© Libro N° 8909. Comprometerse Y No Aceptar Compromisos. Riechmann, Jorge. Emancipación. Julio 31 de 2021.
Título original: ©
Comprometerse Y No
Aceptar Compromisos. Jorge Riechman
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Riechman
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
COMPROMETERSE Y NO ACEPTAR COMPROMISOS
Jorge Riechmann
Comprometerse Y No Aceptar Compromisos
Jorge Riechmann
Comprometerse
y no aceptar compromisos
[En Poesía en el Campus, 49 (2001), monográfico “¿Todavía hay
compromiso? Poesía y globalización”; reed. en Resistencia de materiales
(ensayos sobre el mundo y la poesía y el mundo), Barcelona, Montesinos, 2006,
pp. 65-80.]
“Los griegos no consideraban, ni nosotros debemos hacerlo, que ser
poeta fuese un asunto neutral desde el punto de vista ético. Las decisiones
estilísticas —las elecciones de ciertos metros, imágenes y vocabula-rios— se
relacionan estrechamente con una determi-nada concepción del bien”.
Martha Nussbaum 1
“El vínculo profundo con su época —y con los aspec-tos de ésta que
pueden resultar lejanos a las genera-ciones sucesivas— es el signo de su
universalidad, au-téntica sólo cuando el individuo se sumerge en su pro-pio
tiempo asumiendo sus cargas y sus límites, mien-tras que quien pretende hablar
desde un púlpito sus-traído a la contingencia y relatividad de la vida, sin
mancha de su sudor ni de su sangre, no pasa de ser un vacuo retórico”.
Claudio Magris2
“Si el arte, la literatura, es siempre un producto social, el que
trata de hacer arte o literatura social peca con-tra natura: contra la propia
naturaleza delarte y de la literatura, cuya producción natural invierte”.
José Bergamín 3
___________
1 Martha Nussbaum, La fragilidad
del bien, Visor, Madrid 1995, p. 44.
2 Claudio Magris, Utopía y
desencanto, Anagrama, Barcelona 2001, p. 111.
3 José Bergamín, Aforismos de la
cabeza parlante, Turner, Madrid 1983, p. 67.
A mí me han llamado intelectual —con buenas y con malas intenciones.
Pero si soy algo, si yo soy algo, soy poeta. Lo cual sólo quiere decir: no
renuncio a cobijarme bajo el frondoso árbol del lenguaje, dentro de la gran
casa roja de la poesía. Sigo aspirando a ser ciudadano de la lengua, según la
hermosa ex-presión de Rubén Darío.
La vida, el amor, la fugacidad del tiempo, la muerte, son los grandes
temas “eternos y universales” de la poesía, se nos dice por parte de quienes
querrían mantenerla incontaminada por asuntos más mundanos, como los conflictos
políticos. Pero en cuanto pensamos en la vida como la plenitud posible de la
vida para todas y todos (¿y cómo si no podríamos aproximarnos al misterio de
vivir?), ya tenemos “lo social” en la puerta de la gran casa roja de la poesía.
Hace algunos años me fue concedido el Premio Internacional de Poesía
Gabriel Celaya;4 a la hora de redactar estas notas sobre poesía y compromiso,
un buen punto de partida puede ser intentar situarme con respecto al potente
poeta de Hernani.
Lo que me separa —no me distancia— de Celaya: su sentido de misión. El
poeta, escribía René Char, tiene a lo más una tarea, pero no una misión.
“Mientras haya en la tierra un solo hombre que cante / quedará una esperanza
para todos noso-tros”5 no son versos cerca de los cuales podamos acampar hoy.
(Probablemente el mismo Gabriel, en los años setenta, ya no podía). ¿Una canción para
sostener la esperanza de todos? ¿Or-feo como superhombre? ¿El poeta como fuente
dispensadora de salvación? 6 Nuestras espaldas ceden bajo el peso plúmbeo de
esa misión heroica, redentora.
_____________________
4 Por mi libro La estación vacía
(Germanía, Valencia 2000).
5 Gabriel Celaya: Itinerario
poético (edición del autor), Cátedra, Madrid 1975, p. 73. Del poema PASA Y
SIGUE (1952).
Lo que nos sigue uniendo: la tarea de la insurrección. La poe-sía, o es
resistencia, o es puro verso, suele decir José Viñals. “Vuelvo a luchar como
importa y a empezar por lo que empie-zo”:7 éste verso de Gabriel es un buen
bastón para caminar en la noche oscura.
Según Gabriel Celaya, “el poeta está obligado a dar voz a los vencidos,
a los mudos”.8
Mientras que para Pierre Bourdieu “mi interés primordial ha estado en el
estudio de la dominación, en su sentido más am-plio, no sólo político, la
dominación de todos aquellos que to-man la palabra en lugar de otros”.9
Creo que hablar en nombre de los otros, suplantar su palabra, es el
pecado original de la poesía llamada social: la raíz común de sus flaquezas
estéticas y éticas (cuando las tiene, que no es siempre). No se trata de
“hablar por aquellos que no pueden hacerlo”,10 sino de crear condiciones para
que los de abajo puedan decir su propia palabra. (Lo cual, evidentemente, no es tarea de
la poesía sino de la práctica revolucionaria).11
__________
6 Blas de Otero, CANTO PRIMERO,
recogido en Leopoldo de Luis, Poesía social española contemporánea (ed. de
Fanny Rubio y Jorge Urrutia, Bi-blioteca Nueva, Madrid 2000), p. 290.
