© Libro N° 6989.
Tesis Sobre El Bolchevismo. Su Naturaleza De Clase Y Su Papel Histórico En La
Praxis Proletaria Internacional. Wagner, Helmut. Emancipación. Febrero 15 de 2020.
Título
original: © Thesen
über den Bolschewismus
Versión Original: © Tesis Sobre El Bolchevismo. Su
Naturaleza De Clase Y Su Papel Histórico En La Praxis Proletaria Internacional.
Helmut Wagner
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digital de Versión original de textos:
https://www.marxists.org/espanol/wagner/1934/tesis.htm
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Su
Naturaleza De Clase Y Su Papel Histórico En La Praxis Proletaria Internacional
Helmut
Wagner
Helmut Wagner
Tesis Sobre El Bolchevismo
Su naturaleza de clase y su papel histórico en la
praxis proletaria internacional
1934
Título Original: "Thesen über den
Bolschewismus"
Publicado: en Persdienst van de groep van
Internationale Communisten Nº 7, abril 1934.
Traducción: del gallego-portugués el CICA, en Junio
del 2005.
HTML: Jonas Holmgren
Índice de materias:
Tesis sobre el bolchevismo
I. LA SIGNIFICACIÓN DEL BOLCHEVISMO
II. LAS PRECONDICIONES DE LA REVOLUCIÓN RUSA
III. LOS AGRUPAMIENTOS DE CLASE EN LA REVOLUCIÓN
RUSA
IV. LA ESENCIA DEL BOLCHEVISMO
V. LOS CRITERIOS DE LA POLÍTICA BOLCHEVIQUE
VI. El BOLCHEVISMO Y LA CLASE OBRERA
VII. LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE
VIII. EL INTERNACIONALISMO DE LOS BOLCHEVIQUES Y LA
«CUESTIÓN NACIONAL»
IX. EL BOLCHEVISMO ESTATIZADO Y LA COMINTERN
X. EL BOLCHEVISMO Y LA CLASE OBRERA INTERNACIONAL
Notas
Presentación a la edición digital en lengua
hispana.
Sobra aquí hacer mención a la importacia de
presentar una traducción fiable en lengua hispana de las «Tesis sobre el
bolchevismo» de Helmut Wagner, un texto fundamental del comunismo de consejos.
Puesto que la próxima edición de Ígneo, el boletín
trimestral de los Comunistas Revolucionários (Grupo de Comunistas de Consejos
de Galiza -Estado español-) se prevee todavía para dentro de dos meses, hemos
decidido aprovechar la ocasión de la cercana inauguración de la web del Círculo
Internacional de Comunistas Antibolcheviques (CICA) para publicar digitalmente
el texto en su versión hispana. Esta traducción procede de la
gallego-portuguesa, pero ha sido realizada por el mismo traductor de aquella y
se puede considerar, pues, como completamente equivalente a una traducción
directa del inglés (apoyada a su vez en el original alemán, como se explica en
nuestra presentación al texto).
Los acontecimientos durante de los últimos 5 años
en Argentina, Ecuador y Bolivia hacen que la difusión en lengua hispana de los
textos del comunismo de consejos tenga una urgencia especial. En estos países,
con el despertar de una situación revolucionaria en condiciones subjetivamente
aún inmaduras, se ha puesto de manifiesto el problema del bolchevismo: por un
lado como expresión ideológica que indica de la ausencia o la debilidad de un
movimiento revolucionario consciente y amplio del proletariado; por el otro, en
la forma de partidos políticos que reclaman para si la dirección del movimiento
de masas, proclamando ser las encarnaciones de la conciencia revolucionaria e
impidiendo (o desviando) cualquier iniciativa y desarrollo verdaderamente
autónomos de la lucha proletaria. En estas condiciones, la clarificación sobre
el papel histórico y la naturaleza del bolchevismo desde un criterio de clase
es decisiva para el futuro de la revolución proletaria latinoamericana.
Es más, es necesario entender las contradicciones
del bolchevismo para poder efectuar una crítica radical de su teoria y su
práctica, pues sólo de este modo se puede llevar a cabo un reagrupamiento de
los elementos más avanzados de la clase alrededor del objetivo del comunismo,
de la autoliberación de los proletarios.
Por todo esto esperamos que la publicación de este
texto sea de gran utilidad para la extensión de las ideas comunistas
antibolcheviques, que es la finalidad a que sirve el CICA.
Roi Ferreiro, por Comunistas Revolucionários
26 de Junio del 2005.
Presentación a la edición gallego-portuguesa
1. Una historia del documento
Las «Tesis sobre el bolchevismo» fueron elaboradas
en 1933 por Helmut Wagner como miembro de la red de luchadores rojos (Rote
Kämpfer, RK) en Alemania. El texto resumía las discusiones y posiciones
desarrolladas dentro del grupo de Dresde de la RK en el período entre 1931 y
1932, y circuló desde 1933 como un papel hectografiado para la discusión no
sólo dentro de la RK, sino también entre otros grupos.
En 1934 las «Tesis» fueron publicadas, por primera
vez más abiertamente, en Holanda por el Grupo de Comunistas Internacionales
(GIC), a través de su periódico Correspondencia Consejista (Rätekorrespondenz)
en holandés y alemán. Ese mismo año las «Tesis» fueron traducidas al inglés por
el grupo de comunistas de consejos americanos en torno a Paul Mattick, y
publicadas en la revista Correspondencia Consejista Internacional (nº 3,
Diciembre de 1934). Esa traducción fue por breve tiempo reimpresa después, como
folleto, por la Federación Comunista Anti-Parlamentaria de Glasgow, con el
nuevo título de «El papel burgués del bolchevismo. Su relación con el comunismo
mundial.» (APCF, Glasgow, 1935). A finales de la década de los 30, este folleto
de la APCF se distribuyó internacionalmente durante algunos años. Después de
eso, y aunque las «Tesis» sean una sintetización consistente de las posiciones
del comunismo de consejos sobre la «cuestión rusa», no se les ha dedicado la
necesaria atención.
2. La tesis perdida número 60
La versión alemana publicada por el GIC holandés
contenía una errata, aparentemente relativa a la numeración de las tesis. En
esta versión faltaba la número 60, saltándose directamente de la 59 a la 61.
Con esto, el texto alemán acaba aparentemente con 68 teses, cuando en realidad
quedaban impresas solamente 67. En la primera traducción inglesa y en las
versiones posteriores, esta errata fue corregida cambiando la numeración, de
modo que la tesis 61 pasó a ser la 60, la tesis 62 la 61, etc. No obstante, por
suerte apareció uno de los manuscritos originales del autor, conservado en el
Archivo Federal de Koblenz en Alemania.
Aunque el manuscrito de Koblenz contiene diversas
variaciones de forma respecto a la versión final, en su grueso viene a
coincidir con ella. En él apareció una tesis "extra" que parece
indicar que el salto en la numeración del original alemán hay que explicarlo
por una desafortunada omisión de imprenta, no por un error en la numeración.
Esta tesis, a la que corresponde el número 60, la incluimos en esta edición,
reestableciendo la numeración original.
3. Acerca de esta edición
Si existen traducciones de las «Tesis» al portugués
éstas habrán sido efímeras y hoy probablemente estén prácticamente perdidas. En
español existe una traducción, publicada en la recopilación titulada «Crítica
del bolchevismo» (editorial anagrama, 1976), realizada a partir de una versión
francesa. Esta versión española es francamente arbitraria en numerosos puntos
en comparación con la primera versión inglesa, de modo que decidimos no
utilizarla y partir exclusivamente de la inglesa. Con todo, consultando la
versión original alemana, hemos observado ciertas inexactitudes de la
traducción inglesa, por lo que optamos por realizar diversas correcciones
puntuales a partir del alemán.
Por nuestra parte, el motivo de publicar este texto
es que lo consideramos un documento básico para entender la ruptura profunda y
total que existe entre el comunismo de consejos y el bolchevismo, y para
entender también la historia en general del movimiento obrero y de la izquierda
'marxista' internacional del siglo XX. Constituye, pues, un importante medio
para la formación política.
En las «Tesis sobre el bolchevismo» se encuentran
resumidos y compilados los posicionamientos de los comunistas de consejos
contra el bolchevismo, que se fueron formando a lo largo de todo un proceso
evolutivo, especialmente durante el periodo comprendido entre 1918 – comienzo
de la Revolución alemana – y principios de los 30. Aunque no constituyen un
análisis pormenorizado y exhaustivo, las «Tesis» pueden considerarse en lo
esencial como una respuesta acabada de los comunistas de consejos a los partidarios
del bolchevismo, superando la tradicional disputa de los años 20 entre la
acusación leninista de «izquierdismo» y la refutación «tacticista» procedente
del kapdismo[1*]. Los antecedentes directos de las posiciones de Wagner podemos
encontrarlos ya en los escritos de Otto Rühle, representante de la tendencia
«unitaria»[2*], entre 1920 e 1924, y sintetizados en su libro De la Revolución
burguesa a la Revolución proletaria (1924). Por supuesto, hoy las «Tesis»
deberían ser actualizadas a la luz del proceso histórico que llega hasta el
derrumbe de la URSS. Por eso cualquier propuesta seria de discusión será
bienvenida, y la contestaremos en la medida de nuestras posibilidades.
