© Libro N° 14481. Por Todo Lo Grande. Ilf, Iliá Y Petrov, Evgueni. Emancipación. Noviembre 15 de 2025
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POR TODO LO GRANDE
Iliá Ilf Y Evgueni Petrov
Iliá Ilf Y Evgueni Petrov
POR TODO LO
GRANDE
Iliá Ilf Y
Evgueni Petrov
el octubre 21, 2011
Grandes satíricos de la literatura rusa
contemporánea, se han hecho famosos por las obras que han publicado en común.
Iliá Ilf es el seudónimo de Iliá Arnóldovich FRANZILBERG (1897-1937), natural
de Odesa, nacido en el seno de una familia de empleados. Periodista de
profesión, empezó a publicar breves relatos satíricos desde 1918. Evgueni
Petrov es el seudónimo de Evgueni Petróvich KATAIEV (1903.1942), también
natural de Odesa - su padre era maestro de escuela- y periodista. La primera
obra importante escrita por Ilf y Petro fue "Las doce sillas" (1927),
historia de dos rufianes que recorren el país en busca de unos diamantes
escondidos por una vieja dama en el tapizado de una silla. Sigue a la "Las
doce sillas" otra importante novela: "El becerro de oro" (1931),
en la que uno de los rufianes de la primera novela, en compañía de otros tres,
va a la caza de un millón de rublos. La trama de las novelas, les sirve de
motivo para presentar una auténtica galería de personajes cuya actualidad no se
perderá en el transcurso de muchos años. En "La América de un solo
piso" (1936) recogen sus impresiones de viaje por los Estados Unidos.
Además de estas tres obras importantes, Ilf y Petrov escribieron numerosos
cuentos y relatos breves, satíricos, entre los que se cuentan "Cómo debía
escribirse Robinson" (1933). "Descanso en el parque" (1933) y
"Por todo lo grande" (1934). Muerto Ilf, Petrov continuó su actividad
literaria como ensayista, dramaturgo y guionista de cine. Pereció en 1942 al
evacuar de Sebastopol, ciudad asediada por el ejército hitleriano.
Semión Semiónovich, jefe de la empresa, estaba
sentado ante una enorme mesa escritorio de madera de roble, con tallas de
pájaros y racimos de uvas. Enfrente, de pie, tenía al administrador, con sus
pantalones de montar y polainas amarillas al estilo de los soldados de caballería.
No se sabe por qué razón, los administradores gustan de cubrir sus cuerpos
civiles con uniformes semimilitares, como si su actividad estribara en jinetear
y blandir el sable en vez de contar pacíficamente bombillas eléctricas y clavar
numeritos de cobre a sillas y armarios cuando hacen inventario.
-Supongo que está claro, camarada Koshachi1 - decía
Semión Semiónovich entusiasmado; compre salmón, mejor aún sin espina, y además
pernil, longaniza, queso y algunas conservas caras.
-¿Boquerones?
-¡Usted siempre el mismo, camarada Koshachi!
¡Boquerones! ¿Por qué no propone calabacines rellenos o judías con pata de
cerdo? En su último banquete, el Combinado del Caucho sirvió conservas de
hígado de lamprea, y usted viene con boquerones. De ningún modo. Compre
cangrejos. Anote: veinte latas de cangrejos.
El administrador sintió tentaciones de replicar, e
incluso abrió la boca, mas no dijo nada y tomó nota.
-Veinte latas de cangrejos - repitió Semiónovich -
y cinco kilos de caviar granuloso.
-¿No será mucho? La última vez servimos tres kilos
y fue más que suficiente.
-A usted le pareció suficiente, pero... a mí me
pareció que era poco. Lo observé.
-Es a cuarenta rublos el kilo - añadió acongojado
el administrador.
-¿Qué significa esto?
-Significa que sólo el caviar nos costará
doscientos rublos.
-Ya hace tiempo que quería decirle, camarada
Koshachi, que usted es un hombre de pocos vuelos. Si organizamos un banquete,
que sea un banquete de verdad. Con entremeses, un plato caliente e incluso dos,
helado y fruta.
