© Libro N° 9435. Las Pretendidas Escisiones En La
Internacional. Marx, C. Y Engels, F. Emancipación.
Enero 1 de 2022.
Título original: © Las Pretendidas Escisiones En La Internacional.
C. Marx Y F. Engels
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Original: © Las Pretendidas Escisiones En La Internacional. C. Marx Y F.
Engels
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LAS PRETENDIDAS ESCISIONES
EN LA INTERNACIONAL
C. Marx Y F. Engels
Las Pretendidas Escisiones En La Internacional
C. Marx Y F. Engels
CIRCULAR
RESERVADA DEL CONSEJO GENERAL
DE LA
ASOCIACION INTERNACIONAL
DE LOS
TRABAJADORES [1]
Hasta hoy, el Consejo General se ha impuesto una
reserva absoluta respecto a las luchas internas habidas en el seno de la
Internacional y no ha respondido jamás públicamente a los ataques públicos
lanzados contra él durante más de dos años por miembros de la Asociación.
La persistencia de un puñado de intrigantes en
fomentar el que se confunda a la Internacional con una sociedad [*] hostil a
ella desde su origen, podría no ser aún motivo para romper el silencio. Pero el
apoyo que la reacción europea encuentra en los escándalos provocados por esta
sociedad, en un momento en que la Internacional atraviesa la crisis más seria
que ha conocido desde su fundación, obliga al Consejo General a hacer la
historia de todas estas intrigas.
I
Después de la caída de la Comuna de París, el
primer acto del Consejo General fue publicar su Manifiesto sobre "La
guerra civil en Francia" [*] en el que se solidarizaba con toda la
actuación [263] de la Comuna; y lo hacía precisamente en el momento en que esta
actuación servía de pretexto a la burguesía, a la prensa y a los gobiernos de
Europa para volcar las calumnias más infames sobre las espaldas de los vencidos
de París. Una parte de la propia clase obrera no había comprendido aún que su bandera
acababa de ser derrotada. El Consejo pudo comprobar esto, entre otras cosas,
por la dimisión que, negándose a solidarizarse con el Manifiesto, presentaron
dos de sus miembros: los ciudadanos Odger y Lucraft. Puede decirse que de la
publicación de este documento en todos los países civilizados data la unidad de
opinión de la clase obrera sobre los acontecimientos de París.
Por otra parte, la Internacional encontró un medio
de propaganda de los más poderosos en la prensa burguesa, y sobre todo en la
prensa inglesa de gran circulación, a la que este Manifiesto obligó a emprender
una polémica, sostenida luego por las réplicas del Consejo General.
La llegada a Londres de numerosos refugiados de la
Comuna obligó al Consejo General a constituirse en Comité de Ayuda y a ejercer,
durante más de 8 meses, esta función completamente ajena a sus atribuciones
normales. No hay que decir que los vencidos y los desterrados de la Comuna no
tenían nada que esperar de la burguesía. Y, en cuanto a la clase obrera, las
peticiones llegaban en un momento difícil: Suiza y Bélgica habían recibido ya
su contingente de refugiados y tenían que mantenerlos o facilitar su traslado a
Londres. Las cantidades recogidas en Alemania, en Austria y en España eran
enviadas a Suiza. En Inglaterra, la gran lucha por la jornada de 9 horas, cuya
batalla decisiva se dio en Newcastle [2], había consumido, tanto las
contribuciones individuales de los obreros, como los fondos sociales de las
tradeuniones; fondos que, por otra parte, según los mismos Estatutos, no podían
ser destinados más que a las luchas profesionales. Sin embargo, a fuerza de
gestiones y cartas incesantes, el Consejo pudo reunir, céntimo a céntimo, el
dinero que distribuía cada semana. Los obreros americanos han respondido más
ampliamente a este llamamiento. ¡Ah, si el Consejo hubiera podido recaudar los
millones que la imaginación aterrorizada de la burguesía deposita tan generosamente
en la caja de caudales de la Internacional!
Después de mayo de 1871, un cierto número de
refugiados de la Comuna fueron llamados a reemplazar en el Consejo al elemento
francés que, a consecuencia de la guerra, se había quedado sin representación
en él. Entre los miembros así agregados había antiguos internacionalistas y una
minoría de hombres conocidos por su energía revolucionaria y cuya designación
fue un homenaje que se rendía a la Comuna de París.
[264]
En medio de estas preocupaciones el Consejo hubo de
hacer los trabajos preparatorios para la Conferencia de delegados que acababa
de convocar [3].
Las violentas medidas tomadas contra la
Internacional por el Gobierno bonapartista habían impedido la reunión del
Congreso en París, tal como estaba prescrita por el Congreso de Basilea [4]. En
uso del derecho que le confería el artículo 4 de los
Estatutos, el Consejo General, en su circular del
12 de julio de 1870, convocó el Congreso en Maguncia. En las cartas dirigidas
al mismo tiempo a las diferentes federaciones [*], les propuso trasladar a otro
país la sede del Consejo General — domiciliado hasta entonces en Inglaterra— y
les pidió que dieran a los delegados mandatos imperativos a este respecto. Las
federaciones se pronunciaron unánimemente por el mantenimiento de la sede en
Londres. La guerra franco-alemana, que estalló pocos días después, imposibilitó
todo congreso. Y entonces, las federaciones consultadas nos dieron la potestad
de fijar la fecha del próximo Congreso según lo dictaran los acontecimientos.
En cuanto pareció que la situación política lo
permitía, el Consejo General convocó una conferencia reservada; convocatoria
que tenía como precedentes la conferencia reservada de 1865 [5] y las sesiones
administrativas reservadas de cada congreso. En el momento de las máximas
orgías de la reacción europea; cuando Julio Favre pedía a todos los gobiernos,
incluso al inglés, la extradición de los refugiados como criminales de derecho
común; cuando Dufaure proponía a la asamblea rural [6] una ley poniendo a la Internacional
en la ilegalidad [7], ley de la que luego Malou sirvió a los belgas una
imitación hipócrita; cuando, en Suiza, un refugiado de la Comuna estaba en
prisión preventiva, esperando la decisión del Gobierno federal sobre la demanda
de extradición; cuando la caza de internacionalistas era la base ostensible de
una alianza entre Beust y Bismarck, cuya cláusula dirigida contra la
Internacional se apresuró a adoptar Víctor Manuel; cuando el Gobierno español,
poniéndose por completo a disposición de los verdugos de Versalles, obligaba al
Consejo federal de Madrid a refugiarse en Portugal [8]; cuando, en fin, el
primer deber de la Internacional era apretar sus filas y recoger el guante
arrojado por los gobiernos, un congreso público era imposible y no hubiera
hecho más que delatar a los delegados continentales.
Todas las secciones que estaban en relaciones
normales con el Consejo General fueron, en fecha oportuna, convocadas a la
Conferencia, la cual, aun no siendo un congreso público, encontró [265] serias
dificultades. No hay que decir que Francia, en la situación en que se
encontraba, no podía elegir delegados. En Italia, la única sección entonces
organizada era la de Nápoles, y, en el momento de nombrar un delegado, fue
disuelta por la fuerza armada. En Austria y en Hungría, los miembros más
activos estaban en la cárcel. En Alemania, algunos miembros de los más
conocidos estaban perseguidos por alta traición, otros estaban en la prisión y
los fondos del partido estaban absorbidos por la necesidad de ayudar a sus
familias. Los norteamericanos dirigieron a la Conferencia una Memoria detallada
sobre la situación de la Internacional en su país y emplearon los gastos de
delegación en el mantenimiento de refugiados. Por lo demás, todas las
federaciones reconocieron la necesidad de sustituir el congreso público por la conferencia
reservada.
La Conferencia, después de haberse reunido en
Londres desde el 17 hasta el 23 de septiembre de 1871, dejó encargadas al
Consejo General una serie de tareas: publicar sus resoluciones; articular los
reglamentos administrativos y publicarlos juntamente con los Estatutos
generales [*], revisados y corregidos, en tres idiomas; ejecutar la resolución
de sustituir los carnéts de afiliados por sellos; reorganizar la Internacional
en Inglaterra [9], y, por úItimo, subvenir a los gastos necesarios para estos
diferentes trabajos.
Desde la publicación de los trabajos de la
Conferencia, la prensa reaccionaria, de París a Moscú y de Londres a Nueva
York, denunció la resolución sobre la política de la clase obrera [*]* como una
cosa preñada de tan peligrosos designios (el "Times" [10] la acusó de
«audacia fríamente calculada»), que era urgente poner a la Internacional fuera
de la ley. Por otra parte, la resolución que condenaba a las seccionas
sectarias [11] suplantadoras fue para la policía internacional, que estaba al
acecho, un pretexto para reivindicar ruidosamente la libertad y autonomía de
los obreros —sus protegidos— frente al despotismo envilecedor del Consejo
General y de la Conferencia. La clase obrera se sentía tan «terriblemente
oprimida» que el Consejo General recibió —de Europa, de América, de Australia y
hasta de las Indias Orientales— adhesiones y partes de constitución de
secciones nuevas.
II
Las denuncias de la prensa burguesa, así como las
lamentaciones de la policía internacional, encontraban un eco de simpatía,
incluso dentro de nuestra Asociación. En su seno se fraguaron intrigas,
dirigidas en apariencia contra el Consejo General y, en
[266] realidad,
contra la Asociación misma. Buscando la raíz de estas intrigas se descubre
inevitablemente a la "Alianza internacional de la democracia
socialista", dada a luz por el ruso Miguel Bakunin. A su vuelta de
Siberia, predicó en el "Kólokol" de Herzen, como fruto de su larga
experiencia, el paneslavismo y la guerra de razas [12]. Más tarde, durante su
estancia en Suiza, fue designado para el Comité directivo de la Liga de la paz
y de la libertad fundada en oposición a la Internacional [13]. Como los asuntos
de esta sociedad burguesa iban de mal en peor, su presidente el señor G. Vogt,
por consejo de Bakunin, propuso una alianza al Congreso de la Internacional,
reunido en Bruselas en septiembre de 1868 [14]. El Congreso declaró por
unanimidad que, una de dos: o la Liga perseguía los mismos fines que la
Internacional y en ese caso, no tenía razón de existir, o su objetivo era
diferente y entonces la alianza era imposible. En el Congreso de la Liga,
celebrado en Berna pocos días después, Bakunin efectuó su conversión. Allí
propuso un programa de segunda mano, cuyo valor científico puede juzgarse por
esta sola frase: «la igualación económica y social de las clases» [15].
Mantenido por una ínfima minoría, rompió con la Liga para entrar en la
Internacional. Iba decidido a sustituir los Estatutos generales de la
Internacional por el programa de ocasión que la Liga le había rechazado, y el
Consejo General, por su dictadura personal. Y, con estos fines y para su uso
particular, creó un instrumento especial: la "Alianza internacional de la
democracia socialista" destinada a convertirse en una Internacional dentro
de la Internacional.
Bakunin encontró los elementos necesarios para la
formación de esta sociedad en una serie de personas que había conocido durante
su estancia en Italia y en un núcleo de emigrados rusos. Los empleó como
emisarios y como agentes de reclutamiento entre los miembros de la
Internacional en Suiza, en Francia y en España. Hasta que las negativas
reiteradas a reconocer la Alianza por parte de los Consejos federales de
Bélgica y París no le obligaron a ello, no se decidió a someter a la aprobación
del Consejo General los Estatutos de su nueva sociedad, que no eran otra cosa
que la reproducción fiel del programa «incomprendido» de Berna. El Consejo
respondió con la siguiente circular fechada el 22 de diciembre de 1868:
EL CONSEJO GENERAL A LA ALIANZA INTERNACIONAL
DE LA DEMOCRACIA SOCIALISTA
Hace próximamente un mes que un cierto número de
ciudadanos se ha constituido en Ginebra en comité central iniciador de una
nueva sociedad internacional llamada "Alianza internacional de la
democracia socialista", imponiéndose como «misión especial estudiar [267]
las cuestiones políticas y filosóficas sobre la base de ese gran principio que
es la igualdad, etc.».
El programa y el reglamento impresos de ese comité
iniciador no han sido comunicados al Consejo General de la Asociación
Internacional de los Trabajadores hasta el 15 de diciembre de 1868. Según estos
documentos, dicha Alianza «se funde enteramente en la Internacional», pero, al
mismo tiempo, ha sido fundada enteramente al margen de la
Internacional. A la par que el Consejo General de
la Internacional, elegido por los Congresos sucesivos de Ginebra [16], Lausanne
[17] y Bruselas, habrá en Ginebra, según el reglamento iniciador, otro Consejo
General que se ha nombrado a sí mismo. A la par que los grupos locales de la
Internacional, existirán los grupos locales de la Alianza que, por mediación de
sus organismos nacionales —que funcionarán al margen de los organismos
nacionales de la Internacional— «pedirán al Buró Central de la Alianza su admisión
en la Internacional»; y así, el Comité Central de la Alianza se arroga el
derecho a dar ingresos en nuestra Asociación. Por último, el Congreso General
de la Asociación Internacional de los Trabajadores tendrá también su doble en
el Congreso General de la Alianza, puesto que, como dice el reglamento
iniciador, en el Congreso anual de los trabajadores, la delegación de la
Alianza internacional de la democracia socialista, como rama de la Asociación
Internaciona] de los Trabajadores, «tendrá sus sesiones públicas en un local
aparte».
Considerando:
que la existencia de un segundo organismo
internacional que funcionase dentro y fuera de la Asociación Internacional de
los Trabajadores sería el medio más infalible para desorganizarla;
que cualquier otro grupo de individuos residentes
en cualquier localidad tendría derecho a imitar al Grupo iniciador de Ginebra y
a introducir, bajo pretextos más o menos ostensibles, dentro de la Asociación
Internacional de los Trabajadores, otras Asociaciones internacionales con otras
misiones especiales;
que, de este modo, la Asociación Internacional de
los Trabajadores se convertiría muy pronto en el juguete de los intrigantes de
cualquier nacionalidad y de cualquier partido;
que, por otra parte, los Estatutos de la Asociación
Internacional de los Trabajadores no admiten en sus filas más que ramas loca]es
y ramas nacionales (véanse arts. I y VI de los Estatutos);
que está prohibido a las secciones de la Asociación
Internacional de los Trabajadores darse a sí mismas Estatutos y reglamentos
administrativos contrarios a los Estatutos generales y a los reglamentos
administrativos de la Asociación Internacional de los Trabajadores (véase art.
XII de los reglamentos administrativos);
[268]
que los Estatutos y reglamentos administrativos de
la Asociación Internacional de los Trabajadores pueden ser revisados únicamente
por el Congreso General, a condición de que por tal revisión opten las dos
terceras partes de los delegados presentes (véase art. XIII de los reglamentos
administrativos);
que el asunto está fallado de antemano por el
precedente que suponen las resoluciones contra la "Liga de la paz",
adoptadas unánimemente en el Congreso General de Bruselas;
que, en esas resoluciones, el Congreso declaraba
que la "Liga de la paz" no tenía ninguna razón de ser, puesto que,
según sus recientes declaraciones, su objetivo y sus principios eran idénticos
a los de la Asociación Internacional de los Trabajadores;
que varios miembros del Grupo iniciador de la
Alianza, en su calidad de delegados al Congreso de Bruselas, han votado esas
resoluciones;
el Consejo General de la Asociación Internacional
de los Trabajadores, en su sesión del 22 de diciembre de 1868, ha resuelto por
unanimidad:
1) Se
declaran nulos y sin efecto todos los artículos del Reglamento de la Alianza
internacional de la democracia socialista, que definen sus relaciones con la
Asociación Internacional de los Trabajadores;
2) La
Alianza internacional de la democracia socialista no se admite como rama de la
Asociación Internacional de los Trabajadores.