7 ESPAÑA EN MARCHA (1954), en
Itinerario poético, p. 85.
8 “Historia de mis libros”, en
Itinerario poético, p. 23.
9 Entrevista en El Ciervo,
Barcelona, junio de 2000, p. 26.
10 María Beneyto, poética en la
clásica antología de Leopoldo de Luis Poe-sía social española contemporánea
(ed. de Fanny Rubio y Jorge Urrutia,
Biblioteca Nueva, Madrid 2000, p. 396). “El poeta”, había escrito
Beneyto un par de
líneas más arriba, “debe participar en las inquietudes y pro-blemas de la
comunidad humana a la que pertenece. [Pero, ¿cómo po-dría dejar de hacer tal
cosa? J. R.] Es un deber moral ineludible. [¿Por qué? ¿Cómo se justifica ese
imperativo moral? J. R.] El hombre de nues-tros días (...) tiene derecho a ese
apoyo, a esa compañía, [Y si no la solici-ta, ¿habremos de imponérsela? J. R.],
a esa ampliación de su palabra que el poeta le da cuando hace aquello que
llamamos poesía social” *Las cur-sivas son mías, J. R.].
Nunca hay que proponer a otra persona subirse en zancos tan altos que,
si cae, se rompe la crisma. Ese riesgo podemos asu-mirlo nosotros mismos, pero
no hacérselo correr a otros.
No la paradoja como fácil recurso retórico, sino el coraje para mirar de
frente las antinomias de la existencia.
La consigna más importante para el siglo XXI: TODOS SOMOS MINUSVÁLIDOS.
Hay poesía política cursi: igual que hay poesía amorosa cursi, o poesía
de la naturaleza cursi.
Hay poesía política culpable: igual que hay poesía religiosa culpable, o
poesía patriótica culpable.
Hay poesía política falsa, o narcisista, o engolada: igual que otras
cuestiones —la poesía es capaz de abordarlas todas— pueden tratarse de forma
falsa, narcisista o engolada.
Pablo Neruda se refirió a la rosa colectiva, y Paul Celan a la rosa de nadie: no ha de
buscarse ningún artificial enfrenta-miento entre ambas. Son necesarias la rosa
colectiva, y la rosa íntima; la rosa de nadie, y la rosa biosférica; así como
la rosa eléctrica, o la rosa cretácica, o la rosa negra, o la rosa oceánica, o
la rosa ambulatoria... Ninguna de estas flores sobra en el jar-dín donde se
encuentran el hombre y la mujer libres.
____________
11 Una obviedad, pero por desgracia
no puede uno dejar de repetirla. “Las revoluciones no se hacen escribiendo
poemas sino colectivizando los medios de producción” (Leopoldo de Luis, Poesía
social española con-temporánea, op. cit., p. 220).
De la poesía política podemos hacer una valoración política — entre
otras valoraciones posibles. Se me antoja que uno de los peores reproches de
política poética que cabe hacer a un autor es que se comporte como un caudillo:
aquel que habla siempre y pretende hablar por todos.
5
Esa idea de “ser la voz de los sin voz”, magnánimamente pres-tar palabra
a las criaturas de un mundo que se supone desasisti-do de ella, me parece
radicalmente falsa. De hecho, todas ha-blan (incluyendo los riscos, el bosque,
el manantial, las aves, las babosas y los demás animales): en el mundo no hay
caren-cia, sino más bien sobreabundancia de palabra. Un poeta no es dispensador
de ese don, sino receptor del mismo.
Poesía, reino de la inminencia. (De ahí su asociación con el temblor).
En definitiva: lo que a quienes hemos sido etiquetados de “nuevos poetas
sociales” nos sobra de la “vieja” poesía social es el yo heroico, con su
querencia misionera, y la pretensión de hablar por los otros. Pero el trabajo
de insurrección de poetas como Gabriel Celaya sigue siendo hoy tan necesario
como ha-ce treinta o cincuenta años. “Yo me alquilo por horas; río y lloro con
todos; / pero escribiría un poema perfecto / si no fuera indecente hacerlo en
estos tiempos”.12
__________
12 AVISO (1946), en Itinerario
poético, p. 62.
6
No cabe ignorar que hay en la poesía, con independencia de que aborde o
no temas “sociales”, un elemento intrínsecamente cuestionador, subversivo,
insurreccional. Con sus recursos pro-pios, metonímicos y sobre todo
metafóricos, lo que la poesía hace incesantemente es aproximar lo lejano,
conectar lo des-conectado, establecer vínculos que antes no existían. Este
tra-bajo de creación de vínculos, ínsito a la función poética del lenguaje,
resulta profundamente perturbador para el orden de las categorías establecidas:
se trata de una potencia dinámica que continuamente busca poner en movimiento
lo quieto, y sin cesar desbarata los equilibrios estabilizados.
