© Libro N° 6988.
Dinero y Mercancías. Hilferding, Rudolf. Emancipación. Febrero 15 de
2020.
Título
original: © Dinero
y Mercancías. Rudolf Hilferding
Versión Original: © Dinero y Mercancías. Rudolf Hilferding
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Rudolf
Hilferding
RUDOLF HILFERDING
( 1854 - 1938 )
Rudolf Hilferding (10 de agosto de 1877 - 11 de
febrero de 1941) fue un médico, economista marxista, y teórico socialista
vienés. Lideró las teorías y políticas socialistas del Partido Socialdemócrata
de Alemania (SPD) durante la época de la República de Weimar. Hilferding
propuso la lectura "económica" de Marx, identificándose con el
“austromarxismo”, y es ampliamente reconocido como el mayor teórico del SPD del
siglo XX.
Nacido y criado en Viena, Hilferding estudió
medicina en la Universidad de Viena. En la secundaria ya había tomado contacto
con estudiantes socialistas, con quienes formó un circulo de estudio. En la
universidad ahondó sus contactos y su participación. Después de convertirse en
un reconocido periodista afín al SPD, participó en la Revolución de Noviembre
en Alemania en 1918-1919. Durante los siguientes tres años se desempeñó como
editor de Die Freiheit, el diario del SPD.
En 1923 fue nombrado Ministro de Finanzas de
Alemania, cargo que también ocupó entre 1928 y 1929. En 1924 fue electo al
Reichstag a nombre del SPD, cargo que ocupó hasta 1933.
En 1933, con el advenimiento de Hitler al poder,
Hilferding, siendo socialista y de ascendencia judía, se vio obligado a
exiliarse, primero a Zurich y luego a París, donde murió a manos de la Gestapo
en 1941.
ESCRITOS
1904: La crítica de Böhm-Bawerk a Marx
1909: El capital financiero (pdf)
1912: Dinero y mercancías
Dinero y Mercancías
Rudolf Hilferding*
* Rudolf Hilferding (1877-1941): dirigente y
teórico socialdemócrata austríaco, se unió al Partido Socialdemócrata
Independiente (1917), en oposición al bolchevismo y a la III Internacional. En
1922 regresó al Partido Socialdemócrata Alemán y, en 1923, fue ministro de
Finanzas de Alemania, cargo que volvió a ocupar entre 1928 y 1929. Murió a
manos de la Gestapo nazi en 1941. Su obra más famosa es El capital financiero,
de 1910, una de las contribuciones más influyentes a la economía marxista.
Fuente: Rudolf Hilferding, “Geld und Ware”, Die
Neue Zeit, 30.1911-1912, 1. Bd. (1912), H. 22, pp. 773-82.
_____
En su interesante artículo “Producción de oro e
inflación”, el camarada Eugen Varga defiende la tesis de que “los cambios en la
producción de oro no pueden ser la causa de la inflación” (Varga, 1911).
Compartimos esa opi-nión, pero creemos que los argumentos de Varga, para ser
concluyentes, necesitan agregados sustanciales.
Varga comienza por descartar la teoría
cuantitativa, cuyo conte-nido fue recientemente reproducido en Simplicissismus,
tan correcta y cómicamente como se puede ver a continuación: “la colosal
pro-ducción de oro ha puesto tanto dinero en circulación que los precios
crecieron de tal manera que no hay tanto dinero disponible para pagar por las
mercancías”
La teoría cuantitativa es tan primitiva, simplista
y equivocada como la teoría malthusiana de la población y, por lo tanto, tan
du-radera como ésta. Excepto que la teoría cuantitativa recibió, a través de
las experiencias con dinero inconvertible, algún atisbo de justifi-cación (del
que la teoría malthusiana carece totalmente), al menos para los ojos de los
observadores superficiales, quienes fallan –justa-mente- en ver lo esencial.
