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Libro N° 6978. Obras Escogidas II. Stalin, J. V.

 


© Libro N° 6978. Obras Escogidas II. Stalin, J. V. Emancipación. Febrero 15 de 2020.

Título original: © Obras Escogidas II. J. V. Stalin

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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OBRAS ESCOGIDAS II

J. V. Stalin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OBRAS ESCOGIDAS

 

 

J. V. Stalin

 

 

Edición: Nentori, Tirana 1979. Lengua: Castellano.

Digitalización: Koba.

Distribución: http://bolchetvo.blogspot.com/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN  CHINA

 

 

 

Tesis para los propagandistas, aprobadas por el CC del PC(b) de la URSS.

 

I. Perspectivas de la revolución china

Hechos principales que determinan el carácter de la revolución china:

a) situación semicolonial de China y dominio económico y financiero del imperialismo;

b) yugo de las supervivencias feudales, acentuado por el yugo del militarismo y la burocracia;

c) creciente lucha revolucionaria de las masas de millones  de  obreros  y  de  campesinos  contra  la opresión ejercida por los feudales y los funcionarios, contra el militarismo, contra el imperialismo;

d) debilidad política de la burguesía nacional, su dependencia  del  imperialismo,  su  temor  ante  las proporciones del movimiento revolucionario;

e)   creciente   actividad   revolucionaria   del proletariado, aumento de su prestigio entre las masas de millones de trabajadores;

f) existencia de la dictadura proletaria en un país vecino de China.

De ahí dos posibles caminos de desarrollo de los acontecimientos en China:

o   bien   la   burguesía   nacional   destrozará   al proletariado, cerrará un trato con el imperialismo y se pondrá a su lado en campaña contra la revolución, para  terminar  ésta  con  el  establecimiento  de  la dominación del capitalismo;

o bien el proletariado apartará del camino a la burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo  completo  de  la  revolución  democrático-

burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden.

Una de dos.

La crisis del capitalismo mundial y la existencia

de   la   dictadura   proletaria   en   la   URSS,   cuya

experiencia  puede  ser  bien  aprovechada  por  el

proletariado  chino,  facilitan  considerablemente  la

posibilidad  de  que  la  revolución  china  siga  el

segundo camino.

De otro lado, el imperialismo mantiene, en lo

fundamental, un frente único en su ofensiva contra la

 

 

revolución china; ahora no hay entre los imperialistas

la escisión y la guerra que existían en el campo del

imperialismo,   por   ejemplo,   en   vísperas   de   la

Revolución   de   Octubre   y   que   debilitaban   al

imperialismo; este hecho nos dice que la revolución

china  encontrará  en  su  camino  hacia  la  victoria

muchas más dificultades que la revolución rusa y

que, en el curso de la revolución china, habrá muchos

más tránsfugas y traidores que en el período de la

guerra civil en la URSS.

Por eso, la lucha entre estos dos caminos es un rasgo característico de la revolución china.

Precisamente por eso, la tarea principal de los comunistas  es luchar  por  el  triunfo del segundo camino de la revolución china.

 

II. Primera etapa de la revolución china

En el primer período de la revolución china, en el

período de la primera marcha al Norte, cuando el

ejército  nacional  se  acercaba  al  Yang-tse-kiang,

obteniendo  una  victoria  tras  otra,  y  el  poderoso

movimiento de los obreros y campesinos no había

tenido  aún  tiempo  de  desplegarse,  la  burguesía

nacional (no los compradores249) estaba al lado de la

revolución. Fue ésta una revolución del frente único

nacional.

Eso no significa que no hubiera contradicciones

entre la revolución y la burguesía nacional. Significa

únicamente que la burguesía nacional, al apoyar a la

revolución, trataba de utilizarla para sus fines, de

modo  que,  orientándola  principalmente  hacia  las

conquistas territoriales, perdiese amplitud. La lucha

entre la derecha y la izquierda en el Kuomintang fue,

en dicho período, reflejo de estas contradicciones. La

tentativa  de  Chang  Kai-shek  de  expulsar  del

Kuomintang a los comunistas en marzo de 1926, fue

el primer intento serio de la burguesía nacional para

poner freno a la revolución. Como se sabe, el CC del

PC(b), de la URSS estimaba ya entonces «necesario

atenerse a la línea de que el Partido Comunista

permanezca   dentro   del   Kuomintang»,   estimaba

 

 

249 Compradores: intermediarios entre el capital extranjero y el

mercado  local,  que  constituyen  parte  de  la  gran  burguesía

comercial indígena en las colonias y los países dependientes. En

China,   los   compradores   fueron   agentes   del   imperialismo

extranjero y enemigos jurados de la revolución china de los años

1925-1927.

 

 

 

 

 

170

preciso «llevar las cosas de manera que los elementos de   derecha   salgan   o   sean   expulsados   del Kuomintang» (abril de 1926).

Esta línea iba encaminada al desarrollo de la

revolución,  a  la  colaboración  estrecha  de  los

izquierdistas y los comunistas dentro del Kuomintang

y en el gobierno nacional, al robustecimiento de la

unidad  del  Kuomintang  y,  al  mismo  tiempo,  al

desenmascaramiento    y    aislamiento    de    los

kuomintanistas de derecha, a la subordinación de los

derechistas  a  la  disciplina  del  Kuomintang,  a  la

utilización  de  la  derecha,  de  sus  relaciones  y

experiencia,  si  se  sometían  a  la  disciplina  del

kuomintang,  o  su  expulsión  del  Kuomintang  si

vulneraban esta disciplina y traicionaban los intereses

de la revolución.

Los  acontecimientos  subsiguientes  confirmaron por entero lo acertado de esta línea. El poderoso desarrollo   del   movimiento   campesino   y   la organización   de   uniones   campesinas   y   comités campesinos, la pujante ola de huelgas en las ciudades y  la  creación  de  consejos  sindicales,  el  avance victorioso de las tropas nacionales hacia Shanghai, asediado por la flota y las tropas de los imperialistas, y  otros  hechos  semejantes  dicen  que  la  línea adoptada entonces era la única acertada.

Sólo  esta  circunstancia  puede  explicar  que  la intentona de los derechistas, de escindir en febrero de 1927 el Kuomintang y de crear en Nan-chang un centro nuevo, fracasara por la repulsa unánime del Kuomintang revolucionario en Wuhan.

Pero esa intentona era indicio de que en el país se

operaba una reagrupación de las fuerzas de clase, de

que los derechistas y la burguesía nacional no iban a

conformarse  e  intensificarían  su  labor  contra  la

revolución.

El CC del PC(b) de la URSS tenía, por eso, razón al decir en marzo de 1927 que:

a)    «actualmente,   a   consecuencia   de   la

reagrupación  de  las  fuerzas  de  clase  y  de  la

concentración   de   los   ejércitos   imperialistas,   la

revolución china atraviesa un período crítico y sus

victorias sólo serán posibles con una orientación

enérgica  hacia  el  desarrollo  del  movimiento  de

masas»;

b) «es necesario orientarse al armamento de los obreros y los campesinos, es necesario convertir los comités campesinos en organismos que de hecho ejerzan el Poder y dispongan de grupos armados de defensa local»;

c) «el  Partido  Comunista  no  debe  ocultar  la

política traidora y reaccionaria de los kuomintanistas

de derecha y debe movilizar a las masas en torno al

Kuomintang   y   al   Partido   Comunista   Chino

desenmascarando a los derechistas» (3 de marzo de

1927).

Era fácil comprender, por ello, que el vigoroso

auge de la revolución, por un lado, y la presión de los

 

 

J. V. Stalin

 

imperialistas en Shanghai, por otro, no podrían por

menos de arrojar a la burguesía nacional china al

campo de la contrarrevolución, del mismo modo que

la toma de Shanghai por las tropas nacionales y las

huelgas de los obreros de esta ciudad no podrían por

menos de unir a los imperialistas para sofocar la

revolución.

Así ha ocurrido. La masacre de Nankín fue, en

este sentido, la señal para un nuevo deslindamiento

de las fuerzas chinas en lucha. Al disparar sobre

Nankín y presentar su ultimátum, los imperialistas

querían decir que buscaban el apoyo de la burguesía

nacional para la lucha conjunta contra la revolución

china.

Al ametrallar los mítines obreros y organizar su golpe,  Chang  Kai-shek,  como  en  respuesta  a  la invitación de los imperialistas, anunciaba que estaba dispuesto   a   ir   con   la   burguesía   nacional   al contubernio con los imperialistas, contra los obreros y los campesinos de China.

 

III. Segunda etapa de la revolución china

El  golpe  de  Chang  Kai-shek  indica  que  la

burguesía nacional ha abandonado la revolución, que

ha nacido un centro de la contrarrevolución nacional

y se ha cerrado el trato de los kuomintanistas de

derecha con el imperialismo, contra la revolución

china.

El golpe de Chang Kai-shek significa que en el Sur de China habrá de ahora en adelante dos campos, dos gobiernos, dos ejércitos, dos centros: el centro de la  revolución,  en  Wuhan,  y  el  centro  de  la contrarrevolución, en Nankín.

El  golpe  de  Chang  Kai-shek  significa  que la revolución ha entrado en la segunda etapa de su desarrollo,   que   ha   empezado   un   viraje   de   la revolución del frente único nacional a la revolución de las masas de millones y millones de obreros y campesinos,   a   la   revolución   agraria,   la   cual intensificará   y   ensanchará   la   lucha   contra   el imperialismo, contra la gentry y los terratenientes feudales,   contra   los   militaristas   y   el   grupo contrarrevolucionario de Chang Kai-shek.

Esto significa que la lucha entre los dos caminos de la revolución, entre los partidarios de llevarla adelante y los partidarios de ponerle término, se agudizará de día en día, ocupando todo el actual período de la revolución.

Esto significa que el Kuomintang revolucionario,

en Wuhan, se irá convirtiendo de hecho, con una

lucha   enérgica   contra   el   militarismo   y   el

imperialismo,   en   el   órgano   de   la   dictadura

democrático-revolucionaria  del  proletariado  y  el

campesinado,                                                    mientras           que      el         grupo

contrarrevolucionario de Chang Kai-shek, en Nankín,

apartándose  de  los  obreros  y  los  campesinos  y

acercándose al imperialismo, compartirá, en fin de

cuentas, la suerte de los militaristas.

 

 

 

 

 

Problemas de la revolución china

 

Pero  de  esto  se  deduce  que  la  política  de

conservación  de  la  unidad  del  Kuomintang,  la

política de aislamiento de los derechistas dentro del

Kuomintang   y   de   su   utilización   con   fines

revolucionarios, no responde ya a las nuevas tareas

de la revolución. Esta política debe ser sustituida por

la política de expulsión enérgica de los derechistas

del  seno  del Kuomintang,  por  la  lucha  decidida

contra los derechistas hasta su completa eliminación

política, por la política de concentración de todo el

Poder   del   país   en   manos   del   Kuomintang

revolucionario, del Kuomintang sin los elementos de

derecha,   del  Kuomintang   como   bloque   de  los

kuomintanistas de izquierda y los comunistas.

De esto se deduce, además, que la política de

estrecha  colaboración  de  los  izquierdistas  y  los

comunistas en el seno del Kuomintang adquiere, en

la actual etapa, vigor e importancia particulares; que

esta colaboración refleja la alianza de obreros y

campesinos   que   se   está   formando   fuera   del

Kuomintang; que sin esa colaboración la revolución

no puede vencer.

De  esto  se  deduce  también  que  lo  que  dará

principalmente fuerza al Kuomintang revolucionario

es   el   desarrollo   sucesivo   del   movimiento

revolucionario dé los obreros y los campesinos y el

fortalecimiento de sus organizaciones de masas -los

comités campesinos revolucionarios, los sindicatos

obreros y demás organizaciones revolucionarias de

masas-, como elementos preparatorios de los futuros

Soviets; que la garantía principal de la victoria de la

revolución   reside   en   una   mayor   actividad

revolucionaria   de   las   masas   de   millones   de

trabajadores y que el principal antídoto contra la

contrarrevolución es armar a los obreros y a los

campesinos.

De esto se deduce, por último, que, al luchar en las mismas    filas    con    los    kuornintanistas revolucionarios, el Partido Comunista debe conservar más que nunca su independencia, como condición necesaria para asegurar la hegemonía del proletariado en la revolución democrático-burguesa.

 

IV. Errores de la oposición

El  error  principal  de  la  oposición (Rádek  y compañía) es que no comprende el carácter de la revolución china, no comprende qué etapa atraviesa en   el   momento   presente   esta   revolución,   no comprende su actual situación internacional.

La oposición pide que la revolución china se desenvuelva al mismo ritmo,  más o  menos, que marchó la Revolución de Octubre. La oposición se muestra descontenta de que los obreros de Shanghaí no   aceptaran   el   combate   decisivo   contra   los imperialistas Y sus secuaces.

Pero no comprende que la revolución china no

puede avanzar rápidamente, entre otras cosas porque

la situación internacional es hoy menos favorable que

 

171

 

en 1917 (no hay guerra entre los imperialistas).

       No  comprende  que  no  se  puede  aceptar  el

combate   decisivo   en   condiciones   desfavorables,

cuando  las  reservas   no   han   sido   concentradas

todavía; los bolcheviques, por ejemplo, no aceptaron

tampoco el combate decisivo ni en abril ni en julio de

1917.

La  oposición  no  comprende  que  no  eludir el combate   decisivo   en   condiciones   desfavorables (cuando se puede eludir) significa facilitar la obra de los enemigos de la revolución.

La  oposición  pide  la  formación  inmediata  de

Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados

en  China.  Pero ¿qué  significa  crear  los  Soviets

ahora?

En primer lugar, no es posible crear los Soviets en cualquier momento: se crean sólo en el período de particular ascenso del oleaje revolucionario.

En segundo lugar, los Soviets no se crean para dedicarse a la charlatanería: se crean, ante todo, como órganos de lucha contra el Poder existente, como órganos de lucha por el Poder. Así fue en 1905. Así fue en 1917.

Pero ¿qué significa crear los Soviets actualmente

en la zona del gobierno de Wu-han, por ejemplo?

Significa dar la consigna de lucha contra el Poder

vigente en esa zona. Significa dar la consigna de

crear nuevos órganos de Poder, dar la consigna de

lucha    contra                                                   el           Poder    del    Kuomintang

revolucionario,  que  integran  los  comunistas  en

bloque con los kuomintanistas de izquierda, pues el

único Poder que allí hay ahora es el del Kuomintang

revolucionario.

Significa también confundir la tarea de formar y robustecer  las  organizaciones  de  masas  de  los obreros y los campesinos, como son los comités de huelga, las uniones y los comités campesinos. los consejos sindicales, los comités fabriles, etc., en los que ya ahora se apoya el Kuomintang revolucionario, con la tarea de crear el sistema soviético como tipo nuevo de Poder del Estado, para reemplazar el Poder del Kuomintang revolucionario.

Significa,  en  fin,  no  comprender  qué  etapa

atraviesa actualmente la revolución china. Significa

poner en manos de los enemigos del pueblo chino

nuevas armas para la lucha contra la revolución, para

fabricar nuevas leyendas acerca de que en China no

se  produce  una  revolución  nacional,  sino  una

trasplantación   artificial   de   la                    «sovietización

moscovita».

Así,  pues,  la  oposición  hace  el  juego  a  los enemigos  de  la  revolución  china  al  plantear  la consigna de crear actualmente los Soviets.

La   oposición   no   estima   conveniente   la

participación de los comunistas en el Kuomintang.

La oposición estima conveniente, por tanto, que el

Partido Comunista se retire del Kuomintang. Pero

¿qué significa la retirada del Partido Comunista del

 

 

 

 

 

172 J. V. Stalin

Kuomintang ahora, cuando toda la jauría imperialista

y todos sus secuaces exigen que se expulse a los

comunistas del Kuomintang? Significa abandonar el

campo de batalla y desamparar a los aliados del

Partido en el Kuomintang, con gran contento de los

enemigos  de  la  revolución.  Significa  debilitar  el

Partido   Comunista,   torpedear   el   Kuomintang

revolucionario, facilitar la obra de los Cavaignac de

Shanghaí y poner la bandera del Kuomintang, la más

popular en China, en manos de los kuomintanistas de

derecha.

Eso es, precisamente, lo que exigen ahora los

imperialistas, los militaristas y los kuomintanistas de

derecha.

Resulta, pues, que la oposición hace el juego a los enemigos  de  la  revolución  china  al  manifestarse partidaria  de  que  el  Partido  Comunista  se  retire actualmente del Kuomintang.

El reciente Pleno del CC de nuestro Partido tenía, por eso, completa razón al rechazar de plano la plataforma oposicionista250.

Publicado el 21 de abril de 1927 en el núm. 90 de

«Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

250 Se alude al Pleno del CC del PC(b) de la URSS, que se

celebró del 13 al 16 de abril de 1927. El Pleno aprobó la política

del Buró Político del CC en la cuestión internacional y rechazó

categóricamente  la  plataforma  antipartido  de  la  oposición

trotskista-zinovievista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ACERCA DE LOS PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓ  CHI A

 

 

Respuesta al camarada Marchulin

Me han remitido, para que la conteste, su carta a la redacción de «Derevienski Komunist»251 acerca de los Soviets en China. En el supuesto de que no tendrá nada en contra, le envío una breve respuesta.

Me parece, camarada Marchulin, que su carta obedece a un malentendido. Y verá por qué.

1) Las tesis de Stalin para los propagandistas

hablan contra la formación inmediata de Soviets de

diputados  obreros,  campesinos  y  soldados  en  la

China actual. Usted, objetando a Stalin, invoca las

tesis y el discurso de Lenin ante el II Congreso de la

Internacional Comunista, donde se habla únicamente

de Soviets campesinos, de Soviets de trabajadores,

de Soviets del pueblo trabajador, pero no se dice ni

una palabra de la formación de Soviets de diputados

obreros.

¿Por qué no habla Lenin de la formación de

Soviets de diputados obreros ni en sus tesis ni en su

discurso? Porque Lenin se refiere en su discurso y en

sus tesis a países donde «no puede ni hablarse de un

movimiento puramente proletario», donde «casi no

hay proletariado industrial» (v. t. XXV, pág. 353).

Lenin dice bien claramente en su discurso que se

refiere a países como los del Asia Central, como

Persia, donde «casi no hay proletariado industrial»

(v, lugar citado).

¿Puede incluirse entre esos países a China, con sus centros industriales como Shanghai, Han-kao, Nankín, Chang-sha, etc., donde hay ya unos tres millones de obreros sindicados? Claro que no.

Es evidente que, cuando se habla de la China de nuestros   días,   donde   existe   cierto   mínimo   de proletariado industrial, no debe tenerse en cuenta simplemente la creación de Soviets campesinos o de Soviets de los trabajadores, sino la formación de Soviets de diputados obreros y campesinos.

Otra  cosa  sería  si  se  tratara  de  Persia,  de Afganistán etc.

Pero  las tesis  de  Stalin se  refieren,  como  es sabido, a China, y no a Persia, Afganistán, etc.

Por eso son erróneas y carecen de fundamento su

 

 

251 «Derevienski Kommunist» («El Comunista Rural») : revista quincenal para el activo del Partido en el campo, órgano del CC del PC(b) de la URSS La revista salió desde diciembre de 1924 hasta agosto de 1930.

 

 

 

objeción a Stalin y su referencia al discurso y a las tesis de Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista.

2) Cita usted en su carta fragmento de las «Tesis

complementarias» del II Congreso de la Internacional

Comunista acerca de la cuestión nacional y colonial,

en el que se dice que en el Oriente «los partidos

proletarios deben mantener una intensa propaganda

de las ideas comunistas e instituir Soviets obreros y

campesinos a la primera oportunidad». Y presenta

usted                                                                  las         cosas    como    si    esas     «Tesis

complementarias»  y  el  fragmento  que  usted  cita

pertenecieran a Lenin. Esto no es cierto, camarada

Marchulin. En eso se equivoca usted, sencillamente.

Las «Tesis complementarias» pertenecen a Roy, y así

se aprobaron en el II Congreso, como tesis de Roy,

adoptadas como «complemento» a las tesis de Lenin

(v. II Congreso de la Internacional Comunista, actas

taquigráficas, págs. 122-126).

¿Para                                                                  qué        hacían            falta    las       «Tesis

complementarias»? Para distinguir de las colonias

atrasadas, sin proletariado industrial, a otros países,

como son China y la India, de los cuales no se puede

afirmar  que  en  ellos «casi  no  hay  proletariado

industrial».  Lea  esas «Tesis  complementarias»  y

comprenderá que en ellas se trata, principalmente, de

China y la India (v, II Congreso de la Internacional

Comunista, actas taquigráficas, pág. 122).

¿Cuál fue la causa de que hicieran falta unas tesis

especiales de Roy como «complemento», a las tesis

de  Lenin?  Las  tesis  de  Lenin  fueron  escritas  y

publicadas  mucho  antes  de  la  apertura  del  II

Congreso,   mucho   antes   de   que   llegaran   los

representantes  de  las  colonias  y  se  celebrara  la

discusión en la comisión especial del II Congreso. Y

como la discusión en la comisión puso de relieve la

necesidad de destacar a China y la India de entre las

colonias atrasadas del Oriente, hubo necesidad de las

«Tesis complementarias».

Por ello no se debe confundir el discurso y las

tesis de Lenin con las «Tesis complementarias» de

Roy, como no se puede olvidar que, cuando se trata

de países como China y la India, hay que tener en

cuenta   la   formación   de   Soviets   obreros   y

campesinos,   y   no   simplemente   de   Soviets

campesinos.

3) ¿Habrá que formar en China Soviets obreros y

 

 

 

 

 

174

campesinos? Sí, habrá que formarlos necesariamente. De ello hablan sin rodeos las tesis de Stalin para los propagandistas, en las que se dice:

«Lo   que   dará   principalmente   fuerza   al

Kuomintang revolucionario es el desarrollo sucesivo

del movimiento revolucionario de los obreros y los

campesinos    y    el    fortalecimiento    de    sus

organizaciones de masas -los comités campesinos

revolucionarios,  los  sindicatos  obreros  y  demás

organizaciones  revolucionarias  de  masas-,  como

elementos preparatorios de los futuros Soviets»...252

Todo el problema se reduce a cuándo crearlos, en qué condiciones, en qué situación.

Los  Soviets  de  diputados  obreros  son,  una

organización   omnímoda   y,   por   eso,   la   mejor

organización revolucionaria de la clase obrera. Pero

esto no significa que sea posible crearlos siempre y

en todas las condiciones. Cuando Jrustaliov, primer

presidente  del  Soviet  de  Diputados  Obreros  de

Petersburgo, planteó, en el verano de 1906, después

del reflujo de la revolución, la necesidad de formar

Soviets  de  diputados  obreros,  Lenin  se  opuso,

diciendo   que,   en   aquel   momento,   cuando   la

retaguardia (el campesinado) no se había unido aún a

la vanguardia (al proletariado), no era conveniente la

creación de Soviets de diputados obreros, y Lenin

tenía completa razón, ¿Por qué? Porque los Soviets

de diputados obreros no son una simple organización

de los obreros. Los Soviets de diputados obreros son

órganos de lucha de la clase obrera contra el Poder

existente, órganos de la insurrección, órganos del

nuevo  Poder  revolucionario,  y  sólo  como  tales

pueden desarrollarse y robustecerse. Y si no hay

condiciones para la lucha directa de las masas contra

el Poder existente, para la insurrección de las masas

contra ese Poder, para la organización del nuevo

Poder revolucionario, la creación de Soviets obreros

no   es   conveniente;   pues,   de   no   darse   dichas

condiciones,  corren  el  riesgo  de  podrirse  y  de

transformarse en arena de vacíos pugilatos verbales.

Decía Lenin de los Soviets de diputados obreros:

 

«Los Soviets de diputados obreros son órganos de

lucha directa de las masas»... «No fue una teoría

cualquiera, ni los llamamientos de nadie, ni una

táctica inventada por alguien, ni una doctrina de

partido, sino la fuerza de las cosas lo que condujo a

estos órganos sin-partido, de masas, a la necesidad de

la insurrección y los hizo órganos de la insurrección.

Y actualmente instituir esos órganos significa crear

los órganos de la insurrección; llamar a instituirlos

significa llamar a la insurrección. Olvidar esto o

velarlo ante las amplias masas del pueblo sería la

miopía   más   imperdonable   y   la   peor   de   las

 

 

252 Subrayado por mí. J. St.

 

 

J. V. Stalin

políticas»253 (v. t. X, pág. 15).

       Y añade en otro sitio:

«Toda la experiencia de ambas revoluciones, lo

mismo la de 1905 que la de 1917, al igual que todas

las decisiones del Partido Bolchevique, todas sus

declaraciones políticas de muchos años coinciden en

que el Soviet de Diputados Obreros y Soldados no es

factible más que como órgano de la insurrección,

más que como órgano del Poder revolucionario.

Fuera de esta tarea, los Soviets son un simple juguete

que  conduce  inevitablemente  a  la  apatía,  a  la

indiferencia, al desencanto de las masas, hastiadas

ya, con toda razón, de la repetición interminable de

resoluciones y protestas»254 (v. t. XXI, pág. 288).

 

¿Qué significa, si tenemos esto en cuenta, llamar a

la  formación  inmediata  de  Soviets  de  diputados

obreros, campesinos y soldados en la actual China

del  Sur,  en  la  zona  del  gobierno  de  Wu-han,

pongamos por caso, donde tiene el Poder ahora el

Kuomintang revolucionario, donde el movimiento se

desarrolla ahora bajo la consigna de «todo el Poder al

Kuomintang  revolucionario»?  Llamar  ahora  a  la

formación   de   Soviets   de   diputados   obreros   y

campesinos  en  esta  zona  significa  llamar  a  la

insurrección   contra   el   Poder   del   Kuomintang

revolucionario. ¿Es esto conveniente? Claro que no

lo es. Claro que quien llama ahora a la creación

inmediata de Soviets de diputados obreros en esta

zona, trata de saltarse la fase kuomintanista de la

revolución  china,  corre  el  riesgo  de  poner  la

revolución de China en una situación dificilísima.

Así están las cosas, camarada Marchulin, por lo

que se refiere a la formación inmediata de los Soviets

de  diputados  obreros,  campesinos  y  soldados  en

China.

En el II Congreso de la Internacional Comunista se aprobó una resolución especial titulada «Cuándo y en  qué  condiciones  se  pueden  crear  Soviets  de diputados obreros». Fue aprobada en vida de Lenin, le recomiendo su lectura. No carece de interés (v. II Congreso   de   la   Internacional   Comunista,   actas taquigráficas, págs. 580-583).

4) ¿Cuándo será preciso formar en China los

Soviets de diputados obreros y campesinos? Habrá

necesidad  imperiosa  de  crearlos  en  China  en  el

momento en que la revolución agraria triunfante

alcance   su   máximo   desarrollo,   cuando   el

Kuomintang,   como   bloque   de   los   populistas

revolucionarios de China (Kuomintang de izquierda)

y del Partido Comunista, no responda ya a la nueva

situación,   cuando   la   revolución   democrático-

burguesa, que todavía no ha vencido y que tardará

aún en vencer, empiece a poner de manifiesto sus

 

253 Subrayado por mí. J. St.

254 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

Acerca de los problemas de la revolución china       175

 

rasgos   negativos,   cuando   del   actual   tipo kuomintanista de organización del Estado haya que ir paulatinamente   al   tipo   nuevo,   proletario,   de organización del Estado.

Así  es  como  debe  comprenderse  el  conocido

párrafo relativo a los Soviets obreros y campesinos

de las «Tesis complementarias» de Roy, aprobadas

en el II Congreso de la Internacional Comunista.

¿Ha llegado ya ese momento?

No es preciso demostrar que ese momento no ha llegado todavía.

¿Y   qué   hacer   ahora?   Hay   que   ampliar   y

profundizar la revolución agraria de China. Hay que

crear y fortalecer toda clase de organizaciones de

masas  de  los  obreros  y  campesinos,  desde  los

consejos sindicales y los comités de huelga hasta las

uniones campesinas y los comités revolucionarios

campesinos,  para  transformarlos,  a  medida  que

crezca el movimiento revolucionario y aumenten sus

éxitos,  en  bases  organizativas  y  políticas  de  los

futuros Soviets de diputados obreros, campesinos y

soldados.

Esta es ahora la tarea.

9 de mayo de 1927.

 

Publicado con la firma de J. Stalin el 15 de mayo

de 1927 en el núm. 10 de la revista «Derevienski

Komunist».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CARÁCTER I TER ACIO AL DE LA REVOLUCIÓ  DE OCTUBRE

 

 

En el X aniversario de Octubre

La Revolución de Octubre no se puede considerar sólo   una   revolución   circunscrita «a   un   marco nacional». Es, ante todo, una revolución de carácter internacional, de carácter mundial, pues representa un viraje radical en la historia de la humanidad, un viraje del viejo mundo, del mundo capitalista, al mundo nuevo, al mundo socialista.

En   el   pasado,   las   revoluciones   acababan,

generalmente, con la sustitución de un grupo de

explotadores por otro grupo de explotadores en el

timón del gobierno. Cambiaban los explotadores,

pero la explotación continuaba. Así ocurrió en la

época   de   los   movimientos   libertadores   de   los

esclavos.   Así   ocurrió   en   el   período   de   las

sublevaciones  de  los  siervos.  Así  ocurrió  en  el

período de las Conocidas «grandes» revoluciones de

Inglaterra, de Francia y de Alemania. No me refiero a

la Comuna de París, que fue el primer intento del

proletariado -glorioso y heroico, pero, con todo, un

intento  fallido-  de  volver  la  historia  contra  el

capitalismo.

La  Revolución  de  Octubre  se  distingue  por

principio de estas revoluciones. Se propone como

objetivo,  no  el  que  una  forma  de  explotación

sustituya a otra forma de explotación, que un grupo

de   explotadores   reemplace   a   otro   grupo   de

explotadores,  sino  la  supresión  de toda  clase  de

explotación del hombre por el hombre, la supresión

de todos y cada uno de los grupos de explotadores, la

instauración  de  la  dictadura  del  proletariado,  la

instauración del Poder de la clase más revolucionada

entre todas las clases oprimidas que han existido

hasta hoy, la organización de una nueva sociedad, de

la sociedad socialista sin clases.

Precisamente por eso, el triunfo de la Revolución de Octubre marca un cambio radical en la historia de la humanidad, un cambio radical en los destinos históricos del capitalismo mundial, un cambio radical en  el  movimiento  de  liberación  del  proletariado mundial, un cambio radical en los métodos de lucha y en las formas de organización, en el modo de vida y en las tradiciones, en la cultura y en la ideología de las masas explotadas del mundo entero.

En esto reside la razón fundamental de que la

Revolución  de  Octubre  sea  una  revolución  de

 

 

carácter internacional, de carácter mundial.

       Y a esto mismo obedece la profunda simpatía de

las  clases  oprimidas  de  todos  los  países  por  la

Revolución de Octubre, en la cual ven la garantía de

su liberación.

Podrían señalarse varias cuestiones fundamentales

en las que la Revolución de Octubre influye sobre el

desarrollo del movimiento revolucionario del mundo

entero.

1. La Revolución de Octubre se caracteriza, ante

todo,  por  haber  roto  el  frente  del  imperialismo

mundial,   por   haber   derribado   la   burguesía

imperialista en uno de los mayores países capitalistas

y  haber  colocado  en  el  Poder  al  proletariado

socialista.

La  clase  de  los  asalariados,  la  clase  de  los

perseguidos, la  clase  de  los  oprimidos  y  de  los

explotados se elevó por vez primera en la historia de

la  humanidad  a  la  posición  de  clase  dominante,

contagiando con su ejemplo a los proletarios de todos

los países.

Esto significa que la Revolución de Octubre inició una  nueva  época,  la  época  de  las  revoluciones proletarias en los países del imperialismo.

Esta revolución desposeyó a los terratenientes y

capitalistas   de   los   instrumentos   y   medios   de

producción, convirtiéndolos en propiedad social y

contraponiendo, de este modo, la propiedad socialista

a la propiedad burguesa. De esta manera, puso en

evidencia la mentira de los capitalistas de que la

propiedad burguesa es inviolable, sagrada, eterna.

Esta revolución arrancó el Poder a la burguesía,

despojó de los derechos políticos a la burguesía,

destruyó la máquina del Estado burgués y entregó el

Poder a los Soviets, contraponiendo, de este modo, al

parlamentarismo    burgués,    como    democracia

capitalista, el Poder socialista de los Soviets, como

democracia proletaria. Tenía razón Lafargue al decir,

ya en 1887, que, al día siguiente de la revolución,

«todos los antiguos capitalistas serían privados de los

derechos electorales».

De esta manera, la Revolución de Octubre puso en evidencia la mentira de los socialdemócratas de que hoy es posible el tránsito pacífico al socialismo por la senda del parlamentarismo burgués.

Pero la Revolución de Octubre no se detuvo ni

podía detenerse aquí. Después de destruir lo viejo, lo

 

 

 

 

El carácter internacional de la Revolución de Octubre

 

burgués, emprendió la edificación de lo nuevo, de lo

socialista. Los diez años de Revolución de Octubre

son diez años de edificación del Partido, de los

sindicatos, de los Soviets, de las cooperativas, de las

organizaciones   culturales,   del   transporte,   de   la

industria   y   del   Ejército   Rojo.   Los   éxitos

indiscutibles,  alcanzados  por  el  socialismo  en  la

URSS en el frente de la edificación, han demostrado

claramente que el proletariado puede gobernar con

éxito  el  país  sin  burguesía  y  en  contra  de  la

burguesía, puede levantar con éxito la industria sin

burguesía y en contra de la burguesía, puede dirigir

con éxito toda la economía nacional sin burguesía y

en contra de la burguesía, puede edificar con éxito el

socialismo, a pesar del cerco capitalista.

La vieja «teoría» de que los explotados no pueden

arreglárselas sin los explotadores, al igual que la

cabeza  y  las  otras  partes  del  cuerpo  no  pueden

arreglárselas  sin  el  estómago,  no  es  patrimonio

exclusivo de Menenio Agrípa, el célebre senador

romano de que nos habla la historia antigua. Esta

«teoría» es hoy la piedra angular de la «filosofía»

política de la socialdemocracia, en general, y de la

política   socialdemócrata   de   coalición   con   la

burguesía imperialista, en particular. Esta «teoría»,

que   ha   adquirido   el   carácter   de   prejuicio,   es

actualmente uno de los obstáculos más graves para la

revolucionarización del proletariado de los países

capitalistas. Uno de los resultados más importantes

de la Revolución de Octubre consiste en que ha

asestado un golpe mortal a esta falsa «teoría».

¿Acaso es necesario todavía demostrar que estos resultados, y otros semejantes, de la Revolución de Octubre no han podido ni pueden dejar de ejercer gran influencia sobre el movimiento revolucionario de la clase obrera de los países capitalistas?

Hechos tan notorios para todo el mundo como los progresos del comunismo en los países capitalistas, como la creciente simpatía de los proletarios de todos los países hacia la clase obrera de la URSS y, por último, la afluencia de delegaciones obreras al País de los Soviets, indican de un modo indiscutible que la semilla lanzada por la Revolución de Octubre empieza ya a dar sus frutos.

2. La Revolución de Octubre hizo cuartearse al

imperialismo,   no   sólo   en   los   centros   de   su

dominación,  no  sólo  en  las «metrópolis».  Fue

también   un   golpe   contra   la   retaguardia   del

imperialismo,   contra   su   periferia,   minando   la

dominación del imperialismo en las colonias y en los

países dependientes.

Al derrocar a los terratenientes y a los capitalistas,

la Revolución de Octubre rompió las cadenas de la

opresión nacional y colonial y liberó de ellas a todos

los  pueblos  oprimidos  de  un  vasto  Estado,  sin

excepción. El proletariado no puede liberarse sin

liberar a los pueblos oprimidos. Rasgo característico

de la Revolución de Octubre es el haber llevado a

 

177

 

cabo, en la URSS, estas devoluciones nacionales y coloniales,  no  bajo  la  bandera  de  la  hostilidad nacional y de los choques entre las naciones, sino bajo la bandera de la confianza mutua y de la amistad fraternal entre los obreros y los campesinos de los pueblos de la URSS, no en nombre del nacionalismo, sino en nombre del internacionalismo.

Precisamente por esto, porque en nuestro país las revoluciones nacionales y coloniales transcurrieron bajo la dirección del proletariado y bajo la bandera del  internacionalismo,  precisamente  por  esto,  los pueblos parias, los pueblos esclavos, se han elevado por vez primera en la historia de la humanidad a la condición   de   pueblos   verdaderamente   libres   y verdaderamente iguales, contagiando con su ejemplo a los pueblos oprimidos del mundo entero.

Esto significa que la Revolución de Octubre inició una   nueva   época,   una   época   de   revoluciones coloniales,  que  se  llevan  a  efecto  en  los  países oprimidos del mundo en alianza con el proletariado, bajo la dirección del proletariado.

Antes, «se admitía» que el mundo estaba dividido,

desde tiempos inmemoriales, en razas inferiores y

superiores, en negros y blancos, de los cuales los

primeros no son aptos para la civilización y están

condenados a ser objeto de explotación, mientras que

los  segundos  son  los  únicos  exponentes  de  la

civilización, llamados a explotar a los primeros.

Hoy, esta leyenda: hay que considerarla destruida

y desechada. Uno de los resultados más importantes

de la Revolución de Octubre consiste en que ha

asestado un golpe mortal a esta leyenda, demostrando

en la práctica que los pueblos no europeos liberados,

incorporados al cauce del desarrollo soviético, son

tan capaces como los pueblos europeos de impulsar

una cultura realmente avanzada y una civilización

realmente avanzada.

Antes, «se admitía» que el único método para liberar a los pueblos oprimidos era el método del nacionalismo burgués, el método de separación de las naciones unas de otras, el método de desunirlas, el método de acentuar la hostilidad nacional entre las masas trabajadoras de distintas naciones.

Hoy, esta leyenda hay que considerarla refutada.

Uno  de  los  resultados  más  importantes  de  la

Revolución de Octubre consiste en que ha asestado

un golpe mental a esta leyenda, demostrando en la

práctica la posibilidad y la conveniencia del método

proletario, internacionalista, de liberación de los

pueblos oprimidos, como el único método acertado,

demostrando  en  la  práctica  la  posibilidad  y  la

conveniencia  de  una  alianza  fraternal  entre  los

obreros y campesinos de los más diversos pueblos

sobre los principios del libre consentimiento y del

internacionalismo.  La  existencia  de  la  Unión  de

Repúblicas  Socialistas  Soviéticas,  prototipo  de  la

futura unificación de los trabajadores de todos los

países en una sola economía mundial, no puede por

 

 

 

 

 

178

menos de servir de prueba inmediata de esto.

       Huelga   decir   que   estos   resultados,   y   otros

semejantes, de la Revolución de Octubre no podían ni pueden dejar de ejercer una gran influencia sobre el movimiento revolucionario de las colonias y los países dependientes. Hechas como el incremento del movimiento revolucionario de los pueblos oprimidos en  China,  en  Indonesia,  en  la  India,  etc.,  y  la creciente simpatía de estos pueblos hacia la URSS lo evidencian de modo indiscutible.

Ha pasado la era en que se podía explotar y oprimir con toda tranquilidad a las colonias y a los países dependientes.

Ha   comenzado   la   era   de   las   revoluciones

libertadoras   en   las   colonias   y   en   los   países

dependientes, la era del despertar del proletariado de

estos países, la era de su hegemonía en la revolución.

3. Al arrojar la semilla de la revolución tanto en los centros del imperialismo como en su retaguardia, al  debilitar  la  potencia  del  imperialismo  en  las «metrópolis», y al hacer vacilar su dominación en las colonias, la Revolución de Octubre ha puesto en tela de  juicio  la  pervivencia  misma  del  capitalismo mundial en su conjunto.

Si,  bajo  las  condiciones  del  imperialismo,  el

desarrollo   espontáneo   del   capitalismo   se   ha

transformado -en virtud de su desigualdad, en virtud

del carácter inevitable de los conflictos y de los

choques armados y, por último, en virtud de la

carnicería imperialista sin precedentes- en un proceso

de  descomposición  y  agonía  del  capitalismo,  la

Revolución de Octubre y, como resultado de ella, el

desprendimiento  de  un  país  enorme  del  sistema

mundial del capitalismo, no podían por menos de

acelerar este proceso, socavando, paso a paso, las

bases mismas del imperialismo mundial.

Más aún. La Revolución de Octubre, al hacer

cuartearse el imperialismo, creó, al mismo tiempo,

con la primera dictadura proletaria, una base potente

y abierta para el movimiento revolucionario mundial,

base que este movimiento no había tenido jamás,

antes y en la que ahora puede apoyarse. Creó un

centro   potente   y   abierto   del   movimiento

revolucionario mundial, centro que no había tenido

jamás antes y en torno al cual ese movimiento puede

ahora adquirir cohesión, organizando el frente único

revolucionario de los proletarios y de los pueblos

oprimidos de todos los países contra el imperialismo.

Esto significa, en primer lugar, que la Revolución de   Octubre   infirió   una   herida   de   muerte   al capitalismo mundial, de la que éste no se repondrá jamás. Y por eso precisamente, el capitalismo jamás recobrará el «equilibrio» y la «estabilidad» que tenía antes de Octubre.

El capitalismo podrá estabilizarse parcialmente,

podrá   racionalizar   su   producción,   entregar   el

gobierno    del    país    al    fascismo,    reprimir

temporalmente a la clase obrera, pero no volverá

 

 

J. V. Stalin

 

jamás   a   disfrutar   de   la «tranquilidad»   y   la

«seguridad», del «equilibrio» y la «estabilidad» de

que hacía gala antes, pues la crisis del capitalismo

mundial ha alcanzado un grado tal de desarrollo, que

la   hoguera   de   la   revolución   se   encenderá

inevitablemente, ya en los centros del imperialismo,

ya en la periferia, haciendo trizas los remiendos

capitalistas y aproximando, día tras día, la caída del

capitalismo. Punto por punto como en la conocida

fábula: -sí saca el rabo, se le hunde el hocico; si saca

el hocico, se le hunde el rabo».

Esto   significa,   en   segundo   lugar,   que   la

Revolución de Octubre elevó a cierta altura la fuerza

y la importancia, la valentía y la voluntad combativa

de las clases oprimidas del mundo entero, obligando

a las clases dominantes a tenerlas en cuenta como un

factor nuevo e importante. Hoy, ya no se puede ver

en las masas trabajadoras del mundo una «multitud

ciega»  que  vaga  en  las  tinieblas  y  carece  de

horizontes,   ya   que   la   Revolución   de   Octubre

encendió el faro que les alumbra el camino y les

brinda perspectivas. Si antes no había una tribuna

universal   pública,   desde   la   que   se   pudieran

manifestar y plasmar los anhelos y las aspiraciones

de las clases oprimidas, hoy esta tribuna existe y es la

primera dictadura proletaria.

¿Acaso puede dudarse de que si esta tribuna fuese

destruida, sobre la vida político-social de los «países

adelantados»  se  abatirían  para  largo  tiempo  las

tinieblas de una negra y desenfrenada reacción? No

puede negarse que el simple hecho de la existencia

del «Estado bolchevique» pone un freno a las negras

fuerzas de la reacción y facilita a las clases oprimidas

la lucha por su liberación. Y esto es precisamente lo

que explica ese odio bestial que los explotadores de

todos los países sienten hacia los bolcheviques.

La historia se repite, aunque sobre bases nuevas.

Lo mismo que antiguamente, en la época de la caída

del feudalismo, la palabra «jacobino» provocaba en

los   aristócratas   de   todos   los   países   horror   y

repugnancia, también hoy, en la época de la caída del

capitalismo, la palabra «bolchevique» provoca horror

y repugnancia en la burguesía de todos los países. Y

a la inversa: así como antes el asilo y la escuela de

los   elementos   revolucionarios   de   la   burguesía

ascensional era París, hoy el refugio y la escuela de

los   elementos   revolucionarios   del   proletariado

ascensional es Moscú. El odio a los jacobinos no

salvó  al  feudalismo  del  derrumbamiento. ¿Acaso

puede dudarse de que el odio a los bolcheviques no

salvará   tampoco   al   capitalismo   de   su   caída

inevitable?

Ha   pasado   la   era   de   la «estabilidad»   del capitalismo, arrastrando consigo la leyenda de la inamovilidad del orden burgués.

Ha   comenzado   la   era   del   hundimiento   del capitalismo.

4. No se debe considerar que la Revolución de

 

 

 

 

 

El carácter internacional de la Revolución de Octubre

 

Octubre afecte sólo a las relaciones económicas y

político-sociales.   Es,   al   mismo   tiempo,   una

revolución en los cerebros, una revolución en la

ideología  de  la  clase  obrera.  La  Revolución  de

octubre surgió y se consolidó bajo la bandera del

marxismo, bajo la bandera de la idea de la dictadura

del proletariado, bajo la bandera del leninismo, que

es el marxismo de la época del imperialismo y de las

revoluciones proletarias. Representa, por tanto, el

triunfo del marxismo sobre el reformismo, el triunfo

del leninismo sobre el socialdemocratismo, el triunfo

de la III Internacional sobre la II Internacional.

La  Revolución  de  Octubre  abrió  un  abismo infranqueable  entre  el  marxismo  y  la  ideología socialdemócrata, entre la política del leninismo y la política de la socialdemocracia.

Antes,  hasta  el  triunfo  de  la  dictadura  del

proletariado, la socialdemocracia podía alardear con

la bandera del marxismo, sin negar abiertamente la

idea de la dictadura del proletariado, pero sin hacer

tampoco nada, absolutamente nada, por acercar la

realización  de  esta  idea;  se  comprende  que  esta

actitud de la socialdemocracia no suponía amenaza

alguna  para  el  capitalismo.  Entonces,  en  aquel

período,   la   socialdemocracia   se   identificaba

formalmente, o casi se identificaba, con el marxismo.

Hoy, después del triunfo de la dictadura del

proletariado, cuando todo el mundo ha visto con

claridad meridiana a dónde conduce el marxismo y

qué puede significar su triunfo, la socialdemocracia

ya no puede alardear con la bandera del marxismo,

ya no puede coquetear con la idea de la dictadura del

proletariado,   sin   crear   cierto   peligro   para   el

capitalismo. Después de haber roto hace ya mucho

con el espíritu del marxismo, se ha visto obligada a

romper  también  con  la  bandera  del  marxismo,

enfrentándose abierta y francamente contra la obra

del  marxismo,  contra  la  Revolución  de  Octubre,

contra la primera dictadura del proletariado habida en

el mundo.

Ahora tenía que desentenderse y se desentendió, en efecto, del marxismo, ya que, en las condiciones actuales, no es posible llamarse marxista sin apoyar abierta   y   abnegadamente   la   primera   dictadura proletaria   del   mundo,   sin   librar   una   lucha revolucionaria contra la propia burguesía, sin crear las condiciones para el triunfo de la dictadura del proletariado en el propio país.

Entre la socialdemocracia y el marxismo se ha abierto un abismo. Desde ahora, el único portador y baluarte   del   marxismo   es   el   leninismo,   el comunismo.

Pero las cosas no han parado aquí. Después de

deslindar los campos entre la socialdemocracia y el

marxismo, la Revolución de Octubre fue más allá,

arrojando a la primera al campo de los defensores

directos del capitalismo contra la primera dictadura

proletaria habida en el mundo. Cuando señores como

 

179

 

los Adler y Bauer, los Wels y Levi, los Longuet y Blum difaman al «régimen soviético», ensalzando la «democracia» parlamentaria, quieren decir con ello que  luchan  y  seguirán  luchando  en  pro  de  la restauración del orden capitalista en la URSS, en pro del mantenimiento de la esclavitud capitalista en los Estados «civilizados».

La actual ideología socialdemócrata es el puntal

ideológico del capitalismo. Lenin tenía mil veces

razón   al   decir   que   los   actuales   políticos

socialdemócratas  son «verdaderos  agentes  de  la

burguesía   en   el   seno   del   movimiento   obrero,

lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas»

y que, en «la guerra civil entre el proletariado y la

burguesía», se colocaran inevitablemente «al lado de

los «versalleses» contra los «comuneros»255.

o se puede acabar con el capitalismo sin acabar

con la ideología socialdemócrata en el movimiento

obrero. Por eso, la era de la agonía del capitalismo

es, al mismo tiempo, la era de la agonía de la

ideología socialdemócrata en el movimiento obrero.

La gran importancia de la Revolución de Octubre

reside, entre otras cosas, en que anuncia el triunfo

inevitable   del   leninismo   sobre   la   ideología

socialdemócrata en el movimiento obrero mundial.

Ha terminado la era de la dominación de la Ir Internacional y de la ideología socialdemócrata en el movimiento obrero.

Ha  comenzado  la  era  de  la  dominación  del leninismo y de la III Internacional.

Publicado con la firma de J. Stalin el 6 y el 7 de noviembre de 1927 en el núm. 255 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

255 Se alude a la resolución del VII Pleno ampliado del CE de la

IC sobre la situación en China, aprobada el 116 de diciembre de

1926.  V.  la  resolución  del  Pleno  en  el  libro: «Tesis  y

resoluciones del VII Pleno ampliado del CE de la IC.», Moscú-

Leningrado, 1927.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I FORME POLÍTICO A TE EL XV CO GRESO DEL PC(b) DE LA URSS

 

 

(Extractos)

El  aparato  del  Estado  y  la  lucha  contra  el

burocratismo. Del burocratismo se habla tanto, que

huelga extenderse al respecto. Es indudable que en el

aparato del Estado, en el de las cooperativas y en el

del  Partido  existen  elementos  de  burocratismo.

También  es  un  hecho  que  la  lucha  contra  los

elementos de burocratismo es necesaria y que esta

tarea la tendremos planteada siempre, mientras exista

en el país el Poder público, mientras exista el Estado.

Pero,  con  todo,  hay  que  tener  sentido  de  la medida. Llevar la lucha contra el burocratismo en el aparato  del  Estado  hasta  la  destrucción  de  este aparato, hasta desacreditarlo, hasta las tentativas de destruirlo, es ir contra el leninismo, es olvidar que nuestro aparato es un aparato soviético, un aparato de Estado superior, por su tipo, a todos los demás aparatos de Estado existentes en el mundo.

¿En qué consiste la fuerza del aparato de nuestro Estado?

En que, a través de los Soviets, vincula el Poder a las masas de millones de obreros y campesinos. En que los Soviets son una escuela de gobernación para decenas y cientos de miles de obreros y campesinos. En que el aparato del Estado no se aísla de las masas, de los millones de hombres del pueblo, sino que se funde   con   ellos   a   través   de   innumerables organizaciones   de   masas,   de   todo   género   de comisiones,  secciones,  conferencias,  reuniones  de delegadas,  etc.,  que  rodean  a  los  Soviets  y  que apoyan así a los órganos de Poder.

¿En  qué  consiste  la  debilidad  del  aparato  de

nuestro  Estado?  En  la  existencia  de  elementos

burocráticos en el mismo, que estropean y deforman

su trabajo. Para extirpar de él el burocratismo -y eso

no se puede hacer en un año o en dos-, hay que

mejorar  sistemáticamente  el  aparato  del  Estado,

acercarlo a las masas, renovarlo con hombres nuevos,

fieles  a  la  causa  de  la  clase  obrera,  hay  que

transformarlo en el espíritu del comunismo, y no

destruirlo, no desacreditarlo. Lenin tenía mil veces

razón   cuando   afirmaba: «Sin «aparato»,   nos

hubiéramos hundido hace tiempo. Sin una lucha

sistemática  y  tenaz  por mejorar  el  aparato, nos

hundiremos antes de haber logrado construir la base

 

 

del socialismo»256.

No vaya detenerme en los defectos del aparato de nuestro Estado, que saltan por sí solos a la vista. Me refiero, ante todo, al «papeleo». Tengo a mano un montón de documentos que evidencian el papeleo y denuncian   la   negligencia   criminal   de   varias organizaciones    judiciales,    administrativas,    de seguros, cooperativas, etc.

Aquí se habla de un campesino que ha hecho veintiún viajes para acudir a una oficina de seguros, a fin de que le hiciesen justicia, y sin resultado.

Otro campesino, un viejo de 66 años, ha recorrido a pie 600 verstas para poner en claro un asunto en la oficina  de  previsión social  del  distrito,  y  no  ha podido conseguir nada.

Una vieja aldeana de 56 años ha recorrido a pie 500 verstas y en carro más de 600, citada por el tribunal popular, y, con todo, no ha podido conseguir que se le hiciese justicia.

Podría citar un sinfín de casos análogos. No vale la pena enumerarlos. ¡Pero esto es una vergüenza para nosotros, camaradas! ¿Cómo se puede tolerar semejante escándalo?

Finalmente,   los   hechos   relativos   a   los «relegados».   Resulta   que;   además   de  la   gente promovida   entre   los   obreros,   existe   la   gente «relegada», retirada a un segundo plano por sus propios camaradas, y no por incapacidad o porque no sepan  trabajar  sino  a  causa  de  su  conciencia  y honradez en el trabajo.

Aquí  tenéis  el  caso  de  un  obrero,  mecánico

herramentista, promovido para cierto puesto en la

fábrica como hombre capaz e insobornable. Trabajó

un año, otro trabajó honradamente, imponiendo el

orden, luchando contra la mala administración y el

despilfarro. Sin embargo, su labor afectó los intereses

de un grupillo de compadres «comunistas», alteró la

tranquilidad de éstos. ¿Y qué diréis que ha ocurrido?

Pues que ese grupito de compadres «comunistas»

empieza a ponerle la zancadilla y le obliga, así, a

«relegarse». «¿Has   querido   ser   más   listo   que

nosotros?                                                           ¿No   nos   dejas   vivir   y   lucrarnos

tranquilamente? Retírate, amiguito».

Ved el caso de otro obrero, también mecánico,

ajustador de tornos de roscar, promovido a cierto

 

256  V.  I.  Lenin-. «Plan  del  folleto «Sobre  el  impuesto  en

especie»».

 

 

 

 

 

El carácter internacional de la Revolución de Octubre

 

cargo en la fábrica. Trabaja con celo y honestidad.

Pero con su labor perturba la tranquilidad de ciertos

individuos. ¿Y qué diréis que ha pasado? Se ha

encontrado  un  pretexto  para  deshacerse  de  ese

«inquieto» camarada. ¿Qué pensaba al abandonar su

puesto ese camarada dirigente salido de entre los

obreros?, ¿qué sentía? Pensaba y sentía así: «En

todos los puestos, para los que se me nombró, hice lo

posible por justificar la confianza depositada en mí.

Pero jamás olvidaré la mala pasada que me han

jugado con esta promoción. Me han cubierto de lodo.

Mi deseo de poner todas las cosas en claro no se ha

visto cumplido. Ni el comité sindical de la fábrica, ni

la dirección, ni la célula del Partido han querido

siquiera  escucharme.  Para  la  promoción  yo  he

muerto: aunque me cubran de oro, no iré a ningún

sitio» («Trud»257, núm. 128, del 9 de junio de 1927).

¡Pero  esto  es  una  vergüenza  para  nosotros, camaradas! ¿Cómo  se  puede  tolerar  semejantes escándalos?

Es  tarea  del  Partido  cauterizar,  en  la  lucha contra el burocratismo y por mejorar el aparato del Estado, abusos como los que acabo de citar, en nuestro trabajo diario.

La consigna leninista respecto a la revolución

cultural.   La   mejor   arma   para   combatir   el

burocratismo es la elevación del nivel cultural de los

obreros y de los campesinos. Se puede censurar y

criticar el burocratismo del aparato del Estado, se

puede vituperar y poner en la picota el burocratismo

en nuestro trabajo diario, pero si no existe cierto

nivel cultural entre las amplias masas obreras, un

nivel cultural que cree la posibilidad, el deseo y los

conocimientos necesarios para controlar el aparato

del  Estado  desde  abajo,  por  las  propias  masas

obreras, el burocratismo subsistirá, pase lo que pase.

Por eso, el desarrollo cultural de la clase obrera y de

las masas trabajadoras del campesinado -no sólo en

el sentido  de  fomentar la  instrucción,  aunque la

instrucción constituye la base de toda cultura, sino

ante  todo,  en  el  sentido  de  adquirir  hábitos  y

capacidad para incorporarse a la gobernación del

país- es la palanca principal para mejorar el aparato

del Estado y cualquier otro aparato. En eso reside el

sentido y la importancia de la consigna leninista

acerca de la revolución cultural.

He aquí lo que dijo al respecto Lenin en marzo de 1922, antes de la apertura del XI Congreso de nuestro Partido, en la carta que, para el Comité Central, envió al camarada Mólotov:

« ada  necesitamos tanto  como cultura,  saber

gobernar... Económica y políticamente, la   EP nos

asegura por completo la posibilidad de sentar los

fundamentos  de  la  economía  socialista…258  Lo

 

257 «Trud» («El trabajo»): diario, órgano del Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos.

258 Subrayado por mí. J. St.

 

181

 

«único» que hace falta es que el proletariado y su vanguardia cuenten con hombres cultos»259.

 

No  se  debe  olvidar  estas  palabras  de  Lenin, camaradas.

De aquí la tarea del Partido: reforzar la lucha por la elevación cultural de la clase obrera y de las capas trabajadoras del campesinado.

Publicado el 6 y el 9 de diciembre de 1927 en los núms. 279 y 282 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

259 V. I. Lenin. Carta a V. M. Mólotov acerca del plan de informe político para el XI Congreso del Partido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DISCURSO E  EL VIII CO GRESO DE LA UJCL DE LA URSS

 

 

16 de mayo de 1928260

Camaradas: En los Congresos es costumbre hablar

de los éxitos. No cabe duda de que hemos logrado

éxitos. Estos éxitos no son, naturalmente, pequeños,

y no hay por qué silenciarlos. Pero, camaradas, en los

últimos tiempos se habla entre nosotros tanto de los

éxitos, y a veces tan empalagosamente, que no queda

ninguna  gana  de  repetir  lo  dicho.  Por  eso  me

permitiréis que altere el orden habitual y os diga unas

palabras; no acerca de nuestros éxitos, sino acerca de

nuestras debilidades y de las tareas que de ellas se

desprenden.

Me refiero, camaradas, a las tareas relativas a las cuestiones de nuestra edificación interior.

Estas tareas atañen a tres cuestiones: a la cuestión de la línea de nuestro trabajo político; a la cuestión de elevar la actividad de las grandes masas populares en general, de la clase obrera en particular, y de luchar  contra  el  burocratismo;  y,  finalmente,  la cuestión  de  forjar  nuevos  cuadros  para  nuestra edificación económica.

 

I.  Fortaleced  la  combatividad  de  la  clase obrera

Empecemos   por   la   primera   cuestión.   La peculiaridad característica del momento que estamos viviendo consiste en que llevamos ya doce años edificando   en   unas   condiciones   de   desarrollo pacífico. Digo desarrollo pacífico, no sólo en el sentido de que no hay guerra con los enemigos exteriores, sino también en el sentido de que no hay elementos de guerra civil en el interior del país. Eso es   lo   que   nosotros   llamamos   condiciones   de desarrollo pacífico de nuestra edificación.

Sabéis  que  combatimos  tres  años  contra  los

capitalistas del mundo entero para conquistar estas

condiciones   de   desarrollo   pacífico.   Sabéis   que

conquistamos esas condiciones y que consideramos

esta circunstancia como nuestra mayor realización.

Pero, camaradas, toda conquista, incluida ésta, tiene

 

 

260 El VIII Congreso de la UJCL de la URSS se celebró en Moscú del 5 al 16 de mayo  de 1928. En el Congreso se discutieron las siguientes cuestiones: balance y perspectivas de la edificación socialista y tareas de la educación comunista de la juventud, etc. J. V. Stalin pronunció un discurso el 16 de mayo, en la reunión de clausura del Congreso.

 

 

también sus lados negativos. Las condiciones de

desarrollo pacífico no han pasado en balde para

nosotros. Han impreso su sello en nuestro trabajo, en

nuestros funcionarios, en su psicología. En estos

cinco años hemos avanzado sin tropiezos, como un

tren por sus rieles. Debido a ello, en muchos de

nuestros funcionarios se ha creado la mentalidad de

que todo marchará como sobre ruedas, de que vamos

montados en un tren expreso, por decirlo así, y que,

sin necesidad    de    transbordos,                 avanzamos

directamente hacia el socialismo.

Sobre  esta  base  ha  nacido  la  teoría  de  la

«espontaneidad», la teoría de que «todo saldrá bien»,

la teoría de que «todo se arreglará» por sí solo, de

que en el país no hay clases, nuestros enemigos se

han apaciguado y todo marchará a las mil maravillas.

De aquí cierta tendencia a la inercia, al letargo. Pues

bien, esta psicología del letargo, esta psicología de la

«espontaneidad» en el trabajo es, precisamente, lo

que  constituye  el  lado  negativo  del  período  de

desarrollo pacífico.

¿En qué consiste el peligro de ese estado de

ánimo? En que echa tierra a los ojos de la clase

obrera,  le  impide  distinguir  a  sus  enemigos,  la

adormece con jactanciosos discursos acerca de la

debilidad   de   nuestros   enemigos   y   mina   su

combatividad.

No debemos consolarnos con el hecho de que en

el  Partido  hay  un  millón  de  militantes,  en  el

Komsomol dos millones y en los sindicatos diez y

que, de esta manera, lo tenemos todo asegurado para

la victoria definitiva sobre nuestros enemigos. Eso es

erróneo, camaradas. La historia dice que los mayores

ejércitos  sucumbieron  por  haberse  engreído,  por

creer demasiado en sus fuerzas, por menospreciar

demasiado las fuerzas de sus enemigos, por haberse

aletargado, haber perdido su combatividad y haberse

dejado pillar por sorpresa en los momentos críticos.

El mayor de los partidos puede ser pillado por

sorpresa, el mayor de los partidos puede sucumbir si

no  toma  en  consideración  las  enseñanzas  de  la

historia, si no forja, día tras día, la combatividad de

su clase. Ser pillado por sorpresa es muy peligroso,

camaradas. Ser pillado por sorpresa significa ser

víctima de «eventualidades», víctima del pánico ante

el enemigo. Y el pánico lleva a la descomposición, a

la derrota, a la muerte.

 

 

 

 

 

Discurso en el VIII Congreso de la UJCL de la URSS

 

Podría citaros muchos ejemplos de la vida de

nuestros ejércitos durante la guerra civil, cuando

pequeños   destacamentos   aniquilaban   a   grandes

unidades, que no tenían la necesaria combatividad.

Podría  contaros  que  en 1920  tres  divisiones  de

caballería, que constaban por lo menos de cinco mil

sables, fueron derrotadas y puestas en desordenada

fuga por un batallón de infantería. Y eso ocurrió

exclusivamente, porque las divisiones de caballería,

pilladas por sorpresa, fueron víctimas del pánico ante

un enemigo que no conocían, que era muy poco

numeroso y al que hubiesen podido aplastar de un

solo golpe si las divisiones no se hubieran encontrado

primero en un estado de letargo y, luego, de pánico,

de desconcierto.

Lo mismo hay que decir de nuestro Partido, de

nuestro   Komsomol,   de   nuestros   sindicatos,   de

nuestras fuerzas en general. No es cierto que no

tengamos ya enemigos de clase, que hayan sido

batidos   y   eliminados.   No,   camaradas,   nuestros

enemigos de clase viven. Y no sólo viven, sino que

crecen, tratando de actuar Contra el Poder Soviético,

Así lo evidencian las dificultades de este invierno

en los acopios, cuando los elementos capitalistas del

campo intentaron desbaratar la política del Poder

Soviético.

Así lo evidencia el asunto de Shajti, expresión de

acciones conjuntas del capital internacional y de la

burguesía de nuestro país contra el Poder Soviético.

Así lo evidencian numerosos hechos de la política interior y exterior, hechos que conocéis y en los que no vale la pena extenderse aquí.

No se puede callar la existencia de esos enemigos

de la clase obrera. Es criminal presentar más débiles

de lo que son las fuerzas de los enemigos de clase de

la  clase  obrera.  No  se  puede  silenciar  todo  eso

particularmente  ahora,  en  el  período  de  nuestro

desarrollo pacífico, cuando la teoría del letargo y de

la «espontaneidad», que mina la combatividad de la

clase obrera, encuentra cierto terreno abonado.

La inmensa importancia educativa de la crisis de

acopios y del asunto de Shajti consiste en que han

sacudido  a  todas  nuestras  organizaciones,  han

quebrantado la teoría de la «espontaneidad» y han

subrayado una vez más la existencia de enemigos de

clase, que viven, que no duermen, y contra los cuales

hay que robustecer las fuerzas de la clase obrera, su

vigilancia,   su   espíritu   revolucionario   y   su

combatividad.

De aquí la tarea inmediata del Partido, la línea

política   en   su   trabajo   cotidiano:   elevar   la

combatividad de la clase obrera contra sus enemigos

de clase.

No se puede menos de señalar que el presente

Congreso   del   Komsomol   y,   particularmente,

«Komsomólskaia  Pravda»,  han  abordado  más  de

cerca  que  nunca  esta  tarea.  Sabéis  que  en  los

discursos  de los  oradores,  lo  mismo  que  en  los

 

183

 

artículos de «Komsomólskaía Pravda», se señala la

importancia  de  esta  tarea.  Eso  está  muy  bien,

camaradas. Únicamente es necesario que esa tarea no

se considere temporal y efímera, porque la tarea de

reforzar la combatividad del proletariado es una tarea

que debe inspirar todo nuestro trabajo mientras haya

clases en el país y mientras exista el cerco capitalista.

 

II. Organizad la crítica de masas desde abajo

La segunda cuestión se refiere a las tareas de la

lucha  contra  el  burocratismo,  a  las  tareas  de  la

organización de la crítica de nuestros defectos por las

masas, a la tarea del control de masas desde abajo.

El burocratismo es uno de los peores enemigos de

nuestro   avance.   Alienta   en   todas   nuestras

organizaciones,  tanto  en  las  del  Partido  y  del

Komsomol, como en las sindicales y administrativas.

Cuando se habla de los burócratas, suele señalarse

con el dedo a los viejos funcionarios sin-partido, a

los que se suele dibujar con gafas en las caricaturas.

Eso no es del todo acertado, camaradas. Si se tratara

sólo de los viejos burócratas, la lucha contra el

burocratismo sería la cosa más fácil. La desgracia es

que no se trata de los viejos burócratas. Se trata,

camaradas, de los nuevos burócratas, se trata de los

burócratas que simpatizan con el Poder Soviético, se

trata, por último, de burócratas que militan en el

Partido.  El  burócrata  comunista  es  el  tipo  de

burócrata   más   peligroso.                             ¿Por   qué?   Porque

enmascara su burocratismo con el título de militante

del   Partido.   Y   por   desgracia,   esos   burócratas

comunistas no escasean entre nosotros.

Tomad   nuestras   organizaciones   del   Partido.

Seguramente,  habréis  leído  acerca  del  asunto  de

Smolensk, del asunto de Artiómovsk, etc. ¿Qué es

eso, una casualidad? ¿A qué se deben esos hechos

vergonzosos  de  descomposición  y  de  corrupción

moral    en    algunos    eslabones    de    nuestras

organizaciones del Partido? A que se ha llevado al

absurdo  el  monopolio  del  Partido,  a  que  se  ha

amordazado a los militantes de base, a que se ha

aniquilado la democracia interna del Partido, a que se

ha  implantado  el  burocratismo. ¿Cómo  se  debe

luchar contra ese mal? Opino que no hay ni puede

haber más medio para luchar contra ese mal que la

organización del control por las masas del Partido

desde abajo, que implantar la democracia interna del

Partido. ¿Qué se puede objetar a que se encienda la

furia de las masas del Partido contra esos elementos

degenerados y se les dé la posibilidad de arrojarlos a

puntapiés? Difícilmente podrá objetarse nada contra

ello.

O tomemos, por ejemplo, el Komsomol. No vais a

negar, por supuesto, que en algunas organizaciones

del   Komsomol   hay   elementos   completamente

degenerados,   contra   los   que   es   absolutamente

indispensable luchar sin cuartel. Pero dejemos a un

lado a los degenerados. Tomemos el último hecho de

 

 

 

 

 

184

la lucha de grupos, lucha sin principios, que se ha

desarrollado   en   el   Komsomol   en   torno   a

determinadas personas, de esa lucha que envenena la

atmósfera en el Komsomo1. ¿A qué se debe que en el

Komsomol    haya    cuantos                          «kosarievistas»    y

«sobolievistas»   se   quiera,   mientras   que   a   los

marxistas  hay  que  buscarlos  con  candil? ¿Qué

evidencia este hecho sino que en algunos eslabones

de   las   altas   esferas   del   Komsomol   se   está

desarrollando   un   proceso   de   anquilosamiento

burocrático?

¿Y los sindicatos? ¿Quién va a negar que en los

sindicatos  hay  cuanto  burocratismo  se  quiera?

Tenemos reuniones de producción en las empresas.

Tenemos comisiones provisionales de control en los

sindicatos. La tarea de estas organizaciones consiste

en  despertar  a  las  masas,  en  poner  al  desnudo

nuestros  defectos  y  trazar  las  vías  para  mejorar

nuestra edificación. ¿Por qué estas organizaciones no

se desarrollan? ¿Por qué en ellas no bulle la vida?

¿No está claro que el burocratismo en los sindicatos,

sumado al burocratismo en las organizaciones del

Partido,   no   deja   que   se   desarrollen   estas

importantísimas organizaciones de la clase obrera?

Finalmente, nuestras organizaciones económicas.

¿Quién  va  a  negar  que  a  nuestros  organismos

económicos los aqueja la dolencia del burocratismo?

Tomad, por ejemplo, el asunto de Shajti. ¿Acaso el

asunto   de   Shajti   no   evidencia   que   nuestros

organismos económicos no avanzan, sino que se

arrastran?

¿Cómo se puede poner fin al burocratismo en todas esas organizaciones?

Para ello no hay más que un camino: organizar el

control desde abajo, organizar la crítica de las vastas

masas de la clase obrera contra el burocratismo de

nuestras instituciones, contra sus defectos, contra sus

errores.

Yo sé que al encender la furia de las masas

trabajadoras contra las deformaciones burocráticas de

nuestras organizaciones hay que meterse a veces con

algunos de nuestros camaradas que tienen méritos

contraídos en el pasado, pero que ahora padecen la

dolencia del burocratismo. ¿Mas acaso puede eso

detener nuestra labor de organización del control

desde abajo? Creo que ni puede ni debe. Por los

viejos méritos hay que inclinarse ante ellos, pero por

sus errores y su burocratismo actuales podría dárseles

un buen estacazo. ¿Se puede, acaso, proceder de otro

modo? ¿Por qué no hacerlo, si lo exigen los intereses

de la causa?

Se habla de crítica desde arriba, de crítica por

parte de la Inspección Obrera y Campesina, del CC

de nuestro Partido, etc. Todo eso, naturalmente, está

bien. Pero dista mucho de ser suficiente. Es más, hoy

lo principal no consiste, ni mucho menos, en eso. Lo

principal consiste hoy en levantar una vasta ola de

crítica desde abajo contra el burocratismo en general

 

 

J. V. Stalin

 

y contra los defectos de nuestro trabajo en particular. Sólo organizando una doble presión, desde arriba y desde abajo, sólo desplazando el centro de gravedad a la crítica desde abajo se podrá contar con el éxito en la lucha por extirpar el burocratismo.

Sería  erróneo  pensar  que  sólo  los  dirigentes

poseen   experiencia   de   edificación.   Eso   es

equivocado, camaradas. Las vastas masas obreras

que levantan nuestra industria acumulan día tras día

una enorme experiencia de edificación, tan valiosa

para nosotros como la experiencia de los dirigentes.

La crítica de masas desde abajo, el control desde

abajo son necesarios, entre otras cosas, para que esa

experiencia de las vastas masas no se pierda sin

provecho, para tenerla en cuenta y darle aplicación

práctica.

De aquí la tarea inmediata del Partido: luchar implacablemente contra el burocratismo, organizar la crítica de masas desde abajo, tener en cuenta esta crítica en las decisiones prácticas relativas a la eliminación de nuestros defectos.

No puede decirse que el Komsomol y, sobre todo,

«Komsomólskaia    Pravda»,    no    tomen    en

consideración la importancia de esta tarea. Lo malo

es que a menudo no se cumple esa tarea con toda

consecuencia.   Y   para   cumplirla   con   toda

consecuencia no sólo hay que tomar en consideración

la crítica, sino, también, los resultados de la crítica,

las mejorías que se hacen como resultado de la

crítica.

 

III. La juventud debe dominar la ciencia

La  tercera  tarea  se  refiere  a  la  cuestión  de organizar   nuevos   cuadros   para   la   edificación socialista.

Ante nosotros, camaradas, se alzan las ingentes tareas de la reconstrucción de toda nuestra economía nacional. En el dominio de la agricultura, debemos sentar los cimientos de la gran hacienda colectiva unida.  Por  el  mensaje  del  camarada  Mólotov261, publicado   hoy,   debéis  de   saber  que  el   Poder Soviético plantea la dificilísima tarea de agrupar las pequeñas   y   dispersas   haciendas   campesinas   en haciendas colectivas y de crear grandes haciendas cerealistas soviéticas. Si no se cumplen estas tareas es imposible un avance serio y rápido.

Si en la industria el Poder Soviético se apoya en la

producción   más   grande   y   concentrada,   en   la

agricultura se apoya en la más dispersa y pequeña

economía campesina, de tipo semimercantil y que

proporciona mucho menos grano mercantil que la

economía  de  anteguerra,  a  pesar  de  que  en  las

superficies de siembra se ha alcanzado el nivel de

anteguerra. Ese es el origen de todas las posibles

 

 

261 Se trata del llamamiento del CC del PC(b) de la URSS. «Por

la transformación socialista del campo (Tareas fundamentales de

las  secciones  de  trabajo  en  el  campo)».  El  llamamiento  se

publicó el 16 de mayo de 1928, en el núm. 112 de «Pravda».

 

 

 

 

 

Discurso en el VIII Congreso de la UJCL de la URSS

 

dificultades futuras en la esfera de los acopios de

cereales. Para salir de esta situación, hay que ponerse

de lleno a organizar la gran producción colectiva en

la   agricultura.   Mas,   para   organizar   la   gran

producción, hay que conocer las ciencias agrícolas y

para conocerlas, hay que estudiar. Entre nosotros son

vergonzosamente pocos los que conocen las ciencias

agrícolas. He aquí la tarea de crear cuadros nuevos,

jóvenes, de constructores de la nueva agricultura, de

la agricultura colectiva.

En el dominio de la industria, las cosas están

mucho mejor. Pero también en esta esfera la escasez

de cuadros nuevos de constructores frena nuestro

avance.  Basta  recordar  el  asunto  de  Shajtí  para

comprender lo apremiante que es la cuestión de los

nuevos  cuadros  de  constructores  de  la  industria

socialista. Naturalmente, tenemos viejos especialistas

de edificación de la industria. Pero, en primer lugar,

son pocos; en segundo lugar, no todos ellos quieren

edificar la nueva industria; en tercer lugar, muchos

de ellos no comprenden las nuevas tareas de la

edificación, y, en cuarto lugar, muchos de ellos son

ya viejos y van quedando fuera de combate. Para que

la cosa avance, hay que forjar a marchas forzadas

nuevos especialistas salidos de la clase obrera, de los

comunistas, de los komsomoles.

Hombres  deseosos de  edificar  y  de  dirigir  la

edificación nos sobran, tanto en el dominio de la

agricultura como en el de la industria. Pero hombres

que    sepan                                                       edificar             y    dirigir      tenemos

vergonzosamente pocos. En cambio, en este terreno,

la ignorancia es infinita. Es más, hay entre nosotros

gente dispuesta a ensalzar nuestra incultura. Si eres

analfabeto o escribes con faltas y te jactas de tu

atraso, eres un obrero «auténtico», y se te deben

honores y respeto. Si has vencido tu incultura, si has

estudiado,  si  has  dominado  la  ciencia,  eres  un

extraño, te has «apartado» de las masas, has dejado

de ser obrero.

Creo que no adelantaremos ni un paso mientras no

extirpemos esa barbarie y ese salvajismo, ese criterio

bárbaro respecto a la ciencia y la gente culta. La

clase obrera no puede ser verdadera dueña y señora

del país si no logra salir de la incultura, si no

consigue crear sus propios intelectuales, si no domina

la ciencia y no sabe gobernar la economía basándose

en la ciencia.

Hay   que   comprender,   camaradas,   que   las

condiciones de la lucha son hoy otras que en el

período de la guerra civil. En el período de la guerra

civil  podían  tomarse  las  posiciones  del  enemigo

empujando,  con  valentía,  con  audacia,  mediante

cargas de caballería. Ahora, en las condiciones de la

edificación   económica   pacífica,   las   cargas   de

caballería únicamente pueden estropear las cosas. La

valentía y la audacia son hoy tan necesarias como

antes, pero con valentía y audacia a secas no se

puede ir muy lejos. Para derrotar ahora al enemigo

 

185

 

hay que saber edificar la industria, la agricultura, el transporte, el comercio, hay que desechar la actitud señorial y despectiva hacia el comercio.

Para edificar, hay que saber, hay que dominar la ciencia. Y para saber, hay que estudiar. Hay que estudiar   tenazmente,   con   paciencia.   Hay   que aprender de todos, de los enemigos y de los amigos, sobre  todo  de  los  enemigos.  Hay  que  estudiar apretando los dientes, sin que nos importe que los enemigos   se   burlen   de   nosotros,   de   nuestra ignorancia, de nuestro atraso.

Ante nosotros se alza una fortaleza. Esa fortaleza

es la ciencia, con todas sus numerosas ramas del

saber. Esa fortaleza debemos tomarla cueste lo que

cueste. Esa fortaleza debe tomarla la juventud, si

quiere ser constructora de la nueva vida, si quiere

llegar a ser un verdadero relevo de la vieja guardia.

Nosotros no podemos limitarnos ahora a formar

cuadros comunistas en general, cuadros bolcheviques

en general, que sepan charlar de todo un poco. El

diletantismo y la omnisapiencia son ahora cadenas

para   nosotros.   Ahora   necesitamos   bolcheviques

especialistas   en   metales,   en   el   textil,   en

combustibles,   en   química,   en   agricultura,   en

economía, en el transporte, en el comercio, en la

contabilidad,  etc.,  etc.  Ahora  necesitamos  grupos

enteros,  centenares,  millares  de  nuevos  cuadros

bolcheviques que puedan ser verdaderos entendidos

en las más diversas ramas del saber. De otra manera,

no se puede ni hablar de un ritmo rápido en la

edificación  socialista  de   nuestro   país.   De   otra

manera, no se puede ni hablar que sabremos alcanzar

y sobrepasar a los países capitalistas adelantados.

Dominar   la   ciencia,   forjar   nuevos   cuadros bolcheviques especialistas en las distintas ramas del saber, estudiar, estudiar y estudiar con la mayor tenacidad, ésa es ahora la tarea.

Una    campaña    masiva    de    la    juventud revolucionaria para conquistar la ciencia, eso es lo que ahora necesitamos, camaradas.

Publicado el 17 de mayo de 1928 en el núm. 113 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBRE EL PELIGRO DE DERECHA E  EL PC(b) DE LA URSS

 

 

 

Discurso en el Pleno del Comité de Moscú y de la Comisión de Control de Moscú del PC(b) de la URSS el 19 de octubre de 1928

 

Creo, camaradas, que es necesario, ante todo, dejar  a  un  lado  las  pequeñeces,  las  cuestiones personales, etc., para resolver el problema que nos interesa, que es el de la desviación de derecha.

¿Existe en nuestro Partido un peligro de derecha, un   peligro   oportunista?      ¿Existen   condiciones objetivas favorables para este peligro? ¿Cómo se debe luchar contra él? Esas son las cuestiones que hoy se nos plantean.

Pero   no   resolveremos   el   problema   de   la desviación de derecha si no dejamos a un lado todas las pequeñeces y todos los elementos extraños que lo envuelven y nos impiden comprender su esencia.

No  tiene  razón  Zapolski  cuando  cree  que  el problema de la desviación de derecha es un problema accidental. Zapolski afirma que el problema todo no es una desviación de derecha, sino chismes, intrigas personales, etc. Admitamos por un instante que aquí, como en toda lucha, desempeñen cierto papel los chismes y las intrigas personales. Pero explicarlo todo como efecto de chismes y no ver detrás de éstos el  fondo  del  problema,  es  apartarse  del  camino acertado, del camino marxista.

No es posible que una organización tan grande,

tan  vieja,  tan  unida  como  lo  es,  sin  duda,  la

organización de Moscú, pueda verse sacudida de

arriba  abajo  y  puesta  en  movimiento  por  unos

cuantos chismosos o intrigantes. No, camaradas, tales

milagros no suelen darse bajo la capa del cielo. Y no

hablo ya de que no se puede apreciar tan a la ligera la

fuerza y el poder de la organización de Moscú. Es

evidente que aquí han actuado causas más profundas,

que no tienen nada que ver ni con los chismes ni con

las intrigas.

Tampoco   tiene   razón   Fruntov,   quien,   aún

reconociendo la existencia del peligro de derecha, no

lo considera digno de que se ocupen a fondo de él

gentes sensatas y serias. Según el, el problema de la

desviación  de  derecha  es  un  asunto  propio  de

charlatanes   y   no   de   gente   seria.   Comprendo

perfectamente a Fruntov, pues está tan absorbido por

el trabajo práctico cotidiano, que no tiene tiempo de

pararse  a  pensar  en  las  perspectivas  de  nuestro

 

 

desarrollo. Pero esto no quiere decir que debamos erigir en dogma de nuestro trabajo de edificación el practicismo   estrecho   de   algunos   militantes   del Partido. El practicismo sano es buena cosa, pero si pierde de vista las perspectivas del trabajo y no supedita su labor a la línea fundamental del Partido, se convierte en un estorbo. Y sin embargo, no es difícil comprender que el problema de la desviación derechista es el problema de la línea fundamental de nuestro Partido, el problema de saber si es acertada o errónea  la  perspectiva  de  desarrollo  trazada  por nuestro Partido en su XV Congreso.

Tampoco  tienen  razón  los  camaradas  que,  al

enjuiciar el problema de la desviación de derecha, lo

centran todo en la cuestión de las personas que la

encarnan. Señaladlos, dicen estos camaradas, a los

derechistas o a los conciliadores, decidnos quiénes

son, para que podamos ajustarles las cuentas. Este

planteamiento   del   problema   es   equivocado.

Naturalmente, las personas desempeñan cierto papel.

Pero de lo que se trata aquí no es de las personas,

sino de las condiciones, de la situación que engendra

el peligro de derecha en el Partido. Se puede apartar

a las personas, pero esto no quiere decir que, con

ello,  hayamos  arrancado  las  raíces  del  peligro

derechista en nuestro Partido. Por eso, la cuestión de

las personas no resuelve el problema, aunque tiene

un interés indudable.

No puede por menos de recordarse, a propósito de

esto, mi episodio ocurrido en Odesa hacia fines de

1919 y comienzos de 1920, cuando nuestras tropas,

después de arrojar a los denikinistas de Ucraina,

estaban aniquilando a los últimos restos de las tropas

de   Denikin   en   la   zona   de   Odesa.   Algunos

combatientes del Ejército Rojo se dedicaron a buscar

en Odesa afanosamente a la Entente, convencidos de

que, si daban con ella, se acabaría la guerra. Cabe

suponer  que  los  combatientes  del  Ejército  Rojo

podrían haber cazado en Odesa a algún representante

de la Entente, pero con ello no se habría resuelto,

claro está, el problema de la Entente, ya que las

raíces de ésta no estaban en Odesa, aunque esa zona

fuese el último territorio ocupado por las tropas de

Denikin, sino en el capitalismo mundial.

Lo mismo puede decirse de algunos de nuestros

camaradas, que centran el problema de la desviación

de  derecha  en  las  personas  que  encarnan  esta

 

 

 

 

Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS

 

desviación   y   olvidan   las   condiciones   que   la engendran.

Por eso, lo primero que tenemos que esclarecer

aquí  son  las  condiciones  que  han  originado  la

desviación de derecha, así como la desviación de

«izquierda» (trotskista) respecto de la línea leninista.

La desviación derechista en el comunismo, bajo

las condiciones del capitalismo, es la tendencia, la

propensión de una parte de los comunistas -sin forma

definida aún, verdad es, y quizá inconsciente, pero

propensión, a pesar de todo- a apartarse de la línea

revolucionaria del marxismo, inclinándose hacia la

socialdemocracia.                                            Cuando     ciertos       círculos

comunistas niegan la oportunidad de la consigna de

«clase contra clase» en la lucha electoral (en Francia)

o   se   manifiestan   contrarios   a   que   el   Partido Comunista presente una candidatura independiente (en Inglaterra) o no quieren agudizar el problema de la lucha contra la socialdemocracia de «izquierda» (en Alemania), etc., etc., eso significa que dentro de los Partidos Comunistas hay gente que pugna por adaptar el comunismo a la socialdemocracia.

El triunfo de la desviación de derecha en los

Partidos   Comunistas   de   los   países   capitalistas

supondría  la  derrota  ideológica  de  los  Partidos

Comunistas  y  un  fortalecimiento  enorme  de  la

socialdemocracia. ¿Y  qué  es  un  fortalecimiento

enorme  de  la  socialdemocracia?  Es  reforzar  y

robustecer el capitalismo, pues la socialdemocracia

es el sostén fundamental del capitalismo dentro de la

clase obrera.

Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha en los Partidos Comunistas de los países capitalistas conduce al desarrollo de las condiciones necesarias para el mantenimiento del capitalismo.

La desviación de derecha en el comunismo, bajo

las condiciones de desarrollo soviético, cuando el

capitalismo  ha  sido  ya  derrocado,  pero  cuando

todavía no han sido extirpadas sus raíces, significa la

tendencia,  la  propensión  de  una  parte  de  los

comunistas -sin forma definida aún, verdad es, y

quizá inconsciente, pero propensión, a pesar de todo-

a apartarse de la línea general de nuestro Partido,

inclinándose hacia la ideología burguesa. Cuando

algunos  círculos  de  nuestros  comunistas  intentan

hacer que nuestro Partido se aparte, marchando hacia

atrás, de los acuerdos del XV Congreso y niegan la

necesidad  de  la  ofensiva  contra  los  elementos

capitalistas  del  campo;  o  exigen  que se  reduzca

nuestra industria, por entender que el rápido ritmo de

su desarrollo actual es ruinoso para nuestro país; o

niegan la conveniencia de las asignaciones para la

organización de koljoses y sovjoses, por creer que

esto  es  dinero  tirado  a  la  calle;  o  niegan  la

conveniencia  de  la  lucha  contra  el  burocratismo

sobre la base de la autocrítica, por entender que la

autocrítica quebranta nuestro aparato; o exigen que

se suavice el monopolio del comercio exterior, etc.,

 

187

 

etc., eso quiere decir que en las filas de nuestro

Partido hay gente que -quizá sin que ella misma se dé

cuenta- intenta adaptar nuestra edificación socialista

a los gustos y a las necesidades de la burguesía

«soviética».

El triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido supondría un fortalecimiento enorme de los elementos  capitalistas  en  nuestro  país. ¿Y  qué significa  fortalecer  los  elementos  capitalistas  en nuestro  país?  Significa  debilitar  la  dictadura  del proletariado   y   acrecer   las   posibilidades   de restauración del capitalismo.

Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha en nuestro Partido significaría el desarrollo de las condiciones  necesarias  para  la  restauración  del capitalismo en nuestro país.

¿Existen en nuestro país, en el País Soviético,

condiciones que hagan posible la restauración del

capitalismo? Si, existen. Tal vez eso parezca extraño,

pero es un hecho, camaradas. Hemos derrocado el

capitalismo,  hemos  implantado  la  dictadura  del

proletariado   y   desarrollamos   a   ritmo   acelerado

nuestra   industria   socialista,   ligando   a   ella   la

economía campesina. Pero aún no hemos extirpado

las raíces del capitalismo. ¿Dónde anidan esas raíces?

Anidan en la producción mercantil, en la pequeña

producción de la ciudad y, sobre todo, del campo.

La  fuerza  del  capitalismo  reside,  como  dice

Lenin, «en  la  fuerza  de  la  pequeña  producción.

Porque   desgraciadamente,   queda   todavía   en   el

mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la

pequeña   producción   engendra   capitalismo   y

burguesía  constantemente,  cada  día,  cada  hora,

espontáneamente y en masa» (v. t. XXV, pág. 173).

Es evidente que como la pequeña producción

tiene en nuestro país un carácter masivo y hasta

predominante,   y   cómo   engendra   capitalismo   y

burguesía constantemente y en masa, sobre todo bajo

las condiciones de la Nep; se dan en nuestro país

condiciones que hacen posible la restauración del

capitalismo.

¿Existen en nuestro país, en el País Soviético, los

medios y las fuerzas necesarios para destruir, para

eliminar   la   posibilidad   de   restauración   del

capitalismo? Sí, existen. Por eso, precisamente, es

acertada la tesis de Lenin sobre la posibilidad de

edificar en la URSS la sociedad socialista completa.

Para ello es necesario consolidar la dictadura del

proletariado, fortalecer la alianza de la clase obrera y

los   campesinos,   desarrollar   nuestras   posiciones

dominantes   desde   el   punto   de   vista   de   la

industrialización del país, imprimir un ritmo rápido al

desarrollo de la industria, electrificar el país, dar a

toda  nuestra  economía  nacional  una  nueva  base

técnica, organizar la cooperación en masa de los

campesinos y elevar el rendimiento de sus haciendas,

agrupar   gradualmente   las   haciendas   campesinas

individuales en haciendas colectivas, desarrollar los

 

 

 

 

 

188

sovjoses, limitar y vencer a los elementos capitalistas de la ciudad y del campo, etc., etc.

He aquí lo que dice Lenin a propósito de esto:

 

«Mientras  vivamos  en  un  país  de  pequeñas

haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia

una base económica más sólida que el comunismo.

Es   necesario   recordarlo.   Todo   el   que   observa

atentamente la vida del campo, comparándola con la

vida de la ciudad, sabe que no hemos extirpado las

raíces  del  capitalismo,  ni  hemos  eliminado  el

fundamento, la base del enemigo interior. Este se

apoya en la pequeña hacienda, y para quebrantarlo no

hay más que un medio: dar a la economía del país,

comprendida la agricultura, una nueva base técnica,

la base técnica de la gran producción moderna. Y

esta base no puede ser más que una: la electricidad.

El   comunismo   es   el   Poder   Soviético   más   la

electrificación de todo el país. De lo contrario, el país

seguiría siendo un país de pequeños campesinos, y es

necesario que nos demos cuenta de ello con toda

claridad. Somos más débiles que el capitalismo no

sólo en escala mundial, sino también dentro del país.

Eso es bien notorio. Nosotros lo hemos comprendido

y  haremos  de  manera  que  la  base  económica,

constituida   hoy   por   la   pequeña   producción

campesina,  pase  a  ser  la  gran  industria.  Y  sólo

cuando el país esté electrificado, cuando hayamos

dado a la industria, a la agricultura y al transporte la

base  técnica  de  la  gran  industria  moderna,  sólo

entonces  venceremos  definitivamente» (t.  XXVI,

págs. 46-47).

 

Resulta, en primer lugar, que mientras vivamos en

un país de pequeñas haciendas campesinas, mientras

no hayamos extirpado las raíces del capitalismo, éste

tendrá  en nuestro  país  una  base  económica  más

sólida que el comunismo. A veces se derriba un

árbol, pero no se extirpa sus raíces, por faltar las

fuerzas para ello. De aquí, precisamente, dimana la

posibilidad de la restauración del capitalismo en

nuestro país.

Resulta, en segundo lugar, que, además de la

posibilidad de la restauración del capitalismo, existe

también, en nuestro país, la posibilidad del triunfo

del   socialismo,   ya   que   podemos   destruir   la

posibilidad de restauración del capitalismo, podemos

extirpar las raíces del capitalismo y conseguir el

triunfo  definitivo  sobre  éste  en  nuestro  país  si

desplegamos una intensa labor de electrificación del

país, si damos a la industria, a la agricultura y al

transporte  la  base  técnica  de  la  gran  industria

moderna.   De   aquí,   precisamente,   dimana   la

posibilidad del triunfo del socialismo en nuestro país.

Resulta, por último, que no es posible edificar el

socialismo sólo en la industria, dejando la agricultura

a merced del desarrollo espontáneo, con el criterio de

que el campo «seguirá por sí mismo» a la ciudad. La

 

 

J. V. Stalin

 

existencia de una industria socialista en la ciudad es un   factor   fundamental   para   la   transformación socialista del campo. Pero eso aún no quiere decir que este factor sea del todo suficiente. Para que la ciudad   socialista   pueda   llevar   tras   de   sí definitivamente al campesinado, es necesario, como dice Lenin, «dar a la economía del país, comprendida la agricultura,262 una nueva base técnica, la base técnica de la gran producción moderna».

¿No se halla en contradicción con esta cita de

Lenin otra cita tomada de sus obras, según la cual «la

Nep nos asegura por completo la posibilidad263 de

construir los cimientos de la economía socialista»?

No; no hay tal contradicción. Lejos de ello, ambas

citas coinciden por entero. Lenin no dice, ni mucho

menos, que la Nep nos depare el socialismo ya

hecho. Lo único que nos dice es que la Nep nos

asegura la posibilidad de construir los cimientos de la

economía socialista. Entre la posibilidad de llevar a

cabo la edificación del socialismo y su construcción

efectiva  hay  una  gran  diferencia.  No  hay  que

confundir    la    posibilidad    con    la    realidad.

Precisamente  para  convertir  esta  posibilidad  en

realidad   es   para   lo   que   Lenin   propone   la

electrificación del país y que se dé la base técnica de

la  gran  industria  moderna  a  la  industria,  a  la

agricultura  y  al  transporte,  como  condición  del

triunfo definitivo del socialismo en nuestro país.

Pero no es posible realizar en uno o dos años esta

condición necesaria para llevar a cabo la edificación

del socialismo. No es posible en uno o dos años

industrializar el país, construir una potente industria,

organizar en cooperativas a masas de millones de

campesinos,  dar  una  nueva  base  técnica  a  la

agricultura,   agrupar   las   haciendas   campesinas

individuales   en   grandes   haciendas   colectivas,

desarrollar  los  sovjoses,  limitar  y  vencer  a  los

elementos capitalistas de la ciudad y del campo. Para

esto  hacen  falta  años  y  años  de  intensa  labor

constructiva  de  la  dictadura  del  proletariado.  Y

mientras no se haga esto -y no se hará de repente-,

seguiremos siendo un país de pequeñas haciendas

campesinas,  en  el  que  la  pequeña  producción

engendrará capitalismo y burguesía constantemente y

en masa y donde seguirá existiendo el peligro de

restauración del capitalismo.

Y como el proletariado de nuestro país no vive en

el vacío, sino dentro de la vida más real y concreta,

con toda su diversidad, los elementos burgueses, que

surgen  sobre  la  base  de  la  pequeña  producción,

«cercan al proletariado por todas partes de elemento

pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo

corrompen con él, provocan constantemente en el

seno  del  proletariado  recaídas  de  pusilanimidad

pequeñoburguesa,                                            de          atomización, de

individualismo, de oscilaciones entre la exaltación y

 

262 Subrayado por mí. J. St.

263 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

 

Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS

 

el  abatimiento» (Lenin,   t.   XXV,   pág. 189)   e infunden, de este modo, al proletariado y a su Partido ciertas vacilaciones, cierta indecisión.

Ahí reside la raíz y la base de todo género de vacilaciones y desviaciones contra la línea leninista en las filas de nuestro Partido.

Por eso no hay que considerar como un asunto baladí el problema de la desviación derechista o «izquierdista- dentro de nuestro Partido.

¿En qué consiste el peligro de la desviación de

derecha, francamente oportunista, dentro de nuestro

Partido? En que menosprecia la fuerza de nuestros

enemigos, la fuerza del capitalismo, en que no ve el

peligro de restauración del capitalismo, en que no

comprende la mecánica de la lucha de clases en las

condiciones de la dictadura del proletariado, por cuya

razón  hace  con  tanta  facilidad  concesiones  al

capitalismo, exigiendo que se amortigüe el ritmo del

desarrollo de nuestra industria, exigiendo que se den

facilidades a los elementos capitalistas del campo y

de la ciudad, exigiendo que se relegue a segundo

plano el problema de los koljoses y de los sovjoses,

exigiendo que se suavice el monopolio del comercio

exterior, etc., etc.

Es indudable que el triunfo de la desviación de

derecha en nuestro Partido desencadenaría las fuerzas

del capitalismo,                                               minaría             las       posiciones

revolucionarias  del  proletariado  y  aumentaría  las

probabilidades de restauración del capitalismo en

nuestro país.

¿En  qué  consiste  el  peligro  de  la  desviación

«izquierdista» (trotskista) dentro de nuestro Partido?

En que sobrestima la fuerza de nuestros enemigos, la

fuerza del capitalismo, en que ve únicamente la

posibilidad  de  restauración  del  capitalismo  y  no

advierte la posibilidad de llevar a cabo la edificación

del socialismo con las fuerzas de nuestro país, en que

se deja llevar de la desesperación y se ve obligado a

consolarse hablando de un supuesto termidorismo en

nuestro Partido.

De  las  palabras  de  Lenin  cuando  dice  que,

«mientras vivamos en un país de pequeñas haciendas

campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base

económica más sólida que el comunismo», de estas

palabras de Lenin, la desviación de «izquierda» saca

la  falsa  conclusión  de  que  en  la  URSS  es

absolutamente imposible llevar a cabo la edificación

del socialismo, de que no se conseguirá nada con los

campesinos, de que la idea de la alianza de la clase

obrera con los campesinos es una idea caduca, de que

si no llega a tiempo en nuestra ayuda la revolución

victoriosa en Occidente, la dictadura del proletariado

en la URSS deberá hundirse o degenerar, de que si

no    se    acepta    un    plan    fantástico      de

superindustrialización, aunque para realizarlo haya

que romper con los campesinos, se tendrá que dar por

fracasada la causa del socialismo en la URSS.

De aquí el aventurerismo en la política de los

 

189

 

desviacionistas de «izquierda». De aquí los saltos «sobrehumanos» en la política.

Es indudable que el triunfo de la desviación de

«izquierda» en nuestro Partido llevaría a que la clase

obrera se alejase de su base campesina, a que la

vanguardia de la clase obrera se alejase del resto de

la masa obrera, lo que, a su vez, conduciría a la

derrota del proletariado y facilitaría la restauración

del capitalismo.

Como veis, ambos peligros, el de «izquierda» y el de derecha, ambas desviaciones respecto de la línea leninista, es decir, la desviación de derecha y la de «izquierda», llevan, aunque partiendo de diferentes extremos, al mismo resultado.

¿Cuál de estos peligros es el peor? Yo creo que ambos son peores.

La diferencia entre esas dos desviaciones, desde el

punto de vista de una lucha eficaz contra ellas,

consiste  en  que  el  peligro  de  la  desviación  de

«izquierda» es más claro para el Partido, en este

momento, que el de la desviación de derecha. La

circunstancia  de  que  llevemos  ya  varios  años

luchando   intensamente   contra   la   desviación   de

«izquierda» no podía, naturalmente, pasar en vano

para el Partido. Es evidente que, en los años de la

lucha contra la desviación «izquierdista», contra la

desviación trotskista, el Partido ha aprendido mucho,

y ya no es fácil engañarlo con frases «izquierdistas».

Por lo que se refiere al peligro de derecha, que

existía  ya  antes  y  que  ahora  se  manifiesta  más

acusadamente a consecuencia de haberse fortalecido

el elemento pequeñoburgués debido a la crisis del

año pasado en los acopios, yo creo que es menos

claro para ciertos sectores de nuestro Partido. Por

eso, la tarea consiste en acentuar la lucha contra la

desviación de derecha sin atenuar ni un ápice la lucha

contra el peligro «izquierdista», contra el peligro

trotskista, y en tomar todas las medidas necesarias

para conseguir que el peligro de esa desviación sea

tan claro  para  el  Partido  como  lo  es el  peligro

trotskista.

El problema de la desviación de derecha quizá no

se plantearía ante nosotros con un carácter tan agudo

como el que hoy presenta, si no estuviese relacionado

con  el  problema  de  las  dificultades  de  nuestro

desarrollo. Pero el hecho es, precisamente, que la

existencia de la desviación derechista complica las

dificultades   de   nuestro   desarrollo   y   frena   su

superación. Precisamente por eso, porque el peligro

derechista  entorpece  la  lucha  para  vencer  estas

dificultades, es por lo que el problema de eliminar

ese   peligro   adquiere   para   nosotros   particular

importancia.

Dos   palabras   sobre   el   carácter   de   nuestras

dificultades. Conviene tener presente que nuestras

dificultades   no   pueden   de   ningún   modo   ser

consideradas dificultades debidas a una situación de

estancamiento  o  de  decadencia.  Hay  dificultades

 

 

 

 

 

190

derivadas de la decadencia de la economía o de su

estancamiento, en cuyo caso se hacen esfuerzos por

conseguir que el estancamiento sea menos doloroso o

la  decadencia  de  la  economía  menos  profunda.

Nuestras dificultades no tienen nada de común con

eso. El rasgo característico de nuestras dificultades

consiste   en   que   son   dificultades   de   ascenso,

dificultades   de   crecimiento.   Cuando   nosotros

hablamos    de    dificultades,                         nos    referimos,

generalmente, al tanto por ciento en que debemos

elevar nuestra industria, al tanto por ciento en que

debemos aumentar la superficie de siembra, a la

cantidad de puds en que hay que elevar la cosecha

por  hectárea,  etc.,  etc.  Y  precisamente  porque

nuestras  dificultades  son  dificultades  ligadas  al

ascenso,   y   no   dificultades   originadas   por   la

decadencia o el estancamiento, no representan para el

Partido un gran peligro.

Pero las dificultades son, con todo y con eso,

dificultades. Y como para vencerlas hace falta poner

en tensión todas las fuerzas, hacen falta firmeza y

tenacidad, y no todos poseen estas cualidades en

grado  suficiente,  tal  vez  por  cansancio  o  por

agotamiento  o  porque  se  prefiera  una  vida  más

tranquila,   sin   luchas   ni   zozobras,   comienzan

precisamente las vacilaciones y la indecisión, los

virajes hacia la línea de menor resistencia; empieza a

hablarse de la necesidad de atenuar el ritmo de

desarrollo de la industria, de dar facilidades a los

elementos capitalistas; se niegan los koljoses y los

sovjoses y, en general, todo lo que se salga de la

situación habitual y apacible del trabajo cotidiano.

Pero no podremos avanzar si no vencemos las

dificultades que se alzan ante nosotros. Y para vencer

esas dificultades, lo primero que hace falta es acabar

con el peligro de derecha, lo primero que hace falta

es vencer a la desviación derechista, que frena la

lucha contra las dificultades e intenta quebrantar la

voluntad de nuestro Partido en la lucha por vencer

esas dificultades.

Me refiero, naturalmente, a la lucha real, y no a la

lucha verbal, a la lucha sobre el papel contra la

desviación de derecha. Hay en nuestro Partido gente

dispuesta,   para   tranquilizar   su   conciencia,   a

proclamar la lucha contra el peligro de derecha de

manera parecida a la que emplean a veces los popes

al cantar el «Aleluya, aleluya», pero que no toman

ninguna  medida  práctica,  absolutamente  ninguna,

para organizar sobre una base firme la lucha contra la

desviación  derechista  y  vencerla  de  hecho.  Esa

tendencia  la  llamamos  nosotros  transigencia  con

respecto a la desviación de derecha, francamente

oportunista. No es difícil comprender que la lucha

contra esta transigencia es inseparable de la lucha

general contra la desviación derechista, contra el

peligro  de  derecha,  pues  es  imposible  vencer  la

desviación derechista, la desviación oportunista, sin

luchar sistemáticamente contra los transigentes, que

 

 

J. V. Stalin

 

dan amparo bajo sus alas a los oportunistas.

       La cuestión de los portadores de la desviación

derechista tiene, indudablemente, interés, aunque no

es lo que resuelve el problema. Tuvimos ocasión de

tropezar con portadores del peligro derechista en las

organizaciones de base de nuestro Partido el año

pasado, durante la crisis en los acopios de cereales,

cuando muchos comunistas de los subdistritos y de

las  aldeas  se  manifestaron  contra  la  política  del

Partido, actuando en pro de la alianza con los kulaks.

Como sabéis, esos elementos han sido expulsados de

nuestro Partido esta primavera, cosa que se menciona

especialmente en el conocido documento del CC de

nuestro Partido, publicado en febrero de este año.

Pero  sería  una  equivocación  decir  que  en  el

Partido no queda ya ninguno de esos elementos. Si

subiéramos de la base a las organizaciones distritales

y provinciales del Partido y escarbásemos a fondo en

el aparato  de  los  Soviets  y  de las  cooperativas,

podríamos  descubrir  también  en  ellos,  sin  gran

esfuerzo, portadores del peligro derechista y de la

transigencia con éste. Son conocidas las «cartas»,

«declaraciones»   y   otros   documentos   de   varios

funcionarios del aparato de nuestro Partido y de los

Soviets  en  los  que  se refleja  de  un  modo  muy

concreto   la   inclinación   hacia   la   desviación

derechista. Como sabéis, a estas cartas y documentos

se aludía en el acta taquigráfica del Pleno de julio del

CC.

Si nos remontamos todavía más y planteamos la

cuestión respecto a los miembros del CC, habremos

de  reconocer  que  también  en  él  hay  elementos,

aunque   ciertamente   muy   insignificantes,   de

transigencia  con  el  peligro  de  derecha.  El  acta

taquigráfica del Pleno de julio del CC es una prueba

palmaria de ello.

¿Y en el Buró Político? ¿Hay en el Buró Político

alguna desviación? No; en nuestro Buró Político no

hay derechistas, ni «izquierdistas», ni transigentes

con unos ni con otros. Esto hay que decirlo aquí del

modo más categórico. Ya es hora de acabar con los

chismes  de  los  enemigos,  del  Partido  y  de  los

oposicionistas de toda clase, que dicen que en el

Buró Político de nuestro CC existe una desviación

derechista o una actitud transigente respecto a ella.

¿Se han producido vacilaciones y titubeos en la

organización de Moscú o en su órgano dirigente, el

Comité de Moscú? Sí, se han producido. Sería necio

querer afirmar ahora que no se han dado titubeos y

vacilaciones. El sincero discurso de Penkov es una

prueba palmaria de ello. Penkov no es un hombre de

última fila en la organización y en el Comité de

Moscú. Y ya habéis escuchado cómo ha reconocido,

abierta  y  francamente,  sus  errores  en  muchos  e

importantísimos problemas de la política de nuestro

Partido. Eso no quiere decir, naturalmente, que todo

el Comité de Moscú se haya dejado llevar por esas

vacilaciones. Nada de eso. Documentos como el

 

 

 

 

 

Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS

 

mensaje  dirigido  en  octubre  de  este  año  por  el Comité de Moscú a los afiliados de su organización demuestran de un modo indudable que el Comité de Moscú ha logrado sobreponerse a las vacilaciones de algunos de sus miembros. Y no dudo de que el núcleo  dirigente  del  Comité  de  Moscú  logrará corregir definitivamente la situación.

Algunos camaradas están disgustados porque las

organizaciones distritales del Partido han tomado

cartas en el asunto, planteando la necesidad de acabar

con los errores Y las vacilaciones de tales o cuales

dirigentes de la organización de Moscú. No acierto a

comprender las razones de ese disgusto. ¿Qué puede

haber de malo en que los activos distritales de la

organización de Moscú hayan hecho oír su voz,

exigiendo  la  eliminación  de  los  errores  y  las

vacilaciones? ¿Acaso nuestro trabajo no transcurre

bajo el signo de la auto crítica desde abajo? ¿Acaso

no  es  un  hecho  que  la  autocrítica  estimula  la

actividad  de  la  base  del  Partido  y  de  la  masa

proletaria en general? ¿Qué tiene, pues, de malo o de

peligroso el que los activos distritales hayan estado a

la altura de las circunstancias?

¿Ha procedido acertadamente el CC al intervenir

en este asunto? Yo creo que el CC ha procedido

acertadamente. Berzin estima que el CC procede con

excesiva dureza, al plantear que se destituya a un

dirigente de una organización de distrito, contra el

que  se  manifestó  su  organización.  Pero  esto  es

completamente erróneo. Podría recordarle a Berzin

algunos episodios de 1919 ó 1920, cuando ciertos

miembros del CC, que cometieron errores, no muy

graves, a mi juicio, respecto a la línea del Partido,

fueron ejemplarmente sancionados, a propuesta de

Lenin; y, por cierto, uno de ellos fue destinado al

Turkestán y otro estuvo a punto de ser expulsado del

CC.

¿Tenía razón Lenin, al proceder así? Yo creo que tenía toda la razón. La situación en el CC no era entonces la de hoy. La mitad del CC seguía a Trotski, y no existía una situación firme en el seno del propio CC.   Hoy,   el   CC   procede   de   un   modo incomparablemente más suave. ¿Por qué? ¿Acaso porque nosotros pretendamos ser más benignos que Lenin? No, no es por eso. Lo que ocurre es que hoy la situación del CC es más firme que entonces y esto le permite proceder con mayor suavidad.

Tampoco tiene razón Sárajov al afirmar que el CC no tomó cartas en el asunto con la rapidez debida. Y no tiene razón, pues él ignora, al parecer, que, en rigor, el CC empezó a ocuparse del asunto en febrero de este año. Sájarov, si lo desea, puede convencerse de ello. Es cierto que la intervención del CC no dió inmediatamente   resultados   positivos.   Pero   sería peregrino echarle la culpa al CC.

Conclusiones:

1) el peligro derechista es un peligro grave para

nuestro Partido, pues tiene sus raíces en la situación

 

191

 

económico-social de nuestro país;

2) el peligro de la desviación derechista lo agrava la existencia de dificultades que es imposible vencer si  no  se  vence  la  desviación  derechista  y  la transigencia con ella;

3)  en  la  organización  de  Moscú  ha  habido vacilaciones  y  titubeos,  ha  habido  elementos  de inestabilidad;

4) el núcleo del Comité de Moscú, con la ayuda del CC y de los activos de las organizaciones de distrito, ha tomado todas las medidas necesarias para acabar con las vacilaciones;

5) no puede caber duda de que el Comité de Moscú logrará sobreponerse a los errores que se han perfilado;

6) la tarea consiste en acabar con la lucha interna, en  fundir  en  un  solo  bloque  la  organización  de Moscú y en llevar a cabo con éxito las nuevas elecciones de dirigentes de las células sobre la base de una amplia autocrítica.

Publicado el 23 de octubre de 1928 en el núm. 247 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBRE LA I DUSTRIALIZACIÓ  DEL PAÍS Y LA DESVIACIÓ  DE DERECHA E  EL PC(b) DE LA URSS

 

 

 

Discurso en el Pleno del CC del PC(b) de la URSS del 19 de noviembre 1928264

(Extracto)

 

I. La cuestión del ritmo del desarrollo de la industria

Nuestras tesis arrancan de que el rápido ritmo del

desarrollo  de  la  industria  en  general,  y  de  la

producción de medios de producción en particular, es

el   principio   fundamental   y   la   clave   de   la

industrialización del país, el principio fundamental y

la  clave  de  la  transformación  de  toda  nuestra

economía  nacional  sobre  la  base  del  desarrollo

socialista.

Pero ¿qué significa un ritmo rápido del desarrollo

de la industria? Significa más inversiones capitales

en ella. Y esto hace que todos nuestros planes, tanto

el presupuestario como el extrapresupuestario, sean

muy duros. Y, en efecto, el rasgo característico de

nuestras cifras control en los últimos tres años, en el

período de la reconstrucción, consiste en que se fijan

y cumplen bajo el signo de una gran tensión de

fuerzas. Lo mismo si tomáis nuestras cifras control y

examináis nuestros cálculos presupuestarios que si

conversáis con nuestros camaradas de Partido -tanto

con los que trabajan en las organizaciones del Partido

como   con   los   que   dirigen   nuestra   edificación

soviética,   económica   y   cooperativa-   percibiréis

siempre un rasgo característico: la dureza de nuestros

planes.

Surge la cuestión de si necesitarnos en general

que  los  planes  sean  tan  duros. ¿No  podríamos

prescindir  de  esa  dureza? ¿Acaso  no  se  puede

trabajar a un ritmo más lento, en un ambiente de

mayor «tranquilidad»? ¿No se deberá el rápido ritmo

de desarrollo de la industria a que los miembros del

Buró  Político  y  del  Consejo  de  Comisarios  del

Pueblo son hombres demasiado inquietos?

¡Está claro que no! En el Buró Político y en el

Consejo de Comisarios del Pueblo, la gente es serena

 

264 El Pleno del Comité Central del PC(b) de la URSS se celebró del 16 al 24 de noviembre de 1928. El Pleno examinó las cifras control de la economía nacional para 1928-1929 y también otras cuestiones. El 19 de noviembre, J. V. Stalin intervino en la sesión del  Pleno  sobre  la  primera  cuestión  del  orden  del  día, pronunciando su discurso «La industrialización del país y la desviación de derecha en el PC(b) de la URSS».

 

 

 

y   tranquila.   Hablando   en   abstracto,   haciendo

abstracción   de   la   situación   exterior   e   interior,

podríamos, naturalmente, aminorar el ritmo. Pero lo

que ocurre es que, en primer término no podemos

hacer abstracción de la situación exterior e interior y,

en  segundo  término,  si  partimos  de  la  situación

circundante, no podemos por menos de reconocer

que es precisamente esa situación la que nos impone

un rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Permitidme que pase a analizar esa situación, esas

condiciones de índole exterior e interior que nos

imponen  un  rápido  ritmo  de  desarrollo  de  la

industria.

Condiciones exteriores. Nosotros hemos llegado

al Poder en un país de técnica terriblemente atrasada.

Al lado de escasas grandes empresas industriales

dotadas,  más  o  menos,  de  maquinaria  moderna,

tenemos miles de fábricas cuya maquinaria no resiste

la menor crítica desde el punto de vista de los

adelantos  de  nuestros  días.  Mientras  tanto,  nos

rodean países capitalistas que poseen una técnica

industrial mucho más desarrollada y más moderna

que   la   de   nuestro   país.   Fijaos   en   los   países

capitalistas y veréis que en ellos la técnica no sólo

marcha, sino que corre adelante, sobrepasando a las

viejas formas de la técnica industrial. Y resulta que

en nuestro país tenemos, de una parte, el régimen

más avanzado, el régimen soviético, y el Poder más

avanzado del mundo, el Poder Soviético y, de otra

parte,  una  técnica  industrial  extraordinariamente

atrasada,  como  base  del  socialismo  y  del  Poder

Soviético. ¿Creéis que puede lograrse la victoria

definitiva del socialismo en nuestro país mientras

exista esa contradicción?

¿Qué hacer para eliminar esa contradicción? Para

ello  hay  que  alcanzar  y  sobrepasar  la  técnica

avanzada  de  los  países  capitalistas  desarrollados.

Nosotros hemos alcanzado y sobrepasado a los países

capitalistas adelantados en cuanto al establecimiento

de un nuevo régimen político, del régimen soviético.

Eso está bien. Pero no basta. Para lograr la victoria

definitiva del socialismo en nuestro país es necesario,

además, alcanzar y sobrepasar a esos países en el

aspecto técnico-económico. O lo hacemos así o nos

aplastarán.

