© Libro N° 8910. Comunicación, Cultura Y Desigualdad Social: Interpretaciones
Contemporáneas. Muñoz, Blanca. Emancipación. Julio 31 de 2021.
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Comunicación, Cultura Y Desigualdad Social: Interpretaciones
Contemporáneas. Blanca Muñoz
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COMUNICACIÓN, CULTURA Y DESIGUALDAD SOCIAL:
Interpretaciones
Contemporáneas
Blanca
Muñoz
Comunicación, Cultura Y Desigualdad Social:
Interpretaciones Contemporáneas
Blanca Muñoz
Comunicación,
Cultura y Desigualdad Social:
Interpretaciones
contemporáneas
Este artículo es una versión resumida de una investigación más am-plia
sobre los nuevos procesos de desigualdad social y sus relaciones con los
fenómenos culturales, educativos y comunicativos contem-poráneos.
Fuente:
Revista NÓMADAS
http://www.ucm.es/info/nomadas/0/bmunoz.htm
Biblioteca
OMEGALFA
RESUMEN:
Diversas son las perspectivas teóricas en el análisis de los fenó-menos
de Masas. Desde el Neomarxismo hasta el Estructuralismo pasando por la
investigación norteamericana, los contenidos y efectos
"mass-mediáticos" centran las interpretaciones sobre la evolución de
las sociedades de tecnología avanzada. La repetición simbólica continuada de los
"medios" está dando lugar a unos modelos de aculturación y
desnacionalización que legitiman unas orientaciones tecnocráticas que van,
paulatinamente, eliminando la renovación creativa y el resurgir de vanguardias
auténticas y transformadoras.
De este modo, se analizan los problemas culturales que están emergiendo
ante un sistema nuevo como es de la "Cultura de Masas". Esta forma de
cultura, al convertir en mercancías las creaciones culturales, neutraliza el
desarrollo estético y social generando unos símbolos, mitos y formas prelógicas
de conocimiento.
* BLANCA MUÑOZ es Profesora de
Teoría Social y Política y Sociología de la Cultura de Masas en la Universidad
Carlos III de Madrid. Es autora de diferentes entradas en la Terminología
Científico-Social (1988, 1991: R. Reyes [Dir.]) y en el Diccionario Crítico de
Ciencias Sociales (1999: R. Reyes [dir.]), así como, entre otras publicaciones,
de: (1989) Cultura y comunicación: Introducción a las teorías contemporáneas;
(1995) Teoría de la Pseudocultura: Estudios de sociología de la cultura y de la
comunicación de masas; (1997) Whos Master's voice?: The development of Popular
Music in Thirtern Cultures
INDICE
Introducción
- la formación de la sociedad de masas y los procesos de cambio social *
desigualdad social, sociedad post-industrial y cultura de masas
- la comunicación de masas como delimitadora de la construcción
cognoscitiva e interpretativa de la realidad
- ¿son posibles algunas conclusiones?
- notas
INTRODUCCIÓN
El modelo cultural racional-humanista, cuya consigna básica era el
hegeliano planteamiento según el cual: "todo lo real es racional", se
consolidaba como el núcleo teórico a partir del cual era posible establecer
comparaciones desde el punto de vista axiológico -esto es, valorativo- en
relación al avance o retroceso de una determinada sociedad. Hasta comienzos del
siglo XX, se podían delimitar dos modelos culturales de integración y
legi-timación cognitiva: el racional-humanista transmitido educativa-mente y
cuyo objetivo era la comprensión e interpretación racio-nal de la realidad y,
por otro lado, el popular caracterizado por ser un conjunto de aspectos tan
variados como el folclore, los usos y costumbres populares y, en general, la
vena creadora colectiva. No se puede olvidar que la cultura no dejaba de ser
sino una síntesis literaria, intelectual y artística entre estos dos modelos.
Don Quijote y Sancho representaban los símbolos máximos del modelo cultural que
compendiaba la "alta" cultura con la cultura popular.
La evolución de la sociedad industrial, sin embargo, va a
contraponer a estos dos modelos culturales un nuevo tipo de integración
social valorativa. Precisamente de este nuevo tipo de elaboración cultural van
a provenir los problemas fundamentales en los que no sólo la Sociología sino,
también, las Ciencias Humanas, -y, en general, todos los conocimientos y áreas
en los que se enseñan valores y esquemas de valoración-, se ven inmersos en
nuestros días. La cultura de masas producida industrialmente se situará, cada
vez en mayor medida, entre los dos modelos anteriores. Así, sus sistemas de
valores, sus códigos, sus normas, y en general sus mensajes, irán impreg-nando
la percepción colectiva de la realidad.
A continuación se tratarán de analizar las causas por las que se está
produciendo un fenómeno de anulación y neutralización de los dos modelos
históricos de elaboración cultural. Y, sobre todo, se hace básico el estudio de
las consecuencias, tanto socio-políticas como psicológicas que surgen como
resultado de una política comunicativa en la que se van suprimiendo tradiciones
intelectuales y culturales. Repasaremos, pues, las perspectivas teóricas
contemporáneas que desarrollan explicaciones globales sobre el significado de
estos procesos. En resumen, se está ante el retorno de estructuras de
desigualdad colectivas en las que el tema del cierre al acceso a la cultura a
una gran mayoría de la población se convierte en el hilo conductor para
comprender de un modo global el reajuste de la sociedad de capitalismo
post-industrial.
LA FORMACIÓN DE LA SOCIEDAD DE MASAS
Y LOS PROCESOS DE CAMBIO SOCIAL
La consolidación de la sociedad de masas resulta ser la con-secuencia de
un conjunto de procesos sociopolíticos que el des-arrollo económico del
capitalismo industrial trae aparejados. Se
puede afirmar que, tras las dos guerras mundiales, el problema central
de la nueva sociedad será el poder encauzar hacia unas direcciones no
conflictivas el comportamiento colectivo. Y al decir "no
conflictivas", se hace referencia a la evitación de mo-vimientos sociales
y revoluciones como formas de salida de crisis. Tras los estallidos
revolucionarios del siglo XIX, y el surgimiento de los fascismos y de los
nacionalismos, la preo-cupación fundamental va a consistir en la búsqueda de
unos procesos de estabilidad y de adaptación que posibiliten la con-tinuidad de
la sociedad de mercado sin las tensiones con las que se iniciaba el siglo XX.
La transformación, pues, del capitalismo en capitalismo para masas o
sociedad de capitalismo de masas, se convierte en la solución a partir de la
que solventar dos cuestiones básicas: una economía basada en la demanda y, ante
todo, el espinoso tema de la lealtad de las masas(1). Tema éste que se
convierte en el centro de los subsistemas sociales (utilizando la terminología
del sociólogo alemán Claus Offe); es decir: los su bsistemas econó-mico,
legal-administrativo e ideológico-cultural(2). Pero funda-mentalmente la
sociedad de masas se muestra como un nuevo modo de organización de los
subsistemas citados, es como si los subsistemas pudieran entenderse como
estructuras, siendo el concepto de "sociedad de masas" el proceso
dinámico que moviliza en unas direcciones prefijadas los nuevos objetivos del
neocapitalismo de postguerra.
Para comprender adecuadamente el camino que emprende este capitalismo de
postguerra es preciso observar que la catás-
1
2
Habermas, J.: Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Buenos
Aires, Amorrortu, 1975. págs. 49 -117.
Offe, Cl.: Contradicciones en el Estado del Bienestar. Madrid, Alianza
Universidad, 1990. págs. 41-72.
trofe bélica que ha supuesto la muerte y la destrucción de miles de
vidas, ciudades y países, también ha significado un proceso de acumulación,
valorización del capital y renovación industrial para ciertos sectores sociales
y grupos de presión. Se inicia, no obstante, un ciclo diferente al de la etapa
bélica en el que se pre-cisan nuevas formas de organización no sólo desde lo
econó-mico sino, de un modo especial, desde lo ideológico-cultural. Pero estas
nuevas formas de organización girarán en la readapta-ción del mercado hacia la
elaboración de mercancías que cum-plan los dos objetivos básicos del sistema:
la lealtad colectiva de la población y la pervivencia de la tasa de ganancia
propia de este sistema productivo.
La construcción de la sociedad de masas, entonces, dará respuesta a los
dos objetivos propuestos. Pero, al mismo tiempo, la propia lógica de tales
finalidades desencadenará una serie de procesos como son:
La reconstrucción, tras la guerra, implica el surgimiento del bienestar
para un amplio sector de las poblaciones del mundo industrializado.
El bienestar social tiene una correspondencia con la génesis de nuevas
necesidades no ya de carácter primario sino secundario.
Las nuevas necesidades determinan fenómenos de cambio y conflicto
social, ya que los actores sociales se van ampliando a grupos que habían estado
en una situación de máxima dependencia (mujeres, jóvenes, obreros...) a los que
el mercado introduce en consumos diversificados.