La función poética del lenguaje pone siempre en acción esa dimensión
crítica. Pero se puede ir un paso más allá y señalar que igualmente pone en
acción una dimensión utópica, en la medida en que remite, de alguna forma, a un
profundo anhelo de unidad total. Señala un horizonte utópico de vinculación
entre lo vivo y lo inanimado, entre lo visible y lo invisible, en-tre lo
próximo y lo lejano.
No hay ser humano sin lenguaje, no hay lenguaje sin metáfora, y no hay
metáfora que no ponga en movimiento esta doble di-mensión. Dimensión crítica
—puesta en entredicho de los sis-temas categoriales petrificados— y dimensión
utópica —sueño de vinculación cósmica— consustanciales a la función poética del
lenguaje en todos sus usos, y no sólo en los usos poéticos del mismo.
7
Elias Canetti ha relacionado la fascinación del poder, en su
manifestación más desnuda, con el número creciente de vícti-mas que amontona.
Frente a este poder como muda violenciadesatada la poesía, claro está, nada
puede.
¿O quizá sí? ¿Acaso no puede la poesía hacerse voz de un infa-tigable
desconsuelo sin desesperanza, y recoger y acunar, tierna y obstinadamente, los
nombres de las víctimas?
El hecho de que un poema no pueda nada contra la muerte no es una razón
para dejar de escribir elegías. Análogamente, que la poesía no sea un “arma
cargada de futuro” no es una razón para dejar de escribir poesía crítica contra
las relaciones socia-les vigentes. ¿Hasta cuándo habrá que seguir repitiendo la
ob-viedad de que el valor estético de un poema no guarda ninguna
relación con su contenido? La temática no implica una estéti-ca.13
8
Poder no es solamente que Fulano imponga su voluntad sobre Mengano pese a la
resistencia de éste, en un conflicto abierto y observable. Es también, por
ejemplo, lograr definir el lenguaje con el que se plantea un problema (y
condicionar así las posi-bles soluciones). Y vale la pena observar que una
forma de poder como esta última sólo puede entenderse en términos de fuerzas
colectivas (desafiando así los presupuestos del indivi-dualismo metodológico
que prevalece en las ciencias sociales).
____________
13 “¿Podría hablarse de la poesía
amorosa como escuela? Pues la misma respuesta negativa cuadra para la que se
recoge en esta antología” (Leo-poldo de Luis, Poesía social española
contemporánea, op. cit., p. 217). En el mismo libro, Ángel González (escribiendo
en 1965): “A mi modo de ver, lo que define como social a la poesía no es el
estilo, sino el tema. Hay quien dice que ese tema, más que poético, es tema de
editorial pe-riodístico, de ensayo o de panfleto. El argumento no me parece
serio. Todo lo que es tema de un poema puede serlo de otras cosas, por
su-puesto. También podría decirse que la poesía religiosa no es válida por-que
aborda temas más adecuados para pláticas y sermones, y que a la poesía amorosa
le ocurre lo mismo, en nombre de que sería más eficaz decir las palabras de
amor en una carta di rigida a la novia, la esposa, o la amante. Esos argumentos
revelan po co talento o mala fe. (...) Al margen de las discusiones y de la
polémica, yo sigo teniendo fe en esa poesía crí-tica que sitúe al hombre en el
contexto de los problemas de su tiempo, y que represente una toma de posición
respecto a esos problemas. Más que posible, esa poesía me parece inevitable”.
Poética en la antología de Leopoldo de Luis Poesía social española
contemporánea, op. cit., p. 404. Vale la pena releer también la reflexión de
Manolo Vázquez Montalbán en la misma antología (pp. 535-537).
De forma que una parte sustancial de la dominación se ejerce siempre a
través del lenguaje: no a través de la coerción direc-ta, sino mediante el
monopolio de las definiciones de la reali-dad. Con la separación entre lo
nombrable y lo innombrable, entre lo pensable y lo impensable, entre lo posible
y lo imposi-ble...
Cómo podría entonces la poesía permanecer ajena a la cuestión del
poder...
Según ha sugerido Luc Boltanski, la forma de mitigar el sufri-miento
humano es juntar “una descripción de la persona que sufre y la preocupación de
alguien que esté al corriente de di-cho sufrimiento”.14 Nótese que para
conseguir ambas condicio-nes son imprescindibles formas de discurso
“comprometido”: discurso científico, discurso moral, discurso literario,
discurso poético. Y una de las causas de las dificultades presentes que
afrontan las luchas emancipatorias es el fenómeno de “pérdida de confianza en la
eficacia del discurso comprometido” (Bol-tanski), que tiene mucho de profecía
que se autocumple.
Por tanto, un elemento programático: nos comprometemos no sólo, ni
principalmente, porque sean posibles la belleza, la jus-ticia y la libertad (ni
mucho menos porque estén garantizadas), sino sobre todo para que sean posibles.
