© Libro N° 8730. Un Ramo Para Isveth. Cobaleda, Miguel. Emancipación. Junio 19 de 2021.
Título
original: © Un ramo para Isveth. Miguel
Cobaleda
Versión Original: © Un ramo para Isveth. Miguel Cobaleda
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Miguel Cobaleda
Un ramo para Isveth
Miguel Cobaleda
Un ramo para Isveth
de silene nocturna, centaurea cyanus, scabiosa
stellata, bellardia trixago, veratrum album
Miguel Cobaleda
(Ramo silvestre en cinco flores para novia y
ceremonia.)
PERSONAJES
PAPAMUER
MAMAMUER
NIÑABÓ
MALOCA
GORDOPÁ
SOL-DA-DI-TO
ISVETH
ESCENA I: SILENE NOCTURNA
A la izquierda del espectador, lateralmente a éste
y mirando hacia las cajas de la
derecha, PAPAMUER y MAMAMUER, cada
uno en su silla, esperan. Sobre sus rodillas,
verticalmente, reposan sendos marcos de los que
suelen ponerse en las fotos de los abuelos muertos que nos miran desde el salón. Cada marco tiene un
cristal, de forma que sus rostros
aparecen tras ellos aunque no estén, ni
mucho menos, tan hieráticos como sería de esperar.
Sujeta cada uno su marco con las dos manos, y están
en una quietud más relajada que
absoluta, más del descanso que de la
muerte. Unos pasos delante del lugar de 1
MAMAMUER hay un candelabro con una vela muy alta,
pero no muy gruesa, que no llega a ser cirio, y algo más lejos aún, pero poco,
una imaginera simple, donde se puedan meter y sacar, fácil y rápidamente, las
estampas de los santos a que era en vida tan aficionada la señora, de forma que
los tenga ante sí, y pueda contemplarlos.
Del mismo modo, delante del lugar de PAPAMUER, hay
un alto clavelero en donde colocar de tanto en tanto simples flores silvestres
que alegren su mirada cansina, ya que fue la herboristería su principal
afición, y quizá lo siga siendo.
A veces, las conversaciones y comentarios de
PAPAMUER y MAMAMUER se mezclan tranquilamente con las de los otros personajes,
interviniendo en la charla general, respondiendo o preguntando. A veces son
privadas y permanecen tras los marcomuer, en cuyo caso el director de escena
puede optar o bien por superponer las chillonas voces de los dos abuelos al
tono normal de los otros, o bien mantener al resto de los personajes
-interrumpida su conversación- inmóviles y silentes, mientras hablen los muer,
para recuperar palabras y gestos cuando ellos finalicen. Viene a dar lo mismo,
pues ambas cosas son bastante absurdas.
Al fondo de la escena hay un bulto de forma
prismática: asiento, mesa, cama... Es alargado, paralelo al proscenio y, por su
color neutro y su presencia discreta, debe pasarle al espectador casi
desapercibido. En el proscenio, a la derecha del espectador, encontramos un
raro alambique, de mucha apariencia y complicada función. Queda a la iniciativa
del director la forma y construcción de este aparato, que tanto puede ser algún
artilugio de antiguo laboratorio, como puzzle de chismes diversos, aunque siempre
con la apariencia de instrumento para destilaciones o alquimias. Tendrá una
función simbólica más que real por lo que deberá entenderse como una escultura
más que como una máquina. Casi retirado del paso, debe tener presencia, pero no
debe estorbar ni vista ni acción.
Cuando se levanta el telón PAPAMUER y MAMAMUER
están silentes, quizá dormitan; el florero vacío, la vela apagada, hueca la
santera.
Entra ISVETH, novia dulce, dulce novia, amor de los amores, con una bayeta en la mano. Los
abuelos se 2 «animan», cabe/su/la
muerte.
Mientras transcurre la conversación, y al margen de
otras acciones que se indiquen en su momento, ISVETH arregla la funda de la
cama-sofá, limpia el polvo del alambique, saca brillo a los cristales de los
marcos, pone la estampa en la santera... Pero lo primero de todo, nada más
entrar, enciende el cirio, con cerillas que saca del bolsillo de su bata.
ISVETH.- Hoy me he retrasado un poco, pero Niñabó
me viene persiguiendo por toda la casa. No me deja parar... Acabo de
despistarla en la cocina...
PAPAMUER.- No te preocupes, hija, para la prisa que
nosotros tenemos Únicamente
tu abuela, que ...
MAMAMUER.- ¡Cállate, viejo muerto! ¿Qué sabes tú de
cosas de mujeres? Isveth,
querida, ¿qué santo me traes hoy?
ISVETH.- Lunes, Mamamuer , hoy es lunes, así que toca San
Asgardo Bendito.
PAPAMUER.- Seguro que no ha existido ...
MAMAMUER.- Patrón de las preñadas en mayo y abogado
de fetos albinos. Pues mira, Isveth, es buen
presagio, porque ...
MALOCA.-
(Entrando muy agitada.)
¿Has visto a
Niñabó? ¿Estás
otra vez hablando con tus abuelos? ¿Cuántas
veces te he dicho que es de mal gusto hablar con
los muertos de
los retratos? ¡Hola, Papamuer! Mamamuer, ¿cómo
estás?
(Se acerca al alambique y trastea con él, bajo la
aprensiva
mirada de ISVETH, que parece temer que lo
desmorone,
como finalmente hará, cuando mejor convenga. La
conversación no se detendrá por ello, sino que
seguirá
tranquilamente su curso, mientras ISVETH, dejando
lo
que haga en ese momento, vuelve a armar el chisme,
y
MALOCA se sienta alejada de allí )
ISVETH.- En la cocina la he dejado, aunque me ha
costado
librarme de ella.
PAPAMUER.- Hola Maloca, ¿hueles el airecillo
silvestre que
baja de la sierra? 3
MAMAMUER.- Si crees que te voy a responder, vieja
loca ...
San Asgardo Bendito Es
estupendo, Isveth, porque como te
casas a finales de abril, lo más probable es que
quedes preñada
en mayo, y tendrás un hijo albino de tu
soldato-soldito. Quiero
tejer un traje blanco para tu hijo blanco. Bendito
sea San
Asgardo, patrón de las preñadas en mayo, abogado de
los fetos
albinos, mártir que fue por desgarro de entrañas
con feroces
hierros. En su ermita crecen la borbonesa y sus
hermanas, y
dicen que también ayuda en casos de extravío del
misal.
MALOCA.- Llevo horas buscándola. Preguntan por
ella.
ISVETH.- Estupendo: así me dejará en paz un rato.
PAPAMUER.- En esta época, con el soplo suave de la
valletana, se encarrila por los cañones de la
sierra un aroma que
llega hasta nosotros. Es delicioso.
MALOCA.- Es tu soldato-soldito el que pregunta por
Niñabó.
Tú sabrás para qué, me imagino.
ISVETH.- ¿Ha venido el soldadito?
MALOCA.- ¡Cuánto te vamos a echar de menos! Esta
mañana me lo decía Gordopá, cuando nos despertamos
y olimos
el desayuno que preparabas, un instante antes de
que llamases a
la puerta ...
ISVETH.- Me tendréis en casa cada hora. Acabaréis
por
echarme a patadas.
MALOCA.- Por cierto, tenemos que pensar en irte
probando
el traje. La abuela era algo más alta que tú, y
habrá que hacerle
arreglos. No es prudente dejar estas cosas para el
último
momento.
ISVETH.- Habrá tiempo para todo ...
SOL-DA-DI-TO.- (Entrando, como con prisas, besando
urgente a todo el mundo, MUER incluidos.) ¡Hola a
todos!
ISVETH.- ¡Soldadito! No te esperaba, qué ale ...
SOL-DA-DI-TO.- Niñabó me ha llamado a primera hora,
para no sé qué. Estaba en la ducha y no sé qué
quiere.
MALOCA.- Alguno de sus desastres, me imagino. Como
eres
el que la sacas de todos sus líos 4
SOL-DA-DI-TO.- Pero no la encuentro, y no puedo
esperar más.
ISVETH .- Estaba en la cocina hace poco... Siento
que hayas tenido que correr por esa alocada. ¿Tienes mucha prisa? Seguro que no
te necesita para nada importante, así que no te retrases.
SOL -DA-DI-TO.- Es la revista, dentro de siete
minutos, justos los que necesito para llegar a toda marcha. Ya la veré. Le
decís que vine. Esperemos que la cosa no fuera urgente... (Besa a ISVETH a toda
prisa, y levantando la mano en saludo general, se marcha con rapidez.)
PAPAMUER.- Vieja muerta, ¿te he dicho que me cae
muy bien el soldato-soldito de Isveth?
MAMAMUER.- Igual de bien a mí, de Isveth el
soldato-soldito.
PAPAMUER.- Maloca se ha buscado un buen yerno.
MAMAMUER.- No ha sido Maloca: esa estúpida no sabe
ni hacer la genciana de Isveth, solamente sabe despanzurrar el alambique. Ha
sido la propia Isveth la que se ha buscado su apaño, pero tú eres tan estúpido
como tu hija y confundes las cosas.
ISVETH.- Ya sabéis que odio veros discutir. ¿No
podéis llevaros como personas educadas?
