Libro N° 6647. Audacia, Más Audacia. Amin, Samir.
© Libro N° 6647.
Audacia, Más Audacia. Amin, Samir. Emancipación. Noviembre 9 de 2019.
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original: © Audacia, Más Audacia. Samir Amin
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AUDACIA, MÁS AUDACIA
Samir Amin
AUDACIA,
más
AUDACIA
por
Samir Amin
Fuente:
ALAI, América Latina en Movimiento
mM
Biblioteca Virtual
OMEGALFA
Las
circunstancias históricas creadas por la implosión del capitalismo
contemporáneo requieren de una izquierda radical, tanto en el Norte como en el
Sur, que sea capaz de formular una alternativa política al sistema existente.
El propósito de este artículo es mostrar por qué es necesaria la audacia y lo
que esta significa.
¿Por
qué audacia?
1.
El capitalismo contemporáneo es un capitalismo de monopolios generalizados. Con
esto quiero decir que los monopolios no son ya más islas grandes en un mar de
empresas relativamente autó- nomas, sino que son un sistema integrado, que
controla absoluta- mente todos los sistemas de producción. Pequeñas y medianas
empresas, incluso las grandes corporaciones que no son estricta- mente
oligopolios, están bajo el control de una red que remplaza a los monopolios. Su
grado de autonomía se ha visto reducido al punto de convertirse en
subcontratistas de los monopolios.
Este
sistema de monopolios generalizados es producto de una nueva fase de
centralización del capital que tuvo lugar durante los años 80 y 90 en los
países que componen la Triada (Estados Uni- dos, Europa y Japón).
Los
monopolios generalizados dominan ahora la economía mun- dial. “Globalización”
es el nombre que le han dado al conjunto de demandas mediante las cuales
ejercen su control sobre los siste- mas productivos de la periferia del
capitalismo global (periferia entendida como el mundo por debajo de la Triada).
Esto no es más que una nueva fase del imperialismo.
2.
El capitalismo de los monopolios generalizados y globalizados es un sistema que
garantiza que estos monopolios graven impues-
tos
sobre la masa de plusvalía (transformada en ganancias) que el capital extrae de
la explotación del trabajo. En la medida en que estos monopolios están operando
en las periferias del sistema global, la renta monopólica es renta
imperialista. El proceso de acumulación capitalista –que define el capitalismo
en todas sus sucesivas formas históricas- está determinado por la maximiza-
ción de la renta monopólica/imperialista que persigue.
Este
desplazamiento del centro de gravedad de la acumulación del capital es la
fuente de la continua concentración del ingreso y la riqueza en beneficio de
los monopolios, ampliamente controlada por las oligarquías (plutocracias) que
gobiernan los grupos oligo- pólicos a expensas de la remuneración del trabajo e
incluso de la remuneración del capital no monopólico.
3.
Esto pone en riesgo al mismo crecimiento, desequilibrando la fuente de
financialización del sistema económico. Con esto me refiero a que el segmento
creciente de la plusvalía no puede ser invertido en la expansión y
profundización de los sistemas de producción y por consiguiente la inversión
financiera de la plus- valía desmedida se vuelve la única opción para sostener
la acumu- lación bajo el control de los monopolios.
La
implementación que el capital realiza en determinados siste- mas, permite que
la financialización opere de distintas maneras, generando:
(i)
la subordinación de la gestión de las empresas al principio del
“valor
de las acciones”.
(ii)
la sustitución del sistema de pensiones basado en la capitaliza- ción (fondos
de pensión) por sistemas de distribución de las pen- siones.
(iii)
la adopción del principio de “intercambio de tasas flexibles”.
(iv)
el abandono del principio bajo el cual los bancos centrales determinan la tasa
de interés –el principio de liquidez- y la trans- ferencia de esta
responsabilidad al “mercado”.
La
financialización ha transferido la responsabilidad principal en el control de
la reproducción del sistema de acumulación a 30 grandes bancos que son parte de
la Triada. Los eufemísticamente llamados “mercados” no son otra cosa más que
los lugares donde son desplegadas las estrategias de los actores que dominan la
es- cena económica.
Por
consiguiente esta financialización, que es responsable del crecimiento de la
desigualdad en la distribución del ingreso (y la riqueza), genera la misma
plusvalía que la sostiene. La “inversión financiera” (o mejor dicho la
inversión en especulación financie- ra) continúa creciendo a gran velocidad sin
corresponderse con el crecimiento del Producto Interior Bruto (que en la
actualidad se está convirtiendo en algo ficticio) o con la inversión en la
produc- ción real.
