalismo industrial a gran escala,
en la forma de las manufacturas basadas en la división del trabajo, hizo
posible para Smith:
a) Concebir al conjunto de la sociedad como un
gigantesco taller con una división del trabajo (de allí la doctrina de Smith
sobre la división del trabajo).
b) Comprender la importancia del trabajo
industrial, junto con el comercio y la agricultura (gracias a lo cual Smith
superó la unilateralidad de los mercantilistas y de los Fisiócratas).
c) Concebir el intercambio entre diferentes ramas
de la producción como un intercambio de productos equivalentes basado en igual
gasto de trabajo (por eso el lugar central que la teoría del valor ocupa en el
sistema de Smith).
d) Clasificar correctamente las diferentes formas
de ingreso (salarios, beneficio y renta) que van cada uno a diferentes clases
sociales.
Smith comienza describiendo la división del
trabajo, a la cual él ve como el mejor medio para aumentar la productividad del
mismo. Esta visión fue asimismo un reflejo de las condiciones prevalecientes
durante el período de las manufacturas, cuando no había todavía una amplia
aplicación de maquinaria y la base del progreso técnico era aún la división del
trabajo. Como Smith se interesó principalmente por las ventajas técnico-
materiales de la división del trabajo y no por su forma social, es perfectamente
comprensible que pudiera confundir la división social del trabajo entre
empresas individuales con la división técnica del trabajo dentro de la misma
empresa. A pesar de este error, la doctrina de Smith sobre la división del
trabajo es de enorme valor. A partir de ella, Smith concibe al conjunto de la
sociedad como una vasta sociedad laboriosa de gente que trabaja una para otra e
intercambia mutuamente los productos de su trabajo. La concepción de la
sociedad como siendo al mismo tiempo una sociedad de individuos trabajadores y
de intercambio, le permitió a Smith comprender la importancia de la industria y
darle un lugar central a la teoría del valor trabajo.
Smith consideró a la sociedad como una sociedad
trabajadora de individuos dependiendo unos de otros en virtud de su actividad
productiva. A diferencia de los mercantilistas, él comprendió que el
intercambio de las mercancías por dinero equivale en definitiva a un
intercambio de los productos del trabajo de diferentes productores. Por otro
lado, superó la unilateralidad de los Fisiócratas, quienes consideraban el
movimiento de mercancías como un movimiento de materia, o de la substancia
material natural, desde la clase de los cultivadores a las otras clases de la
sociedad (por ejemplo a las clases terrateniente e industrial). Por debajo del
intercambio de productos Smith percibió un intercambio de actividades laborales
de los diferentes productores. Si todos los productores dependen el uno del
otro, esto obviamente elimina la privilegiada posición que los mercantilistas
habían acordado al comercio exterior y los Fisiócratas a la agricultura. Si la
industria depende de la agricultura, entonces esta última debe depender de la
industria precisamente en el mismo grado. Es absurdo sostener que la población
agrícola "mantiene" a la población industrial que es
"estéril" en sí misma. La agricultura y la industria son ramas de la
producción con igual categoría: el intercambio entre ellas es un intercambio de
equivalentes.
Habiendo evitado del error de los Fisiócratas en la
comprensión de la relación entre la agricultura y la industria, Smith fue capaz
de llegar a una comprensión más correcta del capital y de la productividad del
trabajo. Según Smith, todo trabajo es productivo si genera valor o plusvalor,
independientemente de si es aplicado a la agricultura o a la industria (Smith
vacila en su definición: a veces él define trabajo productivo como aquel que
genera plusvalor y otras veces como el que se incorpora en productos materiales
que poseen valor).
