© Libro N° 6987.
El Capital Financiero. Hilferding,
Rudolf. Emancipación. Febrero 15 de 2020.
Título
original: © El
Capital Financiero. Rudolf Hilferding
Versión Original: © El Capital Financiero. Rudolf Hilferding
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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Rudolf Hilferding
El Cap ital Financiero
Rudolf Hilferding
EDITORIAL TECNOS, S. A.
MADRID
.BIEI^ V FA
para la versión castellana de la obra
DAS FINANZKAPITAL
______— —■—
publicada por Literarische Agentur <W illi Weismann, Munich,
FAC. DE F . i- C C
I A i propied„d de EDITORIAL TECNOS, S. A.
SIGNATU: A .... Traducción
de
TOPO V.
ROMANO GARCIA
© EDITORIAL
TECNOS, S. A., 1963
Calle O’Donnell, 27, 1.° izq. Tel. 2 25 6X92;
Madrid (9)
Depósito legal: M. 2.487.— 1963
Núm. Regtro.: 4.858-61
SUCESORES DE RIVADENEYRA, S. A. - PASEO DE QNÉ^IMO
fcEDQNDO, 26 - MAPKID
I n d i c e
P á g in a s
IN T R O D U C C IÓ N ................................................................................
P RIMERA
PARTE
DINERO Y CREDITO
C apítulo
primero.— La necesidad del dinero 15
Capítulo II .— E l dinero en el proceso de
circulación 27
C A P ÍT U L O
III.—E l dinero como medio de pago. E l dinerocrediticio 54
Capítulo IV .— E l dinero en la circulación del
capitalindustrial 61
Liberación y congelación periódica del ca,pital
monetario 65
Las variaciones del volumen del capital congelado
ysus causas 70
La
variación del capital
monetario congelado en
funcional mediante el
crédito 75
Capítulo V .— Los Bancos y el crédito industrial 78
C apítulo V I.— E l tipo de interés 98
SEGUNDA
PARTE
LA M O V
ILIZA CIO N DEL CAPITAL. EL CAPITAL FICTICIO
Capítulo V IL — La sociedad por acciones 109
1. Dividendos
y ganancias de los fundadores 109
Financiación
de las sociedades «por acciones.Sociedades por acciones
y
Bancos........................................................................ - ..................... 118
3. La
sociedad por acciones y la
empresaindividual
............................. 129
4. La
actividad de em isión
........................................................................... 136
Capítulo V
III.— La Bolsa de V
alores................................................................... 140
1. Los
títulos bursátiles. La
especulación................................................... 140
2. Las
funciones de la B o lsa
......................................................................... 150
3. Los
negocios
bursátiles.............................................................................. 155
C a p ít u l o IX
.— L a Bolsa de m erca ncía s......... 64
C a p ítu lo X
,— Capital y ganancia bancarios
186
8 ÍNDICOS
P
á g in a s
TERCERA
PARTE
EL CAPITAL FINANCIERO Y LA LIMITACION DE LA LIBRE
COMPETENCIA
Capítulo X I
.— Obstáculos a la nivelación. Tasas de
beneficios y su supera
ción
.............................................................................................. 201
Capítulo X
II.— "Cariéis” y "tru
sts"...................................................................... 226
C apítulo X
III .— Los monopolios capitalistas y
el comercio. Transformación
del capital
en capital financiero........................................... 231
Capítulo X IV
.— Los monopolios capitalistas y los Bancos. Transformación
del capital
en capital financiero............................................ 251
CAPÍTULO X V .— La determinación de precios por los
monopolios capitalistas.
Tendencia
histórica del capital financiero......................... 256
CUARTA PARTE
EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS
CRISIS
Capítulo X V I
.— Las condiciones generales de la crisis.............................. . ... 269
Las condiciones de equilibrio del proceso social de
reproducción............... 274
Las condiciones de equilibrio del proceso de
acumulación capitalista......... 279
C apítulo X
V II .^—Las causas de la crisis
........................................................... 287
C apítulo X
V III .— E l crédito en el
desarrollo del c ic lo ................................... 298
C apítulo X
IX .— Capital monetario y capital productivo durante la depresión. 314
C apítulo X
X .— Los cambios en el carácter de las
crisis. "Cariéis" y crisis. 321
Q
UINTA PARTE
SOBRE LA
POLITICA ECONOM ICA DEL CAPITAL FINANCIERO
Capítulo X X I
.— Transformación de ¡a política comercial
............................. 337
Capítulo X X
II .— La exportación de capital y la lucha por el "espacio eco
nómico"
................................... ................................................ 349
Capítulo X X
III .—E l capitalfinanciero y las clases
sociales ........................ 381
C apítulo X X IV .— La lucha por el contrato de
trabajo ..................................... 394
C apítulo X X V .— E l proletariado y el im
perialismo........................................... 413
I n t r o d u c c i ó n
Las páginas siguientes son el intento de comprender
científicamente las manifestaciones económicas de la evolución reciente del
capitalismo. Ello implica el tratar de incorporar estas manifestaciones al
sistema teó rico de la economía nacional clásica, que empieza W . Petty y
encuentra su expresión suprema en M arx. Pero la característica del capitalismo
“moderno" la constituyen aquellos procesos de concentración que se ma
nifiestan, por una parte, en la "abolición de la libre competencia"
me diante la formación de cartels y trusts, y, por otra, en una relación cada
vez más estrecha entre el capital bancario y el industrial. Esta relación,
precisamente, es la causa de que el capital, como más adelante se expon drá,
tome la forma de capital financiero, que constituye su manifestación más
abstracta y suprema.
La apariencia mística que acompaña en todo momento
a la relación del capital se hace aquí más ininteligible que en cualquier
estadio pre cedente. E l singular movimiento del capital financiero, que se
nos apa rece como si fuera independiente, aunque es reflejado; las formas múl
tiples en que se consuma el movimiento, su separación e independización frente
al movimiento del capital industrial y comercial son procesos que exigen un
análisis tanto más urgente cuanto que el rápido crecimiento y la influencia,
cada vez mayor, ejercida por el capital financiero en la fase actual del
capitalismo, hacen imposible la comprensión de las ten dencias económicas
actuales, de toda economía científica y de toda po lítica, si no se conocen
las leyes y la función del capital financiero.
E l análisis teórico de estos procesos tenía que
desembocar, por tan to, en los problemas de la interconexión de estas
manifestaciones y, na turalmente, en el análisis del capital bancario y su
relación con las otras formas de capital. H abía que investigar si a las formas
jurídicas en que se funda la empresa industrial corresponde una significación
económica específica; por ejemplo, si la teoría económica de la sociedad por
accio nes se justifica por sí misma. Pero en las relaciones entre el capital
ban cario y el industrial sólo se podía percibir la perfección de las
relaciones que se encontraban en las formas elementales del capital monetario y
del capital productivo. A sí se planteó la cuestión de la función y naturaleza
del crédito, que, a su vez, no se. podía resolver más que aclarando la función
del dinero. Y esto era tanto más perentorio por cuanto que,
10 EL CAPITAL FINANCIERO
desde la formulación de la teoría marxista del
dinero, había surgido una serie de importantes problemas, derivados sobre todo
de las estructuras monetarias de Holanda, Austria y la India, para los que la
teoría mo netaria al uso no parecía encontrar solución. Circunstancia ésta que
in dujo a Knapp, quien había reconocido sagazmente la problemática de los
modernos fenómenos monetarios, a prescindir de toda explicación eco nómica
sustituyéndola con una terminología jurídica, que no era, desde luego, ninguna
explicación científica, pero que, por lo menos, parecía ofre cer la
posibilidad de exponer la cuestión sin caer en los habituales pre juicios. Sin
embargo, el estudio concienzudo de estos problemas del di nero se hacia más
necesario si se tiene en cuenta que solamente por él se podía obtener la
demostración empírica de la exactitud de una teoría del valor que debe ser la
base de todo sistema económico. A l mismo tiem po, la función del crédito, y,
en consecuencia, las formas elementales de relación entre el capital bancario y
el industrial, no podían ser claramente definidas mientras no existiese un
justo análisis del dinero.
D e esta forma, la estructuración de este estudio
se dio por sí mis ma. A l análisis del dinero sigue la investigación del
crédito. A continua ción, la teoría de la sociedad por acciones y el análisis
de la posición que en ella asume el capital bancario frente al industrial. Esto
nos lleva al estudio de la Bolsa de valores como "mercado de
capital", mientras que la Bolsa de mercancías ha tenido que ser objeto de
una considera ción especial, debido a las relaciones que en su seno adoptan el
capital monetario y el comercial. Con la intensificación de la concentración
in dustrial se entrelazan cada vez más las relaciones entre el capital ban
cario y el industrial, haciéndose necesario el estudio de estos fenómenos de
concentración, tal como culminan en los cartels y en los trusts, así como el de
sus tendencias evolutivas. Las esperanzas puestas en la crea ción de las
uniones monopoíísfícas para "la regulación de la producción", y. con
ello, para la continuación del sistema capitalista, requerían el aná lisis de
las crisis y de sus causas, cerrándose así la parte teórica. Pero como la
evolución, que hemos intentado abarcar teóricamente, repercute ampliamente
sobre la estructura clasista de la sociedad, nos ha parecido conveniente
investigar en la última parte los efectos principales sobre la política de las
grandes clases dentro de la sociedad burguesa.
Se ha reprochado frecuentemente al marxismo haber
descuidado el perfeccionamiento de la teoría económica. Y, en cierto modo, este
repro che no carece seguramente de justificación objetiva. N o obstante, habrá
que admitir también que esta omisión tiene fácil explicación. La teoría
económica nacional pertenece con toda seguridad a las tareas científicas más
difíciles, dada la infinita complejidad de sus manifestaciones. Aho ra bien:
el marxista se encuentra en una situación muy singular. Exclui do de las Universidades,
que permiten el tiempo necesario para las in vestigaciones científicas, se ve
obligado a no poder realizar su trabajo científico sino en los ratos de
descanso que te dejan sus horas de lucha política. Sería injusto exigir de los
combatientes que su trabajo en el edificio de la ciencia avance con la misma
rapidez que el de los tran quilos albañiles, si ello no revelara la confianza
que se tiene en capa cidad de rendimiento.
E l estudio de la política económica quizá
necesite, después de las numerosas controversias metodológicas de los últimos
tiempos, si no una justificación, al menos una corta aclaración. Se ha dicho
que la política es una doctrina normativa que, en última instancia, está
determinada por juicios de valor. Pero como éstos no son asunto de la ciencia,
el estudio de la política cae fuera del marco de la consideración científica. N
atu ralmente, es imposible abordar aquí las discusiones teóricas sobre la re
lación entre la ciencia de las leyes y la de las normas, entre la teleología y
la causalidad. Prescindo de ellas, además, porque M ax Adíer ha in vestigado
ya con todo detalle el problema de la causalidad en el ámbito de la ciencia
social en el primer tomo de los Marx-Studien (Estudios marxistas). Lo único que
en esta obra hay que decir es que el estudio de la política no puede tener para
el marxista otra finalidad que la de descubrir relaciones causales. E l
conocimiento de las leyes que rigen la— sociedad productora de mercancías
muestra, al mismo tiempo, los fac tores que determinan la voluntad de las
clases de esta sociedad. Poner de manifiesto la determinación de la voluntad de
clases es, en la con cepción marxista, tarea de una política, científica, es
decir, una política que sepa describir relaciones causales. La política del
marxismo, al igual que la teoría, está libre de juicios de Valor.
De ahí que sea falso, aunque sea una idea muy
extendida entre el extra muros, identificar sin más el marxismo con el
socialismo. Y esto porque, considerado
únicamente como sistema científico, esto es, prescindiendo de sus efectos
históricos, el marxismo no es más que una teoría de las leyes del devenir de la
sociedad, que formula, en general, la concepción marxista de la Historia,
mientras que la economía marxista la aplica a la época de la producción de
mercancías. E l socialismo es la consecuencia de las tendencias que se imponen
en la sociedad productora de mercancías. Pero el reconocimiento de la exactitud
del marxismo, que lleva ínsito el reconocimiento de la necesidad del
socialismo, no implica en modo alguno la formulación de juicios de valor ni
tampoco reglas de conducta práctica, toda vez que una cosa es reconocer una necesidad
y otra muy distinta ponerse a su servicio. Es muy posible que alguien,
convencido de la victoria final del socialismo, se ponga en cambio al servicio
de la lucha contra el mtsmo. E l conocimiento de las leyes del devenir de lá
sociedad que da el marxismo garantiza siemprenuna superioridad al que lo hace
suyo, y los más peligrosos, entre los adversarios del socialismo, son
seguramente los que han saboreado mejor el fruto de su conocimiento.
Pero, por otra parte, la identificación de marxismo
y socialismo es fácilmente comprensible. E l mantenimiento de la dominación
clasista está vinculado a la circunstancia de que los sometidos a ella crean en
su ne cesidad. E l conocimiento de su carácter transitorio será, por sí mismo la
causa de su superación. Por eso se explica la aversión invencible de la clase
dominante a reconocer los resultados científicos del marxis mo. La complejidad
del sistema requiere además un estudio, a cuyo es fuerzo sólo se somete quien
no esté convencido desde un principio de la esterilidad y del carácter nocivo
de los resultados. E l marxismo, que es lógicamente una ciencia objetiva y
libre de juicios de valor, consti tuye histórica y necesariamente el
patrimonio de los dirigentes de la cla se, cuya victoria será el resultado de
la investigación de aquél. Sólo en este sentido es el marxismo la ciencia del
proletariado y se opone a la economía burguesa., insistiendo de manera
inflexible en la aspiración de toda ciencia a llegar a resultados de validez
general y objetiva.
E l presente trabajo estaba ya terminado en sus
rasgos fundamenta les hace cuatro años. Hechos circunstanciales retrasaron
cada vez más su conclusión. Sin embargo, quisiera permitirme la observación de
que los capítulos relativos a los problemas del dinero estaban ya terminados
antes de la aparición de la obra de Knapp, y de que sólo sufrieron cam bios
insignificantes y algunas adiciones críticas. Estos capítulos serán también tos
que mayores dificultades proporcionen, yá que, desgraciada mente, en cuestiones
monetarias suele desaparecer con facilidad no sólo la cordialidad, sino también
la comprensión teórica. Cosa que ya sabía Fullarton cuando decía
melancólicamente: " The truth is, this is a subject on which there never
can be any efficient or immediate appeal to the public ai large. It is a
subject on which the progress óf .opinion álways has been, and always musí be,
exceedingly slocu". Y, desde luego, las cosas no han mejorado, desde
entonces. Por eso nos apresuramos a ase gurar que, vencidos los primeros
capítulos, esperamos que los siguientes no motiven en el lector impaciente
ninguna queja por dificultades de comprensión.
Berlín-Friedena.u, Navidades de 1909.
m & @ L F H IL F E R B IN G
PRIMERA PARTE
CAPITULO
PRIMERO
La necesidad
del dinero
La comunidad humana de producción puede estar
constituida, en prin cipio, de dos formas distintas. Por un lado, puede estar
regulada ’cons-cientemente. La sociedad — comprenda su circulo a la familia
patriarcal (W autónoma, a la tribu comunista o a la sociedad socialista— crea
los órga nos que, como representantes de la conciencia social, fijan él
volumen y la clase de producción, y reparten entre los miembros el producto
social obtenido. Cómo, dónde, cuánto, con qué medios se crean nuevos produc
tos dé las condiciones de producción, naturales y artificiales, existentes, es
decidido por el palter familias o por los comisarios comunales, regiona les o .nacionales
de la sociedad socialista. Esitos, bien sea por conocer por experiencia
personal las necesidades y las fuentes de aprovisionamiento de la familia, o
bien por abarcar las necesidades sociales con todos los medios de una
estadística de producción y consumo organizada, organi zan, conscientemente,
toda la vida económica con arreglo a las nece sidades de las comunidades
representadas y dirigidas por ellos. Los miembros de una comunidad organizada
de elsta forma se relacionan cons cientemente en su producción como parte de
una comunidad de produc ción. Su ordenamiento del trabajo y el reparto de sus
productos están sometidos al control central. Las relaciones de producción
aparecen como relaciones sociales inmediatas; las relaciones de los individuos,
en tanto se refieran a la vida económica, como determinadas por el prden
social, como relaciones sociales independientes de su voluntad privada. La mis
ma relación de producción se comprende directamente como estableci da y
querida conscientemente por la totalidad.
Por otro lado, tenemos la sociedad que carece de
esta organización consciente. Está disuelta en personas independientes unas de
otras, cuya producción no aparece como hecho social, sino como asunto privado.
Ásí, Ison propietarios particulares que están obligados, por el desarrollo de
la cfiyisióndél trabajo, a entrar en relación entre sí: el acto en que lo hacen
es el cambio de sus productos. Mediante este acto se establece Ta
16 EL
CAPITAL FINANCIERO
cohesión en la sociedad disgregada en sus átomos
por la propiedad pri vada y la división del trabajo. Pero sólo como
intermediario de las rela ciones sociales constituye el cambio el objeto del
análisis taórico-econó-mico. Desde luego, también en una sociedad socialista
puede tener lugar el cambio. Pero es un cambio de acuerdo con un reparto que la
socie dad ha realizado y normativizado voluntaria y conscientemente. Este
cambio es, en cierto modo, una corrección privada del reparto social, un acto
particular sometido al capricho subjetivo y a consideraciones per sonales,
pero no es objeto de análisis económico. Para la economía teó rica desempeña
el mismo papel, por ejemplo, que el cambio de juguetes, en el cuarto de los
niños, entre Juanito y Pepita; un cambio muy dife rente al que ha hecho su
padre al comprarlos en, la tienda. Este cambio es sólo un elemento en la suma
de todos los actos de cambio, medíante los cuáles la sociedad se convierte en
lo que es, en una comunidad de producción. Por eso, en cada uno de estos actos
de cambio debe estar expresada la comunidad de producción. Pues'mediante él es
cuando su cede la unión a un todo de la sociedad desarticulada por la división
del trabajo y la propiedad privada.
Por eso, cuando Marx dice que dentro de las
relaciones de cambio la chaqueta vale más que fuera de ellas, puede decirse
también que, den tro de una determinada relación social, la relación dé cambio
vale más que dentro de otra1.
Sólo donde el cambio produzca la relaidón social,
.esto efe, en una so ciedad en la que estén separados los individuos por la
propiedad privada y la división del trabajo, por un lado, y sean
interdependientes, por otro, recibe el cambio certeza social y tiene que
cumplir la función de hacer posible el proceso de vida social. En la
consumación de todos los actos de cambio posible .en asta sociedad tiene que
imponerse lo que, en una sociedad comunista, regulada conscientemente, es
determinado con cono cimiento por el órgano central de la sociedad: qué y
cuánto, dónde y por quién ha de producirse. En pocas palabras: el cambio debe
participarle - a] productor de mercancías lo mismo que a los miembros de una
sociedad socialista las autoridades que regulan conisciéntemente la producción,
de terminan el orden de trabajo, etc. La tarea de la economía teórica es
encontrar la ley del cambio así determinado. De esta ley tiene que salir la
regulación de la producción en una sociedad productora de mercan cías lo mismo
que de las leyes, ordenanzas y prescripciones de las auto ridades socialistas
sale el curso tranquilo de la economía socialista. Sólo que esta ley no
prescribe directa y conscientemente el comportamiento humano en la producción,
sino que actúa, a la manera de una ley natu ral, con “necesidad natural
social” 2.
Esta
naturaleza del cambio, completamente distinta, hace absurdo querer en-contrar
las mismas leyes para los actos de cambio bajo formas sociales completa mente
diferentes.
J. Karner
(Dr. K A R L Renner), "Die Soziale Fuiiktion der Rechtsinstitute”
Marx-Studien, t. I, cuad. II, pág. 108. Son, pués, leyes completamente
particulares
LA NECESIDAD DEL DINERO Í7
Pero también el cambio debe responder a la pregunta
de si se debe producir por el obrero libre o por el empresario capitalista. Es
la res puesta a la cuestión de la variación en la relación de cambio, que debe
verificarse dentro de la producción de mercancías mediante el paso pro gresivo
de la producción simple a la capitalista.
Pero él cambio es cualitativamente distinto sólo
dentro de formas so ciales diferentes; así, por ejemplo, en la socialista es
muy distinto que en la productora de mercancías. Y dentro de la misma sociedad
productora de mercancías es cualitativamente igual, y sólo es diferente la
relación cuantitativa de las mercancías cambiadas. Dentro de la producción de
mercancías, un momento objetivamente social sirve de báse al cambio y domina la
relación de éste, a saber: el tiempo de trabajo socialmente ne cesario que
está encarnado en las cosas cambiadas. En las sociedades co munistas le sirve
de base sólo una paridad subjetiva: el acuerdo de vo luntades. El cambio es
aquí casual y no es objeto posible de consideración teórico-económica. No es
analizable teóricamente, sino sólo comprensible psicológicamente. Pero como el
cambio aparece siempre como relación cuantitativa entre dos cosas, la gente no
nota la diferencia3.
La finalidad del acto de cambio — ser intermediario
del cambio so cial de materia— es la que, a su vez, le imprime su tipicidad
precisa mente por la necesidad del cambio social' de materia. Por muy casual
que parezca el acto de cambio individual o aislado, sólo puede ser con sumado
a la larga y en masa, cuando hace púlsible el cambio social de materia, cuando
asegura la producción y reproducción de La sociedad. La producción de la
sociedad deviene así la condición para el acto de cambio de los particulares,
que solamente a través de él se unen a la so ciedad y toman parte en el
resultado de la producción social total que ha de repartirse 'éntre ellos. Esta
relación sobre la producción total de la sociedad es la que saca el cambio
individual del ámbito de lo casual, arbitrario y subjetivo, y lo convierte en
algo regular, necesario y obje tivo; en una condición del cambio social de
materia, y con ello, en una necesidad vital/ individual. Pues la sociedad
basada en la (propiedad pri vada y en la división del trabajo sólo es posible
por la relación de los
que resultan de una relación social determinada, y
desaparecen con ésta, pero que dentro de la misma poseen una eficacia causal.
Solamente el conocimiento de estas leyes es el deber del análisis
teóríco'-econámico.
“Su [de los productores de mercancías] relación
¿pcial aparece reducida en la relación privada del cambio. Pero el cambio como
tal sólo es, por de pronto, relación privada. Para que dos hombres cambien no
es necesario nada más que posean el
objeto y lo
quieran cambiar por otro. Como tal, el
cambio* es un fenómeno pertene^
dente a todas las formas sociales, porque todafs
conocen la propiedad. Efectivamente, el cambio de plumas y sellos en el banco
de la escuela, el cambio de
un caballo de carreras .por un automóvil entre dos
miembros de una sociedad socia lista es un acontecimiento privado,
completamente indiferente para la economía teórica. Es la ilusión fundamental
de la teoría de la utilidad marginal querer dar con el rastro de las leyes de
la sociedad capitalista mediante el análisis del cambio como acto pura mente
privado (H IL F E R D IN G , "Zur Problemstellung der teoretischen
Ókonomie bei Karl Marx", Neue Zeit, 1904-05, t- I, pág. 106).
18 EL
CAPITAL FINANCIERO
individuos que cambian unos con otros. Deviene
sociedad mediante el proceso de cambio, único proceso social que conoce
económicamente.
Sólo dentro de está sociedad el acto de cambio es
objeto de un aná lisis especial que se pregunta: ¿De qué naturaleza es el acto
de cambio que interviene en el cambio social de materia?
Dentro de semejante acto de cambio el bien se ha
convertido en mer cancía, en una cosa cuyo destino no es ya la necesidad
individual, ni cuyo nacimiento y muerte se deben a ésta, sino que está
destinada a la sociedad y es dependiente de las necesidades del cambio de
materia de la sociedad en todos sus azares, que pueden ser más variables que
los de Ulises — pues, ¿qué significa hoy el ojo único de Polifemo contra los
ojos múltiples de los aduaneros, o la hermosa Circe contra los inspectores
veterinarios alemanes?— . Se convierte en mercancía, porque los produc tores
de este bien están en una relación social determinada, en la que, como
productores independientes de mercancías, tienen que enfrentarse unos a otros.
En esta forma es cuando el bien, de por isí una cosa na tural e
improblemática, expresión de una relación social, adquiere, pues, un aspecto
social. El que sea producto del trabajo no es ya simplemente una propiedad
natural, sino que, al mismo tiempo, se convierte en un hecho social. Ahora se trata
de encontrar la ley que rige esta sociedad como comunidad de producción, esto
es, de trabajo. El trabajo indivi dual aparece así desde, un nuevo punto de
vista como parte del trabajo total, del que dispone esta comunidad dé
producción. Sólo desde este punto de vista aparece el trabajo como creador de
valor.
El acto de cambio es accesible al análisis, no sólo
porque es una ne cesidad individual, sino también una necesidad social que
hace de la necesidad individual Isu instrumento y, al mismo tiempo, la limita.
Las necesidades individuales sólo pueden satisfacerse en tanto en cuanto lo
permita la necesidad social. Es el supuesto previo, pues sin la satisfacción de
las necesidades individuales la sociedad humana es inimaginable. Pero el cambio
ya no es función de la necesidad individual, como en la so ciedad colectiva,
sino que la necesidad individual se satisface sólo en tanto en cuanto el cambio
le permite la participación en la producción social. Esta es la que determina
el cambio. Pero el oambio aparece sólo como una relación cuantitativa entre dos
cosas i . Se determina cuándo queda determinada también esta cantidad. Pero la
cantidad objeto del cambio no constituye más que una parte de la cantidad de la
producción so cial. Esta, a su vez, está determinada cuantitativamente por el
tiempo de trabajo que tiene que emplear la sociedad en la creación del producto
Estas cosas
tienen que entrar en relación unas con otras en la sociedad pro ductora de
mercancías, y esto pueden serlo como expresión del tiempo de trabajo so*
cialmente necesario. Solamente serán mensurables como tal expresión. E l que
sean pro ducto del tiempo social de trabajo, esto es, .producto social, es lo
esencial en la doctrina del valor, y no que este tiempo de trabajo sea, en
todos casos, el mismo en ambos lados de las relaciones de cambio. Este es un
'moniento secundario y determina las rela ciones de cambio sólo bajo las
condiciones de la producción simple de mercancías.
LA NECESIDAD DEL DINERO 19
total. La sociedad está concebida en este caso como
una unidad, que ha creado su producto con su fuerza de trabajo total. El
individuo sólo es considerado con su trabajo como órgano de la sociedad. Como
tal órga no solamente participa en el producto en la medida en que su fuerza
de trabajo corresponde al promedio de la fuerza total de trabajo; supuesta ésta
como dada según la intensidad y la productividad.
Cuando un individuo ha trabajado con lentitud
excesiva o ha pro ducido algo inútil — o algo útil pero superfluo en vista a
las exigencias del cambio social de materia— entonces este trabajo se reduce al
trabajo medio— tiempo de trabajo socialmente necesario— . Cuando se haya dado
así la suma del tiempo de trabajo para el producto total, entonces el cam bio
tiene que expresar este hecho. Se expresa de la forma más fácil, cuan do, en
el cambio, la relación cuantitativa de las mercancías es igual a la relación
cuantitativa del tiempo de trahajo socialménte necesario emplea do en su
producción. Entonces se cambian las mercancías a su valor.
esta relación se realiza cuando las condiciones
para la producción de mercancías y su cambio son socialmente iguales para todos
los miem bros de la sociedad, cuando todos son propietarios independientes de
sus medios de producción, con los cuales crean el producto y lo cambian en
el mercado. Esta relación es la más simple y es el
punto de partida de la consideración teórica. Sólo desde esta perspectiva
pueden compren derse modificaciones que, sin embargo, siempre han de cumplir
la con dición de que la suma de los actos de cambio tiene que abarcar la pro
ducción total, cualquiera que sea la configuración del cambio individual. La
modificación misma sólo puede originarse mediante una situación dis tinta de
los miembros de la sociedad en la producción. Tiene que ser ocasionada por ella,
porque solamente en el acto de cambio se impone la interdependencia social no
sólo a la producción, sino también al pro ductor. La expropiación de una parte
de la sociedad y la propiedad mo nopolista de los medios de producción de la
otra parte modifica natu
ralmente el cambio, pjoirque slólo en éste puede
manifestarse la desigualdad de los miembros de la sociedad. Pero como el acto
de cambio es una relación de igualdad, la desigualdad aparece ahora no ya como
igualdad de valor, sino del precio de producción, esto es, la desigualdad del
gasto de trabajo (y, al mismo ¡tiempo, la indiferencia de los capitalistas
contra el gasto de trabajo como gasto de extrañas) en la igualdad de la tasa de
beneficios. Esta igualdad no expresa otra cosa sino que en la socie dad capitalista
lo decisivo es el capital. Por eso el acto de cambio in dividual no está ya
bajo la condición "trabajo igual contra trabajo igual", sino “a
capital igual, beneficio igual". La igualación de trabajo es rem plazada
por la igualación de beneficios, y los productos no se venden a su valor, sino
al precio de producción.
Así, pues, el cambio viene determinado por lá
sociedad, pero, por otra parte, tanto la sociedad como el individuo no llegan
al conocimiento de su ley más que mediante la consumación del cambio. Pues el
tra bajo del individuo, por de pronto, es sólo su rendimiento individual ori
20 EL
CAPITAL FINANCIERO
ginado por su voluntad individual — trabajo
privado, no trabajo social— . Si concuerda o no con las condiciones del cambio
social de materia, del cual su trabajo debe ser condición parcial, no puede
confirmarse hasta que todas estas condiciones parciales se comparen entre sí y
se haya cumplido en su suma la condición total del cambio social de materia.
Las mercancías son encarnaciones del 'tiempo de
trabajo soicialmente necesario. Pero este tiempo de trabajo .no eis expresado
como tal direc tamente, como en la sociedad de Rodbertus, por ejemplo, donde
la au toridad central estipula directamente el tiempo dé trabajo sodalmente
vá lido para cada producto. Aparece sólo' en la paridad de una cosa con otra
en el cambio. ,E¡n éste, pues, el valor de una cosa, su tiempo social de
producción, no es expresado como -tal, coma trabajo de ocho, diez o doce horas,
sino como quantum determinado de otra cosa, que, como tal, con todas sus
propiedades naturales, sirve, a su vez, de expresión
del valor de otra cosa diferente, como su
equivalente. Por ejemplo, en la ecuación 1 chaqueta = 20 metros de tela, estos
20 metros de tela son el equivalente de la chaqueta. Son iguales a ella porque
ellos tam bién son encarnación del tiempo de trabajo socialmente necesario y,
como tal, todas las mercancías son iguales.
La representación del valor de esta relación
social, en otra cosa, esto es, en un valor de uso distinto al de la mercancía
cuyo valor debe ser representado, resulta, por tanto, directamente de la
naturaleza de la pro ducción de mercancías y es inseparable de ella. Pues la
relación social dé los miembros, tan característica de la producción de
mercancías, su interdependencia como cambiadores de cosas, no nace sino por el
hecho de que el 'bien de uno se convierta en la mercancía y, por ende, en el
bien de otro. Después de consumado el cambio es cuando el productor sabe si su
mercancía satisface efectivamente una necesidad social y si su tiempo de
trabajo há sido empleado justamente. Recibe así la confir mación de que es
miembro válido de la sociedad productora de mercan cías. Su capacidad social
se confirma sólo por una cosa que recibe a cambio de la suya, y no por una
persona' que podría hablar en nombre de esta sociedad, una persona que podría
aprobar, rechazar o criticar su obra — como critica, por ejemplo, el editor el
trabajo de sus tipó grafos— . Pues la sociedad ha comparado una cosa con otra
(y en ello radica precisamente su anarquía, a pesar de Stirner) y no con las
per sonas y su conciencia colectiva. La cosa que pueda decirle esto tiene que
estar necesariamente facultada para poder hablar en nombre de la so ciedad.
Recibe esta facultad exactamente como la reciben otros órganos, mediante la
acción conjunta de los que posean capacidad para ello. Igual que se unen los
hombres y facultan a uno de ellos para que, en su nom bre, realice
determinadas acciones, así tienen que unirse también las mercancías para
facultar por su parte a aquélla de entre ellas que otor gue, en su nombre, la
ciudadanía en este mundo mercantil — la ciuda danía absoluta o la ciudadanía
parcial— . Pero la única forma en que se pueden reunir las mercancías es en su
ca’mbio. Lo que es la conciencia
LA NECESIDAD DEL DINERO 21
social en una sociedad socialista es la acción
social de las Mercancías en el mercado, en la capitalista. La conciencia del
mundo burgués está re ducida al informe del mercado. El individuo tiene
conocimiento de la ley de la totalidad sólo mediante la consumación del cambio.
Unicamen te cuando el individuo haya logrado el cambio tendrá la prueba de que
ha producido algo socialmente necesario; sólo entonces puede iniciar de nuevo
la producción. La cosa facultada por la acción conjunta de las mercancías para
expresar el valor de todas las otras es el dinero. Con la evolución misma del
cambio de mercancías se desarrolla, al mismo tiem po, el facultamiento de esta
mercancía especial.
y B entran
en una relación social, como propietarios de mercancías, sólo al cambiar entre
sí sus productos. La relación ha tenido lugar cuando la chaqueta se há cambiado
por los 20 metros de tela. Si se generaliza
la producción de mercancías, el sastre tiene que
satisfacer todas sus ne cesidades mediante el cambio; en vez del cambio único
con la tejedora tiene que efectuar otros muchos. Una chaqueta = 20 metros de
tela, pero también igual a 5 libras de azúcar, 10 libras de pan, etc. Pero como
to dos los productores de mercancías mantienen unas relaciones tan nume
rosas, recibimos, al fin, una infinidad de 'ecuaciones de cambio en las
que se equiparan unáis mercancías a las otras, esto
es, miden su valor en tre sí. Y, midiéndose mutuamente, miden, al mismo tiempo
y cada vez
con mayor frecuencia, su valor en una mercancía que
se convierte así en la medida de valor de todas.
La simple expresión de valor, por ejemplo, de que 1
chaqueta = 20 metros de tela, -expresa una relación social. Pero ésta sólo
puede perma necer casual y aislada. Para ser verdaderamente expresión social
la ecua ción de valor no puede ser aislada; en infinitos cambios y, por eso,
en infinitas ecuaciones de valor, se impone el cambio social de materia y,
con ello, el nexo social de los trabajadores, tan
pronto como la produc ción de mercancías haya devenido la forma general de
producción social.
La acción común de las mercancías en el cambio es
lo que transforma el tiempo de trabajo privado, individual y concreto del
individuo, en tiem po de trabajo general, socialmente necesario y abstracto,
que forma va lor. Al medirse mutuamente las mercancías en el cambio universal
se
miden, al mismo tiempo, en una mercancía cada vez
con mayor frecuen cia. Esta sólo necesita ser fijada habitualmente como escala
de valor para convertirse en dinero.
Por tanto, el icambio de valores es necesario para
hacer posible toda producción y reproducción social. Unicamente así son
reconocidos, con tratados socialmente los trabajos privados. Unicamente así
las relaciones de las cosas entre sí devienen relaciones sociales de sus
productores. Sea cual fuere su forma de realización, el cambio es
necesariamente el true
que de equivalentes en valor, siendo indiferente
que se efectúe directa mente con la mercancía o bien por medio de dinero. El
dinero como va lor es, pues, una mercancía como otra cualquiera, y la
necesidad de que
22 EL
CAPITAL FINANCIERO
el dinero tenga valor proviene directamente del
carácter de la sociedad productora de mercancías ®.
El dinero es así una mercancía como otea cualquiera
y, por ello, en carnación de valor. Pero el dinero se diferencia de todas las
otras mer cancías en que es equivalente de todas ellas, esto es, la mercancía
que expresa el valor de todas lais otras. El que se haya convertido en tal es
el resultado de todos los procesc-s de cambio 6.
así queda
justificado como medida de valor. La mercancía dinero
— este cuerpo determinado con todas sus propiedades
naturales — es aho
ra expresión inmediata de valor, de esa propiedad
que procede solamente de las relaciones sociales de la producción mercantil y
de su expresión objetiva. Simultáneamente se ve cómo del mismo, proceso de
cambio, de la necesidad de la paridad constante de las mercancías entre sí,
brota la necesidad de la medida común del valor, en la que se exprese inme
diatamente el valor de toda otra mencancía, con el que, por eso, es di
rectamente cambiable en todo tiempo. Por consiguiente, el dinero, por un lado,
es mercancía. Pero, por otro lado, esta mercancía ha ocupado siempre la
posición especial del equivalente. Esto ha sucedido por la ac ción de todas
las otras mercancías que han otorgado a la mercancía di nero la facultad de
ser su equivalente único y general.
Por tanto, el valor de todas las mercancías se
expresa con carácter socialmente válido en la mercancía dinero, en un quantum
determinado de su valor de uso. 'Mediante la acción mutua de todas las otras
mer cancías que se miden en ella aparece así la mercancía dinero como una
encamación directa del tiempo de trabajo socialmente necesario. Así, el dinero
es “el valor de cambio de las mercancías como una mercancía especial y
exclusiva7. Todas las mercancías reciben así su contraste so cial mediante su
transformación en dinero.
Igual que, según Emst Mach, el Yo sólo es un centro
en el que se re-unen los infinitos hilos de las sensaciones, de cuya red se
forma la ima gen del mundo, así el dinero es un centro en la red de las
relaciones so ciales de la sociedad productora de mercancías, red que está
tejida por los infinitos hilos de cada uno de los actos de cambio. En el dinero
se han convertido las relaciones sociales del hombre en una cosa, una cosa
misteriosamente brillante, cuyo fulgor desconcertante ofusca todavía los ojos
de tantos economistas cuando no prefieren cerrarlos ante él.
A l relacionarse entre sí las mercancías en el
proceso de cambio, se reducen a productos de tiempo de trabajo socialmente
necesario, y, como
* Objeto de investigación posterior es hasta qué
punto experimenta este jui cio una modificación mediante las formas modernas
del papel moneda.
Toda
mercancía tiene valor como encarnación del tiempo de trabajo social mente
necesario, esto es, como resultado del proceso de la producción de mercan
cías. Por tanto, en el proceso de cambio entra ya como portadora de valor. En
este sen
tido, (Marx dice:
"El proceso de cambio, que transforma la mercancía endinero, no
le da su valor, sino su forma especifica de valor”, a saber, como equivalente
general
(El capital, t. I, 4.* ed., pág. 56).
’ Marx, Z u t
Kritik der politischen ÓkonomiSi., 2.'1 ed., pág. 28.
LA NECESIDAD DEL DINERO 23
taléis, son iguales. En el proceso de trabajo se
rompe el vínculo que une la mercancía como valor de uso a las necesidades
especiales del indivi duo. En el cambio la mercancía vale únicamente como
valor de cambio y sólo mediante la consumación del cambio, esto es, después de
consu mado, deviene otra vez valor de uso, nace una nueva unión con otra
necesidad individual. En el dinero, cuyo valor de uso no es más que encarnación
de tiempo de trabajo sociálmente necesario, esto es, valor de cambio, la mercancía
aparece expresada directamente como valor de cambio; en el dinero aparece así
el valor de cambio de la mercancía in dependizado frente a su propio valor de
uso. La transformación del dinero en mercancía es la que hace a ésta valor de
uso, después de que su valor de cambio está contenido ya en el dinero. La
mercancía abandona enton ces la circulación como valor de uso y cae dentro del
consumo.
El dinero sólo puede ser equivalente general porque
es mercancía, es decir, valor de cambio. Pero como valor de cambio toda
mercancía es medida de los valores de todas las otras. A l relacionarse, en su
ac ción mutua, todas las mercancías con una, esta mercancía especial de viene
la esencia (Dasein) adecuada del valor de cambio, su esencia como equivalente
general. El que todas las mercancías sean valores de cam bio, es decir, el que
los productores de la sociedad disgregada en sus átomos por la división del
trabajo y la propiedad privada, que, aun que carezca de conciencia común, es,
por supuesto, una. comunidad de producción, el que estos productores estén
relacionados entre isí única mente por la intervención de sus productos
objetivos, aparece .ahora icomo si sus productos de trabajo, siendo valores de
cambio, representasen sólo diferentes quanta del mismo objeto— del dinero— . El
tiempo general de trabajo, que es, por su parte, la expresión dé la comunidad
de produc ción, y, con ello, el hecho de esta misma sociedad, aparece ahora
como una cosa especial, como una mercancía unida a todas las otras y ajena a
las mismas.
En el procesa de cambio la mercancía se ha mostrado
como valor de uso, ha demostrado que ha satisfecho necesidades y, en verdad, en
la medida sociálmente requerida. Cuando ha hecho esto se ha convertido así en
valor de cambio para todas las otras mercancías que cumplen la misma condición.
Esto expresa su transformación en dinero, principal re presentante del valor
de cambio. A l hacerse dinero ise ha convertido en valor de cambio para todas
las otras mercancías. Por eso, la mercancía tiene que convertirse en dinero,
porque sólo entonces es expresada so-cialmente como lo que es, como valor de
uso y valor de cambio, como la unión de ambos. Pero, al transformarse todas las
mercancías en di nero mediante su enajenación como valores de uso, el dinero
deviene la existencia transformada de todas las otras mercancías, y sólo como
re sultado de esta transformación de todas las otrais mercancías en dinero se
convierte éste en objetivación directa del tiempo general de trabajo, es decir,
producto de todas las enajenaciones, supresión de los trabajos individuales.
24 EL
CAPITAL- FINANCIERO
La necesidad del dinero brota, pues, de la
naturaleza de lá sociedad productora de mercancías, que llega al conocimiento
de su ley por el cambio de las mercancías como productos de tiempo de trabajo
social mente necesario, por el hecho de que la relación social de los
producto res sea expresada como precio de sus productos, que les prescribe,
res pectivamente, su participación en la producción y en la repartición de sus
productos. La regulación particular de esta sociedad por lá ley del precio es
la que exige una mercancía como medio del cambio de las otras, ya que encarna
sólo un tiempo semejante de trabajo socialmente nece sario. El que el medio de
cambio deba tener valor proviene directamen te del carácter de una sociedad en
la que los bienes se han convertido en mercancías, y como tales deben ser
cambiadas. "El mismo proceso que del bien hace una mercancía hace de ésta
el dinero.”
La inconsciencia de las relaciones sociales, su
creación mediante el cambio de mercancías y la confirmación de que se ha
consumado tam bién de una manera justa socialmente esta creación, la cual no
ocurre hasta el proceso de cambio, cuando el proceso de producción — que, en
realidad, ha fijado ya las relaciones sociales— ya ha terminado y es
irrevocable, todo esto significa, al mismo tiempo, la anarquía de la forma
capitalista de producción. Anarquía, sí, pues no hay ninguna conciencia que,
desde un principio, dé forma a la producción con arreglo a sus fi nes propios,
sino que insta a los individuos, únicamente como tales y no como miembros
conscientes de la sociedad, a esta relación en forma de una ley natural que
actúa independientemente de la voluntad de los parti cipantes, aunque existe
siólo por su acción social y, por eso, inconsciente para ellos. Esta acción no
sucede jamás con la conciencia y el propó sito de 'constituir con ello la
reiación social, sino que está siempre al ser vicio de la satisfacción de las
necesidades individuales. Por eso se puede decir también que la necesidad de
efectuar el cambio por dinero, esto es, por una materia propiamente valiosa,
brota de la anarquía de la socie dad productora de mercancías.
Si el dinero es así, por un lado, producto
necesario del cambio de mercancías, es también, por otro, condición propia de
la generalización del cambio de productos como mercancías. Hace las mercancías
directa mente comparables al convertirse en su medidor de valor. Lo e¡s,
porque como valor, lo mismo que las mercancías y dentro de la forma de valor,
es su opuesto, su equivalente, esto es, valor de uso en el que está ex presado
valor.
El dinero nace así, naturalmente, de la circulación
del cambio y no presupone otra cosa que ésta. La circulación de cambio
convierte en dinero aquella mercancía que, en virtud de sus cualidades
naturales, sea la más apropiada para ello. Es el valor de uso de esta
mercancía, por ejemplo, del óro, el que la convierte en materia dinero. El oro
.no es, por naturaleza, dinero (sino únicamente a consecuencia de una
determinada estructura
social), pero el dinero es, por naturaleza, oro.
Así, pues, el Estado o el orden legal no determinan arbitrariamente ni el
carácter del dinero
LA NECESIDAD DEL DINERO 25
ni tampoco la materia dinero. El Estado o el orden
legal convierten, por de pronto, el dinero en moneda. Nio cambia nada más que
la división de los quanta oro. Primero ise dividen o miden éstos con arreglo al
peso, luego según otra escala arbitraria, basada necesariamente en un acuerdo
consciente. Gomo la sociedad productora de mercancías tiene su organi zación
superior consciente en el Estado, éste tiene que sancionar este acuerdo para
que tenga generalmente validez social. Se comporta aquí como en la determinación
de otras medidas, por ejemplo, la medida de longitud. Sólo que aquí, como se
trata de una escala de valoras, y como el valor se presenta siempre únicamente
en una cosa y en cada cosa de un modo diferente, según su tiempo de producción,
el Estado debe también declarar al mismo tiempo la cosa, la materia dinero.
Nada más que dentro del círculo que lo haya acordado, esto es, dentro del Es
tado, por ejemplo, v'ale esta escala. Es inválida fuera de lais fronteras del
Estado. En el mercado mundial, el oro y la plata, medidos con arreglo a su
peso, valen como dinero 8. El acuerdo sobre un dinero determinado, a falta de
una intervención estatal, puede producirse mediante personas privadas, por
ejemplo, por comerciantes de una ciudad, y entonces tiene validez,
naturalmente, sólo para este círculo 9.
El oro, pues, es dividido por el Estado de
cualquier forma y cada pie za marcada con la acuñación estatal. Ahora todos
los precios son expre sados en esta escala. Así es como el Estado ha .creado
la escala de va lores de los precios. El oro funciona como medida de valores
porque es mercancía, esto es, valor, encamación de tiempo de trabajo
socialmente necesario, y, como tal, su v¡alor cambia con la variación de su
tiempo de producción. Como escala de precios, el oro es dividido en piezas del
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攀 Ā ᜀ
Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ ࠀ尀爀焀甀漀琀攀 Ā ᜀ
Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Ā ᜀ Al menor en tanto que la tendencia al dominio exclusivo
del oro no se haya impuesto totalmente.
U n ejemplo
es el valor de la moneda de banco hamburguesa desde 1770. Las operaciones se
resolvían mediante transferencia a la cuenta de giros en el Hamburger Girobank.
El abono en cuenta se realizaba únicamente contra el pago en piala. Como
materia dinero funcionaba la plata, y como unidad!,
el marco de plata de Colonial, por
el que se abonaban 27 V< marcos del Girobank. E
l dinero de cuenta, d'el que se servía el comercio hamburgués hasta el año
1872, se basaba en plata no acuñada.
carece de
importancia que la plata estuviese bien custodiada en los sótanos del banco y
sólo circulasen resguardos (algo muy distinto a los billetes de Banco). El
dinero en papel completamente respaldado, que efe un resguardo del metal
realmente colocado por su propietario en el Banco y custodiado realmente por
éste, es un ex pediente puramente técnico, y un simple medio de protección
contra el desgaste del metal. Deja todas las leyes de la circulación de dinero
tan intactas como si las mismals piezas de plata circulasen envueltas en cuero
o en papel.
La exposición dada en. el texto indica, por de
pronto, el único .papel que des empeña el Estado. Con ello se pone fin a la
ilusión de (Knapp de que el dinero nace por una decisión del Estado. Al mismo
tiempo, se ve cómo el dinero, históricamente, proviene, en primer lugar, de la
circulación. Piar tanto, es, por de pronto, medio de circulación. Cuando se ha
convertido en medidai general de valor y equivalente ge* neral de las
mercancías es cuando llega a ser medio general de pago.
Valga
como refutación de ¡KN A P P , Staatíiche
Theorie des Geídes, pág. 3.
26 EL
CAPITAL FINANCIERO
mismo peso y esta división es invariable según su
sentido. La acuñación no es más que la confirmación de que la moneda acuñada
contiene una cantidad determinada del peso de la materia dinero, por ejemplo,
de oro. Esto es, al mismo tiempo, una simplificación técnica considerable. El
dinero ya no necesita ser pesado, sino únicamente ser contado. A l mis mo
tiempo, ahora puede representarse cómodamente cualquier cantidad de valor
requerida en el cambio.
CAPITULO II
El diner@ en el pmces& de circulación
El proceso de circulación tiene la forma siguiente:
Mercancía-Dinero-Mercancía, M-D-M. En éste proceso se efectúa el cambio social
de ma teria. A vende su mercancía, que no tiene valor de uso para él, y com
pra otra que lo tiene. El dinero sirve en este proceso únicamente como medio de
prueba de que las condiciones individuales de producción de la mercancía
corresponden a las condiciones sociales de producción. Pero el sentido del
proceso es la satisfacción de las necesidades de los indi viduos, que isólo es
posible mediante el trueque universal de mercancías. El valor de una mercancía
es remplazado por el valor de otra. Esta úl tima se consume y sale fuera de la
circulación.
Pero si bien cada mercancía sale, antes o después,
de la circulación, el dinero permanece siempre en esta esfera. La posición que
ha dejado vacante la mercancía la toma una parte de dinero equivalente. El pro
ceso de circulación de la mercancía da lugar así a la circulación del di
fiero. V ahora sé plantea la cuestión de ia cantidad de dinero necasarió para
la 'circulación.
Por de pronto, la cantidad de los medios de
circulación está deter minada por la suma de precios de las mercancías. La
masa de mercan cías que se supone dada hace oscilar la masa del dinero
circulante con las oscilaciones de los precios de las mercancías, siendo
indiferente que el cambio de precio corresponda, en realidad, a cambios de
valor o a meras fluctuaciones de los precios de mercado1'. Esto es válido en
tanto que las compras y ventas se desarrollen paralelamente y dentro de un
espacio dado. Pero si en cambio las compras y ventas no son más que miembros de
una serie que van temporalmente unos detrás de otros, en tonces es válida la
ecuación: suma de precios de l§s mercancías: cantidad en circulación de
unidades de dinero homogéneas = masa del dinero que actúa como medio de
circulación. Además, la ley de que la cantidad
i Marx, E l
capital, t. I, 4.“ ed., pág. 83.
28 EL CAPITAL
FINANCIERO
de los medios de circulación está determinada por
la suma de precios de las mercancías circulantes y lá velocidad media de la
circulación del dinero puede expresarse diciendo que, dada una suma del valor
de las mercancías y una velocidad media de sus transformaciones, la cantidad
del dinero circulante y de la materia-dinero depende de su propio valor '2.
Se ha visto lo que es el dinero: una relación
social expresada en una cosa. Bsta cosa sirve de expresión directa de valor.
Pero dentro de la relación M-D-M-, el valor de las mercancías se sustituye
siempre por el valor de otra. La función del dinero es, pues, solamente
transitoria. Apa rece como simple instrumentp técnico, cuyo empleo ocasiona
gastos que, a ser posible, se han de evitar. Simultáneamente, crece con el
dinero la tendencia >a eliminarlos. Dentro de la circulación de mercancías
el dinero aparece como catalizador de valor en el que se cambia la mercancía,
para desvanecerse luego como simple equivalente4.
Como catalizador de valor el dinero aparece
necesario; como equiva lente es superfluo. Pero aparece necesario porque
únicamente así se ex presa en forma sociaJmente válida el valor de la
mercancía; y ésta única mente convirtiéndose en dineroi puede volver a
cambiarse en otra mer cancía. Pero como la expresión del valor en dinero sólo
es ficticia y no algo importante por sí mismo (como cuando se interrumpe el
proce so M-D-M y se debe guardar el dinero durante un tiempo más o me nos
largo, para hacer posible después el proceso D -M), entonces sólo entra en
cuenta el lado sociál del dinero, la característica de que, como valor, es una
mercancía más entre las mercancías. .Este aspecto social está expresado
objetivamente en la maíerta-dinero, por ejemplo, en la moneda de oro. Pero
puede expresarse también mediante una regulación social consciente o estatal,
ya que el Estado es el órgano consciente de la sociedad productora de
mercancías. El Estado puede fijar determina dos signos — trozos de papel, por ejemplo—
como representantes, como signos del dinero.
Está claro que estos signos :no pueden funcionar
más que como me diadores de la circulación entre dos mercancías. Para otros
fines, para otras funciones del dinero, son inservibles. Por tanto, tienen que
entrar de lleno en la circulación, pues sólo dentro de ésta, eisencia-valor del
dinero, en cuanto forma continuamente remplazada del valor de las mer cancías,
es siempre transitoria. Pero el volumen de esta circulación os-
Ibíd.,
pág. 87.
No se ha
juzgado más que desde el punto de -vista dé la sociedad burguesa cuando W ilson
dice que isólo el dinero congelado representa una pérdida para la comunidad.
Mas bien, toda la maquinaria' de la cinculación origina1, faux frais, en tanto
cueste valor. E incluso desde 'el punto de vista burgués más avanzado aparece
el oro, -en tanto sea medio de circulación, como gasto improductivo (es decir,
que no pu-ede dar beneficios), y que, por eso, hay que -evitar. Pensamiento que
era una atro cidad para el sistema mercantil (Vid. JAMES W IL SO N , Capital,
Currencg and Banking, Londres, 1847, pág. 10.
M ARX, E l
capital, t. I, pág. 76.
EL DINERO EN
EL PROCESO DE cmoULAClÓN 29
cila considerablemente, porque depende, como ya
sabemos, con perma nente velocidad de circulación del dinero, de la suma de
precios. Esta cambia constantemente, en lo que juegan un papel especial las
fluctua ciones estacionales, cuando, por ejemplo, entran en la circulación los
pro ductos de cosecha y su masa incrementa la suma de precios, o las osci
laciones de precio dentro del ciclo de prosperidad y depresión. La can tidad
de dinero de papel tiene que quedar bajo el mínimo de la cantidad de dinero
necesaria para la circulación. Pero este mínimo es sustituible 5 por papel, y
como éste es siempre necesario para la circulación, no ne cesita remplazado
iningún oro; y por eso el . Estado puede equipar este dinero en papel con una
cotización obligatoria (Z.wangskurs). Así, den tro del volumen del mínimo de
circulación, la expresión objetiva de la relación social viene concretada por
una relación social regulada cons cientemente. Esto es posible porque
precisamente el dinero metálico es también una relación social, aunque oculta
bajo una envoltura objetiva. Esto hay que entenderlo si se quiere comprender la
naturaleza del di nero de papel 6.
Ya hemos visto que la sociedad productora de
mercancías es anár quica, y que de está anarquía resulta la necesidad del
dinero. En cierto modo, esta anarquía es eliminada para el mínimo de
circulación, pues hay que colocar, en todas las circunstancias, un mínimo de
mercancías a cierto valor. La eliminación del régimen de la producción
anárquica proviene de la posibilidad de sustituir el oro por signos de valor.
Pero esta regulación consciente tiene sus límites
en el mínimo de circulación. Sólo dentro de estíos límites actúa el signo
monetario como representante completo del dinero, y el papel es signo de oro.
Como la cantidad de circulación oscila siempre, por eso, junto al dinero de
papel, el dinero en oro tiene que poder entrar y salir siempre en circulación.
Cuando esto no es poisible ocurren diferencias entre el valor nominal del
billete y su valor real: asistimos a la devaluación del dinero de papel.
Para comprender este proceso supongamos una moneda,
papel puta (suponiendo siempre la circulación forzosa decretada por el Estado).
A d mitamos que, en un determinado momento, la circulación exija cinco mi
‘ Es válida la ley de que "la emisión de
dinero en papel se debe limitar a la 1 cantidad, a la cual tendría que circular
en realidad el oro (o plata) representado sim-_¿
bólicamente por él”, M A R X , E l capital, t. I,
pág. 91.
. “ Knapp, cae, por de pronto, sn la ilusión de que
el dinero no es "originaria mente” nada más que determinado peso de
metal, para asombrarse después de que pueda| ser remplazado por signos
socialmente válidos. Si hubiera reconocido (y la falta de este conocimiento
impide aún hoy a muchos economistals ofrecer una teoría completa del dinero),
si hubiera reconocido, pues, que el dinero sólo expresa obje tivamente una
relación social, entonces na habría podido encontrar nada enigmá-tico en que,
en un círculo determinado, esta relaición social sea expresada por un acuerdo
socialmente válido, reglamentado conscientemente, cuya expresión es el bille
te de Banco con circulación forzofea. Y es verdad que se oculta aquí un
problema
esencial, a saber, el de los límites de esta
regulación estatal, esto es, conscientemente
social. Pero
este problema económico lo excluye
precisamente IKnapp de su conside
ración. w
30 EL CAPITAL
FINANCIERO
llones de marcos, para los que serían necesarias
36,56 libras de oro. Ten dríamos entonces una circulación total que nos daría
el siguiente cuadro: (5 millones de marcos )M-(5 millo¡nes de marcos oro)D-(5
millones de marcos)M. Si se sustituye el oro por signos de papel, entonces, se
im prima en ellos lo que se quiera, su suma tiene que representar siempre la
suma de valores de las mercancías; en nuestro caso, pues, igual a cin co
millones de marcos. Si se imprimen 5.000 billetes iguales, cada uno equivaldrá
a 1.000 marcos, y si se imprimen 100.000, entonces será igual cada billete a 50
marcos. Si, siendo siempre constante la velocidad de circulación, se dobla la
suma de precios de las mercancías y no varía la cantidad de billetes, entonces
valdrán 10 millones de marcos; si la suma de precios se redujera a la mitad,
equivaldrían a 2 '/2 millones de marcos. En otras palabras: en una moneda papel
pura con circulación forzosa, el valor del dinero de papel está determinado,
con velocidad in variable de circulación, por la suma de los precios de las
mercancías que deben entrar en la circulación. El dinero de papel se
independiza aquí completamente del valor del oro y refleja directamente el
valor de las mercancías según la ley de que su suma total representa el mismo
valor que la relación:
suma de precios de las mercancías
cantidad en circulación de unidades monetarias
homogéneas
Se ve en seguida que, comparado con el punto de
partida, no sólo . puede ocurrir una devaluación, sino también una
supervaloración del di nero de papel.
Naturalmente, puede actuar como signo de dinero no
sólo el papel, sino cualquier materia preciosa. La circulación puede ser
abastecida con plata, por ejemplo. Cuando ocurre una devaluación de la plata a
causa de la disminución de sus costéis de producción, subirán los precios, ex
presados en plata, de las mercancías, mientras que los precios en oro, en las
mismas circunstancias, permanecerán invariables. La devaluación de la plata se
expresará incluso en su relación con el oro. El cambio del país de la plata
frente al de la moneda de oro expresará la devaluación. La devaluación de la
moneda de plata, que tiene fuerza de pago legal, en la acuñación libre tendrá
lugar en la misma medida que la devalua ción del metal no acuñado. Otra cosa
es cuando se suspende la acuña ción libre T. Si aumenta ahora la suma de
precios de las mercancías en circulación, en nuestro ejemplo, de cinco a seis
millones de marcos, y el valor de la plata acuñada, esto es, apropiada para la
circulación, es co
rrespondiente a su valor en metal sólo en 5
millones de marcos, en tonces cada moneda de plata aumentará tanto su
valoración dentro de
’ Como es sabido, se entiende por acuñación libre
el derecho de la peitsona pri vada para acuñar el quantum que desee de
mercancía-dinero en monedas legales, en la Casa de Moneda del Estado, con
arreglo a ía espala de monedas fijada. La acu ñación se suspende cuando el
Estado se niega a efectuar esta operación.
EL DINERO EN
EL PROCESO DE
CIRCULACIÓN 31
la circulación, que su suma será igual a seis
millones de marcos. Su va loración como moneda sobrepasa, por eso, 'su valor
en metal. Semejante fenómeno ha entrado en juego con la supravaloración del
florín de plata austríaco y holandés y la rupia india, inexplicable para
teóricos como Lexis y Lotz, pero que no tienen nada de enigmático según lo
expuesto más arriba®.
En la determinación del valor del dinero de papel
por el valor de la suma de mercancías que se encuentra en circulación aparece
el carácter puramente social del dinero. Pues una cosa que por Si carece de
valor como el papel, por cumplir una función puramente social — la circula
ción— , contiene un valor que no está determinado por su escaso valor
intrínseco, sino por lá masa de mercancías qué refleja su valor en el bi llete
de papel. Como la Luna, enfriada desde hace tiempo, puede alum brar únicamente
porque recibe la luz de la bola de fuego solar, así el dinero en papel sólo
tiene valor porque a las mercancías se lo concede el carácter social del
trabajo.
El valor reflejado de trabajo es el que convierte
el pape] en dinero, como la luz solar reflejada es la que hace alumbrar la
Luna. El valor aparente del papel es realmente el valor de las mercancías, lo
mismo que la luz aparente de la Luna es realmente la luz solar.
Austria tenia desde 1859 dinero de papel
inconvertible. Los florines de plata alcanzaron un agio frente al papel. Se
había emitido más papel del que exigía la circulación. Con ello sobrevino la
(situación descrita más arriba. Las mercancías que se podían comprar por un
florín no de pendían ya del valor de la plata, sino del valor de la masa total
de mer cancías que se encontraban en circulación, mediante el cual estaba de
terminada la valoración de la suma total del dinero en papel. Si el valor de La
circulación total era = 500 millones de florines, pero se habían emitido 600
millones de florines en papel, entonces el florín de papel podía comprar tantas
mercancías como antes 5/6 de florín de plata. Con ello, el mismo florín de
plata se convirtió en mercancía; pues se pagaba sólo con el florín de papel y
se vendía después d de plata en el extran jero; por él se recibían 6/5 de
florín en papel, con lo que se podían pa gar las anteriores déudas en florines
de plata. La plata desapareció de la circulación. Ahora bien; un cambio en las
relacionas entre los florines de plata y los de papel puede suceder de dos
maneras. Por un lado, con
En efecto,
para los autores que escriben bajo la impresión de la restricción bancaria
inglesa, la posibilidad de la supravaloración no e's ningún problema, pues
emplean las leyes del dinero de papel a la moneda de metal con una ingenuidad
total. Véase la cita siguiente: “Está claro que, así como la emisión excesiva
de dinero d'e pa-pel aumenta el precio nominal de las mercancías, por los
milsmos motivos, la con tracción bajo la medida natural de las necesidades de
la circulación disminuye los precios nominales en el mismo grado... Entonces,
el oro en barras tendrá frecuen temente en el mercado un valor inferior al oro
amonedado, y el comejrcialnte lo con vertirá en moneda para lograr el
beneficio de su cambio de barras a moneda” ( W ILLIAM
B LA KE, Observations on the principies which
regúlate the course o[ exchange and on the present depreciated state oí the
currencg, Londres, 1810, pág. -40).
ÉL CAPITAL FINANCIERO
un valor invariable del florín de plata, la venta
de mercancías (Waren-umsatz) puede aumentar a causa del desarrollo de su
circulación. Si no tiene lugar una nueva emisión de dinero ide papel, entonces
los flo rines de papel pueden alcanzar su antigua valoración tan pronto como
la suma de mercancías en circulación exija 600 millones de florines para su
colocación. Pero también el florín de papel puede aumentar sobre su punto de
partida cuando se incremente la suma de mercancías. Si ésta requiere 700 millones
de florines y solamente hay en circulación 600 mi llones de florines de papel,
entonces el florín de papel valdrá ahora 7/6 del de plata. Si existe acuñación
.libre de plata, entonces Iais personas privadas acuñarán plata hasta que hayan
entrado en la circulación tan tos florines de plata como sean necesarios,
entre florines de papel y de plata, para la circulación de los 700 millones de
florines en mercancías. Entonces, el florín de papel y el de plata valen lo
mismo, y, si continúa la libre acuñación, el florín de papel no eistá
determinado ya por él va lor de las mercancías, sino por la plata, es decir,
ha vuelto a ser signo de plata.
Semejantes procesos pueden sobrevenir también de
otra forma. Su pongamos que, por de pronto, la circulación de mercancías
permanece igual; el florín de papel vale entonces no más de 5/6 dél de plata;
pero supongamos que ahora sobreviene una caída del valor de la plata y que
disminuya en l'/6. Entonces se podrán comprar tantas mercancías por el florín
de plata como por el dé papel; el agio de-la plata ha desapare cido y ésta
permanece en la circulación. Si la caída de la plata fuese ma yor, digamos en
2/6, entonces será provechoso comprar plata y acuñarla en Austria. Esta
acuñación tendría lugar hasta que la suma de florines de papel y de plata baste
para la circulación, aunque su poder adquisi tivo vaya disminuido en 2'/6.
Hemos supuesto una circulación en mer cancías de 500 millones de florines
(valoración original). Teníamos 600 millones de florines de papel. .Estos
valían, pues, 5/6 de los florines ori ginales. Ahora entran én circulación
florines de plata que valen sólo 4/6. Para q.ue circulen las mercancías
necesitamos ahora 6/4 por 500 millones de florines, o sea, 750 millones de
florines; éstos estarían constituidos por 600 millones de florines de papel y
150 millones de plata, de nueva acuñación. Pero si el Estado quiere impedir la
devaluación de su valuta, para ello sólo necesita abolir la acuñación libre de
plata. Su florín queda entonces independiente del precio de la plata; su
valoración, la misma de antes, 5/6 del florín original; la disminución del
valor de la plata no es expresada por el dinero de plata.
Esto se contradice con la teoría tradicional, según
la cual un florín de plata no es, en todas las circunstancias, más que una
piéza de plata de 1/45 de libra y por eso ha de tener siempre el mismo valor.
Se explica fácilmente, cuando se sabe que, con .una acuñación bloqueada, la
valo ración del dinero és únicamente un reflejo del valor de la suma de mer
cancías disuelto en la circulación. Pero como, según nuestra hipótesis, la
plata ha disminuido en 2/6 y el florín -austríaco sólo está en 1/6 más
EL DINERO EN EL PROCESO DE CIRCULACIÓN 33
bajo que en el punto de partida de la
consideración, el florín de plata austríaco todavía en circulación será
superior en 1/6 al precio del mismo quantum de plata. Por tanto, está
supravalorado. De hecho, el fenómeno sobrevino en Austria hacia mediados del
año 1878. Fue ocasionado por que, por un lado, el valor del florín de papel
tenía que aumentar me diante el desarrollo de la circulación, ya que la suma
de dinero en papel no aumentó o no lo hizo en la misma proporción. Por otro
lado, el valor de la plata disminuyó. Jo cual vino expresado por la caída del
precio de lá plata en Londres.
La exposición esquemática corresponde exactamente a
la realidad. En los Paí'ses Bajos se suprimió la libre acuñación de plata en
mayo de 1873. Mientras que la plata metálica experimentó una devaluación
respecto al oro, el dinero holandés de plata acuñado acusó un incremento de
valor considerable. “Mientras que hasta principios del año 1875 el precio de la
plata en Londres disminuyó hasta casi 57 J4 peniques, aumentó él valor del
dinero holandés frente al inglés tanto que una libra esterlina se cotizaba a 11,6
florines en vez de a 12 florines como antes. Así se manifestó él hecho de que
el valor del florín holandés había aumentado un 10 por 100 sobre su contenido
en plata." La pieza de oro de 10 flo rines se introdujo como medio legal
de pago por primera vez en 1875®. “Ya en el año 1879 el contenido en plata del
florín de plata valía aólo 96,85 kreuzer *, disminuyendo el año 1886 a 91,95
lcreuzer y a 84,69 kreuzer en el año 1891’’ a0.
Expongamos, en pocas palabras, la evolución de la
moneda austríaca. “La moneda de la monarquía, en virtud de los decretos del 19
de sep tiembre de 1857 y del 27 de abril de 1858, era, desde el 1 de noviembre
de 1858, de derecho y en un principio de hecho, una moneda de plata, con una
ley de 45 florines por libra arancelan? de plata pura (90 flo rines por
kilogramo). U n pago al contado en plata (por parte del Ban co emisor) existió
durante muy poco tiempo {hasta fines del año 1858). Además, a causa de la
duración de las críticas relaciones políticas y financieras (que tuvieron como
consecuencia una emisión mayor de no tas. R. H .), la plata tuvo, hasta el año
1878, un agio frente al billete, que desalojó cada vez más las monedas de plata
de la circulación. El agio de la plata era aún en 1871 superior al 20 por 100,
pero dismi nuyó sucesivamente en el transcurso de los años setenta a causa de
la caída extraordinaria del precio de la plata en el mercado mundial. Des de
el año 1875 el precio de la plata era tan bajo que se aproximó re petidamente
al precio de moneda de la misma (45 florines por libra) e incluso lo alcanzó
durante el año 1878. En relación con el desarrollo de la cotización de divisas
de Londres en la Bolsa de Viena, se hizo lu crativo llevar plata a las Casas
de Moneda de Viena y Krenunitz para
su acuñación en monedas de plata del país. Efectivamente, la importa-
“ V é a s e H ELFFERICH, Das Geld, p á g . 77.
(*) 100 k re u ze r = 1 flo rín .— N . del T.
10 H
e l f f e r i c h , op. cit.,
p á g . 80.
3
34 EL
CAPITAL- FINANCIERO
cíón de plata en la zona aduanera austro-húngara
aumentó extraordina riamente en el año 1878, y la acuñación de monedas de
plata del país alcanzó un volumen jamás logrado anteriormente en este año y los
si guientes (en virtud de los informes de mercado recibidos anteriormen te”
11). Para evitar la devaluación de la moneda se suspendió la libre acu ñación
de plata a principios del año 1879. La suspensión de la libre acu ñación de
plata hizo que el poder adquisitivo del florín austríaco se viene libre, en
cierto modo, del influjo mecánico del precio de la plata, y más bien se
desarrollara casi completamente independiente del valor del quan tum de plata
contenido en el florín austríaco. Teniendo como base el pre cio de la plata en
Londres y la cotización de divisas de Londres en Viena, el valor dé la plata
contenido en 100 florines de plata era el siguiente:
AÑOS F lorines
1883 ...........................................................7........................................................ 97,64
188 - 91,00
1888 ..................................................... . . . 86,08
1889 ........................................................... 82,12
1891 ........................................................... 84,70
En las mismas circunstancias, en valor de 100
florineis austríacos hu biera importado en florines oro1®:
AÑOS Florine*
1883 ...........................................................7........................................................ 82,38
188 72
,'42
188 8
........................................................ 69,34
188 9
........................................................ 69,38
1981 ........................................................... 73,15
En cambio, en el promedio de los años indicados, el
valor efectivo de cotización de 100 florines austríacos importó: 8-4,08, 79,85,
81,39, 84,33 y 86,33 florines de oro13.
Eta. otras palabras: los florines de plata
austríacos en aquellas años habían sido sobrevalorados, es decir: su poder
adquisitivo era superior al poder adquisitivo de su contenido en plata; el
margen, para 100 flo rines de plata, fue igual a:
AÑOS de oro ^ ° r!n“
1883 ...........................................................7........................................................ 1,70
188 7,43
188 8
........................................................ 12,05
188 9
......................................... .............. 14,95
1891 ........................................................... 13,18
“ S p i t z m
ü l le r , "D ie o esterreich isch -u n g arisc h e W a h ru n g s re fo rm ”, Zettschrifl {ür
Votksu>irísc!iü[t, Sozialpolifik und
V eriva'tung, t. X I, 1902, p á g .
339. q u e se acuñó
M E
l flo rín d e o ro es la o c ta v a p a rte d e la p iez a
d e 8 flo rin e s
como m o n
ed e com ercial n o d
estin ad a p a ra la circu
lació n in ferio r y e
ra ig u a l a la
p ie z a d e
v e in te fran co s con re
sp e c to a su c o n ten id o en
oro .
” S p i t z m
ü l l e r , o b. c it, p á g . 311.
EL DINERO EN
EL PROCESO DE CIRCULACIÓN 35
Como se deduce de asta tabla, la cotización del
florín de plata no se movió casi independientemente, como dice Spitzmüller,
sino comple tamente independiente del precio de la plata.
Spitzmüller llama a esta moneda “.moneda de
crédito”, pero no pue de indicarnos mediante qué estaba determinada su
•cotización. Dice:
"El poder adquisitivo y el de cambio del
florín austríaco de plata o de papel, en el período de 1879 a 1S91-, no estaban
determinados .primordialmente por el valor
del metal moneda.
A ún más: e]
florín austríaco acusó en esteperíodo, como
lo ha
resaltado acertadamente Karl Menger (Neue
Freie Presse. del 12 de diciembre de
1889),
'un valor de circulación que no era representado
por el valor intrínseco de
ninguna de las monedas efectivas existentes’.
"La moneda
austríaca no era ya, de hecho, ninguna moneda de plata, e Incluso
se la podía denominar como tal sólo en un sentido
impropio. Era más bien una mo neda de crédito, cuya valoración estaba
condicionada, en primer lugar, mediante la balanza de pagos del área aduanera
austro-húngara, para la circulciótn exterior, y para la interior, además de
esto, medíante los factores formadores de precios fsic!) actuantes dentro del
ámbito aduanero” (pág. 341).
Su inseguridad se advierte claramente en el
siguiente pasaje:
"E n todo coso, sería erróneo suponer que el
'crédito’ concedido! a la moneda austríaca era completamente (!) independiente
de la1formación de precios en el mer cado de la plata. M ás bien desempeñó,
indudablemente, una influencia cierta en la devaluación de nuestra moneden
durante el período de transición de 1879 a 1891, la circunstancia de que la
suspensión de la acuñación de plata para peifsonas privadas se basó únicamente
en una disposición administrativa, siempre revocable: y, además, las acuñaciones
continuaron de acuerdo con las necesidades del Tesoro. Los mo mentos indicados
más arriba dieron a nuestra moneda un aspecto completamente inseguro para1el
futuro. Especialmente, no es casual, por cierto, que la: reciente caída del
precio de la plata, en los años 1885 hasta 1888, fuese acompañada de un fuerte
alza de nuestras cotizaciones de divisas" (pág. 311).
Sería interesante mostrar cómo se pueden
transformar en cualquier momento opiniones completamente iniseg.uras sobre el
futuro de la mo neda en alzas o bajías de cotización, matemáticamente
determinadas. De hecho, estas influencias subjetivas no han desempeñado ¡ningún
papel, pesando tan sólo la fuerza objetiva de la necesidad social de la circu
lación.
Helfferich se aproxima mucho más a la verdadera
interpretación cuan do dice:
"La plusvalía del dinero acuñado (en valutas
con acuñación bloqueada), se basa en que sólo el metal acuñada desempeña las
funciones de dinero, y no el metal no acuñado, y en que el Estado se opone a la
demanda de transformar el metal en di nero acuñado.
"También el valor del dinero de papel
inconvertible se basa exclusivamente en que ha sido declarado ,por el Estado
como medio legal de pago, en que se puede emplear para la liquidación de deudas
y en que está privilegiado por el Estado para desempeñar las funciones del
dinero económicamente indispensables.
"Eil valor de ambas clases de dinero no
estriba ni en el valor de su materia en
36 EL
CAPITAL FINANCIERO
sí ni en que contuviesen un derecho como en el
CEISO de los billetes de Banco conver tibles, sino exclusivamente en su
carácter de medio legal de pago" (Das Geld, pág. 81).
La suspensión de la acuñación libre en moneda de
plata es la con dición, y al mismo tiempo la explicación, de que la plata
acuñada se emancipe del valor intrínseco, como pone dé relieve justamente
Helfferich. Pero con ello rao se dice nada del volumen del valor que reciben
ahora las monedas, y esto es precisamente lo decisivo. Este volumen está de
terminado por la cantidad de circulación socialmente necesaria, la cual, a su
vez, eistá determinada por el valor de la suma de las mercancíals. Reconocer esto
le resulta imposible a Helfferich en virtud de su teoría subjetiva del valor.
En cambio, es exacto cuanto dice Helfferich contra
la tesis del “cré dito" defendida por Spitzmüller:
"En el supuesto de acuñación libre, cuando el
valor intrínseco de las monedas es inferior a su valor 'en dinero, está
excluido'por completo atribuir el valor superior del dinero a un fenómeno
crediticio, porque no hay ningún dinero de valor pleno en el que se pudiera
convertir el dinero menos valioso y del que, por el camino del cré dito, este
último pudiera derivar, su valor. En el sistema monetario holandés no hubo
ninguna moneda de valor pleno desde 1873 hasta 1875, ni en el austríaco, des
de 1879 hasta 1892, ni en el de la India, desde
1893 hasta l$99i El valor de] dinero superior al valor de la materia, del
florín de plata halajndés y austríaco! y de la rupia
hindú era- un valor completamente independiente,
que no derivaba de ninguna fuen te de valor. N i siquiera se basaba sobre una
correspondencia determinada/ con dinero de valor pleno, y ni mucho menos en el
derecho de convertibilidad, sino única y ex clusivamente en el carácter que
acompaña a estas monedas como medio legal de pago . y en la acuñación limitada.
La escasa medida en que se ha' liberado hasta ahora la
teoría de la idea de que el dinero desvalorizado
tiene que ser dinero crediticio o que, al menos, su valor tiene que derivarse
de un dinero de valor pleno, lo demuestra
la confusión que todavía existe, en parte, sobre el
comportamiento de la moneda austríaca a partir del ano 1879. El fenómeno de que
el valor del florín de plata austríaco acuñado fuera superior, después de la!
suspensión de la acuñación libre, al valor de su contenido en plata
desconcertó, en primer lugar, poique no se veía de dónde procedía este valor
superior del dinero. Se cayó en la singular interpretación de que el valor del
florín de plata se mantenía sobre su valor metálioc intrínseco y, sobre el valor
del florín de papel sólo mediante su asociación con el florín de pa pel” (Das
Geld, pág. 382).
En la India encontramos fenómenos análogos al del
sistema mone tario austríaco. La acuñación libre de plata sé suspendió en el
año 1893. La intención era elevar la cotización de la rupia a 16 peniques. Esta
co tización correspondía, con acuñación libre, a un precio de plata de 43,05
peniques, aproximadamente. Es decir, que, a esté precio, la plata con tenida
an una rupia, una vez fundida y vendida, alcanzaba el precio de 16 peniques en
el mercado (mundial) de Londres. El efecto de la sus pensión de la acuñación
libre fue el siguiente: El cambio de la rupia subió a 16 peniques, después de
haber sido de 14 7/8 antes. En cambio, el precio de la plata bajió en pocos
días de 38 peniques, ál ser cerradas las fábricas de moneda, a 30 peniques el
1.° de julio. A partir de este
EL DINERO EN
EL PROCESO. DE CIRCULACIÓN 37
momento, el cambio de la rupia descendió, mientras
que el precio de la plata subió a 34 3/4 peniques y estuvo oscilando alrededor
dé esta can tidad hasta la suspensión de las compras americanas de plata (4 ^
mi llones de onzas mensuales) el 1.° de noviembre de 1893. Desde entonces
retrocedió y alcanzó isu punto más bajo el 26 de agosto de 1897 ooin 23 3/4
peniques. En cambio, el valor de la valuta hindú alcanzó, a prin cipios dé
septiembre de 1897, la cotización deseada de 16 peniques, mien tras -que el
valor del metal contenido en la rupia importaba casi 8,87 peniques.
“Desde un principio había que atribuir el éxito a
que la cotización de la rupia se mantuvo constantemente sobre el valotr de
fundición desde el cierre de las fábricas de moneda indias para la acuñación
privada, y ello en proporción superior a lo que importaban los costes de
acuñación. Des de mediados dé 1896 se disolvió la última conexión entre el
precio de la plata y la cotización de la rupia, y se había suprimido
d-efinitivamente el paralelismo que había existido siempre entre sus
movimientos, aun cuando últimamente también se hubiese débilitado de manera
considera ble i14, 15.
Lo que martiriza a los teóricos del dinero es la
cuestión de cuál es el patrón del valor cuando la moneda no puede acuñarse
libremente16. Sal ta a la vista que la plata no lo es (y con una moneda de oro
sin acuña ción libre sucedería el mismo fenómeno) 17. .Eil valor del dinero y
el pre-
14 D r . A n t ó n A r n o ld , Das indische
Géldwesen unter besonderer Berück^ichtigung seiner Reformen seit 1S93, pág.
227.
Un amigo que
volvía de un viaje a la India me contó lo siguiente: Durante algún tiempo
estuvo observando una vez a unos europeos que estaban ante un bazar indio de
objetos de plata. E-l comerciante hindú les invitó a que .pesasen los objetos
para que abandonasen su desconfianza y comprobaran sus ventajas. El precio de
compra debía ser 'el mismo peso de las alba-jais en rupias de plata. Los
europeos se dieron por muy contentos y aceptaron can el sentimiento
satisfactorio de haber re tribuido al comerciante sólo ei valor del metal y
haber recibido gratis los costes de elaboración. Pero, naturalmente, no sabían
que el comerciante, gracias a la legis
lación
monetaria, había, logrado un precio superior casi en el 100 por
100 sobre el
precio del metal. Seguramente se encontrará
adecuado este castigo monetario para la ignorancia -de la economía nacional. Y
sólo hay que lamentas* que no se pueda generalizar.
“ “En efecto, hay que dudar si desde la
introducción del nuevo sist-ema banca-rio (nos referimos aquí a la suspensión
del pago al contado y el establecimiento del curso forzoso para los billetes
del Banco de Inglaterra en el año 1797) -el oro ha con tinuado siendo, en
realidad, nuestra medida de valor (imeasure of prices); y de si no te nemos
otra escala de precios (standard of príce,sj que aquel medio -de circulación
(circulating médium) creado por el ‘Banco de’ Inglaterra y por los demás Bancos
del país, cuyas variaciones en su valor relativo pueden ser tan indeterminadas
como el posible exceso de este medio de circulación” (Report from the select
Gommittee appointed to inquire into the cause of the high Price of Gold
Bullion, Londres, 1810,
¡página 16). E l informe deja sin contestar la
cuestión por él mismo planteada.
Lindsay ha
declarado con razón ante el Comité de Moneda de 1898, reunido bajo la
presidencia de lord Tciwler: “Bajo el sistema monetario actual, las rupias no
son más que una especie de billetes metálicos inconvertibles, de curso forzoso,
y para los que, por tanto, son válidas todas las leyes referentes al dinero de
papel incon vertible (Citado por B O T IIE en Die indische VVáhrungísreform).
RNOLD
38 EL
CAPITAL FINANCIERO
ció del metal siguen movimientos completamente
distintos. Con razón, la teoría cuantitativa es insostenible desde las críticas
de Tooke. Hay que añadir que no se puede poner en relación de ninguna manera la
masa de metal por un lado y la masa dé mercancías por otro. ¿Qué relación puede
existir entre x kilogramos de oro o de plata o incluso de papel y, a) millones
de botas, b ) millones de cajas de crema para los zapatos,
quintales de
trigo, d) hectolitros de cerveza, etc.? La puesta en rela ción de la masa de
dinero, por un lado, y la masa de mercancías, por otro, supone ya algo común;
precisamente, la relación de valor que hay que aclarar.
Tampoco es suficiente recurrir al poder del Estado
como explicación. Por de pronto, es algo místico creer que el Estado pueda
dotar con un poder adquisitivo mayor, aunque sólo sea en la centésima parte de
un céntimo, a un trozo de papel o a un gramo de plata, frente a la cerveza,
botas o crema de los zapatos, etc. Además, el Estado ha sufrido regu
larmente fracasos en tales intentos. A l principio,
el Gobierno de la India no consiguió el menor resultado cuando quiso darle a la
rupia la coti zación de 16 peniques. La rupia no se preocupó de ello, y el
éxito ex clusivo del Estado consistió en hacer completamente incalculable el
curso de la rupia, ya que ahora dicho curso no seguía el precio de la plata.
Para el Estado austríaco la sobrevaloración del florín de plata constituyó una
sorpresa, pues ocurrió sin ninguna intervención intencionada y lo cogió
desprevenido.
Lo que desconcierta18 a los teóricos es la
circunstancia de que el
Bs muy
característico el siguiente juego de preguntas de B O T H E (D ie indische
V/shiungsteform seit 1S93, Cotta, 1904, pág. 48): "¿Cuál era la medida del
’vailor en la India después del 26 de junio de 1893? Está claro que la plata no
era más la’ es cala de valor, tan pronto como el valor en oro de la rupia se
había elevado sobre el valor en oro del quantum de plata pura contenido en
ella. ¿Es que la rupia se había convertido en medida del valor en la India en
el sentido que expone el .profesor Lexis en su artículo ‘Dinero en papel'
(Handwórtecbuch der StaatswissenschaftenJ de que los billetes inconvertibles,
provistos de circulación forzosa pueden convertirse en dinero independiente, es
decir, que puede ser también medida de valor porque su fuerza! de pago les
permite 'la acuñación más alta del crédito de pago’, la conservación de su
valor contra mercancías? ¿O es que era el oro la medida de valor en la India'
después del cierre de las fábricas de moneda?”
Si cse le atribuye a Ja rupia la propiedad de
medida del valor, esto equivale a la afirmación de que algo abstracto puede ser
medida de valor, pues desde el 26 de
junio de 1893
el valor de la rupia
no estaba condicionado
ya por el valor de
uso (!) de
la materia de que estaba acuñada— esta
última estaba sometida- únicamente
a los límites de las
constátales variaciones— , sino' por
el juicio sobre la utilidad y
propiedades de ¡a rupia que yacían fuera de las
que se derivan de su materia.
Esta es
también la opinión de John Lubbocks, para
quien el hecho deque el
‘ exchange se ha convertido en medida de valor
desde el cierre de lais fábricas de mo neda sólo es otra forma de la tesis
meditadísima (!) de que un ente abstracta puede ser medida de valor".
Voilá tout! Se ve que el respeto muy concreto ante la autori dad del profesor
Lexis im,pide al autor toda crítica a los defectos de la "abstracción
teorética” que llevan a Lexis al abstractum famoso. Pero donde falla el
concepto del valor se pone a tiempo la palabra "confianza”. Compárese,
a(demá‘s,la acertada polé
mica contra Lexis en la obra de A , ibíd., pág. 241 y sigs.
EL DINERO EN EL
PROCESO DE CIRCULACIÓN 39
dinero ha conservado, aparentemente, su propiedad
dé ser medida del valor. Naturalmente, como .antes, todas las mercancías que
vienen expre sadas en dinero son "medidas" en dinero. Como antes, el
dinero aparece^ como medida de valor. Pero el volumen del valor de esta
"medida de va lor" no está ya determinado por el valor de la
mercancía que lo formal: el del oro, de la plata o del papel. M ás bien este
“valor” está determi nado, en realidad, por el valor total de las mercancías
en circulación (con una velocidad de circulación constante). La verdadera
medida de valor no es el dinero, sino que el “curso” o cotización del dinero
está determi nado por lo que yo quisiera llamar valor de circulación
socialmente ne cesaria, que se da, cuando consideramos también la función de
medio/, de pago del dinero, que hasta ahora hemos ignorado para mayor simpli
ficación y de lo que hablaremos detalladamente más adelante, por la fórmula
suma del valor de las mercancías
velocidad de circulación del dinero
inás la suma de los pagos vencidos menos la de los
pagos saldados, menos, finalmente, la cantidad de transacciones, en las que la
pieza de dinero funciona alternativamente cómo medio de circulación y como me
dio de pago. Esto es, naturalmente, una escala cuya amplitud no puede
calcularse por anticipado. El único contable capaz de resolver el proble ma es
la saciedad. El volumen cambia y con él la “cotización” del di nero. Esto
indica claramente el cambio variable de la rupia hindú des de 1893 hasta 1897,
lo mismo que las oscilaciones de la valuta austríaca. Estas oscilaciones se
evitan tan pronto como vuelva a funcionar una mercancía de valor integral
(plata, oro) como medida de valor, como dinero. Para ello no es, en ningún
modo, necesario, como ya hemos visto, que desaparezca de la circulación él
dinero en papel o el dinero desva lorizado; simplemente se necesita reducirlo
al mínimo de circulación para suprimir, mediante la entrada de dinero de valor
integral, las oscilacio nes que sobrepasan el mínimo.
La curiosa historia de las valutas sin libertad de
acuñación o de las “valutas de plata con cerco dorado, del sistema marginal de
oro”, como han sido denominados los sistemas monetarios indio y otros análogos,
pierde su mística cuando se la considera a la luz de la teoría marxista del
dinero, puesto que a la luz de la teoría "metálica”, por oteo lado, es
inexplicable. Knapp, en cambio, que ha descubierto con gran inteligen cia
muchas faltas de la teoría “metálica” — la marxista no la toma en con sideración
y la confunde, evidentemente, con aquélla— , no da ninguna explicación
económica de los fenómenos, sino sólo un artístico sistema de la división de
las clases de dinero, sin entrar en el estudio de su ori gen y evolución. Es
una exposición específicamente jurídica, para la que es característico el
amplio espacio que toma la terminología. El problema económico fundamental del
valor del dinero y del poder adquisitivo que-
4 0 EL CAPITAL FINANCIERO
da completamente fuera de su consideración. Knapp
es el Linneo de lá teoría dél dinero, mientras que Marx es aquí el Darwin.
¡Pero este Lin neo viene mucho después de Diar'win!
.Knapp es el representante más consecuente de
aquella teoría que, no pudiendo aclarar los fenómenos de la valuta papel,
traspasa simple mente el fenómeno de la influencia de la cantidad de billetes
emitidos, bien claro en el dinero en papel con admisión obligatoria, a las
piezas metálicas y con ello a la circulación en general {metal más billetes de
Banco que se reúnen con el dinero en papel del Estado). Esta teoría con sidera
únicamente la relación cuantitativa y pasa por alto el determi nante del valor,
tanto del v.alor de las mercancías como del dinero. Su errar nace de las
experiencias de la economía del dinero papel hechas especialmente en Inglaterra
desde la suspensión del pago al contado en 1797. “Como fondo histórico del
debate sirvió la historia del dinero en papel en el siglo xvm, el fr.acaso del
Banco Law, la depreciación pa ralela a la cantidad de los signos de valor, dé
los billetes del Banco Provincial de las colonias inglesas en Norteamérica
desde principios has ta mediados del siglo xvm; más tarde, el dinero en papel
(continental bilis) impuesto legalmente por él Gobierno central americano
durante la guerra de la Independencia, y, finalmente, el experimento, realizado
en mayor escala, de los “asignados” franceses" 10.
Estas conclusiones falsas no perdonaron. siquiera a
la inteligencia de Ricardo, y esto es psicológicamente muy interesante, porque
refle ja la potente influencia de las impresiones empíricas sobre el
pensamiento abstracto. Pues precisamente Ricardo subraya generalmente las
rela-■ciones cuantitativas que influyen en los precios (oferta y demanda como
factores determinantes del precio) para remontarse a lo que sirve de base a las
relaciones de cantidad y lo que las domina, al valor. Uni camente en la cuestión
del dinero Ricardo deja a un lado el concepto de valor que acaba de encontrar.
Ed dice: “If a mine of gold were discov-ered in either of these countries, the
currency of that country iwould be lowered in valué in consequence of the
increased quantity of the precious metáis brought into circulation, and would
therefore no longer be of the same valué as that of other countries” 20. Aquí
sólo es la cantidad la que motiva el descenso del valor del oro, y éste se
concibe exclusi vamente como medio de circulación, de lo que se deducé,
naturalmente,, que todo el oro entra inmediatamente en la circulación. Y como
la can tidad es la única que decide, puede el oro equipararse con billetes de
Banco, que Ricardo supone, por de pronto, convertibles, pero que, con arreglo a
la situación monetaria británica de entonces, se le presentaban como dinero del
papel del Estado con curso forzoso. Por eso puede
10 M
a r x , Zur Kritik de i* politischen
O/conomíe, pág. 177.
Si en
cualquiera de estos países se descubriera una mina de oro, e] valor de los
medios de circulación de este país disminuiría a consecuencia del aumento de la
cantidad de metales preciosos lanzados a la circulación, y por ello no tendría
el mis mo valor que en los demás países.
EL DINERO EN
EL PROCESO DE
CIRGULACIÓN 41
decir: “If instead of a mine being discovered in
any country, a bank wére established, such as the Bank of England, with the po'wer
of issuing its notes for a circulating médium, after a large amount had been
issued, __ thereby adding considerably to the sum of the currency, the same
effect 'would follow as in the case of the mine” 81. Aquí sé equipara, pues, la
eficacia del Banco de Inglaterra al descubrimiento de una mina de oro: ambas
cosas incrementan el capital circulante22.
Pero esta equiparación no permitía reconocer con
exactitud ,ni las leyes de la circulación metálica ni las de la circulación, de
billetes de Banco. Knapp, por su parte, se deja llevar por los nuevos fenómenos
descritos de las “monedas en papel” estables y por la separación del dinero de
plata de su valor en metal. Lo último es común tanto al dinero en plata (esto
es, dinero en metal) como al dinero en papel. Pero el di nero en papel viene
determinado aparentemente en su valor por el Es tado, que es quien lo emite. Y
como la plata, al suprimirse la libre acu ñación, asimila en una relación
convencional al papel, nace así la ilu sión de que tanto el dinero en papel
como en metal, esto es, todo el dinero, está determinado por el Estado. Y así,
tenemos el origen de la teoría estatal del dinero, que, ciertamente, no es
ninguna teoría eco nómica. La ilusión que le sirve de base requiere 1a.
crítica siguiente:
"La intromisión del Estado, que emite el
dinero de papel con curso forzoso, parece suprimir la ley económica. El Estado,
que en el precio de la moneda sólo dio un nombré de pila a un determinado peso
de oro, y en la acuñación sólo imprimió su sello en el oro, parece ahora
cambiar el papel en oro mediante la magia de su cuño. Pero como los billetes
tienen curso forzoso, nadie le puede impedir que ponga forzosamente en
circulación cualquier cantidad considerable de los mismos y acuñarles el nombre
de cualquier moneda, como, por ejemplo, una libra esterlina, cinco, veinte,
etc. Lina vez que el billete está en circulación es imposible echarlo fuera,
pues lo mismo detienen su carrera los postes fronterizos, que pierden todo su
valor, tanto el valor de uso como el de cambio, fue ra de lá circulación.
Separados de su existencia funcional, se convierten en simples pedazos de
papel. Sin embargo, este poder del Estado es mena apariencia. Podrá poner en
circulación cualquier cantidad de bi lletes con cualquier designación
monetaria, pero con este acto mecánico cesa su control." (N. B. Y aquí
acaba, al mismo tiempo también, la teo ría de Knapp, donde empieza el problema
económico.) "Fuera de la circu lación, el signo de valor o dinero de
papel vuelve a quedar sujeto por sus leyes inmanentes” 23.
a Si en vez de descubrir una mina en un país se
estableciera un Banco, como el Banco de Inglaterra, con el poder de emitir sus
billetes como medio de circulación,
tan pronto como se hubiera emitido una gran
cantidad, que contribuye considerable mente a la suma de medios de
circulación, resultaría el mismo efecto que en el caso
de la mina.
R IC A R D O , H igh Prince o{ Bullion; The W orks
of D avid Ricardo. Editados por McCulloch, nueva ed., Londres, 1888, pág. 264.
” M A R X , Z
ur Kritik dcr politischen Okonomie, pág.
115.
42 EL
CAPITAL FINANCIERO
Las dificultades de la explicación provienen de que
se confunden las diversas funciones del dinero con las 'diversas clases del
mismo (el di nero de papel del Estado y el dinero fiduciario). Si antes el
error de la teoría cuantitativa, de la que tampoco escapó Ricardo, fue
confundir las leyes del dinero del papel del Estado con las de la circulación,
en. general, y especialmente con la circulación de los billetes de Banco
(dinero fi duciario), hoy sucede lo contrario. Como la teoría cuantitativa se
con sidera con razón como refutada, se teme confesar la influencia de la
cantidad sobre el valor del dinero, incluso allí donde es determinante, a
saber, en los sistemas basados en el dinero en papel y en la circulación de
dinero “devaluado”. Se apela entonces a toda clase de explicaciones y se
recurre a intentos subjetivos de aclaración-, porque no se conoce el factor
social determinante, y se intenta hacer depender el valor del dinero del Estado
de alguna valoración crediticia cualquiera. Pero como, por otro lado, en el
valor dél metal hay que atenerse al valor intrínseco del dinero, no se quiere
estar obligado, como "Knapp, a renunciar a toda aclaración del contenido
económico; y de esta forma queda inexplicada la sobrevaloración.
En Ricardo todo cambio de valor se explica por un
cambio cuanti tativo. Como, según su teoría, la variación del valor es un
fenómeno muy frecuente, el valor del dinero, según que su cantidad aumente o
dismi nuya, baja o asciende, esto es, con toda moneda ocurre continuamente una
supravaloración y una devaluación. Por eso, la- supravaloración no es ningún
problema para él. Así, nos dice:
“Aunque el dinero de papel no tiene ningún valor
intrínseco, si se limita su cantidad, su valor de cambio puede equivaler muy
bien al va lor del dinero metálico del mismo valor nominal o de lingotes
correspon diente a su valor monetario. Igualmente, y a consecuencia del mismo
principio, esto es, la limitación de la cantidad de dinero, piezas de dinero
devaluadas pueden circular con el valor que tendrían si su peso y con tenido
fuesen el prescrito por la ley y no con arreglo al valor intrínseco del metal puro
que contienen. Por eso encontramos en la historia del dinero inglés que nuestro
dinero metálico jamás sé depreció en la misma relación en que fue alterado. La
causa está en que jamás aumentó en relación a su desvalorización” (Principies,
X X V II) . El error de Ricardo estriba en que aplica a la moneda libre unas
leyes que son válidas para la moneda sin libre acuñación. La mayoría de los
teóricos alemanes del dinero confunden, igualmente, ambos sistemas monetarios,
sólo que al revés; y por eso tienen remordimientos dé conciencia frente a la
teoría cuantitativa y, en los problemas de la circulación de billetes de Banco,
vuelven a recaer siempre en las viejas concepciones de la teoría. cuanti
tativa, mientras que en los problemas de los sistemas monetarios sin acu
ñación libre rechazan cualquier explicación basada en la cantidad.
En Fullarton, en cambio, hallamos un planteamiento
del problema de la moneda sin acuñación libre, interesante y justa en lo
esencial. Supone una nación sin comercio exterior: sin instalación para la
continua reno
EL DINERO EN
EL PROCESO DE CIRCULACIÓN 43
vación de la moneda y que efectúa sus transacciones
interiores por me dio de una vieja y devaluada (debased) circulación metálica,
circula ción que mantiene un poder adquisitivo elevado sólo mediante la
limita ción dé su cantidad (which preserves a high rafe of exchangeable valué
mecely by the limitation o/ its amount). La nación consume metales pre ciosos
en grandes cantidades para fines de lujo y adorno, y exporta anual mente
productos industriales por valor de medio millón a un país posee dor de minas
para cubrir su necesidad anual de metales preciosos. En tonces, mediante el
mejoramiento de los métodos de explotación o por el descubrimiento de nuevos
yacimientos, se reducen a la mitad los costes de producción de la pla,tá y del
oro en el país donde están las minas; por consiguiente, si se duplica la
producción, el precio de los metales ba jará en la mitad; los comerciantes de
la nación mencionada estarían en condiciones de importar un millón de estos
metales en vez de medio por la misma cantidad de mercancías exportadas. ¿Cuál
sería el efecto? Nin guno, por cierto, que fuera esencialmente análogo al
efecto de una oferta superior a la demanda de cualquier otra mercancía
igualmente duradera. Como el anterior consumo anual de oro y plata para fines dé
lujo en el país se satisfacía plenamente con la importación por valor de medio
mi llón, no se encontrarán más compradores hasta que se haya creado una nueva
demanda mediante la reducción del precio. En concordancia con ello, los precios
de la provisión de metal importado, estimados en la mo neda devaluada, caerán
con mayor o menor rapidez según que los co merciantes realicen su mercancía
más o menos rápidamente (the prices, accordingly, of the newly ímported stock
of metáis, as estimated in the base cuttency, would decline with more or less
rapidity as t.he merchants might be more or less eager to realize their
retarns). Pero durante todo este tiempo (hasta que los precios de los metales
sean reducidos a sus costes de producción mediante la competencia) permanecería
invariable el precio de todas las otras mercancías, salvo el del oro y de la
plata, medido en la moneda local de este país. Y mientras no se pudiera em
plear algo del valor sobrante del metal para el intercambio comercial cora un
tercer país que estuviera menos favorecido en relación con el oro y la plata,
el país importador no obtendría ninguna ventaja de estas adqui siciones periódicas
de riqueza metálica, salvo la que resulta de la gran extensión dél empleo de
oro y plata para fines domésticos (But, all this time, the price of every
<other oommodity but the gold and silver, as measured in the local currency
of the country, would remain unmoved; and, .unless some of the surplus stock of
the metáis thus acquired oould be turned to account in commercial exchange with
some third country less favourably circumstanced for procuring its supplies ©f
gold and sil-ver direat from the mines, the imparting country would derive no
ad-vantage fvom these periódical accessions of metállic wealth, beyond such
gratificación as can be derived from the more genenally diffused appli-catión
of gold and silver to domestic uses).
Aquí se ha reconstruido, pues, teóricamente, el
caso de la suprava-
44 EL CAPITAL
FINANCIERO
loración del florín de plata austríaco. Sólo que
Fullarton no da la de terminación cuantitativa mediante el mínimo social de
circulación.
Luego, Fullarton analiza las otras relaciones bajo
un régimen de acu ñación libre, como decimos hoy. Pregunta por el efecto que
tendrían las mismas circunstancias en un país con relaciones comerciales más
exten sas, cuyo sistema monetario estuviera en una situación mejor, esto es,
que tuviera una circulación metálica plena (a fu ll mstailtic circulation of
standard weight and fineness-), un comercio metálico ilimitado y una Casa de
Moneda obligada a la acuñación del metal moneda (a mint open fot the, coinagie
of all the standard bullion which might be brought to it). Entonces, el efecto
de la duplicación de la oferta de las minas sería muy distinto. No tendría
lugar ninguna elevación del' precio de mercado de los lingotes, pues el precio
del oro, medido en monedas del mismo metal, no puede variar; pueden bajar o
subir juntos, pero no puede ocurrir nin guna discrepancia. Por eso no habría
ninguna oferta urgente anormal de lingotes de oro sobre el mercado a
consecuencia del aumento de la im portación, ni, al meaos al principio, un
estímulo para mayor consumo. Los lingotes se enviarían todos a la Casa de
Moneda para la acuñación y facilitarían un incremento enorme de riqueza a los
importadores, que, según la dimensión de los medios así obtenidos, se convertirían
inmedia tamente en competidores para toda clase de inversión productiva en el
mercado, así como para todos los objetos que contribuyen a hacer la vida más
agradable. Pero como la oferta de estos objetos' de lujo siempre es limitada y
no se incrementaría en ningún modo mediante esta inundación con monedas en
circulación, la consecuencia inevitable sería la siguiente: en primer lugar,
una caída del tipo de interés; luego, una subida del pre cio de los terrenos y
de todos los títulos-valores que devengaran un in terés; finalmente, una
subida general progresiva de todos los precios de mercancías, hasta que estos
precios hayan alcanzado un nivel que co rresponda a los reducidos costes de
producción de la moneda, con lo cual cesa el efecto sobre el tipo de interés,
la nueva provisión de monedas es absorbida por la vieja y desaparecen las
visiones de rápido enriqueci miento y prosperidad sin dejar más huella que la
mayor cantidad y peso de las monedas que habría que pagar en cada compra y
venta ("There would, in that case, be no rise of the market-price of the
bullion, for the price of gold, measured in ooin of the same metal, and of
equal fi-neness, can neuer vary; they may both rise or both fall together, as.
com pared with commodities, but there can be no divergence. Neither would
there be any unusual pressure on the bullion market in consequence of the
increased importation, ñor, at least, in the first instance, any induce-ment to
a larger consumption, and the resí would all be sent to the mint for coinage,
yielding -an enormous accession of weálth to the im-porters, who, to the extent
of the means thits placed in their hands, would immediately become competitors
for every description of prod.uotive in-vestment in the market, as well as for
all the material objects which con tribute to human enjoyment. But as the
supply of such objects of desire
EL
DINERO EN EL PROCESO
DE CIRCULACIÓN 45
ís always limited, and would in no way be augmemted
by this great inundation of circulating coin, the inevitable results would be,
first, a decline of the ma.rkei~Ta.te of interest; next, a rise in the valué of
land, and of all interest-beañng s,ecurities; and lastly, a progressive
increase in the prices of commodities gener&llij, until such pvices should
have at~ tained a level corresponding with the reduced cosí of procuring the
coin, when the actíon .on interest -would cease, the new stock of coin mould be
absorbed in the oíd, and the visions of sudden viches and prosperity would pass
away, leaving no trace behind them but in the greater num-ber and weight of the
coins to be countpd over on every occasion of, purchase and sale") si.
Pero todavía hay que mencionar una supravalpración
característica; característica, porque tiene lugar automáticamente, sin ninguna
inter vención del Estado. Durante la última crisis de crédito del otoño 1907,
en los Estados Unidos se originó un .agio sobre el dinero de repente, pera no
sólo sobre el dinero en oro, sino también sobre todas las clases de medios de
pago legales, monedas de oro y plata, dinero de papel dél Estado (Greenbaclcs)
y billetes de Banco. A l principio, el agio ascendía a más del 5 por 100.
Ilustra los hechos la siguiente cflónica del corres ponsal en Nueva York del
periódico Frankfurter Zeitung del 21 de no viembre de 1907; "En gran
parte de las plazas comerciales americanas se han suspendido completamente los
pagos al contado. Allí se dan sig nos monetarios particulares, en otros se
efectúan los pagos parte en tales signos y parte también al contado. En muchos
sitios el dinero contante circula todavía únicamente como moneda fraccionaria.
En setenta y siete ciudades americanas se ha emitido dinero de emergencia, esto
es, certifi cados de las Clearing Houses o cheques bancarios librados
especialmente para la ocasión, aunque mayormente los primeros. Mientras que
antes de la crisis quizá sólo una docena de ciudades americanas tuvieran casas
de clesaring, ahora se han fundado en unos cien lugares. Tan pronto como
estalló la crisis en Nueva York se asociaron los institutos de crédito para la
defensa común contra el peligro amenazador. A diferencia dé lo su cedido en
Nueva York, donde los certificados de las casas de clearing sólo se han librado
para grandes sumas, las Clearing Houses menciona das crearon un verdadero
“dinero 'de emergencia" calculado para la circulación general, adecuado a
las necesidades de la pequeña circula ción en fracciones de 1, 2, 5 y 10
dólares. Estos signos monetarios circu lan con plena libertad en los sitios
donde hay institutos de clearing y sus cercanías; los obreros los aceptan en
pago de sus salarios, los comercian tes loe admiten por sus mercancías, etc. V
an de mano en mano y, si es que la tienen, sólo sufren u,na pérdida pequeña
frente al dinero en metá lico. Cuán grande es también la falta dé dinero en
metálico en Nueva York lo demuestra el ejemplo de que incluso la poderosa
Standard Oil Company tenía que pagar los salarios de sus obreros en cheques
certi-
“ JO H N F U L L A R T O N , O n (he regulación o(
currencies, 2 .“ ed., 1845, pág .
59.
46 EL CAPITAL FINANCIERO
ficados. El “dinero de emergencia” no se puede
emplear tan sólo en los pagos a los institutos del Gobierno; las cajas públicas
se basan en el. Legal Tender, y por ello tiene que pagarse en dinero efectivo.
Esta es la causa principal para él agio que tiene el efectivo. Cuando en los
úl timos días la American Sugar Refining Company no pudo lograr su ficiente
dinero en metálico para sacar un cargamento de azúcar del de pósito de la
Aduana, tuvo que cerrar algunos establecimientos durante uno o dos días.”
Lo particular del fenómeno consiste en que la
cantidad de circulación existente se hizo demasiado pequeña para las
necesidades de la circu lación. La crisis de crédito había originado una
fuerte necesidad de pago en efectivo al perturbar la compensación de pagos
mediante el dinero de crédito (letras de cambio, endosos, transferencias,
etc.). Se originó un hambre canina de dinero en metálico. Pero mientras la
circulación exi gía más'dinero en metálico, desaparecía al mismo tiempo de la
circula ción y se atesoraba como reserva2S. En lugar del dinero desaparecido
se intentaba crear uno nuevo, Jos certificados de las casas de cleaxing
(compensación), que eran, en realidad, billetes emitidos contra la garantía
conjunta de los Bancos que participaba en el clearing. La limitación legal de
la emisión de billetes se saltó de este modo contra o al menos praeíer legen,
como se suspendió en Inglaterra en casos parecidos el Aelfca Peel. Pero este
dinero fiduciario no tenía poder de pago legal, y el dinero en metálico no
bastaba. Por tanto, se supravalorizó y permaneció así'(oca sionó un agio)
hasta que las entradas de oro de Europa, el restableci miento de las
relaciones normales de crédito y 'la colosal limitación de la circulación
inmediatamente después de la crisis eliminaron la “necesi dad de dinero” y la
transformaron en gran abundancia. El nivel del agio era variable y estaba
condicionado por el “valor social de circulación”. Lo característico es que el
agio era completamente igual para papel que para metal; la mejor prueba de que
no tenía nada que ver con cualquiera elevación en el valor del oro.
Como ya se sabe, la emisión de dinero de papel con
curso forzoso ha sido a menudo para el Estado el procedimiemto de efectuar
pagos para los que le faltaban los medios. El dinero de papel, por de pronto,
echó fuera de la circulación al dinero metálico de valor pleno que salía hacia
él extranjero para pago de los gastos de guerra, por ejemplo26. Si se efectuaba
otra emisión, tenía lugar entonces una depreciación del di
“ En un informe presentado ante el Congreso a
mediados de enero de 1908, el secretario americano del Tesoro, Cortelyon,
estima la cantidad total del dinero en efectivo que es retenido por el público
desde la suspensión de pagos de lal Kjnickerbo-cker Trust Company hasta el
restablecimiento de la confianza, en unos 296 millones de dólares,
aproximadamente. Esta suma representa, en lo esencial, una décima parte,
aproximadamente, de todo el dinero que se encuentra en circulación en los
Estados Unidos.
M Con arreglo a la vieja ley de que el dinero malo
desplaza de la circulación al bueno. En Macaulay leemos lo siguiente: "El
primer escritor que ha llamado la atención sobre el hecho de que donde se ponen
cr; circulación conjuntamente dinero
EL DINERO
EN EL PROCESO DE
CIRCULACIÓN 47
ñero en papel. Por tanto, en régimen de moneda sin
libre acuñación es válida la teoría cuantitativa, formulada por generalización
dé las expe riencias que se habían hecho a fines del siglo xvin c-on la
desorganiza ción monetaria americana, francesa e inglesa. En tailes casos, se
puede hablar de inflación, de saturación dé la -circulación y (en casos
especia les) de falta de medios de circulación. En -cambio, con acuñación
libre es imposible una inflación, incluso cuando el mínimo de la circulación
sea satisfecho con dinero de papel de curso forzoso. El dinero fiduciario
bueno y malo el malo desplaza 'al bueno es
Aristófanes. Parece haber creído que la
.preferencia que daban sus conciudadanos al dinero
más ligero tiene su causa en el mismo -mal gusto que los llegaba a confiar la
direccicln de ■grandes asuntos a gentes como Cleon e Hiperbolo. Pero aunque su
concepción de la economía no resistiría la crítica, sus versos san, por cierto,
muy acertados:
IloXXáxn; 8* £8o£ev
f] 7cóXt£ 7te7cov0évat
tocüt6v te
tgSv tcoXit&v to Ú £ te xáya0oÓ£,
éq te
ráp^atov vó[xtci(jLa, xal t¿> xatviv xpuaCov.
oíSte Y¿P TOÚTptcrtv oü xexi(íS72Xeu[iévois,
áXXá
xal óp0¿3?
xotceTcti, xal xexcúScoviatiávot^
xe tql<; "EXXijat x al TQLC;
(3ap@ápo(.at.TOXVTa^ou,
XP^eQ* oúS¿v, áXXá TORTOL? T O I<; 7rovyjpo?s
xaXxíoLg, TE xal 7Cpcí»)v XOTCEÍCTI T G xaxíoTGJ X ¿[A(JUXTL*
TOSV 7COXITC5V 0* oÜg (X¿v ÍCT^IEV EÓyevst<; x
al ací><ppova<; ávSpa^ t>vra<; xal Stxaíoix;, xal xaXoús TE
xáyaOoíx;,
xal Tpaq>¿vTa<; év 7TaXaíorpat<; x al
x°P0^ [xovaLxfj, 7Cpov<jeXou(jLev* toi? SE £svois x al IIvp££at<;, x a l
7to\rgpoL<; x ax tcovtjpwv, sí? éacavra ^pá^sO a.
“Muchas veces he notado que en nuestra ciudad
sucede con los buenos y malos ciudadanos lo mismo que con las .pieza's de oro
antiguas y modernas^ Las primeras no falsificadas, y las meijores sin disputa,
por un buen cuño y ezcelente sonido, son corrientes en todas partes entre
griegos y bárbaros, y, sin embargo, no las usamos para nada, prefiriendo esas
detestables pie zas de cobre, recientemente acuñadas, cuya mala; ley es
notoria. Del mismo modo despreciamos y ultrajamos a cuantos ciudadanos sabemos
que son nobles, justos, buenos, honrados, hábiles en la palestra, en las danzas
y en 3a música, y preferimos para todos los cargos a hombres sin vergüenza,
extranjeros, esclavos, bribones de mala ralea, advenedizos, que antes la Re
pública no hubiera admitido ni para victimas expiatorias. Ahora, pues,
insensatos, mudad de costumbres y utilizad de nuevo a leis gentes honradas,
pues de esta suerte, si os va bien, seréis elogiados, y si algún mal os resul
ta, al menos dirán los sabias que habéis caído con honra.”
Las ranas, de A R IS T Ó F A N E S , traducida
directeimente del griego por don F E D E R IC O
E A R Á I-
B A R do,
y ÍZU M Á R R A G A . Biblioteca Clásica, t. X L
II, Librería y Casa Editorial Hernan S. A ., Madrid, 1925.
48 EE
CAPITAL FINANCIERO
convertible, cuando existe en demasía, vuelve en
seguida al lugar de emi sión; lo mismo pasa con el dinero en oro: se acumula
en los sótanos del Banco como tesoro de oro. Como equivalente general es, al
mismo tiempo, forma comúnmente válida y siempre deseada de la acumulación de
valor y de riqueza. Acumular dinero de papel de curso forzoso carece de
sentido, pues sólo se manifiesta como valor dentro de la circulación del país;
el oro, en cambio, es dinero universal y constituye la reserva de todas las emisiones.
Por eso, su acumulación parece siempre racional. El oro es portador
independiente de valor también fuera de la circula ción, mientras que el
dinero de papel sólo mantiene una "cotización" dentro de la
circulación.
El que se emita dinero de papel en demasía aparece
soló en su de preciación frente al metal que pretende representar. Pero en un
momento dado no existe más o menos papel del que requiere la circulación. Su
pongamos que la circulación requiere un millón de
florines, pero el Es tado ha puesto en la circulación dos millones mediante
sus pagos; nomi nalmente los precios han subido el doble y requieren ahora los
dos mi llones de florines de papel. Estos se han devaluado porque se emitieron
en demasía; pero puesto que ya se han emitido, los requiere también la
circulación. Por tanto, no pueden salirse automáticamente de la circu lación;
su suma sólo puede disminuirse, con permanente suma de mer cancías, volviéndolos
a destruir el Estado, con lo que la suma de dinero restante asciende
relativamente en la cotización. Para el .Estado esto sig nificaría,
naturalmente, la misma pérdida a que ascendió la ganancia que obtuvo en su
tiempo mediante la emisión. Aquí lo esencial es que, sin libertad de acuñación
y con un medio de circulación sin valor o depre ciado, toda la suma del dinero
tiene que permanecer en la circulación y no puede salir de ella, porque, tenga
el volumen que quiera, recibe su valor dé las mercancías que se encuentran en
circulación. Con acuña ción libre es diferente; aquí entra el oro en la
circulación con arreglo a las necesidades correspondientes, mientras que el
exceso se .acumula en los Bancos como portador de valor. Aquí están excluidos
cambios de va lor por la circunstancia de que sobre o falte oro (dinero
metálico de va lor integral) en la circulación, como supuso la teoría
cuantitativa.
En la moneda de papel pura cambia, pues, con tiempo
de circulación invariable, la suma de precios representada por el papel en la
misma re lación que la suma de precios de las mercancías y en relación inversa
a la cantidad de unidades de dinero en papel emitidas. La misma ley es válida
también cuando, sin libertad de acuñación, se abastece la circu lación con un
metal inferior. Sólo que en este caso el límite inferior de la devaluación
viene dado por el precio del metal en el mercado uni versal. La moneda ,no
puede bajar por debajo de este valor incluso con mayor emisión. Además, si se
suprimiera la acuñación libre de moneda de oro, esto es, el derecho dé las
personas privadas a hacer acuñar su oro en cualquier momento, puede tener Tugar
también un aumento del
EL DíhíERÓ EN
EL PROCESO DÉ CIRCULACION
valor de las monedas frente al metal no acuñado27.
En todos estos ca sos, Jos medios de circulación no se convierten en signos de
dinero, esto es, de oro, sino en signos de valor. Pero no derivan ese valor a
través de una mercancía sola, como el papel en los sistemas monetarios mixtos,
donde únicamente es representante del oro y recibe el vailor de él, sino que la
masa total de dinero de papel tiene el mismo valor que la suma total de la masa
de mercancías que ¡se encuentran en circulación, con una velocidad de
circulación invariable del dinero. Por tanto, su valor sólo es reflejo del
proceso social de la circulación total. En ella, todas las mercancías
intercambiables en un momento dado actúan como una suma de valor única, como
unidad, a la que se contrapone la masa de dinero en papel como unidad igual
mediante el proceso social del inter cambio.
De lo desarrollado ¡hasta ahora se deducé también
que semejante mo neda de papel pura no corresponde, .a la larga, a las
exigencias del me-
27
Habría que prestar mucha atención a los
intentos de interpretacióin realizados
por los
economistas modernos. A m ediados de los años noventa, cuando la produc
ción de oro creció rápidamente y, al mismo tiempo, sobrevino una fuerte abundancia
de dinero y
un tip o de interés más 'bajo (un descuento inercaintil en
Londres inferior
al 1 por
100), -se discutió en Inglaterra la idea de la suspensión de la libre acuñacióD
de oro.
Además, el problema también es discutido por Tooke. Lo
motivó la controversia
sobre la utilidad y efecto de la introducción, de
un ¿seignorage (derecho de acuñación), tal como lo recomendaba Ricardo, en un
montante de un 5 por 100* “Una moneda desvalorizada (debased coinage) o una que
esté sometida a derecho de acuñación (Schlagschatz), si no se limita la
cantidad del dinero total que se encuentra en circu lación, no tendrá
naturalmente el mismo valor de cambio (not be of the same valué in exchange)
que si la moneda fuera de valor pleno o se llevara a cabo estrictamente
un principio de limitación de la acuñación".
Para fines de ilustración, Tooke pone el caso siguiente: “Supongamos que la
circulación del país consistiera únicamente
de oro y ascendiera a 20 millones de soberanos del
mismo peso y pureza que actual mente; si se redujera momentáneamente el valor
de cada pieza de oro en 1/20, o sea, en un 5 por 100, y el número de piezas
permaneciera limitado exactamente en la misma cantidad de 20 millones, entonces
no sobrevendría naturalmente ningún cambio en los precios bajo las mismas
circunstancias, relación invariable de las mercancías y demás con el número de
monedas. Y si el oro en barras valía antes a 3 libras esterlinas 17 chelines 10
Y* peniques la onza en el mercado, continuará siendo igual bajo las mismas
circunstancias; o con otras palabras: 46 libras e'sterlinas 14 chelines 6 peni
ques en oro acuñado, que pesan 19/20 de libra, se cambiarían en el mercado por
una libra entera de oro no acuñado, y de la misma pureza. Pero si la cantidad
de oro que se le quita a cada moneda se acuñara en una cantidad suplementaria
<c£e piezas de oro y se lanzaran a la circulación, eihora los 21 millones no
tendrían mayor poder de cambio que antes los 20 millones (The twenty-one
millions would then exchange foc no more than the formen twenty millions).
Todas las mercancías aumentarían de ipre^
ció en un 5 por 100 y entre ellas también el oro en
barréis, que costaría entonces 4 libras 1 chelín 9 peniques y un cuarto; o en
otras palabras: 46 libras esterlinas
14 chelines 6 peniques en monedas se cambiarían por
19/20 de una libra de oro no acuñado.
"Este es el punto esencial de todo
razonamiento sobre medios de circulación, y su empleo en relación con el poder
del Estado para aumentar mediante el monopolio de emisión el valor nominal de
las monedas sobre su valor intrínseco (intrinstic valué.) en moneda
exclusivamente metálica está suficientemente claro” (Vid. History of Pti* cest
vol. I, págs. 120 y sigs.)*
60 EL CAPITAL FINANCIERO
dio de circulación. Puesto que su valor está
determinado por la suma de valores de las mercancías en circulación, y éstas
están sometidas a continuas 'oscilaciones, el valor del dinero oscilaría
también continua mente. El dinero no sería ya la medida del valor de las
mercancías, sino que, por el contrario, su valor se mediría por las respectivas
necesidades de la circulación, esto es, con invariable velocidad de
circulación, por el valor de las mercancías. Por consiguiente, dinero en papel
puro es im posible, a la larga, porque la circulación estaría expuesta así a
'continuas perturbaciones.
En abstracto, se podría construir un sistema
monetario-basado ex clusivamente en papel moneda de la siguiente manera:
Imaginemos un Estado comercial cerrado que emitiera dinero en papel del Estado
en una cantidad suficiente a las necesidades medias de la circulación. Esta
suma de papel moneda no es susceptible de incremento. Las necesidades de la
circulación se abastecen, además de con este papel moneda, con billetes de
Banco y demás, igual que sucede con la moneda metálica. Según la analogía de la
mayoría dé las legislaciones actuales sobre billetes de Ban co, el dinero en
papel serviría de respaldo de estos billetes de Banco, que en lo demás estarían
cubiertos bancariamente. La imposibilidad de aumentar el papel moneda lo
aseguraría contra la depreciación. Con arre glo a las relaciones de la
acumulación, el dinero en papel sería acumu lado por personas privadas o
desembocaría en los Bancos de .una forma análoga a la del oro actualmente, si
disminuyera el volumen de la circu lación, y volvería a ésta si su volumén
aumentase. En la circulación per manecería siempre el correspondiente mínimo
de circulación empleado, mientras que las oscilaciones de la circulación se
satisfarían con un más o un menos de billetes dé Banco. Por consiguiente,
semejante papel mo neda estatal tendría estabilidad de valor. Sólo si se
desplomara el cré dito sobrevendría una crisis de dinero, la masa del dinero
en papel exis-ténte no podría bastar eventualmente y podría recibir un agio,
como, por ejemplo, el oro y los greenbacks durante la última crisis monetaria
de los Estados Unidos. Pera, en realidad, semejante papel moneda no es posible.
Este dinero en papel sería válido únicamente dentro de un Es tado; para saldar
los pagos internacionales es necesario el metal, dinero con valor intrínseco, y
tan pronto como sea éste el oaso, el valor del dinero circulante en él interior
tiene que mantenerse también a la misma altura que el medio de pago
internacional para evitar perturbaciones del tráfico comercial; una exigencia
que se cumple, por ejemplo, por el sis-téma y la política de la moneda
austríaca, sin que necesite entrar metal en la circulación interior. Es como un
presentimiento de estas experien cias recientes en la esfera de las finanzas
cuando Marx dice: “Toda la historia de la industria moderna indica que él metal
únicamente se recla maría de hecho para saldo del comercio internacional tan
pronto como se hubiera alteraído su equilibrio momentáneamente, caso de que la
pro ducción interior estuviesé organizada. El que el interior ya no necesita
ningún dinero en metal lo demuestra la suspensión de los pagos en efec
EL DINERO EN EL
PROCESO DE CIRCULACIÓN 61
tivo de los llamados Bancos Nacionales, a los que
se recurre, como único remedio, en todos los oasos extremos0 •2S.
Pero entonces esta moneda fracasa prácticamente
ante la circunstan cia de que no seria posible ninguna garantía que asegurase
la impo sibilidad de aumentar semejante papel moneda. Como medio de conser
vación de riqueza, el dinero con valor intrínseco, oro, es siempre nece sario
en su forma continuamente convertible29.
Por eso, -el dinero, e incluso la. mercancía-dinero
valiosa, por ejemplo el oro, jamás puede ser sustituido completamente por
simples signos en la circulación, si es que ésta debe discurrir tranquilamente.
De hecho también circula isiempre dinero de valor pleno en el sistema puro de
pa pel moneda, por ejemplo, para pagos en el exterior. Sólo puede ser sus
tituido por papel el mínimo bajo el que no desciende -la circulación, como la
experiencia enseña. Pero esto es, al mismo tiempo, una prueba de que el dinero,
igual que la mercancía, no tiene ningún valor imaginario, sino que tiene que
ser de una medida objetiva. La imposibilidad de un papel moneda exclusivo es
una estricta prueba experimental de la teoría ob-
E l capital,
t. III, 2, pág. 55. Por lo demás, en sílgunas manifestaciones de Marx sobre
problemas del dinero, se tiene la sensación de que, «en su conciencia, ciertas
con secuencias que resultan de su teoría del dinero llevan a cabo una lucha
contra las intuiciones que se han obtenido del material empírico de su tiempo y
que na se pue den vencer por completo de forma lógica1. Las experiencias más
recientes confirman también las últimas consecuencias que se deducen de la
teoría marxista del valor y del dinero.
Cuando Marx acentúa que sólo puede haber en la
circulación tanto papel como la cantidad de oro que ella misma exige, es
importante para la comprensión de los fenómenos monetarios modernos recordar
que, incluso esta cantidad de oro, puesto que su valor está dado, está
determinada, respectivamente, por el valor social de circula ción; si
desciende éste, sale oro de la circulación; si es al contrario, viceversa. Pero
con ipapel moneda o moneda sin libertad de acuñación general no puede tener
lugar una salida y una entrada en la circulación, puesto que el signo de papel
circulante sería de menor valor. Por consiguiente, aquí hay que volver sobre el
valor de circu lación como lo determinante y no puede uno contentarse con
considerar los signos de dinero como simples signos de oro, como Marx en la
Crítica de la economía política•
Lo más exacto de Marx me parece su formulación de
las leyes del papel moneda (o controlada), cuando dice: “Los marcos sin valor
son signos de valor en tanto repre senten al oro dentro del proceso de la
circulación, y lo representan únicamente en tanto el mismo oro entrara en forma
de monedas en el proceso de la circulación, una cantidad determinada por su
valor propio cuando son dados los valores de cambio de las mer cancías y la
velocidad de sus metamorfosis (Zur Kritik der politischen Qkonomie, pá gina
113). Sólo que el rodeo que da Marx parece superfluo al determinar, en primer
lugar, el valor de la masa de moneda y, a través de éste, el del dinero en
papel. El carácter puramente social de esta determinación se manifiesta mucho
más claro cuando se deduce directamente el valor del dinero en papel del valor
social de circulación. El que_históricamente las monedas de dinero en papel
nazcan de las monedas en me tal no es razón para considerarlas también así
teóricamente. El valor del dinero en papel tiene que poder ser deducido sin
recurrir al dinero en metal.
Por eso
Helfferich no tiene razón cuando dice: "Teóricamente existiría la po
sibilidad de adecuar un papel moneda a las oscilaciones de las necesidades de
dinero de la economía y evitar con ello aJgunas perturbaciones que pueden
deducirse, en mo nedas de metal, de los desplazamientos del equilibrio entre
la necesidad y la! disponibi lidad de dinero" (Das Geld, pág. 470).
52 EL CAPITAL FINANCIERO
Jetiva del valor, así como, a base de esta teoría
del valor, pueden expli carse 'únicamente los fenómenos particulares que
presentan el papel mo neda y, en general, la moneda sin libre acuñación.
En cambio, es racional sustituir, en el volumen que
permita el mí nimo de circulación, el dinero de valor pleno, esto es, el oro,
por signos relativamente sin valor. Pues en el proceso M-D-M di dinero es
super-fluo para el contenido del proceso, para el cambio social de materia, y
sólo crea gastos que pueden ahorrarse80. Encontrándose sólo en este volumen
dentro de la circulación, el dinero en papel no es representante del valor de
las mercancías, sino del valor del oro; no son signos de mer cancías, sino de
oro. Dentro de estos límites son válidas también las 'ar gumentaciones de
Marx: "En el proceso M-D-M, mientras se repre sente sólo como unidad
integrante del proceso o como inmediata con versión de una en otra de ambas
metamorfosis — y así se representa en la esfera de la circulación, donde
funciona como signo de valor— , el va lor de cambio de las mercancías recibe
existencia simbólica, sólo ideal en el precio, y sólo representada en el
dinero. El valor de cambio aparece así únicamente como imaginado o representado
objetivamente, pero no posee ninguna realidad, salvo en las mismas mercancías,
en tanto esté re presentado en ellas un quantum determinado de tiempo de
trabajo. Por eso parece como si el signo de valor representara directamente el
valor de las mercancías al presentarse no como signo de oro, sino como signo
del valor de cambio expresado en el precio, pero existente únicamente en la
mercancía. Pero esta apariencia es falsa. El signo de valor sólo es di
rectamente signo de precio, esto es, signo de oto, y, sólo dando un rodeo,
signo del valor de la mercancía. El oro no ha vendido su sombra como Peter
Schlemihl, sino que compra con su sombra. Por eso, el signo del valor actúa
únicamente mientras dentro del proceso represente oro al precio de una
mercancía frente a otra o frente a todo propietario de mercancías. Una cosa
determinada, relativamente sin valor, un trozo de cuero, una tira de papel,
etc., se convierte, por de pronto, según lá cos tumbre, en signo del material
dinero, pero se afirma como tal únicamente garantizándose su existencia como
símbolo mediante la voluntad general de los propietarios de mercancías, esto
es, recibiendo legalmente existen cia convencional y, de ahí, cotización
obligatoria. Dinero en papel del Estado con cotización obligatoria es la forma
perfecta del signo del va lor y la única forma de dinero en papel que brota
directamente de la circulación metálica o de la circulación simple de
mercancías” 31.
Por tanto,
ej papel moneda no es ningún dinero "defectuosa" o "malo, infe
rior”; hallándose en circulación en la debida proporción no contradice, en
ningún modo, las leyes económicas. Sólo hay confusión 'sobre éstas, lo que
induce a la ma yoría de los “metalistas” a considerar los abusos, tanto los
queridos como los resul tantes del desconocimiento de la teoría, como
pertenecientes a la esencia de toda mo neda en papel y caer en un miedo
supersticioso por completo no sólo ante todo bi
llete estatal inconvertible, sino ante el pequeño
billete de Behco convertible, másin
ofensivo. Goliaths (aunque no como teóricos) temen a David,
y cuanto máspequeño
el billete de Banco, mayor el miedo. \
31 M
a r x , Z u r Kritik der politischen Ókonomie, 'págs. 109-110.
EL DINERO EN EL PROCESO DE CIRCULACIÓN 53
Nuestra hipótesis de un papel moneda puro, que
existiera sin cober tura de oro, ha vuelto a demostrar, pues, la imposibilidad
de que las mercancías sirvan mutua y directamente par.a expresión de su propio
va lor de cambio; más bien aparece también aquí la necesidad del progreso
hacia un equivalente general que sólo tiene que ser mercancía y, por eso,
valor.
Está claro que ya en las monedas se requiere un
proceder común de los productores para la garantía de su exactitud, y tanto más
en el di nero de papel. El órgano natural para ello es el Estado, única
organi zación consciente que conoce 'la sociedad, capitalista y que tiene, .al
..mis-i mo tiempo, poder coactivo. El carácter social del oro aparece aquí
direc tamente como tai en la regulación social por el Estado. Simultáneamente
se da con ella el límite de la capacidad de
circulación de monedas y pa pel en las fronteras estatales. Como dinero
universal funcionan el oro y la plata, según su peso.
CAPITULO III
El dinero como
medio de pago. El dinero
crediticio
Hasta ahora hemos considerado el dinero como medio
de cambio, demostrando la necesidad dé su valor objetivo e indicando los
límites de esta necesidad: la posibilidad de sustituirlo por signos monetarios.
En el proceso de circulación M-D-M la misma magnitud de valor existía por
duplicado, una vez como mercancía y otra como dinero. Pero la mer cancía puede
ser también vendida y pagada en un segundo momento. La transformación de la
mercancía se ha consumado antes que su va lor se haya sustituido por dinero. E
l vendedor se convierte en acreedor y el comprador en deudor. El dinero recibe
una nueva función mediante la separación de venta y pago, se convierte en media
de pago. Ha cesado el fenómeno simultáneo de los equivalentes mercancía y
dinero en am bos polos del proceso de venta. El medio de pago entra en la
circula ción, pero después que la mercancía ha salido de ella. El dinero ya no
media en el proceso, sino que lo ¡concluye independientemente. Si el com
prador deudor no tiene ningún dinero, tiene que vender mercancías para poder
pagar. Si no paga, tiene lugar la venta forzosa de sus bienes. La forma de
valor de la mercancía, el dinero, deviene ahora, por consiguiente, fin propio
de la venta mediante una necesidad social que nace de las re laciones del
mismo proceso de circulación. Mientras el dinero en calidad de medio de cambio
sustenta la relación social entre vendedor y conP prador, e incluso ésta nace
únicamente a través de la mediación del di nero, como medio de pago el dinero
expresa una relación social que se lia lormado ya antes de que éste entre en
junción. La mercancía sp ha entregado y quizá consumido mucho antes de que su
valor se haya sus tituido por dinero. El plazo de pago es enteramente distinto
del mo mento en que nació la obligación de pago. El dinero que se da como pago
no es únicamente forma económica mediadora y por eso fugaz, y también
directamente sustituible en el proceso del intercambio de mer
EL DINERO
COMO MEDIO DE PAGO. EL DINERO
CREDITICIO 65
cancías. Más bien el pago realiza el proceso
también substancialmente. Pues si en M-D-M se acredita D ,' el primer
propietario de mercancías que ha vendido la mercancía puede también consumar la
segunda parte de su metamorfosis D-M sólo cuando se haya pagado D. El simple
pro ceso anterior se ha descompuesto ahora en dos partes integrantes que se
disgregan temporalmente.
También es posible otro caso: el propietario de
mercancías realiza la venta D-M, por su lado, quedando también deudor de D en
espera de posterior recepción dé D por la venta de sus mercancías. Su pago de
pende entonces del pago del ¡comprador de sus mercancías. Si no se efec túa ed
pago, hace bancarrota y obliga también a sus'acreedores a hacer lo mismo. Por
eso, como medio de pago el dinero tiene que refluir si no se quiere que pierda
después sfl "validez todo el proceso de intercambio ya realizado. Si el
dinero no se paga, la mereancía permanece entregada, la relación social creada
por la entrega no se puede hacer retroceder, mas para el propietario individual
de mercancías se anula después. No vuelve a recibir el valor que ha entregado y
no puede, por su parte, conseguir otros valores ni pagar los obtenidos.
La función del dinero como medio de pago supone,
por consiguiente”; el acuerdo mutuo entre el comprador y el vendedor para
aplazar el pago. La relación económica nace, púas, de un acto privado. Junto a
la com pra y venta nace la segunda relación de acreedor y deudor: una obliga
ción entre dos personas particulares.
Por otro lado, el dinero como medio de pago
representa sólo ventas y compras realizadas. El dinero, por de pronto, sólo ha
funcionado ideal mente como medida de valor. El pago se hará después. Si se
han efec tuado compraventas anteriormente entre las mismas personas, se pue
den compensar mutuamente y sólo hay que pagar en dinero el saldo. Por lo que el
dinero también es aquí únicamente representante de valores y puede ser
sustituido. Pero, como medio de circulación, el dinero facili taba únicamente el
intercambio de mercancías, el valor de una se sus tituía por él valor de otra.
Con ello estaba concluido por entero eJ pro ceso. Este proceso era social, era
el acto por el que se consuma el cam bio social de materia, por eso
incondicionalmente necesario dentro de un volumen determinado. Como el dinero
de oro únicamente era aquí inter mediario, podía ser sustituido por signos que
tenían la sanción de la so ciedad (del Estado). Cuando el dinero actúa como
medio de pago se ha anulado la sustitución inmediata de un valor por otro. El
vendedor ha entregado la mercancía sin procurarse el equivalente social válido,
di nero, ni tampoco otra mercancía del mismo valor que hubiera hecho superfluo
el dinero en este acto de intercambio. Sólo tiene una promesa de pago por parte
del comprador, detrás de la cual no está la garantía social1', sino únicamente
la garantía privada del comprador. El que en-
1 Queremos decir la garantía económica material: la
formal, la jurídica de que tienen que cumplirse los contratos, naturalmente, se
da siempre por supuesta.
50 EL
CAPITAL- FINANCIERO
tregüe mercancías a cambio de una promesa es asunta
particular suyo. La validez de la promesa se demuestra el día de pago, cuando
es real mente convertible en dinero. Por consiguiente, el vendedor, ha
entregado mercancías contra una obligación de pago, una “letra de cambio”. Esta
misma letra puede ser considerada como algo seguro por otros que ven derán,
por su parte, mercancías a nuestro propietario de la letra de cam bio. La
letra de cambio funciona aquí dentro de este círculo de perso nas — que están
unidas en este círculo por su característica común de tomar en serio la promesa
de pago, es decir: por una opinión suya par ticular, aunque generalmente
fundamentada— como medio de circulación
de pago; en
una palabra, como dinero— dinevo de crédito— . Todos esitos actos de cambio se
han consumado definitivamente para este Círculo cuando el dinero de crédito se
haya transformado en dinero.
Por tanto, en contraposición al papel moneda de
curso forzoso que brota como producto social de la circulación, el dinero de
crédito está garantizado particularmente y no socialmente, y por eso tiene que
ser siempre transformable, convertible en dinero. Si esta convertibilidad es
dudosa, el sustituto del medio de pago pierde todo valor. De ahí que, como
medio de pago, el dinero sólo pueda ser sustituido por órdenes de pago. Estas
tienen que pagarse en tanto no se compensen mediante en-' trelazamiento mutuo.
Esto constituye la diferencia entre Ja circulación
,de letras de cambio • y la de papel moneda con curso forzoso. Esta última se
basa en el mí nimo social de la circulación de mercancías. La circulación de
letras
’ toma el espacio más allá de ese mínimo; se basa
en la correspondiente venta de una mercancía realmente consumada, y en verdad
consumada a un determinado precio en dinero; y es un título privado de deuda
que, o se compensa con. otro, o se paga en dinero y con' ello se -convierte en
el equivalente reconocido socialmente válido. Ha nacido de la función del
dinero como medio de pago, sutstituye al dinero, y en verdad mediante crédito,
a través de la relación privada entre dos contrayentes, detrás de los cuales
está la confianza en su capacidad de pago, en su capaci dad social. En el
papel moneda la consumación del proceso privado de cambio no es el supuesto;
más bien se efectúa! el cambio a través del papel moneda que actúa aquí como
medio puro de circulación y ultima con ello el cambio, lo hace isocialmente
válido; como en ;la circulación de letras— en tanto no se compense la letra de
cambio— , el cambio no ne cesita ser socialmente válido mediajate el pago en
efectivo.
El papel moneda, por el contrario, no se basa en
una relación de cré
dito, y es enteramente falso calificarlo de deuda
del Estado o de di nero de crédito.
Sobre este
hecho, que la letra de cambio obliga únicamente a las per sonas particulares y
el papel moneda a la sociedad, se basa la diferente posibilidad de devaluación
del papel moneda y de la letra. La suma de papel moneda es siempre una unidad
en la que cada fracción individual es solidaria y simultáneamente
responsable'de la otra; sólo puede deva-
EL DINERO COMO MEDIO DE PAGO.
EL DINERO CREDITICIO 57
luarse o revaluarse en el total y esta depreciación
afecta de la misma manera a todos los miembros de la sociedad. Por eso, la
garantía, social es uniforme paca toda la suma y también para cada una de sus
partes integrantes. La sociedad, a través de su órgano consciente, el Estado,
procura el sustituto del dinero como medio de circulación. El dinero de crédito
es creación de las personas privadas. Se basa en sus actos priva dos de cambio
y sólo tiene validez, sólo funciona como dinero, porque y mientras es
convertible en dinero en todo momento. Por eso, toda letra individual puede
devaluarse por sí (pero no puede revalorar ninguna le tra) cuando estas
transacciones privadas no pueden consumarse .con-ca rácter socialmente válido,
esto es, cuando en el plazo del vencimiento no se efectúa ningún pago en
efectivo. Puede llegar a no tener ningún va lor en absoluto; pero siempre se
queda sin valor únicamente la letra del particular; la devaluación afecta
siempre a otro individuo únicamente, cuyas obligaciones restantes no se cambian
por ello.
El papel moneda inconvertible tiene que permanecer
limitado al mí nimo de los procesos de circulación. La cantidad de dinero de
crédito de pende solamente de la suma de precios de las mercancías, para las
que el dinero debe funcionar como medio de pago. Su cantidad depende, con
precios dados, únicamente de la expansión de la relación de crédito, que es
extraordinariamente variable. Pero como siempre tiene que ser con vertible,
jamás puede devaluarse en su relación con las mercancías ni por su causa. El dinero
de crédito convertible jamás puede deducir su depreciación de su cantidad (como
el papel moneda inconvertible), sino únicamente del fallo de la
convertibilidad. A la menor duda sobre su con vertibilidad se hace
inmediatamente la prueba de la garantía básica. Los propietarios de mercancías,
que en medio de todos los dulces y finos “pápelitos" se habían olvidado
del oro por completo, se precipitan todos sobre el oro (O n revient toujouvs á
ses premiers amours).
En un lapso de tiempo determinado hay en
circulación siempre una cantidad determinada de obligaciones; éstas representan
la suma de pre cios de las mercancías, cuya venta ocasionan. La cantidad de
dinero ne cesario para el pago de esta suma de precios depende, por lo pronto,
de la velocidad de circulación de los medios de pago. Esta está condicionada
por dos circunstancias: lá concatenación de la relación entre acreedor y
deudor, de tal forma que A, que recibe el dinero de su deudor B, lo paga a su
acreedor C, etc., y el período de tiempo entre los diversos plazo? de pago.
Cuanto más cercanos estén los plazos de pago unos
de otros, con mayor frecuencia puede emplearse consecutivamente la misma pieza
de oro para los pagos.
Si en el proceso D-M-D las ventas tienen lugar
simultáneamente y una junto a otra, esto limita la velocidad de los medios de
circulación, es decir, el sustituto de la masa mediante la velocidad de
circulación. Si, por el .contrario, los pagos se efectúan al mismo tiempo y en
el mismo lu gar, pueden compensarse unos con otros y ahorrarse el dinero como
58 EL CAPITAL FINANCIERO
medio de pago. Con la concentración de los pagos en
el mismo lugar se desarrollan naturalmente algunas instituciones y métodos para
su com pensación. Así, por ejemplo, los Virements en la Lyon medieval. Los
cré ditos sólo-necesitan ser confrontados para anularse recíprocamente basta
cierto importe como cantidades positivas y negativas. Con lo que sólo queda por
saldar un balance de deuda. Cuanto más voluminosa sea la concentración de pagos
menor áerá relativamente el balance, esto es, la masa de los medios de pagtf
que se encuentran en circulación.
Hallamos la masa del dinero que se encontraba en
circulación, esto ,es, en el proceso M-D-M (donde el oro puede sustituirse por
signos de oro en la cantidad del mínimo de circulación) igual a la suma de
precios de las mercancías, dividida por la cantidad en circulación de piezas de
oro idénticas. Igualmente, la masa de los medios de pago igual a la suma de
obligaciones (que a su vez son igual a la suma de precios de las mer cancías
por cuya venta han nacido los pagarés) está dividida por la can tidad en circulación
de los medios de pago del mismo nombre, disminui da en la suma de pagos
compensadores. Si en un momento dado se supo ne dada la velocidad de
circulación y sé hace igual a uno, la masa del dinero total en función es igual
a la suma de los precios de mercancías en circulación, más la suma de los pagas
vencidos, menos la de los pagos que se compensan, menos, finalmente, aquellas
piezas >de dinero que fun cionaron primeramente como medios de pago y luego
como medio de
' circulación. Si la suma de mercancías que se
vende asciende en cada lado a 1.000 millones de marcos, los pagos vencidos a
otro tanto, pero, en primer lugar, sirven 200 millones para pago y luego para
circulación, se compensan, además, 500 millones de pagos recíprocamente,
entonces se necesitan, en total, 1.300 millones de marcos que representan el
dinero necesario en este momento. Esto es el importe que llamo valor de circu
lación social mente necesario.
La mayor parte de todas las ventas suceden a través
de este dinero de crédito privado, mediante estos pagarés y órdenes de pago que
se compensan mutuamente s. La causa de la superioridad del medio de pago frente
al medio de circulación es que, con la evolución de la producción capitalista,
también se hacen más complicadas las relaciones de la circulad ción, se
díisocian Jos momentos de compra y venta y tiende a debilitarse, ~en general,
.aquella unión que consiste en que sólo se compre cuando se _haya ya vendido.
Por consiguiente, el dinero de crédito nace a base
de ventas y com pras de los capitalistas entre sí; nace dentro y a base de la
circulación. Su eficacia consiste en independizar la circulación de los límites
del oro existente. Mientras el dinero de crédito sea eficaz, el oro no actúa
más como medio de circulación, por eso no necesita ponerse materialmente
3 En el movimiento de giros del Deutschen
Reichsbank una libra de dinero en metálico llevó a cabo en 1894 un movimiento
de ventas anual de 4,35 marcos, y en 1900 de 8,30 marcos.
EL DINERO
COMO MEDIO DE PAGO. EL DINERO
CREDITICIO 69
frente a 3a mercancía, sino que sirve únicamente
para la compensación del saldo final. Este mismo es gigantesco frente a la
cantidad de oro, y para su compensación sirven instituciones propias. Pero,
como hemos visto, la circulación es, de idéntico modo, tanto condición -como
resultado de la producción capitalista. Esta puede empezarse únicamente cuando
el capitalista se haya colocado mejor en la posesión de los elementos de pro
ducción mediante un acto de la circulación. En la medida en que esta cir
culación sea independiente de la existencia dél
dinero real, también se hará independiente, en la misma medida, la producción
de la cantidad de oro. En fin, como este oro cuesta trabajo y representa una
partida, consi derable de los faux fm is, el sustituto del dinero constituye
directamente un ahorro de costes inútiles del proceso de circulación.
Con arreglo a su origen, la cantidad de dinero de
crédito está limitada por el volumen de la producción y de la circulación.
Sirve para la venta de mercancías y está cubierto, en última instancia, por el
valor de la mer cancía, cuya venta ha facilitado. Pero a diferencia del papel
moneda, aquí no se ha dado ningún mínimo que no pueda incrementarse. Por el
contrario, con la cantidad de mercancías y su precio, el dinero de cré dito
aumenta. Pero el dinero de crédito sólo es una promesa de pago; si la venta de
la mercancía se hubiera efectuado contra oro real, esto es, si se hubiera
cambiado valor por valor, el proceso estaría definitivamente concluido, y
excluida cualquier otra perturbación. Pero sólo se ha con cluido contra una
promesa de .pago. EJ que se pueda cumplir esta pro mesa depende de que el
deudor pueda volver a vender la mercancía que ha comprado u otra del mismo
valor en su lugar. Si el acto de cambio no ha correspondido a las condiciones
sociales o si éstas se han modificado entretanto, él no puede cumplir su
promesa de pago y ésta carece de valor; en su lugar, tiene que entrar dinero
real.
De ello se deduce que la cantidad de dinero de
crédito se contrae fuertemente con la contracción de los precios de las
mercancías durante la crisis. Pero la contracción significa depreciación del
dinero de crédito, que representa a los precios superiores. A la contracción de
precios si gue la paralización de ventas, las mercancías se hacen invendibles,
mien tras que la letra de cambio se desmorona. El cobro de la letra de cambio
se ha hecho dudoso. La contracción de precios y la paralización de ventas disminuyen
así el valor del dinero dé crédito librado contra las mercan cías. Esta
devaluación constituye el momento esencial de la crisis de cré dito que
acompaña a toda crisis comercial.
