© Libro N° 8720. El Serrallo. Cobaleda, Miguel. Emancipación. Junio 12 de 2021.
Título
original: © El Serrallo. Miguel
Cobaleda. (Aquelarre en cinco cuadros.)
Versión Original: © El Serrallo. Miguel Cobaleda.
(Aquelarre en cinco cuadros.)
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
Miguel Cobaleda
(Aquelarre en cinco cuadros.)
El Serrallo
Miguel Cobaleda
(Aquelarre en cinco
cuadros.)
PERSONAJES
TRIFENA
ODILA
CUCIA
ABELA
EUNA
LORGIA
TEUSETAS
ETERIA
MAMILA
ZÓSIMA
NICANDRA
AQUILA
FOTINA
LEA
DULA
PERRA FUSCA
LUGAR DE LA ACCIÓN:
Prisión para mujeres procesadas por brujería en
algún 1
lugar de la Europa medieval.
CUADRO I
En primer término del escenario, de izquierda a
derecha, de arriba a abajo, una gruesa verja de hierro, de barrotes verticales
y horizontales formando cuadros de no más de veinticinco centímetros de lado.
Al fondo del escenario otra verja idéntica. No es prisión ni es cárcel, es
mazmorra. La entrada, ya que difícilmente puede llamársele salida, está situada
a la izquierda de la escena de tal modo que , aun dando la impresión -por la
carencia de ventanas- de que la mazmorra se encuentra en el subsuelo, la puerta
está más baja aún que el nivel del suelo y se llega a ella descendiendo unos
escalones.
Salvo dos montones de paja semi-podrida en algún
rincón,
no hay absolutamente nada en escena.
Quince mujeres vestidas de negro, de todas las
edades, con
predominio de ancianas, tapadas en su mayoría con
grandes pañolones, se reparten el suelo. Dormitan, lloriquean, imploran,
gritan, esperan. Una de ellas teje en silencio un gran muñeco, utilizando paja
de los montones. Otras miran. FUSCA corretea como los perros, aullando de vez
en cuando, ladrando y mordiendo.
AQUILA.- ...Y vendrá el Chivo y gemiremos de placer
entre
sus barbas doradas de cobre...
ZÓSIMA.- ¡De cobre serán las monedas con que a ti
te pague!
ODILA.- De cobre, como el pelo de las ratas viejas.
LEA.- ¿Por qué me huele a mí esta perra maldita?
MAMILA.- (A la PERRA FUSCA.) ¡Aparta, bastarda!
ABELA.- ¿Verdad, Nicandrita, que con él es muy
tierno el
amor?
LORGIA.- ¡Zánganas!
ODILA.- Tú eres el castigo de la envidia.
CUCIA.- Roedora de roedores...
LORGIA.- Raza de perros, esclavas de lobos. 2
TEUSETAS.- Haya paz.
FOTINA.- ¡No la nombres!
EUNA.- Aquila, amada del señor de los cuernos de
mil
colores ...
TRIFENA.- Y sabores ...
EUNA.- Aquilita, hija de mis entrañas, anda, sigue Dime
cómo te estrechan sus patas de oro.
MAMILA.- ¿A qué huele su aliento cabrío?
AQUILA.- Como los muertos en pecado, a brasa y a
ceguera.
(En trance.) Ya al comenzar me estremecí cuando sus
patas
delanteras me patearon el pecho ...
CUCIA.- Sin uñas quedó nuestro dueño ...
AQUILA.- en
lo que los extraños llaman profanación, y me
levantó la capa de todos los sentimientos. Yo le
veía el
relámpago en los ojos, brillando dentro de mí
misma; la curva
de sus cuernos haciendo que se revolvieran mis
entrañas; el
calor, muslos abajo, en la espera.
ETERIA.- ¡La antesala, Aquilita, la antesala! Pero
la muerte
llega pronto.
AQUILA.- Pronto, con su manto que todo lo oscurece,
con su
luz que todo lo ilumina nuevamente.
CUCIA.- ¿Te rasgó los labios con sus dientes de
viejo chivo?
FOTINA.- Dime, bella, ¿es posible que no te besara?
LORGIA.- Y sus babas, sus babas ...
TEUSETAS.- ¿A qué sabe esa copa?
AQUILA.- Sus dientes me rasgaron las vestiduras y
yo quedé
blanca ante él, sin miedo.
ZÓSIMA.- Repugnante, ¿quién te dijo que tú eras
blanca?
¿Quién te engañó?
MAMILA.- Cuervo albino.
ABELA.- ¡Inocencia!
AQUILA.- Temblando, con mis carnes al gozo. 3
FOTINA.- Bosque arraigado, no se te caerían los
vellos, no,
que buenas raíces tendrán ...
TEUSETAS.- Hasta el alma.
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhh!
MAMILA.- Silencio.
AQUILA.- Él me rodeaba estirando las patas
traseras, con los
cuernos haciendo geometría en el suelo, fijando en
sus ansias
cada uno de mis rasgos, oteando su camino Yo levantaba los
pechos con ansia, firmes separaba las piernas ...
LORGIA.- Ramera ...
AQUILA.- Yo me dejaba subyugar por el placer de su
vista,
por sus círculos lentos a mi alrededor, en mis
cercanías, bajo mis
propias plantas. Como el mar, que primero lame las
arenas,
luego las arenas lame y, de pronto, es suya toda la
playa, limpia,
virgen ...
CUCIA.- Virgen patrimonial.
AQUILA.- bajo
su palma de agua.
MAMILA.-
Tus relatos me
aterran, Aquila, solecito.
(Quejumbrosa.) Ten piedad de nosotras, que
padecemos
hambre y sed de sentir que se cobija en nuestra
halda y no en la
tuya, marrullera.
EUNA.- ¿Quién escapa a la nostalgia?
ZÓSIMA.- ¿Quién le ve, tarde tras tarde?
LORGIA.- Nicandra, nuestra Nicandra, la que teje
hombres,
la negra del rincón, la del sí y la del no, ¿a ti
no se te tuerce la
mirada de nostalgia?
NICANDRA.- Sí.
LEA.- Nicandra, Nicandra nuestra, la del no y la
del sí, ¿a ti no
te lloran los ojos por él?
NICANDRA.- No.
LEA.- ¡Blasfema!
FOTINA.- ¡Cállate, necia! ¿No sabes ya que contesta
sí o no
en riguroso orden alterno?
ABELA.- Es como la desgracia y la desgracia: se
suceden. 4
MAMILA.- El alma me duele sin él, sin el dulce
chivo. Pero se me ha olvidado el diapasón y no puedo entonar la llantina.
CUCIA.- Haz que Fusca la entone por ti, ¿no la has
encantado para eso?
MAMILA.- Aúlla, perra mía, mi cariñito. PERRA
FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh! MAMILA.- ¡Más, buscona, más, perra maldita! PERRA
FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
MAMILA.- (Frenética.) ¡Vamos, aúlla, aúlla por mí,
que me duele el alma, perra sin alma! ¡Aúlla con dolor de alma, perra!
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
MAMILA.- ¡Venga, indecente, hija de Dios, venga,
rabona jara!
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
MAMILA.- Eso, corazón de tu dueña, eso, mi bien,
así, así, amorcito. (Sosegada.) Claro, dulzura, te lo mando yo, tu amita...
(Acariciando a la mujer-perra.) Tu dueña, la más
hermosa de las hijas del lobo.
TRIFENA.- Espejito, dime la verdad, ¿soy yo la más
bella?
NICANDRA.- Sí.
TRIFENA.- A ti nadie te pide pasto.
NICANDRA.- No.
TRIFENA.- ¿Soy yo la más querida de entre todas las
mujeres?
AQUILA.- (Sigue en trance.) Pero en mis playas no
hay nunca bajamar, a mí no me traicionan las mareas.
LEA.- Lunera, agarradora de cuernos, ¿cómo has
convencido a la dama de la noche?
AQUILA.- Ya me siento bajo él, en olas de caricia
continua,
calmada por un velo que late desde siempre para mí,
apagado el
sordo rumor del agua en las sempiternas orillas,
tranquilo el
océano
después de esperarme
tanto, haciendo remolinos 5
pequeños, islas mis ojos cerrados, mis pechos...
ABELA.- Deshaz la metáfora, que somos campesinas
rústicas
y no te vamos a entender.
MAMILA.- ¿En qué se semejan nuestro macho y el mar?
ZÓSIMA.- El chivo se extiende de horizonte a
horizonte.
ETERIA.- ¿Qué hay tras el horizonte?
CUCIA.- ¿Qué hay a la espalda del chivo?
ZÓSIMA.- Nuestro amor que le rodea.
EUNA.- Sí. Y le asfixia.
CUCIA.- ¡Oh, suave! Tus brazos son leños, tus
costillas son
leños, tus rodillas son nudos de leños, tus ojos
son huecos de
leños podridos.
MAMILA.- Tú no asfixias, tú trituras ...
AQUILA.- Bajo el imperio de las yemas de sus dedos,
bajo el
dominio de su mirada, bajo el seco resonar de sus
pezuñas,
bajo ...
ETERIA.- ¡Bajo él!
AQUILA.- me
siento libre.
LEA.- (En un ataque de histeria.) ¡Abrid, mis
jueces! ¡Abrid
al mar que viene a por Aquila! ¡Libre! (Golpea los
barrotes.)
