© Libro N° 7981.
El Historicismo Marxista De Gramsci Como Síntesis
Del Pensar Contemporaneo. Cansino
Ortiz, César. Emancipación. Noviembre 21 de 2020.
Título
original: ©
El Historicismo Marxista De Gramsci Como
Síntesis Del Pensar Contemporaneo. César Cansino Ortiz
Versión Original: © El Historicismo Marxista De Gramsci
Como Síntesis Del Pensar Contemporaneo. César Cansino Ortiz
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición
digital de Versión original de textos:
https://kmarx.wordpress.com/2016/05/01/el-historicismo-marxista-de-gramsci-como-sintesis-del-pensar-contemporaneo%c2%b7/
Licencia Creative Commons:
Emancipación
Obrera utiliza una licencia Creative
Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única
condición de citar la fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de Imagen original:
https://image.freepik.com/vector-gratis/fondo-trazos-pincel_53876-89328.jpg
https://kmarx.files.wordpress.com/2016/04/rue-gramsci.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
EL HISTORICISMO
MARXISTA DE GRAMSCI COMO SÍNTESIS DEL PENSAR CONTEMPORANEO
César Cansino
Ortiz
El Historicismo Marxista De
Gramsci Como Síntesis Del Pensar Contemporaneo
César Cansino Ortiz
“Desde ahora anunciamos nubarrones con
claros paisajes y prometemos archipiélagos”
Ortega y Gasset
Se ha abierto un problema a discusión: el de
si Gramsci logró consecuentemente sus objetivos: si el
historicismo absoluto, la filosofía de la praxis por él refundada,
efectivamente rompe con tradiciones de pensamiento e indica una nueva forma de
entender a la propia filosofía; si el historicismo absoluto sintetiza, mediante
la confrontación y el diálogo. buena parte de la cultura filosófica de la
época, más concretamente, si la filosofía de la praxis “traduce” a su
lenguaje lo más significativo de los historicismos habidos; y si el marxismo,
en relación con lo anterior, supera obstáculos e inercias y abre caminos para
su actuación.
Seguir la evolución misma de la teoría, la
multiplicidad de sentidos que lo histórico adquiere en -dependiendo del caso-
el discurso filosófico o en la investigación aplicada, puede ser una clave de
interpretación (más no la única pues muchas otras cuestiones abordadas
por Gramsci admiten un análisis como éste) que nos permita
detectar rupturas y constantes, negaciones y síntesis. Habría que confrontar
soluciones: de Gramsci a Croce, de Croce a Dilthey y
de éste a Kant; de Hegel a Marx y
de éstos a Croce y a que nos han guiado hasta aquí sean
también los ejes de nuestra reflexión en puerta.
1
La realidad histórica (lo que es y cómo se conoce)
De Hegel a Marx y
de Croce a Gramsci el camino es, con las
distancias guardadas, semejante: de la abstracta determinación a la
determinación ontológica de la historia, de la “naturaleza humana” a las
clases sociales, del Espíritu absoluto a las relaciones sociales de producción,
del devenir de la Idea al devenir de los hombres, de la historia trascendente a
la historia inmanente. Gramsci traduce a Croce en
el mismo sentido en que Marx lo hizo con Hegel. La
tarea -señala nuestro autor- debe ser permanente del marxismo. El concepto de
historia de Gramsci no sólo se nutre del historicismo y del
humanismo de Marx, sino que lo enriquece, pues la filosofía de la
historia había complejizado en unas cuantas décadas su horizonte problemático,
horizonte que Gramsci revalora y, de alguna manera, incorpora
a su discurso. La tarea inmensa que Kant realizó en la Critica
de la razón pura al definir los límites, en cuanto a sus fines y
objetivos, de la filosofía, se trasladaba ahora a la filosofía de la historia.
La operación del historicismo, independientemente de su signo, no podía ser
sino “kantiana” y por ello inmensa. Más aún, el historicismo debió
navegar, por así decirlo, contra la corriente, contra el “naturalismo
social” cuyas implicaciones mecanicistas y deterministas influyeron
negativamente en el propio marxismo de principios de siglo.
Este es el horizonte filosófico, complejo y
diverso, que Gramsci tiene ante sí. El marxismo, como una
parte de la cultura moderna, como Weltauschaung que se liga a
la realidad y aspira a ser historia concreta y universal, debía encararlo.
Contra el historicismo idealista y especulativo y contra el mecanicismo
determinista y las implicaciones ideológicas de ambos, Gramsci confiere
de una segura y ontológica realidad a la historia, la que se verifica en cuanto
pasada, la que se actúa en cuanto actual, la que se prevé en cuanto futura. La
refundación gramsciana es en los objetivos eminentemente kantiana: explora
nuevamente y redefine, en el interior del marxismo, los fines de la filosofía y
sus límites reales (las relaciones sociales de producción). La filosofía de la
praxis es un historicismo “absoluto” porque, aunque Gramsci no
lo expresara de esta manera, tiene en mente a todas las filosofías, a todas las
formas precedentes de filosofar (en particular a la historia) y las sintetiza
superándolas o “invirtiéndolas”, las “traduce” incorporando en su
seno lo más vivo de las mismas. La operación no es ecléctica, sino dialéctica:
recuperación, negación y síntesis: al igual que no sólo es filosófica, sino
profundamente política: desnudar los revisionismos para asegurar la actuación práctica
del marxismo, su devenir historia concreta.