G. Odger, presidente de la sesión
R. Shaw, secretario general
Londres, 22 de diciembre de 1868
Algunos meses después, la Alianza se dirigió de
nuevo al Consejo General y le preguntó si admitía sus principios; ¿sí o no?. En
caso afirmativo, la Alianza se declaraba dispuesta a desmembrarse en secciones
de la Internacional. En contestación recibió la siguiente circular del 9 de
marzo de 1869:
EL CONSEJO GENERAL AL COMITE CENTRAL
DE LA ALIANZA INTERNACIONAL
DE LA DEMOCRACIA SOCIALISTA
Según el artículo I de nuestros Estatutos, la
Asociación admite en su seno a todas las sociedades obreras que aspiren al
mismo fin, a saber: la cooperación, el progreso y la emancipación completa de
la clase obrera.
[269]
Estando las fracciones de la clase obrera en los
diferentes países colocadas en diversidad de condiciones de desarrollo es
natural que sus opiniones teóricas, reflejo del movimiento real, sean también
divergentes.
Sin embargo, la comunidad de acción establecida por
la Asociación Internacional de los Trabajadores, el intercambio de ideas
facilitado por las publicaciones que, como órganos suyos, editan las diferentes
secciones nacionales, y, en fin, las discusiones directas en los Congresos
Generales han de engendrar gradualmente un programa teórico común.
Así pues, el hacer el examen crítico del programa
de la Alianza es tarea que no cae dentro las funciones del Consejo General. No
tenemos que investigar si es o no una expresión adecuada del movimiento
proletario. Para nosotros, la única cuestión consiste en saber si no contiene
nada contrario a la tendencia general de nuestra Asociación, es decir, a la
emancipación completa de la clase obrera. Hay una frase en vuestro programa que
falla en este aspecto. En el artículo 2 se lee:
«Ella» (la Alianza) «quiere, ante todo, conseguir
la igualación política, económica y social de las clases».
La igualación de las clases, interpretada
literalmente, conduce a la armonía entre el capital y el trabajo, tan
importunadamente predicada por los socialistas burgueses. Lo que constituye el
gran objetivo de la Asociación Internacional de los Trabajadores no es la
igualdad de las clases —contrasentido lógico de imposible realización— sino,
por el contrario, la abolición de las clases, verdadero secreto del movimiento
proletario.
Sin embargo, examinando el contexto donde se
encuentra la frase igualación de las clases se saca la impresión de que se ha
deslizado como un error de pluma, simplemente. El Consejo General no duda que
accederéis a quitar de vuestro programa una frase que se presta a equívocos tan
peligrosos. Excepción hecha de los casos en que exista contradicción con la
tendencia general de nuestra Asociación, ésta, de acuerdo con sus principios,
deja a cada sección en libertad para formular libremente su programa teórico.
No existe, pues, obstáculos para la transformación
de las secciones de la Alianza en secciones de la Asociación Internacional de
los Trabajadores.
Si se acuerda definitivamente la disolución de la
Alianza y el ingreso de sus secciones en la Internacional, será necesario,
según nuestros reglamentos, que se informe al Consejo del lugar donde se
encuentra cada nueva sección y de su fuerza numérica.
Sesión del Consejo General
del 9 de marzo de 1869
[270]
Habiendo aceptado la Alianza estas condiciones, el
Consejo General la admitió en la Internacional. Algunas firmas del programa de
Bakunin indujeron a error al Consejo, el cual creyó que la Alianza estaba
reconocida por el Comité federal de Ginebra (Comité de la Suiza francesa),
cuando la verdad era que siempre lo había evitado. Desde este momento, la
Alianza había conseguido su objetivo inmediato: tener representación en el
Congreso de Basilea. A pesar de los procedimientos desleales que sus
partidarios emplearon —procedimientos empleados en esta ocasión, y sólo en esta
ocasión, en un congreso de la Internacional—, Bakunin sufrió una decepción en
su intento de que el Congreso trasladase a Ginebra la sede del Consejo General
y sancionase la antigualla saint-simoniana de la abolición inmediata del
derecho de herencia, cosa de la que Bakunin había hecho el punto de partida
práctico del socialismo. Este fue la señal de la guerra abierta e incesante que
la Alianza hizo, no sólo al Consejo General, sino también
a todas las secciones de la Internacional, que se
negaron a aceptar el programa de esta camarilla sectaria y, sobre todo, la
doctrina del abstencionismo político absoluto.
Ya antes del Congreso de Basilea, habiendo venido
Necháev a Ginebra, Bakunin se puso en relación con él y fundó en Rusia una
sociedad secreta en los medios estudiantiles. Escondiendo siempre su persona
bajo el nombre de diferentes «comités revolucionarios», reivindicó poderes
autocráticos, recurriendo a todos los ardides y mixtificaciones del tiempo de
Cagliostro [*]. El gran medio de propaganda de esta sociedad consistía en
comprometer ante la policía rusa a personas inocentes, dirigiéndoles desde Ginebra
comunicaciones, en unos sobres amarillos que llevaban por fuera, en ruso, la
estampilla del «Comité revolucionario secreto». Las informaciones públicas del
proceso Necháev prueban que se ha abusado de un modo infame del nombre de la
Internacional [*]* [18].
Por aquel entonces inició la Alianza una polémica
pública contra el Consejo General, primero en el "Progrès" [19] de
Locle, después en la "Égalité" [20] de Ginebra, periódico oficial de
la Federación de la Suiza francesa, en la que se habían deslizado, detrás de
Bakunin, algunos miembros de la Alianza. El Consejo General, que había
desdeñado los ataques del "Progrès", órgano personal de Bakunin, no
podía desentenderse de los de la "Égalité", que había de creer aprobados
por el Comité federal de la Suiza francesa. [271] Entonces publicó la circular
del 1 de enero de 1870 [*]**, en la cual se dice:
«En "Égalité" del 11 de diciembre de 1869
leemos:
«Es indudable que el Consejo General desatiende
cosas de la máxima importancia. Le recordamos sus obligaciones basándonos en el
primer artículo del reglamento: El Consejo General está obligado a ejecutar las
resolucianes del Congreso, etc. Podríamos hacer al Consejo General preguntas
suficientes para que las respuestas compusiesen un boletín bastante largo. Esto
lo haremos más tarde... En espera, etc.».
El Consejo General no conoce ningún artículo, ni en
los Estatutos ni en los reglamentos, que le obligue a entrar en correspondencia
o en polémica con "Égalité" o a dar «respuestas a las preguntas» de
los periódicos. Ante el Consejo General, sólo el Comité federal de Ginebra
representa a las ramas de la Suiza francesa. Cuando el Comité federal nos
dirija preguntas o reprimendas por la única vía legítima, es decir, por medio
de su secretario, el Consejo General estará siempre dispuesto a contestar. Pero
el Comité federal de la Suiza francesa no tiene derecho ni a renunciar a sus
funciones en favor de los redactores de "Égalité" y de
"Progrès", ni a dejar que esos periódicos las usurpen. En términos
generales, la correspondencia del Consejo General con los Comités nacionales y
locales no podría ser publicada sin acarrear un gran perjuicio a los intereses
generales de la Asociación. Por tanto, si los otros órganos de la Internacional
imitasen al "Progrès" y a la "Égalité", el Consejo General
se encontraría ante este dilema: o desacreditarse ante el público, callándose,
o faltar a sus deberes, contestando públicamente. La "Égalité" se ha
unido al "Progrès" para invitar al "Travail" [21]
(periódico parisino) a atacar por su parte al Consejo General. Es casi una Liga
de la salud pública [22]».
Sin embargo, antes de conocer esta circular, el
Comité federal de la Suiza francesa había separado de la redacción de la
"Égalité" a los partidarios de la Alianza.
La circular del 1 de enero de 1870, como la del 22
de diciembre de 1868 y la del 9 de marzo de 1869, fueron aprobadas por todas
las secciones de la Internacional.
Ni que decir tiene que ninguna de las condiciones
aceptadas por la Alianza ha sido cumplida jamás. Sus pretendidas secciones
siguieron siendo un misterio para el Consejo General. Bakunin trataba de
conservar bajo su dirección personal algunos grupos diseminados por España y
por Italia y la sección de Nápoles, que él había hecho salirse de la
Internacional. En las otras ciudades de Italia se carteaba con pequeños
núcleos, compuestos, no de obreros, sino de abogados, periodistas y otros
burgueses doctrinarios.
[272] En
Barcelona, algunos amigos mantenían su influencia. En algunas ciudades del Sur
de Francia, la Alianza se esforzaba por fundar secciones separatistas bajo la
dirección de Albert Richard y de Gaspard Blanc, de Lyon; de ellos volveremos a
hablar más adelante. En una palabra: la sociedad internacional dentro de la
Internacional seguía actuando.
El gran golpe de la Alianza, la intentona para
apoderarse de la dirección en la Suiza francesa, había de ser dado en el
Congreso de La Chaux-de-Fonds, abierto el 4 de abril de 1870.
La lucha se inició alrededor del derecho de los
representantes de la Alianza a ser admitidos, derecho que negaban los delegados
de la federación ginebrina y de las secciones de La Chaux-de-Fonds.
Aunque, según su propio recuento, los partidarios
de la Alianza no representaban más que a una quinta parte de los miembros de la
federación, consiguieron, merced a la repetición de las maniobras de Basilea,
asegurarse una mayoría ficticia de uno o dos votos. ¡Mayoría que, según
afirmaba su propio órgano (véase "Solidarité" [23] del 7 de mayo de
1870), no representaba más que a quince secciones, cuando, sólo en Ginebra,
había treinta! Como resultado de esta votación, el Congreso de la Suiza francesa
se dividió en dos fracciones, que continuaron sus sesiones por separado. Los
partidarios de la Alianza, considerándose representantes legítimos de toda la
federación, trasladaron a La Chaux-de-Fonds, la sede del Comité federal de la
Suiza francesa, y fundaron en Neuchâtel su órgano oficial,
"Solidarité", redactado por el ciudadano Guillaume. La misión
especial de este joven escritor consistía en difamar a los «obreros de fábrica»
de Ginebra [24], esos «burgueses» odiosos, en hacer la guerra a la "Égalité",
periódico de la federación de la Suiza francesa y en predicar el abstencionismo
político absoluto. Los autores de los artículos más destacados sobre este
último tema fueron: en Marsella, Bastelica, y en Lyon, los dos grandes puntales
de la Alianza: Albert Richard y Gaspard Blanc.
A su vuelta, los delegados de Ginebra convocaron a
sus secciones a una asamblea general que, a pesar de la oposición de Bakunin y
sus amigos, aprobó su actuación en el Congreso de La Chaux-de-Fonds. Al poco
tiempo, Bakunin y sus acólitos más activos fueron expulsados de la antigua
federación de la Suiza francesa.
Apenas clausurado el Congreso suizo-francés, el
nuevo comité de La Chaux-de-Fonds pedía la intervención del Gonsejo General, en
una carta firmada por F. Robert, secretario, y Henri Chevalley, presidente,
denunciado este último, dos meses más tarde, como ladrón, por el órgano del
Comité, "Solidarité" del 9 de julio. Previo examen de los
justificantes presentados por ambas partes, el 28 de junio de 1870, el Consejo
General
decidió mantener al Comité federal de Ginebra en
sus antiguas funciones e invitar al nuevo [273] Comité federal de La
Chaux-de-Fonds a adoptar una denominación local. Ante esta decisión, que
defraudaba sus esperanzas, el Comité de La Chaux-de-Fonds denunció el
autoritarismo del Consejo General, olvidando que él había sido el primero en
reclamar su intervención. La perturbación que su persistencia en usurpar el
nombre de Consejo federal suizo-francés ocasionaba a la Federación suiza,
obligó al Consejo General a suspender toda relación oficial con este Comité.
Luis Bonaparte acababa de entregar su ejército en
Sedán [25]. Por todas partes se alzaron las protestas de los internacionalistas
contra la continuación de la guerra. El Consejo General, en el manifiesto que
lanzó el 9 de septiembre [*] denunciando los proyectos de conquista que
acariciaba Prusia, hacía ver el peligro que su triunfo representaba para la
causa del proletariado y advertía a los obreros alemanes que ellos serían las
primeras víctimas de esta victoria. Celebró en Inglaterra una serie de mítines,
que sirvieron para contrarrestar las tendencias prusófilas de la Corte. En
Alemania, los obreros internacionalistas organizaron manifestaciones reclamando
el reconocimiento de la república y «una paz honrosa para Francia»...
Por su parte, la naturaleza belicosa del ardiente
Guillaume (de Neuchâtel) le sugirió la idea luminosa de un manifiesto anónimo
[26], publicado en un suplemento bajo la cubierta del periódico oficial
"Solidarité", pidiendo la formación de unidades voluntarias suizas
para ir a combatir a los prusianos; cosa que personalmente nunca pudo hacer a
causa, sin duda, de sus convicciones abstencionistas.
Sobrevino la insurrección de Lyon [27]. Bakunin
voló hacia allá y, apoyándose en Albert Richard, Gaspard Blanc y Bastelica, se
instaló el 28 de septiembre en el Ayuntamiento, cuyos accesos se abstuvo de
guardar, considerando, al parecer, que esto hubiera sido un acto político. Unos
cuantos guardias nacionales lo echaron a la calle lastimosamente, en el momento
en que, tras un parto laborioso, acababa de dar a luz su decreto sobre la
abolición del Estado.
En octubre de 1870, el Consejo General, privado de
la presencia de sus miembros franceses, incorporó a su seno al ciudadano Paul
Robin, refugiado de Brest, uno de los partidarios más notorios de la Alianza y
además autor de los ataques lanzados en la "Égalité" contra el
Consejo General, en el cual, desde aquel momento, no cesó de actuar como
corresponsal oficiaso del Comité de La Chaux-de-Fonds. E1 14 de marzo de 1871,
Robin propuso la convocatoria de una conferencia privada de la Internacional
para [274] liquidar el conflicto suizo. El Consejo General previendo que en
París se preparaban grandes acontecimientos, rehusó de plano. Robin volvió a la
carga varias veces y llegó a proponer al Consejo que adoptara una resolución
definitiva sobre el conflicto. El 25 de julio, el Consejo General decidió
incluir este asunto entre los problemas a someter a la Conferencia que había de
convocarse para septiembre de 1871 [28].
El 10 de agosto, la Alianza, poco deseosa de ver su
actuación juzgada por una conferencia, declaró que estaba disuelta desde el 6
del mismo mes. Pero el 15 de septiembre reaparece y pide al Consejo su ingreso
bajo el nombre de "Sección de los ateos socialistas". Según la
resolución administrativa, número V, del Congreso de Basilea, el Consejo no
hubiera podido admitir a esta sección sin previa consulta al Comité federal de
Ginebra, cansado ya de luchar durante dos años contra las secciones
sectarias. Además, el Consejo General había
declarado ya a las sociedades obreras cristianas inglesas ("Young men's
Christian Association") que la Internacional no reconocía secciones
teológicas.
El 6 de agosto, fecha de la disolución de la
Alianza, el Comité federal de La Chaux-de-Fonds, al mismo tiempo que repite su
petición de entrar en relaciones oficiales con el Consejo General, le comunica
su decisión de seguir ignorando la existencia de la resolución del 28 de junio
y de colocarse, respecto a Ginebra, en la posición de Comité federal de la
Suiza francesa; y agrega que «el juzgar este asunto corresponde al Congreso
General». El 4 de septiembre, el mismo Comité envió una protesta contra la competencia
de la Conferencia, cuya convocatoria había sido él el primero en solicitar. La
Conferencia hubiera podido a su vez preguntar cuál era la competencia del
Consejo federal parisino, al que este Comité había llamado a decidir sobre el
conflicto [29] suizo, antes de estar París sitiado. La Conferencia se limitó a
refrendar la decisión del Consejo General del 28 de junio de 1870. (Véase la
exposición de motivos en la "Égalité" de Ginebra del 21 de octubre de
1871.)
III
La presencia en Suiza de algunos de los proscritos
franceses, que habían encontrado allí refugio, vino a dar de nuevo un soplo de
vida a la Alianza.
Los internacionalistas de Ginebra hicieron por los
proscritos todo cuanto estuvo en su mano. Desde el primer momento les
aseguraron un socorro y, mediante una fuerte agitación, impidieron a las
autoridades suizas el conceder la extradición de los refugiados, reclamada por
el Gobierno de Versalles. Algunos [275] arrostraron graves peligros yendo a
Francia para ayudar a los refugiados a cruzar la frontera. ¡Cuál no fue, pues,
el asombro de los obreros ginebrinos al ver a algunos mangoneadores como B.