“La función del dinero como medio de pago encierra
una contradic ción crasa. En tanto se compensen los pagos funciona sólo
idealmente como dinero de cálculo o medida de los valores. En tanto se ejecuten
pagos reales no se presenta como medio de circulación, como forma me diadora y
fugaz del cambio de materia únicamente, sino como la encar nación individual
del trabajo social, de 'la existencia independiente del valor de cambio, como
mercancía absoluta. Esta contradicción estalla en el momento de las crisis de
producción y comerciales que se llama crisis
60 EL
CAPITAL- FINANCIERO
monetaria. Sucede únicamente donde la cadena del
proceso de los .pagos y un sistema artificial de su compensación se han
desarrollado por com pleto. Con perturbaciones más generales de este
mecanismo, procedan de donde procedan, el dinero se convierte brusca y
rápidamente de la figura ideal de dinero de cálculo en dinero metálico (duro)”
8.
Pero precisamente cuando la depreciación del dinero
de crédito es mayor, el dinero en papel moneda con curso forzoso vive su mayor
triun fo. Es medio legal de pago'como el dinero en oro. El fallo del dinero de
crédito crea un vacío en la circulación, y el horror vacui exige imperio
samente que ise llene. En tales tiempos es racional ampliar la circulación del
dinero en papel moneda (o de los billetes del Banco Central, cuyo crédito es
inquebrantable, y que, como veremos, representan, efectiva mente, mediante la
regulación legal, un grado intermedio entre el papel moneda y el dinero de
crédito). Si no sucede esto, el dinero (en metal o en papel moneda) es objeto
de agio,' como, por ejemplo, el oro y los Greenbacks en la crisis americana más
reciente.
El dinero de crédito requiere para su función
instituciones propias en las que las demandas de pago se comparan mutuamente y
se cont pensan; con el desarrollo de estas instituciones aumenta él ahorro de
dinero efectivo. Esta tarea, con una Banca desarrollada, se convierte en una
función importante de los Bancos *.
En el transcurso del desarrollo capitalista crece
rápidamente la suma total de las mercancías én circulación y con ello del.
valor'de circulación socialmente necesario. A l mismo tiempo crece el espacio
que puede cubrir el papel moneda de curso forzoso. También crece con la
magnitud del volumen de la producción, con la conversión de todas las
obligaciones en obligación monetaria y, especialmente, con el crecimiento del
capital fic ticio el volumen en que se realizan las transacciones mediante,
dinero de crédito. Ambas cosas provocan una disminución considerable del dinero
en metal en relación a los pagos y procesos de circulación á consumar.
° M ARX, E l
capital, t. I, 4 .“ ed ., p á g .
101.
Para la
liquidación de la circulación
social en Alemajnia es necesario nueve o
quince veces más dinero efectivo que en Inglaterra.
E l movimiento de cheques aho rra cerca de 140 millones de libras esterlinas
en billetes y para cubrirlas habría que cuadruplicar las existencias de dinero
de 35 millones de libras esterlinas, aproxima damente, caso de que
permaneciesen con validez las prescripciones legales actuales (V. Jafpé, Das
englische Bankwesen, Leipzig, 1905).
CAPITUL® IV
El dinero en la circulación del capital
industrial______
Examinemos ahora el papel que desempeña el dinero
en la circula ción del capital industrial. El camino que hemos de recorrer no
conduce a la fábrica capitalista con sus milagros de la técnica, sino que
nuestra consideración tiene que volverse hacia la monotonía del proceso de mer
cado siempre idéntico, donde el dinero se cambia en mercancía y la mercancía en
dinero de un modo siempre semejante en la forma. Sólo la esperanza de que de
esta manera sea posible dar con el secreto de cómo de los mismos procesos de
circulación nace aquel poder, que, como cré dito capitalista, obtiene,
finalmente, el dominio sobre los procesos socia les, puede alentar al lector a
pasar con alguna paciencia las estaciones dolorosas del capítulo siguiente.
El dinero seria superfluo en la circulación si el
importe de la suma de precios fuese siempre constante, esto es, si la masa y el
precio de las mercancías fuera invariable y si cada mercancía se intercambiase
con otra por su valor. Condición ésta que es irrealizable dentro de una forma
de producción desorganizada, anárquica. Por otra parte, la regulación cons
ciente de la producción social haría imposible el fenómeno del valor como
valor de cambio, esto es, la relación social de dos
cosas y, con ello, el dinero. Los títulos sobre productos sociales librados
por. la socie
dad san tan poco dinero como lo es la entrada de
teatro, que es un título para un asiento. Más bien, sólo el carácter1de la
producción de mercan cías hace necesario el dinero como medida de valor y, con
ello, como medio de circulación1.
1 En una carta dirigida a Rudolf Meyer dice
Rodbertus: "El dinero en metal no es sólo medida de valor y medio de pago—
en tainto corresponda únicamente a la idea del dinero que no implique que este
recibo — título de valor de mercancías, deba materializarse en una materia tan
cara como es el metal precioso— , sino que tam bién lioy sirve como regulador
de la' .producción, y este servicio lo desempeña úni
62 EL
CAPITAL FINANCIERO
Si el dinero funciona como medio de pago, la
compensación completa de todos los pagos en un momento determinado aparece por
pura casua lidad; compensación que jamás tendrá lugar en realidad. El dinero
con cluye aquí, naturalmente, el proceso del cambio de situación de las mer
cancías. J3s arbitrario cuando se ha transformado en mercancía el dinero
recibido como pago, esto es, cuando se ha sustituido definitivamente el valor
de la primera mercancía por otra. Se ha roto aquí Ja interconexión existente en
el proceso D-Mf-D. El dinero tiene que entrar aquí, necesa riamente, para
satisfacer al vendedor de la mercancía q-ue, por su paite, no tien^ que ser
comprador de otra mercancía.
Esta ruptura del proceso de circulación, que nos
parece todavía casual y arbitraria en el ámbito de la circulación, simple .de
mercancías, se hace necesaria, en cambio, en el campo de la circulación
capitalista de mer cancías. Esto es lo que nos indica una consideración de la
circulación del capital.
El valor se convierte en capital al convertirse el
valor acumulado en plusvalía. Esto ocurre en el proceso capitalista de
producción, cuyo su puesto es el monopolio por parte de los capitalistas de
los medios de pro ducción y la existencia de una clase trabajadora libre. Los
obreros á sueldo venden al capitalista su fuerza de trabajo, cuyo valor es
igual al valor de los alimentos necesarios para el mantenimiento y reproducción
de la clase obrera. Su trabajo crea nuevo valor, del que una parte sustitu ye al
capitalista lá parte de capital que ha adelantado para la adquisición de la
fuerza de trabajo — Marx lo llama la parte variable del capital— , mientras que
la otra paste pasa al capitalista como plusvalía. Como en el proceso de trabajo
el valor de los medios de producción — <el capital cons tante— se
transfirió al producto, se ha incrementado el valor que adelan tó el
capitalista para la producción, se ha convertido esn valor acumulado, se ha
acreditado como capital.
Todo capital industrial realiza un proceso de
circulación del que, a este respecto, sólo nos interesan los cambios de forma.
Pues el contenido del proceso es el nacimiento de la plusvalía, esto es la
valorización del capital, y ésta se consuma en el proceso de producción, que
tiene doble función en la sociedad capitalista: como en toda forma social, es
un pro ceso de trabajo que suministra valores de uso, pero, al mismo tiempo,
es
camente por su contenido de materia preciosa. Si se
quiere introducir el titulo-mercan cía es necesaria también poder imponer a
cada empresario cuánto debe producir. La idea del título^mercancía penetra en
el punto más interesante de toda la economía nacional, pero como medio
constante de circulación (y no sólo como título transitorio de crédito), sólo
es posible cuando el valor de las mercancías está constituido con arreglo al
trabajo y los títulos-mercancías indican el valor de las mercancías medido según
el trabajo. N o pongo en duda la posibilidad de semejante dinero; pero si este
dinero debe ser el único medio de circulación, esto supone la anulatción de la
propie
dad de tierra y capital" (Briefe und
soziálpolitische Aufsaize von Dr. Rodberíus' Jagéjszoiw, editadas por el D R .
R U D O L F M E Y E R , Berlín, 1881, t. II, pág. 441 .) Tanto éste como otros
párrafos demuestran, además, que Engels ha hecho mal en equipara*
a Rodbertus con los utopistas pequefio-burgueses,
Jos 'Gray, Bray, etc., que creían po sible un dinero basado en el salario, sin
control social de la producción,
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 63
un proceso de explotación, -característica de la
sociedad capitalista, en el que los medios de producción actúan como capital y
se produce plusvalía. El análisis de este proceso lo ha hecho exhaustivamente
Marx en el primer tomo de E l capital. La interconexión de nuestro análisis
sólo re quiere entrar en el cambio de forma del valor, no en su origen. Pero
el cambio de forma no |se refiere a la magnitud de valor, cuyo incremento atañe
más bien al contenido del proceso de explotación; si este cambio pertenece al
proceso de producción entonces el cambio de forma perte nece al proceso de
circulación. Pero el valor no puede tomar más que dos formas en la sociedad
productora de mercancías: la forma de la mercancía y la del dinero.
Si consideramos ahora el proceso de circulación del
capital, todo ca pital aparece, por lo pronto, como capital monetario, en su
primera apa rición. Como dinero que debe actuar como capital se transforma en
mer cancías (M ) de una clase determinada, en medios de producción {Mp)
en fuerza de
trabajo (T). Le sigue el proceso de producción (P ...). Este no encierra ningún
cambio de forma de valor. El valor continúa siendo mercancía, pero en el
proceso de producción es cuando, en primer lugar, se cambia el valor de uso de
la mercancía — lo cual no atañe en nada al valor— y, en segundo lugar, mediante
su función, la fuerza de trabajo incrementa el valor; el valor se aumenta. Como
mercancía (M1), cuyo valor ha aumentado en lá plusvalía, la mercancía abandona
los lu gares de producción para experimentar su segundo y último cambio de
forma, para transformarse en dinero (D;i).
El proceso de circulación del capital se disgrega,
pues, en dos estadios pertenecientes a la circulación, D-M y M 1-Dl, y en un
estadio de la producción. En la circulación aparece como capital monetario y
capital en mercancías’, en la producción como capital productivo; el capital
que recorre todas estas formas es el capital industrial. El capital monetario,
el capital en mercancías y el capital productivo no indican aquí, por con
siguiente, clases de capital independiente, sino slólo formas de función
especiales del capital industrial.
Resulta así el esquema siguiente: D-M-P... M 1-Dí .
Todo capital
que se presenta nuevamente aparece, por
lo pronto,
como capital monetario. No se nota en el dinero si
es capital2. Lo es sólo
La
dificultad del concepto de ca,pital, como de los conceptos económicos en ge
neral, nace de la apariencia de que están adheridos a las mismals cosas,
mientras que únicamente reflejan determinada^ relaciones sociales en las que
estas cosas desem peñan papeles muy variables. Así, el oro como dinero
refleja, por un lado, únicamente la relación de una época determinada en el
desarrollo del intercambio de mercancías; es medio de circulación. Pero se
convierte en capital en otra relación. Por eso, si el oro, o también el dinero,
es capital, es una pregunta falsamente formulada. En algunas relaciones es
dinero, en otras también capital. Pero también el capital, es decir, como
capital únicamente, puede realizar funciones de dinero, es sólo forma monetaria
del capital a diferencia de la forma de mercancía^ del capital.
Es igualmente falso querer atribuir carácter de
capital a determinadas cosas, como considerar el espacio como algo adherente a
las cosas. Unicamente nuestra intuición da
3 M a rx ,
64 EL CAPITAL FINANCIERO
porque debe transformarse en los elementos del
capital productivo. Por lo pronto, sólo es dinero, esto es, sólo puede realizar
funciones de dinero, sólo es medio de circulación o de pago.
Pero ya sabemos que la función de1! dinero como un
medio. de pago puede encerrar relaciones de crédito. D-M, el iprimer estadio
del proceso de circulación del capital, se disgrega en dos partes: D-Mp y D-T.
Como el trabajador a sueldo slólo vive de la renta de la fuerza de tra bajo, y
su manutención requiere un consumo diario, su pago tiene que repetirse
continuamente en plazos cortos a fin de que pueda efectuar siem pre las
compras necesarias para su conservación. Por eso, el "capitalista tiene
que aparecer ante él continuamente como capitalista monetario y su capital como
dinero3. Así, el créditoi no juega aquí ningún paped.
Otra cosa es en el proceso D-Mp. Aquí, el crédito
puede jugar un papel mayor. Los medios de producción comprados tienen el fin de
ser explotados. El dinero que se gastó en ellas po supone más que un ade lanto
para el capitalista; tiene el deber de volver a él después del trans curso del
período de circulación y, supuesto un transcurso normal, vuelve a él
incrementado. Como el capitalista sólo adelanta su dinero y éste vuelve a él,
puede serle adelantado a él mismo; prestársele. Y esto es, en general, el supuesto
del crédito ¿le producción: que sólo se le presta dinero al que únicamente lo
gasta de tal forma que, suponiendo siempre un transcurso normal, tiene que
volver a él. Simultáneamente, el crédito se ha fundado aquí en las mercancías
para cuya compra se adelantó el dinero.
Aquí sólo tenemos que ver con el crédito, que nace
de la misma circulación de mercancías, del cambio de la función del dinero, de
la transformación del dinero de medio de circulación en medio de pago. Por el
contrario, no consideramos todavía aquel crédito que brota de la división de la
función del capitalista en un propietario puro de dinero y en un empresario. Si
el dinero es prestado al empresario por el capita lista monetario o
prestamista, entonces esto es una simple transferencia de dinero. No se cambia
la cantidad del dinero adelantado. Pero en el caso que consideramos ahora puede
suceder esto muy bien. El vendedor de los medios de producción le presta sus
mercancías y recibe a cambio de ella una promesa de pago, por ejemplo, una
letra de cambio. Enton ces el capitalista podrá pagar ¡su capital adelantado
al fin del plazo, quizá con reflujos del proceso de circulación; mientras sea
éste el caso, la suma de su .capital en dinero puede ser menor de lo que
tendría que ser, porque el crédito ha ampliado la potencia de su capital.
Pero la existencia del crédito no cambia en nada el
que el capital ha de tener forma de dinero para poder comprar una mercancía. En
tanto se compensen los pagos, disminuye únicamente la cantidad de dinero en
a las cosas la forma especial, igual que únicamente
determinados estadios de la evolu
ción social dan la forma de dinero o capital a las
cosas.
El capital, t. II, pág. 12.
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 65
metal que sería necesaria para el cambio. Pero esta
cantidad no está de terminada por el carácter de capital que posee el dinero
en esta transac ción, sino que está sometido únicamente a las leyes que nacen
de la natu raleza de la circulación de mercancías. Permaneciendo invariadas
las de más circunstancias, la suma de precios de las mercancías que tienen que
comprarse es la que decide sobre la cantidad de dinero que se debe ade lantar.
Por consiguiente, el adelanto incrementado de capital monetario no significa
nada más que una compra incrementada de mercancías des tinadas a convertirse
en capital productivo (M p+ T ), esto es, una canti dad incrementada de los
medios de circulación y de pago;
En este incremento actúan dos tendencias opuestas.
Con la acumula ción rápida en los tiempos de gran prosperidad crece la demanda
de de terminadas mercancías y, por consiguiente, su. precio. La suma de
precios elevada hace necesario dinero incrementado. Por otro lado, crece, al
mismo tiempo, el crédito, puesto que es un período de buena coyuntura en la que
los reflujos entran regularmente, el proceso de fructificación del capital
parece asegurado Lay, por eso, crece la inclinación y posibilidad
de la concesión de crédito. expansión del crédito
hace aquí posible la rápida extensión sobre la base del dinero en metal.
Esto es válido, naturalmente, sólo para el proceso
D-Mp, y no para el proceso D-T. Más bien, con el 'crecimiento del capital
variable aumenta también en la misma medida la maisa del dinero adicional que
sirve para la compra y que entra en la circulación. Es claro que con el
desarrollo de la producción capitalista aumenta, en absoluto y continuamente,
la esfera del empleo del crédito, puesto que con el progreso hacia una com
posición orgánica superior del capital crece continuamente el movimiento de
D-Mp frente a D-T, esto es, también la esfera del crédito frente a la esfera
del dinero efectivo.
Hasta aquí no resulta de la consideración del
proceso de circulación ninguna nueva determinación para el papel del crédito.
Esto cambia cuan do consideramos la influencia del tiempo de rotación sobre la
magnitud del capital monetario. Pues se demostrará que en el proceso de
circula ción se liberan periódicamente sumas de dinero. Pero como el dinero
ocio so no puede producir beneficios, nace la aspiración de impedir en lo po
sible esta congelación, tarea que sólo puede resolverse mediante el cré dito,
que de esta forma cumple una nueva función. El análisis debe encaminarse ahora
hacia esta nueva causa del nacimiento de relaciones de crédito.
Liberación y congelación periódicas del capital m
onetario.
“El movimiento del capital a través de la esfera de
producción y las dos fases de la esfera de circulación se consuma... en una
sucesión tem poral. La duración de su estancia en la esfera de la producción
constituye su tiempo de producción, la duración en la esfera de circulación su
tiem
66 EL
CAPITAL FINANCIERO
po de circulación. El tiempo total en que describe
su circulación es, por eso, igual a la suma del tiempo de producción y del de
circulación” *.
“La circulación del capital, determinada no como
proceso aislado, sino periódico, se llama su rotación. La duración de esta
rotación está dada por la suma dé su tiempo de producción y su tiempo de
circulación. Esta suma de tiempo constituye el tiempo de rotación del capital”
5.
Por tanto, en nuestro esquema el tiempo que es
necesario’ cada vez para conjsumar el proceso D-D1 constituye el tiempo de
rotación. Este es
Mp
igual al tiempo que necesitan las transacciones D
< y M 1-D1, mientras
T
que el tiempo de producción es igual al tiempo en
que el capital está sometido al proceso de explotación como capital productivo
(P).
Supongamos que el tiempo de un capital fuese de
nueve semanas, de ellas seis semanas el tiempo de producción y tres semanas el
tiempo de circulación. Para la producción se requieren semanalmente 1.000 mar
cos. Si la producción no debe interrumpirse en tres semanas al final de la
sexta, del tiempo de producción, el capitalista tiene que adelantar un nuevo
capital de 3.000 marcos (capital II) durante las tres semanais que dura la
circulación para proseguir ininterrumpidamente. Pues durante las tres semanas en
que el capital habita la esfera de la circulación se en cuentra en relación
con el proceso de producción en el mismo estado como si no existiese en
absoluto 6. Por tanto, el tiempo de circulación hace necesario un capital
complementario, y eiste capital se comporta en rela ción con el capital total
como el tiempo de circulación con el tiempo de rotación, es decir, en nuestro
ejemplo, como 3 : 9, o el capital comple mentario importa una tercera parte
del capital total.
Por tanto, el capitaJisita tiene que disponer de
9.000 marcos en vez de los 6.000 para que la producción no se paralice durante
tres semanas. Pero estos 3.000 marcos complementarios entran en función con la
ini ciación del tiempo de circulación, esto es, en la séptima semana, y, por
tanto, están congelados durante las seis primeras semanas. Esta libera ción y
congelación de 3.000 marcos se repite, por supuesto, continua mente. Los 6.000
marcos que durante el primer período de trabajo se transforman en capital
mercantil se han vendido al finad de la novena semana. El capitalista tiene
ahora 6.000 marcos en las manos. Pero el segundo período de trabajo ha empezado
ya con la séptima semana y ha transcurrido en la mitad. Durante este tiempo ha
actuado el capital com plementario de 3.000 marcos; por tanto, para la
finalización del período de trabajo sólo son necesarios 3.000 marcos; 3.000
marcos de los 6.000 originarios se han vuelto a liberar y este proceso se
repite continuamente de nuevo.
* M A R X , E
l capital, t. II, p á g . 87.
* Ibid., p á g . 133.
* Ibid., p á g . 243.
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 67
Por consiguiente, se ha hecho necesario un capital
complementario
— que es, por cierto, capital monetario, puesto que
ha de funcionar como medio de compra de los medios de producción y de la fuerza
de trabajo— para el sostenimiento de la continuidad del proceso de circulación,
con tinuidad que no debe interrumpirse con lá circulación del capital. Este
capital complementario no acumula él mismo plusvalía continuadamente; por
tanto, no actúa como capital, sino que se desinvierte por el mecanis mo de la
misma circulación siempre durante un tiempo para poder actuar durante el otro.
"Considerado el capital total social, siempre
se encontrará una parte más o menos importante de este capital complementario
durante largo tiempo en el estado de capital monetario... 7, y en verdad, este
capital liberado es igual a la parte de capital que ha de llenar el exceso del
perla do de circulación sobre un período de trabajo o sobre un múltiplo de pe
ríodo de trabajo” a.
“La entrada del capital complementario (de 3.000
marcos) reclamado para transformación del tiempo de circulación del capital I
(6.000 mar cos) en tiempo de producción aumenta, pues, no sólo la magnitud del
capital adelantado y la duración del tiempo para el que se adelanta ne
cesariamente el capital total, sino también incrementa específicamente lá parte
del capital adelantado que existe como provisión en dinero, esto es, que se
encuentra en el estado de capital monetario y posee la forma de capital monetario
potencial” 9.
Pero estos 3.000 marcos no representan toda la suma
del capital mo netario que está congelado en un momento dado. Supuesto el
caso1'0 de que nuestro capitalista emplea los 6.000 marcos que son necesarios
por lo pronto para la producción, de tal forma que gasta la mitad en la compra
de medios de producción y la otra mitad en salarios. Pero paga sema nalmente a
los obreros. Entonces estará siempre congelada una parte de los 3.000 marcos
necesarios hasta el vencimiento de la sexta semana, que disminuye semanalmente
en 500 marcos. Igualmente, es posible que no se compre al principio una parte
de losi medios de producción, por ejemplo, el carbón, para todo el período de
producción, sino* que se realicen suce sivamente las compras necesarias
durante la producción. (Por el contrario, podría pasar también que las
relaciones de mercado o las costumbres de entrega obligasen a comprar para más
de un período de producción. En tonces resultaría la necesidad de transformar
en capital mercantil un capital monetario mayor.)
7 M a r x , E
l capital, t. II, pág. 248.
8 I b l d pág. 262.
Jbid., pág.
248. E l ejemplo numérico es diferente en Marx. Para su facálidjajd hemos
colocado nuestras cifras en lugar de las citadas por Marx.
M Aquí sólo podemos
mencionar los momentos más importantes. E n el tomo
II
de E l cspital
Marx ha
analizado el problema hasta en sus más pe¡gufeífc)isdetall les,
que, además, pueden ser incrementados por un
pedante. Sin embargo, se ha pasado
por alto, hasta ahora, la significaición fundamental de estos análisis para la compren**
sión de las relaciones de crédito.
68 EL CAPITAL FINANCIERO
A l no transformarse en seguida el dinero en fuerza
de trabajo y m&-
T
dios de producción en el proceso D < ,
nace capital monetario conge-
M p
lado, también prescindiendo del capital
complementario II. Una parte del dinero realiza el acto D-M, mientras otra
permanece en el estado de dinero para servir en actos D-M simultáneos o
sucesivos, a un tiempo determinado por las condiciones del mismo proceso. Sólo
se ha retirado temporalmente de la circulación para entrar en acción en el
momento determinado, para ejercer su función. Esta acumulación es, pues, un
estado en que e¡l dinero ejerce una de sus funciones como capital mone tario.
Como capital monetario; pues en este caso, el dinero que perma nece
temporalmente quieto es, incluso, una parte del capital monetario D, que es
igual al valor del capital productivo, del que parte la circulación. Por otra
lado, todo el dinero retirado de la 'circulación se encuentra en forma de
tesoro. “La forma de tesoro del dinero ise convierte aquí, por tanto, en
función del capital monetario, exactamente igual que en D-M la función del
dinero como medio de compra o pago se convierte en función del capital monetario,
y esto, porque el valor del cajpital existe aquí en forma de dinero, el estado
de dinero es aquí un estado del capital industrial en uno de sus estadios,
prescrito por la interrelación de la circulación. Pero, al mismo tiempo, se
vuelve, a conformar que el capital monetario no ejecuta más que funciones
monetarias dentro de la circulación del capital industrial, y estas funciones
monetarias tienen, al mismo tiempo, la significación de funciones de capital
únicamente por su interrelación con los otros estadios de esta
circulación" “ .
Una tercera y muy importante causa de congelación
del capital mo netario nace de la manera en que refluya el capital del proceso
de ex plotación, y también hay aquí otras dos causas principales para el naci
miento de capital monetario congelado.
Como ya se sabe, considerado desde el punto de
vista de su rota ción (Umschlag), el capital industrial se disgrega en dos
partes. Una parte del capital se consume completamente durante cada período
par ticular de rotación, y su valor se transfiere enteramente al producto. En
una hilatura, por ejemplo, en la que se producen mensualmente 10.000 libras de
hilo y se venden a fin de mes, se ha gastado durante ese mes el correspondiente
valor en algodón, lubricante, gas de alum brado, carbón y fuerza de trabajo, y
su valor es devuelto al capitalista con la venta del producto. Esta parte del
capital que se sustituye en un período de rotación es el capital circulante.
Por otro lado, se nece sitaron además para la producción edificios,
maquinaria, etc., que con tinúan actuando en el proceso de producción también
después de fina lizar el período de rotación. Por eso, sólo se ha transferido
una parte
“ M a r x
, E l capital, t. II, pág. 52.
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 69
de su valor igual al desgaste medio durante un
período de transfor mación. Si su valor asciende a 100.000 marcos y su vida
útil de a cien meses por término medio, deberán refluir 1.000 marcos para
amortiza ción de edificios y maquinaria mediante la venta del hilo. Aquella
parte del capital que actúa durante una serie de períodos de rotación cons
tituye el capital fijo.
Por tanto, al propietario de la hilatura le afluye
continuamente di nero procedente de la circulación como compensación de su
capital fijo, que tiene que retener en forma de dinero hasta que haya alcanzado
el importe de" 100.000 marcos después de cien meses, los cuales necesita
entonces para comprar nueva maquinaria, etc. Por tanto, también aquí tiene
lugar tesaurización que “es un elemento del proceso de reproduc ción
capitalista, reproducción y acumulación— en forma de dinero— del valor del capital
fijo o de sus elementos partículareis, hasta el tiempo en que el capital fijo
se haya agotado y, por consiguiente, haya en
tregado todo su valor a las mercancías producidas y
ahora tenga que ser sustituido in natura" 12.
Al mismo tiempo, vemos que una parte de lois
capitalistas retira continuamente dinero de la circulación como compensación
del capital fijo gastado. La forma del dinero es aquí esencial; el valor del
capital fijo sólo puede ser sustituido en dinero porque el capital fijo, en
cuan to tal, continúa actuando en el proceso de producción y por eso no
necesita ser sustituido in natura. Por tanto, es la forma típica del modo de
reproducción del capital fijo la que hace necesario aquí el dinero13.
Lo que se hace pasible aquí, en primer lugar, a
través del dinero es la separación e independización de la circulación del
valor del capital
fijo frente a la continuidad de su función técnica
en el proceso de pro;-dueción.
La forma del reflujo del capital fijo determina una
acumulación periódica de liquidez, pero, con ello, también una congelación
periódica de capital monetario.
Como última causa de la desinversión de capital
monetario hemos de considerar todavía la acumulación capitalista. Si la
plusvalía debe convertirse en capital, ya sea que se deba emplear para
ampliación de empresas ya existentes o para fundación de otras nuevais, tiene
que ha ber alcanzado cierta magnitud, cuya dimensión depende de las condi
ciones económicas y técnicas dadas de la empresa. Pero co,n cada con clusión
de un ciclo productivo se realiza, por lo pronto, una fracción de plusvalía, y,
a decir verdad, en forma de dinero. Generalmente, tiene que haberse realizado
una gran cantidad de semejantes circulaciones
13 Marx,
E l capitel, t. II, pág. 449.
Del •mismo
modo que la circulación simple de mercancías no es idéntica al sim ple
intercambio de productos, tampoco puede resolverse la conversión del producto
anual de mercancías en simple intercambio mutuo y repentino de sus diversos
com ponentes. El dinero juega un papel específico en ello, que también se
expresa en el modo de reproducción del valor del capital fijo”. (M ARX, E l
capital, t. II, ,pág. 450 .)
70 EL CAPITAL FINANCIERO
hasta que las sumas de plusvalía realizadas se
hayan hecho lo bastan te grandes para poderse transformar en capital de
producción. Así los capitalistas acumulan continuamente sumas de dinero, que
representan para ellos plusvalía realizada, hasta que, finalmente, estas sumas
son suficientes para el empleo productivo. Se trata aquí de capital mone tario
congelado que procede del proceso de explotación y que tiene que permanecer
acumulado cierto tiempo en forma de dinero hasta que pue da llegar al empleo
productivo.
El atesoramiento puede suceder dentro de la
circulación simple de mercancías. Para ello no se necesita otra cosa sino que
no se realice la segunda parte D-M en el proceso M-D-M; que, por tanto, el
vendedor de mercancías no vuelva a comprar por su parte, sino que atesore el
dinero. Pero semejante conducta aparece como simple casualidad y ar
bitrariedad. En la circulación del capital, en cambio, semejante acumu lación
se convierte en necesidad, que resulta-de la naturaleza del proce so mismo.
Además, la diferencia con la circulación simple de mercancías consiste en que
no sólo se libera el medio de circulación que se congela en tesoro, sino que
también se libera capital monetario, dinero, que era, al mismo tiempo, estadio
del proceso de explotación y que ahora hay que pretender situarlo nuevamente en
el proceso de explotación para volver a ser capital monetario; por tanto,
ejerce presión en el mercado monetario.
Así nace, del mecanismo de la circulación del mismo
capital, la ne cesidad de que se congele para más o menos tiempo capital
monetario en mayor o menor volumen. Pero esto significa que durante eiste tiem
po no puede producir beneficios, un pecado mortal desde el punto de vista del
capitalista. El volumen en que el capital realiza su pecado depende, en cambio,
como la mayoría de los pecados, de los factores objetivos a cuya consideración
hemos de encaminarnos ahora.
Las variaciones del volum en del capital congelado
y sus cáusas.
Sabemos ya que durante el tiempo de circulación del
capital se ne cesita capital monetario complementario para el desarrollo de
cada rama de producción, capital que se congela periódicamente. Si en nues tro
ejemplo primero se reduce el tiempo de circulación de tres ^emanas a dos, se
hacen superfluos 1.000 marcos y se separan en forma de ca pital monetario.
Como tal entra en el mercado de dinero y constituye una parte complementaria de
los capitales, que actúan en él. Estos 1.000 marcos complementarios existían
antes sólo parcialmente en forma de dinero; a saber, aquella parte que servía
para pago de la fuerza de trabajo. Por el contrario, 500 marcos eran empleados
para adquisición de medios de producción; existían, pues, en forma de
mercancías. Aho-
" M a r x
, E l
capital, T.
M t., II, p á g .
274.
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 71
ra se retiran completa y realmente en forma de
dinero del proceso de circulación de este capital.
“Los 1.000 marcos retirados aquí en forma de dinero
constituyen ahora un nuevo capital monetario que busca inversión, un nuevo com
ponente del mercado monetario. Es cierto que se encontraban antes pe
riódicamente en la forma de capital monetario liberado y de capital productivo
complementario, pero incluso esta situación latente era una condición para la
realización del proceso productivo, porque lo era para su continuidad. Ahora ya
no son necesarios y constituyen por eso nue vo capital monetario y un componente
del mercado de dinero, aunque
no constituyen
ni un elemento complementario de la existencia
social
de dinero
(pues existían al
principio del negocio y fueron
arrojadas
por él a la circulación), ni un tesoro recientemente acumulado” 14. Por
consiguiente, se muestra aquí cómo nace,
permaneciendo invariadas las disponibilidades monetarias, una oferta
acrecentada de capital moneta rio debido a la reducción del tiempo de rotación
del capital. Pues el dinero, por su anterior función de capital, está destinado
a volver a ser capital.
Si, por el contrario, por ejemplo, se aumenta el
tiempo de circula ción en dos semanas más, será necesario un capital
complementario por importe de 2.000 marcos que tendrán que tomarse del mercado
de di nero para entrar en la circulación del capital productivo (en el que
■siempre está incluido el tiempo de circulación). Poco a poco se trans forman
1.000 marcos de la forma de dinero en fuerza de trabajo, y los otros 1.000
marcos quizá inmediatamente en medios de producción. El alargamiento de la
rotación trae consigo, por eso, una demanda acre centada en el mercado
monetario. Los aspectos más importantes que afectan al mismo período de
rotación son los siguientes: "La mayor o menor duración del período de
rotación depende del período de tra bajo en el sentido propio de la palabra,
esto es, del período necesario para tener el producto listo para el mercado; se
basa en las condiciones de producción objetivas, dadas cada vez, de las
diversas inversiones de capital, que dentro de la agricultura tienen más el carácter
de condi cionas naturales de la producción, y en la manufactura y en la mayor
parte de la industria extractiva cambian con el desarrollo social del mis mo
proceso de producción” 15.
Aquí actúan dos tendencias distintas. El desarrollo
de la técnica reduce el período de trabajo; la pieza aislada se termina antes,
esto es, abandona con mayor rapidez la fábrica y entra en el mercado; además,
esto sucede incluso cuando se trata de producción masiva; también en la
sociedad mayor se ha producido más que antes, esto es, un capital mayor ha
circulado más rápidamente. El progreso técnico reduce el período de trabajo y
acelera así la rotación del capital circulante y de
“ M a r x , E
l capital, t. XI, pág. 274.
“ M a r x , E
l capital, t. II, págs. 303
y 304.
72 EL CAPITAL FINANCIERO
la
plusvalía. Pero, al
mismo tiempo, este progreso significa aumento
del capital
fijo, cuyo período de rotación es más
largo y comprende
una serie de giros
del capital circulante. Este incremento del capital
fijo progresa a un ritmo más rápido que el del circulante, lin a parte
cada vez mayor del capital total retarda así su
rotación. Prescindiendo del crédito, se daría así, en la retardación de la
rotación, una causa más — la primera es el aumento de la escala de lá
producción como tal— para el aumento de los anticipos de capital monetario, del
que perma necería también la mayor parte disponible (liberado).
"En tanto la duración del período de trabajo
se basa en la dimen sión de las entregas (el volumen cuantitativo en que el
producto se lanza generadmente como mercancía al mercado) tiene esto carácter
con vencional. Pero la misma convención tiene como base material la escala de
la producción, y, por eso, sólo es casual si se la considera aisla
damente" ab. También aquí crece, en general, el quantum y, con él, el
anticipo de capital. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el quan tum
mayor puede traer consigo, a consecuencia del progreso técnico, un precio
inferior, y, por eso, también puede ser necesario un anticipo inferior.
"Finalmente, dado que la duración del período
de rotación depende de la duración del período de circulación, .ésta viene
condicionada, en parte, por el cambio continuo en las coyunturas de mercado, la
mayor
.o menor facilidad para vender y la necesidad que
deriva de ésta y que obliga a lanzar el producto, en parte, a mercados más
próximos o más lejanos. Prescindiendo del volumen de la demanda en general, el
movimiento de los precios juega aquí un papel principal por limitarse
intencionadamente la venta al descender los precios, mientras la pro ducción
continúa. Sucede lo contrario con precios en alza, donde la producción y la
venta van al unísono, o puede venderse por antici pado. Con todo, hay que
considerar como base material propia la dis tancia real entre el lugar de
producción y el mercado” 17.
Como el beneficio nace en la producción y se
realiza únicamente mediante la circulación, es una aspiración constante
transformar todo capital, en lo posible, en capital productivo. De ahí la
tendencia a dis minuir los costes de circulación a un mínimo mediante la
sustitución del dinero metálico por dinero fiduciario, y, en segundo lugar,
rebajar el mismo tiempo de circulación mediante el desarrollo de la técnica
mercantil, mediante la venta más rápida posible de los productos. Una tendencia
contraria surge de la continua ampliación de los mercados y del desarrollo de
la división internacional del trabajo. Esta tendencia opuesta se suaviza en su
efecto mediante el desarrollo del sistema de transporte.
Finalmente, aún hemos de poner de relieve que la
duración del tiem po de rotación del capital es decisiva para la rapidez con
que la plus-
Ibid., pág.
316.
” 'M A R X
, El capital, t. II, pág. 304.
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 73
valía puede volver a transformarse en capital,
puede ser acumulada. Cuanto más corto sea el tiempo de rotación más rápida se
realiza tam bién la plusvalía en forma de dinero y puede ser transformada en
ca pital.
Todos estos momentos mencionados: la composición
orgánica del capital, especialmente la relación del componente del capital fijo
con el circulante; el desarrollo de la técnica comercial, que reduce el tiem
po de circulación; la evolución actuante en el mismo sentido de los medios de
transporte, pero contra la que crece una tendencia opuesta
en-la
continua búsqueda de mercados alejados; la diversidad en el rit mo de los
reflujos a consecuencia de las oscilaciones periódicas de co yuntura, y,
finalmente, la rápida o retardada acumulación productiva:
todas estas circunstancias actúan en la masa del
capital congelado y en la duración de la congelación.
Hay que añadir, además, como factor importante la
influencia de las variaciones de precio de las mercancías. Si tiene lugar una
caída de precio de las materias primáis, el capitalista de nuestro ejemplo,
para continuar la producción en la misma escala, no necesita adelantar se
manalmente 1.000 marcos, sino, por ejemplo, sólo 900; para todo el período de
transformación de su capital, por tanto, no necesita 9.000
marcos, sino siólo S.100, mientras 900 marcos
quedan libres. El capital
"retirado así y desocupado ahora y que, por eso, busca inversión en
el mercado
de dinero, capital monetario, no
es más que una fracción
del capital de 9.000 marcos adelantado
originariamente como capital monetario, que se ha hecho superfluo por la caída
de precios de los elementos de producción en que vuelve a transformarse
periódicamen te. El negocio no debe ampliarse, sino continuar en la antigua
escala. Si esta caída de precios no se debiera a circunstancias casuales (espe
cialmente cosecha abundante, oferta excedente, etc.), sino a un incre mento de
la fuerza productiva en la rama que suministra la materia prima, entonces este
capital monetario sería un complemento absoluto para el mercado de dinero, y,
en general, para el capital disponible en la forma de capital monetario, porque
ya no constituiría ninguna parte integrante del capital ya empleado” ls.
Por el contrario, la subida de precios de la
materia prima requiere capital monetario' complementario y ocasiona así la
subida de la deman da en el mercado de dinero.
Es evidente que los factores que acabamos de
considerar son de gran importancia para el desarrollo del mercado monetario
durante las oscilaciones periódicas que se ocasionan por la coyuntura. Al
principio de la prosperidad los precios son bajos, los reflujos aún entran
rápida mente, el tiempo de circulación es corto. Durante la alta coyuntura los
precios suben y el tiempo de circulación se prolonga; se exigirá más crédito
para la circulación, mientras, al mismo tiempo, ha crecido tam-
M M
a r x , El capital, t. II, pág. 277.
74 EL
CAPITAL FINANCIERO
bién la utilización de crédito de capital mediante
la extensión de la producción. Tanto la extensión del tiempo de circulación
como la su bida de precios hace necesario el capital complementario que tiene
que retirarse del mercado monetario y disminuye la cantidad de capital de
préstamo disponible.
Con el progreso hacia una composición orgánica
superior también crece, en general, el tiempo de rotación del caipital. No sólo
crece la magnitud del capital empleado, sino también el tiempo durante el que
actúa en el proceso de producción. Se prolonga el tiempo hasta que el capital
anticipado vuelve a su punto de partida. Por ejemplo, el ca pitalista tiene
que adelantar 10.000 marcos cuando su tiempo de rota ción ascienda a diez
semanas. Si emplea un nuevo método de produc ción que hace necesario un anticipo
de 60.000 marcos y el tiempo de rotación asciende ahora a treinta semanas, hay
que retirar del mercado monetario 60.000 marcos. El capital sextuplicado
tendría que anticiparse tres veces.
Cuanto más largo sea el tiempo de rotación del
capital, más largo será el plazo necesario para que el contravalor de las
mercancías re tiradas del mercado (medios de producción y alimentos para los
traba jadores) vuelvan al mercado en forma de mercancías. Así se retiran
mercancías del mercado a cambio de las cuales se entrega sólo diñero a su
disposición. El dinero no es aquí una forma, fugaz, sino forma permanente de
valor para las mercancías retiradas del mercado. Su va lor está independizado-
frente a la mercancía. El valor de las mercan cías tiene que sustituirse aquí
absolutamente por dinero, puesto que la sustitución por otra mercancía puede
ocurrir en otro momento muy di ferente.
“Si imaginamos la sociedad no capitalista, sino
comunista, enton ces el capital monetario desaparece completamente, por lo
pronto, y también las simulaciones de las transacciones que entran con él. La
cosa se reduce simplemente a que la sociedad tiene que calcular con anti
cipación cuánto trabajo, medios de producción y alimentos puede em plear sin
ninguna ruptura en las ramas del comercio que, como la cons trucción de
ferrocarriles, por ejemplo, durante bastante tiempo, un año o más, no
suministran ni medios de producción ni alimentos ni cualquier efecto útil, sino
que retiran de la producción total anual trabajo, medios de producción y
alimentos. E)n cambio, en la sociedad capitalista; don de el entendimiento
social demuestra siempre su validez post festam, pueden y deben producirse
continuamente grandes perturbaciones. Por un lado, presión sobre el mercado
monetario, mientras que, por el con trario, la ligereza del mercado monetario,
a su vez, ocasiona la apa rición de empresas en masa, esto es, precisamente
las circunstancias que ocasionan después la presión sobre el mercado
monetario... Por otro lado, presión sobre el capital productivo disponible de
la sociedad. Como se retiran continuamente del mercado elementos del capital
pro ductivo y se lanza para los misinog en el mercado únicamente un equi
EL DINERO EN LA CIRCULACIÓN DEL CAPITAL INDUSTRIAL 75
valente en dinero, la demanda solvente aumenta sin
aportar ninguna contribución a la oferta por sí misma. Por eso suben los
precios, tanto los de alimentos como los de las materias de producción. Hay que
aña dir, además, que mientras durante este tiempo se cometen fraudes re
gularmente, tienen lugar una gran transferencia de capital" 10.
Aquí, la diversidad de la rotación se convierte en
jin factor de per turbación en la proporcionalidad de la reproducción y, con
ello — como más tarde se indicará— , en un factor de crisis.
Como resultado del análisis que hemos hecho hasta
ahora obtene mos lfc> siguiente: Primero, parte del capital total social
que funciona en la producción está siempre congelado en forma de capital
moiieta-rio. Segundo, la magnitud de este capital monetario congelado está so
metida a fuertes variaciones, y todas estas variaciones tienen que ejer cer
una influencia directa en el mercado monetario, en la oferta y
demanda de capital monetario. >
La congelación de capital improductivo contradice,
sin embargo, la función del capital, que es la de producir beneficios. Así,
resulta la aspiración de reducir a un mínimo esta congelación. Esta tarea cons
tituye una. nueva función del crédito.
La variación del capital m onetario congelado en
funcional m ediante el crédito.
La forma en que el crédito puede cumplir esta
función es bien cla ra. Y a sabemos que se libera periódicamente capital
monetario del pro ceso de circulación del capital. Este capital monetario
retirado de la circulación de un capital individual puede actuar, sin embargo,
como capital monetario en la circulación de otro- cuando se pone a disposición
de otros capitalistas mediante el crédito. Así, la liberación periódica del
capital constituye un fundamento importante para el desarrollo de las relaciones
de crédito.
Por consiguiente, todas las causas que han
conducido a la congela ción de capital se convierten ahora en otras tantas
causas para el na cimiento de relaciones de crédito, y todos los factores que
actúan en la cantidad del capital congelado determinan ahora la expansión y
con tracción de este crédito.
■Si, por ejemplo, s:e producen pausas en el'proceso
de circulación'de un capital y tiene lugar así la interrupción del proceso de
circulación, de tal forma que el capital permanece inmovilizado como capital
mo netario, se constituye entonces capital monetario latente que se pone
ahora a disposición de otros capitalistas mediante el crédito. Este
es
el ca'so en procesos de producción discontinuos
(que dependen de las
M M
arx , E l capital, t. II, pág. 302.
76 EL CAPITAL FINANCIERO
estaciones del ano, ya sea a consecuencia de
condiciones naturales: agricultura, pesca del arenque, producción de azúcar,
etc,), ya sea a consecuencia de circunstancias convencionales, como, por
ejemplo, los llamados trabajos de temporada. Toda liberación de capital monetario
significa, sin embargo, la posibilidad de empleo de este capital, a tra vés de
la mediación del crédito, para otros fines productivos fuera de la circulación
del capital individual que lo liberaE0.
Si, por el contrario, se interrumpe en otros
estadios donde no se libere ningún capital monetario, sucede lo contrario, el
proceso debe mantenerse continuadamente; el fondo de reserva es necesario
(fondo que tiene que mantenerse en forma líquida) o, cOn un sistema de cré
dito desarrollado, la utilización de crédito.
A'sí, por un lado, la naturaleza del proceso de
circulación encierra la posibilidad de la concesión de crédito de capital. Pero
como el dine ro siempre implica gastos de circulación, por eso la producción
capi talista tiene la tendencia a utilizar hasta el máximo sus fuerzas poten
ciales sin incrementar en la misma medida el capital monetario; dicho crédito
se convierte en una necesidad.
Por otro lado, toda perturbación en el proceso de
circulación, toda ) prolongación del proceso M-D o D-M, hace necesario capital
comple-mentario, capital de reserva, para mantener la continuidad del proceso
de producción. Hemos visto que la cantidad de dinero, coeteris paribus depende
de la suma de precios de las mercancías circulantes.
Si tienen lugar variaciones de valor en el proceso
de circulación, la cantidad del capital monetario quedará afectada. Si los
precios suben, se utilizará capital monetario complementario; si caen, se
liberará capital monetario; "cuanto mayores sean las perturbaciones tanto,
más capital monetario tiene que poseer el capitalista industrial para poder
esperar la compensación; y como en la modalidad de la producción capitalista
“ En eso se basa la actividad compensadora de
aquellos Bancos que llevan a las comarcas industriales el capital monetario que
se litera en las comarcas agrícolas con
su necesidad
de dinero muy variable. Por otro
lado, lea influencia que puede ejercer
la convención lo
demuestra el ejemplo
siguiente, tomado de la fabricación moderna
de zapatos: El que
el capital circulante no se coloque a menudo más de dos veces a]
año, aunque el proceso de fabricación de un zapato
.dura, por término medio, de tres a cuatro semanas únicamente, se explica por
las circunstancias de -que los pedidos principales suceden en el transcurso del
año para la entrega antes de Pascual de Re surrección o Pentecostés. La
mercancía se termina en el tiempo intermedio y queda en el almacén, puesto que
no se retira antes del plazo de entrega o, al menos, lai obli
gación de
pago del comerciante en zapatos empieza con el
plazo de entrega. (fÍARL
R E H E , Die Deutsche Schuhgipssindutstcie, Jena, 1908, pág. 55).
A l mismo
tiempo, estas relaciones actúan de un modo determinante en la utiliza
ción del crédito. "La .particularidad del
comercio de temporada en la industria! de za patos induce también a las
fábricas de zapatos ai trabajar con los Bancos. Las grandes
sumas
que entran después de
la estación principal se
trasladan a los
Bancos, que,
por su parte, ponen a disposición de las fábricas
en lats demás estaciones del año las
sumas necesarias para el .pago de los salarios y de los
demás gastos de la empresa,
y también
realizan los pagos para las materias
primas mediante el tráfico de cheques
o transferencias"
(Ibid., pág. 57). '
EL DINSRO EN
LA CIRCULACION DEL CÁPÍTAL INDUSTRIAL 77
se amplía la escala de todo proceso de producción
individual y con ella la magnitud mínima del capital que hay que anticipar, se
une aquella circunstancia a las otras, que transforman cada vez más la función
de los capitalistas industriales en un monopolio de grandes capitalistas mo
netarios, aislados o asociados” 21.
El crédito que se ha constituido sobre la
liberación del capital mo netario se diferencia esencialmente, del crédito de
pago, que surge úni camente sobre la base de la circulación simple de
mercancías, de la función variada del dinero. Esto necesita aún mayor análisis.
"1 M A R X , E l capital, t II, pág. 84. Por
consiguiente, se ha predicho aquí el do minio de los Banco.; ¡sobre la
industria, el fenómeno más importante de los tiempos
modernos, cuando aún apenas eran visibles los
gérmenes de este desarrollo.
CAPITUL# V
Los Mancrns
y el
crédit© industrial
El crédito aparece, en primer lugar, como simple
resultado de la función variable del dinero como medio de pago. Si el pago
tiene lu gar después de transcurrido un plazo desde el momento en que fue la
venta efectivamente realizada, entonces se acredita el dinero durante dicho
plazo. Los propietarios de mercancías, o sea, los capitalistas-pro-ductores se
ven obligados, en una sociedad capitalista desarrollada, a sujetarse a dicha
forma de crédito. Si, por hipótesis, consideramos el proceso como individual y
único, entonces significa únicamente que el capitalista A tiene suficiente
capital de reserva para poder esperar el pago de B, el cual no dispone de la
suma necesaria de medios de pago en el momento de la compra. En esta concesión
unilateral de crédito, A tiene que retener tanto dinero como necesita B hasta
el vencimiento del plazo de pago. De esta forma no se ahorró dinero, sino que
se
transfirió. Otra cosa es cuando la misma orden de pago actúa como
medio de pago; en otras palabras: cuando A no sólo
concede crédito
a B sino que incluso lo toma de C al pagarle con la letra de cambio
de B. Si, entonces,
el mismo C ha de realizar pagos a B y le
paga
con su propia letra, se han realizado aquí
compraventas de mercancías entre A y B . A y C y C y B sin intervención del
dinero. Por tanto, se ha ahorrado dinero, y como, al mismo tiempo, este dinero
tendría que haber estado en las manos de los capitalistas-productores como ca
pital monetario adicional (para el proceso de circulación del capital-mer
cancías), para ellos, se ha ahorrado de esta forma capital monetario. La letra
ha sustituido al dinero ejecutando ella misma una función mo netaria, ha actuado
como dinero fiduciario. Gran parte de los proce sos de circulación, los
mayores y los más concentrados, se desarrollan entre los mismos
capitalistas-productores. En principio, todas estas trans acciones pueden
efectuarse a través de la letra de cambio; gran parte de estas letras se
compensarán mutuamente y no será necesaria más que cierta cantidad de dinero
efectivo pára saldar el balance. Así, se
LOS
BANCOS Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL
conceden mutuamente crédito los capitalistas entre
sí. Lo que se acre ditan los capitalistas aquí son mercancías que, para ellos,
representan capital mercantil; pero estas mercancías son simples portadores de
una suma determinada de valores que se supone en la venta como realizada ya en
su forma socialmente válida, esto es, son portadores de una de terminada suma
de dinero que la letra representa. Lá circulación de le tras se basa, pues, en
la circulación de mercancías, pero de mercancías que se han transformado ya en
dinero a través de la venta realizada, aunque esta transformación todavía no se
hizo socialmente válida, sino que slólo existe como acto privado en la promesa
de pago del com prador
Este crédito, tal como lo hemos considerado, que
prevalece entre los mismos capitalistas-productores, lo llamamos crédito de
circulación. He mos visto que sustituye al dinero, esto es, ahorra el metal
precioso, puesto que permite la transferencia de mercancías sin intervención
del dinero. La extensión de este crédito se basa en la extensión de estas
transferen cias de mercancías, y, en la extensión del proceso de reproducción,
pues to que se trata aquí de capital mercantil — de procesos entre capitalistas-productores—
. Si se intensifica el proceso de reproducción, aumenta tam bién la demanda de
capital en forma de capital productivo (maquinaria, materias primas, fuerza de
trabajo, etc.).
El .aumento de producción significa, al mismo
tiempo, aumento de la circulación; los procesos de circulación incrementados
tienen lugar me diante el incremento consiguiente del capital monetario. La
circulación de letras aumenta y puede aumentarse en la medida en que se ha
incre mentado la masa de mercancías lanzada a la circulación. Este incre
mento de la circulación puede ocurrir, por tanto, sin que necesite aumen tar
la demanda de dinero en oro. Tampoco necesita sufrir ningún cam bio la
relación entre demanda y oferta de capital monetario. Pues la oferta puede
aumentar simultáneamente y en la misma relación a la necesidad incrementada de
medios de circulación, puesto que, a base de la cantidad acrecentada de
mercancías, el dinero fiduciario puede
crearse en mayores proporciones.
Aquí ha aumentado la circulación de letras'2. Este
aumento del cré dito tampoco necesita alterar la relación entre oferta y
demanda de los
Si se tiene
en cuenta tan sólo que las letras se fundan en el intercambio de mercancías y
se pasa por alto que este intercambio resulta socialmente válido, sólo
cuando las letras se han compensado mutuamente, el
balance se ha saldado con dine
ro en efectivo y las letras impagadas se han
sustituido ,por dinero, se llega entonces a la utopía de los bonos-mercancía,
del dinero-trabajo, etc.,, de signos de crédito, que,
separados del metal, deberían representar directa e
independientemente el valor de las mercancías.
La suma
<íe las letras puestas en circulación en el transcurso del año ascendió, en
millones de marcos: 1.885, 12.060; 1.895, 15.241; 1.905, 25.506. De esas sumas
las letras presentadas al descuento suponían: 1.965 o 16 por 100; 3.530 o 23
por 100, 8.000 o 31 por 100. En esta suma están incluidas también las letras
que no se pusieron en circulación (letras de caución, letras en depósito, etc.)
(|W. P r io n , Das deutsche WechseldiskontogescháfL Leipzig, 1907, pág. 51).
80 EL
CAPITAL FINANCIERO
elementos del capital productivo real. Más bien han
aumentado ambas regularmente. El proceso de producción se amplia y con ello se
producen las mercancías que erara necesarias para la escala ampliada de la pro
ducción. Tenemos así incremento de crédito e incremento de capital pro
ductivo. Ambas cosas se expresan en la circulación aumentada de letras. Pero no
se ha unido ningún desplazamiento en la relación entre oferta y demanda de
capital monetario. Sin embargo, slólo es esta demanda la que influye sobre el
tipo de interés. Por consiguiente, el crédito incrementado
— cuando precisamente sólo es crédito de
circulación— puede ir parejo con un tipo de interés invariado. --- ------
La circulación de letras sólo está limitada por la
suma de transaccio nes realmente consumadas. Mientras el papel del' Estado
puede emitirse en exceso, con Jo que desciende el valor individual de los
títulos, pero jamás varía el valor de la suma total, las letras de cambio, en
principio, sólo pueden extenderse sobre (negocios concluidos y por eso no
pueden emitirse (o librarse) en exceso. Si el negocio se há simulado, si es
fraudu lento, entonces la letra carece de valor. Esta carencia de valor de la letra
individual no afecta, sin embargo, a la masa de las otras.
Pero el que no se puedan emitir letras en exceso no
demuestra que la suima dé dinero que representan no .pueda ser excesiva. Si
ocurre una crisisi en la que se devalúen las mercancías, las obligaciones de
pago no pueden cumplirse enteramente. La paralización de ventas hace imposible
la transformación de mercancía en dinero. El fabricante de máquinas, que ha
contado con la venta de su máquina para pagar la letra que ha aceptado por la
compra de hierro y carbón no puede pagarla ni tampoco compensarla por una letra
que había recibido del comprador de su má quina. Si le faltan otros medios su
letra carece de valor, aunque, cuando fue librada, representase
capital-mercancía (hierro y carbón que se trans forman en máquinas) s.
El crédito de letras, es crédito para el curso del
proceso de circulación y sustituye al capital complementario que tiene que
retenerse durante el tiempo de circulación. Los mismos capitalistas-productores
se conceden mutuamente este crédito de circulación; sólo cuando no se reciben
los re flujos hay que poner a disposición el dinero de una tercera fuente: los
Bancos. También intervienen los Bancos cuando se paraliza la venta de
mercancías, esto es, la condición del movimiento de letras, ya sea porque no se
vende momentáneamente la mercancía o porque se retiene por cau-sais
especulativas o semejantes. En ese caso, los Bancos complementan y completan
únicamente el crédito de letras.
De esta forma, el crédito de circulación amplía la
base de la produc ción más allá del capital monetario que se encuentra en las
manos de
Pero si la
circulación normal de mercancías se interrumpe por acontecimientos
extraordinarios, .extraeconómicos, esto es, casuales, como la revolución o la
guerra, etcétera, será racional no tener en cuenta este tiempo de interrupción
en el tiempo normal de circulación y esperar .el transcurso <j.e estos
sucesos. Así sucede mediante el establecimiento legal de una moratoria para
laS.letras.
to s BANCOS
Y EL'CRÉDITO INDUSTftlÁt 81
los capitalistas y que constituye para ellos la
base de la superestructura de crédito, o sea, un fondo para compensación del
saldo de letras y un fondo de reserva para las pérdidas por depreciación.
El ahorro en dinero efectivo será tanto mayor
cuanto más se com pensen entre sí las letras. Para ello se necesitan
organizaciones adecuadas; ias letras tienen que reunirse y confrontarse unas
con otras. Los Bancos cumplen estas funciones. Así, el ahorro de dinero aumenta
cada vez en mayor medida cuanto más actúe la misma letra como medio de pago.
su vez, la
circulación de lá letra podrá ser tanto más extensa cuanto más segura sea su
capacidad de pago. La capacidad crediticia de la letra qué debe actuar como
medio de circulación y de pago tiene que ser conocida. También esta función
corresponde a los Bancos. Ambas funciones las asumen los Bancos en el mismo
momento en que adquie ren las letras. A l comprar el banquero la letra es él
quien concede el crédito. El banquero pone en lugar del crédito comercial el
suyo propio, el crédito bancario, al dar billetes por la letra, ál dar la suya
propia en lugar de la letra comercial e industrial. Pues el billete de Banco no
es más que una letra sobre el banquero que se acepta con mayor facilidad que lá
del industrial o la del comerciante. Por consiguiente, el billete de Banco se
basa en la circulación de letras. Si el billete del Estado está asegurado por
el mínimo de transacciones de mercancías socialmente necesario y la letra por
la consumada transacción de mercancías como un acto privado del capitalista, el
billete de Banco está garantizado me diante la letra, es decir, por la promesa
de pago, de la que responden los patrimonios totales de todas las personas que
han realizado el in tercambio. A l mismo tiempo, la emisión de billetes está
limitada por el número de letras descontadas que, á su vez, está limitado por
el nú
mero de actos de intercambio realizados.
Así, el billete de Banco no es originariamente más
que una letra del Banco que sustituye la letra de los
capitalistas-productores4. Antes del nacimiento de los billetes de Banco las
letras circulaban a menudo pro vistas con cientos de firmas en la circulación
hasta su vencimiento; al contrario, los billetes de Banco en un principio eran
librados no sola mente sobre sumas redondas, sino sobre los importes más
diversos se
gún lá clase de letra. N i siquiera llevaban
siempre el carácter de letras a la vista. “Antes no era anormal el que los
Bancos emitieran billetes que eran pagaderos a la vista o un día después del de
su presentación, a elección del librador, aunque, sin embargo, en el último
caso, los bi lletes producían intereses hasta el día del pago” s.
Una variación que, sin embargo, no anula las leyes
económicas la introdujo la intervención del Estado: el objetivo de esta
legislación es asegurar la convertibilidad del billete al limitarse directa o
indirectamente
“ Entendemos por capitalistas-productores aquellos
que realizan beneficios me dios, esto es, industriales y comerciantes, en
contraposición a los capitalistas-presta
mistas, que perciben intereses, y a los
terratenientes, que perciben rentas.
‘ James W ils
o n , Canital, Cncrencu and Banjtincr.
Londres. 1847, -pág.. 44.
EL
CAPITAL PINANCIÉRO
la emisión de billetes de Banco y convertirse la
emisión en monopolio de un Banco bajo control estatal. En los países en que no
circulen billetes del Estado, o estén limitados a una cantidad permanente muy
por debajo del mínimo social, el billete de Banco toma el espacio perteneciente
al papefl moneda del Estado. Si se le concede al billete de Banco curso for
zoso en ciertos tiempos de crisis, se convierte así <él mismo en papel mo
neda/ del Estado15. La regulación de la emisión de billetes falla inmedia
tamente, tan pronto como las circunstancias exigen una emisión de bi
Naturalmente,
el Banco continuará efectuando operaciones de descuento con esos billetes y, en
tanto estos billetes se emitan contra letras y otras garantías, cumplen las
funciones del dinero de crédito igual que antes. Pero esto no excluye que sigan
siendo papel moneda del Estado, y esto se demostrará inmediatamente cuando se
de-valúen, porque se emite más papel del que corresponde al mínimo social de
circula ción. Si no ocurre esto, no tendrá lugar, naturalmente, ninguna
depreciación. Cuando los anticipos al Estado, con los que se incrementa
precisa)mente la cantidad de circu lación del papel independientemente de las
necesidades ¿el comercio y la industria sean escasos (como lo fueron los que
tuvieron lugar en Inglaterra durante la restric ción bancaria), también será
pequeña la devaluación. Sin embargo, -es falso cuando Diehl dice: “Pero incluso
cuando se trata de billetes de (Banco inconvertibles con ca lidad efectiva de
medio de pago legal no se puede hablar de papel moneda; pues es dudosa también
la falta de convertibilidad” (fenómeno al que Dtehl, que no toma en
consideración las experiencias de la moneda austríaca, concede, además,
demasiada importancia). “Tampoco bajo este sistema se emiten los billetes .de
Banco para poner dinero en circulación, sino que se emiten en forma de
préstamos al Estado a a comer ciantes, esto es, contra derechos de crédito que
el «Banco garantiza por su parte. En tonces todo depende de la clase de la
gerencia) del Banco y no de la cantidad de billetes de que la emisión de
billetes sirva también bajo estas circunstancias únicamente
a las justificadas necesidades de crédito del
Estado y del comercio, o de que, traspasán dolas, conduzca a una economía de
papel moneda peligrosa para todo el crédito” (K A R L D IE H L ,
Soziakvissenschaftliche Erláutertmgen zu Ricardos Grundgesetzen der
Volkswirt-schafi, Leipzig, 1905-, parte II, pág. 235). Diehl pasa por alto la
diferencia esencial entre la emisión de billetes, que se basa en el descuento
de letras, y de ahí, en el movi miento de mercancías, que exige dinero .para
el que se pone a disposición precisamente el dinero de crédito, y la emisión de
billetes para anticipos al Estado. El billete susti tuye a la letra de cambio,
esto es, una forma de dinero de crédito se sustituye por otra, y la letra
representa valor de mercancías real. Pero la emisión de billetes contra la
promesa de pago del Estado debe poner al Estado en situación de adquirir
mercancías para las que le falta el dinero. Si el Estado contrae deudas en el
mercado monetario, absorbe dinero que se encuentra en circulación y, al gastarlo,
refluye otra vez en el mercado monetario. Aquí no es necesario que varíe la
cantidad de dinero que se en cuentra en la circulación. Pero el Estado se
dirige al Banco porque precisamente no tiene ninguna otra fuente de crédito y
concede curso forzoso a los billetes iporque si no el Banco haría bancarrota.
Los billetes emitidos para este préstamo son un comple mento para la
circulación y pueden devaluarse. Es igual que si el Estado emitiera él mismo, y
no mediante el rodeo a través del Banco, el papel moneda que necesita para sus
pagos. Sólo que el rodeo es provechoso para el Banco porque ahora percibe inte
reses por el “préstamo", que sólo cuesta impresión. Era ésta la
circunstancia que irritó tanto a Ricardo contra el Banco de Inglaterra y que le
condujo a solicitar que la emi sión de papel moneda (en cuya expresión
asimilaba billetes de Banco y billetes del Estado) fuera competencia exclusiva
del Estado. Además, tampoco carece de interés ver que las famosas [propuestas
de Ricardo, en su Proposals fot an economical and te-cure Gurrency, se han
realizado, en cierto modo, en la “moneda de papel pura” de Austria mientras
que, precisamente, esta realización permite reconocer del modo más claro lo
erróneo en la fundamentación teórica de "Ricardo.
LOS BANCOS
Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 83
lletes incrementada. Así sucede cuando el crédito
quiebra em la crisis: el dinero de crédito de muchos capitalistas privados
(esto es, muchas le tras) se hace inseguro y el espacio tomado por él en la
circulación tiene que llenarse mediante medios de circulación complementarios.
La ley falla y se infringe, como recientemente en los¡ Estados Unidos, o se
sus pende, como sucedió en el Acta Peel en Inglaterra. El que se acepte el
billete de Banco mientras ise rechazan otras muchas letras se basa única mente
en el crédito inquebrantable del Banco. Si se quebrantase éste al mismo tiempo,
habría que conceder curso forzoso a los billetes o emitir directamente papel
moneda del Estado. Si esto tampoco sucediera, enton ces se crearían medios de
circulación privados como en la última crisis americana. Pero éste es un medio
mucho menos eficaz para hacer frente a la crisis monetaria agudizada por una
errónea legislación sobre emisióm de billetes de Banco7.
7 En la legislación sobre Jas finanzas, la sociedad
capitalista se encuentra ante un problema puramente social. Pero esta sociedad
no tiene conciencia de sí misma. Sus propias leyes dinámicas le están ocultas y
tienen que ser descubiertas esforzadamente por la teoría. Pero el interés de
sus clases dirigentes se defiende contra la aceptación de los resultados
encontrados teóricamente. Incluso .prescindiendo de los estrechos y egoístas
intereses de los capitalistas monetarios que figuran como los principales peri
tos en cuestiones de legislación bancaria, es la repugnancia contra la teoría
del .valor del trabajo la que se convierte en iijipedimento insuperable para el
justo conocimiento de las leyes de la circulación de dinero y billetes; y
conduce a la victoria de los prin cipios de la escuela de la Currency (escuela
monetaria) en la legislación bancaria in glesa, aunque esta doctrina se había
demostrado histórica y teóricamente absurda por el trabajo de Tooke, Fullarton
y 'Wilson. Es una bonita ironía de la Historia el que esta teoría se pudiera
apoyar— y, hasta cierto grado, con razóln— en el mismo Ri cardo, el cual, por
lo demás, aspiraba a realizarr consecuentemente, la teoría del valor del
trabajo, porque Ricardo había abandonado su propia teoría bajo la impresión de
la práctica de la economía de dinero en pa,pel.
El carácter anárquico de la sociedad capitalista es
el que dificulta tanto la regula ción racional y consciente de una tarea
social. Con mucho esfuerzo y poco a poco aprende de las duras y caras
experiencias de los países y épocas más diferentes prin cipios más justo-s,
sin hallar la fuerza para generalizarlos, como lo demuestra el man tenimiento
de la legislación bancaria de billetes americanos e ingleses, y, en menor
grado, también la alemana, así como la política barcaria. Y hoy, aún es menos
capaz de abarcar teorética y uniformemente las nuevas experiencias; aunque
asombre el atrevimiento de Knapp, el cual ni condena los nuevos hechos ni los
deja de interpre tar, sino que, al menos, crpa una terminología sistemática-.
Como en la administración de la circulación del
dinero y del crédito se trata de una tarea social, se impone la exigencia de
transferir esta tarea al Estado. Pero como el Estado capitalista está
desgarrado por los intereses de clases, se despiertan inmedia tamente contra
esta exigencia las dudas de aquellos que han de temer el aumento de poder de
las clases que dominan precisamente el Estado. La lucha termina casi siem pre
con el compromiso de una continua vigilancia esta/tal sobre una sociedad
privada privilegiada. El interés personal de los capitalistas, que por lo visto
es indispensable, tiene que eliminarse o, al menos, limitarse. El interés
privado de los directores de los Bancos Nacionales no corresponde en ningún
modo a la importancia de su poder. De hecho, si prevalecieran los intereses
personales— habida cuenta de la posibilidad de utilidad para fines propios el
crédito nacional— , podrían surgir perjuicios qrandisimos. El carácter social
de la tarea hace indispensable la eliminación o, al menos, la fuerte
limitación del interés lucrativo.
84 EL CAPITAL FINANCIERO
Igual que la letra de cambio, el billete de Banco
convertible tampoco puede emitirse en exceso (el billete inconvertible no es,
en realidad, nada más que papel moneda del listado con curso forzoso) 8.
La circulación se deshace del billete de Banco que
ya no necesita devolviéndolo al Banco. Como sustituye a la letra de cambio, su
emisión está sometida a las mismas leyes que la circulación de letras y se
amplía con ésta mientras el crédito permanezca firme; pero entra como medio de
pago, cuyo crédito ha permanecido inquebrantable en la crisis, jun to al
dinero en efectivo en lugar de la letra, tan pronto como la circu lación de
letras se ha contraído fuertemente en la crisis .de crédito. ......
Con el desarrollo de la Banca, donde todo el dinero
desocupado re fluye en los Bancos, el crédito bancario sustituye ,al
comercial, de tal formai que, cada vez más, todas las letras no sirven en su
forma origina ria como medio de pago al circular entre los capitalistas
productores, sino que lo hacen, en su forma variada, como billetes. La
compensación y saldo del balance tiene lugar ahora co,n y entre los Bancos; una
facilidad técnica que aumenta el círculo de la compensación posible y disminuye
aún más el dinero en efectivo necesario para el saldo.
El dinero que tenían que retener antes los
capitalistas-productores para compensar el balance de las letras libradas por
ellos, ahora es ente ramente superfluo para ellos. Afluye como depósito a los
Bancos, con lo cual pueden realizar ahora el saldo de los balances. Por
consiguiente, disminuye la parte de capital que tenían que retener los.
capitalistas-pro ductores en forma de capital monetario.
Como el banquero pone su propio crédito en lugar de
las letras de cambio, necesita crédito, pero sólo un capital propio muy pequeño
como fondo de garantía para su capacidad de pago. Lo que hacen los Bancos aquí
es facilitar la circulación de dinero de crédito en proporciones su periores,
sustituyendo con su crédito, más conocido, créditos poco cono cidos. Con ello,
también facilitan localmente la compensación de las demandas de pago en un
ámbito mucho más extenso, al multiplicarse también en el tiempo las
posibilidades de compensación, la compensación temporal. De esta forma, amplían
la superestructura de crédito en propor ciones muy superiores a las que
hubiera llegado la circulación de letras, limitada, a los
capitalistas-productores.
Pero no se debe considerar duplicado el capital que
ponen los Ban cos a disposición de los capitalistas-productores mediante el
descuento de letras. La mayor parte de los depósitos bancarios pertenecen a la
clase
"No
dudo un momento en expresar mi completo acuerdo con la tan mal repu tada
doctrina de los viejos directores de Banco de 1810, consistente en que:
mientras un ¡Banco sólo emita sus billetes en el descuento de buenas letras de
cambio con un plazo de vencimiento no superior a sesenta días, no puede obrar
en £also cuando emita tantos billetes como quiera tomar el público. En este
principio, con todo lo simple que es, se encierra, según mi opinión, más verdad
y profundo conocimiento de
los principios que dominan la circulación de dinero
que en cualquiera de las prescrip
ciones que desde 'entonces se han promulgado sobre
este objeto” ( F u l l a r t o n , loe. cit., página 2 0 7 ) . V
LOS BANCOS Y
EL CRÉDITO INDUSTRIAL 8
5
de los capitalistas-productores, los cuales, con el
desarrollo de la Banca, coíiservan en los Bancos todo su capital monetario
disponible. Como ya hemos visto, este capital monetario constituye la base de
la circulación de letras'. Pero es el capital propio de la clase. Mediante el
descuento de letras no se le proporciona nuevo capital a la clase como tal. En
lugar del capital en una forma monetaria (la promesa privada de pago) se pone
capital en otra forma de dinero (promesa de pago del Banco, eventual mente
dinero en efectivo). Sólo se trata de capital monetario mientras sustituye
precisamente al capital mercantil realizado, esto es, mientras se considere
genéticamente la suma de dinero. Funcionalmente siempre se
trata de dinero (medio' de pago o de compra).
La sustitución del crédito de los
capitalistas-productores por el crédito bancario también puede suceder,
naturalmente, en formas distintas a las de la emisión de billetes de Banco.
Así, en países con monopolio de emi sión, los Bancos privados ponen su crédito
bancario a disposición de los productores “aceptando" las letras de los
productores, es decir, estam pando su firma en ellas y garantizando su
capacidad de pago. Con ello, la letra disfruta del crédito del Banco, lo cual
eleva su capacidad de circulación igual que si se sustituyera por los billetes
de este Banco. Ya se sabe que, especialmente, gran parte de las transacciones
comercia les internacionales se ejecutan mediante tales letras. En principio,
no exis te ninguna diferencia entre talas letras aceptadas y los billetes de
Bancos privados 9.
El crédito de circulación, en el estricto sentido
empleado por nos otros, consiste, pues, en la creación de dinero de crédito.
Independiza así la producción de la limitación de la suma de dinero en efectivo
exis tente, entendiendo como dinero en efectivo el dinero metálico de valor
pleno, el dinero valuta, el dinero en plata o en oro, más el papel moneda del
Estado con curso forzoso y las monedas fraccionarias en tanto exis tan dentro
del volumen del mínimo de circulación soicialmente necesario.
Pero, mediante el crédito de circulación como tal,
no tiene lugar ni transferencia de capital monetario de un capitalista
productor a otro, ni afluencia de dinero de otras clases (improductorás) a la
clase capita lista para ser transformado por ésta en capital. Si, por
consiguiente, el crédito de circulación efectúa una sustitución del dinero
efectivo, deno
''El medio
más importante para ejecutar pagos en la circulación internacional es la letra
de cambio. Mientras en tiempos anteriores se realizó la compensación interesta
tal de la letra de cambio comercial, en el último siglo ha ido adquiriendo
supremacía la letra de cambio bancaria, detrás de la cual se oculta la primera;
además, han surgido otras formas de letras derivadas de otras exigencias— como
la que se deriva de la negó-dación de títulos— . En lai letra de cambio
comercial se ha extinguido el modo especial de la compra de mercancías
precedentes; en la letra de cambio bancaria, correspon diendo a las
características del tiempo, se ha impulsado aún más la abstracción y ya no
puede afirmarse que su fundamento consiste en el intercambio de mercancías,
sino
que hay que decir más bien que a una demanda de
dinero debe corresponder un pro
ceso económico. El crédito internacional puede
unirse a este modo de pago” (A. S ar-t o r iu s , b a r ó n v . W a l t e r s h
a u s e n , Das volkswittschaltliche System dec iKapitalanlage im Ausland,
Berlin, 1907, págs. 258 y sigs.).
86 EL CAPITAL FINANCIERO
minamos el crédito en su función de transformar el
dinero en la forma que sea, esto es, ya sea dinero en efectivo o dinero de
crédito, de dinero congelado en capital monetario activo: crédito de capital.
Crédito de capital, precisamente, porque esta transferencia es siempre
transferencia a aquellos que emplean el dinero como capital monetario mediante
la com pra de -los elementos del capital productor.
En el capítulo precedente hemos visto cómo, en el
transcurso del pro ceso capitalista de producción, nace dinero libre,
acumulado, que debe servir como capital monetario. Son las sumas temporalmente
unidas por el proceso de circulación y otras veces congeladas, las sumas que-se
acumulan para sustitución del capital fijo y de la plusvalía acumulada hasta
que sean lo suficientemente grandes para lá acumulación. Aquí hay que efectuar
tres cosas: 1.° Hay que reunir, mediante la centrali zación, las sumas individuales
hasta que sean bastante grandes para la aplicación productiva; 2.° Hay que
ponerlas a disposición de las per sonas apropiadas, y 3.° Hay que ponerlas a
disposición en el tiempo adecuado.
Hemos visto anteriormente cómo de la circulación
nacía el dinero de crédito. Ahora hemos de tratar del dinero que no se utiliza;
pero el dinero sólo puede ejecutar funciones de dinero, y éstas sólo puede eje
cutarlas en la circulación; el crédito, por eso, no puede hacer otra fun ción
más que lanzar a la circulación dinero no circulante.
Pero como crédito capitalista lo lanza sólo a la
circulación para ex traer más dinero; lo lanza a la circulación como capital
monetario para su transformación en capital productor. Con ello amplía el
volumen de la producción, ampliación a la que tiene que preceder la del volumen
de la circulación. Esta .ampliación se realiza sin intervención de dinero nue
vo, únicamente mediante el aprovechamiento de dinero viejo, pero con gelado,
para fines de circulación.
Por tanto, resulta aquí otra vez la necesidad de
una función econó mica, que consiste en recoger el capital monetario congelado
y repartirlo.
Pero él crédito tiene aquí un carácter diferente al
crédito de circu lación. Este hace que el dinero actúe como medio de pago. Se
acredita el pago de una mercancía que se vende. Se ahorra dinero que tendría
que entrar en la circulación porque es sustituido por dinero de crédito. Para
esta suma es superfluo el dinero real que, si no, tendría que existir. Por otra
parte, no se pone ningún nuevo capital a disposición del capi talista. El
crédito de circulación sólo otorga la forma de capital mone tario a su capital
en mercancías.
Otra cosa es el crédito de capital. N o es más que
transferencia de una suma de dinero, cuyo propietario no puede emplearla como
capital, a alguien que debe utilizarla como capital. Este es su destino. Pues
si no fuera empleada como .capital, no podría mantener su valor ni refluir.
Pero considerado socialmente, siempre es necesario reflujo de dinero al
acreedor para poderlo prestar con seguridad. Aquí tiene lugar, pues,
transferencia de dinero que existe ya y no ahórro de dinero en general.
LOS BANCOS Y
EL CRÉDITO INDUSTRIAL 87
El crédito de capital consiste, por tanto, en
transferencia de dinero que debe transformarse así de capital monetario
congeladoi en activo10. Este no ahorra costes de circulación, como el crédito
de pago, sino que am plía la función del capital productivo sobre el
fundamento de la misma base monetaria.
La posibilidad del crédito del capital nace aquí de
las condiciones de la circulación del mismo oapital monetario; nace porque se
congela pe riódicamente dinero en la circulación individual del capital. Unos
capi talistas lo entregan continuamente a los Bancos, los cuales lo vuelven a
poner a disposición de otros.
Considerada toda la clase de los capitalistas, el
dinero no perma nece, pues, ocioso; si se solidifica como tesoro, él crédito
lo transforma inmediatamente en capital monetario activo en otro proceso de
circula ción. Para toda la clase disminuye así el volumen del capital
monetario que hay que anticipar. Ocurre esta disminución porque las pausas de
la circulación hacen intransferible el dinero y asi se evita el reposo del di
nero como tesoro. Toda la clase capitalista sólo necesita entonces dejar actuar
una parte relativamente pequeña del dinero como tesoro para po der enfrentar
las irregularidades y perturbaciones de la circulación.
Antes teníamos que tratar con
capitalistas-productores (industriales y comerciales) que realizaban sus
transacciones, por ejemplo, la compra de medios de producción, con dinero de
crédito. Ahora el capitalista-pro ductor se convierte en capitalista-monetario
o prestamista. Pero sólo toma este carácter transitoriamente cuando está
congelado precisamente su ca pital monetario, que aguarda su transformación en
capital productor.
lo mismo que
presta en un momento, también pide prestado en otro a un segundo
capitalista-productor. Por lo pronto, el carácter del capi talista-prestamista
sólo es transitorio y, con el desarrollo de la Banca, se convierte entonces en
su función especial.
El capital monetario existente actúa a través de la
gestión del cré dito en un volumen mayor que sin esta gestión. El crédito
limita el ca pital congelado al mínimo necesario para preservar perturbaciones
o cam bios imprevistos en el proceso de circulación del capital. La
congelación del capital monetario durante cierto tiempo en el transcurso del
pro ceso de circulación del capital individual tiende a ser eliminada por el
crédito para el capital social.
A l mismo tiempo, se deduce que la consignación de
los depósitos de los capitalistas-productores, e igualmente su retirada, sigue
determina das leyes que se derivan de la naturaleza de la circulación del
capital productivo y de la duración de su tiempo de circulación. Reconocer es
Como todo
dinero se presta con interés, esto es, toma carácter de capital para el
prestamista, se considera, por el contrario, como capital todo dinero prestado,
sean cuales fueren, en realidad, sus funciones, tanto si constituye punto de
partida para nuevo capital productor o sólo gestiona procesos de circuíacdcta
del capital ya existen te, y se confunde la demanda de dinero como medio de
pago con la de capital mo netario.
88 EL CAPITAL FINANCIERO
tas leyes se lo enseña a los Bancos únicamente la
experiencia, que les indica el mínimo de depósitos que no se debe sobrepasar en
tiempos nor males y les permite mantener siempre esta cantidad a disposición
de los capitalistas-productores.
El cheque es la referencia inmediata al depósito,
mientras que la le tra de cambio sólo tiene que referirse al mismo
virtualmente; el cheque se refiere al depósito individual, la letra se basa en
los depósitos de 'la! clase. P.ues, por ló pronto, son los propios depósitos
los que se ponen a disposición de la clase de los capitalistas en el descuento
de letras y, cuando ingresan los pagos de las letras vencidas, ocurren,
efectivamente, los reflujos de las mercancías vendidas: vuelven siempre como
depósi tos. Si los reflujos disminuyen, si decrecen los ingresos de las
letras, los
capitalistas han de tener a su disposición capital
complementario. Enton ces disminuyen los depósitos y con ello el fondo del que
se descuenta su letra. Para ello tiene que intervenir ahora el Banco; tiene que
descon tar con su propio crédito; pero como la base de la circulación de
letras, los depósitos, ha disminuido, y también ha disminuido su liquidez, el
Banco no puede aumentar sin peligro su propio crédito. El reflujo re tardado
ha ocasionado, en este caso, demanda incrementada de crédito bancario, y, como
éste no es extensible, de capital bancario, de préstamo. Esto se manifiesta en
la subida del tipo de interés. Ha disminuido la función de la letra de actuar
como dinero de crédito. En su lugar tenía que entrar dinero retirado de los
Bancos, los cuales experimentan aquí una demanda incrementada de capital
monetario. Por consiguiente, te nemos aqui disminución de los depósitos con
circulación permanente o aun aumentada de letras y con interés incrementado.
El que la suma de los depósitos sea un múltiplo de
las sumas real mente existentes de dinero en efectivo, es cosa bien manifiesta
ya. El dinero metálico efeatúa toda una cantidad de circulaciones y es, al mis
mo tiempo, la base de 'la circulación del dinero de crédito. Toda circu lación
semejante de dinero en efectivo o de crédito puede precipitarse como depósito
en los Bancos. La suma de depósitos puede ser así tanto mayor cuanto indique la
suma de dinero en efectivo, y la velocidad de circulación del dinero, inclusive
la del dinero de crédito.
pone 1.000
mancos en el Banco. El Banco presta los 1.000 ¡mar cos a B. Este paga con
ellos una deuda a C. C vuelve a depositar estos 1.000 marcos en el Banco. El
Banco los vuelve a prestar y los vuelve a recibir como depósito, etc. "Los
depósitos... juegan un doble papel. De una parte, se prestan... como capital
portador de intereses y, por consi guiente, no se encuentran en las cajas dé
los Bancos, sino que figuran únicamente en sus libros como haber de los
depositantes. Por otra parte, actúan como tales anotaciones simples, en tanto
se compensen los habe res recíprocos de los depositantes mediante cheques
sobre sus depósitos y se cancelen mutuamente; siendo completamente indiferente
el que los depósitos figuren en el mismo Banco de tal forma que éste cancele
las diversas cuentas corrientes unas con otras © que esto suceda en Ban-
LOS BANCOS
Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 89
eos distintos que intercambien entre sí sus cheques
y sólo paguen las diferencias” 11.
Según lo expuesto hasta ahora, el Banco actuaba,
por lo pronto, como intermediario de la circulación de pagos, que aquél amplía
mediante la concentración de los pagos y la compensación de las diferencias
locales; después procuraba la transformación de capital monetario congelado en
activo, capital que reunía, concentraba, repartía y, con ello, reducía el mí
nimo respectivo qué es necesario para la circulación del capital social.
El Banco asume una .tercera función al reunir los
ingresos de todas
— las otras- clases en forma de dinero y ponerlos a
disposición de la clase capitalista en forma de capital monetario. Así afluye a
les capitalistas, además de su propio capital monétario, que administran los
Bancos, el dinero congelado de todas las otras clases y que así pueden los
capita listas destinar al empleo productivo.
Para cumplir esta función, los Bancos tienen que
reunir todo el di nero posible que yace improdudtivo en las manos de sus
propietarios, concentrarlo y prestarlo 'luego a los capitalistas productores.
Su medio
principal es la concesión de intereses por los
depósitos y el estableci miento de sitios de recogida (filiales) para la
recogida de los depósitos. Esta llamada descentralización— llamada así porque
es puramente local y no económica— yace, pues, en el ¡ser de la función
bancaria de trans ferir los fondos congelados a los capitalistas-productores.
El capital monetario qué los Bancos ponen a
disposición de los ca pitalistas industriales puede ser empleado por éstos en
dos formas dis tintas para ampliación de la producción: puede exigirse capital
moneta rio para transformarlo en circulante o en capital fijo. La
diferenciación es importante a causa dé la diversidad del reflujo en ambos
casos. El capital monetario adelantado para adquisición de capital circulante
re fluye del mismo modo, es decir, su valor, después del transcurso del pe
ríodo de transformación, se ha reproducido concretamente y vuelto a transformar
en forma de dinero. Otra cosa sucede en el anticipo para transformación en
capital fijo. Aquí el dinero refluye sólo paulatina mente durante una serie
más larga de períodos de rotación durante los cuales sigue bloqueado. La
diversidad del reflujo condiciona así una di versidad en el modo y manera en
que está disponible el dinero en el Banco. El Banco ha invertido su capital en
una empresa capitalista, y, con ello, toma parte en la suerte de esta empresa.
Esta participación es tanto más sólida cuanto más actúe el capital bancario
como capital fijo en la empresa. Frente al comerciante el Banco es mucho más
libré que frente a la empresa industrial. Para el capital comercial sólo entra
en con sideración preferente el crédito de pago. Esto explica también por qué
las relaciones entre capital comercial y bancario se forman, como ve remos, de
un modo enteramente distinto a las del capital industrial. Son múltiples las
formas en que el capital bancario, comprendido de los
51 Marx,
El capííaí, t. III, 2.* parte, pág. 8-
90 EL CAPITAL FINANCIERO
fondos ajenos, se ponen a disposición de los
capitalistas-productores en las condiciones que mencionamos más arriba:
retirada de los depósitos propios, apertura de crédito y de cuentas corrientes
activas. Su diferen ciación no tiene, en principio, ninguna importancia; sólo
ison importantes los objetivos para los que se emplean realmente los fondos,
bien sean para la inversión fija o circulante de capital12.
También esta inversión de capital requiere, por
otro lado, un capital propio mayor de los Bancos, que sirve como fondo de
reserva y de ga rantía para la continua liquidabílidad de los depósitos. Por
consiguiente, los Bancos, con la función de la propia concesión de crédito,
tienen que disponer siempre de importante capital, en oposición a los Bancos de
depósitos puros. Así, en Inglaterra es extraordinariamente pequeña la relación
entre el capital desembolsado en acciones y las operaciones ac tivas; “en los
admirablemente dirigidos Bancos de Londres y Countybank era la relación en 1900
igual a 4,38: 100" 13.-Por otra parte, se explica por esta relación lo
elevado de los dividendos de los Bancos de depósito ingleses.
Al principio del desarrollo, el crédito se tramita
principalmente me diante la letra; es crédito comercial que se conceden entre
sí los capita listas-productores, industriales y comerciales; su resultado es
el dinero de crédito. Si el crédito se concentra en los Bancos aparece cada vez
más fuerte el crédito de capital junto a'1 de pago. Al mismo tiempo, puede
variar en la forma el crédito que se conceden entré sí los industriales. Los
industriales conservan en el Banco todo el capital que poseen en for ma de
dinero. N o importa ahora diferenciar si se conceden mutuamente crédito
mediante letras o si se conceden mutuamente pagarés sobre su crédito bancario.
Así pueden entrar créditos bancarios en lugar de cré ditos de letras y se
disminuye la circulación de letras. En lugar de le tras de cambio industriales
y comerciales ha entrado la letra de cambio financiera, a la que sirve de base
una obligación del industrial con el Bancolft.
Los
economistas que, en el análisis de la mercancía, pasan por alto las deter
minaciones específicas de forma y sólo consideran el contenido del acto de
cambio, descuidan, por el contrario, en las formas desarrolladas del movimiento
de crédito así como el de Bolsas, el contenido y no se cansan de hacer
infinitas sutilezas sobre las formas. También me parece que JE ID E L S concede
demasiada importancia a las formas de las operaciones crediticias en su escrito
(Das VerhMtnis der deuíjschen Grossban-ken zuv Industrie, Leipzig, 1905), que,
por lo demás, es excelente.
” Por lo pronto, hay que percibir en todas las
ramas del comercio, realizado ya en el movimiento de materias primas y de
productos semifacturados, la difusión cre ciente del pago al contado (en lo
que Prion abarca el pago bancario) en lugar del saldo de letras. Con ayuda del
crédito bancario, especialmente en la forma del crédito de aceptación, el
comerciante paga mediante transferencia! de giros o extensión de un cheque al
contado, de tal forma que la letra de cambio-mercancía se desplaza cada vez
más. A quien más tiene que alcanzar esto es a las mayores y mejores letras de
mer cancías, porque en las capas superiores del movimiento comercial ha
crecido ya mu cho la riqueza en capital mediante el proceso de absorcióln.
Incluso en el gran comer-
LOS BANCOS
V EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 91
También se prueba internacionalmente la evolución
del crédito de pago hacia el crédito de capital. En primer lugar, Inglaterra
(prescindi mos de la posición análoga del capitalismo holandés con el inglés
durante el capitalismo inicial) concede crédito comercial principalmente a
países extranjeros que compran sus productos, mientras que Inglaterra paga en
efectivo sus compras en proporciones relativamente mayores; hoy no es lo mismo:
no se concede crédito sólo y principalmente para las relacio nes comerciales,
como crédito comercial, sino para inversiones de capital. Se intenta
.apoderarse de la producción extranjera mediante el crédito de capital.
Banquero internacional lo 'es menos el país industrial (Esta dos Unidos,
Alemania), sino que, en primer lugar, son Francia, Bélgica y Holanda, que ya
financió el capitalismo inglés en los siglos X V II y xvm, los que conceden
crédito de capital. Inglaterra ocupa una posición inter media. De ahí también
la diversidad de las movimientos de oro en las Bancos centrales de estos
países. El movimiento de oro del Banco de Inglaterra es el índice de las
relaciones de crédito internacionales, puesto que Londres es, desde siempre, el
mercado enteramente libre de oro y por eso se concentra allí su comercio. Dn
Francia impide el movimiento de oro completamente libre la política de primas
de oro, y en Alemania algunas consecuencias de las técnicas de dirección del
Reichsbank. El movimiento del tesoro inglés del oro depende, en primer lugar,
del es tado de la industria y del comercio, y, de su balance, ya que el
crédito que da Inglaterra aún es esencialmente crédito comercial. Mucho más
libres son las disposiciones del Banco de Francia, con su enorme tesoro en oro
y sus débitos comerciales relativamente pequeños. El es quien ayuda al Banco de
Inglaterra en las conmociones del crédito comercial.
Esta relativa independencia del /crédito bancario
frente al comercial es importante porque significa cierta superioridad para el
banquero. Todo comerciante e industrial tiene obligaciones de crédito que
tienen que cumplirse, hasta cierto punto. Pero él mismo depende hoy para su
cum plimiento de las disposiciones de sus banqueros, que eventualmente po
drían hacérselo imposible mediante la limitación de su crédito. Mientras la
masa principal del crédito era crédito comercial y los banqueros sólo esencialmente
comerciantes de letras, no era éste el caso; aquí más bien
cío de ultramar, hasta ahora lugar de procedencia
de las mejores letras, por 'ejemplo, en el comercio de cereales, se ha hecho
habitual .pagar con la libranza a la vista en lugar de la letra a sesenta o
noventa días cuando no se usa la aceptación bancaria. Ello se basa en el hecho
de que el comprador puede conpeguir siempre condiciones ventajosas pagando al
contado, que incluso continúan siendo las mismas aun cuando tenga que recurrir
al crédito bancario en proporciones considerables para este fin. Por la letra
de mercancías que, de hecho, todavía se ha de poner en circulación, se inicia,
además, una fuerte competencia tanto entre el Banco Nacional y los Bancos de
cré dito, como también entre los mismos grupos particulares de los últimos. La
enorme acó-mulación del capital en los grandes Bancos estimulan una inversión
de letras corres pondiente y, por eso, hace descender el precio de lais buenas
letras comerciales en esta
competencia por debajo del tipo de descuento del
Reichsbank hasta el tipo de descuen to privado" (Prion, loe. cit., pág.
120).
92 EL CAPITAL
FINANCIERO
dependía el mismo banquero del vencimiento del
negocio, del pago de la letra; tenía que evitar en lo posible limitar la
concesión de crédito re querida durante todo el tiempo que pudiese, puesto que
si no podría des truir todo el crédito de letras; de ahí la gran tensión de su
propio cré dito hasta la tensión excesiva y la catástrofe financiera. Hoy, en
que el crédito comercial ya no juega este papel, sino que el crédito de capital
es la cosa principal, el Banco puede controlar y dominar mucho mejor la situación.
Dado cierto desarrollo del crédito, el empleo del
crédito para la em presa capitalista se convierte en una necesidad que a ésta
le impone la lu-~ cha de competencia. Pues, para el capitalista individual, el
empleo del crédito significa una subida de su cuota de beneficios. Si la cuota
me dia de beneficios asciende al 30 por 100 y el tipo de interés al 5 por 100,
entonces un capital de un millón de marcos obtendrá un beneficio de 300.000
marcos. (Die este beneficio se sentarán en la cuenta del capita lista 250.000
como ganancias de empresario y 50.000 como interés por su capital.) Si el
capitalista logra conseguir un segundo millón obtendrá ahora un beneficio de
600.000 marcos menos los 50.000 que tiene qi*e pagar como interés por el
segundo millón de marcos, esto es, una ga nancia de 550.000 marcos; su
beneficio de empresario asciende ahora a 500.000 marcos, que, como antes, está
calculado sobre el capital propio de un millón y ahora resulta una tasa de
beneficio de empresario del 50 por 100 frente a la anterior del 25 por 100. Si,
al mismo tiempo, él capital mayor le permite producir también más barato
gracias’a la am pliación de la producción, entonces sus beneficios habrán
aumentado aún más. Si el empleo del crédito no les es posible a otros capitalistas
en la misma medida o en condiciones más duras, el capitalistas favore cido
podrá realizar un superbeneficio.
Si la situación del mercado es desfavorable, la
ventaja de la utiliza ción del crédito se manifestará de otro modo. El
capitalista que utiliza capital ajeno puede reducir sus precios, para el
volumen en que emplea capital ajeno, por debajo del precio de producción
(precio de coste más beneficio medio) hasta pe + i (precio de coste más
interés), de tal for ma que puede vender la suma total de sus mercancías por
debajo dél precio de producción sin reducir el beneficio sobre su propio
capital. Sólo sacrifica el beneficio de empresario sobre el capital ajeno y no
el bene ficio sobre el propio. Así, la utilización del crédito concede en
tiempos de coyuntura desfavorable una superioridad en la lucha de precios que
aumenta con el volumen de la utilización de crédito. El capital propio que
emplean los capitalistas-productores se convierte así, para ellos, úni camente
en la base de una empresa que se extiende mucho más allá de los límites de su
propio capital con ayuda de capitales ajenos 15.
JB Lo elevado que son los créditos en cada caso
particular, se ve, por ejemplo, en una nota del Aktionac del año 1902, según el
cual se ha hecho habitual el que los indus triales hayan de pagar interés d«I
20 al 40 ipFbr 100 como deudas bancarias En la asamblea general de la Neusser
Eiseniwerk (antes'Rudolf Daelen) un accionista calcy-
LOS BANCOS
Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 93
El aumento del beneficio de empresario mediante la
utilización del
.crédito tiene lugar sólo para el capitalista
individual y para su propio capital. Por lo pronto, deja intacto el nivel de la
tasa social de beneficio medio. Pero, al mismo tiempo, aumenta, naturalmente,
la masa de be neficios y, con ello, el ritmo de la acumulación. A l permitir
que se ex tienda la escala de la producción, que aumente la fuerza productiva
del trabajo, concede, por lo pronto, a los capitalistas que pueden emplear el
crédito, antes que otros o en proporciones mayores que ellos, un be neficio
extra, para disminuir después la cuota de beneficios en el trans curso
posterior del desarrollo mediante el progreso hacia una superior composición
del capital que lleva consigo casi siempre la extensión de la producción. El
aumento del beneficio de empresario del capitalista in dividual impulsa a éste
.a la utilización cada vez mayor del crédito. Si multáneamente crece la
posibilidad de la utilización mediante la centra lización de todo el capital
monetario en los Bancos. Esta tendencia na ciente en la industria tiene que
repercutir, por su parte, en la clase de la concesión de crédito por los
Bancos.
La intensificación de la demanda de crédito
conduce, por lo pronto, a que se solicite crédito para el capital circulante;
una parte cada vez mayar del capital propio se transforma en capital fijo
mientras que en tra capital ajeno para una parte considerable del capital
circulante. Pero cuanto mayor es la escala de la producción, se hace más fuerte
la parte de capital fijo, y tanto más intensamente se sentirá la limitación del
cré dito sobre el capital circulante. Pero si también ha de exigirse crédito
para el capital fijo, varían totalmente las condiciones para la concesión de
cré dito. El capital circulante vuelve a transformarse en capital monetario
después de un período de transformación; el capital fijo, en cambio, vuel ve a
transformarse en dinero paulatinamente en el transcurso de un pe ríodo mayor,
durante el cuall tiene lugar 'su desgaste paulatino. ,Ei ca pital monetario,
que se ha transformado en capital fijo, está así sujeto para baslfcante tiempo,
tiene que permanecer anticipado durante mucho tiempo. Pero los capitales
prestados que están a disposición del Banco tienen que poder rembolsarse, en su
mayor parte, en cualquier momento. De ellos sólo puede prestarse la parte para
transformación en capital fijo que permanece suficiente tiempo en las manos del
Banco. Esto no lo hace ningún capital de préstamo individual; pero del capital
de prés tamo tolfcal siempre queda una gran parte en manos del Banco, una par
te cuya composición cambia continuamente, pero que siempre supone un cierto
mínimo a disposición del Banioo. Esta parte qué permanece a disposición de lois
Bancos es la que también puede prestarse como capi tal fijo. Mientras el
capital individual no es apropiado para la inversión fija en forma de simple
capital de préstamo— pues con ello deja de
ló que las deudas de esta empresa ascendían, de
1900 hasta 1903, a un 26,85, 105 y 115 p o r 100 de los medios líquidos; de los
718.000 m arcos de deudas en el año 1903,
500.000 marcos eran deudas bancarias sobre u n m
illón de m arcos de capital en accio nes (JE ID E LS, loe. cit., pág . 42).
94 EL
CAPITAL FINANCIERO
ser capital de préstamo y se convierte en una parte
del capital industrial, y el capitalista se convierte de
capitalista-prestamista en industrial— , este mínimo que está siempre a
disposición del Banco es apropiado para la inversión fija. La parte que ese
mínimo representa será tanto más grande y tanto más estable cuanto mayor sea el
capital total a dispo sición del Banco. El Banco que presta capital fijo tiene
que tener siem pre cierta dimensión que ha de crecer con la expansión de las
empre sas industriales y aún más rápidamente que ellas. A l mismo tiempo, un
Banco no participará en una empresa, sino que tendrá la tendencia a repartir su
riesgo mediante una participación múltiple. Este será el caso,-precisamente,
por que los reflujos de estas participaciones entrarán así regularmente.
Pero con esta clase de la concesión de crédito
varía, al mismo tiem po, la posición de los Bancos ante la industria. Mientras
los Bancos sólo gestionen el movimiento de pagos, no les interesa, en realidad,
más que el estado momentáneo de la empresa, su capacidad momentánea de pago.
Cobran las letras que son buenas después de este examen, dan antici pos por
las mercancías, conceden créditos sobre la pignoración de ac ciones
susceptibles de venderse en él mercado de valores según su co tización normal.
Su campo de acción real es, porconsiguiente, más bien el capital comercial que
el industrial y, además, la satisfacciónde las exigencias de la Bolsa: También
su relación con la industria se basa me nos en el proceso de producción que en
la venta del industrial a los co merciantes por mayor (mayorista). Otra cosa
es cuando el Banco pasa
a poner a disposición del industrial capital de
producción. Entonces su interés ya no queda limitado a la situación momentánea
de la empresa y la situación momentánea del mercado, sino que ahora se trata
más bien de la suerte ulterior de la empresa y de la configuración futura de la
situación del mercado. El interés momentáneo se convierte en interés per
manente, y cuanto mayor sea el crédito, cuanto más prevalezca, ante todo, la
parte del capital de préstamo transformado en capital fijo, tanto mayor y tanto
más permanente será este interés.
Pero, al mismo tiempo, crece la influencia del
Banco sobre la em presa.
Mientras el crédito sólo era transitorio, mientras
la empresa sólo re cibía del Banco y en forma de crédito su capital
circulante, la solución de esta relación era relativamente fácil. Una vez
transcurrido el período de rotación, la empresa podía volver a pagar el crédito
y buscarse otro concesionario de crédito. Eisto cesa cuando también se acredita
una parte del capital fijo. La obligación sólo se puede disolver después de
largo tiempo. La empresa queda ligada .al Banco. Pero en esta relación el Banco
acostumbra a ser la parte más fuerte. El Banco dispone siem pre del capital en
su forma líquida, preparada para convertirse en ca pital monetario. La
empresa, en cambio, depende de la transformación de la mercancía. Si se
paraliza el proceso de circulación o bajan los pre cios de venta, entonces se
necesita capital adicional que ha de procu-
LOS BANCOS
Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 95
rarse mediante el crédito. Pues con la expansión
del crédito el volumen del capital de toda empresa está limitado al mínimo y
toda necesidad re pentina dé un aumento de los medios líquidos requiere una
operación de crédito cuyo fracaso podría significar la bancarrota para la
empresa. La disponibilidad de capital monetario es lo que le da al Banco la
pre potencia frente a la empresa, cuyo capital está, inmovilizado como ca
pital de producción o de mercancías. Hay que añadir, adémás, la pre potencia del
capital del Banco que lo hace relativamente independiente frente a la
transacción individual mientras que para la empresa quizá dependa todo de esta
transacción. Por el, contrario, en algunos casos, el Banco puede estar ligado a
una empresa tan estrechamente que su suerte esté firmemente entrelazada con la
empresa y tenga que someterse a to das sus exigencias. En general, siempre es
la superioridad de la fuerza del capital, especialmente el volumen del capital
monetario de libre dis posición, lo que decide sobre la dependencia económica
dentro de una relación de crédito.
La relación variada con la industria fortifica
todas aquellas tenden cias que conducen desde la técnica bancaria a la
concentración, lin a consideración de estas tendencias también tiene que
separar aquí 'las tres funciones que sé manifiestan en el crédito comercial
(esto es, en el des cuento de letras), en el crédito de capital y en el
negocio de emisión.
Para la circulación de letras es decisiva, ante
todo, la extensión de las relaciones internacionales. Requiere .una red
ampliamente ramificada de relaciones extranjeras. Por consiguiente, el mayor
tiempo de circula ción de la letra extranjera hace necesario poder disponer
eventualménte de mayores medios. Ein tercer lugar, la equiparación mediante
compensa ción de las letras también es aquí menos regular. El comercio de
divisas exige, pues, una grande y eficaz organización. "Lo significativo
de ello está en que nace una tendencia en la Banca hacia la concentración,
desde la misma técnica de un negocio bancario determinado, que es de una
importancia cada vez mayor para una industria floreciente. La letra de cambio
procedente de la producción industrial, tanto la letra interior como exterior,
que sirve esencialmente para el pago de materias primas y productos
industriales, requiere una organización de la Banca que esté lo bastante
ramificada para poder regular la circulación de letras en ge neral y en particular
con el extranjero, y al mismo tiempo también para poder examinar la letra
individual desde el punto de vista de la ga rantía, es decir, grandes Bancos
con muchas relaciones en el extran jero y sucursales en el interior.
Naturalmente, la letra sirve a la indus tria esencialmente para pago y para
creación de crédito de pago; el Ins tituto que concede este crédito no recibe
aún ninguna .posibilidad de intervenir consciente y sistemáticamente en las
industrias que toman crédito. Pero las relaciones entre el Banco y la industria
no van más
allá del examen necesario de la solvencia del que
toma crédito y de la ganancia de descuento"1S.
“ Jeidels,
loe. cit., pág . 32.
96 ÉL CAPITAL FINANCIERO
Para poder
ejercer lucrativamente el negocio de letras con el extran
jero tiene que estar unido a él estrechamente el
arbitraje del cambio. A ello pertenecen, por un lado, amplias comunicaciones y,
por otro, gran des medios líquidos. Pues las operaciones de arbitraje, para
producir ga nancias, 'tienen que hacerse siempre muy rápidamente y en gran
escala. Este negocio de arbitraje de cambio “se basa en la posibilidad de que
institutos londineses, que no tienen ni haberes ni crédito en Francia, puedan
aprovechar una coyuntura favorable del mercado londinense, en el cual la demanda
de divisas de París supere la oferta, extendiendo letras sobre París; la firma
compradora en cuestión en París espera, pueis, una ocasión favorable parecida
en este mercado para reenviar las sumas a Inglaterra” 17.
La difusión del crédito de capital se manifiesta en
la creciente im portancia del movimiento de cuentas corrientes 18. “Su
trascendencia para la relación de los Bancos con la industria nace de tres
causas: 1.a Me diante su importancia decisiva para la segura expansión de la
empresa, crea una dependencia con respecto a los que conceden él crédito. 2.a
La naturaleza del crédito bancario industrial ejerce una influencia sobre la
organización de la Banca mayor aún que la de los negocios de crédito mencionados
hasta ahora; sólo ese crédito actúa favoreciendo la concen tración
bancaria..., las relaciones particulares con la industria requieren nuevos
principios..., otro conocimiento de la industria por parte del ban quero. 3.a
Finalmente, el crédito industrial en cuenta.corriente es el punto de partida de
todos los negocios entre los Bancos y la industria; la activi dad de fundación
y de emisión, la participación directa en empresas in dustriales, la
cooperación en la dirección de fábricas industriales a itra-vés de la presencia
en el Consejo de Administración, están en la estre cha relación de causa y
efecto para el crédito bancario en muchísimos
17 E
d g a r J a f f é , Das englische Banhweáen, pág. 60.
La esencia
del crédito de cuentas corrientes consiste en que "permite al deudor
disponer del crédito acordado en total o en cantidades parciales, y también en
efec tuar, por tanto, rembolso en todo tiempo. Para el deudor es ventajosa
esta caracte rística del crédito de cuenta corriente, porque puede adecuar la
utilizacicln de los ca pitales dejadois a modo de préstamo por completo a las
necesidades de su negocio y disminuir económicamente los gastos. A su vez, el
préstamo a través del crédito de cuenta comente significa para los Bancos una
inversión bastante sólida, cuya dura ción, aun no estando limitada, garantiza
el rembolso continuado por parte del deudor ¡P rio n , loe. ci(„ pág. 102). E n
la misma obra se refiere al nivel alcanzado en Ale mania por esa clase de
.crédito: "Es habitual adaptar el tipo de interés de cuenta co rriente al
tipo de interés hipotecario del Reichsb'anck, sin permitirle que descienda por
debajo de cierto nivel mínimo, en el supuesto de reducción del tipo de descuento
mí nimo, que asciende, generalmente, al 5 por 100. Junto a 'este sistema de
coordinación de los intereses, que no presenta dificultades, se exige una
reserva que varía según la solidez y calidad de los Bancos, y que se adecúa
también al volumen de operaciones. Generalmente, se calcula sobre un múltiplo
de late sumas de crédito concedidas o exi gidas efectivamente y depende -de la
velocidad de las transacciones. De todas formas, esta provisión varía el tipo
propio de interés en perjuicio del deudor, hasta tal punto que este último
puede -verse obligado, según los casos, del 2 al 3 por 100 más ck* cuanto
resulta del cálculo de los intereses nominales".
LOS BANCOS
Y EL
CRÉDITO INDUSTRIAL 97
casos.” Al mismo tiempo, el crédito en cuenta
corriente es un "buen medio para el Banco para juzgar y controlar la
empresa industrial; las ventas regulares significan buena marcha del
negocio" 10. El Banco ad quiere, al mismo tiempo, mediante estas
relaciones regulares, un nuevo conocimiento de la empresa que puede serle
ventajoso en otra relación, por ejemplo, en los negocios bursátiles. Por otro
lado, el peligro de la concesión excesiva de crédito requiere la vigilancia
estricta de la em presa industrial, cuya primera condición es que la empresa
trabaje con un solo Banco. Si la función del Banco como intermediario del
crédito exige, habida cuenta de la expansión de la industria, una concentra
ción progresiva del capital bancario, su función como Instituto de emi sión
requiere igualmente la mayor concentración posible. Por ló pronto, en los
negocios más lucrativos lo que más se hace valer es la inmediata superioridad
de un gran Banco; hará más, mayores y mejores negocios. Cuanto mayor sea el
Banco, mayor será la seguridad con que emita. Po drá colocar entre sus propios
clientes gran parte de las emisiones. Pero entonces el Banco tiene que estar en
situación de reunir con seguridad las sumas cada vez mayores que necesita. Para
ello necesita gran capital propio y gran influencia en el mercado.
El gran Banco puede elegir eJ momento .apropiado
para la venta de títulos; mediante su gran capital puede preparar la Bolsa y
estar en situación de dominar después el desarrollo de la cotización de las ac
ciones y proteger así el crédito de la empresa. Las peticiones de emisión que
se formulan a los Bancos aumentan cada vez más con el desarrollo de la
industria. La movilización del capital sólo establece una condición para la
expansión de la producción: la eficiencia técnica. A l mismo tiem po, también
suprime, para la ampliación de las empresas, la dependencia con respecto al
superávit del ejercicio y permite rápidas ampliaciones (frecuentemente
discontinuas en tiempos de coyuntura favorable), con exigencias de capital
súbitas y fuertes. Tales exigencias de capitales sólo pueden ser satisfechas si
aquéllos se encuentran concentrados en los Bancos, a quienes corresponde la
tarea de recoger y suministrar los capitales sin alterar el mercado monetario.
Esto sólo puede hacerlo el Banco cuando el capital que presta vuelve a él
rápidamente o cuando las operaciones se realizan contablemente, sin intercesión
de pagos en metálico; éste será el caso cuando las acciones sean adquiridas por
los propios clientes del Banco: en vez de pagar el importe en dinero se resta
de los depósitos bancarios, disminuyendo .así el pasivo.
De la misma técnica de la empresa bancaria surgen,
de esta manera, tendencias que favorecen igualmente la concentración bancaria,
como lo hace la concentración industrial, que sigue siendo la causa primera del
feniómeno.
10 J
e id e ls, loe. cit.,
p á g s . 32 y sígs.
CAPITULO VI
El tip©
de interés
A base de la producción capitalista, toda suma de
dinero recibe la capacidad de actuar como capital, esto es, de producir
beneficios. La condición para ello es que se ponga a disposición de los
capitalistas-productores. "Supongamos que la tasa media de beneficios
anuales sea del 20 por 100. Entonces una máquina por valor de 100 libras
esterlinas, empleada como capital, bajo las condiciones medias, en una empresa
dirigida con un nivel medio de inteligencia y actividad, rendiría un be
neficio de 20 libras esterlinas. Por consiguiente, un hombre que dispone de 100
libras esterlinas tiene en su mano el poder de hacer 120 libras de las 100 o de
producir un beneficio de 20 libras esterlinas. Tiene en su mano un capital
potencial de 100 libras esterlinas. Si este hombre deja durante un año las 100
libras esterlinas a otro que las emplea realmente como capital, le da el poder
de producir 20 libras esterlinas, una plus valía que no le cuesta nada y por
la que no paga ningún equivalente. Si este hombre, a fin de año, paga al
propietario de las 100 libras quizá 5 libras esterlinas, esto es, una parte del
beneficio producido, paga con ejllo el valor de uso de las 100 libras
esterlinas, el valor de uso de su función de capital, de la función de producir
20 libras esterlinas de bene ficios. La parte del beneficio que le paga se
llama interés, lo cual no es, pues, nada más que un nombre especial, una
rúbrica especial para una parte del beneficio que el capitalista activo tiene
que pagar al propieta rio del capital en vez de guardársela en su bolsillo.
“Está claro que la posesión de las 100 libras
esterlinas le da a su propietario el poder de adueñarse del interés, de cierta
parte del bene ficio producido por su capital. Si no le diera las 100 libras
esterlinas al ctro, éste no podría producir el beneficio, no podría actuar, en
general, como capitalista en relación con estas 100 libras esterlinas”
A l prestar su dinero el capitalista monetario,
este dinero actúa para
1 M a r x
, E l
capital, t. III, 1." parte,
pág . 323.
EL TIPO DE INTERÉS 99
él como capital (capital de préstamo), puesto que
después de algún tiem po vuelve a él aumentado, pero el capital sólo aumenta
de valor en el proceso de producción mediante la explotación de la fuerza de
trabajo, eis decir, de la apropiación de trabajo no pagado. El capital
monetario del capitalista-prestamista tiene que convertirse, por eso, en
capital monetario del capitalista-productor para acreditarse en el proceso de
producción, para producir beneficios. Este beneficio se divide ahora en dos
partes: una vuelve como interés al prestamista, la otra se queda para el
capita lista-productor. Como el interés, en circunstancias normales, es una
parte del beneficio, éste será el límite máximo dpi interés. Y ésta es la única
relación entre beneficio e interés. En cambio, el interés no es ninguna parte
determinada de cualquier modo ni fija del beneficio. El nivel del interés
depende de la oferta y la demanda del capital de préstamo. Se puede imaginar
una sociedad capitalista y derivaí sus principios bajo el supuesto de que
propietario de dinero y capitalista^productor sean idénticos o, en otras
palabras, que todos los capitalistas-productores dis pongan, al mismo tiempo,
del capital monetario necesario. Entonces no> se originaría ningún interés.
En cambio, la producción capitalista es inima ginable sin la producción de
beneficios; ambas cosas significan, al mismo tiempo, lo mismo. La producción de
beneficios es tanto condición como meta de la producción capitalista. Su
producción, la producción de plus valía que está encarnada en el producto
adicional (Mehrprodukt), está objetivamente determinada; el beneficio nace
directamente de la relación económica, de la relación de capital, de la
separación de los medios de producción del trabajo y de la oposición entre capital
y trabajo asala riado; su magnitud depende del nuevo valor que produce la
clase traba jadora con los medios de producción existentes y la distribución
de este nuevo valor entre capitalistas y clase obrera, que vuelve a estar
determi nada por el valor de la fuerza de trabajo. Se trata de factores
objetiva mente determinados.
Otra cosa es
el interés. Nace del .hecho accidental, frente a la esencia del capitalismo (la
separación de los medios de producción del trabajo); nace del hecho de que no
sólo los capitalistas-productores dispongan de dinero y, por consiguiente, que
todo el capital monetario no tenga que entrar en cualquier momento en la
circulación del capital individual, sino que yace congelado temporalmente. La
parte del beneficio que pueden apropiarse los capitalistas-prestamistas depende
de la relación variable de la demanda de dicho capital monetario por parte de
los capitalistas monetarios 2.
Para poder
explicar lo relativo a la formación del precio mediante la relación entre
oferta y demanda éstas tienen que representar magnitudes dadas y fijas. De
ahí también la
aspiración de la teoría de la utilidad ma|rginal de
suponer constante
la oferta,
esto es, de partir de unas existencias dadas. Por consiguiente, es consecuen
te por entero que
S C H U M P E T E R (Das Wesen
und der Hauptinhalí der theocetischen
Naíionalókonomie, Leipzig, 1908),
en sus esfuerzos para
demostrar la teoría de la
utilidad marginal, reduzca, finalmente, la teoría economía a una estática,
cuando ella
100 EL CAPITAL FINANCIERO
Pero si el interés depende de la oferta y la
demanda, entonces hemos de preguntamos cómo están determinados por su parte la
oferta y la demanda. De un lado' está el dinero momentáneamente congelado, pero
que tiende a ser explotado; de otro está la demanda de dinero de los ca
pitalistas activos, dinero que quieren transformar como capital monetario en
.capital activo. Esta distribución la procura el crédito de capital, de cuyo
nivel depende, pues, el nivel del tipo de interés. En cada momento dado está a
disposición de la sociedad capitalista una suma de dinero cuantitativamente
dada que representa la oferta, y del oitro lado existe la necesidad de capital
monetario sentida por los capitalistas activos, nece sidad determinada
igualmente por la expansión de la producción y de la circulación. Por tanto, se
trata aquí de dos magnitudes determinadas en cada momento que se enfrentan como
oferta y demanda en el mer cado de dinero, y determinan el “precio de préstamo
del dinero”, el tipo de interés. Bsta determinación noi ofrece ninguna
dificultad ulterior; ésta resulta con el análisis de las variaciones del tipo
de interés.
Por lo pronto, está claro que una expansión de la
producción, y con ello de la circulación, significa demanda incrementada de
capital mone tario. La demanda incrementada tendría que traer consigo, pues,
si la oferta permaneciese igual, un aumento del tipo de interés. Pero la difi
cultad nace de que también varía la oferta al variar la demanda y pre
cisamente a consecuencia de esta variación. Si consideramos la masa de dinero
que forma la oferta, veremos que consta de dos partes: primero, del dinero en
efectivo existente y, segundo, del dinero crediticio. Ya he mos visto en el
análisis del crédito comercial que el dinero crediticio constituye un factor
variable que crece con la expansión de la produc ción. Y esto significa
demanda incrementada de capital’ monetario; pero esta demanda incrementada
encuentra también una oferta aumentada que está dada por el dinero crediticio
incrementado a' causa de la expansión de la producción. Por consiguiente,
tendrá lugar una variación del tipo de interés sólo cuando la variación en la
demanda de capital monetario sea más fuerte que lá de la oferta; es decir, que
habrá una subida del tipo de interés sólo cuando la demanda de capital
monetario crezca más rápidamente que el aumento del dinero crediticio. ¿Cuándo
ocurrirá esto? Por lo pronto, el incremento del dinero crediticio exige un
aumento de
tiene que ser dinámica en cuanto doctrina de las
leyes de movimiento de la sociedad capitalista. Con ello, el antagonismo frente
al marxismo se ha formulado muy feliz mente y del modo más agudo, pero, al
mismo tiempo, se Gom.pru.eba también la com“ pleta esterilidad de la teoría de
la utilidad marginal, o sea, the {¡nal [ui'iUty of final utility, según el
chiste de Hyndman. Económicamente existe dificultad en explicar las
proporciones de la oferta, lo cual no quiere decir otra cosa que exponer el
volu men de la producción con arreglo a las leyes económicas. La demanda misma
está determinada por la .producción y su distribución, y las leyes según las
cuales tiene lugar el reparto del producto social. También en la investigación
de las ca;usas de las determinantes del tipo de interés la dificultad’consiste
en averiguar los factores que determinan la magnitud de la oferta.
EL TIPO DE INTERÉS 101
aquella suma de dinero efectivo que es necesaria
como reserva para la continua solvencia del dinero crediticio; además, con la
circuición del dinero crediticio crece también la iparte de la suma de dinero
eji efectivo que tiene que retenerse para compensación del balance del dinero
credi ticio que no se compensa. Simultáneamente, también crecen con la ex
pansión de la circulación aquellas transacciones en que el dinero credi ticio
sólo juega un pequeño papel; las sumas necesarias para pago de los trabajadores
y, las más de las veces, de dinero efectivo: así, disminuyen las sumas que
están a disposición del movimiento de préstamos porque una parte del dinero en
efectivo se necesita para estas funciones dife rentes. Finalmente, el
incremento del dinero crediticio se quedará reza gado con respecto a las
exigencias de la producción y circulación, au mentadas tan pronto como se
paralice o retarde la venta de mercancías al finalizar una época de
prosperidad.
Pues esto significa que las letras que se han
librado sobre las mer cancías no se compensan ya mutuamente y que, al menos,
el tiempo de circulación de las letras ha aumentado. Cuando las letras vencidas
no se compensan tienen que pagarse con dinero en efectivo. El dinero crediticio
(esto es, las letras y los billetes de Banco que las sustituyen) no puede
cumplir ya en las proporciones vigentes hasta este momento las funcio nes de
dinero exigidas por la circulación de las mercancías. Para desem peñarlas nace
una demanda incrementada de dinero en efectivo. Por con siguiente, ha
disminuido el dinero crediticio, mientras que simultánea mente crece, como
sustitución de él, la demanda de dinero en efectivo; es esta demanda la que
produce la subida del tipo de interés.
Si, por tanto, el nivel absoluto del tipo de
interés depende de la situación del crédito del capital, sus variaciones
dependen, ante todo, de las condiciones del crédito comercial. El análisis más
profundo de estas variaciones pertenece a la exposición de las fluctuaciones de
la coyuntura y por eso se realizará en relación con las mismas.
"Las variaciones del tipo de interés
(prescindiendo de las que resultan en períodos más largos o- de la diferencia
del tipo' de interés en los dis tintos países; las primeras están
condicionadas por las variaciones en la tasa general de beneficios y las
segundas por las diferencias en las tasas de beneficios y el desarrollo del
crédito) dependen de la oferta del ca pital de 'préstamo (suponiendo las otras
circunstancias, estado de la con fianza., etc., constantes), es decir, del
capital que se presta en forma de dinero, dinero metálico y billetes; a
diferencia del capital industrial que, entre los agentes reproductivos, se
presta como tal en forma de mer cancías a través del crédito comercial"
3.
Nuestra opinión no concuerda enteramente con ello.
Marx hace que las variaciones del tipo de interés dependan de la oferta de
capital, que se presta en forma de dinero, dinero metálico y billetes. Pero
queda sin
° Marx, E l
capital, t. III, 2, pág. 37.
102 EL
CAPITAL FINANCIERO
responder la cuestión de a cuánto puede ascender el
importe de los billetes. Para Inglaterra, cuya situación consideró
evidentemente Marx, la respuesta viene dada por los preceptos del Acta Peel. La
suma del dinero metálico y de los billetes se compone por la suma del dinero
metálico que se encuentra en circulación, del tesoro en oro del Banco y de 14
mi llones de libras esterlinas en billetes que representan el importe de la
circulación de billetes no respaldados. De hecho, estos billetes desempe ñan
la función de pape] moneda del Estado en tanto representen, o al menos hayan
representado en tiempos de Peel, el mínimo de circulación que es sustituible
por signos de dinero. Por consiguiente," la'sum a de billetes está fijada
para siempre por la ley en proporciones determinadas. Pero si la pregunta se
formula en términos generales, las variaciones del tipo de interés dependen de
la oferta, de la cantidad de dinero prestable. Pero sólo se puede prestar
dinero que no se encuentre en circulación. Y se encuentran en la circulación,
en primer lugar, los billetes de Banco corres pondientes al mínimo de los
cambios y luego una suma determinada de oro. El oro restante está en los
sótanos del Banco o de los Bancos. Una parte de este oro sirve como reserva
(tesoro) para la circulación inte rior, otra parte como reserva para la
circulación internacional, puesto que el oro puede cumplir la función de dinero
universal. El importe mí nimo que ha de tener la reserva para ambos fines lo
enseña la expe riencia. El resto puede ser prestado y constituye, en última
instancia, aquella oferta cuya utilización determina el nivel del tipo de
interés. Pero incluso esta utilización depende del estado del crédito de circu
lación, esto es, del “crédito comercial”, que se conceden mutuamente los
agentes reproductores. Mientras éste se pueda extender en la misma me dida,
como lo requiere la demanda aumentada, no ocurrirá ninguna va riación en el
tipo de interés. Pero no' hay que olvidar que la mayor parte de la demanda se
satisface mediante una oferta que crece simultánea mente con la demanda. La
mayor parte del crédito es "crédito comercial”, o, como nosotros
preferimos decir, crédito de circulación. Aquí, la oferta y la demanda o, si se
quiere, los medios de satisfacción de la demanda, crecen simultánea y
conjuntamente y com la expansión de la producción. La extensión de este crédito
es posible sin ningún efecto sobre el tipo de interés; al principio de la
prosperidad tiene lugar tal expansión sin influencia especial .sobre el tipo de
interés. Este sube, en primer lugar, cuando las existencias en oro de los
Bancos disminuyen, las reservas se acercan a su mínimo y por eso los Bancos
están obligados a elevar el tipo de descuento. Este es el caso en los períodos
de la alta coyuntura, porque la circulación requiere más caro (crecimiento del
capital variable, de las operaciones, en general, y, con ello, también de la
cantidad que sirve para compensación de los balances). La demanda de capital de
préstamo será, en cambio, mayor cuando el tesoro en oro sea menor, por lais
necesidades de la circulación que absorbe más oro. El agotamiento del tesoro en
oro prestable se convierte ep motivo inmediato para la elevación del descuento
bancario, que se concierte, en tales períodos, en
EL TIPO DE INTERÉS 103
regulador del tipo de interés. El objetivo de la
subida del descuento es también el de motivar reflujo de oro. Las limitaciones
de la legislación bancaria errónea traen consigo que ello suceda antes de que
lo exijan las condiciones puramente económicas. Lo equivocado de todas estas
limitaciones es que subestiman, de un modo o de otro, indirectamente en
Alemania y directamente en Inglaterra, el mínimo necesitado por la circulación
y limitan con ello la oferta de capital de préstamo.
Por consiguiente, una tendencia a la baja del tipo
de interés presu pondría que la relación entre la reserva oro y la demanda de
capital de préstamo fuera continuamente favorable, es decir, que la reserva oro
cre ciera más rápidamente que la demanda de capital de préstamo. Semejante
tendencia a la baja continua del tipo de interés no se puede comprobar si se
comparan éntre sí únicamente las formas capitalistas desarrolladas 4.
* E l material empírico que permite comparaciones
no apoya el dogma del tipo de interés decreciente. Smith cuenta que en su
tiempo pagaba el Gobierno el 2 por 100 de intereses, mientras que en Holanda
personas particulares bien acreditadas paga ban el 3 por 100. Durante algún
tiempo depuás de la última guerra (1763), en In glaterra pagaban no sólo la
gente particular mejor acreditada, sino también algunos de los mayores negocios
comerciales de Londres normalmente el 5 por 100 de inte reses, mientras antes
acostumbraban pagar a lo sumo del 4 al 4,5 por 100. Tooke, quien cita el último
dato, señala, ademáis: “en 1764 los bonos del Tesoro al 4 por 100 caye ron
bajo la par; los "bonos navales" (navy bilis) sufrían u n ' 9 “/« por
100 de descuen to y los consolidados del 3 por 100, que en marzo de 1763
estaban a 96, descendie ron en octubre a 80. Pero en 1765 los bonos del Tesoro
al 3 por 100, de los que ha bía tenido lugar una nueva emisión, se cotizaban,
generalmente, a la par y, a veces, por encima de la par, y los consolidados al
3 por 100 subieron a 92. S C H M O L L E R (Grundriss der allgemeinen
Volkswirtscha¡tslehce, t. II, pág. 207) indica, además, que los consolidados al
3 por 100 se cotizaban ya a 107 en 1737. Ahora bien; la) coti zación de los títulos
del Estado, que está sometida también a otras causas determi
nantes, no es, desde luego, una medida fidedigna
del nivel del tipo de interés, pero es preciso tenerla en cuenta, ai pesar de
todo.
Pero la consideración del tipo de descuento de los
Bancos de emisión tampoco per miten reconocer ninguna tendencia regularmente
decreciente. Tomamos la siguiente tabla de un artículo interesante del doctor A
L F R E D S C H W O N E R , "¡Zinsfuss und TKrisen im Lichte der
Statistik”, publicado en el Berliner Tageblatí el 26 y el 27 de noviembre de
1907.
(C significa año de crisis, aunque en los años 1882
y 1895 se trata de puras crisis de especulación ■—catástrofe de Bontoux— ):
De 1847
a 1875, el Deutsche Reichsbank tenía
el nombre de Preussische Bank.
El Banco Austro-Húngaro se llamaba antes Banco
Nacional.
104 EL
CAPITAL FINANCIERO
Tampoco se puede postular teoréticamente; pues, al
mismo tiempo que el crecimiento del tesoro en oro y del mínimo de la
circulación, crece tam-
TIPO DE DESCUENTO MEDIO DE LOS CUATRO PRINCIPALES
BANCOS EUROPEOS EN LOS ULTIMOS CINCUENTA Y CINCO AÑOS
d e Banco Banco
Inglaterra d e Francia
- -4,54 - 3 ,3
4,27 3
3,08 3
3 ,3 3
3,76 3
3,33 3
3 ,9 3
3,94 3 ,2
3,75 3,06 .
3,19 2 ,2
2,64 2
2,48 2
2 2 ,1
2 , n 2 ,5
3,06 2 ,5
2,52 2 ,7
3,35 3
4,69 3
3,55 3,16
3 ,3 3 ,1
3,34 3
3,05 3
2,92 3
2,96 3
3,58 3,08
4,14 3 ,8
3,48 3,84
2,76 2,81
2,38 2,58
3,75 2 ,2
2,85 2,26
2,62 3 ,4
3,25 4
3,75 4 ,3
4,75 5 ,1
5
4,12 5 ,1
5
2,85 5 ,3
5
3,12 3 ,9
3,25 2 ,5
2,25 2 ,5
C 1866
........................................................ 2 ,5 2
,7
7 3,67
¡865 .............................................. 4,75 3,66
7 ,5 6,51
4 ,5 4 ,6
3
2 ,5 3,73
• 5,25 5 ,8
6
4,25 3 ,5
6
2,75 3,47
3 3,68
6 ,7 6
5 ,8 5 ,5
¡854
................................................................ 4 ,8 5
5 ,1 4,37
1853
................................................................. 3 ,4 3 ,2 3
1852.................................................................... 2 ,5 3 ,1 8
Scbwoner observa
con respecto a la tabla anterior:
eutsche R
eichsbank
5,72
5,12
3,82
4 ,2
3,77
3,32
4 ,1
5,33
5,04
4,27
3,81
3.66
3,14
3,12
4,07
3 ,2
3,78
4,52
3,68
3,32
3,41
3,28
'4,12
4
4 ,4
4,54
4,42
4,24
3,07
4,34
4,42
4,16
4,71
4,38
4,94
4,29
4,16
4 ,4
4,24
4
4
6,21
4,96
5,31
5,08
4 ,2
4 ,2
4 ,2
4 ,2
4 ,2
5,76
4,94
4,08
4,36
4,25
4
Banco
A ustro -H úngaro
4,72
4 .4
3,68
3 .5
3 .5
3.55
4.08
*,58
5,04
4.16
4
4.09
4 .3
4,08
4,24
4.02
4 .4
4,48
4,19
4.17
4,12
4
4
4
4, II
4.02
4
4
4.33
5
5
5
4 .6
4,87
5,22
5.55
5 .5
5,44
4.34
4
4
4,94
5
5
5
5.06
l:?2
5
5
5
4,27
4
4
4
4
"Además, si se quisieran extraer conclusiones
§obre el movimiento del tipo de interés de la estadística de los descuentos
bancarios- .durante -el siglo xix, s>e vería
EL TIPO DE INTERÉS 105
bién la suma de dinero que, en tiempos de la alta
coyuntura, es admitido GOimplementariaimente por -la circulación.
Sin embargo, la disminución del nivel de los
beneficios determinaría una baja del tipo de interés sólo en el caso de que el
interés fuera una parte fija del beneficio, lo- cual no es cierto. La baja del
nivel de bene ficios tiene, a lo sumo, la significación de que baja el límite
superior
que no es demostrable una tendencia determinada
hacia arribal o hacia abajo. En ver dad, los tipos de descuento oficiales por
debajo del 4 por 100 han aparecido en el-transcurso del tiempo y, en realidad,
antes o después, según el desarrollo económico del país. En este sentido,
Inglaterra! está mucho más adelantada que los otros países. Ahí mismo ocurrió
ya en el año 1845 el 2 por 100 de descuento, por primera vez. En el Banco de
Francia se dio por primera vez un tipo de interés del 3 por 100 en 1852, del 2,5
por ciento en 1867 y del 2 por 100 en 1877. En el Banco -de Berlín había ya en
los años veinte del siglo anterior tipos mínimos del 3 por 100, pero durante el
régimen del Banco de Prusia y del Deutsche Reichsbank el tipo de interés
descendió por primera vez en el año 1880 por debajo del 4 por 100. En el Banco
Austro-Húngaro tuvo lugar por primera vez un tipo de interés del 3,5 por 100 en
1903, en el primer período de depresión que vivió la monarquía después de la
regulación de la valuta. Por consiguiente, hay que reconocer un progreso en
tanto que desciende el límite del tipo de interés con la perfección técnica de
la organización bancaria y de la mo neda.”
Schwooer da, además, las cifras siguientes:
PROMEDIOS DE DESCUENTO DE LOS CINCO DECENIOS
ULTIMOS
DESCUENTO
MEDIO Banco Banco D
eutsche Banco Prom edio
de de A
ustro-
Inglaterra Francia R
eichsbank H úngaro total
1897-1906........................................................................ 3,52 2,85 4,28 4,05 3,67
1887-1896........................................................................ 3,04 2,71 3,59 4,21 3,38
1877-1886........................................................................ 3,19 2,96 4 ,1 f 4,26 3,63
1867-1876........................................................................ 3,25 3,69 4,34 4,85 4,09
1857-1866........................................................................ 4,82 4,48 4,83 5,06 4,79
"El promedio total es mucho mayor en el
decenio 1857-1866, donde asciende al 4,79 por 100; en el decenio 1867-1876
desciende a 4,09; es, pues, todavía bastante ele vado; baja al 3,63 en
1877-1886 y alcanza su punto más bajo en el decenio 1887-1896 con 3,38. Para el
último decenio el promedio asciende a 3,67; es, pues, mayor que en los dos
decenios precedentes, pero mucho más bajo que en los últimos veinte años del
incremento industrial y financiero (1857-1876)."
De todo ello se deduce que el nivel del tipo de
interés no está determinado cOe cualquier forma por el nivel de los beneficios,
sino por la mayor o menor demanda de capital monetario, tal como la condicionan
el desarrollo más rápido o más lento, el ritmo, la intensidad y expansión de
las épocas de prosperidad.
A l examinar un tipo de interés anormalmente
elevado, se comprueba siempre que hay que buscar su causa1en la organización
del sistema monetario y crediticio. Asi, pof ejemplo, en 1799 subió el
descuento en Hamburgo al 15 por 100 e incluso sólo se descontaban a este tipo
las mejores letras, y aun en limitadas proporciones (Tooke, ob. cit., t. I,
pág. 241). La causa reside, igualmente, en la falta de un sistema moneta rio
elástico, como sucede en los enormes tipos de interés y sus gigantescas
oscilaciones en los Estados Unidos actualmente; en cambio, no tienen nada que
ver con cualquier variación en el nivel de los beneficios»
106 EL CAPITAL FINANCIERO
posible teóricamente del interés, a saber, el
beneficio; pero como gene ralmente este límite superior no se alcanza en mucho
tiempo, esta “veri ficación” no tiene ninguna importancia en absoluto15.
Por el contrario, es importante otro factor. Como
el tipo de interés varia poco en los sistemas capitalistas desarrollados y, en
cambio, baja el nivel de beneficios, crece, en cierto grado, la parte del
interés en el bene ficio total frente a la ganancia del empresario, esto es,
la parte de los capitalistas ociosos a costa de los activos; un hecho que, en
verdad, está en contradicción con el dogma del tipo de interés decreciente,
pero que concuerda con los hechos y, al mismo tiempo, es una causa de la influen
cia creciente y de la importancia del capital portador de interés, esto es, de
los Bancos, y es una palanca importante paira la transformación del capital en
capital financiero.
“ El principio de Adam SM IT H , según el cual
"y donde se puede lograr una gran ganancia con el dinero también se pagará
extraordinariamente mucho por su utiliza-ción; y que allí donde se puede ganar
poco cota él también se pagará poco por él” (W ealth o[; N aíions, vol. I, cap.
IX ), es, en verdad, muy ilustrativo, pero no demos trado y tampoco correcto.
SEGÜNBA PARTE
LA M®VILIZACI®N BEL CAPITAL EL CAPITAL FICTICI#
CAPITULO VII
La
sociedad por acciones
D ividendos
y ganancias de los fundadores.
Hasta ahora, la economía ha buscado especialmente
la diferencia en tre la empresa individual y la sociedad por acciones sólo en
la diversidad de la forma de organización y en las consecuencias que se deducen
direc tamente de ello. Ha señalado el lado “bueno” y “malo” de ambas formas de
empresa y ha puesto de relieve, como características diferenciadoras, de .un
lado, factores subjetivos (mayor o menor interés y responsabilidad directa del
director; control más fácil o difícil de la empresa), de otro lado, factores
objetivos (obtención más fácil de capital; mayor o menor fuerza de
acumulación). Pero ha omitido entrar en lais diferencias eco nómicas
fundamentales de ambas formas de empresa, aunque éstas son de una importancia
decisiva para la comprensión del desarrollo capitalista moderno, que no se
puede concebir sin tener en cuenta la victoria de la sociedad por acciones y
sus motivos1.
La sociedad por acciones industrial que
consideramos aquí significa, en primer lugar, un cambio en la función del
capitalista industrial. Pues implica, fundamentalmente, lo que sólo puede
ocurrir alguna vez casual mente en la empresa individual: la disociación del
capitalista industrial de la función del empresario industrial. Este cambio de
función otorga al capital que se invierte en la sociedad por acciones la fundón
del capital monetario puro para el capitalista. El capitalista monetario, en
cuanto acreedor, no tiene que ver nada con el empleo de su capital en el
proceso de circulación, aunque, en realidad, esta utilización sea la con
dición necesaria de la relación de préstamo; únicamente tiene que trans-
1 Este sentimiento condujo también a Erwin
Steinitzer cuando denominó a su obra sobre la sociedad por acciones Okonomische
Theoríe der AktiengesellschB.lt (Leipzig, Duncker y Humblot, 1908). Sin
embargo, tampoco se reconocieron aqui las particularidades económicas
fundamentales de las sociedades por acciones. Por lo de más, la obra es rica
en justas y agudas observaciones.
110 EL
CAPITAL FINANCIERO
ferir su capital monetario y volverlo a recibir
después de cierto tiempo con los intereses, esto es,, la relación económica
reviste los caracteres de una relación jurídica; del mismo modo, el accionista
también actúa como simple capitalista monetario. D a dinero para recibir por él
una renta (denominación provisional y genérica); puede limitar a discreción el
importe de la suma, así como el capitalista monetario splo pone en juego una
suma determinada que asciende á lo que él quiere. Aunque, sin embargo, existe
aquí una diferencia. El tipo de interés para el capital monetario puesto a
disposición en forma de acciones no está determinado de antemano como tal, sino
que se trata únicamente de un derecho a participar en la renta (beneficio) de
una empresa determinada. Una se gunda diferencia frente al capital dado a
présltamo consiste en que el reflujo del capital a los capitalistas monetarios
no está determinado direc tamente, no está acordado como lo está al nacer la
relación de préstamo y no se desprende tampoco de la naturaleza de la relación
económica, contrariamente a lo que .sucede en la relación de préstamo.
Consideremos, por lo pronto, la primera diferencia.
Ante todo, hay que afirmar que el rendimiento del capital monetario invertido
en forma de acciones no es enteramente un rendimiento absolutamente indeter
minado. Toda empresa capitalista se funda para rendir beneficios. El logro del
beneficio, y, en verdad, bajo condiciones normales, el logro, del beneficio
medio reinante, es el supuesto de la fundación de toda empre sa. De todas
formas, el accionista está aquí en una situación semejante a la del capitalista
monetario, que igualmente tiene que contar con la ex plotación productiva de
su capital, para que su deudor pueda pagarle. En general, la inseguridad del
accionista, quizá algo mayor comparada con la del capitalista monetario, le
aportará cierta prima por riesgos. Sólo que no hay que imaginarse que esta
prima esté fijada como tal de cual quier modo y que aparezca como exigencia
consciente y, sobre todo, men surable anticipadamente por el accionista. Más
bien nace porque la oferta de capitales monetarios — y los fundadores se
dirigen al capital monetario libre— para la inversión de acciones será, bajo
las mismas circunstancias, menor que para las inversiones en renta fija si son
más seguras. En general, es esta diversidad en la oferta lo que explica la
diversidad de los tipos de interés, incluso la diversidad en la cotización de
los títulos-valores. La mayor seguridad o inseguridad actúa como mo tivo de la
mayor o menor oferta. Pero de la diversidad de esta relación entre oferta y
demanda es de donde resulta una diversidad del tipo de interés. Por
consiguiente, el resultado probable del rendimiento de la acción está
determinado por el beneficio industrial, y éste, bajo las mis mas
circunstancias, por el nivel medio de beneficios.
Pero el accionista no es un empresario industrial
(o capitalista). En esencia, slólo es capitalista monetario. Sin embargo,
corresponde a las ca racterísticas diferenciadoras esenciales del capitalista
prestamista del ca pitalista industrial el que aquél tiene libremente
disponible su capital
— ‘Capital monetario— en una forma completamente distinta. El
capita
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 111
lista industrial invierte, como tal, todo su
capital en una empresa deter minada. E] supuesto, para ello, es que su capital
basta para poder actuar independientemente en esa rama de la industria. El
accionista, en cam bio, sólo necesita disponer de una cantidad de capital
pequeña. El em presario industrial ha fijado su capital en su empresa, él sólo
actúa de una forma productiva en esta empresa y se ha unido a ella de forma
permanente. No puede retirarlo, salvo mediante la venta de toda la em presa,
lo cual sólo quiere decir que la persona del capitalista varía: un in dustrial
es sustituido por otro. No es capitalista monetario, sino capitalista
industrial (productivo, activo). El rendimiento de la empresa — el bene ficio
industrial— recae sobre él. Pero si consideramos al accionista como simple
capitalista monetario, entonces el logro del interés sobre su ca pital le
bastaría para que pusiera a disposición su capital monetario.
Mas para que el accionista se convierta en
capitalista monetario es necesario que pueda volver a recibir su capital en
todo tiempo como capital monetario. Su capital aparece fijado en la empresa
como el del capitalista individual. Y as! es, en realidad. El dinero se ha
entregado y sirve para la adquisición de las máquinas, de la materia prima,
para pago de los trabajadores, etc., en una palabra, de capital monetario se ha
transformado en capital productivo, D < para insertarse en la circu
lación como capital industrial. El accionista no
puede volver a recibir este capital una vez entregado. Ya no tiene derecho •
sobre él, sólo lo tiene sobre una parte alícuota del beneficio. Pero en la
sociedad capitalis ta toda suma de dinero obtiene la capacidad de rendir
interés; por el con trario, toda renta periódica que sea transferible (y éste
es el caso en tanto noi vaya unida a una condición indeterminable, puramente
personal y por eso transitoria como el salario, etc.) se considerará como interés
de un capital y recibe un precio que es igual al importe capitalizado se gún
el tipo de interés dominante11. Esto se explica sin más, porque siem pre
existen grandes sumas disponibles que quieren conseguir rendimien to, lo cual
se logra mediante la adquisición de un derecho a percibir interés. Por eso, el
accionista está en situación de poder recuperar en todo tiempo su capital
mediante la venta de sus acciones, de su derecho a los beneficios, y con ello
está en la misma situación que el capitalista monetario. Esta posibilidad de
venta se crea mediante un mercado pro pio, la Bolsa de valores. El
establecimiento de este mercado concede al capital por acciones, el cual
siempre es “realizable” para el particular; el carácter de capital monetario.
Por el contrario, el capitalista monetario mantiene este carácter suyo también
cuando invierte su capital en forma de acciones. Por consiguiente, el capital
monetario libre compite como tal, esto es, como capital productor, para la
inversión en acciones tal cual
"El
valor del dinero o de las mercancías como capital no está determinado por sil
valor como dinero o mercancías, sino por el quantum de plusvalía que producen
para su propietario”. ('Marx, E l capital, t. III, 1.“ parte, pág. 340).
ná EL CAPITAL FINANCIERO
compite en su función propia como capital de
préstamo para la inversión en los préstamos que producen intereses fijos. La
competencia por estas diversas posibilidades de inversión aproxima el precio de
la acción al precio de los capitales empleados en inversiones de renta fija y
reduce para el accionista el margen de ventaja entre beneficio industrial e in
terés.
Esta aproximación del beneficio del accionista al
nivel del interés es, pues, un proceso histórico que sucede con el desarrollo
dé las acciones y de la Bolsa de valores. Mientras la sociedad por acciones no
sea la forma dominante y lia negociabilidad de la acción, no esté desarrollada,
los
dividendos contendrán no sólo interés, sino también
ganancias de em presario.
Pero tan pronto como se impone la empresa por
acciones, la indus tria recibe capital monetario cuya transformación en
capital industrial no necesita rendir el beneficio medio para los propietarios
de ese ca pital, sino sólo el interés medio.
de aquí
parece resultar una contradicción manifiesta. El capital monetario puesto a
disposición como capital en acciones se transforma en capital industrial. El
que actúe para su propietario — esto es, subjeti vamente— de igual forma que
el capital de préstamo, no puede tener, ciertamente, influencia sobre el
rendimiento de la empresa industrial. Esta, igual que antes, bajo
circunstancias normales, rendirá el benefi cio medio. El que la sociedad por
acciones venda sus mercancías por debajo del beneficio medio, que renuncie
voluntariamente a una parte del beneficio para repartir un rendimiento que
slólo corresponda al in terés de los accionistas, es una suposición
insostenible. Pues toda em presa capitalista busca alcanzar el beneficio
máximo posible, y precisa mente esta aspiración lleva a realizar la venta a
los precios de produc ción, es decir, a precios iguales al precio de coste más
el beneficio medio. Por eso, parece como si los factores mencionados, que
subjetiva mente dan el carácter del capital de préstamo, esto es, de capital
pro ductor de interés al capital monetario invertido en forma de acciones, no
fuesen suficientes para explicar la reducción del rendimiento de la acción al
interés. Así quedaría inexplicado dónde habría sido absorbida
la otra parte del beneficio, a saber, el beneficio
medio menos el interés, que es igual a la ganancia de empresario propia.
Veámoslo más de cerca.
Mediante la transformación de la empresa individual
en una sociedad por acciones parece tener lugar una duplicación del capital.
Pero el ca pital originario desembolsado por los accionistas se ha
transformado de finitivamente en capital industrial y, en realidad, sólo
continúa exis tiendo como tal. El dinero actuaba como medio de compra para los
me dios de producción, se ha gastado en éstos y con ello ha desaparecido
definitivamente del proceso de circulación de este capital. La transfor mación
de los medios de producción en mercancías mediante la produc ción y la venta
de ésta es la que permite el refluir dinero— un dinero
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 113
enteramente distinto— de la circulación. Por tanto,
el dinero que se paga en las transacciones posteriores de acciones no es el
dinero que Origi nariamente dieron los accionistas y que se ha gastado; no es
ninguna parte integrante del capital dé la sociedad por acciones, del capital
de la empresa. Es dinero complementario, necesario para la circulación de los
títulos de renta capitalizados (Ertvagscheine) . Igualmente, el precio de la
acción no está determinado, en ningún modo, como parte del ca pital de la
empresa; más bien es la cuota capitalizada del rendimiento. Como tal no está
determinada como parte alícuota del capital moneta rio fijado en la empresa
(y, por consiguiente, una magnitud relativamente fija), sino sólo el dividendo
capitalizado al tipo de interés corriente. Por eso, el precio de la acción no
depende del valor (precio respectivo) del capital industrial realmente activo,
pues la acción no es un título de una parte del capital realmente activó en la
empresa, sino asignación sobre una parte del rendimiento y por eso dependiente,
en primer lugar, del volumen del beneficio (esto es, de .una dimensión mucho
más varia ble de lo que seria el precio de los elementos de producción del
mismo capital industrial) y, en segundo lugar, del tipo de interés dominante3.
La acción es, pues, un título de renta, un título
de crédito sobre la futura producción, una asignación sobre los rendimientos.
Capitalizando estos rendimientos y constituyendo esa capitalización el precio
de la acción, parece existir un segundo capital en estos precios de acciones.