La síntesis gramsciana se revela nítida en los
conceptos de hombre y de historia. El hombre no existe en abstracto, al margen
de la historia. De consentir con una “naturaleza humana” (obsesión de
las filosofías idealistas) ésta es el conjunto de relaciones sociales
históricamente determinadas, hecho histórico verificable científicamente, no
sólo “intuitivamente“. El hombre es síntesis de estas relaciones,
resumen del pasado todo. El hombre se relaciona con otros hombres y con la
naturaleza, y estas relaciones no pueden concebirse pasivas, dadas para siempre
e independientes de la voluntad de los actores. El hombre transforma la
naturaleza porque la necesidad lo obliga, pero también porque es consciente de
esta necesidad, su contacto con la naturaleza no sólo es técnica, sino activa,
volitiva y dialéctica: el hombre deviene. cambia continuamente con la
modificación que las relaciones sociales; la realidad es aplicación efectiva de
la voluntad humana, la realidad es humanamente objetiva, vale decir, subjetiva.
En tanto que el hombre se realiza en relaciones, y dado que para transformarse
a sí mismo debe transformar el mundo externo de relaciones generales, el hombre
es eminentemente político. La filosofía deviene política y la única filosofía
es la historia en acción, es decir, la vida misma. La historia toda es
política, es “ético-política” pues es el proceso que transforma lo
objetivo en subjetivo, la necesidad en libertad. La historia no es un “organismo
natural” que se rige por leyes invariables, es, por el contrario, un
proceso dialéctico que refleja el desarrollo de las relaciones sociales de
producción, es un devenir de fuerzas en pugna que actúan en el mundo, en el
pasado, en el presente y en el futuro. Ni “naturalismo social“, ni “espiritualismo
absoluto“, la historia es movimiento y acción, ideas y voluntades, teoría y
práctica, ser y conciencia.
Epistemológicamente hablando, la filosofía de la
praxis no puede aceptar -como en el caso del determinismo al que Gramsci cuestiona-
una realidad histórica en sí misma, una realidad fuera e independiente del
hombre. En efecto, mientras que en el determinismo la historia humana se reduce
a un simple episodio de la historia natural, y tiene como condición la supuesta
posibilidad de conocer esa historia como un hecho objetivo, independiente de la
voluntad de los hombres y de los hombres mismos, la filosofía de la
praxis concibe al conocimiento como una relación entre lo conocido y lo
cognoscente, relación que al gestarse se transforma con respecto a su
situación previa, el conocimiento es siempre una relación activa (praxis) que
ocurre desde el hombre. En consecuencia, el conocimiento es siempre subjetivo.
La objetividad de lo conocido no es más que su aceptación compartida:
intersubjetividad. Objeto-sujeto, teoría-praxis, conocimiento- acción, he ahí
las determinaciones dialécticas del conocimiento. Lo real objetivo es correlato
de la construcción de la vida económica y de la necesidad de encontrar un orden
del mundo, necesidad ligada a intereses prácticos.
Con esta interpretación, la refundación filosófica
del marxismo operada por Gramsci abre caminos para su
actuación: la historia no debe contemplarse como inexorable, como mecánicamente
determinada, como el desarrollo de estructuras económicas determinantes que
suponen sujetos pasivos. La historia, por el contrario, se conoce dialécticamente,
lo que nosotros conocemos sólo se trata de nosotros mismos, nuestras
necesidades, nuestros intereses. La filosofía es historia, es política en acto,
producto de la realidad e intervención activa en ella.
2
La relación hombre-naturaleza y la distinción entre
historia y ciencias naturales
Problema fundamental del historicismo, Gramsci lo
resuelve con una propuesta original, aunque ya implícita en Marx.
Entre el hombre y la naturaleza no hay una distinción ontológica o, más bien,
no hay motivo para argumentarla: ni dualismo, ni “naturalismo social“,
ni “espiritualismo absoluto“, simplemente unidad dialéctica. El hombre
entra en relación con la naturaleza por ser él mismo naturaleza y porque actúa
en ella. Tanto la naturaleza como la realidad humana constituyen en sí mismas
procesos en movimiento y transformación permanente. Ambas se interrelacionan
dialécticamente. Gramsci asume esta posición singular con
respecto a las posiciones prevalecientes, porque reconocer un dualismo
ontológico entre hombre y naturaleza implicaba escindir ambas realidades en el
terreno de su conocimiento, implicaba asumir una distinción gnoseológica entre
las respectivas disciplinas encargadas de su estudio y permanecer en una
concepción de las ciencias propia del esencialismo del historicismo
idealista que de entrada rechazaba: ciencias del espíritu y ciencias de la
naturaleza. Más aún, cabe recordar que Gramsci ponía en duda
la afirmación lukacsiana, afirmación por lo demás fundamentada en el
propio Marx, de que sólo se puede hablar de dialéctica para la
historia de los hombres y no para la naturaleza, pues presuponer tal dualismo
implica afirmar -critica Gramsci– una concepción de la naturaleza
propia del historicismo idealista que sólo consigue unificar y relacionar al
hombre con la naturaleza en forma verbal. Lejos de ello, propone Gramsci,
la historia humana debe concebirse también como historia de la naturaleza
(también a través de la historia de la ciencia), sólo de esta manera puede
evitarse el separar la dialéctica de la naturaleza.
Por otra parte, reconocer un “naturalismo social”
que se fundamenta en la equiparación mecánica de hombre y naturaleza, implicaba
definirse en relación con una cierta representación y concepción de las
ciencias dominada por la idea de que toda ciencia tiene como canon las ciencias
naturales. Del mismo modo, reconocer un “espiritualismo absoluto” a la
manera de Croce que si bien observa la relación
hombre-naturaleza en función del carácter central del hombre entendido como “espíritu abstracto“,
también determinaba una escisión entre filosofía y ciencia reduciendo los
conceptos científicos a “seudoconceptos” y excluyendo la historia de
la ciencia del proceso mismo de la historia en cuanto desarrollo del
espíritu, excluyendo de la historia a la ciencia dado que no la concibe como
instrumento para otorgar al hombre el real dominio sobre la naturaleza, para
realizar su integración indispensable para la consolidación de una mejor
sociedad.