Malon [*] [30] ponerse en seguida en relación con los hombres de la Alianza y,
ayudados por el ex secretario de ésta N. Zhukovski, tratar de fundar en
Ginebra, al margen de la Federación de la Suiza francesa, la nueva «Sección de
propaganda y acción revolucionaria socialista» [31]! En el primer artículo de
sus Estatutos, esta sección
«declara su adhesión a los Estatutos generales de
la Asociación Internacional de los Trabajadores, reservándose toda la libertad
de acción y de iniciativa que le corresponde como consecuencia lógica del
principio de autonomía y de federación reconocido por los Estatutos y los
Congresos de la Asociación».
Dicho de otro modo: se reserva toda la libertad
para continuar la obra de la Alianza.
En una carta de Malon del 20 de octubre de 1871,
esta nueva sección dirigió por tercera vez al Consejo General su petición de
ingreso en la Internacional. De acuerdo con la resolución V del Congreso de
Basilea, el Consejo consultó al Comité federal de Ginebra, el cual se
manifestó, en tonos enérgicos, contra el reconocimiento por el Consejo General
de este nuevo «vivero de intrigas y de discusiones». Y efectivamente, el
Consejo fue lo bastante «autoritario» para no querer imponer a toda una
federación la voluntad de B. Malon y de N. Zhukovski, ex secretario de la
Alianza.
Habiendo dejado de existir la
"Solidarité", los nuevos adeptos de la Alianza fundaron la
"Révolution Sociale" [32] bajo la alta dirección de Madame André Léo,
que acababa de declarar en el Congreso de la Paz, en Lausanne, que
[276]
«Raoul Rigault y Ferré eran las dos figuras
siniestras de la Comuna, que hasta aquel momento» (hasta la ejecución de los
rehenes) «no habían cesado de reclamar, siempre en vano, la adopción de medidas
sanguinarias».
Desde su primer número, este periódico se apresuró
a ponerse al nivel del "Figaro", del "Gaulois", del
"Paris-Journal" [33] y demás órganos del estercolero, cuyas
inmundicias contra el Consejo General reprodujo. Le pareció oportuno el momento
para encender, incluso en la Internacional, el fuego de los odios nacionales.
Según él, el Consejo General era un Comité alemán, dirigido por un cerebro
bismarckiano [*].
Después de haber dejado bien sentado que ciertos
miembros del Consejo General no podían envanecerse de ser «galos ante todo», la
"Révolution Sociale" no encontró cosa
mejor que apoderarse de la segunda consigna puesta
en circulación por la policía europea y denunciar el autoritarismo del Consejo.
¿Y sobre qué hechos se apoyaba este griterío
pueril? El Consejo General había dejado morir a la Alianza de muerte natural y,
de acuerdo con el Comité federal de Ginebra, había impedido su resurrección.
Además, había requerido al Comité de La Chaux-de-Fonds a tomar un nombre que le
permitiera vivir en paz con la inmensa mayoría de los internacionalistas de la
Suiza francesa.
Aparte de estos actos «autoritarios», ¿qué uso
había hecho el Consejo General, desde octubre de 1869 hasta octubre de 1871, de
los poderes bastante amplios que le había conferido el Congreso de Basilea?
1) El 8 de
febrero de 1870, la «Sociedad de los proletarios positivistas» de París pidió
al Consejo General su ingreso. El Consejo respondió que los principios
positivistas extendidos al capital, enunciados en los Estatutos particulares de
la sociedad, estaban en flagrante contradicción con los considerandos de los
Estatutos generales [*]*; y que era, por lo tanto, preciso suprimir esta parte
e ingresar en la Internacional, no como «positivistas», sino como
«proletarios», quedando, aparte de esto, en libertad para conciliar sus
opiniones teóricas con los principios generales de la Asociación. Habiendo
reconocido la sección la justeza de este acuerdo, ingresó en la Internacional.
2) En Lyon
se había producido una escisión entre la sección de 1865 y otra de formación
reciente en la que, rodeada de obreros honrados, aparecía una representación de
la Alianza en las personas de Albert Richard y Gaspard Blanc. Como es costumbre
[277] en casos tales, el fallo emitido por un tribunal de arbitraje,
constituido en Suiza, no fue reconocido. El 15 de febrero de 1870, la sección
de formación reciente se dirigió al Consejo, no solicitando simplemente que
resolviera este conflicto según la resolución del VII Congreso de Basilea, sino
enviándole un fallo listo para su publicación, en el que se expulsaba y se
ponía el sello de la infamia a los miembros de la sección de 1865, fallo que el
Consejo había de firmar y devolver a vuelta de correo. El Consejo censuró este
procedimiento inaudito y requirió documentos justificativos. A este
requerimiento, la sección de 1865 respondió que los documentos acusadores
contra Albert Richard sometidos al tribunal de arbitraje habían caído en manos
de Bakunin el cual se negaba a devolverlos y que, por consiguiente, la sección
no podía satisfacer de un modo completo los deseos del Consejo General. La
decisión del Consejo sobre este asunto, fechada el 8 de marzo, no suscitó
objeción alguna de ninguna de las dos partes.
3) Habiendo
admitido en su seno la rama francesa de Londres a elementos más que dudosos, se
había convertido poco a poco en una comandita del señor Felix Pyat. Le servía a
éste para organizar manifestaciones comprometedoras pidiendo el asesinato de
Luis Bonaparte, etc., y para difundir por Francia sus manifiestos ridículos,
publicados en nombre de la Internacional. El Consejo General se limitó a
declarar en los órganos de la Asociación que, no siendo el Sr. Pyat miembro de
la Internacional, ésta no podía responder de sus actos ni de sus genialidades.
Entonces, la rama francesa declaró no reconocer al Consejo General ni a los
congresos; pegó pasquines en las paredes de Londres, diciendo que la
Internacional, con la sola excepción de esta rama francesa, era una sociedad
antirrevolucionaria. La detención de los internacionalistas franceses la
víspera del plebiscito [34], con el pretexto de una conspiración, que en
realidad había urdido la policía y a la cual dieron visos de verosimilitud los
manifiestos pyatistas,
obligó al Consejo General a publicar en la
"Marseillaise" [35] y en el "Réveil" [36] su resolución del
10 de mayo de 1870. En ella declaraba que la llamada rama francesa no
pertenecía a la Internacional desde hacía más de dos años y que su actuación
era obra de agentes policíacos. La necesidad de dar este paso está demostrada
por la declaración del Comité federal de París en los mismos periódicos y por
la de los internacionalistas parisinos durante su proceso; ambas se apoyaban en
la resolución del Consejo. La rama francesa desapareció al principio de la
guerra, pero, igual que la Alianza en Suiza, había de reaparecer más tarde en
Londres, con nuevos aliados y bajo nombres diferentes.
En los últimos días de la Conferencia, fue formada
en Londres por proscritos de la Comuna una Sección francesa de 1871, compuesta
[278] de unos 35 miembros. El primer acto «autoritario» del Consejo General
consistió en denunciar públicamente al secretario de esta sección, Gustave
Durand, como espía de la policía francesa. Los documentos que obran en nuestro
poder demuestran la intención de la policía francesa de hacer primero asistir a
Durand a la Conferencia y después introducirlo en el seno del Consejo General.
Como los Estatutos de la nueva sección exigían de sus miembros «no aceptar más
delegación al Consejo General que la de su propia sección», los ciudadanos
Theisz y Bastelica se retiraron del Consejo.
El 17 de octubre, la sección envió a dos de sus
miembros como delegados al Consejo con mandato imperativo. Uno de ellos era
nada menos que M. Chautard, ex miembro del comité de artillaría, que el Consejo
no quiso aceptar sin haber examinado antes los Estatutos de la sección de 1871
[*]. Basta recordar aquí los puntos principales del debate promovido a causa de
estos Estatutos. En el artículo 2 se dice:
«Para ser admitido como miembro de la sección, hay
que justificar los medios de vida, presentar garantías de moralidad, etc.».
En su resolución del 17 de octubre de 1871, el
Consejo propuso suprimir las palabras:
justificar los medios de vida.
«En casos dudosos», decía el Consejo, «una sección
puede informarse de los medios de vida como «garantía de moralidad», mientras
que en otros casos, como los de los refugiados, obreros en huelga, etc., la
ausencia de medios de vida puede muy bien ser una garantía de moralidad. Pero
pedir a los candidatos la justificación de sus medios de vida como condición
general para ser admitidos en la Internacional sería una innovación burguesa
contraria al espíritu y a la letra de los Estatutos generales». La sección respondió
«que los Estatutos generales hacen responsables a
las secciones de la moralidad de sus miembros y les reconocen, por
consiguiente, el derecho a tomar garantías a este respecto en la forma que
entiendan conveniente».
A esto, el Consejo General replicaba el 7 de
noviembre:
«Siguiendo este criterio, una sección de la
Internacional compuesta de teetotallers (asociación de abstemios) podría
incluir en sus Estatutos particulares un artículo concebido en estos o
parecidos términos: «Para ser admitido como miembro de la sección, [279] hay
que jurar abstenerse de toda bebida alcohólica». En una palabra: los Estatutos
particulares de las secciones podrían imponer las condiciones más absurdas y
disparatadas para el ingreso en la Internacional,
pretextando, en cada caso, que la sección entiende que de esta manera adquieren
seguridades sobre la moralidad de sus miembros... «Los medios de existencia de
los huelguistas, agrega la Sección francesa de 1871, consisten en la caja de
resistencia». A esto se puede responder en primer lugar que esa caja suele ser
ficticia... Además, encuestas oficiales británicas han demostrado que la
mayoría de los obreros ingleses... está obligada —por las huelgas, por el paro,
por la insuficiencia de los jornales, por el vencimiento del plazo de pagos y
por otras múltiples causas— a recurrir constantemente al monte de piedad y a
las deudas, medios de existencia cuya justificación no se podría exigir sin
inmiscuirse de un modo incalificable en la vida privada de los ciudadanos. Y
una de dos: o bien la sección sólo busca en los medios de existencia una
garantía de moralidad... y, en este caso, la proposición del Consejo General
cubre el objetivo deseado... o bien la sección en el artículo 2 de sus
Estatutos ha hablado de la justificación de los medios de existencia como
condición de admisión, aparte de las garantías de moralidad... y, en este caso,
el Consejo afirma que es una innovación burguesa, contraria a la letra y al espíritu
de los Estatutos generales» [*]*.
En el artículo 11 de los Estatutos, se dice:
«Serán enviados al Consejo General uno o varios
delegados».
El Consejo pidió la supresión de este artículo,
«porque los Estatutos generales de la Internacional no reconocen a las
secciones ningún derecho a enviar delegados al Consejo General». «Los Estatutos
generales —añadía— sólo reconocen dos modos de elección para los miembros del
Consejo General: su elección por el Congreso o su cooptación por el Consejo...»
Bien es verdad que las diferentes secciones
existentes en Londres habían sido invitadas a enviar delegados al Consejo
General, el cual, para no infringir los Estatutos generales ha procedido
siempre del modo siguiente: ha empezado por fijar el número de delegados a
enviar por cada sección, reservándose el derecho a aceptarlos o rechazarlos
según los juzgara, o no, aptos para las funciones generales que habían de
desempeñar. Estos delegados llegaban a ser miembros del Consejo General, no en
virtud de la delegación concedida por sus secciones, sino en virtud del derecho
a incorporarse nuevos miembros, concedido al Consejo [280] General por los
Estatutos. El Consejo de Londres, habiendo funcionado, hasta la resolución
tomada por la última Conferencia, como Consejo General de la Asociación
Internacional y como Consejo central para Inglaterra, consideró útil admitir,
además de los miembros que se incorporaba directamente, miembros delegados en
primera instancia por sus secciones respectivas. Sería un craso error querer
comparar el método de elección del Consejo General con el del Consejo federal
de París, que no era siquiera un Consejo nacional, nombrado por un Congreso
nacional, como por ejemplo, el Consejo federal de Bruselas o el de Madrid. El
Consejo federal de París no era más que una delegación de las secciones
parisinas... El método de elección del Consejo General está determinado por los
Estatutos generales y sus miembros no pueden aceptar más mandato imperativo que
el de los Estatutos y reglamentos generales... Si se toma en consideración el
párrafo que le antecede, el artículo 11 no tiene más sentido que el de cambiar
completamente la composición del Consejo General y convertirlo, en contra del
artículo 3 de los Estatutos generales, en una delegación de las secciones de
Londres y en la que la influencia de los grupos locales sustituiría a la de
toda la Asociación Internacional de los Trabajadores. Por fin,
el Consejo General, cuyo deber primordial consiste
en ejecutar las resoluciones de los Congresos (véase el artículo I del
reglamento administrativo del Congreso de Ginebra), dijo que «considera
completamente ajenas al asunto de que se trata... las ideas emitidas por la
Sección francesa de 1871, tendentes a introducir un cambio radical en los
artículos de los Estatutos generales relativos a su constitución».
Además, el Consejo General declaró que admitiría
dos delegados de la sección en las mismas condiciones que los de las restantes
secciones de Londres.
Lejos de conformarse con esta respuesta, la sección
de 1871 publicó el 14 de diciembre una declaración firmada por todos sus
miembros, incluido el nuevo secretario que fue poco después expulsado de la
sociedad de los refugiados, como indigno de pertenecer a ella. Según esta
declaración, el Consejo General, al negarse a usurpar funciones legislativas,
se hizo culpable «de una burda retrogradación de la idea social».
He aquí ahora algunas muestras de la buena fe que
ha presidido la elaboración de este documento.
La Conferencia de Londres había aprobado la
conducta de los obreros alemanes durante la guerra [37]. Era evidente que esta
resolución, propuesta por un delegado suizo [*], apoyada por un [281] delegado
belga y aprobada por unanimidad, sólo se refería a los internacionalistas
alemanes, que han expiado en la cárcel, y que expían aún su conducta
antichovinista durante la guerra. Además, para salir al paso de toda
interpretación malévola, el secretario del Consejo General para Francia [*]
acababa de explicar el auténtico sentido de la resolución en una carta
publicada por el "Qui Vive!", la "Constitution", "Le
Radical", "L'Emancipation", "L'Europe", etc. No
obstante, ocho días después, el 20 de noviembre de 1871, quince miembros de la
Sección francesa de 1871 insertaban en el "Qui Vive!" una «protesta»,
llena de injurias contra los obreros alemanes y denunciando la resolución de la
Conferencia como una prueba irrecusable del «pangermanismo» del Consejo
General. Por su parte, toda la prensa feudal, liberal y policíaca de Alemania
atrapó con avidez este incidente para demostrar a los obreros alemanes la
nulidad de sus sueños internacionalistas. Después de todo esto, la protesta del
20 de noviembre fue respaldada por toda la sección de 1871 en su declaración
del 14 de diciembre.
Para poner de manifiesto «la pendiente sin fin del
autoritarismo, por la que se desliza el Consejo General», cita «la publicación
por este Consejo General de una edición oficial de los Estatutos generales,
revisados por él».
¡Basta echar una ojeada a la nueva edición de los
Estatutos para ver que, para cada apartado, se encuentra en el apéndice la cita
de las fuentes que atestiguan su autenticidad! En cuanto a las palabras
«edición oficial», el primer Congreso de la Internacional había decidido que
«el texto oficial y obligatorio de los Estatutos y reglamentos generales sería
publicado por el Consejo General». (Véase: «Congreso Obrero de la Asociación
Internacional de los Trabajadores, celebrado en Ginebra del 3 al 8 de septiembre
de 1866, pág. 27, nota».)
Huelga decir que la sección de 1871 estaba en
constante relación con los disidentes de Ginebra y de Neuchâtel. Uno de sus
miembros, Chalain, que había desplegado en sus ataques al Consejo General una
energía que jamás había mostrado en la defensa de la
Comuna, se encontró de repente rehabilitado por B.
