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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
EL NUEVO ESTADO Y LA EDIFICACIÓN ECONÓMICA RUSA
J.
Stalin
El Nuevo
Estado Y La Edificación Económica Rusa
J. Stalin
CUADERNOS INTERNACIONALES
Organo Semanal de Informaciones-de-la Economía Mundial
APARECE LOS VIERNES
Administración: Gregorio Guerra.-Casilla 2469,
Santiago.
23 de Octubre de 1931
Stalin. el 2
3 de Junio, en el ''Congreso de los
Directores de las Empresas Industria!es9', pronunció un discurso
acerca del "Nuevo Estado y la edificacion Económica Rusa".
Hoy damos a la
publicidad ese discurso, que tiene un alto significado
técnico. A través de él nos daremos cuenta del espíritu constructivo
que anima al Jefe del Estado Ruso.
La "EDITORIAL PROBLEMAS" cumple así
con uno de los propósitos fundamentales. que consiste en dar a
conocer al país las opiniones de los hombres que por su preparación,
capacidad y experiencia, se señalan como los verdaderos je-fes de las
diversas tendencias económico- olít tic as aue se disputan
actualmente el derecho de dar al Mundo una organi-zación
científica Y a la Humanidad un efectivo bienestar económico.
Después que hemos
dado a conocer las ideas y los mé-todos del sindicalismo francés. del
socialismo. del neoca~i - talismo, hoy publicamos las ideas y los métodos de
Stalin.
Estudiémoslo. No
olvidemos que, ante todo, nuestra épo-ca exige verdad y
.cultura y que la angustiosa crisis actual n o sólo es económica,
sino moral e intelectual.
Y no es moral
combatir lo que no se conoce; criticar lo aue no se sabe.
Daremos a conocer
en todas sus formas la experiencia rusa. Toda la verdad, y sólo la verdad rusa
será expuesta; frente a ella opondremos las voces más autorizadas de esa otra
verdad contraria, de esa verdad capitalista.
Y serán los
lectores, a través de su juicio personal, los que puedan deducir cuál es la
real, la efectiva verdad, porque ésta es una.
EL NUEVO
ESTADO Y LA EDIFICACION ECONOMICA RUSA,
Por J. STALIN.
NUEVAS CONDICIONES INDUSTRIALES
Los documentos
sometidos a nuestro análisis hacen resal-tar un cuzdro sumamente variado d e la
situación d e nuestra industria, desde el punto de vista de la realización del
plan d e producción.
Existen ramas
industriales cuya producción se ha acre-centado durante los cinco últimos
meses, d e 40 a 5 0 % , en comparación con la
producción del año último.
Tenemos ramas
industriales que no pueden enorgulle-cerse sino d e un aumento d e 30 a 30 5
; . Existen, en fin, otras que sólo registran un acrecentamiento
de 6 a 1 O C/c, y a veces menos.
Entre estas últimas es preciso contar la industria del carbón y la del fierro.
Como véis, tenemos anlte nosottros un cuadro harto complejo.
<En qué forma
podemos expl;car este cuadro d e múlti-ples aspectos? <Dónde está la causa
del retarde d e ciertas ramas industriales? < P o r qué algunas d e éstas no
progresan sino d e 20 a 25 % , indicando, como la
industria del carbón y del fierro, un progreso mínimo, arrastrándose a duras
pe-nas y marchando a remolque d e ¡as otras ramas industriales?
La causa reside en
el hecho de que las condiciones del desarrollo industrial han cambiado
completamente estos últi-mos tiempos; que nos encontramos en una situación
comple-
tamente nueva que exige nuevos métodos d e dirección y en que
algunos d e nuestros dirigentes d e la industria, en lugar de transformar sus
métodos d e trabajo persisten en sus cos-tumbres habituales. Debemos, pues,
decirnos que las nuevas condiciones d e desarrollo industrial exigen nuevos
métodos de trabajo, mientras que algunos dirigentes d e nuestra indus-tria no
lo comprenden ni conciben que ahora es preciso di-rigir d e otra manera.
ES en esto que
reside la causa del retardo de ciertas ra-mas industriales.
LA MANO DE OBRA
Se trata, ante
todo, d e facilitar a las fábricas la mano de obra que necesitan.
Antes los obreros venían, voluntariamen-te, por un proceso más o menos
automático, a la fábrica. Este automatismo era la consecuencia de la
desocuwación. d e la miseria, del miedo al hambre, que empujaba a los
honl-bres de la aldea hacia la ciudad. Recordad la vieja fórmula del
éxodo rural. <Cuál era la fuerza que empujaba a los campesinos a a
b e n d o n a ~sus aldeas y a buscar abrigo en la
ciudad3 Era el miedo al hambre, la desocupaci8n,
por ha-berse transformado Ia adea en una horrib!e madrastra. aue ob!igaban al
campesino a huir, aunque ircera hasta el in-fierno, con tzl d
e encontrar un trabajo cualquiera.
Es asi o casi
así como pasaban las cosas no hace mucho tiempo.
<Puede decirse
que actualmente se encuentra el misano cuadro ?
No, no puede
decirse. Al contrario. La situación se ha transformado
rápidamente. Y es precisamente porque la si-tuación ha cambiado que
no se constata entre nosotros la afluencia automática d e mano d e obra.
<Qué ha sucedido mientras tanto? Primeramente, hemos liquidado la
desocu-pación, es decir, hemos destruído la fuerza que pesaba
sobre el "mercado del trabajo". Después, hemos suprimido
com-pletamente la diferenciación en la aldea, es decir, la miseria que empujaba
al campesino hacia la ciudad. En fin, hemos dotado al campo d e decenas d e
millares d e tractores y má-
quinas agrícolas, hemos batido a los kulaks ( 1 ) y
organizado los kholkoses (Z), dando así a los campesino
la posibilidad de
una
vida y d e un trabajo humanos. Actualmente no se puede mirar a la
aldea como a la madrastra del campesino, y es por esto
justamente que el campesino permanece en la aldea y que ya no
constatamos ni el "éxodo rural" ni la afluencia automática de mano de
obra.
Como vosotros véis,
nos encontramos ante una situa-ción y condiciones ccmpletamente nuevas en la
provisión de mano d e obra a Ias empresas.
(Qué es
lo que resulta?
Resulta, en primer
lugar, que es preciso no contar más con la afluencia automática d e la mano d e
obra a las fábri-cas. Esto significa que debemos pasar d e la
"política" d e la alluencia automática a la política del
reclutamiento "organi-zado" d e obreros necesarios a la industria.
Para ello no hay
sino un solo
camino: el d e los contratos arreglados entre las organizaciones económicas, d
e una parte, y los kholkoses y los miembros d e
éstos, d e otra.
Vosotros sabéis que
cierto número d e organizaciones eco-nómicas y ciertos kholkoses han
recurrido ya a estos medios
y que l a experiencia
práctica d e los contratos ha puesto e n claro los buenos resultados, tanto
para los kholkoses como para !as empresas industriales.
Resulta, en segundo
lugar, que debemos pasar inmedia-tamente a la mecanización d e
los procesos más complejos del trabajo, desarrollándola en todas partes
(industria forestal, construcción, extracción del carbón,
carga y descarga, trans-portes, industria del fierro,
etc. ) . Esto no significa, natural-mente, que sea preciso
suprimir el trabajo manual. Al con-trario. Este último continuará
mucho tiempo todavía jugan-d o un rol importante en la producc.ión.
Pero esto significa
que la mecanización de los procesos d e trabajo representa para nosotros la
fuerza "nueva y deci-siva", sin la cual no podremos obtener ni el
ritmo ni la en-vergadura d e producción ~ecesarioc .
Hay entre nosotros un buen número d
e dirigentes indus-
(1) Citmpesiiios enriquecidos duratite l
a rc.voluci0n.