La movilidad ascendente, en suma, afecta a una cada vez más amplia
población, pudiéndose afirmar que desde mediados de la década de los años
cuarenta pasará a ser uno de los
procesos más relevantes del siglo XX. Sin embargo, en una situación de
bienestar paulatino se van a ir generando mecanismos y estrategias de
neutralización de lo que podría suponer un ingente fenómeno de transformación
del capitalismo mediante una economía y una sociedad construidas con
instru-mentos keynesianos. La neutralización, -y en concreto, la educativa y
cultural que se analizarán con detalle a lo largo de este estudio-, será el
resultado de la acción de un conjunto de instituciones creadas con la función
de vaciar de contenido los extraordinarios logros que la economía keynesiana de
postguerra originó en las áreas sociopolíticas y culturales. Los medios de
comunicación de masas, y su correspondiente cultura( 3 ), aparecerán como
protagonistas privilegiados en su rol de neutra-lizadores no sólo de la Opinión
pública sino, sobre todo, de los procesos de cambio que se inician tras la
guerra. Nuestro plan-teamiento, en resumen, tratará de demostrar la
neutralización, evitación y encauzamiento del conflicto y del cambio social a
través de procesos de transformación ideológica sin precedentes en etapas
históricas anteriores.
Ahora bien, el nuevo fenómeno ideológico se articulará sobre la
formación de unas necesidades sociales y unos inter-cambios simbólicos que
"suavizan" las complejas contradiccio-nes colectivas de esta
sociedad. Así, si hay una característica es-pecífica de la sociedad de consumo
de masas será su posibilidad de convertir en realidad ideal lo que es mercancia
material.
Como afirmaba Jean Baudrillard: "Dicho de otro modo, bajo la
ideología del consumo hay que encontrar los procesos y el trabajo de la lógica
social del inconsciente"(4).
3 Muñoz, B.: Teoría de la
Pseudocultura. Madrid, Fundamentos, l995. págs. 19-43.
4 Baudrillard, J.: Crítica de la
economía política del signo. México, Siglo
El consumo, pues, tendrá que entenderse como la esfera en donde se
dirimen los conflictos a través de un uso simbólico de los objetos. El concepto
de valor deberá reintroducirse en la comprensión global de la nueva sociedad,
pero con un signifi-cado añadido de proceso simbólico. De aquí que la cultura
de masas y el mercado de consumo se convierten en los ejes a partir de los que
los desajustes económicos, sociales, educativos y culturales se apaciguan. Mas
ello conlleva un importante ele-mento de ocultación de los conflictos.
Conflictos que, empero, no dejan de ampliarse.
En efecto, la aparente nivelación colectiva de la sociedad
post-industrial avanzada encubre el surgimiento de nuevas for-mas de
desigualdad y de diferenciación en las que una poderosa superestructura
ideológica actúa como freno y contención. Fueron los estructuralistas franceses
quienes introducen el con-cepto de lo "imaginario" en el campo de la
Economía y de la Sociología. Para Roland Barthes, entre la mercancía y el
género de vida de los consumidores se encuentra algo más sútil y problemático:
los niveles de la ideología, -definida como pensa-miento en el que los
intereses se enmascaran y ocultan- ac-tuando como proceso significativo y
simbólico. En este punto considera Roland Barthes:
"Naturalmente, el número de compradores del 2 CV o del Facel-Vega
no es indiferente: tiene su importancia decisiva cuando se quiere estudiar la
economía del mercado automovilís-tico y el género de vida de los consumidores.
Pero desde un pun-to de vista estructural eso no es un signo, sino sólo un
índice: el número de compradores del 2 CV recuerda el uso particular de una
palabra cuya repetición en el discurso 'traiciona' la situación,
XXI, 1982. págs. 52-88. Y, asimismo, un estudio global del mismo autor
en: La Sociedad de Consumo. México, Siglo XXI, 1974.
el humor, e incluso si se quiere, el inconsciente del locutor; que una
sociedad dada prefiera, a precios iguales, tal modelo de automóvil a otro, es
una elección de hecho que no ilustra sobre la estructura, sino sobre la manera
particular en que un grupo social (los compradores del modelo) se sirve de esa
estructura. Es por eso que, paradójicamente, las relaciones de la sociedad de
clases y la sociedad de masas no podrán analizarse, segura-mente, más que al
nivel entre el sentido de los modelos globales y su consumo
particular."(5)
El sentido es el que asigna status. Entre el sujeto y el objeto de las
sociedades post-industriales se encuentran los complejos sistemas de
clasificación que requieren para su interpretación no sólo de una Sociología
del Consumo sino de una Socio-Lógica del intercambio simbólico y significativo.
Y en esa Socio-Lógica es en donde los autores contemporáneos sitúan el
enten-dimiento actual del tema de la desigualdad social y la distribu-ción del
poder y del privilegio, siendo en el terreno de la educación en donde se juega
precisamente esa acción de neutralización del sentido de la sociedad y, en
concreto, del sen-tido racional; es decir, en la sociedad de masas se hará cada
vez más imprescindible la eliminación de todos aquellos procesos culturales que
pongan en duda el "sentido" simbólico y signifi-cativo con el que las
grandes masas sociales tendrán que "descifrar" el conjunto de
relaciones sociales en las que están inmersas. Es por esto por lo que, cada vez
en mayor medida, las Ciencias Humanas se hacen más molestas. Pero, antes de
entrar en esta temática, se hará necesario el examen pormenorizado de la interrelación
entre nuevas formas de desigualdades sociales y los fundamentos de la sociedad
y cultura de masas.
5 Barthes, R.: Estructuralismo y
Sociología. Buenos Aires, Nueva Visión,
1973. págs. 13.
DESIGUALDAD SOCIAL, SOCIEDAD POST-INDUSTRIAL Y CULTURA DE MASAS
La organización de las sociedades postindustriales se pre-senta,
propagandísticamente, como la nivelación de los sistemas de estratificación de
las clases sociales. Las clases sociales son incorporadas e integradas en la
categorías sociológica de "masa", de manera que las diferencias entre
elllas tienden a ex-plicarse como diferencias entendibles en términos de
integración valorativa. A este respecto, los medios de comunicación de masas
orientan las relaciones sociales y culturales hacia los sistemas de creencias.
En este sentido, las poblaciones de las complejas sociedades avanzadas se
acercan a lo real a través de modelos de opinión dominantes que, en último
término, son asumidos como esquemas de orientación de las necesidades
co-lectivas. Pese a este plano ideológico, lo cierto es que esta integración
sirve para desvincular los contenidos cognoscitivos de su base sustantiva: la
clase de pertenencia. Por tanto, los medios de comunicación serializados y su
cultura estándar disuelven los estilos y modos de vida diferenciados. Pero,
ello no resulta más que un mero espejismo, ya que el consumo de productos y
servicios desemboca en una mayor agudización y división de las clases y grupos
sociales.
La situación a la que conduce esta contraposición entre inte-gración
valorativa y base material real, va a suscitar el interés del análisis más
reciente de un importante grupos de filósofos y sociólogos desde mediados de la
década de los años ochenta.
En primer lugar, los autores citados que después comentare-mos con
detalle, van a establecer los criterios ideológicos que han actuado en la
construcción de unos tópicos habitualmente difundidos sobre la disolución de
las diferencias y desigualdades a través de las orientaciones comunicativas y
simbólicas dominantes. Estos tópicos se van a resumir en:
- La sociedad post-industrial ha
logrado, como consecuencia del aumento de los derechos de la ciudadanía, la
institucionalización del conflicto y la tendencia hacia la igualación.
- Las condiciones de vida y de
trabajo, en el Estado de Bienes-tar, han conformado una clase media -los
"white collars" o "cuellos blancos"- que reduce a un sector
minoritario a la clase obrera ("blue collars"), cada vez más homogeneizada.
- La situación, por tanto, se
presenta como una sociedad en la que el ocio y las oportunidades vitales están
distribuidos impar-cialmente.
- En todo este proceso, se incide
en el sistema de creencias com-partidas como característica objetiva de la
disolución de la estructura de estratificación de las clases heredadas del
siglo XIX.
En consecuencia, se insiste tópicamente en la formación de "una
situación de consenso" alcanzado finalmente mediante la educación, la
cultura y el consumo generalizado. De este modo, se necesitará la revisión de
los equívocos a los que han condu-cido el uso sistemático de unos mensajes cuyo
empleo transmite las direcciones que emprende el "neocapitalismo
tardío"( 6 ), utilizando el concepto de Habermas y por el que entiende la
utilización que el mercado hace del Estado que pasa a ser un mecanismo de
nivelación y equilibración de tal mercado. De modo que los beneficios se asumen
por el mercado y las pérdidas se adjudican a la responsabilidad del Estado, por
ejem-plo, la desregulación laboral beneficia a las empresas privadas, siendo el
Estado el que tiene que hacerse cargo y responder de los subsidios de
desempleo. En este sentido, para Habermas, el capitalismo tardío es el que se
mueve en esa dinámica de
6 Habermas, J.: O. cit., págs.
49-117.
beneficios privados y utilización de lo administrativo-estatal para
asumir los conflictos derivados del mercado.
Pues bien, ante esta situación hay que replantear el momento histórico
sociopolítico y sus contradicciones, situándose sobre los procesos
educativos-culturales gran parte de las respuestas que dicho neocapitalismo
tardío está dando no sólo a deter-minandos conflictos sino, en general, a la
crisis global que afec-ta a la estructura en su conjunto. Pero veamos esto de
una ma-nera pormenorizada.
a) Nuevos procesos de desigualdad y
diferenciación social colectivos.