Esto es puramente ficticio. Lo que existe realmente es sólo el capital
industrial y sus beneficios. Esto no impide, en cambio, que este capital
ficticio exista aritméticamente y se cite como "capital en acciones”. En
realidad, no es ningún capital, sino sólo el precio de una renta — un precio
que es posible calcular precisamente porque, dentro de la sociedad capitalista,
toda suma de dinero produce renta y por eso, a] contrario, toda renta aparece
como fruto de una suma de dinero— . Si en la acción industrial se facilita aún
esta ilusión al existir un capital industrial real mente activo, el carácter
ficticio, puramente contable, de este capital es completamente indudable frente
a otros títulos de renta. Los títulos de la deuda del Estado no necesitan de
ningún modo representar cualquier capital existente. El dinero prestado en su
día por los acreedores del Estado puede haberse disuelto desde hace tiempo en
humo de pólvora. No son nada más que el precio para participar en una parte del
producto de los impuestos anuales, y son el rendimiento de un capital
enteramente diferente a aquel que se gastó a su tiempo y tal vez
improductivamente.
La compra-venta de acciones no es ninguna
transacción de capital, sino slólo compra-venta de títulos de renta; las
oscilaciones de sus pre cios no atañen en lo más mínimo al capital industrial
realmente activo,
La
interdependencia de la cotización de la acción con el valor del capital pro
ductor sólo se manifiesta en que la cotización no puede descender más allá de
lo que asciende la .parte de valor que la misma representa; ese valor, en el
caso de quiebra de
la empresa, después de la satisfacción de todos los
demás créditos, se calcularía en función de la parte alicuoata del capital
contenido en la acción.
114 EL CAPITAL
FINANCIERO
cuyo rendimiento representan y no su valor. Además
del rendimiento, su precio depende del nivel del tipo de interés al que se
capitalizan. Pero éste, en sus movimientos, es enteramente independiente de los
destinos del capital industria] individual. De ello se deduce que no debe
conside rarse el precio de las acciones como parte alícuota del capital
industrial.
La suma del “capital en acciones”, esto es, la suma
de precios de los títulos de renta capitalizados, no necesita concordar con el
capital mo netario transformado originariamente en capital industrial. Hay que
pre guntarse ahora cómo nace esta diferencia y cuál es su magnitud. Supon
gamos una empresa industrial con un capital de un millón de marcos; sea el
beneficio medio el 15 por 100 y el tipo de interés corriente el 5 por 100. La
empresa produce un beneficio d e -150.000 marcos. La suma de 150.000 marcos,
capitalizada como renta anual al 5 por 100, tendrá un precio de tres millones
de marcos. Pero al 5 por 100, el capital mone tario quizá aceptara sólo
títulos más seguros, de renta fija. Añadamos, entonces, una prima elevada de
riesgo, del 2 por 100, por ejemplo; con sideremos, además, los gastos de
administración, porcentaje sobre los beneficios, etc., que tienen que detraerse
del beneficio de la emprsa y que se evitan en la empresa individual en
oposición a la sociedad por acciones, y podremos estimar una disminución del
beneficio disponible en 20.000 marcos. Se podrán repartir 130.000 marcos, que
deben ofrecer a los accionistas un interés del 7 por 100. Entonces, el precio
de las acciones es igual a 1.'857.143, digamos a 1.900.000 marcos, aproxima
damente. Para produccir el beneficio de 150.000 imarcos es necesario un capital
de .un millón de marcos únicamente; 900.000 están libres; estos 900.000 marcos
nacen de la transformación del capital productor de beneficios en capital
productor "portadoir de dividendos". Si prescindimos de los costes de
administración superiores, derivados de la forma de la sociedad por acciones,
que disminuyen el beneficio, esos 900.000 marcos son iguales a la diferencia
entre la cantidad capitalizada al 15 por 100 y la capitalizada al 7 por 100,
esto es, entre el capital que produce la tasa de beneficios media y el que
produce el interés medio. Esta, diferencia es la que aparece como
"ganancia del fundador"; una fuente d.e ganancias que nace únicamente
de la transformacilón del capi tal portador de beneficios en la forma de
capital productor de intereses.
La doctrina dominante, que pone de relieve tan
ardientemente lo cos toso de la administración de la sociedad por acciones
frente a la empresa individual, ni ha visto ni ha explicado el problema notable
que consiste en saber dónde nace una ganancia en la transformación de una forma
de empresa, que produce más barato, en otra que lo hace más caro, sino que se
contenta con simples frases sobre costes y riesgo. Pero la ganancia de
fundación no es ni una estafa ni una indemnización o sueldo, sino una categoría
económica sui generis.
Los economistas, en tanto diferencian interés y
beneficio de empresa rio en general, conciben los dividendos simplemente como
la suma del interés más beneficio de empresario, esto es, como si fueran la
misma
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 115
cosa que el beneficio de la empresa individual.
Está claro que, con ello, no se ha reconocido lo específico' de la sociedad por
acciones. Así dice, por ejemplo, Rodbertus: “Para la comprensión de la
terminología quiero advertir, además, que en los dividendos de una acción no
s|ólo se contiene el interés, sino también el beneficio de empresa, lo cual no
sucede en el interés de un título de renta fija” 4. Pero así, es imposible una
explica ción de la ganancia de fundador. “Es... ganancia de empresa aquello que,
en la forma de establecimiento de sociedad por acciones c, afluye al
propietario de capital (que si hubiera prestado su capital a un empresario
individual sólo hubiera recibido el interés corriente), y, en verdad, con la
misma facilidad con que lo hubiera hecho el interés. Es por esta razón que la
empresa por acciones es realmente tan tentadora para nuestros ca pitalistas y
hay que suponer que la sociedad por acciones se apoderará cada vez más de la
esfera industrial. El llamado fraude de fundación es únicamente la espuma o la
hez del negocio real” 6. El problema se plantea y resuelve mediante una condena
de carácter moral, sin intentar siquiera una explicación en términos económicos
de la ganancia de fundador, la cual no es ningún fraude, sino que lo hace
posible. Rodbertus concibe el problema unilateralmente, y por eso de un modo
equivocado, cuando dice: “Por consiguiente, el antiguo capital de préstamo deja
de serlo una vez adopta la forma de acciones y adquiere valor propio en las ma
nos de sus propietarios, y, a decir verdad, en una forma que, en la vida divina
de los capitalistas prestamistas, les proporciona casi toda la renta de capital
[que para Rodbertus está constituida por lá ganancia de em presario más el
interés]" 7. Rodbertus sólo ve el contenido del proceso, la transformación
de capital monetario en industrial; pero pasa por alto_ que, aquí, la forma de
la transformación es esencial al convertirse el capital monetario,
simultáneamente, en capital ficticio y conservar así la forma de capital
monetario para sus propietarios 8.
* Brieíe und soziaípoliíische Aufséíze van D r.
Rodbertus-Jagetzaw, editadas por el doctor R ud o lf Meyer, Berlín, 1880, t. I,
pág. 259.
Esto es,
además, falso: La sociedad por acciones no es ninguna forma de es
tablecimiento, sino de empresa.
Ibíd ., t.
I, pág. 262.
Ibtd., t. I,
pág. 285.
Pero la
significación revolucionaria de la sociedad por acciones la ha sentido
justamente el socialista conservador (Rodbertus): “Esta forma de empresa (es
decir, la empresa por acciones), que sabe unir en una sola corriente los
reflujos de millares de pequeñas fuentes de capital, tiene una misión que
cumplir. Ha de suplir la creación de Dios, cortar estrechos y países donde el
Todopoderoso ha olvidado o aún no ha tenido tiempo de unir países separados por
el mar bajo su fondo o por encima de su superficie, de taladrar los Alpes, etc.
La construcción de las pirámides y las silleríajs fenicias no llegan a lo que
aún ha de crear el capital por acciones". Rodbertus no fantasea de un modo
menos romántico qu-e el Saccard de IZolal en V'Argent. Luego continúa:
"Pero yo, para mi persona, aún tengo una pasión muy especial por las
acciones. ¿Y por qué? Ellas barren mi calle. |Y cómo la limpian! E l libre
comercio corriente no es más que una miserable 'escoba sin la sociedad por
acciones: el librt comercio con la sociedad por acciones es una escoba de
máquina a vapor que barre
116 EL CAPITAL FINANCIERO
Si consideramos ahora la forma de circulación
particular del capital ficticio hallamos lo siguiente: las acciones (A) se
emiten, esto es, se ven den por dinero (D ). Éste dinero se divide en dos
partes; una (d1) forma la ganancia del fundador, pertenece a los fundadores,
por ejemplo, al Banco que ha emitido las acciones, y que sale de la
circulación. La otra parte (D1) se transforma en capital productivo y describe
la circulación del capital industrial conocida ya por nosotros. Las acciones se
han ven dido; si deben volver a circular, es necesario, para ello, dinero
comple mentario (D2) como medio de circulación. Esta circulación A-D¿,~A tiene
lugar en un mercado propio, la Bolsa.
Por consiguiente, resulta la siguiente circulación:
A <
Dx
d i
M <
.......P .........
M' — D'i
¿ 2
Una vez emitida, la acción ya no tiene nada que ver
con la circulación real del capital industrial que representa. Los sucesos y
accidentes que le esperan en la circulación no afectan directamente a la
circulación del ca pital productor.
El comercio con acciones, más general aún, con los
títulos de capital ficticio, requiere nuevo dinero — dinero en efectivo o de
crédito— , le tras, por ejemplo. Pero, mientras la letra de caimbio estaba
cubierta antes con el valor de la mercancía, lo está ahora por el "vañor
de capital” de la acción, que depende, a su vez, del rendimiento. Y éste
depende de la realización de los productos que produce la sociedad por
acciones, esito es, de la venta de las mercancías a sus valores,
respectivamente, a los pre cios de producción. Así, este dinero de crédito, en
primer lugar, está cubierto indirectamente por el valor de las mercancías.
Además, mientras la circulación de pago en el comercio está determinada en su
volumen por el valor de las mercancías, éste lo está por el importe
capitalizado del rendimiento puro. Por otro lado, el dinero realmente necesario
está aquí muy limitado mediante el carácter fungible de estos títulos.
en diez afios tanto como la otra .en cien. ¡La mano
de las empresas por acciones! La solución de la cuestión social necesita esta
escoba; pues aún sin poseer una forma unita ria la- sociedad necesita ser
objeto de una gran operación de limpieza, al igual que su cedería si sobre la
misma se hubiera establecido un palomar" (Ibíd., t. I, pág. 291).
También es muy aguda la observación: "Bajo la
sociedad por acciones desapare cerá cada vez más el empresario individual,
pero del mismo modo desalparecerá cada vez más el capitalista prestamista puro”
(Loe. cit., pág. 286).
Inadmisiblemente ingenua es la exposición de Van
(Borght en el Handwórterbuch dec Síaatswissenschaften, voz
"Aktiengeselleschaften", "Deber y objetivo de las em presas por
acciones puede ser tanto el complemento y refuerzo de la fuerza de traba
jo personal,
del saber y de la experiencia del empresario,
como también el refuerzo
de la fuerza
del capital." Esto es tan hermoso
como si alguien enseñara en un libro
de cocina
científico- "Deber y objetivo de lasv albóndigals puede ser tanto el estímulo
y el placer
del paladar como el procurar el sueldo de la cocinera’’.
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 117
Si adoptamos el símbolo G f para designar la
ganancia de fundación, resulta entonces la siguiente fórmula: denominando el
beneficio medio
b, los
dividendos = d y el rendimiento de la empresa igual a R, y recordando que el
valor capitalizado es igual al rendimiento multiplicado por 100 y dividido por
el tipo de interés:
n i 100
R 100 R
d b
Si se considera el rendimiento de la sociedad por
acciones como disminuido, debido a lo costoso de la administración, hay que
poner para el primer R (R — n) Se ve que la separación de la función de empre
sario, que hasta ahora conservaba la economía de un modo meramente descriptivo,
es, al mismo tiempo, una transformación del capitalista in dustrial en
accionista, en una clase especial de capitalista monetario, con lo que existe
la propensión a hacer del accionista cada vez más un capitalista monetario. Esta
tendencia se completa mediante la continua posibilidad de venta de la acción en
la Bolsa.
Nuestra concepción de la economía de la sociedad
por .acciones va más allá de la desarrollada por Marx. En su esbozo genial del
papel del crédito en la producción capitalista 8 — desgraciadamente, no pudo
llevar a cabo su desarrollo— , Marx concibe la formación de sociedades por
acciones como consecuencia del crédito e indica como efectos suyos:
"1. Expansión
enorme de la escala de la producción y
de empresas que serían'.,
imposibles
para capitales individuales.
Al mismo tiempo, semejantes empresas,
que
antes
eran gubernamentales, se convierten
en sociales.
"2. E
l capital, que en sí está basado en el modo de .producción social y supone
una concentración social de medios de producción y
fuerzas de trabajo, recibe aquí directamente la forma de capital social
(capital de individuos directamente asocia dos) en contraposición al capital
privado, y sus empresals aparecen como sociales en exposición a las empresas
privadas. Es la supresión del capital como propiedad pri vada dentro de los
limites del mismo modo de producción capitalista.
"3. Transíorma/cióa del capitalista realmente
activo en un simple dirigente, ad ministrador de capital extraño, y del
propietario de capital en simple propietario, sim ple capitalista monetario.
Incluso, cuando los dividendos que .perciben incluyen el
interés y la ganancia de empresario, esto es, el beneficio total (pues el sueldo
del dirigente es, o -debe ser, simple remuneración
de un trabajo hábil en cierto modo,
cuyo precio se regula en el mercado del trabajo
como el de cualquier otro), este be neficio total sólo se percibe en la forma
del interés, es decir, como simple indemniza ción por la propiedad de capital
que se separa ahora completamente de la función del capital en el proceso real
de producción, del mismo modo que en la persona del dirigente esta función se
separa de la propiedad de capital. El beneficio se presenta así (ly no sólo una
.parte del mismo, el interés que encuentra su justificación en el beneficio del
prestatario) como simple apropiación de plusvalía extraña, naciente de la
transformación de los medios de producción en capital, es decir, de su enaje
nación frente a los productores reales, de su contraste como propiedad ajena
fronte
’ M a r x
. El capital, vol. III, 1, cap. X X V
II, pág. 422.
118 EL CAPITAL
FINANCIERO
a todos los individuos realmente
activos en la producción, desde el dirigente hastia
el
último jornalero. En
las sociedades por
acciones la función está
separiada de la
propiedad
de capital, esto
es, también el
frabajo está separado
enteramente de la
propiedad en los
medios de producción y en el trabajo adicional (Mehrarbeit).
Este
resultado del desarrolla superior de la producción
capitalista es un punto de transi ción necesario para la retransformación del
capital en propiedad de los producto res, pero no ya como propiedad privada de
productores aislados, sino como propie dad suya en calidad de propiedad social
asociada, inmediata. Por otro lado, es pun to de transición para la
transformación de todas las funciones del proceso de re producción unidas
hasta ahora con la propiedad de capital en simples funciones de los productores
asociados, en funciones sociales. ' .....................
"Antes de continuar, hay que advertir esto,
económicamente importante: Como el beneficio toma aquí la forma pura del
interés, semejantes empresas son aún posibles cuando producen simple interés, y
ésta es una de las causas que contienen la caída /el nivel general del
beneficio, porque estas empresas, en las cuales el capital cons tante asume
'magnitudes enormes con relación al capital variable, no intervienen ne
cesariamente sobre la compensación final del nivel* general del beneficio.”
Lo que considera aquí Marx son, ante todo, los
efectos politico económicos de las sociedades por acciones. Todavía no concibe
los divi dendos como una categoría económica especial y por eso tampoco
analiza la ganancia de fundador. En cuanto a lo que atañe a la última observa
ción sobre la influencia en la formación de la cuota media de beneficios, está
claro que, con la extensión de la sociedad por acciones, su beneficio acabará
influyendo en el proceso de compensación del nivel general de beneficios igual
que el de las empresas individuales. Además, ya hemos visto más arriba que
también el producto de la sociedad por acciones, bajo las mismas
circunstancias, está sometido a las mismas leyes de precio que el de las
empresas privadas. Marx pensaba en las sociedades por acciones de las empresas
ferroviarias de su tiempo y, en este sentido, quizá sea acertada, en parte, su
observación; sólo en parte, porque también allí la ganancia de fundador ha
anticipado ya una parte del beneficio que tenía que expresarse en los precios
del ferrocarril.
2 .
Financiación de las sociedades por acciones.
Sociedades p o r acciones y Bancos.
En la fundación de una sociedad por acciones, por
consiguiente, el ca pital en acciones se calcula de forma tal que el beneficio
de la empresa baste para repartir un dividendo que equivalga al interés sobre
el capital prestado por cada propietario individual de acciones10.
10 Veamos
un ejemplo para ilustrar la exposición
esquemática dada en el texto:
E l
periódico Berlinec Tageblatt, en la edición de la tarde del
16 de mayo de 1908,
informa lo siguiente: "En estos dias se
introdujeron en la Bolsa las acciones de la Kopenicker Ñitritfabrik con una
prima de más del 80 por 100 sobre la par. Desde
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 113
Si tiene lugar una coyuntura próspera o permiten
cualesquiera circuns tancias repartir más tarde un dividendo superior, la
cotización de la ac ción subirá. Si las acciones de una empresa están a 100
con un dividendo del 6 por 100, subirán á 150 cuando el dividendo importe el 9
por 100. Por consiguiente, en la diversidad de los dividendos se reflejan las
varias suertes que experimentan las empresas individuales en su transcurso ul
terior. Por otro lado, estas diversidades se atenúan para los nuevos com pradores
de acciones a través del alza o baja de las cotizaciones11.
En el transcurso de la vida de una sociedad por
acciones puede con tinuar creciendo la diferencia entre el capital realmente
activo y el capi tal en acciones (ficticio). Si la empresa rinde mucho más que
el interés medio y sobreviene la necesidad o sólo la ocasión de un aumento de
capi tal, este rendimiento superior se toma como base para la nueva capita
lización y el capital en acciones nominal se incrementa mucho más allá del
capital activo. Por el contrario, también es posible incrementar el capital activo
sin elevar el capital en acciones'nominal. Este será el caso, por ejemplo,
cuando la ganancia neta, en vez de repartirse entre los ac cionistas como
dividendos, se emplee total o parcialmente en la explo tación de la empresa.
Como semejante empleo promete un aumento del rendimiento futuro, tendrá lugar,
al mismo tiempo, un aumento en el valor de cotización del capital en acciones.
Prescindiendo de ello, resultarán variaciones en el
valor de cotiza-
el año 1901 hasta el 1906 existía esta empresa como
sociedad de responsabilidad limi tada con el pequeño capital de 300.000
marcos. Después de unos años de numerosas pérdidas la sociedad de
responsabilidad limitada alcanzó una vez unos beneficios bru-1 tos de 100.000
marcos, una segunda vez otros de 300.000 marcos y pagó 15000 y 75.000 marcos,
respectivamente, en dividendos. Con ello les pareció a los fundadores
predestinada para una sociedad por acciones con un millón de marcos de capital
no minal en la que los 300.000 marcos originarios pasaron a ser parte del
capital de la sociedad a un precio de 900.000 marcos. Para permitir el balance
de los activos y pa sivos de la nueva sociedad por acciones, los inmuebles que
en la sociedad de responsabi lidad limitada estaban valorados en los libros a
60.000 marcos tuvieron que ser tomados por la sociedad por acciones a 210.000
marcos, el valor del edificio se elevó de 45.000
marcos a 140.000 y el valor de las máquinas, aparatos y utensilios, de 246.000 marcos
a 400.000. La nueva sociedad por acciones lleva ya dos ejercicios tras de sí en los
que repartió dividendos del 15 y
el 16 por 100, aunque la cuenta de
inmuebles— sin
considerar las nuevas adquisiciones— todavía arrastra un gravamen de
200-000 marcos
y la cuenta del edificio uno de 150.000. Sólo se ha
efectuado una amortización hasta 250.000 marcos en la cuenta de máquinas y
utensilios cuyo aumento de valor parecía más dudoso. La fabricación de la
sociedad se basa en dos patentes, de las que una vence dentro de un año y la
otra fue vendida por su inventor en 50.000 marcos a la so ciedad por acciones.
Y estos fundamentos bastaron a los Institutos emisores para esti pular un
precio del 180 por 100, es decir, que se decidieron a pagar por los 300.000 marcos
originarios, que conjuntamente con un pago al contado de 100.000 marcos
constituía el fondo de la sociedad por acciones, la suma de 1.800.000 marcos.”
La ganancia de fundador es aquí aún mayor, porque la empresa efectúa un
beneficio extra mediante la explotación de la patente que. naturalmente, se
capitaliza al mismo tiempo.
El hecho que
el capital desembolsado en acciones produce a su propietario un dividendo en la
primera o en la segunda inversión, dividendo que sólo se eleva ajgo por encima
del tipo medio de interés, lo demuestra la tabla siguiente, que sacamos del
120 EL
CAPITAL FINANCIERO
ción independientemente de las variaciones en el
rendimiento- y en el incremento o disminución del capital realmente activo,
como consecuen cia de las variaciones en el tipo general del interés. U n tipo
de interés continuamente descendente acrecienta el valor de cotización del
capital en acciones ceteris paribus, y uno elevado lo contrae.
De la formación del dividendo se deduce ya que no
existe ningún dividendo medio ni con arreglo al tipo de interés ni según el
nivel de beneficios. Originariamente, el dividendo es igual al interés más una
pri ma de riesgo y en el curso del desarrollo puede ser tanto menor como mayor
o permanecer continuamente igual, puesto que aquí la compensa ción mediante la
competencia no se establece en el rendimiento, como ocurre con el tipo de
interés y el nivel de beneficios, sino únicamente en la cotización de las
acciones.
El valor de cotización del capital en acciones es,
pues, siempre ma yor que el del que actúa bajo condiciones normales, es decir,
del capital productor del beneficio medio. Por otro lado, dados el rendimiento
de la empresa y el tipo de interés, el valor de cotización del capital en ac
ciones depende de la cantidad de acciones emitidas. El capital en accio nes
total de una empresa en la que el capital productivo asciende a un millón de
marcos y produce 200.000 marcos de beneficios, tendrá un va lor de cotización
de cuatro millones de marcos, si el tipo de interés as ciende al 5 por 100. La
cotización de una acción con un valor nominal de 1.000 marcos ascenderá a 4.000
marcos si se emite un millón de
Berliner Tageblatí de 1."’ de junio de 1907.
El descuento del Reichsbank ascendía en tonces al 5,50 por 100.
B erliner H andelsgesellscbaft..............
D arm stñ dter B ank
................................
D eutsche B
a n k .....................................
D iskontogesellschaft.............................
D resdncr B ank
.......................................
N ationalbank
...........................................
B ochum er G
usstahI..............................
L au rah ü tte ................................................
H arpener B ergbau ................................
G ensellcirchner B ergw erk ...................
P bonix B
ergbau ......................................
R om bacher H
ü ttenw erk e ...................
D onnersm arckhütte ...............................
Eísenw erk K
ra ft.................... ...............
E ísenbütte T
h ale, V orzugsaktien . •.
Allgem eine E
lektrizitatsgesellschaft,
L ahm eyer E
lek trizitat.........................
H ofm ann W
aggonfabrik .....................
G aggcnauer E ísenw erk ........................
S cberlng C
hem ische F a b rik e n .........
C hem ische F
abrík O ra n íe n b u rg .. .
Schultheiss B
rauerei..............................
Vereinsbraucrei,
A k ticn ......................
Cotización D ividendo R entabilidad
del 30 de mayo
P orcentaje P orcentaje Porcentaje
150,75 9 5,97
129,30 8 6,18
223,60 12 5,36
169,00 9 5.32
141,00 8 V 3 6,02
121,50 7 l/ a 6,17
224,25 15 6,68
225,30 12 5.32
207,60 II 5.29
195,50 11 5.62
205,30 15 7.30
204,50 14 6,84
264,50 14 5.29
166,00 M 6.62
123,00 9 7.31
198,50 II 5.54
122,00 8 6.55
335,00 22 6.56
105,00 8 7,61
263,00 17 6,46
184,50 10 5,42
x 288,50 18 6,23
210,50 12 5,70
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 121
marcos en acciones, a 2.000 si se emiten dos millones, a 1.000 si
se
emiten cuatro millones, a 500 si se emiten ocho millones.
Si el
capital nominal en acciones es
tan grande que su cotizacilón
cae bajo el valor nominal, bajo la par, en la
emisión, entonces se habla de licuación (V<erwásserung) del capital en
acciones. Está claro que esta licuación, por lo pronto, es algo puramente
contable. Está dado el ren dimiento y éste determina la cotización del capital
total en acciones; cuan to más numerosas sean las partes individuales de que
se componga éste tanto más pequeña será la parte alícuota correspondiente a la
acción individual. La licuación no tiene nada que ver con la ganancia de fun
dador, que más bien nace, en toda fundación de sociedad por acciones, de la
transformación de capital productor, portador de beneficios, en capital
ficticio, productor de interés. En realidad, la -licuación no es nada esencial
y, por eso, generalmente, puede impedirse mediante la ley, en contraste con la
ganancia de fundador. El precepto de la ley alemana sobre sociedades por
acciones de que el agio de la acción tiene que co rresponder a las reservas,
sólo ha motivado que -las acciones se negocien a la par o con un agio pequeño
en cualquier consorcio bancario y se vendan por éste al público con ganancia
(ganancia de fundador).
Pero la licuación, circunstancialmente, es un medio
técnico-financiero apropiado para aumentar la parte de los fundadores sobre la
ganancia de fundador. Por ejemplo, en los Estados Unidos se emiten generalmen
te en la fundación de grandes sociedades dos clases de acciones, las preferred
shares (acciones preferentes) y las common shares (acciones ordinarias:). Las
preferred shares están limitadas en su rendimiento; ge neralmente,
producen1del 5 al 7 por 100. A l mismo tiempo, son frecuen temente cumulativas,
es decir, cuando en un año no se paga todo el dividendo a que tienen derecho,
entonces tienen derecho' a un pago pos terior de los rendimientos del año
siguiente. Sólo después de haber pa gado las preferred shares pueden
repartirse dividendos a las common shares. La cantidad de preferred shares se
calcula, generalmente, en la fundación de tal manera que es mayor que el
capital realmente necesi tado para la producción. En las preferred shares se
halla ya la mayor parte de la ganancia de fundador. Luego, las common shares
vienen, ge neralmente, en la misma cantidad, poco más o menos. Su valor de co
tización es originariamente muy pequeño, por lo general: preferred shares y
common shares juntas se emiten algo por encima de la par. Pero las common shaxes
permanecen, en gran parte, en manos de los fundadores, por un lado, y les
facilitan la conservación de la mayoría 1,2. En segundo
” Lo mismo ocurre también en las sociedades
inglesas. En la descripción de una comunidad de intereses entre una fundición
de hierro colado y una de acero dice Ma-
crois'ty: "It is to be observed, that ’while
the aid of the .public was called in to assist in the extensión of the business
[es decir, mediante emisión de obligaciones y acciones preferentes], control
lay solely 'with the vendors [la firma Bill bros. and Durman Long & Co.] so
long as debenture interest and preference dividend tweiv; jnaintained. This is
quite a common feature of British flotations, and it demands from the cautious
122 ÉL CAPITAL FINANCIERO
lugar, las preferred shares reciben en las
sociedades más sólidas intere ses bastante elevados; la retribución de las
common shares, en cambio, es enteramente indeterminada; en ellas se expresa,
ante todo, la osci lación de la coyuntura; su rendimiento varía
extraordinariamente; por eso son los títulos de especulación más estimados;
pero las oscilaciones de su cotización sólo pueden ser aprovechadas por los
grandes accio nistas, a los que no les han costado nada, para especulaciones
muy lucrativas. Y, en tercer lugar, este método de financiación asegura el
beneficio extra qua» ha-de esperarse mediante la fundación y el rendi miento
de todos los progresos futuros y coyunturas favorables para los fundadores, los
propietarios de las common shares, mientras la ganancia del público, poseedor
de las preferred shares, está fijada en un límite constante que no sobrepasa
demasiado el interés. Finalmente, se oculta así, hasta cierto punto, la
posición de la empresals y esta obscuridad
investor a careful scrutiny of the purchase
conditions" (Henry !W. Macrosty» The Trust Movement in British Industry,
Londres, 1907, pág. 27). “In many cases the or-dinary stock is held largely or
soleiy by the original vendors in order thajt they may retain control, in which
case the amount of the ordinary dividend is of less conse-
quence to the public" (Ibid., pág. 54).
Una función semejante a la de las common shares— la
-monopolización de los resul tados favorables del desarrollo de la sociedad
por acciones para los fundadores— la tenían los llamados derechos de fundador
del antiguo Derecho alemán (y austríaco) relativos a Jas acciones. Los
fundadores estipulaban ciertos privilegios, por ejemplo, en las nuevas
emisiones de acciones que tenían que serle ofrecidas casi siempre al cambio a
la par. Pero esta inmovilización era siempre contraria a la función de la
movilización del capital y por eso se suprimió. E l Berliner Tagéblatt del 24
de septiembre de 1907 escribe sobre ello: “Como un monumento de una época muy
remota existe en nuestro tiempo la institución de los derechos de fundador que
todavía encontrajmos en nume rosas sociedades por acciones. Los derechos de
fundador proceden de un tiempo en que el Derecho relativo a las acciones
todavía no había alcanzado el desarrollo en que se encuentra hoy. Antes era
admisible asegurar a los fundadores de una empresa venta jas especiales
continuas, un estado que, con el carácter móvil que es propio de la acción,
tenía que sentirse como vejatorio e injustificado. La Aktiennovelle de 1884
abrió ya brecha en el sistema de los derechos de fundador. Se eliminan
completamente para nuevas formaciones de sociedades mediante el Código de
Comercio vigente desde el 1.'° de enero de 1900. Naturalmente, la nueva ley de
comercio no tiene ninguna fuerza retroactiva y, por tanto, continúan
invariables los derechos de fundador de tiem pos pasados y, mientras no se
rediman mediante acuerdos voluntarios, a veces pro vocan recuerdos bastante
desagradables a los accionistas de sociedades ‘bendecidas' con derechos de
fundador... En los Berliner Elektrizitátsfwerken—por mencionar uno de los
ejemplos clásicos de los efectos del derecho de fundador—los privilegios de la
Allge-meinen Eletrizifcatsgesellschaft consisten en que puede tomar a la par
cada vez la mitad de las nuevas acciones que emita la primera. La ganancia 'que
afluyó a la A . E. G. mediante este privilegio en la emisión de acciones de la
Berliner Elektrizitátswerke únicamente durante los años 1889, 1890, 1899 y 1904
se calcula, aproximadamente, en 15 millones de marcos. El que los fundadores y
sus respectivos herederos hagan valer sus derechos adquiridos no se les puede
censurar. Pero ha quedado demostrado que la moderna concepción de las acciones
exige, por razón, la eliminación de los eternos privilegios de fundador”.
E l mayor y mejor ejemplo lo ofrecen la historia
del trust americano del acero.
(Véase
Report of the Industrial Commissioñ
1901, vol. X III,
págs. X IV y XV.)
El trust había reunido sociedades ya supercapitálizadas. El informe calcula “el valor
real"
sumando únicamente las
preferid shares de las sociedades
constituyentes, lo
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 123
puede ser aprovechada fácilmente para operaciones
fraudulentas. Sin embargo, la supercapitalización no tiene en ningún modo
influencia en los precios. Es un concepto curiosa el que sostiene que, en
virtud de que
que daría, en realidad, un capital en acciones que
podría llegar a la par y obtiene el resultado de 398.918.111 dólares que se han
calculado únicamente por good wiH.
Un ejemplo aún mejor de la “supercapitalización”,
mejor dicho, de la diferencia del capital realmente activo y del capital en
acciones, la da el siguiente dato del Fra/i&fur-ter Zeitung del 29 de marzo
de 1909: “Los establecimientos en Gary costarán alre dedor de 100 millones de
dólares y suministrarán más de dos millones de toneladas de acero. Los otros
establecimientos del trust -están capitalizados con casi 1.500 mi llones de
dólares y tienen una capacidad de rendimiento de 10 millones de toneladas.
Salta a la vista la desproporción”. Incluso considerando que en -esta
capitalización están incluidas valiosas propiedades mineras y otros objetos, la
desproporción con tinúa siendo aún colosal.
Pero eso no ha impedido que el trust del acero
pudiera pagar siempre el dividen do del 7 por 100 sobre las preferred shares y
que las commort shares también produz can dividendos en proporciones cada vez
mayores. El trust se fundó en la primavera de 1901. De 1901 a 1903 la coyuntura
fue favorable y las common shares recibieron un dividendo del 4 por 100; en
1903 el dividendo descendió al 3 por 100, en 1904 y en 1905 no hubo dividendo.
Sin embargo, en 1905 se impuso ya el mejoramiento en la coyuntura y el trust
del acero hubiera tenido unos 43 millones de dólares sobrantes para la
distribución de dividendos, lo cual hubiera permitido un reparto de dividendos
del 8,5 por 100. Pero el trust empleó esta cantidad en amortizaciones, nuevas
inversio nes y formación de reservas. En 1906 se volvió a pagar el 2 por 100.
Pero este dividendo no estaba en ninguna proporción
justa con las ganancias del trust del acero, pues el año 1906'fue muy pingiüe y
para los «dividendos tenía a su disposición el trust del acero casi 100
millones de dólares. De ellos, el pago >de las
preferred shares requería unos 25 millones de
dólares, lo que dejaba aritméticamente
un 14,4 por
100 para las commpn shares. IMaentras
los accionistas sólo recibieron
10.166.000
dólares, se emplearon 50 millones
de dólares para nuevas construcciones
(entre ellos figuraba la segunda fase de las
fundiciones de acero Gary, con 21 */a mi llones de dólares), y, además, se
pensó'en un fondo suplementario con 13 millones de dólares. La misma política
siguieron también los directores en el año 1907. Se ganó aún más que en el año
1906. Los propietarios de las common shares tenían a su dis posición una
cantidad que correspondía a un dividendo de un 15,6 por 100. Los accio
nistas volvieron a
recibir sólo el 2 por 100 anual, esto -es,
un 0,50 por 100 trimes
tral. Se
emplearon 54 millones de dólares
en nuevas obras, de ellas 18 V a millones
de dólares para la planta de Gary. E l fondo suplementario recibió 25 millones
de
dólares. El año 1907
fue, esencialmente, más pobre que los anteriores. Sin embargo,
las common shares del trust del acero obtuvieron
algo más del 4 por 100; los pro pietarios sólo recibieron efectivamente el 2
por 100. 'N o se gastó nada en obras; en cambio, se proporcionaron al fondo
suplementario más de 10 millones de dólares, de tal íorma que a fin del año
1908 había crecido hasta cerca de 133 V* millones de dólares. Para el primer
trimestre de 1909, que, comparado con el correspondiente del año «interior,
volvió a acusar un mejoramiento y, en cambio, mostró un empeo ramiento frente
a los dos últimos semestre de 1908, principalmente a consecuencia de la caída
de precios ocurrida a mediados de febrero en el mercado americano del hierro,
se pagó sobre las common shares un dividendo trimestral del 0,50 por 100, como
desde 1906, y se transfirieron más de 3 millones de dólares al fondo suplemen
tario de reservas. (Véase Berliner Tageblatt del 28
de julio de 1909.) Para el segundo
trimestre de 1909 el trust del acero declaró un dividendo trimestral del 3/4 por 100,
lo cual corresponde a
un interés del 3 por 100,
y para el
tercer trimestre uno del
1 por 100,
esto es, un interés del 4 por 100 sobre las common shares. Pero como las
common shares permanecieron, en gran parte, en las
manos de los fundadores o— en
tanto pasaron a manos de la especulación, cuyas
manipulaciones resultan siempre ventajosas para los grandes accionistas— se
volvieron a comprar por los grupos finan-
124 EL CAPITAL FINANCIERO
haya crecido nominalmente el capital ficticio, se
pueden alterar de algún modo las leyes de precios. Es natural que un gran
capital en acciones produzca el deseo de que los precios elevados permitan su
retribución. Pero el capital puede estar contabilizado a cero, sin que ningún
capita lista venda a un precio inferior al debido, ya sea el dinero de una em
presa privada, de una simple sociedad por acciones o de un trust.
La sociedad por acciones es una sociedad de
capitalistas. Se cons tituye mediante unas aportaciones de capital; el grado
en que cada ca pitalista participa en la constitución estái dado por la
magnitud del capital con que ha contribuido; su derecho a! voto y su respectivo
poder de disposición se regulan, por eso, naturalmente, con arreglo a la mag
nitud de su entrada. El capitalista sólo es capitalista mientras tenga capital
y sólo se diferencia cuantitativamente de cada uno de los otros capitalistas.
Pero con ello, el poder de disposición sobre toda la empre sa se da en la mano
del propietario de la .mayoría del capital en ac ciones. Para poder disponer
de la sociedad por acciones se necesita, pues, únicamente la mitad del capital,
y no de la propiedad de todo el capital, como sucede en la disposición de la
empresa privada. Esto du plica el poder de los grandes capitalistas. Un
capitalista que transforma su empresa privada (prescindiendo del crédito) en
una sociedad por ac ciones sólo necesita la mitad de su capital para retener
el completo po der de disposición. La otra mitad se libera y puede retirarse
de esta empresa. Naturalmente, se pierde entonces el dividendo en esta mitad.
Sin embargo, el poder de disposición sobre el capital ajeno es de la mayor
importancia y el dominio de la empresa, prescindiendo de todo lo demás, de la
mayor significación para la influencia del movimiento de propiedad de las
acciones en la Bolsa.
Pero, en la práctica, la cantidad de capital
suficiente para el domi nio de la sociedad por acciones es, generalmente, aún
menor: sólo as ciende de una tercera a una cuarta parte del capital, y aún
menos. Ade más, el que domina la sociedad por acciones dispone del capital
ajeno como del suyo propio. Esta clase de disposición sobre el capital ajeno
puede tratar de disimularse denominándole mera administración del ca pital. Si
en la sociedad capitalista desarrollada, mediante el desarrollo del crédito', todo
capital propio es simultáneamente exponente del capital ajeno prestado— y la
magnitud del crédito depende, bajo las mismas cir cunstancias, de la magnitud
del capital propio, creciendo aquélla más rápidamente que ésta— , el capital
propio del gran accionista se con vierte en un tal exponente en doble sentido.
Su capital le permite dis poner del de los demás accionistas y la fuerza de
absorción del capital de la empresa vuelve a atraer capital ajeno, capital de
préstamo que toma la empresa.
cieros a los cambios más bajos durante el pánico de
1907, y poco después esta política de dividendos, que retuvo la ganancia a
costa de los accionistas para repartirla súbi tamente en el momento apropiado,
ha sido una enorme fuente de enriquecimiento para los grupos financieros que
dominan el trust del acero.
LA SOCIEDAD
PO R ACCIONES 126
Pero el gran capital que domina una sociedad por
acciones es de un empuje mucho mayor aún, cuando no se trata de una sola
sociedad por acciones, sino de un sistema de sociedades dependientes unas de
otras. Supongamos que el capitalista N domina con sus cinco millones de
acciones la Sociedad A, cuyo capital en accionesi asciende a nueve mi llones.
Esta sociedad funda una filial B con 30 millones de capital en acciones,
quedándose con 16 millones. Para poder pagar el dinero de estos 16 millones
supongamos que A emitiera obligaciones a interés fijo por 16 millones y que no
tienen derecho a voto. N domina ahora con sus cinco millones ambas sociedades,
esto es, un capital de 39 millones. Con arreglo a los mismos principios A y B
pueden fundar nuevas so ciedades de tal forma que N, con un capital
relativamente pequeño, re cibe el mando sobre sumas de capital
extraordinariamente grandes. Con el desarrollo de las acciones se forma una
técnica financiera propia, cuya misión es asegurarle al menor capital posible
propio, el dominio sobre el mayor capital ajeno posible. Esta técnica ha
hallado su perfección en la financiación del sistema americano de ferrocarriles
14.
La
exposición detallada de la técnica de financiación cae fuera del marco del
presente trabajo. Sin embargo, el ejemplo siguiente nos dará una idea de lo
dicho, ejemplo que representa la financiación del sistema ferroviario de
Rock-Island. (Véase Frankfurter Zeitung del 6 de octubre de 1909.) En la cima
del sistema, está una so ciedad de control (Holding Company, es decir, en
realidad, una sociedad por accio nes propietaria de otras sociedades), la Rock
Island Company, sin deudas por obli gaciones y con un capital autorizado de 54
millones de dólares en preferred (acciones preferentes) y 96 millones de
dólares en common stock (acciones ordinarias), de las cuales se han emitido
49.129 millones de dólares y 89.733 millones, respectivamente. Sólo tienen derecho
de voto las acciones preferred. Esta sociedad posee el capital total en
acciones de 145 millones de dólares de la Chicago Rock Island y la Pacific
Rail-
road Company, que
tiene, además, unas deudas por obligaciones de 70.199
millones
de dólares al 4 por 100 en Collateral Trust Bonds y
17.361 millones de dólares al 5 ¡por 100 en Collateral Trust Bonds. Se trata de
obligaciones garantizadas median
te otros títulos depositados en entidades
fiduciarias. (Sobre los Collateral Trust Bonds, véase Thomas L. G R E E N E ,
Corporation Finance, Nueva York, 1906). Esta Railroad Company posee, en primer
lugar, dos sociedades de ferrocarriles: 1-1° la Chicago Rock Island y la
Pacific Railway Company, cuya deuda consolidada asciende a 197.850 millones de
dólares; el capital en acciones, a 74.859 millones de dólares, de los que
70.199 se han depositado en entidades fiduciairias, como base para la
mencionada emisión de los Collateral Trust Bonds, al 4 por 100 de la Railroad
Company. 2.!° La St. Louis y San Francisco Railroad Company, con una deuda
consolidada de 227 mi llones de dólares, aproximadamente. El capital por
acciones se compone de: 5 millo nes de dólares de preferred stock; 16 millones
de dólares de una segunda emisión de preferred stock; 29 millones de dólares de
common stock, de los cuales la Rock Island Company adquirió 28.940 millones de
dólares. Esta dio por cada 100 dólares en acciones 60 dólares en acciones
propias y 60 dólares en Clollateral Trust Bonds, al 5 por 100 de la Chicago
Rock Island y Pacific Railroad Company. Las dos grandes sociedades ferroviarias
tienen ahora de nuevo sus propias filiales.
E l objetivo de esta artística financiación es bien
claro. El control de todo el potente sistema ferroviario yace en las preferred
shares de la Rock Island Company, únicas coin derecho a voto. En tiempos de su
fundación la cotización de estos títulos era entre el 40 y el 70 por 100. Para
los 27 millones de dólares en preferred shares que eran necesarios para el
control, los fundadores necesitaban a lo sumo unos 15 mi llones de dólares.
Este dinero era suficiente para hacerlos señores de toda la red fe rroviaria.
Í26 ÉL'
CAPITAL FINANCIERO
Con el desarrollo de las sociedades por acciones,
de un lado, y con la creciente concentración de la propiedad, de otro, aumenta
el número de grandes capitalistas que han invertido su capital en diversas
socie dades por acciones. Pero la fuerte posesión de acciones otorga el poder
de participar directamente en la dirección de la sociedad. Como miembro del
Consejo de Administración, el gran accionista recibe, en primer lu gar, en
forma de porcentajes sobre los beneficios, una parte de éstos 10; en segundo lugar,,
la oportunidad de influir en la administración o tam bién aprovechar los
conocimientos de los procesos de la empresa, ya sea para transacciones
especulativas u otras comerciales. Se forma un círculo de personas que, en
virtud de su propio poder de capital, o también como representantes de la
fuerza concentrada de capital ajeno (directores de Banco), están representadas
como Consejos de Administración en numerosas sociedades por acciones. Nace así
una especie de unión per-sonalite, de un lado, entre las diversas sociedades
por acciones entre sí, y luego, entre éstas y los Bancos, circunstancias que ha
de ser de la mayor influencia para la política de estas sociedades, porque se
cons tituye una asociación de intereses entre las distintas sociedades.
Para llevar a cabo la concentración de los
capitales en una empresa la sociedad por acciones reúne su capital sumando
porciones individuales que, tomadas por separado, quizá sean demasiado pequeñas
para actuar industrialmente — ya sed en general o particularmente en las ramas
de la industria, cuyo dominio es la sociedad por acciones— . Pero hay que tener
en cuenta que, en los comienzo^ 'de la sociedad por acciones, esta
concentración sucede, generalmente, mediante apelación directa a los ca
pitalistas individuales. Y en la continuación del desarrollo, los capitalis
“ Los ingresos de los miembros de Consejos de
Administración en Alemania lo ha calculado E. Loeb en unos 60 millones de
marcos para el año 1900 (Das Instituí des Aufsichtsrates iitiv,. Jahrbuch íür
Nationalokonomie und Statistik, 3* serie, vo
lumen X X III, 1902).
En un detallado análisis sobre los
Consejos de Administración
de las
sociedades alemanas por acciones de
la mencionada revista (3.“ serie, volu
men X X X II, 1906,
pág. 92 y sigs.). Franz Eulenburg calcula esta suma, para 1906,
en cerca de 70 millones de marcos. Toda sociedad
por acciones reparte, por término medio, 6/10 por 100 de su capital nominal
como tantiémes., por tanto, todo miembro del Consejo de Administración recibe
1/10 por 100, por término medio. Naturalmente, en las grandes sociedades esta
cantidad es absolutamente mayor, de unos 6.000 a 8.000 marcos y más. Así,
repartieron como tantiémes, el Dresdner Bank, 21.000 marcos; Felten i&
Guillaume, 34.000, Dürkopp, 10.000; ¡Deutsche Bank, 32'.000; Hiorder Berg-werke,
15.000; Gelscnkirchen, 8.700; Bayrische Hypothekenbank, 13.000 marcos.
La unión
personal es principio o fin de asociaciones que, por causas externas, tienen
que estar separadas institucional y administrativamente, pero que sólo pueden
desplegar su completa eficacia en la centralización de sus fuerzas en una
dirección común superior. La unión personal entre Austria y Hungría es el resto
que queda del tiempo de la unión anterior de ambos paises y quizá sólo sea
significativa en tanto pudiera ser el punto de partida para otra unión
distinta. La unión de las organiza ciones políticas y económicas de la clase
obrera mediante la unión personal en su dirección superior les permite a ambas
el completo despliegue de fuerzas. E l mismo fenómeno de la unión de
organización económica y política lo encontramos en la- pro piedad rústica
alemana en la asociación de las agricultores, y, en especial, está per
fectamente formada en las organizaciones de los polacos afincados en Prusia,
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 12?
tas individuales están ya reunidos y concentrados
en los Bancos. Por eso, la apelación al mercado monetario se verifica por
mediación de los
Bancos.
Ningún Banco puede pensar en procurar
voluntariamente el capital de una empresa individual. Generalmente, sólo puede
concederle cré dito comercial”. Otra cosa sucede con la sociedad por acciones.
Procu rar aquí el capital no significa para el Banco nada más que adelantarlo,
dividirlo en porciones y volverlo a recibir mediante la venta de estas
porciones (acciones), esto es, hacer un puro negocio monetario D-D1, según la
forma de las transacciones monetarias puras. La transferibili-dad y la
negociabilidad de estos títulos de capital es lo que constituye la esencia de
la sociedad por acciones, que luego otorga al Banco la posibilidad de la
“fundación” y, con ello, del dominio definitivo de la sociedad por acciones.
Igualmente, la posibilidad de los créditos ban-carios es aquí mucho mayor que
en la empresa individual. En general, ésta tiene que poder rembolsar los
créditos con los rendimientos y, por eso, estos créditos tienen un estrecho
límite. Precisamente por su rela tiva pequeñez dejan bastante independientes a
los empresarios particu lares. Pero en lá sociedad por acciones existe la
posibilidad de poder cubrir estos créditos bancarios no sólo con los
rendimientos corrientes, sino mediante el aumento de capital, mediante emisión
de acciones u obligaciones, emisión que le produce, además, al Banco la
ganancia de fundación. De ahí que el Banco pueda concederle mayor crédito a la
sociedad por acciones que a la empresa individual, pero, sobre todo, un crédito
distinto, crédito no sólo para mediación de pago, esto es, crédito de
circulación, sino para complemento del capital de empresa que hace falta, esto
es, crédito de capital. Pues el Banco, en caso dt que le parezca necesario,
puede limitar esta concesión de crédito' pro porcionando a la empresa nuevo capital
mediante una nueva emisión de acciones u obligaciones1T.
Pero el Banco no sólo puede concederle a la
sociedad por acciones crédito en mayores proporcionéis que a la empresa
individual, también puede invertir para más o menos tiempo una parte de su
capital mone tario en acciones. Sin embargo, en todos los casos nace un
interés con tinuo del Banco por la sociedad en acciones, que, de un lado,
tiene que estar controlada por el Banco para garantizar el justo empleo del
cré dito y, de otro, tiene que estar dominada en 'lo posible por el Banco para
asegurarle a éste todas las transacciones financieras productivas.
De este interés de los Bancos brota el esfuerzo de
vigilar continua mente las sociedades por acciones en las que están
interesados, siendo la mejor forma de hacerlo la representación en los Consejos
de Admi nistración. Esta representación otorga, al mismo tiempo, la garantía
de que la sociedad también realizará, a través del Banco, todas las demás
” Por eso, las fuertes deudas bancarias de una
empresa individual pueden ser frecuentemente indicio de su inminente
transformación en sociedad por acciones.
m
EL CAPITAL
FINANCIERO
transacciones que tienen relación con el negocio de
emisión. Por otro lado, para repartir el riesgo y ampliar su esfera comercial,
el Banco in tenta trabajar con el mayor número posible de sociedades y con
ello estar representado, al mismo tiempo, en sus Consejos de Administración. La
disposición de la posesión de acciones le da la posibilidad, eventual-, mente,
de imponer también una representación en sociedades originaria mente
resistentes. Así, nace aquí una tendencia a la acaparación de tales puestos en
los. Consejos de Administración18.
Un papel diferente desempeñan los representantes dé
la industria en los Consejos de Administración; aquí se trata de enlaces de
relacio nes comerciales entre dos sociedades. Así, por ejemplo, cuando el re
presentante de una fundición de hierro está en -el Consejo de Adminis tración
de una mina de carbón, .actúa para que la fundición compre su carbón de esta
mina.
“ Los grandes Bancos procuran "vincularse de
las maneras más variadas posi bles con las empresas industriales según el
lugar y la clase de industria, con objeto de suprimir cada vez más las
desigualdades en la localización y entre los sectores industriales,
desigualdades que se explican por la historia de las industrias individua les.
A ello va unido el esfuerzo por consolidar las relaciones industriales en la
unión comercial regular y continua, y darles la expresión y la posibilidad de
la expan^ sión y profundización mediante un .sistema permanente de .posesión de
puestos en los Consejos de Administración” (JEIDELS, ZOC. cit., pág. 180).
Jeidels da la tabla siguiente (para 1903): Estaban
representados, en sociedades por acciones:
E l
D e u tsc h
e
B an k
con
101
C om o sim
ples consejeros de 120
221
ís lto n to
- g esell-sc h a íf
31
61
92
D a rm -
s ta d te r
B a n k
51
50
101
S c h a a
ff- B e rlin e r
D r e s d n e r h
a u se n -
sc h e r H a n d e ls T
OTAL
B a n k gesell
B a n k -
sc
h a ft
v e re ín
53 68 40 344
80 62 34 407
133 130 74 751
En total, disponían, pues, los
seis grandes Bancos de Berlín de 751 puestos
en
los Consejos de
Administración.
Según el reciente censo de los directores y miembros de
los Consejos de Admi
nistración (1909), hay en Alemania 12.000 puestos
de éstos. Pero 2.918 .puestos en los Consejos de Administración están en las
manos de sólo 197 personas* E l “record" lo tiene Karl Furstcraberg, de la
Berliner Handelsgesellschaft, con 44 puestos; Eugen Gutmann, del Dresdner Bank,
posee 35 puestos. En general, entre las diversas pro fesiones que están
representadas entre los miembros de los Consejos de Administra
ción, la que más abunda es la de banquero, y en éstos recaie, pues, la mayor
acumu
lación. Minuciosos datos sobre esto se
encuentran en E U L E N B U R G . C o c . cit.
El
mismo fenómeno sucede,
naturalmente, en los
Estados Unidos. En 1906, la
firma
J. P. Morgan
6 Cié. estaba representada en el Consejó de cinco Bancos,
50 empresas de ferrocarriles, tres sociedades de
.navegación, ocho trusts, ocho compa
ñías de seguros y 40 empresas industriales (ST E IFÍIT Z E R , loe. c
it, pág. 158).
Í.A SOCIEDAD POR ACCIONES 129
Estas uniones personales, que, al mismo tiempo,
significan una acu mulación de puestos en los Consejos de Administración en
manos de pequeño número de grandes capitalistas, adquieren trascendencia tan
pronto como se convierten en precursores o promotores de vínculos orga nizados
y más íntimos entre sociedades que hasta ahora eran indepen dientes entre
sí19,
3. La
sociedad por acciones y la em presa individual.
En su fundación, la sociedad por acciones noi
apela, pues, a la cla se relativamente pequeña de capitalistas activos y
capaces de actuar que han de reunir la función de propietario con la de
empresario. Es inde pendiente de estas cualidades personales desde un
principio y lo sigue siendo durante su existencia. La muerte, la división de
las herencias, etc., de sus propietarios no tienen la menor influencia sobre
ella. Pero ésta no es ninguna diferencia decisiva frente a la empresa
individual, que, a partir de •cierto grado de desarrollo, puede sustituir por
empleados pa gados las cualidades personales que le faltan a su propietario.
Prácti camente, también es insignificante otro contraste qué, en Ja literatura
económica, se hace entre sociedad por acciones y empresa individual; según el
cual, de una parte nos encontraríamos ante,un empresario sub jetivo totalmente
responsable e independiente y que, por ello, está en teramente interesado en
la suerte de la empresa, mientras que en la otra parte no había más que una
multitud de empresarios (accionistas) poco interesados y sin influencia, que
sólo están interesados en parte y que no saben nada de la dirección.
Ciertamente, las sociedades por ac ciones, y precisamente las más importantes,
productivas y trascendenta les, están dominadas por una oligarquía o incluso
sólo por un gran capitalista (o un Banco), que, en realidad, también están
enteramente interesados y son independientes de la masa de pequeños
accionistas. Además, 'los directores, la vanguardia de la burocracia
industrial, tanto por las participaciones de consejero como también, y sobre
todo, por la
13 E n cambio, la dirección de los Consejos de
Administración no juega en abso luto ningún papel en el sentido de la
responsabilidad jurídica. Así, en la Asamblea general de la Elekírische Licht-
und Kraftanlage~Aktiengesellscha[t in. Berlin, el pre sidente dijo
precisamente: "Es falsa la idea de que cualquier Consejo de Administración
o miembro de uno de ellos puede hacer lo que le prescribe la ley. Los
legisladores no sabían lo que hacían cuando promulgaran esta ley. Imagínese que
un miembro del Consejo de Administración o, en general, el Consejo de
Administración debe vigilar, aunque sólo sea durante un día, todas las ramas de
la empresa en una de nues tras grandes sociedades. Mientras el hambre controla
en un sitio podrían cometerse las mayores faltas en otros diez sitios
diferentes. El Consejo de Administración pue de indicar las normas generales
por las que se debe regir una sociedad. Puede vigi lar, incluso, a la
dirección para que no haga nada contra la ley y los estatutos. Pero los
detalles de la revisión son cosa de las sociedades de inspección o revisión
(Ber-liner Tageblatt del 28 de noviembre de 1908).
130 EL CAPITAL FINANCIERO
posesión generalmente amplía de acciones, están
interesados en la em presa.
Mucho más importante es la diferencia objetiva: el
recurso al mer cado monetario es una llamada general a todos los q.ue tienen
dinero, entendiendo aquí, al mismo tiempo, el dinero como disposición de cré
dito. La sociedad por acciones es independiente de la magnitud del ca pital
individual, que tiene que estar reunido en una mano para poder actuar como
capital industrial de una empresa individual. No sólo se ha ampliado el círculo
de personas— capitalista monetario puede serlo todo el que tenga dinero— , sino
que también se habilita a toda suma de dinero más allá de cierto mínimo (que,
como ya se sabe, sólo nece sita ascender a unos cuantos marcos) para unirla
con otras en una so ciedad por acciones y emplearla como capital industrial.
Esto concede, desde un principio, una facilidad de fundación a la sociedad por
accio nes enteramente distinta a la empresa individual y una fuerza de ex
pansión mucho mayor a la ya existente.
En esta facultad de centralización dél capital las
sociedades por ac ciones realizan una función semejante a los Bancos. La
diferencia es la siguiente. El capital reunido en los Bancos conserva la forma
primitiva de capital monetario y se pone a disposición de la producción
mediante el crédito después de su centralización. En las sociedades por
acciones el capital monetario disperso se reúne en. forma de capital ficticio.
No hay que pensar que la centralización de capitales pequeños, que sólo
pretenden ser fracciones de capitales mayores, es lo mismo que la par
ticipación de pequeños capitalistas. Los capitales pequeños pueden per tenecer
a grandes capitalistas. Los pequeños capitales de los capitalistas pequeños se
reúnen más bien en los Bancos que en la sociedad por acr ciones.
la facilidad
de la procuración de capital se une la facilidad de la acumulación. En la
empresa individual la acumulación tiene qué detraer se del beneficio. Una
parte del beneficio que no se consume, lo cual supone, desde un principio,
cierta magnitud de la empresa, se acumula como capital monetario latente hasta
que su volumen es suficiente para una nueva inversión y ampliación de la
empresa. Por el contrario, en la sociedad por acciones el dividendo se paga,
por de pronto, a los accio nistas. Pero también aquí existe la posibilidad de
acumular parte de los beneficios, en especial con dividendos altos, muy
superiores al tipo me dio de interés. Y, sobre todo, la ampliación se
independiza dé la acu mulación del rendimiento propio de la empresa y puede realizarse
direc tamente mediante aumento del capital. Baja con ello el tope al creci
miento de la empresa individual, es decir, la magnitud del beneficio producido
en la misma empresa. La energía de crecimiento dé la socie dad por .acciones
es mucho mayor que la de la empresa individual. La sociedad por acciones tiene
a su disposición todo el capital monetario libre, tanto para su ampliación como
par^ su fundación. No sólo aumenta con la acumulación de su propio beneficio.
El capital monetario total,
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 131
acumulado y deseoso ahora de utilización, es el
agua que puede dirigir hacia su molino. Se han suprimido los límites que brotan
de la disper sión individual del capital entre sus poseedores indiferentes y
casuales. La sociedad par acciones apela directamente al capital unido de la
clase capitalista.
La independencia de la sociedad por acciones con
respecto ál ca pital individual independiza la magnitud de la empresa con
respecto a la magnitud de la riqueza acumulada yá en una sola mano, y le
permite am pliar la empresa sin tener en cuenta el grado existente de
concentración
del capital.
Así, mediante la sociedad por acciones, son posibles empresas, o, al menos, en
las proporciones necesarias, que le eran inaccesibles al empresario individual
debido a las dimensiones de sus exigencias de ca pital. Por eso, o no sé
realizaron o las tenía que realizar el Elstado, esto es, quedaban fuera de la
influencia directa del capital. Como es sa bido, el ejemplo más significativo
lo constituyen los ferrocarriles, que son los que más han fomentado la
propagación de las sociedades por acciones. Esta significación de la sociedad
por acciones, saltar los lí
mites personales de la propiedad y, al mismo
tiempo, estar limitada úni camente por la magnitud no del capital personal,
sino del social 20, tiene la mayor importancia, especialmente, en sus
principios.
La expansión de la empresa capitalista, convertida
en sociedad por acciones y liberada de las trabas dé la propiedad individual,
puede su ceder ahora con arreglo a las exigencias puras de la técnica. La
intro ducción de nueva maquinaria, la adopción de nuevos procesos de pro
ducción, el aprovechamiento de patentes, sucede ahora únicamente con arreglo á
sus ventajas técnicas y económicas. Disminuye el desvelo por la obtención del
capital necesario, que juega un papel primordial en la em presa individual, a
la que limita su fuerza de expansión, disminuye su movilidad y continua
capacidad combativa. Las coyunturas pueden apro vecharse mejor y más
rápidamente, lo cual és muy importante, sobre todo cuando las coyunturas
favorables sean breves21.
50 Cuando hablamos aquí de capital social lo
empleamos en este sentido: El empresario individual está limitado por la
magnitud del capital individual, la socie dad .por acciones lo está por todo
el capital monetario existente en la sociedad ca pitalista y libre para nueva
utilización.
"La sociedad por acciones es el arma más aguda
y segura, y, por eso, la más preferida que tiene a su disposición el orden
económico capitalista para llevar ade lante sus tendencias de concentración.
LB, misma sociedad por acciones representa ya una concentración ultimada: una
reunión de partes de capital pequeñas y dis persas, más o menos excluidas de
utilización productiva, en una masa de capitaí to" tal que, bajo dirección
común, es adecuada y está determinada paTa perseguir fines económicos, esto es,
productivos. Pero la sociedad por acciones también ejerce una fuerza de
atracción sumamente fuerte sobre los capitales disponibles a consecuencia de la
fácil enajenación y transferencia de las acciones, a consecuencia, etíemás, de
la probabilidad de mayor duración concedida por la casi completa separación de
la per
sona del empresario, en un grado mucho mayor que en las otras formas de empre
sa, y, finalmente, a consecuencia de
la ¡limitación (teórica) de los dividendos que se
esperan
sobre el capital reunido. Por consiguiente,
la sociedad por
acciones posee,
en mayor
grado que las demás formas de empresa, la posibilidad de satisfacer sus
132 EL CAPITAL FINANCIERO
Los factores mencionados adquieren vital
importancia en la lucha competitiva. Hemos visto cómo la facilidad de la
procuración de capital es enteramente distinta en la sociedad por acciones que
en la empresa individual. De esta forma, la sociedad por acciones tiene la
posibilidad de realizar el establecimiento de su empresa, según los puntos de
vista puramente técnicos, mientras que el empresario individual continúa cho
cando contra las barreras que le pone la magnitud de su capital. Esto también
es válido para cuando utiliza crédito, puesto que su volumen está determinado
por el de su propio capital. En cambio, la sociedad por acciones, tanto en su
fundación como en la expansión y nuevas inver siones, no está ligada a estos
límites de la propiedad personal. Por eso puede apropiarse de los progresos
mejores y más modernos, y también, én el momento en que hace nuevias
inversiones, es mucho más indepen diente que el empresario individual, que
tiene que esperar hasta que su beneficio haya alcanzado un volumen capazr de
acumulación. Por tanto, la sociedad por acciones puede organizarse de una forma
técnicamente superior y, lo que es casi tan importante, mantener continuamente
esta superioridad técnica. Pero esto significa también que es capaz de em
plear progresos técnicos, métodos ahorrativos de trabajo, antes de que se hayan
generalizado. De esta forma, frente a la empresa individual, la sociedad por
acciones puede trabajar, en primer lugar, a mayor es cala, y, en segundo, con
una técnica renovada y más perfecta, y así ob tendrá un beneficio extra frente
a aquélla.
Hay que añadir, además, la gran superioridad que
tiene la sociedad por acciones en el empleo del crédito frente al empresario
individual, superioridad a la que nos referiremos brevemente a continuación.
Generalmente, e] empresario individual sólo podrá
tomar crédito en la cantidad máxima de su capital circulante. Toda concesión
adicional de crédito transformaría ed capital crediticio en capital industrial
fijo y así le quitaría también, de facto, al capitalista-prestamista, su
carácter para convertirle en industrial. Por eso, sólo se puede conceder
crédito a los empresarios individuales por personas que están al tanto de to
das las relaciones y negocios de los industriales. El crédito para la em presa
individual está sometido a la pequeña banca local, al banquero in dividual,
cómo conocedores exactos de las relaciones comerciales de sus clientes.
La sociedad por acciones recibe crédito con mayor
facilidad, porque
necesidades de
crédito y expansión
mediante aumentos de
capital. Pero la iacilidad
de procuración de capital vuelve a originar,
naturalmente, la tendencia al aumento de
capital, y
por cierto, siempre en proporción creciente, porque tanto en el ámbito de
la industria como en el del comercio y también en
el de la Banca■parece existir una
ley económica que posibilita un capital doble más que una
producción doble o más
que una duplicación del volumen de ventas (Advertencia: pero no una
doble renta
bilidad también), y que precisamente por eso se
fortifica la tendencia a la
ampliación
de capital con el crecimiento de éste y, de esta forma, es relativamente mucho más
importante en los grandes que en los pequeños
'capitales” Í R i h s e r , Z ur Entwicktungs~ geschichte der deutschen
Grossbanken, pág. 152)-.
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 133
la forma de su organización facilita
extraordinariamente la vigilancia mediante la simple delegación de un hombre de
confianza del Banco. En este coso, se suprime al banquero individual mediante
un represen tante del Banco. Y entonces es posible conceder crédito en
proporciones mucho mayores a la sociedad por acciones, ya que ésta puede
procurarse capital fácilmente. No existe peligro de que se inmovilice el
crédito exi gido. Incluso si lo utilizara realmente para creación de capital
fijo la sociedad por acciones, puede movilizar el capital en una ocasión favo
rable, prescindiendo del reflujo real del capital fijo, mediante la . emi sión
de acciones, y emplearlo para el pago de deudas bancarias. Circuns tancia
corriente, en realidad. Pero ambas circunstancias, la fácil super visión y la
caída de la limitación de crédito sobre el capital circulante, dan a ia
sociedad por acciones la posibilidad de una utilización de cré dito mucho más
fuerte y, con ello, una superioridad más en la lucha competitiva.
La superioridad económica de la procuración más
fácil de capital en la fundación y de la también más fácil capacidad de
expansión lle van consigo una superioridad técnica.
Pero la sociedad por acciones, gracias a su
constitución, es también superior en la lucha de precios.
Hemos visto que el accionista tiene el carácter de
capitalista mone tario, que espera únicamente intereses de su capital
prestado. A pesar de la ganancia de fundador, a pesar de la disminución de' los
beneficios por los elevados costes de administración, tantiémes, etc., en el
trans curso dé una evolución favorable, el rendimiento supera en mucho 'los
intereses.
Como ya hemos visto, este rendimiento elevado no
necesita recaer siempre en favor de los accionistas. Una parte puede emplearse
pára con solidación de la empresa, para formación de reservas, que luego en
tiem pos de crisis proporciona un respaldo más fuerte a la sociedad por accio
nes frente a la empresa individual. A l mismo tiempo, las grandes reservas
hacen posible una política de dividendos más continua y elevan así la co
tización de las acciones. O puede acumularse una parte de esíe rendi miento, esto
es, puede incrementarse el capital realmente activo, productor de beneficios,
sin aumento del capital nominal. Esto también eleva el va lor real de la
acción, y en proporciones aún mayores que la formación de reservas. Este
aumento, que quizá se manifieste en un momento poste rior, recae en favor de
los accionistas grandes y permanentes, mientras que los propietarios pequeños y
variables, desconocedores de las deci siones futuras, suelen vender sus
acciones y así tienen que contribuir con la pérdida de una parte de su
ganancia.
Pero si sucede una coyuntura desfavorable y se
agudiza la compe tencia, entonces una sociedad por acciones en la que haya
disminuido fuertemente o desaparecido por completó, gracias a semejante
política de dividendos, la diferencia entre capital en acciones y capital
realmente activo, puede reducir sus precios por debajo del precio de producción
134
EL CAPITAL FINANCIERO
(c + p, coste más beneficio) a un precio = c + i
(predo de coste + in
tereses ) y siempre podrá repartir un dividendo
igual ó poco inferior al interés medio.
La fuerza de resistencia de la sociedad por
.acciones es así mucho mayor. El empresario individual tendrá el anhelo de
realizar el benefi cio medio. Si produce menos, pensará en retirar su capital.
Este anhelo no existe en las mismas proporciones dentro de la sociedad por
acciones, al menos dentro de la dirección, ni tampoco en los propietarios. El
ém-presc^Uj individual tiene que pagar su manutención con el rendimiento. Si
sus beneficios- disminuyen por debajo de cierto límite se le agotarán los medios
de explotación, ya que consume una parte de su capital para su manutención.
Hace bancarrota. Otra cosa es la sociedad por acciones. Aspira a pagar
intereses por el capital en acciones. Pero, en general, la sociedad por
acciones puede existir mientras no trabaje con pérdida. Para ella no existe en
ningún modo la exigencia de trabajar con ren dimiento neto22, a saber, una
exigencia que" conduce directamente a la catástrofe y que para -el
capitalista individual existe en la disminución de su capital mediante su
consumo y al hacerse insuficiente su capital. Esta exigencia actúa quizá sobre
el accionista obligándole a vender su acción. Pero esta venta deja intacto el
capital activo. Si la ganancia neta no ha desaparecido, sino que únicamente se
ha reducido, la sociedad por ¿aciones también puede, continuar existiendo. Si
la ganancia neta des ciende por debajo del tipo medio de interés del dividendo
bajará el pre cio de la acción. Igual que los antiguos propietarios, los
nuevos com pradores calculan ahora el rendimiento sobre un capital inferior.
La co tización de la acción ha bajado, pero la empresa, que desde el punto de
vista del capitalista industrial ya no es rentable debido a que ya no pro duce
el beneficio medio, lo es, en cambio, para el nuevo comprador, y los antiguos
propietarios sólo perderían más con la completa suspensión. Pero la sociedad
por acciones que trabaja con pérdidas también es más resistente. Mientras que
el empresario particular generalmente está per dido en este caso, va
inevitablemente a la bancarrota, la sociedad por acciones puede
"reorganizarse” de una forma relativamente fácil. La fa cilidad de la
procuración de capital le hace posible reunir las sumas que son necesarias para
la continuación y saneamiento. Pór lo general, los accionistas tienen que
acceder. Este estado de la empresa viene expre sado ya en el precio de las
acciones. Tienen que expresar la pérdida real aunque sólo sea nominalmente. El
capital en acciones se reduce; es
” ‘‘Particularmente, la Comisión de 1886 ha
recibido muchísimas quejas sobre la competencia de las sociedades por acciones;
muchos testigos afirmaban que la
causa principal de los precios bajos de las
mercancías estribaba en que las sociedades por acciones se hablan extendido
demasiado en muchas ramas de la producción. Estas podían continuar trabajando
incluso sin beneficios, puesto que la continuación de la producción, sin tener
en cuenta la rentabilidad, está en el interés de la gente que dirige los
negocios (de la presidencia, del Consejo de Administración, etc.) (T U G A N -
B A R A N O W S K I, Stúdien zur Theorie und
Geschichte der Handelskrisen in England, ]ena, 1901, pág. 162).
I LA SOCIEDAD
POR ACCIONES 135
decir, el rendimiento se reparte entre un capital
menor y, por tanto, es adecuado a éste. O cuando no existe rendimiento alguno,
si reúne nuevo capital que, en unión del antiguo capital desvalorizado, produce
ahora suficiente rendimiento. Hay que observar que estos saneamientos y re
organizaciones tienen doble significación para los Bancos: en primer lu gar,
como negocio lucrativo, y, en segundo, como una oportunidad para poner bajo su
dependencia semejantes sociedades necesitadas.
La separación de la propiedad del capital de su
función productiva también tiene influencia en la dirección de la empresa.
Hasta cierto punto, para los directores de la sociedad por acciones, los
intereses dél pro pietario por el logro del benefició mayor y más rápido
posible, el afán de explotación excesiva que dormita en toda alma de
capitalista, pue den posponerse a las necesidades puramente técnicas que
presenta la empresa. Impulsarán, de una forma mucho más enérgica que lo hace el
empresario individual, el perfeccionamiento de la empresa, la moderni zación
de las instalaciones anticuadas y también la dirección de la lucha de
competencia por la cónquista dé nuevos mercados, a pesar del sacri ficio que
les cuesta a los accionistas la satisfacción de sus demandas. En la
administración de capital ajeno se impondrá .una tendencia más enérgica, audaz
y racional, más exenta de consideraciones personales.
tanto más,
puesto que semejante política también hallará, por lo ge neral, el
asentimiento de los grandes accionistas dominadores, los cua les pueden
soportar fácilmente las limitaciones transitorias de sus bene ficios, mientras
que, finalmente, en el cambio y beneficio elevados, tam bién se embolsan los
frutos de los sacrificios que tuvieron que aportar igualmente los pequeños
accionistas, los cuales enajenaron hace ya tiem po su propiedad.
La sociedad por acciones es superior a la empresa
individual en que en ella se imponen las condiciones y necesidades puramente
económicas, incluso contra las condiciones de la propiedad individual, que,
bajo cier tas circunstancias, pueden caer en contradicción con las exigencias
téc nico-económicas.
El movimiento de concentración del capital va
acompañado conti nuamente de la separación de partes de capital que actúan
como nuevos capitales independientes. "Entre otras cosas, la división de
los bienes en las familias de capitalistas desempeña un gran papel... Por
tanto, la acumulación y la consiguiente concentración no sólo están dispersas
en muchos puntos, sino que el crecimiento de los capitales activos es des
baratado por la formación de nuevos y la división de viejos capitales. Por eso,
si la acumulación se presenta, por un lado, como concentración creciente de los
medios de producción y del dominio sobre el trabajó, por otro lado se presenta
oomo repulsión de muchos capitales individuales entre sí” 2f>.
Con la extensión de las acciones, el desarrollo
económico se separa
M arx . E¡ capital, I, pág. 589.
136 EL CAPITAL FINANCIERO
así de las contingencias de la evolución de la
propiedad que aparece en la suerte de las acciones y no de la sociedad. La
concentración de las empresas puede ocurrir, pues, más rápidamente que la
centralización de la propiedad. Ambos movimientos tienen sus leyes propias.
Pero la ten dencia a la concentración existe en ambos. En la evolución de la
propie dad sólo aparece casualmente y menos urgente y, de hecho, también es
desbaratada con frecuencia pór casualidades. Esta apariencia es la que induce a
algunos a hablar de una democratización de la propiedad por la difusión de las
acciones. La separación del movimiento industrial de concentración de la
evolución de la propiedad es importante, porque, con ello, el primero ya no
necesita más que seguir las leyes técnico-eco nómicas, independientemente de
lós límites de 'la propiedad individual. Esta concentración, que no es
simultáneamente concentración de propie dad, tiene que diferenciarse de la
concentración y centralización124 que tiene lugar mediante la evolución de la
propiedad y simultáneamente con ella.
Mediante la transformación de la propiedad en
propiedad de accio nes el propietario se convierte en propietario con menos
derechos. Como propietario de acciones depende de las decisiones de todos los
otros pro pietarios; él no es más que un miembro (aunque no siempre servidor)
de un conjunto. Con la difusión de las acciones, la propiedad capitalista se
convierte así, cada vez más, en una propiedad limitada tal que no le da al
capitalista más que un simple título de plusvalía sin permitirle in tervenir
decisivamente en la marcha de la producción. Pero esta limita ción le da, al
mismo tiempo, al propietario de la mayoría de las acciones el dominio ilimitado
sobre la minoría, y así la propiedad de la mayoría de los pequeños capitalistas
se limita cada vez más, se suprime la ab soluta disposición sobre la
producción, se estrecha cada vez más el círculo de los dominadores de la
producción; los capitalistas constituyen una sociedad sobre cuya dirección no
tienen nada que decir la mayoría de ellos. La disposición efectiva del capital
de producción le corresponde a gente que sólo há contribuido realmente con una
parte de él. Los propietarios de los medios de producción no existen ya de un
modo ais lado, sino que constituyen una sociedad de la que el individuó sólo
tiene derecho a una parte alícuota del rendimiento.
"4i. La
actividad de em isión .
Como intermediarios de la circulación de letras los
Bancos sustitu yen el crédito comercial por el crédito bancario. Como
intermediarios de la transformación de dinero congelado en capital monetario
los Bancos proporcionan nuevo capital a lós capitalistas productores. En una
ter cera función, los Bancos proporcionan igualmente capital a la industria,
** Sobre
te diferencia de estos dos conceptos, véase. Marx, E l capitel, l, pág. 591.
I.A SOCIEDAD POR ACCIONES 137
pero no prestándoselo, sino transformando capital
monetario en capital industrial y en ficticio, y efectuando ellos mismos esta
transformación. De un lado, el desarrollo conduce, cada vez más, a que todo
dinero afluya a los Bancos y sólo pueda emplearse por su mediación en ca pital
monetario. De otro lado, mediante la transformación de capital ban-cario en
industrial, el capital cesa de existir en forma de dinero, y, con ello, deja de
ser un componente apropiado del capital bancario. Esta contradicción resuelve
la movilización del capital, su transformación en capital ficticio, en títulos
de rendimiento capitalizado. Como, ¡al mismo tiempo, con esta transformación se
desarrolla -el- mercado-para, estos tí tulos, se hacen convertibles en dinero
en todo momento, pueden trans formarse en componentes del mismo capital
bancario. El Banco no entra aquí en ninguna relación de crédito ni tampoco
realiza ningún interés. El Banco únicamente pone a disposición del mercado, en
forma de ca pital ficticio, el capital determinado para la transformación en
capital industrial. Allí se vende el capital ficticio y el Banco hace efectiva
la ganancia de fundador que nace de la transformación del capital indus trial
en ficticio. La expresión "crédito de emisión” no indica, pues, nin guna
relación de crédito, sino que únicamente significa la confianza más o menos
fundamentada del público de no ser estafado por el Banco.
Esta función del Banco, realizar la movilización
del capital, nace dé su disposición de todo el dinero de la sociedad. Al mismo
tiempo, esta función condiciona un gran capital propio del Banco. El capital
ficticio, el título de crédito, es una mercancía sai géneris que se vuelve a
trans formar én dinero mediante la venta. Para ello es necesario cierto tiempo
de circulación, durante el cual el capital del Banco está fijado en esta
mercancía. Además, la venta no siempre es posible en cualquier momento, mientras
que las obligaciones dél Banco siempre se han de cumplir en forma de dinero.
Por eso, el Banco tiene que disponer siempre de ca pital para estas
transacciones, capital no sujeto a rembolso, esto es, ca pital propio. A l
mismo tiempo, con él desarrollo de la empresa indus trial crece el volumen de
las transacciones y, con ello, la necesidad de aumento del capital bancario05.
Cuanto más fuerte sea el poder de los Bancos más
perfectamente se realiza la reducción del dividendo al nivel del interés; más
completa
Esta
tendencia a la ampliación del capital bancario puede reforzarse aún más
mediante intervención legal. Asi. la prescripción de la ley alemana sobre
acciones de que en la transformación de empresas individuales en sociedades por
acciones, las
acciones sólo sean admitidas en la Bolsa un año
después de su fundación, tiene la consecuencia de que no se puede movilizar
capital bancario durante todo un año, esto es, que d u r a n t e este año
permanece transformado en capital industrial y no puede volver a tomar la forma
de dinero. Así, la actividad de fundación se convirtió, espe cialmente para
grandes empresas, en el monopolio de los Bancos más grandes con elevado capital
propio. A l mismo tiempo, se fomentó así la tendencia) a la concentra
ción en la Banca. En estos grandes Bancos también
recae luecjo la ‘ganancia de fun
dador-
...............
138 EL CAPITAL FINANCIERO
mente recae en el Banco la ganancia de fundador.
Boa? el contrario, las empresas fuertes y sólidas conseguirán asegurar para la
propia empresa una parte de la ganancia de fundador en los aumentos de capital.
Se entabla entonces una especie de lucha por la distribución de la ganancia de
fundador entre la sociedad y el Banco y, con ello, el Banco tiene un motivo más
para asegurar su dominio sobre la empresa.
Es evidente que no solamente se efectúa ganancia de
fundador en las fundaciones en el sentido propio de la palabra, ya sean nuevas
fun daciones o transformaciones en sociedades por acciones de empresas
individuales ya existentes. Ganancia de fundador, en el sentido econó mico de
la palabra, puede lograrse, igualmente, , en toda ampliación del capital de
sociedades por acciones inexistentes, suponiendo que su ren dimiento produzca
más que el simple interés.
En parte, lo que impone la disminución del tipo de
interés no es más que la consecuencia de la progresiva reducción del dividendo
al in terés, mientras que en la ganancia de fundador aparece capitalizada,
cada vez más, la ganancia total de empresario, un proceso que tiene como
supuesto un desarrollo relativamente elevado de lós Bancos y de su unión con la
industria, así como un correspondiente desarrollo del mer cado del capital
ficticio, de la Bolsa. Si durante los años setenta (del siglo pasado) en los Estados
Unidos ascendía el interés para las obli gaciones de los ferrocarriles al 7
por 100 contra'el 3 "/% por 100 de hoy26, es porque actualmente se
capitaliza por los fundadores la parte que se hallaba en el 7 por 100 como
ganancia de empresario. Esto es también importante, porque significa que la
ganancia de fundador tiene tendencia creciente, ya que el rendimiento para las
acciones y obligacio nes se reduce, cada vez más, al simple interés. Esta
tendencia ascen dente de la ganancia de fundador choca con el descenso del
nivel de beneficios, pero puede admitirse que este descenso, tan frecuentemente
interrumpido, y al que se oponen tantas reacciones que aumentan el beneficio,
no podía eliminar la tendencia ascendente de la ganancia de fundador en su resultado
final, es decir, que ésta tenía una dirección ascendente hasta en los tiempos
más recientes, y, en verdad, era más fuerte en los países donde el desarrollo
de la Banca y la Bolsa tuvo lu gar de la forma más rápida y donde la
influencia de los Bancos sobre la industria experimentó su mayor perfección.
Mientras que el capitalista monetario recibe
interés por prestar su capital, el Banco emisor de acciones, que en este caso
no presta nada, tampoco recibe ningún interés. Ed interés lo reciben más bien
los pro pietarios de las acciones como dividendo. Al Banco afluye la ganancia
de empresario; pero no coma ingreso anual, sino capitalizado como ga~
M Véase E D W A R S H E R W O O D , “Meade",
Trust Finance. Nueva York, 1907, pági na 243.
LA SOCIEDAD POR ACCIONES 139
nancia de fundador. La ganancia de empresario es un
ingreso continuo que se ha pagado al Banco definitivamente en la ganancia de
fundador. El Banco ha sentada como eterna e invariable la distribución
capitalista de la propiedad y descuenta esta eternidad en la ganancia de
fundador. Con ello también se conforma definitivamente y no tiene ningún de
recho a indemnización, en el supuesto de que la propiedad capitalista fuera
abolida. Y a ha percibido su salario.
CAPITUL® V III
La M&lsa
de val©res
1. Los
títulos bursátiles. La especulación.
La Bolsa es el mercado de los títulos. De momento,
entendemos como tales los "títulos valores” en general que representan
sumas de dinero. Se dividen en dos grupos principales: títulos de crédito que
no son más que pagarés, es decir, títulos de crédito que representan la suma de
dinero por la que se han librado; su principal exponente es la le tra de
cambio. El segundo grupo lo componen los títulos que no re presentan una suma
de dinero, sino su renta. Se dividen, a su vez, en dos subgrupos, en títulos de
interés fijo — títulos de la deuda del Estado y obligaciones— y títulos de
renta variable, o sea, acciones que dan de recho a un dividendo. En la
sociedad capitalista, como ya sabemos, todo rendimiento periódico (anual) se
concibe como renta de un capital cuya magnitud es igual al rendimiento
capitalizado al tipo de interés domi nante. Estos títulos-valores representan,
igualmente, sumas de dinero. Sin embargo, la diferencia frente al grupo
anterior es ésta: en los títulos de crédito la suma de dinero es lo principal;
se ha prestado, realmente, dinero y ahora produce intereses. Estos títulos sólo
circulan durante un tiempo determinado y terminan cuando se ha rembolsado el
capital. Con ello vence la letra. El que continuamente haya letras en
circulación no impide que venzan continuamente las letras individuales y el
dinero pres tado refluya así al prestador. Este vuelve a tener en sus manos la
suma de dinero y puede volver a prestarla. El vencimiento de la letra, esto es,
el continuo reflujo del capital a su propietario, es aquí la condición para la
continua renovación del proceso.
En el segundo grupo es distinto: aquí se ha
entregado el dinero definitivamente. En los títulos del Estado (fondos
públicos) puede ha berse consumido de una forma improductiva, esto es, puede
haber des aparecido por completo; en los títulos industriales se ha empleado
en la compra de capital constante y variable, ha servido de medio de com pra,
su valor' existe ahora en los elementos del capital productivo, la suma de
dinero está ahora en manos de ios vendedores y no vuelve ya
LA BOLSA DE
VALORES 141
a su punto de partida. Las acciones ya no
representan este dinero por que ha pasado a las manos del vendedor de
mercancías (del vendedor de los elementos del capital productivo),
convirtiéndose en propiedad suya. Pero tampoco representan el capital productivo.
Pues, en primer lugar, los propietarios de acciones no tienen ningún derecho a
ninguna parte del capital productor, sino únicamente al rendimiento, y, en se
gundo lugar, la acción no .representa ningún valor concreto de uso se mejante
al del W arrant o a los talones de embarque, como tendría que ser si la acción
representase, realmente, una porción del capital produc tivamente activo, sino
que ella sólo da derecho a una suma de dinero. El que lo dé lo permite la
“movilización” del capital industrial. Pero esta suma de dinero no es nada más
que el rendimiento capitalizado al tipo de interés correspondiente. Por
consiguiente, aquí el rendimiento, el ingreso anual, es el punto de partida
para la valoración del papel, y la suma de dinero se calcula según el
rendimiento.
Los títulos de renta fija se aproximan al primer
grupo, en tanto que siempre, en un momento determinado, a un rendimiento fijb
correspon de una determinada suma de dinero. Pero pertenecen al segundo grupo
porque el dinero que representaban originariamente se ha entregado de
finitivamente y no necesita volver al punto de partida, porque el capital que
representan es ficticio y su magnitud únicamente se calcula por el rendimiento.
La diferencia entre los títulos de renta fija y los títulqs de renta variable
se manifiesta en que, prescindiendo de factores casua les de determinación,
los primeros dependen en sus precios del tipo de interés y los últimos de éste
y del nivel correspondiente del rendimiento. Por eso, el precio de los primeros
estará sometido a oscilaciones rela tivamente escasas, oscilaciones que,
además, tienen lugar paulatinamente con las oscilaciones generales del tipo de
interés, más fáciles de prever. Por el contrario, el nivel del rendimiento en
el segundo grupo es incier to, está sometido a múltiples oscilaciones no
siempre previsibles, que motivan fuertes variaciones de la cotización de estos
títulos. Estos cons tituyen así el objeto principal de la especulación.
De lo anteriormente expuesto se deduce ya que la
designación ge neral de la Bolsa como “mercado de capitales” no es acertada.
Los títulos del primer grupo son títulos de
crédito. En su mayoría han .nacido de actos de la circulación, de transferencia
de mercancías sin intervención del dinero, y actúan sólo como medios de pago.
Han sustituido el dinero efectivo por dinero de crédito. Su negociación en la
Bolsa no significa más que la transferencia de la concesión de cré dito de uno
a otro. Pero, como hemos visto, la circulación del dinero de crédito tiene como
supuesto y complemento la circulación de dinero real. Como el dinero de crédito
que circula aquí no sólo tramita la circu lación de pago interior, sino
también la exterior, la Bolsa ,no sólo tiene que disponer del dinero de crédito
interior, sino también del exterior y del dinero metálico. Por eso, como
complemento de la circulación de dinero de crédito, el comercio de divisas
extranjeras y el comercio mo
142 EL
CAPITAL FINANCIERO
netario encuentra,n su centro en la Bolsa. Aquí se
reúne el capital mo netario disponible en todo tiempo para buscar inversión y
en-contrarlá en los títulos de crédito. En esta actividad la Bolsa compite con
los verdaderos Institutos de crédito, los Bancos. Pero la diferencia es tanto
cuantitativa como cualitativa. Cuantitativa, porque aquí, al revés de lo que
sucede en los Bancos, no juega un papel la reunión de las fuentes pequeñas y
más diversas, sino que, desde un principio, son grandes ca pitales acumulados
los que buscan inversión. La concentración de los bienes, que desempeña una
función tan importante en los Bancos, ya se ha realizado aquí.
Cualitativamente, la diferencia consiste en que la Bol sa no concede crédito
ni siquiera de una dase especial. Aquí slólo se pone a disposición el dinero
que es necesario para el mantenimiento de la circulación de los títulos de
crédito. El dinero se invierte, en grandes cantidades, en letras de primera
categoría. Tanto en la demanda como en la oferta se trata de grandes sumas; la
.oferta y la demanda se en frentan de una forma concentrada. Aquí es donde se
forma el precio de mercado del capital de préstamo, el tipo de interés. Es el
interés puro, liberado de toda prima de riesgo, puesto que se trata sin duda alguna
de los mejores títulos que se puedan concebir en este malvado mundo ca
pitalista, de cuya bondad es mucho más imposible dudar que de la bondad de
Dios. El interés sobre estas letras tan distinguidas — naturalmente,
distinguidas no en el sentido del indigno valor de uso, pues ni siquiera las
letras superfinas se extienden en papel pergamino— parece provenir directamente
de la simple posesión de capital monetario. El dinero no parece entregado, pues
puede realizarse en todo momento mediante la transferencia siempre posible de
la letra. En todo caso, el dinero sólo se invierte transitoriamente, siempre
preparado para otra disposición. La se guridad y el corto vencimiento
condicionan el bajo interés para estas inversiones, para las que únicamente son
apropiados capitales muy gran des y a menudo sólo disponibles momentáneamente.
Es el interés el que constituye el punto de partida para el cálculo del interés
de otras clases de inversión. Su nivel determina también los desplazamientos de
los capi tales monetarios libres, flotantes, hacia y desde los diversos
mercados bursátiles. Estos fondos entran y salen en la circulación del dinero
uni versal en un volumen continuamente variable.
La Bolsa constituye aquí el mercado para la
circulación monetaria de los grandes Bancos y de los grandes capitalistas entre
sí. Las letras de que se trata llevan la firma de los principales Bancos. Los
Bancos del interior o del exterior, o los grandes capitalistas, invierten en
estas letras fondos líquidos para empleo productivo y absolutamente seguro. A
la vez, los grandes Institutos de crédito llevan estas letras a la Bolsa para
pro curarse los medios necesarios cuando las peticiones (de rembolso de depósitos)
que les han hecho sobrepasan sus capitales disponibles 1.
Véase la
instructiva obra de W . P R IO N , Das
deutsche Wechseldiskontgeschaft,
Leipzig,
1907.
LA BOLSA DE VALORES 143
Las sumas de dinero que requiere esta circulación
se expanden y con traen, pero siempre existen en cierto volumen mínimo. Con
ellas se com pran las letras, y los fondos vuelven a sus propietarios cuando
vence la letra gracias a este retomo continuado del dinero a su punto de
partida, por su función como simple intermediario de la circulación de crédito
se diferencia la circulación del dinero que ®e ha invertido en este primer
grupo de los títulos bursátiles de la inversión en acciones. Aquí el dinero se
entrega definitivamente, transformado en capital productor, y va a parar a las
manos de los vendedores de mercancías. No vuelve a la Bolsa, como en el primer
caso. En vez del dinero existen ahora los-títulos al tipo de interés
capitalizado'. Aquí se sustrae realmente el dinero del mercado monetario.
En el mercado de letras la Bolsa compite con los
Bancos. El desarrollo de los últimos toma a la Bolsa una parte de las letras;
los Bancos le quitan en su mayor parte las relaciones que aquélla, como
intermediaria del crédito de pago que en los orígenes de las Bolsas era su
función más importante, realiza con los capitalistas industriales. No le queda
más que la mediación entre los Bancos mismos y el comercio de divisas, que
tramita los pagos exteriores y regula el cambio. Pero también aquí se consuma
directamente gran parte de lá circulación a través de los Bancos, que mantienen
para estos fines sus filiales en el extranjero. El desarrollo de los Bancos
actúa de dos formas en la limitación de esta parte de la función bursátil. En
primer lugar, directamente al invertir en letras en proporciones cada vez
mayores sus fondos siempre crecien tes sin mediación de la Bolsa. Luego,
mediante el desarrollo de los Ban cos, al sustituir en parte el crédito de
letras por otras formas de crédito.
La letra es crédito que se da, en lugar de pago, a
otro capitalista por un capitalista productor (como tal se entiende todo
capitalista que obtie ne beneficios; por tanto, también el comerciante). El
capitalista que re cibe la letra la hace descontar por el Banco, que así es
quien concede el crédito. Si los dos capitalistas tienen en el Banco un
depósito o una cuen ta de crédito abierta, pueden regular su pago, en vez de
con una letra, con un cheque al Banco o mediante transferencia en los libros
del Banco. La letra se ha hecho superflua. En su lugar ha entrado una
transacción en los libros del Banco que no aparece exteriormente, en contraste
con la letra, que tiene que librarse. Á1 regular los Bancos en proporciones
cada vez mayores los pagos de sus clientes, tiene lugar una limitación de la
circulación de letras de la que se resiente también el mercado bursátil de
letras. En países en los que existe monopolio de Banco de emisión hay que
añadir la posición privilegiada del Banco emisor en el mercado de di visas,
posición que no se quebranta en favor de la Bolsa, sino únicamente en favor de
los grandes Bancos. En este ámbito de la transacción de di nero crediticio no
tiene lugar una actividad bursátil específica, a excep ción de la especulación
valutaria. La Bolsa no es aquí más que el mer cado del dinero que se pone a
disposición de lá circulación de dinero
crediticio. _ .
U i
EL CAPITAL
FINANCIERO
La esfera de la verdadera actividad bursátil es el
mercado de los tír tulos con interés o del capital ficticio. Por lo pronto,
aquí tiene lugar la inversión del dinero como capital monetario, que debe
transformarse en capital productor. El dinero se entrega definitivamente en la
compra de títulos y ya no vuelve. A la Bolsa no vuelve anualmente más que el
interés logrado, esto es, algo diferente de lo que sucede en la inversión
monetaria en títulos de crédito, donde incluso el mismo capital vuelve igualmente.
Más bien es necesario para la compraventa de títulos más dinero que sirve a la
circulación en la misma Bo'Isa. Estas sumas de di nero son muy pequeñas en
relación con las sumas colocadas. Como los títulos representan dinero, pueden
compensarse directamente unos con otros y en todo caso no hay que saldar nada
más que un pequeño balan ce. Mediante instituciones apropiadas para la
liquidación de estas dife rencias se procura que no se salde con dinero
efectivo más que el importe de la diferencia. Pero, considerados en absoluto,
el dinero necesario para la circulación bursátil reviste gran importancia,
especialmente en tiempos de fuerte especulación, puesto que precisamente
entonces la especulación está dirigida unilateral mente, por lo general, y por
eso las diferencias que hay que saldar crecen mucho.
Llegamos ahora a la cuestión de la clase de la
actividad bursátil y su función. Ya hemos visto que la actividad bursátil en el
mercado de le tras concuerda con la actividad de los Bancos. Igualmente, la
compra de títulos-valores para fines de inversión tampoco es ninguna función
espe cífica de la Bolsa. Los títulos^valores pueden comprarse tanto en el Ban
co como en la Bolsa y, en realidad, ello se hace oada vez en mayores pro
porciones. La actividad bursátil específica es más bien la especulación.
La especulación aparece, en primer lugar, como
compraventa. Pero no es compra de mercancías, sino de títulos de capital. Para
que el capi talista productor realice sus beneficios itfene que transformase
su capi tal mercantil en dinero, esto es, tiene que venderse su mercancía.
. Si otro capitalista lo sustituye en su función de
vendedor, el industrial tiene que transferirle una parte de sus beneficios.
Todo el beneficio con tenido en la mercancía se realiza definitivamente en la
venta al consu midor. La mercancía se mueve así del productor al consumidor,
siendo, naturalmente, absurdo pensar en el movimiento en el espacio (piénsese,
por ejemplo, en la compra de inmuebles) y confundir el comercio con el
transporte. En la compraventa no se trata substancialmente de des plazamiento
en el espacio, sino de procesos económicos, de transmisiones de propiedad. En
todos los procesos no intensivos existe desplazamiento espacial. Pero ¿quién
puede pretender la comprensión de] espectáculo teatral buscándola s|ólo en el
movimiento del público hacia el teatro?
La mercancía cae finalmente en el consumo y
desaparece así del mercado. En cambio, el título' es eterno según su
naturaleza. Jamás sale en este sentido de la circulación, como la mercancía.
Incluso, si se retira momentáneamente del mercado para fines inversionistas,
puede volver al mercado en todo momento y, efectivamente, vuelve a él en mayor
o menor
LA BOI.SA DE
VALORES 145
cantidad después de un tiempo más o menos largo.
Pero la misma especu lación, el alejamiento del título de interés del mercado
y, con ello, de la circulación no es ni fin ni efecto. El verdadero título
especulativo está continuamente en circulación en la Bolsa. Es un moverse de
acá para allá, de carácter circular y no lineal.
La compraventa de mercancías es un proceso
socialmenté necesario. Mediante él se cumple en la economía capitalista la
condición vital de la sociedad, es una conditio sine qua non de esa sociedad.
La especulación no lo es en ningún modo. No concierne a la empresa capitalista,
ni a su organización ni a isu produrto_..,Eljcainbic> de propiedad, Ja
continua circu lación, no tiene influencia en la empresa, una vez fundada. La
producción y el rendimiento no varían porque los títulos sobre el rendimiento cam
bien de mano; igualmente tampoco varía el nivel del rendimiento por las
variaciones de precio de las acciones. Por el contrario, es, coeteris pari-bus,
el valor del rendimiento el que determina estas variaciones de precio. La
compraventa de estos títulos es, pues, un feniómeno puramente econó mico, un
mero desplazamiento en la distribución de la propiedad privada, sin ninguna
influencia sobre la producción o la realización de los bene ficios (al revés
de lo que sucede en la venta de mercancías). Las ganan cias o pérdidas de la
especulación sólo nacen, pues, de las diferencias de las correspondientes
valoraciones de los títulos. No son beneficios, ni parte de la plusvalía, sino
que sólo brotan de las oscilaciones de las va loraciones de la porción de
plusvalía, que va de la empresa a los pro pietarios de acciones; oscilaciones
que, como ya veremos, no necesitan nacer de una variación en los beneficios
verdaderamente realizados. Son puras ganancias diferencialesz. Mientras que la
clase capitalista como tal se apropia, sin equivalente, de una parte del
trabajo del proletariado y obtiene así sus beneficios, los especuladores no
ganan más que unos de otros. La pérdida de uno es la ganancia del otro. Les
affaires, c'est l'argent des autres.
La especulación estriba en obtener beneficio de las
variaciones de los precios, pero no de los precios de las mercancías. En
contraste con el capi tal i sta-produ ctor, al especulador le es indiferente
que los precios bajen o suban. Para .él no se trata de precios de las
mercancías. Estos no le importan, lo único que le interesa son los precios de
los títulos. Pero éstos dependen de la magnitud de los beneficios, magnitud que
puede aumentar o disminuir con precios permanentes, ascendentes o descenden tes.
Pues para el beneficio no es decisivo el nivel absoluto del precio de la
mercancía producida, sino la relación entre su precio de coste y el de venta.
Mas para el especulador tampoco es esencial que los beneficios
Teniendo en
cuenta que no hablamos aquí .de los llamados negocios a plazo, en los que no
ocurre la entrega real de los títulos y lal especulación se cierra mediante
pago de las diferencias de cotización. En sentido económico, toda ganancia
especu lativa es ganancia diferencial. La técnica del negocio bursátil es tan
indiferente paira ello como la circunstancia de que toda ganancia aparece como
diferencia para el capitalista y. en parte, también para el economista, tanto
si se trata de beneficio in dustrial o comercial, de renta de bienes raíces,
de interés o de ganancia especulativa,
146 EL
CAPITAL FINANCIERO
aumenten o disminuyan. No le importa más que la
variación y su pre visión. Sus intereses son enteramente distintos tanto de
los del capita lista productor como de los del monetario, que desea un
rendimiento es table y siempre ascendente, si es posible. Las alzas de precios
en las mercancías sólo tienen influencia en la especulación cuando son índice
de un beneficio elevado. Son las variaciones en los beneficios que tienen que
ocurrir, o, respectivamente, esperarse, los que determinan la especu lación. Pero
el beneficio que se produjo se distribuye sin tener en cuenta la especulación.
Los beneficios» se distribuyen entre los propietarios del capital productor o
entre los de los .títulos de capital. Pero el especulador, como tal, ,no
obtiene ganancias del aumento de beneficios; puede ganar también mediante una
caída de los beneficios; no cuenta con el incre mento de los beneficios, sino
únicamente con las variaciones de precio de los títulos capital a consecuencia
de un aumento o disminución de los beneficios. N o conserva los títulos con la
esperanza de obtener beneficios elevados — esto lo hace el capitalista
inversionista— , sino, que sólo pro cura ganar mediante la compraventa de sus
títulos. Pero su ganancia no subsiste en cualquier participación en los
beneficicis — eventualmente también gana con beneficio descendente— , sino en
la variación de pre cios, ya que en un momento dado puede comprar más barato
de lo que vendió él antes, o vender más caro de lo que compró. Si todos los
par ticipantes en la especulación actuasen en el mismo sentido, es decir, si
todos valoraran simultáneamente en alza, o en baja'Ios títulos, no podría
surgir, en absoluto, ninguna ganancia especulativaa. La ganancia surge porque
se forman valoraciones opuestas, de las que sólo una puede re sultar acertada.
La diferencia que nace en un momento dado entre com pradores y vendedores en
las valoraciones de los títulos determina la ganancia especulativa de unos y la
pérdida especulativa de otros. Aquí, la ganancia de uno es la pérdida del otro,
en completo contraste con lo que sucede con los beneficios de los capitalistas
productores; pues el beneficio de la clase capitalista no es ninguna pérdida de
la clase obrera, que en las condiciones capitalistas normales, no percibe más
que el valor de su fuerza de trabajo.
Ahora hay que analizar los factores que tiene en
cuenta la especula ción en sus operaciones. El objeto principal de la
especulación son los títulos de renta variable. En ellos, las variaciones de
precios dependen, esencialmente, de dos factores: del nivel de los beneficios y
del nivel del tipo de interés. Es cierto que el beneficio, por lo general, está
dado teóri camente por el nivel medio de beneficios. Pero éste no es más que
la expresión de una serie innumerable de beneficios individuales cuyo nivel
No sólo en
el mismo sentido, sino también simultáneamente y en la misma pro porción. La
ganancia especulativa tiene lugar, en efecto, también cuatado se paga por la
compra .de un título, en un momento ulterior, un precio más alto del que otro
embolsó ,por la venta, o bien cuando alguien ^compra a un precio más elevado de
aquel al que con anterioridad ha vendido. ' ■.
LA BOLSA DE VALORES 147
puede diferir muy bien del nivel medio; el nivel
del beneficio individual es imposible de conocer para el que está fuera de la
empresa. Junto a las causais generales de la determinación del nivel de
beneficios: magnitud de la plusvalía y del capital invertido, juegan aquí un
papel decisivo todas las contingencias de las variaciones de los precios de
mercado, de la uti lización de la coyuntura mediante la habilidad individual
del empresario. Exteriormente no se manifiesta más que el precio de mercado de
la mercancía; el factor decisivo, la relación del precio de mercado con el
precio de coste, queda oculto para el exterior, .e incluso el empresario no lo
conoce' a menudo más 'que al final de un período de fluctuación de los precios.
Prescindiendo de la magnitud real del beneficio, juegan un papel una serie de
factores más o menos arbitrarios que influyen en él rendi miento que se
atribuye realmente a los títulos de capital: nivel de las amortizaciones, de
las retribuciones de consejeros (tantiémes), volumen de las reservas, etc. Los
últimos factores le dan, al mismo tiempo, a la dirección de la empresa el poder
de fijar deliberadamente el nivel del rendimiento, hasta cierto punto, e
influir así sobre las cotizaciones. Pero, de todas formas, el primer factor de
la determinación de precios, decisivo en la práctica, es desconocido para la
masa de los especuladores. En las pequeñas diferencias de que a veces se trata
y en la magnitud de la osci lación, que motiva una variación del beneficio
mediante su capitalización en la cotización, supone, sin embargo, muy poco un
conocimiento general, más o menos superficial, de la empresa. Por el contrario,
el conocimiento profundo otorga a los iniciados una gran seguridad y los
capacita para utilizar sus conocimientos casi sin riesgo alguno en las
ganancias de especulación.
Otra cosa es la segunda causa de la determinación
de precios, el tipo de interés. Y a hemos visto que para que sea posible la
especulación tiene que existir una divergencia de opiniones sobre la probable
evolución de las cotizaciones, tal como resulta, por ejemplo, de la
incertidumbre sobre el futuro beneficio. En cambio, el tipo de interés, como el
precio de mercado de la mercancía, es de una magnitud determinada en todo
momento, es decir, es conocido por igual para todos los especuladores. Además,
también su variación puede determinarse de antemano, así como su tendencia, con
una probabilidad aproximada, prescindiendo de per turbaciones momentáneas, más
o menos fuertes, tal como las implican algunos acontecimientos extraordinarios
de influencia directa en las ne cesidades monetarias, como guerras,
revoluciones o catástrofes. Además, la intensidad del efecto de . las
variaciones del tipo de interés reper cute sobre las cotizaciones; reinará un
tipo de interés más bajo gene ralmente en tiempos de depresión, en que la
especulación es débil, la confianza escasa y el nivel de cotización de los
títulos industriales es bajo a pesar del pequeño tipo de interés. Por el
contrario, en tiempos de alta coyuntura y de especulación desatada, dominará el
tipo de interés alto, debido a la esperanza del alza futura de las
cotizaciones. Si el tipo de interés y su formación son así factores más seguros
que el cálculo anti
148 EL CAPITAL FINANCIERO
cipado del beneficio, es esencialmente la formación
del último la que indica la dirección de la especulación y determina su
intensidad. Por tanto, es precisamente el factor inseguro e incalculable el que
deben tener en cuenta los especuladores. En otras palabras: para la
especulación es imposible cualquier previsión segura, anda a obscuras en sus
ope raciones. La especulación bursátil tiene el carácter de juego y apuesta.
Pero esta apuesta es una apuesta á coup sur para los iniciados.
Como en todos los precios, en las cotizaciones
pueden diferenciarse tambiéi^. entre las causas determinativas de precio las
ocasionales de las causas propias;- las primeras se manifiestan en la relación
entre demanda y oferta. Para la especulación, a la que sólo le interesa la
variación de precio y no sus causas, éstas le son, naturalmente, indiferentes.
Por otro lado, la esencia de la especulación, con sus esperanzas y estados de
áni mo siempre variables — variabilidad que resulta, necesariamente, de su inseguridad—
, fuerza a relaciones continuamente variables de demanda y oferta, que, a su
vez, influyen sobre ios precios. Pero toda variación de precios es, en esta
esfera, otro impulso para nuevas especulaciones, con trataciones y cambios de
posición, con nuevas influencias sobre la oferta y la demanda. De esta forma,
la especulación crea un mercado continua mente receptivo para los títulos que
maneja, concediendo así la posibilidad a otros círculos capitalistas de
transformar su capital ficticio en real, es decir, crea el mercado para las
operaciones de capital ficticio y, con ello, la posibilidad del cambio continuo
de las inversiones en capital ficticio y su continua retransformación en
capital monetario.
La inseguridad de la especulación crea también otro
fenómeno, la po sibilidad de la influencia de la dirección especulativa, de
que los pe queños especuladores sean “arrastrados" por los grandes. Como
el espe culador no sabe nada (a menudo, de las cuestiones generales, pero
siem pre de las cuestiones específicas) 4, sigue así los signos externos, el
estado de ánimo, la corriente general del mercado. Pero este estado de ánimo
Veamos un
ejemplo contundente: “Estos días apareció la noticia de que Phonix ha recibido
por cuenta americana un pedido muy importante de tubos de acero. Se habló de un
valor de varios millones de marcos. La Bolsa creyó fácilmente la no ticia y
elevó la cotización de nuestros valores industriales, sobre todo, d'e las
accio nes de Phonix. Se había dicho en Bolsa que en los Estados Unidos la
situación no parecía algo mejor que hace meses... Pero fuera de la capital, en
las comarcas indus
triales y, especialmente, en «1 Consejo de Phonix,
ahí sí que se habrán reído' de aque lla noticia ilusoria que desencadenó un
estado de ánimo tan bueno en la Bolsa de Berlín. Se le atribuye, pues, un
pedido de millones, y, además, por cuenta; americana, a una empresa que no
produce ni una tonelada de tubos de acero y que ni siquiera figura can una
cifra de participación de tubos en la asociación alemana de fundicio nes de
acero. Por tanto, estamos ante una burda patraña" (Berliner Tagehlatt del 15
de
julio de 1909).
Por
tanto, cuando el señor Arnhold (Deutsche Bórsenenquete,
parte I, pág. 444)
habla de
la actividad mental
productiva (que exigiría
la especulación), realiza máis
bien
una especulación sobre
la falta de actividad mental
de los oyentes.
Ademáis,
él mismo tiene
que admitir el carácter casual xe irregular
de la especulación para
la masa
de los pequeños especuladores y de
sus Acompañantes procedentes del vulgo.
LA BOLSA DE VALORES 149
pií&de ser producido artificialmente y lo
producen, en realidad, los gran des especuladores, que, además, figuran con
más o menos razón como iniciados. Sus especulaciones son imitadas por los
pequeños. Consolidan el mírcado mediante compras voluminosas y elevan el nivel
de cotización subieí.do los precios con su demanda incrementada. Si el
movimiento está en maicha asciende la demanda mediante las compras de todos
aquellos que creen especular siguiendo las huellas de los grandes y los precios
continúan subiendo aunque haya cesado la participación de los grandes. Ahora,
éstos pueden realizar poco a poco su ganancia, según su obje-tivoro afirmar
durante más o menos tiempo el elevado nivel de Ja cotiza ción. Aquí, la
posesión de grandes capitales produce directamente la superioridad en el
mercado, puesto que la misma dirección del mercado se determina por la forma de
empleo de este capital. Mientras que en la esfera de la producción la ventaja
del gran capitalista existe en la pro ducción más barata, esto es, en la
disminución del precio, en Bolsa la variación del precio se consigue
directamente mediante la influencia del
capitll. Los grandes comerciantes de efectos, los
Bancos, pueden apro vechar esta circunstancia para empujar la especulación en
una dirección
determinada. Dan a sus numerosos clientes
indicaciones para la com praventa de determinados valores y logran así,
generalmente, un despla zamiento, conocido de antemano por ellos, de la
relación entre la oferta y demanda, lo cual es productivo para ellos, como lo
es todo preconoci-miento de la dirección de la especulación. Pero, al mismo
tiempo, se mues tra la importancia de los colaboradores anónimos de los que
están en la inopia, es decir, deJ público. Para la especulación profesional las
ga nancias y pérdidas pueden compensarse mutuamente; pero el gran pú blico,
que sólo sigue la dirección que indican los grandes especuladores y permanece
en esta dirección cuando aquéllos se han retirado' ya con su ganancia
realizada, estos ingenuos, que creen que ha llegado el mo mento para ellos de
participar de los frutos de la alta coyuntura, son los que han de soportar las
pérdidas y los que tienen que pagar las dife rencias que produce toda
variación de la coyuntura o toda variación del estado de ánimo bursátil, y esas
pérdidas constituyen, para quien las embolsa, el resultado de 1a “actividad
productiva” de la especulación.
Pero el que la especulación sea improductiva, el
que encierre el ca rácter de juego o de una apuesta y se aprecie como tal, con
toda razón, en la opinión popular, todo esto no dice nada contra la
mc&sidad de la especulación en los cimientos de la sociedad capitalista o,
al menos, en una época determinada del desarrollo capitalista. En general, es
una treta apologética mostrar como productivo todo lo que es necesario en la
so ciedad capitalista. Más bien, la producción capitalista, a consecuencia de
su anarquía, del antagonismo entre los propietarios de los medios de producción
y los que los emplean, encierra desde un principio, en la forma de su
distribución, una gran suma de gastos que no significan ningún aumento de la
riqueza, que desaparecerían en una sociedad or
150 EL CAPITAL FINANCIERO
ganizada y que, en este sentido, son improductivos
5. Su necesidad, en la sociedad capitalista, no demuestra su productividad,
sino que sólo habla en contra de la organización de esta sociedad.
Pero la especulación es necesaria para el
cumplimiento de las fun^ dones de la Bolsa, que hemos de considerar ahora más
de cerca.
2 .
Las funciones de la Bolsa.
La función la
Bolsa varía en el transcurso del desarrollo econó
mico. En sus comienzos, la Bolsa servía para la
transacción de las di versas clases de dinero y de las letras de cambio. Para
ello sólo era necesaria la reunión de capitales monetarios libres que pudieran
ser in vertidos en esas letras. M ás tarde, se convierte en el mercado del ca
pital ficticio. Este último se desarrolla, en primer lugar, al desarrollarse el
crédito estatal. La Bolsa se convierte, por tanto, en mercado de los
empréstitos estatales. La transformación de capital industrial en capital ficticio,
esto es, la penetración cada vez mayor de la sociedad por ac ciones en la
industria, es, a la vez, causa y efecto de la formación del mercado bursátil.
Por un lado, se extiende de una forma rápida e ili mitada el material puesto a
disposición de la Bolsa. Por otro lado, la existencia de la Bolsa como mercado
continuamente dispuesto a la ab sorción es el supuesto paisa la transformación
de capital industrial en fic ticio y de la reducción del dividendo al interés.
Con el nacimiento de este mercado del capital
ficticio se ha hecho posible la especulación. Por otro lado, la especulación es
necesaria para hacer que este mercado esté siempre dispuesto a la .absorción y
darle así al capital monetario, como tal, la posibilidad de transformarse con
tinuamente en capital ficticio y de éste otra vez en capital monetario. Pues al
poderse hacer ganancias diferenciales mediante compras y ven tas se ha dado el
incentivó continuado para la compraventa, esto es, se garantiza la continua
existencia de un mercado semejante. La función esencial de la Bolsa consiste en
producir éste mercado para la inversión del capital monetario. Pues así se da
la posibilidad de inversión del ca pital como capital monetario en grandes
proporciones. Para que él ca pital pueda funcionar como capital monetario
tiene que producir, en pri mer lugar, un rendimiento estable — interés— , y,
en segundo lugar, la suma principa] tiene que refluir o, en caso de que no
refluya efectiva mente, tiene que poder refluir en todo momento contra la
venta del tí tulo. La Bolsa ha hecho posible la movilización del capital.
Jurídica mente, esta movilización nó es más que una transformación y, al mismo
tiempo, una duplicación del derecho de propiedad6. La propiedad de
Sobre el
concepto cíe trabajo productivo en sentido estricto, véase M A R X , Theo-rícn
aber den Meheíwerí, t. I, pág. -407 y sigs.
“ Según la terminología de Kamer se produce un
cambio de función de una institución jurídica sin cambio simultáneo de lá norma
(Véase Mnrxshidicn, I, páni
ca 81). 'v
LA BOLSA DE VALORES 151
los verdaderos medios de producción pasa de las
personas individuales a una sociedad jurídica que, electivamente, se compone
del conjunto de estas personas individuales, pero en la que la persona
individual como tal no tiene ya el dereoho de propiedad de sus bienes. La
persona individual sólo tiene derecho sobre él rendimiento; su propiedad, que
antes sig nificaba la disposición efectiva e ilimitada de los medios de
producción y, con ello, la dirección de la producción, se ha transformado ahora
en simple título de capital y le ha arrebatado la disposición de la produc
ción. Pero, económicamente, la movilización estriba en la posibilidad que
tienen los
capitalistas de poder retirar en todo momento su capital in
vertido en la forma de dinero y transferirlo a
otras aplicaciones. Cuanto más elevada sea la composición orgánica del capital
tanto menos puede consumarse esta transferencia mediante desplazamiento
efectivo de los
elementos materiales del capital productor. La
tendencia a la nivelación de la tasa o nivel de beneficios encuentra
resistencia, en proporciones cada vez mayores, en la imposibilidad de retirar
de una rama de la pro ducción el capital productivo, cuyo componente principal
está formado
por capital fijo. El movimiento real de la
nivelación sólo se realiza des pacio, poco ca poco y aproximadamente, sobre
todo mediante la inversión de la plusvalía que hay que acumular nuevamente en
las esferas inver sionistas con una tasa de beneficios más elevada y con la
omisión de nuevas inversiones en otras con tasa inferior. Por el contrario, el
tipo de interés, en contraste con el nivel de beneficios, es, en cualquier mo
mento dado, igual y general. La igualdad de todo capital— teniendo en
cuenta que para los capitalistas individuales
consiste no en la igualdad de las sumas nominales, sino en la igualdad de los
rendimientos producidos por valores iguales— encuentra su expresión adecuada en
la generalidad e igualdad del tipo de interés. La indiferencia del capitalista
hacia el valor de uso, hacia la respectiva esfera de inversión concreta de su
ca pital; el hecho de que el capital no sea más que plusvalía, valor acumu
lado, que sólo convenga en esta relación cuantitativa, que sólo sea tí tulo
productor de interés, lleva, con una diversidad efectiva del rendi miento
(beneficio), a una valoración diferente de los mismos valores de capital. De
dos capitales de un valor 100, de los que uno produce un beneficio de 10 y el
otro de cinco, el primero estará valorado el doble que el segundo. La
diversidad del beneficio que produce el capital in dividual lleva, por un
lado, mediante la aspiración del capitalista indi vidual, al mayor beneficio
posible de su capital, a la competencia de los capitales por las esferas de
inversión y, con ello, a la tendencia de la compensación de las tasas de
beneficios (y antes de las tasas de plus valía) y a la producción de la tasa
general media de beneficios. Por otro lado, como esta desigualdad de las tasas
individuales de beneficios se renueva constantemente y ocasiona el movimiento
de los capitales, esta desigualdad se supera constantemente para los
capitalistas indivi duales mediante la valoración de su capital según el
rendimiento capi talizado al tipo de interés. Para que esta valoración sea
práctica, los ca
162
EL CAPITAL FINANCIERO
pitalistas,
como tales, sean realmente
iguales y se realice, finalmente,
la igualdad de todo lo que produce beneficios, este
capital tiene que poder realizarse también, en todo tiempo, con arreglo a esta
escala de valoración y, en verdad, realizarse en la forma socialmente válida:
como dinero. Entonces es cuando se ha realizado para toda capitalista indi
vidual la igualdad de la tasa de beneficios. Está realización es, al mismo
tiempo, el trastrueque de la relación efectiva. El capital ya no representa una
magnitud determinada ni ésta es decisiva en el volumen del bene ficio. Más
bien, el ben#£icio a ^ rre t^ J^ d o cj0fc> magnitud determina da y, según
ésta., se cfetermina también la del capital; una determina ción que se lleva á
la práctica en la fundación .de la sociedad por ac ciones, que hace posible el
logro de la ganancia de fundación y que determina su nivel. Las verdaderas
relaciones parecen puestas al revés. ¡No es dé maravillar que la exposición de
las relaciones verdaderas apa rezca ooimo un absurdo trastrueque a aquellos
economistas que consi deran las relaciones económicas con ojos bursátiles!
Por tanto, la igualdad de todo capital se realiza
en su valoración según su rendimiento. Pero estos capitales así valorados se
realizan y se hacen efectivos, precisamente, en la Bolsa, el mercado de los
títu los capitalizados, del capital ficticio. Las leyes del capitalismo, su
nece sidad de poner al servició de la clase capitalista como capital todos los
valores existentes en la sociedad y recibir la misma renta por cada par te de
capital, conducen a la movilización del capital y, con ello, a una valoración
como simple capital productor, y es la Bolsa la que cumple la función de
facilitar esta movilización, ya que supone el lugar para su transferencia y su
mecanismo.
La movilización del capital transforma, en
proporciones crecientes, la propiedad capitalista en títulos de rendimiento y,
en volumen creciente, independiza así el proceso capitalista de producción del
movimiento de la propiedad capitalista. Pues el comercio, con estos títulos,
que tiene lu gar en la Bolsa, significa un movimiento de propiedad. Pero esta
trans ferencia de propiedad puede suceder ahora independientemente del mo
vimiento de la producción y sin ninguna influencia sobre ella. El movi miento de
propiedad es ahora independiente y yá no está determinado por procesos de
producción. Mientras que antes el movimiento de propiedad significaba, al mismo
tiempo, transferencia de la función capitalista de em presario y, por otro
lado, el cambio de la función de empresario condi cionaba el cambio de
propiedad, ahora ya no sucede lo mismo. Y mien tras que antes, la causa
principal para el cambió de la distribución de propiedad eran los resultados
variados de la producción, y la distribu ción de la propiedad era un producto
de la competencia industrial, hay que añadir a estas causas primeras, que
todavía siguen operando, otras que proceden del mecanismo de la circulación de
títulos y que pueden motivar movimientos de propiedad que no influyen en la producción,
LA BOLSA DE VALORES 153
tal como su nacimiento tampoco ha provocado cambios
en las relacio nes de producción.
En la circulación de mercancías la transferencia de
bienes y la de propiedad van al unísono. En la producción simple de mercancías
apa rece la transferencia de bienes como lo esencial, como el impulso del
proceso de la transferencia de propiedad, y ésta sólo como el medio para
realizar aquélla. Pues el motivo determinante de la producción es todavía el
valor de uso, la satisfacción de las necesidades. En la circu lación
capitalista de .mercancías la circulación de bienes significa, ade más, la
realización del beneficio que ha nacido en la producción y coriS-títuye el
móvil del comercio económico. Dentro de la sociedad capita lista, la
transferencia de la mercancía “fuerza de trabajo” al capitalista significa, al
mismo tiempo, incremento de la propiedad capitalista me diante creación de
plusvalía. Pero en la circulación de títulos se trata de transferencia de
propiedad, circulación de simples títulos de propie dad sin transferencia
simultánea de mercancías. El movimiento de pro piedad tiene lugar aquí sin
movimiento simultáneo de mercancías. La propiedad capitalista ha perdido aquí
toda conexión directa con el va
lor de uso. E l mercado para esta circulación de
la. propiedad en sí es
la Bolsa.
La misma movilización, la creación del capital
ficticio, es ya intrín
secamente una causa importante del nacimiento de la
propiedad capita lista fuera del proceso de producción. Si antes la propiedad
capitalista nacía, esencialmente, mediante acumulación de beneficios, ahora la
crea ción del capital ficticio otorga la posibilidad de la ganancia de funda
ción. Así, el beneficio, en la mayor parte, es conducido a las manos de las
potencias monetarias concentradas, potencias que son las únicas ca paces de
dar al capital industrial la forma de capital ficticio. Pero este beneficio no
les fluye, como los dividendos de los accionistas, en calidad de renta anual y
dispersa, sino capitalizado como ganancia de fundación, como una gran suma,
considerada relativa y absolutamente, que puede actuar inmediatamente en forma
de dinero en concepto de nuevo capital. Toda nueva empresa paga así, desde un
principio, un tributo a sus fun dadores, que no han hecho nada por ella y que
jamás necesitan tener algo que ver con ella. Es un proceso que concentra de
nuevo grandes su mas de dinero en las manos de las grandes potencias
financieras.
también
sucede en la Bolsa un proceso de concentración de la propiedad, independiente
del proceso de concentración en la industria. Son los capitalistas grandes los
que poseen el conocimiento de lo que sucede en las sociedades por acciones, los
que supervisan la formación del resultado del negocio y, por eso, pueden saber
de antemano la di rección del desarrollo de la cotización. Su gran poder de
capital les per mite también influir sobre la misma formación de la cotización
mediante las correspondientes ventas y compras y obtener de ello las ganancias
oportunas. Además, su fuerza capitalista les permite intervenciones, por las
que tanto se les alaba: la admisión de títulos en tiempos de una crisis
154 EL CAPITAL FINANCIERO
o de un pánico que luego pueden vender con
ganancias tan pronto como se hayan restablecido las condiciones normales 7. En
una palabra, ellos son los que están al tanto de lo que pasa, y ya se sabe que
"todas las oscilaciones del negocio son ventajosas para el que las
conoce”, como aseguraba el astuto banquero Samuel Gurney al Comité de la Casa
Su perior s.
Para la función de la Bolsa, o sea, dar el carácter
de monetario al capital industrial para el capitalista individual mediante la
transforma ción en capital ficticio, la magnitud del mercado es esencial,
puesto que el carácter de capital monetario depende de que las acciones y obli
gaciones puedan venderse realmente en todo tiempo y sin mayor pér dida de
cotización. De ahí la tendencia a la mayor concentración posible de todos los
negocios en un solo mercado. Así, los negocios bancarios y bursátiles se concentran,
cada vez más, en el punto central de la vida económica, en la capital, mientras
que las Bolsas provinciales cada día pierden más en importancia. En Alemania la
Bolsa de Berlín sobrepasa en mucho a todas las demás. Además de la de Berlín
son de considerar las de Hámburgo y Francfort, cuya importancia, sin embargo,
se en cuentra en retroceso.
Mientras que, según la teoría pequeñoburguesa, las
acciones deben significar la “democratización del capital”, la práctica
pequeño-burguesa
— siempre más razonable— intenta limitar la
posesión de las acciones a los capitalistas. Los representantes de los grandes
-capitalistas se unen voluntariamente a estos criterios, con la agradable
conciencia de qué no
’ Quizá el ejemplo más significativo de la
actualidad sea la adquisición de las acciones de la Tennessee Steel & Coal
Company durante el pánico del otoño de 1907 por el trust del acero, cuyo
principal competidor era esta compañía. En el Berliner Tageblatt del 17 de
noviembre de 1907 escribe sobre ello una pluma indignada: "De fuente bien
informada se confirma ahora que los dos representantes de J. Pierpont
Morgan, E-. H . Gary (Steel Trust) y R C Frick,
formularon al presidente Roosevelt el siguiente ultimátum: o permitir la
absorción de la Tennessee Steel & Coal Com pany por el trust de Morgan y
prometer que no se emprenderá ninguna acción pre ventiva por parte del
Gobierno con arreglo a la ley anti-fruísf existente, o experimen tar el peor
pánico que jamás ha sucedido en el país, con el cierre probable de todos los
Bancos.
"Estas armas de fuego apuntadas sobre el
-presidente de la nación de un modo temerario en el momento más excitante y
amenazador de la catástrofe económica no podían dejar de surtir, naturalmente,
su efecto. El presidente, obligado por la nece sidad, tuvo que entregar su
poder a la Bolsa. Se vio obligado brutalmente a' relegar momentáneamente,
incluso sus deberes supremos como primer magistrado de la na ción y desatender
las leyes vigentes. Se neutralizó lai fuerza ejecutiva suprema y el buen Morgan
pudo embolsar para su trust del acero el monopolio del hierro y del acero -en
la Unión a cambio del “salvamento” de la Trust Company of America y de la
Lincoln Trust Company. Pocos días más tarde, en su actividad de salvador, con
siguió otro nuevo golpe, y absorbió la Coastwise Steamship Gombinaíion de C. W
. Morse.
"Esto caracteriza la situación actual de la
República de Estados Unidos de Amé rica fundada por patriotas desinteresados
como G. Washington, B. Franklin, Jef-
ferson y
otros hombres sobresalientes". .
0 Marx, E l
capital, III, 1, pág. 406.
LA BOLSA DE VALORES 155
serán muy útiles. “Quien necesite una renta fija
para vivir — opina el entendido Arnhold— no debe comprar acciones” 9. El
rendimiento fluc-tuante de una acción — dice seguidamente— es, para quien
necesita sus rentas para vivir, únicamente una fuente de pérdidas de capital,
porque los dividendos elevados le inducen, generalmente, a un incremento de sus
gastos. N o aprovecha las cotizaciones elevadas para la venta, sino que, por lo
general, lo hace cuando ha cogido miedo por los pequeños dividendos y las cotizaciones
bajas (y siempre lo tendrá porque no co noce bien situación real del negocio
y, por eso, tiene que creer én la -cotización,,ren ¿T"juicio” de la Bolsa)
o tiene que vender por cualquiera Otra razón.
3. Los
negocios bursátiles.
Los negocios bursátiles son negocios de compraventa
que se diferen cian esencialmente de otros por la mercancía que se intercambia
y no por el modo en que se trata. Ló económicamente decisivo no es la técnica
del negocio, sino su contenido; y la descripción de estos detalles técnicos cae
más dentro de un manual para comerciantes prácticos que dentro de un tratado
teórico. Sólo tiene importancia e interés generales en tan to la forma del
desarrollo de los negocios facilite ciertos resultados que se deducen del
contenido del negocio.
Las determinaciones particulares sobre el
desarrollo de los negocios bursátiles — las costumbres y usos bursátiles—
persiguen, ante todo, la facilitación de la utilización de crédito de la manera
más extensa posible, la limitación del riesgo y la mayor aceleración de las
transacciones.
La utilización de crédito está ya facilitada en
grandes proporciones por la naturaleza de las “mercancías” con las que se
trata. Son títulos monetarios, directamente como en las letras o indirectamente
como en los títulos capitalistas. Como tales valores monetarios, los valores
bur sátiles son iguales entre sí, funcionales, diferentes sólo
cuantitativamente. También las llamadas diferencias cualitativas de los valores
bursátiles, como las que existen entre los títulos de renta fija y las
acciones, así como las diferencias entre la seguridad de los títulos, son
transforma das siempre por el comercio bursátil en diferencias cuantitativas y
no pue den expresarse más que en las diversidades de la valoración. Sólo que
aquí la diversidad del precio nó se explica, en primer lugar, como su cede con
la cualidad diferente de la misma mercancía, por la diversi dad de los costes
de producción, sino que se produce exclusivamente me diante una relación
diferente entre la oferta y la demanda. Si, por ejem plo, una acción de azúcar
produce el mismo rendimiento q.ue una ac ción del ferrocarril, la cotización
de la acción del ferrocarril puede ser mayor porque hay más gente que quiere
comprarla, ya que, en su opi-
“ Informe
taquigráfico de la encuesta bursátil alemana de 1893. I. pág, 190,
li>8 EL.
CAPITAL FINANCIERO
nión, puede prometer más estabilidad en su
rendimiento. La diferencia cualitativa de la seguridad del rendimiento está
expresada cuantitativa mente en la diversidad de la cotización. Esta
fungibilidad de los valo res bursátiles permite la posibilidad de que los
negocios de compraventa se liquiden en su mayor parte mediante compensación
mutua y que-úni camente se necesite saldar una pequeña parte mediante pago de
las di ferencias. Con la conclusión del negoció va unida, al mismo tiempo,
con cesión de crédito. El dinero funciona únicamente como dinero de cálculo, y
.entonces no se necesita más que una pequeña cantidad para el pago al contado.
Mas para que estos pagos: se p ij^ a n reducir %a ?u mínima expresión existen
establecimientos propios para la compensación de de mandas resultantes de los
negocios de compraventa 10. Para ello es ne cesario que los precios a los que
se cierran los negocios bursátiles sean conocidos; por eso la cotización es
pública. Al mismo tiempo, mediante esta publicidad de las cotizaciones, se
cumple la función de la Bolsa de ser el mercado en donde se pueden comerciar en
todo tiempo estos va lores bursátiles a precios conocidos. Como el precio
realizable en todo tiempo se fija así, también se ha facilitado, esencialmente,
la otra forma de la concesión de crédito, la verdadera inversión, en contraste
con la forma anterior de la compensación de pagos, puesto que él prestador de
capital conoce exactamente el precio del objeto en el cual quiere invertir su
dinero. El especulador pignora al dador de dinero los tí tulos que paga con el
dinero prestado. Al mismo' tiempo, nace así una forma nueva y más segura de la
utilización productiva del capital mo netario en la concesión de crédito sobre
la garantía de valores bursátiles.
La concesión de crédito permite al especulador
aprovecharse ya de pequeñas oscilaciones de precio al poder extender sus
operaciones mucho más allá de su propio capital y .hacer también lucrativas las
pequeñas os cilaciones de precio mediante el volumen de sus negocios. Pero, al
mismo tiempo, el hecho de que se permita a la especulación, mediante el cré
dito, ampliar sus negocios y aprovechar en todo tiempo la situación del
mercado, motiva una disminución de las oscilaciones de precio, puesto que las operaciones
especulativas van siempre acompañadas de contra-operaciones. La utilización del
crédito incrementa, al mismo tiempo, la superioridad de los grandes
especuladores; la fuerza de su fortuna au menta repetidamente mediante la
utilización del crédito, que crece mucho más rápidamente que su capital.
Otra particularidad de los negocios bursátiles es
la rapidez con que se cierran, la cual requiere cierta falta de formalidades en
la conclusión
” Así, por ejemplo, existe en Londres "desde
1874 el Sotck Exchange Clearing, mediante el cual se compensan, en lo posible,
las correspondientes transacciones relati vas a los grupos más importantes de
títulos, de tal forma que sólo se extiende un cheque para el pago del saldo. El
resultado para las transacciones en Bolsa es que sólo el
10 ,por 100, aproximadamente, de las mismas se
pa-gan por aheque, mientras que el
90 por 100 de las deudas mutuas se liquidan
mediante simple compensación” (JA F F É , Das englische Banhwesen, Leipzig,
1904, pág. 9$). Semejantes instituciones existen también en otras plazas donde
hay Bolsa.
LA BOLSA DE
VALOKES 15?
del negocio. Esta rapidez nace, esencialmente, de
la necesidad de lá es peculación de poder aprovechar pequeñas oscilaciones de
precio poco du raderas. Esta aceleración máxima de la conclusión del negocio
es de la mayor importancia, dado el cambio rápido de la relación entre la
oferta y la demanda. Pues, para la especulación, todo nuevo cambio (brusco)
significa una nueva posibilidad de explotación, nuevas ganancias de co
tización; por eso, resulta horrorosa toda formalidad engorrosa, pues para muchos
vale aquí la frase "el tiempo es oro". De ahí también la aversión
hacia toda determinación legal de plazos, hacia toda intervención legal, en
general, que siempre está relacionada con pérdidas de tiempo. •
El mejor modo de aprovechar las ventajas d ^
crédito es mediante las operaciones a plazo. La operación a plazo traslada al
mismo mo mento el cumplimiento de todos los negocios. Como estas operaciones
se hacen, sobre todo, por la especulación, las operaciones de compra venta se
enfrentan y se compensan mutuamente en su mayor parte. El dinero sólo es
necesario para el saldo de las diferencias (y también es tos pagos tienen
lugar, en gran parte, mediante dinero de crédito o trans ferencias a los
libros de los Bancos), ó para saldo de las compraventas unilaterales, que son,
sin embargo, muy pequeñas, relativamente, com paradas con la gran cantidad de
negocios que se compensan. También aquí despliega el crédito su efecto
.ampliador de mercado. Las 'operacio nes a plazo permiten una gran extensión
de las operaciones; los títu los que se negocian a plazo encuentran siempre su
mercado. Por eso, siempre es posible ultimar su especulación mediante la
compraventa, rea lizar su ganancia o limitar sus pérdidas, excepto en momentos
de con mociones catastróficas del mercado. Además, como en la especulación a
plazo no importa la propiedad de los valores, sino el logro de las ga nancias
diferenciales y se pueden vender los papeles en cualquier mo mento, la magnitud
de la contratación no está limitada por el preció de los títulos, sino por la
suma dé las diferencias que pueden resultar de la especulación. Al mismo
tiempo, los títulos realmente existentes en el mercado sólo son necesarios en
tanto no se anulen mutuamente las ope raciones especulativas — compraventas— .
El volumen de la contratación iniciada, por consiguiente, es también
independiente de la magnitud de la suma de precios de los títulos realmente
existentes y puede ser su perior a ella con mucho. Igualmente, mediante la
forma típica de las condiciones finales se consigue asegurar la completa
rapidez del des envolvimiento del negocio.
La mayor simplificación del mercado a plazo y la
mayor posibili dad de la compensación disminuyen el capital que es necesario
para la especulación. Se amplía así el círculo de personas que pueden tomar
parte en la especulación y se incrementa el volumen de las operaciones indi
viduales. El mercado a plazo se amplía respecto y a expensas del mer cado al
contado. Pero también absorbe menos medios para el manteni miento y
continuación de la especulación y actúa así menos intensa mente sobre el
interés del capital puesto a disposición de la especulación.
158 EL CAPITAL FINANCIERO
como gran
parte de la especulación se hace con dinero prestado, y el interés actúa de un
modo determinante sobre éste capital para la pro secución de la especulación,
el mercado a plazo tendrá, en general, la
tendencia a la incesante continuación de la
especulación. De esta mayor constancia se deduce, a su vez, una variación menor
en la relación oferta y demanda, y, con ello, una desviación menor de las
oscilaciones de la
cotización. A l mismo tiempo, también bastan, con
mayor volumen dé las transacciones, oscilaciones mucho más pequeñas para
inducir a los especuladores a entrar en escena. jBn elt^mismo sentidoi actúa la
circuns tancia da^que’mediftnte el comercio a plazo también se facilita la
venta 'de los títulos para fines especulativos y, de este modo, puede contra
rrestarse un aumento unilateral de la oferta mejor que en el mercado al
contado11.
El mercado a plazo concede la posibilidad de
invertir anticipada mente, a cotizaciones vigentes en determinado momento y
que sé consi deran ventajosas, capitales que se entregarán más tarde o también
pro curarse anticipadamente capitales que se utilizarán provechosamente más
adelante. Hay que añadir también la ya mencionada ampliación del mer cado que
otorga el comercio a plazo mediante la facilidad de la conce sión de crédito y
del cierre del negocio. Tiene mayor capacidad consu midora que el mercado al
contado. Facilita así el negocio de emisión al poder vender las casas emisoras
sus existencias poco a poco y sin per judicar la cotización112. El comercio á
plazo es también la forma ade cuada para la función del arbitraje, de la
compensación de diferencias de cambio en los distintos lugares bursátiles.
La especulación requiere ciertas existencias dé
títulos que se han puesto a disposición para sus fines. Si un título prevalece
en manos “fi jas”, es decir, permanece continuamente rétirado del mercado como
pa pel de inversión, entonces es inadecuado para la especulación. Igual
mente, son inadecuados para la especulación los títulos cuya cantidad total sea
pequeña. Las pequeñas compras y ventas pueden influir fuer temente sobre la
cotización y le dan a unos cuantos capitalistas la po sibilidad de poder dictar
precios de monopolio a sus especuladores ad
” "Las
formas de la circulación bursátil, sin embargo, no sólo tienen importancia
porque facilitan el conocimiento de los precios.
Las condiciones para la iniciación y la liquidación de las operaciones
bursátiles son algo más que simples expedientes
técnico-jurídicos de la circulación bursátil; también son
factores de la misma- forma
ción de precios, cuya importancia no hay que
despreciar, aunque, en último término,
la palabra
decisiva la tienen la necesidad
y las existencias, la demanda y la oferta.
El que
se comercie un título o
una mercancía simplemente al contado o a plazos
más o menos largos, en qué unidades de contrato, en
qué tipo de mercancía, en qué grupo bursátil se comercie un valor y otros
aspectos formales, todo esto son fac tores muy influyentes no sólo para la
información adecuada sobre los precios, sino también para su formación. Y toda
variación que sufran influye en la curva en que discurren temporalmente los
precios en un mercado organizado” (L A N D E S B E R G E R , "Die Reform
der Land'wirtschaftlichen Biorsen in Deutschland", en Zeitschrift für
Volkswohl-
iahrt, Sozialpoliíik and
Venwaltung, t. X I (1902), pág.
36).
12 Deutsche
Bdrsenenquete, I, Berícht der Korñmisslon, pág.
75 y sigs. ,
LA BOLSA DE VALORES 159
versarios mediante la compra de todo el “material”.
La especulación supone un mercado considerablemente extendido, cuyo dominio sea
cual quier cosa menos fácil; el monopolio es la muerte de la especulación.
Con los negocios de especulación van unidos
siempre, como ya he mos visto, negocios de crédito. En la especulación no está
en cuestión la suma total del valor de cambio de los títulos comprados, sino
úni camente la magnitud de las posibles variaciones de la cotización. El que
concede el crédito y recibe los títulos pignorados prestará dinero, claro está,
por una sumarial qii^Mwté cubierto contra las variación^ de la cotización de
Ira títulos que na recibido en prenda. Si la cotización de un título en el que
sucedan oscilaciones relativamente pequeñas es de 110, el especulador siempre
podrá recibir, por ejemplo, 90 por la pignoración del título, y, por ello, no
necesitará anticipar él mismo nada más que 20.
Esta forma de la concesión de crédito es el modo
más corriente en que banqueros y Bancos facilitan a sus clientes la
participación en los negocios bursátiles. La retirada o la restricción de este
crédito es un medio frecuente para aliviar a estos clientes de sus compromisos,
hacer imposible la prosecución de sus especulaciones, obligarlos a vender a
cualquier precio sus valores y bajar así las cotizaciones mediante esta oferta
súbita. O n medio del que se sirven también los dadores de cré dito para procurarse
estos títulos a precios baratos. También aquí la con cesión de crédito es un
medio para la expropiación de los pequeños deu dores.
La concesión de crédito para la especulación
importante está regu lada de una forma distinta. Aquí, los especuladores se
procuran los fon dos necesarios mediante el "réport” *. Formalmente, el
negocio de re porte consiste en una operación de compraventa. Si el alcista
quiere man tener sus títulos más allá de fin de mes hasta el próximo plazo
porque espera que los títulos continúen aumentando entretanto, vende estos pa
peles a un capitalista monetario y los vuelve a comprar en el próximo plazo. En
la diferencia del precio de venta y compra está contenido el interés del dinero
para el prestamista. Pero esto es sólo nominalmente; en realidad, el dador de
dinero posee, simplemente, el titulo por este tiempo determinado y se coloca en
el lugar del especulador. Pero se di ferencia de él porque no asume ningún
riesgo ni tampoco pretende ob tener ninguna ganancia especulativa, sino que ha
invertido su dinero para este tiempo y quiere realizar un interés. Pero aquí
tiene importancia la forma en que se haga este anticipo. Pues, en este caso, al
tener la conce sión de crédito la forma de una operación de compra, la
propiedad de los títulos pasa, entretanto, al acreedor. Esto le faculta para
utilizar los títulos a discreción. Y esta circunstancia puede ser importante
tan pron
Véase a este
respecto, la obra de Antonio Rodríguez Sastre, Operaciones de Bolsa, Revista de
Derecho Privado, Madrid, 1944, especialmente capítulo V I “Las operaciones de
doble o reporte, pág. 453 y sigs.— N . del T,
160 EL.
CAPITAL FINANCIERO
to se trate de acciones industriales. Un Banco
puede tratar de asegu rarse, en el momento de una Asamblea general, la
influencia decisiva en sus resoluciones mediante una gran posesión de acciones.
Mediante el reponte está en condicionas de entrar transitoriamente en posesión
de las acciones y dominar así la sociedad por acciones. A l facilitar un Ban
co el reporte mediante la disminución del tipo de reporte le será más fácil
recibir de la especulación estos títulos. Los Bancos suelen prote gerse
mutuamente al eliminar en un espacio de tiempo dado la compe tencia por el reporte
de un .título determinado13. De esta manera, las acciones, obtienen
simultáneamente una doble función._ Por un lado, sir-ven «orno objeto de la
especulación y base para sus ganancias 'diferen ciales. A l mismo tiempo,
sirven a los Bancos en su tendencia a procu rarse una influencia dominante en
las sociedades por acciones e impo ner su voluntad en las Asambleas generales
sin versé obligadas a tener que inmovilizar continuamente sus fondos en las
acciones correspon dientes 14.
La magnitud de las especulaciones bursátiles, bajo
las mismas cir cunstancias, depende, esencialmente, del volumen de dinero
puesto a disposición de los especuladores. Pues, naturalmente, la frecuencia
con que se vendan los títulos — y cada una de estas transacciones produce
ganancias diferenciales— es independiente del número de títulos exis tentes.
De ahí la influencia de los Bancos en la especulación bursátil, ya que pueden
influir enormemente en el volumén de la especulación me diante concesión o denegación
del crédito. La mayor utilización del cré-■dito sucede a través del negocio de
reporte. En éste se invierten, gene ralmente, importantes capitales
flotantes1S, y estas inversiones tienen
” Esto puede ocurrir también para otros fines.
"En el continente los Bancos llevan a cabo frecuentemente una política de
reporte propia. Sucede que hay Bancos que, por ejemplo, cuando preparan una
emisión mayor, disminuyen el reporte para
producir un estado de ánimo alcista. Pero pueden
compensar las pérdidas que sufren
con ello mediante ganancias de cotización en la
emisión” (P H IL E P P O V IC H , Grundriss det politischen Okonomie, t. II,
2.“ parte, páig. 181).
Cfr.
Deutsche Bórsenenquete, III, pág. 1930, "Las opiniones del rey de los
expertos". No cree que el comercio a plazos sea conveniente para la
industria y ex
pone las razones siguientes: "Todos estos
títulos que se encuentran en el mercado a plazo flotan en la Bolsa, y,
generalmente, están en manos que no se interesan con tinuamente ipor el
objeto, sino que sólo tienen interés en las acciones, no en las empresas como
tales, sino sólo en hacer subir o bajar la¿ acciones. Habida cuenta
de la regulación
de las operaciones a plazo,
es para cualquiera extraordinariamen
te fácil actuar sobre las empresas y asegurarse gran
cantidad de acciones por me
dio del
reporte a últimos de mes, cuando debe reunirse una Asamblea general. Uno
se presenta
como propietario de un par de millones
de acciones, qiue, en realidad,
no le
pertenecen y se presenta
así ante los
accionistas verdaderos, desconocedores
de todo; de pronto son sorprendidos y se les
imponen las cosas más bonitas sin ha bérselas imaginado siquiera”.
“ Véase la manifestación de Meier (Die
Bórsenenquete, t. II, pág. 1608), quien deduce el fuerte desarrollo de las
operaciones a plazo en Inglaterra de que allí siem pre hay importantes
capitales flotantes a disposición del negocio de reporte.
LA BOLSA DE VALORES 161
influencia sobre
la formación del tipo de interés del
dinero día a día
y, en tiempos de escasa circulación monetaria,
sobre los tipos de des cuento y, con ello, sobre el movimiento del oro.
Mediante la restricción de la concesión de crédito pueden influir directamente
los Bancos sobre el tipo del interés. Esto es posible porque la concesión de
crédito de pende de los Bancos en forma y proporciones arbitrarias. Se trata
aquí de transacciones puramente financieras que pueden* suprimirse sin tener
mucha influencia en la marcha de la economía. Otra cosa es en la con cesión de
crédito a los comerciantes e industriales, en cuyo caso una su presión rápida
y exorbitante del crédito tiene que conducir a la quie bra y a la crisis más
aguda.
Con el desarrollo de la Banca sucede un cambio en
la estructura del comercio de valores bursátiles. A l principio, el banquero
sólo es un co-misionário que hace el negocio para los clientes. Pero cuanto más
crece la fuerza de capital y el interés del Banco por la cotización de las ac
ciones, tanto más pasa a apropiarse él mismo del comercio. Una gran parte de
las transacciones no sé realiza ya en la Bolsa, sino que el Ban-co compensa
entre sí las órdenes de sus clientes que llegan a él, y em la Bolsa se opera
con la cantidad que no se compensa y que también pue de ser cubierta con
dinero bancario. Por tanto, el Banco puede llevar a su antojo a la Bolsa las
sumas que quiera para compraventa. El Banco tiene ahí un medio para influir en
el desarrollo de las cotizaciones. Así, el Banco cesa de ser simple
intermediario del comercio de títulos y efec túa un comercio propio.
"Efectivamente, el negocio bancario no es hoy ninguna operación de
comisión; se ha convertido én el negocio del co mercio por cuenta propia” la.
A l mismo tiempo, el gran Banco priva a la Bolsa de
una gran parte de sus funciones y se convierte él mismo en el mercado de los
títulos;
a la Bolsa no le queda más qué el resto que no se
compensa en los
Bancos1T. “U n Banco grande representa en sí un
quantum de oferta y demanda como él que representaba antes una Bolsa
importante” f18.
“ D ie Bórsenenquete, t.
I, pág. 347.
Manifestación de Arnhold.
n Compárense, por ejemplo, las siguientes manifestaciones de un "destacado
miembro de la Banca berlinesa" y que reproduce
el Berliner T&geblaft del 25 de fe brero de 1908: "N o olvideri que
sólo se realiza una parte relativamente pequeña: de las transacciones totales a
la cotización oficial. La concentración de la Banca alema na ha motivado que
gran parte de las órdenes de compra lleguen a.las sucursales de los grandes
Bancos para su compensación. En la Bolsa de Berlín ya na se regulan más que las
'puntas'.