Para la filosofía de la praxis, a diferencia del
historicismo idealista, el problema no es si el hombre se conoce
históricamente y la naturaleza científicamente, o si el conocimiento histórico
puede llegar a ser científico al igual que el conocimiento de las ciencias
naturales, o si entre ambas formas de conocimiento no hay punto de
contacto, el problema es -señala Gramsci– redefinir, al interior
del marxismo, el propio concepto de ciencia y establecer filosófica y
prácticamente sus límites. Partir de la unidad dialéctica entre hombre y
naturaleza, reconocer que el hombre se relaciona activamente con la naturaleza
y sólo de esta manera la conoce y la transforma, implica concebir a la ciencia
como una actividad concreta del hombre (en algún sentido, de ninguna manera
absoluto, la propia naturaleza es una “creación” de las ciencias), como
un proceso histórico que procura apropiarse de la dialéctica real e
introducirnos en su seno para transformar la realidad. Cabe recordar que
para Gramsci las ciencias en general son producidas en y por
la historia en función de los intereses de la sociedad y de las clases
sociales, son elementos, superestructuras si se quiere, de la materia social en
devenir. El valor de la ciencia debe encuadrarse en el proceso de organización
de la cultura en estrecha dependencia con la situación histórica real, tal como
es determinada por las fuerzas actuantes.
En suma, es posible concluir, con Gramsci la
ciencia es devuelta a la actividad del hombre, es reconocido su valor “humano“,
la centralidad del hombre con respecto de la naturaleza ya no desde un punto de
vista puramente espiritual como en el historicismo idealista, sino desde un
punto de vista activo y concreto. La ciencia es un factor de liberación del
hombre a partir del conocimiento real del mundo.
Fundamentar el marxismo a partir de este concepto
de ciencia permitía, ahora sí, extrapolar la filosofía de la praxis (ciencia de
la historia y de la política y no exclusivamente, como para el economicismo,
canon de interpretación) y las ciencias positivistamente entendidas: a) la
filosofía de la praxis no es una ciencia positiva de la historia, b) la
cientificidad propia del marxismo no corresponde con la cientificidad
argumentada para las ciencias de la naturaleza.
Con respecto a la afirmación (a), Gramsci argumenta,
entre otras varias cosas, que la filosofía de la praxis no es búsqueda de leyes
y regularidades por contemplar, causas primeras por sistematizar, no es tampoco
pura descripción y clasificación de hechos, no puede “prever” la
evolución de los procesos sociales, no puede prever más que la lucha, no sus
momentos concretos en el proceso de relaciones sociales a la manera en que las
ciencias naturales abstraen cualquier proceso. La objetividad propia de la filosofía
de la praxis se encuentra unida a la acción.
Por lo que respecta a la afirmación (b), Gramsci argumenta
que el marxismo en cuanto ciencia tiene la única función de indicar todo lo que
es posible antes o independientemente de cada hecho o conjunto de hechos,
independientemente de toda verificación. Mientras la tarea de la ciencia es la
de establecer leyes sobre la base de un conjunto de hechos ya existentes, el
marxismo, en cuanto teoría de las contradicciones, tiene como tarea establecer
sólo las posibilidades. La ciencia, según el modelo naturalista, es ciencia de
los hechos. La filosofía, la crítica, hace transparente los hechos y hace
entrever detrás, más allá de los mismos, la posibilidad de un nuevo conjunto de
hechos. La cientificidad del marxismo consiste entonces en individualizar como
posible aquello de lo que la ciencia de los hechos no sospecha siquiera su
existencia.
Desde un punto de vista, con estos y otros
planteamientos, Gramsci opera la refundación filosófica del
marxismo rescatando su original contribución desapercibida por el economicismo
cientificista. Gramsci logra redescubrir todo el espacio que
debe dejarse a la “praxis” en cuanto actuación de la posibilidad
objetiva de modificar no cada uno de los hechos del mundo, sino el mismo límite
del mundo (que son los límites de la propia filosofía), logra establecer los
límites de la “previsión” teórica, logra redescubrir el rol de la
subjetividad. Con todo ello, Gramsci colma, en el plano del
análisis, ese vacío dejado por una interpretación economicista del materialismo
histórico, que partía de una interpretación cientificista de la previsión
de Marx.
Sin embargo, desde otro punto de vista, quizá menos
relacionado con la confrontación entre 108 marxismos, Gramsci deja
abiertos algunos problemas para la filosofía, más concretamente, para la
epistemología, problema que para algunos constituyen dificultades del
historicismo absoluto. Examinemos algunos de ellos.
Si partimos de la definición tradicional de
conocimiento científico, es decir, aquél conocimiento cuya tarea esencial
consiste en reflejar la realidad y sus alternativas del modo más objetivo
posible, o sea, evitando cualquier proyección de “brotes extraños” (Engels)
del sujeto que conoce en la realidad que quiere conocer y si admitiésemos que
del hecho de que la ciencia (inclusive la social) debe ser
desantropomorfizadora, o sea, debe esforzarse por captar el objeto sin
proyectar en él elementos propios del sujeto que conoce, no significa, de
ningún modo, que el propio sujeto no forme parte -ontológicamente- de la
estructura objetiva del ser social que la ciencia trata de reproducir; si
consentimos, en suma, con ello, es claro que el materialismo mecanicista
deja de lado el segundo aspecto de la cuestión: generalizando para el
sujeto ontológico (el que actúa) algo válido únicamente para el sujeto
gnoseológico (el que conoce), termina por eliminar el papel activo del sujeto
en general en la construcción de la vida social, afirmando que el hombre se
limita a reflejar y registrar una realidad que se procesa
independientemente de su voluntad. Siguiendo con esta lógica, Gramsci caería
en una unilateralidad opuesta dado que sostiene una vinculación indisoluble
entre conocimiento y praxis, condicionamiento histórico necesario de todo
conocimiento, dado que termina por identificar conocimiento en general con
ideología, negando la posibilidad de una representación objetiva (científica)
de lo real: si el hombre forma parte del proceso objetivo de la realidad
social, todo conocimiento acerca de esa realidad -podría interpretarse a Gramsci–
será necesariamente ideológico, o sea, reflejaría no tanto algo que
existe fuera de la conciencia y de la voluntad del sujeto que conoce, sino las
aspiraciones y los proyectos del sujeto que actúa.