Malon, quien poco antes hacía acusaciones muy graves contra él en una carta
dirigida a un miembro del Consejo. Por lo demás, apenas había lanzado su
declaración la Sección francesa de 1871, cuando en sus filas estalló la guerra
civil. Empezaron por separarse de ella Theisz, Avrial y Camélinat. Desde
entonces se fraccionó en varios grupitos. Uno de ellos está dirigido por el
señor Pierre Vésinier, expulsado del Consejo General por sus calumnias contra
[282] Varlin
y otros y echado después de la Internacional por la comisión belga, nombrada
por el Congreso de Bruselas de 1868. Otro de estos grupos fue fundado por B.
Landeck, a quien la fuga imprevista del prefecto de policía Pietri, el 4 de
septiembre, ha liberado de su compromiso.
«escrupulosamente cumplido de no volver a ocuparse
de asuntos políticos ni de la Internacional en Francia». (Véase: "Tercer
proceso de la Asociación Internacional de los Trabajadores de París",
1870, p. 4.)
Por otra parte, la masa de los refugiados franceses
en Londres ha formado una sección que está completamente de acuerdo con el
Consejo General.
IV
Los hombres de la Alianza escondidos tras el Comité
federal de Neuchâtel quisieron hacer un nuevo esfuerzo, en un plano más amplio,
para desorganizar la Internacional y convocaron un Congreso de sus secciones en
Sonvillier para el 12 de noviembre de 1871. Ya en julio, dos cartas del maître
Guillaume a su amigo Robin amenazaban al Consejo General con una campaña de
este tipo si no accedía a darles la razón «contra los facinerosos de Ginebra».
El Congreso de Sanvillier se componía de dieciséis
delegados, que pretendían representar en conjunto a nueve secciones, entre
ellas a la nueva «Sección de propaganda y agitación socialista» de Ginebra.
Los Dieciséis se estrenaron con el decreto
anarquista que declaraba disuelta la Federación de la Suiza francesa, la cual
se apresuró a devolver a los aliancistas su «autonomía», expulsándolos de todas
las secciones. Por lo demás, el Consejo tiene que reconocer que un destello de
buen sentido les hizo aceptar el nombre de Federación del Jura, que la
Conferencia de Londres les había dado.
A continuación, el Congreso de los Dieciséis
procedió a la «reorganización de la Internacional» dirigiendo una «circular a
todas las federaciones de la Asociación Internacional de los Trabajadores»
contra la Conferencia y contra el Consejo General.
Los autores de la circular acusan en primer lugar
al Consejo General de haber convocado en 1871 una conferencia en lugar de un
congreso. De las explicaciones dadas anteriormente se deduce que esos ataques
van dirigidos, de lleno, contra toda la Internacional que, en su totalidad,
había aceptado la convocatoria. Por otra parte, en la Conferencia, la Alianza
estaba debidamente representada por los ciudadanos Robin y Bastelica.
[283]
En cada congreso, el Consejo General ha tenido sus
delegados; en el Congreso de Basilea, por ejemplo, había seis. Los Dieciséis
pretenden que
«la mayoría de la Conferencia ha sido falsificada
de antemano con la admisión de seis delegados del Consejo General con voz y
voto».
En realidad, entre los delegados del Consejo
General a la Conferencia, los proscritos franceses eran los representantes de
la Comuna de París, mientras que sus miembros ingleses y suizos pudieron tomar
parte en las sesiones en ocasiones muy contadas, como lo atestigua el diario de
sesiones que será sometido al próximo Congreso. Un delegado del Consejo tenía
credencial de una federación nacional. A otro, según una carta dirigida a la
Conferencia, no le fue enviada la credencial, porque los periódicos habían anunciado
su muerte [*]. Queda, pues, un delegado, de modo que los belgas solos estaban
respecto al Consejo en la proporción de 6 a 1.
La policía internacional, a la que en la persona de
Gustave Durand no se había dejado asistir a la Conferencia, se quejó
amargamente de que se hubieran violado los Estatutos generales convocando una
Conferencia «secreta». Ella no estaba todavía bastante al
corriente de nuestros reglamentos generales para
saber que las sesiones administrativas de los Congresos son obligatoriamente
privadas.
No obstante, sus quejas hallaron un eco de simpatía
en los Dieciséis de Sonvillier que exclamaron:
«Y, como broche, una decisión de esta Conferencia
dice que el Consejo General fijará él mismo la fecha y el lugar del próximo
Congreso o de la Conferencia que lo sustituya, de modo que henos aquí
amenazados con la supresión de los Congresos generales, esos grandes comicios
públicos de la Internacional».
Los Dieciséis no han querido ver que esta decisión
no tiene más finalidad que afirmar frente a los gobiernos que, pese a todas las
medidas represivas, la Internacional está inquebrantablemente resuelta a
celebrar sus reuniones generales, sea como sea.
En la Asamblea general de las secciones ginebrinas
del 2 de diciembre de 1871, asamblea que acogía con desagrado a los ciudadanos
Malon y Lefrançais, estos últimos presentaron una proposición que tendía a
confirmar los decretos dados por los Dieciséis de Sonvillier y que encerraba
una censura contra el Consejo General y la desautorización de la Conferencia.
Esta última había decidido que «las resoluciones de la Conferencia no
destinadas a la publicidad serán comunicadas a los Consejos [284] federales de
los diferentes países por los secretarios correspondientes del Consejo
General».
Esta resolución, conforme en un todo con los
Estatutos y reglamentos generales, fue falsificada por B. Malon y sus amigos
del siguiente modo:
«Una parte de las resoluciones de la Conferencia
sólo será comunicada a los Consejos federales y a los secretarios
correspondientes».
Acusan encima al Consejo General de haber «faltado
al principio de la sinceridad», al negarse a entregar a la policía, mediante
«su publicación», aquellas resoluciones cuyo exclusivo objeto era la
reorganización de la Internacional en los países de donde está proscrita.
Los ciudadanos Malon y Lefrançais se quejan además
de que
«la Conferencia ha atentado a la libertad de
pensamiento y de expresión... dando al Consejo General el derecho a denunciar y
desautorizar todo órgano de sección o de federación que trate, sea de los
principios sobre los que descansa la Asociación, sea de los intereses
respectivos de las secciones y federaciones, sea, en fin, de los intereses
generales de toda la Asociación (véase: "Égalité" del 21 de
diciembre)».
¿Y qué encontramos en este mismo número de la
"Égalité"? Una resolución de la Conferencia en la que «recomienda que
el Consejo General, de ahora en adelante, denuncie y desautorice públicamente a
todos los periódicos que, diciéndose órganos de la Internacional y siguiendo el
ejemplo del "Progrès" y de la "Solidarité", discutan en sus
columnas, ante el público burgués, problemas que sólo se deben discutir en el
seno de los comités locales, de los comités federales y del Consejo General, o
en las sesiones privadas y administrativas de los congresos federales o
generales».
Para apreciar lo que vale la lamentación agridulce
de B. Malon, hay que considerar que esa resolución acaba de una vez con las
tentativas de algunos periodistas de suplantar a los comités responsables de la
Internacional y de jugar en sus medios el mismo papel que la bohemia
periodística juega en el mundo burgués. A consecuencia de una tentativa de este
tipo, el Comité federal de Ginebra había visto a miembros de la Alianza
redactar el órgano oficial de la Federación, la "Égalité", en un
sentido que le era completamente hostil.
Además, el Consejo General no necesitaba la
Conferencia de Londres para «denunciar y desautorizar públicamente» los abusos
del periodismo, porque el Congreso de Basilea ha decidido (resolución II) que:
«Todos los periódicos que contengan ataques contra
la Asociación deben ser enviados inmediatamente por las secciones al Consejo
General».
[285]
«Es evidente» —dice el Comité federal de la Suiza
francesa en su declaración del 20 de diciembre de 1871 ("Égalité" del
24 de diciembre)— «que este artículo no está redactado con vistas a que el
Consejo General guarde en sus archivos los periódicos que ataquen a la
Asociación, sino para que conteste y destruya, si hace falta, el efecto
pernicioso de las calumnias y de cuanto tienda malévolamente a denigrar. Es
evidente también que este artículo se refiere, en general, a todos los
periódicos y que, si no queremos tolerar gratuitamente los ataques de los
periódicos burgueses, con más razón debemos desautorizar, por medio de nuestra
delegación central, el Consejo General, a los periódicos cuyos ataques contra
nosotros se encubren con el nombre de nuestra Asociación».
Fijémonos de paso en que el "Times", ese
Leviatán de la prensa capitalista, el "Progrès" (de Lyon), periódico
de la burguesía liberal, y el "Journal de Genève" [38], periódico
ultrarreaccionario, abrumaron a la Conferencia con los mismos reproches y
empleando casi los mismos términos que los ciudadanos Malon y Lefrançais.
Después de haberse pronunciado contra la
convocatoria de la Conferencia y luego contra su composición y su pretendido
carácter secreto, la circular de los Dieciséis la emprende contra las
resoluciones mismas.
Constata primero que el Congreso de Basilea hizo
una dejación de poderes
«al conceder al Consejo General el derecho a
rechazar, admitir o suspender a las secciones de la Internacionab
¡y luego imputa este pecado a la Conferencia!
«¡¡Esa Conferencia... ha tomado resoluciones...
tendentes a convertir la Internacional, libre federación de secciones
autónomas, en una organización jerárquica y autoritaria de secciones
disciplinadas, entregadas enteramente en manos de un Consejo General que puede,
a su antojo, rechazar su admisión o suspender su actividad!!».
Más adelante vuelve al Congreso de Basilea que, a
su entender, ha «desnaturalizado las atribuciones del Consejo General».
Todas estas contradicciones de la circular de los
Dieciséis vienen a parar a lo siguiente: la Conferencia de 1871 es responsable
de la votación del Congreso de Basilea de 1869 y el Consejo General es culpable
de haber cumplimentado los Estatutos que le ordenan ejecutar las resoluciones
de los Congresos.
En realidad, el verdadero móvil de todos estos
ataques contra la Conferencia es de naturaleza más íntima. En primer lugar, con
sus resoluciones, la Conferencia acababa de contrarrestar las intrigas de los
hombres de la Alianza en Suiza. Además, los promotores de la Alianza habían
sembrado y mantenido, con persistencia excepcional, en Italia, en España y en
una parte de Suiza y de Bélgica, una confusión calculada entre el programa de
ocasión de Bakunin y el programa de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
[286]
La Conferencia puso de relieve este equívoco
intencionado mediante sus dos resoluciones sobre la política proletaria y sobre
las secciones sectarias. La primera, condenando en justicia el abstencionismo
político predicado por el programa bakuninista, está plenamente justificada en
sus considerandos, apoyados en los Estatutos generales, en la resolución del
Congreso de Lausanne y en otros precedentes [*].
[287]
Pasemos ahora a los grupos sectarios.
La primera etapa de la lucha del proletariado
contra la burguesía se desarrolló bajo el signo del movimiento sectario. Este
tiene su razón de ser en una época en que el proletariado no está aún
suficientemente desarrollado para actuar como clase. Pensadores individuales
hacen la crítica de los antagonismos sociales y dan para ellos soluciones
fantásticas que la masa de los obreros no tiene más que aceptar, propagar y
poner en práctica. Por naturaleza, las sectas formadas por estos iniciadores
son abstencionistas, extrañas a todo movimiento real, a la política, a las
huelgas, a las coaliciones; en una palabra, a todo movimiento de conjunto. La
masa del proletariado se mantiene siempre indiferente o incluso hostil a su
propaganda. Los obreros de París y de Lyon sentían tanto despego hacia los
saint-simonianos, los fourieristas y los icaristas [39], como los cartistas y
los tradeunionistas ingleses hacia los owenistas. Estas sectas, palancas del
movimiento en sus orígenes, lo obstaculizan en cuanto las sobrepasa; entonces
se vuelven reaccionarias. Testimonio de esto dan las sectas de Francia y de
Inglaterra y últimamente los lassalleanos en Alemania, los cuales, después de
haber entorpecido durante años la organización del proletariado, han acabado
por ser simples instrumentos de la policía. En resumen, las sectas son la
infancia del movimiento proletario, como la astrología y la alquimia son la
infancia de la ciencia. Hasta que el proletariado no hubo superado esta fase,
no fue posible la fundación de la Internacional.
Frente a las organizaciones de las sectas
fantaseadoras y rivales, la Internacional es la organización real y militante
de la clase proletaria en todos los países, ligado entre sí en
su lucha común contra los capitalistas y los
terratenientes y contra su poder de clase, organizado en el Estado. Así, los
Estatutos de la Internacional no reconocen más que simples sociedades
«obreras», todas las cuales persiguen el mismo objetivo y aceptan el mismo
programa. Programa que se limita a trazar los rasgos generales del movimiento
proletario y deja su elaboración teórica a cargo de las secciones, que
aprovecharán para ello el impulso dado por las necesidades de la lucha práctica
y el intercambio de ideas que se efectúa. En los órganos de las secciones y en
sus congresos se admiten indistintamente todas las convicciones socialistas.
En toda nueva etapa histórica, los viejos errores
reaparecen un instante para desaparecer poco después. Del mismo modo, la
Internacional ha visto renacer en su seno secciones sectarias, aunque en una
forma poco acentuada.
La Alianza, al considerar como un inmenso progreso
la resurrección de las sectas, es, en sí misma, una prueba concluyente de que
el tiempo de las sectas ha pasado. Pues, mientras las sectas, [288] en su
origen, representaban elementos de progreso, el programa de la Alianza, a
remolque de un «Mahoma sin Korán» [40], sólo representa un amasijo de ideas de
ultratumba, disfrazadas con frases sonoras y que sólo pueden asustar a
burgueses idiotas o servir como piezas de convicción contra los
internacionalistas a los fiscales de Bonaparte u otros [*] [41].
La Conferencia, en la que estaban representados
todos los matices socialistas, aprobó por aclamación la resolución contra las
secciones sectarias, convencida de que esta resolución, al volver a colocar a
la Internacional en su verdadero terreno, marcaría una nueva fase en su marcha.
Los partidarios de la Alianza, sintiéndose heridos de muerte por esta
resolución, la consideraron sencillamente como una victoria del Consejo General
sobre la Internacional; victoria, por medio de la cual, según su circular, hizo
«que predominara el programa especial» de algunos de sus miembros, «su doctrina
personal», «la doctrina ortodoxa», «la teoría oficial, única que tiene derecho
de ciudadanía en la Asociación». Por lo demás, no era culpa de esos miembros,
era la consecuencia necesaria, el «efecto corruptor» de su calidad de miembros
del Consejo General, pues
«es absolutamente imposible que un hombre que tiene
poder» (!) «sobre sus semejantes, siga siendo un hombre moral. El Consejo
General se convierte en un semillero de intrigas».
Según la opinión de los Dieciséis, se podría ya
reprochar a los Estatutos generales un grave defecto: el de dar al Consejo
General derecho a incorporarse nuevos miembros. Provisto de este poder, dicen:
«el Consejo podría luego incorporarse todo un
personal que modificase completamente su mayoría y sus tendencias».
Según parece, para ellos, el mero hecho de que unos
hombres pertenezcan al Consejo General, basta para modificar, no sólo su
moralidad, sino también su sentido común. De otro modo, ¿cómo se puede suponer
que una mayoría se transforme, por sí misma, en minoría mediante la
incorporación voluntaria de nuevos miembros?
Por lo demás, los mismos Dieciséis no parecen muy
convencidos de todo esto, porque, más adelante, se quejan de que el Consejo
General haya estado
[289]
«compuesto, durante cinco años seguidos, por los
mismos hombres que eran siempre reelegidos».
E inmediatamente después repiten:
«la mayor parte de ellos no son nuestros
mandatarios regulares, puesto que no han sido elegidos por un Congreso».
El hecho es que el personal del Consejo General ha
cambiado constantemente, aunque algunos de los fundadores hayan permanecido
siempre en él, lo mismo que ocurre en los Consejos federales belga,
suizo-francés, etc.