¡Libre! Libre mar, playa libre, libre arena, libre
ola, libre
marea ¿Quién
afirma que el esclavo desea golpear las orillas?
¿Quién que escogió estar toda la eternidad alisando
piedras?
¿Quién que nació para borrar las huellas?
MAMILA.- Ella goza de todas sus caricias, ella es la
preferida, ella es la que pasa por sobre todos los
derechos, ella
se come las migas que caen de la mesa después de
haber
consumido su banquete. Pero los perros gimen
hambrientos.
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
ODILA.- Ésa es la voz de los inocentes, la nuestra.
FOTINA.- ¿Vamos a ser despreciadas?
MAMILA.- ¿No hay algún recodo entre las rocas en
donde
nos dejen gozar? 6
ETERIA.- Y nosotras somos ahora la playa, la arena
y el estertor bajo la caricia, mientras esta desgraciada gime impaciente, sin
que le llegue el turno.
MAMILA.- Te lanzaré mis perros, que para ti los
crío.
AQUILA.- Tal vez siglos bajo el resplandor con que
se adorna, tal vez miles de siglos antes de que sienta cómo mis entrañas se
abren a su paso, antes de que...
FOTINA.- ¡¡Basta ya!!
AQUILA.- ...antes de que le sienta venir rozando
las paredes de mi garganta, antes de que me llene más de mi propia cabida.
LEA.- Nicandra, danos tu ayuda.
NICANDRA.- Sí.
MAMILA.- Sí, sí, sí, sí... Y nunca es no, hasta que
de los «no» llega el turno. Prefiero la sílaba única. ¡Fusca!
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
MAMILA.- Su mensaje es más completo. Lo dice todo
de una vez, como el impío sin rostro.
FOTINA.- Dejemos las conmemoraciones.
AQUILA.- La lengua se me pega al paladar, como una
piedra que consume su tiempo almacenado y hace piedra todo cuanto toca. Las
palabras se me hacen roca, las voces roca, los ayes roca, los alientos roca,
roca la pasión. Sólo brisa la dulzura...
ODILA.- Visionaria asquerosa, ¿por qué no te
callas?
AQUILA.- Siento que la lengua humedece mis ojos,
lágrimas desde fuera, más saladas que el mismo mar.
FOTINA.- (Golpeándola.) ¡Callarás de una vez!
AQUILA.- Su semilla de infecundidad allá en mis
entrañas la deja, recuerdo de su epifanía.
ODILA.- ¡Fotina, cerremos su boca maldita!
(Se lanzan sobre AQUILA y la golpean con saña.
AQUILA,
saliendo del trance, replica con furia, como si
defendiera
algo más sagrado que ella misma. Ninguna de las
otras les 7
hace demasiado caso salvo la PERRA FUSCA, que
resuella
a su alrededor mordiendo aquí y allá, donde puede
encontrar una mano o una pantorrilla.
La pelea transcurre entre alaridos, golpes y
respiraciones jadeantes. Por fin, FOTINA y ODILA logran reducir a AQUILA y la
conducen hasta la verja delantera donde una de ellas la patea mientras la otra
se ocupa de sujetarla. Después la dejan tirada en el suelo, exhausta. La PERRA
FUSCA olfatea a la caída mientras todas permanecen en un silencio indolente.)
AQUILA.- (Incorporándose a medias y dando desde el
suelo una patada a la perra.) ¡Aparta, sarnosa!
(Pausa.)
LEA.- Nuestra dicha se acerca. El Inquisidor camina
largo y deprisa.
LORGIA.- No tardaremos en tener nuestro lugar junto
al cerco.
EUNA.- Yo primera en la tiniebla.
MAMILA.- Y en el crujir de dientes.
ETERIA.- Dicen que no pregunta nada.
TEUSETAS.- A los elegidos se nos da todo por
supuesto.
LEA.- ¿Qué podríamos decirle?
ZÓSIMA.- (Con burla.) Al menos, que le arropa la
hija del campanero.
LORGIA.- El dulce beso de las buenas noches.
ABELA.- En la frente.
EUNA.- Silencio, Caína.
NICANDRA.- Sí.
FOTINA.- Dicen que está dejando hijos por todos los
lugares.
ODILA.- Aquí encaja todo: los hijos del cielo. 8
FOTINA.- ¡Y de su Inquisidor General! CUCIA.- ¿Os
consta que los jueces se salvan? EUNA.- Nos consta, Su Señoría. CUCIA.- Con
tratarles aquí, me basta.
MAMILA.- Juez y rectitud se igualan. Nuestra
espalda sólo cabe en un mundo de jorobas. No temas.
AQUILA.- Dicen que...
ODILA.- ¡Chitón, andrajo!
AQUILA.- ...dicen que entre interrogatorio e
interrogatorio
hace ciertas proposiciones...
ZÓSIMA.- Será a ti, hermosa ninfa. Que a las viejas
se libra muy mucho.
EUNA.- Algunas han aceptado.
ODILA.- Siembra de inquisidores...
MAMILA.- ¿La cizaña se agosta?
FOTINA.- Sí, con la cosecha debajo.
LEA.- Dicen que también solicitaba dinero.
TRIFENA.- ¿No es Inquisidor? Pues solicite lo que
solicite, ¿qué importa? Lo tendrá todo.
MAMILA.- Menos nuestro futuro, ¿verdad, Nicandrita?
NICANDRA.- No.
MAMILA.- ¡Vaya! Ahora le toca a los no.
TEUSETAS.- Dicen que es demasiado duro.
FOTINA.- De la hoguera no le consiento que me
libre. Su alma se la he de convertir en rueda, si quiere un testimonio, para
que se la cuelgue del pecho, que el cuerpo ahora se le escapa con harta
frecuencia para ser enviado de tan etéreas manos.
LEA.- Nadie nos llegó a contar cómo lamen las
llamas la carne.
FOTINA.- Esto no inspira deseos de volver.
MAMILA.- Pero, con todo, ¿qué es un segundo? 9
AQUILA.- A mí el fuego me alimenta.
TRIFENA.- Ha de venir el día en que sople yo, desde
este lugar o desde el otro. Y mis soplos te van a resultar harto alentadores.
ODILA.- A mí también me hizo preguntas ¡Je! La
que
sabe, como yo ,
(Despectiva.) y un Inquisidor ¿Y si me
ulcera las entrañas?
TRIFENA.- Hay que tener entrañas.
ODILA.- ¡Sapo!
AQUILA.- Dicen que su trato, por fuera, es correcto
y
agradable.
MAMILA.- Con las personas. Nosotras somos las aes,
las
ques, las us, las es, las eles, las erres y las
eses de todos los
aquelarres.
ETERIA.- A mí, ¡el cerdo!, me pidió, sin más, la
hija.
MAMILA.- Eteria, tú no tienes hijas.
ETERIA.- Por eso se la ofrecí.
ODILA.- También le ofrecerías a tu madre. Y eso sí
lo tienes.
FOTINA.- Tampoco.
TEUSETAS.- No lo dice nadie, pero ése come lo que
le
echen.
AQUILA.- El Señor Inquisidor.
MAMILA.- La comadreja.
CUCIA.- Pezuña de comadrejas.
ZÓSIMA.- Zapador de cadáveres.
ODILA.- Servidor de
cuervos. Va de negro, como sus
cofrades.
FOTINA.- Dicen que se encarga él mismo de prender
la pira
de cada hoguera.
LORGIA.- Otros tienen peor oficio. ¡Al menos, se
calienta!
TEUSETAS.- Pero yo no quiero ser brasero de nadie. 10
CUCIA.- ¿Es que no sabes maldecir? La lengua no te
la podrán atar.
TEUSETAS.- Arrancártela pueden.
LORGIA.- No subirán, descuida, por mucho que el
frío los
ataque.
LEA.- Dicen que también cobra por esos menesteres.
ZÓSIMA.- No sólo de preguntar vive el hombre. Ni de
dar
tormento. Herodes de mujeres...
ETERIA.- La marca de los hierros me ha dejado en la
espalda.
Hasta las costillas de delante me los hizo entrar.
TRIFENA.- Conmigo fue bueno. Tan sólo me arrancó
los
dientes. (Muestra la boca desdentada.)
EUNA.- Pero se aparta enseguida. No es capaz de
tostarse ni
un tanto así su preciosa piel de pergamino.
LORGIA.- He de aprender allá abajo todos los
contrasalmos
en pieles como ésa.
MAMILA.- Se pudren rápido.
NICANDRA.- Veámoslo.
MAMILA.- (Sobresaltada.) Nicandrita, no me asustes.
¿Es
que tu próxima aventura te ha devuelto el uso del
seso?
NICANDRA.- (Enseñando el muñeco de paja que acaba
de confeccionar.) Veámoslo.
FOTINA.- ¡Pero si parece el Inquisidor!
ODILA.- ¡Nicandrita de los amores míos, eres un
hada! Si
hasta podemos darnos el gusto de ajusticiar a la
justicia...
MAMILA.- (Nerviosa.) ¡Pronto, fuego!
¿Quién guarda
pedernal?
ZÓSIMA.- Nos han quitado las sayas mismas. Aquí no
hay
otro pedernal que nuestro odio.
MAMILA.- No basta. ¡Piedra, piedra! ¿Es que no
vamos a
poder redimirnos?