MALOCA.- Siempre se trataron como el perro y el
gato, mientras vivieron. No iba a ser ahora diferente. Voy a buscar a esa niña
tonta, a ver dónde se ha metido. (Sale.)
PAPAMUER.- Por cierto, Isveth, dulce novia: ¿no me
has traído nada hoy?...
ISVETH.- ¡Anda!... Perdona, abuelo. (Saca del
bolsillo una pequeña rama, que coloca cuidadosamente en el clavelero.) Con la
conversación, y luego la sorpresa de soldadito...
(Aparece muy silenciosamente NIÑABÓ, que es una
jovencita con aire entre estúpido y desvergonzado.
Viene
completamente envuelta en una sábana, que sólo deja
ver
su cabeza y sus pies, calzados con pesadas botas
militares.
Sus gestos serán siempre muy ceremoniosos y
rituales,
especialmente cuando trabaje con el alambique, pero
teniendo mucho cuidado de que la sábana se mantenga 5
constantemente en su sitio.)
NIÑABÓ.- ¿Quieres ya tu genciana, Isveth?
ISVETH.- Por fin apareces. Soldadito ha venido a
ver qué te pasaba, o qué querías, pero como te esfumaste... Estás cuando
estorbas, pero cuando se te necesita, entonces...
PAPAMUER.- (Con voz solemne, muy ritual, en la
actitud de un sacerdote que recita sagradas y misteriosas palabras.) Silene
nocturna, de cinco lóbulos y cinco pétalos, cinco cinco, rosados al haz,
amarillos al envés, de suave aroma, duermen por el día, nacen al atardecer,
cáliz tomentoso, de dientes largos y estrechos, hojas agudas, tallo erecto de
escasa rama, hermafrodita.
NIÑABÓ.- ¿Te preparo tu genciana?
(Se pone a ello, con la eficacia y la belleza de
gestos de la larga práctica. Es, al parecer, trabajo complicado, pero no le
llevará mucho tiempo, aunque en este trozo de conversación sus respuestas serán
un poco lentas, como quien atiende a dos cosas.)
ISVETH.- ¿Para qué le necesitabas?
NIÑABÓ.- ¿Jugamos a los ecos libres?
ISVETH.- Ya veo que no me quieres responder...
NIÑABÓ.- Si jugamos a los ecos vivos, los ecos te
lo dirán.
ISVETH.- ¿Y qué haces con esa sábana y con esas botazas?
NIÑABÓ.- Me he levantado perezosa, y no me he
vestido. No
iba a andar desnuda por la casa ...
ISVETH.- Hace un rato, en la cocina, estabas
vestida.
NIÑABÓ.- Cosas mías. Si quieres saber, juega
conmigo a los
ecos de decir y olvidar, y los ecos lo contarán.
ISVETH.- No sirve ahora. Recuerda que la próxima
vez que
juguemos a ecos de retorcer el tiempo, me tocará a
mí ser la voz.
Mejor será que me lo digas tú misma. 6
NIÑABÓ.- Toma tu genciana. Está en su punto.
ISVETH.- Y has tenido a mamá buscándote por toda la
casa...
Aunque si andabas con esas botas, es raro que no te
hayamos oído.
NIÑABÓ.- Son las botas de volver.
ISVETH.- ¿Estamos ya jugando a ecos?... Todavía no
he
dicho que estuviera dispuesta a jugar...
NIÑABÓ.- Estamos.
(A partir de este momento todas las palabras de
NIÑABÓ
son repetidas por un coro, ya sea el que forman
PAPAMUER y MAMAMUER, o un coro de colegialas que,
si se opta por esta alternativa, surgirán desde las cajas, interpretando, con
voces lejanas y destempladas, un eco distorsionador y neutro, al mismo tiempo
que coreografían, de forma somnolienta y desganada, el corro de un patio de
colegio.
ISVETH recibe las palabras como golpes, y siente
cada sílaba, dardos los sustantivos, lanzas los adjetivos, rayos los verbos,
sonidos de fiera garra, de fauces incesantes.
NIÑABÓ, mientras habla, se desnuda de su sábana, y
luego, uno a uno, de la compleja serie de harapos que la cubren, informes,
sucios, como vendas de larga y oscura trayectoria, hasta quedar finalmente...)
NIÑABÓ.- Me despertó el amor, sin despertarme, en
mi lecho,
CORO.- Me despertó el amor, y era el amor, en mi
lecho.
NIÑABÓ.- estaba a mi lado, me hablaba con las
caricias de
sus labios, el azogue de sus dedos inquietos,
CORO.- Me despertó el amor, en mi lecho, con sus
dedos de
azogue.
NIÑABÓ.- siempre estaba el amor a mi lado, siempre
y desde
antes y siempre, y era mío y no estaba la tiniebla,
CORO.- El amor, la tiniebla, mi lecho.
NIÑABÓ.- a la espera del descuido más ligero, del
sueño más 7
breve.
CORO.- La tiniebla, con su sable de luz apagada.
NIÑABÓ.- No temía yo que al despertar no estuviera
la
mañana completa, ni temía yo que al despertar
faltase el sol o el
trino, ni era posible ...
CORO.- No era posible.
NIÑABÓ.- que
el azogue de sus dedos no reflejase la
redonda recta de mis curvas de niña, nervio a
nervio, sintiendo
el amor desde sus labios inquietos, desde sus dedos
de azogue.
CORO.- Mis rectas de niña, mis curvas de mujer, el
tiempo sin
tiniebla, el amor en mi lecho.
NIÑABÓ.- No era posible la tiniebla, con su
uniforme de
guerra, con su espada de sombra, con su acero de
distancia, con
su maza de poner en el tiempo la ponzoña del lejos.
CORO.- Sembrar distancias, la tiniebla vestida de
irse.
NIÑABÓ.- Cada día en el sueño soñando el amor, y el
amor
al despertar haciendo día a día un nuevo diseño de
mis carnes
profundas, desde la cueva del alma hasta el cenit
de mi piel.
CORO.- El amor sin tiniebla, el amor de mariposas
seguras, de
libélulas grabadas en el tiempo con un cincel de
piedra
NIÑABÓ.- Para ver un día ...
CORO.- Y un mazo de esperanza.
NIÑABÓ.- que
la tiniebla ha vuelto, que ha nacido a tu lado,
que ha crecido en tu alcoba, que ha incubado en el
hueco de tu
propio pecho, en el mismo pezón en que el amor
ponía libélulas
eternas.
CORO.- Mariposas de agua, que se borran gota a
gota.
( con un
breve camisón de niña, ajado y sudoroso de una
mala noche, refugiándose entonces en los brazos de
ISVETH, sentadas las dos al fondo de la escena,
juntas y
sollozantes, mientras el CORO de colegialas se
difumina en
la nada, se apagan las luces y queda solamente el
cirio
encendido. A tan escasa luz las dos siluetas
silenciosas de
los abuelos son el contrapunto de las palabras
restantes.) 8
NIÑABÓ.- Pronto te irás, y ya nunca volveré a
encontrarte en mi cama al despertar, ni sentiré la caricia de tus dedos, el
olor de tu pelo...
ISVETH.- Eso hubiera acabado cualquier día, aunque
yo no me fuese. Bien está despertar así a mi hermanita pequeña, que es aún una
niña...
NIÑABÓ.- Ya no, ya nunca, que tus dedos hicieron
que dejase de serlo...
ISVETH.- No sabes lo que dices...
NIÑABÓ.- No es posible no saber lo que te estoy
diciendo, cuando se hace palabra. No es posible no saberlo si los dedos y los
labios te lo explican mañana a mañana, caricia a caricia.
ISVETH.- Has confundido, niña, has confundido...
NIÑABÓ.- Pero vino el soldado con su uniforme de
guerra, con sus armas de guerra, con sus ojos de guerra, con sus labios de
guerra... Ahora te irás y nunca volveré a despertarme...
ISVETH.- Estaré aquí todos los días, jugaremos al
eco de no morir el tiempo, hablaremos con los retratos de los abuelos, harás en
el alambique mi genciana destilada... ¿Es que acaso no quieres volver a verme
nunca?
NIÑABÓ.- Acaso la tiniebla no me deje volver a
querer. Acaso... (Silencio.) Me disfracé como mis propios deseos, con los
negros harapos de... y la blanca sábana de... Y me calcé las viejas botas de
guerra, y la cité en mi tiempo y en mi terreno, para luchar contra ella, contra
la tiniebla, contra tu brujo soldado de hielo que te lleva más allá de mis ecos
y de mis recuerdos..., pero cuando vino no supe cómo ni dónde clavar una espada
que no tengo en esta mano temblorosa...
ISVETH.- (Con una mezcla de temor y piedad.) Niñabó ,
Niñabó ,
Niñabó (Acariciando con ternura, pero
con
distanciada sorpresa, la cabeza de su hermana.) Mi
hermana
niña de ayer y de nunca Mi hermana para siempre desde hoy
en la nada ...
NIÑABÓ.- No olvides decirle cuando vuelva, que me
arregle ,
(Se suelta, se separa, respira hondo, habla desde
una nueva y definitiva lejanía.) que me arregle el
despertador
de campana. Hace tanto tiempo que no lo uso 9
(Silencio. Las dos hermanas miran al frente, ajenas
ya a
todos los pasados.)