El Consejo General está sometido a tres condiciones
esenciales para el cumplimiento de su mandato. En primer lugar, exige un
personal bastante numeroso para ejecutar sus múltiples tareas; en segundo, una
composición de «trabajadores pertenecientes a las diferentes naciones
representadas en la Asociación Internacional» y, por último, la preponderancia
del elemento obrero. Siendo las exigencias del trabajo para el obrero una causa
permanente de cambios en el personal del Consejo General, ¿cómo podría éste reunir
esas condiciones indispensables sin el derecho de cooptación? Sin embargo, le
parece necesaria una definición más exacta de este derecho, y así, en la última
Conferencia ha expresado su deseo de que se haga esta definición.
La reelección del Consejo General, tal como estaba
compuesto, por los congresos sucesivos en los que Inglaterra estaba apenas
representada, parece que debía probar que ha cumplido su deber en la medida de
sus posibilidades. Pero no: los Dieciséis sólo ven en esto la prueba de la
«confianza ciega de los congresos», confianza llevada en Basilea
«hasta una especie de dejación voluntaria de sus
derechos en manos del Consejo General».
Según ellos, el «papel normal» del Consejo debe ser
«el de una simple oficina de correspondencia y estadística». Basan esta
definición en varios artículos sacados de una falsa traducción de los
Estatutos.
En oposición a los Estatutos de todas las
sociedades burguesas, los Estatutos generales de la Internacional apenas tratan
de su organización administrativa. Encomiendan su desarrollo a la práctica y su
regulación a los futuros congresos. No obstante, como la unidad y la
coordinación de actividades de las secciones de los diferentes países son los
únicos elementos que pueden darles la característica de internacionalismo, los
Estatutos se ocupan más del Consejo General que de las otras partes de la
organización.
El artículo 5 de los Estatutos originales [42]
dice:
[290]
«El Consejo General funcionará como agente
internacional entre los diferentes grupos nacionales y locales».
y da a continuación algunos ejemplos del modo cómo
debe actuar. Entre estos ejemplos, se encuentra la instrucción dada al Consejo
para hacer de modo
«que, cuando se exija la acción inmediata, como en
el caso de los conflictos internacionales, todas las agrupaciones de la
Asociación, puedan actuar simultáneamente y de una manera uniforme».
El artículo continúa diciendo:
«Cuando lo juzgue oportuno, el Consejo General
tomará la iniciativa en las proposiciones que haya que someter a las sociedades
locales y nacionales».
Además, los Estatutos definen el papel del Consejo
en la convocatoria y preparación de los congresos y le encargan de ciertos
trabajos que habrá de someter a estos congresos. Los Estatutos originales no
presentan la acción espontánea de los grupos en contraposición con la unidad de
acción de la Asociación; hasta tal punto que el artículo 6 dice:
«Puesto que el movimiento obrero en cada país sólo
puede ser asegurado mediante la fuerza procedente de la unión y de la
asociación; puesto que, por otra parte, la acción del Consejo General será más
eficaz..., los miembros de la Internacional deberán hacer todo lo posible para
reunir a las sociedades obreras de sus respectivos países, que aún están
aisladas, en asociaciones nacionales, representadas por organismos centrales».
La primera resolución administrativa del Congreso
de Ginebra (art. 1) dice:
«El Consejo General está obligado a ejecutar las
resoluciones de los congresos».
Esta resolución legalizó la actitud mantenida por
el Consejo desde un principio: la de delegaciones ejecutivas de la Asociación.
Sería difícil ejecutar órdenes sin «autoridad» moral, a falta de otra
«autoridad libremente consentida». El Congreso de Ginebra, al mismo tiempo,
encargó al Consejo General la publicación del «texto oficial y obligatorio de
los Estatutos».
El mismo Congreso resolvió (Resolución
administrativa de Ginebra, art. 14):
«Cada sección tiene derecho a redactar sus
Estatutos y reglamentos particulares, adaptados a las circunstancias locales y
a las leyes de su país pero no deben ser contrarios en nada a los Estatutos y
reglamento generales».
Fijémonos primero en que aquí no hay la más ligera
alusión a declaraciones particulares de principios, ni a misiones especiales,
[291] de las que se encargaría esta o la otra sección, aparte de las tareas
encaminadas al objetivo común de todos los grupos de la Internacional. Se trata
simplemente del derecho de las secciones a adaptar los Estatutos y reglamento
generales «a las circunstancias locales y a las leyes de sus países».
En segundo lugar, ¿quién debe comprobar la
conformidad de los Estatutos particulares con los Estatutos generales?
Evidentemente, si no hubiera «autoridad» encargada de esta función, la
resolución sería nula y sin efecto. No solamente podrían constituirse secciones
policíacas u hostiles, sino que la intrusión de sectarios desclasados y de
filántropos burgueses en la Asociación podría desvirtuar su carácter y, por el
número de aquéllos, aplastar a los obreros en los congresos.
Desde su origen, las federaciones nacionales y
locales se atribuyeron en sus países respectivos ese derecho a admitir o
rechazar nuevas secciones, según sus Estatutos estuvieran o no conformes con
los Estatutos generales. El ejercicio de la misma función por el Consejo
General está previsto en el artículo 6 de los Estatutos generales. Este
artículo deja a las sociedades locales independientes, es decir, a sociedades
constituidas fuera de los lazos federales de sus países, el derecho a ponerse
en relación con el Consejo directamente. La Alianza no tuvo a menos el ejercer
este derecho a fin de reunir las condiciones que se requerían para enviar sus
delegados al Congreso de Basilea.
El artículo 6 de los Estatutos prevé también los
obstáculos legales para la formación de federaciones nacionales en ciertos
países, en los cuales, por consiguiente, el Consejo General está llamado a
funcionar como Consejo federal. (Véase: "Diario de sesiones del Congreso
de Lausanne, etc.", 1867, pág. 13 [43].)
Desde la caída de la Comuna, esos obstáculos
legales no han cesado de aumentar en diversos países y de hacer en ellos aún
más indispensable la actuación del Consejo General, para mantener al margen de
la Asociación a los elementos indeseables. Así, últimamente, ha habido comités
en Francia que han pedido la intervención del Consejo General para librarse de
los confidentes y, en otro gran país [*], los internacionalistas le han pedido
que no reconozca ninguna sección si no es fundada por ellos mismos o por sus
mandatarios directos. Basaban su petición en la necesidad de apartar a los
agentes provocadores, cuyo ardiente celo se manifestaba en la precipitada
formación de secciones de un radicalismo inaudito. Por otra parte, secciones
que se dicen antiautoritarias no vacilan en requerir al Consejo, cuando surge
un conflicto en su seno, ni incluso en pedirle que aniquile de un mazazo [292]
a sus adversarios, como ha ocurrido en el conflicto lyonés. Más recientemente,
después de la Conferencia, la Federación obrera de Turín decidió declararse
sección de la Internacional. A consecuencia de una escisión, la minoría fundó
la sociedad Emancipación del Proletario [44]. Se adhirió a la Internacional y
debutó con una resolución en favor de los de Jura. Su periódico "Il
Proletario" hierve en frases indignadas contra todo autoritarismo. Al
enviar las cotizaciones de la sociedad, su secretario [*]* previno al Consejo
General que la antigua federación enviaría también probablemente sus
cotizaciones, y añadía:
«Como habréis leído en el "Proletario",
la sociedad Emancipación del Proletario... ha declarado... rehusar toda
solidaridad con la burguesía disfrazada con máscara obrera que compone la
"Federación obrera"».
y rogaba al Consejo General
«que comunicara esta resolución a todas las
secciones y rechazara los 10 céntimos de las cotizaciones, en el caso en que
les fueran enviados» [*]**.
Lo mismo que todos los grupos internacionalistas,
el Consejo General tiene la obligación de hacer propaganda. La ha cumplido
mediante sus manifiestos y mediante sus mandatarios, que han puesto las
primeras piedras de la Internacional en Norteamérica, en Alemania y en muchas
ciudades de Francia.
Otra función del Consejo General consiste en
prestar apoyo a las huelgas, asegurándoles la ayuda de toda la Internacional.
(Véanse los informes del Consejo General en los diferentes congresos). El hecho
siguiente, entre otros, prueba el peso de su intervención en las huelgas: la
Sociedad de resistencia de los fundidores de hierro ingleses es, de por sí, una
tradeunión internacional, con ramas en otros países, especialmente en
Norteamérica. No obstante, en una huelga de fundidores americanos, éstos juzgaron
necesaria la intervención del Consejo General para impedir la importación de
fundidores ingleses a su país.
El desarrollo de la Internacional impuso al Consejo
General, así como a los Consejos federales, la función de árbitro.
El Congreso de Bruselas resolvió:
«Los Consejos federales están obligados a enviar
cada trimestre al Consejo General un informe sobre la administración y la
situación financiera de sus secciones». (Resolución administrativa, N 3.)
[293]
Por último, el Congreso de Basilea, que provoca la
furia biliosa de los Dieciséis, no hizo sino regular las relaciones
administrativas nacidas del desarrollo de la Asociación. Si amplió
excesivamente los límites de las atribuciones del Consejo General, ¿de quién es
la culpa sino de Bakunin, Schwitzgebel, F. Robert, Guilleume y otros delegados
de la Alianza que lo pidieron a gritos? ¿Se acusarán acaso a sí mismos de
«confianza ciega» en el Consejo General de Londres?
He aquí dos de las resoluciones del Congreso de
Basilea:
«IV. Cada nueva sección o sociedad que se forme y
quiera hacer parte de la Internacional, debe comunicar inmediatamente al
Consejo General su adhesión» y
«V. El Consejo General tiene derecho a admitir o
rechazar la adhesión de toda nueva sociedad o grupo, a reserva de apelación al
Congreso siguiente».
En cuanto a las sociedades locales independientes,
formadas fuera de los lazos federativos, estos artículos no hacen más que
confirmar la práctica seguida desde los orígenes de la Internacional, y cuyo
mantenimiento es una cuestión de vida o muerte para la Asociación. Pero se ha
ido demasiado lejos al generalizar esta práctica, aplicándola indistintamente a
toda sección o sociedad en vías de formación. En efecto, estos artículos dan al
Consejo General derecho a inmiscuirse en la vida interior de las federaciones;
pero jamás los ha aplicado en este sentido. El Consejo desafía a los Dieciséis
a citar un solo caso de intromisión suya en las cuestiones de secciones nuevas
que quisieran afiliarse a grupos o federaciones existentes.
Las resoluciones que acabamos de citar se refieren
a las secciones en vías de formación, y las resoluciones siguientes, a las
secciones ya reconocidas:
«VI. El Consejo General tiene igualmente derecho a
dejar en suspenso, hasta el siguiente Congreso, a una sección de la
Internacional».
«VII. Cuando se susciten diferencias entre
sociedades o ramas de un grupo nacional, o entre grupos de diferentes
nacionalidades, el Consejo General tendrá derecho a decidir en el conflicto, a
reserva de la apelación ante el Congreso siguiente, que resolverá en
definitiva».
Estos dos artículos son necesarios para casos
extremos, aunque hasta ahora, el Consejo General no haya recurrido nunca a
ellos. La relación de hechos que figura en las páginas anteriores, prueba que
no ha dejado en suspenso a ninguna sección y que, en caso de conflicto, se ha
limitado a actuar como árbitro invocado por ambas partes.
Nos acercamos, en fin de cuentas, a una función
impuesta al Consejo General por las necesidades de la lucha. Por muy doloroso
que sea para los partidarios de la Alianza, el Consejo General, [294]
precisamente por la persistencia con que le atacan todos los enemigos del
movimiento proletario, se halla en la vanguardia de los defensores de la
Asociación Internacional de los Trabajadores.
V
Después de haber juzgado a la Internacional tal
como es, los Dieciséis nos dicen cómo debe ser.
En primer lugar, el Consejo General sería
nominalmente una simple oficina de correspondencia y estadística. Pero, como
cesarían sus funciones administrativas, su correspondencia se reduciría
necesariamente a la reproducción de los informes ya publicados por los
periódicos de la Asociación. Por lo tanto, se acabaría por hacer desaparecer la
oficina de correspondencia. En cuanto a la estadística, es un trabajo
irrealizable sin una potente organización y, sobre todo, como dicen
expresamente los Estatutos originales, sin una dirección común. Ahora bien,
como todo esto huele mucho a «autoritarismo», puede ser que haya una oficina,
pero, desde luego, no habrá estadística. En una pa]abra, el Consejo General
desaparece. Con este mismo razonamiento, se liquidan los Consejos federales,
comités locales y otros centros «autoritarios». Sólo quedan las secciones
autónomas.
¿Y cuál será la misión de estas «secciones
autónomas», libremente federadas y felizmente liberadas de toda autoridad,
«incluso de una autoridad que fuera elegido y constituida por los
trabajadores»?
Aquí hay que completar la circular con el informe
del Consejo del Jura sometido al Congreso de los Dieciséis.
«Para convertir a la clase obrera en el verdadero
representante de los intereses nuevos de la humanidad», es preciso que su
organización «esté guiada por la idea que debe triunfar. Deducir esta idea de
las necesidades de nuestra época, de las tendencias íntimas de la humanidad
mediante un estudio continuado de los fenómenos de la vida social, inculcar
después esta idea a nuestras organizaciones obreras: tal debe ser el objetivo,
etc.». En resumen, hay que formar, «en el seno de nuestra población obrera, una
verdadera escuela socialista revolucionaria».
Así, las secciones autónomas de obreros se
convierten de golpe en escuelas, cuyos maestros serán estos señores de la
Alianza. Ellos deducen la idea, «mediante estudios continuados», que no dejan
el menor rastro; «se inculca después a nuestras organizaciones obreras». Para
ellos, la clase obrera es un material en bruto, un caos que, para tomar forma,
necesita el soplo de su Espíritu Santo.
Todo esto no es más que una paráfrasis del antiguo
programa de la Alianza, que empezaba con estas palabras:
[295]
«La minoría socialista de la Liga de la paz y de la
libertad, habiéndose separado de esta Liga», se propone fundar «una nueva
Alianza de la Democracia Socialista... que se impone como misión especial,
estudiar los problemas políticos y filosóficos...»
¡Ya está aquí la idea «deducida»!
«Una empresa tal... dará a los demócratas
socialistas sinceros de Europa y América el medio de entenderse y de afirmar
sus ideas» [*].
Así, por confesión propia, la minoría de una
sociedad burguesa se ha infiltrado en la Internacional, poco antes del Congreso
de Basilea, sólo para servirse de él como medio de situarse respecto a las
masas obreras, en la categoría de hierofantes de una ciencia oculta, una
ciencia de cuatro frases, cuyo punto culminante es «la igualdad económica y
social de las clases».
Aparte de esta «misión teórica», la nueva
organización propuesta para la Internacional tiene también su aspecto práctico.
«La sociedad futura» —dice la circular de los
Dieciséis— «no debe ser sino la universalización de la organización que la
Internacional se haya dado. Debemos, pues, cuidar de que esta organización se
aproxime lo más posible a nuestro ideal».
«¿Puede concebirse que una sociedad igualitaria y
libre salga de una organización autoritaria? Esto es imposible. La
Internacional, embrión de la futura sociedad humana, tiene que ser, desde
ahora, imagen fiel de nuestros principios de libertad y de federación».
Dicho en otros términos: así como los conventos de
la Edad Media representan la imagen de la vida celestial, la Internacional debe
ser la imagen de la nueva Jerusalén, cuyo «embrión» lleva la Alianza en su
seno. ¡Los confederados de París no hubieran sucumbido si, comprendiendo que la
Comuna era el «embrión de la futura sociedad humana», hubieran arrojado lejos
de sí la disciplina y las armas, cosas ambas que deben desaparecer, pero sólo
cuando se hayan acabado las guerras!
Pero para poner bien en claro que, a pesar de sus
«estudios continuados», no han sido los Dieciséis los que han incubado este
bello proyecto, que tiende a desorganizar y desarmar a la Internacional en el
momento en que lucha por su existencia, Bakunin
[296] acaba
de publicar el texto original en su memoria sobre la organización de la
Internacional. (Véase: "Almanach du Peuple pour 1872", Ginebra.)