TEUSETAS.- Capaz soy de hacer brotar fuego de mis 11
cabellos.
LORGIA.- Calma, habrá un medio...
TRIFENA.- ¿Cuál? ¿Cuál medio?
ETERIA.- Yo tuve una hija...
MAMILA.- Eteria, bromas otro día.
ETERIA.- Yo cambié un día, a un Inquisidor, una
hija inexistente por un pedernal.
ODILA.- ¡Eteria, reina, abrázame!
ETERIA.- ¡Apestas!
MAMILA.- ¡El fuego, el fuego!
TRIFENA.- Aquí junto a los barrotes, cerca, bien
cerca de ellos.
CUCIA.- ¿No se fundirá con ellos?
TEUSETAS.- Apartaos, que lo prenda una sola.
TODAS.- ¡¡¡Yo!!!
MAMILA.- Basta, trae acá la piedra. ¡Lejos!
LEA.- ¡Escupe, perra, para que arda bien!
ETERIA.- Es como sentirse encinta después de parir.
EUNA.- No hables, vientre plano.
ABELA.- Que se hundan las llamas tierra adentro.
MAMILA.- ¿No saltará la chispa, al fin?
ETERIA.- Dale con vigor, no temas: los muros no
caerán.
(Todas se van acercando poco a poco al muñeco
haciendo un negro redondel ansioso. Pero antes de que MAMILA logre hacer fuego,
el portón se abre y es arrojada al interior una mujer joven, casi una niña,
también vestida de negro. Cae asustada y todas las mujeres la rodean, mientras
la PERRA FUSCA la huele.)
MAMILA.- ¿Quién eres? 12
DULA.- (Silencio.)
FOTINA.- ¡Tu nombre!
DULA.- Dula.
MAMILA.- ¿Eres hija del impío sin rostro?
DULA.- (Silencio.)
ODILA.- ¿Eres hija del Maestro?
DULA.- (Silencio.)
FOTINA.- ¿A quién invocas en la aflicción?
DULA.- (Silencio.)
MAMILA.- ¡Contesta, maldita, o azuzaré a mi perra!
AQUILA.- ¿Quién responde a tus voces?
DULA.- Nadie...
(Telón.)
CUADRO II
La mazmorra del acto anterior, con menos paja aún y
el
muñeco tejido por NICANDRA abandonado en un rincón.
Las dieciséis mujeres son demasiadas para el
pequeño espacio, por lo que suelen tropezar unas con otras cuando se mueven de
acá para allá, generalmente llevadas por sus nervios o por las variadas
discusiones.
Al comenzar este cuadro, tres de ellas, TEUSETAS,
ODILA y FOTINA, aún están sentadas en el suelo, constituyendo una especie de
tribunal.
DULA se encuentra atada de pies y manos con varios
andrajos negros y está medio tumbada delante de
ellas.
Las demás deambulan sin orden o se agitan por los
rincones. 13
ZÓSIMA.- Nada de monsergas delirantes, nada de
ternezas, nada de visiones. (Señalando a AQUILA.) ¿Qué sabe ésta, en
definitiva?
TEUSETAS.- Aquí estamos todas metidas y nadie va a
salir de rondón. Aquila y Nicandra saben traer recuerdos y futuros, adivinan, y
necesitaremos todo para juzgar a esta blasfema.
MAMILA.- ¡Hoguera!
EUNA.- ¡Leño sin más!
TRIFENA.- ¿Para qué juzgar nada? ¿Se nos juzga a
nosotras?
LEA.- Se nos condena.
MAMILA.- ¡Fuego!
PERRA FUSCA.- ¡¡¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!!!
ODILA.- ¡Silencio! Desde la mañana hasta la noche,
en este
cielo maldito sin noche y sin mañana, todo el mundo
se queja de
que hemos sido traicionadas, de que no existe
justicia, de que
somos culpables de todo antes de tocar la culpa.
¿Vamos ahora
a oír sus quejas además de las nuestras?
FOTINA.- No hay camino. Que levante la mano la que
no esté
harta de oler a piojo y a sobaco de vieja.
TEUSETAS.- Que se marche toda la que se quiera
marchar.
ODILA.- Si estamos aquí y aún no hemos empezado a
rompernos la crisma en los barrotes, entonces
tenemos derecho
a juzgarla por necia.
TEUSETAS.-
¿Con qué expediente
venir, después de
blasfemar allá afuera, a blasfemar aquí dentro?
MAMILA.- ¡Basta! No perdamos más tiempo. No sé
vosotras,
hermanas...
ETERIA.- Mi sangre está limpia.
MAMILA.- ...pero yo me pregunto constantemente
quiénes
somos, y por qué estamos aquí, y de noche me ahogo
al no poder
responder. Así es que vamos a proceder como una
nación
distinta. Somos de la mazmorra, las hijas del
chivo, del gran
padre de las mil mentiras, y nos defenderemos con
las uñas de
todos aquéllos que vengan de donde sí que se sabe
responder a 14
las preguntas.
ABELA.- A mí nadie me preguntó nunca sin
intérprete.
LORGIA.- La dulce niña habla lengua extraña y hay
que
hacerse traducir sus palabras a base de cuero.
EUNA.- Largo cuero que corta.
ZÓSIMA.- ¿Muchas veces, Abelita?
ABELA.- Hasta decir que Dios es mi Señor.
LORGIA.- Se contarán sin término tus variadas
espaldas.
MAMILA.- Todas hemos tenido nuestros momentos de
dulce
plática con el verdugo. Las cosas pasan.
(Rememorando.)
Aquella vez ni siquiera era verdad que hubiese yo
embrujado al
chico ...
TEUSETAS.- ¿Cuál era el asunto?
MAMILA.- Escupía sangre, el condenado. Pero para mí
que
tenía tragado cardos y le laceraban las entrañas.
De encantarle yo
hubiera escupido, sí, pero no sangre ...
ODILA.- Los tuyos aúllan, candor.
MAMILA.- Y tú, ¿a qué eres aficionada, además de a
robar
gallinas diciendo que estaban aojadas?
FOTINA.- Odila es la conciencia de las despensas.
En vez de
cobrar, remuerde.
TRIFENA.- De eso sé yo que no. Cuando muerde no se
puede
remorder.
ZÓSIMA.- (Disfrutando.) Odilita, buitre ...
ODILA.- ¿Y por qué? Al menos a mí no me tuvieron
que dar
tormento porque confesé de plano, con valentía. Sí,
yo he robado
niños y yo los he vendido, ¿algo pasa?
LORGIA.- ¡Puerca! Claro que lo has hecho y ni
siquiera
entierras los huesos.
ZÓSIMA.- Es verdad que no le dieron tormento, Odila
es un
ruiseñor cantando. Sólo que de esta hecha se pasó
de lista y le
fue a robar la criatura a la campanera. Ya sabéis,
la barragana
del juez ,
¡je, je, je !
MAMILA.- Todo puede salir de su cabeza cuadrada.
ODILA.- ¡Criadora de perros! 15
MAMILA.- Sí, pero de raza...
TEUSETAS.- ¡Basta! Dejémonos de discutir de una
vez. Si hemos de juzgar a ésta, empecemos ya.
TRIFENA.- Aquí estamos las brujas de cien millas
alrededor.
Nosotras somos (Afectando aire judicial.) la hez de
la comarca.
Tenemos y mantenemos pactos con el diablo...
TODAS.- Que él nos salve, nuestro Gran Padre.
TRIFENA.- ...y nos dedicamos a variadas y horribles
prácticas tales como matar y comer niños pequeños, convertir hombres en lobos,
lobos en hombres...
ZÓSIMA.- Sólo que nunca acertamos, ¡je, je, je, je !
TRIFENA.- desnutrimos
el ganado hasta que muere,
llenamos de peste a quien nos desagrada,
blasfemamos a diestro
y siniestro y nos entregamos sin tregua al macho
cabrío que hace
las delicias de nuestra carne apasionada.
MAMILA.- Eso.
TRIFENA.-
Ya hemos olvidado el día en que
fuimos
arrojadas aquí para esperar la hoguera por nuestras
confesadas
culpas.
ODILA.- Bien, empecemos contra esta loca.
TRIFENA.-
Pero jamás saldremos,
aunque ella haya
blasfemado.
LORGIA.- Yo seré quien defienda a Dula. ¿Sabéis que
me
gusta su redonda carita de luna?
ETERIA.- Ya saliste del cubil, despreciadora de
jueces ...
MAMILA.- Digna representación. Yo acuso.
TEUSETAS.- Es igual. Todo está decidido.
FOTINA.- ¿Ah, sí?
TEUSETAS.- La inocencia no se practica: se decide.
ODILA.- ¿Es Dula inocente?
FOTINA.- Aún no está claro.
LORGIA.- Entonces precisará defensa. 16
MAMILA.- Yo acuso.
TEUSETAS.- Todo es igual porque nuestra decisión no
querrá saber de razones. Pero oigamos hablar a la cordera.
LORGIA.- Anda, Dula, anima tus ojitos y dime cuánto
quieres a Lorgia que te va a defender y te sacará de las garras de los muchos
soldados divinos. Anda, Dulita...
DULA.- (Silencio.)
MAMILA.- ¡Perra!
(La PERRA FUSCA se acerca a DULA y la muerde
insistentemente hasta que la mujer gime y se debate de dolor.)