Por último, hemos añadido para esta edición de las
«Tesis sobre el bolchevismo» el subtítulo «Su naturaleza de clase y su papel
histórico en la praxis proletaria internacional», con objeto de aportar a la
lectora o lector una idea rápida y precisa acerca del enfoque y los contenidos
del texto.
Lamentamos no disponer de información biográfica
del autor. No obstante, en los últimos años fue publicado en español un texto
suyo, «El anarquismo y la revolución española», de 1937, en la recopilación
«Expectativas fallidas (España 1934-1939). El movimiento consejista ante la
guerra y revolución españolas...» (Adrede ediciones, 1999). Una traducción al
portugués puede encontrarse en:
www.geocities.com/jneves_2000/anarq_rev_espanhola.htm.
Para acabar, damos nuestros agradecimientos por la
información histórica sobre el texto y por las versiones alemana e inglesa, al
archivo digital del comunismo de consejos Kurasje
(web.archive.org/web/20090221055640/www.kurasje.org), dedicado a la publicación
de textos en alemán, inglés y holandés.
Comunistas Revolucionários
(Grupo de Comunistas de Consejos de Galiza)
14 de Mayo del 2005
Tesis sobre el bolchevismo
I.
LA
SIGNIFICACIÓN DEL BOLCHEVISMO
1. En la economía y en el Estado soviéticos, el
bolchevismo ha creado para sí mismo un campo cerrado de praxis social. En la
III Internacional, ha organizado un instrumento para controlar y influenciar al
movimiento obrero a nivel de las rutas internacionales. Sus directivas en
materia de principios y táctica son elaboradas como «leninismo». Surge la
cuestión: ¿Es la teoría bolchevique, como dice Stalin, el marxismo de la época
del imperialismo y la revolución social? ¿Es, según eso, el eje del movimiento
revolucionario del proletariado a una escala internacional?
2. El bolchevismo obtuvo su reputación
internacional en el movimiento de clase proletario, primero por su sólida lucha
revolucionaria contra la guerra mundial de 1914-18 y, segundo, por la
Revolución rusa de 1917. Su importancia histórico-mundial descansa en el hecho
de que, bajo la sólida dirección de Lenin, reconoció los problemas de la
Revolución rusa y, al mismo tiempo, creó en el Partido bolchevique el
instrumento mediante el cual aquellos problemas podrían ser resueltos
prácticamente. La adaptación del bolchevismo a los problemas alzados por la
Revolución rusa se produjo por 20 años de desarrollo esmerado y consistente con
ayuda del discernimiento en las cuestiones de clase fundamentales involucradas.
3. La cuestión de si este exitoso dominio de sus
tareas le da derecho al bolchevismo a la dirección, en la teoría, en la táctica
y en la organización, de la revolución proletaria internacional, envuelve, por
un lado, un examen de las bases sociales y precondiciones de la Revolución
rusa, y, por otro, de los problemas de la revolución proletaria en los grandes
países capitalistas.
II. LAS PRECONDICIONES DE LA REVOLUCIÓN RUSA
4. La sociedad rusa estaba decisivamente
condicionada por su posición entre Europa y Asia. Mientras que la más
progresiva fuerza económica y la más fuerte posición internacional de Europa
occidental habían destruido en Rusia, antes del fin de la Edad Media, los
primeros comienzos de un desarrollo comercial capitalista, la superioridad
política del despotismo oriental había creado los cimientos del aparato estatal
absolutista del Imperio ruso. Rusia ocupaba así no sólo geográfica, sino
también económica y políticamente, una posición intermedia entre los dos
continentes, combinando sus diferentes sistemas sociales y políticos a su
propia manera peculiar.
5. Esta posición internacionalmente ambigua de
Rusia ha influido, decisivamente, no sólo en su remoto pasado, sino también en
los problemas de su revolución durante las primeras dos décadas del siglo XX.
El sistema capitalista creó, en la era de la ascensión imperialista, dos
centros, recíprocamente opuestos pero íntimamente entrelazados: en el área
fuertemente industrializada de Europa occidental y Norteamérica, el centro
capitalista altamente desarrollado del avance imperialista activo; en las
regiones agrícolas del Asia oriental, el centro colonial del pasivo pillaje
imperialista. La amenaza de clase al sistema imperialista surge, de este modo,
de ambos estos centros: la revolución proletaria internacional encuentra su
pivote en los países capitalistas de Europa y América, la revolución agraria
nacional en los países campesinos de Asia oriental. En Rusia, que estaba en el
punto de división entre las esferas de influencia de los dos centros
imperialistas, las dos tendencias revolucionarias se mezclaron.
6. La economía rusa era una combinación de la
producción agraria anticuada, característica de Asia, y de la economía
industrial moderna, característica de Europa. La servidumbre en diversas formas
sobrevivía, en la práctica, para una enorme mayoría de los campesinos rusos.
Los pequeños principios de la agricultura capitalista fueron así impedidos en
su desarrollo. Causaron meramente la quiebra de la aldea rusa, su
empobrecimiento indescriptible, dejando mientras al campesino encadenado a una
tierra que ya no podía alimentarlo. La agricultura rusa, abarcando cuatro
quintos de la población rusa y más de la mitad de la producción total, era
hasta 1917 una economía feudal salpicada de elementos capitalistas. La
industria rusa había sido implantada en el país por el régimen zarista, que
quería ser independiente de los países extranjeros, especialmente en la
producción de suministros militares. Dado que, sin embargo, Rusia carecía de la
base de un sistema bien desarrollado de oficios manuales y de los rudimentos para
la construcción de una clase de «trabajadores libres», este capitalismo de
Estado, aunque nacido como producción en masa, no creó una clase obrera
asalariada. Era un sistema de servidumbre capitalista, y conservó fuertes
rastros de esta peculiaridad hasta 1917, en rasgos tales como el modo de pago
del salario, el alojamiento de los trabajadores, la legislación social, etc.
Los obreros rusos estaban, por consiguiente, no sólo técnicamente atrasados,
sino que también eran en gran medida iletrados y estaban, en una parte amplia,
directa o indirectamente ligados a la aldea. En muchos ramos de la industria la
fuerza de trabajo estaba formada principalmente por obreros campesinos
temporeros, que no tenían ninguna conexión permanente con la ciudad.
La industria rusa era, hasta 1917, un sistema de
producción capitalista intercalado con elementos feudales. La agricultura
feudal y la industria capitalista estaban, de este modo, mutuamente
interpenetradas en sus elementos básicos, y se habían combinado en un sistema
que no podía ni ser gobernado por los principios de economía feudales, ni
proporcionar los cimientos para un desarrollo orgánico de sus elementos
capitalistas.
7. La tarea económica de la Revolución rusa era, en
primer lugar, echar a un lado el disimulado feudalismo agrario y su explotación
continuada de los campesinos como siervos, junto con la industrialización del
campo, colocándolo en el plano de la moderna producción de mercancías; en
segundo lugar, hacer posible la creación irrestricta de una clase de verdaderos
«trabajadores libres», liberando el desarrollo industrial de todas sus trabas
feudales. Esencialmente, las tareas de la revolución burguesa.
8. Fue sobre este fundamento que emergió el Estado
del absolutismo zarista. La existencia de este Estado dependía de un equilibrio
entre las dos clases poseedoras, ninguna de las cuales era capaz de dominar
sobre la otra. Si el capitalismo suministraba la columna vertebral de ese
Estado, su sostén político lo proporcionaba la nobleza feudal. La
"Constitución", el "derecho al voto" y el sistema de
"autogobierno" no podían ocultar la impotencia política de todas las
clases en el Estado zarista que, bajo las condiciones del atraso económico del
país, habían producido un método de gobierno que era una mezcla de absolutismo
europeo y despotismo oriental.
9. Políticamente, las tareas que confrontaba la
Revolución rusa eran: la destrucción del absolutismo, la abolición de la
nobleza feudal como primer estado y la creación de una constitución política y
un aparato administrativo que asegurasen, políticamente, el cumplimiento de la
tarea económica de la Revolución. Las tareas políticas de la Revolución rusa
estaban, por consiguiente, completamente de acuerdo con sus presupuestos
económicos, las tareas de la revolución burguesa.
III. LOS AGRUPAMIENTOS DE CLASE EN LA REVOLUCIÓN
RUSA
10. Debido a la peculiar combinación social de
elementos feudales y capitalistas, la Revolución rusa enfrentaba también tareas
combinadas y complicadas. Difería en su esencia tan fundamentalmente de la
revolución burguesa clásica, como se dice que la sociedad del absolutismo ruso
de principios del siglo XX difería de la sociedad del absolutismo francés del
siglo XVII.