Porque, precisamente, el fenómeno de las monedas inconvertibles sólo puede ser
entendido si el valor de la masa de productos en circulación es objetivamente
determinada, o sea que sólo puede ser entendida con la ayuda de la teoría del
valor-trabajo. El precio (geltung), la tasa de cambio (kurs) del dinero
inconvertible está determinado por el valor de la masa circulante de
mercancías, es un reflejo del valor total de las mercancías circulantes en el
mercado. Esto debe ser establecido objetivamente de manera que una variable de
comparación pueda encontrarse entre la masa de mercancías en circulación -y
podríamos agregar, la de bienes sólo como valores- y la unidad monetaria. La
teoría cuantitativa se vuelve completamente absurda, sin embargo, con una
moneda libremente convertible a oro.
La ilusión de que los precios están determinados
por la cantidad de dinero circulante y que esto último depende, a su vez, de la
cantidad de material monetario que hay en el país, tiene sus raíces en la
absurda hipótesis adoptada por los representantes originales de esta visión de
que las mercancías entran en el proceso de circulación sin un precio, el dinero
entra en circulación sin un valor y que, una vez en circulación, una parte de
las mercancías se cambia por una parte proporcional de la masa de metales
preciosos (Marx, 1992: 220).
Pero como una argumentación teórica no es tal vez
del gusto de todos, Varga tiene el mérito de haber demostrado
estadísticamen-te, una vez más, el sinsentido de la teoría cuantitativa del
dinero. Las verdaderas causas de la economía mundial que llevaron a la
inflación deben buscarse del lado de las mercancías, no de la producción de
oro, como ha sido sistemáticamente presentado por Otto Bauer en su fo-lleto
sobre la inflación (Bauer, 1910). No hay dudas de que las causas allí aducidas
son suficientes para explicar la inflación.
Varga sigue entonces investigando la cuestión de si
la caída de los costos de producción de oro se manifiesta en el precio del oro.
El tema en discusión no es, por supuesto, su precio nominal. Si una libra de
oro puro debe siempre, por ley, valer 1.395 marcos, o un marco es sólo otra
expresión de 1/1.395 de libra de oro, esto es, antes que nada, una medida de
peso, no de precio. El precio aparece cuando leemos
un catálogo y deducimos que 10 marcos de oro
equivalen a x metros de tela, y gramos de sal, z pares de guantes, etc.
Entonces, lo que Varga plantea es que, cualesquiera
sean los costos de producir 10 marcos de oro, éstos siempre van a ser
intercambia-dos por x metros de tela, y gramos de sal, etc., asumiendo que las
condiciones de producción de tela, sal, etc. se mantengan constantes. Esta
tesis entonces parece, a primera vista, contradecir la teoría del
valor-trabajo, y Jacob van Gelderen, en su artículo (Gelderen, 1912: 660-664),
expresa esta preocupación. Por supuesto, dice Varga, los cambios en la
producción de oro no ejercen ninguna influencia en su valor de cambio, porque
el oro es uno de las mercancías en las que, para la formación del precio, es
decisiva la renta de la tierra. Para esas mercancías, el precio de producción
de cierta cantidad de productos, producidos en las más desfavorables
condiciones, asumiendo que la demanda se mantiene estable, es determinante. Un
abaratamiento en los costos de producción llevaría como mucho a un incremento
de la renta de la tierra, pero no a una caída del precio [del oro]. La cuestión
es justamente si tal abaratamiento ha ocurrido, de manera que las mismas
cantidades demandadas se puedan producir en mejores con-diciones, por ejemplo,
como resultado de las mejoras tecnológicas y el descubrimiento de las minas de
Sudáfrica, de manera que suceda lo mismo con el oro que lo ocurrido con el
trigo, producto de las mejo-ras en los medios de transporte y de la competencia
de América, o de la plata en la época de los descubrimientos de las minas
americanas. En el último caso, como difícilmente se dude, la inflación
realmente se desarrolló como consecuencia de la depreciación de la moneda.