Paralelamente a extender el concepto de trabajo
productivo, Smith también extendió el concepto de capital. Durante el período
mercantilista usualmente se llamaba capital a una suma de dinero prestada a
interés. Los Fisiócratas mantuvieron que capital (ellos usualmente empleaban el
término les avances) no era el dinero sino los productos empleados como medios
de producción. Tenían en mente solamente el capital invertido en la
agricultura, y además, veían al capital principalmente como un medio de incrementar
el "producto neto" (por ejemplo la renta). Smith amplió el concepto
de capital y lo extendió igualmente a la industria y el comercio. Más adelante,
Smith enlazó el concepto de capital íntimamente al concepto de beneficio,
viendo al capital como un generador de beneficios. Haciendo esto él propuso un
concepto "económico privado" de capital como un medio de extraer
beneficios, al lado del concepto "económico nacional" de capital (en
el sentido de medios de producción producidos) que encontramos en los Fisiócratas.
En base a su doctrina de la división del trabajo,
Smith colocó a la teoría del valor en una posición central. Los Fisiócratas,
con su limitado punto de vista naturalista, habían confundido valor con
substancia material. Smith aceptó las ideas que nosotros encontramos
presentadas en embrión entre los mercantilistas (especialmente en Petty) y
desarrolló luego la teoría del valor trabajo. La secuencia de los pensamientos
de Smith es aproximadamente como sigue: En una sociedad fundada sobre la
división del trabajo, cada persona produce productos para otra gente y, al
entrar en el intercambio, recibe aquellos productos que son necesarios para su
propia subsistencia. Adquiriendo los productos del trabajo de alguna otra
persona, nuestro productor está disponiendo sobre, o "comandando" el
trabajo de otra. Pero, ¿cómo hace nuestro productor para determinar el valor de
los productos que él mismo ha producido? Por la cantidad de trabajo de otras
personas que él puede obtener a cambio de sus propios productos, responde Smith.
Pero ¿cómo hacemos para determinar esta cantidad de trabajo? En una economía
mercantil simple [sin trabajo asalariado] esta igualará la cantidad de trabajo
que nuestro productor gastó en producir su propio producto. Así Smith a veces
determina correctamente el valor de una mercancía por el trabajo gastado en su
producción, mientras que otras veces él lo determina, erróneamente, por el
trabajo que la mercancía en cuestión puede comprar cuando es intercambiada.
Mientras Smith permanece en los límites de una economía mercantil simple esta
confusión conceptual es poco dañina, dado que las dos cantidades coinciden. En
la economía capitalista sin embargo, esta coincidencia desaparece: el
capitalista adquiere el trabajo vivo del obrero (la fuerza de trabajo), por
ejemplo ocho horas de su trabajo, a cambio de un producto que contiene una
cantidad más pequeña de trabajo. Al ser incapaz de explicar las leyes de este
intercambio de capital por fuerza de trabajo, Smith erróneamente concluye que
en la economía capitalista el valor del producto es mayor que la cantidad de
trabajo gastado en su producción, y es igual a la suma que el capitalista ha
desembolsado al emplear obreros más el beneficio promedio (en ciertas
circunstancias también más la renta). En consecuencia, cuando llega a la
economía capitalista Smith niega que la ley del valor trabajo opere: aquí él
cae en la teoría vulgar de los costos de producción. A causa de sus
vacilaciones en la teoría del valor, Smith se convirtió en el predecesor de las
dos corrientes dentro del pensamiento económico a los comienzos del siglo XIX:
la tendencia Clásica, la cual obtuvo su máxima expresión en Ricardo, y la
corriente vulgar, representada por Say. La inconsistencia de la teoría del
valor de Smith le impidió solucionar completamente su teoría de la
distribución. Es verdad que el hizo un enorme avance cuando se compara con los
fisiócratas. Reemplazó el falso esquema de las clases sociales de los
fisiócratas (clase terrateniente, clase productiva y clase estéril) por un esquema
correcto de terratenientes, capitalistas industriales y trabajadores
asalariados. Enumeró correctamente las tres formas de ingreso que cada una de
estas clases recibe: salarios, beneficios y renta. Especialmente Smith merece
reconocimiento por haber distinguido claramente la categoría de beneficio
industrial (industrial profit), aplicable también a la agricultura, que los
fisiócratas habían ignorado.