¿Qué flor tiene hoy el retrato del abuelo?
ISVETH.- (Levantándose.) No sé..., no le oí cuando
lo dijo...
Una flor de la noche.
(Apaga de un soplo el cirio. Telón.)
ESCENA II: CENTAUREA CYANUS
Cuando se levanta el telón están en escena todos
los
personajes.
PAPAMUER, con el marco apoyado en el suelo, a un
lado, e igualmente retirado para que no estorbe el clavelero, está jugando con
GORDOPÁ a un juego de mesa, que tal vez podría ser el ajedrez, pero que no
parece serlo a juzgar por las expresiones que de vez en cuando se les escapan a
los dos jugadores, lo mismo que a SOLDATO-SOLDITO, que observa muy atentamente
el desarrollo de la partida, la cual durará prácticamente toda la escena. Los
tres están sentados, PAPAMUER en su sitio, GORDOPÁ frente a él en una silla
similar, y SOLDATO-SOLDITO más allá, entre los dos, de frente al proscenio,
mirando al tablero. No hay flor alguna en el florero.
MALOCA e ISVETH cosen sentadas en el mueble del
fondo, un poco separadas la una de la otra, pero
trabajando en la misma tela, que pronto sabremos
que es
el traje de novia de la abuela. Cuando en una
escena
posterior ISVETH sea vestida para su ceremonia,
comprobaremos que el atavío entero es completamente
libre, abstracto, por lo que la pieza que ahora
cosen puede
ser cualquier cosa, aunque de blanco color.
Trabajan un 10
rato, pero no coserán todo el tiempo.
A lo largo de toda la escena, MAMAMUER y NIÑABÓ
estarán entregadas a una complicada y reiterativa liturgia: con una extrema
lentitud de movimientos, la abuela se levantará de su silla, dejando el marco a
un lado, y sorteando cirio y santera, saldrá al centro de la escena, donde
mirará desorientada a todos lados, para dirigirse al alambique; llegada allí,
desfallecerá y será sostenida por la muchacha, con cuya ayuda volverá a su
silla. Un instante después comenzará todo de nuevo, pero ahora hacia los hombres
de la partida, y regreso. Más tarde hacia el grupo de la costura, y regreso.
Luego, en seguimiento de NIÑABÓ, esté donde esté, hasta que desfallezca y
regresen como siempre. Antes de cada vuelta ha de tener tiempo de mirar con
gran atención algún elemento, el chisme de alquimia, el tablero, la labor de
costura, con asombro de recién nacido. El último gesto de cada rito será
siempre que la muchacha recoja del suelo el marco y se lo ponga a su abuela
sobre las rodillas. Todo este trajín no interrumpirá la intervención que ambas
mujeres tengan en las diferentes conversaciones, ya sean integradas o en
aparte, y los otros personajes no se darán por aludidos en ningún momento, como
si nada ocurriese, incluso si la vieja cae al suelo alguna vez antes de que la
muchacha la ayude a regresar.
El cirio está encendido ya cuando se levante el
telón.
MALOCA.- Habrá que pintar de azul, sobre todo
teniendo en cuenta tu boda.
ISVETH.- ¿Por qué de azul?
MALOCA.- No lo sé. No creo que lo sepa nadie. He
leído en algún sitio que en otras épocas, o lugares, era el blanco, el negro,
el mismo amarillo... No sé, supongo que es un modo de simbolizar la pérdida...
Esta tela está demasiado gastada. Tal vez no haya sido buena idea, después de
todo: la boda de tu abuela fue hace tantos años...
MAMAMUER.- ¡Qué tendrá eso que ver con la tela!...
Durará más que tú, y más que tus puntadas torpes,
que la maltratan y la rompen. ¡Que se lo ponga tal y como está, no sea que lo
dejes hecho un harapo con tus manazas!
PAPAMUER.- Veamos si eres capaz de parar ese
centelleo 11
que mi escámide amenaza por el flanco de tu
felista.
GORDOPÁ.- Seguro. Me parece que no has visto el
refulg de
los dos astoltes de asalto.
PAPAMUER.-
¡Pican áltimos! Los
has tenido bien
escondidos ...
SOL-DA-DI-TO.- Y cuidado con las brilláridas de
reserva ...
GORDOPÁ.- Muchacho, tú ver y callar.
ISVETH.- No te enfades, abuela, que siempre estás
lo mismo.
Desde luego, ¡qué tela tan bella! ...
MALOCA.- Si no fuese por tu boda podríamos
ahorrarnos la
pintura de la casa, porque aquí no viene nadie como
no sea para
ocasiones muy especiales. Pero en estas
circunstancias todo el
mundo nos visitará, y no está bien que vean las
paredes del color
de siempre.
MAMAMUER.- Es capaz de ahorrar del aire que
respira. Y
ya verás como pinta solamente la entrada, el
pasillo, y la sala, lo
que se ve.
ISVETH.- ¡Abuela!
MAMAMUER.- Si es verdad Por cierto, niña, la santera
está vacía desde esta mañana ...
ISVETH.-
(Sacando una estampa
de su bolso,
y
acercándosela a su abuela -que la pondrá ella misma
en la
imaginara cuando regrese a su lugar-.) Santa
Solinancia de
Asdibalia. La de los ojos de fuego. ¿No es eso?
MAMAMUER.- La misma.
ISVETH.- La llevo en el bolso desde ayer, pero con
tanto lío
de preparativos, últimamente me olvido de todo.
Tengo la
cabeza atascada de cosas por hacer.
SOL-DA-DI-TO.- Ya le dije que esas brilláridas ...
PAPAMUER.- Aún no han encendido sus fuegos.
SOL-DA-DI-TO.- Pero no será posible impedírselo, me
parece ...
PAPAMUER.- Eres demasiado joven, chico. Este viejo
astuto no se va a dejar sorprender por ese truco Recuerdo una
partida en que tenía acorraladas, en pleno fulgor,
tres falanstes
de reflejo, el adversario las contaba por ganadas,
cuando hice un
retroceso en espejo justamente por su retaguardia,
y le cogí 12
GORDOPÁ.- Abuelo, al juego.
MALOCA.- No podemos improvisar más. Este mismo
traje te lo tienes que probar, como muy tarde, el jueves. Hay arreglos que
solamente se pueden hacer con el traje puesto. Y yo tengo que tener la casa
pintada para el sábado.
ISVETH.- Si no va a venir casi nadie... Además,
mamá, no la vas a pintar tú, de modo que no te agobies.
MALOCA.- Agobiarme Hija,
¿cómo es posible que digas
eso? ...
ISVETH.- ¡Pero si no me voy al fin del mundo! Voy a
vivir a
dos calles de aquí, a menos de quinientos metros.
MAMAMUER.- Sí, en una calle donde no venden
estampas.
Es muy posible que Santa Solinancia de Asdibalia
sea mi última
visita.
ISVETH.- Venden estampas en todas partes. Hay más
santos
editados que vivos.
MALOCA.- Serán pocos metros según el plano, pero a
mí me
parecen mares enormes que me separan de mi hija del
alma.
¿Cómo voy a cocinar, y a limpiar, y a subir, o
bajar? ¿Cómo
voy a cambiar a diario las flores del retrato de tu
abuelo, limpiar
los marcos, encender el cirio ¿Cómo voy a saber tratar con la
niña, si nunca comprendo lo que me dice y ella
tampoco me
escucha jamás?
MAMAMUER.- Me imagino que a partir de ahora ya
nadie
volverá a limpiar el cristal del retrato. Y en
cuanto a la
imaginera o el cirio, bueno En fin, alguna vez había de
alcanzarnos la catástrofe ...
ISVETH.- Te he repetido un millón de veces que
estaré muy
cerca, pero parece que no te llegan mis palabras. Y
por otra parte
las cosas que hay que hacer son pocas, y no pasa
nada si no se
hacen a diario 13
MAMAMUER.- Santa Solinancia de Asdibalia, la de los
ojos de fuego como dos torrentes de lava, Santa
Solinancia de
ciegos y videntes. Abogada de adivinos y de
solitarios, de
profetas y de locos, de los que miran los corazones
y las grietas
del tiempo.
Santa Solinancia de tiniebla y de luz, que se
arrancó los ojos
para sólo atender a su lumbre interior y no
distraerse con las
ascuas apagadas del sol del firmamento.
Santa Solinancia de los que arrancan con su luz el
corazón de la
sombra, premiada por su valor con dos fuegos
incesantes que
manan de sus cuencas y abrasan la noche terrible de
la muerte.
ISVETH.- ¿Qué
más da si limpias cada día o cada dos
días? Y no
me digas que no sabes cómo tratar a la niña, porque
me parece ...
NIÑABÓ.- Yo limpiaré los retratos, y me ocuparé del
cirio y
del clavelero. La soledad no ha de volvernos ya más
solitarias ...
PAPAMUER.- Un esmerite solitario, jugado como si
fuese
una luzialcatárida, ha sido siempre una de mis
estrategias
favoritas. ¡Y da resultado!
SOL-DA-DI-TO.- Nunca lo hubiese creído posible.
PAPAMUER.- Y cuento, además de ocho soles por el
juego,
tres reflejos de los astoltes y doce refulg de
escámide.
GORDOPÁ.- Un total de 26 astéreos. Mal me veo ...