Eso no sólo es cierto desde el punto de vista de la

 

 

 

 

Sobre la industrialización del país y la desviación de derecha en el PC(b) de la URSS  193

 

 

edificación completa del socialismo. Lo es también desde  el  punto  de  vista  de  la  garantía  de  la independencia de nuestro país en una situación de cerco   capitalista.   Es   imposible   garantizar   la independencia de nuestro país si no se cuenta con una base industrial suficiente para la defensa. Es imposible crear esa base industrial si la industria no dispone de una técnica de primera clase.

Para eso necesitamos, y eso es lo que nos lo

impone, un rápido ritmo de desarrollo de la industria.

El atraso técnico-económico de nuestro país no lo

hemos inventado nosotros. Es un atraso secular, que

hemos heredado de toda la historia de nuestro país.

Ese atraso se dejaba sentir como un gran mal ya

antes, en el período anterior a la revolución, y se deja

sentir también después, en el período posterior a la

revolución. Lo que hacía Pedro el Grande cuando, al

tener que vérselas con países del Occidente más

adelantados,   construía   febrilmente   fábricas   para

abastecer al ejército y reforzar la defensa del país, era

un  intento  sui  generis  de  salir  del  atraso.  Sin

embargo, es bien comprensible que ninguna de las

viejas clases, ni la aristocracia feudal, ni la burguesía,

pudiera cumplir la tarea de sacar del atraso a nuestro

país. Es más, esas clases no sólo no podían realizar

esta  tarea, sino  que  ni  siquiera  eran  capaces  de

plantearla en forma más o menos satisfactoria. El

atraso secular de nuestro país únicamente puede ser

eliminado sobre la base de la edificación socialista

victoriosa. Y eso sólo puede hacerlo el proletariado,

que ha erigido su dictadura y tiene en sus manos la

dirección del país.

Sería necio consolarse pensando que, si el atraso

de nuestro país no ha sido inventado por nosotros,

sino que nos ha sido legado por toda su historia, no

podemos y no debemos responder de él. Eso sería

equivocado, camaradas. Si hemos llegado al Poder y

nos hemos impuesto la tarea de transformar el país

sobre principios socialistas, respondemos y tenemos

que responder de todo de lo malo y de lo bueno. Y

precisamente porque respondemos de todo, debemos

eliminar nuestro atraso técnico-económico. Debemos

hacerlo  obligatoriamente,  si  es  que  queremos  de

verdad alcanzar y sobrepasar a los países capitalistas

adelantados. Y eso podemos hacerlo sólo nosotros,

los  bolcheviques.  Precisamente  para cumplir esta

tarea, debemos imprimir sistemáticamente un ritmo

rápido al desarrollo de nuestra industria. Y que ya

hemos dado un ritmo rápido al desarrollo de nuestra

industria lo ve ahora todo el mundo.

La   cuestión   de   que   es   preciso   alcanzar   y

sobrepasar a los países capitalistas adelantados en el

aspecto técnico-económico no es para nosotros, los

bolcheviques,   nada   nuevo   ni   inesperado.   Esta

cuestión surgió ya en 1917, en el período precedente

a la Revolución de Octubre. La planteó Lenin ya en

septiembre de 1917, en vísperas de la Revolución de

Octubre, en el período de la guerra imperialista, en su

 

 

folleto «La  catástrofe  que  nos  amenaza  y  cómo combatirla».

He aquí lo que decía Lenin al respecto:

 

«La revolución hizo que en algunos meses Rusia alcanzase  por  su  régimen  político  a  los  país adelantados.  Pero  esto  no  basta.  La  guerra  es implacable y presenta la cuestión con despiadada agudeza: perecer o alcanzar y sobrepasar también económicamente a los países adelantados... Perecer o avanzar  a todo  vapor.  Así  plantea la  historia  la cuestión» (t. XXI, pág. 191).

 

Ya  veis  con  qué  crudeza  planteaba  Lenin  la cuestión   de   eliminar   nuestro   atraso   técnico-

económico.

Lenin   escribió   todo   eso   en   vísperas   de   la

Revolución de Octubre, antes de la toma del Poder

por  el  proletariado,  cuando  los  bolcheviques  no

tenían aún ni el Poder, ni una industria socializada, ni

una  amplia  red  de  cooperativas  que  abarcan  a

millones  de  campesinos,  ni  los  koljoses,  ni  los

sovjoses. Ahora, cuando ya poseemos algo esencial

para   eliminar   de   raíz   nuestro   atraso   técnico-

económico, podríamos parafrasear a Lenin más o

menos como sigue:

«Hemos alcanzado y sobrepasado a los países capitalistas  adelantados  en  el  sentido  político, construyendo la dictadura del proletariado. Pero eso no   basta.   Debemos   utilizar   la   dictadura   del proletariado,   nuestra   industria   socializada,   el transporte,   el   sistema   de   crédito,   etc.,   las cooperativas, los koljoses, los sovjoses, etc., para alcanzar y sobrepasar también económicamente a los países capitalistas adelantados».

La cuestión del rápido ritmo de desarrollo de la

industria no se plantearía con tanto apremio como se

plantea hoy si tuviéramos una industria y una técnica

tan desarrolladas como, pongamos por caso, las de

Alemania, si el peso relativo de la industria en toda la

economía nacional fuese en nuestro país tan elevado

como, pongamos por caso, en Alemania. De darse

esas condiciones, podríamos desarrollar la industria a

un ritmo menos rápido, sin el temor de quedar a la

zaga de los países capitalistas y con la certidumbre

de que podríamos aventajarles de un solo impulso.

Pero  entonces  no  padeceríamos  el  gran  atraso

técnico-económico que padecemos hoy. El quid de la

cuestión reside, precisamente, en que en este sentido

estamos más atrasados que Alemania y muy lejos de

haberla alcanzado en el aspecto técnico-económico.

La cuestión del rápido desarrollo de la industria

no se plantearía con tanto apremio si, en vez de ser el

único país de dictadura del proletariado, fuésemos

uno entre otros países de dictadura del proletariado,

si hubiese dictadura proletaria no sólo en nuestro

país, sino también en otros países más adelantados,

como Alemania y Francia, pongamos por caso.

 

 

 

 

 

194

De darse esas condiciones, el cerco capitalista no

representaría  para  nosotros  el  grave  peligro  que

representa  hoy,  el problema  de  la  independencia

económica de nuestro país quedaría, naturalmente,

relegado a segundo plano, podríamos incluirnos en el

sistema de los Estados proletarios más desarrollados,

podríamos recibir de ellos máquinas para fecundizar

nuestra industria y nuestra agricultura, a cambio de

materias primas y de víveres; podríamos, por tanto,

desarrollar nuestra industria a un ritmo menos rápido.

Pero vosotros sabéis bien que esas condiciones no se

dan aún y que seguimos siendo, hoy por hoy, el único

país de dictadura del proletariado, un país cercado de

países capitalistas, muchos de los cuales nos llevan

gran ventaja en el aspecto técnico-económico.

Por eso Lenin planteaba el problema de alcanzar y

sobrepasar económicamente a los países adelantados

como una cuestión de vida o muerte para nuestro

desarrollo.

Tales  son  las  condiciones  exteriores  que  nos imponen un ritmo rápido de desarrollo industrial.

Condiciones  interiores.  Pero,  además  de  las

condiciones  exteriores,  hay  condiciones  interiores

que nos imponen un rápido ritmo de desarrollo de

nuestra industria, principio rector de toda nuestra

economía  nacional.  Me  refiero  al  extraordinario

atraso de nuestra agricultura, de su técnica, de sus

métodos de cultivo. Me refiero a que en nuestro país

constituyen  una  mayoría  aplastante  los  pequeños

productores   de   mercancías,   con   su   producción

atomizada y de un atraso absoluto, en comparación

con la cual nuestra gran industria socialista es como

una isla en medio del mar, una isla cuya base se

ensancha cada día, pero que no por ello deja de ser

una isla en medio del mar.

Suele decirse que la industria es el principio rector

de  toda  la  economía  nacional,  comprendida  la

agricultura,   que   la   industria   es   la   clave   para

reconstruir   sobre   la   base   del   colectivismo   la

agricultura,   atrasada   y   atomizada.   Eso   es

absolutamente cierto. Y no debemos olvidarlo ni un

solo instante. Pero hay que recordar también que, si

bien la industria es el principio rector, la base de su

desarrollo es la agricultura, lo mismo como mercado

que absorbe su producción que como proveedora de

materias primas y víveres y como fuente de las

reservas de exportación necesarias para importar las

instalaciones precisas a la economía nacional. ¿Se

puede impulsar la industria dejando a la agricultura

en un completo atraso técnico, sin asegurar a la

industria   su   base   agrícola,   sin   transformar   la

agricultura y adaptarla a la industria? No, no se

puede.

De aquí la tarea de proporcionar a la agricultura el

máximo de instrumentos y medios de producción

necesarios para acelerar e impulsar su reconstrucción

sobre una nueva base técnica. Ahora bien, para ello

es imprescindible que nuestra industria se desarrolle

 

 

J. V. Stalin

 

a   un   ritmo   rápido.   La   reconstrucción   de   la agricultura,  atomizada  y  dispersa,  es,  claro  está, incomparablemente más difícil que la reconstrucción de la industria socialista, unida y centralizada. Pero esta tarea está aún por resolver y debemos cumplirla. Y la única forma de cumplirla es desarrollar la industria a un ritmo rápido.

No  es  posible  que  el  Poder  Soviético  y  la

edificación socialista descansen indefinidamente, es

decir, durante un período demasiado largo, sobre dos

bases distintas: la base de la industria socialista, la

más grande y unificada, y la base de la economía

campesina  más  atomizada  y  atrasada,  de  escasa

producción mercantil. Hay que dar gradual, pero

sistemática y tenazmente a la agricultura una nueva

base   técnica,   la   base   de   la   gran   producción,

acercándola a la industria socialista. O cumplimos

esta tarea, en cuyo caso estará asegurada la victoria

definitiva  del  socialismo  en  nuestro  país,  o  la

abandonamos, no la cumplimos, en cuyo caso la

regresión  al  capitalismo  puede  llegar  a  hacerse

inevitable.

He aquí lo que dice Lenin a este propósito:

 

«Mientras  vivamos  en  un  país  de  pequeñas

haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia

una base económica más sólida que el comunismo.

Es   necesario   recordarlo.   Todo   el   que   observa

atentamente la vida del campo, comparándola con la

vida de la ciudad, sabe que no hemos extirpado las

raíces  del  capitalismo,  ni  hemos  eliminado  el

fundamento, la base del enemigo interior. Este se

apoya en la pequeña hacienda, y para quebrantarlo no

hay más que un medio: dar a la economía del país,

comprendida la agricultura, una nueva base técnica,

la base técnica de la gran producción moderna. Y

esta base no puede ser más que una: la electricidad.

El   comunismo   es   el   Poder   Soviético   más   la

electrificación de todo el país" (t. XXVI, pág. 46).

Como   veis,   por   electrificación   del   país   no

entiende Lenin la construcción de alguna que otra

central eléctrica, sino el proceso gradual «de dar a la

economía del país, comprendida la agricultura,265

una nueva base técnica, la base técnica de la gran

producción moderna», ligada, de uno u otro modo,

directa o indirectamente, con la electrificación.

Este  discurso  lo  pronunció  Lenin  en  el  VIII

Congreso de los Soviets, en diciembre de 1920, en

vísperas  de  la  implantación  de  la  Nep,  cuando

fundamentó   el   llamado   plan   de   electrificación,

conocido   por   plan   Goelró.   Algunos   camaradas

afirman, basándose en ello, que las tesis contenidas

en  esa  cita  no  pueden  aplicarse  a  la  presente

situación. ¿Por qué?, pregunto yo. Porque -dicen

ellos-                                                                  desde    entonces    ha    llovido    mucho.

Naturalmente,  es  cierto  que  desde  entonces  ha

 

265 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

Sobre la industrialización del país y la desviación de derecha en el PC(b) de la URSS  195

 

llovido   mucho.   Ahora   tenemos   una   industria medios de producción.

 

socialista desarrollada, tenemos los koljoses, como

fenómeno de masas, tenemos los viejos y los nuevos

sovjoses, tenemos una amplia red de cooperativas

desarrolladas, tenemos las estaciones de alquiler al

servicio de las haciendas campesinas, practicamos el

método de la contratación, como nueva forma de la

ligazón, y podernos poner en juego todos estos y

muchos otros resortes para dar gradualmente a la

agricultura una nueva base técnica. Todo eso es

cierto. Pero también lo es que, no obstante, seguimos

siendo un país de pequeñas haciendas campesinas

con predominio de la pequeña producción. Eso es lo

fundamental. Y en tanto ello sea así, conservará

también su vigor la tesis de Lenin de que, «mientras

vivamos   en   un   país   de   pequeñas   haciendas

campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base

económica más sólida que el comunismo», de que,

por  consiguiente,  el  peligro  de  restauración  del

capitalismo no es una frase vacía.

Lo mismo dice Lenin, pero en forma más tajante, en su plan del folleto «Sobre el impuesto en especie», escrito ya después de la implantación de la Nep (marzo-abril de 1921):

 

«Si llevamos a cabo la electrificación dentro de 10 ó 20 años, no pueden causarnos ni sombra de temor el  individualismo  del  pequeño  agricultor  ni  su comercio libre en escala local. Si no llevamos a cabo la electrificación, de todas maneras será inevitable la vuelta al capitalismo».

 

Más adelante dice:

 

«10 ó 20 años de relaciones acertadas con los

campesinos, y estará asegurada la victoria en escala

mundial (aunque   se   retrasen   las   revoluciones

proletarias, que maduran); de otro modo, 20 ó 40

años de sufrimientos bajo el terror blanco» (t. XXVI,

pág. 313).

Ahí tenéis lo terminantemente que plantea Lenin

el problema: o electrificación, es decir, «dar a la

economía del país, comprendida la agricultura, una

nueva  base  técnica,  la  base  técnica  de  la  gran

producción moderna», o la vuelta al capitalismo.

Ahí tenéis cómo entiende Lenin el problema de las «relaciones acertadas con el campesinado».

No se trata de hacer mimos al campesino como forma de crear relaciones acertadas con él, pues con los mimos no se puede ir muy lejos; de lo que se trata es de ayudar al campesino a dar a su hacienda «una nueva  base  técnica,  la  base  técnica  de  la  gran producción moderna», ya que ésa es la vía principal para liberar al campesinado de la miseria.

Pero es imposible dar a la economía del país una

nueva base técnica sin desarrollar a un rápido ritmo

nuestra  industria  y,  ante  todo,  la  producción  de

 

Esto es lo que puede decirse de las condiciones interiores  que  nos  imponen  un  ritmo  rápido  de desarrollo industrial.

He ahí las condiciones de orden exterior e interior determinantes de que las cifras control de nuestra economía nacional requieran una gran tensión para su cumplimiento.

Esa   es   la   causa   de   que   nuestros   planes económicos,   tanto   el   presupuestario   como   el extrapresupuestario, exijan para su cumplimiento una gran tensión de fuerzas y grandes inversiones en obras básicas a fin de mantener el rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Puede preguntarse dónde se habla de eso en las

tesis, en qué lugar se dice. (Una voz: «Sí, ¿dónde se

dice?»). De ello habla en las tesis la suma de las

inversiones capitales en la industria para 1928-1929.

Las tesis se denominan tesis sobre las cifras control.

¿No es así, camaradas? (Una voz: «Así es») Pues

bien,  en  esas  tesis  se  dice  que  en 1928-1929

invertimos en obras básicas para la industria 1.650

millones de rublos. Con otras palabras: invertimos

este año en la industria 330 millones de rublos más

que el año pasado.

Resulta, pues, que no sólo mantenernos el ritmo del desarrollo de la industria, sino que damos un paso más, invirtiendo en la industria más que el año pasado,    es    decir,    aumentando    absoluta    y relativamente las obras básicas en la industria.

Ese es el quid de las tesis sobre las cifras control de la economía nacional. Pero algunos camaradas no han advertido el elefante. Han criticado por todos los lados las tesis sobre las cifras control, fijándose en pequeñeces, pero no han visto lo principal.

Publicado el 24 de noviembre de 1928 en el núm. 273 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBRE LA DESVIACIÓ  DERECHISTA E  EL PC(b) DE LA URSS

 

 

 

Discurso en el Pleno del CC y de la CCC del PC(b) de la URSS el abril de 1929

(Extractos)

 

II. Los cambios en las relaciones de clase y nuestras discrepancias

¿En qué consisten nuestras discrepancias?, ¿a qué cuestiones se refieren?

Se  refieren,  ante  todo,  a  los  cambios  en  las

relaciones  de  clase  que  se  vienen  produciendo

últimamente   en   nuestro   país   y   en   los   países

capitalistas.  Ciertos  camaradas  piensan  que  las

discrepancias existentes en nuestro Partido tienen un

carácter   casual.   Esto   es   falso,   camaradas,

absolutamente falso. Las discrepancias existentes en

el seno de nuestro Partido provienen de los cambios

aperados en las relaciones de clase, se deben al

recrudecimiento de la lucha de clase que se viene

produciendo   en   estos   últimos   tiempos   y   que

determina un viraje en la marcha de las cosas.

El   error   fundamental   del   grupo  de   Bujarin

consiste en no ver estos cambios operados en las

relaciones y este viraje, en no verlos y no querer

advertirlos.                                                        Eso    explica,    en    realidad,    su

incomprensión de las nuevas tareas del Partido y de

la  Internacional  Comunista,  incomprensión  que

constituye el rasgo característico de la oposición

bujarinista.

¿Habéis  observado,  camaradas,  cómo,  en  sus

discursos ante el Pleno del CC y de la CCC, los

dirigentes de la oposición bujarinista han eludido en

absoluto el problema de los cambios en las relaciones

de clase ocurridos en nuestro país, no han dicho ni

una palabra acerca del recrudecimiento de la lucha de

clases y no han aludido siquiera de pasada a la

relación   que   guardan   nuestras   discrepancias

precisamente con este recrudecimiento de la lucha de

clases?  Han  hablado  de  todo;  han  hablado  de

filosofía y de teoría; pero no han dicho ni una palabra

de los cambios en las relaciones de clase, que son los

que determinan la orientación y la actuación práctica

de nuestro Partido en el momento actual.

¿A qué obedece este hecho tan peregrino? ¿Se

deberá   al   olvido? ¡Naturalmente   que   no!   Los

políticos no pueden olvidar lo principal. La cosa

obedece a que no ven ni comprenden los nuevos

procesos revolucionarios que se están produciendo en

 

 

la actualidad, tanto en nuestro país como en los

países capitalistas. La cosa obedece a que se les ha

escapado lo fundamental, a que no advierten esos

cambios en las relaciones de clase que no se le deben

escapar al político. Ello explica, principalmente, la

perplejidad y la indefensión de que la oposición

bujarinista  da  pruebas  ante  las  nuevas  tareas  de

nuestro Partido.

Recordad los últimos acontecimientos producidos

dentro de nuestro Partido. Recordad las consignas

que nuestro Partido lanzó últimamente en razón de

los  nuevos  cambios  de  las  relaciones  de  clase

operados en nuestro país. Me refiero a consignas

como la de autocrítica, como la de intensificación de

la lucha contra el burocratismo y de depuración del

aparato  soviético,  la  de  capacitación  de  nuevos

cuadros dirigentes de la economía y de especialistas

rojos,   la   de   fortalecimiento   del   movimiento

koljosiano y sovjosiano, la de ofensiva contra el

kulak, la de reducción del precio de coste y la de

mejoramiento radical de la labor práctica de los

sindicatos, la de depuración del Partido, etc. Para

ciertos                                                                camaradas,       estas   consignas      eran

sorprendentes y desconcertantes, cuando se ve a las

claras que son las consignas más necesarias y más

oportunas del Partido en el momento presente.

La  cosa comenzó  cuando,  en  relación  con  el asunto de Shajti266, planteamos de un modo nuevo el problema de los nuevos cuadros dirigentes de la economía,   el   problema   de   la   formación   de especialistas rojos, salidos de la clase obrera, para sustituir a los viejos técnicos.

¿Qué ha revelado el asunto de Shajti? Ha revelado

que la burguesía no está, ni mucho menos, aplastada:

que organiza y seguirá organizando el sabotaje contra

nuestra   edificación   económica;   que   nuestras

organizaciones económicas y sindicales y, en parte,

las organizaciones de nuestro Partido no advertían la

labor de zapa de nuestros enemigos de clase y que,

por tanto, era necesario fortalecer y perfeccionar

nuestras  organizaciones,  por  todos  los  medios  y

poniendo   a   contribución   todas   las   fuerzas,   y

desarrollar y fortalecer su vigilancia de clase.

Con este motivo se hacía hincapié en la consigna

 

266   Se  refiere  a  la  labor  subversiva  de  la  organización

contrarrevolucionaria de especialistas burgueses que de 1923 a

1928 actuó en Shajti y en otros distritos de la cuenca del Donetz.

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

de  autocrítica. ¿Por  qué?  Porque  no  es  posible

mejorar    nuestras    organizaciones    económicas,

sindicales y del Partido, no es posible impulsar la

edificación del socialismo y poner coto al sabotaje de

la burguesía, sin desplegar al máximo la crítica y la

autocrítica, sin poner bajo el control de las masas la

labor de nuestras organizaciones. Es un hecho que el

sabotaje no se manifestaba ni se sigue manifestando

sólo  en  las  zonas  hulleras,  sino  también  en  la

metalurgia,   en   la   industria   de   guerra,   en   el

Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación,

en la industria del oro y del platino, etc., etc. De ahí

la consigna de la autocrítica.

Además, teniendo en cuenta las dificultades del acopio de cereales y los ataques de los kulaks contra la  política  soviética  de  precios,  planteamos  con firmeza  la  necesidad  de  impulsar  por  todos  los medios  la  formación  de  koljoses  y  sovjoses,  la ofensiva contra el kulak y la organización del acopio de cereales, presionando, a este fin, sobre los kulaks y los elementos acomodados del campo.

¿Qué  revelaron las  dificultades  del acopio  de

cereales? Revelaron que el kulak no se dormía, que

crecía, que organizaba la labor de zapa contra la

política del Poder Soviético y que las organizaciones

de   nuestro   Partido,   de   los   Soviets   y   de   las

cooperativas, cuando menos una parte de ellas, o no

veían al enemigo, o se adaptaban a él, en vez de

combatirlo.

De aquí que se hiciera nuevamente hincapié en la consigna  de  la  autocrítica,  en  la  consigna  de fiscalización                                                y    perfeccionamiento          de    las organizaciones   de   nuestro   Partido,   de   las cooperativas y de las de acopios en general.

Además,   ligada   a   las   nuevas   tareas   de

reestructuración de la industria y de la agricultura

sobre la base del socialismo, planteábase la consigna

de reducir sistemáticamente el coste de producción,

de fortalecer la disciplina de trabajo, de desarrollar la

emulación socialista, etc. Y estas tareas exigían la

revisión de toda la labor práctica de los sindicatos y

del aparato de los Soviets, una reanimación a fondo

de estas organizaciones y su depuración de elementos

burocráticos.

De aquí que se hiciera hincapié en la consigna de lucha contra el burocratismo en los sindicatos y en el aparato de los Soviets.

Finalmente,   el   porqué   de   la   consigna   de

depuración del Partido. Sería ridículo pensar en la

posibilidad  de  fortalecer  nuestras  organizaciones

soviéticas, económicas, sindicales y cooperativas, en

la  posibilidad  de  limpiarlas  de  la  basura  del

burocratismo, sin aguzar el filo del Partido mismo.

Es  indudable  que  los  elementos  burocráticos  no

anidan  sólo  en  las  organizaciones  económicas  y

cooperativas, sindicales y soviéticas, sino también en

las organizaciones del propio Partido. Y si éste es la

fuerza  rectora  de  todas  esas  organizaciones,  es

 

197

 

evidente que la depuración del Partido constituye una premisa obligada, sin la cual no puede llevarse a término la vivificación y el mejoramiento de todas las demás organizaciones de la clase obrera. De ahí la consigna de depuración del Partido.

¿Son  casuales  estas  consignas?  No,  no  son casuales. Vosotros mismos veis que no lo son. Estas consignas son eslabones necesarios de una cadena ininterrumpida, que se llama ofensiva del socialismo contra los elementos del capitalismo.

Estas consignas responden, ante todo, al período

de  la  reestructuración  de  nuestra  industria  y  de

nuestra agricultura sobre la base del socialismo. ¿Y

qué es la reestructuración de la economía nacional

sobre la base del socialismo? Es la ofensiva del

socialismo, desplegada en todo el frente contra los

elementos capitalistas de la economía nacional. Es un

avance importantísimo de la clase obrera de nuestro

país hacia la edificación del socialismo. Ahora bien,

para poder llevar a cabo dicha reestructuración, lo

primero es mejorar y fortalecer los cuadros de la

edificación socialista, tanto los cuadros dirigentes de

la economía, de los Soviets y de los sindicatos, como

los del Partido y de las cooperativas; es necesario

aguzar  el  filo  de  todas  nuestras  organizaciones,

limpiarlas de basura, redoblar la actividad de las

grandes masas de la clase obrera y del campesinado.

Además,   estas   consignas   responden   a   la

resistencia  que  los  elementos  capitalistas  de  la

economía   nacional   ofrecen   a   la   ofensiva   del

socialismo. El llamado asunto de Shajti no se puede

considerar fortuito. Actualmente hay «shajtístas» en

todas las ramas de nuestra industria. Muchos de ellos

han sido capturados, pero no todos, ni mucho menos.

El sabotaje de los intelectuales burgueses es una de

las formas más peligrosas de la resistencia contra el

avance del socialismo. Y este sabotaje es tanto más

peligroso por cuanto está en contacto con el capital

internacional.   El   sabotaje   burgués   es   prueba

indudable de que los elementos capitalistas no se han

dado  por  vencidos,  ni  mucho  menos,  sino  que

acumulan fuerzas para lanzarse a nuevas ofensivas

contra el Poder Soviético.

Por lo que se refiere a los elementos capitalistas

del  campo,  todavía  son  menos  las  razones  para

calificar de casual los ataques que desde hace ya más

de un año vienen manteniendo los kulaks contra la

política  soviética  de  precios.  Muchos  no  pueden

explicarse hasta ahora por qué los kulaks estuvieron

entregando voluntariamente el trigo hasta 1927 y a

partir de esta fecha dejaron de hacerlo. Pero esto no

tiene nada de asombroso. Si antes el kulalk era

relativamente débil y no estaba en condiciones de

montar en serio su hacienda, no contaba con capital

bastante para fortalecerla, lo cual le obligaba a lanzar

al mercado todo o casi todo el excedente de su

producción de cereales, ahora, después de varios

años  de  buena  cosecha,  cuando  ha  conseguido

 

 

 

 

 

198

organizar su hacienda y reunir el capital necesario, se

siente ya capaz de maniobrar en el mercado, puede

almacenar trigo -la divisa de las divisas-, haciéndose

una reserva personal, y prefiere llevar al mercado

carne, avena, cebada y otros productos de cultivos

secundarios. Hoy sería ridículo confiar en que el

kulak va a entregarnos el trigo voluntariamente.

Ahí está el quid de la actual resistencia del kulak a la política del Poder Soviético.

¿Y qué significa la resistencia de los elementos

capitalistas de la ciudad y del campo a la ofensiva del

socialismo? Significa la reagrupación de las fuerzas

de los enemigos de clase del proletariado con objeto

de  defender  lo  viejo  contra  lo  nuevo.  Fácil  es

comprender   que   esto   tiene   que   recrudecer

forzosamente la lucha de clases. Mas, para aplastar la

resistencia de los enemigos de clase y despejar el

camino para los avances del socialismo, hace falta,

aparte de otras cosas, aguzar el filo de todas nuestras

organizaciones, limpiarlas de burocratismo, mejorar

sus  cuadros  y  movilizar  masas  de  millones  de

hombres   de   la   clase   obrera   y   de   las   capas

trabajadoras rurales contra los elementos capitalistas

de la ciudad y del campo.

A  estos  cambios  en  las  relaciones  de  clase obedecen las actuales consignas de nuestro Partido.

Otro tanto hay que decir de los cambios en las

relaciones   de   clase   producidos   en   los   países

capitalistas.                                                       Sería    ridículo    pensar    que    la

estabilización   del   capitalismo   no   ha   sufrido

modificaciones. Y aún más ridículo sería afirmar que

la estabilización se afianza y va adquiriendo solidez.

En realidad, la estabilización del capitalismo está

siendo minada y se quebranta cada mes, cada día que

pasa. La intensificación de la lucha por los mercados

exteriores y las materias primas, el aumento de los

armamentos, la agudización del antagonismo entre

Norteamérica   e   Inglaterra,   los   progresos   del

socialismo en la URSS, la radicalización de la clase

obrera de los países capitalistas, la ola de huelgas y

de batallas de clase en los países europeos, el auge

del  movimiento  revolucionario  en  las  colonias,

comprendida la India, el avance del comunismo en

todos  los  países  del  mundo:  todos  estos  hechos

revelan de modo indudable que en los países del

capitalismo están madurando los elementos de un

nuevo auge revolucionario.

De ahí la tarea de agudizar la lucha contra la socialdemocracia   y,   ante   todo,   contra   su   ala «izquierda», como soporte social del capitalismo.

De ahí la tarea de agudizar, en el seno de los Partidos Comunistas, la lucha contra sus elementos de   derecha,   como   vehículos   de   la   influencia socialdemócrata.

De ahí la tarea de agudizar la lucha contra las tendencias  conciliadoras  para  con  la  desviación derechista,  tendencias  que  sirven  de  refugio  al oportunismo en los Partidos Comunistas.

 

 

J. V. Stalin

 

De ahí la consigna de depurar de tradiciones socialdemócratas los Partidos Comunistas.

De ahí la llamada nueva táctica del comunismo en los sindicatos.

Ciertos camaradas no comprenden el sentido y la importancia de estas consignas. Pero el marxista comprenderá siempre que, sin llevar a la práctica estas consignas, es imposible preparar a las masas proletarias  para  las  nuevas  batallas  de  clase,  es imposible la victoria sobre la socialdemocracia, es imposible   seleccionar   líderes   verdaderos   del movimiento comunista, capaces de llevar a la clase obrera a la lucha contra el capitalismo.

He ahí, camaradas, los cambios en las relaciones de clase producidos en nuestro país y en los países del capitalismo y sobre la base de los cuales han ido surgiendo las presentes consignas de nuestro Partido, lo mismo por lo que se refiere a su política interior que a la Internacional Comunista.

Nuestro Partido ve estos cambios en las relaciones

de clase, comprende la importancia de las nuevas

tareas y moviliza las fuerzas para realizarlas. Por eso

hace frente a los acontecimientos pertrechado con

todas las armas. Por eso no teme las dificultades que

se  alzan  ante  él,  ya  que  está  preparado  para

vencerlas.

La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que no ve estos cambios en las relaciones de clase y no comprende   las   nuevas   tareas   del   Partido.   Y precisamente por eso, porque no las comprende, le domina por completo el desconcierto, está dispuesto a rehuir las dificultades, a retroceder ante ellas y abandonar las posiciones.

¿Habéis visto alguna vez a los pescadores capear el temporal en un río caudaloso, como, por ejemplo, el Yeniséí? Yo los he visto en varias ocasiones. Unos pescadores,  al  ver  que  se  avecina  la  tormenta, despliegan   todas   sus   energías,   animan   a   los compañeros y ponen audazmente proa al temporal: «¡Animo, muchachos! Sujetad bien el timón y hendid las olas. ¡Saldremos adelante!».

Pero hay otra clase de pescadores que, en cuanto barruntan la tempestad, se desaniman, comienzan a lamentarse  y  desmoralizan  a  su  gente: «¡Qué desgracia, se acerca la borrasca! ¡Tumbaos en el fondo de la barca, muchachos, y cerrad los ojos; tal vez las olas nos lleven a la orilla!».

Creo que no hace falta demostrar que la actitud y la conducta del grupo de Bujarin se parecen como dos gotas de agua a la actitud y la conducta de los segundos    pescadores,          los        que    retroceden despavoridos ante las dificultades.

Nosotros   decimos   que   en   Europa   están

madurando  las  condiciones  para  un  nuevo  auge

revolucionario y que esta circunstancia nos dicta

nuevas tareas en cuanto al reforzamiento de la lucha

contra la desviación de derecha dentro de los Partidos

Comunistas  y  a  la  expulsión  del  Partido  de  los

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

desviacionistas de derecha, al reforzamiento de la lucha contra el espíritu de conciliación que encubre a los desviacionistas de derecha, al reforzamiento de la lucha contra las tradiciones socialdemócratas dentro de los Partidos Comunistas, etc., etc. Pero Bujarin nos  contesta  que  todo  esto  son  futesas,  que  no tenemos ninguna tarea nueva de ese tipo y que, en realidad, la cosa se reduce a que la mayoría del Comité Central desea «meterse» con él.

Decimos que los cambios en las relaciones de clase producidos en nuestro país nos dictan tareas nuevas, las cuales requieren reducción sistemática del coste de producción y el fortalecimiento de la disciplina  de  trabajo  en  las  empresas,  y  que  es imposible cumplir estas tareas sin un cambio radical en toda la labor práctica de los sindicatos. Pero Tamski nos contesta que todo esto son futesas, que no tenemos ninguna tarea nueva de ese tipo y que, en realidad, la cosa se reduce a que la mayoría del Comité Central quiere «meterse» con él.

Decimos que la reestructuración de la economía

nacional  nos  dicta  nuevas  tareas  en  cuanto  al

reforzamiento de la lucha contra el burocratismo del

aparato  soviético  y  económico,  en  cuanto  a  la

depuración de este aparato de elementos podridos y

extraños, de saboteadores, etc., etc. Pero Rykov nos

contesta que todo esto son futesas, que no tenemos

ninguna tarea nueva de ese tipo y que, en realidad, la

cosa se reduce a que la mayoría del Comité Central

quiere «meterse» con él.

¿No es ridículo esto, camaradas? ¿No es evidente

que Bujarim, Rykov y Tomski no ven más allá de sus

narices?

La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que no percibe los nuevos cambios en las relaciones de clase ni comprende las nuevas tareas del Partido. Precisamente por eso, porque no las comprende, se ve obligado a ir a remolque de los acontecimientos y a capitular ante las dificultades.

Ahí está el quid de nuestras discrepancias.

 

III. Discrepancias en cuanto a la Internacional Comunista

Ya he dicho que Bujarin no ve ni comprende las

nuevas tareas que se imponen a la Internacional

Comunista -expulsar a los elementos de derecha de

los Partidos Comunistas, poner freno a las tendencias

conciliadoras                                                    y            depurar          de        tradiciones

socialdemócratas  los  Partidos  Comunistas-,  tareas

que   dictan   las   condiciones   del   nuevo   auge

revolucionario que está madurando. Así lo confirman

plenamente nuestras discrepancias sobre cuestiones

referentes a la Internacional Comunista.

¿Cómo  empezaron  las  discrepancias  en  este terreno?

Empezó la cosa con las tesis sobre la situación

 

199

 

internacional que Bujarin presentó al VI Congreso267.

De ordinario, las tesis eran examinadas previamente

en el seno de la delegación del PC(b) de la URSS.

Pero, en este caso, dicha condición no fue observada.

Las tesis, con la firma de Bujarin, fueron enviadas a

la delegación del PC(b) de la URSS al mismo tiempo

que a las delegaciones extranjeras del VI Congreso.

Pero   estas   tesis   resultaron   insatisfactorias   en

numerosos puntos, y la delegación del PC(b) de la

URSS hubo de presentar unas 20 enmiendas.

Esta circunstancia colocó en una situación algo

violenta a Bujarin. Pero ¿quién tenía la culpa? ¿Para

qué   necesitaba   Bujarin   enviar   las   tesis   a   las

delegaciones extranjeras antes de ser examinadas por

la delegación del PC(b) de la URSS? ¿Podía esta

última abstenerse de presentar enmiendas, si las tesis

no eran satisfactorias? Resultado: de la delegación

del PC(b) de la URSS salieron unas tesis sobre la

situación internacional que eran nuevas en el fondo y

que   las   delegaciones   extranjeras   empezaron   a

contraponer a las viejas tesis suscritas por Bujarin. Es

evidente que esta violenta situación no se habría

producido si Bujarin no se hubiese precipitado en

enviar sus tesis a las delegaciones extranjeras.

Yo    desearía    señalar    cuatro    enmiendas

fundamentales, presentadas a las tesis de Bujarin por

la delegación del PC(b) de la URSS. Desearía señalar

estas enmiendas fundamentales para que se vea con

mayor  claridad  el  carácter  de  las  divergencias

relativas a problemas de la Internacional Comunista.

Primera cuestión: el carácter de la estabilización

del capitalismo. Según las tesis de Bujarin resultaba

que en los momentos actuales no hay nada nuevo que

quebrante   la   estabilización   capitalista;   por   el

contrario, el capitalismo se rehace y se mantiene, en

lo  fundamental,  con  más  o  menos  solidez.  Es

evidente que la delegación del PC(b) de la URSS no

podía aceptar esta apreciación del llamado tercer

período,   es   decir,   del   período   que   estamos

atravesando. No podía aceptarla, porque el haber

mantenido esta apreciación del tercer período habría

podido dar pábulo a nuestros críticos para decir que

adoptábamos   el   punto   de   vista   del   llamado

«saneamiento» del capitalismo, es decir, el punto de

vista de Hilferding, que los comunistas no podemos

 

267 El VI Congreso de la Internacional Comunista se celebró en

Moscú del 17 de julio al 1 de septiembre de 1928. El Congreso

señaló en sus acuerdos el aumento de las contradicciones internas

del capitalismo, las cuales llevaban inevitablemente al quebranto

de la estabilización capitalista y a una gran agudización de la

crisis general del capitalismo. El Congreso determinó las tareas

de  la  Internacional  Comunista  dimanantes  de  las  nuevas

condiciones de la lucha de la clase obrera, movilizó los Partidos

Comunistas  para  el  reforzamiento  de  la  lucha  contra  la

desviación de derecha, como peligro principal, y contra las

tendencias de conciliación con ella. J. V. Stalin tomó parte en la

dirección de las labores del Congreso, fue elegido miembro de su

presidencia y para la Comisión del programa y la Comisión

política  encargada  de  redactar  las  tesis  sobre  la  situación

internacional y las tareas de la Internacional Comunista.

 

 

 

 

 

200

aceptar. En vista de ello, la delegación del PC(b) de

la URSS presentó una enmienda, haciendo resaltar

que la estabilización capitalista no es ni puede ser

sólida,   sino   que   la   quebranta   y   la   seguirá

quebrantando  la  marcha  de  los  acontecimientos,

debido a la agravación de la crisis del capitalismo

mundial.

Esto tiene, camaradas, importancia decisiva para

las secciones de la Internacional Comunista. De que

la estabilización capitalista se quebrante o se afiance

depende   toda   la   orientación   de   los   Partidos

Comunistas  en  su  labor  política  diaria.  De  que

atravesemos un período de descenso del movimiento

revolucionario, un período de simple acumulación de

fuerzas, o de que vivamos un período de maduración

de   las   condiciones   para   un   nuevo   auge

revolucionario, un período de preparación de la clase

obrera para las luchas de clases venideras, depende la

orientación táctica de los Partidos Comunistas. La

enmienda de la delegación del PC(b) de la URSS,

aceptada   luego   por   el   Congreso,   era   buena,

precisamente, porque ofrecía una orientación clara

hacia la segunda perspectiva, hacia la perspectiva de

maduración de las condiciones para un nuevo auge

revolucionario.

Segunda    cuestión:    la    lucha    contra    la

socialdemocracia. En las tesis de Bujarin se decía

que la lucha contra la socialdemocracia es una de las

tareas   fundamentales   de   las   secciones   de   la

Internacional   Comunista,   lo   cual   es   exacto,

naturalmente. Pero eso no basta. Para combatir con

éxito  a  la  socialdemocracia  es  necesario  hacer

hincapié en la lucha contra la llamada ala «izquierda»

de la socialdemocracia, contra esa ala «izquierda»

que, jugando con frases «izquierdistas» y engañando

así hábilmente a los obreros, actúa de freno para que

las masas obreras no abandonen la socialdemocracia.

Es evidente que, sin derrotar a los socialdemócratas

de   «izquierda»,   es   imposible   vencer   a   la

socialdemocracia en general. Pues bien, las tesis de

Bujarin daban de lado en absoluto el problema de la

socialdemocracia  de «izquierda»;  eso,  claro  está,

constituía una gran deficiencia, en vista de lo cual la

delegación del PC(b) de la URSS hubo de presentar a

las tesis de Bujarin la correspondiente enmienda,

aceptada luego por el Congreso.

Tercera cuestión: el espíritu conciliador dentro de

las secciones de la Internacional Comunista. En las

tesis  de  Bujarin  se  hablaba  de  la  necesidad  de

combatir la desviación de derecha, pero no se decía

una  palabra  de  luchar  contra  las  tendencias  de

conciliación con ella. Eso, naturalmente, era una gran

deficiencia. El caso es que, cuando se declara la

guerra a la desviación de derecha, sus adeptos se

disfrazan generalmente de conciliadores y colocan al

Partido en una situación difícil. Para salir al paso a

esta maniobra de los desviacionistas de derecha, es

necesario plantear la lucha resuelta contra el espíritu

 

 

J. V. Stalin

 

conciliador. Por eso, la delegación del PC(b) de la URSS consideró necesario presentar a las tesis de Bujarin la correspondiente enmienda, aceptada luego por el Congreso.

Cuarta cuestión: la disciplina de Partido. En las

tesis  de  Bujarin  no  se hablaba  para nada  de la

necesidad de mantener una disciplina férrea dentro

de los Partidos Comunistas. Eso era también un

defecto bastante apreciable. ¿Por qué? Porque en el

período  de  reforzamiento  de  la  lucha  contra  la

desviación de derecha, en el período en que se aplica

la consigna de depurar de elementos oportunistas a

los  Partidos  Comunistas,  los  desviacionistas  de

derecha se organizan generalmente en fracciones y

establecen    su    propia    disciplina    fraccional,

quebrantando e infringiendo la disciplina de Partido.

Para mantener el Partido a salvo de estos manejos

fraccionales de los desviacionistas de derecha, es

necesario  exigir  una  disciplina  férrea  dentro  del

Partido, a la cual los miembros del Partido se deben

someter incondicionalmente. De otro modo, no hay

ni que pensar en una lucha seria contra la desviación

derechista. Por eso, la delegación del PC(b) de la

URSS   presentó   a   las   tesis   de   Bujarin   la

correspondiente enmienda, aceptada luego por el VI

Congreso.

¿Podíamos  nosotros  dejar  de  presentar  estas enmiendas a las tesis de Bujarin? Es evidente que no. Los antiguos decían refiriéndose a Platón: «Somos amigos de Platón, pero somos aún más amigos de la verdad».  Lo  mismo  podemos  decir  nosotros  de Bujarin: somos amigos de Bujarin, pero somos aún más  amigos  de  la  verdad,  del  Partido,  de  la Internacional Comunista. Por eso, la delegación del PC(b) de la URSS se vió obligada a presentar estas enmiendas a las tesis de Bujarin.

Tal fue, por decirlo así, la primera etapa de nuestras discrepancias en las cuestiones referentes a la Internacional Comunista.

La segunda etapa de nuestras discrepancias está

relacionada con lo que se conoce con el nombre de

caso   Wittorf   y   Thälmann.   Wittorf,   entonces

secretario  de  la  organización  de  Hamburgo,  fue

acusado de malversación de fondos del Partido y

expulsado  por  esta  causa.  Los  conciliadores  del

Comité Central del Partido Comunista de Alemania,

aprovechándose de las estrechas relaciones existentes

entre Wittorf y el camarada Thälmann, aunque éste

nada  tenía  que  ver  con  el  delito  de  Wittorf,

convirtieron el asunto Wittorf en asunto Thälmann y

emprendieron el asalto a la dirección del Partido

Comunista Alemán. Leeríais en la prensa, claro está,

que los conciliadores Ewert y Gerhart consiguieron

ganarse por algún tiempo la mayoría del Comité

Central del Partido Comunista de Alemania contra el

camarada Thälmann. ¿Y qué pasó? Que apartaron a

Thälmann de la dirección y le acusaron de concusión,

procediendo                                                      a            publicar         la         resolución

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

«correspondiente» sin que el Comité Ejecutivo de la Internacional  Comunista  la  hubiese  conocido  ni sancionado.

De este modo, en vez de cumplir la indicación del VI Congreso de la IC acerca de la lucha contra el espíritu  conciliador,  en  vez  de  luchar  contra  la desviación derechista y el espíritu conciliador, lo que, en realidad, se hacía era infringir de la manera más burda esa indicación y luchar contra la dirección revolucionaria del Partido Comunista Alemán, contra el camarada Thälmann, para encubrir la desviación derechista y afianzar las tendencias conciliadoras en las filas de los comunistas alemanes.

Pues bien, en vez de dar marcha atrás y corregir la

situación, en vez de poner en vigor la indicación del

VI Congreso, que había sido infringida, llamando al

orden a los conciliadores, Bujarin propuso en su

conocida carta que se sancionase el golpe de los

conciliadores,   que   se   les   entregara   el   Partido

Comunista de Alemania y que el camarada Thälmann

fuera   nuevamente   difamado   en   la   prensa,

publicándose otra declaración de su culpabilidad. ¡Y

un   hombre   así   se   llama                           «dirigente»   de   la

Internacional Comunista! ¡Vaya un «dirigente»!

El CC examinó la propuesta de Bujarin y la

rechazó. A Bujarin esto no le hizo gracia, claro es.

Pero ¿quién tenía la culpa? Los acuerdos del VI

Congreso no se tomaron para vulnerarlos, sino para

cumplirlos. Y si el VI Congreso resolvió declarar la

guerra a la desviación de derecha y a las tendencias

de conciliación con ella, manteniendo en la dirección

del  Partido  Comunista  de  Alemania  su  núcleo

fundamental, con el camarada Thälmann a la cabeza,

y a los conciliadores Ewert y Gerhart se les ocurrió

echar por tierra este acuerdo, el deber de Bujarin era

llamar al orden a los conciliadores y no dejar en sus

manos   la   dirección   del   Partido   Comunista   de

Alemania. La culpa la tenía Bujarin, que se «olvidó»

de los acuerdos del VI Congreso.

La tercera etapa de nuestras discrepancias está

relacionada con la lucha contra los derechistas dentro

del   Partido   Comunista   de   Alemania,   con   el

aplastamiento de la fracción Brandler y Thalheimer y

la expulsión del Partido Comunista Alemán de los

líderes de esta fracción. La «actitud» de Bujarin y sus

amigos  ante  este  problema  cardinal  consistía  en

permanecer  constantemente  al  margen  cuando  se

trataba de darle solución. Decidíase, en el fondo, la

suerte  del  Partido  Comunista  de  Alemania.  Pero

Bujarin y sus amigos, que lo sabían, pasaban el

tiempo    frenando    el    asunto    y    brillaban

sistemáticamente por su ausencia en las reuniones de

los organismos correspondientes. ¿Para qué? Tal vez

para presentarse «limpios» tanto ante la Internacional

Comunista   como   ante   la   derecha   del   Partido

Comunista Alemán. Para poder decir más tarde: «No

hemos sido nosotros, los bujarinistas, sino ellos, la

mayoría del Comité Central, los que han impuesto la

 

201

 

expulsión  de  Brandler  y  Thalheimer  del  Partido Comunista». ¡Y a esto se llama luchar contra el peligro de derecha!

Finalmente,   la   cuarta   etapa   de   nuestras

discrepancias. Está relacionada con la reclamación

que  Bujarin  formuló  en  vísperas  del  Pleno  de

noviembre  del  CC268,  de  retirar  de  Alemania  a

Neumann y de que se llamase al orden al camarada

Thälmann, quien en un discurso había criticado, al

parecer, el informe de Bujarin en el VI Congreso. No

podíamos aceptar, naturalmente, la reclamación de

Bujarin, al no tener en nuestro poder documento

alguno que la justificase. Bujarin se comprometió a

presentar documentos contra Neumann y Thälmann,

pero no presentó ninguno. En vez de documentos, lo

que hizo fue enviar a los miembros de la delegación

del  PC(b)  de  la  URSS  el  conocido  discurso  de

Humbert-Droz ante el Secretariado Político del CE

de la IC, el mismo discurso que el Presídium del CC

de la IC calificó más tarde de oportunista. Al enviar

este discurso a los miembros de la delegación del

PC(b) de la URSS y recomendarlo como material

contra Thälmann, Bujarin pretendía demostrar que le

asistía la razón cuando pedía que se retirase de

Alemania  a  Neumann  y  se  llamase  al  orden  al

camarada  Thälmann.  Pero  lo  que  en  realidad

demostró  de  esa  manera  fue  su  solidaridad  con

Humbert-Droz, cuya posición había calificado de

oportunista el CE de la IC.

He  ahí,  camaradas,  los  principales  puntos  de nuestras discrepancias en cuando a la Internacional Comunista.

Bujarin piensa que, al luchar contra la desviación

derechista y las tendencias de conciliación con ella

dentro   de   las   secciones   de   la   Internacional

Comunista, al depurar de elementos y tradiciones

socialdemócratas el Partido Comunista Alemán y el

Partido Comunista Checoslovaco, al expulsar de los

Partidos   Comunistas   a   los   Brandler   y   a   los

Thalheimer, lo que hacemos es «descomponer» y

«hundir»   la   Internacional   Comunista.   Nosotros

pensamos lo contrario: al practicar esta política y al

insistir en la lucha contra la desviación de derecha y

las  tendencias  de  conciliación  con  ella,  lo  que

hacemos es fortalecer la Internacional Comunista,

depurada de oportunistas, bolchevizar sus secciones

y ayudar a los Partidos Comunistas a preparar a la

clase obrera para los combates revolucionarios que se

avecinan, pues el Partido se fortalece cuando se

limpia de la podredumbre.

Como veis, no son simples cuestiones de matiz en

el  seno  del  CC  del  PC(b)  de  la  URSS,  sino

discrepancias   bastante   hondas,   que   afectan   a

cuestiones   cardinales   de   la   política   de   la

 

268 Se trata del Pleno del Comité Central del PC(b) de la URSS,

en el que participaron los miembros de la Comisión Central de

Control y de la Comisión Revisora Central, celebrado del 16 al

24 de noviembre de 1928.

 

 

 

 

 

202

Internacional Comunista.

 

IV. Discrepancias en política interior

He hablado más arriba de los cambios aperados en

las relaciones de clase y de la lucha de clases dentro

de nuestro país. Decía que el grupo de Bujarin está

contagiado de ceguera y no ve estos cambios, no

comprende las nuevas tareas del Partido. Decía que

eso origina en la oposición bujarinista un estado de

desconcierto, temor a las dificultades, predisposición

a capitular ante ellas.

No se puede afirmar que estos errores de los

bujarinistas hayan caído del cielo. Lejos de ello,

están relacionados con la fase de desarrollo superada

ya, y que se llama período de restauración de la

economía nacional, durante el cual el trabajo de

edificación   marchaba   por   una   vía   pacífica,

pudiéramos decir que de por sí, durante el cual no se

daban aún esos cambios en las relaciones de clase

que se producen ahora, ni existía aún esa agudización

de la lucha de clases que en los momentos actuales

observamos.

Pero hoy estamos en una nueva fase de desarrollo,

distinta  del  período  anterior,  del  período  de  la

restauración.  Hoy  nos  encontramos  en  un  nuevo

período   de   edificación,   en   el   período   de   la

reestructuración de toda la economía nacional sobre

la base del socialismo. Este nuevo período origina

nuevos cambios en las relaciones de clase, agudiza la

lucha de clases y requiere nuevos métodos de lucha,

que  reagrupemos  nuestras  fuerzas,  mejoremos  y

fortalezcamos todas nuestras organizaciones.

La  desgracia  del  grupo  de  Bujarin  consiste, precisamente, en que vive en el pasado, en que no ve los rasgos característicos de este nuevo período y no comprende la necesidad de aplicar nuevos métodos de lucha. De ahí su ceguera, su desconcierto, su pánico ante las dificultades.

 

a) La lucha de clases

¿Cuál es la base teórica de esta ceguera y de este desconcierto del grupo de Bujarin?

Yo creo que la base teórica de esta ceguera y de

este desconcierto es el modo falso, no marxista, que

Bujarin tiene de abordar el problema de la lucha de

clases en nuestro país. Me refiero a La teoría no

marxista de Bujerin sobre la integración de los kulaks

en el socialismo, a su incomprensión de la mecánica

de   la   lucha   de   clases   bajo   la   dictadura   del

proletariado.

Se ha citado aquí varias veces el conocido pasaje del   folleto   de   Bujarin «El   camino   hacia   el socialismo»,  que  habla  de  la  integración  de  los kulaks  en  el  socialismo.  Pero  se  ha  citado  con algunas  mutilaciones.  Permitidme  que  yo  lo  lea íntegro. Es necesario hacerlo así, camaradas, para poner de manifiesto hasta qué punto se aparta Bujarin de la teoría marxista de la lucha de clases.

 

J. V. Stalin Escuchad:

«La red fundamental de nuestras organizaciones

cooperativas campesinas estará formada por células

cooperativas   no   de   tipo   kulak,   sino    «de

trabajadores», que se integrarán en el sistema de

nuestros organismos del Estado y se convertirán, de

este modo, en eslabones de la cadena única de la

economía  socialista.  De  otra  parte,  los  nidos

cooperativos   de   los   kulaks   irán   integrándose,

exactamente del mismo modo, a través de los Bancos,

etc., en este sistema; pero serán, hasta cierto punto,

un cuerpo extraño, al estilo, por ejemplo, de las concesiones».269

 

Al citar este pasaje del folleto de Bujarin, algunos

camaradas prescindieron, no sé por qué, de la última

parte,   que   habla   de   los   concesionarios.   Rozit,

deseoso,  por  lo  visto,  de  ayudar  a  Bujarin,  lo

aprovechó  para  gritar  desde  su  asiento  que  se

tergiversaba el texto de Bujarin. Y lo notable es que

la sal de toda la cita reside, precisamente, en esta

última parte, referente a los concesionarios. Pues, si

se coloca en un mismo plano a los concesionarios y a

los kulaks, y éstos se integran en el socialismo, ¿a

qué conclusión se llega? Sólo se puede llegar a una

conclusión, a saber: que también los concesionarios

se integran en el socialismo, que en el socialismo no

se integran solamente los kulaks, sino también los

concesionarios.

Tal es la conclusión obligada.

Rozit: Bujarin dice «un cuerpo extraño».

       Stalin: Bujarin no dice «un cuerpo extraño», sino

«hasta cierto punto, un cuerpo extraño». Es decir,

que los kulaks y los concesionarios son, «hasta cierto

punto», un cuerpo extraño dentro del sistema del

socialismo.   Pero   el   error   de   Bujarin   consiste,

precisamente, en esto, en creer que los kulaks y los

concesionarios se integran en el socialismo a pesar de

ser, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño.

He  ahí  a  qué  estupideces  lleva  la  teoría  de Bujarin.

Los capitalistas de la ciudad y del campo, los

kulsks  y  los  concesionarios,  integrándose  en  el

socialismo: hasta esa estupidez ha llegado Bujarin.

No, camaradas, no es ése el «socialismo» que nosotros necesitamos. Que se quede con él Bujarin.

Hasta  ahora,  los  marxista-leninistas  habíamos

pensado que entre los capitalistas de la ciudad y del

campo, de una parte, y, de otra parte, la clase obrera,

existe un antagonismo irreconciliable de intereses.

En ello, precisamente, descansa la teoría marxista de

la lucha de clases. Pero ahora, según la teoría de

Bujarin acerca de la integración pacífica de los

capitalistas en el socialismo, todo esto se trastrueca,

desaparece el antagonismo irreconciliable entre los

intereses  de  clase  de  los  explotadores  y  de  los

 

269 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

explotados,  y  los  explotadores  se  integran  en  el socialismo.

Rozit: Eso no es cierto, pues se presupone la dictadura del proletariado.

Stalín: Pero la dictadura del proletariado es la forma más aguda de la lucha de clases.

Rozit: De eso se trata.

Stalin: Y por lo que dice Bujarin, se llega a la conclusión de que los capitalistas se van integrando en esta misma dictadura del proletariado. ¿Cómo no lo comprende, Rozit? ¿Contra quién se debe luchar?, ¿contra quién se debe dirigir esta forma de la lucha de clases, la más aguda de todas, si los capitalistas de la ciudad y del campo van integrándose en el sistema de la dictadura del proletariado?

La dictadura del proletariado es necesaria para

mantener una lucha implacable contra los elementos

capitalistas, para aplastar a la burguesía y extirpar las

raíces del capitalismo. Pero si los capitalistas de la

ciudad y del campo, si el kulak y el concesionario se

van integrando en el socialismo, ¿qué falta hace la

dictadura del proletariado?; y si hace falta, ¿para

aplastar a qué clase?

Rozit: De eso se trata, de que, según Bujarin, la integración presupone lucha de clases.

Stalin: A lo que se ve, Rozit se ha juramentado para  ayudar  a  Bujarin.  Pero  le  presta  un  flaco servicio, como el oso de la fábula, pues, queriendo salvarle, lo que en realidad hace es empujarle para que se ahogue sin remedio. Bien se dice que «Un oso servicial es más peligroso que un enemigo».

Una de dos: o entre la clase capitalista y la clase obrera,  que  llegó  al  Poder  y  ha  implantado  su dictadura,  media  un  antagonismo  irreductible  de intereses, o no media este antagonismo de intereses, en cuyo caso no quedará más camino que proclamar la armonía de los intereses de clase.

Una de dos:

o la teoría marxista de la lucha de clases, o la teoría de la integración de los capitalistas en el socialismo;

o el antagonismo irreductible de los intereses de

clase, o la teoría de la armonía de los intereses de

clase.

Todavía puede uno comprender a «socialistas» del

tipo de Brentano o de Sidney Webb, que predican la

integración del socialismo en el capitalismo y del

capitalismo en el socialismo, pues estos «socialistas»

son, en el fondo, antisocialistas, son unos liberales

burgueses. A quien no se puede comprender es a un

hombre  que,  deseando  ser  marxista,  predique  la

teoría de la integración de la clase capitalista en el

socialismo.

En su discurso, Bujarin ha intentado respaldar la teoría de la integración de los kulaks en el socialismo con una conocida cita de Lenin, afirmando que Lenin dice lo mismo que él.

Esto es falso, camaradas. Esto es una burda e

 

203

 

intolerable calumnia contra Lenin.

       He aquí esa cita de Lenin:

 

«Naturalmente, en nuestra República Soviética, el régimen social se basa en la colaboración de dos clases, los obreros y los campesinos, colaboración en la  que  ahora  se  admite  también,  bajo  ciertas condiciones,  a  los «nepmanes»,  es  decir,  a  la burguesía» (t. XXVII, pág. 405).

 

Como veis, aquí no se habla para nada de la integración de la clase capitalista en el socialismo. Lo   único   que   se   dice   es   que, «bajo   ciertas condiciones», en la colaboración de las obreros y los campesinos «admitimos» también a los nepmanes, es decir, a la burguesía.

¿Qué significa esto? ¿Significa que así admitimos

la   posibilidad   de   que   los   nepmanes   vayan

integrándose en el socialismo? Naturalmente que no.

Esta cita de Lenin sólo puede ser interpretada así por

quien haya perdido la vergüenza. Esto quiere decir,

simplemente,  que,  por  ahora,  no  aniquilamos  la

burguesía, que, por ahora no le confiscamos sus

bienes, sino que le permitimos que siga existiendo

bajo ciertas condiciones, es decir, siempre y cuando

se someta sin reservas a las leyes de la dictadura del

proletariado, que conducen a la progresiva limitación

de los capitalistas y a su desplazamiento gradual de

la vida económica.

¿Se puede desplazar a los capitalistas y extirpar las raíces del capitalismo sin una encarnizada lucha de clases? No, no se puede.

¿Se puede suprimir las clases propugnando, en la

teoría  y  en  la  práctica,  la  integración  de  los

capitalistas en el socialismo? No, no se puede. Esa

teoría  y  esa  actuación  práctica  sólo  sirven  para

fomentar y perpetuar las clases, pues la tal teoría es

opuesta a la teoría marxista de la lucha de clases.

Pues bien, la cita de Lenin se basa absoluta e íntegramente en la teoría marxista de la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado.

¿Qué puede haber de común entre la teoría de Bujarin sobre la integración de los kulaks en el socialismo y la teoría de Lenin sobre la dictadura como forma encarnizada de la lucha de clases? Es evidente que entre una y otra no hay ni puede haber la menor afinidad.

Bujarin  entiende  que,  bajo  la  dictadura  del

proletariado, la lucha de clases debe extinguirse y

desaparecer para que se llegue a la supresión de las

clases. Lenin, por el contrario, enseña que las clases

sólo pueden ser suprimidas mediante una lucha de

clases  tenaz,  lucha  que  bajo  la  dictadura  del

proletariado es todavía más encarnizada que antes.

 

«La supresión de las clases -dice Lenin- es obra de una larga, difícil y tenaz lucha de clases, que no desaparece (como   se   lo   imaginan   los   banales

 

 

 

 

 

204

personajes  del  viejo  socialismo   y  de  la   vieja

socialdemocracia)  después  del  derrocamiento  del

poder  del  capital,  después  de  la  destrucción  del

Estado burgués, después de la implantación de la

dictadura  del  proletariado,  sino  que  se  limita  a

cambiar de forma, haciéndose en muchos aspectos

todavía más encarnizada» (t. XXIV, pág. 315).

Eso es lo que Lenin dice acerca de la supresión de las clases.

Supresión de las clases mediante una encarnizada

lucha de clase del proletariado: tal es la fórmula de

Lenin.

Supresión de las clases mediante la extinción de la lucha de clases y la integración de los capitalistas en el socialismo: tal les la fórmula de Bujarin.

¿Qué  puede  haber  de  común  entre  estas  dos

fórmulas? La teoría bujarinista de la integración de

los kulaks en el socialismo es, por tanto, el abandono

de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases y

una  aproximación  a  la  teoría  del  socialismo  de

cátedra270.

Ahí está el origen de todos los errores de Bujarin y de sus amigos.

Podrá objetarse que no vale la pena extenderse

demasiado en la teoría bujarinista de la integración

de los kulaks en el socialismo, puesto que ella misma

habla -y no sólo habla, sino que clama- en contra de

Bujarin. ¡Eso  es falso,  camaradas!  Mientras  esta

teoría  permanecía  en  estado  latente,  podía  no

prestársele   atención, ¡pues   no   son   pocas   las

necedades  que  se  encuentran  en  los  escritos  de

diferentes camaradas! Así lo hicimos hasta ahora.

Pero  últimamente  la  situación  ha  cambiado.  La

fuerza ciega del elemento pequeñoburgués, desatada

estos últimos años, empezó a dar vida a esta teoría

antimarxista, por lo cual cobró actualidad. Hoy ya no

es posible decir que esta teoría permanece en estado

latente.  Hoy,  esta  peregrina  teoría  de  Bujarin

 

270 Socialismo de cátedra: corriente de la ideología burguesa,

principalmente en la economía política burguesa. Los partidarios

de esta corriente, profesores liberales burgueses, que actuaban

desde   las   cátedras   universitarias (de   donde   procede   la

denominación   de «socialismo   de   cátedra»),   combatían   el

marxismo y el movimiento obrero revolucionario en ascenso,

procuraban   ocultar   las   contradicciones   del   capitalismo   y

predicaban  la  conciliación  de  las  clases.  Los  socialistas  de

cátedra negaban el carácter de clase, explotador, del Estado

burgués  y  afirmaban  que  este  es  capaz,  mediante  reformas

sociales, de perfeccionar el capitalismo. Engels escribió acerca

de los socialistas de cátedra alemanes: «Los socialistas de cátedra

no  rebasaron  nunca,  en  el  sentido  teórico,  el  nivel  de  los

economistas vulgares inclinados a la filantropía, y en el presente

han caído hasta el nivel de los simples apologistas del socialismo

de  Estado  de  Bismarck».  Las  ideas  reformistas  liberales

burguesas de los socialistas de cátedra las propagaron en Rusia

los  marxistas  legales.  Los  mencheviques  rusos, los  partidos

oportunistas de la II Internacional y los socialistas de derecha

contemporáneos,  en  su  deseo  de  subordinar  el  movimiento

obrero a los intereses de la burguesía y en su prédica de la

integración pacífica y gradual del capitalismo en el socialismo, se

deslizaron también hasta el socialismo de cátedra.

 

 

J. V. Stalin

 

pretende ser la bandera de la desviación derechista en

nuestro Partido, la bandera del oportunismo. Por eso,

no podemos ya pasar de largo ante ella, sino que

tenemos el deber de deshacerla como teoría falsa y

dañina,  para  facilitar  a  nuestros  camaradas  del

Partido la lucha contra la desviación de derecha.

 

b) La agudización de la lucha de clases

El   segundo   error   de   Bujarin,   derivado   del

primero, consiste en su modo falso, no marxista, de

abordar el problema de la agudización de la lucha de

clases,  del  incremento  de  la  resistencia  de  los

elementos capitalistas contra la política socialista del

Poder Soviético.

¿De qué se trata? ¿No será que los elementos

capitalistas se desarrollan más rápidamente que el

sector socialista de nuestra economía, por lo que

intensifican su resistencia, minando la edificación

socialista? No, no se trata de eso. Además, es falso

que los elementos capitalistas se desarrollen más

rápidamente que el sector socialista. Si fuera así, la

edificación socialista se hallaría ya al borde de la

ruina.

De  lo  que  se  trata  es  de  que  el  socialismo

mantiene   eficazmente   la   ofensiva   contra   los

elementos capitalistas, de que el socialismo crece

más rápidamente que los elementos capitalistas, de

que, en consecuencia, disminuye el peso relativo de

los elementos capitalistas y, precisamente porque

disminuye   el   peso   relativo   de   los   elementos

capitalistas, éstos se ven en peligro mortal y redoblan

su resistencia.

Y por el momento pueden hacerlo, no sólo porque cuentan con el apoyo del capitalismo mundial, sino porque, a pesar de disminuir su peso relativo y a pesar de disminuir también su desarrollo relativo, comparado con el del socialismo, sigue el desarrollo absoluto de los elementos capitalistas, lo que, en cierto  grado,  les  permite  acumular  fuerzas  para oponerse al ascenso del socialismo.

Sobre esta base es como, en la fase actual del

desarrollo  y  bajo  la  presente  correlación  de  las

fuerzas, se agudiza la lucha de clases y aumenta la

resistencia de los elementos capitalistas de la ciudad

y del campo.

El error de Bujarin y de sus amigos consiste en

que no comprenden una verdad tan sencilla y tan

evidente como ésta. Su error consiste en que no

abordan la cuestión de un modo marxista, sino al

modo filisteo, intentando explicar la agudización de

la  lucha  de  clases  con  todo  género  de  razones

fortuitas:  la «ineptitud»  del  aparato  soviético,  la

política «imprudente» de los dirigentes locales, la

«falta» de flexibilidad, las «exageraciones», etc., etc.

He aquí, por ejemplo, una cita tomada del folleto

de Bujarin «El camino hacia el socialismo», que

muestra la carencia absoluta de un criterio marxista

al abordar el prob1ema de la agudización de la lucha

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS de clases:

«Aquí y allá, la lucha de clases en el campo

estalla   en   sus   antiguas   manifestaciones;   esta

agudización   la   provocan,   por   lo   común,   los

elementos kulaks. Cuando, por ejemplo, los kulaks o

las gentes que se lucran a costa del prójimo, y que se

infiltraron en los organismos del Poder Soviético,

comienzan  a  disparar  contra  los  corresponsales

rurales, esto es una manifestación de la lucha de

clases en su forma más aguda. (Lo cual es falso, pues

la forma más aguda de la lucha de clases es la

insurrección. J. St.) Pero estos casos suelen darse,

generalmente, allí donde el aparato local soviético es

todavía débil. A medida que se mejore este aparato, a

medida que se fortalezcan todas las células de base

del Poder Soviético, a medida que mejoren y se

refuercen las organizaciones locales del Partido y del

Komsomol en la aldea, esta clase de fenómenos se

harán  cada  vez  más  raros,  cosa  que  es  de  una

evidencia meridiana, y acabarán por desaparecer sin

dejar huella».271

 

Resulta, pues, que la agudización de la lucha de clases obedece a razones imputables al aparato de los Soviets, a la aptitud o la ineptitud, a la fuerza o la debilidad de nuestras organizaciones de base.

Resulta,  por  ejemplo,  que  el  sabotaje  de  los

intelectuales burgueses en Shajti, que es una forma

de resistencia de los elementos burgueses al Poder

Soviético y una forma de agudización de la lucha de

clases, no lo explica la correlación de las fuerzas de

clase, los progresos del socialismo, sino la ineptitud

de nuestro aparato.

Resulta que, hasta que se dió el sabotaje en masa en el distrito de Shajti, nuestro aparato era bueno; pero  después,  en  el  momento  de  producirse  ese sabotaje en masa, el aparato convirtióse de súbito en algo completamente inservible.

Resulta que, hasta el año pasado, cuando el acopio de cereales marchaba por inercia y la lucha de clases no  se  había  agudizado  todavía  particularmente, nuestras organizaciones locales eran buenas y hasta ideales; pero el año pasado, cuando la resistencia de los kulaks adquirió formas especialmente agudas, nuestras organizaciones se convirtieron de súbito en algo malo e inservible en absoluto.

Esto no es explicación, sino una caricatura de explicación; esto no es ciencia, sino charlatanería.

¿Cómo se explica, en realidad, esta agudización de la lucha de clases?

La explican dos causas.

Primera: nuestros avances, nuestra ofensiva, el

desarrollo de las formas socialistas de la economía,

tanto  en  la  industria  como  en  la  agricultura,

desarrollo  que  lleva  aparejado  el  desplazamiento

 

 

271 Subrayado por mí. J. St.

 

205

 

correspondiente de ciertos grupos de capitalistas de

la ciudad y del campo. Todo consiste en que estamos

viviendo bajo la fórmula de Lenin de «quién vencerá

a quién»: o nosotros les hacemos morder el polvo a

los capitalistas, y les damos, como decía Lenin, la

batalla final y decisiva; o ellos nos hacen morder el

polvo a nosotros.

Segunda: la circunstancia de que los elementos capitalistas   no   están   dispuestos   a   retirarse voluntariamente de la escena, sino que se resisten y seguirán resistiéndose al socialismo, pues ven que se les acerca su última hora. Y pueden todavía ofrecer resistencia, porque, a pesar de la disminución de su peso   relativo,   siguen   creciendo   en   términos absolutos: la pequeña burguesía de la ciudad y del campo hace brotar de su seno, como decía Lenin, cada día y cada hora, capitalistas de mayor o menor cuantía, y estos elementos capitalistas toman todas las medidas para defender su existencia.

En la historia no se ha dado jamás el caso de que

las clases moribundas se retirasen voluntariamente de

la escena. No se ha dado jamás en la historia el caso

de que la burguesía agonizante no apelase a sus

últimas  fuerzas  para  defender  su  existencia.  Lo

mismo si nuestro aparato soviético de base es bueno

que si es malo, nuestros avances, nuestra ofensiva,

reducirán y desplazarán a los elementos capitalistas,

y éstos, las clases agonizantes, ofrecerán resistencia

por encima de todo.

Tales son las razones de la agudización de la lucha de clases en nuestro país.

El error de Bujarin y de sus amigos consiste en

que identifican el aumento de la resistencia de los

capitalistas con el aumento de su peso relativo. Pero

esta identificación carece de todo fundamento. Y

carece de fundamento porque si los capitalistas se

resisten, esto no quiere decir, ni mucho menos, que

hayan negado a ser más fuertes que nosotros. Ocurre,

precisamente, lo contrario. Las clases agonizantes no

ofrecen  resistencia  porque  sean  más  fuertes  que

nosotros,  sino  porque  el  socialismo  crece  más

rápidamente que ellas, y ellas se hacen más débiles

que nosotros. Y precisamente porque se hacen más

débiles, presienten que se acerca su última hora y se

ven obligadas a resistirse con todas sus fuerzas, por

todos los medios.

Tal es la mecánica de la agudización de la lucha de clases y de la resistencia de los capitalistas en el momento histórico actual.

¿Cuál debe ser la política del Partido ante ese estado de cosas?

El Partido debe poner en guardia a la clase obrera y  a  las  masas  explotadas  del  campo,  elevar  su combatividad   y   desarrollar   su   capacidad   de movilización  para  la  lucha  contra  los  elementos capitalistas de la ciudad y del campo, para la lucha contra los enemigos de clase que se resisten.

La teoría marxista-leninista de la lucha de clases

 

 

 

 

 

206

es  buena,  entre  otras  cosas,  porque  facilita  la

movilización de la clase obrera contra los enemigos

de la dictadura del proletariado. ¿Por qué son nocivas

la  teoría  bujarinista  de  la  integración  de  los

capitalistas  en  el  socialismo  y  la  concepción

bujarinista del problema de la agudización de la

lucha de clases?

Porque  adormecen  a  la  clase  obrera,  quitan capacidad    de    movilización    a   las    fuerzas revolucionarias de nuestro país, desmovilizan a la clase obrera y facilitan la ofensiva de los elementos capitalistas contra el Poder Soviético.

 

c) El campesinado

El   tercer   error   de   Bujarin   se   refiere   al

campesinado.  Es  sabido  que  la  cuestión  de  los

campesinos es una de las más importantes de nuestra

política. En nuestras condiciones, el campesinado lo

forman diversos grupos sociales: campesinos pobres,

campesinos medios y kulaks. Es lógico que nuestra

actitud ante esos grupos no pueda ser la misma. Los

campesinos pobres son un pilar de la clase obrera, los

campesinos medios son aliados y los kulaks son

enemigos de clase: tal es nuestro criterio ante esos

grupos sociales. Todo ello es lógico y sobradamente

conocido.

Sin embargo, Bujarin ve las cosas de manera algo

distinta. En su modo de enjuiciar a los campesinos,

desaparece   toda   diferenciación   de   éstos,   toda

clasificación en grupos sociales, y sólo subsiste una

mancha gris llamada aldea. Para él, el kulak no es

kulak, el campesino medio no es campesino medio, y

todo es miseria en la aldea. Así lo ha dicho aquí en su

discurso: ¿acaso nuestro kulak puede ser llamado

kulak?  Si  es  un  mendigo,  ha  dicho.  Y  nuestro

campesino medio ¿se parece en algo a un campesino

medio?, preguntaba aquí Bujarin. Es un pordiosero,

un muerto de hambre. Se comprende que ese punto

de vista acerca de los campesinos es falso de arriba

abajo e incompatible con el leninismo.

Lenin decía que los campesinos individuales son

la   última   clase   capitalista.                        ¿Es   exacta   esta

afirmación? Sí, absolutamente exacta. ¿Por qué se

califica a los campesinos individuales de última clase

capitalista? Porque, de las dos clases fundamentales

que integran nuestra sociedad, el campesinado es una

clase cuya economía se basa en la propiedad privada

y en la pequeña producción mercantil. Porque, el

campesinado,  mientras  lo  compongan  campesinos

individuales  dedicados  a  la  pequeña  producción

mercantil,  engendrará  y  no  podrá  por  menos  de

engendrar                                                          capitalistas,     constante       e ininterrumpidamente.

Esta   circunstancia   tiene   para   nosotros   una

importancia  decisiva,  cuando  se  trata  de  nuestra

actitud marxista ante el problema de la alianza de la

clase obrera con los campesinos. Esto significa que

lo  que  nosotros  necesitamos  no  es  una  alianza

 

 

J. V. Stalin

 

cualquiera con los campesinos, sino únicamente una alianza basada en la lucha contra los elementos capitalistas del campesinado.

Como veis, la tesis de Lenin sobre el campesinado como última clase capitalista, lejos de contradecir la idea  de  la  alianza  de  la  clase  obrera  con  el campesinado,  da  una  base  a  esta  alianza,  como alianza de la clase obrera con la mayoría de los campesinos  contra  los  elementos  capitalistas  en general,  y  contra  los  elementos  capitalistas  del campesinado, de la aldea, en particular.

Lenin  planteó  esta  tesis  para  mostrar  que  la alianza de la clase obrera con los campesinos sólo puede ser sólida a condición de que se base en la lucha contra esos mismos elementos capitalistas que el campesinado engendra.

El error de Bujarin consiste en que no comprende ni admite esta cosa tan sencilla, en que se olvida de los grupos sociales existentes en la aldea, en que de su  campo  visual  se  esfuman  los  kulaks  y  los campesinos pobres, quedando solamente una masa única de campesinos medios.

Esto es una indudable desviación de Bujarin hacia

la derecha, contraria a la desviación «izquierdista»,

trotskista, que no ve en la aldea más grupos sociales

que los campesinos pobres y los kulaks, y de cuyo

campo visual se esfuman los campesinos medios.

¿Cuál es la diferencia entre el trotskismo y el

grupo de Bujarin en lo que se defiere a la alianza con

los campesinos? Que el trotskismo se declara contra

la política de una alianza sólida con las masas de

campesinos medios, mientras que el grupo bujarmista

es partidario de cualquier alianza con el campesinado

en   general.   Huelga   demostrar   que   ambas

orientaciones son falsas y que tanto vale la una como

la otra.

El leninismo ahoga sin reservas por una alianza sólida con las masas fundamentales campesinas, por la alianza con los campesinos medios, pero no por una alianza cualquiera, sino por una alianza con éstos que asegure el papel dirigente de la clase obrera que fortalezca la dictadura del proletariado y que facilite la obra de la supresión de las clases.

 

«Por   acuerdo   entre   la   clase   obrera   y   el campesinado -dice Lenin- puede entenderse lo que se quiera. Si no se tiene presente que, desde el punto de vista de la clase obrera, el acuerdo sólo es tolerable, acertado y posible en principio cuando apoya a la dictadura de la clase obrera y constituye una de las medidas encaminadas a la supresión de las clases, la fórmula  del  acuerdo  de  la  clase  obrera  con  el campesinado  no  es,  naturalmente,  más  que  una fórmula que mantienen en sus concepciones todos los enemigos del Poder Soviético y todos los enemigos de la dictadura» (t. XXVI, pág. 387).

 

Y más adelante:

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

 

«Ahora -dice Lenin-, el proletariado tiene en sus

manos el Poder y lo dirige. El proletariado dirige al

campesinado. ¿Qué significa dirigir al campesinado?

Significa,   en   primer   lugar,   orientarse   hacia   la

supresión  de  las  clases,  y  no  hacia  el  pequeño

productor.   Si   nos   desviáramos   de   esta   línea

fundamental y cardinal, dejaríamos de ser socialistas

y caeríamos en el campo de esos pequeñoburgueses,

en el campo de los eseristas y mencheviques, que son

hoy los más encarnizados enemigos del proletariado»

(lugar citado, págs. 399-400).

 

Tal es el punto de vista de Lenin sobre la alianza con las masas fundamentales del campesinado, con los campesinos medios.

El error del grupo de Bujarin, en lo que se refiere

a los campesinos medios, consiste en que no ve el

doble  carácter,  la  doble  situación  que  ocupa  el

campesino  medio  entre  la  clase  obrera  y  los

capitalistas. «Los campesinos medios son una clase

vacilante»,   decía   Lenin. ¿Por   qué?   Porque   el

campesino medio de una parte, es un trabajador, cosa

que lo acerca a la clase obrera, mientras que, de otra

parte, es un propietario, cosa que lo acerca a los

kulaks. De ahí las vacilaciones del campesino medio.

Y esto no es cierto sólo desde el punto de vista

teórico. Estas vacilaciones se manifiestan también en

la práctica todos los días y a todas horas.

 

«El campesino -dice Lenin-, como trabajador, se

inclina hacia el socialismo, prefiriendo la dictadura

de los obreros a la dictadura de la burguesía. Pero,

como vendedor de cereales, el campesino se inclina

hacia la burguesía, hacia el comercio libre, es decir,

vuelve la vista atrás, al capitalismo «habitual», al

viejo capitalismo «tradicional» (t. XXIV, pág. 314).

 

Por eso, la alianza con el campesino medio sólo

puede ser sólida si va dirigida contra los elementos

capitalistas,  contra  el  capitalismo  en  general,  si

asegura el papel dirigente de la clase obrera dentro de

esta alianza y si facilita la obra de supresión de las

clases.

El  grupo  de  Bujarin  olvida  estas  cosas  tan sencillas y tan lógicas.

 

d) La  EP y las relaciones mercantiles

El cuarto error de Bujarin se refiere a la cuestión

de la Nep (nueva política económica). Aquí el error

de Bujarin consiste en no ver el doble carácter de la

Nep, en no ver más que uno de sus aspectos. Cuando,

en 1921,  implantamos  la  Nep,  dirigimos  su  filo

contra el comunismo de guerra, contra el régimen y

el orden de cosas que prohibían toda libertad para el

comercio   privado.   Entendíamos   y   seguimos

entendiendo que la Nep significa cierta libertad para

el  comercio privado.  Bujarin  se  acuerda  de  este

 

207

 

aspecto del asunto. Y eso está muy bien.

       Pero Bujarin se equivoca al creer que la Nep no

tiene más que ese aspecto. Olvida que también tiene

otro. Se trata de que la Nep no significa en absoluto

la libertad completa para el comercio privado, el

libre juego de precios en el mercado. La Nep es

libertad para el comercio privado dentro de ciertos

límites, dentro de cierto marco, a condición de que se

asegure   el   papel   regulador   del   Estado   en   el

mercado. Este es, precisamente, el segundo aspecto

de la Nep, aspecto más importante para nosotros que

el primero. En el mercado de nuestro país no existe el

libre juego de precios, como ocurre ordinariamente

en los países capitalistas. Nosotros fijamos el precio

de  los  cereales  en  lo  fundamental.  Fijamos  los

precios   de   los   artículos   manufacturados.   Nos

esforzamos en aplicar una política de reducción del

coste de producción y de rebaja de precios de los

artículos manufacturados, tratando de mantener la

estabilidad de los precios de los productos agrícolas.

¿No  es  evidente  que  este  régimen  peculiar  y

específico del mercado no existe en ningún país

capitalista?

De aquí se desprende que, mientras haya Nep, tienen que subsistir sus dos aspectos: el primero, dirigido contra el régimen del comunismo de guerra, y cuya finalidad es proporcionar cierta libertad para el comercio privado, y el segundo, dirigido contra la plena  libertad  para  el  comercio  privado,  y  cuya finalidad es asegurar el papel regulador del Estado en el mercado. Eliminad uno de los aspectos, y habrá desaparecido la nueva política económica.

Bujarin cree que a la Nep sólo puede amenazarle el  peligro  de «izquierda»,  de  quienes  pretenden acabar con toda libertad de comercio. Esto es falso. Esto es un craso error. Además, este peligro es ahora el menos real, pues no hay actualmente o casi no hay en nuestros organismos locales ni centrales quien no comprenda toda la necesidad y la conveniencia de mantener cierta libertad de comercio.

Mucho más real es el peligro de derecha, el

peligro que representan quienes pretenden suprimir el

papel regulador del Estado en el mercado, quienes

pretenden «emancipar» el mercado y abrir así una era

de plena libertad para el comercio privado. No cabe

la menor duda de que este peligro de ruptura de la

Nep desde la derecha es hoy día mucho más real.

Conviene  no  olvidar  que  la  fuerza  ciega  del

elemento pequeñoburgués actúa precisamente en este

sentido, en el sentido de hacer fracasar la Nep desde

la  derecha.  Conviene  también  recordar  que  las

lamentaciones  de  los  kulaks  y  de  los  elementos

acomodados,   que   las   lamentaciones   de   los

especuladores y acaparadores, por las que se dejan

influir a menudo muchos de nuestros camaradas,

disparan  contra  la  Nep  precisamente  desde  este

flanco. El hecho de que Bujarin no vea este segundo

peligro, verdaderamente real, de ruptura de la Nep,

 

 

 

 

 

208

atestigua de modo indudable que ha cedido a la presión   de   la   fuerza   ciega   del   elemento pequeñoburgués.

Bujarin recomienda «normalizar» el mercado y

«maniobrar»  con  los  precios  de  acopio  de  los

cereales por zonas, es decir, la subida de los precios

de los cereales. ¿Qué significa esto? Significa que no

le satisfacen las condiciones soviéticas del mercado,

que  desea  acabar  paulatinamente  con  el  papel

regulador del Estado sobre el mercado y que propone

hacer concesiones a la fuerza ciega del elemento

pequeño burgués que torpedea la Nep por la derecha.

Supongamos por un momento que seguimos los

consejos de Bujarin. ¿Qué ocurriría? Elevaríamos los

precios de los cereales, pongamos por caso, en el

otoño, al comenzar el período de los acopios. Pero

como   en   el   comercio   hay   siempre   gente,

especuladores  y  acaparadores  de  toda  laya,  que

pueden pagar los cereales tres veces más cara, y

como   nosotros   no   podemos   competir   con   los

especuladores, pues ellos compran, a lo sumo, unos

diez   millones   de   puds,   mientras   que   nosotros

tenemos que comprar cientos de millones, resultará

que    los    poseedores    de    cereales    seguirán

reteniéndolos, esperando a que suban todavía más los

precios. Es decir, que al llegar la primavera, que es

cuando el Estado empieza a sentir más necesidad de

cereales,  tendríamos  que  volver  a  aumentar  los

precios. ¿Y qué significaría subir los precios de los

cereales en la primavera? Significaría sacrificar a los

pobres y a las gentes modestas del campo -que se ven

obligados a comprar cereales, en la primavera, en

parte para la siembra y en parte para el consumo-,

pues comprarían los mismos cereales que vendieron

en el otoño a precio más bajo. ¿Es que, con estas

operaciones,  íbamos  a  conseguir  algún  resultado

serio, en el sentido de obtener la cantidad suficiente

de cereales? Lo más probable es que no lográsemos

nada,   pues   siempre   habría   especuladores   y

acaparadores que se las arreglarían para pagar de

nuevo el doble y el trip1e por esos mismos cereales.

Y   tendríamos   que   estar   dispuestos   a   elevar

nuevamente    los    precios    de    los    cereales,

esforzándonos en vano en atajar a los especuladores

y acaparadores.

De eso se deduce que, puestos en el camino de

elevar los precios de los cereales, tendríamos que

seguir  levándolos  constantemente,  sin  la  menor

garantía de poder conseguir cereales en cantidad

suficiente.

Pero la cosa no para ahí:

En primer lugar, la elevación de los precios de

acopio de los cereales nos obligaría luego a elevar

también  los  precios  de  las  materias  primas  que

produce   la   agricultura,   para   mantener   cierta

proporción en los precios de los productos agrícolas.

En segundo lugar, la elevación de los precios de

acopio de los cereales nos impediría mantener el bajo

 

 

J. V. Stalin

 

precio  del  pan  en  las  ciudades;  es  decir,  que

tendríamos que subir también los precios de venta del

pan. Y como no podemos ni debemos perjudicar a los

obreros,   nos   veríamos   obligados   a   elevar

rápidamente   los   salarios.   Y   esto   conduciría

forzosamente a aumentar también los precios de los

artículos manufacturados, pues, de lo contrario, se

produciría un trasiego de recursos de la ciudad al

campo, perjudicial para la industrialización.

Y como resultado de esto, tendríamos que nivelar

los precios de los artículos manufacturados y los

productos agrícolas, no sobre la base de precios con

tendencia a la baja o, por lo menos, estabilizados,

sino sobre la base de precios con tendencia al alza,

tanto del pan como de los artículos manufacturados.

Dicho   en   otros   términos:   tendríamos   que orientarnos   al   encarecimiento   de   los   artículos manufacturados y de los productos agrícolas.

Fácil es comprender que estas «maniobras» con los precios acabarían forzosa y totalmente con la política soviética de precios, acabarían con el papel regulador del Estado en el mercado y dejarían en libertad  completa  la  fuerza  ciega  del  elemento pequeño burgués.

¿Quién saldría ganando con ello?

Sólo los sectores acomodados de la ciudad y del

campo,  pues  el  encarecimiento  de  los  artículos

manufacturados y de los productos agrícolas los haría

forzosamente inasequibles tanto para la clase obrera

como para los campesinos pobres y los sectores

modestos del campo. Saldrían ganando los kulaks y

los campesinos acomodados, los nepmanes y otras

clases pudientes.

También esto sería una ligazón, pero una ligazón muy particular: la ligazón con los sectores pudientes del campo y de la ciudad. Y los obreros y los sectores modestos del campo tendrían perfecto derecho a preguntarnos: ¿qué Poder es éste, de los obreros y campesinos o de los kulaks y los nepmanes?

La ruptura con la clase obrera y con los sectores

modestos del campo y la ligazón con los sectores

pudientes del campo y de la ciudad: eso es lo que nos

traería la «normalización» bujarinista del mercado y

las «maniobras» con los precios de los cereales por

zonas.

Es evidente que el Partido no puede seguir ese camino funesto.

Hasta qué punto embrolla Bujarin todas las ideas

sobre la Nep y hasta qué punto es prisionero de la

fuerza ciega del elemento pequeñoburgués se ve,

entre otras cosas, por su actitud más que negativa

hacia   las   nuevas   formas   de   intercambio   de

mercancías entre la ciudad y el campo, entre el

Estado  y  los  campesinos.  Bujarin  se  indigna  y

denosta  porque  el  Estado  sea  un  proveedor  de

mercancías para los campesinos, y éstos se vayan

convirtiendo  en  proveedores  de  cereales  para  el

Estado. Según él, esto es vulnerar todas las normas

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

de la Nep, poco menos que torpedearla. ¿Por qué? nos preguntamos, ¿a título de qué?

¿Qué puede haber de malo en que el Estado, la

industria del Estado, sea la que provea de mercancías

a los campesinos sin intermediarios, y en que los

campesinos sean los que suministren cereales para la

industria, para el Estado, sin intermediarios también?

¿Qué puede haber de malo, desde el punto de

vista del marxismo y de la política marxista, en que

los   campesinos   se   hayan   convertido   ya   en

proveedores de algodón, de remolacha y de lino para

las  necesidades  de  la  industria  del  Estado,  y  la

industria del Estado en proveedora de mercancías

urbanas,   de   simientes   y   de   instrumentos   de

producción para estas ramas de la economía rural?

El   método   de   la   contratación   es   aquí   el fundamental  para  fijar  estas  nuevas  formas  de intercambio  de  mercancías  entre  la  ciudad  y  el campo. Pero ¡acaso el método de contratación es incomparable con los postulados de la Nep?

¿Qué puede haber de malo en que los campesinos se  hagan  proveedores  del  Estado  también  en cereales, y no sólo en algodón, remolacha y lino, utilizando el mismo método de la contratación?

¿Por qué al comercio en partidas pequeñas, al

comercio   al   por   menor   se   le   puede   llamar

intercambio de mercancías, y el comercio en partidas

grandes,  sobre  la  base  de  contratos  previamente

establecidos (contratación)   que   determinen   los

precios y la calidad de los productos, no se puede

considerar como intercambio de mercancías?

¿Acaso es difícil comprender que estas nuevas formas de intercambio en masa de mercancías con arreglo al método de la contratación entre la ciudad y el campo han surgido precisamente sobre la base de la  Nep  y  constituyen  un  importantísimo  paso adelante   de   nuestras   organizaciones   hacia   el fortalecimiento de la dirección socialista, planificada, de la economía nacional?

Bujarin ha dejado de comprender estas cosas tan sencillas y tan lógicas.

 

e) El llamado «tributo»

El quinto error de Bujarin (me refiero a los errores principales) consiste en la deformación oportunista de la línea del Partido en el problema de las «tijeras» entre la ciudad y el campo, en el problema del llamado «tributo».

¿A qué se refiere la conocida resolución de la reunión conjunta del Buró Político y del Presídium de la CCC. (febrero de 1929) acerca de las «tijeras»? Se refiere a que, además de los impuestos ordinarios, directos e indirectos, que los campesinos satisfacen al Estado, abonan otro superimpuesto, al pagar de más los artículos manufacturados y al cobrar de menos los precios de los productos agrícolas.

¿Es   cierto   que   existe   en   la   realidad   ese

superimpuesto satisfecho por el campesinado? Sí, es

 

209

 

cierto ¿Qué otros nombres tiene? Se le llama también «tijeras», «trasiego» de recursos de la agricultura a la industria con objeto de impulsar más rápidamente esta última.

¿Es necesario ese «trasiego»? Entre nosotros no hay discrepancias acerca de que el «trasiego», como medida provisional, es necesario, si es que de veras queremos mantener el rápido ritmo de desarrollo de la industria. Y el crecimiento rápido de la industria debemos mantenerlo a toda costa, pues no lo requiere sólo la propia industria, sino que en primer lugar lo exige  la  agricultura,  lo  exigen  los  campesinos, quienes  necesitan  ahora  más  que  nada  tractores, maquinaria agrícola y abonos.

¿Podemos    suprimir    ahora    mismo    ese superimpuesto?   Por   desgracia,   no.   Deberemos suprimirlo en la primera oportunidad, dentro de unos años, pero ahora no podemos hacerlo.

Y ese superimpuesto, obtenido como resultado de las «tijeras»,   constituye «algo   semejante   a   un tributo». No es tributo, sino «algo semejante a un tributo».  Es «algo  semejante  a  un  tributo»  que satisfacemos por nuestro atraso. Ese superimpuesto es  necesario  para  impulsar  el  desarrollo  de  la industria y terminar con nuestro atraso.

¿No   significará   esto   que   explotamos   al

campesinado al gravarlo con ese impuesto adicional?

No,  no  significa  eso.  La  naturaleza  del  Poder

Soviético no permite que el Estado explote a los

campesinos de ninguna manera. En los discursos de

nuestros camaradas en el Pleno de julio272 se dijo

explícitamente  que  dentro  del  régimen  soviético

quedaba excluida la explotación de los campesinos

por el Estado socialista, pues el ascenso constante del

bienestar de los campesinos trabajadores es ley del

desarrollo de la sociedad soviética, y esto descarta

toda posibilidad de explotación del campesinado.

¿Puede  soportar  el  campesinado  ese  impuesto adicional? Sí, puede soportarlo. ¿Por qué?

Porque,   primero,   el   pago   de   ese   impuesto

adicional coincide con un ambiente de mejoramiento

continuo de la situación material del campesinado.

Porque, segundo, el campesino tiene su hacienda personal, cuyos ingresos le permiten satisfacer el impuesto adicional, cosa que no puede decirse del obrero, el cual carece de hacienda personal y entrega, a pesar de ello, todas sus energías a la causa de la industrialización.

Porque, tercero, la cuantía del impuesto adicional disminuye de año en año.

¿Hacernos bien en calificar el impuesto adicional

de «algo semejante a un tributo»? Sin duda alguna.

Estas palabras suscitan en nuestros camaradas la idea

de que el impuesto adicional es algo desagradable e

indeseable y de que no se debe admitir su vigencia

durante mucho tiempo. Al calificar así el impuesto

 

272 Se tiene en cuenta el Pleno del Comité Central del PC(b) de la URSS, celebrado del 4 al 12 de julio de 1928.

 

 

 

 

 

210

adicional sobre el campesinado, queremos decir que

lo descontamos, no porque ése sea nuestro deseo,

sino por necesidad, que los bolcheviques debemos

tomar  todas  las  medidas  para  acabar  con  este

impuesto adicional a la primera posibilidad, cuanto

antes.

Tal es el fondo del problema de las «tijeras», del «trasiego», del «superimpuesto», de lo que en los documentos  antes  aludidos  se  califica  de «algo semejante a un tributo».

Bujarin, Rykov y Tomski trataron de aferrarse a la

palabra «tributo» y empezaron a acusar al Partido de

seguir una política de explotación militar-feudal del

campesinado. Pero ahora, hasta los ciegos ven que se

trataba de un intento deshonesto de los bujarinistas

de difamar de la manera  más grosera a nuestro

Partido. Hasta ellos mismos se ven ahora obligados a

reconocer tácitamente el estrepitoso fracaso de sus

habladurías acerca de la explotación militar-feudal.

Una de dos:

o bien los bujarinistas admiten que en el momento

actual son inevitables las «tijeras» y el «trasiego» de

recursos de la agricultura a la industria, y entonces

deben  reconocer  el  carácter  calumnioso  de  sus

acusaciones  y  la  completa  razón  que  asistía  al

Partido;

o bien niegan que en el momento actual sean inevitables las «tijeras» y el «trasiego»; pero, en este caso, que lo digan abiertamente, para que el Partido pueda incluirlos en la categoría de los adversarios de la industrialización de nuestro país.

Yo  podría,  en  todo  caso,  mencionar  varios

discursos de Bujarin, Rykov y Tomski, en los que

admiten sin reservas, como algo inevitable en el

momento presente, las «tijeras», el «trasiego» de

recursos de la agricultura a la industria. Y eso es

reconocer  la  fórmula  de «algo  semejante  a  un

tributo».

Y bien, ¿siguen manteniendo el punto de vista del «trasiego», el punto de vista de la conservación de las «tijeras» en el momento presente, sí o no? Que lo digan sin rodeos.

Bujarin: El trasiego es necesario, pero «tributo» es una palabra desgraciada.

Stalin: Quiere decir que con relación al fondo del

problema no tenemos discrepancias; quiere decir que

el «trasiego»  de  recursos  de  la  agricultura  a  la

industria,   las   llamadas                                 «tijeras»,   el   impuesto

adicional,   ese «algo   semejante   a   un   tributo»,

constituye un recurso necesario, pero temporal, de la

industrialización del país en el momento presente.

Muy bien. ¿De qué se trata, pues?, ¿a qué viene ese alboroto? ¿No agrada la palabra «tributo» o «algo semejante a un tributo» por considerar que no debe emplearse en la literatura marxista?

Pues bien, hablaremos de la palabra «tributo».

       Yo afirmo, camaradas, que esta palabra hace ya

mucho que adquirió carta de naturaleza en nuestra

 

 

J. V. Stalin

 

literatura marxista, por ejemplo, en los artículos del camarada Lenin. Eso puede asombrar a gentes que no leen a Lenin, pero es así, camaradas. Bujarin se ha «desgañitado»   aquí   afirmando   que   la   literatura marxista no puede admitir la palabra «tributo».

Le indigna y le asombra que el CC del Partido y los marxistas en general se permitan emplear la palabra «tributo». Pero ¿qué tiene eso de particular, si está probado que esta palabra adquirió hace mucho carta de naturaleza en los artículos de un marxista como el camarada Lenin? ¿O es que Lenin no reúne los requisitos necesarios para un marxista desde el punto  de  vista  de  Bujarin?  Pues  bien,  decidlo abiertamente, queridos camaradas.

Tomad, por ejemplo, el artículo de un marxista como Lenin «Acerca del infantilismo de «izquierda» y del espíritu pequeñoburgués» (mayo de 1918) y leed el pasaje siguiente:

 

«El pequeñoburgués que esconde sus miles es un

enemigo del capitalismo de Estado y aspira a invertir

esos  miles  única  y  exclusivamente  en  provecho

propio, en contra de los pobres, en contra de toda

clase de control del Estado; y el conjunto de estos

miles forma una base de muchos miles de millones

para la especulación, que malogra nuestra edificación

socialista. Supongamos que determinado número de

obreros aporta en varios días valores por una suma

igual a 1.000. Supongamos, además, que de esta

suma  tenemos  una  pérdida  igual  a 200,  como

consecuencia  de la  pequeña  especulación,  de  las

dilapidaciones de todo género y de las maniobras de

los pequeños propietarios para «salvar» las normas y

los decretos soviéticos. Todo obrero consciente dirá:

si yo pudiera aportar 300 de esos 1.000, a condición

de que se implantase un orden y una organización

mejores, aportaría con gusto 300 en lugar de 200, ya

que  con  el  Poder  Soviético  reducir  luego  este

«tributo», supongamos, hasta 100 ó 50 será una tarea

muy fácil, una vez que se impongan el orden y la

organización, una vez que sea vencido por completo

el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra

todo monopolio de Estado» (t. XXII, pág. 515).

 

Me parece que está claro. ¿Diréis, basándoos en esto, que el camarada Lenin era partidario de la política  de  explotación militar-feudal  de la  clase obrera? ¡Probad a hacerlo, queridos camaradas!

Una voz: Sin embargo, nunca se ha empleado el concepto de «tributo» para el campesino medio.

Stalin: ¿No pensará usted que el campesino medio está más cerca del Partido que la clase obrera? Es usted un marxista de pacotilla. Si se puede hablar de «tributo» refiriéndose a la clase obrera, de la que nosotros somos el Partido, ¿por qué no se va a poder decir lo mismo del campesino medio, que no es, en fin de cuentas, más que un aliado nuestro?

Habrá gente reparona capaz de pensar que la

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

palabra «tributo»  es  en  el  artículo «Acerca  del

infantilismo de izquierda» un lapsus del camarada

Lenin, un lapsus casual. La comprobación muestra,

sin embargo, que las sospechas de la gente reparona

carece de toda base. Tomad otro articulo, más bien

un folleto del camarada Lenin, «Sobre el impuesto en

especie» (abril de 1921) y leed la página 324 (t.

XXVI, pág. 324). Veréis que el camarada Lenin

repite literalmente el  párrafo que  acabo  de  citar

acerca del «tributo». Tomad, en fin, el artículo del

camarada Lenin «Las tareas inmediatas del Poder

Soviético» (t. XXII, pág. 448, marzo-abril de 1918) y

veréis que Lenin también habla allí del «tributo (ya

sin comillas) que pagamos por nuestro atraso en la

organización   de   la   contabilidad   y   del   control

ejercidos desde abajo por todo el pueblo».

Resulta que la palabra «tributo» está muy lejos de ser un vocablo casual en los artículos de Lenin. El camarada Lenin emplea esta palabra para subrayar el carácter temporal del «tributo», para poner en tensión la energía de los bolcheviques y orientarla en el sentido de suprimir, a la primera posibilidad, ese «tributo» que la clase obrera paga por nuestro atraso, por nuestros «defectos».

Resulta  que,  al  emplear  la  expresión «algo semejante a un tributo», me encuentro en compañía de  marxistas  bastante  buenos,  en  compañía  del camarada Lenin.

Bujarin decía aquí que los marxistas no deben

tolerar en su literatura la palabra «tributo». ¿A qué

marxistas se refería? Si se refería a marxistas, dicho

sea con perdón, del estilo de Slepkov, Maretski,

Petrovski,  Rozit,  etc.,  que  tiran  mucho  más  a

liberales que a marxistas, se comprende muy bien la

irritación de Bujarin. Pero si se refería a marxistas de

veras, al camarada Lenin, por ejemplo, hay que decir

que la palabra «tributo» adquirió hace ya mucho

entre ellos carta de naturaleza, y Bujarin, que conoce

poco las obras de Lenin, se ha equivocado de medio

a medio.

Pero el problema del «tributo» no termina aquí.

No es casual que Bujarin y sus amigos la tomaran

con la palabra «tributo» y hablaran de política de

explotación   militar-feudal   del   campesinado.   Es

indudable   que   con   el   alboroto   acerca   de   la

explotación   militar-feudal   querían   significar   su

extremo  descontento  por  la  política  de  nuestro

Partido  que,  con  relación  a  los  kulaks,  aplican

nuestras   organizaciones.   El   descontento   por   la

política  leninista  del  Partido  en  la  dirección  del

campesinado, el descontento por nuestra política de

acopio  de  cereales,  el  descontento  por  nuestra

política de desarrollo máximo de los koljoses y los

sovjoses, el deseo, en fin, de «emancipar» el mercado

y de establecer la plena libertad para el comercio

privado: eso es lo que reflejan los alaridos de Bujarin

acerca de la política de explotación militar-feudal del

campesinado.

 

211

 

No conozco en la historia de nuestro Partido otro

ejemplo de que se le acusase de seguir una política de

explotación militar-feudal. Tal arma contra el Partido

no procede del arsenal marxista. ¿De dónde procede?

Del arsenal de Miliukov, el líder de los demócratas

constitucionalistas-                                         Cuando    los    demócratas

constitucionalistas quieren encizañar a la clase obrera

y  al  campesinado,  suelen  decir:  ustedes,  señores

bolcheviques, edifican el socialismo sobre los huesos

del campesinado. Con sus vociferaciones acerca del

«tributo», Bujarin hace coro a los señores Miliukov,

marcha a remolque de los enemigos del pueblo.

 

f) El ritmo del desarrollo de la industria y las

nuevas formas de ligazón entre la ciudad y el

campo

Y,  por  último,  el  ritmo  del  desarrollo  de  la industria y las nuevas formas de la ligazón entre la ciudad y el campo. Es ésta una de las cuestiones más importantes    en    nuestras    discrepancias.    Su importancia reside en que en ella vienen a confluir todos los hilos de muestras discrepancias prácticas en orden a la política económica del Partido.

¿Qué formas nuevas de ligazón son éstas?, ¿qué significa eso desde el punto de vista de nuestra política económica?

Significa, ante todo, que, además de las viejas

formas de ligazón entre la ciudad y el campo, en que

la industria satisfacía principalmente las necesidades

personales  del  campesino (en  cuanto  a  percal,

calzado,   artículos   textiles   en   general,   etc.),

necesitamos nuevas formas de ligazón, en que la

industria satisfaga las necesidades de producción de

la  hacienda  campesina (en  cuanto  a  maquinaria

agrícola, tractores, simientes escogidas, abonos, etc.).

Si   antes   satisfacíamos   principalmente   las

necesidades                                                      personales       del       campesino,

preocupándonos   poco   de   las   necesidades   de

producción  de  su  hacienda,  ahora,  sin  dejar  de

atender  a  sus  necesidades  personales,  debemos

preocuparnos  intensamente  del  abastecimiento  de

maquinaria agrícola, tractores, abonos, etc., cosa que

se relaciona directamente con la reestructuración de

la producción agrícola sobre una nueva base técnica.

Mientras se trataba de levantar la agricultura y de que los campesinos pusieran en cultivo las tierras que pertenecieron a los terratenientes y kulaks, podíamos contentarnos con las viejas formas de ligazón. Pero ahora,  que  se trata  de  la  reestructuración  de la agricultura, esto ya no basta. Ahora hay que ir más allá,  ayudando  al  campesinado  a  reestructurar  la producción  agrícola sobre  la  base  de  una  nueva técnica y del trabajo colectivo.

Esto significa, en segundo lugar, que, a la par que

reequipamos nuestra industria, debemos comenzar a

reequipar  también  en  serio  nuestra  agricultura.

Estamos reequipando, y en parte hemos reequipado

ya, nuestra industria, dándole una nueva base técnica,

 

 

 

 

 

212

dotándola  de  máquinas  nuevas  modernas  y  de

cuadros    nuevos    y    más    capaces.    Estamos

construyendo  fábricas  nuevas  y  modernizando  y

ampliando las antiguas; impulsamos la metalurgia, la

industria química y la construcción de maquinaria.

Sobre esta base crecen las ciudades, se multiplican

los nuevos centros industriales y se amplían los

antiguos. Sobre esta base aumenta la demanda de

productos alimenticios y de materias primas para la

industria. Pero la agricultura sigue empleando los

viejos aperos y los viejos y patriarcales métodos de

cultivo de la tierra, los viejos y primitivos medios

técnicos, ya hoy inservibles o casi inservibles, las

viejas formas de gestión y de trabajo, propias de la

pequeña hacienda campesina individual.

¿Qué nos dice, por ejemplo, el hecho de que,

mientras antes de la revolución había en nuestro país

unos 16 millones de haciendas campesinas, hoy haya

25 millones por lo menos? ¿Qué significa esto sino que  la  agricultura  va  tomando  un  carácter  más atomizado y disperso? Y una particularidad de las pequeñas  haciendas  dispensas  es  que  no  pueden utilizar debidamente la técnica, la maquinaria, los tractores, los adelantos de la ciencia agronómica y producen poco para el mercado.

De ahí la escasez de producción agrícola de uso

mercantil. De ahí el peligro de una ruptura entre la

ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura.

De ahí la necesidad de impulsar la agricultura, de

imprimirle el ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Pues bien, para eliminar este peligro de ruptura es

necesario comenzar a reequipar a fondo la agricultura

sobre la base de una nueva técnica. Y para ello es

preciso  ir  agrupando  paulatinamente  en  grandes

haciendas,  en  koljoses,  las  haciendas  campesinas

individuales  dispersas;  es  necesario  organizar  la

agricultura  sobre  la  base  del  trabajo  colectivo,

ampliar las colectividades; es necesario desarrollar

los  viejos  sovjoses  y  organizar  nuevos,  aplicar

sistemáticamente las formas de la contratación en

masa  en  todas  las  ramas  fundamentales  de  la

agricultura; es necesario fomentar el sistema de las

estaciones de máquinas y tractores, que ayudan a los

campesinos a aprender el manejo de los nuevos

elementos técnicos y a colectivizar el trabajo. En una

palabra, es necesario ir pasando gradualmente las

pequeñas  haciendas  campesinas  individuales  a  la

gran   producción   colectiva,   pues   sólo   la   gran

producción de tipo colectivo es capaz de utilizar

íntegramente las realizaciones de la ciencia y los

nuevos elementos técnicos y de hacer avanzar con

pasos de siete leguas nuestra agricultura.

Eso no quiere decir, naturalmente, que debamos

abandonar   las   haciendas   individuales   de   los

campesinos pobres y medios. No, no quiere decir

eso. La hacienda individual de los campesinos pobres

y medios desempeña y seguirá desempeñando en el

futuro inmediato un papel predominante en cuanto al

 

 

J. V. Stalin

 

suministro  de  víveres  y  materias  primas  para  la industria. Precisamente por ello es necesario apoyar a las haciendas individuales de los campesinos pobres y medios no agrupados aún en koljoses.

Pero esto significa que la sola hacienda campesina individual ya no es suficiente. De ello dan fe nuestras dificultades en punto al acopio de cereales. Por eso hay que complementar el fomento de la hacienda individual del campesino pobre y medio impulsando por todos los medios las formas colectivas de la economía y los sovjoses.

Por eso es necesario tender un puente entre las haciendas individuales de los campesinos pobres y medios  y  las  famas  colectivas  de  la  economía mediante la contratación en masa, las estaciones de máquinas y tractores, desarrollando por todos los medios el movimiento cooperativo, para facilitar a los  campesinos  el  paso  de  su  pequeña  hacienda individual al cauce del trabajo colectivo.

Sin observar estas condiciones, será imposible dar

un   impulso   serio   a   la   agricultura.   Sin   estas

condiciones,  será  imposible  resolver  el  problema

cerealista. Sin estas condiciones, será imposible sacar

a  los  campesinos  modestos  de la ruina  y  de la

miseria.

Esto   significa,   finalmente,   que   es   necesario

desarrollar en todos los sentidos nuestra industria

como el medio principal que ayude a reestructurar la

producción agrícola, que es necesario impulsar la

metalurgia, la industria química y la construcción de

maquinaria; que es necesario construir fábricas de

tractores, fábricas de maquinaria agrícola, etc.

Huelga demostrar que es imposible el desarrollo

de los koljoses, que es imposible el desarrollo de las

estaciones de máquinas y tractores, sin incorporar a

las masas fundamentales campesinas a las formas de

gestión colectiva a través de la contratación en masa,

sin   dotar   a   la   agricultura   de   una   cantidad

considerable de tractores, de máquinas agrícolas, etc.

Pero  sin  desarrollar  nuestra  industria  a  ritmo acelerado  es  imposible  proporcionar  al  campo maquinaria  agrícola  y  tractores.  De  ahí el ritmo rápido de desarrollo de nuestra industria, como clave para la reestructuración de la agricultura sobre la base del colectivismo.

Tales  son  el  sentido  y  la  importancia  de  las nuevas formas de la ligazón.

El grupo de Bujarin se ve obligado a reconocer de

palabra la necesidad de las nuevas formas de la

ligazón.  Pero  no  es  más  que  un  reconocimiento

verbal, hecho con el propósito de hacer pasar, bajo la

tapadera del reconocimiento verbal de las nuevas

formas de la ligazón, algo que es todo lo contrario.

En realidad, Bujarin está en contra de las nuevas

formas de la ligazón. Para Bujarin, el punto de

partida no es el ritmo rápido de desarrollo de la

industria, como palanca para la reestructuración de la

producción agrícola, sino el desarrollo de la hacienda

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

campesina individual. Para él, en primer plano figura

la «normalización» del mercado y la admisión del

libre juego de los precios en el mercado de los

productos  agrícolas,  la  admisión  de  la  libertad

completa para el comercio privado. De ahí su recelo

hacia los koljoses, lo que se advirtió en su discurso

en el Pleno de julio del CC, y en las tesis que

presentó en vísperas de este mismo Pleno. De ahí su

enemiga  a  todas  y  cada  una  de  las  medidas

extraordinarias contra los kulaks para el acopio de

cereales.

Es  sabido  que  Bujarin  huye  de  las  medidas extraordinarias como el diablo del agua bendita.

Es sabido que Bujarin sigue todavía sin poder comprender que, en las condiciones actuales, el kulak aportará   de   buen   grado,   espontáneamente,   la suficiente cantidad de cereales.

Así lo demuestran dos años de experiencia de trabajo nuestro en el acopio de cereales.

¿Y qué hacer si, a pesar de todo, escasea el grano

mercantil?  Bujarin  contesta:  no  molestéis  a  los

kulaks con medidas extraordinarias y traed trigo del

extranjero.   No   hace   mucho   que   nos   proponía

importar unos 50 millones de puds de trigo, es decir,

que  invirtiésemos  en  ello  unos 100  millones  de

rublos en moneda extranjera. ¿Y si necesitamos las

divisas para importar maquinaria con destino a la

industria? Bujarin replica: hay que dar preferencia a

la importación de trigo, relegando a un segundo

plano, por lo que se ve, la importación de maquinaria

para la industria.

Se  llega,  pues,  a  la  conclusión  de  que,  para resolver  el  problema  cerealista  v  reestructurar la agricultura, lo principal no es el rápido ritmo de desarrollo de la industria, sino el fomento de la hacienda   campesina   individual,   incluyendo   la hacienda del kulak, sobre la base del mercado libre con el libre juego de los precios.

Por  donde  nos  encontramos  con  dos  planes diferentes de política económica.

Plan del Partido:

1.    Estamos                                                      reequipando    la         industria (reestructuración).

2. Comenzamos a reequipar en serio la agricultura (reestructuración).

3. Para esto es necesario ampliar la organización de koljoses y sovjoses y emplear la contratación en masa y las estaciones de máquinas y tractores como medios para establecer una ligazón de producción entre la industria y la agricultura.

4. Por lo que se refiere a las dificultades de acopio

de   cereales   en   estos   momentos,   es   necesario

reconocer                                                          como    admisibles    las        medidas

extraordinarias pasajeras, respaldadas por el apoyo

social de las masas de campesinos pobres y medios,

como uno de los recursos para vencer la resistencia

de los kulaks y sacarles la mayor cantidad posible de

excedentes de grano, indispensables para evitar las

 

213

 

importaciones  de  trigo  y  destinar  las  divisas  al desarrollo de la industria.

5.  La  hacienda  individual  de  los  campesinos

pobres y medios ocupa y seguirá ocupando todavía

una    situación    predominante    en    cuanto    al

abastecimiento del país de víveres y materias primas,

pero ella sola de por sí no basta ya; por eso hay que

complementar   el   desarrollo   de   las   haciendas

individuales de los campesinos pobres y medios con

el  desarrollo  de  los  koljoses  y  sovjoses,  con  la

contratación en masa y con el desarrollo intensivo de

las estaciones de máquinas y tractores, para facilitar

el desplazamiento de los elementos capitalistas de la

agricultura  y  el  paso  gradual  de  las  haciendas

campesinas  individuales  al  cauce  de  las  grandes

haciendas colectivas, al cauce del trabajo colectivo.