VI
Ahora leed el informe presentado por el Comité del
Jura al Congreso de los Dieciséis.
«Su lectura» —dice su periódico oficial, "La
Révolution Sociale" (16 de noviembre)— «dará la medida exacta de lo que se
puede esperar de los afiliados a la federación del Jura, en cuanto a abnegación
e inteligencia práctica».
Empieza por atribuir a estos «terribles
acontecimientos» (la guerra franco-alemana y la guerra civil en Francia) una
influencia «en parte desmoralizadora... sobre la situación de las secciones de
la Internacional».
Si bien, en efecto, la guerra franco-alemana, al
enrolar a gran número de obreros en ambos ejércitos, debió haber tendido a la
desorganización de las secciones, no es menos cierto que la caída del Imperio y
la proclamación abierta de la guerra de conquista hecha por Bismarck provocaron
en Alemania y en Inglaterra una lucha enconada entre la burguesía, que se
colocó junto a los prusianos, y el proletariado, que afirmó más que nunca sus
sentimientos internacionalistas. Por eso mismo, la Internacional había de ganar
terreno en esos dos países. En América, el mismo hecho produjo una escisión en
la inmensa emigración proletaria alemana; la fracción internacionalista se
separó sin equívocos de la chovinista.
Por otra parte, el advenimiento de la Comuna de
París ha dado un impulso sin precedentes al desarrollo exterior de la
Internacional y a la reivindicación viril de sus principios por las secciones
de todas las nacionalidades. Pero de esto son una excepción los del Jura, cuyo
informe continúa así: «...desde el principio de la gigantesca lucha... la
reflexión se ha impuesto... Unos se apartan, para esconder su debilidad... Para
muchos, esta situción» (en las filas de ellos) «es un síntoma de vejez», pero, «muy
al contrario...
es una situación propicia para transformar
completamente la Internacional»... a su imagen y semejanza. Este modesto deseo
se comprenderá después de examinar a fondo lo próspero de su situación.
Prescindiendo de la disuelta Alianza, reemplazada
desde su disolución por la sección de Malon, el Comité tenía que justificar la
situación de veinte secciones. De ellas, siete le vuelven limpiamente la
espalda; he aquí lo que se dice de ellas en el informe:
«La sección de engastadores y la de grabadores y
pulidores de Bienne no han contestado a ninguna de las comunicaciones que les
hemos dirigido».
[297]
«Las secciones profesionales de Neuchâtel, es
decir, las de carpinteros, engastadores, grabadores y pulidores, no han enviado
respuesta ninguna a las comunicaciones del Comité federal».
«No hemos podido conseguir ninguna noticia de la
sección de Val-de-Ruz».
«La sección de grabadores y pulidores del Locle no
ha dado respuesta alguna a las comunicaciones del Comité federal».
He aquí lo que se llama un comercio libre de
secciones autónomas con su Comité federal.
Otra sección,
«la de grabadores y pulidores del distrito de
Courtelary, después de tres años de tenaz persistencia... se constituye en
sociedad de resistencia».
fuera de la Internacional, lo que no le impide en
absoluto hacerse representar por dos delegados en el Congreso de los Dieciséis.
Después vienen cuatro secciones bien muertas.
«La sección central de Bienne ha caído por el
momento; sin embargo, uno de sus miembros abnegados nos escribía últimemente
que no se han perdido todas las esperanzas de ver renacer la Internacional en
Bienne».
«La sección en Saint-Blaise ha caído».
«La sección de Catébat, después de una asistencia
brillante ha tenido que ceder ante las intrigas urdidas por los señores» (!)
«de esta localidad para disolver tan valiente» (!) «sección»
«Por último, la sección de Corgémont también fue
víctima de las intrigas patronales».
Viene a continuación la sección central del
distrito de Courtelary, que
«tomó una medida de prudencia: suspendió su
actuación»;
lo cual no le impidió enviar dos delegados al
Congreso de los Dieciséis.
Después vienen cuatro secciones de existencia más
que problemática.
«La sección de Grange se encuentra reducida a un
pequeño núcleo de obreros socialistas... Lo reducido de su contingente paraliza
su actuación en la localidad».
«Los acontecimientos han quebrantado mucho a la
sección central de Neuchâtel y, a no ser por la abnegación, por la actividad de
algunos de sus miembros, su caída hubiera sido segura».
«La sección central del Locle, despuers de pasar
varios meses entre la vida y la muerte, había acabado por disolverse. En fecha
muy reciente, se ha vuelto a constituir»;
evidentemente, con el único fin de enviar dos
delegados al Congreso de los Dieciséis.
«La sección de propaganda socialista de La
Chaux-de-Fonds, está en una situación crítica... Su posición, lejos de mejorar,
tiende más bien a empeorar».
[298]
Hay a continuación dos secciones, los círculos de
estudios de Saint-Imier y de Sonvillier, que no se mencionan más que de pasada
y sobre cuya situación no se dice una palabra.
Y queda, por último, la sección modelo, la cual a
juzgar por su nombre de sección central, no es sino residuo de otras secciones
desaparecidas.
«La sección central de Moutier es, sin duda, la
menos quebrantada... Su Comité ha estado constantemente en relación con el
Comité federal... Todavía no se han fundado secciones».
Y todo esto se explica así:
«La actuación de la sección de Moutier está
particularmente favorecida por la excelente disposición de una población
obrera... de costumbres populares; nos gustaría ver a la clase obrera de esta
región hacerse aún más independiente de los elementos políticos».
Se ve que, en efecto, este informe «da la medida
exacta de lo que se puede esperar de los afiliados a la federación del Jura, en
cuanto a abnegación e inteligencia práctica».
Hubieran podido completarlo añadiendo que los
obreros de La Chaux-de-Fonds, sede primitiva de su Comité, han rehusado siempre
toda comunicación con ellos. En fecha aún reciente, en la asamblea general del
18 de enero de 1872, han contestado a la circular de los Dieciséis con
votaciones unánimes confirmando las resoluciones de la Conferencia de Londres,
así como la resolución tomada por el Congreso de la Suiza francesa en mayo de
1871
«de expulsar para siempre de la Internacional a los
Bakunin, Guillaume y sus adeptos».
¿Es preciso decir algo más sobre el peso de ese
pretendido Congreso de Sonvillier, que, según él, ha «desencadenado la guerra,
la guerra abierta en el seno de la Internacional»?
Es cierto que esos hombres que hacen más ruido
cuanto más insignificantes son han obtenido un éxito innegable. Toda la prensa
liberal y policíaca se ha puesto abiertamente de su parte. En sus calumnias
personales contra el Consejo General y en sus ataques anodinos contra la
Internacional, han sido secundados por los sedicentes reformadores de todos los
países: en Inglaterra, por los republicanos burgueses, cuyas intrigas ha
frustrado el Consejo General; en Italia, por los librepensadores dogmáticos
que, bajo la bandera de Stefanoni, acaban de fundar una «sociedad universal de
los racionalistas», cuya sede obligatoria está en Roma (organización
«autoritaria» y «jerárquica» de conventos de frailes y monjas ateos y cuyos
Estatutos conceden un busto de mármol en la sala [299] del Congreso a todo
burgués que haga un donativo de diez mil francos) [45]; por último, en
Alemania, por los socialistas bismarckianos que, aparte de editar un periódico
policíaco, el "Der Neuer Social-Demokrat" [46], hacen de camisas
blancas [47] del Imperio pruso-alemán.
El cónclave de Sonvillier pide a todas las
secciones internacionalistas, en un llamamiento patético, que insistan sobre la
urgencia de un Congreso «para reprimir», como dicen los ciudadanos Malon y
Lefrançais, «las constantes extralimitaciones depresivas del Consejo de
Londres»; en realidad, para sustituir a la Internacional por la
Alianza. Este llamamiento ha obtenido un eco tan
alentador, que en seguida se han visto reducidos a tener que falsificar una
votación del último Congreso belga. En su órgano oficial ("Révolution
Sociale", del 4 de enero de 1872), dicen:
«Por último, una cosa más grave: las secciones
belgas se han reunido en un congreso, en Bruselas, los días 24 y 25 de
diciembre y han votado por unanimidad una resolución idéntica a la del Congreso
de Sonvillier sobre la urgencia de convocar un Congreso General».
Hay que hacer constar que el Congreso belga ha
votado todo lo contrario. Ha encargado al próximo Congreso belga, que no se
reunirá hasta junio, la elaboración de un proyecto de nuevos Estatutos
generales para someterlo al próximo Congreso de la Internacional.
De acuerdo con la inmensa mayoría de la
Internacional, el Consejo General no convocará el Congreso anual
inmediatamente, sino en septiembre de 1872.
VII
Algunas semanas después de la Conferencia, llegaron
a Londres los caballeros Albert Richard y Gaspard Blanc, los miembros más
influyentes y más ardientes de la Alianza, encargados de reclutar, entre los
refugiados franceses, auxiliares dispuestos a trabajar por la restauración del
Imperio, único medio, según ellos, de desembarazarse de Thiers y de llenar el
estómago. El Consejo General previno contra sus manejos bonapartistas a los
interesados, entre otros, al Consejo federal de Bruselas.
En enero de 1872 se quitaron la careta, publicando
el folleto «E l I m p e r i o y l a n u e v a F r a n c i a. Llamamiento del
pueblo y de la juventud a la conciencia francesa», por Albert Richard y Gaspard
Blanc. Bruselas, 1872.
Con la acostumbrada modestia de los charlatanes de
la Alianza, espetan el reclamo siguiente:
«Nosotros, que habíamos formado el gran ejército
del proletariado francés... nosotros, los jefes más influyentes de la
Internacional en Francia [*], afortunadamente no hemos sido fusilados, y aquí
estamos para enarbolar frente a ellos (los parlamentarios ambiciosos, los
republicanos bien cebados, los sedicentes demócratas de toda especie), la
bandera bajo cuyos pliegues combatimos y para lanzar a la Europa atónita, a
pesar de las calumnias, a pesar de las amenazas, a pesar de los ataques de toda
índole que nos esperan, este grito que emerge del fondo de nuestra conciencia y
que resonará muy pronto en el corazón de todos los franceses: «¡Viva el
emperador!»
«A Napoleón III, difamado y escarnecido, hay que
rehabilitarlo con todo esplendor».
Y los señores Albert Richard y Gaspard Blanc,
pagados con cargo a los fondos secretos de Invasión III, tienen el encargo
especial de obtener esta rehabilitación.
Por lo demás, confiesan:
«El desarrollo normal de nuestras ideas nos ha
hecho imperialistas».
He aquí una confesión que debe agradar a sus
correligionarios de la Alianza. Como en los dichosos días de la
"Solidarité", A. Richard y G. Blanc endilgan sus viejas frases sobre
el «abstencionismo político» que, según les dicta su «desarrollo normal» no es
un hecho sino bajo el despotismo más absoluto: cuando los trabajadores se
abstienen de toda ingerencia política como el preso se abstiene de pasearse al
sol.
«El tiempo de los revolucionarios» —dicen— «ha
pasado... El comunismo ha sido desterrado a Alemania y a Inglaterra; sobre todo
a Alemania. Es por cierto allí donde ha sido elaborado seriamente, desde hace
tiempo, [301] para difundirse a continuación por toda la Internacional. Y este
progreso inquietante de la influencia alemana en la Asociación ha contribuido
no poco a paralizar su desarrollo, o más bien, a darle un nuevo curso en las
secciones del centro y mediodía de Francia que no han aceptado jamás consignas
de ningún alemán».
¿No parece oír al gran hierofante [*] que, como
ruso, se atribuye desde la fundación de la Alianza la especial misión de
representar a las razas latinas?, ¿o a los «verdaderos misioneros» de la
"Révolution Sociale" (2 de noviembre de 1871), que denuncian
«la marcha atrás que tratan de imprimir a la
Internacional los cerebros alemanes y bismarckianos»?
¡Pero, afortunadamente, la verdadera tradición no
se ha perdido, los señores Albert Richard y Gaspard Blanc no han sido
fusilados! Su «trabajo» personal consiste en «dar un nuevo curso» a la
Internacional en el centro y mediodía de Francia, tratando de fundar secciones
bonapartistas que, por razón de su tendencia, son esencialmente «autónomas».
En cuanto a la constitución del proletariado en
partido político, recomendada por la Conferencia de Londres, «después de la
restauración del Imperio, nosotros» (Richard y Blanc)
«acabaremos pronto, no sólo con las teorías
socialistas, sino con ese comienzo de realización de ellas que se manifiesta en
la organización revolucionaria de las masas». En una palabra, explotando el
gran «principio de la autonomía de las secciones», que «constituye la verdadera
fuerza de la Internacional... sobre todo en los países de raza latina»...
("Révolution Sociale" del 4 de enero),
esos señores cuentan con la anarquía en la
Internacional.
La anarquía: he aquí el gran caballo de batalla de
su maestro Bakunin, que, de los sistemas socialistas, no ha tomado más que las
etiquetas. Todos los socialistas entienden por anarquía lo siguiente: una vez
conseguido el objetivo de la clase obrera —la abolición de las clases—, el
poder del Estado, que sirve para mantener a la gran mayoría productora bajo el
yugo de una minoría explotadora poco numerosa, desaparece y las funciones de
gobierno se transforman en simples funciones administrativas. La Alianza toma
el rábano por las hojas. Proclama que la anarquía en las filas proletarias es
el medio más infalible para romper la potente concentración de fuerzas sociales
y políticas que los explotadores tienen en sus manos. Con este pretexto, pide a
la Internacional, en el momento en que el viejo mundo trata de aplastarla, que
substituya [302] su organización por la anarquía. La policía internacional no
pide otra cosa para eternizar la república de Thiers, cubriéndola con el manto
imperial [*].
Londres, 5 de marzo de 1872
33, Rathbone Place
Escrito por C. Marx y Se publica de acuerdo con el
texto
F. Engels entre mediados de enero del folleto.
y el 5 de marzo de 1872.
Publicado en forma de folleto Traducido del
francés. en Ginebra, en 1872.
NOTAS
[1] 203. Las
tesis fundamentales de "Las pretendidas escisiones en la
Internacional", circular reservada del Consejo General de la Asociación
Internacional de los Trabajadores, fueron expuestas por Marx en la reunión del
Consejo General del 5 de marzo de 1872. Marx y Engels denunciaron en ella el
bakuninismo.
El cumplir la exigencia de los bakuninistas
—reducir las funciones del Consejo General al papel de simple oficina de
corresponsales y de estadística— significaría la renuncia del proletariado a la
creación de su organización disciplinada y unida en el aspecto ideológico. La
lucha de Marx y Engels en el problema de las funciones del Consejo General era,
en realidad, una lucha por los principios de organización del partido
proletario. Por acuerdo unánime del Consejo General, la circular fue publicada
en francés a fines de mayo de 1872.- 262.
[**] La
«Alianza internacional de la democracia socialista». (N. de la Edit.) **] Véase
el presente tomo, págs. 214-259. (N. de la Edit.)
[2] 204.
Desde fines de los años 50, una de las reivindicaciones fundamentales de los
obreros ingleses era la instauración de la jornada de trabajo de nueve horas.
En mayo de 1871 comenzó una gran huelga de los obreros de la construcción y los
de la fabricación de maquinaria de Newcastle dirigida por la Liga de lucha por
la jornada de trabajo de nueve horas, la primera en incorporar a la lucha a
obreros no adheridos a las tradeuniones. Burnette, presidente de la Liga, pidió
al Consejo General de la Internacional que impidiese la entrada de esquiroles
en Inglaterra. La importación de esquiroles fue frustrada merced a la enérgica
acción del Consejo General de la Internacional. En octubre de 1871, la huelga
de Newcastle terminó victoriosamente para los obreros: se instauró la semana de
trabajo de 54 horas.- 263.
