© Libro N° 9436. Tres Fuentes Y Tres Partes
Integrantes Del Marxismo. Lenin, V.I. Emancipación. Enero 1 de 2022.
Título original: © Tres
Fuentes Y Tres Partes Integrantes Del Marxismo. V.I. Lenin.
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Original: © Tres Fuentes Y Tres Partes Integrantes Del Marxismo. V.I.
Lenin.
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TRES FUENTES Y TRES PARTES
INTEGRANTES DEL MARXISMO
V.I. Lenin
Tres Fuentes Y Tres Partes Integrantes Del Marxismo
V.I. Lenin
La doctrina de Marx suscita en todo el mundo
civilizado la mayor hostilidad y el mayor odio de toda la ciencia burguesa
(tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una
«secta perniciosa». Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad
erigida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social «imparcial».
De un modo o de otro, ¿oda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud
asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa
esclavitud. Esperar una ciencia imparcial en una sociedad de esclavitud
asalariada, sería la misma pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes
imparcialidad en cuanto a la conveniencia de aumentar los salarios de los
obreros, en detrimento de las ganancias del capital.
Pero hay más. La historia de la filosofía y la
historia de las ciencias sociales enseñan con toda claridad que no hay nada en
el marxismo que se parezca al «sectarismo», en el sentido de una doctrina
encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo
de la civilización mundial. Al contrario, el genio de Marx estriba,
precisamente, en haber dado solución a los problemas planteados antes por el
pensamiento avanzado de la humanidad. Su doctrina apareció como continuación
directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la
filosofía, la economía política y el socialismo.
La doctrina de Marx es todopoderosa porque es
exacta. Es completa y armónica y ofrece a los hombres una concepción del mundo
íntegra, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda
defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el sucesor legítimo de lo mejor
que la humanidad creó en el siglo XIX: la filo-sofía alemana, la economía
política inglesa y el socialismo francés.
Vamos a detenernos brevemente en estas tres fuentes
del marxismo, que son, a la vez, sus tres partes integrantes. La filosofía del
marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa,
y especialmente a fines del siglo XVIII, en Francia, donde se libró la batalla
decisiva contra toda la basura medieval, contra la gazmoñería en las
instituciones y en las ideas, el materialismo demostró ser la única filosofía
consecuente, fiel a todos los principios de las ciencias naturales, hostil a la
superstición, a la hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de la democracia
trataban con todas sus fuerzas de «refutar», de minar, de calumniar el
materialismo, y defendían las diversas formas del idealismo filosófico, que se
reduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión.
Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el
materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que
significaba todo cuanto fuera desviarse de él. Donde con mayor claridad y
detalle aparecen expuestas sus opiniones, es en las obras de Engels Ludwig
Feuerbach y Anti-Dühring, que -al igual que el Manifiesto Comunista- son libros
que no deben faltar en las manos de ningún obrero consciente.
Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo
XVIII, sino que llevó más lejos la filosofía. La enriqueció con adquisiciones
de la filosofía clásica alemana, especialmente del sistema de Hegel, que, a su
vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. La principal de estas
adquisiciones es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su
forma más completa, más profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de
la relatividad del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en
constante desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales
-el radio, los electrones, la transmutación de los elementos- han confirmado de
un modo admirable el materialismo dialéctico de Marx, a despecho de las
doctrinas de los filósofos burgueses, con sus «nuevos» retornos al viejo y
podrido idealismo.
Marx profundizó y desarrolló el materialismo
filosófico, lo llevó a su término e hizo extensivo su conocimiento de la
naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de
Marx es una conquista formidable del pensamiento científico. Al caos y a la
arbitrariedad, que hasta entonces imperaban en las concepciones relativas a la
historia y a la política, le sucedió una teoría científica asombrosamente
completa y armónica, mostrando que de un tipo de vida social se desarrolla, en
virtud del crecimiento de las fuerzas productivas, otro más alto, que del
feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo.
Del mismo modo que el conocimiento del hombre
refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la
materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las
diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.)
refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la
superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo,
que las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para
reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado.
La filosofía de Marx es el materialismo filosófico
acabado, que ha dado una formidable arma de conocimiento a la humanidad, y
sobre todo, a la clase obrera.
II
1
Una vez comprobado que el régimen económico es la
base sobre la que se alza la superestructura política, Marx centró su atención
en el estudio de este régimen económico. La obra principal de Marx, El Capital,
está consagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es
decir, de la sociedad capitalista.
La economía política clásica anterior a Marx se
había formado en Inglaterra, en el país capitalista más desarrollado. Adam
Smith y David Ricardo sentaron en sus investigaciones del régimen económico los
fundamentos de la teoría del trabajo base del valor. Marx prosiguió su obra,
fundamentando con toda precisión y desarrollando consecuentemente esa teoría, y
poniendo de manifiesto que el valor de toda mercancía lo determina la cantidad
de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción.