Varga mismo insinúa la clave, pero se contiene de
elaborarla, ra-zón por la cual también Jacob van Gelderen lo ignora: la
“demanda ilimitada” de oro y la particular regulación del sistema monetario por
los bancos centrales (Notenbanken). En El capital financiero señalé que con
papel moneda o inconvertible, el valor del dinero es determinado por el “valor
social de circulación”. Es decir, la ecuación del valor en este caso es:
valor total de mercancías/ velocidad de circulación
del dinero
+ la
suma de los pagos vencidos - la de los pagos saldados - la cantidad de
transacciones en la que la pieza de dinero funciona al-ternativamente como
medio de circulación y como medio de pago (Hilferding,1981: 47-48).
Ahora, ¿qué sucede con las monedas de patrón oro
(Goldwahrungh)? El oro tiene cierto valor intrínseco. Pero esta ecuación debe
también dar cuenta del dinero realmente utilizado para la circulación. Con el
papel moneda o inconvertible, todas las notas bancarias entran en circulación,
porque el papel moneda o los metales menores no son adecuados para otros
propósitos -no al menos dadas ciertas circuns-tancias históricas. Este tipo de
dinero recibe su valor de cambio (Kurs) a través del valor social de circulación.
La situación es diferente con la moneda de oro
libre (patrón oro). Suponiendo que la sociedad dispone de un stock total de oro
de 2.000 y que el valor de circulación equivale a 1.000, entonces las piezas de
oro por 1.000 estarán en circulación mientras otras 1.000 estarán en reserva1.
Aquí, dado que el oro tiene su propio valor, el valor de circu-lación determina
la cantidad de piezas de oro en circulación. Con el papel moneda o
inconvertible, la cantidad está dada y su valor está de-terminado por el valor total
de las mercancías en circulación, mientras que con la moneda de oro el valor de
la misma está dado y la cantidad es determinada por el valor de circulación.
Pero ahora un mecanismo específico fue creado por
los princi-pales bancos centrales para la entrada y salida de oro necesario o
innecesario para la circulación. Los bancos centrales aceptan todo el oro que
se les ofrece. La demanda es, por lo tanto, ilimitada. Pero el cambio de precio
sólo tiene lugar como resultado de un cambio en la relación entre oferta y
demanda. La demanda es ahora, de hecho, ilimitada. En principio esto sólo
significa que por 1 kilogra-mo de oro siempre se dará 1 kilogramo de monedas de
oro. Estos nuevos kilogramos de oro inicialmente desaparecerán en las bóvedas
del Banco Central y quedarán como reservas. Supongamos entonces que el valor de
circulación se incrementa de 1.000 a 1.500. Si no hubiera oro en las reservas,
el tipo de cambio de las monedas de oro cambiaría: un marco valdría ahora 1,5
marcos, y viceversa. Pero el Banco Central también acepta todas las monedas de
oro circulan-te redundantes y las agrega a las reservas; un cambio en el tipo
de cambio (entre el dinero y las mercancías) no puede, por lo tanto,
desarrollarse.
Para que el cambio en el precio del oro se
manifieste, el oro debe permanecer en circulación. Sólo cuando las mercancías y
los medios de circulación se enfrentan directamente sus valores pueden ser
mu-tuamente determinados. El dinero fuera de circulación -como reserva
1. El
oro sólo puede funcionar de reserva como encarnación y medio de acumulación de
riqueza social, porque tiene un valor intrínseco, a diferencia del papel
moneda.
66
Dinero y Mercancías
en el Banco Central- no forma parte de la relación
con la suma de las mercancías en circulación.
La secuencia de los hechos es entonces ésta. El
productor de oro recibe 1 kilogramo de monedas de oro por 1 kilogramo de oro
[no acuñado]. El oro nuevo queda en las bóvedas del Banco Central. Si se
incrementa la demanda para la circulación, el oro fluye de las bóvedas del
banco a la circulación. Por lo tanto la relación entre monedas de oro y
mercancías siempre se mantiene igual, como era al principio del proceso. Los
cambios en la producción de oro no tienen un efecto en el tipo de cambio
mientras el mecanismo se mantenga intacto. Cam-biaría inmediatamente tan pronto
como este mecanismo sea abolido.