6. Mas, para conseguir todo esto, es necesario, ante todo, intensificar el desarrollo de la industria, de la  metalurgia,  de  la  industria  química  y  de  la construcción  de  maquinaria,  la  construcción  de fábricas de tractores, de maquinaria agrícola, etc. De otro modo, será imposible resolver el problema de los   cereales,   lo   mismo   que   será   imposible reestructurar la agricultura.

Conclusión: la clave para la reestructuración de la agricultura está en el rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.

Plan de Bujarin:

1. «Normalización» del mercado, admisión del

libre juego de los precios en el mercado y elevación

de los precios de los cereales, sin reparar en que esto

puede conducir al encarecimiento de los artículos

manufacturados, de las materias primas y del pan.

2. Estimular por todos los medios las haciendas campesinas  individuales  amortiguando  en  cierta medida el ritmo de desarrollo de los koljoses y sovjoses (tesis  de  Bujarin  en  julio,  discurso  de Bujarin en el Pleno de julio).

3. Dejar que los acopios marchen por sí solos excluyendo siempre, y cualesquiera que sean las condiciones, incluso la aplicación parcial de medidas extraordinarias   contra   los   kulaks,   aunque   estas medidas   tengan   el   apoyo   de  la   masa   de  los campesinos medios y pobres.

4.  En  caso  de  escasez  de  trigo,  importado, invirtiendo en ello unos 100 millones de rublos.

5. Si no hay bastantes divisas para cubrir la importación  de  trigo  y  de  maquinaria  industrial, reducir la importación de esta última y, por tanto, amortiguar   el   ritmo   de   desarrollo   de   nuestra industria;   de   lo   contrario,   la   agricultura «se estancará» o incluso «decaerá».

Conclusión: la clave para la reestructuración de la  agricultura  está  en  desarrollar  la  hacienda campesina individual.

¡Tal es el giro que toman las cosas, camaradas!

       El plan de Bujarin es un plan de amortiguamiento

del   ritmo   de   desarrollo   de   la   industria   y   de

 

 

 

 

 

214

quebrantamiento de las nuevas formas de la ligazón.

       Tales son nuestras disensiones.

A veces preguntan: ¿no nos habremos retrasado en cuanto al desarrollo de las nuevas formas de la ligazón, en cuanto al desarrollo de los koljoses, de los sovjoses, etc.?

Hay quien afirma que el Partido se ha retrasado dos años, por lo menos, en este asunto. Eso es falso, camaradas. Es absolutamente falso. Eso sólo pueden decirlo los vocingleros «izquierdistas», que no tienen idea de lo que es la economía de la URSS.

¿Qué significa retrasarse en este asunto? Si se

trata de haber previsto la necesidad de los koljoses y

los sovjoses, diremos que lo hicimos ya durante la

Revolución de Octubre. Que el Partido previó la

necesidad de los koljoses y sovjoses ya entonces, en

el período de la Revolución de Octubre, es cosa que

nadie puede poner en duda. Finalmente, se puede

consultar  nuestro  programa,  aprobado en  el VIII

Congreso del Partido (en marzo de 1919). En él

aparece formulada con toda claridad la necesidad de

los koljoses y sovjoses.

Pero el simple hecho de que la dirección de

nuestro Partido previese la necesidad de los koljoses

y sovjoses no bastaba para despertar y organizar un

movimiento de masas en pro de ellos. Por tanto, de lo

que se trata no es de prever, sino de realizar el plan

de la organización de koljoses y sovjoses. Mas, para

realizar   este   plan,   eran   necesarias   diversas

condiciones, que no se daban antes en nuestro país y

que no se han dado hasta estos últimos tiempos.

Ahí está la cuestión, camaradas.

Para poder llevar a la práctica el plan de un

movimiento  de  masas  en  pro  de  los  koljoses  y

sovjoses, era necesario, ante todo, que la dirección

del Partido tuviese en este aspecto el apoyo del

Partido en su conjunto. Y nuestro Partido, como se

sabe, pasa de un millón de afiliados. Por tanto, era

necesario convencer a la gran masa del Partido de

que la política de su dirección era acertada. Esto en

primer lugar.

Para ello era necesario también que entre los

campesinos se produjese un movimiento de masas en

pro   de   los   koljoses,   que   los   campesinos   no

desconfiasen de los koljoses, sino que afluyesen a

ellos por su propio impulso, convenciéndose en la

práctica de las ventajas de los koljoses sobre la

hacienda individual. Y eso es un asunto serio, que

requiere cierto tiempo. Esto en segundo lugar.

Para ello era necesario, además, que el Estado dispusiese de los medios materiales precisos para financiar  la  organización  de  los  koljoses,  para financiar los koljoses y sovjoses. Y eso suponía cientos y cientos de millones de rublos, queridos camaradas. Esto en tercer lugar.

Para ello era necesario, finalmente, un desarrollo

de la industria en grado más o menos suficiente, a fin

de proporcionar a la agricultura maquinaria agrícola,

 

 

J. V. Stalin

 

tractores, abonos, etc. Esto en cuarto lugar.

       ¿Se puede afirmar que todas estas condiciones

concurrían ya en nuestro país hace dos o tres años? No, no se puede afirmar.

No  se  debe  olvidar  que  somos  un  partido

gobernante,  y  no  un  partido  de  oposición.  Los

partidos de oposición pueden lanzar consignas -me

refiero  a  las  consignas  prácticas  cardinales  del

movimiento- para cumplirlas después de la toma del

Poder.  Nadie  puede  reprochar  a  un  partido  de

oposición que no cumpla sus consignas cardinales al

momento, pues todo el mundo comprende que no es

él quien gobierna, sino que son otros partidos.

Pero la cosa cambia por completo cuando se trata

de un partido gobernante, como lo es nuestro Partido

Bolchevique. Las consignas de un partido así no son

simples consignas de agitación, sino mucho más,

pues tienen la fuerza de decisiones prácticas, fuerza

de   ley,   de   algo   que   es   necesario   realizar

inmediatamente. Nuestro Partido no puede lanzar una

consigna práctica y luego dar largas a su realización.

Esto sería engañar a las masas. Para lanzar una

consigna  práctica,  sobre  todo  una  consigna  tan

importante como la del paso de masas de millones de

campesinos al cauce del colectivismo, es menester

que se den ya las condiciones necesarias para poder

cumplirla inmediatamente; es necesario, finalmente,

crear, organizar estas condiciones. Por eso no bastaba

con que la dirección del Partido hubiera previsto la

necesidad  de  los  koljoses  y  sovjoses.  Por  eso

necesitábamos  también las  condiciones necesarias

para    realizar,    para    llevar    a    la    práctica

inmediatamente nuestras consignas.

¿Estaba la masa de nuestro Partido dispuesta a

impulsar por todos los medios la organización de

koljoses y sovjoses hace dos o tres años, pongamos

por caso? No, entonces todavía no estaba dispuesta a

hacerlo. El viraje serio de las masas del Partido hacia

las  nuevas  formas  de  la  ligazón  no  comenzó  a

producirse hasta que se presentaron las primeras

dificultades importantes en el acopio de cereales.

Hubieron de darse estas dificultades para que la masa

del Partido advirtiese en todo su alcance la necesidad

de apresurar la creación de las nuevas formas de la

ligazón y, sobre todo, de los koljoses y sovjoses, y

apoyase resueltamente en esta empresa a su Comité

Central. Ahí tenéis una condición con la que no

contábamos antes y que ahora existe.

¿Había, hace dos o tres años, un movimiento serio

de las masas de millones de campesinos en favor de

los koljoses y de los sovjoses? No, no lo había. Todo

el  mundo  sabe  que  hace  dos  o  tres  años  los

campesinos miraban con malos ojos a los sovjoses y

despreciaban a los koljoses, viendo en ellos una

especie de inútiles «comunas». ¿Y ahora? Ahora, es

otra  cosa.  Ahora  tenemos  ya  capas  enteras  de

campesinos que ven en los sovjoses y los koljoses

una fuente de ayuda a sus haciendas en forma de

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

semillas,  de  ganado  de  raza,  de  maquinaria,  de tractores, etc. Ahora no hay más que darles máquinas y tractores, y la organización de koljoses avanzará con ritmo acelerado.

¿A qué se debe este viraje producido en ciertas capas, bastante amplias, de los campesinos? ¿Qué favoreció este viraje?

Ante todo, el desarrollo de las cooperativas y del

movimiento cooperativo. No cabe duda de que sin el

potente desarrollo de la cooperación, sobre todo de

las cooperativas agrícolas, que han abonado entre los

campesinos el terreno psicológico en sentido propicio

para los koljoses, no existiría esa inclinación hacia

los koljoses, que se manifiesta ahora en capas enteras

de la masa campesina.

También tuvo gran importancia la existencia de

koljoses   bien   organizados,   que   daban   a   los

campesinos  buenos  ejemplos  de  cómo  se  podía

mejorar  la  agricultura,  unificando  las  pequeñas

haciendas   campesinas   en   grandes   haciendas

colectivas.

Y cumplió también su papel la existencia de sovjoses  bien  organizados,  que  ayudaban  a  los campesinos a mejorar sus haciendas. No me refiero ya  a  otros  factores  que  todos  vosotros  conocéis sobradamente. Ahí tenéis otra condición con la que no contábamos antes y que ahora existe.

¿Puede afirmarse, además, que hace dos o tres

años estábamos en condiciones, de financiar en serio

los koljoses y los sovjoses, invirtiendo en ello cientos

de  millones  de rublos? No,  no  puede afirmarse.

Sabéis perfectamente que entonces escaseaban los

recursos  incluso  para  impulsar  ese  mínimo  de

industria    sin    el    cual    es    imposible    toda

industrialización; eso sin hablar ya de reestructurar la

agricultura. ¿Podíamos retirar estos recursos de la

industria, base de la industrialización del país, y

transferirlos  a  los  koljoses  y  los  sovjoses?  Es

evidente que no podíamos hacerlo. ¿Y ahora? Ahora

poseemos recursos para desarrollar los koljoses y los

sovjoses.

¿Se puede, finalmente, afirmar que hace dos o tres

años  contaba  ya  nuestra  industria  con  una  base

suficiente   para   proporcionar   a   la   agricultura

máquinas, tractores, etc. en grandes cantidades? No,

no se puede afirmar. La tarea consistía entonces en

crear una base industrial mínima para dotar a la

agricultura de máquinas y tractores en el futuro. La

creación de esta base absorbía por aquel entonces

nuestros  exiguos  recursos  financieros. ¿Y  ahora?

Ahora disponemos de esa base industrial para la

agricultura. O, cuando menos, se está creando con

ritmo acelerado.

Vemos, por tanto, que las condicionas necesarias para el desarrollo en masa de los koljoses y los sovjoses no han sido creadas en nuestro país hasta los últimos tiempos.

Así es como están las cosas, camaradas.

 

215

 

Por  eso  no  se  puede  afirmar  que  hayamos emprendido con retraso el desarrollo de las nuevas formas de la ligazón.

 

g) Bujarin como teórico

Tales  son,  en  lo  fundamental,  los  principales errores de Bujarin, teórico de la oposición derechista, en los problemas capitales de nuestra política.

Se dice que Bujarin es un teórico de nuestro

Partido. Eso es cierto, naturalmente. Pero le ocurre

que, en cuanto a teoría, no lo tiene todo en su sitio.

Basta fijarse en el cúmulo de sus errores relativos a

los puntos de la teoría y la política del Partido que

acabamos  de  examinar.  No  es  posible  que  esos

errores que se refieren a la Internacional Comunista,

a la lucha de clases, a la agudización de la lucha de

clases, al campesinado, a la Nep, a las nuevas formas

de la ligazón, no es posible que todos esos errores

sean fruto de la casualidad. No, esos errores no son

casuales. Esos errores de Bujarin responden a su

viciosa orientación teórica, a sus lagunas teóricas. Sí,

Bujarin es un teórico, pero no es un teórico marxista

a carta cabal, es un teórico que tiene todavía mucho

que aprender para ser un teórico marxista.

Se habla de la conocida carta del camarada Lenin

sobre Bujarin como teórico. Veamos lo que dice esa

carta:

 

«En cuanto a los jóvenes miembros del CC -dice

Lenin-, diré algunas palabras acerca de Bujarin y de

Piatakov. Son, a mi juicio, los que más se destacan

(entre los más jóvenes), y en ellos se debería tener en

cuenta lo siguiente: Bujarin no sólo es un valiosísimo

y notable teórico del Partido, sino que, además, se le

considera  legítimamente  el  favorito  de  todo  el

Partido;   pero   sus   concepciones   teóricas   muy

difícilmente   pueden   calificarse   de   enteramente

marxistas, pues hay en él algo escolástico (jamás ha

estudiado y creo que jamás ha comprendido por

completo  la  dialéctica)»273 (Acta taquigráfica  del

Pleno de julio de 1926, fase. IV, pág. 66).

 

Es, por tanto, un teórico sin dialéctica. Un teórico

escolástico. Un teórico cuyas «concepciones teóricas

muy difícilmente pueden calificarse de enteramente

marxistas». Así define Lenin a Bujarin como teórico.

Comprenderéis,   camaradas,   que   un   teórico

semejante tiene todavía que aprender. Y si Bujarin

comprendiese que su formación como teórico no está

aún terminada, que todavía necesita aprender, que es

un teórico que aún no domina todavía la dialéctica,

cuando la dialéctica es el alma del marxismo; si

comprendiese esto, sería más modesto, con lo cual el

Partido sólo saldría ganando. Pero lo malo es que

Bujarin no peca de modesto. Lo malo es que, lejos de

pesar de modesto, se atreve incluso a dar lecciones a

 

 

273 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

 

216

nuestro maestro Lenin en buen número de problemas, sobre todo en la cuestión del Estado. Eso es lo malo de Bujarin.

Permitidme que me remita con este motivo a la

conocida discusión teórica promovida en 1916 entre

Lenin y Bujarin a propósito del Estado. Ello nos es

importante   para   que   se   vea   qué   desmedidas

pretensiones alimenta Bujarin, quien aspira a dar

lecciones a Lenin, y dónde están las raíces de sus

fallas teóricas en problemas tan importantes como la

dictadura del proletariado, la lucha de clases, etc.

Como  es  sabido,  la  revista «La  Internacional

Juvenil»274 publicó en 1916 un artículo de Bujarin,

con la firma de «Nota Bene», que, en el fondo,

atacaba al camarada Lenin. Bujarin escribía en ese

artículo:

 

«...Es completamente erróneo querer buscar las

diferencias entre los socialistas y los anarquistas en el

hecho de que los primeros sean partidarios y los

segundos  adversarios  del  Estado.  En realidad,  la

diferencia   entre   ellos   consiste   en   que   la

socialdemocracia revolucionaria pretende organizar

la   nueva   producción   social   como   producción

centralizada,   es   decir,   la   más   progresiva

técnicamente,    mientras    que    la    producción

descentralizada de los anarquistas no significaría sino

un paso atrás a la vieja técnica, a la vieja forma de

empresa...»

«...Para la socialdemocracia, que es, o por lo

menos debiera ser, la educadora de las masas, hoy

más que nunca es necesario subrayar su hostilidad de

principio  frente  al  Estado...  La  actual  guerra  ha

puesto de manifiesto lo profundas que son las raíces

de  la  concepción  estatal  en  el  espíritu  de  los

obreros».

Lenin criticó estas opiniones de Bujarin en un conocido artículo, que se publicó en 1916:

«Esto es falso. El autor plantea la cuestión de la

diferente actitud de los socialistas y los anarquistas

respecto al Estado, pero su respuesta no se refiere a

esta cuestión, sino a otra, a la de su diferente actitud

ante la base económica de la sociedad futura. Esto es,

indudablemente, muy importante y necesario. Pero

de aquí no se desprende que se pueda olvidar lo

fundamental de la diferente actitud de los socialistas

y los anarquistas ante el Estado. Los socialistas son

partidarios  de  utilizar  el  Estado  moderno  y  sus

instituciones en la lucha por la emancipación de la

clase obrera, y también defienden la necesidad de

utilizar el Estado como forma peculiar de transición

 

 

274 «La   Internacional   Juvenil» («Jugend   Internationales»):

revista,   órgano   de   la   Unión   Internacional   de   Juventudes

Socialistas; apareció en Zurich desde septiembre de 1915 hasta

mayo de 1918. De 1919 a 1941 se publicó como órgano del

Comité Ejecutivo de la Internacional Juvenil Comunista.

 

 

J. V. Stalin

 

del   capitalismo   al   socialismo.   Esa   forma   de transición, que también es Estado, es la dictadura del proletariado. Los anarquistas pretenden «abolir» el Estado, «hacerlo saltar» («sprengen»), como dice en un pasaje el camarada «Nota Bene», atribuyendo por error esta idea a los socialistas. Los socialistas -el autor cita, por desgracia de un modo demasiado incompleto, unas palabras de Engels que guardan relación con el tema- reconocen la «muerte lenta», la «extinción»  paulatina  del  Estado  después  de  la expropiación de la burguesía»...

«Para «subrayar»  la «hostilidad  de  principio»

respecto al Estado, es necesario comprenderla con

toda «claridad» y la claridad es, precisamente, lo que

le falta al autor. Y la frase sobre «las raíces de la

concepción estatal» no puede ser más confusa, no es

ni  marxista  ni  socialista.  No  es  la «concepción

estatal» la que choca con la negación del Estado, sino

la   política   oportunista                                 (es   decir,   la   actitud

oportunista, reformista, burguesa ante el Estado) la

que    choca    con    la    política    revolucionaria

socialdemócrata                                               (es   decir,        con    la    actitud revolucionaria   socialdemócrata   ante   el   Estado burgués y ante la utilización del Estado contra la burguesía, para derrocarla). Son cosas muy, muy distintas» (t. XIX, pág. 296).

 

¡Creo que está clara la cuestión, como también

está claro en qué charca semianarquista había caído

Bujarin!

Sten: Lenin no había expuesto todavía en aquel

entonces en forma amplia la necesidad de «hacer

saltar»   el   Estado.   Bujarin,   con   sus   errores

anarquistas, se acercaba a la formulación de este

problema.

Stalin: No, ahora no se trata de eso, sino de la

actitud ante el Estado en general; se trata de que,

según Bujarin, la clase obrera debe ser, por principio,

enemiga de todo Estado, comprendido el Estado de la

clase obrera.

Sten: Lenin sólo hablaba en aquel entonces de la

utilización del Estado, pero sin referirse para nada en

su crítica de Bujarin al concepto de «hacer saltar» el

Estado.

Stalin: Se equivoca usted: «hacer saltar» el Estado

no es una fórmula marxista, sino anarquista. Me

atrevo a asegurarle que de lo que en este caso se trata

es de que los obreros deben, según Bujarin (y los

anarquistas),  subrayar  su  hostilidad  de  principio

contra todo Estado y, por tanto, también contra el

Estado del período de transición, contra el Estado de

la clase obrera.

Pruebe a explicar a nuestros obreros que la clase

obrera debe mantener una hostilidad de principio

contra la dictadura proletaria, que también es un

Estado.

La posición de Bujarin, expuesta en su artículo de

«La Internacional Juvenil», niega el Estado en el

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

período de transición del capitalismo al socialismo.

       Bujarin se deja escapar una «pequeñez»: todo el

período de transición, durante el cual la clase obrera, si realmente quiere aplastar a la burguesía y edificar el  socialismo,  no  puede  prescindir  de  su  propio Estado. Esto lo primero.

Segundo: es falso que el camarada Lenin no se

refiriese, en su crítica de entonces, a la teoría de

«hacer saltar», de «abolir» el Estado en general.

Lenin no sólo se refería a esta teoría, según se ve por

las citas que acabo de mencionar, sino que la criticó

como teoría anarquista, contraponiéndole la teoría de

la creación y utilización de un Estado nuevo después

del derrocamiento de la burguesía, el Estado de la

dictadura proletaria.

Finalmente,  no  se  debe  confundir  la  teoría

anarquista de «hacer saltar» y «abolir» el Estado con

la  teoría  marxista  de  la «extinción»  del  Estado

proletario o de la «demolición», de la «destrucción»

de la máquina estatal burguesa. Hay quien propende

a confundir estas dos ideas distintas, creyendo que

son expresiones de un mismo pensamiento. Pero esto

es  falso.  Lenin  criticaba  la  teoría  anarquista  de

«hacer saltar», de «abolir» el Estado en general,

partiendo precisamente de la teoría marxista de la

«demolición» de la máquina estatal burguesa y de la

«extinción» del Estado proletario.

Tal vez no estará de más citar aquí, para mayor claridad, unas cuartillas del camarada Lenin acerca del Estado, escritas muy probablemente a fines de 1916 o a comienzos de 1917 (antes de la revolución de febrero de 1917). Este manuscrito nos permite comprobar fácilmente:

a) que, al criticar los errores semianarquistas de

Bujarin en la cuestión del Estado, Lenin arrancaba de

la  teoría  marxista  de  la «extinción»  del  Estado

proletario y de la «demolición» de la máquina estatal

burguesa,

b) que, aunque Bujarin, según la expresión de

Lenin,  estuviese «más  cerca  de  la  verdad  que

Kautsky», sin embargo, «en vez de desenmascarar a

los kautskianos, les ayuda con sus propios errores».

Dice así este manuscrito:

 

«La carta de Engels a Bebel del 18-28 de marzo de 1875 tiene una importancia excepcional para el problema del Estado.

Copio literalmente el pasaje más importante:

       «...El Estado popular libre se ha convertido en el

Estado libre. Gramaticalmente hablando, Estado libre

es un Estado que es libre respecto a sus ciudadanos,

es  decir,  un  Estado  con  un  gobierno  despótico.

Habría   que   abandonar   toda   esa   charlatanería

acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna,

que no era ya un Estado en el verdadero sentido de

la palabra. Los anarquistas nos han echado en cara

más de la cuenta eso del «Estado popular», a pesar de

que ya la obra de Marx contra Proudhon, y luego el

 

217

 

«Manifiesto Comunista», dicen claramente que, con

la  implantación  del  régimen  social  socialista,  el

Estado se disolverá por sí mismo (sich auflöst) y

desaparecerá.  Siendo  el  Estado  una  institución

meramente transitoria, que se utiliza en la lucha, en

la revolución, para someter por la violencia a los

adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular

libre: mientras el proletariado necesite (subrayado

por Engels) todavía del Estado, no lo necesitará en

interés  de  la  libertad,  sino  para  someter  a  sus

adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de

libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por eso

nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la

palabra Estado (subrayado por Engels), la palabra

«Comunidad» (Gemeinwesen), una buena y antigua

palabra alemana, que equivale a la palabra francesa

«Commune».

Este es, quizás, el pasaje más destacado y, sin duda alguna, el más duro, por decirlo así, «contra el Estado», de Marx y Engels.

(1) «Hay que abandonar toda esa charlatanería acerca del Estado».

(2) «La Comuna no era ya un Estado, en el verdadero sentido de la palabra» (¿qué era, pues? ¡una forma de transición del Estado al no Estado, evidentemente!).

(3) Los anarquistas nos han «echado en cara»

bastante (in   die   Zâhne   geworfen;   literalmente:

restregado las narices), eso del «Estado popular» (o

sea, que a Marx y Engels les avergonzaba este error

manifiesto de sus amigos alemanes; sin embargo,

pensaban -y en las circunstancias de entonces tenían,

claro, razón- que ese error era incomparablemente

menos grave que el de los anarquistas. ¡¡NB esto!!).

(4) El Estado «se descompone («se disuelve») por sí mismo (Nota Bene) y desaparece»... (comparad más adelante: «se extingue») «con la implantación del régimen social socialista»...

(5) El Estado es una «institución transitoria», necesaria «en la lucha, en la revolución»... (necesaria para el proletariado, se entiende)...

(6) El Estado se necesita no para la libertad, sino

para someter (Niederhaltung no significa, hablando

con exactitud, someter, sino impedir la restauración,

mantener    sumisos)    a    los    adversarios    del

proletariado.

(7) Cuando haya libertad, no habrá Estado.

(8) «Nosotros»                                                (o   sea,   Engels   y   Marx)

propondríamos decir «siempre» (en el programa), en

vez  de «Estado», «Comunidad» (Gemeinwesen)

¡¡¡«Commune»!!!

De   ahí   se   desprende   hasta  qué   punto   han vulgarizado y adulterado a Marx y Engels, no sólo los oportunistas, sino también Kautsky.

¡¡Los oportunistas no han comprendido ni una sola de estas 8 riquísimas ideas!!

Han tomado solamente las necesidades prácticas

del presente: utilizar la lucha política, utilizar el

 

 

 

 

 

218

Estado actual para instruir y educar al proletariado,

para «arrancar concesiones». Esto es exacto (contra

los anarquistas), pero no es todavía más que 1/100 de

marxismo, si cabe emplear un término aritmético.

En su obra de propagandista y en su labor toda de

publicista, Kautsky ha ocultado totalmente (¿o ha

olvidado? ¿o no ha comprendido?) los puntos 1, 2, 5,

6, 7, 8 y el «Zerbrechen» de que, habla Marx (en su

polémica con Pannekoek en 1912 ó 1913 (v. más

abajo,  págs. 45-47),  Kautsky  ha  caído  ya  por

completo en el oportunismo al tratar esta cuestión).

De los anarquistas nos distingue (a) la utilización del  Estado  ahora  y (b)  durante  la  revolución proletaria («dictadura del proletariado»), puntos de la mayor importancia práctica, en este mismo momento. (¡Y es esto lo que olvidó Bujarin!)

De  los  oportunistas,  verdades  más  profundas, «más eternas" sobre (aa) el carácter «temporal» del Estado, (bb) el daño de las «charlatanerías» acerca de ese carácter ahora, (cc) el carácter de la dictadura del proletariado, que no tiene enteramente el carácter de Estado, (dd) la contradicción entre el Estado y la libertad, (ee)   la   mayor   exactitud   de   la   idea (concepción, término programático) de «comunidad» en vez de Estado, (ff) la «destrucción» (Zerbrechen) de la máquina burocrático-militar.

No hay que olvidar tampoco que la dictadura del proletariado    la    impugnan    directamente    los oportunistas  declarados  de  Alemania (Bernstein, Kolb, etc.), e indirectamente el programa oficial y Kautsky, al silenciarla en su propaganda diaria y al tolerar a renegados como Kolb y Cía.

A Bujarin se le escribió en agosto de 1916: «deja que terminen de madurar tus ideas sobre el Estado». Pero él, sin dejarlas madurar, se lanzó a la prensa como «Nota Bene» y lo hizo de tal modo que, en vez de desenmascarar a los kautskianos, ¡¡les ayudó con sus propios errores!! Aunque, en el fondo, Bujarin está más cerca de la verdad que Kautsky».

Tal es la breve historia de esta polémica teórica sobre el Estado.

Parece que la cosa está clara: Bujarin cometió

errores semianarquistas: es tiempo de corregir estos

errores y seguir en adelante las enseñanzas de Lenin.

Pero así sólo pueden pensar los leninistas. Según

resulta, Bujarin no es de este parecer. Afirma lo

contrario: que quien incurrió en error no es él, sino

Lenin; que no es él quien siguió o tiene que seguir las

enseñanzas de Lenin, sino, al contrario, fue Lenin

quien hubo de seguir las enseñanzas de Bujarin.

¿Os  parece  inverosímil,  camaradas?  Entonces,

seguid  escuchando.  Después  de  esta  polémica,

sostenida en 1916, al cabo de nueve años, durante los

cuales Bujarin guardó silencio, al año de la muerte

de Lenin, precisamente en 1925, Bujarin publicó en

la recopilación de trabajos titulada «La revolución

del Derecho», un artículo «Aportación a la teoría del

 

 

J. V. Stalin

 

Estado imperialista», no aceptado en tiempos por la redacción  de «Sbórnik  Sotsial-Demokrata»275 (es decir,  por  Lenin).  En  una  nota  de  este  artículo Bujarin declara abiertamente que en esta polémica quien tenía la razón era él, y no Lenin. Podrá parecer inverosímil, pero es un hecho, camaradas.

Escuchad lo que dice esa nota:

«A este artículo, publicado en «La Internacional Juvenil», V. I. (es decir, Lenin) replicó con un suelto. El lector advertirá fácilmente que yo no incurría en el error   que   se   me   achacaba,   pues   comprendía claramente   la   necesidad   de   la   dictadura   del proletariado; y, de otra parte, leyendo el suelto de Ilich, se ve que, por aquel entonces, él mantenía una posición falsa ante la tesis de «hacer saltar» el Estado        (el          Estado    burgués,    se    entiende),

confundiendo este problema con el de la extinción de

la dictadura del proletariado276. Tal vez yo hubiera

debido  desarrollar  más  entonces  el  tema  de  la

dictadura. Pero, para descargo mío, diré que por

aquel  entonces  estaba  tan  extendida  la  epidemia

socialdemocrática   de   ensalzamiento   del   Estado

burgués, que era natural que yo concentrase toda la

atención  en  el  problema  de  hacer  saltar  esta

máquina.

Cuando volví de Norteamérica a Rusia y vi a

Nadiezhda Konstantínovna (en nuestro VI Congreso,

celebrado en la clandestinidad, cuando V. r. estaba

oculto), sus primeras palabras fueron éstas: «V. I. me

encarga que le diga que ahora ya no discrepa de usted

en cuanto al problema del Estado». Estudiando el

problema,   Ilich   había   llegado   a   las   mismas

conclusiones277 respecto a la idea de «hacer saltar» el

Estado; pero él desarrolló este tema y luego el de la

dictadura de tal modo, que sentó toda una época en la

evolución del pensamiento teórico en este sentido».

 

Así escribe Bujarin de Lenin al año de la muerte de éste.

¡Ahí tenéis un botón de muestra de la fatuidad verdaderamente hipertrofiada de un teórico que tiene todavía mucho que aprender!

Es muy posible que, efectivamente, Nadiezhda Konstantínovna dijese a Bujarin algo de lo que éste escribe. Pero ¿qué se deduce de ello? Se deduce simplemente que Lenin tenía ciertas razones para pensar  que  Bujarin  había  renunciado  o  estaba dispuesto a renunciar a sus errores. Nada más. Pero Bujarin lo interpretó de otro modo. Y decidió que en adelante el creador, o por lo menos el inspirador, de la   teoría   marxista   del   Estado   no   debía   ser considerado Lenin, sino él, Bujarin.

 

 

275                                                                     «Sbórnik    Sotsial-Demokrata»      («Recopilación        del Socialdemócrata»); lo editó el CC del POSDR en 1916 bajo la dirección inmediata de V. I. Lenin.

276 Subrayado por mí. J. St.

277 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

Hasta hoy nos habíamos considerado y seguimos

considerándonos leninistas. Pero ahora resulta que

tanto Lenin como nosotros, sus discípulos, somos

bujarinistas. Resulta un poco ridículo, camaradas.

Pero ¿qué queréis? Así ocurre cuando tenemos que

habérnoslas   con   esa   desmesurada   fatuidad   de

Bujarin.

Podría, tal vez, pensarse que Bujarin cometió un

lapsus  en  la  nota  al  artículo  a  que  hacíamos

referencia, que dijo una necedad y luego se olvidó de

ella. Pero ocurre que no es así. Resulta que Bujarin

hablaba completamente en serio. A esa conclusión se

llega, entre otras cosas, porque la afirmación hecha

en esa nota acerca de los errores de Lenin y la razón

de Bujarin fue repetida no hace mucho, en 1927, es

decir, a los dos años de su primer ataque contra

Lenin, en la semblanza biográfica que de Bujarin

hizo Maretski, sin que a Bujarin se le ocurriese

siquiera protestar de ese... atrevimiento de Maretski.

Es evidente que el ataque de Bujarin contra Lenin no

puede atribuirse al azar.

Resulta, pues, que quien tiene razón es Bujarin, y no Lenin, y de que el inspirador de la teoría marxista del Estado no es Lenin, sino Bujarin.

Tal   es,   camaradas,   el   panorama   de   las

adulteraciones teóricas y las pretensiones teóricas de

Bujarin.

¡Y después de todo eso, este hombre se atreve a decir aquí, en su discurso, que en la posición teórica de nuestro Partido hay «algo podrido», que en la posición  teórica  de  nuestro  Partido  existe  una desviación hacia el trotskismo!

¡Y eso lo dice el mismo Bujarin que incurre (y

que ha incurrido en el pasado) en numerosos y crasos

errores teóricos y prácticos, el mismo Bujarin que

hasta hace poco tenía por maestro a Trotski y que

todavía ayer buscaba el bloque con los trotskistas

contra los leninistas y corría hacia ellos por la puerta

falsa!

¿No es ridículo todo esto, camaradas?

 

V. Cuestiones de la dirección del partido

Hemos  enumerado,  pues,  todas  las  cuestiones

principales de nuestras discrepancias, tanto en la

teoría  como  en  la  política  aplicada  por  nuestro

Partido   en   los   problemas   de   la   Internacional

Comunista y en los de orden interior. De lo dicho se

desprende  que  la  afirmación  de  Rykov  de  que

tenemos una sola línea no corresponde a los hechos.

De lo dicho se desprende que, en realidad, tenemos

dos líneas. Una es la línea general del Partido, la

línea revolucionaria y leninista de nuestro Partido. La

otra es la línea del grupo de Bujarin. Esta segunda

línea no está aún completamente definida, en parte

porque  dentro  del  grupo  de  Bujarin  reina  una

confusión inconcebible de ideas, y en parte porque,

debido a lo débil que es, a su poco peso dentro del

Partido, procura disfrazarse de distintos modos. Pero,

 

219

 

a pesar de todo, esta línea existe, según veis, y existe

como línea diferente de la línea del Partido, como

línea que se contrapone a la línea general del Partido

en casi todas las cuestiones de nuestra política. Esta

segunda línea es una línea de desviación derechista.

Pasemos ahora a las cuestiones de la dirección del Partido.

 

a) El fraccionalismo del grupo de Bujarin

Bujarin  decía  que  en  nuestro  Partido  no  hay oposición, que su grupo no es oposición. Eso no es cierto,  camaradas.  Los  debates  del  Pleno  han revelado palmariamente que el grupo de Bujarin es una nueva oposición. La labor oposicionista de ese grupo consiste en que trata de revisar la línea del Partido y abona el terreno para sustituirla por otra línea, por la línea de la oposición, que no puede ser sino una línea de desviación derechista.

Bujarin decía que ellos tres no constituyen un

grupo fraccionalista. Eso no es cierto, camaradas. El

grupo de Bujarin contiene todos los elementos del

fraccionalismo. Hay plataforma, hay exclusivismo

fraccionalista, hay política de dimisiones, hay lucha

organizada contra el CC. ¿Qué más quieren aún?

¿Para qué ocultar la verdad del fraccionalismo del

grupo de Bujarin, cuando es una cosa evidente? Para

eso se ha reunido el Pleno del CC y de la CCC., para

que se diga aquí toda la verdad acerca de nuestras

discrepancias. Y la verdad es que el grupo de Bujarin

constituye   un   grupo   fraccionalista.   Y   no   es

simplemente un grupo fraccionalista; yo diría que es

el grupo fraccionalista más enojoso y más mezquino

de todos los que hubo en nuestro Partido.

Así nos lo dice aunque sólo sea el hecho de que

ahora   trata   de   aprovechar   para   sus   móviles

fraccionalistas una pequeñez tan minúscula como los

desórdenes  de  Adzharia.  En  efecto, ¿qué  es  esa

titulada «insurrección» de Adzharía si se la compara

con la de Cronstadt, por ejemplo? Creo que, si las

comparamos, la titulada «insurrección» de Adzharía

no es siquiera una gota en el mar. ¿Hubo casos en

que los trotskistas o los zinovievistas procuraran

aprovechar el importante levantamiento de Cronstadt

en contra del CC, en contra del Partido? Debemos

reconocer, camaradas, que no hubo tales casos. Al

contrario,  los  grupos  oposicionistas  existentes  en

nuestro  Partido  en  el  período  de  ese  importante

levantamiento, ayudaron al Partido a sofocarlo, sin

atreverse a aprovecharlo contra el Partido.

¿Y qué hace ahora el grupo de Bujarin? Habéis

tenido  ocasión  de  convenceros  de  que  trata  de

aprovechar en contra del Partido de la manera más

mezquina   y   más   indecente,   esa   microscópica

«insurrección»  de  Adzharia. ¿Qué  es  eso  sino

ceguera fraccionalista y mezquindad fraccionalista

llevadas al colmo?

Se nos pide, por lo visto, que no se produzcan

alteraciones en las regiones periféricas, que limitan

 

 

 

 

 

220

con Estados capitalistas. Se nos pide, por lo visto,

una  política  que  satisfaga  a  todas  las  clases  de

nuestra  sociedad,  a  ricos  y  pobres,  a  obreros  y

capitalistas. Se nos pide, por lo visto, que no haya en

nuestro  país  elementos  descontentos. ¿No  habrán

perdido  el  juicio  estos  camaradas  del  grupo  de

Bujarin?

¿Cómo es posible pedir de nosotros, los hombres

de la dictadura del proletariado, que mantienen la

lucha con el mundo capitalista lo mismo dentro que

fuera de nuestro país, cómo es posible pedir que no

haya en el país descontentos y que no se produzcan

jamás  desórdenes  en  algunas  regiones  periféricas

limítrofes con Estados que nos son hostiles? ¿Para

qué existe entonces el cerco capitalista, si no es para

que el capital internacional concentre sus esfuerzos

en la organización de actos contra el Poder Soviético

en las zonas fronterizas, a cargo de los elementos

descontentos  que  haya  en  nuestro  país? ¿Quién

puede, fuera de los vacuos liberales, exigir tal cosa

de  nosotros? ¿No  se  ve  claro,  acaso,  que  la

mezquindad fraccional es capaz de llevar a veces a la

gente hasta una ceguera y una cerrazón propias de

liberales?

 

b) La lealtad y la dirección colectiva

Afirmaba Rykov aquí que Bujarin es uno de los militantes más «intachables» y «leales» en su actitud hacia el CC de nuestro Partido.

Permítaseme que lo ponga en duda. Nosotros no podemos creer a Rykov de palabra. Pedimos hechos, que es lo que Rykov no puede proporcionar.

Tomemos,  por  ejemplo,  un  hecho  como  las negociaciones entre telones de Bujarin con el grupo de Kámenev, ligado con los trotskistas, acerca de la organización  de  un  bloque  fraccionalista,  de  la modificación de la política del CC, de cambios en el Buró Político, del aprovechamiento de la crisis de los acopios de cereales para actuar contra el CC. ¿Dónde está,  preguntamos,  la «lealtad»   de   Bujarin,   lo «intachable» de su actitud hacia su CC?

¿No es eso, por el contrario, la infracción por un

miembro del Buró Político de toda lealtad hacia su

CC, hacia su Partido? Si a eso se le llama lealtad para

con el CC, ¿qué será entonces la traición a su CC?

A Bujarin le gusta hablar de lealtad, de honradez;

pero ¿por qué no intenta examinar su conducta y

preguntarse si no infringe del modo más deshonesto

los requisitos elementales de lealtad a su CC al

sostener  negociaciones  entre  bastidores  con  los

trotskistas contra el CC, traicionándole de tal modo?

Hablaba  Bujarin  aquí  de  falta  de  dirección colectiva en el CC del Partido, afirmándonos que la mayoría del Buró Político del CC no cumple los requisitos de la dirección colectiva.

Naturalmente,  nuestro  Pleno  lo  aguanta  todo.

Puede   aguantar   también   esa   desvergonzada   e

hipócrita manifestación de Bujarin. Pero hay que

 

 

J. V. Stalin

 

haber perdido de veras la vergüenza para atreverse a hablar así ante el Pleno contra la mayoría del CC.

En efecto, ¿ de qué dirección colectiva puede hablarse, si la mayoría del CC, que se ha unido al carro del Estado y lo conduce adelante poniendo en tensión todas sus fuerzas, pide al grupo de Bujarin que le ayude en esta difícil obra, y el grupo de Bujarin, lejos de ayudar a su CC, hace todo lo contrario, le interpone toda clase de obstáculos, le levanta barreras, amenaza con dimitir y se confabula con los enemigos del Partido, con los trotskistas, contra el CC de nuestro Partido?

¿Quién podrá negar, fuera de los hipócritas, que Bujarin,  que  entra  en  bloque  con  los  trotskistas contra el Partido y traiciona a su CC, no desea y no practicará la dirección colectiva en el Comité Central de nuestro Partido?

¿Quién dejará de ver, fuera de los ciegos, que si Bujarin sigue charlando, pese a todo, de dirección colectiva en el CC, al mismo tiempo que dirige los tiros  contra  la  mayoría  del  CC,  lo  hace  para enmascarar su posición de traidor?

Debe señalarse que no es la primera vez que

Bujarin  falta  a  los  postulados  elementales  de  la

lealtad y de la dirección colectiva en relación con el

CC del Partido. La historia de nuestro Partido conoce

varios ejemplos. Así, en el período de la paz de

Brest-Litovsk, en vida de Lenin, Bujarin, que se

había quedado en minoría en el problema de la paz,

acudió a los eseristas de izquierda, a unos enemigos

de   nuestro   Partido,   y   mantuvo   con   ellos

conversaciones secretas, esforzándose por ensamblar

juntos   un   bloque   contra   Lenin   y   el   CC.

Lamentablemente, no conocemos todavía278 acerca

de qué se confabuló con los eseristas de izquierda.

Sabemos, sí, que los eseristas de izquierda tenían

entonces el propósito de detener a Lenin y dar un

golpe antisoviético... Pero lo más estupendo de todo

es que Bujarin, al tiempo que acudía a los eseristas

de izquierda y conspiraba con ellos contra el CC,

seguía hablando a gritos, lo mismo que ahora, de la

necesidad de la dirección colectiva.

La historia de nuestro Partido conoce también

otros ejemplos. En vida de Lenin, contando con la

mayoría del Buró de nuestro Partido de la región de

Moscú y teniendo tras de sí al grupo de comunistas

 

278 En el período de la paz de Brest-Litvosk (1918), Bujarin y el

grupo que él dirigía de comunistas «de izquierda», de acuerdo

con   Trotski,   mantuvieron   dentro   del   Partido   una   lucha

encarnizada contra Lenin, reclamando la continuación de la

guerra, a fin de exponer la joven República Soviética, carente

aún de ejército, a los golpes del imperialismo alemán. En 1938,

en  el  proceso  del  antisoviético «bloque  de  trotskistas  y

derechistas», se comprobó que Bujarin y el grupo de comunistas

«de izquierda» que él dirigía, con Trotski y los eseristas de

izquierda,  habían  montado  un  complot  contrarrevolucionario

secreto  contra  el  Gobierno  Soviético,  con  el  propósito  de

torpedear el tratado de paz de Brest-Litovsk, detener y asesinar a

V. I. Lenin, J. V. Stalin e Y. M. Sverdlov y formar un gobierno compuesto de bujarinistas, trotskistas y eseristas de izquierda.

 

 

 

 

 

Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la URSS

 

«de izquierda», Bujarin exhortó a todos los miembros del Partido a expresar su desconfianza al CC, a no subordinarse a él y a plantear el problema de la escisión en nuestro Partido. Era en el período de la paz de Brest-Litovsk, cuando el CC había convenido ya en la necesidad de aceptar las condiciones de la paz de Brest-Litovsk.

Tales son la lealtad y la dirección colectiva de Bujarin.

Rykov hablaba aquí de la necesidad del trabajo colectivo, señalando con el dedo a la mayoría del Buró  Político  y  afirmando  que  él  y  sus amigos íntimos son partidarios del trabajo colectivo y que, por tanto, la mayoría del Buró Político es contraria al trabajo colectivo. Pero Rykov no ha expuesto ni un solo hecho que avalase sus manifestaciones.

Para disipar esta fábula de Rykov, se me permitirá

que cite unos cuantos hechos, unos cuantos ejemplos

demostrativos de cómo practica Rykov el trabajo

colectivo.

Primer ejemplo. Ya conocéis la historia del envío

de oro a Norteamérica. Muchos de vosotros pensaréis

que el oro se envió a Norteamérica por acuerdo del

Consejo de Comisarios del Pueblo, o del CC, o con el

consentimiento del CC, o con el conocimiento del

CC. Pero no es así, camaradas. El CC y el Consejo de

Comisarios del Pueblo no tienen la menor relación

con este asunto. Existe el acuerdo de que no se puede

exportar oro sin la sanción del CC. Pero el acuerdo

no fue cumplido. ¿Quién autorizó el envío? Resulta

que el oro se envió con el permiso de un adjunto de

Rykov, con el conocimiento y el acuerdo de Rykov.

¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?

Segundo ejemplo. Se refiere a las negociaciones con   uno   de  los   mayores   Bancos   privados   de Norteamérica, cuyos bienes fueron nacionalizados después de la Revolución de Octubre y que ahora pide una indemnización por los daños. El CC se enteró de que un representante de nuestro Banco del Estado mantenía negociaciones con ese Banco acerca de las condiciones de dicha indemnización.

La   satisfacción   de   las   reclamaciones   de

particulares es como sabéis, una de las cuestiones

más   importantes   relacionadas   directamente   con

nuestra  política  exterior.  Podría  parecer  que  las

negociaciones se mantenían con el visto bueno del

Consejo de Comisarios del Pueblo o del CC. Pero no

era  así,  camaradas.  El  CC  y  el  Consejo  de

Comisarios del Pueblo no tenían nada que ver con el

asunto.   Posteriormente,   al   enterarse   de   esas

negociaciones, el CC dispuso que se cortasen. Pero

queda   una   cuestión:                                     ¿quién   sancionó   esas

negociaciones? Resulta que las había sancionado un

adjunto de Rykov con el conocimiento y el acuerdo

de Rykov.

¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?

Tercer ejemplo. Se refiere al abastecimiento de

maquinaria  agrícola  a  los  kulaks  y  campesinos

 

221

 

medios. El Consejo Económico de la RSFSR, que

preside uno de los adjuntos de Rykov en la RSFSR,

dispuso disminuir el número de máquinas agrícolas

destinadas a los campesinos medios y aumentar el

número destinado a las capas superiores del campo,

es  decir,  a  los  kulaks.  Dice  así  esa  disposición

antipartido y antísoviética del Consejo Económico de

la RSFSR:

«Para  las  RSSA,  de Kazajia  y  Bashkiría,  los

territorios de Siberia y del Bajo Volga y las regiones

del Volga Medio y de los Urales, los porcentajes de

venta de maquinaria y aperos agrícolas señalados en

el presente punto se elevan al 20% para las capas

superiores de la aldea y se rebajan al 30% para las

capas medias».

 

¿Qué os parece? El Consejo Económico de la

RSFSR,  en  un  período  de  intensa  ofensiva  del

Partido contra los kulaks y de organización de las

masas de campesinos pobres y medios contra los

kulaks,  acuerda  rebajar  la  norma  de  venta  de

maquinaria a los campesinos medios y elevar la

norma de venta a las capas superiores de la aldea.

¡Y  eso  se llama  política  leninista, comunista! Posteriormente, cuando el CC se enteró del caso, anuló  la  decisión  del  Consejo  Económico.  Pero ¿quién sancionó esta disposición antisoviética? La sancionó  uno  de  los  adjuntos  de  Rykov,  con  el conocimiento y el acuerdo de Rykov.

¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?

Me parece que bastan estos ejemplos para mostrar cómo practican el trabajo colectivo Rykov y sus adjuntos.

 

c) La lucha contra la desviación de derecha

Bujarin hablaba de la «ejecución civil» de tres

miembros del Buró Político, con quienes, según sus

palabras, «se metían» las organizaciones de nuestro

Partido. Ha dicho que el Partido había decretado la

«ejecución civil» de tres miembros del Buró Político,

Bujarin, Rykov y Tomski, criticando sus errores en la

prensa y en asambleas, mientras ellos, estos tres

miembros del Buró Político, se veían «obligados» a

callar.

Todo esto son estupideces, camaradas. Estas son

falsedades de un comunista liberalizante, que intenta

debilitar al Partido en su lucha contra la desviación

derechista. Según Bujarin, si él y sus amigos se

hunden en los errores de una desviación derechista,

el Partido no es quién para desenmascarar estos

errores y debe cesar la lucha contra la desviación

derechista en espera de que a Bujarin y a sus amigos

se les antoje rectificarlos.

¿No nos pedirá Bujarin demasiado? ¿Cree, acaso,

que el Partido existe para él, y no él para el Partido?

¿Quién le obliga a callar, a cruzarse de brazos cuando

el Partido entero está movilizado contra la desviación

 

 

 

 

 

222

derechista y desencadena ataques resueltos contra las

dificultades? ¿Por qué Bujarin y sus amigos íntimos

no intervienen ahora y no emprenden una lucha

decidida contra la desviación derechista y contra la

actitud conciliadora hacia ella? ¿Puede nadie dudar

de que el Partido vería con agrado que Bujarin y sus

amigos íntimos se decidiesen a dar este paso, que no

es tan difícil? ¿Por qué no se deciden a dar este paso,

que es, en fin de cuentas, una obligación para ellos?

¿No será porque los intereses de su grupo están, para

ellos, por encima de los intereses del Partido y de su

línea general? ¿Quién tiene la culpa de que Bujarin,

Rykov y Tomski brillen por su ausencia en la lucha

contra la desviación de derecha? ¿No es evidente que

esa charlatanería acerca de la «ejecución civil» de

tres miembros del Buró Político no es sino un intento

mal disfrazado de estos tres miembros del Buró

Político de obligar al Partido a callar y a suspender la

lucha contra la desviación derechista?

La lucha contra la desviación derechista no se

puede considerar una tarea secundaria de nuestro

Partido; la lucha contra la desviación derechista es

una de las tareas decisivas de nuestro Partido. Si en

nuestro  propio  seno,  dentro  de  nuestro  propio

Partido, en el Estado Mayor político del proletariado,

que  dirige  el  movimiento  y  lleva  adelante  al

proletariado; si en el seno de ese Estado Mayor

permitiésemos la libre existencia y la libre actuación

de  los  desviacionistas  de  derecha,  que  intentan

desmovilizar al Partido, descomponer la clase obrera,

adaptar nuestra política al gusto de la burguesía

«soviética»  y  capitular,  de  este  modo,  ante  las

dificultades de nuestra obra de edificación socialista;

si permitiésemos todo esto, ¿qué significaría? ¿No

significaría que acabábamos paulatinamente con la

revolución, que descomponíamos nuestra obra de

edificación socialista, rehuíamos las dificultades y

abandonábamos   las   posiciones   a   los   elementos

capitalistas?

¿Comprende el grupo de Bujarin que renunciar a la lucha contra la desviación derechista equivale a traicionar   a   la   clase   obrera,   a   traicionar   la revolución?

¿Comprende el grupo de Bujarin que, sin derrotar a la desviación derechista y la actitud conciliadora hacia ella, es imposible vencer las dificultades que se alzan  ante  nosotros,  y  que,  sin  vencer  estas dificultades, jamás podremos lograr éxitos decisivos en la edificación del socialismo?

¿Qué vale, después de todo esto, esa lamentable frase de la «ejecución civil» de tres miembros del Buró Político?

No, camaradas, los bujarinistas no asustarán al

Partido   con   esas   charlatanerías   liberales   de

«ejecuciones civiles». El Partido exige de ellos una

lucha  resuelta  contra  la  desviación  derechista  y

contra la actitud conciliadora hacia ella, hombro con

hombro con todos los miembros del CC de nuestro

 

 

J. V. Stalin

 

Partido. Y exige esto del grupo de Bujarin para facilitar la movilización de la clase obrera, romper la resistencia de los enemigos de clase y organizar la lucha  enérgica  contra  las  dificultades  con  que tropieza nuestra edificación socialista.

O los bujarinistas cumplen esta condición del Partido, que, en tal caso, los recibirá con los brazos abiertos, o no la cumplen, y entonces habrán de atenerse a las consecuencias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

E  TOR O A LAS CUESTIO ES DE LA POLÍTICA AGRARIA DE LA URSS

 

 

 

Discurso   en   la   Conferencia   de   especialistas agrarios marxistas

27 de diciembre de 1929279

 

Camaradas: El hecho principal de nuestra vida económica y social en el momento presente, y que a todos llama la atención, es el gigantesco desarrollo del movimiento koljosiano.

El   rasgo   distintivo   del   actual   movimiento

koljosiano estriba en que a los koljoses no afluyen

sólo grupos sueltos de campesinos pobres, como

ocurría  hasta  ahora,  sino  también  las  masas  de

campesinos  medios.  Esto  quiere  decir  que  el

movimiento   koljosiano,   que   antes   abarcaba

únicamente algunos grupos y capas de trabajadores

campesinos, se ha convertido en un movimiento de

millones y millones de campesinos, de las masas

fundamentales campesinas. Eso, entre otras cosas, es

lo   que   explica   el   hecho   extraordinariamente

importante   de   que   el   movimiento   koljosiano,

transformado en creciente y poderoso alud contra los

kulaks, barra a su paso la resistencia del kulak, acabe

con el kulakismo y abra el camino para una amplia

obra de edificación socialista en el campo.

Pero, si tenemos razones para enorgullecernos de

los  éxitos  prácticos  logrados  en  la  edificación

socialista, no podemos decir lo mismo en cuanto a

los éxitos de nuestra labor teórica por lo que se

refiere a la economía en general, y a la agricultura en

particular. Lejos de ello, hay que reconocer que

nuestra   teoría   va   retrasada   de   nuestros   éxitos

prácticos, que existe cierta disparidad entro los éxitos

prácticos y el desarrollo de la teoría. Y, sin embargo,

es necesario que la labor teórica no sólo no se quede

atrás de la práctica, sino que se adelante a ella,

pertrechando a nuestros trabajadores prácticos en su

lucha por el triunfo del socialismo.

No voy a detenerme a demostrar la importancia de

la teoría. Vosotros la conocéis de sobra. Es sabido

que  la  teoría,  cuando  lo  es  de  veras,  da  a  los

trabajadores  prácticos  capacidad  de  orientación,

 

 

279 La Conferencia de especialistas agrarios marxistas, convocada por  la  Academia  Comunista  aneja  al  CEC  de  la  URSS, transcurrió del 20 al 27 de diciembre de 1929. J. V. Stalin pronunció su discurso «En torno a las cuestiones de la política agraria de la URSS» el 27 de diciembre, en la reunión plenaria de clausura de la Conferencia.

 

 

claridad de perspectivas, seguridad en el trabajo, fe en el triunfo de nuestra causa. Y todo ello tiene -y no puede   ser   de   otra   manera-   una   importancia formidable   para   nuestra   obra   de   edificación socialista. Lo malo es que empezamos a flaquear precisamente en este terreno, en el estudio teórico de las cuestiones de nuestra economía.

¿Cómo, si no, se explica que en nuestro país, en

nuestra vida política y social, sigan circulando aún

diversas teorías burguesas y pequeñoburguesas en

torno a las cuestiones de nuestra economía? ¿Cómo

se explica que estas teorías de mayor o menor vuelo

no hayan encontrado hasta ahora la réplica adecuada?

¿Cómo se explica que comiencen a ser relegadas al

olvido, que no se popularicen en nuestra prensa, que

no se destaquen a primer plano, no se sabe por qué,

algunas tesis fundamentales de la economía política

marxista-leninista, que san el antídoto más eficaz

contra esas teorías burguesas y pequeñoburguesas?

¿Acaso es difícil comprender que, sin una lucha

implacable contra las teorías burguesas, sostenida

sobre  la  base  de  la  teoría  marxista-leninista,  es

imposible el triunfo completo sobre los enemigos de

clase?

La nueva experiencia práctica suscita un nuevo

modo de abordar los problemas de la economía del

período de transición. De un modo nuevo se plantean

ahora las cuestiones de la Nep, de las clases, del

ritmo de la edificación, de la ligazón de los obreros y

los campesinos de la política del Partido. Y para no

quedarse atrás de la experiencia práctica, hay que

preocuparse ahora mismo de estudiar todos estos

problemas  desde  el  punto  de  vista  de  la  nueva

situación. De otra manera será imposible acabar con

esas  teorías  burguesas,  que  ofuscan  a  nuestros

trabajadores prácticos. De otra manera será imposible

extirpar esas teorías, que adquieren la solidez de

prejuicios, pues sólo luchando contra los prejuicios

burgueses  en  el  terreno  de  la  teoría  podremos

fortalecer las posiciones del marxismo-leninismo.

Permitidme  que  pase  a  examinar  los  rasgos característicos  siquiera  sea  de  algunos  de  esos prejuicios  burgueses  que  ostentan  el  nombre  de teorías, y demostrar su inconsistencia al tiempo que esclarecemos algunos de los problemas cardinales de nuestra edificación.

 

 

 

 

 

224

I. La teoría del «equilibrio»

Sabréis,  sin  duda  alguna,  que  a  estas  alturas

todavía circula entre los comunistas la llamada teoría

del "equilibrio» de los sectores de nuestra economía

nacional. Esta teoría no tiene, naturalmente, nada de

común con el marxismo. Sin embargo, la propagan

algunos individuos del campo de los desviacionistas

de derecha.

Según esa teoría, tenemos ante todo un sector

socialista, que forma una especie de compartimento,

y,  además,  un  sector  no  socialista,  capitalista  si

queréis, que forma otro compartimento diferente.

Ambos  compartimentos  se  deslizan  por  carriles

distintos  y  avanzan  tranquilamente,  sin  rozarse

siquiera.  La  geometría  nos  dice  que  dos  líneas

paralelas no se encuentran nunca. Pero los autores de

esta magnifica teoría entienden que esos sectores

paralelos llegarán a reunirse un día, y que el día en

que se reúnan advendrá en nuestro país el socialismo.

Esa teoría no tiene en cuenta que detrás de tales

«compartimentos»   están   las   clases,   y   que   los

«compartimentos» en cuestión avanzan en medio de

una furiosa lucha de clases, de una lucha a vida o

muerte,  de  urna  lucha  bajo  el  signo  de «quién

vencerá a quién».

No es difícil comprender que esa teoría no tiene nada  de  común  con  el  leninismo.  No  es  difícil comprender que, objetivamente, esa teoría se marca la finalidad de defender las posiciones de la hacienda campesina   individual,   de   proporcionar   a   los elementos kulaks una «nueva» arma teórica en su lucha  contra  los  koljoses  y  de  desacreditar  las posiciones de los koljoses.

Y,  sin  embargo,  esa  teoría  sigue  hasta  hoy circulando en nuestra prensa. Y no se puede decir que nuestros teóricos la hayan combatido en serio, ni mucho   menos   que   le   hayan   asestado   golpes demoledores. ¿Cómo se explica esta incongruencia, si no es por el atraso de nuestra teoría?

Bastaría, sin embargo, con sacar del arsenal del

marxismo   la   teoría   de   la   reproducción   y

contraponerla  a  esa  teoría  del  equilibrio  de  los

sectores, para que no quedase de esta última piedra

sobre piedra. En efecto, la teoría marxista de la

reproducción nos enseña que la sociedad moderna no

puede desarrollarse sin acumular año tras año, y para

poder   acumular   no   hay   más   camino   que   la

reproducción ampliada de año en año. Esto es claro y

comprensible.   Nuestra   gran   industria   socialista

centralizada se desarrolla según la teoría marxista de

la reproducción ampliada, pues su volumen crece

todos los años, tiene sus acumulaciones y avanza a

pasos de siete leguas.

Pero nuestra gran industria no es toda la economía

nacional. Al contrario: en nuestra economía nacional

sigue   predominando   aún   la   pequeña   hacienda

campesina. ¿Se puede afirmar que nuestra pequeña

hacienda campesina se rige, en su desarrollo, por el

 

 

J. V. Stalin

 

principio de la reproducción ampliada? No, no puede

afirmarse.  Nuestra  pequeña  hacienda  campesina,

lejos de ajustarse, en su conjunto, a la reproducción

ampliada de año en año, experimenta lo contrario,

pues es muy raro que pueda incluso llegar a la

reproducción simple. ¿Se puede impulsar con ritmo

acelerado nuestra industria socializada, teniendo una

base agrícola como la pequeña hacienda campesina,

incapaz de la reproducción ampliada y que, por si

fuera poco, es la fuerza predominante de nuestra

economía nacional? No, no es posible. ¿Se podría,

durante un período más o menos largo, asentar el

Poder Soviético y la edificación socialista sobre esas

dos bases distintas: sobre la base de la industria

socialista, la más grande y concentrada, y sobre la

base de la pequeña economía mercantil campesina, la

más dispersa y atrasada? No, esto no sería posible.

Tarde o temprano conducirla necesariamente a un

total derrumbamiento de toda la economía nacional.

¿Dónde está, pues, la solución? La solución está en  ampliar  las  haciendas  agrícolas,  en  hacer  la agricultura   apta   para   la   acumulación,   para   la reproducción ampliada, transformando de este modo la base agrícola de la economía nacional.

Pero ¿cómo conseguirlo?

Para  ello  hay  dos  caminos.  Existe  el  camino

capitalista,  que  consiste  en  ampliar  mediante  su

fusión las haciendas agrícolas implantando en ellas el

capitalismo, lo cual implica el empobrecimiento del

campesino y el desarrollo de empresas capitalistas en

la  agricultura.  Nosotros  rechazamos  ese  método

como incompatible con la economía soviética.

Pero hay otro camino, el camino socialista, el cual consiste en organizar en la agricultura los koljoses y sovjoses  y  que  conduce  a  la  agrupación  de  las pequeñas   haciendas   campesinas   en   grandes haciendas colectivas, equipadas con los elementos de la  técnica  y  la  ciencia  y  capaces  de  seguir progresando,   puesto   que   pueden   ejercer   la reproducción ampliada.

Por tanto, la cuestión está planteada así: o un camino, u otro; o marchamos hacia atrás, hacia el capitalismo, o hacia adelante, hacia el socialismo. No hay ni puede haber un tercer camino.

La teoría del «equilibrio» es el intento de trazar un tercer camino. Precisamente por eso, porque basa sus cálculos en ese (inexistente) tercer camino, es una teoría utópica y antimarxista.

Como veis, bastaba contraponer la teoría de Marx sobre la reproducción a la teoría del «equilibrio» de los sectores, para que no quedase de esta última piedra sobre piedra.

¿Por  qué  no  lo  hacen  nuestros  especialistas agrarios marxistas? ¿A quién puede beneficiar que esa ridícula teoría del «equilibrio» siga circulando en nuestra prensa y, en cambio, permanezca archivada la teoría marxista de la reproducción?

 

 

 

 

 

En torno a la cuestión de la política agraria de la URSS

 

II.  La  teoría  de  la «espontaneidad»  en  la edificación socialista

Pasemos   a   examinar   el   segundo   prejuicio arraigado en la economía política, la segunda teoría de  tipo  burgués.  Me  refiero  a  la  teoría  de  la «espontaneidad» en la edificación socialista, teoría que nada tiene que ver con el marxismo y que, sin embargo, propagan celosamente nuestros camaradas del campo derechista.

Los autores de esta teoría afirman, sobre poco

más o menos, lo siguiente: en nuestro país existía el

capitalismo, la industria se desarrollaba sobre una

base capitalista, y el campo marchaba detrás de la

ciudad capitalista de un modo espontáneo, de por sí,

transformándose a imagen y semejanza de la ciudad

capitalista. Pues bien, si bajo el capitalismo ocurría

así, ¿por qué no ha de ocurrir lo mismo con la

economía soviética? ¿Por qué el campo, la pequeña

hacienda                                                            campesina,       no    puede    marchar

espontáneamente   tras   de   la   ciudad   socialista,

transformándose también espontáneamente a imagen

y semejanza de ella? Los autores de esta teoría

afirman,  apoyándose  en  este  argumento,  que  el

campo puede marchar tras de la ciudad socialista de

un modo espontáneo. De ahí la pregunta: ¿merece la

pena preocuparse tanto de la creación de sovjoses y

koljoses?, ¿merece la pena que rompamos lanzas por

ello,  si  el  campo  puede,  sin  necesidad  de  más,

marchar tras de la ciudad socialista?

Ahí  tenéis  otra  teoría  que,  objetivamente,  se propone   colocar   en   manos   de   los   elementos capitalistas del campo una nueva arma para su lucha contra los koljoses.

El fondo antimarxista de esa teoría no deja lugar a dudas.

¿No es extraño que nuestros teóricos no hayan

encontrado aún, a estas alturas, tiempo para demoler

tan   peregrina   teoría,   que   ofusca   a   nuestros

trabajadores prácticos del movimiento koljosiano?

El papel dirigente de la ciudad socialista respecto al  campo  individualista,  en  el  que  prevalece  la pequeña hacienda campesina, es, sin duda, grande e inestimable. En ello, precisamente, se basa el papel transformador  de  la  industria  con  relación  a  la agricultura. Pero ¿acaso basta eso para que el campo, con su pequeña hacienda campesina, marche por propio impulso tras de la ciudad por el cauce de la edificación socialista? No, no basta.

Bajo    el    capitalismo,    el    campo    seguía

espontáneamente a la ciudad, porque la economía

capitalista  de  la  ciudad  y  la  pequeña  economía

mercantil del campesino individual son, en el fondo,

un solo tipo de economía. Naturalmente, la pequeña

economía mercantil del campesino no es aún una

economía capitalista. Pero, en el fondo, es el mismo

tipo de economía que el capitalismo, puesto que se

apoya en la propiedad privada sobre los medios de

producción. Lenin tiene mil veces razón cuando, en

 

225

 

sus  notas  relativas  al  folleto «La  economía  del período  de  transición»  de  Bujarin,  habla  de  la «tendencia mercantil-capitalista de los campesinos» en   contraste   con   la «tendencia   socialista   del proletariado». Eso, precisamente, explica por qué «la pequeña   producción   engendra   capitalismo   y burguesía  constantemente,  cada  día,  cada  hora, espontáneamente y en masa» (Lenin).

¿Puede   afirmarse   que   la   pequeña   economía

mercantil campesina sea también, en esencia, un

mismo tipo de economía que la producción socialista

de la ciudad? Es evidente que no puede afirmarse tal

cosa sin romper con el marxismo. De otro modo,

Lenin no diría que «mientras vivamos en un país de

pequeñas   haciendas   campesinas,   el   capitalismo

tendrá en Rusia una base económica más sólida que

el comunismo».

Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la edificación   socialista   es   una   teoría   podrida, antileninista.

Por tanto, para que el campo, con sus pequeñas

haciendas campesinas, siga a la ciudad socialista,

hace  falta,  aparte  de  todo  lo  demás,  una  cosa:

implantar en el campo grandes haciendas socialistas,

bajo la forma de sovjoses y koljoses, como base del

socialismo, capaces de arrastrar consigo, con la

ciudad socialista a la cabeza, a las grandes masas

campesinas.

Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la

edificación socialista es una teoría antimarxista. La

ciudad socialista sólo puede arrastrar consigo al

campo,  con  sus  pequeñas  haciendas  campesinas,

implantando  koljoses  y  sovjoses  en  el  campo  y

transformando la aldea de un modo nuevo, al modo

socialista.

Es  extraño  que  esta teoría  antimarxista  de  la «espontaneidad» en la edificación socialista no haya encontrado hasta hoy la merecida réplica por parte de nuestros teóricos agrarios.

 

III. La teoría de la «estabilidad» de la pequeña hacienda campesina

Pasemos a examinar el tercer prejuicio arraigado

en la economía política: la teoría de la «estabilidad»

de la pequeña hacienda campesina. Nadie ignora las

objeciones de la economía política burguesa a la

conocida tesis del marxismo, que afirma las ventajas

de las grandes explotaciones sobre las pequeñas, tesis

que,  según  sus  impugnadores,  sólo  rige  para  la

industria, pero que es inaplicable a la agricultura. Los

teóricos socialdemócratas del tipo de David y de

Hertz,   que   propugnan   esta   teoría,   intentan

«apoyarse» en el hecho de que el pequeño campesino

es paciente y sufrido, que está dispuesto a afrontar

todas las privaciones con tal de defender su puñado

de  tierra,  por  cuya  razón  la  pequeña  hacienda

campesina da muestras de estabilidad en la lucha

contra la gran hacienda agrícola.

 

 

 

 

 

226

No   es   difícil   comprender   que   semejante

«estabilidad» es peor que cualquier inestabilidad. No

es difícil comprender que el móvil de esta teoría

antimarxista no es otro que ensalzar y afianzar el

régimen  capitalista,  ruinoso  para  las  masas  de

millones de pequeños campesinos. Precisamente por

eso, porque persigue ese móvil, es por lo que a los

marxistas les ha sido tan fácil destruir esta teoría.

Pero ahora no se trata de eso. De lo que se trata es

de que nuestra experiencia práctica, la realidad de

nuestro país aporta nuevos argumentos contra esa

teoría,  y  nuestros  teóricos,  inexplicablemente,  no

quieren o no saben utilizar esta nueva arma contra los

enemigos  de  la  clase  obrera.  Me  refiero  a  la

experiencia práctica de la supresión de la propiedad

privada sobre la tierra, a la experiencia práctica de la

nacionalización de la tierra en nuestro país, que

emancipa al pequeño campesino del apego servil a su

puñado de tierra, facilitando con ello el paso de la

pequeña  hacienda campesina  a la  gran  hacienda

colectiva.

En efecto, ¿qué es lo que inspiraba, lo que inspira

y  lo  que  todavía  seguirá  inspirando  al  pequeño

campesino de la Europa Occidental ese apego por su

pequeña hacienda mercantil? Ante todo y sobre todo,

el puñado de tierra de su propiedad, la propiedad

privada  sobre  la  tierra.  Se  pasaba  años  enteros

ahorrando para comprar unos terrones y, cuando

lograba  adquirirlos,  era  natural  que  no  quisiera

perderlos, que prefiriera pasar por toda clase de

privaciones, que prefiriera vivir en el salvajismo y en

la miseria, antes que perder ese puñado de tierra,

base de su hacienda individual.

¿Puede afirmarse que ese factor sigue existiendo

en la misma forma en nuestro país, dentro de las

condiciones del régimen soviético? No, no puede

afirmarse. No puede afirmarse, porque en nuestro

país no hay propiedad privada sobre la tierra. Y

precisamente por ello, porque en nuestro país no hay

propiedad   privada   sobre   la   tierra,   nuestros

campesinos no tienen ese apego servil por la tierra

que sienten los campesinos del Occidente. Y esta

circunstancia no puede por menos de facilitar el paso

de la pequeña hacienda campesina al cauce de los

koljoses.

Tal es una de las causas de que a las grandes haciendas agrícolas, a los koljoses, les sea tan fácil, en nuestro país, bajo las condiciones creadas por la nacionalización de la tierra, demostrar sus ventajas sobre la pequeña hacienda campesina.

Ahí reside la gran importancia revolucionaria de las leyes agrarias soviéticas, que suprimieron la renta absoluta del suelo, abolieron la propiedad privada sobre la tierra y decretaron su nacionalización.

Y esto nos brinda, por tanto, un nuevo argumento contra los economistas burgueses, que proclaman la estabilidad de la pequeña hacienda campesina en la lucha de ésta contra la hacienda grande.

 

 

J. V. Stalin

 

¿Por qué nuestros teóricos agrarios no utilizan a fondo este nuevo argumento en su lucha contra toda suerte de teorías burguesas?

Al proceder a la nacionalización de la tierra, partimos, entre otras cosas, de las premisas teóricas que contienen el tercer tomo de «El Capital», la conocida obra de Marx «Teorías de la plusvalía» y los trabajos agrarios de Lenin, que son un riquísimo venero de pensamientos teóricos. Al decir esto, me refiero a la teoría de la renta del suelo en general, y a la teoría de la renta absoluta del suelo en particular. Hoy es evidente que las tesis teóricas contenidas en estas obras han sido brillantemente confirmadas por la   experiencia   práctica   de   nuestra   edificación socialista en la ciudad y en el campo.

Lo único que no se comprende es por qué las

teorías                                                                anticientíficas de    los    economistas

«soviéticos»   tipo   Chaiánov   pueden   circular

libremente en nuestra prensa y los geniales trabajos

de Marx, Engels y Lenin sobre la teoría de la renta

del suelo y de la renta absoluta del suelo, lejos de ser

popularizados y destacados a un primer plano, deben

permanecer arrumbados.

Recordaréis,  sin  duda,  el  conocido  folleto  de Engels «El problema campesino». Recordaréis, sin duda, con qué prudencia aborda Engels el problema del paso de los pequeños campesinos a la senda de la economía cooperativa, a la senda de la economía colectiva. Permitidme que cite el pasaje del folleto de Engels que trata de esto:

«Nosotros  estamos  resueltamente  de  parte  del

pequeño   campesino;   haremos   todo   cuanto   sea

admisible para hacer más llevadera su suerte, para

hacerle más fácil el paso al régimen cooperativo,

caso de que se decida a él, e incluso para facilitarle

un largo plazo de tiempo para que lo piense en su

parcela,280 si no se decide a tomar todavía esta

determinación».281

Veis con qué prudencia aborda Engels la cuestión

del paso de la hacienda campesina individual a la vía

del colectivismo. ¿Cómo se explica esa prudencia de

Engels,   que   a   primera   vista   podría   parecer

exagerada? ¿De qué premisa parte al razonar así?

Indudablemente,   parte   de   la   existencia   de   la

propiedad privada sobre la tierra, del hecho de que el

campesino posee «su parcela», de la cual le costará

trabajo  desprenderse.  Tal  es  el  campesino  del

Occidente.  Tal  es  el  campesino  de  los  países

capitalistas, en los que existe la propiedad privada

sobre la tierra. Se comprende que en este caso se

requiera gran prudencia.

 

 

280 Subrayado por mí. J. St.

281  F.  Engels, «El  problema  campesino  en  Francia  y  en Alemania», pág. 66, ed. en ruso, 1922 (véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 409, ed. en español, Moscú, 1952).

 

 

 

 

 

En torno a la cuestión de la política agraria de la URSS

 

¿Puede  afirmarse  que  en  nuestro  país,  en  la

URSS, exista la misma situación? No, no puede

afirmarse. Y no puede afirmarse, porque en la URSS

no existe propiedad privada sobre la tierra, que es lo

que infunde al campesino el apego a su hacienda

individual. No puede afirmarse, porque en la URSS

la tierra está nacionalizada, y ello facilita el paso del

campesino individual al cauce del colectivismo.

He ahí una de las causas de la facilidad y la rapidez relativas con que en nuestro país se desarrolla últimamente el movimiento koljosiano.

Es lamentable que nuestros teóricos agrarios no

hayan intentado aún poner de relieve con la debida

claridad  esta  diferencia  entre  la  situación  del

campesino en la URSS y en el Occidente. Esta labor

tendría, sin embargo, una importancia formidable no

sólo para nosotros, para los militantes soviéticos,

sino también para los comunistas de todos los países;

pues  para  la  revolución  proletaria  en  los  países

capitalistas no es lo mismo que, al día siguiente de la

toma del Poder por el proletariado, haya que edificar

el socialismo sobre la base de la nacionalización de

la tierra o sin esta base.

En un artículo publicado hace poco en la prensa

(«El año del gran viraje»), exponía yo los conocidos

argumentos en pro de la superioridad de la gran

hacienda agrícola sobre la pequeña, refiriéndome a

los grandes sovjoses. Huelga demostrar que todos

esos  argumentos  son  íntegra  y  completamente

aplicables a los koljoses, que también son grandes

unidades económicas. Y al decir esto, no me refiero

solamente  a  los  koljoses  más  desarrollados,  que

poseen  una  base  de  máquinas  y  tractores,  sino

también  a  los  koljoses  de  tipo  primario,  que

representan, por decirlo así, el período manufacturero

del desarrollo de los koljoses y que se valen de los

aperos de los campesinos. Me refiero a esos koljases

de tipo primario que se crean actualmente en las

zonas de colectivización total y que se basan en la

simple reunión de los instrumentos de producción de

los campesinos.

Tomemos, por ejemplo, los koljoses de la zona

del Jopior, en la antigua región del Don. A primera

vista, si tomamos en consideración los elementos

técnicos, estos koljoses no parecen diferenciarse en

nada  de  la  pequeña  hacienda  campesina (pocas

máquinas, pocos tractores). Sin embargo, la simple

reunión  de  los  instrumentos  campesinos  en  los

koljoses produce un efecto con el que ni siquiera

habían   soñado   nuestros   trabajadores   prácticos.

¿Cómo  se  concreta  este  efecto?  El  paso  de  los

campesinos a los koljoses se ha traducido en un

aumento del 30, del 40 y del 50% del área de cultivo.

¿Cómo explicarse este efecto «vertiginoso»? Por el

hecho de que los campesinos, impotentes bajo el

régimen del trabajo individual, se han convertido en

una fuerza poderosísima al reunir sus instrumentos

de trabajo y agruparse en los koljoses. Por el hecho

 

227

 

de que los campesinos se han puesto en condiciones de explotar las tierras baldías y vírgenes, que bajo el régimen  de  trabajo  individual  eran  difícilmente cultivables. Por el hecho de que los campesinos se han colocado en condiciones de tomar las tierras vírgenes  en  sus  manos, de  poner  en  cultivo  los yermos, los pegujales, los linderos, etc.

El cultivo de las tierras baldías y vírgenes es de

importancia capital para nuestra agricultura. Como

sabéis, la cuestión agraria fue en tiempos pasados el

eje del movimiento revolucionario en Rusia. Sabéis

que el movimiento agrario se proponía, entre otras

cosas, acabar con la escasez de tierras. Había por

aquel entonces muchos que pensaban que la escasez

de tierras era absoluta; es decir, que en Rusia no

había ya tierras libres aptas para el cultivo. ¿Y qué ha

demostrado la realidad? Hoy es de una evidencia

absoluta que en la URSS había y hay decenas de

millones de hectáreas de tierras incultas; pero el

campesino, con sus pobres instrumentos de trabajo,

no   tenía   la   menor   posibilidad   de   cultivarlas.

Precisamente por eso, porque se veía imposibilitado

de cultivar las tierras vírgenes y baldías, se sentía

atraído por las «tierras fáciles», por las tierras de

propiedad de los terratenientes, por las tierras que el

campesino podía cultivar con sus aperos y su trabajo

individual. Este era el origen de la «escasez de

tierras». No es, pues, extraño que nuestro «Trust de

los  cereales»,  dotado  de  tractores,  esté  hoy  en

condiciones de poner en explotación unos veinte

millones de hectáreas de tierras incultas, no ocupadas

por los campesinos y que habría sido imposible

cultivar bajo el sistema del trabajo individual y con

los aperos de la pequeña hacienda campesina.

La  importancia  del  movimiento  koljosiano  en

todas sus fases -tanto en su fase primaria como en su

fase  más  avanzada,  en  que  ya  está  dotado  de

tractores-  estriba,  entre  otras  cosas,  en  que  los

campesinos pueden poner ahora en cultivo las tierras

baldías y vírgenes. Ese es el secreto del formidable

aumento de la superficie de siembra, tan pronto como

los campesinos pasan al sistema del trabajo colectivo.

Ahí reside una de las causas de la superioridad de los

koljoses respecto a la hacienda campesina individual.

Huelga decir que la superioridad de los koljoses

respecto a la hacienda campesina individual será

todavía más innegable cuando esos koljoses de tipo

primario de las zonas de colectivización total cuenten

con la ayuda de nuestras estaciones y columnas de

máquinas y tractores, cuando los koljoses mismos

puedan concentrar en sus manos los tractores y las

segadoras-trilladoras.

 

IV. La ciudad y el campo

Hay un prejuicio, cultivado por los economistas

burgueses, el de las llamadas «tijeras», al que se debe

declarar una guerra implacable, como a todas las

demás teorías burguesas extendidas, por desgracia,

 

 

 

 

 

228

en la prensa soviética. Me refiero a la teoría de que la Revolución de Octubre ha dado a los campesinos menos que la revolución de febrero, de que, hablando en propiedad, la Revolución de Octubre no ha dado nada a los campesinos.

Este  prejuicio  lo  mantuvo  algún  tiempo  en

circulación   en   nuestra   prensa   un   economista

«soviético». Cierto que ese economista «soviético»

se desdijo más tarde de su teoría. (Una voz: «¿Quién

era?».) Era Groman. Pero la oposición trotskista-

zinovievista la recogió y la utilizó contra el Partido.

Y  no  hay  razón  alguna  para  afirmar  que  en  la

actualidad  no  siga  circulando  entre  los  medios

«soviéticos».

Es un problema muy importante, camaradas. Es algo que afecta a las relaciones entre la ciudad y el campo, a la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo; afecta al candente problema de las «tijeras». Por eso creo que merece la pena que nos ocupemos de esta peregrina teoría.

¿Es cierto que la Revolución de Octubre no ha

dado nada a los campesinos? Acudamos a los hechos.

Tengo aquí el conocido resumen del conocido especialista  en  estadística  camarada  Nernchínov, publicado  en  mi  artículo «En  el  frente  de  los cereales»282. De este resumen se desprende que, antes de la revolución, los terratenientes «producían» un mínimo de 600 millones de puds de cereales. Es decir, que los terratenientes disponían entonces de unos 600 millones de puds de cereales.

Según ese resumen, los kulaks «producían» en

aquella época 1.900 millones de puds. Era una fuerza

muy considerable la que los kulaks poseían entonces.

Los campesinos pobres y medios producían, a su

vez, según el mismo resumen, 2.500 millones de

puds.

Tal era la situación en la vieja aldea, en la aldea de antes de la Revolución de Octubre.

¿Qué  cambios  se  han  operado  en  el  campo

después de Octubre? Tomaré las cifras del citado

resumen  estadístico.  Fijémonos,  por  ejemplo,  en

1927. ¿Cuánto produjeron ese año los terratenientes?

Es lógico que no produjeron ni podían producir nada,

ya que los terratenientes fueron suprimidos por la

Revolución de Octubre. Y es bien comprensible que

esto debía ser un gran alivio para los campesinos, que

de tal modo se libraron del yugo de los terratenientes.

Esto ha sido, indudablemente, un gran beneficio para

los campesinos, beneficio que deben a la Revolución

de Octubre.

¿Cuánto  produjeron  los  kulaks  en 1927? 600 millones  de  puds  de  cereales,  en  vez  de 1.900 millones. Es decir, que el período posterior a la Revolución de Octubre redujo la fuerza de los kulaks a menos de un tercio. Es bien comprensible que esto debía ser por fuerza un alivio en la situación de los campesinos pobres y medios.

 

282 Véase: J. V. Stalin, Obras, t. 11, págs. 84-100, ed. en español.

 

 

J. V. Stalin

 

¿Y cuánto produjeron en 1927 los campesinos

pobres y medios? 4.000 millones de puds, en vez de

2.500   millones.   Es   decir,   que,   después   de   la Revolución de Octubre, los campesinos pobres y medios han llegado a producir 1.500 millones de puds de cereales más que antes de la revolución.

Tales son los hechos, demostrativos de que los campesinos pobres y medios han obtenido de la Revolución de Octubre ventajas colosales.

He ahí lo que la Revolución de Octubre ha dado a los campesinos pobres y medios.

¿Cómo, después de esto, se puede afirmar que la Revolución  de  Octubre  no  ha  dado  nada  a  los campesinos?

Pero esto no es todo, camaradas. La Revolución

de Octubre suprimió la propiedad privada sobre la

tierra, acabó con el régimen de compraventa de la

tierra, implantó la nacionalización del suelo. ¿Qué

significa eso? Significa que ahora, para producir

cereales, el campesino no necesita ya comprar la

tierra. Antes, se pasaba años y años ahorrando lo

necesario para adquirir tierra, se hundía en un mar de

deudas, se dejaba explotar, todo para adquirir tierra.

Y el dinero invertido en comprar la tierra recargaba,

naturalmente,  el  coste  de  la  producción  de  los

cereales.

Hoy, el campesino no necesita hacer eso. Hoy

puede producir cereales sin necesidad de comprar la

tierra. Por consiguiente, los cientos de millones de

rublos  que  los  campesinos  gastaban  antes  en  la

compra de tierra se quedan ahora en sus bolsillos.

¿Representa esto o no un alivio para el campesino?

Claro está que sí.

Prosigamos. Hasta hace poco, el campesino véiase

obligado a arañar la tierra con sus viejos aperos y sus

solas manos. Todo el mundo sabe que el trabajo

individual, con los viejos instrumentos de producción

ya   hoy   inadecuados,   no   da   el   rendimiento

indispensable para una vida llevadera, para elevar de

un modo sistemático el nivel material del campesino,

para desarrollar su cultura y llevarlo al ancho camino

de   la   edificación   socialista.   Hoy,   después   del

desarrollo intensivo del movimiento koljosiano, el

campesino puede asociar su trabajo al trabajo de sus

vecinos, agruparse con ellos en el koljós, roturar las

tierras  vírgenes  y  aprovechar  las  tierras  baldías,

obtener máquinas y tractores, duplicando y hasta

triplicando con ello la productividad de su trabajo.

¿Y  qué  significa  esto?  Significa  que  hoy  los

campesinos, gracias a su reunión en koljoses, pueden

producir  mucho  más  que  antes  con  el  mismo

esfuerzo. Significa, por tanto, que la producción de

cereales resulta ahora mucho más barata que hasta

últimamente.  Significa,  finalmente,  que,  con  el

carácter estable de los precios, el campesino puede

sacar de los cereales mucho más de lo que sacaba

antes.

¿Cómo, después de todo esto, se puede afirmar

 

 

 

 

 

En torno a la cuestión de la política agraria de la URSS

 

que la Revolución de Octubre no ha dado ventaja alguna a los campesinos?

¿No es evidente, acaso, que quienes propalan esas patrañas calumnian a las claras al Partido y al Poder Soviético?

Pero ¿qué se desprende de todo ello?

Se desprende que la cuestión de las «tijeras», la

cuestión   de   acabar   con   este   fenómeno,   debe

plantearse hoy de un modo nuevo. Se desprende que,

si el movimiento koljosiano sigue avanzando con el

ritmo actual, las «tijeras» serán suprimidas en un

futuro próximo. Se desprende que el problema de las

relaciones entre la ciudad y el campo se plantea sobre

una base nueva, que la oposición entre la ciudad y el

campo irá borrándose con ritmo acelerado.

Esta   circunstancia,   camaradas,   es   de   una importancia formidable para toda nuestra obra de edificación.  Esto  hace  cambiar  la  psicología  del campesino y le orienta hacia la ciudad. Esto crea un terreno favorable para acabar con la oposición entre la ciudad y el campo. Esto da base para que la consigna  del  Partido, «de  cara  al  campo»,  se complemente con la consigna de los campesinos koljosianos, «de cara a la ciudad».

Y  ello  no  tiene  nada  de  particular,  pues  el

campesino  recibe  ahora  de  la  ciudad  máquinas,

tractores, agrónomos, organizadores y, finalmente,

ayuda directa para combatir y vencer a los kulaks. El

campesino  de  tipo  antiguo,  con  su  desconfianza

zoológica  hacia  la  ciudad,  en  la  que  veía  un

expoliador, va pasando a segundo plano. Lo sustituye

un campesino nuevo, el campesino koljosiano, que

mira a la ciudad con la esperanza de obtener de ella

una ayuda real para la producción. El campesino de

tipo antiguo, temeroso de caer en campesino pobre y

que sólo furtivamente escalaba el puesto de kulak

(¡podían despojarle del derecho electoral!), se ve

sustituído por un nuevo tipo de campesino, ante el

cual se abre una nueva perspectiva: la de entrar en el

koljós y salir de la miseria y la ignorancia para

marchar   por   el   ancho   camino   del   progreso

económico y cultural.

Tal es el giro que toman las cosas, camaradas.

       Por eso resulta tanto más lamentable, camaradas,

que nuestros teóricos agrarios no hayan tomado todas

las medidas necesarias para demoler y extirpar las

teorías  burguesas  de  toda  laya,  que  tratan  de

desacreditar  las  conquistas  de  la  Revolución  de

Octubre y el creciente movimiento koljosiano.

 

V. La naturaleza de los koljoses

Los koljoses, como tipo de economía, son una de las formas de la economía socialista. Acerca da ello no puede caber ninguna duda.

Uno  de  los  oradores  ha  hablado  aquí  para

desacreditar  los  koljoses.  Ha  afirmado  que  los

koljoses, como entidades económicas, no presentan

ninguna   afinidad   con   la   forma   socialista   de

 

229

 

economía.  Debo  manifestar,  camaradas,  que  esta calificación de los koljoses es absolutamente falsa. Y no puede haber la menor duda de que no tiene nada que ver con la realidad.

¿Qué es lo que define un tipo de economía? Son,

evidentemente, las relaciones que se establecen entre

los hombres en el proceso de producción. ¿Qué otra

cosa, si no, podría definir un tipo de economía? ¿Y

acaso en el koljós hay una clase de personas que

poseen los medios de producción y otra clase de

personas carentes de estos medios? ¿Acaso en el

koljós   hay   clase   de   explotadores   y   clase   de

explotados? ¿Acaso  el  koljós  no  representa  la

socialización de los instrumentos fundamentales de

producción sobre la tierra perteneciente al Estado?

¿Qué motivos hay para afirmar que los koljoses,

como tipo de economía, no son una de las formas de

la economía socialista?

Es indudable que en el seno de los koljoses hay

contradicciones. Es indudable que en el seno de los

koljoses hay supervivencias individualistas y hasta

kulakistas, que aún no han desaparecido, pero que

desaparecerán forzosamente con el tiempo, a medida

que los koljoses se fortalezcan, a medida que se les

dote de maquinaria. Pero ¿acaso se puede negar que,

tomados en conjunto, con todas sus contradicciones y

sus defectos, los koljoses, como hecho económico,

representan, en lo fundamental, una nueva trayectoria

de desarrollo del campo, la trayectoria de desarrollo

socialista del campo, en oposición a la trayectoria

kulakista, capitalista, de desarrollo? ¿Acaso se puede

negar que los koljoses (hablo de los koljoses, y no de

los seudokoljoses) son, atendidas las condiciones de

nuestro país, la base y el foco de la edificación

socialista en el campo, que se han formado en rabiosa

pugna con los elementos capitalistas?

¿No es evidente que carecen de toda base los

intentos de algunos camaradas de desacreditar a los

koljoses y presentarlos como una forma burguesa de

economía?

En 1923  no  había  aún  en  nuestro  país  un

movimiento  koljosiano  de  masas.  En  su  folleto

«Sobre la cooperación», Lenin tuvo presentes todos

los tipos de cooperación, tanto los inferiores (las

cooperativas  de  consumo  y  de  venta)  como  los

superiores (la  forma  koljosiana), ¿Y  qué  decía

entonces Lenin acerca de la cooperación y de las

empresas cooperativas? Escuchad un pasaje de este

folleto:

 

«Bajo   nuestro   régimen   actual,   las   empresas

cooperativas   se   diferencian   de   las   empresas

capitalistas  privadas  por  ser  empresas  colectivas,

pero no se diferencian283 de las empresas socialistas,

siempre y cuando que se basen en la tierra y empleen

medios de producción pertenecientes al Estado, es

 

 

283 Subrayado por mí. J. St.

 

 

 

 

 

230

decir, a la clase obrera» (t. XXVII, pág. 396).

Como veis, Lenin no toma las cooperativas como

empresas  aisladas,  sino  en  relación  con  nuestro

régimen  existente,  ligándolas  al  hecho  de  que

funcionan en tierra perteneciente al Estado, en un

país en que los medios de producción pertenecen al

Estado; y al examinarlas de este modo, Lenin afirma

que las empresas cooperativas no se distinguen de las

empresas socialistas.

Así se expresa Lenin, hablando de las empresas cooperativas en general.

¿No es evidente que lo mismo puede decirse, y con mayor razón aún, de los koljoses del período presente?

Eso explica también, entre otras razones, que Lenin  considere  que «el  simple  desarrollo  de la cooperación», bajo las condiciones de nuestro país, «se identifica con el desarrollo del socialismo».

Veis, pues, que, al desacreditar a los koljoses, el orador a que antes me refería ha cometido un error gravísimo contra el leninismo.

Y de ahí se desprende otro error que ha cometido

el mismo orador y que se refiere a la lucha de clases

en los koljoses. Describía este orador tan a lo vivo la

lucha de clases en los koljoses, que parece como si

no se distinguiese de la lucha de clases fuera de ellos.

Más aún: se podría creer que en los koljoses se hace

todavía más encarnizada. Por cierto que no ha sido

ese orador el único en incurrir en este defecto. Las

habladurías acerca de la lucha de clases, los gritos, la

chillería en torno a esa lucha de clases dentro de las

koljoses  son  hoy  algo  típico  de  todos  nuestros

charlatanes «izquierdistas», y lo más cómico de los

gritos es que esos alborotadores «ven» lucha de

clases donde no la hay o casi no la hay y, en cambio,

no la ven donde existe y se desborda.

¿Hay  elementos  de  lucha  de  clases  en  los

koljoses? Sí, los hay. No puede por menos de haber

elementos  de  lucha  de  clases  en  los  koljoses,

existiendo en ellos, como todavía existen, vestigios

de  la  psicología  individualista,  e  incluso  de  la

psicología del kulak; existiendo todavía en ellos,

como  existe,  cierta  desigualdad  en  la  situación

económica. Pero ¿puede afirmarse que la lucha de

clases que se desarrolla dentro de las koljoses tiene el

mismo carácter que la que se desarrolla fuera de

ellos? No, no se puede. Ahí reside, precisamente, el

error de nuestros charlatanes «izquierdistas», en que

no ven esta diferencia.

¿Qué representa la lucha de clases fuera de los koljoses antes de crearse éstos? Representa la lucha contra los kulaks, que poseen los instrumentos y medios   de   producción,   y   mediante   los   cuales sojuzgan a los campesinos pobres. Representa una lucha a vida o muerte.

¿Y qué significa la lucha de clases sobre la base

de los koljoses? Significa, ante todo, que el kulak ha

 

 

J. V. Stalin

 

sido derrotado y desposeído de los instrumentos y

medios de producción. Significa, en segundo lugar,

que los campesinos pobres y medios se han agrupado

en koljoses, socializando en ellos los instrumentos y

medios fundamentales de producción. Significa, en

fin, que la lucha dentro de ellos se ventila entre los

koljosianos que no se han emancipado aún de las

supervivencias individualistas y kulakistas, y que

intentan aprovecharse de esa desigualdad relativa que

aún subsiste en los koljoses, y los koljosianos que

anhelan desterrar de los koljoses esas supervivencias

y esas desigualdades. ¿No es evidente que sólo a los

ciegos se les puede escapar la diferencia entre la

lucha de clases que se libra sobre la base de los

koljoses y la que se desarrolla fuera de ellos?

Sería  un  error  pensar  que,  si  hay  koljoses,

tenemos  ya  todo  lo  necesario  para  edificar  el

socialismo. Y todavía sería un error de más bulto

pensar que los koljosianos se han convertido ya en

socialistas.   No,   costará   aún   muchos   esfuerzos

transformar  al  campesino  koljosiano,  corregir  su

psicología individualista y hacer de él un auténtico

trabajador de la sociedad socialista. Y este proceso

avanzará más de prisa, conforme proporcionemos

máquinas y tractores a los koljoses. Pero esto no

afecta  en  lo  más  mínimo  a  la  trascendental

importancia de los koljoses como palancas de la

transformación   socialista   del   campo.   La   gran

importancia de los koljoses consiste, precisamente,

en que son la base fundamental para el empleo de

máquinas y tractores en la agricultura, en que son la

base   fundamental   para   la   transformación   del

campesino, para cambiar su psicología en el espíritu

del socialismo. Lenin tiene razón cuando dice:

«La labor de rehacer al pequeño agricultor, la labor de rehacer toda su psicología y todos sus hábitos es obra de varias generaciones. Resolver este problema  en  relación  con  el  pequeño  agricultor, sanear,   por   decirlo   así,   toda   su   psicología, únicamente  puede  hacerlo  la  base  material,  la maquinaria, el empleo en gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la electrificación en escala masiva» (t. XXVI, pág. 239).

¿Quién   puede   negar   que   los   koljoses   son, precisamente, la única forma de economía socialista mediante la cual pueden los millones y millones de pequeños campesinos individuales ser incorporados a la gran hacienda con sus máquinas y tractores como palancas del auge económico, como palancas del desarrollo socialista de la agricultura?

Nuestros charlatanes «izquierdistas» han olvidado todo esto.

Y también lo ha olvidado nuestro orador.

 

VI. Los cambios en las relaciones de clase y el viraje en la política del partido

 

 

 

 

 

En torno a la cuestión de la política agraria de la URSS

 

Finalmente, el problema de los cambios en las

relaciones de clase dentro del país y de la ofensiva

del socialismo contra los elementos capitalistas del

campo.

Lo característico en el trabajo de nuestro Partido durante el año último consiste en que nosotros, como Partido y como Poder Soviético,

a) hemos desplegado la ofensiva en todo el frente contra los elementos capitalistas del campo,

b) en que esta ofensiva ha dado y sigue dando,

como es sabido, resultados positivos muy tangibles.

¿Qué significa esto? Significa que hemos pasado

de  la  política  de  restricción  de  las  tendencias

explotadoras de los kulaks a la política de liquidación

de los kulaks como clase. Significa que hemos dado

y seguimos dando un viraje decisivo en toda nuestra

política.

Hasta hace poco, el Partido propugnaba restringir

las tendencias explotadoras de los kulaks. Como es

sabido, esta política fue proclamada ya en el VIII

Congreso  del  Partido.  Esta  misma  política  fue

proclamada otra vez al implantarse la Nep y en el XI

Congreso de nuestro Partido. Todos recordaréis la

célebre   carta   de   Lenin   sobre   las   tesis   de

Preobrazhenski (de 1922), en la que de nuevo insistía

en la necesidad de aplicar precisamente esta política.

Finalmente, la ratificó el XV Congreso de nuestro

Partido. Es la política que hemos venido aplicando

hasta últimamente.

¿Era acertada esta política? Sí, entonces lo era

indudablemente. ¿Podíamos   hace   cinco   años   o

incluso  hace  tres  emprender  semejante  ofensiva

contra  los  kulaks? ¿Podíamos  en  aquel  tiempo

confiar en que la ofensiva tuviese éxito? No, no

podíamos. Esto hubiera sido un aventurerismo muy

arriesgado.  Esto  hubiera  sido jugar  de  un  modo

peligrosísimo   a   la   ofensiva,   pues   hubiéramos

fracasado  de  seguro,  afianzando  con  ello  las

posiciones  de  los  kulaks. ¿Por  qué?  Porque  no

disponíamos aún de esos puntos de apoyo en el

campo  que  constituyen  hoy  la  extensa  red  de

sovjoses y koljoses y en los cuales pudiéramos basar

una ofensiva resuelta contra los kulaks. Porque por

aquel entonces no estábamos aún en condiciones de

sustituir la producción capitalista del kulak por la

producción socialista de los koljoses y sovjoses.

En 1926-1927, la oposición zinovievista-trotskista

se esforzó por imponer al Partido la política de

ofensiva inmediata contra los kulaks. El Partido no se

lanzó a esta peligrosa aventura, pues sabía que no es

de gentes serias jugar a la ofensiva. La ofensiva

contra los kulaks es una cosa seria, que no hay que

confundir con las frases declamatorias contra los

kulaks.  Ni  hay  que  confundirla  tampoco  con  la

política  de  escaramuzas  con  los  kulaks,  que  la

oposición  zinovievista-trotskista  se  empeñaba  en

imponer al Partido. Lanzarse a la ofensiva contra los

kulaks significa aplastarlos y liquidarlos como clase.

 

231

 

Si no se persigue este objetivo, la ofensiva no es más

que  un  tema  discursivo,  una  escaramuza,  vacua

charlatanería, cualquier cosa menos una verdadera

ofensiva bolchevique. Lanzarse a la ofensiva contra

los kulaks significa prepararse para ello y asestarles

un golpe serio, tan serio, que no puedan volver a

levantar  cabeza.  Esto  es  lo  que  nosotros,  los

bolcheviques,  llamamos  una  verdadera  ofensiva.

¿Podíamos emprender esta ofensiva, con perspectivas

de éxito, hace cinco o incluso hace tres años? No, no

podíamos.

En efecto, el kulak producía, en 1927, más de 600

millones de puds de cereales, de los cuales vendía

fuera del campo, por vía de intercambio, unos 130

millones de puds. Era una fuerza bastante seria, que

forzosamente   debía   tomarse   en   consideración.

¿Cuánto  producían  por  aquel  entonces  nuestros

koljoses y sovjoses? Unos 80 millones de puds, de

los que lanzaban al mercado (grano mercantil) unos

35 millones. Juzgad vosotros mismos si, en estas condiciones,   podíamos   entonces   sustituir   la producción y el grano mercantil de los kulaks por la producción y el grano mercantil de nuestros koljoses y sovjoses. Es evidente que no podíamos.

¿Qué hubiera significado, en estas condiciones,

emprender una ofensiva resuelta contra los kulaks?

Hubiera significado un fracaso seguro, afianzar las

posiciones de los kulaks y quedarse sin pan. Por eso

no podíamos ni debíamos acometen entonces una

ofensiva decisiva contra los kulaks, a despecho de las

aventureras  tiradas  declamatorias  de  la  oposición

zinovievista-trotskista.

¿Y ahora? ¿Cuál es ahora la situación? Ahora

contamos ya con una base material suficientemente

fuerte para asestar golpes a los kulaks, para vencer su

resistencia, para liquidarlos como clase y sustituir su

producción  por  la  producción  de  los  koljoses  y

sovjoses. Como es sabido, en 1929, la producción de

cereales de los koljoses y sovjoses no ha bajado de

400 millones de puds (200 millones de puds menos

que la producción global de los kulaks en 1927).

Sabido es asimismo que, en 1929, los koljoses y

sovjoses  han  lanzado  al  mercado  más  de 130

millones de puds (es decir, más que los kulaks en

1927). Y es sabido, finalmente, que, en 1930, la

producción  global  de  cereales  de  los  koljoses  y

sovjoses no bajará de 900 millones de puds (es decir,

que excederá a la producción global de los kulaks en

1927), de los cuales irán al mercado 400 millones de

puds,   por   lo   menos                                    (o   sea,   una   cantidad

incomparablemente superior a la de los kulaks en

1927).

Así   se   plantea   actualmente   la   situación, camaradas.

Ese   es   el   desplazamiento   producido   en   la economía de nuestro país.

Hoy contamos, pues, como veis, con la base

material necesaria para sustituir la producción de los

 

 

 

 

 

232

kulaks por la producción de los koljoses y sovjoses. Por  eso,  precisamente,  nuestra  ofensiva  decisiva contra los kulaks logra hoy éxitos indudables.

Así es como hay que lanzarse a la ofensiva contra los   kulaks,   si   es   que   queremos   una   ofensiva verdadera y decisiva, y no nos limitamos a vacuas declamaciones contra ellos.

Por eso hemos pasado últimamente de la política

de restricción de las tendencias explotadoras de los

kulaks a la política de liquidación de los kulaks como

clase.

¿Y la política de deskulakización? ¿Es posible

admitir   la   deskulakización   en   las   zonas   de

colectivización total?, preguntan de distintos sitios.

¡La pregunta es ridícula! La deskulakización era

inadmisible mientras nos ateníamos al criterio de la

restricción  de  las  tendencias  explotadoras  de  los

kulaks, mientras no podíamos pasar a la ofensiva

resuelta contra los kulaks, mientras no podíamos

sustituir su producción por la producción de los

koljoses y sovjoses. La política de no permitir la

deskulakización era entonces necesaria y acertada.

¿Y  ahora?  Ahora,  la  cosa  ha  cambiado.  Ahora

podemos ya emprender una ofensiva resuelta contra

los kulaks, vencer su resistencia, liquidarlos como

clase y sustituir su producción por la producción de

los  koljoses  y  sovjoses.  La  deskulakización  la

efectúan  ahora  las  propias  masas  de  campesinos

pobres y medios que realizan la colectivización total.

La deskulakización en las zonas de colectivización

total   ya   no   es   ahora   una   simple   medida

administrativa, sino que constituye parte integrante

de la creación y desarrollo de los koljoses. Por eso es

ridículo  y  poco  serio  extenderse  ahora  sobre  la

deskulakización. Cortada la cabeza, no se llora el

pelo perdido.

No menos ridícula es la pregunta de si se puede

admitir a los kulaks en los koljoses. Claro que no se

les puede admitir. No se les puede admitir, porque

son enemigos acérrimos del movimiento koljosiano.

 

VII. Conclusiones

He ahí, camaradas, seis problemas cardinales que no puede pasar por alto la investigación teórica de nuestros especialistas agrarios marxistas.

La importancia de estos problemas estriba, ante

todo, en que su estudio marxista permite extirpar

toda clase de teorías burguesas, difundidas a veces -

para  vergüenza  nuestra-  por  nuestros  camaradas

comunistas y que ofuscan a nuestros trabajadores

prácticos. Hace ya mucho tiempo que todas esas

teorías deberían haber sido extirpadas y rechazadas,

pues sólo combatiendo sin cuartel esas teorías y otras

por el estilo puede desarrollarse y fortalecerse la base

teórica de los especialistas agrarios marxistas.

La   importancia   de   estos   problemas   estriba,

finalmente, en que dan una nueva fisonomía a los

viejos problemas de la economía del período de

 

 

J. V. Stalin

 

transición.

Hoy se plantea de un modo nuevo lo relativo a la Nep, a las clases, a los koljoses y a la economía del período de transición.

Hay que poner al descubierto el error de quienes

conciben la Nep como un repliegue y solamente

como  un  repliegue.  Le  realidad  es  que,  ya  al

implantar la nueva política económica, Lenin decía

de ella que no se reducía a un repliegue, sino que, al

mismo tiempo, era la preparación para una nueva

ofensiva decisiva contra los elementos capitalistas de

la ciudad y del campo.

Hay que poner al descubierto el error de quienes

piensan que la Nep sólo sirve para mantener los

vínculos entre la ciudad y el campo. Los vínculos que

nosotros necesitamos entre la ciudad y el campo no

pueden ser de cualquier clase, sino vínculos que

aseguren el triunfo del socialismo. Si mantenemos la

Nep, es porque sirve a la Causa del socialismo. Y

cuando deje de cumplir esta misión, la mandaremos

al diablo. Lenin dijo que la Nep se había implantado

en serio y para mucho tiempo. Pero jamás dijo que se

implantase para siempre.

Hay  que  poner  también  sobre  el  tapete  la

necesidad de popularizar la teoría marxista de la

reproducción. Es preciso estudiar el esquema del

balance de nuestra economía nacional. Lo que la

Dirección Central de Estadística publicó en 1926

como balance de la economía nacional, no es un

balance, sino un juego de cifras. Tampoco sirve el

modo como Bazárov y Groman tratan el problema

del balance de la economía nacional. El esquema del

balance de la economía nacional de la URSS deben

elaborarlo los marxistas revolucionarios, si es que

quieren investigar los problemas de la economía del

período de transición.

Sería   deseable   que   nuestros   economistas marxistas dedicasen un grupo especial para estudiar los  problemas  de  la  economía  del  período  de transición, tal como se plantean de un modo nuevo en la actual etapa de desarrollo.

Publicado el 29 de diciembre de 1929 en el núm. 309 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I FORME A TE EL XVII CO GRESO DEL PARTIDO ACERCA DE LA ACTIVIDAD DEL CC DEL PC(b) DE LA URSS

 

 

 

26 de enero de 1934284 (Extractos)

 

I. La persistente crisis del capitalismo mundial

y la situación internacional de la Unión Soviética

Camaradas: Desde el XVI Congreso han pasado más de tres años. No es un período muy grande, pero por su contenido aventaja a cualquier otro. Creo que ninguno  de  los  períodos  del  último  decenio  ha abundado tanto como éste en acontecimientos.

En el aspecto económico, han sido estos años de

persistente crisis económica mundial. La crisis no

sólo ha afectado a la industria, sino también a la

agricultura en su conjunto. La crisis no sólo ha hecho

estragos en la esfera de la producción y del comercio.

Se ha extendido también a la esfera del crédito y de

la circulación monetaria, desbaratando las relaciones

de crédito y de cambio establecidas entre los países.

Si antes aún se discutía en una u otra parte si la crisis

económica mundial era un hecho o no lo era, hoy no

se discute ya, pues la existencia de la crisis y su

acción devastadora son demasiado evidentes. Ahora

se discute ya otro problema: si se puede o no salir de

ella; y, si se puede, qué se debe hacer.

En el aspecto político, han sido éstos años de

empeoramiento  sucesivo  de  las  relaciones,  tanto

entre los países capitalistas como en el interior de

cada uno de ellos. La guerra del Japón contra China y

la ocupación de Manchuria, que han agravado las

relaciones en el Extremo Oriente; la victoria del

fascismo en Alemania y el triunfo de la idea del

desquite, que han agravado las relaciones en Europa;

la retirada del Japón y Alemania de la Sociedad de

Naciones, que ha dado un nuevo impulso a la carrera

de los armamentos y a los preparativos de una guerra

 

 

284 El XVII Congreso del PC(b) de la URSS se celebró en Moscú

del 26 de enero al 10 de febrero de 1934. Respecto al informe

acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS, presentado

por J. V. Stalin, el Congreso adoptó una decisión que aprobaba

por entero la línea política y la labor práctica del CC del PC(b)

de la URSS y propuso a todas las organizaciones del Partido que

se guiaran en su trabajo por los principios y las tareas expuestos

en el informe de J. V. Stalin. El Congreso señaló los decisivos

éxitos de la edificación del socialismo en la URSS e hizo constar

que  la  línea  general  del  Partido  había  triunfado.  El  XVII

Congreso del PC(b) de la URSS ha pasado a la historia del

Partido con el nombre de Congreso de los vencedores.

 

 

 

imperialista; la derrota del fascismo en España285 -

nueva demostración de que la crisis revolucionaria

está madurando y de que el fascismo dista mucho de

ser  eterno-  tales  son  los  hechos  fundamentales

ocurridos en el período de que tratamos. No es de

extrañar que el pacifismo burgués esté dando las

últimas boqueadas y que las tendencias de desarme

sean  directa  y  descaradamente  reemplazadas  por

tendencias  de  rearme  y  de  incremento  de  los

armamentos.

Entre esta marejada de conmociones económicas

y de catástrofes políticas y militares, la URSS se

levanta  sola,  como  una  roca,  prosiguiendo  su

edificación   socialista   y   su   lucha   por   el

mantenimiento  de  la  paz.  Si  allí,  en  los  países

capitalistas,   sigue   haciendo   estragos   la   crisis

económica, en la URSS continúa el ascenso, tanto en

la industria como en la agricultura. Si allí, en los

países capitalistas, se realizan febriles preparativos

de una nueva guerra con vistas a un nuevo reparto del

mundo y de las esferas de influencia, la URSS, en

cambio, prosigue la lucha sistemática y tenaz contra

el peligro de guerra, por la paz, sin que pueda decirse

que  sus  esfuerzos  en  este  terreno  hayan  sido

completamente estériles.

Tal es, en líneas generales, el panorama de la presente situación internacional.

Pasemos a examinar los datos principales de la situación   económica   y   política   de   los   países capitalistas.

 

1. El curso de la crisis económica en los países

 

 

285  En 1931,  el  proletariado  y  el  campesinado  de  España

derrocaron la dictadura fascista militar del general Primo de

Rivera, implantada en 1923, y acabaron con la monarquía. El 14

de abril de 1931, en España se proclamó la república. Sin

embargo,  la  debilidad  política  y  la  dispersión  orgánica  del

proletariado, la traición del grupo dirigente del partido socialista

y  de  los  jefes  anarquistas  permitió  a  la  burguesía  y  a  los

terratenientes adueñarse del Poder; se formó un gobierno de

coalición, integrado por representantes de los partidos burgueses

y del partido socialista. A pesar de los intentos del gobierno de

coalición de detener el desarrollo de la revolución, los grandes

combates revolucionarios de los obreros y campesinos, dirigidos

contra los terratenientes y la burguesía, continuaron. El punto

culminante del movimiento revolucionario de aquel período fue

la huelga general y la lucha armada de los mineros de Asturias en

octubre de 1934.

 

 

 

 

 

234

capitalistas

La   actual   crisis   económica   en   los   países

capitalistas se diferencia de todas las crisis análogas,

entre   otras   cosas,   por   ser   más   prolongada   y

persistente.   Si   en  tiempos   anteriores  las   crisis

duraban uno o dos años, la crisis actual se prolonga

ya más de cuatro, asolando año tras año la economía

de los países capitalistas y absorbiéndole las grasas

acumuladas en los años precedentes. N o es de

extrañar que ésta sea la más grave de todas las crisis

conocidas.

¿A  qué  se  debe  este  carácter  inusitadamente persistente de la crisis industrial de nuestros días?

Se debe, ante todo, a que la crisis industrial se ha extendido   a   todos   los   países   capitalistas,   sin excepción, dificultando que unos puedan maniobrar a expensas de otros.

Se  debe,  en  segundo  lugar,  a  que  la  crisis industrial se ha entrelazado con la crisis agraria, que ha   afectado   a   todos   los   países   agrarios   y semiagrarios, sin excepción, lo que no podía dejar de complicar y de ahondar la crisis industrial.

Se debe, en tercer lugar, a que la crisis agraria se

ha  intensificado  durante  este  período  y  se  ha

extendido a todas las ramas de la agricultura, incluida

la ganadería, llevándola hasta la degradación, hasta

tener que emplear el trabajo manual en vez de las

máquinas, hasta sustituir el tractor por el caballo,

hasta tener que reducir sensiblemente el empleo de

los abonos artificiales y, a veces, dejar de utilizarlos

por completo, lo que ha prolongado todavía más la

crisis industrial.

Se  debe,  en  cuarto  lugar,  a  que  los  cárteles

monopolistas, que dominan en la industria, procuran

mantener   altos   los   precios   de   las   mercancías,

circunstancia  que  hace  la  crisis  singularmente

dolorosa e impide la reabsorción de las reservas de

mercancías.

Se debe, por último -y esto es lo fundamental-, a

que la crisis en la industria se ha desencadenado en

las condiciones de la crisis general del capitalismo,

cuando el capitalismo no tiene ya ni puede tener en

los Estados más importantes ni en las colonias y

países dependientes la fuerza y la solidez que tuvo

antes de la guerra y de la Revolución de Octubre;

cuando  la  industria  de  los  países  capitalistas  ha

heredado   de   la   guerra   imperialista,   como   un

fenómeno crónico, la utilización incompleta de las

empresas y ejércitos de millones de parados, de los

que no está ya en condiciones de desembarazarse.

Tales son las circunstancias que han determinado el  carácter  en  extremo  persistente  de  la  crisis industrial de nuestros días.

A estas mismas circunstancias obedece también

que la crisis no se haya circunscrito a la esfera de la

producción y del comercio y se haya extendido,

además, al sistema de créditos, al cambio, a la esfera

de  las  deudas,  etc.,  destrozando  las  relaciones

 

 

J. V. Stalin

 

tradicionales, tanto entre los diferentes países como entre los grupos sociales dentro de cada país.