El
crecimiento explosivo de la inversión financiera requiere, y se alimenta de, la
existencia de deuda en todas sus formas, especial- mente de la deuda soberana.
Cuando los gobiernos que están en el poder dicen estar persiguiendo la
reducción de la deuda, están mintiendo deliberadamente. Para concretar la
estrategia de finan- cialización de los monopolios se necesita el crecimiento
de la deuda, algo que en realidad los monopolios buscan más que com- baten,
como una manera de absorber la ganancia de los monopo- lios. Las políticas de
austeridad impuestas para “reducir la deu- da”, han tenido como resultado (tal
y como se pretendía) el in- cremento del volumen de la misma.
4.
Es este sistema –llamado popularmente neoliberal, el sistema del monopolio
generalizado capitalista, “globalizado” (imperialis- ta) y financializado (como
una necesidad para su propia reproduc- ción) – que implosiona ante nuestros
ojos. Pero este sistema, apa- rentemente incapaz de derrotar sus crecientes
contradicciones internas, está condenado a continuar su salvaje expansión.
La
“crisis” del sistema es causada por su propio “éxito”. En efec- to, la
estrategia desplegada por los monopolios siempre ha produ- cido los resultados
deseados: los planes de “austeridad” y los lla-
mados
planes de reducción social (en realidad antisocial) conti- núan siendo
impuestos, a pesar de la resistencia y las luchas. Ac- tualmente, la iniciativa
yace en manos de los monopolios (“los mercados”) y sus siervos políticos (los
gobiernos subordinados a las demandas del “mercado”).
5.
Bajo estas condiciones el capital monopólico ha declarado abiertamente la
guerra tanto a los trabajadores como a los pue- blos. Esta declaración es parte
del planteamiento de “el liberalis- mo no es negociable”. El capital monopólico
seguirá expandién- dose sin reducir su velocidad. La crítica a la “regulación”
que explico a continuación, está basada en este hecho.
No
estamos viviendo un momento histórico en donde la búsqueda de un “compromiso
social” sea una opción posible. Ha habido momentos en el pasado, como el
compromiso social durante la post Guerra entre el capital y el trabajo
referente a un Estado so- cial democrático en el oeste, el socialismo
actualmente existente en el este, y los proyectos nacionalistas y populares en
el sur, pero el actual momento histórico ya no es el mismo. El conflicto actual
se produce entre el capital monopólico, y los trabajadores y la gente que es
llamada a rendirse incondicionalmente. Las estrate- gias defensivas de
resistencia bajo estas condiciones no son efec- tivas y eventualmente llevan
incluso a ser derrotadas. En la guerra declarada por el capital monopólico, los
trabajadores y los pue- blos deben desarrollar estrategias que les permitan
colocarse a la ofensiva.
El
periodo de guerra social está necesariamente acompañado por la proliferación de
conflictos políticos internacionales e interven- ciones militares de las
fuerzas imperialistas de la Triada. La estra- tegia de “control militar del
planeta” por las fuerzas armadas de los Estados Unidos y sus aliados
subordinados de la OTAN es, en última instancia, el único medio por el cual los
monopolios impe- rialistas de la Triada pueden continuar su dominio sobre los
pue- blos, naciones y estados del Sur.
Ante
este desafío de la guerra declarada por los monopolios, ¿cuá- les son las
alternativas que se proponen?
Primera
respuesta: “regulación de los mercados”
(financieros
y de otros tipos)
Esta
regulación es una iniciativa que los monopolios y los gobier- nos reivindican.
Sin embargo esto es solo retórica vacía, diseñada para confundir a la opinión
pública. Estas iniciativas no pueden parar la desenfrenada carrera por el
beneficio financiero, resultado de la lógica de acumulación controlada por los
monopolios. Son por tanto una falsa alternativa.
Segunda
respuesta: un retorno a los modelos de la post Guerra
Estas
respuestas alimentan una triple nostalgia: (i) la reconstruc- ción de una
verdadera “socialdemocracia” en Europa occidental, (ii) la resurrección de
“socialismos” basados en los principios que gobernaron el siglo XX (iii) el
retorno a fórmulas de nacionalismo popular en la periferia del Sur. Estas
nostalgias imaginan que es posible obligar a retroceder al capitalismo
monopólico, forzándole a regresar a lo que era en 1945. Pero la historia nunca
permite tales retornos al pasado. El capitalismo debe ser confrontado tal y
como es hoy, no como nosotros hubiéramos deseado que hubiese sido imaginándonos
un bloqueo en su evolución. Sin embargo, estos anhelos siguen atormentando a
una buena parte de la iz- quierda global.
