© Libro N° 14491. El Triunfo Del Hombre. Izcaray, J. Emancipación. Noviembre 15 de 2025
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EL TRIUNFO DEL HOMBRE
J. Izcaray
El Triunfo
Del Hombre
J. Izcaray
Cuadernos de Cultura
Madrid 1953número 13
páginas 7-11
El Triunfo Del Hombre
I. Dos leyes, dos mundos
«Nuestro Partido seguirá manifestando incansable solicitud por
satisfacer al máximo las necesidades siempre crecientes de los ciudadanos
soviéticos, pues el bien del hombre soviético, la prosperidad del pueblo
soviético, es la ley suprema para nuestro Partido».
Con estas palabras cerró el camarada Malenkov en el XIX Congreso del
Partido Comunista de la Unión Soviética el impresionante capítulo de su informe
específicamente dedicado a la elevación continua del bienestar material y del
nivel cultural del pueblo, soviético.
Desde entonces apenas han pasado nueve meses pero comparemos algunas
cifras dadas en el Congreso con sus equivalentes actuales. Por ejemplo, en 1951
los almacenes del Estado las cooperativas habían aumentado sus ventas con
relación a 1940: carne y sus derivados: en un 80%; pescado y sus derivados; en
un 60%; aceite y otras grasas en dos veces más; azúcar en un 70%; tejidos: en
un 80%; calzado en un 50%. Pues bien, en 1952 la venta de estos artículos a la
población aumentó respecto a 1951: carne en un 10%; pescado en un 13%; materias
grasas: en un 17%; azúcar: en un 20%; tejidos de seda: en un 20%; tejidos de
punto: en un 17%; confección: en un 11%; medias: en un 11%; calzado: en un 15%.
El aumento de ventas, –¡buen índice del ascenso del nivel de vida!– alcanza a
todos los artículos de amplio consumo y es incesante. En el primer semestre de
1953 los almacenes de Estado y las cooperativas han vendido a la población un
15% más de mercancías que durante el primer trimestre de 1952.
Entre 1947 y 1953, en virtud de seis bajas sucesivas, les precios de los
productos alimenticios y de los artículos industriales descendieron en las
siguientes proporciones: pan, en un 64%; carne, en un 64%; mantequilla, en un
66%; azúcar en un 57%; pescado, en un 50%; tejidos, en un 35%; bicicletas, en
un 59%; relojes, en un 61%; &c., &c.
En 1951 los ingresos de obreros y empleados, calculados por trabajador,
fueron superiores en un 57% a los de 1940 y en un 60% en lo que se refiere a
los campesinos. En 1952 los ingresos de los primeros aumentaren en un 7% y los
de los segundos en un 8%. Y el nuevo plan quinquenal prevé que el salario real
de los obreros y empleados, teniendo en cuenta las bajas de precios, se elevará
en un 35% y los ingresos de los koljosianos en un 40% como mínimo.
En la URSS se construyen actualmente más de un millón de viviendas por
año.
Para los servicios de asistencia social (Sanidad, instrucción, seguros
sociales, pensiones, subsidios, &c.) fueron asignados en 1940: 40800
millones de rublos. En 1951: 125 mil millones. En 1952: 129.600 millones. En
1953: 139.500 millones. Y cuando se examinan estas partidas es preciso tener
presente que, como consecuencia de las repetidas bajas de precios, el poder
adquisitivo del rublo ha aumentado considerablemente durante todos estos años.
¡Las cifras soviéticas!… ¡Cuán humanas son! Al darnos el monumental
balance de los planes quinquenales o cuando resumen el fruto de trabajo
socialista de cada año, de cada semestre, esas cifras suenan como un himno al
hombre son el pan y las rosas de más de doscientos millones de seres.
El presupuesto para 1953 es una nueva muestra del esfuerzo sistemático
del Estado soviético por elevar el bienestar material y el nivel cultural del
pueblo. Hemos visto la cifra asignada para las necesidades sociales. Al mismo
tiempo los trabajadores contribuirán ese año aI presupuesto (a través de
impuestos, suscripción del empréstito) únicamente con 65 mil millones de
rublos, es decir con 21 mil millones menos que el año precedente. Este año,
pues, los obreros, los koljosianos, los intelectuales, los empleados recibirán
del presupuesto una cantidad superior en 127 mil millones de rublos al total de
sus aportaciones al mismo. De todas las partidas de ingresos de que consta el
presupuesto soviético la mayor, o sea el 86% del total, proviene, de la
industria, de la agricultura y de otras ramas de la economía nacional.
Nuevas e importantes medidas que se traducen en disposiciones
presupuestarias han venido a beneficiar últimamente a los koljosianos:
reducción considerable de las entregas obligatorias, reducción aproximadamente
a la mitad del impuesto en especies pagado por cada koljós y condonación de
todos los atrasos en el pago del impuesto agrícola.
Como consecuencia de estas y otras medidas en favor de los koljosianos,
los ingresos de estos aumentarán este año en más de 13 mil millones de rublos y
en más de 20 mil millones si se realiza el cálculo sobre la base de un año
completo.
Una disminución registramos en el enorme presupuesto soviético para 1953
expresión de la extraordinaria potencia del Estado socialista. Se refiere al
capítulo destinado a la defensa que absorbe el 20,8% del total contra el 23,6%
en 1952.
Algunos contrastes
Es sabido que el Partido Comunista de la Unión Soviética comenzó la
industrialización del país desarrollando impetuosamente la industria pesada
(metalurgia, combustible, energética, construcciones mecánicas). Ahí estaba la
base de toda la industria socialista y esa sigue siendo la base principal de la
economía socialista. Sin eso el Partido Comunista y el pueblo soviéticos no
hubieran podido proteger la existencia del primer Estado socialista del mundo
ni la independencia de su país. La Historia lo ha demostrado suficientemente.
Pero en la actualidad los éxitos obtenidos en el desarrollo de la industria
pesada han creado en la URSS todas las condiciones requeridas para organizar un
rápido aumento en la producción de artículos de consumo popular. «Hasta ahora
–ha declarado encamarada Malenkov en la última reunión del Soviet Supremo– no
teníamos la posibilidad de desarrollar la industria ligera y la de la
alimentación a la misma cadencia que la industria pesada; actualmente tenemos
la posibilidad y por consecuencia el deber de impulsar al máximo el desarrollo
de la industria ligera a fin de asegurar una elevación más rápida del nivel de
vida material y cultural del pueblo».
Serán aumentadas las inversiones en la industria ligera y de la
alimentación. El V Plan Quinquenal prevé un aumento del 65% aproximadamente con
relación a 1950 en la producción de artículos de amplio consumo. Este
porcentaje será sobrepasado sensiblemente.
La tarea urgente que se plantean el Partido Comunista y el Gobierno
soviéticos consiste pues en aumentar considerablemente el abastecimiento de la
población en víveres y artículos industriales, en proporcionarle la abundancia
en unos y otros. Y en la sociedad socialista abundancia de producción quiere
decir precios aún más bajos, consumo todavía mayor.
Mientras en la Unión Soviética se eleva en estas proporciones y a este
ritmo el nivel de vida del pueblo, ¿qué ocurre en los países capitalistas
infinitamente menos castigados por la guerra? En un reciente «Informe sobre la
situación social en el mundo» el Consejo Económico y Social de la ONU se ha
visto obligado a reconocer que actualmente en los países capitalistas de cada
diez seres humanos seis o siete viven subalimentados ,con lo cual ha aumentado
la proporción establecida antes de la última guerra mundial y que era de cuatro
o cinco por diez. Según datos oficiales, a todas luces incompletos, en los
países de Europa occidental existe un déficit de 14 millones de viviendas, de
más de millón y medio en nuestro país si tenemos en cuenta las casas-tugurios
que continúan en uso sin condiciones para ello.
