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© Libro No. 656.  El amor enamorado. De Vega, Lope. Colección E.O. Marzo 22 de 2014.

 

Título original: ©  El amor enamorado. Lope de Vega

 

Versión Original: ©   El amor enamorado. Lope de Vega. Copyright © Universidad de Alicante, Banco Santander. Central Hispano 1999-2000

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

http://10millibrosparadescargar.com/bibliotecavirtual/libros/LETRA%20V/Vega,%20Lope%20de%20-%20El%20amor%20enamorado.txt

 

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Portada E.O. de Imagen original:

http://www.compartelibros.com/src/libros/el-amor-enamorado-6790.png

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor enamorado

 

Lope de Vega

 

 

 

 

 

 

 

 

Sinopsis del libro

 

Se pone en escena un tema muy tratado en la gran cantidad de obras del dramaturgo: la fidelidad en el amor, el amor imposible, acotado por la distinta clase social de lo enamorados, por los intereses y sin embargo la resistencia a todo frente al profundo enamoramiento.

 

No hay lugar al desengaño, el amor no puede ser engañado ni engañar, si es verdadero amor. Esta tesis del autor se mantiene a lo largo de toda la obra y se desarrolla con auténtica maestría dentro de la sencillez de estilo que Lope tiene presente sabiendo a qué público va dirigida su obra, sobre todo las teatrales que siempre quieren llegar al gran público.

 

Muchos críticos vienen a afirmar que existe una cierta obsesión de Lope ante situaciones iguales o semejantes a las que presenta en esta obra. No son sino la experiencia de su amor o amores imposibles, amores fieles que él busca pero que no encuentra y esto le conduce a crear situaciones como esta acertada obra de teatro sobre el amor o más bien sobre el enamoramiento que según Lope en no pocas ocasiones ciega al propio amor.

 

http://literatura.itematika.com/libro/162/el-amor-enamorado.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Biografía de Félix Lope de Vega Carpio

 

 

Nació el 25 de noviembre de 1562 en Madrid. Hijo de un bordador, cursó estudios en un colegio de la Compañía de Jesús y después en las universidades de Alcalá y Salamanca. En 1583 participó como soldado en la expedición a las Azores que, al mando de Álvaro de Bazán. Enamorado de la actriz Elena Osorio, años después la recreó en su novela La Dorotea (1632) como Filis. Cuando lo abandona, hizo correr por Madrid unos versos ofensivos hacia ella que le valieron un proceso y una pena de destierro en 1588. Se casó por poderes con Isabel de Urbina, mujer de familia noble y acomodada. La convirtió en la Belisa de sus poemas, falleció en 1594. Se relacionó con Micaela Luján, una mujer bella e inculta a la que ya dirigía versos desde 1593 con el nombre de Camila Lucinda. Micaela estaba casada, y mantuvo relaciones con él durante quince años, dándole cinco hijos. El 25 de abril de 1598 se casa con Juana de Guardo hija de un rico comerciante que nunca hizo efectiva la dote que había prometido a su hija. En 1604 aparece su novela, El peregrino en su patria. En 1609 publicó el poema Arte nuevo de hacer comedias, donde expone su concepción del teatro. En 1612 muere su hijo Carlos Félix, sufre una gran crisis emocional y en 1614 se ordena sacerdote. En 1616 conoce a Marta de Nevares, muchacha de 26 años que a los trece se había casado contra su voluntad con un mercader. Fue la Amarilis y la Marcia Leonarda de sus poemas y novelas. En 1621 su hija Marcela ingresa en el convento de las Trinitarias y ese mismo año su hijo Lope Félix salió de casa para iniciar la carrera de las armas, que le llevó a la muerte en un naufragio frente a las costas de Venezuela en 1634, año en que su hija Antonia Clara, tenida con Marta, de sólo diecisiete años, se fugó con un galán, llevándose joyas y dinero. Autor de unas 1.500 obras teatrales como El comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo, El villano en su rincón, El castigo sin venganza, La dama boba o El perro del hortelano. Escribió novelas pastoriles (La Arcadia, 1598); novelas bizantinas, El peregrino en su patria, 1604; novelas cortas como Novelas de Marcia Leonarda (1621-1624). Entre sus poemas épico-narrativos destacan La hermosura de Angélica (1602), La Jerusalén conquistada (1609) o La Dragontea, (1602) y entre los burlescos La Gatomaquia (1634). Reunió sus poesías líricas en las Rimas (1602); las Rimas sacras (1614), el Romancero espiritual (1619) y las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (1634). Al tema histórico y legendario español pertenecen El último godo, El bastardo Mudarra, El mejor alcalde, el rey, La Estrella de Sevilla, Fuenteovejuna, Peribáñez y el comendador de Ocaña, que se encuentran entre sus mejores obras, como algunas de ambiente costumbrista y popular, entre ellas: El perro del hortelano, El villano en su rincón, La dama boba, Los melindres de Belisa, La moza del cántaro, El acero de Madrid. Falleció el 27 de agosto de 1635, el público madrileño acudió en masa a su entierro. Sus funerales fueron celebrados con boato, a costa del duque de Sesa, su heredero.

 

http://literatura.itematika.com/biografia/e75/felix-lope-de-vega-carpio.html

 

 

 

 

           

           

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El amor enamorado

Comedia famosa

Lope de Vega

 

           

           

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hablan en ella las personas siguientes:

 

                        Sirena, nympha.

                        Alcino, labrador.

                        Daphne, nympha.

                        Silvia, labradora.

                        Bato, villano.

                        Phebo.

                        Aristeo, Príncipe de Thesalia.

                        Peneo, río.

                        Corebo, criado.

                        Venus, diosa.

                        Cupido,

                        La Luna.

                        Diana, diosa.

                        Júpiter.

                        Liseno, padre de Sirena.

           

           

           

           

          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

            Jornada primera

           

           

            Sale Sirena, ninfa, huyendo.

                        SIRENA   Júpiter, sacra deidad,

                        piedad si no falta en vos,

                        que dejarais de ser dios

                        si os faltase la piedad:

                        blasón de la majestad

                        es tenerla aunque castigue,

                        y a que la espere me obligue;

                        que no me hubiérades hecho

                        para ser alma del pecho

                        de una fiera que me sigue.

                           No sé por dónde dilate

                        el pecho, de temor lleno;

                        ¡cielos, volvedme veneno

                        porque al comerme le mate!

                        Cuando esta venganza trate,

                        justo fue si muero ansí;

                        pero, ¡qué necia, ¡ay de mí!,

                        a tal remedio os provoco;

                        que fuera veneno poco

                        para el que ella tiene en sí!

                           Ya, Silvia, pues no hay favor

                        en los dioses, montes, dadme

                        socorro, o precipitadme:

                        será piadoso rigor;

                        no hay muerte como el temor,

                        aunque después me la den;

                        peñas, encubridme bien,

                        creced, robles, aumentad

                        las ramas; ¡cielos, piedad,

                        mis padres matáis también!

                        Sale Alcino, labrador, galán.

                        ALCINO   Por aquí pienso que fue;

                        éstas son, ¡ay suerte mía!,

                        de las flores que cogía,

                        y debe el prado a su pie.

                        ¿Si la hallaré? ¿Si podré?...

                        ¡Oh, esperanzas! ¡Oh, temores!

                        Pero ¿qué señas mejores

                        que pies de tal perfección?

                        aunque no sé cuáles son

                        las estampas o las flores.

                           ¡Oh, prado, que no me des

                        nuevas della en tantas penas,

                        por donde van azucenas

                        las de sus hermosos pies!

                        Jazmín, pues morir me ves,

                        ¿por dónde va mi jazmín?

                        Poned a su curso fin,

                        tenedla, campos helados,

                        si os queréis volver en prados,

                        que va corriendo un jardín.

                           Aquí cayeron ahora,

                        y aún con lágrimas también,

                        que como perlas se ven

                        sí pasó como la aurora;

                        pues si en vuestras hojas llora,

                        habla, azahar; habla, clavel;

                        pero ¿qué bulto es aquel

                        que detrás de aquella peña

                        más temor que cuerpo enseña,

                        si está mi esperanza en él?

                           ¿Eres tú, Sirena mía?

                        ¿Eres tú, mi bien?

                        SIRENA                          ¿Quién es?

                        ALCINOQuien te ha llorado después

                        que tu muerte presumía:

                        creí que muerto te había

                        el fiero animal impío;

                        pero fue gran desvarío,

                        pues ningún cuerpo vivió

                        después que el alma faltó;

                        que eres tú el alma del mío.

                           Desciende, mi luz, desciende.

                        SIRENAEstoy temblando.

                        ALCINO                           No impida

                        temor tus pies; que mi vida

                        es quien la tuya defiende.

                        SIRENATemor, Alcino, me ofende,

                        de nieve mi vuelve el pie.

                        ALCINOAntes, señora, lo fue.

                        SIRENADesciendo en tu confianza.

                        ALCINOVen a alentar mi esperanza,

                        ya que no puedes la fe.

                        Ella baja.

                        SIRENA   ¿Cómo me hallaste?

                        ALCINO                                 Seguí

                        las flores que habías perdido,

                        lenguas por donde he venido,

                        que me dijeron de ti.

                        SIRENA¿Las flores te hablaron?

                        ALCINO                                    Sí;

                        y no fue la vez primera,

                        ni fuera error, aunque fuera

                        para peligros mayores,

                        el preguntar a las flores

                        por la misma primavera.

                        SIRENA   Sólo tú pudieras ser

                        de mi corazón sosiego.

                        ALCINOPagado me has todo el fuego

                        en que el mío siento arder;

                        en la sangre puede hacer

                        esa inquietud algún mal.

                        ¿En qué te traeré el cristal

                        desta fuente, que algún día

                        en mis ojos le traía,

                        del alma fuente inmortal?

                        SIRENA   Esos eran los cristales

                        que la mía estima en más:

                        voy a beber.

                        ALCINO                   Beberás

                        en búcaro de corales:

                        ya que a recibirla sales

                        para ser cristal en rosa,

                        no heredes, fuente dichosa,

                        la lisonja de Narciso:

                        pero ya tarde te aviso;

                        que es la causa más hermosa.

                           Ya que su boca a tus hielos

                        hizo tan alto favor,

                        no dejes beber, pastor,

                        que me matarás de celos;

                        luego te convierte en hielos;

                        siendo en tu campo sereno

                        copa de ardiente veneno,

                        y agua de ámbar para mí.

                        SIRENAYo bebí, Alcino.

                        ALCINO                         Y yo vi

                        el clavel de perlas lleno;

                           pero en esta envidia loca,

                        tu boca fue el instrumento,

                        y el agua mi pensamiento,

                        que se acercaba a tu boca.

                        SIRENA   Galán estás y discreto.

                        ALCINO¡Qué cosas hace el pensar,

                        si fuese en todo lugar

                        la imaginación efeto!

                        SIRENA   Puesto que me has obligado

                        con tal fácil desatino,

                        más que discreto, mi Alcino,

                        te quisiera enamorado.

                        Salen Dafne, ninfa, Silvia y Bato, villanos rústicos.

                        DAFNE   ¿Que tú la viste?

                        BATO                            Alahé,

                        que la vi subido en somo

                        de un cerro, y que tiene el lomo,

                        que de conchas no se ve.

                           ¿No habéis visto la corteza

                        de un jaspe? Tal es la piel

                        como que arrojó el pincel

                        sobre la naturaleza;

                        como murciélago son

                        las alas, y llenas de ojos

                        verdes, dorados y rojos,

                        sin ser ruedas de pavón;

                           en lo que es dellas más tierno,

                        estrellas se dejan ver

                        de plata, si puede haber

                        estrellas en el infierno;

                           en la reverenda cola,

                        bien puede, Dafne, caber

                        la tienda de un mercader:

                        ¿qué digo una tienda sola?

                        ¡Voto al sol, toda una praza!

                        SILVIAEntre las gracias de Bato,

                        como le cuesta barato,

                        es mentir con linda traza.

                        BATO   Luego ¿tampoco creerás

                        que tien la barriga verde

                        en redondo, Dios me acuerde,

                        cuarenta varas y más?

                        SILVIA   ¡Qué graciosa impertinencia!

                        ¿Cómo se puede saber?

                        BATOUn sastre lo dijo ayer,

                        hombre de buena conciencia,

                           que le tomó la medida

                        para hacelle mi verdugado.

                        DAFNESilvia, a mí me da cuidado

                        o verdadera o fingida:

                           y la cara ¿cómo es?

                        BATOEso no es cosa tan fea;

                        mas no hay hombre que la vea

                        que pueda vivir después;

                        un reinoceronte es nada,

                        es un peñasco de hielos,

                        es una mujer con celos,

                        es una suegra enojada;

                           un pedregoso barranco

                        es la frente, y tien por crin

                        las cerdas de un puerco espín

                        labradas de negro y branco;

                           la nariz como guadaña,

                        y los ojos dos incendios

                        cercados de escolopendrios

                        en vez de ceja y pestaña.

                        SILVIA   Dafnes, el miedo sería

                        quien a mentir le provoca.

                        BATOTres varas tiene de boca.

                        SILVIA¿Tres varas?

                        BATO                   Si cada día,

                           como a los ganados venga,

                        se almuerza cuatro cochinos

                        y diez corderos añinos,

                        ¿qué boca quieres que tenga?

                           Ayer se comió un pastor,

                        que le alcanzó de una encina.

                        DAFNE¡Ay dioses, tanta rüina

                        tanto mal, tanto rigor!

                           ¿Es Sirena aquélla?

                        SILVIA                                Sí,

                        y Alcino el que está con ella.

                        DAFNE¡Mi Sirena!

                        SIRENA                 Dafne bella,

                        ¿adónde vais por aquí?

                        DAFNE   Amaneció con el día

                        esta serpiente cruel

                        en el prado; y como en él

                        tan poco reparo había,

                        venimos al monte huyendo

                        Bato, Silvia y yo.

                        ALCINO                          La tierra

                        se despuebla, y en la sierra

                        van las aldeas haciendo

                           una ciudad populosa.

                        DAFNEPues tanto sabes, Alcino,

                        ¿por qué culpa o qué destino

                        esta sierpe venenosa

                           vino a Tesalia?

                        ALCINO                         Anteayer

                        contaba un sabio pastor

                        la causa deste rigor.

                        DAFNEA todos harás placer

                           en referir lo que sabes.

                        ALCINODiré. Dafne, lo que sé,

                        que de Doristo escuché

                        y de otros pastores graves.

                           Después que el alto Jove omnipotente,

                        de aquel abismo en sombras sumergido

                        sacó el mundo invisible, y el presente

                        por tantos siglos en eterno olvido,

                        dos causas, la materia y la eficiente,

                        estaban para ser, no habiendo sido,

                        en acto aquésta y en potencia aquélla,

                        y entre las dos naturaleza bella.

                           Una era cielo en altos movimientos,

                        y otra era tierra en firme compostura;

                        mas como dividió los elementos,

                        salió la luz resplandeciente y pura:

                        fúlgida antorcha obscureció los vientos,

                        globo de plata la tiniebla obscura,

                        bordaron el zafir diamantes claros,

                        del siempre cano mar brillantes faros.