Desde finales de la década de los años setenta se asiste a un procesos
de reajuste del sistema en su conjunto. Ese reajuste se caracterizará, como se
expondrá más adelante, por la readapta-ción de los ya citados subsistemas
sociales: económico, político-administrativo y educativo-cultural.
Examinaremos, a continua-ción, el reajuste y sus aspectos más específicos:
- Desde el punto de vista del
reajuste económico, desde mediados de la década de los años ochenta, se produce
un pro-ceso de crisis motivada fundamentalmente por un capital finan-ciero
"itinerante" que no encuentra una seguridad en sus in-versiones; es
decir, hay más capital que inversión y, por tanto, a menudo pasa a ser un
capital especulativo sin ninguna regula-ción internacional(7). De aquí, la
exaltación ideológica del libre mercado que oculta el hecho de una búsqueda
máxima de ga-
7 Una rigurosa aproximación
económica en el libro conjunto: De Paz Báñez, M. (ed.).: La Economía Mundial.
Madrid, Pirámide, 1993. Sobre todo, "El
proceso de intensificación de las relaciones: la mundialización de la
economía", págs. 47-65.
nancias sin ningún tipo de control ni político ni ético. Ello obliga, en
aras del beneficio, a tratar de obtener una rentabilidad que abarate la mano de
obra y los costes de formación de ésta a las empresas. En este punto, gran
parte de las reformas educati-vas actuales tienen en este aspecto su
explicación objetiva.
- Asimismo se produce un fenómeno
de desburocratización administrativa que, si bien, en un primer momento puede
pare-cer que es un incentivo a la individualidad, después se com-prueba que no
es sino una pérdida de criterios de objetividad social. Por ejemplo, la
desaparición del sistema de oposiciones libres en función del mérito y su
sustitución por procedimientos de libre designación o de otra índole subjetiva,
es producto de la desburocratización administrativa que había funcionado,
aunque dando trompicones en el caso español, como un mecanismo de
racionalización del Estado, tal y como Max Weber(8) conside-raba en sus
estudios sobre el rol de la burocracia en el Estado industrial contemporáneo.
- La desestatalización y
reprivatización son resultados, a la par, de los procesos de reajustes
anteriores. De este modo se emprende todo un conjunto de acciones que van
encaminadas a la vulneración y desaparición de principios básicos para la
cons-trucción del Estado del Bienestar a partir de los criterios de
universalidad, entendiendo por "universalidad" el concepto ético
kantiano de igualdad de todos los seres humanos por el mero hecho de serlo.
Toda la gran construcción teórica del Derecho Natural que, desde el siglo XVI,
desarrolla una concepción filo-sófica de la dignidad humana y que culmina, como
lógico des-arrollo, en el Estado Social y de Derecho, se daña con los proce-
8 Weber, M.: Economía y Sociedad.
México, Fondo de Cultura Económica, 1983. págs. 173-180, "La dominación
legal con administración burocrática".
sos que inciden en la anulación de las conquistas del Estado del
Bienestar(9 ).
- La deslegislación aparecerá, a
su vez, en dos vertientes: como infralegislación o vacío legal; y, como
hiperlegislación que establece tal jungla de leyes que, incluso, se contraponen
entre sí la aplicación de unas y otras. Nace la típica creencia de algunos
legisladores según la cual todo se solventa con respuestas legislativas, la
gran mayoría de las ocasiones total-mente ajenas al funcionamiento real de los
ciudadanos.
Estos fenómenos están en la base estructural del reajuste glo-bal del
sistema que, en una economía mundializada con estruc-turas políticas
supranacionales (ONU, Unión Europea, UEO, etc.) difícilmente controlables por
los parlamentos nacionales y que, a la par, por la continuada difusión de
mensajes comuni-cativos transnacionalizados(10), actúan en direcciones
inadverti-das. Estas direcciones determinan una mutación general de las
estructuras del sistema económico, sociopolítico y cultural here-dado desde finales
de la segunda guerra mundial y la formación de un nuevo tipo de sociedad en el
que renacen desequilibrios que se parecían históricamente superados. Pero,
esencialmente, los principales analistas de dichos procesos coinciden en un
punto: estamos ante el nacimiento de una sociedad en la que la desigualdad se
articula en formas nuevas y, sobre todo, será sobre los procesos
cultural-educativo y comunicativos en donde se consolidan y asientan la
edificación de una sociedad de com-plejos y sútiles sistemas de desigualdad
colectiva.
9 Picó, J.: Teorías sobre el
Estado del Bienestar. Madrid, Siglo XXI, 1990. págs. 1-27.
10 VV. AA.: Industrias culturales:
El futuro de la cultura en juego. México, Siglo XXI, 1982. págs. 81-127,
"Repercusiones de las industrias culturales".
b) Los análisis sociopolíticos y
comunicativos contemporáneos sobre los nuevos procesos de desigualdad social.
Las interpretaciones teóricas más actuales provinientes de la filosofía
crítica y de la sociología neoestructuralista coinciden en un cambio de rumbo
de la sociedad post-industrial de nues-tros días. En este sentido, el autor más
relevante en la investiga-ción de esta problemática es el sociofilósofo francés
Pierre Bourdieu y sus obras primordiales sobre tal planteamiento son: La
reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza(11), y su
monumental La distinción. Criterios y base sociales del gusto.(12 )
Pierre Bourdieu traduce teóricamente los principios de ordenación con
los que se construyen y erigen las estructuras de la sociedad de masas. Para el
sociólogo francés, la revisión de la sociedad neocapitalista pasa por la
comprensión del fenómeno de la cultura-comunicativa estandarizada para masas, y
sus con-secuencias ideológicas, ya que es desde aquí desde donde debe
establecerse un replanteamiento del sentido contemporáneo de desigualdad como
elemento básico para definir el nuevo con-texto de las interelaciones actuales
entre las clases y subclases sociales.
Así el autor de La distinción, se enmarca dentro de la evolución de las
teorías comunicativas y culturales que se cen-tran de una forma preferente en
los efectos que sobre la cultura, la educación y los sistemas simbólicos están
teniendo la conti-
11 Bourdieu, P.: La reproducción. Elementos para una teoría del sistema
de enseñanza. Barcelona, Laia, 1977.
12 Bourdieu, P.: La distinción. Criterios y bases sociales del gusto.
Madrid, Taurus, l988. Esta va a ser la obra más representativa actual del
análisis de la desigualdad cultural y educativa.
nuada repetición de los mismos valores, símbolos y códigos de
significación y conducta social. A este respecto, la continuación de la
corriente estructuralista, encabezada por Pierre Bourdieu, sitúa sobre el
sistema de las diferencias sociales su estudio de la acción ideológica de los
mass-media y las variaciones cultura-les-educativas.
Según Bourdieu, se ha ido estructurando un sistema cultural y educativo
en el que los mecanismos de diferenciación son tan sútiles e imperceptibles que
se convierten en sólidos procesos de dominación colectiva. De esta forma, la
investigación sobre los criterios y bases sociales del gusto, la
"distinción", pasa a consti-tuirse en una de las prácticas selectivas
que mayor diferencia-ción ejercerá entre las clase sociales contemporáneas.
Es básico, para el sociólogo francés, razonar en el marco de la
aclaración de la actividad simbólica dentro del sistema de clases y subclases.
El individuo, en la estructura de segmenta-ción de la sociedad de masas, es
siempre un "sujeto clasificado"; es decir, ya sea de la clase obrera,
de la clase media, de la pe-queña burguesía o de los estratos más altos y de
élite, su "ser" se define por el de su tipificación cognoscitiva
general. Pero, para delimitar esto, Bourdieu desarrollará su distinción entre
capital escolar y capital cultural. De acuerdo con esta división, el sis-tema
de estratificación en clases sociales desarrolla una diná-mica en la que se
refuerzan los "espacios de poder" vinculados a la pertenencia a
clases dominantes y se debilitan los procesos simbólicos de los grupos
dominados. Aquí, los grupos domina-dos aparecerán sin identidad propia. Su
identidad provendrá del "capital escolar" y del "capital
cultural" en los que se inscriben.
La contraposición, pues, entre "capital escolar" y
"capital cultural" que efectúa Bourdieu en cuanto que el primero se
ad-quiere por la propia movilidad de clase de las sociedades avan-
zadas, y el segundo no es sino lo específicamente propio de la clase a
la que se pertenece. De manera tal que cuando las clases bajas y medias
ascienden a la escuela y a la enseñanza, de inmediato las clases media-alta,
alta y élites apelan al "capital cultural" para diferenciarse y
distanciarse de las prácticas que van haciéndose comunes para toda la
población. De este modo, para Bourdieu, este planteamiento sirve de una manera
adecuada para explicar los mecanismos y estrategias de exclusión de determinados
grupos y, a la vez, para aclarar el fenómeno de la solidaridad grupal y de
interrelación de los otros vinculados por interés de clase. Pero observemos más
pormenorizadamente el análisis que Bourdieu realiza.