Tercera
respuesta: la búsqueda de un consenso “humanista”
Yo
defino este piadoso deseo de la siguiente manera: la ilusión de que un consenso
entre intereses en conflicto puede ser posible.
Algunos
ingenuos movimientos ecologistas, entre otros, compar- ten esta ilusión.
Cuarta
respuesta: las ilusiones del pasado
Estas
ilusiones invocan “la especificidad” y “el derecho a la dife- rencia” sin
preocuparse de entender su alcance y significado. El pasado ya nos ha
respondido las preguntas del futuro. Estos “cul- turalismos” pueden adoptar
varias formas étnicas o para- religiosas. Teocracias y etnocracias se
convierten en convenientes substitutos de las luchas sociales democráticas que
han visto va- ciada su agenda.
Quinta
respuesta: la prioridad de la “libertad personal”.
La
gama de respuestas basadas en esta prioridad, considerada el “valor supremo”,
incluyen entre sus filas a los retrógrados defen- sores de la “democracia
electoral representativa”, a la que equipa- ran con democracia en sí misma. La
fórmula separa la democrati- zación de las sociedades del progreso social,
tolerando incluso una asociación de facto con la regresión social con tal de no
poner en riesgo y desacreditar la democracia, reducida ahora al estatus de una
trágica farsa.
Pero
hay variaciones de esta posición incluso más peligrosas. Me refiero aquí a
algunos típicos “post modernos” actuales (como Toni Negri en particular)
quienes imaginan que el individuo se ha convertido ya en el protagonista de la
historia, como si el comu- nismo, que permite al individuo ser emancipado de la
alienación y convertirse en protagonista de la historia, ya hubiese sido
instau- rado.
Está
claro que todas las respuestas de arriba, incluyendo aquellas
de
derecha (como las “regulaciones” que no afectan a la propie-
dad privada
de los monopolios)
todavía encuentran poderosos ecos en una mayoría de la gente de
izquierda.
La
guerra declarada por el generalizado capitalismo monopólico del imperialismo
contemporáneo no tiene nada que temer de las falsas alternativas que acabo de
perfilar.
¿Qué
hacer entonces?
Este
momento nos ofrece la oportunidad histórica de ir mucho más lejos; nos demanda
como única y efectiva respuesta una au- daz y atrevida radicalización en la
formulación de alternativas capaces de movilizar trabajadores y pueblos para
colocarse a la ofensiva y defenderse de la estrategia de guerra de sus
enemigos. Estas formulaciones, basadas en el análisis del capitalismo ac-
tualmente existente, deben confrontar directamente el futuro a ser construido,
y sacarnos de la nostalgia del pasado y de las ilusiones de la identidad o el
consenso.
Programas
audaces para una izquierda radical
Voy
a organizar los siguientes planteamientos bajo tres ideas cen- trales: (i) la
socialización de la propiedad de los monopolios, (ii) la desfinancialización
del manejo de la economía, (iii) desglobali- zación de las relaciones
internacionales.
Socialización
de la propiedad de los monopolios
La
efectividad de la respuesta alternativa requiere necesariamente del
cuestionamiento del principio de la propiedad privada del mo- nopolio del
capital. La propuesta de “regular” las operaciones financieras, el retorno de
los mercados a la “transparencia” para permitir que las expectativas de los
“agentes” se conviertan en “racionales” y definan los términos de un consenso
de estas re-
formas
sin abolir la propiedad privada de los monopolios no es más que un claro
intento de confundir a un público ingenuo. Los monopolios son llamados a
“gestionar” reformas contra sus pro- pios intereses, ignorándose el hecho de
que los monopolios man- tienen mil y un formas de burlar los objetivos de estas
reformas.
El
proyecto social alternativo debería revertir la dirección del actual orden
social (desorden social) producido por las estrategias de los monopolios, con
el propósito de asegurar empleo pleno y estable, garantizando salarios decentes
al mismo tiempo que gene- ra la productividad de la labor social. Este objetivo
es simplemen- te imposible sin la expropiación del poder de los monopolios.
El
“software de los teóricos de la economía” debe ser reconstruido (en palabras de
François Morin) así como la absurda e imposible teoría económica de que las
“expectativas” promueven la demo- cracia porque permiten un mayor control en la
toma de decisiones económicas. La audacia en este momento requiere de reformas
radicales en la educación para la formación no solo de economis- tas sino
también de aquellos llamados a ocupar cargos de gestión.
Los
monopolios son cuerpos institucionales que deben ser mane- jados de acuerdo a
los principios de la democracia, en conflicto directo con quienes santifican la
propiedad privada. A pesar de que el término “bienes”, importado de la palabra
anglo sajona, es en sí mismo ambiguo porque está desconectada del debate sobre
el significado de los conflictos sociales (el lenguaje anglo sajón ignora
deliberadamente la realidad de las clases sociales), el tér- mino aquí puede
ser utilizado específicamente para denominar a los monopolios como parte de los
“bienes”.