En Francia el poder adquisitivo de las grandes masas del pueblo es hoy
sencillamente la mitad de lo que era en 1939. También ha sufrido un descenso
considerable en Inglaterra donde por añadidura un férreo racionamiento agrava
extraordinariamente las dificultades del proletariado y la pequeña burguesía.
En Estados Unidos, en ese paraíso de los trusts que han extraído de la guerra
de la sangre y el esfuerzo ajenos incalculables ganancias, el salario real de
obreros y empleados ha descendido durante los últimos diez años en un 25%
aproximadamente. En cuanto a España ¿qué diremos de nosotros mismos que dé una
idea de nuestra miseria? Cuantos españoles se ganan o intentan ganarse la vida
con su trabajo saben que el poder adquisitivo de salarios y sueldos es cuatro
veces inferior a 1936.
Como no podía ser por menos el progreso cultural del hombre soviético
corre parejas con la elevación de su bienestar material. Los gastos del Estado
para la instrucción pública han pasado de 22.500 millones de rublos en 1940 a
57.300 millones en 1951 y a 62.100 millones en 1953. El número de personas que
estudian en la URSS ha alcanzado en 1953 la enorme cifra de 67 millones. A
principios de 1952 el número de establecimientos de investigación científica
–2.900– había casi doblado el de 1939 y lo mismo puede decirse en cuanto al
número de trabajadores científicos. En 1952 había en la Unión Soviética 368.000
bibliotecas, 120.000 más que en 1939. En 1952 la tirada anual de libros alcanzó
la impresionante cifra de 800 millones de ejemplares, casi el doble que en
1940. En 1953 se llegará al millar de millones.
En Estados Unidos, donde dicho sea de paso hay más de 10 millones de
analfabetos, el presupuesto oficial, cuya partida para gastos de guerra absorbe
el 74% del total, asigna menos del 1% a la instrucción pública. En Francia el
7,3%. En la URSS si como es obligado se tiene en cuenta no solo el presupuesto
de la Unión sino el de cada una de las repúblicas federadas la asignación para
la enseñanza alcanza el 16%.
Entre 1946 y 1950 la venta de libros descendió en Estados Unidos en un
20%. Para alivio de Eisenhower y Mac Carthy este descenso se ha acentuado en
los tres últimos años y parecido fenómeno puede observarse en Inglaterra y
Francia.
Las causas
En los países capitalistas el bienestar y la cultura son patrimonio de
una minoría; en la URSS son patrimonio de todo el pueblo.
Dos procesos contrarios, dos mundos. Uno reino del hombre, otro galera
del hombre. ¿Por qué? En su última obra «Los problemas económicos del
socialismo en la URSS» el camarada Stalin nos dio una explicación precisa,
completa, día a día. Es así porque la ley económica fundamental del capitalismo
moderno tiene por rasgos principales y por principales exigencias «asegurar el
máximo beneficio capitalista, mediante la explotación, la ruina y la
depauperación de la mayoría de los habitantes del país dado, mediante el
avasallamiento y el saqueo sistemático de los pueblos de otros países,
principalmente de los países atrasados, y, por último, mediante las guerras y
la militarización de la economía nacional, a las que se recurre para asegurar
el máximo de beneficio».
Esta, implacable ley del beneficio máximo, que se abate ferozmente sobre
nuestro pueblo, que para millones de españoles se traduce en dos palabras
trágicas: (miseria, ruina) condena a la inmensa mayoría de los hombres y
mujeres que pueblan los países capitalistas a terribles sufrimientos, a la
estrechez en el mejor de los casos, a la indigencia en los más, a la
explotación despiadada y al paro, a la incultura y a la guerra. Para esa ley
sangrienta el consumo, el reparto de lo producido no interesa más que en la
medida que aseguran e beneficio. Para esa ley el hombre no cuenta más que como
materia prima apta humana apta únicamente para ser explotada.
En la URSS elévanse constantemente el bienestar material y el nivel
cultural del pueblo, del hombre, porque en contraposición a la ley fundamental
que rige la economía capitalista los rasgos y exigencias esenciales de la ley
económica fundamental del socialismo, definida igualmente por Stalin, consiste
en: «asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y
culturales,m en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo
y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producción socialista sobre la
base de la técnica más elevada». «El fin de la producción socialista no es el
beneficio sino el hombre con sus necesidades», añade el camarada Stalin en la
misma obra.
Con estas palabras, no solo definición magistral de un principio sino
rúbrica de la realidad soviética, los constructores del socialismo responden a
las que escribieron un siglo antes Marx y Engels en el «Manifiesto Comunista»
en el «cantar de los cantares del marxismo»: «En la sociedad burguesa el
trabajo vivio no es más que un medio de aumentar el trabajo acumulado. En la
sociedad comunista el trabajo acumulado no es más que un medio de ampliar, de
enriquecer y de embellecer la existencia de trabajadores».
Las causas de ese constraste tan radical, tan tajante, están pues en la
esencia misma de dos sistemas. Por eso en todos los países de democracia
popular, derribado el poder capitalista y en marcha hacia el socialismo, los
pueblos salen de la miseria y la incultura y su nivel de vida material y
cultural se eleva constantemente pese a las dificultades ingentes que los
gobiernos populares han de vencer, pese al sabotaje, a los complots y
provocaciones imperialistas. Por eso, conmovidos y esperanzados, los trabajadores
y hombres progresivos de la Tierra comprueban, hechos a la vista que para todos
los Partidos Comunistas en el Poder la tarea esencial y la preocupación
primordial consiste en elevar, al ritmo posible de cada momento histórico, el
bienestar y el nivel cultural del pueblo. Es la gran evidencia de nuestra
época: allí donde el Poder del capital ha pasado a los desvanes de la Historia,
allí donde ha dejado de imperar la siniestra ley del beneficio máximo, la
condición humana mejora rápidamente.
En el socialismo las fuerzas productivas son puestas, no al servicio de
intereses privados capitalistas, sino al servicio de toda la sociedad.
Liberadas de las cadenas, del freno que en nuestros días constituyen para ellas
las relaciones de producción capitalistas, las fuerzas productivas crecen a un
ritmo impetuoso garantizando un bienestar creciente al pueblo, la satisfacción
de las necesidades de una sociedad y de un hombre cada día más cultivados y por
lo tanto con exigencias materiales y culturales cada día mayores. Esa es la
gran fuerza de la revolución socialista.
El régimen socialista ofrece pues, y etapa tras etapa lo comprobamos en
el espejo soviético, posibilidades inmensas al desarrollo de la economía
nacional y a la progresión del bienestar y de la cultura de los pueblos.