En su libro La distinción, Bourdieu se orienta hacia el exa-men de los
mecanismos que organizan las diferencias. Utili-zando el concepto de
"habitus", -definido tal concepto como inculcación de valores y
principio regulador de disposiciones duraderas y ajustadas a un grupo social-,
se puede hablar de unas estructuras objetivas que constriñen las prácticas y
acti-vidades cotidianas no sólo de las diversas clases, sino principal-mente de
los grupos más variados y dispersos, incluyéndose aquí jóvenes, mujeres,
obreros, etc. Por consiguiente, la paradoja de la sociedad de masas provendrá
del hecho según el cual tras la aparente nivelación colectiva, lo que se está
fundamentando realmente es una dimensión nueva de incorporación de
desigual-dades de más difícil y compleja delimitación.
Para Bourdieu, los medios de comunicación de masas, y su cultura, actúan
en la órbita de la consolidación de unas formas de simbolismo y valoración
común que organizan a los grupos y clases entre sí. No obstante, esa
"integración valorativa" institu-cionaliza el sistema y la lógica de
las diferencias, como afirma el propio Bourdieu: mientras las élites asisten al
espectáculo, a
la inauguración o al acontecimiento en directo, la "masa" lo
ve fragmentado a través de la televisión. La distinción, por tanto, se
consolida como la estrategia fundamental de la reproducción de la
estratificación social en nuestros días.
En estas condiciones, el mantenimiento del principio de la
"distinción" (sobre todo, escolar y cultural) con el cual se
man-tienen las desigualdades, necesariamente conlleva el principio de
desvalorización. En efecto y como ya se ha comentado, el ascenso de amplias
capas sociales a instituciones que se trataban de mantener minoritarias
(especialmente, la Universidad) se ve correspondido con una tendencia, por
parte de los grupos de élite, -con "habitus" cultural de pertenencia
a clase minoritaria-, a devaluar tales instituciones.
El Doctorado frente a los Master es un caso paradigmático de esto,
convirtiéndose el precio del Master en un criterio de selección social a la
hora de una búsqueda de un puesto de tra-bajo. Como se observa, la
desvalorización es un mecanismo doble: por un lado, el conocimiento humanista
se valora e incen-tiva en los sectores y esferas relacionadas con profesiones
de élite; mientras que, por otro, se intenta devaluar y menospreciar la
"alta cultura" de índole racional-humanista con la intención de
dirigir a la "mano de obra" joven hacia el aprendizaje de un tipo de
estudios prácticos -informática, contabilidad, relaciones pú-blicas, etc.- que
no son sino conocimientos cuyo fin es el abaratamiento de los gastos de
formación y selección del perso-nal de las grandes corporaciones.
Lo anterior, para el sociólogo francés, no puede desligarse del concepto
de "campo" que, a la par, es el otro gran concepto de análisis con el
que acercarse a la red de interacciones objetivas e intersubjetivas que
desarrollan los sujetos. En efecto, el "campo", definido por Bourdieu
como conjunto de relaciones
sociales objetivas, demuestra como los grupos dominantes
"construyen" su mundo mediante actividades educativas y cultu-rales.
Bourdieu pone como muestra prototípica las grandes Escuelas francesas de
funcionarios que, en último término, con-solidan relaciones simbólicas y de
control y exclusión de otros grupos y clases. En este sentido, afirmará
Bourdieu:
"Como acabamos de ver, las diferencias que la relación con el
capital escolar deja inexplicadas, y que se manifiestan principalmente con
respecto al origen social, pueden provenir de diferencias en el modo de
adquisición del capital cultural actualmente poseído: pero pueden provenir
también de diferencias en el grado en que este capital es reconocido y
garantizado por el título académico, ya que es posible que una fracción más o
menos importante del capital efectivamente poseído no haya recibido sanción escolar,
cuando ha sido heredado directamente de la familia, e incluso cuando ha sido
adquirido escolarmente." (13)
Como se observa, la integración colectiva se concentra en categorías
relativas a la esfera de la organización cultural y educativa. Y es aquí en
donde reaparecen los medios de comunicación de masas. Un examen detenido de las
operaciones simbólicas de los "medios" manifiesta precisamente ese
carácter de desigualdad cultural al que Bourdieu dedica su investigación. En
concreto, los "consumidores" de los "medios" son, de una
manera fundamental, aquellos sectores más apartados de las estructuras de
"capital escolar" y "capital cultural". Por consi-guiente,
el aspecto fundamental de los medios de comunicación masivos no será sino la
elaboración de un sistema de creencias.
Así se está ante una lógica de las diferencias sobre las que se
13 Bourdieu, P.: O. cit., pág.
78-79.
edifican y refuerzan complejos conjuntos de desigualdad colec-tiva. En
lugar, entonces, de potenciarse una sociedad en la que las diferencias
personales fueran una fuente de enriquecimiento y maduración general, lo que
resulta es su contrario: las diferen-cias culturales y educativas sirven para
justificar viejas estructu-ras de desigualdad entre los ind ividuos( 14).
En definitiva, para Bourdieu, son los sistemas de codifica-ción de las
diferencias los que se han reformulado en la sociedad de masas, -y de
comunicación estandarizada-, en nuevas formas más soterradas de percibir. La
organización de los mensajes y su sistema de operaciones ideológicas aparecen
como modalidad sociopolítica reciente. La persuasión masiva -estudiada por
autores tan relevantes como los de la Escuela de Frankfurt y los
estructuralistas, e incluso por los funcionalistas norteamerica-nos- se reformula
en la actualidad en interacciones y relaciones objetivas y subjetivas más
arduas de analizar. La interiorización e introyección de prácticas culturales y
educativas son orienta-das hacia la creación de una mentalidad colectiva en la
que "la colonización del mundo de la vida"(15 ), como definía
Habermas, es el aspecto primordial del proceso. Tanto para Bourdieu como para
los neoestructuralistas actuales, la comunicación y cultura de masas no pueden
ser entendidas sin conexionarlas con los mecanismos complejos de reproducción
de la desigualdad entre las clases sociales y los grupos sin poder, siendo en
este sentido la estrategia básica de la pervivencia del sistema contemporáneo
de estratificación y clasificación colectivo.
Se puede afirmar que el neoestructuralismo comunicativo
14 Pierre Bourdieu ha extendido su análisis al tema de las Escuelas de
formación de alto funcionariado francés y su carácter elistista. ver: La
Noblesse d'Etat: grandes écoles et esprit de corps. París, Minuit, 1989.
15 Habermas, J.: Problemas de
legitimación..., vers. cit., págs. 15-23.
retoma numerosos planteamientos ya esbozados por Roland Barthes en su
libro Mitologías(16) y, posteriormente, por la obra del "primer"
Baudrillard en su Crítica de la economía política del signo(17 ) y, en
concreto, en el capítulo sobre "La génesis ideológica de las
necesidades". En definitiva, se puede considerar que tanto el
Estructuralismo como el Neoestructura-lismo francés, con su consiguiente
tradición roussoniana, reto-man un fenómeno que había sido despachado bajo el
tópico de "igualación" social de las masas a partir de los mensajes
de la nueva cultura-comunicativa y el consumo. Al contrario, se radi-calizan
las diferencias entre las diversas clases mediante los pro-cesos ideológicos de
neutralización de la educación y de la cultura de explicación causal.
Precisamente, en esta línea van a estar los continuadores de la corriente
sociológica crítica.
Las nuevas formas ideológicas, pues, son consideradas espe-cialmente por
los continuadores de la línea filosófica empren-dida por Antonio Gramsci(18).
El teórico italiano fue uno de los primeros en darse cuenta de la esencial
importancia que los procesos culturales tenían en las transformaciones y
cambios sociopolíticos. Siguiendo este análisis, a partir de los años setenta
nos encontramos con toda una posición sociológica en la que se valoran como
fenómenos independientes lo que Marx denominó como "superestructuras
ideológicas". De aquí que los principales representantes de esta
perspectivas, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y, sobre todo, Fredrich Jameson
traten de inda-gar el funcionamiento de la cultura como factor de asimilación y
adaptación de las sociedades post-industriales. En este respecto,
16 Barthes, R.: Mitologías. Madrid,
Siglo XXI, 1980.
17
18
Baudrillard, J.: Crítica de la economía política del signo. México,
Siglo XXI, 1982.
Gramsci, A.: Los intel ectuales y la organización de la cultura. Buenos
Aires, Nueva Visión, 1984. págs. 109-147.
será paradigmática la obra de Jameson El posmodernismo o la lógica
cultural del capitalismo avanzado(19). Obra que emprende un giro original en la
búsqueda de las causas que están origi-nando el empobrecimiento cultural masivo
de nuestros días.
Jameson estudia las consecuencias de la reciente forma cul-tural
derivada de la industria de la cultura y de la comunicación, consecuencias que
en vez de producir una "prodigiosa expansión cultural por todo el reino
social" privilegia la consolidación del "capitalismo en su sentido
más negativo", como comentará el autor neomarxista. De este modo, Jameson
tratará de centrarse en los efectos de carácter ideológico, entendiendo el
término de "ideología" en su sentido clásico: como pensamiento
oscurecido por acción de grupos de interés. Pero la ideología comunicativa, y
esa variedad elaborada sofisticadamente por la industria cultural que es la
"post-modernidad", se va a caracterizar por un descentramiento de la
psique que convierte al receptor-consumidor en un sujeto adaptado no tanto a su
propio mundo cotidiano y subjetivo, cuanto a los imaginarios simbólicos de los
"medios", en claro proceso de psicopatologización de sus valo-res y
pautas de conducta. Para Jameson: "Este giro en la diná-mica de la
patología cultural puede caracterizarse como el des-
plazamiento de la alienación del sujeto hacia su fragmentación."