La
abolición de la propiedad privada de los monopolios debe te- ner lugar a través
de su nacionalización. Este primer paso legal es inevitable. Pero la audacia
implica en este punto ir más allá de este paso legal para proponerse la
socialización de la gestión de los monopolios nacionalizados y la promoción de
las luchas so- ciales democráticas articuladas en este proceso.
Daré
un ejemplo concreto que podría incluirse en estos planes de socialización.
Tanto
los propietarios de tierra „capitalistas‟ (aquellos de los paí- ses
desarrollados) como los propietarios „campesinos‟ (mayor- mente del Sur) son
prisioneros tanto de los monopolios que pro- veen inputs1 y créditos, como de
los que dependen del proceso de transporte y comercialización de sus productos.
Pero ninguno de los dos grupos tiene autonomía real en la toma de decisiones. A
esto se suma que la productividad alcanzada es apropiada por los monopolios que
reducen a los productores al estatus de “subcon- tratistas”. Frente a esto,
¿cuál es la alternativa posible?
Los
monopolios deberían ser substituidos por instituciones públi- cas que trabajen
dentro de un marco legal como parte de su forma de gobernar. Estas
instituciones deberían ser constituidas por re- presentantes de: (i) campesinos
(los principales interesados), (ii) unidades ascendentes (manufactura de
inputs, bancos) y descen- dentes (industria alimentaria, cadenas comerciales),
(iii) consumi- dores, (iv) autoridades locales comprometidas con el medio am-
biente y la sociedad (escuelas, hospitales, planificación urbana, vivienda,
transporte), (v) el Estado (los ciudadanos). Estos repre- sentantes deberían
ser seleccionados de acuerdo a procedimientos correspondientes a su propia
manera de gestión social, como por ejemplo unidades de producción de inputs gestionadas
por conse- jos de administración conformados por trabajadores directamente
empleados por las unidades concernientes así como por quienes están empleados
por unidades de subcontrato. Estas estructuras deberían estar diseñadas de tal
manera que asocien la gestión del personal con cada uno de estos niveles, así
como con centros de investigación que busquen una investigación independiente,
y tecnología apropiada. Podríamos hasta concebir una representa- ción de los
proveedores de capital (“pequeños accionistas”) here- dados de la
nacionalización, si es que lo consideramos útil.
Estamos hablando
por tanto de
aproximaciones institucionales
que son más complejas que las reformas de autogestión o coope-
rativas
conocidas hasta el momento. Es necesario inventar los caminos de este proceso
de tal manera que promuevan el ejercicio de una democracia verdadera en el
manejo de la economía, ejerci- cio basado en negociaciones abiertas entre todos
las partes intere- sadas. Se requiere una fórmula que vincule sistemáticamente
la democratización de la sociedad con el progreso social, en contras- te con la
realidad del capitalismo que disocia la democracia, redu- ciéndola al manejo
formal de la política, con las condiciones so- ciales abandonadas al “mercado”
dominado por lo que produce el monopolio del capital. Ahí y solo ahí podremos
hablar de una verdadera transparencia de los mercados, cuando estos sean regu-
lados bajo formas institucionalizadas de gestión socializada.
El
ejemplo puede parecer marginal en los países capitalistas desa- rrollados
debido a que los pequeños propietarios de tierra y cam- pesinos son solo una
pequeña proporción de los trabajadores (3-
7%).
Sin embargo, este tema es central para el Sur, en donde la población rural
seguirá siendo significativa
por algún tiempo. Aquí, el acceso a la tierra, que debe
ser garantizado para todos (con la mayor equidad posible en su distribución) es
fundamental para avanzar en la agricultura campesina. Esta “agricultura cam-
pesina” no debe ser entendida como sinónimo de “agricultura estática” o
“tradicional y folclórica”. El progreso necesario de la agricultura campesina
implica una cierta “modernización” (a pe- sar de que este término es poco
apropiado debido a que inmedia- tamente sugiere modernización a través del
capitalismo). Más inputs efectivos, créditos, y cadenas de producción y
distribución son necesarias para impulsar la productividad del trabajo campe-
sino. Las fórmulas propuestas aquí tienen por objetivo avanzar en la
modernización bajo formas y orientadas por un espíritu “no- capitalista”, es
decir, bajo un horizonte socialista.