(2) C ~ o p s r a t i v
a sde c . ~mpesinosy del c statlo.
triales que no '6 creen" ni en la mecanización ni en los con-tratos con los klholkoses. Se trata d
e aquellos que no com-prenden la nueva situación, que
no quieren trabajar al nuevo
modo.' y que suspiran profundamente cuando piensan en los
buenos y viejos tiempos" en los cuales la mano d
e obra venía "por sí
misma" a la fábrica. Sería supérfluo agregar
que tales dirigentes se hallan tan lejos ccmo el cielo de la
tierra, d e las nuevas tareas d
e la edificación económica que
nos han sido fijadas por la nueva situacibn. Ellos creen, sin
duda, que !as dificu!tades ligadas a! problema d
e la mano d
e obra son producto de un azar; que la falta d
e mano d e
obra desaparecerá, por decirlo así automáticamente. Es un
error, camaradas. Las
dificultades ligadas a la mano d
e obra
no pueden desaparecer por si mismas. No pueden desapa-
recer sino por efecto d
e nuestros esfuerzos.
En conscuencia,
nuestra tarea reside en el "reclutamiento organizado de la
mano de obra por la vía de los contratos
con los kholkoses y por la mecanizacEn del trabajo."
Tal es la primera
ciiestión planteada por las nuevas con-diciones de desarrollo d e
nuestra industria.
EL PROBLEMA DE LOS SALARIOS
H e hablado hace un
momento del reclutamiento orga-nizado d e la mano de obra necesaria a nuestras
fábricas. Pero, reclutar obreros no significa todavía haber realizado to'do.
Para iacilitar a nuestras fábricas la mano d e obra necesaria, debemos
esforzarnos en conservar a los obreros d e tal o cual usina. Apenas es
necesario demostrar que sin un personai estable, más o menos adaptado 'a la
técnica d e la producción y habituado a las nuevas máquinas, no
podre-mos realizar el plan d e produkción. D e otro modo sería ne-cesario
recuperar el aprendizaje de cada obrero y pasar la mitad del tiempo
especializándolo d e nuevo para hacerlo en paz d e ser empleado en la fábrica.
{Cuál es la
situación, en realidad? (Puede decirse que el efectivo obrero d e
nuestras fábricas es más o menos esta-ble? No, desgraciademente no se puede
decir. Al contrario, continúa existiendo en nuestras fábricas lo
que se llama
"fluctuación" de la mano de obra.
Más aún, en un cierto número de fábricas esa fluctuación
no solamente no dismi-nuve". sino al contrario.
se acrecienta y se reduerza. En todo caso, existen fábricas
que en un plazo de seis meses y aún d e tres, han cambiado sus
obreros por lo menos en una proporción d e 30 a 40 (4.
Antes de ahora, en
el período de la reconstrucción d e nuestra industria, cuando nuestro equipo
técnico no era to-davía muy complicado y el nivel d e nuestra producción
to-davía no muy elevado, se podía "tolerar" tal vaivén de la
mano de obra. La situación es ahora diferente. Actualmente, ha
cambiado de raíz. Hoy día, en el período de la amplia re-construcción, donde
nuestra producción toma proporciones gigantescas, donde el equipo técnico de
las fábricas es extre-madamente com~licado,la fluctuación de la mano de obra
se ha transformado en una llaga de la producción, que des-organiza
nuestras empresas.
Actualmente
"tolerar" las fluctuaciones de la mano de obra equivale a destruir
nuestra industria, a suprimir la po-sibilidad de realizar el plzn de producción
y a aniquilar la posibilidad d e un mejoramiento cualitetivo de nuestros
productos.
i-. C~áil es ]la causa de Ea f!uctuaciBn d
e la mano de ~lbua?
La falsa repartición d
c Eos salarios, el falm sistema de
las tarifas, una nivelación "eírtrerna6ame~irizrl'Serdista9'
de los salarios. En una serie de ernpresss, i a a
tarifas han sido establecidas de t2l manera aue la diferencia entre
trabaio cualitativo y no caiilicado, entre trabajo penoso y trabajo fácil, czsi
ha desaparecido. La niveiacijn trae como resul-t 4 0 que el obrero no
calificado no tiene ningún interés en especializarse y pierde así toda
posibilidad de avanzar. Es por esto que él se siente extranjero
en la fábrica y no tra-baja sino de una manera pasajera, con el fin
de "ganar" al-go y luego dirigirse a otro sitio para
"probar su suerte". La nivelación tiene como efecto obligar al obrero
calificado a errar de usina en usina hasta terminar por encontrar una empresa
donde el trabajo calificado es suficientemente apre-ciado. De allí el
movimiento "general" de una empresa a la otra y el vaivén
de la mano de obra.
Para descartar este mal es necesario suprimir la nive-
lacIón9
es preciso destlrms el viejo sistema de tarifas. Hay
que instiirzir un nuevo
sistema de tarifas que tome en cuenta
12i diferencia
entre trabajo calilicado y e! no calificado, en-
tre
el trabajo difícil y el trabz'o fjcil. Es
intolerable que el tornero en metales gane lo mismo que un
peón. Es intolera-ble que el mecánico d e una locomotorc gane lo
mismo que un amanuense d e oficina. Marx y Lenin habízn dicho q u
e la di-f e r e ~ c i aentre trabajo calificado y no
calificado persistiría en el régimen soc;alista aún después de la supresión d e
clases, y que el13 no desapareceria sino bajo e1 régimen comunista, d
e tal manera que el salario, aún en régimen
socialista, no sería pagad3 sino en la medida del trabajo dado y no
según las ne-cesidades. Pero nuest~osniveladores, entre los dirigentes de la
industrie y d e los sindicatos, no están de acuerdo con esto y estiman que esta
diferenciación ha desaparecido ya en nues-tro sistema soviét'co. <Quién
tiene la razón? <Marx y Lenin o los niveladores? Es sreciso admitir aue son
Marx v Lenin
quienes
tienen razón, resultando que. todos
aquellos que esta-
'
blecen una tarifa
basándose en el principio" d e la nivela-ción, sin tener en cuenta las
diferencias entre trabajo califi-cado y no calificado, romperi con el marxismo
y con el leni-nismo.
En cada rama d e la
industria, en cada empresa, en cada taller, hay un grupo dirigente formado por
obreros más o menos calificados que es preciso ligarlos a la empresa si se
quiere asegurar a ésta un efectivo estable. Esos grupos de obreros
dirigentes constituyen e1 órgano principal d e la pro-dvcción. Ligarlos a la
fábrica es retencr todo el personal obrero y suprimir d e r ~ í laz
f!uctuación d e la mano d e obra. Pero, (cómo se les puede ligar a la
empresa? (No se les puede retener en la fábrica sino por la
vía del ascenso, por la vía del aumento d e los salarios, por la vía de la
organización d e una remuneración que fcvorezca la calificación del obrero?
(Pero qué significa
azegurar el ascenso del obrero y elevar el nivel d e su salario?
Esto significa ante
todo la apertura #deperspectivas para el obrero no especializado y que se le
estimule para su mar-cha adelante y para el pasaje a las filas d e los obreros
espe-cializados. Vosotros sebéis muy bien que tenemos necesidad
de centenas de miílares o más bien dicho de millones de
obreros calificador. Pero, para formar tales obreros es pre-ciso que haya
un estimulante y que los ~ b r e r o sno especlali-
z a d ~ tengans
ante los ojos una perapec:iva de zscenso. Mien-tras más audacia pongamos en
este nuevo método, mejores sera11 los resultados, pues es en esto donde se
encuentran los mejor-S medios ipara la liquidación de la fluctuación
de la mano de obra. Hacer economías en este dominio es un cri-men y significa
ir contra los intereses de nuestra industria socialista.
Pero eso
no es todo.
Para retener a los
obreros en la lábrica, es preciso una nue-va mijoración en su
abastecimiento y en sus condiciones de habitación. Es incontestable
que en lo concerniente a la cons-trucción de habitaciones y al abastecimiento d
e los obreros se han hecho ya grandes esfuerzos. Sin embargo, estos es-fuerzss
no son suficientes para hacer frente a las necesidades crecientes de los
obreros. No se puede invocar el hecho de que )antes habían menos habitaciones
que en la hora actuzl y que, en consecuencia, hay que contentarse con los
resul-tados obtenidos. Tampoco se puede argüir que el abasteci-miento de los
obreros estaba znteriormezte lejos de ser tan bireno como ahora, y
que, en consecuencia, hay que conten-tarse con la situación actual. Sólo
gentes decaídas y degra-dadas pueden consolarse evocando el pzsado. No debemos
tomar el pasado como punto de comparación, sino el pre-sente y las necesidades
crecientes de los obreros.