LORGIA.- Piensa que Mamila tiene una perra muy mala
que muerde a las pequeñas piojosas desvalidas así como tú, hasta que sus
rostros son como la pulpa machacada de las naranjas. Dula, hija, dime... Anda,
Dula, ¿tú amas a Lorgia?
TEUSETAS.- ¡Dejadla! Si, al menos, se tratara de
amar a alguien menos horrible...
MAMILA.- Me niego a seguir si esta indecente lleva
más allá su papel de protectora de ninfas. ¿Desde cuándo apacientas esta
especie de ganado?
LORGIA.- Yo hago felices a los hombres.
ZÓSIMA.- Dirás que los haces castos.
ABELA.- Por repugnancia.
LORGIA.- Tú haces infelices hasta a los perros.
MAMILA.- Cuida tu lengua, sapo, no vaya a engordar
a Fusca.
FUSCA.- Pobre Fusca.
ETERIA.- Haré yo su defensa. (Acercándose a DULA.)
¿De qué te acusaron allá afuera?
DULA.- De volar desnuda por la noche.
MAMILA.- ¿En nombre de quién? 17
DULA.- En el nombre del diablo.
TEUSETAS.- ¿Lo has hecho?
DULA.- He reconocido haberlo hecho.
TEUSETAS.- Ya, cordera. Pero yo te pregunto: ¿lo
has
hecho?
DULA.- Eso he afirmado.
FOTINA.- (Largándole una patada.) ¡Veneno! Aprende
que
aquí no sirven las palabras retorcidas. Para
retuerzos ya hay con
los cuernos de quien yo me sé.
ODILA.- ¿Con qué te dieron tormento?
DULA.- Azotes y garfios.
TEUSETAS.- ¿Te queda sano algo?
FOTINA.- Explica si has hecho lo que afirmaste allí
o si se
debió tu confesión al romance del tormento.
MAMILA.- En las noches claras gusta ver cómo el
verdugo
se acerca a nuestra reja y nos corteja dulcemente,
hasta que
vuelan los secretitos y las mentiritas de inocencia
y candor...
¿Verdad, paloma, que tú sólo dijiste eso para
agradar al amado?
DULA.- Yo reconocí ser culpable.
TEUSETAS.- Me parece, alhelí tumbado, que no sabes
de
qué va el juego. Lo que allá era inocencia es aquí
culpa y si te
obstinas en que eres lo que dijiste que eras, te
queda la hoguera
aquí, pero antes que la otra hoguera. Yo te contaré
en secreto -¡y
hazme caso, prenda!- que da lo mismo ser quemado en
una que
en dos, pero no es igual el antes que el después,
que dos alientos
son mejor que uno.
ABELA.- Consejo de perro viejo.
DULA.- Yo confesé.
ODILA.- ¿No vamos a saber emplear todos los
recursos de
nuestro alto ministerio?
FOTINA.- ¡Tormento!
MAMILA.- Aquí no hay garfio ni látigo.
TEUSETAS.- Pero hay patada y hay mano. 18
(Mientras dos o tres de ellas sujetan a DULA, otras
saltan
encima de su cuerpo y golpean con saña. La voz de
TEUSETAS se eleva sobre los gemidos y los golpes.)
Dinos, ¿has hecho de verdad cuanto dijiste?
DULA.- (Silencio.)
FOTINA.- ¡Golpead más fuerte!
TEUSETAS.- Dula, tu muerte nos da lo mismo.
Confiesa,
¿has hecho, de verdad, lo que dijiste?
DULA.- Sí ...
TEUSETAS.- ¡Más, maldita, más, más fuerte!
ODILA.- Dejadla calva, sin una hebra de pelo.
TEUSETAS.- ¡Confiesa, responde, dilo !
FOTINA.- Tus ojos los vas a tener en la mano si no
hablas
pronto.
DULA.- (Entre gemidos.) Sí ...
TEUSETAS.- ¡Basta! Procuraremos
no hacer las cosas
desordenadamente. Dejadla descansar un ratito.
(Pausa.)
Ahora, pichona, vas a confesar justamente que tú no
tuviste la
maldita voluntad que hace falta para llevar a cabo
lo que dijeras
en el proceso. Y lo vas a decir pronto. Alto y
claro, por tu propia
gana porque de otro modo, Fusca, nuestra querida
Fusquita,
devorará tus preciosos ojos claros, banquete que no
sería la
primera vez en probar. (Exagerando la amabilidad de
su voz.)
Anda, querida, (A MAMILA.) convence a nuestra
pequeña
Fusca para que vaya oliendo ...
MAMILA.- ¡Fusca!
(Mientras DULA se debate, impotente, en el suelo,
la
PERRA FUSCA le planta las manos encima y le lame la
cara oliendo las cuencas de los ojos.) 19
TEUSETAS.- La pequeña Dula ha decidido ser buena y
no dar más disgustos a todas sus amigas... ¿Cómo no va a querer agradarnos
nuestra niñita, el ojito izquierdo de esta bella mansión? Ya casi estamos
oyendo como nuestra queridísima Dula se dispone a...
FOTINA.- ¡Pronto!
ODILA.- No divaguemos.
TEUSETAS.- ¡Vamos, peste, confiesa...!
ABELA.- ¡Te quedarás sólo con la lengua, doña
silenciosa!
FOTINA.- Si no se te quema el hueso me voy a
fabricar una flauta.
ETERIA.- Y con tu piel una zampoña.
ZÓSIMA.- Yo cantaré dulces baladas, de aquellas de
mis tiempos.
ABELA.- Dejadme su hermosa barriguita creciente,
que sé tocar el tambor.
LEA.- A mí los pelos. En cada reja una hermosa
guitarra.
MAMILA.- A mí los dientes, que Fusca va estando
vieja y me deja de cazar conejos.
LORGIA.- ¡Ah, concierto de sombras!
CUCIA.- ¡Alto y lejano cantar!
ZÓSIMA.-
Dorada juventud maravillosa,
vuestro es el
futuro...
TEUSETAS.- El futuro de luego, será...
FOTINA.- Grajo de presagios...
ETERIA.- ¡Mi zampoña!...
ABELA.- ¡Mi tambor!...
LEA.- ¡Mi guitarra!...
MAMILA.- ¡La caza de mis perros!...
TEUSETAS.- ¡Confiesa, miserable, habla!
MAMILA.- ¡Habla! 20
ABELA.- ¡Habla!
LORGIA.- ¡Habla!
ETERIA.- ¡Habla!
FOTINA.- ¡Habla!
CUCIA.- ¡Habla!
TODAS.- ¡Confiesa!
TEUSETAS.- ¡Mamila!
MAMILA.- ¡Fusca!
DULA.- Confesaré...
ODILA.- Mi adorada flor, mi dulce hierbecilla,
dime, ¿verdad que tú eres inocente?
FOTINA.- ¿Verdad que no has hecho lo que te
imputaban?
TEUSETAS.- ¿Verdad que te reconoces culpable de ser
inocente?
DULA.- Me reconozco culpable...
(Telón.)
CUADRO III
Continúa el simulacro de juicio.
TEUSETAS.- El gavilán se ha ido, ¡viva la inocente
paloma!
MAMILA.- Sin dilaciones, ¿qué esperamos?
FOTINA.- ¡Calma! Nos quedan días largos como
noches,
noches sin fin. No hay prisa.
ODILA.- La hay: no soporto el olor de la inocencia. 21
ZÓSIMA.- Todas olemos del mismo modo.
LEA.- Tú apestas.
ETERIA.- No cederé. Mi Dula no será tratada sin
justicia. Yo
soy su defensa.
LORGIA.- Sí: la piedra alrededor del cuello.
ABELA.- ¿Prendo la hoguera?
ZÓSIMA.- Tú sopla, Abela, que tu aliento quema.
ABELA.- Mi nombre es el del primer inocente.
LORGIA.- Tu nombre es el del primer idiota.
TEUSETAS.- Aquila, comienza.
FOTINA.- Dinos lo que ves más allá.
MAMILA.- Sombra.
TRIFENA.- Tu hermosa peana de leños la disipará.
MAMILA.- Yo removeré la tuya con mis manos.
ETERIA.- ¿Y si la dejamos empezar?
NICANDRA.- Sí.
ZÓSIMA.-
Cuidado, Nicandrita, que
puedes parecer
sospechosa.
AQUILA.- Veo los palacios elevarse como si se
deshiciera su
destrucción y se levantaran de entre los escombros.
Es el
desmorir del futuro, cuando se pongan en pie las
caídas obras
que no se destruyeron aún Veo cómo todos los hijos de
nuestros hijos ...
EUNA.- ¡Mejor te cegaran, loca estéril!
AQUILA.- se
remueven por entre los escombros, elevados
a pasado esplendoroso, y husmean por el estiércol ...
LEA.- ¡Eterna vocación de basura!
AQUILA.- para
escoger la mejor parte de toda la miseria.
Veo los hijos de los hijos de nuestros hijos
remover los despojos
de la miseria de sus padres y escoger entre ellos
aun la parte más
provechosa. Y sus hijos escoger de entre lo que
reste y no lograr 22
nada Veo
cómo los hijos finales se deshacen de locura y terror,
yertos por no haber sabido conservar la gran
riqueza de sus
mayores.
CUCIA.- ¡Digna suerte!
ETERIA.- Pobres, frente a los que lograron ser sólo
míseros.