MALOCA.- Ni siquiera sé hacerte la genciana ¡Pero qué
digo! Ya no será necesario que nadie la prepare,
habiéndote
marchado tú Y
tu padre ...
NIÑABÓ.- Yo haré la genciana en adelante. Y yo la
beberé,
lentamente, sorbo a sorbo, fría.
ISVETH.- Y la casa puedes dejarla de azul por lo
menos hasta
que lleguen los primeros fríos.
MALOCA.- El tiempo justo, ni un día más. La casa no
puede
estar de azul más tiempo del debido. No viene mucha
gente
nunca, pero si llegasen a verla de azul cuando haya
pasado el
plazo ...
ISVETH.- Te dejas influir demasiado por la gente.
Lo que
dirán si no la ven de azul cuando es el tiempo, lo
que dirán si la
ven de azul cuando deje de serlo ¿Qué importa lo que digan? 14
MALOCA.- Es la costumbre, una costumbre muy
antigua. Y
ya sabes la opinión de tu padre ...
ISVETH.- A mi padre, ¿qué le puede importar a mi
padre? ...
Nunca le he oído nada al respecto.
MALOCA.- Porque otras veces no se trataba de él,
pero
ahora ...
GORDOPÁ.- Piden fulgor las aspérides.
PAPAMUER.- Rechazo fulgor y siembro sombra.
GORDOPÁ.- Rechazo sombra y siembro arcistas.
PAPAMUER.- ¿Arcistas en retirada? ¿Estás loco?
GORDOPÁ.- Me arriesgo. El que no se arriesga ...
PAPAMUER.- Tú sabrás. Remato arcistas y vuelvo con
sombra.
GORDOPÁ.- Retiro fulgor, pero las aspérides piden
ahora
verdesol.
ISVETH.- Bueno, mamá, pues la pintas otra vez de
blanco
cuando lo creas conveniente, ¿qué problema hay?
MALOCA.- No estando tú, no sabré cómo hacerlo.
ISVETH.- Niñabó te ayudará, ¿verdad?
NIÑABÓ.- Pintaremos la casa de blanco, y las
paredes de la
casa de blanco, y de blanco las puertas de la casa,
y la entrada y
los cristales de blanco. Y dejaremos el aire de la
casa del oscuro
color que ahora la habita. Porque ya no podremos
estar aún más
solitarias.
MALOCA.- Soy una vieja inútil, que nunca ha sabido
hacer
nada, ni siquiera preparar la genciana, aunque ya
nadie la beba ...
(Las dos mujeres dejan la labor, e ISVETH se acerca
a su
madre y, llena de ternura, la levanta por las
manos, la
obliga a dar unas vueltas como de baile, la va
acercando
hacia el alambique, todo ello con el cariño
vigilante con
que se retira el velo del miedo de la cabeza de un
niño
sobresaltado en su sueño.) 15
ISVETH.- Yo te enseño a destilar la genciana, mi
niña azul, no me llores. Yo pinto tu casa del azul de este tiempo, la limpio
otro día para el blanco que olvida. Vendré tarde a tarde a que tú me la sirvas
desde el mismo alambique en mi taza de piedra.
NIÑABÓ.- Limpiaré y lavaré la taza cada noche, para
que se estrene cada día su brillo.
(A partir de este momento la conversación se
acompasa con los gestos rituales de la preparación de la tisana, realizados con
la ampulosidad y lentitud de quien enseña a otro a ejecutar una tarea. Cada
pieza y cada paso tienen su punto por parte de ISVETH y su contrapunto por
parte de la niña, mientras MALOCA observa temerosa, sin acercarse demasiado al
aparato, como recelando.)
ISVETH.- Beberemos juntas y reiremos juntas.
NIÑABÓ.- Pero no jugaremos a ecos ni a sueños.
ISVETH.- Rasparemos el azul de los cristales en
forma de letras felices que cuenten historias felices.
NIÑABÓ.- Permitiendo que el fino polvillo caiga en
el alféizar para que se vuelva azul la luz de la tarde.
ISVETH.- Y dejaremos que pasen las horas perezosa y
suavemente entre los dedos, mientras bebemos nuestra infusión caliente.
NIÑABÓ.- Apretando con fuerza para que las ortigas
del tiempo se lleven la piel y depositen su fuego, marcando para siempre
nuestras manos y estriando la vida.
ISVETH.- Ahora que estamos a tiempo de aprender,
cuando todo tiene sentido.
NIÑABÓ.- Cuando todo lo pierde, ahora que ya
sabemos. ISVETH.- Y tú misma gustarás su sabor NIÑABÓ.- ¿Amargo...?
ISVETH.- ...y no necesitarás que nadie venga a
acompañarte para reposar un momento tranquila, con tu taza caliente entre las
manos.
NIÑABÓ.- Vacía. 16
(La tarea termina en ese instante, e ISVETH ofrece
a MALOCA la taza, que no sabe muy bien si aceptarla o rechazarla.)
MALOCA.- No sé si ahora...
ISVETH.- Bebe, madre, anímate. Es un sabor amargo
al que uno se acostumbra.
NIÑABÓ.- Como al vivir.
MALOCA.- No creo que sea el momento de empezar
otras
costumbres, con la casa pintada de azul, con tu
padre...
PAPAMUER.- Estás perdido, muchacho, no creo que tus
astroguías logren escapar al cerco de brillocris. Finat.
GORDOPÁ.- Pienso lo mismo. Me retiro. Ha sido una
partida interesante, pero la verdad es que poco ortodoxa.
PAPAMUER.- La ortodoxia es la máquina de perder.
ISVETH.- Precisamente ahora es el momento, ahora
que ha entrado en la casa un nuevo color. Madre, por favor... Anda, madre, que
nos están esperando...
(MALOCA bebe por fin la taza de un solo trago, con
muestras de repugnancia. Todos quedan en absoluto silencio. La partida se ha
terminado, MAMAMUER está por fin quieta en su lugar, el soldado retira el
tablero con cuidado, y las miradas convergen en GORDOPÁ, que finalmente se
levanta y -tranquilo, firme- pregunta:)
GORDOPÁ.- ¿Ya?
(Y, cuando todos asienten en silencio, coge su
silla, la coloca a continuación de la de PAPAMUER, pone delante su tablero de
juegos, se sienta y recibe del soldado un marco con cristal que el joven ha
sacado desde detrás del mueble.)
MALOCA.- Tendremos que pintar de azul la casa,
sobre todo 17
ahora que con tu boda va a venir todo el mundo a
visitarnos.
PAPAMUER.- Últimamente te olvidas de todo, niña,
¿no crees?
ISVETH.- (Suspirando con cansancio.) Tienes razón,
abuelo, hoy todo se me olvida, son demasiadas las cosas que tengo en la
cabeza... (Saca una flor que pone en el florero.) Es de un hermoso color,
espero que te guste...
(Se apaga toda luz, menos el cirio. Los personajes
se difuminan, excepto la inmóvil silueta de ISVETH. En esa penumbra se oye la
voz del anciano.)
PAPAMUER.- Centaurea cyanus, de capítulos
solitarios, flósculos radiantes, vivo azul en el borde, rojo púrpura en el
centro, verdes brácteas ovales, hojas basales linear lanceoladas. Se hace con
sus pétalos tintura azul.
Centaurea cyanus, para teñir de azul las paredes de
este día.
(De un soplo, ISVETH apaga el cirio. Telón.)
ESCENA III: SCABIOSA STELLATA
En escena PAPAMUER, MAMAMUER, GORDOPÁ, cada
uno en su silla y con su marco, hablan con ISVETH,
que
entretiene la espera dando réplicas distraídas y
usando
como espejos los marcos de los cristales, con
coquetería
ingenua, para arreglar y desarreglar su cabello. Se
estira
la falda, se estira las medias, se vuelve a mirar
atentamente, pasea, se sienta... Sus muertos la dejan hacer y le siguen la
corriente con tierna indulgencia.
El cirio está encendido, en el clavelero se levanta
una flor,
en el tablero parece haber una delicada posición de
las
fichas centélleas, que son las de ISVETH, frente a
las 18
úmbridas con que juega su padre.
MAMAMUER.- Es muy bonita la estampa de hoy, y muy
rara. Nada menos que Santo Tófrido de Manercia...
PAPAMUER.- ¿Raro...? ¿No es el abogado de los...?
MAMAMUER.- ¡No lo digas...! Viejo malhablado...
GORDOPÁ.- Me parece que habrá que darte una
oportunidad, porque en caso contrario tienes la partida más oscura... Veamos
qué puedes hacer si retiro por el momento esa falanste de catafúlgidos. Rampa a
los siete cortes y dominación de brillocrises. Adelante con esa estrategia: tú
juegas, muchacha.
PAPAMUER.- No es nada raro ese santo, un santo de
toda la vida... Lo que pasa es..., lo que pasa...
MAMAMUER.- Todos los hombres sois unos
sinvergüenzas. Santo Tófrido de Manercia es patrón de los viajes de ida, de los
senderos que empiezan y de las orillas de este lado. Y a mucha honra.
PAPAMUER.- Sí, y de los...
MAMAMUER.- ¡Que te calles de una vez, caramba!
