© Libro N° 7983.
Gramsci, De La Lectura Macropolítica A La
Micropolítica. Canzutti, Alan.
Emancipación. Noviembre 21 de 2020.
Título
original: ©
Gramsci, De La Lectura Macropolítica A La
Micropolítica. Alan Canzutti
Versión Original: © Gramsci, De La Lectura Macropolítica A
La Micropolítica. Alan Canzutti
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Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
GRAMSCI, DE LA
LECTURA MACROPOLÍTICA A LA MICROPOLÍTICA
Alan Canzutti
Gramsci, De La Lectura
Macropolítica A La Micropolítica
Alan Canzutti
Para iniciar esta breve ponencia se considera
necesario aclarar que no es el resultado, la conclusión de una investigación,
sino que por el contrario es el inicio, y como tal supone ciertos márgenes de
amplitud, que con el correr de las lecturas, se podrían ir acotando y
focalizando en aspectos particulares, delimitando con mayor precisión el objeto
de estudio.
En este sentido, el presente trabajo pretende ser
sólo el inicio una aplicación distinta del pensamiento gramsciano. El motivo
principal de dicha aplicación estaría orientado a incorporar a las lecturas
tradicionales de este autor una perspectiva distinta y a la cual se le
completará con nuevos componentes teóricos producto del avance de las
interpretaciones sobre la realidad contemporánea y sobre todo, actualizando
algunos elementos teóricos a partir de los cambios que se han producido en el
sistema capitalista actual. En este sentido, creo que Gramsci puede
realizar aportes únicos a la compresión de la realidad que nos toca vivir, pero
que en virtud de las mutaciones sistémicas, son insuficientes, es decir,
necesitan ser completados.
A la luz de estos lineamientos, propongo en esta
breve ponencia indagar sobre la posibilidad de pensar desde un marco teórico
gramsciano una micropolítica. La justificación de la importancia del
tratamiento de dicha problemática se puede hallar en la necesidad de dotar de
mejores elementos teóricos a la práctica política. Argumentos que pueden
encontrarse en el mismo pensamiento gramsciano.
Se considera pues conveniente iniciar el intento de
incorporación de conceptos analizando las posibilidades teóricas de realizar la
innovación y de esta forma se trabajarán una serie de conceptualizaciones desde
la perspectiva gramsciana con el fin de analizarlas desde una configuración
interna y teniendo en consideración que dichas presentaciones serán
introducidas de forma sintética debido al poco espacio del que se dispone.
En principio es necesario presentar la noción
gramsciana de filosofía que es el punto de partida autoreferencial porque
permite justificar la práctica específica del filósofo en tanto principal
responsable de los entrecruzamientos teóricos y prácticos.
Dice Gramsci “La Filosofía de
una época, no es la filosofía de tal o cual filósofo, de tal o cual grupo de
intelectuales, de tal o cual sector de las masas populares: es la combinación
de todos estos elementos, que culmina en una determinada dirección y en la cual
esa culminación se torna norma de acción colectiva, esto es deviene “historia”
concreta y completa (integral)”[1]. Por lo tanto, no se tata
de una visión positivista de la filosofía, sino más bien de poder indagar sobre
el trasfondo social del pensamiento y a partir de él incorporar aquellos
conceptos y prácticas innovadoras con respecto a la realidad. La filosofía es
teórica y práctica.
Gramsci sostiene que “La historia de la filosofía, como se entiende
comúnmente, esto es, la historia de la filosofía de los filósofos, es la
historia de las iniciativas de una determinada clase de personas para cambiar,
corregir, perfeccionar, las concepciones del mundo existentes en cada época
determinada, y para cambiar consiguientemente, las normas de conducta conformes
y relativas a ellas; o sea, por modificar la actividad práctica en su conjunto”[2]. Muy lucidamente desde mi
perspectiva, Gramsci describe las funciones de los filósofos a
lo largo de la historia, dentro de los cuales nos podemos encontrar a los
actuales pensadores de filosofía política. En la medida que tales, se han
dedicado a profundizar teóricamente sobre concepciones del mundo ya existentes,
y creando sobre esa base, nuevas formas de entender la realidad. Pero como se
lee en lo que dice el autor, no se puede separar el aspecto teórico del
práctico. “Cambiar las normas de conducta” implica que en el fondo, lo
que mueve el planteo de los filósofos es modificar el mundo práctico. En este
sentido, los debates actuales en torno a la micropolítica pueden ser enmarcados
como discusiones entre diversas concepciones del mundo actuales y pasadas que
buscan definir el problema de cómo modificar la actividad práctica, a lo que yo
agrego la pregunta de con que fines y en beneficio real de quién.
Es así que “La filosofía de una época histórica
no es por consiguiente, otra cosa que la historia de dicha época; no es otra
cosa que la masa de variaciones que el grupo dirigente ha logrado determinar en
la realidad precedente: historia y filosofía son inseparables en este sentido:
forman un “bloque”[3]. En esto radica la
realidad que se enunció con anterioridad. Existen concepciones del mundo que
devienen historia en la medida que son construcciones funcionales a los
intereses de los sectores dominantes, y en tanto historia no se pueden
presentar como absolutas porque la sociedad está escindida y por ello además
existen concepciones del mundo (filosofía de la praxis para Gramsci)
que se proponen modificar sistema, que buscan liberar a los oprimidos y crear
nuevas formas de entender la realidad conforme estas personas históricas.