La  baja  de  los  precios  de  las  mercancías  ha

desempeñado en esto un gran papel. A pesar de la

resistencia de los cárteles monopolistas, la baja de los

precios  se  ha  acelerado  con  fuerza  incontenible,

siendo de notar que, ante todo y sobre todo, han

bajado   los   precios   de   las   mercancías   de   los

propietarios no organizados -campesinos, artesanos,

pequeños capitalistas-,  y sólo gradualmente y en

escala menor los precios de las mercancías de los

propietarios   organizados,   de   los   capitalistas

unificados en cárteles. La baja de los precios ha

hecho  insoportable  la  situación  de  los  deudores

(industriales,   artesanos,   campesinos,   etc.).   Los

acreedores, por el contrario, se han visto en una

situación más privilegiada que nunca. Tal estado de

cosas debía conducir y en efecto ha conducido, a la

quiebra de gran número de casas y de capitalistas.

Debido  a  ello,  en  los  últimos  tres  años  se  han

hundido decenas de miles de sociedades anónimas en

los EE.UU., en Alemania, en Inglaterra y en Francia.

A las quiebras de sociedades anónimas ha seguido la

depreciación de la moneda, cosa que ha aliviado un

tanto   la   situación   de   los   deudores.   Tras   la

depreciación de la moneda, la suspensión de pagos -

legalizada oficialmente- de las deudas exteriores e

interiores. La quiebra de Bancos como el Banco de

Darmstadt y el Banco de Dresde en Alemania, el

Kreditanstalt en Austria y de consorcios como el de

Kreuger en Suecia, el Insul-Concern en los EE.UU.,

etc., es de todos conocida.

Se comprende que a estos fenómenos, que han

resquebrajado los cimientos del sistema de créditos,

debía   seguir,   y   efectivamente   ha   seguido,   la

suspensión  del  pago  de  los  créditos  y  de  los

empréstitos extranjeros, la suspensión del pago de las

deudas   interaliadas,   la   paralización   de   las

exportaciones de capital, una nueva reducción del

comercio   exterior   y   de   las   exportaciones   de

mercancías, la intensificación de la lucha por los

mercados exteriores, la guerra comercial entre los

países y el dumping. Sí, camaradas, el dumping. No

me refiero al supuesto dumping soviético, acerca del

cual hace aún poco vociferaban hasta desgañitarse

ciertos   honorables   diputados   de   honorables

parlamentos de Europa y de América. Me refiero al

dumping verdadero, practicado ahora por casi todos

los   países                                                         «civilizados»,   cosa   que   silencian

prudentemente   esos   intrépidos   y   honorables

diputados.

Se  comprende  también  que  estos  fenómenos

destructivos que acompañan a la crisis industrial,

fenómenos que ocurren fuera de la esfera de la

producción, no han podido, a su vez, dejar de influir

en el curso de la crisis industrial, ahondándola y

complicándola.

Tal es, en líneas generales, el panorama del curso

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       235

 

 

de la crisis industrial.

He aquí algunas cifras, procedentes de fuentes oficiales, que ilustran el curso de la crisis industrial durante el período a que nos referimos:

Volumen de la producción industrial en tantos por 100 con relación a 1929

 

1929                                                                   1930      1931   1932   1933

URSS                                                                 100        129,7 161,9 184,7 201,6

EE.UU.                                                              100        80,7    68,1    53,8    64,9

Inglaterra                                                           100        92,4    83,8    83,8    86,1

Alemania                                                           100        88,3    71,7    59,8    66,8

Francia                                                               100.       100,7 89,2    69,1    77,4

 

El cuadro, como veis, es bien elocuente.

       Al mismo tiempo que la producción industrial de

los principales países capitalistas bajaba de año en

año,  respecto  al  nivel  de 1929,  comenzando  a

reponerse un tanto únicamente en 1933, aunque sin

alcanzar,  ni  mucho  menos,  el  nivel  de 1929, la

industria de la URSS se ha incrementado de año en

año, siguiendo un proceso de ascenso ininterrumpido.

Al  mismo  tiempo  que  en  la  industria  de  los principales países capitalistas se observa hacia fines de 1933 una reducción del volumen de la producción en un promedio de un 25%, y más aún, contra el nivel  de 1929,  la  industria  de  la  URSS  se  ha incrementado en ese tiempo en más del doble, es decir, en más de un 100%.

A juzgar por el cuadro citado, podría parecer que, de los cuatro países capitalistas, es Inglaterra el que se encuentra en situación más favorable. Pero no es del todo cierto. Si tomamos la industria de dichos países y la comparamos con el nivel de anteguerra, el panorama resultará algo distinto.

He aquí el cuadro correspondiente:

Volumen de la producción industrial en tantos por 100 Con relación al nivel de anteguerra

 

1913                                                                   1929      1930   1931   1932   1933

URSS                                                                 100 194,3 252,1 314,7 359,0 391,9

EE.UU.                                                              100 170,2 137,3 115,9 91,4 110,2

Inglaterra                                                           100        99,1    91,5    83,0    82,5    85,2

Alemania                                                           100 113,0 99,8            81,0    67,6    75,4

Francia                                                               100 139,0 140,0 124,0 96,1 107,6

 

Como  veis,  la  industria  de  Inglaterra  y  de Alemania no ha alcanzado aún el nivel de anteguerra, mientras que los EE.UU. y Francia han superado dicho nivel en un reducido tanto por ciento, y la URSS  ha  elevado,  ha  aumentado  su  producción industrial  en  ese  período,  respecto  al  nivel  de anteguerra, en más de un 290%.

Pero de los cuadros dimana aún otra conclusión.

       La industria de los principales países capitalistas -

que ha ido descendiendo sin cesar a partir de 1930 y

especialmente desde 1931, llegando en 1932 a su

punto más bajo- en 1933 ha comenzado a reponerse

 

 

un tanto y ascender. Los datos mensuales de 1932 y 1933 confirman más aún esta conclusión, ya que en ellos se ve que la industria de estos países, a pesar de que su producción oscila en 1933, no ha revelado la tendencia a llevar dicha oscilación hasta el punto más bajo, al que se llegó en el verano de 1932.

¿Qué significa esto?

Significa que la industria de los principales países capitalistas ha pasado ya, por lo visto, el punto más bajo de descenso, al cual no ha vuelto ya en el transcurso de 1933.

Hay  quien  se  siente  inclinado  a  atribuir  este

fenómeno a la influencia de factores exclusivamente

artificiales, como la coyuntura de inflación belicista.

No cabe duda de que la coyuntura de inflación

belicista  desempeña  un  papel  no  desdeñable.  Lo

dicho es sobre todo cierto con respecto al Japón,

donde este factor artificial es la fuerza básica y

decisiva  de  cierta  reanimación  en  determinadas

ramas de la industria, principalmente en la industria

de guerra. Pero sería un burdo error suponer que todo

se debe a la coyuntura de inflación belicista. Eso

sería erróneo, aunque sólo fuese por el simple hecho

de que los progresos de la industria, que acabo de

examinar, se observan no en unas u otras zonas al

azar,  sino  en  todos  o  en  casi  todos  los  países

industriales, incluso en los de moneda firme. Por lo

visto, al lado de la coyuntura de inflación belicista,

en este caso se deja sentir también la acción de las

fuerzas económicas internas del capitalismo.

El  capitalismo  ha  logrado  aliviar  un  tanto  la

situación de la industria a expensas de los obreros,

explotándolos   en   mayor   grado   mediante   la

intensificación  de  su  trabajo;  a  expensas  de  los

agricultores, aplicando la política de baja máxima de

los precios del producto de su trabajo, de los artículos

alimenticios y, en parte, de las materias primas; a

expensas de los campesinos de las colonias y de los

países económicamente débiles, bajando aún más los

precios del producto de su trabajo, principalmente de

las  materias  primas  y  luego  de  los  productos

alimenticios.

¿Significa esto que nos hallamos ante el paso de

la crisis a la depresión habitual, que lleva tras de sí

un nuevo ascenso y un nuevo florecimiento de la

industria? No, de ningún modo. En todo caso, no hay

actualmente indicios, directos o indirectos, de que

vaya a producirse un ascenso de la industria en los

países capitalistas. Más aún: todo evidencia que no

puede haber tales indicios, por lo menos en un futuro

próximo.  No  puede  haberlos,  ya  que  continúan

ejerciendo su acción las condiciones desfavorables

que impiden a la industria de los países capitalistas

lograr un nuevo ascenso de alguna consideración. Se

trata  de  la  crisis  general  del  capitalismo,  que

continúa y dentro de la cual tiene lugar la crisis

económica; de la utilización incompleta crónica de

las  empresas;  del  paro  crónico  en  masa  y  del

 

 

 

 

 

236

entrelazamiento de la crisis industrial con la crisis agraria; se trata de que no existe la tendencia a una renovación  más  o  menos  seria  del  capital  fijo, renovación que es la precursora habitual de un nuevo ascenso, etc., etc.

Es evidente que asistimos a la transición del punto de mayor descenso de la industria, del punto más profundo de la crisis industrial, a la depresión, pero no a una depresión corriente, sino de un género especial, que no lleva a un nuevo auge ni a la prosperidad de la industria, pero que tampoco le hace regresar al punto más bajo.

2. Agravación de la situación política en los países capitalistas

Resultado de la crisis económica persistente es el inusitado empeoramiento de la situación política de los países capitalistas, tanto en el interior de cada uno de ellos como entre unos y otros.

La intensificación de la lucha por los mercados

exteriores, la eliminación de los últimos vestigios del

comercio libre, los aranceles prohibitivos, la guerra

comercial, la guerra de las divisas, el dumping y

otras muchas medidas análogas, demostrativas de un

nacionalismo extremo en la política económica, han

exacerbado al máximo las relaciones entre los países,

han preparado el terreno para colisiones militares y

puesto al orden del día la guerra, como medio para

proceder a un nuevo reparto del mundo y de las

esferas de influencia en favor de los Estados más

fuertes.

La guerra del Japón contra China, la ocupación de

Manchuria, la retirada del Japón de la Sociedad de

Naciones y la invasión del Norte de China han

agravado    todavía                                          más    la    situación.    El

recrudecimiento de la lucha por el Pacífico y la

carrera de armamentos navales en el Japón, EE.UU.,

Inglaterra y Francia son resultado de esta agravación.

La  retirada  de  Alemania  de  la  Sociedad  de Naciones y el fantasma del desquite han dado un nuevo impulso al empeoramiento de la situación y a la carrera de los armamentos en Europa.

Nada tiene de extraño que el pacifismo burgués arrastre  hoy  una  existencia  lastimosa  y  que  la faramalla  sobre  el  desarme  ceda  el  puesto  a conversaciones «prácticas»  sobre  el  rearme  y  el incremento de los armamentos.

Como en 1914, salen nuevamente al primer plano los partidos del imperialismo guerrerista, los partidos de la guerra y la revancha.

Las  cosas  marchan,  evidentemente,  hacia  una nueva guerra.

La acción de estos mismos factores, agudiza aún

más la situación interior de los países capitalistas.

Los cuatro años de crisis industrial han extenuado a

la clase obrera, llevándola a la desesperación. Los

cuatro  años  de  crisis  agraria  han  arruinado  por

completo a los sectores pobres del campo, no sólo en

 

 

J. V. Stalin

 

los principales países capitalistas, sino también -y de

una manera especial- en los países dependientes y en

las  colonias.  Es  un  hecho  que,  a  pesar  de  las

numerosas  artimañas  estadísticas  para  ocultar  las

verdaderas proporciones del paro, el número de los

desocupados   llega,   según   datos   oficiales   de

instituciones   burguesas,   a   unos 3.000.000   en

Inglaterra, a 5.000.000 en Alemania y a 10.000.000

en los EE.UU., sin hablar ya de otros países de

Europa. Agregad a esto los obreros en paro parcial,

que pasan de 10.000.000; añadid los millones de

campesinos  arruinados,  y  obtendréis  un  cuadro

aproximado de la miseria y la desesperación de las

masas  trabajadoras.  Las masas  populares  no  han

llegado aún al punto de lanzarse al asalto contra el

capitalismo, pero difícilmente puede dudarse de que

la  idea  del  asalto  madura  en  su  candencia.  Lo

atestiguan   elocuentemente   hechos   como   la

revolución española, que ha derrocado, el régimen

del fascismo, y el aumento de las regiones soviéticas

en China, que la contrarrevolución de la burguesía

china,  coligada  con  la  extranjera,  es  incapaz  de

contener.

A  esto  precisamente  se  debe  que  las  clases

dominantes de los países capitalistas supriman o

reduzcan a la nada con todo empeño los últimos

vestigios del parlamentarismo y de la democracia

burguesa, que pueden ser aprovechados por la clase

obrera en su lucha contra los opresores; lancen a la

ilegalidad a los Partidos Comunistas y recurran a

métodos   de   terror   abiertos   para   mantener   su

dictadura.

El chovinismo y la preparación de la guerra, como elementos  principales  de  la  política  exterior;  el amordazamiento de la clase obrera y el terror en la política  interior,  como  medio  indispensable  para fortalecer  la  retaguardia  de  los  futuros  frentes militares: esto es a lo que ahora se entregan, sobre todo, los políticos imperialistas.

No es de extrañar que el fascismo sea hoy la mercancía más en boga entre los belicosos políticos burgueses. No me refiero solamente al fascismo en general, sino, ante todo, al fascismo de tipo alemán, que se titula falsamente nacionalsocialismo, cuando ni con el examen más prolijo es posible descubrir en él un átomo de socialismo.

A  este  respecto,  la  victoria  del  fascismo  en

Alemania no sólo debe ser considerada como un

síntoma de la debilidad de la clase obrera y como una

consecuencia de las traiciones cometidas contra la

clase  obrera  por  la  socialdemocracia,  que  ha

despejado   el   camino   al   fascismo.   Debe   ser

considerada también como un indicio de la debilidad

de la burguesía, como un síntoma de que la burguesía

no está ya en condiciones de dominar por los viejos

métodos del parlamentarismo y de la democracia

burguesa, en vista de lo cual se ve obligada a recurrir,

en la política interior, a los métodos terroristas de

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       237

 

 

gobierno; como un síntoma de que ya no está en condiciones  de  hallar  una  salida  a  la  situación presente sobre la base de una política exterior de paz, en vista de la cual se ve forzada a recurrir a la política de guerra.

Tal es la situación.

Veis,  pues, que las  cosas  marchan  hacia  una

nueva guerra imperialista como salida de la situación

actual.

Claro está que no hay razón para suponer que la

guerra puede proporcionar una salida efectiva. Al

contrario, la guerra ha de complicar aún más la

situación. Es más: desencadenará con seguridad la

revolución y pondrá en peligro la existencia misma

del capitalismo en varios países, como ocurrió en la

primera  guerra  imperialista.  Y  si,  a  pesar  de  la

experiencia de la primera guerra imperialista, los

políticos burgueses se aferran a la guerra, como

quien se agarra a un clavo ardiendo, significa que han

perdido  definitivamente  la  cabeza,  que  se  hallan

metidos en un callejón sin salida y que están prontos

a precipitarse en el abismo.

Por esta razón, no estará de más que examinemos

brevemente los planes de organización de la guerra

que se incuban actualmente en los medios políticos

burgueses.

Unos creen que hay que organizar la guerra contra una de las grandes potencias. Piensan infligirle una derrota  aniquiladora  y  enderezar  sus  negocios  a expensas de ella. Admitamos que se logre organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de ello?

Como   sabéis,   durante   la   primera   guerra

imperialista también querían aniquilar a una de las

grandes potencias, Alemania, y lucrarse a costa suya.

¿Y qué ocurrió? Alemania no fue aniquilada, pero

sembraron en ella tal odio contra los vencedores y

crearon un terreno tan abonado para el desquite, que

no han podido aún -ni es fácil que puedan pronto-

comerse la repugnante bazofia que ellos mismos

prepararon.  En  cambio,  se  encontraron  con  el

aniquilamiento del capitalismo en Rusia, el triunfo de

la revolución proletaria en Rusia y, naturalmente, la

Unión  Soviética. ¿Qué  garantías  hay  de  que  la

segunda guerra imperialista pueda darles «mejores»

resultados que la primera? ¿No sería más acertado

suponer lo contrario?

Otros  creen  que  hay  que  organizar  la  guerra

contra un país débil desde el punto de vista militar,

pero vasto como mercado, por ejemplo, contra China,

a la que, según resulta, no puede llamarse Estado en

el sentido estricto de la palabra, pues constituye tan

sólo un «territorio no organizado», que necesita ser

ocupado por los países fuertes. Por lo visto, quieren

repartirse  definitivamente  ese  país  y  sanear  los

negocios a expensas de él. Admitamos que se logre

organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de

ello?

Es sabido que, a principios del siglo XIX, Italia y

 

 

Alemania eran consideradas exactamente como lo es

en la actualidad China, es decir, como «territorios no

organizados», y no como Estados, y se las sojuzgaba.

¿Y qué resultó de ello? Resultaron, como se sabe, las

guerras de Alemania e Italia por su independencia y

la   unificación   de   estos   países   en   Estados

independientes. Resultó la intensificación del odio en

el corazón de los pueblos de dichos países contra sus

esclavizadores, odio cuyas consecuencias no han sido

liquidadas  aún  y  que  difícilmente  se  liquidarán

pronto. Y uno se pregunta: ¿qué garantía hay de que

no vaya a ocurrir lo mismo en la guerra de los

imperialistas contra China?

Hay un tercer grupo que cree que la guerra debe

ser organizada por una «raza superior», por ejemplo,

la «raza» alemana, contra una «raza inferior», ante

todo contra la eslava; que sólo una guerra de esta

índole puede proporcionar una salida a la situación,

puesto que la «raza superior» está llamada a fecundar

la «inferior»  y  dominarla.  Admitamos  que  esta

extraña teoría, tan distante de la ciencia como el cielo

de la tierra, es puesta en práctica. ¿Qué resultaría de

ello?

Es sabido que la antigua Roma consideraba a los

antecesores de los actuales alemanes y franceses lo

mismo que los representantes de la «raza superior»

consideran hoy a los pueblos eslavos. Es sabido que

la antigua Roma los tildaba de «raza inferior», de

«bárbaros»   predestinados   a   verse   eternamente

sometidos a la «raza superior», a la «gran Roma».

Por cierto, la antigua Roma tenía, dicho sea entre

nosotros, cierta razón para pensar así, cosa que no

puede decirse de los representantes de la actual «raza

superior». ¿Y qué resultó de ello? Resultó que los no

romanos, es decir, todos los «bárbaros», se unieron

contra   el   enemigo   común   y   derrumbaron

estruendosamente a Roma. Uno se pregunta: ¿qué

garantía   hay   de   que   las   pretensiones   de   los

representantes de la «raza superior» actual no vayan

a conducir a los mismos resultados deplorables para

ellos? ¿Qué  garantía  hay  de  que  los  políticos

literario-fascistas de Berlín vayan a correr mejor

suerte  que  los  viejos  y  probados  conquistadores

romanos? ¿No   será   más   acertado   suponer   lo

contrario?

Por último, un cuarto grupo estima que se debe

organizar la guerra contra la URSS. Piensan derrotar

a la URSS, repartirse sus territorios y enriquecerse a

su costa. Sería erróneo suponer que esto sólo lo

piensan algunas esferas militares del Japón. Sabemos

que  planes  análogos  se  incuban  en  las  esferas

políticas dirigentes de algunos Estados de Europa.

Supongamos  que  estos  señores  pasasen  de  las

palabras a los hechos. ¿Qué podría resultar de ello?

Difícilmente puede dudarse de que esta sería la

guerra más peligrosa para la burguesía. Sería la más

peligrosa, no sólo porque los pueblos de la URSS

lucharían   a   muerte   por   las   conquistas   de   la

 

 

 

 

 

238

revolución. Sería también la más peligrosa para la

burguesía, porque la guerra se haría no sólo en los

frentes de batalla, sino también en la retaguardia del

enemigo. La burguesía puede estar segura de que los

numerosos amigos de la clase obrera de la URSS en

Europa y en Asia procurarían asestar golpes en la

retaguardia a sus opresores, si éstos se atreviesen a

desencadenar una criminal guerra contra la patria de

la clase obrera de todos los países. Y los señores

burgueses no tendrían derecho a quejarse de nosotros

si al día siguiente de haber empezado esta guerra se

encontrasen con que ya no existían algunos de sus

amados gobiernos, que hoy reinan tranquilamente

«por la gracia de Dios».

Recordaréis que hace quince años hubo ya una

guerra semejante contra la URSS. Sabéis que el

honorable Churchill definió aquella guerra con una

fórmula  poética: «la  expedición  de  los  catorce

Estados». Recordaréis, como es natural, que esta

guerra agrupó a todos los trabajadores de nuestro país

en un campo único de combatientes abnegados, que

defendieron   con   su   pecho   la   patria   obrera   y

campesina  contra  los  enemigos  del  exterior.  Ya

sabéis cómo terminó la guerra. Terminó en nuestro

país con la expulsión de los intervencionistas y en

Europa, con la creación de «Comités de Acción»286

revolucionarios. Apenas si puede dudarse de que una

segunda  guerra  contra  la  URSS  conduciría  a  la

completa derrota de los agresores, a la revolución en

varios países de Europa y Asia y al derrocamiento de

los  gobiernos  burgueses-terratenientes  de  dichos

países.

Tales son los planes militares de los políticos

burgueses, que se han metido en un callejón sin

salida.

Como veis, no brillan por su inteligencia ni por su valor.

Ahora bien, si la burguesía opta por el camino de

la guerra, la clase obrera de los países capitalistas,

llevada a la desesperación por cuatro años de crisis y

de paro, toma, en cambio, el camino de la revolución.

Esto significa que madura y seguirá madurando la

crisis  revolucionaria.  Y  la  crisis  revolucionaria

continuará agudizándose con tanta mayor rapidez,

cuanto   más   se   enrede   la   burguesía   en   sus

combinaciones de guerra, cuanto más frecuentemente

recurra a los métodos terroristas de lucha contra la

clase obrera y contra los campesinos trabajadores.

Algunos camaradas piensan que, si existe una

 

 

286                                                                     Los        «Comités    de    Acción»    eran    organizaciones

revolucionarias de los obreros en la Gran Bretaña, Francia y

otros  países  capitalistas  que  participaron  en  la  intervención

militar  contra  la  República  Soviética  de 1918  a  1920.  Los

«Comités de Acción» se creaban bajo la consigna de «¡Fuera las

manos de la Rusia Soviética!». Bajo la dirección de los «Comités

de Acción», los obreros organizaban huelgas, manifestaciones, se

negaban,  para  frustrar  la  intervención,  a  cargar  pertrechos

militares.  Los «Comités  de  Acción»  adquirieron  la  mayor

divulgación en la Gran Bretaña en 1920.

 

 

J. V. Stalin

 

crisis  revolucionaria,  la  burguesía  ha  de  caer

inevitablemente en una situación sin salida, y que,

por lo tanto, su fin está ya predeterminado, con lo

que el triunfo de la revolución es cosa segura y ellos

sólo  deben  aguardar  la  caída  de  la  burguesía  y

escribir resoluciones triunfales. Este es un profundo

error. El triunfo de la revolución jamás llega por sí

solo. Es necesario prepararlo y conquistarlo. Y eso

sólo puede hacerlo un fuerte partido revolucionario

del proletariado. Hay momentos en que la situación

es  revolucionaria,  el  Poder  de  la  burguesía  se

tambalea hasta los cimientos, y no obstante, el triunfo

de la revolución no llega, porque no existe un partido

revolucionario  del  proletariado  lo  suficientemente

fuerte y prestigioso para conducir tras de sí a las

masas y tomar el Poder en sus manos. Sería insensato

creer que semejantes «casos» no pueden darse.

No estará de más recordar, a este propósito, las palabras   proféticas   de   Lenin   sobre   la   crisis revolucionaria, pronunciadas en el II Congreso de la Internacional Comunista287.

 

«Llegamos  ahora  a  la  cuestión  de  la  crisis

revolucionaria   como   base   de   nuestra   acción

revolucionaria. Aquí es necesario ante todo hacer

notar dos errores muy extendidos. De una parte, los

economistas burgueses presentan esta crisis como

una simple «inquietud», según la elegante expresión

de los ingleses. Por otra parte, los revolucionarios

tratan a veces de demostrar que la crisis no tiene

ninguna   salida.   Esto   es   un   error.   No   existen

situaciones absolutamente sin salida. La burguesía se

comporta como una fiera envalentonada y que ha

perdido la cabeza; comete una tontería tras otra,

agravando  la  situación,  acelerando  su  catástrofe.

Todo esto es cierto. Pero no puede «probarse» que

esté descartada en absoluto la posibilidad de que

adormezca  a  una  cierta  minoría  de  explotados,

mediante algunas concesiones de poca monta, de que

reprima tal o cual movimiento o insurrección de tal o

cual parte de los oprimidos y explotados. Intentar

«probar» por adelantado la falta «absoluta» de salida,

sería una pedantería huera o un juego de conceptos y

de palabras. La verdadera «prueba», en ésta y en

otras cuestiones semejantes, puede ser tan sólo la

práctica. El régimen burgués atraviesa en el mundo

entero  la  más  grande  crisis  revolucionaria.  Los

 

287 El II Congreso de la Internacional Comunista se celebró del

19 de julio al 7 de agosto de 1920. Asistieron al Congreso más de

doscientos  delegados  en  representación  de  organizaciones

obreras  de 37  países.  Todo  el  trabajo  preparatorio  para  la

convocatoria del Congreso lo dirigió V. I. Lenin. En el Congreso,

V. I. Lenin presentó, entre otros, un informe sobre la situación

internacional  y  las  tareas  fundamentales  de  la  Internacional

Comunista y pronunció varios discursos. V. I. Lenin y J. V.

Stalin fueron elegidos por la delegación del PC(b) de Rusia para

formar parte del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

El II Congreso echó los cimientos del programa, de los principios

de  organización,  de  la  estrategia  y  de  la  táctica  de  la

Internacional Comunista.

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       239

 

 

partidos revolucionarios deben «probar» ahora con su trabajo práctico que poseen suficiente conciencia, organización,  vínculos  con  las  masas  explotadas, decisión y capacidad para aprovechar esta crisis para una  revolución  triunfante,  victoriosa» (Lenin,  t. XXV, págs. 340-341).

 

III. El partido

Paso a la cuestión del Partido.

El presente Congreso se celebra bajo la bandera de la victoria total del leninismo, de la liquidación de los restos de los grupos antileninistas.

Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de

los trotskistas. Sus organizadores vegetan hoy en el

extranjero,   en   las   corralizas   de   los   partidos

burgueses.

Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de los desviacionistas de derecha. Sus organizadores han   abandonado   hace   ya   mucho   tiempo   sus concepciones y se esfuerzan ahora en reparar a toda costa sus faltas ante el Partido.

Han  sido  batidos  y  dispersos  los  grupos  de desviación nacionalista. Sus organizadores se han sumado    definitivamente                       a            la         emigración intervencionista o han reconocido sus culpas.

La mayoría de los partidarios de estos grupos antirrevolucionarios se ha visto obligada a reconocer que la línea del Partido era acertada y ha capitulado ante el Partido.

Si   en   el   XV   Congreso288   tuvimos   todavía necesidad de demostrar que la línea del Partido era acertada y de luchar contra determinados grupos antileninistas, y en el XVI Congreso hubo que acabar con los últimos adeptos de estos grupos, en este Congreso no hay que demostrar nada y, a lo que parece, nadie a quien combatir. Todos ven que la línea del Partido ha triunfado.

Ha triunfado la política de industrialización del

 

 

288 El XV Congreso del PC(b) de la URSS se celebró en Moscú

del 2 al 19 de diciembre de 1927. J. V. Stalin hizo, el 3 de

diciembre, el informe político del CC del PC(b) de la URSS y, el

7 de diciembre, el resumen de la discusión del mismo. El

Congreso aprobó la línea política y de organización del Comité

Central del Partido y encomendó al CC que siguiera aplicando la

política de paz y de fortalecimiento de la capacidad defensiva de

la URSS; que continuara la industrialización socialista del país

sin atenuar el ritmo y desarrollara al máximo la colectivización

de la agricultura, y que prosiguiese rumbo hacia la liquidación de

los  elementos  capitalistas  en  la  economía  nacional.  En  sus

acuerdos sobre la oposición, el Congreso hizo constar que las

divergencias  entre  el  Partido  y  la  oposición  se  habían

transformado en divergencias programáticas, que la oposición

trotskista había emprendido el camino de la lucha antisoviética,

por lo que el Congreso declaró incompatible con la permanencia

en las filas del Partido Bolchevique la adhesión a la oposición

trotskista y la propaganda de las ideas de ésta. El Congreso

aprobó la resolución del CC y de la CCC del 14 de noviembre de

1927, por la cual se expulsaba del Partido a Trotski y a Zinóviev,

y expulsó del Partido a todos los elementos activos del bloque

trotskista-zinovievista  y  a  todo  el  grupo  del  "centralismo

democrático».

 

 

país. Sus resultados son ahora evidentes para todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho?

Ha triunfado la política de liquidación de los kulaks y de colectivización total. Sus resultados son también evidentes para todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho?

La experiencia de nuestro país ha demostrado que

la  victoria  del  socialismo  en  un  solo  país  es

plenamente posible. ¿Qué se puede oponer a este

hecho?

Es evidente que todos estos éxitos y, ante todo el triunfo del plan quinquenal han desmoralizado y aniquilado   por   completo   a   todos   los   grupos antileninistas.

Hay que reconocer que el Partido está ahora más unido que nunca.

 

1. Las cuestiones de la dirección política e ideológica

¿Significa  esto,  no  obstante,  que  la  lucha  ha terminado  y  que,  en  adelante,  la  ofensiva  del socialismo está de más, como algo innecesario?

No, no significa eso.

¿Significa  esto  que  en  nuestro  Partido  todo marcha bien, que no habrá ya desviaciones y que, por consiguiente, podemos dormirnos en los laureles?

No, no significa eso.

Hemos destrozado a los enemigos del Partido, a

los oportunistas de todos los matices y a los nacional-

desviacionistas de todo género; pero los restos de su

ideología   subsisten   en   el   cerebro   de   algunos

miembros del Partido, y no pocas veces se dejan

sentir. Al Partido no se le puede considerar como

algo desligado de la gente que le rodea. Vive y actúa

en el medio que le circunda. Así, no tiene nada de

extraño que no pocas veces penetren en él tendencias

malsanas. Y es indudable que el terreno para esas

tendencias existe en nuestro país, aunque sólo sea

porque hay todavía algunas capas intermedias de la

población, tanto en la ciudad como en el campo, que

constituyen el medio nutrido para su desarrollo.

La XVII Conferencia de nuestro Partido289 ha

 

289 La XVII Conferencia del PC(b) de la URSS se celebró del 30

de  enero  al 4  de  febrero  de 1932  en  Moscú.  Dirigió  la

Conferencia J. V. Stalin. La Conferencia examinó el informe de

G.  K.  Ordzhonikidze  sobre  el  balance  del  desarrollo  de  la

industria en 1931 y las tareas de 1932, y los informes de V. M.

Mólotov y de V. Kúibishev sobre las directivas para confeccionar

el segundo plan quinquenal de fomento de la economía nacional

de la URSS para 1933-1937. La Conferencia señaló que habían

sido  cumplidas  con  inmenso  éxito  las  decisiones  de  los

Congresos del Partido relativas a la construcción definitiva de los

cimientos de la economía socialista y al logro, para la URSS, de

la independencia económica. La Conferencia aprobó el plan de

fomento de la industria socialista para 1932, que aseguraba el

cumplimiento del primer plan quinquenal en cuatro años. En las

directivas para la confección del segundo plan quinquenal, la

Conferencia   determinó   las   tareas   políticas   y   económicas

fundamentales del segundo plan quinquenal, señalando que la

tarea económica básica y decisiva del segundo plan quinquenal

era terminar la reestructuración de toda la economía nacional

 

 

 

 

 

240

dicho que una de las tareas políticas fundamentales

en el período de cumplimiento del segundo plan

quinquenal consiste en «vencer las supervivencias

del capitalismo en la economía y en la conciencia de

los  hombres».  Esta  es  una  idea  completamente

acertada. Pero ¿se puede decir que hayamos vencido

ya todas las supervivencias del capitalismo en la

economía? No, no se puede decir. Mucho menos

puede    decirse    que    hayamos    vencido    las

supervivencias del capitalismo en la conciencia de

los hombres. Eso no puede decirse, y no sólo porque

el desarrollo de la conciencia de los hombres va en

retraso  de  su  situación  económica,  sino  también

porque existe aún el cerco capitalista, que se esfuerza

por  reavivar  y  mantener  esas  supervivencias  del

capitalismo en la economía y en la conciencia de los

hombres de la URSS y contra el cual nosotros, los

bolcheviques, debemos tener siempre la pólvora seca.

Se comprende que estas supervivencias no pueden

dejar de ser un terreno abonado para la reanimación,

en  el  cerebro  de  algunos  miembros  de  muestro

Partido, de la ideología de los derrotados grupos

antileninistas. Añadid a esto el nivel teórico, no muy

elevado, de la mayoría de nuestros militantes, el débil

trabajo ideológico de los organismos del Partido,

agregad aún que los dirigentes de las organizaciones

del  Partido,  recargados  de  trabajo  práctico,  no

pueden   mejorar   su   preparación   teórica,   y

comprenderéis  por  qué  en  la  cabeza  de  algunos

miembros   del   Partido   reina   confusión   en

determinadas  cuestiones  del  leninismo,  confusión

que no pocas veces se desliza en nuestra prensa y

facilita la reanimación de los restos de la ideología de

los derrotados grupos antileninistas.

He ahí por qué no se puede decir que la lucha haya terminado y que no hay ya necesidad de una política de ofensiva del socialismo.

Podríamos tomar varias cuestiones del leninismo y demostrar con ellas lo vivos que están aún entre algunos  miembros  del  Partido  los  restos  de  la ideología de los derrotados grupos antileninistas.

Tomemos,   por   ejemplo,   el   problema   de   la

construcción de la sociedad socialista sin clases. La

XVII   Conferencia   del   Partido   ha   dicho   que

avanzamos hacia la creación de la sociedad socialista

sin clases. Es evidente que la sociedad sin clases no

puede advenir espontáneamente, por decirlo así. Hay

que conquistarla y construirla con los esfuerzos de

todos los trabajadores, fortaleciendo los órganos de la

dictadura del proletariado, desarrollando la lucha de

clases, suprimiendo las clases, liquidando los restos

de   las   clases   capitalistas,   luchando   contra   los

enemigos, tanto del interior como del exterior.

Me parece que la cosa es clara.

Sin embargo, ¿quién ignora que la proclamación

de esta diáfana y elemental tesis del leninismo ha

suscitado  no  poca  confusión  en  las  cabezas  y

 

sobre la base de la técnica más moderna.

 

 

J. V. Stalin

 

tendencias malsanas en parte de los miembros del

Partido? La tesis de nuestro avance hacia la sociedad

sin  clases,  dada  como  una  consigna,  la  han

comprendido como un proceso espontáneo. Y se han

dicho: puesto que se trata de la sociedad sin clases,

quiere decir que se puede debilitar la lucha de clases,

que se puede aflojar la dictadura del proletariado y

terminar, en general, con el Estado, el cual, de todas

maneras, tiene que desaparecer en un futuro próximo.

Y se vuelven locos de alegría, con la esperanza de

que pronto no existirán las clases y, por consiguiente,

no   habrá   lucha   de   clases,   desaparecerán   las

preocupaciones e inquietudes, se podrá deponer las

armas  y  tumbarse  a  la  bartola  en  espera  del

advenimiento de la sociedad sin clases.

No cabe duda de que esta confusión en las ideas y

estas tendencias se parecen como dos gotas de agua a

determinadas concepciones de los desviacionistas de

derecha, según las cuales lo viejo deberá integrarse

espontáneamente en lo nuevo y un buen día nos

veremos, sin darnos cuenta, en la sociedad socialista.

Como veis, los restos de la ideología de los

derrotados grupos antileninistas son bien susceptibles

de reanimación y distan mucho de haber perdido su

vitalidad.

Se   comprende   que   si   esta   confusión   de

concepciones y estas tendencias no bolcheviques se

hubieran apoderado de la mayoría de nuestro Partido,

éste se habría visto desmovilizado y desarmado...

Tomemos   ahora,   por   ejemplo,   la   cuestión

nacional. También aquí, en la cuestión nacional,

como en otras cuestiones, hay en el Partido gente con

una confusión de ideas que origina cierto peligro. He

hablado de la vitalidad de las supervivencias del

capitalismo. Hay que señalar que las supervivencias

del capitalismo en la conciencia de los hombres están

mucho más arraigadas en el terreno de la cuestión

nacional que en cualquier otro. Poseen más vitalidad,

porque  pueden  enmascararse  bien  con  el  ropaje

nacional. Muchos piensan que el pecado de Skripnilk

es un caso aislado, una excepción de la regla. No es

cierto. El pecado de Skripnik y de su grupo en

Ucrania no es una excepción. Iguales aberraciones se

observan en algunos camaradas de otras repúblicas

nacionales.

¿Qué significa la desviación nacionalista tanto si

se trata de una desviación hacia el nacionalismo gran

ruso   como   hacia   el   nacionalismo   local?   La

desviación nacionalista es la adaptación de la política

internacionalista  de  la  clase  obrera  a  la  política

nacionalista   de   la   burguesía.   La   desviación

nacionalista  refleja  los  intentos  de  la  burguesía

«propia», de la burguesía «nacional», por socavar el

régimen soviético y restaurar el capitalismo. Como

veis, el origen de ambas desviaciones es el mismo.

Es el abandono del internacionalismo leninista. Si

queréis  hacer  fuego  contra  ambas  desviaciones,

debéis dirigir los tiros, ante todo, contra los orígenes,

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       241

 

 

contra  los  que  se  separan  del  internacionalismo, trátese de la desviación nacionalista local o de la desviación nacionalista gran rusa.

Se discute qué desviación es más peligrosa, si la

desviación nacionalista gran rusa o la desviación

nacionalista local. En las condiciones actuales, tal

discusión es puramente formal y, por tanto, huera.

Sería estúpido dar una receta, buena para todos los

momentos y condiciones, sobre el peligro principal y

el secundario. Estas recetas no existen. El peligro

principal consiste en la desviación contra la que se ha

dejado de combatir y a la que se ha permitido, de este

modo, crecer hasta convertirse en un peligro para el

Estado.

Hace   todavía   muy   poco,   la   desviación nacionalista local no era en Ucrania el peligro más grave; pero cuando se dejó de combatirla y se le permitió  crecer  hasta  formar  un  bloque  con  los intervencionistas, se convirtió en el peligro principal. La cuestión del peligro principal en el problema nacional no se resuelve mediante discusiones hueras y  formales,  sino  con  el  análisis  marxista  de  la situación en el momento dado y con el examen de los errores cometidos en esta cuestión.

Lo mismo debe decirse de las desviaciones de

derecha y de «izquierda» en la política general.

También  aquí,  como  en  otras  cuestiones,  hay

bastante confusión de ideas entre algunos miembros

de nuestro Partido. A veces, al combatir la desviación

de derecha, se aparta la mano de la desviación de

«izquierda»  y  se  debilita  la  lucha  contra  ella,

suponiendo que no es peligrosa o poco peligrosa.

Este es un grave y peligroso error. Es una concesión

a  la  desviación  de «izquierda»,  una  concesión

inadmisible, en un miembro del Partido. Y es tanto

más inadmisible por cuanto en estos últimos tiempos

los «izquierdistas» se han deslizado definitivamente

hacia la posición de la derecha y, en realidad, esas

desviaciones ya no se diferencian en nada.

Siempre hemos dicho que los de la «izquierda»

son los de la derecha que disfrazan su posición

derechista con frases izquierdistas. Actualmente, la

propia «izquierda»  lo  confirma  así.  Tomad  los

números del «Boletín» trotskista correspondientes al

año pasado. ¿Qué exigen y qué escriben los señores

trotskistas?, ¿en  qué  se  expresa  su  programa  de

«izquierda»? Exigen: la disolución de los sovjoses,

por no ser rentables; la disolución de la mayor parte

de los koljoses, por ser ficticios; acabar con la

política de liquidación de los kulaks, volver a la

política  de  concesiones  y  entregar  en  concesión

muchas de nuestras empresas industriales, por no ser

rentables.

¡Ahí  tenéis  el  programa  de  esos  cobardes  y miserables            capituladores,           el        programa contrarrevolucionario   de   la   restauración   del capitalismo en la URSS!

¿En  qué  difiere  del  programa  de  la  extrema

 

 

derecha? Está claro que en nada. Resulta que los

«izquierdistas» se han adherido de manera pública al

programa contrarrevolucionario de la derecha, para

constituir con ella un bloque y luchar juntos contra el

Partido.

¿Cómo se puede decir, después de esto, que los «izquierdistas»   no   son   peligrosos   o   son   poco peligrosos? ¿No está claro que decir cosa tan absurda es llevar el agua al molino de los enemigos acérrimos del leninismo?

Como veis, también aquí, en el terreno de las

desviaciones respecto de la línea del Partido, ya se

trate de desviaciones en la política general o en la

cuestión nacional, las supervivencias del capitalismo

en la conciencia de los hombres, incluso en la de

algunos miembros de nuestro Partido, son bastante

vivaces.

He aquí unas cuantas cuestiones, serias y actuales, de nuestro trabajo ideológico y político en las que algunos  sectores  del  Partido  no  ven  claro,  se confunden y, a veces, se desvían francamente del leninismo. Pero éstas no son las únicas cuestiones ilustrativas de la confusión de ideas reinante entre algunos miembros del Partido.

¿Se puede decir, después de esto, que todo anda bien en el Partido?

Claro que no.

Nuestras   tareas   en   el   terreno   del   trabajo ideológico y político:

1) Elevar el nivel teórico del Partido a la debida altura.

2) Intensificar el trabajo ideológico en todos los eslabones del Partido.

3)  Desplegar  una  incansable  propaganda  del leninismo en las filas del Partido.

4) Educar las organizaciones del Partido y a los simpatizantes activos sin-partido en él espíritu del internacionalismo leninista.

5)  No  velar,  sino  criticar  valientemente  las desviaciones  de  algunos  camaradas  respecto  del marxismo-leninismo.

6) Desenmascarar sistemáticamente la ideología y los restos de la ideología de las corrientes hostiles al leninismo.

 

2. Las cuestiones de la dirección del trabajo de organización

He hablado de nuestros éxitos. He hablado de la

victoria de la línea del Partido, tanto en el terreno de

la economía nacional y de la cultura como en la lucha

contra los grupos antileninistas en el Partido. He

hablado de la significación de nuestra victoria para la

historia mundial. Sin embargo, esto no significa que

se haya triunfado en todas partes y en todo, ni que

estén resueltos ya todos los problemas. Tales éxitos y

tales victorias no se dan generalmente en la vida.

Aún nos quedan bastantes problemas que resolver y

deficiencias de todo género que subsanar. Nos espera

 

 

 

 

 

242

un cúmulo de problemas que aguardan solución.

Ahora bien, esto significa, indudablemente, que la

mayor   parte   de   los   problemas   inmediatos   e

inaplazables ha sido resuelta con buen éxito. En este

sentido,  es  indiscutible  la  grandiosa  victoria  de

muestro Partido.

Ahora bien, ¿cómo se ha logrado la victoria?, ¿cómo ha sido conseguida en la práctica?, ¿cómo se ha luchado por ella?, ¿qué esfuerzos se han hecho para alcanzarla?

Algunos  piensan  que  basta  trazar  una  línea

acertada  del  Partido,  proclamarla  públicamente,

exponerla en forma de tesis y resoluciones generales

y aprobarla en votación unánime, para que la victoria

llegue por sí sola, digámoslo así, por el curso natural

de las cosas. Esto, claro está, no es cierto. Es un gran

error. Así no pueden pensar más que incorregibles

burócratas y aficionados al papeleo. En realidad,

estos éxitos y estas victorias no han sido alcanzados

sin más ni más, sino en lucha encarnizada por la

aplicación de la línea del Partido. La victoria no llega

nunca   por      sola:   habitualmente,   hay   que

conquistarla.                                                     Las    buenas   resoluciones y

declaraciones en favor de la línea general del Partido

constituyen sólo el comienzo de la obra, pues no

significan más que el deseo de triunfar, y no la

victoria misma. Una vez trazada una línea certera,

una vez se ha indicado la solución acertada de los

problemas planteados, el éxito depende del trabajo de

organización, depende de la organización de la lucha

por la puesta en práctica de la línea del Partido,

depende de una acertada selección de los hombres,

del  control  del  cumplimiento  de  las  decisiones

adoptadas por los organismos directivos. De otro

modo, la acertada línea del Partido y las decisiones

acertadas corren el riesgo de sufrir un serio daño.

Más  aún:  después  de  trazada  una  línea  política

certera, es el trabajo de organización el que lo decide

todo, incluso la suerte de la línea política misma, su

cumplimiento o su fracaso.

En realidad, la victoria ha sido conseguida y

conquistada gracias a una lucha sistemática y tenaz

contra todas las dificultades en la aplicación de la

línea del Partido, gracias a la superación de estas

dificultades, mediante la movilización del Partido y

de  la  clase  obrera  para  vencerlas,  mediante  la

organización de la lucha para vencerlas, mediante la

destitución de los dirigentes inservibles y la selección

de  otros  mejores,  capaces  de  organizar  la  lucha

contra las dificultades.

¿Cuáles son estas dificultades y dónde radican?

       Son   las   dificultades   de   nuestro   trabajo   de

organización,  de  la  dirección  de  dicho  trabajo. Radican en nosotros mismos, en nuestros cuadros dirigentes, en nuestras organizaciones, en el aparato de las organizaciones del Partido, de los Soviets, de la economía, de los sindicatos, del Komsomol y de todas las demás organizaciones.

 

 

J. V. Stalin

 

Hay que comprender que la fuerza y el prestigio

de  nuestras  organizaciones  del  Partido,  de  los

Soviets, de la economía y demás, así como de sus

dirigentes, se han desarrollado hasta alcanzar una

altura inusitada. Y precisamente porque su fuerza y

su prestigio han crecido de ese modo, todo o casi

todo depende ahora de su trabajo. No hay razón para

invocar las condiciones llamadas objetivas. Después

de que el acierto de la línea política del Partido ha

sido confirmado por la experiencia de muchos años,

y la voluntad de los obreros y campesinos para

apoyarla  no  ofrece  ya  dudas,  el  papel  de  las

condiciones llamadas objetivas se ve reducido a un

mínimo, mientras que el de nuestras organizaciones y

sus dirigentes se ha hecho decisivo y excepcional.

¿Qué significa esto? Significa que la responsabilidad

por nuestros reveses y deficiencias en el trabajo recae

actualmente, en sus nueve décimas partes, no sobre

las condiciones «objetivas», sino sobre nosotros y

solamente sobre nosotros mismos.

Contamos en el Partido con más de dos millones

de militantes y candidatos. Tenemos en el Komsomol

más de cuatro millones de militantes y candidatos.

Tenemos más de tres millones de corresponsales

obreros y campesinos. El Osoaviajim agrupa él más

de 12 millones de afiliados. En los sindicatos hay

más   de 17   millones   de   militantes.   A   estas

organizaciones debemos nuestros éxitos. Y si, aún

contando   con   estas   organizaciones   y   estas

posibilidades, que facilitan los éxitos, se observan

todavía en el trabajo no pocos reveses y no pocas

deficiencias, la culpa es sólo nuestra, de nuestro

trabajo de organización, de nuestra mala dirección.

El burocratismo y el papeleo de los aparatos de

administración; la charlatanería sobre «dirección en

general», en lugar de dirección viva y concreta; la

estructura funcional de las organizaciones y la falta

de   responsabilidad   personal;   la   ausencia   de

responsabilidad   personal   en   el   trabajo   y   el

igualitarismo en el sistema de los salarios; la falta de

control   sistemático   del   cumplimiento   de   las

decisiones y el temor a la autocrítica: he aquí el

origen de nuestras dificultades, he aquí donde anidan

ahora nuestras dificultades.

Sería ingenuo pensar que pueden vencerse estas

dificultades con resoluciones y disposiciones. Los

burócratas y los aficionados al papeleo tienen ya

desde  hace  mucho  tiempo  gran  habilidad  para

manifestar, de palabra, fidelidad a las decisiones del

Partido y del Gobierno y, en la práctica, sepultarlas

en un cajón. Para vencer estas dificultades, ha sido

preciso  liquidar  el  atraso  de  nuestro  trabajo  de

organización con respecto a las exigencias de la línea

política del Partido; ha habido que elevar el nivel de

la dirección del trabajo de organización en todas las

esferas de la economía nacional hasta el nivel de la

dirección política; ha sido necesario luchar para que

nuestro trabajo de organización permitiera llevar a la

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       243

 

práctica las consignas políticas y las decisiones del puesta en práctica de la línea del Partido.

 

Partido.

Para vencer estas dificultades y conseguir éxitos,

ha habido que organizar la lucha por la victoria sobre

estas dificultades, incorporar a las masas de obreros y

campesinos a esta lucha, movilizar el Partido mismo,

depurar   de   elementos   dudosos,   inestables   y

degenerados el Partido y los organismos dirigentes

de la economía.

¿Qué se requería para ello? Se requería:

1) Desarrollar la autocrítica y poner al desnudo las deficiencias de nuestro trabajo.

2) Movilizar las organizaciones del Partido y de los Soviets, de la economía, de los sindicatos y del Komsomol para la lucha contra las dificultades.

3) Movilizar las masas obreras y campesinas para la  lucha  por  la  aplicación  de  las  consignas  y decisiones del Partido y del Gobierno.

4) Desarrollar la emulación y el trabajo de choque entre los trabajadores.

5) Organizar una amplia red de secciones políticas en las estaciones de máquinas y tractores y en los sovjoses, así como acercar al campo la dirección del Partido y de los Soviets.

6) Descentralizar los Comisariados del Pueblo, las direcciones generales y los trusts, establecer una relación más directa entre los organismos rectores de la economía y las empresas.

7) Acabar con la ausencia de responsabilidad personal en el trabajo y con el igualitarismo en el sistema de salarios.

8) Suprimir la estructura funcional, fortalecer la

responsabilidad  personal  y  orientarnos  hacia  la

abolición del sistema de las juntas de administración.

9) Intensificar el control del cumplimiento de las decisiones y orientarnos hacia la reorganización, con este objeto, de la Comisión Central de Control y de la Inspección Obrera y Campesina.

10) Acercar a la producción a los especialistas que trabajan actualmente en las oficinas.

11) Desenmascarar y expulsar de los aparatos administrativos  a  los  incorregibles  burócratas  y aficionados al papeleo.

12) Destituir a los infractores de las decisiones del

Partido   y   del   Gobierno,   a   los   embusteros   y

charlatanes, y sustituirlos por gente nueva, práctica,

por  hombres  capaces  de  asegurar  una  dirección

concreta    del                                                   trabajo encomendado    y    el

fortalecimiento de la disciplina del Partido y de los

organismos soviéticos.

13) Depurar las organizaciones de los Soviets y de la economía y reducir sus plantillas.

14) Por último, depurar el Partido, arrojando de él a los elementos dudosos y degenerados.

Estos son los medios esenciales que hubo de

poner en juego el Partido para vencer las dificultades,

elevar nuestro trabajo de organización hasta el nivel

de la dirección política y asegurar, de este modo, la

 

Ya  sabéis  que  el  Comité  Central  de  nuestro

Partido ha realizado precisamente así su trabajo de

organización en el período de que rendimos cuenta.

El CC se ha guiado en esto por la idea genial de

Lenin   de   que   lo   principal   en   el   trabajo   de

organización es la selección de los hombres y el

control   del   cumplimiento   de   las   decisiones

adoptadas.

Quisiera decir algunas palabras sobre la selección de los hombres y la sustitución de los que no han estado a la altura debida.

Aparte  de  algunos  incorregibles  burócratas  y aficionados al papeleo, respecto a cuya destitución todos   estamos   de   acuerdo,   hay   dos   tipos   de funcionarios  que  entorpecen  nuestro  trabajo,  lo obstaculizan y no nos permiten avanzar.

Al primer tipo corresponden los funcionarios que

contrajeron ciertos méritos en el pasado, hombres

que se han convertido en grandes señores y a quienes

les parece que las leyes soviéticas y del Partido no

han sido escritas para ellos, sino para los tontos. Son

esos  mismos  funcionarios  que  tampoco  estiman

deber suyo cumplir las decisiones del Partido y del

Gobierno  y  que  destruyen  así  las  bases  de  la

disciplina del Partido y del Estado. ¿En qué confían

al vulnerar las leyes soviéticas y del Partido? Confían

en que, por sus méritos pasados, el Poder Soviético

no se atreverá a meterse con ellos. Estos grandes

señores                                                              ensoberbecidos           piensan          que    son

insustituibles y que pueden infringir impunemente las

decisiones de los organismos directivos. ¿Qué se

debe   hacer   con   estos   funcionarios?   Hay   que

destituirlos de los puestos de dirección sin titubeos,

sin reparar en sus méritos pasados. Hay que pasarles

a puestos de menor importancia y publicar la noticia

en la prensa. Esto es indispensable para bajarles los

humos   a   estos   ensoberbecidos   grandes   señores

burócratas   y   colocarles   en   el   lugar   que   les

corresponde. Ello es indispensable para consolidar en

todo nuestro trabajo la disciplina del Partido y de los

organismos soviéticos.

Y   ahora   hablemos   del   segundo   tipo   de

funcionarios. Es el tipo de charlatanes, yo diría de

charlatanes honrados, hombres honestos, fieles al

Poder Soviético, pero incapaces de dirigir, incapaces

de   organizar   nada.   Tuve   el   año   pasado   una

conversación   con   uno   de   estos   camaradas,   un

camarada   muy   estimable,   pero   un   charlatán

incorregible,  capaz  de  ahogar  con  su  verborrea

cualquier obra viva. He aquí esta conversación:

Yo: ¿Qué tal va la siembra?

El: ¿La siembra, camarada Stalin? Nos hemos movilizado.

Yo: Bien, y ¿qué?

El: Hemos planteado la cuestión de plano. Yo: Bien, ¿y qué más?

El: Hay un viraje, camarada Stalin, pronto se

 

 

 

 

 

244

producirá un viraje.

Yo: Bueno, pero ¿qué hay en realidad? El: Se perfilan progresos.

Yo: Bien, pero ¿qué tal va la siembra?

El: Hasta ahora no hemos logrado hacer nada, camarada Stalin.

He  aquí  la  fisonomía  del  charlatán.  Se  han movilizado, han planteado la cuestión de plano, hay un viraje y progresos, pero la cosa no avanza,

Exactamente así es como ha caracterizado hace poco   un   obrero   ucraniano   el   estado   de   una organización.   Cuando   se   le   preguntó   si   dicha organización se atenía a la línea, respondió: «¡Ah! ¿La línea?... La línea existe, naturalmente, sólo que el trabajo no se ve». Por lo visto, esta organización tiene también sus charlatanes honrados.

Y   cuando   se   destituye   a   estos   charlatanes,

separándoles  del trabajo de  dirección,  se  quedan

atónitos, boquiabiertos: «¿Por qué nos destituyen?

¿Es que no hemos hecho todo lo necesario? ¿Es que

no  hemos  reunido  la  conferencia  de  obreros  de

choque, no hemos proclamado en ella las consignas

del Partido y del Gobierno, no hemos elegido todo el

Buró Político del Comité Central para la presidencia

de honor? ¿Es que no hemos mandado saludos al

camarada Stalin? ¿Qué más queréis de nosotros?».

¿Qué hacer con estos charlatanes incorregibles? Si se les deja en un trabajo de dirección, son capaces de ahogar  cualquier  obra  viva  en  un  torrente  de discursos interminables y hueros. Es evidente que hay que destituirlos de los puestos de dirección y darles un trabajo de otro tipo. En el trabajo de dirección no hay lugar para los charlatanes.

Ya he informado brevemente de cómo el CC ha

dirigido   la   selección   de   los   hombres   en   las

organizaciones de los Soviets y de la economía y de

cómo ha reforzado el control del cumplimiento de las

decisiones. El camarada Kaganóvich os informará

más detalladamente en el tercer punto del orden del

día del Congreso.

Ahora quisiera decir unas palabras respecto al

trabajo  a  realizar  en  adelante  con  vistas  a  la

intensificación del control del cumplimiento de las

decisiones.

La   acertada   organización   del   control   del

cumplimiento de las decisiones tiene una importancia

cardinal en la lucha contra el burocratismo y el

papeleo. ¿Se ponen en práctica las decisiones de las

organizaciones directivas o son sepultadas por los

burócratas y los aficionados al papeleo? ¿Se aplican

en  forma  acertada  o  se  tergiversan? ¿Trabaja  el

aparato honradamente y a lo bolchevique o da vueltas

como una rueda loca? Todo esto sólo puede saberse a

tiempo si existe un control bien organizado. Un

control bien organizado es el reflector que permite

iluminar el estado del trabajo de nuestros organismos

en cualquier momento y exponer a la vergüenza

pública  a  los  burócratas  y  a  los  aficionados  al

 

 

J. V. Stalin

 

papeleo. Se puede afirmar con toda seguridad que las nueve décimas partes de nuestras fallas y errores se deben a la falta de un control bien organizado. No cabe  duda  de  que  con  un  buen  control  del cumplimiento  de  las  decisiones,  las  fallas  y  los errores serían prevenidos a ciencia cierta.

Mas,  para  que  este  control    resultado,  se

precisan, por lo menos, dos condiciones : primera,

que  el  control  sea  sistemático,  y  no  esporádico;

segunda;  que  al  frente  del  control  en  todos  los

eslabones de las organizaciones del Partido, de los

Soviets y de la economía no estén camaradas que

ocupen puestos de segundo orden, sino camaradas

con suficiente autoridad, los propios dirigentes de las

organizaciones.

Una   acertada   organización   del   control   del

cumplimiento  de  las  decisiones  tiene  la  mayor

importancia   para   las   instituciones   dirigentes

centrales. La Inspección Obrera y Campesina, por su

organización, no reúne las condiciones necesarias de

un aparato de control bien montado. Hace unos años,

cuando nuestro trabajo en el terreno económico era

más sencillo y menos satisfactorio, cuando se tenía la

posibilidad de inspeccionar el trabajo de todos los

Comisariados del Pueblo y de todos los organismos

de la economía, la Inspección Obrera y Campesina

cumplía sus fines. Pero ahora que nuestro trabajo de

dirección de la economía es mayor, se ha hecho más

complicado y ya no hay necesidad ni posibilidad de

ejercer  la  inspección  desde  un  solo  centro,  la

Inspección   Obrera   y   Campesina   debe   ser

reorganizada. Lo que nos hace falta ahora no es

inspeccionar, sino comprobar el cumplimiento de las

decisiones del centro; lo que nos hace falta ahora es

controlar  el  cumplimiento  de  las  decisiones  del

centro. Ahora necesitamos una organización que, sin

proponerse   el   objetivo   de   hacer   la   inspección

universal de todos y de todo, pueda concentrar su

atención  en  el  control,  en  la  comprobación  del

cumplimiento de las decisiones de los organismos

centrales  del  Poder  Soviético.  Tal  organización

puede  ser  únicamente  la  Comisión  de  Control

Soviético,  adjunta  al  Consejo  de  Comisarios  del

Pueblo de la URSS, que trabaje por encargo de éste y

cuente en todas partes con sus propios representantes,

independientes de los órganos locales y para que la

Comisión tenga la autoridad suficiente y pueda, en

caso necesario, exigir responsabilidades a cualquier

funcionario  dirigente,  es  preciso  que  todos  los

candidatos a miembros de la Comisión de Control

Soviético  sean  propuestos  por  el  Congreso  del

Partido y confirmados por el Consejo de Comisarios

del Pueblo y por el Comité Ejecutivo Central de la

URSS. Creo que solamente una organización de este

tipo  podría  reforzar  el  control  y  la  disciplina

soviéticos.

En lo que respecta a la Comisión Central de

Control, ésta fue creada, sobre todo y principalmente,

 

 

 

 

Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS       245

 

 

como  es  notorio,  para  prevenir  una  escisión  del

Partido. Sabéis que el peligro de escisión existió

realmente entre nosotros hace algún tiempo. Sabéis

que   la   Comisión   Central   de   Control   y   sus

organizaciones lograron prevenir ese peligro. Pero

ahora ya no hay peligro de escisión. En cambio,

sentimos la necesidad imperiosa de una organización

capaz de concentrar la máxima atención en el control

del cumplimiento de las decisiones del Partido y de

su Comité Central. Esta organización no puede ser

más  que  una  Comisión  de  Control  del  Partido,

adjunta al CC del PC(b) de la URSS, que trabaje por

encargo del Partido y de su CC y cuente en todas

partes con sus propios representantes, independientes

de   las   organizaciones   locales.   Claro   que   tal

organización tan responsable debe tener una gran

autoridad.  Y  para  que  la  tenga  y  pueda  exigir

responsabilidades a cualquier funcionario dirigente

que haya cometido una falta, incluidos los miembros

del Comité Central, es indispensable que solamente

el órgano superior del Partido, su Congreso, pueda

elegir y destituir a los miembros de esta Comisión.

No   cabe   duda   de   que   tal   organización   será

verdaderamente  capaz  de  asegurar  el  control  del

cumplimiento de las decisiones de los organismos

centrales del Partido y de fortalecer la disciplina del

Partido.

Así están las cosas en cuanto a la dirección del trabajo de organización.

Nuestras tareas a este respecto son:

1)   Seguir   ajustando   nuestro   trabajo   de

organización a las exigencias de la línea política del

Partido.

2) Elevar la dirección del trabajo de organización al nivel de la dirección política.

3)  Conseguir  que  la  direcdón  del  trabajo  de

organización asegure por completo el cumplimiento

de  las  consignas  políticas  y  las  decisiones  del

Partido.

* * *

Camaradas: Termino el informe.

¿Qué conclusiones podemos sacar?

Todos  reconocen  ya  que  nuestros  éxitos  son

grandes, extraordinarios. El país ha sido encauzado,

en un plazo relativamente corto, por el camino de la

industrialización y de la colectivización. El primer

plan quinquenal se ha cumplido con buen éxito. Ello

despierta un sentimiento de orgullo y consolida en

nuestros militantes la fe en sus propias fuerzas.

Eso,  naturalmente,  está  bien.  Pero  los  éxitos

tienen, en ocasiones, su lado negativo. Engendran a

veces peligros, que, si se les permite desarrollarse,

pueden echarlo todo a rodar. Por ejemplo, hay el

peligro de que a algunos de nuestros camaradas los

éxitos se les suban a la cabeza. Como es sabido, ya se

han  dado  algunos  casos.  Hay  el  peligro  de  que

algunos camaradas, embriagados por los éxitos, se

envanezcan  hasta  más  no  poder  y  comiencen  a

 

 

arrullarse con canciones jactanciosas, como ésas de

«para nosotros ahora todo es pan comido», «no hay

quien   pueda   con   nosotros»,   etc.   Eso   no   está

descartado   en   absoluto,   camaradas.   Nada   más

peligroso  que  esta  disposición  de  ánimo,  porque

desarma al Partido y desmoviliza sus filas. Si esta

disposición de ánimo llega a prevalecer en nuestro

Partido, pondremos en peligro todos nuestros éxitos.

Naturalmente, hemos cumplido el primer plan

quinquenal con buen éxito. Esto es cierto. Pero las

cosas no terminan ni pueden terminar ahí, camaradas.

Tenemos en perspectiva el segundo plan quinquenal,

que   también   debe   ser   cumplido,   y   cumplido

asimismo con buen éxito. Ya sabéis que los planes se

cumplen en lucha contra las dificultades, a medida

que se vencen las dificultades. Quiere decirse que

habrá dificultades, que habrá también que luchar

contra ellas. Los camaradas Mólotov y Kúibishev os

informarán acerca del segundo plan quinquenal. Por

sus  informes  veréis  las  grandes  dificultades  que

habremos de vencer para llevar a cabo este grandioso

plan. Por tanto, no hay que adormecer al Partido, sino

desarrollar en él la vigilancia: no arrullarlo, sino

mantenerlo   siempre   dispuesto   al   combate;   no

desarmarlo, sino armarlo; no desmovilizarlo, sino

conservarlo en estado de movilización para llevar a

cabo el segundo plan quinquenal.

De aquí, la primera conclusión: no embriagarse con los éxitos alcanzados ni envanecerse.

Hemos logrado esos éxitos porque hemos tenido

una acertada línea directriz del Partido y hemos

sabido organizar a las masas para poner en práctica

esta línea. Huelga decir que sin estas condiciones no

hubiéramos obtenido esos éxitos, de los que nos

enorgullecemos legítimamente. Ahora bien, tener una

línea acertada y saber ponerla en práctica es algo

muy raro en la vida de los partidos gobernantes.

Fijaos en los países que nos rodean. ¿Encontraréis

muchos partidos gobernantes que tengan una línea

acertada y la apliquen? En realidad, hoy no existen

tales partidos en el mundo, pues todos los partidos

viven sin perspectivas, se enredan en el caos de la

crisis y no ven el camino para salir del pantano.

Únicamente nuestro Partido sabe hacia dónde hay

que conducir las cosas y las conduce con buen éxito.

¿A qué debe nuestro Partido esta ventaja? A que es

un partido marxista, un partido leninista, a que se

guía en su trabajo por la doctrina de Marx, Enge1s y

Lenin.  No  puede  caber  duda  de  que,  mientras

sigamos fieles a esta doctrina, mientras nos guiemos

por  esta  brújula,  obtendremos  éxitos  en  nuestro

trabajo.

Se dice que en el Occidente, en algunos países, ya

se ha destruido el marxismo. Se dice que lo ha

destruido la corriente burguesa nacionalista titulada

fascismo. Eso es una tontería, naturalmente. Sólo

quien desconoce la historia puede hablar así. El

marxismo es la expresión científica de los intereses

 

 

 

 

 

246

vitales de la clase obrera. Para destruir el marxismo,

hay  que  destruir  a  la  clase  obrera.  Y  esto  es

imposible. Más de ochenta años han transcurrido

desde que el marxismo salió a la lid. En este tiempo,

decenas,  centenares  de  gobiernos  burgueses  han

intentado  destruirlo.  Y ¿qué  ha  ocurrido?  Los

gobiernos  burgueses  vienen  y  se  van,  pero  el

marxismo   queda.   Más   aún:   el   marxismo   ha

conseguido una victoria completa en una sexta parte

del  mundo,  precisamente  en  el  país  donde  el

marxismo se consideraba definitivamente destruido.

No puede estimarse un azar que el país donde el

marxismo ha logrado una victoria completa sea hoy

el único del mundo que no conoce las crisis y el paro,

mientras que en los demás países, comprendidos los

fascistas, reinan, desde hace cuatro años, la crisis y el

paro. No, camaradas, esto no es una casualidad.

Sí, camaradas, hemos conseguido nuestros éxitos por haber trabajado y luchado bajo la bandera de Marx, Engels y Lenin.

De aquí la segunda conclusión: ser fieles hasta el fin a la gloriosa bandera de Marx, Engels y Lenin.

La clase obrera de la URSS no sólo es fuerte

porque cuenta con un Partido leninista probado en las

luchas. No sólo es fuerte porque cuenta con el apoyo

de millones de campesinos laboriosos, sino también

porque  la  respalda  y  la  sostiene  el  proletariado

mundial. La clase obrera de la URSS es parte del

proletariado   mundial,   es   su   destacamento   de

vanguardia, y nuestra república es carne de la carne

del proletariado mundial. No cabe duda de que, si no

hubiese tenido el apoyo de la clase obrera de los

países capitalistas, no se habría mantenido en el

Poder,   no   habría   asegurado   las   condiciones

necesarias   para   la   edificación   socialista;   por

consiguiente, no habría tenido los éxitos que registra

hoy. Los vínculos internacionales de la clase obrera

de la URSS con los obreros de los países capitalistas,

la unión fraternal de los obreros de la URSS con los

obreros de todos los países, constituyen una de las

piedras angulares de la fuerza y de la potencia de la

República Soviética. Los obreros del Occidente dicen

que la clase obrera de la URSS es la brigada de

choque del proletariado mundial. Eso está muy bien.

Significa que el proletariado mundial está dispuesto a

seguir apoyando a la clase obrera de la URSS en la

medida de sus fuerzas y posibilidades. Pero eso nos

impone   serias   obligaciones.   Eso   significa   que

tenemos que justificar con nuestro trabajo el honroso

título de brigada de choque de los proletarios de

todos los países. Esto nos obliga a trabajar mejor, a

luchar mejor por la victoria definitiva del socialismo

en nuestro país, por la victoria del socialismo en

todos los países.

De aquí la tercera conclusión: ser fieles hasta el fin a la causa del internacionalismo proletario, a la causa de la unión fraternal de los proletarios de todos los países.

 

 

J. V. Stalin

 

Publicado el 28 de enero de 1934 en el núm. 27 de «Pravda».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBRE LOS DEFECTOS DEL TRABAJO DEL PARTIDO Y SOBRE LAS MEDIDAS PARA LIQUIDAR A LOS ELEME TOS TROTSKISTAS Y DEMÁS ELEME TOS DE DOBLE CARA

 

 

 

Informe y discurso de clausura en el pleno del Comité Central del PC(b) de la URSS290

3-5 de marzo de 1937

Camaradas:

De los informes que hemos escuchado en el Pleno y de los debates que tuvieron lugar a continuación, resulta  que  tenemos  que  vérnoslas  con  los  tres principales hechos siguientes:

Primero, el trabajo de sabotaje, de espionaje y de diversión de los agentes de los Estados extranjeros, entre los cuales los trotskistas jugaban un papel bastante activo, que, en mayor o menor grado ha afectado   a   todas   o   a   casi   todas   nuestras organizaciones, tanto a las económicas como a las administrativas y del Partido.

Segundo, agentes de los Estados extranjeros, y entre ellos los trotskistas, se han infiltrado no sólo en las organizaciones de base, sino también en algunos puestos de responsabilidad.

Tercero, algunos de nuestros dirigentes, tanto en

el centro como en provincias, no sólo no han sabido

 

290 Del 23 de febrero al 5 de marzo de 1937, bajo la dirección de

J. V. Stalin, celebró sus trabajos el Pleno ordinario del CC del PC(b) de la URSS El Pleno examinó las tareas del Partido en materia de organización relativas a las elecciones para el Soviet Supremo de la URSS, que habrían de celebrarse de acuerdo con la  nueva  Constitución.  Analizó,  igualmente,  los  problemas concernientes a la construcción económica y al Partido y tomó una serie de medidas para resolverlos. El Pleno puso también sobre el tapete la cuestión de la actividad antipartido de Bujarin y de Rykov y decidió expulsarlos del Partido.

Las victorias logradas por el Partido enfurecían a los enemigos

del pueblo: espías, saboteadores, asesinos trotskista-bujarinistas a

sueldo de los servicios de espionaje extranjeros. Los procesos

revelaron la actividad complotadora de estos elementos contra

Lenin, a quien tenían la intención de detener, contra el Partido y

el Estado soviético desde los primeros días posteriores a la

Revolución de Octubre.

Cumpliendo las tareas, dictadas por sus amos capitalistas, se proponían destruir el Partido y el Estado Soviético, socavar la defensa del país, facilitar la intervención extranjera, preparar la derrota  del  Ejercito  Rojo,  desmembrar  la  Unión  Soviética, convertirla   en   colonia   del   imperialismo   y   restablecer   la esclavitud capitalista en la URSS El Partido y el Poder Soviético aniquilaron los centros de estos enemigos del pueblo.

En  su  Informe,  J.  V.  Stalin  trazó  un  claro  programa  para fortalecer los órganos del Partido y de los Soviets, para elevar la vigilancia revolucionaria, y lanzando la consigna: "¡dominemos el bolchevismo!» pertrechó al partido para la lucha contra los enemigos del pueblo, enseñándole a quitarles la máscara.

 

 

 

discernir la verdadera cara de estos saboteadores, de estos agentes diversionistas, espías y asesinos, sino que  se  han  mostrado  indiferentes,  bonachones  e ingenuos hasta tal punto que han contribuido con frecuencia a hacer que los agentes de los Estados extranjeros hayan tenido acceso a éstos o aquellos puestos de responsabilidad.

Tales  son  los  tres  hechos  incontestables  que propiamente se desprenden de los informes y de los correspondientes debates que les sucedieron.

 

I. Despreocupación política

¿Cómo  explicar  que  nuestros  dirigentes,  que

tienen  una  rica  experiencia  de  lucha  contra  las

corrientes  antipartido                                     y  antisoviéticas  de  todo

género, se hayan mostrado en este caso tan ingenuos

y  tan  ciegos  que  no  hayan  sabido  discernir  la

verdadera catadura de los enemigos del pueblo, no

hayan sabido reconocer a los lobos disfrazados de

corderos, no hayan sabido arrancarles la máscara?

¿Podría afirmarse que la acción de sabotaje, de

espionaje  y  de  diversión  de  los  agentes  de  los

Estados extranjeros que actúan en el territorio de la

URSS, pudiera ser para nosotros algo inesperado,

algo  nunca  visto?  No,  no  podríamos  decirlo.

Testimonio  de  ello  son  los  actos  de  sabotaje

realizados en las diversas ramas de la economía

nacional en el curso de los diez últimos años, desde

la época del proceso de Shajti, los cuales además

están registrados en los documentos oficiales.

¿Podría afirmarse que en estos últimos tiempos no ha habido ninguna señal que nos pusiera en guardia y nos  advirtiera  de  la  actividad  de  sabotaje,  de espionaje o de terrorismo de los agentes trotskista-

zinovievistas   del   fascismo?   No,   no   podríamos decirlo. Ha habido señales en este sentido y los bolcheviques no tienen derecho a olvidarlas.

El infame asesinato de Kirov291 fue la primera

 

291 Kirov S. M. (1886-1934) - destacado dirigente del Partido

Comunista y del Estado Soviético, fiel discípulo de V. I. Lenin y

el más íntimo compañero de lucha de J. V. Stalin, resuelto

combatiente de la causa del comunismo, participante activo en

las tres revoluciones rusas. S. M. Kirov fue implacable con los

enemigos  del  Partido  y  del  pueblo  contra  los  que  luchaba

resueltamente. Es por esa razón por la que los enemigos de clase

le odiaban y por la que el 1 de diciembre de 1934, en el Palacio

Smolni de Leningrado fue asesinado por un renegado trotskista,

 

 

 

 

 

248

advertencia seria de que los enemigos del pueblo iban   a   practicar   un   doble   juego   y   lo   harían camuflándose  de  bolcheviques,  de  miembros  del Partido,   para   ganarse   la   confianza   y   poder introducirse en nuestras organizaciones.

El proceso del «Centro de Leningrado»292, al igual que el proceso «Zinóviev- Kámenev» confirmaron una vez más las lecciones que se derivan del infame asesinato de Kirov.

El proceso del «Bloque zinovievisto-trotskista» ha

ampliado las enseñanzas de los procesos anteriores293

y ha mostrado con toda claridad que los zinovievistas

y los trotskistas agrupan a su alrededor a todos los

elementos burgueses enemigos, demuestra que ellos

se han convertido en una agencia de espionaje, de

diversión y de terror de la Gestapo alemana, que el

doble  juego  y  el  enmascaramiento  son  para  los

zinovievistas y los trotskistas el único medio para

 

 

agente del servicio de espionaje imperialista y miembro del clandestino contrarrevolucionario grupo zinovievista.

292 El «Centro de Leningrado» - grupo clandestino terrorista

contrarrevolucionario, organizado por los integrantes del grupo

antisovíético-zinovievista   en   Leningrado.   Su   objetivo   era

asesinar a los dirigentes del Partido Comunista. Este grupo tenía

lazos  con  los  servicios  de  espionaje  extranjeros  y  estaba

sostenido por ellos.

293 Se refiere a los procesos que se desarrollaron durante los años

1936-1938, contra los trotsko-zinovievistas y otros enemigos

como Kámenev, Yakiri, Tujachevski, Razengolz, Bujarín etc.

Estos procesos pusieron en evidencia que desde hacía tiempo

estos elementos se habían unido en la banda de enemigos del

pueblo formando un único «bloque de derechistas y troskistas».

Los procesos pusieron de relieve que estos elementos, junto con

los enemigos del pueblo -Trotski, Zinóvíev, Kámenev- desde los

primeros días de la Revolución Socialista de Octubre, habían

montado un complot contra Lenin, contra el Partido y contra el

Estado Soviético. Las provocaciones para hacer fracasar la paz

de Brest-Litovsk, al principio del año 1918, el atentado contra

Lenin y el acuerdo secreto con los eseristas e «izquierdistas» para

llevar a cabo el arresto y el asesinato de Lenin, Stalin y Sverdlov

en la primavera de 1918, el vil atentado contra Lenin en el verano

de 1918 en el que resulto herido, el motín de los socialistas-

revolucionarios «izquierdistas»  en  el  verano  de 1918,  el

crecimiento voluntario de las divergencias en 1921 con el fin de

estremecer e invertir, del interior, la dirección de Lenin, los

intentos para derrocar esta dirección durante el tiempo en que

Lenin estaba enfermo y después de su muerte, la divulgación de

los secretos estatales y el pasar informaciones a los servicios de

espionaje extranjeros; el vil asesinato de Kirov, el trabajo de

diversión, los atentados, el vil asesinato de Menjinski, Kuibichev

así como lo de Gorki - todos estos crímenes y otros de la misma

naturaleza, como se demostró posteriormente fueron cometidos,

en el plazo de veinte años, con la participación o bajo la

dirección de Trotski, Zinóviev, Kámenev, Bujarin, Rikov, y sus

agentes, bajo las órdenes de los servicios de espionaje extranjeros

burgueses.

Los procesos pusieron de manifiesto que los traidores trotskista-

bujarinistas, bajo las órdenes de sus amos -los servicios de espionaje   extranjeros   burgueses-   tenían   como   objetivo   la destrucción del Partido y del Estado Soviético, el minar la defensa del país, facilitar la intervención extranjera, preparar la derrota del Ejército Rojo, desmembrar a la URSS, destruir las victorias logradas por los obreros y los koljosíanos y restaurar la esclavitud capitalista en la URSS.

El tribunal soviético condenó a muerte a los traidores trotsko-

bujarinistas.

 

 

J. V. Stalin

 

penetrar   en   nuestras   organizaciones   y   que   la vigilancia y la perspicacia política son el medio más seguro para impedir esta penetración y para liquidar a la banda zinovievista-trotskista.

En su carta confidencial del 18 de enero de 1935, relativa al infame asesinato de Kirov, el Comité Central del PC(b) de la URSS ponía resueltamente en guardia a las organizaciones del Partido contra la benevolencia política y el aturdimiento filisteo.

He aquí lo que dice esta carta confidencial:

 

«Hay que acabar con la benevolencia oportunista

que parte de la suposición errónea de que a medida

que nuestras fuerzas crecen, el enemigo se vuelve

más   manso   e   inofensivo.   Esta   suposición   es

totalmente errónea. Se trata de un resabio de la

desviación de derecha, que pretendía hacer creer a

todos y a cada uno de nosotros que los enemigos se

irán integrando paulatinamente en el socialismo y

que en definitiva llegarán a convertirse en verdaderos

socialistas. No es propio de bolcheviques dormirse en

los laureles y quedarse pensando en las musarañas.

Lo que nos hace falta, no es la benevolencia, sino la

vigilancia,  la  verdadera  vigilancia  revolucionaria

bolchevique. No hay que olvidar que cuanto más

desesperada sea la situación de los enemigos tanto

más desearán agarrarse a las medidas extremas, como

el único recurso de los que están condenados a

fracasar  en  su  lucha  contra  el  poder  soviético.

Debemos recordar esto y estar vigilantes.»

 

En la carta confidencial del 29 de julio de 1936, sobre la actividad terrorista y de espionaje del Bloque trotskista-zinovievista, el Comité Central del PC(b) de la URSS llamaba de nuevo a las organizaciones del Partido a desplegar la máxima vigilancia, a saber reconocer  a  los  enemigos  del  pueblo,  por  muy hábilmente enmascarados que estuvieran.

He aquí lo que dice la carta confidencial:

«Ahora que se ha probado que, en la lucha contra

el poder de los Soviets, los monstruos trotskista-

zinovievistas agrupan a todos los enemigos jurados, a

los enemigos más odiados de los trabajadores de

nuestro   país,   espías,   provocadores,   agentes   de

diversión, guardias blancos, ku1aks, etc., y que entre

estos elementos por una parte, y los trotskistas y los

zinovievistas por otra, se ha borrado toda línea de

demarcación, -nuestras organizaciones del Partido,

en su totalidad todos los miembros del Partido- deben

comprender que la vigilancia de los comunistas es

indispensable en todos los sectores y en todas las

condiciones.  La  cualidad  indispensable  de  todo

bolchevique, en las condiciones del presente, debe

ser la capacidad de reconocer al enemigo del Partido,

por muy enmascarado que esté.»

 

Así pues, señales y advertencias, las ha habido.

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       249

 

 

¿Qué nos exigían estas señales y advertencias?

       Nos exigían liquidar la debilidad del trabajo de

organización en el Partido y hacer del Partido una fortaleza inexpugnable donde ningún elemento de doble cara pudiera penetrar.

Nos  exigían  acabar  con  la  subestimación  del

trabajo  político  del  Partido  y  efectuar  un  viraje

decisivo, destinado a reforzar este trabajo Por todos

los   medios,   destinado   a   reforzar   la   vigilancia

política...

Pero ¿qué ocurrió ?Los hechos han demostrado

que,   para   captar   estas   advertencias   y   señales,

nuestros camaradas han sido demasiado duros de

oído.

Así lo confirman con toda claridad las hechos referentes a la campaña de verificación y cambio de carnets del Partido, que todos conocemos.

¿Cómo explicar que estas advertencias y señales no hayan tenido el efecto requerido?

¿Cómo  explicar  que  nuestros  camaradas  del Partido, a pesar de su experiencia de lucha contra los elementos antisoviéticos, a pesar de toda una serie de señales  y  advertencias,  hayan  sido  políticamente miopes ante la actividad de sabotaje, de espionaje y de diversión de los enemigos del pueblo?

¿Acaso   nuestros   camaradas   del   Partido   han

perdido las cualidades que poseían en otro tiempo, se

han vuelto menos conscientes y menos disciplinados?

No,  por  supuesto  que  no. ¿O  están  en  vías  de

degeneración? ¡Tampoco! Tal suposición carece de

todo fundamento.

¿Entonces  qué? ¿De  dónde  viene  toda  esta pazguatería, esta despreocupación, esta benignidad, esta ceguera?

Lo cierto es que nuestros camaradas del Partido,

llevados por las campañas económicas y los enormes

éxitos conquistados en el frente de la edificación

económica,  han  olvidado  sencillamente  algunos

hechos muy importantes, que los bolcheviques no

tienen derecho a olvidar. Han olvidado un hecho

esencial respecto a la situación internacional de la

URSS y no han captado dos hechos muy importantes

que están directamente relacionados con los actuales

saboteadores, espías, agentes de diversión y asesinos,

los cuales se amparan detrás del carnet del Partido y

se disfrazan de bolcheviques.

 

II. El cerco capitalista

¿Cuáles son pues los hechos que han olvidado o que simplemente no han captado nuestros camaradas del Partido?

Han olvidado que el poder de los Soviets sólo ha

triunfado en una sexta parte del globo y que las cinco

sextas  partes  restantes,  están  en  posesión  de  los

Estados  capitalistas.  Han  olvidado  que  la  Unión

Soviética se encuentra dentro del cerco capitalista.

Entre nosotros existe la costumbre de hablar mucho

sobre el cerco capitalista; pero en lo que se refiere a

 

 

reflexionar sobre su significado, esto es algo que no

suele hacerse. El cerco capitalista no es una frase

hueca, es un fenómeno muy real y muy desagradable.

El cerco capitalista, significa en concreto que existe

un país, la Unión Soviética, el cual ha instaurado el

orden socialista, y que por otra parte, hay, un gran

número de países, países burgueses, que continúan

llevando  un  género  de  vida  capitalista  y  están

cercando a la Unión Soviética, aguardando la menor

oportunidad para atacarla, para abatirla o, en todo

caso, para socavar su potencia y debilitarla.

Este hecho esencial, nuestros camaradas lo han

olvidado. Y es precisamente él que determina la base

de las relaciones entre el cerco capitalista y la Unión

Soviética.

Tomemos, por ejemplo, los Estados burgueses.

Gentes ingenuas podrían creer que sólo existen entre

ellos buenas relaciones, como si de Estados de un

solo e idéntico tipo se tratara. Pero, únicamente los

ingenuos   pueden   pensar   así.   En   realidad,   las

relaciones entre estos Estados distan mucho de ser

unas    relaciones    de    buena    vecindad.    Está

comprobado, como dos y dos son cuatro, que los

Estados burgueses se envían mutuamente hacia sus

retaguardias   espías,   saboteadores,   agentes   de

diversión, y a veces también asesinos, fijándoles la

tarea de introducirse en las empresas e instituciones

de estos Estados, de crear en ellos su propia red y,

«en caso de necesidad», hacer saltar las retaguardias

de   estos   Estados,   para   debilitar   y   socavar  su

potencial. Así están hoy las cosas. Y así han estado

también en el pasado. Tomemos, por ejemplo, los

Estados europeos de la época de Napoleón I. Por

entonces, Francia estaba plagada de espías y agentes

de diversión, procedentes del campo de los rusos,

alemanes, austríacos, ingleses. Y a su vez, Inglaterra,

los  Estados  de  Alemania,  Austria,  Rusia  tenían

también en sus retaguardias un número no inferior de

espías y agentes de diversión procedentes del campo

francés. En dos ocasiones los agentes de Inglaterra

atentaron contra la vida de Napoleón y sublevaron

varias veces a los campesinos vandeanos, de Francia,

contra el gobierno de aquél. Y ¿qué era el gobierno

de Napoleón? Un gobierno burgués que reprimió la

Revolución Francesa y sólo conservó de ésta los

logros que le eran ventajosos a la gran burguesía. Ni

que decir tiene que el gobierno de Napoleón no sólo

no quedaba a la zaga de sus vecinos, sino que, a su

vez, tomaba medidas de diversión. Así ocurría en

aquel tiempo, hace ya ciento treinta años. Así ocurre

hoy,  ciento  treinta años después  de  Napoleón  I.

Actualmente Francia e Inglaterra bullen de espías y

agentes  de  diversión  alemanes;  e,  inversamente,

espías y agentes de diversión anglo-franceses actúan,

también,  en  Alemania.  Los  Estados  Unidos  de

América bullen de espías y agentes de diversión

japoneses, y el Japón de espías y agentes de diversión

norteamericanos.

 

 

 

 

 

250

Tal es la ley de las relaciones entre Estados burgueses.

Nos preguntamos ¿por qué los Estados burgueses

deberán observar hacia el Estado soviético socialista

una actitud más delicada y de mejor vecindad que

hacia los Estados burgueses de mismo tipo que ellos?

¿Por  qué  enviarán a  la retaguardia  de la  Unión

Soviética  menos  espías,  saboteadores,  agentes  de

diversión y asesinos de los que han enviado a las

retaguardias de los Estados burgueses congéneres?

¿De dónde han salido tales suposiciones? ¿No sería

más justo admitir, desde el punto de vista marxista,

que   los   Estados   burgueses   deben   enviar   a   la

retaguardia de la Unión Soviética hasta dos y tres

veces más saboteadores, espías, agentes de diversión

y asesinos de los que envían a la retaguardia de

cualquier Estado burgués?

¿No  está  claro  que  mientras  exista  el  cerco capitalista, existirán en nuestro país los saboteadores, los espías, los agentes de diversión y los asesinos enviados a nuestra retaguardia por los agentes de los Estados extranjeros?

Nuestros camaradas del Partido habían olvidado

todo esto y por eso han sido cogidos desprevenidos.

He aquí por qué la actividad de diversión y de espionaje de los agentes trotskistas de la policía secreta japonesa y alemana ha sido algo totalmente inesperado para algunos de nuestros camaradas.

 

III. El trotskismo de nuestros días

Prosigamos. En la lucha que llevan a cabo contra

los   agentes   trotskistas,   nuestros   camaradas   del

Partido no han notado, se han dejado pasar el hecho

de que el trotskismo actual ya no es más lo que ha

sido,  digamos,  siete  u  ocho  años  antes;  que  el

trotskismo y los trotskistas han pasado durante este

tiempo por una seria evolución que ha modificado a

fondo el semblante del trotskismo y en consecuencia

que la lucha contra el trotskismo, los métodos para

combatirlo,   deben   ser   cambiados   radicalmente.

Nuestros camaradas del Partido no han notado que el

trotskismo ha dejado de ser una corriente política en

la clase obrera como era hace siete u ocho años, ni

como se ha convertido en una banda enfurecida y sin

principios compuesta por saboteadores, agentes de

diversión y asesinos, que actúan bajo las órdenes de

los servicios de espionaje de los Estados extranjeros.

¿Qué significa una corriente política en la clase

obrera? Una corriente política en la clase obrera, es

un grupo o un partido que tiene su propia fisonomía

política, netamente determinada, cuenta con su forma

Y su programa; es un grupo o un partido que no

oculta ni puede ocultar sus concepciones a la clase

obrera y las preconiza abierta y honestamente, ante

ella; es un grupo o un partido que no teme mostrar su

fisonomía política a la clase obrera, proclamar sus

fines y objetivos reales ante la clase obrera, sino que

por  el  contrario,  se  dirige  a  ésta,  con  el  rostro

 

 

J. V. Stalin

 

descubierto, para convencerla de la justeza de sus puntos de vista. Tiempo atrás, hace ya siete u ocho años, el trotskismo era en el seno de la clase obrera una  de  las  corrientes  políticas  de  este  género, antileninista,  bien  es  cierto,  y  por  consiguiente profundamente errónea, pero sin embargo era toda una corriente política.

¿Se puede decir que el trotskismo actual, por

ejemplo  el trotskismo  de 1936, es una corriente

política en la clase obrera? No, no se puede decir tal

cosa. ¿Por qué? Porque los trotskistas de nuestros

días temen mostrar su verdadero rostro a la clase

obrera; temen exponerle sus fines y objetivos reales;

le  ocultan  cuidadosamente  su  fisonomía  política,

temerosos de que si la clase obrera se entera de sus

verdaderas   intenciones,  va   a   maldecirlos   como

elementos extraños y a arrojarlos lejos de su seno.

Así se explica, realmente, que el principal método de

acción trotskista no sea hoy la propaganda abierta y

leal de sus puntos de vista en el seno de la clase

obrera,   sino   su   enmascaramiento,   la   alabanza

aduladora y servil de los puntos de vista de sus

adversarios,  la  manera  farisaica  e  hipócrita  de

pisotear sus propios puntos de vista.

En el proceso de 1936, si ustedes recuerdan,

Kámenev y Zinóviev negaron categóricamente que

tuvieran  alguna  plataforma  política.  Tuvieron  la

plena posibilidad de desarrollar durante el proceso su

plataforma política. Ahora bien, no lo hicieron y

declararon no tener ninguna plataforma política. Es

indudable que los dos mentían. Hoy, hasta los ciegos

ven que ellos tenían su propia plataforma política.

Pero, ¿por qué la negaron? La negaron porque temían

poner al descubierto su verdadera catadura política,

temían mostrar su plataforma real de restauración del

capitalismo  en  la  URSS,  por  miedo  a  que  tal

plataforma provocase la aversión de la clase obrera.

En  el  proceso  de 1937,  Píatakov,  Radek  y

Sokolnikov tomaron otro camino. Ellos no dijeron

que los trotskistas y los zinovievistas no tuvieran una

plataforma   política.   Admitieron   que   tenían   su

plataforma   política   concreta;   reconocieron   y

desarrollaron esta plataforma en sus declaraciones.

Pero si la desarrollaron, no era en absoluto para

llamar a la clase obrera, para llamar al pueblo a

respaldar   la   plataforma   trotskista,   sino   para

maldecirla y tildarla de plataforma antipopular y

antiproletaria.                                                   Restauración   del       capitalismo,

liquidación   de   los   koljós   y   de              los   sovjós,

restablecimiento del sistema de explotación; alianza

con las fuerzas fascistas de Alemania y del Japón

para acelerar el desencadenamiento de una guerra

contra la Unión Soviética; lucha por la guerra y

contra la política de paz; desmembramiento territorial

de la Unión Soviética, entregando Ucrania a los

alemanes y la Provincia marítima a los japoneses;

preparación  de  la  derrota  militar  de  la  Unión

Soviética en caso de una agresión por parte de los

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       251

 

 

Estados enemigos; y, como medio para alcanzar estos

fines:  sabotaje,  diversión,  terrorismo  individual

contra los dirigentes del poder de los Soviets y

espionaje  en  provecho  de  las  fuerzas  fascistas

japonesas y alemanas. He aquí la plataforma política

del trotskismo actual, expuesta por Piatakov, Radek y

Sokolnikov.   Una   plataforma   de   este   tipo   es

comprensible que los trotskistas no pudiesen por

menos que ocultar al pueblo, a la clase obrera. Y no

la  ocultaban  solamente  a  la  clase  obrera,  sino

también a la masa trotskista; y no solamente a la

masa  trotskista,  sino  incluso  al  equipo  dirigente

trotskista, compuesto por un puñado de treinta a

cuarenta   hombres.   Cuando   Radek   y   Piatakov

pidieron a Trotski la autorización para reunir una

pequeña conferencia de treinta a cuarenta trotskistas

a fin de informarles del carácter de esta plataforma,

Trotski se les negó, declarando que no era racional

exponer  el  verdadero  carácter  de  la  plataforma,

incluso  a  un  puñado  de  trotskistas,  porque  una

«operación»  de  este  género  podía  provocar  la

escisión.

«Hombres    políticos»    que    ocultan    sus convicciones, su plataforma, no solamente a la clase obrera,  sino  también  a  la  masa  trotskista,  y  no solamente  a  la  masa  trotskista,  sino  también  al equipo dirigente de los trotskistas, tal es la fisonomía del trotskismo de nuestros días.

Por esto el actual trotskismo ya no se puede llamar corriente política en la clase obrera.

El trotskismo de nuestros días no es una corriente política  en  la  clase  obrera,  sino  una  banda  sin principios  y  sin  ideología,  de  saboteadores,  de agentes de diversión y de información, de espías, de asesinos, una banda de enemigos jurados de la clase obrera,  una  banda  a  sueldo  de  los  servicios  de espionaje de los Estados extranjeros.

Tal es el resultado indiscutible de la evolución del

trotskismo en el curso de los siete u ocho últimos

años.

Tal es la diferencia entre el trotskismo de antes y el trotskismo de hoy.

El error de nuestros camaradas del Partido es que

ellos no han notado esta diferencia profunda entre el

trotskismo del pasado y el actual trotskismo. No han

reparado en que los trotskistas han cesado de ser,

desde hace mucho tiempo, hombres de ideas; en que,

desde hace mucho tiempo, se han convertido en

auténticos salteadores de caminos capaces de todas

las vilezas, de todas las infamias, llegando hasta el

espionaje y la traición directa a su patria, con tal de

causar daño al Estado soviético y al poder de los

Soviets. Nuestros camaradas no se han percatado de

esto y no han sabido, por lo tanto, cambiar a tiempo

de  orientación  para  trabar  la  lucha  contra  los

trotskistas de otra manera, de forma más enérgica.

Vemos, pues, por qué las ignominias cometidas

por los trotskistas, en estos últimos años, han sido

 

 

algo totalmente inesperado para algunos de nuestros camaradas del Partido.

Prosigamos. Nuestros camaradas del Partido no

advirtieron, por último, que existe una diferencia

esencial   por   una   parte,   entre   los   actuales

saboteadores y agentes de diversión, entre los cuales

los agentes trotskistas del fascismo juegan un papel

bastante activo, y los saboteadores y agentes de

diversión del tiempo del proceso de Shajti294, por otra

parte.

Primero.   Los   saboteadores   de   Shajti   y   los

miembros del «Partido industria»295 eran atadas luces

extraños a nosotros. Eran, en su mayoría, antiguos

propietarios de empresas, antiguos administradores

de los patronos de otro tiempo, antiguos asociados de

viejas sociedades anónimas o simplemente viejos

especialistas burgueses, que, desde el punto de vista

político, nos eran francamente hostiles. Ninguno de

nosotros dudaba de la verdadera fisonomía política

de estos señores. Por otra parte, los saboteadores de

Shajti  no  disimulaban  su  actitud  hostil  hacia  el

régimen soviético. No se podría decir lo mismo de

los actuales saboteadores y agentes de diversión, de

los trotskistas. Todos estos, son, en su mayoría,

miembros del Partido, que tienen en su bolsillo el

carnet del Partido; por consiguiente, hombres que,

oficialmente,  no  nos  son  extraños.  Si  los  viejos

saboteadores actuaban contra nuestros hombres, los

nuevos  saboteadores,  por  el  contrario,  les  hacen

reverencias, hacen elogios de ellos y se les arrastran

para ganarse su confianza. La diferencia, como veis,

es esencial.

Segundo.   Lo   que   les   hacía   fuertes   a   los

saboteadores de Shajti y a los miembros del «Partido

industrial» era su posesión, en mayor o menor grado,

de los conocimientos técnicos necesarios, mientras

que  nuestros  hombres,  al  no  tenerlos,  se  veían

obligados a aprender de ellos. Esta circunstancia

daba una gran ventaja a los saboteadores de la época

de Shajtí, les permitía sabotear con toda libertad y sin

ningún obstáculo, les permitía engañar a nuestros

 

294   Se  refiere  a  la  labor  subversiva  de  la  organización

contrarrevolucionaria de especialistas burgueses que de 1923 a

1928 actuó en Shajti y en otros distritos de la cuenca del Donetz.

295 El proceso contra la organización contrarrevolucionaria «el

partido industrial», que llevaba a cabo acciones de sabotaje y de

espionaje, tuvo lugar en Moscú del 25 de noviembre al 7 de

diciembre de 1930. Los hechos fueron examinados por una

sección especial del Tribunal Supremo de la URSS. Como se vió

durante el proceso «el partido industrial», que agrupaba a los

elementos  contrarrevolucionarios  de  los  altos  círculos  de  la

antigua burguesía técnico-intelectual era un agente del capital

internacional en la URSS. Mantenían lazos con los elementos

blancos que habían huido, con los grandes ex-capitalistas de la

Rusia zarista y actuaban según las directas orientaciones del

Estado Mayor del ejército francés para preparar la intervención

militar  de  los  imperialistas  y  el  derrocamiento  del  Poder

Soviético  por  las  armas.  Los  saboteadores  recibían  de  los

imperialistas las directrices y los fondos para desarrollar acciones

de  espionaje  y  de  diversión  en  las  diferentes  ramas  de  la

economía nacional de la URSS

 

 

 

 

 

252

hombres en el aspecto técnico. Las cosas cambian

con  los  saboteadores  de  nuestros  días,  con  los

trotskistas.  Los  saboteadores  de  hoy  no  tienen

ninguna ventaja técnica sobre nuestros hombres. Al

contrario,   desde   este   punto   de   vista,   nuestros

hombres están mejor preparados que los saboteadores

actuales, que los trotskistas. En el intervalo desde la

época de Shajti hasta nuestros días, se han formado

en  nuestro  país  decenas  de  miles  de  verdaderos

cuadros bolcheviques con una verdadera preparación

técnica. Podríamos mencionar miles y decenas de

miles   de   dirigentes   bolcheviques   técnicamente

formados, frente a los cuales todos los Piatakov y

Lívchitz, Chestov y Boguslavski, Muralov y Drobnis,

no son más que vanos parlanchines y unos pipiolos

desde el punto de vista de la preparación técnica. ¿En

dónde permanece, pues, la fuerza de los saboteadores

actuales, de los trotskistas? Su fuerza reside en el

carnet del Partido, en su posesión de éste. Su fuerza

consiste  en  que  el  carnet  del  Partido  les  da  la

confianza política y les abre las puertas de todas

nuestras instituciones y organizaciones. Su ventaja

consiste en que, al poseer este carnet y haciéndose

pasar por los amigos del poder de los Soviets, han

engañado a nuestros hombres en el aspecto político,

han abusado de su confianza, han realizado bajo

mano acciones de sabotaje y han revelado nuestros

secretos  de  Estado  a  los  enemigos  de  la  Unión

Soviética. Una «ventaja» dudosa en cuanto a su valor

político y moral, pero, en cualquier caso, es toda una

«ventaja» que, en suma, viene a explicar el que los

saboteadores  trotskistas,  al  estar  en  posesión  del

carnet del Partido y tener acceso a todos los puestos

de  nuestras instituciones y  organizaciones,  hayan

sido un verdadero hallazgo para los servicios de

espionaje de los Estados extranjeros.

El error de algunos de nuestros camaradas del

Partido es que no han notado, no han comprendido

toda esta diferencia entre los viejos y los nuevos

saboteadores, entre los saboteadores de Shajti y los

trotskistas,  y,  al  no  percatarse,  no  han  sabido

modificar su orientación en el momento oportuno

para  combatir  en  otros  términos  a  los  nuevos

saboteadores.

 

IV.   Los   lados   negativos   de   los   éxitos económicos

Estos son los hechos principales en lo tocante a nuestra situación internacional e interior, que muchos de nuestros camaradas del Partido han olvidado o no han advertido.

He  aquí  por  qué  nuestras  gentes  han  sido

sorprendidas por los acontecimientos de los últimos

años, en lo que concierne al sabotaje y a los actos de

diversión.

Se puede saber: ¿por qué nuestros hombres no han

reparado en esto?, ¿por qué han olvidado todas estas

cosas?

 

 

J. V. Stalin

 

¿De dónde viene esta amnesia, esta ceguera, esta despreocupación, esta tolerancia?

¿Es que se trata de una vida orgánica en el trabajo de nuestros hombres?

No, no se trata de un vicio orgánico. Estamos ante

un fenómeno temporal, que puede ser rápidamente

liquidado   si   nuestros   hombres   hacen   algunos

esfuerzos.

Pero entonces, ¿de qué se trata?

Lo cierto es que, estos últimos años, nuestros camaradas del Partido estaban totalmente absorbidos por el trabajo económico, los éxitos económicos les enardecían   hasta   el   extremo   y   con   este apasionamiento,  han  olvidado  todo  lo  demás,  ha descuidado el resto de las tareas.

Es cierto que estando exaltados sus ánimos por los

éxitos económicos, han visto aquí el comienzo y el

fin de todo en cuanto a los problemas concernientes a

la situación internacional de la Unión Soviética, al

cerco capitalista, al reforzamiento del trabajo político

del  Partido,  a  la  lucha  contra  e  sabotaje,  etc.,

simplemente no les han prestado ninguna atención,

considerándolos como cosas de segundo e incluso de

tercer orden.

En realidad, los éxitos y las realizaciones son algo

muy grande. Nuestros éxitos en el terreno de la

edificación socialista, en efecto, son inmensos. Pero

los éxitos, como todo lo que existe en el mundo,

tienen también sus sombras. A menudo los grandes

éxitos y las grandes realizaciones propician en los

hombres poco duchos en la política, una tendencia a

la   despreocupación,   a   la   tolerancia,   a   la

autosatisfacción, a la excesiva confianza en sí, a la

suficiencia, a la jactancia. Ustedes no pueden negar

que,  en  estos  últimos  tiempos,  los  jactanciosos

pululan   enormemente   entre   nosotros.   No   es

sorprendente que, en este ambiente de grandes y

serios  éxitos  en  el  dominio  de  la  edificación

socialista, aparezcan tendencias a las fanfarronadas, a

manifestar,   con   toda   pompa   nuestros   éxitos,

tendencias  a  subestimar  las  fuerzas  de  nuestros

enemigos   y   a   sobreestimar   las   propias   y,   en

consecuencia, se manifieste la ceguera política.

A propósito de todo esto, debo decir algunas palabras sobre los peligros ligados a los éxitos, sobre los peligros ligados a las realizaciones.

Los   peligros   ligados   a   las   dificultades,   los

conocemos por experiencia. Hace varios años que

luchamos contra los peligros de este género y, bien

hay que decirlo, no sin éxito. Los peligros ligados a

las dificultades hacen surgir con frecuencia en las

personas inestables tendencias al abatimiento, a la

falta  de  confianza  en  sus  fuerzas,  tendencias  al

pesimismo. Y, al contrario, allí donde se trata de

vencer los peligros que provienen de las dificultades,

los hombres se templan en esta lucha y de ella salen

verdaderos   bolcheviques   de   acero.   Tal   es   la

naturaleza de los peligros ligados a las dificultades.

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       253

 

Tales son los resultados que aporta la lucha para      serie de peligros que rodean a nuestro país.

 

triunfar sobre las dificultades.

Pero tenemos este otro género de peligros, los que

están ligados a los éxitos, a las realizaciones. Sí, sí,

camaradas,  peligros  ligados  a  los  éxitos,  a  las

realizaciones.  Estos  peligros  consisten  en  que  el

ambiente  de  los  éxitos, -un  éxito  tras  otro,  una

realización tras otra, una superación tras otra del

plan-, engendra en las personas poco duchas en la

política y sin mucha experiencia tendencias a la

despreocupación y a la autosatisfacción, les crea una

atmósfera de solemnidades, de aparatosidad y de

felicitaciones  mutuas  que  mata  el  sentido  de  la

mesura y debilita el olfato político, abate el ímpetu

de las personas y les incita a dormirse en sus laureles.

No   es   sorprendente   que   en   esta   atmósfera

embriagadora de suficiencia y de autosatisfacción, en

esta atmósfera de demostraciones pomposas y de

ruidosas alabanzas recíprocas, haya quienes olviden

algunos  hechos  esenciales  de  una  importancia

primordial para los destinos de nuestro país; quienes

comiencen a no reparar en cosas desagradables como

el cerco capitalista, las nuevas formas de sabotaje, los

peligros relacionados con nuestros éxitos, etc. ¿Cerco

capitalista? ¡Bah,   esto   es   una   bagatela! ¿Qué

importancia  puede  tener  un  cerco  capitalista,  si

cumplimos   y   sobrepasamos   nuestros   planes

económicos? ¿Nuevas  formas  de  sabotaje,  lucha

contra  el  trotskismo? ¡Tamañas  tonterías! ¿Qué

importancia pueden tener todas estas minucias, si

nosotros cumplimos y sobrepasamos nuestros planes

económicos? ¿Estatutos del Partido, carácter electivo

de los órganos del Partido, deber de los militantes del

Partido de rendir cuentas de su mandato ante la masa

de los militantes del Partido? Pero, ¿hay necesidad de

esto? En general, ¿vale la pena perder el tiempo en

todas estas pequeñeces, cuando nuestra economía

crece  y  la  situación  material  de  los  obreros  y

campesinos mejora de día en día? ¡Es inútil seguir

con   esto!   Nosotros   rebasamos   nuestros   planes,

tenemos  un  Partido  que  marcha  bien;  lo  mismo

ocurre con el Comité Central. Entonces, ¿qué otra

cosa es necesaria? Qué gente rara es esa de Moscú, la

del Comité Central del Partido: inventan un montón

de problemas, discuten de quién sabe que sabotaje,

no duermen ellos mismos y no dejan dormir a los

demás...

He aquí un ejemplo ilustrativo de la facilidad y de

la «simplicidad»  con  que  algunos  de  nuestros

camaradas  sin  experiencia,  contraen  la  ceguera

política como resultado de los éxitos económicos.

Tales son los peligros ligados a los éxitos, a las realizaciones.

He aquí la causa de que nuestros camaradas del

Partido,   dejándose   arrastrar   por   los   éxitos

económicos,  han  olvidado  los  hechos  de  orden

internacional e interior cuya importancia es esencial

para la Unión Soviética, y no han reparado en una

 

Aquí están las raíces de nuestra despreocupación, de nuestra amnesia, de nuestra benignidad, de nuestra ceguera política.

Aquí están las raíces de los defectos de nuestro trabajo económico y del trabajo del Partido.

 

V.  uestras tareas

¿Cómo liquidar estos defectos de nuestro trabajo? ¿Qué hay que hacer para eso?

Es necesario realizar las siguientes medidas:

1. Ante todo hace falta orientar la atención de nuestros camaradas del Partido, que se han atascado en las «cuestiones corrientes» de tal o cual servicio, hacia las grandes cuestiones políticas de carácter internacional e interior.

2. Es preciso elevar el trabajo político de nuestro

Partido al nivel requerido, colocando en primer plano

la instrucción política y el temple bolchevique de los

cuadros del Partido, del Estado y de la economía

nacional.

3. Hay que explicar a nuestros camaradas del Partido que los éxitos económicos, cuya importancia es indiscutiblemente muy grande, y por los cuales continuaremos trabajando de día en día, de año en año, no agotan sin embargo todos los problemas de nuestra edificación socialista.

Explicar que los lados negativos de los éxitos

económicos,   como   son   la   autosatisfacción,   la

despreocupación,   el   embotamiento   del   olfato

político, no pueden ser liquidados a no ser que a los

éxitos   económicos   se   unan   los   éxitos   en   la

edificación del Partido y de un vasto trabajo político

de nuestro Partido.

Explicar que los mismos éxitos económicos, su solidez y su duración dependen por entero y sin lugar a dudas de los éxitos del trabajo de organización y del trabajo político del Partido; que a falta de estas condiciones, los éxitos económicos pueden revelarse como algo constituido en la arena.

4. Hay que recordar y jamás olvidar que el cerco capitalista es el hecho esencial que determina la situación internacional de la Unión Soviética.

Hay que recordar y no olvidar jamás que mientras

exista el cerco capitalista, existirán los saboteadores,

los agentes de diversión, los espías, los terroristas

enviados a la retaguardia de la Unión Soviética por

los servicios de espionaje de los Estados extranjeros;

hay  que  tener  esto  presente  y  luchar  contra  los

camaradas que subestiman la importancia del cerco

capitalista, que subestiman la fuerza y la importancia

del sabotaje.

Explicar a nuestros camaradas del Partido que ningún tipo de éxitos económicos, por grandes que sean, puede anular el hecho del cerco capitalista y las consecuencias que de él se derivan.

Aplicar las medidas necesarias para que nuestros

camaradas,   los   bolcheviques,   miembros   y   no

 

 

 

 

 

254

miembros  del  Partido,  tengan  la  posibilidad  de

comprender los fines y las tareas, de la práctica y la

técnica de la actividad de sabotaje, de espionaje y de

diversión de los servicios de espionaje extranjeros.

5. Hay que explicar a nuestros camaradas del

Partido que los trotskistas, los cuales son elementos

activos en la acción de sabotaje, de diversión y de

espionaje de los servicios de espionaje extranjeros,

han dejado de ser desde hace mucho tiempo una

corriente política en la clase obrera; que desde hace

mucho tiempo han dejado de servir a ideas que sean

compatibles con los intereses de la clase obrera; que

se han convertido en una banda, sin principios y sin

ideas, de saboteadores, de agentes de diversión, de

espías, de asesinos a sueldo de los servicios de

espionaje extranjeros.

Explicar que, en la lucha contra el trotskismo de

nuestros días, lo que se requiere, ya no son los viejos

métodos, los métodos de discusión, sino los métodos

nuevos,  los  métodos  consistentes  en  extirpar,  en

derrotar.

6. Hay que explicar a nuestros camaradas del

Partido la diferencia que existe entre los saboteadores

actuales y los saboteadores de la época de Shajti;

explicar que si los saboteadores de la época de Shajti

engañaban a nuestros hombres en el terreno técnico,

explotando   su   atraso   técnico,   los   saboteadores

actuales, en posesión del carnet del Partido, engañan

a nuestros hombres aprovechándose de la confianza

política de que gozan como miembros del Partido,

aprovechándose de la despreocupación política de

nuestros hombres.

Es necesario completar la antigua consigna de la asimilación de la técnica, consigna que correspondía a la época de Shajti, con la nueva consigna de la educación política de los cuadros, de la asimilación del   bolchevismo   y   la   liquidación   de   nuestra credulidad   política,   consigna   que   corresponde perfectamente a la época en que vivimos.

Puede preguntarse, ¿no era posible, diez años

antes, durante la época de Shajti, formular de golpe

las dos consignas, la primera de la asimilación de la

técnica; y la segunda de la educación política de los

cuadros? No, esto no era posible. No es así como se

hacen las cosas en nuestro Partido bolchevique. En

momentos  en  que  el  movimiento  revolucionario

opera un viraje, siempre es formulada una consigna

esencial, una consigna crucial a la cual nos aferramos

para poder, gracias a ella, tirar hacia nosotros de toda

la cadena. He aquí lo que Lenin nos ha enseñado:

encuentren el eslabón fundamental de la cadena de

nuestro trabajo, aférrense a él y tiren, para poder de

esta manera, tirar de toda la cadena y marchar hacia

adelante.

La   historia   del   movimiento   revolucionario

muestra que esta táctica es la única táctica justa. En

la época de Shajti, la debilidad de nuestros hombres

residía en su atraso técnico. No eran las cuestiones

 

 

J. V. Stalin

 

políticas, sino las cuestiones técnicas las que en aquel

entonces eran para nosotros el punto débil. En cuanto

a nuestra actitud política respecto a los saboteadores

de aquel tiempo, estaba perfectamente clara: actitud

de   bolcheviques   hacia   elementos   políticamente

extraños. Esta debilidad técnica la hemos liquidado

formulando  la  consigna  de  la  asimilación  de  la

técnica y educando, durante el período transcurrido,

decenas  y  centenares  de  miles  de  bolcheviques

técnicamente formados. Algo distinto es hoy que

poseemos   cuadros   bolcheviques   técnicamente

formados, pero sin embargo el papel de saboteadores

ya no es ejercido por elementos totalmente extraños,

que, además no tienen ninguna ventaja técnica sobre

nuestros hombres, sino por personas que poseen el

carnet del Partido y gozan de todos los derechos

reservados a los miembros del Partido. Ahora, el

punto débil de nuestros hombres no es su atraso

técnico, sino su despreocupación política, su ciega

confianza hacia los que una casualidad ha puesto en

posesión del carnet del Partido; la ausencia de un

control sobre las personas, no en función de sus

declaraciones   políticas,   sino   en   función   a   los

resultados de su trabajo. Ahora, la cuestión crucial

para nosotros no es liquidar el atraso técnico de

nuestros cuadros, cosa que ha sido lograda en lo

esencial, sino liquidar la despreocupación política y

la credulidad política hacia saboteadores que una

casualidad  ha  puesto  en  posesión  del  carnet  del

Partido.

Esta es la diferencia esencial entre la cuestión crucial de la lucha por los cuadros en la época de Shajti, y la cuestión crucial del período actual.

He aquí por qué, hace diez años, no podíamos, ni debíamos lanzar a la vez las dos consignas, la de la asimilación de la técnica y la de la educación política de los cuadros.

He aquí por qué es necesario ahora completar la

antigua consigna de la asimilación de la técnica con

la nueva consigna de la asimilación del bolchevismo,

de la educación política de los cuadros y de la

liquidación de nuestra despreocupación política.

7. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la

podrida  teoría  de  que,  a  cada  paso  que  damos

adelante,  la  lucha  de  clases  entre  nosotros  irá

extinguiéndose  paralelamente,  que  a  medida  que

aumenten nuestros éxitos, el enemigo de clase se

hará más manso.

No se trata solamente de una teoría podrida, sino de una teoría peligrosa, porque adormece a nuestros hombres, les hace caer en trampas y permite al enemigo de clase recobrarse para combatir al poder de los Soviets.

Por el contrario, cuanto más avancemos, cuanto

más éxitos conquistemos, tanto mayor será el furor

de los restos de las clases explotadoras aplastadas,

tanto más de prisa recurrirán a las más agudas formas

de lucha, tanto más intentarán perjudicar al Estado

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       255

 

 

soviético,   tanto   más   se   agarrarán   a   los   más desesperados  procedimientos  de  lucha,  como  el último recurso de aquellos que van a la ruina.