(20)
Sin embargo, con la post-modernidad esa fragmentación se consolida y
llega a su máxima expresión. Así, la difusión de la ideología que es la
post-modernidad converge en la cultura del "pastiche". La realidad
social es relegada y, en su lugar, se organizan un conjunto de representaciones
derivadas del con-
19 Jameson, Fr.: El post-modernismo o la lógica cultural del capitalismo
avanzado. Barcelona, Paidós, 1991.
20 Jameson, Fr.: O. cit., pág. 37.
sumo y de la comunicación mediada que construyen una dimen-sión
histórica presentada como espectáculo. La
Historia real -como la denomina Jameson- se sustituye mediante la
configuración de un "collage" de fragmentos disper-sos transmitidos
por los "mass-media" y por la industria de la cultura estándar. La
ruptura de la cadena significante causal manifiesta una concepción del mundo
post-moderna; es decir, una interpretación de la realidad sumamente
subjetivizada y atomizada. La neutralización de la lógica racional y de la
posibilidad de comprender la realidad a partir de estructuras y procesos
objetivos es, en último término, el significado pro-fundo de ese fenómeno de
fragmentación.
En tal proceso de fragmentación, los grupos con menos defensas
intelectuales adoptarán modelos de opinión contrarios a su propio interés. Para
Jameson, esos grupos reflejarán esas nuevas modalidades ideológicas. Los grupos
subordinados, en este sentido, se adecúan perfectamente a la descripción de
"integración" por "fragmentación". Pero lo más grave de
esta situación resulta de la alteración de lo que Jameson conceptúa como mapas
cognitivos( 21 ), esto es: la capacidad de poder orientarse mediante un pensamiento
que establecer racional-mente las causas y origen de los procesos. Por tanto,
la gran mayoría social "construirá" sus sistemas de valores y de
actitudes a partir de la asimilación de la lógica simplificada y reducida de
los contenidos de los medios y del consumo serializado.
El efecto de efectos del advenimiento y consolidación de los medios de
comunicación masivos, sobre todo, en la percepción de los grupos sociales -y,
principalmente en los más debilitados-
21 Jameson, Fr.. O. cit. págs.
111-117.
es la acción de una lógica cultural que neutraliza la natural evolución
educativa, intelectual y creativa que era propia y específica de la dinámica
histórica. De este modo, afirmará Jameson, se quiere presentar a esta época en
la ideología del "fin de las ideologías". La estrategia cultural de
la post-modernidad se expone como el "fin de las clases sociales", el
"fin del Estado del Bienestar", el "fin del socialismo", o
el "fin de la Historia". En consecuencia, lo que se trata es de
identificar el "fin de todo" con el fin de la objetividad. Y, aquí,
uno de los efectos primordiales será la transformación de la comprensión
colectiva, resultando el paso hacia un tipo de pensamiento casi tribal en el
que se pierdan de vista la interrelación racional de los fenóme-nos. Y, en
definitiva, la alteración de los mapas cognitivos, que sirven para asegurar la
continuidad de unas estructuras en las que el análisis crítico se percibe como
una amenaza a la con-tinuidad de ese "orden de cosas".
Conjuntamente con las reflexiones de Bourdieu y de Jameson sobre la
constitución de nuevas formas de desigualdad social a través de modelos
culturales en los que los medios de masas sustituyan los desarrollados por la
cultural humanística-racional, surge un análisis crítico inspirado en la
tradición inte-lectual dialéctica de la Escuela de Frankfu rt.
La "segunda generación" de la Escuela incidirá en el re-fuerzo
de las desigualdades sociales a través de la transforma-ción ideológica. La
colonización-del-mundo-de-lavida denomi-narán los representantes de la
"segunda generación" de la Es-cuela de Frankfurt a ese nuevo modelo
cultural de estructura comunicativa. Jürgen Habermas, Claus Offe y Oskar Negt
perfi-larán sus interpretaciones sobre el nuevo modelo mediante una teoría de
los desplazamientos(22) de conflictos hacia estructuras
22 Habermas, J.: Problemas de
legitimación..., págs. 49-117.
e instituciones colectivas.
Habermas establece una clasificación que se ha hecho común en la Ciencia
Social, sobre las posibles tendencias a la crisis en las sociedades
post-industriales. De una manera resumida ex-pondremos tales tendencias,
concentrándonos con posterioridad en extraer las posibles conclusiones que se
deducen de ellas en el caso de los sectores relativos a la comunicación.
Para el autor alemán, la crisis económica(23 ) aparece y se expresa en
la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Es decir, el sistema
económico requiere "entradas" (input) en tra-bajo y capital
convertibles en valores consumibles. Para el modo de producción capitalista, la
crisis actual es una crisis atípica atribuida a insuficiencias de
"input". Las perturbaciones del capitalismo liberal fueron crisis de
"output" que trastornaron la distribución de los valores canalizados
en conformidad con el sistema por la vía del ciclo. Mas, si en el capitalismo
avanzado persisten las tendencias a la crisis económica, ello significa que la
intervención del Estado en el proceso de valoración obedecerá a los mecanismos
de mercado, a las leyes económicas que operan espontáneamente y están sometidas
a la lógica de la crisis económica, como en etapas históricas anteriores. El
Estado tendrá que hacer frente a esta política económica con otros medios y de
aquí que tratará de actuar como poder legítimo para autorregular el proceso de
valoración. Sin em-bargo, esta tendencia a la crisis está determinada por la
ley del valor y la actividad del Estado no puede contrarrestar la tendencia de
la cuota de ganancia con lo que la crisis económica se impone a través de la
crisis social y hace renacer las luchas
23 La explicación pormenorizada de
las tendencias a la crisis está analizada específicamente en el capítulo
segundo, titulado precisamente, "Tendencias a la crisis en el capitalismo
tardío", págs. 49-117.
políticas y la oposición entre clases. Este es el inicio de la crisis
política.
Como es sabido, Habermas utiliza el concepto de
"desplaza-miento" para perfilar su teoría de la crisis. Ello se
observa en el análisis del paso de la crisis económica hacia la crisis
política. Es fundamental analizar como Habermas efectúa ese desplaza-miento.
En su libro Problemas de legitimación en el capitalismo tardío, Habermas
conexiona su modelo de crisis con la actividad política y estatal en donde los
términos de "legitimidad" y "racionalidad" interactúan
entre sí. Según Habermas, el sistema político requiere un complejo
"input" de lealtad de masas, pero dicha lealtad tiene que
estructurarse de la manera más difusa posible. Ahora bien, cuando en el
cumplimiento de los imperati-vos de autogobierno marcados por el sistema económico,
el sistema de legitimación no alcanza el nivel de lealtad requerido, se da una
crisis de legitimación. Es este aspecto el que conviene subrayar, ya que toda
la obra posterior del autor alemán tratará de encontrar una solución para
restaurar la relación legitimidad-racionalidad a partir de la propuesta de su
Teoría de la Acción comunicativa(24).
En efecto, para Habermas, la crisis de racionalidad es una crisis
sistémica desplazada al igual que la crisis económica, mientras que la crisis
de legitimación es directamente una crisis de identidad. El déficit de
racionalidad de la Administración pública significará que el aparato del
Estado, en determinadas condiciones, no puede aportar al sistema económico
rendimien-tos positivos ya que actúa para intereses privados y no
24 Una renovación de la Teoría de la Comunicación la ha llevado a cabo
Habermas en su: Teoría de la Acción Comunicativa. Madrid, Taurus, 1987, págs.
527-562, Tomo II.
generalizables para el conjunto de la población. Asimismo, el déficit de
legitimación significa que con medios administrativos no podrán producirse
estructuras normativas. De este modo, el subsistema político tendrá que
desplazar sus límites hacia el interior del subsistema sociocultural y
educativo en lugar de transformar el subsistema económico, con lo que la crisis
acabará afectando a la totalidad de esferas incluidas en las del
"mundo-de-vida" y sus procesos ideológicos y simbólicos.
Nos referimos, pues, al análisis de los subsistemas para deducir las
tendencias a la crisis sociocultural y su influencia sobre los procesos
comunicativos. De este modo, el análisis de la crisis sociocultural aparece
como el nexo de unión entre los autores de la "primera generación" de
la Escuela de Frankfurt (Horkheimer, Adorno, Marcuse, Benjamin) y los de la
"se-gunda" (Negt, Offe, Wellmer o Habermas). Por tanto, el
subsis-tema cultural toma su "input" de los subsistemas económico y
político (bienes, servicios, actos legislativos, Seguridad Social, etc.); en
consecuencia, la crisis de los otros subsistemas suponen profundas
perturbaciones en toda la estructura sociocultural y se traduce en profundos
déficit de legitimación y de racionalidad.