Mientras tanto en los países capitalistas todo empeora para los obreros, para
los campesinos, para los intelectuales, para la inmensa mayoría de la
población, con la agonía del sistema. Hace mas de medio siglo que el
capitalismo ha llegado a su estadio último, el estadio imperialista. Y el imperialismo
sólo ofrece a los pueblos vasallaje y saqueo, guerra y fascismo. En los países
de economía poco desarrollada como España, también una reducida oligarquía
financiera monopolista y parasitaria concentra en sus manos la mayor parte de
la riqueza nacional a costa de la miseria de los trabajadores y de la ruina de
la pequeña y media burguesía, acrece en términos indescriptibles la explotación
y la opresión y, vinculándose más y más al imperialismo extranjero, le entrega
la patria a cambio de una protección que le permita seguir viviendo… o por lo
menos agonizando. En todos los países el capitalismo en descomposición de
nuestros días no sólo es incapaz de hacer avanzar a la humanidad por caminos de
progreso sino que deja a un número cada día mayor de hombres carentes de la
satisfacción de sus necesidades mínimas: pan y techo.
El capitalismo transforma al hombre en una mercancía, en un medio para
el capital de acumularse y reproducirse. En la sociedad comunista, en las dos
fases de la sociedad comunista (y la URSS aún está en la primera conocida
comúnmente con el nombre de socialismo) el hombre es un fin en sí mismoy el
sujeto y beneficiario de todo. «El comunismo es la realización del humanismo
práctico», decía Marx.
En los últimos tiempos los capitalistas y sus amanuenses charlan y
escriben sin darse punto de reposo acerca del humanismo, de la dignidad de la
persona humana &c. Qué humanismo es en realidad el suyo y cuál su concepto
de la dignidad de la persona humana nos lo revela, si necesitáramos tal
revelación a estas alturas, el espectáculo que nos ofrece la sociedad
capitalista, un régimen fundado en la explotación y en la violencia, que
mantiene en la miseria y la ignorancia a millones de seres, que degrada y aniquila
al hombre, que cifra todas sus esperanzas de sobrevivir en el terror y la
guerra.
No se eleva al hombre en la miseria, no se eleva al hombre
esclavizándolo.
También las clases dominantes españolas y sus representantes, desde su
espadón siniestro Franco a uno de sus máximos directores «espirituales»,
Herrera Oria, pasando por la jauría de Falange; han dado en la flor de perorar
frecuentemente en torno a la dignidad de la persona humana. La doblez y la
demagogia, llevadas a tan impúdicos extremos se convierten en sangriento
sarcasmo. Los españoles sabemos muy bien qué hemos encontrado tras esa
hipócrita definición «del hombre como portador de valores eternos» y tras las
piadosas prédicas sobre la persona humana prodigadas por una Iglesia que como
tal, como entidad política y social y en contraposición a los sentimientos de
la inmensa mayoría de los católicos españoles, es uno de los pilares de este
régimen de banqueros y latifundistas. Ninguna de las numerosas dictaduras de
nuestra historia moderna ha hallado la dignidad de los españoles hasta el punto
que lo hace esta tiranía que ha llenado España de cadáveres y rejas, de
mendigos y analfabetos, de cuevas y harapos.
Divagando sobre el individuo la burguesía intenta escamotear la
existencia de las clases y su lucha, fomentar el individualismo pequeño
burgués, apartar a sectores de la población, no proletarios, entre ellos a los
intelectuales, de la clase obrera y de su vanguardia, impedirles que se unan a
esta para combatir por la paz, por la democracia, por el socialismo; contra el
capitalismo que se ha transformado en el enemigo del hombre, en el gran
obstáculo que impide el desarrollo de las facultades físicas e intelectuales de
millones de hombres, su desarrollo, su perfeccionamiento, su liberación en
suma.
El respeto a la persona humana, la dignificación de la persona humana,
se practican en la URSS no de labios afuera sino en forma real, creando las
condiciones materiales necesarias para el bienestar del hombre, para el
desarrollo de la personalidad humana, de sus capacidades, de su espíritu, de su
libertad verdadera; dando a hombres y mujeres, cada día en mayor medida, los
medios para que puedan desarrollar plenamente las posibilidades que llevan en
sí.
El paso más grande que se ha dado en la dignificación del hombre es la
supresión de la explotación del hombre por el hombre. Y eso lo han hecho los
comunistas al frente del pueblo.
La felicidad se conquista. Naturalmente para conquistarla es preciso
luchar por ella y para luchar por ella lo primero que hace falta es saber por
qué caminos puede ser lograda. Los ideólogos del imperialismo, imitando en eso
más y más (como en tantas otras cosas) a los ideólogos reaccionarios de tiempos
pasados, tienden espesas nubes del misterio en torno a la naturaleza de esa
aspiración, común a todos los hombres, para concluir casi siempre diciéndonos
que la felicidad no es de este mundo. Considerada hombre por hombre, alma por
alma, complicada es sin duda la cuestión de la felicidad, sujeta a múltiples
contingencias personales, subjetivas e ingenuo sería esquematizar sobre ello.
Mas planteado el asunto en términos generales e indiscutiblemente reales:
¿dónde puede encontrar el hombre las bases sólidas de su felicidad sino es en
la satisfacción de sus necesidades materiales, en la posesión de los medios
para cultivar y elevar su espíritu, en la libertad verdadera que solo puede
darle un régimen que le ha liberado económicamente?
El marximo-leninismo es la herramienta con que los pueblos construyen su
felicidad, a la elevación del bienestar y del nivel cultural del pueblo
soviético, nos hemos referido exclusivamente en este artículo. Para otros
dejamos las cuestiones de libertad, la moral y los derechos de la persona
humana en la sociedad socialista y bajo el capitalismo; igualmente el examen
–elemental, sin duda– del desarrollo de las capacidades y la personalidad del
hombre en el socialismo y el intento de atisbar las cumbres que aquel alcanzará
en la sociedad comunista hacia la cual –construído ya el socialismo– el pueblo
soviético inicia el paso guiado por su glorioso Partido Comunista.
***
«Los escritores y los artistas de la China revolucionaria deben tener la
valentía de penetrar en el pueblo, en las masas. Deben consagrar su corazón y
su cuerpo, sin condiciones y durante un largo período, al pueblo, a la lucha
encarnizada, a la única e inmensa fuente de su obra: observar, sentir,
estudiar, analizar toda clase de gentes, todas las clases, todas las masas,
todas las formas vivas de vida y de lucha, toda la literatura y todo el arte en
su forma bruta. Sólo después es cuando el hombre puede entrar en la fase de la
verdadera creación artística. Sólo es así como se consigue reunir la simiente y
la cosecha, el estudio y la creación. Sino, vuestra tarea será sin objeto
porque no tendréis simiente ni esperanza de cosecha, no conseguiréis jamás crear
algo acabado, seréis un tipo de escritor o artista “vacío de fondo” como
escribe Lou Sin en su testamento para prevenir a su hijo de que no sea así
jamás.»
MAO TSE TUNG. (Discurso pronunciado ante una reunión de artistas y
escritores democráticos en Yenan en 1942.)
II. La libertad
Cada año que pasa le es más difícil a lo burguesía negar que en la URSS
y en las democracias populares el nivel de vida asciende, el bienestar de toda
la población aumenta. Tan desacreditado estribillo queda para uso de los
reaccionarios más necios entre los cuales Franco se lleva la palma. Los más
avisados –el Papa con ellos– renunciando en este caso a la pretensión de querer
tapar el sol con un dedo se esfuerzan por imbuir en las gentes la idea de que
esa elevación del nivel de vida se realiza a costa de la libertad, a costa de
la desaparición de los derechos del individuo y del pueblo. Así pretenden –pues
la policía y el terror no les bastan para lograrlo– contener la poderosa
atracción que el socialismo ejerce sobre los pueblos de los países capitalistas.