El mismo fenómeno ocurre también en Austria; en lal
Asamblea General de la Wiener Giro-und Kassenverein se queja un accionista:
"Debido a la circunstancia de que la vida comercial de la monarquía, se
concentra cada vez más en los Bancos, de tal forma que todas las casas privadas
más débiles tienen que desaparecer, la venta en la Bolsa no necesita ya, en
muchos casos, la mediación de la Cáimalra de Compen sación. Todo Banco es una
central de giros y caja, sin gastos ni funcionarios. La pros
peridad del negocio de títulos y efectos en los Bancos va unida a una
limitación de
la gestión de la organización de la Giro- und
Kassenverein (Neue Freie Presse del 1 de
febrero
de 1905).
Berliner Jahvbuch [ür Handel und Industrie, 1905.
162 EL CAPITAL
FINANCIERO
Con la concentración progresiva de la Banca crece
extraordinaria mente el poder de los grandes Bancos sobre la Bolsa,
especialmente en tiempos en que es pequeña la participación del gran público en
la es peculación bursátil. "Tal como se han desarrollado las relaciones
bur sátiles, actualmente, en vez de una tendencia de la Bolsa hay que hablar
más bien dé -una tendencia de los grandes Bancos, porque éstos han he cho de
la Bolsa cada vez más su instrumento subordinado y dirigen sus movimientos a su
antojo. Igual que en la primavera .anterior, el tan dis cutido pronóstico de
coyuntura ^desfavorable de .un gran Banco había 'dado impulso al rápido
descenso dé las -cotizaciones de entonces, cuyas causas interiores eran,
naturalmente, mucho más profundas, también en esta semana ha habido estímulos y
recomendaciones de sosiego por par te de la haute-banque, que han cambiado él
estado de ánimo de la Bol sa y, no habiendo prestado hasta ahora atención más
que a los fac tores desfavorables, la ha predispuesto ahora también para los
favo rables” 1S.
Pero a esta fuerte influencia sobre el desarrollo
de la cotización hay que añadir, además, que los Bancos conooen exactamente la
situación interna de las empresas mediante su unión crecienté con la industria,
prevén los resultados y, eventualmente, según las circunstancias, pueden
influir a discreción sobre su nivel; todo ello son factorés que permiten a los
Bancos actuar con gran seguridad en sus operaciones.
este
desarrollo de los Bancos v.a. unido, naturalmente, un retro ceso en la
importancia de las Bolsas20.
En la Bolsa aparece la propiedad capitalista en su
forma pura como título de renta en el que se ha transformado la relación de
explotación, la apropiación de plusvalía, de una manera inaprehensible. La
propie dad deja de expresar cualquier relación de producción determinada y se
convierte en un título de rendimiento que aparece plenamente inde
Frankfurter
Zeitung del 21 de junio de 1907.
50 El
Frahklurter Zeitung escribe así el 28 de enero de 1906:
"Hoy apenas se puede hablar ya de verdadera
liquidación de operaciones a plazo. De todas formas, se dan a conocer aún las
condiciones de prórroga, pero la mayo ría de las renovaciones se regulan
dentro de los grandes Bancos, que también po drían dar publicidad a sus
condiciones. No se puede emitir ningún juicio sobre el nivel de los compromisos
flotantes, porque, como hemos dicho, en la liquidación bur sátil sólo se
compensa la parte más pequeña de todos los compromisos”. Con las bol sas
exteriores sucede, en parte, algo diferente. Por ejemplo, la Bolsa de Nueva
York tiene como medio de transferencia de la propiedad, esto es, de la
expropiación, mayor importancia .que las Bolsas europeas. Allí actúa también la
particular constitución monetaria en unión de la técnica bursátil. La Bolsa de
Nueva York sólo conoce el negocio al contado, de tal forma, que las diferencias
tienen q,u)e regularse- diaria mente. En movimientos de cotización más
fuertes, especialmente cuando éstos se mue ven en la misma dirección, nace así
una, fuerte demanda de dinero. Si el mercado monetario está tenso, la
legislación americana sobre billetes de Banco, con su defec tuosa elasticidad,
es un medio excelente para producir tipcus de interés exorbitante que los
pequeños especuladores no pueden pagar. Este es el momento de los gran
des prestamistas de dinero para "echarlos'
fue.£a de la especulación” y para adquirir baratos los títulos en la
liquidación forzosa.
LA
BOLSA DE VALÓUÉS 163
pendiente de cualquier actividad. La propiedad se
ha separado de toda relación con la producción, con di valor de uso. El valor
de toda pro piedad aparece determinado por el valor del rendimiento, una
relación puramente cuantitativa. El número lo es todo y el objeto nada. Unica
mente el número es lo real, y como lo real no es ninguna cifra, la
in-terrelación es más mística que la fe de los pitagóricos. Toda propiedad es
capital y no propiedad; las deudas también son, como todo préstamo dél Estado,
capital y todo capital es igual y se encarna en trozos de papel impresos, que
suben y bajan e^J,a Bolsa. La verdadera forihación de valor es un proceso que
permanece enteramente oculta a la esfera de los propietarios y que determina su
propiedad de un modo completamente misterioso.
La magnitud de la propiedad no parece tener nada
que ver con el trabajo. Si en la tasa de beneficios se oculta ya la relación
entre tra bajo y renta de capital, en el tipo de interés se oculta por
completo. La aparente transformación de todo capital en capital productor, que
lleva consigo la forma del capital ficticio, borra todo examen de la
interre-Iación. Parece absurdo relacionar el interés, que cambia continuamente
y puede cambiar, de hecho, independientemente de los procesos direc tos de la
producción, con el trabajo. Aparece como consecuencia de la
propiedad de capital en cuanto tal, como fruto del
capital dota do de reproductividad. Es variable, indeterminado, y con él
cambia el "valor de la propiedad”, una categoría loca. Este valor se
presenta tan misterioso, tan indeterminado, como el futuro. El simple
transcurso del tiempo parece producir intereses, y Bohm-Ba'werk establece sobre
esta apariencia su teoría del interés del capital.
CAPITULO IX
La M@lsa
de mej'cancíms
La Bolsa es el lugar de nacimiento del comerció de
títulos. Con ella se desarrollan los Bancos, que, por un lado, son competidores
de la Bolsa y, por otro, utilizan la Bolsa como su órgano mediador. Para el
comercio de títulos la operación a plazo no es esencial; lo facilita, pero no
tiene ninguna influencia decisiva en el nivel del precio. En cambio, en el
comercio bursátil de mercancías es distinto1'.
En la Bolsia de valores sé realiza la transacción
de títulos; estas trans acciones cumplen la función de movilización del
capital. En la venta de las acciones vuelve a realizarse, para el capitalista
individual, la trans formación del capital ficticio (que se había
transformado, a su vez, en capital industrial) en capital monetario. Son
transacciones de naturaleza propia que no tienen con el comercio de mercancías
en común nada más que la forma de compraventa, la forma económica general de
transfe rencia de valor y propiedad. En él comercio de mercancías es muy di
ferente. Aquí se consuma la realización del beneficio industrial y comer cial
originado en la producción. Al mismo tiempo, mediante la circu lación de
mercancías, se realiza el cambio dé materia de la sociedad. Por -eso, las
Bolsas de mercancías se diferencian de las de valores del mismo modo que se
diferencian las mercancías de los títulos. El em pleo común del término
“Bolsa" tiene que ocasionar confusión si no se tiene en cuenta esta diferencia
fundamental y si se identifica, además, la especulación con el comercio. El
concepto del comercio bursátil de mercancías, esto es, de las cualidades
específicas de la Bolsa de mer cancías, a diferencia de todo otro “comercio”,
necesita, por eso, un exa men más profundo.
Generalmente, se llama bursátil a todo comercio que
se efectúa en
E l señor
Russel, de la Diskontogesellschfat, define: "La esencia de la especu
lación mercantil está en percibir un correspondiente cambio de la coyuntura y,
si las circunstancias lo permiten, asegurarlo ya de "'antemano mediante el
comercio a plazo" (Bórsenenquete, I, pág. 417).
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 165
una Bolsa, un lugar frecuentado por numerosos
comerciantes. Pero es evidente que sólo una diferencia técnico-mercantil, y no
económica, es la que puede hacer que los comerciantes ultimen sus negocios en
sus ofi cinas o en un tercer lugar, en la Bolsa. La rapidez del ciérre de la
ope ración, la supervisión de la coyuntura del mercado pueden incrementarse de
esta forma. Pero éstas no son más que diferencias técnico-mercan tiles y no
económicas.
La diferencia sigue siendo técnico-mercantil aun
cuando se hace su-perflua una importante función del comeíciante, al
desaparecer el examen de uso en lá operación individual, por el he cho de que
no se puede suministrar mis que mercancías de una cualidad
única. El que estas condiciones de entrega se
cumplan o no es una cues tión que han de solucionar, en casos de desavenencia,
los propios órga nos bursátiles especializados en ello. Sin embargo, 1.a
supresión de esta función sigue siéndo una condición previa del comercio
bursátil de mer cancías, pero que sólo se da cuando entran también otros
criterios eco nómicos.
Por consiguiente, la mercancía entra en el comercio
bursátil como una mercancía dé una cualidad determinada. Es de un valor, de uso
fijo, es una mercancía standard. Como tal, todo quantum de mercancía es
remplazable por otro igual; como quantum de idéntico valor de uso la mercancía
se ha convertido en un bien fungible. Las diversas mercan cías sólo se
diferencian cuantitativamente dentro del comercio .bursátil. Según la
naturaleza de la mercancía y las determinaciones de la Bolsa, un quantum
determinado— tantos kilogramos, tantos y tantos sacos-sirve como unidad en los
cierres de las operaciones. Por tanto, para el comercio bursátil no son
apropiadas más que mercancías que, por su naturaleza o por ser posibles
mediciones relativamente fáciles y poco ■costosas, sean aptas para hacer las
veces de otras. Pero el que las mer cancías sean fungibles es una propiedad
natural del valor dé uso, valor que posee una clase de mercancías y otra no.
Pero el comercio bursátil requiere aún más. En el comercio normal la mercancía
pasa al comer ciante al precio de producción del fabricante y es vendida por
él al con sumidor incrementada con el beneficio comercial. El comercio és
"bur sátil” cuando, además del beneficio comercial, todavía queda espacio
para ganancias diferenciales, para ganancias especulativas. Pero él su puesto
de la especulación lo constituyen las frecuentes diferencias, las fluctuaciones
de precio. Por ende, para el comercio bursátil son apropiadas aquellas
mercancías que están sometidas a mayores oscilaciones de precio en tiempos
relativamente cortos. Estas son, sobre todo, frutas, ceréales, algodón,
productos semi o también totalmente manufacturados, en los que la materia prima
sufra fuentes fluctuaciones e influya decisivamente en el precio; por ejemplo,
el azúcar.
Según los datos de R o b i n o w e l comercio a plazo se ha desarro-
3 Bovsenenquete, II, pág. 2072.
166 EL CAPITAL FINANCIERO
liado en Inglaterra, primeramente, en los metales,
fcalco, etc. Con Ja in troducción del telégrafo y de las líneas de vapor sé
extendió el comercio a plazo a los productos de ultramar cuya producción u
obtención no duraba más de un año, sino únicamente algunos meses, productos que
se lanzan al mercado de una vez, mientras que el consumo se reparte durante
todo el año. Por consiguiente, la causa del comercio a plazo es la corta
duración del tiempo de producción frente a la más larga del tiempo de circulación,
que tiene lugar mediante el consumo ininterrum pido. CÉrtntroducción de las
operaciones a plazo en el m^eado de va lores depende de la náturaleza fungible
de los objetos intercambiados, que son intrínsecamente fungibles como títulos
de renta capitalizados, esto es, como representantes de dinero. La introducció»
de las opera ciones a plazo en el mercado de mercancías está condicionada por
las premisas especificas del intercambio, por ejemplo, por la diferencia en
tre tiempo de circulación y tiempo de producción. Son las exigencias de las
operaciones a plazo las que conducen a la producción, con frecffer* cia sólo
posible de lograr por medios artificiales, de mercancías fun gibles, es decir,
de mercancías de las que caída quantum tiene el mismo valor de uso que los
restantes B.
Si cesan las oscilaciones de precio, por ejemplo,
por cartelización, como sucede con el petróleo, también deja de existir el
comercio bursá til en estos productos o se hace meramente nominal.
Un tercer factor importante qué está relacionado
directamente con el anterior es que las oscilaciones de precio no se pueden
siempre compen sar mediante una adecuación de la oferta a la demanda. También
aquí la adecuación más difícil de realizar ocurre con los productos agrícolas.
Una vez terminada la recolección está asi determinada la oferta y sólo puede
adecuarse a la demanda después de bastante tiempo. Otra cir cunstancia que
todavía hay que mencionar es la de que las cantidades de mercancías que entran
en el comercio bursátil tienen que ser bastante grandes para excluir, según la
regla, el peligro de la formación de un grupo, de un córner, puesto que el
establecimiento de un precio de mo nopolio deja inactivo el cambio de precios
y, con ello, la especulación.
La particularidad del comercio bursátil es, pues,
que la fijación del valor de uso de la mercancía la convierte para todos én
pura encarna ción del valor de cambio, en simple portador de precio. Todo
capital monetario está directamente en situación de transformarse en ésita mer
cancía. Por eso, se pueden atraer para la compraventa de estas mercan cías a
círculos que yacen fuera del comercio especializado y profesional. Estas
mercancías equivalen directamente a dinero; únicamente sufren oscilaciones conltinuas
y más o menos pequeñas de su precio14. Como
Esta'
artificialidad es fuente de muchos abusos y obstrucciones que se suprimen allí
donde existe una fungibilidad real y siempre fácil de comprobar, como, por
ejemplo, en las bebidas alcohólicas (gradó de alcohol) y, en parte, en el
azúcar (grado de polarización).
■* "Esta forma especial de la operación' a
¡¡plazo no se ha creado, pues, única mente para facilitar el comercio
efectivo, sino que, en última instancia, sirve para
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 167
son mercancías aptas para el mercado .universal, su
capacidad de salida y, por eso, su retransformabilidad en dinero está siempre
asegurada; no se trata siempre más que de ganancias o pérdidas de las
diferencias de precio. Por eso, son objetos de especulación tan adecuados como
los demás símbolos de dinero, por ejemplo, los títulos. Así, que en el co
mercio a plazo la mercancía actúa como valor de cambio únicamente. Se convierte
en simple representante del dinero, mientras que el dinero es, por lo demás, representante
del valor de las mercancías. Se ha per dido el sentido del comercio, es decir,
la circulación de mercancías, y, con él, también lps caracteres y el'contraste
de mercancía y dinero. Este con traste vuelve a manifestarse cuando se termina
la especulación, cuando, para evitar un comer, tiene qué entrar dinero
rápidamente en lugar de la profana mercancía que no sé puede retener. Igual que
el dinero juega en la circulación un papel únicamente pasajero, lo mismo
representa la mercancía dentro de la especulación mercantil. Así como en la
circulación se computa, aritméticamente, más dinero del qué existe, la
especulación también coloca cantidades de mercancías mucho mayores de lo que
exis ten en realidad 5.
Para que el comercio a plazo de mercancías no
suponga, al fin, una interrupción del movimiento que desplaza las mercancías
del productor al consumidor, esto es, para q.ue resulten operaciones realmente
comer ciales y no simplemente especulativas — y para la posibilidad de la es
peculación el comercio es el supuesto necesario— , es preciso que al prin
cipio de la cadena de las operaciones esté el fabricante (o el comerciante en
calidad de representante suyo) y al final esté el consumidor (el mo linero, por
ejemplo). Se puede considerar el asunto de tal forma que una parte de la
mercancía quede siempre a disposición de la especula ción. Esta parte no son
más que ciertas existencias cuya composición, naturalmente, cambia de continuo.
Estas existencias tendrían que estar almacenadas en cualquier otro sitio y a
disposición de otros agentes ca pitalistas, no de los especuladores, sino de
los fabricantes o comercian tes y, evéntualmente, también de los consumidores.
Estas existencias de
darles a los capitalistas o especuladores, es
decir, al propietario de cualquier capi tal momentáneamente libre, la
posibilidad de invertirlo transitoria (o continuamente) en la correspondiente
rama de mercancías. Incluso aunque le falte conocimiento de la mercancía y de
la técnica específica de esta rama comercial. Este capitalista ... se
diferencia, pues, en principio, del comerciante en cereales por el móvil de su
acti vidad." Este último quiere vender cereales y el primero ganar con
las oscilaciones del precio. Al mismo tiempo, el capitalista toma sobre sí el
riesgo (Fuchs, D er Wa-renterminhandel, en el "Jahrbuch für Gesetzgebung
usw”, de Schmoller, 1891, cua derno 1, pág. 71). Hay que notar, además, que el
deseo de ganancia es, natural mente, el móvil común de todas las actividades
capitalistas. No es diferente más que la forma en que puede obtenerse la
ganancia.
“ Así Offmann informa que en la Bolsa de lana en El
Havre, en 1892, se vendie ron, efectivamente, 2.000 balas y en el mercado a
plazo 16.300. Lo mismo sucede también con el algodón: el comercio a plazo es
diez veces mayor -que el efectivo. Con una cosecha de ocho a nueve millones de
bailas se contrataron en el mercado a plazo cerca de 100 millones
(Bórsenenquete, pág. 3368).
168 EL CAPITAL
FINANCIERO
ben tener siempre un volumen determinado para
evitar el peligro de un córner, es decir, de un concierto de acaparadores.
Al apoderarse la especulación de estas mercancías
nace una gran serie de nuevas transacciones de compraventas. Esta cadena de
opera ciones de compraventa es puramente especulativa; su objetivo es el lo
gro de ganancias diferenciales. No son operaciones comerciales, sino
transacciones especulativas. Las categorías de compraventa no tienen aquí la
función de la circulación de mercancías, ni deber de hacer lle gar la
mercancía de la producción al consumo, sino que todas se han hecho imaginarias.
El fin es el logro de ganancias diferenciales. La mer cancía alcanza ya la
Bolsa con el recargo del benefwiú n romengial normal, pues es el comerciante
quien la vende en la Bolsa. Si lo ha hecho el fa bricante, entonces ha actuado
simultáneamente como comerciante propio y se ha embolsado él mismo el beneficio
comercial. La Bolsa sólo compra y vende especulativamente y los especuladores
no hacen beneficios, sino ganancias diferenciales. La ganancia de uno es la
pérdida de otro. Pero esta cadena de transacciones continuas asegura la
continua transforma-bilidad de la mercancía bursátil en dinero; permite, por
eso, hasta cierto punto, invertir el dinero en esta mercancía y realizarlo
siempre mediante su venta. La mercancía bursátil se convierte, pues, en objeto
adecuado de garantía para los capitales transitoriamente libres. Por
consiguiente, los Bancos pueden invertir 'en éstas mercancías hasta una parte
de su precio o conceder créditos sobre Jas mismas. Así, resulta una nueva cla
se de utilización del capital bancario. El capital bancario toma parte en el
comercio; pero sólo lo hace en su forma característica como capital pro ductor
de intereses. Las mercancías en que ha transformado su dinero son siempre
retransformables en él."Y un Banco bien dirigido jamás fi jará en estas
mercancías más dinero del que pueda realizar vendiéndo las incluso en las
condiciones más desfavorables. La existencia de una Bolsa, de una incesante
cadena de compraventa que constituye la es peculación, asegura para el Banco
la posibilidad dé realizar siempre su dinero. Por consiguiente, el dinero no
está inmovilizado, para el Banco es capital monetario, ha permanecido
bancariamente como capital inver tido y por eso sólo produce intereses. Pero
la intervención del capital bancario vuelve a darle tanto a la especulación
como al comercio la po sibilidad de ampliar sus operaciones. Para comprar la
mercancía ya no es necesario ahora la posesión de todo el importe én dinero. No
se ne cesita más dinero que el que basite para poder cubrir todas las diferen
cias posibles y eventuales; él resto lo facilita el Banco. Para la especu
lación esto no significa más que la expansión de sus operaciones. Pero, como a
consecuencia del crecimiento de las transacciones bastan ya pe queñas
diférencias para sugerirle la compraventa al especulador, se in crementará,
por un lado, el número de transacciones, pero, por otro, dis minuirá el
volumen de las diferencias correspondientes.
Distinta y más interesante es la cuestión de la
influencia del capi tal bancario sobre el comercio. Tambiéñ. el comerciante
puede aihora
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 1 6 9
permitir que se invierta dinero en la mercancía.
Para este capital sólo tiene que pagar interés. Pero mediante el comercio sólo
no nace nin gún beneficio. El comercio sólo realiza el beneficio medio que
corres ponde al volumen del capital empleado. Pero, como ahora dispone de
crédito en mayores proporciones, sólo necesita un capital propio más pequeño
para colocar las mismas cantidades de mercancía. Por consi guiente, el
beneficio comercial de este capital se repartirá ahora sobre una mayor cantidad
de mercancías. Y disminuirá, pues, el recargo de la mercancía ocasionado por el
comercio. Pero como el beneficio comercial no es más que una detracción del
beneficio industrial, éste aumentará en la misma proporción. El precio de la
mercancía permanecerá igual para el consumo. Por tanto, la intervención del
capital bancario motiva, en primer lugar, un aumento del beneficio industrial;
en segundo, una disminución del beneficio comercial en su totalidad y calculada
sobre la mercancía individual, y, por último, la transformación en interés de
una parte del beneficio comercial. Lo último es la consecuencia necesa ria de
que una parte del capital comercial se sustituya por capital ban cario. Pero
esta sustitución la ha hecho posible el comercio bursátil de mercancías.
El interés— valga el inciso—■, exceptuando el que
se paga por el crédito de consumo, es siempre .una parte de beneficio o de
renta de la tierra. Sin embargo, todavía hay que tener en cuenta lo siguiente:
En la producción, el capital de préstamo activo actúa como capital indus trial
y, por consiguiente, produce beneficios. Sólo recibe interés y por eso
incrementa el beneficio del capitalista industrial en la diferencia en tre el
beneficio medio y el interés sobre la cantidad del capital prestado. En el comercio,
donde no se produce ningún beneficio (ya que la tasa media de beneficio
correspondiente al capital comercial debe detraerse de la masa total de
beneficios), el capital bancario -actúa de una manera distinta. Recibe su
interés, pero no produce ningún beneficio para el comerciante. El comerciante
recibe, más bien, el beneficio medio por su capital comercial, disminuido en la
cantidad del capital bancario, más el interés que paga al capital bancario.
Ahora se necesita menos capital comercial para la realización del comercio, y,
por eso, también se obtie ne menos beneficio sobre este capital. Este
beneficio .ahorrado queda para su productor, el capital industrial. El capital
bancario actúa aquí como cualquier perfeccionamiento técnico que ahorra costes
comerciales. La diferencia procede, simplemente, de que el capital industrial
pro duce plusvalía y el comercial no.
En el mismo sentido actúa también otra
circunstancia. El comercio bursátil a plazo crea un mercado siempre dispuesto
para las mercan cías contratadas. Por eso, el fabricante o el importador puede
vender la mercancía en todo momento. Pero esto significa una disminución del
tiempo de circulación de su capital. Y ya sabemos que toda disminución del
tiempo de circulación significa liberación de capital. Así, el comer cio a
plazo disminuye también el capital necesario para la circulación
170 EL CAPITAL FINANCIERO
de la mercancía, esto es, para las operaciones
comerciales; capital que no sirvió para la producción, sino únicamente para la
realización del beneficio.
La forma adecuada de toda especulación es la
operación a plazo. Dado que toda especulación consiste en la explotación de las
diferencias de precio y éstas tienen lugar en el tiempo, y, por otro lado, para
toda especulación el tiempo en que no se efectúa ninguna compraventa es una
simple pérdida, puesto que la especulación, no es producción, entonces tiene
que poder aprovechar toda diferencia de precio, incluso la' futura. Por
consiguiíPte, ei^-todo momento tiene que poder comprar o vender para el momento
futuro, y esto es precisamente lo que constituye la esencia del comercio a
plazo. A l hacer esto, la especulación crea un precio para cada momento del
año. Pero, de esta forma, da al fabri cante y al comerciante la posibilidad de
beneficiarse de las consecuen cias eventuales del movimiento de los precios,-
de asegurarse contra sus oscilaciones y de cargar a la especulación el riesgo
por los cambios de precio. El fabricante de azúcar en bruto que compra hoy
remolacha pue de pagar por ella 100.000 marcos, por ejemplo, si sabe hoy que
puede ya vender por 130.000 el azúcar en bruto a la Bolsa, que sólo deberá
entregar cuando haya fabricado el producto. Por tanto, si vende hoy él azúcar a
este precio se independiza de todas las fluctuaciones de pre cio que puedan
ocurrir entretanto y ha asegurado sus beneficios. El co mercio a plazo es,
pues, el medio que tienen los industriales y comer ciales para limitarse a su
mera función. Con ello se libera aquí una parte del capital de reserva que era
necesario para la seguridad contra estas fluctuaciones y estaba fijo en la
esfera industrial, o comercial. Una par te dé él sirve ahora para la
especulación bursátil. Pero aquí se ha con centrado y, por eso, puede ser más
pequeño que lo era el capital que estaba disgregado entre las manos de los
industriales y comerciantes individuales.
El beneficio capitalista nace en la producción y se
realiza mediante la circulación. El anhelo natural del fabricante y del
comerciante es ase gurar este beneficio contra las incidencias que nacen de
las oscilaciones de precio durante la circulación, cuando la producción se
terminó hace tiempo y, con ello, el beneficio es de una magnitud dada para el
fabri cante, o para el comerciante que ha comprado la mercancía. El comercio a
plazo sirve a este anhelo en un estadio determinado del desarrollo y para aquellas
mercancías en las que, debido a causas naturales {por ejemplo, a causa de la
dependencia de la producción con respecto á las condiciones meteorológicas),
estas oscilaciones son especialmente gran des e imprevisibles. El comercio a
plazo compensa en lo posible las fluc tuaciones procedentes de la
especulación. Pero sólo puede hacerlo si la especulación produce oscilaciones
frecuentes y pequeñas. Esta especu lación— enteramente absurda desde el punto
de vista social— aparece como necesaria porque cuida del volumen necesario de
la participación de compradores y vendedores, de ¡tal forma, que siempre pueden
co
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 171
merciarse las cantidades necesarias de mercancías.
Este seguro contra las fluctuaciones de precio aproxima el precio de mercado
cada vez más al de producción. Se constituye así una clase propia de
capitalistas, los especuladores, que toman sobre sí estas oscilaciones. La
cuestión es la siguiente: ¿Cómo explotan su capital?
En la especulación de títulos hemos visto que este
capital obtiene ganancias diferenciales. La ganancia de uno es la pérdida de
otro. Ge neralmente, son los grandes los que pueden esperar e influir en la
co tización, y los iniciados 6, que están al corriente, los que obtienen las
ganancias a costa de los pequeños y de los outsiders. El problema es únicamente
saber si a la especulación le corresponde, además, una prima de riesgo.
La prima de riesgos se ha mencionado con mucha
frecuencia, pero se ha analizado muy poco. En primer lugar, hay que fijar bien
claro que la prima de riesgo no puede ser causa del nacimiento ni tampoco de
explicación del beneficio. El beneficio se origina en la producción, y es igual
a la plusvalía que está contenida en el plusprodúcto de loe obreros y que no le
ha costado nada a la clase capitalista. Un riesgo di ferente, esto es, una
seguridad distinta para poder realizar el beneficio originado en la producción
mediante la circulación, sólo puede motivar una división distinta del
beneficio, de tal forma que ramas con mayor riesgo (que también se tiene que
expresar realmente en una pérdida ma yor) alcanzan precios más elevados, de
manera que, al fin y al cabo, la tasa de beneficios sobre su capital es igual a
la tasa media. Es evi dente que, mientras se cuente en una rama de la
producción con cir cunstancias especiales que disminuyan el rendimiento, estas
circunstan cias tienen que actuar de un modo compensador para que se garantice
la igualdad de la tasa de beneficios. En el precio de las lentes ópticas van
incluidos también los gastos de aquellos cristales que se estropearon por
término medio en la fundición. Pertenecen, pues, a los costes de pro ducción.
Igualmente entran en el precio los daños y perjuicios qué su fren las
mercancías por término medio en su viaje hasta el mercado. Sin embargo, es cosa
muy distinta el riesgo que nace de procesos, que sólo ocurren casualmente
durante la circulación, pero que alteran los cos tes de producción. Por
ejemplo, si está todavía en el mercado un pro ducto que se fabricó con
maquinaria vieja mientras que otra más moderna permite fabricarlo en la mitad
de tiempo, entonces no existe ninguna
De todas
formas, no es fácil tener una idea exacta de lo que pueden hacer los iniciados
en el comercio a plazo de mercancías. “Si fuese posible deducir de los informes
cómo continuará el mercado y qué precio será el adecuado, entonces sería algo
estupendo. Por mi mucha experiencia sólo puedo decir: el sentimiento lo es
todo. Es maravilloso estar informado. Esto es un tópica; no se deduce nadai de
ello, y los comerciantes se equivocan muy a menudo... El comerciante es tan
ignorante como el labrador, y aunque estudie todos los informes no consigue
nada m¡ás que entontecerse, pues generalmente las cosas suceden de una forma
distinta." Así lo ad mite el comerciante Damme (Deutsche Bórsenenquete,
II, pág. 2858).
172 EL CAPITAL FINANCIERO
compensación para este "riesgo". El
vendedor de este producto tendrá que soportar las pérdidas.
Parecidas son también las condiciones para los
productos que se co mercian generalmente en el mercado a plazo de la Bolsa. La
insegu ridad procede de que, por ejemplo, para el precio de los cereales ale
manes no sólo es determinante el resultado de la cosecha alemana, es decir, los
costes de producción 'alemanes, que se expresarán directa mente en el precio,
sino también los costes de producción americanos, indios, rusos, etc. Mas para
esta formación de precios no existe nin-guift compensación en el precio de los
cereales alemanes 7.
Pero .mientras aparezcan en la circulación
oscilaciones grandes e im previstas tiene que retenerse en semejante rama de
la producción un fondo de reserva por parte de los capitalistas, para poder
compensar las pérdidas motivadas por las oscilaciones de precio y proseguir
continua mente la producción. Este fondo de reserva es una parte del capital
de circulación necesario, y sobré él se calcula el beneficio medio. El bene
ficio que recae sobre él puede considerarse como prima de riesgo. Pero este
fondo de reserva no se hace supérfluo tampoco para lós capitalistas productivos
mediante el comercio a plazo. Pues esta forma de comer cio no suprime las
oscilaciones de los precios que sé deducen del cambio de las condiciones de
producción. El efecto del mercado mundial so bre el precio interior tiene que
soportarlo el fabricante.
Las garantías suministradas por la Bolsa se
refieren únicamente a oscilaciones que aparecen durante la circulación. El
molinero sé asegura el precio al que ha vendido hoy su harina comprando hoy
cereales. El tratante en cereales se asegura sus ganancias vendiendo en la
Bolsa para -un plazo determinado los cereales que ha comprado hoy. El se guro
coinsiste en que asegura el precio determinado y constante para un plazo
posterior en el que cumplirá, efectivamente, su obligación. En otros términos:
la compraventa se ha realizado simultáneamente por él co merciante o el
productor, en vez de haberse efectuado unilateralmente sólo la compra o la
venta. Pero esto presupone, de un lado, un mer cado grande, preparado y
acogedor, como lo crea el comercio a plazo; y, de otro, agentes que por su
parte no efectúan este seguro, sino que esperan la formación del precio en el
período de vencimiento. Es de cir, especuladores que asumen el riesgo del
comerciante. Por consiguien te, su ganancia no es ninguna prima de riesgos,
sino únicamente ga nancia diferencial a la que tiene que oponerse una pérdida
correspon diente. Precisamente este carácter de la ganaincia especulativa
tiene como consecuencia el que únicamente prosperé la especulación profesional
cuan
’ El arancel piotector no compensa este, precio,
sino que únicamente! sube e] precio alemán en una cantidad sobre el precia del
mercado mundial que aún debe producirle beneficios al productor de cereales,
incluso con un precio bajo del mercado
mundial. V.
LA BOLSA DE MERCANCIAS m
do 'toman parte numerosos outsiders que soportan
las pérdidas. Sin la participación del “público” no prospera la especulacións.
La concentración progresiva hace poco a poco
innecesario este se guro. Dado cierto volumen del negocio 'comercial, las
oportunidades fa vorables y desfavorables se compensan. La gran casa comercial
hace el “seguro en sí” y renuncia ál mercado a plazo. Hay que añadir, además,
que los pequeños 'especuladores9 tienen que retirarse paulatinamente, puesto
que cada vez con mayor frecuencia son ellos los que salen per diendo. El
desarrollo de las sociedades por acciones y de la especula-■cíión sobre títulos
los retira de la Bolsa de mercancías. Finalmente, los sindicatos y trusts ponen
fin radicalmente a la especulación sobre aque llas mercancías que dominan.
Sí se pregunta para qué capas sociales es necesario
el comercio a pla zo, sólo puede contestarse que su necesidad es más
apremiante para el comerciante medio. Para el productor esta necesidad es
cierta en cüanto que si dicho comercio no existiera tendría que realizar él
mismo impor tantes funciones comerciales. Este será el caso cuando la
industria manu facturera es de tipo grancapitalista, mientras que la
producción de la ma teria prima está todavía muy dispersa. Aquí realiza la
Bolsa la necesa ria concentración de los productos. Esto ha sucedido, por
ejemplo, en la época del desarrollo de la molinería comercial moderna. La Bolsa
de mercancías lleva a. cabo esta concentración de un modo más rápido y radical
que si tuviera que desarrollarse un comercio al por mayor. El co mercio desea
el mercado a plazo especialmente en aquellos productos en los que el tiempo de
circulación sea largo; la producción esté disemi nada sobre un gran número de
lugares difíciles de supervisar; sus resul tados sean difíciles de prever e
inconstamtes, y, por eso, las oscilaciones de circulación de los precios sean
importantes é irregulares.
Una vez establecido el comercio a plazo, la
participación se con vierte, cada vez más, en necesidad tanto para el
comerciante como para el productor. En cambio, la limitación del comercio a
plazo a los co merciantes profesionales le quita a esta clase de comercio su
función más importante: la de garantizar a productores y comerciantes la posi
bilidad de cargar a la especulación las pérdidas
procedentes de. las os cilaciones de precio. 1
Sobre la
participación en el comercio a plazo, en general, el presidente de la Cámara de
Comercio de Berlín, Kampf, dice lo siguiente: "Cuando suben las olas es
todo el mundo. Cuando no suben son sólo los ricos los que intervienen en tales
negocios" (Bórsenenquete, II, pág. 813).
“ Es delicioso el diálogo entre el señor Von Gamp y
el señor Horwitz sobre el dolor que imoralmente está obligado a sentir el
comerciante al pensar en las pér didas en Bolsa de la gente modesta: esto no
es propio de la naturaleza del comer-cieinte. Puede .pedirse, si se cree
necesario, la eliminación del comerciante, pero, en caso contrario, no merece
la pena perder el tiempo procurando cambiar su naturaleza (Bórsenenquete, III,
pág. 2.459).
Para la economía de orientación "ética” la
Bolsa no cumple más que la función de un evacuatorio moral. Las demás funciones
bursátiles permanecen ocultas para ella.
f it CA
P IT A L F I N AN C IÉ Í SÍ)
Como los especuladores no quieren retener por mucho
tiempo el ob jeto de especulación, se deduce de ello que todo especulador es
siempre tambo comprador como vendedor. El especulador a la baja, el vendedor de
una mercancía, se convierte en su comprador para cubrirse. Pero es comprador y
vendedor en un momento distinto y aprovecha las oscila ciones de precio dentro
de este momento, mientras que la garantía del negdcio efectivo consiste
precisamente en evitar estas fluctuaciones y, poir es^gttoma por base para las
compras lar-valoración del mismo mo mento mediante venta simultánea, y paira
las ventas mediante compra si
multánea. * .
Él especulador exglota, por de pronto, las
fluffffaciones de precio que no ha creado él, sino la circulación efectiva.
Estas oscilaciones pueden haber precedido a loe costes de producción de la
mercancía tanto por relaciones, casuales de oferta y demanda como también por
cambios que yacen'más hondo. La oferta y la demanda de la especulación vuelve,
pues, a cambiar este nivel de precios y motiva oscilaciones que, final mente,
tienen que compensarse siempre, precisamente porque todo es peculador es tanto
comprador como vendedor. Esto no impide, natural mente, que durante cierto
tiempo domine una dirección especulativa, por ejemplo, compra, es decir,
especulación alcista. Mientras se mantenga esta unilateralidad el precio está
por encima del nivel que resultaría del sim ple negocio no especulativo..De
esta suerte, la especulación motiva oscila ciones de precio más frecuentes y,
por eso, también más pequeñas, que se compensan a lo largo del tiempo.
El comercio a plazo concentra todo el negocio en un
lugar y les da a los grandes comerciantes de aquella plaza la supremacía sobre
los co merciantes de las pequeñas localidades, que desaparecen paulatinamente
M. Pero la localización bursátil abre la posibilidad de intervención a ele
mentos que antes estaban al margen y que hacen la competencia a las casas
comerciales más antiguas. Por eso, la introducción del comercio a plazo
tropieza, frecuentemente, con la oposición de los viejos comer ciantes profesionales.
El comercio a plazo es, hasta cierto punto, menos cualificado que el antiguo
comercio profesional y la participación del capital bancario les permite tomar
parte a elementos más débiles en ca pital. Pero también aquí tiene lugar una
concentración sobre nueva base. En general se tiene la impresión de que la
participación de la especula ción pura y de los elementos extraños a los
mercados a plazo está redu ciéndose u .
10 Véase
Bócpenenqueíe, Informe de te Comisión, pág.
90.
"Los
pequeñas elementos no profesionales se han retirado del comercio del café;
¡éste está bajo la dirección de grandes consorcios" (Bórsenenqtiete, pág.
2065). Esto es explicable por la experiencia que el especialista Van Gülpen
resume en estas palabras: "Con gran fuerza de capital puede hacerse
extraordinariamente mucho cuando se dirige sobre artículos aislados".
Las grandes firmas de cereales londinenses son
adversarias de la introducción del comercio a .plazos; mediante el cual se
democratizaría el comercio y perderían su posición dominante (I b i d pág.
3542).
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 1?5
Por el contrario, la supresión del comercio a plazo
significa el for talecimiento de la posición del comerciante al por mayor, que
puede prescindir de la operación de seguro.
Un peligro del comercio a plazo existe en la
posibilidad de "elusión”. El comprador tiene derecho a comprar la
mercancía a cuenta del vende dor en la Bolsa cuando el vendedor no haya
entregado la mercancía el día fijado para la entrega. Si esta mercancía no
existe en relación sufi ciente a la demanda porquí el comprador
ha<wriquirido antes las’existen-cias disponibles, entonces se originan
precios elevados, ficticios, depen dientes de la voluntad del comprador; en
cuyo caso los vendedores están enteramente a disposición de los compradores. La
elusilón es tanto más fácil cuanto más pequeñas sean las existencias de la
mercancía. Esto tam bién puede producirse artificialmente cuando las
condiciones de entrega exigen una gran calidad de la mercancía. Por el
contrario, la disminución de las cualidades de entrega es un medio para
dificultar la elusión. Nor malmente, eí*ta 55lo se puede producir en
circunstancias especiales y por poco tiempo, por ejemplo, cuando las
existencias en cereales son escasas porque todavía no ha tenido lugar la nueva
cosecha y se han vendido ya las existencias antiguas en su mayor parte. Pero,
generalmente, los precios extraordinarios motivan la aparición de existencias
en el mercado que se creían ya absorbidas por el consumo, Si las nuevas
entradas so brepasan la capacidad de admisión de los compradores, la elusión
fra casa. Sin embargo, por lo general, incluso las elusiones logradas no sig
nifican más que la expropiación de los grupos externos de especuladores e
influyen escasamente en el comercio efectivo y, en menores propor ciones aún,
sobre los precios reales de la mercancía.
La ley alemana sobre la Bolsa del 24 de julio de
1896 ha eliminado, en parte, el comercio a plazos y, en parte, lo- ha
dificultado. EJ comercio de cereales experimentó una fuerte limitación, y desde
la promulgación de la ley amenazó también el negocio de "suministro legal”
al Estado. De esta forma, “el círculo de personas que tomaban parte en las
opera ciones de suministro se hizo cada vez menor, llegando a ser tan pequeño
que apenas bastaba ya para los fines de este comercio". Asi, se dificuJ-taron
esencialmente los negocios de seguro. ¿Cuáles iueron entonces las
consecuencias? “Hay ya algunas firmas muy grandes que, debido, a las grandes
dificultades que ello entraña, creen poder prescindir por com pleto de un
seguro de precio en la Bolsa, y con ello han obtenido ganan cias
considerables, apoyadas por unos cuantos años de precios estables e incluso
ascendentes. Sin embargo, generalmente las firmas fuertes creen que semejante
proceso es una especulación muy peligrosa y se contentan mejor con unas ganancias
más pequeñas, pero seguras... Es evidente que, en la situación actual, las dos
o tres firmas mayores pueden apode rarse de una parte cada vez mayor de todo
el negocio. Mediante la legislación se favorece aquí la concentración, igual
que ha sucedido con los Bancos mediante la oportuna legislación bancaria. Hay
que dudar mucho de si este desarrollo les gustará realmente con el tiempo a
aque-
33 H . R u e s c h ,
EL CAPITAL FINANCIERO
líos que consideran la ley como un gran éxito. En
todo caso, para el logro de los precios más favorables posibles una competencia
múltiple ofrecerá garantías mucho mayores a los agricultores que las que les
ofrecería una situación en la cual puedan dictar los precios un par de firmas
gigan
tes" lz.
"Los comerciantes locales están tanto más
interesados en el negocio de suministros al Estado, dado que, mediante las
operaciones a plazo, se les ofrece la posibilidad de pignorar favorablemente la
mercancía, pues to que senvende a un precio fijo y, por eso, no puede perder
valor con una caída de precios. Detesta forma, el comerciante vuelve a disponer
de fuertes carteles y estar en condiciones de adquirir nuevas cantidades de
cereales de los productores a precios baratos” '
La disminución del tiempo de circulación para los
capitalistas, pro ductores y la reducción del riesgoi mediante la especulación
pueden tam bién influir retroactivamente en la producción. Antes de la
introducción del comercio a plazo era, principalmente, el productor parcial
quien debía soportar el riesgo; si desaparece éste y la necesidad de almacenar
la mercancía, que se ha concentrado ahora también en el lugar de la Bolsa,
entonces ya no basta la mera función de producción. El participante se convierte
en empresario total mediante la combinación de su empresa con otra. Esto puede
hacerlo con mayor facilidad puesto que ahora se ha liberado una parte de su
capital circulante y de reserva. De esta fbrma, los cardadores de lana se hacen
superflúos porque el- riesgo que corrían antes lo cargan ahora al comercio a
plazos. Ahora ellos mismos se con vierten en hilanderos; o, por el contrario,
los hilanderos asumen también la tarea de la carda 14.
El comercio a plazo les ahorra a los productores
capital de circula ción, en primer lugar, mediante la, reducción de su tiempo
de circulación y, en segundo, mediante la reducción del seguro propio (fondos
de re serva) contra las oscilaciones de precios. Esto incrementa la fuerza de
capital de las grandes empresas que, ante todo, disfrutan de las ventajas del
mercado a plazo. El capital liberado de esta forma se convierte en
capital de producción. ,
En la división de trabajo de las empresas no sólo
es decisivo el pun
to de visita técnico, sino también el comercial.
Algunos procesos parcia-
"Der Berliner Getreidehande] unter dem
deutschen Borsengesetz”, -
en Conrads Jahcbuch £ür Nationalókonomie und
Statiácik, serie III, t. X X X III, 1907, cuaderno 1, pág. 53.
lbíd., pég.
-87. Compárese la predicción de este desarrollo también en Lan~ desberg-er; “Es
significativo que las mayares firmas que comercian en cereales no tomen parte
en el comercio a plazo; hacen el seguro en sí. Por eso, la supresión de
comercio a plazo tiene que conducir, necesariamente, a concentrar el comercio
de cereales en las manos de las casas que disponen de los capitales más
fuertes, del mismo modo que la prohibición de Jas operaciones a plazo en
ciertas clases de títulos-valo-res ha entregado esa rama del comercio de título
en manos de los grandes Bancos ale manes" (Loe. cit, pág. 45).
M
Bórsenenquete, III pág. 3373. Manifestación' de Offermann.
LA BOLSA DÉ MERCANCIAS Í77
les, a los que pertenece, ante todo, la elaboración de materias primas
en productos semimanufacturadcs, permanecen
independizados como ta les únicamente porque los fabricantes parciales
icumplen, al mismo tiem po, importantes funciones comerciales. Toman la
materia prima de los productores o de los importadores y comparten con ellos el
riesgo de las oscilaciones de precios. La independencia es superflua cuando el
fa bricante puede protegerse 'también del riesgo sin esta mediación dél
mercado a plazo. Asocia, entonces, está elaboración de la materia pri ma a su
propio establecimiento. Es la eliminación de la función comer cial la que hace
superflua la independencia técnica. También tenemos aquí la tendencia a la
supresión del comercio intermedio. Las Bolsas de mercancías, dé todas formas,
parecen incrementar, por de pronto, las ope raciones comerciales, pero, sin
embargo, ya sabemos que estas compra ventas no representan transacciones del
comercio, sino de la especulación.
Hemos visto que el comercio a plazo es un medio
para hacer que el capital bancario tome parte en el comercio de mercancías, en
primer lugar, mediante la concesión da crédito, ya sea en forma de crédito so
bre las mercancías (lombardo) o"del negocio de reporte. Pero et Banco
puede aprovechar también su gran fuerza de capital y su supervisión sobre el
mercado para tomar parte en la especulación misma con bas tante seguridad. Sus
relaciones amplias, que se extienden sobre una se rie de mercados a plazo, le dan,
además de su mejor supervisión sobre el mercado, la oportunidad de operaciones
seguras dé arbitraje, que pro ducen ganancias considerables dadas las grandes
proporciones en que se realizan. El Banco podrá realizar semejantes operaciones
éspeiculativas con tanta mayor seguridad cuanto mayor sea el volumen en que
dispone de la mercancía y, con ello, pueda influir en la magnitud de la
ofértta. Así, nace el deseo de disponer cada vez más de las mercancías que se
comercian en el mercado a plazo. El Banco procura recibir la mercan cía
directamente del productor, con exclusión de otros comerciantes. Se hace
transmitir la venta, o en forma de comisión— y por esta venta pue de exigir,
en competencia con el comerciante, un beneficio mucho me nor que éste, porque
el Banco aún puede obtener ganancias especulativas y puede trabajar con crédito
en proporciones mucho más grandes— , o compra la mercanlcía por cuenta propia.
El Banco utiliza aquí la influen cia que posee sobre la industria por sus
demás relaciones comerciales, para presentarse ante el industrial en lugar del
comerciante, lina vez que el Banco controla la vemta se estrechan las
relaciones mutuas entré el Banco y la industria. El Banco no sólo está
interesado en la forma ción del precio de la mercancía como especulador; desea
un precio ma yor en el interés de la empresa, con la que tiene relaciones' de
crédito de toda clase. A l mismo tiémpo, como está interesado en disponer todo
lo posible de la mercancía, busca relación con el mayor .número posible de
empresas y, de esta forma, se interesa en toda la rama de la indus tria. Pero
su interés consiste en proteger todo lo que pueda esta rama de la industria
contra las depresiones; aprovechará su influencia para aice-
12
178 EL CAPITAL- FINANCIERO
lerar la cartelización que, de todas formas, hace
superflua la actividad especulativa del Banco en el mercado interior (no en el
mercado mun dial), pero que lo indemniza abundantemente y en forma muy varia
me diante la participación en el beneficio de cartel. Es una evolución que se
consuma plenamente cuando, por causas históricas, ha faltado la for mación de
un comercio al por mayor fuerte y productivo, ya sea en gene-
^ ral o en la correspondiente rama de producción.
Así, pues, en Austria los Bancos han sustituido al comercio- por Jo que se
refiere al azúcar,
y con menor éxito por lo que se renere a la
industria petrolífera, y se han convertido en portadores de éstos deseos de.
cartelizaciói^en estas
ramas de la industria que dependen fuertemente de
ellos. De forma, mediante el comercio a plazo, se favorece aquí -.una evolución
que es triba en la tendencia general a suprimir finalmente el mismo comercio a
plazo.
Las asociaciones monopolistas suprimen por completo
las Bolsas de mercancías. Esto es natural, puesto-que fijan los précios para un
pe ríodo de tftmpo bastante-largo y, por eso, ha cea imposible la explota
ción de las oscilaciones de precios. La "división en el tiempo"
sucede naturalmente, sin más, lo cual no puede sorprender más que, a lo sumo,
al profesor Ehrenberg. El Sindicato alemán del Carbón y la Asocialción de
Fundiciones de Acero han hecho puramente nominales las cotizacio nes bursátiles
de Essen y Dusseldorf. "Así, la Bolsa del carbón en Bssén consiste
simplemente en una tabla con cotizaciones, del carbón que se lleva cada vez
desde el edificio del Sindicato carbonero al Gran Salón de la Bolsa de Essen,
mientras que toda la llamada Bolsa de Productos de Düsseldorf consiste en una
icarta que envía regularmente un indus trial a la presidencia de la Bolsa de
Düsseldorf" aB.
Lo mismo sucede también con el negocio a plazos en
las bebidas al cohólicas. "Con toda razón se ha notado aquí que una parte
del co mercio había perdido su importancia después de la formación de la cen
tral (para la utilización del alcohol) y que, con el Sindicato, el comercio
intermedio, incluso en aquella parte que se desarrollaba en el meneado
bursáitil, ha sido reducido a un recuerdo. El negocio de comisión, los
corredores, todos los comerciantes que no están directamente en rela ción con
los productores, se han hecho superfluos debido a la constitu ción del
Sindicato y han sido así suprimidos” 16. Los comerciantes efec tivos son
transformados en agentes por el Sindicato del Alcohol, con re tribuciones
fijas (30 a 40 libras), y su número se mantiene bastante es table, según
parece; en 1906 eran 202, que vendían el 40 por 100 de la producción.
En la medida en que las ganancias de la Bolsa de
mercancías pro vengan dél beneficio comercial recaen sobre el productor al
suprimirse
Berliner
Tageblatt del 19 de octubre de 1907.
Respuestas,
y debates de la encuesta alemana sobr,e carteles, sobre las asocia ciones en
la industria alemana del alcohol. Manifestaciones del gerente de la Zentra-le
für Sjjiritusverw-ertung (Central para la Utilización del Alcohol),
Bourzutschky.
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 179'
la Bolsa. Esto ocurre también con aquellas
ganancias que nacen de la diversidad del tiempo de producción (de la “duración
de la tcampaña” ) y del tiempo de consumo. Así, por ejemplo, los precios del
alcohol son más altos en verano qué en invierno. La producción pasa a manos del
comercio al final de la campaña. Los precios de verano son más altos
precisamente porque tiene que calcularse costes de almacenamiento, pér didas
de intereses, etc. Los destiladores, en icambio, tienen que vender lo más
pronto pogjhlf al final de la campaña. La oferta se hace apre miante. Por el
contrario, durante el verano no tiene lugar ninguna pro ducción. La oferta ya
no puede incrementarse más y los comerciantes son lo bastante fuertes en
capital como para no vender la mercancía en tiempos desfavorables. Por un lado,
la diferencia de la fuerza de ca pital de los comerciantes, que también aquí
disponen de capital ban-cario para el reporte o el lombardo, y la fuerza de
capital de los pro ductores frecuentemente pequeños juega un par 1 en la
determinación de precios, pero no para eliprecio quejia de p a jA lc a a s u m
o , sino para el que paga el comerciante al productor. Esi^^^SacTóñes también
se cambian mediante un cartel de los productores, en perjuicio de los co
merciantes y en favor de los productores mismos. El señor Stern, ge rente de
la Central para la Utilización del Alcohol, lo expresa de un modo muy exacto
cuando dice: “E l Sindicato favorece con la subida de precios, después del
cierre de la campaña de destilación, a los desti ladores; el mercado libre a
la especulación".
Precisamente, en la esfera de la producción
agrícola la cartelizaoión
— y las "cooperativas” agrícolas de producción
no son, a menudo, más que gérmenes de cariéis o oartels en pequeño— tiene
grandes ventajas porque la regulación capitalista por el precio es la más
inadecuada para la producción agrícola; la anarquía de la sociedad icapitalista
es incom
patible precisamente con las condiciones
técnico-naturales de la produc-oión agrícola, y el capitalismo, en general, no
puede imponer el ideal de una agricultura racional en contrasté con la
industria. Esta contra dicción en que cae la formación de precios capitalista
en relación con las condiciones técnico-naturales de la producción agrícola es
extremada, sin embargo, por la existencia de un mercado a plazo que hace que
los cambios de precio sean continuos. Lo que es culpa de la forma de pro
ducción capitalista, en general, se le inculpa, pues, al comercio a plazo con
sus cambios de la dirección de precios, frecuentemente dramáticos, originados o
ampliados por la especulación. Por eso, recurriendo a pro cedimientos
demagógicos, puede producirse fácilmente un movimiento
violento contra el comercio a plazo entre los
productores agrícolas1T.
Landesberger
dice certeramente: “La lucha de la agricultura contra el comercio a plazo tiene
su explicación también en hechos importantes de la economía. La agri cultura
está sujeta más que ninguna otra rama de la producción, local y temporal
mente, a las condiciones dadas de la producción. Es decir, el factor costes de
pro ducción es en ella menos variable que en otras ramas de la economía;
depende de los vínculos del capital invertido en la agricultura; de las deudas
agrícolas; de la
180 ÉL CAPITAL. PINANCIÉRO
Miéntra-s un cartel pueda limitar la anarquía
actuará de un modo muy favorable precisamente sobre la esfera agrícola. Es
propio de la agri-cul* tura que varíen extraordinariamente las cantidades de
producción de cada año según las condiciones naturales. Pero estas 'condiciones
na turales influyen directamente en el precio. Una cantidad excesiva de
producción determina una fuerte -caída de precios e incrementa el con-- sumo en
ese año. A consecuencia de los bajos precios se limitará la pro" duoción
en el año próximo. Si, además, tiene lugar una mala icosecha, existe escasez,
el precio sube rápidamente y el consumo se limita mu-cho. La producción
dispersa es impotente corara estos fenómenos. Pero el cartel tiene mucha más
influencia sabía la formación de precios, pues to qu# tiene la posibilidad de
invertir para almacenar las existencias y, en unión de la conitingentación de
la producción, evitar oscilaciones de masiado fuertes. Naturalmente, el cartel
capitalista utiliza esta fuerza para obtener continuamente los precios .más
elevados mediante una co^ rrespondíen'te e irracional limitación de la
producción. Mías para la pro" duceión agrícola crea
relacione^más-estables.
El gerente antes mencionado dice precisamente: “El
Sindicato puede conservar los excedentes -en proporciones muy grandes, aunque
no ili^ mitadas. El mercado libre hace que, tan pronto sean demasiado gran des
los excedentes, tenga lugar inmediatamente una caída de precios que cesa tan
sólo‘cuando el producto desciende por debajo del valor de producción. El
Sindicato puede separar el precio para el exterior del
dificultad natural de emplear, aun solo
aproximadamente en el mismo volumen o con el mismo éxito, las armas defensivas
más importantes a disposición de otras ramas de la producción: especialización
de la producción, expansión temporal y li mitación de la -empresa. El factor
extra,personal de toda vida1económica, la coyun tura, no tiene en ninguna otra
rama de la producción semejante preponderancia so bre el factor- personal
representado por los costes de producción. Y, paira la agri cultura de la Europa
central, la coyuntura es, generalmente, desfavorable desde hace varios
decenios. Pero la coyuntura es afectada por el comercio a- plazo. El comer
cio, que no puede evitar la coyuntura, que es intervenido ;por 3a coyuntura en
ambos polos de su proceso económico, en la adquisición y en la venta, ’el
comercio está obligado a reaccionair sobre ella con una función especifica. El
órgano para esta fun ción es el comercio a plazo, su deber es hacer
económicamente comprensible la co yuntura mundial, tramitarla lo más claro
,posible. El comercio a plazo en su forma más perfecta, liberado de todos los
errores y abusos tendría que refleijar exactamente la coyuntura. Pero en este
espejo v-ería la agricultura una de sus colyunturas más desfavorables. Y de ahí
la aspiración natural a destrozar el espejo” (Landesberger, loe. ciC, pág. 44 y
sigs.).
Es conocido que la prohibición del comercio a plazo
en un Estado puede burlarse mediante su utilización en otro por los
comerciantes que disponen de fuertes capitales y por los especuladores. Asi,
por ejemplo, el industrial algodonero doctor Kuffler dice: “En Brema, donde se
hace casi todo el negocio de importación de algodón para la Europa central, no
existe ningún comercio a plazo, y, sin embargo, toda contratación individual se
basa en operaciones realizadas en mercados extranjeros, a saber, en Li verpool
o en Nueva York" (Véase el informe sobre las negociaciones de la sociedad
de agricultores austríacos en Zeitschrtfé £üc 'Volkswictschalt, Sozialpolitik
und Verwal-tung, t. XI, pág. 83).
Igualmente, la prohibición del comercio a plazo, de
los cereales en Austria no ha conseguido más que transferir la especulacióh a
Budapest.
LA flOLSA DE MERCANCÍAS 181
prefcic" interior, cosa que no puede hacer el
mercado libre, ya que cuan do existen excedentes destinados a la exportación,
el mercado libre de pende, en cuanto al precio para la producción total, de
las ventas para la exportación. He aquí un ejemplo: en 1893-94 ha existido un
exce dente de- 20 millones de litros de alcohol, excedente en ningún modo
amenazador, pero que rebajó el precio medio del año a 31 marcos. Si el
Sindicato hubiera exportado en este año 10 millones más, y aunque hubiese perdido
en estos 10 millones cinco u ocho marcos por litro, equi valentes a 500.000 u
800.000 marcos, la industria alcoholera se habría ahorrado una gran pérdida.
Pues suponiendo que los precios hubieran sido entonces cinco marcos más .altos
sobre itoda la producción, habría mos elevado el valor de toda la producción
de unos 300 millones de li tros en 15 millones de marcos, con una pequeña
pérdida de 500.000 u 800.000 marcos.
"La Bolsa no ha permitido la entrada de
importantes excedentes y ha ¡compensado rápidSmente cualquier plus con un minus
de la pro ducción. Los excedentes que había a-1 final de una campaña (el 30 de
septiembre) ascendían regularmente a oa|si 30 millones 'durante la du ración
del mercado libre para el alcohol. Varias veces se quedó el exce dente por
debajo de esta cantidad, alcanzando el mínimo una vez con nueve millones. Sólo
una vez aumiinta considerablemente esta cifra, a 15 millones en el año 1893-94.
Estas cifras, estos 10 millones más o me nos, sólo representan del 3 al 5 por
100 de la producción, y este 3 al 5 por 100 bastan para disminuir enormemente
el precio. Incluso las pe queñas existencias ponen nerviosos a los
especuladores; se deshacían de ellas tan pronto creían que era inminente una
buena cosecha. En el fon do, la aparente estabilidad de la Bolsa no era nada
más que temor y nerviosismo.”
La razón por la que no le gusta la compensación a
través de la Bolsa la indica poco después: "La Bolsa logra la compensación
mediante pre cios bajos". Pero sus comitentes, los destiladores y
fabricantes de alco hol, sólo pueden desear una compensación a precios altos
ia.
Algunos defensores del comercio a plazo afirman
también que es una garantía para una determinación de precios más exacta. El
mer cado a plazo abarca un gran número de interesados entendidos y lá
resultante de tantas opiniones especializadas tiene que ser, en general, más
justa que la de un pequeño número. Pero la propiedad de ser co merciante en
cereales no le presta aún al hombre la capacidad mística de poder prever el
rendimiento futuro de la cosecha, y esta capacidad no la posee ni uno ni muchos
comerciantes de 'cereales. Por tanto, aun que para los visitantes de la Bolsa
no es válida la frase "La razón siem pre la han tenido pocos", no
poseen, por cierto— aunque tengan todas las cualidades patriarcales que
quieran— , el don profético. En realidad, los precios a plazo sólo son
especulativos. Incluso un Sindicato como el
M Pero, por otro lado, también demuestra esto el
modo tan imperfecto en que la Bolsa cumple su aparente función de la
compensación temporal.
182 EL CAPITAL FINANCIERO
del alcohol, qué tiene influencia directa sobre la
determinación de plre-cios interior y por eso estaría mucho mejor en
condiciones de ceder ofer tas a plazo, las libra únicamente de mala gana. Así,
dice el gerente de la Central Alcoholera, Untucht: "Siempre ha habido
ciertas dificultades con las ofertas a plazo. Si hubiera dependido de nosotros
hubiéramos preferido ser un poco más reservados con las ofertas a plazo...
Cuando alguien ofrece un producto tiene que saber antes, para normalizar, ej
pre cie, de qué cantidades dispone. Naturalmente, esto sólo lo podemos
sa-berjcuando ya han pasado algunos meses del comienzo de la campaña.
T^mpodl®entonces estamos libres de errores, pues "-es siempre la -produc
ción de Jps meses de primavera la que decide si la producción de la cam^ paña
es grande o pequeña. Y, más aún: cuando la situación es poco clara”. Pero hay
que añadir qué las informaciones de la Central, que domina toda la producción y
a la que está sometido casi el 80 por 100
de la producción, son de índole muy diferente a I E
IS de los jugadores de la Bolsa. . ' -
La causa que iconduae a la exigencia de precios a
plazos es que la Industria manufacturera tiene que conocer, además, los precios
de la materia prima en el momento en que ha de hacer ofertas. Si el período de
la campaña de la materia prima coincide con los plazos de pedido de la
industria elaboradora, nace así la necesidad de los precios a pla zos en las
mercancías con fuertes oscilaciones de precios. El elaborado! carga, pues, el
riesgo al proveedor de materia prima. Pero los Sindicatos utilizan su fuerza
para descargarse el riesgo, y.a sea .manteniendo los precios estables o
poniendo los precios a plazo tan altos que se elimina igualmente el riesgo para
ellos. El señor Untucht lo expresa directa mente: "Puésto que nos
encontramos ante condiciones inciertas, tenemos siempre la precaución (sic) de
subir los precios antes que de bajarlos”.
en la
Memoria del Sindicato se anota lo siguiente: “Mientras que tales ofertas a
plazo se dieron en los primeros cuatro años del Sindi cato a principios del
ejercicio nuevo, se sigue desde 1904-05 él principio de tonnt nota de los
precios generales de entrega sólo cuando existan indicios claros con respecto
al desarrollo de la producción".
En la encuesta de la Bolsa alemana los miembros que
están fuera del mundo de los negocios (como el consejero privado Wiener y el
dipu tado conservador Von Gamp) creen legítimo el negocio efectivo, e ilegí
timo el de diferencias bursátiles; una distinción que es rechazada regu
larmente por la génte de negocios. Los primeros no pueden comprender que, en
todas las transacciones capitalistas, el valor de uso es completa mente
indiferente y, generalmente, sólo una triste necesidad (oonditio sirte qua non).
El negocio diferencial puro es, en realidad, la expresión más completa del
hecho de quie para el capitalista no es esencial nada más q.ue el valor de
cambio. Precisamente, el negocio diferencial es el hijo más legítimo del
sentimiento fundamental capitalista; es el negocio en si el que sé abstrae de
la manifestación-profana del valor, del valor de uso. Es natural que esta cosa
económica-les parezca trascendental
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 183
simplemente a los teóricos no capitalistas, quienes
la califican luego de engaño en su enfado10. No ven que detrás de la realidad
empírica de todo negocio capitalista se esconde el hecho trascendental de éste,
que se explica a través de aquella realidad empírica. Lo curioso es que in
cluso desaparece el concepto de valor de uso para sus defensores tan pronto
como se las tienen que ver con la Bolsa. Es efectivo para ellos, de igual modo,
todo negocio, se trate de .venta de títulos de renta o de mercancías, mientras
se entreguen realmente los títulos o las mer cancías. Pero pasan completamente
poir alto el que la circulación de efec tos es enteramente indiferente' para
el cambio de materia de la sociedad, mientras que la circulación de mercancías
es su«^ondición vital.
Veamos un ejemplo de las loicur.as a que puede
conducir la indife rencia frente al valor de uso. Paira hacer fungible la
mercancía es pre ciso que la misma cumpla determinadas condiciones fijas, esto
es, que posea cierto peso en una cantidad determinada, tenga un color, un olor,
etcétera, determinados. Sólo entonces corresponde al “tipo” que es ade cuado
para el cumplimiento de la entrega. En el negocio á plazo del café en Hamburgo
el tipo era bastante malo. Por tanto, las clases me jores se empeoraban añadiéndoles
judías negras, piedras, eiíc. En Berlín el tipo era mejor. Las adiciones que se
hacían en Hamburgo tenían que quitarse en Berlín con mucho esfuerzo para hacer
aceptable la entrega del café. Este es el ejemplo más notable de despiltarros
capitalistas 20. Pero todavía hay más. En Hamburgo se había formado un córner.
Tuvo lugar escasez de la mercancía lista para el suministro. Pero no se podia
suministrar más que el café con piedras, judías, etc. Por eso, las clases
mejores que no correspondían a la calidad del suministro requerían un
sobreprecio. En otras palabras: había que pagar una multa por el su ministro
de una calidad mejor. Esto no es más que el resultado de la aplicación
consecuente de la lógica capitalista; pues para el comprador, el miembro del
comer, no se trata del valor de uso, sino del valor de cambio únicamente. Este
determina toda la acción econlómicá, que no
“ Tiene
mucha raaón el especialista Simón (Bórsenenquete, II, pág. 1584)
cuan
do dice:
"El deseo de diferencias es el verdadero fundador de toda empresa
indus
trial". Si el presidente del Reichsbank, Koch,
le objeta que los negocios de compra, a diferencia de los de diferencias,
tienen como base la intención de hacer pasar
una mercancía de una mano a otra, esta respuesta no
da en el blanco y Simón tampoco la entiende. Pues lo que cualifica a los dos
negocios es únicamente que esta diferencia se forma una vez mediante el
beneficio medio y la otra por la ganancia diferencial en sentido categórico.
La economía burguesa confunde continuamente las
funciones sociales de las opera ciones económicas con los motivos de los que
las hacen y sustituyen el cumplimiento de estas funciones por los motivos de
sus agentes, de lo que éstos, naturalmente, no saben nada. Pero no es ese el
problema específico de la economía, que consiste en descubrir como resultado de
un motivo muy distinto esta relación funcional de leís actividades económicas,
que condiciona la vida social, y los verdaderos móviles que impulsan a los
individuos a la acción económica, y a comprender, además, la explica ción que
dan los agentes de la producción capitalista, teniendo en cuenta la fun ción
social que ellos, inconscientemente, llevan a cabo.
30 Bórsenenquete,
II, pág. 2079.
184 EL CAPITAL FINANCIERO
es precisamente creación de valor de uso o
mediación, sino únicamente la obtención de ganancias 21.
Los apologistas de la forma de producción
capitalista intentan de mostrar la necesidad de sus fenómenos individuales
identificando la for ma específicamente económica, resultante de la producción
capitalista, y, por eso, también histórica, con su contenido técnico que es
continua mente necesario frente a la forma transitoria, y deduciendo luego la
.ne cesidad de la forma de esta falsa identificación. Así, pues, acentúan en
fáticamente la necesidad de la dirección superior y de la suja^rvisión de todo
proceso de trabajo social para demostrar inillédiatamente la nece sidad de la
dirección capitalista, quis nace d *la propiedad privada de los medios de
producción, y de ahí la necesidad de esta propiedad pri vada en general. Por
consiguiente, 'conciben el comercio no como un acto específico de circulación,
sino como medio para el reparto de los bienes entre los consumidores. Así,
Ehrenberg explica .el comercio como la distri bución en el espacio, y la
especulación como la distribución en el tiem po Y como la distribución,
naturalmente, dado un cierto grado del des arrollo técnico, es siempre
necesaria, el comercio y la especulación tam bién son necesarios, y su
supresión es una imposibilidad, una utopía. Si se identifica, además,
“necesario” con “productivo”, se llega con Ehren berg al resultado grotesco de
que la especulación es una rama de la pro ducción igual que la agricultura.
¡Por qué no, si el suelo y una acción producen dinero de igual modo! El
comercio se confunde simplemente con el transporte y con el trabajo de
embalaje, de entrega, etc.; la especu lación se identifica con el
almacenamiento, operaciones que, naturalmente, son necesarias en toda forma de
producción técnicamente desarrollada. Pero también un hombre muy disitinto a
Ehrenberg, mucho más agudo
digno de ser
tomado en serio, como el profesor Lexis 23, se confunde en sus manifestaciones
sobre el comercio a plazo; pues también él pasa por alto la configuración,
específicamente económica, del comercio’ a pla
Borsenenquete, pág.
2135. En las
páginas siguientes se
encuentran ejemplos
parecidos
para los cereales y el alcohol, donde, -por ejemplo,
el alcohol rectificado
no se puede entregar en lugar del bruto.
M
"Comercio y especulación son modos especiales
de .producción, equivalentes
a la1producción primitiva y a la industria elaboradoral. El comercio es aquella forma
de producción que tiene el deber de vencer la
escasez local de la naturaleza en bienes económicos. La especulación, en
cambio, tiene el mismo deber en relación al la escasez de bienes temporal.
Considerado desde el punto de vista económico privado, el comer cio aprovecha
localmente las diferencias de precio, y la especulación lo hace tem
poralmente."
"La. opinión de la Bolsa influye los precios a
base de noticias de toda clase que afluyen a la Bolsa, noticias verdaderas y
falsas, unas sobre hechos realizados y otras sobre hechos que se esperan. Los
últimos son estimados por la opinión de lal Bolsa de antemano por su
trascendencia ('descontados'). Cuando,, de esta forma, utiliza precios bajos
para crear existencias para el futuro, precios altos para facilitar la dis
posición sobre existencias futuras tanto como
presentes, actúa productivamente, y no
en otros casos.” R ic h a r d E h re n b e rg : artículo "Borsenwesen", en el
Handwdrterbuch
der Staatswistsenschaften, 2.“ ed.
53 Borsenenquete.
II, págs. 3523 y sigs.
LA BOLSA DE MERCANCÍAS 185
zo en ¡a Bolsa de mercancías a diferencia del
comercio de mercancías. Pasa por alto el papel específico de la especulación e
intenta demostrar el comercio a plazo como necesario al intentar equipararlo
como co mercio real.
su
adversario Gamp le cuesta poco trabajo indiciar después que el comercio á plazo
crea una suma enorme de transacciones de mercan cías que no influyen en modo
alguno sobre la distribución de produc tores a consumidores. Lexis indica que
en el comercio a plazo es más fácil encontrar compradores. Esto es verdad, sólo
que este “comprador” no es, generalmente, el consumidor, sino que es, a su vez,
un “vendedor”, esto es, un especulador. Pero es falso querer deducir el
comercio, el “co mercio” a plazo, la especulación a plazo, de una necesidad
absoluta de distribución. El comercio sólo cumple la necesidad de distribución
en una sociedad capitalista, tal como lo demuestra la eliminación del co
mercio mediante las coaliciones y los trusts. Quien considere el comer cio
como “productivo", esto es, no sólo como realizador, sino también como
pro'ductor de beneficios, se confunde por completo: ensalza como una ventaja de
la icartelización el ahorro de costes, lo. cual sólo puede ser una ventaja
cuando las operaciones comerciales representen gastos, esto es, sean
improductivas.
La necesidad del comercio a plazo consiste, en
realidad, en que les permite a los capitalistas, industriales y comerciales
disminuir su tiempo de circulación a cero y asegurarse así contra las
oscilaciones de preidos durante el tiempo de circulación, y cargarlas a la
especulación, que tiene que cumplir esta función específica. En segundo lugar,
el comercio a plazo permite .hacer cumplir una parte de las funciones
comerciales por el capital monetario (bancario) en vez-de por el capital
comercial. Para esta parte de las operaciones no se consigue bsneficio. medio,
sino in terés; el beneficio industrial (ganancia de empresario) aumenta
propor-cionalmente la diferencia. En tercer lugar, el comercio a plazo permite
la transformación de capital monetario en comercial, aun conservando el
carácter de capital monetario, lo cual se relaciona con el segund-o punto, y
abre así la posibilidad al capital bancario para ampliar su esfera de dominio
sobre el comercio y la industria, así como de atribuir a una par te cada vez
mayor del capital productor el cará'cter de capital moneta rio, es decir, del
capital qué está a disposición de la Banca,
CAPÍTULO X
£ a p ita l y ganancia hancari&s
La movilización del capital abre a los Bancos
nuevas esferas de ac tividad: la emisión y la especulación. Teóricamente, no
tiene importancia el que estas actividades estén unidas en un Banco con las de
mediación de pago y crédito o que se lleven a cabo por Institutos bancarios
dife rentes. Sólo es importante la diferenciación de las funciones aisladas
según su significación económica. Además, el desarrollo moderno con duce por
todas partes, en un grado cada vez mayor, a la concentración de estas funciones,
ya sea en una empresa o bien mediante el dominio de varias empresas que cumplen
varias funciones, diversas y, por tanto, complementarias, por el mismo
capitalista o por el mismo grupo de ca pitalistas. El factor que conduce a la
concentración es, en última instan cia, éste: que en todas esas funciones se
presenta el capital como capital monetario en sentido específico, como capital
de préstamo que puede vol ver a retirarse siempre como dinero de la inversión
correspondiente. Pero también donde esa concentración no ha sucedido en una
sola empresa, es, en parte, el mismo capital el que cumple todas las diversas
funciones al ser puesto por una empresa a disposición de la otra.
Tan sólo después del análisis de esas diferentes
funciones ha sido posible investigar de qué fuentes nace la ganancia del
capital bancario y qué configuración debe tomar en la esfera del capital
bancario la re lación entré ganancia y capital, tanto el propio del Banco como
el ex traño que tiene a su disposición.
Sabemos que el beneficio nace en la producción y se
realiza en la circulación. También sabemos que la realización de las
operaciones de circulación, la compraventa de las mercancías, requiere capital
adicional. Una parte de estas operaciones le es sustraída a los industriales
por los comerciantes y se convierte en una función independiente de una sección
del capital social: el capital comercial. El capital empleado por los co
merciantes produce un beneficio medio que iio es nada más que una par te del
beneficio producido por los industrialeS en la producción; por con
CAPITAL Y
GANANCIA BANCARIOS 187
siguiente, constituye una detracción del beneficio
que, de otra forma, recaería sobre los industriales1. Igualmente, la
circulación requiere una serie de transacciones monetarias, retención de
existencias, preparación y envío de dinero, cobro y pago de facturas, etc.
Estas operaciones, esto es, la administración de la caja, pueden concentrarse y
ahorrarse trabajo mediante esta concentración, que representa costes de
circulación. De bido a la concentración, también será necesario un capital más
pequeño para la realización de este trabajo. “Los movimientos puramente técni
cos que efectúa el dinero en el •«proceso de circulación del capital indus
trial y, como podemos añadir ahora, del capital comercial (puesto que éste toma
una parte del movimiento de circulación del capital industria] como su
movimiento propio y particular), estos movimientos transforman este capital en
capital de comercio monetario, una vez independizados en función de un capital
especiad que él, y sólo él, ejerce como opera ciones propias del mismo. Una
parte del capital industrial, y. más aún, del capital comercial mercantil, no
siólo continúa existiendo en forma de dinero, como capital monetario én
general, sino como capital monetario que está empleado en estas funciones
técnicas. Del capital total se se para e independiza una parte determinada en
forma de capital moneta rio, cuya función capitalista consiste,
exclusivamente, en realizar estas operaciones para toda la clase de
capitalistas industriales y comerciales. Como en el capital comercial
mercantil, se separa una parte del capital industrial existente en el proceso
de circulación bajo la forma de capital monetario y ejecuta estas operaciones
del proceso de reproducción para todo el capital restante. Por consiguiente,
los movimientos de este capi tal monetario no son más que movimiento de una
parte independizada del capital industrial comprendido en su proceso de
reproducciónB. “El comercio monetario, en la forma pura en que lo consideramos
aquí, es decir, separado del crédito, sólo tiene, pues, que ver con la técnica
de una fase de la circulación mercantil, a saber, de la circulación moneta ria
y con las diversas funciones del dinero que resultan de ella... Es evidente que
la masa del capital monetario con que han de tratar los comerciantes en dinero
es el capital monetario de los industriales y co merciantes que se encuentra
en circulación; y también es evidente que las operaciones que llevan a cabo no
son más que las operaciones de aquellos que las gestionan. Es igualmente claro
que su beneficio no es más que una detracción de la plusvalía, puesto que sólo
tratan con va lores ya realizados (incluso aunque estén realizados únicamente
en forma de títulos de créditos” 3. La administración de la caja recae sobre
los Bancos en el transcurso del desarrollo. La magnitud del capital necesitado
para ello viene dada por la naturaleza técnica de las operaciones y su
Véase en E l
capital, III, 4:a parte: "Transformación de capital-mercancía y del
capital monetario en capital comercial mercantil y capital comercial
monetario”.
M a r x , E
l capital, III, 1.“ parte, pág. 299.
“ 7¿íd„ pág.
306.
188 EL CAPITAL FINANCIERO
expansión correspondiente. Los Bancos realizan el
beneficio medio sobre este capital, igual que los comerciantes lo hacen sobre
el capital comer cial mercantil y los industriales sobre el capital de
producción4. Pero éste es también la única parte del capital bancario cuyas
ganancias re presentan beneficio medio en sentido categórico. La ganancia
sobre el resto del capital bancario es enteramente distinta.
Como intermediario del crédito, el Banco trabaja
con todo el capital propio y ajeno de qflie flisjTOITe'r'Su ganancia bruta
consiste en el in terés por el capital prestado; su ganancia neta— después de
deducir los gastos— consiste en la diferencia entre los intereses pagados a él
y los que tiene que pagar, a su vez, por los depósitos. Por consiguiente, esta
ganancia no es beneficio en sentido categórico, y sú nivel jio viene dado por
la ^Ha media de beneficios. Procede del interés, igual que el de otros capitalistas
monetarios. La posición intermediaria de la Banca en la circulación de crédito
le permite no s]ólo ganar con el capital propio, romo, a cualquier capitalista
monetario, sino también con el de sus acree dores, a quienes gaga un interés
más bajo del que exige a sus deudores. Este interés no es más que una parte o
una detracción del beneficio medio social cuyo nivel viene ya dado. Pero esta
ganancia no entra en la determinación del nivel de la tasa media de beneficios,
como la del capital del comerciante y la del capital comercial monetario.
El nivel del interés depende de la oferta y demanda
de capital de préstamo', por lo general, del que el capital bancario ño es más
que una parte. Este nivel del interés determina la ganancia bruta. Para
disponer al máximo del capital monetario los Bancos remuneran, por su parte,
los depósitos, pagándoles un interés. Caeteris paribus, la disposición de un
üanco sobre el capital monetario depende del nivel del interés que pague sobre
los depósitos. La competencia por atraer depósitos obliga así a los Bancos a
pagar el interés más alto posible. La diferencia entre el interés que reciben
como acreedores y el que pagan como deudores constituye la ganancia neta de los
Bancos.
E l proceso es, pues, el siguiente: primeramente,
se fija el tipo- de interés mediante la oferta y demanda del capital de
préstamo, en gene ral, y éste, determina la ganancia bruta de los Bancos,
ganancia que reciben a través de la prestación de los fondos propios o ajenos
que tienen a su disposición. Y, tanto para la formación del 'nivel del tipo de
interés como para el volumen de ganancias brutas, es por completo indiferente
la relación en que estén los medios propios y ajenos. Sólo que de los fondos
ajenos no está a disposición de los Bancos más que una parte, mientras que otra
tiene que conservarse como reserva; te
Sirva como
aclaración el siguiente cálculo esquemático. Supongamos que el capi tal de
producción es igual a 1.000. Produce un beneficio de 200. E l capital comercial
asciende en proporción exagerada a 400; el capital comercial monetario, a 100.
El be neficio se reparte sobre un capital total de 1.500, por eso, la tasa
media de beneficios asciende al 15 por 100. De un beneficio total de
200-t.recae sobre los industriales, 150; sobre los comerciantes, 40, y sobre
los tratantes 'en dinero, 10.
¿AjPlTÁL Y
GANANCIA BANCARÍÓS Í89
niendo en cuenta que esta reserva, que no produce
intereses, es mínima comparada con la suma total. La competencia de los Bancos
entre si determina el nivel de los intereses que han de pagar los Bancos, a su
vez, por los depósitos, y de este nivel depende luego la ganancia neta, con
ganancia bruta y gastos dados. Es claro que lo determinante no es aquí el
capital propio de los Bancos. Pues las ganancias de los Bancos no dependen del
capital propio, sino del capital de préstamo, en general, que tienen a su disposición.
Este es, pues, lo decisivo, y la dimensión
del capital propio' de los Bancos tiene que regirse
por él. Los Bancos
. pueden transformar en suyo propio tanto' capital
de préstamo total como le permitan sus ganancias. Mas para el capital la
explotación bancaria es una inversión como cualquiera otra. Afluirá a esta
esfera sólo cuando encuentre en ella la misma posibilidad de ganancias que en
una esfera industrial o comercial. De no ser así, el capital se iría de esta
esfera. Pero, por otro lado, la ganancia del Banco es lo determinante. Por
consiguien te, el capital propio del Banco tiene que calcularse de tal forma que
la ganancia, calculada sobre el capital propio, sea igual al beneficia»medio ae
este aopital. Supongamos el caso de unJBanco que dispone de un ca pital de
prsétamo de 100 millones de marcos. Hace con él una ganancia bruta de seis
millones y una ganancia neta de dos millones de marcos. El capital propio del
Banco puede ascender entonces a 10 millones, con una tasa de beneficios del 20
por 100, mientras que dispondrá de 90 mi llones como depósitos.
Esto explica también por qué queda espacio para
ganancias de fun dador en la fundación o el incremento de capital de Bancos
por accio nes, mientras que el capital bancario no produce ganancias de empre
sario (beneficio industrial), sino que únicamente realiza intereses. Pues como
la ganancia bancaria es igual a la tasa media de beneficios y los accionistas
sólo necesitan recibir intereses, resulta así la posibilidad de ganancias de
fundador. Si el Banco ocupa una posición dominante en
el mercado monetario, puede realizar él mismo,
total o parcialmente, las ganancias de fundador. Entonces refuerza sus
reservas. Naturalmente, las reservas son capital propio del Banco, sólo que,
desde un punto da vista contable, la ganancia se calcula sobre el capital
nominal que es más pequeño. Las reservas vuelven a permitirle al Banco invertir
en la industria una parte mayor de su capital propio.
La circunstancia de que la división en capital
propio y ajeno sea indiferente para lá ganancia, y que no exista una relación
fija entre la magnitud del capital propio y el ajeno atraído por aquél, hace
que la
dimensión
del capital propio
parezca, por lo
menos, arbitraria y da
la posibilidad de calcularlo de tal forma que la ganancia equivalga, a
la tasa
media de beneficios, aunque
ella misma no sea -esta tasa. Si la
Banca ¡se ha desarrollado mucho y el capital de
préstamo esitá ya a dis posición de los Bancos, la fundación de nuevos Bancos
muy difícil, puesto que éstos no dispondrían de suficiente capital ajeno o
tendrían que atraerlo después de una violenta lucha de competencia con la
190 EL CAPITAL FINANCIERO
talidad de los otro's Bancos, competencia cuyo
éxito resultaría muy dudoso.
Con el capital bancario sucede algo muy distinto al
capital indus trial, y también con el capital comercial y con el capital
comercial mo netario. En estas esferas la dimensión del capital está dada
técnicamente y viene determinada por las condiciones objetivas del proceso de
circu lación y de producción. El volumen del capital industrial depende del
desarrollo del procesa de producción en’ general, de la dimensión de los medios
de producción existentes, .a los que pertenecen también las fuer zas de la Naturaleza
y sus posibilidades de explotación, y de la pobla ción obrera existente. Su
empleo y el" grado de explotación de la clase obrera determinan la
magnitud de los beneficios, que se reparten d e ^ igual modo sobre el capital
industrial, comercial y comercial monetario, estando dado el capital" en
las dos últimas esferas técnicamente por las condicionesi de las operaciones de
circulación a ejecutar. Como la circu lación no produce beneficios, es decir,
representa gastos, existe, al mis mo tiempo, la tendencia a reducir al mínimo
el capital empleado aquí. En cambio, el capital bancario, el propio y el ajeno,
no es más que capital de préstamo, y éste no es, en realidad, más que la forma
mone taria del capital productivo, siendo importante que sea, en su mayor
parte, simple forma, esto es, que sólo exista contablemente.
La misma relación entre ganancia bancaria y volumen
del capital propio la encontramos en el estudio de la ganancia que resulta de
la actividad de emisión y de especulación.
La ganancia de fundación y de emisión no es ni
beneficio ni inte rés, sino ganancia de empresario capitalizada. Su supuesto
es la trans formación del capital industrial en ficticio. El nivel de las
ganancias
de emisión está determinado, en primer lugar, por
la tasa media de be neficios, y por el tipo de interés, en segundo. El
beneficio medio menos el interés determinan las ganancias de empresario, que,
capitalizadas al
tipo de interés dominante, constituyen las
ganancias de fundación; pero la ganancia de fundación no depende en absoluto
del nivel del capital propio del Banco. La transformabilidad de capital
industrial en ficticio sólo depende de la cantidad de capital prestable en
general, que esté dispuesto paoca la tranformación en capital productivo
conservando la forma de capital productor de interés. Tiene que existir dinero
sufi ciente para la inversión en acciones. Hay que señalar lo siguiente: la
transformación de capital industrial ya existente en capital en acciones no
compromete más dinero del que es necesario para la circulación de las acciones
en el mercado de títulos. Y esto vuelve a depender de que estas acciones
permanezcan como títulos de inversión en “manos fijas” o de que se vendan
frecuentemente como títulos especulativos. Por otra parte, la emisión de
capital en acciones puede significar también la fun dación de nuevas empresas
o la expansión de las empresas ya existentes.
CAPITAL Y
GANANCIA BANCARIOS 191
Entonces se necesitará tanto capital monetario como
sea necesario para
ejecutar las transacciones D < — P
... M ’ — D ’.y, en segundo
lugar, para realizar las de las mismas acciones. La
cantidad del capital de préstamo existente determina, al mismo tiempo, el nivel
del tipo de interés, que es decisivo para la capitalización, y con ello la
magnitud de la ganancia de emisión. Esta es, pues, independiente del volumen
del capital propio del Banco. Pero la suma de la ganancia de emisión tiene que
a ser a la larga igual a la tasa media de beneficios sobre el capital propio
del Banco. Por otro lado, el Banco tendrá la própensión a am pliar su capital
propio porque así crece su crédito y, además, su se
guridad. —
Algo análogo sucede con la ganancia especulativa.
La participación en la especulación tampoco depende de la división del capital
de que disponen los Bancos en propio y ajeno, sino del volumen de la suma
total.
Pero ya sabemos que tanto de la actividad de la
gestión crediticia como de la financiación y especulación nacen tendencias a la
concentra ción y, con ellas, también el deseo de retener 'como capital propio
una paribe lo mayor posible de capital. Piues el capital propio no puede re
clamarse en cualquier momento, al revés de lo que sucede con el pres
tado, esto es, puede fijarse en inversiones
industriales con mucha más seguridad. Particularmente, el negocio de fundación
significa fijación del capital monetario para más o menos tiempo en la
industria, hasta que vuelva al Banco mediante la venta de las acciones. Así,
pues, el aumento del capital propio significa la posibilidad de una
participación mayor y continua, así como del dominio final sobre las empresas
indus triales y de una mayor influencia sobre la especulación de mercancías y
de títulos. Por eso, el Banco tiene la propensión a aumentar conti nuamente su
capital, tan pronto como se lo permiten las ganancias de rivadas de las
operaciones de crédito y de las de emisión.
Pero la posibilidad de transformar el capital ajeno
en propio no depende del albedrío del Banco, prescindiendo de la necesidad de
ex plotar de un modo correspondiente el capital aumentado. El Banco pro cura
aumentar su capital propio para poderlo fijar industrialmente, para obtener
ganancias de emisión y poder dominar la industria. Pues sólo por la concesión
de créditos sería innecesario el aumento del capital propio más allá de ciertos
límites, puesto que aquí continúa sigudo de cisiva la disposición de fondos
ajenos. El Banco debe retener siempre en forma líquida el capital que sirve
para la mediación de pagos y no puede obtener de él nada más que ganancias de
interés. Pero, por el hecho de que el Banco retenga ahora como capital propio
una gran parte del dinero prestable en general, esto no quiere decir que pueda
in vertir en la industria un capital mayor. En realidad sucede todo lo con
trario. Toda vez que por ser necesaria únicamente una parte del capital
É t CAPITAL
{¡INÁNCIERÓ
de préstamo disponible en general para la gestión
de pago (el crédito
de circulación),
dispone de la otra parte para inversiones industriales
(crédito de capital). Esta división del capital de
préstamo disponible en
general para los fines del crédito de circulación y
del de capital viene
determinada por condiciones objetivas, que resultan
del estado corres
pondiente del proceso de producción y del de
circulación; dado que los
límites son también elásticos, no deben ser
descuidados por los Bancos
si no quieren que se haga imposible la conservación
continua de la for
ma monetaria del capital bancario, esto es,
si^qiteren eludir el peligro
de la falta grave de liquidez bancaria. La división
del capital de prés-......
tamo disponible-es indej^ndiente de la parte de que
dispongan los Ban cos como capital propio .y de la que dispongan co.mo capital
ajeno. Pero el Banco-quiere aumentar su capital propio para poderlo invertir en
la industria; el límite de esta posibilidad de transformación del capital aje
no en propio lo constituye aquella parte del capital disponible en general que
está a disposición para el capital de crédito. Dentro de este límite, la
tendencia del desarrollo bancario lleva a transformar una parte cada vez mayor
del capital de ttjp ^m o en capital propio del Banco. Por tanto, el volumen del
capital propio' no depende sólo de la voluntad del Ban co, ni tampoco de la
posibilidad de explotación del capital aumentado.
El aumento del capital bancario no significa, por
lo pronto, más que una transacción jurídica, y ningún cambio de función
económico. El ■Banco sólo puede aumentar su capital, que ha de. tener la forma
de capital monetario, transformando capital monetario ajeno en propio. Como con
unas finanzas desarrolladas todo dinero disponible está con centrado en los
Bancos, el aumento de capital bancario no significa, por lo pronto, otra cosa
sino que una parte de los depósitos que ha tenido el Banco a su disposición se
ha transformado ahora en capital bancario, por ejemplo, mediante emisión de
acciones.
Naturalmente, esta transformación de capital
monetario ajeno en pro pio no cambia en nada la oferta y la demanda de capital
monetario y, precisamente por eso, no tiene ninguna influencia sobre el tipo de
in terés s.
El aumento del capital industrial tiene como
consecuencia, en las mismas circunstancias, el aumento de la masa de
beneficios, puesto que el capital industrial acumula plusvalía en el proceso de
producción. El aumento del capital bancario, naturalmente, no cambia en nada la
suma total de intereses obtenida por los Bancos; pues 'ésta depende, supuesta
una demanda constante, de la oferta de capital de préstamo, que no se altera en
ningún modo con la modificada distribución del capital de prés tamo entre los
Bancos y particulares, esto es, con el simple cambio de propiedad. Lo que varía
no es más que el cálculo de las ganancias netas
“ Por eso, es una ilusión plenamente infantil
esperar que el aumento del ce¡pital propio de un Banco de emisión, por ejemplo,
la. Deutsche Reichsbank, tendría que pro ducir una reducción del tipo de
interés.
CAPITAL V GANANCIA BANCARIOS 193
dél Banco, que parece porcentualmente más pequeña
una vez calculada sobre el capital propio aumentado.
B1 capital industrial, el comercial y el comercial
monetario son par tes determinadas del capital social que, en un momento dado,
tienen que existir en una relación determinada entre sí. Tomado en abstracto,
todo el capital social podría ser también capital bancario. Pues el ca pital
bancario significa únicamente el capital puesto a disposición de los Bancos y,
en realidad, no hay nada que impida que todo capital pase por los Bancos.
Naturalmente, la mayor parte de este capital ban--cario es ficticio, no es más
que expresión monetaria de capital que actúa
de un modo realmente -productivo o sólo títulos de
plusvalía capitalizados. Por consiguiente, el aumento del capital bancario no
es el supuesto del aumento de las ganancias, como sucede en la industria. Más
bien, la ganancia es lo dado en los Bancos. Si las ganancia^ aumentan, el Banco
incrementará su capital propio porque el capital aumentado le permite tomar
parte en mayores proporciones en la transformación de su capital bancario en
industrial, sin poner «n peligro su seguridad. El que, esencialmente, la
concesión de dPédito industrial,
la participación en las empresas
industriales mediante la posesión de acciones y la ac tividad de emisión sea
lo que induce al Banco al aumento de su capital propio, lo demuestra el hecho
de que los Bancos de depósito puros de Inglaterra no incrementan su capital a
pesar de transacciones enorme
mente superiores y, por eso, reparten dividendos
muy elevados.
Por tanto, no hay que imaginarse el asunto como si
el aumento o disminución de capital bancario actuara sobre las ganancias de los
Ban cos de tal forma que haga variar el tipo de interés. En realidad, no varía
más que el reparto de las ganancias al tener que ser repartidas éstas sobre un
capital propio unas veces mayor, otras menor.
De ahí que sea de cierta importancia el que el
aumento del capi tal bancario suceda e¡n forma de capital en acciones, esto
es, de capital ficticio..
Hemos visto que la transformación del dinero en
capital ficticio deja intacto el carácter del capitalista individual como
capitalista monetario o capitalista prestamista. El dinero que se transforma
ahora en capital ficticio continuará siendo capital bancario, y de ahí también
capital mo netario económicamente. Una parte de este capital bancario se
transfor ma en capital industrial, teniendo en cuenta que esta transformación
puede ocurrir de dos maneras. El Banco concede crédito a la empresa industrial,
es decir, simplemente le .ha prestado su capital, o el Banco adquiere acciones
de la empresa industrial que retiene ahora continua mente en su posesión
puesto que se lo permite el volumen de su capital. En este caso, el efecto del
aumento del capital bancario ha sido que el capital monetario se transforma
primero en capital bancario y luego éste en productivo. En vez de que los
capitalistas monetarios particulares invirtieran directamente su dinero en
acciones industriales lo invirtieron en acciones bancarias y fue el Banco quien
lo transformó, comprando
13
194
EL CAPITAL
FINANCIERO
acciones
industriales, en capital industrial. Pero la
diferencia es que
el Banco no sólo es intermediario de esta
operación, sino que, en ca lidad de propietario del capital bancario, se ha convertido
también en -copropietario-de: empresa industrial.
Y este derecho de
propiedad del Banco tiene uit electo muy distinto al de los accionistas
individuales.
así nace una
tendencia a transformar el capital monetario disponible' de los particulares,
por lo pronto, en capital bancario en las mayores proporciones posibles,-*y
luego éste en industrial. Co,n ello ha- tenido lu gar una duplicación del
capital ficticio. El capital monetario es transfor mado ficticiamente en el
capital de las acciones bancarias y así pasa, en realidad, a ser-propiedad del
Banco. Este capital bancario se transforma ahora ficticiamente en acciones
industrialejs y, en realidad, en los elemen tos del capital productivo, medios
de producción y fuerza de trabajo.
La política de dividendos de los Bancos que
trabajan con mucho ca pital ajeno (depósitos) tiene que ser más estable que la
de las empresas industriales. Y esto, sobre iodo, cuando los depósitos procedan
de secto res que 'S ó lo 1pueden deducir la buena o mala dirección por signos
exter nos, como lo es la estabilidad de los dividendos, y que retiran su depó
sito con una política de dividendos vacilante. Por consiguiente, se trata aquí
de depósitos de los sectores no capitalistas. La empresa industrial es más
independiente en 'la política de dividendos. De un lado, porqué sus dadores de
crédito tienen una visión generalmente exacta de la ca pacidad de pago. Luego,
porque el crédito que toma continuamente, el crédito de circulación, tiene que
estar cubierto por las mercancías que produce, mientras que no toma otra clase
de crédito continuamente, como sucede con los Bancos, sino slólo en períodos de
tiempo más largos. Esta mayor independencia le permite, por lo- pronto, influir
en la cotización de las acciones y, con ello, conseguir ganancias de
especulación en la Bolsa para los iniciados, pero luego también le permite una
adecuación más fácil a las fluctuaciones de coyuntura y las necesidades de la
acu mulación, oscilaciones y adaptaciones que tienen más importancia para la
empresa industrial que para los Bancos.
Por otra parte, la mayor continuidad en la política
de dividendos es más fácil de realizar para los Bancos que para las empresas
industriales, porque las oscilaciones de coyuntura no actúan tan fuerte ni tan
unila teralmente sobre las ganancias bancarias como sobre el beneficio indus
trial. Una gran parte de la ganacia ba,ncaria no depende tanto del nivel
absoluto del tipo de interés, como de la diferencia entre el interés sobre el
capital prestado y el recibido en depósito. Pero esta diferencia es mucho más
constante que las oscilaciones en el nivel absoluto del inte rés,
especialmente cuando la concentración bancaria está ya bastante ade lantada.
Así, pues, en el transcurso de la coyuntura nacen momentos fa vorables y
desfavorables que se compensan, en parte, unos con otros. El período más
favorable es el de la creciente prosperidad con un tipo de interés
paulatinamente atractivo, fuente necesidad de capital 'en la industria y, por
eso, viva actividad de emisión y elevadas ganancias de
CAPITAL Y
GANANCIA BANCARIOS 195
fundador. A-1 mismo tiempo, aumentan las ganancias
de la administra ción de la caja y de la gestilón del crédito de pago, así
como de la especu lación bursátil. En la alta coyuntura aumenta el tipo de
interéSi y también la diferencia entre el interés recibido y el pagado. En
cambio, disminuye la actividad de emisión y la ganancia de fundador. La
necesidad de ca pital de lá industria se satisface en mayor medida mediante
deudas ban-carias que con emisión de acciones o de obligaciones, y, al mismo
tiempo, se limita normalmente la especulación de títulos por la elevación del
tipo de interés ya un poco antes de la crisis. A l principio de la depresión,
cuan do el tipo de interés es más bajo, es el momento más favorable para la
emisión de títulos de renta fija. Las ganancias de los Bancos procedentes de la
suscripción de préstamos estatales y municipales, etc., aumentan* mucho, así
como las ganancias obtenidas mediante la venta de títulos de renta fija
(pertenecientes a la cartera propia de valores) cuyas cotiza ciones ascienden
en la coyuntura baja. Una parte de las deudas banca-rias que entraron antes
procedentes de la industria se transforma ahora en capital en acciones y
obligaciones, puesto que el mercado monetario es fluido y suministra nuevas
ganancias de emisión, factores que, más o menos, compensan las escasas entradas
procedentes de las ganancias de interés derivadas de la gestión del crédito.
La competencia que se hacen los Bancos unos a otros
no sólo iá llevan a cabo con su capital propio, sino con el capital total de
que dis ponen. Pero la competencia en el mercado monetario es muy diferente a
la del mercado de mercancías. Por de pronto, la diferencia más impor tante
estriba en que en el mercado monetario el capital tiene la forma de dinero, y
en el" de mercancías el capital tiene que transformarse de ca
pital-mercancía en monetario. Pero lo último implica también que esta transformación
puede más o menos fracasar, esto es, el capital-mercancía
puede depreciarse y, de esta forma, en vez de
beneficios se originan pérdidas. En la competencia de las mercancías se trata
de la realización del capital, y no sólo de su explotación. En la competencia
del capital monetario el capital como tal está asegurado, no se trata más que
de su grado de explotación, del nivel del interés. Pero el interés se determina
de una forma que le deja poco espacio libre al competidor individual. Ante
todo, es la política de descuento de los institutos bancarios cen trales la que
es aquí decisiva para todas las: demás y la que les deja es pacio libre s|ólo
dentro de un límite relativamente estrecho. Esto es im portante, por lo
pronto, para el negocio de crédito puro, para el activo y para el pasivo de los
Bancos. Aquí, la competencia es relativamente
pequeña.
Pero cuanto más pequeño sea el espacio libre mayor papel juega el
factor cuantitativo representado por el volumen de negocios. Sólo cuando éste
es muy grande puede darse una disminución de las reservas, un aumento del
interés sobre los depósitos. Pero en empresas igualmente grandes las
condiciones tienen que ser también poco más o -menos iguales. Además, deja de
existir el beneficio extra en la esfera de la gestión crediticia, salvo' el que
existe en las empresas muy grandes
196 E L CAPITAL FINANCIERO
superproducción industrial o de una especulación, y
aparece como es casez de capital bancario en forma de dinero, precisamente
porque el capital bancario ha sido invertido en una forma que no es realizable
inmediatamente en dinero.
Con el desarrollo de la Banca, con la
interdependencia cada vez ma yor entre el Banco y la industria, aumenta la
tendencia a suprimir, por un lado, la competencia de los Bancos entre sí, y,
por otro, a concentrar todo el capital en la forma de capital monetario y,
ponerlo luego, me diante lá gestión de los Bancos, a disposición de los
capitalistas produc tores. En última instancia, esta tendencia llevaría a que
un Banco o un grupo de Bancos dispusiera de todo el capital Monetario.
Semejante "Ban co central" ejercería así el control sobre toda la
producción social 6.
En el crédito, junto a la relación objetiva entra
también la personal. Se presenta como relación personal-social directa, frente
a las relacio nes objetivas-sociales de las demás categorías económicas, el
dinero, por ejemplo. El vulgo habla de “confianza”. Y también él está
contrapues to en su perfección al capitalismo, pues significa control y
organización frente a la anarquía. Por eso, brota del socialismo que se adapta
a la sociedad capitalista, es el socialismo engañoso, domesticado por el ca
pitalismo. Socializa el dinero de los muchos para beneficio de los po cos. En
sus principios abre súbitamente para ésos las perspectivas más enormes: parecen
caer las murallas de la producción capitalista — los bienes privados— , toda la
fuerza productiva de la sociedad parece estar a disposición del particular, que
es, a un tiempo, víctima del fraude y protagonista de la defraudación.
Los primeros pioneros del crédito son los
románticos del capitalis mo, como Lalw y Pereire; se pasa algún tiempo hasta
que el capitalista sensato se impone y Gunderman vence a Saccard.
Con el
sistema bancario se ha dado, "de todos modos, la forma de una contabi
lidad general y de un reparto de los medios de producción a escala social, pero
sólo la forma... Pone a disposición de los capitalistas industriales y
comerciales todo el capital de la sociedad disponible y potencial incluso, no
comprometido todavía activamente, de tal forma que ni el prestatario ni el que
emplea este capital son sus propietarios o pro ductores. Suprime así el
carácter privado del capital y contiene en sí, pero sólo en sí, la supresión
del capital mismo...
Finalmente, no hay duda de que el sistema de
crédito servirá como una potente pa lanca durante el tránsito de la forma; de
producción capitalista a la forma de producción del trabajo asociado; pero sólo
como un elemento más en relación con otras grandes re voluciones orgánicas de
la forma de producción misma. En cambio, las ilusiones sobre el poder
maravilloso del crédito y la Banca, en sentido socialista, nacen del completo
des conocimiento de la forma de producción capitalista y del crédito como una
de sus for mas. Tan pronto como los medios de producción hayan cesado de
transformarse en ca pital..., no tendrá ya ningún sentido el crédito como
tal... Pero mientrais la forma de producción capitalista continúe, el capital
productor de interés continuará siendo una de
sus formas y constituirá, en efecto, la base de su
sistema de crédito” (M A R X , E l capital, III, 2, pág. 146).
CAPITAL Y
GANANCIA BANCARIOS 197
frente a las pequeñas, consistente en el ahorro y
la facilidad de evitar pérdidas y repartir el riesgo. No juega aquí ningún
papel, en cambio, el beneficio extra, resultante en la industria de las
innovaciones técnicas patentadas y que es tan importante para la lucha de
competencia.
Un papel mayor que en la gestión crediticia juega
la competencia en el negocio financiero, esto es, en las emisiones. Aquí, -la
magnitud de las ganancias de fundador permite un espacio' más amplio para la
competencia recíproca. Pero los márgenes tampoco son muy grandes. Antes bien,
las condiciones de los Bancos tienen en las decisiones me nos importancia que
el grado de la dependencia de la industria por los créditos antes concedidos.
En la cuestión de la competencia hay que separar el
lado técnico del económico en la industria. En los Bancos la diversidad técnica
jue ga un papel muy pequeño y la técnica es idéntifc en los Bancos. (O s
Bancos de diferente clase no compiten entre sí directamente.) Sólo hay aquí una
diferencia económica que es puramente cuantitativa y que so lamente consiste
en la magnitud del capital adquirente.
Pero es este carácter particularísimo de la
competencia el que per mite a los Bancos tan pronto competir entre sí de una
forma tan dis tinta y variable como cooperar unos con otros. Algo semejante no
lo encontramos, a veces, más que en empresas igualmente grandes de la
industria, cuando llegan a establecer acuerdos mutuos para un negocio
determinado. Pero tales acuerdos suelen ser, a menudo, el precedente del
■cartel, esto es, de la cooperación permanente, con exclusión de la
competencia.
Si el tipo de interés general es el límite para la
competencia en la gestión del crédito, también lo es la tasa media de
beneficios en la esfera de la circulación de pagos. Pero precisamente aquí es
decisiva la magnitud de las transacciones para el nivel de la provisión y
motiva una fuerte superioridad de los grandes Bancas.
El principio técnico-bancario de la mayor seguridad
posible hace que los Bancos no se inclinen desde un principio por la
competencia. La exclusión de la competencia en la industria por los cariéis y
el logro de una “ganancia permanente” les convienen mucho más.
La ganancia bancaria no es beneficio. Pero la suma
de las ganan cias calculadas sobre el capital propio del Banco tiene que ser
igual a la tasa media de beneficios. Si es menor se retirarán capitales del
negocio bancario, y si es mayor surgirán Bancos nuevos. Como el ca pital
bancario tiene siempre forma de dinero o puede siempre trans formarse
fácilmente en forma de dinero, en gran parte, es aquí posible una 'compensación
del modo más rápido.
Por eso, tampoco hay ninguna
"superproducción" de capital banca-rio. Más bien, un fuerte aumento
del capital bancario propio conduce a una fuga y a otras inversiones, pero no a
una catástrofe general con quiebras y depreciaciones, etc., como podemos ver en
las esferas in dustriales. La quiebra bancaria no es más que la consecuencia
de una
TERCERA PARTE
EL CAPITAL
FINANCIERA Y LA LIMI
TACION BE LA. LIBRE
COMPETENCIA
!i
GAPITUL© XI
Obstáculos a la nivelación de las tasas de beneficios y su
superación
El fin 'de la producción capitalista es el
beneficio. La obtención del mayor beneficio posible es el móvil para todo
capitalista individual: sé convierte en la máxima de su proceder _ec_ojaómico,
que nace, necesaria-mente, de las condiciones de la lucha dé competencia
capitalista. Pues éTcapitóHsta'in^ívíHúal sólo puede afirmarse cuando aspira
constante mente a mantenerse no sólo igual a sus competidores, sino también
su perior a ellos. Y esto sólo puede hacerlo cuando consigue aumentar sus
beneficios sobre el promedio, esto es, obtener un superbeneficio 1.
Pero la aspiración subjetiva al mayor beneficio
posible, qué anima a todos los capitalistas individuales, tiene como resultado
objetivo la ten-
Hobbes
concibe este deseo en general: La inclinación general de la humanidad es
"el anhelo continuo e incesante de poder sobre poder, que sólo cesa con la
muerte".
"Y la causa de ello no es siempre que uno
espere un placer más intenso del que ha logrado ya, o que no pueda contentarse
con un poder moderado; sino que no puede asegurar el poder y los medios para el
bienestar de que dispone sin adquirir más” (L e uia - than, cap. X I).
E l gran móvil capitalista— el beneficio por el
beneficio— ha sido expuesto por Zola, el gran personificador de categorías
sociales, en Gunderman, cuyas necesidades totales de consumo se reducen a leche
y quien, a pesar de todo, continúa sus actividades de usu rero. ®e ahí también
su victoria— la victoria del principio capitalista— sobre Saccard, en el que el
ansia de beneficios está turbada por rasgos ajenos al capital^ por el deseo de
poderío, ideas culturales y necesidades personales de lujo. En Gunderman está
con cebido del mejor modo posible el tipo de capitalista, en su forma más
absurda como árbitro monetario y especulador bursátil, con mucha más exactitud
que el Gabriel Bork-man de Ibsen (donde la necesidad social es violada por el
capitalismo). Pues Borkman parte de las exigencias sociales en vez de la
persecución de beneficios, esto es, de un motivo ajeno al capitalista. En los
dramas capitalistas esta contradicción entre intereses sociales y persecución
de beneficios constituye siempre el motivo trágico y de ahí su frecuente efecto
irreal. E l verdadero capitalista— distinto del avaro, en el que la mise ria
personal puede tener un efecto trágico según las circunstancias— no sirve para
figura dramática, sino sólo para la narración episódica en la novela.
202 EL
CAPITAL FINANCIERO
deruda a la creación de la misma tasa media de
beneficios para todos los capitales z.
■Se llega a este resultado con la competencia de
los capitales por las esferas de inversión, con la continua afluencia de
capitaFhacia las esfe ras que ofrezcan una tasa_de~beneficios superior a la
media y la fuga con tinúa de las esferas» con una tasa inferior a la media.
Pero está continua fuga é inmigración dé capitales encuentra obstáculos.._gue
aumentan' con el nivel del desarrollo capitalista.
El desarrollo de la fuerza productiva del trabajo,
delprogréso téc nico, sé manifiesta en que lá" misma masa de trabajo vivo
pone en mo vimiento una iáhsa cada vez mayor de medjos de producción. Este
pro-ceso se refleja económicámante en la composición orgánica cadáTvez ma* yor_
del capital,- en la parte cada vez mayor qiie forma la porción d* ca-
.pital constante frente ^ variablie dentro del
capital total8. En este oám-bio de la proporción c : v se expresa el cambio de
la imagen que ofre cía la manufactura y la fábrica de los primeros tiempos del
capitalismo con sus rebaños de obreros concentrados alrededor de pequeñas y po
cas máquinas, en talleres poco amplios, comparada con la imagen dé la fábrica
moderna, donde itrais de las moles gigantescas de las máquinas automáticas
parecen desaparecer los pequeños hombres, que apenas son visibles acá y allá.
Péro el desarrollo técnico también lleva consigo,
al mismo tiempo, un cambio dentro de los componentes del capital constante.
C¡rece la par te del capital fijo más rápidamente que la del circulante. Sirva
como ilustración lo siguiente:
Los progresos técnicos en el proceso de los altos
hornos han llevado a la formación de empresas cada vez mayores a una
concentración de capital cada vez más fuerte. Según Dürmann (Die Fortschiitte
im Hocholenbetvieb seií 50 Jahren. Dusseldorf, 1902),
De los
móviles de los agentes económicos, que incluso se determinan por la na
turaleza de las relaciones económicas, no se deduce más que la tendencia a la
creacian de fe igualdad de las condiciones económicas: igual precio para igual
mercancía, igual beneficio a igual capital, igual sueldo e igual tasa de
explotación a igual trabajo. Pero de esta manera, partiendo de los móviles
subjetivos, jamás llega uno a lafe relaciones cuantitativas mismas. Más bien se
tiene que conocer la magnitud del producto social
total en cuya distribución se hacen efectivas
Aquellas tendencias de igualdad, para po
derencontrar las determinaciones cuantitativas de
las partes individuales. De los fac tores psicológicos jamás se pueden
deducirresultados cuantitatlvalmente determinados.
Veamos a
continuación cuánto se lia reducido la porción de trabajo vivo en los
laminadores modernos: "Sólo por el trabajo de grúas se redujo en la
laminación de railes el equipo de servicio de 15 o 17 hombres hasta cinco y
cuatro. En América des cendieron los salarios por tonelada de fabricado, eft
centavos, de 1880 é, 1901.
para laminadores de
raíles ..............................
de 15 a menos d'e 1
para trefiladores ................................................ de 212 a menos de 12
para fundidores de
lingote ......... ............. de 80 a menos de 5
(H ans G íd e o n H eym an, Die gemischteu W^rke im
deutschen Groisseisengewerbe, Sí:utt> gart, 1904, pág . 23.)
(H e y m a n n ,
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 203
ha aumentado desde 1852 el contenido cúbico de los
altos hornos en la relación de
: 4,8, la
capacidad de rendimiento por alto horno en 1 : 33,3» por tonelada del con
tenido del alto horno en t : 7. E n 1750, 14 altos hornos de carbón vegetal de
Silesia -producían juntos 25.000 ¡Zentner de hierro; en el año 1799 se habían
proyectado las dos fundiciones Konig de altos hornos de coque para una
producción en conjunto de 40*000 Zentner al año *. Oechelhausser se vanagloria
de un rendimiento diario, en 1852, de 50.000 a 60.000 libras prusianas. Los
últimos "records” por día y horno son: Gewerk-scha-ft Deutscher Kaiser
(T'hyissen), con 518 toneladas; Ohio Steel Co. No. 3, con
806 toneladas; es decir, el horno americano produce
en unáis treinta horas lo que debía rendir antes en un año un horno de Silesia,
y en treinta y seis horas la canti dad que producían hace ciento cincuenta
años 14 hornos de . Silesia durante un año.
Con todo, los costes de inversión por horno han
aumentado enormemente. Los altos hornos Konigshütter mencionados estaban
valuados con todo en 40.000 talers *; esto suponía un capital de inversión de
unos 20.000 marcos por tonelada de produc ción diaria. Según Wedding, *en
1887, con casi’ un millón por horno de costes de in versión, se .había
descendido a 5.400 y 6.000 por tonelada de producción diajria. Re cientemente,
los costes por tonelada de producción diaria han subido a 10.000 marcos debido
a los muchos aparatos nuevos y al casi completo desplazamiento del trabajo
manual; es decir, un horno normal de 250 toneladas cuesta hoy en la cuenca del
Ruhr 2 Va millones de marcos, mientras que los gigantescos hornos america¡nos
llegan ya hasta seis millones de marcos.
Salvo en Siegerland y en Silesia del Norte apenas
se encuentran hoy en Ale mania hornos con un rendimiento diario inferior a 100
toneladas. La producción mínima anual de un horno que se vaya a instalar ahora
tiene que estimarse de 30.000 a 40.000 toneladas por lo menos, pero el
establecimiento de más hornos ofrece grandes ventajas y de ahí la aspiración a
aumentar continuamente el número de hornos per tenecientes a una fundición.
Igual que los costes generales (dirección, laboratorio, in genieros) se reparten
también los costes de la maquinaria auxiliar necesaria (maqui naria de
sopletes, calentadores de aire) sobre una producción mucho mayor» Ade más,
sólo puede producirse la misma clase de hierro colado con la unión de varios
hornos en uno solo. Así se elimina, de un lado, el molesto trabajo de adecuar
los hornos para cada clase de hierro y, luego, se hace posible especializar la
construc ción de hornos ateudiendo a la clase de hierra que se vaya a
producir. Finalmente, la explotación de los descubrimientos modernos
(preparación racional de las materias primas, máquina de vaciar, cargadoras de
vapor) se hace económicamente racional
con cifras de producción elevadas y varios hornos” loe. cit., páigs.
13 y
siguientes).
Frente a este sector con una composición orgánica
elevada del capital es muy interesante comparar un sector industrial en el que
el empleo de máquinas ha aloaín-zado igualmente un alto grado, pero en donde la
composición orgánica es mucho
menos elevada debido a las condiciones técnicas,
enteramente distintas. "Veamos el volumen del capital necesario para la
fabricación de zapatos con el ejemplo de
una fábrica que produce diariamente de 600 a 800
pares de zapatos, la mitad cosidos por los bordes y la otra mitad por entero.
E l Zentner es igual a 100 libras prusianas.—N .
del T.
(*) Taler:
antigua moneda alemana de plata, equivalente a tres mancos.— N . del T.
204 EL
CAPITAL FINANCIERO
E d ific io s ..................................
S olare s.......................................
Máquina de vapor (50 C. V.)
Instalaciones eléctricas .........
Utillaje y
demás instalaciones
Hormas
...................................
C A P IT A L
F I J O .........................................
Marcos
100.000
50.000
21.000
20.000
80.000
25.000
296.000
Supongamos ahora
que el capital circulante
(de empresa) gira dos veces
al ano
y asi tendremos:
Marcos
Materia prima para medio a ñ o
................................. 350.000
Sueldos para medio
año .......................................... 100.000
Demás gastos
para medio a ñ a ................................. 90.000
C APITAL C IR C U L A N T E ................ 545.000
Por consiguiente, podremos decir que, junto a un
capital fijo de unos 300.000 mar cos, aproximadamente, se necesita un capital
circulante de unos 500.000 marcos, esto es, que para esta fábrica, que
emplearía de 180 a 200 obreros, se necesitaría un capital total de unos 800.000
marcos" ( K a r l R e h e , Die Deutsche Schuhgrossindustrie, Jena, 1908,
pág. 54).
En cambio: "Así, en total, una gran fundición
combinada Thomas, de una pro ducción de 300.000 a 400.000 toneladas que fuera
a fundarse en Alemania Occidental y que tuviera que comprar tanto yacimientos
mineros como bienes raíces, costaría al menos:
Mil hectáreas de yacimientos mineros
............................................................
Seis
campos carboníferos en
la cuenca del
Ruhr ....................................
Una mina de carbón con una extracción de un millón de toneladas in
clusive los derivados del coque
...................................................................
Instalación de altos
hornos.................................................................................
Fundiciones de acero y
laminación....................................................................
Bienes raíces, enlaces ferroviarios,
viviendas para los obreros,
etc., en
la fundición
.....................................................................................................
T OTAL
Marcos
10.000.00Q
3.000.000
12.000.000
10.000.000
15.000.000
5.000.000
55.000.000
H a y que añadir, además, unos 10.000 obreros. Por
analogía, se necesitarán en América de 20 a 30 millones de dólares como capital
de inversión para una) fundi ción de acero con doble capacidad de rendimiento
{2.500 toneladas diariamente).” En cambio, en 1852 había invertido en toda la
industrial del hierro de Nassau un ca pital de 1.235.000 florines (H eym ann,
loe. cit., pág. 26)..,
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 205
Pero este incremento gigantesco del capital fijo
significa siempre una mayor dificultad para la transferibilidad del capital,
una vez se ha in vertido. Mientras que el capital cirteulacnte vuelve a
transformarse en di nero, después del transcurso de todo período de rotación,
y de allí que pueda invertirse en cualquiera otra rama de la producción, el
capital fijo está bloqueado en el proceso de producción para una gran serie de
ci clos productivos. Su valor s^ transfiere paulatinamente al producto y re
fluye, también paulatinamienlte, en forma de
dinero. La rotación del ca pital total se alarga. Cuanto más grande sea el
capital fijo, cuanto más potente su volumen, tanto más decisivo será su peso en
la balanza de las inversiofl&s, tanto mayor será la parte de capital total
que constituye y tanto mayor será la dificultad de realizar el valor por él
representado sin las mayores pérdidas y de transferir luego el ¿apital a una
esfera más favorable. Pero así se modifica la competencia del capital por las
diversas esferas de inversión. En lugar de. las viejas barreras jurídicas de la
tutela medieval han nacido otras barreras económicas que limitan la libertad
del capital, una limitación, por supuesto, que sólo atañe a los capitales
transformados ya en capital de producción, y no a los que se van a invertir.
Una segunda barrera consiste en que el desarrollo téc nico amplía, al mismo
tiempo, la escala de la producción, en que el volu men creciente del capital
constante, y especialmente del fijo, requiere siempre una suma de capital mayor
para ampliar de un modo correspon diente la producción en general o para poder
instalar nuevas empresas. Las sumas acumuladas paulatinamente, procedentes de
la plusvalía, no bastan con mucho para transformarse en capitales independientes.
Po dría pensarse también que la afluencia de nuevo capital es insuficiente o
llega atrasada. Pero la libertad del capital es una condición de la ni
velación de la tasa de beneficios. Esta igualdad se perturba cuando la
afluencia o fuga del capital no puede tener lugar libremente. Como la tendencia
a la igualdad del beneficio es, por lo pronto, fruto de la as piración
individual del capitalista por el mayor beneficio posible, la ba rrera tiene
que suprimirse individualmente. Esto se efectúa mediante la movilización del
capital.
Para _cgBlEalizar el capital-basta la creación de
la asodacián—capita lista. Pero mediante la movilización se amplía, al mismo
tiempo, el círculo del capital asociable. Pues hace que la continua
retransformación del ca pital industrial, e inclusive del fijo, en capital
monetario, sea lo más in dependiente posible del verdadero reflujo después del
transcurso de un
período de rotación, durante el cual ha de
funcionar el capital fijo. N a turalmente, esta retransformación no es
posible a escala social, sino que únicamente viene dada para un número siempre
variable de capita listas. Esta continua retransformabilidad en dinero le da,
en cambio, al capital la forma de reflujo de capital de préstamo-capital
monetario, el cual, adelantado por cierto tiempo, vuelve como suma de dinero
incre mentada en el interés. Por eso hace apropiadas para la esfera de inver
206 EL CAPITAL FINANCIERO
sión industria] sumas de dinero, que, de otra
forma, no hubieran actuado como capital industrial.
Son sumas de dinero que tenían que yacer congeladas
por más o me nos tiempo para sus poseedores o que se invertirían
transitoriamente como capital de préstamo. Estas sumas cambian continuamente
en. su composición, se contraen y se expanden, pero siempre existe cierta suma
de dinero que yace asi congelado momentáneamente. Esta puede trans formarse en
capital industrial y fijarse así. El. ¡cambio* continuo de estas sumas de
dinero se expresa en el continuo cambio de posesión de las ac ciones. La'
transformación en capital industrial no sucede, naturalmente, más que una vez y
para siempre. El dinero congelado se ha transfor mado; definitivamiejite 'en
capital monetario, y éste 'en capital de produc ción. Las nuevas sumas dé
dinero qüe afluyen de estos fondos de di nero congelado actúan como medios de
compra para las acciones, es de cir, ahora no sirven más que como medios de
..circulación para su venita. fvías para los poseedores del dinero transformado
originariamente en ca pital industrial constituyen el instrumento de reflujo
de su dinero, que pueden disponer ahora para otros fines, después de haber
funcionado como capital en el intermedio. Hay que notar, además, que con el
alza de la cotización de las acciones tiene que aumentar también, caeteris paribus,
el dinero necesario para su venta y que entonces deberá entrar más di nero en
esta circulación del que se transformó originariamente en in dustrial. Pero
hay que tener en cuenta que, por regia general, la coti zación de las
atcciojies és superior al valor del capital industrial en que se transformó el
dinero.
Naturalmente, la movilización del capital deja
intacto el proceso de producción. Sólo afecta a la propiedad; únicamente crea
la forma para la transferencia de la propiedad activa capitalista, la
“transferencia de capital como capital, como beneficio de suma de dinero
acumulada. Al dejar intacta la producción, esta transferencia no es, en
realidad, más que transferencia de títulos de propiedad sobre el beneficio. Mas
para el capitalista sólo se trata del beneficio. La esfera en que se produjo el
beneficio le es indiferente. El capitalista no crea una mercancía: 'él hace
beneficios de una mercancía.
Así, puejs, una acción es tan buena como otra
siempre que produzca el mismo beneficio, en las mismas circunstancias. Por
consiguiente, toda acción es valorada con arreglo al beneficio que produce. El
capitalista que compra .acciones compra por la misma suma una potíción
equivalente del beneficio como cualquier otro. Por tanto, individualmente se ha
rea lizado la igualdad de la tasa de beneficios para todo capitalista indivi
dual mediamte la movilización del capital. Pero sólo individualmente, al eliminarse
para él en la compra de acciones las desigualdades existentes realmente. En
realidad, estas desigualdades continúan existiendo, así corno la tendencia a su
compensación.
Pues la movilización del capital deja intacto el
verdadero movimiento del capital para la nivelación de la tasa He beneficios.
La aspiración
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 207
del capitalista por el mayor beneficio posible
sigue en pie. Este se 4nani-fiesta ahora en el mayor dividendo y en el alza de
la cotización de las acciones. Con ello se le indica claramente 'el camino al
capital que s-e va a invertir. El nivel del beneficio obtenido, antes secreto
de negocio de la empresa individual, aparece expresado ahora, más o menos
adecua damente, en el nivel del dividendo y le facilita asi al capital que
busca inversión la decisión en la elección de las ramas de la producción hacia
la^qno ha de encaminarse. Si, por ejemplo, en la industria siderúrgica se
obtiene un beneficio de 200 millones con un capital de 1.000 millones y en otra
industria. se logra un berfeficio de 100 con el mismo capital, entonces,
suponiendo una capitalización del 5 por 100, el valor de co tización de las
acciones del hierro puede ascender a 4.000 millones, el de las otras a 2.000 y
así puede anularse la diferencia para el poseedor individual. Pero esto no
impide al capital nuevo buscar inversión en la industria siderúrgica, donde
puede obtener un beneficio superior al pro medio. No sólo porque, como ya
hemos visto, se vence fácilmente el obs táculo que nace de la magnitud del
capital, sino que el beneficio extra de esta rama, capitalizado, promete
también una ganancia de fundador especialmente alta, e incita a los Bancos a la
participación en está rama de la producción La diversidad de las tasas de
beneficios se manifiesta aquí en los diferentes niveles de las ganancias de
fundador; se com pensa afluyendo las masas de plusvalía recién acumuladas a
las ramas con ganancia de fundador más alta.
Igualmente, la movilización del capital deja
initactas las dificultades que se oponen a la nivelación de la tasa de
beneficios. En cambio, la coalición del capital, que se desarrolla al mismo
tiempo que la movili zación, suprime las barreras que nacen de la magnitud del
capital que se va a invertir. Mediante la unificación de las sumas de dinero y
con la riqueza creciente de la sociedad capitalista, la magnitud de la empresa
no se convierte en un obstáculo pana su
establecimiento. Así, cada vez más, la nivelación de la tasa de beneficios sólo
es posible mediante la afluencia de nuevo capital a las ramas en que la tasa de
beneficios sea superior ai promedio, mientras que es muy difícil la fuga del
ca pital de las ramas de la producción con mucho capital fijo. En estas ra
mas no se consuma la disminución del capital más que con la extinción paulatina
de las instalaciones viejas o con la destrucción de capital en caso de bancarrota.
Al mismo tiempo, surge otra dificultad debido a la
expansión de la escala de la producción. Una empresa recién montada en una
esfera altamente capitalista ha de tener, desde un principio, una gran dimen
sión. Su instalación incrementará poderosamente de un golpe la 'pro ducción de
esifca esfera,. Las leyes de la técnica no permiten aquella gra dación en el
aumento de la producción que requería, quizá, la capacidad de admisión del
mercado. El fuerte incremento de la producción com pensa con exceso el efecto
sobre la tasa de beneficios: si ésta se encon traba antes por encima del
promedio, desciende ahora por debajo de él.
208 EL CAPITAL FINANCIERO
Así, surgen obstáculos a la tendencia a la
nivelación de la tasa de beneficios, obstáculos que aumentan con el desarrollo
del capitalismo. Estos obstáculos actúan con una fuerza distinta en los
diversos sectores según la composición del capital, especialmente según la
proporción del capital fijo dentro del capital total. Donde más se manifestará
este efec to será, precisamente, en los sectores más desarrollados de la
produc ción capitalista, en las industrias pesadas. En ellas el capital fijo
juega el mayor papel; la^fugsp^lel capital invertido se hace más difícil.
¿Cómo actúan todos estos factores sobre la tasa de
beneficios de es tos sectores? Se podría pensar en la siguiente argumentación:
En estas industrias es necesario un capital inicial muy importante; la posesión
decapítales iniciales tan grandes es limitada, por eso será menor la
competencia en estas esferas y el beneficio mayor. El argumento pasa por alto
*que esto slólo es válido para el tiempo en que el capital ac tuaba todavía
individualmente. La posibilidad, de asociación del capital vence con gran facilidad
esta barrerá. La magnitud del capital no es ningún impedimento para su
procuración. En cambio, está aquí casi excluida la nivelación por fuga de
capital e, igualmente, es muy di fícil la destrucción. En condiciones análogas
a las de estas industrias altamente desarrolladas se encuentran las de otros
sectores en los que la competencia ha eliminado rápidamente las pequeñas
empresas o en aquellos sectores en los cüales jamás han existido pequeñas
empresas (como en algunas ramas de la indusitria eléctrica). N o sólo domina la
gran empresa, sino que estas empresas que disponen de grandes icapi-tales
tienden a la mutua nivelación; cada vez son más pequeñas las dife rencias
técnicas y "económicas que les darían a algunas de ellas u.na
preponderancia en la lucha competitiva. No es una lucha de fuertes y débiles en
la que éstos sean aniquilados, con la subsiguiente eliminación del exceso de
capital en el sector de que se trate, sino una lucha entre iguales que puede
permanecer indecisa durante mucho tiempo y que im pone los mismos sacrificios
a todos los combatientes. Todas estas em presas tienen que procurar aguantar
la lucha, porque de lo contrario todo el potente capital que se halla invertido
en cada empresa individual se de valuaría. De esta suerte se dificulta mucho
la descongestión de este sec tor mediante el aniquilamiento de capital. A l
mismo tiempo, actúa aquí con gran ímpetu sobre la oferta toda nueva empresa en
virtud de la gran capacidad dé producción que tiene que poseer desde un principio.
Con gran facilidad se formará, precisamente en estois sectores, una situación
en la que durante bastante tiempo esté la tasa de beneficios por debajo del
promedio. Esta situación es tanto más peligrosa cuanto más baja sea la tasa
media de beneficios. Con la caída de la tasa de beneficios, que acompaña al
desarrollo de la producción capitalista, se restringe conti nuamente la esfera
de acción, dentro de la cual aún es provechosa una producción. Si la tasa de
beneficios sólo es del 20 por 100, mientras que antes era del 40 por 100, basta
ya una caída de preicios mucho más pe queña para que desaparezca por completo
él.beneficio, para hacer fía-
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 209
casa¡r el fin de la producción capitalista. Así,
precisamente estas indus trias, con sus grandes masas de capital fijo, son
cada vez más sensibles a la competencia y a la caída de la tasa de beneficios
motivada por ella, mientras que, al miisíjio 'tiempo, aumenta precisamente para
ellas la dificultad de desplazar el capital una vez invertido. Por lo cual,
supuesta la libre competencia, podrá nacer precisamente en ellas y con gran fa
cilidad una tasa de beneficios inferior a la media
que sólo se nivelaría muy despacio, al cesar la afluencia paralizante de nuevo
capital, mientras que
el consumo aumenta paulatinamente con iel
crecimiento dié la población. Esta terídeneia puede incrementarse al poder
conformarse'áasde un prin
cipio los 'nuevois capitales (capital en acciones)
con una tasa de benefi cios inferior a la media.
Por otro lado, el beneficio será menor que el
beneficio medio en aquellos sectores en los que todavía domina él capital
individual y en los que el capital requerido es relativamente pequeño. En ellos
se agol pan los capitales que ya no pueden competir en los sectores más
desarro llados, pero cuyo volumen pequeño no les permite a sus poseedores, por
otro lado, .invertirlos como capital productor de interés o dividendo. Son
éstos los sectores del pequeño comercio y de la producción
pequeño-oapitalisitia, con su acerba lucha de competencia, con su continua
destruc ción del capital viejo, que es sustituido inmediatamente por uno
nuevo.
Sectores que se encuentran poblados por aquellos
elementos que están siempre can un pie dentro del proletariado, en los que la
bancarrota es
un fenómeno continuo, mientras que únicamente pocos
de ellos se ele van lentamente a la condición de grandes capitalistas. Son
aquellas ra
mas de la producción que caen cada vez más en una
dependencia in directa del gran capital, bajo las formas más diversas.
Junto a la aglomeración de empresas en estos
sectores de la produc ción hay que añadir, además, otra circunstancia, que
hace disminuir la
tasa de beneficios. Reina una competencia
encarnizada por la venta, y para resolver esta competencia se emplean grandes
sumas a fin de ace
lerar la rotación y aumentar la venta. Se despliega
una gran propaganda y se envía gran número de viajantes. Por cada cliente
luchan diez viajan tes. Toda esto requiere dinero que aumenta él capital de
estos sectores, pero que, como no se emplea de un modo productivo, no aumenta
el be neficio, sino que disminuye la tasa de beneficios, ya que ahora .tiene
que calcularse sobre eiste ,capital mayor.
Así, pues, vemos cómo resulta una tendencia a la
disminución de la tasa de beneficios por debajo de su promedio en ambos polos
del des arrollo capitalista y por causas completamente distintas. Esta
tendencia, allí donde la fuerza de capital as suficientemente fuerte, ocasiona,
por su parte, la conitratendencia a su superación. Esta contratendencia con
duce, finalmente, a la supresión de la libre competencia y, con ello, a. la
tendencia a conservar continuamente la desigualdad de la tasa de bene-
14
210
EL CAPITAL
FINANCIERO
fioios, baste que se anula esta desigualdad mediante la supresión de
la separación de los sectores productivos 4.
La tendencia que nace así dentro del capital
industrial, y precisa mente en sus esferas más desarrolladas, es fomentada por
los intereses
del capital bancario.
Hemos visto que la concentración -en la industria
produce, al mismo tiempo, una concentración de los Bancos que, además, se ve
reforzada por las condiciones del desarrollcr del negocio bancario. Vemos,
también, cómo el capital bancario puede ampliar el crédito industrial'mediante
el sistema de acciones y cómo adquiere cada vez más interés por la finan
ciación, llevado por la perspectiva de las ganancias de fundación. Pero, bajo
lais mismas idrcunstanciás, la ganancia de fundación depemáí del nivel del beneficio.
De esta manera, el capital bancario se interesa tam bién por este nivel. Ahora
bien, con la concentración de los Bancos crece también el círculo de empresas
industriales en las que toma parte el Ban
co como dador de crédito y como Instituto
financiero. ••
Mientras la empresa industrial, que técnica o
económicamente es su
perior, tiene la oportunidad de dominar
victoriosamente el mercado tras una lucha de competencia, de aumentar la propia
venta y embolsarse beneficios extra tras el desplazamiento del adversario,
beneficios que la indemnizan sobradamente de las pérdidas ocasionadas por la
lucha de competencia, las perspectivas del Banco son de otra naturaleza. La
vic toria de una empresa es la derrota de otra, en la ’ que el Banco estaba
igualmente interesado. Las otras empresas han tomado mucho rorédito y el
capital presitado está ahora en peligro. La lucha de competencia mis ma fue
una época de pérdidas para todas las empresas. El Banco tenía que limitar sus
créditos, renunciar a operaciones financieras productivas. La victoria de una
empreisa no le indemniza en nada. Una empresa tan grande es un contrincante con
el que el Banco no puede ganar mucho. En cuanto las empresas competidoras sean
sus clientes, el Banco no puede esperar de su competencia nada más que
perjuicios. Por eso, el deseo absoluto de la Banca es la supresión de la
competencia entre em presas en las que toma parte. Pero todo Banco está
también interesado en el mayor beneficio posible. En igualdad de condiciones,
éste alcan zará de nuevo su mayor nivel con la completa supresión de la compe
tencia en una rama de la industria. De ahí la aspiración dé los Bancos por
crear el monopolio. Así, las tendencias del capital bancario conver gen con
las del industrial en el afán de suprimir la competencia. Pero, al mismo
tiempo, el capital bancario recibe cada vez más fuerza para
La tendencia
a la nivelación de la tasa de beneficios
es importante para com
prender el movimiento de la producqicin capitalista
y el modo de acción de la ley del valor como ley del movimiento. Pues la ley
del valor no domina d'irecfcamíente el acto de cambio individual, sino
únicamente su totalidad, de la que el acto de cambio individual no eí más que
una parte condicionada por la totalidad. Por otro lado, la des igualdad
individual de los beneficios es importante para la distribución del beneficia
total, para la acumulación, la concentración, y,
finalmente, ,para la combinación, fu sión, caríe/ y trusí. .
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN 0E LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 211
conseguir esta meta, incluso contra Ja voluntad de
empresas individua les que quizá prefiriesen la lucha de competencia, apoyadas
en sus ins talaciones especialmente favorables; el capital industrial ha de
agrade cerle al apoyo del capital bancario el que la exclusión de la compe
tencia tenga lugar ya en un estadio del desarrollo económico en él que hubiera
continuado existiendo la libn^ competencia sin la cooperación del capital
bancario 5.
Junto a esta tendencia general a la limitación dé
la competencia se ma nifiestan otras que brotan de fases determinadas de la
coyuntura indus trial. Por de pronito, >es preciso tener en cuenta que la
aspiraldón a au mentar el beneficio será fuerte especialmente en tiempos de
depresión. Durante lós períodos de prosperidad la demanda supera la oferta. Y
ello se compruéba porque la producción se v e ? ^ ya mi^ho antes de su fa
bricación ean estos tiempos 6.
Notemos dé paso que la demanda adquiere con
frecuencia en estos momentos un carácter especulativo. Se compra con la
esperanza de que los precios subain más todavía. La subida del prado, que
limita Ja de manda consumidora, es un acicate para la demanda especulativa,
Pero si la demanda supera a la oferta, entonces las empresas que producen en
las peores condiciones determinan el precio de mercado. Las que tra bajan en
mejores condiciones realizan un superbeneficio. Los empre-sariós son una unidad
cérrada incluso sin haber concluido ningún acuer do. En la depresión ocurre lo
contrario: cada cuál opera brutalmente con tra los otros, cada uno intenta
salvar por cuenta propia lo que toda vía puede salvarse. “El lado de la
competencia, que es momentánea mente el más débil, es itambién aquel en que el
particular actúa inde pendiente de la masa de sus competidores y a menudo
contra ellos, y
N o hay duda
de que el desarrollo diferente de la Bahca en Inglaterra, que con cede a los
Bancos mucha menor influencia en la industria, se debe a una cawsai que
dificulta la carteüzación en Inglaterra y convierte los cartels ingleses, en el
oaiso de que se produzcan, generalmente en acuerdos de precios aislados que
consiguen pre
cios
extraordinariamente elevados en
una buena coyuntura, para disolverse
durante
la
depresión (Véanse los
numerosos ejemplos de
tales disoluciones de acuerdos en
H e n r y
|W. M a c r o s ty , The Trust
Movement in British Industry, Londres, 1907, pá
ginas 63 y sigs.). Las mejoras en la organización
de la industria inglesa, especialmente la ex,pansióin de los consorcios en los
últimos años, se deben a la competencia alema na y americana. El monopolio del
mercado mundial por parte de Inglaterra ha sido la causa del retraso de su
industria: La mejor prueba con respecto a la necesidad de la competencia dentro
del sistema capitalista.
E l desarrollo bancario inglés acarreó, además,
otro fenómeno. En Alemania y en los Estados Unidos son generalmente los
consejeros de Banco los que expresan las comunidades de intereses de la
industria mediante las uniones personales: en. Ingla terra juega esto Tin
papel menor. Allí se realiza- la unión personal a través de conse jeros de las
sociedades industriales por acciones.
Así, por
ejemplo, a mediados de junio de 1907 estaba ya vendida para el pri mer
trimestre de 1908 la producción de las hilaturas alemanas e inglesas. Los
consu midores alemanes de carbón han efectuado con el Sindiacto del cairbón,
en enero de 1907, transacciones fijas hasta marzo de 1908, es decir, a quince
meses (Franklurter Zeitung, del 16 de julio de 1907).
212 EL
CAPITAL FINANCIERO
precisamente así hace que se sienta la dependencia
mutua de los demás, mientras que el lado fuerlbe siempre se enfrenta al
adversario más o me nos como unidad compacta. Si para esta clase determinada
de mercan cías la demanda es mayor que la oferta, un comprador puja al otro,
den tro de ciertos límites, y encarece así la mercancía para todos pór encima
del valor de mercado, mienfcrias que, por el otro lado, Jos vendedores procuran
vender .unidos a un precio de mercado elevado. Si, por el con trarió, la 8ferta®es
mayor que la demanda, eftonces empieza uno a ven der barato-y los '¿emás
tienen que seguirlo, mientras que los comprado res ifcrabajen unidos por bajar
el precio de mercado lo más posible por debajo del valor de mercado. El frente
común no interesa nada más que cuando se gana más con él que en costra suya. Y
la comunidad cesa tan pronto el frente común, como tal, se convierte en el más
débil, y entonces cada uno procura pór su propia mano salir de apuros lo mejor
posible. Además, si uno produce más barato y puede vender más, apropiarse de
mayor esfera de acción en el mercado..., lo haee y empieza así la cadena que
obliga poco a poco S los demás a introducir la forma de producción más barata y
que reduce a una nueva medida, más pequeña, el trabajo socialmente necesario.
Si un lado tiene la supremacía, entonces gana todo el que partenezlca a él; es
como si hubieran de explotar un monopolio común. Cuando un lado es el más
débil, cada cual puede procurar por su propia parte ser el más fuerlte (por ejemplo,
el que trabaje con me nos costes de producción) o, al menos, salir de esta
situación lo mejor posible, y entonces manda al diablo a su vecino aunque su
actuación no posible, y manda al diablo a su vecino aunque su actuación no sólo
le afecta a él, sino también a todos sus compañeros y compinches” 7.
Nace así u¡na contradicción: La limitación de la
competencia es po sible del modo más fálcil cuando es menos necesaria, porque
el contrato no sanciona más que el estado existente, a saber: durante la
prosperidad. Por .el contrario, cuando más difícil es el acuerdo es durante la
depre sión, precisamente cuando la limitación de la competencia es más nece
saria. Esta circunstancia aclara po-r qué lós cavtels se forman con ma-
7 M ARX, E l
capital, III, 1, p á g .
174.
Es muy característico también el .pasaje siguiente
que cita Marx y que transcribo aquí traducido: Si cada miembro de una clase no
pudiera recibir nunca más que una parte determinada o una alícuota de las
ganancias y de la posesión de toda la clase,
estaría fácilmente dispuesto a efectuar acuerdos
para aumentar las ganancias (esto lo hace— añade Marx— tan .pronto como lo
permite la relación entre la demanda y
la oferta); esto significa monopolio. Pero tan
pronto como cada cual .piense que podría aumentar de cualquier forma el importe
absoluto de su propia porción, aunque fuera por un procedimiento que
disminuyese la cantidad total, lo haría a menudo; esto sig nifica competencia
(An Inquiry into thosc principies respecting the nstuce o? demar.d, etcétera,
Londres 1811 pág. 105).
Durante la prosperidad 'está dada la parte (given
s'harej,, es igual a todo el pro-ducto que puede producir el empresario
individual. En cambio, durante la depre sión tiene que luchar por su venta.
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU .SUPERACIÓN 213
yor facilidad en la época de prosperidad o, al
menos, tras el vencimiento de la depresión y por qué se disuelven con tanta
frecuencia en la de presión, esto es, cuando no están organizados
rigurosamente s.
También es evidente que las uniones monopolistas en
tiempos de bue na coyuntura dominarán el mercado mucho más eficazmente que en
tiem pos de depresión 9.
Junto a las tendencias que provolcan un continuo
descenso de la tasa de beneficios por debajo del nivel miedió y que sólo pueden
superarse mediante- la eliminación de su causa, de la competencia, existe
taimbién un descenso de ía tasa de beneficios en un sector de la industria que
se origina por un aumento del beneficio en otro sector de la industria. Si las
primeras tendencias surgen de causas continuamente ‘activas, ésifca^ nace de
las condiciones del ciclo industrial. Si aquéllas (se dan, finail-meníe, en
todos los sectores de la producción capitalista desarrollados, ésta sólo atañe
a ramas determinadas. _S¿, por fin, aquéllas nacen de la competencia dentro de
un sector de la industria, ésta nace de la relación entre dos sectores de la
industria, uno de los cuales suministra la ma teria prima al otro.
Durante la prosperidad tiene lugar una expansión de
la producción. Esta 'expansión será más rápida allí donde los capitales .sean
relativa mente pequeños, y donde la expansión de la producción pueda suceder
en poco tiempo y e,n .muchos puntos. Este aumento rápido de la produc ción
actúa, hasta cierto grado, en conltra del aumento de precios. Este
"La
experiencia ha -enseñado que, pese a que suelen denominarse los cariéis 'hijos
de la necesidad', y que !os esfuerzos por la fusión de los colegas tienen gene
ralmente un eco más favorable en los tiempos de
coyunturas económicas depresivas o durante las crisis, sin embargo, la
realizacióln de un cartel es más factible en una situación comercia! favorable
y en alta coyuntura, pues la perspectiva de mantener los precios favorables,
unida a una fuerte demajnda, constituye el móvil más fuerte para la unión de
intereses comunes. Por el contrario, el esfuerzo por conseguir pe
didos a cualquier precio, incluso
el fli^^bajo, y quitárselos así a los competidores,
dificulta la
acción común" (Manifestación otl doctor Volker en su informe sobre la
Asociación de Fabricantes alemanes de
Papel de imprimir). --------
Véase también, sobre la historia de los cariéis,
Theorie und Praxis, en Neue Zeit, X X II, 2, pág.
H e in ric h C u n o w , Die Kartelle in 210.
Asi dice
también Levy, después de aducir que el precio de los railes de acero en los
Estados Unidos se ha mantenido en 28 dólares desde mayo de 1901 hasta el verano
de 1905, a pesar de todas las fluctuaciones tanto del .precio del mercado mun
dial como de la materia prima: "Parece como si esta organización (el Pool)
hubiera perdido siempre fuerza en los tiempos malos, para volverla a ganar en
los buenos”.
Así en el ano 1892, en el momento en que bajan los
precios, se disuelve el Rail Pool por divergencias entre la Carnegie e Illinois
Stel Company, lals dos sociedades principales dentro del Pool. En el año 1897,
después que había transfcurrid'o la corta prosperidad de 1896, vuelve a
disolverse el segundo Pool. A ello sigue la desmora lización general del
mercado, que vuelve, a inducir a los productores a tomar una medida común: la
nueva fundación del cartel de railes (H e rm án Levy, Die Stahlindus-frie in den
Vereinigten Staaten, Berlín, 1905, pág. 201).
214 EL CAPITAL FINANCIERO
es el caso en una gran parte de la induslttria de
productos acabados. En cambio, la expansión de la producción no es posible tan
rápidamente en la industria extractiva. La puesta en mancha de u,n nuevo pozo y
la ins talación 'de altos hornos nuevos necesita un tiempo relativamente
largo10.
En los inicios de la prosperidad, la demanda
creciente se saltisfiáce eon una explotación más intensiva de lais viejas
posibilidades de pro ducción. Pero en la alta coyuntura crece la demanda de la
indusitrúa .ma nufacturera más rápidamente que la producción de la industria
extrac tiva. *En consecuencia, los precios de la materia prima suben más de
_'prrs& quie los productos acabadas. Pór consiguiente, en la industria ex
tractiva la tasa de beneficios aumenta a cosita de la industria elabora-dora, y
ósfca puede incluso ser entorpecida en la exploración de la co yuntura por la
escaisez de materia prima.
En la (depresión sucede lo contrario. La fuga y Ja
limitación de la producción es más difícil y más perjudicial, .en las ramas que
suminis tran materia prima que en los siectoras de la industria manufacturera.
. Pór eso, en aquéllas la tasa de beneficios
permanece más tiempo por de bajo del promedio, factor que contribuye, además,
a llevar a su nivel normal la tasa de beneficios en lá industria manufacturera,
mientras la depresión es más larga y 'más pesada en la producción de materias
primas.
La crisis de la industria siderúrgica en los
Estados Unidos 'de 1874 a 1878 nos muestra lo difícil y largo que puede ser
semejante estadio de depresión en la libre
competencia. E l hierro bruto bajó en Filadelfia de
42,75 dólares en 1873 a 17,63 dó lares en 1878
30 En
la cuenca del Ruhr dura la instalación
de una! mina de cinco a si-ete años.
E n los Estados Unidlos
dura la puesta en marcha de fundiciones de acero y de lami
nación dos años; con
altos hornos, aún más (¡HE Y L A N N ,
loe. cií., pág. 221).