A pesar de todos los planteos que Smith hizo en la
teoría de la distribución, finalmente su tratamiento de la misma quedó muy
incompleto, en parte debido a que no mantuvo el punto de vista de la teoría del
valor trabajo, sino que lo abandonó en favor de la doctrina de los costos de
producción. Habiendo mantenido Smith la teoría de que el valor de un producto
es creado por el trabajo humano y es dividido entre las distintas clases
sociales, la interdependencia de los ingresos de las diferentes clases se había
mostrado a sus ojos y demandado elucidación a través de la teoría de la
distribución. Pero tan pronto como Smith cayó en la teoría de los costos de
producción, de acuerdo a la cual el valor de un producto es el resultado de la
suma de los distintos costos de producción, o del ingreso de aquellos
participantes de la producción (salarios, beneficio y renta), estos ingresos se
le aparecieron como algo previo al valor e independientes uno del otro. En vez
de referirse al valor del producto como lo primario y a los ingresos como lo
secundario, Smith consideró al valor como una magnitud secundaria derivada del
ingreso. Pero si este fuera el caso, una pregunta podría surgir inmediatamente:
¿Cómo se determina la medida de estos ingresos (por ejemplo los salarios o el
beneficio)? Smith no encontró mejor respuesta a esta pregunta que hacer una
disimulada apelación a la teoría de la oferta y la demanda. Desde su punto de
vista el nivel de los beneficios depende de la abundancia de capital o, para
ser más precisos, de la tasa de acumulación: cuando el capital está creciendo
rápidamente la tasa de beneficios cae; cuando el capital total del país
declina, la tasa de beneficios sube. Pero un crecimiento del capital indica un
crecimiento simultáneo de la demanda de fuerza de trabajo, y es así acompañada
por un alza de los salarios. La situación inversa ocurre cuando el capital
total de un país está disminuyendo. Finalmente, cuando el capital está en un
estado estacionario los salarios y los beneficios se fijan en un bajo nivel. De
esta manera el movimiento de los ingresos de los capitalistas y de los
trabajadores dependen de que la economía de la nación esté en un estado
progresivo, estacionario o declinante. Con esa posición difícilmente se podría
decir que Smith resolvió el problema de la distribución: él meramente dio una
descripción de los hechos, acompañada por una superficial explicación de los
mismos en el espíritu de la teoría de la oferta y la demanda. Quedó para el
otro gran economista de la escuela Clásica, David Ricardo, dar el decisivo paso
adelante en la teoría de la distribución.
4. David Ricardo (1772-1823) y los Principios de
economía política y tributación (1817)
La vida de David Ricardo coincide más o menos con
la época de la revolución industrial inglesa, la cual, con la introducción
extensiva de nueva maquinaria y el rápido desarrollo de la producción fabril,
desplazó exitosamente a las formas previas de la industria (la artesanía, la
industria domiciliaria y las manufacturas). Si Smith puede ser llamado el
economista del período de las manufacturas, entonces Ricardo es el economista
de la época de la revolución industrial, cuyas características básicas se reflejaron
en su teoría. En su teoría del valor trabajo Ricardo generalizó los diversos
hechos asociados con el drástico y rápido abaratamiento de la producción
industrial que resultó de la introducción de nueva maquinaria y del crecimiento
de la productividad técnica del trabajo. En su teoría de la distribución, y más
visiblemente en su teoría de la renta, él reflejó la agudización de la lucha de
clases entre la burguesía y la nobleza terrateniente que acompañó los primeros
éxitos de la industria fabril.
El mérito principal de Ricardo es haber liberado a
la teoría del valor trabajo de las contradicciones internas que había sufrido
en la formulación de Smith, y haber intentado usarla para explicar el fenómeno
de la distribución.
Smith había fallado en hacer una distinción
suficientemente clara entre la cantidad de trabajo gastada en la producción de
un producto y la cantidad de trabajo que ese producto era capaz de adquirir
cuando se intercambiaba. De acuerdo con este punto de vista dual, Smith
reconoció que el valor de un producto podía modificarse tanto como resultado de
un cambio en la productividad del trabajo empleado en producirlo, como a
consecuencia de una alteración en el "valor del trabajo" (por ejemplo
en el monto de los salarios o de los costos de producción).