Desde una perspectiva, como podría ser la Lukács,
no hay ninguna incompatibilidad entre la posibilidad de la ciencia (del
conocimiento objetivo) y la realidad omnipresente de la praxis (del actuar
teleológico). Al contrario: la necesidad del conocimiento científico, de
un conocimiento que revele los nexos causales (objetivos) sobre los cuales va a
operar la teología (la iniciativa del sujeto), resulta de, y es seguida por, la
propia naturaleza de la praxis. En los hechos esto significa que la ciencia (el
conocimiento objetivo) sirve, en todo caso, de base para la construcción de una
ideología, de una concepción del mundo, de una praxis política. Desde esta
óptica, suponer como Gramsci que todo conocimiento objetivo es
humanamente objetivo, históricamente objetivo, y suponer que la filosofía de la
praxis es una ideología que media Su acercamiento con la realidad, es negar al
marxismo la capacidad de producir conocimientos científicos y objetivos. En
últimas, por ejemplo, del hecho de que los resultados teóricos obtenidos
por Marx se conviertan posteriormente en ideología, en
concepción del mundo, en práctica política, no anula el carácter objetivo y
científico de tales resultados.
La discusión sobre esta problemática rebasa no sólo
las pretensiones de la presente investigación, sino también las capacidades de
su autor. No obstante, considero que la crítica implícita al historicismo
absoluto puede ser válida en el terreno del discurso filosófico sobre la
ciencia o de la filosofía de la Ciencia. Ciertamente, hay argumentos en Gramsci que
admiten una interpretación como la referida, todavía más si dichos argumentos
son descontextualizados. Sin embargo, en otro terreno, en el del análisis
concreto de la realidad que Gramsci desarrolla sobre bases
científicas, la crítica se relativiza. Admitamos que Gramsci lleva
hasta sus últimas consecuencias la crítica al cientificismo, lo cual lo lleva,
a su vez, a redefinir cuestiones tan importantes como la cientificidad propia
del marxismo, las determinaciones dialécticas del conocimiento: sujeto-objeto,
ser-pensar, teoría-praxis, etcétera. La refundación filosófica del marxismo
sobre estas bases era necesaria por cuanto éste había sido revisado y
vulgarizado. Políticamente, vale decir, con vistas a la realización práctica
del marxismo, la solución gramsciana era la acertada. No es casual que muchos
de los aportes de Gramsci al marxismo se den precisamente en
el plano de la política, es decir de la praxis posible del marxismo: teoría del
Estado, del partido político, del intelectual orgánico, de la lucha de
hegemonías, de la revolución, etcétera. Ahora bien, este resultado lógico del
quehacer teórico de Gramsci no podía sino realizarse sobre
sólidas bases científicas. No es que el terreno del análisis concreto sobre
bases científicas, si se quiere objetivas, contradiga lo que en el terreno
filosófico Gramsci defiende y cuestiona, sino que lo
complementa. Expliquemos.
La filosofía de la praxis es una concepción del
mundo, una ideología, pero también es ciencia de la historia y ciencia de la
política. El problema de la objetividad-subjetividad, cientificidad o no
cientificidad del marxismo, Gramsci lo replantea con vistas a
derivar del conocimiento un principio de acción. Si Gramsci sostiene
que lo objetivo es históricamente subjetivo no es para desconocer la
objetividad del conocimiento, sino para reconocer la objetividad de la praxis,
de lo subjetivo. Dicho de otra manera, la filosofía de la praxis no niega la
posibilidad de una representación objetiva (científica) de lo real, sino que
afirma -cuestión que ya se ha señalado- la posibilidad objetiva de la
praxis. Gramsci dirige sus esfuerzos a lo segundo sin
necesidad de sacrificar lo primero. En últimas, si este no fuera el caso, con
justa razón podría cuestionarse la cientificidad y objetividad d. las
conclusiones que Gramsci obtiene en el terreno del análisis
concreto de la realidad, conclusiones que para ya varias generaciones de
investigadores siguen considerándose acertadas amén de reveladoras. Opinión que
comparto plenamente. ¿No será entonces -cuestión que precisa una mayor
discusión y que aquí me limito a sugerir- que la fórmula gramsciana del
conocimiento tiene para el marxismo mayores alcances que la concepción
tradicional del mismo, pues procura anticipar la practicabilidad del cocimiento
y no sólo la objetividad del mismo, objetividad que por sí sola sería
contingente para la praxis?
3
Problemas de la regularidad de la historia
(singularidad, universalidad y legalidad de lo histórico)
Si en el tratamiento de alguno de los problemas del
historicismo se revela fértil en posibilidades la síntesis que para Gramsci estaría
indicando el historicismo absoluto, es precisamente en éste. El
historicismo absoluto se mueve entre dos posiciones antagónicas (a) y (b)
y un fundamento marxista (c): a) el positivismo que sostiene que la
historia se desarrolla de acuerdo a una legalidad y regularidad
invariable en el sentido de la física o la biología, por lo que la tarea
de la historia sería el descubrir dicha legalidad y universalidad de lo
histórico a partir de un método generalizador, a la manera de las
ciencias naturales; b) el historicismo idealista que parte de la base de
que todos los acontecimientos históricos son individuales e irrecursibles por
lo que propone un método histórico individualizante e irracional, es decir,
opuesto a toda legalidad trascendente o inmanente, opuesto a los métodos
generalizadores que observan regularidades y causalidades; c) el materialismo
histórico que recupera, invirtiéndola, a la dialéctica hegeliana y que
considera a la historia como un proceso dialéctico, un proceso de tesis y
antítesis, de eternas contradicciones.