Supongamos que la producción de oro crece tanto que
los bancos centrales consideran que sus reservas de oro acumuladas son más que
suficientes para sus propósitos. En este caso, no aceptarían más oro a partir
de cierto momento. Como seguirían regulando la circulación de la misma manera
que antes, aceptando todo el oro ya acuñado en cir-culación y poniendo sus
reservas a disposición [para dar] las monedas necesarias para la circulación,
el tipo de cambio del oro acuñado res-pecto a las mercancías no cambiaría. Pero
sería al revés con el oro como mercancía. La demanda ilimitada cesaría. El oro
sería principalmente demandado para fines industriales o de lujo. La oferta
sería demasiado grande para la demanda. La competencia surgiría entre los
productores de oro, el precio del oro caería, las minas de oro que producen en
las condiciones menos favorables dejarían de producir y la renta minera total
caería brutalmente. Estos son procesos que efectivamente han te-nido lugar, de
forma similar, en la desmonetización de la plata.
La moneda de oro (patrón oro) se convertiría, de
hecho, en mone-da inconvertible; el tipo de cambio de las monedas de oro (en
relación a las mercancías) sería diferente a la del oro no acuñado; el primero
se mantendría igual a pesar de los cambios en el precio del oro -lo mismo que
ocurrió con las monedas inconvertibles de plata.
Pero incluso si el tipo de cambio de la moneda de
oro se mantiene igual, todavía otra función de las reservas de oro de los
bancos centra-les sería perturbada. Marx ya había señalado que las reservas de
oro tienen diferentes funciones sujetas a leyes totalmente distintas. Las
reseras de oro (de los bancos centrales) no son sólo una reserva para la
circulación; son una garantía, incluso una garantía virtual, para la
convertibilidad de las deudas pendientes (Geldforderungen) en oro; es también
un fondo para cancelar balances internacionales y un medio de almacenamiento de
riqueza.
67
En Defensa del Marxismo 42
Ahora, el sello estatal que convierte el oro en
moneda tiene valor sólo dentro de los límites del Estado; para cancelar los
balances in-ternacionales, el oro sólo tiene el valor del metal que lo compone,
si ese valor se desvincula del valor de la moneda, lo que pasaría con la moneda
inconvertible, entonces las reservas del Banco Central tam-bién verían reducido
su valor, en tanto se utilicen para cancelar pagos internacionales. Sólo una
regulación internacional de la moneda, que por lo tanto proveería un territorio
económicamente uniforme para la circulación monetaria, prevendría esta
consecuencia. Pero los antago-nismos entre los Estados nacionales no alientan
la regulación interna-cional, más bien el estado de guerra internacional
destruye estos tipos de acuerdos antes. Esta es la razón por la que un cambio
en la deman-da ilimitada de oro debe ser descartado. Por el contrario, las
otras dos funciones de las reservas de oro, si éstas son lo suficientemente
gran-des, son: reserva para la circulación y fondo de garantía de
convertibi-lidad de las deudas en oro, para que éstas puedan ser pagadas
incluso ante la inconvertibilidad de la moneda de patrón oro.
Que la aplicación directa de la ley del valor para
el oro como mone-da queda abolida y que esta ley determina el tipo de cambio
del dinero (o como solemos decir el precio -más que el valor- del dinero) sólo
indirectamente, a través de la mediación del valor social de circulación, no
es, finalmente -por más chocante que pueda parecer a primera vista-nada
maravilloso. La ley del valor requiere de total libertad económica para operar,
pero esta libertad es modificada por el tipo de cambio entre dinero y mercancías
por los bancos centrales. La naturaleza es-pecífica del dinero hace difícil
ofrecer ejemplos ilustrativos, pero ima-ginemos la siguiente situación: en una
economía totalmente cerrada y autárquica, el Estado introduce un monopolio del
petróleo. Digamos que mantiene una reserva constante de 100 millones de litros.