Esos déficit de racionalidad y de legitimidad en donde mejor se
expresan, es en la acción cotidiana de los "mass-media". Según
Habermas, la Opinión pública que surgió como el gran mecanismo de la sociedad
democrática conjuntamente con el parlamentarismo en el siglo XVIII, entra en
una fase de anula-ción. El parlamentarismo se convierte en un juego de partidos
con una "cúpula oligárquica", tal y como subrayó Robert Michels en su
precursor libro Los partidos políticos(25 ), con un profético subtítulo: Un
estudio sociológico de las tendencias
25 Michels, R.: Los partidos
políticos. Buenos Aires, Amorrortu, 1983, págs. 47-67.
oligárquicas de la democracia moderna, y escrito nada más ni nada menos
que en 1911. Así, y del mismo modo que Michels analiza este proceso, asimismo,
la Opinión pública se contra-rresta con la aparición de unos canales
tecnológicos de comu-nicación serializada. Los "massmedia"
determinarán los siste-mas motivacionales y las expectativas de la población.
Para Habermas, la cultura-comunicativa contemporánea demuestra la crisis
sociocultural y de motivación generalizada y generaliza-ble.
Para el filósofo-sociólogo de Frankfurt, la dinámica de los
desplazamientos según la cual la crisis económica se desplaza hacia el
subsistema político y, a la par, la crisis política se desplaza hacia el
subsistema sociocultural, significa en último término que es sobre la
racionalidad y las psicologías sociales sobre las que recaen todas las
contradicciones del neocapita-lismo tardío. En este punto, el
"mundo-de-la-vida" se encuentra en el centro mismo de los conflictos
de toda índole(26 ).
Precisamente, los sectores más débiles y debilitados serán los que
reciban de una manera más directa la crisis de racionali-dad y de motivación,
siendo los jóvenes uno de los segmentos de la población más afectado. La
crisis, en sus múltiples variedades, actuarán de un modo más riguroso con las
clases sociales más frágiles y ello debido a la desestructuración de las
condiciones y oportunidades de vida de la masa de población que menos
posibilidades tiene de llegar a una posición de poder o de simple protección
vital. En estas condiciones, la carencia de vías de acceso a una posición de
seguridad profesional y
26 Habermas, J.: Conciencia moral y
acción comunicativa. Barcelona, Península, 1985, págs. 135-219. Asimismo,
Habermas, J.: El discurso filosófico de la Modernidad. Madrid, Taurus, 1989,
págs. 351-387. Sobre la renovación habermasiana de conceptos: Ferry, J.M.:
Habermas. L'éthique de la Communication. París, P. U. F., 1987, sobre todo,
págs. 401-475.
existencial, se sustituye por la influencia de sofisticados procesos
ideológico-comunicativos. Para los autores conti-nuadores de la Escuela de
Frankfurt, los "mass-media" encauzan hacia el mundo del espectáculo,
el ocio (y podríamos decir hoy, hacia los "reality show") el
desconcierto social y la desmotiva-ción de grandes áreas de la población. Ahora
bien, y como muy acertadamente estudió Theodor W. Adorno, ese estado de
desconcierto colectivo culmina en la aparición de un tipo de personalidad de
marcos de referencia y psicología rígidos: la personalidad autoritaria(27). Y
dicho tipo de personalidad asu-mirá unas formas de conducta en las que el
sadismo y la patología ocupan un papel preferente. Pero, la personalidad
autoritaria necesita al "Otro", al diferente, al que pueda someter y
humillar. En este proceso, la destrucción de la racionalidad, de la educación
humanista y de la cultura causal ocupa un lugar determinante para que la
motivación social pueda ser encauzada sin que se resienta ningún otro subsistema
organizativo o institucional.
En suma, tanto los neoestructuralistas como los autores críti-cos
coinciden en que estamos ante un reajuste global de las sociedades de
capitalismo avanzado. Este reajuste implica la desarticulación del Estado del
Bienestar que, desde finales de la segunda guerra mundial, permitió la
extensión de derechos sociales colectivos. La restricción de posibilidades que
conlleva la transformación del Estado del Bienestar, y que los frankfurtia-nos
actuales sitúan como campo privilegiado de estudio, significa el surgimiento de
nuevas formas de desigualdad y diferenciación. Desigualdad que recae
preferentemente sobre los grupos "sin Historia", como afirmaba
Foucault( 28 ); esto es:
27 Adorno, Th.W.: La personalidad
autoritaria. Buenos Aires, Proyección,
1965
28 Foucault, M.: Espacios de poder.
Madrid, La Piqueta, 1991.
minorías étnicas, mujeres, sectores marginales, minorías inte-lectuales
críticas, etc. Esta situación de crisis entonces se tratará de
"amortiguar" mediante procesos de opinión que integren simbólicamente
a una sociedad psicológicamente desintegrada. En ese proceso de desintegración
psicológica la transformación comunicativa cumplirá el papel fundamental de
"reajustar todo el reajuste".
LA COMUNICACIÓN DE MASAS COMO DELIMITADORA
DE LA CONSTRUCCIÓN COGNOSCITIVA
E INTERPRETATIVA DE LA REALIDAD
Si algo preocupa a los analistas críticos de la Comunicación es, sin
duda, la búsqueda de una salidad de esa sociedad cada vez más parecida a la
descrita por Weber como "jaula de hierro". La dialéctica del
industrialismo -como de una forma precursora observaron Adorno y Horkheimer-
que latía en el fondo de la dialéctica del Iluminismo (29)se resumirá
desgraciadamente en el poder de establecer formas de control más eficientes. La
dialéc-tica de la sociedad industrial entonces logra vencer a la enfermedad y a
la miseria en reducidas zonas del pláneta, pero generando al mismo tiempo
nuevas maneras de desigualdad e injusticia. Es aquí, por ejemplo, en donde
Adorno y Horkheimer situaban los dos polos de la Ilustración. Una filosofía
encarnada en la filosofía de la bondad de Rousseau frente a "otra
Ilustración" representada por la crueldad y el cinismo de Sade. Entre
estos dos extremos nace un mundo nuevo que, como titulada Marcuse uno de sus
libros fundamentales, podría ser ya
29 Horkheimer, M./Adorno, Th.W.: Dialéctica del Ilumnismo. Sur, Buenos
Aires, 1971.
el final de la Utopía (30 ) o, de lo contrario, un mundo con métodos de
dominación social más científicos y sofisticados.
Lo cierto, pues, es el convencimiento de los analistas críticos de que
la industrialización global trae añadido paralelamente el aumento de técnicas
de vigilancia que, como planteaba Michel Foucault en Vigilar y castigar (31)
supone una cada vez mayor dependencia psíquica de los individuos al sistema.
Como afirmaba Herbert Spencer, uno de los teóricos más caracteriza-dos y
constructores ideológicos de la sociedad capitalista in-dustrializada, en el
nuevo tipo de sociedad prevalecen dos mo-mentos cualitativos de desarrollo: la
diferenciación y la integra-ción. La diferenciación provendrá de la singular
división del trabajo propia de la producción de mercado; mientras que la
integración significaba el que la socialización ya no procederá de los grupos
primarios sino -como un siglo después del análisis de Spencer se demostraría-
de las mediaciones tecnológicas llevadas a cabo entre el individuo y sus
relaciones sociales, relaciones cada vez más densas y complicadas de entender
para ese mismo individuo. Ahora bien, para el análisis sociológico crítico, es
en esa dialéctica entre integración y diferenciación en donde radica un proceso
acelerado de alienación general y ello debido a que la diferenciación
resultante de la compleja división del trabajo social capitalista no se
corresponde con una mayor diferenciación de perspectivas cognoscitivas. A la
inversa, la uniformización se coloca en el centro mismo del de todo el sistema.
Pero con la peligrosa contradicción de ser presentada, bajo las formas del
consumo de mercancías, como variedad y renovación. La moda reflejará ese
"todo cambia, para que nada cambie".
30 Marcuse, H.: El final de la
Utopía. Ariel, Barcelona, 1968.
31 Foucault, M.: Vigilar y
castigar. Siglo XXI, México, 1977.
Siguiendo el hilo teórico crítico, se observa que una de las constantes
del paso del industrialismo al post-industrialismo, surge de las posibilidaes
de crear y elaborar nuevas dimensiones de alienación social. Sin embargo, el
concepto adquiere conno-taciones múltiples en relación a su sentido clásico
marxiano definido como: pérdida del yo por acción de procesos exteriores al
propio sujeto. En efecto, en una sociedad sometida a los continuos cambios de
la ciencia y de la técnica, aplicados al sistema económico, la alienación cobra
matices y significacio-nes nuevos. Por ejemplo, para Adorno, la alienación es
parte imprescindible de la socialización en una sociedad cuyo núcleo
fundamental de organización es el mercado. Y en la medida en la que todo el
sistema se edifica sobre la aceptación de un modelo darwinista de competencia
de unos ciudadanos frente a otros, no es de extrañar la proliferación y
acentuación del "surgimiento de la barbarie en el corazón mismo de la vida
civil".