No hay que perder de vista que los restos de las

clases derrotadas en la URSS no están solos. Cuentan

con el apoyo directo de nuestros enemigos, más allá

de las fronteras de la URSS. Sería un error creer que

la esfera de la lucha de clases se limita a las fronteras

de la URSS. Si un flanco de la lucha de clases actúa

en el marco de la URSS, su otro flanco se extiende

hasta  el  interior  de  las fronteras  de  los  Estados

burgueses que nos rodean. Los restos de las clases

derrotadas   no   pueden   ignorarlo.   Y,   justamente

porque lo saben, continuarán también en el futuro sus

ataques desesperados.

Esto es lo que nos enseña la historia. Esto es lo que nos enseña el leninismo. No olvidemos pues tal cosa y estemos siempre vigilantes.

8. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros otra teoría podrida, según la cual, todo el que no se entrega constantemente al sabotaje, aunque sólo de vez en cuando muestre éxitos en su trabajo, no podrá ser saboteador.

Esta extraña teoría revela la ingenuidad de sus

autores. No hay saboteador que se atreva a sabotear

continuamente, si no quiere ser desenmascarado a

corto   plazo.   Por   el   contrario,   un   verdadero

saboteador  debe,  de  cuando  en  cuando,  mostrar

éxitos en su trabajo, porque esto para él es el único

medio de preservarse como saboteador, de ganarse la

confianza y de proseguir su trabajo de sabotaje.

Pienso que es una cuestión clara y no necesita explicaciones complementarias.

9. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la tercera teoría podrida, según la cual la ejecución sistemática de los planes económicos reduciría a la nada el sabotaje y sus resultados.

Esta  teoría  puede  perseguir  sólo  un  objetivo: halagar  un  poco  el  amor  propio  burocrático  de nuestros administradores, tranquilizarlos y debilitar su lucha contra el sabotaje.

¿Qué significa «ejecución sistemática de nuestros planes económicos»?

Primero,  ha  sido  probado  que  todos  nuestros planes económicos son reducidos, puesto que no tienen en cuenta inmensas reservas y posibilidades que encierra nuestra economía nacional.

Segundo, la ejecución global y en su conjunto de

los planes económicos a nivel de comisariatos del

pueblo, no significa todavía que los planes sean

cumplidos   también   por   algunas   ramas   muy

importantes. Al contrario, los hechos testimonian que

todo un conjunto de comisariatos del pueblo, que han

cumplido   e   incluso   sobrepasado   los   planes

económicos anuales, sistemáticamente no realizan los

planes  de  algunas  ramas  muy  importantes  de  la

economía nacional.

Tercero,  no  puede  haber  duda  de  que  si  los

 

 

saboteadores no hubiesen sido desenmascarados y echados fuera, las cosas irían mucho peor en lo que concierne a la ejecución de los planes económicos; los autores miopes de la teoría analizada deberían acordarse de ello.

Cuarto, los saboteadores, escogen de ordinario

para su principal actividad de sabotaje, no el tiempo

de paz, sino la víspera de la guerra o el mismo

tiempo de guerra. Admitamos que nos dejábamos

entretener con la teoría podrida de la «ejecución

sistemática   de   los   planes   económicos»   y   no

tocábamos a los saboteadores. ¿Los autores de esta

podrida teoría se imaginan el daño inmenso que los

saboteadores ocasionarían a nuestro Estado en caso

de guerra, si nosotros les dejábamos en el seno de

nuestra economía nacional, a la sombra de la podrida

teoría  de  la  ejecución  sistemática  de  los  planes

económicos»?

¿No está claro que la teoría de la «ejecución sistemática de los planes económicos» es una teoría ventajosa para los saboteadores?

10. Hay que demoler y rechazar la cuarta teoría podrida, según la cual el movimiento Stajanov sería el medio esencial de liquidación del sabotaje.

Esta teoría ha sido inventada para poder, gracias a las   habladurías   sobre   los   stajanovistas   y   el movimiento Stajanov, desviar los golpes destinados a los saboteadores.

En su informe, el camarada Molotov nos dió a

conocer toda una serie de hechos que demuestran que

los saboteadores trotskistas y no trotskistas en el

Kuzbass y en el Donbass, abusando de la confianza

de   nuestros                                                      camaradas        políticamente

despreocupados,   han   tenido   a   los   stajanovistas

agarrados por las narices, de manera sistemática les

han puesto bastones en las ruedas, les han creado de

manera artificial toda una serie de obstáculos al éxito

de   su   trabajo   y,   finalmente,   han   llegado,   a

desorganizar  su  trabajo. ¿Qué  pueden  hacer  los

stajanovistas  por    solos,  si,  en  la  cuenca  del

Donbass,   por   ejemplo,   el   sabotaje   de   las

construcciones básicas causó una ruptura entre los

trabajos preparatorios de la extracción del carbón,

cuyos ritmos se han retrasado, y todos los demás

trabajos? ¿No está claro que el propio movimiento

stajanovista tiene necesidad de una ayuda real por

nuestra parte, contra todas las maquinaciones de los

saboteadores, para hacer avanzar las cosas y cumplir

su gran misión? ¿No está claro que la lucha contra el

sabotaje,  la  lucha  por  liquidar  el  sabotaje,  por

reprimir el sabotaje, es la condición indispensable

para que el movimiento stajanovista pueda adquirir

toda su amplitud?

Pienso que esta cuestión está igualmente clara. y no necesita explicaciones complementarias.

11. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la

quinta teoría podrida, según la cual los saboteadores

trotskistas  ya  no  tendrían  reservas  y  estarían

 

 

 

 

 

256

reuniendo sus últimos cuadros.

Esto no es verdad, camaradas. Sólo los ingenuos

han   podido   inventar   semejante   teoría.   Los

saboteadores trotskistas cuentan con reservas. Estas

se componen, ante todo, de los restos de las clases

explotadoras aplastadas en la URSS. Se componen

además de toda una serie de grupos y organizaciones,

más allá de las fronteras de la URSS y hostiles a la

Unión Soviética.

Tomemos,   por   ejemplo,   la   IV   Internacional

contrarrevolucionaria trotskista296, compuesta, en sus

dos tercios, de espías y de agentes de diversión. ¿No

estamos ante una reserva? ¿No está claro que esta

Internacional  de  espías  formará  cuadros  para  la

actividad de espionaje y sabotaje de los trotskistas?

O  bien  tomemos  el  ejemplo  del  grupo  del

estafador  Schefflo,  en  Noruega,  que  albergó  al

archiespía Trotski y le ayudó en su actividad hostil

contra la Unión Soviética. Este grupo ¿no es una

reserva? ¿Quién   puede   negar   que   este   grupo

contrarrevolucionario vaya a continuar como en el

pasado,   sirviendo   a   los   espías   y   saboteadores

trotskistas?

O tomemos, por ejemplo, otro grupo, el de un

estafador de la misma ralea que Schefflo, el grupo

Souvaríne297,   en   Francia. ¿No   es   también   una

reserva? ¿Se   puede   negar   que   este   grupo   de

estafadores deje de ayudar también a los trotskistas

en su actividad de espionaje y sabotaje contra la

Unión Soviética?

Y todos esos señores de Alemania, todos esos

Ruth Fischer, Maslov, Urbans, que se han vendido en

cuerpo y alma a los fascistas, ¿no son una reserva

para  la  acción  de  espionaje  y  sabotaje  de  los

trotskistas?

O,   por   ejemplo,   la   cuadrilla   de   conocidos

escritores  de  América,  con  el  conocido  canalla

Eastman a la cabeza, todos esos bandidos de la pluma

que sólo viven calumniando a la clase obrera de la

URSS, ¿no   constituyen   una   reserva   para   el

trotskismo?

Sí,  hay  que  rechazar  la  podrida  teoría  que pretende  que  los  trotskistas  están  reuniendo  sus últimos cuadros.

12. Por último, hay que demoler y rechazar otra

podrida   teoría,   según   la   cual,   nosotros,   los

bolcheviques,  dado  que  somos  numerosos  y  los

saboteadores  son  un  pequeño  número;  dado  que

 

 

296 Se refiere a la Internacional contrarrevolucionaria fundada por Trotski después de ser expulsado de la URSS (enero de 1929). 297 El grupo de Suvarin era un grupo oportunista en el seno del Partido Comunista de Francia, ferviente partidario de Trotski. Este grupo apoyaba la oposición trotskista en el PC(b) de la URSS, calumniaba a la Internacional Comunista, etc., violando brutalmente la disciplina de Partido. Por esta razón Suvarin fue expulsado del Partido Comunista de Francia, posteriormente el VII Pleno Ampliado del CEIC, en 1926, lo expulsó de las filas de la   Internacional   Comunista   a   causa   de   la   propaganda contrarrevolucionaria que él llevaba a cabo.

 

 

J. V. Stalin

 

tenemos  el  respaldo  de  decenas  de  millones  de personas, mientras que los saboteadores trotskistas apenas   cuentan   con   el   apoyo   de   unos   pocos individuos o de unas pocas decenas de individuos, bien   podríamos   hacer   la   vista   gorda   con   ese desgraciado puñado de saboteadores.

Esto es falso, camaradas. Esta teoría más que

extraña es un invento para consolar a aquellos de

nuestros camaradas dirigentes cuya incapacidad de

combatir el sabotaje les ha hecho fracasar en su

trabajo, para relajar su vigilancia y dejarles dormir

tranquilos.

Que los saboteadores trotskistas sean apoyados

por unos pocos individuos aislados, mientras que los

bo1cheviques lo son por decenas de millones de

hombres, esto es un hecho real, evidentemente. Pero

de  aquí  no  se  desprende  en  absoluto  que  los

saboteadores no puedan causar el más serio perjuicio

a nuestra obra. Para perjudicar y saborear no se

necesita  de  una  gran cantidad  de  hombres.  Para

construir el Dnieprostroi fueron necesarios decenas

de miles de obreros. Mientras que para volarlo tal vez

sólo harían falta algunas decenas de hombres, no

más. Ganar una batalla durante la guerra, puede

requerir varios cuerpos del Ejército Rojo. Mientras

que para impedir esta victoria en el frente, bastan

algunos espías infiltrados en algún estado mayor de

ejército, incluso en algún estado mayor de división,

capaces de robar el plan de operaciones y pasárselo

al enemigo. Para construir un gran puente ferroviario,

son necesarios miles de hombres. Pero para hacerlo

volar por los aires sólo bastan unos pocos. Se podrían

citar decenas y cientos de estos ejemplos.

Por consiguiente, nadie debe hacerse a la idea de

que nosotros somos numerosos; mientras que ellos,

los   saboteadores   trotskistas,   están   en   pequeño

número.

Debemos actuar de tal manera que en nuestras filas no quede ni rastro de saboteadores trotskistas.

Así está planteada la cuestión de saber cómo liquidar los defectos de nuestro trabajo, comunes a todas nuestras organizaciones tanto económicas y estatales, como administrativas y del Partido.

Tales son las medidas a tomar para liquidar estos defectos.

En cuanto a lo que se refiere a las organizaciones

del Partido, en particular, y a los defectos de su

trabajo, en el proyecto de resolución sometido al

examen   de   ustedes   se   habla   de   manera

suficientemente detallada de las medidas a tomar

para liquidar estos defectos. Por eso, pienso que no

es  necesario  insistir  aquí  sobre  este  lado  de  la

cuestión.

Quisiera simplemente decir algunas palabras de la preparación  política  y  del  perfeccionamiento  de nuestros cuadros del Partido.

Pienso que si pudiéramos, si supiéramos preparar

ideológicamente y templar políticamente a nuestros

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       257

 

cuadros del Partido, desde abajo hasta arriba, a fin de         organizaciones de zona y de distrito.

 

que pudieran orientarse con soltura en la situación interior e internacional, si supiéramos hacer de ellos leninistas, marxistas de una madurez total, capaces de resolver sin graves errores los problemas de la dirección  del  país,  habríamos  resuelto  las  nueve décimas partes de todas nuestras tareas.

¿Cómo se presentan las cosas para los cuadros dirigentes de nuestro Partido?

Nuestro Partido tiene un efectivo, si tomamos en

cuenta sus capas dirigentes, de alrededor de 3.000 a

4.000 dirigentes superiores. Diría que ellos son los generales de nuestro Partido.

Después vienen de 30.000 a 40.000 dirigentes medios. Estos son los oficiales del Partido.

A continuación viene un efectivo de alrededor de 100.000 a 150.000 dirigentes de mando subalterno del Partido. Ellos son, por así decirlo, los suboficiales de nuestro Partido.

Elevar  el  nivel  ideológico  y  la  preparación política de estos cuadros de mando, hacer ingresar en sus filas nuevas fuerzas que esperan su promoción y ampliar así el efectivo de los cuadros dirigentes, es nuestra tarea a realizar.

¿Qué hace falta para esto?

Ante todo, hay que invitar a nuestros dirigentes

del Partido, desde los secretarios de célula hasta los

secretarios de las organizaciones de las regiones y de

las  repúblicas,  a  que  encuentren,  en  un  plazo

determinado,   dos   hombres,   dos   militantes   del

Partido,  capaces  de  reemplazarles  realmente.  Se

podrá objetar: pero dónde encontrar dos suplentes

para cada uno de nosotros, no tenemos tales hombres,

no tenemos militantes apropiados. Esto no es cierto,

camaradas. Tenemos decenas de miles de hombres

capaces,  de  hombres  de  talento.  Sólo  hay  que

descubrirlos y promoverlos en el momento oportuno,

a fin de que no entren en descomposición vegetando

en su viejo puesto. Busquen y encontrarán.

A continuación. Para la educación de Partido y el

perfeccionamiento de los secretarios de células, es

necesario crear, en cada centro regional, «cursos del

Partido» de cuatro meses de duración. Hay que

enviar a estos cursos a los secretarios de todas las

organizaciones de base del Partido (células), y luego,

una vez hayan terminado estos cursos y se hayan

reintegrado a su puesto, se enviará a sus suplentes y a

los miembros más capaces de las organizaciones

primarias del Partido.

Después. Para el perfeccionamiento político de

los primeros secretarios de las organizaciones de

distrito, se debe crear en la URSS, es decir, en los

diez principales centros, «cursos leninistas» de ocho

meses. A estos cursos hay que enviar a los primeros

secretarios  de  las  organizaciones  del  Partido  de

distrito, y de zona, y luego, cuando hayan terminado

estos cursos y vuelto a sus puestos, serán enviados

sus suplentes y los miembros más capaces de las

 

Después. Para el perfeccionamiento ideológico y

el perfeccionamiento político de los secretarios de las

organizaciones de ciudad, es preciso crear, al lado del

CC del PC(b) de la URSS «cursos semestrales de

historia y de política del Partido». A estos cursos

deben ser enviados los primeros secretarios o los

subsecretarios de las organizaciones de ciudad, y

luego, cuando hayan realizado estos cursos y se

hayan reincorporado a su puesto, se enviará a los

miembros  más  capaces  de  las  organizaciones  de

ciudad.

En fin. Hay que crear, próximo al CC del PC(b)

de la URSS, una «conferencia de seis meses para las

cuestiones de política interior e internacional». Se

enviará  a  ella  a  los  primeros  secretarios  de  las

organizaciones de región y de provincia y de los

comités   centrales   de   los   partidos   comunistas

nacionales. Estos camaradas deberán facilitar no uno,

sino varios equipos capaces de reemplazar a los

dirigentes del Comité Central de nuestro Partido.

Esto es indispensable y debe hacerse necesariamente.

Ya termino, camaradas.

Hemos expuesto pues los defectos esenciales de

nuestro trabajo, tanto los que son comunes a todas

nuestras organizaciones económicas, administrativas

y del Partido, como los que únicamente son propios

de  las  organizaciones  del  Partido,  defectos  que

explotan los enemigos de la clase obrera para su

actividad de sabotaje y de diversión, de espionaje y

de terrorismo.

Hemos   establecido   después   las   principales

medidas  que  hay  que  tomar  para  eliminar  estos

defectos y cortar el paso a los actos de diversión y

sabotaje, de espionaje y terrorismo de los agentes

trotsko-fascistas   de   los   servicios   de   espionaje

extranjeros.

Surge  la  pregunta: ¿podemos  nosotros  aplicar todas   estas   medidas?,           ¿tenemos   todas   las posibilidades necesarias para ello?

Indiscutiblemente   que   podemos.   Y   podemos

porque disponemos de todos los medios necesarios

para llevarlos a efecto. ¿Qué es pues lo que nos falta?

Nos falta sólo una cosa: estar prestos a liquidar nuestra despreocupación, nuestra benignidad, nuestra propia miopía política.

He aquí donde reside la dificultad.

¿Pero                                                                  es           posible           que    no    sepamos

desembarazarnos  de  esta  enfermedad  ridícula  e

idiota, nosotros que hemos subvertido el capitalismo,

que hemos construido el socialismo en lo esencial, y

hemos levantado la gran bandera del comunismo

mundial?

No tenemos por qué dudar de que, con toda seguridad, vamos a desembarazarnos, si desde luego, no   nos   falta   la   voluntad   de   hacerlo.   Nos desembarazaremos no para salir del paso, sino como bolcheviques, como es debido.

 

 

 

 

 

258

Y, cuando nos hayamos desembarazado de esta

enfermedad   idiota,   podremos   decir   con   toda

seguridad que no tenemos por qué temer a enemigo

alguno, ni a los enemigos del interior, ni a los

enemigos  del  exterior,  que  sus  manejos  no  nos

infunden  miedo,  ya  que  los  vamos  a  desbaratar

también en el futuro como los estamos desbaratando

hoy y como los hemos desbaratado en el pasado.

 

Discurso de clausura

Camaradas:

He expuesto en mi informe los principales puntos

del problema que estamos examinando. Los debates

han   mostrado   que,   ahora,   la   cuestión   está

completamente   clara,   que   hemos   emprendido

nuestras tareas y estamos dispuestos a liquidar los

defectos de nuestro trabajo. Pero los debates han

mostrado  asimismo  que  hay  algunas  cuestiones

concretas  de  nuestro  trabajo  práctico,  político  y

organizativo que aún no comprendemos con toda

claridad. He enumerado siete de estas cuestiones.

Permítanme  decir  algunas  palabras  acerca  de

ellas.

1. Creo que ahora todos han comprendido, tienen

conciencia  de  que  la  pasión  excesiva  por  las

campañas  económicas  y  los  éxitos  económicos,

mientras   sean   subestimadas   y   olvidadas   las

cuestiones  políticas  del  Partido,  conduce  a  un

callejón sin salida. Así pues, es necesario orientar la

atención de los militantes hacia las cuestiones del

Partido, de modo que los éxitos económicos estén

combinados y marchen a la par con los éxitos del

trabajo político del Partido.

¿Cómo realizar en la práctica, la tarea de reforzar

el trabajo político del Partido, la tarea de liberar a las

organizaciones  del  Partido  de  las  minucias  del

trabajo económico? Los debates han mostrado que

algunos  camaradas  son  propensos  a  sacar  una

deducción errónea, que consiste en pensar que ahora,

se  deberá  abandonar  por  completo  el  trabajo

económico. Al menos, se han oído algunas voces de

este   tipo:   al   fin,   gracias   a   dios,   vamos   a

desembarazarnos de los problemas de la economía,

ahora vamos a poder ocuparnos del trabajo político

del Partido. ¿Es justa esta deducción? No, no es justa.

Cuando nuestros camaradas del Partido, llevados por

los éxitos económicos, abandonaban la política, esto

ha  sido  un  exceso  que  nos  ha  costado  grandes

sacrificios.                                                        Si,          ahora, algunos    camaradas,

preocupados  por  reforzar  el  trabajo  político  del

Partido, piensan abandonar el trabajo económico,

esto será otro exceso que nos va a costar no menos

sacrificios. No se puede pasar de un extremo a otro.

No se puede separar la política de la economía.

Nosotros no podemos abandonar la economía, del

mismo modo que no podernos abandonar la política.

Por la comodidad en los estudios, la gente separa de

ordinario, desde el punto de vista metodológico, los

 

 

J. V. Stalin

 

problemas de la economía de los de la política. Pero

esto   sólo   se   hace   desde   el   punto   de   vista

metodológico,    artificialmente,    por    la    mera

comodidad  en  los  estudios.  En  la  vida,  por  el

contrario, la política y la economía son prácticamente

inseparables. Existen juntas y actúan juntas. Y el que,

en   nuestro   trabajo   práctico,   piense   separar   la

economía   de   la   política,   reforzar   el   trabajo

económico disminuyendo la importancia del trabajo

político,   o,   a   la   inversa,   reforzar   este   último

disminuyendo la importancia del primero, se meterá

sin duda alguna en un callejón sin salida.

El  sentido  del  párrafo  que  se  conoce  en  el

proyecto de resolución referente a la liberación de las

organizaciones del Partido de las pequeñas tareas de

la economía, y el fortalecimiento del trabajo político

del  Partido,  no  consiste en  abandonar el  trabajo

económico  y  la  dirección  de  la  economía,  sino

simplemente en no tolerar en adelante la práctica de

que  los  organismos  económicos,  sobre  todo  los

organismos agrarios, sean reemplazados o privados

de   su   personalidad   por   parte   de   nuestras

organizaciones del Partido. Así pues, es necesario

asimilar el método de dirección bolchevique de los

organismos de la economía, método que consiste en

ayudar  sistemáticamente  a  estos  organismos,  en

reforzarlos sistemáticamente y en dirigir la economía

no  ya  fuera  de  estos  organismos,  sino  con  su

intervención.   Hay   que   dar   a   los   organismos

económicos y, ante todo, a los organismos agrarios,

los  mejores  hombres;  hay  que  completar  estos

organismos  con  militantes  nuevos  y  de  calidad,

capaces de cumplir las tareas que se les asigna. Sólo

después que se haya realizado este trabajo se podrá

considerar   a   las   organizaciones   del   Partido

plenamente liberadas de las pequeñas cuestiones de

la economía. Se comprende que este es un trabajo

serio y que exige tiempo. Pero en tanto no se haya

realizado,  las  organizaciones  del  Partido  deberán

continuar,  por  un  plazo  determinado  de  breve

duración, ocupándose de cerca de las cosas de la

agricultura, en todos sus detalles: labores sementeras,

recolecciones, etc.

2. Dos palabras a propósito de los saboteadores,

agentes de diversión, espías, etc. Ahora está claro

para todos, pienso yo, que los actuales saboteadores y

agentes de diversión, bajo cualquier bandera que se

disfracen, trotskista o bujarinista, han dejado de ser

desde hace mucho tiempo una corriente política en el

movimiento  obrero;  se  han  transformado  en  una

banda, sin principios y sin ideas, de saboteadores,

agentes de diversión, espías, asesinos profesionales.

Es comprensible, pues, que estos señores deben ser

aplastados y extirpados sin piedad, como enemigos

de la clase obrera, como traidores a nuestra Patria.

Esto  está  claro  y  no  necesita  de  explicaciones

complementarias.

Pero surge la pregunta: ¿cómo cumplir en la

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       259

 

 

práctica la tarea de aplastar y extirpar a los agentes

germano-nipones del trotskismo? ¿Significa esto que

hay que golpear y extirpar no sólo a los verdaderos

trotskistas, sino, también a los que, en otro tiempo,

oscilaban hacia el trotskismo, y que, luego, de esto

hace ya tiempo, abandonaron el trotskismo; no sólo a

los que son realmente los agentes trotskistas del

sabotaje, sino también a los que por casualidad han

pasado por el mismo camino que antaño pasó éste o

aquél trotskista? Por lo menos, voces al respecto, se

han dejado oír aquí, en esta asamblea plenaria. ¿Se

puede considerar justa una interpretación tal de la

resolución? No, no puede considerarse justa. En esta

cuestión, como en todas las demás cuestiones, para

juzgar a una persona hay que atenerse al principio

individual, diferenciado. No se puede meter a todo el

mundo en un mismo plano. Esta manera simplista de

juzgar a la gente sólo puede perjudicar a la lucha

contra   los   verdaderos   saboteadores   y   espías

trotskistas.

Entre nuestros camaradas responsables hay un

cierto  número  de  viejos  trotskistas  que  hace  ya

tiempo abandonaron el trotskismo que hoy están

luchando contra él, no peor, sino mejor que algunos

de nuestros honorables camaradas, los cuales no han

tenido la ocasión de oscilar hacia el trotskismo. Sería

absurdo ahora desacreditar a estos camaradas.

Entre nuestros camaradas hay también de aquellos

que, ideológicamente, se han pronunciado siempre

contra   el   trotskismo,   sin   embargo   mantenían

relaciones   personales   con   algunos   trotskistas,

relaciones que no tardaron en romper desde que se

dieron  cuenta  de  lo  que  era  en  la  práctica  la

fisonomía del trotskismo. El que ellos no rompieran

de   inmediato,   sino   con   retraso,   sus   relaciones

personales de amistad con algunos trotskistas, es algo

realmente lamentable. Sin embargo, sería absurdo

meter a estos camaradas en el mismo saco con los

trotskistas.

3. ¿Qué  significa  escoger juiciosamente a los cuadros y repartirles juiciosamente el trabajo?

Esto  significa  escoger  a  los  cuadros,  primero ateniéndose  al  criterio  político,  es  decir,  ver  si merecen la confianza política, y, segundo, según el criterio práctico, es decir, si convienen para tal o cual trabajo concreto.

Esto significa: no transformar el método serio de

juzgar en un practicismo estrecho, al que se llega

cuando uno se ocupa de las capacidades de los

cuadros, pero no muestra interés por su fisonomía

política.

Esto significa: no transformar el criterio político

de juzgar en un solo y único criterio, al cual se llega

cuando uno se ocupa de la fisonomía política de los

cuadros, pero no muestra interés por sus capacidades.

¿Se puede decir que esta regla bolchevique es

aplicada   por   nuestros   camaradas   del   Partido?

Desgraciadamente, no puede decirse tal cosa. Ya se

 

 

ha hablado de ello aquí, en la asamblea plenaria. Pero

no  se  ha  dicho  todo.  La  verdad  es  que  esta

experimentada  regla  se  viola  constantemente  en

nuestra práctica, e incluso de la forma más grosera.

La mayoría de las veces, los cuadros son escogidos,

no  según  criterios  objetivos,  sino  partiendo  de

criterios fortuitos, subjetivos, estrechos y mezquinos.

Se escoge en la mayoría de los casos a los que se les

suele considerar conocidos, amigos, compatriotas, a

hombres  personalmente  devotos;  convertidos  en

maestros en el arte de exaltar a sus jefes, sin tomar en

consideración sus capacidades políticas y prácticas.

Se comprende que en vez de un grupo dirigente

de cuadros responsables, se obtiene una pequeña

familia de hombres próximos los unos a los otros, un

artel cuyos miembros se esfuerzan en vivir en paz, en

no contrariarse los unos a los otros, en lavar sus

trapos sucios en familia, en alabarse mutuamente y

en enviar, al centro, de vez en cuando, informes

vacuos y repugnantes sobre los éxitos alcanzados.

No es difícil comprender que, en este ambiente de familia, no puede haber cabida ni para la crítica de los defectos del trabajo, ni para la autocrítica de los que dirigen el trabajo.

Se comprende que tal ambiente de familia crea las condiciones para  la  formación  de aduladores,  de hombres sin dignidad, que, por esta razón, no tienen nada en común con el bolchevismo.

Tomemos, por ejemplo, a Mirzoyan y a Vaínov.

El  primero  es  secretario  de  la  organización  del

Partido  del  territorio  de  Kazakistan;  el  segundo,

secretario de la organización del Partido de la región

de Yaroslavl. Estas personas no son gente cualquiera

en nuestras filas. Y bien, ¿de qué forma han escogido

ellos a sus colaboradores? El primero llevó consigo

al Kazakistan, desde al Azerbaidjan y el Ural donde

trabajaba anteriormente, treinta a cuarenta de «sus

hombres», confiándoles en el Kazakistan puestos de

responsabilidad. El segundo hizo otro tanto, se llevó

a Yaroslavl, desde la cuenca del Donbass donde

había trabajado, más de una decena también de «sus

hombres» y asimismo les confió puestos importantes.

De  esta  forma,  Mirzoyan  posee  su  propio  artel.

Vainov a su vez tiene también el suyo. ¿Realmente

no había posibilidad de escoger colaboradores entre

los   hombres   del   país,   ateniéndose   a   la   regla

bolchevique,   que   todos   conocemos,   sobre   la

selección   y   la   repartición   de   los   hombres?

Evidentemente, que la había. Entonces, ¿por qué no

lo han hecho? No lo han hecho porque la regla

bolchevique de la selección de los cuadros excluye la

posibilidad   de   aplicar   criterios   estrechos   y

mezquinos, excluye la posibilidad de escoger a los

cuadros entre las relaciones de familia, de artel.

Además, escogiendo como colaboradores a hombres

que les son personalmente devotos, estos camaradas

querían,  visiblemente,  crearse  una  atmósfera  de

independencia tanto con respecto a la gente, como

 

 

 

 

 

260

con   respecto   al   Comité   Central   del   Partido. Admitamos que Mirzoyan y Vainov, sean por una u otra circunstancia, trasladados del lugar actual de trabajo. ¿Qué  deben  hacer  en  este  caso  de  sus «apéndices»? ¿Van a llevarlos consigo una vez más al nuevo lugar de trabajo?

He aquí a que absurdidad conduce la violación de la  regla  bolchevique  sobre  la  selección  y  la repartición juiciosa de los cuadros.

4. ¿Qué   significa:   controlar   a   los   cuadros, controlar la ejecución de las tareas?

Controlar a los cuadros, significa controlarlos no según sus promesas y declaraciones, sino según los resultados de su trabajo.

Controlar  la  ejecución  de  las  tareas,  significa controlarlas   no   solamente   en   las   oficinas,   no solamente en base a los informes oficiales, sino ante todo,  en  los  lugares  de  trabajo,  en  base  a  los resultados efectivos de la ejecución.

¿Tal    control    es    necesario    en    general? Indiscutiblemente.  Es  necesario,  primero,  porque solo un control así permite conocer mejor al cuadro, determinar   sus   cualidades   reales.   Es   necesario además, porque solo un control semejante permite determinar las cualidades y los defectos del aparato de la ejecución. Es necesario, por último, porque solo este control permite determinar las cualidades y los defectos de las mismas tareas.

Algunos  camaradas  piensan  que  no  se  puede

controlar a la gente más que desde arriba, cuando los

dirigentes controlan a los dirigidos en base a los

resultados  de  su  trabajo.  Esta  consideración  es

errónea. El control desde arriba es evidentemente

necesario como una de las medidas efectivas que

permiten  controlar  a  los  hombres  y  constatar  la

ejecución de las tareas. Pero el control desde arriba

está lejos de agotar toda la labor de control. Existe

otra forma de control, el control desde abajo, cuando

las  masas,  cuando  los  dirigidos  controlan  a  los

dirigentes, señalan sus faltas e indican el medio de

corregirlas. Esta forma de control es uno de los

medios más eficaces para poder constatar la labor de

las personas.

La masa de los miembros del Partido controla a

sus dirigentes en las reuniones del activo, en las

conferencias,  en  los  congresos  al  escuchar  los

informes de su actividad, criticando sus defectos,

finalmente eligiendo o no eligiendo a estos o aquellos

camaradas dirigentes a los organismos de dirección.

La aplicación estricta del centralismo democrático,

tal como lo exigen los estatutos de nuestro Partido; la

constitución de los organismos del Partido totalmente

a  través  del  sistema  de  elección;  el  derecho  de

presentar y de recusar las candidaturas; la votación

secreta, la libertad de crítica y de auto crítica, todas

estas medidas y otras análogas, se deben poner en

práctica para poder, entre otras cosas, facilitar a la

masa de los miembros del Partido el control de los

 

 

J. V. Stalin

 

dirigentes y su labor realizada.

Las masas sin-partido controlan a sus dirigentes

de las organizaciones económicas, sindicales y a

otros dirigentes, en las reuniones de los activos sin-

partido, en las conferencias de masas de todo tipo,

donde escuchan los informes de la actividad de sus

dirigentes, critican sus defectos e indican los medios

para corregirlos.

Por último, el pueblo controla a los dirigentes del país durante las elecciones a los organismos del poder de la Unión Soviética, con sufragio universal, igual, directo y secreto.

La tarea consiste en unir el control desde arriba al control desde abajo.

5. ¿Qué significa instruir a los cuadros a través de la experiencia de sus propios errores?

Lenin  nos  enseñaba  que  poner  al  descubierto concienzudamente los errores del Partido, estudiar las causas que han engendrado estos errores, y fijar las medidas necesarias para corregir estos errores, es uno de los medios más seguros para instruir y educar correctamente a los cuadros del Partido, para instruir y educar correctamente a la clase obrera y a las masas trabajadoras. Lenin dice:

 

«La actitud de un partido político ante sus errores

es uno de los criterios más importantes y seguros

para juzgar de la seriedad de ese partido y del

cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y

hacia                                                                  las         masas    trabajadoras.          Reconocer

abiertamente los errores, poner al descubierto sus

causas, analizar la situación que los ha engendrado y

discutir con atención los medios de corregirlos; eso

es lo que caracteriza a un partido serio; en eso

consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es

educar e instruir a la clase, y después a las masas.»

 

Esto significa que el deber de los bolcheviques no

es ocultar sus errores, eludir la discusión de sus

errores, como a menudo ocurre entre nosotros, sino

reconocer honesta y abiertamente sus errores, definir

honesta y abiertamente las medidas necesarias para

corregir   estos   errores   y   corregirlos   honesta   y

abiertamente.

Yo no diría que muchos de nuestros camaradas se

presten   a   esto   de   buen   grado.   Mas,   si   los

bolcheviques,  quieren  ser  realmente  tales,  deben

armarse de valor para reconocer abiertamente sus

errores, descubrir su origen, indicar el medio de

corregirlos, y ayudar así al Partido a dar a los cuadros

una verdadera instrucción y una verdadera educación

política. Porque sólo de esta forma, sólo habiendo

existido   previamente   una   autocrítica   franca   y

honesta, podrán formarse cuadros verdaderamente

bolcheviques, verdaderos dirigentes bolcheviques.

Dos ejemplos que muestran la justeza de la tesis

de Lenin. Véamos el primero, nuestros errores en la

edificación de los koljós. Ustedes recuerdan sin duda

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       261

 

 

el año 1930, cuando nuestros camaradas del Partido

pensaban resolver, en unos tres o cuatro meses, este

problema tan complejo -hacer pasar al campesinado a

la vía de la edificación de los koljós- y cuando el

Comité Central del Partido se vió obligado a hacer

volver en sí a los camaradas demasiado fogosos298.

Este fue uno de los períodos más peligrosos en la

vida de nuestro Partido. El error consistía en que

nuestros camaradas del Partido habían olvidado el

principio de la libre adhesión en la edificación de los

koljós, habían olvidado que a los campesinos no se

les podía hacer pasar por decreto hacia este terreno;

habían olvidado que la edificación de los koljós

necesitaba no ya algunos meses, sino varios años de

un trabajo minucioso y bien reflexionado. Habían

olvidado  todo  esto  y  no  querían  reconocer  sus

errores.   Ustedes   recuerdan,   sin   duda,   que   la

indicación del Comité Central respecto al vértigo del

éxito, que señalaba que nuestros camaradas de la

base no debían ir demasiado rápido ni desconocer la

situación real, levantó serias protestas. Pero esto no

impidió que el Comité Central marchara contra la

corriente y orientara a nuestros camaradas del Partido

en la vía justa. ¿Y bien? Ahora está claro para todos

que el Partido ha obtenido lo que quería, orientando a

nuestros camaradas en la vía justa. Hoy nosotros

contamos  con  decenas  de  miles  de  excelentes

cuadros procedentes de las filas campesinas para la

edificación y la dirección de los koljós. Estos cuadros

han  crecido  y  se  han  formado  a  través  de  la

experiencia   de   los   errores   de 1930.   Pero   no

tendríamos   estos   cuadros   ahora,   si,   en   aquel

entonces, el Partido no hubiese comprendido sus

errores y no se les hubiese corregido a tiempo.

Un otro ejemplo al respecto, esta vez del terreno

de la edificación industrial. Quiero hablar de nuestros

errores del período del sabotaje de Shajti. Nuestro

error estaba en que no advertíamos totalmente el

peligro que representaba el atraso técnico de nuestros

cuadros de la industria; nos acomodábamos a este

atraso  y  pensábamos  poder  desplegar  una  vasta

edificación  industrial  socialista  con  la  ayuda  de

especialistas con tendencias hostiles, condenando a

nuestros cuadros de la economía a jugar el papel de

malos   comisarios   al   lado   de   los   especialistas

burgueses. Ustedes recuerdan, sin duda, con que

dificultad, nuestros cuadros admitían sus errores en

aquel tiempo, la dificultad con que admitían su atraso

técnico  y  la  dificultad  con  que  asimilaban  la

consigna: «dominar la técnica». ¿Y bien? Los hechos

están  mostrando  que  la  consigna «dominar   la

técnica» ha actuado y ha dado buenos resultados.

Hoy contamos con decenas y cientos de miles de

excelentes cuadros bolcheviques de la economía que

 

298 Véase: el artículo de J. V. Stalin «El vértigo del éxito», en

torno a algunos errores cometidos por algunas organizaciones en

lo referente a la organización de los koljos. Obras, t. 12., ed. en

ruso.

 

 

han dominado la técnica y hacen avanzar nuestra

industria. Pero no tendríamos ahora estos cuadros, si

el Partido hubiese cedido ante la obstinación de los

cuadros de la economía que se negaban a reconocer

su atraso técnico, si, en aquel entonces, el Partido no

hubiese comprendido sus errores y no se les hubiese

corregido a tiempo.

Algunos camaradas dicen que no estaría bien que

se hablara abiertamente de nuestros errores, dado que

el  reconocimiento  de  nuestros  errores  puede  ser

interpretado  por  el  enemigo  como  un  signo  de

debilidad nuestra, y utilizarlo en su favor. Estas,

camaradas, son tonterías y nada más que tonterías. Al

contrario, reconocer abiertamente nuestros errores y

corregirlos honestamente, no puede sino fortalecer

nuestro  Partido,  elevar  la  autoridad  de  nuestro

Partido  a  los  ojos  de  los  obreros,  campesinos,

trabajadores  intelectuales,  aumentar  la  fuerza,  la

potencia de nuestro Estado. Y esto es lo fundamental.

Basta   que   los   obreros,   los   campesinos,   los

trabajadores intelectuales estén con nosotros y todo

lo demás vendrá por añadidura.

Otros  camaradas  dicen  que  el  reconocimiento

abierto de nuestros errores, en lugar de conducir a la

educación  y  fortalecimiento  de  nuestros  cuadros,

puede llevar a su debilitamiento y desorganización;

que debemos cuidar y conservar a nuestros cuadros,

que   debemos   preservar   su   amor   propio   y   su

tranquilidad. Por eso, proponen ocultar los errores de

nuestros camaradas, atenuar la crítica y, lo que es

peor, pasar por alto estos errores. Tal punto de vista

no  sólo  es  radicalmente  falso,  sino  peligroso  al

extremo, peligroso ante todo para los cuadros que se

quiere «cuidar» y «conservar». Cuidar y conservar a

los cuadros ocultando sus errores, significa con toda

seguridad   destruir   a   estos   mismos   cuadros.

Ciertamente habríamos destruido a nuestros cuadros

bolcheviques   koljosianos,   si   no   hubiésemos

denunciado los errores de 1930 y no hubiéramos

instruido a los cuadros a través de la experiencia de

estos  errores.  Ciertamente  habríamos  destruido  a

nuestros cuadros bolcheviques de la industria, si no

hubiéramos  denunciado  los  errores  de  nuestros

camaradas en el período del sabotaje de Shajti, y si

no   hubiésemos   instruido   a   nuestros   cuadros

industriales  a  través  de  la  experiencia  de  estos

errores. Quien cree que puede preservar el amor

propio de nuestros cuadros ocultando sus errores,

destruye a los cuadros y al amor propio de estos

cuadros; ya que ocultando sus errores, facilita la

repetición de nuevos errores, tal vez más graves y

que, puede creerse, conducirán a un hundimiento

completo de los cuadros en perjuicio de su «amor

propio» y su «tranquilidad».

6. Lenin nos ha enseñado que no solo debemos

instruir a las masas, sino instruirnos al lado de las

masas.

¿Qué significa esto?

 

 

 

 

 

262

Esto significa en primer lugar que nosotros, los

dirigentes, no debemos caer en la presunción, y

debemos comprender que si somos miembros del

Comité Central o comisarios del pueblo, esto no

quiere   decir   que   ya   poseemos   todos   los

conocimientos necesarios para dirigir de una manera

justa. El puesto en sí no da los conocimientos y la

experiencia. Y, con mayor razón, tampoco los da el

título.

Esto significa, en segundo lugar, que solo nuestra experiencia, la experiencia de los dirigentes, no basta para dirigir de una manera justa; que es necesario, por consiguiente, completar nuestra experiencia, la experiencia de los dirigentes, con la experiencia de las masas, con la experiencia de la masa de los miembros del Partido; con la experiencia de la clase obrera, con la experiencia del pueblo.

Esto significa, en tercer lugar: no relajar ni un instante nuestros lazos con las masas y mucho menos todavía romper estos lazos.

Esto significa, en cuarto lugar: tener el oído atento a la voz de las masas, a la voz de los simples miembros del Partido, a la voz de lo que se suele llamar «gente sencilla», a la voz del pueblo.

¿Qué significa dirigir de una manera justa?

       Esto no quiere decir en absoluto: quedarse en la

oficina y expedir directivas.

Dirigir de una manera justa, esto quiere decir:

       Primero, encontrar la justa solución del problema.

Ahora bien, es imposible encontrar la justa solución sin tener en cuenta la experiencia de las masas que están   comprobando,   sobre   sus   espaldas,   los resultados de nuestra dirección;

Segundo,  organizar  la  aplicación  de  la  justa solución; pero esto tampoco podría hacerse sin una ayuda directa de las masas;

Tercero, organizar el control de la ejecución de esta solución, cosa igualmente imposible sin la ayuda directa de las masas.

Nosotros, los dirigentes, no vemos las cosas, los

acontecimientos, las personas, más que desde una

posición, yo diría que desde arriba; nuestro campo

visual es, por consiguiente, más o menos limitado.

Las   masas,   al   contrario,   ven   las   cosas,   los

acontecimientos, las personas desde otra posición,

digamos  que  desde  abajo.  Por  consiguiente,  su

campo visual también es, en cierta medida, limitado.

Para tener una justa solución del problema, hace falta

unir estas dos experiencias. Es solamente así como la

dirección será justa.

He aquí en lo que consiste lo de no sólo instruir a las masas, sino instruirnos al lado de las masas.

Dos ejemplos que muestran la justeza de esta tesis de Lenin.

De esto han pasado ya algunos años. Nosotros, los

miembros   del   Comité   Central,   discutíamos   el

problema del mejoramiento de la situación en la

cuenca del Donbass, El proyecto de las medidas

 

 

J. V. Stalin

 

presentado por el Comisariato del Pueblo para la

Industria Pesada era a todas luces insuficiente. El

proyecto   le   fue   devuelto   por   tres   veces   al

Comisariato del Pueblo para la Industria Pesada. Por

tres veces, recibimos a su vez de aquél proyectos

diferentes. Y sin embargo, ninguno de ellos podía

calificarse  de  satisfactorio.  Finalmente,  decidimos

hacer venir del Donbass algunos obreros y algunos

dirigentes  subalternos  de  la  industria  y  de  los

sindicatos. Durante tres días hemos conversado con

estos camaradas. Y todos nosotros, miembros del

Comité Central, tuvimos que reconocer que solo

estos  militantes  corrientes,  esta «gente  sencilla»,

habían sabido sugerirnos la solución justa. Ustedes

recuerdan, sin duda, la decisión del Comité Central y

del Consejo de los Comisarios del Pueblo sobre las

medidas a tomar para intensificar la extracción de la

hulla en la cuenca del Donbass. Pues bien, esta

decisión del Comité Central y del Consejo de los

Comisarios del Pueblo, que todos nuestros camaradas

reconocieron  como  una  solución  justa  e  incluso

famosa, nos ha sido sugerida por simples hombres de

la base.

Un otro ejemplo. Quiero hablar del caso de la

camarada   Nikolaenko. ¿Quién   es   Nikolaenko?

Nikolaenko es un simple miembro del Partido. Es de

la «gente sencilla», corriente. Durante un año, había

señalado la mala situación de la organización del

Partido en Kiev; había denunciado el espíritu de

familia, la manera estrecha y mezquina de tratar a los

cuadros, la extinción de la autocrítica, la autoridad

que tenían los saboteadores trotskistas. Se intentaba

quitar de en medio a Nikolaenko como si de una

mosca inoportuna se tratase. Por último, para librarse

de  ella,  se  la  había  excluido  del  Partido.  Ni  la

organización de Kíev, ni el Comité Central del PC(b)

Ucraniano  la  ayudaron  a  hallar  justicia.  Sólo  la

intervención del Comité Central del Partido permitió

desenredar este lío. ¿Y qué resultó de este asunto?

Resultó que Níkolaenko tenía razón, en tanto que la

organización de Kiev no la tenía. Ni más ni menos.

¿Y   quién   es   esta   Nikolaenko?   Ella   no   es

evidentemente mi miembro del Comité Central, ni

comisario  del  pueblo;  no  es  ni  secretario  de  la

organización regional de Kiev, ni tampoco secretario

de una célula cualquiera, no es más que un simple

miembro del Partido.

Como ustedes ven, las gentes sencillas están a veces mucho más cerca de la verdad que algunas instituciones superiores.

Se podría citar todavía decenas y centenas de estos ejemplos.

Así pues, se desprende que para dirigir nuestra

obra, sólo nuestra experiencia, la experiencia de los

dirigentes, está lejos de ser suficiente. Para dirigir de

una   manera   justa,   es   necesario   completar   la

experiencia de los dirigentes con la experiencia de la

masa de los miembros del Partido, con la experiencia

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       263

 

 

de  la  clase  obrera,  con  la  experiencia  de  los trabajadores, con la experiencia de lo que se suele llamar «gente sencilla».

Pero ¿cuándo es posible esto?

Esto sólo es posible cuando los dirigentes están lo

más estrechamente ligados a las masas; cuando están

ligados a la masa de los miembros del Partido, a la

clase  obrera,  al  campesinado,  a  los  trabajadores

intelectuales.

Los vínculos con las masas, el fortalecimiento de estos vínculos, la voluntad de estar atentos a la voz de las masas, es lo que vigoriza y hace invencible a la dirección bolchevique.

Se  puede  establecer  como  regla  general  que mientras los bolcheviques conserven sus lazos con las amplias masas del pueblo, serán invencibles. Y, a la inversa, basta que los bolcheviques separen de las masas y rompan sus vínculos con ellas, basta que se cubran del moho burocrático, para perder toda su fuerza y transformarse en algo insignificante.

La mitología de los griegos de la Antigüedad

poseía un héroe famoso, Anteo, que era, según la

mitología, el hijo de Poseidón, dios del mar, y de

Gea, diosa de la tierra. El estaba particularmente

apegado a su madre que lo había engendrado, que lo

había alimentado y criado. No había héroe que Anteo

no pudiera vencer. Pasaba por un héroe invencible.

¿En qué residía su fuerza? En que cada vez que, al

combatir a un adversario, sentía flaquear sus fuerzas,

tocaba la tierra, su madre, que lo había engendrado y

lo había alimentado, y recobraba aquéllas al instante.

Sin embargo, tenía un punto débil: era el peligro de

verse por cualquier motivo separado de la tierra. Sus

enemigos conocían esta debilidad y acechaban a

Anteo. Y así negó a encontrarse a un enemigo que,

aprovechándose de esta debilidad, venció a Anteo.

Fue  Hércules.  Pero ¿cómo  logró  vencerlo?  Le

arrancó  de  la  tierra,  le  levantó  en  el  aire  e,

impidiéndole tomar contacto con el suelo, lo ahogó.

Los   bolcheviques   nos   recuerdan,   según   mi

opinión, al héroe de la mitología griega, Anteo. Al

igual que Anteo, ellos son fuertes porque tienen

vínculos con su madre, con las masas que les han

dado la vida, les han nutrido y les han formado. Y

mientras estén unidos a su madre, al pueblo, tienen

todas las posibilidades de permanecer invencibles.

Allí está el secreto del carácter invencible de la dirección bolchevique.

7. En fin, todavía queda una cuestión. Quiero

hablar   de   la   actitud   formalista   y   secamente

burocrática de algunos de nuestros comunistas de

cara a la suerte de tal o cual miembro del Partido, a

las exclusiones del Partido, o a la reintegración de los

excluidos en sus derechos de miembros del Partido.

La verdad es que algunos de nuestros dirigentes del

Partido pecan de falta de atención por las personas,

por  los  miembros  del  Partido,  por  los  cuadros.

Además, no tratan de conocer a los miembros del

 

 

Partido,  no  saben  lo  que  es  su  vida,  ni  como

progresan; de una manera general puede decirse que

ellos no conocen a los cuadros. Es por eso que, en su

forma de tratar a los miembros del Partido, a los

cuadros del Partido, no tienen en cuenta el factor

individual y justamente porque no tienen en cuenta el

factor individual al juzgar a los miembros del Partido

y a los cuadros del Partido, actúan con ellos al azar

en todo momento: o bien les elogian en bloque y sin

medida, o bien les golpean también en bloque y

desmesuradamente,  les  excluyen  del  Partido  por

miles y decenas de miles. En general, estos dirigentes

se esfuerzan por pensar a lo grande, por decenas de

miles, sin preocuparse de las «unidades», de los

miembros aislados del Partido, de su suerte. Excluir

del Partido a miles y a decenas de miles de miembros

es,  según  ellos,  algo  sencillo,  y  se  consuelan

pensando que nuestro Partido es fuerte, que consta de

dos millones de miembros, por lo que unas decenas

de miles de excluidos en nada pueden cambiar la

situación del Partido. Pero en el fondo, solo personas

profundamente hostiles al Partido pueden tratar de

este modo a los miembros del Partido.

Esta   actitud   de   seca   indiferencia   hacia   las personas,  hacia  los  miembros  y  los  cuadros  del Partido engendra artificialmente el descontento y la irritación de algunos contingentes del Partido; y los traidores  trotskistas  se  aprovechan  hábilmente  de estos   camaradas   irritados,   ingeniándose   para arrastrarlos al lodazal del sabotaje trotskista.

Los   trotskistas   por      mismos   jamás   han

representado una gran fuerza en nuestro Partido.

Recuerden la última discusión que tuvo lugar en

nuestro Partido en 1927299. Este fue un verdadero

 

299 Desde el año 1923 la oposición que al principio estaba

encabezada  por  Trotski,  y  a  partir  de 1926  por  Trotski  y

Zinóviev,  se  había  aprovechado  de  las  dificultades  que

encontraba el Partido en la edificación socialista del país, con el

fin de atacar la unidad del Partido y a su dirección, violando

constantemente la disciplina del Partido. En 1926 esta oposición

fue más lejos; creó una organización fraccionalista y se dedicó a

realizar acciones de sabotaje, tratando de imponer al partido una

discusión en torno a problemas ya resueltos en el XIV Congreso

del  Partido (diciembre  de 1925).  A  pesar  de  que  la  XV

Conferencia del Partido (noviembre de 1926.) y el Pleno del

CEIC (diciembre de 1920), condenaron firmemente la línea de

esta oposición y a pesar de que la oposición no encontró el

mínimo   apoyo   en   las   células   del   Partido,   prosiguió

obstinadamente   su   actividad   fraccionalista   y   anti-partido,

pisoteando cada vez más la unidad del Partido. En 1927 la

oposición presentó su plataforma anti-leninista llamada «de los

83», la cual exigía al Comité Central una nueva y general

discusión en el Partido. De todas las plataformas de la oposición

esta fue la más falsa e hipócrita. El Comité Central rehusó abrir

inmediatamente la discusión, declarando a los miembros de la

oposición que en base a los Estatutos, sólo podría abrirse la

discusión dos meses antes de que se celebrase el XV Congreso.

Así en octubre de 1927, dos meses antes del Congreso, el Comité

Central  planteó  la  discusión.  Las  deliberaciones  resultaron

completamente contrarias al bloque trotskista-zinovievista, el

cual no obtuvo ni el 1% de los votos. Después de sufrir esta

derrota durante la discusión en el Partido en 1927, el bloque

trotskista-zinovievista pasó a luchar de una forma más virulenta

 

 

 

 

 

264

referéndum del Partido. De los 854.000 miembros

del Partido votaron entonces 730.000 miembros, de

los cuales 724.000 lo hicieron por los bolcheviques,

por el Comité Central, y contra los trotskistas. Por los

trotskistas votaron 4.000 miembros del Partido, o sea

alrededor del 0.5 por ciento, y 2.600 se abstuvieron.

123.000 miembros del Partido no participaron en la

votación, sea porque se hallasen en viaje, sea porque

estuviesen de servicio. Si a los 4.000 que votaron por

los trotskistas se les añade todos aquellos que se

abstuvieron, suponiendo que también simpatizaban

con los trotskistas, y si se añade a esta cifra, no ya el

0.5 por ciento de los que no participaron en la

votación, como debería hacerse conforme a la regla,

sino el 5 por ciento de los que no participaron, o sea

alrededor de 6.000 miembros del Partido, sumarían

alrededor de 12.000 los miembros que simpatizan de

una manera u otra con el trotskismo. He ahí toda la

fuerza de los señores trotskistas. Añadan todavía que

muchos de estos miembros quedaron decepcionados

con  el  trotskismo  y  lo  abandonaron,  y  ustedes

tendrán una idea de la insignificancia de las fuerzas

trotskistas. Y si, a pesar de todo, los saboteadores

trotskistas siguen teniendo algunas reservas en torno

al Partido, es debido a que la política errónea de

algunos de nuestros camaradas en lo que concierne a

las exclusiones del Partido y a la reintegración de los

excluidos, la seca indiferencia de algunos de nuestros

camaradas por la suerte de tal o cual miembro del

Partido   y   de   tal   o   cual   cuadro,   multiplican

artificialmente  el  número  de  descontentos  y  de

irritados creando así reservas para los trotskistas.

La mayoría de las veces se excluye del Partido

por lo que se llama pasividad. ¿Qué es la pasividad?

Se piensa que, si un miembro del Partido no ha

asimilado el programa del Partido, es pasivo y debe

ser excluido. Pero esto no es justo, camaradas. No se

debe interpretar los estatutos de nuestro Partido de

una manera tan pedante. Para asimilar el programa

del Partido, hay que ser un verdadero marxista, un

marxista  experimentado  y  en  posesión  de  una

formación teórica. No sé si se encontrarán muchos

miembros en nuestro Partido que hayan asimilado

nuestro  programa,  que  se  hayan  convertido  en

verdaderos marxistas y que posean una formación

teórica. De continuarse por este camino, tendríamos

que  dejar  en  el  Partido  nada  más  que  a  los

intelectuales  y,  en  general,  las  personas  cultas.

¿Quién necesita de tal Partido? Nosotros tenemos,

para pertenecer al Partido, una fórmula leninista que

ha sido verificada y que ha resistido a todas las

pruebas.

 

 

contra el Partido y el Poder Soviético. A causa de sus acciones anti-soviéticas, los cabecillas del bloque trotskista-zinovievista fueron expulsados del Partido y el 14 de noviembre de 1927, la reunión conjunta del CC expulsó a Trotski y a Zinóviev del Partido. Esta decisión fue aprobada por el XV Congreso, que tuvo lugar en Moscú del 2 al 19 de diciembre de 1927.

 

 

J. V. Stalin

 

Según   esta   fórmula,   es   considerado   como

miembro del Partido el que reconoce el programa del

Partido, paga las cotizaciones y trabaja en una de sus

organizaciones. Observen bien: la fórmula leninista

no  habla  de  asimilación  del  programa,  sino  de

reconocimiento del programa. Estas son dos cosas

absolutamente diferentes. Sería superfluo demostrar

aquí que es Lenin quien tiene razón, y no nuestros

camaradas del Partido, que hablan inútilmente de

asimilación del programa. Y esto es comprensible. Si

el Partido arrancara del punto de vista de que, solo

los camaradas que han asimilado el programa y se

han convertido en marxistas teóricamente formados

pueden ser miembros del Partido, no crearía en su

seno miles de círculos del Partido, centenares de

escuelas del Partido, donde se enseña el marxismo a

los miembros del Partido y donde se les ayuda a

asimilar nuestro programa. Está perfectamente claro

que si el Partido organiza escuelas y círculos para sus

miembros, es porque sabe que los miembros del

Partido todavía no han tenido el tiempo de asimilar el

programa  del  Partido,  todavía  no  han  llegado  a

convertirse en marxistas con una formación teórica.

Así  pues,  para  reparar  nuestra  política  en  la cuestión  de  la  pertenencia  al  Partido  y  de  las exclusiones, hay que acabar con esta manera estúpida de interpretar la cuestión de la pasividad.

Pero tenemos otro defecto más en este terreno. El

hecho es que nuestros camaradas no admiten un

término medio entre los dos extremos. Basta que un

obrero, miembro del Partido, cometa una falta ligera,

que llegue tarde una o dos veces a una reunión del

Partido,  que  no  pague  por  una  u  otra  razón  su

cotización, para que sea de inmediato expulsado del

Partido.  No  se  busca  establecer  el  grado  de  su

culpabilidad, el motivo por el que no ha venido a la

reunión,  la  razón  por  la  cual  no  ha  pagado  su

cotización. El burocratismo, en estas cuestiones, es

verdaderamente inaudito. No es difícil comprender

que, justamente a causa de esta política de seca

indiferencia, se han echado fuera del Partido a viejos

y magníficos obreros, excelentes stajanovistas. ¿No

se  podía,  antes  de  excluir  del  Partido,  dar  una

advertencia? ¿No se podía si esto no surtía efecto,

amonestar  o  infligir  una  censura  en  la  cartilla

personal, y si esto no tenía eficacia, fijar un plazo

para que el culpable pudiera corregirse, o en caso

extremo, bajarle a la categoría de los candidatos, pero

no  excluirle  del  Partido  a  la  primera  tentativa?

Seguramente, que podía hacerse. Pero para ello, hay

que  mostrarse  atentos  con  las  personas,  con  los

miembros   del   Partido,   hacia   la   suerte   de   los

miembros del Partido. Y esto es precisamente lo que

les falta a a1gunos de nuestros camaradas.

Ha    llegado    el                                              momento,    camaradas, verdaderamente ha llegado el momento de acabar con esta situación escandalosa.

 

 

 

 

Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre las medidas para liquidar a los elementos…       265

 

Publicado el 29 de marzo y el 1 de abril de 1937 en los núms. 87 y 90 de «Pravda»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOBRE EL MATERIALISMO DIALECTICO Y EL MATERIALISMO HISTÓRICO

 

 

Septiembre de 1938300

El materialismo dialéctico es la concepción del Partido   marxista-leninista.   Llámase   materialismo dialéctico porque su modo de abordar los fenómenos de  la  naturaleza,  su  método  de  estudiar  estos fenómenos  y  de  concebirlos,  es  dialéctico  y  su interpretación de los fenómenos de la naturaleza, su modo de enfocarlos, su teoría, materialista.

El materialismo histórico es la aplicación de los principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida  social,  la  aplicación  de  los  principios  del materialismo dialéctico a los fenómenos de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia.

Caracterizando  su  método  dialéctico,  Marx  y Engels se remiten generalmente a Hegel, como el filósofo que formuló los rasgos fundamentales de la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de  Marx  y  Engels  sea  idéntica  a  la  dialéctica hegeliana. En realidad, Marx y Engels solo tomaron de  la  dialéctica  de  Hegel  su «médula  racional», desechando   la   escoria   idealista   hegeliana   y desarrollando ulteriormente la dialéctica, para darle un carácter científico moderno.

 

«Mi método dialéctico -dice Marx- no sólo es en

su base distinto del método de Hegel, sino que es

directamente su reverso. Para Hegel, el proceso del

pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el

nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el

demiurgo (creador)  de lo  real  que constituye  su

simple forma externa. Para mí, por el contrario, lo

 

300 J. V. Stalin escribió su obra «Sobre el materialismo dialéctico

y el materialismo histórico» en 1938 como parte del «Breve

curso  de  la  historia  del PC(b)  de  la  URSS»  En  esta  obra

encontramos   una   especificación   completa,   armónica   y

sistemática   de   los   fundamentos   de   la   filosofía   marxista.

Considerando al materialismo dialéctico como concepción del

Partido  marxista-leninista  y  como  base  teórica  del  Partido

marxista-leninista de nuevo tipo, J. V. Stalin, puso de relieve el

inmenso papel de la filosofía científica en la lucha de la clase

obrera y su Partido para la transformación del mundo. Figuran en

esta obra, de una manera evidente y sencillo, las características

fundamentales del método dialéctico marxista del materialismo

filosófico marxista y del materialismo histórico.

La obra «Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico» de J. V. Stalin, junto con las demás obras de los clásicos  del  marxismo-leninismo,  presenta  una  importancia particular para un estudio más profundo de la filosofía marxista-

leninista para millones de personas en el mundo.

 

 

ideal  no  es  más  que  lo  material  transpuesto  y traducido  en  la  cabeza  del  hombro.» (C.  Marx. Palabras finales a la segunda edición alemana del t. I del «Capital»).

 

En la caracterización de su materialismo, Marx y

Engels se remiten generalmente a Feuerbach, como

el   filósofo   que   restauró   en   sus   derechos   al

materialismo.  Pero  esto  no  quiere  decir  que  el

materialismo  de  Marx  y  Engels  sea  idéntico  al

materialismo de Feuerbach. En realidad, Marx y

Engels tomaron del materialismo de Feuerbach su

«médula»  desarrollándola  hasta  convertirla  en  la

teoría   científico-filosófica   del   materialismo   y

desechando su escoria idealista y ético-religiosa. Es

sabido que Feuerbach, que era en lo fundamental un

materialista,   se   rebelaba   contra   la   palabra

materialismo. Engels declaró más de una vez que,

«pese al cimiento materialista, Feuerbach no llegó a

desprenderse de las viejas ataduras idealistas» y que

«donde el verdadero idealismo de Feuerbach se pone

de manifiesto es en su filosofía de la religión y en su

ética» (F. Engels, «Ludwig Feuerbach», ed. alemana,

1939, Moscú, págs. 24 y 26).

La palabra dialéctica viene del griego «dialego»,

que quiere decir diálogo o polémica. Los antiguos

entendían por dialéctica el arte de descubrir la verdad

poniendo de manifiesto las contradicciones implícitas

en la argumentación del adversario y superando estas

contradicciones. Algunos filósofos de la antigüedad

entendían    que    el    descubrimiento    de    las

contradicciones en el proceso discursivo y el choque

de las opiniones contrapuestas era el mejor medio

para encontrar la verdad. Este modo dialéctico de

pensar  que  más  tarde  se  hizo  extensivo  a  los

fenómenos  naturales,  se  convirtió  en  el  método

dialéctico   de   conocimiento   de   la   naturaleza,

consistente en considerar los fenómenos naturales en

perpetuo movimiento y cambio, y el desarrollo de la

naturaleza como el resultado del desarrollo de las

contradicciones existentes en ésta, como el resultado

de la acción reciproca de las fuerzas contradictorias

en el seno de la naturaleza.

La dialéctica es, en su base, todo lo contrario de la metafísica.

1) El método dialéctico marxista se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         267

 

a) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no       c) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no

 

considera a la naturaleza como un conglomerado

casual de objetos y fenómenos, desligados y aislados

unos de otros y sin ninguna relación de dependencia

entre sí, sino como un todo articulado y único, en el

que   los   objetos   y   los   fenómenos   se   hallan

orgánicamente vinculados unos a otros, dependen

unos de otros y se condicionan los unos a los otros.

Por eso, el método dialéctico entiende que ningún fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido, si se  le  toma  aisladamente,  sin  conexión  con  los fenómenos  que  le  rodean,  pues  todo  fenómeno tomado de cualquier campo de la naturaleza puede convertirse  en  un  absurdo  si  se  le  examina  sin conexión   con   las   condiciones   que   le   rodean, desligado de ellas; por el contrario, todo fenómeno puede ser comprendido y explicado si se le examina en  su  conexión  indisoluble  con  los  fenómenos circundantes y condicionado por ellos.

b) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no considera a la naturaleza como algo quieto e inmóvil, estancado  e  inmutable,  sino  como  algo  sujeto  a perenne movimiento y a cambio constante, como algo que se renueva y se desarrolla incesantemente y donde siempre hay algo que nace y se desarrolla y algo que muere y caduca.

Por  eso,  el  método  dialéctico  exige  que  los

fenómenos se examinen no sólo desde el punto de

vista  de  sus  relaciones  mutuas  y  de  su  mutuo

condicionamiento, sino también desde el punto de

vista de su movimiento, de sus cambios y de su

desarrollo, desde el punto de vista de su nacimiento y

de su muerte.

Lo que interesa, sobre todo al método dialéctico no es lo que en un momento dado parece estable pero comienza ya, a morir, sino lo que nace y se desarrolla aunque en un momento dado parezca inestable, pues lo único que hay insuperable, según él, es lo que se halla en estado de nacimiento y de desarrollo.

«Toda  la  naturaleza -dice  Engels-  desde  sus

partículas más minúsculas hasta sus cuerpos más

gigantescos, desde el grano de arena hasta el sol,

desde el protozoo (organismo vivo unicelular, J. St.)

hasta  el  hombre,  se  halla  en  estado  perenne  de

nacimiento   y   muerte,   en   flujo   constante,   en

movimiento   y   cambio   incesante» (Engels,   en

«Dialéctica de la naturaleza». Obras completas de

Marx y Engels, ed. alemana del  Instituto Marx-

Engels-Lenin de Moscú, tomo especial, 1935, pág.

491).

 

Por eso, la dialéctica -dice Engels- «enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales, sustancialmente, en  sus  conexiones  mutuas,  en  su  entronque  y concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad». (F. Engels, «Anti-íDühring», ed. alemana, Moscú, 1939, pág. 8).

 

examina el proceso de desarrollo de los fenómenos como un simple proceso de crecimiento, en que los cambios cuantitativos no se traducen en cambios cualitativos, sino como un proceso en que se pasa de los cambios cuantitativos insignificantes y ocultos a los cambios manifiestos, a los cambios radicales, a los cambios cualitativos; en que éstos se producen, no de moda gradual, sino repentina y súbitamente, en forma de saltos de un estado de cosas a otro, y no de un modo casual, sino con arreglo a leyes, como resultado de la acumulación de una serie de cambios cuantitativos inadvertidos y graduales.

Por eso, el método dialéctico entiende que el

proceso  de  desarrollo  debe  concebirse  no  como

movimiento circular, no como una simple repetición

del camino ya recorrido, sino como un movimiento

progresivo,   como   un   movimiento   en   línea

ascensional,  como  el  tránsito  del  viejo  estado

cualitativo a un nuevo estado cualitativo, como el

desarrollo de lo simple a lo complejo, de lo inferior a

lo superior.

 

«La naturaleza -dice Engels- es la piedra de toque

de la dialéctica y las modernas ciencias naturales nos

brindan como prueba de esto un acervo de datos

extraordinariamente copiosos y enriquecido cada día

que pasa demostrando con ello que la naturaleza se

mueve, en última instancia, por los cauces dialécticos

y no por los carriles metafísicos, que no se mueve en

la  eterna  monotonía  de  un  ciclo  constantemente

repetido, sino que recorre una verdadera historia.

Aquí, hay que citar en primer término a Darwin,

quién  con  su  prueba  de  que  toda  la  naturaleza

orgánica existente, plantas y animales y entre ellos,

como es lógico, el hombre, es el producto de un

proceso de desarrollo que dura millones de años, ha

asestado a la concepción metafísica de la naturaleza

el más rudo golpe» (F. Engels, lug, cít.).

 

Caracterizando el desarrollo dialéctico como el tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos, dice Engels:

 

«En física..., todo cambio es una transformación

de cantidad en calidad, una consecuencia del cambio

cuantitativo de la masa de movimiento de cualquier

forma inherente al cuerpo o que se transmite a éste.

Así, por ejemplo, el grado de temperatura del agua

no influye para nada, al principio, en su estado

líquido; pero, al aumentar o disminuir la temperatura

del agua líquida, se llega a un punto en que su estado

de cohesión se modifica y el agua se convierte en un

caso,  en  vapor,  y  en  otro  caso,  en  hielo...  Así

también, para que el hilo de platino de la lámpara

eléctrica  se  encienda,  hace  falta  un  mínimo  de

corriente:  todo  metal  tiene  su  grado  térmico  de

fusión, y todo líquido, dentro de una determinada

 

 

 

 

 

268

presión, su punto fijo de congelación y de ebullición,

en la medida en que los medios de que disponemos

nos permiten producir la temperatura necesaria; y,

finalmente, todo gas tiene su punto crítico, en que

bajo una presión y un enfriamiento adecuados se

licua en forma de gotas... Las llamadas constantes de

la física (los puntos de transición de un estado a otro,

J. St.) no son, en la mayor parte de las veces, más que

los nombres de los puntos modulares en que la suma

o la sustracción cuantitativas (cambios cuantitativos)

de movimiento provocan cambios cualitativos en el

estado del cuerpo de que se trata, y en que, por tanto,

la  cantidad  se  trueca  en  calidad» (F.  Engels,

«Dialéctica de la naturaleza», ed. alemana, Moscú,

págs. 502-503).

 

Y más adelante, pasando a la química, Engels prosigue:

 

«Podríamos decir que la química es la ciencia de

los cambios cualitativos de los cuerpos por efecto de

los   cambios   producidos   en   su   composición

cuantitativa. Y esto lo sabía ya el mismo Hegel…

Basta fijarse en el oxígeno: si combinamos, para

formar una molécula, tres atamos en vez de dos, que

es lo corriente, produciremos ozono, cuerpo que se

distingue de un modo muy definido del oxígeno

normal, tanto por su olor como por sus efectos. Y no

digamos  de  las  diversas  proporciones  en  que  el

oxígeno se combina con el nitrógeno o con el azufre,

y  cada  una  de  las  cuales  produce  un  cuerpo

cualitativamente distinto de todos los demás» (Obra

cit., pág. 503).

 

Por último, criticando a Dühring que colma de

injurias a Hegel sin perjuicio de tomar de él a la chita

callando, la conocida tesis de que el tránsito del reino

de lo insensible al reino de las sensaciones, del

mundo inorgánico al mundo de la vida orgánica,

representa un salto a un nuevo estado -Engels dice:

 

«Es, en absoluto, la línea modular hegeliana de las

proporciones de medida, en que el simple aumento o

la simple disminución cuantitativa producen al llegar

a un determinado punto nodular, un salto cualitativo,

como ocurre, por ejemplo, con el agua puesta a

calentar o a enfriar, donde el punto de ebullición y el

punto de congelación son los nódulos en que -bajo

una presión normal- se produce el salto a un nuevo

estado de cohesión, es decir, en que la cantidad se

trueca en calidad» (F. Engels, «Antí-Dühríng», ed.

alemana, pág. 31).

 

d) Por oposición a la metafísica, la dialéctica parte

del criterio de que los objetos y los fenómenos de la

naturaleza llevan siempre contradicciones internas,

pues todos ellos tienen su lado positivo y su lado

negativo, su pasado y su futuro, su lado de caducidad

 

 

J. V. Stalin

 

y su lado de desarrollo; del criterio de que la lucha

entre estos lados contrapuestos, la lucha entre lo

viejo y lo nuevo, entre lo que agoniza y lo que nace,

entre lo que caduca y lo que se desarrolla, forma el

contenido  interno  del  proceso  de  desarrollo,  el

contenido   interno   de  la   transformación   de   los

cambios cuantitativos en cambios cualitativos.

Por eso, el método dialéctico entiende que el proceso de desarrollo de lo inferior a lo superior no discurre a modo de un proceso de desenvolvimiento armónico de los fenómenos, sino poniendo siempre de relieve las contradicciones inherentes a los objetos y a los fenómenos, en un proceso de «lucha» entre las tendencias contrapuestas que actúan sobre la base de aquellas contradicciones.

 

«Dialéctica, en sentido estricto, es -dice Lenin- el estudio  de  las  contradicciones  contenidas  en  la esencia misma de los objetos» (Lenin, «Cuadernos filosóficos», pág. 263).

 

Y más adelante:

«El desarrollo es la «lucha» de los contrarios» (Lenin, t. XIII, pág. 301, ed, rusa).

 

Tales  son,  brevemente  expuestos,  los  rasgos fundamentales del método dialéctico marxista.

No  es  difícil  comprender  cuán  enorme  es  la

importancia que la difusión de los principios del

método dialéctico tienen para el estudio de la vida

social  y  de  la  historia  de  la  sociedad  y  qué

importancia tan enorme encierra la aplicación de

estos principios a la historia de la sociedad y a la

actuación práctica del Partido del proletariado.

Si en el mundo no existen fenómenos aislados, si

todos los fenómenos están vinculados entre sí y se

condicionan  unos  a  otros  es  evidente  que  todo

régimen social y todo movimiento social que aparece

en la historia debe ser considerado, no desde el punto

de vista de la «justicia eterna» o de cualquier otra

idea preconcebida, que es lo que suelen hacer los

historiadores, sino desde el punto de vista de las

condiciones que han engendrado este régimen y este

movimiento  sociales,  y  a  los  cuales  se  hallan

vinculados.

Dentro de las condiciones modernas, el régimen

de  la  esclavitud  es  un  absurdo  y  una  necedad

contraria  a  la  lógica.  En  cambio,  dentro  de  las

condiciones   de   disgregación   del   régimen   del

comunismo primitivo, el régimen de esclavitud era

fenómeno perfectamente lógico y natural, ya que

representaba un progreso en comparación con el

comunismo primitivo.

La reivindicación de la República democrático-

burguesa dentro de las condiciones del zarismo y de

la sociedad burguesa, por ejemplo en la Rusia de

1905, era una reivindicación perfectamente lógica,

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         269

 

 

acertada   y   revolucionaria,   pues   la   República

burguesa representaba, en aquel tiempo, un progreso.

En cambio, dentro de nuestras condiciones actuales

en  la  URSS,  la  reivindicación  de  la  República

democrático-burguesa                                     sería      absurda          y

contrarrevolucionaria,  ya  que,  comparada  con  la

Republica Soviética, la República burguesa significa

un paso atrás.

Todo depende, pues, de las condiciones, del lugar y del tiempo.

Es evidente que, sin abordar desde este punto de

vista histórico los fenómenos sociales, no podría

existir ni desarrollarse la ciencia de la historia, puesto

que este modo de abordar los fenómenos es el único

que impide a la ciencia histórica convertirse en un

caos de sucesos fortuitos y en un montón de los más

absurdos errores.

Continuemos. Si el mundo se halla en incesante

movimiento y desarrollo y si la ley de este desarrollo

es la extinción de lo viejo y el fortalecimiento de lo

nuevo, es evidente que ya no puede haber ningún

régimen social «inconmovible», ni pueden existir los

«principios eternos» de la propiedad privada y la

explotación, ni las «ideas eternas» de sumisión de los

campesinos a los terratenientes y de los obreros a los

capitalistas.

Esto quiere decir que el régimen capitalista puede ser sustituido por el régimen socialista, del mismo modo que, en su día, el régimen capitalista sustituyó al régimen feudal.

Esto quiere decir que hay que orientarse, no hacia aquellas capas de la sociedad que han llegado ya al término de su desarrollo, aunque en el momento presente constituyan la fuerza predominante, sino hacía aquellas otras que se están desarrollando, que tienen   porvenir,   aunque   no   sean   las   fuerzas predominantes en el momento actual.

En la década del 80 del siglo pasado, en la época

de lucha de los marxistas contra los populistas, el

proletariado   constituía,   en   Rusia,   una   minoría

insignificante, en comparación con los campesinos

individuales que formaban la inmensa mayoría de la

población.    Pero    el    proletariado    se    estaba

desarrollando   como   clase,   mientras   que   los

campesinos,    como    clase,    se    disgregaban.

Precisamente  por  esto,  porque  el  proletariado  se

estaba desarrollando como clase, los marxistas se

orientaron hacia él. Y no se equivocaron, puesto que,

como es sabido, el proletariado se convirtió, andando

el tiempo, de una fuerza de escasa importancia en

una fuerza histórica y política de primer orden.

Esto  quiere  decir  que  en  política,  para  no

equivocarse, hay que mirar hacia adelante y no hacia

atrás.

Continuemos. Si el tránsito de los lentos cambios

cuantitativos   a   los   rápidos   y   súbitos   cambios

cualitativos  constituye  una  ley  del  desarrollo,  es

evidente  que  las  transformaciones  revolucionadas

 

 

llevadas a cabo por las clases oprimidas representan un fenómeno absolutamente natural e inevitable.

Esto quiere decir que el paso del capitalismo al socialismo y la liberación de la clase obrera del yugo capitalista no puede realizarse por medio de cambios lentos, por medio de reformas, sino sólo mediante la transformación cualitativa del régimen capitalista, es decir, mediante la revolución.

Esto  quiere  decir  que  en  política,  para  no equivocarse,   hay   que   ser   revolucionario   y   no reformista.

Continuemos. Si el proceso de desarrollo es un

proceso de revelación de contradicciones internas, un

proceso de choques entre fuerzas contrapuestas sobre

la base de estas contradicciones y con el fin de

superarlas, es evidente que la lucha de clases del

proletariado constituye un fenómeno perfectamente

natural e inevitable.

Esto quiere decir que lo que hay que hacer no es disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo y desplegarlas en toda su extensión, no es amortiguar la lucha de clases, sino llevarla a cabo hasta el fin.

Esto   quiere   decir   que   en   política   para   no

equivocarse,   hay   que   mantener   una   política

proletaria, de clase, intransigente, y no una política

reformista,   de   armonía   de   intereses   entre   el

proletariado y la burguesía, una política oportunista

de «integración» del capitalismo en el socialismo.

En esto consiste el método dialéctico marxista,

aplicado a la vida social y a la historia de la sociedad.

Por lo que se refiere al materialismo filosófico marxista, es en su base lo opuesto al idealismo filosófico.

2)   El   materialismo   filosófico   marxista   se

caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

a) En oposición al idealismo, que considera al

mundo como la encarnación de la «idea absoluta»,

del «espíritu  universal»,  de  la «conciencia»,  el

materialismo filosófico de Marx parte del criterio de

que el mundo es, por su naturaleza, algo material; de

que los múltiples y variados fenómenos del mundo

constituyen diversas formas y modalidades de la

materia en movimiento; de que los vínculos mutuos y

las   relaciones   de   interdependencia   entre   los

fenómenos, que el método dialéctico pone de relieve,

son las leyes determinadas con arreglo a las cuales se

desarrolla  la  materia  en  movimiento;  de  que  el

mundo se desarrolla con arreglo a las leyes que rigen

el movimiento de la materia, sin necesidad de ningún

«espíritu universal».

 

«La  concepción  materialista  del  mundo -dice

Engels-    significa    sencillamente    concebir    la

naturaleza  tal  y  como  es,  sin  ninguna  clase  de

aditamentos   extraños»                                  (F.   Engels,     «Ludwig

Feuerbach». Apéndice, ed. alemana, pág. 60).

 

 

 

 

 

270

Refiriéndose a la concepción materialista de un

filósofo de la antigüedad, Heráclito, según el cual «el

mundo, que es la unidad de todo lo existente, no ha

sido creado por ningún dios ni por ningún hombre

sino que ha sido, es y será eternamente un fuego vivo

que se enciende y se apaga con arreglo a las leyes

determinadas», dice Lenin: «He aquí una excelente

definición   de   los   principios   del   materialismo

dialéctico» (Lenin, «Cuadernos  filosóficos»,  pág.

318).

b) En oposición al idealismo, el cual afirma que

sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y

que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo

existe en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones,

en nuestras percepciones, en nuestros conceptos, el

materialismo filosófico marxista parte del criterio de

que la materia, la naturaleza, el ser, son una realidad

objetiva,  existen  fuera  de  nuestra  conciencia  e

independientemente de ella, de que la materia es lo

primario, ya que constituye la fuente de la que se

derivan   las   sensaciones,   las   percepciones   y   la

conciencia,   y   la   conciencia   lo   secundario,   lo

derivado, ya que es la imagen refleja de la materia, la

imagen refleja del ser; el materialismo filosófico

marxista parte del criterio de que el pensamiento es

un producto de la materia que ha llegado a un alto

grado   de   perfección   en   su   desarrollo,   y   más

concretamente, un producto del cerebro, y éste el

órgano del pensamiento, y de que, por tanto, no cabe,

a  menos  decaer  en  un  craso  error,  separar  el

pensamiento de la materia.

 

«El problema de la relación entre el pensar y el

ser, entre el espíritu y la naturaleza es -dice Engels-

el  problema  supremo  de  toda  la  filosofía...  Los

filósofos se dividían en dos grandes campos, según la

contestación que diesen a esta pregunta. Los que

afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la

naturaleza... formaban el campo del idealismo. Los

otros,  los  que  reputaban  la  naturaleza  como  lo

primario,  figuraban  en  las  diversas  escuelas  del

materialismo» (F. Engels, obra citada, págs. 16-17).

 

Y más adelante:

«El mundo material y perceptible por los sentidos,

del que formamos parte también los hombres, es el

único mundo real... Nuestra conciencia y nuestro

pensamiento, por más suprasensibles que parezcan,

son el producto de un órgano material, corporal: el

cerebro. La materia no es un producto del espíritu, y

el espíritu mismo no es más que el producto supremo

de la materia» (F. Engels, obra citada, pág, 20).

 

Refiriéndose  al  problema  de  la  materia  y  el pensamiento, manifiesta Marx:

 

« o es posible separar el pensamiento de la

 

 

J. V. Stalin

 

materia pensante. La materia es el sujeto de todos los cambios» (Marx-Engels, Obras Completas, t. III, ed. alemana, Moscú, pág. 305).

 

Caracterizando    el    materialismo    filosófico marxista, dice Lenin:

 

«El   materialismo   en   general   reconoce   la

existencia  real  y  objetiva  del  ser (la  materia),

independiente de la conciencia, de las sensaciones de

la experiencia... La conciencia... no es más que un

reflejo del ser, en el mejor de los casos su reflejo

aproximadamente exacto (adecuado, ideal en cuanto

a precisión)» (Lenin, t. XVIII, págs. 266-267).

 

Y en otros pasajes:

 

«Es  materia  lo  que,  actuando  sobre  nuestros

órganos  sensoriales,  produce  las  sensaciones;  la

materia es la realidad objetiva, que las sensaciones

nos transmiten... La materia, la naturaleza, el ser, lo

físico, es lo primario; el espíritu, la conciencia, las

sensaciones, lo psíquico, lo secundario» (Obra citada,

págs. 119-120).

- «El cuadro del mundo es el cuadro de cómo se mueve y cómo «piensa la materia» (Obra citada, pág. 288).

- «El cerebro es el órgano del pensamiento» (Obra citada, pág. 125).

 

c)  En  oposición  al  idealismo,  que  discute  la

posibilidad de conocer el mundo y las leyes por que

se rige, que no cree en la veracidad de nuestros

conocimientos, que no reconoce la verdad objetiva y

entiende que el mundo está lleno de «cosas en sí»,

que jamás podrán, ser conocidas por la ciencia, el

materialismo filosófico marxista parte del principio

de que el mundo y las leyes por que se rige son

perfectamente   cognoscibles,   de   que   nuestros

conocimientos acerca de las leyes de la naturaleza,

comprobados por la experiencia, por la práctica, son

conocimientos  veraces,  que  tienen  el  valor  de

verdades objetivas, de que en el mundo no hay cosas

incognoscibles, sino simplemente aún no conocidas,

pero que la ciencia y la experiencia se encargarán de

relevar y de dar a conocer.

Criticando la tesis de Kant y de otros idealistas

acerca de la incognoscibilidad del mundo y de las

«cosas  en  sí»  incognoscibles  y  defendiendo  la

consabida   tesis   del   materialismo   acerca   de   la

veracidad de nuestros conocimientos, escribe Engels:

 

«La refutación más contundente de estas manías,

como de todas las demás manías filosóficas, es la

práctica, o sea el experimento y la industria. Si

podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de

concebir   un   proceso   natural   reproduciéndolo

nosotros mismos, creándolo como resultado de sus

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         271

 

mismas condiciones, y si además, lo ponemos al      Tales  son,  brevemente  expuestos,  los  rasgos

 

servicio de nuestros propios fines, daremos al traste

con  la «cosa  en  sí»  inasequible  de  Kant.  Las

sustancias químicas producidas en el mundo animal y

vegetal siguieron siendo «cosas en sí» hasta que la

química orgánica comenzó a producirlas unas tras

otras; con ello, la «cosa en sí» se convirtió en una

cosa para nosotros, como, por ejemplo, la materia

colorante de la rubia, la alizarina, que hoy ya no se

extrae de la raíz de aquella planta, sino que se

obtiene de alquitrán de hulla, procedimiento mucho

más  barato  y  más  sencillo.  El  sistema  solar  de

Copérnico fue durante trescientos años una hipótesis,

por la que se podía apostar cien, mil, diez mil contra

uno, pero, a pesar de todo, una hipótesis, hasta que

Leverier con los datos tomados de este sistema no

sólo demostró que debía necesariamente existir un

planeta   desconocido   hasta   entonces,   sino   que,

además, determinó mediante cálculos, el lugar en que

este planeta tenía que encontrarse en el firmamento,

y cuando después Galle descubrió efectivamente este

planeta, el sistema de Copérnico quedó demostrado»

(F. Engels, «Ludwig Feuerbach», ed. alem., Moscú,

pág. 18).

 

Acusando a Bogdánov, Basárov, Yushkévich y

otros  partidarios  de  Mach301  de  fideísmo (teoría

reaccionaria  que  prefiere  la  fe  a  la  ciencia)  y

defendiendo la consabida tesis del materialismo de

que nuestros conocimientos científicos acerca de las

leyes  por  las  que  se  rige  la  naturaleza  son

conocimientos  veraces  y  de  que las  leyes  de la

ciencia constituyen verdades objetivas, dice Lenin:

 

«El  fideísmo  moderno  no  rechaza,  ni  mucho menos, la ciencia; lo único que rechaza son las «pretensiones   desmesuradas»   de   la   ciencia,   y concretamente, sus pretensiones de verdad objetiva. Si existe una verdad objetiva (como entienden los materialistas) y si las ciencias naturales, reflejando el mundo exterior en la «experiencia» del hombre, son las únicas que pueden darnos esa verdad objetiva, todo fideísmo queda refutado incontrovertiblemente» (Lenin, t. XIII, pág. 102, ed. rusa).

 

 

 

301  Mach  Ernest (1838-1916) -  físico  y  filósofo  idealista

austríaco,   Mach consideraba las   cosas   como «conjuntos

sensitivos»,  negando  la  existencia  de  un  mundo  externo,

independiente de la conciencia humana. Tergiversaba los últimos

datos de las ciencias naturales para asegurar la victoria del

fideismo sobre el materialismo. En su libro «El materialismo y el

empirtocríticismo» Lenin puso al desnudo la tendencia de clase,

en la que se basaba la filosofía de Mach cuyo objetivo era el

servir  a  los  fideistas  en  su  lucha  contra  la  filosofía  del

materialismo en general y contra el materialismo histórico en

particular. Algunos «marxistas» de Europa Occidental como F.

Adler, O. Bauer, y en Rusia una parte de los intelectuales del

Partido que se presentaban como marxistas, pero que nunca

habían adoptado una posición firmemente marxista (Bogdánov,

Bazárov, Jushkevich etc.) apoyaron la filosofía de Mach.

 

característicos del materialismo filosófico marxista. .

       Fácil es comprender la importancia tan enorme

que   tiene   la   aplicación   de   los   principios   del materialismo filosófico al estudio de la vida social, al estudio de la historia de la sociedad, la importancia tan enorme que tiene el aplicar estos principios a la historia de la sociedad y a la actuación práctica del Partido del proletariado.

Si   la   conexión   entre   los   fenómenos   de   la

naturaleza  y  su  interdependencia  representan  las

leyes  por  las  que  se  rige  el  desarrollo  de  la

naturaleza, de esto se deduce que la conexión e

interdependencia de los fenómenos de la vida social

representan también no algo fortuito, sino las leyes

por las que se rige el desarrollo de la sociedad.

Esto quiere decir que la vida social y la historia de la sociedad ya no son un conglomerado de hechos «fortuitos»,  pues  la  historia  de  la  sociedad  se convierte en el desarrollo de la sociedad con arreglo a sus leyes determinadas y el estudio de la historia de la sociedad adquiere categoría de ciencia.

Esto quiere decir que la actuación práctica del Partido  del  proletariado  debe  basarse,  no  en  los buenos deseos de las «ilustres personalidades», no en los postulados de la «razón», de la «moral universal» etc., sino en las leyes determinadas del desarrollo de la sociedad y en el estudio de éstas.

Prosigamos.  Si  el   mundo  es  cognoscible  y

nuestros conocimientos acerca de las leyes que rigen

el  desarrollo  de  la  naturaleza  son  conocimientos

veraces, que tienen el valor de verdades objetivas,

esto  quiere  decir  que  también  la  vida  social, el

desarrollo de la sociedad, son susceptibles de ser

conocidos; y que los datos que nos brinda la ciencia

sobre las leyes del desarrollo de la sociedad son datos

veraces, que tienen el valor de verdades objetivas.

Esto quiere decir que la ciencia que estudia la

historia de la sociedad puede adquirir, pese a toda la

complejidad de los fenómenos de la vida social, la

misma  precisión  que  la  biología,  por  ejemplo,

ofreciéndonos la posibilidad de dar una aplicación

práctica a las leyes que rigen el desarrollo de la

sociedad.

Esto quiere decir que, en su actuación práctica, el Partido del proletariado debe guiarse, no por estos o los otros motivos fortuitos, sino por las leyes que rigen  el  desarrollo  de  la  sociedad  y  por  las conclusiones prácticas que de ellas se derivan.

Esto quiere decir que el socialismo deja de ser un sueño acerca de un futuro mejor de la humanidad para convertirse en una ciencia.

Esto quiere decir que el enlace entre la ciencia y la actuación práctica, entre la teoría y la práctica, su unidad, debe ser la estrella polar que guíe al Partido del proletariado.

Prosigamos. Si la naturaleza, el ser, el mundo

material   son   lo   primario,   y   la   conciencia,   el

 

 

 

 

 

272

pensamiento, lo secundario, lo derivado, si el mundo

material constituye la realidad objetiva, que existe

independientemente de la conciencia del hombre, y la

conciencia  es  la  imagen  refleja  de  esta  realidad

objetiva, de aquí se deduce que la vida material de la

sociedad, el ser social, es también lo primario y su

vida espiritual, lo secundario, lo derivado; que la vida

material de la sociedad es la realidad objetiva, que

existe  independientemente  de  la  voluntad  de  los

hombres, y la vida espiritual de la sociedad el reflejo

de esta realidad objetiva, el reflejo del ser.

Esto quiere decir que la fuente donde se forma la

vida espiritual de la sociedad, la fuente de la que

emanan las ideas sociales, las teorías sociales, las

concepciones y las instituciones políticas hay que

buscarlas,   no   en   estas   mismas   ideas,   teorías,

concepciones e instituciones políticas, sino en las

condiciones de la vida material de la sociedad, en el

ser social, del cual son reflejo estas ideas, teorías,

concepciones, etc.

Esto quiere decir que, si en los diversos períodos

de la historia de la sociedad nos encontramos con

diversas  ideas,  teorías,  concepciones  sociales  e

instituciones  políticas;  si  bajo  el  régimen  de  la

esclavitud   observamos   unas   ideas,   teorías   y

concepciones sociales, unas instituciones políticas,

bajo el feudalismo otras y otras distintas bajo el

capitalismo, la explicación de esto no reside en la

«naturaleza», en la «propiedad» de las ideas, teorías,

concepciones e instituciones políticas mismas, sino

en las distintas condiciones de la vida material de la

sociedad   dentro   de   los   diversos   períodos   del

desarrollo social.

Según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.

En relación con esto, dice Marx:

 

«No es la conciencia del hombre la que determina

su ser, sino, por el contrario, el ser social es el que

determina  su  conciencia». (Carlos  Marx,  Obras

escogidas, t. I, pág. 359, ed. alemana, Moscú, 1934).

 

Esto  quiere  decir  que,  en  política,  para  no

equivocarse y no convertirse en una colección de

vacuos soñadores, el Partido del proletariado debe

tomar, como punto de partida para su actuación, no

los «principios» abstractos de la «razón humana»,

sino las condiciones concretas de la vida material de

la sociedad, que constituyen la fuerza decisiva del

desarrollo  social,  no  los  buenos  deseos  de  los

«grandes   hombres»,   sino   las   exigencias   reales

impuestas por el desarrollo de la vida material de la

sociedad.

El fracaso de los utopistas, incluyendo entre ellos,

los populistas,                                                  los         anarquistas    y    los

socialrevolucionarios, se explica, entre otras razones,

 

 

J. V. Stalin

 

porque no reconocían la importancia primordial de

las condiciones de vida material de la sociedad en

cuanto  al  desarrollo  de  ésta,  y,  cayendo  en  el

idealismo, erigían su actuación práctica, no sobre las

exigencias del desarrollo de la vida material de la

sociedad, sino, independientemente de ellas y en

contra de ellas, sobre «planes ideales» y «proyectos

universales»,  desligados  de  la  vida  real  de  la

sociedad.

La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo estriban precisamente en que toma como base para su actuación práctica las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sin desligarse jamás de la vida real de ésta.

Sin embargo, de las palabras de Marx no se

desprende que las ideas y las teorías sociales, las

concepciones y las instituciones políticas no tengan

importancia alguna en la vida de la sociedad, que no

ejerzan de rechazo una influencia sobre el ser social,

sobre el desarrollo de las condiciones materiales de la

vida de la sociedad. Hasta ahora, nos hemos venido

refiriendo únicamente al origen de las ideas y teorías

sociales   y   de   las   concepciones  e   instituciones

políticas, a su nacimiento, al hecho de que la vida

espiritual  de  la  sociedad  es  el  reflejo  de  las

condiciones de su vida material. En lo tocante a la

importancia de las ideas y teorías sociales y de las

concepciones e instituciones políticas, en lo tocante

al   papel   que   desempeñan   en   la   historia,   el

materialismo histórico no sólo no niega, sino que, por

el contrario, subraya la importancia de papel y la

significación que les corresponde en la vida y en la

historia de la sociedad.

Pero hay diferentes ideas y teorías sociales. Hay

ideas y teorías viejas, que han cumplido ya su misión

y  que  sirven  a  los  intereses  de  fuerzas  sociales

caducas. Su papel consiste en frenar el desarrollo de

la sociedad, su marcha progresiva y hay ideas y

teorías nuevas, avanzadas, que sirven a los intereses

de las fuerzas de vanguardia de la sociedad. El papel

de  éstas consiste en  facilitar el desarrollo  de  la

sociedad,   su   marcha   progresiva,   siendo   su

importancia tanto más grande cuanto mayor es la

exactitud con que responden a las exigencias del

desarrollo de la vida material de la sociedad.

Las nuevas ideas y teorías sociales sólo surgen

después que el desarrollo de la vida material de la

sociedad plantea a ésta nuevas tareas. Pero después

de surgir, se convierten en una fuerza de la mayor

importancia, que facilita la ejecución de estas nuevas

tareas planteadas por el desarrollo de la vida material

de la sociedad, que facilita los progresos de ésta. Es

aquí, precisamente, donde se acusa la formidable

importancia                                                       organizadora, movilizadora            y

transformadora de las nuevas ideas, de las nuevas

teorías y de las nuevas concepciones políticas, de las

nuevas instituciones políticas.

Las   nuevas   ideas   y   teorías   sociales   surgen

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         273

 

precisamente porque son necesarias para la sociedad,         movilización, de organización y de transformación.

 

porque sin su labor organizadora, movilizadora y

transformadora es imposible llevar a cabo las tareas

ya maduras que plantea el desarrollo de la vida

material de la sociedad y que están ya en sazón de ser

cumplidas. Y como surgen sobre la base de las

nuevas tareas planteadas por el desarrollo de la vida

material de la sociedad, las nuevas ideas y teorías

sociales se abren paso, se convierten en patrimonio

de las masas populares, movilizan y organizan a éstas

contra las fuerzas sociales caducas, facilitando así el

derrocamiento de estas fuerzas sociales caducas que

frenan  el  desarrollo  de  la  vida  material  de  la

sociedad.

He aquí cómo las ideas y las teorías sociales, las

instituciones políticas, que brotan sobre la base de las

tareas ya maduras para su solución planteadas por el

desarrollo de la vida material de la sociedad, por el

desarrollo del ser social, actúan luego, a su vez, sobre

este ser social, sobre la vida material de la sociedad,

creando  las  condiciones  necesarias  para  llevar  a

término la ejecución de las tareas ya maduras de la

vida material de la sociedad y hacer posible su

desarrollo ulterior.

En relación con esto, dice Marx:

 

«La teoría se convierte en una fuerza material tan

pronto como prende en las masas» (Carlos Marx y

Federico Engels, Obras completas, t. 1, pág. 614, ed.

alem.).

 

Esto quiere decir que para poder influir sobre las

condiciones de la vida material de la sociedad y

acelerar su desarrollo, acelerar su mejoramiento, el

Partido del proletariado tiene que apoyarse en una

teoría  social,  en  una  idea  social  que  refleje

certeramente las exigencias del desarrollo de la vida

material de la sociedad y que, gracias a ello, sea

capaz de poner en movimiento a las grandes masas

del pueblo, de movilizarlas y organizar con ellas el

gran ejército del Partido proletario, presto a aplastar

las fuerzas reaccionarias y allanar el camino a las

fuerzas avanzadas de la sociedad.

El   fracaso   de   los «economistas»   y   de   los

mencheviques se explica, entre otras razones, por el

hecho   de   que   no   reconocían   la   importancia

movilizadora, organizadora y transformadora de la

teoría de vanguardia, de la idea de vanguardia, y

cayendo  en  un  materialismo  vulgar,  reducían  su

papel   casi   a   la   nada,   y   consiguientemente

condenaban  al  Partido  a  la  pasividad,  a  vivir

vegetando.

La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo

estriban  en  que éste  se apoya  en  una  teoría  de

vanguardia, que refleja certeramente las exigencias

del desarrollo de la vida material de la sociedad, en

que eleva la teoría a la altura que le corresponde y

considera su deber utilizar íntegramente su fuerza de

 

Así es como resuelve el materialismo histórico el problema de las relaciones entre el ser social y la conciencia social, entre las condiciones de desarrollo de la vida material y el desarrollo de la vida espiritual de la sociedad.

3) El materialismo histórico.

Resta sólo por contestar a esta pregunta:

       ¿Qué se entiende, desde el punto de vista del

materialismo  histórico,  por «condiciones  de  vida

material de la sociedad», que son las que determinan,

en última instancia, la fisonomía de la sociedad, sus

ideas, sus concepciones, instituciones políticas, etc.?

¿Cuáles son, en realidad, esas «condiciones de

vida material de la sociedad», cuáles son sus rasgos

característicos? Es indudable que en este concepto de

«condiciones de vida material de la sociedad» entra,

ante todo, la naturaleza que, rodea a la sociedad, el

medio geográfico, que es una de las condiciones

necesarias y constantes de la vida material de la

sociedad y que, naturalmente, influye en el desarrollo

de ésta. ¿Cuál es el papel del medio geográfico en el

desarrollo de la sociedad? ¿No será, acaso, el medio

geográfico el factor fundamental que determina la

fisonomía de la sociedad, el carácter del régimen

social de los hombres, la transición de un régimen a

otro?

El materialismo histórico contesta negativamente a esta pregunta.

El medio geográfico es, indiscutiblemente, una de

las condiciones constantes y necesarias del desarrollo

de  la  sociedad  e  influye,  naturalmente,  en  él,

acelerándolo o amortiguándolo. Pero esta influencia

no  es  determinante,  ya  que  los  cambios  y  el

desarrollo  de  la  sociedad  se  producen  con  una

rapidez  incomparablemente  mayor  que  los  que

afectan al medio geográfico. En el transcurso de tres

mil años, Europa vió transmontar uno tras otro tres

regímenes sociales: el del comunismo primitivo, el

de la esclavitud y el régimen feudal, y en la parte

oriental   de   Europa,   en   la   URSS,   también

trasmontaron cuatro. Pues bien, durante este tiempo

las condiciones geográficas de Europa o no sufrieron

cambio alguno, o, si sufrieron alguno, fue tan leve

que  la  Geografía  no  cree  que  merece  la  pena

registrarlo. Ya se comprende que sea así. Para que el

medio  geográfico  experimente  cambios  de  cierta

importancia, hacen falta millones de años, mientras

que en unos pocos cientos o un par de miles de años

pueden  producirse  incluso  cambios  de  la  mayor

importancia en el régimen social.

De aquí se desprende que el medio geográfico no

puede   ser   la   causa   fundamental,   la   causa

determinante  del  desarrollo  social,  pues  lo  que

permanece casi invariable a través de decenas de

miles de años no puede ser la causa fundamental a

que obedezca el desarrollo de lo que en el espacio de

unos cuantos cientos de años experimenta cambios

 

 

 

 

 

274

radicales.

Asimismo, es indudable que el crecimiento de la

población, la mayor o menor densidad de población

es un factor que forma también parte del concepto de

las «condiciones materiales de vida de la sociedad»,

ya que entre estas condiciones materiales se cuenta

como elemento necesario el hombre, y es imposible

la vida material de la sociedad sin un determinado

mínimo  de  seres  humanos. ¿No  será,  acaso,  el

desarrollo de la población el factor cardinal que

determina el carácter del régimen social en que viven

los hombres?

El materialismo histórico contesta negativamente también a esta pregunta.

Es indudable que el crecimiento de la población

influye en el desarrollo de la sociedad, facilitando o

entorpeciendo este desarrollo, pero no puede ser el

factor cardinal a que obedece, ni su influencia sobre

el desarrollo de la sociedad puede tener un carácter

determinante, ya que el crecimiento de la población

de por sí no nos ofrece la clave para explicar por qué

un régimen social dado es sustituido precisamente

por un determinado régimen nuevo y no por otro, por

qué   el   régimen   del   comunismo   primitivo   fue

sustituido   precisamente   por   el   régimen   de   la

esclavitud,  el  régimen  esclavista  por  el  régimen

feudal  y  éste  por  el  burgués,  y  no  por  otros

cualesquiera.

Si el crecimiento de la población fuese el factor

determinante  del  desarrollo  social,  a  una  mayor

densidad  de  población  tendría  que  corresponder

forzosamente,                                                   en    la   práctica,         un    tipo

proporcionalmente más elevado de régimen social.

Pero, en realidad, no ocurre así. La densidad de la

población de China es cuatro veces mayor que la de

los Estados Unidos, a pesar de lo cual los Estados

Unidos ocupan un lugar más elevado que China en lo

que al desarrollo social se refiere, pues mientras que

en China sigue imperando el régimen semifeudal, los

Estados  Unidos  hace  ya  mucho  tiempo  que  han

llegado  a  la  fase  culminante  del  desarrollo  del

capitalismo. La densidad de población de Bélgica es

19 veces mayor que la de los Estados Unidos y 26

veces mayor que la de la URSS, y sin embargo,

Norteamérica sobrepasa a Bélgica en lo tocante a su

desarrollo social, y la URSS le lleva de ventaja toda

una época histórica, pues mientras que en Bélgica

impera el régimen capitalista, la URSS ha liquidado

ya el capitalismo e instaurado el régimen socialista.

De aquí se desprende que el crecimiento de la

población no es ni puede ser el factor cardinal en el

desarrollo de la sociedad, el factor determinante del

carácter del régimen social, de la fisonomía de la

sociedad.

a) ¿Cuál  es,  pues,  dentro  del  sistema  de  las

condiciones de vida material de la sociedad, el factor

cardinal que determina la fisonomía de aquélla, el

carácter del régimen social, el paso de la sociedad de

 

 

J. V. Stalin

 

un régimen a otro?

Este factor es, según el materialismo histórico, el modo de obtención de los medios de vida necesarios para la existencia del hombre, el modo de producción de los bienes materiales: del alimento, del vestido, del calzado, de la vivienda, del combustible, de los instrumentos de producción, etc., necesarios para que la sociedad pueda vivir y desarrollarse.

Para vivir, el hombre necesita alimentos, vestido,

calzado, vivienda, combustible, etc.; para tener estos

bienes materiales, ha de producirlos, y para poder

producirlos  necesita  disponer  de  instrumentos  de

producción, con ayuda de los cuales se consigue el

alimento,  se  fabrica  el  vestido,  el  calzado,  se

construye la vivienda, se obtiene el combustible, etc.;

necesita saber producir estos instrumentos y servirse

de ellos.

Instrumentos de producción con ayuda de los cuales se producen los bienes materiales, y hombres que los manejan y efectúan la producción de los bienes materiales, por tener una cierta experiencia productiva  y  hábitos  de  trabajo:  tales  son  los elementos  que,  en  conjunto,  forman  las  fuerzas productivas de la sociedad.

Pero las fuerzas productivas no son más que uno

de los aspectos de la producción, uno de los aspectos

del modo de producción, el aspecto que refleja la

relación entre el hombre y los objetos y fuerzas de la

naturaleza  empleados  para  la  producción  de  los

bienes materiales. El otro aspecto de la producción,

el  otro  aspecto  del  modo  de  producción,  lo

constituyen las relaciones de unos hombres con otros

dentro del proceso de la producción, las relaciones

de producción entre los hombres. Los hombres no

luchan con la naturaleza y no la utilizan para la

producción   de   bienes   materiales   aisladamente,

desligados unos de otros, sino juntos, en grupos, en

sociedades. Por eso, la producción es siempre y bajo

condiciones cualesquiera una producción social. Al

efectuar la producción de los bienes materiales, los

hombres establecen entre sí, dentro de la producción,

tales  o  cuales  relaciones  mutuas,  tales  o  cuales

relaciones de producción. Estas relaciones pueden ser

relaciones  de  colaboración  y  ayuda  mutua  entre

hombres  libres  de  toda  explotación,  pueden  ser

relaciones de dominio y subordinación o pueden ser,

por último, relaciones de transición entre una forma

de relaciones de producción y otra, pero, cualquiera

que sea su carácter, las relaciones de producción

constituyen siempre y en todos los regímenes un

elemento tan necesario de la producción como las

mismas fuerzas productivas de la sociedad.

 

«En la producción -dice Marx- los hombres no

actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan

también los unos sobre los otros. No pueden producir

sin asociarse de un cierto modo, para actuar en

común y establecer un intercambio de actividades.

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         275

 

 

Para producir, los hombres contraen determinados

vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y

relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como

se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la

producción» (C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas,

t. I, pág. 261, ed. alemana).

 

Consiguientemente, la producción, el modo de

producción,   no   abarca   solamente   las   fuerzas

productivas   de   la   sociedad,   sino   también   las

relaciones de producción entre los hombres, siendo,

por tanto, la forma en que toma cuerpo la unidad de

ambas dentro del proceso de la producción de bienes

materiales.

b) La primera característica de la producción es

que jamás se estanca en un punto durante un largo

período,   sino   que   cambia   y   se   desarrolla

constantemente, con la particularidad de que estos

cambios  ocurridos  en  el  modo  de  producción

provocan  inevitablemente  el  cambio  de  todo  el

régimen  social,  de  las  ideas  sociales,  de  las

concepciones e instituciones políticas, provocan la

reorganización de todo el sistema social y político.

En las diversas fases de desarrollo, el hombre emplea

diversos modos de producción o, para decirlo en

términos más vulgares, mantiene distinto género de

vida. Bajo el régimen del comunismo primitivo, el

modo de producción empleado es distinto que bajo la

esclavitud,  bajo  el  régimen  de  la  esclavitud  es

distinto   que   bajo   el   feudalismo,   etc.   Y,   en

consonancia con esto, varían también el régimen

social  de  los  hombres,  su  vida  espiritual,  sus

concepciones, sus instituciones políticas.

Según sea el modo de producción existente en una sociedad, así  es también,  fundamentalmente,  esta misma sociedad y así son sus ideas y sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.

O, para decirlo en términos más vulgares, según vive el hombre, así piensa.

Esto significa que la historia del desarrollo de la

sociedad es, ante todo, la historia del desarrollo de la

producción, la historia de los modos de producción

que se suceden unos a otros a lo largo de los siglos,

la historia del desarrollo de las fuerzas productivas y

de las relaciones de producción entre los hombres.

Esto quiere decir que la historia del desarrollo de la sociedad es, al mismo tiempo, la historia de los propios productores de bienes materiales, la historia de  las  masas  trabajadoras,  que  son  las  fuerzas fundamentales del proceso de producción y las que llevan a cabo la producción de los bienes materiales necesarios para la existencia de la sociedad.

Esto  quiere  decir  que  la  ciencia  histórica,  si

pretende ser una verdadera ciencia, no debe seguir

reduciendo la historia del desarrollo social a los actos

de los reyes y de los caudillos militares, a los actos

de   los «conquistadores»   y «avasalladores»   de

Estados, sino que debe ocuparse ante todo de la

 

 

historia de los productores de los bienes materiales, de la historia de las masas trabajadoras, de la historia de los pueblos.

Esto quiere decir que la clave para el estudio de

las leyes de la historia de la sociedad no hay que

buscarla en las cabezas de los hombres, en las ideas y

concepciones de la sociedad, sino en el modo de

producción aplicado por la sociedad en cada uno de

sus períodos históricos, es decir, en la economía de la

sociedad.

Esto quiere decir que la tarea primordial de la

ciencia histórica es el estudio y el descubrimiento de

las leyes de la producción, de las leyes del desarrollo

de las fuerzas productivas y de las relaciones de

producción, de las leyes del desarrollo económico de

la sociedad.

Esto quiere decir que el Partido del proletariado, para  ser  un  verdadero  partido,  debe,  ante  todo, conocer las leyes del desarrollo de la producción, las leyes del desarrollo económico de la sociedad.

Esto  quiere  decir  que  en  política,  para  no

equivocarse, el Partido del proletariado debe, ante

todo, tanto en lo que se refiere a la formación de su

programa  como  en  lo  que  atañe  a  su  actuación

práctica, arrancar de las leyes del desarrollo de la

producción, de las leyes del desarrollo económico de

la sociedad.

c) La segunda característica de la producción

consiste en que sus cambios y su desarrollo arrancan

siempre  de  los  cambios  y  del  desarrollo  de  las

fuerzas productivas, y, ante todo, de los que afectan a

los   instrumentos   de   producción.   Las   fuerzas

productivas  son,  por  lo  tanto,  el  elemento  más

dinámico y más revolucionario de la producción. Al

principio,  cambian  y  se  desarrollan  las  fuerzas

productivas de la sociedad y luego, en dependencia

con  estos  cambios  y  en  consonancia  con  ellos,

cambian  las  relaciones  de  producción  entre  los

hombres, sus relaciones económicas. Sin embargo,

esto no quiere decir que las relaciones de producción

no  influyan  sobre  el  desarrollo  de  las  fuerzas

productivas y que éstas no dependan de aquéllas. Las

relaciones  de  producción,  aunque  su  desarrollo

dependa del desarrollo de las fuerzas productivas,

actúan  a  su  vez  sobre  el  desarrollo  de  éstas,

acelerándolo  o  amortiguándolo.  A  este  propósito

conviene advertir que las relaciones de producción

no pueden quedarse por un tiempo demasiado largo

rezagadas de las fuerzas productivas al crecer éstas,

ni hallarse en contradicción con ellas, ya que las

fuerzas   productivas   sólo   pueden   desarrollarse

plenamente  cuando  las  relaciones  de  producción

están en armonía con el carácter y el estado de dichas

fuerzas productivas y dan curso libre al desarrollo de

éstas. Por eso, por muy rezagadas que las relaciones

de producción se queden con respecto al desarrollo

de las fuerzas productivas, tienen necesariamente que

ponerse y se ponen realmente -más tarde o más

 

 

 

 

 

276

temprano- en armonía con el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y con el carácter de éstas. En otro  caso,  nos  encontraríamos  ante  una  ruptura radical de la unidad entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción dentro del sistema de ésta, ante un descoyuntamiento de la producción en bloque,  ante  una  crisis  de  producción,  ante  la destrucción de las fuerzas productivas.

Un ejemplo de desarmonía entre las relaciones de

producción y el carácter de las fuerzas productivas,

un ejemplo de conflicto entre ambos factores, lo

tenemos  en  las  crisis  económicas  de  los  países

capitalistas, donde la propiedad privada capitalista

sobre los medios de producción está en la violenta

discordancia con el carácter social del proceso de

producción,   con   el   carácter   de   las   fuerzas

productivas. Resultado de esta discordancia son las

crisis económicas, que conducen a la destrucción de

las   fuerzas   productivas:   y   esta   discordancia

constituye,  de  por  sí,  la  base  económica  de  la

revolución social, cuya misión consiste en destruir

las relaciones de producción existentes y crear otras

nuevas, que correspondan al carácter de las fuerzas

productivas.

Por  el  contrario,  el  ejemplo  de  una  armonía

completa entre las relaciones de producción y el

carácter de las fuerzas productivas nos lo ofrece la

economía socialista de la URSS, donde la propiedad

social sobre los medios de producción concuerda

plenamente con el carácter social del proceso de la

producción y donde, por tanto, no existen crisis

económicas, ni se producen casos de destrucción de

las fuerzas productivas.

Por consiguiente, las fuerzas productivas no son

solamente   el   elemento   más   dinámico   y   más

revolucionario  de  la  producción,  sino  que  son,

además, el elemento determinante de su desarrollo.

Según sean las fuerzas productivas, así tienen que ser también las relaciones de producción.

Si el estado de las fuerzas productivas responde a

la pregunta de con qué instrumentos de producción

crean los hombres los bienes materiales que les son

necesarios, el estado de las relaciones de producción

responde ya a otra pregunta: ¿en poder de quién están

los medios de producción (la tierra, los bosques, las

aguas,   el   subsuelo,   las   materias   primas,   las

herramientas   y   los   edificios   dedicados   a   la

producción, las vías y los medios de comunicación,

etc.), a disposición de quién se hallan los medios de

producción: a disposición de toda la sociedad, o a

disposición de determinados individuos, grupos o

clases  que  los  emplean  para  explotar  a  otros

individuos, grupos o clases?

He aquí un cuadro esquemático del desarrollo de

las fuerzas productivas desde los tiempos primitivos

hasta nuestros días. Desde las herramientas de piedra

sin pulimentar se pasa al arco y las flechas y, en

relación con esto, de la caza como sistema de vida a

 

 

J. V. Stalin

 

la  domesticación  de  animales  y  a  la  ganadería

primitiva; de las herramientas de piedra se pasa a las

herramientas de metal (el hacha de hierro, el arado

con reja de hierro, etc.) y, en consonancia con esto, al

cultivo de las plantas ya la agricultura; viene luego el

mejoramiento   progresivo   de   las   herramientas

metálicas para la elaboración de materiales, se pasa a

la fragua de fuelle y a la alfarería y, en consonancia

con esto, se desarrollan los oficios artesanos, se

desglosan estos oficios de la agricultura, se desarrolla

la producción independiente de los artesanos y, más

tarde, la manufactura; de los instrumentos artesanos

de producción se pasa a la máquina, y la producción

artesana  y  manufacturera  se  transforma  en  la

industria mecánica, y, por último, se pasa al sistema

de máquinas y aparece la gran industria mecánica

moderna: tal es, en líneas generales y no completas,

ni mucho menos, el cuadro del desarrollo de las

fuerzas productivas sociales a lo largo de la historia

de  la  humanidad.  Además,  como  es  lógico,  el

desarrollo y perfeccionamiento de los instrumentos

de   producción   corren   a   cargo   de   hombres

relacionados con la producción y no se realizan con

independencia de éstos: por tanto. a la par con los

cambios  y  el  desarrollo  de  los  instrumentos  de

producción, cambian y se desarrollan también los

hombres, como el elemento más importante que son

de las fuerzas productivas, cambian y se desarrollan

su experiencia en punto a la producción, sus hábitos

de trabajo y su habilidad para el empleo de los

instrumentos de producción.