'El proceso elquí descrito es un puro fenómeno de
competencia. Por eso, su
aná
lisis no caía ya dentro
del ámbito de investigación del
Capital. Sin embargo, Marx
ha indicado un fenómenos enteramente análogo en
otro contexto: La naturaleza de las cosas es la causa de que las materias
vegetales y animales, cuyo crecimiento y pro ducción están sometidos a
determinadas leyes orgánicas, dependientes de ciertos espa cios de tiempo
naturales, no puedan incrementarse súbitamente en la misma medida que, por
ejemplo, las máquinas y otro capital fijo, carbón, minerales, etc-., cuyo
incremento, supuestas las demás condiciones naturales, puede tener lugar en el
tiempo más corto en un país industrialmente desarrollado. Por eso, es posible,
y en una pro- J ducción capitalista desarrolladla incluso inevitable, que la
producción y el incremento de la parte de capital constante, que se compone del
capital fijo, maquinaria, etc., ad quiera una ventaja considerable frente a la
parte del mismo que se comipone de ma
terias primas orgánicas, de tal suerte que la demanda de estas materias primas crez
ca más de prisa que su oferta y por eso aumente su
precio (M A R X , E l capital, III, 1,
págs. 94 y sigs.).
La discrepancia señalada aquí es consecuencia de la diversa duración del tiempo
de rotación. Si eri' las materias primas
orgánicas surge de causas naturales, en las
Inorgánicas nace de
la magnitud del capital, especialmente de su parte fija.
1“ LEW, ibíd., pág. 31. y
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 215
Las colosales fluctuaciones de los precios durante
un ciclo industrial las ilustrian también las cifras siguientes, teniendo en
cuenta que durante este tiempo se abara--
taron los costes de producción del hierro -bruto en
general:
Mineral-Base n.]°
1 Bessemer-Hamatit desciende
año por año de seis dólares en
1890 a 2,90 en
1895; el Bessemer-Mesabi se vende en 1894 a 2,25
y >el no Bessemer
a 1,85 dólares.' Luego viene un corto período de prosperidad en la industria del
acero... Inmediatamente ascienden los minerales mencionados a 4, 3,25 ¿y 2,40 dó
lares13. V
En Pittsburg
costaba el hierro bruto Bessemer
en 1887, 21,37; 1897, 10,13;
1902,
20,67; 1904, 13,76 dólares. El mejor hierro inglés costaba
en 1888, 10,86; 1895, 11,30;
1900, 20,13;
1903, 13,02 dólares11.
Levy da la siguiente tabla instructiva para
comprender la relacióln de precios de
las materias primas tfntre las que cuenta el hierro fundido, y los productos acabado^
de la
industria- side™ rgica en el caso de flexión de la coyuntura “ .
“Ascendía:
Precio Precio Precio Precio D
iferencia
de 2.240 de 2.240 de 4.122 entre el pre
libras de
2.000 libras
libras cio del hierro
AÑOS de de libras de y
los costes
hierro m ineral de m
ineral del m ineral
B
essem er L ake coque + 2.423 li + coque
Dólares S uperior Dólares bras
de coque Dólares
Dólares Dólares
18,8725 6,00 2,0833 13,56 5,31
15,9500 4,75 1,8750 1},D1 5,94
1893 14,3667 4,50 1,8083 10,47 3,90
.................................................................................. 12,8692 4,00 1,4792 9,15 3,72
1894.................................................................................. 11,3775 2,75 1,0583 6,34 5,04
1896 12,7167 2,90 1,3250 6,94 5,78
.................................................................................. 12,1400 4,00 1,8750 9,63 2,51
10,1258 2,56 1,6167 6,84 3,29
E n estas cifras
vemos en qué situación, cayeron después de 1890 aquellas empre
sas que
dependían enteramente de la compra de
carbón y mineral. E n verdad, el
precio de las materias primas descendió
considerablemente, pero la diferencia entre los coües de los mismos y el precio
del producto acabado bajó aún más, de tal modo que la situación de los
consumidores empeoró notablemente. Era la vieja tendencia: los precios del
hierro descendieron más y Con más fuerza que los de las materias primas,
precisamente aquella tendencia que, como ya hemos expuesto, conducía a la
coalición de las empresas".
Esta diferencia en la tasa de beneficios tiene que
ser vencida, y sólo puede serlo mediante Ja unión de la industria extractiva
con la 'manu facturera: mediante la combinación. El impulso para la
combinación será distinto según la fase de la coyuntura. En tiempos de
"prosperidad di impulsó vendrá de las empresas manufactureras, que superan
asi los ele vados precios de la materia prima o incluso su escasez. En la
depresión
“ Ibid., pág. 98. “ Ibíd1., pág. 121.
'* Ibíd.,
pág. 136.
EL CAPITAL
FINANCIERO
se imirán kxs productores de materia prima a las
empresas manufactu reras pana no tener que vender la maitieria prima por
debajo del prflcáo de producción. La elaborarán ellos .nismos y realizarán un
beneficio ma yor en el producto acabado. Resumiendo: existe una tendencia que
fuer za al sector industrial, que se encuentra en condiciones menos favorables
a combinarse con el sector que realiza beneficios más elevados15.
Por tanto, según lajorm a de nacimiento de la
combin%lión, se puede diferenciar la combinación ascendente; por ejemplo, una
empresa de la
_
minación que se asocia a unos altos hornos y unas
minas de carbón; la combinación descendente: una mina de carbón compra altos
hornos y empresa de laminación, y la combinación mixta: una fundición de acero
se une, por un lado, a unas minas de carbón y, por.
otro, a una empresa
-- de laminación. «
Por ende, es la diversidad de la tasa de beneficios
la que conduce a la combinación. Las oscil¿¿4Ó!nes--de^ .tasa de beneficios se
han elimi nado para la empresa combinada, mientras que la empresa
independiente ve disminuido siu beneficio en favor de la primera.
Otra ventaja dé la combinación nace del ahorro del
beneficio co mercial. Este puede suprimirse, y el beneficio industrial aumenta
en esta cantidad.
La supresión del beneficio comercial es posible
gracias a la concen tración avanzada. Y a no es necesaria la función del
comercio, la función dispersa en las empresas capitalistas individuales de
concentrar y faci litarles así a los otros capitalistas industriales la
satisfacción de sus ne cesidades en la cantidad que les corresponda. U n
tejedor preferirá con certar con un comerciante en hilos las diversas clases
de hilo tanto en calidades como en cantidades diferentes, en vez de efectuar
una serie de transacciones separadas con los diversos hilanderos. Igualmente,
el hilandero prefiere venderle de una vez toda la producción a un comer ciante
que véndérsela a una serie de tejedores. Así se ahorran tiempo y costes de
circulación y se disminuye el capital de reserva.
Tan pronto sie trata de grandes empresas
concentradas que ■produ cen mercancías similares (mercanlcías en masa), donde
la producción de una cubre las necesidades de otra, las casáis suceden de otro
.modo. Aquí es superfluo el comercio. El comerciante y su beneficio pueden
suprimir se, y ello se hace mediante la combinación de estas empresas. Esta
eli minación del beneficio camerteáal '0s propia de la combinación, lo cual no
ocurre en la unión de empresas Isimilares, donde, naturalmente, no han existido
ningunas relaciones comerciales. Pero el beneficio comercial ,no
“ H E Y M A N
N , toe. cií., pág. 223.
E n América fue
la necesidad de
ferrocarriles, que dependía,
a su vez, del
re
sultado de le cosecha, la que decidía sobre la
coyuntura en la industria-siderúrgica durante los primeros estadios de su
desarrollo. De ahí el rápido cambio y la magni tud de la fluctuación de
precios durante la coyuntura y la urgencia precoz por con seguir la
combinación en los Estados Unidos (Véase L,E V Y , loe. cií., pág. 77).
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 217
es más que una parte del beneficio total. Su
desaparición aumenta, por tanto, el beneficio industrial. Mienifcras las
empresas combinadas compi tan con las aisladas, el beneficio incrementado les
da <una ¡supremacía en la loompeten'ciá.
Si las tasas de beneficios fueran iguales en ambas
empresas e igua les a la tasa media de beneficios, la combinación no
significaría, de mo mento," ninguna superioridad, ya que siempre podría
realizarse única mente la tasa media de beneficios. Pero la combinación
compensa las diferencias de coyuntura y motiva, por eso, una mayor constancia
de
la tasa de beneficios paca la empresa combinada. En
segundo lugair, la combinación'motiva la''éliñiiñáiciód. dal icbmércio.
Tercero, abre la posi bilidad dal progreso técnico y, con él, la obtención de
beneficios extra
frente a lá empresa aislada. Cuarto, fortalece la
posición de la empresa combinada frente a la simple en la luoha de competencia
'en tiempos de una fuertíndepresitón^uaaiQi la caída de las precios de la
m,atería prima no va al ■com.pás“"cfe la caída'de los preidos de les
productos fabricados.
La forma de producción capitalista va acompañada
desde un prin cipio de la combinación, que, al mismo tiempo, significa una
limitación de la división social del 'trabajo, mientras que da guevó estímulo a
la división del trabajo dentro de la nueva empresa total, división que se hace
cada vez más extensiva al trabajo de la dirección. "A l fin, tal como
brota en parte de la combinación de diversos artesanos, la manufactura puede
evolucionar hacia la combinación de diversas manufacturas. Por ejemplo, las
mayores fábricas de vidrio inglesas fabrican ellas mismas sus crisoles de barro,
porque de su calidad depende, esencialmente, el éxito o el fracaso del
producto. La manufactura de un medio de pro ducción se une aquí a la
manufactura del producto. En cambio, la ma nufactura del producto puede unirse
a otras manufacturas en las que sirva de nuevo como materia prima o con cuyos
productos se componga más tarde. Así encontramos, por ejemplo, la manufactura
de cristal óp tico combinada con los pulidores de vidrio y la industria del
latón, esta última para la sujeción metálica de múltiples artículos de vidrio.
Las di versas manufacturas combinadas constituyen, pues, departamentos más o
menos separados en el espacio de una manufactura total, y, al mismo tiempo,
procesos de producción independientes entre sí, cada uno con su propia división
del trabajo. A pesar de que la manufactura combi nada ofrece ciertas ventajas,
no logra una unidad realmente técnica con base propia. Esta nace, en primer
lugar, con la transformación en in dustria mecanizada" M.
La aceleración colosal que experimenta la
combinación en la fase del desarrollo capitalista más reciente es debida a los
fuertes impulsos que han nacido de las causas 'económicas, especialmente de la
capitalización. Pero, al mismo tiempo, esto implica que la combinación nacida
de las causas económicas ofrece muy pronto oportunidad de aplicación a las
“ M a rx
, E l capital, I, 4 .“ ed., pág . 312.
218 EL
CAPITAL FINANCIERO
mejoras técnicas del proceso de producción.
Piénsese, por ejemplo, en la unión de los altos hornos con la industria de
transformados metálicos, que ha permitido la utilización racional de los gases
de los altos hornos como fuerza motriz. Estas ventajas técnicas, una vez dadas,
vuelven a ser motiyo impulsor para el establecimiento de la combinación allí
don de las simples causas económicas no la hubiesen postulado todavía.
Por consiguiente, • ^ Éwtdemos por combinación la
unión de aquellas empresas capitalistas, de las que una suministra la materia
prima para la ' otra, y. diferenciamos está unión, que brota de la diversidad
de las tasas de-beneficios en distintos sectores de la industria,
deJas_u.niones_de-em-¿aresas—pertenecientes al.mism.O-.sector~~de la
industriali s t a últiína nace, con el fia. de aui#pntar la tasa de beneficios
en este sector por encima de su ¡¡íiveb inferior al promedio, mediante la
eliminación de la competencia. En el primer caso, no se alteran las tasas de
beneficios en los Sectores : dé la industria' a los que pertenecían las
empresas anteslíl^& uniftnffSu
dfferena'a~coñtinúa y ^ í o desaparece para la
-empresa com6ínadá. _En el .segundo ga.so._ae_e.spera el incremento del
beneficio en este sector ~He la industria a consecuencia de..la-disminución de
la competencia. Teóri camente, esta "fiéüié ya lugar con la unión de dos
empresas, ya sea que el cesie de la -competencia sólo sea efectivo para las dos
-emiprelsas, o que las empresas unidas sean lo bastante fuertes para tomar una
posición dominante en el mercado y aprovecharla para subir los precios, con lo
que también se disminuye el efecto de la competencia para lap demás em-presas.
Pero también puede ocurrir 'al caso de qué las empresas uni das utilicen su
posición reforzada para, por lo pronto, deshacerse de sus adversarios,
compitiendo' con ellos a precios haios-v entonces tendrá lugar el aumento de la
tasa de beneficios cuando hayan alcanzado su meta.
La unión de las empresas puede ocurrir de dos
maneras. Las em presas conservan formalmente su independencia, y isu acuerdo
se fija únicamente mediante contrato.' Entonces teñamos una comunidad de in
tereses. Pero si las empresas se funden en una nueva, entonces la lla mamos
.una fusión.
Tanito la comunidad de intereses -como la fusión
pueden (ser parda-“ifes — entonces permiten la existencia de la libre
competencia en el sector
de la industria correspondiente— o también monopolistas 17.
El cartel es una comunidad de intereses, a -ser
posible de todas las empresas, con eJ fin de aumentar los precios, y, con ello,
el beneficio, mediante la -exclusión más completa posible de la competencia.
Por con siguiente, el cartel es una comunidad de intereses monopolistas.
” Hay que tener en cuenta, además, que .para poder
calificar una unión de mo nopolios basta que ésta sea eficaz para la
determinación de los precios en el mer
cado. E
l que
existan además algunas empresas independientes que se rijan
siempre
en sus precios según las disposiciones de la unión, no cambia nada el hecho de que
no exista
ya la
libre competencia en sentido teórico
en este sector de la industria.
Mas
para no herir algunos
escrúpulos meticulosos llamo a
tales uniones comunida
des de intereses o
fusiones totales, en vez de monopolistas. (Véase también L ie fm a n n ,
Kartelle und
Trusts, 1905, pág.
12.) ,
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 219
El trust es una fusión con el mismo fin, que debe
ser alcanzado con el mismo medio. Por tanto, el trust es una fusión
monopolista1S.
Comunidad de intereses y fusión pueden ser, además,
homogéneas, es decir, que comprendan empresas del mismo sector de la
produoción,
combinadas,
esto' es, que abarquen empresas de sectores complementa
rios. Por eso hablamos de comunidades de intereses
y de fusionéis par ciales, homogéneas o combinadas, o de cariéis y trusts
homogéneos o combinados. N o debe olvidarse que hoy pueden nacer con frecuencia
las comunidades de intereses no mediante contratos formales, sino a través de
uniones personales, que suelen expresar ,relaciones dé dependencia ca
pitalistas. Fusiones y comunidades de intereses no sólo son posibles en la
esfera de la industria, sino también en el comercio y en los Bancos. Todas estas
asociaciones suceden dentro de una misma esfera y las lla mamos, por eso,
asociaciones homosféricas. Rergi también pueden crearse asoidaciones que unan,
por ejempli%-una empresa comercial con un_Ban-co. Bsite es ed oasó .cuando un
Banco instala una sección mercantil o cuan do una casa comercial abre un Banco
de depósitos. Igualmente, una em presa industrial puede instalar otara
comercial; aisi, por ejemplb, las fábri cas de zapatos instalan en las grandes
ciudades zapaterías para su venta directa a los consumidores. Habíannos
entonces de asociaciones heleros-
féricas.
Hay que considerar, además, que igual que las
especies en la Natu raleza no son algo fijo, tampoco lo son los diferentes
sectores en la indus tria. Lá combinación, suponiendo que esté introducida
generalmente, sólo reúne una extensa rama de la industria de otras que antes
estaban sepa radas. Uno puede imaginairse muy biien que la industria
siderúrgica for mará una rama única de la industria a lá que pertenezcan tanto
la extrac ción de carbón y de mineral como la producción de raíles y dé
tachuelas, puesto que toda fundición de hierro abarca todas estas especies de
pro ducción y han desaparecido las empresas aisladas. Dentro de esta rama de
la industria so,n posibles, pues, 'todos los métodos pasca la disminución de la
competencia, desde la iciomunidad de intereses hasta' el trust.
La combinación parcial, ya sea en forma de
comunidad de intereses o de fusión, no limita la competencia, sólo refuerza a
la empresa nada en la competencia frente a lás empresas aisladas; en cambio, la
aso ciación homogénea tiene siempre como consecuencia una disminución de la
competencia, cuando se trata de una asociación parcial, o de suvelimi nación
cuando se trata de una asociación to¡tal Combinación, fusión y trust conceden
ventajas técnicas junto con las económicas, que son in herentes a la empresa mayor
frente a la menor. Estas ventajas son dife rentes, según la, naturaleza de la
empresa y de la rama día la industria,
Estas ventajas técnicas pueden también bastar por
sí solas para con ducir a combinaciones y fusiones; en cambio, las comunidades
de inte reses y los cartets sólo nacen de ventajas económicas.
“ LlEFMANN, ob. cií., pág. 13.
220
EL CAPITAL FINANCIERO
p Todas estas
uniones de empresas industrialeis se preparan, general-
: mente, mediante el interés común que urue a un
Banco con las empre sas. Uin Banco que, por ejemplo, esté interesado en una
mina de car bón aprovechará su influencia en una fundición de hierro para
conver tirla en cliente de. Ja mina. H E
ahí 'el germen de una combinación. O
su interés por dos empresas isimilaires induce ail Banco al intento de
hacerkis
4^. llegar a un aouerdo; ya está en camino la
comunidad de intereses Pna— fusión homogénea.
Esta intervención bancaria acelera y facilita un
proceso que yace en el sentido evolutivo 'de la concentración industrial. Pero
lo 'introduce con otros medios. Se anticipa él resuiltado^de Ja lucha de
competencia.‘De un lado, se ahorra así la 'destrucción inútil y eil despilfarro
de fuerzais pro ductivas. Pero, de otro, no resulta, .por lo pronto, aquella
concentración de la propiedad que era el resultado de la lucha de competencia.
No es expropiado el propietario de la otra fábrica. Tenemos concentración de
establecimientos o de empresas sin concentración" de propiedad. Al igual
que en la Bolsa tiene lugar la concentración pura de la propiedad sin con
centración de empresas, sucede ahora en la industria una concentra ción de
'empresas sin concentración de la propiedad, expresión manifiesta de que se ha
separado cada vez más la función de la 'propiedad de la función de la
producción.
I En
cambio, su intervención en estos procesos significa para el Ban-J co, de un
lado, la mayor seguridad de su capital dado-a crédito, y, en segundo lugar, la
oportunidad de trasacciones productivas, intercambio de acciones, nueva emisión
de éstas y operaciones semejantes. Pues la unión de estas empresas significa
para ellas aumento de beneficios. Una parte de este beneficio aumentado es
capitalizada por el Banco y se apro pia de ella. Por tanto, no slólo como Instituto
de crédito, sino, sobre todo, también como Instituto financiero está interesado
el Banco en los proce
sos de asociación.
Pero la concentración 'creciente se convierte
también, y al misino tiem po, en un obstáculo de isu progreso 'ulterior.
Cuanto mayores, más fuer tes y similares sean las empresas tanta más pequeña
será la perspectiva. de poder aumentar la empresa propia mediante la
eflBuiiiáeióir -campe-titiva de la otra. Al mismo tiempo, ell bajo nivel de la
tasa de beneficios aviva el temor de que desciendan aún más los precios, ya
bajos de por sí, con él aumento de la producción, de la expansión que, por lo
demás, posiblemente fuera deseable por consideraciones técnicas. Pero no hay
que prescindir de las ventajas de la mayor producción en la situación depresiva
del mercado. Ahi se ofrece la solución de crear la empresa mayor mediante la
unión de las que hasta ahora estaban separadas: me diante la fusión.
;De qué magnitud tiene que ser la parte de una
asociación monopolis-ta en la producción total para poder dominar el~precíode
mercado? La pregunta no puede. contestarse para todos los segtores de la
producción en general. Sin embargo, disponemos para la contestación de un punto
de
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN
apoyo si tememos presente la 'diversa conducta,
mencionada más arriba, de los competidores en tiempos de buena y mala
coyuntura. En .una co yuntura buena, cuando la demanda supera a la oferta, el
precio del pro ducto será eü mayor posible; en períodos semiejantes, los que
están fuera (oatsiders) venden más bien por encima que por debajo del precio de
cartel. En tiempos de mala coyuntura, cuando predomina la oferta, es distinto.
Esteres el momento en que tiene que>áemostrarse si la asocia ción domina d-
mercado. Y éste será el caso cuando su produccióii sea incondicionalmente
necesaria para la provisión del mercado. No venderá hasta que seá acordado el.
precio y este precio tiene que ser acordado porque el aprovisionamiento por
conducto del cartel es precisamente im prescindible para el mercado. El cartel
podrá vender a este precio la cantidad que le falta al mercado. Pero entonces
tiene que limitar la producción para no sobresaturar el mercado, y que los
outsiders para licen toda' su producción. Semejante política de precios es
posibi^sólo, en primer lugar, en aquellos sectores de la producción donde la
limi tación no impone ningún sacrificio demasiado grande, esto es, especial
mente donde el trabajo vivo ocupa un puesto principal — donde la pér dida del
capital constante no juega un papel demasiado grande— . .Am bas cosas sie dan
'en el caso de la .industria extraidtiva. El mineral y el carbón no se gastan,
y el ¡trabajo vivó juega un papel importante. Lo mismo sucede en los sectores
donde la limitación del consumo sea pe queña durante la coy,untura mala.
Pero cuando no se 'den ambas condiciones, el cartel
tiene que hacer rebajas de precios frente a los outsiders para mantener su
venta. H a lle gado entonces el momento en que ©1 cartel, que no 'domina la
.producción totall, pierde el dominio sobre el mercado y se restablece la libre
com petencia.
La necesidad die limitar la producción y aumenítar
así los costes de producción para el producto disminuido, y de disminuir la
tasa de be neficios, actúa contra la tendencia a mantener los precios también
en tiem pos desfavorables, en lo que se expnesa, por cierto, el dominio del
mer cado. Pero esta limitación puede evitarla el cartel cuando únicamente ^áí
tisface la demanda media, y deja la satisfacción de la demanda de co yuntura a
los outsiders. Pero esto no es posible más que cuando, en pri mer lugar, éstos
ya no puedan producir más de lo que requiere esta de manda complementaria de
la buena coyuntura — pues, de lo contrario, existiría el peligro de que
disminuya la venta del cartel— , y, en segundo lugar, cuando estos outsiders
produzcan a costes más elevados que el cartel. Pues sólo entonces echará del
mercado a estos competidores una formación de precios todavía provechosa para
el cartel y asegurará su venta. En otras palabras: esencialmente, son los
outsiders los que tienen que soportar todas las cargas de las oscilaciones de
la coyuntura. El cartel realiza grandes beneficios extra durante la alta
coyuntura, beneficios normales durante la depresión, mientras que los
competidores son elimi nados. En tales condiciones, lá asociación monopolista está
interesada
222 EL CAPITAL
FINANCIERO
en no impedir completamente la existencia de
outsiders, sobre los que frecuentemente domina debido a su superioridad sobre
ellos.
Pero ¿cuándo se cumplirán para los outsiders las
condiciones nece sarias para la producción desfavorable? Este puede ser el
caso cuando la ^íagnitud y la instalación técnica de la unión monopolista le
asegure esta superioridad. Pfero a menuido ésta es transitoria o no. lo
bastante grande. En cambio, es algo distinto cuando se trata de cariéis, que
dis ponen de condiciones de producción naturales, y favorables, en donde, por
consiguiente, se une el monopolio natural al económico, cariéis, pues, que se han
asegurado minas de ¡carbón y de mineral o saltos de agua es pecialmente
favorables, mientras que los de los outsiders son desfavora bles. Entonces
éstos, en principio, no podrán ampliar la producción en general más allá de
cierta medida, y sólo podrán producir cuando 'los precios elevados de la alta
coyuntura les parmitan la producción a suis costes propios más elevados.
Un ejemplo excelente nos lo ofrece la política del
trust del acero. La Corporación podría aumentar su producción con facilidad. No
lo hace por no temer que soportar durante la depresión la carga de la superpro
ducción. “A las grandes empresas combinadas de la industria del hierro les
parece deseable fajar -a la producción un 'nivel tal que siempre en cuentre
venta. Para lograrlo dejan que se incrementen tranquilamente en tiempos de
demanda animada ios outsiders no combinados, con ele vados costes de producción,
e incluso les da más trabajo haciéndoles toda clase de compras. Ahora las
empresas rezagadas vuelven a ser rentables con los altos precios; el afán de
especulación lleva al nacimiento de nue vas empresas no combinadas; en una
palabra: la producción aumenta a costes de producción ascendentes en
comparación con los bajos existen tes hasta ahora. Esto dura hasta que se ha
satisfecho la demanda cre ciente y vuelven a bajar los precios. Ahora
desaparecen como vendedo res del mercado los altos hornos puestos a funcionar
durante la alta coyuntura, siempre que trabajen con costes de producción
elevados, pues to que pronto yá no podrán esperar beneficios. Sólo quedan los
que tra bajan a los costes más baratos, porque todavía pueden producir con be
neficio: ante todo, los trusts, las grandes empresas combinadas y algún que
otro alto horno "aislado” especialmente favorecido.
"Así forman aquellas grandes empresas, sobre
todo la Corporation, la base de una producción q.ue puede trabajar -en grandes
proporciones con beneficio tanto en tiempos buenos como e,n malos y que también
en cuentra salida para sus productos. El nacimiento de una mayor compe tencia
por parte de los outsiders no perjudica a la Corporación en los buenos tiempos,
pues si quisiera cubrir ella misma las necesidades cre cientes sentiría más
dolorosamente en su propio cuerpo la superproduc ción al retroceder la
demanda, mientras que de este modo lá superpro
ducción afecta, en primer lugar, a los outsiders”
19.
10 Levy„
ob.
cií., págs.
156 y sigs.
,
L e w ilustra luego lo
dicho con las siguientes
cifras de la producción
de hierro
RANZ
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS V SU SUPERACIÓN 223
Algo distintas son las circunstancias, por ejemplo,
en el Sindicato del Carbón de Renania-Westíalia. Aquí los outsiders no tienen
mucha im portancia. En la comarca de Oberbarg Dortmund, en 1900 ascendía la
parte en la producción total al 87 por 100 en las minas del Sindicato, y al 13
para las no sindicadas. Así que el Sindicato domina el mercado y los precios.
Por eso prefirió mantener también durante la crisis de 1901 los precios de alta
coyuntura de 1900 y limitar la producción. Por eso pudieron -aumentar Isu
extracción los outsiders en 1901 y 1902, mientras que disminuyó la parte del
Sindicato, para el que era más importante mantener los precios elevados 20. -
Pero la política de las asociaciones monopolistas
tiene que ser distinta allí donde el faumento de la producción no se vea
limitado por mono polios naturales, donde lá producción, pues, pueda
aumentarse más allá del volumen de una demanda suplementaria de coyuntura y
este au mento sea posible con los mismos costes o incluso con costes "
inferiores. Entonces, el dominio del mercado dependerá esencialmente de que la
asociación controle la mayor parte de la producción, para que la coyun tura
adversa no anule los atractivos del cartel para sus miembros o lo haga
disolverse eventualmente.
bruto, en las que también están incluidas la
producción de hierro fundido y de hierro pudclado, en la que la Corporation
sólo tiene una parte mínima. Pero como hecho ilustrativo para lo dicho más
arriba son decisivas.
La producción
de hierro crudo ascendió:
Producción Producción P
roporción
de la
A Ñ O de la de las em presas C
orporation
C orporation independientes en la
Toneladas Toneladas producción total
Porcentaje
1902
....................................................................................... 7.802.812 9.805.514 44,3
1903
....................................................................................... 7.123.053 10.693.538 39,9
(9 0 4
....................................................................................... 7.210.248 9.286.785 ' 43,9
La producción incluso disminuye en el año 1903, en contraste
con la de 1902; la
de los outsiders,
por el contrario, aumenta mucho, de tal modo que la pa¡rte de la
Corporation
en la producción total desciende del 44,3 al 39,9 ¡por 100. En el año
de depresión, 1904, sin embargo, aún subió algo la
producción de la Corporation, mientras que la de los outsiders descendió en la
enorme cantidad d-e 1.400.000 tonela
das,
cayendo así por debajo
de la producción de 1902.
Notemos de paso cuán superficial es la opinión de
aquellos que quieren tratar a todo outsider de un cartel como -monstruo moral y
criminal económico. Este punto de vista es incluso ridiculo desde la
perspectiva del interés del cartel, y no digamos des de el punto de vista
social porque precisamente la competencia de los outsiders puede ser muy
valiosa para la prosecución técnica y organizadora de la asociación mono
polista, incluso prescindiendo por completo de los intereses de los
consumidores.
Véase
Kontradiktorische Verhandlungen über deutsche Kattelle, cuad. 1, Berlín,
1903, F S I E M E N Ü O T H , pág.
80, manifestaciones de K I R D O R F .
224 ÉL
CAPITAL FINANCIERO
La existencia o carencia 'de un monopolio natural
actúa, pues, de un modo decisivo én la formación de predios y en los costes de
producción, y, 'con ello, igualmente en la existencia y duración de la
asociación mo nopolista, y de ahí también en el grado de su potencia para el
do-minió del mercado. Determina decisivamente él volumen de la paite de la
producción total que ha de tener la asociación en su mano para po-
d** dominar el mercado. _
El dominio' sobre el mercado puede revestir
diversas intensidades. Será mayor allí donde se consiga reforzar el monopolio
económico con otro natural, y ello porque la asociación monopolista así
-constituida tiene uíia gran ventaja a oausa de su gran fuerza de capital, que
le permite utilizar también medios extraordinariamente importantes durante
perío dos. de tiempo más largos. Lá solidez de los Sindicatos de materias pri
mas se basa, esencialmente, en su monopolización de las condiciones na turales
de la producción, que se les facilita, además, extraordinariamente, por la
legislación.
Un monopolio legal, como apoyo del económico,
otorga a las asocia ciones monopolistas la posesión de patentes. También, en
estos casos, debido a su gran fuerza de capital, es mucho más fácil que estas
aso ciaciones disfruten de mejores condiciones que los competidores indivi
duales para la adquisición de nuevas patentes, consolidando con ello su
posición de monopolios
U n estadio intermedio entre un monopolio natural y
otro legal, y uno puramente económico, lo constituye el monopolio de los medios
de co municación. Dé ahí el deseo de todo trust de obtener el dominio sobre
las líneas de comunicación terrestres y marítimas. La nacionalización de los
medios de transporte dápminuye la solidez monopolista y motiva así.
M. Por otro lado, la posesión de patentes puede
dificultar la unión, en determi nadas ’ circunstancias, cuando el beneficio
extra así logrado s e ^ io bastante elevado para hacer aparecer ventajoso el
mantenimiento de la competencia.
"Toda rama de la industria de maquinaria
textil no comprende más que unos pocos nombres. Ocho grandes firmas de
Lancashire fabrican maquinaria para el algodón y monopolizan no sólo el mercado
interior, sino que exporta, además, más de 4 */* mi llones de libras
anualmente. Repetidas veces se hicieron sugerencias para una fusión de los
intereses, pero siempre han fracasado. Las industrias mecánicas llevan por sí
mismas a descubrimientos que, una vez patentados, crean un monopolio para
muchos años y mientras tenga validez, la patente es un argumento contra la
unión. La aversión a sacrificar a una asociación impersonal y anónima un nombre
mundial mente famoso, especialmente cuando se creó con un ánimo de empresa y
con un 'es píritu descubridor individual, puede ser también un medio eficaz de
oposición" ( M A - C R O S T Y , loe. cií., pág. 48).
En este caso, el pequeño monopolio es el enemigo
del mayor. Sin embargo, precisa mente el deseo.de intercambiar las patentes
puede dar también el impulso para las comu nidades de intereses. A esta razón
obedecen akjuños acuerdos en la industria química alemana y los de la A E G
alemana con la Westinghouse Co. americana.
OBSTÁCULOS A LA NIVELACIÓN DE LAS TASAS DE
BENEFICIOS Y SU SUPERACIÓN 225
hasta cierto grado, un retardamiento de la
concentración de las empresas y de la propiedad.
El monopolio económico mismo será tanto más sólido
cuanto mayor sea el capital necesario paxa crear una nueva empresa; y cuanto
más ín tima sea la unión de los Bancos con la asociación monopolista, puesto
que sin la ayuda de un Banco, o induso contra la voluntad «le los Ban cos, hoy
en día apenas puede existir una gran empresa industrial.
15
CAPITULO XII
Cartels» y «
trusts»
La clasificación de los procedimientos de creación
de las asociacio nes de empresas capitalistas se ha llevado a cabo con arreglo
a tres pun tos de vista.
La diferenciación enitre asociación homogénea y
combinada se refiere a la particularidad técnica de la unión. Hemos visto que
el nacimiento
de estas asociaciones tiene causas diferentes,
brota de causas técnicas
y económicas distintas.
La diferenciación entre asociaciones parciales y
monopolistas se basa
en su posición diferente en el mercado, en que
dominen los precios o en que, por él contrario, sean dominadas por ellos. El
dominio de los precios no depende de que se unan todas las empresas de la misma
especie. Basta el dominio de aquella parte de la producción, que es
imprescindible, en to das las fases de la producción, para el
aprovisionamiento del mercado, ' teniendo en cuenta que los costes de esta
producción tienen que ¡ser me nores que lós costes de los outsiders. Sólo
entonces recaerá sobre los outsiders la restricción necesaria durante una
crisis y los precios no ne cesitan ser rebajados nada más que hasta él .coste
de producción " 3al cartel.
Finalmente, la diferenciación entre comunidad de
intereses y fusión se basa en la diversidad de la organización formal. La
comunidad de in tereses se basa en el acuerdo de dos o más empresas
independientes liaste, ahora unas de otras; en la fusión se funden dos o más
empresas en una nueva. Pero esta diferencia sólo se refiere a la forma de
organi zación; no dice nada sobre la diferencia de contenido; ésta depende más
bien de las condiciones del acuerdo sobre el que se basa la comunidad de
intereses. De todos modos, el acuerdo limita en algunos puntos la in
dependencia de las empresas; la fusión la suprime. Pero entre la limita ción y
la supresión no hay más que una diferencia gradual Cuanto más limite el acuerdo
la independencia de las empresas, que se encuentran en comunidad de 'intereses,
tanto más se acercan a la fusión en sus efectos económicos. La limitación de la
autonomía-de una empresa puede su
"CARTELS"
Y "TRUSTS” 227
ceder de forma diferente. Por die pronto, la
organización de la empresa puede fijarse por acuerdo, por ejemplo, al tener que
someterse la 'direc ción de la empresa a la vigilancia dé un órgano coanún
qu'e limita cier tas variedades de la competencia en el ámbito de la
circulación, al fijar plazos y condiciones de pago comunes; esto es, unifica
las llamadas "con diciones”. Sólo entonces pueden fijarse limitaciones
que se refieren a la actividad económica e industrial.
El contenido del acuerdo de comunidad de intereses
monopolista está ya determinado por su fin, que consiste en ©1 aumento del
beneficio me díante la subida de precios; ésta se consigue de la forma más
sencilla, con un acuerdo sobre los precios. Pero los precios no tienen nada de
ar bitrario. Por de pronto, dependen de la oferta y la demanda. El simple
acuerdo de precios sólo se podrá realizar en los tiempos de prosperidad, cuando
los precios tienen tendencia asGeadenter^túnicamente en un volu men limitado.
Pero incluso entonces será insuficiente el puro acuerdo de precios. El precio
elevado mueve á ampliaciones de la producción. La oferta aumenta y, finalmente,
no se puede mantener el acuerdo de precios; semejante cartel saltará, a lo más
tardar, con el inicio de la depresión *.
Por consiguiente, si el cartel debe tenes:
duración, el acuerdo tiene que continuar, tiene que motivar una relación entre
la oferta y la deman da tal que ¡se mantenga en el mercado el precio fijado.
Tiene que re-/ guiar, pues, la oferta y limitar la producción. El mantenimiento
de estas/ prescripciones se hace, ciertamente, en interés de todo el cartel,
pero no siempre en el de los miembros particulares, que pueden reducir sus cos
tes de producción ampliándola y, por eso, desean a menudo evitar las prescripciones
del cartel. Pero la garantía más segura contra la elusión de las prescripciones
se da cuándo la venta de los productos no se hace ya por los mismos miembros,
sino por una oficina central de ventas del cartel.
Sin embargo, la seguridad del control no es el
único efecto de esta medida. Se han eliminado ahora las relaciones directas de
las empresas individuales con sus clientes mientras dure la cartelizáción, y,
así, se ha
_______________ ' *
Esta es Ja
forma de cartel que ha pensado Engels cuando escribe: "El hecho de que las
fuerzas productivas modernas que crecen rápida y enormemente, se eman cipen
cada vez más de las leyes del' intercambio de mercancías capitalista, dentro
del cual se deben mover, este hecho también se impone hoy más y más a la
conciencia de los mismos capitalistas. Esto se manifiesta, sobre todo, en dos
síntomas. En pri
mer lugar, en la manía reciente y generad del
arancel protector, que se diferencia del viejo proteccionismo especialmente en
que protege precisamente los artículos más aptos para la exportación”. (Este
hecho es muy importante, pero sólo se explica cuando se considera el moderno
arancel protector en relación con los cariéis.) “En segun do lugar, en los
cartels (trusts) de los fabricantes de sectores de la producción muy grandes
para la regulación de la producción y, con ello, d'e los precios y del bene ficio.
Es natural que estos experimentos sólo son realizables en una situación eco
nómica relativamente favorable. La primera tormenta acabará con ellos y
demostrará que, aunque la producción necesita una regulación, no es, por
cierto, la clase capita lista la que está llamada para ello. Entretanto estos
cariéis sólo tienen el fin de cuidar que los pequeños sean tragados por los
grandes con mayor rapidez que hasta ahora" (M A R X , E l capital, III, 1,
pág. 97, n. 16).
\
228 EL CAPITAL
FINANCIERO
suprimido la independencia comercial de la empresa
individual. El cartel no une ya.a sus miembros sólo por simple acuerdo, cuyas
cláusulas pue den rompense o eludirse fácilmente, sino por' una organización
econó mica común. El abandono de semejante cartel requiere, en primer lugar,
reanudación de relaciones con los clientes,, restablecimiento de los vie jos
canales de venta; intentos que quizá puedan fallar y que, en todo caso, sólo
pueden realizarse con sacrificios. A l «ism o tiempo, se ha ga rantizado así
una mayor solidez y duración del cartel. El cartel que de una forma puramente
cóntraotual le convierte, mediante la supresión de la independencia comercial
de las empresas, en una unidad comercial se llama Sindicato. Una vez
constituido el Sindicato debe serles igual a los compradores comprar en
cualquiera de las empresas cartelizadas. Esto presupone de nuevo cierta
homogeneidad de la producción. A su vez, esta homogeneidad es el supuesto para
el nacimiento de una organización más 'estrecha, duradera y rigurosa, tál como
'la representa el Sindicato. Hay que considerar que la cartelización de
artículos especiales es, en general, más difícil, ya que los productores
obtienen un beneficio extra por el empleo de sus marcas especiales, patentes y
demás, y, de momen to, la exclusión de la competencia es para ellos menos
importante. Esto ocurré cuando la cartelizaeión de las industrias que les
suministran la materia les obliga también a la cartelización o combinación. Por
otro lado, la cartelización procura, al mismo tiempo, una mayor simplificación
de la producción 2.
Por consiguiente, algo simplificado y esquematizado
resultaría el" si guiente desarrollo del contenido contractual de las
comunidades de in tereses monopolistas, donde, naturalmente, se puede saltar
este o aquel grado de desarrollo. Primeramente, como forma más elástica, como
pri mer grado en cierto modcf el_ "caríeZ de condiciones" (Grunzel).
Luego sigue la regulación común de los precios; mas para poder mantener los
precios hay que fijar la oferta de un modo correspondiente. Si no quiere ser
inestable y transitoria, la regulación de precios requiere, pues, que se fije
la producción. Pero si se quieren evitar las violaciones del acuerdo.
“El cartel
requiere mercancías de consumo masivo, cuya calidad, forma, material, etcétera,
nojacusa ya diferencias considerables. Sin embargo, como sucede en las Bol sas
mercantiles, que presuponen también cierta variabilidad de las mercancías y por
eso fijan mediante usos especiales qué propiedad debe contener una mercancía
para que sea objeto de tráfico en el negocio bursátil, también puede
conseguirse artifi cialmente en el cartel. Los cariéis alcanzan la misma meta
porque o no escogen más que ciertos artículos standard de los que depende
principalmente la marcha del negocio en el sector o establecen tipos
determinados con sujeción a los cuales deben elaborar ^ sus productos los
fabricantes, de tal forma que desaparecen las diferencias de calidad. El cartel
internacional del cristal para espejos, por ejemplo, impuso la fabricación
exclusiva de cristal de 10 a 15 milímetros de. grosor.
El cartel austro-húngaro del bramante ha
establecido muestras de calidad para todas las clases qu.e se producen y ha
obligado a todos los participantes a produ cir sus mercancías sólo según estas
muestras. Lo mismo ha establecido 'el cartel austro-húngaro del yute: tipos
determinados para los sacds,de yute que se fabriquen” (Grun-ZEL, tiber
Kartelle, Leipzig, 1902, págs. 32 y siejs,).
"CARTELS"
Y "TRUSTS” 229
el modo más seguro para impedirlas es que no se
deje la venta en ma nos de la empresa individual, sino que se lleve a cabo por
un órgano común de 'las empresas, por una oficina de ventas. Con ello, la
empresa pierde su independencia comercial, la relación directa con sus
clientes. E l mantenimiento del acuerdo está también asegurado cuando lois
bene ficios no recaen sobre la empresa que los ha hecho realmente, sino cuan
do, con arreglo á una cláusula anteriormente fijada, se reparten entre la
totalidad de los pal-ticipantes. Igualmente puede suceder en común la compra
de~ la materia prima. Por fin, también pueden tener lugar inter venciones en
la independencia técnica de la empresa individual. Pueden, cerrarse empresas
mal equipadas, especializar® otras para determinados productos, para los que
son preferidas especialmente, ya sea por su ins talación 'técnica o por su
situación favorable en relación con los merca dos. Todo esto puede suceder
mediante conclusión de acuerdos, eisto es, en comunidades dé intereséS'";
J?ero semejante comunidad de intereses sólo se diferencia de la fusión por
cierta pesadez de su organización. Por consiguiente, está mal planteada la
cuestión de cartel o trust como tér minos que se excluyen mutuamente. La
independenfcia de las empresas también puede limitarse tan te? en la forma de
cartel que llegue a des aparecer la diferencia con el trust. La cuestión
consiste más bien en co nocer las ventajas que ofrece la limitación de la
autonomía. En tanto ésta ofrezca ventajas, el trust las posee desde un
principio, mientras que en el cartel depende de la naturaleza y de los efectos
del' acuerdo en que estriba á.
La unión monopolista es la organización del dominio
económico y, por eso, es natural la analogía con las organizaciones estatales
de do minio. La relación de cartel. Sindicato y trust encuentra su alegoría en
la relación de Federación de Estados, Estado federado y Estado unitario.
El que los
cariéis también ejercen cierta influencia sobre la producción y téc nica de
las empresas lo demuestra, por ejemplo, la siguiente manifestación de
Schal-tenbrand, presidente del directorio de la Asociación Alemana del Acero
(Deutsclier Stahhverlcverband): "Hemos de examinar además la forma que
podremos dirigir la venta, en el caso de existencia duradera de la asociación,
para colocarla lo más ven tajosamente posible; la divteión del trabajo que
podemos introducir para producir más barato en el sentido de que cada empresa
no ha de fabricar todos los productos. (Kon-tradiktorische Verhandlungen, cuad.
10, pág. 236.) El cartel austríaco de máquinas ha realizado también una amplia
división del trabajo en las empresas individuales. Los
beneficios van a parar a la caja común y se
reparten proporcionalmente.
Por
consiguiente, cuando Grunzel (loe. cit., pág. 14) opina; "Cartel y trust
no se diferencian según el grado, sino' según el ser, todavía no he conocido'
un caso en que durante los tres decenios del movimiento de cartel tan vivo en
Europa haya pa sado de una forma a la otra", confunden preciáaimente la
forma jurídica con el ser. El que no sea frecuente el paso de cartel a tri.{st
no demuestra más que ambas formas tienen el mismo contenido. Pero no hay que
pasar por alto que la limitación progre siva de la independencia de las
empresas cartelizadas aproxima constantemente el cartel a los trusts. La
diversidad de la forma se explica por otras circunstancias, so
bre todo por eJ desarrollo de la Banca y
su relación con la
industria, y, en parte,
mediante intervenciones de la legislación. Es
conocido -el fomento de la forma trust a través de la legislación americana
anti-caríe/.
230 EL CAPITAL
FINANCIERO
El lenguaje que alaba el cartel como “democrático”,
en contraste con el trust, aparece en su ridiculez completa cuando uno se lo
imagina apli cado al bendito ©eutschen Bund (Federación alemana).
En la estipulación de loe precios el trust es
superior al cartel. El car tel está obligado a partir, en la estipulación de
precios, de la empresa que produae más caro, mientras que para el trust no
existe más que un predo*"de producción unitario, en cj^oís costes de
producción se com pensan los de las empresas ¿jiejor con las peor instaladas.
El precio de ’ trust puede estipularse de tal modo que la cantidad da productos
fabri cada sea lo más grande posible; la magnitud de la venta compensa ed beneficio
pequeño sobre la pieza aislada. Además, el trust puede reali zar con mayor
fsfcilidad que eil cartel el cierre de las empresas menos rentables. Con la lim
ación de lá producción puede hacer que ésta slólo tenga lugar en las empresas
que trabajan más caro y disminuir así los cos tes de producción, y, por el
contrario, en momentos de expansión puede aumentar la de las. empresas más
perfectás técnicamente; el cartel tiene que repartjr, generalmente, por igual
la producción aumentada sobre sus-empresas. Así nacen beneficios extra para las
empresas mejor instáladas técnicamente mediante la estipulación de precios del
cartel, empresas que no se compensan por la competencia, ya que el cartel las
excluye, y que, por eso, parecen tomar el carácter de una renta diferencial.
Pero la( defe rencia frente a la renta del suelo consiste en que-la empresa
peor rio es en ningún modo necesaria para la satisfacción del mercado, como
ocurre con el peor suelo. Por eso puede eliminarse cuando se transfiere su pro
ducción a empresas mejor instaládas. Pero como, en principio, tiene que
mantenerse el precio de cartel, el aumento de la producción significa un
beneficio extra para las empresas que producen más barato. Por tanto, es
ventajoso suprimir la producción de las empresas que producen más caro. En
cambio, “la renta diferencial" ha desaparecido entonces y sólo existe el
elevado beneficio de car tel.
Precisamente en el cartel de materias primas es
importante la diyer-s id ^ jie lois cosites de producción, porque aquí entra de
un modo deter-^B tm aiíte en el precio de producción el nivel de la renta de la
tierra o de r" i a mina. Por eso,
se manifiesta aquí co-n mayor fuerza la tendencia al cierre de las empresas
menos rentables (en el sentido específico de la palabra: que producen rentas
del suelo más pequeñas), de un lado, y la inclinación a mantener los precios
altos, de otro, lo cual significa otra vez una limitación de la producción
relativamente más fuerte. El mono polio natural permite, al mismo tiempo,
imponer esta tendencia. Los pre cios elevados de las materias primas
repercuten sobre los precios, pero
también sobre la cantidad de producción de la
industria eláboradora.
CAPITUL® XIII
Les m@n@p©lws capitalistas y el comercie
Las asociaciones capitalistas en la industria
tienen también, a través del comercio, una repercusión sobre la circulación y
su gestión. Hablamos aquí del comercio como categoría económica específica; lo
consideramos, pues, separado de las fundones de pesar y dividir, así como de Ja
fun ción del transporte. La producción de mercancías hace necesario el cam
bio universal de posición de la mercancía, y éste se realiza mediante la
\compra y la venta. Si éstas se convierten en
funciones independientes de \un capital, entonces éste es capital de comercio o
comercial. Es evidente
que con la
independizacián de esitas operaciones, que tendrían que ser realizadas por los
mismos productores, las operaciones comerciales no se convierten en operaciones
productoras de valor, el comerciante no se convierte en productor. Pero la
indepandización del comercio motiva la concentración de la compraventa, ahorro
de costes dé conservación y man tenimiento, etc. El comercio significa, pues,
una disminución de los cos tes de circulación necesarios y, por .consiguiente,
funa reducción de los gastos dé la producción. Mas para poder ejercer el
comercio es necesa ria una suma de dinero que tiene que transformarse en
mercancías. Y en la sociedad capitalista toda suma de dinero toma el carácter
de capital. Si se deben independizó? las funciones del comiercio, el dinero
invertido
en el comercio
tiene que convertirse en capital, esto es, tiene que pro
ducir beneficios.
Pero es evidente que este beneficio no nace mediante
el comercio, mediante eí simple proceso de comprar
para vender, isino
, que sólo se apropia en el comercio. El volumen del beneficio está dado
I por la magnitud del capital. Pues en la sociedad capitalista desarrollada
el capital de igual volumen produce los mismos
beneficios. Pero este be neficio es una deducción del beneficio conseguido en
la producción. Los industriales tienen que ceder a los comerciantes una parte
del beneficio que reúnen en primera manoi, una parte que basta para
proporcionarle al comercio realmente el beneficio del capital que necesita.
El punto de partida del desarrollo capitalista es
el comercio que existe
232 EL
CAPITAL FINANCIERO
antes de la generalización de la producción de
mercancías, esto es, arates del desarrollo capitalista, es decir, que — como el
capital usurero y el mer cantil— es más viejo que el capital industrial. Reúne
en sí la mayor parte de la riqueza monetaria de la sociedad. Mediante el
crédito, un medio siempre importante para la creación de relaciones
capitalistas de depen dencia — y muchas veces en forma de crédito mercantil— ,
pone bajo de pendencia a la vieja producción artesana; crea, por un ftMo, los
primeros p r i n c i p i o s .de la industria capitalista y, por otro, los
principios de la ma-
j nufactura. El desarrollo del capital industrial
deshace esta dependencia de la producción con respecto al comercio e
independiza a los dos, ais-
| lando el comercio, separándolo de la producción.
El mismo-
desarrollo del comercio, está determinada por dos factores. De un lado, por las
mismas 'condiciones técnico-comerciales. El comercio reúne y concentra los
productos procedentes de los diversos lugares de fabricación y los vende luego
ail consumidor final. Cuanto más separados vivan más tienen que dispersarse las
ventas,-’,no sólo -cuantitativamente, sino también con arreglo ail, (fljbpo y
al lugar. El carácter de las ventas finales depende de las condicionas
económicas de lós compradores -fina les y de su concentración local, factores
ambos que dependen del des arrollo social y la estructura dej país. La
superioridad de la empresa grande frente a la pequeña es evidente desde el
punto de visita técnico y comercial. Los costes de venta y su contabilidad no
crecen propór-
Íciorialmente c-oon la magnitud de las sumas
vendidas; de ahí la tendencia ¡i a la concentración. Pero, por otra parte, es
propio de la naturaleza del
comercio que
cuanto más -sis aproxime al consumidor más se dispersan
las ventas local y temporalmente. Por consiguiente,
según el estadio de aproximación al consumo, se encuentran ciertos límites para
la magnitud de la empresa, limitas que, por cierto, son elásticos, que se
amplían con el gradó de desarrollo de un país, pero que, a pesar de todo,
condicio nan diversas magnitudes del volumen de la empresa. Ein cada -uno de
estos estadios se impone la tendencia a la empresa mayor, pero con fuer-za y
rapidez, diferentes. La necesidad de la descentralización espacial se Ivence con
la -constitución de filiales de un mismo y gran negocio. Por |otro lado, la
concentración, de la población en las ciudades también per mite concentrar el
comercio al por menor en grandes almacenes comercia les. Sin embargo, esto no
és más que el primer grado de la concentración. La necesidad técnico-comercial
convierte a los almacenes en grandes or ganizaciones de compra que reúnen a
grandes gr-upos de almacenistas y los dominan financieramente en mayor -o mengr
grado, mientras que, por otro lado, las enormes necesidades financieras de los
grandes almacenes los empujan de nuevo a tener estrechas relaciones con los
Bancos v.
A primeros
de Julio de 1908 circuló la noticia siguiente por los diversos perió dicos:
Recientemente se ha sabido que el grupo suizo de almacenes Braun, de Zunch, se
ha transformado .en una sociedad en comandita con la .participación de un
consorcio alemán. El que se "funden" nuevos almacenes no es ya un
fenómeno raro, pero la fon-íacióji suiza merece una consideración general
porotras causas. Leí dirección del
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 233
Pero, aü
mismo tiempo que la coiioenitración, también tiene lugar en ?elcomercio al por
menor la tendencia a la supresión de su independencia, por el hecho de que los
fabricantes de la industria de medios ,de con^
sumo buscan ..por sí mismos la salida a sus
productos. Este_desarmlla alcanza t>l mayor gra3o de evolución en los casos
en que un trust ha suprimido por completo el comercio independiente_como,, por
eiemiplo, ocurre con el trust americano del tabaco 2.
consorcio alemán la
tiene la firma Hecht, Pfeiffer & Co., que es una de las firmas
alemanas de
exportación más importantes. Esta casa se ha convertido en un trust de compras
para muchos almacenes en distintos países. El acuerdo con -el almacén suizo
Braun consiste en que la firma "Hecht,
Pfeiffer & Co. procurará sus compras totales en el futuro y efectuará
directamente los pagos ,por las compras de Braun. La firma
mantiene una amplia ^organización de compras y a principios
del año pasado se ha
unido en
comunidad de interesés con la firma M
. I. Emdens Sohne, de Hamburgo,
comunidad
que es t<Jn estrecha que
ahora la firma Hecht, Pfeiffer
& Co. también
lleva a cabo
en el interior las compras
"fára los 200 negocios
afiliados a la central
- Emdens. Además,
este trust mantiene también relaciones con un
almacén de Nueva
York, para el que se compran anualmente en Alemania
unos 60 millones de marcos, según los datos del Kon[e/ctionár. La superioridad
económica de los grandes alma cenes, que no consiste únicamente en las
ventajas -que facilita la compra masiva, ha
llevado a 3a fundación de centrales de compras que
mantienen también bajo su depen dencia económica e la mayoría de las tiendas
abastecidas por ellas.
Véase la
interesante recopilación de A L G E K N O N L E E , "Die Vertrustung des
Klein-Jiandels in den Vereinigten Staaten", en Neue Zeit, año 27, t.
2r_págs. 654 y sigs. Los 'comerciantes de cigarros, para conservar su
independencia, se habían organizado en una Independen* Cigar Stores Company,
llamada Asociación de Comerciantes. El
trust del tabaco, en cambio, fundó' 3a United Cigar
Stores Company, con un capital de dos millones de dólares. "Esta sociedad
compró muchas de las tiendas al por menor existentes y estableció muchas otras
con mejores mercancías, y mayor surtido que cualquier tienda de la competencia.
Los precios se redujeron y, por último, se intro dujo un sistema de premios
que le aseguraba a la sociedad' una clientela continua. La lucha no duró mucho.
En un año se vio obligadai la Independent Cigar Stores Com pany a venderle sus
existencias a la United Cigar Stores Company en las condiciones dictadas por el
trust. Con su oposición los comerciantes no habían hecho más que acelerar su
destino... Tampoco existe la menor duda de que .el trust permanecerá en el
camino trazado, probablemente incluso con un.'ritmo más acelerado,^ ha^ta que
se venda todo lo que sea digno de ser vendido en el comercio al por menor aé
esta rama He 1^ industria”.
Lee informa luego sobre la concentración en el
comercio al por menor con el café, té, ledWftieio» materiales de combustión,
especias, etc», y, finalmente, resume acertada-^giente _ las tendencias a la concentración del modo
siguiente: “La concentración sigue
m c u r s o
y la clase de los pequeños comerciantes independientes pierde terreno en las
cinco direcciones siguientes distintas, pero que conducen a la misma meta:
"1.a Algunps de los trust industríales,
después de lograr el dominio de la produc ción, extienden sus operaciones a la
esfera del pequeño comercio, quitan de en medio por completo al pequeño
comerciante y venden sus productos directamente al con sumidor.
”2.a Algunas de las grandes sociedades de
producción utilizan aún al pequeño comerciante para■llevar sus mercancías al
consumidor, *pero lo tratan como agente más bien que como comerciante
independiente,
"3.* En las grandes ciudades los almacenes le
han Bírebatado ya gran parte del comercio por menor a los pequeños
comerciantes, y este proceso realiza progre sos cada vez mayores. Algunas de
estas tiendas representa^ un capital' de cientos de ínilets p inclusg de
millones de dólares, frecuentemente pertenecen varias de ellas a
234 EL
CAPITAL FINANCIERO
Por otra parte, el movimiento de concentración
'también encuentra obstáculos que lo retardan. Urna empresa comercial de
pequeñas .dimen siones es fácil de abrir, cuanto más pequeña más fácil, ya que
la conce sión de crédito es aquí üelaftivamente amplia, porque sólo se trata
de cré-diffir para el capital mercantil, sobre todo ¿ruando esta concesión de
eré- ' dito tiene lugar por p«ntie del productor, para el que es un mecITó
de*com-- potencia en la lucha por el mercado. En estos establecimientos pequeños
reina una tasa de beneficios baja que hace de este comerciante un simple agénte
del capitalista) cuyos productos vende. N o existe ningún interés económico
fuerte por deshacerse de él.
. Junto a eistfjs factores itécnico-comercia'les
que juegan un papel don de se trata de productos que hay que vender
dilectamente a los consu midores finales — esto es, en el comercio detallista—
, la reacción de las relaciones industriales juega, sin embargo, un papel
importante en donde
se trate de la de mercancías entre los. mismos
capitalistas indus triales y entre éstos y lós comerciantes al por mayor. Y
aquí repercute la concentración industrial en el desarrollo -del comercio, que
tiene que adap tarse a -ella. Cuanto más concentradas estén las empiresas
industriales ma yor será su producción; los comerciantes que colocan esta
producción tendrán que disponer de mayores capitales. Además, con la
concentración creciente, cuanto menor sea el número de las empresas
industriales más superfluos se hacen los comercian-tes en general y más fácil
tendrá qu|e parecer el que los grandes lugares de producción concentrados se
pooiA gan directamente en contacto entre sí sin la intervención de un comer
ciante independiente. Así, pues, la concentración en la industria origina no
solamente concentración, sino que también demuestra el carácter su-perfluo del
comercio. Tienen lugar menos transacciones, ya que la venta individual se hace
mayor y en estas transacciones se elimina cada vez con más frecuencia la
intervención de un capitalista independiente. Pero
una misma sociedad y ya tenemos dado el primer paso
para realizar en proporcio nes aún mayores, el principio de la concentración'
en la esfera de lo^ grandes alma cenes. Con ello se ponen en estrecho contacto
con los grupos individuales de la alta finanza, del comercio al <por mayor y
de los trust industriales.
*'4.'° Las grandes casas comerciales, que reciben
sus pedidos exclusivamente o casi exclusivamente por correo, perjudican en los
distritos rurales la esfera del pe queño comerciante en las mismas
proporciones que lo hacen lals filiales en las ciu
dades. E l
enorme desarrollo del teléfono
y de los ferrocarriles, así como la
-expan
sión de la entrega postal gratuita
en el campo, han abierto a esta esfera comercie!!
un
amplio horizonte, y, 'en muchos casos, estas tiendas-de envío postal pertenecen
a la misma sociedad que tiene en la ciudad una o
varias filiales.
”5.* Dentro de
las filas de los pequeños comerciantes mismos la competencia
trabaja con
miras a
que el principio de concentración se manifieste más perentorio,
igual que lo hizo al -principio de la era
capitalista en la esfera, industrial. Algunos comerciantes que saben asegurarse
alguna ventaja ante sus competidores se ponen así en situación de aumentar su
negocio, con lo que les vienen nuevas ventajas y dis
minuyen asi la esfera comercial de sus
competidores”.
Véase también. 'W E R N E R S O M B A R T , Der moeferne Kapitalismus, t.
II, cáp. 22: “Die
Bestrebungen
zur Ausschaltung des
PetaUha-nclels^ (¡Las tendencias
a la eliminacióh
del comercio al por menor).
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 235
así también se hace superflua una parte del capital
que se encuentra en el comercio y puede desaparecer de la esfera de la
circulación.
El capital
que se encuentra en el comercio es, en principio, igual al valor deil producto
social anua], ¡dividido por el número de rotaciones -del capital comercial,-
multiplicado por la cantidad de estadios intermedios que'recorre hasta que
llega al consumidor final. Pero el volumen de ca-
pita] sólo es una magnitud contable. La mayor paute
de este capital sólo existe como crédito. El capital del comerciante no sirve
más que para la circulación de mercancías; pero ya sabemos que ésta puede
consumarse, ■en su mayor paute, isin el auxilio de dinero efectivo. Es crédito
mutuo que
los
capitalistas productores se conceden unos a otros y que se compensa mutuamente.
El verdadero capitai comefcial ¡es mucho menor y sólo de ahí recibe beneficios
el comerciante. El beneficio del industrial depende del capital total, siendo
completamente ¿g"ual que pertenezca al industrial o “que se le haya
concedido como crédito, pues es capital de producción. •El benefició del
comerciante no depende más que del capital realmente empleado, pues no es
capital de producción, sino que únicamente ejecuta las funciones de capital
monetario y capital meífcantil. .El crédito no sig nifica en este caso una
simple separación de propiedad y, con ello, una división del beneficio, sino
una disminución absoluta del capital y, con ello, del beneficio que recae sobre
la clase comerciante y que han de pa gar a éstos los capitalistas
industriales. El crédito disminuye aqui di rectamente los gastos de la
circulación lo .mismo que el dinero de papel,
por ejemplo. . ■
Pero
el beneficio comtercia‘1 es una
parte de la plusvalía total creada-"
en
la producción. Cuanto mayor sea la parte que recae sobre' el capital
comercial
tanto menor será,
bajo las mismas circunstancias, la parte
de
i * 3 los * industriales. U L
(U. k&M Existe,
por consiguiente, un coinltraste de intereses entre
el
capital industrial y el comercial.
De
esAos intereses contrapuestos nace una lucha que termina final
mente
con la derrota de uña parte mediante el nacimiento de relaciones
capitalistas
de dependencia. En estas luchas de intereses 'del capital de
cide
la mayor o meWr fuerza de capital. Sin embargo,
no hay. q.uie con
cebir
ésta sólo cuantitativamente. En toda la exposición que hemols hecho
hasta
ahora vemos que ¡también tiene iijíportancia la forma del capital.
La
disposición de capital monetario, bajo las mismas condiciones, es ^a
que
concede la mayor
superioridad sobre lof demás, porque tanto los
industriales
como los comerciantes, a medida que se desarrolla el sistema del ^rédito,
dependen, cada vez más, del capital monetario. Así, se rea liza también en
formas diversas la dependencia de la industria y el co
mercio.v
Mientras dominaba la libre competencia, el comercio
podía aprove
char en beneficio propio la ludha de competencia
entre los industriales. Sobre todo, en aquellas ramas de la industria en. que
la producción aún 'estaba muy dispersa relativamente y la concentración estaba
ya muy avan zada en el comercio. En el mismo sentido actuaban también las
relació-
4sJLjzJ
f fj . ‘u,r’JJL
t l
230 EL
CAPITAL FINANCIERO
nes de crédito. Mientras el crédito aún era
preferentemente crédito de pago y los Bancos ponían crédito a disposición,
sobre todo del capital comercial, la superioridad financiera estaba del lado de
los comerciantes, con mayor frecuencia. Utilizaban esta superioridad para
presionar en la compra sobre los precios de los productores e imponerles
condiciones de entrega y de pago -que les permitían llevarse la croma
de^Jas.ventajas fie la_alta coyuntura y cargar, en parte, las pérdidas de
la-depresión'sobre los fabricantes. Es- la época en que-se alzan siempae'-kfe
quejáis de los industriales sobre la .dictadura de los 'comerciantes. La
conducta de los comerciantes les sirve después a los industriales como uno de
los motivos de justificación para la formación de cariéis. Esto varía
fundamentalmente ál cambiar la relación de los Bancos con la industria y al
nacer las aso ciaciones capitalistas en la 'industria.
Lals asociaciones industriales parciales
disminuyen, por de pronto, el comercio. Las combinadas lo*, hacen directamente
ál hacer suiperfluas las operaciones comerciales en general. Pero las
asociaciones monopolis tas tienen la tendencia a suprimir la independencia del
comercio. Hemos visto que sólo es posible un control real ¡sobre el mercado
cuando las mercancías se venden desde un puesto central. Mas para poder regular
la producción en su rama industrial esta oficina central tiene que poder juzgar
la .magnitud correspondiente de la venta. Además, la magnitud del consumo
depende siempre del nivel de los precios. Por consiguiente, la' estipulación de
precios tiene que ser hecha hasta su último estadio por la asociación
monopolista; no debe dejarla en manos de factores indepen dientes de ella.
Pero éstos lo son, en primer lugar, los comerciantes. La explotación de la
situación del mercado, ventaja principal del cartel, re
caería sobre una gran parte de los comerciantes si
se les dejaran las ope raciones comerciales específicas, a las que pertenece
también la estipu lación de precios. Podrían acumular especulativamente los
productos y
— especialmente, en la coyuntura favorable— vender
a precios más ele vados. Esto tendría como consecuencia, de un lado, la
limitación de lá
producción, por la que no se indemnizaría al cartel
con el beneficio ma yor; pero, por otro, la cartelización también juzgaría de
un modo falso el mercado si tuviera que hacer únicamente de esta demanda
especula tiva de los comerciantes, y quizá falsa, el patrón de su producción.
Por tanto, la asociación monopolista seguirá la tendencia a suprimir la inde
pendencia del comercio. Sólo entonces podrá el cartel explotar comple tamente
su influencia sobre lá estipulación de los precios.
Pero ya hemos visto que la carteilización
representa una unión ínti ma de industria y capital banoario; por lo general,
el cartel dispondrá de la mayor fuerza. Entonces podrá dictar sus leyes al
comercio. Pero el contenido de estas leyes conducirá a quitarle al comercio isu
independen cia, arrebatarle la estipulación de precios. Por consiguiente, la
iCarteJiza-ción suprimirá el comercio como esfera de inversión del capital.
Limita las operaciones comerciales, suprime una. parte de las mismas y ejecuta
pl resto tie ellas con funcionariois propios, algentes de ventas del cartel.
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIÓ 237
Una parte de los antiguos comerciantes puede muy
bien verse obligada a convertirse en tales agentes de ventas. Entonces el
cartel les prescribe exactamente los precios de compra y venta, cuya diferencia
constituye la comisión de estos “comerciantes”. Pero la cuantía de esta
comisión ya no está determinada por el nivel de la cuota media de beneficios,
sino que es un sueldo fijado por el car tel. Y cuando las relaciones de fuerza
capitalistas son distintas, también se podrá constituir de otra for ma la relación
entre el comercio y el cartel. Es posible que las condicio nes para la
concentración fueran más favorables en el comercio que en la industria.
Ejitonces se enfrenta a unos pocos comerciantes una can tidad de empresas
relativamente débiles en capital que dependen de ellos para la venta de sus
productos. Los comerciantes pueden así aprovechar su fuerza de capital para
emplear una parte del suyo como capital in dustrial mediante la participación
financiera en estas empresas. La de pendencia de la industria pueden
aprovecharla para obligar a las em presas a vender más barato. Elevan así su
beneficio comercial a costa del industrial. Recientemente, tales relaciones de
dependencia se des arrollan bastante de prisa en ciertas industrias de medios
de consumo, que venden a un gran almacén capitalista.
Son relaciones de dependencia que reflejan, a
escala capitalista más elevada, el proceso que ha llevado al nacimiento de la
industria casera capitalista, en el cual el comerciante ha desplazado al
artesano. Pero también pueden darse relaciones parecidas en industrias
propicias al cartel. Aquí, el capital comercial que quizá e?tá interesado en
toda una serie de empresas semejantes, puede desempeñar un papel análogo al del
capital bancario.
En estos casos los 'comerciantes toman parte
directamente en el caríe/. Mas lo hacen porque, en realidad, ya tomaban parte
antes en la pro ducción en forma de participaciones financieras3.
Objetivamente no cam-
0 Es característico de la organización, del
comercio de lignito en 'Bohemia que el comisionista de ventas sea al mismo
tiempo propietario de minas y propietario par
cial de las sociedades representadas por él. Las dos firmas comisionistas del carbón,
J. Petschek y Ed. J. Weinmanjn, han formado en
Aussig organizaciones "'que se
ocu
pan de la venta del lignito para las grandes sociedades bohemias. También en.
Aussig
las dos firmas carboneras eran originariamente los
únicos intermedia|¡ag^^ esta .si tuación tuvo lugar, a .principios de los años
90, un cambio que se origiüp en el potente desarrollo de la sociedad minera
Brüxer. La firma Weinmann se hacía cargo desde antiguo de las ventas de esta
sociedad. E l Sindicato Brüxer compró a precios muy baratos las inundadas minas
de Ossegg y se convirtió así en la primera empresa de la industria del lignito
en Bohemia. Entre tanto habíase realizado un cambio de propiedad en las
acciones Brlüxer; la mayoría había pasado a un Sindicato bajo la dirección de
la firma Petschek, y como expresión del cambio de fuerzas se traspasó la venta
del carbón a esta firma. Así se creó una nueva relación; el comisionista del
carbón era también gran accionista de la empresa, concluía los contratos de
venta consigo mismo y tenía la influencia decisiva sobre la dirección del
negocio y la pro ducción. El mismo camino tuvo que tomar también la firma
competidora; también supo crearse mediante posesión de acciones una influencia
decisiva y un interés con
tinuo en las empresas representadas por ella” (Neue
Freie Presse del 15 de febrero de 1906).
238 EL
CAPITAL FINANCIERO
bia nada. También, aquí el comercio pierde la
influencia sobre la fijación de precios, deja de ser el mercado para los
industriales, que ahora en tran en contacto directo con los consumidores.
La asociación monopolista efectúa, pues, una
supresión del comercio libre. Hace superflua .una parte de l#s operaciones
comerciales y dis
minuye los ga»tos peía el resto. , ^ *
En el mismo
sentido actúa también la disminución de aquellos cos tes de circulación que se
emplean en ganarsé .al consumidor, especial mente .para el producto de una
empresa determinada en detrimento- de las ventas de otras. A este fin sirven
los gastos de viajantes," siempre que su .número esté condicionado por la
dispersión de la producción en las empresas individuales .y los gastos de
propaganda. Estos gastos
representan costos de circulación. Para el
empresario individual produ cen beneficios mientras consiga aumentar su venta
por encima de lo nor mal. Pert) este beneficio es la pérdida de los. otros
empresarios a cuya
costa ha aumentado sus ventas.' Para la esfera de
la producción repre-
senta’n una
deducción del beneficio que le correspondería. La carteliza ción reduce estos
costes extraordinariamente, limita la propaganda al simple anuncio y los
viajantes al número necesario para el movimiento de las operaciones
comerciales, que, además, son menos, más simples y más rápidas.
En Austria se nos presenta un desarrollo
particular. Por causas his tóricas el gran comercio propiamente capitalista
sólo 'se ha desarrollado aquí de .un modo imperfecto. En las esferas
productoras de mercancías en masa, y especialmente en los sectores en que la
especulación también desempeña un papel, como en el comercio del azúcar, poir
ejemplo, el Banco ha asumido las funciones del comercio al por mayor. El
capital balneario podía hacerlo tanto más fácilmente cuanto que así no se fija
ban sino cantidades pequeñas de capital. Entonces el capital bancario está
interesado en la cartelización como comerciante y como dador de crédito. Por
eso en Austria es más fácil demostrar la influencia directa y consciente del
capital bancario en la cartelización. El Banco continúa reteniendo las
funciones dé venta para el cartel y percibe poir ello una
comisión fija. Actualmente también se muestran
tendencias parecidas en Alemania. Así, la Unión Bancaria Schaaffhausen há
instalado una sec ción propia de mercancías para la venta de los productos
cártelizados 4.
Por eso, la
Netie Freie Presse (18 de junio de 1905) califica de sintomática la adquisición
de una gran empresa azucarera de Praga por un instituto de crédito, y continúa:
El comercio del azúcar ha caído casi por completo
victima de estas tendencias. A principios de los años 90 la venta de la mayor
parte de las fábricas de azúcar bo hemias era aún del dominio de los ricos
comerciantes de Praga, que obtenían un pro vecho considerable a cuenta de los
productores gracias a la gestión de la venta. Tam bién solían efectuar el
negocio por cuenta propia y constituyendo asi un fenómeno especifico del lugar,
tanto por sus grandes transacciones como por la relación con los mercados
extranjeros. El negocio azucarero de los Bancos se limitaba a la venta en
comisión para las fábricas propias y a la concesión'-de créditos dentro del
marco de la actividad bancaria normal. En el transcurso del últirno decenio se
han retirado com-
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 239
Por consiguiente, el resultdo de todo el proceso es
una disminución del capital comercial. Pero si ha disminuido el capital también
se reduce el beneficio que a él corresponde, que, como ya sabemos, es una
deduc ción del beneficio industrial. Esta disminución dél capital comercial es
una reducción de gastos. ¿Cómo repercute esto sobre los precios? El
Wt--- 2---
pletamente algunas de estas firmas azucareras
particulares o han sido transferidas^ a los Bancos, otras han limitado mucho su
negocio obligatoriamente y, en Praga, sólo ha quedado una gran firma comercial
de los antiguos magnates del comercio azuca rero que representa ahora a trece
fábricas de azúcar y que vende anualmente muchos miles de quintales He la
mercancía blanca. Las mayores fábricas de azúcar particula res que extienden
su producción a ambas mitades del Imperio no requieren la me dición en la venta,
sino que ellas mismas se procuran la venta al por mayor. Las empresas medias y
pequeñas han entrado en una unión más o menos estrecha con los Bancos que Ies
conceden los créditos necesarios, les venden la mercancía a la expor tación
tanto como al pequeño comercio nacional y también cargan frecuentemente con el
riesgo. completo de la venta del azúcar. Asi ha sido desplazado el comercio_
intermedio del azúcar, antaño rico y grande, de su posición, y dos tercios de
la venta de las fábricas de azfúcar bohemias emprenden su camino a través de
las secciones de azúcar de los institutos de Praga (que por regla general no
son más que filiales de los Bancos de Viena).
y de la
instalación de nuevas fábricas de azúcar. En los años 80 y 90 se han creado en
Bohemia y Mx>ravia numerosas fábricas nuevas, entre ellas las grandes
refineríasEstatransformacióndelcomerciodelazúcar¡provienedelaconcesióndecrédito
de exportación junto al Elba. Se construyeron
generalmente con capital ajeno, y los Bancos, que «procuraron los medios
necesarios, se reservaron la transferencia de la venta en comisión del producto
de las nuevas fábricas. Especialmente fueron las fá bricas de azúcar medianas
y pequeñas las que brotaron del suelo como setas después del cierre del cartel*
fundadas muchas de ellas con capital insuficiente y, por esc., enteramente
dependientes de su acreedor crediticio. Pero también los establecimientos existentes
necesitaban grandes medios ipara su modernización y ampliación y entraron en
una relación más estrecha con ]as fuentes monetarias que, generalmente, acababa
conduciendo a la transferencia de toda la venta. Así se han afirmado en el
negocio azucarero y han trasladado a él el peso de su actividad las filiales en
Praga de los Bancos vieneses y también algunos institutos locales. El
Lánderbank representa a quin ce fábricas... E l Anglobank se- ocupa de la
venta en comisión de once fábricas de adúcar; en el Instituto de Crédito está
concentrado el desarrollo comercial de cinco grandes empresas; el iZivnostenska
Banka es la oficina de venta de muchas fábricas rurales de n¿úcar. Los Bancos
compran su producción a las fábricas de azúcar en bruto y la^^fcKh£¿egen--a-las—rpfinprias;
luego toman la mercancía blanca de las refi nerías para su colocación en los
mercados interiores y exteriores. Cuando con el trans curso de los años la
exportación adquirió cada vez más importancia para las fábricas austríacas, la actividad
de los Bancos tomó también otro carácter. La exportación re quería un continuo
operar sobre los diferentes mercados exteriores, la modesta pro visión de los
negocios de comisión «quedó postergada frente a las grandes ganancias de los
arbitrajes y de las transacciones especulativas... Pero el comercio
internacional iba estrechamente-unido al comercio por cuenta propia, puesto que
eran muy pocas las fábricas del interior que estaban en situación de hacerse
cargo de tales operacio nes, a menudo hechas por necesidad a largo plazo. Así
entró como último miembro en el comercio del azúcar la adquisición en firme por
parte de los Bancos; las fá bricas vendían sus productos a su organización
bancaria, que, por su parte, buscaba él beneficio mediante la explotación más
favorable posible en los mercados del inte rior y del exterior. El comercio
por cuenta propia todavía no es ciertamente la regla general y los temerosos
institutos individuales se mantienen retirados de él por prin cipio. Mas junto
a la venta en comisión va tomando cada vez mayor extensión y no se puede negar
que el desarrollo comercial se mueve en esta dirección.
240 EL
CAPITAL FINANCIERO
precio del producto está determinado por el precio
de coste más el be neficio total. La división de este beneficio en ganancia de
empresario, interés, beneficio comercial y renta no afecta para nada al precio.
El que el cartel haya entrado ahora en el puesto del comerciante, el que h-aya
desaparecido una -parte de las operaciones comerciales, significa únicamente
que el industrial no tiene que ceder ahor.a ninguna parte de su beneficio a los
comerciantes. El precio del producto globa-l sigue sien do el mismo para los
consumidores 5. Los gastos de circulación formaban una deducción del beneficio,
y la disminución de estos gastos significa que el beneficio industrial, la
ganancia .dé empresario, aumenta en la cantidad que se ha liberado can la
reducción de los costes comerciales. Solamente la superstición del beneficio de
enajenación, la creencia de
Un negocio mercantil aún mayor lo
tienen aquellos 'Bancos que se hallan en es
trecho contacto con cariéis y dirigen la venta de las industrias controladas por ellos.
Asi, el
Landerbank--tiene la venta del cartel de las fábricas de cerillas, de
lasde
jarabe, de
las de batería dé cocida esmaltada, de' las de «papeles en colores, de las
de almidón y
de algunas industrias químicas aisladas; la Unión Banquera (Bankverein)
está en relaciones similares con las fábricas de
cartón y el Instituto del Crédito (Kre*
ditanstalt) también tiene en sus manos la venta de
la asociación de fábricas de latón .^ No son más que relaciones de comisión que
no entrañan ningún comercio más es
trecho: pero con la cartelización y concentración
de la venta en la oficina central de ventas se ha expulsado al comercio
intermedio de estas posiciones. E l beneficio
del negocio de comisión mercantil se ha hecho menor
debido a la competencia de los Bancos y sólo alcanza ya una modesta cuota,
comparada con las considerables co misiones de antes. La reducción de las
financias en el negocio bancario normal ha ■promovido en algunos institutos,
-que tienen departamentos mercantiles, la idea de cultivar en mayores
proporciones el comercio propio de mercancías, y algunos indi cios señalan que
se deberían emprender-nuevos intentos en este sentido para la con figuración del
negocio.
B En particular, pueden ocurrir desplazamientos de
precios según las diferentes relaciones que existan entre el capital industrial
y el comercial en las esferas privadas. Supongamos que en una esfera, por
ejemplo en la construcción de máquinas, el ca pital de producción es igual a
l.OQQ y el capital comercial Igual a 200. Coa a. cuota media de beneficios del
20 por 100 se hará un beneficio comercial del 40 pó'r 100. El precio para el
consumidor es igual a 1.000 más 200 (precio por el que los industriales venden
su producto al comerciante), más 2-40 (que le suplen al comerciante su capital
más el beneficio), esto es, en total 1.440. Pero en la industria textil recae
un capital comercial de 400 sobre un capital de producción de 1.000. El precio
del producto sería, ¡pues, igual a 1.680. Supuesto el caso de que el cartel
consiga suprimir en am bos casos el capital comercial y reducir los gastos
comerciales a la mitad, el cons tructor de máquinas obtendría por un capital
de 1.100 un beneficio de 540, y los fabricantes textiles un beneficio de 480
por su capital de 1.2O0T"f,a desigualdad de las cuotas de beneficios puede
conducir a procesos de compensación que aparecen luego en los cambios de
precio. Pero lo que ganasen los consumidores de los pro ductos textiles lo
perderían los compradores de máquinas. En general, esta compen
sación sucederá sólo de un modo difícil e
incompleto a consecuencia de la carteli zación.
Otra cosa es cuando el comercio independiente es
sustituido por asociaciones de consumo, grandes sociedades de compras,
cooperativas agrícolas de compras, etc. Esto significa únicamente que en. lugar
de la acción de los capitalistas comerciales entra la de los consumidores
organizados, sobre los que también recae, por eso, el beneficio comercial.
Pero, al mismo tiempo, la concentración’ incrementaba supone ahorro de gastos
de circulación.
t o s
MONOPOLIOS CAPITALISTAS Y EL
COMERCIÓ 24i
que el comerciante obtiene beneficios simplemente
recargando su pre cio de coste, es la que despierta en algunos autores la
esperanza de que la reducción de los costes comerciales podría disminuir en
alguna forma el precio de los productos para el consumidor ®.
La reducción de las operacipnes comerciales
significa también la li beración del capital empleado hasta ahora en la esfera
comercial y que busca una nueva explotación. En determinadas circunstancias
este he cho puede incrementar el impulso a la exportación de capital.
Mas el que los cantéis conserven formalmente el
comercio va en su propio interés. Kirdorf, el soberano del Sindicato del
Carbón, dice a este respecto: “Si queremos ir hasta las fuentes más profundas
del consumo, hasta el comprador individual, entonces hay que disponer de un
potente aparato; luego vienen los elevados costes de administración, que supe
ran con creces la ventaja del precio mediante la entrega directa. Se tie ne
entonces un establecimiento tan caro que es imposible de soportar, y un personal
burocrático tan extenso que ya jno se puede supervisar ni controlar. Por eso el
comercio intermedio serio es y sigue siendo, en cierto grado, una necesidad
absoluta y jamás podrá suprimirse” 11. \
En realidad, no se trata ya de mediadores ni
comerciantes, sino de agentes de los sindicatos, cuya independencia es tan
ficticia como la del industrial caseVo, al que se califica de independiente.
Sólo que, mien tras la industria casera deja de ser rentable a partir de
cierto punto me diante un cambio técnico de la producción, esto es menos
importante en el comercio. Económicamente no existe ninguna diferencia en que
sea un agente pagado a sueldo fijo o un comerciante “libre", que en
realidad
depende de una comisión cuyas oscilaciones son tan
pequeñas debido
a la limitación territorial de la zona de ventas y
a, la estipulación de las
divergencias de precio dominadas por el Sindicato
que, de hecho, las ganancias del comerciante son bastante similares a las de un
agente. La ficción de la independencia, que se crea con lg otra especie de
remune ración — y en este caso se trata de sueldo, las ganancias del “comer
ciante” se componen del beneficio sobre su capital y del sueldo que ten dría
que pagar el Sindicato a un*ágente— , esta*ficción le ahorra al Sin-
El
comerciante al por mayor Engel dice, con toda razón: "E l deseo del Sin
dicato lleva a monqpolizar y excluir sencillemente el comercio al por mayor.
Natu ralmente el editor no compra por ello más barato; pues, si no pensara de
este modo: el beneficio que obtiene el comercio al por mayor quiero hacerlo yo
mismo comoÍH-bricante, como sindicato, entonces no tendría ninguna finalidad
todo el movimiento . Kontcadiktorische V erhandlungen über den Verband
deutscher Druckpapier[abriken, cuaderno IV , pág. 114.
Lo mismo se puede decir también del Sindicato del
Carbón, por ejemplo. "Utiliza asimismo esta monopolización del negocio de
transporte y del negocio al por mayor para, sin un aumento manifiesto de los
precios del carbón y mediante un incremento de los sueldos de transporte,
gravar a los pequeños consumidores o cuidar de que los precios elevados que han
de .pagar éstos no sean para el comercio, como sucedía
hasta ahora, sino para los productores.” Liefmann,
Kartelle und Trusts, pág. 98,
7 Kontradiktorische Verhandlungen, I, pág. 236. _
18
242 EL
CAPITAL FINANCIERO
-dicato costes de vigilancia y gastos de control,
algo así como el salario a destajo frente al salario por horas. Por lo demás,
él capital necesario es reducido extraordinariamente en semejante comercio; el
capital pro pio del comerciante .no necesita ser grande, puesto que la
continuidad de los precios de cartel y
el monopolio local disminuyen
todo riesgo. í*or consiguiente, estas transacciones pueden efKtuar^é
principalmente con crédito, acreditándole al comerciante en su mayor parte el
dinero para el pago. Por esta parte del.capital sólo hay que pagar interés. El
Sin dicato está interesado, exclusivamente en reducir el número de comercian
tes, puesto que su propia venta se simplifica así, y en aproximar efecti
vamente la comisión al sueldo pagado por la actividad comercial, valo rada
como altamente cualificada. Económicamente, es indiferente hasta qué punto se
mantiene esta ficción de la independencia. _E1 mismo Kir-dorf® dice que la
magnitud momentánea del desplazamiento del comer cio intermedio no es nada
definitivo, sino que únicamente era necesaria
en consideración al desarrollo histórico del
comercio del-"caebóít^í Kir-dorf subraya también que es completamente
evidente "que el comercio del carbón no es necesario en la profusión con
que se ha desarrollado en la antigua dispersión de la explotación minera”. —
.Estas relaciones también han sido expuestas
abiertamente por los grandes comerciantes de carbón a pesar de todas las
reservas visibles. Para nuestros fines bastan algunas citas. El comerciante al
por mayor Vdwinkel (de Dusseldorf) argumenta de esta forma9: "Si digo
preci samente que ya no somos verdaderos comerciantes, lo fundamento del modo
siguiente: en primer lugar, el Sindicato nos prescribe las calidades que
debemos comprar; segundo, los precios a que debemos comprarlas; tercero, el
mercados cuarto, los precios a que debemos vender. Natural mente ya no queda
aquí mucho de la libertad del comercio. Pero creo que el Sindicato del Carbón
no puede hacer otra cosa, dadas las con diciones... En el futuro, los grandes
comerciantes deberemos tener bien en cuenta que nc puede ser de otra manera y
que poco a poco vamos siendo menos. Este hecho es tan manifiesto que hoy es
imposible ini ciar cualquier negocio de comercio al por mayor en grandes
proporcio nes, porque no existen las cantidades para ello. El negocio actual
tam bién está limitado de tal forma que es absolutamente imposible exten
derse”.
estos
“comerciantes” se les ha quitado toda la independencia. Pues, como dice el
comerciante en carbón Bellwinkel (Dortmnund), “el Sindi cato tiene voz y voto
en el Consejo de Administración de toda asociación de ventas mediante un señor
de su presidencia", y, además, “tiene de recho a mirar todos los libros
siempre que quiera". Dice con toda razón: “Finalmente, nos han quitado la
libertad de movimiento; nos hemos con vertido más bien en una especie de
representantes” .
Y aún es peor el pronóstico para el futuro. El
señor Vo'winke] lo ex-
** Ibídem,
pág. 235. 1
“ Ibídem, pág. 228 y
sigs.
LOS
MONOPOLIOS CAPITALISTAS Y EL
COMERCIO 243
pone de la siguiente manera11,0: “el Sindicato ha
creado una admirable organización de la que, en mi opinión, el comercio al por
mayor será excluido salvo en una ínfima porción. ¿Qué justificación tiene el
comer cio al por mayor en general? Finalmente, al gran comercio no le que
dará más remedio que busoar su salida en el pequeño consumidor, en el
necesitado de crédito, que procurar la compensación almacenando mu cho carbón
en tiempos^en que la venta marche mal. Estos son los pun tos que todavía lo justifican
en el futuro, y sería probable que él co mercio del carbón descendiera de la
reducción al 45 por 100, que he mos oído esta mañana, al 20 por 100 por lo
menos”.
Ha descrito justamente que es superflua la función
específicamente comercial, gestionadora del proceso de circulación M-D-M, y que
lo úni co que se mantiene, para la mediación del consumo en todo orden social
con producción en masa, es la función siempre necesaria de la distribu ción
del producto, de su conservación y almacenamiento. Pero la venta comercial ha
cesado como tal; se ha . hecho enter.amente=*«temática, pro- » testa el señor
Vowinkel11.
Vowinkel expone también con todo detalle cómo el
gran comercian te es sustituido paulatinamente por el agente del Sindicato.
Con toda justicia califica de "sinecura” la participación en semejante
asociación de ventas. Esta 'depende enteramente de la merced del Sindicato.
Tras la muerte del partícipe actual, su parte fija en la venta revertirá final
mente al Sindicato; "el Sindicato se convierte en el partícipe. Con ello
queda totalmente claro que, en realidad, este subsindicato (queremos de cir,
la asociación de comerciantes) pasa finalmente al Sindicato prin cipal"
12.
El monoplio de los grandes comerciantes o de las
asociaciones de venta les concede también el poder de poner bajo su dependencia
a los comerciantes más pequeños, de dictarles los precios de venta, en fin, de
convertirlos a su vez en sus agentes. Así dice, por ejemplo, él gran co
merciante de carbónHeidmann (Hamburgo): “como encontré en mis lj-
bros que las deudas de
esta gente (scil. pequeños comerciantes
que le
comspran el carbón) crecían cada vez más, les he dicho: No os
ven
deré más carbón si no lo tomáis a tal y tal precio” ia.
El concejal doctor Rive dice lcPfciguiente de los
grandes comerciantes de la región de la Alta Silesia: "Los señores
comerciantes al por mayor, con los que hemos de tratar aquí, es decir, los de
primera categoría (las firmas César Wollheim y Friedlánder), ya llevan consigo,
naturalmen te, a toda una serie de comerciantes de segunda categoría, qué —
pode mos afirmarlo abiertamente— • dependen de ellos, y los de segunda ca
tegoría tienen a su vez tras sí los de tercera, cuarta y última categoría.
Uno depende
del otro y los primeros comerciantes están de acuerdo,
“ ¡bídem, pág. 230.
“ Ibídem, pág. 229.
’rí Ibídem, ipá,g. 230.
¡,p Kontradiktorische Verlmndhtngen, cuad. II,
pág. 245.
244 EL
CAPITAL FINANCIERO
aunque no por contrato, sí voluntariamente, con la
Convención (se re fiere a la Convención del Carbón de la Alta Silesia)”.
Indiquemos brevemente que la posición independiente
de. las dos fir mas carboneras de la Alta Silesia se explica porque éstas
tenían ya en sus manos el comercio con las minas mucho antes 'de la firma de la
Convención. Las minas eran generalmente propiedad privada, y las dos firmas
también participaban en ellas financieramente. No sólo tenían la organización
de ventas en la mano, sino también participación en la pro piedad minera, ya
directamente o como acreedores.
La forma en aceiones ha independizado las minas del
comercio en Rénania del Norte-'Westfalia. Quizá por eso estaba también el
comer cio menos concentrado en el Oeste, porque el riiercado era allí mayor y
la competencia menos aguda. Puede que sea aún más importante el he cho de que
las mina^del Oeste sean más recientes que las viejas minas privadas de la Alta
Silesia. Por eso afirman su posición en esta comarca las dos firmas comerciales
más poderosas, cosa que, sin -embargo, no le ocurre al comercio. Se convierten
precisamente en la organización co mercial del cartel (no formalmente, puesto
que se realiza de tal modo qiue el cartel no se preocupa del comercio, sino que
deja la venta a la mina, pero sí de hecho). N o llegan a serlo como
"comerciantes”, sino por su potencia de capital, mientras que el comercio
del ©este, menos importante, porque no_ está tan concentrado, pierde su
posición, y tam bién el comerciante al por mayor se convierte “más -o menos en
agente”, como dice el consejero doctor ¡Wachler M.
La subordinación del comercio al Sindicato facilita
.a éste igualmente la prohibición de la competencia extranjera, que depende en
mayor me dida que la fabricación nacional de la gestión comercial. ,E1
comerciante Klockner (Duisburg) dice lo siguiente: “Las firmas comerciales que
ges tionan la venta del hierro de fundición tienen que firmar ante el Sindi
cato del Hierro unas condiciones, por las que se ven obligadas a no uti lizar
ningún hierro extranjero o á traerlo a Alemania” 15.
■Con esta preponderancia de 1a industria
cartelizada contrasta, en cambio, la dependencia de los pequeños fabricantes en
industrias toda vía no aptas para el cartel con respecto de los comerciantes
fuertes en capital, dependencia que será especialmente opresora cuando se
incre menta con la concesión de crédito.
"Muchos fabricantes pequeños dependen por
completo de los comer ciantes en su negocio: desgraciadamente tenemos muchos
fabricantes en
Ibídem, pág.
380.
“ Es muy bonita la hipócrita fraseología del agente
del Sindicato: "Lo hemos creído justo también en nuestra calidad de firmas
comerciales, pues estamos aquí, so bre todo, para fomentar el comercio
nacional y protegerlo". El saqueo del mercado
nacional,
la obstaculización de
la elaboración mediante
la fabricación de
carbones,
coque y hierro artificiales, el mantenimiento de
elevados precios interiores mediante la venta a cualquier precio en el
extranjero, ésta es la atmósfera nacional del ansia de beneficios. '
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 245
nuestra industria manufacturera que son demasiado
débiles de capital y en realidad no son independientes, sino que están
obligados a vender sus mercancías a cualquier precio para mantener su
establecimiento. En tonces un comerciante compra la mercancía o incluso da un
anticipo por ella, y tiene al pequeño fabricante en sus manos durante un tiempo
apre-ciable; después puede dictarle toda la gestión de su negocio” 16. El se
ñor Gerstein habla de la pequeña industria del hierro y ve en la resis tencia
de los comerciantes Una razón importante que dificulta la carteli-zación.
Por otro lado,- la cartelización de-las industrias
manufactureras no puede servirles de mucho para la explotación de los (precios.
“Cuando los fabricantes de las industrias manufactureras se asocian, y cuando
establecen los precios de manera que les quede un beneficio modesto, hemos
experimentado, por desgracia, con mucha frecuencia, que la gran industria les
pone toda clase de trabas y fabrica en sus propios talleres los artículos que
ella misma necesita; sin olvidar -qne^puede .contar con costos de fabricación
muy diferentes a los de los fabricantes, quienes están sujetos a los precios de
los cariéis de la gran industria e¡n lo re lativo a la compra de sus materias
primas. Como ya hemos oído, la fa bricación de los artículos necesitados en la
empresa propia es muy am plia. El señor director Fuchs me dijo ayer que
.algunas grandes facto rías: Bochum, el Dortmunder Verein, los .Konigs— und
Laurahütte es tán haciendo la competencia a las fábricas que solamente
fabrican vago nes — los vagones no pertenecen a la pequeña industria del
hierro, pero sí a los productos .acabados— . Yo le he contestado que no sólo se
per judicarán las últimas, sino también las empresas de la pequeña indus tria
del hierro, los fabricantes de repuestos para los vagones; pues las grandes
fundiciones de acero no sólo hacen ellas mismas los vagones acabados, sino todo
lo que forma parte de ellos: toipes, cruces, engan ches, en fin, todos los
accesorios. La Kónicfs— ■und Laurahütte fabrica todo lo necesario para sus
vagones, desde las ruedas hasta la última pie za, exceptuando quizá las
ballestas, tuercas y remaches. También la Dortmunder Union fabrica casi todas
las piezas y refuerzos para su fá brica de vagones, además de otros artículos
de la pequeña industria del hieíiro, como, por ejemplo, las tuercas para las
vías” 17.
Pero si el comercio obstaculiza la cartelización
con su influencia so bre los capitalistas más pequeños, procura, poir otro
lado, fortalecer esta influencia formando él mismo sindicatos. Gerstein expone
también al gunos ejemplos al respecto. Las grandes ferreterías de Berlín, por
ejem plo, se han unido en una asociación que tiene mucha influencia en la
formación de precios. Los comercios dé Danzing han comprado juntos una firma y
han formado una asociación de comerciantes de hierro, una sociedad de responsabilidad
limitada. La Unión Alemana de ¡Ferreteros,
10 Declaración de Gerstein, secretario de la Cámara
de Comercio de Hagen; "Kon-tradiktor'ische Verhandlungen”, V I sesión,
.pág. 444.
11 Declaración de
Gerstein, ibidem, pág.
445,
246 EL
CAPITAL FINANCIERO
con sede en Mainz, ha adoptado algunas medidas
sobre la compra de mercancías. Los miembros de la Unión se hacen firmar por sus
provee dores un resguardo “por el que se obligan a no vender a los
bazares". Los miembros dé la Unión se obligan a no comprar a los
fabricantes que también styninistren a los consumidores, y en -ocasiones se ha
llegado
( hasta el
punto de incluir entre los consumidores a las grandes líneas de ferrocarril
"del Estado, pretendiendo prohibir a los fabricantes él sumi-
'Tifstro directo de diversos artículos a los
ferrocarriles del Estadotts.
Un buen ejemplo de que la mayor fuerza de capital
lleva fácilmente a relaciones de dependencia, por ejemplo, en la forma de que
el comer-'ciante al por mayor incrementa el beneficio comercial a costa del
in-dustrial y carga sobre otro el riesgo que le .corresponde a él, y que se ha
creado probablemente por su propia especulación, es el siguiente: "En
cambio, la especulación en el papel de imprenta se opone ial deseo del
Sindicato de implantar precios estables y de adaptar la oferta a la demanda. El
papel, en general, y el papel de imprenta, en particular, no es ningún artículo
dé especulación. Y, según los procesos que se ob servaron exT casi todas las
fábricas de papel de Alemania, son siempre los 'comercianfes al por mayor los
que, en el caso de una tendencia dé bil de los precios, lo venden in blanco
sin tener en cuenta sus costes de fabricación. Son precisamente quienes después
rebajan el precio de la forma más indigna a los fabricantes dé papel
preocupados por los pe-díctos. Todo esto llegaba, y aún llega hoy, a tales
extremos que estos comerciantes imponen a los fabricantes de papel residentes
en la mon taña, aislados del mercado, un precio de venta muy inferior al del
mer cado.
Por el contrario, en caso de tendencia ascendente
en el mercado de papel, son estos mismos comerciantes al por mayor los que
presionan, recurriendo a toda clase de recursos oratorios y de persuasión, a
los fa bricantes para la venta de grandes cantidades de papel sin que ellos
mismos las tengan vendidas ya a otras personas. En tal caso, son los impresores
los primeros perjudicados que han de pagar al comerciante su feliz
especulación; pero, en los casos de altas coyunturas muy tran sitorias,
también son los fabricantes los perjudicados, porque el comer ciante
respectivo vuelve a rebajar el precio una vez iniciado el movi miento de
retroceso de los precios de mercado, o abandona tranquila mente a los
fabricantes con su mercancía cuando él no puj|^B*#mprarie el papel. Son
excepcionalmente raros los casos en que un fabricante de papel se decide a
presentar una demanda judicial contra el comer-
“ Ibídem,
pág. 447.
La declaración de Gerstein (ibídem, pág. 556) nos
demuestra cuán rigurosamente se comportan a veces las grandes empresas frente a
sus proveedores más pequeños. “Una gran fundición con posesión de minas tiene
condiciones impresas para la com pra de sus materiales de herramienta, en los
que se exige una oferta, y dice a con tinuación: cantidad, nuestras
necesidades para el año 1904 sin obligación por nuestra parte de comprar una
cantidad determinada. Suministro, previo aviso por nuestra parte.”
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 247
ciante, inspirado siempre por la razón de que no
quiere perder para el futuro la clientela del comerciante”
La creación del Sindicato cambia la situación de
golpe y porrazo. Frente a los comerciantes dispersos aparece la industria
unida. El pode río capitalista está ahora del lado de los industriales. Pero
no sólo ésto.
.El comerciante aparece ahora como lo que es, como
'me^io de ayuda su perfina frente a la. producción indispensable. Aparece
también la supe rioridad dé la necesidad natural de la producción sobre la
necesidad ca pitalista de la distribución por el comercio. El Sindicato lo
reduce .a sus “límites legítimos". “Se considera que el comercio es
legítimo cuando el comerciante vende el papel a basé de precios de compra
seguros con un beneficia suplementario suficiente y cumple las condiciones que
los fabricantes declaran lícitas y son comercialmente normales en la venta de
papel." Así, pues, el comerciante de papel se convierte en un agente del
Sindicato con una profesión fija. Sé le priva de su libertad y eleva el gírito
al cielo por el trato indigno que recibe. Habla con nostalgia de los buenos
tiempos del doux commerce. Pero entre las condiciones impuestas la más dura
par.a él etf que désde ahora tiene que comprar exclusivamente al Sindicato y a
nadie más. Se le ha prohibido la explo
tación de la competencia entre los productores, y
él mismo se convierte en una herramienta para fortificar el Sindicato, para
eternizar elmono
polio que lo ata. Tienen q.ue abandonar toda
esperanza, pues sobre la puerta que conduce a la oficina de ventas del
Sindicato está escrito con letras que le producen tanto miedo como las de la
puerta del in fierno al pecador de Dante: No compres más que a los
sindicalistas y no vendas más que a los precios fijados por el Sindicato. Es el
fin del comerciante capitalista 20.
Un medio para excluir la especulación en el
comercio lo constituye también la firma de contratos a largo plazo. Así, el
Sindicato del Car bón fija invariablemente sus precios para todo un año y no
se desvía bajo ningún concepto de esta “regla fundamental” 21.
¡Témpora mutantur! En la encuesta bursátil ¡dél año
1893 la especu lación es la flor más sublime y la raíz más profunda del
capitalismo.
“
Konicadiktocische Verhandlungenf cuaderno IV, manifestación del director
Teu-
ther, págs.
110 y sigs.
50 “É l Sindicato
se ha impuesto el deber, por consiguiente, de suprimir este co
mercio al por mayor en el negocio del papel de
imprenta. Una vez eliminados por la unión del Sindicato gran número de agentes
que se ocupaban también de la venta
de papel de imprenta, además de otros papeles,
existían aún muchos comerciantes que se ocupaban del papel de imprenta. Y
entonces el Sindicato se propuso negarles la entrega de papel no sólo a las
firmas ocupadas en la especulación, sino también evi tar que apareciesen
nuevos comerciantes en el plano de este comercio. Por eso el Sindicato ha
negado en muchos casos toda venta de papel de imprimir a las papeleras que
quieren ampliar sus transacciones únicamente desde que existe el
Sindicato" (Ibídem, página 111).
“ Kontra
diklot ische Vethandlungen, 1, ipágs. 94 y sigs.
El Sindicato Alemán del Coque ha obligado a sus
compradores en el otoño de 1899 a cubrir sus necesidades para los dos años 1900
y 1901. Notemos,-de paso, que el
248 EL
CAPITAL FINANCIERO
Todo es especulación: fabricación, comercio,
negocios diferenciales; todo capitalista es un especulador, inclusa el
proletario que reflexiona en dón de puede vender mejor su fuerza de trabajo es
un especulador. En la encuesta del cartel se ha olvidado la cantidad de la
especulación. Es el mal por excelencia, del que se derivan las crisis, la
superproducción y, en fin, todo lo que la sociedad capitalista tiene de nocivo.
El lema es la supresión dé la especulación. En lugar del ideal de fa
especulación aparecen las lucubraciones sobre el ideal del “precio estable”, es
decir, sobre la muerte de aquélla. La Bolsa y el comercio son ahora especu
lativos, condenados, suprimidos en favor del monopolio industrial. El beneficio
industrial se agrega al comercial, es capitalizado en forma de. ganancia de
fundador, en forma de botín de la_Trinida¡J llegada a la forma suprema de
capital en- concepto de capital financiero.
Pues el capital
industrial es el Dios Padre
que ha dejado como
Dios Hijo al capital comercial y bancario, y el
capital monetario es el
Espíritu Santo; son tres, pero uno solo en el
capital financiero.
La seguridad de la ganancia de carfeí en contraste
con la inseguri dad de la ganancia especulativa se refleja en la diversidad de
la psico logía de sus representantes y én la decisión que revelan sus actos.
JEd magnate del cartel se siente señor de la producción, su actuación se des
arrolla a la luz del día. Debe su éxito a la organización de la produc ción,
al ahorro de gastos. Se siente representante de la necesidad social frente a la
anarquía individual y considera su beneficio como un sueldo merecido por su
actividad organizadora. A su ideología capitalista le pa rece natural que
caigan en sus manos los frutos de una organización que no es obra suya. El es
representante de un tiempo nuevo. “The day of the invidual”, dice
imperiosamente Havemeyer a los defensores de lo viejo, “has passed; if the mass
of the people profit at the expense of the individual, the individual should
and must go” 22. Se refiere al so cialismo, y, embriagado por el triunfo, no
se da cuenta de que también él y sus congéneres pudieran pertenecer un día a
los individuos que han de irse. El magnate de cartel no conoce ningún
escrúpulo, y si Havé-meyer explica con alegre franqueza que le importa una
perra 'chica la ética de los demáss3, el señor Kirdorf subraya de un modo no
menos
Sindicato aprovechó su poder para elevar en !os dos
arios a 17 marcos los precios de 1900, que se habían fijado ya en febrero de
189S en 14 marcos. Bajo la amenaza de que si no lo hacían no recibirían ningún
coque, las fundiciones firmaron el con trato.
La cuestión es también interesante porque demuestra
lo poco que los Sindicatos pueden influir en las crisis. Los contratos se
hicieron en 1899, esto es, casi veintisiete meses antes. A mediados de 1900
cedió la coyuntura y 1901 fue un afio de crisis, •pero los precios más elevados
del coque estaban asegurados. De esta suerte el efecto de la crisis fue mucho
mayor para la industria elaboradora (Kontradiktorische Ver-handlungen, tercera
sesión, págs. 638, 655, 664).
Industrial
Commission, "Preliminary Report on Trusts and Industrial
Combl-nations", pág. 223.
M Industrial Commission, pág. 63. "I do pot
care Two cents for your ethics.” Añade, además, que es un principio comercial
justo iponer precios baratos para ex
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y EL COMERCIO 249
orgulloso el derecho del amo en su propia casa.
Pero su ética es el peor crimen: la ruptura de la solaridad, la líbre
competencia, el excluirse 'de la hermandad de la ganancia monopolista.
Desprecio total y destrucción económica son el castigo que merece24.
Repartiéronse listas en donde se resaltaba en grandes caracteres a los
destiladores que no se habían ad herido 26. M uy distinto es, en cambio, el
comportamiento del especula dor. Parece modesto, consciente dé su culpa. Su
ganancia no es más que la pérdida de otro. Aunque también sea necesario, su
necesidad no es más que una prueba de la imperfección de la sociedad
capitalista. La fuente de sus ganancias queda siempre obscura. El especualdor
no es ningún productor que icrea valores. Si su ganancia sobrepasa cierta me
dida, la admiración que produce el éxito entra en colisión inmediatamente con
la sospecha; jamás se siente seguro frente al público y siempre teme una nueva
ley bursátil. Se disculpa y ruega que no sean muy rigurosos con él en el juzgado:
"Es la herencia de todas las organizaciones hu manas: siempre son
defectuosas y pecadoras” 20.
es feliz
cuando encuentra creyentes como el profesor Vander Borght, que lo consuela así:
"Es propio de la naturaleza del hombre que su
apetito de juego se manifieste con viveza de vez en icuando”, y aplaca a sus
atacantes di ciendo: "todos estos efectos desfavorables hay que
deducirlos en última instancia de las debilidades inmanentes y de las pasiones
de la natura leza humana” ET.
Naturalmente, no se puede tratar de una forma
demasiad^jdura a ningún capitalista. Cuando afirma: "El dinero tiene una
fuerza moral-mente destructiva y el carácter moral cambia rápidamente con el
aumento de la ganancia” 88; le está rebosando la bilis. Durante todo este
tiempo se ha molestado por la incomprensión anticonfesional que opone el pro
fesor Colín a su hermosa alma.
Ha aceptado con gran paciencia que las discusiones
más profundas del profesor sobre la fundación de la Bolsa no aporten ninguna
clari dad, y, en cambio, escucha con serena bondad las interesantes manifes
cluir a la competencia. Pues, como dice más
adelante, los trusts no son un negocio ¿para la salud de los competidores.
“Trusts are not in the business for their health'V página 223.
Véase la
amenaza de castigo de la Deusíche Agrarkorrespondenz (número 8, del año 1899),
exponente de la Federación de Agricultores: “El destilador alemán que se niegue
a ingresar en la sociedad no merece el derecho a la consideración pro
fesional; estos señores tendrían que ser estigmatizados. Semejante caballero
debería ser castigado con el merecido grito de desprecio”.
3 Kontradiktorische Verhandlungen, declaración del secretario
general' (Kópke.
Deutsche
Bórsenenquete, I, pág. 464. Palabras del cónsul general Russel, de la
Diskontogeselldchaft.
”
Handwórtetbuch der Staatswissenschaften, págs. 181 y
sigs.
Deutsche
Bórsenenquete, II tomo, pág. 2151. Declaración de V an Guipen. Y no' sólo
entonces: “Cuando le amargan la vida (al banquero ¿provincial) tiene que ven
der más papeles fraudulentos de los que ha vendido quizá hasta ahora",
asegura el señor Von Guaita (ibídem, pág. 959),
250 EL
CAPITAL FINANCIERO
taciones que el profesor Cohn hace acerca de la
función de las Univer sidades prusianas. Mas np hay que llevar las cosas
demasiado lejos. Seguramente no tiene nada que objetar cuando el profesor
proclama: “El fin ¿e la Universidad es estar entre la Bolsa y la
socialdemocracia, es demostrar la justificación ética de la Bolsa y
defenderla”. Pero cuan-do-el sapientísimo señor continúa: “si las Universidades
no existieran, estos contrastes estallarían”, este caso de megalomanía y demás
locu ras lo mueve a risa. No puede creer~en la seriedad del profesor cuando
dice a continuación: "Admito que las Bolsas persigan finep éticos {nó
tese que aún sigue siendo especulador), mas no han sido fundadas para esó, sino
por puro' egoísmo. ¿Ha. de fundar Bolsas el comerciante para hacer de ellas
institutos de beneficencia?” Pero la economía nacional ética no ofrece
respuesta y el señor profesor Cohh semeja en este mo mento a un gato
escaldado, un gato, desde luego, en el que no se oculta ningún Mefistófeles.
Deutsche
Bdrsenenquete, II, pág. 2169.
—
CAPITUL© XIV
L®s monopolios capitalistas y los Bancos
Transformación del capital en capital
financiero
La expansión de la industria capitalista desarrolla
la concentración 'de la Banca. El sistema bancario concentrado es también un
motor impor tante para la consecución del grado superior de la concentración
capi talista en los cartels y trusts. ¿Cómo repercuten éstos sobre el sistema
bancario? El cartel o el trust es una empresa de gran potencia de ca pital. En
las relaciones mutuas de dependencia de las empresas capita listas es, sobre
-todo, la potencia de capital .la que decide qué empresa cale bajo la
dependencia de otra-. Una cartelización muy avanzada mo tiva, desde un
principio, que los Bancos se asocien y aumenten para no caer bajo la
dependencia del cartel o trust. Así, pues, la misma carteli zación fomenta lá
unión de los Bancos, como, por el contrario, la unión de los Bancos promueve la
cartelización. En la unión de las fundiciones de acero, por ejemplo, está
interesada toda una serie de Bancos que ac túan conjuntamente para producir la
fusión, incluso contra la voluntad de algunos industriales particulares. Por el
contrario, una comunidad de intereses, provocada en principio por los
industriales, puede tener como consecuencia el q.ue dos Bancos que hasta ahora
se hacían la com petencia reiciban intereses comunes y empiecen a actuar
conjuntamente' en un sector determinado. D,e modo idéntico .actúan las
combinaciones industriales sobre la ampliación del sector industrial de un
Banco, que quizá hasta ahora no se ha ocupado más que en e] sector de la in
dustria de materias primas y se ve obligado por la combinación .a ex tender su
actividad a la industria elaboradora.
2 5 2 EL
CAPITAL FINANCIERO
El propio cartel presupone un gran Banco que esté
en situación de
abastecer continuamente el potente crédito de circulación y de produce
ción 'de todo un sector industrial.
Sin embargo, el cartel motiva también una
intensificación de las rela
ciones entre Banco e industria. Al eliminarse la libre competencia en
la industria tiene lugar, primeramente, un aumento
de la tasa de bene ficios. Esta tasa de beneficios aumentada desempeña un
papel impor tante. Cuando la exclusión de la libre competencia se produce
mediante fusión se funda una empresa nueva. Esta empresa puede contar con un
beneficio más alto. Este beneficio aumentado puede-ser capitalizado y formar
ganancia de fundador1. En la realización del trust ésta juega un papel
importante en doble sentido. En primer lugar, su consecución es para los Bancos
un motivo muy importante para fomentar la mono polización. En segundo lugar,
una parte de la ganancia de fundador puede emplearse para forzar, mediante el
pago de un precio elevado 1 de compra a elementos resistentes,, pero
importantes, a la venta de sus I fábricas, esto es, a que faciliten la
realización del cartel. <üuizá pudié ramos expresarlo de la forma
siguiente: El cartel ejerce, una demanda sobre las empresas de una rarna
industrial; está demanda eleva su pre cio hasta cierto grado 2 y este precio
aumentado se paga con una parte de la ganancia de fundador.
Lá cartelización significa también una mayor
seguridad y regularidad del rendimiento de las empresas cartelizadas. Se han
suprimido los ries gos de la competencia que, con frecuencia, eran antes muy
peligrosos para la empresa individual. Pero de esta forma aumenta ¡a cotización
de las acciones de estas empresas, lo cual significa mayor ganancia de fundador
en lás nuevas emisiones. Además, es mucho mayor la se guridad para el capital
invertido en estas empresas. Esto les permite a los Bancos ampliar aún más su
crédito industrial y, de este modo, par ticipar en el beneficio industrial en
mayores proporciones que hasta aho ra. Asi, mediante la cartelización, se
estrechan aún más las relaciones entre los Bancos y la industria, mientras que,
al mismo tiempo recae
El (trust
americano del azúcar se fundó en 1887 por Havemeyer, mediante la fusión de
quince sociedades pequeñas que, juntas, daban un capital de seis mi llones y
medio de dólares. El capital en acciones del trust se fijó en 50 millones.
Ilnme-diatamente, el trust subió los precios del azúcar refinado y bajó los del
azúcar en bruto. Una investigación, que se inició en 1888, dio como resultado
que el trust ganaba, aproximadamente, M dólares en una tonelada de azúcar
refinado, lo cual le permitía pagar dividendos del 10 por 100 sobre todo el
capital en acciones, esto es, el 70 por 100, aproximadamente, sobre el capital
desembolsado realmente en la fundación dé la sociedad. Además, el trust podía
permitirse a veces el pago de dividendos extra y la acumulación de reservas
enormes. Hoy tiene el trust un capital en acciones de 90 mi
llones de dólares. La mitad son acciones
preferentes con derecho al 7 por 100 acumu
lativo, la otra mitad son acciones ordinarias que
actualmente producen también el 7 por 100 (Berliner Tageblatt, del 1.° de julio
de 1909). Se hallan también numerosos
ejemplos en los informes de la Industrial
Commission on Trusts and Industrial Combi-nations.
3 Se trata del
"precio del capital”, que es iguál .al beneficio capitalizado. •
LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS Y LOS BANCOS 253
cada V'ÍZ
más sobre los Bancos la disposición del capital invertido en
la industria. *“
Hemos visto cómo al principio de la producción
capitalista el dinero procede de dos fuentes. La primera, de los fondos de las
clases no pro ductivas, y la segunda, del capital de reserva de los
capitalistas comer ciales e industriales. Hemos visto, además, cómo .el
desarrollq^del cré dito conduce a poner a disposición de la industria no sólo
el capital de reserva total de las clases capitalistas, sino también la mayor
parte del dinero de las clases no productivas. En otros términos: la industria
ac tual actúa con un capital que es muy superior al capital total propie dad
de los 'capitalistas industriales. Con el desarrollo capitalista cre ce
también continuamente la suma del dinero que las clases no produc tivas ponen
a disposición de los Bancos y éstos lo ponen, a su vez, a disposición de los
industriales. .La disposición de estos fondos impres cindibles para la
industria la tienen los Bancos. Con el desarrollo del capitalismo y su
organización crediticia aumenta así la dependencia de la industria respecto de
los Bancos. Por otro lado, los bancos sólo pue-den atraer los tondos de las
clases improductivas y retener en sus ma nos la creciente masa ociosa de los
mismos si pagan intereses por estos fondos. Esto lo podían hacer mediante su
empleo en crédito de especu lación y de circulación, mientras estos fondos no
eran demasiado volu minosos. Con el aumento de estos fondos, de un lado, y con
la impor-Uancia decreciente de la especulación y del comercio, de otro, tenían
que
[transformarse cada más en capital industrial. Sin
la continua ex pansión del crédito de producción hubiera descendido muchísimo
más la disponibilidad de los depósitos y, con ello, también el interés de los
depósitos bancarios. Efectivamente, esto ha ocurrido, en parte, en In
glaterra, donde los Bancos de depósitos tramitan únicamente crédito de
circulación y por eso es tan mínimo el interés pagado a los depósitos. ©e ahí
la continua fuga de los depósitos a los sectores de inversión in dustrial
mediante la compra de acciones. Aquí el público hace directa mente lo que el
Banco gracias a la unión del Banco industrial y el de depósitos. Para el
público*el resultado es el mismo, puesto que la ga nancia de fundador no recae
sobre él de ningún modo. Mas para la in dustria británica significa una menor
dependencia con respecto al capi tal bancario, es decir, una situación opuesta
a la que se da en la indus tria alemana.
La dependencia de la industria con respecto a los
Bancos es, pues, *la consecuencia de las relaciones de propiedad. Una parte
cada vez ma yor del capital de la industria no pertenece a los industriales
que lo emplean. No pueden disponer de este capital más que a través del Ban
co, que frente a ellos representa al propietario. Por otro lado, el Banco tiene
que fijar en la industria una parte cada vez mayor de sus capi tales. Así, se
convierte en un capitalista industrial en proporciones cada vez mayores. Llamo
capital financiero al capital bancario, esto es, ca pital en forma de dinero,
que de este modo se transforma realmente en
254 EL
CAPITAL FINANCIERO
capital industrial. Frente a los propietarios
mantiene siempre la forma "He dinero, es invertido por ellos en forma de
capital monetario, de ca pital productor de intereses, y pueden retirarlo
siempre en forma de di nero. Pero, en realidad, la mayor parte del capital
invertido así en los Bancos se ha transformado en capital industrial,
productivo (medios de producción y fuerza de trabajo), y se ha inmovilizado en
el proceso de producción. Una parte cada vez mayor del capital empleado en la
in dustria es capital financiero, capital a disposición de los Bancos y uti
lizado por los industriales.
. E l capital financiero se desarrolla con el aug.s
de la sociedad por accionesry alcanza su apogeo con la monopolización de la
industria. El rendimiento industrial adquiere un carácter seguro y continuo, y,
con él, adquiere una extensión cada vez mayor la posibilidad de inversipn del
capital bancario en la industria. Pero son los Bancos los que dispo nen del
capital bancario y el dominio sobre ellos lo tienen los propie tarios de la
mayoría de las acciones bancarias". ,ESeSvidente que, con la concentración
creciente de la propiedad, se identifican cada vez más los propietarios del
capital ficticio, que da el poder sobre los Bancos, y los del capital, que da
el poder sobré la industria. Y tanto más cuanto que hemos visto cómo el gran
Banco se apodera cada vez más' del ca pital ficticio.
Aunque hayamos visto que la industria cae en una
dependencia cada vez maypr dei capital bancario, esto no significa que los
magnates de la industria dependan de los magnates báncarios. A medida que el
ca pital mismo, en su grado superior, se convierte en capital financiero, el
magnate del capital, el capitalista financiero, va reuniendo en sí la dis
posición de todo el capital nacional en forma de dominio del capital bancario.
La unión personal también juega aquí un papel importante.
Con la formación de cartels y trusts el capital
financiero alcanza su ma^or grado de poder, mientras que el capital comercial
vive su de gradación más profunda. A l principio del desarrollo capitalista'
el capi tal monetario, en calidad de capital usurero y comercial, juega un
papel importante tanto en la acumulación de capital como en la 'transforma
ción de la producción artesana en capitalista. Pero entonces empieza la
resistencia de los capitalistas “productivos", es decir, de los que ob
tienen beneficio, esto es, de los comerciales e industriales contra los ca
pitalistas del interés *.
El capital usurero se subordina al capital
industrial. Como capital mercantil ejecuta las funciones monetarias que
hubieran tenido que rea lizar los mismos industriales y comerciales en la
metamorfosis de sus mercancías. Como capital bancario gestiona las operaciones
de crédito
De hecho,
"la usura era un medio principal para la acumulación de capital, es decir,
mediante su participación en la renta del propietario de la tierra. Pero el
capital industrial y el comercial están más o menos unidos con los propietarios
de la tierra contra esta forma del capital, pasada ya de moda'’ (M A R X ,
Teorías sobre la plusvalía, . tomo I, pág. 19).
LOS
MONOPOLIOS CAPITALISTAS Y LOS BANCOS 255
entre los capitalistas productivos. La movilización
del capital y la ex pansión cada vez mayor del crédito van cambiando
completamente la posición de los capitalistas monetarios. Crece el poder de los
Bancos, se convierten en fundadores y, finalmente, en 'dominadores de la indus
tria, apoderándose de los beneficios como capital financiero, igual que
arrebataba antes el usurero con su “interés” el rendimiento del tra bajo de
los campesinos y la renta del latifundista. El hegeliano podría hablar de la negación
de la negación: El capital bancario fue la nega ción del capital usurero y es
negado a su vez por el capital financiero. El capital financiero es la síntesis
del capital usurero _y del capital ban-caxio, y, como éstos, aunque en un grado
infinitamente superior del desarrollo económico, se apropia de los frutos de la
producción social.
El desarrollo del capital comercial es muy
distinto. El desarrollo de la industria lo va desplazando poco á poco de la
posición dominante que tenía sobre la producción en el período de la
manufactura. Pero este retroceso es definitivo y el desarrollo del capital
financiero reduce absoluta y relativamente el comercio, y transforma al
comerciante, antes tan orgulloso, en un agente de la industria monopolizada por
el capital financiero.
CAPÍTUL® XV
La determinación de precies de les menepelies
capitalistas
Tendencia histérica del capital financiero
Las uniones parciales suponen un estadio más
elevado de la concen tración; se diferencian de las anteriores formas de la
concentración, lle vadas a cabo mediante la destrucción de las empresas más
débiles, en que aquí no hay ninguna razón para que tenga lugar la unión de la
propiedad al mismo tiempo que la unión de los establecimientos y em presas.
Pero no representan ningún cambio fundamental de las relacio-nes de
competencia. Si dichas uniones consiguen producir a costes in
Íferiores a los de otras empresas o de los que
tenía cada una de las aso ciadas antes de la unión, tendrán ventaja en la
lucha competitiva: ade más, si las uniones son lo bastante numerosas y
extensas que puedan por sí mismas realizar la tnavor parte de lá producción,
sus costes serán
decisivos
para la formación de los precios. Así, pues, estas uniones tie
nen la
tendencia a actuar en forma que desciendan los precios. Esto no
impide, sino que, 'por el contrario, supone,
que las ventajas "efe la unión
puedan producir un beneficio extra para las empresas unidas,
i '© lía cosa son ias uniones monopolistas, los cariéis y trusts. Su ob-
| jetivo es el
aumento de la tasa de beneficios y pueden alcanzarlo, en
I primer lugar, elevando los precios, cuando están en
situación de elimi-
| nar la competencia. Surge entonces la cuestión del precio de “cartel".
Generalmente,
esta cuestión se plantea junto con la del precio de mo
nopolio y se
discute si lá'unión monopolista es
realmente un monopolio
o si es una
limitación de éste, y si, por consiguiente, sus precios tienen
que ser
realmente iguales o más bajos que los precios de monopolio.
Pero estos
mismos están determinados por las relaciones de interdepen
dencia de los costes de producción y la'■escala de
la producción, de
LA DETERMINACIÓN DE
PRECIOS DE LOS MONOPOLIOS CAPITALISTAS
257
un lado, y por el precio y la magnitud de la venta,
de otro. El precios,
de monopolio es igual a .aquel que permita una
venta tan’ grande que|] la escala de la producción no encarezca los costes de
producción en ta|[ medida que disminuya demasiado el beneficio sobre la unidad.
El pre cio más elevado disminuiría la venta y, con ello, la escala de la pro
ducción aumentaría, por eso, los costes y reduciría el beneficio por uni- í
dad; uno más bajo reduciría tanto el beneficio que la masa de la venta ¡ no
compensaría el aumento de ventas determinado por la reducción del', precio.
Lo indeterminado e inconmensurable
bajp:;_elidominio_deJb_s_precÍQS de monopolio es la demanda._N5~ se puede
indicar cómo reacciona ésta ante elaumento de precios. Ciertamente, el precio
de monopolio se pue de fijar de forma empírica, pero su nivel no se puede
reconocer objetiva y teóricamente, sino sólo concebirlo psicológica y
subjetivamente. La eco nomía clásica, en la que incluimos también a Marx, ha
eliminado, por eso, de sus deducciones el precio de monopolio, el precio de las
mercan cías que no pueden elevarse a capricho. Por el contrario, la ocupación
favorita de la escuela psicológica es "explicar" precios de
monopolio, con lo que, partiendo de unas existencias limitadas de mercancías,
les gustaría explicar todos los precios como precios de monopolio.
La economía clásica concibe el precio como
-manifestación de la pro ducción . social anárquica, y afirma que su nivel
depende de la fuerza S* producción social del trabajo. La ley objetiva del
precio sólo se im pone, sin. embargo, a través de la competencia. Cuando las
asociaciones monopolistas eliminan la competencia eliminan con ella el único
medio con que pueden realizar una ley objetiva de precios. El precio deja de
ser-una magnitud determinada^objetivamente; se convierte en un pro blema de
cálculo para los que lo determinan voluntaria y consciente mente; en lugar de
un resultado se convierte en un supuesto; en ,vez de algo objetivo pasa a ser
algo subjetivo; en lugar de algo necesario e independiente de la voluntad y la
conciencia de los participantes.se con-- vierte en una cosa arbitraria y
casual. La realización de la teoría mar xista de la concentración, la
asociación monopolista, parece convertirse así en la eliminación de la teoría
marxista del valor.
Pero ¡veamos más de cerca! La cartelización es un
proceso histórico y comprende las ramas de producción capitalistas en una
sucesión tem poral según las condiciones abjeíjya^que se han dado para ella.
He mos visto cómo el desarrollo del cajM*smo tiende a realizar cada vez más
estas condiciones para todas las ramas de la producción. En Jas mismas
circunstancias — esto es, con el mismo grado de desarrollo de la influencia de
los Bancos sobre la industria, en la misma fase del ciclo industrial, con la misma
composición orgánica del capital— una rama de la industria será tanto más
apropiada para la cartelización cuanto ma yor sea el volumen de capital de la
empresa individual y cuanto menor sea el número de empresas en esta fama de la
producción.
Supongamos que estas condiciones se han alcanzado,
en primer lu-
238 EL
CAPITAL FINANCIERO
gar, en lá obtención de mineral de hierro. La
explotación del mineral de hierro está cartelizada y suben los precios. La
-próxima consecuencia es el aumento de la tasa de beneficios para los
empresarios mineros. Pero los precios de venta aumentados del mineral de hierro
significan una elevación de los precios de coste para los pgpductores de hierro
bruto. Ahora 4jien, de momento, los pecios de venta del hierro bruto perma
necen intacto?. En el mercado del hierro no ha cambiado nada co#*la
cartelización de las minas. La relación entre la oferta y la demanda, así como
los precios, continúan siendo las mismas. Por consiguiente, el au mento de la
.tasa de beneficios del cartel tiene como consecuencia la re
ducción de
la tasa de beneficios de los
productores de hierro bruto.
¿Y qué significa esto? .
Teóricamente pueden producirse las siguientes
consecuencias: el ca pital huye de la esfera con la tasa de beneficios
inferior y pasa a la su perior. El capital empleado hasta ahora en la
producción de hierro se utiliza a partir de este momento en la explotación de
las minas. A la explotación minera se le originaría así una competencia que
sería tanto más sensible ya que se habría limitado la producción de hierro. Los
pre cios del mineral bajarían y los del hierro subirían, y después de algu
nas fluctuaciones se restablecería la situación anterior, rio sin que, pro
bablemente, se hubiera disuelto, entretanto, el cartel. Pero ya sabemos que la
fuga y afluencia de capital encontraría límites apenas superables precisamente
en estas ramas de la producción. Por consiguiente, no es viable este camino
para la compensación de la tasa de beneficios.
Los precios de cartel sólo tienen importancia para
aquellos produc tores de hierro bruto que han de comprar el mineral en el
mercado. Para eludir los efectos del cartel basta que las mismas funciones de
hierro se asocien con empresas mineras. Con ello se han independizado del car-V
tel, y su tasa de beneficios retornará al nivel normal. Aquellas empre sas que
se combinen en primer lugar harán, además, un beneficio extra frente a las
otras, que tienen que- pagar las materias primas caras y, además, el beneficio
comercial de los comerciantes de mineral. Lo mis mo ocurre con las empresas
mineras que extienden su actividad á la producción de hierro bruto: por estar
combinadas serán también supe riores en la competencia a las empresas puras.
Así, pues, el cartel se muestra, en primer lugar, como el impulso más fuerte
para lá combina ción y, con ello, para una concentración más amplia. Esta se
manifes tará especialmente en las ramas de la industria que son compradoras y
elaboradoras de los productos del cartel.
Antes hemos visto cómo se provoca o fortalece la
tendencia a la combinación mediante ciertos fenómenos de coyuntura. Esta
tendencia aumenta y se modifica mediante la cartelización. Una asociación mono
polista puede mantener sus precios elevados durante una crisis, mientras que
ello les resulta imposible a sus compradores no cartelizados. Luego, además de
los efectos de la crisis, hay -que añadir para éstos la impo sibilidad de
reducir sus costes de producción mediante la adquisición
LA DETERMINACIÓN DE
PRECIOS DE LOS MONOPOLIOS CAPITALISTAS 259
más barata de la materia prima. En tales tiempos,
el deseo de procu rarse materia prima barata de minas propias será
especialmente fuerte en los no cartelizados. Pero si no lo logran, no podrán
continuar exis tiendo toda una série de establecimientos técnicamente bien
equipados y viables en^tro tiempo. Tienen que hacer bancarrota o venderse a
bajo precio a una empresa minera, para lá que la adquisición de la empresa al
precio barato significa la seguridad de la rentabilidad futura.
Todavía les queda otro camino abierto a los
industriales del hierro. Frente al poder unido de los propietarios de minas
estaban aislados los productores de hierro, y por eso eran impotentes ante el
encarecimiento de la materia prima. Pero también eran impotentes cuando había
que* repercutir la subida de precios de la materia prima en el precio del hie
rro. Esto cambia tan pronto como se unen ellos mismos en un cartel. En tonces
son capaces de enfrentarse unidos al cartel minero y hacer valer su fuerza como
compradores. Además, por otro lado, ahora pueden de terminar ellos mismos los
precios de venta de sus productos y aumentar por encima de lo normal la tasa de
beneficios. En realidad, se empren den ambos caminos, tanto la combinación
como la cartelización, y el resultado del proceso será la asociación
monopolista combinada de los productores de mineral y de hierro.
Es evidente que este proceso tiene que propagarse
luego a los otros compradores del hierro bruto y se extenderá paulatinamente a
fó»los los sectores de la producción capitalista. De esta forma despliegan los
car iéis su fuerza propagandística. La cartelización significa, en primer lu
gar, un cambio de la tasa de beneficios. Este cambio se ha llevado a cabo a
costa de la tasa de beneficios de las otras industrias capitalistas. La
compensación de estas tasas de beneficios no puede realizarse me diante la emigración
del capital. Pues la cartelización significa que la competencia del capital
está obstruida en sus esferas de inversión. La obstrucción de la libertad del
capital por causas económicas y por re laciones de propiedad (monopolio de las
materias primas) es el supuesto de la supresión de la competencia en el mercado
entre los VÜfeedores. La compensación no puede efectuarse más que mediante la
participación en la tasa de beneficios aumentada, mediante cartelización propia
o me diante su eliminación con la combinación. Ambas cosas significan mayor
concentración y, por eso, estímulo de la cartelización posterior.
Pero si la cartelización posterior está excluida
por cualquier causa, ¿cómo actúa luego el precio de cartel? ¿Podemos decir algo
sobre su nivel?
Hemos visto cómo el incremento de la tasa de
beneficios, efectuado aediante el aumento del precio de cartel, no puede
realizarse más que reduciendo la tasa de beneficios en otras rama,s de ila
industria. Por ie pronto, el beneficio de cartel no es más que apropiación del
bene ficio de otras ramas industriales. Pero, como ya sabemos, en las ramas de
la industria con capital escaso y gran fragmentación de las empre sas existe
la tendencia á una disminución de la tasa de beneficios por
260 ÉL CAPITAL FÍNANClEiíO
debajo del promedio social. La cartelización
significa un fortalecimiento de esta tendencia, una reducción más de la tasa de
beneficios en estas ramas. Hasta dónde puede llegar esta reducción depende de
la natu raleza de este sector de la producción. Un descenso demasiado fuerte
determinará la fuga del capital de estas empresas. Esta fuga no es de-
masiado
difícil en estos sectores a cáusfla de [a naturaleza técnica del
capital.
Pero tanto más dificil se hace la cuestión de
adonde debe dirigirse este capital, ya que los otros sectores de pequeña
inversión de capi tal también son explotados de igual modo por las industrias
carteliza-
das1. Y así, en estas industrias, el beneficio de
los capitalistas, inde pendientes en apariencia, se convierte, finalmente, en
meros honora rios de administración y estos mismos capitalistas en empleados
del cartel, en capitalistas o empresarios intermedios, análogos a los
“maes-j.tros” de la artesanía.
Es decir: de hecho, el precio de cartel depende de
la demanda. Pero ésta es demanda capitalista. Por consiguiente, el precio de
cartel tiene que se-t teóricamente igual al precio de producción más la tasa
media de beneficios. La cual, a su vez, ha cambiado. Es diferente para la gran
industria cartelizada y para los sectores de la pequeña industria que han caído
bajo su dependencia, a cuyos capitalistas les roba una parte de su plusvalía
para limitarlos a un simple sueldo.
Sin embargo, esta misma determinación de precios ¿
o es más que provisional, como el mismo cartel aislado o parcial.
La cartelización significa un cambio en la tasa
media de beneficios. La tasa de beneficios sube en las industrias cartelizadas
y baja en las que no lo están. Esta diversidad conduce a la combinación y á más
cartelización. La tasa de beneficios desciende para las industrias que se
hallan fuera de la cartelización. El precio de cartel aumentará sobre el precio
de producción de las industrias cartelizadas en la cantidad en que ha bajado su
precio de producción en las no cartelizadas. En tanto existan sociedades por
acciones en las industrias no cartelizadas, el pre cio no puede descender por
debajo de pe + i, precio de coste más in-i terés, porque entonces no sería
posible ninguna inversión de capital. Por
\yj consiguiente, el aumento del precio de cartel
encuentra su límite en ía
posibilidad
de la reducción de la tasa de beneficios en las industrias no ¡ aptas para el
cartel. Dentro de éstas tiene lugar una compensación de la tasa de beneficios á
un nivel más bajo mediante la competencia' del
capital aquí existente por los distintos sectores
de inversión.
El aumento del precio de cartel no deja invariable
el precio de los productos no carEelízados. Este cambio procede de ia
compensaci55~de la tasa de beneficios dentro de las industrias no cartelizadas.
Si la in dustria no cartelizada constituyera una unidad, el precio de los
produc-
A l mismo
tiempo cambia el carácter del beneficio de cártel. Se compone de trabajo i
repagado, de plusvalía, pero en parte de plusvalía que han producido los tra
bajadores de otros capitalistas.
LA DETERMINACIÓN DE PRECIOS DE LOS MONOPOLIOS CAPITALISTAS 261
tos no cartelizados permanecería invariable. El
mismo precio no signi ficaría ' nada más que una tasa de beneficios menor que
antes, puesto que ha aumentado el precio de las materias primas, esto es, el
precio de coste. Si el precio era antes 100 y la tasa de beneficios el 20 por
100, desciende ahora al 10 por 100 porque el precio de coste, que era antes 80,
há subido a 90 por la cartelización. Pero como en las indus— trias no
cartelizadas individuales aumenta el precio de coste de forma distinta por medio
de la cartelización, según su composición orgánica, tiene que suceder una
compensación. Aquellas industrias que consumen grandes cantidades de materia
prima encarecida por el cartel tienen que aumentar los precios de sus
productos, y aquellas que consuman me nos experimentarán una reducción de sus
precios. En. otros términos: las industrias con una composición orgánica de su
capital superior al promedio sufrirán un aumento del precio de producción, las
industrias con una composición del capital inferior a la media experimentarán
una reducción, mientras que el precio de producción permanece invariable en las
industrias ion una composición media 2. Generalmente, no se ve más que la
subida de precios y se piensa que todo aumento de los cos tes de producción es
transferible sin más a los consumidores. Pero el aumento de los costes de
producción ocasiona incluso, bajo determina das circunstancias, una reducción
del precio.
Con todo, la formación de precios acusa aún otras
particularidades. Supongamos que el capital de las industrias cartelizadas
asciende a 50.000 millones. Con una tasa de beneficios del 20 por 100 elptecio
de pro ducción es de 60.000 millones. Suponiendo que las industrias no carte
lizadas adquieran productos del cartel por 50.000 millones, con la mis ma tasa
de beneficios su precio de producción ascendería también a 60.000 millones. Por
consiguiente, el valor del producto total sería de 120.000 millones. Pero las
industrias cartelizadas han elevado su tasa de beneficios y reducido así la de
las industrias no cartelizadas. La tajsa de beneficios de las no cartelizadas
asciende únicamente al 10 por 100. Sus beneficios se han deducido porque para
la materia prima no tienen que pagar 50.000, sino 55.000 millones. (No tengo en
cuenta aquí el capital variable, que no “nos sirve de mucho en este ejemplo.)
Pero si el cartel recibe 55 por los 50.000 millones, también tiene que recibir
66 por los 60.000 millones. Los precios no tienen que ser iguales única mente
para los consumidores capitalistas, sino para todos los consumi dores. Por
tanto, según nuestra hipótesis, los últimos 10.000 millones que van
directamente a los consumidores no tienen que venderse por 10, sino por 11.000
millones. Los consumidores compran, pues, la suma de los productos no
cartelizados a los precios antiguos, y los cartelizados a precios elevados. Por
tanto, una parte del beneficio de cartel procede de los consumidores,
incluyendo aquí a todos los sectores no capital is-
No nos
referimos aquí a la composición orgánica media del capital social total, sino
únicamente a la de las industrias no cartelizadas.
262 EL
CAPITAL FINANCIERO
tas que obtienen ganancias derivadas. Sin embargo,
es posible que los consumidores limiten su consumo ante los precios elevados. Y
con esto ¡I -o llegamos al segundo límite del precio de cartel. El aumento de
precios'/ tiene que dejar, en primer lugar, a las industrias no cartelizadas
una tasa de beneficios que les permita la continuidad de la producción. Pero,
en segundo lugar, no puede reducir en exceso el consumo. El segundo límite
depende de nuewo de la magnitud de las ganancias de que dis ponen las clases
que no son directamente productivas. Sin olvidar que,-como para las industrias
cartelizadas, en su totalidad,, el consu'mo pro ductivo juega un papel mucho
mayor que el improductivo, el primer lí mite. es, por regla general, el
propiamente determinante.
Pero "la disminución del beneficio en las
industrias no monopoliza das significa un retardo de su desarrollo. La
redacción de la tása de beneficios significa que a estos sectores no afluirá
nuevo capital más que lentamente. A l mismo tiempo, como ha descendido la tasa
de benefi cios, t.endrá lugar una lucha enconada por la venta, que será aquí
mucho más peligrosa, ya que una reducción de precios relativamente pequeña
anula el beneficio bajo. Simultáneamente, entra en acción tam bién otro
efecto: donde la supremacía de las industrias cartelizadas con sigue reducir
el beneficio a un simple sueldo de administración no hay ya espacio para la
formación de sociedades por acciones, puesto que tanto la ganancia de fundador
como los dividendos tienen que pagarse del rendimiento por ' encima del sueldo
de administración. En conse cuencia, la cartelización actúa de un modo
obstructor sobre el des arrollo de las industrias no cartelizadas. También se
agudiza en ellas la competencia y, con ella, la tendencia a la concentración,
hasta que estas industrias son aptas, finalmente, para el cartel o están en
condi ciones de ser anexionadas a una industria yá cartelizada. .
La libre competencia fuerza la expansión continua
de la producción debido a la introducción de una técnica superior. Para los
cartels la in troducción de una técnica mejor significa también aumento del
beneficio. ¡Además, tienen que introducirla, porque si no existe el peligro de
que un ou.tsid.er se apodere de la nueva técnica y la pueda utilizar contra el
cartel en la nueva lucha de competencia. El que esto sea posible depende. del
carácter de monopolio que haya adquirido el cartel. Un j,i cartel que haya
monopolizado también las condiciones naturales de su producción— como, por
ejemplo, los sindicato^^ineros— o cuya produc ción acuse la mayor composición
orgánica, de tal forma que necesita una nueva empresa con una fuerza de capital
extraordinaria, que úni camente los Bancos podrían poner a disposición y que
no quieren em prender nada contra el cartel, semejante cartel está protegido
en gran medida contra la nueva competencia. En este caso, el perfeccionamiento
de la técnica significa un beneficio extra que la competencia no puede hacer
que desaparezca, de tal forma que desciendan los precios de la mercancía. La
introducción de la técnica perfeccionada no favorece a los consumidores, sino
típicamente a estos 'v&rfels. y trusts, rigurosa-
LA DETERMINACIÓN DE
PRECIOS DE LOS MONOPOLIOS CAPITALISTAS 263
mente organizados. Pero la técnica perfeccionada
podría condicionar un volumen mayor de la producción y su venta requerir de
nuevo una re ducción del precio, sin la que no tendría lugar una extensión del
con sumo. Este puede ser el caso, pero no tiene por qué serlo; también sería
pOsible que, por ejemplo, el trust del acero empleará esta técnica per
feccionada en algunos establecimientos, cuya producción bastase enton ces para
cubrir todas las necesidades a los precios de antes, mientras que cerraría otras
empresas. Los precios permanecerían los mismos, los costes de producción
habrían descendido y el beneficio aumentado. No hubiera tenido lugar una
expansión de la producción, la técnica per feccionada habría dejado sin
trabajo a obreros, que no tendrían nin guna perspectiva de colocación.
Semejante resultado podría ocurrir tam bién en la organización de cartel. Las
empresas más grandes introducen el perfeccionamiento y amplían así su
producción. Para poder hacer esto dentro del cartel les compran a las empresas
más pequeñas su partici pación y las cierran. La técnica perfeccionada se ha
empleado y ha motivado también concentración, pero no expansión de la
producción.
La cartelización significa beneficios
extraordinarios muy grandes 8, y ya hemos visto cómo se capitalizan estos
beneficios extraordinarios y afluyen a los Bancos como masas concentradas de
capital. Pero, al mismo tiempo, los car tels significan un retardo de
la'inversión de capi-.
El beneficio
extraordinario de cartel adquiere una forma interesante en el caso siguiente.
El suministro de máquinas de zapatos a la industria alemana estaba casi
exclusivamente en las manos de América durante los años noventa. Las fábricas
ame ricanas de máquinas de zapatos que suministran a Alemania se unieron en.
la Deutsche Vereignigten Schuhmaschinengesellschaft (D. V . S. G .). Las
máquinas no se entregan en venta, sino que se alquilan, contra un arriendo
determinado. Si un fabricante desea adquirir una máquina se firma un contrato
por un tiempo de cinco a veinte años. "En éste se compromete la firma
proveedora al montaje de la máquina, a la realización gra tuita de
reparaciones e instalación de todas las innovaciones, así como al suministro de
repuestos a precios moderados. El fabricante de zapatos ¡paga una tarifa
bas^-única, que corresponde, aproximadamente, al precio de fabricación de la
máquina, y; además, paga continuamente un canon determinado por cada 1.000
revoluciones de la máquina...
Los cánones... significan una cantidad de 15 a 25
Pf. (céntimos de marco) por cada par de botas, céntjmDsque paga el fabricante a
la D . V . S. G. Podemos hacernos una idea de la magnitud de éste canon cuando
experimentamos que, por ejemplo, en 1907 tres fábricas de zapatos de Erfurt,
con 885 obreros en total, y que utilizan, sobre todo, esas máquinas, han pagado
61.300 marcos por la utilización anual"? (IK A R L R E H E , Die deatsche
Schuhgrossindustrie, pág. 32). Lo importante consiste en que la utilización de
las máquinas les concede a los fabricantes alemanes un beneficio extraordinario
porque de esta forma son superiores a sus competidores. E l trust americano los
obliga a ce derles una parte de este beneficio extraordinario (y no todo,
porque, si no, desapare cería el motivo para la utilización de esta
maquinaria). La estipulación de una renta anual facilita, por una parte, la
compra de maquinaria y aumenta la dependencia del fabricante frente al trust,
ya que él está unido a esta máquina. Todos los perfecciona mientos de esta
maquinaria son utilizados inmediatamente y acrecientan el beneficio
extraordinario, y con él la venta del fabricante, así como el canon que tiene
que pagar al trust, que transforma así en propio una parte del beneficio extraordinario
ajeno. Las ganancias de la técnica superior se las embolsan, pues, en su mayor
parte, el trust, en menores proporciones los que emplean las máquinas y sólo en
una parte muy pe queña los consumidores.
26á EL
CAPITAL FINANCIERO
[tal. En las industrias cartelizadas, porque la
primera medida del cartel es la limitación de la producción; en las no
cartelizadas, porque la resV ducción de la tasa de beneficios atemoriza a los
inversores de capital.
>- Así crece rápidamente, de un lado, la masa
del capital determinado para
la inversión, mientras que, de otro, se contrae su posibilidad de inver-
, siión. Esta contradicción exige su solución, y la encuentra
en la expor~
tación de capital.
La exportación <ü capital
no es por sí misma una
i consecuencia de
la cartelización. Es un fenómeno
que es inseparable
¡ de]_ desarrollo capitalista. Pero la cartelización acrecienta
súbitamente
la
contradicción y crea la necesidad aguda de la exportación de ca-jjpital.
Todavía puede plantearse la cuestión de dónde se da
realmente el límite de la cartelización. Y esta pregunta tienp que contestarse
diciendo quo no existe ningún límite absoluto para la cartelización. Más bien
existe una tendencia a la extensión continua de la cartelización. Como ya hemos
visto, las industrias independientes • caen, cada vez más, bajo la dependencia
de las cartelizadas para, al fin, ser absorbidas por ellas. Como resultado del
proceso se daría entonces un ‘‘cartel” general. Toda la producción capitalista
es regulada por una instancia que détermina el volumen de lá producción en
todas sus esferas. Entonces la estipu
lación de precios es puramente nominal y no
significa más que la dis tribución del producto total entre los magnates de
cartel, de un lado,
.y entre la masa de los demás miembros de la
sociedad, 3e otro. De ahí qué el precio no sea el resultado de una relación
objetiva, contraída por los hombres, sino un modo simplemente aritmético de la
distribución de cosas por personas a las personas. El dinero no juega entonces
ningún papel. Puede desaparecer por completo, pues se trata de distribución de
cosas y no de valores. Con la anarquía de la producción desaparece la
apariencia objetiva, desaparece la objetividad valorativa de la mercan cía,
esto es, el dinero. El cartel distribuye el producto. Los elementos
de producción objetivos se han vuelto a producir y
se transforman én nueva producción. De la nueva producción se distribuye una
parte a la clase obrera y a los intelectuales, la otra recae sobre el cartel
para el empleo que guste. Es la sociedád regulada conscientemente en forma
antagónica.. Pero este antagonismo es antagonismo de la distribución. La
distribución misma está regulada conscientemente y, con ello, se su pera la
necesidad del dinero. En su perfección, el capital financiero está separado del
foco de donde ha nacido. La circulación del dinero se ha hecho innecesaria, la
incansable circulación del dinero há alcan zado su meta, la sociedad regulada,
y el perpetuum mobile de la circu lación encuentra su descanso.