ISVETH.- No discutáis Veamos , parece que sí, parece
que puedo restar esa dominación y socavar la rampa
de siete con
mis arquefuegos, aprovechando que has retirado, no
sé por qué,
la falanste Ese
chico debe de estar arrestado, porque si no, no
se explica que a estas horas ...
PAPAMUER.- Isveth, ¿dónde has encontrado esta
viuda?
ISVETH.- ¿Qué?
PAPAMUER.- La viuda, que si es del valle, o la has
cogido
en la pradera. No sabía que en esta época hubiera ...
ISVETH.- No sé de qué me hablas, abuelo.
PAPAMUER.- La flor, mujer, la scabiosa stellata que
me
has traído esta mañana. La llaman viuda.
ISVETH.- ¡Ah, ya! Es de ahí cerca, la he cogido al
venir del
río Me
está empezando a escamar esta tardanza.
GORDOPÁ.- Pues con un poco de suerte, ni siquiera
voy a
necesitar los catafúlgidos, porque 19
(En ese momento entra SOLDATO-SOLDITO con el
completo arnés de campaña, casi sin resuello,
después de
lo que sin duda ha sido una carrera agotadora, y se
deja
caer sobre el mueble sin un saludo, recuperando
entre
boqueadas el aliento perdido. Cada MUER vuelve a su
silenciosa y tranquila meditación habitual.)
ISVETH.- (Corriendo hacia él.) ¡Al fin! Me
estallaba el
amor por dentro en flores de fuego y de nieve, y
los senderos de
la sangre se me volvían laberintos de cristal.
SOL-DA-DI-TO.- (Jadeando.) La guerra , la guerra es un
negocio solitario. No he podido venir cuando ha
sonado el
corazón. En ese momento estábamos desempaquetando
una
retirada con honor.
ISVETH.- Ya nada importa, guerrero de mis pulsos,
amor sin
ausencias, estás aquí, y estás aquí y estás
conmigo.
SOL-DA-DI-TO.- Lleno de sudor, y de polvo, y de
fatiga.
ISVETH.- El agrio sudor de tus venas es dulce en mi
boca, y
la fatiga se deshará entre mis dedos arrastrando
como un torrente
el polvo gris de la guerra. Sé desvanecer los
cansancios,
desdibujar la sed, haré que se rinda tu sueño.
SOL-DA-DI-TO.- Estoy tan agotado que no tengo
fuerzas ni
para quitarme el uniforme.
ISVETH.- ¿Te gusta mi vestido? Me he peinado como te
gusta, y te dejaré que me despeines , si me lo pides como es
debido Y las
medias, ¿no te parecen un milagro? Casi no
están, pero están, están esperándote ...
SOL-DA-DI-TO.- A veces me preocupa que un día eches
de
menos todas estas cosas Ya sabes que yo no podré costear esos
vestidos ni esos milagros ¿Te bastará el amor? El amor de
un guerrero es un amor a secas, intenso como el
desierto, feroz
como el desierto, austero como el aliento del
desierto.
(Empieza a desnudarse, pero ISVETH le interrumpe y
se
pone a hacerlo ella misma. Esta tarea durará toda
la
conversación, y será más parecida al rito de una
degradación que a los gestos amorosos de una mujer
desnudando a su hombre. Comenzará por arrancar
condecoraciones, galones, insignias, adornos ,
destrozando sin piedad las piezas del uniforme. 20
El uniforme mismo, complicado arnés de batalla, no
tiene por qué ser de ningún lugar determinado, o época. Igual sirve la
recargada factura de un húsar dieciochesco que la fantástica apariencia de un
combatiente sideral. Tampoco ha de ser realista o práctico, de forma que
cualquier conjunto, más o menos imaginativo, más o menos barroco, más o menos
original, servirá para el caso, siempre que tenga un cierto aire de combate y
un suficiente nivel de complejidad como para permitir sobradamente el prolijo proceso
de degradación. Puede incluir armas o no incluirlas, aunque un simple cuchillo
o bayoneta será muy eficaz para realzar tanto el carácter militar del atavío,
como el aspecto humillante del proceso.
Para abandonar cada prenda, o cada trozo, o cada
elemento, el director puede optar por diversas
soluciones.
Una figura de carácter vagamente militar, sin
rostro definido, aparece silenciosa y rítmica, distinta cada vez, para llevarse
la pieza. O cada cosa se va poniendo en una percha de pie, hasta llenar el
escenario con un bosque de palos, enarbolando éste un cuchillo, aquél una bota,
el otro un galón, el de más allá una guerrera... O siembra el suelo entero ,
como regado, de los diferentes despojos, o los prende de cuerdas que van
cayendo desde lo alto y que dejan colgando cada cosa a una altura diferente...
En caso de preferir las figuras que entran y salen a llevarse las prendas,
pueden éstas hacer su trabajo en silencio, o por el contrario marcar sus gestos
con estridencias, o chirridos, como mecanismos automáticos. O también hacer el
eco, sardónico y despectivo, de las frases que en ese momento se estén diciendo
en escena. Por muchas que sean las piezas de equipo que ISVETH le quite a
SOLDATO-SOLDITO, éste nunca parecerá desvestido.)
ISVETH.- Necesito el amor, pero no necesito el aire
que respiro. Necesito el amor, pero no la sangre de mis venas. Necesito el
amor, pero no el alimento, el amor, pero no la vida. El amor es la vida, y el
alimento, y el aire que respiro. Es amor lo que circula por mis venas, que son
amor y de amor están
hechas.
SOL-DA-DI-TO.- Porque un guerrero siempre tiene que
estar a punto para saltar desde el lecho al
combate, sin transición 21
ni respiro, sin titubeo ni vacilación.
ISVETH.- Y cuando tus pies te llevan a la lucha, me
quedo sin poder andar, y no tengo manos cuando tus manos se marchan al cuchillo
y al fuego. Y me rodea la tiniebla y mi rostro se queda ciego cuando te llevas
tus ojos para mirar fieramente al enemigo, tu enemigo, que mi enemigo es tu
ausencia.
MAMAMUER.- Santo Tófrido de Manercia, abogado de
los que empiezan, mártir. Patrón de estrellas solitarias, de navegantes sin
brújula, muy milagroso en casos de laberintos transparentes, de noches, de
redes de luz, de memorias atormentadoras, de ríos sin cauce. Su novena coincide
con el tiempo de partir, ayuda a los guerreros a regresar desde la paz, es
profeta, besando su estampa se ganan mil recuerdos de indulgencia, nunca
abandona a los que confían en que sí que se puede.
No vive en el cielo, sino en la quinta constelación
del norte, en lugar de corazón tiene un farol de luciérnagas. No existe.
SOL-DA-DI-TO.- Y no se le paga al guerrero otra
cosa que su escueto sustento. Ni en la suerte del vencido ni en la victoria del
vencedor tiene el soldado reservado botín, presea o rédito. Esclavo de la
intendencia, vive en la austeridad, y ha de ser su hembra gente de poco
capricho y de mucha economía... La guerra es un oficio de pobres.
ISVETH.- Podrás dejar a tus dedos que elijan, si
prefieren descansar recorriendo mi piel, si prefieren reposar entre los míos,
mezclando sus pulsos.
SOL-DA-DI-TO.- Presente en la batalla, oscuro en la
paz.
ISVETH.- Pero no me hables de botines e
intendencias. Mi amor no sabe contar, solamente sabe esperarte en tu ausencia,
disfrutar tu presencia, la silueta con que obligas al espacio a dejarte lugar,
la duración con que fuerzas al tiempo a abrirte un hueco en mi memoria.
SOL-DA-DI-TO.- Nunca deja el guerrero de estar en
el combate, pues algo de él queda siempre de reserva, en la paz, en el
descanso, en el sueño, en el amor...
ISVETH.- Lo sé, lo sé... Cuando tanteo con mi amor
por el
iluminado interior de tu espíritu, las manos de mi
sentimiento
con que voy palpando las mil facetas irisadas de
tus deseos, las 22
innumerables aristas de los recuerdos que hemos
hecho juntos,
de los proyectos que juntos haremos , allá en el rincón, detrás
de un reflejo, oculta por la luz que todo lo
inunda, notan la
presencia de un tú que no es mío, que no es de nada
ni de nadie,
que espera, agazapado, al clarín de la muerte. Una
semilla de
sombra en medio de la luz, un grano de frío en el
cálido seno del
amor. No es preciso que me lo digas Sé dónde se encuentra.
PAPAMUER.- Scabiosa stellata, de grandes cabezuelas
globulares; muy ancho, amarillo, el vaso de los
involucelos, más
corto que las delgadas aristas de su cáliz.
Scabiosa stellata,
hirsuta, de hojas pinnadas.
Scabiosa stellata, conocida también como «viuda».
Scabiosa stellata, llamada también «el botón del
soldado».
SOL-DA-DI-TO.- No es posible llegar hasta la piel
del
guerrero desnudando, desatando, rasgando La piel del guerrero
está siempre a la vista, es su arma, su correa, su
casco, su hierro,
y bajo el hierro está el hierro, y bajo el cuero
está el cuero No
se puede acariciar la piel del guerrero si no se
deslizan los dedos
por el cuero, el arma o el hierro ...
ISVETH.- Pero el alma del soldado ...
SOL-DA-DI-TO.- El alma del soldado es su piel.