______________
14 Véase su libro de 1993 La
souffrance à distance
9
Mi compromiso —en poesía— es con la poesía; y además soy un ciudadano
comprometido con su tiempo y con sus semejan-tes, lo que naturalmente no deja
de tener efectos sobre los poemas. Pero partir de un compromiso político a
priori a la hora de escribir poesía, eso no: sería poner el carro antes que los
bueyes. Y a estos bueyes, además de tirar del carro, hay que dejarlos pacer
mucho tiempo en libertad.
“Si nada va a salvarse / para qué escribir / que nada se salvará”, se
preguntaba el poeta cubano Virgilio Piñera en octubre de 1962, en plena “crisis
de los misiles” estado un idense-soviético-cubana; y nos lo recuerda Arturo
Arango en sus lúci-das “Notas sobre los márgenes”,15 puntualizando que hay una
manera de concebir el compromiso social desde el cuestiona-miento, la
incomodidad, el “discurso de la negación” y la lucha no por la escritura, sino
en su contra. Ahí estamos de lleno en el terreno de Piñera, de forma que más
vale dejarle hablar: “Ya en La Habana empezó en forma mi eterno combate contra
la escritura. Porque no se lucha por la escritura sino en su contra. (...)
Escribir simplemente es un oficio como otro cualquiera; en cambio, escribirse
uno, he ahí el secreto”.
10
Vale la pena detenernos en el “discurso de la negación” (lo que alguna
vez Juan Carlos Rodríguez ha llamado “la sílaba del no”). Si uno lo piensa
bien, esta silabita, esta partícula verbal es nada menos que el principio de la
ética.
El espacio de la ética se abre cuando, frente al estólido “las cosas son
como son” que pretende solidificar el orden de cosas existente y blindarlo contra la elección, alguien contesta: “las cosas
pueden ser de otra manera”, y pueden ser mejores. Sobre esto ha reflexionado
con perspicacia el sociólogo polaco Zygmunt Bauman:
“Ser moral no significa necesariamente ser bueno. Pero sí sig-nifica
haber comido del árbol de la sabiduría, el árbol del bien y del mal, y, en
consecuencia, saber que las cosas y las accio-nes pueden ser buenas o malvadas.
Para saber esto, los huma-nos también necesitan percatarse previamente de que
las cosas y los hechos pueden ser distintos de cómo son. Se podría cavi-lar
acerca de la posibilidad de que todo esto tuviese algo que ver con la partícula
no que contienen todas las lenguas desarro-lladas por los humanos para refundir
el „mundo de ahí fuera‟, „objetivo‟, en Lebenswelt, en „mundo vivido‟, para
convertir la existencia en experiencia. El no carece de sentido a menos que se
asuma que se puede actuar de más de una manera, o que los asuntos de „ahí
fuera‟ se pueden ordenar de más de un modo. El no implica que las cosas no
tienen por qué ser como son actualmente, que se las puede alterar y, también,
que pueden ser mejores de lo que son. Si no fuese por esto, toda charla so-bre
moralidad sería hueca”.16
_____________
15 Ponencia en el II Congreso de
Poesía Iberoameri cana en Lengua Españo-la, organizado por el Instituto Caro y
Cuervo, Bogotá, agosto de 2002.
André Malraux sentenció: se es humano cuando se sabe decir no. La sílaba
del no mantiene abierto el espacio de la posibili-dad, de la elección entre
alternativas, de la libertad humana. Por eso, decía antes, hay que ver en ella
el principio de la ética.
11
“Sabed que la belleza, eso que llaman / cielo, mínima flor, Mar Amarillo
/ y a lo he visto. No tengo tiempo. Antes / hay que poner los hombres en su sitio” (Blas de Otero).17
_____________
16 Zygmunt Bauman, La ambivalencia
de la modernidad y otras conversa-ciones, Paidos, Barcelona 2002, p. 66.
¿Poner los hombres, o poner los nombres en su sitio? ¿Por qué hay que
pensar que una de las dos tareas tiene preferencia sobre la otra... o que se
trata de tareas distintas? ¿Lo son en los mejo-res poetas “sociales”? ¿En el
propio Blas de Otero? ¿En César Vallejo? ¿En Gonzalo Rojas? ¿En René Char? Éste
acaba el más impresionante de los documentos poéticos de la resistencia al
nazismo, Hojas de Hipnos, con la anotación siguiente: “En nuestras tinieblas no
hay un sitio para la Belleza. Todo el sitio es para la Belleza”.18 En este
caso, el poeta provenzal tiene razón frente al bilbaíno: los dos lo saben y se
hubieran puesto rápidamente de acuerdo.19
Albert Camus, el amigo de René Char, lo dijo con las palabras justas:
“Está la belleza y están los humillados. Sean cuales sean las dificultades que
la empresa pueda presentar, jamás debería desear ser infiel ni a los segundos
ni a la primera”.20
No ser infiel ni a la belleza, ni al compromiso con los humilla dos. Hay dos formas de
poesía política: aquella que dice “este mundo es inaceptable” (en los
territorios de la denuncia, la sáti-ra, la diatriba, etc.; en los espacios
ético-políticos abiertos por la sílaba del no), y aquella que muestra que “otro
mundo es posible” (como con tanta fuerza ha afirmado el movimiento
alterglobalización en los Foros Sociales Mundiales reunidos en Porto Alegre y
Bombay estos últimos años), en los territorios de la belleza. De la primera no
podemos prescindir, pero la segunda es superior. No es que en nuestras
tinieblas haya un sitio para la Belleza. Todo el sitio es para la belleza.-
_________
17 BELLEZA QUE YO HE VISTO ¡NO TE
BORRES YA NUNCA! Poema de Blas de Otero recogido en Leopoldo de Luis, Poesía
social española contemporá-nea, op. cit., p. 289.