Allí donde los economistas burgueses veían
relaciones entre objetos (cambio de unas mercancías por otras), Marx descubrió
relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el lazo establecido
por mediación del mercado entre los distintos productores. El dinero indica que
este lazo se hace más estrecho, uniendo indisolublemente en un todo la vida
económica de los distintos productores. El capital significa un mayor
desarrollo de este lazo: la fuerza de trabajo del hombre se transforma en
mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la
tierra, de la fábrica o de los instrumentos de trabajo. Una parte de la jornada
la emplea el obrero en cubrir el costo del sustento suyo y de su familia
(salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el
capitalista la plusvalía, fuente de la ganancia, fuente de la riqueza de la
clase capitalista.
La teoría de la plusvalía es la piedra angular de
la doctrina económica de Marx.
El capital, creado por el trabajo del obrero,
oprime al obrero, arruina al pequeño patrono y crea el ejército de parados. En
la industria, el triunfo de la producción en gran escala se advierte en
seguida, pero también en la agricultura nos encontramos con ese mismo fenómeno:
aumenta la superioridad de la agricultura en gran escala capitalista, crece el
empleo de maquinaria, la hacienda campesina cae en las garras del capital
dinero, languidece y se arruina bajo el peso de la técnica atrasada. La decadencia
de la pequeña producción reviste en la agricultura otras formas, pero esa
decadencia es un hecho indiscutible.
Al aplastar la pequeña producción, el capital hace
aumentar la productividad del trabajo y crea una situación de monopolio para
los consorcios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo
cada vez más un carácter social - cientos de miles y millones de obreros son
articulados en un organismo económico coordinado-, mientras que el producto del
trabajo común se lo apropia un puñado de capitalistas. Crecen la anarquía de la
producción, las crisis, la loca carrera en busca de mercados, la existencia de
las masas de la población se hace cada vez más precaria.
Al aumentar la dependencia de los obreros respecto
al capital, el régimen capitalista crea la gran potencia del trabajo asociado.
Marx va siguiendo la evolución del capitalismo
desde la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más
altas, hasta la producción en gran escala.
Y la experiencia de todos los países capitalistas,
tanto de los viejos como de los nuevos, hace ver claramente cada año a un
número cada vez mayor de obreros la exactitud de esta doctrina de Marx.
El capitalismo ha vencido en el mundo entero, pero
esta victoria no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el
capital.
III
Cuando el régimen feudal fue derrocado y vio la luz
la «libre» sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa
libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación de los
trabajadores. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella,
comenzaron inmediatamente a surgir diversas doctrinas socia-listas. Pero el
socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba a la sociedad
capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, fantaseaba
acerca de un régimen mejor, quería convencer a los ricos de la inmoralidad de
la explotación.
Pero el socialismo utópico no podía señalar una
salida real. No sabía explicar la naturaleza de la esclavitud asalariada bajo
el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni encontrar la fuerza
socia1 capaz de emprender la creación de una nueva sociedad.
Entretanto, las tormentosas revoluciones que
acompañaron en toda Europa, y especialmente en Francia, la caída del
feudalismo, de la servidumbre de la gleba, hacían ver cada vez más
palpablemente que la base de todo el desarrollo y su fuerza motriz era la lucha
de clases.
Ni una sola victoria de la libertad política sobre
la clase feudal fue alcanzada sin desesperada resistencia. Ni un solo país
capitalista se formó sobre una base más o menos libre, más o menos democrática,
sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista.
El genio de Marx está en haber sabido deducir de
ahí antes que nadie y aplicar consecuentemente la conclusión implícita en la
historia universal. Esta conclusión es la doctrina de la lucha de clases.
2
Los hombres han sido siempre en política víctimas
necias del engaño de los demás y del engaño propio, y lo seguirán siendo
mientras no aprendan a discernir detrás de todas las frases, declaraciones y
promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra
clase. Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los
defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por
bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de unas u otras clases
dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio:
encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha
a los elementos que puedan -y, por su situación social, deban- formar la fuerza
capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo.
Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al
proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que han vegetado hasta
hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la
situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo.
En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el
Japón y desde Suecia hasta el África del Sur, se multiplican las organizaciones
independientes del proletariado. Este se instruye y se educa manteniendo su
lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, adquiere
una cohesión cada vez mayor, aprende a medir el alcance de sus éxitos, templa
sus fuerzas y crece irresistiblemente.
Publicado en marzo de 4913 en el ni 3 de la revista
Prosveschenie

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