En consonancia con los cambios y el desarrollo experimentado  por  las  fuerzas  productivas  de  la sociedad en el curso de la historia, cambian también y se desarrollan las relaciones de producción entre los hombres, sus relaciones económicas.

La historia conoce cinco tipos fundamentales de

relaciones de producción: el comunismo primitivo, la

esclavitud,  el  feudalismo,  el  capitalismo  y  el

socialismo.

Bajo el régimen del comunismo primitivo, la base

de las relaciones de producción es la propiedad social

sobre los medios de producción. Esto, en sustancia,

corresponde al carácter de las fuerzas productivas

durante este período. Las herramientas de piedra y el

arco y las flechas, que aparecen más tarde, excluían

la  posibilidad  de  luchar  aisladamente  contra  las

fuerzas de la naturaleza y contra las bestias feroces.

Si no querían morir de hambre, ser devorados por las

fieras o sucumbir a manos de las tribus vecinas, los

hombres  de  aquella  época  veíanse  obligados  a

trabajar en común, y así era como recogían los frutos

en el bosque, como organizaban la pesca, como

construían sus viviendas, etc. El trabajo en común

condujo   a   la   propiedad   en   común   sobre   los

instrumentos de producción, al igual que sobre los

productos de la producción. Aún no había surgido la

idea de la propiedad privada sobre los medios de

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         277

 

 

producción, exceptuando la propiedad personal de ciertas  herramientas  que  al  mismo  tiempo  que herramientas de trabajo eran armas de defensa contra las bestias feroces. No existía aún explotación, no existían clases.

Bajo el régimen de la esclavitud, la base de las

relaciones  de  producción  es  la  propiedad  del

esclavista sobre los medios de producción, así como

también sobre los mismos productores, los esclavos,

a quienes el esclavista podía vender, comprar y matar

como  ganado.  Estas  relaciones  de  producción  se

hallan, fundamentalmente, en consonancia con el

estado  de  las  fuerzas  productivas  durante  este

período. Ahora, en vez de las herramientas de piedra,

el hombre dispone ya de herramientas de metal. En

vez de aquella mísera economía primitiva basada en

la caza y que no conocía ni la ganadería ni la

agricultura, aparecen la ganadería, la agricultura, los

oficios artesanos y la división del trabajo entre estas

diversas   ramas   de   producción;   aparecen   la

posibilidad de efectuar un intercambio de productos

entre   los   distintos   individuos   y   las   distintas

sociedades y la posibilidad de acumular riquezas en

manos de unas cuantas personas; se produce, en

efecto, una acumulación de medios de producción en

manos de una minoría y surge la posibilidad de que

esta minoría sojuzgue a la mayoría y convierta a sus

componentes en esclavos. Ya no existe el trabajo

libre  y  en común  de  todos  los  miembros  de la

sociedad dentro del proceso de la producción, sino

que  impera  el  trabajo  forzado  de  los  esclavos,

explotados por los esclavistas, que no trabajan. No

existen, tampoco, por tanto, propiedad social sobre

los medios de producción ni sobre los productos. La

propiedad  social  es  sustituida  por  la  propiedad

privada. El esclavista es el primero y fundamental

propietario con plenitud de derechos.

Ricos   y   pobres,   explotadores   y   explotados, hombres   con   plenitud   de   derechos   y   hombres privados totalmente de derechos; una furiosa lucha de clases entre unos y otros: tal es el cuadro que presenta el régimen de la esclavitud.

Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones

de producción es la propiedad del señor feudal sobre

los medios de producción y su propiedad parcial

sobre los productores, sobre los siervos, a quienes ya

no puede matar, pero a quienes sí puede comprar y

vender. A la par con la propiedad feudal existe la

propiedad individual del campesino y el artesano

sobre los instrumentos de producción y sobre su

economía privada, basada en el trabajo personal.

Estas   relaciones   de   producción   se   hallan,

fundamentalmente, en consonancia con el estado de

las  fuerzas  productivas  durante  este  período.  El

perfeccionamiento  progresivo  de  la  fundición  y

elaboración del hierro, la difusión del arado de hierro

y el telar, los progresos de la agricultura, de la

horticultura, de la viticultura y de la fabricación del

 

 

aceite, la aparición de las primeras manufacturas junto a los talleres de artesanos: tales son los rasgos característicos del estado de las fuerzas productivas durante este período.

Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje

al trabajador cierta iniciativa en la producción, que

sienta  cierta  inclinación  al  trabajo  y  se  halle

interesado en él. Por eso, el señor feudal prescinde de

los esclavos, que no sienten ningún interés por su

trabajo ni ponen en él la menor iniciativa, y prefiere

entendérselas con los siervos, que tienen su propia

economía y sus herramientas propias y se hallan

interesados por el trabajo en cierto grado, en la

medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al

señor en especie, con una parte de la cosecha.

Durante este período, la propiedad privada hace

nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi

tan rapaz como bajo la esclavitud, aunque un poco

suavizada. La lucha de clases entre los explotadores

y  los  explotados  es  el  rasgo  fundamental  del

feudalismo.

Bajo  el  régimen  capitalista,  la  base  de  las

relaciones de producción es la propiedad capitalista

sobre los medios de producción y la inexistencia de

propiedad sobre los productores, obreros asalariados,

a quienes el capitalista no puede matar ni vender,

pues se hallan exentos de los vínculos de sujeción

personal, pero que carecen de medios de producción,

por lo cual, para no morirse de hambre, se ven

obligados a vender su fuerza de trabajo al capitalista

y a doblar la cerviz al yugo de la explotación. A la

par con la propiedad capitalista sobre los medios de

producción, existe y se halla en los primeros tiempos

muy   generalizada   la   propiedad   privada   del

campesino y del artesano, libres de la servidumbre,

sobre sus medios de producción, propiedad privada

que está basada en el trabajo personal. En lugar de

los  talleres  de  los  artesanos  y  las  manufacturas,

surgen las grandes fábricas y empresas dotadas de

maquinaria. En lugar de las haciendas de los nobles,

cultivadas    con    los    primitivos    instrumentos

campesinos  de  producción,  aparecen  las  grandes

explotaciones agrícolas capitalistas, montadas a base

de  la  técnica  agraria  y  dotadas  de  maquinaria

agrícola.

Las    nuevas    fuerzas    productivas    exigen trabajadores más cultos y más despiertos que los siervos,  mantenidos  en  el  embrutecimiento  y  la ignorancia:   trabajadores   capaces   de   entender   y manejar  las  máquinas.  Por  eso,  los  capitalistas prefieren tratar con obreros asalariados, libres de las cadenas  de  la  servidumbre  y  lo  suficientemente cultos para saber manejar la maquinaria.

Pero,   después   de   desarrollar   las   fuerzas

productivas   en   proporciones   gigantescas,   el

capitalismo se enreda en contradicciones insolubles

para él. Al producir cada vez más mercancías y hacer

bajar  cada  vez  más  sus  precios,  el  capitalismo

 

 

 

 

 

278

agudiza  la  competencia,  arruina  a  una  masa  de

pequeños y medianos propietarios, los convierte en

proletarios y rebaja su poder adquisitivo, con lo cual

se  hace  imposible  la  venta  de  las  mercancías

producidas. Al dilatar la producción y concentrar en

enormes fábricas y empresas industriales a millones

de   obreros,   el   capitalismo   da   al   proceso   de

producción un carácter social y va minando con ello

su propia base, ya que el carácter social del proceso

de producción reclama la propiedad social sobre los

medios de producción, mientras que la propiedad

sobre los medios de producción sigue siendo una

propiedad privada capitalista, incompatible con el

carácter  social  que  el  proceso  de  producción

presenta.

Estas   contradicciones   irreductibles   entre   el

carácter de las fuerzas productivas y las relaciones de

producción se manifiestan en las crisis periódicas de

superproducción,   en   que   los   capitalistas,   no

encontrando                                                      compradores   solventes,      como

consecuencia del empobrecimiento de la masa de la

población,  provocado  por  ellos  mismos,  se  ven

obligados a quemar los productos, a destruir las

mercancías elaboradas, a paralizar la producción y a

devastar las fuerzas productivas y en que millones de

seres se ven condenados al paro forzoso y al hambre,

no porque escaseen las mercancías, sino por todo lo

contrario: por haberse producido en exceso.

Esto quiere decir que las relaciones capitalistas de producción ya no están en consonancia con el estado de las fuerzas productivas de la sociedad, sino que se hallan en irreductible contradicción con ellas.

Esto quiere decir que el capitalismo lleva en su

entraña  la  revolución,  una  revolución  que  está

llamada a suplantar la actual propiedad capitalista

sobre los medios de producción por la propiedad

socialista.

Esto quiere decir que el rasgo fundamental del régimen capitalista es la más encarnizada lucha de clases entre explotadores y explotados.

Bajo el régimen socialista, que hasta hoy sólo es

una realidad en la URSS, la base de las relaciones de

producción es la propiedad social sobre los medios

de producción. Aquí, ya no hay explotadores ni

explotados. Los productos creados se distribuyen con

arreglo al trabajo, según el principio de «el que no

trabaja, no come». Las relaciones mutuas entre los

hombres dentro del proceso de producción tienen el

carácter de relaciones de colaboración fraternal y de

mutua ayuda socialista entre trabajadores libres de

toda explotación. Las relaciones de producción se

hallan en plena consonancia con el estado de las

fuerzas  productivas,  pues  el  carácter  social  del

proceso   de   producción   es   refrendado   por   la

propiedad social sobre los medios de producción.

Por eso la producción socialista de la URSS no conoce las crisis periódicas de superproducción ni los absurdos que éstas acarrean.

 

 

J. V. Stalin

 

Por eso, en la URSS, las fuerzas productivas se

desarrollan con ritmo acelerado, ya que las relaciones

de producción, al hallarse en consonancia con dichas

fuerzas  productivas,  abren  amplio  cauce  a  este

desarrollo.

Tal es el cuadro que presenta el desarrollo de las relaciones de producción entre los hombres, en el curso de la historia de la humanidad.

Tal  es  la  relación  de  dependencia  en  que  el

desarrollo de las relaciones de producción se halla

con respecto a desarrollo de las fuerzas productivas

de la sociedad, y en primer término con respecto al

desarrollo   de   los   instrumentos   de   producción,

relación de dependencia por virtud de la cual los

cambios y el desarrollo que experimentan las fuerzas

productivas se traducen, más tarde o más temprano,

en los cambios y el desarrollo congruentes de las

relaciones de producción.

 

El uso y la creación de medios de trabajo302 -dice

Marx-, aunque en germen son ya inherentes a ciertas

especies animales, caracterizan el proceso de trabajo

específicamente humano, razón por la cual Franklin

define  al  hombre  como  un  animal  que  fabrica

instrumentos. Y así como la estructura de los restos

fósiles de huesos tiene una gran importancia para

reconstruir  la  organización  de  especies  animales

desaparecidas, los vestigios de los antiguos medios

de  trabajo  nos  sirven  para  apreciar  formaciones

económicas de la sociedad ya desaparecidas. Lo que

distingue a las épocas económicas unas de otras no es

lo que se produce, sino cómo se produce… Los

medios de trabajo no son solamente el barómetro del

desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre sino

también el exponente de las relaciones sociales en

que se trabaja» (C. Marx, «El Capital», t. I, pág.

189).

 

Y en otros pasajes:

«Las   relaciones   sociales   están   íntimamente

vinculadas a  las fuerzas  productivas.  Al adquirir

nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian de

modo  de  producción  y  al  cambiar  el  modo  de

producción, la manera de ganarse la vida, cambian

todas las relaciones sociales. El molino movido a

brazo nos da la sociedad de los señores (feudales, J.

St.),  el   molino  de   vapor,   la   sociedad   de  los

capitalistas industriales» (C. Marx, «Miseria de la

Filosofía», ed. alem., Moscú, 1939, pág. 71).

«Existe un movimiento constante de incremento de las fuerzas productivas, de destrucción de las relaciones sociales y de formación de las ideas; lo único inmutable es la abstracción del movimiento» (Obra cit., pág. 72).

 

 

302 Por «medios de trabajo» entiende Marx, principalmente, los instrumentos de producción J. St.

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         279

 

 

Caracterizando el materialismo histórico, tal como se formula en el «Manifiesto del Partido Comunista», dice Engels:

 

«La producción económica y la estructura social

que de ella se deriva necesariamente en cada época

histórica, constituyen la base sobre la cual descansa

la historia política e intelectual de esa época... Por

tanto,  toda  la  historia  de  la  sociedad,  desde  la

disolución del régimen primitivo de la propiedad

comunal sobre el suelo, ha sido una historia de lucha

de  clases,  de  lucha  entre  clases  explotadoras  y

explotadas dominantes y dominadas, en las diferentes

fases del desarrollo social... Ahora, esta lucha ha

llegado a  una  fase en  que  la  clase  explotada  y

oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse

de la clase que le explota y le oprime (la burguesía),

sin emancipar al mismo tiempo para siempre a la

sociedad entera de la explotación, la opresión y la

lucha de clases... » (Prólogo de Engels a la edición

alemana   de                                                      1883,     «Manifiesto   del   Partido

Comunista»).

 

d)  La  tercera característica  de  la producción

consiste en que las nuevas fuerzas productivas y las

relaciones de producción congruentes con ella no

surgen  desligadas  del  viejo  régimen,  después  de

desaparecer éste, sino que se forman en el seno de él;

se forman no como fruto de la acción premeditada y

consciente del hombre, sino de un modo espontáneo,

inconsciente, e independientemente de la voluntad de

los hombres. Se forma de un modo espontáneo e

independientemente de la voluntad de los hombres,

por dos razones.

En primer lugar, porque los hombres no son libres

para elegir tal o cual modo de producción, pues cada

nueva generación, al entrar en la vida, se encuentra

ya con un sistema establecido de fuerzas productivas

y relaciones de producción, como fruto del trabajo de

las pasadas generaciones, en vista de lo cual, si

quiere   tener   la   posibilidad   de   producir   bienes

materiales, no tiene, en los primeros tiempos, más

remedio que aceptar el estado de cosas con que se

encuentra  dentro  del  campo  de  la  producción  y

adaptarse a él.

En segundo lugar, porque, cuando perfecciona

este o el otro instrumento de producción, este o el

otro elemento de las fuerzas productivas, el hombre

no sabe, no comprende, ni se le ocurre siquiera

pensar en ello, qué consecuencias sociales puede

acarrear  su  innovación,  sino  que  piensa  única  y

exclusivamente en su interés inmediato, en facilitar

su trabajo y en obtener algún provecho inmediato y

tangible para sí.

Cuando algunos de los miembros de la sociedad

comunista    primitiva    empezaron    a    sustituir,

paulatinamente   y   tanteando   el   terreno,   las

herramientas de piedra por las de hierro, ignoraban,

 

 

naturalmente, y no paraban mientes en ello, que consecuencias   sociales   había   de   tener   esta innovación, no sabían ni comprendían que el paso a las  herramientas  metálicas  significaba  un  cambio radical  en  la  producción,  cambio  que  en  fin  de cuentas conduciría al régimen de la esclavitud: lo único que a ellos les interesaba era facilitar el trabajo y conseguir un provecho inmediato y sensible; su actuación consciente se limitaba al estrecho marco de esta ventaja tangible, de carácter personal.

Cuando dentro del período del régimen feudal, la

joven burguesía europea comenzó a organizar, junto

a los pequeños talleres gremiales de los artesanos, las

grandes empresas manufactureras, imprimiendo con

ello  un  avance  a  las  fuerzas  productivas  de  la

sociedad, no sabía, naturalmente, ni paraba mientes

en ello, qué consecuencias sociales había de acarrear

esta innovación: no sabía ni comprendía que esta

«pequeña» innovación conduciría a una reagrupación

tal  de  las  fuerzas  sociales,  que  necesariamente

desembocaría en la revolución, la cual iría dirigida

contra el poder real, cuyas mercedes apreciaba tanto,

y contra la nobleza, cuyo rango soñaban con escalar

no pocos de sus mejores representantes; lo único que

le   preocupaba   era   abaratar   la   producción   de

mercancías, lanzar una cantidad mayor de artículos a

los  mercados  de  Asia  y  de  la  América  recién

descubierta,   y   obtener   mayores   ganancias;   su

actuación consciente se limitaba al estrecho marco de

esta finalidad tangible.

Cuando los capitalistas rusos, juntamente con los

capitalistas extranjeros, introdujeron en Rusia de un

modo  intensivo  la  moderna  industria  mecánica,

dejando  intacto  el  zarismo  y  entregando  a  los

campesinos a la voracidad de los terratenientes, no

sabían, naturalmente, ni paraban mientes en ello, qué

consecuencias   sociales   había   de   acarrear   este

importante incremento de las fuerzas productivas: no

sabían ni comprendían que este importante salto que

se daba en el campo de las fuerzas productivas de la

sociedad conduciría a una reagrupación tal de las

fuerzas   sociales,   que   daría   al   proletariado   la

posibilidad de unir con él a los campesinos y de

llevar a cabo la revolución socialista victoriosa; lo

único que ellos querían era incrementar hasta el

máximo   la   producción   industrial,   dominar   el

gigantesco mercado interior del país, convertirse en

monopolistas  y  sacar  mayores  ganancias  de  la

economía nacional: la conciencia con que realizaban

aquel acto no iba más allá del horizonte empírico y

estrecho de sus intereses personales.

En relación con esto, dice Marx:

 

«En la producción social de su vida, (es decir en

la producción de los bienes materiales necesarios

para la vida de los hombres, J. St.), los hombres

contraen   determinadas   relaciones   necesarias   e

 

 

 

 

 

280

independientes303  de  su  voluntad,  relaciones  de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales» (Carlos Marx, Obras escogidas, t. I).

 

Esto  significa,  sin  embargo,  que  los  cambios

ocurridos en las relaciones de producción y el paso

de las viejas relaciones de producción a otras nuevas

discurran   lisa   y   llanamente,   sin   conflictos   ni

conmociones. Por el contrario, estos cambios revisten

generalmente   la   forma   de   un   derrocamiento

revolucionario de las viejas relaciones de producción

para dar paso a la instauración de otras nuevas. Hasta

llegar a un cierto período, el desarrollo de las fuerzas

productivas y los cambios que se operan en el campo

de las relaciones de producción discurren de un modo

espontáneo, independientemente de la voluntad de

los   hombres.   Pero   sólo   hasta   un   determinado

momento,  hasta  el  momento  en  que  las  fuerzas

productivas  que  surgen  y  se  desarrollan  logran

madurar cumplidamente. Una vez que las nuevas

fuerzas productivas están en sazón, las relaciones de

producción existentes y sus representantes, las clases

dominantes,   se   convierten   en   ese   obstáculo

«insuperable» que sólo puede eliminarse por medio

de la actuación consciente de las nuevas clases, por

medio de la acción violenta de estas clases, por

medio de la revolución. Aquí se destaca con gran

nitidez el papel inmenso de las nuevas ideas sociales,

de las nuevas instituciones políticas, del nuevo Poder

político, llamados a liquidar por la fuerza a las viejas

relaciones de producción. Sobre la base del conflicto

entre las nuevas fuerzas productivas y las viejas

relaciones de producción, sobre la base de las nuevas

exigencias económicas de la sociedad surgen nuevas

ideas  sociales;  estas  nuevas  ideas  organizan  y

movilizan a las masas, las masas se funden en un

nuevo  ejército  político,  crean  un  nuevo  Poder

revolucionario y utilizan este Poder para liquidar por

la fuerza el viejo régimen establecido en el campo de

las relaciones de producción y refrendar el régimen

nuevo. El proceso espontáneo de desarrollo deja el

puesto  a  la  acción  consciente  del  hombre,  el

desarrollo pacífico a la transformación violenta, la

evolución a la revolución.

 

«En la lucha contra la burguesía -dice Marx-, el proletariado   se   constituye   indefectiblemente   en clase..., mediante la revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante, destruye por la fuerza las viejas relaciones de producción» («Manifiesto del Partido Comunista»).

 

Y en otro lugar:

«El  proletariado  se  valdrá  de  su  dominación

política   para   ir   arrancando   gradualmente   a   la

 

303 Subrayado por mí. J. St.

 

 

J. V. Stalin

 

burguesía de todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es  decir,  del  proletariado  organizado  como  clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas» (Obra cit.).

«La violencia es la partera de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva» (Marx, «El Capital», t. II, pág. 788).

 

He aquí en qué términos formulaba Marx, con trazos geniales, la esencia del materialismo histórico, en el memorable «prólogo» escrito en 1859 para su famoso  libro «Contribución  a  la  crítica  de  la Economía Política»:

 

«En la producción social de su vida, los hombres

contraen   determinadas   relaciones   necesarias   e

independientes   de   su   voluntad,   relaciones   de

producción que corresponden a una determinada fase

de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales.

El conjunto de estas relaciones de producción forma

la estructura económica de la sociedad, la base real

sobre la que se levanta la superestructura jurídica y

política y a la que corresponden determinadas formas

de conciencia social. El modo de producción de la

vida material condiciona en general el proceso social,

político y espiritual de la vida. No es la conciencia

del hombre la que determina su ser, sino, por el

contrario,  el  ser  social  es  el  que  determina  su

conciencia.  Al llegar  a una  determinada fase  de

desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la

sociedad chocan con las relaciones de producción

existentes o, lo que no es más que la expresión

jurídica de esto, con las relaciones de propiedad

dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De

formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas

relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre

así una época de revolución social. Al cambiar la

base  económica,  se  revoluciona,  más  o  menos

rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida

sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones,

hay   que   distinguir   siempre   entre   los   cambios

materiales ocurridos en las condiciones económicas

de  producción  y  que  pueden  apreciarse  con  la

exactitud  propia  de  las  ciencias  naturales,  y  las

formas  jurídicas,  políticas,  religiosas,  artísticas  o

filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en

que  los  hombres  adquieren  conciencia  de  este

conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo

que no podemos juzgar a un individuo por lo que él

piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas

épocas de transformación por su conciencia, sino

que,  por  el  contrario,  hay  que  explicarse  esta

conciencia   por   las   contradicciones   de   la   vida

material, por el conflicto existente entre las fuerzas

productivas sociales y las relaciones de producción.

Ninguna formación social desaparece antes de que se

desarrollen todas las fuerzas productivas que caben

 

 

 

 

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico         281

 

dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas

relaciones   de   producción   antes   de   que   las

condiciones  materiales  para  su  existencia  hayan

madurado en el seno de la sociedad antigua. Por eso,

la humanidad se propone siempre únicamente los

objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las

cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan

cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando

las condiciones materiales para su realización» (C.

Marx,  Obras  escogidas,  t,  I,  págs. 359-360,  ed.

alem.).

Tal es la concepción del materialismo marxista, en su aplicación a la vida social, en su aplicación a la historia de la sociedad.

Tales   son   los   rasgos   fundamentales   del

materialismo dialéctico y del materialismo histórico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I FORME PRESE TADO AL XVIII CO GRESO DEL PARTIDO ACERCA DE LA ACTIVIDAD DEL CC DEL PC(b) DE LA URSS

 

 

 

10 de marzo de 1939304 (Extractos)

 

 

I.  La  situación  internacional  de  la  Unión Soviética

¡Camaradas! Han transcurrido cinco años desde el XVII Congreso del Partido. Período bastante largo, como ustedes pueden ver. Durante este tiempo se han producido importantes cambios en el mundo. Los Estados y los países, sus relaciones entre ellos, han cambiado totalmente en muchos aspectos.

Precisamente ¿qué cambios se han operado en la situación internacional? ¿Qué ha cambiado pues en la situación exterior e interior de nuestro país?

Para los países capitalistas, este período ha sido

un período de graves perturbaciones, tanto en el

terreno económico como en el político. En el terreno

económico, estos años han sido años de depresión;

luego, a partir de la segunda mitad de 1937, años de

una nueva crisis económica, de una nueva caída de la

industria  en los  Estados  Unidos  de  América,  en

Inglaterra,  en  Francia,  por  consiguiente,  años  de

nuevas complicaciones económicas. En el terreno

político, estos años se han caracterizado por serios

conflictos y perturbaciones políticas. Hace más de un

año  que  se  ha  desencadenado  la  nueva  guerra

imperialista en un inmenso territorio, que va desde

Shamghai a Gibraltar, englobando a más de 500

millones de hombres. El mapa de Europa, de África y

de Asia está siendo cambiado por medios violentos.

Todo el sistema llamado régimen de paz, establecido

en la post-guerra, se ha visto remecido desde sus

cimientos.

Para la Unión Soviética, por el contrario, han sido

años de crecimiento y de prosperidad, años de un

nuevo  avance económico  y  cultural, años  de un

nuevo incremento de su potencial político y militar,

 

304 El XVIII Congreso del PC(b) de la URSS se celebró en

Moscú del 10 al 21 de marzo de 1939. En el informe acerca de la

actividad del Comité Central del Partido, J. V. Stalin hizo un

análisis  de  las  etapas  del  desarrollo del  estado  socialista  y

advirtió la necesidad de fortalecer el Estado socialista soviético.

El  cumplimiento  de  las  decisiones  del XVIII  Congreso  del

Partido desempeñó un gran papel en la preparación del país para

la defensa activa, así como para derrotar a la Alemania hitleriana

y el Japón imperialista.

 

 

 

años de lucha por el mantenimiento de la paz en todo el mundo.

Este es el cuadro general.

Examinemos los datos concretos relativos a los cambios acontecidos en la situación internacional.

 

1.    ueva   crisis   económica   en   los   países capitalistas.  Agravación  de  la  lucha  por  los mercados, por las fuentes de materias primas, por un a nueva repartición del mundo.

La crisis económica, que había comenzado en los

países capitalistas en la segunda mitad de 1929, duró

hasta finales de 1933. Luego esta crisis se transformó

en depresión, después comenzó una cierta animación,

un  cierto  desarrollo  en  la  industria.  Pero  esta

animación industrial no se transformó en prosperidad

como   ocurre   corrientemente   en   períodos   de

reactivación. Por el contrario, la segunda mitad de

1937  marcó  el  comienzo  de  una  nueva  crisis

económica, que abarcó en primer lugar a los Estados

Unidos de América, después a Inglaterra, Francia y a

otra serie de países.

De esta manera, sin haberse recuperado de los golpes de la reciente crisis económica, los países capitalistas  se  encontraron  ante  una  nueva  crisis económica.

Esta circunstancia, naturalmente, ha conducido a

un aumento del paro forzoso. El número de parados

en los países capitalistas, que había disminuido de 30

millones en 1933 a 14 millones en 1937, ahora, con

la nueva crisis, ha ascendido de nuevo a 18 millones.

La particularidad de la nueva crisis es que difiere mucho de la crisis precedente, y ello no para bien, sino para mal.

Primero, la nueva crisis no ha comenzado después de un período de prosperidad industrial, como fue el caso de 1929, sino después de una depresión seguida de una cierta reactivación que sin embargo no se transformó  en  prosperidad.  Esto  significa  que  la crisis actual será más grave, y que será más difícil de combatirla que la crisis precedente.

Además,  la  crisis  actual  no  ha  estallado  en

tiempos de paz, sino en un período en que la segunda

guerra  imperialista  ya  ha  comenzado;  cuando  el

Japón, que desde hace dos años está en guerra con

China, desorganiza el inmenso mercado chino y lo

 

 

 

 

Informe presentado al XVIII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b)…       283

 

hace casi inaccesible a las mercancías de los otros   Italia   80,0    93,8    87,5 99,6 96,0

 

países; cuando Italia y Alemania han puesto sus respectivas economías nacionales sobre los rieles de la economía de guerra, volcando a este fin todas sus reservas de materias primas y de divisas oro; cuando todas   las   demás   grandes   potencias   capitalistas comienzan  a  reorganizarse  para  la  guerra.  Esto significa que para salir normalmente de la crisis actual, el capitalismo dispondrá de muchas menos reservas que en la crisis precedente.

Por último, a diferencia de la crisis precedente, la

crisis actual no es general; de momento, golpea sobre

todo a los países fuertes desde el punto de vista

económico, que todavía no se han metido en el

camino  de  la  economía  de  guerra.  En  lo  que

concierne a los países agresores tales como el Japón,

Alemania e Italia, cuya economía ya está en pie de

guerra, estos países, por el mismo hecho de que

intensifican  su  industria  de  guerra,  todavía  no

conocen la crisis de superproducción a la que sin

embargo se aproximan. Esto significa que, cuando

los países económicamente fuertes y no agresores

comiencen a salir de la crisis, los países agresores,

habiendo agotado en su fiebre guerrera sus reservas

de oro y de materias primas, entrarán en un período

de crisis atroz.

Esto es netamente ilustrado por los datos relativos al estado de las reservas de oro registradas en los países capitalistas.

 

Reservas   de   oro   registradas   en   los   países capitalistas (en millones de dólares oro viejos)

Fines de 1936   Septiembre de 1938

Total de reservas                                              12.980 14.301

Estados Unidos                                                6.649     8.126

Inglaterra                                                           2.029     2.396

Francia                                                               1.769     1.435

Holanda                                                             289        595

Bélgica                                                              373        318

Suiza                                                                  387        407

Alemania                                                           16          17

Italia                                                                   123        124

El Japón                                                            273        97

 

Este cuadro demuestra que las reservas de oro de Alemania, de Italia y del Japón, tomadas en conjunto, son inferiores a las reservas de solo Suiza.

He aquí algunas cifras que ilustran el estado de la crisis de la industria en los países capitalistas durante los cinco últimos años, así como el desarrollo de la industria en la URSS

 

Volumen de la producción industrial en tantos por

       100 respecto a 1929 (1929 = 100)

1934                                                                   1935      1936 1937 1938

EE.UU.                                                              66,4       75,6    88,1 92,2 72,0

Inglaterra                                                           98,8 105,8 115,9123,7112,0

Francia                                                               71,0       67,4    79,3 82,8 70,0

 

Alemania                                                           79,8       94,0 106,3117,2125,0

El Japón.                                                           128,7 141,8 151,1170,8165,0

URSS                                                                 238,3 293,4 382,3424,0477,0

 

Este cuadro demuestra que la Unión Soviética es el único país del mundo que ignora las crisis y en el que la industria progresa constantemente.

Este cuadro demuestra también que en los Estados Unidos, en Inglaterra y en Francia, ya ha comenzado y se desarrolla una grave crisis económica.

Este cuadro demuestra igualmente que en Italia y en  el  Japón,  que  habían  colocado  su  economía nacional en los rieles de la economía de guerra antes que Alemania, ha comenzado desde 1938 un período de regresión industrial.

Este  cuadro  demuestra  finalmente  que  en  la

industria de Alemania, país que ha reorganizado su

economía para la guerra después de Italia y el Japón,

hay todavía un cierto progreso, es cierto que poco

sensible, pero de todos modos un progreso como se

podía observar hasta estos últimos tiempos en el

Japón e Italia.

Sin  ninguna  duda,  a  menos  que  ocurra  algo

imprevisto,  la  industria  de  Alemania  tomará  el

camino de la regresión que siguen ya el Japón e

Italia. En efecto, ¿qué significa encauzar la economía

de un país por el camino de la economía de guerra?

Significa orientar la industria en un sentido único,

hacia  la  guerra;  significa  ampliar  por  todos  los

medios la producción de los objetos necesarios para

la guerra, producción que no está ligada al consumo

de  la  población;  significa  reducir  al  extremo  la

producción  y  sobre  todo  el  abastecimiento  del

mercado con artículos de consumo; significa, por

consiguiente, restringir el consumo de la población y

poner el país frente a una crisis económica.

Tal es el cuadro concreto del movimiento de la nueva crisis económica en los países capitalistas.

Se sobreentiende que el giro desfavorable tomado

por  los  asuntos  económicos  no  podía  dejar  de

acarrear una agravación de las relaciones entre las

potencias. Ya la crisis precedente había revuelto,

todas las cartas y llevado a una agravación de la

lucha por los mercados, por las fuentes de materias

primas. La conquista de Manchuria y del Norte de

China por el Japón, la conquista de Abisinia por

Italia, son otros tantos hechos que demuestran la

agudeza de la lucha entre las potencias. La nueva

crisis económica debía conducir y en efecto condujo

a   una   nueva   agravación   de   la   lucha   entre

imperialistas.  Esta  vez  ya  no  se  trata  ni  de  la

competencia  por  los  mercados,  ni  de  la  guerra

comercial, ni del dumping. Desde hace tiempo, estos

medios de lucha, han sido considerados insuficientes.

Ahora se trata de repartir el mundo, las zonas de

influencia, las colonias, recurriendo a la guerra.

Para justificar sus actos de agresión, el Japón

 

 

 

 

 

284

pretendía que, cuando se suscribió el acuerdo de las

nueve potencias, no se le había dado lo que le

correspondía, ni se le había permitido, extender su

territorio   a  expensas  de   China,   mientras   que

Inglaterra y Francia poseían inmensas colonias. Italia

se acordó de que había salido perdiendo cuando se

procedió el reparto del botín después de la primera

guerra  imperialista,  y  de  que  debía  buscar  una

compensación a expensas de las zonas de influencia

de   Inglaterra   y   Francia.   Alemania,   gravemente

dañada por la primera guerra imperialista y el tratado

de Versalles, se juntó al Japón e Italia y exigió la

extensión de su territorio en Europa, la restitución de

colonias que le habían quitado los vencedores de la

primera guerra imperialista.

Así se fue formando el bloque de los tres Estados agresores.

La cuestión de un nuevo reparto del mundo por medio de la guerra se inscribió en el orden del día.

 

2.    Agravación   de   la   situación   política internacional,   bancarrota   del   sistema   de   los tratados de paz de la post-guerra, inicio de una nueva guerra imperialista

He aquí los acontecimientos más importantes del

período mencionado, que han marcado el comienzo

de la nueva guerra imperialista. En 1935, Italia atacó

Abisinia y la invadió. Durante el verano de 1936,

Alemania  e  Italia  emprendieron  en  España  una

intervención militar, en el curso de la cual Alemania

se estableció en el norte de España y en el Marruecos

español, e Italia en el Sur de España y en las islas

Baleares. En 1937, después de ocupar Mamchuria, el

Japón invadió el centro y el norte de China, ocupó

Pekín,  Tientsin,  Shanghai;  expulsó  de  la  zona

ocupada   a   sus   competidores   extranjeros.   A

comienzos de 1938, Alemania se anexó Austria, y en

el  otoño  de 1938,  la  región  de  los  Sudetes  de

Checoslovaquia.  A  fines  de 1938,  el  Japón  se

apoderó de Cantón y, a inicios de 1939, de la isla de

Hainán.

De este modo la guerra, que imperceptiblemente se había deslizado hacia los pueblos, englobó en su órbita a más de 500 millones de hombres y extendió la esfera de su acción sobre un inmenso territorio, desde Tientsín, Shanghai, y Cantón hasta Gibraltar, pasando por Abisinia.

Después de la primera guerra imperialista, los

Estados   vencedores,   principalmente   Inglaterra,

Francia y los Estados Unidos, crearon un nuevo

régimen de relaciones entre los países, el régimen de

paz de la post-guerra. Este régimen tenía por bases

principales, en el Extremo Oriente, el acuerdo de las

nueve  potencias305  y,  en  Europa,  el  tratado  de

 

 

305 El tratado de las nueve potencias - tratado suscrito el 6 de

febrero de 1922 por los gobiernos de los Estados Unidos, Gran

Bretaña, Francia, el Japón, Italia, Bélgica, Holanda, Portugal y

China en la Conferencia de Washington de 1921-1922. Este fue

 

 

J. V. Stalin

 

Versalles306 y toda otra serie de tratados. La Sociedad

de  las  Naciones  estaba  llamada  a  arreglar  las

relaciones  entre  los  países  en  el  marco  de  este

régimen, sobre la base de un frente único de Estados,

sobre la base de la defensa colectiva de la seguridad

de  los  Estados.  Sin  embargo,  los  tres  Estados

agresores    y    la    nueva    guerra    imperialista

desencadenada por ellos transtocaron de abajo arriba

todo este sistema del régimen de paz de la post-

guerra. El Japón hizo pedazos el acuerdo de las

nueve potencias; Alemania e Italia, el tratado de

Versalles. A fin de desatarse las manos, estos tres

Estados se retiraron de la Sociedad de las Naciones.

La nueva guerra imperialista se convirtió en un hecho.

Pero no es tan fácil, en nuestra época, romper de

un solo golpe los grillos y lanzarse directamente a la

guerra, sin tener en cuenta toda suerte de tratados, sin

contar con la opinión pública. Los hombres políticos

burgueses lo saben bien. Los cabecillas fascistas

también lo saben. Por eso, antes de lanzarse a la

guerra, decidieron trabajar de un cierto modo a la

opinión   pública,   es   decir,   inducirla   al   error,

engañarla.

¿Un bloque militar de Alemania e Italia contra los intereses de Inglaterra y Francia en Europa? ¡Pero caramba,  esto  no  es  un  bloque! «Nosotros»  no tenemos  ningún  bloque  militar. «Nosotros»   no tenemos más que un inocente «eje Berlín-Roma», es decir una cierta fórmula geométrica del eje.

¿Un bloque militar de Alemania, Italia y el Japón

contra los intereses de los Estados Unidos, Inglaterra

y Francia en el Extremo Oriente? ¡Jamás en la vida!

«Nosotros»   no   tenemos   ningún   bloque   militar.

 

un tratado entre saqueadores imperialistas para la explotación de China y que en particular iba en beneficio de los imperialistas estadounidenses.

La Conferencia de Washington (1921-1922,) que se celebró

después de la Primera Guerra Mundial, y en la que participaron

una serie de países capitalistas, con el fin de repartirse las

posesiones coloniales y las esferas de influencia en el Medio

Oriente  y  en  el  Océano Pacífico  estaba  dirigida  contra  los

intereses del Estado soviético, de China y contra el movimiento

nacional de liberación de los pueblos de colonias y dependientes.

La Conferencia fue convocada por iniciativa de los Estados

Unidos y duró desde el 12 de noviembre de 1921 hasta el 6 de

febrero de 1922.

306 El Tratado de Paz de Versalles del año 1919 - Tratado con el cual se puso fin a la Primera Guerra Mundial de 1914-1918. El Tratado fue firmado el 28 de junio de 1919, por una parte, por los Estados Unidos, el Imperio Británico, Francia, Italia, el Japón y por otros 22 Estados que se unieron a ellos, y por la otra parte, por la Alemania derrotada.

El tratado de Paz de Versalles, este «tratado de rapaces  y saqueadores» como lo ha denominado Lenin, era el reflejo de todas las contradicciones que sacudían al sistema capitalista y fomentó su posterior agudización. La solución de los problemas pendientes se hacía en base a transacciones a expensas de los intereses vitales de muchos pueblos.

La política de compromisos secretos con los agresores fascistas, de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, contribuyó a la bancarrota del Tratado de Paz de Versalles y al estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

 

 

 

 

Informe presentado al XVIII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b)…       285

 

 

«Nosotros»  lo  más  que  tenemos  es  un  inocente «triángulo Berlín-Roma-Tokio», es decir, un simple capricho para la geometría.

¿Una guerra contra los intereses de Inglaterra, Francia y los Estados Unidos? ¡Patrañas! «Nosotros» hacemos la guerra al Komintern, y no a esos Estados. Si no nos creen, lean el «pacto antikomintern»307 concluido entre Italia, Alemania y el Japón.

Es  así  como  los  señores  agresores  pensaban trabajar a la opinión pública, aunque no fue difícil ver que toda esta torpe comedia de camuflaje estaba cosida con hilo blanco. Puesto que sería ridículo buscar los «focos» del Komintern en los desiertos de Mongolia, en las montañas de Abisinia y en las matas del Marruecos español.

Pero la guerra es inexorable. No hay velos que

puedan   disimularla.   Porque   no   hay       «ejes»,

«triángulos» y «pactos antikomintern» capaces de

enmascarar el hecho de que, durante este tiempo, el

Japón ha conquistado un inmenso territorio en China;

Italia - Abisinia; Alemania - Austria y la región de

los Sudetes; Alemania Italia juntas - España. Todo

ello contra los intereses de los Estados no agresores.

La  guerra  es  guerra;  el  bloque  militar  de  los

agresores, un bloque militar, y los agresores no dejan

de ser agresores.

Lo característico de la nueva guerra imperialista

es  que  aún  no  se  ha  convertido  en  una  guerra

universal,  en  una  guerra  mundial.  Los  Estados

agresores hacen la guerra lesionando de todas las

formas los intereses de los Estados no agresores y, en

primer lugar, los de Inglaterra, Francia y los Estados

Unidos de América, que retroceden y se repliegan

haciendo a los agresores concesión tras concesión.

Así, asistimos a una repartición declarada del mundo y de las zonas de influencia en detrimento de los intereses de los Estados no agresores, sin ninguna tentativa de resistencia, e incluso con una cierta complacencia por su parte.

Esto es increíble, pero es un hecho.

¿Cómo explicar este carácter unilateral y extraño de la nueva guerra imperialista?

¿Cómo ha podido suceder que los Estados no

 

307 «El  Pacto  anti-komintern» -  Pacto  concluido  el 25  de

noviembre de 1936 en Berlín entre Alemania y el Japón. Con

este Pacto tomó cuerpo el bloque de estos estados fascistas, que

luchaban por establecer su hegemonía en el mundo, contra la

libertad  e  independencia  de  los  pueblos,  contra  las  fuerzas

progresistas y la democracia. El 6 de noviembre de 1937 Italia se

unió al "Pacto anti-komintern»: así fue concluida la alianza

política y militar entre Alemania, Italia y el Japón. Este bloque

compuesto por los tres estados imperialistas agresivos de aquel

tiempo, fue fundado con el apoyo activo y la ayuda directa de los

círculos dominantes de Inglaterra, Francia y de los Estados

Unidos que mantenían una política de incitación a la agresión

contra la URSS

La victoria lograda por los pueblos amantes de la paz, sobre la Alemania fascista y el Japón imperialista, destruyó los planes de los saqueadores, de los instigadores imperialistas del «Pacto anti-

komintern», de los inspiradores y los que les apoyaban de los círculos dominantes de las potencias occidentales.

 

 

agresores  que  disponen  de  vastas  posibilidades, hayan renunciado con esta facilidad y sin resistencia a sus posiciones y a sus compromisos para satisfacer a los agresores?

¿La razón estará en la debilidad de los Estados no

agresores? ¡Evidentemente  que  no!  Los  Estados

democráticos, no agresores, tomados en conjunto,

son incontestablemente más fuertes que los Estados

fascistas tanto desde el punto de vista económico

como del militar.

¿Cómo  explicar  entonces  las  concesiones  que estos   Estados   hacen   sistemáticamente   a   los agresores?

Se podría explicar la cosa, por ejemplo, por el

temor  a la  revolución,  que  puede estallar si los

Estados no agresores entran en guerra, y si la guerra

se convierte en mundial. Los políticos burgueses,

naturalmente,   saben   que   la   primera   guerra

imperialista  mundial  condujo  a  la  victoria  de  la

revolución en uno de los países más grandes. Temen

que la segunda guerra imperialista mundial conduzca

también a la victoria de la revolución en uno o varios

países.

Pero de momento, este no es el único motivo, ni tampoco el motivo principal. El principal motivo, es que la mayoría de los países no agresores y, en primer lugar, Inglaterra y Francia, han renunciado a la política de seguridad colectiva, a la política de resistencia colectiva a los agresores; es que estos países se  han  pasado  a las posiciones  de la no intervención, de la «neutralidad».

Formalmente se podría caracterizar la política de

no intervención de la siguiente manera: «Que cada

país se defienda contra los agresores, como quiera y

como   pueda,   esto   no   nos   interesa;   nosotros

comerciaremos tanto con los agresores como con sus

víctimas».  Pero,  en  realidad,  la  política  de  no

intervención                                                     significa           alentar            la         agresión,

desencadenar                                                    la   guerra,   y,   por   consiguiente,

transformarla en guerra mundial. La política de no

intervención  revela  la  voluntad,  el  deseo  de  no

estorbar a los agresores en su sucio trabajo, de no

impedir, por ejemplo, que el Japón se trabe en una

guerra  con  China  y  mejor  aún  con  la  Unión

Soviética; de no impedir, por ejemplo, que Alemania

o se inmiscuya en los asuntos europeos, se meta en

una guerra con la Unión Soviética; de dejar que los

países beligerantes se suman profundamente en el

lodazal de la guerra; de incitarles bajo mano; de

dejarlos   debilitarse   y   agotarse   mutuamente.   Y

después, cuando estén suficientemente debilitados,

de  entrar  en  escena  con  las  fuerzas  frescas,  de

intervenir, naturalmente «en interés de la paz», y de

dictar  sus  condiciones  a  los  países  beligerantes

debilitados.

¡Esto es imposible!

Tomemos,   por   ejemplo,   el   Japón.   Cosa

característica: antes de que invadiese el norte de

 

 

 

 

 

286

China,  todos  los  periódicos  franceses  e  ingleses

influyentes proclamaban ruidosamente que China era

débil, incapaz de resistir; que el Japón podría, con su

ejército, subyugar a China en dos o tres meses.

Luego, los políticos de Europa y Norteamérica se

pusieron a esperar, a observar. Cuando más tarde el

Japón hubo desarrollado sus operaciones militares, se

le cedió Shanghai, el corazón del capital extranjero

en China. Se le cedió Cantón, centro de la influencia

exclusiva de Inglaterra en China Meridional, se le

cedió Hainán; se le dejó cercar Hong-Kong. ¿No es

verdad  que  todo  esto  semeja  a  un  estímulo  del

agresor?  Dicho  de  otro  modo,  es  como  decirle:

penetra más a fondo en la guerra, y después ya se

verá.

O bien tomemos Alemania. Se le cedió Austria no

obstante    el    compromiso    de    defender    su

independencia; se le cedió la región de los Sudetes;

se abandonó a su suerte a Checoslovaquia violando

todos los compromisos asumidos respecto a ella.

Luego, se pusieron a mentir ruidosamente ,en la

prensa acerca de la «debilidad del ejército ruso», de

la «descomposición de la aviación rusa», de los

«desórdenes» en la Unión Soviética, incitando a los

alemanes a adentrarse más al Este, prometiéndoles

una presa fácil y diciéndoles: Comiencen sólo la

guerra con los bolcheviques, que en cuanto al resto

todo irá bien. Debe reconocerse que esto también

semeja  mucho  a  una  incitación,  a  un  aliento  al

agresor.

Es característico el ruido que la prensa anglo-

francesa y norteamericana ha hecho acerca de la

Ucrania Soviética. Los representantes de esta prensa

han  gritado  hasta  enronquecer  que  los  alemanes

marchaban sobre la Ucrania Soviética, que tenían

entre manos lo que ellos llaman la Ucrania Carpática

con una población de casi 700.000 habitantes; que a

más tardar en la primavera de este año, unirán la

Ucrania  Soviética,  que  cuenta  con  más  de 30

millones de habitantes, con la que llaman Ucrania

Carpática. Parece ser que este sospechoso ruido se ha

hecho con el objetivo de exitar el furor de la Unión

Soviética contra Alemania, envenenar la atmósfera y

provocar  un  conflicto  con  Alemania,  sin  razón

aparente.

Ciertamente, es muy posible que en Alemania

haya locos que sueñen con juntar el elefante, es decir

la Ucrania Soviética con el mosquito, es decir, con la

que ellos llaman Ucrania Carpática. Y si realmente

allí hay tales desequilibrados, se puede estar seguro

de que en nuestro país se encontrarán camisas de

fuerza en cantidad suficiente para estos alineados.

Pero si se deja de lado a los alineados y se trata con

la gente normal, ¿no está claro que sería ridículo y

estúpido hablar seriamente de la unión de la Ucrania

Soviética con lo que se llama Ucrania Carpática?

Imagínense. El mosquito se coloca frente al elefante,

y con los puños sobre las caderas, le dice: «¡Ah!, mi

 

 

J. V. Stalin

 

querido hermano, cuánto lo siento por ti... Tú te encuentras  sin  terratenientes,  sin  capitalistas,  sin opresión nacional, sin jerarcas fascistas, esto no es vida... Te miro, y no puedo dejar de decirte: tu única salvación está en unirte a mí... Entonces, manos a la obra: Te permito unir tu pequeño territorio con mi inmenso territorio...»

Un  hecho  todavía  más  característico:  ciertos

políticos y representantes de la prensa de Europa y de

los Estados Unidos, habiendo perdido la paciencia

esperando la «campaña contra la Ucrania Soviética»,

comienzan  a  descubrir  ellos  mismos  los  entre

bastidores de la política de no intervención. Hablan

abiertamente y escriben en negro sobre blanco que

los alemanes les han «engañado» cruelmente, porque,

en vez de ir más lejos hacia el Este, contra la Unión

Soviética, se han vuelto fíjense, hacia el Oeste y

reclaman  colonias.  Se  podría  pensar  que  se  ha

entregado   a   los   alemanes   las   regiones   de

Checoslovaquia  como  precio  del  compromiso  de

comenzar la guerra contra la Unión Soviética; que los

alemanes rehúsan ahora pagar la letra de cambio, y

mandan a paseo a los suscritores.

Estoy lejos de querer moralizar sobre la política de no intervención, de hablar de traición, de felonía, etc.  Sería  pueril  hacer  moral  a  gentes  que  no reconocen la moral humana. La política es la política, como  dicen  los  viejos  y  expertos  diplomáticos burgueses. Sin embargo, es necesario remarcar que el grande y peligroso juego político, comenzado por los partidarios de la política de no intervención, podría terminar para ellos en un grave fracaso.

Este es el verdadero panorama de la política de no intervención que impera hoy.

Esto   es   la   situación   política   en  los  países capitalistas.

 

3. La Unión Soviética y los países capitalistas

La guerra ha creado una nueva situación en las

relaciones  entre   países.   Ha   hecho   reinar   una

atmósfera de alarma y de incertidumbre. Después de

haber remecido los cimientos del régimen de paz de

la  post-guerra  y  echar  abajo  las  nociones  más

elementales del derecho internacional, la guerra ha

puesto en tela de juicio el valor de los tratados y de

los compromisos internacionales. El pacifismo y los

proyectos   de   desarme   han   sido   enterrados,   y

substituidos por la fiebre de los armamentos. Todos

han  comenzado  a  armarse,  tanto  los  pequeños

Estados como los grandes, incluidos ante todo los

que practican la política de no intervención. Ya nadie

cree en los discursos untosos pretendiendo que los

concesiones muniguesas a los agresores y el acuerdo

de Munich308 habrían inaugurado una nueva era de

 

 

308 El Tratado de Munich - Tratado firmado en septiembre de

1938 por el primer ministro de Inglaterra N. Chamberlain, el

Primer ministro de Francia, E. Daladie, el dictador fascista de

Alemania,  A.  Hitler  y  por  el  dictador  fascista  de  Italia  B.

 

 

 

 

Informe presentado al XVIII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b)…       287

 

«apaciguamiento». Ni siquiera los participantes en el         comprensible:

 

acuerdo de Munich, Inglaterra y Francia, les creen; y estos al igual que los demás están reforzando sus armamentos.

Se comprende que la URSS no podría cruzarse de

brazos frente a estos acontecimientos preñados de

amenazas. Es cierto que una guerra, incluso poco

extendida, comenzada por los agresores en cualquier

punto perdido del globo, representa un peligro para

los países amantes de la paz. Tanto más serio es el

peligro que representa la nueva guerra imperialista,

que ya ha arrastrado a su órbita a más de quinientos

millones de hombres de Asia, África y Europa. Por

eso, nuestro país, practicando con perseverancia la

política de mantener la paz, ha desarrollado una

intensa actividad a fin de acrecentar la capacidad

combativa de nuestro Ejército Rojo y de nuestra

Marina Roja.

Al mismo tiempo, la Unión Soviética ha tomado

algunas  medidas  para  consolidar  sus  posiciones

internacionales. Hacia finales de 1934, nuestro país

ha entrado en la Sociedad de las Naciones, estimando

que  ella  podría  servir  también,  no  obstante  su

debilidad,  de  tribuna  para  desenmascarar  a  los

agresores; que ella podría servir, asimismo aunque

débilmente, de instrumento de paz y para frenar el

estallido de la guerra.

La Unión Soviética estima que en un tiempo tan

agitado, incluso una organización internacional tan

débil como la Sociedad de las Naciones no es de

desdeñar. En mayo de 1935, entre Francia y la Unión

Soviética se firmó un pacto de asistencia mutua

contra una eventual agresión. Al mismo tiempo un

pacto análogo fue concluido con Checoslovaquia. En

marzo de 1936, la Unión Soviética firmó un pacto de

asistencia  mutua  con  la  República  Popular  de

Mongolia. En agosto de 1937, fue subscrito un pacto

de  no  agresión  entre  la  Unión  Soviética  y  la

República de China.

En estas difíciles condiciones internacionales la Unión Soviética ha practicado su política exterior, en defensa de la causa de la paz.

La política exterior de la Unión Soviética es clara,

 

 

Musolini. Este Tratado dio forma a la transacción preparada, ya hacía  tiempo,  para  el  desmembramiento  de  Checoslovaquia. Detrás de los círculos dominantes de Inglaterra Y de Francia estaban los círculos monopolistas de los Estados Unidos. El Tratado de Munich fue el punto crítico de la política de «no intervención» con sus planes para la creación de un único frente imperialista contra la URSS.

El Tratado de Munich apresuró el estallido de la Segunda Guerra

Mundial en los años 1939-1945 entre los principales estados

capitalistas.   A   pesar   de   los   esfuerzos   de   las   potencias

occidentales para lanzar a la Alemania hitleriana contra la Unión

Soviética; Alemania entró en la guerra con el fin de dominar el

mundo y primero lanzó sus fuerzas contra el bloque anglo-

franco-norteamericano. Cuando la Alemania fascista atacó a la

Unión Soviética, el bloque anglo-franco-norteamericano se vió

obligado a formar una coalición con la URSS en contra de la

Alemania fascista.

 

1. Estamos por la paz y la consolidación de nuestras relaciones comerciales con todos los países; nos  atenemos  y  seguiremos  ateniéndonos  a  esta posición durante todo el tiempo que esos países observen la misma actitud hacia la Unión Soviética, durante todo el tiempo que no busquen atentar contra los intereses de nuestro país.

2. Estamos por las relaciones pacíficas estrechas y

de buena vecindad con todos los países vecinos, que

tienen  una  frontera  común  con  la  URSS;  nos

atenemos y seguiremos ateniéndonos a esta posición

durante todo el tiempo que esos países observen la

misma actitud hacia la Unión Soviética, durante todo

el  tiempo  que  no  busquen  atentar,  directa  o

indirectamente,    contra    la    integridad    y    la

inviolabilidad de las fronteras del Estado Soviético.

3. Estamos por el sostén de los pueblos víctimas de una agresión y que luchan por la independencia de su patria.

4. No tememos las amenazas de los agresores y estamos dispuestos a responder con un doble golpe al golpe de los desencadenadores de la guerra que intentan violar las fronteras soviéticas.

Tal es la política exterior de la Unión Soviética.

       En su política exterior, la Unión Soviética se

apoya:

1. En su creciente potencial económico, político y cultural;

2.  en  la  unidad  política  y  moral  de  nuestra sociedad soviética;

3. en la amistad que une a los pueblos de nuestro

país;

4. en su Ejército Rojo y su Marina Roja;

5. en su política de paz;

6. en el apoyo moral de los trabajadores del mundo  entero,  que  tienen  un  interés  vital  en  el mantenimiento de la paz;

7.  en  la  cordura  de  los  países  que  no  están

interesados, por una u otra razón, en que se viole la

paz.

* * *

Las  tareas  del  Partido  en  materia  de  política exterior son:

1. Continuar siempre la política de paz y de consolidación  de  las  relaciones  comerciales  con todos los países;

2.   mostrarse   prudente   y   no   permitir   a   los provocadores de la guerra, acostumbrados a sacar las castañas del fuego con las manos de otros, arrastrar a nuestro país a este conflicto;

3. aumentar por todos los medios la potencia combativa de nuestro Ejército Rojo y de nuestra Marina Roja;

4. estrechar los lazos internacionales de amistad

con los trabajadores de todos los países, interesados

en la salvaguardia de la paz y de la amistad entre los

pueblos.

 

 

 

 

 

288

 

III. El reforzamiento continuo del PC(b) de la URSS

Desde el punto de vista de la línea política y del trabajo práctico cotidiano, el período que tratamos marca la victoria completa de la línea general de nuestro Partido.

La afirmación del sistema socialista en toda la

economía    nacional,    la    conclusión    de    la

reconstrucción de la industria y de la agricultura

sobre la base de una técnica nueva, la realización

antes del plazo del segundo plan quinquenal en la

industria, el incremento de la producción anual de

cereales  hasta  los 7  mil  millones  de  libras,  la

supresión de la miseria y del paro forzoso, así como

el mejoramiento de la situación material y cultural

del pueblo: tales son las principales realizaciones que

ilustran la justa política de nuestro Partido, su justa

dirección.

Frente   a   estas   grandiosas   realizaciones,   los

adversarios de la línea general de nuestro Partido,

todas esas corrientes de «izquierda» y de «derecha»,

todos  esos  degenerados  trotskista-piataikovistas  y

bujarino-rikovistas,   se   han   visto   obligados   a

encogerse, a ocultar sus trilladas «plataformas» y a

pasar a la acción clandestina. No teniendo el coraje

de someterse a la voluntad del pueblo, han preferido

fusionarse   con   los   mencheviques,   los   social-

revolucionarios, los fascistas, ponerse a sueldo de los

servicios de espionaje extranjeros, hacerse contratar

como  espías  y  asumir  la  tarea  de  ayudar  a  los

enemigos  de  la  Unión  Soviética  a  desmembrar

nuestro país, y restablecer la esclavitud capitalista.

Tal es el fin sin gloria de los adversarios de la línea  de  nuestro  Partido,  que  se  han  convertido después en enemigos del pueblo.

Habiendo aplastado a los enemigos del pueblo,

habiendo expulsado de las organizaciones del Partido

y de las instituciones soviéticas a los elementos

degenerados, el Partido se ha unido todavía más en

su trabajo político y de organización; ha cerrado más

estrechamente sus filas en torno a su Comité Central.

Examinemos  los  datos  concretos  relativos  al desarrollo de la vida interna del Partido, a su trabajo de organización y de propaganda durante el período que tratamos.

 

1.    Medidas   tomadas   para   mejorar   la

composición   del   partido.   División   de   las

organizaciones demasiado grandes. Aproximación

de los organismos dirigentes al trabajo de la base.

El reforzamiento del Partido y de sus organismos

dirigentes, en el curso del período que analizamos, ha

seguido dos líneas principales: la línea tendente a

arreglar la composición del Partido, a eliminar a los

miembros pocos seguros y a escoger los mejores, y la

línea  consistente  en  dividir  las  organizaciones

demasiado grandes, en reducir las proporciones y en

 

 

J. V. Stalin

 

aproximar los organismos dirigentes al trabajo de la base, al trabajo práctico, concreto.

En el XVII Congreso estuvieron representados

1.874.488 miembros del Partido. Si se compara esta

cifra   con   la   de   los   miembros   del   Partido

representados en el XVI Congreso, resulta que, en el

período  comprendido  entre  el  XVI  y  el  XVII

Congreso, ingresaron en el Partido 600.000 nuevos

miembros. El Partido no podía dejar de advertir que

una  afluencia  tan  grande  de  adherentes  en  las

condiciones de 1930 a 1933, era un crecimiento

malsano e indeseable de sus efectivos. El Partido

sabía que en sus filas entraban no sólo hombres

honestos   y   abnegados,  sino  también   elementos

venidos por casualidad, y también carreristas que

querían utilizar la bandera del Partido con un fin

personal. El Partido no podía dejar de saber que es

fuerte no sólo por el número, sino ante todo por la

calidad de sus adherentes. Por lo tanto, la cuestión

que  se  plantea  es,  arreglar  la  composición  del

Partido.  Se  decide  continuar  la  depuración  del

Partido, -miembros y candidatos- iniciada en 1933, y

fue prolongada efectivamente hasta el mes de mayo

de 1935. Se decide después suspender la admisión de

nuevos miembros, en el Partido, y de hecho fue

suspendida hasta septiembre de 1936; la admisión de

nuevos  miembros  fue  reanudada  sólo  el 1º  de

noviembre de 1936. Después del cobarde asesinato

del camarada Kirov, testimonio de que en el Partido

había un buen número de elementos sospechosos, se

decidió proceder a la verificación y al canje de

documentos  del  Partido;  estas  dos  tareas  fueron

concluidas sólo en septiembre de 1936. Es solamente

entonces cuando se reanuda la adhesión de nuevos

miembros  y  de  candidatos.  Estas  medidas  han

permitido  al  Partido  expulsar  de  sus  filas  a  los

elementos venidos por casualidad, a los elementos

pasivos, carreristas y abiertamente hostiles, conservar

a los miembros más seguros, más abnegados. No se

puede decir que la depuración haya sido efectuada

sin graves errores. Desgraciadamente, fueron más

numerosos de lo que habría podido suponerse. No

hay duda de que ya no tendremos la necesidad de

emplear el método de la depuración masiva. Pero la

depuración   de 1933-1936   era  inevitable;   y   en

general, ha dado resultados positivos. En este XVIII

Congreso están representados alrededor de 1.600.000

miembros  del  Partido,  o  sea 270.000  miembros

menos que en el XVII Congreso. Pero en esto no hay

nada de malo. Al contrario, esto es bueno, porque el

Partido se refuerza depurándose de la basura. Nuestro

Partido es ahora un poco menos numeroso, pero en

cambio es mejor por la calidad de sus efectivos.

Se trata de un gran éxito.

En  lo  que  concierne  al  mejoramiento  de  la

dirección cotidiana asegurada por el Partido, en el

sentido de una aproximación al trabajo de la base, en

el sentido de una concretización ulterior, el Partido

 

 

 

 

Informe presentado al XVIII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b)…       289

 

 

ha  llegado  a  esta  conclusión  de  que  dividir  las

organizaciones   demasiado   grandes,   reducir   sus

proporciones, era el mejor medio de ayudar a los

organismos del Partido a dirigir esas organizaciones

y  hacer  la  propia  dirección  concreta,  dinámica,

rápida. Se ha dividido también tanto los comisariados

del  pueblo  como  los  organismos  administrativos

territoriales, es decir las Repúblicas federadas, los

territorios,  las  regiones,  las  zonas,  etc.  Como

consecuencia de las medidas tomadas, en lugar de 7

Repúblicas federadas actualmente contamos con 11;

en vez de 14 Comisariados del Pueblo de la URSS,

34; en lugar de 70 territorios y regiones, 110; en vez

de 2.559 zonas urbanas y rurales, 3.815. Así, en el

sistema de los organismos dirigentes del Partido,

tenemos ahora 11 Comités Centrales con el CC del

PC(b)  de  la  URSS  a  la  cabeza, 6  comités  de

territorio, 104 comités de región, 30 comités de

distrito, 212 comités de ciudad, 336 comités de zona

urbana, 3.479  comités  de  zona  rural  y 113.060

organizaciones de base del Partido.

No  se  podría  decir  que  la  división  de  las

organizaciones haya concluido. Es muy probable que

sea continuada. Como quiera que sea, ya ha dado

buenos resultados, tanto desde el punto de vista del

mejoramiento de la dirección cotidiana del trabajo,

como desde el punto de vista de la aproximación de

la propia dirección al trabajo concreto de la base. Y

no  hablo  del  hecho  de  que  la  división  de  las

organizaciones   demasiado   grandes   ha   permitido

promover a centenares y miles de hombres nuevos a

puestos de dirección.

Esto también es un gran éxito.

 

2. La selección de los cuadros, su promoción, su distribución

Arreglar la composición del Partido y aproximar

los organismos dirigentes al trabajo concreto de la

base,  no  era  ni  podía  ser  el  único  medio  para

proseguir  el  reforzamiento  del  Partido  y  de  su

dirección. Otro medio de afirmar el Partido, durante

el período que analizamos, ha sido el mejoramiento

radical del trabajo con los cuadros: selección de los

cuadros, promoción, distribución y verificación en el

curso del trabajo.

Los cuadros del Partido componen el cuerpo de

mando del Partido. Y puesto que nuestro Partido está

en el poder, estos cuadros forman también el cuerpo

de mando de los organismos dirigentes del Estado.

Después de que ha sido establecida, una línea política

justa, comprobada en la práctica, los cuadros del

Partido vienen a ser la fuerza decisiva de la dirección

en el Partido y en el Estado. Tener una línea política

justa   es   evidentemente   lo   primero,   y   lo   más

importante. Pero esto no basta. Una línea política

justa no es hecha para ser simplemente proclamada,

sino también para ser aplicada. Pero, para aplicar

prácticamente una justa línea política, se precisan

 

 

cuadros, se precisan hombres que comprendan la

línea política del Partido; que la conciban como su

propia línea y estén dispuestos a aplicarla; que sepan

llevarla a la práctica y sean capaces de responder de

ella, de defenderla, de luchar por ella. De otro modo

la línea política justa corre el riesgo de quedarse en el

papel.

Aquí se plantea la cuestión de la justa selección

de los cuadros, de su formación, de la promoción de

los hombres nuevos, de la correcta distribución de los

cuadros y de su verificación después del trabajo

realizado.

¿Qué significa hacer una justa selección de los cuadros?

Hacer una justa selección de los cuadros, no significa rodearse de adjuntos, de suplentes, montar una cancillería y lanzar, desde allí, toda suerte de directrices. Tampoco abusar de tu poder, desplazar sin motivo ni razón a decenas y centenas de personas, de un lugar a otro y viceversa, y proceder a las interminables «reorganizaciones».

Hacer   una   justa   selección   de   los   cuadros, significa:

Primero, considerar a los cuadros como la reserva de oro del Partido y del Estado, prestarles gran atención, tenerles estimación.

Segundo,   conocer   a   los   cuadros,   estudiar

minuciosamente las cualidades y los defectos de cada

uno  de  los  militantes,  saber  en  qué  puesto  tal

militante puede desarrollar mejor sus capacidades.

Tercero,  formar  con  solicitud  a  los  cuadros, ayudar  a  cada  militante  en  vías  de  progreso  a elevarse; no tener miedo de «perder el tiempo» con estos camaradas para acelerar su preparación.

Cuarto,  promover,  sin  temor,  y  a  su  debido tiempo, a los nuevos, a los cuadros jóvenes, no dejarlos demasiado tiempo en el mismo puesto y no dejar que se enmohezcan.

Quinto, distribuir a los militantes en los diferentes puestos de manera que cada uno se sienta en su lugar; que cada uno pueda dar a nuestra causa común el máximo  de  lo  que  sus  cualidades  personales  le permiten dar; de manera que la orientación general del trabajo de distribución de los cuadros responda enteramente a las necesidades de la línea política, cuya aplicación dicta esta distribución.

Lo que importa aquí, sobre todo, es promover sin

temor y en el momento oportuno a los nuevos, a los

cuadros  jóvenes.  Pienso  que  nuestros  militantes

todavía no tienen enteramente clara esta cuestión.

Unos consideran que en la selección de los hombres

hay que orientarse sobre todo por los cuadros viejos.

Otros,   por   el   contrario,   piensan   que   debemos

orientarnos principalmente por los cuadros jóvenes.

Me parece que los unos y los otros se equivocan. Los

cuadros viejos representan evidentemente una gran

riqueza para el Partido y el Estado. Ellos poseen lo

que   los   jóvenes   no   tienen:   una   experiencia

 

 

 

 

 

290

considerable  en  materia  de  dirección,  una  sólida

formación marxista-leninista, el conocimiento de su

trabajo, la fuerza de orientación. Pero, en primer

lugar, cada vez hay menos cuadros viejos, menos de

lo debido, y comienzan en parte a dejar las filas

como consecuencia de las leyes de la naturaleza. En

segundo lugar, una parte de los cuadros viejos se

inclina algunas veces a mirar obstinadamente atrás, a

permanecer en el pasado, a atenerse a las cosas viejas

y no a fijarse en lo que hay de nuevo en la vida. Esto

es la pérdida del sentimiento de lo nuevo. Defecto

muy grave, peligroso. En lo que concierne a los

cuadros   jóvenes,   no   tienen   evidentemente   esta

experiencia, esta sólida formación, este conocimiento

del trabajo y esta fuerza de orientación que poseen

los cuadros viejos. Pero, primero, los cuadros jóvenes

forman la inmensa mayoría; segundo, son jóvenes y

por el momento no hay peligro de que dejen las filas;

tercero, el sentimiento de lo nuevo, valiosa cualidad

de  todo  militante  bolchevique,  está  fuertemente

desarrollado  en  los  jóvenes;  cuarto,  los  jóvenes

crecen y se instruyen tan rápido, se elevan con tanto

ímpetu, que no está lejano el día en que alcanzarán a

los viejos, se colocarán a su lado y serán un digno

relevo de ellos. Por consiguiente, no se trata de que

nos orientemos por los cuadros viejos o por los

nuevos, sino que nos dediquemos a combinar, a

fundir los viejos y los nuevos cuadros para formar

una sola orquesta del trabajo dirigente del Partido y

del Estado.

He aquí porque es necesario llevar sin temor y a su debido tiempo a los jóvenes cuadros a los puestos de dirección.

Durante  el  período  transcurrido,  una  de  las importantes  realizaciones  del  Partido  en  lo  que concierne al reforzamiento de su dirección, es que ha sabido, seleccionando los cuadros, fundir y combinar con éxito, desde la base al vértice, a los viejos y los jóvenes militantes.

El Comité Central del Partido dispone de datos

que muestran que, durante el período transcurrido, el

Partido ha sabido llevar a los puestos de dirección, a

los organismos del Estado y del Partido a más de

500.000 jóvenes bolcheviques, miembros del Partido

o próximos al Partido, dé los cuales más del 20% son

mujeres.

¿Cuál es la tarea en el presente?

Es la de centralizar la selección de los cuadros,

desde la base hasta el vértice, y de elevar este trabajo

al nivel requerido, al nivel científico, bolchevique.

Por ello debe ponerse fin al sistema que consiste en confiar el estudio, la promoción y la selección de los  cuadros  a  múltiples  servicios  y  sectores,  y concentrar este trabajo en un solo punto.

Este centro será la Dirección de Cuadros adjunta al CC del PC(b) de la URSS, un servicio de cuadros será  creado  en  cada  organización  de  Partido  de República, de territorio y de región.

 

 

J. V. Stalin

 

 

3. La propaganda del partido. La educación marxista-leninista  de  los  miembros  y  de  los cuadros del partido.

Existe otro terreno del trabajo, muy importante y

de mucha responsabilidad, que, durante el período

transcurrido, ha contribuido a la consolidación del

Partido  y  de  sus  organismos  dirigentes:  es  la

propaganda y la agitación, oral y escrita, la educación

de los miembros y de los cuadros del Partido en el

espíritu del marxismo-leninismo, el trabajo destinado

a elevar el nivel político y teórico del Partido y de

sus militantes.

No es necesario extenderse sobre la importancia

extrema   de   la   propaganda   del   Partido,   de   la

educación marxista-leninista de nuestros militantes.

No me refiero solamente a los militantes del aparato

del Partido. Hablo también de los militantes de las

organizaciones de la Juventud Comunista, de las

organizaciones sindicales, comerciales, cooperativas,

económicas, públicas, educativas, militares y otras.

Se puede, de una manera satisfactoria, arreglar el

problema de la composición del Partido y aproximar

los organismos dirigentes al trabajo de la base; se

puede  organizar  de  una  manera  satisfactoria  la

promoción   de   los   cuadros,   su   selección,   su

distribución;   pero   si,   con   todo   esto,   nuestra

propaganda del Partido comienza a cojear por una u

otra  razón,  si  el  trabajo  de  educación  marxista-

leninista de nuestros cuadros comienza a debilitarse,

si nuestro trabajo por elevar el nivel político y teórico

de  estos  cuadros  flaquea  y  si,  por  lo  tanto,  los

mismos   cuadros   dejan   de   interesarse   por   las

perspectivas de nuestra marcha hacia adelante, cesan

de comprender lo bien fundado de nuestra causa y se

transforman en vulgares practicistas sin perspectivas,

que ejecutan ciega y mecánicamente las directrices

de arriba, todo nuestro trabajo del Estado y del

Partido necesariamente debe debilitarse. Hay que

reconocer,  como  un  axioma,  que  cuanto  más

elevados  son  el  nivel  político  y  la  candencia

marxista-leninista  de  los  militantes  ocupados  en

cualquier terreno que sea del trabajo del Estado y del

Partido, tanto más elevado y fecundo es el mismo

trabajo, tanto más tangibles son los resultados; al

contrario, cuanto más bajo son el nivel político y la

conciencia marxista-leninista de los militantes, tanto

más probables son las lagunas y los fracasos en el

trabajo, tanto más probables son la decadencia, la

transformación   de   los   propios   militantes   en

practicistas que se ocupan de minucias, tanto más

probable es su degeneración. Se puede decir con

certeza                                                               que        si         consiguiéramos        formar

ideológicamente  a  nuestros  cuadros  en  todos  los

terrenos del trabajo, y templarlos políticamente de

modo   que   puedan   orientarse   fácilmente   en   la

situación interna e internacional, si lográramos hacer

de ellos marxista-leninistas perfectamente maduros,

 

 

 

 

Informe presentado al XVIII Congreso del Partido acerca de la actividad del CC del PC(b)…       291

 

 

capaces de resolver, sin cometer faltas graves, los

problemas de dirección del país tendríamos todas las

razones para considerar que las nueve décimas partes

de todos nuestros problemas ya han sido resueltos.

Podemos   naturalmente   resolver   este   problema,

tenemos  para  ello  todos  los  medios  y  todas  las

posibilidades.

Por lo general, la educación, la formación de los

cuadros jóvenes en nuestro país se hace según las

ramas científicas y técnicas, por especialidades. Esto

es indispensable y útil. No hay necesidad de que un

especialista  en  medicina  sea  al  mismo  tiempo

especialista en física o en botánica, y viceversa. Pero,

hay una rama que deben conocer absolutamente los

bolcheviques que trabajan en todos los dominios de

la ciencia: se trata de la ciencia marxista-leninista de

la sociedad, de las leyes del desarrollo de la sociedad,

de las leyes del desarrollo de la revolución proletaria,

de las leyes del desarrollo de la edificación socialista,

de la victoria del comunismo. En efecto, no podría

considerarse como un verdadero leninista aquel que,

diciéndose leninista, se limita a su especialidad, por

ejemplo en las matemáticas, la botánica o la química,

que no ve otra cosa que su especialidad. Un leninista

no puede ser únicamente un especialista en la ciencia

que  ha  escogido;  debe  ser  al  mismo  tiempo  un

hombre político, un hombre público que se interesa

vivamente por los destinos de su país, que conoce las

leyes del desarrollo social, que sabe inspirarse en

estas leyes y hace esfuerzos por tomar parte activa en

la   dirección   política   del   país.   Esto   será,

evidentemente,  un trabajo  suplementario  para los

especialistas  bolcheviques.  Pero  más  tarde,  esta

sobrecarga de trabajo compensará con creces los

esfuerzos hechos.

La propaganda del Partido, la educación marxista-

leninista de los cuadros, tiene por tarea de ayudar a nuestros cuadros en todas las ramas de la actividad a asimilar la ciencia marxista-leninista de las leyes del desarrollo de la sociedad.

Las medidas a tomar para mejorar la propaganda

y la educación marxista-leninista de los cuadros han

sido examinadas por el CC del PC(b) de la URSS,

con la participación de los propagandistas de las

diferentes organizaciones regionales del Partido. Se

ha  hecho  constancia  de  la  aparición  del «Curso

abreviado de la historia del PC(b) de la URSS» en

septiembre  de 1938.   Se   ha   observado   que  la

aparición del «Curso abreviado de la historia del

PC(b) de la URSS», da una nueva amplitud a la

propaganda marxista-leninista en nuestro país. Los

resultados del trabajo del Comité Central han sido

publicados en su decisión conocida como «Sobre la

Organización de la propaganda del Partido relativa a

la publicación del Curso Abreviado de la Historia del

PC(b) de la URSS»

Partiendo de esta decisión y teniendo en cuenta

las  decisiones  tomadas  por  el  pleno  del  Comité

 

 

Central del PC(b) de la URSS, en marzo de 1937,

sobre «Los defectos del trabajo del Partido», el CC

del  PC(b)  de  la  URSS  a  fin  de  remediar  las

insuficiencias en el terreno de la propaganda del

Partido  y  para  mejorar  la  educación  marxista-

leninista  de  los  miembros  y  de  los  cuadros  del

Partido, ha resuelto tomar las siguientes medidas

principales:

1. Concentrar en un solo punto el trabajo de propaganda y de agitación del Partido y fusionar las secciones  de  propaganda  y  de  agitación  con  las secciones   de   prensa   en   un   solo   servicio   de propaganda y de agitación adjunto al CC del PC(b) de la URSS; crear una sección de propaganda y de agitación  en  cada  organización  del  Partido -  de República, de territorio y de región.

2. Considerando un error nuestro interés excesivo por el sistema de propaganda en los círculos, y estimando  más  racional  el  método  de  estudio individual de los principios del marxismo-leninismo por  los  miembros  del  Partido,  el  Partido  debe concentrar su atención en la propaganda mediante la prensa   y   en   la   organización   del   sistema   de propaganda mediante conferencias.

3.  Organizar  en  cada  centro  regional  cursos

anuales de perfeccionamiento para nuestros cuadros

de base.

4. Organizar en una serie de centros de nuestro país escuelas leninistas de dos años para nuestros cuadros medios.

5. Organizar una escuela superior de marxismo-

leninismo adjunta al CC del PC(b) de la URSS para

la   formación   de   cuadros   teóricos   altamente

cualificados del Partido. Duración de los estudios,

tres años.

6. Crear en una serie de centros de nuestro país, cursos    anuales    de    perfeccionamiento    para propagandistas y periodistas.

7.  Crear  adjuntos  a  la  escuela  superior  de marxismo-leninismo cursos de seis meses para el perfeccionamiento de los profesores de marxismo-

leninismo en las escuelas superiores.

No  cabe  duda  de  que  la  aplicación  de  estas medidas, que ya han sido puestas en práctica, pero todavía no en el grado suficiente, no tardará en dar sus buenos resultados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL MARXISMO Y LOS PROBLEMAS DE LA LI GÜÍSTICA

 

 

 

Acerca del marxismo en la lingüística

Un grupo de camaradas jóvenes me ha pedido que

exponga en la prensa mi opinión sobre los problemas

de la lingüística, especialmente en lo que concierne

al marxismo en la lingüística. Yo no soy un lingüista

y, por supuesto, no puedo dar plena satisfacción a los

camaradas. En cuanto al marxismo en la lingüística,

lo mismo que de las demás ciencias sociales, con eso

tengo relación directa. Por ello he accedido a dar

respuesta  a  algunas  preguntas  hechas  por  los

camaradas.

PREGUNTA. ¿Es cierto que la lengua es una superestructura de la base?

RESPUESTA. No, no es cierto.

La base es el sistema económico de la sociedad en

una etapa dada de su desarrollo. La superestructura la

constituyen  las  concepciones  políticas,  jurídicas,

religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad y las

instituciones políticas, jurídicas, etc., etc., que les

corresponden.

Toda                                                                   base       tiene   la         superestructura

correspondiente. La base del régimen feudal tiene su

superestructura, sus concepciones políticas, jurídicas,

etc., etc., y las instituciones que les corresponden; la

base   capitalista   tiene   su   superestructura,   y   la

socialista, la suya. Si se modifica o se destruye la

base, se modifica o se destruye a continuación su

superestructura;  si  nace  una  nueva  base,  nace  a

continuación la superestructura correspondiente.

En   este   sentido,   la   lengua   se   diferencia

esencialmente de la superestructura. Tomemos, por

ejemplo, la sociedad rusa y la lengua rusa. En el

curso de los 30 años últimos, en Rusia ha sido

destruida   la   vieja   base,   la   base   capitalista,   y

construida una base nueva, una base socialista. En

consonancia, ha sido destruida la superestructura de

la    base    capitalista    y    creada    una    nueva

superestructura, que corresponde a la base socialista.

Por consiguiente, las viejas instituciones políticas,

jurídicas   y   otras   han   sido   reemplazadas   por

instituciones  nuevas,  socialistas.  Sin  embargo,  la

lengua rusa ha continuado siendo, por su esencia, la

misma que era antes de la Revolución de Octubre.

¿Qué ha cambiado desde entonces en la lengua

rusa? Ha cambiado en cierta medida el vocabulario

de la lengua rusa, ha cambiado en el sentido de que

se ha visto enriquecido con un considerable número

 

 

de nuevas palabras y expresiones, nacidas con la

nueva producción socialista, con el nuevo Estado,

con  la  nueva  cultura  socialista,  con  las  nuevas

relaciones sociales, con la nueva moral y, finalmente,

con el desarrollo de la técnica y de la ciencia; muchas

palabras y expresiones han cambiado de sentido y

adquirido una significación nueva; cierto número de

palabras ha caído en desuso, ha desaparecido del

vocabulario. En lo que respecta al caudal de voces

básico y a la estructura gramatical de la lengua rusa,

que constituyen su fundamento, lejos de haber sido

liquidados y sustituidos por un nuevo caudal básico y

por una nueva estructura gramatical después de la

destrucción de la base capitalista, se han conservado

intactos y perviven sin ninguna modificación seria;

se han conservado precisamente como fundamento

de la lengua rusa contemporánea.

Prosigamos. La superestructura es engendrada por

la base; pero eso no significa, en modo alguno, que la

superestructura se circunscriba a reflejar la base, que

sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a la

suerte de su base, a la suerte de las clases, al carácter

del   régimen.   Por   el   contrario,   al   nacer,   la

superestructura se convierte en una fuerza activa

inmensa, coadyuva activamente a que su base tome

cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para

ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la vieja

base y las viejas clases.

Y no puede ser de otra manera. La superestructura

es creada por la base precisamente para que la sirva,

para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a

afianzarse,  para  que  luche  activamente  por  la

destrucción de la base vieja, caduca, y de su antigua

superestructura.   Basta   que   la   superestructura

renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase de la

posición de defensa activa de su base a la posición de

indiferencia hacia ella, a una posición idéntica ante

las distintas clases, para que pierda su calidad y deje

de ser superestructura.

En   este   sentido,   la   lengua   se   diferencia

esencialmente de la superestructura. La lengua no es

engendrada por una u otra base, por la vieja o por la

nueva base, en el seno de una sociedad dada, sino por

todo el curso de la historia de la sociedad y de la

historia de las bases a través de los siglos. La lengua

no es obra de una clase cualquiera, sino de toda la

sociedad, de todas las clases sociales, del esfuerzo de

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

centenares de generaciones. La lengua no ha sido

creada para satisfacer las necesidades de una clase

cualquiera, sino de toda la sociedad, de todas las

clases sociales. Precisamente por eso, ha sido creada

como  lengua  de  todo  el  pueblo,  única  para  la

sociedad y común a todos sus miembros. En virtud

de ello, el papel auxiliar de la lengua como medio de

relación entre los hombres no consiste en servir a una

clase en perjuicio de las demás, sino en servir por

igual a toda la sociedad, a todas las clases sociales. A

ello, precisamente, se debe el que la lengua pueda

servir por igual al régimen viejo y moribundo y al

régimen nuevo y en ascenso, a la vieja base y a la

nueva, a los explotadores y a los explotados.

Todo el mundo sabe que la lengua rusa ha servido

al capitalismo ruso y a la cultura burguesa rusa antes

de la Revolución de Octubre tan bien como sirve hoy

día al régimen socialista y a la cultura socialista de la

sociedad rusa.

Lo mismo hay que decir de las lenguas ucraniana,

bielorrusa,   uzbeka,   kazaja,   georgiana,   armenia,

estoniana,   letona,   lituana,   moldava,   tártara,

azerbaidzhana, bashkira, turkmena y de otras lenguas

de las naciones soviéticas, que sirvieron al viejo

régimen burgués de esas naciones tan bien como

sirven al régimen nuevo, al régimen socialista.

Y no puede ser de otra manera. Si la lengua

existe, si ha sido creada, es precisamente para que

sirva a la sociedad, considerada como un todo, de

medio de relación entre los hombres; para que sea

común a los miembros de la sociedad y única para

ésta; para que sirva por igual a sus miembros, sea

cual fuere la clase a que pertenezcan. Basta que la

lengua abandone esta posición de servicio a todo el

pueblo, basta que adopte una posición de preferencia

y  de  apoyo  a  un  grupo  social  cualquiera  en

detrimento de los demás grupos sociales, para que

pierda su calidad, para que deje de ser un medio de

relación entre los hombres en la sociedad, para que se

convierta en la jerga de un grupo social cualquiera,

degenere y se condene a la desaparición.

En este sentido, la lengua, que se diferencia en principio de la superestructura, no se distingue de los instrumentos  de  producción,  por  ejemplo,  de  las máquinas, que son tan indiferentes a las clases como la lengua y que pueden servir por igual tanto al régimen capitalista como al socialista.

Prosigamos. La superestructura es producto de una época en el curso de la cual existe y funciona una base económica dada. Por eso, la superestructura no vive largo tiempo; es liquidada y desaparece con la destrucción y la desaparición de la base dada.

La lengua, por el contrario, es producto de toda

una  serie  de  épocas,  en  el  curso  de  las  cuales

cristaliza, se enriquece, se desarrolla y se pule. Por

eso, la lengua tiene una vida incomparablemente más

larga   que   cualquier   base   y   que   cualquier

superestructura. A ello, precisamente, se debe que el

 

293

 

nacimiento y la destrucción no sólo de una base y de su superestructura, sino de varias bases y de sus correspondientes superestructuras, no conduzca en la historia a la destrucción de una lengua dada, a la liquidación de su estructura y al nacimiento de una nueva lengua con un nuevo vocabulario y una nueva estructura gramatical.

Desde la muerte de Pushkín han pasado más de 100 años. En ese tiempo fueron destruidos en Rusia los regímenes feudal y capitalista y surgió un tercer régimen,  el  régimen  socialista.  Por  consiguiente, fueron destruidas dos bases con sus superestructuras y surgió una base nueva, la base socialista, con su superestructura.   Sin   embargo,   si   tomamos,   por ejemplo, la lengua rusa, veremos que en este gran intervalo no ha experimentado ningún trastorno y que la lengua rusa contemporánea difiere bien poco, por su estructura, de la lengua de Pushkin.

¿Qué ha cambiado durante este tiempo en la

lengua rusa? Durante este tiempo se ha enriquecido

considerablemente el vocabulario de la lengua rusa;

han desaparecido de él muchas palabras caídas en

desuso;   ha   cambiado   el   significado   de   un

considerable    número    de    vocablos;    se    ha

perfeccionado la estructura gramatical de la lengua.

Por lo que se refiere a la estructura de la lengua de

Pushikin, con su sistema gramatical y su caudal de

voces básico, se ha conservado en todo lo substancial

como   el   fundamento   de   la   lengua   rusa

contemporánea.

Lo apuntado es bien comprensible. En efecto,

¿para   qué   es   necesario   que   después   de   cada

revolución la estructura existente de la lengua, su

estructura gramatical y su caudal de voces básico

sean destruidos y reemplazados por otros nuevos,

como ocurre habitualmente con la superestructura?

¿Quién   puede   necesitar   que «agua», «tierra»,

«montaña», «bosque», «pez», «hombre», «andar»,

«hacer»,                                                             «producir»,      «comerciar»   etc.,   no   se

denominen agua, tierra, montaña, etc., sino de otra

manera? ¿Quién puede necesitar que la variación de

los vocablos en la lengua y su combinación en las

oraciones no se hagan con arreglo a la gramática

existente,   sino   ateniéndose   a   una   gramática

completamente distinta? ¿Qué provecho obtiene la

revolución con semejante cambio en la lengua? Por

regla general, la historia no hace nada esencial si no

existe una necesidad particular. ¿Qué necesidad hay -

se  pregunta  uno-  de  semejante  revolución  en  la

lengua si está demostrado que la lengua existente,

con  su  estructura,  es  por  completo  apta,  en  lo

fundamental, para dar satisfacción a las necesidades

del nuevo régimen? Se puede y se debe destruir en

unos   cuantos   años   la   vieja   superestructura   y

sustituirla por otra nueva para dar libre curso al

desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad;

pero ¿cómo se puede destruir la lengua existente y

crear en su lugar otra nueva en unos cuantos años sin

 

 

 

 

 

294

llevar la anarquía a la vida social, sin crear un peligro de disgregación de la sociedad? ¿Quién, de no ser un quijote, puede plantearse semejante tarea?

Por  último,  otra  diferencia  esencial  entre  la

superestructura y la lengua. La superestructura no

está  ligada  directamente  a  la  producción,  a  la

actividad productora del hombre. Está ligada a la

producción sólo de modo indirecto, a través de la

economía,  a  través  de  la  base.  Por  eso,  la

superestructura no refleja los cambios en el nivel de

desarrollo de las fuerzas productivas inmediata y

directamente, sino después de los cambios en la base,

por refracción de los cambios de la producción en los

cambios de la base. Eso quiere decir que la esfera de

acción de la superestructura es estrecha y limitada.

La   lengua,   por   el   contrario,   está   ligada

directamente a la actividad productora del hombre, y

no sólo a la actividad productora, sino a cualquiera

otra actividad del hombre en todas las esferas de su

trabajo, desde la producción hasta la base, desde la

base hasta la superestructura. Por eso, la lengua

refleja los cambios en la producción inmediata y

directamente, sin esperar los cambios en la base. Por

eso, la esfera de acción de la lengua, que abarca

todos los campos de la actividad del hombre, es

mucho más amplia y variada que la esfera de acción

de la superestructura. Más aún, es casi ilimitada.

A ello, ante todo, se debe que la lengua, mejor dicho, su vocabulario, se encuentre en un estado de cambio casi ininterrumpido. El desarrollo incesante de la industria y de la agricultura, del comercio y del transporte, de la técnica y de la ciencia exige que la lengua   enriquezca   su   vocabulario   con   nuevas palabras y expresiones, necesarias para su trabajo. Y la lengua, al reflejar directamente estas necesidades, completa  su  vocabulario  con  nuevas  palabras  y perfecciona su estructura gramatical.

Así, pues:

a) un marxista no puede considerar la lengua como una superestructura de la base;

b)  confundir  la  lengua  con  la  superestructura significa incurrir en un error de bulto.

 

PREGUNTA. ¿Es cierto que la lengua ha tenido siempre y sigue teniendo un carácter de clase y que no  existe  una  lengua  común  y  única  para  la sociedad, una lengua común a todo el pueblo y sin carácter de clase?

RESPUESTA. No, no es cierto.

Es fácil comprender que no cabe siquiera hablar

de una lengua de clase en una sociedad sin clases. El

régimen  gentilicio de la comunidad primitiva no

conocía las clases; por consiguiente, en él no podía

tampoco haber una lengua de clase: en él, la lengua

era común y única para toda la colectividad. La

objeción  de  que  debe  entenderse  por  clase  toda

colectividad  humana,  comprendida  la  comunidad

primitiva, no es una objeción, sino un juego de

 

 

J. V. Stalin

 

palabras que ni siquiera merece ser refutado.

       Por lo que se refiere al desarrollo posterior, desde

las  lenguas  gentilicias  hasta  las  lenguas  tribales,

desde las lenguas tribales hasta las lenguas de los

pueblos y desde las lenguas de los pueblos hasta las

lenguas nacionales, en todas partes, en todas las

etapas del desarrollo, la lengua, como medio de

relación de los hombres en la sociedad, ha sido

común y única para la sociedad, ha servido por igual

a los miembros de ésta, independientemente de su

condición social.

No me refiero a los imperios de los períodos

esclavista  y  medieval,  al  imperio  de  Ciro  y  de

Alejandro Magno, pongamos por caso, o al imperio

de César y de Carlomagno, que no poseían una base

económica propia y eran agrupaciones militares y

administrativas  efímeras  y  precarias.  Ninguno  de

estos imperios tenía ni podía tener una lengua única y

comprensible  para  todos  sus  miembros.  Eran  un

conglomerado de tribus y de pueblos que vivían su

propia  vida  y  tenían  sus  propias  lenguas.  Por

consiguiente, no me refiero a esos imperios y otros

semejantes,  sino  a  las  tribus  y  los  pueblos  que

formaban  parte  del  imperio,  poseían  una  base

económica propia y tenían sus lenguas, formadas

desde hacía tiempo. La historia nos enseña que las

lenguas de estas tribus y de estos pueblos no tenían

un carácter de clase, sino que eran comunes a toda la

población, comunes a las tribus y a los pueblos y

comprensibles para ellos.

Naturalmente, existían a la par dialectos, hablas locales, pero la lengua única y común de la tribu o del   pueblo   prevalecía   sobre   ellos   y   se   los subordinaba.

Más tarde, con la aparición del capitalismo, con la

supresión del fraccionamiento feudal y la formación

del mercado nacional, los pueblos se desarrollaron

hasta constituirse en naciones, y las lenguas de los

pueblos, hasta llegar a ser lenguas nacionales. La

historia nos enseña que las lenguas nacionales no son

lenguas de clase, sino lenguas comunes a todo el

pueblo, comunes a los miembros de la nación y

únicas para ella.

Ya hemos dicho que la lengua, como medio de

relación de los hombres en la sociedad, sirve por

igual a todas las clases de la misma y manifiesta en

este sentido cierta indiferencia hacia las clases. Pero

los hombres, los diversos grupos sociales y las clases

distan mucho de ser indiferentes hacia la lengua. Se

esfuerzan por utilizarla en interés propio, imponerle

su léxico particular, sus términos particulares, sus

expresiones   particulares.   En   este   sentido   se

distinguen especialmente las capas superiores de las

clases poseedoras -la alta aristocracia y las capas

superiores de la burguesía-, que están divorciadas del

pueblo y lo odian. Se crean dialectos y jergas «de

clase», «lenguajes»  de  salón.  A  menudo,  en  la

literatura se califica erróneamente de lenguas a esos

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

dialectos  y  jergas: «lengua  de  la  aristocracia», «lengua de la burguesía», en oposición a la «lengua proletaria», a la «lengua campesina». Esa es la razón de que algunos camaradas nuestros hayan llegado -

por extraño que pueda parecer- a la conclusión de que la lengua nacional es una ficción y de que, en la realidad, sólo existen lenguas de clase.

Yo creo que no hay nada más equivocado que esa

conclusión. ¿Puede  considerarse  lenguas  a  esos

dialectos y jergas? Indiscutiblemente que no. No se

puede, en primer lugar, porque estos dialectos y

jergas no tienen una estructura gramatical propia y un

caudal de voces básico propio: los toman de la

lengua nacional. No se puede, en segundo lugar,

porque los dialectos y las jergas tienen una esfera de

circulación estrecha entre los miembros de la capa

superior de tal y cual clase, y son absolutamente

inservibles   como   medio   de   relación   entre   los

hombres, para la sociedad en su conjunto. ¿Qué

poseen, pues, los dialectos y las jergas? Poseen un

fárrago  de  vocablos  específicos,  que  reflejan  los

gustos específicos de la aristocracia o de las carpas

superiores de la burguesía; poseen cierto número de

expresiones  y  giros  que  se  distinguen  por  su

rebuscamiento y galantería y que están exentos de los

«burdos» giros y expresiones de la lengua nacional;

poseen,  por  último,  cierto  número  de  palabras

extranjeras. Sin embargo, lo fundamental, es decir, la

inmensa  mayoría  de  las palabras  y  la  estructura

gramatical, está tomado de la lengua nacional, común

a todo el pueblo. Por consiguiente, los dialectos y las

jergas  son  ramificaciones  de  la  lengua  nacional,

común   a   todo   el   pueblo,   privadas   de   toda

independencia lingüística y condenadas a vegetar.

Suponer  que  los  dialectos  y  las  jergas  pueden

desarrollarse y llegar a ser lenguas independientes,

capaces  de  desplazar  y  de  sustituir  a  la  lengua

nacional,   es   perder   la   perspectiva   histórica   y

abandonar las posiciones del marxismo.

Se remiten a Marx, citan un pasaje de su artículo.

El santo Max, donde se dice que el burgués tiene «su

propia lengua», que esta lengua «es un producto de la

burguesía»   y   está   penetrada   del   espíritu   del

mercantilismo   y   de   la   compra-venta.   Algunos

camaradas quieren demostrar con esta cita que Marx

sustentaba, al parecer, el punto de vista de que la

lengua tenía «carácter de clase y negaba la existencia

de una lengua nacional única. Si estos camaradas

fueran en este caso objetivos, habrían citado también

otro pasaje del artículo. El santo Max, donde Marx,

refiriéndose a las vías de formación de una lengua

nacional única, habla de «la concentración de los

dialectos en un idioma nacional único, condicionada

por la concentración económica y política».

Por consiguiente, Marx reconocía la necesidad de

una Lengua nacional única, como forma superior a la

que, como formas inferiores, están subordinados los

dialectos.

 

295

 

En ese caso, ¿qué puede ser la lengua del burgués, según  Marx «producto   de   la   burguesía»? ¿La consideraba Marx una lengua como la nacional, con su    estructura    lingüística    particular?        ¿Podía considerarla como tal lengua? ¡Desde luego que no! Marx quería simplemente decir que los burgueses habían ensuciado la lengua nacional única con su léxico de mercaderes y que, por tanto, los burgueses tenían su propia jerga de mercaderes.

Resulta que estos camaradas han deformado la posición de Marx. Y la han deformado porque no han citado   a   Marx   como   marxistas,   sino   como dogmáticos, sin calar en la esencia de las cosas.

Se  remiten  a  Engels,  citan  de  su  folleto  La

situación de la clase obrera en Inglaterra los pasajes

donde dice que «…la clase obrera inglesa, en el

transcurso del tiempo, ha llegado a ser un pueblo

completamente distinto de la burguesía inglesa»; que

«los obreros hablan otro dialecto, tienen otras ideas y

concepciones, otras costumbres y otros principios

morales,   otra   religión   y   otra   política   que   la

burguesía». Partiendo de esta cita, algunos camaradas

sacan  la  conclusión  de  que  Engels  negaba  la

necesidad de una lengua nacional, común a todo el

pueblo, y que, por tanto, sustentaba el punto de vista

de que la lengua tenía «carácter de clase». La verdad

es que Engels no habla aquí de una lengua sino de un

dialecto,   comprendiendo   perfectamente   que   el

dialecto, como ramificación de la lengua nacional, no

puede sustituir a ésta. Mas, a esos camaradas no les

agrada mucho, por lo visto, la diferencia existente

entre una lengua y un dialecto...

Es evidente que la cita aducida está fuera de lugar,

pues Engels no habla en esos pasajes de «lenguas de

clase», sino, principalmente, de las ideas, de las

concepciones, de las costumbres, de los principios

morales, de la religión y de la política de clase. Es

absolutamente cierto que las ideas, las concepciones,

las costumbres, los principios morales, la religión y

la política de los burgueses y de los proletarios son

diametralmente opuestos. Pero ¿qué tiene que ver

esto con la lengua nacional, o con el «carácter de

clase»  de  la  lengua? ¿Acaso  la  existencia  de

contradicciones de clase en la sociedad puede servir

de argumento en favor del «carácter de clase» de la

lengua, o en contra de la necesidad de una lengua

nacional única? El marxismo dice que la comunidad

de lengua es uno de los rasgos más importantes de la

nación, sabiendo perfectamente, al afirmar eso, que

dentro de la nación hay contradicciones de clase.

¿Reconocen los mencionados camaradas esta tesis

marxista?

Se  remiten  a  Lafargue, señalando  que, en  su

folleto  La  lengua  y  la  revolución,  reconoce  el

«carácter de clase» de la lengua y niega, al parecer, la

necesidad de una lengua nacional, común a todo el

pueblo. Eso es falso. Lafargue habla, efectivamente,

de la «lengua de la nobleza» o «de la aristocracia» y

 

 

 

 

 

296

de las «jergas» de las distintas capas de la sociedad.

Pero  esos  camaradas  olvidan  que  Lafargue,  sin

interesarse por la diferencia entre lengua y jerga y

llamando  a  los  dialectos  unas  veces «lenguaje

artificial» y otras «jerga», declara explícitamente en

su folleto que «el lenguaje artificial que distingue a la

aristocracia... salió de la lengua común a todo el

pueblo que hablaban los burgueses y los artesanos, la

ciudad y el campo».

Por consiguiente, Lafargue reconoce la existencia y la necesidad de una lengua común a todo el pueblo, comprendiendo                                  perfectamente el         carácter subordinado y la dependencia de la «lengua de la aristocracia» y los demás dialectos y jergas respecto de la lengua común a todo el pueblo.

Resulta que la referencia a Lafargue no da en el blanco.

Se remiten a que, en cierta época, los señores

feudales de Inglaterra hablaron «durante siglos» en

francés, mientras que el pueblo inglés hablaba la

lengua inglesa, y aducen esta circunstancia como un

argumento a favor del «carácter de clase» de la

lengua y contra la necesidad de una lengua común a

todo el pueblo. Pero eso no es un argumento, sino

una  anécdota.  En  primer  lugar,  a  la  sazón  no

hablaban  en  francés  todos  los  feudales,  sino  un

número insignificante de grandes feudales ingleses

en la corte del rey y en los condados. En segundo

lugar, no hablaban en una «lengua de clase», sino en

la lengua francesa corriente, común a todo el pueblo

francés. En tercer lugar, como se sabe, ese antojo de

hablar  en  francés  desapareció  después  sin  dejar

rastro, cediendo el puesto a la lengua inglesa común

a todo el pueblo. ¿Creen esos camaradas que los

feudales ingleses y el pueblo inglés se entendieron

«durante siglos» por mediación de intérpretes, que

los feudales ingleses no hacían uso de la lengua

inglesa, que no existía por aquel entonces una lengua

inglesa común a todo pueblo, que el francés era

entonces en Inglaterra algo más que una lengua de

salón, empleada únicamente en el estrecho círculo de

la alta aristocracia inglesa? ¿Cómo se puede negar

con tan anecdóticos «argumentos» la existencia y la

necesidad de una lengua común a todo el pueblo?

En un tiempo, también a los aristócratas rusos les

dio por hablar el francés en la corte del zar y en los

salones.  Se  jactaban  de  que,  al  hablar  en  ruso,

tartamudeaban en francés y que sólo sabían hablar el

ruso con acento francés. ¿Quiere eso decir que no

existía entonces en Rusia la lengua rusa, común a

todo el pueblo, que la lengua común a todo el pueblo

era entonces una ficción, y las «lenguas de clase» una

realidad?

Nuestros camaradas incurren aquí, cuando menos, en dos errores.

El primer error consiste en que confunden la

lengua  con  la  superestructura.  Creen  que  si  la

superestructura tiene un carácter de clase, la lengua

 

 

J. V. Stalin

 

no debe ser común a todo el pueblo, sino que debe

tener  un  carácter  de  clase.  Pero  ya  he  dicho

anteriormente que la lengua y la superestructura son

dos conceptos diferentes y que un marxista no puede

confundirlos.

El segundo error consiste en que esos camaradas

conciben la oposición de intereses de la burguesía y

del proletariado y su encarnizada lucha de clases

como una desintegración de la sociedad, como una

ruptura de todo vínculo entre las clases hostiles.

Consideran que, como la sociedad se ha desintegrado

y no existe ya una sociedad única, sino solamente las

clases,  no  se  necesita  una  lengua  única  para  la

sociedad, no se necesita una lengua nacional. ¿Qué

queda, pues, si la sociedad se ha desintegrado y no

existe ya una lengua nacional, común a todo el

pueblo? Quedan las clases y las «lenguas de clase».

De por sí se desprende que cada «lengua de clase»

debe tener su propia gramática «de clase», que debe

haber, por tanto, una gramática «proletaria» y una

gramática «burguesa». Cierto es que no hay tales

gramáticas   bajo   la   capa   del   cielo;   pero   esta

circunstancia  no  inmuta a  esos  camaradas:  están

persuadidos de que tales gramáticas han de aparecer.

En tiempos hubo entre nosotros «marxistas» que afirmaban que las líneas férreas que habían quedado en nuestro país después de la Revolución de Octubre eran  burguesas  y  no  procedía  que  nosotros,  los marxistas,   las   utilizásemos;   que   era   preciso desmontarlas   y   construir   ferrocarriles   nuevos, «proletarios». Debido a ello, esas gentes recibieron el sobrenombre de «trogloditas»...

De   por      se   desprende   que   esa   primitiva

concepción anarquista de la sociedad, las clases y la

lengua no tiene nada de común con el marxismo.

Pero, indudablemente, existe y continúa alentando en

las cabezas de algunos camaradas desorientados.

Naturalmente, no es cierto que, debido a una

encarnizada lucha de clases, la sociedad se haya

desintegrado  en  clases  que  ya  no  están  ligadas

económicamente las unas a las otras en el seno de

una sociedad única. Al contrario: mientras subsista el

capitalismo, burgueses y proletarios estarán ligados

recíprocamente por todos los lazos de la economía,

como partes constitutivas de una sociedad capitalista

única. Los burgueses no pueden vivir ni enriquecerse

si no disponen de obreros asalariados; los proletarios

no pueden subsistir sin vender su fuerza de trabajo a

los capitalistas. El cese de toda relación económica

entre ellos implica el cese de toda producción, y el

cese de toda producción conduce al perecimiento de

la sociedad, al perecimiento de las clases mismas. De

por    se  desprende  que  ninguna  clase  quiere

condenarse a perecer. Por eso, la lucha de clases, por

aguda que sea, no puede conducir a la desintegración

de  la  sociedad.  Sólo  la  ignorancia  en  punto  al

marxismo   y   la   incomprensión   absoluta   de   la

naturaleza de la lengua han podido sugerir a algunos

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

de nuestros camaradas la fábula de la desintegración de la sociedad, la fábula de las lenguas «de clase», de las gramáticas «de clase».

Se  remiten,  además,  a  Lenin  y  aducen  que

reconocía la existencia de dos culturas, la burguesa y

la proletaria, bajo el capitalismo y que la consigna de

cultura nacional es, bajo el capitalismo, una consigna

nacionalista.  Todo  ello  es  cierto,  y  Lenin  tiene

absoluta  razón.  Pero ¿a  qué  viene  aquí  eso  del

«carácter de clase» de la lengua? Al remitirse a las

palabras de Lenin de que bajo el capitalismo existen

dos culturas, esos camaradas quieren -a lo que se ve-

inculcar al lector que si en la sociedad existen dos

culturas,  la  burguesa  y  la  proletaria,  debe  haber

también dos lenguas, pues la lengua está ligada a la

cultura, y que, por lo tanto, Lenin niega la necesidad

de una lengua nacional única, manifestándose, por

consiguiente, a favor de las lenguas «de clase». El

error que esos camaradas cometen aquí consiste en

que identifican y confunden la lengua con la cultura.

Pero la cultura y la lengua son dos cosas distintas. La

cultura puede ser burguesa o socialista, mientras que

la lengua, como medio de relación, es siempre común

a todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura

burguesa como a la socialista. ¿Acaso no es un hecho

que las lenguas  rusa, ucraniana  y  uzbeka  sirven

actualmente a la cultura socialista de estas naciones

tan bien como sirvieron antes de la Revolución de

Octubre a sus culturas burguesas? Por consiguiente,

esos camaradas están muy equivocados al afirmar

que la existencia de dos culturas diferentes lleva a la

formación de dos lenguas distintas y a la negación de

la necesidad de una lengua única.

Cuando hablaba de dos culturas, Lenin partía

precisamente de la tesis de que la existencia de dos

culturas no puede nevar a la negación de la lengua

única y a la formación de dos lenguas, y de que la

lengua debe ser única. Cuando los bundistas acusaron

a Lenin de que negaba la necesidad de la lengua

nacional y consideraba que la cultura «carece de

nacionalidad»,  Lenin,  como  es  sabido,  protestó

enérgicamente  y  declaró  que  luchaba  contra  la

cultura burguesa, y no contra la lengua nacional,

cuya   necesidad   estimaba   indiscutible.   Causa

extrañeza  que  algunos  camaradas  nuestros  hayan

seguido las huellas de los bundistas.

Por lo que se refiere a una lengua única, cuya necesidad dicen que Lenin negaba, sería conveniente prestar oído a las siguientes palabras de Lenin:

 

«La  lengua  es  un  importantísimo  medio  de

relación entre los hombres; la unidad de la lengua y

su  desarrollo  sin  trabas  son  una  importantísima

condición                                                          de          una      circulación    mercantil

verdaderamente libre y amplia, correspondiente al

capitalismo  moderno,  y  de  una  libre  y  vasta

agrupación de la población en las diferentes clases».

 

297

 

Resulta   que   esos   estimados   camaradas   han tergiversado las ideas de Lenin.

Se remiten, por último, a Stalin. Reproducen una

cita de Stalin que dice que «la burguesía y sus

partidos nacionalistas fueron, y continúan siendo en

este  período  la  principal  fuerza  dirigente  de  las

naciones  de  ese  tipo».  Todo  esto  es  cierto.  La

burguesía   y   su   partido   nacionalista   dirigen,

efectivamente, la cultura burguesa, del mismo modo

que el proletariado y su partido internacionalista

dirigen la cultura proletaria. Pero ¿qué tiene que ver

esto con el «carácter de clase» de la lengua? ¿Acaso

esos camaradas no saben que la lengua nacional es

una forma de la cultura nacional y que puede servir

tanto a la cultura burguesa como a la socialista? ¿Es

que nuestros camaradas ignoran la conocida fórmula

de los marxistas de que las actuales culturas rusa,

ucraniana, bielorrusa y otras son socialistas por el

contenido y nacionales por la forma, es decir, por la

lengua? ¿Están   de   acuerdo   con   esta   fórmula

marxista?

El error que nuestros camaradas cometen aquí

consiste en que no ven la diferencia entre la cultura y

la lengua y no comprenden que la cultura cambia de

contenido con cada nuevo período del desarrollo de

la sociedad, mientras que la lengua continúa siendo

en lo esencial la misma a lo largo de varios períodos,

sirviendo por igual tanto a la nueva cultura como a la

antigua.

Así, pues:

a) la lengua, como medio de relación, ha sido siempre y sigue siendo única para la sociedad y común para todos sus miembros;

b) la existencia de dialectos y jergas no niega, sino que confirma la existencia de una lengua común a todo el pueblo, de la que esos dialectos y jergas son ramificaciones y a la que están subordinados;

c) la fórmula relativa al «carácter de clase» de la lengua es una fórmula errónea, no marxista.

 

PREGUNTA.                                                   ¿Cuáles    son    los    rasgos característicos de la lengua?

RESPUESTA. La lengua es uno de los fenómenos

sociales que actúan mientras existe la sociedad. Nace

y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo de la

sociedad. Muere cuando muere la sociedad. No hay

lengua fuera de la sociedad. Por eso, la lengua y las

leyes   de   su   desarrollo   solamente   pueden   ser

comprendidas si se estudian en ligazón inseparable

con la historia de la sociedad, con la historia del

pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que es

su creador y portador.

La lengua es el medio, el instrumento con el que

los  hombres  se  relacionan,  intercambian  ideas  y

logran entenderse unos a otros. Directamente ligada

al pensamiento, la lengua registra y fija en palabras y

en palabras combinadas en oraciones los resultados

del trabajo del pensamiento, los progresos de la

 

 

 

 

 

298

actividad cognoscitiva del hombre, y, de esta forma, hace posible el intercambio de ideas en la sociedad humana.

El intercambio de ideas constituye una necesidad

permanente y vital, ya que sin él sería imposible

organizar las acciones conjuntas de los hombres en la

lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la lucha

por   la   producción   de   los   bienes   materiales

indispensables; sería imposible conseguir éxitos en la

actividad productora de la sociedad y, por tanto, lo

sería también la existencia misma de la producción

social. De ahí que sin una lengua comprensible para

la sociedad y común a sus componentes, la sociedad

tenga que cesar de producir, se desintegre y deje de

existir como tal. En este sentido, la lengua, siendo

medio   de   relación,   es,   al   mismo   tiempo,   un

instrumento de lucha y de desarrollo de la sociedad.

Es sabido que todas las palabras de una lengua constituyen, juntas, lo que se llama su vocabulario. Lo principal en el vocabulario de una lengua es su caudal de voces, del que forman parte, como núcleo suyo, todas las palabras raíces. El caudal de voces báskoes mucho menos amplio que el vocabulario de la lengua, pero vive mucho tiempo, durante siglos, y suministra a la lengua una base para la formación de nuevas palabras. El vocabulario refleja el estado de la lengua: cuanto más rico y variado es el vocabulario, más rica y desarrollada es la lengua.

Sin  embargo,  el  vocabulario;  por    solo,  no

constituye todavía la lengua: es, más bien, el material

de construcción para la lengua. Del mismo modo que

los  materiales  de  construcción  no  constituyen  el

edificio, aunque sin ellos no es posible levantarlo, así

también  el  vocabulario  no  es  la  propia  lengua,

aunque sin él es inconcebible toda lengua. Pero el

vocabulario   adquiere   una   importancia   enorme

cuando se halla a disposición de una gramática, que

establece las reglas que rigen las modificaciones de

las palabras y la combinación de las palabras en

oraciones y, de este modo, hace de la lengua algo

armónico y coherente. La gramática (morfología,

sintaxis)  es  el  conjunto  de  reglas  que  rigen  las

modificaciones de las palabras y su combinación en

oraciones.  Por  tanto,  gracias  precisamente  a  la

gramática, la lengua obtiene la posibilidad de dar a

los pensamientos humanos una envoltura lingüística

material.

El rasgo distintivo de la gramática consiste en que

da las reglas para la modificación de las palabras

teniendo en cuenta no palabras concretas, sino las

palabras en general, desprovistas de todo carácter

concreto;   da   las   reglas   para   formar   oraciones

teniendo en cuenta no oraciones concretas con un

sujeto concreto, un predicado concreto, etc., sino

todas  las  oraciones,  sin  relación  con  la  forma

concreta de una u otra oración. Por consiguiente, la

gramática, haciendo abstracción de lo particular y de

lo  concreto,  tanto  en  las  palabras  como  en  las

 

 

J. V. Stalin

 

oraciones, toma lo que hay de general y básico en la modificación de las palabras y en su combinación en oraciones, sacando de ello las reglas gramaticales, las leyes gramaticales. La gramática es el resultado de una prolongada labor de abstracción realizada por el pensamiento humano, un exponente de los enormes progresos del pensamiento.

En  este  sentido,  la  gramática  se  parece  a  la geometría, que da sus leyes haciendo abstracción de los objetos concretos, considerando los objetos como cuerpos carentes de concreción y estableciendo las relaciones entre ellos no como relaciones concretas de determinados objetos concretos, sino como las relaciones de los cuerpos en general, desprovistos de todo carácter concreto.