-¿Por qué tan a lo grande? -murmuró Koshachi-. No
niego, es verdad, que hemos cumplido el plan mensual. ¿Acaso es poco? Además,
la semana pasada ya tuvimos un banquete para festejar los cincuenta años del
gerente.
-La verdad es que no le comprendo, camarada
Koshachi. Perdone mi franqueza,pero es usted un hombre enfermo de avaricia. A
ver, dónde estamos: ¿en alguna tenducha de mala muerte? ¿O tenemos algún
comercio privado? Además - prosiguió
Semión Semiónovich -, compre vajilla decente, pues
lo que usted nos pone en la mesa para servir la comida ya no tiene nombre:
platos de distintos calibres, copitas de diferentes tamaños, y la última vez
bebimos el vino en tazas. ¿Comprende lo que esto significa?
-Lo comprendo.
-Si lo comprende, vaya usted a una tienda de
reventa y adquiera usted lo que haga falta. Así no podemos seguir.
-En las tiendas de reventa todo es muy caro, Semión
Semiónovich. Ya sabe que no podemos extralimitarnos del presupuesto.
-Sé mejor que usted lo del presupuesto. No somos
nos ladronzuelos ni unos despilfarradores, no vamos a meternos el salmón en la
manga para llevarlo a casa. ¿Pero a santo de qué hacer el pobre? Nuestra
empresa no es de las que cierra el balance con pérdidas. Si organizamos una
cena de camaradería, que sea una verdadera cena. Hay que contratar un jazz,
hacer venir artistas y no a ese coro de Tambóv, o como se llame...
-Se llama conjunto lírico -aclaró el administrador
con voz ronca.
-Ese, ése... No hay que volver a llamar a esos
bandurristas. Contrate a un buen artista que nos cante algo que valga le pena,
como "Ea la nana nanita ea, duérmete lucerito, que ya clarea".
-¡Pero un artista de tal categoría - replicó
Kosachi con voz quebrada - nos va a costar los ojos de la cara!
-¡Qué hombre más raro es usted, palabra de honor!
¿Se trata acaso de los ojos de su cara? Además, no nos costará los dos ojos de
la cara, sino uno solo. Para nuestro presupuesto de millones esto no tiene
ninguna importancia.
-Habrá que llamar un taxi para el artista -
balbuceó afligido el administrador.
Semión Semiónovich miró atentamente a su
interlocutor, dijo con reconcentrada expresión:
-Perdone, camarada Kosachi, pero usted es
sencillamente un roñoso. Un tacaño de tomo y lomo. No se ofrenda por mis
palabras, pero es usted un tipo como los que se describen en la literatura.
¿Usted tiene la mala costumbre de llevar siempre la contraria. Usted es un
Pliushkin, y basta. Incluso mi sustituto se queja de su absurda avaricia
pequeño-burguesa. Todavía no ha sido usted capaz de comprarle buenos muebles
para el despacho.
-Los muebles que tiene son excelentes - repuso
sombrío Kosachi -. Es cuanto hace falta para el trabajo: seis sillas suecas,
una mes a escritorio, otra mesita pequeña, un jarro para agua, un cenicero de
bronce configura de perro y un hermoso diván nuevo tapizado de hule.
-¡Tapizado de hule! -gimió Semión Semiónovich -.
Mañana mismo le comprará usted muebles tapizados de cuero. ¿Me oye? Vaya a la
tienda de reventa.
-Un diván de cuero, Kosachi , cuesta quince mil.
-Otra vez el dinero. Da grima escucharle. ¿Somos
unos pordioseros, acaso? Hay que vivir a lo grande, camarada Kosachi. Hay que
ver las cosas, camarada Kosachi, con una perspectiva de mayor alcance, con
envergadura socialista, con altos vuelos, ¿ha comprendido?
El administrador escondió en el bolsillo la cinta
métrica que hacía girar en las manos y salió del despacho con leve crujir de
polainas.