Gramsci, como ya se ha señalado, no puede aceptar, por sus implicaciones
mecanicistas y deterministas, el “naturalismo social“. Cabe recordar que
la concepción gramsciana de la historia ético-política constituye una reacción
al economicismo y al mecanicismo fatalista del marxismo ortodoxo: la
historia no se reduce a la “necesidad“. En todo caso, la historia supone
factores fundamentales (estructura) y factores derivados (superestructuras), de
elementos dominantes (hegemonía) y subyacentes (subalternos), sujetos a
constante evolución, susceptibles de transformarse por la voluntad consciente
del sujeto colectivo. El concepto de “ley” en la historia utilizado por Marx,
subraya Gramsci, está desprovisto de cualquier contenido
determinista, no se trata de descubrir una ley metafísica de “determinismo”
y tampoco de establecer una ley “general” de causalidad, se trata de
comprender cómo en el desenvolvimiento histórico se constituyen fuerzas.
relativamente permanentes que obran con cierta regularidad y automatismo, tal
es el caso de la ley de correspondencia entre las fuerzas productivas y las
relaciones de producción. En el fondo lo que Gramsci rechaza
es toda interpretación que sostenga que en la historia operen de manera
sistemática fuerzas capaces de afirmarse, como decía Marx, “a
espaldas” de la voluntad humana, pues la filosofía de la praxis -que
es ante todo examen e invención de las formas de intervención en la
historia- sostiene que la estructura puede dejar de ser fuerza exterior
que aplasta al hombre, que lo asimila y lo hace pasivo, para convertirse
en medio de libertad, en instrumento capaz de crear nuevas fuerzas
ético-políticas, en origen de varias iniciativas. De ahí que Gramsci,
siguiendo a su maestro Labriola, defendiera una concepción
antifinalista (no teológica) del desarrollo histórico: el desarrollo sí va al
socialismo, pero ¿cómo? Y ¿por qué?; de la lucha política depende lo difusión
del marxismo.
Ahora bien, con respecto al historicismo idealista,
tampoco pueden aceptarse sus soluciones relativistas. Gramsci de
ningún modo intenta decir que la historia se repita, pero sí que los hechos
históricos “elementales” son conceptualizables, representan la
reproducción de situaciones reconocibles más allá de su ropaje contingente. La
filosofía de la praxis debe establecer lo que haya de reconocible y
constante detrás de la variedad de las apariencias, no por amor de las
constantes, sino como premisa necesaria de todo intento de cambiar lo
existente. Cierto es -agrega Gramsci– que la filosofía de la praxis
se realiza en el estudio concreto de la historia pasada y en la actividad
actual de creación de nueva historia, pero se puede hacer la teoría de la
historia y de la política, ya que si los hechos son siempre identificados y
mutables en el flujo del movimiento histórico, los conceptos pueden ser
teorizados; de otro modo no se podría saber qué es el movimiento o la
dialéctica. En este sentido, el marxismo como teoría ha sabido descubrir de una
manera específica la historicidad del sistema económico capitalista (su
caducidad a diferencia de los economistas burgueses que pretendían ver su
permanencia). Gramsci presupone que el sistema económico
capitalista está constituido internamente por leyes de regularidad necesaria,
esto es por leyes tendenciales, leyes de carácter historicista en cuanto que
corresponden a un ambiente orgánicamente vivo y articulado en los
movimientos de su desarrollo. En todo caso, las leyes económicas hay que
estudiarlas desde un punto de vista historicista, no sólo económico, no sólo en
su expresión cuantitativa, sino también cualitativa, pues en ello reside el
establecer la relación dialéctica entre cantidad y calidad, necesidad y libertad:
“subversión de la praxis“.
Desde el marxismo, Gramsci junta
dos posiciones que parecían irreconciliables. La síntesis gramsciana enriquece
al marxismo y asienta un presupuesto que a juicio de varios historiadores
marxistas y no marxistas debe guiar todo acercamiento a la historia: del hecho
de que el nivel humano no pueda ser reducido al nivel natural no puede
concluirse que en el primero no exista ningún tipo de legalidad. En realidad,
en la historia aparecen leyes tanto como en el mundo físico, si bien se trata
de una regularidad de los fenómenos en un nivel distinto y específico. El
carácter irrepetible de los hechos concretos no niega la existencia de leyes
históricas y tendenciales en el decurso humano. Los hechos históricos
irrepetibles y únicos se dan dentro de ciertos marcos, condiciones,
determinaciones repetibles que se producen y reproducen y que pueden ser
teorizados. La historia no puede ser una búsqueda irracional.
4
Objeto y método de la historia como disciplina
(explicación científica de la historia)
La filosofía de la praxis es ciencia de la historia
y ciencia de la política. Ya en sus escritos filosóficos Gramsci apunta
algunas características de lo que el estudio concreto de la historia implicaba:
análisis y representación crítica de procesos históricos concretos con sus
múltiples y recíprocas implicaciones, resultado de una lucha entre fuerzas
sociales contrapuestas; análisis de formaciones sociales históricamente
determinadas (bloques históricos) con sus particularidades culturales y sin
desapercibir las tendencias globales de naturaleza más permanente y epocal (del
capitalismo, por ejemplo) en el que dichas formaciones sociales están insertas;
etcétera. Es también en este ámbito de la reflexión gramsciana donde se
fundamenta la condición de ser científico del análisis histórico, condición
garantizada por la dialéctica en cuanto instrumento con el que se realiza el
conocimiento de la unidad, de la especificidad, del carácter concreto del
fenómeno social, colocando en relación orgánica de recíproca implicación sus
singulares partes constitutivas, de otra manera destinadas a permanecer
separadas.