En esta zona opaca de la Tierra millones y millones de hombres apagan su
lámpara todas las noches pensando –más o menos lúcidamente– en una vida exenta
de miseria y opresión. Y blandiendo armas y látigos en apoyo de su mentira de
reciente cuño esos predicadores de la burguesía les gritan: Tal vez el
socialismo os dé pan, pero os arrebatará la libertad. No hay libertad fuera de
la democracia burguesa, más allá de este agonizante mundo nuestro.
En el titulado «mundo libre»
Veamos la cuestión con un poco de detenimiento. Lo primero que debemos
plantearnos es lo siguiente: ¿Qué democracia es esa, qué libertad es esa?
Tomémosla, para empezar, en lo que pudiéramos llamar –muy relativamente, desde
luego– sus buenos tiempos, es decir en la época de la burguesía ascendente
cuando esta, considerándose fuerte y arrastrando en pos de sí a amplias masas
populares, no tenía miedo a su propia democracia y frente al feudalismo
defendía las libertades democráticas burguesas como condición de su desarrollo
y garantía de su dominación de clase. Los maestros del marxismo han advertido
que si bien la democracia burguesa significó un gran progreso histórico
respecto al feudalismo fue siempre una democracia hipócrita, angosta «paraíso
para los ricos, trampa y engaño para los explotados, para los pobres», como
dijo Lenin.
¿Es que pueder ser de otro modo en una sociedad donde los medios de
producción y el poder son patrimonio de unos cuantos mientras el resto de los
hombres no poseen otra cosa que sus manos, su saber o su arte, tres mercancías
del mercado del dinero? En esa democracia la igualdad de derechos y de
posibilidades para influir en la gobernación del Estado o cambiarla fue siempre
una igualdad formal, de ningún modo efectivo. Para la burguesía, el poder
económico y político, las escuelas y las imprentas, la policía y las bayonetas,
todos los enormes resortes de coacción y propaganda. Con ellos encadena y
amordaza, confunde y engaña. Para el proletariado y el pueblo, condiciones
reales de existencia que, en lo que les concierne y en el mejor de los casos,
restringen y desvirtúan en forma escandalosa el ejercicio de los derechos
establecidos en las constituciones burguesas. La Historia demuestra que la
democracia burguesa es en realidad una de las formas empleadas por la burguesía
para ejercer su dictadura sobre los trabajadores y las masas populares. Y
cuando los grandes capitalistas han considerado que por esos métodos les
resultaba ya difícil mantener su dominación de clase han instaurado el
fascismo. Así en Alemania, así en Italia y en otros países. Los españoles sabemos
muy bien lo que daba de sí la legalidad de Cánovas y Romero Robledo, de Sagasta
y Romanones, pisoteada, por otra parte sin miramiento al menor soplo del aire.
Sabemos igualmente porque esa es todavía nuestra tragedia, que cuando las
castas feudales y la gran burguesía española, aves de presa enmaridadas sobre
las entrañas del pueblo, se sintieron amenazadas no vacilaron en demoler España
para entronizar sobre sus ruinas un régimen fascista-clerical, el más cruel y
vergonzoso de su historia,tan pródiga en tiranías.
España vive bajo un régimen fascista –se dirá– y no puede servir de
ejemplo cuando se habla de la democracia burguesa. Hay países burgueses y
democráticos. Bien. Hablemos de ellos, en primer lugar de Estados Unidos. Las
numerosas restricciones en vigor privan de sus derechos electorales a 20
millones de norteamericanos. Dejemos a un lado las terribles discriminaciones
raciales que en realidad despojan a los hombres de color de todo derecho.
Digamos queden dieciocho Estados el derecho electoral es limitado por el grado
de instrucción en otros se han decretado impuestos electorales en realidad
prohibitivos para los trabajadores; en otros el derecho a votar está
condicionado por los bienes, por la fortuna. Mas nada de esto con ser tan grave
da idea cabal de lo que es realmente esa democracia modelo… modelo como las
cárceles de hierro y cemento. Lo que a un hombre sensato le da la medida de esa
democracia es el poder de los trusts, el poder del dinero, más omnímodo y
cínico en ese país que en ningún otro del mundo capitalista. Democracia para
los monopolios, para los Rockefeller y los Morgan no para el mister Smith de la
calle que envejece trabajando en cadena, recontando sus centavos y saliendo
periódicamente de un período de paro para caer poco después en otro. Régimen
del dólar en pleno proceso de fascistización. Decenas de dirigentes comunistas
son arrojados a las prisiones.¿Su delito? Profesar la ideología
marxismo-leninismo. No hay otro marco de a democracia burguesa, numerosos ríos
yanquis. Por menos, por haber manifestado ideas perfectamente encuadradas en el
marco de la democracia burguesa, numerosos ciudadanos son interrogados y
perseguidos por esas comisiones de investigación que son cada una un Santo
Oficio a la americana. Centenares de funcionarios e intelectuales son
expulsados de sus empleos y a veces encarcelados no ya por sustentar ideas
progresivas sino simplemente por considerárseles susceptibles de a ser ganados
por ellas algún día. Y ya han comenzado los expurgos y piras de libros. El
maccarthysmo no es un accidente ni un ataque de locura que aqueja al siniestro
individuo que la dada nombre nuevo a prácticas ya viejas aunque últimamente
acentuadas. El maccarthysmo responde a un clima, a una política, a unos fines.
Es en realidad una de las formas que adquiere la fascitización de la llamada
democracia norteamericana y uno de tos instrumentos de esa fascistización.
Nueva demostración de lo que decimos: en su reciente mensaje anual al
Congreso de Estados Unidos Eisenhower ha recomendado a aquel, entre alaridos de
entusiasmo de sus componentes, que vote una parodia de ley por la cual pueda
despojarse de su nacionalidad –es decir de lo que es patrimonio del hombre
desde que nace– a los norteamericanos acusados de «preconizar un cambio de
gobierno por la fuerza». La experiencia de Ios inicuos procesos amañados contra
los dirigentes comunistas prueba suficientemente que para los inquisidores del
dólar sustentar ideas marxistas u opiniones progresivas equivale a preconizar
un cambio de gobierno por la fuerza. Sin pérdida de tiempo ha sido presentado
un proyecto de «ley» en tal sentido. No son sólo los comunistas sino todos Ios
ciudadanos norteamericanos progresivos o simplemente partidarios de la paz los
amenazados por tal iniquidad que se brinda como ejemplo a los satélites de los
imperialistas yanquis. Ni el fascismo alemán osó –por lo menos en la forma–
llegar tan lejos. Si Washington –que terminó con la opresión colonial británica
por la fuerza– o Lincoln vivieran, los veríamos desposeídos, de la nacionalidad
norteamericana por esos siniestros sucesores de Hitler.
En su periodo agónico, execrado por la mayoría de los hombres, el
capitalismo no puede sostenerse sino es redoblando su violencia y multiplicando
engaños y trampas. Por eso, en todas partes la burguesía restringe y falsea
hasta términos que en otro tiempo hubieran parecido inimaginables las normas
tradicionales de su propia democracia, de su propia legalidad. En Francia, en
Italia, en Alemania occidental, imperio recobrado por el último de los Krupp,
una medida de fascitización sucede a otra. Mas como el terror no basta, nuevas
leyes electorales emparentamientos y compadrazgos que van desde la reacción
fascista a la socialdemocracia arrebatan las actas a los Partidos Comunistas y
progresivos y dejan las elecciones reducidas a un ingenioso e impúdico juego según
el cual quien gana pierde. Un ejemplo entre tantos. En las últimas elecciones
legislativas francesas el Partido Comunista, con 5.038.693 votos en la
metrópoli obtuvo 97 actas de diputado. El Partido Socialista con 2.704.215
votos, obtuvo 94 y el M.R.P. con 2.353.475 votos, 83. El antiguo liberalismo
burgués hoy no es más que un recuerdo. En los países burgueses, la libertad y
los derechos de la persona humana son un monopolio mas de los capitalistas.