Obviamente,
el ejemplo específico escogido aquí en este artículo es uno de los que necesita
ser institucionalizado. La nacionaliza- ción / socialización de la gestión de
los monopolios en los secto- res de la industria y el transporte, bancos y
otras instituciones
financieras,
deben ser imaginadas bajo el mismo espíritu, toman- do las especificidades de
sus propias economías y funciones so- ciales en la constitución de sus consejos
de administración. Como ya se ha señalado, estos consejos deben incluir a los
trabajadores de la compañía, así como a los subcontratistas, representantes de
las industrias, bancos, institutos de investigación, consumidores y ciudadanos.
La
nacionalización/ socialización de los monopolios nos señala una necesidad
fundamental como eje central del reto que deben encarar los trabajadores y
pueblos bajo un capitalismo contempo- ráneo de monopolios generalizados. Este
es el único camino para detener la acumulación por desposesión a la que nos
está llevando el manejo de la economía por parte de los monopolios.
La
acumulación dominada por los monopolios puede ser de hecho reproducida
solamente si el área sujeta al “manejo del mercado” está en constante
expansión. Esto es posible por la excesiva priva- tización de los servicios
públicos (desposesión de los ciudadanos), y el acceso a recursos naturales
(desposesión de los pueblos). La extracción de las ganancias de las unidades
económicas “indepen- dientes” por parte de los monopolios es también una
desposesión (entre capitalistas!) de la oligarquía financiera.
Desfinancialización:
un mundo sin Wall Street
La
nacionalización/ socialización de los monopolios debería abo- lir el principio
de “valor de las acciones” impuesto por la estrate- gia de acumulación al
servicio de la renta monopólica. El objetivo es esencial para cualquier agenda
que quiera escapar del anquilo- samiento bajo el cual nos tiene enfangados el
actual manejo de la economía. La implementación de un proceso de
nacionalización trastoca la financialización del manejo de la economía. Pero
¿esta- ríamos regresando a la famosa “eutanasia de la renta” acuñada por Keynes
en su época? No necesariamente, y desde luego no com- pletamente. Se puede
fomentar el ahorro, pero bajo la condición
de
que su origen (ahorros de los trabajadores, negocios, comuni- dades) y las
condiciones de las ganancias, sean bien definidas. El discurso del ahorro
macroeconómico en la teoría económica con- vencional esconde la pretensión del
acceso exclusivo al mercado de capital por parte de los monopolios. La tan
llamada “ganancia generada por el mercado” no es otra cosa que el medio para
ga- rantizar el crecimiento de la renta monopólica.
Por
supuesto la nacionalización / socialización de los monopolios también se puede
utilizar para los bancos, al menos para los más grandes. Pero la socialización
de su intervención (“políticas de crédito”) tiene características específicas
que requieren de más precisión en la constitución de sus consejos de
administración. La nacionalización en el sentido más clásico se refiere
únicamente a la substitución de consejos de administración conformados por
accionistas privados por otros definidos por el Estado. Esto permi- tiría en
principio, la implementación de políticas de crédito for- muladas desde el
Estado, lo cual no es poco. Pero no es suficiente si consideramos que la
socialización requiere de la participación de accionistas sociales relevantes
en la gestión del banco. Aquí la gestión de los bancos por sus propios
trabajadores no sería lo más apropiado. El personal afectado debe ser
incorporado en las deci- siones sobre sus propias condiciones laborales, pero
poco más, debido a que no le corresponde determinar las políticas de crédito
que deben ser implementadas.
Si
los consejos de administración deben lidiar con el conflicto de intereses entre
quienes proveen préstamos (los bancos) y aquellos que los reciben (las
“empresas”), la fórmula para la composición de los consejos de administración
debe ser diseñada tomando en cuenta cuáles son estas empresas y que es lo que
necesitan. Nece- sitamos una reestructuración del sistema bancario, sistema que
se ha convertido en algo excesivamente centralizado desde que los marcos
regulatorios de los últimos dos siglos fueron abandonados en las últimas cuatro
décadas. Este es un argumento fuerte que justifica la reconstrucción de la
especialización bancaria en fun-
ción
de los requerimientos de los beneficiarios de los créditos, así como de su
propia función económica (provisión de liquidez a corto plazo, contribuir a la
financiación de inversiones en el me- diano y largo plazo). Deberíamos entonces
por ejemplo, crear un ” banco agrícola” (o un conjunto coordinado de bancos
agrícolas) entre cuya clientela se incluyan no solo pequeños propietarios de
tierra y campesinos sino también a todos los involucrados en las diferentes
entidades de la agricultura descritas arriba. El consejo de administración del
banco podría incorporar por un lado a los “bancarios” (personal del banco, los
que han sido reclutados por el consejo de administración) y otros clientes
(pequeños propieta- rios de tierra o campesinos, y otras entidades.