AQUILA.- Plaga de cadáveres sobre los que no han de
crecer
las flores ...
ZÓSIMA.- No somos el mejor de los abonos.
EUNA.- Somos el peor estiércol.
AQUILA.- Veo el viento caer derecho sobre las
llanuras y
perecer ahogado sin poder alimentarse de nuestros
últimos
herederos Veo
la noche perecer, sin poder sacar vida del
viento último Veo
la soledad yacente sobre la noche yacente.
TEUSETAS.- ¡Puerca clarividente! Para eso no es
menester
ninguna profecía. ¿Y el tiempo en que ya estamos?
AQUILA.- Veo ahora a los que fueron padres de los
padres de
nuestros padres junto al adobe y la araña,
levantando los
palacios que han de servirnos de cobijo ...
MAMILA.- ¡Palacios llenos de cuadrados de hierro!
ZÓSIMA.- Y señales de hierro en las espaldas.
AQUILA.- construyendo
las cuevas en que nos defendemos
del viento, haciendo con sus propias manos ...
ZÓSIMA.- Amoroso cuidado
AQUILA.- la
cal para blanquear las entradas ...
LORGIA.- Negros los aposentos.
AQUILA.- la
piedra para tallar los bancos, la sal para
alimentar el esfuerzo.
FOTINA.- La esperanza para callarnos.
TEUSETAS.- La inocencia para hablarnos.
ODILA.- El tormento y el dolor para que nos
traduzcan todas
las palabras extrañas.
AQUILA.- Veo cómo se hunde su espalda en el polvo 23
ZÓSIMA.- ¡Y no conocen a sus hijos!
AQUILA.- ...en busca de perdidos y ocultos tesoros
para que
reste, tras ellos, una mejor herencia.
LEA.- Pero no encontrarán una clase distinta de
llanto.
TRIFENA.- Ni, tras ellos, sabremos cómo matar.
ZÓSIMA.- Es ciencia más vieja que el primero.
AQUILA.- Talan los bosques, deshacen los trozos de
tronco,
deshacen las astillas de cada trozo, deshacen cada
trozo de
astilla, deshacen cada partícula, deshacen dada
grano de roja
madera.
EUNA.- Y a nosotras la reconstrucción de los mismos
bosques
de siempre.
FOTINA.- Nicandra, ¿tú no vislumbras dulzuras?
AQUILA.- ¡Ya está el polvo en el polvo, el sudor
entre el
sudor y ahora a separar cada uno su dolor, que unos
han de
cobrar los primeros y otros hemos antes de llenar
la bolsa con
nuestro dolor desparramado!
NICANDRA.- Nada es nuestro, ni la desgracia.
LEA.- ¡Bien por mi blanca paloma, la de los dedos
tejedores!
AQUILA.- Mejor premio a quien lo pida.
NICANDRA.- Pidamos nuestro premio a jueces que
esperan
el suyo a nuestra costa.
AQUILA.- Consigamos ser felices.
NICANDRA.- A costa de los dueños de nuestra
felicidad.
AQUILA.- Veo cómo los palacios y las cuevas y los
troncos
y las astillas se levantan y se hunden en el
corazón de sus amos
y así ruedan sangrando de trecho en trecho, sin que
el agua de
ningún río sea capaz de lavarlas.
NICANDRA.- Mis ojos están cegados por la savia
teñida.
AQUILA.- Veo ya desde el principio el viento y la
noche y la
soledad, que tras la noche se levantan y siembran
para el final su
hambre de pasado mañana, y nosotras estamos tras
ellos
esperando las cosechas.
MAMILA.- Con la historia enrejada delante y detrás. 24
TEUSETAS.- Brujas en la cárcel de interminables
jueces.
ODILA.- Pasto de inquisidores.
ZÓSIMA.- Bastardas de bastardas de bastardas.
LEA.- Malditas y maldicientes.
CUCIA.- ¡Me entrego a cambio de carroña si nadie la
compara con las demás!
NICANDRA.- Y el trigo esbelto, lleno de granos de
sal.
AQUILA.- Y la zampoña rota y la flauta tupida.
NICANDRA.- Y el estirado cuerno, romo y desgajado.
AQUILA.- La pezuña suelta.
NICANDRA.- Veo buitres con hambre de buitres.
AQUILA.- Y esqueletos sin un solo hilo de piel.
NICANDRA.- Veo que los dioses del amor se quitan la
venda y tras la venda no tienen ojos.
AQUILA.- Veo los dioses del odio mendigar a los
dioses del amor.
NICANDRA.- Una paloma sola, que campea sobre
guerras y que se llama «olvido» sin escucharse el nombre.
AQUILA.- Veo la tempestad y, tras la calma, me
gusta.
NICANDRA.- Veo mi corazón, hinchado de calma,
ahogándose.
FOTINA.- ¿Es Dula inocente?
TEUSETAS.- ¿Aparece en vuestros hermosos sueños?
LORGIA.- Comadres del encierro, mis sabias señoras
de esta feliz historia, ¿por qué no cerráis las sucias y desdentadas fauces?
AQUILA.- Por lado alguno logro ver lo que mis ojos
buscan. En ningún reino remoto logro hallar lo que mis alientos
necesitan...
TEUSETAS.- Babas de chivo disfrazado.
MAMILA.- Espuma de vid. 25
NICANDRA.- No está, falta.
ZÓSIMA.- ¿Qué falta, zorra?
LEA.- No nos sumas en la desazón, cereza verde.
FOTINA.- ¿Qué falta, amor, oráculo de lobas?
LORGIA.- ¿El fuerte guerrero que entre tus piernas
se mece?
EUNA.- ¿El curvo cuerno, removedor de entrañas?
ABELA.- ¿Nuestro hermano Caín?
CUCIA.- ¿Qué echas en falta, guarrilla?
MAMILA.- De nuevo ha descendido la luz a más
remotos
abismos y han quedado en frío sus pupilas rosadas.
TEUSETAS.- ¿Y de Dula?
LORGIA.- Sus visiones han sido trascendentales y no
hablaban de la blanca tea que nos iluminará en las
tinieblas.
ODILA.- Si el pedernal se anega, a pedradas.
FOTINA.- ¿No hay nada para el halcón prisionero?
MAMILA.- ¡Gallo castrado!
ABELA.- ¿Castramos sus ojos para que vean más
visiones
interiores?
ZÓSIMA.- Añoro la suerte del mundo si tú hubieras
hallado
antes la quijada, pastora.
TEUSETAS.- Las adivinas han concluido. Que su
oráculo se
cumpla.
ODILA.- Bienaventurada tú, que has creído.
FOTINA.- Loca, que has desesperado.
MAMILA.- ¿No sabes que tienes un sitio junto a tus
jueces en
la corte final?
LORGIA.- Cerca estarás de ellos, junto a su
estrado.
EUNA.- Sobre el turbio enjambre de chispas.
TRIFENA.- Para que retoces sobre el caliente lecho.
CUCIA.- Mientras el amado soba tus muslos, ingle
abajo. 26
ETERIA.- Y tu corazón se consume de amor.
ZÓSIMA.- Y leña.
ODILA.- Pero ningún rastro de Dula, nuestra niña.
TODAS.- Ninguno...
TEUSETAS.- Habrá de bastarnos su confesión.
MAMILA.- Tan completa y tan clara.
ZÓSIMA.- Libremente hecha.
ETERIA.- En que se reconoce, Él nos valga,
culpable.
LORGIA.- Hasta que, Él nos valga, se reconoció
culpable.
CUCIA.- Cambiante suerte del parecer humano.
ABELA.- Su docilidad la ha perdido. Pero no seamos
inhumanas: registremos mejores testimonios.
MAMILA.- ¿Fusca?
TEUSETAS.- La suave perra no entiende de leyes.
EUNA.- Pero es casi divina aullando.
LEA.- Inquisidor sin precio, insobornable testigo.
MAMILA.- Aúlla, amada Fusca...
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh!
MAMILA.- ¡Es deliciosa su voz! Me produce vértigo.
TRIFENA.- Es el delirio.
FOTINA.- Teníamos mejores esperanzas en el registro
de los
tiempos.
ODILA.- Démonos por satisfechas. ¿Quién es capaz de
establecer la medida de la inocencia?
TEUSETAS.- Sólo la culpa tiene límites.
LORGIA.- Impasibles jueces, ¿arderá como el
Inquisidor?
ETERIA.- Incienso de paja y carne.
CUCIA.- Sus gritos serán de ambos, hermanos en el
placer de 27
consumirse.
TRIFENA.- Feliz ella, que no es libre de seguir
viviendo.
LEA.- Tan sólo queda el final. ¿No hemos de entonar
por anticipado sus exequias?
ZÓSIMA.- A coro, mis palomas
MAMILA.- No la privemos del sublime gozo.
TODAS.- Y se elevarán las cenizas hasta ti.
Y hasta ti el humo llegará, como nube cargada.
Hasta ti su purificado temor, débil tras la
desgracia.
Hasta ti su candor, negro como encina.
Y su ceniza hasta ti.
No desoigas su llamada
cuando en la barca se aproxime,
escucha su voz.
Hasta el aliento, entreverado de llama.
Hasta ti la paz final, cosechada entre las estrías
del leño, hasta ti la voz enronquecida, hasta ti la penumbra,
hasta ti, Tiniebla.