La sociedad se extiende dentro del individuo cercenando de la psicología
individual todas las capacidades que ya no son ni útiles no aprovechables para
el sistema. Subrayará en este punto Adorno:
"Existe, además, otro sentido en el cual tenemos cada vez 'más'
sociedad. La red de las relaciones sociales entre los individuos humanos tiende
a hacerse cada vez más densa; es cada vez más reducido aquello que en el
individuo subsiste y la elude. Y es preciso preguntarse si tales momentos
autónomos y tolerados por el control social pueden todavía formarse, y en qué
medida. El concepto de sociedad, en el sentido estricto, delimita aquí con
claridad la sociología de la antropología, en la medida misma en que el objeto
de la segunda depende amplíamente, a su vez, del proceso de socialización. En
otras palabras, lo que a
la reflexión filosófica tradicional se le aparecía como esencia del
hombre es determinado, en cada una de sus partes, por la naturaleza de la
sociedad y por su dinámica. esto no significa, en rigor, que los hombres hayan
sido más libres en épocas anteriores de la vida social, o que debiesen serlo
necesariamente. Aquí existe una ilusión fácil de revelar: se mide a la sociedad
con el metro del liberalismo, y la tendencia a la socialización total en la
época posliberal aparece como un monstrum inédito de opresión. Pero es ocioso
investigar si el poder y el control social en una sociedad de cambio llevada a
sus últimas consecuencias son mayores o menores que en la sociedad basada en la
esclavitud de Estado, como por ejemplo la de los antiguos imperios mesopotámicos
y egipcios." (32)
Habermas denomina, como ya se ha comentado anteriormente, con el
concepto de "colonización - del-mundo – de – la - vida" ese estado de
hiperconformismo con el que la sociedad altamente tecnológica logra insertarse
en la psicología del sujeto. El concepto habermasiano, no obstante, ya estaba
implícito en el análisis de la Teoría Crítica cuando describió la
hipersocialización a la que se ve sometido el ciudadano post-industrial. Ni un
resquicio le queda para la disidencia. Pero, tampoco, para el asombro y la admiración
que no provengan de mensajes planificados. La libre creación que construía
universos nuevos y originales, se ve sustituida por producciones artificio-sas
en las que todo es previsible y, salvo los prodigios técnicos de los efectos
especiales, todo se ha dicho una y mil veces. Es, precisamente, la alienación
que se presenta como no alienación la que nos indica ese mundo unitario.
De este modo, tres niveles nuevos de alienación se desarro-llan en la
sociedad tecnológica consolidada: las cognitivas que
32 Adorno, Th.W.: La Sociedad.
Proteo, Buenos Aires, 1969. págs. 41.
limitan cada vez en mayor medida los mercos de referencia intelectuales
y perceptivos del receptor, las socioeconómicas como será el consumo propuesto
como forma de vida y, por último, las de índole sociopolíticas como son los
modelos de Opinión pública condicionados y que dan lugar a lo que Elisa-beth
Noelle-Neumann ha caracterizado como "espirales de silencio"; es
decir, la Opinión pública encauzada va dando importancia o relegando unos temas
sobre otros, de manera que hablar de esos temas "silenciados" puede
llevar a la sensación de "individuo raro y extraño" dentro de la
comunidad o del grupo. Estas tres modalidades de alienación específicas de las
sociedad de masas resumen las posiciones del análisis de la sociología crítica
de la comunicación. Ahora bien, la suma de estos extra-ñamientos que recibe el
ciudadano-receptor en la construcción de su identidad, se sintetizan en la
equivalencia contemporánea que se hace entre el concepto de alienación con el
de regresión de la conciencia. Regresión que se produce tanto en el plano
colectivo como en el individual.
Para centrar la temática de la regresión de la conciencia, un tema tan
característico de la metapsicología freudiana sobre la conducta de masas, será
necesario un acercamiento al significado que el concepto recibe en relación con
las pautas y valores de la sociedad de tecnología avanzada. En estas
con-diciones, la alienación ahora es policéntrica y no sólo puede explicarse
como una pérdida individual y psicológica del sentido de la propia existencia,
cuanto también una pérdida del sentido histórico de civilización y una recaída
en una fase de primiti-vismo, sólo que, en el momento presente, construido y
difundido políticamente a través de los "mass-media". En este punto,
existe una unificación en las sociedades de masas entre aliena-ción y subconsciente.
Unificación posible puesto que la socialización post-industrial crea y permite
la aparición de un
tipo de alienación dirigida a partir del conocimiento de técnicas
persuasivo-comunicativas capaces de actuar en profundidad sobre el
comportamiento masivo. Por consiguiente, para la gran mayoría de sociólogos
críticos, los elementos regresivos de la conciencia son parte básica y esencial
no sólo de las actividades del mercado en la estimulación del consumo sino, a
la par, de los modelos sociopolíticos elaboradores de la Opinión pública de las
democracias postliberales. Sin la posibilidad de apelación comunicativa a los
miedos colectivos, los prejuicios, estereoti-pos -es decir, los aspectos
regresivos y arcaicos de la psicología social- no sería factible la pervivencia
de la sociedad post-industrial en su conjunto. Esta socialización regresiva del
individuo es parte fundamental y básica de la actividad cotidiana y repetitiva
de la comunicación mass-mediática.
En consecuencia, las nuevas alienaciones presentan un fuerte componente
de restricción de la conciencia; esto es: de limita-ción de sus contenidos. En
la sociedad de masas, tal y como afirma Herbert Schiller (33), quienes
"gobiernan" la comunica-ción tienen el firme convencimiento de que la
conciencia de los ciudadanos está muy por encima de los estrechos márgenes en
los que se mueve. De aquí la desconfianza en el incremento de los modelos y
temas de la Opinión pública y, sobre todo, la utilización de técnicas
sociopsicológicas de persuasión e induc-ción cognitiva. La "guerra fría
" existente en la actualidad en contra de la gran cultura clásica
humanista no expresa más que el temor a la difusión en la sociedad civil de
unos marcos cognoscitivos y estéticos con unas referencias culturales
diferentes a las que prevalecen y son habituales cotidianamente. La mayor
amplitud para comprender la realidad, la mayor aptitud para el sentimiento de
lo bello, el que la población llegue
33 Schiller, H.: El poder
informático. Gustavo Gili, Barcelona, 1983.
al imparcial entendimiento del concepto de bondad y, en general, la
ruptura de los límites intelectuales y sensoriales -la unidad clásica de ética
y estética- tan duramente vigilados podrían acabar con esos elementos
regresivos de la conciencia que no son más que el origen de personalidades
autoritarias y formas de barbarie.
Bajo esta perspectiva, la sociología de análisis crítico de la
comunicación observa la "funcionalidad" que para la super-vivencia de
la sociedad de competitividad exacerbada, cumplen formas diferentes y diversas
de alienación colectiva. Estas formas, por ende, aseguran la
institucionalización de un modelo de sociedad con crecientes focos de
desigualdad y, al mismo tiempo, introyectan sistemas de valores que, por
fuerza, suelen ser contrarios a los intereses objetivos de quienes los asumen.
La "falsa consciencia", tema tan lukácsiano, se organizará mediante
unas prácticas cada vez más tecnológicas y controlables. En consecuencia, se
podrían enunciar como nuevas alienaciones una serie de prácticas tales como:
- Los procesos de limitación de
contenidos comunicativos y culturales que puedan poner en duda o en peligro los
fundamentos ideológicos sobre los que se asientan los principios del mercado y
sus grupos de presión.
- La agudización y recurrencia a
mensajes instintivos que fortalecen la regresividad de la conciencia,
dirigiendo a ésta hacia unos contenidos caracterizados por un paradójico
"primiti-vismo post-industrial" y que conforman el núcleo de unos
procesos irracionales que Horkheimer definió como el eclipse de la razón.
- Hay una doble construcción de la
realidad, en el sentido de que la socialización de los ciudadanos se enmarca
dentro de unos procesos de transmisión ideológica sin precedentes, de
manera que éstos acaban perdiendo la perspectiva de su propia
cotidianidad y asumiendo la que les proviene de los mensajes de los
"medios".
- Como resultado final de lo
anterior, todo el proceso cultural-comunicativo e ideológico incrementa el
conformismo haciendo aparecer un conjunto de actitudes especialmente acríticas
hacia el "status quo".