A diferencia de la superestructura, que no está

ligada a la producción directamente, sino a través de

la economía, la lengua está directamente ligada a la

actividad productora del hombre, lo mismo que a

todas sus demás actividades en todas las esferas de su

trabajo,  sin  excepción.  A  ello  se  debe  que  el

vocabulario, por ser lo más susceptible de cambiar,

se encuentre en un estado de transformación casi

incesante; al mismo tiempo, la lengua, a diferencia de

la superestructura, no tiene que esperar a que la base

sea  liquidada  e  introduce  modificaciones  en  su

vocabulario antes de la liquidación de la base e

independientemente del estado de la base.

Sin embargo, el vocabulario de una lengua no

cambia como la superestructura, es decir, aboliendo

lo viejo y construyendo lo nuevo, sino enriqueciendo

el   vocabulario   existente   con   nuevas   palabras,

surgidas en relación con los cambios en el régimen

social, con el desarrollo de la producción, el progreso

de la cultura, de la ciencia, etc. Además, aunque

cierto  número  de  palabras  anticuadas  desaparece

habitualmente  del  vocabulario,  a  él  se  suma  un

número mucho mayor de palabras nuevas. Por lo que

respecta al caudal básico, se conserva en todo lo que

tiene  de  esencial  y  es  usado  como  base  del

vocabulario de la lengua.

Eso es comprensible. No hay ninguna necesidad de  destruir  el  léxico  básico  cuando  puede  ser utilizado  eficazmente  en  el  transcurso  de  varios períodos   históricos,   sin   hablar   ya   de   que   la destrucción del caudal básico, acumulado durante siglos,  vista  la  imposibilidad  de  crear  un  nuevo vocabulario básico en plazo breve, conduciría a la parálisis de la lengua, a la desorganización total de las relaciones entre los hombres.

La estructura gramatical de una lengua cambia

aún más lentamente que su caudal de voces básico.

La estructura gramatical, elaborada a lo largo de

varias épocas, y siendo como es carne de la carne y

sangre  de  la  sangre  de  la  lengua,  cambia  más

lentamente   todavía   que   el   caudal   básico.

Naturalmente, sufre cambios con el curso del tiempo,

se  perfecciona,  mejora  y  precisa  sus  reglas,  se

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

enriquece con nuevas reglas, pero las bases de la estructura gramatical subsisten durante un período muy largo, ya que, como lo demuestra la historia, pueden  servir  eficazmente  a  la  sociedad  en  el transcurso de muchas épocas.

Por lo tanto, la estructura gramatical y el caudal básico constituyen la base de la lengua y la esencia de su carácter específico.

La historia demuestra que la lengua posee gran

estabilidad y una colosal capacidad de resistencia a la

asimilación forzosa. Algunos historiadores, en lugar

de explicar este fenómeno, se limitan a manifestar su

asombro.  Pero  aquí  no  hay  ninguna  razón  para

asombrarse.  La  lengua  debe  su  estabilidad  a  la

estabilidad de su estructura gramatical y de su caudal

básico. Los asimiladores turcos se esforzaron durante

siglos por mutilar, destruir y aniquilar las lenguas de

los   pueblos   balcánicos.   En   este   período,   el

vocabulario de las lenguas balcánicas sufrió cambios

considerables, fueron adoptadas no pocas palabras y

expresiones   turcas,   hubo                             «convergencias»   y

«divergencias»,   pero   las                             lenguas   balcánicas resistieron y han perdurado. ¿Por qué? Porque la estructura gramatical y el léxico básico de estas lenguas se han mantenido en lo fundamental.

De todo esto se desprende que la lengua y su estructura  no  pueden  ser  consideradas  como  el producto de una sola época. La estructura de la lengua, su estructura gramatical y caudal básico son el producto de varias épocas.

Es de suponer que los elementos de las lenguas contemporáneas se constituyeron en la antigüedad más remota, antes de la época de la esclavitud. Era aquélla una lengua poco compleja, con un caudal de voces muy exiguo, pero con su propia estructura gramatical, que, si bien era primitiva, no dejaba, por ello, de ser estructura gramatical.

El  posterior  desarrollo  de  la  producción;  la

aparición de las clases; la aparición de la escritura; el

nacimiento  del  Estado,  que  necesitaba  para  la

dirección   una   correspondencia   más   o   menos

ordenada; el desarrollo del comercio, que precisaba

de ella todavía en mayor medida; la aparición de la

imprenta, los progresos de la literatura: todo eso

ocasionó grandes cambios en el desarrollo de la

lengua. Durante este tiempo, las tribus y los pueblos

se fraccionaban y dispersaban, se mezclaban y se

cruzaban, y posteriormente aparecieron las lenguas

nacionales y los Estados nacionales, se produjeron

revoluciones,   a   los   viejos   regímenes   sociales

sucedieron   otros.   Todo   ello   introdujo   cambios

mayores aún en la lengua y en su desarrollo.

Sin embargo, sería un error de bulto suponer que

la lengua se ha desarrollado del mismo modo que la

superestructura, es decir, destruyendo lo que existía y

edificando lo nuevo. En realidad, las lenguas no se

han desarrollado destruyendo las existentes y creando

otras,   sino   desarrollando   y   perfeccionando   los

 

299

 

elementos fundamentales de las lenguas existentes.

Además, el paso de un estado cualitativo de la lengua

a  otro  estado  cualitativo  no  se  ha  operado  por

explosión, destruyendo de un solo golpe lo viejo y

edificando lo nuevo, sino por acumulación gradual y

prolongada  de  los  elementos  del  nuevo  estado

cualitativo, de la nueva estructura de la lengua, por la

extinción gradual de los elementos del viejo estado

cualitativo.

Hay  quien  dice  que  la  teoría  del  desarrollo

estadial de la lengua es una teoría marxista, porque

reconoce la necesidad de explosiones súbitas como

una condición para el paso de la lengua de su vieja

calidad a una calidad nueva. Eso es falso, claro está,

pues resulta difícil encontrar en esta teoría algo de

marxista.  Y  si  la  teoría  del  desarrollo  estadial

reconoce efectivamente las explosiones súbitas en la

historia del desarrollo de la lengua, tanto peor para

ella.  El  marxismo  no  reconoce  las  explosiones

súbitas  en  el  desarrollo de  la  lengua,  la  muerte

repentina de una lengua existente y la súbita creación

de una nueva lengua. Lafargue no tenía razón cuando

hablaba de la «súbita revolución lingüística que se

produjo entre 1789 y 1794» en Francia (Véase el

folleto de Lafargue La lengua y la revolución). En la

Francia   de   entonces   no   se   produjo   ninguna

revolución lingüística, y menos aún súbita. Claro está

que  en  ese  período  el  vocabulario  de  la  lengua

francesa  se  enriqueció  con  nuevas  palabras  y

expresiones; desaparecieron algunas palabras caídas

en desuso, cambió el sentido de ciertas palabras, y

nada más. Sin embargo, tales cambios no deciden en

modo alguno la suerte de una lengua. Lo principal de

una lengua lo constituyen su estructura gramatical y

su caudal básico. Pero la estructura gramatical y el

vocabulario básico de la lengua francesa, lejos de

desaparecer en el período de la revolución burguesa

en Francia, se conservaron sin cambios esenciales, y

no sólo se conservaron entonces, sino que continúan

existiendo   hoy   día,   en   la   lengua   francesa

contemporánea. No hablo ya de que para suprimir

una  lengua  nacional  y  crear  otra (¡«una  súbita

revolución lingüística»¡), cinco o seis años son un

plazo  ridículamente  breve:  para  eso  hacen  falta

siglos.

El marxismo considera que el paso de la lengua de una vieja cualidad a una cualidad nueva no se produce por explosión ni por destrucción de la lengua existente   y   creación   de   una   nueva,   sino   por acumulación gradual de los elementos de la nueva cualidad y, por tanto, por extinción gradual de los elementos de la vieja cualidad.

Hay que decir en general, para conocimiento de

los camaradas que sienten pasión por las explosiones,

que la ley del paso de una vieja cualidad a una

cualidad nueva por explosión no sólo es inaplicable a

la historia del desarrollo de la lengua; tampoco puede

aplicarse siempre a otros fenómenos sociales de la

 

 

 

 

 

300

base o de la superestructura. Esa ley es obligatoria

para la sociedad dividida en clases hostiles. Pero no

es obligatoria, en modo alguno, para una sociedad en

la que no existan clases hostiles. En un período de

ocho a diez años realizamos en la agricultura de

nuestro país la transición del sistema burgués, basado

en las haciendas campesinas individuales, al sistema

socialista, al sistema koljosiano. Fue una revolución

que liquidó el viejo sistema económico burgués en el

campo y creó un nuevo sistema, el sistema socialista.

Sin  embargo,  esta  revolución  no  se  efectuó  por

explosión, es decir, derrocando el Poder existente e

instaurando  un  nuevo  Poder,  sino  por  transición

gradual del viejo sistema burgués en el campo a un

nuevo sistema. Y ello fue posible porque se trataba

de una revolución desde arriba, porque la revolución

se llevó a cabo por iniciativa del Poder existente con

el   apoyo   de   las   masas   fundamentales   del

campesinado.

Hay quienes dicen que los numerosos casos de cruce  de  lenguas  que  registra  la  historia  dan fundamento para suponer que con el cruce se crea una nueva lengua por explosión, por transición súbita de una vieja cualidad a una cualidad nueva. Eso es absolutamente falso.

El cruce de lenguas no puede ser considerado como un solo golpe decisivo que surte efecto en unos pocos años. El cruce de lenguas es un proceso largo, que dura siglos. Por eso no puede hablarse aquí de ninguna explosión.

Prosigamos. Sería absolutamente erróneo suponer

que el cruce de dos lenguas, pongamos por caso,

produce una lengua nueva, una tercera lengua que no

se  parece  a  ninguna  de  las  dos  cruzadas  y  se

distingue cualitativamente de ambas. En realidad una

de  las  lenguas  suele  salir  victoriosa  del  cruce,

conserva su estructura gramatical y su léxico básico y

continúa  desarrollándose con  arreglo  a  sus  leyes

internas,   mientras   que   la   otra   lengua   pierde

gradualmente su cualidad y se extingue poco a poco.

Por  consiguiente,  el  cruce  no  da  una  lengua nueva, una tercera lengua, sino que conserva una de las lenguas cruzadas, su estructura gramatical y su caudal   básico,   permitiéndole   desarrollarse   con arreglo a sus leyes internas.

Verdad es que con el cruce el vocabulario de la lengua victoriosa se enriquece en cierta medida a cuenta  de  la  lengua  vencida,  pero  eso,  lejos  de debilitarla, la fortalece.

Ese ha sido el caso, por ejemplo, de la lengua rusa, con la que se han cruzado en el curso del desarrollo histórico las lenguas de otros pueblos y que ha salido siempre victoriosa.

Naturalmente el vocabulario de la lengua rusa se ha completado a cuenta del vocabulario de esos otros idiomas, pero esto, lejos de debilitarla, la ha hecho más rica y fuerte.

En cuanto al carácter específico nacional de la

 

 

J. V. Stalin

 

lengua  rusa,  no  sufrió  el  menor  daño,  pues, conservando   su   estructura   gramatical   y   su vocabulario básico, la lengua rusa ha continuado progresando  y  perfeccionándose  según  las  leyes internas de su desarrollo.

No cabe la menor duda de que la teoría del cruce

no puede aportar nada serio a la lingüística soviética.

Si es cierto que la tarea principal de la lingüística

consiste en estudiar las leyes internas del desarrollo

de la lengua, habrá que reconocer que la teoría del

cruce ni siquiera la plantea, sin hablar ya de que no la

resuelve; sencillamente no la ve o no la comprende.

PREGUNTA. ¿Ha   procedido   acertadamente Pravda  al  abrir  una  libre  discusión  sobre  los problemas de la lingüística?

RESPUESTA. Sí, ha procedido acertadamente.

       En qué dirección serán resueltos los problemas de

la lingüística se verá claro al final de la discusión. Pero ya ahora se puede decir que la discusión ha sido muy provechosa.

La discusión ha puesto en claro, ante todo, que en

las instituciones lingüísticas, tanto en el centro como

en las repúblicas, imperaba un régimen impropio de

la ciencia, impropio en los hombres de ciencia. La

menor  crítica  de  la  situación  en  la  lingüística

soviética, incluso los más tímidos asomos de crítica

de la llamada «nueva doctrina» en la lingüística, eran

perseguidos y sofocados por los círculos lingüísticos

dirigentes.  Valiosos  trabajadores  e  investigadores

eran destituidos de sus cargos o rebajados a puestos

de menor importancia por abordar críticamente la

herencia  de  N.  Y.  Marr  o  expresar  la  menor

desaprobación de su teoría. Se elevaba a los altos

cargos a lingüistas, no por el índice de trabajo sino

por que aceptaban incondicionalmente la doctrina de

N. Y. Marr.

Todo el mundo reconoce que no hay ciencia que

pueda   desarrollarse   y   prosperar   sin   lucha   de

opiniones, sin libertad de crítica. Pero esta regla,

universalmente reconocida era ignorada y pisoteada

sin contemplaciones. Se formó un grupo cerrado de

dirigentes infalibles que, poniéndose a salvo de toda

posible   crítica,   hacía   ley   de   sus   caprichos   y

arbitrariedades.

Un ejemplo: el llamado «Curso de Bakú» (las

conferencias pronunciadas por N. Y. Marr en Bakú),

que el autor mismo declaró defectuoso y prohibió

reeditar,   ha   sido,   no   obstante,   reeditado   por

disposición de la casta de dirigentes (el camarada

Meschaninov los llama «discípulos» de N. y. Marr) e

incluido, sin hacer ninguna salvedad, entre los libros

de texto recomendados a los estudiantes. Eso quiere

decir que se ha engañado a los estudiantes, haciendo

pasar por un libro de texto de pleno valor un «Curso»

reconocido  como  defectuoso.  Si  yo  no  estuviera

convencido    de    la    honradez    del    camarada

Meschaninov  y  de  otros  lingüistas,  diría  que

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

semejante proceder equivale a un sabotaje.

       ¿Cómo ha podido ocurrir eso? Ha ocurrido porque

el  régimen  a  lo  Arakchéev  implantado  en  la lingüística fomenta la irresponsabilidad y estimula tales arbitrariedades.

La discusión ha resultado muy provechosa, ante todo, porque ha sacado a la luz ese régimen a lo Arakchéev y lo ha pulverizado.

Pero el provecho reportado por la discusión no acaba ahí.

La discusión no sólo ha demolido el viejo régimen

imperante en la lingüística, sino que, además, ha

puesto de manifiesto la increíble confusión de ideas

que rema, en los problemas más importantes de la

lingüística, entre los círculos dirigentes de esta rama

de la ciencia. Antes de comenzar la discusión, los

«discípulos» de N. Y. Marr callaban, silenciando que

las cosas no marchaban bien en la lingüística. Pero,

una vez comenzada la discusión, se hizo imposible

callar y tuvieron que pronunciarse en la prensa. ¿Y

qué ha resultado? Ha resultado que en la doctrina de

N. Y. Marr hay muchas lagunas, errores, problemas

sin  precisar  y  tesis  insuficientemente  elaboradas.

¿Por qué -se pregunta uno- los «discípulos» de N. Y.

Marr no han hablado de ello hasta después de abierta

la discusión? ¿Por qué no se han preocupado de ello

antes? ¿Por qué no lo dijeron a su debido tiempo,

franca  y  honradamente,  como  corresponde  a  los

hombres de ciencia?

Resulta   que,   después   de   haber   reconocido

«algunos» errores de N. Y. Marr, sus «discípulos»

creen  que  únicamente  se  puede  desarrollar  la

lingüística  soviética  basándose  en  una  versión

«precisada» de la teoría de N. Y. Marr, considerada

por ellos una teoría marxista. Pero ¡libresenos del

«marxismo» de N. Y. Marr! N. Y. Marr quería,

efectivamente, ser marxista y se esforzó por serlo,

pero   no   lo   consiguió.   No   fue   más   que   un

simplificador y un vulgarizador del marxismo, como

los de «proletcult»309 y los de la RAPP.310

 

 

309 «Proletkulti» - organización de la Cultura Proletaria. Desde el

punto de vista organizativo se fundó en la primera conferencia

del Proletkult que tuvo lugar en septiembre de 1918. Los teóricos

de esta organización mantenían ideas ajenas al marxismo. Bajo la

máscara de «la cultura proletaria» los partidarios de Bogdánov

propugnaban   ideas   filosóficas   reaccionarias       (Machismo),

negaban el papel dirigente del Partido y el Estado soviético en la

edificación  cultural,  separaban  el  desarrollo  de  la  cultura

soviética de las tareas generales de la edificación socialista,

negaban  la  necesidad  de  la  explotación  de  las  precedentes

realizaciones culturales. Trataban que las organizaciones del

Proletkult  fueran  independientes  del  Poder  soviético  y  del

Partido.  Lenin  intervino  firmemente  contra  los  intentos  de

introducir  estas  teorías  anti-marxistas  y  burguesas  en  el

Proletkult. A partir de 1922 las organizaciones de Proletkult

comenzaron a dispersarse.

310 RAPP - organización política literaria que existió desde 1925 hasta 1932. La RAPP tenía sus secciones y revistas en las grandes ciudades de RSFSR.

Al principio la RAPP desempeñó un positivo papel y agrupaba a

la mayoría de los escritores proletarios, que por aquel entonces

 

301

 

N. Y. Marr introdujo en la lingüística la fórmula errónea,   no   marxista,   de   que   la   lengua   era superestructura, y se hizo un embrollo, embrolló a la lingüística. Es imposible desarrollar la lingüística soviética basándose en una fórmula errónea.

N. Y. Marr introdujo también en la lingüística otra fórmula errónea y no marxista, la del «carácter de clase» de la lengua, y se hizo un embrollo, embrolló a la lingüística. Es imposible desarrollar la lingüística soviética basándose en una fórmula errónea, que está en contradicción con todo el curso de la historia de los pueblos y de las lenguas.

N. Y. Marr introdujo en la lingüística un tono inmodesto,  jactancioso  y  altanero,  impropio  del marxismo,   un   tono   que   conduce   a   negar gratuitamente y a la ligera todo lo que había en la lingüística antes de N. Y. Marr.

N.  Y.  Marr  denigra  chillonamente  el  método

histórico-comparativo, tachándolo de «idealista». Sin

embargo, hay que decir que el método histórico-

comparativo, a pesar de sus graves defectos, vale más

que  el  análisis  según  cuatro  elementos -método

verdaderamente idealista- inventado por N. Y. Marr,

pues el primero impulsa al trabajo, al estudio de las

lenguas,  mientras  que  el  segundo  sólo  induce  a

tumbarse a la bartola y a leer en tazas de café los

decantados cuatro elementos.

N. Y. Marr denigra altaneramente todo intento de estudiar los grupos, (familias) de lenguas, viendo en él una manifestación de la teoría de «protolengua». Y, sin embargo, no puede negarse que el parentesco idiomático  de  naciones  como,  por  ejemplo,  las eslavas, no ofrece lugar a dudas ni que el estudio de ese parentesco idiomático podría ser de gran valor para el estudio de las leyes del desarrollo de la lengua.  Y  eso  sin  hablar  de  que  la  teoría  de «protolengua» tiene nada que ver aquí.

Oyendo  a  N.  Y.  Marr  y,  sobre  todo,  a  sus "discípulos», podría pensarse que antes de N. Y. Marr  no  existía  la  lingüística,  que  la  lingüística apareció con la "nueva doctrina» de N. Y. Marr, Marx   y   Engels   eran   mucho   más   modestos: consideraban  que  su  materialismo  dialéctico  era producto del desarrollo de las ciencias, incluida la filosofía, en el período precedente.

Por tanto, la discusión ha ayudado a la causa en el sentido  de  que  también  ha  descubierto  lagunas ideológicas en la lingüística soviética.

Creo que cuanto antes se desembarace nuestra

 

 

crearon muchas importantes obras. Sin embargo, en la actividad de  la  RAPP  aparecieron  importantes  errores  ideopolíticos, particularmente al final de la tercera década. La RAPP guardaba remanentes de Proletkult, sembraba el sectarismo y divulgaba el espíritu de grupos.

Ya que la RAPP se convirtió en un obstáculo para el posterior

desarrollo de la literatura, el CC del PC(b) de Rusia con la

resolución del 23 de abril de 1932 «Sobre la reconstrucción de

las organizaciones literario-artísticas» decidió la liquidación de la

RAPP y se fundó la Liga de los Escritores soviéticos de la URSS.

 

 

 

 

 

302

lingüística de los errores de N. Y. Marr, tanto más rápidamente se la podrá sacar de la crisis por que atraviesa ahora.

Liquidar  el  régimen  a  lo  Arakehéev  en  la

lingüística, renunciar a los errores de N. Y. Marr,

introducir el marxismo en la lingüística: tal es, a mi

juicio, el camino para sanear la lingüística soviética.

Publicado en «Pravda», el 20 de junio de 1950.

 

En torno a algunas cuestiones de la lingüística

Camarada Krashenínnikova:

Respondo a sus preguntas.

1.    PREGUNTA.    Su    artículo    demuestra convincentemente que la lengua no es ni base ni superestructura. ¿Sería acertado considerar que la lengua es un fenómeno propio tanto de la base como de la superestructura, o sería más justo considerar la lengua un fenómeno intermedio?

RESPUESTA. Naturalmente, a la lengua, como

fenómeno social, le es propio lo común en todos los

fenómenos  sociales,  comprendidas  la  base  y  la

superestructura,  a  saber:  está  al  servicio  de  la

sociedad, como todos los demás fenómenos sociales,

incluyendo la base y la superestructura. Pero aquí

termina, propiamente hablando, lo común a todos los

fenómenos  sociales.  A  partir  de  aquí  empiezan

diferencias importantes entre los fenómenos sociales.

La cuestión estriba en que los fenómenos sociales,

además   de   ese   rasgo   común,   tienen   sus

particularidades específicas, que los diferencian a

unos  de  otros  y  que  tienen  para la ciencia  una

importancia    primordial.    Las    particularidades

específicas de la base consisten en que ésta sirve a la

sociedad desde el punto de vista económico. Las

particularidades  específicas  de  la  superestructura

consisten en que pone al servicio de la sociedad ideas

políticas, jurídicas, estéticas y otras, crea para la

sociedad las correspondientes instituciones políticas,

jurídicas,   etc.,   etc.                                        ¿En   qué   consisten   las

particularidades  específicas  de  la  lengua,  que  la

diferencian   de   los   demás   fenómenos   sociales?

Consisten en que la lengua sirve a la sociedad como

medio de relación entre los hombres, como medio de

intercambio de ideas en la sociedad, como medio que

permite a los hombres entenderse mutuamente y

organizar el trabajo conjunto en todas las esferas de

la  actividad  humana,  tanto  en  la  esfera  de  la

producción  como  en  la  esfera  de  las  relaciones

económicas, tanto en la esfera de la política como en

la esfera de la cultura, tanto en la vida social como en

la vida privada. Estas particularidades son exclusivas

de la lengua, y precisamente porque son exclusivas

de la lengua, ésta es objeto de estudio por una ciencia

independiente: la lingüística. Si la lengua no tuviera

esas  particularidades,  la  lingüística  perdería  el

derecho a una existencia independiente.

En pocas palabras: no puede incluirse a la lengua

 

 

J. V. Stalin

 

ni en la categoría de las bases ni en la categoría de las superestructuras.

Tampoco puede incluírsela en la categoría de los

fenómenos «intermedios»   entre   la   base   y   la

superestructura, pues tales fenómenos «intermedios»

no existen.

Pero ¿quizá  puede  incluirse  la  lengua  en  la

categoría de las fuerzas productivas de la sociedad,

por ejemplo, en la categoría de los instrumentos de

producción?   En  efecto,   entre  la  lengua   y   los

instrumentos de producción hay cierta analogía: los

instrumentos de producción, lo mismo que la lengua,

manifiestan  cierta  indiferencia  hacia  las  clases  y

pueden servir por igual a las diversas clases de la

sociedad, tanto la las viejas como a las nuevas.

¿Ofrece esta circunstancia fundamento para incluir la

lengua  en  la  categoría  de  los  instrumentos  de

producción? No, no lo ofrece.

Hubo un tiempo en que N. Y. Marr, viendo que su fórmula «la lengua es una superestructura de la base» encontraba   objeciones,   decidió «reorientarse»   y declaró  que «la  lengua  es  un  instrumento  de producción». ¿Tenía razón N. Y. Marr al incluir la lengua  en  la  categoría  de  los  instrumentos  de producción? No, no tenía ninguna razón.

La cuestión estriba en que la semejanza entre la

lengua y los instrumentos de producción no va más

allá de la analogía que acabo de mencionar. Pero, en

cambio,  entre  la  lengua  y  los  instrumentos  de

producción   hay   una   diferencia   esencial.   Esa

diferencia  consiste  en  que  los  instrumentos  de

producción producen bienes materiales, mientras que

la lengua no produce nada o sólo «produce» palabras.

Más exactamente dicho: si poseen instrumentos de

producción,  los  hombres  pueden  producir  bienes

materiales,  pero  si  carecen  de  ellos,  no  pueden

producir bienes materiales aunque dispongan de una

lengua. No es difícil comprender que si la lengua

pudiera producir bienes materiales, los charlatanes

serían los hombres más ricos de la tierra.

 

2. PREGUNTA. Marx y Engels definen la lengua

como la «realidad inmediata del pensamiento», como

«la  conciencia  práctica...  real». «Las  ideas -dice

Marx- no existen separadamente de la lengua». ¿En

qué medida, a su juicio, debe ocuparse la lingüística

del aspecto semántico de la lengua, de la semántica,

de la semasiología histórica y del estilo, o bien el

objeto  de  la  lingüística  debe  ser  únicamente  la

forma?

RESPUESTA.  La  semántica  (semasiología)  es

una de las partes importantes de la lingüística. El

aspecto semántico tiene una seria importancia para el

estudio de la lengua. Por eso debe asegurar a la

semántica (semasiología) el lugar que le corresponde

en la lingüística.

Sin  embargo,  al  estudiar  sus  problemas  y  al

utilizar  sus  datos,  no  debe  exagerarse  en  modo

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

alguno la importancia de la semántica y menos aún abusar de ella. Me refiero a algunos lingüistas que, llevados de una pasión excesiva por la semántica, desprecian la lengua como «realidad inmediata del pensamiento»,   indisolublemente   ligada   con   el pensamiento, separan el pensamiento de la lengua y afirman que la lengua está en vías de desaparición y que puede prescindirse de ella.

Preste atención a las siguientes palabras de N. Y. Marr:

 

«La lengua sólo existe en la medida en que se

manifiesta en los sonidos; la acción de pensar se

produce  también  sin  ser  expresada...  La  lengua

(hablada) ha comenzado ya a transmitir sus funciones

a novísimos inventos que vencen incondicionalmente

al  espacio,  mientras  que  el  pensamiento  va  en

ascenso a cuenta de las riquezas que ha acumulado,

sin  utilizarlas,  en  el  pasado  y  de  sus  nuevas

adquisiciones, y está llamado a desplazar y a sustituir

plenamente a la lengua. La lengua futura será el

pensamiento, que crecerá en una técnica libre de la

materia  natural.  Ninguna  lengua,  ni  siquiera  la

hablada, vinculada, pese a todo, con las normas de la

naturaleza,  podrá  hacerle  frente» (Véase «Obras

escogidas» de N. Y. Marr).

 

Si traducimos al simple lenguaje humano este galimatías «mágico-laboral», podremos llegar a la conclusión de que:

a) N. Y. Marr separa el pensamiento de la lengua;

b) N. Y. Marr considera que los hombres pueden relacionarse también sin una lengua, con ayuda del pensamiento mismo, libre de la «materia natural» de la lengua, libre de las «normas de la naturaleza»;

c)  al  separar  el  pensamiento  de  la  lengua  y «liberarlo» de la «materia natural», idiomática, N. Y. Marr cae en el pantano del idealismo.

Dicen que los pensamientos surgen en la cabeza

del hombre antes de que sean enunciados en el habla,

que surgen sin material idiomático, sin envoltura

idiomática o, por decirlo así, desnudos. Pero eso es

absolutamente  falso.  Cualesquiera  que  sean  los

pensamientos que surjan en la cabeza del hombre, y

cualquiera  que  sea  el  momento  en  que  surjan,

únicamente pueden surgir y existir sobre la base del

material idiomático, sobre la base de los términos y

las frases de la lengua. No existen pensamientos

desnudos, libres del material idiomático, libres de la

«materia  natural»  idiomática. «La  lengua  es  la

realidad  inmediata  del  pensamiento» (Marx).  La

realidad del pensamiento se manifiesta en la lengua.

Sólo idealistas pueden hablar del pensamiento sin

asociarlo a la «materia natural» de la lengua, hablar

de un pensamiento sin lengua.

En   pocas   palabras:   la   exageración   de   la importancia  de  la  semántica  y  el  abuso  de  ella condujeron a N. Y. Marr al idealismo.

 

303

 

Por consiguiente, la semántica (semasiología), si

se la preserva de exageraciones y abusos de la índole

de los cometidos por N. Y. Marr y algunos de sus

«discípulos»,  puede  reportar  gran  beneficio  a  la

lingüística.

 

3. PREGUNTA. Usted dice con toda razón que

las ideas, las concepciones, las costumbres y los

principios  morales  de  los  burgueses  y  de  los

proletarios son diametralmente opuestos. El carácter

de   clase   de   estos   fenómenos   se   ha   reflejado

indudablemente en el aspecto semántico de la lengua

(y a veces también en su forma -en el vocabulario-,

como se señala acertadamente en su artículo). ¿Se

puede,  cuando  se  analiza  un  material  idiomático

concreto, y en primer término el aspecto semántico

de una lengua, hablar de la esencia de clase de los

conceptos por ella expresados, particularmente en los

casos en que no sólo se trata de la expresión, en

palabras, del pensamiento del hombre, sino también

de su actitud ante la realidad, en la que se manifiesta

con particular relieve la clase a que pertenece?

RESPUESTA. Brevemente hablando, usted quiere saber si las clases influyen en la lengua, si aportan a la lengua sus palabras y expresiones especificas, si existen  casos  en  que  los  hombres  den  diferente significado a unas mismas palabras y expresiones en dependencia de la clase a que pertenezcan.

Sí, las clases influyen en la lengua, aportan a la lengua sus palabras y expresiones específicas y, a veces, comprenden de modo diferente unas mismas palabras y expresiones. Eso está fuera de dudas.

De aquí, sin embargo, no se desprende que las

palabras y las expresiones específicas, igual que la

diferencia   en   la   semántica,   puedan   tener   una

importancia seria para el desarrollo de una lengua

común  a  todo  el  pueblo,  que  sean  capaces  de

aminorar su importancia o modificar su carácter.

En  primer  lugar,  esas  palabras  y  expresiones específicas, así como los casos de diferencia en la semántica, son tan escasos que apenas constituyen el uno por ciento de todo el material de la lengua. Por consiguiente, la enorme masa restante de palabras y expresiones, así como su semántica, son comunes a todas las clases de la sociedad.

En  segundo  lugar,  las  palabras  y  expresiones específicas, con matiz de clase, no son utilizadas en el lenguaje ateniéndose a las reglas de una gramática de «clase», que no existe bajo la capa del cielo, sino a las reglas de la gramática de la lengua existente, común a todo el pueblo.

Por   lo   tanto,   la   existencia   de   palabras   y

expresiones específicas, lo mismo que las diferencias

en la semántica de una lengua no refutan, sino que,

por  el  contrario,  confirman  la  existencia  y  la

necesidad de una lengua única, común a todo el

pueblo.

 

 

 

 

 

304

4. PREGUNTA. En su artículo califica usted con

toda razón a Marr de vulgarizador del marxismo.

¿Quiere decir esto que los lingüistas -entre ellos,

nosotros,  los  jóvenes-  debemos  rechazar  toda  la

herencia lingüística de Marr, en la cual hay, pese a

todo,  algunas  investigaciones  lingüísticas  valiosas

(los camaradas Chikobava, Sanzhéev y otros han

hablado   de   ellas   en   la   discusión)? ¿Podemos,

abordando con sentido crítico a Marr, tomar lo útil y

valioso que haya eh él?

RESPUESTA. Naturalmente, las obras de N. Y.

Marr no contienen sólo errores. N. Y. Marr incurrió

en   burdísimos   errores   cuando   introdujo   en   la

lingüística  elementos  de  marxismo  adulterados,

cuando   intentó   crear   una   teoría   lingüística

independiente. Pero N. Y. Marr tiene algunas obras

buenas y escritas con talento, en las que, olvidándose

de   sus                                                               pretensiones    teóricas,         investiga:

concienzudamente y -hay que decirlo- con habilidad,

determinadas lenguas. En esos trabajos hay mucho

material valioso e instructivo. Naturalmente que todo

lo valioso e instructivo que hay en N. Y. Marr debe

ser tomado y utilizado.

 

5. PREGUNTA. Muchos lingüistas estiman que el formalismo  es  una  de  las  causas  principales  del estancamiento  de  la  lingüística  soviética.  Siento grandes deseos de conocer su opinión acerca de en qué se manifiesta el formalismo en la lingüística y cómo debe procederse para superarlo.

RESPUESTA. N. Y. Marr y sus «discípulos» acusan de «formalismo» a todos los lingüistas que no comparten la «nueva doctrina» de N. Y. Marr. Eso, naturalmente, no es serio ni inteligente.

N. Y. Marr consideraba que la gramática era puro «formalismo» y formalistas a quienes veían en la estructura gramatical la base de la lengua. Eso es una solemne majadería.

Yo creo que el «formalismo» ha sido inventado por los autores de la «nueva doctrina» para combatir más fácilmente a sus adversarios en la lingüística.

La  causa  del  estancamiento  de  la  lingüística

soviética no es el «formalismo» inventado por N. Y.

Marr  y  sus «discípulos»,  sino  el  régimen  a  lo

Arakchéev y las lagunas teóricas en la lingüística. El

régimen  a  lo  Arakchéev  lo  han  instaurado  los

«discípulos» de N. Y. Marr. La confusión teórica ha

sido llevada a la lingüística por N. Y. Marr y sus más

cercanos adeptos. Para que no haya estancamiento

debe terminarse con lo uno y lo otro. La eliminación

de esas úlceras saneará la lingüística soviética, la

conducirá a un anchuroso camino y le permitirá

ocupar el primer lugar en la lingüística mundial.

29 de junio de 1950.

Publicado en «Pravda», el 4 de julio de 1950.

 

Respuestas a unos camaradas

 

 

J. V. Stalin

 

Al camarada Sanzhéev

Estimado camarada Sanzhéev:

Respondo a su carta con gran retraso, ya que sólo

ayer me fue transmitida por el aparato del Comité

Central.

Usted interpreta mi posición en el problema de los dialectos con absoluta justeza.

Los dialectos «de clase», a los que sería más

exacto llamar jergas, no sirven a las masas populares,

sino a una reducida capa de las altas esferas sociales.

Por lo demás, no tienen ni estructura gramatical ni

léxico básico propios. A eso se debe que no puedan,

de   ninguna   manera,   convertirse   en   lenguas

independientes.

Los dialectos locales («territoriales») sirven, por

el contrario, a las masas populares y tienen su propia

estructura gramatical y su propio caudal de voces

básico. A ello se debe que algunos dialectos locales,

en el proceso de formación de las naciones, puedan

servir de base a las lenguas nacionales y desarrollarse

hasta llegar a ser lenguas nacionales independientes.

Ese fue el caso, por ejemplo, del dialecto de Kursk-

Orel (el «habla» de Kursk-Orel) de la lengua rusa,

que constituyó la base de la lengua nacional rusa. Lo

mismo cabe decir del dialecto de Poltava-Kíev de la

lengua  ucraniana,  que  fue  la  base  de  la  lengua

nacional ucraniana. En cuanto a los demás dialectos

de esas lenguas, pierden su originalidad, se funden

con esas lenguas y se diluyen en ellas.

Suele darse también el proceso inverso, cuando la lengua única de un pueblo que no se ha convertido aún   en   nación   por   no   existir   las   condiciones económicas necesarias para su desarrollo, se hunde a causa de la disgregación estatal de este pueblo, y los dialectos locales que aún no han tenido tiempo de fundirse   en   una   lengua   única,   reviven   y   dan comienzo   a   la   formación   de   distintas   lenguas independientes. Es posible que ése fuera el caso por ejemplo, de la lengua mongola única.

11 de julio de 1950.

 

Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.

 

A los camaradas D. Belkin y S. Furer

He recibido sus cartas.

El error de ustedes consiste en que han mezclado dos cosas diferentes y han suplantado por otro el tema  examinado  en  mi  respuesta  a  la  camarada Krashenínnikova.

1. Yo critico en esa respuesta a N. Y. Marr, quien,

al tratar de la lengua (hablada) y del pensamiento,

separa la lengua del pensamiento y cae por ello en el

idealismo. Por tanto, en mi respuesta me refiero a

personas normales, con el don de la palabra. Yo

afirmo que en esas personas los pensamientos sólo

pueden surgir sobre la base del material idiomático,

que en las personas con el don de la palabra no

existen pensamientos desnudos, sin ligazón con el

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

material idiomático.

En vez de aceptar o de rechazar esta tesis, ustedes presentan   a   personas   anormales,   sin   habla,   a sordomudos, cuyos pensamientos, naturalmente, no pueden surgir sobre la base del material idiomático. Como ven, éste es otro tema totalmente distinto, al que no me he referido ni podía referirme, pues la lingüística se ocupa de personas normales, con el don de  la  palabra,  y  no  de  personas  anormales,  de sordomudos, que no hablan.

Ustedes han suplantado el tema discutido por otro que no ha sido puesto a discusión.

2. De la carta del camarada Belkin se desprende que  coloca  en  un  mismo  plano  la «lengua  de palabras» (lengua hablada) con la «lengua mímica» (según N. Y. Marr, lengua «de las manos»). Por lo visto, cree que la lengua mímica y la lengua de palabras  son  equivalentes,  que  en  un  tiempo  la sociedad humana no tenía lengua de palabras, que la lengua «de las manos» suplía entonces a la lengua de palabras, que apareció después.

Pero si el camarada Belkin piensa efectivamente

así, incurre en un grave error. La lengua hablada o la

lengua de palabras fue siempre el único lenguaje de

la sociedad humana capaz de servir como eficiente

medio de relación entre los hombres. La historia no

conoce ninguna sociedad humana, por más atrasada

que sea, sin su lengua hablada. La etnografía no

conoce ningún pequeño pueblo atrasado, aunque sea

tan primitivo o más aún que, pongamos por caso, los

australianos o los habitantes de la Tierra del Fuego

en el siglo pasado, que no tenga su lengua hablada.

La lengua hablada es en la historia de la humanidad

una de las fuerzas que han ayudado a los hombres a

diferenciarse del resto de los animales, unirse en

sociedades, desarrollar su pensamiento, organizar la

producción social, luchar con éxito contra las fuerzas

de la naturaleza y llegar al progreso que observamos

en la actualidad.

En este sentido, el papel de la llamada lengua

mímica  es  insignificante,  debido  a  su  extrema

pobreza y limitación. Propiamente dicho, no es una

lengua y ni siquiera un sucedáneo de lengua capaz de

reemplazar de una u otra manera a la lengua hablada,

sino un medio auxiliar, con recursos extremadamente

limitados,  que  a  veces  utiliza  el  hombre  para

subrayar uno u otro pasaje en su discurso. La lengua

mímica y la lengua hablada son tan incomparables

como la primitiva azada de madera y el moderno

tractor-oruga,  con  su  arado  de  cinco  rejas,  o  la

sembradora a tractor.

3. A lo que se ve, ustedes se interesan sobre todo

por   los   sordomudos,   y   sólo   después   por   los

problemas   de   la   lingüística.   Al   parecer,   es

precisamente   esta   circunstancia   la   que   les   ha

inducido a hacerme varias preguntas. Bien, ya que

ustedes insisten, procuraré satisfacer su ruego. Así,

pues, ¿qué   puede  decirse   de  los  sordomudos?

 

305

 

¿Poseen la facultad de pensar?, ¿surgen en ellos

pensamientos? Sí, poseen la facultad de pensar y en

ellos surgen pensamientos. Es evidente que, como los

sordomudos   están   privados   del   habla,   sus

pensamientos no pueden surgir sobre la base del

material   lingual.                                             ¿Quiere   decir   eso   que   los

pensamientos de los sordomudos son pensamientos

desnudos, sin nexo con las «normas de la naturaleza»

(expresión de N. Y. Marr)? No, no quiere decir eso.

Los  pensamientos  de  los  sordomudos  surgen  y

pueden  existir  únicamente  sobre  la  base  de  las

imágenes, las percepciones y las concepciones que se

forman en su vida de los objetos del mundo exterior

y de las relaciones entre ellos mismos gracias a la

vista, el tacto, el gusto y el olfato. Fuera de estas

imágenes,    percepciones    y    concepciones,    el

pensamiento es huero, carece de todo contenido, es

decir, no existe.

22 de julio de 1950.

 

Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.

 

Al camarada A. Jolópov

He recibido su carta.

He  tardado  un  poco  en  contestarle  por  estar recargado de trabajo.

Su carta parte tácitamente de dos hipótesis: de la

hipótesis de que es admisible citar las obras de uno o

de  otro  autor  haciendo  abstracción  del  período

histórico a que se refiere la cita y, en segundo lugar,

de la hipótesis de que tales o cuales conclusiones y

fórmulas del marxismo, resultado del estudio de uno

u otro período del desarrollo histórico, son justas

para todos los períodos de desarrollo y por eso deben

permanecer inmutables.

Debo    decir    que    ambas    hipótesis    son profundamente erróneas.

Algunos ejemplos.

1. En el quinto decenio del siglo pasado, cuando

aún no existía capitalismo monopolista, cuando el

capitalismo se desarrollaba de manera más o menos

uniforme, en línea ascendente, se extendía a nuevos

territorios que no había ocupado aún, y la ley de la

desigualdad del desarrollo no podía actuar todavía

con  plena  fuerza,  Marx  y  Engels  llegaron  a  la

conclusión de que la revolución socialista no podría

triunfar en un solo país y únicamente podía vencer

mediante un golpe conjunto en todos o en la mayoría

de los países civilizados. Esta conclusión pasó a ser

una tesis rectora para todos los marxistas.

Sin  embargo,  en  los  albores  del  siglo  XX,

especialmente en el período de la primera guerra

mundial, cuando para todos se hizo evidente que el

capitalismo premonopolista se había transformado de

manera   manifiesta   en   capitalismo   monopolista,

cuando el capitalismo ascendente se convirtió en

capitalismo moribundo, y cuando la guerra puso de

relieve   las   incurables   debilidades   del   frente

 

 

 

 

 

306

imperialista mundial y la ley de la desigualdad del

desarrollo   predeterminó   el   que   la   revolución

proletaria  maduraría  en  épocas  diferentes  en  los

distintos   países,   Lenin,   partiendo   de   la   teoría

marxista, llegó a la conclusión de que en las nuevas

condiciones del desarrollo la revolución socialista

podía perfectamente triunfar en un solo país; de que

el triunfo simultáneo de la revolución socialista en

todos  los  países  o  en  la  mayoría  de  los  países

civilizados era imposible debido a que la revolución

no maduraba por igual en dichos países; de que la

vieja fórmula de Marx y Engels no correspondía ya a

las nuevas condiciones históricas.

Como  se  ve,  tenemos  aquí  dos  conclusiones distintas sobre el problema del triunfo del socialismo, que no sólo se contradicen, sino que se excluyen mutuamente.

Los  dogmáticos  y  los  talmudistas,  que  citan

mecánicamente, sin penetrar en la esencia de las

cosas,   haciendo   abstracción   de   las   condiciones

históricas,   pueden   decir   que   una   de   estas

conclusiones, por ser absolutamente injusta, debe ser

rechazada,   y   la   otra   conclusión,   por   ser

absolutamente justa, debe hacerse extensiva a todos

los períodos del desarrollo. Pero los marxistas no

pueden ignorar que los dogmáticos y los talmudistas

se   equivocan,   no   pueden   ignorar   que   ambas

conclusiones son justas, pero no incondicionalmente,

sino cada una para su época: la de Marx y Engels

para el período del capitalismo premonopolista, y la

de   Lenin   para   el   período   del   capitalismo

monopolista.

2.  Engels  decía  en  su «Anti-Dühring»  que,

después del triunfo de la revolución socialista, el

Estado había de extinguirse. Sobre esta base, después

del triunfo de la Revolución Socialista en nuestro

país, los dogmáticos y los talmudistas en nuestro

Partido exigían que el Partido tomase medidas para

acelerar la extinción de nuestro Estado, para disolver

los organismos del Estado, para renunciar al ejército

permanente.

Sin embargo, el estudio de la situación mundial en

nuestra época llevó a los marxistas soviéticos a la

conclusión  de  que  en  las  condiciones  de  cerco

capitalista,   cuando   la   revolución   socialista   ha

triunfado en un solo país y en todos los demás

domina  el  capitalismo,  el  país  de  la  revolución

triunfante no debe debilitar, sino reforzar por todos

los medios su estado, los organismos del Estado, el

servicio de inteligencia y el ejército, si no quiere ser

aplastado por el cerco capitalista. Los marxistas rusos

llegaron a la conclusión de que la fórmula de Engels

se refiere al triunfo del socialismo en todos los países

o en la mayoría de los países y es inaplicable cuando

el socialismo triunfa en un solo país, mientras en

todos los demás países domina el capitalismo.

Como se ve, tenemos aquí dos diferentes fórmulas

relativas a los destinos del Estado socialista, dos

 

 

J. V. Stalin

 

fórmulas que se excluyen mutuamente.

       Los dogmáticos y los talmudistas pueden decir

que    esta    circunstancia    crea    una   situación

insoportable, que hay que rechazar una fórmula, por

ser absolutamente errónea, y extender la otra, por ser

absolutamente   justa,   a   todos   los   períodos   del

desarrollo del Estado socialista. Pero los marxistas no

pueden ignorar que los dogmáticos y los talmudistas

se equivocan, pues ambas fórmulas son justas, pero

no de manera incondicional, sino cada una para su

época: la de los marxistas soviéticos para el período

del triunfo del socialismo en uno o en varios países, y

la  de  Engels  para  el  período  en  que  el  triunfo

consecutivo   del   socialismo   en   distintos   países

conduzca al triunfo del socialismo en la mayoría de

los países y se creen, por tanto, las condiciones

necesarias para la aplicación de la fórmula de Engels.

Podrían multiplicarse estos ejemplos.

Lo mismo hay que decir de las dos fórmulas diferentes sobre el problema de la lengua, tomadas de distintas obras de Stalin y citadas por el camarada Jolópov en su carta.

El camarada Jolópov se remite a la obra de Stalin

«Acerca del marxismo en la lingüística» donde se

saca la conclusión de que, como resultado del cruce,

por  ejemplo,  de  dos  lenguas,  una  de  ellas  sale

habitualmente vencedora, mientras que la otra se

extingue, y que, por consiguiente, el cruce no da una

lengua nueva, una tercera lengua, sino que conserva

una de las lenguas. Más adelante se remite a otra

conclusión tomada del informe de Stalin al XVI

Congreso del PC(b) de la URSS, donde se dice que

en el período del triunfo del socialismo en escala

mundial, cuando el socialismo se haya consolidado y

sea  un  sistema  de  vida  habitual,  las  lenguas

nacionales deberán fundirse inevitablemente en una

lengua común que, como es natural, no será ni el

gran-ruso ni el alemán, sino una lengua nueva. Al

comparar estas dos fórmulas y ver que no sólo no

coinciden, sino que se excluyen, el camarada Jolópov

se   desespera.                                                   «Por   su   artículo      -escribe-   he

comprendido que del cruce de lenguas nunca puede

obtenerse una lengua nueva, mientras que antes de la

aparición del artículo estaba firmemente convencido,

de acuerdo con su discurso en el XVI Congreso del

PC(b) de la URSS, de que en el comunismo las

lenguas se fundirían en una lengua común».

Por lo visto, el camarada Jolópov ha descubierto una   contradicción   entre   estas   dos   fórmulas   y, firmemente convencido de que debe ser suprimida, considera necesario desembarazarse de una fórmula, como injusta, y asirse a la otra fórmula, como justa para todos los tiempos y todos los países; pero no sabe a qué fórmula precisamente asirse. Resulta algo así  como  una  situación  sin  salida.  El  camarada Jolópov ni siquiera sospecha que ambas fórmulas pueden ser justas, cada una para su época.

Así les ocurre siempre a los dogmáticos y a los

 

 

 

 

 

El marxismo y los problemas de la lingüística

 

talmudistas, que, sin penetrar en la esencia de las cosas y citando mecánicamente, sin relación con las condiciones históricas a que se refieren las citas, se ven siempre en una situación sin salida.

No obstante, si se examina el fondo de la cuestión no hay ningún fundamento para considerar que esa situación no tiene salida. La cuestión estriba en que el folleto de Stalin «Acerca del marxismo en la lingüística»  y  el  discurso  de  Stalin  en  el  XVI Congreso  del  Partido  se  refieren  a  dos  épocas totalmente distintas, razón por la cual las fórmulas resultan también distintas.

La fórmula dada por Stalin en su folleto, en la

parle que habla del cruce de las lenguas, se refiere a

la época anterior al triunfo del socialismo en escala

mundial; cuando las clases explotadoras son la fuerza

dominante en el mundo; cuando el yugo nacional y

colonial sigue en pie; cuando el aislamiento nacional

y la desconfianza entre las naciones están afianzados

por las diferencias estatales; cuando no existe aún la

igualdad de derechos de las naciones; cuando el

cruce de las lenguas se opera en la lucha por la

dominación de una de las lenguas; cuando no existen

aún las condiciones para la colaboración pacífica y

amistosa de las naciones y de las lenguas; cuando no

son la colaboración y el enriquecimiento mutuo de

las lenguas, sino la asimilación de unas lenguas y el

triunfo de otras, lo que está a la orden del día. Es

lógico que en esas condiciones sólo pueda haber

lenguas vencedoras y lenguas vencidas. Precisamente

a esas condiciones se refiere la fórmula de Stalin

cuando  dice  que  el  cruce,  por  ejemplo,  de  dos

lenguas no da por resultado la formación de una

lengua nueva, sino el triunfo de una de las lenguas y

la derrota de la otra.

En cuanto a la otra fórmula de Stalin, tomada de

su discurso en el XVI Congreso del Partido, en la

parte relativa a la fusión de las lenguas en una lengua

común, se refiere a otra época, a saber, la época

posterior al triunfo del socialismo en escala mundial,

en la que ya no existirá el imperialismo mundial, las

clases explotadoras habrán sido derrocadas, el yugo

nacional   y   colonial   suprimido,   el   aislamiento

nacional   y   la   desconfianza   entre   las   naciones

sustituidos   por   la   confianza   recíproca   y   el

acercamiento de las naciones; en la que la igualdad

de derechos de las naciones será una realidad, la

política de aplastamiento y asimilación de las lenguas

habrá sido eliminada, la colaboración de las naciones

será  un  hecho  y  las  lenguas  nacionales  podrán

enriquecerse  libre  y  recíprocamente  mediante  la

colaboración. Es lógico que en estas condiciones no

pueda ni hablarse del aplastamiento y la derrota de

unas lenguas ni del triunfo de otras. Aquí el problema

no afectará a dos lenguas, de las cuales una sucumbe

y la otra sale vencedora de la lucha, sino a centenares

de lenguas nacionales, de las cuales, como resultado

de  una  larga  colaboración  económica,  política  y

 

307

 

cultural   de   las   naciones,   irán   destacándose   al

principio lenguas únicas zonales más enriquecidas, y,

después, las  lenguas  zonales  se  fundirán  en una

lengua internacional común que, naturalmente, no

será ni el alemán, ni el rusa, ni el inglés, sino una

nueva  lengua,  que  habrá  absorbido  los  mejores

elementos de las lenguas nacionales y zonales.

Por  consiguiente,  esas  dos  fórmulas  distintas

corresponden a dos épocas distintas del desarrollo de

la sociedad y, precisamente por eso, por corresponder

a ellas, ambas fórmulas son justas, cada una para su

época.

Exigir   que   estas   fórmulas   no   estén   en contradicción entre sí, que no se excluyan, es tan absurdo como exigir que la época de la dominación del capitalismo no esté en contradicción con la época de la dominación del socialismo, que el socialismo y el capitalismo no se excluyan entre sí.

Los dogmáticos y los talmudistas consideran que

el  marxismo,  que  las  distintas  conclusiones  y

fórmulas del marxismo son una colección de dogmas

que «nunca» varían, aunque varíen las condiciones

del  desarrollo  de  la  sociedad.  Creen  que  si  se

aprenden de memoria estas conclusiones y fórmulas

y se ponen a citarlas a diestro y siniestro, estarán en

condiciones de resolver cualquier problema, pues

suponen que las conclusiones y fórmulas aprendidas

de memoria les servirán para todos los tiempos y

para todos los países, para todos los casos de la vida.

Pero así sólo pueden pensar quienes ven la letra del

marxismo, pero no captan su esencia, quienes se

aprenden de memoria los textos de las conclusiones y

fórmulas  del  marxismo,  pero  no  comprenden  su

contenido.

El  marxismo  es  la  ciencia  de  las  leyes  del

desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, la ciencia

de la revolución de las masas oprimidas y explotadas,

la ciencia de la victoria del socialismo en todos los

países, la ciencia de la edificación de la sociedad

comunista. El marxismo, como ciencia que es, no

puede  permanecer  estancado:  se  desarrolla  y  se

perfecciona. En su desarrollo, el marxismo no puede

dejar de enriquecerse con nuevas experiencias, con

nuevos conocimientos, y, por tanto, algunas de sus

fórmulas y conclusiones tienen forzosamente que

cambiar con el tiempo, tienen forzosamente que ser

sustituidas  por  nuevas  fórmulas  y  conclusiones,

correspondientes a las nuevas tareas históricas. El

marxismo  no  reconoce  conclusiones  y  fórmulas

inmutables,  obligatorias  para  todas  las  épocas  y

períodos.   El   marxismo   es   enemigo   de   todo

dogmatismo.

28 de julio de 1950.

Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROBLEMAS ECO ÓMICOS DEL SOCIALISMO E  LA URSS

 

 

 

A   los   participantes   en   la   discusión   sobre problemas de Economía.

 

Observaciones sobre cuestiones de economía

relacionadas con la discusión de noviembre de

1951

Dispongo de todos los documentos relacionados con la discusión económica celebrada para apreciar el proyecto de manual de Economía Política. He recibido, entre esos documentos, las «Propuestas para mejorar   el   proyecto   de   manual   de   Economía Política», las «Propuestas para eliminar los errores y las inexactitudes» en el proyecto, y la «Relación de las cuestiones discutibles».

Estimo necesario hacer respecto a todos estos materiales,   y   también   respecto   al   proyecto   de manual, las siguientes observaciones.

 

1. El carácter de las leyes económicas en el socialismo

Algunos camaradas niegan el carácter objetivo de

las leyes de la ciencia, principalmente de las leyes de

la Economía Política en el socialismo. Niegan que las

leyes de la Economía Política reflejan el carácter

regular                                                               de          procesos        que      se        operan

independientemente de la voluntad de los hombres.

Consideran que en virtud del papel especial que la

historia ha asignado al Estado Soviético, éste y sus

dirigentes pueden abolir las leyes de la economía

política existentes, pueden «formar» nuevas leyes,

«crear» nuevas leyes.

Esos camaradas se equivocan profundamente. Por lo  visto,  confunden  las leyes  de  la  ciencia, que reflejan procesos objetivos de la naturaleza o de la sociedad, procesos independientes de la voluntad de los  hombres,  con las  leyes  promulgadas  por  los gobiernos, creadas por la voluntad de los hombres y que tienen únicamente fuerza jurídica. Pero no se debe confundirlas de ningún modo.

El marxismo concibe las leyes de la ciencia -lo

mismo  si  se  trata  de  las  leyes  de  las  Ciencias

Naturales que de las leyes de la Economía Política-

como reflejo de procesos objetivos que se operan

independientemente de la voluntad de los hombres.

Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a

conocerlas, estudiarlas, tomarlas en consideración al

actuar y aprovecharlas en interés de la sociedad; pero

 

 

 

no pueden modificarlas ni abolirlas. Y aún menos pueden formar o crear nuevas leyes de la ciencia.

¿Quiere decir eso que, por ejemplo, los efectos de

la acción de las leyes naturales, los efectos de la

acción  de  las  fuerzas  de  la  naturaleza  sean  en

absoluto ineluctables, que las acciones destructivas

de las fuerzas naturales tengan siempre y en todas

partes la fuerza inexorable de elementos que no se

someten a la influencia del hombre? No, no quiere

decir eso. Si excluimos los procesos astronómicos,

geológicos y otros análogos en los que los hombres,

incluso cuando han llegado a conocer las leyes de su

desarrollo,   son   verdaderamente   impotentes   para

influir en ellos, en muchos otros casos los hombres

no son, en absoluto, impotentes para influir en los

procesos naturales. En todos esos casos, los hombres,

una vez han conocido las leyes de la naturaleza,

pueden, tomándolas en consideración y apoyándose

en    ellas,                                                          utilizándolas   y    aprovechándolas

debidamente, reducir la esfera de su acción, encauzar

en  otra  dirección  las  fuerzas  destructivas  de  la

naturaleza y hacer que rindan provecho a la sociedad.

Tomemos un ejemplo entre muchos. En tiempos

remotísimos, el desbordamiento de los grandes ríos,

las inundaciones y la destrucción de viviendas y de

sembrados,    a    las    inundaciones    aparejadas,

considerábanse  como  una  calamidad  ineluctable,

contra la que los hombres nada podían hacer. Sin

embargo, con el transcurso del tiempo, al aumentar

los conocimientos del hombre, cuando los hombres

aprendieron a levantar diques y a construir centrales

hidroeléctricas,   se   hizo   posible   preservar   a   la

sociedad de calamidades como las inundaciones, que

antes parecían ineluctables, Más aún, los hombres

aprendieron a poner freno a las fuerzas destructivas

de la naturaleza, a domarlas, por decirlo así, a hacer

que la fuerza del agua prestase servicio a la sociedad

y a utilizarla para regar los campos y obtener energía.

¿Quiere decir eso que los hombres abolieron de

esta manera las leyes de la naturaleza, las leyes de la

ciencia, que crearon nuevas leyes de la naturaleza,

nuevas leyes de la ciencia? No, no quiere decir eso.

La realidad es que todo lo que se hace para prevenir

la acción de la fuerza destructiva del agua y para

utilizar esa fuerza en interés de la sociedad, hácese

sin violar en lo más mínimo, modificar o destruir las

leyes de la ciencia, sin crear nuevas leyes de la

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

ciencia. Al contrario: todo eso se hace basándose

estrictamente en las leyes de la naturaleza, en las

leyes de la ciencia, pues cualquier infracción de las

leyes de la naturaleza, aún la más mínima, conduciría

únicamente a estropearlo todo, lo frustraría todo.

Lo  mismo  hay  que  decir  de  las  leyes  del

desarrollo económico, de las leyes de la Economía

Política, tanto si se trata del período del capitalismo,

como del período del socialismo. Aquí, lo mismo que

en las Ciencias Naturales, las leyes del desarrollo

económico  son  leyes  objetivas  que  reflejan  los

procesos del desarrollo económico, procesos que se

operan independientemente de la voluntad de los

hombres. Los hombres pueden descubrir esas leyes,

llegar   a   conocerlas   y,   apoyándose   en   ellas,

aprovecharlas en interés de la sociedad, encauzar en

otra dirección la acción destructiva de algunas leyes,

limitar la esfera de su acción, dar vía libre a otras

leyes que van abriéndose camino; pero no pueden

destruir unas leyes económicas y crear otras nuevas.

Una de las peculiaridades de la Economía Política

consiste en que sus leyes no son duraderas, como las

leyes de las Ciencias Naturales, pues las leyes de la

Economía Política, por lo menos la mayoría de ellas,

actúan  en  el  transcurso  de  un  período  histórico

determinado, y después ceden lugar a nuevas leyes.

Pero las leyes económicas no son destruidas, sino

que cesan de actuar debido a nuevas condiciones

económicas y se retiran de la escena para dejar sitio a

leyes nuevas, que no son creadas por la voluntad de

los hombres, sino que nacen sobre la base de nuevas

condiciones económicas.

Se  invoca  el «Anti-Dühring»  de  Engels,  su

fórmula de que, al ser liquidado el capitalismo y

hechos propiedad común los medios de producción,

los hombres dominan estos medios de producción y

se liberan del yugo de las relaciones económicas

sociales,  convirtiéndose  en «dueños»  de  su  vida

social. Engels llama a esa libertad «necesidad hecha

conciencia». Pero, ¿qué puede significar «necesidad

hecha conciencia»? Significa que los hombres, una

vez han conocido las leyes objetivas («necesidad»),

las utilizan, con plena conciencia de lo que hacen, en

interés de la sociedad. Por eso Engels dice en esa

misma obra que:

«Las leyes de sus propias acciones sociales, leyes que hasta ahora se oponían a los hombres como leyes extrañas,   como   leyes   naturales   que   los   tenían sometidos, serán aprovechadas por los hombres con pleno conocimiento de causa y, por tanto, serán dominadas por ellos».

Como puede verse, la fórmula de Engels no habla, ni mucho menos, en favor de quienes piensan que en el socialismo se puede destruir las leyes económicas existentes y crear otras nuevas. Al contrario: esa fórmula   no   exige   que   se   destruyan   las   leyes económicas,  sino  que  se  las  conozca  y  se  las aproveche inteligentemente.

 

309

 

Se  dice  que  las  leyes  económicas  tienen  un

carácter espontáneo, que su acción es ineluctable,

que la sociedad es impotente ante esas leyes. Eso no

es  cierto.  Eso  es  hacer de  las leyes  un fetiche,

entregarse a ellas como un esclavo. Está demostrado

que  la  sociedad  no  es  impotente  ante  las  leyes

económicas; que puede, apoyándose en ellas después

de haber llegado a conocerlas, limitar la esfera de su

acción, aprovecharlas en interés de la sociedad y

«domarlas»,  como  ocurre  con  las  fuerzas  de  la

naturaleza  y  con  sus  leyes,  como  sucede  en  el

ejemplo  arriba  citado  del  desbordamiento  de  los

grandes ríos.

Se invoca el papel especial que corresponde al Poder Soviético en la construcción del socialismo y se dice que ese papel le permite destruir las leyes del desarrollo económico existentes y «formar» otras nuevas. Eso tampoco es cierto.

El papel especial del Poder Soviético se debe a

dos circunstancias: en primer lugar, a que el Poder

Soviético  no  tuvo  que  sustituir  una  forma  de

explotación por otra, como ocurrió en las viejas

revoluciones,  sino  suprimir  toda  explotación;  en

segundo lugar, a que como en el país no existía

ningún  germen  de  economía  socialista,  el  Poder

Soviético tuvo que crear «en terreno virgen», por

decirlo así, nuevas formas de economía, las formas

socialistas de economía.

Era  ésta,  indudablemente,  una  tarea  difícil  y

compleja, que no tenía precedente. Sin embargo, el

Poder Soviético la cumplió con honor. Pero no la

cumplió   porque   hubiera   destruido   las   leyes

económicas existentes y «formando» otras nuevas,

sino  únicamente  porque  se  apoyó  en  la  ley

económica  de  la  armonía  obligatoria  entre  las

relaciones de producción y el carácter de las fuerzas

productivas. Las fuerzas productivas de nuestro país,

particularmente en la industria, tenían carácter social,

pero la forma de la propiedad era privada, capitalista.

Basándose  en  la  ley  económica  de  la  armonía

obligatoria entre las relaciones de producción y el

carácter   de  las  fuerzas   productivas,   el   Poder

Soviético socializó los medios de producción, los

hizo propiedad de todo el pueblo y de esta manera

destruyó el sistema de la explotación y creó las

formas socialistas de economía. De no haber existido

esa ley y sin apoyarse en ella, el Poder Soviético no

habría podido cumplir su tarea.

La ley económica de la armonía obligatoria entre

las relaciones de producción y el carácter de las

fuerzas productivas pugna por abrirse camino en los

países capitalistas desde hace tiempo. Y si aún no se

ha abierto camino y no tiene vía libre, es porque

tropieza  con  la  empeñadísima  resistencia  de  las

fuerzas sociales llamadas a desaparecer. Aquí nos

encontramos  con  otra  peculiaridad  de  las  leyes

económicas. A diferencia de las leyes de las Ciencias

Naturales,   en   las   que   el   descubrimiento   y   la

 

 

 

 

 

310

aplicación  de  una  nueva  ley,  casi  no  encuentra

obstáculos en la esfera económica el descubrimiento

y la aplicación de una nueva ley, como ella afecta a

los  intereses  de  las  fuerzas  sociales  llamadas  a

desaparecer, choca con la resistencia tenacísima de

esas fuerzas. Se necesita, por tanto, una fuerza, una

fuerza social capaz de vencer esa resistencia. Esa

fuerza fue en nuestro país la alianza de la clase

obrera y de los campesinos, que representaban a la

aplastante mayoría de la sociedad. Esa fuerza no

existe aún en otros países, en los países capitalistas.

Ese  es  el  secreto  de  que  el  Poder  Soviético

consiguiese  derrotar  a  las  viejas  fuerzas  de  la

sociedad, de que la ley económica de la armonía

obligatoria entre las relaciones de producción y el

carácter  de  las  fuerzas  productivas  obtuviera  en

nuestro país el más amplio campo para su desarrollo.

Se  dice  que  la  necesidad  de  un  desarrollo

armónico (proporcional) de la economía de nuestro

país permite al Poder Soviético destruir las leyes

económicas existentes y crear otras nuevas. Eso es

completamente  erróneo.  No  se  puede  confundir

nuestros planes anuales y quinquenales con la ley

económica   objetiva   del   desarrollo   armónico,

proporcional, de la economía del país. La ley del

desarrollo armónico de la economía surgió como

oposición a la ley de la concurrencia y de la anarquía

de la producción bajo el capitalismo. Surgió sobre la

base de la socialización de los medios de producción,

una  vez  hubo  perdido  su  fuerza  la  ley  de  la

concurrencia y de la anarquía de la producción. Entró

en acción porque la economía socialista únicamente

puede desarrollarse basándose en la ley económica

del desarrollo armónico de la economía. Eso quiere

decir  que  la  ley  del  desarrollo  armónico  de  la

economía da a nuestros organismos correspondientes

la posibilidad de planificar con acierto la producción

social. Pero no se puede confundir la posibilidad con

la realidad. Son dos cosas diferentes. Para convertir

la posibilidad en realidad, hay que estudiar esa ley

económica, hay que dominarla, hay que aprender a

aprovecharla con entero conocimiento de causa, hay

que  confeccionar  planes  que  reflejen  con  toda

plenitud las exigencias de esa ley. No puede decirse

que nuestros planes anuales y quinquenales reflejen

plenamente las exigencias de esa ley económica.

Se dice que algunas leyes económicas, y entre

ellas la ley del valor, que actúan en nuestro país, en

el socialismo, son leyes «transformadas», e incluso

«radicalmente   transformadas»   basándose   en   la

economía planificada. Eso tampoco es cierto. Es

imposible «transformar»  las  leyes,  y  menos  aún

«radicalmente».   Si   fuera   posible   transformarlas,

también  lo  sería  destruirlas,  substituyéndolas  por

otras leyes. La tesis de la «transformación» de las

leyes es un resabio de esa desacertada fórmula que

habla de la «destrucción» y la «formación» de las

leyes. Aunque la fórmula de la transformación de las

 

 

J. V. Stalin

 

leyes económicas hace ya tiempo que está en uso entre nosotros, tendremos que renunciar a ella, a fuerza de exactos. Se puede limitar la esfera de acción  de  estas  o  aquellas  leyes  económicas,  se puede prevenir sus acciones destructivas, en caso, naturalmente, de que las haya, pero no se puede «transformarlas» o «destruirlas».

Por    consiguiente,    cuando    se    habla    de

«sometimiento» de las fuerzas de la naturaleza o de

las fuerzas económicas, de «dominio» sobre ellas,

etc., etc., ello no quiere decir, ni mucho menos, que

los hombres puedan «destruir» las leyes de la ciencia

o «formarlas». Al contrario: ello sólo quiere decir

que los hombres pueden descubrir las leyes, llegar a

conocerlas, dominarlas, aprender a utilizarlas con

pleno  conocimiento  de  causa,  aprovecharlas  en

interés de la sociedad y, de esa manera, someterlas,

lograr dominarlas.

Así, pues, las leyes de la Economía Política en el socialismo son leyes objetivas que reflejan el carácter regular  de  los  procesos  de  la  vida  económica, procesos  que  se  operan  independientemente  de nuestra voluntad. Quien niega esta tesis, niega en el fondo la ciencia; y, al negar la ciencia niega toda posibilidad   de   previsión,   es   decir,   niega   la posibilidad de dirigir la vida económica.

Pueden decirnos que todo lo expuesto aquí es

acertado y conocido- por todo el mundo, pero que en

ello no hay nada de nuevo y, por consiguiente, no

vale la pena de perder tiempo repitiendo verdades tan

sabidas. Naturalmente, aquí no hay, en efecto, nada

nuevo, pero sería erróneo suponer que no vale la

pena de perder tiempo repitiendo algunas verdades

ya sabidas. La realidad es, que a nosotros, como

núcleo dirigente, se suman cada año miles de cuadros

nuevos, de cuadros jóvenes, que arden en deseos de

ayudarnos, que arden en deseos de mostrar lo que

valen, pero que no tienen una preparación marxista

suficiente, que no conocen muchas de las verdades

para nosotros bien conocidas y se ven obligados a

errar  en  la  oscuridad.  Les  dejan  atónitos  las

realizaciones  colosales  del  Poder  Soviético,  les

producen   vértigo   los   extraordinarios   éxitos   del

régimen  soviético,  y  se  imaginan  que  el  Poder

Soviético «lo puede todo», que «nada le es difícil»,

que puede destruir las leyes de la ciencia y formar

nuevas leyes. ¿Cómo debemos proceder con esos

camaradas? ¿Cómo debemos educarles en el espíritu

del marxismo-leninismo? Pienso que repetir de una

manera  sistemática  las  llamadas  verdades «bien

sabidas», explicarlas pacientemente, es uno de los

mejores  medios  para  dar  a  esos  camaradas  una

educación marxista.

 

2. La producción mercantil en el socialismo

Algunos   camaradas   afirman   que   el   Partido

procedió desacertadamente a mantener la producción

mercantil  después  de  haber  tomado  el  Poder  y

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

nacionalizado los medios de producción en nuestro país. Consideran que el Partido debió suprimir en aquel mismo momento la producción mercantil. Esos camaradas invocan a Engels, que dice: «Cuando la sociedad   tome   en   sus   manos   los   medios   de producción, será suprimida la producción mercantil y con ello, el dominio de los productos sobre los productores» (véase: «Anti-Dühring»).

Esos camaradas se equivocan profundamente.

       Analicemos la fórmula de Engels. No se puede

considerar que la fórmula de Engels sea bien clara y

exacta, pues en ella no se dice si la sociedad toma en

sus manos todos los medios de producción o sólo

parte de ellos, es decir, si todos los medios de

producción pasan a ser patrimonio de todo el pueblo

o si sólo pasa a serlo parte de ellos. Por tanto, esta

fórmula de Engels puede ser entendida así y asá.

En otro lugar del «Anti-Dühring» Engels habla de la posesión de «todos los medios de producción», y de la posesión de «todo el conjunto de los medios de producción». Por tanto, Engels no se refiere en su fórmula a la nacionalización de parte de los medios de   producción,   sino   de   todos   los   medios   de producción, es decir, a hacer patrimonio de todo el pueblo  los  medios  de  producción  no  sólo  en  la industria, sino también en la agricultura.

De aquí se desprende que Engels se refiere a

países donde el capitalismo y la concentración de la

producción están lo bastante desarrollados, no sólo

en la industria, sino también en la agricultura, para

que   se   pueda   expropiar   todos   los   medios   de

producción del país y hacer de ellos patrimonio del

pueblo entero. Por consiguiente, Engels considera

que en esos países se debería, paralelamente a la

socialización de todos los medios de producción,

suprimir    la    producción    mercantil.    Y    eso,

naturalmente, es acertado.

A  fines  del  siglo  pasado,  cuando  apareció  el

«Anti-Dühring»,  el  único  país  así  era  Inglaterra

donde   el   desarrollo   del   capitalismo   y   la

concentración de la producción habían alcanzado,

tanto en la industria como en la agricultura, un nivel

que,  en caso  de tomar  el  Poder  el  proletariado,

permitiría convertir en patrimonio del pueblo entero

todos  los  medios  de  producción  y  suprimir  la

producción mercantil.

En este caso me abstraigo de la importancia que

tiene para Inglaterra el comercio exterior, cuyo peso

específico, en la economía nacional de ese país, es

enorme. Pienso que sólo después de estudiar este

problema   se   podría   resolver   definitivamente   la

cuestión de la suerte de la producción mercantil en

Inglaterra una vez el proletariado hubiese tomado el

Poder   y   nacionalizado   todos   los   medios   de

producción.

Por cierto, no sólo a fines del siglo pasado, sino

también en el presente ha alcanzado algún otro país

el   nivel   de   desarrollo   del   capitalismo   y   de

 

311

 

concentración de la producción en la agricultura que

observamos en Inglaterra. En lo que afecta a los

demás países, en ellos, a pesar del desarrollo del

capitalismo en el campo, hay aún en éste una clase

bastante   numerosa   de   propietarios   productores

pequeños y medios, cuya suerte tendría que decidirse

en caso de que el proletariado tomase el Poder.

Pero surge la pregunta: ¿cómo deben proceder el

proletariado y su Partido si en uno u otro país,

incluido el nuestro, se dan condiciones favorables

para que el proletariado tome el Poder y derroque el

capitalismo, si en el país dado el capitalismo en la

industria ha concentrado hasta tal punto los medios

de producción que éstos pueden ser expropiados y

puestos en manos de la sociedad, pero la agricultura,

a pesar del desarrollo del capitalismo, está aún tan

fraccionada entre numerosos propietarios productores

pequeños y medios que no se puede plantear la

cuestión de expropiar a esos productores?

La   fórmula   de   Engels  no   responde  a   esta pregunta. Por cierto, no debe responder a ella, pues surgió sobre la base de otra cuestión, concretamente de la cuestión de cuál debe ser la suerte de la producción mercantil una vez socializados todos los medios de producción.

Así, pues, ¿cómo debemos proceder si no se han socializado todos los medios de producción, sino tan sólo  una  parte  de  ellos  y  existen  condiciones favorables para que el proletariado tome el Poder?, ¿debe en tal caso el proletariado tomar el Poder?, ¿debe destruirse inmediatamente después de ello la producción mercantil?

Naturalmente, no se puede calificar de respuesta

la opinión de algunos marxistas de pacotilla que

estiman que en tales condiciones se debe renunciar a

la toma del Poder y aguardar a que el capitalismo

arruine a los millones de productores pequeños y

medios, convirtiéndolos en jornaleros, y concentre

los medios de producción en la agricultura; que

únicamente después de esto se puede plantear la

cuestión de la toma del Poder por el proletariado y de

la socialización de todos los medios de producción.

Claro está que los marxistas no pueden aceptar esa

«salida» si no quieren cubrirse de vergüenza para

siempre.

Tampoco  se  puede  calificar  de  respuesta  la

opinión de otros marxistas de pacotilla que piensan

que quizás se debería tomar el Poder y expropiar a

los   productores   rurales   pequeños   y   medios   y

socializar sus medios de producción. Los marxistas

tampoco pueden seguir este camino descabellado y

criminal,  pues  ello  minaría  toda  posibilidad  de

victoria de la revolución proletaria y empujaría a los

campesinos, por un largo período, al campo de los

enemigos del proletariado.

La respuesta a esa cuestión la dió Lenin en sus trabajos acerca del «impuesto en especie» y en su famoso «plan de cooperación».

 

 

 

 

 

312

En pocas palabras, la respuesta de Lenin se reduce a lo siguiente:

a) no dejar escapar las condiciones favorables

para la toma del Poder; el proletariado debe tomar el

Poder sin esperar a que el capitalismo logre arruinar

a los millones de productores individuales pequeños

y medios;

b)  expropiar  los  medios  de  producción  en  la industria y hacerlos patrimonio de todo el pueblo;

c)  en  cuanto  a  los  productores  individuales pequeños   y   medios,   unirlos   paulatinamente   en cooperativas de producción, es decir, en grandes haciendas agrícolas, en koljoses;

d) desarrollar por todos los medios la industria y

dar a los koljoses la base técnica moderna de la gran

producción, con la particularidad de que no deben ser

expropiados,   sino,   por   el   contrario,   dotados

intensamente  de  tractores  y  otras  máquinas  de

primera calidad;

e) para la alianza económica de la ciudad y el

campo, de la industria y la agricultura, se debe

mantener por cierto tiempo la producción mercantil

(el intercambio mediante la compraventa), como la

única  forma  aceptable  para  los  campesinos  de

vinculación económica a la dudad, y desarrollar con

toda amplitud el comercio soviético de Estado y

cooperativo-koljosiano,   desalojando   del   tráfico

mercantil a todos los capitalistas sin excepción.

La historia de la construcción socialista en nuestro país demuestra que ese camino de desarrollo, trazado por Lenin, se ha justificado plenamente.

No  cabe  duda  de  que  para  todos  los  países capitalistas, en los que hay una clase más o menos numerosa de productores pequeños y medios, ese camino de desarrollo es el único posible, el único que asegura la victoria del socialismo.

Se dice que la producción mercantil deberá en

todas  las  condiciones  conducir,  y  que  conducirá

inevitablemente, al capitalismo. Eso no es cierto. Eso

no ocurre siempre ni en todas las condiciones. No se

puede  identificar  la  producción  mercantil  con  la

producción capitalista. Son dos cosas distintas. La

producción capitalista es la forma superior de la

producción   mercantil.   La   producción   mercantil

únicamente  conduce  al  capitalismo  si  existe  la

propiedad privada sobre los medios de producción, si

la fuerza de trabajo aparece en el mercado como una

mercancía   que   el   capitalista   puede   comprar   y

explotar en el proceso de la producción, si, por

consiguiente,  rige  en  el  país  el  sistema  de  la

explotación  de  los  obreros  asalariados  por  los

capitalistas. La producción capitalista comienza allí

donde los medios de producción están concentrados

en manos privadas, y los obreros que no poseen

medios de producción, se ven constreñidos a vender

su fuerza de trabajo como una mercancía. Sin eso no

hay producción capitalista.

Pues bien, si no existen esas condiciones que

 

 

J. V. Stalin

 

convierten la producción mercantil en producción

capitalista, si los medios de producción no son ya

propiedad privada, sino propiedad socialista, si el

sistema del trabajo asalariado ya no rige y la fuerza

de trabajo ha dejado de ser una mercancía, si hace ya

tiempo  que  ha  sido  liquidado  el  sistema  de

explotación, ¿a qué atenerse?, ¿se puede considerar

que la producción mercantil conducirá, a pesar de

todo, al capitalismo? No, no se puede. Y nuestra

sociedad es precisamente una sociedad donde hace

ya mucho que no existen la propiedad privada sobre

los medios de producción, el sistema del trabajo

asalariado, el sistema de la explotación.

No puede considerarse la producción mercantil

como algo que se baste a sí mismo, como algo

independiente   de   las   condiciones   económicas

circundantes. La producción mercantil es más vieja

que la producción capitalista. Existió en el régimen

esclavista y sirvió a ese régimen, y, sin embargo, no

condujo al capitalismo. Existió en el feudalismo y

sirvió a ese régimen, y, a pesar de que preparó ciertas

condiciones   para   la   producción   capitalista,   no

condujo al capitalismo. Yo pregunto: ¿por qué no

puede también la producción mercantil servir por

cierto  período  a  nuestra  sociedad  socialista  sin

conducir al capitalismo, si se tiene en cuenta que la

producción   mercantil   no   está   ilimitadamente

difundida en el país y no lo albarca todo, como en el

capitalismo, si se tiene en cuenta que en nuestro país

ha   sido   rigurosamente   circunscrita   gracias   a

condiciones   económicas   tan   decisivas   como   la

propiedad social sobre los medios de producción, la

liquidación  del  sistema  del  trabajo  asalariado,  la

liquidación del sistema de la explotación?

Se dice que, una vez establecido en nuestro país el

dominio de la propiedad social sobre los medios de

producción, que, una vez liquidado el sistema del

trabajo asalariado y de la explotación, la existencia

de la producción mercantil ha perdido su sentido y

que,   por   ello,   dicha   producción   debería   ser

suprimida.

Eso tampoco es cierto. Actualmente tenemos en

nuestro   país   dos   formas   fundamentales   de   la

producción socialista: la estatal, de todo el pueblo, y

la  kóljosiana,  a  la  que  no  se  puede  dar  ese

calificativo. En las empresas del Estado, los medios

de producción y los productos son propiedad de todo

el pueblo. En las empresas koljosianas, aunque los

medios de producción (la tierra y las máquinas)

pertenecen al Estado, los productos son propiedad de

los distintos koljoses, pues allí la fuerza de trabajo, lo

mismo, que las semillas, es de los koljoses, y éstos

disponen de la tierra, que les ha sido cedida en

usufructo perpetuo, como si fuera propiedad suya, a

pesar de que no pueden venderla ni comprarla, ni

arrendarla, ni hipotecarla.

Esta circunstancia hace que el Estado únicamente

pueda disponer de los productos de sus empresas,

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

pues  los  koljoses  disponen  ellos  mismos  de  su

producción, como propiedad suya. Pero los koljoses

no quieren enajenar sus productos como no sea bajo

la forma de mercancías, a cambio de las cuales

quieren recibir otras mercancías que necesitan. En el

presente,  los  koljoses  no  aceptan  más  vínculos

económicos   con   la   ciudad   que   los   vínculos

mercantiles,   que   el   intercambio   mediante   la

compraventa. Por eso la producción mercantil  y el

tráfico de mercancías son hoy en nuestro país una

necesidad,  como  lo  era, por  ejemplo,  hace  unos

treinta  años,  cuando  Lenin  proclamó  que  era

necesario desarrollar por todos los medios el tráfico

de mercancías.

Naturalmente, cuando en lugar de los dos sectores

principales   de   la   producción,   el   estatal   y   el

koljosiano, surja un solo sector que lo abarque todo y

tenga derecho a disponer de toda la producción del

país   destinada   al   consumo,   la   circulación   de

mercancías,    con    su                                    «economía    monetaria»,

desaparecerá, como un elemento innecesario, de la

economía nacional. Pero mientras no se haya llegado

a eso, mientras existan los dos sectores principales de

la   producción,   la   producción   mercantil   y   la

circulación  de  mercancías  deberán  continuar  en

vigor, como un elemento necesario y muy útil de

nuestro sistema de economía nacional. De qué modo

se  llegará  a  la  creación  de  un  sector  único  y

unificado, si será mediante la simple absorción del

sector koljosiano por el sector estatal, cosa poco

probable                                                            (porque   sería   interpretado   como   la

expropiación   de   los   koljoses),   o   mediante   la

institución  de  un  organismo  económico  nacional

único (con representantes de la industria del Estado y

de los koljoses), que tenga al principio el derecho de

nevar  la  cuenta  de  toda  la  producción  del  país

destinada al consumo y, posteriormente, también el

de distribuir la producción, por ejemplo, mediante el

intercambio de productos, es una cuestión especial

que exige ser analizada aparte.

Por consiguiente, nuestra producción mercantil no

es  una  producción  mercantil  habitual,  sino  una

producción   mercantil   de   tipo   especial,   una

producción  mercantil  sin  capitalistas,  que  en  lo

fundamental tiene que vérselas con las mercancías de

productores  socialistas  unificados (el  Estado,  los

koljoses y las cooperativas), una producción cuya

esfera de acción está circunscrita a los objetos de

consumo personal y que -es evidente- no puede de

ningún modo transformarse en producción capitalista

y  está  llamada  a  contribuir,  con  su «economía

monetaria», al desarrollo y al fortalecimiento de la

producción socialista.

Por ello no tienen ninguna razón los camaradas

que afirman que, si la sociedad socialista no suprime

las formas mercantiles de la producción, deben ser

restablecidas en nuestro país todas las categorías

económicas propias del capitalismo: la fuerza de

 

313

 

trabajo como mercancía, la plusvalía, el capital, el

beneficio del capital, la norma media de beneficio,

etc., etc. Esos camaradas confunden la producción

mercantil con la producción capitalista y suponen

que, si existe la producción mercantil, debe existir

también la producción capitalista. No comprenden

que   nuestra   producción   mercantil   se   distingue

radicalmente  de  la  producción  mercantil  en  el

capitalismo.

Más aún: yo pienso que es necesario rechazar

algunos otros conceptos tomados de «El Capital» -

obra en la que Marx analizaba el capitalismo- y que

han  sido  traídos  por  los  pelos  para  aplicarlos  a

nuestras  relaciones  Socialistas.  Me  refiero,  entre

otros,  a  los  conceptos  trabajo «indispensable»  y

«suplementario»,    producto                          «indispensable»    y

«suplementario»,                                             tiempo «indispensable»       y

«suplementario». Marx analizó el capitalismo para

esclarecer la fuente de la explotación de la clase

obrera, la plusvalía, y dar a la clase obrera, privada

de medios de producción, un arma espiritual para

derrocar el capitalismo. Se comprende que, al hacer

ese análisis, Marx operara con conceptos (categorías)

en   plena   correspondencia   con   las   relaciones

capitalistas. Pero resulta algo más que extraño operar

con esos conceptos ahora que la clase obrera, lejos de

estar  privada  del  Poder  y  de  los  medios  de

producción, es, por el contrario, dueña del Poder y de

los medios de producción. Hoy, en nuestro régimen,

resultan bastante absurdas las palabras acerca de la

fuerza de trabajo como mercancía y de la «contrata»

de obreros. Parece como si la clase obrera, dueña de

los medios de producción, se contratara a sí misma y

se  vendiera  a    misma  su  fuerza  de  trabajo.

Igualmente extraño resulta hablar hoy de trabajo

«indispensable» y «suplementario». Parece como si

en nuestras condiciones el trabajo entregado por los

obreros a la sociedad para ampliar la producción,

para fomentar la instrucción pública y la sanidad,

para   organizar   la   defensa,   etc.,   no   fuese   tan

indispensable a la clase obrera, que está hoy en el

Poder,  como   el   trabajo   gastado  en   cubrir  las

necesidades personales del obrero y de su familia.

Conviene señalar que Marx, en su obra «Crítica

del programa de Gotha» -obra en la que ya no analiza

el capitalismo, sino, entre otras cosas, la primera fase

de  la  sociedad  comunista-,  reconoce  el  trabajo

entregado a la sociedad para ampliar la producción,

para la instrucción pública, para la sanidad, para los

gastos de administración, para crear reservas, etc.,

tan indispensable como el trabajo gastado en cubrir

las necesidades de consumo de la clase obrera.

Pienso que nuestros economistas deben poner fin

a ese desacuerdo entre los viejos conceptos y el

nuevo estado de cosas que existe en nuestro país

socialista,  sustituyendo  los  viejos  conceptos  por

conceptos nuevos, de acuerdo con el nuevo estado de

cosas.

 

 

 

 

 

314

Ese desacuerdo se ha podido tolerar hasta cierto momento, pero ha llegado la hora en que, por fin, debemos liquidarlo.

 

3. La ley del valor en el socialismo

A veces se pregunta si la ley del valor existe y

actúa en nuestro país, en nuestro régimen socialista.

Sí, existe y actúa. Allí donde hay mercancías y producción mercantil no puede por menos de existir la ley del valor.

En  nuestro  país  la  ley  del  valor  extiende  su acción, ante todo, a la circulación de mercancías, al intercambio de mercancías mediante la compraventa, al intercambio, principalmente, de las mercancías de consumo personal. Aquí, en esta esfera, la ley del valor sigue desempeñando, naturalmente en ciertos límites, el papel de regulador.

Pero la acción de la ley del valor no queda

limitada a la esfera de la circulación de mercancías.

Se extiende también a la producción. Cierto es que en

nuestra producción  socialista la ley del valor no

desempeña un papel regulador, pero, con todo y con

eso, actúa sobre la producción, cosa que debe ser

tenida en cuenta al dirigir ésta. La realidad es que los

productos destinados al consumo, necesarios para

cubrir los gastos de fuerza de trabajo en el proceso de

la producción, se producen y se realizan en nuestro

país como mercancías sometidas a la acción de la ley

del valor. Aquí, precisamente, se pone de manifiesto

la acción de la ley del valor sobre la producción. Por

este motivo tienen hoy importancia para nuestras

empresas cuestiones como el cálculo económico y la

rentabilidad, el costo de producción, los precios, etc.

Por  eso  nuestras  empresas  no  pueden  ni  deben

despreciar la ley del valor.

¿Es eso bueno? No es malo. En las condiciones

actuales  de  nuestro  país,  no  es  malo,  ni  mucho

menos,   pues   esa   circunstancia   enseña   a   los

camaradas que trabajan en el dominio de la economía

a dirigir de un modo racional la producción y la

disciplina. No es malo porque enseña a los dirigentes

de nuestra economía a calcular las magnitudes de la

producción, a calcularlas exactamente y a tener en

cuenta con la misma exactitud las cosas reales en la

producción, en vez de hablar y hablar de «datos

aproximados», puro producto de la imaginación. No

es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra

economía  a  buscar,  encontrar  y  aprovechar  las

reservas ocultas en las entrañas de la producción ya

no pasar por encima de ellas sin advertirlas. No es

malo  porque  enseña  a  los  dirigentes  de  nuestra

economía a mejorar sistemáticamente los métodos de

producción, a reducir el costo de ésta, a aplicar el

principio del cálculo económico y a esforzarse por

conseguir que las empresas sean rentables. Esta es

una buena escuela práctica, que acelera el desarrollo

de los cuadros que trabajan en nuestra economía y su

conversión en verdaderos dirigentes de la producción

 

 

J. V. Stalin

 

socialista en la actual etapa de desarrollo.

       La desgracia no estriba en que la ley del valor

actúa  en  nuestro  país  sobre  la  producción.  La

desgracia consiste en que los dirigentes de nuestra

economía y los encargados de planificarla conocen

mal, salvo raras excepciones, la acción de la ley del

valor, no estudian esa acción y no saben tenerla en

cuenta al hacer sus cálculos. A ello, precisamente, se

debe la confusión que aún reina en cuanto a la

política de precios. Daré un ejemplo entre muchos.

Hace algún tiempo se resolvió regular, en interés del

cultivo del algodón, la correlación de precios entre el

algodón y los cereales, precisar los precios de los

cereales que se venden a los cultivadores de algodón

y elevar los precios del algodón que se entrega al

Estado. En relación con ello, algunos dirigentes de

nuestra economía y los camaradas que la planifican

hicieron una propuesta que no pudo por menos de

asombrar a los miembros del CC, ya que en la

propuesta el precio de una tonelada de trigo casi

equivalía al de una tonelada de algodón, con la

particularidad de que el precio de la tonelada de

cereal se igualaba al precio de una tonelada de pan.

Cuando los miembros del CC observaron que el

precio de una tonelada de pan debía ser más alto que

el de una tonelada de cereal, debido a los gastos

complementarios de molienda y cochura y que el

algodón, en general, era mucho más caro que el trigo,

como lo atestiguan también los precios del algodón y

del trigo en el mercado mundial, los autores de la

propuesta no pudieron decir nada inteligible. En vista

de ello, el CC tuvo que tomar el asunto en sus manos,

reducir el precio del trigo y elevar el del algodón.

¿Qué  habría  ocurrido  si  la  propuesta  de  esos

camaradas  hubiese  entrado  en  vigor?  Habríamos

arruinado  a  los  cultivadores  de  algodón  y  nos

hubiésemos quedado sin este producto.

Pero, ¿quiere decir todo esto que la acción de la

ley del valor tiene en nuestro país vía libre, como

bajo el capitalismo, que la ley del valor es en nuestro

país un regulador de la producción? No, no quiere

decir eso. En realidad, la esfera de acción de la ley

del   valor   está   en   nuestro   régimen   económico

rígidamente circunscrita y limitada. Ya he dicho que

la esfera de acción de la producción mercantil está en

nuestro régimen circunscrita y limitada. Lo mismo

hay que decir de la esfera de acción de la ley del

valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad

privada sobre los medios de producción y que la

socialización de estos medios tanto en la ciudad

como en el campo no pueden por menos de limitar la

esfera de acción de la ley del valor y su influencia en

la producción.

En el mismo sentido actúa la ley del desarrollo armónico (proporcional) de la economía del país, que ha sustituido a la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción.

En  el  mismo  sentido  actúan  nuestros  planes

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra

política económica, que se basan en las exigencias de

la ley del desarrollo armónico de la economía del

país.

Todo ello, sumado, hace que la esfera de acción

de la ley del valor esté en nuestro país rigurosamente

limitada y que en nuestro régimen la ley del valor no

pueda  desempeñar  el  papel  de  regulador  de  la

producción.

Ello, precisamente, explica el hecho «asombroso» de  que,  a  pesar  del  desarrollo  ininterrumpido  e impetuoso de nuestra producción socialista, la ley del valor  no  conduzca  en  nuestro  país  a  crisis  de superproducción, mientras esa misma ley del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acción, conduce en los países capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producción en esos países, a crisis periódicas de superproducción.

Se dice que la ley del valor es una ley constante, obligatoria para todos los períodos del desarrollo histórico, y que, si pierde su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el período de la segunda fase de la sociedad comunista, conservará en esa fase de desarrollo su fuerza como regulador de las  relaciones  entre  las  distintas  ramas  de  la producción, como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Eso es completamente equivocado. El valor, lo mismo que la ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de la producción mercantil. Cuando   la   producción   mercantil   desaparezca, desaparecerán también el valor, en todas sus formas, y la ley del valor.

En la segunda fase de la sociedad comunista, la

cantidad de trabajo invertido en la producción de

productos no se medirá indirectamente, a través del

valor y de sus formas, como ocurre en la producción

mercantil, sino de manera directa e inmediata, por la

cantidad  de  tiempo,  por  la  cantidad  de  horas

invertidas en la producción de los productos. En

cuanto a la distribución del trabajo entre las ramas de

la producción, no será regulada por la ley del valor,

que entonces habrá perdido ya su fuerza, sino por el

incremento de las necesidades de la sociedad en

productos. Será esta una sociedad en la que las

necesidades de la misma regularán la producción y el

cálculo   de   esas   necesidades   adquirirá   una

importancia   primordial   para   los   organismos

encargados de la planificación.

Es también completamente errónea la afirmación

de que en nuestro sistema económico actual, en la

primera fase de desarrollo de la sociedad comunista,

la ley del valor regula las «proporciones» de la

distribución del trabajo entre las distintas ramas de la

producción.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en

nuestro país no se desarrolla al máximo la industria

ligera, la más rentable, dándole preferencia frente a la

 

315

 

industria  pesada,  que  con  frecuencia  es  menos rentable y a veces no lo es en absoluto.

Si ello fuera así, no se comprendería por qué en

nuestro país no se cierran las empresas de la industria

pesada que por el momento no son rentables y en las

que el trabajo de los obreros no da el «resultado

debido»  y  no  se  abren  nuevas  empresas  de  la

industria ligera, indiscutiblemente rentable, en las

que el trabajo de los obreros podría dar «mayor

resultado».

Si eso fuera así, no se comprendería por qué en nuestro país no se pasa a los obreros de las empresas poco  rentables,  aunque  muy  necesarias  para  la economía nacional, a empresas más rentables, como debería hacerse de acuerdo con la ley del valor, a la que  se  atribuye  el  papel  de  regulador  de  las «proporciones» de la distribución del trabajo entre las ramas de la producción.

Es evidente que, de hacer caso a esos camaradas, tendríamos  que  renunciar  a  la  primacía  de  la producción de medios de producción en favor de la producción de medios de consumo. ¿Y qué significa renunciar a la primacía de la producción de medios de producción? Significa suprimir la posibilidad de desarrollar  ininterrumpidamente  nuestra  economía nacional,        pues    es    imposible    desarrollarla ininterrumpidamente si no se da preferencia a la producción de medios de producción.

Esos camaradas olvidan que la ley del valor sólo

puede  regular  la  producción  bajo  el  capitalismo,

cuando existen la propiedad privada sobre los medios

de producción, la concurrencia, la anarquía de la

producción y las crisis de superproducción. Olvidan

que la esfera de acción de la ley del valor está

limitada  en  nuestro  país  por  la  existencia  de  la

propiedad social sobre los medios de producción, por

la acción de la ley del desarrollo armónico de la

economía y, por consiguiente, también por nuestros

planes anuales y quinquenales, que son un reflejo

aproximado de las exigencias de esta última ley.

Algunos camaradas deducen de aquí que la ley del

desarrollo armónico de la economía del país y la

planificación de la misma destruyen el principio de la

rentabilidad de la producción. Eso es completamente

erróneo. En realidad, ocurre todo lo contrario. Si

consideramos la rentabilidad, no desde el punto de

vista  de  esta  o  aquella  empresa  o  rama  de  la

producción, y no en el transcurso de un año, sino

desde el punto de vista de toda la economía nacional

y en un período, por ejemplo, de diez a quince años -

ésta sería la única forma acertada de enfocar el

problema-, veríamos que la rentabilidad temporal e

inconsistente de esta o aquella empresa o rama de la

producción no puede en absoluto compararse con la

forma superior de rentabilidad, sólida y constante,

que  nos  dan  la  acción  de  la  ley  del  desarrollo

armónico de la economía nacional y la planificación

de la misma, librándonos de las crisis económicas

 

 

 

 

 

316

periódicas, que destruyen la economía nacional y

causan a la sociedad tremendos daños materiales, y

asegurándonos  el  desarrollo  ininterrumpido  de  la

economía  nacional  y  el  elevado  ritmo  de  este

desarrollo.

En pocas palabras: no cabe duda de que en las

condiciones socialistas de la producción que existen

actualmente en nuestro país, la ley del valor no puede

«regular las proporciones» de la distribución del

trabajo entre las distintas ramas de la producción.

 

4. La supresión de la oposición entre la ciudad

y el campo, entre el trabajo intelectual y el trabajo

manual y la liquidación de las diferencias entre

ellos

Este encabezamiento se refiere a varios problemas

que se distinguen unos de otros esencialmente; sin

embargo, yo los uno en un mismo capítulo, pero no

para confundirlos, sino  únicamente  para  ser  más

breve.

El problema de la supresión de la oposición entre

la  ciudad  y  el  campo,  entre  la  industria  y  la

agricultura, es un problema conocido, planteado hace

mucho por Marx y por Engels. La base económica de

esta oposición es la explotación del campo por la

ciudad, la expropiación de los campesinos y la ruina

de la mayor parte de la población rural por todo el

proceso de desarrollo de la industria, el comercio y el

sistema de créditos en el capitalismo. Por eso la

oposición   entre   la   ciudad   y   el   campo   en   el

capitalismo debe ser considerada como una oposición

de intereses. Sobre esta base nació la actitud hostil

del campo hacia la ciudad y, en general, hacia «la

gente de la ciudad».

Es   indudable   que   con   la   destrucción   del

capitalismo y del sistema de explotación, con el

fortalecimiento del régimen socialista, en nuestro

país  debía  desaparecer  también  la  oposición  de

intereses entre la ciudad y el campo, entre la industria

y la agricultura. Así ha ocurrido, precisamente. La

enorme ayuda prestada a nuestros campesinos por la

ciudad socialista y por nuestra clase obrera para

liquidar a los terratenientes y a los kulaks fortaleció

la  base  de  la  alianza  de  la  clase  obrera  y  los

campesinos, y el abastecimiento sistemático de los

campesinos y de sus koljoses con tractores y otras

máquinas  de  primera  calidad  ha  convertido  en

amistad  la  alianza  de  la  clase  obrera  y  de  los

campesinos.   Naturalmente,   los   obreros   y   los

campesinos koljosianos constituyen dos clases que se

distinguen por su situación. Pero esta diferencia no

debilita  en  medida  alguna  su  amistad.  Por  el

contrario,  están  interesados  en  un  mismo  fin: el

fortalecimiento del régimen socialista y la victoria

del comunismo. Por ello no tiene nada de extraño que

no quede ni rastro de la vieja desconfianza y, menos

aún, del odio del campo hacia la ciudad.

Todo eso significa que la base de la oposición

 

 

J. V. Stalin

 

entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura, ha sido ya liquidada por nuestro actual régimen socialista.

Eso no significa, naturalmente, que la supresión

de la oposición entre la ciudad y el campo deba

conducir al «fenecimiento de las grandes ciudades»

(véase el «Anti-Dühríng» de Engels). En vez de

fenecer  las  grandes  ciudades,  aparecerán  nuevas

grandes ciudades, como centros del florecimiento

superior de la cultura, como centros no sólo de la

gran industria, sino de elaboración de los productos

agrícolas y de poderoso desarrollo de todas las ramas

de la industria de la alimentación. Esta circunstancia

facilitará   el   florecimiento   cultural   del   país   y

conducirá a que las condiciones de vida en la ciudad

y en el campo sean las mismas.

Una situación análoga es la que existe en nuestro

país con el problema de la supresión de la oposición

entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Este

es también un problema conocido, planteado hace

tiempo por Marx y por Engels. La base económica de

la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo

manual es la explotación de los hombres dedicados al

trabajo manual por los representantes del trabajo

intelectual.  Todo  el  mundo  conoce  el  divorcio

existente  bajo  el  capitalismo  entre  los  hombres

dedicados en las empresas al trabajo manual y el

personal dirigente. Se sabe que sobre la base de este

divorcio se desarrolló la actitud hostil del obrero

hacia el director, hacia el maestro, hacia el ingeniero

y hacia otros representantes del personal técnico, a

los que consideraba enemigos suyos. Se comprende

que, al ser destruidos el capitalismo y el sistema de

explotación, debía desaparecer también la oposición

de intereses entre el trabajo manual y el trabajo

intelectual. Y en nuestro actual régimen socialista ha

desaparecido,  efectivamente.  Ahora  los  hombres

dedicados al trabajo manual y el personal dirigente

no   son   enemigos,   sino   camaradas   y   amigos,

miembros de una misma comunidad de producción,

interesados vitalmente en la prosperidad y en el

mejoramiento   de   la   producción.   De   su   vieja

enemistad no queda ni rastro.

Tiene  un  carácter  completamente  distinto  el problema de la desaparición de las diferencias entre la ciudad (la industria) y el campo (la agricultura), entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Este problema no lo plantearon los clásicos del marxismo. Es un problema nuevo, planteado por la práctica de la construcción socialista en nuestro país.

¿No será éste un problema artificial? ¿Tiene para nosotros alguna importancia práctica o teórica? No se puede considerar este problema como un problema artificial. Al contrario: es para nosotros un problema de la mayor importancia.

Si tomamos, por ejemplo, la diferencia entre la

agricultura y la industria, veremos que en nuestro

país no queda reducida a que las condiciones de

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

trabajo  sean  en  ellas  distintas,  sino,  ante  todo,

principalmente, a que en la industria tenemos la

propiedad de todo el pueblo sobre los medios de

producción  y  los  productos,  mientras  que  en  la

agricultura  no  tenemos  la  propiedad  de  todo  el

pueblo, sino la propiedad de determinados grupos, de

los koljoses. Ya hemos dicho que esta circunstancia

conduce   al   mantenimiento   de   la   circulación

mercantil, y que sólo al desaparecer esta diferencia

entre la industria y la agricultura podrá desaparecer la

producción mercantil, con todas las consecuencias

que de ello se derivan. Por tanto, no se puede negar

que la desaparición de esta diferencia esencial entre

la agricultura y la industria debe tener para nosotros

una importancia de primer orden.

Lo mismo hay que decir del problema de la

liquidación de la diferencia esencial entre el trabajo

intelectual  y  el  trabajo  manual.  Este  problema

también  tiene  para  nosotros  una  importancia  de

primer orden. Antes de que la emulación socialista

adquiriese   un   carácter   masivo,   la   industria   se

desarrollaba a duras penas, y muchos camaradas

incluso plantearon la necesidad de amenguar el ritmo

de su desarrollo. Debíase todo ello, principalmente, a

que el nivel cultural y técnico de los obreros era

demasiado bajo y se encontraba muy a la zaga del

nivel del personal técnico. Sin embargo, la casa

cambió radicalmente cuando la emulación socialista

adquirió un carácter de masas. Precisamente después

de ello avanzó la industria a ritmo acelerado. ¿Por

qué  la  emulación  socialista  adquirió  un  carácter

masivo? Porque entre los obreros aparecieron grupos

de camaradas que no sólo asimilaron el mínimo de

conocimientos  técnicos  indispensables,  sino  que

fueron más lejos y se pusieron al nivel del personal

técnico,  empezaron  a  hacer  observaciones  a  los

peritos y a los ingenieros, a echar por tierra las

normas existentes, por considerarlas caducas y a

introducir normas nuevas, más modernas, etc., etc.

¿Qué habría ocurrido si en vez de algunos grupos de

obreros hubiese sido la mayoría de éstos la que

hubiese elevado su nivel cultural y técnico a la altura

del  nivel  del  personal  técnico?  Nuestra  industria

habría   alcanzado   cumbres   inaccesibles   para   la

industria de otros países. Por tanto, no se puede negar

que la liquidación de la diferencia esencial entre el

trabajo intelectual y el trabajo manual, mediante la

elevación del nivel cultural y teórico de los obreros a

la altura del nivel del personal técnico no puede por

menos  de  tener  para  nosotros  una  importancia

primordial.

Algunos camaradas afirman que, con el tiempo,

no sólo desaparecerá la diferencia esencial entre la

industria y la agricultura, entre el trabajo manual y el

trabajo intelectual, sino también toda diferencia entre

ellos. Eso no es cierto. La liquidación de la diferencia

esencial entre la industria y la agricultura no puede

conducir a la liquidación de toda diferencia entre

 

317

 

ellas.  Indudablemente,  seguirá  existiendo  alguna

diferencia,   aunque   no   esencial,   debido   a   las

diferencias  en  las  condiciones  de  trabajo  de  la

industria y de la agricultura. Incluso en la industria,

si se consideran sus distintas ramas, las condiciones

de trabajo no son en todas partes las mismas: las

condiciones de trabajo en las minas de carbón, por

ejemplo, se distinguen de las condiciones de trabajo

de los obreros de una fábrica mecanizada de calzado;

las  condiciones  de  trabajo  de  los  mineros  se

distinguen  de  las  condiciones  de  trabajo  de  los

obreros productores de máquinas. Si esto es cierto,

con mayor razón debe conservarse cierta diferencia

entre la industria y la agricultura.

Lo mismo hay que decir respecto a la diferencia

entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. La

diferencia esencial entre ellos, es decir, la diferencia

en cuanto al nivel cultural y técnico, desaparecerá,

sin duda alguna. Pero, con eso y con todo eso,

seguirá  existiendo  alguna  diferencia,  si  bien  no

esencial, aunque sólo sea porque las condiciones de

trabajo del personal dirigente de las empresas no son

las mismas que las condiciones de trabajo de los

obreros.

Los camaradas que afirman lo contrario se basan,

por lo visto, en una conocida fórmula dada por mí en

algunos trabajos y que habla de la liquidación de la

diferencia entre la industria y la agricultura, entre el

trabajo   intelectual   y   el   trabajo   manual,   sin

puntualizar  que  se  trata  de  la  liquidación  de  la

diferencia   esencial,   y   no   de   toda   diferencia.

Precisamente así han comprendido esos camaradas

mi fórmula, suponiendo que se trata de la liquidación

de toda diferencia. Pero eso significa que la fórmula

no era exacta, que no puede satisfacernos. Debemos

desecharla y sustituirla por otra formulación, que

diga que serán suprimidas las diferencias esenciales y

subsistirán diferencias no esenciales entre la industria

y la agricultura, entre el trabajo intelectual y el

trabajo manual.

 

5. La disgregación del mercado mundial único y   el   ahondamiento   de   la   crisis   del   sistema capitalista mundial

La disgregación del mercado mundial único y

omnímodo debe ser considerada como el resultado

económico más importante de la segunda guerra

mundial y de sus consecuencias económicas. Esta

circunstancia  determinó  una  profundización  aún

mayor de la crisis general del sistema capitalista

mundial.

La misma segunda guerra mundial fue engendrada

por esta crisis. Cada una de las dos coaliciones

capitalistas  que  se  enzarzaron  durante  la  guerra,

pensaba  derrotar  a  su  enemigo  y  conquistar  la

dominación del mundo. En esto buscaban la salida de

la crisis. Los Estados Unidos pensaban poner fuera

de  combate  a  sus  competidores  más  peligrosos,

 

 

 

 

 

318

Alemania y el Japón, apoderarse de los mercados extranjeros y de los recursos mundiales de materias primas y conquistar la dominación del mundo.

Sin   embargo,   la   guerra   no   justificó   esas

esperanzas.  Cierto  es  que  Alemania  y  el  Japón

quedaron fuera de combate como competidores de

los  tres  países  capitalistas  más  importantes:  los

Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Pero, al mismo

tiempo, se desgajaron del sistema capitalista China y

las democracias populares de Europa, formando, con

la  Unión  Soviética,  el  unido  y  poderoso  campo

socialista, opuesto al campo del capitalismo. Una

consecuencia económica de la existencia de los dos

campos opuestos ha sido la disgregación del mercado

mundial   único   y   omnímodo;   tenemos   hoy   la

existencia  paralela  de  dos  mercados  mundiales,

opuestos también el uno al otro.

Debemos   señalar   que   los   Estados   Unidos,

Inglaterra y Francia han contribuido ellos mismos,

aunque sin quererlo, claro está, a la formación y al

fortalecimiento del nuevo mercado mundial paralelo.

Sometieron a un bloqueo económico a la URSS,

China y las democracias populares de Europa -que no

entraron   en   el   sistema   del «plan   Marshall»-,

suponiendo que con su bloqueo lograrían estrangular

a todos esos países. En realidad, en vez de ser

estrangulado,  el  nuevo  mercado  mundial  se  ha

fortalecido.

Ahora bien, la causa principal de lo dicho no es,

claro está, el bloqueo económico, sino el hecho de

que, en el período que ha seguido a la guerra, esos

países se han agrupado estrechamente desde el punto

de vista económico y han organizado la colaboración

y la ayuda mutua en el dominio de la economía. La

experiencia  de  esa  colaboración  demuestra  que

ningún país capitalista hubiera podido prestar a las

democracias populares una ayuda tan eficaz y tan

calificada desde el punto de vista técnico como la

que les presta la Unión Soviética. No se trata sólo de

que  esa  ayuda  es  barata  en  grado  máximo  y

altamente calificada desde el punto de vista técnico.

Se trata, ante todo, de que la base de esa colaboración

es el sincero deseo de ayudarse mutuamente y de

alcanzar   un   auge   económico   general.   En

consecuencia, la industria de esos países ha logrado

un elevado ritmo de desarrollo. Puede afirmarse que,

dado ese ritmo de desarrollo de la industria, esos

países  pronto  se  pondrán  a  tal  altura,  que  no

necesitarán   importar   mercancías   de   los   países

capitalistas,  sino  que  ellos  mismos  sentirán  la

necesidad de exportar las mercancías excedentes por

ellos producidas.

Pero  de  aquí  se  desprende  que  la  esfera  de

explotación  de  los  recursos  mundiales  por  los

principales países capitalistas (los Estados Unidos,

Inglaterra  y  Francia)  no  va  a  ampliarse,  sino  a

reducirse, que las condiciones del mercado mundial

de venta empeorarán para esos países, extendiendo y

 

 

J. V. Stalin

 

profundizando en ellos el fenómeno de las empresas

que  no  trabajan  a  pleno  rendimiento.  En  esto,

justamente, consiste la profundización de la crisis

general                                                               del         sistema           capitalista      mundial,

profundización relacionada con la disgregación del

mercado mundial.

Eso lo perciben los propios capitalistas, pues es

difícil no sentir la pérdida de mercados como la

URSS y China. Los capitalistas tratan de resarcirse

de esas dificultades con el «plan Marshall», con la

guerra en Corea, con la carrera armamentista y con la

militarización de la industria. Pero lo que hace esa

gente se parece mucho a lo de agarrarse a un clavo

ardiendo.

Esa situación plantea ante los economistas dos problemas:

a) ¿Se puede afirmar que sigue todavía en pie la conocida tesis de Stalin respecto a la estabilidad relativa de los mercados en el período de la crisis general del capitalismo, tesis formulada antes de la segunda guerra mundial?

b) ¿Se puede afirmar que sigue todavía en pie la conocida tesis formulada por Lenin en la primavera de 1916 de que, a pesar de hallarse en proceso de descomposición, «el capitalismo se desarrolla en su conjunto  con  una  rapidez  inconmensurablemente mayor que antes»?

Pienso que eso no se puede afirmar. Debido a las nuevas  condiciones,  surgidas  en  relación  con  la segunda guerra mundial, hay que considerar que ambas tesis han envejecido.

 

6. La inevitabilidad de las guerras entre los países capitalistas

Algunos   camaradas   afirman   que,   debido   al

desarrollo  de  nuevas  condiciones  internacionales

después de la segunda guerra mundial, las guerras

entre  los  países  capitalistas  han  dejado  de  ser

inevitables.  Consideran  esos  camaradas  que  las

contradicciones entre el campo del socialismo y el

campo  del  capitalismo  son  más  fuertes  que  las

contradicciones entre los países capitalistas; que los

Estados Unidos dominan lo bastante a los demás

países capitalistas para no dejarles combatir entre sí y

debilitarse   mutuamente;   que   los   hombres   más

inteligentes  del  capitalismo  han  sido  lo  bastante

aleccionados por la experiencia de las dos guerras

mundiales -guerras que han causado serios perjuicios

a  todo  el  mundo  capitalista-  para  no  permitirse

arrastrar de nuevo a los países capitalistas a una

guerra entre sí; y que, en virtud de todo eso, las

guerras entre los países capitalistas han dejado de ser

inevitables.

Esos camaradas se equivocan. Ven los fenómenos

exteriores, que aparecen en la superficie, pero no

advierten las fuerzas de fondo que, si por el momento

actúan imperceptiblemente, serán, en fin de cuentas,

las   que   determinen   el   desarrollo   de   los

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

acontecimientos.

En  apariencia,  todo  marcha «felizmente»:  los

Estados   Unidos   tienen   a   ración   a   la   Europa

Occidental, al Japón y a otros países capitalistas;

Alemania (la del Oeste), Inglaterra, Francia, Italia y

el Japón, que han caído en las garras de Estados

Unidos, cumplen, sumisos, las órdenes de ese país.

Pero  sería  un  error  suponer  que  ese «bienestar»

puede subsistir «por los siglos de los siglos», que

esos países soportarán siempre el dominio y el yugo

de Estados Unidos y que no intentarán arrancarse de

la  esclavitud  a  que  los  tienen  sometidos  los

norteamericanos   y   emprender   un   camino   de

desarrollo independiente.