Podemos
imaginar también otros tipos de sistemas articulados de bancos, adecuados para
diferentes sectores industriales, en donde los consejos de administración
podrían incluir clientes industria- les, así como centros de investigación,
tecnología y servicios, para asegurar el control del impacto ecológico de la
industria, y de esta manera garantizar el mínimo riesgo (reconociendo claro
está que ninguna acción humana está completamente libre de riesgos), y
vincularlo a un debate transparente y democrático.
La
desfinancialización de la gestión económica requiere asimismo de dos tipos de
legislación. La primera referente a la autoridad de un Estado soberano para
prohibir que fondos especulativos (fon- dos de cobertura) operen en su propio
territorio. La segunda es la referida a los fondos de pensiones, los cuales se
han convertido actualmente en los mayores operadores en la financialización del
sistema económico. Estos fondos fueron designados, en Estados Unidos en primer
lugar por supuesto, para transferir a los trabaja- dores los riesgos
normalmente asumidos por el capital, y que constituyen las razones a las que se
suele apelar para justificar la remuneración del capital! Esto constituye un
arreglo escandaloso, en clara contradicción incluso con la defensa ideológica
del capi- talismo! Pero esta “invención” es un instrumento ideal para las
estrategias de acumulación dominadas por los monopolios.
La
abolición de los fondos de pensiones es necesaria para el bene- ficio de
sistemas redistributivos de pensiones, los cuales por su propia naturaleza,
requieren de un debate democrático para de- terminar las cantidades y periodos
de contribución así como la relación entre las cantidades de las pensiones y
los pagos. En una democracia que respeta derechos sociales, los sistemas de
pensio- nes son universalmente accesibles para todos los trabajadores.
Todas
las medidas de desfinancialización sugeridas aquí nos lle- van a una conclusión
obvia: Un mundo sin Wall Street, tomando prestado el título de un libro de
François Morin, es posible y deseable.
En
un mundo sin Wall Street, la economía está todavía controlada por el mercado.
Pero por primera vez estos mercados son verda- deramente transparentes,
regulados por una negociación democrá- tica entre actores sociales genuinos
(actores que por primera vez ya no son adversarios, como ocurre bajo el
capitalismo). Es el “mercado” financiero, opacado por la naturaleza y el
carácter de los requerimientos de la gestión para beneficio de los monopolios,
el que desaparece. Podríamos incluso explorar si es que es útil o no terminar
con el intercambio de acciones, dado que los derechos a la propiedad (tanto en
su forma privada como social) serían di- rigidos de otra manera. El simbolismo
en cualquier caso –un mundo sin Wall Street- conserva todo su poder.
Desfinancialización
no significa en cualquier caso la abolición de la política macroeconómica y en
particular la gestión macro del crédito. Por el contrario, restaura su
eficiencia al liberándola de la subyugación a estrategias que buscan la
maximización de las ren- tas de los monopolios. La restauración de los poderes
de los ban- cos centrales nacionales, ya no más “independientes” sino depen-
dientes tanto del Estado como de los mercados y regulados por la negociación
democrática entre los accionistas sociales, nos otorga la formulación de una
política macro de crédito capaz de permitir una gestión social de la economía.
En
este punto voy a utilizar el término “desconexión” que propuse hace medio
siglo, un concepto que el discurso contemporáneo aparentemente ha sustituido
por el sinónimo “des-globalización”. Nunca he conceptualizado desconexión como
una forma autárqui- ca de refugio, sino como un cambio estratégico de cara
tanto a las fuerzas internas como externas en respuesta a los requerimientos
inevitables del desarrollo autodeterminado. La desconexión pro- mueve la
reconstrucción de una globalización basada en la nego- ciación, en vez de una
subordinación a los intereses exclusivos de los monopolios imperialistas. La
desconexión hace también posi- ble la reducción de las desigualdades
internacionales.
La
desconexión es necesaria porque sin ésta, las medidas defini- das en las dos
secciones previas de este artículo no podrán ser jamás implementadas a escala
global, o incluso tampoco a nivel regional (por ejemplo en Europa). Estas
medidas únicamente po- drán empezar a realizarse en el contexto de los estados
/ naciones a partir de luchas sociales y políticas, comprometidas con un pro-
ceso de socialización del manejo de su economía.