Ricardo atacó este error de Smith. El demostró
claramente que la cantidad de trabajo que puede ser adquirida a cambio de una
determinada mercancía no puede servir como una medida invariable de su valor, y
que buscar tal medida invariable es en general una empresa sin esperanza.
Ricardo identifica un cambio en la cantidad de trabajo gastado en la producción
de mercancías como la única fuente (con la excepción de los casos citados más
abajo) de cambios en su valor. Por eso él hace depender la magnitud de valor de
una mercancía directamente del desarrollo de la productividad técnica del
trabajo. Al adherir consistentemente a esta posición Ricardo hace una gran
contribución hacia la solución del problema cuantitativo del valor, aunque con
su horizonte limitado (como fue el caso de Smith) a la economía capitalista, él
ignoró la naturaleza cualitativa o social del valor como la expresión externa
de un determinado tipo de relaciones de producción entre las personas.
Smith había negado que la ley del valor trabajo
operara dentro de la economía capitalista, donde el valor de los productos no
va completamente a sus productores, sino que es repartida entre los salarios y
el beneficio. Para refutar completamente esta errónea visión de Smith, habría
sido necesario explicar las leyes por las cuales el capital se intercambia por
fuerza de trabajo. Solo hubiera sido posible explicar estas leyes analizando
las relaciones sociales de producción que sujetan al obrero al capitalista.
Pero el método de analizar relaciones de producción como relaciones entre
personas fue desconocido para Ricardo tal como lo había sido para Smith.
Ricardo, por eso, no tuvo otro recurso que dejar de lado la pregunta que Smith
había planteado. Así lo hizo, restringiendo sus investigaciones a la cuestión
del valor "relativo" de las mercancías. Debido a que esta es una
cuestión de valor "relativo" de dos mercancías A y B, es obvio que
algún cambio en los salarios de los obreros (una suba, por ejemplo) que ejerza
una influencia uniforme en los costos de producción de las dos mercancías no
afectará en lo más mínimo su valor "relativo". El resultado de un
alza en los salarios no es el incremento del valor del producto, como Smith
había pensado, sino solamente el descenso del nivel de los beneficios. No
importa como esté distribuido el valor del producto entre salarios y
beneficios, esto no afectará la magnitud de valor del producto, el cual en la
economía capitalista está determinado por la cantidad de trabajo necesario para
producirlo. Al tomar la posición de que los salarios y el beneficio cambian
recíprocamente uno al otro, Ricardo hizo un decisivo aporte al punto de vista
de que el beneficio es una porción del valor del producto el cual los
trabajadores han creado con su trabajo y del cual los capitalistas se apropian.
En esto Ricardo rectifica el error de Smith que
consistía en negar que la ley del valor trabajo operara en la economía
capitalista. Pero él no se las arregló para mostrar cómo la ley del valor
trabajo, la cual no se manifiesta directamente en el funcionamiento de la
economía capitalista, sin embargo lo regula indirectamente a través de los
precios de producción. Ricardo no logró explicar exitosamente la aparente
contradicción entre la ley del valor trabajo y los fenómenos observables de la
economía capitalista. En realidad, Ricardo fue capaz de eliminar la influencia
de la fluctuación de los salarios (y la correspondiente fluctuación en la tasa
de beneficios) en los valores relativos de dos mercancías, A y B, solamente si
los salarios tienen aproximadamente el mismo peso en los costos de producción
de las dos mercancías, o sea, en tanto que las dos ramas de la producción
empleen capitales con idéntica composición orgánica. Si los capitales que
producen las mercancías A y B tienen composiciones orgánicas desiguales (o
diferente período de ciclo), una suba de los salarios (o caída en la tasa de
beneficio) afectará más perceptiblemente a la mercancía producida con una más
baja composición orgánica, por ejemplo la mercancía A. Para preservar el mismo
nivel de beneficio en las dos ramas de la producción el valor relativo de la
mercancía A deberá subir en comparación con la mercancía B. Así Ricardo llega a
su famosa "excepción" a la ley del valor trabajo. Los valores
relativos de las mercancías A y B cambiarán no solamente con las fluctuaciones
en las cantidades relativas de trabajo requeridas para su producción, sino
también con un cambio en la tasa de beneficio (o con un correspondiente cambio
en los salarios). El beneficio sobre el capital es de esta manera un factor
independiente que regula el valor de los productos junto con el trabajo.