La tendencia a lá creación de un cartel general y
la tendencia a la formación de un Banco central convergen, y de su unión nace
la potente 'fuerza 'de coaicentraición del capital financiero. En el capital
financiero aparecen unidas en su totalidad todas las formas parciales del
capital. El capital financiero aparece como capital monetario y posee,
efectiva-
LA DETERMINACIÓN DE PRECIOS DE LOS MONOPOLIOS
CAPITALISTAS 265
mente, su forma de movimiento D-D’, dinero
productor de dinero, la forma más general y más absurda del movimiento de
capital. Como ca pital monetario’ es puesto a disposición de los capitalistas
productivos en las dos formas de capital de préstamo y ficticio. La gestión la
pro curan los Bancos, los cuales intentan, al mismo tiempo, transformar en
capital propio una parte cada vez mayor v darle así la forma de capitai
bancario
al capital financiero.
El capital bancario se convierte
cada
vez más en la simple forma— forma de dinero—
del capital realmente
activo, esto es, del
capital industrial. A l mismo
tiempo, la independen
cia del capital comercial se. elimina cada vez más, mientras _que la se
paración del capital bancario y del productivo se
elimina en el capital financiero. Dentro del mismo capital industrial se
suprimen los límites de los sectores individuales mediante la asociación
progresiva de ramas de la producción antes separadas e independientes, se
reduce continua mente la división social del trabajo— es decir, la división en
los distin tos sectores de la producción, que sólo están unidos por la acción
de cambio como partes de todo el organismo social— , mientras que, por otro
lado, se acentúa cada vez más la división técnica del trabajo den tro de las
empresas unidas.
Así se extingue en el capital financiero el
carácter específico del ca pital. El capital aparece como poder unitario que
domina soberano el proceso vital de la sociedad, como poder que nace
directamente de la propiedad en los medios de producción, los tesoros naturales
y todo el /» trabajo pasado acumulado, y la disposición del trabajo vivo
aparece como directamente nacida de las relaciones de propiedad. AI mismo
tiempo, se presenta la propiedad, concentrada y centralizada en manos de
algunas grandes asociaciones de capital, contrapuesta directamente a la enorme
masa de los desposeídos. La cuestión de las relaciones de propiedad recibe así
su expresión más clara, inequívoca y agudizada, mientras que la cuestión de la
organización de la economía social se soluciona cada vez mejor con el
desarrollo del mismo capital financiero.
COARTA PARTE
EL
CAPITAL FINANCIER© Y' LAS CRISIS
r -
CA'PITUL® X
V I
Las c®ndicwnes generales de la crisis
Es una ley empírica el que la producción
capitalista está compren dida en un círculo de prosperidad y depresión. El
paso de una fase a
.-otra se realiza críticamente. En un momento determinado de la pros peridad
surge un estancamiento en una serie de ramas de la produc ción; en consecuencia, disminuyen
los precios. El estancamiento y la reducción de precios se extienden; la
producción se limita; este estado de cosas dura más o menos tiempo. Los precios
y el beneficio son bajos; poco a poco
empieza a ampliarse la producción,
suben los precios y aumenta el beneficio. El volumen de la producción es
mayor que nunca, hasta que vuelve a variar la situación. La repetición
periódica de este proceso plantea la cuestión de sus causas, que tienen que
averiguarse
mediante el análisis
del"mecanismo"'dé"la^ proHüSión~capitaíigta: S ~ La posibilidad
general de la crisis se da con la duplicación vde la**1
mercancia en mercancía y dinero. Esto implica que
el río de la circu lación de mercancías puede experimentar*Tina interrupción
al conver tirse el dinero en tesoro en vez de emplearlo para la circulación de
mercancías. El proceso Mj-D-Mjj se para, porque D, que ha realizado la
mercancía M j, no realiza M 2. M 2 queda invendible y con ello se dá ^ el
estancamiento.
Pero mientras el dinero no actúe más que como medio
de circula-,
.ción, mientras la mercancía se venda directamente
por dinero y éste por mercancía, la transformación del dinero en tesoro no es
más que un proceso aislado, individual, que significa la invendibilidad de una
mer cancía, pero no un estancamiento general. Esto cambia con el desarrollo de
la función del dinero como medio de pago, y aún más con el des arrollo del
crédito de circulación. Estancamiento de la venta significa ahora que no se
puede realizar el pago prometido. Pero, como hemos visto, est¿ promesa de pago
ha servido de medio de circulación o de pago a toda una serie de posteriores
transacciones. La incapacidad, de pago de uno hace también a los demás
incapaces de pago. La ctínca-
270 EL
CAPITAL FINANCIERO
tenación de las obligaciones de pago que ha
motivado el dinerq como medio de pago se ha roto, y el estancamiento en un
punto se propaga a todos los demás; se hace general. Así, el crédito de pago
desarrolla
una
solidaridad de las ramas de la producción y dá pie a que el estan camiento
parcial se transforme en general. •
Pero esta posibilidad general de la crisis es
únicamente-ülP condi-ción general; sin circulación de dinero y sin p !
dpsfirrnUn—cU—s a .t_ f- i.m - ción como medio de pago es también imposible la
crisis. Sin embargo, la posibilidad está muy lejos todavía de ser realidad. La
producción simple de mercancías o, mejor dicho, la producción mercantil
precapi-talista no conoce ninguna crisis. Las perturbaciones de la economía* no
son crisis -económico-regulares, sino catástrofes que. brotan de causas
especiales, naturales o históricas, esto es, casuales desde el punto de
vista económico, como, por ejemplo, malas cosechas,
sequía, epidemias,
guerras. Lo
que tie n e n de común es que
naren_rlt>..un -dp-fírít de la pro-i
\ducción.
pero en._ningun modo de rualquÍRr_<tii,pt>rnrQdiirf-iñn Esto es *
natural si pensamos que es esencialmente una
producción con miras a
_ las necesidades propias; que la producción y el
consumo están unidos como medio y fin, y la circulación de mercancías desempeña
un papel 'T'relativam en te pequeño. Pues la producción capitalista generaliza,
en pri mer lugar, la producción de mercancías, hace que todos los . productos
posibles
tomen lá forma de mercancía y- convierte— esto es lo decisivo— la venta de la
mercancía en condición previa para volver a empezar la reproducción1.
v" Esta
transformación de los productos en mercancías es la que, sin
j embargo,
ocasiona la dependencia de los productores con respecto del
¡ mercado y la
que hace de la irregularidad de la producción, causada por
la independencia de las economías particulares
(irregularidad existente ya en principio en la producción mercantil simple),
aquella anarquía en la producción capitalista que crea la segunda condición
general de las crisis con la generalización de la producción de mercancías, con
la am pliación de los mercados locales y dispersos hasta convertirlos en un
—mercado mundial.
La tercera condición general la produce el
capitalismo’ con su sepa-ración entre producción y consumo. En primer lugar,
separa a los pro ductores de su producty, y lo reduce a aquella parte del
valor producido que representa un equivalente del valor de la fuerza de
trabajo. Crea
Prescindiendo
de los residuos de la antigua producción propia, como se man tiene, por
ejemplo, en la economía campesina, la producción propia juega también un papel
en la sociedad capitalista en los casos en que el producto dp la empresa misma
se convierte de nuevo en un elemento de la reproducción; por ejemplo, el cereal
para
la siembra, el carbón .para la mina, etc. Con el
incremento de la combinación crece el volumen de esta forma de producción
propia. Es producción propia precisamente porque la mercancía no está destinada
al mercado, sino que se utiliza como elemento del capital constante en la misma
empresa. Pero .es, toto codo, distinta de la producción propia de antiguas
formaciones sociales, encaminada a cubrir las necesidades, ya que no sirve para
el consumo, sino para la producción de mercancías.
/
LAS CONDICIONES GENERALES DE LA CRISIS
271
/
así en los jornaleros una clase cuyo consumo no
está en ninguna rela ción directa con la producción total, sino únicamente con
la parte de la producción total que es igual al capital empleado en salarios.
El pro ducto que crean los obreros no es, sin embargo, de su propiedad. Por
eso su producción no sirve al fin del consumo. Por el contrario, su con sumo y
el volumen de éste dependen de la producción, sobre la que no tienen ninguna
influencia. Ahora bien, la producción ele' los capitalistas no persigue lo
cobertura de las necesidades, sino el beneficio. La rea lización y aumento del
beneficio es el fin inmanente de la produc ción capitalista. Esto significa
que el factor dacisivo del volumen, reduc ción o aumento de la producción no
es el ■consumo y su crecimiento, sino la realización del beneficio. Se produce
para conseguir un beneficio determinado, para obtener un determinado grado de
explotación del ca pital. De esta forma, la producción no depende del consumo,
sino de la necesidad de explotación del capital, v un empeoramiento de la
pósi-BHícCacT de explotación significa una limitación de la producción.
Subsiste, incluso en la forma de producción
capitalista, una relación general entre producción y consumo que es común, como
condición na tural, á todas las formas sociales. Pero mientras en la economía
enca minada a cubrir las necesidades el consumo determina la expansión de la
producción que, bajo estas condiciones, encuentra su límite en el nivel
alcanza^ por la. técnica, en la prodiwjjón capitalista, por el contrario, el
consumo está determinado por el volumen de la producción. El cual, a su vez, está
limitado por la correspondiente posibilidad de explotación, por el grado de
explotación del capital, por la necesidad de que el capi
tal y su incremento produzcan una determinada tasa
de beneficios. La expansión de la producción choca aquí contra una barrerá
puramente social, originada únicamente en esta determinada estructura social y
sólo propia de ella. Es cierto que la posibilidad de crisis brotá ya de la po
sibilidad de la producción-no regnlacTa, esto es, de la producción de
mercancías en general. Pero, en realidad, brota únicamente de una pro ducción
no regulada que, al mismo tiempo, elimina la relación directa entre producción y
consumo, relación que caracteriza a otras formas so ciales e interpone entre
la producción y el consumo la condición de ¡a explotación del capital a una
tasa determinada.
La expresión “superproducción de mercancías"
dice, en general, tan poco como la expresión “subconsumo". En sentido
estricto no se puede hablar de subconsumo más que en sentido fisiológico; la
expresión no tiene, en cambio, ningún sentido en economía, donde únicamente
podría significar que lá sociedad consume menos de lo que produce. Pero no es
posible comprender cómo puede ocurrir tal cosa si se ha producido en la
proporción justa. Como el producto total es igual al capital cons tante más el
variable más la plusvalía (c + v + pT), tanto v como py se consumen, los
elementos del capital constante consumido tienen que,
compensarse
mutuamente; así, pues, la producción puede ampliarse hasta •I el infinito sin
conducir por eso a la superproducción de mercancías; es-
272 EL
CAPITAL FINANCIERO
decir, a que
se produzcan más mercancías para las que, a este respecto y para esta
concepción sólo entraría en consideración el valor de uso,
—esto es, a producir más bienes de los que se
podrían consumir 2. Además, hay algo que es evidente: como las crisis en su
sucesión
perió3ica
soiT~pTO'ductcrTfe—la~~su^edad capitalista-,' su eairsa~ti'ggg~qgfe estar
implíc¡ta~en el caracter~ctél capital. Tiene que tratarse-, de ima per
turbación que dimana dei carácter específico de la sociedad. La estrecha
■* base que las relaciones de consumo ofrecen a la
producción capitalista es, sin embargo, condición general de la crisis,
precisamente porque lá
imposibilidad de ampliarla es uná premisa general
del estancamiento. Si el consumo se pudiera ampliar a discreción no sería
posible la super producción. Pero en el mundo capitalista la ampliación del
consumo sig nifica .reducción de la tasa de beneficios. Pues lá ampliación del
con sumo de las grandes masas va unida al aumento de los salarios. Y esto
significa una reducción de la tasa de plusvalía y, por eso, disminución de la
tasa de beneficios. Por eso, si mediante la acumulación, la deman da de obreros
aumenta tanto que tiene lugar una disminución de la tasa de beneficios — de tal
forma que (como límite extremo) el capital 'aumentado no produciría ningún
beneficio mayor que el no acrecenta do— , entonces la acumulación tiene que
dejar de realizarse, puesto que no se alcanzaría su objetivo: el aumento dél
beneficio. En este punto interviene precisamente el presupuesto necesario de la
acumulación, el del aumento del consumo, e interviene, en contradicción con el
otro, el de la realización del beneficio. Las condiciones de explotación del
ca pital se oponen a la ampliación del consumo y, como son las decisivas, la
contradicción aumenta hasta desembocar en la crisis. Pero, por eso
precisamente, la estrecha base del consumo es únicamente una condi ción general
de la crisis que no se explica por la expresión "subcon-sumo”. La cual
explica menos todavía el carácter periódico de la cri sis, puesto que una
periodicidad no puede explicarse en general por un
"Es una
pura tautología decir que las crisis se producen por falta de un con sumo
solvente o de consumidores solventes. El sistema capitalista no conoce otra
forma de consumo que la del que paqa, prescindiendo de la sub forma pauperis o
la del pi caro. El que las mercancías sean intendibles no quiere decir sino
que no se encon traron compradores solventes para ellas, esto es, consumidores
(a no ser que las mer cancías se compren en última instancia con motivo del
consumo productivo o indivi dual). Pero si se le quiere dar a esta tautología
una apariencia de fundamentación más profunda al decir que la clase obrera
recibe una parte demasiado pequeña de su propio producto y que este
inconveniente se arreglaría tan pronto como recibiera una parte mayor, sólo hay
que considerar que las crisis se preparan siempre por un período en el que el
salario sube generalmente y la clase obrera recibe realmente una porción ma
yor de la parte del producto anual destinada para el consumo. Ese período
tendría que alejar, en cambio, la crisis— desde el punto de vista de estos
caballeros de sano y 'sencillo' sentido común (■!)— . Por tanto parece que la
producción capitalista supone condiciones independientes de la buena o mala
voluntad.' condiciones que no permiten más que momentáneamente aquella
prosperidad relativa de la clase obrera y, sie, como ave precursora de una
crisis. Engels anota, además, en la’ observación: "Ad notam para cualquier
partidario de la teoría de las. crisis de Rodbertus" (M A R X , E l ca
pital, II, pág. 406).
/
LAS CONDICIONES GENERALES DE LÁ CRISIS 273
fenómeno continuo. Así, ¡pues, no existe ninguna
contradicción con el pasaje anteriormente citado cuando Marx dice:
"Toda la masa de mercancías, el producto
total, tanto lá parte que sustituye al capital constante y al variable como la
que representa la plusvalía, tiene que ser vendida. Si no ocurre esto, o sucede
sólo en parte, o únicamente a precios que están por debajo de los precios de
producción, no se puede negar que el obrero es explotado, pero su ex plotación
no se realiza como tal en favor del» capitalista, no puede estar unida con
ninguna realización total o parcial de la plusvalía arreba tada ni con la
pérdida total o parcial dé sü capital. Las condiciones de la explotación
directa y las de su realización no son idénticas. No sólo se deshacen local y
temporalmente, sino también lógicamente. Las unas sólo están limitadas por la
fuerza productiva de la sociedad, las otras por la proporcionalidad de las
distintas ramas de la producción y por
. la fuerza de consumo de la sociedad. Pero esta
última no está deter minada ni por la fuerza productiva absoluta ni por la
fuer«a de consumo absoluta, sino por la fuerza de consumo sobre, la base de
relaciones an tagónicas de distribución, las cuales quedan reducidas por el
consumo de la gran masa de la sociedad a un mínimo, variable únicamente den
tro de unos límites más o menos estrechosi Está limitada, además, por el
instinto de acumulación, el instinto del aumento del capital y de la producción
de plusvalía a una escala más amplia. Esto es un^ ley de
^ l a producción
capitalista, que vien^, dada por las
continuas revolucio
nes en los métodos de producción, por la continua
devaluación del ca pital existente que las acompaña, por la lucha de
competencia general y por la necesidad de mejorar la producción y ampliar su
escala, sim plemente como medio de conservación y en evitación de la ruina.
Por eso el mercado tiene que ampliarse constantemente, de forma que sus
relaciones y
las condiciones que las regulan toman cada vez más la for ma de una ley
natural independiente de lós fabricantes y cada vez son más incontrolables. La
contradicción interna procura igualarse mediante la expansión del campo externo
de la producción. Pero cuanto más se desarrolla la fuerza productiva tanto más
entra en colisión con la es- M trecha base sobre la que se asientan lás
relaciones de consumo. En cir- J cunstancias contradictorias no es ninguna
contradicción que un exces" de capital vaya unido a un exceso creciente de
población; pues aunque, unidos ambos factores, aumentaría la masa de la
plusvalía producida, también aumenta con ello la contradiccidftUili'fc! ■las
condiciones en las que se produce esta plusvalía, y las condiciones en las que
se realiza" 3. La crisis periódica es propia del capitalismo, y, por
tanto, no se
puede derivar más que de particularidades
capitalistas especiales4.
3 M A R X , E
l capital, III, págs. 225 y sigs.
* "P ero sólo se trata de
seguir el desarrollo ulterior de la crisis potencial— la crisis
real sólo
puede representarse por el
m ovim iento real de
la producción, competencia
y
crédito
capitalistas— , en tanto
proceda de las determ
inaciones form ales del capital,
determinaciones' que le son propias com o capital y que no
están incluidas en su sim
ple
existencia com o m ercancía y dinero” (M a rx , Teorías sobre la plusvalía,
II, 2, pág . 286).
13
274 EL
CAPITAL FINANCIERO
La crisis
es. en general, una perturbación, de la circulación. Se ma
n i f i e s t a como
una imposibilidad-, de vender las mercancías, como impo-
sibilidad de
realizar el valor de las mercancías
(o_su~-precio, de_produc-
ciión) en dinero. PqF eso no se puede explicar nada más que por las
condiciones específeamente capitalistas de la
circulación de mercancías, y lio por las condiciones dFla"TIImpIe
circulación mercantil. Ahora bien, lo específicamente capitalista en la
circulación de-mereancía^es que és tas se han producido como producto del
capital, como capital mercantil y tienen que realizarse como tales. Por eso,
esta realización lleva im plícitas condiciones que únicamente corresponden al
capital en cuanto tal y que son precisamente sus condiciones de. explotación.-
El análisis de estas condiciones de explotación,
tanto desde el pun to de vista del capital individual como — lo más importante
aquí— des de el punto de vista del capital social, lo ha hecho ya M ató en el
se gundo volumen de E l capital, realizando con ello un intento- que, salvo
Quesnay, jamás se había emprendido en la economía política. Cuando Marx
califica el Tableau économique de Quesnay como la idea más ge nial de que se
había hecho deudora hasta entonces la Economía Polí tica, su propio análisis
del proceso social de producción es seguramente la realización más genial de la
idea genial; así como, desde el punto de vista de lá razón pura econjómica, por
así decirlo, los análisis tan igno rados del volumen segundo son los taás
brillantes de la admirable obra. Pero, sobre todo, no es posible un
reconocimiento -de las causas de las crisis más que cuando se tienen presentes
los resultados del análisis marxista 5.
Las condiciones de equilibrio del proceso social de
reproducción
Si recapitulamos brevemente los resultados del
análisis marxista, re sulta lo siguiente:
Por de pronto, suponemos en esta consideración una
escala perma nente de la producción capitalista, esto es, una reproducción
simple, y prescindimos de las variaciones de valor o de precio.
El producto total, esto es, la producción total de
la sociedad, se di-
videen dos grandes secciones: ---
fí.jl Medios
de producción, mercancías que poseen una forma bajo
la coal tienen que entrar o, al menos, pueden
entrar en el consumo pro ductivo.
2.a Medios
de consumo, mercancías que poseen una forma bajo la
“ Es el mérito de T U G A N B A R A N O W S K I
haber indicado la importancia de estas inves tigaciones para el problema de
las crisis en sus conocidos Stadien zuv Theorie und Cjeschichte dec
Handetskcisen in Engtand. Lo -único curioso es que hubiera necesidad ele
semejante indicación.
/
LAS CONDICIONES GENERALES DE LA
CRISIS 275
cual entran en el consumo individual de la clase
capitalista y de la cla se trabajadora.
En cada sección el capital se divide en dos
componentes: en capital variable (v) y en capital constante (c) . El último se
divide, a su "vez, en capital fijo y en circulante. f
Lá parte de valor c, que representa el capital
constante consumido en lá producción, no se cubre, con el valor del capital
constante emplea do en la producción. El capital fijo sólo ha transferido a la
producción una parte de su valor. En lo que sigue prescindiremos, por de
pronto,
del capital fijo. -- -
Supongamos que el producto total en mercáncías esté
encarnado por el esquema siguiente:
4.000 c
+ 1.000 v + 1.000 p =
6.000 medios de producción.
II. 2.000
c + 500 v + 500 p — 3.000 medios de producción.
Valor total = 9.000,
de donde se ha excluido, según se
ha dicho,
el capital fijo, que continúa actuando en su forma
natural.
Si analizamos ahora las transacciones
necesarias sobre la base de
la reproducción simple, donde la plusvalía total se
consume improductiva mente, y si prescüidimos, de momento, de la circulación
monetaria co rrespondiente, llegamos ~£ tres importantes conclusiones previas:
1.a Los 500 v, salario de los obreros, y los 500 p,
plusvalía de los capitalistas de la sección II, tienen que gastarse en medios
de consumo. Pero Su valor existe -en los medios de consumo al valor de 1.000,
que en las manos de los capitalistas de la sección II sustituyen a los 500 v
anticipados y representan á los 500 p. Los salarios y la plusvalía de la
sección II se cambian, pues, dentro de esta misma sección, contra el producto
de II. Así, desaparecen del producto total (500 v + 500 p) II = 1.000 bienes de
consumo.
2.a Los 1.000 v + 1.000 p de la sección I también
tienen que gas tarse en medios de consumo, esto es, en producto de la sección
II. Tie nen que cambiarse, pues, por la parte de capital constante que todavía
queda de este producto, equivalente a 2.000 c. A
cambio de él, la sec
ción II recibe una cantidad equivalente de medios
de producción, pro
ducto de I, en donde está encarnado el valor de
1.000 v + 1.000 p. Así,
desaparecen de la cuenta 2.000 c II y (1.000 v
+ 1.000 p) I.
3.a Todavíá
quedan 4.000 c I. Son los medios de producción que
*
sólo pueden gastarse en la sección I; sirven para
reposición del capital constante cpnsumido y encuentran su liquidación mediante
el intercam bio mutuo de los capitalistas individuales de I, lo mismo que los
(500 v
500 p) II
mediante el intercambio entre los obreros y capitalistas, o entre los
capitalistas individuales de II.
Un' papel especial desempeña la renovación del
capital fijo. Una parte de valor del capital constante es transferida por los
medios de trabajo al producto de trabajo; estos medios de trabajo continúan ac-
276 EL
CAPITAL FINANCIERO
tuando como elementos del capital productivo en su
vieja forma natural. Es su desgaste, la pérdida de valor que van sufriendo
durante su fun ción continua en períodos determinados, el que aparece de nuevo
como elemento de valor de las mercancías producidas con los mismos medios de
trabajo. El dinero, en tanto dora la parte de valor de las mercancías, que es
igual al'desgaste del capital fijo, no se vuelve a transfofmar en el componente
del capital productivo, cuya pérdida de valor sustituye.
Esta sedimentación riíonetaria se repite hasta que
transcurre una épo-
.ca de reproducción que dura más o menos años,
durante la cual el ele mento fijo del capital constante continúa actuando en
el proceso de pro ducción bajo su antigua forma natural. Tan pronto como el
elemento fijo, inmuebles, maquinaria, etc., se ha gastado, y no puede seguir
ac tuando en el proceso de producción, existe su valor junto a él, sustituido
completamente en dinero — la suma de dinero depositado
(Getdnieder-schl&ge), de los valores que del icaipital fijo-se han
transferido poco a poco a las mercancías, que han cooperado en su producción y
que han pasado en forma de dinero mediante la venta de las mercancías. Este
dinero sirve entonces para remplazar in natura el capital fijo (o elemen tos
del mismo, puesto que sus diversos elementos tienen una duración diferente) y
para renovar así verdaderamente este componente del ca pital productivo. Por
tanto, este dinero es forma monetaria de una parte del valor de capital
constante, de la parte fija del mismo.
Este atesoramiento es, por consiguiente, un
elemento del proceso ca pitalista de reproducción; reproducción y acumulación
— en forma mo netaria—■del valor del capital fijo o de sus elementos
individuales hasta el tiempo en que el capital fijo se gaste y, por
consiguiente, .haya trans ferido todo su valor a las mercancías producidas y
ahora tiene que ser sustituido in natura. Pero este dinero solamente pierde su
forma de tesoro y, por eso, vuelve a entrar activamente en el proceso de
reproduc ción del capital movilizado por la circulación, tan pronto como se
re-transforma en nuevos elementos del capital fijo para sustituir los gas
tados. Mas para que no tenga lugar ninguna perturbación en la repro
ducción simple, la parte del capital fijo que se
desgasta anualmente tiene que ser igual a la que hay que renovar. .
Consideremos, por ejemplo, la transacción de (1.000
v + 1.000 p) I contra 2.000 c II. En estos 2.00ÍT c hay que remplazar 200.
unidades de capital fijo. Se cambian, pues, 1.800 c, que solamente hay que
transfor mar en capital constante de circulación, por 1.800 {v + p) I; los 200
que quedan de I y tienen la forma natural de capital fijo tienen que ser
comprados también por II. Pero solamente pueden ser comprados cuando los
capitalistas de II tienen 200 unidades en dinero para com
prar 200 unidades de capital fijo de I; pues 200
tienen que ser susti tuidos en dinero por otros capitalistas II y retenerse en
forma monetaria como desgaste por su capital fijo. Por consiguiente, son
capitalistas que han ateáorado sucesivamente en dinero- el desgaste de años
anteriores de su capital fijo y que este año lo renuevan in natura; compran por
LAS CONDICIONES
GENERALES DE LA CRISIS 277
200 unidades dinero el resto de I (v + p) = 200. El
sector I compra por otros 200 unidades dinero el resto de los medios de consumo
de los otros capitalistas II, que atesoran por su parte este dinero que para
ellos significa desgaste de su capital fijo. Por tanto, la parte de los ca
pitalistas II que renueva este año su capital fijo in natura suministra el
dinero con el que atesoran los otros capitalistas II su parte de des gaste y
que pueden retener como dinero. Tiene que aceptarse, pues, una proporción constante
entre el capital fijo que se desgasta y el que se re-
’ nueva; tiene que admitirse que la proporción
entre capital fijo que se desgasta (y por eso se renueva) -y el-que-continúa
actuando en la an tigua forma natural permanece constante. Pues si aumentara
el capital fijo de desgaste a 300 hubiera disminuido el capital circulante. El
sec tor II c tendría ahora menos capital circulante y no podría continuar lá
producción en la misma escala. Además, también serían invendibles 100 capital
fijo en I, si el capital fijo aumentase á 300 y II hubiera de gas tar in natura
únicamente 300 en dinero para renovación del capital.
Por ende, puede haber una desproporción en lá
producción de ca pital fijo y de capital circulante, con simple conservación
del capital fijo, cuando varíe — lo que, en realidad, siempre ocurre— la
proporción en tre el capital fijo que se desgasta anualmente y el que sigue
funcio nando.
Igualmente se vio antes que para la facilitación de
lá reproducción, simple tienen que cumplirse ciertas relaciones de proporción.
El sector I (v + p) tendría que ser igual a II c. El cumplimiento de esta
propor ción es perturbado siempre a consecuencia de la anarquía de lá socie
dad capitalista. Para mantener la producción continuamente en marcha es siempre
necesario cierto grado de superproducción para estar siem pre prevenido contra
las necesidades que se presenten de repente, así como contra las continuas
oscilaciones de la necesidad. Pero en el re flujo del valorgdgj capital
convertido sobrevienen continuamente algunas perturbaciones e irregularidades.
Para vencer estas irregularidades los capitalistas tienen que disponer siempre
de unas existencias en dinero, de un lado, y de existencias de mercancías, por
otro, para poder dis poner en todo momento de modo adecuado de esta provisión
de mer cancías y poder contrarrestar las perturbaciones. Por consiguiente,
es^i compensación requiere dinero adicional, capital monetario de reserva. Este
tiene que conservarse necesariamente en forma monetaria porque es pre
cisamente la conversión del capital mercantil la que puede ser pertur bada.
Otras mercancías, y en un momento anterior, tienen que estar a disposición del
capitalista> Pero solamente en la forma monetaria tiene el valor lá forma
del equivalente general y puede transformarse en todo momento en cualesquiera
otras mercancías. También aquí la necesidad del dinero nace de la anarquía de
la forma de producción capitalista.
"Una vez eliminada la forma capitalista de la
reproducción, el asun to aboca en que la parte del capital fijo que se
desgasta, y que por eso hay que sustituir in natura (aquí el capital activo en
la producción de
278 EL
CAPITAL FINANCIERO
los medios de consumo), cambia en distintos años
sucesivos... La masa de materias primas necesaria par^ la producción anual de
medios de consumo, así como la de productos gemielaborados y materias adiciona
les, no desciende H^or eso, supuestas las mismas condjpones; por con sígnente,
la producción total de los. medios de producción tendían que aumentar en un
caso y decrecer en otro. Fenómeno que no se 'puede remediar más que mediante
una relativa superproducción continuada. De un lado, cierta cantidad de capital
fijo que produce más de lo que es necesario directamente, y, de otro,
especialmente una provisión de ma teria prima, etc., que rebase las
necesidades anuales directas (esto es especialmente aplicable a los víveres).
Con el control de lá socidad so bre los medios objetivos esta clase de
superproducción equivale a su
propia reproducción. Pero dentro de la sociedad
capitalista es un ele mento anárquico” '6.
Esta superproducción relativa tiene que tener
lugar, -continuamente,^ también en la sociedad capitalista dentro de ciertos
límites, y encuentra su expresión en una provisión de mercancías siempre
existente, qile sir ve para contrarrestar las perturbaciones. Del otro lado,
le corresponde una reserva de capital monetario a disposición de los
capitalistas indus triales que, en caso de que ocurran perturbaciones, les da
la posibilidad de procurarse en las existencias de mercancías los elementos
necesarios para la continuación de su producción. Este capital monetario de
reser va, que tiene que estar a disposición de los capitalistas también en
tiem pos normales para hacer frente a las perturbaciones momentáneas, no hay
que confundirlo con el capital monetario de reserva, que se hace necesario
cuando se estanca la venta de las mercancías. En los tiempos de la prosperidad,
por una parte, la producción se amplía con fuerza y rapidez, y, por otra, el
antiguo capital monetario de reserva se trans forma en productivo. El capital
monetario de reserva disminuye y su re ducción significa la supresión del
factor compensador de las perturba ciones; por eso, esto es una causa de la
crisis.
Además, hay que tener presente que lá necesidad de
semejante su perproducción relativa no reside en la .sociedad capitalista,
sino en la naturaleza del proejo de reproducción, tan pronto como los elementos
de producción;' que aparecen como capital fijo en la sociedad capitalista,
harralcanzado un volumen mayor. Esta “superproducción" necesaria por
circunstancias técnicamente naturales' es, <■» realidad, un simple , alma
cenamiento, y, como tál, también propia de una economía dirigida a cu brir las
necesidades, y no hay que confundirla con la superproducción general durante la
crisis. Pero dentro de la sociedad capitalista esta superproducción constituye,
igualmente, en determinadas circunstancias, un factor agudizador de crisis.
“ Marx, E l
capital, II, pág. 463.
LAS CONDICIONES GENERALES DE LA CRISIS 279
Las condiciones de equilibrio del proceso de
acumulación capitalista.
Si l?t
reproducción simple, que, en realidad, no se presenta en la so ciedad
capitalista, para la que la acumulación del capital es condición vital (lo cual
no excluye, naturalmente, que, en el transcurso de un ciclo industrial, un año
no sólo muestre una reproducción permanente, sino, incluso, reducida), si la
reproducción simple, repetimos, exige yá deter minadas relaciones de
proporción complicadas, éstas se hacen aún más complicadas en caso de que el
proceso de acumulación deba realizarse
sin perturbaciones, Marx dá el esquema siguiente: *
Producción
de los medios* de producción: 4.000 c + 1.000 v + 1.000 p = 6.000.
Producción
de los bienes de consumo:
1.500 c + ¡750
v + 750 p = 3.000
Valor total del
producto social = 9.000.
Suponiendo ahora que I acumula la mitad de su
plusvalía = 500 y consume la otra mitad como renta, tendremos entonces las
transacciones siguientes: 1.000 v + 500 p, que se gastan como renta, los cambia
I por 1.500 c II. El sector II se renueva así su capital constante y suminis
tra a I los bienes de consumo que .ha de consumir; una transacción que hemos
encontrado ya de un modo enteramente análogo en el análisis de la reproducción
simple. De los 500 p I que quedan todavía y deben transformarse en capital, con
una composición orgánica invariable, tie nen que transformarse 400 en capital
constante y 100 en variable. Los 500 existen en medios de producción y, en
verdad, 400 de ellos tienen que existir en medios de producción que necesita I
para el incremento de su capital constante. Por consiguiente, I junta estos 400
a .su capital constante. El resto de 100 p hay que transformarlo en capital
variable, esto es, en alimentos. Por tanto, tiene que ser comprado por II y,
como existe en medios de producción, tiene que utilizarlos para el aumento de
su propio capital constante.
Tenemos entonces para I un capital de 4.400 c
+ 1.100 v = 5.500.
E le c to r II tiene ahora por capital cofefcánte
1.600 c; para su ela boración tiene que añadir otros 50 v para la compra de
nueva fuerza de trabajo, de tal forma que su capital variable crece de 750 a
800. Esta ampliación del capital constante, así como del variable, que as
ciende en total a 150, se deduce de su plusvalía; de los 750 p de II sólo
quedan, pues, 600 p como fondo de consumo de los capitalistas II, cuyo producto
anual se distribuye como sigue:
II. 1.600
c + 800 v + 600 p (fondo de
consumo) = 3.000.
280 EL
CAPITAI, FINANCIERO
Tenemos ahora el esquema siguiente:
I. 4.400c
+ 1.100 v + 500 fondo de
consumo = 6.000.
II. 1.600 c + 800 v + 600 fondo de consumo = 3.000.
4 _________
Suma (coáb arriba) ........... = 9.000.
De los cuales son capital: *
I. 4.400 c +
1.100 t>»(dinero) =
5.500 (
j = 7.900,
1.600 c +
800 v (dinero) = 2.400 ( mientras qiíe la producción empezó con
I. 4.000 c + 1.000 v = 5.000 )
= 7.250..
II. 1.500
c + 750 v = 2.250 )
Vemos áquí una serie de condiciones nuevas y
complicadas. En pri mer lugar, los 500 p que hay que acumular tienen que
producirse en I en tales medios de producción que cuatro quintos de ellos sean
apropia dos al capital constante de I, y un quinto al capital constante de II.
Luego el grado de acumulación en II depende del grado de la acumula ción en I.
En I se acumula la mitad de la plusvalía, en II esto es impo sible; de los
Í750 de plusvalía solamente se pueden acumular 150, esto es, un quinto, mientras
que se tienen que consumir xuatro quintos 1
Consideremos ahora la marcha de la acumulación:
Si se produce realmente con el capital
incrementado, a fines del año siguiente tenemos:
I. 4.400 c + 1.100 ^ + 1.100 p = 6.600 )
J =
9.800.
- II. 1.600
c + 800 u + 800
p = 3.200 )
Si se sigue acumulando, de la misma manera, al año
siguiente te- % hemos:
*
I. 4.840 c
+ 1.210 v + 1.210 p
= 7.260 )
^ % = 10.1780
1.760 c +
880 v + 880 p = 3.520
)
En este ejemplo se suponía quela mitad de lá
plusvalía I seacumula y i (v + y2 p) = II c.
Si I (u + p) debe acumularse, tiene que ser cada
vez mayor que II c, pues una parte de I p no puede transformarse en II c, sino
que tiene que servir como medio de producción. En eambio, I (v + /¿ p) puede
LAS CONDICIONES GENERALES DE LA CRISIS 281
ser mayor o menor que II c. .Mayores aclaraciones
no son necesarias para nuestro fin 7.
La producción incrementada requiere una cantidad de
dinero mayor para su venta. Suponiendo la misma velocidad de circulación y
prescin diendo del crédito, esta cantidad de dinero aumentada tiene que ser
suministrada por la producción de oro. La producción capitalista choca ría
aquí con una barrera natural. El sistema crediticio aleja extraordi nariamente
esta barrera, pero no la suprime por completo.
Consideremos por un momento el supuesto necesario
para que aque llos procesos de circulación que encierra en sí la acumulación
puedan tener lugar. E¡n nuestra ejemplo hemos supuesto que se acumulan 500 p I
y se transforman 400‘ de ellos en capital constante. ¿Mediante qué 'proceso de
circulación es esto posible? ¿Con qué dinero compra I los 400?
Veamos, en primer lugar, la acumulación de un
capitalista indivi dual. Para que pueda transformar la plusvalía en capital
aquélla tiene que haber alcanzado una magnitud determinada. Por consiguiente,
du rante una serie de años tiene que acumularse en forma de dinero la
plusvalía que se transformó en dinero a fin del año. Tanto los capitales de las
distintas ramas de la industria como los individuales dentro de éstas se
encuentran en diferentes fases del proceso de la transformación sucesiva de
plusvalía en capital. Por eso, una parte de los capitalistas transforma
constantemente .en capital productivo su capital monetario potencial, que ha
crecido eim na magnitud correspondiente mientr’as que otra parte está todavía
ocupada con el atesoramiento de su capital mo netario potencial. Por
consiguiente, los capitalistas pertenecientes a estas dos categorías se
enfrentan mutuamente los. unqs,,cgmq^gnmpradores, los otros como vendedores y
cada uno en este pápe! exclusivo.
Por ejemplo, A vende 600 (400 c + 100 v + 1 0 0 p ) a B (que pue
de representar a más de un comprador). Ha vendido
600 en mercancías
contra 600 en dinero, de donde 100 representan
plusvalía que retira de la circulación y qijp acumula como dinero; pero estos
100 en dinero no son más que la forma monetaria del producto adicional que era
portador de un valor de 100.
El atesoramiento no es en absoluto producción, ni
representa tam poco ningún aumento de la producción. La acción del capitalista
con siste únicamente en que retira de la circulación el dinero conseguido con
la venta del producto adiíional de 100, le retiene y se incauta de él. Esta
operación no siólo t\ene lugar por parte de A, sino también en otros muchos
puntos de la periferia de la circulación por parte de otros A', A", A
"', capitalistas que trabajan todos con el mismo ahinco en esta clase de
acumulación. Estos numerosos puntos, donde se sustrae dinero de la circulación
y se acumula en numerosos tesoros individuales o capitales monetarios
potenciales, parecen también otros tantos impe dimentos de la circulación
porque inmovilizan el dinero y le sustraen para más o menos tiempo su capacidad
de circulación.
7 Véanse otros
ejemplos en Marx, E l capital, II, páqs. 512 y sigs.
282 El.
CAPITAI, FINANCIERO
Pero A sólo
ejecuta este atesoramiento en tanto no actúe — en re
lación con su producto adicional— más que como
vendedor, sin actuar después como comprador. Por tanto, su producción sucesiva
de producto adicional — el portador de su plusvalía— es el supuesto de su
atesora miento. Aunque A retira de la circulación dinero por su plusvalía y lo
acumula, por otro lado introduce mercancía dentro de la misma, sin re tirar de
ella otra mercancía, con lo que B, B', B", %etc., quedan habili tados por
su parte para lanzar dinero y no retirar de la circulación nada más que mercancía
a cambio de él.
“Como antes, en la consideración de la reproducción
simple, volve mos a encontrar aquí que la venta de los distintos componentes
del producto anual, es decir, su circulación (que al mismo tiempo tiene que
abarcar la reproducción del capital, y su restitución en sus distintas de
terminaciones de capital monetario constante, variable, fijo, circulante,
mercantil),'no supone en ningún modo simple compra de mercancía que se
complementa con una venta sucesiva, o venta que se complementa con compra
sucesiva, de tal forma que, efectivamente, sólo tiene lugar trans acción de
mercancía contra mercancía (el dinero sería, pues, simple me dio de
circulación y, por tanto, relativamente superfluo, R. H .), como supone la
economía política, especialmente la escuela del librecambio desde los
fisiócratas y Adam Smith (seducidos por intereses polémicos en la lucha contra
el. sistema monetario y el mercantilismo, R. H .). Sa bemos que el capital
fijó, .después-de haberse hecho los gastos que su creación ocasiona, no se renueva
durante todo su tiempo de función, sino que continúa actuando en lá forma
antigua, mientras que su valor se deposita paulatinamente en dinero" 8.
to que el dinero hace aquí posible, en primer
lugar, es esta sepa ración e independización de la circulación de valor frente
a la continui dad de lá función técnica en el proceso de producción.
Socialmente esta separación no es posible, y siempre tiene que suministrarse
tanto capital ¿íjo como viejo se desgaste. Pero, en cada caso particular, la
parte de valor de des.gaste se retiene en forma’de dinero durante años.
“Vimos, pues, que lá renovación periódica del
capital fijo II„ (cuyo valor de capital total se cambia en elementos por valor,
de I ( , + p ) pone, de un lado, una simple compra, de la parte fija de II<¡
que de -la forma monetaria se retransforma en natural y a la que corresponde
una simple venta de Ip; por otro lado, supone simple venta por parte de IIC,
venta de la parte de valor (de desgaste) fijo del mismo, qué se deposita en
dinero y a la que corresponde uná simple venta de Ip. Para que la transacción se
realice aquí normalmente hay que suponer que la simple compra por parte de IIC
equivale, según el volumen de valor, a la simple venta de II0... De no ser así,
se perturba lá reproducción sim ple; la simple compra de aquí tiene que
cubrirse con la simple venta de allí. Igualmente, hay que suponer que la simple
venta de la parte
a Marx, E l
capital, IX, pág. 495.
LAS CONDICIONES
GENERALES DE LA CRISIS 283
atesorada A, A', A " de Ip está en equilibrio
con la simple compra de la parte B, B', B" en Ip, que transforma su tesoro
en elementos de capital productivo complementario.
"Mientras se restablezca el equilibrio
actcrando el comprador después y por la misma cantidad d^ vlslor como vendedor
y viceversa, tiene lu gar reflujo de dinero a la parte que lo ha anticipado en
la venta, es de cir, a 3a que vendió antes de volver a comprar. Pero el
equilibrio real, en relación con lá misma transacción de mercancías, la venta
de las diversas partes del producto anual, está condicionado por la misma can
tidad de valor de las mercancías vendidas mutuamente.
"Pero, en cuanto no se realicen más que
transacciones unilaterales, masa de simples compras, de un lado, masa de
simples ventas, de otro
— y hemos visto que la venta normal del ¡producto
anual, sobre base ca pitalista, condiciona estas metamorfosis unilaterales— ,
el equilibrio exis tirá únicamente en el supuesto de que la suma del valor de
las compras unilaterales se cubra con la de las ventas unilaterales” D.
Pero en todas estas transacciones unilaterales el
dinero no actúa como simple intermediario del intercambio de mercancías, sino
como ini ciador o finalizador de un proceso en el que, de un lado, no está más
que la mercancía y, de otro, el valor de la misma en su forma indepen dizada —
dinero— ; por consiguiente, el dinero es necesario para que, en
general, puedan balizarse estos procesos
unilaterales. ■ " . *
“El hecho de que la producción de mercancías sea la forma genera^
de la producción capitalista implica ya el papel
que desempeña el dine ro en ella no sólo , como medio de circulación, sino
como capital mone tario, y crea ciertas condiciones, propias de esta forma de
producción, de la venta normal, esto es, del transcurso normal de la
reproducción, ya sea a escala simple o a escala ampliada, condiciones que se
transfor man en otras tantas condiciones del transcurso anormal, en
posibilida des de crisis, ya que el mismo equilibrio es una casualidad, dada
la es tructura de crecimiento natural de esta producción” 10.
Los capitalistas A ,‘ A', A " acumulán
mediante la venta de su plus valía el tesoro, capital monetario potencial
complementario. Este pro ducto adicional se coínpone, en^iuestro caso, de
medios de producción que actúan como tales en manos de B, B', B". Es en su
mano dond^'' este producto adicionál actúa, en primer lugar, como capital
constante complementario. Pero lo es ya virtualmente, antes de que se venda, en
manos del atesorador A, A', A " (I). Si consi^Siiiü^, únicamente el vo
lumen en valor de la reproducción por parte de I nos encontramos to davía
dentro de los límites de la ^reproducción simple. La diferencia existe
únicámente en los otros valores de uso que se produjeron. Den tro del mismo
volumen de valor se produjeron más medios de produc ción para medios
de^producción que para medios de consumo. Una par
E l capital,
0 M A R X , II, pág. 500.
“ Marx, El
capital, II, pág. 496.
284 EL CAPITAL
FINANCIERO
te de I p, que antes, en la reproducción simple, se
cambijó por completo por II c, esto es, que se tenia que componer de medios de
producción para medios de consumo, se compone ahora de medios de producción
para medios de producción, a fin de poder ser incorporados como tales al
capital constante I. .Se deduce, pues, que — considerado únicamente según el
Volumen de válor— , dentr# de la reproducción simple se pro duce el ^ibstrato
material de lá reproducción ampliada.
Se trata, simplemente, d© lá 'producción de medios
de producción, de la creación de capital virtualmente adicional del sector I, o
sea, plus-
trabajo suministrado por la clase obrera I. - -
La formación de capital monetario virtual y
adicional de A, A A " (I)
— mediante la venta sucesiva de su producto
adicional que se ha for mado sin ningún gasto monetario capitalista— ■es, por
consiguiente, aquí simple forma monetaria de medios de producción I, producidos
adicional mente. "La producción a una escala mayor de capital monetario
virtual y adicional en numerosos puntos de la periferia de la circulación no
es, por tanto, nada más que el resultado y la expresión de una produc ción
variada de capital productivo virtual y adicional, cuyo nacimiento mismo no
presupone ningún gasto de dinero adicional por parte de los capitalistas
industriales" *?'.
“La transformación sucesiva de este capital
productivo virtual y adi cional en capital monetario virtual (tesoro) por
parte de A, A', A", etcétera (I), que es ocasionada por la venta sucesiva
de su producto adicional — esto es, por venta de mercancías unilateral y
repetida sin compra complementaria— , se realiza mediante la sustracción
repetida de dinero de la circulación y su atesoramiento correspondiente.
Exceptuan do el caso en que el productor de oro sea el comprador, este
atesoramien to no supone en ningún modo riqueza adicional de oro, sino
únicamente una función variada de dinero que estaba hasta ahora en circulación.
Antes funcionaba como medio de circulación; ahora actúa como tesoro, como
capital monetario en creación, virtualmente nuevo. Por tanto, la formación de
capital monetario adicional y la masa de metal precioso que se encuentra en un
país no tienen entre sí ninguna relación causal.
De todo ello se deriva, además, que; cuanto mayor
sea el capital productivo que actúa ya en un páís (inclusive la.fuerza de
trabajo in corporada a él, productora del producto a<áú¡¡o:nal), cuanto más
desarro llada esté la fuerza productiva del trabajo y, en su consecuencia, los
me dios técnicos pará una ampliación más rápida de la producción de me
dios de producción — y, por tanto, cuanto mayor sea
también la masa del producto adicional con arreglo a su valor, así como con
arreglo a la masa de los valores de uso en los que se representa— , tanto mayor
será:
1.° El capital productivo virtual adicional en la
forma de producto adicional en manos de A, A', A ", etc., y
2° La
masa de este producto adicional transformado en dinero, esto
11 MaüX,
E l capital, II, ,pág- 499.
LAS CÓNDÍCIONES
GENERALES DÉ LÁ CftISÍS 285
es, del capital monetario virtual adicional en
manos de A, A', A ". Por consiguiente, cuando Fullarton, por ejemplo, no
quiere saber nada de la superproducción en sentido normal, pero sí de
superproducción de ca pital, esto es, de capital monetario, esta actitud suya
vuelve a demos trar lo poquísimo que saben incluso los mejores economistas
burgueses 3el mecanismo de su sistema" 12.
"Cuando el producto adicional, producido
directamente y apropiado por los capitalistas A, A', A " (I), es la base
real de la acumulación de capital, es decir, de la reproducción ampliada,
aunque actúa con esta propiedad primeramente en manos de B, B' B", etc.
(I), es, en cambio, absolutamente improductivo en su transformación monetaria —
como te soro y únicamente capital monetario virtual en continua formación— ,
discurre en esta forma paralelamente al proceso de producción, pero yace fuera
del mismo. Es un peso muerto (dead weighí) de la produc ción capitalista. El
ansia de hacer ulijizable esta plusvalía, que se acumu la como capital
monetario virtual, tanto paja el beneficio- cómo para la renta, encuentra la
meta de su aspiración en el sistema de crédito y en los 'papelitos’. Así, el
capital monetario recibe en otra forma la influen cia más enorme sobre el
transcurso y el potente desarrollo del sistema de producción capitalista.
"El producto adicional cambiado en capital
monetario adicional- será tanto mayor, con arreglo a su masa, cuanto mayor
fuera la suma tota] del caffital -ya activo, de cuya función hábígj resultado.
Pero en el au mento absoluto del capital monetario virtual, reproducido
anualmente, su segmentación es también más fácil, de tal suerte que se invierte
más rápidamente en un negocio especial, ya sea en manos del mismo capit^"
lista o en manos de otros (por ejemplo, miembros de la familia, distri buciones
de herencia, etc.). Segmentaiión de capital monetario quiere decir aquí que se
separa completamente del capital nominal para ser in vertido como nuevo
capital monetario en un nuevo negocio indepen diente” 13.
Los vendedores del producto adicional A, A', A
" (I) lo han reci bido como resultado directo del proceso de producción.
Los, B, & , B” tienen que adquirirlo primeramente mediante un acto de
circulación. El dinero necesario para ello lo han formado antes, como ahora A,
A ', A ", mediante la venta de sus productos adicionales respectivos; con
ello han llegado a la meta. Su capital monetario acumulado como tesoro y sola
mente virtual actúa ahora, efectivamente, como capital monetario adi
cional. \
El dinero que es necesario para estas transacciones
del producto adi cional tiene que encontrarse en manos de la clase
capitalista. En la re producción simple el dinero que servía únicamente para
gasto como ren ta en medios de consumo vuelve a los capitalistas en la medida
en que
” M ARX, E l capital, II, pág. 499. M M ARX, El
capital, II, pág. 500.
286 - EL
CAPITAL FINANCIERO
lo adelantaron para la venta de sus mercancías
respectivas; aquí vuelve a aparecer el mismo dinero, pero con función distinta.
Los A y los B (I) se suministran alternativamente el dinero para la
transformación de pro ducto adicional en capital monetario virtualmente
complementario y de vuelven á“ la circulación alternativamente el capital
monetario reciente mente formado como medio de compra..
Lo único que se supone aquí es que la masa de
dinero que se en cuentra en 'el país (supuestas* iguales la velocidad de
circulación, etc.) basta para la circulación activa, esto és, el mismo
supu&to que, como vimos, también tiene que cumplirse en la circulación
simple de mercan cías? Unicamente la función de los tesoros es aquí distinta.
Naturalmente, la exposición esquemática se ha
simplificado mucho. Es evidente que las relaciones de proporción, tal como
tienen que reinar en su totalidad entre las industrias de medios de producción
y las de bienes de consumo, tienen que existir en forma análoga para toda rama
f individual de la producción. Pero, al mismo tiempo, estos esquemas mues tran
que en la producción capitalista puede' suceder tranquilamente urfa
reproducción tanto a escala simple como a escala ampliada si se man tienen
únicamente estas proporciones. Por el contrario, también puede ocurrir una
crisis en la reproducción simple cuando se vulnera la pro porción, por
ejemplo, entre el capital desgastado y el que se va a in
vertir nuevamente. Por consion^nte. de lo expuesto
no se deduce que — la crisis ha de tener su causa en el subconsumo de las masas
inmanente en la producción capitalista. Una expansión demasiado rápida del con
sumo tendría que conducir en sí a la crisis lo mismo que la constancia o la
reducción de la producción de medios productivos. Tampoco se de duce de los
esquemas en sí la posibilidad de una superproducción gene ral de mercancías;
más bien resulta posible toda expansión de la pro ducción que puede tener
lugar con las fuerzas productivas existentes.
CAPITUL® XVII
L&s causas de la crisis
Si set considera la complicación de las relaciones
de proporcionali dad que tienen que cumplirse en un sistema de producción por
anár quico que sea, surge la pregunta inevitable de quién cuida del manteni-^
miento de esas relaciones. Es evidente que esta función la tiene que
• cumplir la
ley de mrecios. puesto que éstos son, en definitiva, los que
regulan la
producción capitalista; las ^variaciones de precios son decisi
vas para la ampliación o la limitación de la
producción, la iniciación de
una nueva producción, etc. También resulta de ahí
la necesidad de una l e y n h ) > H v a _ d .g l valor como único regulador
posible de la economía ca
pitalista. La perturbación de estas proporciones
tiene que explicarse, pues, por la perturbación en la regulación específica de
esta producción, esto
es, por una
perturbación en las formaciones de precios, de tal forma que los precios ya no
dejan reconocer correctamente las necesidades de la producción. Como esta
perturbación es periódica, también tiene que
demostrarse que la perturbación en la ley del
precio se manifiesta perió-
=■ dicamente. » :,-Lo que les interesa a los
capitalistas no es el nivel absoluto del pre cio de su producto, sino la
relación df>1 prerin rtt> mprrarin_rnn pl coste: en otras palabras: el
nivel dH ® e este nivel ,clepende en qué
ramas de la producción invierten su capital. Si el
beneficio disminuye considerablemente se abandonan entonces por completo las
reínversíones. Sobre todo, en los casos en que se trate de inversión ampliada
de capital fijo-, puesto que el capital así invertido está fijado para largo
tiempo y el precio del capital fijo es decisivo para el cálculo de la tasa de
bene
ficios. 1 i
Y a sabemos que la composición orgánica del capital
varía. Por cau-
sas técnicas crece la parte d f retpifál tprpr
la del'
variable. A demás, la parte de capita]—£ifo-ereee-ea&-^aayor raipiderz- que
l§_cicculgnté. Pero la disminución relativa d eja parte de capital variable
tiene como consecuencia una reducción de la tasa de
beneficios. La_cri-sis significa esrasp-7 .jja-wnta. Y ésta presupone en la
sociedad capitá-
ÉL CAPITAL FINANCIERO
lista: cese de remversián.Lde-jsapital: éste
supone, a su vez, reducción de la ta~sa de beneficios; esta reducción de la
tasa de beneficios viene determinada por el cambio de la composición orgánica
del capital que ha tenido lugar en la reinversión del capital. La crisis no
tiene otra sig nificación más que la de sér el momento- en que#e verifica la
reducción de la tasa de beneficias. ftr£L.aJa cr-isisJe-antec.ede el período-de
pros peridad, en el que lo5 precios y Jos-beneficios- son ^lto's. ¿Cómo tiene
lugar este derrumbe del mundo capitalista, .el tránsito de la felicidad de
v-jina actividad febrilmente intensa, de elevados
beneficios y de la acu mulación aumentada a la desesperación del
estancamiento,' de los be neficios desaparecidos y del capital congelado en
masa?
-r Todo Ücicio' iná.ustr7alj empieza con una
expánsión de la producción,' ! cuyas causas varían según los momentos
históricos concretos en particu-
lar, pero
que se atribuyen, en general, a la apertura de nuevos merca dos, nacimiento de
nuevas ramas de la producción, introducción de téc nica nueva, demanda
creciente a _causa del aumento de población. Nace
así una demanda aumentada que, en primer lugar,
motiva.jun alza de |, los .pr.ecio.s_y de los beneficios en ramas 'de la
producción particular. En consecuencia, la .producción se extiende en estas
esferas, y su produc-; ción acrecentada
representa un incremento de la demanda en los sec-
: tores que
suministran los medios de producción para estas ramas. Tiene
lugar en grandes proporciones
nueva..invg-rsióñ"d'e~capit-al -fijo- y susti-I tución de las
instalaciones antiguas y técnicamente superadas. El prp-
ceso se
generaliza, cada rama industrial crea con su expansión una de-j\ manda para las
otras, los sectores de la producción se alimentan mutua-
mente, la
industria se convierte en el mejor cliente de la industria.
Así, empieza el ciclo con la renovación y el
crecimiento del capital fijo, que constituyen la base principal de la
prosperidad incipiente, du rante la cual las ampliaciones continúan y, al
mismo tiempo, se produce la mayor tensión de todas las fuerzas productivas
existentes. “Por con siguiente, en la misma medida en que con el desarrollo de
la forma de producción capitalista se desarrolla el volumen de valor y- la
duración del capital fijo empleado se desarrolla también la vida de la
industria y del capital industrial/en cada inversión particular en una de
muchos años, de diez por término medio. Mientras, por un lado, el desarrollo
del capital fijo amplia esta vida, la acorta, por otro, la continua revo
lución de los medios de producción, la cual también aumenta continua mente con
el desarrollo de la forma de producción capitalista. Por eso, también crece en
ella el cambio de los medios de producción y la nece sidad de su continua
sustitución a consecuencia del desgaste moral, mu cho antes de que se hayan
agotado físicamente. Se puede admitir que para las ramas decisivas de la gran
industria este ciclo de vida es aho ra, por término medio, de diez años. Sin
embargo, no nos importa aqui el número determinado. Resulta lo siguiente: Con
esta serie de ciclos de votaciones interdependientes, que abarcan varios años y
en los que el capital está inmovilizado por su parte fija, resulta una base
material
L Á S CA U
S A S fié £ A C
M S Í S
de las crisis periódicas, en las que el negocio
experimenta períodos su cesivos de distensión, actividad normal, caída
vertical y crisis. Cierta mente, los períodos en que se invierte capital son
muy diferentes y dis--i. persos. No obstante, la crisis rnnstifrnyp sipmiprp P
1 pnnf.o de partida-^para
j uíia_^raiv-feinversión..
Por tanto — considerando toda la sociedad— , re-
j presenta
también inás o menos una nueva base
material para el pró-
_4 ximo ciclo” x.
Pero el
aumento de la tasa de beneficios tiene lugar al principio de
/ la
prosperidad por otra causa además de por el aumento de la demanda
I que acabamos
de describir. A l mismo tiempo, y
a consecuencia del au-
I mentó de la
demanda, se acorta, en principio, el tiempo de rotación~deT
T capital.
Se acorta el péríodo~d'e trabajo porque
la introducción de las
j inej.oras
técnicas permite una elaboración más rápida del producto; los
peones, por
ejemplo, en la minería se limitan a
un mínimo en favor de
la
extracción; la maquinaria se explota de un modo más intensivo me-
'íTdiante aceleración del tiempo de actividad; pero, sobre todo, mediante
^ampliación
del tiempo de trabajo (supresión de
los turnos festivos, ho-
-»ras extraordinarias, contratación de nuevos obreros), etc. Además, .¿se.
acorta el
tiempo de circulación: la venta transcurre animadamente; a me
nudo, el
tiempo de circulación es cero, puesto que se trabaja s.obre pe
ndidos; para
una serie de ramas importantes de la industria aumenta la
venta en los
mercados nacionales situados a poca distancia, en propor
ción a la de
los lejanos mercados extranjeros, lo que vuelve a significar
reducción
del tiempo de circulación. Todo esto origina,
a su vez.. ;jn
aumento de la tasa anual dpi henp-firicy ya que el
capital productivo y también la plusvalía se convierten más rápidamente en
capital variable productivo.
La reducción
del tiempo de rotación significa, al mismo tiempo, una /disminución relativa
del capital monetario, que tienen que adelantar los ■industriales en relación
con el capital productivo. En primer lugar, el capital productivo existente,
sin gasto adicional de capital monetario o, al menos, sin gasto adicional
correspondiente, puede explotarse mejor mediante reducción del período de
trabajo, debido a una aceleración del plazo de circulación de la maquinaria; en
definitiva, mediante una ex" plotación más intensiva de los elementos de
producción existentes. Pero luego se acorta el tiempo de circulación y se
reduce el volumen del ca pital, que tiene que retener el capitalista durante
el tiempo de circulación junto con el capital realmente activo en la
producción» Es decir, se re duce el capital empleado únicamente para fines de
circulación, o sea, improductivo, en relación con el capital productor de
beneficios, activo en el proceso de producción. La reducción del tiempo de
circulación y la más rápida rotación disminuyen al mismo tiempo la parte de
capital que está congelada como provisión de mercancías, parte que únicamente
ocasiona gastos. Así, aumenta la tasa anual de la plusvalía y del bene-
1 Marx, El
capital, II, pág. 164.
19
290 EL
CAPITAL FINANCIERO
ficio, y esta última aún más con la reducción del
capital que sirve para finéis -de circulación. Simultáneamente aumenta la masa
de plusvalía y con ello la posibilidad de la acumulación.
_■ Así,
pues, la prosperidad industrial no significa nada más que el per-
feccionamiento
de las condiciones de explotación deF capital.
P^ro 'ías
+ i ittísinarxííeaHStandas. que-primeramente la prosperidad en-v cierran en sí
potencias que empeoran paulatinamente las condiciones de ■ j «explotación del
capital, hasta que, finalmente, llega el momento en que se. paraliza la nueva
inversión de>capital y el estancamiento se hace evi-
. .dente.
*. Cuando, por ejemplo, el crecimiento de la
demanda en la primera fase del ciclo industrial significa aumento de la tasa de
beneficios, este aumento no tiene lugar más que en condiciones que preparan
una. re-
ducción
posterior de la tasa de beneficios. Usurante la prosperidad tiene s lugar una fuerte reinversión de capital, una
nueva inversión que tiene que corresponder al nuevo estado de la técnica. Pero
ya sabemos que las mejoras técnicas se expresan en una composición orgánica más
ele-vada del capital. Y mayor composición orgánica del capital significa re
ducción de la tasa_<j¿Jbsp¿Iicios. empeoramiento ¿e. fes ..condiciones de
explot^tojdel^citpitaL Primeramente, porque el capital variable ha .dis minuido
en relación con el capital total, esto es, la misma tasa de plus valía se
expresa en una tasa de beneficios más pequeñas En segundo lu
gar, porque cuanto maypr_ es la parte..del
capital-fijo frente' ál cífcülante,
■.—ijrayó'r
és el ü.empo-de rotación...del capital, y aume5fó'~dertíem§o 3é
fotlcion~7significa también reducción de la.tasa...^de.1jeneficios.
Hay que añadir igualmente otras circunstancias que
alargan el tiem po de rotación. En el apogeo de la prosperidad puede alargarse
el pe ríodo de trabajo porque puede sobrevenir una escasez de fuerzas de
traba jo, sobre todo de mano de obra especializada, prescindiendo de las
luchas por salarios más elevados, que suelen ser más frecuentes en períodos se
mejantes. También ipueden resultar perturbaciones en el proceso de tra-
. bajo por explotación demasiado intensiva del
capital constante, por ejem-_po7 aceleración excesiva del tiempo de actividad
de la maquinaria, que también puede ser estropeada por la contratación de
obreros no ini ciados, o por negligencia en las reparaciones y trabajos
auxiliares con el fin de no dejar e^Japar, sin aprovecharlo, el tiempo corto de
la alta ten sión industrial. A l mismo tiempo, se alarga el período de
circulación en el transcurso ulterior. Se ha satisfecho la demanda del mercado
>jiacio-
Jl&l,
tienen que buscarse mercados extranjeros más alejados. La venta de las
mercancías, su retransformación en dinero, se alarga; factores, to
dos ellos, que dan lugar a una disminución de la
tasa de beneficios en
la segunda fase de la prosperidad. 5 )
Todavía hay
que añadir otros factores, ©tirante la prosperidad au-| menta la demanda de
fuerza de trabajo, cuyo precio sube. Esto implica
la
disminución de la tasa de plusvalía y la de los beneficios. Además, <
aumenta paulatinamente el tipo .de interés por encima de su nivel normal,
‘i i
!
LAS CAUSAS
DE .LA CRISIS 291
y, en
consecuencia,- disminuye la tasa de la ganancia de empresario. De
todos
modos, se incrementa la ganancia del
capital bancario (una cir-
m cunstancia
que se descuida generalmente). Pero los Bancos ya no es-
. i tán
en condiciones, en este período, de poner a disposición dinero a fin
■j de
ánipliar la producción. Primeramente, la especulación, tanto en mer-
¡j cancías
como en efectos, experimenta en este
período su mayor auge y
-f équiere
mucho crédito. Pero luego, como ya veremos, el crédito de circu lación que se
conceden mutuamente los capitalistas productivos no basta para satisfacer la
demanda aumentada, y también tienen que intervenir aquí los Bancos. Por eso
tendrán 'éstos la tendencia a retener su ganan cia en forma líquida, en forma
monetaria; con lo que se paraliza la trans formación en capital productivo,
esto es, la acumulación real y la am pliación del proceso de reproducción.
Esto significa, al mismo tiempo, una perturbación del proceso de producción,
puesto que, debido ál en torpecimiento de la retransformación del capital
monetario, que han re tirado para sí los Bancos valiéndose del tipo de interés
crecido y q"fie' han retenido en forma de dinero, queda, por tanto,
invendible una parte del capital. productivo determinado para la reproducción
ampliada. Así, pues, la disminución de la ganancia de empresario significa
igualmente para toda la clase capitalista una desventaja creciente en las
condiciones de explotáción, un descenso de la acumulación.»
La crisis sobreviene, pues, -en el momento en que
las tendencias des
critas" dli3mámentg-de la_ tasa de beneficios
decreciente se imponen fren-. te a las tendencias que, debido a la demanda
aumentada, han motivado un ¿Iza“de'lós“precios y del Benefició. Llegados aquí,
cabe hacerse dos preguntas: primeramente, ¿cómo se imponen en la competencia
capita lista estas tendencias que. ponen fin a la prosperidad?; luego, ¿por
qué esta imposición sucede de un modo crítico y no suavemente, momentá nea y
no paulatinamente? De todas formas, lá última pregunta es de menor importancia,
ya que la alternativa de prosperidad y depresión es
lo decisivo para el movimiento ondulante de; la
coyuntura y el carácter
instantáneo de esta alternativa es de segundo --
Hasta ahora
todo esto es evidente: Si el aumento de precios fuera general y regular durante
la prosperidad, sería puramente nominal. Si
todas las mercancías aumentasen en un 10 por 100 t
en un 100 por 100 dejáría invariable su relación de intercambio relativa2. El
alza de los | precios no tendría entonces como, consecuencia ninguna influencia
en la i producción; no tendría lugar ningún desplazamiento en la distribución
del capital entre las distintas ramas de la producción, ningún cambio en las
relaciones de proporción. Si la producción tiene lugar en las pro porciones
justas, como lo hemos representado esquemáticamente más arri-
//
i\
~ A p rim e ra v ista , el p e río d o de. p ro sp e rid a d p a rec e c
a ra c te riz a d o p o r un.
alz a
d e p re cio
s g en eral y re
g u la r; el p e río d o d e d e p resió n ^ p o r u n a
re d u cc ió n d e p re cio s
id én tica .
E s ta es la ra z
ó n d e p o r q u
é se b
u sc ó p o r ta n to tiem p o y ta
n ten azm en te la
cau sa de la crisis en u
n cam bio d e v
a lo r dei d
in ero . L a su p e rstició n d e la teo ría
cu an -
tita tiv a
en cu e n tra en ello su a p o y o m ás firm e.
m
EL CAPITAL FINANCIERO
ba, entonces éstas no necesitan experimentar ningún
cambio ni, en con secuencia, sobrevenir ninguna perturbación. Pero o tra rosa ocurre cuan do 1a naturaleza del alza
de precios se debe a factores que excluyen semejaiite^r.egularldadj La
variación en la formación de precios poará 4 introducir también una variación
en. la proporcionalidad de las ramas
de la
producción, ya que la variación de precios y de beneficios actúa de
7 un modo
deteoninante en la distribución del capital entre las diversas ramas de la
producción. Esta posibilidad se convierte en realidad cuando
se demuestra
que el alza de precios tiene que llevar consigo necesaria-j mente un desplazamiento de las proporciones
en la distribución de ca pital. Y, efectivamente, puede demostrarse la
existencia de factores que
obstruyen esta regularidad.
La modificación de la composición orgánica
deLcapital. que provoca. en_úliima_.jnstanciá, la reducción de la tasa de
beneficios, será mayor donde,sea.más grande el e^ligo~áe~la maguinaria y del
cagitaj ¿fio. I^escindiendo..ds.Jal31svolücxoneis técnicas y-
coñsfderáñHo7"por de groa» ^.úgj^a^OtgLel^iCQjneaio _de Ips
contiftü&á'cainbios técnicos. Pues cuanto mayor sea la masa empleada de
maquinaria, adelantos científicos, etc., mayor y más frecuente será la
posibilidad de una instalación racional, de una técnica mejorada, de formas de
procedimiento más científicas. Tanto más fuertes actuarán aquí las tendencias
hacia una más elevada composición orgánica del capital. Pero la composición
orgánica más ele vada del capital no es más que la expresión económica de la
producti vidad aumentada. Y ésta significa menor precio por lá misma cantidad
de mercancías. Por eso, los capitales recientemente
invertidos trabajan al principio con beneficio extraordinario, ©e ahí que el
capital afluya a estas inversiones. Aquí se manifiesta ya un factor de
perturbación. Cuanto maydt sea el beneficio obtenido en estas nuevas
inversiones, tanto más capital afluirá a estos sectores. Una corrección no
puede pro ducirse hasta que los nuevos productos de estos sectores lleguen al
mer cado y su excesiva oferta provoque la baja del precio s. Entretanto, la
demanda de estos sectores habrá hecho aumentar igualmente el precio de los
productos de otros sectores, provocando en ellos una afluencia de capital,
aunque en proporciones menores, puesto que es menor el bene ficio
extraordinario a causa de que las mejoras técnicas también son menores. Esto, a
su vez, origina que, como el incremento de capital no
"Indudablemente,
ha sido demasiado rápido el desarrollo de la industria minera y metalúrgica en
Lorena-Luxemburgo, que tuvo efectos tanto más graves cuanto que las nuevas
empresas tardaron en entrar en servicio, ayudando así a fortalecer durante mucho
tiempo la demanda en la alta coyuntura. Pero cuando entraron las nuevas em
presas en la producción, y esto fue a finales de 1899 y en la primavera de
1900, había pasado ya el apogeo del desarrollo, de tal forma que ahora
aumentaban la oferta...
Por consiguiente, al salirse ahora del área de los
consumidores y aparecer en el mer cado con su propia producción, se había
aumentado la capacidad de producción y efh
inevitable una superproducción" [Die Stórnngen
im deutschen Wivtschaftsleben ivahrend
der ]ahre 1900 [[. (Las perturbaciones en la vida,
económica alemana durante los años 1900 y siguientes), volumen 2, Montan- und
Eisenindustrie, pág. 48].
LAS CAUSAS
DE LA CRISIS
ha seg'iido
.en la misma proporción, el alza de precios sea aquí relati
vamente más
fuerte. En los primeros sectores de la producción el be
neficio
extraordinario es importante, en los segundos es menor; poco a
poco se va
igualando con la disminución del beneficio extraordinario,
debida a más
afluencia de capital a los primeros, y con
el alza de pre- *
cios, debida
a una afluencia relativamente inferior á los
segundos.
/ "
Con el desarrollo de la producción capitalista crece el volumen del
j capital
fijo, y de la mano de este crecimiento se produce una diferen-
j ciación
creciente de las distintas industrias por lo
que^se refiere al vo-
| lumen' del' capital fijo empleado. No obstante, cuanto mayor sea el vo-
j lumen del
capital fijo más largo será el tiempo necesario para crear nue-
I vas
inversiones; por eso también será tanto mayor la diferencia del tiem-
po durante
el que se puede ampliar la producción en algunas ramas de \la industria. Pero
cuanto más largo sea el tiempo para la reinversión,
tanto más difícil será lá adecuación a las
necesidades del consumo; tanto más tiempo permanecerá la oferta~rdetrás de la
demanda, tanto más su birán los precios y tanto más general se hará el impulso
acumulativo en esas industrias.
Cuanto mayor sea la masa del capital fijo, tanto
mayor será el tiem-I po necesario para que se realicen los nuewos cambios y
para que aumente
la capacidad
de rendimiento. H^asta este momento la ofertá permanecerá
C^detrás^de la demanda. El aumento del número de
los altos hornos, la
.explotación de nuevas minas de carbón, el tendido*
de nuevos ferroca-jrriles, exige más tiempo que el incremento de los productos
textiles o de I la fabricación de papel. Por consiguiente, mientras que con el
aumento de la composición orgánica aumentan las causas que a largo plazo tie
nen que producir una reducción de la tasa de beneficios, tiene lugar,
precisamente en estos sectores, un alza de precios más fuerte que en otras ramas de la producción
durante la buena coyuntura, ,a consecuen cia de las variaciones sufridas
en las relaciones de
'Competencia; del desplazamiento de la relación entre la oferta y la demanda,
ya que la oferta crece más despacio que la demanda. El beneficio no sólo dismi
nuye, sino que el cambio de la composición orgánica va' acompañado, en primer
lugar, de precios y beneficios en alpa; los precios tendrán ge neralmente la
tendencia al aumento tanto más cuanto más desarrollada
esté la composición orgánica. El capital afluye a
los sectores que tienen el beneficio más elevado. Por eso se desviará a estos
sectores, sobre todo, el capital destinado a la acumulación, y esta desviación
durará has ta que se hayan realizado las nuevas inversiones y se haga sentir
la competencia más fuerte de las nuevas empresas. Existe, pues, la tenden
cia a la inversión y acumulación excesivas del
capital en los sectores con la composición orgánica más elevada, en relación
con las de com posición más baja. Una desproporción que ¿parece cuando los
produc
tos de los primeros sectores llegan al mercaaV La
venta de estos pro ductos nuevos está obstruida, porque la producción en los
sectores de composición más baja no se incrementó en la misma forma, con igual
EL CAPITAL
FINANCIERO
/rapidez,
sino más de prisa y, por tanto, con menor intensidad. Esto ex
plica el
hecho de que las crisis se manifiesten con mayor fuerza en las
; ramas de la
producción técnicamente más desarrolladas, esto es, en los
; primeros
períodos, especialmente en la industria textil (del algodón), y
; sólo luego
en las industrias pesadas. La crisis es, por lo .general, más
fuerte allí
donde la rotación del capital. dura más tiempo y las mejoras
e
innovaciones técnicas son más grandes, lo cual sucede, generalmente, cuando la
composición orgánica es más elevada.
La crisis misma produce, por de pronto, una
reducción de precios T y beneficios por
debajo del nivel normal, es decir, por debajo de los 1 precios de producción y
del beneficio medio. La producción se contrae, las empresas más débiles se
hunden y, finalmente, sólo continúan en servicio aquellas que consiguen también el
beneficio medio con precios bajos. Este beneficio medio tiene ahora, no
obstante, otro nivel. Y a no corresponde a la composición orgánica en el punto
de partida del ciclo industrial, sino a la nueva composición orgánica del
capital, más ele-
4-vada.
Por el contrarío, en las induátrias con un volumen
más pequeño de capital fijo tiene lugar una adaptación más ráipida al consumo;
el alza de precios se mantiene dentro de límites más estrechos (prescindiendo
de las oscilaciones de precios de la materia prima) y la acumulación se
estimula menos. Esto es un motivo más para el nacimiento de desequi-
. librios, de
concentración del capital que se ha de invertir de nuevo en aquellas ramas de
la producción en que los precios suben más y con mayor rapidez; y, al mismo
tiempo, el motivo de que las crisis, por lo general, tengan un efecto tanto
mayor cuanto más voluminoso sea el capital fijo en general, y se produzcan en
aquellas ramas de la producción en que el capital fijo posee el mayor volumen.
Además,
cuanto mayor es el volumen de la masa de capital que re
quiere el
nivel de la técnica en un momento determinado para una rama
determinada
de la producción, tanto más difícil se hace una adaptación
cuantitativa
exacta del aumento de la producción al consumo aumentado.
Técnicamente
es irracional, y por eso antieconómico, aumentar, por ejem
plo, la
producción del acero mediante la instalación de una pequeña in
dustria
siderúrgica. La técnica determina aquí el grado del aumento por
propia
autoridad sin poderse preocupar de si la medida del incremento
está de
acuerdo con las exigencias del consumo. Una vez explotadas com
pletamente
las fuerzas productivas existentes — y las variaciones en las
posibilidades
de explotación son un factor importante
para compensar
oscilaciones
pequeñas en la demanda— , el incremento en las industrias
pesadas no
puede realizarse más que en gran escala, si bien esporádi
camente, y
no en el modesto volumen de las épocas iniciales del capi-
A talismo.
También aquí la posibilidad de
adaptación de la industria li-
4 gera es mucho mayor y por eso el alza de precios es en ella
menor
l en el tiempo intermedio.
A estos desequilibrios en la
formación de precios, que resultan de
LAS CAUSAS DE LA CRISIS
wm
la diversidad de la composición orgánica, se añaden
otros que brotan de condiciones naturales. Hemos visto que existe una tendencia
a la acu mulación excesiva en los sectores con una composición orgánica más
¿levada. .Por un lado, estos sectores son fuertes consumidores de ma terias
primas, pero luego suministran también materias primas»y produc
tos semifabricados (hierro, carbón) a otras
industrias. Aquí pueden so brevenir perturbaciones de la proporcionalidad. “Se
ha visto que, una vez vendidas las mercancías, después de transformadas en
dinero, una parte de este dinero tiene que volver a transformarse en los
elementos materiales del capital constante, y, por cierto, en las proporciones
que reclama el carácter técnico determinado de cada sector dado de la pro
ducción. Aquí, en todas las ramas — prescindiendo del salario...— , el elemento
más importante es la materia prima, con inclusión de las ma» terias auxiliares,
que son importantes especialmente en aquellas ramas de lá producción en las que
no entra ninguna materia prima verdadera, como en las minas y en la industria
extractiva en general... Si sube el precio de la materia prima puede ser
imposible reponerla completamente
después de la deducción del salario del valor de'la
mercancía. Por eso, las oscilaciones violentas de precios provocan
interrupciones, grandes choques e incluso catástrofes en el proceso de
reproducción. Sobre todo, son los productos propios de la agricultura, las
materias primas proce dentes de la Naturaleza orgánica, las que están
sometidas a tales os cilaciones de valor a consecuencia del rendimiento
variable de la cose cha, etc. — prescindiendo aquí por completo del sistema de
crédito— . Un segundo factor, que sólo se cita para ser exhaustivo, ya que la
com petencia como el sistema de crédito quedan fuera del ámbito de nuestra
consideración, es el siguiente: es una ley de lá Naturaleza que las ma terias
vegetales y animales, cuyo crecimiento y producción están some tidos a leyes
orgánicas determinadas y a ciertos períodos de tiempo na turales, no pueden
incrementarse súbitamente en la misma medida que, por ejemplo, máquinas y otro
capital fijo, carb.ón, minerales, etc., cuyo aumento, supuestas las demás
condiciones naturales, puede verificarse en un país industrialmente
desarrollado muy rápidamente. Por eso, es posible, e incluso inevitable en una
producción capitalista desarrollada, que la producción y el aumento de la parte
del capital constante, que se (Compone de capital fijo, maquinaria, etc., gane
una ventaja considera-■ble ante la parte del mismo que consta de tiiaterias
primas orgánicas, jde tal forma que la demanda de estas materias primas crece
más de
j prisa que su oferta y por eso sube su precio. De
hecho, este alza del precio lleva consigo:
1.° Que estas materias primas se traigan de luga res más alejados,
puesto que ahora el precio elevado cubre grandes cos tes de transporte; 2 “
Que su producción se aumente, una circunstancia que, por su misma naturaleza,
puede aumentar realmente la masa de productos, pero quizá no antes de un año, y
3.° Que se utilice toda cla se de sucedáneos no usados anteriormente y que se
proceda más eco nómicamente con los desperdicios. Cuando el alza de precios empieza
iÜjÜj EL
CAPITAL FINANCIERO
r’-a influir muy notablemente en la expansión de la producción y en la
j oferta, generalmente ha llegado ya el
momento crítico en que, debido
j al aumento continuado de la materia prima y de todas las mercancías en
que entra
como componente, cae la demanda y por eso tiene lugar tam-|bien una reacción en
el^precio de la materia prima. Prescindiendo de
.i-las convulsiones que esto ocasiona por la
devaluación del capital en dis tinta forma, surgen aún otras consecuencias
dignas de mención.
“De todo lo dicho es evidente lo siguiente: cuanto
más desarrollada sea la producción capitalista y, por ende, cuanto mayores sean
los me dios para un aumento rápido y continuado de la parte de capital cons
tante, compuesta de maquinaria, etc., cuanto más rápida sea la acumu lación
(sobre todo en tiempos de prosperidad),-.mayor será la superpro ducción
relativa de maquinaria y de otro capital fijo, y tanto más fre cuente será la
superproducción relativa de las materias primas vegetales y animales, más notable
será el alza de su precio antes descrita y su reacción correspondiente. Por
consiguiente,'tanto más frecuente son las convulsiones que tienen su base en
esta oscilación violenta de precio de uno de los elementos principales del
proceso de reproducción” *.
"Por eso, cuanto más nos acercamos a la
historia de la producción del presente inmediato, con tanta más regularidad
encontramos, especial mente en las ramas decisivas de la industria, el cambio
siempre repetido entre el encarecimiento relativo y la devaluación posterior,
derivada de aquél, de las materias primas tomadas*de la Naturaleza” s.
A estas-jperturbaciones se añaden otras que
resultan de la forma en que se reproduzca el capital fijo. Hemos visto
qüe~éñ'lS~Fépfoñuc^ ctoñ~simplé" ercapital fijo desgastado tiene que ser
igual al que se va
invertir. De
hecho, esta condición no -se cumplirá rigurosamente ja más. Por consiguiente,
de un lado tiene que existir siempre un exceso en la parte fija de capital para
la nivelación, esto es, una provisión de mercancías, a la que le corresponde,
por otra parte, capital monetario de reserva^-Cierta acumulación y cierta
provisión son condiciones de la re-pí53ucción, que, de otra forma, se
estancaría en uno u otro punto. Se-
__j mejantes nivelaciones minimas se facilitan
también con la elasticidad del mismo capital, que permite satisfacer ciertas
necesidades urgentes for zando la producción, trabajo de horas
extraordinarias, etc. La tensión febril de todas las potencias productivas
disminuye tanto la provisión de mercancías como las existencias de dinero
(relativa y absolutamente) y elimina así un elemento que sirve en tiempos
normales para la compen sación de perturbaciones. La reducción del capital
monetario de reserva se hace absoluta en el estadio anterior a la crisis, de un
lado, porque la demanda de capital monetario por parte de los capitalistas
industria les es ahora máxima, y, de otro, porque, debido al retraso
incipiente del reflujo, y con él del crédito de circulación, aumenta la demanda
de
* Marx, E l
capital, III, 1, págs. 94 y 95. Véase también M arx, TTiepríen ucber
den Mehrweti, II, -2, págs. 289 y sigs.
8 MflRX, E l
capital, III, 1, pág. 98.
LAS CAUSAS DE LA CRISIS
saga
dinero como medio de pago, con extrema rapidez. Una
perturbación ul-! terior en la venta no puede compensarse con el empleo de
capital de / reserva monetario y conduce, por eso, a lá bancarrota.
Otra
perturbación de la proporcionalidad puede, sobrevenir al
cam-Kbiar^"Tiáa3®r^e5H^a¡^o<iu^6n_yjel_cgn.sumo. Durante la prosperi-
^'ad~Mb'^'los~p7écios^rfamRén
el beneficio. ~EI alza de los precios de
lás mercancías tiene que ser mayor que la de los
salarios, pues, de no ser así, el beneficio no podría aumentar. Por tanto,
aumenta la partici pación de la clase empresaria en el nuevo producto más de
prisa que
---la de los obreros. El consumo aumenta en
absoluto, porque tanto los empresarios como los obreros amplían el propio. Pero
aún crece más rápidamente la acumulación, ya que el acicate de la acumulación
actúa en forma aguda; con todo, este fenómeno dura un cierto lajfeS de
tiem--po: hasta que aumenta el consumo de lujo. Este es muy elástico y se
adapta fácilmente al fuerte impulso acumulativo. De
esta forma,- tieñe\ lugar un desplazamiento; una parte relativamente grande del
benefició j se destina á la acumulación y otra relativamente pequeña al
consumo.-Pero esto quiere decir que el consumo no va^a la par con el aumento de
la producción. Hay que añadir, además, aquella parte permanente del consumo que
recae sobre las capas que tienen ingresos fijos o ingresos que no proceden
directamente de lá producción, y por eso sus oscila
ciones no Ies tocan más que indirecta y
mediatamente. ,
^ En el transcurso del periodo de coyuntura nacen
así relaciones de
• Jdesproporcionalidad mediante perturbaciones en
la formación de precios! íPues todos los factores mencionados significan que
los precios de mer-bado difieren de los precios de producción y con ello surgen
perturba ciones en la regulación de la producción; producción dependiente de
la líormación de precios en sus proporciones y en su dirección. Es evidente
[que estas perturbaciones tienen que llevar, finalmente, al estancamiento.
fjSuy aparición va acompañada e impulsada por
fenómenos de crédito que
,ho».
\
El crédito en el desm,rr@ll@ del cicl&
Al principio de la prosperidad reina un tipo _d.eJ
n fLer.ésJha jo_.que sólo
asciende
poco a poco. Lá expansión de la_producción y, con ella, la .de la circulación
aumenta la demanda ..de-capita? 3e préstamo. Pfero la de manda aumentada
encuentra satisfacción fácilmente. Pues, en primer.Jn-ga£_está_a su disposición
el capital monetario congelado durante- la He-
presión. Ahora "Fieñ7~Sr"segundó lugar,
"aTprincipio de la prosperidad *se exílende también el crédito de
circulación. El capital mercantil de los industriales y comerciantes,
que se ha de transformar nuevamente en capital monetario, ha aumentado
tanto en lo referente a la masa como a los precios de lás mercancías. Pero los
medios de circulación necesa rios para ello los suministra la cantidad
aumentada de dinero de cré dito. La masa de éste crece y al mismo tiempo se
acorta el tiempo de circulación del dinero de crédito con la rotación más
rápida del capital productivo. La oferta aumentada de capital de préstamo, que
viene dada por la creación aumentada-del dinero de crédito, satisface la
crecida de
manda de capital de préstamo sin aumento del. tipo
de interés.
En este período crece también la oferta de capital
de préstamo por que, con la reducción del tiempo de circulación, disminuye y
entrá en el mercado monetario como capital de préstamo el capital monetario,
de terminado en su volumen por la duración del tiempo, y que deben tener a su
disposición los capitalistas productivos durante el tiempo de circu lación de
su capital.
Con la duración de la prosperidad cambian estas
relaciones v el ca-
rácter gradual del cambio se expresa en el ascenso
aardual del tipo de“mterefr
Hemos visto que durante la prosperidad se alarga,
primeramente, el periodo de rotación del capital, y, en segundo lugar, surge la
despro porcionalidad entre las ramas de la producción. El alargamiento del
tiempo de rotación, esto es, el retardo de la venta, significa, también, un
retardo' de la velocidad de circulación del dinero de crédito. Una letra
EL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL CICLO 299
a noventa días vista no se puede pagar en su
vencimiento si la mercan cía, cuya forma monetaria representa, se entrega a
los cuatro meses. Hay que pagar al contado o prorrogar la letra. La renovación
o prórroga sig nifica utilización de crédito, crédito de capital por parte del
Banco, esto es, demanda aumentada de crédito bancario. La demanda de cré dito
bancario será general, porque la necesidad de la renovación no se refiere a un
solo capitalista, sino, en un promedio determinado, a toda la clase de los
capitalistas productivos. Tanto la demanda mentada de crédito bancario, que no
es más que la consecuencia de la circunstancia de que ya no basta el crédito de
circulación que se conceden mutuamente los capitalistas productivos, como
también lá demanda aumentada de dinero en efectivo actúan directamente
determinando el alza del tipo de interés.
El mismo efecto tiene la creciente
desproporcionalidad, que también
.significa estancamiento de ventas." 'La
merca£SÍ~tiaK"^ü^"'^'''süsHtuiclá por me^arvcíá“^ara"''que el
dinero de crédito pueda cumplir su función de sustituir el dinero en efectivo.
Si se estanca el intercambio mutuo de mercancías, el dinero de crédito tiene
que ser sustituido por dinero en efectivo. La letra no puede pagarse á su
vencimiento porque no se ha vendido la mercancía que representa. Si, a pesar de
todo, tiene que pagarse, siólo puede hacerse mediante la utilización de crédito
bancario, que ha ocupado ahora el lugar del crédito de circulación. Mas para el
industrial es indiferente que el pago de la letra, por la que ha vendido su
mercancía, se haga por medio del crédito de circulación, esto es, en última
instancia, por la sustitución de su mercancía por otra, o que se haga por medio
del crédito bancario, esto es, sin que su mercancía sea sustituida
definitivamente por otra. A decir verdad, él tiene que pagar ahora un interés
algo más elevado, pero no sabe lo que esto quiere de cir, y aunque lo supiera
nada se modificaría ni le serviría tampoco de nada. Todavía son altos los
precios y los beneficios. Todavía tiene el capital monetario, mediante el pago
de la letrá, necesario para poder' continuar la producción en la misma medida.
El industrial ignora que el capital monetario con el que trabaja ahora ya no
representa una forma transformada de su propio capital mercantil, que, en
realidad, no se ha vendido todavía. No sabe que ahora continúa la producción
con capital monetario adicional que ha puesto el banquero a su disposición.
Sin embargo, éste es un hecho de la mayor
ifeportancia. La despro porcionalidad incipiente tiene que manifestarse en la
formación de stocks de mercancías. Tiene que producirse un estancamiento en un
ipunto cual quiera del proceso de circulación de la mercancía. Esta existencia
de mercancías tendría que pfesionar sobre el mercado si se tuviera que ven der
la mercancía para poder continuar la producción con el dinero ob tenido. Este
efecto y, con él, el efecto sobre el precio y el beneficio se evitan, ya que se
pone a disposición de los capitalistas productivos ca pital monetario por
parte de los Bancos. Con lo que el crédito .encubre la desproporcionalidad
incipiente^ La producción se prosigue invariable
i
300 EL
CAPITAL FINANCIERO
mente, e incluso se amplía bastante en ciertas
ramas en que los precios son especialmente altos, porque la atracción del
capital monetario evita que las mercancías ejerzan presión sobre el mercado y
hagan oscilar los precios. La producción se presenta, todavía, enteramente
sana, aunque ha aparecido ya -la desproporcionalidad de las rantas de la
producción.
Las variaciones en el nivel del tipo de interés,
que son ocasionadas, en primer lugar, por los cambios de las relaciones de
proporcionalidad durante el transcurso de la coyuntura, influyen, por su parte,
del modo más fuerte sobre la actividad de constitución de empresas, sobre la
es peculación de mercancías y de valores y, con ello, sobre el tenor de los
negocios bursátiles. A l principio de la prosperidad el tipo de interés es
bj¡o, y ello, en igualdad de condiciones,
motiva'una cotización elevada del capital ficticio. En Aquella parte del
capital ficticio que produce un rendimiento fijo y seguro (esto es, por
ejemplo, en los títulos de deuda del Estado y corporaciones públicas, en
algunas cédulas hipotecarias, etcétera), la cotización aumenta directamente a
consecuencia de la re ducción del tipo de interés. En las acciones la
disminución del dividendo y la mayor inseguridad del rendimiento contrarrestan
el alza de la co tización determinada por la baja del tipo de interés. La
prosperidad anula esta contratendencia; las cotizaciones de las acciones suben,
aun que el tipo de interés sea permanentemente bajo, porque su rendimiento
su seguridad
aumentan. A l mismo, tiempo, crece la especulación, que anhela descontar* para
sí las cotizaciones crecientes. Así, aumenta la de manda de acciones y la
cotización vuelve a subir. La expansión de la producción significa también una
mayor actividad de fundación: se fun dan nuevas sociedades por acciones y las
existentes incrementan su ca pital. La actividad emisora de los Bancos se
anima. El elevado curso de las acciones y el tipo bajo de interés ocasionan
grandes ganancias de emisión. La Bolsa se hace rápidamente con las nuevas
acciones y las vende fácilmente al público, es decir, a los capitalistas que
disponen de capital de préstamo. Es el período en que la actividad fundadora es
más animada y las ganancias de los Bancos, por la actividad emisora,
son mayores. E l líquido monetario favorece la
especulación, que depen de en sus operaciones de la utilización del crédito.
Como el interés es bajo, la gppeculacjón puede aprovechar también pequeñas
oscilaciones en las cotizaciones, como las que reinan en el primer período de
la pros peridad. La actividad bursátil es animada, las transacciones son
impor tantes dadas las oscilaciones relativamente pequeñas, pero que. final
mente, se suman todas en un incremento del nivel de la cotización. Este nivel aumentado,
por un lado, el cual resulta del aumento de la masa de los efectos y del alza
de los cambios, y el incremento de las transac ciones, por otro, significan
una mayor utilización del crédito para la nivelación de los saldos, que
requerirán cantidades más grandes, y tanto más cuanto que en estos períodos la
especulación al alza supera a la especulación a .la baja; las compras
sobrepasan a las ventas y, final mente, se aumenta el saldo que hay que
nivelar. A la demanda aiimeu-
EL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL CICLO 301
tada de crédito, que la Bolsa ejerce, no se opone
aquí ninguna oferta aumentada, algo distinto a lo que sucede con los
capitalistas productivos, cuya demanda creciente se satisface en un principio
con una expansión del crédito de circulación. Por consiguiente, la demanda
aumentada ac túa directamente provocando el alza del tipo de interés y
fortalece las tendencias al aumento del interés procedentes de los procesos de
pro ducción.
Similares
son los procesos en el ámbito de la especulación sobre mercancías. También
procura descontar para sí los precios crecientes y fortalecer la tendencia al
alza, ©e un lado, se adquieren de otros mer cados mercancías cuyo precio sea
elevado en otro mercado y se consi gue así un aumento de la oferta. Como un
importador no sabe nada del otro, existe la posibilidad de que la oferta supere
al fin la demanda y tenga lugar un comercio excesivo. Por otro lado, la
especulación intenta
mantener y, si es posible, aumentar el alza de
precios en el mercado de mercancías, así como en el de efectos. Las mercancías
se retienen fuera del mercado el mayor tiempo posible con el fin de hacer subir
los precios; es el tiempo en que se forman rings y corners que procuran elevar
los precios con la creación artificial de una escasez de mercan cías. Para
poder retenerlas es preciso otra vez la utilización de crédito, lo cual vuelve
a tener como consecuencia un aumento del tipo de interés.
Entretanto se ha generalizado lá prosperidad
industrial y se ha trans formado en alta coyuntura. -Los precios y beneficios
so n d a s elevados que nunca. Las cotizaciones de las acciones han aumentado a
consecuen cia del rendimiento creciente. Se ha extendido continuamente la
especu lación, que, en total, no ha registrado hasta ahora más que ganancias.
Las ganancias especulativas despliegan su fuerza propagandística. La
participación del público en las operaciones
bursátiles crece y facilita así a la especulación profesional la expansión de
sus operaciones a costa del público. El tipo de interés es alto; para que las
transacciones de la especulación sean productivas, las variaciones de las
cotizaciones tienen que ser más importantes si no se quiere que el interés
elevado se trague la ganancia especulativa; pero estas oscilaciones se hacen
más fuertes porque las noticias de lá industria no son ya tan favorables,
porque jun to a las ganancias crecientes surge aquí y allá la paralización; la
venta
ya no es tan animada y el crédito empieza a ser
difícil, ya que ,a los Bancos empieza a parecerles peligrosa la protección de
la especulacipn, cuanto más que con la mayor participación del público aumenta
el nú mero de los que ejercen su especulación sin medios propios o muy por
encima de us propias posibilidades. Procesos análogos suceden también en el
mercado de mercancías.
El tipo creciente de interés tiene la tendencia a
bajar las cotizacio nes. Por consiguiente, al fin tiene que llegar el momento
en que la es peculación se detenga en su ánhelo de elevar los precios. Este
proceso se acelera cuando se le quita a la especulación una parte del crédito
de que disfrutaba hasta ahora. Hemos visto cómo en la continuación de
302 EL CAPITAL
FINANCIERO
la prosperidad los capitalistas productivos tienen
que presentar a los Bancos exigencias cada vez mayores. A los motivos dados
allí hay que' añadir ahora otro. El tipo de interés es decisivo para el nivel
de la
ganancia de fundador. El elevado tipo de interés de
la alta coyuntura disminuye la ganancia de fundador y limita por eso la
actividad emi
sora. Además, la especulación ya está saturada en
este punto, y no so portaría un aumento de la -cantidad de títulos a las
elevadas cotizacio nes hasta ahora existentes. Los Bancos se verían ante el
peligro de no poder poner en circulación las nuevas acciones o de verse ante la
ne cesidad de hacerlo aólo a cotizaciones relativamente bajas.
Xas necesidades de la industria las satisfacen
ahora los Bancos mis mos; no emiten ninguna acción, sino que conceden créditos
bancários por los" que los capitalistas productivos tienen que pagar el
elevado tipo de interés dominante. Pero cuanto más intensamente recurra la
industria a
los Bancos tanto menores son los medios qué éstos
pueden poner a dis posición de la especulación; la especulación tiene que
limitarse. Pero esto
significa disminución de la demanda baja de las
cotizaciones. No obs tante, el nivel de cotización dado era la base para el
crédito concedido a la especulación; por tanto, ahora tienen que pagarse
intereses adicio nales sobre los valores pignorados o que sirvan como garantía
del cré dito, es decir, gastos que no pueden ser soportados por muchos especu
ladores y menos aún por los advenedizos. Se llega, -pues, a v.entas for zosas
de las acciones pignoradas, a una oferta súbitamente aumentada que reduce rápidamente
la cotización de los títulos. Esta baja se inten sifica con*el nuevo rumbo que
toma la especulación profesional, que ha comprendido la situación crítica del
mercado y se lanza ahora a la es peculación a la baja. La baja de la
cotización significa una nueva limi tación del crédito, nuevas ventas
forzosas. La baja se convierte en una caída, y sobreviene el pánico y el
desconcierto, la crisis bursátil. Los títulos se han devaluado en masa y caen
rápidamente por debajo del nivel que corresponde a su verdadero rendimiento con
un nivel normal del tipo de interés. Estos títulos devaluados los compran ahora
los gran des capitalistas y los Bancos para volverlos a vender a precios más
ele vados cuando pase el pánico y haya vuelto a._subir la cotización, hasta
que en el ciclo próximo se vuelva a realizar el proceso de expropiación de una
parte de los especuladores y el proceso de concentración de la
propiedad ^1 manos del capital monetario, y se
cumpla así la función de la Bolsa: servir de vehículo de la concentración de la
propiedad por
medio de la concentración del capital ficticio.
La crisis bursátil, pues, se ocasiona directamente
por los cambios que se realizan en el mercado monetario y en las relaciones de
crédito. Como su aparición no depende directamente más que del nivel del tipo
de in terés, puede tener lugar, por consiguiente, un poco antes de la
aparición de la crisis comercial e industrial. Pero noi£s más que un síntoma,
un
EL CRÉDITO
EN EL' DESARROLLO DEL
CICLO 303
indicio de la última, pues la variación en el
mercado está condicionada por aquellos cambios en la producción que conducen a
la crisis K
Procesos similares a los de la especulación de
efectos suceden tam bién en la especulación sobre mercancías, sólo que aquí,
por su misma naturaleza, la conexión con las relaciones de producción es más
estre cha. La retención de la mercancía y el mantenimiento de los precios es
tán dificultados también aquí por el alza del interés y la limitación del
crédito. Pero, al mismo tiempo, el elevado nivel de precios provoca igual
mente una tensión en la producción, el incremento de la oferta y la con tracción
del consumo, hasta que, finalmente, ocurre la catástrofe. Si se trata de una
mercancía cuyo nivel de precio influye al mismo tiempo en la cotización de los
valores bursátiles más importantes, como, por ejem plo, el precio del cobre
para la cotización de las acciones de dicho me tal, entonces la quiebra de la
especulación sobre mercancías puede ser también un síntoma de lá quiebra de la
especulación bursátil.
El cambio de las relaciones del mercado monetario
actúa también de un modo decisivo sobre el nivel y clase de la ganancia
bancaria. A l prin cipio de la prosperidad reina un tipo de interés bajo y una
ganancia de emisión elevada. Hemos visto que las dos toman una dirección
opuesta en el curso de la coyuntura. Además, durante toda la coyuntura au
menta la ganancia del Banco procedente de la provisión que obtiene como
intermediario del crédito de circulación. Aumenta el beneficio del ca pital
mercantil, ya que se extienden las operaciones de pago para los capitalistas
productivos, y con el alza dál-'tipo de interés aumenta, so bre todo, la parte
del capital bancario, primero en el beneficio de los capitalistas productivos a
costa de la ganancia de empresario y, segun do, en la ganancia de los
especuladores a costa de las ganancias dife renciales. Cuanto más alto es el
tipo de interés, tanto más elevada es también la participación del capital
financiero en los frutos de la alta coyuntura. Con la duración de la
prosperidad aumenta, pues, la parti cipación del capital monetario en ei
beneficio del capital pi^ductivo.
También hemos visto cómo en el curso de la
coyuntura se exige cada vez más crédito bancario desde el momento en que el
crédito de circu lación alcanza *su límite más alto. La utilización del
crédito bancario tie ne lugar porque la expansión de la producción significa
extensión de. la circulación y ésta requiere medios de circulación aumentados;
Se pro duce así un agotamiento progresivo de las reservas bancarias, lo cuál
termina por manifestarse en la petición de crédito al Banco central emi sor.
Pues el retardo de la venta significa retardo de la circulación de cambio, esto
es, limitación del crédito de circulación en lugar del cual tiene que
intervenir el crédito bancario. Pero el proceso de la despro-
Naturalmente,
sólo consideramos aquí la crisis bursátil que se presenta como un aspecto de la
crisis comercial general. Crisis bursátiles y especulativas pueden suceder
también aisladamente; así, una crisis bursátil nace a menudo a principios de la
pros peridad industrial, si la especulación descuenta anticipadamente el
incremento inicial. Este fue el caso, por ejemplo, en Viena en 1895.
i
304 ÉL
CAPITAL FINANCIERO
porcionaliclad continúa con todas sus consecuencias
y su influencia so bre el crédito bancario se agudiza mediante las exigencias
crecientes de la especulación. Así se produce, poco a poco, la- tensión del
crédito bancario hasta un momento en que los Bancos no pueden extender más el
crédit^ para no di#minujj^ demasiado sus reservas. La circulación, que ya no sé
puede extender -más cort-pl crédito, requiere dinero en efec tivo que afluirá
en grandes proporciones a la circulación y. reducirá las reservas, lo cual
tiene que obligar de nuevo a los Bancos a la limitación de la concesión de
crédito. No obstante, esta limitación significa para la industria que ya no se
pueden compensar las perturbaciones de la desproporcionalidad porque ya no
tiene a su disposición el capital mo netario necesario para ello. Tienen que
venderse las mercancías para recibir medios de pago que ya no se puede recibir
por medio del cré dito. Empieza la reducción de los precios. Pero el nivel de
precios exis tente hasta ahora servía de base a todas las transacciones
crediticias. Reducción de precios significa que también- la letra de cambio,
que se ha librado contra la mercancía, no puede pagarse con el producto de
ella. En el mismo momento en que se contrae la oferta surge una demanda nueva
de medios de pago. El crédito de circulación decrece rápidamente, ya que la
baja de los precios devalúa las letras y disminuye los cobros de las mismas. Al
mismo tiempo, el crédito bancario no puede ampliar se, ya que la reducción de
los precios pone en duda la seguridad de la cápacidad de pago de lós
capitalistas productivos. Así, pues, la demanda de pago conduce a la
imposibilidad de su satisfacción. La presión credi ticia crece al máximo. No
sólo ha crecido al máximo el interés, sino que no se puede recibir ningún
crédito en general, puesto que el hundimiento del crédito es causa de que todos
los que. disponen de dinero en efec tivo lo reserven para pagos propios. No
hay más que un camino para recibir medios de pago: la transformación de la
mercancía en dinero. Todo el mundo quiere vender, pero precisamente por eso nadie
quiere comprar. Los precios caen bruscamente y las mercancías se quedan sin
vender. El estancamiento es absoluto, pero el precio de circulación que da así
destruido. Por mucho que se haya contraído la circulación, la eli minación del
dinero de crédito disminuye aún más la masa de los me dios de circulación. En
lugar del dinero de crédito tiene que entrar en acción el dinero en efectivo;
la demanda de medias de pago se convierte en una demanda violenta de dinero en
efectivo.
Las consecuencias de esa demanda dependen de
relaciones concre-_ tas. La caída de precios de las mercancías perjudica
extraordinariamente— la capacidad de pago de los industriales y por eso hace
cuestionable é l' rembolso del crédito bancario. Si el Banco ha invertido sus
recursos en créditos a industriales ahora insolventes, la bancarrota de éstos
arrastra consigo la del Banco. Se suprime súbitamente el crédito que gozaba en
forma de depósitos o (en el supuesto de emisión de billetes) en la acep tación
de sus billetes. Tiene lugar una carrera hacia las ventanillas de caja; los
depósitos se exigen al contado; en realidad, sólo una parte de
EL
CRÉDITO EN E L
DESARROLLO DEL CICLO 305
los mínimos no ha sido empleada. Los depósitos se
han perdido y el pá nico puede transmitirse a otros Bancos y obligarlos uno
tras otro al cierre de sus cajas. Ha estallado la crisis bancaria. La quiebra
del sis tema de crédito, su paralización en el sistema monetario, como la
deno mina Marx, reconoce ahora como único medió de circulación el dinero en
efectivo. Pero la masa de dinero en efectivo no basta para la circu lación, y
tanto menos ya que, al mismo tiempo, tiene lugar un ateso ramiento masivo del
dinero a consecuencia del pánico. La consecuencia es el nacimiento de un agio
del dinero en efectivo; el valor propio del dinero (y, naturalmente, también de
la moneda de oro, como lo ha de mostrado de nuevo la última crisis americana)
desaparece y la cotización del dinero está determinada por el valor de la
circulación socialmente necesaria.
Existe un desarrollo inmenso entre las funciones
del dinero como medio de circulación y de pago y la función como capital de
préstamo.
El dinero, en su manifestación áurea, es el primer
amor ardiente del capitalismo. La teoría mercantilista es su breviario de amor.
Es una pasión fuerte y grande, transfigurada por todo el resplandor del
romanticismo. Par la posesión ansiada de la amada ejecuta toda clase, de
heroicidades, descubre nuevos continentes, lleva a cabo continua mente nuevas
guerras, instala el nuevo Estado y, por devaneos román ticos, destruye la base
de todo romanticismo, la Edad Media. Con elj paso del tiempo, se hace viejo y
razona. La teoría clásica le enseña a menospreciar la apariencia romántica y a
fundar un hogar propio, lá fábrica capitalista, hogar serio. Mira con horror
las locuras de su ju ventud, que le hacían despreciar la felicidad hogareña.
Ricardo le en seña los perjuicios de su costosa liaison con el oro. Con él se
qiieja de la improductividad del high price of bullion. Las cartas de desaire a
la amada las escribe ahora en papel, billetes de Banco y letras de cambio, ©e
todas formas, procura mantener para sí ciertos derechos„y la escuela,. Currency
exige del humilde papel que se rija según las costumbres de su brillante
antecesor. Y cada vez son más refinadas las necesidades del que se ha hecho
viejo. H a disfrutado su juventud, ya no le gusta la pasión costosa e intensa;
le sube a la cara un sonrojo místico: sola
mente la fe hace feliz. John Lá'w anuncia el nuevo
Evangelio: el snob desprecia la carne y busca refugio en el espíritu; vuelve a
experimentar las felicidades supremas; pero, de pronto, el que tanto tiempo
había vivido sobriamente se siente estremecido por un antiguo prurito; la^ con
fianza en lá satisfacción mediante la fe ha desaparecido súbitamente; ansioso
reclama la certeza de si podrá mantener su ÍÜér¿ar SFcíSHito quiebra, y el
abandonado vuelve desesperado a su primer amor: al oro. Estremecido por la
fiebre de la crisis, ningún sacrificio por conseguir la amada es demasiado
grande. Cuando ya se creía liberado de su domi nio sufre el desengaño más
terrible y reconoce, estremecido por el pánico, su dependencia. No obstante,
son crisis saludables. Poco a poco va comprendiendo el carácter de la
Temidisima, de la que no se puede se-
20
306 EL
CAPITAL FINANCIERO
parar. Naturalmente, abandona el esfuerzo inútil de
renunciar y, más celoso que nunca, intenta retenerla y, sobre todo, impedir su
peligrosa,
inclinación a los viajes por el extranjero. Pero
cada vez se hace más intenso su dominio, ahora se deja atar cada vez menos por
las cade
nas áureas. m f.. .
La amada, antes tan exigente, se conforma ahora,
humildé, con el papel de permanecer en reserva para que el Incorregible se
refugie en ella a cada nueva decepción. Aunque crecen sus exigencias y a veces
las niega- por completo, este estado de cosas no dura mucho y se vuelve
a lá antigua situación. El oro ha perdido
definitivamente-la soberanía absoluta...
La crisis monetaria no se presenta como condición
necesaria de la crisis y puede faltar. ®urante la crisis también continúa la
venta de mercancías, aunque contraída extraordinariamente. En esta proporción
puede continuar la circulación, con dinero de crédito. Esto puede suce der
tanto más cuanto que la crisis no tiene por qué alcanzar simultá neamente, y
con la misma violencia, a todas las ramas de lá producción. Más bien el
estancamiento se llevará al máximo precisamente mediante la complicación de la
crisis bancaria y monetaria. Péro si se pone a dis posición de lá circulación
el dinero de crédito necesario puede evitarse la crisis monetaria si un Banco,
cuyo crédito haya permanecido inque brantable,'concede dinero de crédito a los
industriales contra garantías. De hecho, siempre se- han evitado crisis
monetarias cuando ha sido posible semejante expansión de los medios de
circulación. En cam bio, estas últimas surgen siempre que se ha impedido a los
Bancos
— cuyo crédito no había sido afectado— el poner
menos fondos a dis posición de los industriales. Este fue el caso en
Inglaterra en-1847 y 185(7; la crisis monetaria incipiente se suprimió con lá
suspensión de la ley bancaria que limitada la emisión de billetes, esto es, el
dinero de crédito, arbitrariamente al importe del tesoro en oro más 14 millones
de libras.
En América, donde la ley obstruye la circulación de
dinero de crédito en forma aún más absurda, cuando es más fuerte su necesidad
la,cri sis monetaria de 1907 ha alcanzado una perfección clásica.
Si se considera cuanto sucede en el mercado alemán,
lá disminu ción de la reserva de dinero en efectivo no se lleva a cabo
únicamente mediante la afluencia a la circulación interior, sino también con la
afluen cia hacia |¡1 exterior. Hemos visto que el oro funciona como dinero
universal para el saldo de la balanza internacional de*pagos.
Ahora biénflsepuede' demostrar la existencia de
tendencias que llevan a empeorar la balanza de pagos en el país en que la alta
coyuntura es más fuerte, esto es, en el que está más próxima la iniciación de
la crisis. Los precios de alta coyuntura estimulan la importación de mercancías
e impulsan la importación más allá de su medida normal, mientras que la
actividad de exportación (dado que la capacidad de admisión del mer cado
interior sigue pareciendo importante) no crece en las mismas pro
ÉL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL CICLO 307
porciones, y para algunas mercancías importantes de
exportación, como minerales, carbón, etc., puede disminuir de manera absoluta.
Hay que añadir, además, que en los países
capitalistas altamente des arrollados predominan, en cuanto a la importación,
productos naturales, mercancías de consumo y materias primas, y en cuanto a la
exportación, fabricados industriales. Pero los primeros son objeto de la
especulación en proporciones mucho mayores. Esto origina ya, prescindiendo de
todo lo demás, el papel mucho más grande, que juega aquí el comercio y con él
la imprevisibilidad del mercado. Por eso es posible una importación excesiva en
un volumen mucho mayor que una exportación excesiva. La balanza comercial, esto
es, la parte más importante de la balanza de pagos, empeora y exige ipara su
nivelación uná cantidad de oro más grande.
Los fenómenos que tienen lugar en el mercado
monetario toman una forma distinta. En primer lugar, los tipos de interés son
más altos en el país en que sea más fuerte también la alta coyuntura. Por
tanto, se invertirán allí, permanente o transitoriamente, muchos fondos extran
jeros. Luego, la especulación de efectos y también la de mercancías, en tanto
se trate de especulación bursátil, vive en el mayor esplendor y atrae también
especuladores del extranjero. Por consiguiente, afluirán también al j^ís grandes
sumas de dinero para este fin, para la compra de títulos.^La estructuración
«eacreta de la balanza de pagos dependerá, respectivamente, de las relaciones
de crédito en el tráfico comercial in ternacional. Inglaterra, a cuyas crisis
suele preceder siempre una fuerte salida de oro, concede relativamente mucho
crédito para el pago de las mercancías exportadas por ella y pide poco crédito
para las importadas. Así, se aumentará aún más la desproporción que, como hemos
visto, tien de a presentarse en la balanza comercial.
El empeoramiento de la balanza comercial puede
bastar por sí solo para provocar salida de oro, y la consiguiente reducción en
las reservas de oro actúa de un modo alarmante en el momento de la alta tensión
del crédito; sube aún más el tipo de interés, rompe la confianza, limita sobre
todo la especulación y puede dar con ello impulso a la crisis bur sátil. El
efecto del empeoramiento de la balanza comercial puede incre mentarse todavía
por desplazamiento de la balanza de pagos. La alta coyuntura es un fenómeno
internacional aunque muestre en los distintos países diversos grados y matices
en su intensidad y diferencias tempo rales en su transcurso. Supongamos que la
alta coyuntura*ha comenzado primeramente en los-Estados Unidos y alcanza allí
su máximo Apogeo, mientras que en Inglaterra la coyuntura se aproxima a su
punto más alto. Los tipos más elevados de interés y la especulación más fuerte
se han llevado mucho capital inglés a América. Pero ahora irrumpen también en
Inglaterra de un modo cada vez más acuciante las exigencias sobre el mercado
monetario y el interés y la especulación alcanzan también aquí un grado
elevado. Por eso, se retirarán fondos que hasta ahora es taban invertidos en
el mercado monetario americano y se invertirán en
308 EL
CAPIÍAL FINANCIERO
Inglaterra, precisamente en un momento en que ha
empeorado también la balanza comercial americana. De esta forma se intensifica
la salida de oro y conduce en América a la limitación del 'crédito y con ello
al desencadenamiento de la crisis bursátil. La misma crisis bursátil, que
precede a la crisis comercial, empeora, por de pronto, aun más las relacio nes
de la balanza de pagos. Los fondos extranjeros que estaban inver tidos en lá
especulación se retiran inmediatamente; naturalmente, aque llos que pueden ser
retirados, es decir, aquellos que no están fijos en los títulos, sino aquellos
que se emplearon en el negocio de reporte y prés tamos hipotecarios. A l
principio de la crisis los especuladores extranje ros también procuran
deshacérse le los valores que bajan, y a estas ven tas hay que añadir las
ventas forzosas de aquellos cuya especulación al alza quiebra ahora. La venta
de los valores empeora la balanza de pa gos, en tanto participe en ella el
extranjero.
Pero, al mismo tiempo, entran en juego otros
factores que pueden introducir un cambio en la situación. La crisis bursátil y
la bancaria que quizá la acompañe significan una fuerte conmoción del crédito.
El tipo de interés sube a un nivel extráordinario y atrae capital monetario ex
tranjero en busca de inversión. La devaluación de los títulos los hace parecer
ventajosos a I05 capitalistas extranjeros, y la fuerte exportación de títulos
mejora igualmente la balánza de pagos. Al mismo tiempo, mejora la balanza
comercial; la conmoción del crédito pone fin a la es peculación mercantil,
pronto se comprueba que el mercado interior está sobresaturado, los precios
baján, irrumpe la crisis comercial, la impor tación se estanca, mientras que
la exportación — en tanto lo permite la situación de los mercados extranjeros
en los que todavía no ha comen zado la crisis— se fuerza para recibir medios
de pago2. Empiezan las bancarrotas. Pero en los casos en que las bancarrotas
alcanzan a aque llos que han de hacer pagos a los industriales extranjeros por
las mercan cías importadas se suprimen tales pagos con la bancarrota,
mejorándose con ello la balanza de pagos nacional3. Así, pues, según las
circunstan cias concretas, la exportación de oro cesa más o menos tiempo antes
de la irrupción de la crisis, para hacer sitio a una afluencia, de oro durante
y después de la crisis. El cambio entre salida y entrada de oro significa,
pues, en este período de la crisis, también el cambio del lugar que elige la
crisis pará su eficacia.
Una salida más fuerte de oro tendrá siempre un
efecto sobre el tipo de interés en un momento én que, a consecuencia de las
relaciones de desproporcionalidad que se van formando, el crédito de
circulación ya
1 Así, durante la última crisis monetaria americana
se forzó por todos los medios la exportación de algodón y cereales a Europa
para poder sacar oro de Europa.
3 Lo cual es, naturalmente, una vieja experiencia.
Un "Continental Merchant”, sin identificar, lo dijo ya a los miembros del
famoso Bullion Committee (.1810): “In fact,
only kndw of
two means to liquídate an unfavourable balance of trade, it is either by
Bullion or bankruptcy”. (Efectivamente, no conozco más que dos medios para
saldar una balanza comercial desfavorable, o con oro o con bancarrota),
(lReport, pág. 101).
EL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL CICLO 309
no es ampliable en las mismas proporciones de
acuerdo con las necesi-dádes de la circulación. Pero el efecto concreto depende
en gran me dida de la legislación bancaria. La esencia de una legislación
bancaria equivocada estriba en que limita enormemente la expansión del crédito
de circulación y no permite alcanzar su limite racional, resultante de las
leyes económicas. Lo hace poniendo el crédito de circulación en cualquier
relación con magnitudes de valor con las que, en realidad, no tiene que ver lo más
mínimo por su naturaleza económica. Sabemos que el billete de Banco no es más
que la forma transformada de la letra de cambio, y ésta no es más que la forma
monetaria del valor de las mercancías. Si se coloca ahora el billete de Banco
en relación no con las letras, es decir, en última instancia, con los valores
de las mercancías que se. en cuentran en circulación (lo que sucede con la
llamada cobertura ban caria de los billetes, mientras se lleve a cabo
rigurosamente), sino en re lación con el tesoro metálico, como en Inglaterra,
o incluso con las obli gaciones de deuda del Estado, como en los Estados
Unidos, donde la locura ha subido a su punto cumbre y las deudas figuran como
la ma yor seguridad para la concesión de crédito — una locura que se explica
por lg. forma desatinada del capital ficticio— , entonces se crean artifi
cialmente limitaciones en la oferta de capital de préstamo que, natural mente,
tienen que influir inmediatamente en el tipo de interés. En In glaterra, donde
la cantidad de billetes está fijada legalmente y por eso sólo se pueden
satisfacer con dinero metálico las necesidades de la circu lación (pues todo
billete más allá de los 14 millones de libras4 no es más que representante del
oro que hay en los sótanos del Banco, es, pues, económicamente, oro verdadero),
toda salida fuerte de oro tiene que convertirse directamente en un peligro para
la circulación. En la misma medida en que sale el oro, por ejemplo, para saldo
de una im portación aumentada de cereales debida a una mala cosecha en Ingla
terra, el Banco no puede transformar la misma cantidad de letras en sus bretes,
aunque la situación sea todavía enteramente sana, y el cré dito continúe
firme. Por eso, aunque esté seguro de que solamente es temporal, el Banco tiene
que elevar inmediatamente el tipo de interés para proteger su tesoro de oro y
encarecer así el crédito; una medida que aumenta las ganancias del capital de
préstamo, esto es, también las suyas propias, a costa de lá ganancia de
empresario. Pero, en segundo lugar, debe asegurar la convertibilidad de las
letras en billetes de Ban co, esto es, en medios de pago legales, y, si no
fuera así, en medios de pago universalmente aceptados. La circulación de dinero
de crédito que requiere la circulación crecida se obstruye'así enormemente,
aunque en el nivel de la producción no se haya dado el menor motivo para ello,
y, de esta forma, en caso necesario, crea artificialmente una interrup ción
completa de la circulación de dinero de crédito con sus consecuen-
Esto en
tiempos de Peel; hoy ,puede ascender la cantidad de billetes sin cobertura a
cerca de 18,5 millones de libras esterlinas.
3X0 EL
CAPITAL FINANCIERO
das de
crisis monetaria y bancaria, por seguir una falsa teoría, cuya
puesta en práctica, desde luego, no produce
únicamente ventajas teóri cas al capital de préstamo.
t Más absurda.es todavía-la situación en América,
donde la expansión de la circulación de billetes no es posible más que a través
de una ex-pánsiqp. de la compra de Fondos Públicos por los Bancos. Como su can
tidad es limitada, la demanda aumentada conduce inmediatamente a al zas
extraordinarias de la cotización que, dados los altos tipos de inte rés, hacen
que a los mismos Bancos les parezca desventajosa la emisión de-billetes de
Banco. Además, el abandono de'la compra y, con ello, de lá extensión de la
circulación de billetes, es causa de subidas «xor-bitantes del interés, que no
sólo proporcionan ganancias extraordinarias a los Bancos y capitalistas
bancarios, sino que los convierten en señores absolutos del mercado monetario y
les dan la dictadura sobre la especu lación y la Bolsa, así como también sobre
la producción mediante la ges tión del sistema de acciones y la concesión de
crédito. Este es también
uno de los motivos por el que las Bolsas americanas
han adquirido una importancia tan inmensa en la concentración de la propiedad
en manos de unos cuantos capitalistas monetarios. Si se mantuviera esta
legisla ción bancaria, la amortización de la deuda del Estado significaría
pajá ip's Estados Unidos precisamente la destrucción de su circulación de
billetes de Banco, un-chiste absurdo, pero que, al mismo tiempo, tiene valor
instrumental — un valor instrumental excelente para que el capital de préstamo obtenga
ganancias— y por eso se resiste con éxito a todos
los intentos de reforma. *
Las limitaciones de la legislación bancaria se han
hecho soportables en cierto grado solamente porque — ocasionada por aquéllas—
la circu lación de billetes está limitada en Inglaterra y América,
precis?mente donde las limitaciones son más fuertes y perjudiciales. Está
limitada por la formación de otras especies de circulación de dinero de crédito
y, por tanto, las limitaciones legales se hicieron algo menos sensibles.
ellas
pertenece la creación del tráfico de clearing y el de cheques. El tráfico de
clearing efectúa la compensación directa de las letras que cumplen su función
monetaria en la medida en que se compensen, esto
es, no necesitan primeramente de la transformación
en*al billete de Ban co. Lo mismo hace el cheque. El cheque se extiende sobre
el depósito propio. -Pero este depósito no existe en realidad, ya que el Banco
lo .ha préstado. Si pago con un cheque sobre este depósito no existente es lo
mismo que si pagase con. un billete de Banco que támpoco tiene nin guna
cobertura metálica, sino que, igual que los depósitos prestados, no tiene como
base más que garantías bancarias. Económicamente es
el mismo contenido, aunque parezca tan distinta la
forma, que es, afor tunadamente, lo único que ven los legisladores bancarios.
En Inglaterra
a estos medios de ahorro de la circulación de
billetes — y, precisamente, la circunstancia de que unas formás del dinero
puedan sustituir a otras demuestra su igualdad de esencia— hay que añadir
todavía la certeza
EL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL
CICLO 311
de que la famosa ley bancaria podría suspenderse
inmediatamente en cuanto existiese el peligro de que pudiera conseguir su
eficacia.
Los efectos de la legislación sobre emisión de
billetes pueden también debilitar, y, a veces, eliminar completamente, las
tendencias que se ex presan en las variaciones de la balanza de pagos durante
la crisis. He mos visto que las variaciones de la balanza de pagos tienen
lugar siem pre sobre una base que está dada por la formación de la balanza
comer cial. Esta misma depende, en primer lugar, de las relaciones naturales
de producción y luego del nivel y edad del desarrollo económico. Un país con un
desarrollo económico iniciado tiempo ha con una expansión ex traordinariamente
fuerte, puramente industrial, exportación preponderan te de medios de
producción y escasa producción de materias primas, presentará una balanza
comercial pasiva. Inglaterra pudo desarrollar tan fuertemente su exportación de
medios de producción únicamente cuan do — siendo el primer país de producción
capitalista desarrollada— ex portó sus medios de producción no sólo como
mercancías, sino también como capital, es decir, no vendía los medios de
producción al extran jero,, sino que los enviaba ccfrno inversión propia de
capital en «1 ex tranjero. Así, por ejemplo, cuando Inglaterra concedía a
Sudamérica un prést;^o para ferrocarriles y los sudamericanos gastaban el
producto del préstamo en la compra de máquinas, locomotoras, etc., de
Inglaterra. Semejante exportación, que, al mismo tiempo, es exportación de
capital, se independiza de la importación simultánea de mercancías. Si se tra
tara de exportación simple de mercancías,
Sudamérica, a la larga, no podría comprar, por ejemplo, medios de producción de
Inglaterra más que cuando pudiera pagarlos con mercancías propias, ya que
Sudamé rica no ha reunido bastante dinero para poder pagar en estas propor
ciones los medios de producción con puras existencias de metal. De h(^ho, una
gran parte del comercio internacional es un intercambio se mejante de
mercancías y se compensa también en este volumen. Pero, mediante la exportación
de las mercancías como capital, la exportación se independiza de la producción
de mercancías del país todavía no des arrollado y encuentra sus límites sólo
en su posibilidad capitalista de desarrollo, por un lado, y en la acumulación
de capital, el exceso de capital productivo en el país desarrollado, por otro.
Este es, precisamen te, el motivo de la rapidez de la expansión capitalista.
Ü>e esta forma, los países capitalistas desarrollado^ojtmentan, por una
parte, su pro ducción industrial y, por otra, §u. exportación, mucho más allá
de la im portación de'-los países no desarrollados, ©e ahí la balanza
comercial pasiva a la que, del otro lado, le corresponde una balanza de pagos
ac tiva, ya que estos países han de recibir constantemente pagos, el bene
ficio del capital exportado.
Según la configuración concreta y cuantitativa de
la balanza comer cial y de pagos ejercerán su efecto las tendencias que
determinan la im portación y exportación de oro. Si los Estados Unidos no
presentan en ningún modo una salida de oro tan regular como Inglaterra durante
las
312 EL
CAPITAL FINANCIERO
crisis anteriores, es porque actúan aquí,
esencialmente, dos factores dis tintos. En primer lugar, aquellos obstáculos
para el desarrollo del cré dito de circulación que proceden de lá legislación
sobre emisión de bi
lletes. Como de esta forma se incrementa en América
el tipo de interés por eacima del nivel européo, porque no basta su crédito de
circulación más restringido, América atrae continuamente capital monetario
euro peo, y dependerá completamente de la fuerza de la presión creditíciá en
Europa el que se logre que este capital monetario vuelva a encami narse hacia
Europa en tiempos de alta coyuntura y produzca una ex portación de oro de
América.
Pero entonces la situación de la balanza comercial
americana puede intervenir modificando el curso de los acontecimientos. América
es un país con exportación predominante de materia prima. Supuesta -uná bue na
cosecha, la balanza comercial americana mejorará extraordinariámen-te durante
la alta coyuntura, puesto que, por ejemplo, aumentarán los precios del algodón,
del cobre y, eventualmente, también de los cerea les, y esta mejora de la
balanza comercial puede debilitar las tendencias qué conducen al envío de la
salida de oro, eliminarlas o aplazarlas para
un momento posterior y, con ello, quizá también el
comienzo de la cri sis, para el que, sin embargo, la salida de oro no
significa ninguna
conditio sine qua non. ^
Permítasenos acentuar a'"este respecto que el
poder de los Bancos ™nacionales para protegerse contra la salida de oro es muy
distinto; de pende de las razones por las que se requiera el oro para fines de
expor tación. Si, por ejemplo, en Berlín existe un descuento bancario del 5
por
100 y en París otro del 3 por 100, los Bancos
franceses encontrarán un motivo para transferir dinero de Francia a Alemania a
fin de aprove
char el elevado tipo de interés. Lo mismo puede
ocurrir, por ejemplo, cuando en Berlín exista una especulación bursátil más
animada en la» que quieren tomar parte casas francesas. Tales transferencias de
oro no brotan de una necesidad* económica obligatoria, sino que se trata de mo
vimientos en cierto modo arbitrarios del capital monetario. Estos capi tales
podrían permanecer también en Francia si se conformaran' con un tipc(*de
interés más bajo o con una ganancia bursátil más pequeña. Por eso, estos movimientos
de oro pueden impedirse también con medidas adecuadas de política bancaria. Lo
mrs inmediato para retener estas su mas en el país es concederles un tipo de
interés más elevado, esto es, que se suba el descuento bancario. Lo cual,
simultáneamente, da lugar a una nivelación de los tipos de interés. Pero el
Banco también puede im pedir directamente estas pérdidas de oro cuando pueda
negarse a pagar en oro. El Banco Austro-Húngaro, cuyo pago en efectivo se ha
sus pendido, est^Sutorizado para ello legalmente; el Banco de Francia, que
también puede pagar en plata, puede negar, igualmente, el pago en oro y, a
veces, hacer uso de su derecho a calcular una prima o recargo de
EL CRÉDITO
EN EL DESARROLLO DEL CICLO 313
oro 5, eliminando con este encarecimiento la
ventaja de lá diferencia de interés y suprimiendo, con ello, el motivo para la
exportación de oro. El Banco de Inglaterra y el Banco Imperial Alemán no
disponen de se mejantes medios directos, aunque este último procura limitar la
expor tación de oro ejerciendo presión indirectá sobre los exportadores de
oro, cuando las relaciones monetarias son tensas; una politica que, por lo
demás, si se limita a los casos de exportación de oro, es absolutamen te
racional para la economíá nacional. Al mismo tiempo, esta limitación efectiva
de la libertad del capital monetario y de la salida de oro es una de las causas
que impiden la igualación internacional de los tipos de interés nacionales al
mismo nivel.
©tra cosa muy distinta ocurre cuando, por ejemplo,
se origina de manda de oro en el Banco Imperial Alemán (Meutsche Reichsbank),
por que hay alemanes que tienen que pagar en Inglaterra mercancías o tí
tulos. Los alemanes comprarán primeramente letras en libras esterlinas en la
Bolsa de Berlín; pero si la cotización de la letra sube por encima de la par
querrán pagar con oro. Si el Banco se niega entonces a la entrega de oro, los
deudores alemanes, que tienen que pagar si no quie ren declararse en* bancarrota,
tendrán que procurarse nuevamente letras en libras esterlinas. Su demandá
aumentará la cotización de la letra por encima de la par, lo cual significará
una devaluación de la divisa na cional alemana, y el deber supremo de la
política báncaria es impedirla.
Por consiguiente, puede impedirse la salida de oro
que brota de simples transacciones financieras. Basta con que estas
transacciones fi nancieras no se lleven a cabo. Por el contrario, no es
posible impedir la salida de oro que es necesaria para el saldo de obligaciones
efectivas ya contraídas y procedentes del tráfico de mercancías y efectos sin
devaluar la divisa nacional.
"El
Banco de Francia establece con mucha frecuencia en la retirada de dinero una
.prima que, con fuerte demanda para el extranjero, sube hasta el 8 y hasta el
10 por mil, y como el extranjero solamente puede usar oro, el descontador tiene
que in cluir esta cantidad en el descuento nacional. Por regla general se
puede estar seguro de que se hará uso eficaz de la prima o recargo de oro
cuando los descuentos sean
elevados en el extranjero y tengan un nivel en París considerablemente bajo. Dado
un nivel del 5 por 1.000 con una letra a noventa
días vista, encarece el interés en el 2 por 100 anual” (SA R T O R IU S , op.
cit,, pág. 263).
%
CAPITUL® XIX
j • *
Capital
m©netari ® y c&pitml pm ductiv@*
durante Im,
depresión
Si consideramos los procesos de acumulación después
de la crisis, se observa, por de pronto, el siguiente período de reproducción a
es cala restringida. Lá producción social experimenta una limitación. No
importa que, a causa de la "solidaridad de las ramas de la producción”,
rompiera la superproducción en este o aquel sector. La superproducción en los
sectores-clave significa superproducción general. Por tanto, no tiene lugar
ninguna acumulación productiva, ninguna nueva transfor mación aumentada de
beneficio en capital, ninguna utilización aumentada de medios de producción.
Por ende, la acumulación productiva ha des aparecido. Pero ¿qué pasa con la
acumulación individual y con la de los sectores individuales de la industria?
Aunque a escala más restrin gida, la producción prosigue. Es igualmente seguro
que se obtiene be neficio en gran número de empresas, sobre todo en las más
rentables técnicamente dentro de los sectores individuales, y luego en los que
pro ducen alimentos indispensables cuyo consumo no puede reducirse de
masiado. Se puede acumular una parte de este beneficio. Ahora ha descendido la
tasa de beneficios y su reducción puede acarrear, ade más, la de la tasa de
acumulación. También ha descendido la masa de beneficios y esta circunstancia
disminuye igualmente la posibilidad de acumulación. Si, además, una parte de la
clase capitalista obtiene bene ficios, la otra parte sufre pérdidas, que
tienen que cubrirse con capital adicional si no se quiere ir a la bancarrota.
Pero durante la depresión no se amplía la verdadera producción. Si, por
consiguiente, tiene lugar acumulación, no puede tratarse únicamente dg
acumulación en forma de dinero. ¿De dónde les afluye el dinero á*los
capitalistas acumula dores?
Representémonos otra vez el esquema de la
reproducción:
I. 4.000 c + 1.000 v
+ 1.000 p = 6.000.
CAPITAL MONETARIO
Y CAPITAL PRODUCTIVO DURANTE .LA DEPRESIÓN 315
Estas cifras reflejan el esquema de la producción,
disminuida ya por la crisis. Pero los capitalistas no producen ningún dinero,
sino mercan cías. Si han de recibir más dinero además de las sumás que tenían
ya a su disposición — púas de otro modo no tendría lugar ninguna acumu lación
de dinero— , entonces tienen que transformar las mercancías en dinero y
abandonar la retransformáción en mercancía. Si, >por ejemplo,
quiere-,
acumular 250 p de sus 500 unidades de plusvalía, tiene que vender bienes de
consumo (y, por cierto, unos miembros de la clase II a otros de la misma
sección, ya que las transacciones de II p suceden
dentro de la clase II), sin comprarles a los otros
miembros sus mercan cías. Por consiguiente, quedan sin vender 250 p dentro de
la clase II. Si uno consigue la venta, los demás se quedan con sus mercancías;
in terviene entonces otra distribución del capital monetario; los vendedores
reciben el dinero de los compradores; mas para éstos ya no vuelve más, puesto
que no pueden vender sus 250 mercancías'.
El mismo resultado obtenemos si suponemos que los
capitalistas del sector I acumulan la mitad de su plusvalía. Entonces pueden
vender 1.000 v + 500 p, que tienen la forma de medios de. producción, a II c.
Estos pagan por ellos 1.500 en dinero. Pero como I p no compra ahora alimentos,
siiíb que retiene 500 en dinero, II c no puede vender, en este caso, más que
1.500. Le quedan, por tanto, 500 en bienes de consumo y tiene 500 menos en
dinero, que se quedan acumulados en manos de I. Pero si II c no adelanta 1.000
en dinero para la compra de medios de producción, sino que suponemos que I
inicia el proceso, I comprará bie nes de consumo por valor de 1.500, II compra
por dinero 1.500 en me dios de producción, y para uno quedan sin vender 500 en
medios de producción; su esperanza de acumulación no se ha realizado. El sector
II limita aún más la producción y empieza la reproducción con 1.500 c y
disminuye en forma correspondiente su capital variable. Si ha poseído 2.000 en
dinero para gestionar la transacción con I c, ahora solamente ha empleado
1.500, mientras que se congelan 500 que antes actuaban como capital monetario;
a ello hay que añadir la reducción' del dinero que se adelantó como capital
variable.
Ello demuestra que la pura acumulación monetaria a
escala social no es posible en el supuesto de una producción disminuida o
constante. Solamente puede tener lugar acumulación individual, lo cual no
significa más que el hecho de que 1% acumulación de uno es únicamente la
distri bución variada del capital monetario de los otros, un .cambio que, por
su parte, tiene que conducir a nuevas perturbaciones de la reproducción. No
cambia nada si íbnsideramos incluso la clase de los productores de oro; aquí es
muy posible la acumulación directa de dinero. Pero esta acumulación monetaria
encuentra sus límites directamente en la magni tud del beneficio acumulado,
que se obtiene en esta rama de la produc ción. La venta de las otras
industrias se reduce, al mismo tiempo, en el importe de este dinero acumulado,
puesto que el dinero se acumula y se retiene en forma de tesoro. Además, figure
como quiera este factor,
316 EL
CAPITAL FINANCIERO
cuantitativamente carece de importancia para
significar una acumulación general.
El crédito no introduce ningún cambio en estás
relaciones; 2.000 (p + v) tienen que' ser vendidos a los 2.000 c II. Ahora
bien, acumula
ción monetaria significaría que I vende,
efectivamente, 2.000,. pero que no compra más que 1,5ff0 de II. Se gestionen o
no estas transacciones mediante el crédito, I sólo puede acumular 500 en
dinero, o en dinero de crédito, o en bonos sobre la producción futura, cuando
II compra 2.000 a I. Cosa que no puede hacer más que, o pagando con sus mer
cancías, lo cual es imposible según el supuesto, o pagando-con un fondo-de
reserva monetario, en cuyo caso I únicamente acumula lo que pier de II. Por
consiguiente, no es- verdad que el capital congelado en tiem po de depresión-
se compone de capital monetario acumulado en forma de dinero o de crédito. Es
capital monetario liberado mediante la limi tación de la producción, el cual
ha servido antes para lá realización de las operaciones y se ha hecho superfluo
con la reducción de la produc ción. Su congelación corresponde a la
congelación del capital de pro ducción. Las fuerzas productivas sólo se han
explotado parcialmente de bido a la limitgpón de la producción. ’ &l
capital cónstante*repTt>ducido está almacenado y no encuentra ningún empleo
en la producción. El capital monetario y las posibilidades de la organización
¡rediticia exis tente se han hecho demasiado grandes en proporción a la venta
limi tada. Descansa ocioso en los Bancos y espera su- utilización, cuyo su
puesto es la expansión de la producción.
Además, es también una idea curiosa que los
teóricos de las crisis señalen precisamente la congelación del capital
monetario como el aci cate más fuerte para el aumento de la reproducción i1.
Como si la para lización de la maquinaria con su peligro de desgaste moral y
material, la menor explotación del capital fijo en general, que no sólo
significa carencia de ganancias, sino pérdida continua, no fuera un acicate mu
cho más fuerte para lá expansión de la producción que el escaso interés del
capital monetario. No se trata de que el motivo de la acumulación se refuerce
después de la crisis bajo la influencia de la liquidez mone taria, sino de que
si la ampliación de lá reproducción es posible o no objetivamente. Lo normal es
que, inmediatamente después de la crisis, exista una gran liquidez monetaria y,
a pesar de todo, pueden pasar años hasta 'que se imponga por completo la
prosperidad 2.
A esta
tentación que surge de las apariencias de los mismos fenómenos econó micos no
■sucumbe únicamente T U G A N -BA R A N O W SK I, sino también O T T O B A U E
R , en su exposición aguBí'-jr'SSgestivá d é la teoría marxista de las crisis
(Neue Zeit, X X III, 1,
páginas 133
y sigs.).
" Este Jue el caso, por ejemplo, en el período
de depresión después de 1890. Todo el ano 1893 fue un año con una oferta de
dinero extraordinariamente abundante y con
un interés bajo. A finales de febrero de 1S94 el
descuento bancario de Londres ascen día al 2 por 100 y el descuento privado al
1 por 100 a mediados de marzo. A media dos de enero de 1895 el descuento
privado de Londres era del 0,5 y del 7 al 8 por 100. Pero, EI pesar dé la
liquidez monetaria anormalmente fuerte y muy duradera, no se impuso la
prosperidad hasta la segunda mitad del año 1895.
CAPITAL
MONETARIO Y CAPITAL
PRODUCTIVO DURANTE LA
DEPRESIÓN 31?
Es muy divertido ver cómo cambian las opiniones de
los comentaris tas económicos de la prensa burguesa con los respectivos
fenómenos de coyuntura. La última crisis la atribuyen los periódicos alemanes
casi ex clusivamente al encarecimiento del dinero o á la falta de capital
mone tario. Ahora, cuando a pesar de la continua liquidez monetaria interna
cional dura todavía la depresión, se empieza a descubrir poco a poco que la
prosperidad no depende únicamente de la situación del mercado monetario 3.
Las opiniones erróneas sobre las causas de la
liquidez monetaria du rante la depresión y su importancia para su vencimiento
estriban, en úl tima instancia, en que, además de las determinaciones formales
econó micas, se pasa por alto la determinación material de la producción so
cial, tal como la describe el análisis de Marx en el segundo volumen de E l
capital. Solamente se opera con conceptos económicos, capital, be neficio,
'acumulación, etc., y se cree poseer la solución del problema cuando se han averiguado
las relaciones cuantitativas que regulan la re producción simple y la
reproducción .ampliada o aquellas de las cuales surgen los desequilibrios. Se
pasa por alto que a estas relaciones cuanti tativas corresponden condiciones
cifalitativas, qu^n.o sólo se enfrentan sumas de valor que son mutuamente
conmensurantes, sino también va lores de uso de determinada especie, que
tienen que cumplir determina das propiedades en la producción y en el consumo;
que en el análisis del proceso de reproducción no sólo sá enfrentan partes de
capital en general {de tal forma que el capital industrial no puede “igualar'’
un exceso o un defecto con una parte correspondiente de capital monetario), ni
tampoco únicamente-capital fijo o capital circulante, sino cpá& se trata,
al mismo tiempo, de nJáquinas, materias primas, fuerza de trabajo de una
especie muy determinada (técnicamente determinada), que tienen que existir como
valores de uso de esta clase específica para evitar pertur
baciones 4. V
____________
En general,
empieza a reinar la mala costumbre, nacida de la despreocupación de la
observación teórica de deducir consecuencias generales de algunas observaciones
de pocos años, y de elevar a “leyes*' generales los fenómenos de una fase
parcial de un ciclo industrial o, en el mejor de los casos, de un ciclo
determinado, ¡particularmente característico. Otros rechazan todo conocimiento
general y se consuelan con la filoso fía práctica de qul vivta, verra. Reducen
conscientemente el conocimiento del sistema económico a charlas de comadres.
Esta
equivocación se ha extremado en la teoría de las crisis de Tugan-Bara-no-wski.
No ve más que las determinaciones económicas especificas de la forma de la
producción capitalista y pasa por alto las condiciones naturales comunes a toda
pro ducción, sea cual fuere su forma histórica, llegando a la curiosa idea de
una produc ción que sólo existe para ia producción, mientras que el consumo no
aparece más -que como un accidente molesto. Aunque esto sea una
"locura", tiene, con todo, un “mé todo”, y, por cierto, marxista,
puesto que, precisamente, este análisis de la determina-r!nn^formal histórica
de la producción capitalista es específicamente marxista. Es un man^Kno
"enloquecido", pero marxismo a pesar de todo, lo que hace de la
teoría de Tugan una cosa tan curiosa y atractiva al mismo tiempo- El mismo
Tugan lo presien te. aunque no lo sabe. De ahí su violenta polémica contra el
"sentido común" de sus adversarios.
318 ÉL CAPITAL FINANCIERO
Realmente, en la crisis encontramos, de un lado,
capital industrial
inactivo, edificios, máquinas, etc., y, de otro,
capital monetario conge lado. La misma causa que congela el capital industrial
congela también el capital monetario. El dinero no entra en circulación, no
actúa como capital monetario porque el capitfl industrial tampoco actúa; el
dinero está desocupado porque la fiidustria también lo está. Lá Pronix no pa
raliza la producción porque le falte capital (capital monetario), ni tam poco
la empieza porque disponga de él en exceso; más bien existe di nero en exceso
porque se ha reducido la. producción. La "falta” de ca pital monetario no
es más que un síntoma del estancamiento del pro ceso de circulación, debido a
una superproducción ya existente.
El crédito, en primer lugar, sustituye al dinero
como medio de circu lación y, en segundo, facilita la transferencia de dinero.
Pero teóricamen te se puede prescindir de aquél subordinando la necesaria
cantidad a uná circulación puramente metálica.
La explicación de los fenómenos de coyuntura por
los cambios del tipo de interés en vez de, por el contrario, explicar los
fenómenos del mercado monetario por la coyuntura de la producción es una
actitud pro pia de casi todos los teóricos modernos de las crisis Las razones
de esto son fáciles de encontrar. Los fenómenos del mercado monetario s i* bien
manifiestos, se comentan diariamente en los periódicos y actúan de un modo
decisivo en la marcha de la Bolsa y de la especulación. Además, la oferte de capital
de préstamo se manifiesta siempre como una mag nitud determinada y tiene que
ser así, pues de otro modo sería inexpli cable ciómo la demanda y la oferta
pueden determinar el interés. Se j»asa por alto que la ojerta del capital de
préstamo depende del estado de la producción, es decir, primero, de su volumen,
y, segundo, de la proporcionalidad de las ramas de la producción, la cual actúa
de un modo decisivo sobre el tiempo de rotación de las mercancías y con ello
sobre la velocidad de rotación del dinero de crédito. También se omite en
general la diferencia funcional entre crédito de circulación y crédito de
capital (bancario). Y tanto más cuanto que esta diferencia parece borrada por
la emisión de billetes de Banco, y, con el desarrollo de la Banca, todo crédito
se presenta como crédito bancario. Pero, si se omite esta diferencia, entonces
el desarrollo de los fenómenos del mercado monetario se presenta bajo una luz
muy diferente; la relación de de pendencia parece consistir ahora únicamente
en que la expansión de la producción requiere más capital, El capital se
identifica de un modo más o menos obscuro con capital monetario. La producción
sé amplia, la demanda de capital monetario crece, el tipo de interés sube.
.Einal-mente, surge una escasez de capital monetario, el elevado tipo de
m-terés hace desaparecer la ganancia de la producción, cesan las nuevas
Y no desde
hoy. “La superficialidad cíeTla economía política se muestra, entre otras
cosas, en que hace de la expansión y la contracción del crédito la causa de los
períodos alternativos del ciclo industrial, cuando no son más que un mero
síntoma” (MARX, E l capital, I, ,pág. 698).
CAPITAL MONETARIO Y
CAPITAL PRODUCTIVO DURANTE LA
DEPRESIÓN 31Ó
inversiones y empieza la crisis. Entonces se
acumula capital monetario durante la depresión en vez de transformarlo en
capital de inversión — ab surda idea, puesto que las máquinas, diques,
ferrocarriles, etc., no se hacen de oro— . El tipo de interés desciende, los
capitalistas monetarios no se contentan con el bajo interés y vuelven a
invertir el dinero en la producción: ha vuelto a empezar la prosperidad.
Prescindiendo de la bárbara confusión que sirve de base a esta idea de los
economistas, quie nes, porque llaman capital al dinero, las máquinas y la
fuerza de tra bajo, hacen que un capital, el dinero, se transforme
inmediatamente en el otro, maquinaria, fuerza de trabajo, etc., o,,como ellos
dicen también, el capital de circulación en capital de inversión; prescindiendo
de esta confusión, repetimos, esta famosa "teoría” no tiene en cuenta que
sus afirmaciones son aritméticamente puros disparates. Las variaciones del tipo
de interés en los países capitalistas desarrollados son variaciones de
lo sumo el 5
por 100, si tomamos como base las oscilaciones de los tipos de descuento
oficiales del 2 al 7 por 100, sin contar con que, a nuestro juicio, el volumen
de estas oscilaciones es elevado a límites su periores a la medida racional
económica por la legislación bancaria res trictiva % por lá falta de una
política de descuento. Los capitalistas pro ductivos toman el capital
monetario para ampliar la producción; es decir, el valor prestado, transformado
en capital productivo, se explota, produ ce beneficios. Su nivel* depetfide,
caetecis paribtis, de los precios. Pero-las oscilaciones de los precios de las
mercancías durante el período de coyuntura son una cosa muy distinta a las
oscilaciones del 5 .por 100.