ISVETH.- Déjame entonces que hunda mi cabeza en tu
alma,
que recorra tu alma con mis manos, que deje con mis
uñas
suaves surcos en tu alma ...
SOL-DA-DI-TO.- Siempre abierta a la intemperie.
ISVETH.- Permíteme, pues, que ponga paredes y
techos, y
haga hogar en el interior de tu alma, y refugio
para nuestro amor,
y levante en tu alma murallas contra los embates
del frío y de la
noche.
SOL-DA-DI-TO.- Recorrida por los vientos y los
soles,
calcinada por el horno del desierto,
ISVETH.- Ayúdame a resguardarme de su tórrido
calor, de su
incesante empuje, guía mis pasos para que no me
pierda en esas
tormentas que el viento levanta en las dunas de tu
alma.
SOL-DA-DI-TO.- porque la piel del guerrero es la
única
frontera entre las sombras de la noche y el cálido
campamento
de la vida. 23
ISVETH.- ¡Qué orgullosa estoy de que sea mi hombre
el que vigila en la sombra para que el hogar esté seguro! Mi hombre, que viene
al amor desde tan lejos...
SOL-DA-DI-TO.- Venir al amor... Regresar al amor...
Isveth, cuando la batalla es tan lejana, se borra
muchas veces el norte, la brújula que nos guía, se cierra el camino de vuelta,
se apaga la luz del hogar... Te pierdes entonces entre senderos que parten pero
no llegan, mirando desde esta orilla la inmensidad de un océano que no tiene
límite, que no puede ser atravesado...
Eres viajero de ida sin vuelta, estrella que no se
enciende en el firmamento, y la soledad es el único roce que acaricia tu piel
de hierro y de alma.
ISVETH.- Aprieto los dedos con toda la fuerza de
que soy capaz, te envuelvo con la red de mi amor sin que quede resquicio, pero
sudas agrias gotas de lejanía, resbalas mínimo por entre la malla, y te
escapas, te escapas... Eres de ausencia, tu sombra es cada vez más poderosa,
mis labios no te mojan, mis manos no te rozan, mis cabellos no te atan, mis
ojos no te penetran...
SOL-DA-DI-TO.- Nunca deja de sonar el clarín, nunca
cesa de latir el combate. Un guerrero no puede escuchar otro son ni sentir otro
ritmo.
ISVETH.- Mi amor no conoce tu nombre.
SOL-DA-DI-TO.- Un soldado no tiene nombre.
ISVETH.- Mi memoria no recuerda tu rostro.
SOL-DA-DI-TO.- Un soldado no tiene rostro.
ISVETH.- Mis sentidos no sienten tu presencia.
SOL-DA-DI-TO.- La presencia de un soldado es
furtiva, la huella de su paso es tan leve que no se distingue de la muerte.
ISVETH.- Mi alma no intuye tu alma y se siente
perdida.
(El fatigoso e inútil proceso de degradación o
desnudamiento cesa. Los dos personajes quedan
frente a
frente, como si se vieran por primera vez, el
soldado aún
lo bastante vestido como para que su atavío siga 24
pareciendo un arnés de combate. Transición.)
ISVETH.- Siempre nos pasa igual, nos descuidamos
del tiempo, como si el tiempo no existiera. Ahora tendrás que ir corriendo para
llegar a la revista.
SOL-DA-DI-TO.- No importa. Merece la pena correr un
poco si el amor lo justifica... No sé si podría resistir la vida que llevo si
no estuvieras esperándome cuando regreso...
ISVETH.- Nunca dejaré de esperarte. Mis ojos te
esperan, mis labios te esperan, mis manos te esperan, mi alma te espera. Y
cuando al fin llegas, me estalla el amor por dentro en flores de fuego y de
nieve, y los senderos de la sangre se me vuelven laberintos de cristal.
SOL-DA-DI-TO.- La guerra es a veces un negocio
solitario, y no siempre se puede venir cuando suena el corazón.
ISVETH.- Marcha ya, amado mío, arráncate de mí, que
no deseo que la tardanza te maltrate. Tendremos muchos días para el amor, todos
los días, y estaré aquí mismo manteniendo atadas las huellas de tu visita hasta
que vuelvas, y de nuevo pueda dejarlas en libertad, segura al tenerte entre mis
brazos.
(Un último abrazo y una rápida salida. ISVETH pasea
-ya por el escenario vacío o por entre un bosque de palos, o pisando las piezas
sueltas del equipo- ensimismada. Prepara su genciana en silencio y lentamente
y, mientras la toma, encerrada la taza entre sus manos, se vuelve hacia los
personajes de las sillas.)
Pronto acabará, ya pronto, y podremos estar unidos
para siempre. Aunque ahora el tiempo se hace eterno, sin medida, un túnel de
oscuridad que amenaza con romper toda esperanza, acabará, se perderá en la nada
para siempre.
PAPAMUER.- Sin duda...
MAMAMUER.- Seguramente.
GORDOPÁ.- Desde luego...
(Cesa toda luz, excepto el cirio. Sólo las siluetas
de los 25
cuatro.)
ISVETH.- El amor es más largo que la vida, más
íntimo que el alma, más poderoso que la muerte.
GORDOPÁ.- Nada más cierto...
MAMAMUER.- Siempre he pensado lo mismo.
PAPAMUER.- Y saberlo es tan consolador.
ISVETH.- Más brillante, más hermoso, más fuerte que
la luz...
(Apaga suavemente el cirio. Telón.)
ESCENA IV: BELLARDIA TRIXAGO
Unos soportes verticales para los brazos mantienen
a ISVETH descansada mientras, con una simple enagua o fina ropilla interior,
espera ser vestida, prenda a prenda, con el traje de su boda, traje que ya
fuera estrenado en la ceremonia de boda de su abuela.
Todos los restantes personajes van a colaborar en
este trabajo, colocando las prendas de tela o de adorno, pasándolas de mano en
mano, poniéndolas en la propia ISVETH, contribuyendo con una mirada entendida,
procurando recordarlo todo... Todos los personajes, incluso los tres de las
sillas que, abandonando sus lugares, pasan a escena y actúan con todo
desparpajo y atrevimiento.
El traje mismo no tiene por qué ser de la factura
tradicional, sino que, guardando un cierto
parentesco con
la barroca vestimenta militar de la escena
anterior, permita también un complejo ritual, si antes de despojamiento, ahora
de vestidura, por lo que será bueno dejar a la imaginación una superposición de
capas, telas, adornos y elementos diversos, aunque procurando no alejarse del
blanco o del dorado para los complementos.
Toda la escena deberá tener, más aún que las
anteriores,
el estilo solemne de un ceremonial, aun admitiendo
de 26
tanto en tanto ciertos descensos de nivel en el
tono.
El cirio está encendido.
MALOCA.- Siempre quise que mi niña fuera el día de
su boda la más hermosa novia del mundo, y me parece que lo voy a conseguir.
Hija de mi vida, ¡qué hermosa vas a estar!
MAMAMUER.- Me halaga que mi traje sirva para esta
ocasión. Isveth ha sido siempre mi nieta favorita, y espero que tú, niña, no te
pongas celosa...
NIÑABÓ.- No te preocupes, abuela, que todos sabemos
quién es la preferida... No me importa, siempre he sabido que Isveth era más
bella.
GORDOPÁ.- No sé para qué sirven estas gasas... ¿Ya
se ponen ahora?
MALOCA.- Deja, deja, hombre... No son todavía...
Vosotros es preferible que no intervengáis demasiado...
PAPAMUER.- Ven, ven que veas mi flor amarilla de
hoy. Deja que las mujeres se ocupen del traje, porque si las ponemos nerviosas
nos echarán de aquí. Y tú, chico, acércate también: es un ejemplar muy hermoso.
SOL-DA-DI-TO.- Prefiero seguir aquí, abuelo, si no
le importa.
PAPAMUER.- Ya tendrás ocasión de verla vestida con
ese traje tan complicado, y de verla sin él... Que no te arriendo la ganancia,
porque el dichoso trajecito es lento de...
MAMAMUER.- ¡Tú ya no recuerdas nada! ¡Mejor será
que te dediques a tu flor y nos dejes tranquilas!
MALOCA.- Ahora el pasador de la sobre-enagua eso es ...
así ...
GORDOPÁ.- ¿Qué especie es?
SOL-DA-DI-TO.- Me parece que se ha caído un broche ...
NIÑABÓ.- Ha rodado bajo el alambique. Pero no se
necesita
todavía. Hasta que no llegue el velo de espalda, no
habrá que
usarlo.
PAPAMUER.- Bellardia trixago, una belleza rosado
amarilla
que Isveth me trajo a primera hora de la mañana. 27
MAMAMUER.- Ni siquiera hoy se ha olvidado de
nosotros, aunque era un día importante para ella. También a mí me trajo mi
estampa: San Rinardo Dolmenita, patrón de errantes y vagatierras, abogado de
las gentes sin raíz.
MALOCA.- Merece estar hermosa como el sol de la
mañana.
PAPAMUER.- Merece ser hermosa como la luz de todos
los soles.
MAMAMUER.- Siempre olvidada de sí misma, siempre
atenta a cada uno de nosotros, a nuestro contento y nuestro bien.
MALOCA.- Todo el amor con que la paguemos es poco.