El
imperialismo, bajo la forma que adoptó hasta justo después de la Segunda Guerra
Mundial, generó un fuerte contraste entre cen- tros imperialistas
industrializados y periferias dominadas donde la industria fue prohibida. Las
victorias de los movimientos de libe- ración nacional iniciaron el proceso de
industrialización de las periferias, mediante la implementación de políticas de
descone- xión necesarias para alcanzar el desarrollo endógeno. Asociadas con
reformas sociales, que para aquellos tiempos eran reformas radicales, estas
desconexiones crearon las condiciones para un eventual “surgimiento” de los
países que más lejos habían llegado en esa dirección – obviamente con China a
la cabeza de este blo- que de países.
Pero
el imperialismo del actual momento histórico, el imperialis-
mo
de la Triada, está forzado a renegociar y “ajustarse” a las con-
bajo
nuevas bases, basadas en “ventajas” mediante las cuales se busca mantener el
privilegio de la exclusividad que he clasificado en cinco categorías. Estas se
refieren al control de:
·
tecnología
·
acceso a recursos naturales del planeta
·
integración global de los sistemas monetarios y financieros
·
sistemas de comunicación e información
·
armas de destrucción masiva.
Actualmente,
la principal forma de desconexión es aquella defini- da precisamente por estos
cinco privilegios del imperialismo con- temporáneo. Los países emergentes están
destinados a la desco- nexión de estos cinco privilegios, con distintos grados
de control y auto determinación. Mientras que el éxito temprano en las pasa-
das dos décadas de desconexión permitió la aceleración de su desarrollo, en
particular a través del desarrollo industrial dentro del sistema “liberal”
globalizado, es decir “capitalista”, este éxito ha alimentado la desilusión
sobre la posibilidad de continuar por este camino, es decir, emergiendo como
los nuevos “socios capi- talistas de igual nivel”. La intención de “cooptar” a
los más pres- tigiosos de estos países mediante la creación del G20 ha fomenta-
do estas ilusiones.
Pero
con la actual implosión del sistema imperialista (llamado “globalización”),
estas ilusiones deben disiparse. El conflicto en- tre los poderes imperialistas
de la Triada y los países emergentes ya es visible, y se espera que empeore. Si
quieren avanzar, las sociedades de los países emergentes se verán forzadas a
avanzar hacia modelos de desarrollo autosuficientes mediante planes na-
cionales y a través del fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur.
La
audacia, en estas circunstancias, incluye un compromiso vigo- roso y coherente
hasta el final, que vincule las medidas requeridas de desconexión con los
avances deseados en el progreso social.
El
objetivo de esta radicalización implica: la democratización de la sociedad; el
consecuente progreso social asociado; y la toma de posiciones
antiimperialistas. Un compromiso en esta dirección es posible, no solo para las
sociedades de los países emergentes, sino también para los “abandonados” o los
“invisibilizados” del Sur global. Estos países han sido recolonizados a través
de los pro- gramas de ajuste estructural de los 1980s. Sus pueblos están ac-
tualmente movilizados, y o bien han alcanzado algunas victorias (en América del
Sur) o no lo han logrado todavía (en el mundo árabe).
Audacia significa
que la izquierda radical
de estas sociedades debe tener el
coraje necesario para medir los retos que afronta y apoyar la continuación y
radicalización de las necesarias luchas actualmente en marcha.
La
desconexión del Sur prepara el camino para la deconstrucción del propio sistema
imperialista. Esto es específicamente obvio claro en áreas afectadas por el
manejo del sistema monetario y financiero global, resultado de la hegemonía del
dólar.
Pero
cuidado: es una ilusión esperar que a este sistema le sustitu- ya “otro mundo
monetario y otro sistema financiero” que sea más equilibrado y favorable para
el desarrollo de las periferias. Como suele ocurrir, la búsqueda de un
“consenso” basado en la recons- trucción internacional y producido desde
arriba, es un mero deseo en espera de que ocurra un milagro. Lo que está en la
agenda aho- ra es la deconstrucción del sistema existente – su propia implosión
– y
la reconstrucción de sistemas nacionales alternativos (para
países,
continentes o regiones), algo que ya ha comenzado a suce- der en América del
Sur. Audacia es tener el coraje de avanzar con la mayor determinación posible,
sin preocuparse demasiado por cómo vaya a reaccionar el imperialismo.
La
misma cuestión de la desconexión es igualmente importante para Europa, que es
una especie de subescenario de globalización dominado por monopolios. El
proyecto europeo fue diseñado des- de afuera y construido sistemáticamente para
desposeer a la gente
de
su capacidad para ejercer su poder democrático. La Unión Eu- ropea fue
establecida como un protectorado de los monopolios. Con la implosión de la zona
euro, la subordinación a la ganancia de los monopolios ha significado la
abolición de la democracia, que ha sido reducida al estatus de farsa y que
adopta formas ex- tremas, concentrándose solo en la pregunta: cómo el “mercado”
(o sea los monopolios) y las “agencias de calificación de riesgos” (es decir,
de nuevo los monopolios) reaccionan? Actualmente ese es el único asunto
planteado. Ya no es un tema a ser considerado el cómo la gente reacciona.