El Esta-do vende el petróleo a 30 marcos el litro y lo compra a 29,5 marcos. La
consecuencia es, naturalmente, un precio constante de 30 marcos. El precio
determinaría qué pozos serían explotados, que pozos darían una renta y cuán
alta sería la misma. Una demanda creciente de petróleo sería satisfecha con las
reservas y la “política del banco de petróleo” sería asegurarse que siempre
haya reservas suficientes. Si la demanda cae o la producción es particularmente
abundante, las reservas también crecen, lo que sería una circunstancia
particularmente favorable para los admi-nistradores del banco. La secuencia con
el oro es totalmente análoga, sólo que en este caso la tasa de cambio constante
(entre el dinero y las mercancías) puede ser rigurosamente comprobada.
68
Dinero y Mercancías
Pero si estas conclusiones teóricas son correctas,
la siguiente con-clusión sigue. Si la tasa de cambio entre oro y mercancías es
estable, la misma regulación debería obviamente tener el mismo efecto en la
pla-ta. En ese caso, sin embargo, como se trata de dos magnitudes cons-tantes,
también la relación entre el oro y la plata se mantendría cons-tante, y la
posibilidad de la bimetalidad sería teóricamente probada. Me apuro a agregar
que no me he preocupado por las consecuencias prácticas ni si sería posible,
como se puede ver de lo que sigue, cam-biar arbitrariamente esta relación en
favor de la plata. Pero desde un punto de vista puramente teórico, una moneda
dual podría pensarse si los bancos centrales aceptaran plata ilimitadamente y
la pusieran en sus reservas de la misma forma que lo hacen con el oro.
Levantemos otra “duda académica”: ¿qué efecto
tendría una car-telización de la producción de oro? Sería, en general, efectiva
cuando los bancos centrales tengan razones para temer que sus reservas de oro
no sean suficientes para responder a sus obligaciones internacionales; en ese
caso se verían forzados a pagar más de una libra de monedas de oro por una
libra oro, por ejemplo 1.395 marcos. Si no cambian los mecanismos para
satisfacer la circulación, sufrirían pérdidas en la compra de oro, y éste
podría ser el único efecto. Probablemente los bancos centrales, para protegerse
de la sangría de oro, subirían la tasa de interés. Pero la suba en la tasa de
interés en sí misma no afecta, al menos no directamente, los precios de las
mercancías, incluso si los economistas vulgares consideran esto evidente,
porque ven en la tasa de interés un “costo de producción”. La única forma que
los bancos centrales tendrían para ajustar el precio del oro al precio del
mono-polio sería negarse a satisfacer las necesidades de circulación al punto
en que lo hacían previamente, suspendiendo la convertibilidad de la moneda -es
decir, cambiando todo el mecanismo. En la realidad, sin embargo, el monopolio
del oro se habría hundido hace tiempo bajo el poder de los bancos centrales,
que es, de hecho, el poder de los Estados.
Si, dada una moneda de oro, con una aceptación
ilimitada de la producción de oro por parte de los bancos centrales, la tasa de
cam-bio entre las monedas de oro y las mercancías es segura y constante,
entonces ¿cómo llegó a formarse esa tasa de cambio? La respuesta sólo puede ser
que se fue formando históricamente, en tiempos en los que el oro entraba
directamente en circulación, cuando no había ningún tipo de regulación a la
circulación, tomando en consideración que nuestro problema no es la acuñación de
la moneda por el Estado, sino
69
En Defensa del Marxismo 42
la consolidación de la moneda como cierto peso de
oro y la aceptación de todo el oro por el banco central al “precio del oro”.