Además, muy lucidamente Gramsci vio
en su contexto. “Es verdad que una época histórica y una determinada
sociedad son representadas, mas bien por la media de los intelectuales y, de
ahí, por los mediocres: pero la ideología difusa de la masa, debe ser
distinguida de las obras científicas, de las grandes síntesis filosóficas, que
son en definitiva, las piedras angulares y que deben ser netamente superadas”[4] Siguiendo a Gramsci se
podrían decir varias cuestiones elementales al respecto de esta cita, en
principio que cada uno de los estratos de la sociedad está conformado en
función de los intelectuales. En este sentido, su influencia ha sido importante
en la redefinición de este concepto. Para él todos los hombres son
intelectuales, pero no todos cumplen esa función en la sociedad. El ser del
intelectual consiste en “su participación activa en la vida práctica, como
constructor, organizador “persuasivo permanente” no como simple orador”[5]. Así esta categoría no se
refiere a los trabajadores del pensamiento de los estratos superiores, sino que
un gerente de una fábrica, un maestro, etc. son intelectuales en la medida que
organizan la actividad práctica de los hombres en función de cierta construcción
social. Es así que, el intelectual no es un ser que está aislado ni lo
intelectual puede ser reducido a los estudios de la alta cultura burguesa. De
esta forma, se podrían incorporar elementos de intelectuales que tengan o no
que ver con la alta cultura, como dice Gramsci, una innovación en
el plano de la política puede ser un gran evento metafísico. Se trata pues de
debatir con la alta cultura y trabajar con la masa humana, en el plano de las
relaciones macro y micropolítica. Por ejemplo, contra los teóricos de la educación
y en el aula. Hay que superar las grandes síntesis y su influencia en la masa
en términos de teoría y práctica.
Retomando la cuestión, Gramsci sostiene:
“Estos sistemas (filosóficos) influyen sobre las masas populares como una
fuerza política externa, como elemento de fuerza cohesiva de las clases
dirigentes, como elemento de subordinación a una hegemonía exterior, que limita
el pensamiento negativamente original de las masas populares, sin influir en el
positivamente como fermento vital”[6]. Por lo tanto, ¿es posible
incorporar aquellos conceptos o marcos provenientes de teorías alternativas que
se proponen la creación de ese “fermento vital”? La respuesta en principio
sería positiva.
Continuando con estas justificaciones, desde la
teoría gramsciana no sería inviable incorporar elementos provenientes de otras
corrientes de pensamiento. Desde el inicio Gramsci (cómo Marx)
reconoció la necesidad de actualizar su pensamiento, al cual siempre consideró
como provisorio. De esta forma, al leer a Gramsci, no nos
encontramos ni ante un corpus definitivo ni ante un libro sagrado que nos
aporta las recetas a seguir para modificar el mundo. La propuesta gramsciana
podría ser leída como tal, como una propuesta que ni es definitiva ni es
tampoco absoluta. Las condiciones en las que escribe Gramsci, ya
sea por la necesidad de dar repuestas a la coyuntura política inmediata, o por
el aislamiento en la cárcel fascista limitan el rango de pensamiento de Gramsci.
No puede dedicarse como él quería a escribir teoría porque no cuenta con los
materiales necesarios, con las condiciones de salud y por supuesto cuenta con
las limitaciones propias de un preso político de un régimen tiránico.
En este sentido, siguiendo con esta línea de
argumentación, desde la perspectiva gramsciana la filosofía de la praxis “ha
determinado y fecundado algunas corrientes”[7] entre las cuales
rescata como positiva la que encabezó Antonio Labriola al
vincular elementos del marxismo con el idealismo. De hecho Gramsci se
considera a sí mismo como heredero del pensamiento Occidental moderno y acepta
los preceptos del idealismo Alemán. Sostiene que la filosofía de la praxis (es
la forma en la cual se dirige al marxismo) “ha sido un momento de la cultura
moderna”[8]. En este sentido la
reconoce como una corriente de pensamiento moderna y que las supera al
integrarlas en una nueva concepción del mundo que aparece como dialectizando la
alta cultura y las culturas populares. Gramsci busca superar
el pensamiento moderno, pero como buen heredero de Hegel esta
presuponiendo ciertos niveles de conservación. Y critica a aquellas corrientes
de pensamiento a las cuales califica como pertenecientes a la alta cultura
burguesa, y que como tales son formas ideológicas. Dice por ejemplo “es
cierto que la concepción subjetivista es propia de la filosofía moderna en su
forma más completa y avanzada, como que de ella y como superación de ella ha
nacido el materialismo histórico, el cual, en la teoría de las superestructuras
coloca en lenguaje realista e historicista lo que la filosofía tradicional
expresaba en forma especulativa”[9]. En este sentido se
afirmaba que Gramsci se reconoce como continuador de la
filosofía del idealismo alemán. Es lo que Marx mismo había
reconocido, que no se puede pensar el marxismo como una filosofía aislada (por
más que tenga rasgos novedosos y pueda mantener cierta independencia), sino que
absorbe determinados elementos de otras corrientes, pero los incorpora de manera
critica. Es decir se los incorpora de forma activa, retomando cuestiones pero
enmarcándolos en la lógica de la filosofía de la praxis. Con esto no se
pretende decir que cualquier concepto puede ser asimilado. El propio Gramsci critica
esta posibilidad, pero en su práctica intelectual, el realiza incorporaciones
planteos de autores como B. Croce modificándolos de forma que
sean coherentes con el marco general del pensamiento.