                           La verde tierra, ya del fruto amago,

                        se entapizó de hierbas y de ramas,

                        cubriendo en agua el ara y viento vago,

                        al fénix plumas y al delfín escamas;

                        no conocían el horrible estrago

                        de Marte fiero, y sus ardientes llamas,

                        los hombres que en la edad de oro vivían,

                        ni en los comunes términos partían.

                           Tras ésta, la de plata y la de cobre,

                        en que va comenzaba la malicia

                        y molestar con fuerza el rico al pobre,

                        volviéndose a los cielos la justicia:

                        no permiten, airados, que la cobre,

                        creciendo la maldad y la codicia,

                        en la de hierro, con que vio la tierra

                        hurto, traición, mentira, incendio y guerra.

                           De los gigantes, el mayor, Tifonte,

                        subir intenta a la región divina,

                        poniendo un monte encima de otro monte,

                        a quien airado Júpiter fulmina;

                        después, con más rigor, todo horizonte

                        cubrir de tantas aguas determina,

                        que el alto extremo, exento al aire y hielo,

                        apenas viese del Olimpo el cielo.

                           Soberbia tempestad la tierra inunda;

                        las nubes ríos, las estrellas fuentes;

                        témplase el cielo, y su piedad redunda

                        en dar nuevos al sol rayos lucientes:

                        volvió la tierra a ser la vez segunda,

                        y se dejó pisar de sus vivientes,

                        produciendo más fértiles al hombre

                        cuantas naturalezas tienen nombre.

                           Entre las fieras hórridas famosa,

                        que entre los partos de la tierra estimo

                        por la más estupenda y prodigiosa,

                        tanto, que aun a pintarla no me animo,

                        nació Fitón, serpiente venenosa,

                        del gran calor del sol y húmido limo,

                        tanto, que por la parte se corría

                        que en su disforme producción tenía.

                           Esta destruye la Tesalia ahora,

                        cuya fama cruel el mundo admira

                        por cuanto ilustra la oriental aurora,

                        y donde el sol en negra sombra expira:

                        ganados despedaza, hombres devora,

                        y Júpiter airado, que los mira,

                        mientras que más sus aras vuelven jaspe,

                        más duro está que bárbaro arimaspe.

                        Dentro gran ruido de silbos y hondas, diciendo:

                           ¡Huid, pastores, huid,

                        que desciende de la cumbre

                        del monte la sierpe al valle!

                        ¡Todo lo tala y destruye!

                        ¡Huid!

                        DAFNE          ¡Ay, Júpiter santo!

                        BATODe esta vez, Silvia, me sume

                        Fitón en su escuro vientre.

                        SILVIA¡Huye, Bato!

                        SIRENA                    ¡Dafne, huye!

                        ALCINO¡Por aquí, Sirena!

                        SIRENA                           ¡Ay, triste!

                        Tropezando los unos en los otros huyen, quedando Bato en

                        el suelo.

                        BATONo hay cosa que no me ocupe

                        frío temor: ¡muerto soy!

                        Ceres y Baco me ayuden.

                        Sale Febo con su arco y flechas.

                        FEBODe mi cuarta esfera al suelo

                        bajo, penetrando nubes,

                        a los montes de Tesalia,

                        que tristes voces confunden;

                        quejas de un fiero animal,

                        envueltas en llanto suben

                        a mis dorados palacios;

                        su luz eclipsan y cubren.

                        Dejé el carro a discreción

                        de Flegón y Etonte; alumbren

                        el mundo, y las ruedas de oro

                        la región etérea sulquen;

                        que basta que el primer móvil,

                        que tantos Cielos incluve.

                        desde la aurora los lleve

                        donde su término cumplen,

                        hasta que en sueño y silencio

                        la obscura noche sepulte,

                        a las sierras, soledades,

                        y a los hombres, pesadumbres.

                        Tomé el arco, y las saetas

                        pintadas al hombro puse,

                        antes que otro de los dioses

                        tan alta hazaña me usurpe;

                        que la envidia y la ambición

                        no hay cosa que no perturben,

                        así en imperiales solios,

                        como, en pajizas techumbres.

                        Voy en busca de la fiera;

                        mas ya la tierra descubre

                        uno de los hombres muertos,

                        por donde le siga y busque;

                        pero no lo está del todo.

                        ¿Vives, hombre?

                        BATO                          ¡Venus dulce,

                        Febo dorado, favor!

                        FEBOAlza el rostro, no te turbes.

                        BATO¿Qué quieres, señora sierpe?

                        FEBOHombre, escucha.

                        BATO                            ¿Que la escuche?

                        Esta vez, por el pescuezo

                        al estómago me engulle.

                        FEBO¿Estás herido?

                        BATO                      ¿No ve

                        la sangre que se me escurre

                        qué arromadizada viene?

                        FEBOOye, necio.

                        BATO                  No me hurgue;

                        que cosquillas de una sierpe

                        no hay hueso que no machuquen;

                        cómame junto, por Dios,

                        pero no me despachurre;

                        manido estoy, no haya miedo

                        que la haga mal en el buche.

                        FEBOSi estás herido, yo soy

                        el primero que compuse

                        aforismos medicables;

                        muestra el pecho, ¿qué rehuyes?

                        BATO¡Ay, que me muque, señores!

                        ¡Ay, señores, que me muque!

                        FEBOLevanta, bestia.

                        BATO                        ¿No es sierpe?

                        FEBO¿Aun no dejas que te cure?

                        Médico soy.

                        BATO                   Tarde viene:

                        no he menester que me purgue.

                        FEBO¿No estás herido?

                        BATO                           Yo no;

                        que estas verdes alegustres

                        donde huyendo tropecé,

                        de no le ver me disculpen.

                        FEBO¿Por adónde va Fitón?

                        BATOSeñor, no me lo pregunte:

                        así Dios le dé salud.

                        FEBOVillano vil, no te excuses,

                        que tú me la has de enseñar.

                        BATO¿Yo cómo, si nunca supe

                        por adónde van las sierpes?

                        FEBONo hayas miedo que te injurie

                        yendo conmigo; que soy

                        Febo, el autor de la lumbre

                        celestial; yo soy Apolo.

                        BATOSeñor Pollo, el que nos hunde

                        a rayos en el verano,

                        y en el invierno se escurre;

                        por acá los labradores

                        se quejan que no madure

                        las cosas cuando es sazón,

                        que unas cría y otras pudre;

                        y también los segadores,

                        que dicen que los aturde,

                        porque no hay vino que beban,

                        que al momento no le suden.

                        FEBOCamina, ignorante, y dime,

                        antes que Fitón se oculte,

                        dónde le tengo de hallar.

                        BATOMire, señor, que se aburre,

                        porque se le ha de mamar

                        como a higo por Octubre;

                        tenga lástima a sus años,

                        porque dan las juventudes

                        dolor si en agraz se van.

                        FEBOCamina.

                        BATO             A mí no me culpe,

                        pues él por fuerza me lleva;

                        pero diga, ansí se enjugue

                        de las aguas del invierno

                        entre sus martas azules,

                        si es sol que todo lo ve,

                        ¿no es necedad que procure

                        que yo le enseñe la sierpe?

                        FEBO¡Villano, no me disgustes!

                        Ahora soy cazador;

                        saetas llevo, y no luces,

                        con que deste al otro polo

                        no hay cosa que dificulte.

                        Ven sin temor; que me aflige

                        ver lo que esta tierra sufre:

                        que sólo es digna de Febo

                        una hazaña tan ilustre.

                        Salen Aristeo, Príncipe de Tesalia, y Corebo, criado.

                        COREBO   No está lejos Vuestra Alteza

                        de la gruta donde vive.

                        ARISTEOYa mi pecho se apercibe,

                        Dafne hermosa, a tu belleza,

                        honor de naturaleza

                        y gloria de mi deseo;

                        que no ha de negar Peneo,

                        aunque tan ilustre río,

                        su hija a mi amor, por mío,

                        y a mi ser por Aristeo.

                           Príncipe heredero soy

                        de Tesalia. ¿A quién pudiera

                        dar su hija que fe diera

                        la nobleza que le doy?

                        ¡Perdido por ella estoy!

                        COREBOBien, señor, lo manifiestas.

                        ARISTEOVi, Corebo, en unas fiestas

                        a Dafne, donde excedía

                        cuantas damas aquel día

                        las adornaron compuestas;

                           como el diamante al rubí,

                        como la rosa a la flor,

                        y el ámbar a todo olor,

                        vencer a todas la vi:

                        todos los sentidos di

                        al primero movimiento;

                        y viendo mi entendimiento

                        tan dulce imaginación

                        solicitó su atención

                        por la vista el pensamiento.

                           Rendíle, en fin, por los ojos

                        cuanto supo y pudo amor,

                        como suele al vencedor

                        el rendido los despojos;

                        mas creciendo los enojos

                        de una pena tan suave,

                        rompió el secreto la llave.

                        COREBOEsta es la cueva, señor.

                        ARISTEOLa esperanza de mi amor,

                        Hoy, en posesión acabe.

                        Descúbrese el río Peneo en su gruta.

                           ¡Oh! Tú, famoso e ínclito Peneo,

                        que entre el Olimpo y Osa

                        riegas el Tempe, que con pies de rosa

                        recibe tu cristal en su deseo:

                        escucha atento al Príncipe Aristeo,

                        si no perturba el aire hasta tu oído

                        de las sonoras aguas el rüido;

                           levanta la cabeza, coronada

                        de tantas varias flores, y la copia

                        de fructíferas ramas esmaltada,

                        digno blasón de tu grandeza propia.

                        El Nilo por Egipto y Etiopía,

                        el Gange por la India, y cuantos sorbe

                        el mar por todo el orbe,

                        te rindan vasallaje.

                        PENEO                            Mi Aristeo,

                        ese te debe sólo a ti Peneo.

                        ARISTEO   Ya sabes, claro río,

                        a que me trae el pensamiento mío.

                        PENEOTendréme por dichoso

                        en que mi yerno seas,

                        pues de Dafne deseas,

                        príncipe, ser esposo,

                        y ella también será con estas bodas

                        hermosa reina de las ninfas todas

                        que habitan mi ribera;

                        vuelve a tu casa y confiado espera.

                        que en sabiendo su gusto, pues es justo,

                        te la dará mi amor con mayor gusto.

                        ARISTEO   De la nobleza de tu heroico pecho

                        partiré satisfecho;

                        que no es razón que un río semideo

                        pueda volver atrás.

                        PENEO                             Parte, Aristeo;

                        porque, entre cuantas cosas tienen nombre,

                        los ríos solamente

                        nunca vuelven atrás de su corriente;

                        ejemplo para el hombre,

                        si es hombre el que no cumple lo que dice

                        ARISTEO   El cielo te prospere de aguas puras.

                        ¡Oh dulce auspicio de mi amor felice!

                        ¡Oh tiempo, pues por todo te apresuras,

                        pasa por mí veloz con alas nuevas,

                        pero en dándome a Dafne no te muevas!

                        Él se va por una parte, y Dafne entra por otra, y

                        Silvia.

                        DAFNEGente de la ciudad, Silvia: ¿qué es esto?

                        ¿y con mi padre hablando?

                        SILVIAEstarán por ventura consultando

                        tu casamiento.

                        DAFNE                      Siempre fue molesto

                        ese cansado nombre a mis oídos.

                        SILVIAPues ¿qué galanes?

                        DAFNE                             Menos que maridos.

                        SILVIANo parece mujer, pues en naciendo,

                        ese nombre les abre los sentidos,

                        ni viven otra cosa persuadiendo

                        a sus, padres jamás.

                        DAFNE                               Pues yo no entiendo

                        darle, esa pesadumbre.

                        PENEO                                   ¡Dafne mía,

                        escucha!

                        DAFNE             ¡Oh padre mío!

                        PENEO¿Vienes a lo que el Príncipe venía?

                        Merece amor, cuidado ha sido justo,

                        puesto que más en esta parte fío

                        de tu elección que de mi propio gusto.

                           Él es el heredero

                        de Tesalia y de Marte,

                        en cuya militar doctrina y arte

                        al mas ejercitado le prefiero.¿Qué respondes?

                        DAFNE                          Amado padre mío,

                        bien sabes que a las selvas me desvío,

                        huyendo, así de dioses como de hombres,

                        no sólo las personas, mas los nombres.

                        Yo soy ninfa del coro

                        de la casta Diana;

                        perdona si el respeto, si el decoro

                        por ley divina y obediencia humana

                        debido a obligaciones naturales,

                        fuera de prendas tales,

                        te pierdo, pues no puedo obedecerte.

                        PENEO¿Cuando esperaba de Tesalia verte,

                        Dafne, reina y señora, y que me dieras

                        nietos que en mis riberas

                        los viera yo mancebos,

                        ya Martes, y ya Febos,

                        correr gallardos persiguiendo fieras,

                        inobediente y loca me respondes?

                        ¡Qué bien al grande amor que me has debido,

                        y a tus obligaciones, correspondes!

                        Pues no me verás más.

                        DAFNE                                   ¡Padre querido!

                        Metióse entre las ondas, y cubrióse

                        de un pabellón de plata.

                        SILVIAEntre las aguas va diciendo: «¡Ingrata!»

                        con murmurar sonoro.

                        DAFNE                                  ¿Permitióse,

                        Silvia, jamás a ninfa de Diana

                        que se casase?

                        SILVIA                      Que es locura vana

                        esto de ninfas: la naturaleza

                        hizo para los hombres la belleza

                        por aumentar el mundo.

                        DAFNESi un hombre fuera Júpiter segundo,

                        rey del supremo imperio,

                        o por este hemisferio

                        tuviera la belleza de Narciso,

                        le tuviera en los céspedes que piso:

                        aborrezco los hombres, esto es cierto.

                        SILVIAEnojarás a Venus.

                        DAFNE                            Yo te advierto

                        que della, y de su hijo mal nacido

                        no se me da...

                        SILVIA                      Detente, que Cupido

                        es un dios que a los dioses inmortales

                        hace temblar.

                        DAFNE                     Sus bienes y sus males

                        son para gente loca, ociosa y vana:

                        yo soy ninfa del coro de Diana.

                        SILVIA¡Oh, tanto coro y tanto dianizarte!

                        DAFNE¡Váyase Venus a casar con Marte!

                        Baje Venus.

                        VENUS   Dafne, entre cuantas ninfas

                        viven estas verdes selvas,

                        tan soberbia como hermosa,

                        y como hermosa soberbia:

                        ¿qué blasonas, qué presumes,

                        ingrata a naturaleza,

                        que no crió a la hermosura

                        para vivir entre fieras?

                        ¿Sabes que soy de quien hablas?

                        ¿Sabes que los dioses tiemblan

                        del menor rayo une influya

                        mi dulce amorosa estrella?

                        ¿Sabes que es mi hijo Amor?

                        ¿Sabes que en las almas reina?

                        ¿Sabes que no se resiste

                        pecho mortal de sus flechas?

                        ¿Sabes que aquella armonía

                        que el cielo y tierra gobierna

                        es Amor? ¿Sabes que están

                        pendientes de su cadena

                        los elementos que pone

                        en paz de su eterna guerra?