Tomemos, ante todo, a Inglaterra y a Francia. Es

indudable que son países imperialistas. Es indudable

que las materias primas baratas y los mercados de

venta asegurados tienen para ellos una importancia

de primer orden. ¿Se puede suponer que esos países

soportarán eternamente la situación actual, en la que

los norteamericanos, al socaire de la «ayuda» según

el «plan Marshall», penetran profundamente en la

economía de Inglaterra y de Francia, con el afán de

convertirla en un apéndice de la economía de los

Estados   Unidos? ¿Soportarán   eternamente   esos

países que el capital norteamericano eche la zarpa a

las materias primas y a los mercados de venta en las

colonias anglo-francesas y prepare de este modo una

catástrofe  para  los  elevados  beneficios  de  los

capitalistas anglo-franceses? ¿No será más acertado

decir que la Inglaterra capitalista y, tras ella, la

Francia  capitalista  se  verán,  en  fin  de  cuentas,

obligadas a arrancarse del abrazo de los Estados

Unidos  y  a  tener  un  conflicto  con  ellos  para

asegurarse una situación independiente y, claro está,

elevados beneficios?

Pasemos  a  los  principales  países  vencidos,  a

Alemania (la del Oeste) y al Japón. Estos países

arrastran hoy una existencia miserable bajo la bota

del imperialismo norteamericano. Su industria y su

agricultura,  su  comercio  y  su  política  exterior  e

interior,  toda  su  vida  se  ve  encadenada  por  el

«régimen»  norteamericano  de  ocupación.  Y  esos

países   todavía   ayer   eran   grandes   potencias

imperialistas, que sacudieron los fundamentos del

dominio de Inglaterra, los Estados Unidos y Francia

en Europa y en Asia. Suponer que esos países no

tratarán de ponerse en pie otra vez, de dar al traste

con el «régimen» de los Estados Unidos y de abrirse

paso hacia un camino de desarrollo independiente,

significa creer en milagros.

Se   dice   que   las   contradicciones   entre   el

capitalismo y el socialismo son más fuertes que las

contradicciones   entre   los   países   capitalistas.

Teóricamente, eso es acertado, claro está. Y no sólo

lo es ahora, hoy día, sino que lo era también antes de

la segunda guerra mundial. Y, más o menos, eso lo

comprendían los dirigentes de los países capitalistas.

 

319

 

Sin embargo, la segunda guerra mundial no empezó

por una guerra contra la URSS, sino por una guerra

entre   países   capitalistas. ¿Por   qué?   En   primer

término, porque la guerra contra la URSS, como el

país  del  socialismo,  es  más  peligrosa  para  el

capitalismo que la guerra entre países capitalistas,

pues si la guerra entre países capitalistas sólo plantea

la cuestión del predominio de unos países capitalistas

sobre otros países capitalistas, la guerra contra la

URSS debe plantear inevitablemente la cuestión de la

existencia   del   propio   capitalismo.   En   segundo

término, porque los capitalistas, aunque con fines de

«propaganda» alborotan acerca de la agresividad de

la Unión Soviética, no creen ellos mismos lo que

dicen, pues tienen en cuenta la política pacífica de la

Unión Soviética y saben que este país no agredirá a

los países capitalistas.

Después   de   la   primera   guerra   mundial

considerábase  también  que  Alemania  había  sido

puesto fuera de combate para siempre, como algunos

camaradas piensan hoy del Japón y de Alemania.

Entonces también se hablaba y se alborotaba en la

prensa diciendo que los Estados Unidos tenían a

Europa a ración, que Alemania no podría ponerse de

nuevo en pie y que no habría ya más guerras entre los

países capitalistas. Sin embargo, a pesar de todas esas

consideraciones, Alemania levantó cabeza y se puso

en pie como una gran potencia al cabo de unos

quince   o   veinte   años   después   de   su   derrota,

arrancándose  a  la  esclavitud  y  emprendiendo  el

camino,  de  un  desarrollo  independiente.  Es  muy

sintomático que fueran precisamente Inglaterra y los

Estados  Unidos  quienes  ayudaron  a  Alemania  a

resurgir económicamente y a elevar su potencial

económico  militar.  Claro  está  que,  al  ayudar  a

Alemania  a ponerse  en pie económicamente,  los

Estados  Unidos  e  Inglaterra  pensaban  orientar  a

Alemania,   una   vez   repuesta,   contra   la   Unión

Soviética, utilizarla contra el país del socialismo. Sin

embargo, Alemania dirigió sus fuerzas, en primer

término,                                                             contra   el         bloque            anglo-franco-

norteamericano. Y cuando la Alemania hitleriana

declaró la guerra a la Unión Soviética, el bloque

anglo-franco-norteamericano, no sólo no se unió a la

Alemania hitleriana, sino que, por el contrario, se vió

constreñido a formar una coalición con la URSS,

contra la Alemania hitleriana.

Por tanto, la lucha de los países capitalistas por los mercados y el deseo de hundir a sus competidores resultaron   prácticamente   más   fuertes   que   las contradicciones entre el campo del capitalismo y el campo del socialismo.

Se pregunta: ¿qué garantía puede haber de que Alemania y el Japón no vuelvan a ponerse en pie, de que   no   traten   de   escapar   de   la   esclavitud norteamericana y de vivir una vida independiente? Pienso que no hay tales garantías.

Pero de aquí se desprende que la inevitabilidad de

 

 

 

 

 

320

las  guerras  entre  los  países  capitalistas  sigue existiendo.

Se dice que la tesis de Lenin relativa a que el imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe   considerarse   caducada,   por   cuanto   en   el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actúan en defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto.

El presente movimiento pro paz persigue el fin de

levantar  a  las  masas  populares  a  la  lucha  por

mantener  la  paz,  por  conjurar  una  nueva  guerra

mundial.  Consiguientemente,  ese  movimiento  no

persigue el fin de derrocar el capitalismo y establecer

el socialismo, y se limita a los fines democráticos de

la lucha por mantener la paz. En este sentido, el

actual movimiento por mantener la paz se distingue

del movimiento desarrollado en el período de la

primera guerra mundial por la transformación de la

guerra imperialista en guerra civil, pues este último

movimiento   iba   más   lejos   y   perseguía   fines

socialistas.

Es   posible   que,   de   concurrir   determinadas

circunstancias, la lucha por la paz se desarrolle hasta

transformarse, en algunos lugares, en lucha por el

socialismo, pero eso no sería ya el actual movimiento

pro  paz,  sino  un  movimiento  por  derrocar  el

capitalismo.

Lo más probable es que el actual movimiento pro

paz,   como   movimiento   para   mantener   la   paz,

conduzca, en caso de éxito, a conjurar una guerra

concreta,  a  aplazarla  temporalmente,  a  mantener

temporalmente una paz concreta, a que dimitan los

gobiernos  belicistas  y  sean  sustituidos  por  otros

gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la

paz. Eso, claro es, está bien. Eso incluso está muy

bien.  Pero  todo  ello  no  basta  para  suprimir  la

inevitabilidad de las guerras en general entre los

países capitalistas. No basta, porque, aún con todos

los éxitos del movimiento en defensa de la paz, el

imperialismo se mantiene, continúa existiendo, y, por

consiguiente,   continúa   existiendo   también   la

inevitabilidad de las guerras.

Para eliminar la inevitabilidad de las guerras hay que destruir el imperialismo.

7.  Las  leyes  económicas  fundamentales  del capitalismo moderno y del socialismo

Sabido es que la cuestión relativa a las leyes

económicas  fundamentales  del  capitalismo  y  del

socialismo ha sido planteada reiteradas veces en el

transcurso de la discusión. A este respecto se han

manifestado  opiniones  diversas,  incluso  las  más

fantásticas. Por cierto, la mayoría de los camaradas

que han participado en la discusión ha reaccionado

débilmente ante este problema, y no se ha perfilado

ninguna  solución.  No  obstante,  ninguno  de  los

camaradas ha negado la existencia de esas leyes.

¿Existe  una  ley  económica  fundamental  del

 

 

J. V. Stalin

 

capitalismo? Sí, existe. ¿Qué ley es ésa?, ¿cuáles son

sus   rasgos   característicos?   La   ley   económica

fundamental  del  capitalismo  es  una  ley  que  no

determina  un  aspecto  aislado  o  unos  procesos

aislados del desarrollo de la producción capitalista,

sino todos los aspectos y todos los procesos más

importantes de ese desarrollo; por tanto, determina el

fondo de la producción capitalista, su esencia.

¿No  será  la  ley  del  valor  la  ley  económica

fundamental del capitalismo? No. La ley del valor es,

ante todo, una ley de la producción mercantil. Existió

antes del capitalismo y sigue existiendo, lo mismo

que   la   producción   mercantil,   después   del

derrocamiento  del  capitalismo,  como  ocurre,  por

ejemplo, en nuestro país, si bien es cierto que con

una esfera de acción limitada. Naturalmente, la ley

del valor, que tiene una amplia esfera de acción en el

capitalismo,   desempeña   un   gran   papel   en   el

desarrollo de la producción capitalista pero no sólo

no determina la esencia de la producción capitalista

ni los fundamentos del beneficio capitalista, sino que

ni siquiera plantea esos problemas. Por eso, no puede

ser la ley económica fundamental del capitalismo

moderno.

Con las mismas razones no pueden ser tampoco la ley económica fundamental del capitalismo la ley de la concurrencia y de la anarquía de la producción ni la ley del desarrollo desigual del capitalismo en los diferentes países.

Se dice que la ley de la norma media de beneficio

es la ley económica fundamental del capitalismo

moderno. Eso no es cierto. El capitalismo moderno,

el  capitalismo  monopolista,  no  puede  darse  por

satisfecho con el beneficio medio, que, además, tiene

la tendencia a bajar debido a la elevación de la

composición  orgánica  del  capital.  El  capitalismo

monopolista moderno no exige el beneficio medio

sino el beneficio máximo, necesario para llevar a

cabo más o menos regularmente la reproducción

ampliada.

Lo que más cerca está del concepto ley económica

fundamental del capitalismo es la ley de la plusvalía,

ley del nacimiento y del incremento del beneficio

capitalista. Esa ley predetermina, efectivamente, los

rasgos principales de la producción capitalista. Pero

la ley de la plusvalía es demasiado general, y no toca

los problemas de la norma superior de beneficio cuyo

aseguramiento  es  condición  del  desarrollo  del

capitalismo monopolista. Para llenar esta laguna hay

que concretar la ley de la plusvalía y desarrollarla de

acuerdo   con   las   condiciones   del   capitalismo

monopolista, teniendo en cuenta que el capitalismo

monopolista no exige cualquier beneficio, sino el

beneficio máximo. Esa, precisamente, será la ley

económica fundamental del capitalismo moderno.

Los rasgos principales y las exigencias de la ley

económica  fundamental  del  capitalismo  moderno

podrían formularse, aproximadamente, como sigue:

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

asegurar el máximo beneficio capitalista, mediante la

explotación,  la  ruina  y  la  depauperación  de  la

mayoría de los habitantes del país dado, mediante el

avasallamiento y el saqueo sistemático de los pueblos

de   otros   países,   principalmente   de   los   países

atrasados, y, por último, mediante las guerras y la

militarización de la economía nacional, a las que se

recurre para asegurar el máximo de beneficio.

Se   dice   que   el   beneficio   medio   podría

considerarse, sin embargo, por completo suficiente

para  el  desarrollo  capitalista  en  las  condiciones

actuales. Eso no es cierto. El beneficio medio es el

nivel inferior de la rentabilidad, por debajo del cual

la producción capitalista es imposible. Pero, sería

ridículo suponer que los jerifaltes del capitalismo

monopolista moderno tratan únicamente, al ocupar

las colonias, esclavizar a los pueblos y gestar guerras,

de asegurarse meramente el beneficio medio. No, no

es el beneficio medio ni son los superbeneficios, que

únicamente    representan,    como    regla,    cierta

superación del beneficio medio, sino el beneficio

máximo, concretamente, el motor del capitalismo

monopolista. Precisamente la necesidad de obtener

beneficios    máximos    empuja    al    capitalismo

monopolista a dar pasos tan arriesgados como el

sojuzgamiento y el saqueo sistemático de las colonias

y de otros países atrasados, la conversión de países

independientes    en    países    dependientes,    la

organización de nuevas guerras -que son para los

jerifaltes   del   capitalismo   moderno   él   mejor

«business» para obtener beneficios máximos- y, por

último,  los  intentos  de  conquistar  la  dominación

económica del mundo.

La importancia de la ley económica fundamental

del capitalismo consiste, entre otras cosas, en que, al

determinar todos los fenómenos más importantes del

desarrollo del modo de producción capitalista -sus

ascensos y sus crisis, sus victorias y sus reveses, sus

virtudes  y  sus  defectos:  todo  su  contradictorio

desarrollo-, permite comprenderlos y explicarlos.

He aquí uno de los numerosos y «sorprendentes» ejemplos.

Todo el mundo conoce hechos de la historia y de

la  práctica  del  capitalismo  que  demuestran  el

impetuoso desarrollo de la técnica en el capitalismo,

hechos en los que los capitalistas aparecen como

abanderados   de   la   técnica   avanzada,   como

revolucionarios en el dominio del desarrollo de la

técnica de la producción. Pero también se conocen

hechos de otro género, que evidencian altos en el

desarrollo de la técnica en el capitalismo, hechos en

que los capitalistas aparecen como reaccionarios en

el dominio del desarrollo de la nueva técnica y pasan

con frecuencia al trabajo a mano.

¿A qué se deben estas flagrantes contradicciones?

Únicamente  pueden  deberse  a  la  ley  económica

fundamental del capitalismo moderno, es decir, a la

necesidad   de   obtener   beneficios   máximos.   El

 

321

 

capitalismo es partidario de la nueva técnica cuando

ésta   le   promete   los   mayores   beneficios.   El

capitalismo  es  contrario  a  la  nueva  técnica  y

partidario del paso al trabajo a mano cuando la nueva

técnica deja de prometerle los mayores beneficios.

Así están las cosas en cuanto a la ley económica fundamental del capitalismo moderno.

¿Existe  una  ley  económica  fundamental  del

socialismo? Sí, existe. ¿En qué consisten los rasgos

esenciales y las exigencias de esta ley? Los rasgos

esenciales  y  las  exigencias  de  la  ley  económica

fundamental   del   socialismo   podrían   formularse,

aproximadamente, como sigue: asegurar la máxima

satisfacción   de   las   necesidades   materiales   y

culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad,

mediante   el   desarrollo   y   el   perfeccionamiento

ininterrumpidos de la producción socialista sobre la

base de la técnica más elevada.

Por   consiguiente,   en   vez   de   asegurar   los

beneficios máximos, asegurar la máxima satisfacción

de  las  necesidades  materiales  y  culturales  de  la

sociedad; en vez de desarrollar la producción con

intermitencias del ascenso a la crisis y de la crisis al

ascenso,                                                             desarrollar       ininterrumpidamente          la

producción; en vez de intermitencias periódicas en el

desarrollo   de   la   técnica,   acompañadas   de   la

destrucción de las fuerzas productivas de la sociedad,

el    perfeccionamiento    ininterrumpido    de    la

producción sobre la base de la técnica más elevada.

Se dice que la ley económica fundamental del

socialismo   es   la   ley   del   desarrollo   armónico,

proporcional, de la economía nacional. Eso no es

cierto.  El  desarrollo  armónico  de  la  economía

nacional y, por tanto, la planificación de la misma,

que es un reflejo más o menos fiel de esta ley, de por

sí no dan nada, si no se sabe en nombre de qué tarea

se desarrolla planificadamente la economía nacional,

o si esa tarea no se tiene clara. La ley del desarrollo

armónico de la economía sólo puede dar el resultado

debido cuando existe una tarea en nombre de la cual

se desarrolla planificadamente la economía nacional.

Esa  tarea  no  puede  ofrecerla  la  propia  ley  del

desarrollo  armónico  de  la  economía  nacional.  Y

menos  aún  puede  hacerlo  la  planificación  de  la

economía nacional. Esa tarea se encierra en la ley

económica fundamental del socialismo, bajo la forma

de sus exigencias arriba expuestas. Por eso la acción

de la ley del desarrollo armónico de la economía

nacional únicamente puede tener vía libre en el caso

de que se apoye en la ley económica fundamental del

socialismo,

En  cuanto  a  la  planificación  de  la  economía nacional, ésta sólo puede obtener buenos resultados si                                                      observa   dos   condiciones:   a)   si   refleja acertadamente las exigencias de la ley del desarrollo armónico de la economía nacional; b) si está de acuerdo  en  todo  con  las  exigencias  de  la  ley económica fundamental del socialismo.

 

 

 

 

 

322

 

8. Otras cuestiones

1) La coacción no económica bajo el feudalismo. Naturalmente, la coacción no económica desempeñó cierto   papel   en   el   fortalecimiento   del   poder económico   de   los   terratenientes   feudales;   sin embargo, la base del feudalismo no fue esa coacción, sino la propiedad feudal sobre la tierra.

2) La propiedad personal del hogar koljosiano.

       No sería justo decir en el proyecto de libro de

texto que «cada hogar koljosiano posee en usufructo

personal una vaca, ganado menor y aves de corral».

Como es sabido, la vaca, el ganado menor, las aves,

etc., no se poseen en realidad, en usufructo personal

sino   que   son   propiedad   personal   del   hogar

koljosiano. La expresión «en usufructo personal» ha

sido tomada, por lo visto, del Estatuto Modelo del

artel agrícola. Pero en el Estatuto Modelo del artel

agrícola se incurrió en un error. La Constitución de la

URSS, que fue elaborada con más minuciosidad, dice

otra cosa, a saber:

«Cada  hogar  koljosiano...  posee  en  propiedad personal   una   economía   auxiliar,   casa-vivienda, ganado  productivo,  aves  de  corral  y  aperos  de labranza menudos».

Esto, naturalmente, es acertado.

Debería además decirse, y con detalle, que cada koljosiano posee en propiedad personal de una a tantas  vacas,  según  las  regiones;  tantas  y  tantas ovejas, tantas y tantas cabras, tantos y tantos cerdos (indicando las cifras mínimas y máximas, según las regiones) y un número ilimitado de aves de corral (patos, gansos, gallinas, pavos).

Estos   detalles   tienen   gran   importancia   para

nuestros camaradas de otros países que quieren saber

con exactitud qué le ha quedado concretamente al

hogar koljosiano en propiedad personal, después de

haber   sido   colectivizada   en   nuestro   país   la

agricultura.

3)   El   valor   del   arriendo   pagado   por   los campesinos a los terratenientes y el valor de los gastos de compra de la tierra.

En el proyecto de manual se dice que, como

resultado de la nacionalización de la tierra, «los

campesinos se vieron eximidos del pago de arriendos

a  los  terratenientes  por  una  suma  total  de  unos

500.000.000 de rublos anuales» (es necesario indicar

«rublos oro»). Haría falta precisar esta cifra, pues,

según me parece, no comprende la suma total de

arrendamiento en toda Rusia, sino solamente en la

mayor parte de sus provincias. A la vez, hay que

tener en cuenta que en algunas regiones periféricas

de Rusia el pago del arriendo se hacía en especie,

cosa  que,  según  parece,  no  ha  sido  tomada  en

consideración   por   los   autores   del   proyecto   de

manual. Además, es necesario no olvidar que los

campesinos no sólo se vieron eximidos del pago del

arriendo,  sino  también  de  los  gastos  anuales  de

 

 

J. V. Stalin

 

compra de la tierra. ¿Se ha tenido en cuenta esto en el proyecto de manual? Me parece que no se ha tenido en cuenta, aunque hubiera sido necesario tenerlo.

4) La ensambladura de los monopolios con el aparato de Estado.

La expresión «ensambladura» no es exacta. Es

una expresión que registra de modo superficial y

descriptivo el acercamiento de los monopolios y del

Estado, pero no revela el sentido económico de ese

acercamiento. Se trata de que en el proceso de ese

acercamiento    no    se    produce    una    simple

ensambladura, sino la subordinación del aparato de

Estado a los monopolios. Por esa razón, procedería

desechar la palabra «ensambladura» y sustituirla por

las palabras «subordinación del aparato de Estado a

los monopolios».

5) El empleo de la maquinaria en la URSS

       En  el  proyecto  de  manual  se  dice  que «las

máquinas se emplean en la URSS en todos los casos

en que economizan el trabajo a la sociedad». No es

eso, ni mucho menos, lo que procedería decir. En

primer lugar, las máquinas, en la URSS, siempre

economizan trabajo a la sociedad, y por ello no

conocemos ningún caso en que no economicen en

nuestro  país  ese  trabajo.  En  segundo  lugar,  las

máquinas no sólo economizan trabajo, sino que, a la

vez, facilitan la labor de los trabajadores, y por ello

en nuestro país, a diferencia de los países capitalistas,

los obreros utilizan muy gustosamente las máquinas

en su trabajo.

Hubiera  procedido  decir,  por  tanto,  que  en

ninguna parte se emplea la maquinaria de tan buena

gana   como   en   la   URSS,   pues   las   máquinas

economizan trabajo a la sociedad y facilitan la labor

de los obreros, y, como en la URSS no hay paro, los

obreros emplean gustosamente las máquinas en la

economía nacional.

6) La situación material de la clase obrera en los países capitalistas.

Cuando se habla de la situación material de la

clase obrera se tiene habitualmente en cuenta a los

obreros ocupados, dejando a un lado la situación

material del llamado ejército de reserva de los sin

trabajo. ¿Es acertada esa forma de tratar el problema

de la situación material de la clase obrera? Yo creo

que no es acertada. Si existe un ejército de reserva de

desocupados, cuyos componentes carecen de otro

medio de vida que no sea la venta de su fuerza de

trabajo, los desocupados no pueden por menos de

formar parte de la clase obrera, y, si forman parte de

ella, su situación de miseria no puede dejar de influir

en la situación material de los obreros ocupados. Yo

creo,  por  ello,  que,  al  caracterizar  la  situación

material de la clase obrera en los países capitalistas,

se  hubiera  debido  tener  también  en  cuenta  la

situación  del  ejército  de  reserva  de  los  obreros

parados.

7) La renta nacional.

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

Pienso que es indispensable incluir en el proyecto

de manual un capítulo nuevo sobre la renta nacional.

8) Sobre la inclusión en el manual de un capítulo especial acerca de Lenin y Stalin como fundadores de la Economía Política del socialismo.

Yo pienso que se debe excluir del manual el capítulo «La doctrina marxista del socialismo. V. I. Lenin y J. V. Stalin, fundadores de la Economía Política del socialismo». Es por completo innecesario en el manual, ya que no aporta nada nuevo y es sólo una   pobre   repetición   de   lo   que   los   capítulos anteriores explican con mayor detalle.

En  cuanto  a  las  demás  cuestiones,  no  tengo ninguna observación que hacer a las «propuestas» de los  camaradas  Ostrovitiánov,  Leóntiev,  Shepílov, Gatovski y otros.

 

9.  Importancia  internacional  de  un  manual marxista de economía política

Pienso que los camaradas no tienen en cuenta toda

la importancia de un manual marxista de Economía

Política.  Ese  manual  no  sólo  es  necesario  para

nuestra   juventud   soviética.   Es   especialmente

necesario para los comunistas de todos los países y

para las personas que simpatizan con los comunistas.

Nuestros camaradas de otros países desean saber

cómo nos hemos librado de la esclavitud capitalista;

cómo  hemos  transformado  la  economía  del  país

siguiendo los principios del socialismo; cómo hemos

logrado forjar la amistad con los campesinos; cómo

hemos conseguido que nuestro país, hace aún poco

débil y mísero, se haya convertido en un país rico, en

un país poderoso; desean saber qué son los koljoses,

por  qué  nosotros,  aunque  hemos  socializado  los

medios de producción, no liquidamos la producción

mercantil, el dinero, el comercio, etc. Desean saber

todo  eso  y  muchas  otras  cosas  no  por  simple

curiosidad,   sino   para   aprender   de   nosotros   y

aprovechar nuestra experiencia en su propio país. Por

eso, la aparición de un buen manual marxista de

Economía Política no sólo tiene una gran importancia

política interior, sino también una gran importancia

internacional.

Necesitamos, por consiguiente, un manual que sea

un libro de cabecera para la juventud revolucionaria

no   sólo   en   nuestro   país,   sino   también  en   el

extranjero. No debe ser excesivamente voluminoso,

ya que un manual excesivamente voluminoso no

puede ser un libro de cabecera y, además, resulta

difícil de asimilar, de digerir. No obstante, debe

contener todo lo fundamental, tanto de la economía

de nuestro país como de la economía del capitalismo

y del sistema colonial.

Algunos  camaradas  han  propuesto  durante  la

discusión  incluir  en  el  manual  varios  capítulos

nuevos: los historiadores, sobre historia; los políticos,

sobre política; los filósofos, sobre filosofía, y los

economistas, sobre economía. Pero eso hincharía el

 

323

 

manual terriblemente, cosa que, claro está, no se puede permitir. El manual recurre al método histórico para ilustrar los problemas de la Economía Política, pero eso no quiere decir que debamos convertir el manual de Economía Política en una historia de las relaciones económicas.

Necesitamos un manual de 500 a 600 páginas como máximo. Ese manual de Economía Política marxista será un libro de cabecera, un buen regalo para los comunistas jóvenes de todos los países.

Además, debido al insuficiente nivel de desarrollo

marxista de la mayoría de los Partidos Comunistas de

los demás países, un manual así sería también de

gran utilidad a los cuadros comunistas no jóvenes de

esos países.

 

10. Como se puede mejorar el proyecto de manual de economía política

Algunos   camaradas   han                              «arremetido»   con

excesivo celo durante la discusión contra el proyecto

de manual, han increpado a sus autores por los

errores y las omisiones, afirmando que el proyecto no

vale. Eso es injusto. Naturalmente, el manual tiene

errores y omisiones, cosa que ocurre casi siempre en

todo trabajo importante. Pero, no obstante, la gran

mayoría de los camaradas que han participado en la

discusión ha reconocido que el proyecto puede servir

de base para el futuro manual si se introducen en él

algunas enmiendas y adiciones. En realidad, basta

sólo  comparar  el  proyecto  con  los  manuales  de

Economía  Política  de  que  disponemos  hoy,  para

llegar a la conclusión de que está a cien codos por

encima de ellos. Eso es un gran mérito de los autores

del proyecto de manual.

Yo pienso que para mejorar el proyecto de manual sería conveniente designar una comisión no muy numerosa, en la que deberían figurar no sólo los autores  del  manual  y  no  sólo  partidarios  de  la mayoría de los participantes en la discusión, sino también  adversarios  de  la  mayoría,  furibundos críticos del proyecto del manual.

Sería bueno incluir también en la comisión a un estadista  experto,  para  comprobar  las  cifras  del proyecto e introducir en él nuevos datos estadísticos, así como a un jurista experto, para comprobar la exactitud de las formulaciones.

Sería conveniente descargar provisionalmente de

cualquier otro trabajo a los miembros de la comisión,

dándoles todas las posibilidades materiales para que

puedan  dedicarse  por  entero  a  confeccionar  el

manual.

Haría falta, además, designar una comisión de tres

personas, por ejemplo, para redactar definitivamente

el  manual.  Eso  es  indispensable  también  para

conseguir                                                           unidad de    estilo,     cosa    que,

lamentablemente, falta en el proyecto de manual.

El libro debe ser presentado al CC dentro de un

año.

 

 

 

 

 

324

J. STALIN

1 de febrero de 1952.

 

Respuesta al camarada Aleksandr Ilich  otkin

Camarada Notkin:

No me he apresurado a contestarle, porque no considero urgentes las cuestiones planteadas por Ud. y con mayor motivo cuando hay otras cuestiones, de carácter urgente, que, como es lógico, me han tenido apartado de su carta.

Contesto por puntos.

 

Primer punto

En las «Observaciones» figura la conocida tesis de que la sociedad no es impotente frente a las leyes de la ciencia y que el hombre, una vez ha llegado a conocer las leyes económicas, puede utilizarlas en interés de la sociedad. Ud. afirma que esta tesis no puede hacerse extensiva a otras formaciones sociales, que  sólo  puede  regir  en  el  socialismo  y  en  el comunismo, y que el carácter espontáneo de los procesos   económicos   bajo   el   capitalismo,   por ejemplo, no permite a la sociedad utilizar las leyes económicas en interés de la sociedad.

Eso no es cierto. En la época de la revolución

burguesa,  en  Francia,  por  ejemplo,  la  burguesía

empleó contra el feudalismo la conocida ley de la

armonía obligatoria de las relaciones de producción

con el carácter de las fuerzas productivas, dió al

traste con las relaciones de producción feudales y

creó  unas  relaciones  de  producción  nuevas,  las

relaciones de producción burguesas, poniendo esas

relaciones de producción en correspondencia con el

carácter de las fuerzas productivas, que se habían

desarrollado en las entrañas del régimen feudal. La

burguesía   no   hizo   eso   porque   tuviera   dotes

especiales, sino porque estaba vitalmente interesada

en ello. Los feudales ofrecieron resistencia no porque

fueran   torpes,   sino   porque   estaban   vitalmente

interesados en impedir la realización de esa ley.

Lo mismo debe decirse de la revolución socialista

en nuestro país. La clase obrera utilizó la ley de la

armonía   obligatoria   entre   las   relaciones   de

producción y el carácter de las fuerzas productivas,

derrocó las relaciones de producción burguesas, creó

unas relaciones de producción nuevas, las relaciones

de   producción   socialista,   y   las   puso   en

correspondencia  con  el  carácter  de  las  fuerzas

productivas.  La  clase  obrera  pudo  hacer  eso  no

porque tuviese dotes especiales, sino porque estaba

vitalmente  interesada  en  ello.  La  burguesía,  que

había dejado de ser la fuerza progresiva que fuera en

los albores de la revolución burguesa y se había

convertido ya en una fuerza contrarrevolucionaria, se

resistió por todos los medios a que esta ley fuese

realizada,   y   no  se  resistió   porque   le   faltase

organización ni porque el carácter espontáneo de los

procesos económicos la empujase a ello, sino, sobre

 

 

J. V. Stalin

 

todo, porque estaba vitalmente interesada en impedir la aplicación de esa ley.

Por consiguiente:

1. La utilización de los procesos económicos y de las leyes económicas en interés de la sociedad no sólo  tiene  lugar,  en  una  u  otra  medida,  en  el socialismo y en el comunismo, sino también en las otras formaciones.

2. La utilización de las leyes económicas en la sociedad de clases tiene siempre y en todas partes un fondo  de  clase,  con  la  particularidad  de  que  el abanderado de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad es siempre y en todas partes la clase avanzada, mientras que las clases llamadas a desaparecer se resisten a ello.

Aquí la diferencia entre el proletariado, de una

parte, y de otra, las demás clases que en el transcurso

de  la  historia  han  realizado  revoluciones  en  las

relaciones  de  producción,  consiste  en  que  los

intereses de clase del proletariado se funden con los

intereses de la aplastante mayoría de la sociedad,

pues la revolución del proletariado no significa la

liquidación de esta o aquella forma de explotación,

sino la liquidación de toda explotación, mientras que

las  revoluciones  de  las  otras  clases,  al  liquidar

solamente esta o aquella forma de explotación, no

iban más allá del estrecho marco de sus intereses de

clase,  que  se  hallaban  en  contradicción  con  los

intereses de la mayoría de la sociedad.

En las «Observaciones» se habla del fondo de clase de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad. Allí se dice, que «a diferencia de las leyes de las Ciencias Naturales, en las que el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley casi no encuentra obstáculos, en la esfera económica el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley, como  ella  afecta  a  los  intereses  de  las  fuerzas sociales  llamadas   a  desaparecer,   choca   con   la resistencia tenacísima de esas fuerzas». No obstante, Ud. no ha prestado atención a ello.

 

Segundo punto

Ud. afirma que la completa armonía entre las

relaciones de producción y el carácter de las fuerzas

productivas  puede  conseguirse  únicamente  en  el

socialismo y en el comunismo, y que en las demás

formaciones   sólo   puede   darse   una   armonía

incompleta.

Eso no es cierto. En la época que siguió a la

revolución burguesa, cuando la burguesía destruyó

las relaciones de producción feudales y estableció las

relaciones                                                          de    producción    burguesas,    hubo

innegablemente períodos en que las relaciones de

producción burguesas armonizaban plenamente con

el carácter de las fuerzas productivas. El capitalismo

no hubiera podido, en caso contrario, desarrollarse

con la rapidez con que se desarrolló después de la

revolución burguesa.

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

Prosigamos. Las palabras «completa armonía» no

deben ser comprendidas en sentido absoluto. No

deben ser comprendidas en el sentido de que en el

socialismo no existe ningún retraso de las relaciones

de  producción  con  respecto  al  desarrollo  de  las

fuerzas productivas. Las fuerzas productivas son las

fuerzas más dinámicas y más revolucionarias de la

producción. Y marchan, en el socialismo también,

indiscutiblemente,   delante   de   las   relaciones   de

producción.  Sólo  después  de  algún  tiempo  las

relaciones                                                          de    producción    se    transforman,

adaptándose al carácter de las fuerzas productivas.

¿Cómo deben ser comprendidas en tal caso las

palabras                                                             «completa    armonía»?    Deben    ser

comprendidas en el sentido de que en el socialismo,

como  regla,  no  se  producen  conflictos  entre  las

relaciones de producción y las fuerzas productivas,

en el sentido de que la sociedad puede hacer, a su

debido tiempo, que las relaciones de producción, que

vana la zaga, se pongan en correspondencia con el

carácter  de  las  fuerzas  productivas.  La  sociedad

socialista puede hacer eso porque en ella no existen

clases llamadas a desaparecer, clases que puedan

organizar   una   resistencia.   Naturalmente,   en   el

socialismo habrá también fuerzas atrasadas, inertes,

que no comprendan la necesidad de los cambios en

las relaciones de producción; pero no será difícil,

claro está, vencerlas sin llegar a conflictos.

Tercer punto

De sus razonamientos dimana que los medios de

producción,   y   sobre   todo   los   instrumentos   de

producción   fabricados   por   nuestras   empresas

nacionalizadas,  son  considerados  por  Ud.  como

mercancías.

¿Se   puede   considerar   que   los   medios   de

producción   sean   en   nuestro   régimen   socialista

mercancías? Yo pienso que no, de ninguna manera.

La mercancía es un producto de la producción que

se vende a cualquier comprador, con la particularidad

de que, al efectuarse la venta, el propietario de la

mercancía pierde el derecho de propiedad sobre ella,

y el comprador se convierte en propietario de la

misma y puede revenderla, empeñarla, dejar que se

pudra. ¿Se   puede   definir   así   los   medios   de

producción?  Claro  que  no.  En  primer  lugar,  los

medios de producción no se «venden» a cualquier

comprador, no se «venden» ni siquiera a los koljoses;

son distribuidos por el Estado entre sus empresas

solamente. En segundo lugar, el Estado, dueño de los

medios de producción, al entregárselos a una u otra

empresa, no pierde, ni mucho menos, el derecho de

propiedad sobre esos medios de producción; por el

contrario, lo conserva plenamente. En tercer lugar,

los directores de las empresas, al recibir del Estado

medios de producción, no sólo no se convierten en

propietarios  de  esos  medios,  sino  que,  por  el

contrario, son confirmados como mandatarios del

 

325

 

Estado Soviético para dirigir el empleo de los medios de   producción,   de   acuerdo   con   los   planes establecidos por el Estado.

Como vemos, en nuestro régimen los medios de producción   no   pueden   ser,   en   modo   alguno, considerados como mercancías.

¿Por qué se habla, pues, del valor de los medios de producción, de su coste, de su precio, etc.?

Por dos causas.

Primera. Porque es indispensable para el cálculo, para la contabilidad, para determinar si las empresas son rentables o si no lo son, para la inspección y el control de las empresas. Pero éste es sólo el aspecto formal de la cuestión.

Segunda. Porque es indispensable para efectuar,

en interés del comercio exterior, la venta de medios

de producción a los Estados extranjeros. Aquí, en la

esfera del comercio exterior, pero sólo en esta esfera,

nuestros  medios  de  producción  son  en  realidad

mercancías y en realidad se venden (sin comillas).

Por consiguiente, resulta que en la esfera del comercio   exterior   los   medios   de   producción fabricados   por   nuestras   empresas   conservan, formalmente y en esencia, las propiedades de las mercancías,   mientras   que   en   la   esfera   de   la circulación económica en el interior del país pierden las  propiedades  de  las  mercancías,  dejan  de  ser mercancías y se salen de la esfera de acción de la ley del  valor,  conservando  únicamente  la  forma  de mercancías (la contabilidad, y demás).

¿Cómo explicar esta peculiaridad?

El caso es que en nuestras condiciones socialistas

el  desarrollo  económico  no  se  opera  mediante

revoluciones, sino mediante cambios graduales, en

los que lo viejo no queda suprimido por entero, sino

que cambia su naturaleza, adaptándola a lo nuevo,

conservando sólo su forma; y lo nuevo no destruye

simplemente lo viejo, sino que penetra en ello y

cambia su naturaleza y sus funciones, sin romper su

forma, que utiliza para el desarrollo de lo nuevo. Eso

no sólo sucede con las mercancías, sino también con

el dinero en nuestras operaciones económicas, así

como con los Bancos, que, al perder sus viejas

funciones y adquirir funciones nuevas, conservan su

vieja   forma,   que   es   utilizada   por   el   régimen

socialista.

Si se examina el problema desde un punto de vista

formal, desde el punto de vista de los procesos que se

operan en la superficie de los fenómenos, se puede

llegar  a  la  conclusión  desacertada  de  que  las

categorías del capitalismo siguen rigiendo en nuestra

economía. Si se analiza el problema de un modo

marxista, estableciendo una rigurosa diferenciación

entre el contenido del proceso económico y su forma,

entre los procesos profundos del desarrollo y los

fenómenos superficiales, se puede llegar a la única

conclusión atinada, a la conclusión de que de las

viejas categorías del capitalismo en nuestro país se ha

 

 

 

 

 

326

conservado, principalmente, la forma, el exterior, pero que en esencia es categorías han cambiado de un modo radical, adaptándose a las exigencias del desarrollo de la economía socialista.

 

Cuarto punto

Ud. afirma que la ley del valor obra como un regulador  de  los  precios  de  los «medios   de producción»-   producidos   por   la   agricultura   y entregados al Estado a precios de tasa. Se refiere Ud., además, a «medíos de producción» tales como las materias primas; por ejemplo, el algodón. Hubiera podido Ud. agregar a ello también el lino, la lana y demás materias primas agrícolas.

Hay que hacer notar, ante todo, que en este caso la

agricultura no produce «medios de producción», sino

uno de los medios de producción: materias primas.

No se puede jugar con las palabras «medios de

producción».  Cuando  los  marxistas  hablan  de  la

producción  de  medios  de  producción,  tienen  en

cuenta, ante todo, la producción de instrumentos de

producción, es decir, lo que Marx llama «los medios

mecánicos   de   trabajo,   cuyo   conjunto   puede

denominarse   sistema   óseo   y   muscular   de   la

producción»,  sistema  que  constituye «los  rasgos

distintivos característicos de una determinada época

de la producción social». Poner en un mismo plano

una parte de los medios de producción (las materias

primas) y los medios de producción, incluidos los

instrumentos de producción, significa pecar contra el

marxismo,   pues   el   marxismo   parte   del   papel

determinante de los instrumentos de producción, en

comparación   con   todos   los   otros   medios   de

producción. Todo el mundo sabe que las materias

primas   no   pueden   producir   por      mismas

instrumentos de producción -aunque ciertas materias

primas sean indispensables como material para la

producción de instrumentos de producción-, en tanto

que no hay materia prima que pueda ser producida

sin instrumentos de producción.

Sigamos. ¿Se puede decir que la acción de la ley

del valor sobre el precio de las materias primas

producidas   en   la   agricultura   sea   una   acción

reguladora como lo afirma Ud., camarada Notkin?

Esa acción sería reguladora si existiera en nuestro

país un «libre» sube y baja de los precios de las

materias primas agrícolas, si rigiera la ley de la

concurrencia y de la anarquía de la producción, si no

tuviéramos   una   economía   planificada,   si   la

producción de materias primas no estuviera regulada

por un plan. Pero como en el sistema de nuestra

economía nacional no se dan todos esos «si», la

acción de la ley del valor sobre el precio de las

materias primas agrícolas no puede en modo alguno

ser reguladora. En primer lugar, los precios de las

materias primas agrícolas son en nuestro país precios

fijos, establecidos por un plan, y no precios «libres».

En segundo lugar, el volumen de la producción de

 

 

J. V. Stalin

 

materias primas agrícolas no lo determinan fuerzas

ciegas ni estos o aquellos elementos fortuitos, sino un

plan. En tercer lugar, los instrumentos de producción

necesarios para la producción de materias primas

agrícolas no se hallan concentrados en manos de

algunas  personas  o  grupos  de  personas,  sino  en

manos del Estado. Después de esto, ¿qué es lo que

queda del papel regulador de la ley del valor? Resulta

que la misma ley del valor es regulada por los

hechos, propios de la producción socialista, arriba

indicados.

Por consiguiente, no se puede negar que la ley del

valor actúa en la formación de los precios de las

materias  primas  agrícolas  ni  que  es  uno  de  los

factores de esa formación. Pero menos aún se puede

negar que esa acción no es ni puede ser reguladora.

 

Quinto punto

Al  hablar  de  la  rentabilidad  de  la  economía

socialista, he objetado en mis «Observaciones» a los

asertos de algunos camaradas respecto a que nuestra

economía planificada -al no dar gran preferencia a las

empresas rentables y admitir la existencia, junto a

ellas, de empresas no rentables- mata el principio

mismo de la rentabilidad de la economía. En las

«Observaciones» se dice que la rentabilidad desde el

punto  de  vista  de  una  empresa  o  rama  de  la

producción no puede compararse en modo alguno

con la rentabilidad de tipo superior que nos da la

producción socialista al librarnos de las crisis de

superproducción    y    asegurarnos    el    continuo

incremento de la producción.

No obstante, sería un error deducir de aquí que la

rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de la

producción no tiene especial valor y no merece seria

atención.  Esto,  naturalmente,  no  es  cierto.  La

rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de la

producción   tiene   enorme   importancia   para   el

desarrollo de nuestra producción. Y hay que tenerla

en cuenta, tanto al planificar la construcción como al

planificar la producción. Eso es el abecé de nuestra

actividad económica en la etapa actual de desarrollo.

Sexto punto

No está claro cómo hay que comprender sus palabras   referentes   al   capitalismo: «producción ampliada  muy  deformada».  Hay  que  decir  que producción de ese tipo, y además ampliada, no existe bajo la capa del cielo.

Es evidente que, después de haberse escindido el

mercado mundial y de haber comenzado a reducirse

la esfera de explotación de los recursos mundiales

por los principales países capitalistas (los Estados

Unidos, Inglaterra y Francia), el carácter cíclico del

desarrollo del capitalismo -ascenso y descenso de la

producción- deberá, a pesar de ello, subsistir: Pero el

ascenso de la producción en estos países tendrá lugar

sobre una base restringida, pues el volumen de la

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS producción de esos países descenderá.

Séptimo punto

La crisis general del sistema capitalista mundial

comenzó en el período de la primera guerra mundial;

debido,  sobre  todo,  al  hecho  de  que  la  Unión

Soviética se desgajó del sistema capitalista. Esa fue

la primera etapa de la crisis general. La segunda

etapa de la crisis general empezó en el período de la

segunda  guerra  mundial,  sobre  todo  después  de

haberse   desgajado   del   sistema   capitalista   las

democracias populares de Europa y de Asia. La

primera crisis, en el período de la primera guerra

mundial, y la segunda crisis, en el período de la

segunda guerra mundial, no deben ser consideradas

como crisis independientes una de otra, como crisis

separadas sin relación alguna entre sí, sino como

etapas del desarrollo de la crisis general del sistema

capitalista mundial.

¿Es la crisis general del capitalismo mundial una

crisis meramente política o una crisis meramente

económica? No es ni una cosa ni la otra. Es una crisis

general, es decir, una crisis del sistema capitalista

mundial en todos los dominios, una crisis que abarca

tanto  la  economía  como  la  política.  Además,  se

comprende que tiene por base la descomposición

cada vez mayor del sistema económico capitalista

mundial, por una parte, y, por otra, la creciente

potencia  económica  de  los  países  que  se  han

desgajado del capitalismo: la URSS, China y demás

países de democracia popular.

J. STALIN

21 de abril de 1952.

 

Los errores del camarada L. D. Yaroshenko

Hace poco se ha dado a conocer a los miembros

del Buró Político del Comité Central del PC(b) de la

Unión Soviética una carta del camarada Yaroshenko,

fechada el 20 de marzo del año en curso, haciendo

referencia  a  algunas  cuestiones  económicas  que

fueron examinadas en la conocida discusión del mes

de noviembre. El autor de la carta se queja de que en

los principales documentos en que ha sido sintetizada

la discusión, lo mismo que en las «Observaciones»

del camarada Stalin, «no ha tenido reflejo alguno el

punto de vista» del camarada Yaroshenko. Además,

el camarada Yaroshenko propone en su carta que se

le  permita  escribir  la «Economía   Política   del

socialismo» en el curso de un año o año y medio,

facilitándole para ello dos colaboradores.

Yo creo que tendremos que examinar a fondo tanto la queja del camarada Yaroshenko como su propuesta.

Comencemos por la queja.

Y bien, ¿en qué consiste el «punto de vista» del

camarada Yaroshenko, ese punto de vista que no ha

tenido  ningún  reflejo  en  los  documentos  arriba

citados?

 

327

 

 

I. El principal error del camarada Yaroshenko

Si caracterizamos el punto de vista del camarada

Yaroshenko en dos palabras, tendremos que decir

que no es marxista; por tanto, es profundamente

erróneo.

El  principal  error  del  camarada  Yaroshenko

consiste en que se aparta del marxismo en la cuestión

relativa al papel de las fuerzas productivas y de las

relaciones  de  producción  en  el  desarrollo  de  la

sociedad: exagera desmesuradamente el papel de las

fuerzas                                                               productivas,    subestima,     también

desmesuradamente,  el  papel  de  las relaciones  de

producción y acaba declarando que en el socialismo

las relaciones de producción son parte integrante de

las fuerzas productivas.

El   camarada   Yaroshenko   admite   que   las

relaciones de producción desempeñan cierto papel

cuando   existen «contradicciones   antagónicas   de

clase», ya que las relaciones de producción en ese

caso «contradicen   al  desarrollo   de  las   fuerzas

productivas». Mas para el camarada Yaroshenko, ese

papel es sólo un papel negativo, el papel de factor

que frena el desarrollo de las fuerzas productivas y

que traba su desarrollo. Y el camarada Yaroshenko

no   ve   en   las   relaciones   de   producción   otras

funciones, no ve ninguna función positiva.

En cuanto al régimen socialista, donde ya no

existen «contradicciones  antagónicas  de  clase»  y

donde las relaciones de producción «no contradicen

ya  al  desarrollo  de  las  fuerzas  productivas»,  el

camarada   Yaroshenko   considera   que   aquí   las

relaciones   de   producción   pierden   todo   papel

independiente; las relaciones de producción dejan de

ser  un  factor  importante  del  desarrollo  y  son

absorbidas por las fuerzas productivas, como la parte

es absorbida por el todo. El camarada Yaroshenko

dice   que   en   el   socialismo «las   relaciones   de

producción   entre   los   hombres   entran   en   la

organización de las fuerzas productivas como un

medio,  como  un  elemento  de  esa  organización»

(véase la carta del camarada Yaroshenko al Buró

Político del CC).

En tal caso, ¿cuál es la tarea principal de la

Economía  Política  del  socialismo?  El  camarada

Yaroshenko  contesta: «La  tarea  principal  de  la

Economía Política del socialismo no consiste, por esa

razón, en estudiar las relaciones de producción entre

los  hombres  de  la  sociedad  socialista,  sino  que

consiste en elaborar y desarrollar la teoría científica

de la organización de las fuerzas productivas en la

producción social, la teoría de la planificación del

desarrollo  de  la  economía  nacional» (véase  el

discurso del camarada Yaroshenko en el Pleno de los

participantes en la discusión).

Esa  es  la  causa  precisa  de  que  el  camarada

Yaroshenko no se interese por cuestiones económicas

del régimen socialista como la existencia de diversas

 

 

 

 

 

328

formas   de   propiedad   en   nuestra   economía,   la

circulación  mercantil,  la  ley  del  valor  y  otras,

considerándolas cuestiones secundarias que no hacen

más que provocar discusiones escolásticas. El declara

sin circunloquios que en su Economía Política del

socialismo «las discusiones en cuanto al papel de una

u   otra   categoría   de   la   Economía   Política   del

socialismo -valor, mercancía, dinero, crédito, etc.-,

que con frecuencia toman entre nosotros un carácter

escolástico,   son   reemplazadas   por   sensatos

razonamientos sobre la organización racional de las

fuerzas productivas en la producción social y la

fundamentación   científica   de   esa   organización»

(véase el discurso del camarada Yaroshenko en el

Pleno).

En    consecuencia,    Economía    Política    sin problemas económicos.

El camarada Yaroshenko piensa que basta con

alcanzar una «organización racional de las fuerzas

productivas»  para  que  el  paso  del  socialismo  al

comunismo   transcurra   sin   grandes   dificultades.

Considera que eso basta y sobra para la transición al

comunismo. Declara sin más ni más que «la lucha

fundamental  por  la  construcción  de  la  sociedad

comunista se reduce, en el socialismo, a la lucha por

organizar con acierto las fuerzas productivas y por

utilizarlas racionalmente en la producción social»

(véase  el  discurso  en  el  Pleno).  El  camarada

Yaroshenko   proclama   solemnemente   que:           «El

comunismo es la organización científica superior de

las fuerzas productivas en la producción social».

Resulta, a lo que se ve, que toda la esencia del

régimen   comunista   está   comprendida   en   la

«organización racional de las fuerzas productivas».

Partiendo de todo eso, el camarada Yaroshenko

deduce que no puede haber una Economía Política

para todas las formaciones sociales, que debe haber

dos economías políticas: una para las formaciones

sociales presocialistas, cuyo objeto es el estudio de

las relaciones de producción entre los hombres, y

otra para el régimen socialista, cuyo objeto deberá

ser, no el estudio de las relaciones de producción, es

decir, de las relaciones económicas, sino el de las

cuestiones vinculadas a la organización racional de

las fuerzas productivas.

Tal es el punto de vista del camarada Yaroshenko. ¿Qué puede decirse de ese punto de vista?

No es cierto, primeramente, que el papel de las

relaciones de producción en la historia de la sociedad

se limite al papel de freno que traba el desarrollo de

las fuerzas productivas. Cuando los marxistas hablan

del papel de freno de las relaciones de producción, no

se refieren a todas las relaciones de producción, sino

tan sólo a las viejas relaciones de producción, que no

corresponden   ya   al   desarrollo   de   las   fuerzas

productivas y, en consecuencia, frenan su desarrollo.

Pero, además de las viejas relaciones de producción,

existen,  como  se  sabe,  las  nuevas  relaciones  de

 

 

J. V. Stalin

 

producción que sustituyen a las viejas. ¿Se puede, acaso, decir que el papel de las nuevas relaciones de producción se reduce al papel de freno de las fuerzas productivas?  No,  no  se  puede.  Al  contrario:  las nuevas  relaciones  de  producción  son  la  fuerza principal y decisiva que determina precisamente el desarrollo  continuo,  y  poderoso,  de  las  fuerzas productivas,  y  sin  ellas  las  fuerzas  productivas estarían en nuestro país condenadas a vegetar como vegetan hoy en los países capitalistas.

Nadie puede negar el desarrollo colosal de las

fuerzas productivas de nuestra industria soviética en

los años de cumplimiento de los planes quinquenales.

Pero ese desarrollo no se habría producido si en

octubre de 1917 no hubiésemos reemplazado las

viejas relaciones de producción, las relaciones de

producción   capitalistas,   por   unas   relaciones   de

producción nuevas, por las relaciones de producción

socialistas. Sin esa revolución en las relaciones de

producción, en las relaciones económicas, las fuerzas

productivas vegetarían en nuestro país como vegetan

hoy en los países capitalistas.

Nadie puede negar el desarrollo colosal de las

fuerzas productivas de nuestra agricultura en el curso

de los últimos 20-25 años. Pero ese desarrollo no

hubiera tenido lugar si no hubiéramos sustituido, en

los años del 30, las viejas relaciones de producción

capitalistas en el campo por nuevas relaciones de

producción,   por   unas   relaciones   de   producción

colectivistas. Sin esa revolución en la producción, las

fuerzas productivas de la agricultura vegetarían en

nuestro  país  como  vegetan  hoy  en  los  países

capitalistas.

Claro que las nuevas relaciones de producción no pueden ser ni son eternamente nuevas, comienzan a envejecer y a entrar en contradicción con el continuo desarrollo de las fuerzas productivas, comienzan a perder el papel de motor principal de las fuerzas productivas y se transforman en su freno. Entonces, en lugar de esas relaciones de producción, ya viejas, aparecen  nuevas  relaciones  de  producción,  cuyo papel consiste en ser el motor principal del continuo desarrollo de las fuerzas productivas.

Esta peculiaridad del desarrollo de las relaciones

de producción, que pasan del papel de freno de las

fuerzas productivas al papel de motor principal de su

avance, y del papel de motor principal al papel de

freno de las fuerzas productivas, constituye uno de

los elementos principales de la dialéctica materialista

marxista. Esto lo saben hoy todos los que han visto

un libro de marxismo. Esto no lo sabe, según resulta,

el camarada Yaroshenko.

No es cierto, en segundo lugar, que el papel

independiente de las relaciones de producción, es

decir, de las relaciones económicas, desaparece en el

socialismo; que las relaciones de producción sean

absorbidas  por  las  fuerzas  productivas;  que  la

producción social en el socialismo se reduzca a la

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

organización de las fuerzas productivas. El marxismo

considera la producción social como un todo que

consta de dos aspectos vinculados indisolublemente:

las fuerzas productivas de la sociedad (relaciones de

la sociedad con las fuerzas naturales, en la lucha con

las cuales obtiene la sociedad los bienes materiales

necesarios) y las relaciones de producción (relaciones

mutuas  entre  los  hombres  en  el  proceso  de  la

producción). Estos dos aspectos de la producción

social, aunque están ligados entre sí de un modo

indisoluble, son diferentes. Y precisamente por ser

aspectos diferentes de la producción social, pueden

actuar uno sobre el otro. Afirmar que uno de esos

aspectos   puede   ser   absorbido   por   el   otro   y

transformado en su parte integrante, significa pecar

gravemente contera el marxismo.

Marx dice:

«En   la   producción   los   hombres   no   actúan

solamente  sobre  la  naturaleza,  sino  que  actúan

también los unos sobre los otros. No pueden producir

sin asociarse de un cierto modo, para actuar en

común y establecer un intercambio de actividades.

Para producir, los hombres contraen determinados

vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos Y

relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es como

se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la

producción» (véase: «C. Marx y F. Engels», tomo V,

pág. 429).

Por consiguiente, la producción social consta de dos  aspectos  que,  aunque  están  indisolublemente ligados el uno con el otro, reflejan, no obstante, dos categorías diferentes de relaciones: las relaciones del hombre con la naturaleza (fuerzas productivas) y las relaciones de unos hombres con otros en el proceso de la producción (relaciones de producción). Sólo la existencia de ambos aspectos de la producción nos da la  producción  social,  ya  se  trate  del  régimen socialista o de otras formaciones sociales.

Por lo visto, el camarada Yaroshenko no está muy

de acuerdo con Marx. Considera que esta tesis de

Marx no es aplicable al régimen socialista. Por eso,

precisamente, reduce el problema de la Economía

Política del socialismo a la tarea de la organización

racional de las fuerzas productivas, dejando de un

lado  las  relaciones  de  producción,  las  relaciones

económicas,  y  separando  de  ellas  las  fuerzas

productivas.

Por  tanto,  en  lugar  de  la  Economía  Política marxista, encontramos en el camarada Yaroshenko algo   así   como   la «Ciencia   universal   de   la organización» de Bogdánov.

Así, pues, partiendo de la idea acertada de que las

fuerzas productivas son las más dinámicas y las más

revolucionarias  de  la  producción,  el  camarada

Yaroshenko lleva esa idea al absurdo, negando el

papel  de  las  relaciones  de  producción,  de  las

relaciones económicas, en el socialismo; y en lugar

de una producción social llena de vida, obtiene una

 

329

 

técnica de la producción unilateral y enclenque, algo así como la «técnica de organización de la sociedad» de Bujarin.

Marx dice:

«En la producción social de su vida (es decir, en

la producción de los bienes materiales necesarios

para  la  vida  del  hombre -  J.  St.),  los  hombres

contraen   determinadas   relaciones   necesarias   e

independientes   de   su   voluntad,   relaciones   de

producción,  que corresponden  a  una  determinada

fase  de  desarrollo  de  sus  fuerzas  productivas

materiales.   El   conjunto   de  estas   relaciones  de

producción  forma  la  estructura  económica  de  la

sociedad, la base real sobre la que se levanta la

superestructura  jurídica  y   política   y   a   la   que

corresponden  determinadas  formas  de  conciencia

social» (véase el prólogo de la "Contribución a la

crítica de la Economía Política»).

Eso significa que toda formación social, incluida

la  sociedad  socialista,  tiene  su  base  económica,

formada  por  el  conjunto  de  las  relaciones  de

producción entre los hombres. Surge la pregunta:

¿qué piensa el camarada Yaroshenko en cuanto a la

base   económica   del   régimen   socialista?   Como

sabemos, el camarada Yaroshenko ha liquidado ya

las relaciones de producción en el socialismo como

una esfera más o menos independiente, incluyendo lo

poco que ha quedado de ellas en la organización de

las fuerzas productivas. Se pregunta uno, ¿posee el

régimen socialista su propia base económica? Es

evidente que, si en el socialismo las relaciones de

producción han desaparecido como fuerza más o

menos independiente, el régimen socialista subsiste

sin su base económica.

En consecuencia, un régimen socialista sin su base  económica.  Resulta  una  historieta  bastante divertida...

¿Es posible, en general, un régimen social sin su

base   económica?   El   camarada   Yaroshenko,

evidentemente, considera que es posible. Está bien,

pero el marxismo considera que regímenes sociales

de esa naturaleza no existen bajo la capa del cielo.

No es cierto, por último, que el comunismo sea la

organización racional de las fuerzas productivas; que

la organización racional de las fuerzas productivas

encierre en sí toda la esencia del régimen comunista;

que   baste   organizar   racionalmente   las   fuerzas

productivas para pasar al comunismo sin grandes

dificultades. En nuestra literatura hay otra definición,

otra  fórmula  del  comunismo,  que  es  la  fórmula

leninista: «El comunismo es el Poder soviético más

la electrificación de todo el país». Por lo visto, al

camarada  Yaroshenko  no  le  gusta  la  fórmula

leninista, y la reemplaza por su propia fórmula, de

producción    casera:                                        «El    comunismo    es    la

organización   científica   superior   de   las   fuerzas

productivas en la producción social».

En  primer  término,  nadie  sabe  qué  es  esa

 

 

 

 

 

330

organización «científica superior» o «racional» de las

fuerzas productivas que proclama a los cuatro vientos

el camarada Yarosnenko ni cuál es su contenido

concreto. El camarada Yaroshenko repite decenas de

veces esta fórmula mítica en sus discursos ante el

Pleno, en las comisiones de éste, en su carta a los

miembros del Buró Político; pero no dice en ningún

sitio ni una sola palabra para aclarar cómo hay que

comprender,   concretamente,   esa               «organización

racional» de las fuerzas productivas, que según él,

encierra en si toda la esencia del régimen comunista.

En segundo término, puesto que se trata de elegir entre dos fórmulas, no procede rechazar la fórmula leninista, que es la única acertada, sino la fórmula del camarada Yaroshenko, manifiestamente artificial y no  marxista,  extraída  del  arsenal  de  Bogdánov «Ciencia universal de la organización».

El   camarada   Yaroshenko   supone   que   basta

alcanzar una organización racional de las fuerzas

productivas para obtener la abundancia de productos

y pasar al comunismo, para pasar de la fórmula «a

cada cual, según su trabajo» a la fórmula «a cada

cual, según sus necesidades». Ese es un gran error,

que revela la incomprensión más absoluta de las

leyes del desarrollo económico del socialismo. El

camarada Yaroshenko concibe las condiciones del

paso  del  socialismo  al  comunismo  de  un  modo

demasiado simple, con una simplicidad infantil. El

camarada  Yaroshenko  no  comprende  que  no  se

puede  obtener  una  abundancia  de  productos  que

permita cubrir todas las necesidades de la sociedad ni

pasar   a   la   fórmula   "a   cada   cual,   según   sus

necesidades»,                                                   mientras    subsistan fenómenos

económicos  como  la  propiedad  de  determinados

grupos, de los koljoses, la circulación mercantil y

otros. El camarada Yaroshenko no comprende que,

antes de pasar a la fórmula «a cada cual, según sus

necesidades»,  hay  que  recorrer  varias  etapas  de

reeducación económica y cultural de la sociedad, en

el curso de las cuales el trabajo dejará de ser a los

ojos de la sociedad sólo un medio de ganarse la vida,

para convertirse en la primera necesidad de ésta, y la

propiedad social, en la base firme e inviolable de la

existencia de la sociedad.

Para preparar el paso real, y no declarativo, al comunismo, es necesario cumplir, por lo menos, tres condiciones fundamentales.

1. Es indispensable, en primer término, asegurar

de verdad, no una mítica «organización racional» de

las fuerzas productivas, sino el incremento constante

de toda la producción social, y preferentemente el de

la producción de medios de producción. El que se dé

preferencia al incremento de la producción de medios

de producción, no sólo es necesario porque esta

producción debe asegurar las máquinas necesarias,

tanto a sus propias empresas como a las empresas de

todas las demás ramas de la economía nacional, sino

porque sin ella no es posible, en absoluto, llevar a

 

 

J. V. Stalin

 

cabo la reproducción ampliada.

2. Es indispensable, en segundo término, elevar la

propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo el

pueblo, mediante transiciones graduales realizadas

con ventaja para los koljoses y, por consiguiente,

para   toda   la   sociedad,   y,   también,   mediante

transiciones   graduales,   sustituir   la   circulación

mercantil   por   un   sistema   de   intercambio   de

productos, para que el Poder central o cualquier otro

centro económico-social pueda disponer de todo el

producto de la producción social en interés de la

sociedad.

El  camarada  Yaroshenko  se  equivoca  cuando

afirma que en el socialismo no existe contradicción

alguna  entre  las  relaciones  de  producción  y  las

fuerzas productivas de la sociedad. Claro está que

nuestras actuales relaciones de producción atraviesan

por un período en que, correspondiendo plenamente

al  incremento  de  las  fuerzas  productivas,  las

impulsan adelante a pasos agigantados. Pero sería

una equivocación contentarse con eso y suponer que

no existe contradicción alguna entre nuestras fuerzas

productivas y nuestras relaciones de producción. Sin

duda alguna, hay y habrá contradicciones, por cuanto

el desarrollo de las relaciones de producción va e irá

a la zaga del desarrollo de las fuerzas productivas.

Con   una   política   acertada   de   los   organismos

dirigentes,   estas   contradicciones   no   pueden

convertirse  en  contradicciones  antagónicas,  y  no

puede producirse un conflicto entre las relaciones de

producción y las fuerzas productivas de la sociedad.

Otra  cosa  sucedería  si  aplicáramos  una  política

desacertada,  como  la  que  propone  el  camarada

Yaroshenko. En ese caso, el conflicto sería inevitable

y   nuestras   relaciones   de   producción   podrían

convertirse en un freno muy serio para el desarrollo

de las fuerzas productivas.

Por ello, la misión de los organismos dirigentes

consiste                                                             en          advertir          oportunamente         las

contradicciones cuando están gestándose y tomar a

tiempo  las  medidas  necesarias  para  eliminarlas

mediante   la   adaptación   de   las   relaciones   de

producción al incremento de las fuerzas productivas.

Esto se refiere, ante todo, a fenómenos económicos

como la propiedad de determinados grupos, de los

koljoses,  y  la  circulación  mercantil.  Claro  que

actualmente estos fenómenos son aprovechados con

buen éxito para desarrollar la economía socialista, y

reportan un beneficio indudable a nuestra sociedad.

No cabe duda de que también en el próximo futuro

reportarán  su  beneficio.  Pero  sería  una  ceguera

imperdonable no ver que, al mismo tiempo, esos

fenómenos comienzan ahora ya a frenar el poderoso

desarrollo   de   nuestras   fuerzas   productivas,   por

cuanto son un obstáculo para que la planificación por

parte   del   Estado   abarque   plenamente   toda   la

economía nacional, en particular la agricultura. No

cabe duda de que, con el tiempo, esos fenómenos

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

frenarán más y más el desarrollo de las fuerzas

productivas de nuestro país. Por consiguiente, la

tarea  consiste  en  liquidar  esas  contradicciones

mediante la transformación gradual de la propiedad

koljosiana  en  propiedad  de  todo  el  pueblo  y  la

aplicación -también  gradual-  del  intercambio  de

productos en lugar de la circulación mercantil.

3. Es necesario, en tercer término, alcanzar un

ascenso cultural de la sociedad, que asegure a todos

sus   miembros   el   desarrollo   universal   de   sus

capacidades físicas e intelectuales, para que puedan

recibir una instrucción que les permita ser agentes

activos  del  desarrollo  de  la  sociedad,  para  que

puedan elegir la profesión que más les guste y no

tengan que verse atados de por vida, debido a la

división del trabajo existente, a una sola profesión.

¿Qué hace falta para esto?

Sería erróneo suponer que se puede alcanzar un

desarrollo cultural tan elevado de los miembros de la

sociedad sin serios cambios en el estado actual del

trabajo. Para eso es necesario, ante todo, reducir la

jornada de trabajo, por lo menos, a seis, y más

adelante a cinco horas. Eso es necesario para que los

miembros de la sociedad dispongan del tiempo libre

suficiente para adquirir una instrucción universal.

Para   ello   es   necesario,   además,   implantar   la

enseñanza   politécnica   general   y   obligatoria,

indispensable para que los miembros de la sociedad

puedan elegir la profesión que más les guste y no se

vean atados de por vida a una sola profesión. Para

ello es necesario, además, mejorar radicalmente las

condiciones de vivienda y elevar al doble, por lo

menos,  el  salario  real  de  los  obreros  y  de  los

empleados, tanto mediante ,el aumento directo del

salario  metálico,  como,  sobre  todo,  mediante  la

rebaja sistemática de los precios de los artículos de

amplio consumo.

Tales son las condiciones fundamentales de la preparación del paso al comunismo.

Sólo después de cumplir todas esas condiciones,

se podrá esperar que el trabajo deje de ser para los

miembros de la sociedad una carga y se convierta

«en la primera necesidad de la vida» (Marx); que «el

trabajo se convierta, de una penosa carga, en un

placer» (Engels);   que   la   propiedad   social   sea

apreciada por todos los miembros de la sociedad

como la base firme e inviolable de la existencia de la

sociedad.

Sólo después de cumplir todas esas condiciones,

se podrá pasar de la fórmula socialista «de cada cual,

según sus capacidades; a cada cual, según su trabajo»

a la fórmula comunista «de cada cual, según sus

capacidades; a cada cual, según sus necesidades».

Eso representará el paso radical de una economía, de  la  economía  del socialismo,  a  otra economía superior, a la economía del comunismo.

Como  puede  verse,  la  cuestión  del  paso  del

socialismo al comunismo no es tan sencilla como se

 

331

 

la imagina el camarada Yaroshenko.

Tratar de reducir cosa tan compleja y polifacética, que exige cambios económicos muy importantes, a la «organización racional de las fuerzas productivas», como  lo  hace  el  camarada  Yaroshenko,  supone suplantar el marxismo por el bogdanovismo.

 

II. Otros errores del camarada Yaroshenko

1. Basándose en su erróneo punto de vista, el

camarada Yaroshenko llega a deducciones erróneas

acerca del carácter y del objeto de la Economía

Política.

El camarada Yaroshenko, partiendo de que cada formación   social   tiene   sus   leyes   económicas específicas, niega la necesidad de una Economía Política única para todas las formaciones sociales. Pero carece de toda razón, y difiere a este respecto de marxistas como Engels y Lenin.

Engels  dice  que  la  Economía  Política  es «la

ciencia de las condiciones y de las formas en que las

diversas                                                             sociedades    humanas    producen    e

intercambian, y en que, de acuerdo con ello, efectúan

cada vez la distribución de los productos» («Anti-

Dühring»). Por lo tanto, la Economía Política estudia

las  leyes  del  desarrollo  económico,  no  de  una

formación social determinada, sino de las diversas

formaciones sociales.

Como se sabe, Lenin está de completo acuerdo

con ese enunciado. En sus observaciones críticas al

libro  de  Bujarin «La  economía  del  período  de

transición»,  Lenin  dijo  que  Bujarin  erraba  al

restringir la esfera de acción de la Economía Política

a la producción mercantil y, ante todo, a la capitalista

y señaló que Bujarin daba «un paso atrás respecto a

Engels».

Con   ese   enunciado   está   completamente   de acuerdo la definición de la Economía Política dada en el proyecto de manual, donde se dice que la Economía Política es la ciencia que estudia «las leyes de la producción social y de la distribución de los bienes materiales en las diversas fases de desarrollo de la sociedad humana».

La   cosa   es   comprensible.   En   su   desarrollo

económico, las diversas formaciones sociales no sólo

se subordinan a sus leyes económicas específicas,

sino también a las leyes económicas comunes a todas

las formaciones, por ejemplo, a leyes como la ley de

la unidad de las fuerzas productivas y las relaciones

de producción en una producción social única, como

la ley de las relaciones entre las fuerzas productivas y

las  relaciones  de  producción  en  el  proceso  de

desarrollo de todas las formaciones sociales. Por

consiguiente, las formaciones sociales no sólo están

separadas entre sí por sus leyes específicas, sino

ligadas entre sí por las leyes económicas comunes a

todas ellas.

Engels tenía toda la razón al decir:

«Para hacer con toda plenitud esa crítica de la

 

 

 

 

 

332

Economía Política burguesa, no bastaba con estudiar

la forma capitalista de producción, de intercambio y

de distribución. Era necesario también investigar y

confrontar, siquiera en rasgos generales, las formas

que la habían precedido o que existían paralelamente

a ella en los países menos desarrollados» («Anti-

Dühríng»).

Es evidente que en esta cuestión el camarada Yaroshenko hace eco a Bujarin.

Prosigamos. El camarada Yarosheniko afirma que

en  su «Economía  Política  del  socialismo» «las

categorías de la Economía Política -valor, mercancía,

dinero, crédito, etc.- son reemplazadas por sensatos

razonamientos sobre la organización racional de las

fuerzas productivas en la producción social»; que, en

consecuencia, el objeto de esta Economía Política no

son las relaciones de producción del socialismo, sino

«la elaboración y el desarrollo de la teoría científica

de la organización de las fuerzas productivas, de la

teoría de la planificación de la economía nacional,

etc.»;  que  en  el  socialismo  las  relaciones  de

producción pierden su significado independiente y

son absorbidas por las fuerzas productivas como

parte integrante de ellas.

Debe decirse que hasta ahora ningún «marxista»

chiflado   había   escrito   tan   absurdo   galimatías.

Recapacítese, ¿qué significa la Economía Política del

socialismo sin los problemas económicos, sin los

problemas de la producción? ¿Acaso existe bajo la

capa del cielo semejante Economía Política? ¿Qué

significa  sustituir  en  la  Economía  Política  del

socialismo   los   problemas   económicos   por   los

problemas   de   la   organización   de   las   fuerzas

productivas?  Significa  acabar  con  la  Economía

Política  del  socialismo.  El  camarada  Yaroshenko

procede así precisamente: acaba con la Economía

Política del socialismo. En este aspecto entronca por

completo  con  Bujarin.  Bujarin  decía  que  al  ser

destruido  el  capitalismo  debía  serlo  también  la

Economía Política. El camarada Yaroshenko no lo

dice,  pero  lo  hace,  acabando  con  la  Economía

política del socialismo. Verdad es que el camarada

Yaroshenko  aparenta  al  mismo  tiempo  no  estar

totalmente  de  acuerdo  con  Bujarin,  pero  eso  es

marrullería  y,  por  cierto,  marrullería  barata.  En

realidad, hace lo que predicaba Bujarin y censurara

Lenin. El camarada Yaroshenko sigue las huellas de

Bujarin.

Prosigamos. El camarada Yaroshenko reduce los

problemas de la Economía Política del socialismo a

los problemas de una organización racional de las

fuerzas   productivas,   a   los   problemas   de   la

planificación de la economía nacional, etc. Pero se

equivoca  profundamente.  Los  problemas  de  una

organización racional de las fuerzas productivas, de

la planificación de la economía nacional, etc., no son

objeto de la Economía Política, sino de la política

económica de los organismos dirigentes. Son dos

 

 

J. V. Stalin

 

esferas distintas, que no deben ser confundidas. El

camarada Yaroshenko ha confundido estas dos cosas

distintas y se ha puesto en situación embarazosa. La

Economía Política estudia las leyes de desarrollo de

las relaciones de producción entre los hombres. La

política económica deduce de ello las conclusiones

prácticas, las concreta y erige sobre esta base su

trabajo cotidiano. Recargar la Economía Política con

las  cuestiones  de  la  política  económica  significa

hundirla como ciencia.

El  objeto  de  la  Economía  política  son  las

relaciones de producción, las relaciones económicas

entre los hombres. A esta esfera corresponden: a) las

formas   de   la   propiedad   sobre   los   medios   de

producción; b) la situación, dimanante de esto, de los

diversos  grupos  sociales en  la producción  y  sus

relaciones   mutuas,   o,   como   dice   Marx,   el

«intercambio  de  actividades»;  c)  las  formas  de

distribución  de  los  productos  que  dependen  por

completo de dichas formas de propiedad. Todo esto

constituye, en su conjunto, el objeto de la Economía

política.

En  esta  definición  no  se  emplea  la  palabra

«intercambio», que figura en la definición de Engels.

No   se   emplea   porque   habitualmente   muchos

entienden   por «intercambio»   el   intercambio   de

mercancías,   que   no   es   propio   de   todas   las

formaciones sociales, sino únicamente de algunas, lo

que a veces origina confusiones, aunque Engels no

sólo comprendía por «intercambio» el intercambio de

mercancías. Sin embargo, como se ve, lo que Engels

entendía por «intercambio» ha encontrado su lugar

en la citada definición, como parte integrante de ella.

En consecuencia, por su contenido, esta definición

del   objeto   de   la   Economía   Política   coincide

plenamente con la definición de Engels.

2.   Cuando   se   habla   de   la   ley   económica

fundamental de una u otra formación social, se parte,

por lo común, de que esta última no puede tener

varias leyes económicas fundamentales, de que sólo

puede   tener   una   ley   económica   fundamental,

precisamente   como   ley   fundamental.   En   caso

contrario   tendríamos   varias   leyes   económicas

fundamentales para cada formación social, lo que

está  en  pugna  con  el  concepto  mismo  de  ley

fundamental. Sin embargo, el camarada Yaroshenko

no está de acuerdo. Considera que se puede tener, no

una ley económica fundamental del socialismo, sino

varias leyes económicas fundamentales. ¡Inverosímil,

pero es un hecho! En su discurso en el Pleno de los

participantes en la discusión dice:

«Las magnitudes y las correlaciones de los fondos

materiales   de   la   producción   social   y   de   la

reproducción están determinadas por la existencia y

el incremento en perspectiva de la fuerza de trabajo

incluida  en  la  producción  social.  Tal  es  la  ley

económica fundamental de la sociedad socialista, la

ley que condiciona la estructura de la producción

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

social y la reproducción socialistas».

Esta es la primera ley económica fundamental del socialismo.

En el mismo discurso el camarada Yaroshenko declara:

«Las correlaciones entre las secciones I y II están

condicionadas,  en  la  sociedad  socialista,  por  la

necesidad de producir medios de producción en las

proporciones necesarias para incluir en la producción

social a toda la población apta para el trabajo. Esta es

la ley económica fundamental del socialismo y, al

mismo tiempo, una demanda de nuestra Constitución,

derivada del derecho de los ciudadanos soviéticos al

trabajo».

Esta es, por decirlo así, la segunda ley económica fundamental del socialismo.

Por último, en su carta a los miembros del Buró Político el camarada Yaroshenko declara:

«Partiendo de esto, los rasgos esenciales y las exigencias  de  la  ley  económica  fundamental  del socialismo pueden formularse aproximadamente, a mi   entender,   en   los   siguientes   términos:   la producción,   en   ascenso   y   perfeccionamiento incesantes,  de  condiciones  de  vida  materiales  y culturales de la sociedad».

Es ya la tercera ley económica fundamental del socialismo.

¿Todas   estas   leyes   son   leyes   económicas

fundamentales del socialismo o lo es sólo una de

ellas? Y en tal caso, ¿cuál de ellas precisamente? El

camarada Yaroshenko no responde a estas preguntas

en su última carta a los miembros del Buró Político.

Al  formular  la  ley  económica  fundamental  del

socialismo en su carta a los miembros del Buró

Político, «olvida», por lo visto, que hace tres meses,

en su discurso en el Pleno de la discusión, formuló ya

las otras dos leyes económicas fundamentales del

socialismo,   suponiendo,  al   parecer,   que   no   se

repararía en esta combinación más que dudosa. Pero,

como se ve, sus cálculos han resultado fallidos.

Admitamos   que   las   dos   primeras   leyes

económicas                                                       fundamentales            del       socialismo

formuladas  por  el  camarada  Yaroshenko  ya  no

existen, que desde ahora el camarada Yaroshenko

considera  como  ley  económica  fundamental  del

socialismo su tercera fórmula, expuesta en la carta a

los miembros del Buró Político. Veamos la carta del

camarada Yaroshenko.

El camarada Yaroshenko dice en la carta que no está de acuerdo con la definición de la ley económica fundamental   del   socialismo   expuesta   en   las «Observaciones» del camarada Stalin. Dice así:

«Lo principal en esta definición es «asegurar la

máxima satisfacción de las necesidades... de toda la

sociedad». La producción aparece aquí como medio

para el logro de este fin principal: satisfacer las

necesidades. Tal definición da motivo para suponer

que la ley económica fundamental del socialismo

 

333

 

formulada por Ud. no parte de la primacía de la producción, sino de la primacía del consumo».

Evidentemente, el camarada Yaroshenko no ha

comprendido ni palabra de la esencia del problema y

no ve que las disquisiciones respecto a la primada del

consumo o de la producción no tienen nada que ver

con el asunto que nos ocupa. Cuando se habla de la

primacía de unos u otros procesos sociales respecto a

otros procesos, se parte, por lo común, de que unos y

otros procesos son más o menos homogéneos. Se

puede  y  se  debe  hablar  de  la  primacía  de  la

producción de medios de producción respecto a la

producción de medios de consumo, ya que en uno y

otro   caso   se   trata   de   la   producción   y,   en

consecuencia, son más o menos homogéneas. Pero

no se puede hablar, sería equivocado hablar de la

primacía del consumo respecto a la producción o de

la  producción  respecto  al  consumo,  ya  que  la

producción   y   el   consumo   son,   aunque   están

vinculados  entre  si,  dos  esferas  completamente

distintas. Evidentemente, el camarada Yaroshenko no

comprende que aquí no se trata de la primacía del

consumo o de la producción, sino del fin que plantea

la sociedad ante la producción social, de la tarea a

que supedita la producción social, pongamos por

caso, en el socialismo. Por eso tampoco tienen nada

que   ver   con   el   asunto   que   nos   ocupa   las

disquisiciones del camarada Yaroshenko acerca de

que «la base de la vida de la sociedad socialista,

como de cualquier otra sociedad, es la producción».

El camarada Yaroshenko olvida que los hombres no

producen  por  producir,  sino  para  satisfacer  sus

necesidades; olvida que una producción, divorciada

de la satisfacción de las necesidades de la sociedad,

enferma y perece.

¿Se puede, en general, hablar de los objetivos de la producción capitalista o socialista, de las tareas a que   se   subordina   la   producción   capitalista   o socialista? Yo creo que se puede y se debe.

Marx dice:

«El fin inmediato de la producción capitalista no

es la producción de mercancías, sino de plusvalía o

de  beneficio  en  su  forma  desarrollada;  no  del

producto, sino del producto suplementario. Desde

este  punto  de  vista,  el  mismo  trabajo  sólo  es

productivo   mientras   crea   beneficio   o   producto

suplementario para el capital. Si el obrero no lo crea,

su trabajo es improductivo. En consecuencia, la masa

del trabajo productivo aplicado sólo tiene interés para

el capital en la medida en que, gracias a ella -o en

correlación con ella-, aumenta la cantidad de trabajo

suplementario; sólo en tanto es necesario lo que

hemos llamado tiempo de trabajo indispensable. Si el

trabajo no da ese resultado, es superfluo y debe ser

suspendido.

El  fin  de  la  producción  capitalista  consiste

siempre en crear el máximo de plusvalía o el máximo

de producto suplementario con el mínimo de capital

 

 

 

 

 

334

avanzado. Por cuanto este resultado no se alcanza con un trabajo excesivo de los obreros, surge la tendencia del capital de producir el producto dado con el menor costo posible, de economizar fuerza de trabajo y gastos...

Con   tal   comprensión,   los   mismos   obreros aparecen como lo que son realmente en la producción capitalista; sólo medios de producción, y no un fin por sí mismo ni el fin de la producción» (véase: «Teorías de la plusvalía», tomo II, parte 2).

Estas palabras de Marx son notables no sólo en el

sentido de que definen concisa y exactamente el fin

de  la  producción  capitalista,  sino  también  en  el

sentido  de  que  esbozan  el  fin  básico,  la  tarea

fundamental que se debe plantear ante la producción

socialista.

En   consecuencia,   el   fin   de   la   producción

capitalista es la obtención de beneficios. Por lo que

se refiere al consumo el capitalismo sólo lo necesita

en   tanto   en   cuanto   asegura   la   obtención   de

beneficios.  Si  se  excluye  esto,  la  cuestión  del

consumo carece de sentido para el capitalismo. Del

campo   visual   desaparece   el   hombre   con   sus

necesidades.

¿Cuál es el fin de la producción socialista?, ¿cuál

es  la  tarea  principal  a  cuyo  cumplimiento  debe

subordinarse la producción social en el socialismo?

El  fin  de  la  producción  socialista  no  es  el

beneficio, sino el hombre con sus necesidades, es

decir, la satisfacción de las necesidades materiales y

culturales  del  hombre.  El  fin  de  la  producción

socialista es, como se dice en las «Observaciones»

del   camarada   Stalin,                                    «asegurar   la   máxima

satisfacción   de   las   necesidades   materiales   y

culturales,   en   constante   ascenso,   de   toda   la

sociedad».

El camarada Yaroshenko cree que se encuentra ante  la «primacía»  del  consumo  respecto  a  la producción.   Eso,   claro   está,   es   fruto   de   la incomprensión. En realidad, aquí no nos encontramos ante   la   primacía   del   consumo,   sino   ante   la supeditación de la producción socialista a su fin principal: asegurar la máxima satisfacción de las necesidades  materiales  y  culturales,  en  constante ascenso, de toda la sociedad.

En consecuencia, el fin de la producción socialista

es asegurar la máxima satisfacción de las necesidades

materiales y culturales, en constante ascenso, de toda

la sociedad; el medio para el logro de este fin es el

desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpido de

la producción socialista sobre la base de la técnica

más elevada.

Tal   es   la   ley   económica   fundamental   del socialismo.

En su afán de mantener la llamada «primacía» de

la  producción  respecto  al  consumo,  el  camarada

Yaroshenko   afirma   que                               «la   ley   económica

fundamental del socialismo» consiste «en el ascenso

 

 

J. V. Stalin

 

y el perfeccionamiento incesantes de la producción

de   condiciones   materiales   y   culturales   de   la

sociedad». Eso es falso de cabo a rabo. El camarada

Yaroshenko  desvirtúa  Y  adultera  burdamente  la

fórmula   expuesta   en   las «Observaciones»   del

camarada Stalin. Según el camarada Yaroshenko, la

producción se convierte de medio en fin, y queda

excluida la tarea de asegurar la máxima satisfacción

de   las   necesidades   materiales   y   culturales,   en

constante   ascenso,   de   la   sociedad.   Resulta   el

incremento de la producción por el incremento de la

producción, una producción sin más objetivo que la

producción,  mientras  que  del  campo  visual  del

camarada Yarosheniko desaparecen él hombre y sus

necesidades.

Por ello no es sorprendente que, al desaparecer el hombre   como   fin   de   la   producción   socialista, desaparezcan los últimos restos de marxismo en las «concepciones» del camarada Yaroshenko.

De esta suerte, en el camarada Yaroshenko resulta

no  la «primacía»  de  la  producción  respecto  al

consumo, sino algo semejante a la «primacía» de la

ideología burguesa respecto a la ideología marxista.

3. La cuestión de la teoría de la reproducción enunciada  por  Marx  merece  capítulo  aparte.  El camarada  Yaroshenko  afirma  que  esa  teoría  es únicamente la teoría de la reproducción capitalista, que no contiene nada que pueda ser válido para las demás formaciones sociales, incluida la formación social socialista. Dice así:

«La aplicación del esquema de la reproducción, elaborado por Marx para la economía capitalista, a la producción  social  socialista  es  producto  de  una comprensión dogmática de la doctrina de Marx y está en pugna con su esencia» (véase el discurso del camarada Yaroshenko en el Pleno).

El camarada Yarosheniko afirma también que:

«El esquema de la reproducción trazado por Marx no

corresponde a las leyes económicas de la sociedad

socialista y no puede servir de base para el estudio de

la reproducción socialista» (véase el discurso citado).

Refiriéndose a la teoría de la reproducción simple

formulada   por   Marx,   teoría   que   establece

determinada  correlación  entre  la  producción  de

medios de producción (I sección), y la producción de

medios   de   consumo (Ir   sección),   el   camarada

Yaroshenko dice:

«La  correlación  entre  la  primera  y  segunda

secciones  no  está  condicionada  en  la  sociedad

socialista por la fórmula de Marx V + M de la

primera sección y e de la segunda. En el socialismo

no  debe  producirse  la  citada  correlación  en  el

desarrollo de la primera sección y la segunda» (véase

el discurso citado).

El camarada Yaroshenko afirma que: «La teoría

de  las  correlaciones  entre  las  secciones  I  y  II,

enunciada por Marx, no es aplicable en nuestras

condiciones socialistas, ya que esa teoría tiene por

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

base la economía capitalista con sus leyes» (véase la carta del camarada Yaroshenko a los miembros del Buró Político).

Así está demoliendo el camarada Yaroshenko la teoría de la reproducción elaborada por Marx.

Por  supuesto,  esa  teoría  de  la  reproducción,

elaborada por Marx, como fruto del estudio de las

leyes de la producción capitalista, refleja el carácter

específico  de  dicha  producción  y,  lógicamente,

reviste la forma de las relaciones de valor capitalistas

mercantiles. Y no podía ser de otro modo. Pero ver

sólo  esta  forma  en  la  teoría  de  la  reproducción

enunciada por Marx y no advertir su base, no advertir

su contenido fundamental, válido no sólo para la

formación social capitalista, significa no entender

nada  de  esta  teoría.  Si el  camarada  Yaroshenko

entendiera algo en este asunto, habría comprendido la

verdad   evidente   de   que   los   esquemas   de   la

reproducción trazados por Marx no se limitan, en

modo alguno, a reflejar el carácter específico de la

producción   capitalista;   habría   comprendido   que

encierran,  al  mismo  tiempo,  muchos  postulados

fundamentales de la reproducción válidos para todas

las formaciones    sociales,    entre               ellas,     y

particularmente, para la formación social socialista.

Postulados  fundamentales  de  la  teoría  de  Marx

acerca de la reproducción como el postulado sobre la

división de la producción social en producción de

medios de producción y producción de medios de

consumo;   el   postulado   sobre   la   primacía   del

incremento   de   la   producción   de   medios   de

producción en la reproducción ampliada; el postulado

sobre la correlación entre las secciones I y II; el

postulado  sobre  el  producto  suplementario  como

única fuente de acumulación; el postulado sobre la

formación y el destino de los fondos sociales; el

postulado sobre la acumulación como única fuente de

la  reproducción  ampliada;  todos  estos  postulados

fundamentales   de   la   teoría   marxista   de   la

reproducción son esos mismos postulados válidos no

sólo   para   la   formación   capitalista   y   de   cuya

aplicación  no  puede  prescindir  ninguna  sociedad

socialista  al  planificar  su  economía  nacional.  Es

significativo que el mismo camarada Yaroshenko,

que con tanta altanería suelta bufidos contra los

«esquemas de la reproducción» trazados por Marx,

haya de recurrir una y otra vez a estos «esquemas» al

examinar las cuestiones de la reproducción socialista.

¿Y qué opinaban de esto Lenin y Marx?

       Todos  conocen  las  observaciones  críticas  de

Lenin al libro de Bujarin «La economía del período

de transición». En estas observaciones Lenin dijo,

como se sabe, que la fórmula de Marx relativa a la

correlación entre la I y II secciones, contra la que

arremete  el camarada  Yaroshenko,  permanece  en

vigor   tanto   para   el   socialismo   como   para   el

«comunismo puro», es decir, para la segunda fase del

comunismo.

 

335

 

Por lo que se refiere a Marx, como se sabe, no le

gustaba abstraerse del estudio de las leyes de la

producción  capitalista  y no  se  ocupó en  su «El

Capital»  del  problema  de  la  aplicación  de  sus

esquemas  de  la  reproducción  al  socialismo.  Sin

embargo,  en  el  capítulo 20  del  II  tomo  de «El

Capital», en el apartado «El Capital constante de la I

sección», donde trata del intercambio de productos

de la I sección en el seno de ella misma, Marx

advierte  como  de  pasada  que  el  intercambio  de

productos   en   esta   sección   transcurriría   en   el

socialismo  con  la  misma  constancia  que  en  la

producción capitalista. Marx dice:

«Si la producción fuera social en vez de ser

capitalista, aparecería claro que los productos de la

sección                                                              1            podrían    repartirse no    menos

constantemente como medios de producción entre las

ramas de la producción de esta sección, con objeto de

la   reproducción;   una   parte   de   los   mismos

permanecería   directamente   en   la   esfera   de   la

producción, de la cual salió como producto; otra

parte, por el contrario, se alejaría a otros lugares de

producción, y así se daría un constante ir y venir

entre los distintos lugares de la producción de esta

sección» (véase: Marx, «El Capital», tomo II, 8a ed.,

pág. 307).

En consecuencia, Marx no consideraba en modo alguno que su teoría de la reproducción era válida sólo para la producción capitalista, aunque él se ocupaba de investigar las leyes de la producción capitalista. Por el contrario, partía, como se ve, de que su teoría de la reproducción podía ser válida también para la producción socialista.

Debe  señalarse  que  Marx,  en  la «Crítica  del programa de Gotha», al analizar la economía del socialismo y del período de transición al comunismo, parte de los postulados fundamentales de su teoría de la  reproducción,  considerándolos,  evidentemente, obligatorios para el régimen comunista.

También debe señalarse que Engels, en su «Anti-

Dühring»,  al  criticar  el «sistema  socialitario»  de Dühring  y  al  definir  la  economía  del  régimen socialista,   parte   asimismo   de   los   postulados fundamentales  de  la  teoría  de  la  reproducción elaborada  por  Marx,  considerándolos  obligatorios para el régimen comunista.

Tales son los hechos.

Resulta  que  también  en  el  problema  de  la

reproducción el camarada Yaroshenko, a pesar de su

desenfadado tono cuando habla de los «esquemas, de

Marx,  se  encuentra  de  nuevo  en  una  situación

embarazosa.

4. El camarada Yaroshenko termina su carta a los miembros del Buró Político proponiendo que se le confíe la redacción de la «Economía Política del socialismo». Escribe así:

«Partiendo  de  la  definición  del  objeto  de  la

Economía Política del socialismo expuesta por mí en

 

 

 

 

 

336

la sesión plenaria, en la comisión y en esta carta, y

utilizando el método dialéctico marxista, yo podría

elaborar en un año, o a lo sumo en año y medio,

asistido por dos personas, las soluciones teóricas de

los problemas fundamentales de la Economía Política

del socialismo, así como exponer la teoría marxista,

leninista-stalinista  de  la  Economía  Política  del

socialismo, teoría que convertirá esta ciencia en un

arma eficaz de lucha del pueblo por el comunismo».

Forzoso   es   reconocer   que   el   camarada Yaroshenko  no  peca  de  modesto.  Todavía  más; podría decirse, utilizando el estilo de ciertos literatos, que «hasta del todo al revés».

Ya   hemos   dicho   antes   que   el   camarada

Yaroshenko  confunde  la  Economía  Política  del

socialismo   con   la   política   económica   de   los

organismos dirigentes. Lo que él considera objeto de

la Economía Política del socialismo una organización

racional de las fuerzas productivas, la planificación

de la economía nacional, la formación de los fondos

sociales, etc., no es objeto de la Economía Política

del socialismo, sino de la política económica de los

organismos dirigentes.

No hablo ya de que los serios errores cometidos por el camarada Yaroshenko y su «punto de vista» no marxista no predispone a confiarle tal encargo.

* * *

Conclusiones:

1) La queja del camarada Yaroshenko respecto a los dirigentes de la discusión carece de sentido, ya que los dirigentes de la discusión, siendo marxistas, no podían reflejar en los documentos que sintetizan los resultados de la discusión el «punto de vista» no marxista del camarada Yaroshenko.

2) La petición del camarada Yaroshenko de que se

le encargue la redacción de la Economía Política del

socialismo no puede ser considerada en serio, aunque

sólo sea porque apesta a fanfarronería jlestakoviana.

J. STALIN

22 de mayo de 1952.

 

Respuesta a los camaradas A. V. Sanina Y V.

G. Venzher

He recibido sus cartas. Se ve que los firmantes

estudian con profundidad y seriamente los problemas

de la economía de nuestro país. Las cartas contienen

no pocas formulaciones acertadas y consideraciones

interesantes. Sin embargo, al lado de ello, contienen

también  algunos  graves  errores  teóricos.  En  la

presente contestación pienso detenerme precisamente

en estos errores.

 

1.  El  carácter  de  las  leyes  económicas  del socialismo

Los camaradas Sánina y Vénzher afirman que

«las leyes económicas del socialismo surgen sólo

gradas a la acción consciente de los ciudadanos

soviéticos, ocupados en la producción material». Esta

 

 

J. V. Stalin

 

tesis es completamente falsa.

¿Existen  las  leyes  del  desarrollo  económico

objetivamente,                                                  fuera     de        nosotros,

independientemente de la voluntad y de la conciencia

de  los  hombres?  El  marxismo  responde  a  esta

pregunta de modo afirmativo. El marxismo considera

que las leyes de la Economía Política del socialismo

son un reflejo, en el cerebro del hombre, de leyes

objetivas  que  existen  fuera  de  nosotros.  Pero  la

fórmula de los camaradas Sánina y Vénzher responde

a esta pregunta de modo negativo. Eso quiere decir

que estos camaradas se sitúan en el punto de vista de

una teoría errónea, según la cual en el socialismo las

leyes del desarrollo económico «son creadas», «son

transformadas» por los organismos dirigentes de la

sociedad.  Dicho  de  otro  modo,  estos  camaradas

rompen con el marxismo y pisan el camino del

idealismo subjetivo.

Naturalmente, los hombres pueden descubrir estas leyes objetivas, llegar a conocerlas y, basándose en ellas, utilizarlas en interés de la sociedad. Pero no pueden ni «crearlas» ni «transformarlas».

Admitamos que por un instante compartimos la errónea  teoría  que  niega  la  existencia  de  leyes objetivas en la vida económica del socialismo y que proclama la posibilidad de «crear» leyes económicas, de «transformar» las leyes económicas. ¿A dónde iríamos a parar? Iríamos a parar a un reino de caos y de casualidades, dependeríamos como esclavos de estas casualidades, nos privaríamos de la posibilidad, no ya de comprender, sino sencillamente de discernir en este caos de casualidades.

Esto nos conduciría a acabar con la Economía Política como ciencia, ya que la ciencia no puede ni vivir ni desarrollarse sin el reconocimiento de las leyes objetivas, sin el estudio de esas leyes. Y, al acabar  con  la  ciencia,  nos  privaríamos  de  la posibilidad de prever el curso de los acontecimientos en  la  vida  económica  del  país,  es  decir,  nos privaríamos de a posibilidad de organizar incluso la dirección económica más elemental.

En última instancia, nos hallaríamos a merced de

los  caprichos  de  los  aventureros «economistas»

dispuestos  a «demoler»  las  leyes  del  desarrollo

económico y a «crear» nuevas leyes sin comprender

y sin tomar en consideración las leyes objetivas.

Todos conocen el postulado clásico de la posición marxista  respecto  a  este  problema,  expuesta  por Engels en su. «Anti-Dühring»:

«Las fuerzas sociales, al igual que las fuerzas de

la naturaleza, actúan ciegamente, violentamente, de

modo destructor, hasta que las llegamos a conocer y

las tomamos en consideración. Pero una vez que las

hemos conocido, que hemos estudiado su acción, su

dirección y su influencia, dependerá exclusivamente

de nosotros mismos supeditarlas más y más a nuestra

voluntad   y   conseguir   con   su   ayuda   nuestros

objetivos. Esto se refiere, en particular, a las potentes

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

fuerzas productivas contemporáneas. Mientras nos

neguemos   obcecadamente   a   comprender   su

naturaleza y su carácter -y a esta comprensión se

oponen el modo capitalista de producción y sus

defensores-,   las   fuerzas   productivas   actuarán   a

despecho de nosotros, contra nosotros, dominarán

sobre nosotros, como hemos demostrado con todo

detalle   antes.   Pero   una   vez   comprendida   su

naturaleza,  pueden  convertirse,  en  manos  de  los

productores  asociados,  de  tiranos  demoníacos  en

obedientes   servidores.   Aquí   existe   la   misma

diferencia que media entre la fuerza destructora de la

electricidad  en  los  rayos  de  una  tormenta  y  la

electricidad domeñada en el aparato telegráfico y en

la lámpara voltaica; la misma diferencia que media

entre el incendio y el fuego que actúa al servicio del

hombre. Cuando se comience a tratar a las fuerzas

productivas contemporáneas de conformidad con su

naturaleza por fin conocida, la anarquía social en la

producción será reemplazada por la regulación social

y planificada de la producción destinada a satisfacer

las necesidades tanto de la sociedad en su conjunto

como de cada uno de sus miembros. Entonces el

modo  capitalista  de  apropiación,  bajo  el  cual  el

producto esclaviza primero al productor y después

también al que se apropia de él, será reemplazado por

un nuevo modo de apropiación de los productos

basado en la naturaleza misma de los medios de

producción modernos: de un lado, por la apropiación

social directa de los productos en calidad de medios

para mantener y ampliar la producción, y, de otro

lado, por la apropiación individual directa en calidad

de medios de vida y de deleite».

 

2.  Las  medidas  para  elevar  la  propiedad

koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo

¿Qué  medidas  son  necesarias  para  elevar  la propiedad   koljosiana,   que   no   es,   naturalmente, propiedad de todo el pueblo, al nivel de propiedad de todo el pueblo («nacional»)?

Algunos    camaradas    piensan    que    basta

sencillamente   con   nacionalizar   la   propiedad

koljosiana, declarándola propiedad de todo el pueblo,

como se hiciera, en otro tiempo, con la propiedad

capitalista. Esta propuesta es errónea por los cuatro

costados y completamente inaceptable. La propiedad

koljosiana es propiedad socialista, y no podemos

tratarla en modo alguno como propiedad capitalista.

Del hecho de que la propiedad koljosiana no sea

propiedad de todo el pueblo no se desprende en

ningún  caso  que  la  propiedad  koljosiana  no  sea

propiedad socialista.

Estos camaradas suponen que la transferencia de

la propiedad de individuos o de grupos a propiedad

del Estado es la única forma de nacionalización o, en

todo caso, la mejor. Tal suposición es falsa. En

realidad, la transferencia a propiedad del Estado no

es la única forma de nacionalización y ni siquiera la

 

337

 

mejor, sino la forma inicial de nacionalización, como

acertadamente dice Engels en el «Anti-Düihring». Es

indudable   que,   mientras   exista   el   Estado,   la

transferencia a propiedad de éste será la forma inicial

de nacionalización más comprensible. Ahora bien, el

Estado no existirá por los siglos de los siglos. Con la

ampliación de la esfera de acción del socialismo en la

mayoría  de los países  del  mundo,  el  Estado irá

extinguiéndose, y, lógicamente, desaparecerá, debido

a ello, el problema de la transferencia de los bienes

de individuos o de grupos a propiedad del Estado. El

Estado  se  extinguirá,  pero  la  sociedad  seguirá

subsistiendo. En consecuencia, como heredero de la

propiedad de todo el pueblo aparecerá no ya el

Estado, que se extinguirá, sino la sociedad misma, en

la  persona  de  su  organismo  económico  central,

dirigente.

¿Qué es, pues, necesario emprender en tal caso para  elevar  la  propiedad  koljosiana  al  nivel  de propiedad de todo el pueblo?

Los camaradas Sánina y Vénzher proponen como

medida   fundamental   para   tal   elevación   de   la

propiedad  koljosiana,  vender  en  propiedad  a  los

koljoses   los   instrumentos   fundamentales   de

producción   concentrados   en   las   estaciones   de

máquinas  y  tractores,  descargar  de  tal  modo  al

Estado de las inversiones básicas en la agricultura y

conseguir  que  los  mismos  koljoses  asuman  la

responsabilidad del mantenimiento y del desarrollo

de las estaciones de máquinas y tractores. Dicen así:

«Sería   erróneo   suponer   que   las   inversiones koljosianas  deberán  encausarse  principalmente  a cubrir las necesidades culturales del agro koljosiano y que para las necesidades de la producción agrícola debe el Estado, como antes, correr con la masa fundamental  de  las  inversiones. ¿No  sería  más acertado liberar al Estado de esta carga, en vista de la plena capacidad de los koljoses de asumirla por entero? El Estado encontrará no pocas esferas para invertir sus recursos a fin de crear en el país la abundancia de objetos de consumo».

Para  fundamentar  esta  propuesta,  sus  autores presentan varios argumentos.

Primero. Invocando las palabras de Stalin acerca de que los medios de producción no se venden ni siquiera a los koljoses, los autores de la propuesta ponen en tela de juicio esta tesis de Stalin y dicen que,  pese  a  todo,  el  Estado  vende  medios  de producción  a  los  koljoses,  tales  como  pequeños aperos, por ejemplo: guadañas y hoces, pequeños motores, etc. Consideran que, si el Estado vende estos medios de producción a los koljoses, podría venderles  también  todos  los  demás  medios  de producción,   por   ejemplo:   las   máquinas   de   las estaciones de máquinas y tractores.

Este argumento es inconsistente. El Estado, como

es natural, vende pequeños aperos a los koljoses,

como estipulan los Estatutos del artel agrícola y la

 

 

 

 

 

338

Constitución. Ahora bien, ¿se puede equiparar los

pequeños  aperos  con  medios  de  producción  tan

fundamentales en la agricultura como las máquinas y

tractores,  o,  pongamos  por  caso,  la  tierra,  que

también  es  uno  de  los  medios  de  producción

fundamentales en la agricultura? Está claro que no se

puede. No se puede, porque los pequeños aperos no

deciden  en  absoluto  la  suerte  de  la  producción

koljosiana, mientras que medios de producción como

las  máquinas  de  las  estaciones  de  máquinas  y

tractores y la tierra deciden por entero la suerte de la

agricultura en nuestras condiciones actuales.

No cuesta trabajo comprender que cuando Stalin

decía que los medios de producción no se venden a

los koljoses, no se refería a los pequeños aperos, sino

a los medios de producción agrícola fundamentales:

las  máquinas  de  las  estaciones  de  máquinas  y

tractores y la tierra. Los autores de la propuesta

juegan con las palabras «medios de producción» y

confunden dos cosas distintas, sin advertir que se

ponen en evidencia.

Segundo.   Los   camaradas   Sánina   y   Vénzher invocan también que en el período en que comenzaba el movimiento koljosíano en masa -a últimos de 1929 y principios de 1930- el mismo Comité Central del Partido Comunista (b) de la URSS era partidario de entregar en propiedad a los koljoses las estaciones de máquinas y tractores, estipulando que amortizaran su coste en el transcurso de tres años. Los autores de la propuesta consideran que, si bien entonces la medida en cuestión fracasó «en vista de la pobreza» de los koljoses, ahora, cuando los koljoses son ricos, podría volverse a esta política, a la venta de las estaciones de máquinas y tractores a los koljoses.

Este  argumento  es  también  inconsistente.  En

efecto, a principios de 1930, en el Comité Central del

Partido  Comunista (b)  de  la  URSS  se  tomó  el

acuerdo de vender las estaciones de máquinas y

tractores a los koljoses. El acuerdo se adoptó a

propuesta de un grupo de koljosianos de choque a

título de experimento, de prueba, a fin de volver en

un futuro inmediato a esta cuestión y examinarla de

nuevo.   Sin   embargo,   la   primera   comprobación

demostró que ese acuerdo no era conveniente y al

cabo de unos meses -precisamente a últimos de 1930-

se anuló esa decisión.

El ascenso posterior del movimiento koljosiano y

el   desarrollo   de   la   construcción   koljosiana

persuadieron definitivamente, tanto a los koljosianos

como  a  los  trabajadores  dirigentes,  de  que  la

concentración de los medios de producción agrícola

fundamentales en manos del Estado, en las estaciones

de  máquinas  y  tractores,  era  el  único  medio  de

asegurar  un  ritmo  rápido  de  incremento  de  la

producción koljosiana.

Todos   nos   congratulamos   del   gigantesco

incremento de la producción agrícola en nuestro país,

de la producción cerealista, de algodón, de lino, de

 

 

J. V. Stalin

 

remolacha, etc. ¿Dónde reside el manantial de este

incremento?  Su  manantial  reside  en  la  técnica

moderna, en la profusión de máquinas modernas que

sirven a todas estas ramas de la producción. No se

trata sólo de la técnica en general, sino de que la

técnica no puede mantenerse en un punto muerto, de

que debe perfeccionarse sin cesar, de que la técnica

vieja debe ser desplazada y sustituida por la técnica

nueva y ésta por la novísima. Sin ello es inconcebible

la   marcha   ascendente   de   nuestra   agricultura

socialista, son inconcebibles las grandes cosechas, la

abundancia   de   productos   agrícolas.   Pero, ¿qué

significa desplazar a centenares de miles de tractores

de  ruedas  y  sustituirlos  por  tractores  de  oruga,

sustituir   decenas   de   miles   de   cosechadoras

combinadas  envejecidas  por  otras  nuevas,  crear

nuevas  máquinas,  pongamos  por  caso,  para  los

cultivos   industriales?   Significa   gastar   miles   de

millones de rublos de los que no se podrá resarcirse

hasta pasados seis u ocho años. ¿Pueden efectuar

estos   gastos   nuestros   koljoses,   aunque   sean

millonarios? No, no pueden, ya que no están en

condiciones de asumir gastos de miles de millones de

rublos que no se pueden resarcir hasta la vuelta de

seis u ocho años. Sólo el Estado está en condiciones

de correr con esos gastos, pues él y únicamente él,

puede   soportar   las   pérdidas   causadas   por   el

desplazamiento   de   las   máquinas   viejas   y   su

sustitución por otras nuevas; pues él, y únicamente

él, está en condiciones de soportar esas pérdidas en el

transcurso de seis u ocho años para la extinción de

este plazo, resarcirse de los gastos efectuados.

¿Qué significa, después de todo eso, pedir la venta de  las  estaciones  de  máquinas  y  tractores  en propiedad  a  los  koljoses?  Significa  condenar  a grandes pérdidas a los koljoses y arruinarlos, socavar la mecanización de la agricultura, aminorar el ritmo de la producción koljosiana.

De aquí la siguiente deducción: al proponer la venta de las estaciones de máquinas y tractores en propiedad a los koljoses, los camaradas Sánina y Vénzher dan un paso atrás, hacia el atraso, e intentan retrotraer la rueda de la historia.

Admitimos por un instante que hemos aceptado la

propuesta de los camaradas Sánina y Vénzher y nos

hemos puesto a vender en propiedad a los koljoses

los instrumentos de producción fundamentales, las

estaciones de máquinas y tractores, ¿Qué resultado

obtendríamos?

De  ello  resultaría  que,  en  primer  lugar,  los

koljoses serían los propietarios de los instrumentos

de producción fundamentales, es decir, se hallarían

en una situación excepcional, en una situación que no

tiene en nuestro país ninguna empresa, ya que, como

se sabe, ni siquiera las empresas nacionalizadas son

en nuestro país propietarias de los instrumentos de

producción. ¿Cómo  se  puede  fundamentar  esta

situación excepcional de los koljoses?, ¿en virtud de

 

 

 

 

 

Problemas económicos del socialismo en la URSS

 

qué consideraciones de progreso, de avance? ¿Puede

decirse que tal situación contribuiría a la elevación de

la propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo

el pueblo, que aceleraría el paso de nuestra sociedad

del socialismo al comunismo? ¿No será más acertado

decir que tal situación sólo podría alejar la propiedad

koljosiana de la propiedad de todo el pueblo y que no

conduciría a aproximarnos al comunismo, sino, al

revés, a alejarnos de él?

De   ello   resultaría,   en   segundo   lugar,   una

ampliación de la esfera de acción de la circulación

mercantil, ya que en la órbita de ésta entraría una

enorme  cantidad  de  instrumentos  de  producción

agrícola.  Qué  piensan  los  camaradas  Sánina  y

Vénzher, ¿podría contribuir una ampliación de la

esfera de la circulación mercantil a nuestro avance

hacia el comunismo? ¿No sería más exacto decir que

no   haría   sino   frenar   nuestro   avance   hacia   el

comunismo?

El error fundamental de los camaradas Sánina y Vénzher consiste en que no comprenden el papel y el significado   de   la   circulación   mercantil   en   el socialismo, no comprenden que es incompatible con la perspectiva del paso del socialismo al comunismo. Piensan, por lo visto, que la circulación mercantil no es óbice para pasar del socialismo al comunismo, que la  circulación  mercantil  no  puede  impedir  esa transición. Es éste un profundo error nacido de la incomprensión del marxismo.

Al criticar la «comuna económica» de Dühring

que  actúa  en  las  condiciones  de  la  circulación

mercantil, Engels, en su «Anti-Dühring», demostró

persuasivamente que la existencia de la circulación

mercantil debe conducir ineluctablemente la llamada

«comuna económica» de Dühring al resurgimiento

del capitalismo. Los camaradas Sánina y Vénzher,

por lo visto, no están de acuerdo con esto. Tanto peor

para ellos. Por nuestra parte, los marxistas partimos

del conocido postulado marxista de que el paso del

socialismo al comunismo y el principio comunista de

la distribución de los productos con arreglo a las

necesidades    excluyen    todo    intercambio    de

mercancías, en consecuencia excluyen también la

transformación de los productos en mercancías y, al

mismo tiempo, su transformación en valor.

Eso es lo que quería decir respecto a la propuesta y  a  los  argumentos  de  los  camaradas  Sánina  y Vénzher.

¿Qué se debe hacer, en resumidas cuentas, para elevar la propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo?

El koljós es una empresa de tipo no corriente. El koljós actúa sobre una tierra y trabaja una tierra que ya  hace  mucho  tiempo  no  es  koljosiana,  sino propiedad de todo el pueblo. Por lo tanto, el koljós no es propietario de la tierra que trabaja.

Prosigamos.  El  koljós  trabaja  con  ayuda  de

instrumentos de producción fundamentales que no

 

339

 

son propiedad koljosiana, sino de todo el pueblo. Por lo   tanto,   el   koljós   no   es   propietario   de   los instrumentos de producción fundamentales.

Prosigamos.   El   koljós   es   una   empresa cooperativa; se vale del trabajo de sus miembros y distribuye los ingresos entre ellos con arreglo a los días de trabajo que han cumplido; además, el koljós tiene sus semillas, que se renuevan anualmente y se destinan a la producción.

Cabe  preguntar: ¿qué  posee  concretamente  el

koljós?, ¿dónde está la propiedad koljosiana, de la

que puede disponer con plena libertad, a su antojo?

Tal propiedad es la producción del koljós, el fruto de

la producción koljosiana: los cereales, la carne, la

manteca, las legumbres, el algodón, la remolacha, el

lino, etc., sin contar la casa, las dependencias y la

hacienda personal de los hogares koljosianos. Ahora

bien, una parte considerable de esta producción, los

excedentes de la producción koljosiana, va a parar al

mercado  y  se  suma  de  tal  modo  al  sistema  de

circulación                                                        mercantil.         Precisamente            esta

circunstancia  impide  ahora  elevar  la  propiedad

koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo.

Por eso precisamente hay que tomar este hecho como

punto   de   arranque   del   trabajo   para   elevar   la

propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo el

pueblo.

Para elevar la propiedad koljosiana al nivel de

propiedad de todo el pueblo, es necesario sustraer los

excedentes de la producción koljosiana del sistema

de circulación mercantil y sumarlos al sistema de

intercambio  de  productos  entre  la  industria  del

Estado y los koljoses. En ello reside el quid de la

cuestión.

No   disponemos   todavía   de   un   sistema   de

intercambio de productos desarrollado, pero existen

los gérmenes del intercambio de productos en la

forma de «pago en mercancías» por los productos

agrícolas.  Como  se  sabe,  la  producción  de  los

koljoses que cultivan algodón, lino, remolacha y

otros, hace ya mucho que se «paga en mercancías»,

si   bien   es   verdad   que   no   por   entero,   sino

parcialmente,  pero,  pese  a  todo,  se «paga  en

mercancías». Observemos de paso que el término

«pago en mercancías» es desafortunado, que debería

ser  sustituido  por  el  término «intercambio   de

productos». La tarea consiste en organizar en todas

las  ramas  de  la  agricultura  estos  gérmenes  del

intercambio  de  productos  y  desarrollarlos  en  un

amplio sistema de intercambio de productos, a fin de

que los koljoses obtengan por su producción, no sólo

dinero, sino principalmente los artículos necesarios.

Tal  sistema  exige  un  aumento  inmenso  de  la

producción que envía la ciudad al campo; por ello

habrá que introducirlo sin grandes apresuramientos,

en la medida en que se acumulen los artículos de la

ciudad. Pero hay que introducirlo con firmeza, sin

vacilaciones, reduciendo paso a paso la esfera de

 

 

 

 

 

340 J. V. Stalin

acción de la circulación mercantil y ampliando la

esfera de acción del intercambio de productos.

       Tal sistema, al reducir la esfera de acción de la

circulación   mercantil,   facilitará   el   paso   del

socialismo al comunismo. Además, permitirá incluir

la propiedad fundamental de los koljoses -el fruto de

la producción koljosiana- en el sistema general de la

planificación de toda la economía del país.

       Este será, precisamente, el medio real y decisivo

para  elevar  la  propiedad  koljosiana  al  nivel  de

propiedad de todo el pueblo en nuestras condiciones

de hoy día.

¿Es ventajoso tal sistema para los campesinos koljosianos?

Indudablemente,   es   ventajoso.   Es   ventajoso,

puesto que los campesinos koljosianos obtendrán del

Estado  mucha  más  producción  y  a  precios  más

baratos que con el sistema de circulación mercantil.

Todos saben que los koljoses que tienen un contrato

de intercambio de productos con el Gobierno («pago

en   mercancías»)                                             obtienen           ventajas

incomparablemente mayores que los koljoses que no

tienen tales contratos. Si el sistema de intercambio de

productos se extiende a todos los koljoses del país,

estas   ventajas   serán   patrimonio   de   todos   los

campesinos koljosianos.

J. STALIN

28 de septiembre de 1952.


 

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