AQUILA.- Veo mis ojos junto a mí, escuchándome.
Veo mis ojos frente a mí y, entre ambos, nada.
ZÓSIMA.- Tal es la historia.
(Telón.) 28
CUADRO IV
Sigue el juicio.
TEUSETAS.-
Las visiones han
llegado a su
fin.
Procederemos a resolver el asunto según un sistema.
TRIFENA.- En círculo, como los pajaritos negros
brillantes.
LORGIA.- Está fallando mi impostora.
ETERIA.- ¡Gloria a ti, naufraga del amor!
ODILA.- ¿No piensas ayudar a tu protegida?
ETERIA.- El candor resplandece sin ayuda.
LEA.- Como el cristal de tus ojos, luminosa.
ETERIA.- Me temo que en este trance esté demasiado
opaco.
Solicito que sea presentada alguna prueba evidente.
FOTINA.- Mírame, mírame bien.
ETERIA.- ¡Ya tiemblo! Dime...
FOTINA.- Tócame, pálpame.
LORGIA.- La abstinencia os confunde, bella dama.
Tenéis delante tan sólo a un apuesto caracol arrugado. No es bello príncipe.
FOTINA.- Tiéntame, caracolito, remedo de ciervo
cojo.
ETERIA.- Tus carnes están flacas pero, a falta...
FOTINA.- ¿No es demasiado evidente?
ETERIA.- Pero tu odio pequeño, de tarántula peluda,
no es una prueba.
TEUSETAS.- ¿Y qué solicita vuestra señoría?
MAMILA.- Tentar otra vez, supongo.
LORGIA.- Privilegio de letrados. 29
ETERIA.- Pruebas.
LEA.- También está previsto el tormento para bobos.
ETERIA.- Ya te tengo a ti, rata.
ZÓSIMA.- Repartamos en silencio el queso de la paz.
¿No es posible resolver con calma nuestro asunto?
TEUSETAS.- Di de una vez lo que pretendes, que
tenemos en vilo la espera.
ETERIA.- Registradla.
ODILA.- ¿Qué vamos a sacar de su cuerpo flaco? Ni
tan sólo piojos peleones.
ETERIA.- Su cuerpo nos dirá si es o no amante del
macho.
FOTINA.- Abramos su vientre redondo, busquemos el
camino.
ETERIA.- Con un registro lo sabremos. Sus huellas
no se borran.
ODILA.- ¿Qué haremos si están?
TEUSETAS.- Con los leños prenderemos la leña. ¿Qué
más da un motivo que otro?
LORGIA.- Mejor, así muere por el mismo cauce.
EUNA.- ¡Bisnietas de jueces!
CUCIA.- ¡Tú su digna madre!
FOTINA.- Por mí, que se haga.
MAMILA.- Si está ya decidido...
ODILA.- Por mí, que se haga también.
TEUSETAS.- Que no quede para más tarde.
(Entre varias cogen a DULA, la desatan, y procuran
reanimarla. Después comienzan a arrancarle los
vestidos
hasta que queda completamente desnuda, sin fuerzas
para 30
sostenerse, en el suelo.)
ETERIA.- Que la registren gentes sin odio.
ODILA.- ¿Te sabes la farsa? Eres digna.
FOTINA.- Da lo mismo que sea una que otra.
ETERIA.- No.
TEUSETAS.- Mamila, Lorgia, Abela.
ETERIA.- Las peores.
ABELA.- Demuéstranos que tus uñas negras están
menos negras que las nuestras, desnidadora.
LORGIA.- ¿Dónde conseguiste tus inocentes modales?
MAMILA.- Para luego las lecciones de alcurnia. Registremos. ETERIA.- ¡No!
MAMILA.- ¡Fusca!
(La PERRA FUSCA lanza dentelladas contra ETERIA que
se vuelve y, de una patada, estrella a la perra contra los barrotes.)
ETERIA.- Está vieja para perdiz tan viva.
MAMILA.- Pero su dueña tiene aún fuertes uñas.
TEUSETAS.- ¡Basta! (A ETERIA.) ¿Por qué no?
ETERIA.- Zósima, Lea, Nicandra.
ODILA.- Nicandra no tiene cabales.
ETERIA.- Nicandra.
FOTINA.- Bien, venga, ¿qué importa?
(ZÓSIMA, LEA y NICANDRA se acercan a DULA e
inclinan la cabeza por entre sus piernas separadas.
Durante un largo rato miran la ingle de la mujer y
hurgan 31
sin pudor. Luego la dejan.)
ZÓSIMA.- La han conocido.
ODILA.- La virgen callada atruena.
LEA.- Un enorme boquete.
TEUSETAS.- ¿Ha de ser una de nosotras?
LORGIA.- ¡Ya quisieras tú tanta suerte, alondra!
MAMILA.- La dilación me fastidia. Está la paja,
está la piedra, está la mujer, está desnuda. Todo está, ¿qué esperamos?
FOTINA.- Eteria espera la justicia.
ABELA.- La justicia falta siempre.
EUNA.- Convidada sin hambre, ¿vamos a dejarle parte
también?
TEUSETAS.- Preparadlo.
LORGIA.- Aquí todos somos señores. Además, será
preciso que soplemos todas.
ETERIA.- Yo me aparto.
MAMILA.- ¡Nadie se aparta! O soplando, o entre las
llamas.
FOTINA.- Dejemos a salvo la dignidad, no se
chamusque. Si quiere dormir mientras dura la fiesta, allá ella.
TRIFENA.- En esta prisión no es obligatorio
divertirse.
ZÓSIMA.- Sólo es obligatorio morir.
TEUSETAS.- La pira...
EUNA.- Ayuda tú también, pocilga.
(Van juntando toda la paja junto a los barrotes de
la verja
delantera, en el centro. Cuantas prendas o trozos
de andrajo pueden despreciar son amontonadas también. Atan a DULA de espaldas
contra los hierros, en cruz, desnuda como está. La mujer no puede ni sostener
levantada la cabeza. MAMILA prende con cuidado uno de los haces de paja y se
acerca a la pira.)
FOTINA.- ¡Espera! ¿Olvidamos a nuestro Inquisidor? 32
ODILA.- No dudes, Nicandra: todo llega.
TEUSETAS.- Atad el muñeco a Dula.
MAMILA.- Que gocen en compañía.
(LEA ata el muñeco a la mujer.)
ABELA.- A sus pechos, como niño tierno.
ZÓSIMA.- Nacidos para las sombras.
LEA.- Lactancia póstuma.
MAMILA.- ¿Ya?
ZÓSIMA.- ¡Bello cuadro! Es el misterio de la vida.
LORGIA.- Nuestras lágrimas mejores, nuestros
mejores suspiros.
TEUSETAS.- Por vez primera hermanas inocencia y
justicia.
ETERIA.- Hienas...
CUCIA.- ¿Y la palma en flor del martirio, tierna
Eteria?
ODILA.- El fuego.
(MAMILA acerca la llama a la pira, que comienza a
arder inmediatamente. DULA se debate unos instantes pero rápidamente se
aquieta, asfixiada por el humo que se extiende maniquí arriba. Todas, incluso
ETERIA, contemplan el espectáculo en silencio al principio. Pero pronto,
llevadas por su obsesionante histeria, se lanzan en agitada carrera de un lado
a otro de la mazmorra.)
LORGIA.- ¡¡Aleluya, aleluya!!
ABELA.- ¡Mirad cómo se amamanta la ardiente vida!
EUNA.- ¡El leño, deshilemos el leño!
TEUSETAS.- ¡Hagámonos escribir en la roca del
tiempo! 33
MAMILA.- Respirad conmigo, reíd conmigo, ¡aullad
conmigo!
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh! LORGIA.-
Juntemos las manos y ensalcemos el misterio. TODAS.- ¡¡Aleluya, aleluya,
aleluya!!
TRIFENA.- Desterremos la lágrima para siempre,
desterremos el temor y la humildad y la ternura.
LEA.- Rocas de un enorme mar sin orillas.
ZÓSIMA.- Orilla de un universo sin océanos.
TEUSETAS.- Cardo de las palmas.
NICANDRA.- Cizaña del trigo.
FOTINA.- Gavilanes de palomas sin color y sin
rumbo.
TODAS.- ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
TEUSETAS.- Que nadie se libre de acercar con sus
propias manos un ramo de claveles de fuego.
(Todas se vuelcan sobre la pira, que está en su
momento culminante, y arriman los haces desparramados. El fuego aún tarda en
consumirse, pero sus gritos y carreras se van calmando hasta que todas
contemplan, inmóviles, cómo se consumen los restos últimos de la paja. El
cadáver de DULA permanece atado, seminegro, con un pingajo a medio quemar
colgado del cuello.)
Pronto volveremos a tener las manos frías.
MAMILA.- Pronto dejará de bastarnos el silencio.
EUNA.- Pronto dejaremos de entender nuestras voces
más
queridas.
LORGIA.- Pronto el silencio dejará de ser palabra
común.
ETERIA.- Pronto no sabremos dónde seguir yendo a
por más
desesperanzas.
PERRA FUSCA.- ¡Auuuuuuuuuhhhhhhhhh! 34
MAMILA.- Perra mía, triste perra sin dueña, ¿qué
será de ti cuando recobres tu vida entre las llamas y hayas olvidado todos los
nombres?