Para la comunicología crítica, la alienación material se ha transformado
en ideología comunicativa. La depauperación económica a la que Marx se refería
en su análisis del capitalismo del siglo XIX, se ha transformado en el
neocapitalismo del siglo
XX en depauperación
intelectual y psicológica. El dominio tecnológico de las conciencias vacía a
éstas de elementos de análisis, pero a la vez las hace volverse hacia un
desproporcio-nado subjetivismo que no es más que la sensación incierta de
"ser uno mismo" en una realidad y una racionalidad que previa-mente
han sido deshabitadas. Otro texto de Adorno, en este sentido, plantea la
correspondencia existente entre planificación comercial y planificación
psicológica:
"Para señalar cómo estos programas afectan a sus espectado-res,
corresponde recordar el conocido concepto de multiplicidad de estratos
estéticos: el hecho de que ninguna obra de arte comunica de manera unívoca y de
por sí su contenido. Se trata siempre de algo complejo, que no puede ponerse
estrictamente en un casillero y que sólo se abre en un proceso histórico. Con
independencia de los análisis realizados en Beverly Hills, Hans Weigel, en
Wiena, comprobó que el cine, producto de una planificación comercial, no conoce
esa riqueza de estratos. Lo mismo pasa con la televisión. Pero sería demasiado
optimista creer que la falta de riqueza estética ha sido reemplazada por la
claridad informativa. Más bien habría que decir que esa am-
bigüedad estética, o sus formas decadentes, es utilizada para sus
propios fines por los productores. Buscan su propio provecho en la medida en
que presentan al espectador varios estratos psicológicamente superpuestos, que
recíprocamente se influyen, para obtener una meta única y racional para el
promotor: el acrecentamiento del conformismo en el espectador y la
fortificación del status quo. Incansablemente se lanzan contra el espectador
'mensajes' abiertos o encubiertos. posiblemente estos últimos por ser psicológicamente
los más efectivos, tengan preeminencia en la planificación. "(34)
En suma, a lo largo de estas páginas se ha tratado de descri-bir el
desajuste que el nuevo modelo cultural-comunicativo está ejerciendo y las
interpretaciones de análisis crítico contemporá-neo que buscan establecer los
procesos, causas y efectos de esta continuada difusión de mensajes
estandarizados. Como han planteado Bourdieu y los analistas contemporáneos, se
coincide en una tesis fundamental: en la sociedad de masas se han creado los
instrumentos técnicos para articular un discurso unificado en el que se
justifican los principios de desigualdad y persuasión colectivos. La ideología,
por consiguiente, no puede ser comprendida de una manera simple como un
fenómeno de carácter subjetivo o de referencia a la conciencia individual. Todo
lo contrario, el proceso ideológico, en cuanto deformación y transformación del
conocimiento y de la conciencia objetiva, se ha conformado como institución
objetiva a raíz de la apari-ción de los medios de comunicación. La
institucionalización significa una circulación de mensajes con contenidos
codifica-dos y establecidos en direcciones psicológicas específicas. Tales
contenidos codificados y planificados se han convertido en el centro de
vinculación de la psicología social con su entorno. De
34 Adorno, Th.W.: Intervenciones.
Monte Ávila, Cáracas, 1969. pág. 77.
este modo, los contenidos de la cultura masiva industrializada han ido
desplazando el sistema cultural de índole humanista y la educación
crítico-intelectual. La "cultura-mosaico", como la definía Abraham
Moles ( 35 ), se ha hecho ominipresente. La fragmentación de mensajes supone, a
la par, la fragmentación de la conciencia colectiva. Y en esa fragmentación
está el efecto básico en el que coinciden la gran mayoría de análisis actuales
de los "mass-media": el ascenso de un sistema de interpretación de la
realidad de fuerte componente mitológico y primitivo.
Precisamente, de este ascenso proviene un modelo social en el que, en
gran medida, se refuerzan estilos de vida en los que se crean nuevos procesos y
aspectos de desigualdad. Así, la asimilación colectiva de esos nuevos fenómenos
(y de la ideología dominante) provoca un descentramiento de los "mapas
cognitivos" sociales, en terminología de Fredrich Jameson.
Descentramiento en el que, básicamente, la integración valo-rativa a
través de unos modelos de opinión y normas de juicio constituye el mecanismo
básico de integración de las contra-diciones socioeconómicas.
Estamos, pues, y como subrayaba Bourdieu, ante unas nuevas formas de
vinculación entre las clases sociales. En estas condiciones, se asiste a un
reajuste global de las sociedades de capitalismo avanzado. Este reajuste
implica, entonces, una desarticulación de los logros del Estado del Bienestar
que desde finales de la segunda guerra mundial, ha permitido la extensión y
consolidación de los derechos
colectivos. La restricción de posibilidades que conlleva la
transformación de este Estado social significa el surgimiento de nuvas formas
de desigualdad y empobrecimiento para la
35 Moles, A.: La comunicación y los
mass-media. Mensajero, Bilbao, 1975.
población. Desigualdad que recae no sólo sobre los grupos "sin
Historia", tal y como afirmaba Foucault, sino especialmente sobre amplios
sectores de la población. Esta situación, sin em-bargo, se
"amortigua" mediante los procesos de creación de Opinión pública y
debilitación cultural y educativa, integrando de esta forma dentro de las
esferas simbólicas de las industrias culturales a una sociedad desintegrada
psicológicamente. En resumen, frente a los análisis comunicológicos funcionalistas
de las décadas de los años cincuenta y sesenta, la reciente revisión del rol
cultural de los "mass-media" pasa por el examen de la temática de las
nuevas estructuras de desigualdad que se están conformando. La distinción
rouseauniana entre "diferencia" y "desigualdad" debe de ser
retomada en la amplitud de su signifi-cado. Así, una sociedad armónica y
equilibrada deberá desarro-llar y potenciar la diferenciación de facultades y
capacidades humanas, frente a la desigualdad que tiene su génesis en factores
económicos, sociales y políticos. De aquí que el desarrollo de las diferencias
creativas de los sujetos, nunca podrá generar desigualdades colectivas. Al
contrario, el libre desenvolvimiento de la personalidad implica la desaparición
de la justificación de la desigualdad colectiva. En este sentido, los autores
críticos reivindican un modelo cultural en el que las desigualdades no sean
justificadas y en el que la cooperación racional e ilustrada se proponga como
salidad de esos reajustes económicos, cultura-les y comunicativos en los que se
están poniendo en peligro fundamentales logros alcanzados a través del progreso
histórico.
¿SON POSIBLES ALGUNAS CONCLUSIONES?
Tanto los más recientes estudios comunicológicos de investigación
crítica como algunos de los más relevantes análisis sociológicos contemporáneos
coinciden en la afirmación según
la cual nos encontramos con un reforzamientos de los procesos de
desigualdad colectivos a través de una reorganización de la economía, la
sociedad, la cultura y la educación. Como ya se ha referido en el presente
estudio, desde Habermas-Offe hasta Bourdieu, se juzga que es especialmente
sobre los aspectos culturales y comunicativos en donde se están adaptando el
resto de subsistemas sociales.
En efecto, la cultura racional-humanista se ha convertido en el
paradigma rechazado. Lo que en otros tiempos -hace ahora veinte años- hubiera
sido considerado un fenómeno de censura política, en estos momentos se presenta
como "simple medida administrativa" que programa en función de las
audiencias. Es, aquí, en donde está la gravedad y capital importancia de la
paulatina supresión de los conocimientos normativos y cultura-les. El
"hombre administrado" por los intereses de la razón instrumental( 36
) -en terminología de la Escuela de Frankfurt, ahora más vigente que nunca- no
necesita tener valores, sólo debe apoyarse en símbolos, y en concreto en
símbolos comunicativos cada vez más primitivos pero, también, más elaborados.
Las paradojas, éntonces, no dejan de aparecer. Ciudadanos de una Unión Europea
que no conozcan la herencia creativa clásica y sólo reconozcan los mensajes de
las industrias del audiovisual. Ciudadanos de un mundo en el que se van a
requerir más conocimientos intelectuales ante la multiplicidad de culturas,
razas y tradiciones, y que, al contrario, el desconoci-miento les confinará en
sus prejuicios y en actitudes violentas como, objetivamente, se observa con la
aparición de movimien-tos juveniles y colectivos neonazis y xenófobos. O la gran
paradoja de una sociedad tecnológica y científicamente
36 Horkheimer, M.: Crítica de la
Razón Instrumental. Buenos Aires, Sur,
1973. Y, asimismo: Teoría Crítica. Barcelona, Seix Barral, 1973.
sofisticada, y unos ciudadanos que no sean capaces de ejercer una
reflexión causal sobre ellos mismos y su entorno.
Cultura racional y democracia desde sus orígenes están unidas. La
democracia no puede considerarse un mero proceso político, sino en su sentido
histórico: la democracia no es sino una organización racional e igualitaria de
las cosas(37 ). Así, se hace básico, pues, el replanteamiento de los términos,
sentido y direcciones de la nueva cultura-comunicación actual. Y ese
replanteamiento sólo puede establecerse desde un análisis del significado
objetivo de democracia real y de dialógo compar-tido.
Como afirmaban Horkheimer y Adorno, el análisis de la Sociología de la
Cultura y de la Comunicación no puede ser sino la aclaración crítica de lo que
"es". Esta firme convicción ha hecho avanzar a la sociedad. Sin ella,
la "sociedad administrada" no será sino aquella "jaula de
hierro" de la que hablaba Max Weber cuando se refería a una sociedad
deshumanizada y sin futuro. Lo que no se debe entonces olvidar, de ningún modo,
es el hecho de que la dignidad humana pasa por el conocimiento objetivo, la
racionalidad y la ética ilustrada en un esfuerzo colectivo por mejorar y
perfeccionar la Historia. De lo contrario, estaremos de nuevo en la vuelta a la
caverna de la ignorancia, pero, ahora, ese retorno agravado porque esa
ignorancia "natural" puede consolidarse como ignorancia
"dirigida" y dominación social planificadas. ■
37 Held, D.: Modelos de democracia. Alianza Universidad, Madrid,
1992.págs. 306-315.

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