Está
claro que ni aquí ni allí existe una alternativa a la audacia: es necesario
“desobedecer” las reglas impuestas por la “Constitución Europea” y el ficticio
Banco Central Europeo. En otras palabras, no existe otra alternativa que
deconstruir las instituciones euro- peas y la zona euro. Este es el
prerrequisito insoslayable para la eventual reconstrucción de “otra Europa” de
pueblos y naciones.
En
conclusión:
Audacia,
más audacia, siempre audacia
En
definitiva esto es lo que quiero decir con audacia:
(i)
Para la izquierda radical de las sociedades de la Triada impe- rialista, la
necesidad de un compromiso para construir un bloque social anti monopólico.
(ii)
Para la izquierda radical de las sociedades de la periferia, el compromiso de
construir un bloque social alternativo anti- comprador.
Va a
tomar tiempo avanzar en la construcción de estos bloques, pero podría darse una
aceleración si es que la izquierda radical se mueve con determinación y se
compromete en avanzar por el lar- go camino al socialismo. Es sin embargo
necesario proponer es- trategias no para “salir de la crisis del capitalismo”
sino para “sa-
lir
del capitalismo en crisis”, como dice el título de uno de mis
recientes
trabajos.
Nos
encontramos en un periodo crucial de la historia. La única legitimidad del
capitalismo es haber creado las condiciones para transitar al socialismo, que
debemos entenderlo como una fase más avanzada de la civilización. El
capitalismo es ya un sistema obsoleto, su continuidad solo puede llevarnos a la
barbarie. No es posible otro capitalismo. La posibilidad de un choque de
civiliza- ciones es, como siempre, incierto. O la izquierda radical triunfa
mediante la audacia de sus propias iniciativas para elaborar avan- ces
revolucionarios, o la contra revolución ganará.
Todas
las estrategias de la izquierda no radical no son de hecho estrategias, sino
tan solo ajustes coyunturales a los altibajos de un sistema que implosiona. Y
si el poder que se quiere, como Le Guépard, es el de “cambiar todo para que
nada cambie”, y si los candidatos de la izquierda creen que es posible “cambiar
la vida sin tocar el poder de los monopolios”, la izquierda no radical no
detendrá el triunfo de la barbarie del capitalismo. Ya han perdido la batalla
por no querer enfrentarlo.
Audacia
es lo que hace falta para provocar el otoño del capitalis- mo, otoño que será
anunciado por la implosión del propio sistema y por el nacimiento de una
auténtica primavera de los pueblos, una primavera posible. ■
Referencias:
Samir
Amin, Sortir de la crise du capitalisme ou sortir du capita- lisme en crise; Le
temps des cerises, 2009.
Samir
Amin, Ending the crisis of capitalism or ending capitalism. Pambazuka Press
2011
Samir
Amin, Du capitalisme à la civilisation ; Syllepse, 2008. Aurélien Bernier,
Désobéissons à l‟Union Européenne; Les mille
et
une nuits, 2011.
Jacques
Nikonoff, Sortir de l‟euro; Mes mille et une nuits, 2011. François Morin, Un
monde sans Wall Street; Le seuil, 2011. Traducción: Katu Arkonada y Alejandra
Santillana
-
Samir Amin es economista egipcio, presidente del Foro Mundial de Alternativas
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento
1. Sobre los inputs: “Se empieza
considerando, por razones de simplificación, que se produce un solo bien (o
servicio) por una empresa y que para producirlo es necesario una serie de ele-
mentos denominados factores de producción (también pueden ser denominados
insumos o inputs). El bien o servicio producido re- cibe el nombre de output.
La función que relacionaría las cantida- des de la cantidad de factores
productivos utilizados con el output obtenido recibe el nombre de función de
producción. Los inputs utilizados serían las materias primas, productos
intermedios (comprados a otra empresa u obtenidos en otro proceso de pro-
ducción de la misma empresa), el trabajo humano usado, los su- ministros de
energía, agua y similares, el coste de reponer el capi- tal utilizado,
maquinaria, herramientas), ya que sufre desgaste por el uso en el proceso de
fabricación. Una simplificación frecuente es reducir a dos los factores:
capital y trabajo. Trabajo representa- ría el trabajo humano, capital el resto”
en
2.
Tags:
imperialismo, Samir Amin, socialismo
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