TRIFENA.- Su espíritu nos abandona, su mano se
pierde.
ZÓSIMA.- Hemos consumido el fuego.
TEUSETAS.- Dejamos de ver los horizontes de
siempre.
Dejamos de sentir los mismos cuadrados paisajes.
MAMILA.- Se acerca el momento del camino solitario.
NICANDRA.- Yo
quiero volver a apacentar mis palomas.
EUNA.- Yo
quiero volver a reposar mis cabellos.
LEA.- Yo
quiero volver a descender mis manos.
FOTINA.- Yo
quiero volver a recortar mis ojos.
ABELA.- Yo
quiero volver a ofrecer mis mejores ovejas.
LORGIA.- Yo
quiero volver a desandar mis caminos.
AQUILA.- Yo
quiero volver a contemplar mis palacios.
TRIFENA.- Yo
quiero volver a deshacer mis lágrimas.
CUCIA.- Yo
quiero volver a perseguir mis aves.
TEUSETAS.- Yo
quiero volver a ennegrecer los cuervos.
NICANDRA.- Yo
quiero volver a tejer mis muñecos.
MAMILA.- Yo
quiero volver a vigilar a mis perros.
ZÓSIMA.- Yo
quiero volver.
(Oscuro.)
VOZ DE MAMILA.- Fotina, ¿sabes que estaba preñada?
VOZ DE FOTINA.- ¿De quién?
VOZ DE MAMILA.- De hombre, naturalmente, ¿de quién
si no?
VOZ DE FOTINA.- El hijo era inocente. 35
VOZ DE MAMILA.- Contra el silencio no se peca.
VOZ DE FOTINA.- Él era inocente.
VOZ DE MAMILA.- Todos somos inocentes.
(Telón.)
CUADRO V
La mazmorra. Han pasado los días y el cadáver de
DULA sigue colgado de los barrotes. La carroña, la suciedad acumulada y la
peste, han comenzado a hacer estragos.
TRIFENA, EUNA, ETERIA, ZÓSIMA, TEUSETAS, NICANDRA y
LEA han muerto y yacen en diversos rincones sin que nadie se haya molestado
siquiera en cambiarlas de posición. AQUILA mece suavemente a un niño
inexistente.
AQUILA.- Duérmete, mi vida, duérmete mi bien, que
hoy es
noche todo y mañana también.
ABELA.- Apestas ya con tu dichoso cadáver.
CUCIA.- ¡Esconde la jeta, guarra! ¿A ti qué te
importa?
ABELA.- Me importa Dula y los hijos de Dula.
LORGIA.- Remordimientos seniles.
FOTINA.- Ahora ella es nuestro juez.
MAMILA.- Y nuestro verdugo.
ODILA.-
Le tengo cogido
el aire a
tres perfiles de
sorprendente belleza. Bien mirado, desde allá,
junto a la verja,
su redonda cadera ha dejado paso a los huesos
renegridos. Es...,
¿cómo lo diría yo?...
ABELA.- Mejor no lo digas, peliesparto. 36
ODILA.- Un hermoso atardecer entre las sombras.
CUCIA.- ¿Os habéis fijado en los ojos de vuestras
hermanas?
MAMILA.- ¡Ni de lejos! Ya de coleantes no llegaron
a
entusiasmarme. Se les notará que empinaban. Porque
las
pobrecitas mártires empinaban.
CUCIA.- Son como redondos espejitos azules y
negros. Los de
Teusetas son grises, acuosos. A Zósima se los han
roído pronto
los gusanos.
LORGIA.- Tanto padecer con la hoguera y bien secas
y
enteras que han caído en la poda.
ODILA.- ¡Cumplida venganza ha tomado la paloma!
FOTINA.- Nosotras, que no supimos pasarnos sin la
carroña.
ABELA.- Bajo tu saya está.
CUCIA.- Calmaos, condenadas ¿Es dulce esperar?
ODILA.- Desde delante, en cambio, con los cabellos
tiesos y
el señor inquisidor tan abrazado, parece que la
hubiera cogido el
terror a medios amores. Es una moraleja viviente.
FOTINA.- ¿Viviente, prenda? ¡Dirás corrompiente!
CUCIA.- Destino de toda moraleja.
MAMILA.- Dula ha sabido sembrar. ¡Lástima que no
recoja
la cosecha, que mozas tan garridas se encuentran
pocas por estos
lugares!
ABELA.- El leño las casó a todas. ¡Desposorios de
gratitud,
que dirían los sabios!
MAMILA.- Has de ennoblecer las horcas con cultura.
CUCIA.- Erudición y magia: todo es lo mismo en
estas viñas.
AQUILA.- Pereceremos.
LORGIA.- Como un dogma. Tan sólo es cuestión de
tiempo.
AQUILA.- ¿Y de mi dulce niño, de mi niño indefenso?
MAMILA.- Ofréceselo a algún poderoso. Tal vez
consigas
que se salve para mejores futuros.
AQUILA.- Todas, todas vamos a morir. 37
ABELA.- No lo digas así, que parece peor de lo que
ya resulta.
LORGIA.- Hagamos penitencia. Yo sé.
MAMILA.- Si golpeamos las paredes con la cabeza
corremos
peligro de tirarlas. Y, ¿dónde nos cobijaremos
luego, fuera de
nuestra cárcel, lejos del calor del cubil?
AQUILA.- Hagamos penitencia.
ODILA.- Hagamos penitencia.
CUCIA.- Hagamos penitencia.
FOTINA.- Hagamos penitencia.
MAMILA.- ¡Bien está, pestes!, hagámosla. ¿Y a quién
le
vamos a presentar la bandeja con nuestra
penitencia? ¡Oh poder
divino!: Aquí están las malditas brujas de la celda
perdida,
suplicándote que las saques del barro. Y, a cambio,
te ofrecen
este puñado de greñas que han tenido el valor de
arrancarse. ¡Oh
chivo
sagrado!: Aquí están
las comedoras de
palomas
implorándote que las devuelvas y con tu moño de
cuernos las
hagas de pasión un manojo de delirios. ¡Oh gran
padre de las mil
patrañas!: Aquí están los piojos supervivientes que
no quieren
hacerse piojos supermorientes.
ODILA.- ¡Hagamos penitencia!
MAMILA.- De acuerdo, malditas roñas, hagamos
penitencia.
¡De rodillas! Y ahora vamos a lamer el suelo, como
gatos
maleducados, en busca de alguna briznita de
porquería que
comer. Y nadie se va a tragar sola todo el festín
que encuentre,
sino que lo va a repartir con sus otros hermanos
gatitos. Quien
no encuentre nada, que se golpee contra los
barrotes hasta que
se haga migas el seso; y que no se le ocurra a
ninguna escurrir
el puerco bulto, porque puede acabar la penitencia
en gresca.
Cabezazo y repetición y que se oiga el vacío
resonar. ¡A tus pies
llegamos, quienquiera que seas!
TODAS.- (Golpeándose.).- ¡Quienquiera que seas!
MAMILA.- Agua, y pan, y segundos tranquilos y lejos
del
árbol, del adobe y del hierro te pedimos estar.
TODAS.- (Golpeándose.) Lejos del hierro te pedimos
estar.
MAMILA.- No queremos recordar a Dula, ni al
fantasma del
hijo de Dula, ni a la peste de Dula, ni queremos
que Aquila siga 38
meciendo niños inexistentes.
TODAS.- (Golpeándose.).- No queremos mecer niños
inexistentes.
FOTINA.- Prometemos no volver a pensar ni que somos
culpables ni que no lo somos.
TODAS.- (Golpeándose.) No somos culpables ni no lo
somos.
MAMILA.- Haremos lo que ordenes que tengamos que
hacer.
TODAS.- (Golpeándose.) Haremos lo que podamos de
todo lo que ordenes.
MAMILA.- Prometemos llegar hasta donde sea preciso
para encontrarte, por lejos que estés...
TODAS.- (Golpeándose.) Prometemos pensar que no
estás lejos.
MAMILA.- Danos cualquier cosa más que lo que
tenemos ahora. Acepta nuestra penitencia humilde.
TODAS.- (Golpeándose.) Acepta también lo que
tenemos ahora.
MAMILA.- ¡Más fuerte, pecadoras! ¿No queríais
penitencia?
(FOTINA se estrella contra los barrotes y el golpe
la
fulmina. Nadie se preocupa de ella.)
MAMILA.- Te ofrecemos a una de nosotras en
desagravio por
nuestras anteriores ofensas.
TODAS.- (Golpeándose.) Te ofrecemos al hijo de una
de
nosotras.
MAMILA.- Te ofrecemos al hijo de cualquiera, sea el
que
sea.
TODAS.- (Golpeándose.) Te ofrecemos cualquier hijo
de
Aquila.
AQUILA.- (Refugiándose en un rincón.) ¡¡No!!
TODAS.- También te ofrecemos a Aquila, que lleva ya
los 39
ojos sembrados.
(AQUILA en el rincón se encoge como la espiga que
ve
venir la hoz. Ninguna de las restantes ha
abandonado su
posición de rodillas, junto a los muros.)
MAMILA.- Imploramos (Levantándose.)
¡Basta! Tengo
partidos los riñones.
ODILA.- Te ocurre más bien que te pesa la abundante
mondonga.
CUCIA.- La roña.
ABELA.- Mamila es un pequeño sapo crecido, de piel
caliente.