Empero, no es sino hasta los escritos en los
que Gramsci expone los resultados de sus investigaciones
históricas, donde lo defendido en el plano de la teoría se complementa: la
dialéctica de lo real traducida a categoría crítica, revolución pasiva, y ésta,
vuelta a la realidad, esclareciéndola. No voy a repetir aquí la manera en la
que Gramsci aprehende la realidad sobre la base de estos
indicadores. Debemos ocuparnos, por el contrario, de las implicaciones de este
proceder en el sentido que nos hemos prefijado. En el tratamiento del problema
de la explicación científica de la historia, se hace transparente la lógica del
historicismo absoluto que aquí se ha tratado de argumentar: confrontación
con los historicismos existentes que “traducidos” al lenguaje de la
filosofía de la praxis la enriquecen y complementan, confiriéndole de una
renovada sustentación, base misma de la crítica al economicismo y mecanicismo,
base misma de lo que aquí se ha denominado superación de los obstáculos y
creación de opciones para la realización práctica del marxismo.
Los aspectos que estarían indicando esta lógica
son: a) la revaloración de la noción de dialéctica en su sentido más hegeliano,
b) la revaloración del elemento “ético-político” en la historia, c) la “canonización”
de los principios sustentados por Marx en su célebre Prólogo
de 1859 y d) la invención de la categoría de revolución pasiva como
síntesis de la dialéctica real y principio de explicación histórica.
a) En su concepción de la dialéctica, Gramsci ve
un instrumento más, quizá el más completo, para cuestionar no sólo al
materialismo filosófico, sino también el economicismo, y es que, en efecto, si
la dialéctica viene a ser considerada, en su sentido más hegeliano, como la
lógica de las vinculaciones y las mediciones (donde la “lógica de los
distintos” planteada por Croce vendría a ser un
sinsentido), no es posible admitir, como lo hace el economicismo, una
derivación lineal de los procesos histórico-políticos a partir de una
determinada base económica, antes bien, en la reciprocidad de estructura y
superestructura (bloque histórico) está el proceso dialéctico real, la
dialéctica es el instrumento esencial para afirmar la unidad específica del
fenómeno social.
b) Planteada originalmente por Croce,
sustento mismo de su historicismo idealista, la noción de historia “ético-política”
es traducida por Gramsci al lenguaje de la filosofía de la
praxis. El abandono del principio de causalidad lineal a partir de concebir a
la dialéctica como el instrumento esencial para afirmar la unidad específica
del fenómeno social, lleva necesariamente a Gramsci a
revalorar el elemento ético-político, el momento de la hegemonía (momento que,
al ser subordinado a lo económico por el economicismo, a partir de la dicotomía
estructura-superestructura, no podía sino ser mecánicamente interpretado). En
consecuencia, la elaboración del elemento ético-político vendrá a ser
para Gramsci el punto de partida de la filosofía de la praxis,
pues permite observar la unidad (rota por la dicotomía economicista) de lo que
en realidad es un único proceso social, permite alcanzar, asimismo, el análisis
justo de las fuerzas que operan en la historia de un determinado periodo, así
como determinar sus relaciones. Por otra parte, la elaboración del elemento
ético-político constituye la “fijación del momento catártico”, el pasaje
de la economía a la política, de la necesidad a la libertad, camino para actuar
el marxismo. Cuestión que se sustenta en los principios del Prólogo de
1859.
c) Gramsci convierte en cánones de
interpretación los principios -ya referidos en otro momento- del Prólogo
de 1859. Gramsci rescata dichos principios con el objetivo
de enfatizar que las formas concretas de desarrollo devienen simultáneamente
con la categoría (filosofía) que las expresa. La filosofía deviene realmente
política si se convierte en concepción del mundo, donde se revela la unidad
dialéctica entre ser-pensar, libertad-necesidad, estructura-superestructura. De
igual manera, Gramsci derivó de estos principios el
planteamiento de que sobre la base de una determinada estructura se construye
un campo de posibilidades que las fuerzas relativamente permanentes y
contrapuestas utilizan, en la medida de su capacidad política, en sentido
opuesto.
d) Producto más acabado de la confrontación,
resumen de la teoría de la historia y de la política gramsciana, es la
categoría de revolución pasiva, categoría que dice relación con los
problemas de la vinculación dialéctica entre estructura y superestructura, con
la ponderación de la estructura de fuerzas y, en consecuencia, del paso de la
cantidad a la calidad, de la necesidad a la libertad, el momento de la
catarsis. La categoría de revolución pasiva le permite a Gramsci analizar
el movimiento histórico en términos de “conservación-innovación” y de
relación de fuerzas donde unas pugnan por nacer y otras no se terminan de
agotar. Es una categoría de análisis tanto histórica como política
simultáneamente, explica la hegemonía y construcción del Estado burgués, pero
también su crisis y la construcción de la hegemonía proletaria.
5
La relación entre filosofía e historia (la
realización histórica-práctica de la filosofía)
He aquí el problema central del “historicismo
absoluto“, el problema que distingue al historicismo marxista de todo
historicismo precedente, el problema que en Gramsci estaría
indicando ni más ni menos que la clave de la refundación filosófica del
marxismo, y, lo más importante, problema que revela la originalidad de la
filosofía de la praxis, la posibilidad misma de desarrollos ulteriores,
originalidad que en los hechos significa una ruptura con todas las formas
precedentes de filosofar.