Permitiendo estas "excepciones" a la ley
del valor trabajo Ricardo abrió el camino para que los economistas vulgares
(Malthus, James Mill, McCulloch, etc.) abandonaran completamente la teoría del
valor trabajo. Ricardo mismo, sin embargo, consideraba estas
"excepciones" como de importancia secundaria comparada con el
principio básico del valor trabajo, su punto de partida para construir su
propia teoría de la distribución.
La teoría de la distribución de Ricardo persiguió
dos grandes objetivos: primeramente debía surgir a partir de su teoría del
valor, en segundo lugar debía dar cuenta de los fenómenos reales de la
distribución que Ricardo venía observando en la Inglaterra de comienzos del
siglo XIX. La teoría de Smith de la distribución había caído en una vulgar
teoría de los costos de producción: la suma de los salarios, beneficios y
rentas formaba el valor de la mercancía. Nosotros hemos visto ya cómo Ricardo
eliminó la contradicción entre la existencia real de beneficio y el principio
del valor trabajo: él consideró el beneficio como una porción del valor del
producto que quedaba después de la deducción de los salarios (aunque Ricardo se
inclinó en sus "excepciones" a tratar el beneficio como un factor
independiente en la formación del valor). Ahora Ricardo se enfrentaba con la
necesidad de remover la contradicción entre este mismo principio del valor
trabajo y la existencia de la renta, la cual a primera vista tiene la apariencia
de estar añadida al valor de la mercancía. En tanto esta fue una cuestión de
renta "diferencial" Ricardo se las arregló para resolver la
contradicción con supremo sentido artístico. La renta crece porque diferentes
lotes de tierra tienen diferentes productividades del trabajo. El valor de un
bushel de trigo es determinado por la cantidad de trabajo necesaria para su
producción en la tierra de inferior calidad bajo cultivo en ese momento. La
diferencia entre este valor social del trigo y su valor individual en parcelas
de mayor fertilidad (o en parcelas situadas más cerca de los mercados,
incurriendo así en menores gastos de transporte) forma la renta que es pagada
al propietario de la tierra. Para Ricardo la peor tierra bajo cultivo no paga
ninguna renta (un punto de vista erróneo, ya que asume que no existe la renta
absoluta). Al ser cultivadas nuevas y cada vez inferiores tierras, el precio
del bushel de trigo aumentará. Y también lo hará la renta de la tierra, ambos
en términos reales en trigo (ya que la diferencia en productividad entre la
mejor y la peor tierra estará creciendo), y aún más nominalmente, en términos
de dinero (desde que el valor de cada bushel de trigo habrá subido).
Al tratar la renta no como una adición al valor
social del trigo, sino como la diferencia entre este valor social y el valor
del trigo en cada parcela en particular, Ricardo fue capaz de hacer su teoría
de la renta consistente con su teoría del valor. Al mismo tiempo intentó
derivar de su teoría de la renta conclusiones lógicas que estuvieran de acuerdo
con los hechos de la realidad. La época de la revolución industrial inglesa
estuvo caracterizada no solamente por la tremenda caída en los precios de los
artículos industriales que vino con la introducción de nueva maquinaria, sino
también por un enorme aumento en el precio del trigo. Este aumento era en los
hechos explicable por la rápida industrialización del país, el bloqueo
continental de Napoleón y por los altos impuestos a la importación de trigo que
se habían establecido en beneficio de la aristocracia inglesa. Este fue un
fenómeno temporario, pero Ricardo lo convirtió en una ley permanente de la
economía capitalista. En su visión, el crecimiento de la población podría hacer
cada vez más necesario transferir los cultivos a cada vez peores parcelas de
tierra, lo cual sería acompañado por el crecimiento de los precios del trigo y
una tendencia al crecimiento en la renta nominal y real. Todas las ventajas de
la industrialización del país irían a la clase de los propietarios de la
tierra. Los trabajadores no compartirían estos beneficios porque aunque sus
salarios nominales podrían subir con la suba de los precios del trigo, su
salario real quedaría estacionario en el mejor de los casos, por ejemplo al
mínimo nivel de los medios de subsistencia requeridos por el obrero y su
familia (lo que Lasalle llamó la "ley de hierro de los salarios"). En
cuanto al beneficio, este exhibiría una tendencia inexorable a la caída, debido
a la inevitable suba de los salarios. La caída en el beneficio debilitaría la
iniciativa de los capitalistas a acumular capital, y el progreso económico de
la nación inevitablemente se demoraría, acercándose a una detención total.