Es preciso
comprender que las condiciones de existencia d e los obreros se han
transformado radicalmente. El obrero d e hoy dlía, el obrero soviético, quiere
que se satisfaga todas sus necesidades materiales y culturales, sea el
aprovisiona-miento en víveres y en habitación, o la satisfacción de sus
necesidades de instrucción y demás.
El tiene
derecho a todo esto y nosotros estamos obliga-dos a asegurarle estas
condiciones d e vida. Es verdad que aquí él no sufre las
consecuencias de la desocupación, que se ha liberado del yugo capitalista, que
ya no es un esclavo, sino el amo de su destino.
Sin embargo, esto
es demasiado poco todavía. El soli-cita la satisfacción d e
todas sus necesidades materiales y
culturales y estamos obligados a satisfacerlo. Tempoco olvi-déis
quc r,os dirfg;mos nosotros también al obrero con cier-tas
exigencias. Le pedimos una disciplina de trabajo, un esfuerzo tenso, la
emulación y las brigadas de choque ( 1 ) . No olvidéis que
la inmensa mayoría de los obreros har recibido estas exigencias del poder
soviético con un gran entusiasmo y las han satisfecho con gran heroísmo.
No os admiréis, pues, al ver los obreros que llenan las exigencias del poder
sovié-tico solicitar a su vez al pod-r soviético el cumplimiento d
e SUS deberes en lo concerniente al mejoramiento continuo de la
situeción material y cultural del obrero.
Así, pues, liquidación
de la fluctuación de la mano de obra, supresión del nivelamiento, justo
establecimiento del salario, mejoradnto del nivel de vida del obrero, tales
son
nuestras tareas.
Tal es la segunda
cuestión planteada por las nuevas con-diciones d e desarrollo d e nuestra
industria.
Llego a la tercera cuestión.
LA ORGANIZACION DEL TRABAJO
Hace un momento que
he hablado de h necesidad d e
liquidar la fluctuación d e la mano de obra y ,de fijar los obreros
en la empresa. Pero esta fijación no resuelve defi-nitivamente la cuestión.
Liquidando
únicamente la fluctuación no se obtiene gran cosa. Es preciso
colocar a los obreros en condiciones d e trabajo tales que ellas
permitan trabajar con entusiasmo, aumentar el rendimiento y mejorar la czlidad.
Esto significa qUe es necesario organizar el trabajo en las empresas, de tal
manera que el rendimiento aumente de mes en mes, de tri-mestre en trimestre.
gPude decirse que
la organización del trabajo en nues-tras empresas, tal como se presenta
actualmente, corresponde
a las exigencias de
la producción? D - ~~raciadamente,no po-
(1) Brigadas
de obreros q u e impulsan el trabajo eri l a
s fábricas y eii los campos; idealizando o1 trabajo
estimulándolo, para aumentar los índices de reridirnientos.
demos decir que sí. En todo caso,
hay una se-;e de enprecns donde Ia orr;anizzc:ón del
trabajo e s pí.tlma, don-ic en I t g n r del
orden y de la bliena e n t c n t r reinri el
des.orden y 13 dls-cordia, donde en I q a
r de ia responsal-.illdad del trabajo reina la ausencia de todz
r i ~ ~ o n s a b i i i d ndel trab2jo y la falta de
"responsabiiidad pe;rcnal 3 , .
<qcé cosa es la
falta d e rcc - o~sabilidad pzrrona!? L3 falta d e
recponsaSllidad ?e~ronaIe s !a 2ccrnc;a de toda
res-ponsibilidad del tr - bajo q u
e hny cjce s;ii.lnistrar, la aucen-cia d e i-es~onzabilidade
x !o co~ce:i . ler~iea las máscines v útiles
empleados. Es evider.ie q ~ noz se puede
encarar el asunto del rendimiento cuando falta la responsabil;clad per-sonal,
ni tampoco puede hablarse del mejoramiento de la calidad d e los
productos y del cuidado necesario a las má - quinas y útiles
empleados. Vosotros sabé's muy bien adonde nos ha conducido la falta d e
responsabilidad personal en los ferrocarriles. Esta ausencia conduce al mismo
resultado en la industria. Hemos vencido la ausencia d e responsabilidad
per-sonal en los ferrocarriles y hemos obtenido un mejoram:ento en su
rendimiento. Debemos hacer lo mismo en la industria. a fin d e conducir su
trabaio hacia un nivel superior.
Hasta aquí
podía 4 6 tolererse" todavía
la organización de-fectuosa del trabajo ligado a la ausencia d e
responsabilidad personal y la ausencia' d e responsebilidad d e cada
uno por e! trabajo a suministrar. Ahora la situación es
co~mpleta-mente diferente. Con la inmensa amwlitud d e nuestra pro-ducción,
con la existencia de empresas gigantes, la irrespon-sabilidad
personal representa para la industria una plaga sus2 ceptible d e amenazar todo
el progreso realizado en la organi-zación y Ia producción d e las empresas.
(En qué forma esta
falta d e responsabilidad personal h a podido arreigarse en una serie
de empresas? H a penetrado como una compañera ilegítima del trabajo
ininterrumpido. Sería falso decir que el trabajo ininterrumpido implica
nece-sariamente la irresponsabilidad personal en les empresas. Con una
organización justa del trabajo, con la organización d e la responsabilidad d e
ceda uno por un trabajo dado, con la fijación d e un cierto grupo de obreros a
un cierto grupo d e máquinas, con una organización justa d e relevos, poseyendo
aproximadamente la misma calificación técnica, el trabajo
ininterrumpido conduce-en tales condiciones-a un formi-dable aumento del
rendimiento, a un mejoramiento d e la calidad, a la supresión de la
falta d e responsabilidad per-sonal.
Tal es, por
ejemplo, la situación en los ferrocarriles, don - d e se está a punto
d e introducir el trabajo ininterrumpido, sin que se manifieste la ausencia d e
responsabilidad personal. (Puede decirse que se encuentra en las diferentes
empresas industriales un cuadro tan favorable del trabajo ininterrum-pido? No
se puede, desgraciadamente, decir que sí.
Es que se ha pasado
demasiado rápido en cierto número d e empresas, al trabajo ininterrumpido, sin
ha-ber efectuado la preparación previa d e las condiciones necesarias, sin
haber organizado los relevos capaces d e d a r un trabajo d e calidad igual,
sin haber previsto las res-ponsabilidades d e cada uno en el trabajo. Esto ha
traído como consecuencia la transfoimación del trabajo ininterrum-pido,
abandonado como iué a la buena voluntad de todos, e n un sistema d e ausencia
total d e responsabilidad personal. E s por esto que, en una serie d
e empresas, el trabajo ininte-rrumpido no existe sino sob-e el papel o en las
palabras; en
cambio, la falta de
r e ~ ~ o n s a b ~ l i dpersonald no la encontra-mos en el pape!, sino,
tal como sLlena, en carne y hueso. El resultado d e todo
esto es la :alta de sentido d e las respon-sabilidades, Ia negligencia en el manejo
de las máquinas, srzn ~ l i ~ e deio éstas cleter;oiadas, y la
ausencia d e todo estir72lante pcra el aumerto de rendimiento.
Es con justa
razóa que los okriros Uicen: ' 6 Nosotsos au-m e l
t a r c r n o s el
rc-2iri:enio y rnijorsremos la calidad del
trabajc pero, ~ q ~
i aprec:an .á xliestro esfrerzo si nad'e es iesno-~snbiede n ~ d a ~ ' '
De esto r e s
~ l t aque a l g ~ n o sd e nciestroc cams-iadas se han ap7esurado
demasiado en la i i t r r i ~ c c i ó n del trabajo
ininre-rcmp;do y lo
han desna:urz!: .'o c3n iyual rap:dea, t~ansfoimár . doloen un
sisLemade 1-r 2-:,onsabilidad pe-sonal. Para 1:q:;idar este estado d
e cosas y > a r a poner fin a la
falta de responsabilidad personal, no hay riqo dos
medios. O bien trensformar las condiciones d e la introducción
del trabajo ininterrumpido, d e tal manera que éste no se transforme en un
sistema d e irresponsabilidad personal, tal como se h a
hecho t-n los
ferrocarriles, o bien suprimir el trabajo ininte-rrumpido allí donde n o
existen las condiciones previas favo-rables a una tal tentativa; pasar
provisoriamente a las sema-n a d e seis días, como se h a hecho en la fábrica d
e tractores d e Stalingrado, y preparar las condiciones previas necesarias para
regresar posteriormente a un trabajo ininterrumpido que no quedar6 sobre el
papel, a un trabajo ininterrumpido que no será tzchado d e irresponsabilidad
personal.