18 René Char, Furor y misterio
(edición de Jorge Riechmann), Visor, Madrid 2002; fr agmento 237 de Hojas de
Hipnos.
19 Quizá sobre una posición
semejante a la siguiente: “En términos literales no escribo poesía social y
menos aún poesía política. Trato de lograr be-lleza o que la belleza surja.
Considero que ésa es si no mi única obliga-ción, mi obligación mayor. Pero ¿qué
belleza? ¿La belleza en abstracto, desasida del mundo, los seres y las cosas?
En absoluto: la belleza concre-ta y deseable sin la cual el hombre no puede
vivir y menos crecer y mejo-rar su condición humana. Se trata de una concepción
estética, sí, mas también un compromiso ético en toda regla”. Jos é Viñals,
Huellas dacti-lares, Montesinos, Barcelona 2001, p. 117.
20 Cita esta frase, apropiándosela
como lema, el gran Zygmunt Bauman en La ambivalen cia de la modernidad y otras
conversaciones, op. cit., p. 63.
12
“Todo está por hacer”, escribía Celaya en un poema de 1954.21 “Todo está
por hacer”, escribimos hoy, y el mensaje de espe-ranza se nos quiebra a veces
en un treno de derrota. Porque todo sigue por hacer, pero el tiempo se acaba.
Existe un enorme potencial —hoy, en buena medida anquilo-sado— de
imaginación, de capacidad creativa, de relación con el otro, de amor y
solidaridad. En el mundo tanático que habi-tamos, hay grandes reservas de Eros.
La reducción de lo hu-mano a relaciones mercantiles es un fenómeno criminal que
casi tendríamos que llamar antropocidio: por eso, hay razones específicamente
existenciales y morales para acabar con el ca-pitalismo.
La cultura del capitalismo se basa en la idea —intelectualmente ruinosa—
del intercambio igual; en cambio, todo lo que hace que la vida sea valiosa
tiene que ver con el regalo. Ya sólo eso nos hace intuir una incompatibilidad
esencial entre el capita-lismo y la vida.
Lo humano, el abanico de las posibilidades humanas, es un continente apenas explorado
y sin embargo gravemente ame-nazado: como la biosfera, ese vulnerable mundo
natural que habitamos. Es responsabilidad de todos y cada uno, cada una, tratar
de detener esa catástrofe antropológica, ese antropocidio. Todo por hacer y el
tiempo se acaba.
__________
21 TODO ESTÁ POR INVENTAR (1952),
en Itinerario poético, p. 90.
¿Puede ayudar la poesía? Quizá con su capacidad de extraña-miento. Ver
el mundo con ojos nuevos es una condición previa para poder transformarlo, y la
poesía, que nos ayuda a desau-tomatizar la mirada y la expresión, nos permite
ver el mundo con ojos nuevos.
Hugo von Hofmannsthal sobre Jean Paul: “Sus libros tienen la tendencia a
hacer lo próximo tan lejano y lo lejano tan próxi-mo, que el corazón puede
abrazarlos a la vez”. Ése es el movi-miento de verdad de la escritura
verdadera, con todo su poder de extrañamiento.
Capacidad de extrañamiento de la poesía, en un doble sentido:
extrañarnos es asombrarnos, y también es distanciarnos, su-mergirnos en la
alteridad. Cuando la poesía es anhelo de lo otro, resulta natural la alianza
con la revolución.
13
Contra la charlatanería, más que nunca; y a favor del rigor y de la
razón, que son la promesa del encuentro entre seres humanos en un espacio común
(y de los que sólo los necios piensan que se oponen a la poesía).
¿Qué puede la poesía?, les preguntan una y otra vez a los poe-tas. La
poesía puede recordarnos que somos mortales; que la frágil lumbre de la
conciencia está entretejida de palabras, y que éstas son material inflamable;
que no tenemos que aceptar las definiciones de lo nombrable y lo innombrable
impuestas por el Amo; que la belleza siempre está ahí, dispuesta o posi-ble;
que la tragedia forma parte de nuestra condición; que el ser humano aspira a lo
abierto y merece superar los espacios de reclusión y oclusión.
La poesía (en su doble función celebratoria y crítica) puede mantener
abierto el mundo, en positivo, o al menos —en nega-tivo— oponer resistencia a
su oclusión. Desde esta perspecti-va, arte y poesía son imprescindibles e
insustituibles.