Una simple ojeada sobre una tabla de precios dice
que no son nadar-raras las del 50 y el 100 por 100. Puede que los beneficios no
aumen ten en lá misma proporción en que crecen los precios de coste. Pero, en
todo caso, los aumentos del beneficio de los industriales durante la
prosperidad y la alta coyuntura son incomparablemente mayores del 5 por
Si los
beneficios de los industriales no descendieran por otras ra zones, un tipo de
interés del 7 por 100 no paralizará realmente la acu mulación. Si, por
ejemplo, el sindicato carbonero de Westfalia-Renania pudiera vender a precios
de alta coyuntura toda su extracción, no du daría un momento en pagar un
interés del . 10 por 100 por el capital re cibido en préstamo, que no es más
que uná parte de su capital, ya que también para esta parte obtendría,
ganancias de empresario por encima del interés
He aquí un
ejemplo de que un interés elevado no produce ®or -sí..salspaipguna
crisis: en el año 1864 la balanza de pagos de
Inglaterra era pasiva. Debido a ia guerra civil americana se estancó la
importación de algodón. En cambio, aumentó la importa ción de algodón de la
India Oriental y de E g ip to ^ ^ c ^ ^ jp lió la importación de estos ^
países: la de la India Oriental pasó de 15 m illJW ^^Ir libras (1860) a 52
millones (1864): la de Egipto, de 10 millones de libras a casi 20 millones. El
Banco elevó su descuento para impedir la salida de metal. Durante el año 1864
el descuento osciló del
6 al 9 por 100. A pesar de todo, la crisis se
limitó exclusivamente al mercado moneta rio. En el mercado de mercancías se
registró únicamente un alza insignificante, y, "a pe sar de un nivel de
descuento que en tiempos anteriores solamente se aplicaba en situa-
\
320 EL
CAPITAL FINANCIERO
La idea curiosa de que el interés se traga poco a
poco la ganancia de empresario corrobora todavía con el desconcierto absoluto
que reina sobre categorías tales como beneficio, ganancia de empresario,
honora rios de administración, interés, dividendo, etc. Con la proliferación
de la sociedad por acciones ha aumentado aún más este^ absurdo. El divi dendo
es considerado como intesés, pero como un interés extraña mente variable
frente al interés del préstamo, que es fijo en todo momen to. La diferencia
entre capital de préstamo y capital productivo ya no es la existente entre el
capital que es productor de intereses y el que lo es de beneficios. Sólo que el
capital “líquido” produce, siempre un in terés determinado en todo momento,
que se anota diariamente en la Bolsa, mientras que el capital “fijo” produce un
interés que no se sabe explicar si no es como dividendo. La diversidad en la
certeza del ren dimiento es atribuida todavía a la diversidad existente entre
capital “lí quido”, es decir, el capital monetario, y el “fijo”, es decir, el
capital in dustrial. Si se confunden así todas las diferencias cualitativas,
entonces no constituye ningún milagro que, en cuanto a las diferencias
cuantita tivas, surjan las ideas más peregrinas y se crea haber encontrado en
las oscilaciones del tipo de interés una explicación satisfactoria para poder
aclarar el mecanismo de la marcha alternativa de la coyuntura.
ciones de apuro monetario extremo, la industria y
el comercio no han experimentado uinguna conmoción de importancia”. “A pesar da
la escasez continua de algodón el comercio inglés no se sintió agobiado en modo
alguno durante todo este tiempo” (Ttr-
G A N -BA R A N O W S K I, op. cit, pág. 139).
CAPITÜL© XX
L&s cambies en el carácter de las crisis. «
Cartels» y crisis
El desarrollo de la producción capitalista tnotiva
también ciertos cam bios en las formas de manifestación de las crisis, a cuyo
estudio vamos a dedicarnos ahora. No podemos hacer sino trazar las lineas
generales del desarrollo- -mientras que el deber de la exposición histórica
indivi dual consiste en demostrar comparativamente los cambios de las crisis
para cada país particular. Aquí sólo intentaremos presentar lo general en lo
particular, teosa tanto más difícil cuanto que con el progreso del oapitalismo
se hace cada vez más intensa la interdependencia interna cional de los procesos
económicos. Por eso, en las crisis, los fenómenos de un país con todas sus
particularidades de desarrollo temporal, técnico y organizador influyen también
en Ja crisis de otro. Así, los fenómenos de la crisis europea más reciente de
1907, por ejemplo, no se pueden comprender más que por rapercusión de la
'crisis americana. El carácter especial 'de ésta, que revelaba los fenómenos de
la crisis bancaria y mo netaria en su perfección más elevada, no alcanzada
desde hacía tiempo en Europa, tuvo como consecuencia fenómenos específicos en
Iqs mer-
cados
monetarios europeos que quizá se hubieran evitado en algunos de talles y
agravaciones sin esta repercusión.
Por otro laido, es igualmente imposible deducir de
la historia de las crisis de un solo país leyes generales sobre su variación,
porque preci samente la crisis capitalista es un fenómeno de mercado mundial
—-y tan to más cuanto más larga sea— , y las crisis de un país pueden también
sufrir, como consecuencia de las particularidades del desarrollo capi talista
en eiSte país, determinadas modificacione^cuya generalización no puede sino
sembrar la confusión1.
1 U n a falta,
por lo demás, que no parece habérsele
escapado siempre a T U
G A N -
B A R AN O WS K I
en las conclusiones de
su exposición adm irable
y seria de la
historia de
las
crisis inglesas.
21 .
\
322 EL CAPITAL
FINANCIERO
Por consiguiente, si queramos fijar las variaciones
de los fenómenos de crisis, hemos de estar, al mismo tiempo, en 'condiciones de
deducirlos teóricamente, para tener la certeza de que no se trata de fenómenos
par ticulares, correspondientes a* una fase del capitalismo, esto es, quizá
ca-■suales, sino de tendencias
que tienen sus raíces en la
esencia misma
del desarrollo capitalista. •
El capitalismo se desarrolla en una sociedad en la
que la produc ción de mercancías ocupa todavía un espacio relativamente
pequeño.» Su expansión es la que Jleva consigo la generalización de la
producción mer cantil, la creación del mercado nacional y la del mercado
mundial con cebido constantemente en expansión. Con la ampliación del .mercado
se desarrollan también las condiciones bajo las cuáles puede haber crisis.
Mientras la producción capitalista se levante sobre una ancha infraes tructura
de la producción para las necesidades propias y sobre una pro ducción
mercantil no capitalista, unida a lá artesanía, y destinada al mercado local,
las crisis solamente alcanzan con toda su violencia a la superestructura
capitalista. Afectan, pues, a ramas de la producción, cu-
yas ventas
pueden ser paralizadas en su casi totalidad porque la' circula ción necesaria,
la que es incondicionalmente necesaria para el metabo lismo de la sociedad,
queda satisfecha con la producción artesana, y el resto de las necesidades son
Ja producción para el consumo propio. ,Ejn el área de la producción llevada a
cabo en forma capitalista la crisis puede acarrear los estragos más grandes al
hacer imposible "la venta du rante algún tiempo, siempre que las causas
dé la crisis sean lo bastante fuertes como para paralizar la producción, cosa
que, como veremos, tam bién sucede aquí.
Con el desarrollo de la producción capitalista se
destruye en gran medida la producción artesana y la de consumo propio. La
crisis alcan za ahora a .una producción cuya reducción está limitada por la
necesidad^ de cubrir las necesidades sociales que son relativa y absolutamente
ma yores. Con el progreso dé la producción crece también aquella parte que ha
de proseguirse en cualquier circunstancia y cuya continuación limita el
estancamiento icasi total del proceso de producción y dsi de circulación. Esto
se manifiesta en que las ramas dé la industria al ser vicio del consumo son
alcanzadas de un modo relativamente menos in tenso, y tanto menos cuanto más
necesarios sean los comestibles y, por eso, cuanto menores sean las
oscilaciones dé su consumo.
Los cambios en los fenómenos de crisis tienen que
sobrevenir tam bién á consecuencia de los progresos de la concentración
capitalista.' Con el volumen dé la empresa individual crece su fuerza de
resistencia. Cuan to más pequeño sea el establecimiento tanto más probable és
que la caí da de los precios lleve consigo una bancarrota total. El pequeño
empre sario quizá pierda toda su venta; la caída de precios y el estancamiento
del trabajo hacen imposible la transformación de su capital mercantil en capital
monetario. No puede tcumplir sus obligaciones de pago puesto que tampoco
dispone de capital de reserva'ni recibe ningún crédito, mu-
LOS CAMBIOS
EN EL DESARROLLO DE LA CRISIS 323
cho menos en tiempos de crisis. Asi, pues, la
crisis conduce a la quiebra masiva de las empresas capitalistas todavía
pequeñas, a la negación del crédito, a la bancarrota masiva, a la suspensión de
pagos, a la quiebra bancaria y, por últi.mo, al pánico. A todo ello se añade
que las diferen cias técnicas son, además, mayores. Frente a los
establecimientos mo dernos ..están los viejos, en parte todavía artesanos o
pertenecientes al período 'de la manufactura, a los que anula por completo la
caída de precios. Su bancarrota ¡masiva también arrastra a empresarios que,
téc
nicamente, están en condiciones de subsistir2. 1
La gran empresa moderna se enfrenta de otró modo a
la crisis; su
producción es tan grande que una parte de la misma
puede continuarse durante Ja, crisis. Puede que el trust americano del acero
esté obligado en la crisis a reducir su producción a la mitad, pero no necesita
limi tarla por debajo de cierto mínimo. Así, pues, con la concentración de los
establecimientos crece el volumen en el que pueden mantener su pro ducción.
Por tanto, con el desarrollo de la producción
capitalista crece abso luta y relativamente el volumen de aquella parte de la
producción que se prosigue en cualquier circunstancia. Pero- con él crecen
tar^ién el vo lumen de la circulación mercantil, que permanece intacto durante
la cri sis, y el correspondiente crédito de circulación. Por ende, la
destrucción del crédito tampoco necesita ser tan completa corno en las crisis
del pe ríodo inicial del capitalismo. Mías la transformación de la crisis credi
ticia en crisis bancaria, de un lado, y en crisis monetaria, de otro, se ve
perturbada tanto por los cambios^ífe la organización crediticia como por los
desplazamientos de las relaciones entre comercio -e industria.
La crisis crediticia se convierte en crisis
monetaria cuando el des-
~ “La crisis
de 1857, y aún más la de 1873, alcanzó a un número inmenso de *" empresas
(scil. en la industria metalúrgica) que no se diferenciaban mucho entre si por
su capacidad de rendimiento. En la quiebra general cayeron muchas que, consi
deradas desde un punto de vista puramente técnico, eran capaces y dignas de so
brevivir. La crisis de 1900 se encontró con, además de las empresas gigantes de
las industrias básicas, otras muchas con una organización anticuada, según los
concep tos actuales, las lamadas empresas "puras", que 'habían
prosperado a impulsos de la ola de la alta coyuntura. La caída de los precios,
la disminución de las necesidades sumieron a las empresas "puras" en
una situación apurada, de la que' las grandes em presas combinadas se vieron
totalmente libres o se vieron afectadas sólo durante muy corto tiempo. Pero
la^crisis más reciente llevó a la concentración industrial, en una medida muy
distinta a las anteriores, a la de 1873, que en verdad dio origen a
una selección. Mas con el estado de la técnica ifo
originó ninguna-selección que diera
lugar a un ie
las empresas que salieron victoriosas. N o
obstante, seme
jante monopolií^^Kitiiiuo lo tienen en alto grado
las empresas gigantes de la indus
tria actual del hierro y de la
electricidad, en menor grado la rama de maquinaria y
ciertas industrias metálicas, de transporte y otras, por su técnica complicada, su b ie * * ^ o
instalada organización y su fuerza
de capital. Aunque esto no sea cierto
para algu
nas ramas "ligeras" de la industria y
para ellas no haya cambiado en principio el efecto de una crisis en relación
con las anteriores, con ello se hace aún más com prensible que el reciente
desarrollo de la Banca se parezca tanto al de las otras in» dustrias"
(JEIDELS, Op. cif., pág. 108).
324 EL
CAPITAL FINANCIERO
moron-amiento
del crédito produce una
falta repentina de medios
de pago3. Pero es tanto más difícil
que sé origine esta escasez
cuanto mayor sea el volumen de la producción que se continúa bajo
cualquier circunstancia, toda^vez que el dinero de crédito puede continuar
cu-m-'plieiido sus «funciones en el mismo volumen. En ’o^rdS términos: cuanto
máyoir sea el volumen de las transacciones a realizar mediante el cré dito y
cuanto más se sustituya el crédito comercial por el banoario. Pues la conmoción
del crédito bancario es más difícil que la del crédito de un industrial
particular. No obstante, lo decisivo es que la falta de medios de pagó no se
generalice, porque, en primer lugar, el desarrollo del cré dito reduce las
necesidades de medios de pago también durante la cri sis, ya que, por ejemplo,
continúa el tráfico de cheques ymcleárings. Pero luego estos medios de pago
pueden entrar en circulación a través de los Bancos d^ emisión, cuyo crédito
permanece inquebrantable incluso du
rante la crisis.
Hemos visto que la circulación de billetes está
basada en la de le tras. Esta se contrae porque su base, la circulación de
mercancías, tam bién lo hace. Pero se contrae más que la circulación mercantil
porque se ha conmocionado el crédito comercial. El Banco sustituye ahora el
crédito comercial por el suyo ipropio en el volumen que permite la ver dadera
circulación de mercancías. Puedé hacerlo en este volumen por que la
continuación de la circulación mercantil le da la certeza de que sus demandas
están aseguradas. Por tanto, para las necesidades reales de la circulación
puede poner en circulación su dinero crediticio' y satis facer la demanda de
medios de pago. Mas así limita la demanda de me dios de pago a sus necesidades
reales, imprescindibles para la circula ción, y protege aquella demanda casi
ilimitada que, .nacida del miedo a no recibir ningún medio de pago ni siquiera
contra la mejoir garantía, es muy superior a las necesidades reales y conduce
al atesoramiento en gran escala, ésto es, de nuevo a la disminución de los
medios de pago.
Y en verdad
no necesita más que esta condición, sean cualesfueren las causas profundas que
hayan motivado su entrada. En la descripción de la catástrofe bursátil de
Amsterdam de 1773 se dice de las consecuencias de una bancarrota: "N o se
sabía adonde llegaría ni qué otras casas quedarían destruidas con esta caída.
La inseguridad general ahuyentó el crédito, y al poco tiempo no se podía
encontrar ningún dinero en efectivo. Uno temía que le devolviei'an su letra,
otros estaban preocupados de no recibir nada por las sumas que habían de
reclamar, otros procuraban aprovecharse de la necesidad general, y de esta
suerte no se cuidaban todos más que de la opor tunidad de comprar a los
precios más bajos. Todos temían gastar su dinero en efec tivo y así cesó la circulación
casi por completo" (Dec Reichium von Hoíland, tradu cido del francés al
alemán, 2 vol„ Leipzig, 1778, I, págs. 444 y sigs., citado por Sar-
torius von Waltershausen, op. cit., pág. 377).
Compárese coii esto la siguiente descripción del
estado de las Bolsas alemanas al estallar la -guerra de 1870. El 4 de julio de
1870 en la Bolsa de Berlín había reina
do un excelente estado de ánimo, osciló durante los
dias siguientes, el 8 de julio la inquietud subió de punto y el 11 del mismo
mes el desconcierto fue total. El pánico duró de ocho a diez días y luego se
detuvo el movimiento de retroceso después de haberse restablecido la confianza.
El dinero había1-desaparecido de la Bolsa como
LOS CAMBIOS EN EL DESARROLLO DE LA CRISIS 325
Para po-ner al Banco de emisión en condiciones de
realizar esta acción es necesario, en primer lugar, que su crédito séa
inquebrantable, lo'<;ual es una condición muy fácil 'de cumplir en -un Banco
dé emisión bien di rigido, y luego que la emisión incrementada de billetes no
ponga en pe^ ligro la convertibilidad. Esta condición se cumple mediante el
procedi miento, dictado al Banco por su interés de conservación, de conceder
sus billetes únicamente contra absoluta seguridad, con lo que recibe la garantía
'de que realmente no satisface más que la necesidad de circu lación en los
-límites impuestos por la crisis. En segundo lugar, que la convertibilidad está
protegida contra accidentes imprevistos mediante una reserva suficiente de
dinero en efectivo, especialmente por oro. Pero, con el* desarrollo de la
producción capitalista, esta condición se cumple me" ■diante la producción
incrementada dé oro, mediante la acumulación de
¡por milagro. El descuento subió hasta el 9 por 100
en el Banco Prusiano, al 10 por 100 para préstamos lombardos en -Leipzig, al 9
por 100 en Dübek, al £ por 100 en Bremen. ¿Dónde se había quedado el dinero que
pocos días antes existía en abun-dancia al 3 y al 3,5 ,por 100? El que el
Estado lo hubiera absorbido para fines de movilización era imposible dada la
descentralización del sistema de billetes bancarios entonces existente en
Alemania y, además, a causa de las existencias <3«wnucnbsBan cos no emisores
de notas y de los banqueros privados. La mayor paree del dinero permaneció
donde estaba, pero no se sacó de las cajas y el que podía sacar alguno lo
dejaba en las otras. Así, por ejemplo, informábase lo siguiente de Munich: Hubo
un momento en que no se podían sacar 500 florines por el mejor papel y contra
las mayores seguridades. En cambio, algunos particulares creyeron estar
obligados a pro curarse a fuerza de grandes sacrificios una reserva en
metálico para los casos extre
mos". E n Francfort "algunos banqueros no
pensaban más que en cobrar sus haberes
al
tiempo que el público reclamaba
sin tardanza los
fondos depositados en
ellos;
como demostró el rápido crecimiento ael Haber de
giro en los Bancos, ambas partes intentaron procurarse una fuerte reserva en
metálico para estar preparados frente a
todas las eventualidades”.
De Hannover transmiten lo siguiente sobre él agio
del dinero en efectivo: ‘‘Todo banquero, a la cabeza el Banco de Hannover, no
pensaba más que en si mismo...
Bonos de pago y billetes de los Bancos privados
alemanes estaban excluidos del trá fico y el hombre serio tenia que soportar
el 5 por 100 de damno cuando se trataba de billetes corrientes o prusianos. El
campesino tenía que pagar el 10 por 100 y más, puesto que, presa del pánico,
quería vender a cualquier precio”.
como este
estado de cosas, aunque en menores proporciones, presentaba todas las
características típicas de la reciente crisis monetaria americana, el remedio
también
fue el
mismo: “E n el (período de
la escasez de dinero durante la segunda
mitad de
julio echóse
mano de diversas medidas. E n Bremen el
Senado y el vecindario
de
terminaron otorgar a ciertas monedas de oro extranjeras el carácter de idedio
legal
de pago. Mas no sirvió de mucho, ,puesto que tanto
este dinero como el de la va
luta de la ciudad se retuvo en las cajas. En
Stuttgart fundóse una Asociación de Ca
jas que puso en circulación sus cupones de 50 a 500 florines al 3 por 100 de interés
y
pagables en seis meses.
En Munich el Banco Hipotecario
y de Letras
puso en
circulación obligaciones similares; en Francfort
algunos (Bancos acreditados concedie- . ron una gara^tfía" colectiva al
Banco de emisión local. Tan pronto «como fue posible^^J compróse metal precioso
en el extranjero. iLos Bancos y las casas de importación de Bremen estaban a
finales de julio en situación de disponer de importantes sumas en Sovereigns.
Franofcrt trajo oro de Inglaterra y plata de Viena. Estas medidas apenas
resultaban eficaces contra el apuro monetario en el tráfico de pagos, pero no
fue ron capaces de hacer afluir capital al mercado de préstamos para poder
satisfacer las necesidades estatales" (SA R T O R I U S , op. cit., págs.
323 y sigs.).
/
326 EL CAPITAL FINANCIERO
ora en los Bancos y la limitación de la función del
oro de servir de re serva. Con el desarrollo del crédito el oro se limita más
y más a la fun ción de servir para el saldo de la balanza internacional de
pagos. Si tamhién el volumen de los pagos internacionales aumenta en forma co
losal, la%balanza que "hay. que saldar en efectivo, debido al (fcsarrollo
del' dinero de crédito internacionalmente activo, no aumenta en el mismo
volumen ni en la misma relación que las reservas dé oro acumuladas en Ios-países
de viejo desarrollo capitalista. Y esta circunstancia pone a los Bancos de
emisión en condiciones de acceder a las demandas incremen tadas. 'durante la
crisis. Naturalmente, siempre sobre la base 'de que no sean obstaculizados en
sus funciones económicas ipor coacción legal, icomo sucede en Inglaterra cora
el Acta Peel, en los Estados Unidos con las absurdas prescripciones de
cobertura, que también allí ha producido cri sis monetarias típicas.
N o obstante, la ausencia de la crisis monetaria
preserva al crédito de una quiebra total y es también un preventivo contra el
nacimiento dé la crisis bancaria. No se produce el run * en los Bancos, la
retirada de los depósitos na es aguda ni completa y los Bancos pueden cumplir
sus obligaciones si son solventes. Pero en cuanto la crisis bancaria no se deba
a crisis crediticia y monetaria, sino primordialmente a lá inmovi lización de
los medios banicarios y a las pérdidas por concesiones de crédito, el desarrollo
capitalista también presenta en este caso tenden cias que producen una
atenuación de la crisis para él capital.
Aq.uí el papel más grande lo desempeña también la
concentración bancaria. Permite uña distribución mucho mayor del riesgo
mediante la enorme ampliación del volumen de negocios y la expansión sobre
diver sos sectores nacionales icón distinto grado de desarrollo. Pero luego
esta concentración creciente de los Bancos transcurre paralelamente con el
cambio de su posición respecto a la especulación, el comercio y la in dustria.
Por de pronto, la concentración bancaria significa un desplaza miento de poder
en favor del Banco en virtud'dé su gran fuerza de ca pital. Esta fuerza no
sólo es cuantitativamente más importante que la de los deudores del Banco, sino
que su superioridad es cualitativa, ya que dispone del capital en su forma más
apta, la forma monetaria. Pero esta superioridad evita que un Banco grande y
bien dirigido dependa de la suerte de una sola o de unas cuantas empresas en
las que haya in vertido sus medios, de forma que sé vea envüelto
irremediablemente en su quiebra durante la crisis.
Si analizamos detalladamente las causas que
dificultan el nacimien to de la crisis bancaria, hay que mencionar
primeramente que la especu lación, tanto la especulación mercantil como la de
valores, ha perdido mucho en extensión e importancia. Por especulación
mercantil entende-
El término
inglés run expresa el .pánico, justificado o injustificado, que asalta
súbitamente a los clientes de uno o varios bancos- y que les lleva a querer
retirar antes los fpndps de sus cuentas corrientes. (N . del T.)
LOS CAMBIOS EN EL DESARROLLO DE LA CRISIS 327
mos aquí no sólo la especulación bursátil, sino,
sobre todo, la del co mercio mercantil, la demanda de mercancías por parte de
los comercian tes en la esperanza de que los precios subirán más, y la
acumulación en los almacenes para subir aún más los pracios reteniendo la
oferta. ,E:sta . especulación retrocede con la supresión del comercio en
general, con el incremento del tráfico1 directo entre fabricante y consumidor y
con la transformación de los comerciantes en agentes de los sindicatos y trusts
con comisión fija. Este hecho impide, hasta cierto punto, que en la alta
coyuntura el comercio suba especulativamente los precios mucho más allá de las
estipulaciones de los fabricantes, o que se simule una venta animada cuando en
realidad la demanda ha empezado ya a estancarse
Pero cuando el gran comercio — y solamente a él nos
referimos aqui— no ha perdido su vieja posición en favor de la industria o de
las sec ciones mercantiles de los grandes Bancos, él mismo presenta una fuerte
concentración y
restringe mucho la participación de
elementos débiles
en capital o ajenos a sus actividades. Y cuando, debido
a condiciones
especiales, el comercio mercantil bursátil juega todavía un papel espe
cial, los movimientos de la especulación son
dominados más y más por los Bancos, a los que el desarrollo de la organización
crediticia concede cada vez más la disposición de todo el capital monetario,
estando en
condiciones
de impedir que los movimientos especulativos vayan más
* allá de
ciertos límites. t . -
Finalmente, sobre
la restricción de la
especulación mercantil actúa
el desarrollo de los medios de transporte, que ha
reducido mucho la dis
tancia del mercado para las mercancías sometidas
particularmente a la
especulación, así como, el desarrollo del servicio dar información, qu«=^j^ -
ne a cada instante al corriente de la. situación de
los mercados. Es mu
cho más difícil la
acumulación de productos
invendibles en mercados
alejados, mientras en las fábricas la producción
continúa en el volumen
anterior o incluso
incrementado. Mas luego, debido a la disminución
de la parte relativa de los medios de consumo,
la especulación en los
productos coloniales,
tan funesta en las antiguas crisis inglesas, juega
un papel mucho menor, a lo cual contribuye lo suyo'
la ¡seguridad y re
gularidad en
la llegada, la exactitud y rapidez de lá información de
mercados. Hay que añadir, además,
que la especulación mercantil pier
de importancia con el volumen cada vez mayor que
toman las industrias de medios de producción, cuyos artículos no están
sometidois a la esipecu-
En este sentido hay que restringir la siguiente observación clr^ATarx para las circt^_fancias actuales:
"Con el sistema moderno de crédito
dispone^B^L capital co-dejUJa
gran parte del capital total de la sociedad, de tal forma que puede
repetir sus compras antes de haber
vendido definitivaniertn lo
comprado... Salvo la
separación de M-D y
D-M, que se deduce de la n a tu n ^ A d e la mercancía,’ se crea
aquí, pues, una demanda ficticia... Dií ahi el
fenómen.^^ipico de las crisis de que no se presentan ni estallan en la venta al
por menor, que ha <;le habérselas con el consumo directo, sino en las
esferas del comercio mayorista y de los Bancos que po
nen a disposición suya el capital monetario de la
sociedad” (M A R X , El capital, III,
1.a,
página 288).
i
328 EL
CAPITAL FINANCIERO
lación porque la producción deviene progresivamente
producción para clientes.
En él mismo sentido de obstaculización al
nacimiento de las crisis bancarias actúan los cambios-de los fenómenos críticos
en la industria _ y en el desarrollo .del dominio bancario sobre ella. Hemos
visto que la
creciente
concentración hace más • resistentes a las empresas industriales
contra el efecto extremo*de las crisis, 'la total
bancarrota. Esta resisten cia aumenta con la forma de organización de la
sociedad por acciones, que, como hemos visto, aumenta al mismo tiempo la
influencia de los Bancos sobre la industria en forma extraordinaria. Pues la
sociedad por acciones incrementa la capacidad de resistencia de la empresa.
Facilita la continuación incluso con rendimiento escaso ó con pérdidas porque
en ella el capital puede entrar de un modo más fácil que en la empresa
individual. En segundo lugar, en la sociedad por acciones es más fácil
acumular reservas y guardar en los años buenos para
los malos. En tercer lugar, el empleo de los medios y la explotación del
capital pres tado están sometidos a un control más fácil y por eso más agudo.
Los Bancos controlan directamente la explotación dé las sociedades prote gidas
por ellos con el crédito. El control es más sistemático cuanto-más concluyentes
sean las tendencias a poner la industria bajo la dependen cia de los Bancos.
Se impide la utilización del crédito para otros finés que no sean los de la
empresa misma. En las crisis antiguas desempe ñaba un papel muy grande la
circunstancia de que los empresarios--in dividuales participaban en gran
medida én la especulación y utilizaban para ello su capital de empresa,
mientras que continuaban la dirección de su establecimiento con capital de
préstamo. Y esto lo impide ahora el control del Banco.
Por consiguiente, es una concepción doctrinal que
combate como un peligro para los Bancos la intervención de éstos en la
industria, inter vención necesaria e inevitable por nacer de las leyes del
desarrollo ca pitalista, y, por el contrario, considera que la Banca inglesa,
retrasada en cuanto a organización con su división en Bancos de depósito y de
especulacién, es el ideal que hay que alcanzar, si necesario fuera, con
coacción legal. Esta concepción toma como realidad la apariencia de la Banca
inglésa, pasando por alto que también en Inglaterra los Ban cos ponen sus
fondos acumulado^-a disposición de lá industria, del co mercio y de la
especulación. Que en Inglaterra suceda a través de in termediarios y q.ue en
Alemania y, en forma algo modificada, también en 'los Estados Unidos ocurre
directamente B, se explica por determina-das causas históricas. No obstante, el
procedimiento inglés es atrasada y llamado a desaparecer porque dificulta el
control del capital bancario prestado y por eso obstaculiza incluso la
expansión del crédito bancario.
Finalmente, y podemos contentarnos con la
referencia a lo dicho en
Nada
modifica lo dicho el que a veces se intei¡ponga una sociedad de funda-ción
(sociedad en trust) entre el Banco y la empresa, puesto que esta sociedad sigue
dependiendo directamente del Banco. '•.
LOS CAMBIOS
EN EL DESARROLLO DE LA CRISIS 329
el capítulo sobre la Bolsa, la especulación de
valores desempeña un pa
pel cada vez menor como factor causal de la crisis
bancaria. Con el po
der icreciente de los Bancos los movimientos de la
especulación son do
minados más y más por aquéllos y no los Bancos por
los movimientos
de la especulación. Con la importancia de la Bolsa
en general se re
duce aún más
rápidamente su papel como causa agudizadora
de las
crisis.
Con el papel decreciente de la especulación también
corre .paralelo
un cambio en la psicología del público capitalista.
Esta psicología del
especulador, a pesar de todos Iqs esfuerzos de sus
admiradores por atri
buir misteriosamente a su .alma toda raíase de
dones adivinatorios y pla
nes románticos para mejorar el mundo, es bien
simple y el cambio en la
conducta del público especulador se explica con la
misma simplicidad
por el tópico del hombre capitalista normal: con
los errores se aprende.
Aquellas psicosis de masas, como las que producía
la especulación al
principio de la era capitalista, aquellos tiempos
felices en que todo es
peculador se sentía como un dios, que crea un mundo
de 'la nada, ha
desaparecido irremisiblemente. La estafa del
tulipán con su base idílica
de la aficiión poética a las flores, la patraña de
los mares del Sur con
su incitante fantasía aventurera de descubrimientos
inauditos, los pro»- *
yectos de Law con sus intenciones de conquista
universal, todos atusan
la caza abierta de la ganancia diferencial, que
tiene su. fin en la catás
trofe de 1873. Desde entonces, hadesaparecido Ja_
fe_en^¿,pftder mila
groso del crédito y
de la Bolsa, el hermoso culta católico sucumbe, a
pesar de Bontoux, ante el sobrio conocimiento que
y.a no quiere creer
en la concepción inmaculada por el espíritu de la
especulación, sino que
toma lo natural naturalmente y deja la fe a los
memos, que ya no lo
son todos. La Bolsa ha perdido sus creyentes y ha
conservado única
mente sus sacerdotes, que hacen su negocio a costa
de la fe de los de
más. Como la fe se ha convertido en un negocia, el negocio de la fe
es cada día menor. Se ha desvanecido la locura
propicia y productiva,
los tulipanes se marchitaron hace tiempo, y la
planta de café produce^,
todavía beneficio comercial, pero ninguna ganancia
especulativa más. La
prosa ha derrotado a la poesía de la ganancia.
Los momentos mencionados permiten reconocer las
causas que intro
ducen un cambio en los fenómenos de las crisis, en
tanto se producen
por la enormidad de la bancarrota, por los
fenómenos agudos de la cri
sis bursátil, bancaria, crediticia y monetaria. No
excluye en ningún modo
el nacimiento de tales crisis, pero explica por qué
es más difícil que so
brevengan. Que lo hagan o no depende de la gravedad
de las pertur
baciones y de la subitaneidad de su aparición. El
que sean tan grandes
que puedan acarrear acaso la caída de uno de los
grandes Bancos de
Áleman*e¡*supuesta una gerencia normal del mismo, es una cuestio facti
y no un problema de la teoría. Pero todos estos factores no afectan a f
la aparición de la misma crisis industrial ni al
cambio repentino de pros peridad y de presión. Surge la cuestión de si el gran
cambio en la for-jna de organización de la industria, de si 'los monopolios
pueden ocasio-
i
330 EL
CAPITAL FINANCIERO
nar cambios cualitativos en los fenómenos de
coyuntura mediante su afir mada supresión de la fuerza reguladora del
mecanismo capitalista, de la libre competencia.
.. Sabemos que los cariéis pueden producir un
desplazamiento, del* ni vel de precios. Créan un nivel distinto de beneficios
en las ramas de la producción, cartelizadas y no cartelizadas. Sobre esta base
cambiada se desarrollan luego los fenómenos de coyuntura que experimenta a su
vez ciertas modificaciones a través de los cartels. Pero a éstos se les atri
buyó y se les atribuye aún en parte otro efecto, a saber: no solamente
significan.una modificación del efecto de las crisis, sino que están en condiciones
de suprimir por completo las crisis, ya que pueden regular la producción y
adaptar en todo momento la oferta a la demanda.
Esta opinión pasa por alto enteramente la
naturaleza interna de la crisis. Sólo cuando la causa de las crisis se vea en
una superproducción de mercancías, derivada de la imposibilidad d e conocer la
situación del mercado, puede ser plausible que lós cartels sean capaces de
eliminar las.crisis restringiendo la producción.
Se presenta como verdad irrefutable que la crisis
es idéntica con una superproducción de mercancías o qué la tiene por
"causa”. Es el hecho que aparentemente se tiene más a mano. Los precios
son bajos porqué la oferta supera a la demanda, esto es, porque hay demasiadas
mercan cías, y cualquier examen superficial de lóis informes de mercados mues
tra que los almacenes*-de^déaScías están' repletos," los artículos no se
venden, esto es, que existe, en efecto, una superproducción de mercan cías.
Pero los cartels son capaces de efectuar restricciones de la pro ducción para
todas las ramas dé la industria; lo que efectuaba ante la ley ciega de los
precios, que llevaba a la bancarrota a toda una serie de empresas y. las
paralizaba disminuyendo los precios: esta bendita li mitación de la
producción, la procura ahora el entendimiento asociado de los directores
cartelizados de la producción. Pero aún hay mási: como el cartel puede fijar
los precios y cuidar en todo momento del “acuerdó entre la oferta y la demanda”,
suprime la especulación, controla y su pervisa exactamente él comencio, cuando
no lo asume directamente, ¿por qué no ha de ser posible, adaptando precisamente
la producción a las ne cesidades, suprimir pór completo las crisis y eliminar
rápidamente y sin grandes conmociones las pequeñas perturbaciones de la vida
económica?
Hubiera sido demasiado bonito, pero no es así.
Quien equipara las crisis simplemente a una supenproducción de mercancías paisa
por alto precisamente la causa principal: -el carácter capitalista dé ;la
jnSdSEcIón. Los productos no són únicamente mercancías, sino también productos
de capital, y la superproducción durante la crisis no es una simple pro
ducción de mercancías, sino también de capital. Esto no quiere decir sino que
el capital ha sido invertido en la producción en tal medida que sus condiciones
de explotación han caído en contradicción con sus con diciones de realización,
de tal suerte que la venta de los productos no rinde ya el beneficio que hace
posible una'expansión y acumulación ul
LOS CAMBIOS
EN EL DESARROLLO DE LA CRISIS 331
teriores. La venta de mercancías se estanca porque
cesa la expansión de la -producción. Por eso, quien equipara simplemente la
crisis capita lista a la superproducción de mercancías queda atascado en lós
princi pios del análisis de las crisis. Que no puede tratarse de simple super
producción de mercancías se desprende de que algún tiempo después de la crisis
el mercado se muestra capaz de absorber una cantidad de mer cancías mucho
mayor. Todo período siguiente de prosperidad supera al anterior notablemente,
aunque ni el crecimiento deVla 'población ni el de lós ingresos que se tienen
para el iconsumo explicaría esta capacidad in crementada de absorción. Mas
trátase de otros factores muy distintos a la simple capacidad de consumo.
Las perturbaciones en la regulación de precios, que
llevan, en defi nitiva, a las relaciones de desequilibrio y con ello a la
contradicción en tre las condiciones de explotación y las de realización, no
son dismi nuidas por los cartels-, sino agudizadas.
Los cartels hacen que cese la competencia dentro de
una rama de la producción, o mejor dicho, que sea latente, que no se
manifiesten los efectos reductores de precios de la competencia dentro de esta
esfera. En segundo lugar, hacen que la competencia de los sectores cartelizados
transcurra .a base de una tasa de beneficios más elevada frén'te a las in
dustrias no cáitelizadas. Pero no pueden cambiar nada en la competen cia de
los capitales por las zonas de inversión, en los efectos de la acu mulación
sobre la. formación de precios y, por eso, no pueden impedir el nacimiento de
relaciones de desequilibrio.
Hemos visto que, durante la prosperidad, la
competencia dentro de los mismos sectores de la producción no ejerce efeicto
alguno reductor de precios; la demanda supera a la oferta, y, en este caso,
existe com petencia entre los compradores y no éntre los vendedores.
La competencia entre los vendedores entra en vigor
y los precios empiezan a bajar solamente cuando la oferta supera a la demanda.
Pero de todo el mecanismo de la producción resulta que los cartels siguen a la
formación de precios y no la determinan. Supongamos que los car tels
permanecen con los precios bajos en el período de prosperidad. Un-/' tonces no
tiene lugar ningún aumento de los beneficios, ninguna acumu lación
incrementada. Si los precios de las industrias cartelizadas perma necieran
bajos y aumentaran los de las no cartelizadas, habría una fuga de capital en la
industria cartelizada. Habría muy pronto superproduc ción de capital en las
ramas de la. producción nó cartelizadas y una * subproducción en
las-cartelizadas, es decir: se produciría el más agudo desequilibrio, que
conduciría a la crisis general, puesto que la crisis es posible también con
producción permanente e incluso disminuida. En realidad el cartel hubiera
estallado mucho antes, porque el deseo de ber neíicios no se ha satisfecho, sino
paralizado, esto es, había eliminado el
motivo de su existencia. La regulación
parcial, es decir, la fusión de
toda una rama industrial en una empresa no influye en 'las relaciones
de desequilibrio de
la industria total. La anarquía de la producción no
332 EL CAPITAL FINANCIERO
se elimina mediante restricción cuantitativa de los
elementos individua les con fortalecimiento simultáneo de su eficacia e
intensidad; en gene ral, no puede ser eliminada a plazos o gradualmente.
Producción regulada y anárquica no son contrastes cuantitativos, de tal modo
que re mendando progresivamente la'•regulación’’ se pueda convertir la anar
quía en organización consciente. ,Bs más cierto que semejante conver sión sólo
puede ocurrir súbitamente mediante la subordinación de toda la producción al control
consciente. Quién ejerce este control y a quién pertenece la producción es una
cuestión de poder. Un cartel genera] se ría en sí económicamente concebible,
un cartel que dirigiera la produc ción total y suprimiera así las crisis,
.aunque semejante situación es una imposibilidad social y política, puesto que
sucumbiría ante la contrapo sición de intereses, agudizada al máximo. Pero
esperar una eliminación de las crisis por parte de los ca.rte.ls individuales
no prueba más que el desconocimiento de las causas de las crisis y dé las
conexiones inter nas del sistema capitalista.
Así como los cartels no pueden impedir el
nacimiento de las crisis, tampoco pueden sustraerse a sus efectos. De todos
modos, si se -identi fica la crisis con la superproducción de mercancías, el
remedio sería bien simple. El cartel disminuye la producción, esto es, ejecuta
a ritmo ace lerado y quizá también en mayores proporciones lo mismo que
hubiera efectuado la crisis por medio de la bancarrota y las restricciones en
las empresas. Los efectos sociales, especialmente el paro y la reducción de los
salarios, serían naturalmente los mismos. N o obstante, los capita listas
cartelizados podrían mantener lós precios elevados, ya que la ofer ta se ha
restringido muicho. Los precios se mantendrían altos, el bene ficio se
reduciría porque la venta sería menor y los costes de produc ción mayores.
Pasado algún tiempo el mercado absorbería los productos excedentes y podría
iniciarse la fase de prosperidad. Sin embargo, esta argumentación es tan simple
como falsa. Como presupuesto del resta blecimiento de la prosperidad hemos de.
observar tjos condiciones: en primer lugar, la creación del equilibrio,
necesaria para que cese la de presión, y en segundo lugar, la expansión de la
producción, pues sólo ésta significa prosperidad. Ahora bien, la política
cartelista descrita di ficultaría precisamente la entrada 'de estas
condiciones. La restricción de la producción significa el cese de toda nueva
inversión de capital; el mantenimiento de los precios altos agudiza el efecto
de la crisis ■para todas las industrias no icartelizadas o que. no lo están tan
sólidamente. Aquí el beneficio disminuirá mucho más y las pérdidas serán mucho
ma yores, y, en consecuencia, dará lugar a restricciones aún mayores de la
producción. Con ello se vuelve a fortalecer el desequilibrio; las ventas de la
industria cartelizada sufren aún más, se comprueba que, a pesar de la
restricción, todavía dura la "superproducción", y que incluso se ha
acentuado. Una nueva restricción a la producción significa otra con gelación
más de capital con "gastos generales” permanentes, esto es, nueva subida
de los propios precios de coste.y, por eso, otra disminu-
IOS CAMBIOS
EN EL DESARROLLO DÉ LA CRISIS 333
ción del beneficio, incluso manteniendo los precios
elevados. Su alto nivel atrae .a los outsiders; éstos pueden contar con costes
de trabajo y de inversión bajos, puesto que todos los precios han descendido, y
por eso son capaces de competir y empiezan a ofrecer mejores precios que el
caríe/. Epte no puede mantener por más tiempo los precios, y su caída alcanza
también a la industria cartelizada. Corrígense las intervencio nes
artificiales y la formación de precios sigue las leyes que los cartels pretendían
en vano suprimir para ellos °. A base de la nueva formación de precios se
realiza una nueva distribución del capital en los distintos sectores de la
producción, y poco a poco se restablecen las relaciones de equilibrio; se ha
vencido la depresión. La prosperidad puede empe zar tan pronto como las
innovaciones técnicas o los nuevos mercados motiven una demanda incrementada,
la. cual ocasiona nueva inversión dé capital productivo, sobre todo de capital
fijo.
Por consiguiente, los cartels no eliminan los
efectos de las crisis. Las modifican en tanto cargan la violencia de la crisis
a las industrias no cartelizadas. La diferencia de la tasa de beneficios en las
industrias car telizadas y las no cartelizadas, que, por término medio, es
tanto mayor cuanto más sólido sea el cartel y más seguro su monopolio', es
menor durante la prosperidad y mayor durante la depresión. El cartel nuede
también estar en condiciones de mantener el benefició durante el pri mer momento
de la crisis y la depresión por más tiempo que las indus trias libres y de
agudizar para éstas el efecto de la crisis. Esta circuns tancia no carece de
importancia porque precisamente durante la crisis y los primeros tiempos que la
siguen la situación de los industriales es más difícil y su independencia está
en mayor peligro. El que precisa- ~ mente durante este tiempo no reciban
ninguna facilidad con la política de cartel reduciendo los precios de sus
materias primas, etc., es un fac tor que tiene importancia para el
-empeoramiento de la situación en las industrias no cartelizadas y para la
rápida introducción de la (concen tración.
“ Lo mencionado más arriba se ilustra con la
conducta del trust del acero. En 1907-1908 limitó su producción al mínimo para
mantener los .precios. Un año des pués el mercado del hierro estaba
desconcertado y arrastró en su desconcierto a los demás mercados de metales.
QUINTA PARTE
S®IRE LA POLITICA EC#N#MICA BEL CAPITAL FINANCIERA
CAPITULO XXI
Transformación de la pelítica c@mercml
El capital financiero significa la unificación del
capital. Los anti guos sectores separados del capital industrial, comercial y
báncario se hallan ahora bajo la dirección común de la alta finanza, en la que
es tán vinculados personalmente los señores de lá industria y de los Ban cos.
Esta unión tiene como base la eliminación de la libre. competencia del
capitalista individual por las grandes uniones monopolísticas. Con ello cambia
incluso la naturaleza de la relación de la clase capitalista con el poder del
Estado.
La concepción burguesa del Estado nace en la lucha
contra la polí tica mercantilista, en la lucha contra el poder centralizado y
dispensa dor de privilegios que es el Estado. Refleja los intereses de la
incipien te manufactura y fábrica capitalista frente a los privilegios y
monopo lios de las grandes compañías comerciales y coloniales, de un lado, y
la industria artesana cerrada en forma de gremios, de otro. Pero la lucha
contra la intromisión del Estado sólo se pudo llevar con éxito cuando se demostró
que la legislación estatal era superflua y perjudicial para la vida
econiónw'ca. Frente a las leyes del Estado tuvo que demostrarse la autonomía
legítima de las leyes económicas y su superioridad sobre la legislación
estatal1.
Así, pues, la política de la burguesía se basa en
la economía políti ca, entendida como ciencia, y la lucha contra el
mercantilismo se con vierte en la lucha por lá libertad económica, y ésta, a
su vez, se tra duce en la lucha por la libertad de la persona contra la tutela
estatal.
Como el
descubrimiento de las leyes económicas constituye el contenido de la economía
política, la lucha contra la política económica mercantilista se convierte en
una poderosa fuerza motriz del desarrollo de la ciencia económica. La otra
fuerza motriz, que actúa antes que la anterior y que va más directamente a la
base, la inte gran los estudios*'del ¡problema cardinal de la legislación
económica a principios gfeel capitalismo moderno: la cuestión de l^fcrerdadera
naturaleza del dinero. Es el problema del dinero planteado por Petty,
circunstancia -que le convierte en fundador de la eco nomía clásica porque
conduce directamente al problema del valor y con él a la ley fundamental de la
economía política.
22
338 EL
CAPITAL FINANCIERO
No seguiremos aquí de cerca cómo estas concepciones
contribuyeron a formar la Weltanschauung del 'liberalismo. Indiquemos solamente
que, donde, como en Inglaterra, la lucha por la libertad económica triunfó en
un tiempo en que todavía no se había consolidado la concepción moderna
de la ciencia, el «liberalismo no lá incorpora'a su
concepción del mun do; la -transformación revolucionaria de todas las
concepciones morales
y religiosas, tal como se desarrolla en el
liberalismo francés, jamás ha formado parte de la conciencia colectiva del
pueblo en Inglaterra, mien tras que, por el contrario, el liberalismo
económico se impone en Ingla terra con mayor fuerza que en cualquier otra
parte del continente.
Sin embargo, tampoco en Inglaterra es completa la
victoria del laisset \ake: queda excluido el sector de la Banca, y. la teoría
de la libertad bancaria está sometida a las necesidades prácticas de los
señores del Bank of England. La teoría del grupo de Manchester adquiere aún me
nos influencia sobre la marcha efectiva’de la política exterior, que ha seguido
siendo el norte del comercio mundial inglés en el siglo xix, al igual que había
sucedido en el X V i i y xvm. En el continente la práctica se reduce casi a la
afirmación de la libertad industrial, que sigue siendo un£ máxima de política
interior, mientras que la política comercial sigue siendo, de modo muy natural,
proteccionista. La política inglesa de libre comercio se basaba en la ventaja
adquirida en el desarrollo capitalista y en la superioridad técnica y económica
de la industria inglesa, que aquéf provocó. Esta ventaja no se debía únicamente
a causas naturales, aunque desempeñaran también un papel importante! Mientras
el sistema moderno de transporte no estaba plenamente desarrollado, la disponi
bilidad de vías fluviales y el menor coste del transporte derivados de la
proximidad de las minas de carbón y de hierro tuvieron que adquirir una gran
importancia. Pero no hay que olvidar que el desarrollo capi talista es también
acumulación de capital y que la acumulación más rá pida en Inglaterra se debe:
primero, al éxito de las luchas con España, H.ojanda v .Francia por el dominio
de los mares y, por tanto, por el do minio de las colonias, y, segundo, a la
rápida proletárización debida a la victoria de la propiedad latifundista sobre
los campesinos. '
La ventaja industrial de Inglaterra aumentó su
interés por el libre comercio, como antes lá ventaja del desarrollo capitalista
de Holanda había permitido a ese país adaptar una política de libre comercio2.
En
“El apogeo
de la supremacía holandesa en el comercio y la navegación va desde la época de
la fundación de la Compañía de las Indias Orientales hasta las guerras con
Cromwell y Carlos II (1600 a 1675); al final de este período Colbert evaluó la
marina mercante total de los Estados europeos en 20.000 barcos, de los cuales
16.000 pertenecían a los holandeses, a quienes se Ies llamaba los porteadores
de Europa. Se creó un inmenso imperio colonial en Asia, las dos Américas,
Africa y nació un gran negocio de seguros. La Bolsa de Amsterdam fue la
.primera en constituirse; allí esWrba
el mercado*mundial
del dinero, cuyo
bajo tipo de interés favorecía a la
industria
y al comercio. La pesca del arenque y de la ballena superaban a las actividades pes
queras de los demás países. La política comercial era
la más libre de aquel tiempo.
Ñ o había competidores a quienes Holanda hubiera de temer” (SARTORIUS, op. cit., pá
gina 369). ■<..
TRANSFORMACIÓN DE
LA POLÍTICA COMERCIAL 339
el interior, el despliegue de la industria, el
aumento de la población y su concentración en las ciudades hicieron muy pronto
que no bastará la propia producción agrícola. En consecuencia, el precio de los
cereales estaba determinado ’ por los costes de transporte todavía muy elevados
antes de la revolución del transporte y por los eficaces aranceles. Ade más,
en el período de transición, cuando únicamente las buenas cosechas hacían
innecesaria la importación, pero las malas la incrementabán ex traordinariamente,
los terratenientes, mediante el sistema de las primas de exportación,
conseguían la aparición periódica de precios de ham bre; y la estrecha base de
las finanzas inglesas hacía que al encareci miento de los comestibles siguiera
la crisis monetaria. Todo este sis tema chocaba agudamente con los intereses
industriales; los fabricantes no habían de temer una importación de productos
industriales extranje-
ros, ya que
sus empresas eran muy superiores técnica y económicamen te; pero los precios
de los cereales eran el componente más importante del "precio del
trabajo”; y 'éste desempeñába en el precio de coste de los industriales un
papel tanto más importante cuanto que la composi ción orgánica del capital era
todavía pequeña, y por eso la parte del trabajo vivo en el valor del producto
total era relativamente elevada. Uno de los motivos proclamado abiertamente en
la controversia aran celaria inglesa era la reducción del precio de co^te
mediante la reduc ción de la materiá prima, por un lado, y la del precio de la
fuerza de
trabajo, por otro.
Igualm ente,^ capital industrial y comercial inglés
estaba interesado en que los demas países adoptaran el librecambio y, en
cambio, tenía es caso interés por lá posesión de colonias. Mientras éstas
fueran los mer cados de venta para sus productos inditó'iriales y de compra
para sus materias primas, Inglaterra no tenía que contar con una competencia
digna de mención, en el caso de que dichos territorios estuvieran bajo un r
examen de libre comercio. La demanda fie una política colonial ac tiva, Tjue-era
muy costosa, podía aumentar los impuestos y debilitar el régimen parlamentario
en la patria, fue menos importante que la pro paganda del comercio libre. De
todas formas, la renuncia a las colonias se quedó en una postura platónica de
los librecomerciantes radicales. Pues la colonia más importante, la India, no
solamente era considerada como mercado; su dominio aseguraba también á una
clase elevada e influyente, ricas ganancias como “tributo por buen gobierno” 3.
Pero, además, en este importante mercado la "seguridad” era una condición
de la venta, y se temía que la renuncia al dominio directo pudiera lle var
consigo la resurrección de las viejas luchas, que empeorarían las po
sibilidades comerciales 4.
1 Las sumas
d6 las pensiones que afluyen
anualmente de la India
a Inglaterra
se calcula hoy
en unos 320 millones de marcos anuales. A ello hay que añadir las
cantidades
enormes para pago de los
funcionarios ingleses, para
mantenimiento del
ejército y para la dirección de una parte de las
guerras coloniales inglesas en Asia.
' "A pesar de Cobden, Inglaterra no renunció a sus
colonias. El estadista liberal
340 EL CAPITAL
FINANCIERO
El interés político-comercial era muy distinto en
el continente. Aquí eran librecambistas, sobre todo, los proveedores de
materias primas agra rias y los terratenientes exportadores, ya que el libre
comercio aumen taba la venta de los productos propios y abarataba la compra de
los productos industriales. En cambio,, el interés de los industriales era con
trario. No existía el problema del arancel proteccionista sobre los pro ductos
agrícolas; pero la potente competencia inglesa impedía o retar daba el desarrollo
industrial propio. En primer lugar, había que vencer las dificultades
iniciales, dominar todos los obstáculos que llevaba con sigo la falta de
obreros especializados, directores técnicos e ingenieros; vencer el retraso de
la técnica, crear la organización comercial, fomentar el desarrollo del crédito
y acelerar la proletarizaciión mediante la destruc ción de la artesanía y la
disolución de la vieja economía campesina; en una palabra: crear todo lo que
constituía el fundamento de la ventaja inglesa. A ello se añadía el interés
fiscal por los ingresos arancelarios, a los que se recurría con más frecuencia
que hoy por tratarse de tiem pos en que el sistema de impuestos indirectos
estaba en sus comienzos y su aplicación encontraba obstáculos insuperables en
la estructura eco nómica natural de muchos países. Económicamente parecían no
ser per judiciales, en aquella época los ingresos de aduanas de los Estados
con-1 tinentales, siempre que se derivasen de los productos industriales. Des
de luego, el consumidor nacional tenía que pagar más caro el producto de la
industria inglesa, por ejemplo, en una cantidad equivalente al "im porte
de la aduana, pero esta diferencia afluía a las cajas del Estado. En cambio,
los aranceles proteccionistas actuales implican el pago por parte de los
consumidores nacionales á los industriales y terratenientes de sumas muy
superiores a la cantidad que afluye a las cajas del Estado. Por el
conti&rio, en Inglaterra el interés fiscal empieza hoy a adquirir preponderancia
porque el sistema tributario, que se ha elaborado entre tanto, no se puede
completar más que con muchas dificultades y bajo una fuerte resistencia, dadas
las relaciones políticas de poder de las clases.
Pero tan pronto como se planteaba la cuestión de
las colonias, los Estados que las poiseían también tenían que temer aquí Ja
poderosa competencia inglesa, y, por ello, no podían abolir las barreras
aduaneras proteccionistas y los privilegios.
más significativo de aquel tiem,po, lord John
Russel, expresaba seguramente la opinión de su partido cuando dijo que todavía
no había llegado el tiempo del abandono. Entre tanto, Inglaterra había de
emplearse a fondo para educar a las colonias a gobernarse por sí mismas. De
hecho, bajo la influencia de la doctrina Manchester, Inglaterra renunció a la
concepción tradicional que veía en las colonias una posesión beneficiosa o
rentable. Sir Robert Peel había dicho: “J¿ri cada una de nuestras colonias .poseemos
una segunda Irlanda”. Ahora Inglaterra basaba las relaciones con sus colonias
ultra marinas en la voluntariedad y les daba una Constitución parlamentaria.
Con ello, los manchesterianos se convirtieron— sin quererlo— en fundadores del
nuevo Imperio britá nico, que no se hubiera podido retener unido con el sólo
auxilio de las casacas rojas (Schulze-Gavehnitz, Dec britische Impeciatismús,
¡págl 75).
TRANSFORMACIÓN DE
LA POLÍTICA COMERCIAL 341
Asi, pues, la política arancelaria de las clases
industriales en el con tinente'y en Inglaterra tomó direcciones opuestas, que
se explican por el precoz predominio industrial del capitalismo inglés. Carey y
List justi ficaron teóricamente el sistema continental y americano de arancel
pro teccionista. El sistema de List no es ninguna refutación del sistema de
libre comercio, como el formulado por Ricardo. No es más que una po lítica
econiómica que debe hacer posible el sistema de libre comercio al facilitar el
desarrollo de una industria nacional para la que el sistema del libre comercio
es el más adecuado. Los aranceles educativos de List solamente tenían esta
finalidad, y por eso List exigía aranceles bajos, para nivelar la diferencia
entre la ventaja de Inglaterra y el retraso de Alemania; la aplicación de los
aranceles sería transitoria, ya que sus efec tos les habrían de hacer
superfluos finalmente.
Esta política arancelaria, concebida para favorecer
el desarrollo del capitalismo, está destinada a convertirse en el máximo
obstáculo para la evolución posterior del capitalismo, una vez que éste se ha
desarro llado.
El sistema de List e^a, como él mismo confesaba, el
sistema para países capitalistas retrasados. La ley de la heterogeneidad de. lo
í fines, no obstante, acreditó una vez más su eficacia. Njjt. el país del libre
comercio, Inglaterra, sino los países de los aranceles proteccionistas, Ale
mania y los Estados Unidqs, se convirtieron en países modelo del des arrollo
capitalista, si tomamos como medida él grado de centralización y concentración
del capital, esto es, el grado de desarrollo de cartels y trusts, del dominio
de los Bancos sobre la industria, en una palabra, de la transformación de todo
el capital en capital financiero.' En Ale mania ti rápido crecimiento de la
industria tras la supresión de las ba rreras aduaneras interiores y
especialmente después de la fundación del Imperio efectuó un desplazamiento
completo de los intereses político-comerciales. El cese de la exportación de
productos agrícolas hizo de los terratenientes unos defensores del arancel
proteccionista. A ellos se unieron los industriales beneficiados por el
proteccionismo, y fueron precisamente los representantes de la industria
pesada, especialmente de la industria siderúrgica, los que exigían la
protección arancelaria fren te a la competencia inglesa más fuerte. Era una
rama de la industria con una composición orgánica elevada y que podía soportar
fácilmente la subida de los precios de los alimentos que, además, era todavía
es casa y prontamente neutralizada .por la incipiente competencia agrícola
americana. Por otro lado, la industria sufrió extraordinariamente bajo las
consecuencias de las crisis. La competencia inglesa era tanto más di fícil de
soportar cuanto que la industria-siderúrgica alemana había q u ^ dado detrás de
fe. inglesa por motivos técnico-naturales, especialmente antes del
descubrimiento del proceso para tratar mineral de hierro con contenido
fosfórico. Además, es difícil de recuperar la ventaja del des arrollo
anterior, precisamente en las industrias con una composición or gánica muy
elevada y especialmente con una gran parte de capital fijo.
342 EL
CAPITAL FINANCIERO
En favor de la política proteccionista se inclinaba
también una parte del capital bancario, que, en Alemania, estaba ya desde un
principio ín timamente unido al desarrollo de la industria pesada. Adversarios
del proteccionismo eran la parte del capital industrial ’que estaba invertido
en las industrias de exportación y el capital comercial. Pero la victoria del
arancel proteccionista en el año 1879 significó el comienzo de un cambió en la
función del arancel proteccionista, al convertirse poco a poco de un arancel
educativo en un arancel proteccionista de los cartels 5.
No hay duda dé que la exclusión de la competencia
extranjera fo mentó extraordinariamente la formación de. cartels.
Directamente, por que la disminución de los competidores facilita su unión.
Indirectamen te, porque el arancel proteccionista, en su forma' real y por su
origen, era, en general, más ventajoso piara las industrias productoras de
materias primas y de productos semimanufacturados — en Europa y en
.Estados Unidos fue impuesto por los dominadores de
esos sectores indus triales— que para las industras exportadoras de
manufacturados, las cuales habían de competir en el mercado mundial con
productos seme jantes de Inglaterra, cuyo precio de coste no estaba elevado
por un arancel pr'otecctonista. Precisamente esta circunstanj^^tnvo que favo
recer en su desarrollo a las industrias productoras de medios de pro ducción,
ponerles a su disposición todo el capital que necesitaban para su
perfeccionamiento técnico y acelerar su progreso hacia una compo sición
orgánica elevada y también su concentración y centralización, creando así las
condiciones previas para su cartelización.
A l mismo tiempo, esa circunstancia,
originariamente ubicada en el retraso del desarrollo capitalista alemán,
finalmente se convirtió en una causa de la superioridad organizadora de la
industria alemana sobre la inglesa. La industria inglesa se ha desarrollado
orgánicamente, por así decirlo, y poco a poco, desde sus pequeños comienzos a
su grandeza posterior. De la cooperación y la manufactura salió la fábrica, y
ésta se desarrolló primera y principalmente en la industria textil, una in
dustria que necesita un capital relativamente pequeño. En cuanto a la
organización, se quedó principalmente en la empresa individual; el ca
pitalista individual -dominaba y no la sociedad por acciones, y la riqueza
capitalista quedió en manos de los capitalistas industriales individuales. De
esta forma fue naciendo con creciente rapidez una clase de indus triales
ricos, con fuertes capitales y propietarios de las fábricas. Cuándo más tarde,
especialmente por el desarrollo de las grandes empresas de transportes, las
sociedades por acciones adquirieron mayor importancia, fueron estos grandes
industriales, principalmente, los que se convirtie ron en los accionistas.
También era capital industrial por su origen y
* Véase R U D O L F H I L F E R D IN G , Det
Funktionswandel des Schutzzolles; Nene Zeit. X X , 2 y R O B E R T L IE P M A N
N , Schutzzoli und Kartclle, Jena, 1903. Abundante material de ilustración, en
H E R M A N N L E V Y , Binfluss der Zollpolitik auf die wirtschaftliche Ent~
tvicklung dec Verenigten Staaíen, Conrads
Jahrbiücher, 1909, y Bntwicklungsgeschichte eíner amecikanischen Industríe,
Conrads Jahrbücher, Í905,
TRANSFORMACIÓN DE
LA POLÍTICA COMERCIAL 343
propiedad el que se invirtió en estas sociedades
por acciones. Igual que el capital industrial y el comercial, el capital
bancario estaba en manos de capitalistas individuales — lo mismo sucedía con el
capital utilizado en la emisión— , mientras que los Bancos por acciones
suministraban úni camente crédito de circulación, y, por ello, no tenían mucha
influencia sobre la industria. Poca influencia tenían también los propietarios
de los Bancos de emisión, que por esa actividad habían dejado de ser ban queros
para convertirse, al menos parcialmente, en industriales. Esta preponderancia
de la acumulación del capital en manos de los capita listas individuales,
consecuencia del desarrollo precoz y, por así decirlo, orgánico del capitalismo
inglés, faltó tanto en el continente como en los Estados Unidos. A ello hay que
añadir las grandes sumas, que se ha bían acumulado en manos de ciertos grupos,
procedentes dé la explo tación de las colonias y especialmente de la India,
así como de la ex plotación de los monopolios comerciales ingleses, cosa que
faltó comple tamente en Alemania y Ntorteamérica.
Cuando al fin se vencieron en Alemania los
obstáculos políticos del desarrollo, capitalista con la unión aduanera
(Zollverein) y luego con la-fundación del Imperio, la vía para el capitalismo
quedó libre, y, na turalmente, el desarrollo capitalista pudo ponerse a la
altura de Ingla terra. Desde entonces, todos los esfuerzos se concentraron
para hacer del grado de desarrollo técnico y econoínico de los países más
avanza dos el punto de partida del desarrollo nacional. Sin embargo, en Alema
nia faltaba la acumulación de capital en manos de los capitalistas indi
viduales, necesaria para llevar la producción en las industrias altamente
desarrolladas a la escala alcanzada en Inglaterra, mientras las empresas fueran
individuales.
Así, pues, junto a la función común a la forma
inglesa y alemana, la sociedad por acciones recibió otra más: ser el medio para
procurar el capital necesario que, debido a la escasa acumulación, no sólo no
poseía «el capitalista industrial individual, sino tampoco lá clase capita
lista industrial considerada como un todo. Mientras que en Inglaterra la
sociedad por acciones, sobre todo al principio, unía esencialmente a
capitalistas ricos, en Alemania debía poner a disposición de los capita listas
industriales el capital necesario, proporcionarles el dinero de otras clases
sociales para sus empresas. Tal resultado no podría conseguirse, por lo menos
en la proporción apetecida, mediante la emisión directa de acciones, sino sólo
a través de los Bancos, en los cuáles podía concen trarse y ser puesto a
disposición de la industria todo el capital ocioso de los capitalistas, además
del dinero de las restantes clases sociales. El mismo motivo que favoreció en
la industria las .compañías por accio nes hizo que los Bancos nacieran también
como Bancos por acciones. Por consiguiente, los Bancos alemanes tenían, desde
un principio, el de ber de poner a disposición de las sociedades por •
acciones de Alemania el capital necesário, esto es, de cuidar no sólo del
crédito de circulación, sino también del crédito de capital. Por tanto, la
relación de los Bancos
344 EL
CAPITAL FINANCIERO
con la industria en Alemania y — en parte, bajo
otras formas— en los Estados Unidos tenia que ser desde un principio muy
distinta á la de Inglaterra. Si bien nació esta diversidad del desarrollo
capitalista más atrasado de Alemania con respecto al de Inglaterra, está íntima
unión entre el capital industrial y bancario se convirtió, en cambio, en uno de
los factores más importantes que estimularon el desarrollo de formas de
organización capitalista más elevadas en Alemania y Estados Unidos °. Esta
coincidencia de la política proteccionista con' la financiación de la industria
por los Bancos tuvo que impulsar pronto, en el rápido des pliegue industrial,
las tendencias a la cartelización que, á su vez, crea ron nuevos intereses
proteccionistas, modificando incluso la función del mismo arancel
proteccionista.
El viejo arancel proteccionista tenía la misión de
acelerar el naci miento de una industria dentro de las fronteras protegidas,
además de la compensación de las circunstancias naturales desfavorables que
exis tieran. Debía preservar a la industria nacional, en fase de desarrollo,
del peligro de ser obstruida o aniquilida por lá poderosa competencia de la
industria extranjera, ya desarrollada. Su nivel no necesitaba ser muy grande,
lo suficiente para compensar la ventaja de lá industria ex tranjera. No podía
ser en ningún modo prohibitivo, ya que la industria nacional no era capaz
todavía de cubrir las necesidades nacionales. Y, so bre todo, no debía durar
mucho tiempo: el arancel proteccionista había cumplido su misión como “arancel
educativo” al desarrollarse lá indus tria nacional, poder cubrir las
necesidades del país y capacitarse para la exportación. Desde entonces era un
obstáculo para oportunidades fa vorables de exportación, al inducir a naciones
extranjeras a adoptar me-
‘ El que no se realizara un
desarrollo análogo en Francia,
que había iniciado
la fundación del Crédit Mobilier,
se explican las
causas teniendo en
cuenta que
han impedido, en general,
el desarrollo industrial en Francia. A ellas pertenece la dis
tribución de la propiedad de la tierra desfavorable para el desarrollo capitalista con
sus consecuencias; el
sistema de familias de dos hijos y de
ahí la falta de un ejército
de reserva industrial suficiente: la excesiva
política proteccionista y la excesiva expor tación de capital, que, a su vez,
tiene sus causas en el sistema rentista basado en la pequeña burguesía, los
pequeños agricultores y la industria de lujo.
La interconexión entre la nacionalización del
capital, de un lado, y la intensifica ción de la influencia de los Bancos
sobre la industria, debida a la escasa fuerza de capital de los industriales
alemanes, la pone en claro una manifestación de A L E X A N D E R en la
Deutsche Bdrsenenquete (parte I, pág. 449). "Una serie de minas de carbón,
como Herne, Bochum, etc., se encontraba hasta hace poco (1892) en .posesión de
accionistas franceses y belgas. Al mismo tiempo, tuvo lugar una concentración de
las minas. La negociación de la compra de las acciones la asumieron los Bancos,
ya que las mismas sociedades no disponían de efectivo para ello. Los Bancos
pudieron aceptarlo porque estaban seguros de poder deshacerse ;pronto de estas
acciones, en las que habían invertido sus recursos, por medio de operafione^ a
iplazo.
Además, se puede admitir que la debilitación de las
Bolsas por las restricciones le gales y, especialmente, por la limitación de
las operaciones a plazo tienden a incre mentar la influencia de los Bancos
sobre la industria, ya que ésta depende de la ges tión bancaria en mayor
medida que de una Bolsa muy. activa. De hecho, el efecto de la legislación
bursátil alemana ha favorecido mucho s los grandes Bancos."
TRANSFORMACIÓN DE
LA POLÍTICA COMERCIAL 345
didas semejantes. Su efecto elevador de precios no
podía ser ya eficaz, bajo el sistema de la libre competencia, desde el momento
en que la industria protegida satisfacía las necesidades nacionales y podía
empe zar la exportación. Pues con la libre competencia el precio sobre el mer
cado protegido tenía que ser, en este momento, igual al precio del mer cado
mundial, puesto que con el ahorro de los gastos de transiporte al alejado
mercado extranjero la venta era más productiva en el mercado interior que en el
exterior y la oferta de la industria era igual o mayor que la demanda nacional.
Por eso, el arancel proteccionista debía ser modesto en su nivel y transitorio
en su duración, un arancel que debía ayudar únicamente a resolver las
dificultades del comienzo durante la juventud de una rama de lá industria.
Pero todo varía en la época de los monopolios
capitalistas. Ahora, las que quieren un elevado arancel proteccionista son
precisamente las industrias más poderosas y más capaces para la exportación,
cuya ca pacidad de competencia en el mercado mundial no puede dudarse, esto
es, aquellas para las que el arancel proteccionista, según la antigua teo ría,
no debíá tener ya ningún interés. Ahora, el arancel proteccionista, no tiene ya
ningún efecto elevador de precios desde el momento en que''1 la industria Aacional
cubre completamente las necesidades nacionales, supuesto el dominio de la libre
competencia. No obstante, el arancel pro teccionista industrial fue uno de los
medios más eficaces de fomento de los cartels, primeramente porque obstruye la
competencia extranjera7, y luego porque el cartel ofrecía la posibilidad de
explotar también los desniveles arancelarios incluso cuando se había alcanzado
ya la capaci dad de exportación. El cartel excluye la competencia en el
mercado in terior con la contingentación de la cantidad de producción
destinada al consumo interior. La supresión de la competencia .permite que el
arancel proteccionistas siga teniendo el efecto elevador de precios incluso en
aque lla fase en que lá producción ha superado con mucho las necesidades del
interior. Así, pues, se convierte en un interés eminente de la industria
cartelizada hacer del arancel proteccionista una institución duradera que.
Naturalmente,
los fabricantes no ignoran y saben apreciar los efectos del libre comercio en
orden a frenar la formación de cartels. Un fabricante inglés hizo en el Times
del 10 de octubre de 1906 la propuesta de un cartel de las empresas inglesas de
electricidad. El mismo admitía .que "en un país de comercio libre los
precios eleva dos y la restricción de la producción no hacían más que llevar
el comercio a las manos de la competencia extranjera". Otro fabricante
respondió: "Si tuviéramos un arancel proteccionista podríamos hacer algo
parecido a lo que contiene la propuesta, pero sabemos por experiencia que todo
intento de combinación en las circunstancias actuales es inútil para mantener
los precios al nivel propuesto por su corresponsal. Todos su frimos- a causa
de la superproducción, y hasta que ésta no esté curada, ya sea que los
fabricantes limiten su producción o que la supriman por completo, continuaremos
sufriendo” (FAA C R O S T Y , loe. cit., págs. 319
y sigs.). El mismo M A C B O S T Y dice. loe. cit., página 342: "The
weekness of every form of combination in the United Kingdom is due to the free
admission of foreign competititon. If that can be removed their strength is
enormously increajsec] and all the conditions of the problem are altered”.
346 EL
CAPITAL FINANCIERO
en primer lugar, le asegure la existencia como
cartel y, en segundo, le permitá vender su producto en el mercado interior con
beneficios adi-, cionales. La suma de esos beneficios viene dada por el alza
del precio interior sobre el precio del mercado mundial. Pero esta diferencia
de pende del nivel del arancel. Tan ilimitado como el deseo de beneficios es
el deseo de elevación del arancel. La industria cártelizada está así in
teresada directa e intensamente en las dimensiones cuantitativas del aran cel
proteccionista. Cuanto más elevado sea el arancel tanto más se po drá elevar
el precio del interior sobre el precio del mercado mundial, y, de esta forma,
el arancel educador se convierte en un arancel protec cionista elevado. Los
suaves partidarios de los aranceles defensivos, que admitían la reducción
paulatina del arancel, se han convertido en encar nizados proponentes de
aranceles proteccionistas elevados.
Pero el cartel no se limita a explotar el arancel
proteccionista esta blecido sobre los productos fabricados por él mismo.
Sabemos que el precio de cartel, caeteris paribus, encuentra sus límites en la
tasa de beneficios de las otras industrias. Si, por ejemplo, aumenta la tasa de
beneficios en la industria mecánica mediante el aumento de los arance les
sobre la maquinaria, los cariéis del hierro y del carbón pueden ele var sus
precios y apropiarse así una parte o, eventualmente, todo el beneficio extra de
la industria mecánica. Nace con ello el interés de las asociaciones
monop'olísticas por los aranceles, no sólo sobre sus produc ios, sino también
sobre los de las industrias elaboradoras.
Por consiguiente, él arancel proteccionista concede
al cartel un be neficio extra por encima del alcanzado con lá cartelización s,
y le .da el poder de hacerse pagar un impuesto indirecto por parte de la pobla
ción del país. Este beneficio extra no procede ya de la plusvalía que producen
los obreros empleados por el cartel; tampoco es una deduc ción del beneficio
de otras industrias cartelizadas, sino que es un tri buto sobre toda ‘la clase
consumidora del interior. En qué medida es soportado por las diversas capas de
consumidores; si es en concreto de ducción de la renta de la tierra, del
beneficio o del salario, y en qué medida lo es, depende, igual que la
repercusión total ó parcial de impues tos indirectos cargados sobre materias
primas industriales y bienes de
“ Hasta qué punto se convierte esta .posibilidad
misma en motivo para la carteli zación lo demuestra la fuerte conmoción que
sufrieron los cariéis alemanes y austríacos
del azúcar, cuando el arancel del azúcar se redujo
a seis francos, a consecuencia de la convención de Bruselas. El arancel
austríaco, por ejemplo, de 22 Kr. (coronas), había suministrado <an
beneficio extra a las fábricas unidas en el cartel, un beneficio que era,tan
alto que superaba en mucho la ventaja que podía surgir de una lucha ¿e
competencia y desplazamiento de las pequeñas empresas, incluso ipara las
fábriflls más grandes y técnicamente más perfectas, y léithizo .partidarias del
cartel. Al mismo tiempo, era mucho más fácil de soportar la Wndición de la
contíngentación de la producción, que imponía sacrificios relativamente grandes
a las empresas más grandes y técnicamente más perfectas, ya que el nivél del
arancel y el alza del precio interior facilitada por él compensaba sobradamente
el perjuicio que originaba. Se deduce tam bién cuán importante es para la
cartelización no sólo el arancel en sí, sino su nivel.
•
TRANSFORMACIÓN DE
LA POLÍTICA COMERCIAL 347
lujo, de las relaciones concretas de poder y de la
naturaleza del ob jeto cuyo precio es aumentado por el cartel. Un alza del
precio del azúcar afecta, por ejemplo, a la masa de los trabajadores más que un
alza del precio de las máquinas agrícolas o de los muebles de madera preciosa.
Pero actúen como quieran estas alzas, sirven para confiscar una parte de los
ingresos de la sociedad en favor de la industria carte-lizada y protegida, cuya
acumulación se fomenta poderosamente.
Pero esta clase de aumento del beneficio tendría
que ser tanto más importante cuanto que el alza de la tasa de beneficios,
debida al au mento de la plusvalía absoluta' y a lá prolongación del tiempo de
tra bajo y disminución del salario, se hizo imposible por la acción de las or
ganizaciones sindicales, lo cual más bien aumentaba más y más la ten dencia
contraria. Pero el que la imposición de los aranceles industriales llevara
consigo también el alza de los agrarios tenía poca importancia precisamente para
las industrias pesadas, yá que, debido a su elevada composición orgánica, el
encarecimiento de la fuerza de trabajo no las afectaba demasiado; su posición
en la lucha de salarios era extraordi nariamente fuerte y el escaso aumento de
los costes de producción, a consecuencia de los aranceles agrarios, se
compensaría sobadamente con el beneficio extra debido a los aranceles
proteccionistas, si éstos se fi
jaban lo bastante altos. __
Sin embargo, el alza de precios en el mercado
interior tiende a dis minuir la venta de los productos cartelizados y se opone
a la tendencia a reducir los costes de producción mediante la expansión de la
escala de la proiducción. Esto puede ser peligroso para la estabilidad del
cartel cuando éste no se halle plenamente consolidado. Los establecimientos
grandes y mejor instalados, para los que es insoportable lá reducción de su
venta por la política cartelista, inician de nuevo la luoha de com petencia con
el fin de aniquilar los establecimientos más débiles y apro piarse de su
mercado, lucha de la que, una vez terminada, puede salir sobre una nueva base
un cartel aún más fuerte. Pero si el cartel está sólidamente unido, intentará
compensar la restricción en el mercado in terior con un aumento de la
exportación para poder continuar la pro ducción a lá misma o, si es posible, a
mayor escala. En el mercado mun dial el cartel tiene que vender, naturalmente,
al precio de mercado mun dial. Pero si el cartel es rentable y exportador en
general, como así su cede en nuestra hipótesis, su verdadero precio de
producción (k + p) corresponderá al precio de mercado mundial. Sin embargo, el
cartel está en situación de vender también por debajo de su precio de producción.
Pues en el mercado interior ha alcanzado sobre la producción vendida en el
mismo un beneficio extra determinado por el nivel del arancel. Por eso está en
situación de emplear una parte de este beneficio extra en la ampliación de su
mercado exterior, ofreciendo mejor precio que sus competidores. Si lo consigue,
puede aumentar eventualmente su produc ción, reducir los costes de producción
y lograr así otro beneficio extra, ya que el precio interior permanece igual.
El mismo efecto logra el cartel
348 E
L CAPITAL FINANCIERO
cuando de su beneficio extra paga primas de
exportación a sus compra dores interiores si éstos exportan sus productos. El
límite superior de la prima de exportación está determinado por el nivel del
arancel para cada territorio económico y para cada consumo interno dados; en
las coyun turas favorables el cartel estará en situación tíe reducir esta
prima y hasta de suprimirla y apropiarse de esté modo de una parte de la ga
nancia de coyuntura que, si no, recaería en sus compradores. En coyun turas desfavorables
quizá no baste la prima entera para compensar las pérdidas de los compradores,
dados los bajos precios del mercado mun dial. La historia de los cariéis
enseña _siempre cuán, importante es para la estabilidad de los mismos tener
también en sus manos la exportación, pues de otro modo la obstrucción de la
exportación, a caifsa de forma ción deficiente del sistema de primas, amenaza
siempre la existencia de los cariéis.
Con el desarrollo del sistema de primas el arancel
proteccionista ha cambiado por completo su función, e incluso la ha invertido.
De un me dio de defensa contra la conquista del mercado nacional por
industrias extranjeras se ha convertido en un medio para la conquista de
mercados
exteriores por la industria nacional, del arma
defensiva' del débil ha de venido el arma ofensiva del fuerte. , . • •
El libre cambio inglés no era para sus defensores
una política eco nómica a emplear únicamente por Inglaterra. Más bien lá
generalización de la política librecambista era de vital interés para la
industria inglesa, cuyo monopolio mundial estaba ásí asegurado. El arancel
proteccionista de otros Estados significaba una restricción de las
posibilidades de ven ta para las mercancías inglesas. Actualmente también se
ha efectuado aquí un cambio en cuanto que el capital vence incluso esta
barrera. El establecimiento o el aumento de aranceles protectores en un país
signi fica, igual que antes, para la nación exportadora, una restricción de su
posibilidad de venta, esto es, un obstáculo de su desarrollo industrial. Pero
el arancel proteccionista significa en el primer país un beneficio extra, y
éste es un motivo para llevar al país en vez de las mercancías la producción de
las mercancías. Mientras él capitalismo no estaba des arrollado esta
posibilidad era relativamente pequeña, en parte porque la legislación estatal
de entonces frenaba esas posibilidades; en parte, por que las condiciones
econiómicas previas para la producción capitalista no se habían dádo con
suficiencia; faltaba seguridad estatal, faltaba mano de obra, sobre todo
especializada. Eran obstáculos que tuvieron que ir venciéndose poco a poco y
que dificultaron extraordinariamente la transferencia de capital. Pero en su
mayoría estos impedimentos se han suprimido en la actualidad. Así, pues, al
capital de un*país des arrollado le es posible vencer las consecuencias
perjudiciafés del sis
tema proteccionista, en sus" efectos sobre la
tasa de beneficios, mediante la exportación de capital.
CAPITULO XXII
L& exporlmcién de capital y la
lucha p&r el espacw ec@némic©
Mientras que por un lado la generalización del
sistema proteccionista aspira a subdividir el mercado mundial en áreas
económicas individua les sepárada^por fronteras estatales, la evolución ¿acia
el capitalismo financiero aumenta la importancia de lá magnitud del espacio
económico. Este ha tenido siempre gran importancia para el desarrollo de la
pro-ducción capitalista i1. Cuanto mayor sea un espació económico y más poblado
esté, tanto mayor puede ser la unidad empresarial, esto es, tan to menores los
costes de producción; tanto más intensa también la es-pecialización dentro de
los establecimientos, lo cuál significa, igualmente, disminución de los costes
de producción. Cuanto mayor sea .el espacio económico, tanto más fácil será el
traslado de las industrias a los lu gares donde existan las condiciones
naturales más favorables y donde la productividad del trabajo sea mayor. Cuanto
más amplio sea el es pacio, más diversa será Ta producción; tanto más probable
será que se complementen entre sí las ramas de la producción y se ahorren los
cos tes de transporte derivados de la importación desde el exterior. Las per
turbaciones de la producción debidas al desplazamiento de la demanda y a las
catástrofes naturales se compensan más fácilmente en un espa cio mayor. Por
eso no hay duda de que, en la producción capitalista desarrollada, el libre
cambio que uniría a todo el mercado mundial en un área económica única
garantizaría la mayor productividad del tra bajo y la división internacional
del trabajo más racional. Pero también en el -iibre cambio la industria goza en
el propio mercado nacional de ciertas ventajas, a causa de su conocimiento de
las costumbrea-del país, de los hábitos de consumo, de una mayor afinidad y,
sobre todo, a con secuencia de la protección que le supone la escasa
distancia, esto es,
__ *----
Véase O rro
B A U ER , "Die Nationalitateufragen und die Sozialdemokratie",
Marx-Studien, vol. II, págs, 178 y sigs,
aso ÉL
CAPITAL FINANCIERO
el ahorro de costés de transporte, ahorro que se
incrementa aún más
con las medidas la política de tarifas. En cambio,
a la industria extranjera le surgen ciertos obstáculos derivados de la
diversidad del idioma, del derecho, de la moneda, etc. No obstante, el arancel
protetc-
cionista
incrementa extraordinariamente las desventajas del espacio eco nómico más
pequeño al obstruir la exportación, disminuyendo así la posible magnitud de la
empresa, al .actuar contra la especialización, au mentando con elfo los costes
de producción, así como al impedir una división internacional del trabajo más
racional. Los Estados Unidos de
ben.. sobre todo, a la magnitud de su espacio
económico (que permite una extraordinaria especialización en el volumen de los
establecimientos) el que se pudieran desarrollar industrialmente con tanta
rapidez, incluso bajo el régimen proteccionista. Cuanto más pequeño es el
espacio eco nómico en la producción capitalista ya desarrollada, esto es,
cuando el arancel educativo ha cumplido ya su función, tanto mayor es, por lo
general, el interés del Estado respectivo por el libre cambio. De ahí la fuerte
inclinación librecambista de Bélgica, por ejemplo. Además, cuan to más pequeño
sea el espacio tanto más unilateral será la distribución de las condiciones
naturales de la productividad, tanto más pequeño, pues, el número de ramas de
la industria capaces de desarrollo, y tanto más fuerte el interés por la
importación de aquellas mercancías para cuya producción es menos apropiada el
área económica propia.
En cambio,, el arancel proteccionista implica una
contracción del es pacio económico y, con'ello, una paralización del
desarrollo de las fuer zas productivas, ya que disminuye la magnitud de los
establecimientos industriales, qüficulta la especialización y, finalmente,
impide la división internacional del trabajo, que hace que el capital se dirija
a aquellas ramas de la producción para las que el país correspondiente posee
las condiciones previas más favorables; esto es tanto más importante hoy, dados
los actuales aranceles ultraprotectores, puesto que las tarifas adua neras no
se fijan ya tanto en consideración a la situación técnica de producción de las
ramas individuales de la industria, sino que más bien representan el resultado
de luchas políticas por el poder de los diver sos grupos industriales: en
última instancia, la naturaleza y orientación de los aranceles depende de la
influencia efectivamente ejercida por cada sector industrial sobre el aparato
estatal. Pero si el arancel proteccio nista es también un impedimento para el
desarrollo de las fuerzas pro ductivas y, con ello, para el de la industria,
para la clase de los capi talistas significa directamente un aumento de los
beneficios. Ante todo, el libre cambio dificulta la cartelización, quita el
monopolio del mercado ^ interior a las industrias capaces de cartelizarse,
siempre queno esté ga rantizada una posición de monopolio mediante
facilidades^! el trans-jjorte (como en el carbón), o mediante un monopolio
natural (como, por ejemplo, en la producción alemana de potasa). Pero, en esos
casos, los beneficios extra que podrían afluir de la explotación dél arancel
pro teccionista por el cartel resultan superfluo^.
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y
LA LUCHA POR
EL ESPACIO ECONÓMICO 361
Es cierto que la monopolización puede avanzar
también sin arancel proteccionista. Pero con éste, en primer lugar, se
dificulta mucho el rit mo; en segundo, se consigue que la solidez de los
cattels sea menor, y, en tercero, finalmente, hay que temer la resistencia
contra los cariéis internacionales, ya que éstos se consideran directamente
como fuerzas de explotación extranjeras. En cambio, el arancel proteccionista
asegura al cartel el mercado nacional y le otorga una capacidad mucho mayor no
sólo por la exclusión de la competencia, sino porque la posibilidad de
explotación del arancel proteccionista se convierte directamente en fuer za
motriz para el cierre de la cartelización. Pero también la carteliza ción
internacional (que podría surgir con el libre -cambio, a base de una
concentración mucho más avanzada) se acelera con el arancel protec cionista al
facilitar la conclusión de acuerdos de cartels, sobre todo en forma de
distribución de zonas de venta y de unificación de precios, ya que no se trata
de asociación de fabricantes aislados en el mercado mundial, como sucedería en
régimen de libre comercio, sino de la‘ aso ciación de los cartels nacionales
entre sí ya sólidamente unidos. El aran cel proteccionista pone como partes
contratantes a los cartels individua les y reduce así extraordinariamente el
número de los participantes. El arancel proteccionista facilita también la base
para el acuerdo, en cuan to que reserva el mercado nacional desde un principio
para los cartels nacionales. Pero cuantos más mercados haya reservados a
determinados cartels nacionales y arrancados a la competencia por el arancel
protec cionista, tanto más fácil será el entendimiento »ebre los mercados
libres, y tanto más sólido también el monopolio internacional, ya que su rup
tura no les garantiza a los outsiders una esperanza tan grande de éxi
tos de competencia como en el libre cambio. *"
Así, pues, hay aqui dos tendencias opuestas. De un
lado, el arancel proteccionista es para los cattels un arma ofensiva en la
lucha de com petencia, con lo que la lucha de precios se agudiza, mientras
que, al mis mo tiempo, se intenta fortalecer la situación en la lucha
competitiva me diante el empleo de medios estatales coercitivos,
intervenciones diplomá ticas, etc. Por otro lado, el arancel proteccionista
estabiliza los cartels nacionales y crea así bases para la conclusión de
acuerdos intercartelis-tas. El resultado de estas tendencias es que estos
acuerdos internacio nales significan un armisticio más bien que una comunidad
perenne de intereses, puesto que todo desplazamiento en los medios de defensa
del arancel proteccionista, todo cambio en las relaciones de fuerza entre los
Estados cambia la base de los acuerdos y hace necesarios nuevos con venios.
Sólo se llega a creaciones sólidas allí donde o el libre cambio su prime más o
menos las barreras nacionales, o donde la base del cartel no está dada por el
arancel proteccionista, sino, sobre todo, por un mo nopolio natura], como
sucede, por ejemplo, con el petnóleo.
A l mismo tiempo, con la cartelización aumenta
extraordinariamente la importancia directa de la magnitud del espacio económico
para el ni vel del beneficio. Hemos visto que^l arancel proteccionista concede
un
EL
CAPITAL fINANClERÜ
beneficio extra al monopolio capitalista para la
venta en el mercado na cional. Cuanto mayor sea el área económica, tanto mayor
será la venta en el mercado interior (piénsese, por ejemplo, en la parte de
fundiciones de acero que trabajan para la exportación en Estados Unidos, de un
lado, y en Bélgica, de otro), y, por consiguiente, tanto mayor será el
beneficio de caríe/. Y cuanto mayor seé^ éste, tanto más elevadas pue den ser
las primas de exportación, es decir, tanto más fuerte será la ca pacidad de
competencia en el mercado mundial. A l mismo tiempo que la intervención activa
en la política mundial, que se había ocasionado por la pasión por las colonias,
nació el anhelo de construir un espacio
económico lo más amplio posible y rodeado por la
muralla del arancel proteccionista.
En cuanto a los efectos posibles del arancel
proteccionista que sean desfavorables para él nivel de las beneficios, el
cartel procura vencer los con medios que le pone en lá mano el mismo sistema
proteccionista. En primer lugar, el desarrollo y perfeccionamiento de las
primas de ex portación, consecuencia implícita del arancel proteccionista,
permite su perar total o al menos parcialmente las barreras arancelarias
extranje ras y preserva así, hasta cierto grado, \BL restricción de la
producción. Lo cual sérá tanto más posible cuanto mayor sea el volumen de la
pro ducción interior, protegida por el propio arancel proteccionista. Pero
otra vez nace aquí no el interés por el libre cambio, sino por la expan sión
del espacio económico propio y por la elevación de los aranceles. No obstante,
cuando falla este medio, se establece la exportación de ca pital en forma de
instalación de fábricas en el extranjero. El sector in dustrial, amenazado por
el arancel proteccionista de los países extran jeros, utiliza ahora, incluso,
este arancel al trasladar una parte de la producción al extranjero. Aunque así
se haga imposible la expansión de la empresa matriz y se pierda el aumenta de
la tasa de beneficios debido a la reducción de los costes de 'producción, se
vuelve a compensar con
el aumento del beneficio que le garantiza el álza
de precios de los pro
ductos producidos ahora por el mismo capitalista en
el extranjero. De
esta forma, la exportación de capital, que es
estimulada poderosamente
en otra forma por el arancel proteccionista del
propio país, es fomen
tada igualmente por el del país extranjero y
contribuye, al mismo tiem
po, a la difusión del capitalismo a escala mundial
y a la internacionali-
zación del capital. -
Así, pues, en cuanto a la tasa de beneficios se
refiere, se elimina el (
efecto de la reducción de la misma, que tiene lugar
mediante la para- I lización de la productividad por el arancel proteccionista
moderno. El l libre cambio le resulta, pues, al capital perjudicial y
superfluo. La para
lización de la productividad comí? consecuencia de
la reducción del es
pacio económico procera repararlo no con el paso al
libre cambio, sino
ampliando el espacio económico propio y forzando la
exportación de
capital2. A
3 Es característico el ejemplo siguiente, que pone de manifiesto simultáneamente
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL
ESPACIO
ECONÓMICO
353
Mientras la moderna política proteccionista
contribuye a reforzar el impulso siempre* existente del capital por lá continua
expansión de su
área económica, la concentración de todo el capital
monetario ocioso en manos de los Bancos conduce a la organización planeada de
la expor tación de capital. Los vínculos de los Bancos con la industria
permiten supeditar la concesión de capital monetario a la condición de que este
capital monetario se emplee en industrias en que tengan intereses. Con ello se
acelera extraordinariamente la* exportación de capital en todas sus formas.
.. ..Entendemos por exportación de capital la
exportación de valor que está destinado a producir plusvalía en el extranjero.
Es esencial que lá plusvalía quede a disposición del capital nacional. Si, por
ejemplo, un capitalista alemán emigra con su capital ál Canadá, produce allí y
no vuelve más a la patria, esto no significa más que una pérdida para el
capital alemán y desnacionalización del capital; no es exportación de ca
pital, sino mera transferencia. Esta transferencia de capital constituye una
deducción del capital nacional y un aumento del extranjero. No se puede hablar
de exportación de capital más que cuando el capital em pleado en el extranjero
queda a disposición del país de origen y los ca pitalistas nacionales pueden
disponer de la plusvalía producida por este capital. Este capital ocupa
entonces una pártida en la "balanza de cré ditos exteriores” nacional, y
la plusvalía anual figura en la balanza na cional de pagos. Por tanto, la
exportación de capital disminuye la can tidad nacional de capital e incrementa
la renta nacional en la plusvalía producida.
La sociedad por acciones y la organización
desarrollada del crédito 'fomentan la exportación de capital, modificando, sin
embargo, su natu-
un cartel internacional y el efecto de la
exportación de capital: "Una rama muy impor tante de la industria,
situada en Gran Bretaña, especialmente en Escocia, es la pro ducción de hilo
de coser. Las cuatro firmas más grandes y que dominan precisamente esta
industria, Coats S Co., Ciarle & Co„ Broolc & Bros., Chodwich 6 Bros.,
se han unido desde 1896 en una comunidad conocida con el nombre de J. & P.
Coats Limited, que abarca, además, una serie de fábricas inglesas más pequeñas
y una asociación que comprende quince sociedades americanas. Este llamado
‘Thread Combine’, con 5.500.000 libras esterlinas de capital, representa una de
las asociaciones industriales más grandes del mundo. Y a antes de la unión las
firmas Coats y Clark, debido a la política de arancel proteccionista de los
Estados Unidos, se habían visto obligadas a fundar establecimientos fabriles
propios en los Estados Unidos para romper las eleva das tarifas de este país
dirigidas contra sus fabricados. La unión ha seguido este pro cedimiento y,
adquiriendo importantes cantidades de acciones en las sociedades de la
industria correspondiente en Norteamérica y otros países {esto es, se trata de
una emi gración de capital a gran escala), se ha asegurado el control sobre
las mismas. Por consiguiente, los industriales ingleses fabrican en el
extranjero; el daño derivado de la disminución de la posibilidad d í trabajo lo
soporta la clase obrera inglesa-y, en última instancia, toda la nación. El
trust del hilo tiene toda la razón para seguir la misma política; pues se sabe
de manera irrefutable que los beneficios de 2.058.000' li bras esterlinas,
obtenidas en el ejercicio 1903-1904, han afluido principalmente de las fábricas
instaladas en el extranjero. Pero las industrias extranjeras se están reforzando,
y tarde o temprano se sacudirán el yugo del 'control' inglés y reducirán los
tributos que pagan ahora. No es más que una cuestión de tiempo" (S C H W A
B , op. cit., pág. 42).
354 EL
CAPITAL FINANCIERO
raleza, porque la hacen independiente de la
voluntad del empresario, esto es, lá propiedad permanece por más tiempo, o
incluso definitiva mente, en el país exportador y se dificulta la
nácionalización del ca pital. En los casos en que tiene lugar exportación de
capital para la producción agrícola, la nacionalización sucede, generalmente,
de un modo mucho más rápido, como nos lo demuestra, sobre 'todo, el ejemplo de
los Estado^ Unidos.
Desde el punto de vista de la nación exportadora,
la exportación de capital puede tener lugar de dos formas: él capital emigra al
exterior como capital productor de intereses o como capital productor de bene
ficios. En calidad de este último puede actuar a su vez como capital
industrial, comercial o bancario. Desde el punto de- vista de la naciión a la
que se exporta, conviene saber de qué partes de la plusvalía hay que pagar el
interés. El interés que hay que pagar por los títulos hipo tecarios que se encuentran
en el extranjero significa que una parte de la renta de bienes raíces3 afluye
al exterior; y el interés que hay que pagar por las obligaciones de las
empresas industriales significa que afluye al extranjero una parte del
beneficio industrial.
f\ El
desarrollo del capital en capital financiero hace que en Europa emigre el
capital precisamente en esa forma. Un gran Banco alemá» fun da una filial en
el extranjero; ésta gestiona un préstamo cuyo producto se emplea para el
establecimiento de una instalación eléctrica; la obra
de instalación se asigna a la sociedád eléctrica
con. la que está relacio nada en la patria. El proceso puede
simplificarse-después como sigue: la filial extranjera del Banco funda en el
extranjero una empresa industrial, emite las acciones en el país de origen
encargando la construc ción a aquellas empresas con las que está relacionado
el Banco prin cipal. El proceso se realiza á la mayor escala tan pronto como
las ope raciones de préstamo de los Estados se ponen al servicio de la capta
ción de pedidos industriales. Es la unión estrecha entre capital bancario e
industrial la que fomenta rápidamente esta evolución de la exportación ' de
capital.
Condición previa de la exportación de capital es la
diversidad de la tasa de beneficios; la exportación de capital es el medio pará
la com pensación de las tasas nacionales de beneficios. El nivel del beneficio
depende de la composición orgánica del capital, esto es, del nivel del
desarrollo capitalista. Cuanto más avanzado sea éste, tanto más baja será la
tasa general de beneficios. Pero se suman otras causas especia les a esta
determinación general, que importa poco aquí, ya que se tratá de mercancías del
mercado mundial, cuyo precio está determinado por los métodos más desarrollados
de producción. En cuanto a lo que con cierne al tipo de interés, es mucho
mayor en lós países con escáso des-
Así, por
ejemplo, una parte de la renta de bienes raíces húngara afluye a Austria para
pago de intereses de los títulos hipotecarios de los institutos húngaros de
hipo
tecas que circulan en Austria. "v
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO
ECONÓMICO 355
arrollo capitalista y una organización bancaria y
crediticia deficientes que en los Estados capitalistas desarrollados, teniendo
en cuenta, además, que en el interés se contienen, por lo general, partes del
salario obrero o de la ganancia de empresario. El elevado interés constituye un
esti mulo directo para la exportación de capital de préstamo. La ganancia de
empresario está más alta porque la fuerza de trabajo es extraordi nariamente
barata y su menor calidad se compensa con un tiempo de trabajo extralargo. Pero
luego, como la renta de bienes raíces es baja o nominal, y como existe mucha
tierra libre, ya sea por naturaleza o por’ la posibilidad de expropiación
violenta de los indígenas, el bajo precio del suelo reduce también los costes
de producción. A ello se suma el alza del beneficio debida a los privilegios y
monopolios. Pero si se trata de productos, cuya área de venta la formaba el
mismo mercado nuevo, entonces se realizan elevados beneficios extra, ya que las
mer cancías producidas de forma capitalista entran en competencia con las
producidas de modo artesano.
Como quiera que suceda, la exportación de capital
siempre significa que aumenta la capacidad de absorción del mercado extranjero.
La vieja barrera para la exportación de mercancías sería dada por la capacidad
de absorción de los mercados exteriores para los productos industriales
europeos. Su capacidad de consumo estaba limitada por lá disposición de los
excedentes procedentes de su producción económico-natural o cual quiera otra
no desarrollada, cuya productividad no podía aumentarse rá pidamente ni, mucho
menos, se la podía transformar en poco tiempo en producción para el mercado. De
esta fornfa se coijiprende que la pro ducción inglesa capitalista, enormemente
más elástica y expansionista, abasteciera rápidamente las necesidades de los
mercados recientemente ábiertos y las superara, lo cual ha revestido después
como una super producción de la industria textil. Pero, de otro lado, la
capacidad de consumo de Inglaterra era limitada por lo que se refería a los
produc tos específicos de los mercados recién puestos en explotación. Lo que
no obsta para que, consideradá desde un aspecto puramente cuantita tivo, esta
capacidad de consumo fuera, naturalmente, mucho mayor que la de los mercados
extranjeros. Pero lo decisivo aquí era la condición cualitativa, el valor de
uso de los productos que los mercados extran jeros podían enviar a cambio de
las mercancías inglesas. En tanto se tratara de productos específicos del
consumo de lujo, su consumo era limitado en Inglaterra. Por otro lado, la
industria textil trataba de ex tenderse lo más rápidamente posible. Pero la
exportación de productos textiles hizo aumentar la importación de productos
coloniales, aunque el consumo de lujo no se amplió en la misma medida. Antes
bien, la rá pida expansión de la producción textil hizo que el beneficio se
acumu lase en una cuota creciente y que no se consumiera en productos de lujo.
De ahí que toda nueva apertura de mercados termine en Ingla terra con crisis
que, de un lado, son precedidas por la caida de precios de los productos
textiles en el extranjero, y, de otro, por la caída de pre
3SG EL CAPITAL
FINANCIERO
cios de los productos coloniales en Inglaterra. La
historia de las crisis inglesas demuestra la importancia de estas causas
específicas. Obsér-vese, por ejemplo, con qué cuidado seguía Tooke los precios
de los productos coloniales y cuán regularmente van acompañadas las crisis
industriales más antigües de la quiebra completa de
estos sectores co merciales. La situación no cambia hasta que aparece el
desarrollo del sistema moderno de transporte, -que traslada el peso a la
industria si derúrgica, mientras que, simultáneamente, el tráfico con los
nuevos mer cados se desplaza cada vez más en el sentido de que ya no se trata
de simple tráfico de mercancías, sino de exportación de capital. “
La exportación del capital como capital de préstamo
amplía ya ex traordinariamente la capacidad de absorción de los mercados
reciente mente abiertos. Si suponemos que un mercado recién abierto estuviera
en condiciones de exportar .mercancías por un millón dé libras esterli nas, su
capacidad de absorción en intercambio mercantil — supuesto un intercambio de
valores iguales— equivale también a un millón de libras. Pero cuando este valor
no se exporta como mercancía, sino como capi tal de préstamo, por ejemplo, en
la forma de un préstamo estatal, el valor de un millón de libras, del que puede
disponer el nuevo mercado para la exportación de sus excedentes, no sirve para
el intercambio de mercancías, sino para el pago de intereses del capital. Por
consiguiente, ahora no sólo puede exportarse un millón de libras a este país,
sino, además, 10 millones, por ejemplo, si este .valor se envía como capital y
el interés asciende al 10 por 100, y de 20 millones de libras si el in terés
desciende al 5 por 100. Esto demuestra, al mismo tiempo, la gran importancia de
la reducción del tipo de interés para la capacidad de expansión del mercado. La
aguda competencia del capital de préstamo extranjero tiene la tendencia a
disminuir rápidamente el tipo de interés también en los países atrasados y así
aumentar de nuevo la posibilidad de la exportación de capital. Mucho más
importante que la exportación en forma de capital de préstamo es el efecto de
la exportación de ca pital industrial, y ésta es la causa también- de que la exportación
de capital en forma de capital industrial adquiera cada día mayor impor
tancia. Pues la transferencia de la producción capitalista al mercado ex
tranjero lo libera completamente de la barrera interpuesta por la capa cidad
interna de consumo. El rendimiento de esta nueva producción ase gura la
explotación del capital. Para la venta, sin embargo, no importa únicamente el
nuevo mercado. Más bien él capital se dirigirá también a ramas de la producción
de estas nuevas áreas, la venta de cuyos pro ductos está asegurada en el
mercado mundial. La capitalización de Sud-
áfrica, por ejemplo, está enteramente desligada de
su capacidad de ab sorción, ya que su principal rama de la producción, lá
explotación de las minas de oro, es precisamente ilimitada en su posibilidad de
venta y la capitalización no depende más que de la capacidad natural de ex
pansión de la explotación y de la disponibilidad de una mano de obra
suficiente. La explotación de yacimientos de f:obre, por ejemplo, es igual
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y
LA LUCHA POR
EL ESPACIO ECONÓMICO 357
mente independiente de lá capacidad de consumo de
la colonia, mien tras que ¡as industrias productoras de bienes de consumo, y
que tienen que encontrar su colocación en el nuevo mercado por sí mismas"
en su mayor parte, chocan muy pronto en su expansión con los límites de lá
capacidad de consumo.
De esta forma, la exportación de capital amplía la
barrera que brota de la capacidad de consumo de los nuevos mercados. Pero, al
mismo tiempo, la transferencia de métodos capitalistas de transporte y produc
ción al país extranjero favorece un rápido desarrollo económico, el na
cimiento de un mercado interior más amplio debido a la disolución de las
interconexiones económicas naturales, la expansión de la produc ción para el
mercado y, con ello, el aumento de aquellos productos que se exportan y que pueden
servir otrá vez para pagar los intereses del capital nuevamente importado. Si
la apertura de colonias y nuevos mer cados significaba antes, sobre todo, la
puesta en explotación de nuevos bienes de consumo, actualmente la inversión de
capital nuevo se dirige principalmente a los mercados que suministran materia
prima para la industria. Simultáneamente con la expansión de la industria
nácional, que sirve a las necesidades de la exportación de capital, el capital
ex portado se dirige a la producción de materias primas para la misma in
dustria’1nacional. Así, los productos del capital exportado encuentran
aceptación en la patria, y aquel estrecha círculo en que se movía la producción
en Inglaterra experimenta una ampliación 'extraordinaria con la alimentación
mutua de la .industria nacional y la creación del capital exportado.
“ Pero ya sabemos que la apertura de nuevos
mercados es un factor rimportante para poner fin a una depresión industrial,
para prolongar la duración de la prosperidad y para atenuar los efectos de las
crisis. La exportación de capital acelera la puesta en explotación de los
países
extranjeros y desarrolla ampliamente sus fuerzas
productivas. A l mis
mo tiempo, aumenta en el. interior la producción
que tiene que suminis
trar aquellas mercancías que se envian al exterior
como capital. De esta forma, se convierte en una poderosa fuerza motriz de la
producción ca pitalista, que, con la generalización de la exportación de
capital, entra en un nuevo período de impetuosa e irresistible actividad (Sturm
und Dtang) i, mientras que reduce el ciclo de prosperidad y depresión, y la
crisis aparece suavizada. El rápido aumento de la producción crea también un
aumento de la demanda de fuerza de trabajo que favorece a los sindicatos obreros;
la tendencia a la pauperización inmanente en el capitalismo parece vencida en
los países de alto desarrollo capitalista. La rápida crecida de la producción
impide una visión clara y consciente de los males deñk sociedad capitalista y
crea un juicio optimista con res pecto a su fuerza vital.
Según la
acertada expresión de P a r v lis , Die Handelskrise und die Geíverkschaf-ten.
Munich, 1901.
358 EL
CAPITAL FINANCIERO
--------- -y ----------------- — ------------------------------------------------------
V
La puesta en explotación más rápida o más lenta de
las colonias y de los nuevos mercados depende ahora, esencialmente, de su
capacidad de servir como inversiones de capital. Esta es mayor cuanto más rica
servia colonia en productos cuya producción pueda realizarse de forma
capitalista, cuya venta en el mercado mundial esté asegurada y que ten ga
importancia para la industria nacional. La rápida expansión del ca pitalismo
desde 1895 ha motivado, sobre todo, una subida de precios de los metales y del
algodón y, con ello, ha intensificado mucho el impulso a abrir nuevas fuentes
para estas importantes materias primas. Asi, la exportación de capital se
dirige, sobre todo, a regiones que pue den' producir estos productos y ‘a
zonas cuya minería se explota inme diatamente en forma altamente capitalista.
Con esta producción se vuel ve a aumentar el excedente que puede exportar lá
colonia y se da así la posibilidad de nuevas inversiones de capital. Así, pues,
el ritmo de capitalización de los nuevos mercados se acelera
extraordinariamente; el obstáculo para lá puesta en explotación no es- la falta
de capital en este país, que puede remediarse con la importación de capital;
hay otra cir cunstancia que, frecuentemente, y cada vez en mayor medida,
inter viene con sus efectos perturbadores: la falta de trabajo “libre”, es de
cir, de trabajo asalSiadtS La cuestión obrera adquiere formas agudas y no
parece poderse solucionar más que con medios violentos.
Como siempre que el capital se enfrentá por primera
vez con rela ciones que contradicen sil necesidad de explotación y cuya
superación no_ sucedería más que lenta y gradualmente, el capital apela a la
fuer za del Estado y la pone ál servicio de la expropiación violenta que crea
el necesario proletariado libre, ya se tráte, como en sus principios, de
campesinos europeos, de los indios mejicanos o peruanos, o, como en la
actualidad, de los negros africanos5. Los métodos violentos perte necen a la
esencia de lá política colonial, que sin ellos perdería su sen tido, al igual
que la existencia de un proletariado desposeído es una co/z-ditia sine qua non
del capitalismo. Llevar a cabo una política colonial «pudiendo suprimir sus
métodos violentos es una ilusión no más digna de tomar en serio que la de
suprimir el proletariado conservando el ca pitalismo.
Los métodos del trabajo forzado son múltiples. El
medio principal es la expropiación de los indígenas a quienes se les quita la
tierra y con ella la base de su existencia anterior. La tierra pasa a ser
propiedad de los conquistadores, prevaleciendo cada vez más la tendencia a
entregarla no a emigrantes individuales, sino a grandes sociedades
territoriales. Así sucede especialmente cuando se trata de la explotación de
productos minerales. En ese caso, la riqueza capitalista se concentra en manos
de unos cuantos magnates con arreglo a los mffodos d eja acumulación pW-Áitivá.
Piénsase en las riquezas enormes que se concentran de este modo
“ Véanse
ejemplos, en P A IW U S , Die Kolonialpolitik und dec Zusammenbcuch, Leip
zig, 1907, págs. 63 y sigs. ‘v
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y
LA LUCHA POR
EL ESPACIO ECONÓMICO 359
en manos del grupo que explota las minas de oro y
los campos de dia mantes del Africa del Sur inglesa, y, en menores
proporciones, en ma nos de las sociedades coloniales alemanas en Africa
suroccidental, ínti mamente vinculadas a los grandes Bancos. La expropiación
convierte, al mismo tiempo, a los indígenas liberados en un proletariado que
tiene que convertirse én un objeto inerte de explotación. La misma expropia
ción se justifica después gracias a la resistencia que las exigencias de los
conquistadores tienen que encontrar, naturalmente, en los indígenas. La
irrupción violenta de los inmigrantes crea incluso los conflictos que hacen
“necesaria” la intervención estatal, y el Estado cuida de que se haga un
trabajo a conciencia. El deseo del capital de nuevos objetos inertes de
explotación se presenta como “liberación" de territorios y se convierte en
misión del Estado, a cuyo servicio ha de ponerse toda la nación, es decir, en
primer lugar, los soldados proletarios y los contri buyentes de la metrópoli.
En los casos en que la expropiación no se consigue
de manera tan radical y súbita, se logra el mismo objetivo con el
establecimiento de un sistema tributario que exija de los indígenas pagos en
dinero tan gran des que únicamente se pueden reunir mediante un trabajo
incesante al servicio del capital extranjero. Lá educación al trabajo ha
alcanzado su perfección en el Congo belga, donde, junto al opresivo gravamen
tributario, el empleo crónico más infame de la fuerza, el engaño y el firaude
constituyen los medios de la acumulación capitalista. La escla vitud se
convierte de nuevo en un ideal económico y, al mismo tiempo, renace el espíritu
de la bestialidad que a través de los detentadores de intereses coloniales pasa
de las colonias a la madre patria y festeja allí sus repugnantes orgías 6.
Si la población indígena no es suficiente para
proporcionar el nivel deseado de la tasa de plusvalía, ya sea porque debido a
un celo excesivo de la expropiación no solamente se liberó a los indígenas de
la tierra, sino también de la vida, ya sea porque la población no es bastante
re sistente o numerosa, entonces el capital procura solucionar el problema de
la mano de obra recurriendo al trabajo extranjero. Se organiza la im portación
de cootis * y, al mismo tiempo, mediante el refinado sistema de la esclavitud
contractual, se cuida de que las leyes de la oferta y la demanda no puedan
ejercer ningún efecto desagradable sobre este.mer cado del trabajo. De todas
formas, esta solución del problema de tra bajo no es radical para el capital.
La importación de coolis choca con
“ Piénsese, por ejemplo, en el escaso entusiasmo
que existe en el país de los poetas y pensadores por un Cari Peters. Este
fenómeno les era ya evidente a los libre* cambistas ingleses y al hacer
hincapié en él se valían de un buen medio de agitación contra la política
colonial. Cobden dice así: "Is it possible, that v/e can play the part of
despot and butcher there (in India), ■without finding our character deteriórate
at
home?". Citado en S C H U L Z E - G A V E R N
I T Z , op. cif., nota 104.
Cooli:
jornalero chino, japonés, indio o malayo; en general: quien ejecuta presta
ción personal, trabajos pesados a cambio de un sueldo muy reducido.— N . del T.
360 EL
CAPITAL FINANCIERO
la resistencia cada vez mayor de los obreros
blancos en todos los paí ses en que todavía queda espacio para asalariados
blancos. Pero, al mis mo tiempo, resulta peligrosa también para las clases
dominantes allí donde la política colonial europea entra en conflicto de
intereses con las aspiraciones expansionistas cada vez mayores del Japón, ál
que seguirá en un futuro próximo la misma China T.
Si se restringe así la inmigración de trabajo
amarillo, la expansión del campo del trabajo blanco es, por otro lado, aún más
limitada. La liberación de trabajadores por el desarrollo del capitalismo ha
llegado en gran parte a una paralización en Europa. La rápida expansión del ca
pitalismo ha creado incluso una tendencia opuesta (en parte y para lá época de
este período de Sttirm und Drang) en- los países más avan zados.
Asi, el capitalismo alemán choca con la barrera de
la población obre ra en los dos últimos períodos de alta coyuntura y tiene que
procurarse el reclutamiento necesario del ejército industrial de reserva con
traba jadores extranjeros. En proporciones mucho mayores el capitalismo de los
Estados Unidos depende también de la inmigración, mientras que el lento
desarrollo de Inglaterra se manifiesta también en la sensible escasez de mano
de obra que padece. Así, pues, el área de emigración europea se ha reducido a
la Europa meridional y sudoriental y a Rusia. Pero, al mismo tiempo, ha crecido
extraordinariamente la necesidad de trabajo asalariado a ponsecuencia de la
rápida expansión.
Los Estados que por motivos sociales o políticos
excluyen la inmigra ción asiática chocan en su expansión con la barrera de la
población, y esta barrera es más difícil de. vencer precisamente para aquellas
regio nes donde el desarrollo capitalista tiene el mejor porvenir, coálo, por
ejemplo, Canadá y Australia. Además, la expansión de la agricultura requiere
uná población adicional creciente en estas regiones con grandes extensiones de
ierra libera y se opone al nacimiento de un proletariado desposeído. El propio
crecimiento demográfico de estas regiones, sin em bargo, es
extraordinariamente pequeño. Pero también el aumento de po blación en los
Estados desarrollados europeos va disminuyendo constan temente8, con lo que
decrece la emigración del excedente de población disponible.
7 Véase, a este respecto, la discusión sobre la
cuestión de la inmigración en Neue Zeií, X X V I, 1, especialmente O T T O B A
IIE R , Proleíarische Wanderungen, y M A X S C H IP - P E , Die {remden
Arbeifskrafte und die Geseízgebung der verschiedenen, Lándec.
V éanse a
este respecto, por
ejemplo, los datos
de P A U L M O M B E R T , Studien zur
Bevolkerungsbewegung in Deutschland, 1907. P or
cada 100 habitantes correspondían en E uro p a los siguientes nacim ientos en
el prom edio de los años:
1841-1350 ..................... ................ 37,8 1881-1885 ......................................... 38,4
I85Í-1860 ........................................ 37,8 1886-1890 ......................................... 37,8
1861-1870 ......... ............................ 38,6 1891-1895 ......................................... 37,2
1871-1*875 ......... A . 39,1 1896-1900 .........
' ............................. 36,9
1876-1880 ........................................ 38,7 1901
.................................................. 36,5
Igualmente, es
muy considerable el retroceso de
la-natalidad en los Estados Uni-
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y
LA LUCHA POR
EL ESPACIO ECONÓMICO 361
Este crecimiento lento tiene consecuencias graves
precisamente en los países en los cuales la expansión de los productos
agrícolas es muy im portante, es decir, en Canadá, Australia y Argentina. Esta
lentitud mo tiva la tendencia ál alza de los precios de los productos
agrícolas, que se acentúa cada vez más a pesar de la capacidad de expansión, en
sí fuerte, de la producción agrícola.
Ahora bien, la barrerá de la población es
únicamente relativa; ex plica por qué la expansión capitalista no avanza de un
modo aún más impetuoso, pero en ningún modo elimina la expansión misma. Lleva
den tro de sí misma su remedio. Prescindiendo de la creación ■de trabajo
asalariado libre o de trabajo forzado en los territorios coloniales; pres
cindiendo de la liberación relativa, continuamente activa, de trabajo blan co
debida a los progresos técnicos en las metrópolis capitalistas, la cual con el
retardo de la expansión llegaría a ser una liberación absoluta, resultaría que
una restricción más fuerte de la expansión capitalista en los territorios de
colonización por el trabajo blanco tendría como con secuencia que el
capitalismo se dirigiera en proporciones aún mayores a las regiones agrarias
todavía retrasadas de la misma Europa, procu rando superar los obstáculos
políticos que allí subsisten y abriendo para sí regiones donde, después de
destruir la iajlustria ártesana local, con seguiría desplazar de la
agricultura una parte de la población agrícola, lograaRÍo con ello una cantidad
considerable de nuevo material idóneo para aumentar la emigración.
Tan pronto como los nuevos mercados dejan de ser
simples áreas de venta para convertirse en zonas de inversión de capital se
registra un cambio en la actitud política de los países exportadores de
capital.
El simple comercio, mientras no iba unido al robo y
saqueo del co mercio colonial, sino que abarcaba el comercio con una población
blanca
dos y asombroso en Australia. En Nueva Gales del
Sur, por ejemplo, por cada 1.000 mujeres casadas en la edad de quince a
cuarenta y cinco años correspondían, en él año 1881, 340,8, y en el año 1901,
235,3 nacimientos legítimos (Véanse también lós datos de S C H U L Z E -GÁ V E
R N IT Z , op. cit., pág. 195, que cita la voz de alarma del esta dístico
gubernamental Coghlen: "El problema de las cifras descendentes de los
naci mientos es de una importancia superior a todo y .para Australia más que
para ningún otro país. De su solución satisfactoria depende el que nuestro país
ocupe un lugar entre las grandes naciones del mundo").
Por consiguiente, el aumento de población en las
regiones mencionadas hay que atribuirlo 'únicamente al importante retroceso de
la mortalidad, que descendió mucho más que la natalidad. Hasta ahora, en
Alemania la mortalidad ha descendido más rápi damente que la natalidad.
"Si se sigue manteniendo el retroceso de esta última tiene que llegar un
punto, y esto depende de la naturaleza de las cosas, en que la disminución de
la mortalidad suceda más lentamente y se invierta la relación de disminución de
ambos. Pero, con ello, el exceso ^ nacimientos tiene one tomar también una
tendencia
.descendente” ( M o m b e r t,7 o c . cit., pág.
263). Esto último es cierto ya, por ejemplo, para Inglaterra, Gales, Escocia y
Suecia.
Para esta fase de la expansión capitalista es
acertado también el juicio final "de Momliert: "Quizá se vea en un
tiempo no muy lejano que el punto crucial de la cues tión de la población
estriba, y no sólo en el caso de Francia, menos en un crecimiento de la
población demasiado fuerte que en uno demasiado débil" (pág. 280).
362 EL
CAPITAL FINANCIERO
o amarilla, resistente y relativamente
desarrollada, dejó, durante mu cho tiempo, intacta en su base la estructura
social y política de estos países y se limitó únicamente a las relaciones
económicas. Mientras exis tía un poder estatal y capaz de mantener el orden,
el dominio directo era menos importante. La situación cambia con la
multiplicación descomu nal de la exportación de capital. El riesgo es mucho
mayor cuando se construyen ferrocarriles en un país extranjero, se adquiere
tierra, se ha cen instalaciones portuarias, se descubren minas y se explotan,
que cuan do simplemente se compran y venden mercancías.
El atraso de las normas jurídicas se convierte así
en -una barrera cuya superación exige cada vez con mayor energía el capital
financiero, incluso con medios violentos. Esto lleva a conflictos cada vez más
agu dos entre los Estados capitalistas desarrollados y los poderes estatales
dé las regiones atrasadas, a intentos cada vez más apremiantes de im poner a
estás regiones las normas jurídicas correspondientes al capita lismo, bien
respetando o destruyendo los poderes que había hasta en tonces. A l misino
tiempo, la competencia por las zonas recién abiertas de inversión lleva consigo
nuevas contradicciones y.conflictos entre los mismos Estados capitalistas
desarrollados. Pero ejj los mismos países recién puestos en explotación el
capitalismo importado agudiza los con trastes y excita la resistencia
creciente de los pueblos que despiertan a la conciencia nacional contra los
intrusos, resistencia que puede lle gar fácilmente a la adopción de medidas
perjudiciales-para el capital ex tranjero. Las viejas estructuras sociales se
subvierten por completo; se rompe la milenaria vinculación agrícola de las
"naciones sin historia” y se las sumerge incluso en el remolino
capitalista. El mismo capitalismo les da poco a poco a los subyugados los
medios y el camino para su liberación. La meta que antes fue la más alta de las
naciones europeas, la creación del Estado unitario nacional como medio de la
libertad eco nómica y cultural, la hacen su.ya aquellas naciones.
Esfe^movimiento de independencia amenaza al capital europeo precisamente en sus
comar cas de explotación más ricas y de mejor porvenir, y se ve constreñido
cada vez más á mantener su dominio gracias al continuo incremento de sus medios
coactivos.
De ahí el clamor de todos los capitalistas
interesados en países co loniales exigiendo un poder estatal fuerte, cuya
autoridad proteja tam bién sus intereses en los rincones más alejados de lá
tierra; de ahí el prestigio de la bandera de la guerra, que tiene que verse en
todas par tes para que se pueda plantar en todos los lugares la bandera comer
cial. Pero cuando más a gusto se siente la exportación de capital es donde
existe^ el'dominio completo de la nueva región mediante el poder estatal de su
país. Pues entonces está excluida la exportación de capi tal de otros países,
goza de una posición privilegiada y sus beneficios reciben, incluso, en lo
posible, la garantía del Estado. Así, pues, la ex portación de capital actúa
también en pro de una política imperialista.
La exportación de capital, especialmente^ desde que tiene lugar en
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO
ECONÓMICO 363
forma de capital industrial y financiero, ha
acelerado enormemente la subversión de todas las viejas relaciones sociales y
la difusión del ca pitalismo por todo el globo.- El desarrollo capitalista no
sucedió de un modo autóctono en cada país individual, sino que con el capital
se im portaron, al mismo tiempo, producción capitalista y relaciones de explo
tación, y, desde luego, siempre en el grado alcanzado en el país avan zado.
Así como hoy una industria recién nacida no se desarrolla desde los principios
y la técnica artesanos a las modernas empresas gigantes, sino que se funda
desde un principio como empresa altamente capitalista, el capitalismo actual
también se importa en un país con el respectivo grado de perfección y despliega
por eso su efecto revolucionario con mucha más violencia y en un tiempo mucho
más corto del que ha ne cesitado el desarrollo capitalista en Inglaterra y
Holanda, por ejemplo.
. En la historia de la exportación de capital la
revolución de los me dios de transporte hizo época. Los ferrocarriles y los
barcos a vapor tienen en sí una importancia colosal para el capitalismo debido
a la re ducción del tiempo de circulación de las mercancías. De esta forma, se
libera primeramente capital circulante y luego se incrementa la tasa de
beneficios. El abaratamiento de la materia prima reduce el precio de coste y
áiíplía el consumo. Además, los ferrocarriles y los barcos a va por crean aquellos
grandes espacios económicos que hacen posible los modernos establecimientos
gigantes con su producción en masa. Pero, sobre todo, fueron lo ferrocarriles
el medio más importante para la pues ta en explotación de los mercados
extranjeros. Solamente a través de ellos fue posible en proporciones tan
colosales la utilización por Europa de los productos de estos países y la
ampliación del mercado tan rápi damente hasta set un mercado mundial. Sin
embargo, aún fue más im portante el hecho de que la exportación de capital se
hiciera ahora ne cesaria para la construcción de estos ferrocarriles, que se
construyeron casi exclusivamente con capital europeo, especialmente inglés.
La exportación de capital era el monopolio de
Inglaterra y le ase guraba a este país, al mismo tiempo, el dominio del
mercado mundial. Por consiguiente, Inglaterra no necesitaba temer, industrial o
financie ramente, la competencia de otros. Por eso, su ideal continuó siendo
la libertad del mercado. Por el contrario, la superioridad de Inglaterra tuvo
que llevar tanto más a todos los otros países a retener y ampliar su do minio
sobre las regiones ya conquistadas para estar protegidos, al me nos dentro de
sus fronteras, contra la poderosa competencia inglesa.
Pero lá situación cambió tan pronto como se rompió
el monopolio de Inglaterra, y al capitalismo inglés, insuficientemente
organizado y poco eficaz debido al libre cgpibio, le salieron unos competidores
supe riores en el capitalismo americano y alemán. La evolución hacia el ca
pital financiero creó en estos Estados un fuerte impulso a la exportación
de capital.
Hemos visto cómo el desarrollo del sistema de
acciones y de los cattels crea ganancias de fundador que afluyen a los Bancos
como ca
364 EL
CAPITAL FINANCIERO
pital deseoso de utilización. A ello se suma que el
sistema de arancel proteccionista restringe el consumo interior y por eso
permite forzar la exportación. Al mismo tiempo, las primas de exportación
facilitadas por el arancel proteccionista constituyen un medio para hacerle a
Inglaterra una poderosa competencia en los mercados neutrales, competencia tan
to más peligrosa cuanto que la joven gran industria de estos países (Es tados
Unidos y Alemania) es, en parte, técnicamente superior a la in glesa por la
modernidad de sus instalaciones. Pero si las primas de ex portación se han
convertido en un medio importante para la lucha de competencia internacional,
este medio será más eficaz cuánto más ele vadas puedan ser las primas de
exportación; esta altura depende del nivel del arancel. Su aumento constituye
ahora- el interés de toda la clase nacional de capitalistas, y a este principio
se aferran todos, con el transcurso del tiempo. El establecimiento de un
arancel proteccionista en un país arrastra necesariamente tras sí el
establecimiento de un aran cel en otro país, y ello es tanto más seguro cuanto
más desarrollado esté el capitalismo en este último país, y cuanto más
poderosos y más ex tensos sean los monopolios capitalistas. El nivel del
arancel proteccio nista se convierte en un factor decisivo en 1a competencia
internacional. El aumento en un país tiene que ser seguido inmediatamente en
otro para no empeorar las condiciones de competencia, para* no estar en in
ferioridad de condiciones en el mercado mundial. También el arancel
proteccionista industrial, al igual que el arancel agrario, se convierte en una
espiral sin fin.
Pero lá lucha de competencia, que únicamente tiene
que ser resuelta por un precio más barato de la mercancía, amenaza siempre con
oca sionar pérdidas o con impedir la percepción competa del beneficio me dio.
El ideal de las grandes asociaciones capitalistas también es aquí la exclusión
de la competencia. Y tanto más, ya que para ellas, como hemos visto, la
exportación se convierte en una necesidad urgente que tiene que cumplirse bajo
todás las circunstancias, porque así lo exigen imperiosamente las condiciones
técnicas de una escala lo mayor posible de la producción. Pero en el mercado
mundial reina la competencia y, por de pronto, no queda más remedio que
sustituir una clase de compe tencia por otra mqnos peligrosa. En lugár de la
competencia en el mer cado de mercancías, donde únicamente decide el precio de
éstas, entra en acción la competencia en el mercado de capitales, en la oferta
de
capital de préstamo, cuya concesión está ya unida a
la condición de una absorción posterior de las mercancías. La exportación de
capital se convierte ahora en medio para asegurar los
suminístrós"industriáles del país exportador de capital. El comprador no
tiene ahora elección; se convierte en deudor y,* con ello, en una persona
dependiente que tiene que aceptar las condiciones del acreedor. Servia no rcibe
ningún prés tamo de Austria, Alemania o Inglaterra más que si se coritpromete
a com prar sus cañones o su material ferroviario a Skoda, Krupp o Schneider.
La lucha por la venta de mercancías se coñvierte en una lucha por las
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y LA
LUCHA POR EL
ESPACIO ECONÓMICO
zonas de inversión del capital de préstamo entre
los grupos bancarios nacionales; y como a causa de la nivelación internacional
de los tipos de interés la competencia económica está contenida dentro de
límites relativamente estrechos, la lucha económica se convierte rápidamente en
una lucha por el poder, que tiene que llevarse con armas políticas.
No obstante, económicamente les queda una ventaja a
los viejos Estados capitalistas, precisamente gracias a estas luchas.
Inglaterra0 posee una industria vieja, saturada de capital, que, adaptada a las
ne cesidades del mercado mundial desde los tiempos del monopolio inglés sobre
él, se desarrolla más lentamente que la alemana o la norteame ricana y su
capacidad de expansión es menor. Pero, por otro lado, el capital acumulado es
extraordinariamente grande y de sus inversiones exteriores afluyen siempre nuevas
masas de beneficios para la acumu lación en Inglaterra. La relación entre las
masas de capital disponible para acumular y el capital que puede ser objeto de
inversión en el inte rior es elevadísima; por eso es-aquí más fuerte el
impulso a las inver siones exteriores y el tipo de interés exigido el más
pequeño. Por otras causas ha sobrevenido también el mismo efecto en Francia.
También hay aquí vieja riqueza acumulada, aunque no tan concentrada con arre
glo a sus relaciones de propiedad, pero sí centralizada por la Banca, junto a
una afluencia continua procedente de las inversiones exteriores, de un lado, y
un desarrollo industrial estancado en el propio país, de otro, y de ahí también
el fuerte impulso a la exportación de capital. La ventaja de estos países
solamente puede recuperarse políticamente me-
El capital
inglés invertido en el extranjero se calculó eh 1900 en 2.500 millones de
libras esterlinas, con un aumento anual de 50 millones, de ellos 30 millones en
títulos.
Sus inversiones de capital en el extranjero parecen
crecer más rápidamente que en el interior; en todo caso, mientras la renta
nacional británica solamente se ha duplicado en los años 1865 al 1898, los
ingresos procedentes del extranjero han aumentado nueve veces en el mismo
espacio de tiempo (G IF F E N ) . Un informe de George Paish, publi cado en el
Journal of the Roy al Staiístical Society, septiembre de 1909, contiene datos
minuciosos a este respecto. Según él, los ingresos por los préstamos estatales
a la India ascendieron a 8.768.237 libras esterlinas en 1906-07; los
procedentes de las demás co lonias, a 13.952.722 libras; los de todos los
demás países, a 8.338.124 libras; en total, 31.039.083 libras esterlinas contra
25.374.192 en el año 1897-98. Los ingresos por otros conceptos
(¡ferrocarriles!) se calculan en 48.521.000 libras. La suma del capital inver
tido eh el extranjero se calcula en 2.700 millones de libras esterlinas, de los
que 1.700 millones están invertidos en ferrocarriles. Los ingresos derivados de
este capital se estiman en 140 millones de libras, lo cual corresponde a un
interés del 5,2 por 100. Ha de tenerse en cuenta <¡ue estas estimaciones
fueron muy prudentes y pecan, en
todo caso, por defecto más <jue por exceso.
P. Lerov Reaulien estimaba el capital francés
invertido en el extranjero en 34.000 millones de'francos; en 1905 debió crecer
a 40.000 millones. La nueva inversión anual
se calcula en 1.500 millones de francos.
Los bienes alemanes en'el extranjero los ha
calculado Schmoller, en el conocido informe para la Comisión de la Encuesta
Bursátil, de 1892, en 10.000 millones de mar cos. W . Christians. en 13.000
millones, cuya ganancia anual es de 500 a 600 millo nes de marcos. Para 1906,
Sartorius estima 16.000 millones en títulos y 10.000 millo nes en las otras
propiedades en el extranjero, y unos ingresos anuales de cerca de 1.240
millones de marcos. Más detalles, en S A R T O R IU S , op- cií., págs. 88 y
sigs.
366 EL
CAPITAL FINANCIERO
diante una presión más fuerte de la diplomacia (un
medio peligroso y por eso limitado), o, económicamente, mediante sacrificio de
los precios, que compensaría eventualmente un interés más elevado.
¡“~ La violencia de la competencia despierta, sin
embargo, la tendencia a su eliminación. Lá forma más fácil de que esto pueda
suceder es in cluir en el mercado nacional partes del ‘mercado mundial, esto
es, ane xionarse regiones extranjeras, mediante; la política colonial. Si al
libre ■eambio le eran indiferentes las colonias, e-1 arancel proteccionista
lleva directamente- a una actividad mayor en la zona de lá política colonial.
Aquí se enfrentan directamente de forma antagónica los intereses de los Estados.J
En el mismo sentido actúa también otro factor.
Desde el punto de vista puramente cuantitativo, es más ventajoso para un país
exportar su capital como productor de beneficios que como productor de intere
ses, ya que el beneficio es mayor que el interés. Además, cuando los
capitalistas exportadores invierten su capital como capital industrial, la
disposición sobre el capital es inmediata y el control directo. Lá influen cia
que el capital inglés invertido en bonos de los ferrocarriles america nos
puede ejercer sobre la política de los dueños americanos de éstos es mínima,
mientras es decisiva cuando, la empresa industrial funciona con capital inglés.
Pero hoy en día los protagonistas de la exportación de capital industrial son,
sobre todo, los cartels y trusts, y ello por di versas razones. Primeramente,
lo son más en las industrias pesadas, en las que, como hemos visto, es más
fuerte el impulso de exportación de capital con vistas a ganar nuevos mercados
para la producción propia que aumenta en proporciones gigantescas. Lá
construcción de ferroca rriles, la explotación de minas, el aumento de los
armamentos de gue rra de los Estados extranjeros, el establecimiento de
instalaciones eléc tricas, constituyen, sobre todo', el interés de estas
industrias pegadas monoipolísticas. Tras ellas están también los grandes
Bancos, tan intima mente vinculados a éstos sectores. A ello se suma que el
impulso hacia la expansión de la producción en las industrias cartelizadas, de
un lado, es muy fuerte, y, de otro, que la expansión del mercado interior viene
frenada por el elevado precio de cartel, de tal
forma que la apertura de nuevos mercados garantiza la mejor posibilidad de
satisfacer la ne cesidad de expansión. Además, gracias a sus superbéneficios,
los cartels disponen siempre de capitales dispuestos para la acumulación, que
pre fieren invertirse en sus propias sectores, donde la tasa de beneficios es
más elevada. A l mismo tiempo, la unión entre los Bancos y la industria es aquí
la más estrecha, y la posibilidad de las ganancias de fundación, debida a lá
emisión de acciones por las nuevas empresas, se convierte en un fuerte motivo
para la exportación de capital. Así, yernos actual mente que la tendencia más
intensa hacia la exportación ele,capital in dustrial se registra en los países
con industria más avanzada en cuanto a organización: en Alemania y los Estados
Unidos. Esto explica el fe nómeno particular de que estos Estados exporten, de
un lado, capital,
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO ECONÓMICO 367
y, de otro, importen, en .parte, del extranjero el
capital necesario para la propia economía. Ante todo, exportan capital
industrial y amplían así la industria propia, cuyo capital de empresa lo
importan, en parte, en forma de capital de préstamo, de países con un
desarrollo industrial más lento, pero con una mayor riqueza de c&pital
acumulada. De esta forma, no solamente se aprovechan de la diferencia entre el
beneficio industrial que hacen en el mercado extranjero y ed interés mucho más
bajo que pagan a Francia o Inglaterra por el capital prestado, sino que, con
esta clase de exportación de capital, se aseguran, al mismo tiempo, la
expansión más rápida de la industria propia. Así, por ejemplo, los Estados
Unidos exportan en la mayor medida capital industrial a Amé rica del Sur,
mientras que, al mismo tiempo, importan capital de prés tamo de Inglaterra,
Holanda, Francia, etc., en forma de acciones y obli gaciones10 para el
servicio de su industria.
Así, pues, forzando la exportación de capital, el
sistema de cartels y trusts concede á los capitalistas del país donde es más
avanzada la monopolización de la industria una ventaja sobre los países con una
industria menos organizada, despertando en ellos el deseo de acelerar con el
arancel proteccionista la cartelización de la propia industria, mien tras que
en los países avanzados refuerza el deseo de asegurarse a toda costa la
continuación de ia exportación de capital, excluyendo toda com petencia del capital
extranjero.
Si la exportación de capital en sus formas más
avanzadas la reali-zán los sectores capitalistas cuya concentración es más
avanzada, la misma exportación impulsa, a su vez, el proceso de formación y
acumu lación de riquezas en tales sectores. Son los Bancos y las ramas de la
industria más grandes los 'que consiguen para sí las mejores condiciones para
la explotación del capital en los mercados exteriores. Sobre los grandes Bancos
y la gran industria recaen los cuantiosos superbenefi-cios, en los que ni siquiera
pueden soñar las fuerzas capitalistas más pe queñas.
La política del capital financiero persigue, pues,
tres objetivos: pri mero, ía creación de un espacio económico lo más grande
posible; se gundo, la exclusión en él de la competencia extranjera mediante
ías mu rallas del arancel proteccionista, y tercero, lá conversión del mismo
en área de explotación para las asociaciones monopolísticas nacionales. No
obstante, estos objetivos tenían que chocar agudamente con lá política
económica que ha realizado en Inglaterra, plenamente, el capital indus trial durante
su hegemonía única (en el sentido doble de que dominaba ¿
capital comercial y bancario y de que, al mismo
tiempo, tenía el do minio absoluto en el merrado mundial). Y tanto más cuanto
que la rea lización de la política de] capital financiero en los otros países
también
También
donde el capital europeo está invertido en forma de acciones norte americanas
no cobra a menudo nada más que interés, ya que la ganancia de empresa rio está
anticipada ya en los beneficios de promoción de los Bancos americanos.
368 ÉL
CAPITAL FINANCIERO
amenazaba cada vez más los intereses del capital
industrial inglés. El país del libre cambio era el punto natural de ataque de
la competencia exterior. A decir verdad, el dumping tuvo también sus ventajas
para la industria inglesa. La industria manufacturera obtuvo una materia prima
barata mediante la competencia ruinosa. Por otro lado, esta circunstan cia
perjudicaba precisamente a las industrias de materias primas. Pero entonces,
con el progreso de la cartelización, con la asociación de fases de la producción
cada vez más amplias y con la formación del sistema de primas de exportación,
tenía que sonar también la hora para áque-las industrias inglesas que habían
disfrutado hasta entonces del dump~ irig. A todo lo cual se añade como factor
importante que el arancel abre la perspectiva de una era de monopolización más
rápida con sus posibilidades de superbeneficios y beneficios dé promoción, que
cons tituyen un gran atractivo para el capital inglés.
Por otro lado, también es posible una unión de
Inglaterra con sus colonias por medio de un arancel proteccionista. Las
colonias autónomas de Inglgaterra son en su mayoría Estados que tienen
importación, sobre todo, como proveedores de materias primas i1,1 a Inglaterra
y como com pradores de productos industrialestra. La política de arancel
proteccio
"En los
últimos veinte años ha aumentado la importación de trigo y demás cereales
procedentes del extranjero en cuatro millones de libras esterlinas, o sea, en
el
9 por 100, y la de las posesiones británicas en
9,'25 millones, de libras, o sea en el 84 por 100. La importación de carne del
extranjero muestra un aumento de 16,5 mi llones de libras esterlinas, o sea,
el 79 por 100, y la de las posesiones británicas, ocho millones de libras, o
sea el 230 por 100. La importación de mantequilla y queso de los países
extranjeros, 9,5 millones de libras, o sea el 60 por 100 de incremento, y el
630 por 100 la de las posesiones británicas.
La importación de todas las clases de cereales
procedentes de las posesiones bri-tánicas ascendió en 1895 a 7.722.000 libras
esterlinas; en 1905 a 20.345.000 libras, con incremento de 12.623.000 libras, o
sea, del 163 por 100. A l mismo tiempo, aumentó la importación del exterior
únicamente de 45.359.000 libras esterlinas a 49-684.000 libras, un incremento
de 4.323.000 libras, o sea, del 9 por 100. En 1895 suministraba el extran jero
el 85,4 por 100 y las colonias británicas el 14,6 por 100 de las necesidades de
cereales del Reino Unido. E n 1905 el extranjero envió el 71 por 100 y las
colonias británicas el 29 por 100” (W . A. S. HEWINS, "Das britische
Reich”, eri Die Weltwirt-schatl, editada por Ernst v. Halle, año 1.°, 1906,
parte III, pág. 7).
Según los
datos de la Comisión de Aranceles de Chamberlain (citado en SCHULZE-GAVERNITZ,
loe. cit-, pág. 216), en 1902 el valor de la importación procedente de Gran
Bretaña ascendía, per capita, en libras esterlinas:
E a Alemania, Holanda, B élgica
.................................................. 0,11,8'
En F
rancia
...................................................................................... 0, 8,0
En los
Estados U n id o s .................................................
............... 0, 6.3
■-■sEn N a ta
l.......................................................................................... 8, 6,0
En la
Colonia del C a b o
............................................................... 6,19,6
En
Australia.................................................................................... 5, 5,6
En Nueva ¡Zelanda..............
....................................................... 7, 5,7
En C
an adá
.....................................................................................
. 1,18,4
Las colonias británicas importaron en el año 1901,
en millones de libras esterlinas:
De la metrópoli
........................................ ’
..................... 123,5
LA EXPORTACIÓN DE
CAPITAL Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO ECONÓMICO 369
nista y, sobre todo, la agraria de los otros
Estados les ha obligado a dirigirse hacia Inglaterra como su mercado principal.
Pero en tanto la industria de Inglaterra pudiera obstruir el desarrollo de la
suya propia se encuentran aquellos Estados todavía en el estadio del arancel
edu*? cativo, es decir, en un estadio que no resiste el arancel por encima de
cierto nivel porque la importación de productos industriales extranjeros es
absolutamente necesaria para el abastecimiento del mercado propio. Por consiguiente,
se puede realizar un arancel de cartel proteccionista más elevado de todo el
Imperio británico, conservando los aranceles edu cativos
“interestatales", -y la perspectiva de semejante área económica, que,
además, sería, tanto política como económicamente, lo bastante fuer te para
forzar a otros Estados a elevar más aún sus aranceles protec tores para
obstruir la penetración de la industria británica, sería apro piada para unir
a toda la clase capitalista13. A ello se suma que el capital que trabaja en las
colonias está en su mayor parte en posesión de capitalistas ingleses, para los
que el arancel proteccionista del Im perio es mucho más importante que el
aumento — por fuerte que fuera— que producirían las tarifas aduaneras
coloniales autónomas-14.
De otras
posesiones británicas............... .........................p.. ... 68,0
Del extranjero.......................................................................................... 90,0
La exportación del Reino Unido, en millones de
libras esterlinas:
1886 1872 1882 1902
A las
posesiones británicas ........................... 53,7 60,6 84,8 109,0
A E
u ro p a ......................................................... 63,8 108,0 85,3 96,5
A Asia,
Africa y Sudamérica no británicas. 42,9 47,0 40,3 54,1
A los
Estados U nid o s
................................. 28,5 40,7 31,0 23,8
Por eso
Charuberlain pone este .punto de vista en el primer plano de su campaña
propagandística: "Me parece que los tiempos tienden a urlir'todcTel poder
en las manos de los grandes imperios. Los países pequeños y los que no avanzan
parecen estar desti nados a una posición subordinada. Pero si Gran Bretaña
permanece unida, ningún impe rio del mundo puede superarla en expansión, en
población, en riqueza y en variedad de las fuentes de aprovisionamiento
(Discurso de Chamberlain, del 3¡í de marzo de 1897, ci
tado en M A R IE
S C H W A B , Chambeclains
Hardelspoliúik, Jena, 1905, pág. 6).
Los
intereses generales del capitalismo por la reforma de los aranceles y por el
imperialismo, que comparten, después de haber sido hábilmente conquistadas
incluso las industrias transformadoras que eran o siguen siendo partidarios del
libre cambio, resumidos por Hewins, de Ja siguiente manera:
“El Reino Unido importa hoy sus víveres de ciertos
países con los -que no mantiene ninguna organización de reciprocidad. Así,
pues, tiene que agarrarse al complicado aparato del tráfico internacional para
el pago de sus cuentas de alimentos y buscar continuamente nuevos mercados en
el mundo para .sus manufacturados, así como li quidar sus deudas mediante
compensaciones reciprocas entre los países. A largo plazo esta política
industrial parece imposible por las razones siguientes:
”1. El número de los países abiertos de este modo a
las importaciones de manu facturas británicas continúa disminuyendo, y en los
mercados del Extremo Oriente, por ejemplo, nos enfrentaremos con seguridad y
dentro de poco con la competencia
irresistible del Japón.
”2. La necesidad de buscar continuamente para
nuestros productos otros merca dos distintos de los de países como Alemania y
los Estados Unidos, prescídiendo de
370 EL
CAPITAL FINANCIERO
Los Estados Unidos son en sí un gran espacio
económico suficiente incluso para la era del imperialismo, cuyo campo de
expansión está dado, además, geográficamente. El movimiento panamericano, que
ha encon trado su primera expresión política en la doctrina de Monroe, no está
más que ew sus principios y tiene grandes perspectivas debido a la su premacía
enorme-'de los Estados Unidos.
La situación es distinta en Europa, donde la
fragmentación estatal ha creado económicamente intereses contrapuestos, que
oponen obstácu los muy difíciles a su supresión .económica mediante la posible
unión aduanera de la Europa central. Aquí no se trata, como en el Imperio
británico, de partes complementarias, sino de unidades más o menos si milares
y, por eso, recíprocamente hostiles y en competencia.
Además, este antagonismo se recrudece
extraordinariamente con la política económica del capital financiero, porque el
conflicto no nace del deseo de creación de áreas económicas unitarias en la
misma Eu ropa, como en el siglo xix, sino del deseo de anexión de mercados
neu trales extranjeros a cuyo servicio se ponen ahora los medios nacionales
coactivos de los Estados europeos. Es decir, no se trata de la anexión de
países capitalistas altamente desarrollados, cuya industria sea capaz de
exportar, y para los que la del país conquistado no significaría nada más que
una competencia incrementada y, en todo caso, convendría úni camente cottio
sector de inversión para el capital excedente del otro país. Más bien se trata,
sobre todo, de regiones todavía vírgenes, cuya puesta en explotación puede
tener una gran importancia precisamente para los grupos de capitalistas más
poderos*^^sto es, principalmente sólo los te rritorios coloniales
ultramarinos. Pues aquí se le ¿a oportunidad al ca pital para invertirse en grandes
proporciones. La creación del sistema moderno de transporte, de los
ferrocarriles y de las líneas de vapores15 absorbe especialmente poderosas
masas de capital.
las colonias, tiene una influencia perjudicial
sobre la marcha del desarrollo industrial en Inglaterra. La marcha natural del
desarrollo era que las industrias inglesas aspi
raban a
¡producciones cada vez superiores, que ocuparan
obreros más especializados
y desplegaran una destreza técnica más elevada. Pero, en
realidad, la marcha del des
arrollo ha
tenido lugar de un. modo esencialmente distinto- Los
mercados civilizados
y progresivos se cerraron y, obligada a comerciar
con partes atrasadas del mundo, la industria británica tiene que producir
mercancías correspondientes a las necesidades de las mismas.
"3. Resulta aquí un conflicto directo de dos
tendencias opuestas. Los jóvenes Estados industriales pueden hacer también
grandes progresos precisamente en estos artículos de consumo general. Alemania,
Bélgica, los Estados Unidos, Austria e, inclu so, Japón pueden competir con
nosotros en *stas áreas e introducirse igualmente en los países citados.
Pc>j otro lador aparece en la industria inglesa la-tendencia a producir más
especialidades que artículos de consumo general y, de esta forma, producir mer
cancías más caras. Asg pues, Gran Bretaña pierde más y más terreno en las
regiones de las que depende continuamente para el ,pago de sus víveres. En
virtud de estas consideraciones adquiere su importancia en todo el Imperio el
deseo de reorganización de los principales sectores industriales británicos” (H
E W IN S, op. cit., pág. 37).
“ Los siguientes datos demuestran la importancia
que posee, por ejemplo, la cons trucción del sistema colonial de ferrocarriles
para ^-Inglaterra:
LA EXPORTACIÓN DE
CAPITAL V LA
LUCHA POR EL
ESPACIO ECONÓMICO 371
El Estado
cuida de que la fuerza de trabajo en las colonias tenga
que trabajar
en condiciones que permitan obtener grandes beneficios.
A l mismo
tiempo, asegura en muchos casos el beneficio total mediante
la garantía estatal. La riqueza natural de las
colonias se convierte igual mente en una fuente de superbeneficios.