Para estos ese noble concepto –libertad– quiere decir libertad de empresa,
libertad para explotar, y oprimir a los demás hombres, para apropiarse el fruto
de trabajo de estos. Para los imperialistas yanquis libertad quiere decir
libertad omnímoda para dominar y saquear a los demás pueblos. Con claros fines
de dominación mundial, preparan la guerra. Una guerra contra la, libertad de
hombres y naciones. En la preparación ideológica de la siniestra cruzada,
coreados por sus Quislings y flanqueados por la socialdemocracia y el Vaticano,
los imperialistas yanquis han bautizado su mundo negro con él nombre de «mundo
libre». Para definir la naturaleza de ese mundo bastaría recordar que el
franquismo acaba de ser solemnemente incluido en él.
La libertad verdadera
Los más feroces representantes de ese mundo que se cae a pedazos –hasta
Franco, asesino de todas las libertades de España y de los españoles se ha
sumado al desconcierto– charlan por los codos sobre la libertad y los derechos
de Ia persona humana en el intento –cada día que pasa más desesperado– de
aparecer como sus defensores. Divagan acerca de la libertad retorciendo
falseando, deformando el concepto cuanto les es posible, envolviéndole por
todas partes en nebulosidades metafísicas. ¡Que los hombres no sepan en qué
consiste la libertad ni cómo puede alcanzarse! Y si con prestidigitaciones de
ideas es posible hacer creer a los esclavos que son libres o que la libertad no
es de este mundo ¡tanto mejor! De una forma o de otra se intenta contenerlos en
su lucha por la libertad verdadera.
Intentemos introducir alguna luz en tan espesa niebla.
Es sabido que en términos generales la libertad se define
dialécticamente como conocimiento o como comprensión de una necesidad y como
poder sobre esa necesidad. «La libertad –dijo Engels en el Anti-Duhring– no
está en una independencia ilusoria con relación a las leyes de la naturaleza,
sino en el conocimiento de esas leyes y en la posibilidad por lo tanto de
ponerlas en obra metódicamente para fines determinados. Eso es verdad tanto en
lo que se refiere a las leyes de la naturaleza exterior como a las que rigen la
existencia física y psíquica del hombre mismo dos clases de leyes que podemos
separar todo lo más en su representación pero no en la realidad. La libertad de
la voluntad no significa, pues, otra cosa que la facultad de decidir con
conocimiento de causa». Y tras añadir que la libertad es un producto del
desarrollo histórico y que en definitiva cada progreso de la civilización ha
sido un paso hacia la libertad, Engels nos habla de las modernas fuerzas de
producción que permiten al hombre conquistar un estado social, edificar una
organización social, sin diferencias de clase, única en la cual puede
hablarse de una libertad humana verdadera.
La metafísica se pregunta si el hombre es por naturaleza libre o no. Si
la libertad del hombre, en términos absolutos, abstracción hecha en la sociedad
en la que vive, es posible o no. Los marxistas nos planteamos cómo hacer al
hombre más libre en un momento histórico determinado, cómo romper las cadenas
que le atan en su ascensión hacía las cimas de la libertad, que impiden el
desarrollo de todas sus capacidades físicas y espirituales. Así, nuestra teoría
de la libertad es al mismo tiempo un instrumento de la liberación del hombre.
Sin libertad económica no existe verdadera libertad política, verdadera
libertad individual. Al terminar con la esclavitud capitalista, al terminar con
la explotación del hombre por el hombre, Revolución Socialista de Octubre ha
dado al hombre una libertad real sin la cual no es posible su liberación de la
necesidad, de la coacción, de la ignorancia, &c. Así, en 1936, mostrándole
la evidencia soviética Stalin podía responder a Roy Howard: «Nosotros no hemos
construido esta sociedad para asfixiar la libertad individual sino, al
contrario, para que la persona humana se sienta realmente libre. La hemos
construido por amor a la libertad individual, a una libertad sin comillas. Me
es difícil imaginarme cuál puede ser la «libertad individual» para el parado
hambriento que no encentra utilización a su trabajo. La verdadera libertad sólo
existe allí donde la explotación es aplastada, allí donde no existe la opresión
de los unos por los otros, allí donde no existen el paro y la indigencia, allí
donde el hombre no teme perder al al día siguiente su trabajo,su techo y su
pan. Sólo en una sociedad de esa clase es posible la libertad verdadera y no la
libertad sobre el papel; la libertad individual así como toda otra libertad».
La Revolución Socialista de Octubre ha creado por primera vez en la
Historia de la Humanidad una democracia efectiva para los explotados, para todo
el pueblo; los medios de producción no pertenecen a una minoría de
explotadores; son propiedad socialista. El Poder político es ejercido por la
clase obrera, en íntima alianza con los campesinos. A través de los Soviets
todo el pueblo interviene en las cuestiones de Estado, grandes y pequeñas, en
la gobernación del Estado. En ningún régimen anterior tuvo el pueblo –no existe
ningún parangón posible—tan amplios derechos democráticos. La constitución
soviética no enumera derechos nominales; en gran parte ilusorios a la hora de
la práctica como ocurre en las constituciones burguesas. Registra conquistas,
realizaciones: derecho al trabado, al descanso, a la instrucción, a la
seguridad material en la vejez, a ser atendido convenientemente en la
enfermedad.
En la URSS son verdaderos, efectivos para todos los ciudadanos los
derechos de reunión, de organización, la inviolabilidad de la persona y del
domicilio. Son efectivas la libertad de palabra y de prensa. ¿Por qué? Porque
igual que lo decisivo –los medios de producción– está en manos del pueblo, en
sus manos están los periódicos, las editoriales, el cine, la radio, todos esos
grandes medios para expresar ideas y que en los países capitalistas son en la
práctica un monopolio de la gran burguesía
Igualdad efectiva de derechos para los hombres, igualdad efectiva de
derechos para los diferentes pueblos y nacionalidades que pueblan la URSS. Ese
es uno de los rasqos característicos de la democracia y del Estado
multinacional soviéticos.
En esta espléndida democracia soviética se inspiran los países de
democracia popular en la construcción de una sociedad socialista.