[3] 205. El
25 de julio de 1871, el Consejo General aprobó la propuesta de Engels de
convocar en Londres, en septiembre de 1871, una conferencia secreta de la
Internacional. A partir de ese momento, Marx y Engels realizaron una inmensa
labor de preparación de la Conferencia en cuanto a los problemas teóricos y de
organización: redactaron los programas de trabajo y los proyectos de
resoluciones que se discutieron en las reuniones del Consejo General y se
sometieron al examen de la Conferencia de Londres (véase la nota 202).- 264.
[4] 105.
Trátase del Congreso de la Internacional celebrado en Basilea del 6 al 11 de
septiembre de 1869. El 10 de septiembre se adoptó en él la siguiente resolución
sobre la propiedad de la tierra, propuesta por los partidarios de Marx:
«1) La sociedad tiene el derecho a suprimir la
propiedad privada sobre la tierra y convertir ésta en propiedad social.
2) Es preciso suprimir la propiedad privada sobre
la tierra y convertir ésta en propiedad social».
En el Congreso fueron igualmente adoptados acuerdos
de unificación de los sindicatos a escala nacional e internacional, así como
varios acuerdos para reforzar la Internacional en materia de organización y
para ampliar los poderes del Consejo General.- 174, 264[*]
C. Marx. "Comunicación confidencial a todas
las secciones". (N. de la Edit.)
[5] 40.
Trátase de la Conferencia de Londres se celebró del 25 al 29 de septiembre de
1865. Participaron en sus labores los miembros del Consejo General y los
dirigentes de diversas secciones. La Conferencia escuchó el informe del Consejo
General, aprobó su rendición de cuentas financieras y el orden del día del
próximo Congreso. La Conferencia de Londres, preparada y celebrada bajo la
dirección de Marx, desempeñó un gran papel en el período del devenir y la
constitución de la Internacional.- 77, 264
[6] 159.
«Asamblea de los rurales» o «parlamento de terratenientes», apodo dado a la
Asamblea Nacional de 1871, reunida en Burdeos y constituida en su mayor parte
por reaccionarios monárquicos:
terratenientes de provincia, funcionarios,
rentistas y comerciantes elegidos en las circunscripciones rurales. Sobre un
total de 630 diputados a la Asamblea, alrededor de 430 eran monárquicos.- 222,
264
[7] 206. La
circular de J. Favre del 26 de mayo de 1871 prescribía a los representantes
diplomáticos de Francia en el extranjero gestionar ante los gobiernos europeos
la detención de los emigrados de la Comuna y su extradicción.
Dufaure propuso un proyecto de ley, redactado por
una comisión especial de la Asamblea Nacional de Francia y adoptado el 14 de
marzo de 1872. Según dicha ley, la pertenencia a la Internacional se punía con
el encarcelamiento.- 264.[8]
207. En el
verano de 1871, Bismarck y Beust, canciller de Austria-Hungría, emprendieron
ciertos actos con vistas a combatir en común el movimiento obrero. El 17 de
junio de 1871, Bismarck envió a Beust una memoria informándole de las medidas
tomadas en Alemania y Francia contra la actividad de la Internacional. En
agosto de 1871, en el encuentro de los emperadores alemán y austriaco en
Gastein y, en septiembre de 1871, en Salzburgo, se sometió a discusión especial
el problema de las medidas conjuntas de lucha contra la Internacional.
El Gobierno italiano se incorporó a la campaña
general contra la Internacional, dispersando la Sección napolitana en agosto de
1871 y persiguiendo a los miembros de la Asociación, en particular, a T. Cuno.
En la primavera y el verano de 1871, el Gobierno
español adoptó medidas represivas contra las organizaciones obreras y las
secciones de la Internacional; con tal motivo, Mora, Morago y Lorenzo, miembros
del Consejo Federal español, tuvieron que emigrar a Lisboa.- 264.[*]
Véase el presente tomo, págs. 14-17. (N. de la
Edit.)
[9] 208. A
propuesta de Marx, la Conferencia de Londres encargó al Consejo General que
formase un consejo federal para Inglaterra, ya que hasta el otoño de 1871 las
funciones de tal consejo las cumplía el propio Consejo General. En octubre de
1871 se formó el Consejo Federal británico constituido por representantes de
las secciones inglesas de la Internacional. Desde el comienzo entró en su
dirección un grupo de reformistas, con Hales al frente, que emprendió la lucha
contra el Consejo General y la política de internacionalismo proletario que
éste aplicaba en el problema de Irlanda. Hales y otros se unían en su lucha a
los anarquistas de Suiza, a los elementos reformistas burgueses de los EE.UU.,
etc. Después del Congreso de La Haya, la parte reformista del Consejo Federal
británico negándose a reconocer los acuerdos del Congreso, emprendió, unida a
los bakuninistas, una campaña de calumnias contra el Consejo General y Marx. La
otra parte del Consejo Federal británico apoyó activamente a Marx y Engels. A
principios de diciembre de 1872 en el Consejo Federal británico se produjo una
escisión una parte, fiel a los acuerdos del Congreso de La Haya, se constituyó
en Consejo Federal Británico y estableció contacto directo con el Consejo
Generol, cuya sede se trasladó a Nueva York. Las tentativas de los reformistas
de llevarse la Federación británica de la Internacional fracasaron.
El Consejo Federal británico existió de hecho hasta
1874. El cese de su actividad estuvo relacionado con el de la actividad de toda
la Internacional, así como con la victoria temporal del oportunismo en el
movimiento obrero inglés.- 265.[**]
Véase el presente tomo, págs. 260-261. (N. de la
Edit.)
[10] 172.
"The Times" («Los Tiempos»), importante diario inglés de orientación
conservadora, se publica en Londres desde 1785.- 230, 265
[11] 209.
Trátase de la resolución de la II Conferencia de Londres de 1871 "Sobre
las denominaciones de los consejos nacionales, etc.", que cerraba las
puertas de la Internacional a los distintos grupos sectarios.-265.
[12] 210. Se
alude a la proclama de Bakunin "A todos los amigos eslavos, rusos y
polacos", publicado en el suplemento de "Kólokol" núm. 122-123,
del 15 de febrero de 1862.
"Kólokol", periódico
demócrata-revolucionario ruso, publicado de 1857 a 1867 por A. Herzen y N.
Ogariov en ruso y de 1868 a 1869 en francés con suplementos en ruso; salía
hasta 1865 en Londres y, luego, en Ginebra.- 266.[13]
211. La Liga
de la paz y de la libertad, era una organización pacifista burguesa, fundada en
1867, en Suiza, por republicanos burgueses y pequeñoburgueses y liberales.-
266.
[14] 212. El
Congreso de la Internacional celebrado en Bruselas se reunió del 6 al 13 de
septiembre de 1868. Marx participó personalmente en la preparación del mismo,
pero no asistió a sus labores. Acudieron al Congreso alrededor de 100 delegados
en representación de los obreros de Inglaterra, Francia, Alemania, Bélgica,
Suiza, Italia y España; se adoptó en él el importante acuerdo acerca de la
necesidad de que se entregasen en propiedad social los ferrocarriles, el
subsuelo, las minas, los bosques y las tierras de labor. Este acuerdo, prueba
del paso a las posiciones del colectivismo de la mayoría de los proudhonistas
franceses y belgas, significó la victoria en la Internacional de las ideas del
socialismo proletario sobre el reformismo pequeñoburgués. El Congreso adoptó
igualmente la resolución propuesta por Marx acerca de la jornada de trabajo de
8 horas, del empleo de máquinas y de la actitud respecto del Congreso de la
Liga de la paz y de la libertad (véase la nota 211) de Berna (1868), como
también la resolución, presentada por F. Lessner en nombre de la delegación
alemana, recomendando a los obreros de todos los puíses estudiar "El
Capital" de Marx y contribuir a su traducción del alemán a otros
idiomas.-266, 307.
[15] 213.
Trátase del intento de Bakunin de lograr en el Congreso de la Liga de la paz y
de la libertad (véase la nota 211), celebrado en Berna en septiembre de 1868,
que se adoptase un programa socialista confuso presentado por él («igualación
social y económica de las clases», supresión del Estado, del derecho de
herencia, etc.). Rechazado su proyecto por mayoría de votos, Bakunin salió de
la Liga de la paz y fundó la Alianza Internacional de la Democracia
Socialista.- 266, 449.
[16] 214. El
Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra se reunió del 3 al 8 de
septiembre de 1866. Asistieron a él 60 delegados del Consejo General, las
secciones y sociedades obreras de Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza. Como
informe oficial del Consejo General se dio lectura a la "Instrucción sobre
diversos problemas a los delegados del Consejo Central Provisional" (véase
el presente tomo, págs. 77-86), redactada por Marx. La mayor parte de sus
puntos, a despecho de los proudhonistas que participaban en los trabajos del
Congreso, fue aprobada como resoluciones del mismo. El Congreso de Ginebra
aprobó también los Estatutos y el Reglamento de la Asociación Internacional de
los Trabajadores.- 267, 440.
[17] 215. El
Congreso de la Internacional celebrado en Lausanne se reunió del 2 al 8 de
septiembre de 1867. Se escucharon en él el informe del Consejo General y los
informes de los delegados, informes que probaban la consolidación de las
organizaciones de la Internacional en los distintos países. A despecho del
Consejo General, los proudhonistas le impusieron su orden del día: fueron
discutidos por segunda vez los problemas de la cooperación, del trabajo
femenino, de la educación, así como varios problemas particulares que apartaron
la atención del Congreso de la discusión de problemas efectivamente candentes
planteados por el Consejo General. Los proudhonistas consiguieron que se
adoptaran varias resoluciones suyas. Sin embargo, no lograron apoderarse de la
dirección de la Internacional. El Congreso reeligió al Consejo General en su
composición anterior y conservó la sede de éste en Londres.- 267.
[*] Cagliostro,
Alejandro (auténtico apellido José Balsamo) (1743-1795): aventurero italiano.-
270.
[**] Próximamente
se publicarán extractos del proceso Necháev {216}. El lector encontrará en
ellos un botón de muestra de las máximas, tan tontas como infames, cuya
responsabilidad han cargado a la Internacional los amigos de Bakunin.
[18] 216. El
proceso Necháev, tramado contra jóvenes estudiantes acusados de actividad
revolucionaria secreta, tuvo lugar en Petersborgo en julio-agosto de 1871. Ya
en 1869, Necháev entró en contacto con Bakunin, desplegó la actividad para
crear en varias ciudades de Rusia la organización conspirativa «Venganza del
pueblo», en la que se preconizaban ideas anárquicas de «destrucción absoluta».
Jóvenes estudiantes de orientación revolucionaria y elementos de la población
de procedencia plebeya entraban en la organización de Necháev atraídos por la
acerba crítica que se hacía del régimen zarista y los llamamientos a la lucha
enérgica contra este último. Valiéndose de la credencial de representante de la
«Unión Revolucionaria Europea» que le había dado
Bakunin, Necháev intentó hacerse pasar por representante de la Internacional,
engañando de este modo a los miembros de la organización creada por él. En
1871, la organización fue destruida, y en el proceso judicial se hicieron
públicos los métodos aventureros empleados por Necháev para lograr sus
objetivos.
La Conferencia de Londres encargó a Utin que
redactase un breve informe sobre el proceso Necháev. En lugar del informe, Utin
mandó a Marx, a fines de agosto de 1872, para el Congreso de La Haya, un
extenso informe confidencial sobre la actitud de Bakunin y Necháev, hostil a la
Asociación.- 270, 454.[19]
217. "Le
Progrès" («El Progreso»), periódico bakuninista, se publicó en francés, en
Locle, bajo la redacción de Guillaume, de diciembre de 1868 a abril de 1870.-
270.
[20] 114.
"L'Égalité" («La Igualdad»), hebdomadario suizo, órgano de la
Federación de la Internacional de la Suiza francesa, se publicó en francés en
Ginebra de diciembre de 1868 a diciembre de 1872. Estuvo cierto tiempo bajo la
influencia de Bakunin. En enero de 1870, el Consejo de la Federación de la
Suiza francesa logró que se apartase a los bakuninistas de la redacción,
después de lo cual, el periódico pasó a apoyar la orientación del Consejo
General.- 184, 270, 453
[***] Véase
C. Marx. "El Consejo General al Comité federal de la Suiza francesa".
[21] 218.
"Le Travail" («El Trabajo»), hebdomadario francés, órgano de las
secciones parisinas de la Internacional, se publicó del 3 de octubre al 12 de
diciembre de 1869, en París.- 271.
[22] 219. La
Liga de la salud pública era una unión de la nobleza feudal, surgida a fines de
1464 en Francia y dirigida contra la política de creación de un Estado francés
centralizado aplicada por Luis XI. Los miembros de la Liga actuaban bajo la
bandera de combatientes por la «salud» de Francia.- 271.
[23] 220.
"La Solidarité" («La Solidaridad»), hebdomadario bakuninista, se
publicaba en francés (de abril a septiembre de 1870) en Neuchâtel y (de marzo a
mayo de 1871) en Ginebra.- 272.
[24] 221. A la
sazón se llamaba «fábrica» a la producción de relojes y joyas en Ginebra y sus
alrededores en grandes y pequeños talleres del tipo de la manlfactura, como
también en los talleres de los obreros que trabajaban a domicilio.- 272.
[25] 106. El 2
de setiembre de 1870, el ejército francés fue derrotado en Sedán, quedando
prisioneras las tropas, con el mismo emperador. Del 5 de setiembre de 1870 al
19 de marzo de 1871, Napoleón III y el mando se hallaban en Wilhelmshöle (cerca
de Kassel), castillo de los reyes de Prusia. La catástrofe de Sedán precipitó
la caída del Segundo Imperio y desembocó el 4 de setiembre de 1870 en la
proclamación de la república en Francia. Se formó un Gobierno nuevo, el llamado
«Gobierno de la Defensa Nacional».-175, 192, 206, 216, 273
[*] Véase el
presente tomo, págs. 206-213 (N. de la Edit.)
[26] 222.
Trátase del llamamiento "A las secciones de la Internacional" del 5
de septiembre de 1870 redactado por los bakuninistas J. Guillaume y G. Blanc y
publicado en Neuchâtel como suplemento al núm. 22 del periódico "La
Solidarité".- 273.
[27] 223. La
Insurrección de Lyon comenzó el 4 de septiembre de 1870 al tenerse noticia de
la derrota en Sedán (véase la nota 106). Al llegar a Lyon el 15 de septiembre,
Bakunin quiso tomar en sus manos la dirección del movimiento y poner en
práctica su programa anarquista. El 28 de septiembre, los anarquistas hicieron
un intento de golpe de Estado, fracasando debido a la ausencia de un plan
concreto de acción y de contacto de Bakunin y los anarquistas con los obreros.-
273
[28] 202. La
Conferencia de la I Internacional celebrada en Londres se reunió del 17 al 23
de setiembre de 1871. Convocada en un ambiente de crueles represiones contra
los miembros de la Internacional después de la derrota de la Comuna de París,
tuvo una representación relativamente reducida: participaron en sus labores 22
delegados con voz y voto y 10 con voz. Los países que no pudieron enviar
delegados
fueron representados por los secretarios
corresponsales del Consejo General. Marx representaba a Alemania, y Engels, a
Italia.
La Conferencia de Londres significó una importante
etapa en la lucha de Marx y Engels por la creación del partido proletario. La
Conferencia adoptó la resolución "Sobre la acción política de la clase
obrera", cuya parte fundamental fue incluida, por acuerdo del Congreso de
la Internacional celebrado en La Haya, en los Estatutos Generales de la
Asociación Internacional de los Trabajadores. En varias resoluciones de la
Conferencia fueron formulados importantes principios tácticos y de organización
del partido proletario, asestándose un golpe al sectarismo y al reformismo. La
Conferencia de Londres desempeñó un gran papel en la victoria de los principios
del partidismo proletario sobre el oportunismo anarquista.- 260, 274, 309, 312.
[29] 224. En
abril de 1870, el bakuninista Robin se dirigió al Consejo Federal de París con
la propuesta de que reconociera el Comité Federal creado por los anarquistas en
el Congreso de La Chaux-de-Fonds como Comité Federal de la Suiza Francesa.