Especialmente, se trata aquí de abaratamiento de la materia prima, es decir, de
reducción del precio de coste de los productos industriales. En las colonias
todavía no se ha desarrollado, o sólo muy poco, lá renta de bienes raíces. La
expulsión o el exterminio de los indígenas, o, en el mejor de los casos, su
trans formación de pastores o cazadores, en esclavos contractuales o agricul
tores limitados a pequeños predios, crea de golpe terrenos libres, cuyo precio
no es más que nominal. Si el suelo es, además, fértil puede su ministrar a lá
industria nacional sus materias primas, por ejemplo, al godón, mucho más
baratas que las antiguas fuentes de aprovisionamien to. Incluso cuando esto no
viene expresado en el precio, porque, por ejemplo, para el algodón sigue siendo
decisivo el precio americano, sig nifica que recae ahora sobre los
propietarios de las plantaciones colo niales una parte de la renta de bienes
raíces que, de otro modo, habría que pagar a los farmers americanos.
Más importante aún es el aprovisionamiento de la
industria de trans formados metálicos. El rápido desarrollo de las industrias
metálicas tie-
"En 1880 poseía el Imperio británico 40.000
millas inglesas de ferrocarriles, de las cuales tres octavos estaban en el
Reino Unido y cinco octavos en las posesiones y
colonias ultramarinas. En 1904 la red había
aumentado a 95.000 millas inglesas, de las cuales sólo había dos novenos en el
Reino Unido. Por consiguiente, la longitud de los /* ferrocarriles había
aumentado en el 26 por 100 en la metrópoli y en el 223 por 100
en ultramar. El
rápido desarrollo del sistema ferroviario
de las colonias estriba, natu
ralmente, en la
colonización de zonas en las que antes no
había ferrocarriles o donde
sólo existían en
un estado primitivo. Desde 1880
* se han
triplicado los ferrocarriles
de la India y Canadá, cuadruplicado los de
Australia y quintuplicado los de Africa del Sur.
"Fuera del Reino Unido se encuentra la mayor
densidad de ferrocarriles, en pro porción a la densidad de población en la
Commonwealth australiana donde por cada 1.000 habitantes hay 3,86 millas de
ferrocarriles, contra 3,76 en Canadá y 0,19 en la
India.
"La red ferroviaria del Reino Unido, grande de
por sí, parece notablemente pe queña comparada con la de los Estados Unidos,
donde, según el Poots Railtoad M a nual, estaban en servicio, en 1904,
212.349 millas, más del doble del volumen del Im perio británico, a pesar de
que este último tiene una población cinco veces superior. Se deducen de ello
las magníficas .perspectivas de desarrollo y expansión casi ilimita dos, más
extensivos, de las vías dentro del Imperio.
"Casi todo el capital para la construcción de
todas estas vías se ha proporcionado por el Reino Unido; las sumas invertidas
en vías británicas fuera de la madre patria
se calculan
en unos 850 millones de libras esterlinas los ingresos anuales en 75 millones
de libras en bruto y en unos 30 millones neto. Teniendo en consideración las
cifras para el Reino Unido, calculo el capital total invertido en ferrocarriles
del Imperio bri tánico en unos 2.100 millones de libras esterlinas, que se
acerca mucho más al número de los Estados Unidos— 2.800 millones— que la
longitud. Los ingresos netos de los ferrocarriles ascienden de 70 a 75 millones
de libras esterlinas por año, o sea, al 3 por 100 del capital invertido"
(H E W IN S , op. cit., pág. 34).
Hasta 1910.— N .
del T.
372 EL
CAPITAL FINANCIERO
ne, a pesar de todos los progresos técnicos, la
tendencia a elevar los precios del metal, la cual se fomenta aún más con la
monopolización ca pitalista. De ahí que sea tan importante tener fuentes de
estas'materias primas en el espacio económico propio a’6.
Así, pues,
el deseo de posesión colonial conduce a una oposición siempre creciente entre
los grandes espacios económicos y repercute en Europa decisivamente en las
relaciones" de cada uno de los Estados. Las diversas condiciones naturales
que dentro de un gran espacio eco nómico como el de los Estados Unidos se
convierten en fuente de un rápido desarrollo económico, lo paralizan, por el
contrario, en Europa, donde están repartidas de la forma más variada casual e
irracional, des de el punto de vista de la economía, entre una gran cantidad
de pe queños espacios económicos, y los diferencian en favor de los mayores y
en perjuicio de los menores, tanto más cuanto que ningún libre cambio asocia a
estos espacios en una unidad ecomómica superior. Esta desigual dad económica,
sin embargo, significa para los Estados lo mismo que para las capas
individuales dentro de ellos: la independencia del eco nómicamente más fuerte
frente al más débil. El medio económico tam bién es aquí la exportación de
capital. El país rico en capital lo exporta como capital de préstamo; se
convierte en acreedor del país deudor.
Mientras lá exportación de capital servía
esencialmente para crear, en primer lugar, el sistema de transporte en el país
atrasado y, en se gundo, para desarrollar las industrias de medios de consumo,
fomen taba, entretanto, el desarrollo capitalista de este país. No se puede
ne gar que este método tenía sus desventajas para el país correspondiente; la
mayor parte del beneficio fluía hacia el extranjero para gastarse en parte como
renta, esto es, sin dar trabajo a las industrias del país deu dor, o para ser
acumulado. Naturalmente, esta acumulación no necesi taba tener lugar en el
país del que procedía el beneficio. Pero con este “absentismo” 17 capitalista
se retardó extraordinariamente en el país in teresado la acumulación, esto es,
el desarrollo ulterior del capitalismo. En grandes espacios económicos en los
que el capitalismo estaba lla mado a desarrollarse rápidamente, gracias a
condiciones locales, tuvo lugar pronto una asimilación nacional .del capital
extranjero. Así, Ale mania ha asimilado muy pronto el capital belga y francés,
que tuvo especialmente gran importancia en la explotación minera de
Renania-ÍWestfalia. N o obstante, en los pequeños espacios económicos esta acu
mulación era muy difícil, ya que el nacimiento de una clase capitalista
nacional sucedía en forma más lenta y difícil.
Esta emancipación fue completamente imposible tan
pronto como cam-
El señor
Dernburg conocía ‘por eso muy bien la psicología de los capitalistas cuando, en
sus discursos de agitación, subrayaba siempre precisamente la posibilidad de
que las colonias alemanas emancipasen a los capitalistas alemanes en algodón y
cobre, de su sujeción a América.
Véase el
agudo análisis de las consecuencias de este fenómeno para Rusia, en K ÍYUTSKY,
“Der Amerikanische Arbeiter”. Neue ZeifA X X IV , 1, págs. 676 y sigs.
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO. ECONÓMICO 373
bió el cárícter de la exportación de capital, o
sea, en cuanto las clases capitalistas de los grandes espacios económicos se
preocuparon menos de crear industrias de medios de consumo en países
extranjeros que de procurar asegurarse el dominio de las materias primas de sus
indus trias de medios de producción, cada vez más desarrolladas. Las minas
"y yacimientos de la Península Ibérica, por ejemplo, cayeron bajo el po
der del capital extranjero, que no se exportaba ahora como capital de préstamo,
sino que se invertía directamente en las minas. Lo mismo su cedió, aunque con
gran resistencia, con los yacimientos de Escandina-via, especialmente de
Suecia. A estos países se les sustrajo la materia prima en favor de la
industria inglesa, alemana y francesa, en un tiempo en el que hubieran podido
establecer los cimientos de la principal de las industrias modernas, de una
industria siderúrgica propia. De esta forma, su desarrollo capitalista, y con
él también el político y financiero, se quedjó atascado en sus principios.
Tributarios económicamente del ca pital extranjero1B, se convirtieron también
políticamente en Estados de
, segundo orden, dependientes de la protección de
los grandes.
Y " Por otro lado, la creciente importancia de
lá política colonial capi talista puso a Inglaterra ante el deber de asegurar
su Imperio colonial, y este deber era equivalente al mantenimiento de su
dominio en el mar y a la protección del camino hacia la India. Para ello
necesitaba dispoí ner de los puertos en el océano Atlántico y esto tenia que
llevar a In glaterra a mantener buenas relaciones con los Estados costeros. Y
pudo lograrlo económicamente porque retenía bajo su dependencia a los más ^
pequeños de estos Estados mediante la exportación de capital. El po derío de
la flota inglesa tuvo que decidir a Francia a ponerse del lado de Inglaterra,
tan pronto como se enfrentó con Alemania al reclamar ésta su parte en la
política colonial, actitud que obligó a Francia a pre ocuparse de sus
posesiones igual que todos los otros países poseedores de colonias. Así, se
desarrolló la tendencia no a suprimir las barreras arancelarias dentro de
Europa pará crear un gran espacio económico unitario, sino a agrupar las
unidades políticas más pequeñas, y por eso atrasadas económicamente, en.
unidades políticamente mayores. Por el con trario, estas relaciones políticas
repercuten en las económicas y convier ten al país políticamente dependiente
en zona especial de inversión para el capital del país protector. La diplomacia
se pone directamente al ser vicio de la exportación de capitales.
Pero en tanto los países pequeños no están bien
“sujetos", se con vierten en campo de acción de la competencia de los
capitales extranje ros. También aquí se procura asegurar el éxito mediante
medidas polí ticas. Por ejemplo, el suministro de cañones para Servia se
supedita, al mismo tiempo, a la decisión de si debe elegir la protección
francorrusa
Lo mismo
ocurre en Rusia, donde ¡a asimilación nacional, que ha empezado ya, se
conseguirá mucho más fácilmente a causa de la magnitud del territorio; el medio
más radical sería la bancarrota del Estado.
374 EL
CAPITAL FINANCIERO
o la germanoáustriaca(1'°. El poder político es así
decisivo en la lucha económica de competencia, y para el capital financiero la
posición del poder estatal es vital desde el punto de vista del beneficio. La
diploma cia recibe ahora como función primordial la representación del capital
.financiero. A las armas puramente políticas se
suman otras político-co-merciales 20; las cláusulas de un tratado comercial se
determinan no so lamente por los intereses del intercambio de mercancías, sino
también por la mayor o menor disposición del Estado pequeño a conceder al ca
pital financiero del más grande privilegios en detrimento de sus com
petidores.
Pero cuanto más pequeño sea el espacio económico
menor será la fuerza para poder superar victoriosamente la lucha de competencia
me diante elevadas' primas de exportación; tanto más fuerte será el impulso
hacia la exportación de capital para participar en el desarrollo económico de
otras potencias mayores y en sus beneficios más altos; y, cuanto mayor sea la
masa de la riqueza acumulada "ya en el propio país, tanto antes podrá
satisfacerse esta necesidad.
También aquí actúan tendencias opuestas. Cuanto más
grande el espacio económico, cuanto mayor es el poder del Estado, tanto más fa
vorable es la posición del capital nacional en el mercado universal. Así, pues,
el capital financiero se convierte en soporte de la idea del forta lecimiento
del poder del Estado con todos los medios. Pero cuanto más grandes sean las
diferencias históricas en el poden estatal, tanto más diferentes serán las
condiciones de la competencia, tanto más encona das porque tanto mejor
porvenir tendrá la lucha de los grandes espa cios. económicos por el dominio
del mercado universal. Esta lucha será más encarnizada cuanto más desarrollado
esté el capital financiero, cuan to más fuerte sea su deseo de monopolización
de sectores del mercado mundial para el capital nacional. Pero cuanto más haya
avanzado el proceso de la monopolización, tanto más enconada será la lucha por
el resto. Si con el -sistema inglés del libre cambio se había hecho todavía
soportable este contraste, con el tránsito en corto tiempo al arancel
“ A los Estados pequeños, en cambio, en las
negociaciones de préstamos les re sulta difícil imponer condiciones para los
suministros industriales, en parte porque sus industrias tienen menor capacidad
productiva. "Con razón se les ha reprochado a los institutos bancarios
holandeses que surten de capital al extranjero sin condiciones..." La
Bolsa "dio al extranjero, por último a Sudamérica (en el año 1905),
capitales im portantes sin imponer condiciones en favor de la industria
holandesa, como sucede frecuentemente con Bélgica, Inglaterra y Alemania (G. H
E S S E L INK , "Holland”, en la - Welttviríschaít de Halle, parte III,
pág. 118).
20 Sobre la supremacía que goza el espacio
económico más grande, véase R IC H A R D S C H Ü L L E R , Schutízoll und
Freihandel, Viena,.-1905, pág. 247. "El comercio exterior
de una región poco extensa es grande en relación
con su producción y por eso impor tante- para .este país, mas para los grandes
Estados Extranjeros, de los que importa mercancías y a los que" quiere
exportar, este tráfico comercial tiene poca importancia comparado con su
producción. Por eso los Estados pequeños consiguen difícilmente salvaguardar
sus intereses en los tratados comerciales, así como conseguir que los de más
Estados tengan en cuenta las exigencias de sü-.política comercial.
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO
ECONÓMICO 375
proteccionista tuvo y tiene que experimentar una
agravación extraordina- ^ ría. La contradicción entre el desarrollo del
capitalismo alemán y la pequenez relativa de su espacio económico aumenta
entonces extraordina- T riamente. Mientras Alemania avanza rápidamente en su
desarrollo indus trial se le reduce súbitamente su área económica. Y esto es
tanto más sensible cuanto que Alemania, por razones históricas 21 y casuales
para el capitalismo actual (para quien nada en el pasado, como no sea tra bajo
pasado acumulado, tiene ningún valor), no tiene ninguna posesión colonial que
haga al caso. Mientras no sólo sus competidores más fuer tes, Inglaterra y los
Estados Unidos, para los que todo el continente tiene económicamente el
carácter de colonia, sino también las potencias más pequeñas, Francia, Bélgica,
Holanda, disponen de posesiones colo niales considerables y su futuro
competidor, Rusia, posee igualmente un espacio económico inmensamente mayor. Es
una situación que tiene que agravar extraordinariamente el contraste entre
Alemania e Inglaterra con sus satélites, una situación que tendrá que
desembocar en una so lución violenta.
La desigualdad del desarrollo industrial motiva
cierta diferenciación en las formas de la exportación de capital. La
participación directa en la apertura de los países industrialmente atrasados o
que se desarrollan más despacio corresponde á aquellos países en que el
desarrollo indus trial ha alcanzado su forma más elevada tanto en lo que se
refiere al lado técnico como al organizador. A ellos pertenecen, sobre todo,
Ale mania y los Estados Unidos, y, en segundo orden, Inglaterra y Bélgica. Los
otros países de antiguo desarrollo capitalista toman parte en la exportación de
capital más en la forma de capital de préstamo que en la de instalación de
fábricas. Esto conduce a que, por ejemplo, el capital francés, holandés y, en
gran medida, también inglés, se convierta en capital de préstamo para las
industrias bajo dirección americana o ale mana. De esta forma, nacen
tendencias hacia una solidaridad de los intereses capitalistas internacionales.
El capital francés estará interesa do como -capital de préstamo en los
progresos de las industrias alema nas en América del Sur, etc. A l mismo
tiempo, semejante unión, que aumenta extraordinariamente el poder capitalista,
permite una explota ción aún más rápida de regiones extranjeras, que se
facilita todavía más por la presión reforzada de los grandes Estados 22.
Las perspectivas de éxito de cada una de estás
tendencias son dife rentes en cada caso concreto y dependerán, sobre todo, de
las posibi lidades de beneficios que ofrezca la declaración de la lucha
armada. En
“ Véase K A R L
E M I L , "Der deutsche
Imperialismus und die innere Politik", Neue
Un ejemplo
de tal desarrollo lo ofrece la solución transitoria de la disputa ma rroquí.
en la que la unión de Krupp y Schneider-Creuzot, para la explotación común de
los yacimientos mineros argelinomarroquíes, tuvo como consecuencia un acuerdo
de ambos Estados, de cuya presión conjunta se podía liberar Marruecos mucho
menos que si se hubieran enfrentado Alemania y Francia.
376 EL CAPITAL FINANCIERO
estos casos juegan un papel a escala internacional
e interestatal aque llas mismas circunstancias que deciden si dentro de un
sector indus trial continúa la lucha de competencia o se termina para más o
menos tiempo por un cartel o un trust. Cuanto mayores sean las diferencias de
poder, tanto más probable será, en general, la lucha. Pero toda lu cha
victoriosa introduciría, al mismo tiempo, un fortalecimiento del ven cedor que
provocaría un desplazamiento de fuerzas a su favor y en contra de todos los demás.
De ahí la política internacional que tiende a conservar las posiciones
respectivas en los tiempos modernos, que nos recuerda enteramente la política
de equilibrio de los primeros estadios del capitalismo. A ello se suma el temor
a las consecuencias de política interior de una guerra, temor que es producido
por el movimiento so
cialista. Pero, por otro lado, lá decisión sobre
guerra o paz no está úni camente en manos de los Estados altamente
capitalistas, donde son más marcadas las tendencias en contra del desarrollo
guerrero. El despertar capitalista de las naciones de la Europa oriental y de
Asia va acompa ñado de desplazmientos de poder que, repercutiendo sobre los
grandes Estados, pueden llevar los contrastes existentes al punto del
estallido.
Pero si el poder político del Estado en el mercado
mundial se con vierte en un medio competitivo del capital financiero, esto
significa, na turalmente, el cambio completo de la conducta de la burguesía
frente al Estado. La burguesía se proclamaba contraría al Estado en la lucha
con tra el mercantilismo económico y el absolutismo polít-ico. El liberalismo
era realmente destructivo y significaba, efectivamente, la "revolución”
del poder del Estado y la disolución de las antiguas ataduras. Todo el sistema,
penosamente construido, de las relaciones nacionales de depen dencia y de las
uniones corporativas urbanas, con su complicada super estructura de
privilegios y monopolios, se lanzó por la borda. Su victoria significaba, en
principio, una poderosa disminución de fuerza del poder del Estado. La vida
económica, al menos teóricamente, quedaba sus traída por completo a la
regulación del Estado, quien debía limitarse a la vigilancia de la seguridad y
a la creación de la igualdad burguesa.' Así, pues, el liberalismo era puramente
negativo frente ál Estado del ca pitalismo inicial mercantilista, que, en
principio, quería regular todo y se oponía también a todos los sistemas
socialistas que, de una forma constructiva y no destructiva, querían poner, en
lugar de la anarquía y de la libre competencia, la regulación consciente,
organizando su vida económica y su misma vida social. Es natural que el
principio liberal consiguiera su realización primeramente en Inglaterra, donde
era im pulsado por una burguesía librecambista y una burguesía que, incluso en
los períodos más agudos de conflicto con el proletariado, se resistió a
solicitar la intervención del Estado, y que, cuando tuvo que hacerle^ lo hizo
sólo para breves períodos.
Pero también en Inglaterra su realización choqó con
la resistencia no sólo de la vieja arist<Jferacia, que apoyaba una política
de arancel pro teccionista, esto es, que se resistía al principia? liberal,
sino también en
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL Y LA
LUCHA POR EL
ESPACIO ECONÓMICO 377
parte con la resistencia del capital comercial y
del bancario, que aspi raban a inversiones exteriores y que exigían, sobre
todo, el manteni miento del dominio marítimo, una exigencia que era sostenida
al máximo por los sectores interesados en las colonias. En el continente la
con cepción liberal del Estado no pudo llegar a imponerse más que dando
grandes rodeos. Pero mientras el liberalismo continental, constituido en forma
clásica por los franceses, aplicó todas las consecuencias teóricas en todos los
sectores de la vida política y espiritual, en general, con una audacia mucho
mayor y una elaboración consecuente más rígida que el inglés (un contraste
característico entre ideología y realidad), puesto que su aparición posterior
puso a su disposición instrumentos científicos muy distintos a los del
liberalismo inglés (por eso su formulación era también mucho más amplia y su
base la filosofía racional, mientras que el in glés se basaba esencialmente en
la economía), sus realizaciones políti cas fueron en el continente menos
importantes que las logradas en In glaterra. ¿Gomo podía satisfacer el
principio liberal de reducción del poder estatal una burguesía que necesitaba
económicamente al Estado como la palanca más potente de su desarrollo, y a la
que únicamente importaba no destruir el Estado, sino transformarlo de un
.obstáculo en un vehículo de su propio desarrollo? Lo que necesitaba, sobre
todo, la burguesía continental era la liquidación de los pequeños Estados; po
ner, en lugar de la impotencia del Estado pequeño, la supremacía del Estado
unitario. La necesidad de la creación del Estado nacional tuvo que hacer
conservadora desde un principio a la burguesía. Además, en el continente no se
trataba de poder marítimo, sino terrestre. Por otra parte, el ejército moderno
tiene una importancia muy superior a la de la flota en orden a la determinación
de ias relaciones entre el poder del Estado y la sociedad. Significa, desde un
principio, el control del po der estatal en manos de aquellos que disponen del
ejército. Por otro lado, el servicio militar obligatorio, que armaba a las
masas, tuvo que convencer pronto a la burguesía de que, si el ejército no debía
conver tirse en una amenaza para su dominio, necesitaba una rigurosa organi
zación jerárquica, con un cuerpo cerrado de oficiales, que fuera un ins
trumento manejable del Estado. Por consiguiente, si el liberalismo no pudo
realizar su programa estatal en países como Alemania, Italia y Austria, pronto
se le pusieron también barreras a sus deseos en Francia, ya que la burguesía
francesa no podía prescindir, política y comercial mente, del Estado. A ello
se suma que la victoria de la Revolución Fran cesa complicó a Francia
necesariamente en una guerra de dos frentes; tenía que asegurar sus conquistas
revolucionarias contra el feudalismo del continente, y, por otro lado, la
creación de un nuevo imperio del capitalismo moderno amenazaba la vieja
posición de Inglaterra en el mercado mundial, y así, Francia tuvo que iniciar,
ál mismo tiempo, la lucha con Inglaterra por el dominio del mercado mundial. La
derrota de Francia fortaleció en Inglaterra el poder de la propiedad
territorial, del capital comeycial, bancario y colonial, y, con ello, el poder
del Es
378
EL CAPITAL FINANCIERO
tado sobre el capital industrial. Y retrasó así el
comienzo definitivo del
dominio del capital industrial inglés y la victoria
del libre cambio. Por otro lado, la victoria de Inglaterra hizo necesariamente
del capital in dustrial de Europa un defensor del arancel proteccionista y
frustró com pletamente la victoria del liberalismo económico, pero, al mismo
tiempo, creó las condiciones para el desarrollo más rápido del capital
financiero en el continente.
Así, pues, la adaptación de la ideología y de la
concepción del Es tado de la burguesía tropezó desde un principio en Europa
con obstácu los que distaban de ser insuperables; y la circunstancia de que la
unión de Alemania sucediera por vía contrarrevolucionaria tuvo que fortalecer
aquí extraordinariamente la posición del poder estatal en la conciencia del
pueblo, mientras que en Francia la derrota militar hizo que, por de pronto,
todas las fuerzas se concentraran en la reconstrucción del po der estatal. Así,
pues, las necesidades del capital financiero chocaron con elementos ideológicos
que podía utilizar fácilmente para sacar de ellos una nueva ideología propicia
a sus intereses.
Pero esta ideología era enteramente opuesta a la
del liberalismo; el capital financiero no quiere libertad, _sino dominio; no le
gusta la in dependencia del capitalista individual, sino exige más bien su
sujeción; detesta la anarquía de la competencia y aspira a la organización,
cier tamente sólo para poder reanudar la competencia en un nivel más alto.
fin de
lograrlo, y, al mismo tiempo, para conservar y acrecentar su poder, necesita
que el Estado garantice el mercado nacional mediante la protección y facilite,
de esa forma, la conquista de los mercados exte riores. Necesita un Estado
políticamente poderoso que no tenga nece sidad de guardar consideraciones a
los intereses opuestos de otros Es tados al formular su política comercial 23.
Necesita un Estado fuerte que reconozca los intereses del capital financiero en
el exterior y use del poder político para arrancar tratados ventajosos a los
Estados más pe
queños; un Estado que pueda ejercer su influencia
en todo el mundo a fin de poder convertir el mundo entero en zona de inversión.
El ca pital financiero, por último, necesita un Estado que sea bastante fuerte
para realizar una política de expansión y para adquirir nuevas colonias.
Mientras que el liberalismo era contrario a la política de intervención del
Estado y quería asegurarse su propia dominación contra el poder más antiguo de
la aristocracia y de la burocracia, a cuyo fin restringía los instrumentos de
poder del Estado a los límites más reducidos posi bles, el capital financiero
exige una ilimitada política de fuerza; y lo haría así aunque los gastos para
el ejército y la marina no asegurasen directamente a los. grupos capitalistas
más poderosos un mercado im portante con enormes ganancias de monopolio.
Piénsese
cuán importante se ha hecho para la realización internacional de los últimos
tratados comerciales alemanes el que el poder político de Rusia, debido a sus
complicaciones en Extremo Oriente, estaba tan debilitado que no le era posible
ejercer
una presión política. V ,
LA
EXPORTACIÓN DE CAPITAL
Y LA LUCHA
POR EL ESPACIO ECONÓMICO 379
El postulado de una política de expansión
revoluciona toda la ideo
logía (W eltanschauung) de la burguesía. La
burguesía deja de ser pa cífica y humanitaria. Los antiguos librecambistas
creían en el libre cam bio no sólo como la mejor política económica, sino
también como el co mienzo de una era de paz. El capital financiero ha
abandonado desde hace mucho toda noción semejante. Lejos de creer en la armonía
de los. intereses capitalistas, sabe que la lucha entre competidores se
aproxima cada vez más a una batalla política por el poder. El ideal de la paz
desaparece; en vez del ideal de humanidad irrumpe el de la fuerza y poder del
Estado. El Estado moderno, sin embargo, tuvo su origen- en los esfuerzos de las
naciones por realizar su unidad. La aspiración na cional, que encontrló su
límite natural en la formación de la nación como fundamento del Estado — porque
reconocía el derecho de cada nación a su propia forma de Estado y, por
consiguiente, veía las fronteras del Estado en las fronteras naturales de la
nación— , se ha transformado ahora en la aspiración de una nación al dominio
sobre otras M. El nue vo ideal es la conquista de la hegemonía mundial por la
nación propia, un esfuerzo tan ilimitado como el que le dá origen, el esfuerzo
del ca pital por obtener ganancias. El capital se convierte en el conquistador
del mundo, y con cada nuevo territorio conquistado establece una nue va
frontera que hay que superar. Este esfuerzo se convierte en una ne cesidad
económica, ya que cualquier restricción disminuye la ganancia del capital
financiero, reduce su capacidad de competencia y, finalmente, puede hacer de
una región económica menor la simple tributaria de otra mayor. Económicamente
fundado, se justifica ideológicamente por esa notable desviación de la idea
nacional, que no reconoce ya el derecho de todas las naciones a la
autodeterminación e independencia política, y que no es yá una expresión de la
creencia democrática en la igualdad de todas las nacionalidades^Antes bien, se
refleja la ventaja económica del monopolio en el lugar preferente que debe
asignarse a la nación pro pia. Esta aparece como superior á todas las demás.
Como la subordina ción de naciones extranjeras sé realiza por la fuerza, es
decir, de modo muy natural, a la nación dominante le parece que debe su
dominación a sus cualidades naturales especiales; en otras palabras: a sus
caracterís ticas raciales. Así, la ideología racial ofrece un fundamento
aparente mente científico a la codicia del poder del capital financiero, el
cual demuestra de este modo la causa y la necesidad de sus operaciones. En vez
del ideal democrático de la igualdad aparece el idal oligárquico del
dominio. ,
Si en el campo de la política exterior este ideal
parece incluir a la nación toda, én los asuntos internos acentúa y acepta el
punto de vista de la clase capitalista subordinando el de la clase obrera. A l
mismo tiem po, la fuerza creciente de los obreros intensifica el esfuerzo del
capital
“ Véase O T T O B A U E R , "Der Imperialismus
und das Nationalitatsprinzip”, Marx Studien, II, 30, págs. 491 y sigs.
380 EL CAPITAL FINANCIERO
para acrecentar el poder del Estado como garantía
contra las exigencias del proletariado.
De este modo, la ideología del imperialismo se
levanta sobre la tum ba de los viejos ideales liberales. Se mofa de la
ingenuidad del libera lismo. ¡Qué ilusión la de creer en la armonía de
intereses, en un mundo de lucha capitalista donde sólo decide la superioridad
de las armas! ¡Qué ilusión la de esperar el reino de la paz eterna y predicar
la ley inter nacional donde slólo lá fuerza decide el destino de los pueblos!
¡Qué locura la 'de querer extender las relaciones legales .existentes dentro de
un Estado más allá de sus fronteras! ¡Qué irresponsables perturbaciones en los
negocios provoca este disparate humanitario que hace de los obre ros un
problema; descubre la reforma social en ca.sa, y en las colonias quiere abolir
la esclavitud contractual, la única posibilidad de explota ción! La justicia
eterna es un sueño amable, pero nunca se construyó un ferrocarril con prédicas
morales. ¿Cómo podemos conquistar el mun do si queremos esperar a que la
competencia se convierta a esos ideales?
En vez de los ideales desvanecidos de la burguesía,
sin embargo, el imperialismo introduce esta liquidación de todas las ilusiones
tan sólo para engendrar una nueva y mayor ilusión. El imperialismo pondera se
renamente el conflicto real de los grupos de intereses capitalistas y con cibe
toda la política como negocio de los sindicatos capitalistas que dispu tan y
se unen, a la vez, entre sí. Es sublime y arrebatador cuando revela su propio
ideal. El imperialista no quiere nada para sí; tampoco es, sin embargo, ningún
ilusionista y soñador que disipa el contraste irreme diable -de las razas en
todas las etapas de la civilización, y con toda clase de posibilidades para
desarrollar la noción incruenta de humanidad, Con ojos duros y claros contempla
la multitud de pueblos y percibe so bre todos ellos a su propia nación. Esta
es real; vive en el poderoso Es tado, que no cesa de ser cada vez más grande y
más poderosa; y su glorificación justifica todos los esfuerzos. La renuncia del
interés indi vidual en favor del interés general superior, que constituye la
condición de toda ideología social vital, se logra por éste medio; el Estado,
que es extraño al pueblo, y la nación se confunden en una unidad; y de la idea
nacional se hace la fuerza impulsora de la política. Los antagonis mos de
clase son abolidos en bien de la totalidad. La acción colectiva de la nación,
unida para los fines de la grandeza nacional, sustituye a la lucha de clases,
que para la clase propietaria es tan estéril como pe ligrosa.
Este ideal, que parece unir con un vínculo nuevo a
la sociedad bur guesa despedazada, ha sido acogido con gran entusiasmo, ya
que, mien tras tanto, la desintegración de la sociedad burguesa continúa avan
zando.
CAPÍTULO X X III
El capital financiem y las clases s®cmles
Hemos visto cómo la formación de monopolios
capitalistas despierta el interés del capital por el fortalecimiento del poder
estatal. Al mismo tiempo, el capital va adquiriendo la fuerza para dominar el
aparato es tatal, ya sea directamente, a través de la propia fuerza económica,
ya sea indirectamente, al subordinar los intereses de otras clases a los su
yos propios.
El desarrollo del capital financiero modifica
totalmente la estructura económica y política de ia sociedad. Los capitalistas
individuales del capitalismo primitivo chocaban entre sí en virtud de lucha de
compe tencia; este choque les impedía actuar conjuntamente no siólo g¡fi el
te rreno político, sino también en otros campos. A lo que se debe añadir que
las necesidades de las clases no requerían todavía semejante acti vidad, ya
que la conducta negativa hacia el poder del Estado no per mitía que el capital
industrial se presentara como representación de intereses capitalistas, sino'
que! al capitalista individual lo hacía como ciu dadano. Pues^ las grandes
cuestiones que movieron a la burguesía eran esencialmente cuestiones
constitucionales, como el establecimiento del Es tado constitucional moderno,
esto es, cuestiones que interesaban de igual modo a todos los’ 'burgueses y los
unieron en la lucha común contra la reacción, contra los residuos de la forma
de gobierno feudal y absolu tista-burocrática.
Todo esto cambió en cuanto con la victoria del
capitalismo se des encadenaron los antagonismos dentro de la sociedad
burguesa. Contra el dominio del capital industrial se rebeló, en primer lugar,
la pequeña burguesía y la clase obrera. Ambas actuaron en el sector económico.
La libertad industrial parecía amenazada por la pequeña burguesía, que exigía
uniones gremiales, y por los trabajadores, que reclamaban la re gulación legal
del contrato de trabajo. Ahora ya no se trata del ciu dadano, sino del fabricante
y el obrero, del fabricante y el maestro. En esta fase, los partidos políticos
se orientan abiertamente hacia los inte reses económicos, mientras que antes
se ocultaban tras los tópicos de Reacción, Liberalismo y Democracia, bajo los
que se habían escondido
382 ÉL CAPITAL FINANCIERO
Jas tres clases del capitalismo inicial: los
terratenientes, con su facción
en la corte: la burocracia y el ejército, la
burguesía y la pequeña bur guesía unida, y el proletariado. En la lucha por el
orden industrial na cieron así los tres grupos de asociaciones económicas, las
asociaciones industriales, las cooperativas y las organizaciones obreras, las
dos pri meras fomentadas en forma múltiple por el poder del Estado, que, en
ciertas funciones, las transformó en asociaciones legales. Pero mientras las
cooperativas y los sindicatos obreros se orientaron pronto unitaria mente, las
asociaciones de empresarios quedaron divididas por el an tagonismo
político-comercial. Además, el capital industrial se,encontraba políticamente
en oposición con el capital comercial y crediticio. El ca pital comercial era
mucho más apropiado para fortalecer el poder del Es tado que el industrial, ya
que el gran comercio, especialmente el comer cio ultramarino y colonial,
aspiraba a la protección estatal y, además, concedía gran importancia a los
privilegios derivados de lá misma. El capital crediticio del capitalismo
inicial era un entusiasta defensor del poder del Estado, con quien efectuaba
sus negocios más importantes, los empréstitos estatales, y carecía por completo
del deseo de paz y tran quilidad que animaba al capital industrial. Cuanto mayores
eran las ne cesidades financieras de los Estados, tanto mayor era su
influencia; tan to más frecuentes los préstamosry las transacciones
financieras. Pero no sólo sobre éstas estribaba entonces la ganancia inmediata.
También eran la espina dorsal de las transacciones bursátiles y, además, 'un
resorte importante para adquirir el privilegio estatal por los Bancos. El
privi legio de emisión del Banco de Inglaterra, por ejemplo, históricamente
está estrechamente unido a las deudas contraídas por el Estado con di cho
Banco.
La cartelización unifica el poder económico e
incrementa así direc tamente su eficacia política. Pero simultáneamente
unifica también los in tereses políticos del capital y facilita que se
proyecte la totalidad de la fuerza econ|ómica directamente sobre el Estado. Une
los intereses de todo capital y se presenta así frente al poder del Estado en
forma mucho más cerrada que el capital industrial disperso de la época de la
libre competencia. Á l mismo tiempo, el capital encuentra también en las otras
clases de la población una disposición favorable mucho mayor.
Esto tiene que parecer raro a primera vista; pues
el capital finan ciero parece presentarse en contraposición a los intereses de
las demás clases. Como hemos visto, el beneficio monopolístico constituye, por
su puesto, una detracción de los ingresos de las demás clases. El beneficio de
cartel sobre productos industriales encarece los medios de producción para la
agricultura y disminuye la capacidad ¿e consumo de los ingre sos agrícolas. El
rápido desarrollo de la industria arrancó a la agricul tura las fuerzas de
trabajo y creó la escasez crónica de gente en el cam po en unión de la
revolución técnico-científica de la agricultura. Y este antagonismo tenía que
ser más sensible mientras a las tendencias del capital financiero, de aumentar
los precios de. los productos industriales,
EL CAPITAL
FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 383
no acompañasen las correspondientes tendencias para
los productos agrícolas.
El comienzo del desarrollo capitalista encuentra
intereses contrapues tos en la población agrícola. La industria destruye la
actividad domés tica de los campesinos y transforma la economía campesina,
que, en lo esencial, se basta a sí misma, en una empresa puramente agrícola,
de pendiente de la venía en el mercado, una transformación que cuesta mu chos
sacrificios a los campesinos. Estos (contemplan de forma hostil el desarrollo
industrial. Pero el campesino es una clase poco activa en la sociedad moderna.
Sin conexión local, aislada de la civilización urbana,
limitada la visión a los estrechos intereses
locales, generalmente no es capaz de actividad política más que a remolque de
otras clases. Pero al principio del desarrollo capitalista está en antagonismo
precisamente con aquella clase que posee la mayor fuerza de acción en el campo,
con el gran latifundio. Este está interesado directamente en el desarrollo in
dustrial. Dependiente de la venta de sus productos, el capitalismo le crea el
gran mercado interior y le da la posibilidad de desarrollar las in dustrias
agrícolas de la destilería, cervecería, fabricación de azúcar y al* midón, etc.
Este interés del gran latifundio es de mucha importancia para el desarrollo del
capitalismo, ya que en las primeras fases de su desarrollo le concede la
protección del gran latifundio y con ello tam bién la del poder del Estado. La
clase de los propietarios agrícolas, que es el producto de la transformación de
la clase de los grandes propie tarios feudales, continúa llevando a cabo una
política mercantilista.
El desarrollo ulterior del capitalismo rompe muy
pronto esta comu nidad de intereses mediante la lucha contra el mercantilismo
y el poder absoluto del Estado. Esta lucha se dirige directamente contra la
propie dad rural que domina en gran parte este poder del Estado, tiene ocu
padas las posiciones clave en el ejército, la burocracia y en la corte, in
crementa sus ingresos mediante la explotación económica del poder es tatal, y,
finalmente, en el ámbito de la hacienda, es el soporte directo del poder del
Estado. Tras la derrota del absolutismo y la creación del Estado moderno se
recrudece este antagonismo; el desarrollo de la in dustria fortalece el poder
político de la burguesía y amenaza a lá pro piedad rural con una ruina
política completa. Y al contraste político se suma la agravación del
antagonismo económico. El desarrollo de la in dustria despuebla el campo,
produce la penuria de mano de obra y, fi nalmente, tarnsforma el antiguo
interés exportador en un interés de importación. Así nace el antagonismo
político-comercial que termina en Inglaterra con la derrota de los
terratenientes. Pero en el continente el interés común por el arancel
proteccionista impide que el antagonismo se desarrolle con todas sus
consecuencias. Mientras en el continente el retraso del desarrollo industrial
obligue todavía a la gran agricultura a la exportación, el latifundio será
partidario de la industria y el co mercio dentro de ciertos limites. Es
librecambista, y el nacimiento del in terés por la importación lo convierte
primeramente al arancel proteccio
384 EL
CAPITAL FINANCIERO
nista y lo aproxima política y económicamente a las
industrias pesadas. Pero el mismo desarrollo industrial que lo fortalece en
Alemania aumenta los precios de los productos, agrícolas y aumenta la renta de
la tierra, crea, al mismo tiempo, los gérmenes de un nuevo antagonismo. El for
talecimiento de la industria consolida,. antes del comienzo del período de la
cartelización, sus tendencias librecambistas, partidarias del libre contrato, y
su poder amenaza ser lo bastante grande para agudizar el interés industrial por
los precios bajos de los cereales. El desarrollo in dustrial se convierte en
un peligro para los intereses de los terratenien tes, y aumenta todavía más
porque el mismo desarrollo que en Europa transforma el continente en un sistema
de Estados industriales, en Amé rica desencadena la competencia agrícola que
amenaza a la agricultura europea con una caída aguda de los precios de los
cereales, y de ahí de la renta y del precio del suelo. La evolución del capital
financiero salva este antagonismo mediante un cambio funcional del arancel pro
teccionista y crea una nueva comunidad de‘ intereses del latifundio y las
industrias pesadas cartelizadas. Ahora se le ha asegurado el nivel de precios a
la agricultura y el desarrollo ulterior de la industria debe aumentar este
nivel de precios. La preocupación principal de la propie dad- rural no es ya
el antagonismo con la industria, sino la cuestión obrera. La contención de las
reclamaciones de los trabajadores se con vierte ahora en su preocupación política
más urgente, y por eso aparece, al mismo'tiempo, en agudo antagonismo con las
aspiraciones de los obre ros industriales por mejorar su situación, porque
toda mejora dificulta la retención de las fuerzas de trabajo agrícolas. Así, la
hostilidad común contra el movimiento obrero une a estas dos clases poderosas.
Al mismo tiempo, crece el poder del latifundio con
la desaparición, o al menos con la fuerte debilitación, del antagonismo con la
pequeña propiedad rural. El antiguo antagonismo histórico se suprimió hace mu
cho con la abolición de Jas cargas rurales. La reducción de los precios de los
cereales, así como las dificultades de la cuestión obrera, han pa ralizado
casi por completo la expansión del gran latifundio a costa del pequeño
propietario. Por otro lado, la lucha común por los aranceles agrícolas ha unido
a los pequeños propietarios con los grandes. El he cho de que la pequeña
propiedad esté mucho más interesada en la pro tección contra la importación de
ganado y carnes que la grande no im pidió, naturalmente, una marcha conjunta,
ya que el arancel s¡ólo podía conseguirse en la lucha común. A ello se suma el
efecto específico de los aranceles agrícolas sobre el precio del suelo. Su
aumento es para la agricultura como tal más bien perjudicial, pero muy
provechoso para cada propietario agrícola. Por consiguiente, la lucha común por
la política
comercial unió a tod^s las capas de la^J*opiedad
rural en los países con necesidad de importación agrícola y le dio así al
capital financiero la protección de los intereses agrarios. La propiedad media
y. pequeña par ticipaba tanto ipás en esta lucha cuánto que el rápido
desarrollo del sistema cooperativo aumentaba la venta de 'la economía campesina
para
EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 385
el mercado y reducía lá producción para el consumo
propio. A l mismo tiempo, la gran propiedad tomó muy fácilmente la dirección en
estas cooperativas, ya que, por un lado, no existía ningún fuerte contraste de
intereses y, por otro, eran precisamente los propietarios mayores los que
disponían de la exfííriencia, inteligencia y autoridad necesarias. Esta cir
cunstancia volvió a fortalecer el papel dirigente de los grandes propie tarios
y determinó que la política agraria pasara cada vez más á manos de la gran
propiedad.
Por otra parte, el desarrollo condujo a que los
intereses de propie dad se unificarán cada vez más porque las fuentes de
ingresos eran-- cada vez más diversas. La política arancelaria ha hecho
aumentar rápi damente los ingresos por renta de la tierra, especialmente en el
último decenio, en el que disminuyó la intensidad de la competencia agrícola
ultramarina, en parte por el rápido desarrollo industrial de los Estados Unidos
de América1, en parte porque la producción agrícola de los Estados de América
Central y del Sur no iba a la par con el áumento de la demanda a pesar de su
rápido desarrollo. Pero el aumento de la renta de bienes raíces significaba que
la gran propiedad rural disponía de un excedente de ingresos; no obstante,
encontraba dificultades en em plearlo en la expansión de la producción
agrícola porque la ampliación de la superficie chocaba con fuertes obstáculos
en la distribución de la propiedad. Estos se vencen cuando la tendencia del
aumento de los pre cios de los cereales es fuerte y permanente, y, por eso,
parece adecuado un precio mayor del suelo, y luego, lo cual es un segundo
factor impor tante, cuando el latifundista choca con cámpesinado que está
arruinado
y no puede defenderse contra la venta. No obstante,
el período que va
31 La exportación de los Estados Unidos ascendió:
en 1901, 33 por 100 de la pro ducción total de trigo; 1902, 29 por 100; 1903,
19,5 por 100; 1904, 10,5 por 100.
M . R U B IN
O W , Russia's wheat trade, "Washington, 1908.
En las anotaciones del Oepartment of Commerce and
Labor, de Washington, cita das por M A R IE S C H W A B , op. cit., pág. 73,
se dice: "La reducción de las cantidades ex portadas de cereales
panlBcables, alimentos y algodón que ha tenido lugar en los úl timos años y
especialmente en los años 1903-04 no se debe ni a- malas cosechas inte-riores
ni a precios bajos en el exterior. Las cantidades cosechadas en el último año,
de maiz, trigo y algodón, no estaban por debajo del promedio, e incluso por
encima en la mayoría de los casos. La causa principal del continuo retroceso de
la P^rte, co rrespondiente a los productos agrícolas en la exportación total
reside claramente en las necesidades crecientes de los Estados Unidos. La
cantidad de trigo retenida para el consumo interior de los Estados Unidos jamás
había alcanzado antes de 1880 los 275 millones de bushels. En 1883 superó el
límite de 300 millones y continuó cre ciendo poco a poco con el incremento de
la población. En 1889 'ascendió a más de 400 millones, en 1902 a más de 500
millones y en el ejercicio finalizado el 30 de ju nio de 1904 a 517 millones
de bushels. Este es, hasta ahora, el importe total más gran
de registrado en un solo año".
"La población de ios Estados Unidos ha
aumentado desde 1880 a 1900 de 50 a 76 millones, esto es el 52 por 100,
mientras que la superficie triguera de la República experimentó únicamente un
aumento de 34 a 42 millones de acres, esto es, en el 23,5 por
Toda la
superficie cultivada con cereales de todas clases aumentó de 136 a 158 millones
de acres, es decir, en un 16,5 por 100" Qbídem, pág. 72).
25
386 EL
CAPITAL FINANCIERO
desde la mitad de los años setenta hasta mediados
del primer decenio del siglo xx había sido favorable al campesinado. La
competencia ul tramarina había afectado con toda violencia precisamente al
latifundio cultivador de los grándes cereales y dedicado a lá cria extensiva
del ga nado, al que también perjudicaba más que a ningún otro la escasez de
mano de obra, mientras que el aumento de la demanda urbána de pro ductos
principales de las pequeñas granjas (leche, carne, legumbres, fru tos, etc.) y
la menor importancia de la escasez de mano de obra para esas explotaciones
favoreció a la propiedad media y pequeña. La pro pensión a ampliar la
propiedad rural, que se-pudo implantar con toda fuerza para la gran empresa
cuando la tendencia a la disminución de los precios de los cereales cedió ante
la contraria,-, choclo, por consiguien te, con la resistencia de una poderosa
propiedad media y pequeña cuyos productos principales se beneficiaban
igualmente de la tendencia as cendente de los precios. Así, pues, este
excedente de ingresos tuvo que buscar empleo, sobre todo, en inversiones
provechosas de la industria.
ello impulsó
también la circunstancia de que el período de alta co yuntura que se inició
impetuosamente en 1895 elevó la tasa de bene ficios de la industria y también
la incrementó bastante por encima de la agrícola. Pero esta posibilidad de
inversión era tanto más fácil, ya que el desarrollo del sistema de acciones
había creado la forma ade
cuada para semejantes diversiones, y la
concentración y consolidación de las grandes industrias había disminuido mucho
también, el riesgo para los outsiders. A ello se sumó el desarrollo tanto de
las industrias pro piamente rurales y su evolución monopolística, fomentada
por el poder del Estado (legislación fiscal), como también e^desarrollo de
industrias localizadas en el campo y, finalmente, para los terrátenientes más
gran des, la unión procedente de tiempos antiguos entre propiedad agrícola
y minera. Todo esto transformó la clase
latifundista de una clase cu yos ingresos afluían de rentas de bienes raíces,
en una cuyos ingresos afluyen, además, y en proporciones crecientes del
beneficio industrial,
de la participación en la ganancia del “capital
móvil” 2.
Para Prusia,
véase Das Kapitalvetmbgen der selbstandigen Landwiríe in Preus-sen" (La
propiedad capitalista de los agricultores independientes en Prusia) del pro
fesor doctor F. K Ü H N E R en Zeitschrift des Kóniglich pteussischen
síaíischen Lánderam-tes, año 48, 1908, que se basa en la estadística prusiana
de la deuda tributaria de los propietarios rurales con un mínimo de 60 marcos
de líquido imponible, es decir, en ge neral, de los agricultores realmente
independientes; estadística basada en los documen tos de la fijación de
impuestos sobre la renta y suplementarios para el año 1902. Por "capital
verdadero" no se entiende aquí el capital en tierras, el capital agrícola
y fo restal, ni tampoco, el .capital industrial y minero de inversión'y
empresarial, sino los créditos de capital de toda clase como acciones, dinero
en las cajas de ahorro, posesión de acciones de minas, etc. Por tanto, se
refiere exclusivamente al capital en inversiones agrícolas o industriales, o al
capital de empresa. Resulta que los propietarios de te rrenos con un mínimo de
60 marcos de líquido imponible de impuestos territoriales, cuyo número total
ascendía a 720.067, poseían en total un capital de 7.920.781.703 mar cos de
los que 3.997.549.251 marcos, o sea, el SO.S^por 100, recaen sobre los 628..876
propietarios con ganancias principales de la agricultura o la silvicultura, o
sea, en ge-
EL CAPITAL
FINANCIERO Y LAB CLASES SOCIALES
387
Por otro lado, creció el interés del capital
financiero por el negocio de hipotecas. Para su expansión es decisivo, caeteris
paribus, el nivel
del precio del suelo: cuanto más elevado es el
precio del suelo tanto mayor puede ser la deuda hipotecaria. El aumento de los
aranceles agríco las se convirtió así en el interés importante de una parte
significativa del negocio bancario. A l mismo tiempo, los ingresos elevados de
los te rratenientes y arrendatarios incitaban a nueva inversión de capital en
la agricultura, ál aumento de la intensidad de la hacienda y, con ello, también
a la adopción más amplia de medios de explotación, y, con ello, otra vez a la
expansión de estos sectores de inversión del capital ban cario.
De otro lado, el prurito de elevar su posición
sociál impulsó a los capitalistas urbanos a la adquisición de propiedad rural o
— también aquí encontramos el principio de la unión personal— a la unión con el
lati
fundio mediante matrimonio, la
forma preferida de penetración social
y de defensa contra la dispersión de la propiedad.
A l separar la función de la propiedad de la de la
dirección de la
producción, que trae consigo el sistema de
acciones, nace la posibili dad, y, con el incremento de la renta de bienes
raíces, de un Jado, y el aumento del beneficio extra industrial, de otro, la
realidad de una so-lidarización de los intereses de la propiedad. La
"riqueza” no se dife rencia, ya por sus fuentes de ingresos, por su
origen del beneficio o de la renta, sino que afluye ahora de la participación
en todas las par tes en que se divide la plusvalía producida por la clase
obrera.
Sin embargo, la unión con el latifundio fortalece
el poder del capi tal financiero extraordinariamente para el dominio del poder
del Estado. Con el latifundio se gana a la clase dirigente y, en la mayoría de
los casos, también a los propietarios agrícolas, en general. Desde luego, lá
protección no es incondicional y sí muy costosa. Pero los gastos, que. se han
de pagar en forma de alza de los productos agrícolas, se recu peran fácilmente
mediante los beneficios extra que la dominación del poder del Estado, y, con
ello, la realización de la política imperialista, procuran al capital
financiero, para el que la dominación del poder del Estado es conditio sine
qua. non. Con la protección del latifundio se asegura en su favor, al mismo
tiempo, a la clase que detenta en su
neral, los agricultores que desarrollasen su
actividad principal en la agricultura, y 3.923.232.452 marcos, o sea, el 49,5
por 100 sobre los 91.191 propietarios con ganan cias accesorias de la
agricultura y silvicultura, o sea, agricultores independientes cuya
attividad como agricultores era secundaria.
Del capital
• total bruto de los 720.067 agricultores independientes de Prusia, es
decir, la suma de 39.955.313.135 marcos, correspondía el 74,1 ,por 100 a los bienes
territoriales:
el 19,3* por 100,
a los bienes de capital; el 5,9
por 100 al
capital de
inversión industrial y de empresa y el 0,2 por 100,
a los derechos y servidumbres; en
el
capital total, de
los 628.876 agricultores
ocupados principalmente en la agricul
tura, de 28.541.502.216 marcos, los porcentajes
correspondientes ascendían al 84,9 por 100, 14,0 por 100, 1,0 por 100 y 0,1 por
10, respectivamente, y en el de los 91.191 ocupados adicionalmente en la
agricultura de 11.413.811.919 marcos 47,1 por 100, 34,4 por 100, 18,3 por 100 y
0,3 por 100, respectivamente.
388 EL CAPITAL FINANCIERO
mayor parte los puestos más elevados e influyentes
y que ejerce el do minio sobre la burocracia y el ejército. El imperialismo
significa forta lecimiento del poder del Estado, aumento del ejército y la
marina y de la burocracia en general, y consolida también la solidaridad de
inte reses del capital financiero con el latifundio.
Así, pues, si el capital financiero, en su deseo de
dominar el poder del Estado, ha conseguido ayuda de la clase más importante de
la agri cultura, el desarrollo de las contradicciones de clase entre los
fabrican tes industriales ha facilitado esta alianza.
El capital financiero aparece, por de pronto, en
antagonismo con el capital medio y pequeño. Hemos visto que el beneficio de
cartel cons tituye una detracción del beneficio de la industria no
cartelizada. Por consiguiente, ésta está interesada en actuar en contra de la
carteliza ción. Pero este interés está frenado por otro;- En tanto se trata de
in dustrias aún no capaces de exportar, únicamente las une con la indus tria
cartelizada común por el arancel proteccionista, la cual es el paladín más potente
del arancel proteccionista. Pero entonces la forma ción de un cartel significa
la aceleración de las tendencias a la monopo lización de los otros sectores.
Precisamente, los capitalistas más pode rosos y más capacitados para lá
competencia de las industrias no carte-lizadas saludan gustosos la formación de
cartels, que fomentará Ja concentración en su propia industria y así acelerará
stí capacidad de for mación del correspondiente cartel. Busca la defensa
contra el cartel de los otros en la creación del suyo y de ningún modo en la
lucha por el libre cambio; pues su deseo no es el libre cambio, sino la
posibilidad de explotación del arancel proteccionista por un cartel propio.
ello se suma
que entre los capitalistas medios y pequeños aumen tan los casos de
dependencia indirecta del capital. Hemos visto que donde más sucede esto es en
el comercio capitalista. Es cierto que lleva consigo un antagonismo mientras el
proceso está todavía en gestación. Pero una vez consumado, éstas capas se
solidarizan en sus intereses con el cartel. Los comerciantes, que son hoy
agentes del sindicato del car bón o de la centrál alcoholera, splo están
interesados ahora en la con
solidación del sindicato, que les quita de encima
la competencia de los outsiders, y en su expansión, que aumenta su venta. Pero
también los numerosos y crecientes casos de dependencia indirecta de
industriales que trabajan según pedido de un almacén, un gran consorcio
industrial, etcétera, consiguen lo mismo, ya que la expansión de la
cartelización en general significa la igualdad de intereses de toda la
propiedad capi
talista. En el mismo sentido actúa la participación
de los capitalistas pequeños y medianos en la gran industria. Facilitado por
el'sistema de acciones, el beneficio acumulado en otras ramas de la industria
se in vierte también, en parte, en las industrias pesadás, porque el
desarrollo que exige la configuración relativamente rápida de lá producción de
me dios de producción se verifica aquí de la forma más rápida, la carteli-
EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 389
zación es más perfecta y, por tanto, la tasa de
beneficios también es la más elevada.
Finalmente, la política del capital financiero
significa la expansión más enérgica y la caza continua de nuevas zonas de
inversión y nue vos mercados. Pero cuanto más rápidamente se extienda el
capitalismo tanto más larga será la época de prosperidad y tanto más corta la
crisis. La expansión es el interés común de todo capital, y en la época del
arancel proteccionista sólo es posible como
expansión imperialista. Ade más, cuanto más larga sea la prosperidad, tanto
menos sensible es la competencia en el propio país, tanto menor el peligro para
los capitalis tas pequeños de sucumbir ánte la competencia de los grandes.
Esto es aplicable a los .pequeños capitalistas de todas las industrias,
inclusive las cartelizadas. Pues precisamente los tiempos de depresión son los
más peligrosos para la existencia de los cariéis, así como, por el contrario,
la depresión, con su lucha de competencia agravada en el interior, con sus
masas de capital inactivo, es el tiempo en que es más fuerte el im pulso hacia
la búsqueda de nuevos mercados.
Después de haber sido combatida durante decenios la
doctrina mar xista de la concentración, se ha convertido hoy en un lugar
común. Se reconoce que es incontenible el retroceso de la clase media
industrial. Pero lo que nos interesa aquí es menos el retroceso cuantitativo,
que nace de la destrucción del pequeño establecimiento, que el cambio de
estructura que se ha producido en los establecimientos pequeños de la industria
y del comercio por el desarrollo capitalista moderno. Gran par te de los
establecimientos pequeños se han convertido en auxiliares de las grandes
empresas y p¿r eso están interesados en su expansión. La industria que se ocupa
en trabajos de reparación de las ciudades y de tra
bajos de instalación, etc., está condicionada por
lá gran producción fabril que todavía no se ha apoderado del trabajo de
reparaciones. El enemigo de todo negocio de reparaciones no es la fábrica, sino
el taller artesano que antaño realizaba todos estos trabajos. Por tánto, estas
capas socia les están en antagonismo con el elemento artesano, pero no con la
gran industria. Lina gran parte de los establecimientos pequeños sólo son in
dependientes en apariencia. En realidad, han caído bajo la “dependen
cia indirecta del capital” (SO M B A R T ) y, con
ello, se han convertido en "siervos del capital” ( O T T O B A U E R ).
Son una clase decadente con es
casa capacidad de resistencia y con una capácidad
deficiente de orga nización, enteramente dependientes de las grandes empresas
capitalistas, de las que son agentes. A ella pertenece, por ejemplo, el
ejército de los pequeños taberneros que no son más que ágentes de venta de las
cer vecerías; los propietarios de las zapaterías que han sido instaladas por
una fábrica de zapatos, etc. A ella pertenecen también los ifumerosos y
aparentemente independientes ebanistas que trabajan para el almacén de muebles;
los sastres que trabajan para el confeccionista, etc. No'ine-cesitamos
profundizar mucho en estas relaciones, ya que Sombart las ha descrito detallada
y acertadamente en su Capitalismo moderno (Der
390 EL
CAPITAL FINANCIERO
moderne Kapitalismus, traducción castellana, E l
apogeo del capitalismo, F. C. E. Méjico).
Pero lo que sí tiene importancia es que de la mano
de este desarro llo surge #tra actitud política de estás capas sociales. La
lucha de inte reses entre la pequeña y la gran empresa, tal como se presenta
al co mienzo del capitalismo en calidad de lucha del taller artesano contra lá
empresa capitalista, se ha resuelto en lo esencial. Esta lucha había llevado a
la antigua clase media a una actitud anticapitalista. Combá-tiendo la libertad
industrial y paralizando las grandes empresas capita
lista, la clase media procuraba aplazar su> derrota. Se apeló a la legis
lación para prolongar la vida de la clase media con la protección
de
la artesanía, nueva introducción de gremios, estipulaciones del tiempo
de aprendizaje, mediante la diferenciación de la
legislación fiscal, etc.
En esta lucha contra el grán capital la clase media
encontró él apoyo de las clases rurales, que en aquel tiempo se. habían
entregado también a tendencias anticapitalistas. Chocó con la enemistad de la
cláse obrera, que en la limitación de la productividad tenía que ver una
amenaza de sus intereses vitales.
La posición de la pequeña empresa existente hoy en
día es esencial mente distinta. En lo esencial la lucha de competencia se ha
decidido aquí en tanto se trata de competencia entre capital y taller artesano.
La lucha por la concentración se desarrolla más bien dentro de la misma esfera
capitalista como lucha entre empresas pequeñás y medianas con tra los
establecimientos gigantes. Las empresas pequeñas son actual
mente anexos de las grandes empresas. Incluso donde
su independencia no slólo es ficticia^no son más que empresas 'auxiliares de
las grandes; así, por ejemplo, los negocios de instalación de las ramas de
ilumina ción, las tiendas modernas de las grandes ciudades, que distribuyen
los productos* fabriles, eíc. Todas ellas no llevan a cabo ninguna lucha de
competencia contra la gran industria, antes bien, están interesadas en su mayor
expansión posible, ya que les procuran sus negocios como in dustria de reparaciones
o auxiliar, como comerciantes y agentes. Esto no excluye que compitan entre sí,
que el movimiento de concentración sea también activo entre ellos. Pero, en
general, esta lucha no adopta ya ninguna actitud anticapitalista; antes bien,
ven su salvación únicamente en el desarrollo más rápido del capitalismo, cuyo
producto son ellos mis mos, y que les amplía su campo de ocupación. En cambio,
caen en un antagonismo cada vez mayor con la clase obrera, en tanto ocupan
obre ros asalariados, yá que el poder de la organización ^.de los obreros es
mayor precisamente en las empresas pequeñas.
No obstante, incluso en aquellas’ capas sociales en
que todavía pre domina la pequeña empresa, como, por ejemplo, en la industria
de la . construcción, pieAle su gravedad el antagonismo con el gran capital. No
sólo porque estos empresarios, que dependen del crédito de los Bancos, también
están llenos de espíritu capitalista; no siólo porque su antago nismo con los
obreros es cada vez más intenso, sino también porque,
EL CAPITAL
FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 391
donde representa demandas específicas, encuentran
cada vez menos re-sistencia e incluso frecuente apoyo en el gran capital
precisamente. La lucha por y contra la libertad de industria fue una lucha que
se llevó a cabo con especial intensidad entre los maestros artesanos y los
fabri cantes medios y pequeños de las industrias de medios de consumo. Sas
tres, zapateros, carreteros, obreros de la construcción, etc., eran los ada
lides de una parte, y los fabricantes textiles, confeccionistas, etc., de la otra.
Hoy, en cambio, donde la lucha se ha resuelto en todo lo esencial, la
protección a los artesanos no afecta a ninguno de los intereses vita les de
los-sectores capitalistas más desarrollados. A l sindicato del car bón, a la
asociación del acero, a la industria eléctrica y química, les son bástante
indiferentes las demandas de la clase media, tal como se pre sentan hoy en
día. Los intereses capitalistas pequeños y medios, que son los que sufren las
consecuencias, no son, al menos directamente, los su yos propios. En cambio,
los representantes de estas demandas son pre cisamente los adversarios más
violentos y enconados de las demandás de los obreros. En estos sectores de la
pequeña producción reina la com petencia más enconada y la tasa de beneficios
es la más baja. Toda nue va reforma social, todo éxito sindicalista, acaba con
una serie de estas existencias. Aquí encuentran los obreros sus adversarios más
encarni zados, y, a su vpz, el gran capital y los grandes latifundistas su
mejor tropa protectora 3.
Pero el mismo interés le asegura también a la clase
media el apoyo de las clases rurales, y de esta forma desaparece el antiguo
antagonismo de intereses entre la burguesía y la pequeña burguesía, que se
convierte en tropá protectora política del gran capital. No cambia en nada esta
situación el que el cumplimiento de las demandas de la clase media tam poco
mejoraría en nada su situación. El establecimiento de organizacio nes
obligatorias estatales de lá pequeña industria ha fracasado en todos los sitios.
Donde la pequeña industria es capaz de subsistir, las coope rativas y gremios
{como en las industrias alimenticias de las grandes ciudades) se han convertido
en uná especie de cartels que procuran sa-
’ Para comprender hasta qué punto la conciencia de
este fenómeno ha penetrado en el ánimo de los grandes industriales basta
considerar la actitud del barón Von Reis-’witz, secretario general de la
Asociación de Patronos de Hainburgo-Altona, y prin cipal defensor del
principio de la asociación mixta de empresarios. Presenta como ventajas de la
asociación mixta lo siguiente: En primer lugar, actúa “de un modo
extraordinariamente educativo" sobre el patrono, ya que casi siempre es
afectado por la huelga uno de los sectores asociados, o sea, que la Asociación
"se encuentra con tinuamente en estado de guerra, por así decirlo".
Pero por otro lado— y esto es lo principal— {acilita una marcha conjunta
unitaria de la gran industria, la pequeña y la
artesanía. El barón Von Reis’witz, por razones políticas, da una
importancia especial
a la marcha conjunta
de todos los grupos industriales. El artesano posee la mayor ex
periencia en la
pequeña guerra contra la socialdemocracia,
y de ahí que la gran indus
tria tenga un interés especial en mantenerlo en
sólidas condiciones económicas
(Véase
R F.ISW ITZ, Gründet
Arbeitgeberverbánde, pág. 22 y sigs.; citado
por el doctor G E R H A R D
K ESSLER, “Die
deutschen Arbeitgeberverbánde", en Schriften des Vereins für Sozialpoli-
tik, tomo 124.
Leipzig, 1907, págs. 106 y sigs.).
392 EL
CAPITAL FINANCIERO
quear en común a los consumidores, como en la
carnicería y panadería.
son
asociaciones de patronos, bien directamente, bien uniéndose los miembros de un
gremio corporativamente en una asociación separada de patronos, dependiente
intrínsecamente del gremio4.
No obstante, precisamente la imposibilidad de poder
presentar exi gencias económicas propias de importancia, en contraste con el-
antiguo artesanado, hace que la clase media sea incapaz de una política inde
pendiente; convierte en necesidad esta política subordinada. Sin la po
sibilidad de una propia política de clase se convierte en botín de toda
demagogia, si tiene en cuenta únicamente su enemistad contra la clase obrera.
De adversario económico de los obreros pasa a ser su adversario político, pues
en la libertad política que ella, la clase media, ya no pue de utilizar, ve
una ayuda para la consolidación del poder político y, con ello, también del
económico de la clase obrera. Políticamente se .hace re accionaria, y cuanto
más pequeña sea su casa tanto más valor pone en ser señor de ella. También
clama por la mano dura en el Gobierno y está dispuesta a proteger toda política
de fuerza, siempre que esté di rigida contra los obreros. Así, pues, la clase
media se convierte en el promotor más entusiasta del poder fuerte del Gobierno,
sueña con el militarismo y el marinismo, y con una burocracia autoritaria. Con
ello facilita los negocios de las clases capitalistas y se convierte también en
su aliado más precioso. Sin embargo, el mismo imperialismo le da una nueva
ideología; de la rápida expansión del capital espera también para sí una marcha
mejor de sus negocios, aumento de sus oportunidades ad quisitivas, incremento
del poder adquisitivo de sus clientes y, de esta forma, se convierte en un
acompañante entusiasta de los partidos im perialistas. A l mismo tiempo,
carece de poder de reacción frente a los medios de presión que utiliza el gran
capital en las elecciones, sobre todo, frente al boicot comercial, y su
debilidad también lá hace políti camente un objeto adecuado de explotación.
Naturalmente, empieza a dudar cuando se le presenta
la factura, y la armonía entre ella y el gran capital se ve perturbada durante
cierto tiempo. Pero los impuestos los pagan en su mayor parte los obreros; y si
le alcanzan también los impuestos indirectos más que al gran capital, su
capacidad de resistencia es demasiado pequeña para romper la unión. Sólo una
pequeña parte de la clase media se separa de la bandera de la burguesía y se
une al proletáriado. Prescindiendo de los aparente mente independientes, que,
en realidad, son industriales a domicilio,- la mayoría de las capas urbanas del
pequeño comercio pertenecen a este grupo, los que, dependientes de los clientes
obreros, por consideraciones comerciales o también por el continuo trato con
ellos, hán sido gana dos para su ideología y se unen al partido de los
trabajadores.
Una posición muy diferente toman aquellas capas que
recientemente se denominan, según una malá costumbre, como “nueva clase
njedia”.
* Véase IK
essler, op. cil., pág. 15. v.
EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 393
Se trata de los empleados del comercio y la
industria que han experi mentado un aumento extraordinario con el desarrollo
de la gran em presa y con la forma social de ésta, y que en graduación
jerárquica se convierten en los verdaderos dirigentes de la producción. Es un
sector cuyo crecimiento supera incluso al del proletariado. El progreso hacia
una composición orgánica más elevada significa una disminución rela tiva de
los obreros, en algunos casos y en algunos sectores de la indus tria, incluso
absoluta. Pero esto no puede ocurrir con el personal téc nico, que más bien
aumenta con el volumen de la empresa, aunque no -en la misma-proporción. Pues
el progreso de la composición orgánica significa también progreso de la
mecanización, variación y complejidad de la maquinaria. La introducción de
nueva maquinaria hace superflua la fuerza de trabajo humana, pero no la
supervisión del técnico. La ex pansión de la empresa mecanizada, altamente
capitalista, es por eso un interés vital de los empleados técnicos de todas las
categorías y con vierte á los empleados de la industria en los partidarios más
apasiona dos del desarrollo capitalista.
También actúa en el mismo sentido el desarrollo del
sistema de ac ciones. Separa la dirección de la propiedad de la empresa y
convierte a la dirección en función especial de trabajadores y empleados mejor
pagados. A l mismo tiempo, los puestos más altos se
convierten en em pleos influyentes y bien dotados que parecen estar abiertos a
todos. De esta forma, se despierta en todo empleado (venciendo su sentimiento
He
solidaridad) el interés por el ascenso, el impulso
por el avance, que se forma en toda jerarquía. Cada cual espera superar al otro
y elevarse por encima de la situación semiproletaria hasta alcanzar los
ingresos ca pitalistas. Cuanto más rápido sea el desarrollo de las sociedades
por ac ciones, cuanto mayor sea su volumen, tanto mayor será también el nú
mero de puestos, y, sobre todo, él de los puestos influyentes y bien pagados.
Inicialmente, Jos empleados no ven más que esta armonía de in tereses, y, como
todo empleo, se les presenta como el tránsito a una po
sición superior, no se sienten tan interesados en
la lucha por su contrato de trabajo como en la lucha del capital por la
ampliación de sus secto res de influencia.
Es un sector que, según su ideología y su
procedencia, pertenece todavía a la burguesía, cuyos representantes más hábiles
o menos es
crupulosos llegan a subir a las filas capitalistas.
Es un sector también que por sus ingresos está, en parte, por encima del
proletariado. Los
miembros de este sector son los que tienen más
contacto con los capita listas dirigentes, los que más vigilados están y los
que se eligen con más cuidado. La lucha contra su organización es la más
violenta y en conada. Aunque, finalmente, el desarrollo empujará a estos
sectores (im prescindibles para la producción) al lado del proletariado, sobre
todo cuando las relaciones de fuerza empiecen a oscilar, y el poder del ca
pitalismo, aunque no roto, no parezca ya invencible, hoy por hoy estos
394 EL
CAPITAL FINANCIERO
sectores no son todavía ninguna tropa especialmente
activa en la lucha por la independencia.
La evolución ulterior tiene que cambiar poco a poco
esta actitud pa siva. La disminución de la posibilidad de llegar a la posición
indepen diente, que es consecuencia del desarrollo de «concentración, obliga
cada vez m á /a los pequeños industriales y capitalistas á dejar que sus hijos
entren en la bufocracia privada. Con el número de los empleados crece, al mismo
tiempo, la importancia de sus retribuciones, y ello despierta la tendencia a
rebajar el nivel del sueldo. La oferta de estas fuerzas de trabajo aumenta
rápidamente. Por otro lado, en la gran empresa se crea también una mayor
división del trabajo y especialización para estas fuerzas de trabajo altamente
técnicas. Una parte de este trabajo, que recibe un carácter automático, lo
procuran las fuerzas de trabajo menos especializadas; un gran Banco moderno,
una sociedad eléctrica moderna, unos almacenes, ocupan una cantidad de
empleados que no son más que obreros parciales especializados, cuya formación
superior, en caso de que la tengan, es más o menos indiferente para el
empresario. Están continuamente en peligro de ser sustituidos por obreros sin
formación profesional o con muy poca. El trabajo femenino les hace también mu
cha competencia; tienen qye disputarse esta competencia .en el precio de su fuerza
de trabajo y son rebajados en su posición social, lo cual les es tanto más
doloroso, ya que están acostumbrados a los hábitos burgueses. A ello se suma
que, con la expansión de las empresas gigan tes, no crece más que el número de
estas colocaciones mal pagadas, y nunca, en la misma medida, el número de
puestos altos. Si el aumento de las grandes empresas y de sus formas modernas
ha elevado rápida mente la demanda de empleados de toda clase, la ampliación
de las ya existentes no motiva un aumento en la misma proporción. Además, con
la consolidación de las sociedades por acciones los puestos mejor pa gados se
convierten cada vez más en el monopolio de la capa de gran des capitalistas y
las perspectivas de ascenso se reducen considerable mente 5.
La unión de las industrias y de los Bancos en los
grandes monopolios empeora aún más la situación de los empleados. Se enfrentan
ahorá ante un grupo muy poderoso de capitalistas; su libertad, en la elección
del puesto de trabajo que les ofrece la perspectiva de mejorar su situa ción
aprovechándose de lá competencia de los empresarios por atraerse a los mejores
empleados, es cada vez más precaria incluso para los más
aptos y mejor dotados. El número de los empleados
puede reducirse también en absoluto" mediante la asociación. Esta afecta,
sobre todo, al
------------------
)
Así, por
ejemplo, según el infórme del Berliner Tageblatt del 14 de junio de 1909,
el presidente de la comisión directora de la
Asociación de Funcionarios Bancarios de
Alemania, -Fürstenberg, dijo lo siguiente a ¡a
asamblea (Berlín): "Las tendencias a la concentración en. la industria
bancaria se han paralizado, afortunadamente. A pesar
de todo, en la actualidad el 90 .por 100 de todos
los funcionarios bancarios de Alema nia no poseen perspectiva alguna de ser
algún día independientes".
EL CAPITAL
FINANCIERO Y LAS CLASES SOCIALES 395
número de los puestos mejor pagados, ya que se
puede simplificar la dirección. La creación de la combinación, pero, sobre
todo, la del trust, reduce sensiblemente el número de los puestos técnicos más
elevados. Disminuye absolutamente el número de agentes de circulación,
viajantes publicistas, etc. a.
Sin embargo, dura bastante antes de que estos
efectos repercutan sobre la posición política de este sector. Procedentes y
reclutados de los círculos burgueses, siguen viviendo de momento con su antigua
ideolo gía. Son los círculos en que e l,miedo de descender al proletariado
man tiene vivo el deseo únicamente de no ser ni parecer proletario. A l mismo
tiempo, son los círculos en donde es más intenso el odio contra el prole
tariado, donde es mayor la repugnancia por los medios de lucha prole tarios.
El dependiente siente como una ofensa que se le llame obrero, mientras que el
consejero y, a veces, también el director de un cartel reclaman celosamente
esta denominación para sí, teniendo en cuenta, na turalmente, que uno teme la
menor valoración social y el otro hace hin capié en la valoración ética del
trabajo. Pero, a pesar de todo, esta ideo logía mantiene á los empleados
alejados de los puntos de vista proleta rios. No obstante, por otro lado, el
desarrollo de las sociedades por acciones, y, especialmente, el de los cartels
y trusts, significa una ace leración extraordinaria del desarrollo
capitalista. El rápido desarrollo de los grandes Bancos, la expansión de la
producción a través de la exportación de capital, la conquista de nuevos
mercados, todo esto son medios para abrir cada vez más campos de ocupación a
los empleados de toda clase. Separados todavía de lá lucha proletaria, ponen
todas sus esperanzas en la ampliación del campo de ocupación del capital. 'Me
jor formados que la clase media antes descrita, se dejan entusiasmar más
fácilmente por la ideología del imperialismo; e, interesados en la expansión
del capital, se convierten en prisioneros de su ideología, la cual, dado su
alejamiento ideológico del socialismo, que les resulta real mente demasiado
peligroso, parece ofrecerles una salida y abrirles her mosas perspectivas de
ascenso y de aumento de sueldo. Socialmente débil, esta clase de los empleados,
con sus relaciones en los sectores del pequeño capital, con su mayor facilidad
para la actividad pública, tiene una influencia importante en la formación de
la opinión públicá. Son los abonados de los lórganos específicamente
imperialistas, los partidarios de la teoría racista (que en ellos también es, a
veces, un fenómeno de com petencia), los lectores de las novelas de guerra,
los admiradores de los héroes coloniales, los agitadores y el rebaño de
electores del capital financiero.
Pero este puesto no es definitivo. Cuanto mayores
sean los obstácu los con que tropiece la ampliación del capitalismo,
obstáculos que retar dan lá expansión, cuanto más perfecta sea la formación de
cartels y trusts.
La creación
del trust del whisky hizo su,perHuos 300 viajantes, y la del trust del acero,
200 (Véase J. W . JEN KS , The Trust Problem, Nueva York, 1902).
3 9 6 EL
CAPITAL FINANCIERO
y, con ello, adquieran la supremacía las tendencias
que rebajan la situa ción de los empleados, tanto más crecerá el antagonismo
con el capital de estas clases, á cuyo cargo están tanto las funciones
dirigentes más importantes de la producción como las más inútiles; tanto más se
verá impulsado el grupo de empleados rebajados a la categoría de obreros
parciales del capital, que forman su masa, siempre oprimida y demasiado mal
pagada, a emprender la lucha contra la explotación al lado del pro letariado;
un momento que llegará tanto antes cuanto mayores sean la fuerza y las
perspectivas de victoria del movimiento proletario.
Finalmente, el interés común frente al avance de la
clase obrera une cada vez más á todos los sectores burgueses. Pero en esta
defensa ha tomado la dirección, desde hace tiempo, el gran c.apital.
CAPITULO X X IV
Leí lucha p®r el central® de trabuj®
Cómo ya se sabe, la lucha por el contrata de
trabajo reicorre tres es tadios. En el primero el fabricante individual se
enfrenta con él obrero individual. ,Ein el segundo el fabricante individual
lucha contra Xa orga nización de los trabajadores; en el tercero las
organizaciones de los em
presarios se enfrentan solidariamente a las de los
obreros. '
El Sindicato obrero tiene la función de suprimir la
competencia de los obreros entre sí en el mercado de trabajo; aspira al
monopolio de la oferta de la mercancía fuerza de trabajo. De esta forma
representa un cartel de contingentes, o de un ring, ya que en relación con los
ca pitalistas no se trata más que de la compraventa de la mercancía. Todo
cartel de contingentes y todo ring adolece, sin embargo, de un punto débil: no
domina la producción y, en consecuencia, no puede regular el volumen de la demanda.
En el Sindicato este defecto es irrevocable. La producción de la fuerza de
trabajó escapa casi siempre a su regula ción. Sólo cuando se trata de fuerza
de trabajo especializada puede con seguir la organización de los trabajadores,
restringir su producción me diante ciertas medidas. Un Sindicato fuerte de
obreros especializados puede limitar la producción de tales fuerzas de trabajo
y asegurarse así cierta posición de monopolio mediante la restricción del
número de apren dices, imponiendo un tiempo de aprendizaje más largo,
prohibiendo que se dé ocupación a otras fuerzas de trabajo especializadas, es
decir, re conocidas por el Sindicato como especializadas. U n ejemplo lo
tenemos en los sindicatos de los tipógrafos, úan conseguido, por ejemplo, que
no se empleen nada más que tipógrafos altamente especializados e “inicia dos”
también en monotipias, para cuyo servicio bastaría simplemente fuerzas de
trabajo con una formación técnica general y, por eso, rela tivamente poco
especializadas. En circunstancias favorables un Sindicato fuerte puede lograr
incluso invertir la relación y darle a un trabajo el carácter de especializado
y, por tanto, mejor pagado al admitir como obreros completos solamente a
obreros con un cierto período de apli
398 EL CAPITAL FINANCIERO
cación más largo. Este es el caso, por ejemplo, de
la industria textil in-gleisa, cuya posición de monopolio en el mercado
mundial, que todavía se sigue manteniendo en parte para ciertos productos,
favorecía, de un lado, la formación de un Sindicato fuerte, y, de otro,
facilitaba a los empresarios las concesiones, ya que la posición de monopolio
hacía po sible la repercusión .de los elevados salarios en Jos consumidores.
La aspiración de dominio del mercado de trabajo
engendra también
la
tendencia- a contener la competencia de los obreros extranjeros .difi cultando
la inmigración, especialmente cuando se trata de inmigración de proletarios más
indigentes y difíciles de organizar. Las prohibiciones de inmigración son al
Sindicato lo que el arancel proteccionista al cartel1.
Pero el Sindicato es una organización de hombres
vivos; si quiere alcanzar su meta tiene que ser mediante la voluntad de sus
miembros. La creación del monopolio tiene como requisito previo que los obreros
vendan su fuerza de trabajo únicamente a través del Sindicato y sola mente en
las condiciones fijadas por él. El precio de la fuerza de tra bajo tiene que
quedar a,l margen del juego de la oferta y la demanda. Quiere decirse que los
ofertantes, o sea, ios desocupados, no entran en acción sobre el mercado del
trabajo a otros precios que a los determi nados. El precio es lo dado, a
saber: el fijado por la voluntad del Sin dicato, y la oferta tiene que regirse
por el precio, y no el precio por la oferta y la demanda. De esta forma el
Sindicato ¡se convierte en la co operación de los trabajadores ocupados con
los desocupados. Estos tie nen, que mantenerse fuera del mercado de trabajo,
como hace el cartel al proteger el mercado contra la repleción almacenando los
productos ^cuando la producción supera la oferta correspondiente a los fines
del
cartel. A los costes de almacenamiento corresponden
los subsidios a los desocupados de los sindicatos, que, sin embargo, tienen
aquí mucha más importancia puesto qué son el único medio de mantener la oferta
dentro de los límites, mientras que el cartel posee el medio mucho más eficaz
de'restringir la producción. Pero, por otro lado, se consigue el mismo objetivo
del alejamiento de los desocupados cuando la clase obre ra se une en una
.unidad combativa con medios morales de coacción, excluyendo a los dispuestos a
trabajar, explicando el perjuicio de los intereses de clase, en una palabra,
con una educación sindicalista es pecial.
Como en todo monopolio, también se trata,
naturalmente, en el Sin dicato obrero de la dominación más completa posible
del mercado; No obstante, surgen para él obstáculos importantes. Al interés de
clase de los trabajadores se opone el interés personal momentáneo de los
obreros individuales. La organización requiere ciertos sacrificios:
aportaciones, pérdida de tiempo, voluntad de lucha. Quién permanece alejado, de
él
1 No es
éste el lugar
apropiado para profundizar
más en el
problema de la
inmigración, y
está por demás debido a los minuciosos estudios mencionados arriba
y publicados en la Nene Zeit, i.
LA LUCHA POR EL
CONTRATO DE TRABAJO 399
se ve favorecido por el empresario, evita
conflictos, la desocupación o el despidoi. Cuanto más se fortalecen los
sindicatos obreros tanto más crece el deseo del empresario por mantener a sus
obreros alejados de ellos. Sustituye las organizaciones de ayuda de los
sindicatos por las suyas propias y explota conscientemente el antagonismo entre
el interés personal y el de clase.
La lucha sindical es una lucha por el contrato de
trabajo. El obrero reproduce el valor12 de c y crea nuevo valor, que se divide
en v + p, salario y plusvalía. La magnitud absoluta de v + p depende de la
dura-ición del tiempo de trabajo. Cuanto más corto el tiempo de trabajo, más
pequeño es v + p, y con v permanente más pequeña será p. Con tiem po de
trabajo permanente crece p si disminuye v, y viceversa. Este efecto es
estorbado por el cambio de la intensidad del trabajo; con salario cre ciente y
tiempo de trabajo descendente aumenta la intensidad del trabajo. El desarrollo
del sistema de destajo y del salario de primas persigue au mentar la
intensidad del trabajo' al límite más alto con salario y tiempo de trabajo
dados, e igualmente la aceleración de la rapidez con que se tiene en marcha la
maquinaria es un medio objetivo para incrementar la intensidad del 'trabajo.
Los progresos que ha conseguido la clase obre ra en relación icón la reducción
del tiempo de trabaja yacen seguramente dentro y, parcialmente, muy dentro de
los límites en que la reducción del tiempo dé trabajo se ha compensado por
completo aumentando su intensidad. Por muy importante que haya sido el efecto
de la reducción del tiempo de trabajo respectoi a la situación social de los
trabajadores, por mucho que esta reducción y la lucha por ella haya elevado su
nivel material y espiritual, apenas hay duda de que esta reducción del tiem po
de trabajo ha afectado la relación de v : p en favor de p. La tasa de
beneficios no se ha afectado con ello; por consiguiente, no ha cam biado nada
económicamente. Digamos de paso que hubieran ¡sido im posibles tiempos de
trabajo más largos para el desarrollo de muchas industrias con sus elevados
imperativos de precisión y exactitud, y que, generalmente, se ha elevado la
calidad del trabajo con la reducción del tiempo de trabajo, se ha acelerado el
progreso técnico y ha aumentado la plusvalía relativa. Respecto al nivel de los
salarios .no es muy clara la relación entre el aumento de los mismos y el dé la
intensidad del tra bajo, pero dicha relación también existe aquí y, al menos,
es muy du doso que el aumento relativamente pequeño del salario real, sobre
todo para el trabajo especializado, haya aumentado a costa de p; más bien, y
esto es mucho más probable, ha habido también aquí una compensación completa
con el aumento de la intensidad del trabajo. Naturalmente
2 Sin duda una falta de ortografía o de la máquina.
Debe decir: "El obrero transfiere el valor de c ..,’\ etc. Véase K A R L M
A R X , El capital, vol. I, pág. 216: “Lo que se consume, en general, en los
medios de producción es su valor de uso, me diante cuyo consumo el trabajo
forma productos. Su valor no se consume, en realidad, y, por consiguiente,
tampoco puede reproducirse". (Nota de la redacción del Dietz Verlag, de
Berlín, editor de la obra de Hilferding.)
400 EL CAPITAL FINANCIERO
sólo hay que admitir que hasta la entrada de tales
compensaciones ha pasada cierto tiempo durante .el cual p se ha hecho más
pequeña debido al incremento dé v.
Como' el valor de la mercancía — y para abreviar
podemos hablar aquí de valor donde se trata de la relación social— es igual al
capital constante más el variable más la plusvalía (c + v + p ), el cambio de
v, aí que le corresponde un opuesto de p, no tiene ninguna influencia so bre
el precio de la mercancía y, por consiguiente, ningún efecto para los
consumidores. El que el aumento del salario y la reducción del tiempo de
trabajo no puedan, tener ningún efecto sobre el precio de ■la mer cancía lo"
demostró ya Ricardo de forma concluyente. Esto también es evidente. El producto
social de cada año se divide en dos partes. La primera es el sustitutivo de los
medios de producción gastados, de la,' maquinaria, materias primas, etc., que
hay que detraer, por lo pronto, del producto total; la segunda es el nuevo
producto creado por Jos obre ros productivos durante el año. Esta se halla, en
principio, en manos
de los capitalistas y se divide en dos partes: una
constituye los ingresos de los trabajadores, la segunda va a parar a los
capitalistas como plus valía. El precio del producto para los consumidores es
igual a la suma de las dos partes y no puede alterarse por la relación en que
se divide la 'segunda parte entre obreros y capitalistas. El que el aumento de
salarios y la reducción del tiempo de -trabajo encarecen el producto es, por
consiguiente, una afirmación completamente absurda desde el punto de vista social.
A pesar de todo, esta afirmación vuelve a reaparecer de vez en cuando, cosa
que, desde luego, tiene sus razones.
La deducción que acabamos de hacer sólo vale
directamente para el valor de las mercancías, esto es, únicamente desde el
punto de vista de la sociedad. Pero ya sabemos que el valor de la mercancía
sufre una modificación por el deseo de compensación de la tasa de beneficios.
Sin embargo, para el capitalista individual, o para los capitalistas de una,
rama individual de la industria, el aumento de salarios ;se presenta como
aumento del precio de coste. Supongamos que su suma de salarios ha ascendido
hasta ahora a 100; con un capital constante gastado de 100 y una tasa de
beneficios del 30 por 100 vendió el producto por 260; si sube ahora el salario
a consecuencia de una huelga con éxito a 120, su precio de coste es ahora igual
a 220; si vendiera como antes a 2,60, su beneficio hubiera disminuido en
absoluto de 60 a 40 y su tasa de be neficios del 30 a algo menos del 19 por
100, o sea, muy por debajo de la tasa media, de beneficios. Por eso ha de
'tener lugar una compensación de las tasas de beneficios. Esto significa que el
aumento de salarios en una rama individual de la producción tiene como
consecuencia el alza del preicio en esta rama de la producción; este alza se
realiza a base de la formación de otra tasa general de beneficios que es más
baja que la anterior. Pero las alzas de precios se realizan siempre con
resistencias; el .alza de precios implica dificultades en la venta, que actúa
de nuevo contra el alza; todavía tienen que cumplirse, los contratos a los
precios
LA LUCILA POR EL CONTRATO DE TRABAJO 401
antiguos, y, sobre todo, .pasa bastante tiempo
antes de que el alza de precios pueda imponerse. En sentido estricto tendría
que resultar una fuga de capital de esta rama de la producción, ya que el alza
de pre cios significa disminución de la venta, y por eso tendría que reducirse
la oferta, es decir, la producción. Este peligro de la reducción de la venta es
diferente én las distintas ramas de la producción y por eso también la
resistencia de los empresarios contr.a las reivindicaciones de salarios. También
depende mucho del estado de la coyuntura y de la organiza ción de la
industria, que hace posible tales descargas en mayor o menor grado, más de
prisa o más despacio. Supuesto'el aumento general de salarios, la compensación
de la modificada tasa de beneficios tendrá como
consecuencia que los precios de los productos dé
las industrias de com posición orgánica más alta que la media bajen, y los de
la más baja su ban. Pero todo aumento de salarios tiene como consecuencia una
reduc ción de la tasa media de beneficios, aunque esta reducción sólo se im
pone lentamente mediante el aumento de salarios en una esfera y es poco
decisivo.
Como hasta el logro del nuevo nivel de precios se
originan pérdidas para el capitalista individual, la resistencia de los
capitalistas es natu ral, y cuanto más baja la tasa de beneficios, más fuerte
será aquélla. Hemos visto que una tasa de beneficios inferior .al promedio
reina en la pequeña industria y en las esferas pequeño-capitalistas; por eso
será aquí mucho más notable la resistencia, mientras que, al mismo tiempo, la
fuerzia contra la resistencia es la menor. La lucha sindical es una lucha por
la tasa de beneficios desde el punto de vista del empresario, y por él aumento
de salarios (en lo que está incluida la reducción del tiempo de trabajo) desde
el punto de vista de los obreros. Jamás puede ser una lucha por la abolición de
la misma relación de capital, de la explotación de la fuerza de trabajo. Pues
semejante lucha estaría decidida siempre desde un principio; como el objetivo
de la producción capitalista es la producción de beneficios mediante la
explotación del obrero, la supre sión dé la explotación haría absurda la
empresa para el empresario. Por consiguiente, detendría la producción, pues
fuese como quisiera su si tuación personal no podría mejorarse con la apertura
de la empresa; en semejante caso arResgaría la completa rendición por hambre de
sus tra bajadores. Si sólo estuviera amenazado su sector, entonces intentaría
salvar aunque sólo fuera una parte de su capital transfiriéndolo a otro sector.
La lucha por la completa abolición de la explotación cae así fue ra del marco
de las tareas puramente sindicales; es una lucha que no se puede decidir, en
general, con métodos de lucha puramente sindicales, como quiere hacer creer la
"teoría" sindicalista. También cuando toma la forma de los métodos
sindicales de lucha, como, por ejemplo, en la huelga masiva,' no se trata de
una lucha contra la posición económica 4el empresario, sino de una lucha por el
poder de la clase obrera como un todo contra la organización de poder de la
burguesía, el Estado. W perjuicio económico de los empresarios no es siempre
más que un me
402 EL
CAPITAL FINANCIERO
dio de ayuda en la lucha por la desorganización de
los medios estatales de poder. Este deber político no puede ser jamás él deber
de los sin dicatos como tales, sino que únicamente puede poner la forma de
or-aanización sindical al servicio de las luchas políticas del proletariado
Mas si la lucha sindical significa la lucha por la
tasa de beneficios, cada vez se ponen ciertas barreras a los objetivos del
Sindicato. Para el empresario se trata de calcular si está en situación de
realizar las nue
vas estipulaciones de precios, si las pérdidas del
tiempo de transición no superan a las de .una huelga bastante larga, y,
finalmente, si no existe la posibilidad para él de invertir su capital en otro
sitio, en una rama de la producción que no sea alterada directamente en su tasa
de beneficios por los éxitos huelguísticos. Pero de ahí se deduce que desde un
principio se han levantado ciertas barreras a toda lucha sindical in dividual.
Reconocerlas es la difícil tarea de la dirección sindical para determinar su
táctica. El Sindicato puede operar, en general, con tanto más éxito cuanto
mayor sea la tasa de beneficios, ya sea en general como durante la alta
coyuntura, ya sea en una rama especial, por ejem plo mediante una posición, de
monopolio, el logro de beneficios extra debidos a patentes, etc.-Entrar más a
fondo en estas condiciones cae fuera del marco de nuestro análisis. En cambio
todavía hay que discu tir brevemente, y en términos generales, el cambio de
Jas relaciones de poder de las dos clases. •
Es natural que el nacimiento de la organización de
empresarios sig nifique un desplazamiento de fuerzas en la relación de capital
y trabajo.
El desarrollo de la organización de los empresarios
se considera, por regla general, como un efecto de las organizaciones obreras,
y cierta mente con razón. Pero el ritmo de su desarrollo tanto como el de su
poder depende esencialmente del cambio de la estructura industria], de la con
centración y de la monopolización del capital.
Mientras el empresario individual se enfrentaba ai
elemento obrero organizado, el Sindicato disponía de una ¡serie de medidas que
han que dado anuladas con el desarrollo de las organizaciones patronales.
Con la concentración del capital crece el poder del
empresario en la lucha por el contrato de trabajo, pero también crece la
capacidad de or ganización de los obreros concentrados. La diversidad de Ja
magnitud de las empresas condiciona también una fuerza de resistencia contra
los
sindicatos completamente distinta. Cuanto más
dispersa esté una indus tria, .cuanto más pequeña sea la magnitud media de la
empresa, tanto mayor será, por lo general, el poder del Sindicato obrero. Y
dentro de la misma industria el jfoder del Sindicato es mayor en la empresa pe
queña y mediana que en la grande, simplemente porque la pequeña, ame nazada de
por sí por la competencia dé la grande, puede soportar mu cho menos que ésta
las pérdidas de una lucha. La lucha de los sindica tos fomenta, en, gener.al,
el desarrollo de la giran empresa y también el de la productividad, el progreso
técnico, la, reducción de los costes de
LA LUCHA POR EL CONTRATO DE TRABAJO 403
producción y el nacimiento de plusvalía relativa,
con lo qué ella misma crea la condición previa para el logroi de nuevas
concesiones.
Mientras los sindicatos se enfrentan a los
empresarios individuales es favorable su posición. Pueden hacer actuar su
fuerza concentrada contra el empresario individual. La lucha de salarios se
disuelve en .una serie dé huelgas aisladas. Los obreros del empresario
correspondiente tienen tras sí toda la fuerza financiera del Sindicato, que no
sufre nin gún debilitamiento debido a las aportaciones y los impuestos extra
de los miembros que continúan trabajando durante la lucha. ,E1 empresario ha dé
temer que le quiten sus clientes los'empresarios que continúan trabajando, que
se reduzcan sus posibilidades de venta después de ter minada la huelga. Tiene
que decidirse por ceder y desde este momento está interesado en que se
generalicen en la industria las condiciones concedidas por él, o sea, que los
otros empresarios tengan que conceder voluntariamente o a la fuerza las mismas
condiciones de trabajo. El aislamiento del empresario permite a las sindicatos
obligarlos por sepa rado, y uno detrás de otro, en luichas aisladas dirigidas
sistemáticamen te, sin que estas huelgas gasten demasiado las fuerzas de los
sindicatos. Sus éxitos los fortalecen con aumento de miembros y aportaciones
in crementadas, y tras la lucha son más fuertes que antes. Es evidente que esta
técnica puede emplearse tanto mejor cuanto menor sea la .unión de los
empresarios, cuanto más fuerte sea la competencia que se hacen entre sí, esto
es, cuanto mayor sea el número de empresarios y menor la fuerza de resistencia
de cada uno de ellos individualmente. Todc^ esto sucede en las ramas en que
predominan las empresas pequeñas y me dianas. La influencia de los sindicatos
es aquí mayor, su poder el más alto. La gran industria, que icalcula de .un
modo mucho más exacto, opone desde un principio a tales huelgas aisladas una
resistencia mu cho mayor, puesto que las grandes empresas insisten con mucho
más ahinco en la mayor igualdad posible de los costes de producción. Aquí sólo
son posibles los éxitos generales; la huelga aislada encuentra aquí mucha más
resistencia, y es mucho más difícil de vencer, ya que el po der del empresario
individual es también mucho más importante y el entendimiento entre los
relativamente escasos empresarios puede suce der también con mayor rapidezs.
Sin embargo, cuanto más fuerte sea el desarrollo sindical, tanto más fuerte
será también la resistencia que provoca en los empresarios. A la unión de los
obreros se enfrenta ahora la fuerza reunida de los empresarios. Y como la
influencia de los sin dicatos es mayor frente a los establecimientos pequeños
y medianos, la resistencia se hará valer también aquí con mayor fuerza. La
organiza ción del empresariado comienza, de hecho, en la artesanía y en las
pe-
Por eso, en
los países donde el desarrollo sindical se establece relativamente tarde y
desde un .principio se enfrenta con una gran industria muy desarrollada, la
organización sindical es, por lo general, en las ramas de la gran industria más
débil que, por ejemplo, en Inglaterra, donde se han desarrollado paso a paso
con la in dustria.
404 EL
CAPITAL FINANCIERO
quenas industrias manufactureras donde el poder de
los sindicatos era más sensible, y experimenta su mayor crecimiento en los años
de alta coyuntura 5. . Pero aunque el nacimiento) de las asociaciones
patronales tiene qué concebirse ciertamente como reacción contra los sindicatos
obre ros c, y por eso sucede primeramente 'en la industria ligera, no queda
li mitado a ella. La formación de cartels y trusts une de un modo mucho más
fuerte e indisoluble los intereses de los capitalistas participantes y se convierte
en una unidad frente a la clase obrera. La supresión de la competencia no se
limita aquí al mercado del trabajo, como en la indus tria ligera no
cartelizada, y fortalece así la solidaridad de los empresa rios en gran
medida. Y puede llegar a tal extremo que sea innecesaria una organización
especial en las ramas en que los empresarios tienen la posición más fuerte. El
Sindicato del Carbón hace inútil una asociación patronal, y el trust del acero
la hace imposible. Aun en el caso de que fuese cierto lo que se afirma siempre
oficialmente de que los cartels ale manes no se ocupan de cuestiones obreras,
íio lo es menos que desde un principio ha existido el proceder unitario de los
empresarios, y pre cisamente su fuerza hace superfluas las funciones específicas
de la aso ciación patronal, como el apoyo huelguístico, ya que basta un
“entendi miento amistoso” de vez en cuando. No obstante, también aquí se nota
cada vez más la tendencia a la fundación de asociaciones patronales.
La formación de asociaciones patronales hace que,
por lo pronto, sea mucho más difícil para lós sindicatos obreros el éxitp del
ataque indivi dual, cuando no imposible. Tras el empresario individual está
ahora su organización; lo indemniza por sus pérdidas, cuida de que los obreros
en huelga no encuentren otro trabajo, mientras que se esfuerza por rea lizar
ella misma Jos trabajos más urgentes del empresario. En caso ne cesario hace
uso de medios más fuertes; se convierte, por su parte, en
* Compárese Dr. G E R H A R G Schriften {ür
Sozialpolitilc, tomo
0 Ibídem, pág.
37.
|KE S S L E R:Die deutschen Arbeitsgeborverbándc,
en 124, Leipzig, 1907, pág. 40.
“ K E S S L E R , op. cit., pág. 20: "Mientras
los obreros de una empresa sean unamasa desorganizada, es también el patrono
individual superior a ellos. No necesita ninguna asociación de patronos... Por
consiguiente, mientras el movimiento sindical alemán lu chaba esforzadamente
por su existencia — en general hasta finales de los años ochen ta del siglo
xix— , no hubo en Alemania ninguna necesidad de asociaciones patronales. Pero
cuando, desde finales de los años ochenta y especialmente después de la caída
de la ley de los socialistas, se impuso la gran dominación del movimiento
sindical, cuando se sucedían una tras otra las oleadas de movimientos de
salarios y huelgas, entonces em,pezó también el empresariado a asociarse en
uniones especiales de patro nos — una reacción natural a la acción de los
sindicatos— . El Sindicato es, en todas partes, el fenómeno primario y la
asociación patronal el secundario. El Sindicato ataca por naturaleza, la
asociación de patronos se defiende (el que ocasionalmente se invierta la
relación no cambia nada en la exactitud general de este hecho). El Sindicato
es, en su juventud, una unión huelguista y la asociación patronal una unión
antihuel guista. Cuanto antes aparezca en una industria un Sindicato fuerte,
tanto.,antes se forma también una marcada asociación patronal. Por
consiguiente, la asociación pa tronal es la organización del empresariado
industria] para la regulación de sus rela ciones con los obreros
organizados".
LA LUCHA POR EL CONTRATO DE TRABAJO 405
atacarle y generaliza la lucha con un lock-out,
para debilitar al Sindi cato obrero y obligarlo a ceder. Y en esta lucha de
todos los empresa rios icontra los sindicatos la organización de Jos
empresarios es, con fre cuencia, la más fuerte 7.
En principio, Ja asociación patronal significa Ja
posibilidad principal de aplazar el momento de la lucha. Mientras las
organizaciones obreras se oponían a los empresarios aislados, les correspondía
a los obreros la elección dél momento. Pero para el éxito de la lucha es
decisivo el tiem po. En Ja alta coyuntura, cuando la tasa de beneficios es más
alta y Ja oportunidad de hacer beneficios extra es mejor, es más sensible
también la paralización del trabajo; para no perder toda la tasa de beneficios,
el empresario fuerte procurará evitar la lucha en estos tiempos, pues para él
se trata, 'de una oportunidad que no vuelve, o al menos hasta la pró xima alta
coyuntura. Considerado simplemente desde el punto de vista
Compárese lo
siguiente sobre las relaciones en. los Estados Unidos: “Las orga nizaciones de
los patronos en los Estados Unidos puede que sean más sólidas y com
bativas que en los otros países. E n casi todas las
industrias hay asociaciones fede rales, de cada uno de los Estados y locales.
Las dos más importantes son la National Association of MSiufacturers y la
Citizen s Industrial Association of America. La pri
mera consta casi exclusivamente de fabricantes y se
estableció en 1895 esencialmente con miras a la ampliación del mercado exterior
para los productos americanos. Mien tras tanto, en los últimos años ha
participado activamente en la lucha contra las or ganizaciones obreras y ha
procurado influenciar la opinión pública y la legislación federal en interés de
la clase empresarial. En 1905 impidieron la admisión de dos le yes importantes
que se habían presentado al Congreso a petición de las asociaciones obreras.
Una quería introducir una jornada de ocho horas para todos los trabajos que se
realicen por o para el Gobierno federal. La otra quería limita^ la esfera de
competencia de "las órdenes judiciales de retención” en disputas
laborales.
La Citizen s Industrial Association difiere de esta
asociación en que es una fede-ración de todas las asociaciones locales,
estatales y nacionales de empresarios y ciu dadanos en los Estados Unidos. Por
iniciativa de- la National Association of Manu-facturerSj a fin de unir a todos
los individuos y asociaciones, se ha constituido en 1903 en una organización de
combate que tiene la intención de hacer resistencia a las demandas de las
Uniones y especialmente a la introducción del "closed shop”, es de cir, a
la colocación exclusiva en las empresas de miembros de las uniones obreras. Ha
aumentado rápidamente y comprende en sus asociaciones nacionales, de distrito y
locales, varios cientos de miles de miembros en total. Combate todas las inter
venciones en los asuntos industriales, tanto del Gobierno como de las
asociaciones obreras. E n su tercera asamblea anual en noviembre de 1905 aceptó
varias resolu ciones referentes a la fundación de escuelas industriales y de
capacitación obrera, estando estas últimas bajo el control de su asociación y
siendo su finalidad la de procurar a los empresarios los obreros que necesiten
sin tener en cuenta su perte nencia a una unión.
Dos de las asociaciones más importantes que están
relacionadas con esta Citizens Industrial Association, además de la primera
mencionada, son la National Metal Trade Association, de fabricantes de
máquinas, y la National Founders Association, de pro pietarios de fundiciones
no ocupadas en la industria de altos hornos. Hace cinco años en su
organización, firmaron contratos con las uniones de los maquinistas y de los
obreros fundidores. Pero desde entonces se han vuelto a anular los contratos y
la Founders Association empezó en 1905 una lucha con la poderosa Unión de
obreros fundidores, que se extiende desde entonces a todas las fábricas de los
Estados Uni dos”. Halle, Weltwirtschalt III, ¿pág. 62.
406 EL
CAPITAL FINANCIERO
del éxito sindical, la huelga tendría que ser
situada en la época de mayor tensión de las fuerzas productivas, y es una tarea
harto difícil del tra bajo de educación sindical convencer a los miembros para
emplear ésta táctica. Pues precisamente en este tiempo son más elevados los
ingre sos de los trabajadores debido a las horas extraordinarias y la
ocupación regular, y el impulso psicológico para la huelga es por eso más
débil. Esto explica también por qué las huelgas más numerosas tienen lugar en
el período de prosperidad anterior a la verdadera alta coyuntura.
Sin -embargo, esta elección del momento cesa de
pertenecerles única mente a los sindicatos ,obreros tan pronto como ha
arraigado la organi zación de los empresarios. Entonces puede ésta determinar
el tiempo de la lucha. Pero para ella el lock-out es una guerra'-preventiva que
se rea liza mejor en tiempos de depresión, donde es muy útil una paralización
del 'trabajo a consecuencia de la superproducción, y donde la resisten cia de
los obreros es menor, debido al debilitamiento financiero de la organización
poir las necesidades de la ayuda, la oferta excesiva en el mercado del trabajo
y la pérdida de miembros. Solamente esta posibili dad del aplazamiento del
tiempo de lucha significa ya un desplazamiento extraordinario dé fuerzas que es
consecuencia de la organización d^ los empresarios *.
No cambia
nada la situación cuando, transitoriamente, no se manifiesta todavía por
completo este efecto del aplazamiento allí donde el desarrollo de la
organización de los empresarios y de su táctica está todavía en sus comienzos.
La estadística de lock-outs, tal como la transmite IKessler, op. cif., pág.
259, muestra, primero, que la de los lock-outs crece rápidamente; segundo, que
su número es mayor en la alta co yuntura que en el tiempo de la depresión.
Esto se explica porque aquellos lock-outs que' representan las medidas
defensivas contra las huelgas crecen naturalmente más de prisa en los tiempos
de alta coyuntura, cuando las huelgas son más frecuentes. Pero no refuta la
opinión de que con el crecimiento de la organización de empresarios la lucha se
desplazará cada vez con más frecuencia mediante la voluntad de los em
presarios en tiempos de depresión, cuanto más crezcan los lock-outs ofensivos.
IKessler dice al respecto (pág. 243): "Junto al lock-out simpatizante se
ha hecho recientemente
y con bastante frecuencia el lock-out programático,
bajo cuyo nombre el autor com prende toda clase de despidos obreros, que se
toman sin ninguna huelga precedente para imponer al elemento obrero un programa
establecido por los patronos, con de terminados tipos de salarios, determinado
tiempo de trabajo, imparitaria capacitación obrera o cualesquiera otras
condiciones de trabajo generales o particulares. La impor tancia de los
lock-outs programáticos crecerá probablemente en un futuro próximo, pues tras las
negociaciones fracasadas por la renovación de las tarifas la asociación de
patronos tiene aún mayor interés que el Sindicato de imponer lo más rápidamente
posible un nuevo convenio de tarifas, aunque sea a
través de la lucha. Los lock-outs
programáticos se pueden comparar ya con la huelga
ofensiva, ya con la defensiva de los sindicatos, pero en la mayoría de los
casos con esta última, dado el carácter
de las asociaciones patronales. Es raro, y lo
seguirá siendo, que una asociación pa tronal intente empeorar directamente las
condiciones de trabajo mediante un lock-out. Con más frecuencia sucede que se
hacL el lock-out para renovar para muchos años un contrato tarifal sin
mejorarlo y defenderse contra cualquier aumento de salarios, etc.”.
Tras una apreciación de la estadística presente,
IKessler llega al resultado "de que
casi todos los grandes lock-outs terminaron con éxito para
los patronos — bien com
pleto o
parcial...— ’. El lock-out es un
arma a la que, por lo general, no puede
resis
tir el elemento obrero. Razón
suficiente para que los
dirigentes sindicales refrenen
LA
LUCHA POR EL
CONTRATO DE TRABAJO 407
No obstante, las mismas causas que conducen a la
organización de los empresarios llevan también a un fortalecimiento de los
sindicatos obre ros. Estos se convierten ahora en todas partes en el refugio
de los obreros, si no quieren estar entregados por completo a la merced e in
clemencia de los empresarios. Las medidas de combate de los empresa rios
alcanzan también a aquellos que hasta ahora estaban alejados de los sindicatos
obreros. Además, el lock-out, y especialmente el lock-out general, se convierte
en el estímulo más fuerte para que entren en la organización los que no
pertenecían a ella hasta ahora. Los sindicatos aumentan rápidamente en
miembros, y asi crece también su fuerza.
Las organizaciones de empresarios intentan
contrarrestarlo mediante la lucha continua contra los sindicatos. Valiéndose de
la selección arti ficial entre sus obreros intentan convertir en
supervivientes a los desor ganizados. ,EJ documento de trabajo de la
asociación de empresarios fa vorece sistemáticamente a los obreros
desorganizados ante los organi zados, los más peligrosos de los cuales, por el
contrario, son boicoteados con las listas negras. Con la organización de los
sindicatos amarillos, esas instituciones destinadas a fomentar la traición de
clase, se intenta dividir a los obreros mediante sobornos y concesión de
ventajas especia les y asegurarse así una guardia de esquiroles ®. Rechazando
las nego ciaciones con los dirigentes de la organización se intenta reducir su
in fluencia moral. La lucha es inútil, porque al fin el interés de clase de
los obreros es el suyo propio y la organización sindical en general se ha
convertido en la condición vital de los trabajadores. Pero difi^ilta los progresos
del movimiento sindical y reduce su influencia. Igual que en el período
anterior a la organización de los empresarios, la resistencia del empresario
individual era variable según la magnitud de la empresa, también la fuerza de
resistencia de las organizaciones patronales varía según su composición. Las
más fuertes son las asociaciones de la gran industria, y, dentro de ésta, la
más poderosa es la posición de las gran des industrias caztelizadas. Estas no
tienen por qué temer la caída o la ruina de sus miembros. Están seguros de que
ningún competidor puede saoar ventajas de la paralización de sus
establecimientos, y, finalmente.
en lo posible las apetencias huelguistas de sus
masas y ahoguen en germen y rápi damente las huelgas fáciles. Razón suficiente
también para que los patronos no se amedrenten irracionalmente ante el
crecimiento de las asociaciones obreras. Además, los grandes costes y pérdidas,
a los que va unido todo lock-out también para los pa tronos victoriosos,
cuidarán de que no se haga uso de este arma grave con dema siada frecuencia, e
indudablemente en casos injustificados. Ni aquí ni allí llegará la
sangre al río” (pág. 263). .
"Si en
América ha devenido una rama lucrativa especial alquilar como condottiere una
tropa de esquiroles industriales, que, según las necesidades y a cambio de una
remuneración, se ponen a disposición de tal o cual empresario, nuestras
empresas gi gantes mantienen, gracias a nuestras instituciones de
beneficencia, una tropa continua de esquiroles. Así, pues, las instituciones de
beneficencia no son un medio que sirve para la paz social, sino un medio de
combate decisivo en la lucha social que for talece en ella la supremacía de
uno de los dos partidos” (Lujo B re n ta n o , en Verhand-lurtgen des Vereins
für Sozialpolitik, 1905, vol. 115, pág. 142).
408 EL CAPITAL FINANCIERO
pueden recuperar las pérdidas ocasionadas durante
la huelga cuando el monopolio esté asegurado y la competencia extranjera sea
poco eficaz debido a! arancel proteccionista. Los pedidos retrasados se cumplen
más tarde, la escasez de mercancías debida ¡r la paralización permite un alza
de precios, o sea, cargar a otro- las pérdidas ocasionadas por la huelga. Por
consiguiente, aquí es donde la resistencia es más fuerte y la lucha contra los
sindicatos más fácil. De -esta manera, estas industrias se con vierten en
dirigentes en la lucha de todas las asociaciones de empresa rios, se presentan
como los adalides del interés común de los empresa rios en la lucha contra la
clase obrera. Cuanto más tengan que ceder los pequeños capitalistas ante los
sindicatos, cuanto más amenazadora se les presenté la fuerza de los
trabajadores, tanto más solidarios se sentirán com los grandes industriales los
adalides de su propia causa.
No cambia nada en esta situación el hecho de que
las asociaciones más débiles se tengan que poner de acuerdo eon los sindicatos,
aunque en circunstancias más favorables para ellos que antes para los empre
sarios aislados. La asociación ha suprimido también para ellos los pe ligros
más grandes. Ha sabido imponer la cláusula huelguista para la industria, impide
la caída de los outsiders con el arma de la prohibición de material, con lo que
convierte a los proveedores en cómplices de su lucha, y finalmente asegura en
todas las circunstancias la igualdad de las condiciones de competencia
impidiendo los acuerdos especiales de empresarios individuales. El mejor modo
de hacerlo es mediante el con venio tarifa!, el acuerdo común del contrato de
trabajo de organización a organización. El convenio tarifal corresponde también
a los intereses del Sindicato, ya que generaliza inmediatamente para toda la
industria los éxitos logrados. Su desventaja consiste en que estipula
anticipada mente el momento para un nuévo acuerdo y le quita así al Sindicato
la elección del momento de combate. Pero como porcia misma existencia de la
asociación de empresarios ya no es el Sindicato el único dueño de la elección
del momento, esta circunstancia alcanza de» igual modo a ambas organizaciones.
De todos modos,' introduce un factor icasual en la lucha futura y por eso hace
que el deseo de .un Sindicato fuerte sea no elegir la duración de un convenio
tarifal de tal forma que con él se haga imposible eventualmente la explotación
de un período de alta coyuntura.
Para los empresarios la existencia de su
organización tiene además la ventaja de que facilita el que se cargue a otros
el alza de los costes de producción. Sabemos qué los éxitos de las huelgas
significan direc tamente una reducción de la tasa de beneficios por debajo del
prome dio para la respectiva rama de la industria. Se facilita la compensación
por el alza de precios que tiene que seguir, y se acelera por la acción común
que en este caso puede gestionar fácilmente la asociación patro nal y que puede
imponer también en las industrias no cartelizadas, ya que el alza dé precios
corresponde a los precios de coste cambiados. Por eso son precisamente las
industrias manufactureras, pequeño-capitalistas
LA
LUCHA POR EL
CONTRATO DE TRABAJO 4
0 9
y no cartelizadas las que se inclinan por la firma
de convenios tarifales 10. También aquí surgen aquellas tendencias que conducen
a la conclu sión de Tta.de. Alliancss. Las industrias que aún no son aptas
para el cartel por su dispersión técnicamente condicionada buscan asegurarse un
monopolio mediante el bloqueo del mercado de trabajo para los outsiders. El
bloqueo se lo debe procurar el Sindicato obrero. Los empresarios uni dos
poseen ahora un casrtel que está protegido por el Sindicato de la competencia
de los outsiders. El beneficio extra de cartel se reparte en tre empresarios y
obreros y éstos están interesados en la existencia del
cartel.
Las relaciones en. la industria cartelizada son
distintas. La tasa de beneficios ha alcanzado aquí el nivel más alto posible
bajo las instala ciones de producción existentes. El precia es igual o casi
igual al pre cio de mercado mundial más arancel proteccionista más costes de
trans porte. Aquí no puede cargarse a otro un alza de salarios, y, por con
siguiente, la resistencia será singularmente fuerte. Además, el elevado
beneficio de cartel se ha fijado ya en el precio de las acciones; una
disminución del beneficio significa baja de la cotización y provoca así la
resistencia de los accionistas contra la transigencia de la dirección. Esta es
protegida por el interés de los Bancos, para los que un beneficio menor
significa reducción de la ganancia emisora en la nueva emisión de acciones. Por
otra parte, la resistencia de los directores mandatarios de las sociedades por
acciones será también mayor por razones psico lógicas. Ellos han perdido todo
contacto con los obreros y frente a ellos son representantes de intereses
ajenos. La transigencia que puede efec tuar a veces un empresario que
representa su propio asunto les parece una violación del deber. H a
desaparecido el último resto de sentimientos personal en la relación de obreros
y capitalistas, y el contenido del con trato de trabajo se convierte en una
cuestión de poder, separada por completo de cualquier consideración de
sentimiento 1f1.
Las cualidades valiosas para el empresario del
convenio tarifal de ga
Por otro
lado, la firma de contratos tarifales fortalece al Sindicato, al que afluyen
ahora numerosos obreros que antes estaban alejados. Esta circunstancia in
crementa la resistencia de los adversarios. Así, la organización alemana más
poderosa de fabricantes, la Asociación'Central de Industriales Alemanes, tomó
en mayo de 1905 la siguiente resolución: La Asociación Central considera la
firma de convenios tari fales entre las organizaciones patronales y las de los
obreros como peligroso para la industria alemana y su próspero desarrollo. Los
convenios tarifales quitan al patrono individual tanto la libertad de decisión
en cuanto al empleo de sus obreros, necesaria para la continuación objetiva de
toda empresa, como también ponen al obrero indi
vidual inevitablemente bajo el dominio de las
organizaciones obreras. Según la con-
-vKXfún'de la Asociación Central, confirmado
también por las experiencias hechas en Inglaterra y Norteamérica, los convenios
tarifales son grandes obstáculos para los progresos técnicos y tarifales de la
industria alemana". Citado por A d o l f B raum , Die
“ Véase también el discurso del consejero
gubernamental L eidig en las Vethand-lungen des Veceins für Sozialpolitik,
1905, pág. 156, y del profesor adjunto Dr. H arm , página 201.Tarifvertcage und
die deutsche Gewetkschalten, Stuttgart, 1908.
410 E L CAPITAL FINANCIERO
rantizar la igiial#ld de los costes se han
conseguido en los cariéis con la acción común de Jos empresarios; la garantía
de la duración de la paz industrial se ha alcanzado por la magnitud de las
luchas, que excluyen la repetición^ frecuente. Por consiguiente, sólo queda la
desventaja de vincular a los empresarios en la elección del momento para la
lucha pró xima y actuar en forma propagandista para los sindicatos obreros.
Por eso sé explica la negativa a los convenios tarifales. Al mismo tiempo, la
posibilidad- de cartelización sin la ayuda sindical hace innecesaria una Ttade
Alliance con su división del beneficio extra de cartel*2. La posición de las
industrias preferentemente exportadoras es semejante también a la de la
industria cartelizada, ya que los precios están determinados por el mercado
mundial y, por tanto, es difícil la repercusión.
,E3 desarrollo de las organizaciones de los
empresarios y de los obre ros concede a las luchas por los salarios una
importancia generalmente social y política, cada vez .mayor. La guerra .de
guerrillas de los sindi catos obreros contra el empresario individual cede
ante las luchas en masa que alcanzan a todos los sectores de lá industria y que
amenazan con paralizar toda la producción social, cuando afectan a las partes
vi tales y más importantes de la producción, dependientes entreoí por la
división del trabajo. .La lucha sindical crece así por encima de su propio
ámbito, y dS una cuestión directa entre empresarios y obreros se con vierte en
un problema cfeneral de la sociedad, esto es, en un aconteci miento político.
A¡1 mismo tiempo, cada vez «s más difícil la terminación de la lucha con
simples medios sindicales. Cuanto más fuertes sean la or-»
12 A d o l f B r a u n también que hay que rechazar
asimismo las T rade Alliances desde el punto de vista de la clase obrera:
"Permítasenos indicar que los empresarios empiezan a unir a los convenios
tarifales amplias intenciones para la supresión de toda competencia incómoda,
propósitos para asegurarse precios elevados y para la explo tación del público
consumidor. Los mismos empresarios que hasta hace poco, y en parte todavía,
manifestaban la mayor indignación sobre las suspensiones de trabajo, el alejamiento
de la inmigración; la influencia del mercado de trabajo por los sin dicatos,
consideran ahora si no se habría de exigir a las organizaciones sindicales en
la firma de convenios tarifales una garantía con miras al mantenimiento de
determi nados precios mínimos jpara las mercancías producidas. Entonces, junto
a la tarifa que obliga al'pago de la fuerza de trabajo, debía existir otra
destinada a regular
la relación de los precios que han de pagar los
consumidores. Las organizaciones sin dicales vinculadas por la tarifa deberían
suspender el trabajo o la mediación del tra bajo, en todos los casos en que un
empresario venda sus mercancías a precios ba ratos, como está determinado por
la organización de empresarios en la estipulación
general de precios. De ésta forma, las
organizaciones sindicales no estarían obligadas meramente a fomentar la
tendencia al encarecimiento de todos los artículos de nece
sidad y a ser sus corresponsables, sino que,
además, se convertirían en representantes conscientes de los intereses de los
empresarios y se harían responsables ante la opinión pública del encarecimiento
del mantenimiento de la vida. Se pueden imaginar también
casos excepcionales en que el objetivo sindical no
se pueda lograr de ningún modo, en^jue las concesiones respectivas no influyan
en el consumo masivo y en que, por eso, pueda parecer explicable una concesión
semejante. Pero hacer, concesiones se
mejantes como norma, como condición y presupuesto
de la firma de tarifas, parece
contradecir los principios del movimiento obrero',
las^ tareas de los sindicatos’' ( A d o lf
B ra u n ,
loe. ctf., págs. 5 y sigs.).
LA LUCHA POR EL CONTRATO DE TRABAJO 4
J J
ganización de los empresarios y el Sindicato, tanto
más largas serán las luchas. El problema del aumento de salarios y de la
reducción del be neficio se convierte en un prohlema de poder. En los
empresarios se hace inquebrantable la convicción de que toda transigencia
debilitará su po sición en el futuro, de que se fortalecerá el poder moral y
efectivo del Sindicato obrero, de que la victoria del presente significará
otras vic torias del Sindicato en el futuro. Quieren decidir para siempre la
lucha y están dispuestos a pagar los gastos de guerra para lograr la sumisión
por largo tiemipo. Su fuerza de capital es lo bastante grande para poder
aguantar durante más tiempo que los sindicatos obreros, cuyos medios son
devorados cada vez con mayor rapidez por los subsidios. Pero la lucha no queda
limitada a esta esfera y pasa a otras, a las cuales su ministra esta esfera la
materia prima o las materias auxiliares; también aquí tienen que paralizarse
las empresas y los obreros na trabajan. Es una situación que desencadena una
irritación creciente en los obreros y además en las ramas del pequeño comercio
alimentadas por la clase obre ra y que puede conducir a grandes colisiones
políticas y sociales. Crece el afán de poner fin a la lucha de salarios
primaria por parte de los que no participan directamente, y, como no disponen
de otros medios de influencia, exigen la intervención del Estado. Soon ello la
cuestión de Id terminación de la huelga se ha convertido de una cuestión de po
der sindical en una cuestión de poder político. Y cuanto más fuerte haya sido
el desplazamiento de fuerzas en favor de los empresarios, debido al nacimiento
de la organización patronal, tanto más importante ser# para la clase obrera
asegurarse la mayor influencia posible en las represen taciones políticas, una
representación que defienda independiente y des consideradamente los intereses
de los trabajadores contra Jos de los em presarios y los ayude a conseguir la
victoria. Mas esta victoria no se debe únicamente a la acción política. Está no
podrá intervenir ni con
ducir finalmente a la victoria más que en el caso
de que el Sindicato obrero sea lo bastante fuerte para llevar a cabo la lucha
puramente eco-' nómica con tal intensidad y energía que se haya quebrado ya Ja
resis tencia del Estado burgués .a intervenir en las condiciones de trabajo en
perjuicio de los empresarios y a la representación
política no le reste más que romperla por completo. Estamos muy Jejos de que el
Sindicato sea algo innecesario para la clase obrera y sustituible par luchas
políti cas; la fuerza cada vez mayor de Ja organización sindical es, por el
con trario, la condición de todo éxito. Pero por muy fuerte que sea también el
Sindicato, precisamente la magnitud, intensidad y extensión de sus
luchas las hace al mismo tiempo políticas y
demuestra a los obreros or ganizados sindicalmente la necesidad de
complementar la acción sindical con la política. Así, pues, en el transcurso de
todo desarrollo sindical llega necesariamente el punto en que la formación de
un partido obrero político independiente se convierte en la condición de la
misma lucha sin dical. Pero, una vez que existe un partido obrero político
independiente, su política no queda limitada por mucho tiempo a los factores
que han
412 E L CAPITAL FINANCIERO
dado el impulso para su fundación, sino que se
convierte en una polí tica que procura representar los intereses de clase de
los trabajadores en su totalidad y con ello se eleva .por encima de la lucha
dentro de la sociedad burguesa para convertirse en una lucha contra la misma
so ciedad burguesa.,
Pero, por otra parte, el fortalecimiento de la
organización de los empresarios hace que la lucha sindical no sólo -no sea
superflua, sino que le da mayores perspectivas de éxito. Porque la organización
de los empresarios tenga el poder, es unilateral decidirse a esperar tranquila
mente hasta que los trabajadores estén agotados, su Sindicato se haya
desgastado económicamente, los dispuestos a trabajar sean poco a poco muchos,
esperar a que, por eso, las luchas sindicales terminen siempre con una derrota
y a que los lock-outs tengan que salir siempre victorio sos. Pues no se trata
solamente de la cuestión del poder, sino de la cues tión de cálculo de los
efectos sobre la tasa de beneficios. Un lock-out o una huelga en la alta
coyuntura supone, en todo momento, una pér dida tan grande que puede ser
ventajoso para los empresarios conceder las reivindicaciones de salarios para
evitar la lucha13. Incluso un Sin dicato debilitado anteriormente por un
lock-out puede emplear siempre tanta fuerza para obtener concesiones de los
empresarios. Sólo que aquí, como el Sindicato también ha de temer la dificultad
de la lucha, las con cesiones permanecerán dentro de límites más estrechas que
en los tiem pos en que. el Sindicato no se enfrentaba todavía a ninguna organización
de empresarios.
De ahí que
creamos que Naumann va demasiado lejos cuando (Verhandlungen des Vereins füc
Sozialpolitík, 1905, pág. 1-87) dice: “La esfera dentro de la cual es posible
esta conclusión normal de la huelga (scil. convenio tarifal) cesa aproxima
damente allí donde la empresa media deja de ascender. Es cierto que se han
hecho también intentos aislados de convenio tarifal por encima de este límite,
pero, a pesar de todo, es una esfera por sí, en la que se puede aconsejar la
huelga al obrero en la vieja forma, según la receta liberal, para llegar así al
convenio tarifal. Una esfera enteramente distinta está por encima del ámbito en
que no se puede conseguir un con venio tarifal con ninguna huelga por sí sola,
por la simple razón de que la pregunta elemental: ¿quién de nosotros dos
aguanta más?, está decidida desde el primer día para toda persona calculadora.
Si volvemos a vivir otra huelga de mineros... el in teresado, como el no
interesado, sabe desde un principio que los obreros no pueden lograr una
victoria en el sentido de las viejas negociaciones de paz, que estas huel gas
pertenecen a la nueva especie de huelgas de demostración. Pues si ponemos por
caso que se ganase una huelga semejante aislada, mera hipótesis, entonces
existiría en mayor medida en las manos de la gran industria combinada la
posibilidad de em plear las armas adecuadas contra la vuelta de tales sucesos.
No hace mucho que un joven banquero me hacía la cuenta siguiente: "¿Qué
pérdida de intereses representa que nosotros mantengamos unas reservas
constantes para tantos y tantos meses, que nos preserve de toda derrota de
huelga —pensada la huelga en el sentido antiguo— ¿Qué se deduce de ello? Que el
obrero, si quiere tener, en general, un mejoramiento de su situación, no puede
concebir la huelga más que bajo el punto de vista de ape lación al resto de la
población".
CAPITULO XXV
El proletariado y
el imperialismo
La política económica del proletariado está en
contradicción funda mental con la de los capitalistas, y toda actitud en cada
una de las cues tiones está caracterizada por este antagonismo. La lucha del
trabajo asalariado contra el capital es, en primer lugar, una lucha por la
parte de nuevo valor del producto anual creado por la clase obrera (inclusive
por los empleados y directores de producción productivos). Esta lucha se
presenta directamente como lucha por el contrato de trabajo y se con tinúa en
las luchas por la política económica del Estado. En la política comercial el
interés de los trabajadores exige, ante todo, la expansión del mercado
interior. Cuanto mayor sea el salario, tanto mayor será la parte del nuevo
valor que constituye directamente demanda de mercan cía de artículos de
consumo. Pero la expansión de las industrias de ar tículos de consumo, de las
industrias de manufacturas en genera], supone una ampliación de los sectores
con una composición orgánica más baja, o sea, las industrias con gran capacidad
de trabajo. Esta circunstancia motiva el rápido crecimiento de la demanda de
trabajo y con ello una posición más favorable de los trabajadores en el mercado
de trabajo, un fortalecimiento de la organización sindical y un aumento de las
pers pectivas de victoria en las nuevas luchas de salarios. El interés de los
empresarios es lo contrario. La ampliación del mercado interior, debida al
aumento de salarios, significa para ellos una reducción de la tasa de
beneficios, con la perspectiva de nueva reducción, que, a su vez, pro voca un
retraso de la acumulación; al mismo tiempo, su capital es em pujado a las
industrias manufactureras, en las que la competencia es mayor y la capacidad de
cartelización menor. Su interés consiste, des de luego, en ampliar el mercado,
pero no a costa de la tasa de benefi cios; esto se consigue cuando con mercado
interior permanente is^am-plia el mercado exterior. U,na parte del nuevo
producto deja de formar parte de los ingresos de los trabajadores y no incrementa
la demanda de productos interiores; pero se invierte como capital que sirve
para la
414 EL CAPITAL FINANCIERO
producción dirigida al mercado exterior. Por
consiguiente, en éste caso la tasa de beneficios es mayor y la acumulación más
rápida. De ahí que la política comercial de los empresarios siempre tenga
presente, ante todo, el mercado exterioj y la de los trabajadores el interior,
y se resuelva especialmente en'politica de salarios.
Mientras los aranceles proteccionistas sean
aranceles educativos es pecialmente para las.industrias manufactureras no
están en contradicción con los intereses del trabajo asalariado. En verdad
perjudican a los obre ros como consumidores, pero aceleran el desarrollo
industrial y pueden indemnizar al trabajador como productor en caso de que los
sindicatos obreros estén bastantf desarrollados para explotar la situación. Los
que sufren durante este período del arancel proteccionista son los artesanos,
industriales domésticos y campesinos antes que los obreros fabriles. Sin
embargo, la situación es distinta tan pronto como él arancel proteccionis ta
se convierta en arancel proteccionista de cartel. Sabemos que los car-tels se
desenvuelven, sobre todo, en las ramas de la producción orgáni camente más
desarrolladas. La creación de beneficio extra en estos sec tores paraliza el
desarrollo de las industrias de productos manufactura dos y de artículos de
consumo. A l mismo tiempo, el encarecimiento de todos los comestibles, que
'lleva consigo la unión necesaria con los aran celes agrarios, ^significa una
reducción del salario real y con ello una reducción también del mercado
interior, en tanto está determinado por la demanda de los trabajadores de
productos industriales. El trabajador es perjudicado como consumidor y como
productor por el perjuicio de las industrias con elevada capacidad dé trabajo.
Pero, al mismo tiempo, la cartelización significa un fortalecimiento de los
empresarios en su pcn-sición en el mercado de trabajo, y un debilitamiento de
los sindicatos. Entonces el arancel proteccionista de cartel es el estímulo más
fuerte para el aumento de la exportación de capital y conduce necesariamente a
la política expansionista del imperialismo.
Hemos visito que la exportación dé capital es la
condición de la rá pida expansión del capitalismo. Esta expansión es
socialmente la con dición vital del mantenimiento de la sociedad capitalista
en general y, al mismo tiempo, es económicamente la condición del mantenimiento
y a veces del aumento de la tasa de beneficios. Esta política expansio nista
une a todas las. capas de los propietarios al servicio del capital financiero.
Arancel proteccionista y expansión se convierten así en • la exigencia común de
la clase dominante. Pero el abandono por parte de las clases capitalistas de la
política librecambista significa su completa inutilidad. Pues el librecambio
,no es ninguna reivindicación positiva del proletariado; para éste no es más
que la defensa de la política de arancel proteccionista, que significa la
cartelización más rápida $ 'dura, el for talecimiento de la organización de
empresarios, la agravación de los an tagonismos nacionales, *el aumento de los
armamentos, la subida de los impuestos, el encarecimiento del coste de vida, la
ampliación del poder del Estado, el debilitamiento de la democracia,■’la
aparición de una ideo-
E L
PROLETARIADO Y EL
IMPERIALISMO 416
logia violenta, enemiga de los obreros. Tan pronto
como la burguesía abandona el librecambio, la lucha por el librecambio es
inútil, puesto que el proletariado sólo es demasiado débil para imponer su
política a la clase dominante.
Pero esto no puede significar que el proletariado
se convierta ahora a la política moderna de arancel proteccionista, a la que el
imperialismo está unido inseparablemente. El hecho de que haya reconocido la
nece sidad de esta política para la iclase capitalista y con ello para su
victoria, mientras la clase capitalista ejerza su dominización, no es ninguna
ra zón para que el proletariado renuncie ahora a su política propia y ca
pitule ante la política de sus enemigos o se pierda
incluso en ilusiones sobre el provecho aparente que significa la generalización
y el aumento de la explotación para su situación de clase. Ello no impide al
proleta riado reconocer que la política imperialista es la que generaliza la
revo lución, que significa el capitalismo, y con ello generaliza al mismo
tiem po las condiciones para el triunfo del socialismo. Sin embargo, la
convic ción de que la política del capital financiero tiene que conducir a con
flictos bélicos y con ella al estallido de tormentas revolucionarias, esta
convicción no puede desviar al proletariado de su enemistad encarni zada
contra el militarismo y la política de guerra. Y no puede apartarlo porque al
fin y al cabo la política expansionista del capital es la fo mentadora más
poderosa de su triunfo final, y por eso tampoco puede apoyar esta política. Por
el -contrario, el triunfo no puede salir sino de la lucha continua contra esta
política, porque únicamente él proletariado
puede ser entonces el heredero de la derrota a que
tiene que conducir esta política, teniendo en cuenta que se trata de un colapso
político y social y no económico, que no es en ningún modo un concepto
racional. Arancel proteccionista y cariéis significan encarecimiento del coste
de vida, las organizaciones de empresarios fortalecen la fuerza de resisten
cia del capital contra el asalto de los sindicatos; la política colonial y de
armamentos aumenta cada vez más la carga de impuestos que ha de pagar el 'proletariado;
el resultado necesario de esta política, el choque violento de los Estados
-capitalistas, significa un incremento inmenso de la miseria. Pero todas estas
fuerzas revoluoionadoras de las -masas po pulares sólo pueden ponerse al
servicio de una nueva ordenación de la economía cuando la -clase que tiene que
ser la creadora de la nueva sociedad anticipé en su conciencia toda esta
política y -sus resultados ne cesarios. Pero esto sólo puede ocurrir cuando
-se expliquen una y otra vez las consecuencias necesarias de esta política
contra los intereses de las masas populares, lo qué, a su vez, sólo puede
ocurrir en el combate continuo y encarnizado contra -la política imperialista.
No obstante, si el capital no puede hacer otra
política que la impe rialista, el proletariado no puede oponer a lá
imperialista una política que fue la del tiempo del dominio absoluto dél
capital industrial. No es asunto del proletariado oponer a la política
capitalista más progresiva la trasnochada de la era del librecambio y de la
enemistad hacia el Es
416 E L CAPITAL FINANCIERO
tado. La respuesta de] proletariado a la política
económica del capital financiero, al imperialismo, no puede, ser el
librecambio, sino únicamente el socialismo. El único objetivo de la política
proletaria no puede ser ahora el ideal reaccionario de la restauración de la
libre competencia, sino la completa eliminación de la competencia con la
supresión del ca pitalismo. Al dilema burgués: ¿arancel proteccionista o
librecambio? es capa el proletariado con la respuesta: ni arancel
proteccionista ni libre cambio, sino socialismo, organización de la
producción, regulación cons ciente de la economía no por y en beneficio de los
magnates capitalis tas, sino por y en beneficio de la totalidad de la
sociedad, a la que al fin se somete también la economía, como se ha sometido la
naturaleza desde que dio con sus leyes de movimiento. El socialismo deja de ser
un ideal lejano, deja incluso de ser una "meta final” que actúa dé pun to
cardinal sobre las “reivindicaciones actuales", y se convierte en un componente
esencial de la política práctica inmediata del proletariado. Precisamente en
aquellos países en que se ha establecido de forma más perfecta la política de
la burguesía, en los que las reivindicaciones po lítico-democráticas de la
clase obrera se han realizado en sus partes so-cialmente más importantes, el
socialismo tiene que avanzar al primer plano de la propaganda como única
respuesta al imperialismo, pasa ase gurar la independencia de la política de
los trabajadores y demostrar su superioridad para la salvaguardia de sus
intereses proletarios.
El capital financiero poine progresivamente la
disposición de la pro ducción social en manos de un pequeño número de
asociaciones capita listas. Separa la dirección de la producción de la
propiedad y socializa la producción hasta el límite que se ha de alcanzar
dentro del. capita lismo.-Las barreras de la socialización capitalista se
forman, en primer lugar, por la división del mercado mundial en las esferas
económicas na cionales de los Estados individuales, que sólo se puede vencer
esfor zada e imperfectamente con la cartelización internacional. A l mismo
tiem po, .esta división prolonga la duración de la lucha de competencia que
llevan a cabo entre sí los cattels y trusts icón la ayuda de los medios de
poder estatales. En segundo lugar, tenemos que mencionarlo a efectos de
completar la visión, por la formación de rentas sobre bienes raíces, que
paraliza la concentración en la agricultura; en tercer lugar, por las medidas
político-económicas para la prolongación de la vida de las em presas pequeñas
y medianas.
Con arreglo a su tendencia el capital financiero
significa la creación del control social sobre la producción. Pero es una
socialización en for ma antagónica; la dominación sobre la producción social
queda en ma nos de una oligarquía. La lucha por la desposesión de esta
oligarquía constituye la última fase de la lucha *de clases entre la burguesía
y el proletariado.
La función socializadora del capital financiero
fafjjita extraordinaria mente «la superación del capitalismo. Tan pronto como
el capital finan ciero haya puesto bajo su control las ramas más importantes
de la pro
E L
PROLETARIADO Y EL
IMPERIALISMO 4 1 7
ducción, basta que la sociedad se apodere del
capital financiero a tra vés de -su órgano consciente de ejecución, el Estado
conquistado por el proletariado, para disponer inmediatamente de las ramas más
importan tes dé la producción. De estas ramas de la producción dependen todas
las demás, y la dominación sobre la gran industria significa también el control
social más eficaz sin ninguna otra socialización inmediata. La sociedad que
dispone de las minas, de la industria siderúrgica hacia
abajo hasta la industria de máquinas, de la
industria eléctrica y química, que domina el sistema de transportes, tiene en
sus manos con el domi nio de estos sectores más importante^ de la producción
la distribución de la materia prima a las otras industrias, así como el
transporte de sus productos, y así puede dominarlas también. La posesión de
seis gran des Bancos berlineses significaría ya hoy la posesión de los
sectores más importantes de las grandes industrias y, en el tiempo de
transición, mientras el arreglo capitalista resultase todavía oportuno,
significaría también facilitar extraordinariamente la política del socialismo
en sus principios. La expropiación no necesita extenderse al gran número de
pequeños establecimientos industriales y agrícolas, puesto que >con la
posesión de la gran industria, de la que dependen desde hace tiempo, los
socializaría mediatamente. Por eso es posible madurar el proceso de
expropiación en un desarrollo más lento precisamente cuando, debido a su
descentralización, sea costoso y políticamente peligroso, o sea, hacer
del antiguo acto de expropiación del poder estatal
una socialización pau latina a través de ventajas económicas que otorga la
sociedad conscien temente, porque el capital financiero, en tanto sea
necesaria para el so cialismo, ha procurado ya la expropiación.
Si el caipital financiero crea así, en cuanto a la
organización, las úl timas condiciones para el socialismo, políticamente
facilita también la transición. La acción de la misma clase capitalista,' tal
como se presenta en i a política imperialista, índica necesariamente al
proletariado el ca mino de la política independiente de clase, que solamente
puede termi nar con la definitiva superación del capitalismo. Mientras reinaba
el prin cipio del laisser faire, mientras la intervención del Estado en los asun
tos económicos estaba oculta y con ello él carácter del Estado como or
ganización dé la opresión de clases, se necesitaba un grado de inteli-, gencia
relativamente alto para comprender la necesidad de la lucha po-' litica, y
sobre todo la necesidad del objetivo final político, la conquista del poder del
Estado. No es una casualidad que precisamente en Ingla terra, el país clásico
de la no intervención; estuviera también tan difi cultado el nacimiento de úna
acción política independiente dé la clase obrera. Esto está ¡cambiando ahora.
La clase capitalista toma posesión de la organización eistatal directamente, de
un modo descarado y pal mario, y la convierte en instrumento de sus intereses
de explotación en una forma que incluso es perceptible hasta para el último
proletario; quien ha de reconocer ahora que la conquista del poder político por
el proletariado es su interés próximo, personal. La posesión manifiesta del
a1? .
.
418 EL CAPITAL FINANCIERO
Estado por la clase capitalista impone
necesariamente a todo proletario el deseo de conquista del poder político como,
único medio para poner fin a su explotación,l;
La lucha
contra el imperialismo incrementa todos los antagonismos de clase dentro dé la
sociedad burguesa. Pero el ‘proletariado, el ene migo más decisivo- del
imperialismo, recibe refuerzos dé todas las otras clases. ,Ei imperialismo, que
al principio fue apoyado por todas las otras clases, pone en fuga finalmente a
sus partidarios. Cuanto más avanza la monopolización tanto más pesa la carga de
las beneficios extra sobré las otras clases. El encarecimiento provocado por
los trusts reduce el nivel de vida de aquéllas, y tanto más cuanto que la
tendencia creciente dé los precios de los alimentos también lleva a las-
alturas los víveres más necesarios. Al mismo tiempo crece la presión de los
impuestos, que al canza también a las capas medias. E incluso éstas son cada
vez más rebeldes. Los empleados ven desaparecer día a día sus perspectivas de
carrera y se sienten cada vez más como proletarios explotados. También las
capas medias del comercio y dé la industria descubren su depen dencia de los
cartels, que los transforman en simples agentes a comisión.
Sin embargo, todos estos antagonismos tienen que
agravarse hasta lo insoportable en el momento en que la expansión del capital
entre en un jíeríodo de- avance lento. Y éste es el caso cuando el desarrollo
de las sociedades por acciones y los cartels no sucede tan rápido, y se re
tarda él nacimiento _de ganancias de fundador y con
ello el estímulo a la exportación de capital. Pero tiene que retardarse cuando
la rápida
colonización de los países extranjeros sufre una
demora debido a la introducción del capitalismo. La colonización del Extremo
Oriente, el
rápido desarrollo del Canadá, Africa del Sur y
América latina, han con tribuido a que el desarrollo del capitalismo haya sido
tan engañosa mente vertiginoso y desde 1895 únicamente interrumpido por cortas
de presiones. Pero si -se retarda este désarrollo, la presión de los cartels
El sistema
moderno de arancel proteccionista, y ésta es su significación his tórica,
inicia la última fase del capitalismo. Para detener la caída de la tasa de
be-neficios, esta ley de movimiento del capitalismo, el capital suprime la
libre compe tencia, se organiza y mediante su organización se pone en
situación de hacerse con el poder del Estado, para ,ponerlo inmediata y
directamente al servicio de sus inte reses de explotación. Ya no es únicamente
el elemento obrero sólo, es toda la po blación la que está sometida al ansia
de beneficios de la clase capitalista. Todos los medios de poder de que dispone
la sociedad se reúnen conscientemente para transfor marlos en medios de
explotación de la sociedad por el capital. Es el primer grado di recto de la
sociedad socialista, porque es su completa negación: socialización consciente
de todos los factores potenciales económicos, existentes en la sociedad actual;
pero no es una reunión hecha en interés de la totalidad, sino para aumentar de
una forma inau dita hasta ahora el grado de explotación de la totalidad. Pero
lo claro y evidente de estaftsituación es precisamente lo que hace imposible su
duración. Frente a la acción de la clase capitalista,' a la que la
concentración de los medios de producción ha llevado a la concentración de su
conciencia y su conducta, despierta la acción del proletariado, que sólo
necesita tomar conciencia de su poder .para hacerlo irresis
tible” ( R u d o lf
H ilfe rd in g , Der
Funktionswandel dés. Schutzzolís, Neue Zeit, XX I, 2,
EL
PROLETARIADO Y EL
IMPERIALISMO 419
sobre el mercado interior tiene que manifestarse
con mucha mayor gra vedad: pues son precisamente los períodos de depresión en
los que la concentración se realiza más rápidamente. Al mismo tiempo, con la
ex pansión más lenta del mercado mundial, se agrava aún más el antago nismo
entre las n,¿telones capitalistas entré sí, y tanto más cuanto que se ocultan a
la competencia de otros países grandes mercados, libres hasta ahora de la
competencia, mediante la expansión de los aranceles protec cionistas, como,
por éjemplo, en Inglaterra. El peligro de guerra aumenta los armamentos y la
presión de los impuestos y empuja a las clases me dias, amenazadas cada vez
más en su vida, a engrosar las filas del pro letariado, que cosecha los frutos
del debilitamiento del poder del Estado
y del choque bélico2. .
Es una ley histórica que: en las formaciones
sociales basadas en an tagonismos de clases, las grandes revoluciones sociales
no sé producen hasta que la clase dominante ha alcanzado el nivel más alto
posible de concentración de su poder. Al mismo tiempo, el poder económico de la
clase dominante significa siempre poder sobre los hombres, disposición de
fuerza de trabajo humana. Pero de esta forma el dominador eco nómico depende
del poder de los dominados. Pues al aumentar él mismo en poder incrementa al
mismo tiempo la fuerza de los que se le enfren tan como enemigos de clase.
Pero, en icuanto dominados, parecen im potentes. Su poder, que no se podrá
manifestar hasta la lucha, hasta la caída del poder dé la clase dominante, es
latente, mientras que el poder de los dominadores es el único que salta a la
vista. En el choque de los des poderes, esto es, en el período revolucionario,
es cuando se muestra
como réal el poder de los sometidos.
Poder económico significa, al mismo tiempo, poder
político. El do minio de la economía concede simultáneamente la disposición de
los me dias de poder del .Estado. Cuanto más fuerte sea la conicentración en
la esfera económica, tanto más ilimitada será la dominación del Estado. Esta
rígida reunión de todos los medios de poder del Estado se pre senta como su
mayor despliegue de poder; el Estado resulta ser el ins trumento insuperable
dé la conservación del dominio económico, pero con ello aparece también la
conquista del poder político como condición previa de la liberación económica.
La revolución burguesa no se inició hasta que el Estado absoluto reunió en su
seno todos les medios de poder tras el vencimiento de los poderes territoriales
interestatales de los grandes terratenientes, mientras que la concentración del
poder po lítico en manos de unos cuantos grandes latifundistas había
constituido la condición para el triunfo de la monarquía absoluta. Así, pues,
la vic toria del proletariado está unida a la concentración del poder
económico en manos de unos pocos magnates 'capitalistas o asociaciones de mag
nates y a su dominio sobre el poder del Estado.
1 Véase K a r
l iICautsky, Der W
cg zur
Machi, especialmente el capítulo final,
Ein neaes
Zeitalter der Rcuohitiorien (Una
nueva era de las revoluciones).
420 EL CAPITAL FINANCIERO
El capital financiero en su perfección significa el
grado más elevado de poder económico y político en manos de la oligarquía
capitalista. Es la culminación de la dictadura de los magnates capitalistas. Al
mismo tiempo, la dictadura de los dominadores capitalistas nacionales de un
país hace qué la situación sea cada vez más insostenible con respecto a los
intereses capitalistas del otro, y la dominación.del capital dentro del país es
cada vez más incompatible con los intereses de los explotados por el capital-financiero,
y también con las masas populares llamadas a la lu cha. En el choque violento
de los intereses hostiles, la dictadura de los magnates capitalistas se
convierte, finalmente, en la dictadura del pro letariado.

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