No hay otro medio.
Es indudable que
todos nuestros jefes de industria com-prenden bien todo esto. Pero ellos
callan. <Por qué? Pro-bablemente porque temen la verdad. <Pero desde
cuándo los bolcheviques tcmen a la verdad? < N o es talvez cierto que en una
serie d e nuestras empresas el trabajo ininterrum-pido se ha transformado en un
sistema d e irresponsabilidacl personal, que el trabajo ininterrumpido ha sido
completa-mente desfigurado?
Una
pregunta se plantea: <Quién tiene necesidad d e ese trabajo
ininterrump:do? (Quién quisiera afirmar que el mantenimiento d e tal proceso d
e trabajo, desfigurado y exis-tente únicamente sobre el papel, es más
importante que los intereses mismos d e una justa orzanización del trabajo, que
los intereses d e un verdadero proceso de trabajo ininterrumpido, que los
intereses de nuestra industria soc:al;sta?
(No es evidente
qce rn:entras más ripido enterremos este trabajo ininterrumpido, e x
i s t e ~ i eCnIcsmente en el pa-pel, más rápido obtendremos la organizzc;ón de
un verda-dero trabajo i n i n t e r i ~ m ~ i dqueo n o e:
;?tiría solamente en el papel?
Cierto.;
camar3&ss cíccr q u e 13 a u ~ z n i ' ad e
responsxb'-Icidad personal pod-ía scr .vcrc'r!a p - r mec^;o de invoceciones
1.
y aiszuraos
gran&lccue;?tez. Conczco, en t2do cazo, cierto
número de dir;=entcs de
la i?c!ustA:z qx:, redccen a esto Gr.'-cameiitr
su lrcha contra 12 fal;a de rerponia'ciliclad personal.
Orgenizon por u n lzdo y otro rel;nior.-S, en las cuales se
elevan, por medio de abjurn~ionzs,contra este
eetado de cosas y regresan a SU casa
persuadidos de que, como con-secuzncia de tales discursc~,ia
situación no dejará de me-jorar airtornátic~men~e,por decirlo asi. Sin embargo,
se en-gañan fuertemente caando creen que la i r r e ~ ~ o h s a b i l i d a d
personal puede
ser extirpada d e la práctica por medio d e discursos y
abjuraciones Nó, camaradas. La irresponsabili-dad personal no
desaparece por 8í misma. Debe ser des-truída por nosotras,
pues nosotros y vosotros estamos en el poder, pues
nosotros y vosotros somos responsables d e todo cuanto sucede, i n c
l ~ s ola irresponsabilidad personal. Creo que sería mejor que los dirigentes
nuestra industria, en lugar d e ocuparse d e
discursos y abjuraciones, posen, pongamos uno o dos meces, en la
fábrica o en la mina que dir-qen; que a lí ,. esyudien
todos Ios detalles y todas las- "pe-queiieces d e la organización del
trabajo; que allí liqui-den, sobre el terreno, la irresponsabilidad
personal y que transmitan enseguida las experiencias de la emnresa
dada, a las otras. Esto sería incontrarrestablemente mejor. Seria una verdadera
lucha contra la eusencia d e responsabilidad personal, una lccha por la
verdadera organización bolche-vique del trabajo, una lucha por una reparación
justa d e las fuerzas en la fábrica.
Así, pues, "liquidación d
e la irresponsabilidad personal, mejoramiento d e la
organización del trabajo, justa repartición de fuerza de trabajo
en :as fábricas", he allí nuestras tareas!
Tal es la tercera
cuestión planteada por las nuevas con-diciones d e desarrollo de nuestra
inbiistria.
Llego a la cuarta cuestión.
EL "NúCLEO INTELECTül\L" DE LA
CLASE OBRERA
La situación ha
czmbiiido igualmente en lo que concierne a nuestros cüadros
dirigentes de le incluztiia, en general, y al perco~-,altécnico de
ingenieros, en particular.
A-:es d e
ahcra !a silcizció~era tal que la base hullera y metaifiroica
ukrariiana era la fuente de toda nuestra indus-tria. Era Ukrania que
suministraba el metal necesario a todas nuestras regiones
industriales, tanto en el sur como en Moscú y en Eeningrado. Ella
surninistrziba igualmente el carbón a las empresas más importantes de la Unión
Soviética. Hago abstracción del Ural, su parte en la producción d e la cuenca
del Donetz, habiendo sido insignificante. En consecuencia,
disponíamos d e tres focos principales para la formación d e cuadros
,dirigentes necesarios a nuestra industria: el Sur, la
~ e g ;
ó nd e Moscú y la ~ e g i ó nd e Leningrado. Verdad, en ta - les circunstancias
y cun el mínimum d e fuerzas técnicas en ingenieros d e
las cuales disponía el país en equella época,
nos fué hacer
frente más o menos bien a las nece-sidades.
Tal era la situación no hace mucho tiempo.
Hoy día la
situación se ha transformado completamente. Soy de parecer que, si
queremos mantener el ritmo actual d e desarrwllo y la escala
gigantesca de nuestra producción, n o es suficiente apoyarnos
úniczmente sobre la base meta-lúrgica y hullera d e Ukrania. Vosotros sabéis
muy bien que la producción metalúrgica y hullera d e esta región,
apesar d e su acrecentamiento continuo, no nos es desde hace mucho
t:iem-p o suficiente. Voso.tros sabéis que es a causa de esto que nos hemos
visto obligados a crear una nueva base hullera en el Oriente, la cuenca del
Kusniesk, en el Ural. Vosotros sabéis que hemos alcanzado a fundar
esta nueva base con un cierto éxito. Pero esto no es suficiente. Debemos
todavía crear una industria siderúrgica en Siberia, destinada a hacer fren-te
a las necesidades crecientes d
e esta región. Y estarnos a punto d e crearla.
Nos es necesario, además, una nueva base de metales de
color en el K a s ~ k s t á ny en e1 Turquestán. Nos
P.
es necesario, en
iin, desarrollar una amplia red ferroviaria. T o d o esto nos está ciiado por
los intereses d e iíi UnlGri So-viética entera, por. los
intereses d e las repü)uiicas iimítrofes y
por los d
e las
repúblicas central-s.
Pero resulta cpe no
podremos salir del paio con el mi-nirnuii de
ingenieros y d e dirigentes industrio.les que 110s ha sido
suficiente hasta hoy. Resu!~a q u e los antiguos centros d e
forrnacibn de la3 fuerzas técnicas dirigenies r e han hecho
insuficientec. que ahora nos es necesario sembyar nuevos cent2
. o~d e instrucción técnica en el C1ral, en Sibrria y en el Asia
Central. Necesitamos dos L-ecec, cinco veces más d e in-
g e n i e ~ d~e~
técnicos, y d e cuadros dirigentes d e nuestra in-dustria, si
queremos realmente realizar nuestro programa d e industrialización socialista d
e la Unión Soviética.
Pero no necesitamos
ingenieros técnicos y dirigentes "cua-
lesquiera". Necesitamos dirigentes,
ingenieros y técnicos ca-paces d e comprender y asimilar la política
d e la clase obrera d e este país y que estén
prestos a realizarla concienzuda-mente. t p e r o qué significa ésto?
Esto significa que nuestro país ha entrzdo en una tal fase d e su desarrollo,
que la "la clase obrera debe crear su propio "núcleo intelectuay'
capaz de representar sus intereses en la producción en tanto
que intereses d e l a clase dominante.
Ninguna clase
dominante ha sabido hacer frente a la situación sin un niícleo
intelectual propio. No hay duda que l a clase obrera d e la Unión Soviética no
sabrá tampoco ha-cer frente a la situación sin un núcleo intelectual propio
para s u producción técnica.
El gobierno
soviético ha tenido en cuenta este hecho y h a abierto las puertas de las
universidades en todas las ramas d e la economía popular a los miembros d e la
clase obrera. Vosotros sabéis que decenas d e millares d e jóvenes
obreros y campesinos estudian actualmente en nliestras universidades.