Después de que el Consejo General explicó a los miembros del Comité Federal de
París el sentido de la escisión producida en Suiza el Consejo Federal decidió
que no tenía derecho de inmiscuirse en ese asunto, el cual debía examinarse en
el Consejo General.- 274.
[*] Los
amigos de B. Malon que, desde hace tres meses, en una campaña de reclamo
estereotipado, le llaman fundador de la Internacional, que anuncian su libro
{226} como la única obra independiente que se ha escrito sobre la Comuna ¿saben
cuál lue la actitud adoptada por el segundo alcalde de las Batignolles la
víspera de las elecciones de febrero? En aquella época, B. Malon no preveía aún
la Comuna y, preocupándose sólo de su elección para la Asamblea, intrigó para
ser incluido en la lista de los 4 comités electorales como miembro de la
Internacional. Con este objeto, negó descaradamente la existencia del Comité
federal parisino y sometió a los comités, como si emanara de toda la
Asociación, la lista de una sección fundada por él en las Batignolles. Más tarde,
el 19 de marzo, insultaba en un documento público a los promotores de la gran
revolución realizada la víspera. Hoy, este anarquista hasta la médula, imprime
o deja imprimir lo que decía ya, hace un año, a los 4 comités: «¡La
Internacional soy yo!». B. Malon ha dado con la manera de parodiar al mismo
tiempo a Luis XIV y al fabricante de chocolates Perron. ¡Pero este último no ha
llegado a declarar que su chocolate sea el único... comestible!
[30] 225. B.
Malon. "La troisième défaite du prolétariat français («La tercera derrota
del proletariado francés»), Neuchâtel, 1871.- 275.
[31] 226. La
"Sección de propaganda y acción revolucionaria socialista" fue
fundada el 6 de septiembre de 1871 en el lugar de la sección ginebrina
"Alianza de la Democracia Socialista" disuelta en agosto. En la
organización de la misma, además de Zhukovski, Perrón y otros ex miembros de la
sección, tomaron parte ciertos emigrados franceses y, en particular, J. Guesdes
y B. Malon.- 275.
[32] 227. La
"Révolution Sociale" («La Revolución Social»), hebdomadario, se
publicó en Ginebra en francés de octubre de 1871 a enero de 1872. Desde
noviembre de 1871 fue órgano oficial de la Federación anarquista del Jura.-
275, 453
[33] 228.
"Le Figaro" («El Fígaro»), periódico reaccionario francés, se publica
en París desde 1854; estuvo ligado al Gobierno del Segundo Imperio.
"Le Gaulois" («El Galo»), diario de
orientación monárquico-conservadora, órgano de la gran burguesía y la
aristocracia, se publicó en París de 1867 a 1929.
"Paris-Journal" («El periódico de
París»), diario reaccionario ligado a la policía. Lo publicó en París Henri de
Pène de 1868 a 1874. Propagaba sucias calumnias acerca de la Internacional y la
Comuna de París.- 276.[*]
He aquí la composición, por nacionalidades, de este
Consejo: 20 ingleses, 15 franceses, 7 alemanes (cinco de ellos fundadores de la
Internacional), dos suizos, dos húngaros, un polaco, un belga, un irlandés, un
danés y un italiano.
[**] Véase el
presente tomo, págs. 14-17. (N. de la Edit.)
[34] 131. El
plebiscito fue organizado por Napoleón III en mayo de 1870 para ver, según se
decía, la actitud de las masas populares hacia el Imperio. Las cuestiones
sometidas a plebiscito estaban planteadas de tal forma que era imposible
desaprobar la política del Segundo Imperio sin pronunciarse, al mismo tiempo,
contra toda reforma democrática. Las secciones de la I Internacional en Francia
denunciaron esta maniobra demagógica y recomendaron a todos sus miembros que se
abstuviesen de votar. La víspera del plebiscito, los miembros de la Federación
de París fueron detenidos y acusados de participar en una conspiración que se
planteaba el asesinato de Napoleón III; el Gobierno se aprovechó de dicha
acusación para organizar una amplia campaña de persecuciones contra los
miembros de la Internacional en las diversas ciudades de Francia. En el proceso
judicial contra los miembros de la Federación de París, celebrado del 22 de
junio al 5 de julio de 1870, se puso al descubierto toda la falsedad de las
acusaciones; sin embargo, varios miembros de la Internacional fueron condenados
a reclusión tan sólo por pertenecer a la Asociación Internacional de
Trabajadores. Las persecuciones contra la Internacional en Francia suscitaron
protestas masivas de la clase obrera.- 201, 277
[35] 134.
"La Marseillaise" («La Marsellesa»), diario francés, órgano de los
republicanos de izquierda, se publicó en París de diciembre de 1869 a setiembre
de 1870. Insertaba documentos acerca de la actividad de la Internacional y del
movimiento obrero.- 203, 277
[36] 133.
"Le Réveil" («El Despertar»), periódico francés, órgano de los
republicanos de izquierda, se publicó bajo la redacción de C. Delécluse, en
París, de julio de 1868 a enero de 1871. Insertaba documentos de la
Internacional y del movimiento obrero.- 202, 277
[*] Poco
después, este Chautard, que habían querido imponer al Consejo General, era
expulsado de su sección como agente de la policía de Thiers. Sus acusadores
eran los mismos que lo habían juzgado como la persona más digna de
representarlos en el Consejo General.
[**] C. Marx.
Proyecto de resolución del Consejo General sobre la Sección francesa de 1871.
(N. de la Edit.)
[37] 229.
Trátase de la resolución del capítulo "2 Resoluciones especiales de la
Conferencia", en la que se hacía constar que los obreros alemanes habían
cumplido su deber internacionalista, acerca de la Conferencia de Londres de
1871 véase la nota 202.- 280.
[*] N. Utin.
(N. de la Edit.)
[*] A.
Serrailler. (N. de la Edit.)
[*] Trátase
de Marx. (N. de la Edit.)
[38] 230.
"Journal de Genève national, politique et littéraire" («Gaceta de
Ginebra nacional, política y literaria»), periódico conservador, se publica
desde 1826.- 285.
[*] He aquí
la resolución de la Conferencia sobre la acción política de la clase obrera:
«Vistos los considerandos de los Estatutos
originales, en los que se dice: «La emancipación económica de los trabajadores
es el gran objetivo, al cual todo movimiento político debe estar subordinado
como medio»
Visto el Manifiesto Inaugural de la Asociación
Internacional de los Trabajadores (1864) que dice: «Los señores de la tierra y
los señores del capital se valdrán siempre de sus privilegios políticos para
defender y perpetuar sus monopolios económicos. Muy lejos de contribuir a la
emancipación del trabajo, continuarán oponiéndole todos los obstáculos
posibles... La conquista del poder político ha venido a ser, por lo tanto, el
gran deber de la clase obrera»;
Vista la resolución del Congreso de Lausanne (1867)
a este respecto: «La emancipación social de los trabajadores es inseparable de
su emancipación política»;
Vista la declaración del Consejo General sobre el
supuesto complot de los internacionalistas franceses en la víspera del
plebiscito (1870), en la que se dice: «De acuerdo con lo que se contiene en
nuestros Estatutos, ciertamente todas nuestras secciones en Inglaterra, en el
continente europeo y en América tienen la especial misión de no sólo servir
como centros de la organización militante de la clase obrera, sino también
sostener en sus países respectivos todo movimiento político que tienda a la
consecución de nuestro objetivo final: la emancipación económica de la clase
obrera»;
Teniendo en cuenta que traducciones tergiversadas
de los Estatutos originales han dado lugar a falsas interpretaciones, que han
sido nocivas para el desarrollo y la actividad de la Asociación Internacional
de los Trabajadores;
Encontrándonos en presencia de una reacción
desenfrenada que ahoga violentamente todo esfuerzo de emancipación hecho por
parte de los trabajadores y pretende mantener por la fuerza bruta la
diferenciación de clases y la consiguiente dominación política de las clases
poseedoras.
Considerando, además:
Que, contra ese poder colectivo de las clases
poseedoras, el proletariado sólo puede actuar como clase constituyéndose en
partido político diferenciado, opuesto a todos los antiguos partidos formados
por las clases poseedoras;
Que esta constitución del proletariado en partido
político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y
permitir alcanzar su objetivo supremo: la abolición de las clases;
Que la coalición de las fuerzas obreras, ya
obtenido merced a las luchas económicas, debe servir también como palanca en
manos de esta clase, en su lucha contra el poder político de sus explotadores.
La Conferencia recuerda a los miembros de la
Internacional:
Que para la clase obrera militante, el movimiento
económico y la acción política están indisolublemente unidos».[39]
231. Los
icaristas eran los adeptos del comunista utópico francés Cabet, autor de la
novela "Viaje a Icaria".- 287.
[40] 232.
Trátase de M. Bakunin.- 288.
[*] Los
escritos policíacos publicados en el último tiempo sobre la Internacional,
incluidos la circular de Julio Favre a las potencias extranjeras y el informe
del rural Sacase sobre el proyecto Dufaure, están repletos de citas tomadas de
los pomposos manifiestos de la Alianza {233}. La fraseología de estos
sectarios, cuyo radicalismo consiste sólo en pronunciar palabras altisonantes,
sirve espléndidamente los designios de la reacción.
[41] 233. Se
alude a la circular del ministro del Exterior enviada a los representantes
diplomáticos de Francia el 6 de junio de 1871, en la que Julio Favre llamaba a
todos los gobiernos a la lucha común contra la Internacional. Trátase
igualmente del informe presentado por Sacase el 5 de febrero de 1872 en nombre
de la comisión encargada de examinar el proyecto de ley de Dufaure (véase la
nota 206).- 288.
[42] 234. Aquí
y más adelante, Marx cita los Estatutos de la Internacional adoptados en el
Congreso de Ginebra y publicados en Londres, en inglés ("Rules of the
International Working Men's Association" 1867).- 289.
[43] 235. Es
una errata. El artículo 6 de los Estatutos Generales fue adoptado en el
Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866. Véase "Congrès
ouvrier de l'Association Internationale des Travailleurs tenu à Genève du 3 au
8 septembre 1866". («El Congreso obrero de la Asociación Internacional de
los Trabajadores celebrado en Ginebra del 3 al 8 de septiembre de 1866»).
Genève, 1866, pp. 13-14.- 291.
[*] Austria.
(N. de la Edit.)
[44] 236. La
Federación obrera fue fundada en Turín en otoño de 1871 y se hallaba bajo la
influencia de los partidarios de Mazzini. En enero de 1872, los elementos
proletarios abandonaron la Federación y formaron la sociedad Emancipación del
Proletario, admitida luego como sección de la Internacional. Al frente de la
sociedad se hallaba hasta febrero de 1872 el agente secreto de policía
Terzaghi.
"Il Proletario" («El Proletario»),
periódico italiano que se publicó en Turín de 1872 a 1874. Defendía a los
bakuninistas contra el Consejo General y los acuerdos de la Conferencia de
Londres.- 292.
[**] C.
Terzaghi. (N. de la Edit.)
[***] Tales
eran en aquel momento las opiniones aparentes de la sociedad Emancipación del
Proletario representada por su secretario corresponsal, amigo de Bakunin. En
realidad, las tendencias de esta sección eran bien distintas. Después de haber
expulsado, por malversación de fondos y por sus amistosas relaciones con el
jefe de la policía de Turín, a este representante doblemente infiel, esta
sociedad ha hecho aclaraciones que han hecho desaparecer todo equívoco entre
ella y el Consejo General.
[*] Los
hombres de la Alianza, que no cesan de reprochar al Consejo General la
convocatoria de una conferencia reservada, en un momento en que la reunión de
un congreso público hubiera sido el colmo de la traición o de la estupidez;
esos partidarios cerrados del alboroto y de hacer las cosas a la luz del día,
han organizado, desdeñando nuestros Estatutos, una verdadera sociedad secreta
en el seno de la Internacional, sociedad dirigida contra la Internacional y que
aspira a colocar a sus secciones bajo su férula, bajo la dirección sacerdotal
de Bakunin.
El Consejo General se propone reclamar del próximo
congreso una encuesta sobre esta organización secreta y sobre sus promotores en
ciertos países, por ejemplo, en España.
[45] 237. En
noviembre de 1871, el demócrata burgués Stefanoni expuso un proyecto de
creación de una «Sociedad Universal de Racionalistas», cuyo programa era una
mezcla de concepciones democrático-burguesas con ideas del socialismo utópico
pequeñoburgués (organización de colonias agrícolas para la solución del
problema social, etc.). La sociedad se planteaba distraer la atención de los
obreros de la Internacional e impedir la propagación de ésta en Italia; al
propio tiempo, Stefanoni proclamaba su solidaridad con la Alianza de la
Democracia Socialista. Las intervenciones de Marx y Engels denunciando los
auténticos objetivos de Stefanoni y los vínculos directos entre los anarquistas
y los demócratas burgueses, lo mismo que las intervenciones de varios líderes
del movimiento obrero italiano contra el proyecto de Stefanoni hicieron
fracasar los intentos que había hecho este último para poner el movimiento
obrero de Italia bajo la influencia burguesa.- 299.
[46] 238.
"Neuer Social-Demokrat" («El Nuevo Socialdemócrata»), periódico
alemán, se publicó en Berlín de 1871 a 1876. Organo de la Asociación General de
Obreros Alemanes fundada por Lassalle. Sostenía una lucha contra la dirección
marxista de la Internacional y el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán.
Apoyaba a los bakuninistas y los representantes de otros partidos
antiproletarios.- 299, 453, 455.
[47] 239. Se
denominaban «camisas blancas» o «blusas blancas» las bandas organizadas por la
Prefectura de la Policía del Segundo Imperio. Integradas por elementos
desclasados, estas bandas, que se hacían pasar por grupos obreros, organizaban
manifestaciones e intervenciones a fin de provocar pretextos para perseguir a
las organizaciones auténticamente obreras.- 299.
[*] Bajo el
título «¡A la picota!», la "Egalité" (de Ginebra) del 15 de febrero
de 1872, dice: «Aún no ha llegado la hora de contar la historia de la derrota
del movimiento por la Comuna en el mediodía de Francia. Pero, la mayor parte de
nosotros hemos sido testigos de la lamentable derrota de la insurrección del 30
de abril en Lyon y, desde ahora, podemos afirmar que el fracaso de esta
insurrección se debe en parte a la cobardía, a la traición y al robo de G.
Blanc que en todas partes se entrometía, ejecutando las órdenes de A. Richard,
que se mantenía en la sombra.
Con sus maniobras intencionadas, estos miserables
han conseguido comprometer a varias personas de las que tomaban parte en los
trabajos preparatorios de los Comités insurreccionales.
Además, estos traidores han conseguido desacreditar
a la Internacional en Lyon, hasta tal punto que, al estallar la revolución
parisina, la Internacional inspiraba a los obreros lyoneses la mayor
desconfianza. De ahí, la ausencia total de organización. De ahí, la derrota de
la insurrección, derrota que necesariamente había de provocar la caída de la
Comuna, aislada y abandonada a sus propias fuerzas. Sólo después de esta
sangrienta lección, nuestra propaganda ha conseguido reagrupar a los obreros
lyoneses bajo la bandera de la Internacional.
Albert Richard es el niño mimado, el profeta de
Bakunin y consortes».
[*] M.
Bakunin. (N. de la Edit.)
[*] En el
informe sobre la ley Dufaure, el rural Sacase apunta, sobre todo, contra la
«organización» de la Internacional. Esta organización es su pesadilla. Después
de haber constatado «el ascenso de esta formidable Asociación», añade: «Esta
Asociación rechaza las prácticas tenebrosas de las sectas que le han
antecedido. Su organización se ha hecho y se ha modificado a la luz del día.
Gracias a la potencia de esta organización... ha acrecentado progresivamente su
esfera de acción y de influencia. Se abren las puertas de todos los
territorios». Después describe «sumariamente» la organización y concluye: «Tal
es, en su sabia unidad... el plan de esta amplia organización. Su fuerza reside
en su concepción misma. Reside también en la masa de sus afiliados, ligados a
una acción simultánea, y reside, por último, en el impulso invencible que puede
ponerlos en movimiento».

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