11. Esta diferencia, que correspondía a los
fundamentos económicos disimilares, encontraba su más clara expresión política
en la actitud de las diversas clases de Rusia ante el zarismo y la revolución.
Desde el punto de vista de sus intereses económicos, todas estas clases estaban
fundamentalmente en oposición al zarismo. En la práctica política, sin embargo,
esta oposición difería no sólo en grado, sino que también era completamente
diferente en su objetivo y meta.
12. La nobleza feudal luchaba, fundamentalmente,
sólo para extender su influencia sobre el Estado absolutista, deseando
mantenerlo intacto para la salvaguarda de sus privilegios.
13. La burguesía, numéricamente débil,
políticamente dependiente y directamente ligada al zarismo a través de las
subvenciones estatales, realizaba numerosos cambios en su orientación política.
El movimiento decembrista de 1825 había sido su único ataque revolucionario al
Estado absolutista. En la época del movimiento terrorista de los Narodniki en
los 70 y 80, ellos apoyaron el movimiento revolucionario de modo pasivo, con el
propósito de fortalecer la presión sobre el zarismo. También intentaron utilizar,
como medios de presión, los movimientos huelguísticos revolucionarios hasta las
luchas de Octubre de 1905. Su objetivo no era ya el derrocamiento, sino la
reforma del zarismo. En el período parlamentario de 1906 a la primavera de
1917, entraron en una fase de cooperación con el zarismo. Finalmente, la
burguesía rusa, huyendo de las consecuencias de las luchas revolucionarias de
las masas proletarias y campesinas, llegó a la rendición incondicional a la
reacción zarista en el período del golpe de Kornilov, que había sido diseñado
para reestablecer el anterior poder del Zar. Se había vuelto
contrarrevolucionaria aún antes de que las tareas de su propia revolución se
cumpliesen. La primera característica de clase de la Revolución rusa es, por lo
tanto, el hecho de que, como revolución burguesa, tuviese que ser llevada
adelante no sólo sin la burguesía, sino directamente contra ella. Surgió así
una alteración fundamental de todo su carácter político.
14. En conformidad con su mayoría aplastante, los
campesinos se convirtieron en el grupo social que, por lo menos pasivamente,
determinaba la Revolución rusa. Mientras el campesinado capitalista medio y
superior, numéricamente menos importante, representaba una política liberal,
pequeñoburguesa, los pequeños campesinos hambrientos y esclavizados,
numéricamente predominantes, estaban forzados por las necesidades elementales a
recurrir a la expropiación violenta de las grandes haciendas. Incapaces de perseguir
una política de clase propia, los elementos campesinos rusos estaban compelidos
a seguir la dirección de otras clases. Hasta febrero de 1917 habían sido, a
nivel de conjunto y a pesar de revueltas esporádicas, la base firme del
zarismo. Como resultado de su inmovilidad y atraso masivos, se había hundido la
revolución de 1905. En 1917 eran decisivos para acabar con el zarismo, que los
había organizado en grandes unidades sociales en el ejército, en el cual ellos
mutilaron pasivamente la estrategia de la guerra. Por medio de sus primitivas,
pero irresistibles, revueltas en las aldeas durante el subsiguiente curso de la
Revolución, suprimiendo así las grandes haciendas, crearon las condiciones
necesarias para la victoria de la revolución bolchevique que, durante los años
de la guerra civil, había sido capaz de mantenerse solamente a causa de su
ayuda activa adicional.
15. A pesar de su atraso, el proletariado ruso
poseía una gran fuerza combativa, debido a la escuela implacable de la opresión
zarista y capitalista combinadas. Se entregó con enorme tenacidad en las
acciones de la revolución burguesa rusa, y se convirtió en su instrumento más
afilado y fiable. Como cada una de sus acciones, a través de la colisión con el
zarismo, se convertía en una acción revolucionaria, él desarrolló una
conciencia de clase primitiva que, en las luchas de 1917, especialmente en la
apropiación espontánea de las empresas dominantes, se elevó a la altura de la
voluntad comunista subjetiva.
16. La intelectualidad pequeñoburguesa jugó un
papel distinto en la Revolución rusa. Intolerablemente restringidas en los
asuntos materiales y culturales, obstaculizadas en el progreso profesional,
instruidas en las ideas más avanzadas de Europa occidental, las mejores fuerzas
de la intelectualidad rusa estaban a la vanguardia del movimiento
revolucionario, y mediante su dirección le imprimieron un sello pequeñoburgués,
jacobino. El movimiento socialdemócrata ruso, en su elemento dirigente de
revolucionarios profesionales, constituye primariamente un partido de la
pequeña burguesía revolucionaria.
17. Para la solución de clase de los problemas
presentados por la Revolución rusa surgió allí una peculiar combinación de
fuerzas. Las enormes masas campesinas formaban su cimiento pasivo; las masas
proletarias, numéricamente débiles pero revolucionariamente fuertes,
representaban su instrumento de combate; el pequeño elemento de intelectuales
revolucionarios emergía como la mente rectora de la Revolución.
18. Este triángulo de clase era un desarrollo
necesario de la sociedad zarista, que estaba dominada políticamente por el
Estado absolutista, autonomizado, basado en las clases poseedoras desprovistas
de derechos: la nobleza feudal y la burguesía. Los peculiares problemas,
implícitos en el cumplimiento de la revolución burguesa sin la burguesía y
contra ella, crecieron a partir de la necesidad, para el derrocamiento del
zarismo, de movilizar al proletariado y al campesinado en la lucha por sus
propios intereses y, por consiguiente, de destruir no sólo el zarismo sino las
formas existentes de explotación feudal y capitalista. Numéricamente, los
campesinos habrían sido capaces de manejar el asunto solos, pero no estaban
políticamente en posición de hacerlo en cuanto eran incapaces de hacer
efectivos (actualize) sus intereses de clase excepto subordinándose ellos
mismos a la dirección de algún otro elemento de clase que, en cierta medida,
determinase en que grado los intereses de clase del campesinado se llevaban
adelante. Los obreros rusos habían desarrollado, en 1917, los comienzos de una
política de clase comunista e independiente, pero carecían de los presupuestos
sociales para su victoria, que en tanto victoria de la revolución proletaria
tendría que haber sido, también, una victoria sobre el campesinado. Esto era
imposible para el proletariado ruso que, en sus diversos estratos, no contaba
más que diez millones. De acuerdo con esto, tenían que subordinarse, justamente
como los campesinos, a la dirección de un grupo de intelectuales no
orgánicamente ligados a sus intereses.
19. La creación de la dirección organizada de la
Revolución rusa y el desarrollo de una táctica apropiada es el mérito de los
bolcheviques. Ellos lograron la tarea, aparentemente sin esperanza, de crear la
alianza contradictoria entre las masas campesinas que luchan por la propiedad
privada y el proletariado que lucha por el comunismo, haciendo así posible la
revolución bajo estas difíciles condiciones y asegurando su éxito al mantener
junta esta contradictoria combinación obrero-campesina con los lazos de hierro
de su dictadura de partido. Los bolcheviques constituyen el partido dirigente
de la intelectualidad pequeñoburguesa revolucionaria de Rusia; ellos cumplieron
la tarea histórica de la Revolución rusa, la conformación de la historia
apoyados en el campesinado – revolucionario en el sentido burgués – combinado
con la clase obrera – revolucionaria en el sentido proletario – .
IV. LA ESENCIA DEL BOLCHEVISMO
20. El bolchevismo tiene todas las características
fundamentales de la política revolucionaria burguesa, intensificadas por el
discernimiento (tomado del marxismo) de las leyes del movimiento de las clases
sociales. La frase de Lenin, «el socialdemócrata revolucionario es el jacobino
ligado a las masas», es más que una comparación externa. Es, más bien, una
expresión de la afinidad interna, técnico-política, con el movimiento de la
pequeñaburguesía revolucionaria de la Revolución francesa.
21. El principio básico de la política bolchevique
– la conquista y el ejercicio del poder por la organización – es jacobino. La
línea de orientación de la gran perspectiva política y de su realización, a
través de la táctica de la organización bolchevique de luchar por el poder, es
jacobina; la movilización de todos los medios y fuerzas de la sociedad aptos
para el derrocamiento del oponente absolutista, combinada con la aplicación de
todos los métodos que prometían éxito; el zigzagueo y el compromiso con cualquier
fuerza social que pueda usarse, aun cuando durante el tiempo más breve y en el
sector menos importante de la lucha. La idea fundamental de la organización
bolchevique, finalmente, es jacobina: la creación de una organización estricta
de revolucionarios profesionales que es, y seguirá siendo, la herramienta
flexible y militarmente disciplinada de una omnipotente cúpula dirigente.
22. Teóricamente, el bolchevismo no ha desarrollado
en modo alguno una estructura de pensamiento propia que pudiese considerarse un
sistema cerrado. En lugar de eso, tomó el método marxista de aproximarse a las
clases y lo adaptó a la situación revolucionaria rusa, es decir, cambió su
contenido básico manteniendo, mientras tanto, sus conceptos.