Hija llena de afecto, hermana comprensiva, novia enamorada, nieta cariñosa...
NIÑABÓ.- Ahora la veste de hombros con el lazo
ancho.
MAMAMUER.- Y su vuelo desplegado por detrás en
abanico.
GORDOPÁ.- ¡Hasta me ofreció jugar una partida, si
yo quería! Fijaos si estará atenta a todo...
SOL-DA-DI-TO.- Y bella y radiante y llena de
brillo.
MALOCA.- Ha sido siempre el refugio de todos
nosotros, la consoladora de todas las penas.
GORDOPÁ.- El paño que borraba todos los temores, la
fuente donde bebíamos la paz y el descanso.
NIÑABÓ.- Nada era terrible cuando con sus palabras
conjuraba pánicos, que se volvían transparentes bajo sus ojos.
MAMAMUER.- Es hermoso poder ahora devolver una
parte del cariño derramado por su corazón en esta casa.
MALOCA.- Un cariño que a todos nos ha hecho más
fácil y llevadera la vida.
PAPAMUER.- Día tras día, nunca mi florero sin su
flor, blancas, rojas, azules, amarillas, de todos los colores del arco, de toda
la paleta de la naturaleza.
MAMAMUER.- Y ni un día sin la estampa con que
llenar mi
santera, ni un día sin poder dirigir la plegaria a
un nombre y a un 28
rostro.
MALOCA.- Los volantes de la falda, las hombreras de
sujeción.
SOL-DA-DI-TO.- Estos aros ...
NIÑABÓ.- Las arracadas después, que luego no entra
por el
cuello y podemos herirle la oreja.
MAMAMUER.-
San Rinardo Dolmenita, andariego,
caminante, errabundo, viajero abogado de caminos,
de senderos,
de puertos, de fronteras, patrón de las gentes que
no tienen
quietud, que no saben reposo, que no conocen calma,
que no
duermen nunca la misma noche. Su imagen se venera
en todas
las ermitas, su fiesta acaba al atardecer, para no
detener la
marcha, es triduo y septenario y novena y
dodefragia, pero se
recita de camino, mientras anda el sendero, oración
para seguir
el ritmo de los pasos, hecha de palabras que se
pierden en el
tiempo.
MALOCA.- Y vamos con el enfaldo y el guardapié, que
van
antes de la campana.
MAMAMUER.- Deberíamos guardar un orden ...
MALOCA.- Pues primero la haldeta, que quede
centrada.
PAPAMUER.- La tenéis sin descanso, ¿es que no
pensáis
acabar?
MAMAMUER.- No se puede ir más aprisa, el traje es
así.
GORDOPÁ.- Pues parad un momento, que va a
desfallecer ...
MALOCA.- Si paramos ahora se descompone todo lo
hecho.
SOL-DA-DI-TO.-
Quizá si le
vamos preparando su
genciana ...
NIÑABÓ.- Esa sí es buena idea. Yo puedo ayudarte.
(SOLDATO-SOLDITO ha tenido la idea, PAPAMUER
proporciona la planta, NIÑABÓ maneja el alambique,
MALOCA le pasará la taza, y GORDOPÁ y MAMAMUER
asentirán firmemente.) 29
GORDOPÁ.- Al menos que se reconforte un momento.
PAPAMUER.- Todo es poco para ella. Daos prisa con
el alambique.
MAMAMUER.- ¿Se verán las puntas de este lazo bajo
los pliegues de la gonela?
MALOCA.- En todo caso no hace feo: son puntillas
que van a juego con la mantilla de gallaruza.
MAMAMUER.- Pues entonces así quedan, aunque también
podemos levantar la cintura.
MALOCA.- Y debemos ya pensar en los zapatos de
hebilla.
GORDOPÁ.- ¿Cómo va la genciana?
NIÑABÓ.- No tardaremos.
PAPAMUER.- Radiante, radiante: no se me ocurre otro
adjetivo.
MALOCA.- Es nuestro amor, que la viste más aprisa
que nuestras manos.
GORDOPÁ.- La belleza se la da su propia luz
interior.
MAMAMUER.- Me dan miedo estas suelas, tan
brillantes.
Y la puntera de metal es todavía más peligrosa.
MALOCA.- Todo es alfombra, no pisará ni una sola
baldosa.
MAMAMUER.- Pero un resbalón...
MALOCA.- No hay peligro.
SOL-DA-DI-TO.- Se puede lijar un poco la pieza...
PAPAMUER.- Bellardia trixago, de grandes flores
rosadas con mezcla de amarillo, en densas espigas, cáliz dilatado. Corola con
labio corto en forma de casco, hojas glandulosas, linear lanceoladas, dientes
separados. Erecta, anual, no ramificada. Parásita.
MAMAMUER.- ¡Las manos!
MALOCA.- ¿Qué pasa con las manos? 30
MAMAMUER.- Como las tiene en los soportes nos hemos
olvidado de las manos. ¿Dónde están las sortijas?
SOL-DA-DI-TO.- Ya me parecía que ...
MAMAMUER.- Una en cada dedo, menos el pulgar. Son
ocho piedras diferentes. No te equivoques, recuerda
que van en
gradación ...
MALOCA.- Descuida.
NIÑABÓ.- La genciana.
GORDOPÁ.- ¡Al fin! La pobrecita ya desfallecía ...
MAMAMUER.- Cuidado con la taza, que está demasiado
llena. Y no sé si demasiado caliente ...
NIÑABÓ.- Está en su punto.
(A partir de este instante cambiará totalmente el
comportamiento de todos los personajes, excepto
ISVETH,
que sigue permaneciendo impasible.
Todo el cuidado que han puesto hasta ahora se
transforma en descuido. La genciana se la derraman
sobre
el traje; cuando acuden a remediarlo extienden la
mancha
más de lo que estaba; al hacerlo nerviosamente
desgarran
las telas; sus manos resulta de repente que están
sucias y
negras; los accidentes se suceden a rápido ritmo,
de modo
que cuando dentro de un momento la conversación se
termine, el aspecto de la novia será terrible, como
de quien
acaba de sufrir el derrumbamiento del techo, la
caída de
la casa, o el trabajo orfebre y minucioso del
tiempo.
Pero nadie parece reparar en estos desastres, y el
resto de
sus frases siguen el mismo sentido alegre y festivo
de las
anteriores.
Sea como sea, es importante que ISVETH, a pesar de
todo,
beba una buena porción de la tisana.)
GORDOPÁ.- La gente hablará largo tiempo de la
belleza de
Isveth.
SOL-DA-DI-TO.- Va a ser la novia más hermosa desde
hace
muchos años. 31
MALOCA.- Estamos acabando, hija mía, ya casi
terminamos.
PAPAMUER.- Tiene que estar la pobre hartita de
tanta
pieza ...
MAMAMUER.- Y que pesan entre todas lo suyo, que
solamente los adornos ...
SOL-DA-DI-TO.- Es tan hermosa que da como
escalofrío,
y misterio ...
PAPAMUER.- Respeto. La belleza en su sazón lo que
da es
respeto, a mí, al menos, y a los hombres de honor.
MALOCA.- Lástima que sea traje solamente para un
día ...
PAPAMUER.- Lo efímero tiene en su brevedad la razón
de
su importancia. Si Isveth vistiese de este modo
cada mañana y
cada tarde, no encontraríamos tan asombrosa su
hermosura.
MAMAMUER.- Mi nieta no es efi esa cosa. Seguirá
siendo bonita con el traje o sin el traje.
MALOCA.- Desde luego que sí, madre, pero es lástima
que
todo ese trabajo y tanta riqueza de telas y adornos
se luzcan
solamente un día.
MAMAMUER.- El día de la boda no es un día, sino un
recuerdo fijo, y todo el adorno se hace para la
memoria.
PAPAMUER.- En efecto, es una ocasión por la que no
pasa
el tiempo.
MALOCA.- Al verla así de bella me arrepiento de no
haber
querido llevar este traje en mi propia boda.
MAMAMUER.- No sería por falta de insistencia mía ...
PAPAMUER.- Cada novia es bella a su estilo, no hay
por
qué entrar en comparaciones.
MALOCA.- Pues mi hija lo es como ninguna.
GORDOPÁ.- Y falta aún lo más importante.
MALOCA.- El gesto.
GORDOPÁ.- Eso mismo. Falta que se mueva, porque con
su
elegancia al andar, la estampa será todavía más
solemne e
imponente.
MAMAMUER.- Hemos terminado. 32
NIÑABÓ.- (Saliendo.) Voy por los guantes de gamuza
para no rozar la tela al recogerle la cola.
SOL-DA-DI-TO.- (Saliendo.) Se nos olvida el ramo...
MALOCA.- (Saliendo.) Y la diadema...
(PAPAMUER, MAMAMUER y GORDOPÁ vuelven cada uno a su
sitio, se sientan, cogen sus marcos y adoptan la silenciosa e impasible actitud
de otras veces.
ISVETH queda sola en el centro de la escena,
desgarrada, sucia, polvorienta, estremecida, con la taza vacía de genciana en
la mano.
Mientras las luces van cesando lentamente se acerca
titubeante, como enferma y desfallecida, al cirio. Intenta apagarlo con la
mano, pero su estado empeora con rapidez y se va deslizando hasta el suelo sin
sentido.