Los señores de los trusts; los opresores de los pueblos, los que de una
forma o de otra han ejercido siempre la dictadura sobre aquellos, claman con
sus mejores trémolos: ¡Pero en la URSS hay dictadura! Sí, la dictadura del
proletariado. Y los regímenes de democracia popular son la forma que en estos
países, liberados del imperialismo, adquiere la dictadura del proletariado. Mas
¿qué clase de dictadura es esta? Es dictadura contra los restos de las clases
explotadoras desposeídas. Es como toda la realidad y el implacable contraste de
la Historia demuestra la democracia más amplia, más efectiva, que han conocido
los tiempos, para los obreros, los campesinos, los intelectuales, para el
conjunto, en fin, del pueblo trabajador. La dictadura del proletariado es el
instrumento imprescindible –con una forma y otra– para construir una gran
democracia, para liberar al hombre. ¿Es que sin dictadura del proletariado
hubiera podido la URSS hacer frente a los embates de la reacción, a la
intervención extranjera, a las maquinaciones y complots de toda laya
organizados por el imperialismo para hacer volver a los pueblos soviéticos a la
esclavitud anterior? ¿Es que las democracias populares podrían desbaratar la
permanente conjura de la gran burguesía y de las castas feudales, más furiosas
al perder su poder? Es que podrían hacer frente con éxito a los ataques del
imperialismo que, de consuno con esta burguesía y esas castas indígenas, no
retrocede ante ningún crimen contra los países que se han liberado de su
opresión? ¿Mas qué vemos, pese a la violencia y a la perfidia de esos ataques,
de ese cómplot permanente que tantos riegos crea a las democracias populares y
a los ciudadanos de esos países? Vemos que en ellos el pueblo goza de una
libertad inconcebible en un aís capitalista, vemos que toda la vida de esos
regímenes se asienta firmemente en el respeto más escrupuloso a la legalidad
socialista, a los derechos de los ciudadanos inscritos en sus constituciones.
Hecho nuevo en la Historia: en la URSS y en las democracias populares, por
eminente que sea el puesto que un hombre ocupe, quienquiera que sea, si viola
la ley es castigado por la justicia socialista en la proporción que tal
violación requiera.
«La burguesía –dijo Lenin– no considera que un Estado es fuerte más que
cuando este, empleando toda la potencia del aparato gubernamental, puede hacer
marchar a las masas como lo entienden los gobernantes burguesas. Nuestra
concepción de la fuerza es diferente. Para nosotros, lo que hace la fuerza de
un Estado es la conciencia de las masas. El Estado es fuerte cuando las masas
tienen conocimiento de todo, pueden juzgar acerca de todo y lo hacen todo
conscientemente»…
Ahí reside la principal fuente de la fuerza, de la indestructible fuerza
del régimen soviético. De esa cantera extraen la suya los regímenes de
democracia popular que construyen el socialismo y la inmensa China liberada.
Toda la Historia de la URSS –treinta y seis años de una nueva Era–
confirma plenamente que cuando los hombres, tras derribar el capitalismo,
establecen su propia organización social sin explotadores ni explotados,
convierten por primera vez en dueños de su trabajo y de los frutos de su
trabajo, en dueños de los bienes que crea la sociedad, en dueños de su propio
destino, y abren posibilidades inmensas al desarrollo de todas las capacidades
físicas y espirituales de la persona humana como veremos más adelante en otras
de estas elementales notas sobre el gran tema de nuestro tiempo: el comunismo ,
y el hombre.
Construido el socialismo la tarea que se asignan el Partido Comunista de
la Unión Soviética y el pueblo soviético consiste en pasar gradualmente del
socialismo al comunismo o segunda fase de la sociedad comunista. Un día, los
pueblos todos habrán edificado esa sociedad feliz. Y en la Tierra entera los
hombres proclamarán con Enqels, plenamente, gloriosamente, que la Humanidad ha
pasado «del reino de la necesidad al reino de la libertad».
Esta es la libertad que el comunismo ofrece al hombre. Esta es la
libertad que hoy ya están construyendo con sus propias manos centenares de
millones de seres. Desde la sima en que España ha sido sepultada esa libertad
podrá parecer un sueño. Pero en muchos aspectos el comunismo es eso: la
realización de los más altos sueños de los hombres. Y todo se andará en la
sedienta tierra española. El hombre ha vencido a la noche forjando la luz en la
tiniebla.
Mas que tengamos esa radiante libertad por norte no significa que a los
comunistas nos sean indiferentes las libertades democrático-burguesas,
abandonadas, pisoteadas por la burguesía de nuestro tiempo. Muy al contrario,
estamos, como todos los pueblos de los países capitalistas, vitalmente
interesados en su salvaguardia y desarrollo allí donde, aunque recortabas,
perduran, y en su rescate allí donde, como ocurre en España, han sido arrasadas
por el fascismo. Porque las libertades democrático-burguesas hacen menos dura
la situación de los trabajadores, de los intelectuales, del pueblo todo bajo el
capitalismo. Y porque en definitiva solo llevando, hasta el fin la revolución
democrática podrán la clase obrera y el pueblo español arribar al socialismo.
Con todo nuestro pueblo los comunistas españoles luchamos hoy por recobrar esas
libertades. Eso es lo que corresponde a esta etapa.
El camino de la liberación del hombre es un camino largo y penoso. En
cada momento histórico se cubre un trecho de él. Es un camino por el cual se
avanza merced al esfuerzo de todos los días.
III. La libertad intelectual
También este concepto nos lo envuelven en espesa humareda los cantores y
propagandistas de esta parte del mundo llamada libre por sus propios
carceleros. Los que solo conciben –y toleran– al intelectual como agente sumiso
o pasiva víctima de su dominación capitalista se esfuerzan por presentarlo como
algo por encima de las clases, libre en una sociedad que no lo es. Intentemos
aclarar un poco esto en primer lugar.
El marxismo sostiene y la vida demuestra que las diversas
superestructuras ideológicas dependen en última instancia de las condiciones
económicas, de las relaciones de producción. Claro está que si el factor
económico es el básico, no es el único. A su vez las superestructuras actúan
sobre la sociedad, sobre las luchas históricas, e incluso entre sí, las unas
sobre las otras. Y este principio es igualmente aplicable a las
superestructuras estéticas –literatura, artes– aunque en ellas las influencias
del factor económico y las nociones de clase se manifiesten en forma mucho más
compleja, indirecta y complicada que en ninguna otra.
No hay, pues, creación intelectual, no hay arte, por encima de las
clases, nacido y cultivado en tierra de nadie. «Toda ideología, comprendido el
arte y lo que se llama bellas letras decía –Plejanov– expresa las tendencias y
los estados de alma de una sociedad determinada o en el caso de una sociedad
dividida en clases, los de una ciase social determinada». Aunque los
representantes de esa ideología y los creadores de ese arte no tengan a veces
exacta conciencia de ello, que eso es otra cuestión.
En este terreno dialéctico, real, situamos los marxistas los problemas
de la libertad intelectual.
En sus tiempos ascendentes, revolucionarios, la burguesía luchaba por la
libertad: de pensamiento, de prensa, de opinión, frente a las castas feudales.
La ideología racionalista, las ideas de la burguesía, eran las ideas que
difundían o en las que se inspiraban con una variante u otra los mejores
pensadores y artistas de la época. La burguesía estaba interesada en que
hubiera libertad intelectual. En este marco, en el que correspondía a sus
intereses. Los ideólogos y escritores que comenzaron a expresar en sus obras
intereses y aspiraciones del proletariado y especialmente los fundadores del
socialismo científico eran perseguidos, desterrados, acosados. La vida de Marx
es una dramática demostración de ello. Y si en algunos países –no en todos, en
España, apenas– pudieron publicarse durante determinados períodos del siglo XIX
obras revolucionarias tal cosa se debe a múltiples razones. A la constante
lucha de los pueblos por la libertad, en primer término. Por otra parte la
burguesía se sentía fuerte. En sus manos estaban –y están– la inmensa mayoría
de las editoriales, de los periódicos. Hoy, además, el cine y la radio. Esas
obras que se editaban entre grandes dificultades, la burguesía creía que podía
contrarrestarlas con el aluvión de filosofía y literatura propias, y llegaban a
escaso número de lectores.