                        ¿Sabes que es concordia Amor,

                        y que el cielo se sustenta

                        en paz, moviendo sus orbes

                        concertada inteligencia?

                        ¿Por qué el matrimonio huyes,

                        pues tu mismo ser te enseña

                        que alma y cuerpo están casados

                        como el agua con la tierra?

                        ¿Qué fiera corre este campo,

                        qué ave en el aire vuela,

                        que hasta tener compañía

                        viva contenta y quieta?

                        ¿Burlas mis razones, Dafne?

                        ¿Risa en mi propia presencia?

                        Pues ¡por Júpiter sagrado...

                        DAFNENo prosigas, aunque sea

                        atrevimiento al respeto

                        debido por ley eterna

                        a las celestes deidades,

                        porque no has de hacer que tema

                        ni de tu estrella los rayos,

                        ni de tu hijo las flechas.

                        Yo sirvo y amo a Diana;

                        si eres diosa, diosa es ella

                        que templará como luna

                        cuanto abrasares cometa,

                        voyme a buscar, sin temerte,

                        la soledad de las selvas;

                        que más que escuchar los hombres,

                        estimo el tratar con fieras.

                        Vase.

                        VENUS¿Hay atrevimiento igual?

                        SILVIASeñora, aunque voy con ella,

                        no soy tan bárbara y loca;

                        suplícole que me tenga

                        en posesión de mujer

                        para cuanto me acontezca;

                        y sepa Su Majestad

                        que ninguna cosa llega

                        a ser más mal empleada

                        que hermosura en mujer necia.

                        ¿A los hombres quiere mal?

                        Que la imite no lo creas.

                        ¿Qué me han hecho a mí los hombres

                        porque yo los aborrezca?

                        Vase.

                        VENUSCon razón quedo corrida.¡Amor, amor!

                        Sale Cupido con arco y flechas: harále mujer, en hábito

                        corto y bizarro.

                        CUPIDO                      Dulce reina,

                        dulce madre, dulce diosa,

                        dulce llama, dulce estrella.

                        ¿Qué me mandas?

                        VENUS                            No estoy yo

                        para que tan tierno vengas,

                        puesto que te doy los brazos.

                        CUPIDOSoy amor, hablo en mi lengua:

                        mas ¿quién te ha dado ocasión

                        para el enojo que muestras?

                        VENUSUna ninfa de Diana,

                        un hielo, un alma de piedra,

                        aquí con mil libertades,

                        de nuestra deidad blasfema,

                        de nuestro poder se ríe,

                        de amar los hombres se afrenta.

                        No eres mi hijo, Cupido,

                        ni permito que me debas

                        las alas de que formaste

                        las plumas de tus saetas;

                        pondré el amor en tu hermano,

                        no dejaré que me veas

                        eternamente la cara,

                        si de Dafne no me vengas.

                        CUPIDOConozco a Dafne; hoy haré

                        que de amores enloquezca;

                        haréla llorar de celos,haré que con tristes quejas

                        y lágrimas rompa el aire,

                        y el seco prado humedezca;

                        no ha de vivir sólo un punto

                        con quietud.

                        VENUS                   Venganza fuera

                        fácil; mas temo a Diana,

                        que luego me dice afrentas,

                        mis adulterios infama,

                        y la red de hierro alega

                        con la risa de los dioses

                        cuando me vieron en ella

                        con el dios de las batallas;

                        también dice que en la tierra

                        quise a Adonis, que hoy es flor,

                        y que lloré la tragedia

                        del sangriento jabalí

                        entre las mirras sabeas

                        de los campos orientales.

                        CUPIDOPues ¿cómo quieres que emprenda

                        tu venganza?

                        VENUS                    Enamorando

                        della a quien ella no quiera.

                        CUPIDOYa sabes, madre y señora,

                        que el Amor tiene dos flechas:

                        una de plomo, otra de oro;

                        la de plomo es cosa cierta

                        que causa aborrecimiento;

                        hiriendo a Dafne con ella,

                        y con la de oro algún dios,

                        ten por segura la fuerza,

                        porque al supremo poder

                        no puede haber resistencia.

                        VENUSSerá discreta venganza.

                        CUPIDOPues si es venganza discreta,

                        ata con cintas de nácar

                        el carro de oro las bellas

                        palomas de jazmín puro;

                        vuelve a tu luciente esfera,

                        que yo la pondré por obra.

                        VENUSDe aquellas rosas que engendra

                        el sacro monte Pangeo,

                        producidas de mis venas,

                        te prometo una guirnalda.

                        CUPIDOSi Juno, si Palas fuera,

                        te han de rendir vasallaje.

                        VENUSGuardaos, mujeres soberbias;

                        que anda enojado el Amor:

                        amad, o temed sus flechas.

                        Salen Febo y Bato.

                        BATO   ¿Viste la sierpe?

                        FEBO                            Ya vi

                        el fiero animal gigante.

                        BATOPues si le tienes delante,

                        déjame volver a mí.

                        FEBO   Quiero que seas testigo

                        de que la sierpe maté.

                        BATOSin verlo lo juraré

                        y sin que vaya contigo,

                           al uso, de la ciudad,

                        adonde hay tantos que juran,

                        que escriben y que procuran

                        lo que nunca fue verdad.

                        FEBO   Júpiter, que mira el suelo,

                        les dará justo castigo.

                        BATONo teme el falso testigo

                        a Júpiter ni a su cielo.

                        FEBO   Súbete a ese monte, Bato,

                        y estarás seguro en él.

                        BATOYa silba el monstruo cruel,

                        del mismo infierno retrato.

                           Huid las sangrientas garras

                        de Fitón, ninfas, huid;

                        pastores, trepad, subid

                        por esas pardas pizarras;

                           ya se acerca.

                        FEBO                       Extraño horror

                        me pone el fiero vestiglo,

                        que desde el primero siglo

                        no le vio el mundo mayor.

                        Sale la sierpe echando fuego.

                           Vertiendo fuego me espera:

                        ¡Júpiter, dame favor!

                        BATOMátale presto, señor.

                        FEBOYo haré que a mis manos muera;

                           cumplió el cielo mi esperanza;

                        bizarro tiro: cayó.

                        BATO¡Voto al sol, que le acertó

                        por la mitad de la panza!

                        FEBO   Baja, Bato; que ya está

                        vertiendo sangre en el prado.

                        BATOAun no estoy asegurado

                        hacia la cueva se va.

                        FEBO   Cortaréle la cabeza

                        para ponella en el templo

                        de Diana.

                        BATO               Sois ejemplo

                        de valor y fortaleza.

                           Ninfas, pastores, bajad

                        de los montes a los prados:

                        los escondidos ganados

                        por el valle apacentad;

                           ya puede el rojo arrebol

                        dorar la cándida lana

                        desde la fresca mañana

                        hasta que se ponga el sol;

                           ya con las flechas felices

                        rompió sus manos feroces.

                        Salen Dafne, Sirena, Silvia y Alcino.

                        DAFNEBato, ¿de qué son las voces?

                        SIRENABato, ¿qué victoria dices?

                        ALCINO   ¿Tú alegre en esta ocasión?

                        SILVIA¿Tú sin miedo?

                        BATO                       Sí, alahé;

                        pues ¿no queréis que lo esté?,

                        si Febo ha muerto a Fitón?

                        DAFNE   ¿Muerto?

                        BATO                  Y cortándole está

                        la cabeza.

                        ALCINO               Digna hazaña

                        de un dios.

                        SIRENA                 De la montaña

                        bajan los pastores ya.

                        DAFNE   La fama, desde nosotras,

                        con mil lenguas importunas,

                        quita los ecos de unas

                        para ponerlos en otras;

                           ya se junta todo el valle

                        para dalle el parabién.

                        BATOYa vuestros ojos le ven.

                        SILVIA¡Lindo aspecto!

                        ALCINO                        ¡Hermoso talle!

                        Sale Febo con la cabeza.

                        Hincaos de rodillas todos.

                        SILVIABato, de rodillas ponte.

                        BATODesde lejos, que aún la temo;

                        verá qué hocico y cogote

                        que tenía el buen Fitón.

                        FEBOVenid seguros, pastores,

                        que el arco de Febo ha muerto

                        la destrucción de los montes,

                        el incendio de los valles

                        y el veneno de los bosques,

                        para que su protector

                        de hoy más Tesalia me nombre.

                        ALCINOLibertador de la patria,

                        por eternos siglos goces

                        la gloria de tanta hazaña.

                        DAFNETú solo mereces nombre

                        de vencedor inmortal.

                        SIRENAA tus pies, Febo, se postre

                        cuanto por el cielo ilustras,

                        cuanto alumbras por el orbe.

                        SILVIAA tus sacras aras, Febo,

                        ofrezcan mirras y aloes

                        los más apartados indios.

                        BATOEn grandes obligaciones

                        nos ha puesto su mercé;

                        Dios se lo pague y le torne

                        con bien de cualquier camino

                        que vaya del Sur al Norte;

                        que cierto que mos comía

                        ese maldito serpoche

                        en montañas y en aldeas,

                        los ganados y los hombres,

                        ni mos quedaba cochino,

                        aunque su mercé perdone,

                        que en verdad que los perniles

                        bien merecen que se nombren;

                        ni cabritos, ni terneras,

                        ni conejos, ni pichones,

                        ni mondonguinos, ni gansos;

                        pues gallinas, diez o doce,

                        sin pedir una toalla

                        ni un panecillo, zampóse

                        de un espetón muchas veces,

                        sin que las plumas lo estorben:

                        pues lo que es leche no es nada

                        aunque lo cuente a la postre:

                        de veinte o treinta calderas,

                        apenas dejaba el cobre.

                        Dentro relinchos; pastores y pastoras, con instrumentos,

                        cantando y bailando, y Cupido detrás de ellos.

                           A la gala de Febo

                        cantad, pastores,

                        y coronen sus aras

                        rosas y flores.

                        UNA VOZDel claro Peneo

                        las verdes riberas,

                        de Arcadia los bosques,

                        de Tempe las selvas,

                        a ofrecerle vengan

                        precisos dones,

                        y coronen sus aras

                        rosas y flores.

                        CUPIDO   Invisible entre esa gente

                        rústica, bárbara y pobre,

                        me trae una noble envidia

                        de ver que a Febo coronen

                        por disparar una flecha,

                        pues de todo su horizonte

                        no queda pastor o ninfa

                        que no le celebre y loe.

                        ¡Qué vanaglorioso está!

                        ¡Qué soberbio se antepone

                        a las deidades celestes!

                        FEBOEntre estas peñas y robles

                        un templo tiene mi hermana,

                        la hermosa Diana, adonde

                        descansa cuando en las selvas,

                        fieras sigue, ciervos corre;

                        porque es Diosa de la caza,

                        y porque Arcadia la invoque,

                        la cabeza de Fitón

                        quiero que su templo adorne.

                        ALCINOYa, de tu victoria alegre,

                        los blancos velos descoge.

                        El templo se abra, y se vea Diana en altar con un

                        venablo y un perro al lado, como la pintan.

                        FEBOEntre tus sacros trofeos

                        permite, Diosa triforme,

                        que a tu noble templo ofrezcan

                        pastores y cazadores,

                        tenga lugar esta fiera,

                        porque no es justo que honre

                        otro altar victoria mía.

                        DIANAFebo, tan grandes favores

                        sólo mi amor los merece;

                        cuantos tigres y leones

                        tiene el Asia, cuantas fieras

                        y armados rinocerontes,

                        no pudieran ser despojos,

                        ni en todo el mundo mayores,

                        que de Fitón la cabeza;

                        esta ilustre y sobredore

                        los demás triunfos y ofrendas

                        con que mis aras componen;

                        cuando en las selvas Diana,

                        y cuando Luna en la noche,

                        a honrarme vendré con gusto

                        de una fiera tan disforme.

                        FEBONo por lustros y olimpiadas,

                        pastores, de hoy más se note

                        mi triunfo, sino por años;

                        mirad que esta ley impone

                        Febo en premio desta hazaña

                        porque mi victoria logre

                        la memoria que merece;

                        y quiero que nombre tomen,

                        estas fiestas que instituyo

                        de Fitón, juegos fitones.

                        Daré premio a los que fueren

                        ya en la lucha los mejores,

                        ya en correr, ya en hacer versos,

                        en otras gracias conformes

                        la fiesta de aquel día.

                        ALCINO¡Viva Febo!

                        BATO                  A Marte asombre

                        este triunfo.

                        SIRENA                  ¡Víctor, Febo!

                        DAFNECantad y ofrecedle flores.

                        Cantan.

                           A la gala de Febo

                        cantad, pastores, etc.

                        Todos se van cantando; quedan Febo y Cupido.

                        FEBO   ¿Ha llegado ningún dios,

                        de cuantos sobre las torres

                        cristalinas de los cielos

                        tienen asiento en sus orbes,

                        a tanta fama, a tal gloria,

                        a tal triunfo, a tanto nombre?

                        Vulcano es un vil herrero,

                        ¿qué importa que rayos forje?

                        Mercurio un tratante humilde,

                        estafeta de la corte

                        de los dioses celestiales;

                        pues Marte, de que interrompe

                        la paz del mundo se alabe,

                        y de formar escuadrones,

                        rizar plumas, limpiar armas,

                        lanzas, espadas y estoques;

                        pues Neptuno, con sus vientos

                        y sus delfines veloces,

                        ¿quién puede ser?

                        CUPIDO                           Yo no puedo,

                        Febo, sufrir que blasones,

                        afrentando las deidades,

                        ni que a presumir te arrojes

                        por una hazaña tan vil,

                        que cuando a esta tierra importe,

                        más fue acierto que valor.

                        ¿Quieres que todos te adoren

                        cuantos en Tesalia viven

                        con dioses, que protectores

                        tuvieron por tantos siglos,

                        y no es bien que los provoques?

                        Vete a matar liebres viles,

                        si cazador te dispones,

                        y si sol, a ver hazañas

                        que de mi valor te informen;

                        que yo, de los dioses todos

                        el menor, si a mí me escogen,

                        humillaré tus soberbias,

                        vengaré tus sinrazones,

                        haré...

                        FEBO          Detente, rapaz,

                        si no quieres que de un golpe

                        deje sin Amor el mundo.

                        CUPIDO¿Tú a mí? Mal me conoces.

                        FEBOSí conozco: ¿no eres tú

                        el que inventó las traiciones,

                        los agravios, las bajezas,

                        las guerras, los tratos dobles,

                        los adulterios, los celos,

                        y otras tantas invenciones,

                        con que no hay cielo que dejes,

                        ni tierra que no alborotes?

                        ¿No eres tú el hijo de Venus,

                        dama que vivió sin orden

                        en Chipre por tantos años?

                        No dudes de que te sobren

                        padres nobles y plebeyos:

                        el que quisieres escoge.

                        CUPIDO¿Fue la tuya más horrenda,

                        cuyas peregrinaciones

                        sabe Delfos, y las cantan

                        las ranas con roncas voces,

                        trocando en pellejos verdes

                        sus labradores capotes?

                        ¿Qué respondes?

                        FEBO                          Por muchacho

                        no te arrojo, niño enorme,

                        desotra parte del cielo.