Todo el retrato que hace Ricardo de los movimientos
entre las diferentes clases sociales fluye de su convencimiento de que el
precio del trigo debía necesariamente elevarse. Ricardo subestimó la
posibilidad de un poderoso crecimiento en la productividad en el trabajo
agrícola. Su doctrina de un necesario e inexorable crecimiento en el precio del
trigo no fue confirmado por los hechos, ni tampoco lo fueron las conclusiones
deducidas del mismo. Aun así, su teoría de la distribución representa un enorme
avance científico. El pintó el vasto recorrido de los movimientos en los
ingresos de todas las clases sociales, y su íntima interconexión; mostró esta
dinámica como una consecuencia necesaria de la ley del valor trabajo; y reveló
claramente los conflictos que existen entre los intereses de las diferentes
clases.
5. La desintegración de la escuela clásica
Ricardo había sido lo suficientemente audaz como
para comprender abierta y directamente los conflictos de intereses entre los
capitalistas y los trabajadores. Como la lucha entre las dos clases se agudizó
y empujó a la lucha entre los capitalistas y la aristocracia a un segundo
plano, los economistas burgueses comenzaron a cambiar desde una clara
descripción y explicación de la economía capitalista a presentar una
justificación de ella. La economía política burguesa devino crecientemente
apologética (es decir, se dio ella misma como fin la justificación del
capitalismo) y vulgar (por ejemplo restringió sus investigaciones al estudio
superficial de los fenómenos tal como ellos podían aparecérsele al capitalista,
en vez de probar la conexión interna entre ellos). Aproximadamente en la década
de 1830 comenzó el período de "desintegración’' de la escuela clásica. Los
economistas burgueses de ese período repudiaron la teoría del valor-trabajo
desarrollada por Smith y Ricardo. Con el fin de mostrar que el beneficio no es
parte del valor creado por el trabajo de los obreros, ellos inventaron nuevas
teorías sobre su origen. La doctrina de Jean-Baptiste Say (1767-1832) fue que
el beneficio es creado a causa de la productividad de los medios de producción
pertenecientes al capitalista (la teoría de la productividad del capital);
Nassau William Senior (1790-1864) vio el beneficio como la recompensa a la
"abstinencia" de los capitalistas, quienes acumulan capital al
refrenar la satisfacción directa de sus necesidades personales (la teoría de la
abstinencia). Así como la economía política burguesa devino apologética y
vulgar, así también comenzó la oposición a ella. Se le opusieron los
representantes de la clase terrateniente, puesta en un segundo plano por la
burguesía -Thomas Robert Malthus (1766-1834), quien enseñaba que solamente la
existencia de una clase rica de terratenientes podría crear un mercado para los
artículos industriales-, los defensores de la pequeña burguesía, el campesinado
y los artesanos -Sismondi (1773-1842), quien argumentaba que el capitalismo,
llevando a la ruina al campesinado y a los artesanos, reducía el poder de
compra de la población y creaba así las condiciones para constantes crisis-, y
, finalmente, los primeros defensores de la clase obrera (los socialistas
utópicos).

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