El cirio alarga las sombras de las figuras
sentadas, y deja el cuerpo de ISVETH en una penumbra piadosa. Telón.)
ESCENA V: VERATRUM ALBUM
ISVETH, con su desgarrado y sucio traje de novia,
descansa, muerta, sobre el mueble del fondo. Parte
de las telas caen sobre la negra banda que ahora da a ese mueble más aspecto de
túmulo que nunca.
En cuanto a los otros personajes, cabe dedicarlos a
diferentes actitudes, según la decisión que se haya
tomado
en otras escenas. Si han intervenido ya los dos
coros de
figurantes, ahora pueden ir entrando de uno en uno,
como
amigos que visitan el duelo; cada uno llevará una
silla y
un cirio encendido, que los personajes de escena
irán
cogiendo, al tiempo que ofrecen a esta gente
retazos del
vestido de novia, como reliquias; los visitantes se
sentarán
lejos los unos de los otros, sin formar corrillos,
adoptando
actitudes de duelo, y siendo atendidos, breve y
circunstancialmente, por los personajes, después de 33
colocar cada cirio alrededor del túmulo, o sobre él
y
alrededor de ISVETH. Todo mientras recitan sus
frases,
de modo que la conversación no se interrumpa,
procurando al mismo tiempo que la estancia de cada
visita sea corta, de modo que no permanezcan, al final de la escena, nada más
que los personajes en ella.
O bien, si los personajes están solos en la escena,
pueden interpretar -con sus gestos, ya que las palabras van a ir de todas
formas en ese sentido- una especie de planto rítmico, muy muy artificial, de
índole casi mecánica, usando remedos de los gestos gimnásticos con que los
atletas se preparan. Incluso será conveniente que resulten tan automáticos como
para derribar alguna de las sillas de los MUER, o el alambique, o la santera,
etc.
El clavelero está en el centro, muy adelantado en
el proscenio, cerca de los espectadores, con una flor visible en él. El cirio
está encendido.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de aire, nunca
comprendió que el guerrero no puede abandonar su tarea, que la
piel del guerrero se pudre en el hogar.
MALOCA.- Nunca quiso darse cuenta de la soledad en
la que
nos abandonaba.
GORDOPÁ.- El amor la empujaba como lleva la
tormenta la
barca en su rugido, y no la dejaba ver nada más,
comprender
nuestra desolación por su ausencia. ¿Qué hubiera
sido de
nosotros cuando, tras su boda, quedásemos solos?
MALOCA.- Huérfanos de su asistencia y de su bondad.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de cristal, nunca
comprendió que el soldado no tiene casa, ni hembra,
ni
descanso, ni noche, ni paz.
MALOCA.- Nunca miró realmente a través de su amor,
para
vernos.
NIÑABÓ.- Su amor era el refugio en donde se
ocultaba de
nosotros y burlaba nuestras súplicas.
PAPAMUER.- Con sus flores me ataba y con sus flores
me
tapaba los ojos y con sus flores me ponía en el
corazón un amor 34
de repuesto, y se iba a otro amor más urgente y
lejano.
MAMAMUER.- Y he tenido yo misma que poner una
estampa en la santera... No he sabido cuál, me daba lo mismo...
No sé qué santo es este santo, de nombre
desconocido, de rostro confuso, abogado y patrón de ausentes.
GORDOPÁ.- Pensaba dejar a medias la partida,
cortado por el tiempo en dos mi tablero, diluido en su ausencia...
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de luz, nunca
pude explicarle que el hogar del guerrero es la sombra.
PAPAMUER.- Y esta flor yo mismo he tenido que
cogerla, la flor más extraña y oscura, y blanca, y negra, y negra, y blanca.
MALOCA.- No quería escuchar mi desamparo, darse
cuenta de que no puedo, no sé, no quiero, hacerme cargo, sin ella...
NIÑABÓ.- Sin ella Sin
ella Yo tampoco sé, ni quiero, ni
puedo ...
GORDOPÁ.- Apagaba la luz de nuestras vidas.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de agua, nunca
logré
que entendiera que el aliento de un guerrero es
seco.
NIÑABÓ.- El sueño era la vigilia, la vigilia era el
sueño, sin
ella. El día era la noche, la noche era el día, la
alegría era nunca,
sin ella ...
MALOCA.- Ni levantarme, ni acostarme, ni ir, ni
venir, ni
subir, ni bajar, ni razonar, ni medir Ni siquiera hacer su tisana.
Nada sabía yo, ni podía, sin ella.
GORDOPÁ.- Sin ella No
sabía que, al irse, nos dejaba sin
ella y sin ella no somos, se empaña el cristal de
nuestros retratos.
MAMAMUER.- Su ausencia encendía una mancha de
sombra en la sombra.
PAPAMUER.- Y apagaba los cirios.
MALOCA.- Quería dejarnos sin mano, sin voz, sin
alegría.
SOL-DA-DI-TO.- Era
como un pájaro de sol, nunca
conseguí que comprendiese que el día de un guerrero
es la
noche. 35
MAMAMUER.-
San Nadie, San
Nunca, abogado de
ausentes, patrón de nonatos. Sus reliquias
desmienten abortos,
deshacen pasados.
En su fiesta se desmantelan feriados, se recogen
guirnaldas, se
come de ayuno, se baila sin música, se deshace el
amor, se canta
en silencio.
El mes de San Nadie es el trece, su día el octavo.
La oración a
San Nunca es rosario de lamentos, letanía de
súplicas que no
piden nada para nadie.
Si peregrinas a su ermita en la cumbre de monte
ninguno,
recuerda que San Nunca es de agua y de nube y de
viento.
PAPAMUER.- Cuando el soldado habló de hacerle su
genciana, tuve yo mismo que recoger la planta.
NIÑABÓ.- Yo misma tuve que destilarla en el
alambique.
MALOCA.- Yo misma tuve que acercarle la taza.
GORDOPÁ.- Un momento temí que no la quisiera ...
MAMAMUER.- Un instante pensé que no se la bebía ...
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de lluvia en
calma,
nunca logré que aprendiera que el meteoro de un
guerrero es la
tormenta.
MALOCA.- Pero mi mano era firme.
PAPAMUER.- Y su gesto, por fin, se había rendido ...
GORDOPÁ.- Ya más allá de nuestros mismos deseos ...
MAMAMUER.- Más allá de su propio cansancio ...
PAPAMUER.- Derrotada por el peso incesante de
nuestro
amor, que la reclamaba sin pausa.
MALOCA.- Y sin pausa la retenía.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de mar, que no
sabe
que el océano de un guerrero es el desierto.
NIÑABÓ.- No me tembló el pulso al destilar su
bebida.
MALOCA.- No me tembló la mano al acercarle la taza,
derramando sobre su traje parte del contenido,
manchando con
su muerte el disfraz de su muerte.
MAMAMUER.- Atentos mientras bebía al último sorbo. 36
GORDOPÁ.- Todos sus sorbos fueron entonces el
último.
PAPAMUER.- Y mi mano fue firme al arrancar la flor.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de fuego, al que
no es posible enseñar que es de hielo el corazón del guerrero.
PAPAMUER.- Veratrum album, con anchas hojas de
fuertes nervios, racimos ramificados, alargados, terminales, flores blancas y
amarillas y amarillas y blancas.
Blanco perianto, con tépalos oblongos, patentes en
estrella, verdes brácteas pubescentes, hojas ovales. Robusta, permanente. Fácil
de confundir con la genciana.ë.
Veratrum album.
Extremadamente venenosa.
MALOCA.- Pero no podíamos consentir la soledad.
MAMAMUER.- Ni tolerar la tristeza.
NIÑABÓ.- Ni permitir el desamor.
PAPAMUER.- Ni resistir la sombra.
GORDOPÁ.- Ni soportar la ausencia.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de piedra, nunca
pude
hacerle ver la desmembrada arena en que consiste el
camino del
guerrero.
MALOCA.- Ahora duerme mi niña, tranquila para
siempre.
GORDOPÁ.- Para siempre con nosotros.
NIÑABÓ.- Sin que amenace desvío, ni augure desamor,
ni
profetice tristeza.
MAMAMUER.- Duerme en su lecho, reposa entre
nosotros.
PAPAMUER.- Tengamos cuidado, procuremos sigilo.
MALOCA.- No debemos despertarla, hablemos en
susurros.
GORDOPÁ.- Que descanse sin ruido.
NIÑABÓ.- Tan bella en su traje de fiesta y
ceremonia, tan 37
elegante y blanca, tan radiante e inmóvil.
MALOCA.- Tan nuestra.
SOL-DA-DI-TO.- Era como un pájaro de música, nunca
logré que entendiese que la paz del guerrero es el silencio.
(Ningún visitante deberá seguir en la escena.
Mientras las luces menguan lentamente, todos los personajes se esfuman, excepto
el cuerpo de ISVETH, y
PAPAMUER, que permanece mirando la flor a la única
luz del cirio. Silencio. PAPAMUER coge el cirio y las flores, y diciendo:)
PAPAMUER.- El ramo..., olvidamos el ramo para
ISVETH...
(Se acerca titubeante al túmulo, con esa única luz
en toda 38
la escena, mientras cae suavemente el telón.)

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