14
“Existir es pensar, y pensar es comprometerse”, escribió José Bergamín.
Una fórmula un poco intelectualista para mi gusto. Lo diría más bien así:
existir es estar entre los otros, es hallarse siempre en pleno Mitsein
heideggeriano, y ese convivir recla-ma compromiso.
¿Qué tipo de compromiso?
Quizá nos ayude a deshacer alguno de los equívocos que ro-dean al
concepto una breve ronda por sus traducciones a otras lenguas cercanas.
Comenzando por el término francés engage-ment, quizá el que está más connotado
negativamente: ense-guida nos vienen a las mientes las caricaturas del
intelectual como “sujetapancartas” o “firmamanifiestos” que nos hemos
acostumbrado a rechazar.22
_______________
22 Permítaseme recordar aquí lo que
escribí al respecto hace algunos años:
“La expresión ‘intelectual comprometido’ es equívoca. Compromiso, en un
primer sentido, puede denotar sumisión a una instancia ideológica exterior (que
solía ser un partido político, que solía ser El Partido); en un segundo sentido
denota el esfuerzo por que la palabra tenga consecuen-cias fuera del orden del
discurso (esfuerzo que en principio es compatible con la más rigurosa
independencia respecto a instancias ideológicas ex-ternas). En la primera
acepción, ‘descompromiso’ es sinónimo de inde-pendencia; en la segunda, de
irresponsabilidad. Por eso mismo, la expre-sión ‘poesía comprometida’ es
también equívoca (y no digamos si se pronuncia en francés, poésie engagée).
Según ha señalado Cristoph Hein, rebelándose contra el compromiso en cuanto sumisión a control externo,
una virtud esencial de la poesía es su incapacidad para el compromiso: no sirve
para chalaneos ni claudicaciones” (Canciones allende lo humano, Hiperión,
Madrid 1998, p. 126).
Diré lo que he dicho otras veces. A mi entender, una de las conquistas
irrenunciables de la poesía moderna es su autono-mía (que hay que concebir
dentro del intenso debate sobre la autonomía del arte): creo que la poesía no
debe ponerse al ser-vicio de nada, no debe ser instrumental (y debe evitar
espe-cialmente la instrumentalización política). Pero insisto siempre, con
Brecht, en que no hay que confundir autonomía con autar-quía o libertad de
espíritu con narcisismo; la idea de que la poesía puede quedar contaminada
cuando aborda ciertos temas o ciertas áreas de la realidad me repugna. Este
tipo de exclu-siones no deberían imponerse a la poesía: no existen áreas de la
realidad por donde no pudiera aventurarse la poesía. Sostener que la poesía
política ha de tener un lugar en la república de las letras no equivale a poner
la estética al servicio de la lucha so-cial.23
Después del engagement francés, tenemos el impegno italiano.
“Compromiso” se dice en italiano impegno, que podemos “re-traducir” al
castellano como empeño. Esta traducción incorrec-ta nos proporciona también una
clave interesante: compromiso como empeño, como una tarea ineludible e
inacabable. Empe-ño quiere decir para mí, hoy y aquí: no mentir y no aumentar
el sufrimiento del otro.
Y finalmente, la lengua inglesa: committment. Para hablar del escritor
engagé los británicos precisamente toman del francés el adjetivo engaged, pero
además disponen de otros términos. En particular, committment recoge uno de los
sentidos del “compromiso” castellano que me interesa subrayar aquí: com promiso como vinculación
hacia los demás, en nuestra vida cotidiana y nuestra vida social.-
________________
23 Cf. Jorge Riechmann, “Una
poética de la vinculación”, en Canciones allende lo humano, op. cit., p. 89.
Somos seres radicalmente sociales, y convivir con los demás, desde esa
socialidad radical, implica siempre compromiso. El compromiso en este sentido
es algo muy básico: puede argüir-se, por ejemplo, que la moralidad consiste en
el compromiso con el otro a lo largo del tiempo (y la moralidad, huelga
decir-lo, es un rasgo que nos define como seres humanos, al igual que el
lenguaje).
Con este último sentido, el compromiso como committment, nos
introducimos de lleno en los terrenos de la ética y la socio-logía, donde —en
este período histórico que Zygmunt Bauman ha sugerido conceptualizar como
modernidad líquida 24— se avistan daños enormes. “La fragmentación, el carácter
episódi-co de la vida, y el ascenso de la exención de responsabilidades al
papel de pivote de las estrategias vitales „racionales‟ [se si-túan en] un
lugar que anteriormente había sido ocupado por su opuesto, el compromiso”.25
Dentro de semejante paisaje social, apenas debería sorprender que los poderes
dominantes no pier-dan ocasión de desacreditar el compromiso...
15
La forma más básica de compromiso es el estar juntos durade-ramente:
esto tiene más que ver con el “arte de amar” que con las políticas de partido.
El problema que se planteaba a comienzos del siglo XX era el hombre sin
atributos. El que se nos plantea a comienzos del XXI es el ser humano sin
vinculaciones.