                        CUPIDOPoco a poco y no me apoques:

                        ¿qué gigantes fulminaste?

                        ¿Qué rayos tiraste entonces,

                        que tales soberbias dices?

                        Si matar fieras feroces

                        es gloria, mayor será

                        matar las almas de amores.

                        ¿Es blasón rendir las fieras,

                        más que herir los corazones?

                        Tú flechas visibles tiras,

                        yo invisibles, tan veloces

                        que no hay resistencia humana

                        que su ejecución estorbe.

                        Mira tú: del arco y flechas,

                        ¿quién puede con más razones

                        blasonar?

                        FEBO              Mira, Cupido:

                        dejando aparte que pones

                        fuego al mundo, que disculpa

                        neciamente tus errores,

                        tus tragedias y venganzas,

                        de que a los hombres despojes

                        de su libertad, no arguyo

                        tu valor.

                        CUPIDO             Eso respondes:

                        pues ¿qué animal es igual

                        al hombre?

                        FEBO                 Los que te acogen

                        son hombres desocupados

                        que viven en ocio torpe:

                        ¿qué virtudes has vencido?

                        CUPIDONo quiero afrentar los dioses

                        ni cansarte con ejemplos.

                        ¿Tú no te precias de noble,

                        de sabio y valiente?

                        FEBO                              Sí.

                        CUPIDOY si te hiciese que llores

                        de amor, ¿qué dirás?

                        FEBO                                ¿Yo?

                        CUPIDO                                        Tú.

                        FEBOVete, infame, y no me enojes.

                        CUPIDOA la prueba, y sean testigos

                        esos cielos que nos oyen.

                        FEBOTengo impenetrable el alma.

                        CUPIDOYo soy rayo.

                        FEBO                    Yo soy bronce.

                        CUPIDOYo te haré, cera.

                        FEBO                          Soy sol.

                        CUPIDOSi eres sol, serás Faetonte;

                        que para fuerzas de amor,

                        ni valen hielos ni soles.

           

           

           

           

           

            Jornada segunda

           

           

            Salen Venus y Cupido.

                        VENUS   ¡Oh, qué bien me obedeciste!

                        En obligación te estoy;

                        gracias, Cupido, te doy

                        del cuidado que tuviste:

                        alta venganza me diste

                        si, después que me partí,

                        Dafne se burla de mí,

                        y a su Diana siguiendo,

                        por las selvas anda huyendo

                        de los hombres y de ti.

                           Gustarás de que me afrente

                        con soberbia presunción,

                        y te haya dado ocasión

                        para ser inobediente.

                        ¿En qué estrella, en qué accidente

                        consiste que, sin temor,

                        sea para mí rigor,

                        ira, desdén y aspereza,

                        el que por naturaleza

                        es para todos Amor?

                           Quien tantas almas enciende

                        de mi hijo no se alabe,

                        pues que vengarme no sabe

                        de una mujer que me ofende.

                        Por toda Arcadia se extiende,

                        de Febo la ilustre fama,

                        que lo que sabes te llama,

                        porque dio muerte a una fiera;

                        y tú, como si lo fuera,

                        tiemblas de ver una dama.

                           ¡Vive Júpiter sagrado,

                        que estoy de pura tristeza

                        por quebrarte en la cabeza

                        el arco mal empleado!

                        Dime, cobarde y armado,

                        dime, desnudo y valiente,

                        ¿cómo aquel valor consiente,

                        que con tu sangre te di,

                        que Febo te venza a ti,

                        y que a mí Dafne me afrente?

                        CUPIDO   Infamas sin ocasión

                        mi cuidado, madre mía;

                        que no ha sido cobardía

                        sino aguardar ocasión:

                        yo daré satisfacción

                        a mi agravio y tus enojos,

                        y por esos bellos ojos,

                        dulce estrella del aurora,

                        que ha de ser antes de un hora

                        Dafne de tus pies despojos:

                           yo, que sin guardar decoro,

                        a Júpiter transformé,

                        por Leda, en cisne, y mudé,

                        por la bella Europa, en toro:

                        vete, que el plomo y el oro

                        hoy te dirán si me atrevo;

                        que por lo que a ti te debo,

                        y la parte que me alcanza,

                        tendrás de Dafne venganza

                        y yo la tendré de Febo.

                        VENUS   ¿Dasme la palabra?

                        CUPIDO                                 Doy

                        a tus ojos celestiales.

                        VENUSPues por humildades tales

                        mis brazos te doy, y estoy

                        tan satisfecha, que voy,

                        como pudiera vengada,

                        contenta y desenojada.

                        Vase.

                        CUPIDO   Tú, principio de mi vida,

                        como me mandas servida,

                        como mereces amada.

                        Selvas de Arcadia, montes y riberas,

                        yo soy Amor; mi madre me ha reñido;

                        de hoy más, todo mortal guarde el sentido;

                        que no he de perdonar aves ni fieras.

                           Tú, que las plantas, al correr ligeras,

                        por las sendas estampas del olvido,

                        presto verás, habiéndome ofendido,

                        lo que va de las burlas a las veras.

                           Hoy has de aborrecer, y ser querida;

                        y tú, vanaglorioso Febo, advierte

                        que no te importa ser fitonicida.

                           No pienses libre de mis flechas verte,

                        porque de cuantas cosas tienen vida,

                        sólo no supo qué es amor la muerte.

                        Dentro ruido de pastores, y sale Bato.

                        BATO   Desgraciado en premios soy:

                        si el cielo premios lloviera,

                        ninguno a mí me cupiera;

                        por desesperarme estoy.

                           ¡Oh, tiempo, no sé por quién

                        eres a mi premio ingrato!

                        Todos alaban a Bato,

                        pero nadie le hace bien.

                           ¿De cuál peñasco arrojado

                        me dará fin este río,

                        que aun de morir desconfío,

                        según nací desdichado?

                           Este es bajo, éste eminente,

                        éste aún no me da lugar;

                        tal estoy, que no he de hallar

                        peñasco que me contente.

                           Un mancebo viene allí.

                        CUPIDODime, que el cielo te guarde,

                        pastor, ¿qué fiesta esta tarde

                        celebra el Arcadia aquí,

                           que tanta gente se junta?

                        BATODeciros la causa quiero;

                        que parecéis forastero

                        en el traje y la pregunta:

                           dio Febo muerte a Fitón.

                        CUPIDO¿Qué Febo?

                        BATO                   El nacido Delo,

                        el que lleva por el cielo

                        el dorado cherrión.

                        CUPIDOY Fitón, ¿quién fue?

                        BATO                              Una fiera

                        serpiente, que se comía

                        los ganados, y este día

                        celebran monte y ribera

                           con juegos, que él ordenó,

                        de cantar, saltar, bailar,

                        hacer versos y luchar,

                        y todos los pierdo yo.

                        CUPIDO   ¿Cantáis vos?

                        BATO                        Muy mal.

                        CUPIDO                                      ¿Saltáis?

                        BATOMucho peor.

                        CUPIDO                    ¿Hacéis versos?

                        BATOSí, señor; mas son perversos.

                        CUPIDOPues ¿cómo queréis ganar?

                        BATO   Porque como yo sabía

                        que lo peor se premiaba,

                        por lo mismo imaginabaque el premio merecería.

                        CUPIDO   ¡Oh, qué cosa tan mal dicha!

                        BATOYo la he dicho muchas veces.

                        CUPIDODonde son dioses jüeces,

                        culpad a vuestra desdicha;

                           que los dioses saben bien

                        quién merece premio o no.

                        Decid los versos, que yo

                        quiero ser jüez también.

                        BATO   ¿Es dios su merced acaso?

                        CUPIDODecid, que yo os lo diré

                        después.

                        BATO              Ya van alahé,

                        pero quítese del paso:

                           en tomando su arco y flechas

                        Febo de un espetón

                        mató a la Sierpe Fitón,

                        y todos estos montes y riberas;

                        le hacen fiestas

                        saltando y bailando,

                        jugando y andando;

                        y dicen que el dios Cupido

                        nunca hizo tiro tan llocido,

                        porque es herrero su padre,

                        y su madre, por desastre,

                        le hubo en un sastre,

                        y nadie se asombre,

                        que era mujer, y no hombre,

                        y esto lo puedo jurar,

                        aunque nunca la vi nadar.

                        CUPIDO   ¿Hay más?

                        BATO                   ¿Poco le parece?

                        CUPIDOSi vos escribís ansí,

                        ¿qué premio esperáis?

                        BATO                                  A mí

                        me han dicho que le merece.

                        CUPIDO   Pues porque jamás culpéislos dioses, con este

                        anillo

                        os premio.

                        BATO                Me maravillo,

                        si es fino, que me lo déis.

                        CUPIDOMirad que tiene virtud

                        esa piedra para hacer

                        que os quiera cualquier mujer.

                        BATODios le dé vida y salud:

                           Silvia me burló mil veces,

                        hoy me tengo de vengar.

                        CUPIDOYa no podréis murmurar

                        siendo los dioses jüeces.

                           Finalmente. ¿a quién premiaron

                        de las ninfas?

                        BATO                    Por mejores

                        en todas gracias de flores,

                        los cabellos coronaron

                           de Dafnes y de Sirena,

                        que cantando las dos, creo

                        que pudieran, como Orfeo,

                        suspender la eterna pena.

                        CUPIDO   ¿Dafne premiada?

                        BATO                              ¡Pues no!

                        Tanto, que con dulce guerra

                        la miró Febo en la tierra,

                        y en el cielo se paró.

                        CUPIDO   ¿Febo la miró?

                        BATO                         Es mujer

                        que se la pide a Peneo

                        mueso príncipe Aristeo.

                        CUPIDODesde aquí la pienso ver.

                        Todos los pastores de fiesta, con instrumentos, y Febo

                        detrás coronado de roble, y Dafne y Sirena, de flores.

                        ALCINO   En grandes obligaciones

                        nos pone tu majestad,

                        con hallarte, ¡oh, gran deidad!,

                        en nuestros juegos fitones;

                           con esto serán más claros.

                        tú con más amor servido.

                        FEBOMi propio interés ha sido,

                        pastores, venid a honraros.

                        Habla Bato con el Amor, y no le ve.

                        BATO   Ahora, ilustre mancebo,

                        pues que no la conocéis,

                        la bella Dafne veréis,

                        veréis al valiente Febo;

                           mas ¿por adónde se fue?

                        que sin verle no es posible.

                        CUPIDOAquí estoy, pero invisible,

                        donde ninguno me ve;

                           desde aquí la flecha de oro

                        a Febo quiero tirar;

                        Diana ha de perdonar,

                        pues no ofendo su decoro;

                           por enamorar a Febo,

                        la de plomo a Dafne tiro.

                        Tira dos flechas a Dafne y a Febo.

                        FEBOParece que en Dafne miro

                        nuevo ser, semblante nuevo;

                           nunca tanto en su belleza,

                        como ahora reparé.

                        DAFNE¡Qué diferente miré,

                        de Febo la gentileza

                           de lo que la miro ahora!

                        Gallardo me parecía,

                        como al tiempo que salía

                        de los brazos del Aurora:

                           ¡qué pena de verle tomo!¡Qué mal talle! No merece

                        ser deidad.

                        CUPIDOYa le aborrece,

                        ya va haciendo efecto el plomo,   y el oro en Febo.

                        ALCINO                             Pastores,

                        Febo querrá descansar;

                        volvamos a coronar

                        su templo de almas y flores.

                        Éntrense todos cantando, y Febo detenga a Dafne.

                        FEBO   Espera, Dafne, espera.

                        DAFNE¿Qué quieres?

                        FEBO                     Hazme un favor.

                        DAFNE¿En qué te sirvo?

                        FEBO                          Una flor

                        desa guirnalda quisiera;

                        ni es mucho a la primavera

                        pedir flores por favores,

                        que es propio tiempo de amores.

                        DAFNE¿Flores me pides a mí,

                        cuando al Aurora y a ti

                        deben los prados las flores?

                        FEBO   Lo que se puede tomar

                        no puede favor llamarse,

                        porque es cosa que ha de darse

                        si favor se ha de llamar.

                        DAFNEEl que a otro puede dar,

                        es forzoso conceder

                        que superior viene a ser,

                        y tu deidad perdería

                        si yo, de cosa que es mía,le puedo favorecer.

                        FEBO   Dafne hermosa, la deidad

                        celestial naturaleza,

                        de cuanto es mortal riqueza

                        no tiene necesidad:lo que pide es voluntad;

                        las demás cosas son vanas

                        para prendas soberanas,

                        y ésta falta entre las dos;

                        que siempre está pobre Dios

                        de voluntades humanas.

                           El olor del sacrificio,

                        desde la ardiente ceniza

                        los aires aromatiza,

                        porque en su piadoso oficio

                        es del corazón indicio,

                        y por eso juzgas mal

                        en llamarte desigual;

                        que es tal la fuerza de amor,

                        que puede hacer inferior

                        lo inmortal a lo mortal.

                           La violencia más segura

                        para hacer desde la tierra

                        a los mismos dioses guerra,

                        es la perfecta hermosura.

                        El oro y la plata pura,

                        las piedras, los minerales

                        y las perlas orientales,

                        las crío y engendro yo;

                        pero nunca el sol crió

                        esos ojos celestiales.

                           Que si pudiera mi mano

                        dar a tu belleza ser,

                        ¿qué le quedaba que hacer

                        a Júpiter soberano?

                        Y aún pienso, y tengo por llano,

                        que tan perfecta y tan pura

                        belleza y rara pintura

                        ella misma se hizo a sí,

                        porque de otra que de ti

                        no fuera tanta hermosura.

                           Yo puedo hacer en la mina

                        el diamante y el rubí,

                        no engastar en carmesí

                        clavel tu boca divina:

                        con esto, Dafne, imagina,

                        si te parece extrañezaque conquiste tu belleza,

                        que hasta un dios pudo rogar

                        por lo que le puede dar

                        la mortal naturaleza.

                        DAFNE   Febo ilustre, yo nacídel claro río Peneo,

                        como sabes, semideo,

                        en cuya orilla crecí

                        hasta que las ninfas vi

                        de la triforme Diana,

                        a quien dediqué lozana

                        verde edad, que no hermosura,

                        y a su casta imagen pura

                        la parte que tengo humana.

                           Aristeo me pidió

                        por mujer, que de Tesalia

                        es Príncipe, y la acidalia

                        Venus tanto se enojó

                        de que le dejase yo

                        por seguir su casto coro,

                        que contra el justo decoro

                        a que me quieras te obliga,

                        porque, queriéndote, siga

                        las leyes de Amor, que ignoro.

                           Yo no quiero, ni he querido,

                        ni pienso querer jamás,

                        si todo el oro me das

                        de tus rayos producido:

                        muda el amor en olvido;

                        que aunque eres deidad, yo humana,

                        será tu esperanza vana

                        mientras más loca pretenda,

                        pues cuanto Venus me ofenda,

                        sabrá guardarme Diana.

                        Vase.

                        FEBO   ¡Al autor de la luz tanto desvelo,

                        tanto desdén y desigual porfía!

                        Estoy por no salir, ni formar día,

                        aunque la Tierra se lamente al Cielo.