Aun en los tiempos en que ha mantenido vigentes las libertades
democráticas, la burguesía les ha dicho a los intelectuales con un guiño: sois
libres de pensar y de crear lo que os venga en gana. Pero soy yo quien tiene el
dinero para pagar vuestras obras (si me placen) y los medios para difundirlas.
Esa es la libertad intelectual en la sociedad burguesa.
Era, mejor dicho, porque hoy no es ni eso. En los países capitalistas
llamados democráticos gobernantes y señores del dinero oponen cada vez mayores
obstáculos a la labor de los intelectuales progresivos, ideólogos y profesores,
escritores y artistas. Para cuanto huela a progresivo están cerradas a cal y
canto editoriales y periódicos, teatros y estudios de radio y de cine. Para
esos intelectuales enseñar, editar o estrenar es un pavoroso problema muchas
veces insalvable. Y a los obstáculos se añaden las persecuciones.
Tomemos al país que se ha erigido en líder de esa peregrina libertad:
Estados Unidos. He aquí algunas, en verdad muy contadas perlas: los mejores
escritores cinematográficos de Hollywood han sido expulsados de los estudios y
encarcelados. Howard Fast, uno de los más recios valores de la literatura
progresiva norteamericana, ha sufrido prisión también. Ya en 1950 más de 3.000
maestros norteamericanos habían sido arrojados de sus escuelas. Los estudiantes
de ideas progresivas que disfrutaban de becas han sido desposeídos de ellas.
Como Hitler y Franco, las siniestras comisiones de investigación cubren sus
vergüenzas con el tápalotodo del anticomunismo. Pero en los continuos expurgos
que se llevan a cabo en centros oficiales, universidades y laboratorios las víctimas
no son sólo comunistas o simpatizantes comunistas sino también hombres de
concepciones muy alejadas de las nuestras. No es único el caso del conocido
profesor Francis O. Mattiessen que, acosado por los inquisidores del Congreso y
víctima de una fuerte depresión nerviosa, se quitó la vida. Mattiessen era
católico. Centenares de revistas liberales han sido eliminadas por
procedimientos gangsteriles. La coacción, la amenaza, la persecución se
extienden como la lava. Ayer se le negó el pasaporte a Paul Robenson; hoy le ha
sido negado al dramaturgo Arthur Miller a quien nadie en sus cabales podrá
acusar de tendencia comunista.
Los magnates yanquis conceden a los intelectuales libertad y medios de
difusión para predicar el regreso al misticismo, la guerra y el fracaso fatal
del hombre; para presentar todo lo patológico como normal y defender el derecho
de sus señores a la destrucción y al crimen cósmicos. El sol de la burguesía se
ha puesto ya en la cuarta parte de la Tierra. Y una clase que declina, una
clase que sobrepasada por el desarrollo histórico sólo puede mantener su
dominación por la fuerza y el engaño, teme a la verdad como al fuego (de ahí su
oposición al realismo) y odia a la libertad como a su peor enemigo (de ahí la
mordaza que aprieta más y más en todas partes). El intelectual que se aviene a
seguirla vertedero abajo, degenera inevitablemente en su obra y en su vida. No
es casual que los Faulkner y los Hemingway no hayan dicho esta boca es mía ante
las tropelías fascistas de Mac Carthy. ¿Que no es cosa suya? Yo creo que sí.
Mac Carthy expulsa de las bibliotecas hasta al mismísimo Mark Twain y ya ha
empezado a quemar libros…
Algo sobre el intelectual en la sociedad socialista
En esto como en todo los imperialistas yanquis y sus Quislings y
falderos gritan: iA ese! ¡A ese! Y mientras en el mundo capitalista asesinan
metódica y apresuradamente lo que había de libertad intelectual aseguran a todo
el que quiere oírles que somos los comunistas los enemigos de esa libertad y
que donde no existe es precisamente en la Unión Soviética y en los países donde
la clase obrera tiene el poder. Veamos algo de esto.
Para empezar, en la Unión Soviética la enseñanza y los medios de
difusión y publicación no están en manos de un puñado de grandes capitalistas
sino en manos del pueblo y de sus intelectuales y artistas, parte integrante de
ese pueblo. No hay analfabetos, la cultura general se eleva sin cesar y todo el
mundo tiene posibilidad material de procurarse los goces que proporcionan la
literatura y el arte. Como hemos visto en el primero, de estos capítulos la
tirada anual de libros que se efectúa en la URSS no es concebible en ningún
país capitalista ni aun guardando las proporciones debidas en, lo que se
refiere al volumen de la población. Ninguna sociedad anterior ha valorado y
recompensado –¡ni de lejos!– el trabajo intelectual como la sociedad
socialista. Ninguna ha rodeado a los intelectuales de la solicitud y el amor
con que ella les rodea. En ninguna tuvieron –y también aquí todo parangón
resulta imposible– los medios materiales de expresión y las infinitas
posibilidades de todo orden que tienen en la sociedad socialista. Pero, esto,
con ser tan importante, no es más que una parte de la cuestión.
El marxismo-leninismo da al intelectual, al escritor, al artista, el
conocimiento de las leyes que rigen la vida de la naturaleza y el desarrollo de
la sociedad, una interpretación justa de la Historia que le explica en su
fundamento básico la evolución de las ideas y del arte. El marxismo-leninismo
pone en manos del escritor, del artista, una lente poderosa para profundizar en
la vida humana, en la psicología de la sociedad y del hombre. Le libera de los
mitos –¡ah, los mitos griegos y los del cristianismo y los burgueses!– que
deforman la Historia, empequeñecen al ser humano y han mediatizado hasta aquí
la filosofía y el arte aunque en éste los encontremos muchas veces envueltos en
la espléndida belleza que en ellos puso la potencia creadora del hombre. Así,
el creador Intelectual adquiere por primera vez conocimiento y conciencia
plenos y es por primera vez completamente libre para elegir. La creación
intelectual, la creación literaria o artística se convierte así en un acto
plenamente libre y consciente.
En la sociedad socialista el intelectual no crea sus obras de acuerdo
con las Ideas y los gustos de una clase que explota a otra. Crea en medio de
una sociedad sin explotadores ni explotados, crea para todo el pueblo, para el
hombre.
Como el resto de sus conciudadanos el Intelectual sólo es completamente
libre cuando se, libera de la servidumbre de las clases explotadoras.
El sabio soviético sabe qué sus descubrimientos no beneficiarán
exclusivamente a unos cuantos sino a todos. El escritor, el artista, aprenden
del pueblo y educan al pueblo. El intelectual contribuye con su talento no a
perpetuar la esclavitud y la miseria sino a construir la nueva vida del
comunismo, a hacer avanzar inconteniblemente una sociedad donde el hombre es
rey y se eleva sin cesar. Desde que el mundo es mundo jamás intelectuales de
sociedad alguna tuvieron misión tan alta.
Sabido es que cuando la vida social se transforma las concepciones y
gustos estéticos se modifican a su vez. La sociedad socialista y la lucha por
el socialismo exigen un nuevo realismo: el realismo socialista, representación
verídica de la vida en su desarrollo revolucionario unida a la educación
ideológica de las masas en el espíritu del socialismo. Los detractores
sistemáticos del mundo que nace y con ellos intelectuales de buena fe pero que
no han querido o no han podido documentarse sobre la cuestión, aluden al
realismo socialista como si éste excluyera o coartara la libertad de creación.