__________
24 Zygmunt Bauman, Modernidad
líquida, FCE, México 2003; el original inglés es de 2000.
25 Bauman, La ambivalencia de la
modernidad, op. cit., p. 131.
En una época en que el descompromiso, la evasión de respon-sabilidades,
la extraterritorialidad de los poderes dominantes y el “arte de la fuga” se han
convertido en el arma principal para ejercer el dominio,26 una poética
resistente es, antes que nada, una poética de la vinculación.
“En las distancias cortas es donde el hombre se la juega”, oí-mos en un
anuncio publicitario. Tomémonos la licencia de en-tender “hombre” como “ser
humano” y aparecerá una verdad: es en el encuentro cara a cara con el otro —la
situación ética por excelencia, diría Levinas— donde nos la jugamos.
Construir una sociedad mundial basada en el cuidado del otro, y en la
hospitalidad hacia las diferencias (y no grupos fundados sobre la aniquilación
del otro): ése es el envite de la historia humana.
Una sociedad donde el lobo descanse junto al cordero, en efec-to. El
lobo no puede dejar de ser lobo, pero el ser humano (de quien se dijo aquello
de homo homini lupus) puede dejar de ser asesino.
Y donde te digan “bienvenido al paraíso”, sal corriendo.
16
La idea sartriana de “las manos sucias” podemos encapsularla en una
expresión muy española: “no se le caen los anillos”. A alguien “se le caen los
anillos” cuando rehúsa algún trabajo o menester por considerarlo inapropiado;
en cambio, si decide “mancharse las manos”, si “se mete en harina”, no se le
caen los anillos.
Que aquí hay riesgos graves no cabe ignorarlo. Bastaría reme-morar los
numerosos cuentos populares en los cuales alguien
____________
26 Bauman, Modernidad líquida, op.
cit., p. 14-20.
está hechizado por llevar cierto anillo mágico, y no puede libe-rarse
del encantamiento sin lograr quitarse el anillo... Aquel o aquella a quien
nunca se le caen los anillos podría por tanto permanecer dormido, actuar
sonámbulo, perderse en el hechi-zo.
“Despierta y no duermas más, / que vienen los pajaritos / can-tando la
madrugá”, dice la copla flamenca-27 Esto es Buda y Cristo, Marx y Rimbaud a la
vez; es el arriver à se reveiller de Henri Michaux. Es el compromiso básico, el
que más nos im-porta.
El enamoramiento del mundo, la celebración del deseo, el sí a la vida
después del no al orden de cosas existente: “Tú del campo eres la flor, / yo
soy viento de la sierra; / ese perfume que encierras / te lo voy a robar yo /
pa‟ perfumar toa la tie-rra”.28
Hace unos años escribía yo: la poesía es una propuesta de fuga. Propone
una evasión de la falsificación de la existencia, hacia un entrañamiento en la
realidad. Es implacable, tiene poca pa-ciencia, se compromete, no acepta
compromisos.29
Para decirlo sin ambages: uno debe, al mismo tiempo, com-prometerse y no
aceptar compromisos.
Y frente a los defensores de las esencias, recordar que la perse-cución
de una pureza quimérica es siempre traición a lo hu-mano (pues somos seres del
inacabamiento, la escisión y la mixitud).
___________________
27 J. Alberto Fernández Bañuls y
José Mª Pérez Oro zco, Joyero de coplas flamencas, Biblioteca de la Cultura
Andaluza, Sevilla 1986, p. 70.
28 Joyero de coplas flamencas, op.
cit., p. 182.
29 En “No te acostumbres a las
excepciones” (1989), texto recogido en
Poesía practicable; ahor a en Un zumbido cercano, Calambur, Madrid 2003.
El problema del humanismo es la autosatisfacción: dar por sen-tado que
la humanidad es algo que ya se posee, en lugar de un proceso inacabado e
inacabable que exige constante atención, compromiso, combate. El problema del
antihumanismo es, sencillamente, que se trata de un disvalor.
17
En última instancia, son las elecciones humanas las que distin-guen lo
humano de lo inhumano. Frente al “no hay alternativa”, prácticamente siempre
puedes contestar: cabe optar entre el sí y el no. Que no nos vengan con
cuentos...30
A comienzos del siglo XXI está en riesgo la humanidad, el se-guir siendo
humanos (o el llegar a ser humanos, quizá); y está en riesgo la habitabilidad
de este planeta para los seres huma-nos. Es decir, nos amenazan casi los
máximos daños imagina-bles. En una situación así, resulta sorprendente la
insensibilidad con que la cultura dominante en un país como el mío intenta
proseguir el business as usual.