Por la noche, después de tomar el té, Semión
Semiónovich, con cara de pocos amigos, escuchaba a su mujer que estaba
escribiendo algo en un papel y decía alegremente:
-resultará muy bien y costará poco dinero. Cuatro
botellas de vino, un litro de vodka, dos latas de anchoas, trescientos gramos
de salmón sin espina, y salchichón. Luego prepararé una ensalada de primavera
con pepinos frescos y pondré a hervir un kilo de salchichas.
-¡Viva la Pepa!
-¿Dices algo?
-Digo que "Viva la Pepa".
-¿Alguna cosa te parece mal? - preguntó la mujer,
inquietándose.
-Alguna cosita - respondió
Semión Semiónovich -. Me parece mal, por ejemplo,
que cada pepino cueste un rublo quince kopeks.
-Perola ensalada no lleva más que dos pepinos.
-Sí, sí. Pepinos, salmón sin espina, anchoas.
¿Sabes a cuánto subirá la broma?
-No te comprendo, Semión Semiónovich. Es el día de
mi santo, tendremos invitados, hace tres años que no hemos organizado ninguna
fiesta en casa, y nosotros vamos siempre a las fiestas que los demás celebran.
Hasta sería violento.
-¿Por qué, violento?
-Porque sería incorrecto.
_Está bien - respondió Semión Semiónovich,
taciturno -.
A ver la lista. Mira, borraremos todos. Queda... En
realidad no queda nada. Ya verás. Vas a comprar, Katia... Compra, Katia, una
botella de vodka y ciento cincuenta gramos de arenques. Nada más.
-No, Semión. Es imposible.
-Es perfectamente posible. Todo el mundo te dirá
que el arenque es un bocado clásico. Hasta en la literatura se dice. Lo he
leído.
-Semión, esto es una vergüenza.
-Bueno, bueno. En todo caso, compra, además, una
lata de boquerones. Pero no de Leningrado, sino de Tula. Aunque más baratos,
son más nutritivos.
-¡Ni que fuéramos unos pordioseros! - exclamó la
mujer, gritando.
-Hemos de organizar nuestra vida sobre la base de
una rigurosa economía y gastando racionalmente cada kopek - repuso gravemente
Semión Semiónovich.
-Cobras mil rublos al mes. ¿A santo de qué hacer el
pobre?
-Katia, no soy un ladronzuelo ni un despilfarrador,
y no estoy obligado as dar de comer a una caterva de amigos voraces con el
dinero que me gano trabajando.
-¡Qué asco!
-No quiero tomar en consideración tu alfilerazo. En
mi casas existe un presupuesto y no tengo ningún derecho a extralimitarme.
¿Comprendes? ¡No tengo ningún derecho!
-¿De dónde habrá salido semejante roñoso? - exclamó
la mujer, dirigiéndose a las paredes.
-Ríñeme, ríñeme - prosiguió Semión Semiónovich -.
pero te advierto que impondré inexorablemente disciplina económica, por más que
hables.
-Hablo y hablaré - gritó ella-. Kolia va con los
zapatos rotos hace más de un mes.
-¿A qué viene ahora hablar de Kolia?
-Pues viene a que Kolia es hijo nuestro.
_Está bien, está bien. ¡No grites! Con el tiempo le
compraremos botas a este pirata. ¿Qué más nos hace falta? ¡Dilo ya de una vez!
¿Quizá necesitamos un piano o un arpa?
-Déjate de arpas,pero lo que sí necesitamos es un
taburete para la cocina.
-¡Un taburete! -chilló Semión Semiónovich -. ¿Para
qué? Si te parece, cómprate para la cocina muebles tapizados de cuero. Total,
sólo cuestan quince mil rublos. No, Katia, no. He de poner orden encasa.
Aún estuvo mucho rato explicando a su mujer que ya
era hora de acabar con los gastos absurdos, con los festines, con tales
malversaciones y con el despilfarro del Kopek socialista.
Durmió como un tronco.
1. Literalmente: "Gatuno" (N. del T.)
1934
FIN

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