Todavía se podría hacer una objeción, que en
principio parece-ría tener gran peso: incluso antes del establecimiento de los
bancos centrales o, más en general, de la regulación estatal de la aceptación
ilimitada de todo el oro ofrecido en el mercado, el oro entraba y salía de
circulación a través de la transformación de reservas en medio de pago y
circulación, y viceversa. ¿No tenía este acaparamiento en reser-vas privadas el
mismo valor para fijar la tasa de cambio entre el oro y las mercancías que la regulación
estatal? Sin embargo, este argumento desdeña una diferencia sustancial: las
reservas por parte de individuos privados es gobernada por reglas totalmente
distintas a las reservas de los bancos centrales. Las reservas de un banco
central sirven directa-mente como reserva para la circulación, por lo que el
banco central está comprometido, y no podría ser de otra manera, a satisfacer
in-mediatamente las constantes necesidades de circulación. Es comple-tamente
distinto cuando esta regulación no existe. Cuando crece la necesidad para la
circulación, el valor del oro frente a las mercancías crece, porque no hay
razón para los individuos privados para poner dinero en circulación. Los
tesoros de los monasterios, de los grandes mercaderes, los botines de guerra de
los Estados, etc. no caían en los siglos XV, XVI, XVII por la falta de dinero
en circulación, incluso hoy en día las reservas de individuos privados, donde
todavía existen, no son una reserva para la circulación, sino una reserva para
su pro-pia solvencia. En la economía moderna, este tipo de reservas privadas en
forma de dinero no tiene mucha importancia; la acumulación de riqueza toma aquí
la forma de títulos sobre la producción futura [ac-ciones]. Pero incluso si la
acumulación de dinero tiene lugar, sigue siendo una excepción, en particular es
resultado de un freno crítico a la circulación. En una crisis monetaria, que
puede estar asociada a un repentina sobrevaluación del dinero, también tenemos
acumulación de dinero (y oro) en manos privadas, y justamente este
acaparamiento el que acentúa la escasez de dinero, por lo que las reservas de
los ban-cos centrales ponen a disposición el oro necesario para la circulación.
En el pasado, el ingreso de oro a la circulación no
era un proceso tan mecánico como hoy en día. El oro, en ese entonces, no tenía
una demanda ilimitada. Tenía que ser intercambiado por mercancías y, por lo
tanto, ingresaba directamente en circulación y permanecía en ella, salvo que
los acaparadores privados lo tomaran. Este acaparamiento, sin embargo, no
dependía de las necesidades de circulación, sino de la
70
Dinero y Mercancías
capacidad de acumulación de los individuos
privados. Históricamente la acumulación de los Estados para la guerra jugó el
papel más impor-tante. Pero eso también significa que esos tesoros eran
periódicamen-te volcados en la circulación para pagar todo tipo de gastos
bélicos, luego de lo cual permanecían mayormente en circulación. Esto, a su
vez, significa que el tipo de cambio del oro se formaba y se volvía a formar
una y otra vez a través de la confrontación real entre el oro y las mercancías
en circulación, y, más aún, que en esa época el precio de oro en realidad
padecía fluctuaciones que surgían, por un lado, de las continuas perturbaciones
en la circulación y, por el otro, de los cambios en los costos de producción
del oro.
En la prolífica literatura económica sobre la
relación entre el oro y las mercancías, la influencia de la revolución en las
condiciones de producción del metal moneda en el aumento de precios del siglo
XVI no da lugar a discusión. Pero el veredicto es totalmente distinto para el
periodo posterior.
A pesar de los cambios en las condiciones de
producción de los me-tales preciosos, a pesar de que a menudo, en periodos
recientes, países muy ricos han reemplazado sus monedas de metal por papel
moneda y lanzaron muchos cientos de millones de marcos de oro al mercado
mundial en el curso de unos pocos años, a pesar de las fluctuaciones en la
demanda de oro para necesidades de cambio, todavía es discutido entre los
entendidos si en los centros del comercio internacional, desde la mediados del
siglo XVII hasta mitad del siglo XIX, el valor del dinero ha cambiado en
absoluto (Nasse, 1888: 156).