23. El único logro ideológico del bolchevismo es la
conexión de su propia teoría política como un todo con el materialismo
filosófico. Como protagonista radical de la revolución burguesa, cae en la
ideología filosófica radical de la revolución burguesa y hace de ella el dogma
de su propia visión de la sociedad humana. Esta fijación en el materialismo
filosófico es acompañada por un continuo recaer en el idealismo filosófico que
considera, en última instancia, la praxis política como una emanación de la acción
de dirigentes. (La traición del reformismo; el idolatramiento de Lenin y
Stalin.)
24. La organización del bolchevismo surgió de los
círculos socialdemócratas de revolucionarios intelectuales y se desarrolló a
través de luchas fraccionales, escisiones y derrotas, como una organización de
dirigentes, con las posiciones dominantes en manos de intelectuales
pequeñoburgueses. Su crecimiento ulterior la formó, favorecido por la situación
continuamente ilegal, como una organización de carácter militar, basada en
revolucionarios profesionales. Solamente a través de un instrumento tan riguroso
de dirección podía llevarse adelante la táctica bolchevique, y cumplirse la
tarea histórica de la intelectualidad revolucionaria de Rusia.
25. La táctica bolchevique, al servicio de la
prosecución de la conquista del poder por la organización, reveló –
especialmente hasta Octubre de 1917 – una poderosa solidez interna. Sus
continuas fluctuaciones exteriores eran, esencialmente, sólo adaptaciones
temporales a las situaciones y relaciones de fuerzas cambiantes entre las
clases. De acuerdo con el principio de absoluta subordinación de las masas al
fin, sin cualquier consideración acerca del efecto ideológico sobre las clases
que dirigía, la táctica fue revisada incluso en cuestiones aparentemente
fundamentales. Era la tarea de los funcionarios hacer cada una de estas
maniobras entendibles para las «masas». Por otro lado, toda agitación
ideológica entre las masas, aun cuando fundamentalmente en contradicción con el
programa del partido, fue utilizada. Eso podía hacerse porque el único problema
era la captación incondicional de las masas para su política. Tenía que hacerse
porque estas masas, obreras y campesinas, tenían intereses contradictorios y una
conciencia completamente diferente. No obstante, precisamente por esta razón el
método táctico del bolchevismo revela su conexión con la política
revolucionaria burguesa; es, de hecho, el método de esa política el que el
bolchevismo efectiva.
V. LOS CRITERIOS DE LA POLÍTICA BOLCHEVIQUE
26. La meta que constituyó el punto de partida del
bolchevismo es el derrocamiento del sistema zarista. En tanto que ataque al
absolutismo, es de un carácter revolucionario-burgués. A esta meta está
subordinada la lucha en torno a la línea táctica dentro de la socialdemocracia
rusa. En esta lucha, el bolchevismo desarrolla sus métodos y consignas.
27. Era la tarea histórica del bolchevismo soldar
juntos, mediante su táctica de dirección, la rebelión del proletariado y del
campesinado, que estaban en planos sociales completamente distintos, para el
fin de la acción común contra el Estado feudal. Tenía que combinar la revuelta
campesina (la acción de la revolución burguesa en los comienzos del desarrollo
de la sociedad burguesa) con la revuelta proletaria (la acción de la revolución
proletaria en el final del desarrollo de la sociedad burguesa) en una acción
unificada. Solamente fue capaz de lograrlo a causa del hecho de que desplegó
una gran estrategia, en la que fueron utilizados los más diversos movimientos y
tendencias de clase.
28. Esta estrategia de utilización empieza con la
voluntad de capitalizar las más pequeñas divisiones y rupturas en el campo
oponente. Así, Lenin habló una vez de los propietarios liberales como «nuestros
aliados del mañana», mientras que en otra ocasión salió en apoyo de los
sacerdotes que se volvían contra el gobierno debido a su descuido material.
También estaba dispuesto a apoyar a las sectas religiosas perseguidas por el
zarismo.
29. La claridad de la táctica de Lenin se revela,
no obstante, en el hecho de que, sobre todo como resultado de las experiencias
de 1905, planteó la cuestión de los «aliados de la revolución» en la línea
correcta, en la que se volvió más agudamente contra todos los compromisos con
los grupos capitalistas dominantes y restringió la política del «aliado» y de
los compromisos a los elementos pequeñoburgueses y pequeño-campesinos, es
decir, a aquellos solos elementos que, históricamente, podían ser movilizados para
la revolución burguesa en Rusia.
30. La base de clase dual de la política
bolchevique se expresa ampliamente en la consigna táctica de la «dictadura
democrática de los obreros y los campesinos», que en 1905 se convirtió en la
línea guía general de la política bolchevique y que aún arrastraba la idea
ilusoria de alguna suerte de parlamentarismo sin la burguesía. Más tarde, fue
reemplazada por la consigna de una «alianza de clases entre obreros y
campesinos». Detrás de esta fórmula no se ocultaba nada más que la necesidad de
poner en movimiento a ambas clases para la política bolchevique de tomar el
poder.
31. Las respectivas consignas, bajo las cuales
estas dos clases, cruciales para la Revolución rusa, debían ser movilizadas a
partir de sus intereses económicos contradictorios, estaban subordinadas sin
consideración al único propósito de explotar las fuerzas de estas clases. Para
movilizar al campesinado, los bolcheviques, tan pronto como en 1905, acuñaron
la consigna de la «expropiación radical de los propietarios de la tierra por
los campesinos». Esta consigna podía ser considerada, desde el punto de vista
de los campesinos, como una invitación a dividir las grandes haciendas entre
los pequeños campesinos. Cuando los mencheviques señalaron el contenido
reaccionario de las consignas agrarias bolcheviques, Lenin les informó que los
bolcheviques no habían decidido qué habría de hacerse con las haciendas
expropiadas. Regular este asunto sería función de la política socialdemócrata
cuando la situación surgiese. La reivindicación de la expropiación de las
grandes haciendas por los campesinos era, así, de un carácter demagógico, pero
tocaba a los campesinos en el punto crucial de sus intereses. De manera
similar, los bolcheviques también habían dejado caer consignas entre los
obreros, por ejemplo la de los soviets. Lo determinante para su táctica era,
simplemente, el éxito momentáneo de una consigna, que no era, en modo alguno,
considerada como una obligación de principios por parte del partido a respecto
de las masas, sino como el medio propagandístico de una política que tenía por
contenido último la conquista del poder por la organización.
32. En el período de 1906 a 1914, el bolchevismo
desarrolló, en combinación del trabajo legal y el ilegal, la táctica del
«parlamentarismo revolucionario». Esta táctica correspondía a la situación de
la revolución burguesa en Rusia. Con ayuda de esta táctica, tuvo éxito en
incorporar la guerrilla entre los obreros y el zarismo, y entre los campesinos
y el zarismo, dentro de la gran línea de preparación de la revolución burguesa
bajo las condiciones rusas. Sobre todo dado que, cada paso en la actividad parlamentaria
por parte de la socialdemocracia rusa, adquiría, a consecuencia de la política
dictatorial zarista, un carácter revolucionario-burgués. En su táctica de
«parlamentarismo revolucionario» los bolcheviques han continuado la política de
movilización de las dos clases cruciales de la Revolución rusa en la situación
cambiada entre la Revolución de 1905 y la Guerra Mundial, y han utilizado la
Duma como Tribuna de su propaganda entre los obreros y los campesinos.
VI. El BOLCHEVISMO Y LA CLASE OBRERA
33. El bolchevismo ha resuelto los problemas
históricos de la revolución burguesa en la Rusia capitalista-feudal con la
ayuda del proletariado como el instrumento activo, combatiente. Se ha apropiado
también de la teoría revolucionaria de la clase obrera y ha transformado esa
teoría para adecuarla a sus propósitos. El «marxismo-leninismo» no es marxismo,
sino un encubrimiento, con terminología marxista adaptada a las necesidades de
la revolución burguesa en Rusia, del contenido social de la Revolución rusa. A
pesar de ser un medio para comprender la estructura y las tendencias de las
clases de Rusia, esta teoría se convierte, en manos del bolchevismo, al mismo
tiempo en un medio objetivo para velar el contenido de clase efectivo de la
revolución bolchevique. Detrás de los conceptos y consignas marxistas está
oculto el contenido de una revolución burguesa que tenía que ser llevada a
cabo, bajo la dirección de la intelectualidad pequeñoburguesa revolucionaria,
por la base unitaria del proletariado orientado en un sentido socialista y el
campesinado ligado a la propiedad privada, contra el absolutismo de los Zares,
la nobleza propietaria y la burguesía.