En síntesis, una concepción del mundo no está
finalizada nunca, se apropia y discute permanentemente con la alta cultura y la
cultura popular.
Y para finalizar esta primera parte, se considera
que existen posibilidades de incorporar filosóficamente elementos provenientes
de otras concepciones. Y a partir de ello, se avanzará a la segunda parte, en
la cual se pretende introducir aquellos elementos teóricos y problemas que
permitirían pensar una micropolítica gramsciana.
Dice Gramsci en su apartado
titulado ¿Qué es el hombre? Que el hombre es el proceso de sus
actos. El hombre es un proceso sobre el cual se puede intervenir. Su objetivo
es mostrar que el hombre puede crearse una vida. Sin embargo dicha presentación
no se la puede asimilar a los postulados del liberalismo político, ya que
crearse una vida no puede significar que los individuos sean autónomos, o que
puedan constituirse como sujetos a-históricos, Gramsci establece
que por la propia concepción del mundo se pertenece siempre a un determinado
agrupamiento y precisamente al de todos los elementos sociales que participan
de un mismo modo de pensar y de obrar.”…. “se es siempre hombre masa o
colectivo”[10] lo cual no implica la
desaparición del sujeto ya que el pensamiento gramsciano puede ser
caracterizado por la primacía de la iniciativa. Esta se considera que es el
aspecto distintivo y que atraviesa todo su pensamiento, en forma de filosofía,
de política, de historia, de economía, de pedagogía. No existen espacios por
fuera de lo humano, no existen espacios dentro de lo humano sobre lo cual no se
pueda intervenir. Sostienen Gramsci “es preciso elaborar
una doctrina en la cual todas las relaciones sean activas y estén en movimiento”.
El individuo es actividad, aunque sea colectivo.
Ligado este presupuesto se puede caracterizar la
construcción del hombre a través de una serie de relaciones activas y es este
sentido afirma que la humanidad que se refleja en cada hombre se compone de
tres instancias: la individualidad, los otros hombres y la naturaleza. En este
sentido, la segunda y tercera se las presupone como relaciones que pueden ser
activas en tanto género, pero pasivas en tanto individuo, por ello
sostiene Gramsci que adquirir una personalidad “significa
adquirir conciencia de esas relaciones y modificar la personalidad
significa modificar el conjunto de las relaciones”[11].
El eje a trabajar tendría que ver con la
posibilidad de construir una visión complementaria del pensamiento de Gramsci,
una política en pequeña escala, poniendo el énfasis en las relaciones que
constituyen al sujeto/individuo, su potencialidad y sus limitaciones y sobre
todo como la construcción de los sujetos esta dada por el contenido de las
concepciones del mundo que presentan dos aspectos, el teórico y el práctico.
Como se construye el entorno inmediato del sujeto y como se puede operar sobre
el mismo.
Además si bien un individuo puede poseer
concientemente una concepción del mundo, puede ser sólo teórica, ya que puede
actuar siguiendo una concepción del mundo opuesta. Se trata entonces de indagar
sobre ese “centro de anudamiento”[12] de relaciones y su
entorno inmediato.
Estos son algunos de los conceptos que permiten
profundizar el pensamiento gramsciano para releer de forma concreta la
posibilidad de la libertad humana, y repensar preguntas como: ¿si somos seres
colectivos? ¿Cómo nos constituimos? ¿Puede uno hacerse, crearse una vida?
¿Puede uno independizarse de determinados colectivos? ¿Puede uno
voluntariamente pertenecer a un colectivo distinto? ¿Cuáles son las relaciones
que nos constituyen?, ¿podemos actuar sobre ellas? ¿Podemos modificar el
entorno?, ¿Es posible la unidad entre teoría y práctica?¿Cómo opera el
filósofo?¿Cuál es el rol del político?¿Cómo interviene el docente- intelectual?
¿Qué es lo que puedo hacer? Etc. En definitiva, ¿puedo ser libre y ser
colectivo?
NOTAS
[1] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Pág. 27
[2] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Pág. 26
[3] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, , Pág. 27
[4] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Pág.138
[5] Gramsci A, Los
intelectuales y la organización de la cultura, pag 14
[6] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Pág.126
[7] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág
[8] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág. 87
[9] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág. 147
[10] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág. 8
[11] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág. 34
[12] Gramsci A, El
materialismo histórico y la filosofía de B. Croce, Nueva Visión, Bs.
As 1997, Pág 34

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