Entre los que apoyan la teoría cuantitativa del
dinero, pero tam-bién entre algunos otros economistas, siempre se hacen
intentos para relacionar los cambios de precios con los cambios en la cantidad
de oro producido o sus costos de producción. Los intentos han sido poco
fructíferos. Tooke dio pruebas de lo contrario para el periodo tempra-no. La
caída de los precios luego de la crisis de 1873 y hasta fines de la década de
1880, que coincidió con una reducción de la producción de oro, por un lado, y
con un aumento de la demanda de oro, por el otro, como resultado de la transición
de Alemania a una moneda de oro y la suspensión del uso de monedas de plata por
otros Estados, impulsó nuevas investigaciones. En Gran Bretaña, una gran
cantidad de infor-mación fue entregada a un Comisión del Oro y la Plata en 1886
para estudiar el asunto. En el ensayo recién citado, Erwin Nasse da eviden-cias
convincentes de que los cambios de precios deben ser buscados del
71
En Defensa del Marxismo 42
lado de las mercancías, no del lado del dinero. Y
William Lexis tiene una mirada en lo esencial similar (Lexis, s/f). Por otro
lado, se puede encontrar en estos estudios cómo el tipo de cambio entre el oro
y las mercancías se mantuvo estable, y que tales cambios no podrían haber
tenido lugar antes de que el metal, como moneda, se encontrara, en la
circulación, con las mercancías. En los mercados americanos, el precio de la
plata ya había caído brutalmente en comparación con el oro, pero en India
todavía mantuvo su tipo de cambio frente a las mercancías por un largo período.
Lexis dice, en el artículo ya citado: “De particular interés fueron los
reportes que la comisión recibió sobre la influencia de la caída del valor de
la plata en el intercambio de mercancías entre Inglaterra y el este de Asia.
Para empezar, el hecho de que en la India (del que durante mucho tiempo dudé)
no puede ser negado el poder de compra de la plata frente a los productos
agrarios o el trabajo no había disminuido significativamente, a pesar del hecho
de que la caída del precio en oro de la plata ya había tenido lugar muchos años
antes, y que se espera que se mantenga en el futuro cercano”. Lexis entonces
ofrece la siguiente –excelente- explicación: “Examinándola de cerca, esta
continuidad del valor de la plata parece, sin embargo, menos sor-prendente de
lo que era a primera vista. Una caída del precio de la plata frente a las
mercancías indias sería esperable sólo frente a un aumento significativo de la
masa de monedas de plata en circulación. Pero tal incremento es contenido por
la costumbre de atesorar”. Las reservas de los individuos privados actúan, en
este caso en particular, impidiendo el ingreso de plata a la circulación; dado
que las necesidades de circu-lación se mantienen estables, también lo hace el
valor de la plata como moneda en contraposición con la plata en barra, que es
ahora determi-nada por el valor social de circulación. Como el precios de la
plata si-guió cayendo, se hizo irracional acumularla; su lugar como reserva fue
siendo reemplazado por el oro; la plata es ahora usada exclusivamente como
medio de circulación; la plata fue empujada a la circulación y gradualmente los
precios de las mercancías también crecieron en la In-dia. La interrupción del
acuñamiento libre de monedas de plata puso entonces fin a la devaluación de las
monedas de plata.
Hemos llegado a la conclusión. La regulación
estatal del sistema monetario significa un cambio fundamental en a relación
entre el di-nero y las mercancías. La tasa de cambio entre las monedas de oro y
las mercancías fue entonces fijada por la intervención estatal, pero no
arbitrariamente; el Estado sólo tomó un tipo de cambio desarrollado histórica y
espontáneamente: puede, por lo tanto, mientras el mecanis-
72
Dinero y Mercancías
mo se mantenga intacto, no cambiar ese valor. El
cambio en los costos de producción del oro no afecta la tasa de cambio entre
las monedas de oro y las mercancías; sólo determinan qué depósitos de oro
pueden to-davía ser tomados con vistas a una ganancia. El oro obtiene, por su
uso como metal moneda, no sólo un precio más alto que los metales que no tienen
ese mismo uso: recibe un precio fijo, y éste puede, teórica-mente, superar el
precio de producción del productor menos favoreci-do. Acá, entonces, se desarrollaría
una forma especial de renta absoluta, probablemente la única forma de renta
absoluta que realmente existe.