___________________
30 Pocos pensadores del siglo XX lo
han expresado con más firmeza que el sociólogo polaco Zygmunt Bauman. A lo
largo de toda su obra, y muy es-pecialmente en Modernidad y Holocausto, ha
analizado cómo los órde-nes sociales son cómplices de la deshumanización. Pero
“en lugar de op-tar por lo fácil y llevarse las manos a la cabeza en
desesperación por la falta de humanidad imperante, Bauman trata de recobrar
siempre la po-sibilidad de la humanidad. El quid de la cuestión es que los
humanos no tienen que ser forzosamente inhumanos, ni siquiera cuando viven en
cir-cunstancias sociales e históricas que hacen que el trato cruel a los demás
se perciba como normal y sin consecuencias. Siempre es posible elegir ser
humano, siempre es posible elegir ser moral. En esta elección estriba la
dignidad humana. Y el papel de la sociología es mostrar que siempre se puede
elegir una conducta moral, ya que todas las estructuras y pensa-mientos que nos
dicen que tal opción es imposible son enteramente con-tingentes” ( Keith Tester
en el prólogo a La ambivalencia de la moderni-dad, op. cit., p. 27).
No son tiempos normales, sino tiempos excepcionales; y lo que
necesitamos no es autocomplacencia ni apología de la normali-dad, sino
conciencia de lo insoportable. A una práctica cultural que no olvide esto
llamadla, si queréis, compromiso. Compro-miso con la suerte de la humanidad y
con el destino de la bios-fera.
Si el sentido principal de la cultura humana es no clausurar, entonces a
la poesía le corresponde un lugar central en esa cul-tura.
18
“Si se sustituye la sociedad por el mercado, inmediatamente la cultura
se convierte en moda”.31 La trampa para el poeta: pres-tarse a funcionar como
alma de una sociedad desalmada. La trampa para el intelectual comprometido:
prestarse a funcionar como conciencia de una sociedad corrompida y corruptora.
______________
31 “El narcisismo individualista
[se ha] difundido y generalizado por toda la sociedad como actitud dominante.
El descubrimiento de temas y sensibi-lidades por parte de los movimientos
culturales de los sesenta ha servido para fraguar una identidad diferente del
individualismo clásico, pero esa nueva identidad se ha construido de espaldas a
un proyecto colectivo, alternativo o común, lo que era desafío edípico a las
imposiciones bur-guesas se ha convertido en un hedonismo activo y agresivo. En
este es-pacio de modificación profunda de las estructuras productivas del
capita-lismo postindustrial, lo social como proyecto ha caído en el vacío
(Lipo-vetsky), la cultura se presenta como un proceso de combinación de for-mas
y de formalización del gusto, de representación neobarroca (Cala-brese), de
moda y superficialidad; lo que no resulta extraño porque si se sustituye la
sociedad por el mercado, inmediatamente la cultura se con-vierte en moda. El
postmodernismo como lógica cultural del capitalismo tardío (Jameson) se aparta
de cualquier vinculación entre la cultura y la política cotidiana activa,
rompiendo así un planteamiento que había sido básico y fundamental en los
nuevos movimientos sociales de los años se-senta” (Luis Enrique Alonso)
Hace falta una dosis elevada de amor y de rabia para escapar de esas
trampas.
Interrogado en 1969 sobre la eficacia de la acción del escritor,
Jean-Paul Sartre contestó: esa eficacia “sólo puede consistir en evitar lo
peor”. En el mejor de los casos, evitar lo peor. Paco Fernández Buey suele
recordar que Maquiavelo, en los oríge-nes de la modernidad, escribió que la
única forma de llegar al paraíso —si hubiera una— es conocer los caminos que
condu-cen al infierno para evitarlos.
Manuel Sacristán señalaba que la ciencia como conocimiento transforma
sólo al sujeto, y es así como, indirectamente, puede transformar el mundo.32 Lo
mismo vale para la poesía.
En Francia, en algunas manifestaciones de parados y “jóvenes airados”
durante los noventa, se desplegaron pancartas con la admirable consign a
RÉSISTANCE / EXISTENCE.33 Ésa es la ten-sión con que se movían poetas como Blas
de Otero o Gabriel Celaya, y ésa es la tensión que queremos nosotros para
nues-tros movimientos.
Los poderes hoy dominantes desean que tu mente sea un tebeo; algunos
contrapoderes desean que se parezca a un catecismo. Pero tu mente puede ser una
sinfonía, un palacio blanco, un volcán submarino. También es Bergamín quien
escribió: “A veces, no comprometerse es lo que suele comprometer. Por eso, la
mejor manera de no comprometerse es estar ya com-prometido. En arte, como en
todo, hay que empezar por com-prometerse”.
¿Por qué ha de estar organizado el mundo bajo el principio del
beneficio? y ¿por qué ha de ser la belleza una excepción? si-guen siendo las
preguntas. Las dos grandes preguntas.
_______________
32 Manuel Sacristán, M.A.R.X.
(máximas, aforismos y reflexiones con algu-nas variables libres), ed. de
Salvador López Arnal, Libros del Viejo Topo, Barcelona 2003, p. 181.
33 Brian Holmes: “NE PAS PLIER”,
Fuera de banda 2 (nueva época), Valen-cia, primavera de 2000.
Mientras nos queden territorios para la retirada y espacios de
resistencia, nada está perdido. Y creo que esos espacios persis-tirán.
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