Las filosofías son la expresión de condiciones
históricas objetivas. A diferencia de las otras filosofías que se plantean “neutrales”
(cuestión que Gramsci se encarga de desmentir) y niegan su
relación con las relaciones sociales y pretenden presentarse por encima de la
vida real, la filosofía de la praxis es la única filosofía que asume su
responsabilidad histórica de transformar el mundo y su pretensión de
constituirse en medio de emancipación del proletariado. Es la única filosofía
que se plantea como plenamente historicista o como el “máximo historicismo“.
La filosofía de la praxis -señala Gramsci– no sólo pretende
explicar y justificar todo el pasado, sino explicar y justificarse
históricamente a sí misma. La filosofía de la praxis es un historicismo
absoluto porque es la conciencia plena de las contradicciones a través de las
cuales el filósofo, entendido individualmente o como grupo social entero, no
sólo comprende las contradicciones, sino que se coloca a sí mismo como elemento
de la contradicción, eleva este elemento a principio de conocimiento y, por lo
tanto, de acción. La filosofía de la praxis es un historicismo absoluto porque
se considera a sí misma como pasajera, superable con la superación de las
contradicciones del mundo objetivo. La filosofía de la praxis es un
historicismo absoluto porque no acepta ningún sujeto trascendente a la historia
la filosofía de la praxis deriva ciertamente de la concepción inmanentista de
la realidad, pero en cuanto despojada de todo aroma especulativo y reducida a
pura historio o historicidad. La filosofía de la praxis es, por fin, un
historicismo absoluto porque manifiesta abiertamente su vocación política y se
proclama como una nueva concepción del mundo de una nueva clase social, que
lucha por la liberación de la humanidad. En tanto máximo historicismo, la
filosofía de la praxis constituye la base de una ciencia. Es auténtica
filosófica y no pura ideología. Al mismo tiempo, es “humanismo puro”
dotado de alta capacidad de subversión de la praxis.
En suma, toda filosofía orgánica a una época
-piensa Gramsci– tiende, en tanto expresión de un grupo social, a
devenir en historia misma, en política. La filosofía de la praxis es expresión
de un nuevo protagonismo que funda una nueva época histórica; se explica por la
historio misma, es consciente de su historicidad, se proclama política, se sabe
elemento de las contradicciones históricas y expresión consciente de las
mismas. La filosofía es historia cuando se liga a algo real.
En mi opinión, a partir de Gramsci ya
no es posible pensar al marxismo de otra manera a riesgo de desestimar su
naturaleza política, su esencia emancipadora, a riesgo de convertirlo en un
puro instrumento académico, en un cientificismo desvinculado de la praxis,
tendencia esta última por la que se inclinaron filósofos como Althusser y
discípulos y cuyas consecuencias para el marxismo conocemos. Todavía más, me
atrevería a decir que el “historicismo absoluto” no sólo enriquece al
marxismo, sino que viene a integrarse constitutivamente a su cuerpo teórico, es
decir, al conjunto de principios fundamentales que, pese a la multiplicidad de
interpretaciones y orientaciones, lo distinguen de otras concepciones del
mundo. Esto dicho no sólo porque el historicismo absoluto sin tema buena parte
de la cultura filosófica de la época, síntesis que Marx realizó
en su tiempo dando lugar al materialismo histórico, y que en el caso de Gramsci garantizaba
la actualización histórica del mismo, sino porque pone de relieve cuestiones
que nunca debieron soslayarse. La relación teoría-praxis conjugada en sujetos
concretos es igual a la vinculación entre filosofía e historia, posibilidad de
vincular al marxismo con las masas, con el cambio.
Es posible también que muchos de 108 aportes
de Gramsci al marxismo sean particularmente novedosos con
respecto de éste. Se ha llegado incluso a decir que más que marxista, Gramsci es Gramsci,
con lo que trata de significarse su originalidad. En todo caso, el propio Gramsci lo
señaló, el marxismo no es algo cerrado sino que es parte de la cultura moderna
y de la historia y por lo tanto está en desarrollo y puede ser desarrollado, se
construye permanentemente con vistas a su realización práctica, combate y dialoga
con otras concepciones del mundo y procura un acercamiento real con el
movimiento obrero.
Esta es una enseñanza que en nuestros tiempos no
debiera soslayarse. La crisis general de nuestras sociedades (totalitarismos,
armamentismo, deshumanización, represión, desiguladades, son, entre otros
muchos, sus síntomas) obliga a buscar desde un marxismo abierto nuevas
alternativas teórico-políticas con la pretensión de una práctica política más
eficaz y acorde a nuestra realidad y dotada de un humanismo que habría faltado
a las prácticas revolucionarias anteriores.
A manera de conclusión
Seguramente que el historicismo absoluto insinúa
nuevos problemas e implica otros no resueltos en su seno. Cuestión que debe ser
analizada en detalle. Seguramente también que en el pensamiento de Gramsci subyacen
otras muchas propuestas, cuya formulación, al igual que en el caso de las aquí
examinadas, procedió de una lógica de síntesis y análisis, de diálogo
filosófico y confrontación teórico-política. De cualquier manera, es posible
finalizar el presente estudio confirmando las ideas que lo motivaron:
- Más que una expresión coyuntural surgida en
respuesta a determinadas filosofías, como es el caso del historicismo
idealista de Croce, “historicismo absoluto” es una
expresión que bien puede ser sintetizadora de la concepción gramsciana del
marxismo. Historicismo absoluto es la asunción consciente de una posición
concreta, posición que en más de un sentido explica el pensamiento
de Gramsci, permea en cada momento la refundación de la
filosofía de la praxis, posición que convierte en inseparables la teoría y
la práctica, la filosofía y la historia, la historia y la política.
- El historicismo absoluto es la materialización
de un imperativo advertido por Gramsci: para que el marxismo
se realice prácticamente es necesario replantear la relación entre
marxismo y cultura filosófica moderna.