Hay, sin embargo, un malentendido sobre el que
debemos estar alertas. La fijación del precio del oro no consiste en el hecho
de que una libra equivalga a 1.395 marcos. Esa es, como he dicho, no la
rela-ción del precio sino la medida del precio. El precio del oro está fijado
sólo por el hecho de que, dada una adecuada reserva de oro, siempre entrarán en
circulación tantas monedas como sean requeridas por el valor social de
circulación.
La esencia de las monedas de patrón oro
contemporáneas es tal vez más clara comparada al papel moneda inconvertible.
Un sistema de papel moneda puro podría ser
imaginado abstractamen-te siguiendo las siguientes líneas. Imaginemos una
nación con un comercio cerrado que emite papel moneda suficiente para las
necesidades de circu-lación y que, además, esta cantidad no puede aumentarse.
Las necesidades de circulación serán satisfechas, además de con el papel
moneda, con notas bancarias, etc., exactamente de la misma forma que el caso de
la moneda metálica. Por analogía con la legislación moderna que rige a los
bancos en estos asuntos, el papel moneda servirá para cubrir las notas
bancarias, que también serían cubiertas por los recursos de los bancos. La
imposibilidad de incrementar el suministro de papel moneda prevendría la
devaluación de éste. En tales circunstancias, el papel moneda se comportaría
como el oro lo hace hoy en día: ingresaría a los bancos o sería atesorado por
indivi-duos cuando la circulación se contrae, y volvería a la circulación
cuando se expande. Los medios mínimos necesarios se mantendrían en circulación,
mientras las fluctuaciones se cubrirían con la contracción o expansión de las
notas bancarias. El valor de papel moneda estatal se mantendría, por lo tanto,
estable (Hilferding, 1981: 57).2
Exactamente de la misma manera el valor de las
monedas de oro se mantiene estable hoy en día, excepto que el oro, en contraste
con
2. Los
señalamientos de este artículo son sólo consecuencias de las leyes
desarrolladas en mi libro.
73
En Defensa del Marxismo 42
el papel moneda, tiene su propio valor. Este valor
intrínseco, sin em-bargo, sería diferente sin el uso del oro como moneda; sería
más bajo y siempre fluctuante según el costo de producción. El valor de las
mo-nedas de oro se mantiene estable a través del mecanismo introducido por el
Estado, el mismo que en el caso del papel moneda. Sólo que, con la introducción
del papel moneda (inconvertible) la circulación social del valor podría
directamente determinar el tipo de cambio del papel moneda. Con la moneda de
oro, el tipo de cambio estaba ya históricamente dado, y el valor social de
circulación determinaba, en una relación estable dada, la cantidad de oro
realmente circulando, asumiendo una proporción de notas de crédito, etc.
Por lo que éste es el efecto de una “demanda
ilimitada” de oro [en países con patrón oro]. Provoca, de hecho, la
estabilización de la tasa de cambio de las monedas de oro [con las mercancías]
y, por esta razón, del oro en barras, siempre que la continua conversión de oro
en monedas de oro sea garantizada por la ley. Pero con esto también hemos en
realidad tenido, desde la introducción de los modernos sis-temas de patrón oro,
una medida fija de valor, buscada hace tanto tiempo por los economistas y sin embargo
no reconocida por éstos.
Referencias bibliográficas
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Lexis, Wilhelm (s/f). “Die Währungsfrage und die
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Statistik, Neue Folge

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