Si antes, bajo
el régimen capitaiista, las universidades eran un monopolio d e los maestros,
actualmente, bajo el régimen soviéticc, es I U juventud
obrera y campesina la que conslituye la fuerza dominante en estas
instituciones. Está fuera d e duda que, dentro de pocc, nilestrns escuelas nos
proporcrona~&nmillares d e nLeXJoo t é c ~ l c o s e ingenieros, nuevos
diriacntes de nuestra indui:ria.
Pero esto no es sino una p
~ r t
ede! pxobiema. La otra
'
parte
conc:5;e eii el hecho de qur el 6 núcleo
intelectual" ter-nico de 12 ciase obrerd no se
xrcliltarii solamente entre las gentes qtTe hayan frecuent3do !
a cni-gerc;dc^d; se reciutará tarnhien entre los clsrclos
cz!ii~ca<;os de nxestrzs empresis, e x t . 2 l a s f
~ e r z c sintiuicias de Is clase obrera d e !as fábr:cas
5 ¿e Ins minas.
Los inkiado-es de la emulación social;c:a, los jc:cs d e las brisadas d
e c h o ~ ü e ,los iniciadores del entu-siasma
por el trabzjo, los organ:zaclores del t - al . a:o e
n tal o cual sector de la edificación rocia!ista, he
aquí 12 - a s a capa d e 12 clase obrera que deberá formar
al lado de los cama-radas egrecados d e la universided, el núcleo
i~telectuald e l a clase obrera, el núcleo d e los cuadros dirigentes
d e nues-tra industria. La tarea c o n ~ i s t een no rechazar a los czmara-d a
s provistos de iniciativa, sino en promoverlos, al contrario,
a los puestos dirigentes, en darles la
oportunidad de mani-festzr sus capacidades orggzizadoras, en
permitirles ampliar sus conocimientos y en crearles las condiciones
necesarias sin economizar los gastos.
Entre estos
camaradas existen numerosos sin partido; sin embargo, esto no debe impedirnos
colocarlos con más ener-gía en los puestos dirigentes. Al contrario, es
precisamente a éstos, a los czmaradas sin partido, a quienes hay que
ro-dear de atenc;ones, que es preciso promoverlos a los puestos dirigentes, con
el fin de que puedan persuadirse realmente del hechc que el partido
sabe apreciar a los trabajadores capaces. Ciertos cemaradas creen q u
e no hay que colocar en los ~ u e s t o sdirigentes d e las fábricas
sino a miembros del partido. Animados d e es espíritu,
rechazan, a menudo, a camaradas capaces y llenos d e iniciativa, pero
sin partido, colocando miembros del partido en los puestos dirigentes, aunque
sean menos capaces y desprovistos d e todo espíritu d e iniciativa.
No hay nada más estúpido ni más reaccionario que una
tal-digamos- 6
6 política''. Es evidente que no se hace sino desacreditar al
partido con una tal "política" y
rechazar del partido a los obreros sin partido. Nuestra
política consiste en esio: crear una atmósfera S ' de
confianza recíproca7 , entre los miembios del
partido y ios obreros sin partido, una at-mósfera
"de contra! mutno". corno declc:
Lenin. Si nuestro partido se ha clavado
profiindciine~teen el SCEO d e la clase obrera, es enire
otras cosas, porcjce él p e r s ' g ~ etambién esta
wolítica.
En consecuenci-., ''Pizrzi de tal
xane-a que 14 clase obre-
ra Le Ba UnPSw Sovietica pazea CQE propios inte7,ectüal=s9
in-
genleros y t6cn:eae, he olií nuestra tarea.
Tal es e!
cuarto problrma d e !as nueves condiciones de desarrollo d e nuestra
industria.
Llegamos al quinto.
LOS
INDICES DE UN VIRAJE EN
ANTIGUOS CUADROS DE
LAS FILAS DE LOS
TECNICOS
La cuestión d e la
actitud que hay que adoptar hacia los antiguos técnicos burgueses se presentan
igualmente de una manera diferente. Hace dos años, los técnicos, los más
cali-ficzdos de los antiguos cuadros, estaban contaminados con la enfermedad d
e sabotage. Además, el sabotage se había hecho una cosa d e moda . Los unos
cometian actos d e sabo-tage, los otros cubrían a los s a b o t e ~ d o r e s
;los otros, en fin, se lavaban las manos, proclamándose inocentes y guardando
la neutralidad, y otros todavía andzban con rodeos entre los Soviets y los
saboteadores. La mayoría d e los antiguos técnicos continuaba, evidentemente,
trzbajancio de una mz-nera más o menos leal. Pero no se trata aquí d e la
mayoría, sino d e la parte más calificada d e los viejos técnicos.
(Por qué ha sido
creado el movimiento d e los saboteadu-res? (Por qué ha sido sostenido? Por la
agravación d e l a lucha de clases en la Unión Soviética, por la ofensiva
polí-tica del gobierno soviét;co contra los e!ementos capitalistas en la ciudad
y en el campo, por la resistencia d e estos ele-mentos a la política del
gobierno soviético, por la comple-jidad d e la situación internacional, por las
dificultades sur-gidas en la edificación de os bho!!<sces y
de los sovkho-aes, ( 1 )
Si las actividades
de la parte, la m&s activa d e los sabo-teadores, han sido incitadas por
los planes de intervención d e los imperial;stzs y por las dificultades
agrícolas en nuestro propio país, los rodeos de la otra parte d e los viejos
técni-
cos
han sido
reforzados por el verbalismo de los trotzkistas-'6
mencheviqces, según lcs cca!es r.0 re sacar5
poda ni d e los
kholkoces ni de los sovkhozes", "ei =ob;erno soviEtico está
cornpl.'-tamente degenerado y no tardará er. derrumbzrae",
los bolcheviques empnjail, ellos mismos, a la intervencyón
por su propia política", etc.
Si se piensa, por otra. parte, que viejos bolcheviques no
'
han podido resistir
a la epidemia" d e derecha y han per-mznecido durante todo ese tiempo
distanciados del partido, no hay motivo para admirarse que un cierto número d e
vie-jos técnicos, que no habían comprendido nunca nada d e bolchevismo, hayan podido
vacilar también, "con la ayuda d e Dios".
No es menifiesto
que, en estas condiciones, el gobierno soviético no podía adoptar sino una
política hacia el antiguo núcleo intelectual:.. "destruir" a los
saboteadores activos; ha-cer una nueva clasificación" d e los neutrales y
atraer a los técnicos leales.
puede decirse
que tenemos actualmente la misma si-tuación ?
NO. Al contrario.
Nos encontramos ante una situación completamente modificada.
En primer lugar,
hemos destruído y completamente ven-cido a los elementos capitalistas en la
ciudad y en el campo. Es evidente que esto no regocija al antiguo núcleo
intelec-tual; es hasta probable que haya una Cuerte compasión por los amigos
vencidos.
No es,
sin embargo, probable qxe, sin dejar d e estar
I!e-nos de compasión por los vencidos, los téciiicos neutrales y
vacilantes estén deseoscs de participar la c ~ e r t ed e sus ami-
6 '
gos r.ctivos",
d e q u é s de la dcra e irreparable derrota su-frida
For ertcs &l;imos.
Enscgirida hemcs
t ~ a n s m o n t a c ; ~las dificzltades encon-tradas en el frente
agrlcclu, pero no solamente las hemcs trcosmoni-ado, sino h e ~ i a e x p o ~ t
a ~ oUnas tal cantidírzl d s
cereales como no himai. esportado jai-nás dezde la existen-
., .
cia de4 régimen c3viei:cs. 9
Y, en fin, iar:a los c
i e ~ , o cs z dan c ~ z x t nq u
e hemos ven-
. ,
cido con~~!etsi-nen:e,r3hie e1 f
r c n : ~ d
e la edilicecior, de los
kholkoses y so-zkhesrs, dondz s
i obkionen é:-:lr:i;os
formidables.
.c.
Esto
sipn~iicaque l a s arrnas r r . 5 ~irripartsntes del arsenal
del untC-;aio núcleo inte1ectuz.l hun sido de~tru:das. En lo
con-cerniente a las erperaczas in~:ervencionistas de los intelec-tuales
burgueses, es preciso decir que, provisoriamente por lo menos, se han
comprobado como quiméricas. En realidad, ellos han prometido esta intervención
durante seis anos y
no han ensayado jamrís realizarla una cola vez.
Es decir que
nr~eaircsi~.!c!ect~la!ec b a r g ~ e s r s E ? - vertidos,
han sido arrns:rrdcs por la p u l t z
de la nriiiz. No in-sisto mas sobre el hecl~o de q
u e la ac:it~.cl adoptado por 13%~ ~ h 3 t e 3 d o r eactivoc,s
dnicnte e! frr?oio
procpso de i%cr-cA (i1 estat.1 llaina2a a dcsacieditai lo.
i6ea del caboteje y que ella 12 h-i dezacrer'itado
e:ectivameri:e.
Es e-~id'ynteque
estas nuevEs circxnziancias no podían dcjar de inflriencias ~ u b i
enues;:a antigiro núcleo intelectvel. La caeva ritrración debia hacer un
niieTio estado de ecpíriLia entre los antigcos
técnicos y efectivsmcnte lo ha hecho. Es así c r x o ee
e::plicn el viraje que hemos cbtenido actuairnen-te ex? la
actitud tcma2a hacia el %obierno soviético por una c i e r t ~parte d
e los In:c!rctuale3 que axtes simpetizaban con los ssboteadores. El hecho c ; ~
cno solamente una parte d e los viejos técnicos, Lno también ciertos caboteado~eod
e ayer, o más E e n dicho una parte importante de los seboteadores d e ayer,
comiencen a trabajn-r en b r e m inte!igencia con la clase obrera en una serie
de fábricas; este hecha manifiesta, sin la menor sombra dc
duda, el viraje qi;e se opera entre los viejas técnicos.
Esto no quiere
decir, sin embargo, que ya rio existan sa-boteddores en la Unión Soviética. No.
E:ricten saboteadores y zeguirá habiéndolos mientras existan clases en&e
nosotros, mientras) estemos rodeados d e cap:ta:istzs. Pero esto no sig-nifica
que una parte importante de los viejos técnicos q u e antes
simpatizaban d e una u otra manera con los sabotea-dores, regresen
actualmente hacia el régimen soviético. t o s saboteadores activos no existen
sino en pequeño número, están aislados y serán reducidos tarde o temprano a una
pro-funda ilegalidad.
1 Pero r e s ~
l t aigualmente que debemos modifkar nuestra política hacia los viejos
técnicos. Si durante el período del sabotaje más activo, nuestra actitud hacia
los viejos técnicos se manifestaba sobre todo por la política d e la
destrucción, hoy día, en el período del viraje d e esos técnicos hacia e l
(1) P
r ó x i m n n publicarse en esta Editorial. "El Pr~cesod
e los industria le^ cle hloscú" por
Bernard Savigny.
régimen soviético, nuestra actitud hácia ellos debe manifes-
tarse sobrc todo
por i;na de atracción. Seríü falso y antidialéctico continuar la
vieja pclítica en nuevas circun-tancias modificadas. Sería tonto e irrazonable
querer ver hoy día en cada especialkta y en cada ingeniero de la
vieja esczcla un criminal y un ceboteador disimulados. "Devorar
especialistas" ha sido siempre y sc:á ahora considerado co-mo una
manifestación nociva y vergonzosa.
Así, pues,
cambiar de actitud hacia los técnicos de la antigua
eccru?la, acordarles el máxirnum dc atención
y de solicitud, atraerlos al trabajo, tal es nuestra
tarea.
Es así
como rte plantea el quinto problema d e las nuevas condiciones de
desarrollo de nuestra industria.
Paso ahora a la última cuestión.
SOBRE EL PRINCIPIO DE LA RENTAEILIDAD
El cuadro
sería incompleto si no mencionase un otro problema. Se trata de las
fuentes de la acumulación d e la industria. de la economía nacional y
d e la acentueción del ritmo d e esta acumulación.
<Qué hay de
nuevo y de particular en el desarrollo d e nuestra industria desde el
punto d e vista de la acumulación? En esto, en que las antiguas fuentes d e la
acumulación co-mienzan a ser insuficientes para el desarrollo ulterior d
e la injdustria. En que hay necesidad d e crear nuevas
fuentes d e acumulación y reforzar las
antiguas, si queremos mantener
y desarrollar el sistema bolchevique d
e la industrialización.
Es un hecho
conocido en la historia de los países capita-listas, que un jovec Estado que
quiere levantar su industria a un grado superior, no ha podido jamás
hacerlo sin la ayu-d a de afuera, bajo la forma d e créditos o de
empréstitos a largo plazo. Partiendo d e este punto d e vista, los
capitalistas d e los países occidentales han suprimido completamente
todo crédito o empréstito a nuestro país, suponiendo que la
auren-cia de créditos o de empréstitos impediría seguramente nues-tra
industrialización. Pero los capitalistas se han equivocado. Ellos no han tomado
en consideración que nuestro país, al contrario de los otros países
capitalistas, dispone d e una serie
d e otras fuentes de acuinu!ac;6n que son suficientes para
restablecer la industria y desarrollarla ulteriormerite.
En efecto, nosotros
no solamente hemos restablecido nuestra industria, sino que hemos
llegado al comienzo d e la formidable tarea de 1z
reconstrircción dc la gran industria, d e la
agricultura y d e los tran~pcrtes .Es incontestable que esta
tarea nos ha costado decenas de billones d e rublos. (Dónde hemos tomado, pues,
esos billones? En la industria ligera, en la agricultura, en la acumulación
presupuestal. Es así como han pasado las cosas en nuestro país hasta estos Últimos
tiempos.
Hoy la situación es
otra. Si, hasta aquí, las antiguzs fuen-tes d e acumulación habían bastado Dara
la reconstrucción d e la industria y d e los transportes, ellas son ahora
insufi-cientes.
No se trata ya
d e reconstruir la vieja industria; se trata d e la creación d e un industria
nueva, bien equipada téenka - mente. en el Ural. en Siberia. en Kasakstán. Se
trata d e la creación d e una nueva producción agraria d e gran estilo en las regiones
d e cereales de crianza y d e cultivo industriales d e la Unión
Soviética. S e trata d e la creación d e una nueva red ferroviaria que una el
Este con el Oeste de la Lliión So-viética. Es inútil decir que las antiguas
fuentes d e acumula-ción son insuficientes Dara una tarea tan formidable.
Pero
no es todo. Es necesario añadir el hecho d e que, como consecuencia d
e l a mala administración, el principio d e la rentabilidad ha caído
completamente al agua en una serie d e empresas y organizaciones económicas. Es
un hecho cierto que, e n una serie de empresas y organizaciones
econó-micas se abandona desde hace mucho tiempo las nociones d e economía, d e
reducción d e gastos improductivos, d e ra - cionalización d e la producción.
Es evidente que estas empre-sas y organizaciones económicas contaban con que el
Banco del Estado "pondría d e todas maneras a nuestra disposición las
sumas necesarias". Es un hecho que en estos últimos tiem-pos el precio d e
costo ha aumentado en toda una serie d e empresas. Se les había dado como tarea
reducir el precio d e costo d e un 10 por ciento como mínimo. Ellas
lo han aumen-tado.
(Qué significa
la
reducción del
precio d e costo? Vosotros
scbri; qLe cads centavo cle redccciEn de! precio d
e corito
sisr?i!:ca- Lni
ecur_lulrción de 150 a 200 n~illonesd e rul!os
en la indirstria. Es clzro qze en t a l e
s clicunriancias el aumen-to dc! precio de a c t
o significa ~ l n apCrdicia d e
centencs de n~iilones'cieic5los p i r
a 13 industria y para tcda la economia
nac:c,nal.
, .
El!@ eio~ifica
qce no basta apoyarse un:camente en l
a
indusiiia ligera,
en la acumuleciEn pre;;~~::estal,en la renta d e la asiicilltuía.
La industiin p r e s c n t ~une rica fuente d
e acnmu!nción y tie-ce piol?sbi!ldaLes de decarroilarse a.ún,
pero esta fue:~te no es i n a ~ o t a b l e .La zgricultura no
es tam-poco una fcente de acumuiación menos preciosa, pero tiene
nececIdad también en este perícdo de rcconstrucción de la ayuda financiera del
Estedo. En lo que recpecta a la acilmu-larijn presupcestal, vosotros
sabéis muy Llen que ella no es ni d:Se ser il'mitada. i- O-u
& es lo aue nos hace falta? Nos falta la s a n industria. Esto quiere decir
qiie es necesario enczrnizarse en que la gran induttria y, en primer
lugar, la construcción d e mácuinas contribuva tzmbién
a la acumu-1ac:ón. Esto s i g ~ i l ' c aqxe, al mismo
tiempo que se amplían y se desarrollan Ias antiguas f u e n ~ e sde
acumulación, debemos esforzarnos en llegar a que la gren industria y, en primer
lu-gar, la construcción de máquinas, contribuyan también
a la acumulación.
Esta es
la situxción.
< !qué es
necesario para realiz,rla? Separar la no renta-bilid, d, movilizer
los recursos interiores d e la industria, in-troducir y reforzar
en todas las empresas el principio d e la rentabilidad, reducir sistemáticamente
el precio d e costo, re-forzar la acumulación industrial sin
exce~ción .
Así, pues, introducir y reforzar e! principio de rentabili-
dad, aumentar Ba acumulad,ón interior de la industria, ta!:
es nuestra tarea.
TRABAJAR CON NUEVOS METODOS.-DIRIGIR CON
NUEVOS METODOS
Tales son,
camaradas, las nuevas condiciones d e desa-rrollo d e nuestra industria.
La importancia d e
estas nuevas condiciones consiste en el hecho d e que crean una nueva situación
para la industria que, a su vez, exige nuevos métodos d e trabajo y nuevos
métodos d e dirección.
Tales son las
nuevas condiciones d e desarrollo d e nues-tra industria, que exigen nuevos
métodos de trabajo, nuevos métodos d e dirección en la edificación económica.
tQué es necesario
para renovar los métodos d e d:irec-ción?
Es necesario, ante
todo, q n e los dirigentes d e nuestra in-dustria reconozcan la nueva
situación, estudien las nuevas condiciones d e desarrollo de nuestra industria
y transfor-men en consecuencia su trabajo .
Es todavía
necesario qee los dirigentes de nuestra eco-nomía dirijan las
empresas no uesde un punto d e vista ge-neral. no desde un ~ i l n t
ode vista abstracto sino concreta-ment - ; que tomen posicijn scbre cada
cuestión, no desde un punto de vista de charlatanerfa genera!, sino
desde un punto d e vista d e hecho; que no se limitan a decIaxaciones
escritas o a frases y consignas d e orden general, sino que
penetren en
la técnica del trabajo y en los detalles que se '6
ocupen de las
cosas sni irn20rtancia3', pues es sobre estas pocas cosas que se construyen
actualmente las grandes.
Es todavía
necesario que nuestros trusts actuales, que agrupan generalmente d e 100 a 200
empreas, sean inmedia-diatamente disueltos y divididos en numerosos
grupos d e ~roducción .
Se entiende que el
presidente d e un tal grupo d e pro-ducción, que debe trabojar con 100
fábricas a lo más, no puede conocer a fondo
sus posibilidades d e trabajo. Se com-prende que no puede dirigir empresas que
no conoce. Esto
significa que si se quiere dar a un presidente d e trust la po-sibilidad
de conocer efectivamente sus empreszs y dirigirlas, los grupos d e
producción deben estar descargados del exce-so d e empresas, deben ser
divididos en otros grupos más nu-merosos y estar un poco mtis aproximados d e
las empresas.
Es aún necesario
que nuestras asociaciones d e produc-ción pasen d e la administración colectiva
al sistema d e la di-rección i~dividual .La situación es ahora tal
aue 10 a 15 personas sesionan en el colegio d e la
dirección, acumulan papelerías y entablan discusiones
interminables. La industria no puede ser dirigida d e esta manera. La
dirección burocrh-tica debe ser suprimida y reemplazada por una
trabajo efec-tivo concreto, bolchevique. Podría guardarse a la cabeza de cada
trust un presidente y algunos vicepresidentes. Esto bas-taría para
dirigir las asociaciones.
Los otros miembros
del colegio podrían ser enviados con mucho más provecho a las fábricas. Esto
sería mucho más útil para ellos mismos y para la causa.
Pero, para ello, es
necesario todavía que el presidente del trust y sus reemplazantes visiten más
frecuentemente las empresas, que se queden en ellas tanto tiempo cuanto sea
posible, que traten d e conocer d e la mejor manera a los co-laboradores
d e la empresa y no distribuyan unicamente con-sejos, sino que traten
también d e aprender algo. Ellos creen que hoy se puede
dirigir desde la altura del sillón presiden-cial y lejos d e la
empresa. Es un error. Para dirigir una fá-brica es necesario
reunirse lo más frecuentemente posible con los obreros y mantener con
ellos un contacto vivo.
Todavía unas
cuantas palabras, antes de terminar nues-tro plan d e producción d e 193 1
. Hay gentes bastante próxi-mas al partido que afirman que nuestro
programa de pro-ducción es irreal e ina~licable .
(Nuestro programa d
e produccicín es real? Incontesta-blemente. Es real porque disponemos de todas
las premisas necessrias para su cumplimiento. Es real porque su cumpli-miento
depende ahora exclusivamente de nosotros mismos, d e nuestra comprensión, d e
nuestra voluntad de explotar las ricas oosibilidades existentes.
¿Cómo se podría
explicar d e otra manera el hecho d e que toda una serie d e empresas y ramas
industriales han
sobrepasado ya el plan? Sería tonto creer que el plan d
e producción no es sino una sucesión de cifras y de
tareas. En realidad, este plan es el reflejo de la actividad
viviente y práctica de millones de hombres. La realidad de este plan
d e producción está en sus gentes vivientes, en nosotros mis-mos, en nuestra
voluntad de trabajo, de trabajar de una manera nueva, en nuestra voluntad de
realizar el plan. (Te - nemos esta voluntad? Si la tenemos. Esto significa
que nues-tro plan de producción puede y debe ser realizado.
J. STALIN.
JOSÉ VISSARIONOVITCH STALIN
P o r J
u l i á n M
a d a s a .
EL AGITADOR
José
Vissarionovitch Djougachvili nació en Coric, go-bernación d e TiflLs, en 1879.
Hijo d e un cordonero geor-giano, su infancia se distingue por su espíritu
devoto y el gran cariño que profesaba a su madre. Su primera
educación fué hecha en una escuela religiosa d e su aldea
natal, y más tarde, a instancias d e s u madre, entró en
el Seminario d e Tillis, a fin d e proseguir sus estudios eclesiásiicos.
A los 1
5 años, 1s Dersona d e losé Visszrionivitch se sin-gulariza por
la tenacidad y energía de su carácter.
En 1898, Stalin (su nombre de guerra, que significa
' S hombres d e
acero") ernoieza a relacioolarse con los hom-bres que propagan las
nuevas ideas, y se aleja definitiva-mente de s u s primeras
inc!inaciones. Socio del "Círculo Mar-xista d e Tiflis".
no tarda En oresidir ese cent - o d e estudios económico-sociales; la
sinceridad con cjue se acoge sus nue-vas convicciones, su espíritu d e ccmbate,
lo lievan a la pro-paganda diaria y c o n s t a ~ t e ,hasti?. convertirlo en
un nuevo misionero de S::.; nuevas ideas.
Situado en la
iaouierda del Partido Obrero Demócrata Ruso, cada vez su acción se hace más
combativa y violenta.
LES huelgas
que estallaron en Tiflis tienen como yesal-tado la disolución del comité
obrero; la policía requisa l a casa d e Stalin, la primera orden d e arresto en
su contra es decretada por la aiitoridad. Obligedo a permanecer
dentro de la ilegalidad, su vida de agitador no cambia.
Poco tiempo
después, en 190 1 , funda en Batum, o me-jor dicho reconstituye el
comité obrero y personalmente di-rige las huelgas d e las usinas Rotschild y
Mantachkv; des-
pués organiza una gran manifestación política en Febrero d e 1902, donde
es detenido y condenado a una prisión de ocho meses. Más tarde se le
exila en Siberia Oriental y poco tiem-po después d e su llegada al destierro,
Stalin se fuga y vuelve nuevamente a Tiflis para reanudar sus actividades de
agitador. En 1903, al inicizrse la lucha que divide al Partido Obrero Social
Demócrata Ruso, en Mencheviques y Bolcheviques, Stalin se enrola resueltamente
en las filas de estos últimos. Es en este período cuando escribe su primer
opúsculo revo-lucionario que se titula: "Divergencias de Partidos".
En Noviembre de
1903 va como delegado a la Confe-rencia Bolchevique Pan Ruso, en Finlandia, y
es allí donde conoce a Lenin. La derrota de la revolución d e 1904 lo obli-ga a
regresar a Tiflis y allí funda y dirige el periódico "Dro" ("El
Tiempo").
En 1906 asiste al
Congreso del partido en Etocolmo y un año después interviene directamente en la
huelga de la industria d d petróleo en Bakú.
La intensa
actividad de este agitador obrero inquieta a1 Gobierno de los Zares; uno
después de otro se lanzan los decretos de detención en su contra y se prometen
premios en dinero a quien denuncie su escondite.
El agitador no
se resigna a permanecer oculto y en una reunión pública es tomado
preso y relegado por segunda vez a Sibera, de donde logra fugarse
nuevamente. 19 10, nueva detención y otra vez a Siberia. 19 1 1,
nueva fuga. Se dirige entonces a San Petersburgo; la policía lo detiene. Nuevo
re-greso a Siberia, con la consiguiente huído.
En 19 12 participa
en la fundación del periódico "La Pravda" y encabeza las grandes
huelgas de Lena. Por quinta vez detenido, se le deporta a Siberia, y el mismo
año se fuga.
Por fin, en la
primavera de 19 13 es detenido por última vez y llevado a Siberia en las más
duras condiciones, donde permanece cuatro años, o sea, hasta la
revolución de Ke-rensky, en 19 1 7.
EL REVOLUCIONARIO
El agitador
inicia su carrera de revolucionario y de un activo director de huelgas se
convierte en un eficaz colaborador d
e los hombres que complotan contra Kerensky. Prepara,
junto a Lenin, L. Trotzky, Zinovieff, la revolución d e Octubre, y
triunfante ésta, es elegido miembro del Bureau del Partido Comunista Rcso.
Hombre incapaz de
obtener la popularidad por los medios usuales de gran simpatía y de la elocuencia,
sabe muy bien que, mientras viva el grande e indiscutible jefe d e la
revolución rusa, Lenin, su papel será secundario y que debe
colaborar leal y sinceramente a ese hombre, que sintetiza el triunfo d e la
causa proletaria.
Trabaja bajo la
dirección d e Lenin, después d e haber formado pzrte d e los cinco que tuvieron
la dirección política d e lsi insurrección y d e 13s siente que
fueron encargados d e la sublevación.
Sus dotes d e
or~anizador,-su espíritu de trabajo, se reve-lan al espíritu perspiczz d e
Lenin, quien lo hace nombrar Secretario General del Partido. Stalin conserva
ese puesto hasta hoy día y es desde ese cargo que concibió su po!.ítica
industrial y técnica y desde donde dirige la Unión d e las Repúblicas
Socielistas Soviéticas.
EL JEFE
Ml~ertoLenin,
Sta!in comienza su lucha con Trotzky. Na-d a mejor demuestra sus condiciones d
e continuador y je!e d e la revolución, que su combate contra Trotzky
y la co-rriente que lo apoya.
Para Stalin,
fracasada la revolución alemana, 'húngara y china, la olbra d e los Soviets
debe dedicarse por completo a transformar el Estado Ruso, d e agrario en
industrial, a fin d e que el nuevo Estado pueda imponerse al mundo
por el pre.s-tigio d e una orgenización superior a la
capitalista. El plan quinquenal es su programa y contiene
el sentido d e toda su política.
Trotzky, por el
contrario, sigue adherido a la tendencia d e la revolución permanente, que
desea, ante todo, llevar el espíritu d e la revuelta social a los demás países
capitalistas, organizando comploio, fomentando huelgas, en una palabra,
concretando toda la actividad soviética hacia el exterior.
El campesino d e Ceorgía, el organizador, vence en una lucha que, por
algún tiempo, dividió al partido comunista, y vence totalmente,
osimilando a su pUnto de vista la unani-midad d e su parttdo y
desterrando a los que resistela y di-viden.
Demuele la
o~ozición trotzkista v a ln acusa d e ser un grupo antiproletario,
antiscviét;co y contrarevo!uclon~r~o .
Para Stolin, el trotzkismo
es la negación de les posibili-dades d e la edificación del socialismo en
la U. R. S. S., por l a sola fuerza d e la clase
obrera y campesina.
Para Stalin eso
significa que, si la revolución mundial no triunfaba rápidamente, la Rusia
anarquizada debería capi-tular ante la burguesía y entregarse a la República
burguesa democrática.
Para Stalin, el
trotzL-;smo es la negación d e la nece-sidad d e una disciplina d e fierro en
el Partido, y eso significa l a libertad d e las fracciones políticas dentro
del Partido, o sea, la formación de partidos políticos que representan y
encarnan el tricnfo y las aspiraciones d e la democracia bur-guesa y son
incompatibles con el Estado Técnico.
Una vez que dominó
la oporición d e izquierda, debió d e hacer frente a la oposición d e derecha,
que predicaba el opor-tunismo y la necesidad d e adapterse a las
tácticas del mo-mento. Eska oposición era encabezada por
Rikov y Tomski. Sostenido por la gran mayoría del Partido, que
encontraba un verdadero jefe en S~alin,éste pudo vencer también esa
oposición y dedicar así sus totales energías a la gran labor
c~nstructivadel famoso Plan Quinquenal.
Al igual que Marx y
Lenin, Stalin, dentro de las líneas generales d e la doctrina socialista, ha
sido otro intérprete y, podemos decir, que la nueva doctrina económka
que se ex-perimenta en Rusia es "marxismo leninista-stalinista".
Stalin no es un
orador y, a pesar de s u larga carrera po - lítica y d e su
constante vinculación a las muchedumbres, no ha podido desligarse de su acento
caucásico, que choca a la dicción rusa.
La fuerza d e sus
discursos consiste en los conceptos que emite, en la claridad y orden de sus
argumentos, en la segu-ridad de sus ideas, en la sinceridad de sus
convicciones. Es
el orador de las fábricas. del taller. d e las
estadísticas, de los comités técnicos e industriales.
Su trabajo, su
lealtad a los fórmulas marxistas y sus per-sonales e indiscutibles
condiciones d e jefe, lo han llevado, sin embargo, a conquistarse la
popularidad en las multitudes rusas y el temor en sus enemigos.
Se le
respeta y obedece, porque es un hombre d e finali-dades concretas.
Se le admira por su
modestia. Vive en el Kremlin, e n dos pequeñas piezas que sirvieran en otra
época d e habits-ciones a un mozo cochero d e la Corte Imperial. Gana sueldos
ínfimos y se viste con tal simplicidad que es imposible distin-guirlo entre los
transeuntes. Su porte es mediano, tiene una contextura vigorosa y su rostro es
d e un hombre tranquilo. Se caracteriza por la simplicidad de sus comidas, que
son las misma que se sirven a los obreros en los restauranes comuiia-les d e
Moscú. Tiene ciertas aficiones dilettantistas por
la mú-sica y especialmente por el autopiano.
Stalin personifica
en los momentos actuales el
ideal de una.. doctrin'a y el esfuerzo d e un pueblo.
Es el guardián d e l a linea general" del Partido.
Nadie discute su
verdadero talento d e organizador y su poderosa fuerza de trabajo.
Se ha echado sobre
los hombros la más esa da labor que un estadista priede soportar:
transformar a un pueblo d e 160 millones d e campesinos, en un pueblo
d e producto-res; a un pueblo hasta ayer miserable y esclevo, en un pue-blo
pi(óspero y trabajador; a un pueblo que servía a los bo-yardoo en un
pueblo que sirve al progreso.
Sin él. talvez la
revo!ución d e Octubre se hubiera com-prometido en dudosas
aventura%y hubiera fracusado.
Con Lenin, son los
dos obreros del Estzdo Moderno y los das principales animadores de la
fuiura organización social.
Imp. "Carnet S
o . ~ i a C-:~
Morandé 636, Santiago.
FIN

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