34. La reclamación de la dirección absoluta por
parte de la intelectualidad revolucionaria, pequeñoburguesa y jacobina, está
oculta detrás de la concepción bolchevique del papel del Partido en la clase
obrera. La intelectualidad pequeñoburguesa podía expandir su organización como
un arma revolucionaria activa solamente a condición de atraer y utilizar las
fuerzas proletarias. Su partido es denominado, por lo tanto, el partido del
jacobinismo proletario. La subordinación de la clase obrera combatiente a la dirección
pequeñoburguesa era justificada por el bolchevismo con la teoría de la
«vanguardia» del proletariado, que él desarrolló en su praxis hasta el
principio: el Partido encarna a la clase. El Partido, por lo tanto, no es un
instrumento de los trabajadores, sino los trabajadores el instrumento del
Partido.
35. La necesidad de basar la política bolchevique
en las dos clases más bajas de la sociedad rusa, la transcribe el bolchevismo
en la fórmula de una «alianza de clases entre el proletariado y el
campesinado», una alianza en la que intereses de clase lógicamente antagónicos
son conscientemente alineados.
36. La reivindicación de la dirección incondicional
del campesinado es disfrazada por el bolchevismo con la fórmula de la
«hegemonía de los proletarios en la revolución». Dado que el proletariado, por
su parte, es dominado por el partido bolchevique, la «hegemonía de los
proletarios» significa la hegemonía del partido bolchevique y su reivindicación
de dominar a ambas clases de la Revolución rusa.
37. La pretensión bolchevique de apropiarse del
poder apoyándose en las dos clases encuentra su expresión más elevada en el
concepto bolchevique de la «dictadura del proletariado». En conjunción con el
concepto del Partido como la organización dirigente absoluta de la clase, la
fórmula de la dictadura proletaria significa, desde el comienzo, la fórmula del
dominio de la organización bolchevique-jacobina. Su contenido de clase es,
además de eso, completamente suprimido a través de la definición bolchevique de
la dictadura del proletariado como la «alianza de clases entre el proletariado
y el campesinado bajo la hegemonía de los proletarios» (Stalin y el programa de
la Comintern.) El principio marxista de la dictadura de la clase obrera es
tornado por el bolchevismo en el principio de la dominación por el partido
jacobino sobre las dos clases opuestas en sus intereses.
38. El carácter burgués de la revolución
bolchevique es subrayado por los propios bolcheviques en su consigna relanzada
de la «revolución popular» ("Volksrevolution"), es decir, la lucha
común de las diferentes clases de un pueblo en una revolución. Esa es la
consigna típica de cualquier revolución burguesa que, detrás de la dirección
burguesa, arrastra a la acción a masas de campesinos pequeñoburgueses y de
proletarios para sus propios objetivos de clase.
39. En vista de la lucha de la organización por el
poder sobre las clases revolucionarias, cualquier actitud democrática del
bolchevismo se convierte en un mero movimiento táctico. Esto se ha demostrado
por encima de todo en la cuestión de la democracia obrera en los Consejos. En
primer lugar, la consigna leninista de Marzo de 1917 sostiene: «Todo el poder
para los soviets», el aspecto de dos clases típico de la Revolución rusa,
puesto que los Consejos eran «consejos de obreros, de campesinos y de soldados (es
decir, otra vez de campesinos)». Además, la consigna era meramente táctica.
Había sido erigida por Lenin en la revolución de Febrero porque parecía
asegurar la transición «pacífica» del dominio de la coalición
social-revolucionaria menchevique al dominio de los bolcheviques, a través del
crecimiento de su influencia en los Consejos. Cuando, después de la derrota de
la demostración de Julio, la influencia de los bolcheviques sobre los Consejos
declinó, Lenin abandonó temporalmente la consigna de los consejos y demandó la
organización de otros órganos de insurrección por parte del partido
bolchevique. Fue sólo cuando, como resultado del golpe de Kornilov, la
influencia de los bolcheviques creció fuertemente de nuevo en los Consejos, que
el partido de Lenin retomó la consigna de los Consejos. Dado que los
bolcheviques consideraban los Consejos preponderantemente como órganos de
insurrección, en lugar de como órganos de autoadministración de la clase
proletaria, dejaban claro por completo que para ellos los Consejos eran
solamente una herramienta, con ayuda de la cual su partido podría tomar él
mismo el poder. Prácticamente, el bolchevismo ha demostrado eso en general no
sólo con la organización del Estado soviético después de la conquista del
poder, sino también en el caso especial de la represión sangrienta de la
rebelión de Kronstadt. Las reivindicaciones campesinas-capitalistas de esta
insurrección fueron cumplidas por la política de la NEP; sus reivindicaciones
democráticas proletarias, sin embargo, fueron sofocadas con arroyos de sangre
obrera.
40. La lucha en torno al contenido de los Consejos
rusos condujo, ya en 1920, a la formación de una genuina – aunque en conjunto
todavía débil – corriente comunista en el partido ruso. La Oposición Obrera
(Utyanikov) representaba la idea de la ejecución de la democracia consejista
para la clase obrera. Como cada una de las demás oposiciones posteriores serias
de esta orientación, fue erradicada mediante el encarcelamiento, el exilio y la
ejecución militar, pero su plataforma permanece como el punto de partida
histórico para un movimiento autónomo (selbständigen), comunista-proletario,
contra el régimen bolchevique.
41. La actitud de los bolcheviques a respecto de la
cuestión sindical está igualmente determinada por el punto de vista del mando y
dirección de los obreros por el partido bolchevique. En Rusia, los bolcheviques
han despojado completamente a los sindicatos de su carácter de organizaciones
obreras, a través de su estatización y militarización prácticas, como a través
del carácter compulsorio impuesto después de la conquista del poder. En otros
países se han confesado, a fin de cuentas, defensores de las organizaciones
sindicales reformistas y burocráticas, y en lugar de defender el aplastamiento
de tales organizaciones, los bolcheviques han promovido la «conquista» de su
aparato. Ellos eran los más amargos oponentes de la idea de las organizaciones
de fábrica revolucionarias (revolutionären Betriebsorganisationen), porque
éstas encarnaban la democracia proletaria. Los bolcheviques luchaban por la
conquista o renovación de las organizaciones de la burocracia centralista, que
ellos pensaban gobernar desde sus propios puestos de mando.
42. Como movimiento de dirigentes de la dictadura
jacobina, el bolchevismo en todas sus fases ha combatido consistentemente la
idea de la autodeterminación de la clase obrera y demandado la subordinación
del proletariado a la organización burocratizada. En las discusiones que
tuvieron lugar antes de la guerra sobre la cuestión de la organización, dentro
de la II Internacional, Lenin fue un vehemente y rencoroso oponente de la
comunista Rosa Luxemburg y se apoyó, expresamente, en el centrista Kautsky, cuya
línea de traición de clase, durante y después de la guerra, se ha
desenmascarado por completo. El bolchevismo ha demostrado, incluso entonces,
tanto como durante todo el tiempo subsiguiente, que no sólo no tiene
entendimiento alguno de la cuestión del desarrollo de la conciencia y de las
organizaciones de clase del proletariado, sino que también combate por todos
los medios todos los intentos teóricos y prácticos de desarrollar
organizaciones y políticas de clase reales.
VII. LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE
43. El bolchevismo llamó a la revolución de Febrero
la revolución burguesa, y a la de Octubre la revolución proletaria, para poder
hacer pasar su régimen posterior como dominación de la clase proletaria y su
política económica como socialismo. La absurdidez de esta división de la
revolución de 1917 se hace clara a partir de la sola consideración de que, en
ese caso, un desarrollo de siete meses habría sido suficiente para crear los
presupuestos económicos y sociales de la revolución proletaria en un país que
había justamente entrado en el proceso de su revolución burguesa, es decir,
sería simplemente saltar toda una fase de desarrollo económico y social que
requeriría, cuando menos, décadas. En realidad, la revolución de 1917 es un
proceso de transformación sucesiva (Umschichtungsprozeß) totalmente unitario y
social, que en su curso más exterior comienza con el derrumbe del zarismo y que
alcanza su apogeo en la victoriosa insurrección armada de los bolcheviques el 7
de noviembre. Este violento proceso de transformación sucesiva es el de la
revolución burguesa de Rusia bajo las peculiares condiciones rusas, creadas
históricamente.
44. En este proceso, el partido de la
intelectualidad jacobina revolucionaria tomó el poder sobre las dos oleadas
sociales del alzamiento de masas, la campesina y la proletaria, y estableció en
lugar del triángulo de poder estallado, zarismo-nobleza feudal-burguesía, el
nuevo triángulo gobernante, bolchevismo-campesinado-clase obrera. Así como el
aparato estatal del zarismo gobernaba sobre las dos clases poseedoras
volviéndose independiente, así el nuevo aparato estatal bolchevique comenzó él
mismo a volverse independiente de su doble base de clase. Rusia pasó de las
condiciones del absolutismo zarista a las del absolutismo bolchevique.
45. La política de los propios bolcheviques
alcanza, en el período de la revolución, su nivel más alto en la recuperación y
dominación de las fuerzas de clase de la revolución. Llega a la culminación de
su táctica revolucionaria en la preparación y ejecución de la insurrección
armada. La cuestión del alzamiento violento se convirtió para los bolcheviques
en la cuestión de una acción militar exacta, fijada hasta en la fecha y
planificada, cuya cabeza – así como fuerza impulsora y decisiva – es el partido
bolchevique con sus formaciones militares. La concepción, preparación y
ejecución de la insurrección armada por los bolcheviques lleva el cuño evidente
de la política de la conspiración jacobina (por otro lado, en la Revolución
rusa la única posible), es decir, de la insurrección bajo las peculiares
condiciones de la ejecución de la revolución burguesa contra la burguesía.
46. El carácter interno de la revolución
bolchevique como una revolución burguesa se revela en las mismas consignas
económicas de esta revolución. Para las masas campesinas, los bolcheviques
representaban, de la manera más radical, la reivindicación de la expropiación
violenta de los bienes y tierras de los terratenientes mediante la acción
espontánea del pequeño campesinado deseoso de tierras. Ellos expresaron
perfectamente en su práctica y consignas agrarias (Paz y Tierra) los intereses
de los campesinos sobre la protección de la pequeña propiedad privada -los
cuales luchan, por lo tanto, en una línea capitalista- y fueron así, en la
cuestión agraria, los campeones implacables de los intereses del pequeño
capitalista, y no, por lo tanto, de los intereses proletarios-socialistas
contra la gran propiedad feudal y capitalista.
47. Las reivindicaciones económicas de la
revolución bolchevique no estaban llenas, ni en lo que respecta a los obreros,
de un contenido socialista. Lenin rechazó en varias ocasiones, con especial
agudeza, la acusación menchevique de que el bolchevismo representaba una
política utópica de socialización de la producción en un país que aún no estaba
maduro para ello. Los bolcheviques aclararon que, en la revolución, no se
trataba en absoluto de una cuestión de socialización de la producción, sino de
control de la producción por los trabajadores. La consigna del control de la
producción sirvió al intento de mantener el capitalismo como fuerza de la
organización técnica y económica de la producción, pero privándolo de su
carácter de explotación. El carácter burgués de la revolución bolchevique y de
la autorrestricción bolchevique de este carácter económico burgués -en
contraposición a la confirmación bolchevique de los resultados del
derrocamiento de 1917-, no podría mostrarse más claramente que en esta consigna
del control de la producción.
48. La fuerza elemental del avance de los obreros,
por un lado, y el sabotaje de los patronos destronados por el otro, impulsaron,
mientras tanto, más allá la política industrial del bolchevismo, hasta la
apropiación de las empresas industriales por la nueva burocracia estatal. Lenin
describió la economía estatal, al principio estrangulada durante todo el
periodo del comunismo de guerra por la sobreorganización (Glavkismo), como
capitalismo de Estado. La denominación de la economía estatal bolchevique como socialista
es el producto de la era estalinista.
49. El propio Lenin no tenía, con todo, otra
concepción fundamental de la socialización de la producción que la de una
economía estatal dirigida burocráticamente. Para él, la economía de guerra
alemana y el servicio postal eran modelos de organización socialista de la
producción, es decir, organización económica directamente burocrática y
centralista, dirigida de arriba a abajo. Él vio solamente el lado técnico, no
el lado proletario y social, del problema de la socialización. Lenin se apoyó
igualmente, y con él el bolchevismo en general, en los conceptos de la
socialización propuestos por el centrista Hilferding, que en su «Capital
financiero» había esbozado un cuadro idealizado de un capitalismo completamente
organizado. El problema real de la socialización de la producción, es decir, de
apropiarse de las empresas y de la organización de la economía a través de la
clase obrera y de sus órganos de clase, los Consejos económicos, el bolchevismo
lo pasó totalmente por alto. Y tenía que ser pasado por alto, porque la idea
marxista de la asociación de productores libres e iguales es directamente
opuesta, en esencia, al dominio de una organización jacobina, y porque Rusia no
posee las condiciones sociales y económicas necesarias para el socialismo. El
concepto de la socialización de los bolcheviques no es, por consiguiente, nada
más que una economía capitalista apropiada por el Estado y dirigida, desde
fuera y desde arriba, por su burocracia. El socialismo bolchevique es
capitalismo organizado por el Estado.
VIII. EL INTERNACIONALISMO DE LOS BOLCHEVIQUES Y LA
«CUESTIÓN NACIONAL»
50. Durante la Guerra Mundial, los bolcheviques
representaron un punto de vista coherentemente internacional bajo la consigna
«Convertir la guerra imperialista en guerra civil» y se comportaban,
aparentemente, como marxistas coherentes. Pero su internacionalismo
revolucionario estaba tan determinado por su táctica en la lucha por la
Revolución rusa, como lo estuvo más tarde su giro hacia la política de la NEP
en la propia Rusia. El apelo al proletariado internacional era sólo un aspecto
de una política a gran escala, para el refuerzo internacional de la revolución
rusa. El otro aspecto era la política y la propaganda de la «autodeterminación
nacional» de los pueblos, en la que la perspectiva de clase era abandonada,
incluso más enteramente que en el concepto de «revolución popular», en favor de
un apelo general a todas las clases de ciertos pueblos.
51. Este «internacionalismo de dos clases» de los
bolcheviques, con sus dos caras, se originó a partir de la situación
internacional de Rusia y de la de su revolución. Rusia está entre los dos
centros del sistema mundial imperialista, geográfica y sociológicamente. En
Rusia – la intersección de la tendencia imperialista activa y la tendencia
colonial pasiva del capital mundial – este sistema se desmoronó. Las clases
reaccionarias de Rusia probaran ser incapaces de juntarlas de nuevo, como han
demostrado su decisiva derrota en el golpe de Kornilov – y, más tarde, en la
guerra civil – . El único peligro auténtico, que amenazaba la revolución rusa,
era el de la intervención de los poderes imperialistas. Sólo la invasión
militar por parte del capital imperialista podría hacer caer al bolchevismo y
restaurar el zarismo – construido en el sistema mundial de explotación
imperialista al mismo tiempo como una herramienta y como un material – . El
problema de la defensa activa del bolchevismo contra el imperialismo mundial
consistía, por lo tanto, en contraatacar en los centros imperialistas de poder.
Esto se produjo a través de la política internacional de doble rostro del
bolchevismo.
52. Con la mirada en la revolución proletaria
mundial, el bolchevismo, para conectar al proletariado internacional con su
revolución, propagó un ataque al centro del imperialismo mundial en los países
capitalistas altamente desarrollados. Con la política del «derecho a la
autodeterminación de las naciones», el bolchevismo propagó un ataque por parte
de los pueblos campesinos oprimidos del lejano Oriente al centro colonial del
imperialismo mundial. Con una política internacional bilateral, orientada por grandes
perspectivas, el bolchevismo intentó prolongar el brazo proletario y el brazo
campesino de su revolución en el área internacional del capitalismo mundial.
53. La posición del bolchevismo en la «cuestión
nacional» es práctica; por lo tanto, no sólo una conveniencia de la revolución
burguesa en su propio país, la cual quería golpear al zarismo con la ayuda de
los instintos nacionales de las capas campesinas y de las nacionalidades,
oprimidas de diversos modos, del Imperio Ruso. Este es, al mismo tiempo, el
internacionalismo campesino de una revolución burguesa que fue llevada la cabo
en la era del imperialismo mundial, y que sólo podía mantenerse fuera de las mallas
de la red internacional imperialista y altamente capitalista con la ayuda de
una contra-política orientada y activada internacionalmente.
54. Como herramientas de la dirección bolchevique
de esta política, de refuerzo internacional de la revolución burguesa llevada a
cabo en suelo nacional ruso, el bolchevismo intentó crear dos organizaciones
internacionales: la III Internacional para utilizar a los trabajadores de los
países capitalistas altamente desarrollados, y la Internacional Campesina, como
una organización para la utilización bolchevique de los campesinos orientales
asiáticos. Como clave final de esta doble política de clase, apareció la idea
de la revolución mundial, en la que el proletariado internacional europeo y
americano, y la revolución campesina nacional – principalmente
asiático-oriental – debían ser remachados en una nueva unidad internacional de
la política mundial bolchevique, bajo la estricta dirección de Moscú. Así, el
concepto de «revolución mundial» tenía para los bolcheviques un contenido de
clase totalmente diferente. Ya no tiene nada en común con la idea de la
revolución proletaria internacional.
55. La política internacional del bolchevismo le
condujo, por lo tanto, a repetir la Revolución rusa a una escala mundial,
mediante la utilización simultánea de las revoluciones proletaria y
burguesa-campesina, y a hacer de la Dirección del partido bolchevique de Rusia
la comandante de un sistema mundial bolchevique que acoplaría los intereses
proletarios-comunistas y campesinos-capitalistas. Esta política fue positiva en
la medida en que ha protegido al Estado bolchevique de la invasión imperialista
mediante el continuo inquietamiento los Estados capitalistas y, de este modo,
le ha proporcionado tiempo para construirse a sí mismo gradualmente dentro del
sistema imperialista mundial, otra vez mediante los métodos capitalistas de
relaciones comerciales, acuerdos económicos y pactos militares de no-agresión.
Esto ha dado a Rusia la oportunidad para una edificación y extensión nacionales
sin obstáculos de su propia posición interna. La política de dos frentes del
bolchevismo fue negativa en cuanto, en ambos aspectos, el intento de trasladar
las políticas bolcheviques activas a la escala internacional fracasó. Con el
golpe de la derrota de la política bolchevique en China, el experimento de la
Internacional Campesina ha quebrado por completo. La III Internacional, después
del lamentable desmoronamiento del Partido Comunista de Alemania, no es ya un
factor en la política mundial bolchevique. El intento gigantesco de trasplantar
la política bolchevique rusa a la escala mundial ha fracasado históricamente.
La restricción nacional-rusa del bolchevismo es también una demostración de
eso. Con todo, el experimento bolchevique en la política de poder internacional
ha dejado tiempo y espacio para la retirada del bolchevismo a su posición
nacional-rusa y para la conversión a los métodos imperialistas-capitalistas de
política internacional. Teóricamente, esta retirada encuentra su expresión en
la fórmula «socialismo en un sólo país», eliminando así la ligación
internacional del concepto de «socialismo» después de que la praxis económica
rusa le halla, ya, hurtado su contenido de clase proletario y lo halla
convertido en un disfraz de tendencias capitalistas de Estado, que se
encuentran igualmente en el reformismo y en los movimientos del fascismo
pequeñoburgués.
56. Es, de hecho, inesencial, después de disponer
de los resultados prácticos de 15 años de política del Estado bolchevique y de
la Internacional bolchevique, si Lenin tenía o no, en el momento de la
fundación de la Comintern y previamente, una idea diferente de la efectividad
de esta Internacional bolchevique. En la práctica, el bolchevismo con su
concepto del «derecho a la autodeterminación de las naciones» ha desarrollado
las tendencias a una política de poder bolchevique mundial. También ha contribuido,
a través de la Comintern, decisivamente al resultado de que el proletariado
europeo haya sido incapaz de elevarse a la altura de la percepción profunda
(einsicht), comunista revolucionaria, y en su lugar haya permanecido atrancado
en el lodo de los conceptos reformistas, reavivados por el bolchevismo y
decorados con frases revolucionarias. Así ocurrió que, el concepto de la
«Patria rusa», se ha convertido en la piedra angular del conjunto de la
política de los partidos bolcheviques, mientras que para el comunismo
proletario la clase obrera internacional está en el centro de toda orientación
internacional.
IX. EL BOLCHEVISMO ESTATIZADO Y LA COMINTERN
57. El establecimiento del Estado soviético fue el
establecimiento de la dominación del partido del maquiavelismo bolchevique. La
base sociológica del poder estatal bolchevique, autonomizado por encima de las
clases y con la nueva capa social de la burocracia bolchevique, estaba
compuesta por el proletariado y el campesinado rusos. El proletariado,
encadenado por los métodos de la afiliación compulsoria a los sindicatos y por
el terrorismo de la Checa, formó la base de la economía estatal bolchevique dirigida
burocráticamente. El campesinado escondió, y esconde aún hoy en sus filas, las
tendencias capitalistas-privadas de la economía soviética. El Estado soviético
estaba, entre las dos tendencias, siendo echado continuamente hacia atrás y
hacia delante en su política interior. Intentó dominarlas a través de métodos
violentos, tales como la política del plan quinquenal y la colectivización
forzosa. En la práctica, no obstante, solamente ha incrementado las
dificultades económicas, llegando al peligro de una explosión de las
contradicciones económicas a causa del intolerable sobretensionamento de las
fuerzas de los obreros y los campesinos. El experimento de la economía estatal
planificada burocráticamente del bolchevismo no puede, en modo alguno,
calificarse finalmente como exitoso. Los grandes cataclismos internacionales
que amenazan Rusia habrán de incrementar las contradicciones de su sistema
económico hasta hacerlas intolerables y pueden acelerar enormemente el derrumbe
del – hasta ahora – gigantesco experimento económico.
58. El carácter interno de la economía rusa está
determinado por las siguientes circunstancias: se basa en el fundamento de la
producción de mercancías. Es gestionada según el punto de vista de la
rentabilidad capitalista. Muestra un sistema de remuneración y de emulación
decididamente capitalista. Ha llevado los refinamientos de la racionalización
capitalista hasta el extremo. La economía bolchevique es producción estatal con
métodos capitalistas.
59. Esta producción estatal produce, junto con la
producción, plusvalía, la cual les es exprimida al máximo a los trabajadores.
El Estado ruso no revela, ciertamente, clase del pueblo alguna que, individual
y directamente, sean los beneficiarios de la producción de plusvalor; pero ésta
se embolsa este plusvalor a través del aparato parasitario burocrático en
conjunto. Además de para su propia conservación, bastante costosa, la
producción de plusvalía sirve para la expansión de la producción, el sostenimiento
de la clase campesina y como medio de pago para las obligaciones extranjeras
del Estado. De modo que, además de la capa económicamente parasitaria de la
burocracia dominante, los campesinos rusos, como capa entera y parte
diferenciada del capital internacional, son los beneficiarios del plusvalor
generado por los obreros rusos. La economía estatal rusa es, por consiguiente,
una producción de beneficio y una economía explotadora. Es capitalismo de
Estado bajo las condiciones históricamente únicas del régimen bolchevique y
representa, por lo tanto, un tipo diferente y más avanzado de la producción
capitalista, como han de mostrar los países más grandes y avanzados.
60. Este hecho del capitalismo de Estado
bolchevique sitúa el problema de la liberación del proletariado ruso nuevamente
en la agenda. La nueva revolución proletaria en Rusia contra la burocracia
bolchevique y su Estado, así como contra el campesinado capitalista que ha sido
fortalecido políticamente en las colectividades, solamente puede tener lugar en
conexión con una nueva revolución proletaria en los grandes Estados
capitalistas. Esto es tan inevitable como aquella, especialmente dado que el
periodo del capitalismo de Estado bolchevique y su fuerte política de
industrialización han mejorado mucho sus perspectivas.
61. La política exterior de la Unión Soviética se
ha subordinado al punto de vista de proteger la posición de poder del partido
bolchevique, y del aparato estatal controlado por él. Económicamente, el
gobierno ruso lucha por apoyo para su construcción industrial, que fue
impulsada hacia adelante con los más grandes esfuerzos. El aislamiento de la
economía de la Rusia soviética generó una vigorosa política de supresión de la
autarquía compulsoria, mientras mantenía el control del monopolio comercial
exterior. Tratados comerciales y de abastecimiento, acuerdos concesionarios,
así como acuerdos de crédito voluminosos, reestablecieron el vínculo de la
economía estatal rusa con la producción mundial capitalista y sus mercados, en
los cuales Rusia entró, en parte como una consumidora cortejada, y en parte
como un competidor sensible. Por otro lado, la política de conexión económica
con el capital mundial compelió al gobierno soviético a procurar relaciones
amistosas y pacíficas con los poderes capitalistas. Los principios de una
política mundial bolchevique, aún propagados, estaban subordinados de modo
oportunista al desnudo tratado comercial. La política exterior entera del
gobierno ruso obtuvo el carácter de una diplomacia típicamente capitalista y,
finalmente, escindió de modo definitivo, en el campo internacional, la teoría
bolchevique de su praxis.
62. En el centro de propaganda exterior de la
Comintern, el bolchevismo estableció la tesis del «cerco imperialista de la
Unión Soviética», aunque tal frase no armonizaba en lo más mínimo con las
complicadas líneas de conflictos de intereses imperialistas y sus agrupamientos
continuamente cambiantes. Intentó movilizar al proletariado internacional para
su política exterior y, a través de una política de los Partidos Comunistas, en
parte parlamentaria y en parte golpista, crear inquietud desde dentro en los Estados
y, de esta manera, fortalecer la posición diplomática y económica de la Unión
Soviética.
63. Los antagonismos entre la Unión Soviética y los
poderes imperialistas llevaron a la contra-propaganda ideológica de la
Comintern bajo las consignas: «Amenaza de guerra contra la U.R.S.S.», «Proteged
la Unión Soviética». De este modo, con estas oposiciones, los trabajadores eran
presentados una y otra vez como los únicos determinantes en la política mundial
por antonomasia; les era apartada la mirada de la realidad efectiva de los
hechos de la política exterior. Los adherentes de los partidos comunistas fueron
convertidos, por encima de todo, en ciegos y oportunistas defensores de la
Unión Soviética y fueron llamados a engaño acerca del hecho de que, la Unión
Soviética, se había vuelto hacía mucho tiempo un factor igual de la política
mundial imperialista.
64. La declaración continua del grito de alarma,
acerca de una guerra inminente de los poderes imperialistas combinados contra
la U.R.S.S., sirvió en la política interior para justificar la militarización
intensificada del trabajo y la creciente presión sobre el proletariado ruso. Al
mismo tiempo, no obstante, la Unión Soviética tenía – y tiene – el mayor
interés en evitar cualquier conflicto militar con otros Estados. La existencia
del gobierno bolchevique depende internamente, en gran medida, de evitar cualesquiera
convulsiones en la esfera de la política exterior, tanto bélicas como
revolucionarias. Por consiguiente, la Comintern ha mantenido en la práctica, en
contradicción flagrante con su vieja teoría y propaganda, una política de
sabotaje de todo verdadero desarrollo proletario revolucionario, y en los
partidos comunistas extiende bastante abiertamente la concepción de que la
edificación de la Unión Soviética debe ser afianzada primero, antes de que la
revolución proletaria en Europa pueda ser empujada más allá. Por otro lado, el
gobierno ruso ha empleado, ciertamente, fuertes gestos contra los poderes
imperialistas por motivos de prestigio, pero en la práctica siempre capituló
ante ellos. La «venta» de la vía férrea manchú al imperialismo japonés es un
ejemplo de la capitulación irresistible de la U.R.S.S. al oponente
imperialista. El reconocimiento, fáctico y con prisas, de la Unión Soviética
por parte de los Estados Unidos de América en ese mismo momento, es, a la
inversa, una prueba de que los poderes imperialistas también saben evaluar
positivamente el factor de la Unión Soviética dentro del marco de su política
de intereses contraria. Pero, sobre todo, la Unión Soviética ha documentado su
asociación con el capitalismo iniciando y extendiendo relaciones económicas
particularmente firmes con el fascismo italiano y con la Alemania de Hitler. La
Unión Soviética aparece como un apoyo económico fiable, y con ello también como
un apoyo político, de los más reaccionarios Estados de las dictaduras fascistas
en Europa.
65. La política de entendimiento incondicional de
la U.R.S.S. con los Estados capitalistas y imperialistas no tiene sólo razones
económicas. Tampoco es meramente una expresión de inferioridad militar. La
«política de paz» de la Unión Soviética está, más bien, totalmente garantizada
decisivamente por la situación interna del bolchevismo. Su propia existencia
como un poder estatal autonomizado depende de su éxito en mantener un
equilibrio entre la clase obrera dominada y el campesinado. A pesar del avance
realizado en la industrialización del país, la posición del campesinado ruso es
aún extremadamente fuerte. Primero, en sus manos está todavía en gran medida, a
pesar de todas las políticas represivas desde arriba, la decisión sobre la
alimentación del país. En segundo lugar, la colectivización ha fortalecido no
sólo el poder económico, sino también el poder político del campesinado, que
como antes está aún luchando por intereses capitalistas privados. Pues la
«colectivización» en Rusia significa una unión colectiva de campesinos
propietarios privados, con el mantenimiento de los métodos capitalistas de
contabilidad y distribución. En tercer lugar, finalmente, una guerra y el
armamento de masas del campesinado formaría las condiciones para una renovada y
violenta revuelta campesina contra el sistema bolchevique; justo como, por el
otro lado, una revolución del proletariado europeo haría también probable una
rebelión abierta de los obreros rusos. Sobre estas bases, la política de
entendimiento entre el gobierno soviético y los poderes imperialistas es una
necesidad vital para el absolutismo bolchevique.
66. La propia Comintern se ha convertido en una
herramienta para la manipulación de la clase obrera internacional para los
objetivos oportunistas de la glorificación nacional y la política de seguridad
internacional del Estado ruso. Había sido puesta en pie, en sus partes de fuera
de Rusia, mediante la unificación de los cuadros revolucionarios del
proletariado europeo. Utilizando la autoridad de la revolución bolchevique, el
principio organizativo y la táctica del bolchevismo fueron impuestos por la Comintern
con la máxima brutalidad y sin consideración de las divisiones inmediatas. El
Comité Ejecutivo (Y.C.C.I.) – otra herramienta de dirección de la burocracia
gubernamental de Rusia – se convirtió en el comandante absoluto de todos los
partidos comunistas y su política fue completamente desligada de los intereses
revolucionarios efectivos de la clase obrera internacional. Las frases y
resoluciones revolucionarias sirvieron de cobertura para la política
contrarrevolucionaria de la Comintern y sus partidos, que a la manera
bolchevique se han convertido en partidos de la traición a la clase obrera y de
la demagogia irrestricta, como se convirtieron los partidos socialdemócratas.
Así como el reformismo pereció, en el sentido histórico, con la fusión de su
aparato con el capitalismo, así la Comintern naufraga por la ligación de su
aparato a la política capitalista de la Unión Soviética.
X. EL BOLCHEVISMO Y LA CLASE OBRERA INTERNACIONAL
67. El bolchevismo, en los principios, la táctica y
la organización, es un movimiento y un método de la revolución burguesa en un
país predominantemente campesino. Llevó al proletariado – orientado en un
sentido socialista – y al campesinado – orientado en un sentido capitalista – a
un alzamiento revolucionario bajo la dirección dictatorial de la
intelectualidad jacobina, contra el Estado absolutista, el feudalismo y la
burguesía, con el propósito de aplastar el absolutismo capitalista-feudal y,
con una gran estrategia de utilización, acopló juntos los intereses de clase
opuestos de proletarios y campesinos con ayuda del discernimiento de clase de
las leyes del desarrollo social.
68. El bolchevismo es, por consiguiente, no sólo
inservible como criterio (Richtpunkt) para la política revolucionaria del
proletariado internacional, sino que es uno de sus más duros y peligrosos
impedimentos. La lucha contra la ideología bolchevique, contra las prácticas
bolcheviques y, por lo tanto, contra todos los grupos políticos que buscan
anclarlas de nuevo en el proletariado, es una de las primeras tareas en la
lucha por la reorientación revolucionaria de la clase obrera. La política
proletaria solamente puede desarrollarse partiendo del terreno de la clase
proletaria y con los métodos y las formas de organización apropiados para ello.
Notas:
[1*] Esta refutación «tacticista» se encuentra
desarrollada en la Respuesta de Herman Gorter al Izquierdismo de Lenin, que
puede encontrarse en español en la página de ediciones espartaco internacional,
en el libro descargable «La izquierda comunista germano-holandesa contra
Lenin». Por entonces, los comunistas de consejos estaban en buena parte
vinculados al KAPD (Partido Obrero Comunista de Alemania) fundado en 1920, y
consideraban que las diferencias con los bolcheviques eran cuestiones tácticas
basadas en la confusión de las condiciones orientales y occidentales de la
lucha de clases. Solamente a partir de la expulsión de la III Internacional, de
la derrota de la revolución alemana y del curso de la política bolchevique en
Rusia y en el mundo entre 1921 y 1924, se irá produciendo el viraje de la
fracción consejista «kapedista» hacia las posiciones antibolcheviques
radicales, las cuales ya se venían sustentando por parte de la tendencia
«unitaria» desde 1921 (ver nota 2). Las «Tesis» constituyeron así, posteriormente,
un paso adelante en la unificación de los comunistas revolucionarios frente al
bolchevismo.
[2*] La tendencia «unitaria» abogaba por la
supresión del partido político y el pleno desarrollo de las Uniones Obreras
alemanas como organizaciones unitarias económicas y políticas a la vez,
considerando que en las condiciones revolucionarias la lucha económica se
transformaba directamente en política y viceversa, y que los partidos
políticos, inclusive el KAPD (ver nota anterior), representaban una
contradicción con el libre desarrollo de la actividad proletaria de masas. Otto
Rühle, uno de sus mayores y primeros representantes, decía ya en 1920, después
de su viaje a Rusia como delegado del KAPD al II Congreso de la III
Internacional, que «Los obreros rusos están incluso más explotados que los
obreros alemanes», y en 1921 denunciaba abiertamente que: «Rusia tiene la
burocracia del Comisariado, que gobierna. No tiene un Sistema de Consejos. Los
Soviets son elegidos de acuerdo con listas de candidatos propuestos por el
Partido; existen bajo el terror del régimen y, de este modo, no son Consejos en
un sentido revolucionario. Son consejos 'de exposición', una decepción
política. Todo el poder en Rusia reside en la burocracia, el enemigo mortal del
Sistema de Consejos.
Pero la autonomía proletaria y la economía
socialista requieren el Sistema de Consejos; en éste todo se produce según la
necesidad, y todos toman parte en la administración. El Partido impide que
Rusia logre un Sistema de Consejos, y sin consejos no hay construcción
socialista, no hay comunismo. La dictadura del partido es un despotismo de los
comisarios, es capitalismo de Estado...»
«...La dictadura zarista era la de una clase sobre
todas las demás clases, la de los bolcheviques es la del 5% de una clase sobre
las otras clases y sobre el 95% de su propia clase.» (Otto Rühle, «Cuestiones
Fundamentales de Organización», publicado en Die Aktion, nº 37, 1921.)

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