MAMILA.- ¡A bastantes lugares os va a llevar
vuestra
penitencia! Aquí no hay más que atravesar la criba.
LORGIA.- Hemos adorado al cordero ...
ABELA.- Sí, de los cuernos retorcidos.
LORGIA.- Y ahora resulta que sólo quedan los huesos
del
banquete.
ODILA.- Dula, en cambio, adoraba dejar tras ella un
hermoso
recuerdo. Y lo ha conseguido ...
MAMILA.- Sólo veo volutas de humo por todos los
rincones.
Recuerdo mis primeras noches de amor, allá en la
juventud,
cazando fantasmas nocturnos ...
ODILA.- ¿Nunca te fue a la red uno gordo, pesado,
criador de
perros gritones?
ABELA.- Podemos ir tras el fantasma del retorcido
de frente.
CUCIA.- A caballo de otro retorcido también.
LORGIA.- Como Tauro tras Aries.
ODILA.- Semizodíaco de muertas.
MAMILA.- Tauro para mí. ¡Campo al jinete! Soy tan
veloz
como la furia del cuello de un bravo.
CUCIA.- Géminis yo, que me apoyaré en mi doble
estirpe.
ABELA.- Yo, Cáncer. 40
MAMILA.- Tú cáncer, sí, coz del cielo.
CUCIA.- Leo para Fusca, de larga melena.
LORGIA.- ¿Quién Virgo?
MAMILA.- Nadie hará ese papel. Ni el de Libra.
Usemos
disfraces a medida.
LORGIA.- Escorpio.
ABELA.- Me precipité. A ti la venganza.
ODILA.- Sagitario.
MAMILA.- Como Nemrod, sólo que más desesperado y
más
fiero.
CUCIA.- No esperemos. Tras ellos, otra vez
Capricornio. A
sus talones. ¡Tras el macho de la espiral en la
frente!
(Se precipitan en alocada carrera, unas tras otras
y van de
un lado a otro de la celda. CUCIA tropieza y cae.
Ya no se
levanta. Las demás se acercan y la miran en
silencio.)
ODILA.- Su doble estirpe ¡Bah!, tronchada de un golpe
solitario.
MAMILA.- Fecunda Dula ...
ABELA.- Nunca dio tantos granos por grano tierra
alguna.
LORGIA.- Es verdad: el maligno nos tiene.
ODILA.- ¿Quién es el maligno?
MAMILA.- Pero en esta hora no habrá profeta que nos
desnude.
LORGIA.- La piara nos salvará. Nosotras seremos las
endemoniadas, los cerdos y los demonios. Y tal vez
en el
cambio de traje podamos huir de la escena.
MAMILA.- Otra que sombrea ...
ABELA.- Siempre se empieza con delirios.
LORGIA.- No deliro 41
ODILA.- Todas deliramos.
MAMILA.- Tan sólo nos queda que perder el tiempo,
porque la vida está perdida. Podemos derrocharlo, si es nuestro el gusto. Al
fin y al cabo, ¿qué importa?
ODILA.- ¿Y quién es el taumaturgo de la nueva
historia?
LORGIA.- Fusca reducirá la locura de la manada y
contendrá nuestra furia.
ODILA.- Pero el poder, el poder del milagro, ¿quién
tiene el poder del milagro?
MAMILA.- ¿Aún no has comprendido que lo que no se
haga aquí dentro no lo hará nadie más? Busca, busca el poder por los rincones
de la lujosa estancia. Tráelo luego en cualquiera de las bandejas doradas... Y
entonces te diremos el dónde, el cómo y el cuándo de ese poder por el que
preguntas. Entre tanto, conviene animarse para la transmutación.
LORGIA.- La autoalquimia hacia el futuro.
ABELA.- Vamos a desvelar el tiempo, a saber lo que
se
encuentra tras el cerco de nubes, a descubrir...
MAMILA.- Vamos a gruñir, si sale, como verdaderos,
auténticos y dignos cerdos histéricos. Y a gruñir, si no sale, como verdaderas
y dignas cerdas condenadas.
LORGIA.- Bastará con que pensemos que nos
encaminamos al más remoto lugar, tan lejos de aquí que sea preciso salir de
nosotras mismas. Que nadie regrese jamás, si lo consigue.
(Como poseídas se lanzan al suelo y recorren la
estancia gruñendo rabiosamente. Es un baile parecido al anterior, sólo que a
rastras. ABELA será esta vez la que no se levante cuando las otras se
incorporan.)
ODILA.- Ya entonó su hermoso gruñido el cisne.
LORGIA.- No regresará jamás, efectivamente.
MAMILA.- De tal pocilga no se vuelve.
LORGIA.- Se dice que el frío acogota la voz.
ODILA.- Es madre del silencio. Nuestra palabra se
reduce. 42
MAMILA.- Sí, se reduce a castañeteo y a llanto.
Éste es el juego del llorar y del crujir de dientes.
LORGIA.- A mí ninguno me resta.
ODILA.- Viejas de morros fofos, sin destino. Si al
menos
pudiéramos recordar...
MAMILA.- Nos hemos dedicado a pasatiempos sin
futuro y ahora hay que añorar de pega.
LORGIA.- Ni siquiera.
MAMILA.- Sí, que siempre se puede dejar correr
libre el invento. Yo ya no soy Mamila ni estoy aquí, dentro de no sé dónde,
encerrada, haciendo penitencia delante del vacío, viendo
a mis
queridas «poco-más-que-dos-cuencas-redondas», Lorgia y Odila. Yo soy dama de
gran corte, en cualquier recoleta sala de palacio, sobre sillón de oreja y
cuero, llena hasta las mismas puntas del pecho de bordado, y de ahí hasta
arriba, espléndido presente en flor para galanes de alcurnia. Ojos vivos,
intensos, en los que se recoge tanta ilusión para mañana y pasado, que el otro
de pasado mañana se pierde, cargado de riqueza sin medida. Vosotras sois mis
dos mejores confidentes y... ¿Para qué seguir, lobitas?
ODILA.- Lorgia tiene razón: ni siquiera.
MAMILA.- Nadie mejor que nosotras para saber
esperar, veteranas de todas las nostalgias.
LORGIA.- Hemos inventado ya todos los juegos.
ODILA.- Vidas y muertes hemos sido. Sólo queda lo
que no somos. Y no sé por qué aún no se termina el juego.
MAMILA.- Tal vez porque ya no somos ni siquiera un
simple pasatiempo.
LORGIA.- Quizá sólo somos un olvido.
ODILA.- Pero yo recuerdo. No sé qué. Pero sé que
sigo, pese a todo, recordando... (Poco a poco, se va dejando resbalar al suelo,
donde queda inmóvil.)
LORGIA.- Tal vez a destiempo llegó su desafío.
MAMILA.- ¿A quién le llegó?
(Pausa larga.) 43
LORGIA.- Mamila ...
MAMILA.- Sí, ya lo sé, no lo hagas palabras.
LORGIA.- Tú eres fuerte, tú no desesperas, tú no
decaes ...
MAMILA.- Fuerte como el viento. Desesperar no es
posible
ya; en cuanto a decaer Más bajo no hemos de llegar ...
LORGIA.- ¿Qué sucede, Mamila?
MAMILA.- Nada sucede Ha dejado todo de suceder.
LORGIA.- Durmamos ...
MAMILA.- Duerme tú, que yo vigilo.
(Pausa larga.)
LORGIA.- Mamila, ¿es el final?
MAMILA.- Es el medio, el eterno medio, Lorgia.
(LORGIA se tiende en el suelo y se duerme. MAMILA
se
acerca y oye durante un rato su respiración. Al
cabo se
escucha un suspiro final. MAMILA se acerca
sucesivamente a cada una de las mujeres caídas.)
Aquí Teusetas, que juzgó y condenó a germinar a la
semilla de
nuestra propia condena Aquila, viviendo en palacios del
futuro, con enormes estrellas señalando sus
abiertas rejas ...
Trifena, la mejor dispuesta a marchar ...
Fotina, la ...
¡Fotina!
¡¡Fotina, Abela, Odila!!
¡¡¡Fotina!!! ¡¡¡Eteria!!!
(Se lanza sobre la PERRA FUSCA y se sube a
horcajadas
sobre ella. Luego recorren a un lento trotecillo
todo el
recinto, mientras MAMILA grita en enloquecida.) 44
MAMILA.- ¡¡Trifena, Cucia, Nicandra, Zósima,
Teusetas!!... ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!... ¡¡Lorgia, Dula, Lea!! ¡Yo soy la
única, la más fuerte, la última del inmenso rebaño de puercos! Mi demonio, mi
dios, mi dios, mi demonio, ¿dónde estáis? ¿En qué playa lejana, que no oís mis
rugidos? ¿Quién llora por nosotras, las negras magas de mil mundos a la
redonda? ¡Ja, ja, ja!...
¡Oídme, hermanas!... ¡Nadie más acá del último
límite, nadie tampoco más allá! ¡Estamos solas, sin machos ni dioses! ¡Ah, mi
perrita! Mi dulce perrita de las noches calientes... Yo he de convertirme para
siempre en nuestros sueños finales... ¡Yo, yo, yooooooo!...
(Cae muerta al suelo. Queda la PERRA FUSCA aullando
débilmente por entre los cadáveres mientras
desciende el 45
telón.)

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