                           Caiga la noche de sí misma al suelo,

                        sin esperanza de la lumbre mía,

                        porque la caza que estas selvas cría

                        se envuelva en sombra de su eterno velo.

                        Suspende el arco al hombro, que profana

                        la ley de Amor, y si es buscar severa

                        fieras tu condición, dulce tirana,   ¿qué fiera más

                        cruel hallar espera

                        que la que tiene con belleza humana,

                        de piedra el alma, el corazón de fiera?

                        Cupido se le pone delante.

                        CUPIDO   ¿Adónde bueno, gallardoFebo, el del famoso

                        tiro?

                        Vienes de ver, por ventura,

                        las fiestas y regocijos

                        que a la muerte de Fitón

                        las riberas deste río

                        celebran con tanto aplauso

                        de juegos y sacrificios?

                        ¿O, codicioso de hacer

                        suerte igual entre estos riscos,

                        buscas otra sierpe fiera

                        que derribe excelsos pinos,

                        que devore los ganados,

                        y rompa los edificios?

                        ¿Adónde la dejas muerta?

                        Que yo confieso que envidio

                        las honras que estos serranos

                        hacen a tu nombre invicto.

                        ¿Qué dicha mayor que ver

                        cómo eres dellos tenido

                        por el mayor de los dioses

                        que tiene el sagrado Olimpo?

                        Adórante cuantas ninfas

                        habitan los extendidos

                        campos que riega Peneo

                        en círculo cristalino,

                        y más entre todas Dafne,

                        su hija, con quien he visto,

                        de la florida ribera

                        entre los verdes alisos,

                        tan tierna y enamorada,

                        que parece que yo mismo

                        la enseñaba los amores

                        que a tus requiebros ha dicho.

                        ¿Cómo la dejaste ir?

                        FEBOMal nacido basilisco,

                        dulce afrenta de las almas,

                        grave error de los sentidos,

                        engaño de la esperanza,

                        tirano del albedrío,

                        sinrazón de la razón

                        y de la memoria olvido;pasión del entendimiento,

                        de la voluntad hechizo,

                        suspensión de las acciones,

                        humano con lo divino,

                        y divino con lo humano;

                        el más traidor que ofendido,por envidia y por venganza

                        te burlas, rapaz, conmigo:

                        ¿Parécete que es victoria

                        haberme Dafne rendido?

                        ¿Lo que su hermosura ha hecho

                        atribuyes a tu oficio?

                        Sus ojos, y no tus flechas,

                        sus donaires, no tus tiros;

                        que la hermosura perfecta

                        no mata con artificio.

                        Plega al cielo que te veas,

                        siendo Amor, aborrecido,

                        y que te deje, a quien ames,

                        por hombre mortal e indigno,

                        y que por tus ojos veas,

                        abrasado en celos vivos,

                        sus dos almas, sus dos vidas,

                        en un cuerpo hermafrodito.

                        Oigan los dioses mis ruegos,

                        en cuya piedad confío

                        venganza de tus agravios,

                        y piedad de mis suspiros.

                        Vase.

                        CUPIDONo sé cómo, viendo a Febo

                        tan triste, el placer resisto;

                        pero sin comunicarse,

                        ¿qué gusto jamás lo ha sido?

                        Voy a referir a Venus

                        sus trofeos y los míos.

                        Dafne huye, Febo adora,

                        yo triunfo. ¡Cupido, víctor!

                        Salen Dafne y Sirena.

                        SIRENA   ¿De eso vienes victoriosa?

                        DAFNE¿De qué quieres que lo esté

                        con más razón?

                        SIRENA                        Desdén fuede mujer loca y

                        hermosa;

                        ¿dirás que de virtuosa

                        el desdén ha procedido?

                        DAFNEValor y virtud ha sido.

                        SIRENAYo no le doy ese nombre,

                        pues al que es dios y al que es hombre

                        tratas con un mismo olvido.

                           Que desechos a Aristeo

                        me parece necedad,

                        y de Febo la deidad,

                        vanaglorioso trofeo:

                        ¡Que ningún amor ni empleo

                        tu condición te permita!

                        ¡Qué nación el mundo habita,

                        que haya despreciado al sol,

                        desde el indio al español,

                        y del alemán al scita?

                           ¡Ah, Dafne! Júpiter quiera

                        que no pague la locura

                        de emplear tanta hermosura

                        en ir siguiendo una fiera.

                        DAFNEYo sé qué premio me espera,

                        y no es esperanza vana,

                        cuando lo sepa Diana,

                        de cuyo coro me precio,

                        y por cuyo honor desprecio

                        toda la riqueza humana.

                           Mas cuando su celestial

                        compañía no siguiera,

                        menos a Febo quisiera,

                        porque me parece mal;

                        tanto, que en odio mortal

                        el respeto he convertido.

                        SIRENASi es gallardo y entendido

                        un hombre, ¿qué ha de tener

                        para quererte?

                        DAFNE                      Nacer

                        con dicha de ser querido;

                           tanto sol no me conviene,

                        ni hay tan rudo labrador

                        que me parezca peorde cuantos Arcadia tiene.

                        SIRENAVenus le ama y le entretiene,

                        y día y noche le sigue.

                        DAFNEMal gusto.

                        SIRENA                El cielo te obligue

                        a hacer presto un necio empleo

                        en el sátiro más feo,

                        que tus melindres castigue.

                           Todas las que sois así,

                        arrepentidas lloráis

                        después que a todos vengáis,

                        como lo espero de ti.

                        DAFNEVete. Sirena, de aquí,

                        y no culpes mi desdén;

                        que como tú quieres bien,

                        hablas mal contra el decoro

                        de Diana.

                        SIRENA               De su coro

                        me río, y de ti también.

                           Nace al aurora la flor

                        vanagloriosa de sí,

                        y si pasa por allí

                        el gallardo cazador,

                        parece que de temor

                        de que la toque su mano,

                        aunque fue melindre en vano,

                        a las hojas se retira,

                        y cuando ya el sol expira,

                        la pisa el rudo villano.

                           Tu aspereza no es virtud,

                        sino necia vanagloria;

                        en tanto intenta victoria

                        tu loca solicitud:

                        yo culpo tu ingratitud,

                        de vana arrogancia llena.

                        DAFNEVete y déjame, Sirena;

                        que viciosa compañía

                        hará que juzguen la mía

                        por la libertad ajena.

                        SIRENA   Si es porque de Alcino soy,

                        yo estoy tan bien empleada

                        como tú estás engañada.

                        DAFNEEn mi daño si lo estoy:

                        vete con Dios.

                        SIRENA                      Yo me voy;

                        todo el tiempo lo sujeta:

                        tú verás si eres discreta,

                        y si yo la necia soy.

                        Vase.

                        DAFNE   No hay cosa más importuna

                        que la persuasión de un necio,

                        cuando presume que sabe

                        y que enseña al que es discreto.

                        No de otra suerte combate

                        la roca en la mar al viento

                        las ondas de las aguas

                        una tras otra soberbio,

                        que como quien burla dél,

                        firme en su nativo asiento,

                        vuelve en espumas los golpes,

                        y en blanda risa los ecos:

                        así se cansa quien piensa

                        reducir mi entendimiento

                        a no seguir de Diana

                        limpia vida y trato honesto.

                        Por más imposible juzgo

                        que pueda querer a Febo,

                        que hacer solsticio sus rayos

                        un año en medio del cielo.

                        Sale un ciervo por una puerta del teatro.

                        ¡Oh, qué valiente animal!

                        Tan alto y hermoso ciervo

                        no le ha criado el Arcadia:

                        seguirle y tirarle quiero.

                        ¿Huyes? Yo sabré seguirte.

                        Yo mate este ciervo, y Febo

                        mate serpientes Fitones.

                        Va tras él, y vuelve a salir por la otra parte.

                        No pareces muy ligero,

                        ciervo gentil, por Diana,

                        a quien humilde prometo

                        de tu pardo morrión

                        las plumas para trofeo,más que penacho marcial,

                        cobarde muestra del pecho,

                        de honrar su templo contigo:

                        pero ¡ay, Júpiter! ¿Qué es esto?

                        Burla ha sido de los ojos,

                        cual suele pintar el sueñoen el interior sentido

                        formas de vanos efectos.

                        ¡Ay Dios, ay triste, ay de mí!

                        Por donde el ciervo se desaparece, sale Febo.

                        FEBOSosiega, Dafne.

                        DAFNE                        ¡Ay, cielos!

                        FEBOFebo soy.

                        DAFNE               Pues ¿qué me quieres?

                        FEBOQue me escuches.

                        DAFNE                            ¡Muerta quedo!

                        FEBOYo te truje con engaño

                        entre estos olmos y fresnos,

                        adonde apenas las aves

                        rompen el mudo silencio:

                        fingí el ciervo que seguiste;

                        hoy quedarán mis deseos

                        de tu desdén victoriosos,

                        pues aún apenas el cielo

                        nos puede ver, que las ramas

                        edifican verdes techos

                        para defender los troncos,

                        en que estriba su alimento,

                        contra las estrellas sirias,

                        que ladran por ofendellos.

                        Sosiégate, vuelve el rostro;

                        qué, ¿te turbas? ¿Tan grosero

                        villano me consideras?

                        DAFNEMi desdicha consideroy tu traición. ¿Esto hacen

                        dioses? ¡Qué gentil ejemplo

                        para los hombres mortales!

                        FEBOSi lo fuera yo, sospecho

                        que me tuvieras amor;tú estás sin mayor remedio

                        que trocar en voluntad

                        la fuerza.

                        DAFNE              ¿Fuerza? Primero

                        se harán pedazos los polos

                        en que estriba el firmamento,

                        y la rueda celestial

                        caerá desasida de ellos;

                        primero verán los hombres

                        trocados los elementos,

                        ligera el agua y la tierra,

                        pesados el aire y fuego;

                        primero aquellos diamantes

                        del cielo...

                        FEBO                ¡Oh, tanto primero!

                        Dafne, yo te adoro; yo

                        soy el que tengo el gobierno

                        del mundo; ya no es posible

                        que puedan mis brazos menos

                        que tus desdenes.

                        DAFNE                           ¡Ay, triste!

                        ¡Ay, infeliz!

                        FEBO                 Cuando huyendo

                        fueras a aquellas regiones

                        que eternamente me vieron,

                        tengo de alcanzarte: Dafne,

                        espera.

                        DAFNE           ¡Valedme, cielos!

                        Salen Bato y Silvia.

                        SILVIA   ¿Con ese talle querías,Bato, que yo te

                        quisiese?

                        BATOSí querrás, aunque te pese.

                        SILVIA¡Qué neciamente porfías!

                        BATO   Con la boca bien podrás

                        decir sí; que dices no.

                        SILVIAEn diciendo nones yo,

                        no diré pares jamás;

                           estos son nuestros azares,

                        estas nuestras condiciones.

                        BATOComo ésas han dicho nones,

                        que después paran en pares;

                           pues a fe que tengo aquí...

                        SILVIA¿A ver, por tu vida, a ver?

                        BATODime si me has de querer.

                        SILVIASí, resí, tatarasí.

                        BATO   Por ver, ¿qué no harán mujeres?

                        SILVIASi también tú dices no,

                        ¿cómo es posible que yo

                        pueda pensar que me quieres?

                        BATO   Mira qué anillo.

                        SILVIA                           Soy corta

                        de vista, en mi mano quiero

                        verle.

                        BATO         Pues jura primero.

                        SILVIAY mi palabra, ¿no importa?

                        BATO   La mujer no está obligada;

                        que por esto viene a ser

                        quien no la cumple mujer,

                        y es rueca la que era espada.

                        SILVIA   Plegue a Dios que, si lloviere,

                        ni pie ni mano me moje,

                        y que en la cama me arroje

                        cuando más sueño tuviere;

                           ni coma ni beba másde lo que tuviere gana,

                        y si fuere de mañana,

                        no me levante jamás.

                           ¡Mira qué gran juramento!

                        BATOAlahé, que has de comprir

                        lo que dices, o morir

                        por ello.

                        SILVIA             Muestra, jumento.

                        BATOToma.

                        SILVIA          Mi Bato querido,

                        dámele.

                        BATO            ¿Quiéresme?

                        SILVIA                                Pues.

                        BATO¡Verá el diablo! Verdad es;

                        sacudióla el dios Copido;

                           pero el hombre fue discreto

                        que aquel anillo me dio,

                        si por el dar entendió

                        la virtud de este secreto.

                           Ahora bien, dame un abrazo.

                        SILVIA¡Malos años para ti!

                        BATO¿Y el juramento?

                        SILVIA                          ¿Yo?

                        BATO                                  Sí;

                        tú verás, llegado el plazo,

                           cómo llueve y no te mojas,ni eres la mañana dueño

                        de tus pies, y que con sueño

                        sobre la cama te arrojas.

                           Ésta me ha engañado,

                        soy un tonto; engañarla quiero:

                        ¿Silvia?

                        SILVIA           ¿Qué quiere el grosero?

                        porque sepa que me voy.

                        BATO   ¿No sabes como el Fitón

                        que mató Febo dorado

                        preñado estaba?

                        SILVIA                         ¿Preñado?

                        ¿De quién?

                        BATO                 De otro serpentón

                        que salió de la barriga

                        aquella noche.

                        SILVIA                      ¡Mal año!

                        BATOTanto, que, temiendo el daño,

                        a que consulten obliga

                           la diosa Temis, y dice

                        que ha de comer solamente

                        toda mujer que no siente

                        qué es amor.

                        SILVIA                    ¡Ay, infelice!

                        BATO   Las que engañan, y después

                        lo que prometen defienden,

                        las que piden, las que vendenel amor por interés,

                           las ingrata, las crueles.

                        las tontas, las bachilleras,

                        las que engañan con chimeras

                        a los amantes noveles,

                           las que toman los anillos.

                        SILVIA¡Ay, Bato, no digas más;

                        que esta noche me verás

                        al volver mis corderillos!

                           Pero porque no te vean

                        busca un pellejo de lobo,

                        y por uno y otro escobo

                        haz de suerte que lo crean,

                           porque me hables entretanto

                        que anda el prado temeroso.

                        BATOSer lobo es dificultoso:

                        tomalle no lo era tanto;

                           pero yo lo haré por ti

                        e iré a buscar el pellejo,

                        que lobo, zorra y conejo

                        me quiero volver; mas di:

                           ¿quiéresme ahora abrazar?

                        SILVIAY ¡cómo si abrazaré!

                        BATO¡Oh, qué bien que la engañé!

                        SILVIA¡Oh, qué, palos le he de dar!

                        Vanse.

                        Sale Dafne huyendo.

                        DAFNE   ¡Tened lástima de mí!

                        ¡Favor, dioses inmortales,

                        no pueden desdichas mías

                        desacreditar deidades!

                        Si la virtud no os obliga,

                        ¿cómo podrán los mortales,

                        temiendo vuestra justicia,

                        reprimir sus libertades?

                        ¡Favor, piedad!

                        Febo dentro, como que viene de lejos.

                        FEBO                        ¿Dónde huyes

                        y de quién, hermosa Dafne?

                        Para, de piedad de ti,

                        ya que no de mí, a escucharme:

                        mira que de ti la tengo;

                        pues para que no te canses,

                        voy rogando a mis deseos

                        que se detengan y paren.

                        DAFNE¡Cielos, ya suena más cerca!

                        ¡Árboles, cubridme, dadme

                        favor, pues falta a los dioses!

                        FEBONo soy yo rústico amante,

                        no soy villano grosero;

                        tú verás, como me aguardes,

                        que sólo me manda Amor

                        que te mire, que te hable

                        con aquel cortés respeto

                        que es tan justo que te guarde.

                        DAFNEParecéis malos jüeces,

                        deidades inexorables,

                        que en los reos no castigan

                        los delitos que ellos hacen.

                        ¡Oh, Júpiter! Si tú fuerzas

                        a Egina, a Leda y Danae,

                        ¿cómo detendrás a Febo?

                        FEBO¡Detente, Dafne, un instante!

                        ¿Cómo sufres que tus pies

                        tantas espinas maltraten?

                        ¿Quieres, por dicha, cruel,

                        que, como a la hermosa madre

                        de Amor, produzca la tierra

                        nuevas rosas de tu sangre?

                        DAFNE¡Ya le veo, yo soy muerta!

                        Peneo, mi dulce padre,

                        ¡favor!

                        Sale Febo.

                        FEBO           No dirás que he sido

                        tan veloz para alcanzarte

                        como corriendo los cielos,

                        aunque eres más bella imagen,

                        que por mi eclíptica de oro

                        forman eternos diamantes.

                        Váyase Dafne arrimando a la transformación.

                        Ya no tienes dónde huir;

                        si quieres asegurarte,

                        en estos brazos te esconde.

                        DAFNETierra, tus entrañas abre,

                        y en tu centro me sepulta.

                        Transformándose en laurel.

                        FEBOTente, espera; celestiales

                        dioses, ¿qué crueldad es ésta?

                        ¿Un árbol queréis que abrace?

                        ¿Qué lo dudo? Ramos son

                        que del duro tronco salen,

                        alma de aquella cruel:

                        venganzas son desiguales

                        de mis ofensas, Amor.

                        Dafne en el árbol.

                        DAFNE¡Ay!

                        FEBO       Con qué voz lamentable,

                        temblando el árbol se queja

                        piadosamente suave:

                        ¿Qué haré, que pierdo el sentido?

                        ¡Que todo el cielo vengase

                        a Venus! ¡Ah falsos, dioses!

                        Produce, tierra, gigantes,

                        que intrépidos otra vez

                        intenten aposentarse

                        en el alcázar eterno,

                        de donde arrojados bajen:

                        poned montes sobre montes,

                        ¡oh terrígenas titanes!

                        Y matadme a mí el primero,

                        si hay hombres que dioses maten:

                        ¡oh, cielos, quién ahora, en tantos males,

                        pudiera ser mortal para matarse!

                        Árbol, aunque ingrato fuiste,

                        quiero en la muerte mostrarte

                        que fue mi amor verdadero,

                        porque no hay prueba que iguale

                        como, después de la muerte,

                        firmezas de voluntades.

                        Tú serás el árbol mío,

                        laurel quiero que te llamen,

                        aunque en tu dura corteza

                        su condición se retrate,

                        cubriendo un alma de bronce

                        y unas entrañas de jaspe.

                        Arrojo el roble, y desde hoy

                        quiero de ti coronarme:

                        desta rama haré a mi frente...

                        DAFNE¡Ay!

                        FEBO       Perdona; para honrarte,

                        corona que también sea,

                        para ilustres capitanes,

                        triunfo de insignes victorias

                        y premio de hazañas grandes.

                        Tú serás la verde insignia

                        de Césares imperiales,

                        lauréola de ingenios

                        en las científicas artes,

                        tú de poetas honor,

                        que de siglo a siglo nacen.

                        Pero ¿qué puede haber, Dafne, que baste,

                        si no tengo de verte, a consolarme?

                        DAFNEFebo, el favor agradezco,

                        aunque arrepentida tarde;

                        que para ejemplo de ingratas

                        quiso el cielo transformarme

                        en el que llamas laurel.

                        Vengado estás; ya no aguardes

                        oír más mi voz.

                        FEBO                       Temblaron

                        las ramas: ya el alma parte

                        a los Elisios. Permite,

                        si no he de oírte, abrazarte,

                        aunque es tanta tu dureza

                        que, para que no te abrace,

                        volverás a ser mujer

                        y volverás a matarme,

                        para que en vida y muerte no me falte

                        desdén que huya, ni beldad que mate.

                        Sale Bato.

                        BATO   Cosas mandan las mujeres

                        a los hombres, que es un necio

                        el que por tan caro precio

                        quiere, comprar sus placeres.

                           ¿Adónde hallaré, en efeto,

                        este pellejo de lobo?

                        Silvia me tiene por bobo;

                        pues a fe que soy discreto.

                           Lo que para no envidiado

                        dicen algunos que basta,

                        y más no habiendo en mi casta

                        ni dichoso ni letrado.

                           Si ésta me cumple el concierto,

                        todos somos vengativos;

                        muchos lobos topo vivos,

                        y ninguno topo muerto.

                           Allí está Febo, a la fe;

                        él del pellejo dirá,

                        pues por esos mundos va

                        y cuanto hay en ellos ve.

                           ¡Ah, señor FEBO!

                        FEBO                             ¿Quién llama?

                        BATOBato soy, aquel zagal

                        que le enseñó el animal

                        que le ha dado tanta fama.

                        FEBO   ¿Qué me quieres? Que recelo

                        que para tu daño sea.

                        BATOHanme dicho que voltea

                        por la maroma del cielo,

                           y véngole a pescudar

                        si en el mundo, nuevo o viejo

                        ha topado algún pellejo

                        de lobo que me enseñar;

                           que esta noche Silvia y yo...

                        FEBOVillano, ¿burlas a mí?

                        BATOPues ¿con eso le ofendí?

                        ¿De un pellejo se enojó?

                        FEBO   Mataréte.

                        BATO                  ¡Cielo santo,

                        favor! Al monte me subo.

                        FEBOAguarda.

                        BATO              ¡En qué poco estuvo

                        que me diese con un canto!

                        Vase subiendo por el monte.

                        FEBO   La Luna, mi blanca hermana,

                        está de creciente ahora,

                        ya de salir es la hora;

                        escucha, hermosa Diana.

                        BATO   ¿Si acaso me llama a mí?

                        ¡Ah, señor! ¿Topó el pellejo?

                        FEBOSi tú no, me das consejo,

                        Luna, ¿qué ha de ser de mí?

                           Ven, Diana, ven hermana.

                        BATOYa no me puede faltar:

                        ¿Qué dice? ¿Que le he de hallar

                        en el templo de Diana?

                           Dios se lo pague, señor;

                        que ya voy por el pellejo.

                        Vase.

                        FEBOLuna, de la tierra espejo,

                        y del cielo resplandor,

                           en quien la noche se toca,

                        y se miran las estrellas,

                        si la luz que en ti y en ellas

                        infundo sol te provoca,

                           óyeme en la tierra Febo.

                        Por lo alto un carro de plata; Diana sentada en él con

                        una media luna en el tocado.

                        DIANAYa te escucho, hermano mío;

                        ¿qué tienes? ¿De quién te quejas?

                        FEBODe dos monstruos, madre e hijo,

                        incendios de tierra y cielo,

                        que a tu frígido epiciclo

                        solamente han perdonado.

                        DIANA¿Qué te han hecho?

                        FEBO                              Ese Cupido,

                        ese hermano de la muerte,

                        ese decrépito niño,

                        envidioso de que hiciese

                        aquel celebrado tiro

                        con que di muerte a Fitón,

                        de Tesalia basilisco,

                        me hirió de amor de la hija

                        de Peneo, ilustre río,

                        que huyendo de mí, transforman,

                        airados siempre conmigo,

                        los dioses en árbol; mira

                        si me quejo, si suspiro,

                        si lloro con justa causa;

                        como a mi hermana, te pido,

                        si no remedio, venganza.

                        DIANAPor esta luz que recibo,

                        Febo, de tus claros rayos,

                        y que doy por tantos siglos

                        doce veces a los años,

                        que ha de hacer que el mal nacido

                        rapaz, por quien le aborrezca,

                        de amor se abrase a sí mismo.

                        Tú verás enamorado

                        al Amor, nuevo prodigio

                        al mundo; que esta venganza

                        será por los mismos filos.

                        No hay dios que esté bien con él,

                        todos le han aborrecido;

                        tú verás como le doy

                        con mi castidad castigo.

                        ¿No sabe Venus, no sabe

                        que sus lascivos delitos

                        descubren mis castos rayos?

                        Conmigo, Venus, conmigo.

                        FEBOPues prosigue tu carrera,

                        luna de los ojos míos;

                        pisen tus ruedas de plata

                        los celestiales zafiros;

                        que ya se mira el Aurora

                        coronada de jacintos,

                        y las flores en los prados,

                        y las aves en los nidos,

                        hacen salva a su lucero

                        con las hojas y los picos,

                        para que mi carro de oro

                        trueque por el griego el indio.

                        Pasa el carro lo demás del teatro por lo alto, y acabe

                        la jornada segunda.

           

           

           

           

           

            Jornada tercera

           

           

            Sale Cupido.

                        CUPIDO   ¿Qué venganza del cielo,

                        qué ira de sus dioses soberanos,

                        con envidioso celo

                        del imperio que tengo en los humanos,

                        pena me dio tan nuevamente fiera,

                        que siendo el mismo Amor, de amores muera?

                           Aves enamoradas,

                        que destas selvas en el Buen Retiro,

                        o solas, o casadas,

                        no cantáis versos sin final suspiro,

                        y con ecos dulcísimos sonoros

                        amor y celos alternáis a coros;

                           fieras que las montañas

                        vivís en soledad, tal vez quejosas

                        de serlo mis hazañas,

                        faunos lascivos y silvestres diosas,

                        humor vital, vegetativas almas

                        de tantos cedros, plátanos y palmas;

                           Pastores deste prado,

                        que tantas veces abrasé de amores:

                        si hubiera yo pensado

                        lo que era yo, mis penas y rigores,

                        con más piadoso afecto hubieran sido

                        en mataros de amor temiendo olvido.

                           Tiré sin experiencia

                        de mi mismo dolor, que no sabía

                        de celos ni de ausencia;

                        maté sin ver que se acercaba el día

                        de dar a todos tan cruel venganza,

                        que me abrasa de amor sin esperanza;

                           cual suele en blanda cera

                        arder la luz y consumirse luego,

                        en mi abrasada esfera

                        soy alimento de mi propio fuego,

                        siendo en la cera, que mi fin recela,

                        mi propio ardor el alma de la vela.

                           Aves, fieras, pastores,

                        una ninfa cruel, una pastora,

                        mata al Amor de amores;

                        ya no hay amor, ni mata, ni enamora:

                        Sirena es ya, Sirena prende y mata,

                        y siendo Amor con el amor ingrata.

                           Quebrar el arco quiero

                        en este tronco de mi mal testigo,

                        pues de mí propio muero:

                        yo me maté, yo fui traidor conmigo:

                        que en tanta confusión, en tanto abismo,

                        yo mismo soy veneno de mí mismo.

                        Sale Febo.

                        FEBO   Quedo, señor Amor, blanda la mano;

                        que este laurel es mío,

                        que tiene vida y sentimiento humano;

                        ¿no ve que maltratarle es desvarío?

                        Si quiere enamorarle,

                        desde lejos podrá mejor tirarle;

                           que darle con el arco es bajo modo

                        para el alma que cubre esa corteza,

                        que tuvo en vida celestial belleza,

                        si con las flechas mata el mundo todo,

                        no mate con el arco bajamente;

                        abrase, tire, prenda, mas no afrente.

                           Si no le supo herir cuando vivía,

                        ¿por qué le hiere muerto?

                        o le castiga porque no quería

                        ser más necia que fue.

                        CUPIDO                                 ¡Desdicha mía!

                        Vete, Febo, con Dios.

                        FEBO                                  Esto le advierto:

                        respete mi laurel, que ya corona

                        césares, capitanes y poetas.

                        ¿Cómo no habla? ¿Cómo no blasona?

                        CUPIDOVete, Febo, por Dios, que mis saetas

                        te han vengado de mí; las que tiraba

                        se vuelven a mi pecho.

                        FEBO                                  ¿Cómo ha sido?

                        O ¿quién te hurtó las flechas del aljaba?

                        Ya soy tu amigo: cuéntame, Cupido,

                        tan grande novedad, que te prometo

                        sentir tus penas y guardar secreto.

                        CUPIDO   ¿Piensas, Febo, que el alma no te miro?

                        ¿Ahora vienes a engañarme, Febo?

                        Febo

                        De verte amar me admiro:

                        ¿no eres tú Amor? ¡Qué prodigioso y nuevo

                        portento, amar Amor quien no le quiere!

                        ¡Llorad, pastores, que el Amor se muere!

                        CUPIDO¡Basta, Febo, no más; ya estás vengado!

                        FEBOCuantos males me has hecho, me has pagado.

                           Ahora, ingrato Amor, verás quién eres,

                        pues que, siendo el Amor, de amores mueres.

                        ¡Con qué traición mirabas,

                        con qué crueldad herías!

                        ¡Paga, villano Amor, el mal que has hecho!

                        Las saetas trocabas,

                        y a Dafne me rendías,

                        en cuya nieve se abrasó mi pecho;

                        ya quedo satisfecho

                        de todos mis agravios

                        con verte, Amor, rendido;

                        mira de hoy más, Cupido,

                        cómo hieres los dioses y los sabios,

                        que tantas maldiciones

                        alcanzaron castigo a tus traiciones.

                        Vase.

                        CUPIDO   ¿Qué tal venganza he dado?

                        Aves, fieras, pastores,

                        venid a ver a Amor enamorado;

                        y dí los pasadores,

                        el arco y la cadena,

                        a la bella Sirena;

                        ella mata de amores,

                        ella sola es amor, ella enamora;

                        della os guardad, pastores, desde ahora;

                        que ya no soy Cupido,

                        sino el Amor, que fue de amor vencido.

                        Sale Venus.

                        VENUS   Amor, ¿de qué te lamentas?

                        CUPIDODe mí mismo, aunque acertara

                        cuando de ti me quejara,

                        que verme sin honra intentas.

                        ¿Vienes a ver mis afrentas,

                        por dicha?

                        VENUS                Debes de estar

                        loco.

                        CUPIDO        Pudiera el pesar

                        enloquecerme de triste,

                        porque tú sola pudiste

                        al Amor enamorar.

                        Venus

                           Pues ¿estáslo, Amor, de mí?

                        CUPIDOYo siempre de ti lo estoy,

                        mas hoy que venganza doy

                        al mundo, no fue por ti.

                        VENUS¿Quieres bien?

                        CUPIDO                      Señora, sí;

                        y tú lo sabes mejor.

                        VENUSMientes, Amor, que en rigor,

                        por tus ardientes castigos

                        ¿quién tiene más enemigos

                        en cielo y tierra que Amor?

                           ¿Nunca has visto en una voz

                        la gente de algún lugar

                        juntarse para matar

                        un fiero animal feroz,

                        que contra su furia atroz,

                        de que a todos parte alcanza,

                        cuál con dardo, cuál con lanza,

                        cuál con alabarda sale,

                        porque entre todos iguale

                        al agravio la venganza?

                           Pues esto han hecho, contigo

                        los dioses, y yo pudiera,

                        pues no hay en Tesalia fiera

                        como tú fuiste conmigo;

                        Marte en el cielo testigo,

                        como Adonis en el suelo:

                        pero puesto que recelo

                        la causa, dime quién es,

                        para ayudarte después

                        a pedir piedad al cielo.

                        CUPIDO   Dulce madre mía,

                        Lucero el mayor,

                        que del cielo esmalta

                        su azul pabellón;

                        divino planeta,

                        celeste esplendor,

                        prólogo del día,

                        preludio del sol,

                        a quien por benigna,

                        Júpiter le dio

                        del tercero cielo

                        la jurisdicción:

                        yo tuve con Febo,

                        cuando, cazador,

                        con valiente brazo

                        dio muerte a Fitón,

                        la cuestión que sabes,

                        de que procedió

                        el laurel de Dafne

                        con alma y sin voz,

                        quejóse a los dioses,

                        llamóme traidor;

                        no sé cuál de todos

                        a todos vengó.

                        Hay una serrana,

                        destos valles flor,

                        gloria de su aldea,

                        de su prado honor,

                        basilisco en vista,

                        humano y feroz,

                        ángel en belleza,

                        fiera en condición.

                        Nunca con tal risa

                        las hojas abrió

                        la rosa al rocío

                        del primero albor,

                        cuando Abril la esmalta

                        del rojo arrebol,

                        que ocultaba el Marzo

                        en verde botón:

                        parece que el cielo

                        jazmines tomó

                        para hacer al rostro

                        cándido color.

                        Si pintar quisiera

                        tanta perfección,

                        recibiera agravio

                        su eterno pintor.

                        Quien mira su brío,

                        dice con razón

                        que la primavera

                        por allí pasó.

                        Yo la vi una fiesta

                        que al valle salió;

                        no sé qué me dijo,

                        prestéla atención;

                        que el oír al ver

                        siempre fue veloz.

                        Miróme al descuido,

                        cuidado me dio;

                        que en viendo los ojos,

                        ¡ay del corazón!

                        Reparando en ella,

                        un helado ardor

                        discurrió mis venas

                        y la alma llegó.

                        Pregunté la causa

                        del nuevo vigor,

                        respondióme el alma,

                        madre, que era yo;

                        de suerte, señora,

                        que yo mismo soy

                        el amor que tengo,

                        pues muero de amor.

                        Nunca su ponzoña

                        al áspid mató,

                        como a mí me mata

                        mi propio dolor;

                        del aljaba pienso

                        que se me cayó,

                        yendo a recostarme,

                        algún pasador,

                        y por este lado

                        de suerte me hirió,

                        que Amor, que era uno,

                        se ha partido en dos,

                        a cuanto le digo,

                        me responde: «No»,

                        porque todos dicen

                        que quiere un pastor;

                        como es igual suyo

                        presto se rindió,

                        que amores iguales

                        verdaderos son;

                        tales partes tiene,

                        que celoso estoy;

                        que hay gustos que dejan

                        por un hombre, un dios.

                        Ella viene, madre,

                        voyme de temor;

                        dile que me quiera

                        si tu hijo soy,

                        de mí no se queje

                        ningún amador,

                        yo renuncio el arco,

                        madre, desde hoy;

                        Sirena le tenga,

                        que al Amor venció;

                        madre, ya soy celos,

                        ya no soy Amor.

                        Vase.

                        Salen Sirena y Silvia.

                        VENUS   Con justa razón se queja

                        Amor. ¡Qué gentil mujer!

                        Mas necia debe de ser

                        si un dios por un hombre deja,

                           que implica contradicción

                        ser amor y no le amar.

                        SILVIADe hoy más te puedes llamar

                        vengadora, y con razón,

                           de las mujeres que amaron

                        y que mal pagadas fueron

                        pues que tus ojos rindieron

                        a quien a tantos negaron:

                        notable dicha has tenido.

                        SIRENASilvia, yo no estoy contenta,

                        porque, cuando el Amor sienta

                        que por Alcino le olvido,

                           querrá, con desconfianza,

                        vengarse en los dos celoso.

                        SILVIANo hará; que en un poderoso

                        es bajeza la venganza.

                           Si un hombre de gran fortuna

                        dos mil virtudes tuviese,

                        como vengativo fuese,

                        no tiene virtud ninguna;

                           que es ofensa del valor

                        el no saber perdonar.

                        SIRENADirá Amor que es castigar

                        mi amor porque es dios de amor.

                           Ve, Silvia, y llámame a Alcino,

                        hable con mi padre luego,

                        que Amor, de sí mismo ciego,

                        podrá hacer un desatino;

                           casémonos, que después

                        él me guardará mejor.

                        SILVIAYo voy.

                        SIRENA             ¿Qué me quiere Amor?

                        Si es amor, lo mismo es

                           querer a quien he querido.

                        VENUSA verte sola esperaba,

                        menos arrogante y brava,

                        más amor, menos olvido;

                           la madre del Amor soy,

                        Sirena, a quien tratas mal.

                        SIRENAYo, planeta celestial,

                        en tu misma esfera estoy;

                           no soy ninfa de Diana,

                        ni sus ejercicios sigo

                        por estas selvas.

                        VENUS                         No digo

                        que no procedes humana

                           en querer a quien te quiere,

                        pero no de mejorarte,

                        pudiendo en más alta parte,

                        tu injusto desdén se infiere;

                           si mi Cupido te adora,

                        ¿cómo ofendes su deidad

                        con ajena voluntad?

                        SIRENAAntes presumo, señora,

                           que le ofendiera en mudarme,

                        pues siendo amor verdadero,

                        en sabiendo que a otro quiero,

                        podrá su ley castigarme.

                        VENUS   ¿Serás la primer mujer

                        que a dos en un tiempo quiera?

                        SIRENASeré la mujer primera

                        que a entrambos pueda querer;

                           el amor ha de ser uno,

                        esto bien lo sabéis vos,

                        porque la que quiere a dos,

                        no quiere bien a ninguno.

                        VENUS   Poco sabes del papel

                        del amoroso teatro,

                        porque a dos, a tres y a cuatro

                        puede entretenerse en él.

                        SIRENA   Entretener no es amar.

                        VENUSPues no ames y entretén.

                        SIRENAQuiero bien, y querer bien

                        nunca dio tanto lugar;

                           que a la mujer que es dichosa

                        en querer quien la ha querido,

                        no le ha de quedar sentido

                        para querer otra cosa.

                        VENUSMuchos galanes, señora,

                        acreditan la hermosura.

                        SIRENALa mujer que honor procura

                        sin buena fama, no es buena.

                        VENUS   Nunca la verdad se infama;

                        la virtud ha de vencer.

                        SIRENA¿Qué virtud puede tener

                        quien no tiene buena fama?

                        VENUS   A la virtud que es segura,

                        no ofenden injustos nombres.

                        SIRENAEn habiendo muchos hombres,

                        es oficio la hermosura.

                        VENUS   ¡Qué bachillera cansada!

                        SIRENAObrar bien no es hablar mal.

                        VENUSMétete monja vestal.

                        SIRENA¿Para qué si estoy casada?

                        VENUS   No has de gozar lo que quieres.

                        Vase.

                        SIRENASerá injusto tu rigor,

                        o enemigos del honor,

                        mujeres para mujeres:

                           ¡Qué consejos de una diosa!

                        ¡Cuántas se pierden ansí!

                        Voces de pastores, con silbos y estallidos de hondas.

                        Dentro.

                        ¡Aquí, pastores, aquí!

                        SIRENADe todo estoy temerosa.

                        Dentro.

                           ¡Al lobo, al lobo, pastores!

                        Salga Bato con pellejo de lobo atado al pescuezo, que le

                        cubre las espaldas, y la cabeza metida por la suya.

                        BATO¡Qué desdicha! ¡Muerto vengo!

                        ¿Adónde podré esconderme?

                        SIRENA¡Ay, triste! Una fiera veo:

                        ¿Por adónde podré huir?

                        BATOPor Dios, Sirena, te ruego

                        que me defiendas.

                        SIRENA                           Él habla:

                        ¡cielos, qué animal tan fiero!

                        Sátiro o fauno, ¿qué quieres?

                        ¿Tan presto te vengas, Venus?

                        BATOQue no soy sastre ni macho.

                        SIRENA¿Eres centauro?

                        BATO                        ¡Eso es bueno!

                        ¿Yo cigarro?

                        SIRENA                   Pues ¿quién eres?

                        ¡Ay, Dios!

                        BATO                Un lobo moderno,

                        que aun no estoy examinado.

                        SIRENA¿Lobo? ¡Socorredme, cielos!

                        Venus le envía a matarme.

                        BATO¿Qué viernes o qué embeleco?

                        Mírame bien, que yo soy;

                        ¿tengo, por dicha, otro gesto

                        del que tuve siendo Bato?

                        SIRENA¡Ay, Bato! Perdona el miedo:

                        ¿Podré tentarte la cara?

                        Él es, ¿qué dudo?

                        BATO                           ¿Tan presto

                        me desconoces, Sirena?

                        SIRENAEl temor, Bato, es tan ciego,

                        que cree lo que imagina;

                        pero dime, ¿quién te ha puesto

                        desta suerte?

                        BATO                   Amor, Sirena.

                        SIRENA¿Tú tienes amor?

                        BATO                          ¿No tengo

                        mis diez y nueve sentidos,

                        sin los demás movimientos?

                        ¿No sabes que quiero a Silvia?

                        Díjome que por secreto

                        viniese en forma de lobo;

                        que hay vecino que del sueño

                        se quitan por acechar

                        si hay en la calle requiebro.

                        Yo, Sirena, que no estaba

                        ducho a ser lobo, el pellejo

                        que ves le quité a Diana,

                        porque me lo dijo Febo.

                        La Diosa, con el enojo,

                        cuando las cabañas entro,

                        solicitó los pastores

                        de valles, montes y cerros:

                        juntáronse contra mí;

                        yo, como era lobo nuevo

                        y no sabía el oficio,

                        en cuatro pies iba huyendo;

                        pero como no sabía,

                        apenas en pie me vieron,

                        huyeron, imaginando

                        que fuese algún dios mostrenco;

                        porque hay en Arcadia tantos

                        que ya nos damos con ellos,

                        pues solamente no es dios

                        el que no tiene dinero.

                        De pedradas, finalmente,

                        y mordeduras de perros,

                        que por poco me mataran,

                        tal he quedado, que creo

                        que soy lobo, y así voy

                        a llevarle su pellejo

                        y pedir que me perdone;

                        que Amor, autor de embelecos,

                        tuvo la culpa de todo.

                        SIRENAÉl viene, y viene a buen tiempo:

                        pídele, Bato, justicia

                        de Silvia.

                        BATO              Ya no me atrevo;

                        que como andan estos dioses

                        con tantos enojos, temo

                        que me convierta en gazapo,

                        o por ventura en vencejo;

                        y conozco un arcabuz

                        que está en tirallos tan diestro,

                        que ha despoblado los aires,

                        y no se halla uno dellos

                        por un ojo de la cara:

                        pues si en toro me convierto,

                        sin que lo sepa la muerte,

                        dará conmigo en el suelo.

                        Vase.

                        Sale Cupido.

                        CUPIDO¡Oh, bellísima Sirena!

                        No sin causa tan amenos

                        hallé los prados de Arcadia,

                        que obedientes florecieron

                        a la estampa de tus pies.

                        Pienso que mi madre Venus

                        habló ya contigo.

                        SIRENA                          Aquí

                        me dijo tu pensamiento;

                        yo le respondí que amaba

                        y que, amando, fuera yerro

                        culpable amar otro amor.

                        Dilo tú como maestro

                        de amar, y como quien es

                        el legislador y dueño

                        desta universal razón;

                        di que sin culpa me siento,

                        pues tú fuiste quien de Alcino

                        me enamoró; mas yo quiero

                        quererte si tú me das

                        la libertad para hacerlo.

                        Desenamórame, Amor.

                        CUPIDOSi soy Amor, cómo puedo

                        ser desamor? Ese oficio

                        hace la ausencia, los celos

                        o la ingratitud.

                        SIRENA                      Pues todo

                        te ofrece el mismo remedio;

                        cánsate de verme ingrata,

                        y pues celoso te veo

                        de Alcino, auséntate, Amor;

                        mas ¿cómo ignoras, con serlo,

                        que amor con amor se cura?

                        Quiere bien otro sujeto:

                        podrá desenamorarte.

                        CUPIDOToma tú el mismo consejo,

                        y enamórate de mí:

                        verás cómo olvidas luego

                        a Alcino.

                        SIRENA              No puede ser,

                        si no me quitas primero

                        el amor que tú me diste.

                        Salen Silvia y Alcino.

                        ALCINOMucho, Silvia, le agradezco

                        que quiera que hable a su padre;

                        que temo algún mal suceso

                        como el de Dafne, que hoy lloran

                        con turbias aguas Peneo

                        y el Príncipe de Tesalia,

                        que emprendió su casamiento.

                        SILVIAElla, que te adora, Alcino,

                        quiere poner tierra en medio

                        con casarse; que este Amor

                        anda en perseguirla necio,

                        cuanto ella en aborrecerle

                        discreta.

                        ALCINO             Detente. ¡Ay, cielo!

                        ¿No es Cupido aquel? ¡Ay, Silvia,

                        qué buen aborrecimiento!

                        Amor y Sirena juntos.

                        SILVIASí, pero yo diferencio

                        el hablar por accidente

                        de haber sido por conciertos.

                        ALCINONo, Silvia, en la selva solos;

                        si del mismo Amor no tengo

                        celos, ¿de quién quieres, Silvia,

                        que tenga en el mundo celos?

                        SIRENAAmor, Alcino está allí;

                        que no le demos, te ruego,

                        celos; que te doy palabra

                        de amarte en llegando el tiempo

                        de llevar a la montaña

                        el ganado, pues con esto

                        y su ausencia habrá lugar.

                        CUPIDOEl capítulo primero

                        de amar, es obedecer;

                        yo me voy, y te obedezco.

                        Vase.

                        ALCINONo sé cómo acierte a hablarla.

                        SIRENANunca tuve más deseo

                        de verte, mi Alcino.

                        ALCINO                              Aparta

                        los brazos, detén el pecho;

                        que si en él ha entrado amor,

                        ¿cómo podrán estar dentro

                        dos amores? Muchos años

                        le goce; que yo no emprendo

                        competencia con los dioses:

                        ni soy Tifón ni Japeto.

                        SIRENA¿Qué dices? ¿Estás en ti?

                        ALCINOEn ti no estoy, que es lo cierto;

                        ni en mí, que, si en mí estuviera,

                        nunca viera lo que veo,

                        con los ojos no hay engaño;

                        adiós, que al monte me vuelvo:

                        si bajare al prado, plega...

                        SIRENABueno está sin juramento;

                        vete, pues gustas, Alcino,

                        de tratar con tal desprecio

                        a quien deja un dios por ti.

                        ALCINO¿Tú le dejas?

                        SIRENA                    Yo le dejo.

                        ALCINO¿Cómo, si le tienes?

                        SIRENA                              ¿Yo?

                        SILVIABuenos andáis de conceptos;

                        ea, Alcino, habla a Sirena.

                        ALCINO¿Que la hable yo primero?

                        SILVIAQuédate ahí como él plega;

                        que se está el cielo riendo

                        de los amantes perjuros:

                        Sirena, no des con esto

                        venganza a Amor, da los brazos

                        a Alcino.

                        SIRENA              ¿Quién, yo primero?

                        SILVIA¡Que venganzas tiene Amor

                        tan tiernas!

                        SIRENA                Yo no me vengo.

                        ALCINOPues si yo también me enojo.

                        SIRENAPues confiese, como es cierto,

                        que yo no he tenido culpa.

                        ALCINOQue soy tu esclavo confieso,

                        y que mis brazos te doy.

                        SIRENA¡Ay, Alcino! ¡Ay, Dios! ¡Ay, muero!

                        Estará de pies Sirena en la trampa del teatro, y al

                        abrazarse los dos, se hundirá Sirena.

                        ALCINO¡Oh, Júpiter soberano!

                        Sirena, Sirena, ¿quién

                        te lleva?

                        Dentro Sirena.

                        SIRENA             ¡Alcino!

                        ALCINO                         ¡Mi bien!

                        Pero ¿qué te llamo en vano?

                        SILVIA   ¡Qué desdicha! Por aquí

                        se entró.

                        ALCINO              Seguiréla yo.

                        Salga una fuente de agua hacia arriba.

                        SILVIAEn agua se convirtió.

                        ALCINOLo mismo será de mí,

                           Sirena del alma mía;

                        agua son ya tus despojos,

                        pues hechos fuentes mis ojos,

                        te harán, de hoy más, compañía;

                           heroica hazaña de amor

                        convertir en agua el fuego,

                        por ver si en ella me anego;

                        más fue industria que valor:

                           vuélveme en agua, y tendremos

                        un mismo fin; vengarás

                        tu pecho; mas no, querrás

                        para que no nos juntemos.

                           ¡Triste padre cuando oyere

                        el suceso, y triste yo:

                        selvas, Sirena murió;

                        selvas, Alcino se muere!

                        Vase.

                        SILVIA   Airados están los dioses,

                        Arcadio, contra tus selvas.

                        Sale Bato.

                        BATOAquí está Silvia, alahé;

                        que, aunque nunca Amor se venga,

                        me lo ha de pagar ahora.

                        Pues Silvia, ¿es buena conciencia

                        que me pongas por quererte

                        en hábitos que me muerdan

                        cuantos perros tiene el monte,

                        que los hay de mil maneras,

                        invisibles y visibles?

                        SILVIA¡Ay, Bato, que desas quejas

                        no es tiempo ahora! Cupido,

                        viendo inútiles sus flechas,

                        convirtió a Sirena en agua.

                        BATO¿Tenemos otra lobera?

                        SILVIAPluguiera a Dios: por aquí,

                        Bato, asoma la cabeza;

                        verás qué fuente tan linda.

                        BATOMas qué, ¿me arrojas en ella?

                        SILVIA¿Estas lágrimas son burla?

                        Sale una llama de fuego.

                        BATOVoy a verla. ¡Que me queman,

                        que me abrasan!

                        SILVIA                         ¿No era fuente?

                        BATOChamuscóme las guedejas.

                        Cae un lienzo de lo alto en forma de palacio, que

                        dejándolos en el teatro a los dos, cubre todo el monte.

                        SILVIA¡Ay, Bato! ¿Quién por el aire,

                        sin que los cuerpos lo sientan,

                        nos ha traído a esta casa?

                        BATOSilvia, tú eres hechicera;

                        que desde aquello del lobo,

                        no es posible que no seas

                        o la hija del Sil, Circe,

                        o la de Colchos, Medea.

                        SILVIA¿Yo? ¿Cómo si estoy sin mí?

                        Ni ¿qué encantadora hubiera

                        que formara este palacio?

                        BATOLas columnas que sustentan

                        la machina son de jaspe

                        y de mil preciosas piedras.

                        SILVIALocos debemos de estar,

                        porque por aquella puerta,

                        si no es engaño o es sueño,

                        salen Cupido y Sirena.

                        BATO¡Sirena está viva! Júpiter

                        con bien me vuelva a mi tierra,

                        que desde lo del pellejo

                        ande, como ánima en pena.

                        Salen Cupido y Sirena, y criados que les ponen sillas.

                        CUPIDO   Sirena, yo soy Amor;

                        no temas, yo vivo aquí,

                        todo lo que ves, fingí

                        de celos de tu pastor.

                        SIRENAJusto ha sido mi temor,

                        dulce Cupido, hasta verte;

                        que fuera venganza fuerte

                        e indigna de tu poder,

                        por querer y no querer

                        darme tan injusta muerte.

                        CUPIDOSiéntate.

                        SIRENA             Dime quién son

                        los que te sirven aquí.

                        CUPIDOLos celos, que van tras mí,

                        linces en toda traición,

                        la fineza, la ocasión,

                        la esperanza y la mudanza.

                        SIRENABuen criado la esperanza.

                        CUPIDOY entre éstos, con plaza igual,

                        los que siempre sirven mal.

                        SIRENA¿Quién?

                        CUPIDO            La ausencia y la venganza;

                        mas por que segura estés,

                        llega, Silvia; llega, Bato.

                        SIRENASerán los dos en retrato.

                        CUPIDOSerán los mismos que ves.

                        BATODanos, señora, los pies.

                        SILVIAY en albricias de tu vida,

                        que yo los brazos te pida.

                        BATOEstoy de contento loco.

                        CUPIDO¡Hola! ¡Mientras duermo un poco,

                        aperciban la comida.

                        BATO   Esta sí que es buena casa;

                        que sin comer no hay placer,

                        porque hay dios que sin comer

                        toda la vida se pasa.

                        SILVIANunca del Amor fue escasa

                        la mano; aquí comerás

                        ambrosía.

                        BATO               Por jamás

                        supe yo que era ambrosía:

                        di que me den ollería,

                        que de eso conozco más.

                        SIRENA   Quedóse dormido Amor.

                        SILVIADebe de andar desvelado:

                        cuando tiene el bien hallado,

                        duerme un amante mejor.

                        BATOPor allí suena rumor.

                        Baja Diana por el aire.

                        DIANADe esta suerte, mi venganza

                        a Venus y a Amor alcanza.

                        SIRENA¡Ay, Dios! ¿Quién me lleva?

                        DIANA                                           Yo.

                        Asiendo Diana a Sirena, vuelan juntas.

                        BATOSilvia, todo se mudó.

                        SILVIATodo es venganza y mudanza.

                        El palacio se sube arriba, y queda descubierto el monte.

                        CUPIDO   ¿Qué es eso, Sirena mía?

                        BATO¿Cuál Sirena? Aquí bajó

                        quien volando la llevó

                        por adonde nace el día.

                        SILVIAEn la cabeza traía

                        una luna plateada.

                        CUPIDO¿Qué es esto, Diana airada?

                        ¿En fe de tu castidad

                        te atreves a mi deidad?

                        ¿Ya no estabas bien vengada?

                           ¡Vive el cielo, que has de arder

                        de amores de Endimión,

                        si tanta contemplación

                        poderosa puede ser!

                        Estos deben de tener

                        la culpa por no avisarme.

                        ¡Matarlos quiero y matarme!

                        BATO¡Huye, Silvia, que está loco!

                        SILVIA¡Muerta soy!

                        Huyen los dos.

                        CUPIDO                    ¡No lo estoy poco

                        de amor y de no vengarme!

                           Bien se conoce que ha sido

                        venganza de cielo y tierra

                        este rigor, esta guerra,

                        este desdén, este olvido:

                        ¿Yo rendido, yo vencido,

                        yo celoso y despreciado?

                        ¿Quién hubiera imaginado?

                        O ¿cómo pudiera ser

                        que el mundo llegara a ver

                        el Amor enamorado?

                           Conjurados contra mí

                        los dioses, dieron lugar

                        que se pudiese vengar

                        Diana y Febo de mí:

                        poder y nombre perdí;

                        veneno tan abrasado;

                        mas fuerte fue quien me ha dado

                        que Amor de mi propio amor,

                        soy, para pena mayor,

                        el Amor enamorado.

                           Montes, la locura mía

                        crece en venganza de Febo

                        y aunque en el amor no es nuevo,

                        no era yo quien le tenía:

                        yo le daba y repartía,

                        quedándome descuidado,

                        y hoy tengo, sin ser amado,

                        el amor que a todos di,

                        para que se viese en mí

                        el Amor enamorado.

                           Si de la muerte el rigor

                        mata, la muerte no muere,

                        lo mismo de amor se infiere

                        ¿cómo muere Amor de amor?

                        Mas ¿de qué sirve el furor,

                        si no voy desesperado

                        a vengarme del cuidado

                        que mi propio amor me da?

                        guardaos, mortales, que va

                        el Amor enamorado.

                        Vase.

                        Salen Febo y Diana.

                        FEBO   Estoy agradecido,

                        bellísima Diana,

                        del castigo que has dado justamente

                        al bárbaro Cupido,

                        no sólo yo, mas cuanto de la humana

                        historia el mundo reconoce y siente.

                        DIANAFebo, la novedad del accidente

                        de amor le vuelve loco.

                        FEBOPara lo que merece, todo es poco.

                        DIANA   Lo que importa es casar los dos amantes,

                        que puede ser que intente un desvarío

                        en los que menos pueden.

                        Salen Liseno, viejo, padre de Sirena, y Alcino.

                        LISENOMis lágrimas, Alcino, son bastantes

                        a vencer la corriente deste río

                        cuando las suyas por su Dafne exceden

                        las ondas desa mar.

                        ALCINO                              Si de Sirena,

                        Liseno, hubieras visto la desdicha,

                        más fuera tu dolor, mayor tu pena.

                        LISENO   ¿Soy fiera yo, por dicha,

                        de los montes rifeos?

                        ¿Serán más eficaces tus deseos

                        que la naturaleza?

                        Yo lamento, mi ser, tú su belleza:

                        ¿qué amor, que sentimiento

                        puede igualar a un padre?

                        ALCINO                                       El de su

                        esposo,

                        pues concertado ya mi casamiento,

                        la pierdo con un fin tan lastimoso.

                        LISENO   Piadoso el cielo fuera,

                        si el cuerpo de Sirena me dejara,

                        que a un mármol consagrara,

                        donde sus honras fúnebres hiciera

                        con llanto del Arcadia; mas el cielo

                        aun no me quiso dar este consuelo.

                        DIANA   El viejo padre me enternece, Febo.

                        FEBODiana, pues con él viene su esposo,

                        antes que algún engaño intente nuevo

                        el ofendido Amor, será forzoso

                        que llegue el desengaño.

                        DIANALo que es razón intentas.

                        FEBOLiseno.

                        LISENO           Febo ilustre.

                        FEBO                              ¿Qué lamentas?

                        LISENO   A Sirena, mi hija, que me ha muerto

                        con un traidor engaño,

                        por tu venganza, Amor.

                        FEBO                                    Sirena vive.

                        ALCINO¿Cómo, si yo la vi morir?

                        FEBO                                      Sí es cierto

                        los brazos le apercibe,

                        y tú de esposo la dichosa mano,

                        que fue de Amor el pensamiento vano.

                        Abriéndose el templo de Diana, se ve a Sirena en él.

                        LISENO   Pastores destas riberas

                        que visteis mi tierno llanto,

                        venid a ver mi alegría:

                        ¡Sirena vive!

                        SILVIA                   Lisardo,

                        Jacinta, ¡corred, llegad!

                        Los pastores y pastoras salen con instrumentos, y Silvia

                        y Bato.

                        BATO¿De quién ha sido el milagro?

                        LISENODe Febo y Diana.

                        BATO                           Quisiera

                        echarme a los pies de entrambos,

                        ya que ayer se me perdió

                        una borrica en el prado:

                        por ventura sabrán della,

                        y yo les daré su hallazgo.

                        Cantan los músicos.

                        MÚSICOS   Vivan Febo y Diana,

                        gocen sus rayos,

                        y Sirena y Alcino

                        se den las manos.

                        En este baile y relinchos entren Venus y Cupido, y los

                        aparten.

                        CUPIDO   Eso no, mientras yo tengo

                        imperio de los humanos

                        corazones: Amor soy,

                        que vengo a vengar mi agravio.

                        VENUSY yo soy Venus, Diana;

                        que si los dos sois hermanos,

                        Cupido es mi hijo.

                        DIANA                            Venus,

                        los dos quedarán casados

                        porque es justo; vete a Chipre,

                        que son intentos bastardos

                        de la autoridad de dioses.

                        VENUS¿Tú conmigo?

                        FEBO                     ¡Venus, paso!

                        ¡Mi hermana es Luna en el cielo!

                        VENUS¿Qué importa, si es el más bajo?

                        FEBOEn el centro Proserpina,

                        Diana en selvas y campos.

                        BATOTemo que se han de matar,

                        que ya aperciben los arcos.

                        SILVIA¡Ay, Bato! ¡El cielo se rompe!

                        ¡Todo es trueno, todo es rayos!

                        En este ruido baje en un águila Júpiter.

                        JÚPITERDioses, ¿queréis, por ventura,

                        con tan recios desagravios,

                        desconcertar la armonía

                        de los cielos soberanos?

                        Tú, Venus, ¿desde el tercero

                        quieres oponerte al cuarto

                        Príncipe y Rey de la luz

                        del estrellado teatro?

                        VENUSYo, señor, desde aquí digo

                        que mi hijo y yo dejamos

                        a tu arbitrio la sentencia.

                        JÚPITERSi Febo por tus engaños,

                        Amor, a Dafne perdió,

                        la razón, a quien han dado

                        nombre de alma de la ley,

                        dice que es derecho llano

                        que Amor no goce a Sirena.

                        ALCINOComo de Júpiter santo

                        es la sentencia.

                        CUPIDO                       No importa;

                        de él y de todos aguardo

                        vengarme presto.

                        ALCINO                          Yo sea,

                        Sirena mía, entretanto

                        tu esposo, y vénguese Amor.

                        BATOSeñor Jopiter sagrado,

                        antes que se vuelva al cielo

                        en ese buitre volando,

                        mande a Silvia que me quiera.

                        JÚPITER¡Silvia!

                        SILVIA          ¡Señor!

                        JÚPITER                     ¡Quiere a Bato!

                        SILVIAYo te obedezco.

                        FEBO                         Y aquí,

                        divino planeta cuarto,

                        Luna, madre de otro sol,

                        que gocéis por muchos años,

                        dé fin en vuestro servicio

                        El Amor enamorado.

           

           

           

                El amor enamorado

                            Lope de Vega     

           

                        Copyright © Universidad de Alicante, Banco Santander

                        Central Hispano 1999-2000

           

   

 

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