Sin intentar adentrarnos aquí en el tema, amplísimo en verdad, digamos
que el realismo socialista no es una ortodoxia, un conjunto de dogmas. Es un
método. Y en ese magno edificio, en construcción, de una nueva estética, los
escritores y artistas soviéticos y los que en otros países se inspiran en dicho
método ponen cada día una nueva piedra con su audacia y diversidad creadoras,
con sus observaciones y críticas. El realismo socialista presupone infinita
variedad en formas y estilos. La vida demuestra que sólo en el socialismo la
libertad de creación es completa. Los hechos prueban –y de algunos muy
importantes y recientes dan testimonio estas páginas– que en ningún país
capitalista, ni aun en el más democrático, existe ni puede existir la ejemplar
libertad de crítica que existe en la URSS y en las democracias populares.
Pero, ¿es que en estas o en la URSS de ayer –en la actual esos problemas
han sido superados– el intelectual que recién salido de la dominación
capitalista conserva ideas burguesas sobre la ciencia o sobre el arte es por
esta circunstancia rechazado o anulado? La historia de la URSS y de las
democracias populares desmiente rotundamente este embuste reaccionario. Tras la
revolución de octubre Lenin decía: «Nosotros queremos construir el socialismo
sin esperas, con los materiales que nos ha dejado el capitalismo… y no con
hombres preparados en un invernadero… Hay que adquirir toda la ciencia, la
técnica, todos los conocimientos… Esta ciencia, esta técnica, este arte están
en las manos y en los cerebros de los especialistas».
A esos intelectuales se les ayuda solícitamente a incorporarse a la
nueva vida en medio de una atención constante a sus inquietudes espirituales y
a sus necesidades materiales. En una resolución adoptada con relación a la
literatura por el XII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética
(1925), se puede leer: «El Partido debe tolerar las formas ideológicas
transitorias y ayudar pacientemente a que esas formas, inevitablemente
numerosas, se gasten en el proceso de una colaboración cada vez más estrecha y
amistosa con las fuerzas culturales del comunismo».
Los comunistas no imponemos a nadie nuestras concepciones en ningún
aspecto. Mucho menos en cuestiones tan complejas, de características tan
especiales, como son todas las que atañen a la literatura y al arte. La
creación de una cultura socialista ni se improvisa ni se decreta. La sociedad
socialista edifica su universo intelectual y artístico sobre los cimientos de
los principios del marxismo-leninismo, transformando la realidad social y las
conciencias, recogiendo también la mejor herencia cultural del pasado, creando
y avanzando en la radiante libertad de que está animada.
¿Y en España?…
Mas si el florecimiento de una nueva y espléndida era intelectual y
artística sólo es posible en el socialismo, la salvaguardia y la expansión de
las libertades democráticas allí donde aunque recortadas subsisten y su
restauración donde han sido por el hierro eliminadas dará un poderoso y
vivificador impulso a la cultura y el arte. Por eso los comunistas de los
países oprimidos aun por el capital al defender las libertades democráticas
defendemos resuelta y consecuentemente la libertad intelectual.
Todo esto es, naturalmente, aplicable a España. En esa dirección
trabajamos los comunistas españoles sin escatimar esfuerzos por unir en la
empresa a todos los intelectuales patriotas, pues rescatar las libertades
democráticas –y en entre ellas figura la libertad de opinión y de expresión– es
lo que corresponde a la situación actual de nuestro país y el anhelo de nuestro
pueblo y de la inmensa mayoría de les intelectuales españoles.
¡Qué fuerte es en estos el ansia de libertad! Es un clamor. Un clamor de
inteligencias que se ahogan asfixiadas por la mordaza fascista y por el
fanatismo y la intransigencia clericales. Se enseña lo que la Iglesia decide;
se publica y se estrena sólo aquello que por su contenido es susceptible de
pasar por las dos censuras: la oficial y la eclesiástica. El sable y el hisopo
señalan implacables la dirección que ha de seguir la creación intelectual.
Y el forcejeo contra las ligaduras se hace más y más ostensible, más y
más violento. Un día se escribe que los intelectuales –no hablamos aquí,
naturalmente, de los de casa y boca– «tratan de salvar su libertad de creación,
su personalidad, el hombre que son». Otro un profesor y escritor católico tan
conocido como Julián Marías plantea el problema de la libertad intelectual,
hecho estimable por su parte aunque no podamos estar conformes con algunas de
sus opiniones.
Coincidimos con él cuando dice que la vida Intelectual en nuestra época
«sin libertad es imposible». Porque ningún intelectual, ningún artista
–añadimos nosotros–, puede edificar en piedra durable con carcomidos materiales
del pasado, con ideas mandadas retirar hace mucho tiempo como son las que por
la violencia impone el franquismo. Porque ningún intelectual ni ningún artista
pueden ni siquiera intentar abordar sincera y públicamente –sobre todo en
filosofía y literatura– los problemas de su tiempo bajo un régimen que pretende
sepultarlos todos a culatazos.
Ya hemos dicho por qué razones fundamentales, históricas, luchamos hoy
los comunistas españoles por las libertades democráticas. Pero es que además la
libertad de pensamiento y de opinión impulsa la siembra y fructificación de
nuestras ideas, ideas de libertad por excelencia. Marías reconoce cuán
ampliamente se extienden entre las nuevas generaciones intelectuales. «¿Por qué
se introducen clandestinamente y no pueden ser abiertamente discutidas», como
él dice? Eso, y el terror a que hemos de hacer frente para darlas a conocer, si
no puede impedir su difusión la frena considerablemente. Por esto se nos
persigue a sangre y fuego aunque esta sea verdad de Pero Grullo. Por nuestra
parte deseamos ardientemente poder discutir con todos los intelectuales
patriotas nuestras ideoloqías respectivas en un clima de libertad y
convivencia. Y sin jactancia, con los pies bien hincados en la realidad,
podemos decir que en ese libre centraste de ideologías serán muchos, muchísimos
más, los talentos ganados para la nuestra. Ante Julián Marías y ante cuantos
puedan pensar como él penemos al tiempo por testigo.
«Tenemos ante nosotros –añadía Marías en dicho artículo– la magnifica
empresa de crear la libertad intelectual. Iba a escribir «restaurar» pero me he
corregido: porque no se trata de volver atrás, de restablecer la libertad que
existió, por ejemplo, en el siglo pasado; en primer lugar porque nunca se
vuelve atrás; en segundo término porque aquella libertad no era suficientemente
enérgica y vivaz y por eso pereció; nosotros necesitamos recrearla, es decir,
crear otra, superior a la antigua y a las presiones que han acabado con ella».
¡Absolutamente de acuerdo! Mas es la evidencia misma que tal libertad
sólo puede alentar en un régimen profundamente democrático. La libertad
intelectual es inseparable de las libertades del pueblo. Retrocede o asciende
siguiendo la suerte de estas últimas. Y allí donde el pueblo carece de
libertades la libertad intelectual no existe. Basta echar una ojeada al mapa
político del mundo para comprobar estas cosas. Basta, en realidad, con mirar a
España…
Los intelectuales españoles conquistarán su libertad de expresión y de
creación junto pueblo. Crecerán y ascenderán con él. Esta verdad ha penetrado
ya en no pocas torres de marfil derrumbándolas, y ha ganado muchas conciencias.
Y avanza España adelante. Porque cada vez son más los convencidos de que el
servicio al pueblo, a lo progresivo, no empequeñece al intelectual como
interesadamente se le ha querido hacer creer, sino que le engrandece; no coarta
su libertad de creación sino que la eleva y le da su pleno significado.
FIN

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