- El historicismo absoluto, como resultado de la
confrontación entre el marxismo y la cultura filosófica de la época (lo
que aquí se ha denominado “Gramsci y los historicismos‘), da lugar
a una “refundación” de la teoría general del marxismo, una
recuperación de su núcleo teórico filosófico original, posibilidad misma
de desarrollos ulteriores (el concepto de relaciones sociales antagónicas
de producción y con éste la revaloración de la “subjetividad social”
en el momento de la praxis transformadora). Refundación de la filosofía de
la praxis que, contrastada y enfrentada al mecanicismo y determinismo
propios de la interpretación cientificista del marxismo, contribuye tanto
a superar obstáculos como a abrir caminos para su realización práctica.
- El historicismo absoluto o la refundación
gramsciana de la filosofía de la praxis indica una nueva forma de entender
el papel y la posición de la propia filosofía, indica, en consecuencia,
una ruptura con (y una superación de) todas las formas precedentes de
filosofar. La filosofía de la praxis es identidad entre historia y
filosofía. Se comprende como concepción del mundo propia de la clase
tendencialmente hegemónica futura. Se comprende como elemento de un
proceso contradictorio, se presenta como fuerza y elemento para elevar la
contradicción al rango de un principio de conocimiento y acción. La
filosofía de la praxis se concibe como realidad a la vez teórica y
política, como ciencia de la historia y ciencia de la política, como un
momento de la teoría que elabora la concepción del mundo propia de las
nuevas limitaciones de la estructura, es por lo tanto intrínsecamente
política, es filosofía de partido en la medida que es unión de la teoría y
de la práctica.
- El historicismo absoluto es la culminación de
un movimiento histórico cultural, pero constituye también una fase
histórica del propio marxismo, fase que consiste en desmantelar los
revisionismos y ligarse de manera más estrecha con la transformación revolucionaria.
- En la tentativa de respuesta a los problemas
teóricos del historicismo, así como en las propias soluciones gramscianas,
se trasluce la lógica de construcción del historicismo absoluto:
Confrontación con los historicismos existentes que al ser “traducidos”
en los aspectos más significativos al lenguaje del materialismo histórico,
a) son sintentizados y superados y b) enriquecen y complementan a la
filosofía de la praxis pues le confieren de una renovada sustentación
teórica, base misma de la crítica al economicismo y mecanicismo, base de
lo que aquí se ha denominado, la superación de los obstáculos y la
creación de opciones para la realización práctica del marxismo.
Historicismo absoluto como resultado de una dialéctica del discurso
filosófico: recuperación, negación y síntesis. Historicismo absoluto como
alternativa académica y política para luchar contra el positivismo, contra
el economicismo y contra el materialismo mecánico. Elementos de síntesis:
el historicismo absoluto rescata un nuevo sentido común de la historia
perdido por el debate historicista en múltiples direcciones, sentido común
que consiste en la necesidad de miramos en la historia como sujetos
activos; ni “intuitiva” ni objetivamente (en el sentido
positivista), la historia se conoce activa y dialécticamente; ni búsqueda
de regularidades invariables, ni búsqueda irracional) los hechos
históricos regulares pueden ser conceptualizados, las leyes así abstraídas
deben considerarse como tendenciales, como historicistas; la historia se explica
en sus múltiples determinaciones dialécticas, ni historia de las ideas, ni
historia de las estructuras, sino unidad dialéctica del fenómeno social.
Nuevos caminos: el historicismo absoluto sirve para unir teoría y
práctica, filosofía e historia, filosofía y política y conjugarlos en
sujetos concretos pues sólo así hay filosofía de la praxis; la vinculación
de filosofía e historia es la posibilidad de vincular el marxismo con las
masas, con el cambio.
De consentir con estos resultados, creo que el
estudio realizado vendría a ser significativo en cualesquiera de las dos
direcciones siguientes:
a) Indica una lectura posible de Gramsci,
una lectura que lo coloca en el centro mismo de un debate filosófico de
extraordinarias implicaciones, debate que en más de un sentido explica su
pensamiento. Indica, en suma, una vía para acceder a la comprensión de un
pensamiento rico y complejo como el de Gramsci.
b) El historicismo absoluto estaría indicando una
-cuestión que así planteada requiere de un estudio mucho más especializado que
el realizado- particular lógica de construcción teórica, una dialéctica del
discurso filosófico, que se revela rica en posibilidades. Quizá sea éste el
camino para actualizar el marxismo y para impulsar su realización práctica en
nuestras sociedades y para nuestras generaciones. Un marxismo abierto que
dialogue y se confronte con la cultura filosófica de nuestro tiempo en sus múltiples
direcciones, con el objetivo de que emerja enriquecido y fortalecido. Es éste,
invariablemente, un reto y una tarea para el intelectual orgánico.
La riqueza de posibilidades de este proceder
estaría confirmada por la historia misma. Las propuestas teórico-políticas
que Gramsci desprende a partir de ahí, siguen constituyendo, a
cincuenta años del fallecimiento del pensador italiano, una sugestiva fuente de
interpretación de la realidad. Paradójicamente, Gramsci “refunda”
la filosofía de la praxis pensando en su tiempo, pensando y creando las
posibilidades para su devenir historia concreta en Italia. De alguna manera, la
realidad concurrió con la teoría. Sería injusto, por ejemplo, desconocer la
importancia que las ideas de Gramsci tuvieron en la
consolidación de uno de los partidos comunistas más importantes del mundo, el
italiano. Es por todo ello que aquella frase surgida de la pluma del célebre
filósofo Jean Paul Sartre pudiera aplicarse a la perfección en
el caso de Gramsci:
“No nos haremos eternos corriendo tras la
inmortalidad; no seremos absolutos por haber reflejado en nuestras obras
algunos principios lo suficientemente vacíos y nulos para pasar de un siglo a
otro, sino por haber combatido apasionadamente en nuestra época, por haberla
amado con pasión y haber aceptado morir totalmente con ella”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario