© Libro N° 6978.
Obras Escogidas II. Stalin, J. V. Emancipación. Febrero 15 de 2020.
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Escogidas II. J. V. Stalin
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OBRAS ESCOGIDAS II
J. V. Stalin
OBRAS ESCOGIDAS
J. V. Stalin
Edición: Nentori, Tirana 1979. Lengua: Castellano.
Digitalización: Koba.
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PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN CHINA
Tesis para los propagandistas, aprobadas por el CC
del PC(b) de la URSS.
I. Perspectivas de la revolución china
Hechos principales que determinan el carácter de la
revolución china:
a) situación semicolonial de China y dominio
económico y financiero del imperialismo;
b) yugo de las supervivencias feudales, acentuado
por el yugo del militarismo y la burocracia;
c) creciente lucha revolucionaria de las masas de
millones de obreros
y de campesinos
contra la opresión ejercida por
los feudales y los funcionarios, contra el militarismo, contra el imperialismo;
d) debilidad política de la burguesía nacional, su
dependencia del imperialismo,
su temor ante
las proporciones del movimiento revolucionario;
e)
creciente actividad revolucionaria del proletariado, aumento de su prestigio
entre las masas de millones de trabajadores;
f) existencia de la dictadura proletaria en un país
vecino de China.
De ahí dos posibles caminos de desarrollo de los
acontecimientos en China:
o bien la
burguesía nacional destrozará
al proletariado, cerrará un trato con el imperialismo y se pondrá a su
lado en campaña contra la revolución, para
terminar ésta con
el establecimiento de la
dominación del capitalismo;
o bien el proletariado apartará del camino a la
burguesía nacional, consolidará su propia hegemonía y llevará tras de sí a las
masas de millones de trabajadores de la ciudad y del campo, para vencer la
resistencia de la burguesía nacional, conseguir el triunfo completo
de la revolución
democrático-
burguesa y encauzarla después gradualmente hacia la
revolución socialista, con todas las consecuencias que de esto se desprenden.
Una de dos.
La crisis del capitalismo mundial y la existencia
de la dictadura
proletaria en la
URSS, cuya
experiencia
puede ser bien
aprovechada por el
proletariado
chino, facilitan considerablemente la
posibilidad
de que la
revolución china siga
el
segundo camino.
De otro lado, el imperialismo mantiene, en lo
fundamental, un frente único en su ofensiva contra
la
revolución china; ahora no hay entre los
imperialistas
la escisión y la guerra que existían en el campo
del
imperialismo,
por ejemplo, en
vísperas de la
Revolución
de Octubre y
que debilitaban al
imperialismo; este hecho nos dice que la revolución
china
encontrará en su
camino hacia la
victoria
muchas más dificultades que la revolución rusa y
que, en el curso de la revolución china, habrá
muchos
más tránsfugas y traidores que en el período de la
guerra civil en la URSS.
Por eso, la lucha entre estos dos caminos es un
rasgo característico de la revolución china.
Precisamente por eso, la tarea principal de los
comunistas es luchar por
el triunfo del segundo camino de
la revolución china.
II. Primera etapa de la revolución china
En el primer período de la revolución china, en el
período de la primera marcha al Norte, cuando el
ejército
nacional se acercaba
al Yang-tse-kiang,
obteniendo
una victoria tras
otra, y el
poderoso
movimiento de los obreros y campesinos no había
tenido
aún tiempo de
desplegarse, la burguesía
nacional (no los compradores249) estaba al lado de
la
revolución. Fue ésta una revolución del frente
único
nacional.
Eso no significa que no hubiera contradicciones
entre la revolución y la burguesía nacional.
Significa
únicamente que la burguesía nacional, al apoyar a
la
revolución, trataba de utilizarla para sus fines,
de
modo
que, orientándola principalmente hacia
las
conquistas territoriales, perdiese amplitud. La
lucha
entre la derecha y la izquierda en el Kuomintang
fue,
en dicho período, reflejo de estas contradicciones.
La
tentativa
de Chang Kai-shek
de expulsar del
Kuomintang a los comunistas en marzo de 1926, fue
el primer intento serio de la burguesía nacional
para
poner freno a la revolución. Como se sabe, el CC
del
PC(b), de la URSS estimaba ya entonces «necesario
atenerse a la línea de que el Partido Comunista
permanezca
dentro del Kuomintang», estimaba
249 Compradores: intermediarios entre el capital
extranjero y el
mercado
local, que constituyen
parte de la
gran burguesía
comercial indígena en las colonias y los países
dependientes. En
China,
los compradores fueron
agentes del imperialismo
extranjero y enemigos jurados de la revolución
china de los años
1925-1927.
170
preciso «llevar las cosas de manera que los
elementos de derecha salgan
o sean expulsados
del Kuomintang» (abril de 1926).
Esta línea iba encaminada al desarrollo de la
revolución,
a la colaboración
estrecha de los
izquierdistas y los comunistas dentro del
Kuomintang
y en el gobierno nacional, al robustecimiento de la
unidad
del Kuomintang y,
al mismo tiempo,
al
desenmascaramiento y
aislamiento de los
kuomintanistas de derecha, a la subordinación de
los
derechistas
a la disciplina
del Kuomintang, a la
utilización
de la derecha,
de sus relaciones
y
experiencia,
si se sometían
a la disciplina
del
kuomintang,
o su expulsión
del Kuomintang si
vulneraban esta disciplina y traicionaban los
intereses
de la revolución.
Los
acontecimientos
subsiguientes confirmaron por
entero lo acertado de esta línea. El poderoso desarrollo del
movimiento campesino y la
organización de uniones
campesinas y comités campesinos, la pujante ola de
huelgas en las ciudades y la creación
de consejos sindicales,
el avance victorioso de las
tropas nacionales hacia Shanghai, asediado por la flota y las tropas de los
imperialistas, y otros hechos
semejantes dicen que la línea adoptada entonces era la única acertada.
Sólo
esta circunstancia puede
explicar que la intentona de los derechistas, de escindir
en febrero de 1927 el Kuomintang y de crear en Nan-chang un centro nuevo,
fracasara por la repulsa unánime del Kuomintang revolucionario en Wuhan.
Pero esa intentona era indicio de que en el país se
operaba una reagrupación de las fuerzas de clase,
de
que los derechistas y la burguesía nacional no iban
a
conformarse
e intensificarían su
labor contra la
revolución.
El CC del PC(b) de la URSS tenía, por eso, razón al
decir en marzo de 1927 que:
a) «actualmente, a
consecuencia de la
reagrupación
de las fuerzas
de clase y
de la
concentración
de los ejércitos
imperialistas, la
revolución china atraviesa un período crítico y sus
victorias sólo serán posibles con una orientación
enérgica
hacia el desarrollo
del movimiento de
masas»;
b) «es necesario orientarse al armamento de los
obreros y los campesinos, es necesario convertir los comités campesinos en
organismos que de hecho ejerzan el Poder y dispongan de grupos armados de
defensa local»;
c) «el
Partido Comunista no
debe ocultar la
política traidora y reaccionaria de los
kuomintanistas
de derecha y debe movilizar a las masas en torno al
Kuomintang
y al Partido
Comunista Chino
desenmascarando a los derechistas» (3 de marzo de
1927).
Era fácil comprender, por ello, que el vigoroso
auge de la revolución, por un lado, y la presión de
los
J. V. Stalin
imperialistas en Shanghai, por otro, no podrían por
menos de arrojar a la burguesía nacional china al
campo de la contrarrevolución, del mismo modo que
la toma de Shanghai por las tropas nacionales y las
huelgas de los obreros de esta ciudad no podrían
por
menos de unir a los imperialistas para sofocar la
revolución.
Así ha ocurrido. La masacre de Nankín fue, en
este sentido, la señal para un nuevo deslindamiento
de las fuerzas chinas en lucha. Al disparar sobre
Nankín y presentar su ultimátum, los imperialistas
querían decir que buscaban el apoyo de la burguesía
nacional para la lucha conjunta contra la
revolución
china.
Al ametrallar los mítines obreros y organizar su
golpe, Chang Kai-shek,
como en respuesta
a la invitación de los
imperialistas, anunciaba que estaba dispuesto
a ir con
la burguesía nacional
al contubernio con los imperialistas, contra los obreros y los
campesinos de China.
III. Segunda etapa de la revolución china
El
golpe de Chang
Kai-shek indica que la
burguesía nacional ha abandonado la revolución, que
ha nacido un centro de la contrarrevolución
nacional
y se ha cerrado el trato de los kuomintanistas de
derecha con el imperialismo, contra la revolución
china.
El golpe de Chang Kai-shek significa que en el Sur
de China habrá de ahora en adelante dos campos, dos gobiernos, dos ejércitos,
dos centros: el centro de la
revolución, en Wuhan,
y el centro
de la contrarrevolución, en
Nankín.
El
golpe de Chang
Kai-shek significa que la revolución ha entrado en la segunda
etapa de su desarrollo, que ha
empezado un viraje
de la revolución del frente
único nacional a la revolución de las masas de millones y millones de obreros y
campesinos, a la
revolución agraria, la
cual intensificará y ensanchará
la lucha contra
el imperialismo, contra la gentry y los terratenientes feudales, contra
los militaristas y
el grupo contrarrevolucionario
de Chang Kai-shek.
Esto significa que la lucha entre los dos caminos
de la revolución, entre los partidarios de llevarla adelante y los partidarios
de ponerle término, se agudizará de día en día, ocupando todo el actual período
de la revolución.
Esto significa que el Kuomintang revolucionario,
en Wuhan, se irá convirtiendo de hecho, con una
lucha
enérgica contra el
militarismo y el
imperialismo,
en el órgano
de la dictadura
democrático-revolucionaria del
proletariado y el
campesinado, mientras
que el grupo
contrarrevolucionario de Chang Kai-shek, en Nankín,
apartándose
de los obreros
y los campesinos
y
acercándose al imperialismo, compartirá, en fin de
cuentas, la suerte de los militaristas.
Problemas de la revolución china
Pero de esto
se deduce que
la política de
conservación
de la unidad
del Kuomintang, la
política de aislamiento de los derechistas dentro
del
Kuomintang
y de su
utilización con fines
revolucionarios, no responde ya a las nuevas tareas
de la revolución. Esta política debe ser sustituida
por
la política de expulsión enérgica de los
derechistas
del
seno del Kuomintang, por
la lucha decidida
contra los derechistas hasta su completa
eliminación
política, por la política de concentración de todo
el
Poder
del país en
manos del Kuomintang
revolucionario, del Kuomintang sin los elementos de
derecha,
del Kuomintang como
bloque de los
kuomintanistas de izquierda y los comunistas.
De esto se deduce, además, que la política de
estrecha
colaboración de los
izquierdistas y los
comunistas en el seno del Kuomintang adquiere, en
la actual etapa, vigor e importancia particulares;
que
esta colaboración refleja la alianza de obreros y
campesinos
que se está
formando fuera del
Kuomintang; que sin esa colaboración la revolución
no puede vencer.
De esto se
deduce también que
lo que dará
principalmente fuerza al Kuomintang revolucionario
es el desarrollo
sucesivo del movimiento
revolucionario dé los obreros y los campesinos y el
fortalecimiento de sus organizaciones de masas -los
comités campesinos revolucionarios, los sindicatos
obreros y demás organizaciones revolucionarias de
masas-, como elementos preparatorios de los futuros
Soviets; que la garantía principal de la victoria
de la
revolución
reside en una
mayor actividad
revolucionaria
de las masas
de millones de
trabajadores y que el principal antídoto contra la
contrarrevolución es armar a los obreros y a los
campesinos.
De esto se deduce, por último, que, al luchar en
las mismas filas
con los kuornintanistas revolucionarios, el Partido
Comunista debe conservar más que nunca su independencia, como condición
necesaria para asegurar la hegemonía del proletariado en la revolución
democrático-burguesa.
IV. Errores de la oposición
El
error principal de
la oposición (Rádek y compañía) es que no comprende el carácter
de la revolución china, no comprende qué etapa atraviesa en el
momento presente esta
revolución, no comprende su
actual situación internacional.
La oposición pide que la revolución china se
desenvuelva al mismo ritmo, más o menos, que marchó la Revolución de Octubre.
La oposición se muestra descontenta de que los obreros de Shanghaí no aceptaran
el combate decisivo
contra los imperialistas Y sus
secuaces.
Pero no comprende que la revolución china no
puede avanzar rápidamente, entre otras cosas porque
la situación internacional es hoy menos favorable
que
171
en 1917 (no hay guerra entre los imperialistas).
No comprende
que no se
puede aceptar el
combate
decisivo en condiciones
desfavorables,
cuando
las reservas no
han sido concentradas
todavía; los bolcheviques, por ejemplo, no
aceptaron
tampoco el combate decisivo ni en abril ni en julio
de
1917.
La
oposición no comprende
que no eludir el combate decisivo
en condiciones desfavorables (cuando se puede eludir)
significa facilitar la obra de los enemigos de la revolución.
La
oposición pide la
formación inmediata de
Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados
en
China. Pero ¿qué significa
crear los Soviets
ahora?
En primer lugar, no es posible crear los Soviets en
cualquier momento: se crean sólo en el período de particular ascenso del oleaje
revolucionario.
En segundo lugar, los Soviets no se crean para
dedicarse a la charlatanería: se crean, ante todo, como órganos de lucha contra
el Poder existente, como órganos de lucha por el Poder. Así fue en 1905. Así
fue en 1917.
Pero ¿qué significa crear los Soviets actualmente
en la zona del gobierno de Wu-han, por ejemplo?
Significa dar la consigna de lucha contra el Poder
vigente en esa zona. Significa dar la consigna de
crear nuevos órganos de Poder, dar la consigna de
lucha
contra el
Poder del
Kuomintang
revolucionario,
que integran los
comunistas en
bloque con los kuomintanistas de izquierda, pues el
único Poder que allí hay ahora es el del Kuomintang
revolucionario.
Significa también confundir la tarea de formar y
robustecer las organizaciones de
masas de los obreros y los campesinos, como son los
comités de huelga, las uniones y los comités campesinos. los consejos
sindicales, los comités fabriles, etc., en los que ya ahora se apoya el
Kuomintang revolucionario, con la tarea de crear el sistema soviético como tipo
nuevo de Poder del Estado, para reemplazar el Poder del Kuomintang
revolucionario.
Significa,
en fin, no
comprender qué etapa
atraviesa actualmente la revolución china.
Significa
poner en manos de los enemigos del pueblo chino
nuevas armas para la lucha contra la revolución,
para
fabricar nuevas leyendas acerca de que en China no
se
produce una revolución
nacional, sino una
trasplantación
artificial de la «sovietización
moscovita».
Así,
pues, la oposición
hace el juego
a los enemigos de
la revolución china
al plantear la consigna de crear actualmente los Soviets.
La
oposición no estima
conveniente la
participación de los comunistas en el Kuomintang.
La oposición estima conveniente, por tanto, que el
Partido Comunista se retire del Kuomintang. Pero
¿qué significa la retirada del Partido Comunista
del
172 J. V.
Stalin
Kuomintang ahora, cuando toda la jauría
imperialista
y todos sus secuaces exigen que se expulse a los
comunistas del Kuomintang? Significa abandonar el
campo de batalla y desamparar a los aliados del
Partido en el Kuomintang, con gran contento de los
enemigos
de la revolución.
Significa debilitar el
Partido
Comunista, torpedear el
Kuomintang
revolucionario, facilitar la obra de los Cavaignac
de
Shanghaí y poner la bandera del Kuomintang, la más
popular en China, en manos de los kuomintanistas de
derecha.
Eso es, precisamente, lo que exigen ahora los
imperialistas, los militaristas y los
kuomintanistas de
derecha.
Resulta, pues, que la oposición hace el juego a los
enemigos de la
revolución china al
manifestarse partidaria de que el Partido
Comunista se retire actualmente del Kuomintang.
El reciente Pleno del CC de nuestro Partido tenía,
por eso, completa razón al rechazar de plano la plataforma oposicionista250.
Publicado el 21 de abril de 1927 en el núm. 90 de
«Pravda».
250 Se alude al Pleno del CC del PC(b) de la URSS,
que se
celebró del 13 al 16 de abril de 1927. El Pleno
aprobó la política
del Buró Político del CC en la cuestión
internacional y rechazó
categóricamente
la plataforma antipartido
de la oposición
trotskista-zinovievista.
ACERCA DE LOS PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓ CHI A
Respuesta al camarada Marchulin
Me han remitido, para que la conteste, su carta a
la redacción de «Derevienski Komunist»251 acerca de los Soviets en China. En el
supuesto de que no tendrá nada en contra, le envío una breve respuesta.
Me parece, camarada Marchulin, que su carta obedece
a un malentendido. Y verá por qué.
1) Las tesis de Stalin para los propagandistas
hablan contra la formación inmediata de Soviets de
diputados
obreros, campesinos y
soldados en la
China actual. Usted, objetando a Stalin, invoca las
tesis y el discurso de Lenin ante el II Congreso de
la
Internacional Comunista, donde se habla únicamente
de Soviets campesinos, de Soviets de trabajadores,
de Soviets del pueblo trabajador, pero no se dice
ni
una palabra de la formación de Soviets de diputados
obreros.
¿Por qué no habla Lenin de la formación de
Soviets de diputados obreros ni en sus tesis ni en
su
discurso? Porque Lenin se refiere en su discurso y
en
sus tesis a países donde «no puede ni hablarse de
un
movimiento puramente proletario», donde «casi no
hay proletariado industrial» (v. t. XXV, pág. 353).
Lenin dice bien claramente en su discurso que se
refiere a países como los del Asia Central, como
Persia, donde «casi no hay proletariado industrial»
(v, lugar citado).
¿Puede incluirse entre esos países a China, con sus
centros industriales como Shanghai, Han-kao, Nankín, Chang-sha, etc., donde hay
ya unos tres millones de obreros sindicados? Claro que no.
Es evidente que, cuando se habla de la China de
nuestros días, donde
existe cierto mínimo
de proletariado industrial, no debe tenerse en cuenta simplemente la
creación de Soviets campesinos o de Soviets de los trabajadores, sino la
formación de Soviets de diputados obreros y campesinos.
Otra
cosa sería si
se tratara de
Persia, de Afganistán etc.
Pero las
tesis de
Stalin se refieren, como
es sabido, a China, y no a Persia, Afganistán, etc.
Por eso son erróneas y carecen de fundamento su
251 «Derevienski Kommunist» («El Comunista Rural»)
: revista quincenal para el activo del Partido en el campo, órgano del CC del
PC(b) de la URSS La revista salió desde diciembre de 1924 hasta agosto de 1930.
objeción a Stalin y su referencia al discurso y a
las tesis de Lenin en el II Congreso de la Internacional Comunista.
2) Cita usted en su carta fragmento de las «Tesis
complementarias» del II Congreso de la
Internacional
Comunista acerca de la cuestión nacional y
colonial,
en el que se dice que en el Oriente «los partidos
proletarios deben mantener una intensa propaganda
de las ideas comunistas e instituir Soviets obreros
y
campesinos a la primera oportunidad». Y presenta
usted las
cosas como
si esas «Tesis
complementarias»
y el fragmento
que usted cita
pertenecieran a Lenin. Esto no es cierto, camarada
Marchulin. En eso se equivoca usted, sencillamente.
Las «Tesis complementarias» pertenecen a Roy, y así
se aprobaron en el II Congreso, como tesis de Roy,
adoptadas como «complemento» a las tesis de Lenin
(v. II Congreso de la Internacional Comunista,
actas
taquigráficas, págs. 122-126).
¿Para qué
hacían falta las «Tesis
complementarias»? Para distinguir de las colonias
atrasadas, sin proletariado industrial, a otros
países,
como son China y la India, de los cuales no se
puede
afirmar
que en ellos «casi
no hay proletariado
industrial».
Lea esas «Tesis complementarias» y
comprenderá que en ellas se trata, principalmente,
de
China y la India (v, II Congreso de la
Internacional
Comunista, actas taquigráficas, pág. 122).
¿Cuál fue la causa de que hicieran falta unas tesis
especiales de Roy como «complemento», a las tesis
de
Lenin? Las tesis
de Lenin fueron
escritas y
publicadas
mucho antes de
la apertura del II
Congreso,
mucho antes de
que llegaran los
representantes
de las colonias
y se celebrara
la
discusión en la comisión especial del II Congreso.
Y
como la discusión en la comisión puso de relieve la
necesidad de destacar a China y la India de entre
las
colonias atrasadas del Oriente, hubo necesidad de
las
«Tesis complementarias».
Por ello no se debe confundir el discurso y las
tesis de Lenin con las «Tesis complementarias» de
Roy, como no se puede olvidar que, cuando se trata
de países como China y la India, hay que tener en
cuenta
la formación de
Soviets obreros y
campesinos,
y no simplemente
de Soviets
campesinos.
3) ¿Habrá que formar en China Soviets obreros y
174
campesinos? Sí, habrá que formarlos necesariamente.
De ello hablan sin rodeos las tesis de Stalin para los propagandistas, en las
que se dice:
«Lo
que dará principalmente fuerza
al
Kuomintang revolucionario es el desarrollo sucesivo
del movimiento revolucionario de los obreros y los
campesinos
y el fortalecimiento de
sus
organizaciones de masas -los comités campesinos
revolucionarios,
los sindicatos obreros
y demás
organizaciones
revolucionarias de masas-,
como
elementos preparatorios de los futuros
Soviets»...252
Todo el problema se reduce a cuándo crearlos, en
qué condiciones, en qué situación.
Los
Soviets de diputados
obreros son, una
organización
omnímoda y, por
eso, la mejor
organización revolucionaria de la clase obrera.
Pero
esto no significa que sea posible crearlos siempre
y
en todas las condiciones. Cuando Jrustaliov, primer
presidente
del Soviet de
Diputados Obreros de
Petersburgo, planteó, en el verano de 1906, después
del reflujo de la revolución, la necesidad de
formar
Soviets
de diputados obreros,
Lenin se opuso,
diciendo
que, en aquel
momento, cuando la
retaguardia (el campesinado) no se había unido aún
a
la vanguardia (al proletariado), no era conveniente
la
creación de Soviets de diputados obreros, y Lenin
tenía completa razón, ¿Por qué? Porque los Soviets
de diputados obreros no son una simple organización
de los obreros. Los Soviets de diputados obreros
son
órganos de lucha de la clase obrera contra el Poder
existente, órganos de la insurrección, órganos del
nuevo
Poder revolucionario, y
sólo como tales
pueden desarrollarse y robustecerse. Y si no hay
condiciones para la lucha directa de las masas
contra
el Poder existente, para la insurrección de las
masas
contra ese Poder, para la organización del nuevo
Poder revolucionario, la creación de Soviets
obreros
no es conveniente; pues,
de no darse
dichas
condiciones,
corren el riesgo
de podrirse y de
transformarse en arena de vacíos pugilatos
verbales.
Decía Lenin de los Soviets de diputados obreros:
«Los Soviets de diputados obreros son órganos de
lucha directa de las masas»... «No fue una teoría
cualquiera, ni los llamamientos de nadie, ni una
táctica inventada por alguien, ni una doctrina de
partido, sino la fuerza de las cosas lo que condujo
a
estos órganos sin-partido, de masas, a la necesidad
de
la insurrección y los hizo órganos de la
insurrección.
Y actualmente instituir esos órganos significa
crear
los órganos de la insurrección; llamar a
instituirlos
significa llamar a la insurrección. Olvidar esto o
velarlo ante las amplias masas del pueblo sería la
miopía
más imperdonable y
la peor de
las
252 Subrayado por mí. J. St.
J. V. Stalin
políticas»253 (v. t. X, pág. 15).
Y añade
en otro sitio:
«Toda la experiencia de ambas revoluciones, lo
mismo la de 1905 que la de 1917, al igual que todas
las decisiones del Partido Bolchevique, todas sus
declaraciones políticas de muchos años coinciden en
que el Soviet de Diputados Obreros y Soldados no es
factible más que como órgano de la insurrección,
más que como órgano del Poder revolucionario.
Fuera de esta tarea, los Soviets son un simple
juguete
que
conduce inevitablemente a
la apatía, a la
indiferencia, al desencanto de las masas, hastiadas
ya, con toda razón, de la repetición interminable
de
resoluciones y protestas»254 (v. t. XXI, pág. 288).
¿Qué significa, si tenemos esto en cuenta, llamar a
la
formación inmediata de
Soviets de diputados
obreros, campesinos y soldados en la actual China
del
Sur, en la
zona del gobierno
de Wu-han,
pongamos por caso, donde tiene el Poder ahora el
Kuomintang revolucionario, donde el movimiento se
desarrolla ahora bajo la consigna de «todo el Poder
al
Kuomintang
revolucionario»? Llamar ahora
a la
formación
de Soviets de
diputados obreros y
campesinos
en esta zona
significa llamar a la
insurrección
contra el Poder
del Kuomintang
revolucionario. ¿Es esto conveniente? Claro que no
lo es. Claro que quien llama ahora a la creación
inmediata de Soviets de diputados obreros en esta
zona, trata de saltarse la fase kuomintanista de la
revolución
china, corre el
riesgo de poner
la
revolución de China en una situación dificilísima.
Así están las cosas, camarada Marchulin, por lo
que se refiere a la formación inmediata de los
Soviets
de
diputados obreros, campesinos
y soldados en
China.
En el II Congreso de la Internacional Comunista se
aprobó una resolución especial titulada «Cuándo y en qué
condiciones se pueden
crear Soviets de diputados obreros». Fue aprobada en vida
de Lenin, le recomiendo su lectura. No carece de interés (v. II Congreso de
la Internacional Comunista,
actas taquigráficas, págs. 580-583).
4) ¿Cuándo será preciso formar en China los
Soviets de diputados obreros y campesinos? Habrá
necesidad
imperiosa de crearlos
en China en el
momento en que la revolución agraria triunfante
alcance
su máximo desarrollo,
cuando el
Kuomintang,
como bloque de
los populistas
revolucionarios de China (Kuomintang de izquierda)
y del Partido Comunista, no responda ya a la nueva
situación,
cuando la revolución
democrático-
burguesa, que todavía no ha vencido y que tardará
aún en vencer, empiece a poner de manifiesto sus
253 Subrayado por mí. J. St.
254 Subrayado por mí. J. St.
Acerca de los problemas de la revolución china 175
rasgos
negativos, cuando del
actual tipo kuomintanista de
organización del Estado haya que ir paulatinamente al
tipo nuevo, proletario,
de organización del Estado.
Así es como
debe comprenderse el
conocido
párrafo relativo a los Soviets obreros y campesinos
de las «Tesis complementarias» de Roy, aprobadas
en el II Congreso de la Internacional Comunista.
¿Ha llegado ya ese momento?
No es preciso demostrar que ese momento no ha
llegado todavía.
¿Y qué hacer
ahora? Hay que
ampliar y
profundizar la revolución agraria de China. Hay que
crear y fortalecer toda clase de organizaciones de
masas
de los obreros
y campesinos, desde
los
consejos sindicales y los comités de huelga hasta
las
uniones campesinas y los comités revolucionarios
campesinos,
para transformarlos, a
medida que
crezca el movimiento revolucionario y aumenten sus
éxitos,
en bases organizativas
y políticas de los
futuros Soviets de diputados obreros, campesinos y
soldados.
Esta es ahora la tarea.
9 de mayo de 1927.
Publicado con la firma de J. Stalin el 15 de mayo
de 1927 en el núm. 10 de la revista «Derevienski
Komunist».
EL CARÁCTER I TER ACIO AL DE LA REVOLUCIÓ DE OCTUBRE
En el X aniversario de Octubre
La Revolución de Octubre no se puede considerar
sólo una revolución
circunscrita «a un marco nacional». Es, ante todo, una
revolución de carácter internacional, de carácter mundial, pues representa un
viraje radical en la historia de la humanidad, un viraje del viejo mundo, del
mundo capitalista, al mundo nuevo, al mundo socialista.
En el pasado,
las revoluciones acababan,
generalmente, con la sustitución de un grupo de
explotadores por otro grupo de explotadores en el
timón del gobierno. Cambiaban los explotadores,
pero la explotación continuaba. Así ocurrió en la
época
de los movimientos
libertadores de los
esclavos.
Así ocurrió en
el período de
las
sublevaciones
de los siervos.
Así ocurrió en el
período de las Conocidas «grandes» revoluciones de
Inglaterra, de Francia y de Alemania. No me refiero
a
la Comuna de París, que fue el primer intento del
proletariado -glorioso y heroico, pero, con todo,
un
intento
fallido- de volver
la historia contra
el
capitalismo.
La
Revolución de Octubre
se distingue por
principio de estas revoluciones. Se propone como
objetivo,
no el que
una forma de
explotación
sustituya a otra forma de explotación, que un grupo
de
explotadores reemplace a
otro grupo de
explotadores,
sino la supresión
de toda clase de
explotación del hombre por el hombre, la supresión
de todos y cada uno de los grupos de explotadores,
la
instauración
de la dictadura
del proletariado, la
instauración del Poder de la clase más
revolucionada
entre todas las clases oprimidas que han existido
hasta hoy, la organización de una nueva sociedad,
de
la sociedad socialista sin clases.
Precisamente por eso, el triunfo de la Revolución
de Octubre marca un cambio radical en la historia de la humanidad, un cambio
radical en los destinos históricos del capitalismo mundial, un cambio radical
en el
movimiento de liberación
del proletariado mundial, un cambio
radical en los métodos de lucha y en las formas de organización, en el modo de
vida y en las tradiciones, en la cultura y en la ideología de las masas
explotadas del mundo entero.
En esto reside la razón fundamental de que la
Revolución
de Octubre sea
una revolución de
carácter internacional, de carácter mundial.
Y a
esto mismo obedece la profunda simpatía de
las
clases oprimidas de
todos los países
por la
Revolución de Octubre, en la cual ven la garantía
de
su liberación.
Podrían señalarse varias cuestiones fundamentales
en las que la Revolución de Octubre influye sobre
el
desarrollo del movimiento revolucionario del mundo
entero.
1. La Revolución de Octubre se caracteriza, ante
todo,
por haber roto
el frente del
imperialismo
mundial,
por haber derribado
la burguesía
imperialista en uno de los mayores países
capitalistas
y haber colocado
en el Poder
al proletariado
socialista.
La
clase de los
asalariados, la clase
de los
perseguidos, la
clase de los
oprimidos y de los
explotados se elevó por vez primera en la historia
de
la
humanidad a la
posición de clase
dominante,
contagiando con su ejemplo a los proletarios de
todos
los países.
Esto significa que la Revolución de Octubre inició
una nueva época,
la época de
las revoluciones proletarias en
los países del imperialismo.
Esta revolución desposeyó a los terratenientes y
capitalistas
de los instrumentos y
medios de
producción, convirtiéndolos en propiedad social y
contraponiendo, de este modo, la propiedad
socialista
a la propiedad burguesa. De esta manera, puso en
evidencia la mentira de los capitalistas de que la
propiedad burguesa es inviolable, sagrada, eterna.
Esta revolución arrancó el Poder a la burguesía,
despojó de los derechos políticos a la burguesía,
destruyó la máquina del Estado burgués y entregó el
Poder a los Soviets, contraponiendo, de este modo,
al
parlamentarismo
burgués, como democracia
capitalista, el Poder socialista de los Soviets,
como
democracia proletaria. Tenía razón Lafargue al
decir,
ya en 1887, que, al día siguiente de la revolución,
«todos los antiguos capitalistas serían privados de
los
derechos electorales».
De esta manera, la Revolución de Octubre puso en
evidencia la mentira de los socialdemócratas de que hoy es posible el tránsito
pacífico al socialismo por la senda del parlamentarismo burgués.
Pero la Revolución de Octubre no se detuvo ni
podía detenerse aquí. Después de destruir lo viejo,
lo
El carácter internacional de la Revolución de
Octubre
burgués, emprendió la edificación de lo nuevo, de
lo
socialista. Los diez años de Revolución de Octubre
son diez años de edificación del Partido, de los
sindicatos, de los Soviets, de las cooperativas, de
las
organizaciones
culturales, del transporte,
de la
industria
y del Ejército
Rojo. Los éxitos
indiscutibles,
alcanzados por el
socialismo en la
URSS en el frente de la edificación, han demostrado
claramente que el proletariado puede gobernar con
éxito
el país sin
burguesía y en
contra de la
burguesía, puede levantar con éxito la industria
sin
burguesía y en contra de la burguesía, puede
dirigir
con éxito toda la economía nacional sin burguesía y
en contra de la burguesía, puede edificar con éxito
el
socialismo, a pesar del cerco capitalista.
La vieja «teoría» de que los explotados no pueden
arreglárselas sin los explotadores, al igual que la
cabeza
y las otras
partes del cuerpo
no pueden
arreglárselas
sin el estómago,
no es patrimonio
exclusivo de Menenio Agrípa, el célebre senador
romano de que nos habla la historia antigua. Esta
«teoría» es hoy la piedra angular de la «filosofía»
política de la socialdemocracia, en general, y de
la
política
socialdemócrata de coalición
con la
burguesía imperialista, en particular. Esta
«teoría»,
que ha adquirido
el carácter de
prejuicio, es
actualmente uno de los obstáculos más graves para
la
revolucionarización del proletariado de los países
capitalistas. Uno de los resultados más importantes
de la Revolución de Octubre consiste en que ha
asestado un golpe mortal a esta falsa «teoría».
¿Acaso es necesario todavía demostrar que estos
resultados, y otros semejantes, de la Revolución de Octubre no han podido ni
pueden dejar de ejercer gran influencia sobre el movimiento revolucionario de
la clase obrera de los países capitalistas?
Hechos tan notorios para todo el mundo como los
progresos del comunismo en los países capitalistas, como la creciente simpatía
de los proletarios de todos los países hacia la clase obrera de la URSS y, por
último, la afluencia de delegaciones obreras al País de los Soviets, indican de
un modo indiscutible que la semilla lanzada por la Revolución de Octubre
empieza ya a dar sus frutos.
2. La Revolución de Octubre hizo cuartearse al
imperialismo,
no sólo en
los centros de
su
dominación,
no sólo en las
«metrópolis». Fue
también
un golpe contra
la retaguardia del
imperialismo,
contra su periferia,
minando la
dominación del imperialismo en las colonias y en
los
países dependientes.
Al derrocar a los terratenientes y a los
capitalistas,
la Revolución de Octubre rompió las cadenas de la
opresión nacional y colonial y liberó de ellas a
todos
los
pueblos oprimidos de
un vasto Estado,
sin
excepción. El proletariado no puede liberarse sin
liberar a los pueblos oprimidos. Rasgo
característico
de la Revolución de Octubre es el haber llevado a
177
cabo, en la URSS, estas devoluciones nacionales y
coloniales, no bajo
la bandera de
la hostilidad nacional y de los
choques entre las naciones, sino bajo la bandera de la confianza mutua y de la
amistad fraternal entre los obreros y los campesinos de los pueblos de la URSS,
no en nombre del nacionalismo, sino en nombre del internacionalismo.
Precisamente por esto, porque en nuestro país las
revoluciones nacionales y coloniales transcurrieron bajo la dirección del
proletariado y bajo la bandera del
internacionalismo,
precisamente por esto,
los pueblos parias, los pueblos esclavos, se han elevado por vez primera
en la historia de la humanidad a la condición
de pueblos verdaderamente libres
y verdaderamente iguales, contagiando con su ejemplo a los pueblos
oprimidos del mundo entero.
Esto significa que la Revolución de Octubre inició
una nueva época,
una época de
revoluciones coloniales, que se
llevan a efecto
en los países oprimidos del mundo en alianza con el
proletariado, bajo la dirección del proletariado.
Antes, «se admitía» que el mundo estaba dividido,
desde tiempos inmemoriales, en razas inferiores y
superiores, en negros y blancos, de los cuales los
primeros no son aptos para la civilización y están
condenados a ser objeto de explotación, mientras
que
los
segundos son los
únicos exponentes de la
civilización, llamados a explotar a los primeros.
Hoy, esta leyenda: hay que considerarla destruida
y desechada. Uno de los resultados más importantes
de la Revolución de Octubre consiste en que ha
asestado un golpe mortal a esta leyenda,
demostrando
en la práctica que los pueblos no europeos
liberados,
incorporados al cauce del desarrollo soviético, son
tan capaces como los pueblos europeos de impulsar
una cultura realmente avanzada y una civilización
realmente avanzada.
Antes, «se admitía» que el único método para
liberar a los pueblos oprimidos era el método del nacionalismo burgués, el
método de separación de las naciones unas de otras, el método de desunirlas, el
método de acentuar la hostilidad nacional entre las masas trabajadoras de
distintas naciones.
Hoy, esta leyenda hay que considerarla refutada.
Uno de los
resultados más importantes
de la
Revolución de Octubre consiste en que ha asestado
un golpe mental a esta leyenda, demostrando en la
práctica la posibilidad y la conveniencia del
método
proletario, internacionalista, de liberación de los
pueblos oprimidos, como el único método acertado,
demostrando
en la práctica
la posibilidad y la
conveniencia
de una alianza
fraternal entre los
obreros y campesinos de los más diversos pueblos
sobre los principios del libre consentimiento y del
internacionalismo.
La existencia de
la Unión de
Repúblicas
Socialistas Soviéticas, prototipo
de la
futura unificación de los trabajadores de todos los
países en una sola economía mundial, no puede por
178
menos de servir de prueba inmediata de esto.
Huelga decir
que estos resultados,
y otros
semejantes, de la Revolución de Octubre no podían
ni pueden dejar de ejercer una gran influencia sobre el movimiento
revolucionario de las colonias y los países dependientes. Hechas como el
incremento del movimiento revolucionario de los pueblos oprimidos en China,
en Indonesia, en la India,
etc., y la creciente simpatía de estos pueblos hacia
la URSS lo evidencian de modo indiscutible.
Ha pasado la era en que se podía explotar y oprimir
con toda tranquilidad a las colonias y a los países dependientes.
Ha
comenzado la era
de las revoluciones
libertadoras
en las colonias
y en los
países
dependientes, la era del despertar del proletariado
de
estos países, la era de su hegemonía en la
revolución.
3. Al arrojar la semilla de la revolución tanto en
los centros del imperialismo como en su retaguardia, al debilitar
la potencia del
imperialismo en las «metrópolis», y al hacer vacilar su
dominación en las colonias, la Revolución de Octubre ha puesto en tela de juicio
la pervivencia misma
del capitalismo mundial en su
conjunto.
Si,
bajo las condiciones
del imperialismo, el
desarrollo
espontáneo del capitalismo
se ha
transformado -en virtud de su desigualdad, en
virtud
del carácter inevitable de los conflictos y de los
choques armados y, por último, en virtud de la
carnicería imperialista sin precedentes- en un
proceso
de
descomposición y agonía
del capitalismo, la
Revolución de Octubre y, como resultado de ella, el
desprendimiento
de un país
enorme del sistema
mundial del capitalismo, no podían por menos de
acelerar este proceso, socavando, paso a paso, las
bases mismas del imperialismo mundial.
Más aún. La Revolución de Octubre, al hacer
cuartearse el imperialismo, creó, al mismo tiempo,
con la primera dictadura proletaria, una base
potente
y abierta para el movimiento revolucionario
mundial,
base que este movimiento no había tenido jamás,
antes y en la que ahora puede apoyarse. Creó un
centro
potente y abierto
del movimiento
revolucionario mundial, centro que no había tenido
jamás antes y en torno al cual ese movimiento puede
ahora adquirir cohesión, organizando el frente
único
revolucionario de los proletarios y de los pueblos
oprimidos de todos los países contra el
imperialismo.
Esto significa, en primer lugar, que la Revolución
de Octubre infirió
una herida de
muerte al capitalismo mundial,
de la que éste no se repondrá jamás. Y por eso precisamente, el capitalismo
jamás recobrará el «equilibrio» y la «estabilidad» que tenía antes de Octubre.
El capitalismo podrá estabilizarse parcialmente,
podrá
racionalizar su producción,
entregar el
gobierno
del país al
fascismo, reprimir
temporalmente a la clase obrera, pero no volverá
J. V. Stalin
jamás
a disfrutar de
la «tranquilidad» y la
«seguridad», del «equilibrio» y la «estabilidad» de
que hacía gala antes, pues la crisis del
capitalismo
mundial ha alcanzado un grado tal de desarrollo,
que
la
hoguera de la
revolución se encenderá
inevitablemente, ya en los centros del
imperialismo,
ya en la periferia, haciendo trizas los remiendos
capitalistas y aproximando, día tras día, la caída
del
capitalismo. Punto por punto como en la conocida
fábula: -sí saca el rabo, se le hunde el hocico; si
saca
el hocico, se le hunde el rabo».
Esto
significa, en segundo
lugar, que la
Revolución de Octubre elevó a cierta altura la
fuerza
y la importancia, la valentía y la voluntad
combativa
de las clases oprimidas del mundo entero, obligando
a las clases dominantes a tenerlas en cuenta como
un
factor nuevo e importante. Hoy, ya no se puede ver
en las masas trabajadoras del mundo una «multitud
ciega»
que vaga en
las tinieblas y
carece de
horizontes,
ya que la
Revolución de Octubre
encendió el faro que les alumbra el camino y les
brinda perspectivas. Si antes no había una tribuna
universal
pública, desde la
que se pudieran
manifestar y plasmar los anhelos y las aspiraciones
de las clases oprimidas, hoy esta tribuna existe y
es la
primera dictadura proletaria.
¿Acaso puede dudarse de que si esta tribuna fuese
destruida, sobre la vida político-social de los
«países
adelantados»
se abatirían para
largo tiempo las
tinieblas de una negra y desenfrenada reacción? No
puede negarse que el simple hecho de la existencia
del «Estado bolchevique» pone un freno a las negras
fuerzas de la reacción y facilita a las clases
oprimidas
la lucha por su liberación. Y esto es precisamente
lo
que explica ese odio bestial que los explotadores
de
todos los países sienten hacia los bolcheviques.
La historia se repite, aunque sobre bases nuevas.
Lo mismo que antiguamente, en la época de la caída
del feudalismo, la palabra «jacobino» provocaba en
los
aristócratas de todos
los países horror
y
repugnancia, también hoy, en la época de la caída
del
capitalismo, la palabra «bolchevique» provoca
horror
y repugnancia en la burguesía de todos los países.
Y
a la inversa: así como antes el asilo y la escuela
de
los
elementos revolucionarios de
la burguesía
ascensional era París, hoy el refugio y la escuela
de
los
elementos revolucionarios del
proletariado
ascensional es Moscú. El odio a los jacobinos no
salvó
al feudalismo del
derrumbamiento. ¿Acaso
puede dudarse de que el odio a los bolcheviques no
salvará
tampoco al capitalismo
de su caída
inevitable?
Ha
pasado la era
de la «estabilidad» del capitalismo, arrastrando consigo la
leyenda de la inamovilidad del orden burgués.
Ha
comenzado la era
del hundimiento del capitalismo.
4. No se debe considerar que la Revolución de
El carácter internacional de la Revolución de
Octubre
Octubre afecte sólo a las relaciones económicas y
político-sociales.
Es, al mismo
tiempo, una
revolución en los cerebros, una revolución en la
ideología
de la clase
obrera. La Revolución
de
octubre surgió y se consolidó bajo la bandera del
marxismo, bajo la bandera de la idea de la
dictadura
del proletariado, bajo la bandera del leninismo,
que
es el marxismo de la época del imperialismo y de
las
revoluciones proletarias. Representa, por tanto, el
triunfo del marxismo sobre el reformismo, el
triunfo
del leninismo sobre el socialdemocratismo, el
triunfo
de la III Internacional sobre la II Internacional.
La
Revolución de Octubre
abrió un abismo infranqueable entre
el marxismo y
la ideología socialdemócrata,
entre la política del leninismo y la política de la socialdemocracia.
Antes,
hasta el triunfo
de la dictadura
del
proletariado, la socialdemocracia podía alardear
con
la bandera del marxismo, sin negar abiertamente la
idea de la dictadura del proletariado, pero sin
hacer
tampoco nada, absolutamente nada, por acercar la
realización
de esta idea;
se comprende que
esta
actitud de la socialdemocracia no suponía amenaza
alguna
para el capitalismo.
Entonces, en aquel
período,
la socialdemocracia se
identificaba
formalmente, o casi se identificaba, con el
marxismo.
Hoy, después del triunfo de la dictadura del
proletariado, cuando todo el mundo ha visto con
claridad meridiana a dónde conduce el marxismo y
qué puede significar su triunfo, la
socialdemocracia
ya no puede alardear con la bandera del marxismo,
ya no puede coquetear con la idea de la dictadura
del
proletariado,
sin crear cierto
peligro para el
capitalismo. Después de haber roto hace ya mucho
con el espíritu del marxismo, se ha visto obligada
a
romper
también con la
bandera del marxismo,
enfrentándose abierta y francamente contra la obra
del
marxismo, contra la
Revolución de Octubre,
contra la primera dictadura del proletariado habida
en
el mundo.
Ahora tenía que desentenderse y se desentendió, en
efecto, del marxismo, ya que, en las condiciones actuales, no es posible
llamarse marxista sin apoyar abierta
y abnegadamente la
primera dictadura
proletaria del mundo,
sin librar una
lucha revolucionaria contra la propia burguesía, sin crear las
condiciones para el triunfo de la dictadura del proletariado en el propio país.
Entre la socialdemocracia y el marxismo se ha
abierto un abismo. Desde ahora, el único portador y baluarte del
marxismo es el
leninismo, el comunismo.
Pero las cosas no han parado aquí. Después de
deslindar los campos entre la socialdemocracia y el
marxismo, la Revolución de Octubre fue más allá,
arrojando a la primera al campo de los defensores
directos del capitalismo contra la primera
dictadura
proletaria habida en el mundo. Cuando señores como
179
los Adler y Bauer, los Wels y Levi, los Longuet y
Blum difaman al «régimen soviético», ensalzando la «democracia» parlamentaria,
quieren decir con ello que luchan y
seguirán luchando en
pro de la restauración del orden capitalista en la
URSS, en pro del mantenimiento de la esclavitud capitalista en los Estados
«civilizados».
La actual ideología socialdemócrata es el puntal
ideológico del capitalismo. Lenin tenía mil veces
razón
al decir que
los actuales políticos
socialdemócratas
son «verdaderos agentes de la
burguesía
en el seno
del movimiento obrero,
lugartenientes obreros de la clase de los
capitalistas»
y que, en «la guerra civil entre el proletariado y
la
burguesía», se colocaran inevitablemente «al lado
de
los «versalleses» contra los «comuneros»255.
o se puede acabar con el capitalismo sin acabar
con la ideología socialdemócrata en el movimiento
obrero. Por eso, la era de la agonía del
capitalismo
es, al mismo tiempo, la era de la agonía de la
ideología socialdemócrata en el movimiento obrero.
La gran importancia de la Revolución de Octubre
reside, entre otras cosas, en que anuncia el
triunfo
inevitable
del leninismo sobre
la ideología
socialdemócrata en el movimiento obrero mundial.
Ha terminado la era de la dominación de la Ir
Internacional y de la ideología socialdemócrata en el movimiento obrero.
Ha
comenzado la era
de la dominación
del leninismo y de la III Internacional.
Publicado con la firma de J. Stalin el 6 y el 7 de
noviembre de 1927 en el núm. 255 de «Pravda».
255 Se alude a la resolución del VII Pleno ampliado
del CE de la
IC sobre la situación en China, aprobada el 116 de
diciembre de
1926.
V. la resolución
del Pleno en
el libro: «Tesis y
resoluciones del VII Pleno ampliado del CE de la
IC.», Moscú-
Leningrado, 1927.
I FORME POLÍTICO A TE EL XV CO GRESO DEL PC(b) DE
LA URSS
(Extractos)
El
aparato del Estado
y la lucha
contra el
burocratismo. Del burocratismo se habla tanto, que
huelga extenderse al respecto. Es indudable que en
el
aparato del Estado, en el de las cooperativas y en
el
del
Partido existen elementos
de burocratismo.
También
es un hecho
que la lucha
contra los
elementos de burocratismo es necesaria y que esta
tarea la tendremos planteada siempre, mientras
exista
en el país el Poder público, mientras exista el
Estado.
Pero,
con todo, hay
que tener sentido
de la medida. Llevar la lucha
contra el burocratismo en el aparato del Estado
hasta la destrucción
de este aparato, hasta
desacreditarlo, hasta las tentativas de destruirlo, es ir contra el leninismo,
es olvidar que nuestro aparato es un aparato soviético, un aparato de Estado
superior, por su tipo, a todos los demás aparatos de Estado existentes en el
mundo.
¿En qué consiste la fuerza del aparato de nuestro
Estado?
En que, a través de los Soviets, vincula el Poder a
las masas de millones de obreros y campesinos. En que los Soviets son una
escuela de gobernación para decenas y cientos de miles de obreros y campesinos.
En que el aparato del Estado no se aísla de las masas, de los millones de
hombres del pueblo, sino que se funde
con ellos a
través de innumerables organizaciones de
masas, de todo
género de comisiones, secciones,
conferencias, reuniones de delegadas,
etc., que rodean
a los Soviets
y que apoyan así a los órganos de
Poder.
¿En qué consiste
la debilidad del
aparato de
nuestro
Estado? En la
existencia de elementos
burocráticos en el mismo, que estropean y deforman
su trabajo. Para extirpar de él el burocratismo -y
eso
no se puede hacer en un año o en dos-, hay que
mejorar
sistemáticamente el aparato
del Estado,
acercarlo a las masas, renovarlo con hombres
nuevos,
fieles
a la causa
de la clase
obrera, hay que
transformarlo en el espíritu del comunismo, y no
destruirlo, no desacreditarlo. Lenin tenía mil
veces
razón
cuando afirmaba: «Sin
«aparato», nos
hubiéramos hundido hace tiempo. Sin una lucha
sistemática
y tenaz por mejorar
el aparato, nos
hundiremos antes de haber logrado construir la base
del socialismo»256.
No vaya detenerme en los defectos del aparato de
nuestro Estado, que saltan por sí solos a la vista. Me refiero, ante todo, al
«papeleo». Tengo a mano un montón de documentos que evidencian el papeleo y
denuncian la negligencia
criminal de varias organizaciones judiciales, administrativas, de seguros, cooperativas, etc.
Aquí se habla de un campesino que ha hecho veintiún
viajes para acudir a una oficina de seguros, a fin de que le hiciesen justicia,
y sin resultado.
Otro campesino, un viejo de 66 años, ha recorrido a
pie 600 verstas para poner en claro un asunto en la oficina de
previsión social del distrito,
y no ha podido conseguir nada.
Una vieja aldeana de 56 años ha recorrido a pie 500
verstas y en carro más de 600, citada por el tribunal popular, y, con todo, no
ha podido conseguir que se le hiciese justicia.
Podría citar un sinfín de casos análogos. No vale
la pena enumerarlos. ¡Pero esto es una vergüenza para nosotros, camaradas!
¿Cómo se puede tolerar semejante escándalo?
Finalmente,
los hechos relativos
a los «relegados». Resulta
que; además de la gente promovida entre
los obreros, existe
la gente «relegada», retirada a
un segundo plano por sus propios camaradas, y no por incapacidad o porque no
sepan trabajar sino
a causa de
su conciencia y honradez en el trabajo.
Aquí
tenéis el caso
de un obrero,
mecánico
herramentista, promovido para cierto puesto en la
fábrica como hombre capaz e insobornable. Trabajó
un año, otro trabajó honradamente, imponiendo el
orden, luchando contra la mala administración y el
despilfarro. Sin embargo, su labor afectó los
intereses
de un grupillo de compadres «comunistas», alteró la
tranquilidad de éstos. ¿Y qué diréis que ha
ocurrido?
Pues que ese grupito de compadres «comunistas»
empieza a ponerle la zancadilla y le obliga, así, a
«relegarse». «¿Has
querido ser más
listo que
nosotros? ¿No nos
dejas vivir y
lucrarnos
tranquilamente? Retírate, amiguito».
Ved el caso de otro obrero, también mecánico,
ajustador de tornos de roscar, promovido a cierto
256 V. I.
Lenin-. «Plan del folleto «Sobre el
impuesto en
especie»».
El carácter internacional de la Revolución de
Octubre
cargo en la fábrica. Trabaja con celo y honestidad.
Pero con su labor perturba la tranquilidad de
ciertos
individuos. ¿Y qué diréis que ha pasado? Se ha
encontrado
un pretexto para
deshacerse de ese
«inquieto» camarada. ¿Qué pensaba al abandonar su
puesto ese camarada dirigente salido de entre los
obreros?, ¿qué sentía? Pensaba y sentía así: «En
todos los puestos, para los que se me nombró, hice
lo
posible por justificar la confianza depositada en
mí.
Pero jamás olvidaré la mala pasada que me han
jugado con esta promoción. Me han cubierto de lodo.
Mi deseo de poner todas las cosas en claro no se ha
visto cumplido. Ni el comité sindical de la
fábrica, ni
la dirección, ni la célula del Partido han querido
siquiera
escucharme. Para la
promoción yo he
muerto: aunque me cubran de oro, no iré a ningún
sitio» («Trud»257, núm. 128, del 9 de junio de
1927).
¡Pero
esto es una
vergüenza para nosotros, camaradas! ¿Cómo se
puede tolerar semejantes escándalos?
Es
tarea del Partido
cauterizar, en la
lucha contra el burocratismo y por mejorar el aparato del Estado, abusos
como los que acabo de citar, en nuestro trabajo diario.
La consigna leninista respecto a la revolución
cultural.
La mejor arma
para combatir el
burocratismo es la elevación del nivel cultural de
los
obreros y de los campesinos. Se puede censurar y
criticar el burocratismo del aparato del Estado, se
puede vituperar y poner en la picota el
burocratismo
en nuestro trabajo diario, pero si no existe cierto
nivel cultural entre las amplias masas obreras, un
nivel cultural que cree la posibilidad, el deseo y
los
conocimientos necesarios para controlar el aparato
del
Estado desde abajo,
por las propias
masas
obreras, el burocratismo subsistirá, pase lo que
pase.
Por eso, el desarrollo cultural de la clase obrera
y de
las masas trabajadoras del campesinado -no sólo en
el sentido
de fomentar la instrucción,
aunque la
instrucción constituye la base de toda cultura,
sino
ante
todo, en el
sentido de adquirir
hábitos y
capacidad para incorporarse a la gobernación del
país- es la palanca principal para mejorar el
aparato
del Estado y cualquier otro aparato. En eso reside
el
sentido y la importancia de la consigna leninista
acerca de la revolución cultural.
He aquí lo que dijo al respecto Lenin en marzo de
1922, antes de la apertura del XI Congreso de nuestro Partido, en la carta que,
para el Comité Central, envió al camarada Mólotov:
« ada
necesitamos tanto como
cultura, saber
gobernar... Económica y políticamente, la EP nos
asegura por completo la posibilidad de sentar los
fundamentos
de la economía
socialista…258 Lo
257 «Trud» («El trabajo»): diario, órgano del
Consejo Central de los Sindicatos Soviéticos.
258 Subrayado por mí. J. St.
181
«único» que hace falta es que el proletariado y su
vanguardia cuenten con hombres cultos»259.
No se debe
olvidar estas palabras
de Lenin, camaradas.
De aquí la tarea del Partido: reforzar la lucha por
la elevación cultural de la clase obrera y de las capas trabajadoras del
campesinado.
Publicado el 6 y el 9 de diciembre de 1927 en los
núms. 279 y 282 de «Pravda».
259 V. I. Lenin. Carta a V. M. Mólotov acerca del
plan de informe político para el XI Congreso del Partido.
DISCURSO E
EL VIII CO GRESO DE LA UJCL DE LA URSS
16 de mayo de 1928260
Camaradas: En los Congresos es costumbre hablar
de los éxitos. No cabe duda de que hemos logrado
éxitos. Estos éxitos no son, naturalmente,
pequeños,
y no hay por qué silenciarlos. Pero, camaradas, en
los
últimos tiempos se habla entre nosotros tanto de
los
éxitos, y a veces tan empalagosamente, que no queda
ninguna
gana de repetir
lo dicho. Por
eso me
permitiréis que altere el orden habitual y os diga
unas
palabras; no acerca de nuestros éxitos, sino acerca
de
nuestras debilidades y de las tareas que de ellas
se
desprenden.
Me refiero, camaradas, a las tareas relativas a las
cuestiones de nuestra edificación interior.
Estas tareas atañen a tres cuestiones: a la
cuestión de la línea de nuestro trabajo político; a la cuestión de elevar la
actividad de las grandes masas populares en general, de la clase obrera en
particular, y de luchar contra el
burocratismo; y, finalmente,
la cuestión de forjar
nuevos cuadros para
nuestra edificación económica.
I.
Fortaleced la combatividad
de la clase obrera
Empecemos
por la primera
cuestión. La peculiaridad característica
del momento que estamos viviendo consiste en que llevamos ya doce años
edificando en unas
condiciones de desarrollo pacífico. Digo desarrollo
pacífico, no sólo en el sentido de que no hay guerra con los enemigos
exteriores, sino también en el sentido de que no hay elementos de guerra civil
en el interior del país. Eso es lo que
nosotros llamamos condiciones
de desarrollo pacífico de nuestra edificación.
Sabéis
que combatimos tres
años contra los
capitalistas del mundo entero para conquistar estas
condiciones
de desarrollo pacífico.
Sabéis que
conquistamos esas condiciones y que consideramos
esta circunstancia como nuestra mayor realización.
Pero, camaradas, toda conquista, incluida ésta,
tiene
260 El VIII Congreso de la UJCL de la URSS se
celebró en Moscú del 5 al 16 de mayo de
1928. En el Congreso se discutieron las siguientes cuestiones: balance y
perspectivas de la edificación socialista y tareas de la educación comunista de
la juventud, etc. J. V. Stalin pronunció un discurso el 16 de mayo, en la
reunión de clausura del Congreso.
también sus lados negativos. Las condiciones de
desarrollo pacífico no han pasado en balde para
nosotros. Han impreso su sello en nuestro trabajo,
en
nuestros funcionarios, en su psicología. En estos
cinco años hemos avanzado sin tropiezos, como un
tren por sus rieles. Debido a ello, en muchos de
nuestros funcionarios se ha creado la mentalidad de
que todo marchará como sobre ruedas, de que vamos
montados en un tren expreso, por decirlo así, y
que,
sin necesidad de
transbordos, avanzamos
directamente hacia el socialismo.
Sobre
esta base ha
nacido la teoría
de la
«espontaneidad», la teoría de que «todo saldrá
bien»,
la teoría de que «todo se arreglará» por sí solo,
de
que en el país no hay clases, nuestros enemigos se
han apaciguado y todo marchará a las mil
maravillas.
De aquí cierta tendencia a la inercia, al letargo.
Pues
bien, esta psicología del letargo, esta psicología
de la
«espontaneidad» en el trabajo es, precisamente, lo
que
constituye el lado
negativo del período
de
desarrollo pacífico.
¿En qué consiste el peligro de ese estado de
ánimo? En que echa tierra a los ojos de la clase
obrera,
le impide distinguir
a sus enemigos,
la
adormece con jactanciosos discursos acerca de la
debilidad
de nuestros enemigos
y mina su
combatividad.
No debemos consolarnos con el hecho de que en
el
Partido hay un
millón de militantes,
en el
Komsomol dos millones y en los sindicatos diez y
que, de esta manera, lo tenemos todo asegurado para
la victoria definitiva sobre nuestros enemigos. Eso
es
erróneo, camaradas. La historia dice que los
mayores
ejércitos
sucumbieron por haberse
engreído, por
creer demasiado en sus fuerzas, por menospreciar
demasiado las fuerzas de sus enemigos, por haberse
aletargado, haber perdido su combatividad y haberse
dejado pillar por sorpresa en los momentos
críticos.
El mayor de los partidos puede ser pillado por
sorpresa, el mayor de los partidos puede sucumbir
si
no toma en
consideración las enseñanzas
de la
historia, si no forja, día tras día, la
combatividad de
su clase. Ser pillado por sorpresa es muy
peligroso,
camaradas. Ser pillado por sorpresa significa ser
víctima de «eventualidades», víctima del pánico
ante
el enemigo. Y el pánico lleva a la descomposición,
a
la derrota, a la muerte.
Discurso en el VIII Congreso de la UJCL de la URSS
Podría citaros muchos ejemplos de la vida de
nuestros ejércitos durante la guerra civil, cuando
pequeños
destacamentos aniquilaban a
grandes
unidades, que no tenían la necesaria combatividad.
Podría
contaros que en 1920
tres divisiones de
caballería, que constaban por lo menos de cinco mil
sables, fueron derrotadas y puestas en desordenada
fuga por un batallón de infantería. Y eso ocurrió
exclusivamente, porque las divisiones de
caballería,
pilladas por sorpresa, fueron víctimas del pánico
ante
un enemigo que no conocían, que era muy poco
numeroso y al que hubiesen podido aplastar de un
solo golpe si las divisiones no se hubieran
encontrado
primero en un estado de letargo y, luego, de
pánico,
de desconcierto.
Lo mismo hay que decir de nuestro Partido, de
nuestro
Komsomol, de nuestros
sindicatos, de
nuestras fuerzas en general. No es cierto que no
tengamos ya enemigos de clase, que hayan sido
batidos
y eliminados. No,
camaradas, nuestros
enemigos de clase viven. Y no sólo viven, sino que
crecen, tratando de actuar Contra el Poder
Soviético,
Así lo evidencian las dificultades de este invierno
en los acopios, cuando los elementos capitalistas
del
campo intentaron desbaratar la política del Poder
Soviético.
Así lo evidencia el asunto de Shajti, expresión de
acciones conjuntas del capital internacional y de
la
burguesía de nuestro país contra el Poder
Soviético.
Así lo evidencian numerosos hechos de la política
interior y exterior, hechos que conocéis y en los que no vale la pena
extenderse aquí.
No se puede callar la existencia de esos enemigos
de la clase obrera. Es criminal presentar más
débiles
de lo que son las fuerzas de los enemigos de clase
de
la
clase obrera. No
se puede silenciar
todo eso
particularmente
ahora, en el
período de nuestro
desarrollo pacífico, cuando la teoría del letargo y
de
la «espontaneidad», que mina la combatividad de la
clase obrera, encuentra cierto terreno abonado.
La inmensa importancia educativa de la crisis de
acopios y del asunto de Shajti consiste en que han
sacudido
a todas nuestras
organizaciones, han
quebrantado la teoría de la «espontaneidad» y han
subrayado una vez más la existencia de enemigos de
clase, que viven, que no duermen, y contra los
cuales
hay que robustecer las fuerzas de la clase obrera,
su
vigilancia,
su espíritu revolucionario y su
combatividad.
De aquí la tarea inmediata del Partido, la línea
política
en su trabajo
cotidiano: elevar la
combatividad de la clase obrera contra sus enemigos
de clase.
No se puede menos de señalar que el presente
Congreso
del Komsomol y,
particularmente,
«Komsomólskaia
Pravda», han abordado
más de
cerca
que nunca esta
tarea. Sabéis que
en los
discursos de
los oradores, lo
mismo que en los
183
artículos de «Komsomólskaía Pravda», se señala la
importancia
de esta tarea.
Eso está muy
bien,
camaradas. Únicamente es necesario que esa tarea no
se considere temporal y efímera, porque la tarea de
reforzar la combatividad del proletariado es una
tarea
que debe inspirar todo nuestro trabajo mientras
haya
clases en el país y mientras exista el cerco
capitalista.
II. Organizad la crítica de masas desde abajo
La segunda cuestión se refiere a las tareas de la
lucha
contra el burocratismo,
a las tareas
de la
organización de la crítica de nuestros defectos por
las
masas, a la tarea del control de masas desde abajo.
El burocratismo es uno de los peores enemigos de
nuestro
avance. Alienta en
todas nuestras
organizaciones,
tanto en las
del Partido y del
Komsomol, como en las sindicales y administrativas.
Cuando se habla de los burócratas, suele señalarse
con el dedo a los viejos funcionarios sin-partido,
a
los que se suele dibujar con gafas en las
caricaturas.
Eso no es del todo acertado, camaradas. Si se
tratara
sólo de los viejos burócratas, la lucha contra el
burocratismo sería la cosa más fácil. La desgracia
es
que no se trata de los viejos burócratas. Se trata,
camaradas, de los nuevos burócratas, se trata de
los
burócratas que simpatizan con el Poder Soviético,
se
trata, por último, de burócratas que militan en el
Partido.
El burócrata comunista
es el tipo
de
burócrata
más peligroso. ¿Por qué?
Porque
enmascara su burocratismo con el título de
militante
del
Partido. Y por
desgracia, esos burócratas
comunistas no escasean entre nosotros.
Tomad
nuestras organizaciones del
Partido.
Seguramente,
habréis leído acerca
del asunto de
Smolensk, del asunto de Artiómovsk, etc. ¿Qué es
eso, una casualidad? ¿A qué se deben esos hechos
vergonzosos
de descomposición y
de corrupción
moral
en algunos eslabones
de nuestras
organizaciones del Partido? A que se ha llevado al
absurdo
el monopolio del
Partido, a que
se ha
amordazado a los militantes de base, a que se ha
aniquilado la democracia interna del Partido, a que
se
ha
implantado el burocratismo. ¿Cómo se
debe
luchar contra ese mal? Opino que no hay ni puede
haber más medio para luchar contra ese mal que la
organización del control por las masas del Partido
desde abajo, que implantar la democracia interna
del
Partido. ¿Qué se puede objetar a que se encienda la
furia de las masas del Partido contra esos
elementos
degenerados y se les dé la posibilidad de
arrojarlos a
puntapiés? Difícilmente podrá objetarse nada contra
ello.
O tomemos, por ejemplo, el Komsomol. No vais a
negar, por supuesto, que en algunas organizaciones
del
Komsomol hay elementos
completamente
degenerados,
contra los que
es absolutamente
indispensable luchar sin cuartel. Pero dejemos a un
lado a los degenerados. Tomemos el último hecho de
184
la lucha de grupos, lucha sin principios, que se ha
desarrollado
en el Komsomol
en torno a
determinadas personas, de esa lucha que envenena la
atmósfera en el Komsomo1. ¿A qué se debe que en el
Komsomol
haya cuantos «kosarievistas» y
«sobolievistas»
se quiera, mientras
que a los
marxistas
hay que buscarlos
con candil? ¿Qué
evidencia este hecho sino que en algunos eslabones
de las altas
esferas del Komsomol
se está
desarrollando
un proceso de
anquilosamiento
burocrático?
¿Y los sindicatos? ¿Quién va a negar que en los
sindicatos
hay cuanto burocratismo
se quiera?
Tenemos reuniones de producción en las empresas.
Tenemos comisiones provisionales de control en los
sindicatos. La tarea de estas organizaciones
consiste
en
despertar a las
masas, en poner
al desnudo
nuestros
defectos y trazar
las vías para
mejorar
nuestra edificación. ¿Por qué estas organizaciones
no
se desarrollan? ¿Por qué en ellas no bulle la vida?
¿No está claro que el burocratismo en los
sindicatos,
sumado al burocratismo en las organizaciones del
Partido,
no deja que
se desarrollen estas
importantísimas organizaciones de la clase obrera?
Finalmente, nuestras organizaciones económicas.
¿Quién
va a negar
que a nuestros
organismos
económicos los aqueja la dolencia del burocratismo?
Tomad, por ejemplo, el asunto de Shajti. ¿Acaso el
asunto
de Shajti no
evidencia que nuestros
organismos económicos no avanzan, sino que se
arrastran?
¿Cómo se puede poner fin al burocratismo en todas
esas organizaciones?
Para ello no hay más que un camino: organizar el
control desde abajo, organizar la crítica de las
vastas
masas de la clase obrera contra el burocratismo de
nuestras instituciones, contra sus defectos, contra
sus
errores.
Yo sé que al encender la furia de las masas
trabajadoras contra las deformaciones burocráticas
de
nuestras organizaciones hay que meterse a veces con
algunos de nuestros camaradas que tienen méritos
contraídos en el pasado, pero que ahora padecen la
dolencia del burocratismo. ¿Mas acaso puede eso
detener nuestra labor de organización del control
desde abajo? Creo que ni puede ni debe. Por los
viejos méritos hay que inclinarse ante ellos, pero
por
sus errores y su burocratismo actuales podría
dárseles
un buen estacazo. ¿Se puede, acaso, proceder de
otro
modo? ¿Por qué no hacerlo, si lo exigen los
intereses
de la causa?
Se habla de crítica desde arriba, de crítica por
parte de la Inspección Obrera y Campesina, del CC
de nuestro Partido, etc. Todo eso, naturalmente,
está
bien. Pero dista mucho de ser suficiente. Es más,
hoy
lo principal no consiste, ni mucho menos, en eso.
Lo
principal consiste hoy en levantar una vasta ola de
crítica desde abajo contra el burocratismo en
general
J. V. Stalin
y contra los defectos de nuestro trabajo en
particular. Sólo organizando una doble presión, desde arriba y desde abajo,
sólo desplazando el centro de gravedad a la crítica desde abajo se podrá contar
con el éxito en la lucha por extirpar el burocratismo.
Sería
erróneo pensar que
sólo los dirigentes
poseen
experiencia de edificación. Eso
es
equivocado, camaradas. Las vastas masas obreras
que levantan nuestra industria acumulan día tras
día
una enorme experiencia de edificación, tan valiosa
para nosotros como la experiencia de los
dirigentes.
La crítica de masas desde abajo, el control desde
abajo son necesarios, entre otras cosas, para que
esa
experiencia de las vastas masas no se pierda sin
provecho, para tenerla en cuenta y darle aplicación
práctica.
De aquí la tarea inmediata del Partido: luchar
implacablemente contra el burocratismo, organizar la crítica de masas desde
abajo, tener en cuenta esta crítica en las decisiones prácticas relativas a la
eliminación de nuestros defectos.
No puede decirse que el Komsomol y, sobre todo,
«Komsomólskaia
Pravda», no tomen
en
consideración la importancia de esta tarea. Lo malo
es que a menudo no se cumple esa tarea con toda
consecuencia.
Y para cumplirla
con toda
consecuencia no sólo hay que tomar en consideración
la crítica, sino, también, los resultados de la
crítica,
las mejorías que se hacen como resultado de la
crítica.
III. La juventud debe dominar la ciencia
La
tercera tarea se
refiere a la
cuestión de organizar nuevos
cuadros para la
edificación socialista.
Ante nosotros, camaradas, se alzan las ingentes
tareas de la reconstrucción de toda nuestra economía nacional. En el dominio de
la agricultura, debemos sentar los cimientos de la gran hacienda colectiva
unida. Por el
mensaje del camarada
Mólotov261, publicado hoy, debéis
de saber que
el Poder Soviético plantea la
dificilísima tarea de agrupar las pequeñas
y dispersas haciendas
campesinas en haciendas
colectivas y de crear grandes haciendas cerealistas soviéticas. Si no se
cumplen estas tareas es imposible un avance serio y rápido.
Si en la industria el Poder Soviético se apoya en
la
producción
más grande y
concentrada, en la
agricultura se apoya en la más dispersa y pequeña
economía campesina, de tipo semimercantil y que
proporciona mucho menos grano mercantil que la
economía
de anteguerra, a
pesar de que
en las
superficies de siembra se ha alcanzado el nivel de
anteguerra. Ese es el origen de todas las posibles
261 Se trata del llamamiento del CC del PC(b) de la
URSS. «Por
la transformación socialista del campo (Tareas
fundamentales de
las
secciones de trabajo
en el campo)».
El llamamiento se
publicó el 16 de mayo de 1928, en el núm. 112 de
«Pravda».
Discurso en el VIII Congreso de la UJCL de la URSS
dificultades futuras en la esfera de los acopios de
cereales. Para salir de esta situación, hay que
ponerse
de lleno a organizar la gran producción colectiva
en
la
agricultura. Mas, para
organizar la gran
producción, hay que conocer las ciencias agrícolas
y
para conocerlas, hay que estudiar. Entre nosotros
son
vergonzosamente pocos los que conocen las ciencias
agrícolas. He aquí la tarea de crear cuadros
nuevos,
jóvenes, de constructores de la nueva agricultura,
de
la agricultura colectiva.
En el dominio de la industria, las cosas están
mucho mejor. Pero también en esta esfera la escasez
de cuadros nuevos de constructores frena nuestro
avance.
Basta recordar el
asunto de Shajtí
para
comprender lo apremiante que es la cuestión de los
nuevos
cuadros de constructores
de la industria
socialista. Naturalmente, tenemos viejos
especialistas
de edificación de la industria. Pero, en primer
lugar,
son pocos; en segundo lugar, no todos ellos quieren
edificar la nueva industria; en tercer lugar,
muchos
de ellos no comprenden las nuevas tareas de la
edificación, y, en cuarto lugar, muchos de ellos
son
ya viejos y van quedando fuera de combate. Para que
la cosa avance, hay que forjar a marchas forzadas
nuevos especialistas salidos de la clase obrera, de
los
comunistas, de los komsomoles.
Hombres
deseosos de edificar y
de dirigir la
edificación nos sobran, tanto en el dominio de la
agricultura como en el de la industria. Pero
hombres
que sepan edificar
y dirigir tenemos
vergonzosamente pocos. En cambio, en este terreno,
la ignorancia es infinita. Es más, hay entre
nosotros
gente dispuesta a ensalzar nuestra incultura. Si
eres
analfabeto o escribes con faltas y te jactas de tu
atraso, eres un obrero «auténtico», y se te deben
honores y respeto. Si has vencido tu incultura, si
has
estudiado,
si has dominado
la ciencia, eres
un
extraño, te has «apartado» de las masas, has dejado
de ser obrero.
Creo que no adelantaremos ni un paso mientras no
extirpemos esa barbarie y ese salvajismo, ese
criterio
bárbaro respecto a la ciencia y la gente culta. La
clase obrera no puede ser verdadera dueña y señora
del país si no logra salir de la incultura, si no
consigue crear sus propios intelectuales, si no
domina
la ciencia y no sabe gobernar la economía basándose
en la ciencia.
Hay
que comprender, camaradas,
que las
condiciones de la lucha son hoy otras que en el
período de la guerra civil. En el período de la
guerra
civil
podían tomarse las
posiciones del enemigo
empujando,
con valentía, con
audacia, mediante
cargas de caballería. Ahora, en las condiciones de
la
edificación
económica pacífica, las
cargas de
caballería únicamente pueden estropear las cosas.
La
valentía y la audacia son hoy tan necesarias como
antes, pero con valentía y audacia a secas no se
puede ir muy lejos. Para derrotar ahora al enemigo
185
hay que saber edificar la industria, la
agricultura, el transporte, el comercio, hay que desechar la actitud señorial y
despectiva hacia el comercio.
Para edificar, hay que saber, hay que dominar la
ciencia. Y para saber, hay que estudiar. Hay que estudiar tenazmente,
con paciencia. Hay
que aprender de todos, de los enemigos y de los amigos, sobre todo
de los enemigos.
Hay que estudiar apretando los dientes, sin que nos
importe que los enemigos se burlen
de nosotros, de
nuestra ignorancia, de nuestro atraso.
Ante nosotros se alza una fortaleza. Esa fortaleza
es la ciencia, con todas sus numerosas ramas del
saber. Esa fortaleza debemos tomarla cueste lo que
cueste. Esa fortaleza debe tomarla la juventud, si
quiere ser constructora de la nueva vida, si quiere
llegar a ser un verdadero relevo de la vieja
guardia.
Nosotros no podemos limitarnos ahora a formar
cuadros comunistas en general, cuadros bolcheviques
en general, que sepan charlar de todo un poco. El
diletantismo y la omnisapiencia son ahora cadenas
para
nosotros. Ahora necesitamos
bolcheviques
especialistas
en metales, en
el textil, en
combustibles,
en química, en
agricultura, en
economía, en el transporte, en el comercio, en la
contabilidad,
etc., etc. Ahora
necesitamos grupos
enteros,
centenares, millares de
nuevos cuadros
bolcheviques que puedan ser verdaderos entendidos
en las más diversas ramas del saber. De otra
manera,
no se puede ni hablar de un ritmo rápido en la
edificación
socialista de nuestro
país. De otra
manera, no se puede ni hablar que sabremos alcanzar
y sobrepasar a los países capitalistas adelantados.
Dominar
la ciencia, forjar
nuevos cuadros bolcheviques
especialistas en las distintas ramas del saber, estudiar, estudiar y estudiar
con la mayor tenacidad, ésa es ahora la tarea.
Una
campaña masiva de
la juventud revolucionaria para
conquistar la ciencia, eso es lo que ahora necesitamos, camaradas.
Publicado el 17 de mayo de 1928 en el núm. 113 de
«Pravda».
SOBRE EL PELIGRO DE DERECHA E EL PC(b) DE LA URSS
Discurso en el Pleno del Comité de Moscú y de la
Comisión de Control de Moscú del PC(b) de la URSS el 19 de octubre de 1928
Creo, camaradas, que es necesario, ante todo,
dejar a
un lado las
pequeñeces, las cuestiones personales, etc., para resolver el
problema que nos interesa, que es el de la desviación de derecha.
¿Existe en nuestro Partido un peligro de derecha,
un peligro oportunista? ¿Existen condiciones
objetivas favorables para este peligro? ¿Cómo se debe luchar contra él? Esas
son las cuestiones que hoy se nos plantean.
Pero
no resolveremos el
problema de la desviación de derecha si no dejamos a un
lado todas las pequeñeces y todos los elementos extraños que lo envuelven y nos
impiden comprender su esencia.
No
tiene razón Zapolski
cuando cree que el
problema de la desviación de derecha es un problema accidental. Zapolski afirma
que el problema todo no es una desviación de derecha, sino chismes, intrigas
personales, etc. Admitamos por un instante que aquí, como en toda lucha,
desempeñen cierto papel los chismes y las intrigas personales. Pero explicarlo
todo como efecto de chismes y no ver detrás de éstos el fondo
del problema, es
apartarse del camino acertado, del camino marxista.
No es posible que una organización tan grande,
tan
vieja, tan unida
como lo es,
sin duda, la
organización de Moscú, pueda verse sacudida de
arriba
abajo y puesta
en movimiento por
unos
cuantos chismosos o intrigantes. No, camaradas,
tales
milagros no suelen darse bajo la capa del cielo. Y
no
hablo ya de que no se puede apreciar tan a la
ligera la
fuerza y el poder de la organización de Moscú. Es
evidente que aquí han actuado causas más profundas,
que no tienen nada que ver ni con los chismes ni
con
las intrigas.
Tampoco
tiene razón Fruntov,
quien, aún
reconociendo la existencia del peligro de derecha,
no
lo considera digno de que se ocupen a fondo de él
gentes sensatas y serias. Según el, el problema de
la
desviación
de derecha es
un asunto propio
de
charlatanes
y no de
gente seria. Comprendo
perfectamente a Fruntov, pues está tan absorbido
por
el trabajo práctico cotidiano, que no tiene tiempo
de
pararse
a pensar en
las perspectivas de
nuestro
desarrollo. Pero esto no quiere decir que debamos
erigir en dogma de nuestro trabajo de edificación el practicismo estrecho
de algunos militantes
del Partido. El practicismo sano es buena cosa, pero si pierde de vista
las perspectivas del trabajo y no supedita su labor a la línea fundamental del
Partido, se convierte en un estorbo. Y sin embargo, no es difícil comprender
que el problema de la desviación derechista es el problema de la línea
fundamental de nuestro Partido, el problema de saber si es acertada o
errónea la perspectiva
de desarrollo trazada
por nuestro Partido en su XV Congreso.
Tampoco
tienen razón los
camaradas que, al
enjuiciar el problema de la desviación de derecha,
lo
centran todo en la cuestión de las personas que la
encarnan. Señaladlos, dicen estos camaradas, a los
derechistas o a los conciliadores, decidnos quiénes
son, para que podamos ajustarles las cuentas. Este
planteamiento
del problema es
equivocado.
Naturalmente, las personas desempeñan cierto papel.
Pero de lo que se trata aquí no es de las personas,
sino de las condiciones, de la situación que
engendra
el peligro de derecha en el Partido. Se puede
apartar
a las personas, pero esto no quiere decir que, con
ello,
hayamos arrancado las
raíces del peligro
derechista en nuestro Partido. Por eso, la cuestión
de
las personas no resuelve el problema, aunque tiene
un interés indudable.
No puede por menos de recordarse, a propósito de
esto, mi episodio ocurrido en Odesa hacia fines de
1919 y comienzos de 1920, cuando nuestras tropas,
después de arrojar a los denikinistas de Ucraina,
estaban aniquilando a los últimos restos de las
tropas
de
Denikin en la
zona de Odesa.
Algunos
combatientes del Ejército Rojo se dedicaron a
buscar
en Odesa afanosamente a la Entente, convencidos de
que, si daban con ella, se acabaría la guerra. Cabe
suponer
que los combatientes
del Ejército Rojo
podrían haber cazado en Odesa a algún representante
de la Entente, pero con ello no se habría resuelto,
claro está, el problema de la Entente, ya que las
raíces de ésta no estaban en Odesa, aunque esa zona
fuese el último territorio ocupado por las tropas
de
Denikin, sino en el capitalismo mundial.
Lo mismo puede decirse de algunos de nuestros
camaradas, que centran el problema de la desviación
de
derecha en las
personas que encarnan
esta
Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS
desviación
y olvidan las
condiciones que la engendran.
Por eso, lo primero que tenemos que esclarecer
aquí
son las condiciones
que han originado
la
desviación de derecha, así como la desviación de
«izquierda» (trotskista) respecto de la línea
leninista.
La desviación derechista en el comunismo, bajo
las condiciones del capitalismo, es la tendencia,
la
propensión de una parte de los comunistas -sin
forma
definida aún, verdad es, y quizá inconsciente, pero
propensión, a pesar de todo- a apartarse de la
línea
revolucionaria del marxismo, inclinándose hacia la
socialdemocracia. Cuando ciertos círculos
comunistas niegan la oportunidad de la consigna de
«clase contra clase» en la lucha electoral (en
Francia)
o se manifiestan
contrarios a que
el Partido Comunista presente
una candidatura independiente (en Inglaterra) o no quieren agudizar el problema
de la lucha contra la socialdemocracia de «izquierda» (en Alemania), etc.,
etc., eso significa que dentro de los Partidos Comunistas hay gente que pugna
por adaptar el comunismo a la socialdemocracia.
El triunfo de la desviación de derecha en los
Partidos
Comunistas de los
países capitalistas
supondría
la derrota ideológica
de los Partidos
Comunistas
y un fortalecimiento enorme
de la
socialdemocracia. ¿Y qué
es un fortalecimiento
enorme
de la socialdemocracia? Es
reforzar y
robustecer el capitalismo, pues la socialdemocracia
es el sostén fundamental del capitalismo dentro de
la
clase obrera.
Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha
en los Partidos Comunistas de los países capitalistas conduce al desarrollo de
las condiciones necesarias para el mantenimiento del capitalismo.
La desviación de derecha en el comunismo, bajo
las condiciones de desarrollo soviético, cuando el
capitalismo
ha sido ya
derrocado, pero cuando
todavía no han sido extirpadas sus raíces,
significa la
tendencia,
la propensión de
una parte de los
comunistas -sin forma definida aún, verdad es, y
quizá inconsciente, pero propensión, a pesar de
todo-
a apartarse de la línea general de nuestro Partido,
inclinándose hacia la ideología burguesa. Cuando
algunos
círculos de nuestros
comunistas intentan
hacer que nuestro Partido se aparte, marchando
hacia
atrás, de los acuerdos del XV Congreso y niegan la
necesidad
de la ofensiva
contra los elementos
capitalistas
del campo; o
exigen que se reduzca
nuestra industria, por entender que el rápido ritmo
de
su desarrollo actual es ruinoso para nuestro país;
o
niegan la conveniencia de las asignaciones para la
organización de koljoses y sovjoses, por creer que
esto es dinero
tirado a la
calle; o niegan
la
conveniencia
de la lucha
contra el burocratismo
sobre la base de la autocrítica, por entender que
la
autocrítica quebranta nuestro aparato; o exigen que
se suavice el monopolio del comercio exterior,
etc.,
187
etc., eso quiere decir que en las filas de nuestro
Partido hay gente que -quizá sin que ella misma se
dé
cuenta- intenta adaptar nuestra edificación
socialista
a los gustos y a las necesidades de la burguesía
«soviética».
El triunfo de la desviación de derecha en nuestro
Partido supondría un fortalecimiento enorme de los elementos capitalistas
en nuestro país. ¿Y
qué significa fortalecer los
elementos capitalistas en nuestro
país? Significa debilitar
la dictadura del proletariado y
acrecer las posibilidades de restauración del capitalismo.
Por tanto, el triunfo de la desviación de derecha
en nuestro Partido significaría el desarrollo de las condiciones necesarias
para la restauración
del capitalismo en nuestro país.
¿Existen en nuestro país, en el País Soviético,
condiciones que hagan posible la restauración del
capitalismo? Si, existen. Tal vez eso parezca
extraño,
pero es un hecho, camaradas. Hemos derrocado el
capitalismo,
hemos implantado la
dictadura del
proletariado
y desarrollamos a
ritmo acelerado
nuestra
industria socialista, ligando
a ella la
economía campesina. Pero aún no hemos extirpado
las raíces del capitalismo. ¿Dónde anidan esas
raíces?
Anidan en la producción mercantil, en la pequeña
producción de la ciudad y, sobre todo, del campo.
La
fuerza del capitalismo
reside, como dice
Lenin, «en
la fuerza de
la pequeña producción.
Porque
desgraciadamente, queda todavía
en el
mundo mucha, muchísima pequeña producción, y la
pequeña
producción engendra capitalismo
y
burguesía
constantemente, cada día,
cada hora,
espontáneamente y en masa» (v. t. XXV, pág. 173).
Es evidente que como la pequeña producción
tiene en nuestro país un carácter masivo y hasta
predominante,
y cómo engendra
capitalismo y
burguesía constantemente y en masa, sobre todo bajo
las condiciones de la Nep; se dan en nuestro país
condiciones que hacen posible la restauración del
capitalismo.
¿Existen en nuestro país, en el País Soviético, los
medios y las fuerzas necesarios para destruir, para
eliminar
la posibilidad de
restauración del
capitalismo? Sí, existen. Por eso, precisamente, es
acertada la tesis de Lenin sobre la posibilidad de
edificar en la URSS la sociedad socialista
completa.
Para ello es necesario consolidar la dictadura del
proletariado, fortalecer la alianza de la clase
obrera y
los
campesinos, desarrollar nuestras
posiciones
dominantes
desde el punto
de vista de
la
industrialización del país, imprimir un ritmo
rápido al
desarrollo de la industria, electrificar el país,
dar a
toda
nuestra economía nacional
una nueva base
técnica, organizar la cooperación en masa de los
campesinos y elevar el rendimiento de sus
haciendas,
agrupar
gradualmente las haciendas
campesinas
individuales en haciendas colectivas, desarrollar
los
188
sovjoses, limitar y vencer a los elementos
capitalistas de la ciudad y del campo, etc., etc.
He aquí lo que dice Lenin a propósito de esto:
«Mientras
vivamos en un
país de pequeñas
haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en
Rusia
una base económica más sólida que el comunismo.
Es
necesario recordarlo. Todo
el que observa
atentamente la vida del campo, comparándola con la
vida de la ciudad, sabe que no hemos extirpado las
raíces
del capitalismo, ni
hemos eliminado el
fundamento, la base del enemigo interior. Este se
apoya en la pequeña hacienda, y para quebrantarlo
no
hay más que un medio: dar a la economía del país,
comprendida la agricultura, una nueva base técnica,
la base técnica de la gran producción moderna. Y
esta base no puede ser más que una: la
electricidad.
El
comunismo es el
Poder Soviético más
la
electrificación de todo el país. De lo contrario,
el país
seguiría siendo un país de pequeños campesinos, y
es
necesario que nos demos cuenta de ello con toda
claridad. Somos más débiles que el capitalismo no
sólo en escala mundial, sino también dentro del
país.
Eso es bien notorio. Nosotros lo hemos comprendido
y
haremos de manera
que la base
económica,
constituida
hoy por la
pequeña producción
campesina,
pase a ser
la gran industria.
Y sólo
cuando el país esté electrificado, cuando hayamos
dado a la industria, a la agricultura y al
transporte la
base
técnica de la
gran industria moderna,
sólo
entonces
venceremos definitivamente»
(t. XXVI,
págs. 46-47).
Resulta, en primer lugar, que mientras vivamos en
un país de pequeñas haciendas campesinas, mientras
no hayamos extirpado las raíces del capitalismo,
éste
tendrá en
nuestro país una
base económica más
sólida que el comunismo. A veces se derriba un
árbol, pero no se extirpa sus raíces, por faltar
las
fuerzas para ello. De aquí, precisamente, dimana la
posibilidad de la restauración del capitalismo en
nuestro país.
Resulta, en segundo lugar, que, además de la
posibilidad de la restauración del capitalismo,
existe
también, en nuestro país, la posibilidad del
triunfo
del
socialismo, ya que
podemos destruir la
posibilidad de restauración del capitalismo,
podemos
extirpar las raíces del capitalismo y conseguir el
triunfo
definitivo sobre éste
en nuestro país
si
desplegamos una intensa labor de electrificación
del
país, si damos a la industria, a la agricultura y
al
transporte
la base técnica
de la gran
industria
moderna.
De aquí, precisamente, dimana
la
posibilidad del triunfo del socialismo en nuestro
país.
Resulta, por último, que no es posible edificar el
socialismo sólo en la industria, dejando la
agricultura
a merced del desarrollo espontáneo, con el criterio
de
que el campo «seguirá por sí mismo» a la ciudad. La
J. V. Stalin
existencia de una industria socialista en la ciudad
es un factor fundamental
para la transformación socialista del campo. Pero
eso aún no quiere decir que este factor sea del todo suficiente. Para que la
ciudad socialista pueda
llevar tras de
sí definitivamente al campesinado, es necesario, como dice Lenin, «dar a
la economía del país, comprendida la agricultura,262 una nueva base técnica, la
base técnica de la gran producción moderna».
¿No se halla en contradicción con esta cita de
Lenin otra cita tomada de sus obras, según la cual
«la
Nep nos asegura por completo la posibilidad263 de
construir los cimientos de la economía socialista»?
No; no hay tal contradicción. Lejos de ello, ambas
citas coinciden por entero. Lenin no dice, ni mucho
menos, que la Nep nos depare el socialismo ya
hecho. Lo único que nos dice es que la Nep nos
asegura la posibilidad de construir los cimientos
de la
economía socialista. Entre la posibilidad de llevar
a
cabo la edificación del socialismo y su
construcción
efectiva
hay una gran
diferencia. No hay
que
confundir
la posibilidad con
la realidad.
Precisamente
para convertir esta
posibilidad en
realidad
es para lo
que Lenin propone
la
electrificación del país y que se dé la base
técnica de
la gran industria
moderna a la
industria, a la
agricultura
y al transporte,
como condición del
triunfo definitivo del socialismo en nuestro país.
Pero no es posible realizar en uno o dos años esta
condición necesaria para llevar a cabo la
edificación
del socialismo. No es posible en uno o dos años
industrializar el país, construir una potente
industria,
organizar en cooperativas a masas de millones de
campesinos,
dar una nueva
base técnica a la
agricultura,
agrupar las haciendas
campesinas
individuales
en grandes haciendas
colectivas,
desarrollar
los sovjoses, limitar
y vencer a los
elementos capitalistas de la ciudad y del campo.
Para
esto
hacen falta años
y años de
intensa labor
constructiva
de la dictadura
del proletariado. Y
mientras no se haga esto -y no se hará de repente-,
seguiremos siendo un país de pequeñas haciendas
campesinas,
en el que
la pequeña producción
engendrará capitalismo y burguesía constantemente y
en masa y donde seguirá existiendo el peligro de
restauración del capitalismo.
Y como el proletariado de nuestro país no vive en
el vacío, sino dentro de la vida más real y
concreta,
con toda su diversidad, los elementos burgueses,
que
surgen
sobre la base
de la pequeña
producción,
«cercan al proletariado por todas partes de
elemento
pequeñoburgués, lo impregnan de este elemento, lo
corrompen con él, provocan constantemente en el
seno
del proletariado recaídas
de pusilanimidad
pequeñoburguesa, de
atomización, de
individualismo, de oscilaciones entre la exaltación
y
262 Subrayado por mí. J. St.
263 Subrayado por mí. J. St.
Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS
el
abatimiento» (Lenin, t. XXV,
pág. 189) e infunden, de este
modo, al proletariado y a su Partido ciertas vacilaciones, cierta indecisión.
Ahí reside la raíz y la base de todo género de
vacilaciones y desviaciones contra la línea leninista en las filas de nuestro
Partido.
Por eso no hay que considerar como un asunto baladí
el problema de la desviación derechista o «izquierdista- dentro de nuestro
Partido.
¿En qué consiste el peligro de la desviación de
derecha, francamente oportunista, dentro de nuestro
Partido? En que menosprecia la fuerza de nuestros
enemigos, la fuerza del capitalismo, en que no ve
el
peligro de restauración del capitalismo, en que no
comprende la mecánica de la lucha de clases en las
condiciones de la dictadura del proletariado, por
cuya
razón
hace con tanta
facilidad concesiones al
capitalismo, exigiendo que se amortigüe el ritmo
del
desarrollo de nuestra industria, exigiendo que se
den
facilidades a los elementos capitalistas del campo
y
de la ciudad, exigiendo que se relegue a segundo
plano el problema de los koljoses y de los
sovjoses,
exigiendo que se suavice el monopolio del comercio
exterior, etc., etc.
Es indudable que el triunfo de la desviación de
derecha en nuestro Partido desencadenaría las
fuerzas
del capitalismo,
minaría
las posiciones
revolucionarias
del proletariado y
aumentaría las
probabilidades de restauración del capitalismo en
nuestro país.
¿En qué consiste
el peligro de
la desviación
«izquierdista» (trotskista) dentro de nuestro
Partido?
En que sobrestima la fuerza de nuestros enemigos,
la
fuerza del capitalismo, en que ve únicamente la
posibilidad
de restauración del
capitalismo y no
advierte la posibilidad de llevar a cabo la
edificación
del socialismo con las fuerzas de nuestro país, en
que
se deja llevar de la desesperación y se ve obligado
a
consolarse hablando de un supuesto termidorismo en
nuestro Partido.
De las palabras
de Lenin cuando
dice que,
«mientras vivamos en un país de pequeñas haciendas
campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base
económica más sólida que el comunismo», de estas
palabras de Lenin, la desviación de «izquierda»
saca
la
falsa conclusión de
que en la
URSS es
absolutamente imposible llevar a cabo la
edificación
del socialismo, de que no se conseguirá nada con
los
campesinos, de que la idea de la alianza de la
clase
obrera con los campesinos es una idea caduca, de
que
si no llega a tiempo en nuestra ayuda la revolución
victoriosa en Occidente, la dictadura del
proletariado
en la URSS deberá hundirse o degenerar, de que si
no se acepta
un plan fantástico de
superindustrialización, aunque para realizarlo haya
que romper con los campesinos, se tendrá que dar
por
fracasada la causa del socialismo en la URSS.
De aquí el aventurerismo en la política de los
189
desviacionistas de «izquierda». De aquí los saltos
«sobrehumanos» en la política.
Es indudable que el triunfo de la desviación de
«izquierda» en nuestro Partido llevaría a que la
clase
obrera se alejase de su base campesina, a que la
vanguardia de la clase obrera se alejase del resto
de
la masa obrera, lo que, a su vez, conduciría a la
derrota del proletariado y facilitaría la
restauración
del capitalismo.
Como veis, ambos peligros, el de «izquierda» y el
de derecha, ambas desviaciones respecto de la línea leninista, es decir, la
desviación de derecha y la de «izquierda», llevan, aunque partiendo de
diferentes extremos, al mismo resultado.
¿Cuál de estos peligros es el peor? Yo creo que
ambos son peores.
La diferencia entre esas dos desviaciones, desde el
punto de vista de una lucha eficaz contra ellas,
consiste
en que el
peligro de la
desviación de
«izquierda» es más claro para el Partido, en este
momento, que el de la desviación de derecha. La
circunstancia
de que llevemos
ya varios años
luchando
intensamente contra la
desviación de
«izquierda» no podía, naturalmente, pasar en vano
para el Partido. Es evidente que, en los años de la
lucha contra la desviación «izquierdista», contra
la
desviación trotskista, el Partido ha aprendido
mucho,
y ya no es fácil engañarlo con frases
«izquierdistas».
Por lo que se refiere al peligro de derecha, que
existía
ya antes y
que ahora se
manifiesta más
acusadamente a consecuencia de haberse fortalecido
el elemento pequeñoburgués debido a la crisis del
año pasado en los acopios, yo creo que es menos
claro para ciertos sectores de nuestro Partido. Por
eso, la tarea consiste en acentuar la lucha contra
la
desviación de derecha sin atenuar ni un ápice la
lucha
contra el peligro «izquierdista», contra el peligro
trotskista, y en tomar todas las medidas necesarias
para conseguir que el peligro de esa desviación sea
tan claro
para el Partido
como lo es el
peligro
trotskista.
El problema de la desviación de derecha quizá no
se plantearía ante nosotros con un carácter tan
agudo
como el que hoy presenta, si no estuviese
relacionado
con el problema
de las dificultades
de nuestro
desarrollo. Pero el hecho es, precisamente, que la
existencia de la desviación derechista complica las
dificultades
de nuestro desarrollo
y frena su
superación. Precisamente por eso, porque el peligro
derechista
entorpece la lucha
para vencer estas
dificultades, es por lo que el problema de eliminar
ese
peligro adquiere para
nosotros particular
importancia.
Dos
palabras sobre el
carácter de nuestras
dificultades. Conviene tener presente que nuestras
dificultades
no pueden de
ningún modo ser
consideradas dificultades debidas a una situación
de
estancamiento
o de decadencia.
Hay dificultades
190
derivadas de la decadencia de la economía o de su
estancamiento, en cuyo caso se hacen esfuerzos por
conseguir que el estancamiento sea menos doloroso o
la
decadencia de la
economía menos profunda.
Nuestras dificultades no tienen nada de común con
eso. El rasgo característico de nuestras
dificultades
consiste
en que son
dificultades de ascenso,
dificultades
de crecimiento. Cuando
nosotros
hablamos
de dificultades, nos referimos,
generalmente, al tanto por ciento en que debemos
elevar nuestra industria, al tanto por ciento en
que
debemos aumentar la superficie de siembra, a la
cantidad de puds en que hay que elevar la cosecha
por
hectárea, etc., etc.
Y precisamente porque
nuestras
dificultades son dificultades
ligadas al
ascenso,
y no dificultades originadas
por la
decadencia o el estancamiento, no representan para
el
Partido un gran peligro.
Pero las dificultades son, con todo y con eso,
dificultades. Y como para vencerlas hace falta
poner
en tensión todas las fuerzas, hacen falta firmeza y
tenacidad, y no todos poseen estas cualidades en
grado
suficiente, tal vez
por cansancio o por
agotamiento
o porque se
prefiera una vida
más
tranquila,
sin luchas ni
zozobras, comienzan
precisamente las vacilaciones y la indecisión, los
virajes hacia la línea de menor resistencia;
empieza a
hablarse de la necesidad de atenuar el ritmo de
desarrollo de la industria, de dar facilidades a
los
elementos capitalistas; se niegan los koljoses y
los
sovjoses y, en general, todo lo que se salga de la
situación habitual y apacible del trabajo
cotidiano.
Pero no podremos avanzar si no vencemos las
dificultades que se alzan ante nosotros. Y para
vencer
esas dificultades, lo primero que hace falta es
acabar
con el peligro de derecha, lo primero que hace
falta
es vencer a la desviación derechista, que frena la
lucha contra las dificultades e intenta quebrantar
la
voluntad de nuestro Partido en la lucha por vencer
esas dificultades.
Me refiero, naturalmente, a la lucha real, y no a
la
lucha verbal, a la lucha sobre el papel contra la
desviación de derecha. Hay en nuestro Partido gente
dispuesta,
para tranquilizar su
conciencia, a
proclamar la lucha contra el peligro de derecha de
manera parecida a la que emplean a veces los popes
al cantar el «Aleluya, aleluya», pero que no toman
ninguna
medida práctica, absolutamente
ninguna,
para organizar sobre una base firme la lucha contra
la
desviación
derechista y vencerla
de hecho. Esa
tendencia
la llamamos nosotros
transigencia con
respecto a la desviación de derecha, francamente
oportunista. No es difícil comprender que la lucha
contra esta transigencia es inseparable de la lucha
general contra la desviación derechista, contra el
peligro
de derecha, pues
es imposible vencer
la
desviación derechista, la desviación oportunista,
sin
luchar sistemáticamente contra los transigentes,
que
J. V. Stalin
dan amparo bajo sus alas a los oportunistas.
La
cuestión de los portadores de la desviación
derechista tiene, indudablemente, interés, aunque
no
es lo que resuelve el problema. Tuvimos ocasión de
tropezar con portadores del peligro derechista en
las
organizaciones de base de nuestro Partido el año
pasado, durante la crisis en los acopios de
cereales,
cuando muchos comunistas de los subdistritos y de
las
aldeas se manifestaron
contra la política
del
Partido, actuando en pro de la alianza con los
kulaks.
Como sabéis, esos elementos han sido expulsados de
nuestro Partido esta primavera, cosa que se
menciona
especialmente en el conocido documento del CC de
nuestro Partido, publicado en febrero de este año.
Pero
sería una equivocación
decir que en el
Partido no queda ya ninguno de esos elementos. Si
subiéramos de la base a las organizaciones
distritales
y provinciales del Partido y escarbásemos a fondo
en
el aparato
de los Soviets
y de las cooperativas,
podríamos
descubrir también en
ellos, sin gran
esfuerzo, portadores del peligro derechista y de la
transigencia con éste. Son conocidas las «cartas»,
«declaraciones»
y otros documentos
de varios
funcionarios del aparato de nuestro Partido y de
los
Soviets
en los que se
refleja de un
modo muy
concreto
la inclinación hacia
la desviación
derechista. Como sabéis, a estas cartas y
documentos
se aludía en el acta taquigráfica del Pleno de
julio del
CC.
Si nos remontamos todavía más y planteamos la
cuestión respecto a los miembros del CC, habremos
de
reconocer que también
en él hay
elementos,
aunque
ciertamente muy insignificantes, de
transigencia
con el peligro
de derecha. El
acta
taquigráfica del Pleno de julio del CC es una
prueba
palmaria de ello.
¿Y en el Buró Político? ¿Hay en el Buró Político
alguna desviación? No; en nuestro Buró Político no
hay derechistas, ni «izquierdistas», ni
transigentes
con unos ni con otros. Esto hay que decirlo aquí
del
modo más categórico. Ya es hora de acabar con los
chismes
de los enemigos,
del Partido y
de los
oposicionistas de toda clase, que dicen que en el
Buró Político de nuestro CC existe una desviación
derechista o una actitud transigente respecto a
ella.
¿Se han producido vacilaciones y titubeos en la
organización de Moscú o en su órgano dirigente, el
Comité de Moscú? Sí, se han producido. Sería necio
querer afirmar ahora que no se han dado titubeos y
vacilaciones. El sincero discurso de Penkov es una
prueba palmaria de ello. Penkov no es un hombre de
última fila en la organización y en el Comité de
Moscú. Y ya habéis escuchado cómo ha reconocido,
abierta
y francamente, sus
errores en muchos
e
importantísimos problemas de la política de nuestro
Partido. Eso no quiere decir, naturalmente, que
todo
el Comité de Moscú se haya dejado llevar por esas
vacilaciones. Nada de eso. Documentos como el
Sobre el peligro de derecha en el PC(b) de la URSS
mensaje
dirigido en octubre
de este año
por el Comité de Moscú a los
afiliados de su organización demuestran de un modo indudable que el Comité de
Moscú ha logrado sobreponerse a las vacilaciones de algunos de sus miembros. Y
no dudo de que el núcleo dirigente del
Comité de Moscú
logrará corregir definitivamente la situación.
Algunos camaradas están disgustados porque las
organizaciones distritales del Partido han tomado
cartas en el asunto, planteando la necesidad de
acabar
con los errores Y las vacilaciones de tales o
cuales
dirigentes de la organización de Moscú. No acierto
a
comprender las razones de ese disgusto. ¿Qué puede
haber de malo en que los activos distritales de la
organización de Moscú hayan hecho oír su voz,
exigiendo
la eliminación de
los errores y las
vacilaciones? ¿Acaso nuestro trabajo no transcurre
bajo el signo de la auto crítica desde abajo?
¿Acaso
no es un
hecho que la
autocrítica estimula la
actividad
de la base
del Partido y
de la masa
proletaria en general? ¿Qué tiene, pues, de malo o
de
peligroso el que los activos distritales hayan
estado a
la altura de las circunstancias?
¿Ha procedido acertadamente el CC al intervenir
en este asunto? Yo creo que el CC ha procedido
acertadamente. Berzin estima que el CC procede con
excesiva dureza, al plantear que se destituya a un
dirigente de una organización de distrito, contra
el
que se manifestó
su organización. Pero
esto es
completamente erróneo. Podría recordarle a Berzin
algunos episodios de 1919 ó 1920, cuando ciertos
miembros del CC, que cometieron errores, no muy
graves, a mi juicio, respecto a la línea del
Partido,
fueron ejemplarmente sancionados, a propuesta de
Lenin; y, por cierto, uno de ellos fue destinado al
Turkestán y otro estuvo a punto de ser expulsado
del
CC.
¿Tenía razón Lenin, al proceder así? Yo creo que
tenía toda la razón. La situación en el CC no era entonces la de hoy. La mitad
del CC seguía a Trotski, y no existía una situación firme en el seno del propio
CC. Hoy, el
CC procede de
un modo incomparablemente más
suave. ¿Por qué? ¿Acaso porque nosotros pretendamos ser más benignos que Lenin?
No, no es por eso. Lo que ocurre es que hoy la situación del CC es más firme
que entonces y esto le permite proceder con mayor suavidad.
Tampoco tiene razón Sárajov al afirmar que el CC no
tomó cartas en el asunto con la rapidez debida. Y no tiene razón, pues él
ignora, al parecer, que, en rigor, el CC empezó a ocuparse del asunto en
febrero de este año. Sájarov, si lo desea, puede convencerse de ello. Es cierto
que la intervención del CC no dió inmediatamente resultados
positivos. Pero sería peregrino echarle la culpa al CC.
Conclusiones:
1) el peligro derechista es un peligro grave para
nuestro Partido, pues tiene sus raíces en la
situación
191
económico-social de nuestro país;
2) el peligro de la desviación derechista lo agrava
la existencia de dificultades que es imposible vencer si no
se vence la
desviación derechista y la
transigencia con ella;
3) en la
organización de Moscú
ha habido vacilaciones y
titubeos, ha habido
elementos de inestabilidad;
4) el núcleo del Comité de Moscú, con la ayuda del
CC y de los activos de las organizaciones de distrito, ha tomado todas las
medidas necesarias para acabar con las vacilaciones;
5) no puede caber duda de que el Comité de Moscú
logrará sobreponerse a los errores que se han perfilado;
6) la tarea consiste en acabar con la lucha
interna, en fundir en
un solo bloque
la organización de Moscú y en llevar a cabo con éxito las
nuevas elecciones de dirigentes de las células sobre la base de una amplia
autocrítica.
Publicado el 23 de octubre de 1928 en el núm. 247
de «Pravda».
SOBRE LA I DUSTRIALIZACIÓ DEL PAÍS Y LA DESVIACIÓ DE DERECHA E
EL PC(b) DE LA URSS
Discurso en el Pleno del CC del PC(b) de la URSS
del 19 de noviembre 1928264
(Extracto)
I. La cuestión del ritmo del desarrollo de la
industria
Nuestras tesis arrancan de que el rápido ritmo del
desarrollo
de la industria
en general, y
de la
producción de medios de producción en particular,
es
el
principio fundamental y
la clave de
la
industrialización del país, el principio
fundamental y
la
clave de la
transformación de toda
nuestra
economía
nacional sobre la
base del desarrollo
socialista.
Pero ¿qué significa un ritmo rápido del desarrollo
de la industria? Significa más inversiones
capitales
en ella. Y esto hace que todos nuestros planes,
tanto
el presupuestario como el extrapresupuestario, sean
muy duros. Y, en efecto, el rasgo característico de
nuestras cifras control en los últimos tres años,
en el
período de la reconstrucción, consiste en que se
fijan
y cumplen bajo el signo de una gran tensión de
fuerzas. Lo mismo si tomáis nuestras cifras control
y
examináis nuestros cálculos presupuestarios que si
conversáis con nuestros camaradas de Partido -tanto
con los que trabajan en las organizaciones del
Partido
como
con los que
dirigen nuestra edificación
soviética,
económica y cooperativa- percibiréis
siempre un rasgo característico: la dureza de
nuestros
planes.
Surge la cuestión de si necesitarnos en general
que los planes
sean tan duros. ¿No
podríamos
prescindir
de esa dureza? ¿Acaso no se puede
trabajar a un ritmo más lento, en un ambiente de
mayor «tranquilidad»? ¿No se deberá el rápido ritmo
de desarrollo de la industria a que los miembros
del
Buró
Político y del
Consejo de Comisarios
del
Pueblo son hombres demasiado inquietos?
¡Está claro que no! En el Buró Político y en el
Consejo de Comisarios del Pueblo, la gente es
serena
264 El Pleno del Comité Central del PC(b) de la
URSS se celebró del 16 al 24 de noviembre de 1928. El Pleno examinó las cifras
control de la economía nacional para 1928-1929 y también otras cuestiones. El
19 de noviembre, J. V. Stalin intervino en la sesión del Pleno
sobre la primera
cuestión del orden
del día, pronunciando su discurso
«La industrialización del país y la desviación de derecha en el PC(b) de la
URSS».
y
tranquila. Hablando en
abstracto, haciendo
abstracción
de la situación
exterior e interior,
podríamos, naturalmente, aminorar el ritmo. Pero lo
que ocurre es que, en primer término no podemos
hacer abstracción de la situación exterior e
interior y,
en
segundo término, si
partimos de la
situación
circundante, no podemos por menos de reconocer
que es precisamente esa situación la que nos impone
un rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.
Permitidme que pase a analizar esa situación, esas
condiciones de índole exterior e interior que nos
imponen
un rápido ritmo
de desarrollo de la
industria.
Condiciones exteriores. Nosotros hemos llegado
al Poder en un país de técnica terriblemente
atrasada.
Al lado de escasas grandes empresas industriales
dotadas,
más o menos,
de maquinaria moderna,
tenemos miles de fábricas cuya maquinaria no
resiste
la menor crítica desde el punto de vista de los
adelantos
de nuestros días.
Mientras tanto, nos
rodean países capitalistas que poseen una técnica
industrial mucho más desarrollada y más moderna
que la de
nuestro país. Fijaos
en los países
capitalistas y veréis que en ellos la técnica no
sólo
marcha, sino que corre adelante, sobrepasando a las
viejas formas de la técnica industrial. Y resulta
que
en nuestro país tenemos, de una parte, el régimen
más avanzado, el régimen soviético, y el Poder más
avanzado del mundo, el Poder Soviético y, de otra
parte,
una técnica industrial
extraordinariamente
atrasada,
como base del
socialismo y del
Poder
Soviético. ¿Creéis que puede lograrse la victoria
definitiva del socialismo en nuestro país mientras
exista esa contradicción?
¿Qué hacer para eliminar esa contradicción? Para
ello
hay que alcanzar
y sobrepasar la
técnica
avanzada
de los países
capitalistas desarrollados.
Nosotros hemos alcanzado y sobrepasado a los países
capitalistas adelantados en cuanto al
establecimiento
de un nuevo régimen político, del régimen
soviético.
Eso está bien. Pero no basta. Para lograr la
victoria
definitiva del socialismo en nuestro país es
necesario,
además, alcanzar y sobrepasar a esos países en el
aspecto técnico-económico. O lo hacemos así o nos
aplastarán.
Eso no sólo es cierto desde el punto de vista de la
Sobre la industrialización del país y la desviación
de derecha en el PC(b) de la URSS 193
edificación completa del socialismo. Lo es también
desde el
punto de vista
de la garantía
de la independencia de nuestro
país en una situación de cerco
capitalista. Es imposible
garantizar la independencia de
nuestro país si no se cuenta con una base industrial suficiente para la
defensa. Es imposible crear esa base industrial si la industria no dispone de
una técnica de primera clase.
Para eso necesitamos, y eso es lo que nos lo
impone, un rápido ritmo de desarrollo de la
industria.
El atraso técnico-económico de nuestro país no lo
hemos inventado nosotros. Es un atraso secular, que
hemos heredado de toda la historia de nuestro país.
Ese atraso se dejaba sentir como un gran mal ya
antes, en el período anterior a la revolución, y se
deja
sentir también después, en el período posterior a
la
revolución. Lo que hacía Pedro el Grande cuando, al
tener que vérselas con países del Occidente más
adelantados,
construía febrilmente fábricas
para
abastecer al ejército y reforzar la defensa del
país, era
un
intento sui generis
de salir del
atraso. Sin
embargo, es bien comprensible que ninguna de las
viejas clases, ni la aristocracia feudal, ni la
burguesía,
pudiera cumplir la tarea de sacar del atraso a
nuestro
país. Es más, esas clases no sólo no podían
realizar
esta tarea,
sino que
ni siquiera eran
capaces de
plantearla en forma más o menos satisfactoria. El
atraso secular de nuestro país únicamente puede ser
eliminado sobre la base de la edificación
socialista
victoriosa. Y eso sólo puede hacerlo el
proletariado,
que ha erigido su dictadura y tiene en sus manos la
dirección del país.
Sería necio consolarse pensando que, si el atraso
de nuestro país no ha sido inventado por nosotros,
sino que nos ha sido legado por toda su historia,
no
podemos y no debemos responder de él. Eso sería
equivocado, camaradas. Si hemos llegado al Poder y
nos hemos impuesto la tarea de transformar el país
sobre principios socialistas, respondemos y tenemos
que responder de todo de lo malo y de lo bueno. Y
precisamente porque respondemos de todo, debemos
eliminar nuestro atraso técnico-económico. Debemos
hacerlo
obligatoriamente, si es
que queremos de
verdad alcanzar y sobrepasar a los países
capitalistas
adelantados. Y eso podemos hacerlo sólo nosotros,
los
bolcheviques. Precisamente para cumplir esta
tarea, debemos imprimir sistemáticamente un ritmo
rápido al desarrollo de nuestra industria. Y que ya
hemos dado un ritmo rápido al desarrollo de nuestra
industria lo ve ahora todo el mundo.
La
cuestión de que
es preciso alcanzar
y
sobrepasar a los países capitalistas adelantados en
el
aspecto técnico-económico no es para nosotros, los
bolcheviques,
nada nuevo ni
inesperado. Esta
cuestión surgió ya en 1917, en el período
precedente
a la Revolución de Octubre. La planteó Lenin ya en
septiembre de 1917, en vísperas de la Revolución de
Octubre, en el período de la guerra imperialista,
en su
folleto «La
catástrofe que nos
amenaza y cómo combatirla».
He aquí lo que decía Lenin al respecto:
«La revolución hizo que en algunos meses Rusia
alcanzase por su
régimen político a
los país adelantados. Pero
esto no basta.
La guerra es implacable y presenta la cuestión con
despiadada agudeza: perecer o alcanzar y sobrepasar también económicamente a
los países adelantados... Perecer o avanzar
a todo vapor. Así
plantea la historia la cuestión» (t. XXI, pág. 191).
Ya veis con
qué crudeza planteaba
Lenin la cuestión de
eliminar nuestro atraso
técnico-
económico.
Lenin
escribió todo eso
en vísperas de
la
Revolución de Octubre, antes de la toma del Poder
por el proletariado,
cuando los bolcheviques
no
tenían aún ni el Poder, ni una industria
socializada, ni
una
amplia red de
cooperativas que abarcan
a
millones
de campesinos, ni
los koljoses, ni los
sovjoses. Ahora, cuando ya poseemos algo esencial
para
eliminar de raíz
nuestro atraso técnico-
económico, podríamos parafrasear a Lenin más o
menos como sigue:
«Hemos alcanzado y sobrepasado a los países
capitalistas adelantados en
el sentido político, construyendo la dictadura del
proletariado. Pero eso no basta. Debemos
utilizar la dictadura
del proletariado, nuestra industria
socializada, el transporte, el
sistema de crédito,
etc., las cooperativas, los
koljoses, los sovjoses, etc., para alcanzar y sobrepasar también económicamente
a los países capitalistas adelantados».
La cuestión del rápido ritmo de desarrollo de la
industria no se plantearía con tanto apremio como
se
plantea hoy si tuviéramos una industria y una
técnica
tan desarrolladas como, pongamos por caso, las de
Alemania, si el peso relativo de la industria en
toda la
economía nacional fuese en nuestro país tan elevado
como, pongamos por caso, en Alemania. De darse
esas condiciones, podríamos desarrollar la
industria a
un ritmo menos rápido, sin el temor de quedar a la
zaga de los países capitalistas y con la
certidumbre
de que podríamos aventajarles de un solo impulso.
Pero
entonces no padeceríamos
el gran atraso
técnico-económico que padecemos hoy. El quid de la
cuestión reside, precisamente, en que en este
sentido
estamos más atrasados que Alemania y muy lejos de
haberla alcanzado en el aspecto técnico-económico.
La cuestión del rápido desarrollo de la industria
no se plantearía con tanto apremio si, en vez de
ser el
único país de dictadura del proletariado, fuésemos
uno entre otros países de dictadura del
proletariado,
si hubiese dictadura proletaria no sólo en nuestro
país, sino también en otros países más adelantados,
como Alemania y Francia, pongamos por caso.
194
De darse esas condiciones, el cerco capitalista no
representaría
para nosotros el
grave peligro que
representa
hoy, el problema de
la independencia
económica de nuestro país quedaría, naturalmente,
relegado a segundo plano, podríamos incluirnos en
el
sistema de los Estados proletarios más
desarrollados,
podríamos recibir de ellos máquinas para fecundizar
nuestra industria y nuestra agricultura, a cambio
de
materias primas y de víveres; podríamos, por tanto,
desarrollar nuestra industria a un ritmo menos
rápido.
Pero vosotros sabéis bien que esas condiciones no
se
dan aún y que seguimos siendo, hoy por hoy, el
único
país de dictadura del proletariado, un país cercado
de
países capitalistas, muchos de los cuales nos
llevan
gran ventaja en el aspecto técnico-económico.
Por eso Lenin planteaba el problema de alcanzar y
sobrepasar económicamente a los países adelantados
como una cuestión de vida o muerte para nuestro
desarrollo.
Tales
son las condiciones
exteriores que nos imponen un ritmo rápido de desarrollo
industrial.
Condiciones
interiores. Pero, además
de las
condiciones
exteriores, hay condiciones
interiores
que nos imponen un rápido ritmo de desarrollo de
nuestra industria, principio rector de toda nuestra
economía
nacional. Me refiero
al extraordinario
atraso de nuestra agricultura, de su técnica, de
sus
métodos de cultivo. Me refiero a que en nuestro
país
constituyen
una mayoría aplastante
los pequeños
productores
de mercancías, con
su producción
atomizada y de un atraso absoluto, en comparación
con la cual nuestra gran industria socialista es
como
una isla en medio del mar, una isla cuya base se
ensancha cada día, pero que no por ello deja de ser
una isla en medio del mar.
Suele decirse que la industria es el principio
rector
de toda la
economía nacional, comprendida
la
agricultura,
que la industria
es la clave
para
reconstruir
sobre la base
del colectivismo la
agricultura,
atrasada y atomizada.
Eso es
absolutamente cierto. Y no debemos olvidarlo ni un
solo instante. Pero hay que recordar también que,
si
bien la industria es el principio rector, la base
de su
desarrollo es la agricultura, lo mismo como mercado
que absorbe su producción que como proveedora de
materias primas y víveres y como fuente de las
reservas de exportación necesarias para importar
las
instalaciones precisas a la economía nacional. ¿Se
puede impulsar la industria dejando a la
agricultura
en un completo atraso técnico, sin asegurar a la
industria
su base agrícola,
sin transformar la
agricultura y adaptarla a la industria? No, no se
puede.
De aquí la tarea de proporcionar a la agricultura
el
máximo de instrumentos y medios de producción
necesarios para acelerar e impulsar su
reconstrucción
sobre una nueva base técnica. Ahora bien, para ello
es imprescindible que nuestra industria se
desarrolle
J. V. Stalin
a un ritmo
rápido. La reconstrucción de
la agricultura, atomizada y
dispersa, es, claro
está, incomparablemente más difícil que la reconstrucción de la
industria socialista, unida y centralizada. Pero esta tarea está aún por
resolver y debemos cumplirla. Y la única forma de cumplirla es desarrollar la
industria a un ritmo rápido.
No es posible
que el Poder
Soviético y la
edificación socialista descansen indefinidamente,
es
decir, durante un período demasiado largo, sobre
dos
bases distintas: la base de la industria
socialista, la
más grande y unificada, y la base de la economía
campesina
más atomizada y
atrasada, de escasa
producción mercantil. Hay que dar gradual, pero
sistemática y tenazmente a la agricultura una nueva
base
técnica, la base
de la gran
producción,
acercándola a la industria socialista. O cumplimos
esta tarea, en cuyo caso estará asegurada la
victoria
definitiva
del socialismo en
nuestro país, o la
abandonamos, no la cumplimos, en cuyo caso la
regresión
al capitalismo puede
llegar a hacerse
inevitable.
He aquí lo que dice Lenin a este propósito:
«Mientras
vivamos en un
país de pequeñas
haciendas campesinas, el capitalismo tendrá en
Rusia
una base económica más sólida que el comunismo.
Es
necesario recordarlo. Todo
el que observa
atentamente la vida del campo, comparándola con la
vida de la ciudad, sabe que no hemos extirpado las
raíces
del capitalismo, ni
hemos eliminado el
fundamento, la base del enemigo interior. Este se
apoya en la pequeña hacienda, y para quebrantarlo
no
hay más que un medio: dar a la economía del país,
comprendida la agricultura, una nueva base técnica,
la base técnica de la gran producción moderna. Y
esta base no puede ser más que una: la
electricidad.
El
comunismo es el
Poder Soviético más
la
electrificación de todo el país" (t. XXVI,
pág. 46).
Como
veis, por electrificación del
país no
entiende Lenin la construcción de alguna que otra
central eléctrica, sino el proceso gradual «de dar
a la
economía del país, comprendida la agricultura,265
una nueva base técnica, la base técnica de la gran
producción moderna», ligada, de uno u otro modo,
directa o indirectamente, con la electrificación.
Este
discurso lo pronunció
Lenin en el
VIII
Congreso de los Soviets, en diciembre de 1920, en
vísperas
de la implantación
de la Nep,
cuando
fundamentó
el llamado plan
de electrificación,
conocido
por plan Goelró.
Algunos camaradas
afirman, basándose en ello, que las tesis
contenidas
en esa cita
no pueden aplicarse
a la presente
situación. ¿Por qué?, pregunto yo. Porque -dicen
ellos- desde entonces
ha llovido mucho.
Naturalmente,
es cierto que
desde entonces ha
265 Subrayado por mí. J. St.
Sobre la industrialización del país y la desviación
de derecha en el PC(b) de la URSS 195
llovido
mucho. Ahora tenemos
una industria medios de producción.
socialista desarrollada, tenemos los koljoses, como
fenómeno de masas, tenemos los viejos y los nuevos
sovjoses, tenemos una amplia red de cooperativas
desarrolladas, tenemos las estaciones de alquiler
al
servicio de las haciendas campesinas, practicamos
el
método de la contratación, como nueva forma de la
ligazón, y podernos poner en juego todos estos y
muchos otros resortes para dar gradualmente a la
agricultura una nueva base técnica. Todo eso es
cierto. Pero también lo es que, no obstante,
seguimos
siendo un país de pequeñas haciendas campesinas
con predominio de la pequeña producción. Eso es lo
fundamental. Y en tanto ello sea así, conservará
también su vigor la tesis de Lenin de que,
«mientras
vivamos
en un país
de pequeñas haciendas
campesinas, el capitalismo tendrá en Rusia una base
económica más sólida que el comunismo», de que,
por
consiguiente, el peligro
de restauración del
capitalismo no es una frase vacía.
Lo mismo dice Lenin, pero en forma más tajante, en
su plan del folleto «Sobre el impuesto en especie», escrito ya después de la
implantación de la Nep (marzo-abril de 1921):
«Si llevamos a cabo la electrificación dentro de 10
ó 20 años, no pueden causarnos ni sombra de temor el individualismo del
pequeño agricultor ni su
comercio libre en escala local. Si no llevamos a cabo la electrificación, de
todas maneras será inevitable la vuelta al capitalismo».
Más adelante dice:
«10 ó 20 años de relaciones acertadas con los
campesinos, y estará asegurada la victoria en
escala
mundial (aunque
se retrasen las
revoluciones
proletarias, que maduran); de otro modo, 20 ó 40
años de sufrimientos bajo el terror blanco» (t.
XXVI,
pág. 313).
Ahí tenéis lo terminantemente que plantea Lenin
el problema: o electrificación, es decir, «dar a la
economía del país, comprendida la agricultura, una
nueva
base técnica, la
base técnica de
la gran
producción moderna», o la vuelta al capitalismo.
Ahí tenéis cómo entiende Lenin el problema de las
«relaciones acertadas con el campesinado».
No se trata de hacer mimos al campesino como forma
de crear relaciones acertadas con él, pues con los mimos no se puede ir muy
lejos; de lo que se trata es de ayudar al campesino a dar a su hacienda «una
nueva base técnica,
la base técnica
de la gran producción moderna», ya que ésa es la
vía principal para liberar al campesinado de la miseria.
Pero es imposible dar a la economía del país una
nueva base técnica sin desarrollar a un rápido
ritmo
nuestra
industria y, ante
todo, la producción
de
Esto es lo que puede decirse de las condiciones
interiores que nos
imponen un ritmo
rápido de desarrollo industrial.
He ahí las condiciones de orden exterior e interior
determinantes de que las cifras control de nuestra economía nacional requieran
una gran tensión para su cumplimiento.
Esa es la
causa de que
nuestros planes económicos, tanto
el presupuestario como
el extrapresupuestario, exijan para su cumplimiento una gran tensión de
fuerzas y grandes inversiones en obras básicas a fin de mantener el rápido
ritmo de desarrollo de nuestra industria.
Puede preguntarse dónde se habla de eso en las
tesis, en qué lugar se dice. (Una voz: «Sí, ¿dónde
se
dice?»). De ello habla en las tesis la suma de las
inversiones capitales en la industria para
1928-1929.
Las tesis se denominan tesis sobre las cifras
control.
¿No es así, camaradas? (Una voz: «Así es») Pues
bien,
en esas tesis
se dice que en
1928-1929
invertimos en obras básicas para la industria 1.650
millones de rublos. Con otras palabras: invertimos
este año en la industria 330 millones de rublos más
que el año pasado.
Resulta, pues, que no sólo mantenernos el ritmo del
desarrollo de la industria, sino que damos un paso más, invirtiendo en la
industria más que el año pasado,
es decir, aumentando absoluta
y relativamente las obras básicas en la industria.
Ese es el quid de las tesis sobre las cifras
control de la economía nacional. Pero algunos camaradas no han advertido el
elefante. Han criticado por todos los lados las tesis sobre las cifras control,
fijándose en pequeñeces, pero no han visto lo principal.
Publicado el 24 de noviembre de 1928 en el núm. 273
de «Pravda».
SOBRE LA DESVIACIÓ
DERECHISTA E EL PC(b) DE LA URSS
Discurso en el Pleno del CC y de la CCC del PC(b)
de la URSS el abril de 1929
(Extractos)
II. Los cambios en las relaciones de clase y
nuestras discrepancias
¿En qué consisten nuestras discrepancias?, ¿a qué
cuestiones se refieren?
Se
refieren, ante todo,
a los cambios
en las
relaciones
de clase que
se vienen produciendo
últimamente
en nuestro país
y en los
países
capitalistas.
Ciertos camaradas piensan
que las
discrepancias existentes en nuestro Partido tienen
un
carácter
casual. Esto es
falso, camaradas,
absolutamente falso. Las discrepancias existentes
en
el seno de nuestro Partido provienen de los cambios
aperados en las relaciones de clase, se deben al
recrudecimiento de la lucha de clase que se viene
produciendo
en estos últimos
tiempos y que
determina un viraje en la marcha de las cosas.
El
error fundamental del
grupo de Bujarin
consiste en no ver estos cambios operados en las
relaciones y este viraje, en no verlos y no querer
advertirlos. Eso explica,
en realidad, su
incomprensión de las nuevas tareas del Partido y de
la
Internacional Comunista, incomprensión
que
constituye el rasgo característico de la oposición
bujarinista.
¿Habéis
observado, camaradas, cómo,
en sus
discursos ante el Pleno del CC y de la CCC, los
dirigentes de la oposición bujarinista han eludido
en
absoluto el problema de los cambios en las
relaciones
de clase ocurridos en nuestro país, no han dicho ni
una palabra acerca del recrudecimiento de la lucha
de
clases y no han aludido siquiera de pasada a la
relación
que guardan nuestras
discrepancias
precisamente con este recrudecimiento de la lucha
de
clases?
Han hablado de
todo; han hablado
de
filosofía y de teoría; pero no han dicho ni una
palabra
de los cambios en las relaciones de clase, que son
los
que determinan la orientación y la actuación
práctica
de nuestro Partido en el momento actual.
¿A qué obedece este hecho tan peregrino? ¿Se
deberá
al olvido? ¡Naturalmente que
no! Los
políticos no pueden olvidar lo principal. La cosa
obedece a que no ven ni comprenden los nuevos
procesos revolucionarios que se están produciendo
en
la actualidad, tanto en nuestro país como en los
países capitalistas. La cosa obedece a que se les
ha
escapado lo fundamental, a que no advierten esos
cambios en las relaciones de clase que no se le
deben
escapar al político. Ello explica, principalmente,
la
perplejidad y la indefensión de que la oposición
bujarinista
da pruebas ante
las nuevas tareas
de
nuestro Partido.
Recordad los últimos acontecimientos producidos
dentro de nuestro Partido. Recordad las consignas
que nuestro Partido lanzó últimamente en razón de
los
nuevos cambios de
las relaciones de
clase
operados en nuestro país. Me refiero a consignas
como la de autocrítica, como la de intensificación
de
la lucha contra el burocratismo y de depuración del
aparato
soviético, la de
capacitación de nuevos
cuadros dirigentes de la economía y de
especialistas
rojos,
la de fortalecimiento del
movimiento
koljosiano y sovjosiano, la de ofensiva contra el
kulak, la de reducción del precio de coste y la de
mejoramiento radical de la labor práctica de los
sindicatos, la de depuración del Partido, etc. Para
ciertos camaradas,
estas consignas eran
sorprendentes y desconcertantes, cuando se ve a las
claras que son las consignas más necesarias y más
oportunas del Partido en el momento presente.
La cosa
comenzó cuando, en
relación con el asunto de Shajti266, planteamos de un modo
nuevo el problema de los nuevos cuadros dirigentes de la economía, el
problema de la
formación de especialistas
rojos, salidos de la clase obrera, para sustituir a los viejos técnicos.
¿Qué ha revelado el asunto de Shajti? Ha revelado
que la burguesía no está, ni mucho menos,
aplastada:
que organiza y seguirá organizando el sabotaje
contra
nuestra
edificación económica; que
nuestras
organizaciones económicas y sindicales y, en parte,
las organizaciones de nuestro Partido no advertían
la
labor de zapa de nuestros enemigos de clase y que,
por tanto, era necesario fortalecer y perfeccionar
nuestras
organizaciones, por todos
los medios y
poniendo
a contribución todas
las fuerzas, y
desarrollar y fortalecer su vigilancia de clase.
Con este motivo se hacía hincapié en la consigna
266 Se refiere
a la labor
subversiva de la
organización
contrarrevolucionaria de especialistas burgueses
que de 1923 a
1928 actuó en Shajti y en otros distritos de la
cuenca del Donetz.
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
de
autocrítica. ¿Por qué? Porque
no es posible
mejorar
nuestras organizaciones económicas,
sindicales y del Partido, no es posible impulsar la
edificación del socialismo y poner coto al sabotaje
de
la burguesía, sin desplegar al máximo la crítica y
la
autocrítica, sin poner bajo el control de las masas
la
labor de nuestras organizaciones. Es un hecho que
el
sabotaje no se manifestaba ni se sigue manifestando
sólo en las
zonas hulleras, sino
también en la
metalurgia,
en la industria
de guerra, en
el
Comisariado del Pueblo de Vías de Comunicación,
en la industria del oro y del platino, etc., etc.
De ahí
la consigna de la autocrítica.
Además, teniendo en cuenta las dificultades del
acopio de cereales y los ataques de los kulaks contra la política
soviética de precios,
planteamos con firmeza la
necesidad de impulsar
por todos los medios
la formación de
koljoses y sovjoses,
la ofensiva contra el kulak y la organización del acopio de cereales,
presionando, a este fin, sobre los kulaks y los elementos acomodados del campo.
¿Qué
revelaron las dificultades del acopio
de
cereales? Revelaron que el kulak no se dormía, que
crecía, que organizaba la labor de zapa contra la
política del Poder Soviético y que las
organizaciones
de
nuestro Partido, de
los Soviets y
de las
cooperativas, cuando menos una parte de ellas, o no
veían al enemigo, o se adaptaban a él, en vez de
combatirlo.
De aquí que se hiciera nuevamente hincapié en la
consigna de la
autocrítica, en la
consigna de fiscalización y perfeccionamiento de las
organizaciones de nuestro
Partido, de las cooperativas y de las de acopios en
general.
Además,
ligada a las
nuevas tareas de
reestructuración de la industria y de la
agricultura
sobre la base del socialismo, planteábase la
consigna
de reducir sistemáticamente el coste de producción,
de fortalecer la disciplina de trabajo, de
desarrollar la
emulación socialista, etc. Y estas tareas exigían
la
revisión de toda la labor práctica de los
sindicatos y
del aparato de los Soviets, una reanimación a fondo
de estas organizaciones y su depuración de
elementos
burocráticos.
De aquí que se hiciera hincapié en la consigna de
lucha contra el burocratismo en los sindicatos y en el aparato de los Soviets.
Finalmente,
el porqué de
la consigna de
depuración del Partido. Sería ridículo pensar en la
posibilidad
de fortalecer nuestras
organizaciones
soviéticas, económicas, sindicales y cooperativas,
en
la
posibilidad de limpiarlas
de la basura
del
burocratismo, sin aguzar el filo del Partido mismo.
Es
indudable que los
elementos burocráticos no
anidan
sólo en las
organizaciones económicas y
cooperativas, sindicales y soviéticas, sino también
en
las organizaciones del propio Partido. Y si éste es
la
fuerza
rectora de todas
esas organizaciones, es
197
evidente que la depuración del Partido constituye
una premisa obligada, sin la cual no puede llevarse a término la vivificación y
el mejoramiento de todas las demás organizaciones de la clase obrera. De ahí la
consigna de depuración del Partido.
¿Son
casuales estas consignas?
No, no son casuales. Vosotros mismos veis que no lo
son. Estas consignas son eslabones necesarios de una cadena ininterrumpida, que
se llama ofensiva del socialismo contra los elementos del capitalismo.
Estas consignas responden, ante todo, al período
de la reestructuración de
nuestra industria y de
nuestra agricultura sobre la base del socialismo.
¿Y
qué es la reestructuración de la economía nacional
sobre la base del socialismo? Es la ofensiva del
socialismo, desplegada en todo el frente contra los
elementos capitalistas de la economía nacional. Es
un
avance importantísimo de la clase obrera de nuestro
país hacia la edificación del socialismo. Ahora
bien,
para poder llevar a cabo dicha reestructuración, lo
primero es mejorar y fortalecer los cuadros de la
edificación socialista, tanto los cuadros
dirigentes de
la economía, de los Soviets y de los sindicatos,
como
los del Partido y de las cooperativas; es necesario
aguzar
el filo de
todas nuestras organizaciones,
limpiarlas de basura, redoblar la actividad de las
grandes masas de la clase obrera y del campesinado.
Además,
estas consignas responden
a la
resistencia
que los elementos
capitalistas de la
economía
nacional ofrecen a
la ofensiva del
socialismo. El llamado asunto de Shajti no se puede
considerar fortuito. Actualmente hay «shajtístas»
en
todas las ramas de nuestra industria. Muchos de
ellos
han sido capturados, pero no todos, ni mucho menos.
El sabotaje de los intelectuales burgueses es una
de
las formas más peligrosas de la resistencia contra
el
avance del socialismo. Y este sabotaje es tanto más
peligroso por cuanto está en contacto con el
capital
internacional.
El sabotaje burgués
es prueba
indudable de que los elementos capitalistas no se
han
dado
por vencidos, ni
mucho menos, sino
que
acumulan fuerzas para lanzarse a nuevas ofensivas
contra el Poder Soviético.
Por lo que se refiere a los elementos capitalistas
del
campo, todavía son
menos las razones
para
calificar de casual los ataques que desde hace ya
más
de un año vienen manteniendo los kulaks contra la
política
soviética de precios.
Muchos no pueden
explicarse hasta ahora por qué los kulaks
estuvieron
entregando voluntariamente el trigo hasta 1927 y a
partir de esta fecha dejaron de hacerlo. Pero esto
no
tiene nada de asombroso. Si antes el kulalk era
relativamente débil y no estaba en condiciones de
montar en serio su hacienda, no contaba con capital
bastante para fortalecerla, lo cual le obligaba a
lanzar
al mercado todo o casi todo el excedente de su
producción de cereales, ahora, después de varios
años de buena
cosecha, cuando ha
conseguido
198
organizar su hacienda y reunir el capital
necesario, se
siente ya capaz de maniobrar en el mercado, puede
almacenar trigo -la divisa de las divisas-,
haciéndose
una reserva personal, y prefiere llevar al mercado
carne, avena, cebada y otros productos de cultivos
secundarios. Hoy sería ridículo confiar en que el
kulak va a entregarnos el trigo voluntariamente.
Ahí está el quid de la actual resistencia del kulak
a la política del Poder Soviético.
¿Y qué significa la resistencia de los elementos
capitalistas de la ciudad y del campo a la ofensiva
del
socialismo? Significa la reagrupación de las
fuerzas
de los enemigos de clase del proletariado con
objeto
de
defender lo viejo
contra lo nuevo.
Fácil es
comprender
que esto tiene
que recrudecer
forzosamente la lucha de clases. Mas, para aplastar
la
resistencia de los enemigos de clase y despejar el
camino para los avances del socialismo, hace falta,
aparte de otras cosas, aguzar el filo de todas
nuestras
organizaciones, limpiarlas de burocratismo, mejorar
sus
cuadros y movilizar
masas de millones
de
hombres
de la clase
obrera y de
las capas
trabajadoras rurales contra los elementos
capitalistas
de la ciudad y del campo.
A estos cambios
en las relaciones
de clase obedecen las actuales
consignas de nuestro Partido.
Otro tanto hay que decir de los cambios en las
relaciones
de clase producidos
en los países
capitalistas. Sería ridículo
pensar que la
estabilización
del capitalismo no
ha sufrido
modificaciones. Y aún más ridículo sería afirmar
que
la estabilización se afianza y va adquiriendo
solidez.
En realidad, la estabilización del capitalismo está
siendo minada y se quebranta cada mes, cada día que
pasa. La intensificación de la lucha por los
mercados
exteriores y las materias primas, el aumento de los
armamentos, la agudización del antagonismo entre
Norteamérica
e Inglaterra, los
progresos del
socialismo en la URSS, la radicalización de la
clase
obrera de los países capitalistas, la ola de
huelgas y
de batallas de clase en los países europeos, el
auge
del
movimiento revolucionario en
las colonias,
comprendida la India, el avance del comunismo en
todos
los países del
mundo: todos estos
hechos
revelan de modo indudable que en los países del
capitalismo están madurando los elementos de un
nuevo auge revolucionario.
De ahí la tarea de agudizar la lucha contra la
socialdemocracia y, ante
todo, contra su
ala «izquierda», como soporte social del capitalismo.
De ahí la tarea de agudizar, en el seno de los
Partidos Comunistas, la lucha contra sus elementos de derecha,
como vehículos de
la influencia socialdemócrata.
De ahí la tarea de agudizar la lucha contra las
tendencias conciliadoras para
con la desviación derechista, tendencias
que sirven de
refugio al oportunismo en los
Partidos Comunistas.
J. V. Stalin
De ahí la consigna de depurar de tradiciones
socialdemócratas los Partidos Comunistas.
De ahí la llamada nueva táctica del comunismo en
los sindicatos.
Ciertos camaradas no comprenden el sentido y la
importancia de estas consignas. Pero el marxista comprenderá siempre que, sin
llevar a la práctica estas consignas, es imposible preparar a las masas
proletarias para las
nuevas batallas de
clase, es imposible la victoria
sobre la socialdemocracia, es imposible
seleccionar líderes verdaderos
del movimiento comunista, capaces de llevar a la clase obrera a la lucha
contra el capitalismo.
He ahí, camaradas, los cambios en las relaciones de
clase producidos en nuestro país y en los países del capitalismo y sobre la
base de los cuales han ido surgiendo las presentes consignas de nuestro
Partido, lo mismo por lo que se refiere a su política interior que a la
Internacional Comunista.
Nuestro Partido ve estos cambios en las relaciones
de clase, comprende la importancia de las nuevas
tareas y moviliza las fuerzas para realizarlas. Por
eso
hace frente a los acontecimientos pertrechado con
todas las armas. Por eso no teme las dificultades
que
se
alzan ante él,
ya que está
preparado para
vencerlas.
La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que
no ve estos cambios en las relaciones de clase y no comprende las
nuevas tareas del
Partido. Y precisamente por eso,
porque no las comprende, le domina por completo el desconcierto, está dispuesto
a rehuir las dificultades, a retroceder ante ellas y abandonar las posiciones.
¿Habéis visto alguna vez a los pescadores capear el
temporal en un río caudaloso, como, por ejemplo, el Yeniséí? Yo los he visto en
varias ocasiones. Unos pescadores,
al ver que
se avecina la
tormenta, despliegan todas sus
energías, animan a
los compañeros y ponen audazmente proa al temporal: «¡Animo, muchachos!
Sujetad bien el timón y hendid las olas. ¡Saldremos adelante!».
Pero hay otra clase de pescadores que, en cuanto
barruntan la tempestad, se desaniman, comienzan a lamentarse y
desmoralizan a su
gente: «¡Qué desgracia, se acerca la borrasca! ¡Tumbaos en el fondo de
la barca, muchachos, y cerrad los ojos; tal vez las olas nos lleven a la
orilla!».
Creo que no hace falta demostrar que la actitud y
la conducta del grupo de Bujarin se parecen como dos gotas de agua a la actitud
y la conducta de los segundos
pescadores, los que
retroceden despavoridos ante las dificultades.
Nosotros
decimos que en
Europa están
madurando
las condiciones para
un nuevo auge
revolucionario y que esta circunstancia nos dicta
nuevas tareas en cuanto al reforzamiento de la
lucha
contra la desviación de derecha dentro de los
Partidos
Comunistas
y a la
expulsión del Partido
de los
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
desviacionistas de derecha, al reforzamiento de la
lucha contra el espíritu de conciliación que encubre a los desviacionistas de
derecha, al reforzamiento de la lucha contra las tradiciones socialdemócratas
dentro de los Partidos Comunistas, etc., etc. Pero Bujarin nos contesta
que todo esto
son futesas, que no
tenemos ninguna tarea nueva de ese tipo y que, en realidad, la cosa se reduce a
que la mayoría del Comité Central desea «meterse» con él.
Decimos que los cambios en las relaciones de clase
producidos en nuestro país nos dictan tareas nuevas, las cuales requieren
reducción sistemática del coste de producción y el fortalecimiento de la
disciplina de trabajo
en las empresas,
y que es imposible cumplir estas tareas sin un
cambio radical en toda la labor práctica de los sindicatos. Pero Tamski nos
contesta que todo esto son futesas, que no tenemos ninguna tarea nueva de ese
tipo y que, en realidad, la cosa se reduce a que la mayoría del Comité Central
quiere «meterse» con él.
Decimos que la reestructuración de la economía
nacional
nos dicta nuevas
tareas en cuanto
al
reforzamiento de la lucha contra el burocratismo
del
aparato
soviético y económico,
en cuanto a la
depuración de este aparato de elementos podridos y
extraños, de saboteadores, etc., etc. Pero Rykov
nos
contesta que todo esto son futesas, que no tenemos
ninguna tarea nueva de ese tipo y que, en realidad,
la
cosa se reduce a que la mayoría del Comité Central
quiere «meterse» con él.
¿No es ridículo esto, camaradas? ¿No es evidente
que Bujarim, Rykov y Tomski no ven más allá de sus
narices?
La desgracia del grupo de Bujarin consiste en que
no percibe los nuevos cambios en las relaciones de clase ni comprende las
nuevas tareas del Partido. Precisamente por eso, porque no las comprende, se ve
obligado a ir a remolque de los acontecimientos y a capitular ante las
dificultades.
Ahí está el quid de nuestras discrepancias.
III. Discrepancias en cuanto a la Internacional
Comunista
Ya he dicho que Bujarin no ve ni comprende las
nuevas tareas que se imponen a la Internacional
Comunista -expulsar a los elementos de derecha de
los Partidos Comunistas, poner freno a las
tendencias
conciliadoras y
depurar de tradiciones
socialdemócratas
los Partidos Comunistas-,
tareas
que
dictan las condiciones
del nuevo auge
revolucionario que está madurando. Así lo confirman
plenamente nuestras discrepancias sobre cuestiones
referentes a la Internacional Comunista.
¿Cómo
empezaron las discrepancias
en este terreno?
Empezó la cosa con las tesis sobre la situación
199
internacional que Bujarin presentó al VI
Congreso267.
De ordinario, las tesis eran examinadas previamente
en el seno de la delegación del PC(b) de la URSS.
Pero, en este caso, dicha condición no fue
observada.
Las tesis, con la firma de Bujarin, fueron enviadas
a
la delegación del PC(b) de la URSS al mismo tiempo
que a las delegaciones extranjeras del VI Congreso.
Pero
estas tesis resultaron
insatisfactorias en
numerosos puntos, y la delegación del PC(b) de la
URSS hubo de presentar unas 20 enmiendas.
Esta circunstancia colocó en una situación algo
violenta a Bujarin. Pero ¿quién tenía la culpa?
¿Para
qué
necesitaba Bujarin enviar
las tesis a
las
delegaciones extranjeras antes de ser examinadas
por
la delegación del PC(b) de la URSS? ¿Podía esta
última abstenerse de presentar enmiendas, si las
tesis
no eran satisfactorias? Resultado: de la delegación
del PC(b) de la URSS salieron unas tesis sobre la
situación internacional que eran nuevas en el fondo
y
que
las delegaciones extranjeras
empezaron a
contraponer a las viejas tesis suscritas por
Bujarin. Es
evidente que esta violenta situación no se habría
producido si Bujarin no se hubiese precipitado en
enviar sus tesis a las delegaciones extranjeras.
Yo
desearía señalar cuatro
enmiendas
fundamentales, presentadas a las tesis de Bujarin
por
la delegación del PC(b) de la URSS. Desearía
señalar
estas enmiendas fundamentales para que se vea con
mayor
claridad el carácter
de las divergencias
relativas a problemas de la Internacional
Comunista.
Primera cuestión: el carácter de la estabilización
del capitalismo. Según las tesis de Bujarin
resultaba
que en los momentos actuales no hay nada nuevo que
quebrante
la estabilización capitalista; por
el
contrario, el capitalismo se rehace y se mantiene,
en
lo
fundamental, con más
o menos solidez.
Es
evidente que la delegación del PC(b) de la URSS no
podía aceptar esta apreciación del llamado tercer
período,
es decir, del
período que estamos
atravesando. No podía aceptarla, porque el haber
mantenido esta apreciación del tercer período
habría
podido dar pábulo a nuestros críticos para decir
que
adoptábamos
el punto de
vista del llamado
«saneamiento» del capitalismo, es decir, el punto
de
vista de Hilferding, que los comunistas no podemos
267 El VI Congreso de la Internacional Comunista se
celebró en
Moscú del 17 de julio al 1 de septiembre de 1928.
El Congreso
señaló en sus acuerdos el aumento de las
contradicciones internas
del capitalismo, las cuales llevaban
inevitablemente al quebranto
de la estabilización capitalista y a una gran
agudización de la
crisis general del capitalismo. El Congreso
determinó las tareas
de la Internacional
Comunista dimanantes de
las nuevas
condiciones de la lucha de la clase obrera,
movilizó los Partidos
Comunistas
para el reforzamiento
de la lucha
contra la
desviación de derecha, como peligro principal, y
contra las
tendencias de conciliación con ella. J. V. Stalin
tomó parte en la
dirección de las labores del Congreso, fue elegido
miembro de su
presidencia y para la Comisión del programa y la
Comisión
política
encargada de redactar
las tesis sobre
la situación
internacional y las tareas de la Internacional
Comunista.
200
aceptar. En vista de ello, la delegación del PC(b)
de
la URSS presentó una enmienda, haciendo resaltar
que la estabilización capitalista no es ni puede
ser
sólida,
sino que la
quebranta y la
seguirá
quebrantando
la marcha de
los acontecimientos,
debido a la agravación de la crisis del capitalismo
mundial.
Esto tiene, camaradas, importancia decisiva para
las secciones de la Internacional Comunista. De que
la estabilización capitalista se quebrante o se
afiance
depende
toda la orientación
de los Partidos
Comunistas
en su labor
política diaria. De que
atravesemos un período de descenso del movimiento
revolucionario, un período de simple acumulación de
fuerzas, o de que vivamos un período de maduración
de las condiciones
para un nuevo
auge
revolucionario, un período de preparación de la
clase
obrera para las luchas de clases venideras, depende
la
orientación táctica de los Partidos Comunistas. La
enmienda de la delegación del PC(b) de la URSS,
aceptada
luego por el
Congreso, era buena,
precisamente, porque ofrecía una orientación clara
hacia la segunda perspectiva, hacia la perspectiva
de
maduración de las condiciones para un nuevo auge
revolucionario.
Segunda
cuestión: la lucha
contra la
socialdemocracia. En las tesis de Bujarin se decía
que la lucha contra la socialdemocracia es una de
las
tareas
fundamentales de las
secciones de la
Internacional
Comunista, lo cual
es exacto,
naturalmente. Pero eso no basta. Para combatir con
éxito a la
socialdemocracia es necesario
hacer
hincapié en la lucha contra la llamada ala
«izquierda»
de la socialdemocracia, contra esa ala «izquierda»
que, jugando con frases «izquierdistas» y engañando
así hábilmente a los obreros, actúa de freno para
que
las masas obreras no abandonen la socialdemocracia.
Es evidente que, sin derrotar a los
socialdemócratas
de «izquierda», es
imposible vencer a la
socialdemocracia en general. Pues bien, las tesis
de
Bujarin daban de lado en absoluto el problema de la
socialdemocracia
de «izquierda»; eso, claro
está,
constituía una gran deficiencia, en vista de lo
cual la
delegación del PC(b) de la URSS hubo de presentar a
las tesis de Bujarin la correspondiente enmienda,
aceptada luego por el Congreso.
Tercera cuestión: el espíritu conciliador dentro de
las secciones de la Internacional Comunista. En las
tesis
de Bujarin se
hablaba de la
necesidad de
combatir la desviación de derecha, pero no se decía
una
palabra de luchar
contra las tendencias
de
conciliación con ella. Eso, naturalmente, era una
gran
deficiencia. El caso es que, cuando se declara la
guerra a la desviación de derecha, sus adeptos se
disfrazan generalmente de conciliadores y colocan
al
Partido en una situación difícil. Para salir al
paso a
esta maniobra de los desviacionistas de derecha, es
necesario plantear la lucha resuelta contra el
espíritu
J. V. Stalin
conciliador. Por eso, la delegación del PC(b) de la
URSS consideró necesario presentar a las tesis de Bujarin la correspondiente
enmienda, aceptada luego por el Congreso.
Cuarta cuestión: la disciplina de Partido. En las
tesis
de Bujarin no se
hablaba para nada de la
necesidad de mantener una disciplina férrea dentro
de los Partidos Comunistas. Eso era también un
defecto bastante apreciable. ¿Por qué? Porque en el
período
de reforzamiento de
la lucha contra
la
desviación de derecha, en el período en que se
aplica
la consigna de depurar de elementos oportunistas a
los
Partidos Comunistas, los
desviacionistas de
derecha se organizan generalmente en fracciones y
establecen
su propia disciplina fraccional,
quebrantando e infringiendo la disciplina de
Partido.
Para mantener el Partido a salvo de estos manejos
fraccionales de los desviacionistas de derecha, es
necesario
exigir una disciplina
férrea dentro del
Partido, a la cual los miembros del Partido se
deben
someter incondicionalmente. De otro modo, no hay
ni que pensar en una lucha seria contra la
desviación
derechista. Por eso, la delegación del PC(b) de la
URSS
presentó a las
tesis de Bujarin
la
correspondiente enmienda, aceptada luego por el VI
Congreso.
¿Podíamos
nosotros dejar de
presentar estas enmiendas a las
tesis de Bujarin? Es evidente que no. Los antiguos decían refiriéndose a
Platón: «Somos amigos de Platón, pero somos aún más amigos de la verdad». Lo
mismo podemos decir
nosotros de Bujarin: somos amigos
de Bujarin, pero somos aún más
amigos de la
verdad, del Partido,
de la Internacional Comunista.
Por eso, la delegación del PC(b) de la URSS se vió obligada a presentar estas
enmiendas a las tesis de Bujarin.
Tal fue, por decirlo así, la primera etapa de
nuestras discrepancias en las cuestiones referentes a la Internacional
Comunista.
La segunda etapa de nuestras discrepancias está
relacionada con lo que se conoce con el nombre de
caso
Wittorf y Thälmann.
Wittorf, entonces
secretario
de la organización
de Hamburgo, fue
acusado de malversación de fondos del Partido y
expulsado
por esta causa.
Los conciliadores del
Comité Central del Partido Comunista de Alemania,
aprovechándose de las estrechas relaciones
existentes
entre Wittorf y el camarada Thälmann, aunque éste
nada
tenía que ver
con el delito
de Wittorf,
convirtieron el asunto Wittorf en asunto Thälmann y
emprendieron el asalto a la dirección del Partido
Comunista Alemán. Leeríais en la prensa, claro
está,
que los conciliadores Ewert y Gerhart consiguieron
ganarse por algún tiempo la mayoría del Comité
Central del Partido Comunista de Alemania contra el
camarada Thälmann. ¿Y qué pasó? Que apartaron a
Thälmann de la dirección y le acusaron de
concusión,
procediendo a
publicar la resolución
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
«correspondiente» sin que el Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista la
hubiese conocido ni sancionado.
De este modo, en vez de cumplir la indicación del
VI Congreso de la IC acerca de la lucha contra el espíritu conciliador,
en vez de
luchar contra la desviación derechista y el espíritu
conciliador, lo que, en realidad, se hacía era infringir de la manera más burda
esa indicación y luchar contra la dirección revolucionaria del Partido
Comunista Alemán, contra el camarada Thälmann, para encubrir la desviación
derechista y afianzar las tendencias conciliadoras en las filas de los
comunistas alemanes.
Pues bien, en vez de dar marcha atrás y corregir la
situación, en vez de poner en vigor la indicación
del
VI Congreso, que había sido infringida, llamando al
orden a los conciliadores, Bujarin propuso en su
conocida carta que se sancionase el golpe de los
conciliadores,
que se les
entregara el Partido
Comunista de Alemania y que el camarada Thälmann
fuera
nuevamente difamado en
la prensa,
publicándose otra declaración de su culpabilidad.
¡Y
un
hombre así se
llama «dirigente» de
la
Internacional Comunista! ¡Vaya un «dirigente»!
El CC examinó la propuesta de Bujarin y la
rechazó. A Bujarin esto no le hizo gracia, claro
es.
Pero ¿quién tenía la culpa? Los acuerdos del VI
Congreso no se tomaron para vulnerarlos, sino para
cumplirlos. Y si el VI Congreso resolvió declarar
la
guerra a la desviación de derecha y a las
tendencias
de conciliación con ella, manteniendo en la
dirección
del
Partido Comunista de
Alemania su núcleo
fundamental, con el camarada Thälmann a la cabeza,
y a los conciliadores Ewert y Gerhart se les
ocurrió
echar por tierra este acuerdo, el deber de Bujarin
era
llamar al orden a los conciliadores y no dejar en
sus
manos
la dirección del
Partido Comunista de
Alemania. La culpa la tenía Bujarin, que se
«olvidó»
de los acuerdos del VI Congreso.
La tercera etapa de nuestras discrepancias está
relacionada con la lucha contra los derechistas
dentro
del
Partido Comunista de
Alemania, con el
aplastamiento de la fracción Brandler y Thalheimer
y
la expulsión del Partido Comunista Alemán de los
líderes de esta fracción. La «actitud» de Bujarin y
sus
amigos
ante este problema
cardinal consistía en
permanecer
constantemente al margen
cuando se
trataba de darle solución. Decidíase, en el fondo,
la
suerte
del Partido Comunista
de Alemania. Pero
Bujarin y sus amigos, que lo sabían, pasaban el
tiempo
frenando el asunto
y brillaban
sistemáticamente por su ausencia en las reuniones
de
los organismos correspondientes. ¿Para qué? Tal vez
para presentarse «limpios» tanto ante la
Internacional
Comunista
como ante la
derecha del Partido
Comunista Alemán. Para poder decir más tarde: «No
hemos sido nosotros, los bujarinistas, sino ellos,
la
mayoría del Comité Central, los que han impuesto la
201
expulsión
de Brandler y
Thalheimer del Partido Comunista». ¡Y a esto se llama luchar
contra el peligro de derecha!
Finalmente,
la cuarta etapa
de nuestras
discrepancias. Está relacionada con la reclamación
que
Bujarin formuló en
vísperas del Pleno
de
noviembre
del CC268, de
retirar de Alemania
a
Neumann y de que se llamase al orden al camarada
Thälmann, quien en un discurso había criticado, al
parecer, el informe de Bujarin en el VI Congreso.
No
podíamos aceptar, naturalmente, la reclamación de
Bujarin, al no tener en nuestro poder documento
alguno que la justificase. Bujarin se comprometió a
presentar documentos contra Neumann y Thälmann,
pero no presentó ninguno. En vez de documentos, lo
que hizo fue enviar a los miembros de la delegación
del
PC(b) de la
URSS el conocido
discurso de
Humbert-Droz ante el Secretariado Político del CE
de la IC, el mismo discurso que el Presídium del CC
de la IC calificó más tarde de oportunista. Al
enviar
este discurso a los miembros de la delegación del
PC(b) de la URSS y recomendarlo como material
contra Thälmann, Bujarin pretendía demostrar que le
asistía la razón cuando pedía que se retirase de
Alemania
a Neumann y
se llamase al
orden al
camarada
Thälmann. Pero lo
que en realidad
demostró
de esa manera
fue su solidaridad
con
Humbert-Droz, cuya posición había calificado de
oportunista el CE de la IC.
He ahí, camaradas,
los principales puntos
de nuestras discrepancias en cuando a la Internacional Comunista.
Bujarin piensa que, al luchar contra la desviación
derechista y las tendencias de conciliación con
ella
dentro
de las secciones
de la Internacional
Comunista, al depurar de elementos y tradiciones
socialdemócratas el Partido Comunista Alemán y el
Partido Comunista Checoslovaco, al expulsar de los
Partidos
Comunistas a los
Brandler y a
los
Thalheimer, lo que hacemos es «descomponer» y
«hundir»
la Internacional Comunista.
Nosotros
pensamos lo contrario: al practicar esta política y
al
insistir en la lucha contra la desviación de
derecha y
las
tendencias de conciliación
con ella, lo que
hacemos es fortalecer la Internacional Comunista,
depurada de oportunistas, bolchevizar sus secciones
y ayudar a los Partidos Comunistas a preparar a la
clase obrera para los combates revolucionarios que
se
avecinan, pues el Partido se fortalece cuando se
limpia de la podredumbre.
Como veis, no son simples cuestiones de matiz en
el seno del
CC del PC(b)
de la URSS,
sino
discrepancias
bastante hondas, que
afectan a
cuestiones
cardinales de la
política de la
268 Se trata del Pleno del Comité Central del PC(b)
de la URSS,
en el que participaron los miembros de la Comisión
Central de
Control y de la Comisión Revisora Central,
celebrado del 16 al
24 de noviembre de 1928.
202
Internacional Comunista.
IV. Discrepancias en política interior
He hablado más arriba de los cambios aperados en
las relaciones de clase y de la lucha de clases
dentro
de nuestro país. Decía que el grupo de Bujarin está
contagiado de ceguera y no ve estos cambios, no
comprende las nuevas tareas del Partido. Decía que
eso origina en la oposición bujarinista un estado
de
desconcierto, temor a las dificultades,
predisposición
a capitular ante ellas.
No se puede afirmar que estos errores de los
bujarinistas hayan caído del cielo. Lejos de ello,
están relacionados con la fase de desarrollo
superada
ya, y que se llama período de restauración de la
economía nacional, durante el cual el trabajo de
edificación
marchaba por una
vía pacífica,
pudiéramos decir que de por sí, durante el cual no
se
daban aún esos cambios en las relaciones de clase
que se producen ahora, ni existía aún esa
agudización
de la lucha de clases que en los momentos actuales
observamos.
Pero hoy estamos en una nueva fase de desarrollo,
distinta
del período anterior,
del período de la
restauración.
Hoy nos encontramos
en un nuevo
período
de edificación, en
el período de
la
reestructuración de toda la economía nacional sobre
la base del socialismo. Este nuevo período origina
nuevos cambios en las relaciones de clase, agudiza
la
lucha de clases y requiere nuevos métodos de lucha,
que
reagrupemos nuestras fuerzas,
mejoremos y
fortalezcamos todas nuestras organizaciones.
La
desgracia del grupo
de Bujarin consiste, precisamente, en que vive en el
pasado, en que no ve los rasgos característicos de este nuevo período y no
comprende la necesidad de aplicar nuevos métodos de lucha. De ahí su ceguera,
su desconcierto, su pánico ante las dificultades.
a) La lucha de clases
¿Cuál es la base teórica de esta ceguera y de este
desconcierto del grupo de Bujarin?
Yo creo que la base teórica de esta ceguera y de
este desconcierto es el modo falso, no marxista,
que
Bujarin tiene de abordar el problema de la lucha de
clases en nuestro país. Me refiero a La teoría no
marxista de Bujerin sobre la integración de los
kulaks
en el socialismo, a su incomprensión de la mecánica
de la lucha
de clases bajo
la dictadura del
proletariado.
Se ha citado aquí varias veces el conocido pasaje
del folleto de
Bujarin «El camino hacia
el socialismo», que habla
de la integración
de los kulaks en
el socialismo. Pero
se ha citado
con algunas mutilaciones. Permitidme
que yo lo lea
íntegro. Es necesario hacerlo así, camaradas, para poner de manifiesto hasta
qué punto se aparta Bujarin de la teoría marxista de la lucha de clases.
J. V. Stalin Escuchad:
«La red fundamental de nuestras organizaciones
cooperativas campesinas estará formada por células
cooperativas
no de tipo
kulak, sino «de
trabajadores», que se integrarán en el sistema de
nuestros organismos del Estado y se convertirán, de
este modo, en eslabones de la cadena única de la
economía
socialista. De otra
parte, los nidos
cooperativos
de los kulaks
irán integrándose,
exactamente del mismo modo, a través de los Bancos,
etc., en este sistema; pero serán, hasta cierto
punto,
un cuerpo extraño, al estilo, por ejemplo, de las
concesiones».269
Al citar este pasaje del folleto de Bujarin,
algunos
camaradas prescindieron, no sé por qué, de la
última
parte,
que habla de
los concesionarios. Rozit,
deseoso,
por lo visto,
de ayudar a
Bujarin, lo
aprovechó
para gritar desde
su asiento que se
tergiversaba el texto de Bujarin. Y lo notable es
que
la sal de toda la cita reside, precisamente, en
esta
última parte, referente a los concesionarios. Pues,
si
se coloca en un mismo plano a los concesionarios y
a
los kulaks, y éstos se integran en el socialismo,
¿a
qué conclusión se llega? Sólo se puede llegar a una
conclusión, a saber: que también los concesionarios
se integran en el socialismo, que en el socialismo
no
se integran solamente los kulaks, sino también los
concesionarios.
Tal es la conclusión obligada.
Rozit: Bujarin dice «un cuerpo extraño».
Stalin:
Bujarin no dice «un cuerpo extraño», sino
«hasta cierto punto, un cuerpo extraño». Es decir,
que los kulaks y los concesionarios son, «hasta
cierto
punto», un cuerpo extraño dentro del sistema del
socialismo.
Pero el error
de Bujarin consiste,
precisamente, en esto, en creer que los kulaks y
los
concesionarios se integran en el socialismo a pesar
de
ser, «hasta cierto punto», un cuerpo extraño.
He ahí a
qué estupideces lleva
la teoría de Bujarin.
Los capitalistas de la ciudad y del campo, los
kulsks
y los concesionarios, integrándose
en el
socialismo: hasta esa estupidez ha llegado Bujarin.
No, camaradas, no es ése el «socialismo» que
nosotros necesitamos. Que se quede con él Bujarin.
Hasta
ahora, los marxista-leninistas habíamos
pensado que entre los capitalistas de la ciudad y
del
campo, de una parte, y, de otra parte, la clase
obrera,
existe un antagonismo irreconciliable de intereses.
En ello, precisamente, descansa la teoría marxista
de
la lucha de clases. Pero ahora, según la teoría de
Bujarin acerca de la integración pacífica de los
capitalistas en el socialismo, todo esto se
trastrueca,
desaparece el antagonismo irreconciliable entre los
intereses
de clase de
los explotadores y
de los
269 Subrayado por mí. J. St.
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
explotados,
y los explotadores
se integran en el
socialismo.
Rozit: Eso no es cierto, pues se presupone la
dictadura del proletariado.
Stalín: Pero la dictadura del proletariado es la
forma más aguda de la lucha de clases.
Rozit: De eso se trata.
Stalin: Y por lo que dice Bujarin, se llega a la
conclusión de que los capitalistas se van integrando en esta misma dictadura
del proletariado. ¿Cómo no lo comprende, Rozit? ¿Contra quién se debe luchar?,
¿contra quién se debe dirigir esta forma de la lucha de clases, la más aguda de
todas, si los capitalistas de la ciudad y del campo van integrándose en el
sistema de la dictadura del proletariado?
La dictadura del proletariado es necesaria para
mantener una lucha implacable contra los elementos
capitalistas, para aplastar a la burguesía y
extirpar las
raíces del capitalismo. Pero si los capitalistas de
la
ciudad y del campo, si el kulak y el concesionario
se
van integrando en el socialismo, ¿qué falta hace la
dictadura del proletariado?; y si hace falta, ¿para
aplastar a qué clase?
Rozit: De eso se trata, de que, según Bujarin, la
integración presupone lucha de clases.
Stalin: A lo que se ve, Rozit se ha juramentado
para ayudar a
Bujarin. Pero le
presta un flaco servicio, como el oso de la fábula,
pues, queriendo salvarle, lo que en realidad hace es empujarle para que se
ahogue sin remedio. Bien se dice que «Un oso servicial es más peligroso que un
enemigo».
Una de dos: o entre la clase capitalista y la clase
obrera, que llegó
al Poder y
ha implantado su dictadura,
media un antagonismo
irreductible de intereses, o no
media este antagonismo de intereses, en cuyo caso no quedará más camino que
proclamar la armonía de los intereses de clase.
Una de dos:
o la teoría marxista de la lucha de clases, o la
teoría de la integración de los capitalistas en el socialismo;
o el antagonismo irreductible de los intereses de
clase, o la teoría de la armonía de los intereses
de
clase.
Todavía puede uno comprender a «socialistas» del
tipo de Brentano o de Sidney Webb, que predican la
integración del socialismo en el capitalismo y del
capitalismo en el socialismo, pues estos
«socialistas»
son, en el fondo, antisocialistas, son unos
liberales
burgueses. A quien no se puede comprender es a un
hombre
que, deseando ser
marxista, predique la
teoría de la integración de la clase capitalista en
el
socialismo.
En su discurso, Bujarin ha intentado respaldar la
teoría de la integración de los kulaks en el socialismo con una conocida cita
de Lenin, afirmando que Lenin dice lo mismo que él.
Esto es falso, camaradas. Esto es una burda e
203
intolerable calumnia contra Lenin.
He aquí
esa cita de Lenin:
«Naturalmente, en nuestra República Soviética, el
régimen social se basa en la colaboración de dos clases, los obreros y los
campesinos, colaboración en la que ahora
se admite también,
bajo ciertas condiciones, a los
«nepmanes», es decir,
a la burguesía» (t. XXVII, pág.
405).
Como veis, aquí no se habla para nada de la
integración de la clase capitalista en el socialismo. Lo único
que se dice
es que, «bajo ciertas condiciones», en la colaboración de
las obreros y los campesinos «admitimos» también a los nepmanes, es decir, a la
burguesía.
¿Qué significa esto? ¿Significa que así admitimos
la
posibilidad de que
los nepmanes vayan
integrándose en el socialismo? Naturalmente que no.
Esta cita de Lenin sólo puede ser interpretada así
por
quien haya perdido la vergüenza. Esto quiere decir,
simplemente,
que, por ahora,
no aniquilamos la
burguesía, que, por ahora no le confiscamos sus
bienes, sino que le permitimos que siga existiendo
bajo ciertas condiciones, es decir, siempre y
cuando
se someta sin reservas a las leyes de la dictadura
del
proletariado, que conducen a la progresiva
limitación
de los capitalistas y a su desplazamiento gradual
de
la vida económica.
¿Se puede desplazar a los capitalistas y extirpar
las raíces del capitalismo sin una encarnizada lucha de clases? No, no se
puede.
¿Se puede suprimir las clases propugnando, en la
teoría
y en la
práctica, la integración
de los
capitalistas en el socialismo? No, no se puede. Esa
teoría
y esa actuación
práctica sólo sirven
para
fomentar y perpetuar las clases, pues la tal teoría
es
opuesta a la teoría marxista de la lucha de clases.
Pues bien, la cita de Lenin se basa absoluta e
íntegramente en la teoría marxista de la lucha de clases bajo la dictadura del
proletariado.
¿Qué puede haber de común entre la teoría de
Bujarin sobre la integración de los kulaks en el socialismo y la teoría de
Lenin sobre la dictadura como forma encarnizada de la lucha de clases? Es
evidente que entre una y otra no hay ni puede haber la menor afinidad.
Bujarin
entiende que, bajo
la dictadura del
proletariado, la lucha de clases debe extinguirse y
desaparecer para que se llegue a la supresión de
las
clases. Lenin, por el contrario, enseña que las
clases
sólo pueden ser suprimidas mediante una lucha de
clases
tenaz, lucha que
bajo la dictadura
del
proletariado es todavía más encarnizada que antes.
«La supresión de las clases -dice Lenin- es obra de
una larga, difícil y tenaz lucha de clases, que no desaparece (como se
lo imaginan los
banales
204
personajes
del viejo socialismo
y de la
vieja
socialdemocracia)
después del derrocamiento
del
poder
del capital, después
de la destrucción
del
Estado burgués, después de la implantación de la
dictadura
del proletariado, sino
que se limita
a
cambiar de forma, haciéndose en muchos aspectos
todavía más encarnizada» (t. XXIV, pág. 315).
Eso es lo que Lenin dice acerca de la supresión de
las clases.
Supresión de las clases mediante una encarnizada
lucha de clase del proletariado: tal es la fórmula
de
Lenin.
Supresión de las clases mediante la extinción de la
lucha de clases y la integración de los capitalistas en el socialismo: tal les
la fórmula de Bujarin.
¿Qué
puede haber de
común entre estas
dos
fórmulas? La teoría bujarinista de la integración
de
los kulaks en el socialismo es, por tanto, el
abandono
de la teoría marxista-leninista de la lucha de
clases y
una
aproximación a la
teoría del socialismo
de
cátedra270.
Ahí está el origen de todos los errores de Bujarin
y de sus amigos.
Podrá objetarse que no vale la pena extenderse
demasiado en la teoría bujarinista de la
integración
de los kulaks en el socialismo, puesto que ella
misma
habla -y no sólo habla, sino que clama- en contra
de
Bujarin. ¡Eso
es falso, camaradas! Mientras
esta
teoría
permanecía en estado
latente, podía no
prestársele
atención, ¡pues no son
pocas las
necedades
que se encuentran
en los escritos
de
diferentes camaradas! Así lo hicimos hasta ahora.
Pero
últimamente la situación
ha cambiado. La
fuerza ciega del elemento pequeñoburgués, desatada
estos últimos años, empezó a dar vida a esta teoría
antimarxista, por lo cual cobró actualidad. Hoy ya
no
es posible decir que esta teoría permanece en
estado
latente.
Hoy, esta peregrina
teoría de Bujarin
270 Socialismo de cátedra: corriente de la
ideología burguesa,
principalmente en la economía política burguesa.
Los partidarios
de esta corriente, profesores liberales burgueses,
que actuaban
desde
las cátedras universitarias (de donde
procede la
denominación
de «socialismo de cátedra»),
combatían el
marxismo y el movimiento obrero revolucionario en
ascenso,
procuraban
ocultar las contradicciones del
capitalismo y
predicaban
la conciliación de
las clases. Los
socialistas de
cátedra negaban el carácter de clase, explotador,
del Estado
burgués
y afirmaban que
este es capaz,
mediante reformas
sociales, de perfeccionar el capitalismo. Engels
escribió acerca
de los socialistas de cátedra alemanes: «Los
socialistas de cátedra
no
rebasaron nunca, en
el sentido teórico,
el nivel de los
economistas vulgares inclinados a la filantropía, y
en el presente
han caído hasta el nivel de los simples apologistas
del socialismo
de
Estado de Bismarck».
Las ideas reformistas
liberales
burguesas de los socialistas de cátedra las
propagaron en Rusia
los
marxistas legales. Los
mencheviques rusos, los partidos
oportunistas de la II Internacional y los
socialistas de derecha
contemporáneos,
en su deseo
de subordinar el
movimiento
obrero a los intereses de la burguesía y en su
prédica de la
integración pacífica y gradual del capitalismo en
el socialismo, se
deslizaron también hasta el socialismo de cátedra.
J. V. Stalin
pretende ser la bandera de la desviación derechista
en
nuestro Partido, la bandera del oportunismo. Por
eso,
no podemos ya pasar de largo ante ella, sino que
tenemos el deber de deshacerla como teoría falsa y
dañina,
para facilitar a
nuestros camaradas del
Partido la lucha contra la desviación de derecha.
b) La agudización de la lucha de clases
El
segundo error de
Bujarin, derivado del
primero, consiste en su modo falso, no marxista, de
abordar el problema de la agudización de la lucha
de
clases,
del incremento de
la resistencia de los
elementos capitalistas contra la política
socialista del
Poder Soviético.
¿De qué se trata? ¿No será que los elementos
capitalistas se desarrollan más rápidamente que el
sector socialista de nuestra economía, por lo que
intensifican su resistencia, minando la edificación
socialista? No, no se trata de eso. Además, es
falso
que los elementos capitalistas se desarrollen más
rápidamente que el sector socialista. Si fuera así,
la
edificación socialista se hallaría ya al borde de
la
ruina.
De lo que
se trata es
de que el
socialismo
mantiene
eficazmente la ofensiva
contra los
elementos capitalistas, de que el socialismo crece
más rápidamente que los elementos capitalistas, de
que, en consecuencia, disminuye el peso relativo de
los elementos capitalistas y, precisamente porque
disminuye
el peso relativo
de los elementos
capitalistas, éstos se ven en peligro mortal y
redoblan
su resistencia.
Y por el momento pueden hacerlo, no sólo porque
cuentan con el apoyo del capitalismo mundial, sino porque, a pesar de disminuir
su peso relativo y a pesar de disminuir también su desarrollo relativo,
comparado con el del socialismo, sigue el desarrollo absoluto de los elementos
capitalistas, lo que, en cierto
grado, les permite
acumular fuerzas para oponerse al ascenso del socialismo.
Sobre esta base es como, en la fase actual del
desarrollo
y bajo la
presente correlación de las
fuerzas, se agudiza la lucha de clases y aumenta la
resistencia de los elementos capitalistas de la
ciudad
y del campo.
El error de Bujarin y de sus amigos consiste en
que no comprenden una verdad tan sencilla y tan
evidente como ésta. Su error consiste en que no
abordan la cuestión de un modo marxista, sino al
modo filisteo, intentando explicar la agudización
de
la
lucha de clases
con todo género
de razones
fortuitas:
la «ineptitud» del aparato
soviético, la
política «imprudente» de los dirigentes locales, la
«falta» de flexibilidad, las «exageraciones», etc.,
etc.
He aquí, por ejemplo, una cita tomada del folleto
de Bujarin «El camino hacia el socialismo», que
muestra la carencia absoluta de un criterio
marxista
al abordar el prob1ema de la agudización de la
lucha
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS de clases:
«Aquí y allá, la lucha de clases en el campo
estalla
en sus antiguas
manifestaciones; esta
agudización
la provocan, por
lo común, los
elementos kulaks. Cuando, por ejemplo, los kulaks o
las gentes que se lucran a costa del prójimo, y que
se
infiltraron en los organismos del Poder Soviético,
comienzan
a disparar contra
los corresponsales
rurales, esto es una manifestación de la lucha de
clases en su forma más aguda. (Lo cual es falso,
pues
la forma más aguda de la lucha de clases es la
insurrección. J. St.) Pero estos casos suelen
darse,
generalmente, allí donde el aparato local soviético
es
todavía débil. A medida que se mejore este aparato,
a
medida que se fortalezcan todas las células de base
del Poder Soviético, a medida que mejoren y se
refuercen las organizaciones locales del Partido y
del
Komsomol en la aldea, esta clase de fenómenos se
harán
cada vez más
raros, cosa que
es de una
evidencia meridiana, y acabarán por desaparecer sin
dejar huella».271
Resulta, pues, que la agudización de la lucha de
clases obedece a razones imputables al aparato de los Soviets, a la aptitud o
la ineptitud, a la fuerza o la debilidad de nuestras organizaciones de base.
Resulta,
por ejemplo, que
el sabotaje de los
intelectuales burgueses en Shajti, que es una forma
de resistencia de los elementos burgueses al Poder
Soviético y una forma de agudización de la lucha de
clases, no lo explica la correlación de las fuerzas
de
clase, los progresos del socialismo, sino la
ineptitud
de nuestro aparato.
Resulta que, hasta que se dió el sabotaje en masa
en el distrito de Shajti, nuestro aparato era bueno; pero después,
en el momento
de producirse ese sabotaje en masa, el aparato convirtióse
de súbito en algo completamente inservible.
Resulta que, hasta el año pasado, cuando el acopio
de cereales marchaba por inercia y la lucha de clases no se
había agudizado todavía
particularmente, nuestras organizaciones locales eran buenas y hasta
ideales; pero el año pasado, cuando la resistencia de los kulaks adquirió
formas especialmente agudas, nuestras organizaciones se convirtieron de súbito
en algo malo e inservible en absoluto.
Esto no es explicación, sino una caricatura de
explicación; esto no es ciencia, sino charlatanería.
¿Cómo se explica, en realidad, esta agudización de
la lucha de clases?
La explican dos causas.
Primera: nuestros avances, nuestra ofensiva, el
desarrollo de las formas socialistas de la
economía,
tanto
en la industria
como en la
agricultura,
desarrollo
que lleva aparejado
el desplazamiento
271 Subrayado por mí. J. St.
205
correspondiente de ciertos grupos de capitalistas
de
la ciudad y del campo. Todo consiste en que estamos
viviendo bajo la fórmula de Lenin de «quién vencerá
a quién»: o nosotros les hacemos morder el polvo a
los capitalistas, y les damos, como decía Lenin, la
batalla final y decisiva; o ellos nos hacen morder
el
polvo a nosotros.
Segunda: la circunstancia de que los elementos
capitalistas no están
dispuestos a retirarse voluntariamente de la escena, sino
que se resisten y seguirán resistiéndose al socialismo, pues ven que se les
acerca su última hora. Y pueden todavía ofrecer resistencia, porque, a pesar de
la disminución de su peso
relativo, siguen creciendo
en términos absolutos: la
pequeña burguesía de la ciudad y del campo hace brotar de su seno, como decía
Lenin, cada día y cada hora, capitalistas de mayor o menor cuantía, y estos
elementos capitalistas toman todas las medidas para defender su existencia.
En la historia no se ha dado jamás el caso de que
las clases moribundas se retirasen voluntariamente
de
la escena. No se ha dado jamás en la historia el
caso
de que la burguesía agonizante no apelase a sus
últimas
fuerzas para defender
su existencia. Lo
mismo si nuestro aparato soviético de base es bueno
que si es malo, nuestros avances, nuestra ofensiva,
reducirán y desplazarán a los elementos
capitalistas,
y éstos, las clases agonizantes, ofrecerán
resistencia
por encima de todo.
Tales son las razones de la agudización de la lucha
de clases en nuestro país.
El error de Bujarin y de sus amigos consiste en
que identifican el aumento de la resistencia de los
capitalistas con el aumento de su peso relativo.
Pero
esta identificación carece de todo fundamento. Y
carece de fundamento porque si los capitalistas se
resisten, esto no quiere decir, ni mucho menos, que
hayan negado a ser más fuertes que nosotros.
Ocurre,
precisamente, lo contrario. Las clases agonizantes
no
ofrecen
resistencia porque sean
más fuertes que
nosotros,
sino porque el
socialismo crece más
rápidamente que ellas, y ellas se hacen más débiles
que nosotros. Y precisamente porque se hacen más
débiles, presienten que se acerca su última hora y
se
ven obligadas a resistirse con todas sus fuerzas,
por
todos los medios.
Tal es la mecánica de la agudización de la lucha de
clases y de la resistencia de los capitalistas en el momento histórico actual.
¿Cuál debe ser la política del Partido ante ese
estado de cosas?
El Partido debe poner en guardia a la clase obrera
y a
las masas explotadas
del campo, elevar
su combatividad y desarrollar
su capacidad de movilización para
la lucha contra
los elementos capitalistas de la
ciudad y del campo, para la lucha contra los enemigos de clase que se resisten.
La teoría marxista-leninista de la lucha de clases
206
es
buena, entre otras
cosas, porque facilita
la
movilización de la clase obrera contra los enemigos
de la dictadura del proletariado. ¿Por qué son
nocivas
la
teoría bujarinista de
la integración de los
capitalistas
en el socialismo
y la concepción
bujarinista del problema de la agudización de la
lucha de clases?
Porque
adormecen a la
clase obrera, quitan capacidad de
movilización a las
fuerzas revolucionarias de nuestro país, desmovilizan a la clase obrera
y facilitan la ofensiva de los elementos capitalistas contra el Poder
Soviético.
c) El campesinado
El
tercer error de
Bujarin se refiere
al
campesinado.
Es sabido que
la cuestión de los
campesinos es una de las más importantes de nuestra
política. En nuestras condiciones, el campesinado
lo
forman diversos grupos sociales: campesinos pobres,
campesinos medios y kulaks. Es lógico que nuestra
actitud ante esos grupos no pueda ser la misma. Los
campesinos pobres son un pilar de la clase obrera,
los
campesinos medios son aliados y los kulaks son
enemigos de clase: tal es nuestro criterio ante
esos
grupos sociales. Todo ello es lógico y sobradamente
conocido.
Sin embargo, Bujarin ve las cosas de manera algo
distinta. En su modo de enjuiciar a los campesinos,
desaparece
toda diferenciación de
éstos, toda
clasificación en grupos sociales, y sólo subsiste
una
mancha gris llamada aldea. Para él, el kulak no es
kulak, el campesino medio no es campesino medio, y
todo es miseria en la aldea. Así lo ha dicho aquí
en su
discurso: ¿acaso nuestro kulak puede ser llamado
kulak?
Si es un
mendigo, ha dicho.
Y nuestro
campesino medio ¿se parece en algo a un campesino
medio?, preguntaba aquí Bujarin. Es un pordiosero,
un muerto de hambre. Se comprende que ese punto
de vista acerca de los campesinos es falso de
arriba
abajo e incompatible con el leninismo.
Lenin decía que los campesinos individuales son
la
última clase capitalista. ¿Es
exacta esta
afirmación? Sí, absolutamente exacta. ¿Por qué se
califica a los campesinos individuales de última
clase
capitalista? Porque, de las dos clases
fundamentales
que integran nuestra sociedad, el campesinado es
una
clase cuya economía se basa en la propiedad privada
y en la pequeña producción mercantil. Porque, el
campesinado,
mientras lo compongan
campesinos
individuales
dedicados a la
pequeña producción
mercantil,
engendrará y no
podrá por menos
de
engendrar capitalistas,
constante e ininterrumpidamente.
Esta
circunstancia tiene para
nosotros una
importancia
decisiva, cuando se
trata de nuestra
actitud marxista ante el problema de la alianza de
la
clase obrera con los campesinos. Esto significa que
lo que nosotros
necesitamos no es
una alianza
J. V. Stalin
cualquiera con los campesinos, sino únicamente una
alianza basada en la lucha contra los elementos capitalistas del campesinado.
Como veis, la tesis de Lenin sobre el campesinado
como última clase capitalista, lejos de contradecir la idea de
la alianza de
la clase obrera
con el campesinado, da
una base a esta alianza,
como alianza de la clase obrera con la mayoría de los campesinos contra
los elementos capitalistas
en general, y contra
los elementos capitalistas
del campesinado, de la aldea, en particular.
Lenin
planteó esta tesis
para mostrar que la
alianza de la clase obrera con los campesinos sólo puede ser sólida a condición
de que se base en la lucha contra esos mismos elementos capitalistas que el
campesinado engendra.
El error de Bujarin consiste en que no comprende ni
admite esta cosa tan sencilla, en que se olvida de los grupos sociales
existentes en la aldea, en que de su
campo visual se
esfuman los kulaks
y los campesinos pobres, quedando
solamente una masa única de campesinos medios.
Esto es una indudable desviación de Bujarin hacia
la derecha, contraria a la desviación
«izquierdista»,
trotskista, que no ve en la aldea más grupos
sociales
que los campesinos pobres y los kulaks, y de cuyo
campo visual se esfuman los campesinos medios.
¿Cuál es la diferencia entre el trotskismo y el
grupo de Bujarin en lo que se defiere a la alianza
con
los campesinos? Que el trotskismo se declara contra
la política de una alianza sólida con las masas de
campesinos medios, mientras que el grupo bujarmista
es partidario de cualquier alianza con el
campesinado
en
general. Huelga demostrar
que ambas
orientaciones son falsas y que tanto vale la una
como
la otra.
El leninismo ahoga sin reservas por una alianza
sólida con las masas fundamentales campesinas, por la alianza con los
campesinos medios, pero no por una alianza cualquiera, sino por una alianza con
éstos que asegure el papel dirigente de la clase obrera que fortalezca la
dictadura del proletariado y que facilite la obra de la supresión de las
clases.
«Por
acuerdo entre la
clase obrera y el
campesinado -dice Lenin- puede entenderse lo que se quiera. Si no se tiene
presente que, desde el punto de vista de la clase obrera, el acuerdo sólo es
tolerable, acertado y posible en principio cuando apoya a la dictadura de la
clase obrera y constituye una de las medidas encaminadas a la supresión de las
clases, la fórmula del acuerdo
de la clase
obrera con el campesinado no
es, naturalmente, más
que una fórmula que mantienen en
sus concepciones todos los enemigos del Poder Soviético y todos los enemigos de
la dictadura» (t. XXVI, pág. 387).
Y más adelante:
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
«Ahora -dice Lenin-, el proletariado tiene en sus
manos el Poder y lo dirige. El proletariado dirige
al
campesinado. ¿Qué significa dirigir al campesinado?
Significa,
en primer lugar,
orientarse hacia la
supresión
de las clases,
y no hacia
el pequeño
productor.
Si nos desviáramos
de esta línea
fundamental y cardinal, dejaríamos de ser
socialistas
y caeríamos en el campo de esos pequeñoburgueses,
en el campo de los eseristas y mencheviques, que
son
hoy los más encarnizados enemigos del proletariado»
(lugar citado, págs. 399-400).
Tal es el punto de vista de Lenin sobre la alianza
con las masas fundamentales del campesinado, con los campesinos medios.
El error del grupo de Bujarin, en lo que se refiere
a los campesinos medios, consiste en que no ve el
doble
carácter, la doble
situación que ocupa
el
campesino
medio entre la
clase obrera y los
capitalistas. «Los campesinos medios son una clase
vacilante»,
decía Lenin. ¿Por qué?
Porque el
campesino medio de una parte, es un trabajador,
cosa
que lo acerca a la clase obrera, mientras que, de
otra
parte, es un propietario, cosa que lo acerca a los
kulaks. De ahí las vacilaciones del campesino
medio.
Y esto no es cierto sólo desde el punto de vista
teórico. Estas vacilaciones se manifiestan también
en
la práctica todos los días y a todas horas.
«El campesino -dice Lenin-, como trabajador, se
inclina hacia el socialismo, prefiriendo la
dictadura
de los obreros a la dictadura de la burguesía.
Pero,
como vendedor de cereales, el campesino se inclina
hacia la burguesía, hacia el comercio libre, es
decir,
vuelve la vista atrás, al capitalismo «habitual»,
al
viejo capitalismo «tradicional» (t. XXIV, pág.
314).
Por eso, la alianza con el campesino medio sólo
puede ser sólida si va dirigida contra los
elementos
capitalistas,
contra el capitalismo
en general, si
asegura el papel dirigente de la clase obrera
dentro de
esta alianza y si facilita la obra de supresión de
las
clases.
El
grupo de Bujarin
olvida estas cosas
tan sencillas y tan lógicas.
d) La EP y
las relaciones mercantiles
El cuarto error de Bujarin se refiere a la cuestión
de la Nep (nueva política económica). Aquí el error
de Bujarin consiste en no ver el doble carácter de
la
Nep, en no ver más que uno de sus aspectos. Cuando,
en 1921,
implantamos la Nep,
dirigimos su filo
contra el comunismo de guerra, contra el régimen y
el orden de cosas que prohibían toda libertad para
el
comercio
privado. Entendíamos y
seguimos
entendiendo que la Nep significa cierta libertad
para
el comercio
privado. Bujarin se
acuerda de este
207
aspecto del asunto. Y eso está muy bien.
Pero
Bujarin se equivoca al creer que la Nep no
tiene más que ese aspecto. Olvida que también tiene
otro. Se trata de que la Nep no significa en
absoluto
la libertad completa para el comercio privado, el
libre juego de precios en el mercado. La Nep es
libertad para el comercio privado dentro de ciertos
límites, dentro de cierto marco, a condición de que
se
asegure
el papel regulador
del Estado en
el
mercado. Este es, precisamente, el segundo aspecto
de la Nep, aspecto más importante para nosotros que
el primero. En el mercado de nuestro país no existe
el
libre juego de precios, como ocurre ordinariamente
en los países capitalistas. Nosotros fijamos el
precio
de los cereales
en lo fundamental.
Fijamos los
precios
de los artículos
manufacturados. Nos
esforzamos en aplicar una política de reducción del
coste de producción y de rebaja de precios de los
artículos manufacturados, tratando de mantener la
estabilidad de los precios de los productos
agrícolas.
¿No es evidente
que este régimen
peculiar y
específico del mercado no existe en ningún país
capitalista?
De aquí se desprende que, mientras haya Nep, tienen
que subsistir sus dos aspectos: el primero, dirigido contra el régimen del
comunismo de guerra, y cuya finalidad es proporcionar cierta libertad para el
comercio privado, y el segundo, dirigido contra la plena libertad
para el comercio
privado, y cuya finalidad es asegurar el papel regulador
del Estado en el mercado. Eliminad uno de los aspectos, y habrá desaparecido la
nueva política económica.
Bujarin cree que a la Nep sólo puede amenazarle
el peligro de «izquierda», de
quienes pretenden acabar con toda
libertad de comercio. Esto es falso. Esto es un craso error. Además, este
peligro es ahora el menos real, pues no hay actualmente o casi no hay en
nuestros organismos locales ni centrales quien no comprenda toda la necesidad y
la conveniencia de mantener cierta libertad de comercio.
Mucho más real es el peligro de derecha, el
peligro que representan quienes pretenden suprimir
el
papel regulador del Estado en el mercado, quienes
pretenden «emancipar» el mercado y abrir así una
era
de plena libertad para el comercio privado. No cabe
la menor duda de que este peligro de ruptura de la
Nep desde la derecha es hoy día mucho más real.
Conviene
no olvidar que
la fuerza ciega
del
elemento pequeñoburgués actúa precisamente en este
sentido, en el sentido de hacer fracasar la Nep
desde
la
derecha. Conviene también
recordar que las
lamentaciones
de los kulaks
y de los
elementos
acomodados,
que las lamentaciones de
los
especuladores y acaparadores, por las que se dejan
influir a menudo muchos de nuestros camaradas,
disparan
contra la Nep
precisamente desde este
flanco. El hecho de que Bujarin no vea este segundo
peligro, verdaderamente real, de ruptura de la Nep,
208
atestigua de modo indudable que ha cedido a la
presión de la
fuerza ciega del
elemento pequeñoburgués.
Bujarin recomienda «normalizar» el mercado y
«maniobrar»
con los precios
de acopio de los
cereales por zonas, es decir, la subida de los
precios
de los cereales. ¿Qué significa esto? Significa que
no
le satisfacen las condiciones soviéticas del
mercado,
que
desea acabar paulatinamente con el papel
regulador del Estado sobre el mercado y que propone
hacer concesiones a la fuerza ciega del elemento
pequeño burgués que torpedea la Nep por la derecha.
Supongamos por un momento que seguimos los
consejos de Bujarin. ¿Qué ocurriría? Elevaríamos
los
precios de los cereales, pongamos por caso, en el
otoño, al comenzar el período de los acopios. Pero
como
en el comercio
hay siempre gente,
especuladores
y acaparadores de
toda laya, que
pueden pagar los cereales tres veces más cara, y
como
nosotros no podemos
competir con los
especuladores, pues ellos compran, a lo sumo, unos
diez
millones de puds,
mientras que nosotros
tenemos que comprar cientos de millones, resultará
que
los poseedores de
cereales seguirán
reteniéndolos, esperando a que suban todavía más
los
precios. Es decir, que al llegar la primavera, que
es
cuando el Estado empieza a sentir más necesidad de
cereales,
tendríamos que volver
a aumentar los
precios. ¿Y qué significaría subir los precios de
los
cereales en la primavera? Significaría sacrificar a
los
pobres y a las gentes modestas del campo -que se
ven
obligados a comprar cereales, en la primavera, en
parte para la siembra y en parte para el consumo-,
pues comprarían los mismos cereales que vendieron
en el otoño a precio más bajo. ¿Es que, con estas
operaciones,
íbamos a conseguir
algún resultado
serio, en el sentido de obtener la cantidad
suficiente
de cereales? Lo más probable es que no lográsemos
nada,
pues siempre habría
especuladores y
acaparadores que se las arreglarían para pagar de
nuevo el doble y el trip1e por esos mismos
cereales.
Y
tendríamos que estar
dispuestos a elevar
nuevamente
los precios de
los cereales,
esforzándonos en vano en atajar a los especuladores
y acaparadores.
De eso se deduce que, puestos en el camino de
elevar los precios de los cereales, tendríamos que
seguir
levándolos constantemente, sin
la menor
garantía de poder conseguir cereales en cantidad
suficiente.
Pero la cosa no para ahí:
En primer lugar, la elevación de los precios de
acopio de los cereales nos obligaría luego a elevar
también
los precios de
las materias primas
que
produce
la agricultura, para
mantener cierta
proporción en los precios de los productos
agrícolas.
En segundo lugar, la elevación de los precios de
acopio de los cereales nos impediría mantener el
bajo
J. V. Stalin
precio
del pan en
las ciudades; es
decir, que
tendríamos que subir también los precios de venta
del
pan. Y como no podemos ni debemos perjudicar a los
obreros,
nos veríamos obligados
a elevar
rápidamente
los salarios. Y
esto conduciría
forzosamente a aumentar también los precios de los
artículos manufacturados, pues, de lo contrario, se
produciría un trasiego de recursos de la ciudad al
campo, perjudicial para la industrialización.
Y como resultado de esto, tendríamos que nivelar
los precios de los artículos manufacturados y los
productos agrícolas, no sobre la base de precios
con
tendencia a la baja o, por lo menos, estabilizados,
sino sobre la base de precios con tendencia al
alza,
tanto del pan como de los artículos manufacturados.
Dicho
en otros términos:
tendríamos que orientarnos al
encarecimiento de los
artículos manufacturados y de los productos agrícolas.
Fácil es comprender que estas «maniobras» con los
precios acabarían forzosa y totalmente con la política soviética de precios,
acabarían con el papel regulador del Estado en el mercado y dejarían en
libertad completa la
fuerza ciega del
elemento pequeño burgués.
¿Quién saldría ganando con ello?
Sólo los sectores acomodados de la ciudad y del
campo,
pues el encarecimiento de los artículos
manufacturados y de los productos agrícolas los
haría
forzosamente inasequibles tanto para la clase
obrera
como para los campesinos pobres y los sectores
modestos del campo. Saldrían ganando los kulaks y
los campesinos acomodados, los nepmanes y otras
clases pudientes.
También esto sería una ligazón, pero una ligazón
muy particular: la ligazón con los sectores pudientes del campo y de la ciudad.
Y los obreros y los sectores modestos del campo tendrían perfecto derecho a
preguntarnos: ¿qué Poder es éste, de los obreros y campesinos o de los kulaks y
los nepmanes?
La ruptura con la clase obrera y con los sectores
modestos del campo y la ligazón con los sectores
pudientes del campo y de la ciudad: eso es lo que
nos
traería la «normalización» bujarinista del mercado
y
las «maniobras» con los precios de los cereales por
zonas.
Es evidente que el Partido no puede seguir ese
camino funesto.
Hasta qué punto embrolla Bujarin todas las ideas
sobre la Nep y hasta qué punto es prisionero de la
fuerza ciega del elemento pequeñoburgués se ve,
entre otras cosas, por su actitud más que negativa
hacia
las nuevas formas
de intercambio de
mercancías entre la ciudad y el campo, entre el
Estado
y los campesinos.
Bujarin se indigna
y
denosta
porque el Estado
sea un proveedor
de
mercancías para los campesinos, y éstos se vayan
convirtiendo
en proveedores de
cereales para el
Estado. Según él, esto es vulnerar todas las normas
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
de la Nep, poco menos que torpedearla. ¿Por qué?
nos preguntamos, ¿a título de qué?
¿Qué puede haber de malo en que el Estado, la
industria del Estado, sea la que provea de
mercancías
a los campesinos sin intermediarios, y en que los
campesinos sean los que suministren cereales para
la
industria, para el Estado, sin intermediarios
también?
¿Qué puede haber de malo, desde el punto de
vista del marxismo y de la política marxista, en
que
los
campesinos se hayan
convertido ya en
proveedores de algodón, de remolacha y de lino para
las
necesidades de la
industria del Estado,
y la
industria del Estado en proveedora de mercancías
urbanas,
de simientes y
de instrumentos de
producción para estas ramas de la economía rural?
El
método de la
contratación es aquí
el fundamental para fijar
estas nuevas formas
de intercambio de mercancías
entre la ciudad
y el campo. Pero ¡acaso el método
de contratación es incomparable con los postulados de la Nep?
¿Qué puede haber de malo en que los campesinos
se hagan
proveedores del Estado
también en cereales, y no sólo en
algodón, remolacha y lino, utilizando el mismo método de la contratación?
¿Por qué al comercio en partidas pequeñas, al
comercio
al por menor
se le puede
llamar
intercambio de mercancías, y el comercio en
partidas
grandes,
sobre la base
de contratos previamente
establecidos (contratación) que
determinen los
precios y la calidad de los productos, no se puede
considerar como intercambio de mercancías?
¿Acaso es difícil comprender que estas nuevas
formas de intercambio en masa de mercancías con arreglo al método de la
contratación entre la ciudad y el campo han surgido precisamente sobre la base
de la Nep y
constituyen un importantísimo paso adelante de
nuestras organizaciones hacia
el fortalecimiento de la dirección socialista, planificada, de la
economía nacional?
Bujarin ha dejado de comprender estas cosas tan
sencillas y tan lógicas.
e) El llamado «tributo»
El quinto error de Bujarin (me refiero a los
errores principales) consiste en la deformación oportunista de la línea del
Partido en el problema de las «tijeras» entre la ciudad y el campo, en el
problema del llamado «tributo».
¿A qué se refiere la conocida resolución de la
reunión conjunta del Buró Político y del Presídium de la CCC. (febrero de 1929)
acerca de las «tijeras»? Se refiere a que, además de los impuestos ordinarios,
directos e indirectos, que los campesinos satisfacen al Estado, abonan otro
superimpuesto, al pagar de más los artículos manufacturados y al cobrar de
menos los precios de los productos agrícolas.
¿Es
cierto que existe
en la realidad
ese
superimpuesto satisfecho por el campesinado? Sí, es
209
cierto ¿Qué otros nombres tiene? Se le llama
también «tijeras», «trasiego» de recursos de la agricultura a la industria con
objeto de impulsar más rápidamente esta última.
¿Es necesario ese «trasiego»? Entre nosotros no hay
discrepancias acerca de que el «trasiego», como medida provisional, es
necesario, si es que de veras queremos mantener el rápido ritmo de desarrollo
de la industria. Y el crecimiento rápido de la industria debemos mantenerlo a
toda costa, pues no lo requiere sólo la propia industria, sino que en primer
lugar lo exige la agricultura,
lo exigen los
campesinos, quienes
necesitan ahora más
que nada tractores, maquinaria agrícola y abonos.
¿Podemos
suprimir ahora mismo
ese superimpuesto? Por desgracia,
no. Deberemos suprimirlo en la
primera oportunidad, dentro de unos años, pero ahora no podemos hacerlo.
Y ese superimpuesto, obtenido como resultado de las
«tijeras», constituye «algo semejante
a un tributo». No es tributo,
sino «algo semejante a un tributo». Es
«algo semejante a un tributo»
que satisfacemos por nuestro atraso. Ese superimpuesto es necesario
para impulsar el
desarrollo de la industria y terminar con nuestro atraso.
¿No
significará esto que
explotamos al
campesinado al gravarlo con ese impuesto adicional?
No, no significa
eso. La naturaleza
del Poder
Soviético no permite que el Estado explote a los
campesinos de ninguna manera. En los discursos de
nuestros camaradas en el Pleno de julio272 se dijo
explícitamente
que dentro del
régimen soviético
quedaba excluida la explotación de los campesinos
por el Estado socialista, pues el ascenso constante
del
bienestar de los campesinos trabajadores es ley del
desarrollo de la sociedad soviética, y esto
descarta
toda posibilidad de explotación del campesinado.
¿Puede
soportar el campesinado
ese impuesto adicional? Sí, puede
soportarlo. ¿Por qué?
Porque,
primero, el pago
de ese impuesto
adicional coincide con un ambiente de mejoramiento
continuo de la situación material del campesinado.
Porque, segundo, el campesino tiene su hacienda
personal, cuyos ingresos le permiten satisfacer el impuesto adicional, cosa que
no puede decirse del obrero, el cual carece de hacienda personal y entrega, a
pesar de ello, todas sus energías a la causa de la industrialización.
Porque, tercero, la cuantía del impuesto adicional
disminuye de año en año.
¿Hacernos bien en calificar el impuesto adicional
de «algo semejante a un tributo»? Sin duda alguna.
Estas palabras suscitan en nuestros camaradas la
idea
de que el impuesto adicional es algo desagradable e
indeseable y de que no se debe admitir su vigencia
durante mucho tiempo. Al calificar así el impuesto
272 Se tiene en cuenta el Pleno del Comité Central
del PC(b) de la URSS, celebrado del 4 al 12 de julio de 1928.
210
adicional sobre el campesinado, queremos decir que
lo descontamos, no porque ése sea nuestro deseo,
sino por necesidad, que los bolcheviques debemos
tomar
todas las medidas
para acabar con
este
impuesto adicional a la primera posibilidad, cuanto
antes.
Tal es el fondo del problema de las «tijeras», del
«trasiego», del «superimpuesto», de lo que en los documentos antes
aludidos se califica
de «algo semejante a un tributo».
Bujarin, Rykov y Tomski trataron de aferrarse a la
palabra «tributo» y empezaron a acusar al Partido
de
seguir una política de explotación militar-feudal
del
campesinado. Pero ahora, hasta los ciegos ven que
se
trataba de un intento deshonesto de los
bujarinistas
de difamar de la manera más grosera a nuestro
Partido. Hasta ellos mismos se ven ahora obligados
a
reconocer tácitamente el estrepitoso fracaso de sus
habladurías acerca de la explotación
militar-feudal.
Una de dos:
o bien los bujarinistas admiten que en el momento
actual son inevitables las «tijeras» y el
«trasiego» de
recursos de la agricultura a la industria, y
entonces
deben
reconocer el carácter
calumnioso de sus
acusaciones
y la completa
razón que asistía
al
Partido;
o bien niegan que en el momento actual sean
inevitables las «tijeras» y el «trasiego»; pero, en este caso, que lo digan
abiertamente, para que el Partido pueda incluirlos en la categoría de los
adversarios de la industrialización de nuestro país.
Yo
podría, en todo
caso, mencionar varios
discursos de Bujarin, Rykov y Tomski, en los que
admiten sin reservas, como algo inevitable en el
momento presente, las «tijeras», el «trasiego» de
recursos de la agricultura a la industria. Y eso es
reconocer
la fórmula de «algo
semejante a un
tributo».
Y bien, ¿siguen manteniendo el punto de vista del
«trasiego», el punto de vista de la conservación de las «tijeras» en el momento
presente, sí o no? Que lo digan sin rodeos.
Bujarin: El trasiego es necesario, pero «tributo»
es una palabra desgraciada.
Stalin: Quiere decir que con relación al fondo del
problema no tenemos discrepancias; quiere decir que
el «trasiego»
de recursos de
la agricultura a la
industria,
las llamadas «tijeras», el
impuesto
adicional,
ese «algo semejante a
un tributo»,
constituye un recurso necesario, pero temporal, de
la
industrialización del país en el momento presente.
Muy bien. ¿De qué se trata, pues?, ¿a qué viene ese
alboroto? ¿No agrada la palabra «tributo» o «algo semejante a un tributo» por
considerar que no debe emplearse en la literatura marxista?
Pues bien, hablaremos de la palabra «tributo».
Yo
afirmo, camaradas, que esta palabra hace ya
mucho que adquirió carta de naturaleza en nuestra
J. V. Stalin
literatura marxista, por ejemplo, en los artículos
del camarada Lenin. Eso puede asombrar a gentes que no leen a Lenin, pero es
así, camaradas. Bujarin se ha «desgañitado»
aquí afirmando que
la literatura marxista no puede
admitir la palabra «tributo».
Le indigna y le asombra que el CC del Partido y los
marxistas en general se permitan emplear la palabra «tributo». Pero ¿qué tiene
eso de particular, si está probado que esta palabra adquirió hace mucho carta
de naturaleza en los artículos de un marxista como el camarada Lenin? ¿O es que
Lenin no reúne los requisitos necesarios para un marxista desde el punto de
vista de Bujarin?
Pues bien, decidlo abiertamente, queridos camaradas.
Tomad, por ejemplo, el artículo de un marxista como
Lenin «Acerca del infantilismo de «izquierda» y del espíritu pequeñoburgués»
(mayo de 1918) y leed el pasaje siguiente:
«El pequeñoburgués que esconde sus miles es un
enemigo del capitalismo de Estado y aspira a
invertir
esos
miles única y
exclusivamente en provecho
propio, en contra de los pobres, en contra de toda
clase de control del Estado; y el conjunto de estos
miles forma una base de muchos miles de millones
para la especulación, que malogra nuestra
edificación
socialista. Supongamos que determinado número de
obreros aporta en varios días valores por una suma
igual a 1.000. Supongamos, además, que de esta
suma
tenemos una pérdida
igual a 200, como
consecuencia
de la pequeña especulación,
de las
dilapidaciones de todo género y de las maniobras de
los pequeños propietarios para «salvar» las normas
y
los decretos soviéticos. Todo obrero consciente
dirá:
si yo pudiera aportar 300 de esos 1.000, a
condición
de que se implantase un orden y una organización
mejores, aportaría con gusto 300 en lugar de 200,
ya
que con el
Poder Soviético reducir
luego este
«tributo», supongamos, hasta 100 ó 50 será una
tarea
muy fácil, una vez que se impongan el orden y la
organización, una vez que sea vencido por completo
el sabotaje de la pequeña propiedad privada contra
todo monopolio de Estado» (t. XXII, pág. 515).
Me parece que está claro. ¿Diréis, basándoos en
esto, que el camarada Lenin era partidario de la política de
explotación militar-feudal de
la clase obrera? ¡Probad a hacerlo,
queridos camaradas!
Una voz: Sin embargo, nunca se ha empleado el
concepto de «tributo» para el campesino medio.
Stalin: ¿No pensará usted que el campesino medio
está más cerca del Partido que la clase obrera? Es usted un marxista de
pacotilla. Si se puede hablar de «tributo» refiriéndose a la clase obrera, de
la que nosotros somos el Partido, ¿por qué no se va a poder decir lo mismo del
campesino medio, que no es, en fin de cuentas, más que un aliado nuestro?
Habrá gente reparona capaz de pensar que la
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
palabra «tributo»
es en el
artículo «Acerca del
infantilismo de izquierda» un lapsus del camarada
Lenin, un lapsus casual. La comprobación muestra,
sin embargo, que las sospechas de la gente reparona
carece de toda base. Tomad otro articulo, más bien
un folleto del camarada Lenin, «Sobre el impuesto
en
especie» (abril de 1921) y leed la página 324 (t.
XXVI, pág. 324). Veréis que el camarada Lenin
repite literalmente el párrafo que
acabo de citar
acerca del «tributo». Tomad, en fin, el artículo
del
camarada Lenin «Las tareas inmediatas del Poder
Soviético» (t. XXII, pág. 448, marzo-abril de 1918)
y
veréis que Lenin también habla allí del «tributo
(ya
sin comillas) que pagamos por nuestro atraso en la
organización
de la contabilidad y
del control
ejercidos desde abajo por todo el pueblo».
Resulta que la palabra «tributo» está muy lejos de
ser un vocablo casual en los artículos de Lenin. El camarada Lenin emplea esta
palabra para subrayar el carácter temporal del «tributo», para poner en tensión
la energía de los bolcheviques y orientarla en el sentido de suprimir, a la
primera posibilidad, ese «tributo» que la clase obrera paga por nuestro atraso,
por nuestros «defectos».
Resulta
que, al emplear
la expresión «algo semejante a un
tributo», me encuentro en compañía de
marxistas bastante buenos,
en compañía del camarada Lenin.
Bujarin decía aquí que los marxistas no deben
tolerar en su literatura la palabra «tributo». ¿A
qué
marxistas se refería? Si se refería a marxistas,
dicho
sea con perdón, del estilo de Slepkov, Maretski,
Petrovski,
Rozit, etc., que
tiran mucho más a
liberales que a marxistas, se comprende muy bien la
irritación de Bujarin. Pero si se refería a
marxistas de
veras, al camarada Lenin, por ejemplo, hay que
decir
que la palabra «tributo» adquirió hace ya mucho
entre ellos carta de naturaleza, y Bujarin, que
conoce
poco las obras de Lenin, se ha equivocado de medio
a medio.
Pero el problema del «tributo» no termina aquí.
No es casual que Bujarin y sus amigos la tomaran
con la palabra «tributo» y hablaran de política de
explotación
militar-feudal del campesinado. Es
indudable
que con el
alboroto acerca de
la
explotación
militar-feudal querían significar
su
extremo
descontento por la
política de nuestro
Partido
que, con relación
a los kulaks,
aplican
nuestras
organizaciones. El descontento
por la
política
leninista del Partido
en la dirección
del
campesinado, el descontento por nuestra política de
acopio
de cereales, el
descontento por nuestra
política de desarrollo máximo de los koljoses y los
sovjoses, el deseo, en fin, de «emancipar» el
mercado
y de establecer la plena libertad para el comercio
privado: eso es lo que reflejan los alaridos de
Bujarin
acerca de la política de explotación militar-feudal
del
campesinado.
211
No conozco en la historia de nuestro Partido otro
ejemplo de que se le acusase de seguir una política
de
explotación militar-feudal. Tal arma contra el
Partido
no procede del arsenal marxista. ¿De dónde procede?
Del arsenal de Miliukov, el líder de los demócratas
constitucionalistas- Cuando los
demócratas
constitucionalistas quieren encizañar a la clase
obrera
y al campesinado,
suelen decir: ustedes,
señores
bolcheviques, edifican el socialismo sobre los
huesos
del campesinado. Con sus vociferaciones acerca del
«tributo», Bujarin hace coro a los señores
Miliukov,
marcha a remolque de los enemigos del pueblo.
f) El ritmo del desarrollo de la industria y las
nuevas formas de ligazón entre la ciudad y el
campo
Y, por último,
el ritmo del
desarrollo de la industria y las nuevas formas de la
ligazón entre la ciudad y el campo. Es ésta una de las cuestiones más
importantes en nuestras
discrepancias. Su importancia
reside en que en ella vienen a confluir todos los hilos de muestras
discrepancias prácticas en orden a la política económica del Partido.
¿Qué formas nuevas de ligazón son éstas?, ¿qué
significa eso desde el punto de vista de nuestra política económica?
Significa, ante todo, que, además de las viejas
formas de ligazón entre la ciudad y el campo, en
que
la industria satisfacía principalmente las
necesidades
personales
del campesino (en cuanto
a percal,
calzado,
artículos textiles en
general, etc.),
necesitamos nuevas formas de ligazón, en que la
industria satisfaga las necesidades de producción
de
la
hacienda campesina (en cuanto
a maquinaria
agrícola, tractores, simientes escogidas, abonos,
etc.).
Si
antes satisfacíamos principalmente las
necesidades personales
del campesino,
preocupándonos
poco de las
necesidades de
producción
de su hacienda,
ahora, sin dejar
de
atender
a sus necesidades
personales, debemos
preocuparnos
intensamente del abastecimiento de
maquinaria agrícola, tractores, abonos, etc., cosa
que
se relaciona directamente con la reestructuración
de
la producción agrícola sobre una nueva base
técnica.
Mientras se trataba de levantar la agricultura y de
que los campesinos pusieran en cultivo las tierras que pertenecieron a los
terratenientes y kulaks, podíamos contentarnos con las viejas formas de
ligazón. Pero ahora, que se trata
de la reestructuración de la agricultura, esto ya no basta. Ahora
hay que ir más allá, ayudando al
campesinado a reestructurar
la producción agrícola sobre la
base de una
nueva técnica y del trabajo colectivo.
Esto significa, en segundo lugar, que, a la par que
reequipamos nuestra industria, debemos comenzar a
reequipar
también en serio
nuestra agricultura.
Estamos reequipando, y en parte hemos reequipado
ya, nuestra industria, dándole una nueva base
técnica,
212
dotándola
de máquinas nuevas
modernas y de
cuadros
nuevos y más
capaces. Estamos
construyendo
fábricas nuevas y
modernizando y
ampliando las antiguas; impulsamos la metalurgia,
la
industria química y la construcción de maquinaria.
Sobre esta base crecen las ciudades, se multiplican
los nuevos centros industriales y se amplían los
antiguos. Sobre esta base aumenta la demanda de
productos alimenticios y de materias primas para la
industria. Pero la agricultura sigue empleando los
viejos aperos y los viejos y patriarcales métodos
de
cultivo de la tierra, los viejos y primitivos
medios
técnicos, ya hoy inservibles o casi inservibles,
las
viejas formas de gestión y de trabajo, propias de
la
pequeña hacienda campesina individual.
¿Qué nos dice, por ejemplo, el hecho de que,
mientras antes de la revolución había en nuestro
país
unos 16 millones de haciendas campesinas, hoy haya
25 millones por lo menos? ¿Qué significa esto sino
que la
agricultura va tomando
un carácter más atomizado y disperso? Y una
particularidad de las pequeñas haciendas dispensas
es que no
pueden utilizar debidamente la técnica, la maquinaria, los tractores,
los adelantos de la ciencia agronómica y producen poco para el mercado.
De ahí la escasez de producción agrícola de uso
mercantil. De ahí el peligro de una ruptura entre
la
ciudad y el campo, entre la industria y la
agricultura.
De ahí la necesidad de impulsar la agricultura, de
imprimirle el ritmo de desarrollo de nuestra
industria.
Pues bien, para eliminar este peligro de ruptura es
necesario comenzar a reequipar a fondo la
agricultura
sobre la base de una nueva técnica. Y para ello es
preciso
ir agrupando paulatinamente en
grandes
haciendas,
en koljoses, las
haciendas campesinas
individuales
dispersas; es necesario
organizar la
agricultura
sobre la base
del trabajo colectivo,
ampliar las colectividades; es necesario
desarrollar
los
viejos sovjoses y
organizar nuevos, aplicar
sistemáticamente las formas de la contratación en
masa en todas
las ramas fundamentales
de la
agricultura; es necesario fomentar el sistema de
las
estaciones de máquinas y tractores, que ayudan a
los
campesinos a aprender el manejo de los nuevos
elementos técnicos y a colectivizar el trabajo. En
una
palabra, es necesario ir pasando gradualmente las
pequeñas
haciendas campesinas individuales
a la
gran
producción colectiva, pues
sólo la gran
producción de tipo colectivo es capaz de utilizar
íntegramente las realizaciones de la ciencia y los
nuevos elementos técnicos y de hacer avanzar con
pasos de siete leguas nuestra agricultura.
Eso no quiere decir, naturalmente, que debamos
abandonar
las haciendas individuales de
los
campesinos pobres y medios. No, no quiere decir
eso. La hacienda individual de los campesinos
pobres
y medios desempeña y seguirá desempeñando en el
futuro inmediato un papel predominante en cuanto al
J. V. Stalin
suministro
de víveres y
materias primas para
la industria. Precisamente por ello es necesario apoyar a las haciendas
individuales de los campesinos pobres y medios no agrupados aún en koljoses.
Pero esto significa que la sola hacienda campesina
individual ya no es suficiente. De ello dan fe nuestras dificultades en punto
al acopio de cereales. Por eso hay que complementar el fomento de la hacienda
individual del campesino pobre y medio impulsando por todos los medios las
formas colectivas de la economía y los sovjoses.
Por eso es necesario tender un puente entre las
haciendas individuales de los campesinos pobres y medios y
las famas colectivas
de la economía mediante la contratación en masa,
las estaciones de máquinas y tractores, desarrollando por todos los medios el
movimiento cooperativo, para facilitar a los
campesinos el paso
de su pequeña
hacienda individual al cauce del trabajo colectivo.
Sin observar estas condiciones, será imposible dar
un
impulso serio a
la agricultura. Sin
estas
condiciones,
será imposible resolver
el problema
cerealista. Sin estas condiciones, será imposible
sacar
a los campesinos
modestos de la ruina y de
la
miseria.
Esto
significa, finalmente, que
es necesario
desarrollar en todos los sentidos nuestra industria
como el medio principal que ayude a reestructurar
la
producción agrícola, que es necesario impulsar la
metalurgia, la industria química y la construcción
de
maquinaria; que es necesario construir fábricas de
tractores, fábricas de maquinaria agrícola, etc.
Huelga demostrar que es imposible el desarrollo
de los koljoses, que es imposible el desarrollo de
las
estaciones de máquinas y tractores, sin incorporar
a
las masas fundamentales campesinas a las formas de
gestión colectiva a través de la contratación en
masa,
sin
dotar a la
agricultura de una
cantidad
considerable de tractores, de máquinas agrícolas,
etc.
Pero
sin desarrollar nuestra
industria a ritmo acelerado es
imposible proporcionar al
campo maquinaria agrícola y
tractores. De ahí el ritmo rápido de desarrollo de nuestra
industria, como clave para la reestructuración de la agricultura sobre la base
del colectivismo.
Tales
son el sentido
y la importancia
de las nuevas formas de la
ligazón.
El grupo de Bujarin se ve obligado a reconocer de
palabra la necesidad de las nuevas formas de la
ligazón.
Pero no es
más que un
reconocimiento
verbal, hecho con el propósito de hacer pasar, bajo
la
tapadera del reconocimiento verbal de las nuevas
formas de la ligazón, algo que es todo lo
contrario.
En realidad, Bujarin está en contra de las nuevas
formas de la ligazón. Para Bujarin, el punto de
partida no es el ritmo rápido de desarrollo de la
industria, como palanca para la reestructuración de
la
producción agrícola, sino el desarrollo de la
hacienda
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
campesina individual. Para él, en primer plano
figura
la «normalización» del mercado y la admisión del
libre juego de los precios en el mercado de los
productos
agrícolas, la admisión
de la libertad
completa para el comercio privado. De ahí su recelo
hacia los koljoses, lo que se advirtió en su
discurso
en el Pleno de julio del CC, y en las tesis que
presentó en vísperas de este mismo Pleno. De ahí su
enemiga
a todas y
cada una de
las medidas
extraordinarias contra los kulaks para el acopio de
cereales.
Es
sabido que Bujarin
huye de las
medidas extraordinarias como el diablo del agua bendita.
Es sabido que Bujarin sigue todavía sin poder
comprender que, en las condiciones actuales, el kulak aportará de
buen grado, espontáneamente, la suficiente cantidad de cereales.
Así lo demuestran dos años de experiencia de
trabajo nuestro en el acopio de cereales.
¿Y qué hacer si, a pesar de todo, escasea el grano
mercantil?
Bujarin contesta: no
molestéis a los
kulaks con medidas extraordinarias y traed trigo
del
extranjero.
No hace mucho
que nos proponía
importar unos 50 millones de puds de trigo, es
decir,
que
invirtiésemos en ello
unos 100 millones de
rublos en moneda extranjera. ¿Y si necesitamos las
divisas para importar maquinaria con destino a la
industria? Bujarin replica: hay que dar preferencia
a
la importación de trigo, relegando a un segundo
plano, por lo que se ve, la importación de
maquinaria
para la industria.
Se
llega, pues, a
la conclusión de
que, para resolver el
problema cerealista v
reestructurar la agricultura, lo principal no es el rápido ritmo de
desarrollo de la industria, sino el fomento de la hacienda campesina
individual, incluyendo la hacienda del kulak, sobre la base del
mercado libre con el libre juego de los precios.
Por
donde nos encontramos
con dos planes diferentes de política económica.
Plan del Partido:
1. Estamos reequipando
la industria
(reestructuración).
2. Comenzamos a reequipar en serio la agricultura
(reestructuración).
3. Para esto es necesario ampliar la organización
de koljoses y sovjoses y emplear la contratación en masa y las estaciones de
máquinas y tractores como medios para establecer una ligazón de producción
entre la industria y la agricultura.
4. Por lo que se refiere a las dificultades de
acopio
de
cereales en estos
momentos, es necesario
reconocer como admisibles las medidas
extraordinarias pasajeras, respaldadas por el apoyo
social de las masas de campesinos pobres y medios,
como uno de los recursos para vencer la resistencia
de los kulaks y sacarles la mayor cantidad posible
de
excedentes de grano, indispensables para evitar las
213
importaciones
de trigo y
destinar las divisas
al desarrollo de la industria.
5. La hacienda
individual de los
campesinos
pobres y medios ocupa y seguirá ocupando todavía
una
situación predominante en
cuanto al
abastecimiento del país de víveres y materias
primas,
pero ella sola de por sí no basta ya; por eso hay
que
complementar
el desarrollo de
las haciendas
individuales de los campesinos pobres y medios con
el
desarrollo de los
koljoses y sovjoses,
con la
contratación en masa y con el desarrollo intensivo
de
las estaciones de máquinas y tractores, para
facilitar
el desplazamiento de los elementos capitalistas de
la
agricultura
y el paso
gradual de las
haciendas
campesinas
individuales al cauce
de las grandes
haciendas colectivas, al cauce del trabajo
colectivo.
6. Mas, para conseguir todo esto, es necesario,
ante todo, intensificar el desarrollo de la industria, de la metalurgia,
de la industria
química y de la
construcción de maquinaria,
la construcción de fábricas de tractores, de maquinaria
agrícola, etc. De otro modo, será imposible resolver el problema de los cereales,
lo mismo que
será imposible reestructurar la
agricultura.
Conclusión: la clave para la reestructuración de la
agricultura está en el rápido ritmo de desarrollo de nuestra industria.
Plan de Bujarin:
1. «Normalización» del mercado, admisión del
libre juego de los precios en el mercado y
elevación
de los precios de los cereales, sin reparar en que
esto
puede conducir al encarecimiento de los artículos
manufacturados, de las materias primas y del pan.
2. Estimular por todos los medios las haciendas
campesinas individuales amortiguando
en cierta medida el ritmo de
desarrollo de los koljoses y sovjoses (tesis
de Bujarin en
julio, discurso de Bujarin en el Pleno de julio).
3. Dejar que los acopios marchen por sí solos
excluyendo siempre, y cualesquiera que sean las condiciones, incluso la
aplicación parcial de medidas extraordinarias
contra los kulaks,
aunque estas medidas tengan
el apoyo de
la masa de
los campesinos medios y pobres.
4. En caso
de escasez de
trigo, importado, invirtiendo en
ello unos 100 millones de rublos.
5. Si no hay bastantes divisas para cubrir la
importación de trigo
y de maquinaria
industrial, reducir la importación de esta última y, por tanto,
amortiguar el ritmo
de desarrollo de
nuestra industria; de lo
contrario, la agricultura «se estancará» o incluso
«decaerá».
Conclusión: la clave para la reestructuración de
la agricultura está
en desarrollar la
hacienda campesina individual.
¡Tal es el giro que toman las cosas, camaradas!
El plan
de Bujarin es un plan de amortiguamiento
del
ritmo de desarrollo
de la industria
y de
214
quebrantamiento de las nuevas formas de la ligazón.
Tales
son nuestras disensiones.
A veces preguntan: ¿no nos habremos retrasado en
cuanto al desarrollo de las nuevas formas de la ligazón, en cuanto al
desarrollo de los koljoses, de los sovjoses, etc.?
Hay quien afirma que el Partido se ha retrasado dos
años, por lo menos, en este asunto. Eso es falso, camaradas. Es absolutamente
falso. Eso sólo pueden decirlo los vocingleros «izquierdistas», que no tienen
idea de lo que es la economía de la URSS.
¿Qué significa retrasarse en este asunto? Si se
trata de haber previsto la necesidad de los
koljoses y
los sovjoses, diremos que lo hicimos ya durante la
Revolución de Octubre. Que el Partido previó la
necesidad de los koljoses y sovjoses ya entonces,
en
el período de la Revolución de Octubre, es cosa que
nadie puede poner en duda. Finalmente, se puede
consultar
nuestro programa, aprobado en
el VIII
Congreso del Partido (en marzo de 1919). En él
aparece formulada con toda claridad la necesidad de
los koljoses y sovjoses.
Pero el simple hecho de que la dirección de
nuestro Partido previese la necesidad de los
koljoses
y sovjoses no bastaba para despertar y organizar un
movimiento de masas en pro de ellos. Por tanto, de
lo
que se trata no es de prever, sino de realizar el
plan
de la organización de koljoses y sovjoses. Mas,
para
realizar
este plan, eran
necesarias diversas
condiciones, que no se daban antes en nuestro país
y
que no se han dado hasta estos últimos tiempos.
Ahí está la cuestión, camaradas.
Para poder llevar a la práctica el plan de un
movimiento
de masas en
pro de los
koljoses y
sovjoses, era necesario, ante todo, que la
dirección
del Partido tuviese en este aspecto el apoyo del
Partido en su conjunto. Y nuestro Partido, como se
sabe, pasa de un millón de afiliados. Por tanto,
era
necesario convencer a la gran masa del Partido de
que la política de su dirección era acertada. Esto
en
primer lugar.
Para ello era necesario también que entre los
campesinos se produjese un movimiento de masas en
pro de los
koljoses, que los
campesinos no
desconfiasen de los koljoses, sino que afluyesen a
ellos por su propio impulso, convenciéndose en la
práctica de las ventajas de los koljoses sobre la
hacienda individual. Y eso es un asunto serio, que
requiere cierto tiempo. Esto en segundo lugar.
Para ello era necesario, además, que el Estado
dispusiese de los medios materiales precisos para financiar la
organización de los
koljoses, para financiar los
koljoses y sovjoses. Y eso suponía cientos y cientos de millones de rublos,
queridos camaradas. Esto en tercer lugar.
Para ello era necesario, finalmente, un desarrollo
de la industria en grado más o menos suficiente, a
fin
de proporcionar a la agricultura maquinaria
agrícola,
J. V. Stalin
tractores, abonos, etc. Esto en cuarto lugar.
¿Se
puede afirmar que todas estas condiciones
concurrían ya en nuestro país hace dos o tres años?
No, no se puede afirmar.
No se debe
olvidar que somos
un partido
gobernante,
y no un
partido de oposición.
Los
partidos de oposición pueden lanzar consignas -me
refiero
a las consignas
prácticas cardinales del
movimiento- para cumplirlas después de la toma del
Poder.
Nadie puede reprochar
a un partido
de
oposición que no cumpla sus consignas cardinales al
momento, pues todo el mundo comprende que no es
él quien gobierna, sino que son otros partidos.
Pero la cosa cambia por completo cuando se trata
de un partido gobernante, como lo es nuestro
Partido
Bolchevique. Las consignas de un partido así no son
simples consignas de agitación, sino mucho más,
pues tienen la fuerza de decisiones prácticas,
fuerza
de
ley, de algo
que es necesario
realizar
inmediatamente. Nuestro Partido no puede lanzar una
consigna práctica y luego dar largas a su
realización.
Esto sería engañar a las masas. Para lanzar una
consigna
práctica, sobre todo
una consigna tan
importante como la del paso de masas de millones de
campesinos al cauce del colectivismo, es menester
que se den ya las condiciones necesarias para poder
cumplirla inmediatamente; es necesario, finalmente,
crear, organizar estas condiciones. Por eso no
bastaba
con que la dirección del Partido hubiera previsto
la
necesidad
de los koljoses
y sovjoses. Por
eso
necesitábamos
también las condiciones
necesarias
para
realizar, para llevar
a la práctica
inmediatamente nuestras consignas.
¿Estaba la masa de nuestro Partido dispuesta a
impulsar por todos los medios la organización de
koljoses y sovjoses hace dos o tres años, pongamos
por caso? No, entonces todavía no estaba dispuesta
a
hacerlo. El viraje serio de las masas del Partido
hacia
las
nuevas formas de
la ligazón no
comenzó a
producirse hasta que se presentaron las primeras
dificultades importantes en el acopio de cereales.
Hubieron de darse estas dificultades para que la
masa
del Partido advirtiese en todo su alcance la
necesidad
de apresurar la creación de las nuevas formas de la
ligazón y, sobre todo, de los koljoses y sovjoses,
y
apoyase resueltamente en esta empresa a su Comité
Central. Ahí tenéis una condición con la que no
contábamos antes y que ahora existe.
¿Había, hace dos o tres años, un movimiento serio
de las masas de millones de campesinos en favor de
los koljoses y de los sovjoses? No, no lo había.
Todo
el
mundo sabe que
hace dos o
tres años los
campesinos miraban con malos ojos a los sovjoses y
despreciaban a los koljoses, viendo en ellos una
especie de inútiles «comunas». ¿Y ahora? Ahora, es
otra
cosa. Ahora tenemos
ya capas enteras
de
campesinos que ven en los sovjoses y los koljoses
una fuente de ayuda a sus haciendas en forma de
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
semillas,
de ganado de
raza, de maquinaria,
de tractores, etc. Ahora no hay más que darles máquinas y tractores, y
la organización de koljoses avanzará con ritmo acelerado.
¿A qué se debe este viraje producido en ciertas
capas, bastante amplias, de los campesinos? ¿Qué favoreció este viraje?
Ante todo, el desarrollo de las cooperativas y del
movimiento cooperativo. No cabe duda de que sin el
potente desarrollo de la cooperación, sobre todo de
las cooperativas agrícolas, que han abonado entre
los
campesinos el terreno psicológico en sentido
propicio
para los koljoses, no existiría esa inclinación
hacia
los koljoses, que se manifiesta ahora en capas
enteras
de la masa campesina.
También tuvo gran importancia la existencia de
koljoses
bien organizados, que
daban a los
campesinos
buenos ejemplos de
cómo se podía
mejorar
la agricultura, unificando
las pequeñas
haciendas
campesinas en grandes
haciendas
colectivas.
Y cumplió también su papel la existencia de
sovjoses bien organizados,
que ayudaban a los
campesinos a mejorar sus haciendas. No me refiero ya a
otros factores que
todos vosotros conocéis sobradamente. Ahí tenéis otra
condición con la que no contábamos antes y que ahora existe.
¿Puede afirmarse, además, que hace dos o tres
años estábamos en condiciones, de financiar en
serio
los koljoses y los sovjoses, invirtiendo en ello
cientos
de
millones de rublos? No, no
puede afirmarse.
Sabéis perfectamente que entonces escaseaban los
recursos
incluso para impulsar
ese mínimo de
industria
sin el cual
es imposible toda
industrialización; eso sin hablar ya de
reestructurar la
agricultura. ¿Podíamos retirar estos recursos de la
industria, base de la industrialización del país, y
transferirlos
a los koljoses
y los sovjoses?
Es
evidente que no podíamos hacerlo. ¿Y ahora? Ahora
poseemos recursos para desarrollar los koljoses y
los
sovjoses.
¿Se puede, finalmente, afirmar que hace dos o tres
años
contaba ya nuestra
industria con una
base
suficiente
para proporcionar a
la agricultura
máquinas, tractores, etc. en grandes cantidades?
No,
no se puede afirmar. La tarea consistía entonces en
crear una base industrial mínima para dotar a la
agricultura de máquinas y tractores en el futuro.
La
creación de esta base absorbía por aquel entonces
nuestros
exiguos recursos financieros. ¿Y ahora?
Ahora disponemos de esa base industrial para la
agricultura. O, cuando menos, se está creando con
ritmo acelerado.
Vemos, por tanto, que las condicionas necesarias
para el desarrollo en masa de los koljoses y los sovjoses no han sido creadas
en nuestro país hasta los últimos tiempos.
Así es como están las cosas, camaradas.
215
Por eso no
se puede afirmar
que hayamos emprendido con
retraso el desarrollo de las nuevas formas de la ligazón.
g) Bujarin como teórico
Tales
son, en lo
fundamental, los principales errores de Bujarin, teórico de la
oposición derechista, en los problemas capitales de nuestra política.
Se dice que Bujarin es un teórico de nuestro
Partido. Eso es cierto, naturalmente. Pero le
ocurre
que, en cuanto a teoría, no lo tiene todo en su
sitio.
Basta fijarse en el cúmulo de sus errores relativos
a
los puntos de la teoría y la política del Partido
que
acabamos
de examinar. No
es posible que
esos
errores que se refieren a la Internacional
Comunista,
a la lucha de clases, a la agudización de la lucha
de
clases, al campesinado, a la Nep, a las nuevas
formas
de la ligazón, no es posible que todos esos errores
sean fruto de la casualidad. No, esos errores no
son
casuales. Esos errores de Bujarin responden a su
viciosa orientación teórica, a sus lagunas
teóricas. Sí,
Bujarin es un teórico, pero no es un teórico
marxista
a carta cabal, es un teórico que tiene todavía
mucho
que aprender para ser un teórico marxista.
Se habla de la conocida carta del camarada Lenin
sobre Bujarin como teórico. Veamos lo que dice esa
carta:
«En cuanto a los jóvenes miembros del CC -dice
Lenin-, diré algunas palabras acerca de Bujarin y
de
Piatakov. Son, a mi juicio, los que más se destacan
(entre los más jóvenes), y en ellos se debería
tener en
cuenta lo siguiente: Bujarin no sólo es un
valiosísimo
y notable teórico del Partido, sino que, además, se
le
considera
legítimamente el favorito
de todo el
Partido;
pero sus concepciones teóricas
muy
difícilmente
pueden calificarse de
enteramente
marxistas, pues hay en él algo escolástico (jamás
ha
estudiado y creo que jamás ha comprendido por
completo
la dialéctica)»273 (Acta
taquigráfica del
Pleno de julio de 1926, fase. IV, pág. 66).
Es, por tanto, un teórico sin dialéctica. Un
teórico
escolástico. Un teórico cuyas «concepciones
teóricas
muy difícilmente pueden calificarse de enteramente
marxistas». Así define Lenin a Bujarin como
teórico.
Comprenderéis,
camaradas, que un
teórico
semejante tiene todavía que aprender. Y si Bujarin
comprendiese que su formación como teórico no está
aún terminada, que todavía necesita aprender, que
es
un teórico que aún no domina todavía la dialéctica,
cuando la dialéctica es el alma del marxismo; si
comprendiese esto, sería más modesto, con lo cual
el
Partido sólo saldría ganando. Pero lo malo es que
Bujarin no peca de modesto. Lo malo es que, lejos
de
pesar de modesto, se atreve incluso a dar lecciones
a
273 Subrayado por mí. J. St.
216
nuestro maestro Lenin en buen número de problemas,
sobre todo en la cuestión del Estado. Eso es lo malo de Bujarin.
Permitidme que me remita con este motivo a la
conocida discusión teórica promovida en 1916 entre
Lenin y Bujarin a propósito del Estado. Ello nos es
importante
para que se
vea qué desmedidas
pretensiones alimenta Bujarin, quien aspira a dar
lecciones a Lenin, y dónde están las raíces de sus
fallas teóricas en problemas tan importantes como
la
dictadura del proletariado, la lucha de clases,
etc.
Como es sabido,
la revista «La Internacional
Juvenil»274 publicó en 1916 un artículo de Bujarin,
con la firma de «Nota Bene», que, en el fondo,
atacaba al camarada Lenin. Bujarin escribía en ese
artículo:
«...Es completamente erróneo querer buscar las
diferencias entre los socialistas y los anarquistas
en el
hecho de que los primeros sean partidarios y los
segundos
adversarios del Estado.
En realidad, la
diferencia
entre ellos consiste
en que la
socialdemocracia revolucionaria pretende organizar
la
nueva producción social
como producción
centralizada,
es decir, la
más progresiva
técnicamente,
mientras que la
producción
descentralizada de los anarquistas no significaría
sino
un paso atrás a la vieja técnica, a la vieja forma
de
empresa...»
«...Para la socialdemocracia, que es, o por lo
menos debiera ser, la educadora de las masas, hoy
más que nunca es necesario subrayar su hostilidad
de
principio
frente al Estado...
La actual guerra
ha
puesto de manifiesto lo profundas que son las
raíces
de la concepción
estatal en el
espíritu de los
obreros».
Lenin criticó estas opiniones de Bujarin en un
conocido artículo, que se publicó en 1916:
«Esto es falso. El autor plantea la cuestión de la
diferente actitud de los socialistas y los
anarquistas
respecto al Estado, pero su respuesta no se refiere
a
esta cuestión, sino a otra, a la de su diferente
actitud
ante la base económica de la sociedad futura. Esto
es,
indudablemente, muy importante y necesario. Pero
de aquí no se desprende que se pueda olvidar lo
fundamental de la diferente actitud de los
socialistas
y los anarquistas ante el Estado. Los socialistas
son
partidarios
de utilizar el
Estado moderno y sus
instituciones en la lucha por la emancipación de la
clase obrera, y también defienden la necesidad de
utilizar el Estado como forma peculiar de
transición
274 «La
Internacional Juvenil»
(«Jugend Internationales»):
revista,
órgano de la
Unión Internacional de
Juventudes
Socialistas; apareció en Zurich desde septiembre de
1915 hasta
mayo de 1918. De 1919 a 1941 se publicó como órgano
del
Comité Ejecutivo de la Internacional Juvenil
Comunista.
J. V. Stalin
del
capitalismo al socialismo.
Esa forma de transición, que también es Estado, es la
dictadura del proletariado. Los anarquistas pretenden «abolir» el Estado,
«hacerlo saltar» («sprengen»), como dice en un pasaje el camarada «Nota Bene»,
atribuyendo por error esta idea a los socialistas. Los socialistas -el autor
cita, por desgracia de un modo demasiado incompleto, unas palabras de Engels
que guardan relación con el tema- reconocen la «muerte lenta», la
«extinción» paulatina del
Estado después de la
expropiación de la burguesía»...
«Para «subrayar»
la «hostilidad de principio»
respecto al Estado, es necesario comprenderla con
toda «claridad» y la claridad es, precisamente, lo
que
le falta al autor. Y la frase sobre «las raíces de
la
concepción estatal» no puede ser más confusa, no es
ni
marxista ni socialista.
No es la «concepción
estatal» la que choca con la negación del Estado,
sino
la
política oportunista (es decir,
la actitud
oportunista, reformista, burguesa ante el Estado)
la
que
choca con la
política revolucionaria
socialdemócrata (es decir, con la
actitud revolucionaria
socialdemócrata ante el
Estado burgués y ante la utilización del Estado contra la burguesía,
para derrocarla). Son cosas muy, muy distintas» (t. XIX, pág. 296).
¡Creo que está clara la cuestión, como también
está claro en qué charca semianarquista había caído
Bujarin!
Sten: Lenin no había expuesto todavía en aquel
entonces en forma amplia la necesidad de «hacer
saltar»
el Estado. Bujarin,
con sus errores
anarquistas, se acercaba a la formulación de este
problema.
Stalin: No, ahora no se trata de eso, sino de la
actitud ante el Estado en general; se trata de que,
según Bujarin, la clase obrera debe ser, por
principio,
enemiga de todo Estado, comprendido el Estado de la
clase obrera.
Sten: Lenin sólo hablaba en aquel entonces de la
utilización del Estado, pero sin referirse para
nada en
su crítica de Bujarin al concepto de «hacer saltar»
el
Estado.
Stalin: Se equivoca usted: «hacer saltar» el Estado
no es una fórmula marxista, sino anarquista. Me
atrevo a asegurarle que de lo que en este caso se
trata
es de que los obreros deben, según Bujarin (y los
anarquistas),
subrayar su hostilidad
de principio
contra todo Estado y, por tanto, también contra el
Estado del período de transición, contra el Estado
de
la clase obrera.
Pruebe a explicar a nuestros obreros que la clase
obrera debe mantener una hostilidad de principio
contra la dictadura proletaria, que también es un
Estado.
La posición de Bujarin, expuesta en su artículo de
«La Internacional Juvenil», niega el Estado en el
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
período de transición del capitalismo al
socialismo.
Bujarin
se deja escapar una «pequeñez»: todo el
período de transición, durante el cual la clase
obrera, si realmente quiere aplastar a la burguesía y edificar el socialismo,
no puede prescindir
de su propio Estado. Esto lo primero.
Segundo: es falso que el camarada Lenin no se
refiriese, en su crítica de entonces, a la teoría
de
«hacer saltar», de «abolir» el Estado en general.
Lenin no sólo se refería a esta teoría, según se ve
por
las citas que acabo de mencionar, sino que la
criticó
como teoría anarquista, contraponiéndole la teoría
de
la creación y utilización de un Estado nuevo
después
del derrocamiento de la burguesía, el Estado de la
dictadura proletaria.
Finalmente,
no se debe
confundir la teoría
anarquista de «hacer saltar» y «abolir» el Estado
con
la
teoría marxista de la
«extinción» del Estado
proletario o de la «demolición», de la
«destrucción»
de la máquina estatal burguesa. Hay quien propende
a confundir estas dos ideas distintas, creyendo que
son expresiones de un mismo pensamiento. Pero esto
es
falso. Lenin criticaba
la teoría anarquista
de
«hacer saltar», de «abolir» el Estado en general,
partiendo precisamente de la teoría marxista de la
«demolición» de la máquina estatal burguesa y de la
«extinción» del Estado proletario.
Tal vez no estará de más citar aquí, para mayor
claridad, unas cuartillas del camarada Lenin acerca del Estado, escritas muy
probablemente a fines de 1916 o a comienzos de 1917 (antes de la revolución de
febrero de 1917). Este manuscrito nos permite comprobar fácilmente:
a) que, al criticar los errores semianarquistas de
Bujarin en la cuestión del Estado, Lenin arrancaba
de
la
teoría marxista de la
«extinción» del Estado
proletario y de la «demolición» de la máquina
estatal
burguesa,
b) que, aunque Bujarin, según la expresión de
Lenin,
estuviese «más cerca de
la verdad que
Kautsky», sin embargo, «en vez de desenmascarar a
los kautskianos, les ayuda con sus propios
errores».
Dice así este manuscrito:
«La carta de Engels a Bebel del 18-28 de marzo de
1875 tiene una importancia excepcional para el problema del Estado.
Copio literalmente el pasaje más importante:
«...El
Estado popular libre se ha convertido en el
Estado libre. Gramaticalmente hablando, Estado
libre
es un Estado que es libre respecto a sus
ciudadanos,
es
decir, un Estado
con un gobierno
despótico.
Habría
que abandonar toda
esa charlatanería
acerca del Estado, sobre todo después de la Comuna,
que no era ya un Estado en el verdadero sentido de
la palabra. Los anarquistas nos han echado en cara
más de la cuenta eso del «Estado popular», a pesar
de
que ya la obra de Marx contra Proudhon, y luego el
217
«Manifiesto Comunista», dicen claramente que, con
la
implantación del régimen
social socialista, el
Estado se disolverá por sí mismo (sich auflöst) y
desaparecerá.
Siendo el Estado
una institución
meramente transitoria, que se utiliza en la lucha,
en
la revolución, para someter por la violencia a los
adversarios, es un absurdo hablar de Estado popular
libre: mientras el proletariado necesite (subrayado
por Engels) todavía del Estado, no lo necesitará en
interés
de la libertad,
sino para someter
a sus
adversarios, y tan pronto como pueda hablarse de
libertad, el Estado como tal dejará de existir. Por
eso
nosotros propondríamos decir siempre, en vez de la
palabra Estado (subrayado por Engels), la palabra
«Comunidad» (Gemeinwesen), una buena y antigua
palabra alemana, que equivale a la palabra francesa
«Commune».
Este es, quizás, el pasaje más destacado y, sin
duda alguna, el más duro, por decirlo así, «contra el Estado», de Marx y
Engels.
(1) «Hay que abandonar toda esa charlatanería
acerca del Estado».
(2) «La Comuna no era ya un Estado, en el verdadero
sentido de la palabra» (¿qué era, pues? ¡una forma de transición del Estado al
no Estado, evidentemente!).
(3) Los anarquistas nos han «echado en cara»
bastante (in
die Zâhne geworfen;
literalmente:
restregado las narices), eso del «Estado popular»
(o
sea, que a Marx y Engels les avergonzaba este error
manifiesto de sus amigos alemanes; sin embargo,
pensaban -y en las circunstancias de entonces
tenían,
claro, razón- que ese error era incomparablemente
menos grave que el de los anarquistas. ¡¡NB
esto!!).
(4) El Estado «se descompone («se disuelve») por sí
mismo (Nota Bene) y desaparece»... (comparad más adelante: «se extingue») «con
la implantación del régimen social socialista»...
(5) El Estado es una «institución transitoria»,
necesaria «en la lucha, en la revolución»... (necesaria para el proletariado,
se entiende)...
(6) El Estado se necesita no para la libertad, sino
para someter (Niederhaltung no significa, hablando
con exactitud, someter, sino impedir la
restauración,
mantener
sumisos) a los
adversarios del
proletariado.
(7) Cuando haya libertad, no habrá Estado.
(8) «Nosotros»
(o sea,
Engels y Marx)
propondríamos decir «siempre» (en el programa), en
vez de
«Estado», «Comunidad» (Gemeinwesen)
¡¡¡«Commune»!!!
De ahí se
desprende hasta qué
punto han vulgarizado y
adulterado a Marx y Engels, no sólo los oportunistas, sino también Kautsky.
¡¡Los oportunistas no han comprendido ni una sola
de estas 8 riquísimas ideas!!
Han tomado solamente las necesidades prácticas
del presente: utilizar la lucha política, utilizar
el
218
Estado actual para instruir y educar al
proletariado,
para «arrancar concesiones». Esto es exacto (contra
los anarquistas), pero no es todavía más que 1/100
de
marxismo, si cabe emplear un término aritmético.
En su obra de propagandista y en su labor toda de
publicista, Kautsky ha ocultado totalmente (¿o ha
olvidado? ¿o no ha comprendido?) los puntos 1, 2,
5,
6, 7, 8 y el «Zerbrechen» de que, habla Marx (en su
polémica con Pannekoek en 1912 ó 1913 (v. más
abajo, págs.
45-47), Kautsky ha
caído ya por
completo en el oportunismo al tratar esta
cuestión).
De los anarquistas nos distingue (a) la utilización
del Estado ahora
y (b) durante la
revolución proletaria («dictadura del proletariado»), puntos de la mayor
importancia práctica, en este mismo momento. (¡Y es esto lo que olvidó
Bujarin!)
De los oportunistas,
verdades más profundas, «más eternas" sobre (aa) el
carácter «temporal» del Estado, (bb) el daño de las «charlatanerías» acerca de
ese carácter ahora, (cc) el carácter de la dictadura del proletariado, que no
tiene enteramente el carácter de Estado, (dd) la contradicción entre el Estado
y la libertad, (ee) la mayor
exactitud de la
idea (concepción, término programático) de «comunidad» en vez de Estado,
(ff) la «destrucción» (Zerbrechen) de la máquina burocrático-militar.
No hay que olvidar tampoco que la dictadura del
proletariado la impugnan
directamente los oportunistas declarados
de Alemania (Bernstein, Kolb,
etc.), e indirectamente el programa oficial y Kautsky, al silenciarla en su
propaganda diaria y al tolerar a renegados como Kolb y Cía.
A Bujarin se le escribió en agosto de 1916: «deja
que terminen de madurar tus ideas sobre el Estado». Pero él, sin dejarlas
madurar, se lanzó a la prensa como «Nota Bene» y lo hizo de tal modo que, en
vez de desenmascarar a los kautskianos, ¡¡les ayudó con sus propios errores!!
Aunque, en el fondo, Bujarin está más cerca de la verdad que Kautsky».
Tal es la breve historia de esta polémica teórica
sobre el Estado.
Parece que la cosa está clara: Bujarin cometió
errores semianarquistas: es tiempo de corregir
estos
errores y seguir en adelante las enseñanzas de
Lenin.
Pero así sólo pueden pensar los leninistas. Según
resulta, Bujarin no es de este parecer. Afirma lo
contrario: que quien incurrió en error no es él,
sino
Lenin; que no es él quien siguió o tiene que seguir
las
enseñanzas de Lenin, sino, al contrario, fue Lenin
quien hubo de seguir las enseñanzas de Bujarin.
¿Os
parece inverosímil, camaradas?
Entonces,
seguid
escuchando. Después de
esta polémica,
sostenida en 1916, al cabo de nueve años, durante
los
cuales Bujarin guardó silencio, al año de la muerte
de Lenin, precisamente en 1925, Bujarin publicó en
la recopilación de trabajos titulada «La revolución
del Derecho», un artículo «Aportación a la teoría
del
J. V. Stalin
Estado imperialista», no aceptado en tiempos por la
redacción de «Sbórnik Sotsial-Demokrata»275 (es decir, por
Lenin). En una
nota de este
artículo Bujarin declara abiertamente que en esta polémica quien tenía
la razón era él, y no Lenin. Podrá parecer inverosímil, pero es un hecho,
camaradas.
Escuchad lo que dice esa nota:
«A este artículo, publicado en «La Internacional
Juvenil», V. I. (es decir, Lenin) replicó con un suelto. El lector advertirá
fácilmente que yo no incurría en el error
que se me
achacaba, pues comprendía claramente la
necesidad de la
dictadura del proletariado; y,
de otra parte, leyendo el suelto de Ilich, se ve que, por aquel entonces, él
mantenía una posición falsa ante la tesis de «hacer saltar» el Estado (el Estado burgués,
se entiende),
confundiendo este problema con el de la extinción
de
la dictadura del proletariado276. Tal vez yo
hubiera
debido
desarrollar más entonces
el tema de la
dictadura. Pero, para descargo mío, diré que por
aquel
entonces estaba tan
extendida la epidemia
socialdemocrática
de ensalzamiento del
Estado
burgués, que era natural que yo concentrase toda la
atención
en el problema
de hacer saltar
esta
máquina.
Cuando volví de Norteamérica a Rusia y vi a
Nadiezhda Konstantínovna (en nuestro VI Congreso,
celebrado en la clandestinidad, cuando V. r. estaba
oculto), sus primeras palabras fueron éstas: «V. I.
me
encarga que le diga que ahora ya no discrepa de
usted
en cuanto al problema del Estado». Estudiando el
problema,
Ilich había llegado
a las mismas
conclusiones277 respecto a la idea de «hacer
saltar» el
Estado; pero él desarrolló este tema y luego el de
la
dictadura de tal modo, que sentó toda una época en
la
evolución del pensamiento teórico en este sentido».
Así escribe Bujarin de Lenin al año de la muerte de
éste.
¡Ahí tenéis un botón de muestra de la fatuidad
verdaderamente hipertrofiada de un teórico que tiene todavía mucho que
aprender!
Es muy posible que, efectivamente, Nadiezhda
Konstantínovna dijese a Bujarin algo de lo que éste escribe. Pero ¿qué se
deduce de ello? Se deduce simplemente que Lenin tenía ciertas razones para
pensar que Bujarin
había renunciado o
estaba dispuesto a renunciar a sus errores. Nada más. Pero Bujarin lo
interpretó de otro modo. Y decidió que en adelante el creador, o por lo menos
el inspirador, de la teoría marxista
del Estado no
debía ser considerado Lenin,
sino él, Bujarin.
275 «Sbórnik Sotsial-Demokrata» («Recopilación del
Socialdemócrata»); lo editó el CC del POSDR en 1916 bajo la dirección inmediata
de V. I. Lenin.
276 Subrayado por mí. J. St.
277 Subrayado por mí. J. St.
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
Hasta hoy nos habíamos considerado y seguimos
considerándonos leninistas. Pero ahora resulta que
tanto Lenin como nosotros, sus discípulos, somos
bujarinistas. Resulta un poco ridículo, camaradas.
Pero ¿qué queréis? Así ocurre cuando tenemos que
habérnoslas
con esa desmesurada
fatuidad de
Bujarin.
Podría, tal vez, pensarse que Bujarin cometió un
lapsus
en la nota
al artículo a
que hacíamos
referencia, que dijo una necedad y luego se olvidó
de
ella. Pero ocurre que no es así. Resulta que
Bujarin
hablaba completamente en serio. A esa conclusión se
llega, entre otras cosas, porque la afirmación
hecha
en esa nota acerca de los errores de Lenin y la
razón
de Bujarin fue repetida no hace mucho, en 1927, es
decir, a los dos años de su primer ataque contra
Lenin, en la semblanza biográfica que de Bujarin
hizo Maretski, sin que a Bujarin se le ocurriese
siquiera protestar de ese... atrevimiento de
Maretski.
Es evidente que el ataque de Bujarin contra Lenin
no
puede atribuirse al azar.
Resulta, pues, que quien tiene razón es Bujarin, y
no Lenin, y de que el inspirador de la teoría marxista del Estado no es Lenin,
sino Bujarin.
Tal
es, camaradas, el
panorama de las
adulteraciones teóricas y las pretensiones teóricas
de
Bujarin.
¡Y después de todo eso, este hombre se atreve a
decir aquí, en su discurso, que en la posición teórica de nuestro Partido hay
«algo podrido», que en la posición
teórica de nuestro
Partido existe una desviación hacia el trotskismo!
¡Y eso lo dice el mismo Bujarin que incurre (y
que ha incurrido en el pasado) en numerosos y
crasos
errores teóricos y prácticos, el mismo Bujarin que
hasta hace poco tenía por maestro a Trotski y que
todavía ayer buscaba el bloque con los trotskistas
contra los leninistas y corría hacia ellos por la
puerta
falsa!
¿No es ridículo todo esto, camaradas?
V. Cuestiones de la dirección del partido
Hemos
enumerado, pues, todas
las cuestiones
principales de nuestras discrepancias, tanto en la
teoría
como en la
política aplicada por
nuestro
Partido
en los problemas
de la Internacional
Comunista y en los de orden interior. De lo dicho
se
desprende
que la afirmación
de Rykov de que
tenemos una sola línea no corresponde a los hechos.
De lo dicho se desprende que, en realidad, tenemos
dos líneas. Una es la línea general del Partido, la
línea revolucionaria y leninista de nuestro
Partido. La
otra es la línea del grupo de Bujarin. Esta segunda
línea no está aún completamente definida, en parte
porque
dentro del grupo
de Bujarin reina
una
confusión inconcebible de ideas, y en parte porque,
debido a lo débil que es, a su poco peso dentro del
Partido, procura disfrazarse de distintos modos.
Pero,
219
a pesar de todo, esta línea existe, según veis, y
existe
como línea diferente de la línea del Partido, como
línea que se contrapone a la línea general del
Partido
en casi todas las cuestiones de nuestra política.
Esta
segunda línea es una línea de desviación
derechista.
Pasemos ahora a las cuestiones de la dirección del
Partido.
a) El fraccionalismo del grupo de Bujarin
Bujarin
decía que en
nuestro Partido no hay
oposición, que su grupo no es oposición. Eso no es cierto, camaradas.
Los debates del
Pleno han revelado palmariamente
que el grupo de Bujarin es una nueva oposición. La labor oposicionista de ese
grupo consiste en que trata de revisar la línea del Partido y abona el terreno
para sustituirla por otra línea, por la línea de la oposición, que no puede ser
sino una línea de desviación derechista.
Bujarin decía que ellos tres no constituyen un
grupo fraccionalista. Eso no es cierto, camaradas.
El
grupo de Bujarin contiene todos los elementos del
fraccionalismo. Hay plataforma, hay exclusivismo
fraccionalista, hay política de dimisiones, hay
lucha
organizada contra el CC. ¿Qué más quieren aún?
¿Para qué ocultar la verdad del fraccionalismo del
grupo de Bujarin, cuando es una cosa evidente? Para
eso se ha reunido el Pleno del CC y de la CCC.,
para
que se diga aquí toda la verdad acerca de nuestras
discrepancias. Y la verdad es que el grupo de
Bujarin
constituye
un grupo fraccionalista. Y no es
simplemente un grupo fraccionalista; yo diría que
es
el grupo fraccionalista más enojoso y más mezquino
de todos los que hubo en nuestro Partido.
Así nos lo dice aunque sólo sea el hecho de que
ahora
trata de aprovechar
para sus móviles
fraccionalistas una pequeñez tan minúscula como los
desórdenes
de Adzharia. En
efecto, ¿qué es esa
titulada «insurrección» de Adzharía si se la
compara
con la de Cronstadt, por ejemplo? Creo que, si las
comparamos, la titulada «insurrección» de Adzharía
no es siquiera una gota en el mar. ¿Hubo casos en
que los trotskistas o los zinovievistas procuraran
aprovechar el importante levantamiento de Cronstadt
en contra del CC, en contra del Partido? Debemos
reconocer, camaradas, que no hubo tales casos. Al
contrario,
los grupos oposicionistas existentes
en
nuestro
Partido en el
período de ese
importante
levantamiento, ayudaron al Partido a sofocarlo, sin
atreverse a aprovecharlo contra el Partido.
¿Y qué hace ahora el grupo de Bujarin? Habéis
tenido
ocasión de convenceros
de que trata
de
aprovechar en contra del Partido de la manera más
mezquina
y más indecente,
esa microscópica
«insurrección»
de Adzharia. ¿Qué es
eso sino
ceguera fraccionalista y mezquindad fraccionalista
llevadas al colmo?
Se nos pide, por lo visto, que no se produzcan
alteraciones en las regiones periféricas, que
limitan
220
con Estados capitalistas. Se nos pide, por lo
visto,
una
política que satisfaga
a todas las
clases de
nuestra
sociedad, a ricos
y pobres, a
obreros y
capitalistas. Se nos pide, por lo visto, que no
haya en
nuestro
país elementos descontentos. ¿No habrán
perdido
el juicio estos
camaradas del grupo
de
Bujarin?
¿Cómo es posible pedir de nosotros, los hombres
de la dictadura del proletariado, que mantienen la
lucha con el mundo capitalista lo mismo dentro que
fuera de nuestro país, cómo es posible pedir que no
haya en el país descontentos y que no se produzcan
jamás
desórdenes en algunas
regiones periféricas
limítrofes con Estados que nos son hostiles? ¿Para
qué existe entonces el cerco capitalista, si no es
para
que el capital internacional concentre sus
esfuerzos
en la organización de actos contra el Poder
Soviético
en las zonas fronterizas, a cargo de los elementos
descontentos
que haya en
nuestro país? ¿Quién
puede, fuera de los vacuos liberales, exigir tal
cosa
de nosotros?
¿No se
ve claro, acaso,
que la
mezquindad fraccional es capaz de llevar a veces a
la
gente hasta una ceguera y una cerrazón propias de
liberales?
b) La lealtad y la dirección colectiva
Afirmaba Rykov aquí que Bujarin es uno de los
militantes más «intachables» y «leales» en su actitud hacia el CC de nuestro
Partido.
Permítaseme que lo ponga en duda. Nosotros no
podemos creer a Rykov de palabra. Pedimos hechos, que es lo que Rykov no puede
proporcionar.
Tomemos,
por ejemplo, un
hecho como las negociaciones entre telones de Bujarin
con el grupo de Kámenev, ligado con los trotskistas, acerca de la
organización de un
bloque fraccionalista, de la
modificación de la política del CC, de cambios en el Buró Político, del
aprovechamiento de la crisis de los acopios de cereales para actuar contra el
CC. ¿Dónde está, preguntamos, la «lealtad»
de Bujarin, lo «intachable» de su actitud hacia su CC?
¿No es eso, por el contrario, la infracción por un
miembro del Buró Político de toda lealtad hacia su
CC, hacia su Partido? Si a eso se le llama lealtad
para
con el CC, ¿qué será entonces la traición a su CC?
A Bujarin le gusta hablar de lealtad, de honradez;
pero ¿por qué no intenta examinar su conducta y
preguntarse si no infringe del modo más deshonesto
los requisitos elementales de lealtad a su CC al
sostener
negociaciones entre bastidores
con los
trotskistas contra el CC, traicionándole de tal
modo?
Hablaba
Bujarin aquí de
falta de dirección colectiva en el CC del Partido,
afirmándonos que la mayoría del Buró Político del CC no cumple los requisitos
de la dirección colectiva.
Naturalmente,
nuestro Pleno lo
aguanta todo.
Puede
aguantar también esa
desvergonzada e
hipócrita manifestación de Bujarin. Pero hay que
J. V. Stalin
haber perdido de veras la vergüenza para atreverse
a hablar así ante el Pleno contra la mayoría del CC.
En efecto, ¿ de qué dirección colectiva puede
hablarse, si la mayoría del CC, que se ha unido al carro del Estado y lo
conduce adelante poniendo en tensión todas sus fuerzas, pide al grupo de
Bujarin que le ayude en esta difícil obra, y el grupo de Bujarin, lejos de
ayudar a su CC, hace todo lo contrario, le interpone toda clase de obstáculos,
le levanta barreras, amenaza con dimitir y se confabula con los enemigos del
Partido, con los trotskistas, contra el CC de nuestro Partido?
¿Quién podrá negar, fuera de los hipócritas, que
Bujarin, que entra
en bloque con
los trotskistas contra el Partido
y traiciona a su CC, no desea y no practicará la dirección colectiva en el
Comité Central de nuestro Partido?
¿Quién dejará de ver, fuera de los ciegos, que si
Bujarin sigue charlando, pese a todo, de dirección colectiva en el CC, al mismo
tiempo que dirige los tiros contra la
mayoría del CC,
lo hace para enmascarar su posición de traidor?
Debe señalarse que no es la primera vez que
Bujarin
falta a los
postulados elementales de la
lealtad y de la dirección colectiva en relación con
el
CC del Partido. La historia de nuestro Partido
conoce
varios ejemplos. Así, en el período de la paz de
Brest-Litovsk, en vida de Lenin, Bujarin, que se
había quedado en minoría en el problema de la paz,
acudió a los eseristas de izquierda, a unos
enemigos
de
nuestro Partido, y
mantuvo con ellos
conversaciones secretas, esforzándose por ensamblar
juntos
un bloque contra
Lenin y el
CC.
Lamentablemente, no conocemos todavía278 acerca
de qué se confabuló con los eseristas de izquierda.
Sabemos, sí, que los eseristas de izquierda tenían
entonces el propósito de detener a Lenin y dar un
golpe antisoviético... Pero lo más estupendo de
todo
es que Bujarin, al tiempo que acudía a los
eseristas
de izquierda y conspiraba con ellos contra el CC,
seguía hablando a gritos, lo mismo que ahora, de la
necesidad de la dirección colectiva.
La historia de nuestro Partido conoce también
otros ejemplos. En vida de Lenin, contando con la
mayoría del Buró de nuestro Partido de la región de
Moscú y teniendo tras de sí al grupo de comunistas
278 En el período de la paz de Brest-Litvosk
(1918), Bujarin y el
grupo que él dirigía de comunistas «de izquierda»,
de acuerdo
con
Trotski, mantuvieron dentro
del Partido una
lucha
encarnizada contra Lenin, reclamando la
continuación de la
guerra, a fin de exponer la joven República
Soviética, carente
aún de ejército, a los golpes del imperialismo
alemán. En 1938,
en el proceso
del antisoviético «bloque de
trotskistas y
derechistas», se comprobó que Bujarin y el grupo de
comunistas
«de izquierda» que él dirigía, con Trotski y los
eseristas de
izquierda,
habían montado un
complot contrarrevolucionario
secreto
contra el Gobierno
Soviético, con el
propósito de
torpedear el tratado de paz de Brest-Litovsk,
detener y asesinar a
V. I. Lenin, J. V. Stalin e Y. M. Sverdlov y formar
un gobierno compuesto de bujarinistas, trotskistas y eseristas de izquierda.
Sobre la desviación de derechista en el PC(b) de la
URSS
«de izquierda», Bujarin exhortó a todos los
miembros del Partido a expresar su desconfianza al CC, a no subordinarse a él y
a plantear el problema de la escisión en nuestro Partido. Era en el período de
la paz de Brest-Litovsk, cuando el CC había convenido ya en la necesidad de
aceptar las condiciones de la paz de Brest-Litovsk.
Tales son la lealtad y la dirección colectiva de
Bujarin.
Rykov hablaba aquí de la necesidad del trabajo
colectivo, señalando con el dedo a la mayoría del Buró Político
y afirmando que
él y sus amigos íntimos son partidarios del
trabajo colectivo y que, por tanto, la mayoría del Buró Político es contraria
al trabajo colectivo. Pero Rykov no ha expuesto ni un solo hecho que avalase
sus manifestaciones.
Para disipar esta fábula de Rykov, se me permitirá
que cite unos cuantos hechos, unos cuantos ejemplos
demostrativos de cómo practica Rykov el trabajo
colectivo.
Primer ejemplo. Ya conocéis la historia del envío
de oro a Norteamérica. Muchos de vosotros pensaréis
que el oro se envió a Norteamérica por acuerdo del
Consejo de Comisarios del Pueblo, o del CC, o con
el
consentimiento del CC, o con el conocimiento del
CC. Pero no es así, camaradas. El CC y el Consejo
de
Comisarios del Pueblo no tienen la menor relación
con este asunto. Existe el acuerdo de que no se
puede
exportar oro sin la sanción del CC. Pero el acuerdo
no fue cumplido. ¿Quién autorizó el envío? Resulta
que el oro se envió con el permiso de un adjunto de
Rykov, con el conocimiento y el acuerdo de Rykov.
¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?
Segundo ejemplo. Se refiere a las negociaciones
con uno de
los mayores Bancos
privados de Norteamérica, cuyos
bienes fueron nacionalizados después de la Revolución de Octubre y que ahora
pide una indemnización por los daños. El CC se enteró de que un representante
de nuestro Banco del Estado mantenía negociaciones con ese Banco acerca de las
condiciones de dicha indemnización.
La
satisfacción de las
reclamaciones de
particulares es como sabéis, una de las cuestiones
más
importantes relacionadas directamente con
nuestra
política exterior. Podría
parecer que las
negociaciones se mantenían con el visto bueno del
Consejo de Comisarios del Pueblo o del CC. Pero no
era
así, camaradas. El
CC y el
Consejo de
Comisarios del Pueblo no tenían nada que ver con el
asunto.
Posteriormente, al enterarse
de esas
negociaciones, el CC dispuso que se cortasen. Pero
queda
una cuestión: ¿quién sancionó
esas
negociaciones? Resulta que las había sancionado un
adjunto de Rykov con el conocimiento y el acuerdo
de Rykov.
¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?
Tercer ejemplo. Se refiere al abastecimiento de
maquinaria
agrícola a los
kulaks y campesinos
221
medios. El Consejo Económico de la RSFSR, que
preside uno de los adjuntos de Rykov en la RSFSR,
dispuso disminuir el número de máquinas agrícolas
destinadas a los campesinos medios y aumentar el
número destinado a las capas superiores del campo,
es
decir, a los
kulaks. Dice así
esa disposición
antipartido y antísoviética del Consejo Económico
de
la RSFSR:
«Para
las RSSA, de Kazajia
y Bashkiría, los
territorios de Siberia y del Bajo Volga y las
regiones
del Volga Medio y de los Urales, los porcentajes de
venta de maquinaria y aperos agrícolas señalados en
el presente punto se elevan al 20% para las capas
superiores de la aldea y se rebajan al 30% para las
capas medias».
¿Qué os parece? El Consejo Económico de la
RSFSR,
en un período
de intensa ofensiva
del
Partido contra los kulaks y de organización de las
masas de campesinos pobres y medios contra los
kulaks,
acuerda rebajar la
norma de venta
de
maquinaria a los campesinos medios y elevar la
norma de venta a las capas superiores de la aldea.
¡Y eso se llama
política leninista, comunista!
Posteriormente, cuando el CC se enteró del caso, anuló la
decisión del Consejo
Económico. Pero ¿quién sancionó
esta disposición antisoviética? La sancionó
uno de los
adjuntos de Rykov,
con el conocimiento y el acuerdo
de Rykov.
¿Qué es esto?, ¿trabajo colectivo?
Me parece que bastan estos ejemplos para mostrar
cómo practican el trabajo colectivo Rykov y sus adjuntos.
c) La lucha contra la desviación de derecha
Bujarin hablaba de la «ejecución civil» de tres
miembros del Buró Político, con quienes, según sus
palabras, «se metían» las organizaciones de nuestro
Partido. Ha dicho que el Partido había decretado la
«ejecución civil» de tres miembros del Buró
Político,
Bujarin, Rykov y Tomski, criticando sus errores en
la
prensa y en asambleas, mientras ellos, estos tres
miembros del Buró Político, se veían «obligados» a
callar.
Todo esto son estupideces, camaradas. Estas son
falsedades de un comunista liberalizante, que
intenta
debilitar al Partido en su lucha contra la
desviación
derechista. Según Bujarin, si él y sus amigos se
hunden en los errores de una desviación derechista,
el Partido no es quién para desenmascarar estos
errores y debe cesar la lucha contra la desviación
derechista en espera de que a Bujarin y a sus
amigos
se les antoje rectificarlos.
¿No nos pedirá Bujarin demasiado? ¿Cree, acaso,
que el Partido existe para él, y no él para el
Partido?
¿Quién le obliga a callar, a cruzarse de brazos
cuando
el Partido entero está movilizado contra la
desviación
222
derechista y desencadena ataques resueltos contra
las
dificultades? ¿Por qué Bujarin y sus amigos íntimos
no intervienen ahora y no emprenden una lucha
decidida contra la desviación derechista y contra
la
actitud conciliadora hacia ella? ¿Puede nadie dudar
de que el Partido vería con agrado que Bujarin y
sus
amigos íntimos se decidiesen a dar este paso, que
no
es tan difícil? ¿Por qué no se deciden a dar este
paso,
que es, en fin de cuentas, una obligación para
ellos?
¿No será porque los intereses de su grupo están,
para
ellos, por encima de los intereses del Partido y de
su
línea general? ¿Quién tiene la culpa de que
Bujarin,
Rykov y Tomski brillen por su ausencia en la lucha
contra la desviación de derecha? ¿No es evidente
que
esa charlatanería acerca de la «ejecución civil» de
tres miembros del Buró Político no es sino un
intento
mal disfrazado de estos tres miembros del Buró
Político de obligar al Partido a callar y a
suspender la
lucha contra la desviación derechista?
La lucha contra la desviación derechista no se
puede considerar una tarea secundaria de nuestro
Partido; la lucha contra la desviación derechista
es
una de las tareas decisivas de nuestro Partido. Si
en
nuestro
propio seno, dentro
de nuestro propio
Partido, en el Estado Mayor político del
proletariado,
que
dirige el movimiento
y lleva adelante
al
proletariado; si en el seno de ese Estado Mayor
permitiésemos la libre existencia y la libre
actuación
de los desviacionistas de
derecha, que intentan
desmovilizar al Partido, descomponer la clase
obrera,
adaptar nuestra política al gusto de la burguesía
«soviética»
y capitular, de
este modo, ante
las
dificultades de nuestra obra de edificación
socialista;
si permitiésemos todo esto, ¿qué significaría? ¿No
significaría que acabábamos paulatinamente con la
revolución, que descomponíamos nuestra obra de
edificación socialista, rehuíamos las dificultades
y
abandonábamos
las posiciones a
los elementos
capitalistas?
¿Comprende el grupo de Bujarin que renunciar a la
lucha contra la desviación derechista equivale a traicionar a
la clase obrera,
a traicionar la revolución?
¿Comprende el grupo de Bujarin que, sin derrotar a
la desviación derechista y la actitud conciliadora hacia ella, es imposible
vencer las dificultades que se alzan
ante nosotros, y
que, sin vencer
estas dificultades, jamás podremos lograr éxitos decisivos en la
edificación del socialismo?
¿Qué vale, después de todo esto, esa lamentable
frase de la «ejecución civil» de tres miembros del Buró Político?
No, camaradas, los bujarinistas no asustarán al
Partido
con esas charlatanerías liberales
de
«ejecuciones civiles». El Partido exige de ellos
una
lucha
resuelta contra la
desviación derechista y
contra la actitud conciliadora hacia ella, hombro
con
hombro con todos los miembros del CC de nuestro
J. V. Stalin
Partido. Y exige esto del grupo de Bujarin para
facilitar la movilización de la clase obrera, romper la resistencia de los
enemigos de clase y organizar la lucha
enérgica contra las
dificultades con que tropieza nuestra edificación socialista.
O los bujarinistas cumplen esta condición del
Partido, que, en tal caso, los recibirá con los brazos abiertos, o no la
cumplen, y entonces habrán de atenerse a las consecuencias.
E TOR O A
LAS CUESTIO ES DE LA POLÍTICA AGRARIA DE LA URSS
Discurso
en la Conferencia
de especialistas agrarios marxistas
27 de diciembre de 1929279
Camaradas: El hecho principal de nuestra vida
económica y social en el momento presente, y que a todos llama la atención, es
el gigantesco desarrollo del movimiento koljosiano.
El
rasgo distintivo del
actual movimiento
koljosiano estriba en que a los koljoses no afluyen
sólo grupos sueltos de campesinos pobres, como
ocurría
hasta ahora, sino
también las masas
de
campesinos
medios. Esto quiere
decir que el
movimiento
koljosiano, que antes
abarcaba
únicamente algunos grupos y capas de trabajadores
campesinos, se ha convertido en un movimiento de
millones y millones de campesinos, de las masas
fundamentales campesinas. Eso, entre otras cosas,
es
lo que explica
el hecho extraordinariamente
importante
de que el
movimiento koljosiano,
transformado en creciente y poderoso alud contra
los
kulaks, barra a su paso la resistencia del kulak,
acabe
con el kulakismo y abra el camino para una amplia
obra de edificación socialista en el campo.
Pero, si tenemos razones para enorgullecernos de
los
éxitos prácticos logrados
en la edificación
socialista, no podemos decir lo mismo en cuanto a
los éxitos de nuestra labor teórica por lo que se
refiere a la economía en general, y a la
agricultura en
particular. Lejos de ello, hay que reconocer que
nuestra
teoría va retrasada
de nuestros éxitos
prácticos, que existe cierta disparidad entro los
éxitos
prácticos y el desarrollo de la teoría. Y, sin
embargo,
es necesario que la labor teórica no sólo no se
quede
atrás de la práctica, sino que se adelante a ella,
pertrechando a nuestros trabajadores prácticos en
su
lucha por el triunfo del socialismo.
No voy a detenerme a demostrar la importancia de
la teoría. Vosotros la conocéis de sobra. Es sabido
que la teoría,
cuando lo es
de veras, da
a los
trabajadores
prácticos capacidad de
orientación,
279 La Conferencia de especialistas agrarios
marxistas, convocada por la Academia
Comunista aneja al
CEC de la
URSS, transcurrió del 20 al 27 de diciembre de 1929. J. V. Stalin
pronunció su discurso «En torno a las cuestiones de la política agraria de la
URSS» el 27 de diciembre, en la reunión plenaria de clausura de la Conferencia.
claridad de perspectivas, seguridad en el trabajo,
fe en el triunfo de nuestra causa. Y todo ello tiene -y no puede ser
de otra manera-
una importancia formidable para
nuestra obra de
edificación socialista. Lo malo es que empezamos a flaquear precisamente
en este terreno, en el estudio teórico de las cuestiones de nuestra economía.
¿Cómo, si no, se explica que en nuestro país, en
nuestra vida política y social, sigan circulando
aún
diversas teorías burguesas y pequeñoburguesas en
torno a las cuestiones de nuestra economía? ¿Cómo
se explica que estas teorías de mayor o menor vuelo
no hayan encontrado hasta ahora la réplica
adecuada?
¿Cómo se explica que comiencen a ser relegadas al
olvido, que no se popularicen en nuestra prensa,
que
no se destaquen a primer plano, no se sabe por qué,
algunas tesis fundamentales de la economía política
marxista-leninista, que san el antídoto más eficaz
contra esas teorías burguesas y pequeñoburguesas?
¿Acaso es difícil comprender que, sin una lucha
implacable contra las teorías burguesas, sostenida
sobre
la base de
la teoría marxista-leninista, es
imposible el triunfo completo sobre los enemigos de
clase?
La nueva experiencia práctica suscita un nuevo
modo de abordar los problemas de la economía del
período de transición. De un modo nuevo se plantean
ahora las cuestiones de la Nep, de las clases, del
ritmo de la edificación, de la ligazón de los
obreros y
los campesinos de la política del Partido. Y para
no
quedarse atrás de la experiencia práctica, hay que
preocuparse ahora mismo de estudiar todos estos
problemas
desde el punto
de vista de
la nueva
situación. De otra manera será imposible acabar con
esas
teorías burguesas, que
ofuscan a nuestros
trabajadores prácticos. De otra manera será
imposible
extirpar esas teorías, que adquieren la solidez de
prejuicios, pues sólo luchando contra los
prejuicios
burgueses
en el terreno
de la teoría
podremos
fortalecer las posiciones del marxismo-leninismo.
Permitidme
que pase a
examinar los rasgos característicos siquiera
sea de algunos
de esos prejuicios burgueses
que ostentan el
nombre de teorías, y demostrar su
inconsistencia al tiempo que esclarecemos algunos de los problemas cardinales
de nuestra edificación.
224
I. La teoría del «equilibrio»
Sabréis,
sin duda alguna,
que a estas
alturas
todavía circula entre los comunistas la llamada
teoría
del "equilibrio» de los sectores de nuestra
economía
nacional. Esta teoría no tiene, naturalmente, nada
de
común con el marxismo. Sin embargo, la propagan
algunos individuos del campo de los desviacionistas
de derecha.
Según esa teoría, tenemos ante todo un sector
socialista, que forma una especie de compartimento,
y,
además, un sector
no socialista, capitalista
si
queréis, que forma otro compartimento diferente.
Ambos
compartimentos se deslizan
por carriles
distintos
y avanzan tranquilamente, sin
rozarse
siquiera.
La geometría nos
dice que dos
líneas
paralelas no se encuentran nunca. Pero los autores
de
esta magnifica teoría entienden que esos sectores
paralelos llegarán a reunirse un día, y que el día
en
que se reúnan advendrá en nuestro país el
socialismo.
Esa teoría no tiene en cuenta que detrás de tales
«compartimentos»
están las clases,
y que los
«compartimentos» en cuestión avanzan en medio de
una furiosa lucha de clases, de una lucha a vida o
muerte,
de urna lucha
bajo el signo
de «quién
vencerá a quién».
No es difícil comprender que esa teoría no tiene
nada de
común con el
leninismo. No es
difícil comprender que, objetivamente, esa teoría se marca la finalidad
de defender las posiciones de la hacienda campesina individual,
de proporcionar a
los elementos kulaks una «nueva» arma teórica en su lucha contra
los koljoses y
de desacreditar las posiciones de los koljoses.
Y, sin embargo,
esa teoría sigue
hasta hoy circulando en nuestra
prensa. Y no se puede decir que nuestros teóricos la hayan combatido en serio,
ni mucho menos que
le hayan asestado
golpes demoledores. ¿Cómo se explica esta incongruencia, si no es por el
atraso de nuestra teoría?
Bastaría, sin embargo, con sacar del arsenal del
marxismo
la teoría de
la reproducción y
contraponerla
a esa teoría
del equilibrio de los
sectores, para que no quedase de esta última piedra
sobre piedra. En efecto, la teoría marxista de la
reproducción nos enseña que la sociedad moderna no
puede desarrollarse sin acumular año tras año, y
para
poder
acumular no hay
más camino que
la
reproducción ampliada de año en año. Esto es claro
y
comprensible.
Nuestra gran industria
socialista
centralizada se desarrolla según la teoría marxista
de
la reproducción ampliada, pues su volumen crece
todos los años, tiene sus acumulaciones y avanza a
pasos de siete leguas.
Pero nuestra gran industria no es toda la economía
nacional. Al contrario: en nuestra economía
nacional
sigue
predominando aún la
pequeña hacienda
campesina. ¿Se puede afirmar que nuestra pequeña
hacienda campesina se rige, en su desarrollo, por
el
J. V. Stalin
principio de la reproducción ampliada? No, no puede
afirmarse.
Nuestra pequeña hacienda
campesina,
lejos de ajustarse, en su conjunto, a la
reproducción
ampliada de año en año, experimenta lo contrario,
pues es muy raro que pueda incluso llegar a la
reproducción simple. ¿Se puede impulsar con ritmo
acelerado nuestra industria socializada, teniendo
una
base agrícola como la pequeña hacienda campesina,
incapaz de la reproducción ampliada y que, por si
fuera poco, es la fuerza predominante de nuestra
economía nacional? No, no es posible. ¿Se podría,
durante un período más o menos largo, asentar el
Poder Soviético y la edificación socialista sobre
esas
dos bases distintas: sobre la base de la industria
socialista, la más grande y concentrada, y sobre la
base de la pequeña economía mercantil campesina, la
más dispersa y atrasada? No, esto no sería posible.
Tarde o temprano conducirla necesariamente a un
total derrumbamiento de toda la economía nacional.
¿Dónde está, pues, la solución? La solución está
en ampliar las
haciendas agrícolas, en
hacer la agricultura apta
para la acumulación, para
la reproducción ampliada, transformando de este modo la base agrícola de
la economía nacional.
Pero ¿cómo conseguirlo?
Para
ello hay dos
caminos. Existe el
camino
capitalista,
que consiste en
ampliar mediante su
fusión las haciendas agrícolas implantando en ellas
el
capitalismo, lo cual implica el empobrecimiento del
campesino y el desarrollo de empresas capitalistas
en
la
agricultura. Nosotros rechazamos
ese método
como incompatible con la economía soviética.
Pero hay otro camino, el camino socialista, el cual
consiste en organizar en la agricultura los koljoses y sovjoses y
que conduce a
la agrupación de las
pequeñas haciendas campesinas
en grandes haciendas colectivas,
equipadas con los elementos de la
técnica y la
ciencia y capaces
de seguir progresando, puesto
que pueden ejercer
la reproducción ampliada.
Por tanto, la cuestión está planteada así: o un
camino, u otro; o marchamos hacia atrás, hacia el capitalismo, o hacia
adelante, hacia el socialismo. No hay ni puede haber un tercer camino.
La teoría del «equilibrio» es el intento de trazar
un tercer camino. Precisamente por eso, porque basa sus cálculos en ese
(inexistente) tercer camino, es una teoría utópica y antimarxista.
Como veis, bastaba contraponer la teoría de Marx
sobre la reproducción a la teoría del «equilibrio» de los sectores, para que no
quedase de esta última piedra sobre piedra.
¿Por
qué no lo
hacen nuestros especialistas agrarios marxistas? ¿A quién
puede beneficiar que esa ridícula teoría del «equilibrio» siga circulando en
nuestra prensa y, en cambio, permanezca archivada la teoría marxista de la
reproducción?
En torno a la cuestión de la política agraria de la
URSS
II. La teoría
de la «espontaneidad» en la
edificación socialista
Pasemos
a examinar el
segundo prejuicio arraigado en la
economía política, la segunda teoría de
tipo burgués. Me
refiero a la
teoría de la «espontaneidad» en la edificación
socialista, teoría que nada tiene que ver con el marxismo y que, sin embargo,
propagan celosamente nuestros camaradas del campo derechista.
Los autores de esta teoría afirman, sobre poco
más o menos, lo siguiente: en nuestro país existía
el
capitalismo, la industria se desarrollaba sobre una
base capitalista, y el campo marchaba detrás de la
ciudad capitalista de un modo espontáneo, de por
sí,
transformándose a imagen y semejanza de la ciudad
capitalista. Pues bien, si bajo el capitalismo
ocurría
así, ¿por qué no ha de ocurrir lo mismo con la
economía soviética? ¿Por qué el campo, la pequeña
hacienda campesina,
no
puede marchar
espontáneamente
tras de la
ciudad socialista,
transformándose también espontáneamente a imagen
y semejanza de ella? Los autores de esta teoría
afirman,
apoyándose en este
argumento, que el
campo puede marchar tras de la ciudad socialista de
un modo espontáneo. De ahí la pregunta: ¿merece la
pena preocuparse tanto de la creación de sovjoses y
koljoses?, ¿merece la pena que rompamos lanzas por
ello,
si el campo
puede, sin necesidad
de más,
marchar tras de la ciudad socialista?
Ahí
tenéis otra teoría
que, objetivamente, se propone
colocar en manos
de los elementos capitalistas del campo una nueva
arma para su lucha contra los koljoses.
El fondo antimarxista de esa teoría no deja lugar a
dudas.
¿No es extraño que nuestros teóricos no hayan
encontrado aún, a estas alturas, tiempo para
demoler
tan
peregrina teoría, que
ofusca a nuestros
trabajadores prácticos del movimiento koljosiano?
El papel dirigente de la ciudad socialista respecto
al campo
individualista, en el
que prevalece la pequeña hacienda campesina, es, sin duda,
grande e inestimable. En ello, precisamente, se basa el papel transformador de
la industria con
relación a la agricultura. Pero ¿acaso basta eso para
que el campo, con su pequeña hacienda campesina, marche por propio impulso tras
de la ciudad por el cauce de la edificación socialista? No, no basta.
Bajo
el capitalismo, el
campo seguía
espontáneamente a la ciudad, porque la economía
capitalista
de la ciudad
y la pequeña
economía
mercantil del campesino individual son, en el
fondo,
un solo tipo de economía. Naturalmente, la pequeña
economía mercantil del campesino no es aún una
economía capitalista. Pero, en el fondo, es el
mismo
tipo de economía que el capitalismo, puesto que se
apoya en la propiedad privada sobre los medios de
producción. Lenin tiene mil veces razón cuando, en
225
sus
notas relativas al
folleto «La economía del período
de transición» de
Bujarin, habla de la
«tendencia mercantil-capitalista de los campesinos» en contraste
con la «tendencia socialista
del proletariado». Eso, precisamente, explica por qué «la pequeña producción
engendra capitalismo y burguesía
constantemente, cada día,
cada hora, espontáneamente y en
masa» (Lenin).
¿Puede
afirmarse que la
pequeña economía
mercantil campesina sea también, en esencia, un
mismo tipo de economía que la producción socialista
de la ciudad? Es evidente que no puede afirmarse
tal
cosa sin romper con el marxismo. De otro modo,
Lenin no diría que «mientras vivamos en un país de
pequeñas
haciendas campesinas, el
capitalismo
tendrá en Rusia una base económica más sólida que
el comunismo».
Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la
edificación socialista es
una teoría podrida, antileninista.
Por tanto, para que el campo, con sus pequeñas
haciendas campesinas, siga a la ciudad socialista,
hace
falta, aparte de
todo lo demás,
una cosa:
implantar en el campo grandes haciendas
socialistas,
bajo la forma de sovjoses y koljoses, como base del
socialismo, capaces de arrastrar consigo, con la
ciudad socialista a la cabeza, a las grandes masas
campesinas.
Por tanto, la teoría de la «espontaneidad» en la
edificación socialista es una teoría antimarxista.
La
ciudad socialista sólo puede arrastrar consigo al
campo,
con sus pequeñas
haciendas campesinas,
implantando
koljoses y sovjoses
en el campo
y
transformando la aldea de un modo nuevo, al modo
socialista.
Es
extraño que esta teoría
antimarxista de la «espontaneidad» en la edificación
socialista no haya encontrado hasta hoy la merecida réplica por parte de
nuestros teóricos agrarios.
III. La teoría de la «estabilidad» de la pequeña
hacienda campesina
Pasemos a examinar el tercer prejuicio arraigado
en la economía política: la teoría de la
«estabilidad»
de la pequeña hacienda campesina. Nadie ignora las
objeciones de la economía política burguesa a la
conocida tesis del marxismo, que afirma las
ventajas
de las grandes explotaciones sobre las pequeñas,
tesis
que,
según sus impugnadores,
sólo rige para
la
industria, pero que es inaplicable a la
agricultura. Los
teóricos socialdemócratas del tipo de David y de
Hertz,
que propugnan esta
teoría, intentan
«apoyarse» en el hecho de que el pequeño campesino
es paciente y sufrido, que está dispuesto a
afrontar
todas las privaciones con tal de defender su puñado
de
tierra, por cuya
razón la pequeña
hacienda
campesina da muestras de estabilidad en la lucha
contra la gran hacienda agrícola.
226
No es difícil
comprender que semejante
«estabilidad» es peor que cualquier inestabilidad.
No
es difícil comprender que el móvil de esta teoría
antimarxista no es otro que ensalzar y afianzar el
régimen
capitalista, ruinoso para
las masas de
millones de pequeños campesinos. Precisamente por
eso, porque persigue ese móvil, es por lo que a los
marxistas les ha sido tan fácil destruir esta
teoría.
Pero ahora no se trata de eso. De lo que se trata
es
de que nuestra experiencia práctica, la realidad de
nuestro país aporta nuevos argumentos contra esa
teoría,
y nuestros teóricos,
inexplicablemente, no
quieren o no saben utilizar esta nueva arma contra
los
enemigos
de la clase
obrera. Me refiero
a la
experiencia práctica de la supresión de la
propiedad
privada sobre la tierra, a la experiencia práctica
de la
nacionalización de la tierra en nuestro país, que
emancipa al pequeño campesino del apego servil a su
puñado de tierra, facilitando con ello el paso de
la
pequeña
hacienda campesina a la gran
hacienda
colectiva.
En efecto, ¿qué es lo que inspiraba, lo que inspira
y lo que
todavía seguirá inspirando
al pequeño
campesino de la Europa Occidental ese apego por su
pequeña hacienda mercantil? Ante todo y sobre todo,
el puñado de tierra de su propiedad, la propiedad
privada
sobre la tierra.
Se pasaba años
enteros
ahorrando para comprar unos terrones y, cuando
lograba
adquirirlos, era natural
que no quisiera
perderlos, que prefiriera pasar por toda clase de
privaciones, que prefiriera vivir en el salvajismo
y en
la miseria, antes que perder ese puñado de tierra,
base de su hacienda individual.
¿Puede afirmarse que ese factor sigue existiendo
en la misma forma en nuestro país, dentro de las
condiciones del régimen soviético? No, no puede
afirmarse. No puede afirmarse, porque en nuestro
país no hay propiedad privada sobre la tierra. Y
precisamente por ello, porque en nuestro país no
hay
propiedad
privada sobre la
tierra, nuestros
campesinos no tienen ese apego servil por la tierra
que sienten los campesinos del Occidente. Y esta
circunstancia no puede por menos de facilitar el
paso
de la pequeña hacienda campesina al cauce de los
koljoses.
Tal es una de las causas de que a las grandes
haciendas agrícolas, a los koljoses, les sea tan fácil, en nuestro país, bajo
las condiciones creadas por la nacionalización de la tierra, demostrar sus
ventajas sobre la pequeña hacienda campesina.
Ahí reside la gran importancia revolucionaria de
las leyes agrarias soviéticas, que suprimieron la renta absoluta del suelo,
abolieron la propiedad privada sobre la tierra y decretaron su nacionalización.
Y esto nos brinda, por tanto, un nuevo argumento
contra los economistas burgueses, que proclaman la estabilidad de la pequeña
hacienda campesina en la lucha de ésta contra la hacienda grande.
J. V. Stalin
¿Por qué nuestros teóricos agrarios no utilizan a
fondo este nuevo argumento en su lucha contra toda suerte de teorías burguesas?
Al proceder a la nacionalización de la tierra,
partimos, entre otras cosas, de las premisas teóricas que contienen el tercer
tomo de «El Capital», la conocida obra de Marx «Teorías de la plusvalía» y los
trabajos agrarios de Lenin, que son un riquísimo venero de pensamientos
teóricos. Al decir esto, me refiero a la teoría de la renta del suelo en
general, y a la teoría de la renta absoluta del suelo en particular. Hoy es
evidente que las tesis teóricas contenidas en estas obras han sido
brillantemente confirmadas por la
experiencia práctica de
nuestra edificación socialista
en la ciudad y en el campo.
Lo único que no se comprende es por qué las
teorías anticientíficas
de
los economistas
«soviéticos»
tipo Chaiánov pueden
circular
libremente en nuestra prensa y los geniales
trabajos
de Marx, Engels y Lenin sobre la teoría de la renta
del suelo y de la renta absoluta del suelo, lejos
de ser
popularizados y destacados a un primer plano, deben
permanecer arrumbados.
Recordaréis,
sin duda, el
conocido folleto de Engels «El problema campesino».
Recordaréis, sin duda, con qué prudencia aborda Engels el problema del paso de
los pequeños campesinos a la senda de la economía cooperativa, a la senda de la
economía colectiva. Permitidme que cite el pasaje del folleto de Engels que
trata de esto:
«Nosotros
estamos resueltamente de
parte del
pequeño
campesino; haremos todo
cuanto sea
admisible para hacer más llevadera su suerte, para
hacerle más fácil el paso al régimen cooperativo,
caso de que se decida a él, e incluso para
facilitarle
un largo plazo de tiempo para que lo piense en su
parcela,280 si no se decide a tomar todavía esta
determinación».281
Veis con qué prudencia aborda Engels la cuestión
del paso de la hacienda campesina individual a la
vía
del colectivismo. ¿Cómo se explica esa prudencia de
Engels,
que a primera
vista podría parecer
exagerada? ¿De qué premisa parte al razonar así?
Indudablemente,
parte de la
existencia de la
propiedad privada sobre la tierra, del hecho de que
el
campesino posee «su parcela», de la cual le costará
trabajo
desprenderse. Tal es
el campesino del
Occidente.
Tal es el
campesino de los
países
capitalistas, en los que existe la propiedad
privada
sobre la tierra. Se comprende que en este caso se
requiera gran prudencia.
280 Subrayado por mí. J. St.
281 F. Engels, «El
problema campesino en
Francia y en Alemania», pág. 66, ed. en ruso, 1922
(véase: C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 409, ed.
en español, Moscú, 1952).
En torno a la cuestión de la política agraria de la
URSS
¿Puede
afirmarse que en
nuestro país, en la
URSS, exista la misma situación? No, no puede
afirmarse. Y no puede afirmarse, porque en la URSS
no existe propiedad privada sobre la tierra, que es
lo
que infunde al campesino el apego a su hacienda
individual. No puede afirmarse, porque en la URSS
la tierra está nacionalizada, y ello facilita el
paso del
campesino individual al cauce del colectivismo.
He ahí una de las causas de la facilidad y la
rapidez relativas con que en nuestro país se desarrolla últimamente el
movimiento koljosiano.
Es lamentable que nuestros teóricos agrarios no
hayan intentado aún poner de relieve con la debida
claridad
esta diferencia entre
la situación del
campesino en la URSS y en el Occidente. Esta labor
tendría, sin embargo, una importancia formidable no
sólo para nosotros, para los militantes soviéticos,
sino también para los comunistas de todos los
países;
pues
para la revolución
proletaria en los
países
capitalistas no es lo mismo que, al día siguiente
de la
toma del Poder por el proletariado, haya que
edificar
el socialismo sobre la base de la nacionalización
de
la tierra o sin esta base.
En un artículo publicado hace poco en la prensa
(«El año del gran viraje»), exponía yo los
conocidos
argumentos en pro de la superioridad de la gran
hacienda agrícola sobre la pequeña, refiriéndome a
los grandes sovjoses. Huelga demostrar que todos
esos
argumentos son íntegra
y completamente
aplicables a los koljoses, que también son grandes
unidades económicas. Y al decir esto, no me refiero
solamente
a los koljoses
más desarrollados, que
poseen
una base de
máquinas y tractores,
sino
también
a los koljoses
de tipo primario,
que
representan, por decirlo así, el período
manufacturero
del desarrollo de los koljoses y que se valen de
los
aperos de los campesinos. Me refiero a esos
koljases
de tipo primario que se crean actualmente en las
zonas de colectivización total y que se basan en la
simple reunión de los instrumentos de producción de
los campesinos.
Tomemos, por ejemplo, los koljoses de la zona
del Jopior, en la antigua región del Don. A primera
vista, si tomamos en consideración los elementos
técnicos, estos koljoses no parecen diferenciarse
en
nada de la
pequeña hacienda campesina (pocas
máquinas, pocos tractores). Sin embargo, la simple
reunión
de los instrumentos
campesinos en los
koljoses produce un efecto con el que ni siquiera
habían
soñado nuestros trabajadores prácticos.
¿Cómo
se concreta este
efecto? El paso
de los
campesinos a los koljoses se ha traducido en un
aumento del 30, del 40 y del 50% del área de
cultivo.
¿Cómo explicarse este efecto «vertiginoso»? Por el
hecho de que los campesinos, impotentes bajo el
régimen del trabajo individual, se han convertido
en
una fuerza poderosísima al reunir sus instrumentos
de trabajo y agruparse en los koljoses. Por el
hecho
227
de que los campesinos se han puesto en condiciones
de explotar las tierras baldías y vírgenes, que bajo el régimen de
trabajo individual eran
difícilmente cultivables. Por el hecho de que los campesinos se han
colocado en condiciones de tomar las tierras vírgenes en
sus manos, de poner
en cultivo los yermos, los pegujales, los linderos, etc.
El cultivo de las tierras baldías y vírgenes es de
importancia capital para nuestra agricultura. Como
sabéis, la cuestión agraria fue en tiempos pasados
el
eje del movimiento revolucionario en Rusia. Sabéis
que el movimiento agrario se proponía, entre otras
cosas, acabar con la escasez de tierras. Había por
aquel entonces muchos que pensaban que la escasez
de tierras era absoluta; es decir, que en Rusia no
había ya tierras libres aptas para el cultivo. ¿Y
qué ha
demostrado la realidad? Hoy es de una evidencia
absoluta que en la URSS había y hay decenas de
millones de hectáreas de tierras incultas; pero el
campesino, con sus pobres instrumentos de trabajo,
no
tenía la menor
posibilidad de cultivarlas.
Precisamente por eso, porque se veía imposibilitado
de cultivar las tierras vírgenes y baldías, se
sentía
atraído por las «tierras fáciles», por las tierras
de
propiedad de los terratenientes, por las tierras
que el
campesino podía cultivar con sus aperos y su
trabajo
individual. Este era el origen de la «escasez de
tierras». No es, pues, extraño que nuestro «Trust
de
los
cereales», dotado de
tractores, esté hoy en
condiciones de poner en explotación unos veinte
millones de hectáreas de tierras incultas, no
ocupadas
por los campesinos y que habría sido imposible
cultivar bajo el sistema del trabajo individual y
con
los aperos de la pequeña hacienda campesina.
La
importancia del movimiento
koljosiano en
todas sus fases -tanto en su fase primaria como en
su
fase
más avanzada, en
que ya está
dotado de
tractores-
estriba, entre otras
cosas, en que
los
campesinos pueden poner ahora en cultivo las
tierras
baldías y vírgenes. Ese es el secreto del
formidable
aumento de la superficie de siembra, tan pronto
como
los campesinos pasan al sistema del trabajo
colectivo.
Ahí reside una de las causas de la superioridad de
los
koljoses respecto a la hacienda campesina
individual.
Huelga decir que la superioridad de los koljoses
respecto a la hacienda campesina individual será
todavía más innegable cuando esos koljoses de tipo
primario de las zonas de colectivización total
cuenten
con la ayuda de nuestras estaciones y columnas de
máquinas y tractores, cuando los koljoses mismos
puedan concentrar en sus manos los tractores y las
segadoras-trilladoras.
IV. La ciudad y el campo
Hay un prejuicio, cultivado por los economistas
burgueses, el de las llamadas «tijeras», al que se
debe
declarar una guerra implacable, como a todas las
demás teorías burguesas extendidas, por desgracia,
228
en la prensa soviética. Me refiero a la teoría de
que la Revolución de Octubre ha dado a los campesinos menos que la revolución
de febrero, de que, hablando en propiedad, la Revolución de Octubre no ha dado
nada a los campesinos.
Este
prejuicio lo mantuvo
algún tiempo en
circulación
en nuestra prensa
un economista
«soviético». Cierto que ese economista «soviético»
se desdijo más tarde de su teoría. (Una voz:
«¿Quién
era?».) Era Groman. Pero la oposición trotskista-
zinovievista la recogió y la utilizó contra el
Partido.
Y no hay
razón alguna para
afirmar que en la
actualidad
no siga circulando
entre los medios
«soviéticos».
Es un problema muy importante, camaradas. Es algo
que afecta a las relaciones entre la ciudad y el campo, a la supresión de la
oposición entre la ciudad y el campo; afecta al candente problema de las
«tijeras». Por eso creo que merece la pena que nos ocupemos de esta peregrina
teoría.
¿Es cierto que la Revolución de Octubre no ha
dado nada a los campesinos? Acudamos a los hechos.
Tengo aquí el conocido resumen del conocido
especialista en estadística
camarada Nernchínov, publicado en
mi artículo «En el
frente de los cereales»282. De este resumen se
desprende que, antes de la revolución, los terratenientes «producían» un mínimo
de 600 millones de puds de cereales. Es decir, que los terratenientes disponían
entonces de unos 600 millones de puds de cereales.
Según ese resumen, los kulaks «producían» en
aquella época 1.900 millones de puds. Era una
fuerza
muy considerable la que los kulaks poseían
entonces.
Los campesinos pobres y medios producían, a su
vez, según el mismo resumen, 2.500 millones de
puds.
Tal era la situación en la vieja aldea, en la aldea
de antes de la Revolución de Octubre.
¿Qué
cambios se han
operado en el
campo
después de Octubre? Tomaré las cifras del citado
resumen
estadístico. Fijémonos, por
ejemplo, en
1927. ¿Cuánto produjeron ese año los
terratenientes?
Es lógico que no produjeron ni podían producir
nada,
ya que los terratenientes fueron suprimidos por la
Revolución de Octubre. Y es bien comprensible que
esto debía ser un gran alivio para los campesinos,
que
de tal modo se libraron del yugo de los
terratenientes.
Esto ha sido, indudablemente, un gran beneficio
para
los campesinos, beneficio que deben a la Revolución
de Octubre.
¿Cuánto
produjeron los kulaks
en 1927? 600 millones de puds
de cereales, en
vez de 1.900 millones. Es decir,
que el período posterior a la Revolución de Octubre redujo la fuerza de los
kulaks a menos de un tercio. Es bien comprensible que esto debía ser por fuerza
un alivio en la situación de los campesinos pobres y medios.
282 Véase: J. V. Stalin, Obras, t. 11, págs.
84-100, ed. en español.
J. V. Stalin
¿Y cuánto produjeron en 1927 los campesinos
pobres y medios? 4.000 millones de puds, en vez de
2.500
millones. Es decir,
que, después de
la Revolución de Octubre, los campesinos pobres y medios han llegado a
producir 1.500 millones de puds de cereales más que antes de la revolución.
Tales son los hechos, demostrativos de que los
campesinos pobres y medios han obtenido de la Revolución de Octubre ventajas
colosales.
He ahí lo que la Revolución de Octubre ha dado a
los campesinos pobres y medios.
¿Cómo, después de esto, se puede afirmar que la
Revolución de Octubre
no ha dado
nada a los campesinos?
Pero esto no es todo, camaradas. La Revolución
de Octubre suprimió la propiedad privada sobre la
tierra, acabó con el régimen de compraventa de la
tierra, implantó la nacionalización del suelo. ¿Qué
significa eso? Significa que ahora, para producir
cereales, el campesino no necesita ya comprar la
tierra. Antes, se pasaba años y años ahorrando lo
necesario para adquirir tierra, se hundía en un mar
de
deudas, se dejaba explotar, todo para adquirir
tierra.
Y el dinero invertido en comprar la tierra
recargaba,
naturalmente,
el coste de
la producción de los
cereales.
Hoy, el campesino no necesita hacer eso. Hoy
puede producir cereales sin necesidad de comprar la
tierra. Por consiguiente, los cientos de millones
de
rublos
que los campesinos
gastaban antes en la
compra de tierra se quedan ahora en sus bolsillos.
¿Representa esto o no un alivio para el campesino?
Claro está que sí.
Prosigamos. Hasta hace poco, el campesino véiase
obligado a arañar la tierra con sus viejos aperos y
sus
solas manos. Todo el mundo sabe que el trabajo
individual, con los viejos instrumentos de
producción
ya hoy inadecuados, no
da el rendimiento
indispensable para una vida llevadera, para elevar
de
un modo sistemático el nivel material del
campesino,
para desarrollar su cultura y llevarlo al ancho
camino
de la edificación
socialista. Hoy, después
del
desarrollo intensivo del movimiento koljosiano, el
campesino puede asociar su trabajo al trabajo de
sus
vecinos, agruparse con ellos en el koljós, roturar
las
tierras
vírgenes y aprovechar
las tierras baldías,
obtener máquinas y tractores, duplicando y hasta
triplicando con ello la productividad de su
trabajo.
¿Y qué significa
esto? Significa que
hoy los
campesinos, gracias a su reunión en koljoses,
pueden
producir
mucho más que
antes con el
mismo
esfuerzo. Significa, por tanto, que la producción
de
cereales resulta ahora mucho más barata que hasta
últimamente.
Significa, finalmente, que,
con el
carácter estable de los precios, el campesino puede
sacar de los cereales mucho más de lo que sacaba
antes.
¿Cómo, después de todo esto, se puede afirmar
En torno a la cuestión de la política agraria de la
URSS
que la Revolución de Octubre no ha dado ventaja
alguna a los campesinos?
¿No es evidente, acaso, que quienes propalan esas
patrañas calumnian a las claras al Partido y al Poder Soviético?
Pero ¿qué se desprende de todo ello?
Se desprende que la cuestión de las «tijeras», la
cuestión
de acabar con
este fenómeno, debe
plantearse hoy de un modo nuevo. Se desprende que,
si el movimiento koljosiano sigue avanzando con el
ritmo actual, las «tijeras» serán suprimidas en un
futuro próximo. Se desprende que el problema de las
relaciones entre la ciudad y el campo se plantea
sobre
una base nueva, que la oposición entre la ciudad y
el
campo irá borrándose con ritmo acelerado.
Esta
circunstancia, camaradas, es
de una importancia formidable
para toda nuestra obra de edificación.
Esto hace cambiar
la psicología del campesino y le orienta hacia la ciudad.
Esto crea un terreno favorable para acabar con la oposición entre la ciudad y
el campo. Esto da base para que la consigna
del Partido, «de cara
al campo», se complemente con la consigna de los
campesinos koljosianos, «de cara a la ciudad».
Y ello no
tiene nada de
particular, pues el
campesino
recibe ahora de
la ciudad máquinas,
tractores, agrónomos, organizadores y, finalmente,
ayuda directa para combatir y vencer a los kulaks.
El
campesino
de tipo antiguo,
con su desconfianza
zoológica
hacia la ciudad,
en la que
veía un
expoliador, va pasando a segundo plano. Lo
sustituye
un campesino nuevo, el campesino koljosiano, que
mira a la ciudad con la esperanza de obtener de
ella
una ayuda real para la producción. El campesino de
tipo antiguo, temeroso de caer en campesino pobre y
que sólo furtivamente escalaba el puesto de kulak
(¡podían despojarle del derecho electoral!), se ve
sustituído por un nuevo tipo de campesino, ante el
cual se abre una nueva perspectiva: la de entrar en
el
koljós y salir de la miseria y la ignorancia para
marchar
por el ancho
camino del progreso
económico y cultural.
Tal es el giro que toman las cosas, camaradas.
Por eso
resulta tanto más lamentable, camaradas,
que nuestros teóricos agrarios no hayan tomado
todas
las medidas necesarias para demoler y extirpar las
teorías
burguesas de toda
laya, que tratan
de
desacreditar
las conquistas de
la Revolución de
Octubre y el creciente movimiento koljosiano.
V. La naturaleza de los koljoses
Los koljoses, como tipo de economía, son una de las
formas de la economía socialista. Acerca da ello no puede caber ninguna duda.
Uno de los
oradores ha hablado
aquí para
desacreditar
los koljoses. Ha
afirmado que los
koljoses, como entidades económicas, no presentan
ninguna
afinidad con la
forma socialista de
229
economía.
Debo manifestar, camaradas,
que esta calificación de los
koljoses es absolutamente falsa. Y no puede haber la menor duda de que no tiene
nada que ver con la realidad.
¿Qué es lo que define un tipo de economía? Son,
evidentemente, las relaciones que se establecen
entre
los hombres en el proceso de producción. ¿Qué otra
cosa, si no, podría definir un tipo de economía? ¿Y
acaso en el koljós hay una clase de personas que
poseen los medios de producción y otra clase de
personas carentes de estos medios? ¿Acaso en el
koljós
hay clase de
explotadores y clase
de
explotados? ¿Acaso
el koljós no
representa la
socialización de los instrumentos fundamentales de
producción sobre la tierra perteneciente al Estado?
¿Qué motivos hay para afirmar que los koljoses,
como tipo de economía, no son una de las formas de
la economía socialista?
Es indudable que en el seno de los koljoses hay
contradicciones. Es indudable que en el seno de los
koljoses hay supervivencias individualistas y hasta
kulakistas, que aún no han desaparecido, pero que
desaparecerán forzosamente con el tiempo, a medida
que los koljoses se fortalezcan, a medida que se
les
dote de maquinaria. Pero ¿acaso se puede negar que,
tomados en conjunto, con todas sus contradicciones
y
sus defectos, los koljoses, como hecho económico,
representan, en lo fundamental, una nueva
trayectoria
de desarrollo del campo, la trayectoria de
desarrollo
socialista del campo, en oposición a la trayectoria
kulakista, capitalista, de desarrollo? ¿Acaso se
puede
negar que los koljoses (hablo de los koljoses, y no
de
los seudokoljoses) son, atendidas las condiciones
de
nuestro país, la base y el foco de la edificación
socialista en el campo, que se han formado en
rabiosa
pugna con los elementos capitalistas?
¿No es evidente que carecen de toda base los
intentos de algunos camaradas de desacreditar a los
koljoses y presentarlos como una forma burguesa de
economía?
En 1923
no había aún
en nuestro país
un
movimiento
koljosiano de masas.
En su folleto
«Sobre la cooperación», Lenin tuvo presentes todos
los tipos de cooperación, tanto los inferiores (las
cooperativas
de consumo y
de venta) como
los
superiores (la
forma koljosiana), ¿Y qué
decía
entonces Lenin acerca de la cooperación y de las
empresas cooperativas? Escuchad un pasaje de este
folleto:
«Bajo
nuestro régimen actual,
las empresas
cooperativas
se diferencian de
las empresas
capitalistas
privadas por ser
empresas colectivas,
pero no se diferencian283 de las empresas
socialistas,
siempre y cuando que se basen en la tierra y
empleen
medios de producción pertenecientes al Estado, es
283 Subrayado por mí. J. St.
230
decir, a la clase obrera» (t. XXVII, pág. 396).
Como veis, Lenin no toma las cooperativas como
empresas
aisladas, sino en
relación con nuestro
régimen
existente, ligándolas al
hecho de que
funcionan en tierra perteneciente al Estado, en un
país en que los medios de producción pertenecen al
Estado; y al examinarlas de este modo, Lenin afirma
que las empresas cooperativas no se distinguen de
las
empresas socialistas.
Así se expresa Lenin, hablando de las empresas
cooperativas en general.
¿No es evidente que lo mismo puede decirse, y con
mayor razón aún, de los koljoses del período presente?
Eso explica también, entre otras razones, que
Lenin considere que «el
simple desarrollo de la cooperación», bajo las condiciones de
nuestro país, «se identifica con el desarrollo del socialismo».
Veis, pues, que, al desacreditar a los koljoses, el
orador a que antes me refería ha cometido un error gravísimo contra el
leninismo.
Y de ahí se desprende otro error que ha cometido
el mismo orador y que se refiere a la lucha de
clases
en los koljoses. Describía este orador tan a lo
vivo la
lucha de clases en los koljoses, que parece como si
no se distinguiese de la lucha de clases fuera de
ellos.
Más aún: se podría creer que en los koljoses se
hace
todavía más encarnizada. Por cierto que no ha sido
ese orador el único en incurrir en este defecto.
Las
habladurías acerca de la lucha de clases, los
gritos, la
chillería en torno a esa lucha de clases dentro de
las
koljoses
son hoy algo
típico de todos
nuestros
charlatanes «izquierdistas», y lo más cómico de los
gritos es que esos alborotadores «ven» lucha de
clases donde no la hay o casi no la hay y, en
cambio,
no la ven donde existe y se desborda.
¿Hay
elementos de lucha
de clases en los
koljoses? Sí, los hay. No puede por menos de haber
elementos
de lucha de
clases en los
koljoses,
existiendo en ellos, como todavía existen,
vestigios
de la psicología
individualista, e incluso
de la
psicología del kulak; existiendo todavía en ellos,
como
existe, cierta desigualdad
en la situación
económica. Pero ¿puede afirmarse que la lucha de
clases que se desarrolla dentro de las koljoses
tiene el
mismo carácter que la que se desarrolla fuera de
ellos? No, no se puede. Ahí reside, precisamente,
el
error de nuestros charlatanes «izquierdistas», en
que
no ven esta diferencia.
¿Qué representa la lucha de clases fuera de los
koljoses antes de crearse éstos? Representa la lucha contra los kulaks, que
poseen los instrumentos y medios
de producción, y
mediante los cuales sojuzgan a los campesinos pobres.
Representa una lucha a vida o muerte.
¿Y qué significa la lucha de clases sobre la base
de los koljoses? Significa, ante todo, que el kulak
ha
J. V. Stalin
sido derrotado y desposeído de los instrumentos y
medios de producción. Significa, en segundo lugar,
que los campesinos pobres y medios se han agrupado
en koljoses, socializando en ellos los instrumentos
y
medios fundamentales de producción. Significa, en
fin, que la lucha dentro de ellos se ventila entre
los
koljosianos que no se han emancipado aún de las
supervivencias individualistas y kulakistas, y que
intentan aprovecharse de esa desigualdad relativa
que
aún subsiste en los koljoses, y los koljosianos que
anhelan desterrar de los koljoses esas
supervivencias
y esas desigualdades. ¿No es evidente que sólo a
los
ciegos se les puede escapar la diferencia entre la
lucha de clases que se libra sobre la base de los
koljoses y la que se desarrolla fuera de ellos?
Sería
un error pensar
que, si hay
koljoses,
tenemos
ya todo lo
necesario para edificar
el
socialismo. Y todavía sería un error de más bulto
pensar que los koljosianos se han convertido ya en
socialistas.
No, costará aún
muchos esfuerzos
transformar
al campesino koljosiano,
corregir su
psicología individualista y hacer de él un
auténtico
trabajador de la sociedad socialista. Y este
proceso
avanzará más de prisa, conforme proporcionemos
máquinas y tractores a los koljoses. Pero esto no
afecta
en lo más
mínimo a la
trascendental
importancia de los koljoses como palancas de la
transformación
socialista del campo.
La gran
importancia de los koljoses consiste, precisamente,
en que son la base fundamental para el empleo de
máquinas y tractores en la agricultura, en que son
la
base
fundamental para la
transformación del
campesino, para cambiar su psicología en el
espíritu
del socialismo. Lenin tiene razón cuando dice:
«La labor de rehacer al pequeño agricultor, la
labor de rehacer toda su psicología y todos sus hábitos es obra de varias
generaciones. Resolver este problema
en relación con
el pequeño agricultor, sanear, por
decirlo así, toda
su psicología, únicamente puede
hacerlo la base
material, la maquinaria, el
empleo en gran escala de tractores y otras máquinas en la agricultura, la
electrificación en escala masiva» (t. XXVI, pág. 239).
¿Quién
puede negar que
los koljoses son, precisamente, la única forma de
economía socialista mediante la cual pueden los millones y millones de pequeños
campesinos individuales ser incorporados a la gran hacienda con sus máquinas y
tractores como palancas del auge económico, como palancas del desarrollo
socialista de la agricultura?
Nuestros charlatanes «izquierdistas» han olvidado
todo esto.
Y también lo ha olvidado nuestro orador.
VI. Los cambios en las relaciones de clase y el
viraje en la política del partido
En torno a la cuestión de la política agraria de la
URSS
Finalmente, el problema de los cambios en las
relaciones de clase dentro del país y de la
ofensiva
del socialismo contra los elementos capitalistas
del
campo.
Lo característico en el trabajo de nuestro Partido
durante el año último consiste en que nosotros, como Partido y como Poder
Soviético,
a) hemos desplegado la ofensiva en todo el frente
contra los elementos capitalistas del campo,
b) en que esta ofensiva ha dado y sigue dando,
como es sabido, resultados positivos muy tangibles.
¿Qué significa esto? Significa que hemos pasado
de la política
de restricción de
las tendencias
explotadoras de los kulaks a la política de
liquidación
de los kulaks como clase. Significa que hemos dado
y seguimos dando un viraje decisivo en toda nuestra
política.
Hasta hace poco, el Partido propugnaba restringir
las tendencias explotadoras de los kulaks. Como es
sabido, esta política fue proclamada ya en el VIII
Congreso
del Partido. Esta
misma política fue
proclamada otra vez al implantarse la Nep y en el
XI
Congreso de nuestro Partido. Todos recordaréis la
célebre
carta de Lenin
sobre las tesis
de
Preobrazhenski (de 1922), en la que de nuevo
insistía
en la necesidad de aplicar precisamente esta
política.
Finalmente, la ratificó el XV Congreso de nuestro
Partido. Es la política que hemos venido aplicando
hasta últimamente.
¿Era acertada esta política? Sí, entonces lo era
indudablemente. ¿Podíamos hace
cinco años o
incluso
hace tres emprender
semejante ofensiva
contra
los kulaks? ¿Podíamos en
aquel tiempo
confiar en que la ofensiva tuviese éxito? No, no
podíamos. Esto hubiera sido un aventurerismo muy
arriesgado.
Esto hubiera sido jugar
de un modo
peligrosísimo
a la ofensiva,
pues hubiéramos
fracasado
de seguro, afianzando
con ello las
posiciones
de los kulaks. ¿Por
qué? Porque no
disponíamos aún de esos puntos de apoyo en el
campo
que constituyen hoy
la extensa red de
sovjoses y koljoses y en los cuales pudiéramos
basar
una ofensiva resuelta contra los kulaks. Porque por
aquel entonces no estábamos aún en condiciones de
sustituir la producción capitalista del kulak por
la
producción socialista de los koljoses y sovjoses.
En 1926-1927, la oposición zinovievista-trotskista
se esforzó por imponer al Partido la política de
ofensiva inmediata contra los kulaks. El Partido no
se
lanzó a esta peligrosa aventura, pues sabía que no
es
de gentes serias jugar a la ofensiva. La ofensiva
contra los kulaks es una cosa seria, que no hay que
confundir con las frases declamatorias contra los
kulaks.
Ni hay que
confundirla tampoco con la
política
de escaramuzas con
los kulaks, que la
oposición
zinovievista-trotskista se empeñaba
en
imponer al Partido. Lanzarse a la ofensiva contra
los
kulaks significa aplastarlos y liquidarlos como
clase.
231
Si no se persigue este objetivo, la ofensiva no es
más
que un tema
discursivo, una escaramuza,
vacua
charlatanería, cualquier cosa menos una verdadera
ofensiva bolchevique. Lanzarse a la ofensiva contra
los kulaks significa prepararse para ello y
asestarles
un golpe serio, tan serio, que no puedan volver a
levantar
cabeza. Esto es
lo que nosotros,
los
bolcheviques,
llamamos una verdadera
ofensiva.
¿Podíamos emprender esta ofensiva, con perspectivas
de éxito, hace cinco o incluso hace tres años? No,
no
podíamos.
En efecto, el kulak producía, en 1927, más de 600
millones de puds de cereales, de los cuales vendía
fuera del campo, por vía de intercambio, unos 130
millones de puds. Era una fuerza bastante seria,
que
forzosamente
debía tomarse en
consideración.
¿Cuánto
producían por aquel
entonces nuestros
koljoses y sovjoses? Unos 80 millones de puds, de
los que lanzaban al mercado (grano mercantil) unos
35 millones. Juzgad vosotros mismos si, en estas
condiciones, podíamos entonces
sustituir la producción y el
grano mercantil de los kulaks por la producción y el grano mercantil de
nuestros koljoses y sovjoses. Es evidente que no podíamos.
¿Qué hubiera significado, en estas condiciones,
emprender una ofensiva resuelta contra los kulaks?
Hubiera significado un fracaso seguro, afianzar las
posiciones de los kulaks y quedarse sin pan. Por
eso
no podíamos ni debíamos acometen entonces una
ofensiva decisiva contra los kulaks, a despecho de
las
aventureras
tiradas declamatorias de
la oposición
zinovievista-trotskista.
¿Y ahora? ¿Cuál es ahora la situación? Ahora
contamos ya con una base material suficientemente
fuerte para asestar golpes a los kulaks, para
vencer su
resistencia, para liquidarlos como clase y
sustituir su
producción
por la producción
de los koljoses
y
sovjoses. Como es sabido, en 1929, la producción de
cereales de los koljoses y sovjoses no ha bajado de
400 millones de puds (200 millones de puds menos
que la producción global de los kulaks en 1927).
Sabido es asimismo que, en 1929, los koljoses y
sovjoses
han lanzado al
mercado más de 130
millones de puds (es decir, más que los kulaks en
1927). Y es sabido, finalmente, que, en 1930, la
producción
global de cereales
de los koljoses
y
sovjoses no bajará de 900 millones de puds (es
decir,
que excederá a la producción global de los kulaks
en
1927), de los cuales irán al mercado 400 millones
de
puds,
por lo menos (o sea,
una cantidad
incomparablemente superior a la de los kulaks en
1927).
Así se plantea
actualmente la situación, camaradas.
Ese es el
desplazamiento producido en
la economía de nuestro país.
Hoy contamos, pues, como veis, con la base
material necesaria para sustituir la producción de
los
232
kulaks por la producción de los koljoses y
sovjoses. Por eso, precisamente,
nuestra ofensiva decisiva contra los kulaks logra hoy éxitos
indudables.
Así es como hay que lanzarse a la ofensiva contra
los kulaks, si
es que queremos
una ofensiva verdadera y
decisiva, y no nos limitamos a vacuas declamaciones contra ellos.
Por eso hemos pasado últimamente de la política
de restricción de las tendencias explotadoras de
los
kulaks a la política de liquidación de los kulaks
como
clase.
¿Y la política de deskulakización? ¿Es posible
admitir
la deskulakización en
las zonas de
colectivización total?, preguntan de distintos
sitios.
¡La pregunta es ridícula! La deskulakización era
inadmisible mientras nos ateníamos al criterio de
la
restricción
de las tendencias
explotadoras de los
kulaks, mientras no podíamos pasar a la ofensiva
resuelta contra los kulaks, mientras no podíamos
sustituir su producción por la producción de los
koljoses y sovjoses. La política de no permitir la
deskulakización era entonces necesaria y acertada.
¿Y
ahora? Ahora, la
cosa ha cambiado.
Ahora
podemos ya emprender una ofensiva resuelta contra
los kulaks, vencer su resistencia, liquidarlos como
clase y sustituir su producción por la producción
de
los
koljoses y sovjoses.
La deskulakización la
efectúan
ahora las propias
masas de campesinos
pobres y medios que realizan la colectivización
total.
La deskulakización en las zonas de colectivización
total
ya no es
ahora una simple
medida
administrativa, sino que constituye parte
integrante
de la creación y desarrollo de los koljoses. Por
eso es
ridículo
y poco serio
extenderse ahora sobre
la
deskulakización. Cortada la cabeza, no se llora el
pelo perdido.
No menos ridícula es la pregunta de si se puede
admitir a los kulaks en los koljoses. Claro que no
se
les puede admitir. No se les puede admitir, porque
son enemigos acérrimos del movimiento koljosiano.
VII. Conclusiones
He ahí, camaradas, seis problemas cardinales que no
puede pasar por alto la investigación teórica de nuestros especialistas
agrarios marxistas.
La importancia de estos problemas estriba, ante
todo, en que su estudio marxista permite extirpar
toda clase de teorías burguesas, difundidas a veces
-
para
vergüenza nuestra- por
nuestros camaradas
comunistas y que ofuscan a nuestros trabajadores
prácticos. Hace ya mucho tiempo que todas esas
teorías deberían haber sido extirpadas y
rechazadas,
pues sólo combatiendo sin cuartel esas teorías y
otras
por el estilo puede desarrollarse y fortalecerse la
base
teórica de los especialistas agrarios marxistas.
La
importancia de estos
problemas estriba,
finalmente, en que dan una nueva fisonomía a los
viejos problemas de la economía del período de
J. V. Stalin
transición.
Hoy se plantea de un modo nuevo lo relativo a la
Nep, a las clases, a los koljoses y a la economía del período de transición.
Hay que poner al descubierto el error de quienes
conciben la Nep como un repliegue y solamente
como un repliegue.
Le realidad es
que, ya al
implantar la nueva política económica, Lenin decía
de ella que no se reducía a un repliegue, sino que,
al
mismo tiempo, era la preparación para una nueva
ofensiva decisiva contra los elementos capitalistas
de
la ciudad y del campo.
Hay que poner al descubierto el error de quienes
piensan que la Nep sólo sirve para mantener los
vínculos entre la ciudad y el campo. Los vínculos
que
nosotros necesitamos entre la ciudad y el campo no
pueden ser de cualquier clase, sino vínculos que
aseguren el triunfo del socialismo. Si mantenemos
la
Nep, es porque sirve a la Causa del socialismo. Y
cuando deje de cumplir esta misión, la mandaremos
al diablo. Lenin dijo que la Nep se había
implantado
en serio y para mucho tiempo. Pero jamás dijo que
se
implantase para siempre.
Hay que poner
también sobre el
tapete la
necesidad de popularizar la teoría marxista de la
reproducción. Es preciso estudiar el esquema del
balance de nuestra economía nacional. Lo que la
Dirección Central de Estadística publicó en 1926
como balance de la economía nacional, no es un
balance, sino un juego de cifras. Tampoco sirve el
modo como Bazárov y Groman tratan el problema
del balance de la economía nacional. El esquema del
balance de la economía nacional de la URSS deben
elaborarlo los marxistas revolucionarios, si es que
quieren investigar los problemas de la economía del
período de transición.
Sería
deseable que nuestros
economistas marxistas dedicasen un grupo especial para estudiar los problemas
de la economía
del período de transición, tal como se plantean de un
modo nuevo en la actual etapa de desarrollo.
Publicado el 29 de diciembre de 1929 en el núm. 309
de «Pravda».
I FORME A TE EL XVII CO GRESO DEL PARTIDO ACERCA DE
LA ACTIVIDAD DEL CC DEL PC(b) DE LA URSS
26 de enero de 1934284 (Extractos)
I. La persistente crisis del capitalismo mundial
y la situación internacional de la Unión Soviética
Camaradas: Desde el XVI Congreso han pasado más de
tres años. No es un período muy grande, pero por su contenido aventaja a
cualquier otro. Creo que ninguno de los
períodos del último
decenio ha abundado tanto como
éste en acontecimientos.
En el aspecto económico, han sido estos años de
persistente crisis económica mundial. La crisis no
sólo ha afectado a la industria, sino también a la
agricultura en su conjunto. La crisis no sólo ha
hecho
estragos en la esfera de la producción y del
comercio.
Se ha extendido también a la esfera del crédito y
de
la circulación monetaria, desbaratando las
relaciones
de crédito y de cambio establecidas entre los
países.
Si antes aún se discutía en una u otra parte si la
crisis
económica mundial era un hecho o no lo era, hoy no
se discute ya, pues la existencia de la crisis y su
acción devastadora son demasiado evidentes. Ahora
se discute ya otro problema: si se puede o no salir
de
ella; y, si se puede, qué se debe hacer.
En el aspecto político, han sido éstos años de
empeoramiento
sucesivo de las
relaciones, tanto
entre los países capitalistas como en el interior
de
cada uno de ellos. La guerra del Japón contra China
y
la ocupación de Manchuria, que han agravado las
relaciones en el Extremo Oriente; la victoria del
fascismo en Alemania y el triunfo de la idea del
desquite, que han agravado las relaciones en
Europa;
la retirada del Japón y Alemania de la Sociedad de
Naciones, que ha dado un nuevo impulso a la carrera
de los armamentos y a los preparativos de una
guerra
284 El XVII Congreso del PC(b) de la URSS se
celebró en Moscú
del 26 de enero al 10 de febrero de 1934. Respecto
al informe
acerca de la actividad del CC del PC(b) de la URSS,
presentado
por J. V. Stalin, el Congreso adoptó una decisión
que aprobaba
por entero la línea política y la labor práctica
del CC del PC(b)
de la URSS y propuso a todas las organizaciones del
Partido que
se guiaran en su trabajo por los principios y las
tareas expuestos
en el informe de J. V. Stalin. El Congreso señaló
los decisivos
éxitos de la edificación del socialismo en la URSS
e hizo constar
que la línea
general del Partido
había triunfado. El
XVII
Congreso del PC(b) de la URSS ha pasado a la
historia del
Partido con el nombre de Congreso de los
vencedores.
imperialista; la derrota del fascismo en España285
-
nueva demostración de que la crisis revolucionaria
está madurando y de que el fascismo dista mucho de
ser
eterno- tales son
los hechos fundamentales
ocurridos en el período de que tratamos. No es de
extrañar que el pacifismo burgués esté dando las
últimas boqueadas y que las tendencias de desarme
sean
directa y descaradamente reemplazadas
por
tendencias
de rearme y
de incremento de los
armamentos.
Entre esta marejada de conmociones económicas
y de catástrofes políticas y militares, la URSS se
levanta
sola, como una
roca, prosiguiendo su
edificación
socialista y su
lucha por el
mantenimiento
de la paz.
Si allí, en
los países
capitalistas,
sigue haciendo estragos
la crisis
económica, en la URSS continúa el ascenso, tanto en
la industria como en la agricultura. Si allí, en
los
países capitalistas, se realizan febriles
preparativos
de una nueva guerra con vistas a un nuevo reparto
del
mundo y de las esferas de influencia, la URSS, en
cambio, prosigue la lucha sistemática y tenaz
contra
el peligro de guerra, por la paz, sin que pueda
decirse
que sus esfuerzos
en este terreno
hayan sido
completamente estériles.
Tal es, en líneas generales, el panorama de la
presente situación internacional.
Pasemos a examinar los datos principales de la
situación económica y
política de los
países capitalistas.
1. El curso de la crisis económica en los países
285 En
1931, el
proletariado y el
campesinado de España
derrocaron la dictadura fascista militar del
general Primo de
Rivera, implantada en 1923, y acabaron con la
monarquía. El 14
de abril de 1931, en España se proclamó la
república. Sin
embargo,
la debilidad política
y la dispersión
orgánica del
proletariado, la traición del grupo dirigente del
partido socialista
y de los
jefes anarquistas permitió
a la burguesía
y a los
terratenientes adueñarse del Poder; se formó un
gobierno de
coalición, integrado por representantes de los
partidos burgueses
y del partido socialista. A pesar de los intentos
del gobierno de
coalición de detener el desarrollo de la
revolución, los grandes
combates revolucionarios de los obreros y
campesinos, dirigidos
contra los terratenientes y la burguesía,
continuaron. El punto
culminante del movimiento revolucionario de aquel
período fue
la huelga general y la lucha armada de los mineros
de Asturias en
octubre de 1934.
234
capitalistas
La
actual crisis económica
en los países
capitalistas se diferencia de todas las crisis
análogas,
entre
otras cosas, por
ser más prolongada
y
persistente.
Si en tiempos
anteriores las crisis
duraban uno o dos años, la crisis actual se
prolonga
ya más de cuatro, asolando año tras año la economía
de los países capitalistas y absorbiéndole las
grasas
acumuladas en los años precedentes. N o es de
extrañar que ésta sea la más grave de todas las
crisis
conocidas.
¿A qué se
debe este carácter
inusitadamente persistente de la crisis industrial de nuestros días?
Se debe, ante todo, a que la crisis industrial se
ha extendido a todos
los países capitalistas, sin excepción, dificultando que unos puedan
maniobrar a expensas de otros.
Se
debe, en segundo
lugar, a que
la crisis industrial se ha
entrelazado con la crisis agraria, que ha
afectado a todos
los países agrarios
y semiagrarios, sin excepción, lo que no podía dejar de complicar y de
ahondar la crisis industrial.
Se debe, en tercer lugar, a que la crisis agraria
se
ha
intensificado durante este
período y se ha
extendido a todas las ramas de la agricultura,
incluida
la ganadería, llevándola hasta la degradación,
hasta
tener que emplear el trabajo manual en vez de las
máquinas, hasta sustituir el tractor por el
caballo,
hasta tener que reducir sensiblemente el empleo de
los abonos artificiales y, a veces, dejar de
utilizarlos
por completo, lo que ha prolongado todavía más la
crisis industrial.
Se
debe, en cuarto
lugar, a que
los cárteles
monopolistas, que dominan en la industria, procuran
mantener
altos los precios
de las mercancías,
circunstancia
que hace la
crisis singularmente
dolorosa e impide la reabsorción de las reservas de
mercancías.
Se debe, por último -y esto es lo fundamental-, a
que la crisis en la industria se ha desencadenado
en
las condiciones de la crisis general del
capitalismo,
cuando el capitalismo no tiene ya ni puede tener en
los Estados más importantes ni en las colonias y
países dependientes la fuerza y la solidez que tuvo
antes de la guerra y de la Revolución de Octubre;
cuando
la industria de
los países capitalistas
ha
heredado
de la guerra
imperialista, como un
fenómeno crónico, la utilización incompleta de las
empresas y ejércitos de millones de parados, de los
que no está ya en condiciones de desembarazarse.
Tales son las circunstancias que han determinado
el carácter en
extremo persistente de
la crisis industrial de nuestros
días.
A estas mismas circunstancias obedece también
que la crisis no se haya circunscrito a la esfera
de la
producción y del comercio y se haya extendido,
además, al sistema de créditos, al cambio, a la
esfera
de las deudas,
etc., destrozando las
relaciones
J. V. Stalin
tradicionales, tanto entre los diferentes países
como entre los grupos sociales dentro de cada país.
La baja de
los precios de
las mercancías ha
desempeñado en esto un gran papel. A pesar de la
resistencia de los cárteles monopolistas, la baja
de los
precios
se ha acelerado
con fuerza incontenible,
siendo de notar que, ante todo y sobre todo, han
bajado
los precios de
las mercancías de
los
propietarios no organizados -campesinos, artesanos,
pequeños capitalistas-, y sólo gradualmente y en
escala menor los precios de las mercancías de los
propietarios
organizados, de los
capitalistas
unificados en cárteles. La baja de los precios ha
hecho
insoportable la situación
de los deudores
(industriales,
artesanos, campesinos, etc.).
Los
acreedores, por el contrario, se han visto en una
situación más privilegiada que nunca. Tal estado de
cosas debía conducir y en efecto ha conducido, a la
quiebra de gran número de casas y de capitalistas.
Debido
a ello, en
los últimos tres
años se han
hundido decenas de miles de sociedades anónimas en
los EE.UU., en Alemania, en Inglaterra y en
Francia.
A las quiebras de sociedades anónimas ha seguido la
depreciación de la moneda, cosa que ha aliviado un
tanto
la situación de
los deudores. Tras
la
depreciación de la moneda, la suspensión de pagos -
legalizada oficialmente- de las deudas exteriores e
interiores. La quiebra de Bancos como el Banco de
Darmstadt y el Banco de Dresde en Alemania, el
Kreditanstalt en Austria y de consorcios como el de
Kreuger en Suecia, el Insul-Concern en los EE.UU.,
etc., es de todos conocida.
Se comprende que a estos fenómenos, que han
resquebrajado los cimientos del sistema de
créditos,
debía
seguir, y efectivamente ha
seguido, la
suspensión
del pago de
los créditos y
de los
empréstitos extranjeros, la suspensión del pago de
las
deudas
interaliadas, la paralización de
las
exportaciones de capital, una nueva reducción del
comercio
exterior y de
las exportaciones de
mercancías, la intensificación de la lucha por los
mercados exteriores, la guerra comercial entre los
países y el dumping. Sí, camaradas, el dumping. No
me refiero al supuesto dumping soviético, acerca
del
cual hace aún poco vociferaban hasta desgañitarse
ciertos
honorables diputados de
honorables
parlamentos de Europa y de América. Me refiero al
dumping verdadero, practicado ahora por casi todos
los países «civilizados», cosa
que silencian
prudentemente
esos intrépidos y
honorables
diputados.
Se
comprende también que
estos fenómenos
destructivos que acompañan a la crisis industrial,
fenómenos que ocurren fuera de la esfera de la
producción, no han podido, a su vez, dejar de
influir
en el curso de la crisis industrial, ahondándola y
complicándola.
Tal es, en líneas generales, el panorama del curso
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 235
de la crisis industrial.
He aquí algunas cifras, procedentes de fuentes
oficiales, que ilustran el curso de la crisis industrial durante el período a
que nos referimos:
Volumen de la producción industrial en tantos por
100 con relación a 1929
1929 1930
1931 1932
1933
URSS 100
129,7 161,9 184,7 201,6
EE.UU. 100
80,7 68,1 53,8 64,9
Inglaterra 100
92,4 83,8 83,8 86,1
Alemania 100
88,3 71,7 59,8 66,8
Francia 100.
100,7 89,2 69,1 77,4
El cuadro, como veis, es bien elocuente.
Al
mismo tiempo que la producción industrial de
los principales países capitalistas bajaba de año
en
año,
respecto al nivel
de 1929, comenzando a
reponerse un tanto únicamente en 1933, aunque sin
alcanzar,
ni mucho menos,
el nivel de 1929, la
industria de la URSS se ha incrementado de año en
año, siguiendo un proceso de ascenso
ininterrumpido.
Al
mismo tiempo que
en la industria
de los principales países
capitalistas se observa hacia fines de 1933 una reducción del volumen de la
producción en un promedio de un 25%, y más aún, contra el nivel de 1929,
la industria de la URSS
se ha incrementado en ese tiempo
en más del doble, es decir, en más de un 100%.
A juzgar por el cuadro citado, podría parecer que,
de los cuatro países capitalistas, es Inglaterra el que se encuentra en
situación más favorable. Pero no es del todo cierto. Si tomamos la industria de
dichos países y la comparamos con el nivel de anteguerra, el panorama resultará
algo distinto.
He aquí el cuadro correspondiente:
Volumen de la producción industrial en tantos por
100 Con relación al nivel de anteguerra
1913 1929
1930 1931
1932 1933
URSS 100
194,3 252,1 314,7 359,0 391,9
EE.UU. 100
170,2 137,3 115,9 91,4 110,2
Inglaterra 100
99,1 91,5 83,0 82,5 85,2
Alemania 100
113,0 99,8 81,0 67,6 75,4
Francia 100
139,0 140,0 124,0 96,1 107,6
Como
veis, la industria
de Inglaterra y de
Alemania no ha alcanzado aún el nivel de anteguerra, mientras que los EE.UU. y
Francia han superado dicho nivel en un reducido tanto por ciento, y la URSS ha
elevado, ha aumentado
su producción industrial en
ese período, respecto
al nivel de anteguerra, en más de un 290%.
Pero de los cuadros dimana aún otra conclusión.
La
industria de los principales países capitalistas -
que ha ido descendiendo sin cesar a partir de 1930
y
especialmente desde 1931, llegando en 1932 a su
punto más bajo- en 1933 ha comenzado a reponerse
un tanto y ascender. Los datos mensuales de 1932 y
1933 confirman más aún esta conclusión, ya que en ellos se ve que la industria
de estos países, a pesar de que su producción oscila en 1933, no ha revelado la
tendencia a llevar dicha oscilación hasta el punto más bajo, al que se llegó en
el verano de 1932.
¿Qué significa esto?
Significa que la industria de los principales
países capitalistas ha pasado ya, por lo visto, el punto más bajo de descenso,
al cual no ha vuelto ya en el transcurso de 1933.
Hay
quien se siente
inclinado a atribuir
este
fenómeno a la influencia de factores exclusivamente
artificiales, como la coyuntura de inflación
belicista.
No cabe duda de que la coyuntura de inflación
belicista
desempeña un papel
no desdeñable. Lo
dicho es sobre todo cierto con respecto al Japón,
donde este factor artificial es la fuerza básica y
decisiva
de cierta reanimación
en determinadas
ramas de la industria, principalmente en la
industria
de guerra. Pero sería un burdo error suponer que
todo
se debe a la coyuntura de inflación belicista. Eso
sería erróneo, aunque sólo fuese por el simple
hecho
de que los progresos de la industria, que acabo de
examinar, se observan no en unas u otras zonas al
azar,
sino en todos
o en casi
todos los países
industriales, incluso en los de moneda firme. Por
lo
visto, al lado de la coyuntura de inflación
belicista,
en este caso se deja sentir también la acción de
las
fuerzas económicas internas del capitalismo.
El
capitalismo ha logrado
aliviar un tanto
la
situación de la industria a expensas de los
obreros,
explotándolos
en mayor grado
mediante la
intensificación
de su trabajo;
a expensas de los
agricultores, aplicando la política de baja máxima
de
los precios del producto de su trabajo, de los
artículos
alimenticios y, en parte, de las materias primas; a
expensas de los campesinos de las colonias y de los
países económicamente débiles, bajando aún más los
precios del producto de su trabajo, principalmente
de
las
materias primas y
luego de los
productos
alimenticios.
¿Significa esto que nos hallamos ante el paso de
la crisis a la depresión habitual, que lleva tras
de sí
un nuevo ascenso y un nuevo florecimiento de la
industria? No, de ningún modo. En todo caso, no hay
actualmente indicios, directos o indirectos, de que
vaya a producirse un ascenso de la industria en los
países capitalistas. Más aún: todo evidencia que no
puede haber tales indicios, por lo menos en un
futuro
próximo.
No puede haberlos,
ya que continúan
ejerciendo su acción las condiciones desfavorables
que impiden a la industria de los países
capitalistas
lograr un nuevo ascenso de alguna consideración. Se
trata
de la crisis
general del capitalismo,
que
continúa y dentro de la cual tiene lugar la crisis
económica; de la utilización incompleta crónica de
las
empresas; del paro
crónico en masa
y del
236
entrelazamiento de la crisis industrial con la
crisis agraria; se trata de que no existe la tendencia a una renovación más
o menos seria
del capital fijo, renovación que es la precursora
habitual de un nuevo ascenso, etc., etc.
Es evidente que asistimos a la transición del punto
de mayor descenso de la industria, del punto más profundo de la crisis
industrial, a la depresión, pero no a una depresión corriente, sino de un
género especial, que no lleva a un nuevo auge ni a la prosperidad de la
industria, pero que tampoco le hace regresar al punto más bajo.
2. Agravación de la situación política en los
países capitalistas
Resultado de la crisis económica persistente es el
inusitado empeoramiento de la situación política de los países capitalistas,
tanto en el interior de cada uno de ellos como entre unos y otros.
La intensificación de la lucha por los mercados
exteriores, la eliminación de los últimos vestigios
del
comercio libre, los aranceles prohibitivos, la
guerra
comercial, la guerra de las divisas, el dumping y
otras muchas medidas análogas, demostrativas de un
nacionalismo extremo en la política económica, han
exacerbado al máximo las relaciones entre los
países,
han preparado el terreno para colisiones militares
y
puesto al orden del día la guerra, como medio para
proceder a un nuevo reparto del mundo y de las
esferas de influencia en favor de los Estados más
fuertes.
La guerra del Japón contra China, la ocupación de
Manchuria, la retirada del Japón de la Sociedad de
Naciones y la invasión del Norte de China han
agravado
todavía más la
situación. El
recrudecimiento de la lucha por el Pacífico y la
carrera de armamentos navales en el Japón, EE.UU.,
Inglaterra y Francia son resultado de esta
agravación.
La
retirada de Alemania
de la Sociedad
de Naciones y el fantasma del desquite han dado un nuevo impulso al
empeoramiento de la situación y a la carrera de los armamentos en Europa.
Nada tiene de extraño que el pacifismo burgués
arrastre hoy una
existencia lastimosa y
que la faramalla sobre
el desarme ceda
el puesto a conversaciones «prácticas» sobre
el rearme y el
incremento de los armamentos.
Como en 1914, salen nuevamente al primer plano los
partidos del imperialismo guerrerista, los partidos de la guerra y la revancha.
Las
cosas marchan, evidentemente, hacia
una nueva guerra.
La acción de estos mismos factores, agudiza aún
más la situación interior de los países
capitalistas.
Los cuatro años de crisis industrial han extenuado
a
la clase obrera, llevándola a la desesperación. Los
cuatro
años de crisis
agraria han arruinado
por
completo a los sectores pobres del campo, no sólo
en
J. V. Stalin
los principales países capitalistas, sino también
-y de
una manera especial- en los países dependientes y
en
las
colonias. Es un
hecho que, a
pesar de las
numerosas
artimañas estadísticas para
ocultar las
verdaderas proporciones del paro, el número de los
desocupados
llega, según datos
oficiales de
instituciones
burguesas, a unos 3.000.000 en
Inglaterra, a 5.000.000 en Alemania y a 10.000.000
en los EE.UU., sin hablar ya de otros países de
Europa. Agregad a esto los obreros en paro parcial,
que pasan de 10.000.000; añadid los millones de
campesinos
arruinados, y obtendréis
un cuadro
aproximado de la miseria y la desesperación de las
masas
trabajadoras. Las masas populares
no han
llegado aún al punto de lanzarse al asalto contra
el
capitalismo, pero difícilmente puede dudarse de que
la idea del
asalto madura en
su candencia. Lo
atestiguan
elocuentemente hechos como
la
revolución española, que ha derrocado, el régimen
del fascismo, y el aumento de las regiones
soviéticas
en China, que la contrarrevolución de la burguesía
china,
coligada con la
extranjera, es incapaz
de
contener.
A esto precisamente
se debe que
las clases
dominantes de los países capitalistas supriman o
reduzcan a la nada con todo empeño los últimos
vestigios del parlamentarismo y de la democracia
burguesa, que pueden ser aprovechados por la clase
obrera en su lucha contra los opresores; lancen a
la
ilegalidad a los Partidos Comunistas y recurran a
métodos
de terror abiertos
para mantener su
dictadura.
El chovinismo y la preparación de la guerra, como
elementos principales de
la política exterior;
el amordazamiento de la clase obrera y el terror en la política interior,
como medio indispensable
para fortalecer la retaguardia
de los futuros
frentes militares: esto es a lo que ahora se entregan, sobre todo, los
políticos imperialistas.
No es de extrañar que el fascismo sea hoy la
mercancía más en boga entre los belicosos políticos burgueses. No me refiero
solamente al fascismo en general, sino, ante todo, al fascismo de tipo alemán,
que se titula falsamente nacionalsocialismo, cuando ni con el examen más
prolijo es posible descubrir en él un átomo de socialismo.
A este respecto,
la victoria del
fascismo en
Alemania no sólo debe ser considerada como un
síntoma de la debilidad de la clase obrera y como
una
consecuencia de las traiciones cometidas contra la
clase
obrera por la
socialdemocracia, que ha
despejado
el camino al
fascismo. Debe ser
considerada también como un indicio de la debilidad
de la burguesía, como un síntoma de que la
burguesía
no está ya en condiciones de dominar por los viejos
métodos del parlamentarismo y de la democracia
burguesa, en vista de lo cual se ve obligada a
recurrir,
en la política interior, a los métodos terroristas
de
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 237
gobierno; como un síntoma de que ya no está en
condiciones de hallar
una salida a
la situación presente sobre la
base de una política exterior de paz, en vista de la cual se ve forzada a
recurrir a la política de guerra.
Tal es la situación.
Veis, pues,
que las cosas marchan
hacia una
nueva guerra imperialista como salida de la
situación
actual.
Claro está que no hay razón para suponer que la
guerra puede proporcionar una salida efectiva. Al
contrario, la guerra ha de complicar aún más la
situación. Es más: desencadenará con seguridad la
revolución y pondrá en peligro la existencia misma
del capitalismo en varios países, como ocurrió en
la
primera
guerra imperialista. Y
si, a pesar
de la
experiencia de la primera guerra imperialista, los
políticos burgueses se aferran a la guerra, como
quien se agarra a un clavo ardiendo, significa que
han
perdido
definitivamente la cabeza,
que se hallan
metidos en un callejón sin salida y que están
prontos
a precipitarse en el abismo.
Por esta razón, no estará de más que examinemos
brevemente los planes de organización de la guerra
que se incuban actualmente en los medios políticos
burgueses.
Unos creen que hay que organizar la guerra contra
una de las grandes potencias. Piensan infligirle una derrota aniquiladora
y enderezar sus
negocios a expensas de ella.
Admitamos que se logre organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de ello?
Como
sabéis, durante la
primera guerra
imperialista también querían aniquilar a una de las
grandes potencias, Alemania, y lucrarse a costa
suya.
¿Y qué ocurrió? Alemania no fue aniquilada, pero
sembraron en ella tal odio contra los vencedores y
crearon un terreno tan abonado para el desquite,
que
no han podido aún -ni es fácil que puedan pronto-
comerse la repugnante bazofia que ellos mismos
prepararon.
En cambio, se
encontraron con el
aniquilamiento del capitalismo en Rusia, el triunfo
de
la revolución proletaria en Rusia y, naturalmente,
la
Unión
Soviética. ¿Qué garantías hay
de que la
segunda guerra imperialista pueda darles «mejores»
resultados que la primera? ¿No sería más acertado
suponer lo contrario?
Otros
creen que hay
que organizar la
guerra
contra un país débil desde el punto de vista
militar,
pero vasto como mercado, por ejemplo, contra China,
a la que, según resulta, no puede llamarse Estado
en
el sentido estricto de la palabra, pues constituye
tan
sólo un «territorio no organizado», que necesita
ser
ocupado por los países fuertes. Por lo visto,
quieren
repartirse
definitivamente ese país
y sanear los
negocios a expensas de él. Admitamos que se logre
organizar semejante guerra. ¿Qué puede resultar de
ello?
Es sabido que, a principios del siglo XIX, Italia y
Alemania eran consideradas exactamente como lo es
en la actualidad China, es decir, como «territorios
no
organizados», y no como Estados, y se las
sojuzgaba.
¿Y qué resultó de ello? Resultaron, como se sabe,
las
guerras de Alemania e Italia por su independencia y
la
unificación de estos
países en Estados
independientes. Resultó la intensificación del odio
en
el corazón de los pueblos de dichos países contra
sus
esclavizadores, odio cuyas consecuencias no han
sido
liquidadas
aún y que
difícilmente se liquidarán
pronto. Y uno se pregunta: ¿qué garantía hay de que
no vaya a ocurrir lo mismo en la guerra de los
imperialistas contra China?
Hay un tercer grupo que cree que la guerra debe
ser organizada por una «raza superior», por
ejemplo,
la «raza» alemana, contra una «raza inferior», ante
todo contra la eslava; que sólo una guerra de esta
índole puede proporcionar una salida a la
situación,
puesto que la «raza superior» está llamada a
fecundar
la «inferior»
y dominarla. Admitamos
que esta
extraña teoría, tan distante de la ciencia como el
cielo
de la tierra, es puesta en práctica. ¿Qué
resultaría de
ello?
Es sabido que la antigua Roma consideraba a los
antecesores de los actuales alemanes y franceses lo
mismo que los representantes de la «raza superior»
consideran hoy a los pueblos eslavos. Es sabido que
la antigua Roma los tildaba de «raza inferior», de
«bárbaros»
predestinados a verse
eternamente
sometidos a la «raza superior», a la «gran Roma».
Por cierto, la antigua Roma tenía, dicho sea entre
nosotros, cierta razón para pensar así, cosa que no
puede decirse de los representantes de la actual
«raza
superior». ¿Y qué resultó de ello? Resultó que los
no
romanos, es decir, todos los «bárbaros», se unieron
contra
el enemigo común
y derrumbaron
estruendosamente a Roma. Uno se pregunta: ¿qué
garantía
hay de que
las pretensiones de
los
representantes de la «raza superior» actual no
vayan
a conducir a los mismos resultados deplorables para
ellos? ¿Qué
garantía hay de
que los políticos
literario-fascistas de Berlín vayan a correr mejor
suerte
que los viejos
y probados conquistadores
romanos? ¿No
será más acertado
suponer lo
contrario?
Por último, un cuarto grupo estima que se debe
organizar la guerra contra la URSS. Piensan
derrotar
a la URSS, repartirse sus territorios y
enriquecerse a
su costa. Sería erróneo suponer que esto sólo lo
piensan algunas esferas militares del Japón.
Sabemos
que
planes análogos se
incuban en las
esferas
políticas dirigentes de algunos Estados de Europa.
Supongamos
que estos señores
pasasen de las
palabras a los hechos. ¿Qué podría resultar de
ello?
Difícilmente puede dudarse de que esta sería la
guerra más peligrosa para la burguesía. Sería la
más
peligrosa, no sólo porque los pueblos de la URSS
lucharían
a muerte por
las conquistas de
la
238
revolución. Sería también la más peligrosa para la
burguesía, porque la guerra se haría no sólo en los
frentes de batalla, sino también en la retaguardia
del
enemigo. La burguesía puede estar segura de que los
numerosos amigos de la clase obrera de la URSS en
Europa y en Asia procurarían asestar golpes en la
retaguardia a sus opresores, si éstos se atreviesen
a
desencadenar una criminal guerra contra la patria
de
la clase obrera de todos los países. Y los señores
burgueses no tendrían derecho a quejarse de
nosotros
si al día siguiente de haber empezado esta guerra
se
encontrasen con que ya no existían algunos de sus
amados gobiernos, que hoy reinan tranquilamente
«por la gracia de Dios».
Recordaréis que hace quince años hubo ya una
guerra semejante contra la URSS. Sabéis que el
honorable Churchill definió aquella guerra con una
fórmula
poética: «la expedición de
los catorce
Estados». Recordaréis, como es natural, que esta
guerra agrupó a todos los trabajadores de nuestro
país
en un campo único de combatientes abnegados, que
defendieron
con su pecho
la patria obrera
y
campesina
contra los enemigos
del exterior. Ya
sabéis cómo terminó la guerra. Terminó en nuestro
país con la expulsión de los intervencionistas y en
Europa, con la creación de «Comités de Acción»286
revolucionarios. Apenas si puede dudarse de que una
segunda
guerra contra la
URSS conduciría a la
completa derrota de los agresores, a la revolución
en
varios países de Europa y Asia y al derrocamiento
de
los
gobiernos
burgueses-terratenientes de dichos
países.
Tales son los planes militares de los políticos
burgueses, que se han metido en un callejón sin
salida.
Como veis, no brillan por su inteligencia ni por su
valor.
Ahora bien, si la burguesía opta por el camino de
la guerra, la clase obrera de los países
capitalistas,
llevada a la desesperación por cuatro años de
crisis y
de paro, toma, en cambio, el camino de la
revolución.
Esto significa que madura y seguirá madurando la
crisis
revolucionaria. Y la
crisis revolucionaria
continuará agudizándose con tanta mayor rapidez,
cuanto
más se enrede
la burguesía en
sus
combinaciones de guerra, cuanto más frecuentemente
recurra a los métodos terroristas de lucha contra
la
clase obrera y contra los campesinos trabajadores.
Algunos camaradas piensan que, si existe una
286 Los
«Comités de
Acción» eran organizaciones
revolucionarias de los obreros en la Gran Bretaña,
Francia y
otros
países capitalistas que
participaron en la
intervención
militar
contra la República
Soviética de 1918 a
1920. Los
«Comités de Acción» se creaban bajo la consigna de
«¡Fuera las
manos de la Rusia Soviética!». Bajo la dirección de
los «Comités
de Acción», los obreros organizaban huelgas,
manifestaciones, se
negaban,
para frustrar la
intervención, a cargar
pertrechos
militares.
Los «Comités de Acción»
adquirieron la mayor
divulgación en la Gran Bretaña en 1920.
J. V. Stalin
crisis
revolucionaria, la burguesía
ha de caer
inevitablemente en una situación sin salida, y que,
por lo tanto, su fin está ya predeterminado, con lo
que el triunfo de la revolución es cosa segura y
ellos
sólo
deben aguardar la
caída de la
burguesía y
escribir resoluciones triunfales. Este es un
profundo
error. El triunfo de la revolución jamás llega por
sí
solo. Es necesario prepararlo y conquistarlo. Y eso
sólo puede hacerlo un fuerte partido revolucionario
del proletariado. Hay momentos en que la situación
es
revolucionaria, el Poder
de la burguesía
se
tambalea hasta los cimientos, y no obstante, el
triunfo
de la revolución no llega, porque no existe un
partido
revolucionario
del proletariado lo
suficientemente
fuerte y prestigioso para conducir tras de sí a las
masas y tomar el Poder en sus manos. Sería
insensato
creer que semejantes «casos» no pueden darse.
No estará de más recordar, a este propósito, las
palabras proféticas de
Lenin sobre la
crisis revolucionaria, pronunciadas en el II Congreso de la
Internacional Comunista287.
«Llegamos
ahora a la
cuestión de la
crisis
revolucionaria
como base de
nuestra acción
revolucionaria. Aquí es necesario ante todo hacer
notar dos errores muy extendidos. De una parte, los
economistas burgueses presentan esta crisis como
una simple «inquietud», según la elegante expresión
de los ingleses. Por otra parte, los
revolucionarios
tratan a veces de demostrar que la crisis no tiene
ninguna
salida. Esto es
un error. No
existen
situaciones absolutamente sin salida. La burguesía
se
comporta como una fiera envalentonada y que ha
perdido la cabeza; comete una tontería tras otra,
agravando
la situación, acelerando
su catástrofe.
Todo esto es cierto. Pero no puede «probarse» que
esté descartada en absoluto la posibilidad de que
adormezca
a una cierta
minoría de explotados,
mediante algunas concesiones de poca monta, de que
reprima tal o cual movimiento o insurrección de tal
o
cual parte de los oprimidos y explotados. Intentar
«probar» por adelantado la falta «absoluta» de
salida,
sería una pedantería huera o un juego de conceptos
y
de palabras. La verdadera «prueba», en ésta y en
otras cuestiones semejantes, puede ser tan sólo la
práctica. El régimen burgués atraviesa en el mundo
entero
la más grande
crisis revolucionaria. Los
287 El II Congreso de la Internacional Comunista se
celebró del
19 de julio al 7 de agosto de 1920. Asistieron al
Congreso más de
doscientos
delegados en representación de
organizaciones
obreras de
37 países. Todo
el trabajo preparatorio
para la
convocatoria del Congreso lo dirigió V. I. Lenin.
En el Congreso,
V. I. Lenin presentó, entre otros, un informe sobre
la situación
internacional
y las tareas
fundamentales de la
Internacional
Comunista y pronunció varios discursos. V. I. Lenin
y J. V.
Stalin fueron elegidos por la delegación del PC(b)
de Rusia para
formar parte del Comité Ejecutivo de la
Internacional Comunista.
El II Congreso echó los cimientos del programa, de
los principios
de
organización, de la
estrategia y de
la táctica de la
Internacional Comunista.
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 239
partidos revolucionarios deben «probar» ahora con
su trabajo práctico que poseen suficiente conciencia, organización, vínculos
con las masas
explotadas, decisión y capacidad para aprovechar esta crisis para
una revolución triunfante,
victoriosa» (Lenin, t. XXV, págs.
340-341).
III. El partido
Paso a la cuestión del Partido.
El presente Congreso se celebra bajo la bandera de
la victoria total del leninismo, de la liquidación de los restos de los grupos
antileninistas.
Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de
los trotskistas. Sus organizadores vegetan hoy en
el
extranjero,
en las corralizas
de los partidos
burgueses.
Ha sido batido y disperso el grupo antileninista de
los desviacionistas de derecha. Sus organizadores han abandonado
hace ya mucho
tiempo sus concepciones y se
esfuerzan ahora en reparar a toda costa sus faltas ante el Partido.
Han
sido batidos y
dispersos los grupos
de desviación nacionalista. Sus organizadores se han sumado definitivamente a la
emigración intervencionista o han
reconocido sus culpas.
La mayoría de los partidarios de estos grupos
antirrevolucionarios se ha visto obligada a reconocer que la línea del Partido
era acertada y ha capitulado ante el Partido.
Si en el
XV Congreso288 tuvimos
todavía necesidad de demostrar que la línea del Partido era acertada y
de luchar contra determinados grupos antileninistas, y en el XVI Congreso hubo
que acabar con los últimos adeptos de estos grupos, en este Congreso no hay que
demostrar nada y, a lo que parece, nadie a quien combatir. Todos ven que la
línea del Partido ha triunfado.
Ha triunfado la política de industrialización del
288 El XV Congreso del PC(b) de la URSS se celebró
en Moscú
del 2 al 19 de diciembre de 1927. J. V. Stalin
hizo, el 3 de
diciembre, el informe político del CC del PC(b) de
la URSS y, el
7 de diciembre, el resumen de la discusión del
mismo. El
Congreso aprobó la línea política y de organización
del Comité
Central del Partido y encomendó al CC que siguiera
aplicando la
política de paz y de fortalecimiento de la
capacidad defensiva de
la URSS; que continuara la industrialización
socialista del país
sin atenuar el ritmo y desarrollara al máximo la
colectivización
de la agricultura, y que prosiguiese rumbo hacia la
liquidación de
los
elementos capitalistas en
la economía nacional.
En sus
acuerdos sobre la oposición, el Congreso hizo
constar que las
divergencias
entre el Partido
y la oposición
se habían
transformado en divergencias programáticas, que la
oposición
trotskista había emprendido el camino de la lucha
antisoviética,
por lo que el Congreso declaró incompatible con la
permanencia
en las filas del Partido Bolchevique la adhesión a
la oposición
trotskista y la propaganda de las ideas de ésta. El
Congreso
aprobó la resolución del CC y de la CCC del 14 de
noviembre de
1927, por la cual se expulsaba del Partido a
Trotski y a Zinóviev,
y expulsó del Partido a todos los elementos activos
del bloque
trotskista-zinovievista y
a todo el
grupo del "centralismo
democrático».
país. Sus resultados son ahora evidentes para
todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho?
Ha triunfado la política de liquidación de los
kulaks y de colectivización total. Sus resultados son también evidentes para
todos. ¿Qué se puede oponer a este hecho?
La experiencia de nuestro país ha demostrado que
la
victoria del socialismo
en un solo
país es
plenamente posible. ¿Qué se puede oponer a este
hecho?
Es evidente que todos estos éxitos y, ante todo el
triunfo del plan quinquenal han desmoralizado y aniquilado por
completo a todos
los grupos antileninistas.
Hay que reconocer que el Partido está ahora más
unido que nunca.
1. Las cuestiones de la dirección política e
ideológica
¿Significa
esto, no obstante,
que la lucha
ha terminado y que,
en adelante, la
ofensiva del socialismo está de
más, como algo innecesario?
No, no significa eso.
¿Significa
esto que en
nuestro Partido todo marcha bien, que no habrá ya
desviaciones y que, por consiguiente, podemos dormirnos en los laureles?
No, no significa eso.
Hemos destrozado a los enemigos del Partido, a
los oportunistas de todos los matices y a los
nacional-
desviacionistas de todo género; pero los restos de
su
ideología
subsisten en el
cerebro de algunos
miembros del Partido, y no pocas veces se dejan
sentir. Al Partido no se le puede considerar como
algo desligado de la gente que le rodea. Vive y
actúa
en el medio que le circunda. Así, no tiene nada de
extraño que no pocas veces penetren en él
tendencias
malsanas. Y es indudable que el terreno para esas
tendencias existe en nuestro país, aunque sólo sea
porque hay todavía algunas capas intermedias de la
población, tanto en la ciudad como en el campo, que
constituyen el medio nutrido para su desarrollo.
La XVII Conferencia de nuestro Partido289 ha
289 La XVII Conferencia del PC(b) de la URSS se
celebró del 30
de
enero al 4 de
febrero de 1932 en
Moscú. Dirigió la
Conferencia J. V. Stalin. La Conferencia examinó el
informe de
G. K. Ordzhonikidze
sobre el balance
del desarrollo de la
industria en 1931 y las tareas de 1932, y los
informes de V. M.
Mólotov y de V. Kúibishev sobre las directivas para
confeccionar
el segundo plan quinquenal de fomento de la
economía nacional
de la URSS para 1933-1937. La Conferencia señaló
que habían
sido
cumplidas con inmenso
éxito las decisiones
de los
Congresos del Partido relativas a la construcción
definitiva de los
cimientos de la economía socialista y al logro,
para la URSS, de
la independencia económica. La Conferencia aprobó
el plan de
fomento de la industria socialista para 1932, que
aseguraba el
cumplimiento del primer plan quinquenal en cuatro
años. En las
directivas para la confección del segundo plan
quinquenal, la
Conferencia
determinó las tareas
políticas y económicas
fundamentales del segundo plan quinquenal,
señalando que la
tarea económica básica y decisiva del segundo plan
quinquenal
era terminar la reestructuración de toda la
economía nacional
240
dicho que una de las tareas políticas fundamentales
en el período de cumplimiento del segundo plan
quinquenal consiste en «vencer las supervivencias
del capitalismo en la economía y en la conciencia
de
los
hombres». Esta es
una idea completamente
acertada. Pero ¿se puede decir que hayamos vencido
ya todas las supervivencias del capitalismo en la
economía? No, no se puede decir. Mucho menos
puede
decirse que hayamos
vencido las
supervivencias del capitalismo en la conciencia de
los hombres. Eso no puede decirse, y no sólo porque
el desarrollo de la conciencia de los hombres va en
retraso
de su situación
económica, sino también
porque existe aún el cerco capitalista, que se
esfuerza
por
reavivar y mantener
esas supervivencias del
capitalismo en la economía y en la conciencia de
los
hombres de la URSS y contra el cual nosotros, los
bolcheviques, debemos tener siempre la pólvora
seca.
Se comprende que estas supervivencias no pueden
dejar de ser un terreno abonado para la
reanimación,
en el cerebro
de algunos miembros
de muestro
Partido, de la ideología de los derrotados grupos
antileninistas. Añadid a esto el nivel teórico, no
muy
elevado, de la mayoría de nuestros militantes, el
débil
trabajo ideológico de los organismos del Partido,
agregad aún que los dirigentes de las
organizaciones
del
Partido, recargados de
trabajo práctico, no
pueden
mejorar su preparación
teórica, y
comprenderéis
por qué en
la cabeza de
algunos
miembros
del Partido reina
confusión en
determinadas
cuestiones del leninismo,
confusión
que no pocas veces se desliza en nuestra prensa y
facilita la reanimación de los restos de la
ideología de
los derrotados grupos antileninistas.
He ahí por qué no se puede decir que la lucha haya
terminado y que no hay ya necesidad de una política de ofensiva del socialismo.
Podríamos tomar varias cuestiones del leninismo y
demostrar con ellas lo vivos que están aún entre algunos miembros
del Partido los
restos de la ideología de los derrotados grupos
antileninistas.
Tomemos,
por ejemplo, el
problema de la
construcción de la sociedad socialista sin clases.
La
XVII
Conferencia del Partido
ha dicho que
avanzamos hacia la creación de la sociedad
socialista
sin clases. Es evidente que la sociedad sin clases
no
puede advenir espontáneamente, por decirlo así. Hay
que conquistarla y construirla con los esfuerzos de
todos los trabajadores, fortaleciendo los órganos
de la
dictadura del proletariado, desarrollando la lucha
de
clases, suprimiendo las clases, liquidando los
restos
de las clases
capitalistas, luchando contra
los
enemigos, tanto del interior como del exterior.
Me parece que la cosa es clara.
Sin embargo, ¿quién ignora que la proclamación
de esta diáfana y elemental tesis del leninismo ha
suscitado
no poca confusión
en las cabezas
y
sobre la base de la técnica más moderna.
J. V. Stalin
tendencias malsanas en parte de los miembros del
Partido? La tesis de nuestro avance hacia la
sociedad
sin
clases, dada como
una consigna, la han
comprendido como un proceso espontáneo. Y se han
dicho: puesto que se trata de la sociedad sin
clases,
quiere decir que se puede debilitar la lucha de
clases,
que se puede aflojar la dictadura del proletariado
y
terminar, en general, con el Estado, el cual, de
todas
maneras, tiene que desaparecer en un futuro
próximo.
Y se vuelven locos de alegría, con la esperanza de
que pronto no existirán las clases y, por
consiguiente,
no
habrá lucha de
clases, desaparecerán las
preocupaciones e inquietudes, se podrá deponer las
armas y tumbarse
a la bartola
en espera del
advenimiento de la sociedad sin clases.
No cabe duda de que esta confusión en las ideas y
estas tendencias se parecen como dos gotas de agua
a
determinadas concepciones de los desviacionistas de
derecha, según las cuales lo viejo deberá
integrarse
espontáneamente en lo nuevo y un buen día nos
veremos, sin darnos cuenta, en la sociedad
socialista.
Como veis, los restos de la ideología de los
derrotados grupos antileninistas son bien
susceptibles
de reanimación y distan mucho de haber perdido su
vitalidad.
Se
comprende que si
esta confusión de
concepciones y estas tendencias no bolcheviques se
hubieran apoderado de la mayoría de nuestro
Partido,
éste se habría visto desmovilizado y desarmado...
Tomemos
ahora, por ejemplo,
la cuestión
nacional. También aquí, en la cuestión nacional,
como en otras cuestiones, hay en el Partido gente
con
una confusión de ideas que origina cierto peligro.
He
hablado de la vitalidad de las supervivencias del
capitalismo. Hay que señalar que las supervivencias
del capitalismo en la conciencia de los hombres
están
mucho más arraigadas en el terreno de la cuestión
nacional que en cualquier otro. Poseen más
vitalidad,
porque
pueden enmascararse bien
con el ropaje
nacional. Muchos piensan que el pecado de Skripnilk
es un caso aislado, una excepción de la regla. No
es
cierto. El pecado de Skripnik y de su grupo en
Ucrania no es una excepción. Iguales aberraciones
se
observan en algunos camaradas de otras repúblicas
nacionales.
¿Qué significa la desviación nacionalista tanto si
se trata de una desviación hacia el nacionalismo
gran
ruso
como hacia el
nacionalismo local? La
desviación nacionalista es la adaptación de la
política
internacionalista
de la clase
obrera a la
política
nacionalista
de la burguesía.
La desviación
nacionalista
refleja los intentos
de la burguesía
«propia», de la burguesía «nacional», por socavar
el
régimen soviético y restaurar el capitalismo. Como
veis, el origen de ambas desviaciones es el mismo.
Es el abandono del internacionalismo leninista. Si
queréis
hacer fuego contra
ambas desviaciones,
debéis dirigir los tiros, ante todo, contra los
orígenes,
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 241
contra
los que se
separan del internacionalismo, trátese de la desviación
nacionalista local o de la desviación nacionalista gran rusa.
Se discute qué desviación es más peligrosa, si la
desviación nacionalista gran rusa o la desviación
nacionalista local. En las condiciones actuales,
tal
discusión es puramente formal y, por tanto, huera.
Sería estúpido dar una receta, buena para todos los
momentos y condiciones, sobre el peligro principal
y
el secundario. Estas recetas no existen. El peligro
principal consiste en la desviación contra la que
se ha
dejado de combatir y a la que se ha permitido, de
este
modo, crecer hasta convertirse en un peligro para
el
Estado.
Hace
todavía muy poco,
la desviación nacionalista local
no era en Ucrania el peligro más grave; pero cuando se dejó de combatirla y se
le permitió crecer hasta
formar un bloque
con los intervencionistas, se
convirtió en el peligro principal. La cuestión del peligro principal en el
problema nacional no se resuelve mediante discusiones hueras y formales,
sino con el
análisis marxista de la
situación en el momento dado y con el examen de los errores cometidos en esta
cuestión.
Lo mismo debe decirse de las desviaciones de
derecha y de «izquierda» en la política general.
También
aquí, como en
otras cuestiones, hay
bastante confusión de ideas entre algunos miembros
de nuestro Partido. A veces, al combatir la
desviación
de derecha, se aparta la mano de la desviación de
«izquierda»
y se debilita
la lucha contra
ella,
suponiendo que no es peligrosa o poco peligrosa.
Este es un grave y peligroso error. Es una
concesión
a la desviación
de «izquierda», una concesión
inadmisible, en un miembro del Partido. Y es tanto
más inadmisible por cuanto en estos últimos tiempos
los «izquierdistas» se han deslizado
definitivamente
hacia la posición de la derecha y, en realidad,
esas
desviaciones ya no se diferencian en nada.
Siempre hemos dicho que los de la «izquierda»
son los de la derecha que disfrazan su posición
derechista con frases izquierdistas. Actualmente,
la
propia «izquierda»
lo confirma así.
Tomad los
números del «Boletín» trotskista correspondientes
al
año pasado. ¿Qué exigen y qué escriben los señores
trotskistas?, ¿en
qué se expresa
su programa de
«izquierda»? Exigen: la disolución de los sovjoses,
por no ser rentables; la disolución de la mayor
parte
de los koljoses, por ser ficticios; acabar con la
política de liquidación de los kulaks, volver a la
política
de concesiones y
entregar en concesión
muchas de nuestras empresas industriales, por no
ser
rentables.
¡Ahí
tenéis el programa
de esos cobardes
y miserables capituladores,
el programa contrarrevolucionario de
la restauración del capitalismo en la URSS!
¿En qué difiere
del programa de
la extrema
derecha? Está claro que en nada. Resulta que los
«izquierdistas» se han adherido de manera pública
al
programa contrarrevolucionario de la derecha, para
constituir con ella un bloque y luchar juntos
contra el
Partido.
¿Cómo se puede decir, después de esto, que los
«izquierdistas» no son
peligrosos o son
poco peligrosos? ¿No está claro que decir cosa tan absurda es llevar el
agua al molino de los enemigos acérrimos del leninismo?
Como veis, también aquí, en el terreno de las
desviaciones respecto de la línea del Partido, ya
se
trate de desviaciones en la política general o en
la
cuestión nacional, las supervivencias del
capitalismo
en la conciencia de los hombres, incluso en la de
algunos miembros de nuestro Partido, son bastante
vivaces.
He aquí unas cuantas cuestiones, serias y actuales,
de nuestro trabajo ideológico y político en las que algunos sectores
del Partido no
ven claro, se confunden y, a veces, se desvían
francamente del leninismo. Pero éstas no son las únicas cuestiones ilustrativas
de la confusión de ideas reinante entre algunos miembros del Partido.
¿Se puede decir, después de esto, que todo anda
bien en el Partido?
Claro que no.
Nuestras
tareas en el
terreno del trabajo ideológico y político:
1) Elevar el nivel teórico del Partido a la debida
altura.
2) Intensificar el trabajo ideológico en todos los
eslabones del Partido.
3)
Desplegar una incansable
propaganda del leninismo en las
filas del Partido.
4) Educar las organizaciones del Partido y a los
simpatizantes activos sin-partido en él espíritu del internacionalismo
leninista.
5) No velar,
sino criticar valientemente
las desviaciones de algunos
camaradas respecto del marxismo-leninismo.
6) Desenmascarar sistemáticamente la ideología y
los restos de la ideología de las corrientes hostiles al leninismo.
2. Las cuestiones de la dirección del trabajo de
organización
He hablado de nuestros éxitos. He hablado de la
victoria de la línea del Partido, tanto en el
terreno de
la economía nacional y de la cultura como en la
lucha
contra los grupos antileninistas en el Partido. He
hablado de la significación de nuestra victoria
para la
historia mundial. Sin embargo, esto no significa
que
se haya triunfado en todas partes y en todo, ni que
estén resueltos ya todos los problemas. Tales
éxitos y
tales victorias no se dan generalmente en la vida.
Aún nos quedan bastantes problemas que resolver y
deficiencias de todo género que subsanar. Nos
espera
242
un cúmulo de problemas que aguardan solución.
Ahora bien, esto significa, indudablemente, que la
mayor
parte de los
problemas inmediatos e
inaplazables ha sido resuelta con buen éxito. En
este
sentido,
es indiscutible la
grandiosa victoria de
muestro Partido.
Ahora bien, ¿cómo se ha logrado la victoria?, ¿cómo
ha sido conseguida en la práctica?, ¿cómo se ha luchado por ella?, ¿qué
esfuerzos se han hecho para alcanzarla?
Algunos
piensan que basta
trazar una línea
acertada
del Partido, proclamarla
públicamente,
exponerla en forma de tesis y resoluciones
generales
y aprobarla en votación unánime, para que la
victoria
llegue por sí sola, digámoslo así, por el curso
natural
de las cosas. Esto, claro está, no es cierto. Es un
gran
error. Así no pueden pensar más que incorregibles
burócratas y aficionados al papeleo. En realidad,
estos éxitos y estas victorias no han sido
alcanzados
sin más ni más, sino en lucha encarnizada por la
aplicación de la línea del Partido. La victoria no
llega
nunca
por sí sola:
habitualmente, hay que
conquistarla. Las buenas resoluciones
y
declaraciones en favor de la línea general del
Partido
constituyen sólo el comienzo de la obra, pues no
significan más que el deseo de triunfar, y no la
victoria misma. Una vez trazada una línea certera,
una vez se ha indicado la solución acertada de los
problemas planteados, el éxito depende del trabajo
de
organización, depende de la organización de la
lucha
por la puesta en práctica de la línea del Partido,
depende de una acertada selección de los hombres,
del
control del cumplimiento
de las decisiones
adoptadas por los organismos directivos. De otro
modo, la acertada línea del Partido y las
decisiones
acertadas corren el riesgo de sufrir un serio daño.
Más
aún: después de
trazada una línea
política
certera, es el trabajo de organización el que lo
decide
todo, incluso la suerte de la línea política misma,
su
cumplimiento o su fracaso.
En realidad, la victoria ha sido conseguida y
conquistada gracias a una lucha sistemática y tenaz
contra todas las dificultades en la aplicación de
la
línea del Partido, gracias a la superación de estas
dificultades, mediante la movilización del Partido
y
de la clase
obrera para vencerlas,
mediante la
organización de la lucha para vencerlas, mediante
la
destitución de los dirigentes inservibles y la
selección
de
otros mejores, capaces
de organizar la
lucha
contra las dificultades.
¿Cuáles son estas dificultades y dónde radican?
Son las
dificultades de nuestro
trabajo de
organización,
de la dirección
de dicho trabajo. Radican en nosotros mismos, en
nuestros cuadros dirigentes, en nuestras organizaciones, en el aparato de las
organizaciones del Partido, de los Soviets, de la economía, de los sindicatos,
del Komsomol y de todas las demás organizaciones.
J. V. Stalin
Hay que comprender que la fuerza y el prestigio
de
nuestras organizaciones del
Partido, de los
Soviets, de la economía y demás, así como de sus
dirigentes, se han desarrollado hasta alcanzar una
altura inusitada. Y precisamente porque su fuerza y
su prestigio han crecido de ese modo, todo o casi
todo depende ahora de su trabajo. No hay razón para
invocar las condiciones llamadas objetivas. Después
de que el acierto de la línea política del Partido
ha
sido confirmado por la experiencia de muchos años,
y la voluntad de los obreros y campesinos para
apoyarla
no ofrece ya
dudas, el papel
de las
condiciones llamadas objetivas se ve reducido a un
mínimo, mientras que el de nuestras organizaciones
y
sus dirigentes se ha hecho decisivo y excepcional.
¿Qué significa esto? Significa que la
responsabilidad
por nuestros reveses y deficiencias en el trabajo
recae
actualmente, en sus nueve décimas partes, no sobre
las condiciones «objetivas», sino sobre nosotros y
solamente sobre nosotros mismos.
Contamos en el Partido con más de dos millones
de militantes y candidatos. Tenemos en el Komsomol
más de cuatro millones de militantes y candidatos.
Tenemos más de tres millones de corresponsales
obreros y campesinos. El Osoaviajim agrupa él más
de 12 millones de afiliados. En los sindicatos hay
más de
17 millones de
militantes. A estas
organizaciones debemos nuestros éxitos. Y si, aún
contando
con estas organizaciones y
estas
posibilidades, que facilitan los éxitos, se
observan
todavía en el trabajo no pocos reveses y no pocas
deficiencias, la culpa es sólo nuestra, de nuestro
trabajo de organización, de nuestra mala dirección.
El burocratismo y el papeleo de los aparatos de
administración; la charlatanería sobre «dirección
en
general», en lugar de dirección viva y concreta; la
estructura funcional de las organizaciones y la
falta
de
responsabilidad personal; la
ausencia de
responsabilidad
personal en el
trabajo y el
igualitarismo en el sistema de los salarios; la
falta de
control
sistemático del cumplimiento de
las
decisiones y el temor a la autocrítica: he aquí el
origen de nuestras dificultades, he aquí donde
anidan
ahora nuestras dificultades.
Sería ingenuo pensar que pueden vencerse estas
dificultades con resoluciones y disposiciones. Los
burócratas y los aficionados al papeleo tienen ya
desde
hace mucho tiempo
gran habilidad para
manifestar, de palabra, fidelidad a las decisiones
del
Partido y del Gobierno y, en la práctica,
sepultarlas
en un cajón. Para vencer estas dificultades, ha
sido
preciso
liquidar el atraso
de nuestro trabajo
de
organización con respecto a las exigencias de la
línea
política del Partido; ha habido que elevar el nivel
de
la dirección del trabajo de organización en todas
las
esferas de la economía nacional hasta el nivel de
la
dirección política; ha sido necesario luchar para
que
nuestro trabajo de organización permitiera llevar a
la
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 243
práctica las consignas políticas y las decisiones
del puesta en práctica de la línea del
Partido.
Partido.
Para vencer estas dificultades y conseguir éxitos,
ha habido que organizar la lucha por la victoria
sobre
estas dificultades, incorporar a las masas de
obreros y
campesinos a esta lucha, movilizar el Partido
mismo,
depurar
de elementos dudosos,
inestables y
degenerados el Partido y los organismos dirigentes
de la economía.
¿Qué se requería para ello? Se requería:
1) Desarrollar la autocrítica y poner al desnudo
las deficiencias de nuestro trabajo.
2) Movilizar las organizaciones del Partido y de
los Soviets, de la economía, de los sindicatos y del Komsomol para la lucha
contra las dificultades.
3) Movilizar las masas obreras y campesinas para
la lucha
por la aplicación
de las consignas
y decisiones del Partido y del Gobierno.
4) Desarrollar la emulación y el trabajo de choque
entre los trabajadores.
5) Organizar una amplia red de secciones políticas
en las estaciones de máquinas y tractores y en los sovjoses, así como acercar
al campo la dirección del Partido y de los Soviets.
6) Descentralizar los Comisariados del Pueblo, las
direcciones generales y los trusts, establecer una relación más directa entre
los organismos rectores de la economía y las empresas.
7) Acabar con la ausencia de responsabilidad
personal en el trabajo y con el igualitarismo en el sistema de salarios.
8) Suprimir la estructura funcional, fortalecer la
responsabilidad
personal y orientarnos
hacia la
abolición del sistema de las juntas de
administración.
9) Intensificar el control del cumplimiento de las
decisiones y orientarnos hacia la reorganización, con este objeto, de la
Comisión Central de Control y de la Inspección Obrera y Campesina.
10) Acercar a la producción a los especialistas que
trabajan actualmente en las oficinas.
11) Desenmascarar y expulsar de los aparatos
administrativos a los
incorregibles burócratas y aficionados al papeleo.
12) Destituir a los infractores de las decisiones
del
Partido
y del Gobierno,
a los embusteros
y
charlatanes, y sustituirlos por gente nueva,
práctica,
por
hombres capaces de
asegurar una dirección
concreta
del trabajo
encomendado y
el
fortalecimiento de la disciplina del Partido y de
los
organismos soviéticos.
13) Depurar las organizaciones de los Soviets y de
la economía y reducir sus plantillas.
14) Por último, depurar el Partido, arrojando de él
a los elementos dudosos y degenerados.
Estos son los medios esenciales que hubo de
poner en juego el Partido para vencer las
dificultades,
elevar nuestro trabajo de organización hasta el
nivel
de la dirección política y asegurar, de este modo,
la
Ya
sabéis que el
Comité Central de
nuestro
Partido ha realizado precisamente así su trabajo de
organización en el período de que rendimos cuenta.
El CC se ha guiado en esto por la idea genial de
Lenin
de que lo
principal en el
trabajo de
organización es la selección de los hombres y el
control
del cumplimiento de
las decisiones
adoptadas.
Quisiera decir algunas palabras sobre la selección
de los hombres y la sustitución de los que no han estado a la altura debida.
Aparte
de algunos incorregibles
burócratas y aficionados al
papeleo, respecto a cuya destitución todos
estamos de acuerdo,
hay dos tipos
de funcionarios que entorpecen
nuestro trabajo, lo obstaculizan y no nos permiten avanzar.
Al primer tipo corresponden los funcionarios que
contrajeron ciertos méritos en el pasado, hombres
que se han convertido en grandes señores y a
quienes
les parece que las leyes soviéticas y del Partido
no
han sido escritas para ellos, sino para los tontos.
Son
esos
mismos funcionarios que
tampoco estiman
deber suyo cumplir las decisiones del Partido y del
Gobierno
y que destruyen
así las bases
de la
disciplina del Partido y del Estado. ¿En qué
confían
al vulnerar las leyes soviéticas y del Partido?
Confían
en que, por sus méritos pasados, el Poder Soviético
no se atreverá a meterse con ellos. Estos grandes
señores ensoberbecidos
piensan que son
insustituibles y que pueden infringir impunemente
las
decisiones de los organismos directivos. ¿Qué se
debe
hacer con estos
funcionarios? Hay que
destituirlos de los puestos de dirección sin
titubeos,
sin reparar en sus méritos pasados. Hay que
pasarles
a puestos de menor importancia y publicar la
noticia
en la prensa. Esto es indispensable para bajarles
los
humos
a estos ensoberbecidos grandes
señores
burócratas
y colocarles en
el lugar que
les
corresponde. Ello es indispensable para consolidar
en
todo nuestro trabajo la disciplina del Partido y de
los
organismos soviéticos.
Y
ahora hablemos del
segundo tipo de
funcionarios. Es el tipo de charlatanes, yo diría
de
charlatanes honrados, hombres honestos, fieles al
Poder Soviético, pero incapaces de dirigir,
incapaces
de
organizar nada. Tuve
el año pasado
una
conversación
con uno de
estos camaradas, un
camarada
muy estimable, pero
un charlatán
incorregible,
capaz de ahogar
con su verborrea
cualquier obra viva. He aquí esta conversación:
Yo: ¿Qué tal va la siembra?
El: ¿La siembra, camarada Stalin? Nos hemos
movilizado.
Yo: Bien, y ¿qué?
El: Hemos planteado la cuestión de plano. Yo: Bien,
¿y qué más?
El: Hay un viraje, camarada Stalin, pronto se
244
producirá un viraje.
Yo: Bueno, pero ¿qué hay en realidad? El: Se
perfilan progresos.
Yo: Bien, pero ¿qué tal va la siembra?
El: Hasta ahora no hemos logrado hacer nada,
camarada Stalin.
He aquí la
fisonomía del charlatán.
Se han movilizado, han planteado
la cuestión de plano, hay un viraje y progresos, pero la cosa no avanza,
Exactamente así es como ha caracterizado hace
poco un obrero
ucraniano el estado
de una organización. Cuando
se le preguntó
si dicha organización se atenía
a la línea, respondió: «¡Ah! ¿La línea?... La línea existe, naturalmente, sólo
que el trabajo no se ve». Por lo visto, esta organización tiene también sus
charlatanes honrados.
Y
cuando se destituye
a estos charlatanes,
separándoles
del trabajo de dirección, se
quedan
atónitos, boquiabiertos: «¿Por qué nos destituyen?
¿Es que no hemos hecho todo lo necesario? ¿Es que
no
hemos reunido la
conferencia de obreros
de
choque, no hemos proclamado en ella las consignas
del Partido y del Gobierno, no hemos elegido todo
el
Buró Político del Comité Central para la
presidencia
de honor? ¿Es que no hemos mandado saludos al
camarada Stalin? ¿Qué más queréis de nosotros?».
¿Qué hacer con estos charlatanes incorregibles? Si
se les deja en un trabajo de dirección, son capaces de ahogar cualquier
obra viva en
un torrente de discursos interminables y hueros. Es
evidente que hay que destituirlos de los puestos de dirección y darles un
trabajo de otro tipo. En el trabajo de dirección no hay lugar para los
charlatanes.
Ya he informado brevemente de cómo el CC ha
dirigido
la selección de
los hombres en
las
organizaciones de los Soviets y de la economía y de
cómo ha reforzado el control del cumplimiento de
las
decisiones. El camarada Kaganóvich os informará
más detalladamente en el tercer punto del orden del
día del Congreso.
Ahora quisiera decir unas palabras respecto al
trabajo
a realizar en
adelante con vistas
a la
intensificación del control del cumplimiento de las
decisiones.
La
acertada organización del
control del
cumplimiento de las decisiones tiene una
importancia
cardinal en la lucha contra el burocratismo y el
papeleo. ¿Se ponen en práctica las decisiones de
las
organizaciones directivas o son sepultadas por los
burócratas y los aficionados al papeleo? ¿Se
aplican
en
forma acertada o
se tergiversan? ¿Trabaja el
aparato honradamente y a lo bolchevique o da
vueltas
como una rueda loca? Todo esto sólo puede saberse a
tiempo si existe un control bien organizado. Un
control bien organizado es el reflector que permite
iluminar el estado del trabajo de nuestros
organismos
en cualquier momento y exponer a la vergüenza
pública
a los burócratas
y a los
aficionados al
J. V. Stalin
papeleo. Se puede afirmar con toda seguridad que
las nueve décimas partes de nuestras fallas y errores se deben a la falta de un
control bien organizado. No cabe
duda de que
con un buen
control del cumplimiento de
las decisiones, las
fallas y los errores serían prevenidos a ciencia
cierta.
Mas,
para que este
control dé resultado,
se
precisan, por lo menos, dos condiciones : primera,
que el control
sea sistemático, y
no esporádico;
segunda;
que al frente
del control en
todos los
eslabones de las organizaciones del Partido, de los
Soviets y de la economía no estén camaradas que
ocupen puestos de segundo orden, sino camaradas
con suficiente autoridad, los propios dirigentes de
las
organizaciones.
Una
acertada organización del
control del
cumplimiento
de las decisiones
tiene la mayor
importancia
para las instituciones dirigentes
centrales. La Inspección Obrera y Campesina, por su
organización, no reúne las condiciones necesarias
de
un aparato de control bien montado. Hace unos años,
cuando nuestro trabajo en el terreno económico era
más sencillo y menos satisfactorio, cuando se tenía
la
posibilidad de inspeccionar el trabajo de todos los
Comisariados del Pueblo y de todos los organismos
de la economía, la Inspección Obrera y Campesina
cumplía sus fines. Pero ahora que nuestro trabajo
de
dirección de la economía es mayor, se ha hecho más
complicado y ya no hay necesidad ni posibilidad de
ejercer
la inspección desde
un solo centro,
la
Inspección
Obrera y Campesina
debe ser
reorganizada. Lo que nos hace falta ahora no es
inspeccionar, sino comprobar el cumplimiento de las
decisiones del centro; lo que nos hace falta ahora
es
controlar
el cumplimiento de
las decisiones del
centro. Ahora necesitamos una organización que, sin
proponerse
el objetivo de
hacer la inspección
universal de todos y de todo, pueda concentrar su
atención
en el control,
en la comprobación
del
cumplimiento de las decisiones de los organismos
centrales
del Poder Soviético.
Tal organización
puede
ser únicamente la
Comisión de Control
Soviético,
adjunta al Consejo
de Comisarios del
Pueblo de la URSS, que trabaje por encargo de éste
y
cuente en todas partes con sus propios
representantes,
independientes de los órganos locales y para que la
Comisión tenga la autoridad suficiente y pueda, en
caso necesario, exigir responsabilidades a
cualquier
funcionario
dirigente, es preciso
que todos los
candidatos a miembros de la Comisión de Control
Soviético
sean propuestos por
el Congreso del
Partido y confirmados por el Consejo de Comisarios
del Pueblo y por el Comité Ejecutivo Central de la
URSS. Creo que solamente una organización de este
tipo
podría reforzar el
control y la
disciplina
soviéticos.
En lo que respecta a la Comisión Central de
Control, ésta fue creada, sobre todo y
principalmente,
Informe ante el XVII Congreso del Partido acerca de
la actividad del CC del PC(b) de la URSS 245
como es notorio,
para prevenir una
escisión del
Partido. Sabéis que el peligro de escisión existió
realmente entre nosotros hace algún tiempo. Sabéis
que la Comisión
Central de Control
y sus
organizaciones lograron prevenir ese peligro. Pero
ahora ya no hay peligro de escisión. En cambio,
sentimos la necesidad imperiosa de una organización
capaz de concentrar la máxima atención en el
control
del cumplimiento de las decisiones del Partido y de
su Comité Central. Esta organización no puede ser
más que una
Comisión de Control
del Partido,
adjunta al CC del PC(b) de la URSS, que trabaje por
encargo del Partido y de su CC y cuente en todas
partes con sus propios representantes,
independientes
de las organizaciones locales.
Claro que tal
organización tan responsable debe tener una gran
autoridad.
Y para que
la tenga y
pueda exigir
responsabilidades a cualquier funcionario dirigente
que haya cometido una falta, incluidos los miembros
del Comité Central, es indispensable que solamente
el órgano superior del Partido, su Congreso, pueda
elegir y destituir a los miembros de esta Comisión.
No
cabe duda de
que tal organización será
verdaderamente
capaz de asegurar
el control del
cumplimiento de las decisiones de los organismos
centrales del Partido y de fortalecer la disciplina
del
Partido.
Así están las cosas en cuanto a la dirección del
trabajo de organización.
Nuestras tareas a este respecto son:
1) Seguir ajustando
nuestro trabajo de
organización a las exigencias de la línea política
del
Partido.
2) Elevar la dirección del trabajo de organización
al nivel de la dirección política.
3)
Conseguir que la
direcdón del trabajo
de
organización asegure por completo el cumplimiento
de las consignas
políticas y las
decisiones del
Partido.
* * *
Camaradas: Termino el informe.
¿Qué conclusiones podemos sacar?
Todos
reconocen ya que
nuestros éxitos son
grandes, extraordinarios. El país ha sido
encauzado,
en un plazo relativamente corto, por el camino de
la
industrialización y de la colectivización. El
primer
plan quinquenal se ha cumplido con buen éxito. Ello
despierta un sentimiento de orgullo y consolida en
nuestros militantes la fe en sus propias fuerzas.
Eso,
naturalmente, está bien.
Pero los éxitos
tienen, en ocasiones, su lado negativo. Engendran a
veces peligros, que, si se les permite
desarrollarse,
pueden echarlo todo a rodar. Por ejemplo, hay el
peligro de que a algunos de nuestros camaradas los
éxitos se les suban a la cabeza. Como es sabido, ya
se
han
dado algunos casos.
Hay el peligro
de que
algunos camaradas, embriagados por los éxitos, se
envanezcan
hasta más no
poder y comiencen
a
arrullarse con canciones jactanciosas, como ésas de
«para nosotros ahora todo es pan comido», «no hay
quien
pueda con nosotros»,
etc. Eso no
está
descartado
en absoluto, camaradas.
Nada más
peligroso
que esta disposición
de ánimo, porque
desarma al Partido y desmoviliza sus filas. Si esta
disposición de ánimo llega a prevalecer en nuestro
Partido, pondremos en peligro todos nuestros
éxitos.
Naturalmente, hemos cumplido el primer plan
quinquenal con buen éxito. Esto es cierto. Pero las
cosas no terminan ni pueden terminar ahí,
camaradas.
Tenemos en perspectiva el segundo plan quinquenal,
que
también debe ser
cumplido, y cumplido
asimismo con buen éxito. Ya sabéis que los planes
se
cumplen en lucha contra las dificultades, a medida
que se vencen las dificultades. Quiere decirse que
habrá dificultades, que habrá también que luchar
contra ellas. Los camaradas Mólotov y Kúibishev os
informarán acerca del segundo plan quinquenal. Por
sus
informes veréis las
grandes dificultades que
habremos de vencer para llevar a cabo este
grandioso
plan. Por tanto, no hay que adormecer al Partido,
sino
desarrollar en él la vigilancia: no arrullarlo,
sino
mantenerlo
siempre dispuesto al
combate; no
desarmarlo, sino armarlo; no desmovilizarlo, sino
conservarlo en estado de movilización para llevar a
cabo el segundo plan quinquenal.
De aquí, la primera conclusión: no embriagarse con
los éxitos alcanzados ni envanecerse.
Hemos logrado esos éxitos porque hemos tenido
una acertada línea directriz del Partido y hemos
sabido organizar a las masas para poner en práctica
esta línea. Huelga decir que sin estas condiciones
no
hubiéramos obtenido esos éxitos, de los que nos
enorgullecemos legítimamente. Ahora bien, tener una
línea acertada y saber ponerla en práctica es algo
muy raro en la vida de los partidos gobernantes.
Fijaos en los países que nos rodean. ¿Encontraréis
muchos partidos gobernantes que tengan una línea
acertada y la apliquen? En realidad, hoy no existen
tales partidos en el mundo, pues todos los partidos
viven sin perspectivas, se enredan en el caos de la
crisis y no ven el camino para salir del pantano.
Únicamente nuestro Partido sabe hacia dónde hay
que conducir las cosas y las conduce con buen
éxito.
¿A qué debe nuestro Partido esta ventaja? A que es
un partido marxista, un partido leninista, a que se
guía en su trabajo por la doctrina de Marx, Enge1s
y
Lenin.
No puede caber
duda de que,
mientras
sigamos fieles a esta doctrina, mientras nos
guiemos
por
esta brújula, obtendremos
éxitos en nuestro
trabajo.
Se dice que en el Occidente, en algunos países, ya
se ha destruido el marxismo. Se dice que lo ha
destruido la corriente burguesa nacionalista
titulada
fascismo. Eso es una tontería, naturalmente. Sólo
quien desconoce la historia puede hablar así. El
marxismo es la expresión científica de los
intereses
246
vitales de la clase obrera. Para destruir el
marxismo,
hay que destruir
a la clase
obrera. Y esto
es
imposible. Más de ochenta años han transcurrido
desde que el marxismo salió a la lid. En este
tiempo,
decenas,
centenares de gobiernos
burgueses han
intentado
destruirlo. Y ¿qué ha
ocurrido? Los
gobiernos
burgueses vienen y
se van, pero
el
marxismo
queda. Más aún:
el marxismo ha
conseguido una victoria completa en una sexta parte
del
mundo, precisamente en
el país donde
el
marxismo se consideraba definitivamente destruido.
No puede estimarse un azar que el país donde el
marxismo ha logrado una victoria completa sea hoy
el único del mundo que no conoce las crisis y el
paro,
mientras que en los demás países, comprendidos los
fascistas, reinan, desde hace cuatro años, la
crisis y el
paro. No, camaradas, esto no es una casualidad.
Sí, camaradas, hemos conseguido nuestros éxitos por
haber trabajado y luchado bajo la bandera de Marx, Engels y Lenin.
De aquí la segunda conclusión: ser fieles hasta el
fin a la gloriosa bandera de Marx, Engels y Lenin.
La clase obrera de la URSS no sólo es fuerte
porque cuenta con un Partido leninista probado en
las
luchas. No sólo es fuerte porque cuenta con el
apoyo
de millones de campesinos laboriosos, sino también
porque
la respalda y
la sostiene el
proletariado
mundial. La clase obrera de la URSS es parte del
proletariado
mundial, es su
destacamento de
vanguardia, y nuestra república es carne de la
carne
del proletariado mundial. No cabe duda de que, si
no
hubiese tenido el apoyo de la clase obrera de los
países capitalistas, no se habría mantenido en el
Poder,
no habría asegurado
las condiciones
necesarias
para la edificación
socialista; por
consiguiente, no habría tenido los éxitos que
registra
hoy. Los vínculos internacionales de la clase
obrera
de la URSS con los obreros de los países
capitalistas,
la unión fraternal de los obreros de la URSS con
los
obreros de todos los países, constituyen una de las
piedras angulares de la fuerza y de la potencia de
la
República Soviética. Los obreros del Occidente
dicen
que la clase obrera de la URSS es la brigada de
choque del proletariado mundial. Eso está muy bien.
Significa que el proletariado mundial está
dispuesto a
seguir apoyando a la clase obrera de la URSS en la
medida de sus fuerzas y posibilidades. Pero eso nos
impone
serias obligaciones. Eso
significa que
tenemos que justificar con nuestro trabajo el
honroso
título de brigada de choque de los proletarios de
todos los países. Esto nos obliga a trabajar mejor,
a
luchar mejor por la victoria definitiva del
socialismo
en nuestro país, por la victoria del socialismo en
todos los países.
De aquí la tercera conclusión: ser fieles hasta el
fin a la causa del internacionalismo proletario, a la causa de la unión
fraternal de los proletarios de todos los países.
J. V. Stalin
Publicado el 28 de enero de 1934 en el núm. 27 de
«Pravda».
SOBRE LOS DEFECTOS DEL TRABAJO DEL PARTIDO Y SOBRE
LAS MEDIDAS PARA LIQUIDAR A LOS ELEME TOS TROTSKISTAS Y DEMÁS ELEME TOS DE
DOBLE CARA
Informe y discurso de clausura en el pleno del
Comité Central del PC(b) de la URSS290
3-5 de marzo de 1937
Camaradas:
De los informes que hemos escuchado en el Pleno y
de los debates que tuvieron lugar a continuación, resulta que
tenemos que vérnoslas
con los tres principales hechos siguientes:
Primero, el trabajo de sabotaje, de espionaje y de
diversión de los agentes de los Estados extranjeros, entre los cuales los
trotskistas jugaban un papel bastante activo, que, en mayor o menor grado ha
afectado a todas
o a casi
todas nuestras organizaciones,
tanto a las económicas como a las administrativas y del Partido.
Segundo, agentes de los Estados extranjeros, y
entre ellos los trotskistas, se han infiltrado no sólo en las organizaciones de
base, sino también en algunos puestos de responsabilidad.
Tercero, algunos de nuestros dirigentes, tanto en
el centro como en provincias, no sólo no han sabido
290 Del 23 de febrero al 5 de marzo de 1937, bajo
la dirección de
J. V. Stalin, celebró sus trabajos el Pleno
ordinario del CC del PC(b) de la URSS El Pleno examinó las tareas del Partido
en materia de organización relativas a las elecciones para el Soviet Supremo de
la URSS, que habrían de celebrarse de acuerdo con la nueva
Constitución. Analizó, igualmente,
los problemas concernientes a la
construcción económica y al Partido y tomó una serie de medidas para
resolverlos. El Pleno puso también sobre el tapete la cuestión de la actividad
antipartido de Bujarin y de Rykov y decidió expulsarlos del Partido.
Las victorias logradas por el Partido enfurecían a
los enemigos
del pueblo: espías, saboteadores, asesinos
trotskista-bujarinistas a
sueldo de los servicios de espionaje extranjeros.
Los procesos
revelaron la actividad complotadora de estos
elementos contra
Lenin, a quien tenían la intención de detener,
contra el Partido y
el Estado soviético desde los primeros días
posteriores a la
Revolución de Octubre.
Cumpliendo las tareas, dictadas por sus amos
capitalistas, se proponían destruir el Partido y el Estado Soviético, socavar
la defensa del país, facilitar la intervención extranjera, preparar la
derrota del Ejercito
Rojo, desmembrar la
Unión Soviética, convertirla en
colonia del imperialismo y
restablecer la esclavitud
capitalista en la URSS El Partido y el Poder Soviético aniquilaron los centros
de estos enemigos del pueblo.
En su Informe,
J. V. Stalin
trazó un claro
programa para fortalecer los
órganos del Partido y de los Soviets, para elevar la vigilancia revolucionaria,
y lanzando la consigna: "¡dominemos el bolchevismo!» pertrechó al partido
para la lucha contra los enemigos del pueblo, enseñándole a quitarles la
máscara.
discernir la verdadera cara de estos saboteadores,
de estos agentes diversionistas, espías y asesinos, sino que se
han mostrado indiferentes,
bonachones e ingenuos hasta tal
punto que han contribuido con frecuencia a hacer que los agentes de los Estados
extranjeros hayan tenido acceso a éstos o aquellos puestos de responsabilidad.
Tales
son los tres
hechos incontestables que propiamente se desprenden de los informes
y de los correspondientes debates que les sucedieron.
I. Despreocupación política
¿Cómo
explicar que nuestros
dirigentes, que
tienen
una rica experiencia
de lucha contra
las
corrientes
antipartido y antisoviéticas de
todo
género, se hayan mostrado en este caso tan ingenuos
y tan ciegos
que no hayan
sabido discernir la
verdadera catadura de los enemigos del pueblo, no
hayan sabido reconocer a los lobos disfrazados de
corderos, no hayan sabido arrancarles la máscara?
¿Podría afirmarse que la acción de sabotaje, de
espionaje
y de diversión
de los agentes
de los
Estados extranjeros que actúan en el territorio de
la
URSS, pudiera ser para nosotros algo inesperado,
algo
nunca visto? No,
no podríamos decirlo.
Testimonio
de ello son
los actos de
sabotaje
realizados en las diversas ramas de la economía
nacional en el curso de los diez últimos años,
desde
la época del proceso de Shajti, los cuales además
están registrados en los documentos oficiales.
¿Podría afirmarse que en estos últimos tiempos no
ha habido ninguna señal que nos pusiera en guardia y nos advirtiera
de la actividad
de sabotaje, de espionaje o de terrorismo de los agentes
trotskista-
zinovievistas
del fascismo? No,
no podríamos decirlo. Ha habido
señales en este sentido y los bolcheviques no tienen derecho a olvidarlas.
El infame asesinato de Kirov291 fue la primera
291 Kirov S. M. (1886-1934) - destacado dirigente
del Partido
Comunista y del Estado Soviético, fiel discípulo de
V. I. Lenin y
el más íntimo compañero de lucha de J. V. Stalin,
resuelto
combatiente de la causa del comunismo, participante
activo en
las tres revoluciones rusas. S. M. Kirov fue
implacable con los
enemigos
del Partido y
del pueblo contra
los que luchaba
resueltamente. Es por esa razón por la que los
enemigos de clase
le odiaban y por la que el 1 de diciembre de 1934,
en el Palacio
Smolni de Leningrado fue asesinado por un renegado
trotskista,
248
advertencia seria de que los enemigos del pueblo
iban a
practicar un doble
juego y lo
harían camuflándose de bolcheviques,
de miembros del Partido,
para ganarse la
confianza y poder introducirse en nuestras
organizaciones.
El proceso del «Centro de Leningrado»292, al igual
que el proceso «Zinóviev- Kámenev» confirmaron una vez más las lecciones que se
derivan del infame asesinato de Kirov.
El proceso del «Bloque zinovievisto-trotskista» ha
ampliado las enseñanzas de los procesos
anteriores293
y ha mostrado con toda claridad que los
zinovievistas
y los trotskistas agrupan a su alrededor a todos
los
elementos burgueses enemigos, demuestra que ellos
se han convertido en una agencia de espionaje, de
diversión y de terror de la Gestapo alemana, que el
doble
juego y el
enmascaramiento son para
los
zinovievistas y los trotskistas el único medio para
agente del servicio de espionaje imperialista y
miembro del clandestino contrarrevolucionario grupo zinovievista.
292 El «Centro de Leningrado» - grupo clandestino
terrorista
contrarrevolucionario, organizado por los
integrantes del grupo
antisovíético-zinovievista en
Leningrado. Su objetivo
era
asesinar a los dirigentes del Partido Comunista.
Este grupo tenía
lazos
con los servicios
de espionaje extranjeros
y estaba
sostenido por ellos.
293 Se refiere a los procesos que se desarrollaron
durante los años
1936-1938, contra los trotsko-zinovievistas y otros
enemigos
como Kámenev, Yakiri, Tujachevski, Razengolz,
Bujarín etc.
Estos procesos pusieron en evidencia que desde
hacía tiempo
estos elementos se habían unido en la banda de
enemigos del
pueblo formando un único «bloque de derechistas y
troskistas».
Los procesos pusieron de relieve que estos
elementos, junto con
los enemigos del pueblo -Trotski, Zinóvíev,
Kámenev- desde los
primeros días de la Revolución Socialista de
Octubre, habían
montado un complot contra Lenin, contra el Partido
y contra el
Estado Soviético. Las provocaciones para hacer
fracasar la paz
de Brest-Litovsk, al principio del año 1918, el
atentado contra
Lenin y el acuerdo secreto con los eseristas e
«izquierdistas» para
llevar a cabo el arresto y el asesinato de Lenin,
Stalin y Sverdlov
en la primavera de 1918, el vil atentado contra
Lenin en el verano
de 1918 en el que resulto herido, el motín de los
socialistas-
revolucionarios «izquierdistas» en
el verano de 1918,
el
crecimiento voluntario de las divergencias en 1921
con el fin de
estremecer e invertir, del interior, la dirección
de Lenin, los
intentos para derrocar esta dirección durante el
tiempo en que
Lenin estaba enfermo y después de su muerte, la
divulgación de
los secretos estatales y el pasar informaciones a
los servicios de
espionaje extranjeros; el vil asesinato de Kirov,
el trabajo de
diversión, los atentados, el vil asesinato de
Menjinski, Kuibichev
así como lo de Gorki - todos estos crímenes y otros
de la misma
naturaleza, como se demostró posteriormente fueron
cometidos,
en el plazo de veinte años, con la participación o
bajo la
dirección de Trotski, Zinóviev, Kámenev, Bujarin,
Rikov, y sus
agentes, bajo las órdenes de los servicios de
espionaje extranjeros
burgueses.
Los procesos pusieron de manifiesto que los
traidores trotskista-
bujarinistas, bajo las órdenes de sus amos -los
servicios de espionaje extranjeros burgueses-
tenían como objetivo
la destrucción del Partido y del Estado Soviético, el minar la defensa
del país, facilitar la intervención extranjera, preparar la derrota del
Ejército Rojo, desmembrar a la URSS, destruir las victorias logradas por los
obreros y los koljosíanos y restaurar la esclavitud capitalista en la URSS.
El tribunal soviético condenó a muerte a los
traidores trotsko-
bujarinistas.
J. V. Stalin
penetrar
en nuestras organizaciones y
que la vigilancia y la
perspicacia política son el medio más seguro para impedir esta penetración y
para liquidar a la banda zinovievista-trotskista.
En su carta confidencial del 18 de enero de 1935,
relativa al infame asesinato de Kirov, el Comité Central del PC(b) de la URSS
ponía resueltamente en guardia a las organizaciones del Partido contra la
benevolencia política y el aturdimiento filisteo.
He aquí lo que dice esta carta confidencial:
«Hay que acabar con la benevolencia oportunista
que parte de la suposición errónea de que a medida
que nuestras fuerzas crecen, el enemigo se vuelve
más
manso e inofensivo.
Esta suposición es
totalmente errónea. Se trata de un resabio de la
desviación de derecha, que pretendía hacer creer a
todos y a cada uno de nosotros que los enemigos se
irán integrando paulatinamente en el socialismo y
que en definitiva llegarán a convertirse en
verdaderos
socialistas. No es propio de bolcheviques dormirse
en
los laureles y quedarse pensando en las musarañas.
Lo que nos hace falta, no es la benevolencia, sino
la
vigilancia,
la verdadera vigilancia
revolucionaria
bolchevique. No hay que olvidar que cuanto más
desesperada sea la situación de los enemigos tanto
más desearán agarrarse a las medidas extremas, como
el único recurso de los que están condenados a
fracasar
en su lucha
contra el poder
soviético.
Debemos recordar esto y estar vigilantes.»
En la carta confidencial del 29 de julio de 1936,
sobre la actividad terrorista y de espionaje del Bloque
trotskista-zinovievista, el Comité Central del PC(b) de la URSS llamaba de
nuevo a las organizaciones del Partido a desplegar la máxima vigilancia, a
saber reconocer a los
enemigos del pueblo,
por muy hábilmente enmascarados
que estuvieran.
He aquí lo que dice la carta confidencial:
«Ahora que se ha probado que, en la lucha contra
el poder de los Soviets, los monstruos trotskista-
zinovievistas agrupan a todos los enemigos jurados,
a
los enemigos más odiados de los trabajadores de
nuestro
país, espías, provocadores, agentes
de
diversión, guardias blancos, ku1aks, etc., y que
entre
estos elementos por una parte, y los trotskistas y
los
zinovievistas por otra, se ha borrado toda línea de
demarcación, -nuestras organizaciones del Partido,
en su totalidad todos los miembros del Partido-
deben
comprender que la vigilancia de los comunistas es
indispensable en todos los sectores y en todas las
condiciones.
La cualidad indispensable
de todo
bolchevique, en las condiciones del presente, debe
ser la capacidad de reconocer al enemigo del
Partido,
por muy enmascarado que esté.»
Así pues, señales y advertencias, las ha habido.
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 249
¿Qué nos exigían estas señales y advertencias?
Nos
exigían liquidar la debilidad del trabajo de
organización en el Partido y hacer del Partido una
fortaleza inexpugnable donde ningún elemento de doble cara pudiera penetrar.
Nos
exigían acabar con
la subestimación del
trabajo
político del Partido
y efectuar un
viraje
decisivo, destinado a reforzar este trabajo Por
todos
los
medios, destinado a
reforzar la vigilancia
política...
Pero ¿qué ocurrió ?Los hechos han demostrado
que,
para captar estas
advertencias y señales,
nuestros camaradas han sido demasiado duros de
oído.
Así lo confirman con toda claridad las hechos
referentes a la campaña de verificación y cambio de carnets del Partido, que
todos conocemos.
¿Cómo explicar que estas advertencias y señales no
hayan tenido el efecto requerido?
¿Cómo
explicar que nuestros
camaradas del Partido, a pesar de
su experiencia de lucha contra los elementos antisoviéticos, a pesar de toda
una serie de señales y advertencias,
hayan sido políticamente miopes ante la actividad de
sabotaje, de espionaje y de diversión de los enemigos del pueblo?
¿Acaso
nuestros camaradas del
Partido han
perdido las cualidades que poseían en otro tiempo,
se
han vuelto menos conscientes y menos disciplinados?
No, por supuesto
que no. ¿O están
en vías de
degeneración? ¡Tampoco! Tal suposición carece de
todo fundamento.
¿Entonces
qué? ¿De dónde viene
toda esta pazguatería, esta despreocupación,
esta benignidad, esta ceguera?
Lo cierto es que nuestros camaradas del Partido,
llevados por las campañas económicas y los enormes
éxitos conquistados en el frente de la edificación
económica,
han olvidado sencillamente
algunos
hechos muy importantes, que los bolcheviques no
tienen derecho a olvidar. Han olvidado un hecho
esencial respecto a la situación internacional de
la
URSS y no han captado dos hechos muy importantes
que están directamente relacionados con los
actuales
saboteadores, espías, agentes de diversión y
asesinos,
los cuales se amparan detrás del carnet del Partido
y
se disfrazan de bolcheviques.
II. El cerco capitalista
¿Cuáles son pues los hechos que han olvidado o que
simplemente no han captado nuestros camaradas del Partido?
Han olvidado que el poder de los Soviets sólo ha
triunfado en una sexta parte del globo y que las
cinco
sextas
partes restantes, están
en posesión de los
Estados
capitalistas. Han olvidado
que la Unión
Soviética se encuentra dentro del cerco
capitalista.
Entre nosotros existe la costumbre de hablar mucho
sobre el cerco capitalista; pero en lo que se
refiere a
reflexionar sobre su significado, esto es algo que
no
suele hacerse. El cerco capitalista no es una frase
hueca, es un fenómeno muy real y muy desagradable.
El cerco capitalista, significa en concreto que
existe
un país, la Unión Soviética, el cual ha instaurado
el
orden socialista, y que por otra parte, hay, un
gran
número de países, países burgueses, que continúan
llevando
un género de
vida capitalista y
están
cercando a la Unión Soviética, aguardando la menor
oportunidad para atacarla, para abatirla o, en todo
caso, para socavar su potencia y debilitarla.
Este hecho esencial, nuestros camaradas lo han
olvidado. Y es precisamente él que determina la
base
de las relaciones entre el cerco capitalista y la
Unión
Soviética.
Tomemos, por ejemplo, los Estados burgueses.
Gentes ingenuas podrían creer que sólo existen
entre
ellos buenas relaciones, como si de Estados de un
solo e idéntico tipo se tratara. Pero, únicamente
los
ingenuos
pueden pensar así.
En realidad, las
relaciones entre estos Estados distan mucho de ser
unas
relaciones de buena
vecindad. Está
comprobado, como dos y dos son cuatro, que los
Estados burgueses se envían mutuamente hacia sus
retaguardias
espías, saboteadores, agentes
de
diversión, y a veces también asesinos, fijándoles
la
tarea de introducirse en las empresas e
instituciones
de estos Estados, de crear en ellos su propia red
y,
«en caso de necesidad», hacer saltar las
retaguardias
de
estos Estados, para
debilitar y socavar
su
potencial. Así están hoy las cosas. Y así han
estado
también en el pasado. Tomemos, por ejemplo, los
Estados europeos de la época de Napoleón I. Por
entonces, Francia estaba plagada de espías y
agentes
de diversión, procedentes del campo de los rusos,
alemanes, austríacos, ingleses. Y a su vez,
Inglaterra,
los
Estados de Alemania,
Austria, Rusia tenían
también en sus retaguardias un número no inferior
de
espías y agentes de diversión procedentes del campo
francés. En dos ocasiones los agentes de Inglaterra
atentaron contra la vida de Napoleón y sublevaron
varias veces a los campesinos vandeanos, de
Francia,
contra el gobierno de aquél. Y ¿qué era el gobierno
de Napoleón? Un gobierno burgués que reprimió la
Revolución Francesa y sólo conservó de ésta los
logros que le eran ventajosos a la gran burguesía.
Ni
que decir tiene que el gobierno de Napoleón no sólo
no quedaba a la zaga de sus vecinos, sino que, a su
vez, tomaba medidas de diversión. Así ocurría en
aquel tiempo, hace ya ciento treinta años. Así
ocurre
hoy,
ciento treinta años después de
Napoleón I.
Actualmente Francia e Inglaterra bullen de espías y
agentes
de diversión alemanes;
e, inversamente,
espías y agentes de diversión anglo-franceses
actúan,
también,
en Alemania. Los
Estados Unidos de
América bullen de espías y agentes de diversión
japoneses, y el Japón de espías y agentes de
diversión
norteamericanos.
250
Tal es la ley de las relaciones entre Estados
burgueses.
Nos preguntamos ¿por qué los Estados burgueses
deberán observar hacia el Estado soviético
socialista
una actitud más delicada y de mejor vecindad que
hacia los Estados burgueses de mismo tipo que
ellos?
¿Por
qué enviarán a la retaguardia de la
Unión
Soviética
menos espías, saboteadores,
agentes de
diversión y asesinos de los que han enviado a las
retaguardias de los Estados burgueses congéneres?
¿De dónde han salido tales suposiciones? ¿No sería
más justo admitir, desde el punto de vista
marxista,
que
los Estados burgueses
deben enviar a la
retaguardia de la Unión Soviética hasta dos y tres
veces más saboteadores, espías, agentes de
diversión
y asesinos de los que envían a la retaguardia de
cualquier Estado burgués?
¿No
está claro que
mientras exista el
cerco capitalista, existirán en nuestro país los saboteadores, los
espías, los agentes de diversión y los asesinos enviados a nuestra retaguardia
por los agentes de los Estados extranjeros?
Nuestros camaradas del Partido habían olvidado
todo esto y por eso han sido cogidos desprevenidos.
He aquí por qué la actividad de diversión y de
espionaje de los agentes trotskistas de la policía secreta japonesa y alemana
ha sido algo totalmente inesperado para algunos de nuestros camaradas.
III. El trotskismo de nuestros días
Prosigamos. En la lucha que llevan a cabo contra
los
agentes trotskistas, nuestros
camaradas del
Partido no han notado, se han dejado pasar el hecho
de que el trotskismo actual ya no es más lo que ha
sido,
digamos, siete u
ocho años antes;
que el
trotskismo y los trotskistas han pasado durante
este
tiempo por una seria evolución que ha modificado a
fondo el semblante del trotskismo y en consecuencia
que la lucha contra el trotskismo, los métodos para
combatirlo,
deben ser cambiados
radicalmente.
Nuestros camaradas del Partido no han notado que el
trotskismo ha dejado de ser una corriente política
en
la clase obrera como era hace siete u ocho años, ni
como se ha convertido en una banda enfurecida y sin
principios compuesta por saboteadores, agentes de
diversión y asesinos, que actúan bajo las órdenes
de
los servicios de espionaje de los Estados
extranjeros.
¿Qué significa una corriente política en la clase
obrera? Una corriente política en la clase obrera,
es
un grupo o un partido que tiene su propia fisonomía
política, netamente determinada, cuenta con su
forma
Y su programa; es un grupo o un partido que no
oculta ni puede ocultar sus concepciones a la clase
obrera y las preconiza abierta y honestamente, ante
ella; es un grupo o un partido que no teme mostrar
su
fisonomía política a la clase obrera, proclamar sus
fines y objetivos reales ante la clase obrera, sino
que
por el contrario,
se dirige a
ésta, con el
rostro
J. V. Stalin
descubierto, para convencerla de la justeza de sus
puntos de vista. Tiempo atrás, hace ya siete u ocho años, el trotskismo era en
el seno de la clase obrera una de las
corrientes políticas de
este género, antileninista, bien
es cierto, y
por consiguiente profundamente
errónea, pero sin embargo era toda una corriente política.
¿Se puede decir que el trotskismo actual, por
ejemplo el
trotskismo de 1936, es una corriente
política en la clase obrera? No, no se puede decir
tal
cosa. ¿Por qué? Porque los trotskistas de nuestros
días temen mostrar su verdadero rostro a la clase
obrera; temen exponerle sus fines y objetivos
reales;
le
ocultan cuidadosamente su
fisonomía política,
temerosos de que si la clase obrera se entera de
sus
verdaderas
intenciones, va a
maldecirlos como
elementos extraños y a arrojarlos lejos de su seno.
Así se explica, realmente, que el principal método
de
acción trotskista no sea hoy la propaganda abierta
y
leal de sus puntos de vista en el seno de la clase
obrera,
sino su enmascaramiento, la
alabanza
aduladora y servil de los puntos de vista de sus
adversarios,
la manera farisaica
e hipócrita de
pisotear sus propios puntos de vista.
En el proceso de 1936, si ustedes recuerdan,
Kámenev y Zinóviev negaron categóricamente que
tuvieran
alguna plataforma política.
Tuvieron la
plena posibilidad de desarrollar durante el proceso
su
plataforma política. Ahora bien, no lo hicieron y
declararon no tener ninguna plataforma política. Es
indudable que los dos mentían. Hoy, hasta los
ciegos
ven que ellos tenían su propia plataforma política.
Pero, ¿por qué la negaron? La negaron porque temían
poner al descubierto su verdadera catadura
política,
temían mostrar su plataforma real de restauración
del
capitalismo
en la URSS,
por miedo a
que tal
plataforma provocase la aversión de la clase
obrera.
En el proceso
de 1937, Píatakov, Radek
y
Sokolnikov tomaron otro camino. Ellos no dijeron
que los trotskistas y los zinovievistas no tuvieran
una
plataforma
política. Admitieron que
tenían su
plataforma
política concreta; reconocieron y
desarrollaron esta plataforma en sus declaraciones.
Pero si la desarrollaron, no era en absoluto para
llamar a la clase obrera, para llamar al pueblo a
respaldar
la plataforma trotskista,
sino para
maldecirla y tildarla de plataforma antipopular y
antiproletaria. Restauración
del capitalismo,
liquidación
de los koljós
y de los sovjós,
restablecimiento del sistema de explotación;
alianza
con las fuerzas fascistas de Alemania y del Japón
para acelerar el desencadenamiento de una guerra
contra la Unión Soviética; lucha por la guerra y
contra la política de paz; desmembramiento
territorial
de la Unión Soviética, entregando Ucrania a los
alemanes y la Provincia marítima a los japoneses;
preparación
de la derrota
militar de la
Unión
Soviética en caso de una agresión por parte de los
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 251
Estados enemigos; y, como medio para alcanzar estos
fines:
sabotaje, diversión, terrorismo
individual
contra los dirigentes del poder de los Soviets y
espionaje
en provecho de
las fuerzas fascistas
japonesas y alemanas. He aquí la plataforma
política
del trotskismo actual, expuesta por Piatakov, Radek
y
Sokolnikov.
Una plataforma de
este tipo es
comprensible que los trotskistas no pudiesen por
menos que ocultar al pueblo, a la clase obrera. Y
no
la
ocultaban solamente a
la clase obrera,
sino
también a la masa trotskista; y no solamente a la
masa
trotskista, sino incluso
al equipo dirigente
trotskista, compuesto por un puñado de treinta a
cuarenta
hombres. Cuando Radek
y Piatakov
pidieron a Trotski la autorización para reunir una
pequeña conferencia de treinta a cuarenta
trotskistas
a fin de informarles del carácter de esta
plataforma,
Trotski se les negó, declarando que no era racional
exponer
el verdadero carácter
de la plataforma,
incluso
a un puñado
de trotskistas, porque
una
«operación»
de este género
podía provocar la
escisión.
«Hombres
políticos» que ocultan
sus convicciones, su plataforma, no solamente a la clase obrera, sino
también a la
masa trotskista, y no
solamente a la
masa trotskista, sino
también al equipo dirigente de
los trotskistas, tal es la fisonomía del trotskismo de nuestros días.
Por esto el actual trotskismo ya no se puede llamar
corriente política en la clase obrera.
El trotskismo de nuestros días no es una corriente
política en la
clase obrera, sino
una banda sin principios y
sin ideología, de
saboteadores, de agentes de
diversión y de información, de espías, de asesinos, una banda de enemigos
jurados de la clase obrera, una banda
a sueldo de
los servicios de espionaje de los Estados extranjeros.
Tal es el resultado indiscutible de la evolución
del
trotskismo en el curso de los siete u ocho últimos
años.
Tal es la diferencia entre el trotskismo de antes y
el trotskismo de hoy.
El error de nuestros camaradas del Partido es que
ellos no han notado esta diferencia profunda entre
el
trotskismo del pasado y el actual trotskismo. No
han
reparado en que los trotskistas han cesado de ser,
desde hace mucho tiempo, hombres de ideas; en que,
desde hace mucho tiempo, se han convertido en
auténticos salteadores de caminos capaces de todas
las vilezas, de todas las infamias, llegando hasta
el
espionaje y la traición directa a su patria, con
tal de
causar daño al Estado soviético y al poder de los
Soviets. Nuestros camaradas no se han percatado de
esto y no han sabido, por lo tanto, cambiar a
tiempo
de
orientación para trabar
la lucha contra
los
trotskistas de otra manera, de forma más enérgica.
Vemos, pues, por qué las ignominias cometidas
por los trotskistas, en estos últimos años, han
sido
algo totalmente inesperado para algunos de nuestros
camaradas del Partido.
Prosigamos. Nuestros camaradas del Partido no
advirtieron, por último, que existe una diferencia
esencial
por una parte,
entre los actuales
saboteadores y agentes de diversión, entre los
cuales
los agentes trotskistas del fascismo juegan un
papel
bastante activo, y los saboteadores y agentes de
diversión del tiempo del proceso de Shajti294, por
otra
parte.
Primero.
Los saboteadores de
Shajti y los
miembros del «Partido industria»295 eran atadas
luces
extraños a nosotros. Eran, en su mayoría, antiguos
propietarios de empresas, antiguos administradores
de los patronos de otro tiempo, antiguos asociados
de
viejas sociedades anónimas o simplemente viejos
especialistas burgueses, que, desde el punto de
vista
político, nos eran francamente hostiles. Ninguno de
nosotros dudaba de la verdadera fisonomía política
de estos señores. Por otra parte, los saboteadores
de
Shajti
no disimulaban su
actitud hostil hacia
el
régimen soviético. No se podría decir lo mismo de
los actuales saboteadores y agentes de diversión,
de
los trotskistas. Todos estos, son, en su mayoría,
miembros del Partido, que tienen en su bolsillo el
carnet del Partido; por consiguiente, hombres que,
oficialmente,
no nos son
extraños. Si los
viejos
saboteadores actuaban contra nuestros hombres, los
nuevos
saboteadores, por el
contrario, les hacen
reverencias, hacen elogios de ellos y se les
arrastran
para ganarse su confianza. La diferencia, como
veis,
es esencial.
Segundo.
Lo que les
hacía fuertes a
los
saboteadores de Shajti y a los miembros del
«Partido
industrial» era su posesión, en mayor o menor
grado,
de los conocimientos técnicos necesarios, mientras
que
nuestros hombres, al
no tenerlos, se
veían
obligados a aprender de ellos. Esta circunstancia
daba una gran ventaja a los saboteadores de la
época
de Shajtí, les permitía sabotear con toda libertad
y sin
ningún obstáculo, les permitía engañar a nuestros
294 Se refiere
a la labor
subversiva de la
organización
contrarrevolucionaria de especialistas burgueses
que de 1923 a
1928 actuó en Shajti y en otros distritos de la
cuenca del Donetz.
295 El proceso contra la organización
contrarrevolucionaria «el
partido industrial», que llevaba a cabo acciones de
sabotaje y de
espionaje, tuvo lugar en Moscú del 25 de noviembre
al 7 de
diciembre de 1930. Los hechos fueron examinados por
una
sección especial del Tribunal Supremo de la URSS.
Como se vió
durante el proceso «el partido industrial», que
agrupaba a los
elementos
contrarrevolucionarios de los
altos círculos de la
antigua burguesía técnico-intelectual era un agente
del capital
internacional en la URSS. Mantenían lazos con los
elementos
blancos que habían huido, con los grandes
ex-capitalistas de la
Rusia zarista y actuaban según las directas
orientaciones del
Estado Mayor del ejército francés para preparar la
intervención
militar
de los imperialistas
y el derrocamiento
del Poder
Soviético
por las armas.
Los saboteadores recibían
de los
imperialistas las directrices y los fondos para
desarrollar acciones
de
espionaje y de
diversión en las
diferentes ramas de la
economía nacional de la URSS
252
hombres en el aspecto técnico. Las cosas cambian
con los saboteadores
de nuestros días,
con los
trotskistas.
Los saboteadores de
hoy no tienen
ninguna ventaja técnica sobre nuestros hombres. Al
contrario,
desde este punto
de vista, nuestros
hombres están mejor preparados que los saboteadores
actuales, que los trotskistas. En el intervalo
desde la
época de Shajti hasta nuestros días, se han formado
en
nuestro país decenas
de miles de
verdaderos
cuadros bolcheviques con una verdadera preparación
técnica. Podríamos mencionar miles y decenas de
miles
de dirigentes bolcheviques técnicamente
formados, frente a los cuales todos los Piatakov y
Lívchitz, Chestov y Boguslavski, Muralov y Drobnis,
no son más que vanos parlanchines y unos pipiolos
desde el punto de vista de la preparación técnica.
¿En
dónde permanece, pues, la fuerza de los
saboteadores
actuales, de los trotskistas? Su fuerza reside en
el
carnet del Partido, en su posesión de éste. Su
fuerza
consiste
en que el
carnet del Partido
les da la
confianza política y les abre las puertas de todas
nuestras instituciones y organizaciones. Su ventaja
consiste en que, al poseer este carnet y haciéndose
pasar por los amigos del poder de los Soviets, han
engañado a nuestros hombres en el aspecto político,
han abusado de su confianza, han realizado bajo
mano acciones de sabotaje y han revelado nuestros
secretos
de Estado a
los enemigos de
la Unión
Soviética. Una «ventaja» dudosa en cuanto a su
valor
político y moral, pero, en cualquier caso, es toda
una
«ventaja» que, en suma, viene a explicar el que los
saboteadores
trotskistas, al estar
en posesión del
carnet del Partido y tener acceso a todos los
puestos
de nuestras
instituciones y organizaciones, hayan
sido un verdadero hallazgo para los servicios de
espionaje de los Estados extranjeros.
El error de algunos de nuestros camaradas del
Partido es que no han notado, no han comprendido
toda esta diferencia entre los viejos y los nuevos
saboteadores, entre los saboteadores de Shajti y
los
trotskistas,
y, al no
percatarse, no han
sabido
modificar su orientación en el momento oportuno
para
combatir en otros
términos a los
nuevos
saboteadores.
IV.
Los lados negativos
de los éxitos económicos
Estos son los hechos principales en lo tocante a
nuestra situación internacional e interior, que muchos de nuestros camaradas
del Partido han olvidado o no han advertido.
He aquí por
qué nuestras gentes
han sido
sorprendidas por los acontecimientos de los últimos
años, en lo que concierne al sabotaje y a los actos
de
diversión.
Se puede saber: ¿por qué nuestros hombres no han
reparado en esto?, ¿por qué han olvidado todas
estas
cosas?
J. V. Stalin
¿De dónde viene esta amnesia, esta ceguera, esta
despreocupación, esta tolerancia?
¿Es que se trata de una vida orgánica en el trabajo
de nuestros hombres?
No, no se trata de un vicio orgánico. Estamos ante
un fenómeno temporal, que puede ser rápidamente
liquidado
si nuestros hombres
hacen algunos
esfuerzos.
Pero entonces, ¿de qué se trata?
Lo cierto es que, estos últimos años, nuestros
camaradas del Partido estaban totalmente absorbidos por el trabajo económico,
los éxitos económicos les enardecían
hasta el extremo
y con este apasionamiento, han
olvidado todo lo
demás, ha descuidado el resto de
las tareas.
Es cierto que estando exaltados sus ánimos por los
éxitos económicos, han visto aquí el comienzo y el
fin de todo en cuanto a los problemas concernientes
a
la situación internacional de la Unión Soviética,
al
cerco capitalista, al reforzamiento del trabajo
político
del
Partido, a la
lucha contra e
sabotaje, etc.,
simplemente no les han prestado ninguna atención,
considerándolos como cosas de segundo e incluso de
tercer orden.
En realidad, los éxitos y las realizaciones son
algo
muy grande. Nuestros éxitos en el terreno de la
edificación socialista, en efecto, son inmensos.
Pero
los éxitos, como todo lo que existe en el mundo,
tienen también sus sombras. A menudo los grandes
éxitos y las grandes realizaciones propician en los
hombres poco duchos en la política, una tendencia a
la
despreocupación, a la
tolerancia, a la
autosatisfacción, a la excesiva confianza en sí, a
la
suficiencia, a la jactancia. Ustedes no pueden
negar
que, en estos
últimos tiempos, los
jactanciosos
pululan
enormemente entre nosotros.
No es
sorprendente que, en este ambiente de grandes y
serios
éxitos en el
dominio de la
edificación
socialista, aparezcan tendencias a las
fanfarronadas, a
manifestar,
con toda pompa
nuestros éxitos,
tendencias
a subestimar las
fuerzas de nuestros
enemigos
y a sobreestimar las
propias y, en
consecuencia, se manifieste la ceguera política.
A propósito de todo esto, debo decir algunas
palabras sobre los peligros ligados a los éxitos, sobre los peligros ligados a
las realizaciones.
Los
peligros ligados a
las dificultades, los
conocemos por experiencia. Hace varios años que
luchamos contra los peligros de este género y, bien
hay que decirlo, no sin éxito. Los peligros ligados
a
las dificultades hacen surgir con frecuencia en las
personas inestables tendencias al abatimiento, a la
falta
de confianza en
sus fuerzas, tendencias
al
pesimismo. Y, al contrario, allí donde se trata de
vencer los peligros que provienen de las
dificultades,
los hombres se templan en esta lucha y de ella
salen
verdaderos
bolcheviques de acero.
Tal es la
naturaleza de los peligros ligados a las
dificultades.
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 253
Tales son los resultados que aporta la lucha para serie de peligros que rodean a nuestro
país.
triunfar sobre las dificultades.
Pero tenemos este otro género de peligros, los que
están ligados a los éxitos, a las realizaciones.
Sí, sí,
camaradas,
peligros ligados a
los éxitos, a las
realizaciones.
Estos peligros consisten
en que el
ambiente
de los éxitos, -un
éxito tras otro,
una
realización tras otra, una superación tras otra del
plan-, engendra en las personas poco duchas en la
política y sin mucha experiencia tendencias a la
despreocupación y a la autosatisfacción, les crea
una
atmósfera de solemnidades, de aparatosidad y de
felicitaciones
mutuas que mata
el sentido de la
mesura y debilita el olfato político, abate el
ímpetu
de las personas y les incita a dormirse en sus
laureles.
No es sorprendente que
en esta atmósfera
embriagadora de suficiencia y de autosatisfacción,
en
esta atmósfera de demostraciones pomposas y de
ruidosas alabanzas recíprocas, haya quienes olviden
algunos
hechos esenciales de
una importancia
primordial para los destinos de nuestro país;
quienes
comiencen a no reparar en cosas desagradables como
el cerco capitalista, las nuevas formas de
sabotaje, los
peligros relacionados con nuestros éxitos, etc.
¿Cerco
capitalista? ¡Bah,
esto es una
bagatela! ¿Qué
importancia
puede tener un
cerco capitalista, si
cumplimos
y sobrepasamos nuestros
planes
económicos? ¿Nuevas
formas de sabotaje,
lucha
contra
el trotskismo? ¡Tamañas tonterías! ¿Qué
importancia pueden tener todas estas minucias, si
nosotros cumplimos y sobrepasamos nuestros planes
económicos? ¿Estatutos del Partido, carácter
electivo
de los órganos del Partido, deber de los militantes
del
Partido de rendir cuentas de su mandato ante la
masa
de los militantes del Partido? Pero, ¿hay necesidad
de
esto? En general, ¿vale la pena perder el tiempo en
todas estas pequeñeces, cuando nuestra economía
crece y la
situación material de
los obreros y
campesinos mejora de día en día? ¡Es inútil seguir
con
esto! Nosotros rebasamos
nuestros planes,
tenemos
un Partido que
marcha bien; lo
mismo
ocurre con el Comité Central. Entonces, ¿qué otra
cosa es necesaria? Qué gente rara es esa de Moscú,
la
del Comité Central del Partido: inventan un montón
de problemas, discuten de quién sabe que sabotaje,
no duermen ellos mismos y no dejan dormir a los
demás...
He aquí un ejemplo ilustrativo de la facilidad y de
la «simplicidad»
con que algunos
de nuestros
camaradas
sin experiencia, contraen
la ceguera
política como resultado de los éxitos económicos.
Tales son los peligros ligados a los éxitos, a las
realizaciones.
He aquí la causa de que nuestros camaradas del
Partido,
dejándose arrastrar por
los éxitos
económicos,
han olvidado los
hechos de orden
internacional e interior cuya importancia es
esencial
para la Unión Soviética, y no han reparado en una
Aquí están las raíces de nuestra despreocupación,
de nuestra amnesia, de nuestra benignidad, de nuestra ceguera política.
Aquí están las raíces de los defectos de nuestro
trabajo económico y del trabajo del Partido.
V. uestras
tareas
¿Cómo liquidar estos defectos de nuestro trabajo?
¿Qué hay que hacer para eso?
Es necesario realizar las siguientes medidas:
1. Ante todo hace falta orientar la atención de
nuestros camaradas del Partido, que se han atascado en las «cuestiones
corrientes» de tal o cual servicio, hacia las grandes cuestiones políticas de
carácter internacional e interior.
2. Es preciso elevar el trabajo político de nuestro
Partido al nivel requerido, colocando en primer
plano
la instrucción política y el temple bolchevique de
los
cuadros del Partido, del Estado y de la economía
nacional.
3. Hay que explicar a nuestros camaradas del
Partido que los éxitos económicos, cuya importancia es indiscutiblemente muy
grande, y por los cuales continuaremos trabajando de día en día, de año en año,
no agotan sin embargo todos los problemas de nuestra edificación socialista.
Explicar que los lados negativos de los éxitos
económicos,
como son la
autosatisfacción, la
despreocupación,
el embotamiento del
olfato
político, no pueden ser liquidados a no ser que a
los
éxitos
económicos se unan
los éxitos en
la
edificación del Partido y de un vasto trabajo
político
de nuestro Partido.
Explicar que los mismos éxitos económicos, su
solidez y su duración dependen por entero y sin lugar a dudas de los éxitos del
trabajo de organización y del trabajo político del Partido; que a falta de
estas condiciones, los éxitos económicos pueden revelarse como algo constituido
en la arena.
4. Hay que recordar y jamás olvidar que el cerco
capitalista es el hecho esencial que determina la situación internacional de la
Unión Soviética.
Hay que recordar y no olvidar jamás que mientras
exista el cerco capitalista, existirán los
saboteadores,
los agentes de diversión, los espías, los
terroristas
enviados a la retaguardia de la Unión Soviética por
los servicios de espionaje de los Estados
extranjeros;
hay que tener
esto presente y
luchar contra los
camaradas que subestiman la importancia del cerco
capitalista, que subestiman la fuerza y la
importancia
del sabotaje.
Explicar a nuestros camaradas del Partido que
ningún tipo de éxitos económicos, por grandes que sean, puede anular el hecho
del cerco capitalista y las consecuencias que de él se derivan.
Aplicar las medidas necesarias para que nuestros
camaradas,
los bolcheviques, miembros
y no
254
miembros
del Partido, tengan
la posibilidad de
comprender los fines y las tareas, de la práctica y
la
técnica de la actividad de sabotaje, de espionaje y
de
diversión de los servicios de espionaje
extranjeros.
5. Hay que explicar a nuestros camaradas del
Partido que los trotskistas, los cuales son
elementos
activos en la acción de sabotaje, de diversión y de
espionaje de los servicios de espionaje
extranjeros,
han dejado de ser desde hace mucho tiempo una
corriente política en la clase obrera; que desde
hace
mucho tiempo han dejado de servir a ideas que sean
compatibles con los intereses de la clase obrera;
que
se han convertido en una banda, sin principios y
sin
ideas, de saboteadores, de agentes de diversión, de
espías, de asesinos a sueldo de los servicios de
espionaje extranjeros.
Explicar que, en la lucha contra el trotskismo de
nuestros días, lo que se requiere, ya no son los
viejos
métodos, los métodos de discusión, sino los métodos
nuevos,
los métodos consistentes
en extirpar, en
derrotar.
6. Hay que explicar a nuestros camaradas del
Partido la diferencia que existe entre los
saboteadores
actuales y los saboteadores de la época de Shajti;
explicar que si los saboteadores de la época de
Shajti
engañaban a nuestros hombres en el terreno técnico,
explotando
su atraso técnico,
los saboteadores
actuales, en posesión del carnet del Partido,
engañan
a nuestros hombres aprovechándose de la confianza
política de que gozan como miembros del Partido,
aprovechándose de la despreocupación política de
nuestros hombres.
Es necesario completar la antigua consigna de la
asimilación de la técnica, consigna que correspondía a la época de Shajti, con
la nueva consigna de la educación política de los cuadros, de la asimilación
del bolchevismo y
la liquidación de
nuestra credulidad
política, consigna que
corresponde perfectamente a la época en que vivimos.
Puede preguntarse, ¿no era posible, diez años
antes, durante la época de Shajti, formular de
golpe
las dos consignas, la primera de la asimilación de
la
técnica; y la segunda de la educación política de
los
cuadros? No, esto no era posible. No es así como se
hacen las cosas en nuestro Partido bolchevique. En
momentos
en que el
movimiento revolucionario
opera un viraje, siempre es formulada una consigna
esencial, una consigna crucial a la cual nos
aferramos
para poder, gracias a ella, tirar hacia nosotros de
toda
la cadena. He aquí lo que Lenin nos ha enseñado:
encuentren el eslabón fundamental de la cadena de
nuestro trabajo, aférrense a él y tiren, para poder
de
esta manera, tirar de toda la cadena y marchar
hacia
adelante.
La
historia del movimiento
revolucionario
muestra que esta táctica es la única táctica justa.
En
la época de Shajti, la debilidad de nuestros
hombres
residía en su atraso técnico. No eran las
cuestiones
J. V. Stalin
políticas, sino las cuestiones técnicas las que en
aquel
entonces eran para nosotros el punto débil. En
cuanto
a nuestra actitud política respecto a los
saboteadores
de aquel tiempo, estaba perfectamente clara:
actitud
de
bolcheviques hacia elementos
políticamente
extraños. Esta debilidad técnica la hemos liquidado
formulando
la consigna de
la asimilación de la
técnica y educando, durante el período
transcurrido,
decenas
y centenares de
miles de bolcheviques
técnicamente formados. Algo distinto es hoy que
poseemos
cuadros bolcheviques técnicamente
formados, pero sin embargo el papel de saboteadores
ya no es ejercido por elementos totalmente
extraños,
que, además no tienen ninguna ventaja técnica sobre
nuestros hombres, sino por personas que poseen el
carnet del Partido y gozan de todos los derechos
reservados a los miembros del Partido. Ahora, el
punto débil de nuestros hombres no es su atraso
técnico, sino su despreocupación política, su ciega
confianza hacia los que una casualidad ha puesto en
posesión del carnet del Partido; la ausencia de un
control sobre las personas, no en función de sus
declaraciones
políticas, sino en
función a los
resultados de su trabajo. Ahora, la cuestión
crucial
para nosotros no es liquidar el atraso técnico de
nuestros cuadros, cosa que ha sido lograda en lo
esencial, sino liquidar la despreocupación política
y
la credulidad política hacia saboteadores que una
casualidad
ha puesto en
posesión del carnet
del
Partido.
Esta es la diferencia esencial entre la cuestión
crucial de la lucha por los cuadros en la época de Shajti, y la cuestión
crucial del período actual.
He aquí por qué, hace diez años, no podíamos, ni
debíamos lanzar a la vez las dos consignas, la de la asimilación de la técnica
y la de la educación política de los cuadros.
He aquí por qué es necesario ahora completar la
antigua consigna de la asimilación de la técnica
con
la nueva consigna de la asimilación del
bolchevismo,
de la educación política de los cuadros y de la
liquidación de nuestra despreocupación política.
7. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la
podrida
teoría de que,
a cada paso
que damos
adelante,
la lucha de
clases entre nosotros
irá
extinguiéndose
paralelamente, que a
medida que
aumenten nuestros éxitos, el enemigo de clase se
hará más manso.
No se trata solamente de una teoría podrida, sino
de una teoría peligrosa, porque adormece a nuestros hombres, les hace caer en
trampas y permite al enemigo de clase recobrarse para combatir al poder de los
Soviets.
Por el contrario, cuanto más avancemos, cuanto
más éxitos conquistemos, tanto mayor será el furor
de los restos de las clases explotadoras
aplastadas,
tanto más de prisa recurrirán a las más agudas
formas
de lucha, tanto más intentarán perjudicar al Estado
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 255
soviético,
tanto más se
agarrarán a los
más desesperados
procedimientos de lucha,
como el último recurso de
aquellos que van a la ruina.
No hay que perder de vista que los restos de las
clases derrotadas en la URSS no están solos.
Cuentan
con el apoyo directo de nuestros enemigos, más allá
de las fronteras de la URSS. Sería un error creer
que
la esfera de la lucha de clases se limita a las
fronteras
de la URSS. Si un flanco de la lucha de clases
actúa
en el marco de la URSS, su otro flanco se extiende
hasta
el interior de las
fronteras de los
Estados
burgueses que nos rodean. Los restos de las clases
derrotadas
no pueden ignorarlo.
Y, justamente
porque lo saben, continuarán también en el futuro
sus
ataques desesperados.
Esto es lo que nos enseña la historia. Esto es lo
que nos enseña el leninismo. No olvidemos pues tal cosa y estemos siempre
vigilantes.
8. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros otra
teoría podrida, según la cual, todo el que no se entrega constantemente al
sabotaje, aunque sólo de vez en cuando muestre éxitos en su trabajo, no podrá
ser saboteador.
Esta extraña teoría revela la ingenuidad de sus
autores. No hay saboteador que se atreva a sabotear
continuamente, si no quiere ser desenmascarado a
corto
plazo. Por el
contrario, un verdadero
saboteador
debe, de cuando
en cuando, mostrar
éxitos en su trabajo, porque esto para él es el
único
medio de preservarse como saboteador, de ganarse la
confianza y de proseguir su trabajo de sabotaje.
Pienso que es una cuestión clara y no necesita
explicaciones complementarias.
9. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la
tercera teoría podrida, según la cual la ejecución sistemática de los planes
económicos reduciría a la nada el sabotaje y sus resultados.
Esta
teoría puede perseguir
sólo un objetivo: halagar un
poco el amor
propio burocrático de nuestros administradores, tranquilizarlos
y debilitar su lucha contra el sabotaje.
¿Qué significa «ejecución sistemática de nuestros
planes económicos»?
Primero,
ha sido probado
que todos nuestros planes económicos son reducidos,
puesto que no tienen en cuenta inmensas reservas y posibilidades que encierra
nuestra economía nacional.
Segundo, la ejecución global y en su conjunto de
los planes económicos a nivel de comisariatos del
pueblo, no significa todavía que los planes sean
cumplidos
también por algunas
ramas muy
importantes. Al contrario, los hechos testimonian
que
todo un conjunto de comisariatos del pueblo, que
han
cumplido
e incluso sobrepasado
los planes
económicos anuales, sistemáticamente no realizan
los
planes
de algunas ramas
muy importantes de la
economía nacional.
Tercero,
no puede haber
duda de que
si los
saboteadores no hubiesen sido desenmascarados y
echados fuera, las cosas irían mucho peor en lo que concierne a la ejecución de
los planes económicos; los autores miopes de la teoría analizada deberían
acordarse de ello.
Cuarto, los saboteadores, escogen de ordinario
para su principal actividad de sabotaje, no el
tiempo
de paz, sino la víspera de la guerra o el mismo
tiempo de guerra. Admitamos que nos dejábamos
entretener con la teoría podrida de la «ejecución
sistemática
de los planes
económicos» y no
tocábamos a los saboteadores. ¿Los autores de esta
podrida teoría se imaginan el daño inmenso que los
saboteadores ocasionarían a nuestro Estado en caso
de guerra, si nosotros les dejábamos en el seno de
nuestra economía nacional, a la sombra de la
podrida
teoría
de la ejecución
sistemática de los
planes
económicos»?
¿No está claro que la teoría de la «ejecución
sistemática de los planes económicos» es una teoría ventajosa para los
saboteadores?
10. Hay que demoler y rechazar la cuarta teoría
podrida, según la cual el movimiento Stajanov sería el medio esencial de
liquidación del sabotaje.
Esta teoría ha sido inventada para poder, gracias a
las habladurías sobre
los stajanovistas y el
movimiento Stajanov, desviar los golpes destinados a los saboteadores.
En su informe, el camarada Molotov nos dió a
conocer toda una serie de hechos que demuestran que
los saboteadores trotskistas y no trotskistas en el
Kuzbass y en el Donbass, abusando de la confianza
de nuestros camaradas
políticamente
despreocupados,
han tenido a
los stajanovistas
agarrados por las narices, de manera sistemática
les
han puesto bastones en las ruedas, les han creado
de
manera artificial toda una serie de obstáculos al
éxito
de su trabajo
y, finalmente, han
llegado, a
desorganizar
su trabajo. ¿Qué pueden
hacer los
stajanovistas
por sí solos,
si, en la
cuenca del
Donbass,
por ejemplo, el
sabotaje de las
construcciones básicas causó una ruptura entre los
trabajos preparatorios de la extracción del carbón,
cuyos ritmos se han retrasado, y todos los demás
trabajos? ¿No está claro que el propio movimiento
stajanovista tiene necesidad de una ayuda real por
nuestra parte, contra todas las maquinaciones de
los
saboteadores, para hacer avanzar las cosas y
cumplir
su gran misión? ¿No está claro que la lucha contra
el
sabotaje,
la lucha por
liquidar el sabotaje,
por
reprimir el sabotaje, es la condición indispensable
para que el movimiento stajanovista pueda adquirir
toda su amplitud?
Pienso que esta cuestión está igualmente clara. y
no necesita explicaciones complementarias.
11. Hay que demoler y arrojar lejos de nosotros la
quinta teoría podrida, según la cual los
saboteadores
trotskistas
ya no tendrían
reservas y estarían
256
reuniendo sus últimos cuadros.
Esto no es verdad, camaradas. Sólo los ingenuos
han
podido inventar semejante
teoría. Los
saboteadores trotskistas cuentan con reservas.
Estas
se componen, ante todo, de los restos de las clases
explotadoras aplastadas en la URSS. Se componen
además de toda una serie de grupos y
organizaciones,
más allá de las fronteras de la URSS y hostiles a
la
Unión Soviética.
Tomemos,
por ejemplo, la
IV Internacional
contrarrevolucionaria trotskista296, compuesta, en
sus
dos tercios, de espías y de agentes de diversión.
¿No
estamos ante una reserva? ¿No está claro que esta
Internacional
de espías formará
cuadros para la
actividad de espionaje y sabotaje de los
trotskistas?
O bien tomemos
el ejemplo del
grupo del
estafador
Schefflo, en Noruega,
que albergó al
archiespía Trotski y le ayudó en su actividad
hostil
contra la Unión Soviética. Este grupo ¿no es una
reserva? ¿Quién
puede negar que
este grupo
contrarrevolucionario vaya a continuar como en el
pasado,
sirviendo a los
espías y saboteadores
trotskistas?
O tomemos, por ejemplo, otro grupo, el de un
estafador de la misma ralea que Schefflo, el grupo
Souvaríne297,
en Francia. ¿No es
también una
reserva? ¿Se
puede negar que
este grupo de
estafadores deje de ayudar también a los
trotskistas
en su actividad de espionaje y sabotaje contra la
Unión Soviética?
Y todos esos señores de Alemania, todos esos
Ruth Fischer, Maslov, Urbans, que se han vendido en
cuerpo y alma a los fascistas, ¿no son una reserva
para la acción
de espionaje y
sabotaje de los
trotskistas?
O, por ejemplo,
la cuadrilla de
conocidos
escritores
de América, con
el conocido canalla
Eastman a la cabeza, todos esos bandidos de la
pluma
que sólo viven calumniando a la clase obrera de la
URSS, ¿no
constituyen una reserva
para el
trotskismo?
Sí, hay que
rechazar la podrida
teoría que pretende que
los trotskistas están
reuniendo sus últimos cuadros.
12. Por último, hay que demoler y rechazar otra
podrida
teoría, según la
cual, nosotros, los
bolcheviques,
dado que somos
numerosos y los
saboteadores
son un pequeño
número; dado que
296 Se refiere a la Internacional
contrarrevolucionaria fundada por Trotski después de ser expulsado de la URSS
(enero de 1929). 297 El grupo de Suvarin era un grupo oportunista en el seno
del Partido Comunista de Francia, ferviente partidario de Trotski. Este grupo
apoyaba la oposición trotskista en el PC(b) de la URSS, calumniaba a la
Internacional Comunista, etc., violando brutalmente la disciplina de Partido.
Por esta razón Suvarin fue expulsado del Partido Comunista de Francia,
posteriormente el VII Pleno Ampliado del CEIC, en 1926, lo expulsó de las filas
de la Internacional Comunista
a causa de
la propaganda
contrarrevolucionaria que él llevaba a cabo.
J. V. Stalin
tenemos
el respaldo de
decenas de millones
de personas, mientras que los saboteadores trotskistas apenas cuentan
con el apoyo
de unos pocos individuos o de unas pocas decenas de
individuos, bien podríamos hacer
la vista gorda
con ese desgraciado puñado de
saboteadores.
Esto es falso, camaradas. Esta teoría más que
extraña es un invento para consolar a aquellos de
nuestros camaradas dirigentes cuya incapacidad de
combatir el sabotaje les ha hecho fracasar en su
trabajo, para relajar su vigilancia y dejarles
dormir
tranquilos.
Que los saboteadores trotskistas sean apoyados
por unos pocos individuos aislados, mientras que
los
bo1cheviques lo son por decenas de millones de
hombres, esto es un hecho real, evidentemente. Pero
de aquí no
se desprende en
absoluto que los
saboteadores no puedan causar el más serio
perjuicio
a nuestra obra. Para perjudicar y saborear no se
necesita
de una gran cantidad
de hombres. Para
construir el Dnieprostroi fueron necesarios decenas
de miles de obreros. Mientras que para volarlo tal
vez
sólo harían falta algunas decenas de hombres, no
más. Ganar una batalla durante la guerra, puede
requerir varios cuerpos del Ejército Rojo. Mientras
que para impedir esta victoria en el frente, bastan
algunos espías infiltrados en algún estado mayor de
ejército, incluso en algún estado mayor de
división,
capaces de robar el plan de operaciones y pasárselo
al enemigo. Para construir un gran puente
ferroviario,
son necesarios miles de hombres. Pero para hacerlo
volar por los aires sólo bastan unos pocos. Se
podrían
citar decenas y cientos de estos ejemplos.
Por consiguiente, nadie debe hacerse a la idea de
que nosotros somos numerosos; mientras que ellos,
los
saboteadores trotskistas, están
en pequeño
número.
Debemos actuar de tal manera que en nuestras filas
no quede ni rastro de saboteadores trotskistas.
Así está planteada la cuestión de saber cómo
liquidar los defectos de nuestro trabajo, comunes a todas nuestras
organizaciones tanto económicas y estatales, como administrativas y del
Partido.
Tales son las medidas a tomar para liquidar estos
defectos.
En cuanto a lo que se refiere a las organizaciones
del Partido, en particular, y a los defectos de su
trabajo, en el proyecto de resolución sometido al
examen
de ustedes se
habla de manera
suficientemente detallada de las medidas a tomar
para liquidar estos defectos. Por eso, pienso que
no
es
necesario insistir aquí
sobre este lado
de la
cuestión.
Quisiera simplemente decir algunas palabras de la
preparación política y
del perfeccionamiento de nuestros cuadros del Partido.
Pienso que si pudiéramos, si supiéramos preparar
ideológicamente y templar políticamente a nuestros
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 257
cuadros del Partido, desde abajo hasta arriba, a
fin de organizaciones de zona y de
distrito.
que pudieran orientarse con soltura en la situación
interior e internacional, si supiéramos hacer de ellos leninistas, marxistas de
una madurez total, capaces de resolver sin graves errores los problemas de la
dirección del país,
habríamos resuelto las
nueve décimas partes de todas nuestras tareas.
¿Cómo se presentan las cosas para los cuadros
dirigentes de nuestro Partido?
Nuestro Partido tiene un efectivo, si tomamos en
cuenta sus capas dirigentes, de alrededor de 3.000
a
4.000 dirigentes superiores. Diría que ellos son
los generales de nuestro Partido.
Después vienen de 30.000 a 40.000 dirigentes
medios. Estos son los oficiales del Partido.
A continuación viene un efectivo de alrededor de
100.000 a 150.000 dirigentes de mando subalterno del Partido. Ellos son, por
así decirlo, los suboficiales de nuestro Partido.
Elevar
el nivel ideológico
y la preparación política de estos cuadros de
mando, hacer ingresar en sus filas nuevas fuerzas que esperan su promoción y
ampliar así el efectivo de los cuadros dirigentes, es nuestra tarea a realizar.
¿Qué hace falta para esto?
Ante todo, hay que invitar a nuestros dirigentes
del Partido, desde los secretarios de célula hasta
los
secretarios de las organizaciones de las regiones y
de
las
repúblicas, a que
encuentren, en un
plazo
determinado,
dos hombres, dos
militantes del
Partido,
capaces de reemplazarles
realmente. Se
podrá objetar: pero dónde encontrar dos suplentes
para cada uno de nosotros, no tenemos tales
hombres,
no tenemos militantes apropiados. Esto no es
cierto,
camaradas. Tenemos decenas de miles de hombres
capaces,
de hombres de
talento. Sólo hay
que
descubrirlos y promoverlos en el momento oportuno,
a fin de que no entren en descomposición vegetando
en su viejo puesto. Busquen y encontrarán.
A continuación. Para la educación de Partido y el
perfeccionamiento de los secretarios de células, es
necesario crear, en cada centro regional, «cursos
del
Partido» de cuatro meses de duración. Hay que
enviar a estos cursos a los secretarios de todas
las
organizaciones de base del Partido (células), y
luego,
una vez hayan terminado estos cursos y se hayan
reintegrado a su puesto, se enviará a sus suplentes
y a
los miembros más capaces de las organizaciones
primarias del Partido.
Después. Para el perfeccionamiento político de
los primeros secretarios de las organizaciones de
distrito, se debe crear en la URSS, es decir, en
los
diez principales centros, «cursos leninistas» de
ocho
meses. A estos cursos hay que enviar a los primeros
secretarios
de las organizaciones del
Partido de
distrito, y de zona, y luego, cuando hayan
terminado
estos cursos y vuelto a sus puestos, serán enviados
sus suplentes y los miembros más capaces de las
Después. Para el perfeccionamiento ideológico y
el perfeccionamiento político de los secretarios de
las
organizaciones de ciudad, es preciso crear, al lado
del
CC del PC(b) de la URSS «cursos semestrales de
historia y de política del Partido». A estos cursos
deben ser enviados los primeros secretarios o los
subsecretarios de las organizaciones de ciudad, y
luego, cuando hayan realizado estos cursos y se
hayan reincorporado a su puesto, se enviará a los
miembros
más capaces de
las organizaciones de
ciudad.
En fin. Hay que crear, próximo al CC del PC(b)
de la URSS, una «conferencia de seis meses para las
cuestiones de política interior e internacional».
Se
enviará
a ella a
los primeros secretarios
de las
organizaciones de región y de provincia y de los
comités
centrales de los
partidos comunistas
nacionales. Estos camaradas deberán facilitar no
uno,
sino varios equipos capaces de reemplazar a los
dirigentes del Comité Central de nuestro Partido.
Esto es indispensable y debe hacerse
necesariamente.
Ya termino, camaradas.
Hemos expuesto pues los defectos esenciales de
nuestro trabajo, tanto los que son comunes a todas
nuestras organizaciones económicas, administrativas
y del Partido, como los que únicamente son propios
de las organizaciones del
Partido, defectos que
explotan los enemigos de la clase obrera para su
actividad de sabotaje y de diversión, de espionaje
y
de terrorismo.
Hemos
establecido después las
principales
medidas
que hay que
tomar para eliminar
estos
defectos y cortar el paso a los actos de diversión
y
sabotaje, de espionaje y terrorismo de los agentes
trotsko-fascistas
de los servicios
de espionaje
extranjeros.
Surge
la pregunta: ¿podemos nosotros
aplicar todas estas medidas?, ¿tenemos todas
las posibilidades necesarias para ello?
Indiscutiblemente
que podemos. Y
podemos
porque disponemos de todos los medios necesarios
para llevarlos a efecto. ¿Qué es pues lo que nos
falta?
Nos falta sólo una cosa: estar prestos a liquidar
nuestra despreocupación, nuestra benignidad, nuestra propia miopía política.
He aquí donde reside la dificultad.
¿Pero es
posible que no sepamos
desembarazarnos
de esta enfermedad
ridícula e
idiota, nosotros que hemos subvertido el
capitalismo,
que hemos construido el socialismo en lo esencial,
y
hemos levantado la gran bandera del comunismo
mundial?
No tenemos por qué dudar de que, con toda
seguridad, vamos a desembarazarnos, si desde luego, no nos
falta la voluntad
de hacerlo. Nos desembarazaremos no para salir del paso,
sino como bolcheviques, como es debido.
258
Y, cuando nos hayamos desembarazado de esta
enfermedad
idiota, podremos decir
con toda
seguridad que no tenemos por qué temer a enemigo
alguno, ni a los enemigos del interior, ni a los
enemigos
del exterior, que
sus manejos no nos
infunden
miedo, ya que
los vamos a
desbaratar
también en el futuro como los estamos desbaratando
hoy y como los hemos desbaratado en el pasado.
Discurso de clausura
Camaradas:
He expuesto en mi informe los principales puntos
del problema que estamos examinando. Los debates
han
mostrado que, ahora,
la cuestión está
completamente
clara, que hemos
emprendido
nuestras tareas y estamos dispuestos a liquidar los
defectos de nuestro trabajo. Pero los debates han
mostrado
asimismo que hay
algunas cuestiones
concretas
de nuestro trabajo
práctico, político y
organizativo que aún no comprendemos con toda
claridad. He enumerado siete de estas cuestiones.
Permítanme
decir algunas palabras
acerca de
ellas.
1. Creo que ahora todos han comprendido, tienen
conciencia
de que la
pasión excesiva por
las
campañas
económicas y los
éxitos económicos,
mientras
sean subestimadas y
olvidadas las
cuestiones
políticas del Partido,
conduce a un
callejón sin salida. Así pues, es necesario
orientar la
atención de los militantes hacia las cuestiones del
Partido, de modo que los éxitos económicos estén
combinados y marchen a la par con los éxitos del
trabajo político del Partido.
¿Cómo realizar en la práctica, la tarea de reforzar
el trabajo político del Partido, la tarea de
liberar a las
organizaciones
del Partido de
las minucias del
trabajo económico? Los debates han mostrado que
algunos
camaradas son propensos
a sacar una
deducción errónea, que consiste en pensar que
ahora,
se
deberá abandonar por
completo el trabajo
económico. Al menos, se han oído algunas voces de
este
tipo: al fin,
gracias a dios,
vamos a
desembarazarnos de los problemas de la economía,
ahora vamos a poder ocuparnos del trabajo político
del Partido. ¿Es justa esta deducción? No, no es
justa.
Cuando nuestros camaradas del Partido, llevados por
los éxitos económicos, abandonaban la política,
esto
ha sido un
exceso que nos
ha costado grandes
sacrificios. Si,
ahora, algunos camaradas,
preocupados
por reforzar el
trabajo político del
Partido, piensan abandonar el trabajo económico,
esto será otro exceso que nos va a costar no menos
sacrificios. No se puede pasar de un extremo a
otro.
No se puede separar la política de la economía.
Nosotros no podemos abandonar la economía, del
mismo modo que no podernos abandonar la política.
Por la comodidad en los estudios, la gente separa
de
ordinario, desde el punto de vista metodológico,
los
J. V. Stalin
problemas de la economía de los de la política.
Pero
esto
sólo se hace
desde el punto
de vista
metodológico,
artificialmente, por la
mera
comodidad
en los estudios.
En la vida,
por el
contrario, la política y la economía son
prácticamente
inseparables. Existen juntas y actúan juntas. Y el
que,
en
nuestro trabajo práctico,
piense separar la
economía
de la política,
reforzar el trabajo
económico disminuyendo la importancia del trabajo
político,
o, a la
inversa, reforzar este
último
disminuyendo la importancia del primero, se meterá
sin duda alguna en un callejón sin salida.
El
sentido del párrafo
que se conoce
en el
proyecto de resolución referente a la liberación de
las
organizaciones del Partido de las pequeñas tareas
de
la economía, y el fortalecimiento del trabajo
político
del
Partido, no consiste en
abandonar el trabajo
económico
y la dirección
de la economía,
sino
simplemente en no tolerar en adelante la práctica
de
que los organismos
económicos, sobre todo
los
organismos agrarios, sean reemplazados o privados
de su personalidad por
parte de nuestras
organizaciones del Partido. Así pues, es necesario
asimilar el método de dirección bolchevique de los
organismos de la economía, método que consiste en
ayudar
sistemáticamente a estos
organismos, en
reforzarlos sistemáticamente y en dirigir la
economía
no ya fuera
de estos organismos,
sino con su
intervención.
Hay que dar
a los organismos
económicos y, ante todo, a los organismos agrarios,
los
mejores hombres; hay
que completar estos
organismos
con militantes nuevos
y de calidad,
capaces de cumplir las tareas que se les asigna.
Sólo
después que se haya realizado este trabajo se podrá
considerar
a las organizaciones del
Partido
plenamente liberadas de las pequeñas cuestiones de
la economía. Se comprende que este es un trabajo
serio y que exige tiempo. Pero en tanto no se haya
realizado,
las organizaciones del
Partido deberán
continuar,
por un plazo
determinado de breve
duración, ocupándose de cerca de las cosas de la
agricultura, en todos sus detalles: labores
sementeras,
recolecciones, etc.
2. Dos palabras a propósito de los saboteadores,
agentes de diversión, espías, etc. Ahora está claro
para todos, pienso yo, que los actuales
saboteadores y
agentes de diversión, bajo cualquier bandera que se
disfracen, trotskista o bujarinista, han dejado de
ser
desde hace mucho tiempo una corriente política en
el
movimiento
obrero; se han
transformado en una
banda, sin principios y sin ideas, de saboteadores,
agentes de diversión, espías, asesinos
profesionales.
Es comprensible, pues, que estos señores deben ser
aplastados y extirpados sin piedad, como enemigos
de la clase obrera, como traidores a nuestra
Patria.
Esto
está claro y
no necesita de
explicaciones
complementarias.
Pero surge la pregunta: ¿cómo cumplir en la
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 259
práctica la tarea de aplastar y extirpar a los
agentes
germano-nipones del trotskismo? ¿Significa esto que
hay que golpear y extirpar no sólo a los verdaderos
trotskistas, sino, también a los que, en otro
tiempo,
oscilaban hacia el trotskismo, y que, luego, de
esto
hace ya tiempo, abandonaron el trotskismo; no sólo
a
los que son realmente los agentes trotskistas del
sabotaje, sino también a los que por casualidad han
pasado por el mismo camino que antaño pasó éste o
aquél trotskista? Por lo menos, voces al respecto,
se
han dejado oír aquí, en esta asamblea plenaria. ¿Se
puede considerar justa una interpretación tal de la
resolución? No, no puede considerarse justa. En
esta
cuestión, como en todas las demás cuestiones, para
juzgar a una persona hay que atenerse al principio
individual, diferenciado. No se puede meter a todo
el
mundo en un mismo plano. Esta manera simplista de
juzgar a la gente sólo puede perjudicar a la lucha
contra
los verdaderos saboteadores y
espías
trotskistas.
Entre nuestros camaradas responsables hay un
cierto
número de viejos
trotskistas que hace
ya
tiempo abandonaron el trotskismo que hoy están
luchando contra él, no peor, sino mejor que algunos
de nuestros honorables camaradas, los cuales no han
tenido la ocasión de oscilar hacia el trotskismo.
Sería
absurdo ahora desacreditar a estos camaradas.
Entre nuestros camaradas hay también de aquellos
que, ideológicamente, se han pronunciado siempre
contra
el trotskismo, sin
embargo mantenían
relaciones
personales con algunos
trotskistas,
relaciones que no tardaron en romper desde que se
dieron
cuenta de lo
que era en
la práctica la
fisonomía del trotskismo. El que ellos no rompieran
de
inmediato, sino con
retraso, sus relaciones
personales de amistad con algunos trotskistas, es
algo
realmente lamentable. Sin embargo, sería absurdo
meter a estos camaradas en el mismo saco con los
trotskistas.
3. ¿Qué
significa escoger juiciosamente a
los cuadros y repartirles juiciosamente el trabajo?
Esto
significa escoger a
los cuadros, primero ateniéndose al
criterio político, es
decir, ver si merecen la confianza política, y, segundo,
según el criterio práctico, es decir, si convienen para tal o cual trabajo concreto.
Esto significa: no transformar el método serio de
juzgar en un practicismo estrecho, al que se llega
cuando uno se ocupa de las capacidades de los
cuadros, pero no muestra interés por su fisonomía
política.
Esto significa: no transformar el criterio político
de juzgar en un solo y único criterio, al cual se
llega
cuando uno se ocupa de la fisonomía política de los
cuadros, pero no muestra interés por sus
capacidades.
¿Se puede decir que esta regla bolchevique es
aplicada
por nuestros camaradas
del Partido?
Desgraciadamente, no puede decirse tal cosa. Ya se
ha hablado de ello aquí, en la asamblea plenaria.
Pero
no se ha
dicho todo. La
verdad es que
esta
experimentada
regla se viola
constantemente en
nuestra práctica, e incluso de la forma más
grosera.
La mayoría de las veces, los cuadros son escogidos,
no
según criterios objetivos,
sino partiendo de
criterios fortuitos, subjetivos, estrechos y
mezquinos.
Se escoge en la mayoría de los casos a los que se
les
suele considerar conocidos, amigos, compatriotas, a
hombres
personalmente devotos; convertidos
en
maestros en el arte de exaltar a sus jefes, sin
tomar en
consideración sus capacidades políticas y
prácticas.
Se comprende que en vez de un grupo dirigente
de cuadros responsables, se obtiene una pequeña
familia de hombres próximos los unos a los otros,
un
artel cuyos miembros se esfuerzan en vivir en paz,
en
no contrariarse los unos a los otros, en lavar sus
trapos sucios en familia, en alabarse mutuamente y
en enviar, al centro, de vez en cuando, informes
vacuos y repugnantes sobre los éxitos alcanzados.
No es difícil comprender que, en este ambiente de
familia, no puede haber cabida ni para la crítica de los defectos del trabajo,
ni para la autocrítica de los que dirigen el trabajo.
Se comprende que tal ambiente de familia crea las
condiciones para la formación
de aduladores, de hombres sin
dignidad, que, por esta razón, no tienen nada en común con el bolchevismo.
Tomemos, por ejemplo, a Mirzoyan y a Vaínov.
El
primero es secretario
de la organización
del
Partido
del territorio de
Kazakistan; el segundo,
secretario de la organización del Partido de la
región
de Yaroslavl. Estas personas no son gente
cualquiera
en nuestras filas. Y bien, ¿de qué forma han
escogido
ellos a sus colaboradores? El primero llevó consigo
al Kazakistan, desde al Azerbaidjan y el Ural donde
trabajaba anteriormente, treinta a cuarenta de «sus
hombres», confiándoles en el Kazakistan puestos de
responsabilidad. El segundo hizo otro tanto, se
llevó
a Yaroslavl, desde la cuenca del Donbass donde
había trabajado, más de una decena también de «sus
hombres» y asimismo les confió puestos importantes.
De esta forma,
Mirzoyan posee su
propio artel.
Vainov a su vez tiene también el suyo. ¿Realmente
no había posibilidad de escoger colaboradores entre
los
hombres del país,
ateniéndose a la
regla
bolchevique,
que todos conocemos,
sobre la
selección
y la repartición
de los hombres?
Evidentemente, que la había. Entonces, ¿por qué no
lo han hecho? No lo han hecho porque la regla
bolchevique de la selección de los cuadros excluye
la
posibilidad
de aplicar criterios
estrechos y
mezquinos, excluye la posibilidad de escoger a los
cuadros entre las relaciones de familia, de artel.
Además, escogiendo como colaboradores a hombres
que les son personalmente devotos, estos camaradas
querían,
visiblemente, crearse una
atmósfera de
independencia tanto con respecto a la gente, como
260
con
respecto al Comité
Central del Partido. Admitamos que Mirzoyan y Vainov,
sean por una u otra circunstancia, trasladados del lugar actual de trabajo.
¿Qué deben hacer
en este caso
de sus «apéndices»? ¿Van a
llevarlos consigo una vez más al nuevo lugar de trabajo?
He aquí a que absurdidad conduce la violación de
la regla
bolchevique sobre la
selección y la repartición juiciosa de los cuadros.
4. ¿Qué
significa: controlar a
los cuadros, controlar la
ejecución de las tareas?
Controlar a los cuadros, significa controlarlos no
según sus promesas y declaraciones, sino según los resultados de su trabajo.
Controlar
la ejecución de
las tareas, significa controlarlas no
solamente en las
oficinas, no solamente en base a
los informes oficiales, sino ante todo,
en los lugares
de trabajo, en
base a los resultados efectivos de la ejecución.
¿Tal
control es necesario
en general? Indiscutiblemente. Es
necesario, primero, porque solo un control así permite conocer
mejor al cuadro, determinar sus cualidades
reales. Es necesario además, porque solo un control
semejante permite determinar las cualidades y los defectos del aparato de la
ejecución. Es necesario, por último, porque solo este control permite
determinar las cualidades y los defectos de las mismas tareas.
Algunos
camaradas piensan que
no se puede
controlar a la gente más que desde arriba, cuando
los
dirigentes controlan a los dirigidos en base a los
resultados
de su trabajo.
Esta consideración es
errónea. El control desde arriba es evidentemente
necesario como una de las medidas efectivas que
permiten
controlar a los
hombres y constatar
la
ejecución de las tareas. Pero el control desde
arriba
está lejos de agotar toda la labor de control.
Existe
otra forma de control, el control desde abajo,
cuando
las
masas, cuando los
dirigidos controlan a los
dirigentes, señalan sus faltas e indican el medio
de
corregirlas. Esta forma de control es uno de los
medios más eficaces para poder constatar la labor
de
las personas.
La masa de los miembros del Partido controla a
sus dirigentes en las reuniones del activo, en las
conferencias,
en los congresos
al escuchar los
informes de su actividad, criticando sus defectos,
finalmente eligiendo o no eligiendo a estos o
aquellos
camaradas dirigentes a los organismos de dirección.
La aplicación estricta del centralismo democrático,
tal como lo exigen los estatutos de nuestro
Partido; la
constitución de los organismos del Partido
totalmente
a
través del sistema
de elección; el
derecho de
presentar y de recusar las candidaturas; la
votación
secreta, la libertad de crítica y de auto crítica,
todas
estas medidas y otras análogas, se deben poner en
práctica para poder, entre otras cosas, facilitar a
la
masa de los miembros del Partido el control de los
J. V. Stalin
dirigentes y su labor realizada.
Las masas sin-partido controlan a sus dirigentes
de las organizaciones económicas, sindicales y a
otros dirigentes, en las reuniones de los activos
sin-
partido, en las conferencias de masas de todo tipo,
donde escuchan los informes de la actividad de sus
dirigentes, critican sus defectos e indican los
medios
para corregirlos.
Por último, el pueblo controla a los dirigentes del
país durante las elecciones a los organismos del poder de la Unión Soviética,
con sufragio universal, igual, directo y secreto.
La tarea consiste en unir el control desde arriba
al control desde abajo.
5. ¿Qué significa instruir a los cuadros a través
de la experiencia de sus propios errores?
Lenin
nos enseñaba que
poner al descubierto concienzudamente los errores del
Partido, estudiar las causas que han engendrado estos errores, y fijar las
medidas necesarias para corregir estos errores, es uno de los medios más
seguros para instruir y educar correctamente a los cuadros del Partido, para
instruir y educar correctamente a la clase obrera y a las masas trabajadoras.
Lenin dice:
«La actitud de un partido político ante sus errores
es uno de los criterios más importantes y seguros
para juzgar de la seriedad de ese partido y del
cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase
y
hacia las
masas trabajadoras. Reconocer
abiertamente los errores, poner al descubierto sus
causas, analizar la situación que los ha engendrado
y
discutir con atención los medios de corregirlos;
eso
es lo que caracteriza a un partido serio; en eso
consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es
educar e instruir a la clase, y después a las
masas.»
Esto significa que el deber de los bolcheviques no
es ocultar sus errores, eludir la discusión de sus
errores, como a menudo ocurre entre nosotros, sino
reconocer honesta y abiertamente sus errores,
definir
honesta y abiertamente las medidas necesarias para
corregir
estos errores y
corregirlos honesta y
abiertamente.
Yo no diría que muchos de nuestros camaradas se
presten
a esto de
buen grado. Mas,
si los
bolcheviques,
quieren ser realmente
tales, deben
armarse de valor para reconocer abiertamente sus
errores, descubrir su origen, indicar el medio de
corregirlos, y ayudar así al Partido a dar a los
cuadros
una verdadera instrucción y una verdadera educación
política. Porque sólo de esta forma, sólo habiendo
existido
previamente una autocrítica
franca y
honesta, podrán formarse cuadros verdaderamente
bolcheviques, verdaderos dirigentes bolcheviques.
Dos ejemplos que muestran la justeza de la tesis
de Lenin. Véamos el primero, nuestros errores en la
edificación de los koljós. Ustedes recuerdan sin
duda
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 261
el año 1930, cuando nuestros camaradas del Partido
pensaban resolver, en unos tres o cuatro meses,
este
problema tan complejo -hacer pasar al campesinado a
la vía de la edificación de los koljós- y cuando el
Comité Central del Partido se vió obligado a hacer
volver en sí a los camaradas demasiado fogosos298.
Este fue uno de los períodos más peligrosos en la
vida de nuestro Partido. El error consistía en que
nuestros camaradas del Partido habían olvidado el
principio de la libre adhesión en la edificación de
los
koljós, habían olvidado que a los campesinos no se
les podía hacer pasar por decreto hacia este
terreno;
habían olvidado que la edificación de los koljós
necesitaba no ya algunos meses, sino varios años de
un trabajo minucioso y bien reflexionado. Habían
olvidado
todo esto y
no querían reconocer
sus
errores.
Ustedes recuerdan, sin
duda, que la
indicación del Comité Central respecto al vértigo
del
éxito, que señalaba que nuestros camaradas de la
base no debían ir demasiado rápido ni desconocer la
situación real, levantó serias protestas. Pero esto
no
impidió que el Comité Central marchara contra la
corriente y orientara a nuestros camaradas del
Partido
en la vía justa. ¿Y bien? Ahora está claro para
todos
que el Partido ha obtenido lo que quería,
orientando a
nuestros camaradas en la vía justa. Hoy nosotros
contamos
con decenas de
miles de excelentes
cuadros procedentes de las filas campesinas para la
edificación y la dirección de los koljós. Estos
cuadros
han
crecido y se
han formado a
través de la
experiencia
de los errores
de 1930. Pero no
tendríamos
estos cuadros ahora,
si, en aquel
entonces, el Partido no hubiese comprendido sus
errores y no se les hubiese corregido a tiempo.
Un otro ejemplo al respecto, esta vez del terreno
de la edificación industrial. Quiero hablar de
nuestros
errores del período del sabotaje de Shajti. Nuestro
error estaba en que no advertíamos totalmente el
peligro que representaba el atraso técnico de
nuestros
cuadros de la industria; nos acomodábamos a este
atraso
y pensábamos poder
desplegar una vasta
edificación
industrial socialista con
la ayuda de
especialistas con tendencias hostiles, condenando a
nuestros cuadros de la economía a jugar el papel de
malos
comisarios al lado
de los especialistas
burgueses. Ustedes recuerdan, sin duda, con que
dificultad, nuestros cuadros admitían sus errores
en
aquel tiempo, la dificultad con que admitían su
atraso
técnico
y la dificultad
con que asimilaban
la
consigna: «dominar la técnica». ¿Y bien? Los hechos
están
mostrando que la
consigna «dominar la
técnica» ha actuado y ha dado buenos resultados.
Hoy contamos con decenas y cientos de miles de
excelentes cuadros bolcheviques de la economía que
298 Véase: el artículo de J. V. Stalin «El vértigo
del éxito», en
torno a algunos errores cometidos por algunas
organizaciones en
lo referente a la organización de los koljos.
Obras, t. 12., ed. en
ruso.
han dominado la técnica y hacen avanzar nuestra
industria. Pero no tendríamos ahora estos cuadros,
si
el Partido hubiese cedido ante la obstinación de
los
cuadros de la economía que se negaban a reconocer
su atraso técnico, si, en aquel entonces, el
Partido no
hubiese comprendido sus errores y no se les hubiese
corregido a tiempo.
Algunos camaradas dicen que no estaría bien que
se hablara abiertamente de nuestros errores, dado
que
el
reconocimiento de nuestros
errores puede ser
interpretado
por el enemigo
como un signo
de
debilidad nuestra, y utilizarlo en su favor. Estas,
camaradas, son tonterías y nada más que tonterías.
Al
contrario, reconocer abiertamente nuestros errores
y
corregirlos honestamente, no puede sino fortalecer
nuestro
Partido, elevar la
autoridad de nuestro
Partido
a los ojos
de los obreros,
campesinos,
trabajadores
intelectuales, aumentar la
fuerza, la
potencia de nuestro Estado. Y esto es lo
fundamental.
Basta
que los obreros,
los campesinos, los
trabajadores intelectuales estén con nosotros y
todo
lo demás vendrá por añadidura.
Otros
camaradas dicen que
el reconocimiento
abierto de nuestros errores, en lugar de conducir a
la
educación
y fortalecimiento de
nuestros cuadros,
puede llevar a su debilitamiento y desorganización;
que debemos cuidar y conservar a nuestros cuadros,
que
debemos preservar su
amor propio y su
tranquilidad. Por eso, proponen ocultar los errores
de
nuestros camaradas, atenuar la crítica y, lo que es
peor, pasar por alto estos errores. Tal punto de
vista
no sólo es
radicalmente falso, sino
peligroso al
extremo, peligroso ante todo para los cuadros que
se
quiere «cuidar» y «conservar». Cuidar y conservar a
los cuadros ocultando sus errores, significa con
toda
seguridad
destruir a estos
mismos cuadros.
Ciertamente habríamos destruido a nuestros cuadros
bolcheviques
koljosianos, si no
hubiésemos
denunciado los errores de 1930 y no hubiéramos
instruido a los cuadros a través de la experiencia
de
estos
errores. Ciertamente habríamos
destruido a
nuestros cuadros bolcheviques de la industria, si
no
hubiéramos
denunciado los errores
de nuestros
camaradas en el período del sabotaje de Shajti, y
si
no
hubiésemos instruido a
nuestros cuadros
industriales
a través de
la experiencia de
estos
errores. Quien cree que puede preservar el amor
propio de nuestros cuadros ocultando sus errores,
destruye a los cuadros y al amor propio de estos
cuadros; ya que ocultando sus errores, facilita la
repetición de nuevos errores, tal vez más graves y
que, puede creerse, conducirán a un hundimiento
completo de los cuadros en perjuicio de su «amor
propio» y su «tranquilidad».
6. Lenin nos ha enseñado que no solo debemos
instruir a las masas, sino instruirnos al lado de
las
masas.
¿Qué significa esto?
262
Esto significa en primer lugar que nosotros, los
dirigentes, no debemos caer en la presunción, y
debemos comprender que si somos miembros del
Comité Central o comisarios del pueblo, esto no
quiere
decir que ya
poseemos todos los
conocimientos necesarios para dirigir de una manera
justa. El puesto en sí no da los conocimientos y la
experiencia. Y, con mayor razón, tampoco los da el
título.
Esto significa, en segundo lugar, que solo nuestra
experiencia, la experiencia de los dirigentes, no basta para dirigir de una
manera justa; que es necesario, por consiguiente, completar nuestra
experiencia, la experiencia de los dirigentes, con la experiencia de las masas,
con la experiencia de la masa de los miembros del Partido; con la experiencia
de la clase obrera, con la experiencia del pueblo.
Esto significa, en tercer lugar: no relajar ni un
instante nuestros lazos con las masas y mucho menos todavía romper estos lazos.
Esto significa, en cuarto lugar: tener el oído
atento a la voz de las masas, a la voz de los simples miembros del Partido, a
la voz de lo que se suele llamar «gente sencilla», a la voz del pueblo.
¿Qué significa dirigir de una manera justa?
Esto no
quiere decir en absoluto: quedarse en la
oficina y expedir directivas.
Dirigir de una manera justa, esto quiere decir:
Primero,
encontrar la justa solución del problema.
Ahora bien, es imposible encontrar la justa
solución sin tener en cuenta la experiencia de las masas que están comprobando, sobre
sus espaldas, los resultados de nuestra dirección;
Segundo,
organizar la aplicación
de la justa solución; pero esto tampoco podría
hacerse sin una ayuda directa de las masas;
Tercero, organizar el control de la ejecución de
esta solución, cosa igualmente imposible sin la ayuda directa de las masas.
Nosotros, los dirigentes, no vemos las cosas, los
acontecimientos, las personas, más que desde una
posición, yo diría que desde arriba; nuestro campo
visual es, por consiguiente, más o menos limitado.
Las
masas, al contrario,
ven las cosas,
los
acontecimientos, las personas desde otra posición,
digamos
que desde abajo.
Por consiguiente, su
campo visual también es, en cierta medida,
limitado.
Para tener una justa solución del problema, hace
falta
unir estas dos experiencias. Es solamente así como
la
dirección será justa.
He aquí en lo que consiste lo de no sólo instruir a
las masas, sino instruirnos al lado de las masas.
Dos ejemplos que muestran la justeza de esta tesis
de Lenin.
De esto han pasado ya algunos años. Nosotros, los
miembros
del Comité Central,
discutíamos el
problema del mejoramiento de la situación en la
cuenca del Donbass, El proyecto de las medidas
J. V. Stalin
presentado por el Comisariato del Pueblo para la
Industria Pesada era a todas luces insuficiente. El
proyecto
le fue devuelto
por tres veces
al
Comisariato del Pueblo para la Industria Pesada.
Por
tres veces, recibimos a su vez de aquél proyectos
diferentes. Y sin embargo, ninguno de ellos podía
calificarse
de satisfactorio. Finalmente,
decidimos
hacer venir del Donbass algunos obreros y algunos
dirigentes
subalternos de la
industria y de los
sindicatos. Durante tres días hemos conversado con
estos camaradas. Y todos nosotros, miembros del
Comité Central, tuvimos que reconocer que solo
estos
militantes corrientes, esta «gente
sencilla»,
habían sabido sugerirnos la solución justa. Ustedes
recuerdan, sin duda, la decisión del Comité Central
y
del Consejo de los Comisarios del Pueblo sobre las
medidas a tomar para intensificar la extracción de
la
hulla en la cuenca del Donbass. Pues bien, esta
decisión del Comité Central y del Consejo de los
Comisarios del Pueblo, que todos nuestros camaradas
reconocieron
como una solución
justa e incluso
famosa, nos ha sido sugerida por simples hombres de
la base.
Un otro ejemplo. Quiero hablar del caso de la
camarada
Nikolaenko. ¿Quién es Nikolaenko?
Nikolaenko es un simple miembro del Partido. Es de
la «gente sencilla», corriente. Durante un año,
había
señalado la mala situación de la organización del
Partido en Kiev; había denunciado el espíritu de
familia, la manera estrecha y mezquina de tratar a
los
cuadros, la extinción de la autocrítica, la
autoridad
que tenían los saboteadores trotskistas. Se
intentaba
quitar de en medio a Nikolaenko como si de una
mosca inoportuna se tratase. Por último, para
librarse
de
ella, se la
había excluido del
Partido. Ni la
organización de Kíev, ni el Comité Central del
PC(b)
Ucraniano
la ayudaron a
hallar justicia. Sólo
la
intervención del Comité Central del Partido
permitió
desenredar este lío. ¿Y qué resultó de este asunto?
Resultó que Níkolaenko tenía razón, en tanto que la
organización de Kiev no la tenía. Ni más ni menos.
¿Y
quién es esta
Nikolaenko? Ella no
es
evidentemente mi miembro del Comité Central, ni
comisario
del pueblo; no
es ni secretario
de la
organización regional de Kiev, ni tampoco
secretario
de una célula cualquiera, no es más que un simple
miembro del Partido.
Como ustedes ven, las gentes sencillas están a
veces mucho más cerca de la verdad que algunas instituciones superiores.
Se podría citar todavía decenas y centenas de estos
ejemplos.
Así pues, se desprende que para dirigir nuestra
obra, sólo nuestra experiencia, la experiencia de
los
dirigentes, está lejos de ser suficiente. Para
dirigir de
una
manera justa, es
necesario completar la
experiencia de los dirigentes con la experiencia de
la
masa de los miembros del Partido, con la
experiencia
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 263
de la clase
obrera, con la
experiencia de los trabajadores, con la experiencia de lo
que se suele llamar «gente sencilla».
Pero ¿cuándo es posible esto?
Esto sólo es posible cuando los dirigentes están lo
más estrechamente ligados a las masas; cuando están
ligados a la masa de los miembros del Partido, a la
clase
obrera, al campesinado,
a los trabajadores
intelectuales.
Los vínculos con las masas, el fortalecimiento de
estos vínculos, la voluntad de estar atentos a la voz de las masas, es lo que
vigoriza y hace invencible a la dirección bolchevique.
Se
puede establecer como
regla general que mientras los bolcheviques conserven sus
lazos con las amplias masas del pueblo, serán invencibles. Y, a la inversa,
basta que los bolcheviques separen de las masas y rompan sus vínculos con
ellas, basta que se cubran del moho burocrático, para perder toda su fuerza y
transformarse en algo insignificante.
La mitología de los griegos de la Antigüedad
poseía un héroe famoso, Anteo, que era, según la
mitología, el hijo de Poseidón, dios del mar, y de
Gea, diosa de la tierra. El estaba particularmente
apegado a su madre que lo había engendrado, que lo
había alimentado y criado. No había héroe que Anteo
no pudiera vencer. Pasaba por un héroe invencible.
¿En qué residía su fuerza? En que cada vez que, al
combatir a un adversario, sentía flaquear sus
fuerzas,
tocaba la tierra, su madre, que lo había engendrado
y
lo había alimentado, y recobraba aquéllas al
instante.
Sin embargo, tenía un punto débil: era el peligro
de
verse por cualquier motivo separado de la tierra.
Sus
enemigos conocían esta debilidad y acechaban a
Anteo. Y así negó a encontrarse a un enemigo que,
aprovechándose de esta debilidad, venció a Anteo.
Fue
Hércules. Pero ¿cómo logró
vencerlo? Le
arrancó
de la tierra,
le levantó en
el aire e,
impidiéndole tomar contacto con el suelo, lo ahogó.
Los
bolcheviques nos recuerdan,
según mi
opinión, al héroe de la mitología griega, Anteo. Al
igual que Anteo, ellos son fuertes porque tienen
vínculos con su madre, con las masas que les han
dado la vida, les han nutrido y les han formado. Y
mientras estén unidos a su madre, al pueblo, tienen
todas las posibilidades de permanecer invencibles.
Allí está el secreto del carácter invencible de la
dirección bolchevique.
7. En fin, todavía queda una cuestión. Quiero
hablar
de la actitud
formalista y secamente
burocrática de algunos de nuestros comunistas de
cara a la suerte de tal o cual miembro del Partido,
a
las exclusiones del Partido, o a la reintegración
de los
excluidos en sus derechos de miembros del Partido.
La verdad es que algunos de nuestros dirigentes del
Partido pecan de falta de atención por las
personas,
por los miembros
del Partido, por
los cuadros.
Además, no tratan de conocer a los miembros del
Partido,
no saben lo
que es su
vida, ni como
progresan; de una manera general puede decirse que
ellos no conocen a los cuadros. Es por eso que, en
su
forma de tratar a los miembros del Partido, a los
cuadros del Partido, no tienen en cuenta el factor
individual y justamente porque no tienen en cuenta
el
factor individual al juzgar a los miembros del
Partido
y a los cuadros del Partido, actúan con ellos al
azar
en todo momento: o bien les elogian en bloque y sin
medida, o bien les golpean también en bloque y
desmesuradamente,
les excluyen del
Partido por
miles y decenas de miles. En general, estos
dirigentes
se esfuerzan por pensar a lo grande, por decenas de
miles, sin preocuparse de las «unidades», de los
miembros aislados del Partido, de su suerte.
Excluir
del Partido a miles y a decenas de miles de
miembros
es,
según ellos, algo
sencillo, y se
consuelan
pensando que nuestro Partido es fuerte, que consta
de
dos millones de miembros, por lo que unas decenas
de miles de excluidos en nada pueden cambiar la
situación del Partido. Pero en el fondo, solo
personas
profundamente hostiles al Partido pueden tratar de
este modo a los miembros del Partido.
Esta
actitud de seca
indiferencia hacia las personas, hacia
los miembros y
los cuadros del Partido engendra artificialmente el
descontento y la irritación de algunos contingentes del Partido; y los
traidores trotskistas se
aprovechan hábilmente de estos
camaradas irritados, ingeniándose para arrastrarlos al lodazal del sabotaje
trotskista.
Los
trotskistas por sí
mismos jamás han
representado una gran fuerza en nuestro Partido.
Recuerden la última discusión que tuvo lugar en
nuestro Partido en 1927299. Este fue un verdadero
299 Desde el año 1923 la oposición que al principio
estaba
encabezada
por Trotski, y
a partir de 1926
por Trotski y
Zinóviev,
se había aprovechado
de las dificultades
que
encontraba el Partido en la edificación socialista
del país, con el
fin de atacar la unidad del Partido y a su
dirección, violando
constantemente la disciplina del Partido. En 1926
esta oposición
fue más lejos; creó una organización fraccionalista
y se dedicó a
realizar acciones de sabotaje, tratando de imponer
al partido una
discusión en torno a problemas ya resueltos en el
XIV Congreso
del Partido
(diciembre de 1925). A
pesar de que
la XV
Conferencia del Partido (noviembre de 1926.) y el
Pleno del
CEIC (diciembre de 1920), condenaron firmemente la
línea de
esta oposición y a pesar de que la oposición no
encontró el
mínimo
apoyo en las
células del Partido,
prosiguió
obstinadamente
su actividad fraccionalista y
anti-partido,
pisoteando cada vez más la unidad del Partido. En
1927 la
oposición presentó su plataforma anti-leninista
llamada «de los
83», la cual exigía al Comité Central una nueva y
general
discusión en el Partido. De todas las plataformas
de la oposición
esta fue la más falsa e hipócrita. El Comité
Central rehusó abrir
inmediatamente la discusión, declarando a los
miembros de la
oposición que en base a los Estatutos, sólo podría
abrirse la
discusión dos meses antes de que se celebrase el XV
Congreso.
Así en octubre de 1927, dos meses antes del
Congreso, el Comité
Central
planteó la discusión.
Las deliberaciones resultaron
completamente contrarias al bloque
trotskista-zinovievista, el
cual no obtuvo ni el 1% de los votos. Después de
sufrir esta
derrota durante la discusión en el Partido en 1927,
el bloque
trotskista-zinovievista pasó a luchar de una forma
más virulenta
264
referéndum del Partido. De los 854.000 miembros
del Partido votaron entonces 730.000 miembros, de
los cuales 724.000 lo hicieron por los
bolcheviques,
por el Comité Central, y contra los trotskistas.
Por los
trotskistas votaron 4.000 miembros del Partido, o
sea
alrededor del 0.5 por ciento, y 2.600 se
abstuvieron.
123.000 miembros del Partido no participaron en la
votación, sea porque se hallasen en viaje, sea
porque
estuviesen de servicio. Si a los 4.000 que votaron
por
los trotskistas se les añade todos aquellos que se
abstuvieron, suponiendo que también simpatizaban
con los trotskistas, y si se añade a esta cifra, no
ya el
0.5 por ciento de los que no participaron en la
votación, como debería hacerse conforme a la regla,
sino el 5 por ciento de los que no participaron, o
sea
alrededor de 6.000 miembros del Partido, sumarían
alrededor de 12.000 los miembros que simpatizan de
una manera u otra con el trotskismo. He ahí toda la
fuerza de los señores trotskistas. Añadan todavía
que
muchos de estos miembros quedaron decepcionados
con el trotskismo
y lo abandonaron,
y ustedes
tendrán una idea de la insignificancia de las
fuerzas
trotskistas. Y si, a pesar de todo, los
saboteadores
trotskistas siguen teniendo algunas reservas en
torno
al Partido, es debido a que la política errónea de
algunos de nuestros camaradas en lo que concierne a
las exclusiones del Partido y a la reintegración de
los
excluidos, la seca indiferencia de algunos de
nuestros
camaradas por la suerte de tal o cual miembro del
Partido
y de tal
o cual cuadro,
multiplican
artificialmente
el número de
descontentos y de
irritados creando así reservas para los
trotskistas.
La mayoría de las veces se excluye del Partido
por lo que se llama pasividad. ¿Qué es la
pasividad?
Se piensa que, si un miembro del Partido no ha
asimilado el programa del Partido, es pasivo y debe
ser excluido. Pero esto no es justo, camaradas. No
se
debe interpretar los estatutos de nuestro Partido
de
una manera tan pedante. Para asimilar el programa
del Partido, hay que ser un verdadero marxista, un
marxista
experimentado y en
posesión de una
formación teórica. No sé si se encontrarán muchos
miembros en nuestro Partido que hayan asimilado
nuestro
programa, que se
hayan convertido en
verdaderos marxistas y que posean una formación
teórica. De continuarse por este camino, tendríamos
que
dejar en el
Partido nada más
que a los
intelectuales
y, en general,
las personas cultas.
¿Quién necesita de tal Partido? Nosotros tenemos,
para pertenecer al Partido, una fórmula leninista
que
ha sido verificada y que ha resistido a todas las
pruebas.
contra el Partido y el Poder Soviético. A causa de
sus acciones anti-soviéticas, los cabecillas del bloque trotskista-zinovievista
fueron expulsados del Partido y el 14 de noviembre de 1927, la reunión conjunta
del CC expulsó a Trotski y a Zinóviev del Partido. Esta decisión fue aprobada
por el XV Congreso, que tuvo lugar en Moscú del 2 al 19 de diciembre de 1927.
J. V. Stalin
Según
esta fórmula, es
considerado como
miembro del Partido el que reconoce el programa del
Partido, paga las cotizaciones y trabaja en una de
sus
organizaciones. Observen bien: la fórmula leninista
no
habla de asimilación
del programa, sino
de
reconocimiento del programa. Estas son dos cosas
absolutamente diferentes. Sería superfluo demostrar
aquí que es Lenin quien tiene razón, y no nuestros
camaradas del Partido, que hablan inútilmente de
asimilación del programa. Y esto es comprensible.
Si
el Partido arrancara del punto de vista de que,
solo
los camaradas que han asimilado el programa y se
han convertido en marxistas teóricamente formados
pueden ser miembros del Partido, no crearía en su
seno miles de círculos del Partido, centenares de
escuelas del Partido, donde se enseña el marxismo a
los miembros del Partido y donde se les ayuda a
asimilar nuestro programa. Está perfectamente claro
que si el Partido organiza escuelas y círculos para
sus
miembros, es porque sabe que los miembros del
Partido todavía no han tenido el tiempo de asimilar
el
programa
del Partido, todavía
no han llegado
a
convertirse en marxistas con una formación teórica.
Así
pues, para reparar
nuestra política en la
cuestión de la
pertenencia al Partido
y de las exclusiones, hay que acabar con esta manera
estúpida de interpretar la cuestión de la pasividad.
Pero tenemos otro defecto más en este terreno. El
hecho es que nuestros camaradas no admiten un
término medio entre los dos extremos. Basta que un
obrero, miembro del Partido, cometa una falta
ligera,
que llegue tarde una o dos veces a una reunión del
Partido,
que no pague
por una u
otra razón su
cotización, para que sea de inmediato expulsado del
Partido.
No se busca
establecer el grado
de su
culpabilidad, el motivo por el que no ha venido a
la
reunión,
la razón por
la cual no
ha pagado su
cotización. El burocratismo, en estas cuestiones,
es
verdaderamente inaudito. No es difícil comprender
que, justamente a causa de esta política de seca
indiferencia, se han echado fuera del Partido a
viejos
y magníficos obreros, excelentes stajanovistas. ¿No
se
podía, antes de
excluir del Partido,
dar una
advertencia? ¿No se podía si esto no surtía efecto,
amonestar
o infligir una
censura en la
cartilla
personal, y si esto no tenía eficacia, fijar un
plazo
para que el culpable pudiera corregirse, o en caso
extremo, bajarle a la categoría de los candidatos,
pero
no
excluirle del Partido
a la primera
tentativa?
Seguramente, que podía hacerse. Pero para ello, hay
que
mostrarse atentos con
las personas, con
los
miembros
del Partido, hacia
la suerte de
los
miembros del Partido. Y esto es precisamente lo que
les falta a a1gunos de nuestros camaradas.
Ha
llegado el momento, camaradas, verdaderamente ha llegado el
momento de acabar con esta situación escandalosa.
Sobre los defectos del trabajo del partido y sobre
las medidas para liquidar a los elementos… 265
Publicado el 29 de marzo y el 1 de abril de 1937 en
los núms. 87 y 90 de «Pravda»
SOBRE EL MATERIALISMO DIALECTICO Y EL MATERIALISMO
HISTÓRICO
Septiembre de 1938300
El materialismo dialéctico es la concepción del
Partido marxista-leninista. Llámase
materialismo dialéctico porque su modo de abordar los fenómenos de la
naturaleza, su método
de estudiar estos fenómenos y
de concebirlos, es
dialéctico y su interpretación de los fenómenos de la
naturaleza, su modo de enfocarlos, su teoría, materialista.
El materialismo histórico es la aplicación de los
principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida social,
la aplicación de
los principios del materialismo dialéctico a los fenómenos
de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia.
Caracterizando
su método dialéctico,
Marx y Engels se remiten
generalmente a Hegel, como el filósofo que formuló los rasgos fundamentales de
la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de Marx y Engels
sea idéntica a
la dialéctica hegeliana. En
realidad, Marx y Engels solo tomaron de
la dialéctica de
Hegel su «médula racional», desechando la
escoria idealista hegeliana
y desarrollando ulteriormente la dialéctica, para darle un carácter
científico moderno.
«Mi método dialéctico -dice Marx- no sólo es en
su base distinto del método de Hegel, sino que es
directamente su reverso. Para Hegel, el proceso del
pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el
nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el
demiurgo (creador)
de lo real que constituye su
simple forma externa. Para mí, por el contrario, lo
300 J. V. Stalin escribió su obra «Sobre el
materialismo dialéctico
y el materialismo histórico» en 1938 como parte del
«Breve
curso
de la historia
del PC(b) de la
URSS» En esta
obra
encontramos
una especificación completa,
armónica y
sistemática
de los fundamentos
de la filosofía
marxista.
Considerando al materialismo dialéctico como
concepción del
Partido
marxista-leninista y como
base teórica del
Partido
marxista-leninista de nuevo tipo, J. V. Stalin,
puso de relieve el
inmenso papel de la filosofía científica en la
lucha de la clase
obrera y su Partido para la transformación del
mundo. Figuran en
esta obra, de una manera evidente y sencillo, las
características
fundamentales del método dialéctico marxista del
materialismo
filosófico marxista y del materialismo histórico.
La obra «Sobre el materialismo dialéctico y el
materialismo histórico» de J. V. Stalin, junto con las demás obras de los
clásicos del marxismo-leninismo, presenta
una importancia particular para
un estudio más profundo de la filosofía marxista-
leninista para millones de personas en el mundo.
ideal
no es más
que lo material
transpuesto y traducido en
la cabeza del
hombro.» (C. Marx. Palabras
finales a la segunda edición alemana del t. I del «Capital»).
En la caracterización de su materialismo, Marx y
Engels se remiten generalmente a Feuerbach, como
el
filósofo que restauró
en sus derechos
al
materialismo.
Pero esto no
quiere decir que el
materialismo
de Marx y
Engels sea idéntico
al
materialismo de Feuerbach. En realidad, Marx y
Engels tomaron del materialismo de Feuerbach su
«médula»
desarrollándola hasta convertirla
en la
teoría
científico-filosófica del materialismo y
desechando su escoria idealista y ético-religiosa.
Es
sabido que Feuerbach, que era en lo fundamental un
materialista,
se rebelaba contra
la palabra
materialismo. Engels declaró más de una vez que,
«pese al cimiento materialista, Feuerbach no llegó
a
desprenderse de las viejas ataduras idealistas» y
que
«donde el verdadero idealismo de Feuerbach se pone
de manifiesto es en su filosofía de la religión y
en su
ética» (F. Engels, «Ludwig Feuerbach», ed. alemana,
1939, Moscú, págs. 24 y 26).
La palabra dialéctica viene del griego «dialego»,
que quiere decir diálogo o polémica. Los antiguos
entendían por dialéctica el arte de descubrir la
verdad
poniendo de manifiesto las contradicciones
implícitas
en la argumentación del adversario y superando
estas
contradicciones. Algunos filósofos de la antigüedad
entendían
que el descubrimiento de
las
contradicciones en el proceso discursivo y el
choque
de las opiniones contrapuestas era el mejor medio
para encontrar la verdad. Este modo dialéctico de
pensar
que más tarde
se hizo extensivo
a los
fenómenos
naturales, se convirtió
en el método
dialéctico
de conocimiento de
la naturaleza,
consistente en considerar los fenómenos naturales
en
perpetuo movimiento y cambio, y el desarrollo de la
naturaleza como el resultado del desarrollo de las
contradicciones existentes en ésta, como el
resultado
de la acción reciproca de las fuerzas
contradictorias
en el seno de la naturaleza.
La dialéctica es, en su base, todo lo contrario de
la metafísica.
1) El método dialéctico marxista se caracteriza por
los siguientes rasgos fundamentales:
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 267
a) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no c) Por oposición a la metafísica, la
dialéctica no
considera a la naturaleza como un conglomerado
casual de objetos y fenómenos, desligados y
aislados
unos de otros y sin ninguna relación de dependencia
entre sí, sino como un todo articulado y único, en
el
que
los objetos y
los fenómenos se
hallan
orgánicamente vinculados unos a otros, dependen
unos de otros y se condicionan los unos a los
otros.
Por eso, el método dialéctico entiende que ningún
fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido, si se le
toma aisladamente, sin
conexión con los fenómenos
que le rodean,
pues todo fenómeno tomado de cualquier campo de la
naturaleza puede convertirse en un
absurdo si se
le examina sin conexión
con las condiciones
que le rodean, desligado de ellas; por el
contrario, todo fenómeno puede ser comprendido y explicado si se le examina
en su
conexión indisoluble con
los fenómenos circundantes y
condicionado por ellos.
b) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no
considera a la naturaleza como algo quieto e inmóvil, estancado e
inmutable, sino como
algo sujeto a perenne movimiento y a cambio constante,
como algo que se renueva y se desarrolla incesantemente y donde siempre hay
algo que nace y se desarrolla y algo que muere y caduca.
Por
eso, el método
dialéctico exige que
los
fenómenos se examinen no sólo desde el punto de
vista
de sus relaciones
mutuas y de
su mutuo
condicionamiento, sino también desde el punto de
vista de su movimiento, de sus cambios y de su
desarrollo, desde el punto de vista de su
nacimiento y
de su muerte.
Lo que interesa, sobre todo al método dialéctico no
es lo que en un momento dado parece estable pero comienza ya, a morir, sino lo
que nace y se desarrolla aunque en un momento dado parezca inestable, pues lo
único que hay insuperable, según él, es lo que se halla en estado de nacimiento
y de desarrollo.
«Toda
la naturaleza -dice Engels-
desde sus
partículas más minúsculas hasta sus cuerpos más
gigantescos, desde el grano de arena hasta el sol,
desde el protozoo (organismo vivo unicelular, J.
St.)
hasta
el hombre, se
halla en estado
perenne de
nacimiento
y muerte, en
flujo constante, en
movimiento
y cambio incesante» (Engels, en
«Dialéctica de la naturaleza». Obras completas de
Marx y Engels, ed. alemana del Instituto Marx-
Engels-Lenin de Moscú, tomo especial, 1935, pág.
491).
Por eso, la dialéctica -dice Engels- «enfoca las
cosas y sus imágenes conceptuales, sustancialmente, en sus
conexiones mutuas, en
su entronque y concatenación, en su dinámica, en su
proceso de génesis y caducidad». (F. Engels, «Anti-íDühring», ed. alemana,
Moscú, 1939, pág. 8).
examina el proceso de desarrollo de los fenómenos
como un simple proceso de crecimiento, en que los cambios cuantitativos no se
traducen en cambios cualitativos, sino como un proceso en que se pasa de los
cambios cuantitativos insignificantes y ocultos a los cambios manifiestos, a
los cambios radicales, a los cambios cualitativos; en que éstos se producen, no
de moda gradual, sino repentina y súbitamente, en forma de saltos de un estado
de cosas a otro, y no de un modo casual, sino con arreglo a leyes, como
resultado de la acumulación de una serie de cambios cuantitativos inadvertidos
y graduales.
Por eso, el método dialéctico entiende que el
proceso
de desarrollo debe
concebirse no como
movimiento circular, no como una simple repetición
del camino ya recorrido, sino como un movimiento
progresivo,
como un movimiento
en línea
ascensional,
como el tránsito
del viejo estado
cualitativo a un nuevo estado cualitativo, como el
desarrollo de lo simple a lo complejo, de lo
inferior a
lo superior.
«La naturaleza -dice Engels- es la piedra de toque
de la dialéctica y las modernas ciencias naturales
nos
brindan como prueba de esto un acervo de datos
extraordinariamente copiosos y enriquecido cada día
que pasa demostrando con ello que la naturaleza se
mueve, en última instancia, por los cauces
dialécticos
y no por los carriles metafísicos, que no se mueve
en
la
eterna monotonía de
un ciclo constantemente
repetido, sino que recorre una verdadera historia.
Aquí, hay que citar en primer término a Darwin,
quién
con su prueba
de que toda
la naturaleza
orgánica existente, plantas y animales y entre
ellos,
como es lógico, el hombre, es el producto de un
proceso de desarrollo que dura millones de años, ha
asestado a la concepción metafísica de la
naturaleza
el más rudo golpe» (F. Engels, lug, cít.).
Caracterizando el desarrollo dialéctico como el
tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos, dice Engels:
«En física..., todo cambio es una transformación
de cantidad en calidad, una consecuencia del cambio
cuantitativo de la masa de movimiento de cualquier
forma inherente al cuerpo o que se transmite a
éste.
Así, por ejemplo, el grado de temperatura del agua
no influye para nada, al principio, en su estado
líquido; pero, al aumentar o disminuir la
temperatura
del agua líquida, se llega a un punto en que su
estado
de cohesión se modifica y el agua se convierte en
un
caso,
en vapor, y
en otro caso,
en hielo... Así
también, para que el hilo de platino de la lámpara
eléctrica
se encienda, hace
falta un mínimo
de
corriente:
todo metal tiene
su grado térmico
de
fusión, y todo líquido, dentro de una determinada
268
presión, su punto fijo de congelación y de
ebullición,
en la medida en que los medios de que disponemos
nos permiten producir la temperatura necesaria; y,
finalmente, todo gas tiene su punto crítico, en que
bajo una presión y un enfriamiento adecuados se
licua en forma de gotas... Las llamadas constantes
de
la física (los puntos de transición de un estado a
otro,
J. St.) no son, en la mayor parte de las veces, más
que
los nombres de los puntos modulares en que la suma
o la sustracción cuantitativas (cambios
cuantitativos)
de movimiento provocan cambios cualitativos en el
estado del cuerpo de que se trata, y en que, por
tanto,
la
cantidad se trueca
en calidad» (F. Engels,
«Dialéctica de la naturaleza», ed. alemana, Moscú,
págs. 502-503).
Y más adelante, pasando a la química, Engels
prosigue:
«Podríamos decir que la química es la ciencia de
los cambios cualitativos de los cuerpos por efecto
de
los
cambios producidos en
su composición
cuantitativa. Y esto lo sabía ya el mismo Hegel…
Basta fijarse en el oxígeno: si combinamos, para
formar una molécula, tres atamos en vez de dos, que
es lo corriente, produciremos ozono, cuerpo que se
distingue de un modo muy definido del oxígeno
normal, tanto por su olor como por sus efectos. Y
no
digamos
de las diversas
proporciones en que el
oxígeno se combina con el nitrógeno o con el
azufre,
y cada una
de las cuales
produce un cuerpo
cualitativamente distinto de todos los demás» (Obra
cit., pág. 503).
Por último, criticando a Dühring que colma de
injurias a Hegel sin perjuicio de tomar de él a la
chita
callando, la conocida tesis de que el tránsito del
reino
de lo insensible al reino de las sensaciones, del
mundo inorgánico al mundo de la vida orgánica,
representa un salto a un nuevo estado -Engels dice:
«Es, en absoluto, la línea modular hegeliana de las
proporciones de medida, en que el simple aumento o
la simple disminución cuantitativa producen al
llegar
a un determinado punto nodular, un salto
cualitativo,
como ocurre, por ejemplo, con el agua puesta a
calentar o a enfriar, donde el punto de ebullición
y el
punto de congelación son los nódulos en que -bajo
una presión normal- se produce el salto a un nuevo
estado de cohesión, es decir, en que la cantidad se
trueca en calidad» (F. Engels, «Antí-Dühríng», ed.
alemana, pág. 31).
d) Por oposición a la metafísica, la dialéctica
parte
del criterio de que los objetos y los fenómenos de
la
naturaleza llevan siempre contradicciones internas,
pues todos ellos tienen su lado positivo y su lado
negativo, su pasado y su futuro, su lado de
caducidad
J. V. Stalin
y su lado de desarrollo; del criterio de que la
lucha
entre estos lados contrapuestos, la lucha entre lo
viejo y lo nuevo, entre lo que agoniza y lo que
nace,
entre lo que caduca y lo que se desarrolla, forma
el
contenido
interno del proceso
de desarrollo, el
contenido
interno de la
transformación de los
cambios cuantitativos en cambios cualitativos.
Por eso, el método dialéctico entiende que el
proceso de desarrollo de lo inferior a lo superior no discurre a modo de un
proceso de desenvolvimiento armónico de los fenómenos, sino poniendo siempre de
relieve las contradicciones inherentes a los objetos y a los fenómenos, en un
proceso de «lucha» entre las tendencias contrapuestas que actúan sobre la base
de aquellas contradicciones.
«Dialéctica, en sentido estricto, es -dice Lenin-
el estudio de las
contradicciones contenidas en la
esencia misma de los objetos» (Lenin, «Cuadernos filosóficos», pág. 263).
Y más adelante:
«El desarrollo es la «lucha» de los contrarios»
(Lenin, t. XIII, pág. 301, ed, rusa).
Tales
son, brevemente expuestos,
los rasgos fundamentales del
método dialéctico marxista.
No es difícil
comprender cuán enorme
es la
importancia que la difusión de los principios del
método dialéctico tienen para el estudio de la vida
social
y de la
historia de la
sociedad y qué
importancia tan enorme encierra la aplicación de
estos principios a la historia de la sociedad y a
la
actuación práctica del Partido del proletariado.
Si en el mundo no existen fenómenos aislados, si
todos los fenómenos están vinculados entre sí y se
condicionan
unos a otros
es evidente que
todo
régimen social y todo movimiento social que aparece
en la historia debe ser considerado, no desde el
punto
de vista de la «justicia eterna» o de cualquier
otra
idea preconcebida, que es lo que suelen hacer los
historiadores, sino desde el punto de vista de las
condiciones que han engendrado este régimen y este
movimiento
sociales, y a
los cuales se
hallan
vinculados.
Dentro de las condiciones modernas, el régimen
de la esclavitud
es un absurdo
y una necedad
contraria
a la lógica.
En cambio, dentro
de las
condiciones
de disgregación del
régimen del
comunismo primitivo, el régimen de esclavitud era
fenómeno perfectamente lógico y natural, ya que
representaba un progreso en comparación con el
comunismo primitivo.
La reivindicación de la República democrático-
burguesa dentro de las condiciones del zarismo y de
la sociedad burguesa, por ejemplo en la Rusia de
1905, era una reivindicación perfectamente lógica,
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 269
acertada
y revolucionaria, pues
la República
burguesa representaba, en aquel tiempo, un
progreso.
En cambio, dentro de nuestras condiciones actuales
en la URSS,
la reivindicación de
la República
democrático-burguesa sería absurda y
contrarrevolucionaria, ya
que, comparada con la
Republica Soviética, la República burguesa
significa
un paso atrás.
Todo depende, pues, de las condiciones, del lugar y
del tiempo.
Es evidente que, sin abordar desde este punto de
vista histórico los fenómenos sociales, no podría
existir ni desarrollarse la ciencia de la historia,
puesto
que este modo de abordar los fenómenos es el único
que impide a la ciencia histórica convertirse en un
caos de sucesos fortuitos y en un montón de los más
absurdos errores.
Continuemos. Si el mundo se halla en incesante
movimiento y desarrollo y si la ley de este
desarrollo
es la extinción de lo viejo y el fortalecimiento de
lo
nuevo, es evidente que ya no puede haber ningún
régimen social «inconmovible», ni pueden existir
los
«principios eternos» de la propiedad privada y la
explotación, ni las «ideas eternas» de sumisión de
los
campesinos a los terratenientes y de los obreros a
los
capitalistas.
Esto quiere decir que el régimen capitalista puede
ser sustituido por el régimen socialista, del mismo modo que, en su día, el
régimen capitalista sustituyó al régimen feudal.
Esto quiere decir que hay que orientarse, no hacia
aquellas capas de la sociedad que han llegado ya al término de su desarrollo,
aunque en el momento presente constituyan la fuerza predominante, sino hacía
aquellas otras que se están desarrollando, que tienen porvenir,
aunque no sean
las fuerzas predominantes en el
momento actual.
En la década del 80 del siglo pasado, en la época
de lucha de los marxistas contra los populistas, el
proletariado
constituía, en Rusia,
una minoría
insignificante, en comparación con los campesinos
individuales que formaban la inmensa mayoría de la
población.
Pero el proletariado se
estaba
desarrollando
como clase, mientras
que los
campesinos,
como clase, se
disgregaban.
Precisamente
por esto, porque
el proletariado se
estaba desarrollando como clase, los marxistas se
orientaron hacia él. Y no se equivocaron, puesto
que,
como es sabido, el proletariado se convirtió,
andando
el tiempo, de una fuerza de escasa importancia en
una fuerza histórica y política de primer orden.
Esto
quiere decir que
en política, para
no
equivocarse, hay que mirar hacia adelante y no
hacia
atrás.
Continuemos. Si el tránsito de los lentos cambios
cuantitativos
a los rápidos
y súbitos cambios
cualitativos
constituye una ley
del desarrollo, es
evidente
que las transformaciones revolucionadas
llevadas a cabo por las clases oprimidas
representan un fenómeno absolutamente natural e inevitable.
Esto quiere decir que el paso del capitalismo al
socialismo y la liberación de la clase obrera del yugo capitalista no puede
realizarse por medio de cambios lentos, por medio de reformas, sino sólo
mediante la transformación cualitativa del régimen capitalista, es decir,
mediante la revolución.
Esto
quiere decir que
en política, para
no equivocarse, hay que
ser revolucionario y no
reformista.
Continuemos. Si el proceso de desarrollo es un
proceso de revelación de contradicciones internas,
un
proceso de choques entre fuerzas contrapuestas
sobre
la base de estas contradicciones y con el fin de
superarlas, es evidente que la lucha de clases del
proletariado constituye un fenómeno perfectamente
natural e inevitable.
Esto quiere decir que lo que hay que hacer no es
disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo
y desplegarlas en toda su extensión, no es amortiguar la lucha de clases, sino
llevarla a cabo hasta el fin.
Esto
quiere decir que
en política para
no
equivocarse,
hay que mantener
una política
proletaria, de clase, intransigente, y no una
política
reformista,
de armonía de
intereses entre el
proletariado y la burguesía, una política
oportunista
de «integración» del capitalismo en el socialismo.
En esto consiste el método dialéctico marxista,
aplicado a la vida social y a la historia de la
sociedad.
Por lo que se refiere al materialismo filosófico
marxista, es en su base lo opuesto al idealismo filosófico.
2) El materialismo filosófico
marxista se
caracteriza por los siguientes rasgos
fundamentales:
a) En oposición al idealismo, que considera al
mundo como la encarnación de la «idea absoluta»,
del «espíritu
universal», de la «conciencia», el
materialismo filosófico de Marx parte del criterio
de
que el mundo es, por su naturaleza, algo material;
de
que los múltiples y variados fenómenos del mundo
constituyen diversas formas y modalidades de la
materia en movimiento; de que los vínculos mutuos y
las
relaciones de interdependencia entre
los
fenómenos, que el método dialéctico pone de
relieve,
son las leyes determinadas con arreglo a las cuales
se
desarrolla
la materia en
movimiento; de que el
mundo se desarrolla con arreglo a las leyes que
rigen
el movimiento de la materia, sin necesidad de
ningún
«espíritu universal».
«La
concepción materialista del
mundo -dice
Engels-
significa sencillamente concebir
la
naturaleza
tal y como
es, sin ninguna
clase de
aditamentos
extraños» (F. Engels, «Ludwig
Feuerbach». Apéndice, ed. alemana, pág. 60).
270
Refiriéndose a la concepción materialista de un
filósofo de la antigüedad, Heráclito, según el cual
«el
mundo, que es la unidad de todo lo existente, no ha
sido creado por ningún dios ni por ningún hombre
sino que ha sido, es y será eternamente un fuego
vivo
que se enciende y se apaga con arreglo a las leyes
determinadas», dice Lenin: «He aquí una excelente
definición
de los principios
del materialismo
dialéctico» (Lenin, «Cuadernos filosóficos»,
pág.
318).
b) En oposición al idealismo, el cual afirma que
sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y
que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo
existe en nuestra conciencia, en nuestras
sensaciones,
en nuestras percepciones, en nuestros conceptos, el
materialismo filosófico marxista parte del criterio
de
que la materia, la naturaleza, el ser, son una
realidad
objetiva,
existen fuera de
nuestra conciencia e
independientemente de ella, de que la materia es lo
primario, ya que constituye la fuente de la que se
derivan
las sensaciones, las
percepciones y la
conciencia,
y la conciencia
lo secundario, lo
derivado, ya que es la imagen refleja de la
materia, la
imagen refleja del ser; el materialismo filosófico
marxista parte del criterio de que el pensamiento
es
un producto de la materia que ha llegado a un alto
grado
de perfección en
su desarrollo, y
más
concretamente, un producto del cerebro, y éste el
órgano del pensamiento, y de que, por tanto, no
cabe,
a menos decaer
en un craso
error, separar el
pensamiento de la materia.
«El problema de la relación entre el pensar y el
ser, entre el espíritu y la naturaleza es -dice
Engels-
el
problema supremo de
toda la filosofía...
Los
filósofos se dividían en dos grandes campos, según
la
contestación que diesen a esta pregunta. Los que
afirmaban el carácter primario del espíritu frente
a la
naturaleza... formaban el campo del idealismo. Los
otros,
los que reputaban
la naturaleza como
lo
primario,
figuraban en las
diversas escuelas del
materialismo» (F. Engels, obra citada, págs.
16-17).
Y más adelante:
«El mundo material y perceptible por los sentidos,
del que formamos parte también los hombres, es el
único mundo real... Nuestra conciencia y nuestro
pensamiento, por más suprasensibles que parezcan,
son el producto de un órgano material, corporal: el
cerebro. La materia no es un producto del espíritu,
y
el espíritu mismo no es más que el producto supremo
de la materia» (F. Engels, obra citada, pág, 20).
Refiriéndose
al problema de
la materia y el
pensamiento, manifiesta Marx:
« o es posible separar el pensamiento de la
J. V. Stalin
materia pensante. La materia es el sujeto de todos
los cambios» (Marx-Engels, Obras Completas, t. III, ed. alemana, Moscú, pág.
305).
Caracterizando
el materialismo filosófico marxista, dice Lenin:
«El
materialismo en general
reconoce la
existencia
real y objetiva
del ser (la materia),
independiente de la conciencia, de las sensaciones
de
la experiencia... La conciencia... no es más que un
reflejo del ser, en el mejor de los casos su
reflejo
aproximadamente exacto (adecuado, ideal en cuanto
a precisión)» (Lenin, t. XVIII, págs. 266-267).
Y en otros pasajes:
«Es
materia lo que,
actuando sobre nuestros
órganos
sensoriales, produce las
sensaciones; la
materia es la realidad objetiva, que las
sensaciones
nos transmiten... La materia, la naturaleza, el
ser, lo
físico, es lo primario; el espíritu, la conciencia,
las
sensaciones, lo psíquico, lo secundario» (Obra
citada,
págs. 119-120).
- «El cuadro del mundo es el cuadro de cómo se
mueve y cómo «piensa la materia» (Obra citada, pág. 288).
- «El cerebro es el órgano del pensamiento» (Obra
citada, pág. 125).
c) En oposición
al idealismo, que
discute la
posibilidad de conocer el mundo y las leyes por que
se rige, que no cree en la veracidad de nuestros
conocimientos, que no reconoce la verdad objetiva y
entiende que el mundo está lleno de «cosas en sí»,
que jamás podrán, ser conocidas por la ciencia, el
materialismo filosófico marxista parte del
principio
de que el mundo y las leyes por que se rige son
perfectamente
cognoscibles, de que
nuestros
conocimientos acerca de las leyes de la naturaleza,
comprobados por la experiencia, por la práctica,
son
conocimientos
veraces, que tienen
el valor de
verdades objetivas, de que en el mundo no hay cosas
incognoscibles, sino simplemente aún no conocidas,
pero que la ciencia y la experiencia se encargarán
de
relevar y de dar a conocer.
Criticando la tesis de Kant y de otros idealistas
acerca de la incognoscibilidad del mundo y de las
«cosas
en sí» incognoscibles y
defendiendo la
consabida
tesis del materialismo acerca
de la
veracidad de nuestros conocimientos, escribe
Engels:
«La refutación más contundente de estas manías,
como de todas las demás manías filosóficas, es la
práctica, o sea el experimento y la industria. Si
podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de
concebir
un proceso natural
reproduciéndolo
nosotros mismos, creándolo como resultado de sus
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 271
mismas condiciones, y si además, lo ponemos al Tales
son, brevemente expuestos,
los rasgos
servicio de nuestros propios fines, daremos al
traste
con la
«cosa en
sí» inasequible de
Kant. Las
sustancias químicas producidas en el mundo animal y
vegetal siguieron siendo «cosas en sí» hasta que la
química orgánica comenzó a producirlas unas tras
otras; con ello, la «cosa en sí» se convirtió en
una
cosa para nosotros, como, por ejemplo, la materia
colorante de la rubia, la alizarina, que hoy ya no
se
extrae de la raíz de aquella planta, sino que se
obtiene de alquitrán de hulla, procedimiento mucho
más
barato y más
sencillo. El sistema
solar de
Copérnico fue durante trescientos años una
hipótesis,
por la que se podía apostar cien, mil, diez mil
contra
uno, pero, a pesar de todo, una hipótesis, hasta
que
Leverier con los datos tomados de este sistema no
sólo demostró que debía necesariamente existir un
planeta
desconocido hasta entonces,
sino que,
además, determinó mediante cálculos, el lugar en
que
este planeta tenía que encontrarse en el
firmamento,
y cuando después Galle descubrió efectivamente este
planeta, el sistema de Copérnico quedó demostrado»
(F. Engels, «Ludwig Feuerbach», ed. alem., Moscú,
pág. 18).
Acusando a Bogdánov, Basárov, Yushkévich y
otros
partidarios de Mach301
de fideísmo (teoría
reaccionaria
que prefiere la
fe a la
ciencia) y
defendiendo la consabida tesis del materialismo de
que nuestros conocimientos científicos acerca de
las
leyes
por las que
se rige la
naturaleza son
conocimientos
veraces y de que
las leyes de la
ciencia constituyen verdades objetivas, dice Lenin:
«El
fideísmo moderno no
rechaza, ni mucho menos, la ciencia; lo único que rechaza
son las «pretensiones
desmesuradas» de la
ciencia, y concretamente, sus
pretensiones de verdad objetiva. Si existe una verdad objetiva (como entienden
los materialistas) y si las ciencias naturales, reflejando el mundo exterior en
la «experiencia» del hombre, son las únicas que pueden darnos esa verdad
objetiva, todo fideísmo queda refutado incontrovertiblemente» (Lenin, t. XIII,
pág. 102, ed. rusa).
301
Mach Ernest (1838-1916) - físico
y filósofo idealista
austríaco,
Mach consideraba las cosas como «conjuntos
sensitivos»,
negando la existencia
de un mundo
externo,
independiente de la conciencia humana. Tergiversaba
los últimos
datos de las ciencias naturales para asegurar la
victoria del
fideismo sobre el materialismo. En su libro «El
materialismo y el
empirtocríticismo» Lenin puso al desnudo la
tendencia de clase,
en la que se basaba la filosofía de Mach cuyo
objetivo era el
servir
a los fideistas
en su lucha
contra la filosofía
del
materialismo en general y contra el materialismo
histórico en
particular. Algunos «marxistas» de Europa
Occidental como F.
Adler, O. Bauer, y en Rusia una parte de los
intelectuales del
Partido que se presentaban como marxistas, pero que
nunca
habían adoptado una posición firmemente marxista
(Bogdánov,
Bazárov, Jushkevich etc.) apoyaron la filosofía de
Mach.
característicos del materialismo filosófico
marxista. .
Fácil
es comprender la importancia tan enorme
que
tiene la aplicación
de los principios
del materialismo filosófico al estudio de la vida social, al estudio de
la historia de la sociedad, la importancia tan enorme que tiene el aplicar
estos principios a la historia de la sociedad y a la actuación práctica del
Partido del proletariado.
Si la conexión
entre los fenómenos
de la
naturaleza
y su interdependencia representan
las
leyes
por las que
se rige el
desarrollo de la
naturaleza, de esto se deduce que la conexión e
interdependencia de los fenómenos de la vida social
representan también no algo fortuito, sino las
leyes
por las que se rige el desarrollo de la sociedad.
Esto quiere decir que la vida social y la historia
de la sociedad ya no son un conglomerado de hechos «fortuitos», pues
la historia de
la sociedad se convierte en el desarrollo de la sociedad
con arreglo a sus leyes determinadas y el estudio de la historia de la sociedad
adquiere categoría de ciencia.
Esto quiere decir que la actuación práctica del
Partido del proletariado
debe basarse, no
en los buenos deseos de las
«ilustres personalidades», no en los postulados de la «razón», de la «moral
universal» etc., sino en las leyes determinadas del desarrollo de la sociedad y
en el estudio de éstas.
Prosigamos.
Si el mundo
es cognoscible y
nuestros conocimientos acerca de las leyes que
rigen
el
desarrollo de la
naturaleza son conocimientos
veraces, que tienen el valor de verdades objetivas,
esto
quiere decir que
también la vida
social, el
desarrollo de la sociedad, son susceptibles de ser
conocidos; y que los datos que nos brinda la
ciencia
sobre las leyes del desarrollo de la sociedad son
datos
veraces, que tienen el valor de verdades objetivas.
Esto quiere decir que la ciencia que estudia la
historia de la sociedad puede adquirir, pese a toda
la
complejidad de los fenómenos de la vida social, la
misma
precisión que la
biología, por ejemplo,
ofreciéndonos la posibilidad de dar una aplicación
práctica a las leyes que rigen el desarrollo de la
sociedad.
Esto quiere decir que, en su actuación práctica, el
Partido del proletariado debe guiarse, no por estos o los otros motivos
fortuitos, sino por las leyes que rigen
el desarrollo de
la sociedad y
por las conclusiones prácticas
que de ellas se derivan.
Esto quiere decir que el socialismo deja de ser un
sueño acerca de un futuro mejor de la humanidad para convertirse en una
ciencia.
Esto quiere decir que el enlace entre la ciencia y
la actuación práctica, entre la teoría y la práctica, su unidad, debe ser la
estrella polar que guíe al Partido del proletariado.
Prosigamos. Si la naturaleza, el ser, el mundo
material
son lo primario,
y la conciencia,
el
272
pensamiento, lo secundario, lo derivado, si el
mundo
material constituye la realidad objetiva, que
existe
independientemente de la conciencia del hombre, y
la
conciencia
es la imagen
refleja de esta
realidad
objetiva, de aquí se deduce que la vida material de
la
sociedad, el ser social, es también lo primario y
su
vida espiritual, lo secundario, lo derivado; que la
vida
material de la sociedad es la realidad objetiva,
que
existe
independientemente de la
voluntad de los
hombres, y la vida espiritual de la sociedad el
reflejo
de esta realidad objetiva, el reflejo del ser.
Esto quiere decir que la fuente donde se forma la
vida espiritual de la sociedad, la fuente de la que
emanan las ideas sociales, las teorías sociales,
las
concepciones y las instituciones políticas hay que
buscarlas,
no en estas
mismas ideas, teorías,
concepciones e instituciones políticas, sino en las
condiciones de la vida material de la sociedad, en
el
ser social, del cual son reflejo estas ideas,
teorías,
concepciones, etc.
Esto quiere decir que, si en los diversos períodos
de la historia de la sociedad nos encontramos con
diversas
ideas, teorías, concepciones
sociales e
instituciones
políticas; si bajo
el régimen de la
esclavitud
observamos unas ideas,
teorías y
concepciones sociales, unas instituciones
políticas,
bajo el feudalismo otras y otras distintas bajo el
capitalismo, la explicación de esto no reside en la
«naturaleza», en la «propiedad» de las ideas,
teorías,
concepciones e instituciones políticas mismas, sino
en las distintas condiciones de la vida material de
la
sociedad
dentro de los
diversos períodos del
desarrollo social.
Según sean las condiciones de existencia de la
sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus
ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.
En relación con esto, dice Marx:
«No es la conciencia del hombre la que determina
su ser, sino, por el contrario, el ser social es el
que
determina
su conciencia». (Carlos Marx,
Obras
escogidas, t. I, pág. 359, ed. alemana, Moscú,
1934).
Esto
quiere decir que,
en política, para
no
equivocarse y no convertirse en una colección de
vacuos soñadores, el Partido del proletariado debe
tomar, como punto de partida para su actuación, no
los «principios» abstractos de la «razón humana»,
sino las condiciones concretas de la vida material
de
la sociedad, que constituyen la fuerza decisiva del
desarrollo
social, no los
buenos deseos de los
«grandes
hombres», sino las
exigencias reales
impuestas por el desarrollo de la vida material de
la
sociedad.
El fracaso de los utopistas, incluyendo entre
ellos,
los populistas,
los
anarquistas y
los
socialrevolucionarios, se explica, entre otras
razones,
J. V. Stalin
porque no reconocían la importancia primordial de
las condiciones de vida material de la sociedad en
cuanto
al desarrollo de
ésta, y, cayendo
en el
idealismo, erigían su actuación práctica, no sobre
las
exigencias del desarrollo de la vida material de la
sociedad, sino, independientemente de ellas y en
contra de ellas, sobre «planes ideales» y
«proyectos
universales»,
desligados de la
vida real de la
sociedad.
La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo
estriban precisamente en que toma como base para su actuación práctica las
exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sin desligarse
jamás de la vida real de ésta.
Sin embargo, de las palabras de Marx no se
desprende que las ideas y las teorías sociales, las
concepciones y las instituciones políticas no
tengan
importancia alguna en la vida de la sociedad, que
no
ejerzan de rechazo una influencia sobre el ser
social,
sobre el desarrollo de las condiciones materiales
de la
vida de la sociedad. Hasta ahora, nos hemos venido
refiriendo únicamente al origen de las ideas y
teorías
sociales
y de las
concepciones e instituciones
políticas, a su nacimiento, al hecho de que la vida
espiritual
de la sociedad
es el reflejo
de las
condiciones de su vida material. En lo tocante a la
importancia de las ideas y teorías sociales y de
las
concepciones e instituciones políticas, en lo
tocante
al
papel que desempeñan
en la historia,
el
materialismo histórico no sólo no niega, sino que,
por
el contrario, subraya la importancia de papel y la
significación que les corresponde en la vida y en
la
historia de la sociedad.
Pero hay diferentes ideas y teorías sociales. Hay
ideas y teorías viejas, que han cumplido ya su
misión
y que sirven
a los intereses
de fuerzas sociales
caducas. Su papel consiste en frenar el desarrollo
de
la sociedad, su marcha progresiva y hay ideas y
teorías nuevas, avanzadas, que sirven a los
intereses
de las fuerzas de vanguardia de la sociedad. El
papel
de éstas
consiste en facilitar el desarrollo de la
sociedad,
su marcha progresiva,
siendo su
importancia tanto más grande cuanto mayor es la
exactitud con que responden a las exigencias del
desarrollo de la vida material de la sociedad.
Las nuevas ideas y teorías sociales sólo surgen
después que el desarrollo de la vida material de la
sociedad plantea a ésta nuevas tareas. Pero después
de surgir, se convierten en una fuerza de la mayor
importancia, que facilita la ejecución de estas
nuevas
tareas planteadas por el desarrollo de la vida
material
de la sociedad, que facilita los progresos de ésta.
Es
aquí, precisamente, donde se acusa la formidable
importancia organizadora,
movilizadora y
transformadora de las nuevas ideas, de las nuevas
teorías y de las nuevas concepciones políticas, de
las
nuevas instituciones políticas.
Las
nuevas ideas y
teorías sociales surgen
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 273
precisamente porque son necesarias para la
sociedad, movilización, de
organización y de transformación.
porque sin su labor organizadora, movilizadora y
transformadora es imposible llevar a cabo las
tareas
ya maduras que plantea el desarrollo de la vida
material de la sociedad y que están ya en sazón de
ser
cumplidas. Y como surgen sobre la base de las
nuevas tareas planteadas por el desarrollo de la
vida
material de la sociedad, las nuevas ideas y teorías
sociales se abren paso, se convierten en patrimonio
de las masas populares, movilizan y organizan a
éstas
contra las fuerzas sociales caducas, facilitando
así el
derrocamiento de estas fuerzas sociales caducas que
frenan
el desarrollo de
la vida material
de la
sociedad.
He aquí cómo las ideas y las teorías sociales, las
instituciones políticas, que brotan sobre la base
de las
tareas ya maduras para su solución planteadas por
el
desarrollo de la vida material de la sociedad, por
el
desarrollo del ser social, actúan luego, a su vez,
sobre
este ser social, sobre la vida material de la
sociedad,
creando
las condiciones necesarias
para llevar a
término la ejecución de las tareas ya maduras de la
vida material de la sociedad y hacer posible su
desarrollo ulterior.
En relación con esto, dice Marx:
«La teoría se convierte en una fuerza material tan
pronto como prende en las masas» (Carlos Marx y
Federico Engels, Obras completas, t. 1, pág. 614,
ed.
alem.).
Esto quiere decir que para poder influir sobre las
condiciones de la vida material de la sociedad y
acelerar su desarrollo, acelerar su mejoramiento,
el
Partido del proletariado tiene que apoyarse en una
teoría
social, en una
idea social que
refleje
certeramente las exigencias del desarrollo de la
vida
material de la sociedad y que, gracias a ello, sea
capaz de poner en movimiento a las grandes masas
del pueblo, de movilizarlas y organizar con ellas
el
gran ejército del Partido proletario, presto a
aplastar
las fuerzas reaccionarias y allanar el camino a las
fuerzas avanzadas de la sociedad.
El
fracaso de los «economistas» y de los
mencheviques se explica, entre otras razones, por
el
hecho
de que no
reconocían la importancia
movilizadora, organizadora y transformadora de la
teoría de vanguardia, de la idea de vanguardia, y
cayendo
en un materialismo
vulgar, reducían su
papel
casi a la
nada, y consiguientemente
condenaban
al Partido a
la pasividad, a
vivir
vegetando.
La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo
estriban
en que éste se apoya
en una teoría
de
vanguardia, que refleja certeramente las exigencias
del desarrollo de la vida material de la sociedad,
en
que eleva la teoría a la altura que le corresponde
y
considera su deber utilizar íntegramente su fuerza
de
Así es como resuelve el materialismo histórico el
problema de las relaciones entre el ser social y la conciencia social, entre
las condiciones de desarrollo de la vida material y el desarrollo de la vida
espiritual de la sociedad.
3) El materialismo histórico.
Resta sólo por contestar a esta pregunta:
¿Qué se
entiende, desde el punto de vista del
materialismo
histórico, por «condiciones de
vida
material de la sociedad», que son las que
determinan,
en última instancia, la fisonomía de la sociedad,
sus
ideas, sus concepciones, instituciones políticas,
etc.?
¿Cuáles son, en realidad, esas «condiciones de
vida material de la sociedad», cuáles son sus
rasgos
característicos? Es indudable que en este concepto
de
«condiciones de vida material de la sociedad»
entra,
ante todo, la naturaleza que, rodea a la sociedad,
el
medio geográfico, que es una de las condiciones
necesarias y constantes de la vida material de la
sociedad y que, naturalmente, influye en el
desarrollo
de ésta. ¿Cuál es el papel del medio geográfico en
el
desarrollo de la sociedad? ¿No será, acaso, el
medio
geográfico el factor fundamental que determina la
fisonomía de la sociedad, el carácter del régimen
social de los hombres, la transición de un régimen
a
otro?
El materialismo histórico contesta negativamente a
esta pregunta.
El medio geográfico es, indiscutiblemente, una de
las condiciones constantes y necesarias del
desarrollo
de la sociedad
e influye, naturalmente,
en él,
acelerándolo o amortiguándolo. Pero esta influencia
no es determinante,
ya que los
cambios y el
desarrollo
de la sociedad
se producen con
una
rapidez
incomparablemente mayor que
los que
afectan al medio geográfico. En el transcurso de
tres
mil años, Europa vió transmontar uno tras otro tres
regímenes sociales: el del comunismo primitivo, el
de la esclavitud y el régimen feudal, y en la parte
oriental
de Europa, en
la URSS, también
trasmontaron cuatro. Pues bien, durante este tiempo
las condiciones geográficas de Europa o no
sufrieron
cambio alguno, o, si sufrieron alguno, fue tan leve
que la Geografía
no cree que
merece la pena
registrarlo. Ya se comprende que sea así. Para que
el
medio
geográfico experimente cambios
de cierta
importancia, hacen falta millones de años, mientras
que en unos pocos cientos o un par de miles de años
pueden
producirse incluso cambios
de la mayor
importancia en el régimen social.
De aquí se desprende que el medio geográfico no
puede
ser la causa
fundamental, la causa
determinante
del desarrollo social,
pues lo que
permanece casi invariable a través de decenas de
miles de años no puede ser la causa fundamental a
que obedezca el desarrollo de lo que en el espacio
de
unos cuantos cientos de años experimenta cambios
274
radicales.
Asimismo, es indudable que el crecimiento de la
población, la mayor o menor densidad de población
es un factor que forma también parte del concepto
de
las «condiciones materiales de vida de la
sociedad»,
ya que entre estas condiciones materiales se cuenta
como elemento necesario el hombre, y es imposible
la vida material de la sociedad sin un determinado
mínimo
de seres humanos. ¿No
será, acaso, el
desarrollo de la población el factor cardinal que
determina el carácter del régimen social en que
viven
los hombres?
El materialismo histórico contesta negativamente
también a esta pregunta.
Es indudable que el crecimiento de la población
influye en el desarrollo de la sociedad,
facilitando o
entorpeciendo este desarrollo, pero no puede ser el
factor cardinal a que obedece, ni su influencia
sobre
el desarrollo de la sociedad puede tener un
carácter
determinante, ya que el crecimiento de la población
de por sí no nos ofrece la clave para explicar por
qué
un régimen social dado es sustituido precisamente
por un determinado régimen nuevo y no por otro, por
qué el régimen
del comunismo primitivo
fue
sustituido
precisamente por el
régimen de la
esclavitud,
el régimen esclavista
por el régimen
feudal
y éste por
el burgués, y
no por otros
cualesquiera.
Si el crecimiento de la población fuese el factor
determinante
del desarrollo social,
a una mayor
densidad
de población tendría
que corresponder
forzosamente, en la práctica,
un tipo
proporcionalmente más elevado de régimen social.
Pero, en realidad, no ocurre así. La densidad de la
población de China es cuatro veces mayor que la de
los Estados Unidos, a pesar de lo cual los Estados
Unidos ocupan un lugar más elevado que China en lo
que al desarrollo social se refiere, pues mientras
que
en China sigue imperando el régimen semifeudal, los
Estados
Unidos hace ya
mucho tiempo que
han
llegado
a la fase
culminante del desarrollo
del
capitalismo. La densidad de población de Bélgica es
19 veces mayor que la de los Estados Unidos y 26
veces mayor que la de la URSS, y sin embargo,
Norteamérica sobrepasa a Bélgica en lo tocante a su
desarrollo social, y la URSS le lleva de ventaja
toda
una época histórica, pues mientras que en Bélgica
impera el régimen capitalista, la URSS ha liquidado
ya el capitalismo e instaurado el régimen
socialista.
De aquí se desprende que el crecimiento de la
población no es ni puede ser el factor cardinal en
el
desarrollo de la sociedad, el factor determinante
del
carácter del régimen social, de la fisonomía de la
sociedad.
a) ¿Cuál
es, pues, dentro
del sistema de las
condiciones de vida material de la sociedad, el
factor
cardinal que determina la fisonomía de aquélla, el
carácter del régimen social, el paso de la sociedad
de
J. V. Stalin
un régimen a otro?
Este factor es, según el materialismo histórico, el
modo de obtención de los medios de vida necesarios para la existencia del
hombre, el modo de producción de los bienes materiales: del alimento, del
vestido, del calzado, de la vivienda, del combustible, de los instrumentos de
producción, etc., necesarios para que la sociedad pueda vivir y desarrollarse.
Para vivir, el hombre necesita alimentos, vestido,
calzado, vivienda, combustible, etc.; para tener
estos
bienes materiales, ha de producirlos, y para poder
producirlos
necesita disponer de
instrumentos de
producción, con ayuda de los cuales se consigue el
alimento,
se fabrica el
vestido, el calzado,
se
construye la vivienda, se obtiene el combustible,
etc.;
necesita saber producir estos instrumentos y
servirse
de ellos.
Instrumentos de producción con ayuda de los cuales
se producen los bienes materiales, y hombres que los manejan y efectúan la
producción de los bienes materiales, por tener una cierta experiencia
productiva y hábitos
de trabajo: tales
son los elementos que,
en conjunto, forman
las fuerzas productivas de la
sociedad.
Pero las fuerzas productivas no son más que uno
de los aspectos de la producción, uno de los
aspectos
del modo de producción, el aspecto que refleja la
relación entre el hombre y los objetos y fuerzas de
la
naturaleza
empleados para la
producción de los
bienes materiales. El otro aspecto de la
producción,
el otro aspecto
del modo de
producción, lo
constituyen las relaciones de unos hombres con
otros
dentro del proceso de la producción, las relaciones
de producción entre los hombres. Los hombres no
luchan con la naturaleza y no la utilizan para la
producción
de bienes materiales
aisladamente,
desligados unos de otros, sino juntos, en grupos,
en
sociedades. Por eso, la producción es siempre y
bajo
condiciones cualesquiera una producción social. Al
efectuar la producción de los bienes materiales,
los
hombres establecen entre sí, dentro de la
producción,
tales o cuales
relaciones mutuas, tales
o cuales
relaciones de producción. Estas relaciones pueden
ser
relaciones
de colaboración y
ayuda mutua entre
hombres
libres de toda
explotación, pueden ser
relaciones de dominio y subordinación o pueden ser,
por último, relaciones de transición entre una
forma
de relaciones de producción y otra, pero,
cualquiera
que sea su carácter, las relaciones de producción
constituyen siempre y en todos los regímenes un
elemento tan necesario de la producción como las
mismas fuerzas productivas de la sociedad.
«En la producción -dice Marx- los hombres no
actúan solamente sobre la naturaleza, sino que
actúan
también los unos sobre los otros. No pueden
producir
sin asociarse de un cierto modo, para actuar en
común y establecer un intercambio de actividades.
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 275
Para producir, los hombres contraen determinados
vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos
y
relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es
como
se relacionan con la naturaleza y como se efectúa
la
producción» (C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas,
t. I, pág. 261, ed. alemana).
Consiguientemente, la producción, el modo de
producción,
no abarca solamente
las fuerzas
productivas
de la sociedad,
sino también las
relaciones de producción entre los hombres, siendo,
por tanto, la forma en que toma cuerpo la unidad de
ambas dentro del proceso de la producción de bienes
materiales.
b) La primera característica de la producción es
que jamás se estanca en un punto durante un largo
período,
sino que cambia
y se desarrolla
constantemente, con la particularidad de que estos
cambios
ocurridos en el
modo de producción
provocan
inevitablemente el cambio
de todo el
régimen
social, de las
ideas sociales, de las
concepciones e instituciones políticas, provocan la
reorganización de todo el sistema social y
político.
En las diversas fases de desarrollo, el hombre
emplea
diversos modos de producción o, para decirlo en
términos más vulgares, mantiene distinto género de
vida. Bajo el régimen del comunismo primitivo, el
modo de producción empleado es distinto que bajo la
esclavitud,
bajo el régimen
de la esclavitud
es
distinto
que bajo el
feudalismo, etc. Y,
en
consonancia con esto, varían también el régimen
social
de los hombres,
su vida espiritual,
sus
concepciones, sus instituciones políticas.
Según sea el modo de producción existente en una
sociedad, así es también, fundamentalmente, esta misma sociedad y así son sus ideas y sus
teorías, sus concepciones e instituciones políticas.
O, para decirlo en términos más vulgares, según
vive el hombre, así piensa.
Esto significa que la historia del desarrollo de la
sociedad es, ante todo, la historia del desarrollo
de la
producción, la historia de los modos de producción
que se suceden unos a otros a lo largo de los
siglos,
la historia del desarrollo de las fuerzas
productivas y
de las relaciones de producción entre los hombres.
Esto quiere decir que la historia del desarrollo de
la sociedad es, al mismo tiempo, la historia de los propios productores de
bienes materiales, la historia de
las masas trabajadoras,
que son las
fuerzas fundamentales del proceso de producción y las que llevan a cabo
la producción de los bienes materiales necesarios para la existencia de la
sociedad.
Esto
quiere decir que
la ciencia histórica,
si
pretende ser una verdadera ciencia, no debe seguir
reduciendo la historia del desarrollo social a los
actos
de los reyes y de los caudillos militares, a los
actos
de los
«conquistadores» y «avasalladores» de
Estados, sino que debe ocuparse ante todo de la
historia de los productores de los bienes
materiales, de la historia de las masas trabajadoras, de la historia de los
pueblos.
Esto quiere decir que la clave para el estudio de
las leyes de la historia de la sociedad no hay que
buscarla en las cabezas de los hombres, en las
ideas y
concepciones de la sociedad, sino en el modo de
producción aplicado por la sociedad en cada uno de
sus períodos históricos, es decir, en la economía
de la
sociedad.
Esto quiere decir que la tarea primordial de la
ciencia histórica es el estudio y el descubrimiento
de
las leyes de la producción, de las leyes del
desarrollo
de las fuerzas productivas y de las relaciones de
producción, de las leyes del desarrollo económico
de
la sociedad.
Esto quiere decir que el Partido del proletariado,
para ser
un verdadero partido,
debe, ante todo, conocer las leyes del desarrollo de la
producción, las leyes del desarrollo económico de la sociedad.
Esto
quiere decir que
en política, para
no
equivocarse, el Partido del proletariado debe, ante
todo, tanto en lo que se refiere a la formación de
su
programa
como en lo
que atañe a
su actuación
práctica, arrancar de las leyes del desarrollo de
la
producción, de las leyes del desarrollo económico
de
la sociedad.
c) La segunda característica de la producción
consiste en que sus cambios y su desarrollo
arrancan
siempre
de los cambios
y del desarrollo
de las
fuerzas productivas, y, ante todo, de los que
afectan a
los
instrumentos de producción.
Las fuerzas
productivas
son, por lo
tanto, el elemento
más
dinámico y más revolucionario de la producción. Al
principio,
cambian y se
desarrollan las fuerzas
productivas de la sociedad y luego, en dependencia
con
estos cambios y
en consonancia con
ellos,
cambian
las relaciones de
producción entre los
hombres, sus relaciones económicas. Sin embargo,
esto no quiere decir que las relaciones de
producción
no
influyan sobre el
desarrollo de las
fuerzas
productivas y que éstas no dependan de aquéllas.
Las
relaciones
de producción, aunque
su desarrollo
dependa del desarrollo de las fuerzas productivas,
actúan
a su vez
sobre el desarrollo
de éstas,
acelerándolo
o amortiguándolo. A
este propósito
conviene advertir que las relaciones de producción
no pueden quedarse por un tiempo demasiado largo
rezagadas de las fuerzas productivas al crecer
éstas,
ni hallarse en contradicción con ellas, ya que las
fuerzas
productivas sólo pueden
desarrollarse
plenamente
cuando las relaciones
de producción
están en armonía con el carácter y el estado de
dichas
fuerzas productivas y dan curso libre al desarrollo
de
éstas. Por eso, por muy rezagadas que las
relaciones
de producción se queden con respecto al desarrollo
de las fuerzas productivas, tienen necesariamente
que
ponerse y se ponen realmente -más tarde o más
276
temprano- en armonía con el nivel de desarrollo de
las fuerzas productivas y con el carácter de éstas. En otro caso,
nos encontraríamos ante
una ruptura radical de la unidad
entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción dentro del sistema
de ésta, ante un descoyuntamiento de la producción en bloque, ante
una crisis de
producción, ante la destrucción de las fuerzas productivas.
Un ejemplo de desarmonía entre las relaciones de
producción y el carácter de las fuerzas
productivas,
un ejemplo de conflicto entre ambos factores, lo
tenemos
en las crisis
económicas de los
países
capitalistas, donde la propiedad privada
capitalista
sobre los medios de producción está en la violenta
discordancia con el carácter social del proceso de
producción,
con el carácter
de las fuerzas
productivas. Resultado de esta discordancia son las
crisis económicas, que conducen a la destrucción de
las
fuerzas productivas: y
esta discordancia
constituye,
de por sí,
la base económica
de la
revolución social, cuya misión consiste en destruir
las relaciones de producción existentes y crear
otras
nuevas, que correspondan al carácter de las fuerzas
productivas.
Por el contrario,
el ejemplo de
una armonía
completa entre las relaciones de producción y el
carácter de las fuerzas productivas nos lo ofrece
la
economía socialista de la URSS, donde la propiedad
social sobre los medios de producción concuerda
plenamente con el carácter social del proceso de la
producción y donde, por tanto, no existen crisis
económicas, ni se producen casos de destrucción de
las fuerzas productivas.
Por consiguiente, las fuerzas productivas no son
solamente
el elemento más
dinámico y más
revolucionario
de la producción,
sino que son,
además, el elemento determinante de su desarrollo.
Según sean las fuerzas productivas, así tienen que
ser también las relaciones de producción.
Si el estado de las fuerzas productivas responde a
la pregunta de con qué instrumentos de producción
crean los hombres los bienes materiales que les son
necesarios, el estado de las relaciones de
producción
responde ya a otra pregunta: ¿en poder de quién
están
los medios de producción (la tierra, los bosques,
las
aguas,
el subsuelo, las
materias primas, las
herramientas
y los edificios
dedicados a la
producción, las vías y los medios de comunicación,
etc.), a disposición de quién se hallan los medios
de
producción: a disposición de toda la sociedad, o a
disposición de determinados individuos, grupos o
clases
que los emplean
para explotar a
otros
individuos, grupos o clases?
He aquí un cuadro esquemático del desarrollo de
las fuerzas productivas desde los tiempos
primitivos
hasta nuestros días. Desde las herramientas de
piedra
sin pulimentar se pasa al arco y las flechas y, en
relación con esto, de la caza como sistema de vida
a
J. V. Stalin
la
domesticación de animales
y a la
ganadería
primitiva; de las herramientas de piedra se pasa a
las
herramientas de metal (el hacha de hierro, el arado
con reja de hierro, etc.) y, en consonancia con
esto, al
cultivo de las plantas ya la agricultura; viene
luego el
mejoramiento
progresivo de las
herramientas
metálicas para la elaboración de materiales, se
pasa a
la fragua de fuelle y a la alfarería y, en
consonancia
con esto, se desarrollan los oficios artesanos, se
desglosan estos oficios de la agricultura, se
desarrolla
la producción independiente de los artesanos y, más
tarde, la manufactura; de los instrumentos
artesanos
de producción se pasa a la máquina, y la producción
artesana
y manufacturera se
transforma en la
industria mecánica, y, por último, se pasa al
sistema
de máquinas y aparece la gran industria mecánica
moderna: tal es, en líneas generales y no
completas,
ni mucho menos, el cuadro del desarrollo de las
fuerzas productivas sociales a lo largo de la
historia
de la humanidad.
Además, como es
lógico, el
desarrollo y perfeccionamiento de los instrumentos
de
producción corren a
cargo de hombres
relacionados con la producción y no se realizan con
independencia de éstos: por tanto. a la par con los
cambios
y el desarrollo
de los instrumentos
de
producción, cambian y se desarrollan también los
hombres, como el elemento más importante que son
de las fuerzas productivas, cambian y se
desarrollan
su experiencia en punto a la producción, sus
hábitos
de trabajo y su habilidad para el empleo de los
instrumentos de producción.
En consonancia con los cambios y el desarrollo
experimentado por las
fuerzas productivas de la
sociedad en el curso de la historia, cambian también y se desarrollan las
relaciones de producción entre los hombres, sus relaciones económicas.
La historia conoce cinco tipos fundamentales de
relaciones de producción: el comunismo primitivo,
la
esclavitud,
el feudalismo, el
capitalismo y el
socialismo.
Bajo el régimen del comunismo primitivo, la base
de las relaciones de producción es la propiedad
social
sobre los medios de producción. Esto, en sustancia,
corresponde al carácter de las fuerzas productivas
durante este período. Las herramientas de piedra y
el
arco y las flechas, que aparecen más tarde,
excluían
la
posibilidad de luchar
aisladamente contra las
fuerzas de la naturaleza y contra las bestias
feroces.
Si no querían morir de hambre, ser devorados por
las
fieras o sucumbir a manos de las tribus vecinas,
los
hombres
de aquella época
veíanse obligados a
trabajar en común, y así era como recogían los
frutos
en el bosque, como organizaban la pesca, como
construían sus viviendas, etc. El trabajo en común
condujo
a la propiedad
en común sobre
los
instrumentos de producción, al igual que sobre los
productos de la producción. Aún no había surgido la
idea de la propiedad privada sobre los medios de
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 277
producción, exceptuando la propiedad personal de
ciertas herramientas que
al mismo tiempo
que herramientas de trabajo eran armas de defensa contra las bestias
feroces. No existía aún explotación, no existían clases.
Bajo el régimen de la esclavitud, la base de las
relaciones
de producción es
la propiedad del
esclavista sobre los medios de producción, así como
también sobre los mismos productores, los esclavos,
a quienes el esclavista podía vender, comprar y
matar
como
ganado. Estas relaciones
de producción se
hallan, fundamentalmente, en consonancia con el
estado
de las fuerzas
productivas durante este
período. Ahora, en vez de las herramientas de
piedra,
el hombre dispone ya de herramientas de metal. En
vez de aquella mísera economía primitiva basada en
la caza y que no conocía ni la ganadería ni la
agricultura, aparecen la ganadería, la agricultura,
los
oficios artesanos y la división del trabajo entre
estas
diversas
ramas de producción;
aparecen la
posibilidad de efectuar un intercambio de productos
entre
los distintos individuos
y las distintas
sociedades y la posibilidad de acumular riquezas en
manos de unas cuantas personas; se produce, en
efecto, una acumulación de medios de producción en
manos de una minoría y surge la posibilidad de que
esta minoría sojuzgue a la mayoría y convierta a
sus
componentes en esclavos. Ya no existe el trabajo
libre y en común
de todos los
miembros de la
sociedad dentro del proceso de la producción, sino
que
impera el trabajo
forzado de los
esclavos,
explotados por los esclavistas, que no trabajan. No
existen, tampoco, por tanto, propiedad social sobre
los medios de producción ni sobre los productos. La
propiedad
social es sustituida
por la propiedad
privada. El esclavista es el primero y fundamental
propietario con plenitud de derechos.
Ricos
y pobres, explotadores y
explotados, hombres con plenitud
de derechos y
hombres privados totalmente de derechos; una furiosa lucha de clases
entre unos y otros: tal es el cuadro que presenta el régimen de la esclavitud.
Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones
de producción es la propiedad del señor feudal
sobre
los medios de producción y su propiedad parcial
sobre los productores, sobre los siervos, a quienes
ya
no puede matar, pero a quienes sí puede comprar y
vender. A la par con la propiedad feudal existe la
propiedad individual del campesino y el artesano
sobre los instrumentos de producción y sobre su
economía privada, basada en el trabajo personal.
Estas
relaciones de producción
se hallan,
fundamentalmente, en consonancia con el estado de
las
fuerzas productivas durante
este período. El
perfeccionamiento
progresivo de la
fundición y
elaboración del hierro, la difusión del arado de
hierro
y el telar, los progresos de la agricultura, de la
horticultura, de la viticultura y de la fabricación
del
aceite, la aparición de las primeras manufacturas
junto a los talleres de artesanos: tales son los rasgos característicos del
estado de las fuerzas productivas durante este período.
Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje
al trabajador cierta iniciativa en la producción,
que
sienta
cierta inclinación al
trabajo y se
halle
interesado en él. Por eso, el señor feudal
prescinde de
los esclavos, que no sienten ningún interés por su
trabajo ni ponen en él la menor iniciativa, y
prefiere
entendérselas con los siervos, que tienen su propia
economía y sus herramientas propias y se hallan
interesados por el trabajo en cierto grado, en la
medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al
señor en especie, con una parte de la cosecha.
Durante este período, la propiedad privada hace
nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi
tan rapaz como bajo la esclavitud, aunque un poco
suavizada. La lucha de clases entre los
explotadores
y los explotados
es el rasgo
fundamental del
feudalismo.
Bajo el régimen
capitalista, la base
de las
relaciones de producción es la propiedad
capitalista
sobre los medios de producción y la inexistencia de
propiedad sobre los productores, obreros
asalariados,
a quienes el capitalista no puede matar ni vender,
pues se hallan exentos de los vínculos de sujeción
personal, pero que carecen de medios de producción,
por lo cual, para no morirse de hambre, se ven
obligados a vender su fuerza de trabajo al
capitalista
y a doblar la cerviz al yugo de la explotación. A
la
par con la propiedad capitalista sobre los medios
de
producción, existe y se halla en los primeros
tiempos
muy
generalizada la propiedad
privada del
campesino y del artesano, libres de la servidumbre,
sobre sus medios de producción, propiedad privada
que está basada en el trabajo personal. En lugar de
los
talleres de los
artesanos y las
manufacturas,
surgen las grandes fábricas y empresas dotadas de
maquinaria. En lugar de las haciendas de los
nobles,
cultivadas
con los primitivos instrumentos
campesinos
de producción, aparecen
las grandes
explotaciones agrícolas capitalistas, montadas a
base
de la técnica
agraria y dotadas
de maquinaria
agrícola.
Las
nuevas fuerzas productivas exigen trabajadores más cultos y más
despiertos que los siervos,
mantenidos en el
embrutecimiento y la ignorancia: trabajadores capaces
de entender y manejar
las máquinas. Por
eso, los capitalistas prefieren tratar con obreros
asalariados, libres de las cadenas
de la servidumbre
y lo suficientemente cultos para saber manejar la
maquinaria.
Pero,
después de desarrollar
las fuerzas
productivas
en proporciones gigantescas, el
capitalismo se enreda en contradicciones insolubles
para él. Al producir cada vez más mercancías y
hacer
bajar
cada vez más
sus precios, el
capitalismo
278
agudiza
la competencia, arruina
a una masa
de
pequeños y medianos propietarios, los convierte en
proletarios y rebaja su poder adquisitivo, con lo
cual
se hace imposible
la venta de
las mercancías
producidas. Al dilatar la producción y concentrar
en
enormes fábricas y empresas industriales a millones
de
obreros, el capitalismo
da al proceso
de
producción un carácter social y va minando con ello
su propia base, ya que el carácter social del
proceso
de producción reclama la propiedad social sobre los
medios de producción, mientras que la propiedad
sobre los medios de producción sigue siendo una
propiedad privada capitalista, incompatible con el
carácter
social que el
proceso de producción
presenta.
Estas
contradicciones
irreductibles entre el
carácter de las fuerzas productivas y las
relaciones de
producción se manifiestan en las crisis periódicas
de
superproducción,
en que los
capitalistas, no
encontrando compradores
solventes, como
consecuencia del empobrecimiento de la masa de la
población,
provocado por ellos
mismos, se ven
obligados a quemar los productos, a destruir las
mercancías elaboradas, a paralizar la producción y
a
devastar las fuerzas productivas y en que millones
de
seres se ven condenados al paro forzoso y al
hambre,
no porque escaseen las mercancías, sino por todo lo
contrario: por haberse producido en exceso.
Esto quiere decir que las relaciones capitalistas
de producción ya no están en consonancia con el estado de las fuerzas
productivas de la sociedad, sino que se hallan en irreductible contradicción
con ellas.
Esto quiere decir que el capitalismo lleva en su
entraña
la revolución, una
revolución que está
llamada a suplantar la actual propiedad capitalista
sobre los medios de producción por la propiedad
socialista.
Esto quiere decir que el rasgo fundamental del
régimen capitalista es la más encarnizada lucha de clases entre explotadores y
explotados.
Bajo el régimen socialista, que hasta hoy sólo es
una realidad en la URSS, la base de las relaciones
de
producción es la propiedad social sobre los medios
de producción. Aquí, ya no hay explotadores ni
explotados. Los productos creados se distribuyen
con
arreglo al trabajo, según el principio de «el que
no
trabaja, no come». Las relaciones mutuas entre los
hombres dentro del proceso de producción tienen el
carácter de relaciones de colaboración fraternal y
de
mutua ayuda socialista entre trabajadores libres de
toda explotación. Las relaciones de producción se
hallan en plena consonancia con el estado de las
fuerzas
productivas, pues el
carácter social del
proceso
de producción es
refrendado por la
propiedad social sobre los medios de producción.
Por eso la producción socialista de la URSS no
conoce las crisis periódicas de superproducción ni los absurdos que éstas
acarrean.
J. V. Stalin
Por eso, en la URSS, las fuerzas productivas se
desarrollan con ritmo acelerado, ya que las
relaciones
de producción, al hallarse en consonancia con
dichas
fuerzas
productivas, abren amplio
cauce a este
desarrollo.
Tal es el cuadro que presenta el desarrollo de las
relaciones de producción entre los hombres, en el curso de la historia de la
humanidad.
Tal es la
relación de dependencia
en que el
desarrollo de las relaciones de producción se halla
con respecto a desarrollo de las fuerzas
productivas
de la sociedad, y en primer término con respecto al
desarrollo
de los instrumentos de
producción,
relación de dependencia por virtud de la cual los
cambios y el desarrollo que experimentan las
fuerzas
productivas se traducen, más tarde o más temprano,
en los cambios y el desarrollo congruentes de las
relaciones de producción.
El uso y la creación de medios de trabajo302 -dice
Marx-, aunque en germen son ya inherentes a ciertas
especies animales, caracterizan el proceso de
trabajo
específicamente humano, razón por la cual Franklin
define
al hombre como
un animal que
fabrica
instrumentos. Y así como la estructura de los
restos
fósiles de huesos tiene una gran importancia para
reconstruir
la organización de
especies animales
desaparecidas, los vestigios de los antiguos medios
de
trabajo nos sirven
para apreciar formaciones
económicas de la sociedad ya desaparecidas. Lo que
distingue a las épocas económicas unas de otras no
es
lo que se produce, sino cómo se produce… Los
medios de trabajo no son solamente el barómetro del
desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre sino
también el exponente de las relaciones sociales en
que se trabaja» (C. Marx, «El Capital», t. I, pág.
189).
Y en otros pasajes:
«Las
relaciones sociales están
íntimamente
vinculadas a
las fuerzas productivas. Al adquirir
nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian de
modo de producción
y al cambiar
el modo de
producción, la manera de ganarse la vida, cambian
todas las relaciones sociales. El molino movido a
brazo nos da la sociedad de los señores (feudales,
J.
St.),
el molino de
vapor, la sociedad
de los
capitalistas industriales» (C. Marx, «Miseria de la
Filosofía», ed. alem., Moscú, 1939, pág. 71).
«Existe un movimiento constante de incremento de
las fuerzas productivas, de destrucción de las relaciones sociales y de
formación de las ideas; lo único inmutable es la abstracción del movimiento»
(Obra cit., pág. 72).
302 Por «medios de trabajo» entiende Marx,
principalmente, los instrumentos de producción J. St.
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 279
Caracterizando el materialismo histórico, tal como
se formula en el «Manifiesto del Partido Comunista», dice Engels:
«La producción económica y la estructura social
que de ella se deriva necesariamente en cada época
histórica, constituyen la base sobre la cual
descansa
la historia política e intelectual de esa época...
Por
tanto,
toda la historia
de la sociedad,
desde la
disolución del régimen primitivo de la propiedad
comunal sobre el suelo, ha sido una historia de
lucha
de
clases, de lucha
entre clases explotadoras
y
explotadas dominantes y dominadas, en las
diferentes
fases del desarrollo social... Ahora, esta lucha ha
llegado a
una fase en que
la clase explotada
y
oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse
de la clase que le explota y le oprime (la
burguesía),
sin emancipar al mismo tiempo para siempre a la
sociedad entera de la explotación, la opresión y la
lucha de clases... » (Prólogo de Engels a la
edición
alemana de 1883,
«Manifiesto del
Partido
Comunista»).
d) La tercera característica de la
producción
consiste en que las nuevas fuerzas productivas y
las
relaciones de producción congruentes con ella no
surgen
desligadas del viejo
régimen, después de
desaparecer éste, sino que se forman en el seno de
él;
se forman no como fruto de la acción premeditada y
consciente del hombre, sino de un modo espontáneo,
inconsciente, e independientemente de la voluntad
de
los hombres. Se forma de un modo espontáneo e
independientemente de la voluntad de los hombres,
por dos razones.
En primer lugar, porque los hombres no son libres
para elegir tal o cual modo de producción, pues
cada
nueva generación, al entrar en la vida, se
encuentra
ya con un sistema establecido de fuerzas
productivas
y relaciones de producción, como fruto del trabajo
de
las pasadas generaciones, en vista de lo cual, si
quiere
tener la posibilidad
de producir bienes
materiales, no tiene, en los primeros tiempos, más
remedio que aceptar el estado de cosas con que se
encuentra
dentro del campo
de la producción
y
adaptarse a él.
En segundo lugar, porque, cuando perfecciona
este o el otro instrumento de producción, este o el
otro elemento de las fuerzas productivas, el hombre
no sabe, no comprende, ni se le ocurre siquiera
pensar en ello, qué consecuencias sociales puede
acarrear
su innovación, sino
que piensa única
y
exclusivamente en su interés inmediato, en
facilitar
su trabajo y en obtener algún provecho inmediato y
tangible para sí.
Cuando algunos de los miembros de la sociedad
comunista
primitiva empezaron a
sustituir,
paulatinamente
y tanteando el
terreno, las
herramientas de piedra por las de hierro,
ignoraban,
naturalmente, y no paraban mientes en ello, que
consecuencias sociales había
de tener esta innovación, no sabían ni comprendían
que el paso a las herramientas metálicas
significaba un cambio radical en
la producción, cambio
que en fin de
cuentas conduciría al régimen de la esclavitud: lo único que a ellos les
interesaba era facilitar el trabajo y conseguir un provecho inmediato y
sensible; su actuación consciente se limitaba al estrecho marco de esta ventaja
tangible, de carácter personal.
Cuando dentro del período del régimen feudal, la
joven burguesía europea comenzó a organizar, junto
a los pequeños talleres gremiales de los artesanos,
las
grandes empresas manufactureras, imprimiendo con
ello un avance
a las fuerzas
productivas de la
sociedad, no sabía, naturalmente, ni paraba mientes
en ello, qué consecuencias sociales había de
acarrear
esta innovación: no sabía ni comprendía que esta
«pequeña» innovación conduciría a una reagrupación
tal de las
fuerzas sociales, que
necesariamente
desembocaría en la revolución, la cual iría
dirigida
contra el poder real, cuyas mercedes apreciaba
tanto,
y contra la nobleza, cuyo rango soñaban con escalar
no pocos de sus mejores representantes; lo único
que
le
preocupaba era abaratar
la producción de
mercancías, lanzar una cantidad mayor de artículos
a
los
mercados de Asia
y de la
América recién
descubierta,
y obtener mayores
ganancias; su
actuación consciente se limitaba al estrecho marco
de
esta finalidad tangible.
Cuando los capitalistas rusos, juntamente con los
capitalistas extranjeros, introdujeron en Rusia de
un
modo
intensivo la moderna
industria mecánica,
dejando
intacto el zarismo
y entregando a los
campesinos a la voracidad de los terratenientes, no
sabían, naturalmente, ni paraban mientes en ello,
qué
consecuencias
sociales había de
acarrear este
importante incremento de las fuerzas productivas:
no
sabían ni comprendían que este importante salto que
se daba en el campo de las fuerzas productivas de
la
sociedad conduciría a una reagrupación tal de las
fuerzas
sociales, que daría
al proletariado la
posibilidad de unir con él a los campesinos y de
llevar a cabo la revolución socialista victoriosa;
lo
único que ellos querían era incrementar hasta el
máximo
la producción industrial,
dominar el
gigantesco mercado interior del país, convertirse
en
monopolistas
y sacar mayores
ganancias de la
economía nacional: la conciencia con que realizaban
aquel acto no iba más allá del horizonte empírico y
estrecho de sus intereses personales.
En relación con esto, dice Marx:
«En la producción social de su vida, (es decir en
la producción de los bienes materiales necesarios
para la vida de los hombres, J. St.), los hombres
contraen
determinadas relaciones necesarias
e
280
independientes303
de su voluntad,
relaciones de producción que
corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales» (Carlos Marx, Obras escogidas, t. I).
Esto
significa, sin embargo,
que los cambios
ocurridos en las relaciones de producción y el paso
de las viejas relaciones de producción a otras
nuevas
discurran
lisa y llanamente,
sin conflictos ni
conmociones. Por el contrario, estos cambios
revisten
generalmente
la forma de
un derrocamiento
revolucionario de las viejas relaciones de
producción
para dar paso a la instauración de otras nuevas.
Hasta
llegar a un cierto período, el desarrollo de las
fuerzas
productivas y los cambios que se operan en el campo
de las relaciones de producción discurren de un
modo
espontáneo, independientemente de la voluntad de
los
hombres. Pero sólo
hasta un determinado
momento,
hasta el momento
en que las
fuerzas
productivas
que surgen y
se desarrollan logran
madurar cumplidamente. Una vez que las nuevas
fuerzas productivas están en sazón, las relaciones
de
producción existentes y sus representantes, las
clases
dominantes,
se convierten en
ese obstáculo
«insuperable» que sólo puede eliminarse por medio
de la actuación consciente de las nuevas clases,
por
medio de la acción violenta de estas clases, por
medio de la revolución. Aquí se destaca con gran
nitidez el papel inmenso de las nuevas ideas
sociales,
de las nuevas instituciones políticas, del nuevo
Poder
político, llamados a liquidar por la fuerza a las
viejas
relaciones de producción. Sobre la base del
conflicto
entre las nuevas fuerzas productivas y las viejas
relaciones de producción, sobre la base de las
nuevas
exigencias económicas de la sociedad surgen nuevas
ideas
sociales; estas nuevas
ideas organizan y
movilizan a las masas, las masas se funden en un
nuevo
ejército político, crean
un nuevo Poder
revolucionario y utilizan este Poder para liquidar
por
la fuerza el viejo régimen establecido en el campo
de
las relaciones de producción y refrendar el régimen
nuevo. El proceso espontáneo de desarrollo deja el
puesto
a la acción
consciente del hombre,
el
desarrollo pacífico a la transformación violenta,
la
evolución a la revolución.
«En la lucha contra la burguesía -dice Marx-, el
proletariado se constituye
indefectiblemente en clase...,
mediante la revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase
dominante, destruye por la fuerza las viejas relaciones de producción»
(«Manifiesto del Partido Comunista»).
Y en otro lugar:
«El
proletariado se valdrá
de su dominación
política
para ir arrancando
gradualmente a la
303 Subrayado por mí. J. St.
J. V. Stalin
burguesía de todo el capital, para centralizar
todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir,
del proletariado organizado
como clase dominante, y para
aumentar con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas» (Obra cit.).
«La violencia es la partera de toda sociedad vieja
que lleva en sus entrañas otra nueva» (Marx, «El Capital», t. II, pág. 788).
He aquí en qué términos formulaba Marx, con trazos
geniales, la esencia del materialismo histórico, en el memorable «prólogo»
escrito en 1859 para su famoso libro
«Contribución a la
crítica de la Economía Política»:
«En la producción social de su vida, los hombres
contraen
determinadas relaciones necesarias
e
independientes
de su voluntad,
relaciones de
producción que corresponden a una determinada fase
de desarrollo de sus fuerzas productivas
materiales.
El conjunto de estas relaciones de producción forma
la estructura económica de la sociedad, la base
real
sobre la que se levanta la superestructura jurídica
y
política y a la que corresponden determinadas
formas
de conciencia social. El modo de producción de la
vida material condiciona en general el proceso
social,
político y espiritual de la vida. No es la
conciencia
del hombre la que determina su ser, sino, por el
contrario,
el ser social
es el que
determina su
conciencia.
Al llegar a una determinada fase de
desarrollo, las fuerzas productivas materiales de
la
sociedad chocan con las relaciones de producción
existentes o, lo que no es más que la expresión
jurídica de esto, con las relaciones de propiedad
dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.
De
formas de desarrollo de las fuerzas productivas,
estas
relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre
así una época de revolución social. Al cambiar la
base
económica, se revoluciona,
más o menos
rápidamente, toda la inmensa superestructura
erigida
sobre ella. Cuando se estudian esas
transformaciones,
hay
que distinguir siempre
entre los cambios
materiales ocurridos en las condiciones económicas
de
producción y que
pueden apreciarse con la
exactitud
propia de las
ciencias naturales, y las
formas
jurídicas, políticas, religiosas,
artísticas o
filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas
en
que los hombres
adquieren conciencia de
este
conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo
que no podemos juzgar a un individuo por lo que él
piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas
épocas de transformación por su conciencia, sino
que,
por el contrario,
hay que explicarse
esta
conciencia
por las contradicciones de
la vida
material, por el conflicto existente entre las
fuerzas
productivas sociales y las relaciones de
producción.
Ninguna formación social desaparece antes de que se
desarrollen todas las fuerzas productivas que caben
Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico 281
dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas
relaciones
de producción antes
de que las
condiciones
materiales para su
existencia hayan
madurado en el seno de la sociedad antigua. Por
eso,
la humanidad se propone siempre únicamente los
objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas
las
cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo
brotan
cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando
las condiciones materiales para su realización» (C.
Marx,
Obras escogidas, t,
I, págs. 359-360, ed.
alem.).
Tal es la concepción del materialismo marxista, en
su aplicación a la vida social, en su aplicación a la historia de la sociedad.
Tales
son los rasgos
fundamentales del
materialismo dialéctico y del materialismo
histórico.
I FORME PRESE TADO AL XVIII CO GRESO DEL PARTIDO
ACERCA DE LA ACTIVIDAD DEL CC DEL PC(b) DE LA URSS
10 de marzo de 1939304 (Extractos)
I. La situación
internacional de la
Unión Soviética
¡Camaradas! Han transcurrido cinco años desde el
XVII Congreso del Partido. Período bastante largo, como ustedes pueden ver.
Durante este tiempo se han producido importantes cambios en el mundo. Los
Estados y los países, sus relaciones entre ellos, han cambiado totalmente en
muchos aspectos.
Precisamente ¿qué cambios se han operado en la
situación internacional? ¿Qué ha cambiado pues en la situación exterior e
interior de nuestro país?
Para los países capitalistas, este período ha sido
un período de graves perturbaciones, tanto en el
terreno económico como en el político. En el
terreno
económico, estos años han sido años de depresión;
luego, a partir de la segunda mitad de 1937, años
de
una nueva crisis económica, de una nueva caída de
la
industria en
los Estados Unidos
de América, en
Inglaterra,
en Francia, por
consiguiente, años de
nuevas complicaciones económicas. En el terreno
político, estos años se han caracterizado por
serios
conflictos y perturbaciones políticas. Hace más de
un
año que se
ha desencadenado la
nueva guerra
imperialista en un inmenso territorio, que va desde
Shamghai a Gibraltar, englobando a más de 500
millones de hombres. El mapa de Europa, de África y
de Asia está siendo cambiado por medios violentos.
Todo el sistema llamado régimen de paz, establecido
en la post-guerra, se ha visto remecido desde sus
cimientos.
Para la Unión Soviética, por el contrario, han sido
años de crecimiento y de prosperidad, años de un
nuevo avance
económico y cultural, años de un
nuevo incremento de su potencial político y
militar,
304 El XVIII Congreso del PC(b) de la URSS se
celebró en
Moscú del 10 al 21 de marzo de 1939. En el informe
acerca de la
actividad del Comité Central del Partido, J. V.
Stalin hizo un
análisis
de las etapas
del desarrollo del estado
socialista y
advirtió la necesidad de fortalecer el Estado
socialista soviético.
El
cumplimiento de las
decisiones del XVIII Congreso
del
Partido desempeñó un gran papel en la preparación
del país para
la defensa activa, así como para derrotar a la
Alemania hitleriana
y el Japón imperialista.
años de lucha por el mantenimiento de la paz en
todo el mundo.
Este es el cuadro general.
Examinemos los datos concretos relativos a los
cambios acontecidos en la situación internacional.
1. ueva crisis
económica en los
países capitalistas.
Agravación de la
lucha por los mercados, por las fuentes de materias
primas, por un a nueva repartición del mundo.
La crisis económica, que había comenzado en los
países capitalistas en la segunda mitad de 1929,
duró
hasta finales de 1933. Luego esta crisis se
transformó
en depresión, después comenzó una cierta animación,
un
cierto desarrollo en
la industria. Pero
esta
animación industrial no se transformó en
prosperidad
como
ocurre corrientemente en
períodos de
reactivación. Por el contrario, la segunda mitad de
1937
marcó el comienzo
de una nueva
crisis
económica, que abarcó en primer lugar a los Estados
Unidos de América, después a Inglaterra, Francia y
a
otra serie de países.
De esta manera, sin haberse recuperado de los
golpes de la reciente crisis económica, los países capitalistas se
encontraron ante una
nueva crisis económica.
Esta circunstancia, naturalmente, ha conducido a
un aumento del paro forzoso. El número de parados
en los países capitalistas, que había disminuido de
30
millones en 1933 a 14 millones en 1937, ahora, con
la nueva crisis, ha ascendido de nuevo a 18
millones.
La particularidad de la nueva crisis es que difiere
mucho de la crisis precedente, y ello no para bien, sino para mal.
Primero, la nueva crisis no ha comenzado después de
un período de prosperidad industrial, como fue el caso de 1929, sino después de
una depresión seguida de una cierta reactivación que sin embargo no se
transformó en prosperidad.
Esto significa que la
crisis actual será más grave, y que será más difícil de combatirla que la
crisis precedente.
Además,
la crisis actual
no ha estallado
en
tiempos de paz, sino en un período en que la
segunda
guerra
imperialista ya ha
comenzado; cuando el
Japón, que desde hace dos años está en guerra con
China, desorganiza el inmenso mercado chino y lo
Informe presentado al XVIII Congreso del Partido
acerca de la actividad del CC del PC(b)… 283
hace casi inaccesible a las mercancías de los otros Italia 80,0 93,8 87,5
99,6 96,0
países; cuando Italia y Alemania han puesto sus
respectivas economías nacionales sobre los rieles de la economía de guerra,
volcando a este fin todas sus reservas de materias primas y de divisas oro;
cuando todas las demás
grandes potencias capitalistas comienzan a
reorganizarse para la
guerra. Esto significa que para
salir normalmente de la crisis actual, el capitalismo dispondrá de muchas menos
reservas que en la crisis precedente.
Por último, a diferencia de la crisis precedente,
la
crisis actual no es general; de momento, golpea
sobre
todo a los países fuertes desde el punto de vista
económico, que todavía no se han metido en el
camino
de la economía
de guerra. En
lo que
concierne a los países agresores tales como el
Japón,
Alemania e Italia, cuya economía ya está en pie de
guerra, estos países, por el mismo hecho de que
intensifican
su industria de
guerra, todavía no
conocen la crisis de superproducción a la que sin
embargo se aproximan. Esto significa que, cuando
los países económicamente fuertes y no agresores
comiencen a salir de la crisis, los países
agresores,
habiendo agotado en su fiebre guerrera sus reservas
de oro y de materias primas, entrarán en un período
de crisis atroz.
Esto es netamente ilustrado por los datos relativos
al estado de las reservas de oro registradas en los países capitalistas.
Reservas
de oro registradas
en los países capitalistas (en millones de dólares
oro viejos)
Fines de 1936
Septiembre de 1938
Total de reservas 12.980
14.301
Estados Unidos 6.649
8.126
Inglaterra 2.029
2.396
Francia 1.769
1.435
Holanda 289
595
Bélgica 373
318
Suiza 387
407
Alemania 16
17
Italia 123
124
El Japón 273
97
Este cuadro demuestra que las reservas de oro de
Alemania, de Italia y del Japón, tomadas en conjunto, son inferiores a las
reservas de solo Suiza.
He aquí algunas cifras que ilustran el estado de la
crisis de la industria en los países capitalistas durante los cinco últimos
años, así como el desarrollo de la industria en la URSS
Volumen de la producción industrial en tantos por
100
respecto a 1929 (1929 = 100)
1934 1935
1936 1937 1938
EE.UU. 66,4
75,6 88,1 92,2 72,0
Inglaterra 98,8
105,8 115,9123,7112,0
Francia 71,0
67,4 79,3 82,8 70,0
Alemania 79,8
94,0 106,3117,2125,0
El Japón. 128,7
141,8 151,1170,8165,0
URSS 238,3
293,4 382,3424,0477,0
Este cuadro demuestra que la Unión Soviética es el
único país del mundo que ignora las crisis y en el que la industria progresa
constantemente.
Este cuadro demuestra también que en los Estados
Unidos, en Inglaterra y en Francia, ya ha comenzado y se desarrolla una grave
crisis económica.
Este cuadro demuestra igualmente que en Italia y
en el
Japón, que habían
colocado su economía nacional en los rieles de la
economía de guerra antes que Alemania, ha comenzado desde 1938 un período de
regresión industrial.
Este
cuadro demuestra finalmente
que en la
industria de Alemania, país que ha reorganizado su
economía para la guerra después de Italia y el
Japón,
hay todavía un cierto progreso, es cierto que poco
sensible, pero de todos modos un progreso como se
podía observar hasta estos últimos tiempos en el
Japón e Italia.
Sin
ninguna duda, a
menos que ocurra
algo
imprevisto,
la industria de
Alemania tomará el
camino de la regresión que siguen ya el Japón e
Italia. En efecto, ¿qué significa encauzar la
economía
de un país por el camino de la economía de guerra?
Significa orientar la industria en un sentido
único,
hacia
la guerra; significa
ampliar por todos
los
medios la producción de los objetos necesarios para
la guerra, producción que no está ligada al consumo
de la población;
significa reducir al
extremo la
producción
y sobre todo
el abastecimiento del
mercado con artículos de consumo; significa, por
consiguiente, restringir el consumo de la población
y
poner el país frente a una crisis económica.
Tal es el cuadro concreto del movimiento de la
nueva crisis económica en los países capitalistas.
Se sobreentiende que el giro desfavorable tomado
por los asuntos
económicos no podía
dejar de
acarrear una agravación de las relaciones entre las
potencias. Ya la crisis precedente había revuelto,
todas las cartas y llevado a una agravación de la
lucha por los mercados, por las fuentes de materias
primas. La conquista de Manchuria y del Norte de
China por el Japón, la conquista de Abisinia por
Italia, son otros tantos hechos que demuestran la
agudeza de la lucha entre las potencias. La nueva
crisis económica debía conducir y en efecto condujo
a una nueva
agravación de la
lucha entre
imperialistas.
Esta vez ya
no se trata
ni de la
competencia
por los mercados,
ni de la
guerra
comercial, ni del dumping. Desde hace tiempo, estos
medios de lucha, han sido considerados
insuficientes.
Ahora se trata de repartir el mundo, las zonas de
influencia, las colonias, recurriendo a la guerra.
Para justificar sus actos de agresión, el Japón
284
pretendía que, cuando se suscribió el acuerdo de
las
nueve potencias, no se le había dado lo que le
correspondía, ni se le había permitido, extender su
territorio
a expensas de
China, mientras que
Inglaterra y Francia poseían inmensas colonias.
Italia
se acordó de que había salido perdiendo cuando se
procedió el reparto del botín después de la primera
guerra
imperialista, y de
que debía buscar
una
compensación a expensas de las zonas de influencia
de
Inglaterra y Francia.
Alemania, gravemente
dañada por la primera guerra imperialista y el
tratado
de Versalles, se juntó al Japón e Italia y exigió
la
extensión de su territorio en Europa, la
restitución de
colonias que le habían quitado los vencedores de la
primera guerra imperialista.
Así se fue formando el bloque de los tres Estados
agresores.
La cuestión de un nuevo reparto del mundo por medio
de la guerra se inscribió en el orden del día.
2. Agravación de
la situación política internacional, bancarrota
del sistema de
los tratados de paz de la post-guerra, inicio de una nueva guerra imperialista
He aquí los acontecimientos más importantes del
período mencionado, que han marcado el comienzo
de la nueva guerra imperialista. En 1935, Italia
atacó
Abisinia y la invadió. Durante el verano de 1936,
Alemania
e Italia emprendieron
en España una
intervención militar, en el curso de la cual
Alemania
se estableció en el norte de España y en el
Marruecos
español, e Italia en el Sur de España y en las
islas
Baleares. En 1937, después de ocupar Mamchuria, el
Japón invadió el centro y el norte de China, ocupó
Pekín,
Tientsin, Shanghai; expulsó
de la zona
ocupada
a sus competidores extranjeros. A
comienzos de 1938, Alemania se anexó Austria, y en
el
otoño de 1938, la
región de los
Sudetes de
Checoslovaquia.
A fines de 1938,
el Japón se
apoderó de Cantón y, a inicios de 1939, de la isla
de
Hainán.
De este modo la guerra, que imperceptiblemente se
había deslizado hacia los pueblos, englobó en su órbita a más de 500 millones
de hombres y extendió la esfera de su acción sobre un inmenso territorio, desde
Tientsín, Shanghai, y Cantón hasta Gibraltar, pasando por Abisinia.
Después de la primera guerra imperialista, los
Estados
vencedores, principalmente Inglaterra,
Francia y los Estados Unidos, crearon un nuevo
régimen de relaciones entre los países, el régimen
de
paz de la post-guerra. Este régimen tenía por bases
principales, en el Extremo Oriente, el acuerdo de
las
nueve
potencias305 y, en
Europa, el tratado
de
305 El tratado de las nueve potencias - tratado
suscrito el 6 de
febrero de 1922 por los gobiernos de los Estados
Unidos, Gran
Bretaña, Francia, el Japón, Italia, Bélgica,
Holanda, Portugal y
China en la Conferencia de Washington de 1921-1922.
Este fue
J. V. Stalin
Versalles306 y toda otra serie de tratados. La
Sociedad
de las Naciones
estaba llamada a
arreglar las
relaciones
entre los países
en el marco
de este
régimen, sobre la base de un frente único de
Estados,
sobre la base de la defensa colectiva de la
seguridad
de los Estados.
Sin embargo, los
tres Estados
agresores
y la nueva
guerra imperialista
desencadenada por ellos transtocaron de abajo
arriba
todo este sistema del régimen de paz de la post-
guerra. El Japón hizo pedazos el acuerdo de las
nueve potencias; Alemania e Italia, el tratado de
Versalles. A fin de desatarse las manos, estos tres
Estados se retiraron de la Sociedad de las
Naciones.
La nueva guerra imperialista se convirtió en un
hecho.
Pero no es tan fácil, en nuestra época, romper de
un solo golpe los grillos y lanzarse directamente a
la
guerra, sin tener en cuenta toda suerte de
tratados, sin
contar con la opinión pública. Los hombres
políticos
burgueses lo saben bien. Los cabecillas fascistas
también lo saben. Por eso, antes de lanzarse a la
guerra, decidieron trabajar de un cierto modo a la
opinión
pública, es decir,
inducirla al error,
engañarla.
¿Un bloque militar de Alemania e Italia contra los
intereses de Inglaterra y Francia en Europa? ¡Pero caramba, esto
no es un
bloque! «Nosotros» no
tenemos ningún bloque
militar. «Nosotros» no tenemos
más que un inocente «eje Berlín-Roma», es decir una cierta fórmula geométrica
del eje.
¿Un bloque militar de Alemania, Italia y el Japón
contra los intereses de los Estados Unidos,
Inglaterra
y Francia en el Extremo Oriente? ¡Jamás en la vida!
«Nosotros»
no tenemos ningún
bloque militar.
un tratado entre saqueadores imperialistas para la
explotación de China y que en particular iba en beneficio de los imperialistas
estadounidenses.
La Conferencia de Washington (1921-1922,) que se
celebró
después de la Primera Guerra Mundial, y en la que
participaron
una serie de países capitalistas, con el fin de
repartirse las
posesiones coloniales y las esferas de influencia
en el Medio
Oriente
y en el
Océano Pacífico estaba dirigida
contra los
intereses del Estado soviético, de China y contra
el movimiento
nacional de liberación de los pueblos de colonias y
dependientes.
La Conferencia fue convocada por iniciativa de los
Estados
Unidos y duró desde el 12 de noviembre de 1921
hasta el 6 de
febrero de 1922.
306 El Tratado de Paz de Versalles del año 1919 -
Tratado con el cual se puso fin a la Primera Guerra Mundial de 1914-1918. El
Tratado fue firmado el 28 de junio de 1919, por una parte, por los Estados
Unidos, el Imperio Británico, Francia, Italia, el Japón y por otros 22 Estados
que se unieron a ellos, y por la otra parte, por la Alemania derrotada.
El tratado de Paz de Versalles, este «tratado de
rapaces y saqueadores» como lo ha
denominado Lenin, era el reflejo de todas las contradicciones que sacudían al
sistema capitalista y fomentó su posterior agudización. La solución de los
problemas pendientes se hacía en base a transacciones a expensas de los
intereses vitales de muchos pueblos.
La política de compromisos secretos con los
agresores fascistas, de los Estados Unidos, Inglaterra y Francia, contribuyó a
la bancarrota del Tratado de Paz de Versalles y al estallido de la Segunda
Guerra Mundial (1939-1945).
Informe presentado al XVIII Congreso del Partido
acerca de la actividad del CC del PC(b)… 285
«Nosotros»
lo más que
tenemos es un
inocente «triángulo Berlín-Roma-Tokio», es decir, un simple capricho
para la geometría.
¿Una guerra contra los intereses de Inglaterra,
Francia y los Estados Unidos? ¡Patrañas! «Nosotros» hacemos la guerra al
Komintern, y no a esos Estados. Si no nos creen, lean el «pacto
antikomintern»307 concluido entre Italia, Alemania y el Japón.
Es así como
los señores agresores
pensaban trabajar a la opinión pública, aunque no fue difícil ver que
toda esta torpe comedia de camuflaje estaba cosida con hilo blanco. Puesto que
sería ridículo buscar los «focos» del Komintern en los desiertos de Mongolia,
en las montañas de Abisinia y en las matas del Marruecos español.
Pero la guerra es inexorable. No hay velos que
puedan
disimularla. Porque no
hay «ejes»,
«triángulos» y «pactos antikomintern» capaces de
enmascarar el hecho de que, durante este tiempo, el
Japón ha conquistado un inmenso territorio en
China;
Italia - Abisinia; Alemania - Austria y la región
de
los Sudetes; Alemania Italia juntas - España. Todo
ello contra los intereses de los Estados no
agresores.
La
guerra es guerra;
el bloque militar
de los
agresores, un bloque militar, y los agresores no
dejan
de ser agresores.
Lo característico de la nueva guerra imperialista
es que aún
no se ha convertido en
una guerra
universal,
en una guerra
mundial. Los Estados
agresores hacen la guerra lesionando de todas las
formas los intereses de los Estados no agresores y,
en
primer lugar, los de Inglaterra, Francia y los
Estados
Unidos de América, que retroceden y se repliegan
haciendo a los agresores concesión tras concesión.
Así, asistimos a una repartición declarada del
mundo y de las zonas de influencia en detrimento de los intereses de los
Estados no agresores, sin ninguna tentativa de resistencia, e incluso con una
cierta complacencia por su parte.
Esto es increíble, pero es un hecho.
¿Cómo explicar este carácter unilateral y extraño
de la nueva guerra imperialista?
¿Cómo ha podido suceder que los Estados no
307 «El
Pacto anti-komintern» - Pacto
concluido el 25 de
noviembre de 1936 en Berlín entre Alemania y el
Japón. Con
este Pacto tomó cuerpo el bloque de estos estados
fascistas, que
luchaban por establecer su hegemonía en el mundo,
contra la
libertad
e independencia de
los pueblos, contra
las fuerzas
progresistas y la democracia. El 6 de noviembre de
1937 Italia se
unió al "Pacto anti-komintern»: así fue
concluida la alianza
política y militar entre Alemania, Italia y el
Japón. Este bloque
compuesto por los tres estados imperialistas
agresivos de aquel
tiempo, fue fundado con el apoyo activo y la ayuda
directa de los
círculos dominantes de Inglaterra, Francia y de los
Estados
Unidos que mantenían una política de incitación a
la agresión
contra la URSS
La victoria lograda por los pueblos amantes de la
paz, sobre la Alemania fascista y el Japón imperialista, destruyó los planes de
los saqueadores, de los instigadores imperialistas del «Pacto anti-
komintern», de los inspiradores y los que les
apoyaban de los círculos dominantes de las potencias occidentales.
agresores
que disponen de
vastas posibilidades, hayan renunciado
con esta facilidad y sin resistencia a sus posiciones y a sus compromisos para
satisfacer a los agresores?
¿La razón estará en la debilidad de los Estados no
agresores? ¡Evidentemente que
no! Los Estados
democráticos, no agresores, tomados en conjunto,
son incontestablemente más fuertes que los Estados
fascistas tanto desde el punto de vista económico
como del militar.
¿Cómo
explicar entonces las
concesiones que estos Estados
hacen sistemáticamente a
los agresores?
Se podría explicar la cosa, por ejemplo, por el
temor a
la revolución, que
puede estallar si los
Estados no agresores entran en guerra, y si la
guerra
se convierte en mundial. Los políticos burgueses,
naturalmente,
saben que la
primera guerra
imperialista
mundial condujo a
la victoria de la
revolución en uno de los países más grandes. Temen
que la segunda guerra imperialista mundial conduzca
también a la victoria de la revolución en uno o
varios
países.
Pero de momento, este no es el único motivo, ni
tampoco el motivo principal. El principal motivo, es que la mayoría de los
países no agresores y, en primer lugar, Inglaterra y Francia, han renunciado a
la política de seguridad colectiva, a la política de resistencia colectiva a
los agresores; es que estos países se
han pasado a las posiciones de la no intervención, de la «neutralidad».
Formalmente se podría caracterizar la política de
no intervención de la siguiente manera: «Que cada
país se defienda contra los agresores, como quiera
y
como
pueda, esto no
nos interesa; nosotros
comerciaremos tanto con los agresores como con sus
víctimas».
Pero, en realidad,
la política de no
intervención significa
alentar la agresión,
desencadenar la guerra,
y, por consiguiente,
transformarla en guerra mundial. La política de no
intervención
revela la voluntad,
el deseo de no
estorbar a los agresores en su sucio trabajo, de no
impedir, por ejemplo, que el Japón se trabe en una
guerra
con China y
mejor aún con
la Unión
Soviética; de no impedir, por ejemplo, que Alemania
o se inmiscuya en los asuntos europeos, se meta en
una guerra con la Unión Soviética; de dejar que los
países beligerantes se suman profundamente en el
lodazal de la guerra; de incitarles bajo mano; de
dejarlos
debilitarse y agotarse
mutuamente. Y
después, cuando estén suficientemente debilitados,
de
entrar en escena
con las fuerzas
frescas, de
intervenir, naturalmente «en interés de la paz», y
de
dictar
sus condiciones a
los países beligerantes
debilitados.
¡Esto es imposible!
Tomemos,
por ejemplo, el
Japón. Cosa
característica: antes de que invadiese el norte de
286
China,
todos los periódicos
franceses e ingleses
influyentes proclamaban ruidosamente que China era
débil, incapaz de resistir; que el Japón podría,
con su
ejército, subyugar a China en dos o tres meses.
Luego, los políticos de Europa y Norteamérica se
pusieron a esperar, a observar. Cuando más tarde el
Japón hubo desarrollado sus operaciones militares,
se
le cedió Shanghai, el corazón del capital
extranjero
en China. Se le cedió Cantón, centro de la
influencia
exclusiva de Inglaterra en China Meridional, se le
cedió Hainán; se le dejó cercar Hong-Kong. ¿No es
verdad
que todo esto
semeja a un
estímulo del
agresor?
Dicho de otro
modo, es como
decirle:
penetra más a fondo en la guerra, y después ya se
verá.
O bien tomemos Alemania. Se le cedió Austria no
obstante
el compromiso de
defender su
independencia; se le cedió la región de los
Sudetes;
se abandonó a su suerte a Checoslovaquia violando
todos los compromisos asumidos respecto a ella.
Luego, se pusieron a mentir ruidosamente ,en la
prensa acerca de la «debilidad del ejército ruso»,
de
la «descomposición de la aviación rusa», de los
«desórdenes» en la Unión Soviética, incitando a los
alemanes a adentrarse más al Este, prometiéndoles
una presa fácil y diciéndoles: Comiencen sólo la
guerra con los bolcheviques, que en cuanto al resto
todo irá bien. Debe reconocerse que esto también
semeja
mucho a una
incitación, a un
aliento al
agresor.
Es característico el ruido que la prensa anglo-
francesa y norteamericana ha hecho acerca de la
Ucrania Soviética. Los representantes de esta
prensa
han
gritado hasta enronquecer
que los alemanes
marchaban sobre la Ucrania Soviética, que tenían
entre manos lo que ellos llaman la Ucrania
Carpática
con una población de casi 700.000 habitantes; que a
más tardar en la primavera de este año, unirán la
Ucrania
Soviética, que cuenta
con más de 30
millones de habitantes, con la que llaman Ucrania
Carpática. Parece ser que este sospechoso ruido se
ha
hecho con el objetivo de exitar el furor de la
Unión
Soviética contra Alemania, envenenar la atmósfera y
provocar
un conflicto con
Alemania, sin razón
aparente.
Ciertamente, es muy posible que en Alemania
haya locos que sueñen con juntar el elefante, es
decir
la Ucrania Soviética con el mosquito, es decir, con
la
que ellos llaman Ucrania Carpática. Y si realmente
allí hay tales desequilibrados, se puede estar
seguro
de que en nuestro país se encontrarán camisas de
fuerza en cantidad suficiente para estos alineados.
Pero si se deja de lado a los alineados y se trata
con
la gente normal, ¿no está claro que sería ridículo
y
estúpido hablar seriamente de la unión de la
Ucrania
Soviética con lo que se llama Ucrania Carpática?
Imagínense. El mosquito se coloca frente al
elefante,
y con los puños sobre las caderas, le dice: «¡Ah!,
mi
J. V. Stalin
querido hermano, cuánto lo siento por ti... Tú te
encuentras sin terratenientes, sin
capitalistas, sin opresión
nacional, sin jerarcas fascistas, esto no es vida... Te miro, y no puedo dejar
de decirte: tu única salvación está en unirte a mí... Entonces, manos a la
obra: Te permito unir tu pequeño territorio con mi inmenso territorio...»
Un
hecho todavía más
característico: ciertos
políticos y representantes de la prensa de Europa y
de
los Estados Unidos, habiendo perdido la paciencia
esperando la «campaña contra la Ucrania Soviética»,
comienzan
a descubrir ellos
mismos los entre
bastidores de la política de no intervención.
Hablan
abiertamente y escriben en negro sobre blanco que
los alemanes les han «engañado» cruelmente, porque,
en vez de ir más lejos hacia el Este, contra la
Unión
Soviética, se han vuelto fíjense, hacia el Oeste y
reclaman
colonias. Se podría
pensar que se ha
entregado
a los alemanes
las regiones de
Checoslovaquia
como precio del
compromiso de
comenzar la guerra contra la Unión Soviética; que
los
alemanes rehúsan ahora pagar la letra de cambio, y
mandan a paseo a los suscritores.
Estoy lejos de querer moralizar sobre la política
de no intervención, de hablar de traición, de felonía, etc. Sería
pueril hacer moral
a gentes que no
reconocen la moral humana. La política es la política, como dicen
los viejos y
expertos diplomáticos burgueses.
Sin embargo, es necesario remarcar que el grande y peligroso juego político,
comenzado por los partidarios de la política de no intervención, podría
terminar para ellos en un grave fracaso.
Este es el verdadero panorama de la política de no
intervención que impera hoy.
Esto
es la situación
política en los
países capitalistas.
3. La Unión Soviética y los países capitalistas
La guerra ha creado una nueva situación en las
relaciones
entre países. Ha
hecho reinar una
atmósfera de alarma y de incertidumbre. Después de
haber remecido los cimientos del régimen de paz de
la
post-guerra y echar
abajo las nociones
más
elementales del derecho internacional, la guerra ha
puesto en tela de juicio el valor de los tratados y
de
los compromisos internacionales. El pacifismo y los
proyectos
de desarme han
sido enterrados, y
substituidos por la fiebre de los armamentos. Todos
han
comenzado a armarse,
tanto los pequeños
Estados como los grandes, incluidos ante todo los
que practican la política de no intervención. Ya
nadie
cree en los discursos untosos pretendiendo que los
concesiones muniguesas a los agresores y el acuerdo
de Munich308 habrían inaugurado una nueva era de
308 El Tratado de Munich - Tratado firmado en
septiembre de
1938 por el primer ministro de Inglaterra N.
Chamberlain, el
Primer ministro de Francia, E. Daladie, el dictador
fascista de
Alemania,
A. Hitler y
por el dictador
fascista de Italia
B.
Informe presentado al XVIII Congreso del Partido
acerca de la actividad del CC del PC(b)… 287
«apaciguamiento». Ni siquiera los participantes en
el comprensible:
acuerdo de Munich, Inglaterra y Francia, les creen;
y estos al igual que los demás están reforzando sus armamentos.
Se comprende que la URSS no podría cruzarse de
brazos frente a estos acontecimientos preñados de
amenazas. Es cierto que una guerra, incluso poco
extendida, comenzada por los agresores en cualquier
punto perdido del globo, representa un peligro para
los países amantes de la paz. Tanto más serio es el
peligro que representa la nueva guerra
imperialista,
que ya ha arrastrado a su órbita a más de
quinientos
millones de hombres de Asia, África y Europa. Por
eso, nuestro país, practicando con perseverancia la
política de mantener la paz, ha desarrollado una
intensa actividad a fin de acrecentar la capacidad
combativa de nuestro Ejército Rojo y de nuestra
Marina Roja.
Al mismo tiempo, la Unión Soviética ha tomado
algunas
medidas para consolidar
sus posiciones
internacionales. Hacia finales de 1934, nuestro
país
ha entrado en la Sociedad de las Naciones,
estimando
que
ella podría servir
también, no obstante
su
debilidad,
de tribuna para
desenmascarar a los
agresores; que ella podría servir, asimismo aunque
débilmente, de instrumento de paz y para frenar el
estallido de la guerra.
La Unión Soviética estima que en un tiempo tan
agitado, incluso una organización internacional tan
débil como la Sociedad de las Naciones no es de
desdeñar. En mayo de 1935, entre Francia y la Unión
Soviética se firmó un pacto de asistencia mutua
contra una eventual agresión. Al mismo tiempo un
pacto análogo fue concluido con Checoslovaquia. En
marzo de 1936, la Unión Soviética firmó un pacto de
asistencia
mutua con la
República Popular de
Mongolia. En agosto de 1937, fue subscrito un pacto
de no agresión
entre la Unión
Soviética y la
República de China.
En estas difíciles condiciones internacionales la
Unión Soviética ha practicado su política exterior, en defensa de la causa de
la paz.
La política exterior de la Unión Soviética es
clara,
Musolini. Este Tratado dio forma a la transacción
preparada, ya hacía tiempo, para
el desmembramiento de
Checoslovaquia. Detrás de los círculos dominantes de Inglaterra Y de
Francia estaban los círculos monopolistas de los Estados Unidos. El Tratado de
Munich fue el punto crítico de la política de «no intervención» con sus planes
para la creación de un único frente imperialista contra la URSS.
El Tratado de Munich apresuró el estallido de la
Segunda Guerra
Mundial en los años 1939-1945 entre los principales
estados
capitalistas.
A pesar de
los esfuerzos de
las potencias
occidentales para lanzar a la Alemania hitleriana
contra la Unión
Soviética; Alemania entró en la guerra con el fin
de dominar el
mundo y primero lanzó sus fuerzas contra el bloque
anglo-
franco-norteamericano. Cuando la Alemania fascista
atacó a la
Unión Soviética, el bloque
anglo-franco-norteamericano se vió
obligado a formar una coalición con la URSS en
contra de la
Alemania fascista.
1. Estamos por la paz y la consolidación de
nuestras relaciones comerciales con todos los países; nos atenemos
y seguiremos ateniéndonos
a esta posición durante todo el
tiempo que esos países observen la misma actitud hacia la Unión Soviética,
durante todo el tiempo que no busquen atentar contra los intereses de nuestro
país.
2. Estamos por las relaciones pacíficas estrechas y
de buena vecindad con todos los países vecinos, que
tienen
una frontera común
con la URSS;
nos
atenemos y seguiremos ateniéndonos a esta posición
durante todo el tiempo que esos países observen la
misma actitud hacia la Unión Soviética, durante
todo
el
tiempo que no
busquen atentar, directa
o
indirectamente,
contra la integridad y
la
inviolabilidad de las fronteras del Estado
Soviético.
3. Estamos por el sostén de los pueblos víctimas de
una agresión y que luchan por la independencia de su patria.
4. No tememos las amenazas de los agresores y
estamos dispuestos a responder con un doble golpe al golpe de los
desencadenadores de la guerra que intentan violar las fronteras soviéticas.
Tal es la política exterior de la Unión Soviética.
En su
política exterior, la Unión Soviética se
apoya:
1. En su creciente potencial económico, político y
cultural;
2. en la
unidad política y
moral de nuestra sociedad soviética;
3. en la amistad que une a los pueblos de nuestro
país;
4. en su Ejército Rojo y su Marina Roja;
5. en su política de paz;
6. en el apoyo moral de los trabajadores del
mundo entero, que
tienen un interés
vital en el mantenimiento de la paz;
7. en la
cordura de los
países que no
están
interesados, por una u otra razón, en que se viole
la
paz.
* * *
Las
tareas del Partido
en materia de
política exterior son:
1. Continuar siempre la política de paz y de
consolidación de las
relaciones comerciales con todos los países;
2.
mostrarse prudente y
no permitir a
los provocadores de la guerra, acostumbrados a sacar las castañas del
fuego con las manos de otros, arrastrar a nuestro país a este conflicto;
3. aumentar por todos los medios la potencia
combativa de nuestro Ejército Rojo y de nuestra Marina Roja;
4. estrechar los lazos internacionales de amistad
con los trabajadores de todos los países,
interesados
en la salvaguardia de la paz y de la amistad entre
los
pueblos.
288
III. El reforzamiento continuo del PC(b) de la URSS
Desde el punto de vista de la línea política y del
trabajo práctico cotidiano, el período que tratamos marca la victoria completa
de la línea general de nuestro Partido.
La afirmación del sistema socialista en toda la
economía
nacional, la conclusión de
la
reconstrucción de la industria y de la agricultura
sobre la base de una técnica nueva, la realización
antes del plazo del segundo plan quinquenal en la
industria, el incremento de la producción anual de
cereales
hasta los 7 mil
millones de libras,
la
supresión de la miseria y del paro forzoso, así
como
el mejoramiento de la situación material y cultural
del pueblo: tales son las principales realizaciones
que
ilustran la justa política de nuestro Partido, su
justa
dirección.
Frente
a estas grandiosas
realizaciones, los
adversarios de la línea general de nuestro Partido,
todas esas corrientes de «izquierda» y de
«derecha»,
todos
esos degenerados trotskista-piataikovistas y
bujarino-rikovistas, se
han visto obligados
a
encogerse, a ocultar sus trilladas «plataformas» y
a
pasar a la acción clandestina. No teniendo el
coraje
de someterse a la voluntad del pueblo, han
preferido
fusionarse
con los mencheviques, los
social-
revolucionarios, los fascistas, ponerse a sueldo de
los
servicios de espionaje extranjeros, hacerse
contratar
como
espías y asumir
la tarea de
ayudar a los
enemigos
de la Unión
Soviética a desmembrar
nuestro país, y restablecer la esclavitud
capitalista.
Tal es el fin sin gloria de los adversarios de la
línea de
nuestro Partido, que
se han convertido después en enemigos del pueblo.
Habiendo aplastado a los enemigos del pueblo,
habiendo expulsado de las organizaciones del
Partido
y de las instituciones soviéticas a los elementos
degenerados, el Partido se ha unido todavía más en
su trabajo político y de organización; ha cerrado
más
estrechamente sus filas en torno a su Comité
Central.
Examinemos
los datos concretos
relativos al desarrollo de la
vida interna del Partido, a su trabajo de organización y de propaganda durante
el período que tratamos.
1. Medidas tomadas
para mejorar la
composición
del partido. División
de las
organizaciones demasiado grandes. Aproximación
de los organismos dirigentes al trabajo de la base.
El reforzamiento del Partido y de sus organismos
dirigentes, en el curso del período que analizamos,
ha
seguido dos líneas principales: la línea tendente a
arreglar la composición del Partido, a eliminar a
los
miembros pocos seguros y a escoger los mejores, y
la
línea
consistente en dividir
las organizaciones
demasiado grandes, en reducir las proporciones y en
J. V. Stalin
aproximar los organismos dirigentes al trabajo de
la base, al trabajo práctico, concreto.
En el XVII Congreso estuvieron representados
1.874.488 miembros del Partido. Si se compara esta
cifra
con la de
los miembros del
Partido
representados en el XVI Congreso, resulta que, en
el
período
comprendido entre el
XVI y el
XVII
Congreso, ingresaron en el Partido 600.000 nuevos
miembros. El Partido no podía dejar de advertir que
una
afluencia tan grande
de adherentes en las
condiciones de 1930 a 1933, era un crecimiento
malsano e indeseable de sus efectivos. El Partido
sabía que en sus filas entraban no sólo hombres
honestos
y abnegados, sino
también elementos
venidos por casualidad, y también carreristas que
querían utilizar la bandera del Partido con un fin
personal. El Partido no podía dejar de saber que es
fuerte no sólo por el número, sino ante todo por la
calidad de sus adherentes. Por lo tanto, la
cuestión
que se plantea
es, arreglar la
composición del
Partido.
Se decide continuar
la depuración del
Partido, -miembros y candidatos- iniciada en 1933,
y
fue prolongada efectivamente hasta el mes de mayo
de 1935. Se decide después suspender la admisión de
nuevos miembros, en el Partido, y de hecho fue
suspendida hasta septiembre de 1936; la admisión de
nuevos
miembros fue reanudada
sólo el 1º de
noviembre de 1936. Después del cobarde asesinato
del camarada Kirov, testimonio de que en el Partido
había un buen número de elementos sospechosos, se
decidió proceder a la verificación y al canje de
documentos
del Partido; estas
dos tareas fueron
concluidas sólo en septiembre de 1936. Es solamente
entonces cuando se reanuda la adhesión de nuevos
miembros
y de candidatos.
Estas medidas han
permitido
al Partido expulsar
de sus filas
a los
elementos venidos por casualidad, a los elementos
pasivos, carreristas y abiertamente hostiles,
conservar
a los miembros más seguros, más abnegados. No se
puede decir que la depuración haya sido efectuada
sin graves errores. Desgraciadamente, fueron más
numerosos de lo que habría podido suponerse. No
hay duda de que ya no tendremos la necesidad de
emplear el método de la depuración masiva. Pero la
depuración
de 1933-1936 era inevitable;
y en
general, ha dado resultados positivos. En este
XVIII
Congreso están representados alrededor de 1.600.000
miembros
del Partido, o sea
270.000 miembros
menos que en el XVII Congreso. Pero en esto no hay
nada de malo. Al contrario, esto es bueno, porque
el
Partido se refuerza depurándose de la basura.
Nuestro
Partido es ahora un poco menos numeroso, pero en
cambio es mejor por la calidad de sus efectivos.
Se trata de un gran éxito.
En lo que
concierne al mejoramiento
de la
dirección cotidiana asegurada por el Partido, en el
sentido de una aproximación al trabajo de la base,
en
el sentido de una concretización ulterior, el
Partido
Informe presentado al XVIII Congreso del Partido
acerca de la actividad del CC del PC(b)… 289
ha
llegado a esta
conclusión de que
dividir las
organizaciones
demasiado grandes, reducir
sus
proporciones, era el mejor medio de ayudar a los
organismos del Partido a dirigir esas
organizaciones
y hacer la
propia dirección concreta,
dinámica,
rápida. Se ha dividido también tanto los
comisariados
del
pueblo como los
organismos administrativos
territoriales, es decir las Repúblicas federadas,
los
territorios,
las regiones, las
zonas, etc. Como
consecuencia de las medidas tomadas, en lugar de 7
Repúblicas federadas actualmente contamos con 11;
en vez de 14 Comisariados del Pueblo de la URSS,
34; en lugar de 70 territorios y regiones, 110; en
vez
de 2.559 zonas urbanas y rurales, 3.815. Así, en el
sistema de los organismos dirigentes del Partido,
tenemos ahora 11 Comités Centrales con el CC del
PC(b)
de la URSS
a la cabeza, 6
comités de
territorio, 104 comités de región, 30 comités de
distrito, 212 comités de ciudad, 336 comités de
zona
urbana, 3.479
comités de zona
rural y 113.060
organizaciones de base del Partido.
No se podría
decir que la
división de las
organizaciones haya concluido. Es muy probable que
sea continuada. Como quiera que sea, ya ha dado
buenos resultados, tanto desde el punto de vista
del
mejoramiento de la dirección cotidiana del trabajo,
como desde el punto de vista de la aproximación de
la propia dirección al trabajo concreto de la base.
Y
no
hablo del hecho
de que la
división de las
organizaciones
demasiado grandes ha
permitido
promover a centenares y miles de hombres nuevos a
puestos de dirección.
Esto también es un gran éxito.
2. La selección de los cuadros, su promoción, su
distribución
Arreglar la composición del Partido y aproximar
los organismos dirigentes al trabajo concreto de la
base,
no era ni
podía ser el
único medio para
proseguir
el reforzamiento del
Partido y de su
dirección. Otro medio de afirmar el Partido,
durante
el período que analizamos, ha sido el mejoramiento
radical del trabajo con los cuadros: selección de
los
cuadros, promoción, distribución y verificación en
el
curso del trabajo.
Los cuadros del Partido componen el cuerpo de
mando del Partido. Y puesto que nuestro Partido
está
en el poder, estos cuadros forman también el cuerpo
de mando de los organismos dirigentes del Estado.
Después de que ha sido establecida, una línea
política
justa, comprobada en la práctica, los cuadros del
Partido vienen a ser la fuerza decisiva de la
dirección
en el Partido y en el Estado. Tener una línea
política
justa
es evidentemente lo
primero, y lo
más
importante. Pero esto no basta. Una línea política
justa no es hecha para ser simplemente proclamada,
sino también para ser aplicada. Pero, para aplicar
prácticamente una justa línea política, se precisan
cuadros, se precisan hombres que comprendan la
línea política del Partido; que la conciban como su
propia línea y estén dispuestos a aplicarla; que
sepan
llevarla a la práctica y sean capaces de responder
de
ella, de defenderla, de luchar por ella. De otro
modo
la línea política justa corre el riesgo de quedarse
en el
papel.
Aquí se plantea la cuestión de la justa selección
de los cuadros, de su formación, de la promoción de
los hombres nuevos, de la correcta distribución de
los
cuadros y de su verificación después del trabajo
realizado.
¿Qué significa hacer una justa selección de los
cuadros?
Hacer una justa selección de los cuadros, no
significa rodearse de adjuntos, de suplentes, montar una cancillería y lanzar,
desde allí, toda suerte de directrices. Tampoco abusar de tu poder, desplazar
sin motivo ni razón a decenas y centenas de personas, de un lugar a otro y
viceversa, y proceder a las interminables «reorganizaciones».
Hacer
una justa selección
de los cuadros, significa:
Primero, considerar a los cuadros como la reserva
de oro del Partido y del Estado, prestarles gran atención, tenerles estimación.
Segundo,
conocer a los
cuadros, estudiar
minuciosamente las cualidades y los defectos de
cada
uno de los
militantes, saber en
qué puesto tal
militante puede desarrollar mejor sus capacidades.
Tercero,
formar con solicitud
a los cuadros, ayudar a
cada militante en
vías de progreso
a elevarse; no tener miedo de «perder el tiempo» con estos camaradas
para acelerar su preparación.
Cuarto,
promover, sin temor,
y a su
debido tiempo, a los nuevos, a los cuadros jóvenes, no dejarlos
demasiado tiempo en el mismo puesto y no dejar que se enmohezcan.
Quinto, distribuir a los militantes en los
diferentes puestos de manera que cada uno se sienta en su lugar; que cada uno
pueda dar a nuestra causa común el máximo
de lo que
sus cualidades personales
le permiten dar; de manera que la orientación general del trabajo de
distribución de los cuadros responda enteramente a las necesidades de la línea
política, cuya aplicación dicta esta distribución.
Lo que importa aquí, sobre todo, es promover sin
temor y en el momento oportuno a los nuevos, a los
cuadros
jóvenes. Pienso que
nuestros militantes
todavía no tienen enteramente clara esta cuestión.
Unos consideran que en la selección de los hombres
hay que orientarse sobre todo por los cuadros
viejos.
Otros,
por el contrario,
piensan que debemos
orientarnos principalmente por los cuadros jóvenes.
Me parece que los unos y los otros se equivocan.
Los
cuadros viejos representan evidentemente una gran
riqueza para el Partido y el Estado. Ellos poseen
lo
que
los jóvenes no
tienen: una experiencia
290
considerable
en materia de
dirección, una sólida
formación marxista-leninista, el conocimiento de su
trabajo, la fuerza de orientación. Pero, en primer
lugar, cada vez hay menos cuadros viejos, menos de
lo debido, y comienzan en parte a dejar las filas
como consecuencia de las leyes de la naturaleza. En
segundo lugar, una parte de los cuadros viejos se
inclina algunas veces a mirar obstinadamente atrás,
a
permanecer en el pasado, a atenerse a las cosas
viejas
y no a fijarse en lo que hay de nuevo en la vida.
Esto
es la pérdida del sentimiento de lo nuevo. Defecto
muy grave, peligroso. En lo que concierne a los
cuadros
jóvenes, no tienen
evidentemente esta
experiencia, esta sólida formación, este
conocimiento
del trabajo y esta fuerza de orientación que poseen
los cuadros viejos. Pero, primero, los cuadros
jóvenes
forman la inmensa mayoría; segundo, son jóvenes y
por el momento no hay peligro de que dejen las
filas;
tercero, el sentimiento de lo nuevo, valiosa
cualidad
de todo militante
bolchevique, está fuertemente
desarrollado
en los jóvenes;
cuarto, los jóvenes
crecen y se instruyen tan rápido, se elevan con
tanto
ímpetu, que no está lejano el día en que alcanzarán
a
los viejos, se colocarán a su lado y serán un digno
relevo de ellos. Por consiguiente, no se trata de
que
nos orientemos por los cuadros viejos o por los
nuevos, sino que nos dediquemos a combinar, a
fundir los viejos y los nuevos cuadros para formar
una sola orquesta del trabajo dirigente del Partido
y
del Estado.
He aquí porque es necesario llevar sin temor y a su
debido tiempo a los jóvenes cuadros a los puestos de dirección.
Durante
el período transcurrido,
una de las importantes realizaciones
del Partido en
lo que concierne al reforzamiento
de su dirección, es que ha sabido, seleccionando los cuadros, fundir y combinar
con éxito, desde la base al vértice, a los viejos y los jóvenes militantes.
El Comité Central del Partido dispone de datos
que muestran que, durante el período transcurrido,
el
Partido ha sabido llevar a los puestos de
dirección, a
los organismos del Estado y del Partido a más de
500.000 jóvenes bolcheviques, miembros del Partido
o próximos al Partido, dé los cuales más del 20%
son
mujeres.
¿Cuál es la tarea en el presente?
Es la de centralizar la selección de los cuadros,
desde la base hasta el vértice, y de elevar este
trabajo
al nivel requerido, al nivel científico,
bolchevique.
Por ello debe ponerse fin al sistema que consiste
en confiar el estudio, la promoción y la selección de los cuadros
a múltiples servicios
y sectores, y concentrar este trabajo en un solo punto.
Este centro será la Dirección de Cuadros adjunta al
CC del PC(b) de la URSS, un servicio de cuadros será creado
en cada organización
de Partido de República, de territorio y de región.
J. V. Stalin
3. La propaganda del partido. La educación
marxista-leninista de los
miembros y de los
cuadros del partido.
Existe otro terreno del trabajo, muy importante y
de mucha responsabilidad, que, durante el período
transcurrido, ha contribuido a la consolidación del
Partido
y de sus
organismos dirigentes: es la
propaganda y la agitación, oral y escrita, la
educación
de los miembros y de los cuadros del Partido en el
espíritu del marxismo-leninismo, el trabajo
destinado
a elevar el nivel político y teórico del Partido y
de
sus militantes.
No es necesario extenderse sobre la importancia
extrema
de la propaganda
del Partido, de
la
educación marxista-leninista de nuestros
militantes.
No me refiero solamente a los militantes del
aparato
del Partido. Hablo también de los militantes de las
organizaciones de la Juventud Comunista, de las
organizaciones sindicales, comerciales,
cooperativas,
económicas, públicas, educativas, militares y
otras.
Se puede, de una manera satisfactoria, arreglar el
problema de la composición del Partido y aproximar
los organismos dirigentes al trabajo de la base; se
puede
organizar de una
manera satisfactoria la
promoción
de los cuadros,
su selección, su
distribución;
pero si, con
todo esto, nuestra
propaganda del Partido comienza a cojear por una u
otra
razón, si el
trabajo de educación
marxista-
leninista de nuestros cuadros comienza a
debilitarse,
si nuestro trabajo por elevar el nivel político y
teórico
de
estos cuadros flaquea
y si, por
lo tanto, los
mismos
cuadros dejan de
interesarse por las
perspectivas de nuestra marcha hacia adelante,
cesan
de comprender lo bien fundado de nuestra causa y se
transforman en vulgares practicistas sin
perspectivas,
que ejecutan ciega y mecánicamente las directrices
de arriba, todo nuestro trabajo del Estado y del
Partido necesariamente debe debilitarse. Hay que
reconocer,
como un axioma,
que cuanto más
elevados
son el nivel
político y la
candencia
marxista-leninista
de los militantes
ocupados en
cualquier terreno que sea del trabajo del Estado y
del
Partido, tanto más elevado y fecundo es el mismo
trabajo, tanto más tangibles son los resultados; al
contrario, cuanto más bajo son el nivel político y
la
conciencia marxista-leninista de los militantes,
tanto
más probables son las lagunas y los fracasos en el
trabajo, tanto más probables son la decadencia, la
transformación
de los propios
militantes en
practicistas que se ocupan de minucias, tanto más
probable es su degeneración. Se puede decir con
certeza que
si consiguiéramos
formar
ideológicamente
a nuestros cuadros
en todos los
terrenos del trabajo, y templarlos políticamente de
modo
que puedan orientarse
fácilmente en la
situación interna e internacional, si lográramos
hacer
de ellos marxista-leninistas perfectamente maduros,
Informe presentado al XVIII Congreso del Partido
acerca de la actividad del CC del PC(b)… 291
capaces de resolver, sin cometer faltas graves, los
problemas de dirección del país tendríamos todas
las
razones para considerar que las nueve décimas
partes
de todos nuestros problemas ya han sido resueltos.
Podemos
naturalmente resolver este
problema,
tenemos
para ello todos
los medios y
todas las
posibilidades.
Por lo general, la educación, la formación de los
cuadros jóvenes en nuestro país se hace según las
ramas científicas y técnicas, por especialidades.
Esto
es indispensable y útil. No hay necesidad de que un
especialista
en medicina sea
al mismo tiempo
especialista en física o en botánica, y viceversa.
Pero,
hay una rama que deben conocer absolutamente los
bolcheviques que trabajan en todos los dominios de
la ciencia: se trata de la ciencia
marxista-leninista de
la sociedad, de las leyes del desarrollo de la
sociedad,
de las leyes del desarrollo de la revolución
proletaria,
de las leyes del desarrollo de la edificación
socialista,
de la victoria del comunismo. En efecto, no podría
considerarse como un verdadero leninista aquel que,
diciéndose leninista, se limita a su especialidad,
por
ejemplo en las matemáticas, la botánica o la
química,
que no ve otra cosa que su especialidad. Un
leninista
no puede ser únicamente un especialista en la
ciencia
que ha escogido;
debe ser al
mismo tiempo un
hombre político, un hombre público que se interesa
vivamente por los destinos de su país, que conoce
las
leyes del desarrollo social, que sabe inspirarse en
estas leyes y hace esfuerzos por tomar parte activa
en
la
dirección política del
país. Esto será,
evidentemente,
un trabajo suplementario para los
especialistas
bolcheviques. Pero más
tarde, esta
sobrecarga de trabajo compensará con creces los
esfuerzos hechos.
La propaganda del Partido, la educación marxista-
leninista de los cuadros, tiene por tarea de ayudar
a nuestros cuadros en todas las ramas de la actividad a asimilar la ciencia
marxista-leninista de las leyes del desarrollo de la sociedad.
Las medidas a tomar para mejorar la propaganda
y la educación marxista-leninista de los cuadros
han
sido examinadas por el CC del PC(b) de la URSS,
con la participación de los propagandistas de las
diferentes organizaciones regionales del Partido.
Se
ha
hecho constancia de
la aparición del «Curso
abreviado de la historia del PC(b) de la URSS» en
septiembre
de 1938. Se ha
observado que la
aparición del «Curso abreviado de la historia del
PC(b) de la URSS», da una nueva amplitud a la
propaganda marxista-leninista en nuestro país. Los
resultados del trabajo del Comité Central han sido
publicados en su decisión conocida como «Sobre la
Organización de la propaganda del Partido relativa
a
la publicación del Curso Abreviado de la Historia
del
PC(b) de la URSS»
Partiendo de esta decisión y teniendo en cuenta
las
decisiones tomadas por
el pleno del
Comité
Central del PC(b) de la URSS, en marzo de 1937,
sobre «Los defectos del trabajo del Partido», el CC
del
PC(b) de la
URSS a fin
de remediar las
insuficiencias en el terreno de la propaganda del
Partido
y para mejorar
la educación marxista-
leninista
de los miembros
y de los
cuadros del
Partido, ha resuelto tomar las siguientes medidas
principales:
1. Concentrar en un solo punto el trabajo de
propaganda y de agitación del Partido y fusionar las secciones de
propaganda y de
agitación con las secciones de
prensa en un
solo servicio de propaganda y de agitación adjunto al CC
del PC(b) de la URSS; crear una sección de propaganda y de agitación en
cada organización del
Partido - de República, de
territorio y de región.
2. Considerando un error nuestro interés excesivo
por el sistema de propaganda en los círculos, y estimando más
racional el método
de estudio individual de los
principios del marxismo-leninismo por
los miembros del
Partido, el Partido
debe concentrar su atención en la propaganda mediante la prensa y
en la organización del
sistema de propaganda mediante
conferencias.
3.
Organizar en cada
centro regional cursos
anuales de perfeccionamiento para nuestros cuadros
de base.
4. Organizar en una serie de centros de nuestro
país escuelas leninistas de dos años para nuestros cuadros medios.
5. Organizar una escuela superior de marxismo-
leninismo adjunta al CC del PC(b) de la URSS para
la
formación de cuadros
teóricos altamente
cualificados del Partido. Duración de los estudios,
tres años.
6. Crear en una serie de centros de nuestro país,
cursos anuales de
perfeccionamiento para
propagandistas y periodistas.
7.
Crear adjuntos a
la escuela superior
de marxismo-leninismo cursos de seis meses para el perfeccionamiento de
los profesores de marxismo-
leninismo en las escuelas superiores.
No cabe duda
de que la
aplicación de estas medidas, que ya han sido puestas en
práctica, pero todavía no en el grado suficiente, no tardará en dar sus buenos
resultados.
EL MARXISMO Y LOS PROBLEMAS DE LA LI GÜÍSTICA
Acerca del marxismo en la lingüística
Un grupo de camaradas jóvenes me ha pedido que
exponga en la prensa mi opinión sobre los problemas
de la lingüística, especialmente en lo que
concierne
al marxismo en la lingüística. Yo no soy un
lingüista
y, por supuesto, no puedo dar plena satisfacción a
los
camaradas. En cuanto al marxismo en la lingüística,
lo mismo que de las demás ciencias sociales, con
eso
tengo relación directa. Por ello he accedido a dar
respuesta
a algunas preguntas
hechas por los
camaradas.
PREGUNTA. ¿Es cierto que la lengua es una
superestructura de la base?
RESPUESTA. No, no es cierto.
La base es el sistema económico de la sociedad en
una etapa dada de su desarrollo. La superestructura
la
constituyen
las concepciones políticas,
jurídicas,
religiosas, artísticas y filosóficas de la sociedad
y las
instituciones políticas, jurídicas, etc., etc., que
les
corresponden.
Toda base
tiene la superestructura
correspondiente. La base del régimen feudal tiene
su
superestructura, sus concepciones políticas,
jurídicas,
etc., etc., y las instituciones que les
corresponden; la
base
capitalista tiene su
superestructura, y la
socialista, la suya. Si se modifica o se destruye
la
base, se modifica o se destruye a continuación su
superestructura;
si nace una
nueva base, nace a
continuación la superestructura correspondiente.
En
este sentido, la
lengua se diferencia
esencialmente de la superestructura. Tomemos, por
ejemplo, la sociedad rusa y la lengua rusa. En el
curso de los 30 años últimos, en Rusia ha sido
destruida
la vieja base,
la base capitalista, y
construida una base nueva, una base socialista. En
consonancia, ha sido destruida la superestructura
de
la base capitalista y
creada una nueva
superestructura, que corresponde a la base
socialista.
Por consiguiente, las viejas instituciones
políticas,
jurídicas
y otras han
sido reemplazadas por
instituciones
nuevas, socialistas. Sin
embargo, la
lengua rusa ha continuado siendo, por su esencia,
la
misma que era antes de la Revolución de Octubre.
¿Qué ha cambiado desde entonces en la lengua
rusa? Ha cambiado en cierta medida el vocabulario
de la lengua rusa, ha cambiado en el sentido de que
se ha visto enriquecido con un considerable número
de nuevas palabras y expresiones, nacidas con la
nueva producción socialista, con el nuevo Estado,
con la nueva
cultura socialista, con
las nuevas
relaciones sociales, con la nueva moral y,
finalmente,
con el desarrollo de la técnica y de la ciencia;
muchas
palabras y expresiones han cambiado de sentido y
adquirido una significación nueva; cierto número de
palabras ha caído en desuso, ha desaparecido del
vocabulario. En lo que respecta al caudal de voces
básico y a la estructura gramatical de la lengua
rusa,
que constituyen su fundamento, lejos de haber sido
liquidados y sustituidos por un nuevo caudal básico
y
por una nueva estructura gramatical después de la
destrucción de la base capitalista, se han
conservado
intactos y perviven sin ninguna modificación seria;
se han conservado precisamente como fundamento
de la lengua rusa contemporánea.
Prosigamos. La superestructura es engendrada por
la base; pero eso no significa, en modo alguno, que
la
superestructura se circunscriba a reflejar la base,
que
sea pasiva, neutral, que se muestre indiferente a
la
suerte de su base, a la suerte de las clases, al
carácter
del
régimen. Por el
contrario, al nacer,
la
superestructura se convierte en una fuerza activa
inmensa, coadyuva activamente a que su base tome
cuerpo y se afiance y adopta todas las medidas para
ayudar al nuevo régimen a rematar y destruir la
vieja
base y las viejas clases.
Y no puede ser de otra manera. La superestructura
es creada por la base precisamente para que la
sirva,
para que la ayude activamente a tomar cuerpo y a
afianzarse,
para que luche
activamente por la
destrucción de la base vieja, caduca, y de su
antigua
superestructura.
Basta que la
superestructura
renuncie a este su papel auxiliar, basta que pase
de la
posición de defensa activa de su base a la posición
de
indiferencia hacia ella, a una posición idéntica
ante
las distintas clases, para que pierda su calidad y
deje
de ser superestructura.
En
este sentido, la
lengua se diferencia
esencialmente de la superestructura. La lengua no
es
engendrada por una u otra base, por la vieja o por
la
nueva base, en el seno de una sociedad dada, sino
por
todo el curso de la historia de la sociedad y de la
historia de las bases a través de los siglos. La
lengua
no es obra de una clase cualquiera, sino de toda la
sociedad, de todas las clases sociales, del
esfuerzo de
El marxismo y los problemas de la lingüística
centenares de generaciones. La lengua no ha sido
creada para satisfacer las necesidades de una clase
cualquiera, sino de toda la sociedad, de todas las
clases sociales. Precisamente por eso, ha sido
creada
como
lengua de todo
el pueblo, única
para la
sociedad y común a todos sus miembros. En virtud
de ello, el papel auxiliar de la lengua como medio
de
relación entre los hombres no consiste en servir a
una
clase en perjuicio de las demás, sino en servir por
igual a toda la sociedad, a todas las clases
sociales. A
ello, precisamente, se debe el que la lengua pueda
servir por igual al régimen viejo y moribundo y al
régimen nuevo y en ascenso, a la vieja base y a la
nueva, a los explotadores y a los explotados.
Todo el mundo sabe que la lengua rusa ha servido
al capitalismo ruso y a la cultura burguesa rusa
antes
de la Revolución de Octubre tan bien como sirve hoy
día al régimen socialista y a la cultura socialista
de la
sociedad rusa.
Lo mismo hay que decir de las lenguas ucraniana,
bielorrusa,
uzbeka, kazaja, georgiana,
armenia,
estoniana,
letona, lituana, moldava,
tártara,
azerbaidzhana, bashkira, turkmena y de otras
lenguas
de las naciones soviéticas, que sirvieron al viejo
régimen burgués de esas naciones tan bien como
sirven al régimen nuevo, al régimen socialista.
Y no puede ser de otra manera. Si la lengua
existe, si ha sido creada, es precisamente para que
sirva a la sociedad, considerada como un todo, de
medio de relación entre los hombres; para que sea
común a los miembros de la sociedad y única para
ésta; para que sirva por igual a sus miembros, sea
cual fuere la clase a que pertenezcan. Basta que la
lengua abandone esta posición de servicio a todo el
pueblo, basta que adopte una posición de
preferencia
y de apoyo
a un grupo
social cualquiera en
detrimento de los demás grupos sociales, para que
pierda su calidad, para que deje de ser un medio de
relación entre los hombres en la sociedad, para que
se
convierta en la jerga de un grupo social
cualquiera,
degenere y se condene a la desaparición.
En este sentido, la lengua, que se diferencia en
principio de la superestructura, no se distingue de los instrumentos de
producción, por ejemplo,
de las máquinas, que son tan
indiferentes a las clases como la lengua y que pueden servir por igual tanto al
régimen capitalista como al socialista.
Prosigamos. La superestructura es producto de una
época en el curso de la cual existe y funciona una base económica dada. Por
eso, la superestructura no vive largo tiempo; es liquidada y desaparece con la
destrucción y la desaparición de la base dada.
La lengua, por el contrario, es producto de toda
una
serie de épocas,
en el curso
de las cuales
cristaliza, se enriquece, se desarrolla y se pule.
Por
eso, la lengua tiene una vida incomparablemente más
larga
que cualquier base
y que cualquier
superestructura. A ello, precisamente, se debe que
el
293
nacimiento y la destrucción no sólo de una base y
de su superestructura, sino de varias bases y de sus correspondientes
superestructuras, no conduzca en la historia a la destrucción de una lengua
dada, a la liquidación de su estructura y al nacimiento de una nueva lengua con
un nuevo vocabulario y una nueva estructura gramatical.
Desde la muerte de Pushkín han pasado más de 100
años. En ese tiempo fueron destruidos en Rusia los regímenes feudal y
capitalista y surgió un tercer régimen,
el régimen socialista.
Por consiguiente, fueron
destruidas dos bases con sus superestructuras y surgió una base nueva, la base
socialista, con su superestructura.
Sin embargo, si
tomamos, por ejemplo, la lengua
rusa, veremos que en este gran intervalo no ha experimentado ningún trastorno y
que la lengua rusa contemporánea difiere bien poco, por su estructura, de la
lengua de Pushkin.
¿Qué ha cambiado durante este tiempo en la
lengua rusa? Durante este tiempo se ha enriquecido
considerablemente el vocabulario de la lengua rusa;
han desaparecido de él muchas palabras caídas en
desuso;
ha cambiado el
significado de un
considerable
número de vocablos;
se ha
perfeccionado la estructura gramatical de la
lengua.
Por lo que se refiere a la estructura de la lengua
de
Pushikin, con su sistema gramatical y su caudal de
voces básico, se ha conservado en todo lo
substancial
como
el fundamento de
la lengua rusa
contemporánea.
Lo apuntado es bien comprensible. En efecto,
¿para
qué es necesario
que después de
cada
revolución la estructura existente de la lengua, su
estructura gramatical y su caudal de voces básico
sean destruidos y reemplazados por otros nuevos,
como ocurre habitualmente con la superestructura?
¿Quién
puede necesitar que «agua», «tierra»,
«montaña», «bosque», «pez», «hombre», «andar»,
«hacer», «producir»,
«comerciar» etc.,
no se
denominen agua, tierra, montaña, etc., sino de otra
manera? ¿Quién puede necesitar que la variación de
los vocablos en la lengua y su combinación en las
oraciones no se hagan con arreglo a la gramática
existente,
sino ateniéndose a
una gramática
completamente distinta? ¿Qué provecho obtiene la
revolución con semejante cambio en la lengua? Por
regla general, la historia no hace nada esencial si
no
existe una necesidad particular. ¿Qué necesidad hay
-
se
pregunta uno- de
semejante revolución en la
lengua si está demostrado que la lengua existente,
con su estructura,
es por completo
apta, en lo
fundamental, para dar satisfacción a las
necesidades
del nuevo régimen? Se puede y se debe destruir en
unos
cuantos años la
vieja superestructura y
sustituirla por otra nueva para dar libre curso al
desarrollo de las fuerzas productivas de la
sociedad;
pero ¿cómo se puede destruir la lengua existente y
crear en su lugar otra nueva en unos cuantos años
sin
294
llevar la anarquía a la vida social, sin crear un
peligro de disgregación de la sociedad? ¿Quién, de no ser un quijote, puede
plantearse semejante tarea?
Por
último, otra diferencia
esencial entre la
superestructura y la lengua. La superestructura no
está
ligada directamente a
la producción, a la
actividad productora del hombre. Está ligada a la
producción sólo de modo indirecto, a través de la
economía,
a través de
la base. Por
eso, la
superestructura no refleja los cambios en el nivel
de
desarrollo de las fuerzas productivas inmediata y
directamente, sino después de los cambios en la
base,
por refracción de los cambios de la producción en
los
cambios de la base. Eso quiere decir que la esfera
de
acción de la superestructura es estrecha y
limitada.
La
lengua, por el
contrario, está ligada
directamente a la actividad productora del hombre,
y
no sólo a la actividad productora, sino a
cualquiera
otra actividad del hombre en todas las esferas de
su
trabajo, desde la producción hasta la base, desde
la
base hasta la superestructura. Por eso, la lengua
refleja los cambios en la producción inmediata y
directamente, sin esperar los cambios en la base.
Por
eso, la esfera de acción de la lengua, que abarca
todos los campos de la actividad del hombre, es
mucho más amplia y variada que la esfera de acción
de la superestructura. Más aún, es casi ilimitada.
A ello, ante todo, se debe que la lengua, mejor
dicho, su vocabulario, se encuentre en un estado de cambio casi ininterrumpido.
El desarrollo incesante de la industria y de la agricultura, del comercio y del
transporte, de la técnica y de la ciencia exige que la lengua enriquezca
su vocabulario con
nuevas palabras y expresiones, necesarias para su trabajo. Y la lengua,
al reflejar directamente estas necesidades, completa su
vocabulario con nuevas
palabras y perfecciona su
estructura gramatical.
Así, pues:
a) un marxista no puede considerar la lengua como
una superestructura de la base;
b)
confundir la lengua
con la superestructura significa incurrir en un
error de bulto.
PREGUNTA. ¿Es cierto que la lengua ha tenido
siempre y sigue teniendo un carácter de clase y que no existe
una lengua común
y única para
la sociedad, una lengua común a todo el pueblo y sin carácter de clase?
RESPUESTA. No, no es cierto.
Es fácil comprender que no cabe siquiera hablar
de una lengua de clase en una sociedad sin clases.
El
régimen
gentilicio de la comunidad primitiva no
conocía las clases; por consiguiente, en él no
podía
tampoco haber una lengua de clase: en él, la lengua
era común y única para toda la colectividad. La
objeción
de que debe
entenderse por clase
toda
colectividad
humana, comprendida la
comunidad
primitiva, no es una objeción, sino un juego de
J. V. Stalin
palabras que ni siquiera merece ser refutado.
Por lo
que se refiere al desarrollo posterior, desde
las
lenguas gentilicias hasta
las lenguas tribales,
desde las lenguas tribales hasta las lenguas de los
pueblos y desde las lenguas de los pueblos hasta
las
lenguas nacionales, en todas partes, en todas las
etapas del desarrollo, la lengua, como medio de
relación de los hombres en la sociedad, ha sido
común y única para la sociedad, ha servido por
igual
a los miembros de ésta, independientemente de su
condición social.
No me refiero a los imperios de los períodos
esclavista
y medieval, al
imperio de Ciro
y de
Alejandro Magno, pongamos por caso, o al imperio
de César y de Carlomagno, que no poseían una base
económica propia y eran agrupaciones militares y
administrativas
efímeras y precarias.
Ninguno de
estos imperios tenía ni podía tener una lengua
única y
comprensible
para todos sus
miembros. Eran un
conglomerado de tribus y de pueblos que vivían su
propia
vida y tenían
sus propias lenguas.
Por
consiguiente, no me refiero a esos imperios y otros
semejantes,
sino a las
tribus y los
pueblos que
formaban
parte del imperio,
poseían una base
económica propia y tenían sus lenguas, formadas
desde hacía tiempo. La historia nos enseña que las
lenguas de estas tribus y de estos pueblos no
tenían
un carácter de clase, sino que eran comunes a toda
la
población, comunes a las tribus y a los pueblos y
comprensibles para ellos.
Naturalmente, existían a la par dialectos, hablas
locales, pero la lengua única y común de la tribu o del pueblo
prevalecía sobre ellos
y se los subordinaba.
Más tarde, con la aparición del capitalismo, con la
supresión del fraccionamiento feudal y la formación
del mercado nacional, los pueblos se desarrollaron
hasta constituirse en naciones, y las lenguas de
los
pueblos, hasta llegar a ser lenguas nacionales. La
historia nos enseña que las lenguas nacionales no
son
lenguas de clase, sino lenguas comunes a todo el
pueblo, comunes a los miembros de la nación y
únicas para ella.
Ya hemos dicho que la lengua, como medio de
relación de los hombres en la sociedad, sirve por
igual a todas las clases de la misma y manifiesta
en
este sentido cierta indiferencia hacia las clases.
Pero
los hombres, los diversos grupos sociales y las
clases
distan mucho de ser indiferentes hacia la lengua.
Se
esfuerzan por utilizarla en interés propio,
imponerle
su léxico particular, sus términos particulares,
sus
expresiones
particulares. En este
sentido se
distinguen especialmente las capas superiores de
las
clases poseedoras -la alta aristocracia y las capas
superiores de la burguesía-, que están divorciadas
del
pueblo y lo odian. Se crean dialectos y jergas «de
clase», «lenguajes»
de salón. A
menudo, en la
literatura se califica erróneamente de lenguas a
esos
El marxismo y los problemas de la lingüística
dialectos
y jergas: «lengua de
la aristocracia», «lengua de la
burguesía», en oposición a la «lengua proletaria», a la «lengua campesina». Esa
es la razón de que algunos camaradas nuestros hayan llegado -
por extraño que pueda parecer- a la conclusión de
que la lengua nacional es una ficción y de que, en la realidad, sólo existen
lenguas de clase.
Yo creo que no hay nada más equivocado que esa
conclusión. ¿Puede
considerarse lenguas a esos
dialectos y jergas? Indiscutiblemente que no. No se
puede, en primer lugar, porque estos dialectos y
jergas no tienen una estructura gramatical propia y
un
caudal de voces básico propio: los toman de la
lengua nacional. No se puede, en segundo lugar,
porque los dialectos y las jergas tienen una esfera
de
circulación estrecha entre los miembros de la capa
superior de tal y cual clase, y son absolutamente
inservibles
como medio de
relación entre los
hombres, para la sociedad en su conjunto. ¿Qué
poseen, pues, los dialectos y las jergas? Poseen un
fárrago
de vocablos específicos,
que reflejan los
gustos específicos de la aristocracia o de las
carpas
superiores de la burguesía; poseen cierto número de
expresiones
y giros que
se distinguen por su
rebuscamiento y galantería y que están exentos de
los
«burdos» giros y expresiones de la lengua nacional;
poseen,
por último, cierto
número de palabras
extranjeras. Sin embargo, lo fundamental, es decir,
la
inmensa
mayoría de las palabras
y la estructura
gramatical, está tomado de la lengua nacional,
común
a todo el pueblo. Por consiguiente, los dialectos y
las
jergas
son ramificaciones de
la lengua nacional,
común
a todo el
pueblo, privadas de
toda
independencia lingüística y condenadas a vegetar.
Suponer
que los dialectos
y las jergas
pueden
desarrollarse y llegar a ser lenguas
independientes,
capaces
de desplazar y
de sustituir a
la lengua
nacional,
es perder la
perspectiva histórica y
abandonar las posiciones del marxismo.
Se remiten a Marx, citan un pasaje de su artículo.
El santo Max, donde se dice que el burgués tiene
«su
propia lengua», que esta lengua «es un producto de
la
burguesía»
y está penetrada
del espíritu del
mercantilismo
y de la
compra-venta. Algunos
camaradas quieren demostrar con esta cita que Marx
sustentaba, al parecer, el punto de vista de que la
lengua tenía «carácter de clase y negaba la
existencia
de una lengua nacional única. Si estos camaradas
fueran en este caso objetivos, habrían citado
también
otro pasaje del artículo. El santo Max, donde Marx,
refiriéndose a las vías de formación de una lengua
nacional única, habla de «la concentración de los
dialectos en un idioma nacional único, condicionada
por la concentración económica y política».
Por consiguiente, Marx reconocía la necesidad de
una Lengua nacional única, como forma superior a la
que, como formas inferiores, están subordinados los
dialectos.
295
En ese caso, ¿qué puede ser la lengua del burgués,
según Marx «producto de
la burguesía»? ¿La consideraba
Marx una lengua como la nacional, con su
estructura lingüística particular? ¿Podía considerarla como tal lengua? ¡Desde luego que no! Marx
quería simplemente decir que los burgueses habían ensuciado la lengua nacional
única con su léxico de mercaderes y que, por tanto, los burgueses tenían su
propia jerga de mercaderes.
Resulta que estos camaradas han deformado la
posición de Marx. Y la han deformado porque no han citado a
Marx como marxistas,
sino como dogmáticos, sin calar
en la esencia de las cosas.
Se
remiten a Engels,
citan de su
folleto La
situación de la clase obrera en Inglaterra los
pasajes
donde dice que «…la clase obrera inglesa, en el
transcurso del tiempo, ha llegado a ser un pueblo
completamente distinto de la burguesía inglesa»;
que
«los obreros hablan otro dialecto, tienen otras
ideas y
concepciones, otras costumbres y otros principios
morales,
otra religión y
otra política que
la
burguesía». Partiendo de esta cita, algunos
camaradas
sacan
la conclusión de
que Engels negaba
la
necesidad de una lengua nacional, común a todo el
pueblo, y que, por tanto, sustentaba el punto de
vista
de que la lengua tenía «carácter de clase». La
verdad
es que Engels no habla aquí de una lengua sino de
un
dialecto,
comprendiendo perfectamente que
el
dialecto, como ramificación de la lengua nacional,
no
puede sustituir a ésta. Mas, a esos camaradas no
les
agrada mucho, por lo visto, la diferencia existente
entre una lengua y un dialecto...
Es evidente que la cita aducida está fuera de
lugar,
pues Engels no habla en esos pasajes de «lenguas de
clase», sino, principalmente, de las ideas, de las
concepciones, de las costumbres, de los principios
morales, de la religión y de la política de clase.
Es
absolutamente cierto que las ideas, las
concepciones,
las costumbres, los principios morales, la religión
y
la política de los burgueses y de los proletarios
son
diametralmente opuestos. Pero ¿qué tiene que ver
esto con la lengua nacional, o con el «carácter de
clase»
de la lengua? ¿Acaso la
existencia de
contradicciones de clase en la sociedad puede
servir
de argumento en favor del «carácter de clase» de la
lengua, o en contra de la necesidad de una lengua
nacional única? El marxismo dice que la comunidad
de lengua es uno de los rasgos más importantes de
la
nación, sabiendo perfectamente, al afirmar eso, que
dentro de la nación hay contradicciones de clase.
¿Reconocen los mencionados camaradas esta tesis
marxista?
Se
remiten a Lafargue, señalando que, en
su
folleto
La lengua y
la revolución, reconoce
el
«carácter de clase» de la lengua y niega, al
parecer, la
necesidad de una lengua nacional, común a todo el
pueblo. Eso es falso. Lafargue habla,
efectivamente,
de la «lengua de la nobleza» o «de la aristocracia»
y
296
de las «jergas» de las distintas capas de la
sociedad.
Pero
esos camaradas olvidan
que Lafargue, sin
interesarse por la diferencia entre lengua y jerga
y
llamando
a los dialectos
unas veces «lenguaje
artificial» y otras «jerga», declara explícitamente
en
su folleto que «el lenguaje artificial que
distingue a la
aristocracia... salió de la lengua común a todo el
pueblo que hablaban los burgueses y los artesanos,
la
ciudad y el campo».
Por consiguiente, Lafargue reconoce la existencia y
la necesidad de una lengua común a todo el pueblo, comprendiendo perfectamente el carácter
subordinado y la dependencia de la «lengua de la aristocracia» y los demás
dialectos y jergas respecto de la lengua común a todo el pueblo.
Resulta que la referencia a Lafargue no da en el
blanco.
Se remiten a que, en cierta época, los señores
feudales de Inglaterra hablaron «durante siglos» en
francés, mientras que el pueblo inglés hablaba la
lengua inglesa, y aducen esta circunstancia como un
argumento a favor del «carácter de clase» de la
lengua y contra la necesidad de una lengua común a
todo el pueblo. Pero eso no es un argumento, sino
una
anécdota. En primer
lugar, a la
sazón no
hablaban
en francés todos
los feudales, sino
un
número insignificante de grandes feudales ingleses
en la corte del rey y en los condados. En segundo
lugar, no hablaban en una «lengua de clase», sino
en
la lengua francesa corriente, común a todo el
pueblo
francés. En tercer lugar, como se sabe, ese antojo
de
hablar
en francés desapareció
después sin dejar
rastro, cediendo el puesto a la lengua inglesa
común
a todo el pueblo. ¿Creen esos camaradas que los
feudales ingleses y el pueblo inglés se entendieron
«durante siglos» por mediación de intérpretes, que
los feudales ingleses no hacían uso de la lengua
inglesa, que no existía por aquel entonces una
lengua
inglesa común a todo pueblo, que el francés era
entonces en Inglaterra algo más que una lengua de
salón, empleada únicamente en el estrecho círculo
de
la alta aristocracia inglesa? ¿Cómo se puede negar
con tan anecdóticos «argumentos» la existencia y la
necesidad de una lengua común a todo el pueblo?
En un tiempo, también a los aristócratas rusos les
dio por hablar el francés en la corte del zar y en
los
salones.
Se jactaban de
que, al hablar
en ruso,
tartamudeaban en francés y que sólo sabían hablar
el
ruso con acento francés. ¿Quiere eso decir que no
existía entonces en Rusia la lengua rusa, común a
todo el pueblo, que la lengua común a todo el
pueblo
era entonces una ficción, y las «lenguas de clase»
una
realidad?
Nuestros camaradas incurren aquí, cuando menos, en
dos errores.
El primer error consiste en que confunden la
lengua
con la superestructura. Creen
que si la
superestructura tiene un carácter de clase, la
lengua
J. V. Stalin
no debe ser común a todo el pueblo, sino que debe
tener
un carácter de
clase. Pero ya
he dicho
anteriormente que la lengua y la superestructura
son
dos conceptos diferentes y que un marxista no puede
confundirlos.
El segundo error consiste en que esos camaradas
conciben la oposición de intereses de la burguesía
y
del proletariado y su encarnizada lucha de clases
como una desintegración de la sociedad, como una
ruptura de todo vínculo entre las clases hostiles.
Consideran que, como la sociedad se ha desintegrado
y no existe ya una sociedad única, sino solamente
las
clases,
no se necesita
una lengua única
para la
sociedad, no se necesita una lengua nacional. ¿Qué
queda, pues, si la sociedad se ha desintegrado y no
existe ya una lengua nacional, común a todo el
pueblo? Quedan las clases y las «lenguas de clase».
De por sí se desprende que cada «lengua de clase»
debe tener su propia gramática «de clase», que debe
haber, por tanto, una gramática «proletaria» y una
gramática «burguesa». Cierto es que no hay tales
gramáticas
bajo la capa
del cielo; pero
esta
circunstancia
no inmuta a esos
camaradas: están
persuadidos de que tales gramáticas han de
aparecer.
En tiempos hubo entre nosotros «marxistas» que
afirmaban que las líneas férreas que habían quedado en nuestro país después de
la Revolución de Octubre eran
burguesas y no
procedía que nosotros,
los marxistas, las utilizásemos; que
era preciso desmontarlas y
construir ferrocarriles nuevos, «proletarios». Debido a ello, esas
gentes recibieron el sobrenombre de «trogloditas»...
De por sí
se desprende que
esa primitiva
concepción anarquista de la sociedad, las clases y
la
lengua no tiene nada de común con el marxismo.
Pero, indudablemente, existe y continúa alentando
en
las cabezas de algunos camaradas desorientados.
Naturalmente, no es cierto que, debido a una
encarnizada lucha de clases, la sociedad se haya
desintegrado
en clases que
ya no están
ligadas
económicamente las unas a las otras en el seno de
una sociedad única. Al contrario: mientras subsista
el
capitalismo, burgueses y proletarios estarán
ligados
recíprocamente por todos los lazos de la economía,
como partes constitutivas de una sociedad
capitalista
única. Los burgueses no pueden vivir ni
enriquecerse
si no disponen de obreros asalariados; los
proletarios
no pueden subsistir sin vender su fuerza de trabajo
a
los capitalistas. El cese de toda relación
económica
entre ellos implica el cese de toda producción, y
el
cese de toda producción conduce al perecimiento de
la sociedad, al perecimiento de las clases mismas.
De
por sí se
desprende que ninguna
clase quiere
condenarse a perecer. Por eso, la lucha de clases,
por
aguda que sea, no puede conducir a la
desintegración
de la sociedad.
Sólo la ignorancia
en punto al
marxismo
y la incomprensión absoluta
de la
naturaleza de la lengua han podido sugerir a
algunos
El marxismo y los problemas de la lingüística
de nuestros camaradas la fábula de la
desintegración de la sociedad, la fábula de las lenguas «de clase», de las
gramáticas «de clase».
Se
remiten, además, a
Lenin y aducen
que
reconocía la existencia de dos culturas, la
burguesa y
la proletaria, bajo el capitalismo y que la
consigna de
cultura nacional es, bajo el capitalismo, una
consigna
nacionalista.
Todo ello es
cierto, y Lenin
tiene
absoluta
razón. Pero ¿a qué
viene aquí eso
del
«carácter de clase» de la lengua? Al remitirse a
las
palabras de Lenin de que bajo el capitalismo
existen
dos culturas, esos camaradas quieren -a lo que se
ve-
inculcar al lector que si en la sociedad existen
dos
culturas,
la burguesa y
la proletaria, debe
haber
también dos lenguas, pues la lengua está ligada a
la
cultura, y que, por lo tanto, Lenin niega la
necesidad
de una lengua nacional única, manifestándose, por
consiguiente, a favor de las lenguas «de clase». El
error que esos camaradas cometen aquí consiste en
que identifican y confunden la lengua con la
cultura.
Pero la cultura y la lengua son dos cosas
distintas. La
cultura puede ser burguesa o socialista, mientras
que
la lengua, como medio de relación, es siempre común
a todo el pueblo y puede servir tanto a la cultura
burguesa como a la socialista. ¿Acaso no es un
hecho
que las lenguas
rusa, ucraniana y uzbeka
sirven
actualmente a la cultura socialista de estas
naciones
tan bien como sirvieron antes de la Revolución de
Octubre a sus culturas burguesas? Por consiguiente,
esos camaradas están muy equivocados al afirmar
que la existencia de dos culturas diferentes lleva
a la
formación de dos lenguas distintas y a la negación
de
la necesidad de una lengua única.
Cuando hablaba de dos culturas, Lenin partía
precisamente de la tesis de que la existencia de
dos
culturas no puede nevar a la negación de la lengua
única y a la formación de dos lenguas, y de que la
lengua debe ser única. Cuando los bundistas
acusaron
a Lenin de que negaba la necesidad de la lengua
nacional y consideraba que la cultura «carece de
nacionalidad»,
Lenin, como es
sabido, protestó
enérgicamente
y declaró que
luchaba contra la
cultura burguesa, y no contra la lengua nacional,
cuya
necesidad estimaba indiscutible. Causa
extrañeza
que algunos camaradas
nuestros hayan
seguido las huellas de los bundistas.
Por lo que se refiere a una lengua única, cuya
necesidad dicen que Lenin negaba, sería conveniente prestar oído a las
siguientes palabras de Lenin:
«La
lengua es un
importantísimo medio de
relación entre los hombres; la unidad de la lengua
y
su
desarrollo sin trabas
son una importantísima
condición de
una circulación mercantil
verdaderamente libre y amplia, correspondiente al
capitalismo
moderno, y de
una libre y
vasta
agrupación de la población en las diferentes
clases».
297
Resulta
que esos estimados
camaradas han tergiversado las
ideas de Lenin.
Se remiten, por último, a Stalin. Reproducen una
cita de Stalin que dice que «la burguesía y sus
partidos nacionalistas fueron, y continúan siendo
en
este
período la principal
fuerza dirigente de las
naciones
de ese tipo».
Todo esto es
cierto. La
burguesía
y su partido
nacionalista dirigen,
efectivamente, la cultura burguesa, del mismo modo
que el proletariado y su partido internacionalista
dirigen la cultura proletaria. Pero ¿qué tiene que
ver
esto con el «carácter de clase» de la lengua?
¿Acaso
esos camaradas no saben que la lengua nacional es
una forma de la cultura nacional y que puede servir
tanto a la cultura burguesa como a la socialista?
¿Es
que nuestros camaradas ignoran la conocida fórmula
de los marxistas de que las actuales culturas rusa,
ucraniana, bielorrusa y otras son socialistas por
el
contenido y nacionales por la forma, es decir, por
la
lengua? ¿Están
de acuerdo con
esta fórmula
marxista?
El error que nuestros camaradas cometen aquí
consiste en que no ven la diferencia entre la
cultura y
la lengua y no comprenden que la cultura cambia de
contenido con cada nuevo período del desarrollo de
la sociedad, mientras que la lengua continúa siendo
en lo esencial la misma a lo largo de varios
períodos,
sirviendo por igual tanto a la nueva cultura como a
la
antigua.
Así, pues:
a) la lengua, como medio de relación, ha sido
siempre y sigue siendo única para la sociedad y común para todos sus miembros;
b) la existencia de dialectos y jergas no niega,
sino que confirma la existencia de una lengua común a todo el pueblo, de la que
esos dialectos y jergas son ramificaciones y a la que están subordinados;
c) la fórmula relativa al «carácter de clase» de la
lengua es una fórmula errónea, no marxista.
PREGUNTA. ¿Cuáles son
los rasgos característicos de
la lengua?
RESPUESTA. La lengua es uno de los fenómenos
sociales que actúan mientras existe la sociedad.
Nace
y se desarrolla con el nacimiento y el desarrollo
de la
sociedad. Muere cuando muere la sociedad. No hay
lengua fuera de la sociedad. Por eso, la lengua y
las
leyes
de su desarrollo
solamente pueden ser
comprendidas si se estudian en ligazón inseparable
con la historia de la sociedad, con la historia del
pueblo al que pertenece la lengua estudiada y que
es
su creador y portador.
La lengua es el medio, el instrumento con el que
los
hombres se relacionan,
intercambian ideas y
logran entenderse unos a otros. Directamente ligada
al pensamiento, la lengua registra y fija en
palabras y
en palabras combinadas en oraciones los resultados
del trabajo del pensamiento, los progresos de la
298
actividad cognoscitiva del hombre, y, de esta
forma, hace posible el intercambio de ideas en la sociedad humana.
El intercambio de ideas constituye una necesidad
permanente y vital, ya que sin él sería imposible
organizar las acciones conjuntas de los hombres en
la
lucha contra las fuerzas de la naturaleza, en la
lucha
por la producción
de los bienes
materiales
indispensables; sería imposible conseguir éxitos en
la
actividad productora de la sociedad y, por tanto,
lo
sería también la existencia misma de la producción
social. De ahí que sin una lengua comprensible para
la sociedad y común a sus componentes, la sociedad
tenga que cesar de producir, se desintegre y deje
de
existir como tal. En este sentido, la lengua,
siendo
medio
de relación, es,
al mismo tiempo,
un
instrumento de lucha y de desarrollo de la
sociedad.
Es sabido que todas las palabras de una lengua
constituyen, juntas, lo que se llama su vocabulario. Lo principal en el
vocabulario de una lengua es su caudal de voces, del que forman parte, como
núcleo suyo, todas las palabras raíces. El caudal de voces báskoes mucho menos
amplio que el vocabulario de la lengua, pero vive mucho tiempo, durante siglos,
y suministra a la lengua una base para la formación de nuevas palabras. El
vocabulario refleja el estado de la lengua: cuanto más rico y variado es el vocabulario,
más rica y desarrollada es la lengua.
Sin
embargo, el vocabulario;
por sí solo,
no
constituye todavía la lengua: es, más bien, el
material
de construcción para la lengua. Del mismo modo que
los
materiales de construcción
no constituyen el
edificio, aunque sin ellos no es posible
levantarlo, así
también
el vocabulario no
es la propia
lengua,
aunque sin él es inconcebible toda lengua. Pero el
vocabulario
adquiere una importancia
enorme
cuando se halla a disposición de una gramática, que
establece las reglas que rigen las modificaciones
de
las palabras y la combinación de las palabras en
oraciones y, de este modo, hace de la lengua algo
armónico y coherente. La gramática (morfología,
sintaxis)
es el conjunto
de reglas que
rigen las
modificaciones de las palabras y su combinación en
oraciones.
Por tanto, gracias
precisamente a la
gramática, la lengua obtiene la posibilidad de dar
a
los pensamientos humanos una envoltura lingüística
material.
El rasgo distintivo de la gramática consiste en que
da las reglas para la modificación de las palabras
teniendo en cuenta no palabras concretas, sino las
palabras en general, desprovistas de todo carácter
concreto;
da las reglas
para formar oraciones
teniendo en cuenta no oraciones concretas con un
sujeto concreto, un predicado concreto, etc., sino
todas
las oraciones, sin
relación con la
forma
concreta de una u otra oración. Por consiguiente,
la
gramática, haciendo abstracción de lo particular y
de
lo
concreto, tanto en
las palabras como
en las
J. V. Stalin
oraciones, toma lo que hay de general y básico en
la modificación de las palabras y en su combinación en oraciones, sacando de
ello las reglas gramaticales, las leyes gramaticales. La gramática es el
resultado de una prolongada labor de abstracción realizada por el pensamiento
humano, un exponente de los enormes progresos del pensamiento.
En este sentido,
la gramática se
parece a la geometría, que da sus leyes haciendo
abstracción de los objetos concretos, considerando los objetos como cuerpos
carentes de concreción y estableciendo las relaciones entre ellos no como
relaciones concretas de determinados objetos concretos, sino como las
relaciones de los cuerpos en general, desprovistos de todo carácter concreto.
A diferencia de la superestructura, que no está
ligada a la producción directamente, sino a través
de
la economía, la lengua está directamente ligada a
la
actividad productora del hombre, lo mismo que a
todas sus demás actividades en todas las esferas de
su
trabajo,
sin excepción. A
ello se debe
que el
vocabulario, por ser lo más susceptible de cambiar,
se encuentre en un estado de transformación casi
incesante; al mismo tiempo, la lengua, a diferencia
de
la superestructura, no tiene que esperar a que la
base
sea
liquidada e introduce
modificaciones en su
vocabulario antes de la liquidación de la base e
independientemente del estado de la base.
Sin embargo, el vocabulario de una lengua no
cambia como la superestructura, es decir, aboliendo
lo viejo y construyendo lo nuevo, sino
enriqueciendo
el
vocabulario existente con
nuevas palabras,
surgidas en relación con los cambios en el régimen
social, con el desarrollo de la producción, el
progreso
de la cultura, de la ciencia, etc. Además, aunque
cierto
número de palabras
anticuadas desaparece
habitualmente
del vocabulario, a
él se suma
un
número mucho mayor de palabras nuevas. Por lo que
respecta al caudal básico, se conserva en todo lo
que
tiene
de esencial y
es usado como
base del
vocabulario de la lengua.
Eso es comprensible. No hay ninguna necesidad
de destruir el
léxico básico cuando
puede ser utilizado eficazmente
en el transcurso
de varios períodos históricos,
sin hablar ya
de que la destrucción del caudal básico, acumulado
durante siglos, vista la
imposibilidad de crear
un nuevo vocabulario básico en
plazo breve, conduciría a la parálisis de la lengua, a la desorganización total
de las relaciones entre los hombres.
La estructura gramatical de una lengua cambia
aún más lentamente que su caudal de voces básico.
La estructura gramatical, elaborada a lo largo de
varias épocas, y siendo como es carne de la carne y
sangre
de la sangre
de la lengua,
cambia más
lentamente
todavía que el
caudal básico.
Naturalmente, sufre cambios con el curso del
tiempo,
se
perfecciona, mejora y
precisa sus reglas,
se
El marxismo y los problemas de la lingüística
enriquece con nuevas reglas, pero las bases de la
estructura gramatical subsisten durante un período muy largo, ya que, como lo
demuestra la historia, pueden
servir eficazmente a
la sociedad en el
transcurso de muchas épocas.
Por lo tanto, la estructura gramatical y el caudal
básico constituyen la base de la lengua y la esencia de su carácter específico.
La historia demuestra que la lengua posee gran
estabilidad y una colosal capacidad de resistencia
a la
asimilación forzosa. Algunos historiadores, en
lugar
de explicar este fenómeno, se limitan a manifestar
su
asombro.
Pero aquí no
hay ninguna razón
para
asombrarse.
La lengua debe
su estabilidad a la
estabilidad de su estructura gramatical y de su
caudal
básico. Los asimiladores turcos se esforzaron
durante
siglos por mutilar, destruir y aniquilar las
lenguas de
los
pueblos balcánicos. En
este período, el
vocabulario de las lenguas balcánicas sufrió
cambios
considerables, fueron adoptadas no pocas palabras y
expresiones
turcas, hubo «convergencias» y
«divergencias»,
pero las lenguas
balcánicas resistieron y han perdurado. ¿Por qué? Porque la estructura
gramatical y el léxico básico de estas lenguas se han mantenido en lo
fundamental.
De todo esto se desprende que la lengua y su
estructura no pueden
ser consideradas como
el producto de una sola época. La estructura de la lengua, su estructura
gramatical y caudal básico son el producto de varias épocas.
Es de suponer que los elementos de las lenguas
contemporáneas se constituyeron en la antigüedad más remota, antes de la época
de la esclavitud. Era aquélla una lengua poco compleja, con un caudal de voces
muy exiguo, pero con su propia estructura gramatical, que, si bien era
primitiva, no dejaba, por ello, de ser estructura gramatical.
El
posterior desarrollo de
la producción; la
aparición de las clases; la aparición de la
escritura; el
nacimiento
del Estado, que
necesitaba para la
dirección
una correspondencia más
o menos
ordenada; el desarrollo del comercio, que precisaba
de ella todavía en mayor medida; la aparición de la
imprenta, los progresos de la literatura: todo eso
ocasionó grandes cambios en el desarrollo de la
lengua. Durante este tiempo, las tribus y los
pueblos
se fraccionaban y dispersaban, se mezclaban y se
cruzaban, y posteriormente aparecieron las lenguas
nacionales y los Estados nacionales, se produjeron
revoluciones,
a los viejos
regímenes sociales
sucedieron
otros. Todo ello
introdujo cambios
mayores aún en la lengua y en su desarrollo.
Sin embargo, sería un error de bulto suponer que
la lengua se ha desarrollado del mismo modo que la
superestructura, es decir, destruyendo lo que
existía y
edificando lo nuevo. En realidad, las lenguas no se
han desarrollado destruyendo las existentes y
creando
otras,
sino desarrollando y
perfeccionando los
299
elementos fundamentales de las lenguas existentes.
Además, el paso de un estado cualitativo de la
lengua
a otro estado
cualitativo no se
ha operado por
explosión, destruyendo de un solo golpe lo viejo y
edificando lo nuevo, sino por acumulación gradual y
prolongada
de los elementos
del nuevo estado
cualitativo, de la nueva estructura de la lengua,
por la
extinción gradual de los elementos del viejo estado
cualitativo.
Hay
quien dice que
la teoría del
desarrollo
estadial de la lengua es una teoría marxista,
porque
reconoce la necesidad de explosiones súbitas como
una condición para el paso de la lengua de su vieja
calidad a una calidad nueva. Eso es falso, claro
está,
pues resulta difícil encontrar en esta teoría algo
de
marxista.
Y si la
teoría del desarrollo
estadial
reconoce efectivamente las explosiones súbitas en
la
historia del desarrollo de la lengua, tanto peor
para
ella.
El marxismo no
reconoce las explosiones
súbitas
en el desarrollo de
la lengua, la
muerte
repentina de una lengua existente y la súbita
creación
de una nueva lengua. Lafargue no tenía razón cuando
hablaba de la «súbita revolución lingüística que se
produjo entre 1789 y 1794» en Francia (Véase el
folleto de Lafargue La lengua y la revolución). En
la
Francia
de entonces no
se produjo ninguna
revolución lingüística, y menos aún súbita. Claro
está
que en ese
período el vocabulario
de la lengua
francesa
se enriqueció con
nuevas palabras y
expresiones; desaparecieron algunas palabras caídas
en desuso, cambió el sentido de ciertas palabras, y
nada más. Sin embargo, tales cambios no deciden en
modo alguno la suerte de una lengua. Lo principal
de
una lengua lo constituyen su estructura gramatical
y
su caudal básico. Pero la estructura gramatical y
el
vocabulario básico de la lengua francesa, lejos de
desaparecer en el período de la revolución burguesa
en Francia, se conservaron sin cambios esenciales,
y
no sólo se conservaron entonces, sino que continúan
existiendo
hoy día, en
la lengua francesa
contemporánea. No hablo ya de que para suprimir
una
lengua nacional y
crear otra (¡«una súbita
revolución lingüística»¡), cinco o seis años son un
plazo
ridículamente breve: para
eso hacen falta
siglos.
El marxismo considera que el paso de la lengua de
una vieja cualidad a una cualidad nueva no se produce por explosión ni por
destrucción de la lengua existente
y creación de
una nueva, sino
por acumulación gradual de los elementos de la nueva cualidad y, por
tanto, por extinción gradual de los elementos de la vieja cualidad.
Hay que decir en general, para conocimiento de
los camaradas que sienten pasión por las
explosiones,
que la ley del paso de una vieja cualidad a una
cualidad nueva por explosión no sólo es inaplicable
a
la historia del desarrollo de la lengua; tampoco
puede
aplicarse siempre a otros fenómenos sociales de la
300
base o de la superestructura. Esa ley es
obligatoria
para la sociedad dividida en clases hostiles. Pero
no
es obligatoria, en modo alguno, para una sociedad
en
la que no existan clases hostiles. En un período de
ocho a diez años realizamos en la agricultura de
nuestro país la transición del sistema burgués,
basado
en las haciendas campesinas individuales, al
sistema
socialista, al sistema koljosiano. Fue una
revolución
que liquidó el viejo sistema económico burgués en
el
campo y creó un nuevo sistema, el sistema
socialista.
Sin
embargo, esta revolución
no se efectuó
por
explosión, es decir, derrocando el Poder existente
e
instaurando
un nuevo Poder,
sino por transición
gradual del viejo sistema burgués en el campo a un
nuevo sistema. Y ello fue posible porque se trataba
de una revolución desde arriba, porque la
revolución
se llevó a cabo por iniciativa del Poder existente
con
el
apoyo de las
masas fundamentales del
campesinado.
Hay quienes dicen que los numerosos casos de
cruce de
lenguas que registra
la historia dan fundamento para suponer que con el cruce
se crea una nueva lengua por explosión, por transición súbita de una vieja cualidad
a una cualidad nueva. Eso es absolutamente falso.
El cruce de lenguas no puede ser considerado como
un solo golpe decisivo que surte efecto en unos pocos años. El cruce de lenguas
es un proceso largo, que dura siglos. Por eso no puede hablarse aquí de ninguna
explosión.
Prosigamos. Sería absolutamente erróneo suponer
que el cruce de dos lenguas, pongamos por caso,
produce una lengua nueva, una tercera lengua que no
se
parece a ninguna
de las dos
cruzadas y se
distingue cualitativamente de ambas. En realidad
una
de las lenguas
suele salir victoriosa
del cruce,
conserva su estructura gramatical y su léxico
básico y
continúa
desarrollándose con arreglo a
sus leyes
internas,
mientras que la
otra lengua pierde
gradualmente su cualidad y se extingue poco a poco.
Por
consiguiente, el cruce
no da una
lengua nueva, una tercera lengua, sino que conserva una de las lenguas
cruzadas, su estructura gramatical y su caudal
básico, permitiéndole desarrollarse con arreglo a sus leyes internas.
Verdad es que con el cruce el vocabulario de la
lengua victoriosa se enriquece en cierta medida a cuenta de
la lengua vencida,
pero eso, lejos
de debilitarla, la fortalece.
Ese ha sido el caso, por ejemplo, de la lengua
rusa, con la que se han cruzado en el curso del desarrollo histórico las
lenguas de otros pueblos y que ha salido siempre victoriosa.
Naturalmente el vocabulario de la lengua rusa se ha
completado a cuenta del vocabulario de esos otros idiomas, pero esto, lejos de
debilitarla, la ha hecho más rica y fuerte.
En cuanto al carácter específico nacional de la
J. V. Stalin
lengua
rusa, no sufrió
el menor daño,
pues, conservando su estructura
gramatical y su vocabulario básico, la lengua rusa ha
continuado progresando y perfeccionándose según
las leyes internas de su
desarrollo.
No cabe la menor duda de que la teoría del cruce
no puede aportar nada serio a la lingüística
soviética.
Si es cierto que la tarea principal de la
lingüística
consiste en estudiar las leyes internas del
desarrollo
de la lengua, habrá que reconocer que la teoría del
cruce ni siquiera la plantea, sin hablar ya de que
no la
resuelve; sencillamente no la ve o no la comprende.
PREGUNTA. ¿Ha
procedido acertadamente
Pravda al abrir
una libre discusión
sobre los problemas de la
lingüística?
RESPUESTA. Sí, ha procedido acertadamente.
En qué
dirección serán resueltos los problemas de
la lingüística se verá claro al final de la
discusión. Pero ya ahora se puede decir que la discusión ha sido muy
provechosa.
La discusión ha puesto en claro, ante todo, que en
las instituciones lingüísticas, tanto en el centro
como
en las repúblicas, imperaba un régimen impropio de
la ciencia, impropio en los hombres de ciencia. La
menor
crítica de la
situación en la
lingüística
soviética, incluso los más tímidos asomos de
crítica
de la llamada «nueva doctrina» en la lingüística,
eran
perseguidos y sofocados por los círculos
lingüísticos
dirigentes.
Valiosos trabajadores e
investigadores
eran destituidos de sus cargos o rebajados a
puestos
de menor importancia por abordar críticamente la
herencia
de N. Y.
Marr o expresar
la menor
desaprobación de su teoría. Se elevaba a los altos
cargos a lingüistas, no por el índice de trabajo
sino
por que aceptaban incondicionalmente la doctrina de
N. Y. Marr.
Todo el mundo reconoce que no hay ciencia que
pueda
desarrollarse y prosperar
sin lucha de
opiniones, sin libertad de crítica. Pero esta
regla,
universalmente reconocida era ignorada y pisoteada
sin contemplaciones. Se formó un grupo cerrado de
dirigentes infalibles que, poniéndose a salvo de
toda
posible
crítica, hacía ley
de sus caprichos
y
arbitrariedades.
Un ejemplo: el llamado «Curso de Bakú» (las
conferencias pronunciadas por N. Y. Marr en Bakú),
que el autor mismo declaró defectuoso y prohibió
reeditar,
ha sido, no
obstante, reeditado por
disposición de la casta de dirigentes (el camarada
Meschaninov los llama «discípulos» de N. y. Marr) e
incluido, sin hacer ninguna salvedad, entre los
libros
de texto recomendados a los estudiantes. Eso quiere
decir que se ha engañado a los estudiantes,
haciendo
pasar por un libro de texto de pleno valor un
«Curso»
reconocido
como defectuoso. Si
yo no estuviera
convencido
de la honradez
del camarada
Meschaninov
y de otros
lingüistas, diría que
El marxismo y los problemas de la lingüística
semejante proceder equivale a un sabotaje.
¿Cómo
ha podido ocurrir eso? Ha ocurrido porque
el
régimen a lo
Arakchéev implantado en la
lingüística fomenta la irresponsabilidad y estimula tales arbitrariedades.
La discusión ha resultado muy provechosa, ante
todo, porque ha sacado a la luz ese régimen a lo Arakchéev y lo ha pulverizado.
Pero el provecho reportado por la discusión no
acaba ahí.
La discusión no sólo ha demolido el viejo régimen
imperante en la lingüística, sino que, además, ha
puesto de manifiesto la increíble confusión de
ideas
que rema, en los problemas más importantes de la
lingüística, entre los círculos dirigentes de esta
rama
de la ciencia. Antes de comenzar la discusión, los
«discípulos» de N. Y. Marr callaban, silenciando
que
las cosas no marchaban bien en la lingüística.
Pero,
una vez comenzada la discusión, se hizo imposible
callar y tuvieron que pronunciarse en la prensa. ¿Y
qué ha resultado? Ha resultado que en la doctrina
de
N. Y. Marr hay muchas lagunas, errores, problemas
sin
precisar y tesis
insuficientemente elaboradas.
¿Por qué -se pregunta uno- los «discípulos» de N.
Y.
Marr no han hablado de ello hasta después de
abierta
la discusión? ¿Por qué no se han preocupado de ello
antes? ¿Por qué no lo dijeron a su debido tiempo,
franca
y honradamente, como
corresponde a los
hombres de ciencia?
Resulta
que, después de
haber reconocido
«algunos» errores de N. Y. Marr, sus «discípulos»
creen
que únicamente se
puede desarrollar la
lingüística
soviética basándose en
una versión
«precisada» de la teoría de N. Y. Marr, considerada
por ellos una teoría marxista. Pero ¡libresenos del
«marxismo» de N. Y. Marr! N. Y. Marr quería,
efectivamente, ser marxista y se esforzó por serlo,
pero
no lo consiguió.
No fue más
que un
simplificador y un vulgarizador del marxismo, como
los de «proletcult»309 y los de la RAPP.310
309 «Proletkulti» - organización de la Cultura
Proletaria. Desde el
punto de vista organizativo se fundó en la primera
conferencia
del Proletkult que tuvo lugar en septiembre de
1918. Los teóricos
de esta organización mantenían ideas ajenas al
marxismo. Bajo la
máscara de «la cultura proletaria» los partidarios
de Bogdánov
propugnaban
ideas filosóficas reaccionarias (Machismo),
negaban el papel dirigente del Partido y el Estado
soviético en la
edificación
cultural, separaban el
desarrollo de la
cultura
soviética de las tareas generales de la edificación
socialista,
negaban
la necesidad de
la explotación de
las precedentes
realizaciones culturales. Trataban que las
organizaciones del
Proletkult
fueran independientes del
Poder soviético y del
Partido.
Lenin intervino firmemente
contra los intentos
de
introducir
estas teorías anti-marxistas y
burguesas en el
Proletkult. A partir de 1922 las organizaciones de
Proletkult
comenzaron a dispersarse.
310 RAPP - organización política literaria que
existió desde 1925 hasta 1932. La RAPP tenía sus secciones y revistas en las
grandes ciudades de RSFSR.
Al principio la RAPP desempeñó un positivo papel y
agrupaba a
la mayoría de los escritores proletarios, que por
aquel entonces
301
N. Y. Marr introdujo en la lingüística la fórmula
errónea, no marxista,
de que la
lengua era superestructura, y se
hizo un embrollo, embrolló a la lingüística. Es imposible desarrollar la
lingüística soviética basándose en una fórmula errónea.
N. Y. Marr introdujo también en la lingüística otra
fórmula errónea y no marxista, la del «carácter de clase» de la lengua, y se
hizo un embrollo, embrolló a la lingüística. Es imposible desarrollar la
lingüística soviética basándose en una fórmula errónea, que está en
contradicción con todo el curso de la historia de los pueblos y de las lenguas.
N. Y. Marr introdujo en la lingüística un tono
inmodesto, jactancioso y
altanero, impropio del marxismo, un
tono que conduce
a negar gratuitamente y a la
ligera todo lo que había en la lingüística antes de N. Y. Marr.
N. Y. Marr
denigra chillonamente el
método
histórico-comparativo, tachándolo de «idealista».
Sin
embargo, hay que decir que el método histórico-
comparativo, a pesar de sus graves defectos, vale
más
que el análisis
según cuatro elementos -método
verdaderamente idealista- inventado por N. Y. Marr,
pues el primero impulsa al trabajo, al estudio de
las
lenguas,
mientras que el
segundo sólo induce
a
tumbarse a la bartola y a leer en tazas de café los
decantados cuatro elementos.
N. Y. Marr denigra altaneramente todo intento de
estudiar los grupos, (familias) de lenguas, viendo en él una manifestación de
la teoría de «protolengua». Y, sin embargo, no puede negarse que el parentesco
idiomático de naciones
como, por ejemplo,
las eslavas, no ofrece lugar a dudas ni que el estudio de ese parentesco
idiomático podría ser de gran valor para el estudio de las leyes del desarrollo
de la lengua. Y eso
sin hablar de
que la teoría
de «protolengua» tiene nada que ver aquí.
Oyendo
a N. Y.
Marr y, sobre
todo, a sus "discípulos», podría pensarse que
antes de N. Y. Marr no existía
la lingüística, que la lingüística apareció con la "nueva
doctrina» de N. Y. Marr, Marx y Engels
eran mucho más
modestos: consideraban que su
materialismo dialéctico era producto del desarrollo de las ciencias,
incluida la filosofía, en el período precedente.
Por tanto, la discusión ha ayudado a la causa en el
sentido de que
también ha descubierto
lagunas ideológicas en la lingüística soviética.
Creo que cuanto antes se desembarace nuestra
crearon muchas importantes obras. Sin embargo, en
la actividad de la RAPP
aparecieron importantes errores
ideopolíticos, particularmente al final de la tercera década. La RAPP
guardaba remanentes de Proletkult, sembraba el sectarismo y divulgaba el
espíritu de grupos.
Ya que la RAPP se convirtió en un obstáculo para el
posterior
desarrollo de la literatura, el CC del PC(b) de
Rusia con la
resolución del 23 de abril de 1932 «Sobre la
reconstrucción de
las organizaciones literario-artísticas» decidió la
liquidación de la
RAPP y se fundó la Liga de los Escritores
soviéticos de la URSS.
302
lingüística de los errores de N. Y. Marr, tanto más
rápidamente se la podrá sacar de la crisis por que atraviesa ahora.
Liquidar
el régimen a
lo Arakehéev en la
lingüística, renunciar a los errores de N. Y. Marr,
introducir el marxismo en la lingüística: tal es, a
mi
juicio, el camino para sanear la lingüística
soviética.
Publicado en «Pravda», el 20 de junio de 1950.
En torno a algunas cuestiones de la lingüística
Camarada Krashenínnikova:
Respondo a sus preguntas.
1. PREGUNTA. Su
artículo demuestra
convincentemente que la lengua no es ni base ni superestructura. ¿Sería
acertado considerar que la lengua es un fenómeno propio tanto de la base como
de la superestructura, o sería más justo considerar la lengua un fenómeno
intermedio?
RESPUESTA. Naturalmente, a la lengua, como
fenómeno social, le es propio lo común en todos los
fenómenos
sociales, comprendidas la
base y la
superestructura,
a saber: está
al servicio de la
sociedad, como todos los demás fenómenos sociales,
incluyendo la base y la superestructura. Pero aquí
termina, propiamente hablando, lo común a todos los
fenómenos
sociales. A partir
de aquí empiezan
diferencias importantes entre los fenómenos
sociales.
La cuestión estriba en que los fenómenos sociales,
además
de ese rasgo
común, tienen sus
particularidades específicas, que los diferencian a
unos de otros
y que tienen
para la ciencia una
importancia
primordial. Las particularidades
específicas de la base consisten en que ésta sirve
a la
sociedad desde el punto de vista económico. Las
particularidades
específicas de la
superestructura
consisten en que pone al servicio de la sociedad
ideas
políticas, jurídicas, estéticas y otras, crea para
la
sociedad las correspondientes instituciones
políticas,
jurídicas,
etc., etc. ¿En qué
consisten las
particularidades
específicas de la
lengua, que la
diferencian
de los demás
fenómenos sociales?
Consisten en que la lengua sirve a la sociedad como
medio de relación entre los hombres, como medio de
intercambio de ideas en la sociedad, como medio que
permite a los hombres entenderse mutuamente y
organizar el trabajo conjunto en todas las esferas
de
la
actividad humana, tanto
en la esfera
de la
producción
como en la
esfera de las
relaciones
económicas, tanto en la esfera de la política como
en
la esfera de la cultura, tanto en la vida social
como en
la vida privada. Estas particularidades son
exclusivas
de la lengua, y precisamente porque son exclusivas
de la lengua, ésta es objeto de estudio por una
ciencia
independiente: la lingüística. Si la lengua no
tuviera
esas
particularidades, la lingüística
perdería el
derecho a una existencia independiente.
En pocas palabras: no puede incluirse a la lengua
J. V. Stalin
ni en la categoría de las bases ni en la categoría
de las superestructuras.
Tampoco puede incluírsela en la categoría de los
fenómenos «intermedios» entre
la base y la
superestructura, pues tales fenómenos «intermedios»
no existen.
Pero ¿quizá
puede incluirse la
lengua en la
categoría de las fuerzas productivas de la
sociedad,
por ejemplo, en la categoría de los instrumentos de
producción?
En efecto, entre
la lengua y
los
instrumentos de producción hay cierta analogía: los
instrumentos de producción, lo mismo que la lengua,
manifiestan
cierta indiferencia hacia
las clases y
pueden servir por igual a las diversas clases de la
sociedad, tanto la las viejas como a las nuevas.
¿Ofrece esta circunstancia fundamento para incluir
la
lengua
en la categoría
de los instrumentos
de
producción? No, no lo ofrece.
Hubo un tiempo en que N. Y. Marr, viendo que su
fórmula «la lengua es una superestructura de la base» encontraba objeciones,
decidió «reorientarse» y
declaró que «la lengua
es un instrumento
de producción». ¿Tenía razón N. Y. Marr al incluir la lengua en la categoría
de los instrumentos
de producción? No, no tenía ninguna razón.
La cuestión estriba en que la semejanza entre la
lengua y los instrumentos de producción no va más
allá de la analogía que acabo de mencionar. Pero,
en
cambio,
entre la lengua
y los instrumentos
de
producción
hay una diferencia
esencial. Esa
diferencia
consiste en que
los instrumentos de
producción producen bienes materiales, mientras que
la lengua no produce nada o sólo «produce»
palabras.
Más exactamente dicho: si poseen instrumentos de
producción,
los hombres pueden
producir bienes
materiales,
pero si carecen
de ellos, no
pueden
producir bienes materiales aunque dispongan de una
lengua. No es difícil comprender que si la lengua
pudiera producir bienes materiales, los charlatanes
serían los hombres más ricos de la tierra.
2. PREGUNTA. Marx y Engels definen la lengua
como la «realidad inmediata del pensamiento», como
«la
conciencia práctica... real». «Las
ideas -dice
Marx- no existen separadamente de la lengua». ¿En
qué medida, a su juicio, debe ocuparse la
lingüística
del aspecto semántico de la lengua, de la
semántica,
de la semasiología histórica y del estilo, o bien
el
objeto
de la lingüística
debe ser únicamente
la
forma?
RESPUESTA.
La semántica (semasiología) es
una de las partes importantes de la lingüística. El
aspecto semántico tiene una seria importancia para
el
estudio de la lengua. Por eso debe asegurar a la
semántica (semasiología) el lugar que le
corresponde
en la lingüística.
Sin
embargo, al estudiar
sus problemas y al
utilizar
sus datos, no
debe exagerarse en
modo
El marxismo y los problemas de la lingüística
alguno la importancia de la semántica y menos aún
abusar de ella. Me refiero a algunos lingüistas que, llevados de una pasión
excesiva por la semántica, desprecian la lengua como «realidad inmediata del
pensamiento», indisolublemente ligada
con el pensamiento, separan el
pensamiento de la lengua y afirman que la lengua está en vías de desaparición y
que puede prescindirse de ella.
Preste atención a las siguientes palabras de N. Y.
Marr:
«La lengua sólo existe en la medida en que se
manifiesta en los sonidos; la acción de pensar se
produce
también sin ser
expresada... La lengua
(hablada) ha comenzado ya a transmitir sus
funciones
a novísimos inventos que vencen incondicionalmente
al
espacio, mientras que
el pensamiento va en
ascenso a cuenta de las riquezas que ha acumulado,
sin
utilizarlas, en el
pasado y de
sus nuevas
adquisiciones, y está llamado a desplazar y a
sustituir
plenamente a la lengua. La lengua futura será el
pensamiento, que crecerá en una técnica libre de la
materia
natural. Ninguna lengua,
ni siquiera la
hablada, vinculada, pese a todo, con las normas de
la
naturaleza,
podrá hacerle frente» (Véase «Obras
escogidas» de N. Y. Marr).
Si traducimos al simple lenguaje humano este
galimatías «mágico-laboral», podremos llegar a la conclusión de que:
a) N. Y. Marr separa el pensamiento de la lengua;
b) N. Y. Marr considera que los hombres pueden
relacionarse también sin una lengua, con ayuda del pensamiento mismo, libre de
la «materia natural» de la lengua, libre de las «normas de la naturaleza»;
c) al separar
el pensamiento de
la lengua y «liberarlo» de la «materia natural»,
idiomática, N. Y. Marr cae en el pantano del idealismo.
Dicen que los pensamientos surgen en la cabeza
del hombre antes de que sean enunciados en el
habla,
que surgen sin material idiomático, sin envoltura
idiomática o, por decirlo así, desnudos. Pero eso
es
absolutamente
falso. Cualesquiera que
sean los
pensamientos que surjan en la cabeza del hombre, y
cualquiera
que sea el
momento en que
surjan,
únicamente pueden surgir y existir sobre la base
del
material idiomático, sobre la base de los términos
y
las frases de la lengua. No existen pensamientos
desnudos, libres del material idiomático, libres de
la
«materia
natural» idiomática. «La lengua
es la
realidad
inmediata del pensamiento» (Marx). La
realidad del pensamiento se manifiesta en la
lengua.
Sólo idealistas pueden hablar del pensamiento sin
asociarlo a la «materia natural» de la lengua,
hablar
de un pensamiento sin lengua.
En
pocas palabras: la
exageración de la importancia de
la semántica y
el abuso de
ella condujeron a N. Y. Marr al idealismo.
303
Por consiguiente, la semántica (semasiología), si
se la preserva de exageraciones y abusos de la
índole
de los cometidos por N. Y. Marr y algunos de sus
«discípulos»,
puede reportar gran
beneficio a la
lingüística.
3. PREGUNTA. Usted dice con toda razón que
las ideas, las concepciones, las costumbres y los
principios
morales de los
burgueses y de los
proletarios son diametralmente opuestos. El
carácter
de
clase de estos
fenómenos se ha
reflejado
indudablemente en el aspecto semántico de la lengua
(y a veces también en su forma -en el vocabulario-,
como se señala acertadamente en su artículo). ¿Se
puede,
cuando se analiza
un material idiomático
concreto, y en primer término el aspecto semántico
de una lengua, hablar de la esencia de clase de los
conceptos por ella expresados, particularmente en
los
casos en que no sólo se trata de la expresión, en
palabras, del pensamiento del hombre, sino también
de su actitud ante la realidad, en la que se
manifiesta
con particular relieve la clase a que pertenece?
RESPUESTA. Brevemente hablando, usted quiere saber
si las clases influyen en la lengua, si aportan a la lengua sus palabras y
expresiones especificas, si existen
casos en que
los hombres den
diferente significado a unas mismas palabras y expresiones en
dependencia de la clase a que pertenezcan.
Sí, las clases influyen en la lengua, aportan a la
lengua sus palabras y expresiones específicas y, a veces, comprenden de modo
diferente unas mismas palabras y expresiones. Eso está fuera de dudas.
De aquí, sin embargo, no se desprende que las
palabras y las expresiones específicas, igual que
la
diferencia
en la semántica,
puedan tener una
importancia seria para el desarrollo de una lengua
común a todo
el pueblo, que
sean capaces de
aminorar su importancia o modificar su carácter.
En
primer lugar, esas
palabras y expresiones específicas, así como los casos
de diferencia en la semántica, son tan escasos que apenas constituyen el uno
por ciento de todo el material de la lengua. Por consiguiente, la enorme masa
restante de palabras y expresiones, así como su semántica, son comunes a todas
las clases de la sociedad.
En
segundo lugar, las
palabras y expresiones específicas, con matiz de clase,
no son utilizadas en el lenguaje ateniéndose a las reglas de una gramática de
«clase», que no existe bajo la capa del cielo, sino a las reglas de la
gramática de la lengua existente, común a todo el pueblo.
Por lo tanto,
la existencia de
palabras y
expresiones específicas, lo mismo que las
diferencias
en la semántica de una lengua no refutan, sino que,
por el contrario,
confirman la existencia
y la
necesidad de una lengua única, común a todo el
pueblo.
304
4. PREGUNTA. En su artículo califica usted con
toda razón a Marr de vulgarizador del marxismo.
¿Quiere decir esto que los lingüistas -entre ellos,
nosotros,
los jóvenes- debemos
rechazar toda la
herencia lingüística de Marr, en la cual hay, pese
a
todo,
algunas investigaciones lingüísticas
valiosas
(los camaradas Chikobava, Sanzhéev y otros han
hablado
de ellas en
la discusión)? ¿Podemos,
abordando con sentido crítico a Marr, tomar lo útil
y
valioso que haya eh él?
RESPUESTA. Naturalmente, las obras de N. Y.
Marr no contienen sólo errores. N. Y. Marr incurrió
en
burdísimos errores cuando
introdujo en la
lingüística
elementos de marxismo
adulterados,
cuando
intentó crear una
teoría lingüística
independiente. Pero N. Y. Marr tiene algunas obras
buenas y escritas con talento, en las que,
olvidándose
de sus pretensiones
teóricas, investiga:
concienzudamente y -hay que decirlo- con habilidad,
determinadas lenguas. En esos trabajos hay mucho
material valioso e instructivo. Naturalmente que
todo
lo valioso e instructivo que hay en N. Y. Marr debe
ser tomado y utilizado.
5. PREGUNTA. Muchos lingüistas estiman que el
formalismo es una
de las causas
principales del
estancamiento de la
lingüística soviética. Siento grandes deseos de conocer su opinión
acerca de en qué se manifiesta el formalismo en la lingüística y cómo debe
procederse para superarlo.
RESPUESTA. N. Y. Marr y sus «discípulos» acusan de
«formalismo» a todos los lingüistas que no comparten la «nueva doctrina» de N.
Y. Marr. Eso, naturalmente, no es serio ni inteligente.
N. Y. Marr consideraba que la gramática era puro
«formalismo» y formalistas a quienes veían en la estructura gramatical la base
de la lengua. Eso es una solemne majadería.
Yo creo que el «formalismo» ha sido inventado por
los autores de la «nueva doctrina» para combatir más fácilmente a sus
adversarios en la lingüística.
La
causa del estancamiento
de la lingüística
soviética no es el «formalismo» inventado por N. Y.
Marr y sus «discípulos», sino
el régimen a lo
Arakchéev y las lagunas teóricas en la lingüística.
El
régimen
a lo Arakchéev
lo han instaurado
los
«discípulos» de N. Y. Marr. La confusión teórica ha
sido llevada a la lingüística por N. Y. Marr y sus
más
cercanos adeptos. Para que no haya estancamiento
debe terminarse con lo uno y lo otro. La
eliminación
de esas úlceras saneará la lingüística soviética,
la
conducirá a un anchuroso camino y le permitirá
ocupar el primer lugar en la lingüística mundial.
29 de junio de 1950.
Publicado en «Pravda», el 4 de julio de 1950.
Respuestas a unos camaradas
J. V. Stalin
Al camarada Sanzhéev
Estimado camarada Sanzhéev:
Respondo a su carta con gran retraso, ya que sólo
ayer me fue transmitida por el aparato del Comité
Central.
Usted interpreta mi posición en el problema de los
dialectos con absoluta justeza.
Los dialectos «de clase», a los que sería más
exacto llamar jergas, no sirven a las masas
populares,
sino a una reducida capa de las altas esferas
sociales.
Por lo demás, no tienen ni estructura gramatical ni
léxico básico propios. A eso se debe que no puedan,
de
ninguna manera, convertirse
en lenguas
independientes.
Los dialectos locales («territoriales») sirven, por
el contrario, a las masas populares y tienen su
propia
estructura gramatical y su propio caudal de voces
básico. A ello se debe que algunos dialectos
locales,
en el proceso de formación de las naciones, puedan
servir de base a las lenguas nacionales y
desarrollarse
hasta llegar a ser lenguas nacionales
independientes.
Ese fue el caso, por ejemplo, del dialecto de
Kursk-
Orel (el «habla» de Kursk-Orel) de la lengua rusa,
que constituyó la base de la lengua nacional rusa.
Lo
mismo cabe decir del dialecto de Poltava-Kíev de la
lengua
ucraniana, que fue
la base de
la lengua
nacional ucraniana. En cuanto a los demás dialectos
de esas lenguas, pierden su originalidad, se funden
con esas lenguas y se diluyen en ellas.
Suele darse también el proceso inverso, cuando la
lengua única de un pueblo que no se ha convertido aún en
nación por no
existir las condiciones económicas necesarias para su
desarrollo, se hunde a causa de la disgregación estatal de este pueblo, y los
dialectos locales que aún no han tenido tiempo de fundirse en
una lengua única,
reviven y dan comienzo a
la formación de
distintas lenguas
independientes. Es posible que ése fuera el caso por ejemplo, de la lengua
mongola única.
11 de julio de 1950.
Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.
A los camaradas D. Belkin y S. Furer
He recibido sus cartas.
El error de ustedes consiste en que han mezclado
dos cosas diferentes y han suplantado por otro el tema examinado
en mi respuesta
a la camarada Krashenínnikova.
1. Yo critico en esa respuesta a N. Y. Marr, quien,
al tratar de la lengua (hablada) y del pensamiento,
separa la lengua del pensamiento y cae por ello en
el
idealismo. Por tanto, en mi respuesta me refiero a
personas normales, con el don de la palabra. Yo
afirmo que en esas personas los pensamientos sólo
pueden surgir sobre la base del material
idiomático,
que en las personas con el don de la palabra no
existen pensamientos desnudos, sin ligazón con el
El marxismo y los problemas de la lingüística
material idiomático.
En vez de aceptar o de rechazar esta tesis, ustedes
presentan a personas
anormales, sin habla,
a sordomudos, cuyos pensamientos, naturalmente, no pueden surgir sobre
la base del material idiomático. Como ven, éste es otro tema totalmente
distinto, al que no me he referido ni podía referirme, pues la lingüística se
ocupa de personas normales, con el don de
la palabra, y
no de personas
anormales, de sordomudos, que no
hablan.
Ustedes han suplantado el tema discutido por otro
que no ha sido puesto a discusión.
2. De la carta del camarada Belkin se desprende
que coloca en
un mismo plano
la «lengua de palabras» (lengua
hablada) con la «lengua mímica» (según N. Y. Marr, lengua «de las manos»). Por
lo visto, cree que la lengua mímica y la lengua de palabras son
equivalentes, que en
un tiempo la sociedad humana no tenía lengua de
palabras, que la lengua «de las manos» suplía entonces a la lengua de palabras,
que apareció después.
Pero si el camarada Belkin piensa efectivamente
así, incurre en un grave error. La lengua hablada o
la
lengua de palabras fue siempre el único lenguaje de
la sociedad humana capaz de servir como eficiente
medio de relación entre los hombres. La historia no
conoce ninguna sociedad humana, por más atrasada
que sea, sin su lengua hablada. La etnografía no
conoce ningún pequeño pueblo atrasado, aunque sea
tan primitivo o más aún que, pongamos por caso, los
australianos o los habitantes de la Tierra del
Fuego
en el siglo pasado, que no tenga su lengua hablada.
La lengua hablada es en la historia de la humanidad
una de las fuerzas que han ayudado a los hombres a
diferenciarse del resto de los animales, unirse en
sociedades, desarrollar su pensamiento, organizar
la
producción social, luchar con éxito contra las
fuerzas
de la naturaleza y llegar al progreso que
observamos
en la actualidad.
En este sentido, el papel de la llamada lengua
mímica
es insignificante, debido
a su extrema
pobreza y limitación. Propiamente dicho, no es una
lengua y ni siquiera un sucedáneo de lengua capaz
de
reemplazar de una u otra manera a la lengua
hablada,
sino un medio auxiliar, con recursos extremadamente
limitados,
que a veces
utiliza el hombre
para
subrayar uno u otro pasaje en su discurso. La
lengua
mímica y la lengua hablada son tan incomparables
como la primitiva azada de madera y el moderno
tractor-oruga,
con su arado
de cinco rejas,
o la
sembradora a tractor.
3. A lo que se ve, ustedes se interesan sobre todo
por
los sordomudos, y
sólo después por
los
problemas
de la lingüística. Al
parecer, es
precisamente
esta circunstancia la
que les ha
inducido a hacerme varias preguntas. Bien, ya que
ustedes insisten, procuraré satisfacer su ruego.
Así,
pues, ¿qué
puede decirse de
los sordomudos?
305
¿Poseen la facultad de pensar?, ¿surgen en ellos
pensamientos? Sí, poseen la facultad de pensar y en
ellos surgen pensamientos. Es evidente que, como
los
sordomudos
están privados del
habla, sus
pensamientos no pueden surgir sobre la base del
material
lingual. ¿Quiere decir
eso que los
pensamientos de los sordomudos son pensamientos
desnudos, sin nexo con las «normas de la
naturaleza»
(expresión de N. Y. Marr)? No, no quiere decir eso.
Los
pensamientos de los
sordomudos surgen y
pueden
existir únicamente sobre
la base de las
imágenes, las percepciones y las concepciones que
se
forman en su vida de los objetos del mundo exterior
y de las relaciones entre ellos mismos gracias a la
vista, el tacto, el gusto y el olfato. Fuera de
estas
imágenes,
percepciones y concepciones, el
pensamiento es huero, carece de todo contenido, es
decir, no existe.
22 de julio de 1950.
Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.
Al camarada A. Jolópov
He recibido su carta.
He
tardado un poco
en contestarle por
estar recargado de trabajo.
Su carta parte tácitamente de dos hipótesis: de la
hipótesis de que es admisible citar las obras de
uno o
de otro autor
haciendo abstracción del
período
histórico a que se refiere la cita y, en segundo
lugar,
de la hipótesis de que tales o cuales conclusiones
y
fórmulas del marxismo, resultado del estudio de uno
u otro período del desarrollo histórico, son justas
para todos los períodos de desarrollo y por eso
deben
permanecer inmutables.
Debo
decir que ambas
hipótesis son profundamente erróneas.
Algunos ejemplos.
1. En el quinto decenio del siglo pasado, cuando
aún no existía capitalismo monopolista, cuando el
capitalismo se desarrollaba de manera más o menos
uniforme, en línea ascendente, se extendía a nuevos
territorios que no había ocupado aún, y la ley de
la
desigualdad del desarrollo no podía actuar todavía
con
plena fuerza, Marx
y Engels llegaron
a la
conclusión de que la revolución socialista no
podría
triunfar en un solo país y únicamente podía vencer
mediante un golpe conjunto en todos o en la mayoría
de los países civilizados. Esta conclusión pasó a
ser
una tesis rectora para todos los marxistas.
Sin
embargo, en los
albores del siglo
XX,
especialmente en el período de la primera guerra
mundial, cuando para todos se hizo evidente que el
capitalismo premonopolista se había transformado de
manera
manifiesta en capitalismo
monopolista,
cuando el capitalismo ascendente se convirtió en
capitalismo moribundo, y cuando la guerra puso de
relieve
las incurables debilidades
del frente
306
imperialista mundial y la ley de la desigualdad del
desarrollo
predeterminó el que
la revolución
proletaria
maduraría en épocas
diferentes en los
distintos
países, Lenin, partiendo
de la teoría
marxista, llegó a la conclusión de que en las
nuevas
condiciones del desarrollo la revolución socialista
podía perfectamente triunfar en un solo país; de
que
el triunfo simultáneo de la revolución socialista
en
todos
los países o
en la mayoría
de los países
civilizados era imposible debido a que la
revolución
no maduraba por igual en dichos países; de que la
vieja fórmula de Marx y Engels no correspondía ya a
las nuevas condiciones históricas.
Como se ve,
tenemos aquí dos
conclusiones distintas sobre el problema del triunfo del socialismo, que
no sólo se contradicen, sino que se excluyen mutuamente.
Los
dogmáticos y los
talmudistas, que citan
mecánicamente, sin penetrar en la esencia de las
cosas,
haciendo abstracción de
las condiciones
históricas,
pueden decir que
una de estas
conclusiones, por ser absolutamente injusta, debe
ser
rechazada,
y la otra
conclusión, por ser
absolutamente justa, debe hacerse extensiva a todos
los períodos del desarrollo. Pero los marxistas no
pueden ignorar que los dogmáticos y los talmudistas
se
equivocan, no pueden
ignorar que ambas
conclusiones son justas, pero no
incondicionalmente,
sino cada una para su época: la de Marx y Engels
para el período del capitalismo premonopolista, y
la
de
Lenin para el
período del capitalismo
monopolista.
2.
Engels decía en su
«Anti-Dühring» que,
después del triunfo de la revolución socialista, el
Estado había de extinguirse. Sobre esta base,
después
del triunfo de la Revolución Socialista en nuestro
país, los dogmáticos y los talmudistas en nuestro
Partido exigían que el Partido tomase medidas para
acelerar la extinción de nuestro Estado, para
disolver
los organismos del Estado, para renunciar al
ejército
permanente.
Sin embargo, el estudio de la situación mundial en
nuestra época llevó a los marxistas soviéticos a la
conclusión
de que en
las condiciones de
cerco
capitalista,
cuando la revolución
socialista ha
triunfado en un solo país y en todos los demás
domina
el capitalismo, el
país de la
revolución
triunfante no debe debilitar, sino reforzar por
todos
los medios su estado, los organismos del Estado, el
servicio de inteligencia y el ejército, si no
quiere ser
aplastado por el cerco capitalista. Los marxistas
rusos
llegaron a la conclusión de que la fórmula de
Engels
se refiere al triunfo del socialismo en todos los
países
o en la mayoría de los países y es inaplicable
cuando
el socialismo triunfa en un solo país, mientras en
todos los demás países domina el capitalismo.
Como se ve, tenemos aquí dos diferentes fórmulas
relativas a los destinos del Estado socialista, dos
J. V. Stalin
fórmulas que se excluyen mutuamente.
Los
dogmáticos y los talmudistas pueden decir
que
esta circunstancia crea
una situación
insoportable, que hay que rechazar una fórmula, por
ser absolutamente errónea, y extender la otra, por
ser
absolutamente
justa, a todos
los períodos del
desarrollo del Estado socialista. Pero los
marxistas no
pueden ignorar que los dogmáticos y los talmudistas
se equivocan, pues ambas fórmulas son justas, pero
no de manera incondicional, sino cada una para su
época: la de los marxistas soviéticos para el
período
del triunfo del socialismo en uno o en varios
países, y
la de Engels
para el período
en que el
triunfo
consecutivo
del socialismo en
distintos países
conduzca al triunfo del socialismo en la mayoría de
los países y se creen, por tanto, las condiciones
necesarias para la aplicación de la fórmula de
Engels.
Podrían multiplicarse estos ejemplos.
Lo mismo hay que decir de las dos fórmulas
diferentes sobre el problema de la lengua, tomadas de distintas obras de Stalin
y citadas por el camarada Jolópov en su carta.
El camarada Jolópov se remite a la obra de Stalin
«Acerca del marxismo en la lingüística» donde se
saca la conclusión de que, como resultado del
cruce,
por
ejemplo, de dos
lenguas, una de
ellas sale
habitualmente vencedora, mientras que la otra se
extingue, y que, por consiguiente, el cruce no da
una
lengua nueva, una tercera lengua, sino que conserva
una de las lenguas. Más adelante se remite a otra
conclusión tomada del informe de Stalin al XVI
Congreso del PC(b) de la URSS, donde se dice que
en el período del triunfo del socialismo en escala
mundial, cuando el socialismo se haya consolidado y
sea un sistema
de vida habitual,
las lenguas
nacionales deberán fundirse inevitablemente en una
lengua común que, como es natural, no será ni el
gran-ruso ni el alemán, sino una lengua nueva. Al
comparar estas dos fórmulas y ver que no sólo no
coinciden, sino que se excluyen, el camarada
Jolópov
se
desespera. «Por su
artículo -escribe- he
comprendido que del cruce de lenguas nunca puede
obtenerse una lengua nueva, mientras que antes de
la
aparición del artículo estaba firmemente
convencido,
de acuerdo con su discurso en el XVI Congreso del
PC(b) de la URSS, de que en el comunismo las
lenguas se fundirían en una lengua común».
Por lo visto, el camarada Jolópov ha descubierto
una contradicción entre
estas dos fórmulas
y, firmemente convencido de que debe ser suprimida, considera necesario
desembarazarse de una fórmula, como injusta, y asirse a la otra fórmula, como
justa para todos los tiempos y todos los países; pero no sabe a qué fórmula
precisamente asirse. Resulta algo así
como una situación
sin salida. El
camarada Jolópov ni siquiera sospecha que ambas fórmulas pueden ser
justas, cada una para su época.
Así les ocurre siempre a los dogmáticos y a los
El marxismo y los problemas de la lingüística
talmudistas, que, sin penetrar en la esencia de las
cosas y citando mecánicamente, sin relación con las condiciones históricas a
que se refieren las citas, se ven siempre en una situación sin salida.
No obstante, si se examina el fondo de la cuestión
no hay ningún fundamento para considerar que esa situación no tiene salida. La
cuestión estriba en que el folleto de Stalin «Acerca del marxismo en la
lingüística» y el
discurso de Stalin
en el XVI Congreso
del Partido se
refieren a dos
épocas totalmente distintas, razón por la cual las fórmulas resultan
también distintas.
La fórmula dada por Stalin en su folleto, en la
parle que habla del cruce de las lenguas, se
refiere a
la época anterior al triunfo del socialismo en
escala
mundial; cuando las clases explotadoras son la
fuerza
dominante en el mundo; cuando el yugo nacional y
colonial sigue en pie; cuando el aislamiento
nacional
y la desconfianza entre las naciones están
afianzados
por las diferencias estatales; cuando no existe aún
la
igualdad de derechos de las naciones; cuando el
cruce de las lenguas se opera en la lucha por la
dominación de una de las lenguas; cuando no existen
aún las condiciones para la colaboración pacífica y
amistosa de las naciones y de las lenguas; cuando
no
son la colaboración y el enriquecimiento mutuo de
las lenguas, sino la asimilación de unas lenguas y
el
triunfo de otras, lo que está a la orden del día.
Es
lógico que en esas condiciones sólo pueda haber
lenguas vencedoras y lenguas vencidas. Precisamente
a esas condiciones se refiere la fórmula de Stalin
cuando
dice que el
cruce, por ejemplo,
de dos
lenguas no da por resultado la formación de una
lengua nueva, sino el triunfo de una de las lenguas
y
la derrota de la otra.
En cuanto a la otra fórmula de Stalin, tomada de
su discurso en el XVI Congreso del Partido, en la
parte relativa a la fusión de las lenguas en una
lengua
común, se refiere a otra época, a saber, la época
posterior al triunfo del socialismo en escala
mundial,
en la que ya no existirá el imperialismo mundial,
las
clases explotadoras habrán sido derrocadas, el yugo
nacional
y colonial suprimido,
el aislamiento
nacional
y la desconfianza entre
las naciones
sustituidos
por la confianza
recíproca y el
acercamiento de las naciones; en la que la igualdad
de derechos de las naciones será una realidad, la
política de aplastamiento y asimilación de las
lenguas
habrá sido eliminada, la colaboración de las
naciones
será un hecho
y las lenguas
nacionales podrán
enriquecerse
libre y recíprocamente mediante
la
colaboración. Es lógico que en estas condiciones no
pueda ni hablarse del aplastamiento y la derrota de
unas lenguas ni del triunfo de otras. Aquí el
problema
no afectará a dos lenguas, de las cuales una
sucumbe
y la otra sale vencedora de la lucha, sino a
centenares
de lenguas nacionales, de las cuales, como
resultado
de una larga
colaboración económica, política
y
307
cultural
de las naciones,
irán destacándose al
principio lenguas únicas zonales más enriquecidas,
y,
después, las
lenguas zonales se
fundirán en una
lengua internacional común que, naturalmente, no
será ni el alemán, ni el rusa, ni el inglés, sino
una
nueva
lengua, que habrá
absorbido los mejores
elementos de las lenguas nacionales y zonales.
Por
consiguiente, esas dos
fórmulas distintas
corresponden a dos épocas distintas del desarrollo
de
la sociedad y, precisamente por eso, por
corresponder
a ellas, ambas fórmulas son justas, cada una para
su
época.
Exigir
que estas fórmulas
no estén en contradicción entre sí, que no se
excluyan, es tan absurdo como exigir que la época de la dominación del
capitalismo no esté en contradicción con la época de la dominación del
socialismo, que el socialismo y el capitalismo no se excluyan entre sí.
Los dogmáticos y los talmudistas consideran que
el
marxismo, que las
distintas conclusiones y
fórmulas del marxismo son una colección de dogmas
que «nunca» varían, aunque varíen las condiciones
del
desarrollo de la
sociedad. Creen que
si se
aprenden de memoria estas conclusiones y fórmulas
y se ponen a citarlas a diestro y siniestro,
estarán en
condiciones de resolver cualquier problema, pues
suponen que las conclusiones y fórmulas aprendidas
de memoria les servirán para todos los tiempos y
para todos los países, para todos los casos de la
vida.
Pero así sólo pueden pensar quienes ven la letra
del
marxismo, pero no captan su esencia, quienes se
aprenden de memoria los textos de las conclusiones
y
fórmulas
del marxismo, pero
no comprenden su
contenido.
El
marxismo es la
ciencia de las
leyes del
desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, la
ciencia
de la revolución de las masas oprimidas y
explotadas,
la ciencia de la victoria del socialismo en todos
los
países, la ciencia de la edificación de la sociedad
comunista. El marxismo, como ciencia que es, no
puede
permanecer estancado: se
desarrolla y se
perfecciona. En su desarrollo, el marxismo no puede
dejar de enriquecerse con nuevas experiencias, con
nuevos conocimientos, y, por tanto, algunas de sus
fórmulas y conclusiones tienen forzosamente que
cambiar con el tiempo, tienen forzosamente que ser
sustituidas
por nuevas fórmulas
y conclusiones,
correspondientes a las nuevas tareas históricas. El
marxismo
no reconoce conclusiones
y fórmulas
inmutables,
obligatorias para todas
las épocas y
períodos.
El marxismo es
enemigo de todo
dogmatismo.
28 de julio de 1950.
Publicado en «Pravda», el 2 de agosto de 1950.
PROBLEMAS ECO ÓMICOS DEL SOCIALISMO E LA URSS
A los participantes en
la discusión sobre problemas de Economía.
Observaciones sobre cuestiones de economía
relacionadas con la discusión de noviembre de
1951
Dispongo de todos los documentos relacionados con
la discusión económica celebrada para apreciar el proyecto de manual de
Economía Política. He recibido, entre esos documentos, las «Propuestas para
mejorar el proyecto
de manual de
Economía Política», las «Propuestas para eliminar los errores y las
inexactitudes» en el proyecto, y la «Relación de las cuestiones discutibles».
Estimo necesario hacer respecto a todos estos
materiales, y también
respecto al proyecto
de manual, las siguientes observaciones.
1. El carácter de las leyes económicas en el
socialismo
Algunos camaradas niegan el carácter objetivo de
las leyes de la ciencia, principalmente de las
leyes de
la Economía Política en el socialismo. Niegan que
las
leyes de la Economía Política reflejan el carácter
regular de
procesos que se operan
independientemente de la voluntad de los hombres.
Consideran que en virtud del papel especial que la
historia ha asignado al Estado Soviético, éste y
sus
dirigentes pueden abolir las leyes de la economía
política existentes, pueden «formar» nuevas leyes,
«crear» nuevas leyes.
Esos camaradas se equivocan profundamente. Por
lo visto, confunden
las leyes de la
ciencia, que reflejan procesos objetivos de la naturaleza o de la
sociedad, procesos independientes de la voluntad de los hombres,
con las leyes promulgadas
por los gobiernos, creadas por la
voluntad de los hombres y que tienen únicamente fuerza jurídica. Pero no se
debe confundirlas de ningún modo.
El marxismo concibe las leyes de la ciencia -lo
mismo
si se trata
de las leyes
de las Ciencias
Naturales que de las leyes de la Economía Política-
como reflejo de procesos objetivos que se operan
independientemente de la voluntad de los hombres.
Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a
conocerlas, estudiarlas, tomarlas en consideración
al
actuar y aprovecharlas en interés de la sociedad;
pero
no pueden modificarlas ni abolirlas. Y aún menos
pueden formar o crear nuevas leyes de la ciencia.
¿Quiere decir eso que, por ejemplo, los efectos de
la acción de las leyes naturales, los efectos de la
acción
de las fuerzas
de la naturaleza
sean en
absoluto ineluctables, que las acciones
destructivas
de las fuerzas naturales tengan siempre y en todas
partes la fuerza inexorable de elementos que no se
someten a la influencia del hombre? No, no quiere
decir eso. Si excluimos los procesos astronómicos,
geológicos y otros análogos en los que los hombres,
incluso cuando han llegado a conocer las leyes de
su
desarrollo,
son verdaderamente impotentes
para
influir en ellos, en muchos otros casos los hombres
no son, en absoluto, impotentes para influir en los
procesos naturales. En todos esos casos, los
hombres,
una vez han conocido las leyes de la naturaleza,
pueden, tomándolas en consideración y apoyándose
en ellas, utilizándolas
y
aprovechándolas
debidamente, reducir la esfera de su acción,
encauzar
en otra dirección
las fuerzas destructivas
de la
naturaleza y hacer que rindan provecho a la
sociedad.
Tomemos un ejemplo entre muchos. En tiempos
remotísimos, el desbordamiento de los grandes ríos,
las inundaciones y la destrucción de viviendas y de
sembrados,
a las inundaciones aparejadas,
considerábanse
como una calamidad
ineluctable,
contra la que los hombres nada podían hacer. Sin
embargo, con el transcurso del tiempo, al aumentar
los conocimientos del hombre, cuando los hombres
aprendieron a levantar diques y a construir
centrales
hidroeléctricas,
se hizo posible
preservar a la
sociedad de calamidades como las inundaciones, que
antes parecían ineluctables, Más aún, los hombres
aprendieron a poner freno a las fuerzas
destructivas
de la naturaleza, a domarlas, por decirlo así, a
hacer
que la fuerza del agua prestase servicio a la
sociedad
y a utilizarla para regar los campos y obtener
energía.
¿Quiere decir eso que los hombres abolieron de
esta manera las leyes de la naturaleza, las leyes
de la
ciencia, que crearon nuevas leyes de la naturaleza,
nuevas leyes de la ciencia? No, no quiere decir
eso.
La realidad es que todo lo que se hace para
prevenir
la acción de la fuerza destructiva del agua y para
utilizar esa fuerza en interés de la sociedad,
hácese
sin violar en lo más mínimo, modificar o destruir
las
leyes de la ciencia, sin crear nuevas leyes de la
Problemas económicos del socialismo en la URSS
ciencia. Al contrario: todo eso se hace basándose
estrictamente en las leyes de la naturaleza, en las
leyes de la ciencia, pues cualquier infracción de
las
leyes de la naturaleza, aún la más mínima,
conduciría
únicamente a estropearlo todo, lo frustraría todo.
Lo
mismo hay que
decir de las
leyes del
desarrollo económico, de las leyes de la Economía
Política, tanto si se trata del período del
capitalismo,
como del período del socialismo. Aquí, lo mismo que
en las Ciencias Naturales, las leyes del desarrollo
económico
son leyes objetivas
que reflejan los
procesos del desarrollo económico, procesos que se
operan independientemente de la voluntad de los
hombres. Los hombres pueden descubrir esas leyes,
llegar
a conocerlas y,
apoyándose en ellas,
aprovecharlas en interés de la sociedad, encauzar
en
otra dirección la acción destructiva de algunas
leyes,
limitar la esfera de su acción, dar vía libre a
otras
leyes que van abriéndose camino; pero no pueden
destruir unas leyes económicas y crear otras
nuevas.
Una de las peculiaridades de la Economía Política
consiste en que sus leyes no son duraderas, como
las
leyes de las Ciencias Naturales, pues las leyes de
la
Economía Política, por lo menos la mayoría de
ellas,
actúan
en el transcurso
de un período
histórico
determinado, y después ceden lugar a nuevas leyes.
Pero las leyes económicas no son destruidas, sino
que cesan de actuar debido a nuevas condiciones
económicas y se retiran de la escena para dejar
sitio a
leyes nuevas, que no son creadas por la voluntad de
los hombres, sino que nacen sobre la base de nuevas
condiciones económicas.
Se
invoca el «Anti-Dühring» de
Engels, su
fórmula de que, al ser liquidado el capitalismo y
hechos propiedad común los medios de producción,
los hombres dominan estos medios de producción y
se liberan del yugo de las relaciones económicas
sociales,
convirtiéndose en «dueños» de
su vida
social. Engels llama a esa libertad «necesidad
hecha
conciencia». Pero, ¿qué puede significar «necesidad
hecha conciencia»? Significa que los hombres, una
vez han conocido las leyes objetivas («necesidad»),
las utilizan, con plena conciencia de lo que hacen,
en
interés de la sociedad. Por eso Engels dice en esa
misma obra que:
«Las leyes de sus propias acciones sociales, leyes
que hasta ahora se oponían a los hombres como leyes extrañas, como
leyes naturales que
los tenían sometidos, serán
aprovechadas por los hombres con pleno conocimiento de causa y, por tanto,
serán dominadas por ellos».
Como puede verse, la fórmula de Engels no habla, ni
mucho menos, en favor de quienes piensan que en el socialismo se puede destruir
las leyes económicas existentes y crear otras nuevas. Al contrario: esa
fórmula no exige
que se destruyan
las leyes económicas, sino
que se las
conozca y se las
aproveche inteligentemente.
309
Se dice que
las leyes económicas
tienen un
carácter espontáneo, que su acción es ineluctable,
que la sociedad es impotente ante esas leyes. Eso
no
es
cierto. Eso es
hacer de las leyes un fetiche,
entregarse a ellas como un esclavo. Está demostrado
que la sociedad
no es impotente
ante las leyes
económicas; que puede, apoyándose en ellas después
de haber llegado a conocerlas, limitar la esfera de
su
acción, aprovecharlas en interés de la sociedad y
«domarlas»,
como ocurre con
las fuerzas de la
naturaleza
y con sus
leyes, como sucede
en el
ejemplo
arriba citado del
desbordamiento de los
grandes ríos.
Se invoca el papel especial que corresponde al
Poder Soviético en la construcción del socialismo y se dice que ese papel le
permite destruir las leyes del desarrollo económico existentes y «formar» otras
nuevas. Eso tampoco es cierto.
El papel especial del Poder Soviético se debe a
dos circunstancias: en primer lugar, a que el Poder
Soviético
no tuvo que
sustituir una forma
de
explotación por otra, como ocurrió en las viejas
revoluciones,
sino suprimir toda
explotación; en
segundo lugar, a que como en el país no existía
ningún
germen de economía
socialista, el Poder
Soviético tuvo que crear «en terreno virgen», por
decirlo así, nuevas formas de economía, las formas
socialistas de economía.
Era
ésta, indudablemente, una
tarea difícil y
compleja, que no tenía precedente. Sin embargo, el
Poder Soviético la cumplió con honor. Pero no la
cumplió
porque hubiera destruido
las leyes
económicas existentes y «formando» otras nuevas,
sino
únicamente porque se
apoyó en la ley
económica
de la armonía
obligatoria entre las
relaciones de producción y el carácter de las
fuerzas
productivas. Las fuerzas productivas de nuestro
país,
particularmente en la industria, tenían carácter
social,
pero la forma de la propiedad era privada,
capitalista.
Basándose
en la ley
económica de la
armonía
obligatoria entre las relaciones de producción y el
carácter
de las fuerzas
productivas, el Poder
Soviético socializó los medios de producción, los
hizo propiedad de todo el pueblo y de esta manera
destruyó el sistema de la explotación y creó las
formas socialistas de economía. De no haber
existido
esa ley y sin apoyarse en ella, el Poder Soviético
no
habría podido cumplir su tarea.
La ley económica de la armonía obligatoria entre
las relaciones de producción y el carácter de las
fuerzas productivas pugna por abrirse camino en los
países capitalistas desde hace tiempo. Y si aún no
se
ha abierto camino y no tiene vía libre, es porque
tropieza
con la empeñadísima
resistencia de las
fuerzas sociales llamadas a desaparecer. Aquí nos
encontramos
con otra peculiaridad
de las leyes
económicas. A diferencia de las leyes de las
Ciencias
Naturales,
en las que
el descubrimiento y la
310
aplicación
de una nueva
ley, casi no
encuentra
obstáculos en la esfera económica el descubrimiento
y la aplicación de una nueva ley, como ella afecta
a
los
intereses de las
fuerzas sociales llamadas
a
desaparecer, choca con la resistencia tenacísima de
esas fuerzas. Se necesita, por tanto, una fuerza,
una
fuerza social capaz de vencer esa resistencia. Esa
fuerza fue en nuestro país la alianza de la clase
obrera y de los campesinos, que representaban a la
aplastante mayoría de la sociedad. Esa fuerza no
existe aún en otros países, en los países
capitalistas.
Ese es el
secreto de que
el Poder Soviético
consiguiese
derrotar a las
viejas fuerzas de la
sociedad, de que la ley económica de la armonía
obligatoria entre las relaciones de producción y el
carácter
de las fuerzas
productivas obtuviera en
nuestro país el más amplio campo para su
desarrollo.
Se dice que
la necesidad de
un desarrollo
armónico (proporcional) de la economía de nuestro
país permite al Poder Soviético destruir las leyes
económicas existentes y crear otras nuevas. Eso es
completamente
erróneo. No se
puede confundir
nuestros planes anuales y quinquenales con la ley
económica
objetiva del desarrollo
armónico,
proporcional, de la economía del país. La ley del
desarrollo armónico de la economía surgió como
oposición a la ley de la concurrencia y de la
anarquía
de la producción bajo el capitalismo. Surgió sobre
la
base de la socialización de los medios de
producción,
una vez hubo
perdido su fuerza
la ley de la
concurrencia y de la anarquía de la producción.
Entró
en acción porque la economía socialista únicamente
puede desarrollarse basándose en la ley económica
del desarrollo armónico de la economía. Eso quiere
decir
que la ley
del desarrollo armónico
de la
economía da a nuestros organismos correspondientes
la posibilidad de planificar con acierto la
producción
social. Pero no se puede confundir la posibilidad
con
la realidad. Son dos cosas diferentes. Para
convertir
la posibilidad en realidad, hay que estudiar esa
ley
económica, hay que dominarla, hay que aprender a
aprovecharla con entero conocimiento de causa, hay
que
confeccionar planes que
reflejen con toda
plenitud las exigencias de esa ley. No puede
decirse
que nuestros planes anuales y quinquenales reflejen
plenamente las exigencias de esa ley económica.
Se dice que algunas leyes económicas, y entre
ellas la ley del valor, que actúan en nuestro país,
en
el socialismo, son leyes «transformadas», e incluso
«radicalmente
transformadas» basándose en
la
economía planificada. Eso tampoco es cierto. Es
imposible «transformar» las
leyes, y menos
aún
«radicalmente».
Si fuera posible
transformarlas,
también
lo sería destruirlas,
substituyéndolas por
otras leyes. La tesis de la «transformación» de las
leyes es un resabio de esa desacertada fórmula que
habla de la «destrucción» y la «formación» de las
leyes. Aunque la fórmula de la transformación de
las
J. V. Stalin
leyes económicas hace ya tiempo que está en uso
entre nosotros, tendremos que renunciar a ella, a fuerza de exactos. Se puede
limitar la esfera de acción de estas
o aquellas leyes
económicas, se puede prevenir sus
acciones destructivas, en caso, naturalmente, de que las haya, pero no se puede
«transformarlas» o «destruirlas».
Por
consiguiente, cuando se
habla de
«sometimiento» de las fuerzas de la naturaleza o de
las fuerzas económicas, de «dominio» sobre ellas,
etc., etc., ello no quiere decir, ni mucho menos,
que
los hombres puedan «destruir» las leyes de la
ciencia
o «formarlas». Al contrario: ello sólo quiere decir
que los hombres pueden descubrir las leyes, llegar
a
conocerlas, dominarlas, aprender a utilizarlas con
pleno
conocimiento de causa,
aprovecharlas en
interés de la sociedad y, de esa manera,
someterlas,
lograr dominarlas.
Así, pues, las leyes de la Economía Política en el
socialismo son leyes objetivas que reflejan el carácter regular de
los procesos de
la vida económica, procesos que
se operan independientemente de nuestra voluntad. Quien niega esta tesis,
niega en el fondo la ciencia; y, al negar la ciencia niega toda
posibilidad de previsión,
es decir, niega
la posibilidad de dirigir la vida económica.
Pueden decirnos que todo lo expuesto aquí es
acertado y conocido- por todo el mundo, pero que en
ello no hay nada de nuevo y, por consiguiente, no
vale la pena de perder tiempo repitiendo verdades
tan
sabidas. Naturalmente, aquí no hay, en efecto, nada
nuevo, pero sería erróneo suponer que no vale la
pena de perder tiempo repitiendo algunas verdades
ya sabidas. La realidad es, que a nosotros, como
núcleo dirigente, se suman cada año miles de
cuadros
nuevos, de cuadros jóvenes, que arden en deseos de
ayudarnos, que arden en deseos de mostrar lo que
valen, pero que no tienen una preparación marxista
suficiente, que no conocen muchas de las verdades
para nosotros bien conocidas y se ven obligados a
errar
en la oscuridad.
Les dejan atónitos
las
realizaciones
colosales del Poder
Soviético, les
producen
vértigo los extraordinarios éxitos
del
régimen
soviético, y se
imaginan que el
Poder
Soviético «lo puede todo», que «nada le es
difícil»,
que puede destruir las leyes de la ciencia y formar
nuevas leyes. ¿Cómo debemos proceder con esos
camaradas? ¿Cómo debemos educarles en el espíritu
del marxismo-leninismo? Pienso que repetir de una
manera
sistemática las llamadas
verdades «bien
sabidas», explicarlas pacientemente, es uno de los
mejores
medios para dar
a esos camaradas
una
educación marxista.
2. La producción mercantil en el socialismo
Algunos
camaradas afirman que
el Partido
procedió desacertadamente a mantener la producción
mercantil
después de haber
tomado el Poder
y
Problemas económicos del socialismo en la URSS
nacionalizado los medios de producción en nuestro
país. Consideran que el Partido debió suprimir en aquel mismo momento la
producción mercantil. Esos camaradas invocan a Engels, que dice: «Cuando la
sociedad tome en
sus manos los
medios de producción, será
suprimida la producción mercantil y con ello, el dominio de los productos sobre
los productores» (véase: «Anti-Dühring»).
Esos camaradas se equivocan profundamente.
Analicemos
la fórmula de Engels. No se puede
considerar que la fórmula de Engels sea bien clara
y
exacta, pues en ella no se dice si la sociedad toma
en
sus manos todos los medios de producción o sólo
parte de ellos, es decir, si todos los medios de
producción pasan a ser patrimonio de todo el pueblo
o si sólo pasa a serlo parte de ellos. Por tanto,
esta
fórmula de Engels puede ser entendida así y asá.
En otro lugar del «Anti-Dühring» Engels habla de la
posesión de «todos los medios de producción», y de la posesión de «todo el
conjunto de los medios de producción». Por tanto, Engels no se refiere en su
fórmula a la nacionalización de parte de los medios de producción,
sino de todos
los medios de producción, es decir, a hacer patrimonio
de todo el pueblo los medios
de producción no
sólo en la industria, sino también en la agricultura.
De aquí se desprende que Engels se refiere a
países donde el capitalismo y la concentración de
la
producción están lo bastante desarrollados, no sólo
en la industria, sino también en la agricultura,
para
que se pueda
expropiar todos los
medios de
producción del país y hacer de ellos patrimonio del
pueblo entero. Por consiguiente, Engels considera
que en esos países se debería, paralelamente a la
socialización de todos los medios de producción,
suprimir
la producción mercantil. Y
eso,
naturalmente, es acertado.
A fines del
siglo pasado, cuando
apareció el
«Anti-Dühring»,
el único país
así era Inglaterra
donde
el desarrollo del
capitalismo y la
concentración de la producción habían alcanzado,
tanto en la industria como en la agricultura, un
nivel
que, en
caso de tomar el
Poder el proletariado,
permitiría convertir en patrimonio del pueblo
entero
todos
los medios de
producción y suprimir
la
producción mercantil.
En este caso me abstraigo de la importancia que
tiene para Inglaterra el comercio exterior, cuyo
peso
específico, en la economía nacional de ese país, es
enorme. Pienso que sólo después de estudiar este
problema
se podría resolver
definitivamente la
cuestión de la suerte de la producción mercantil en
Inglaterra una vez el proletariado hubiese tomado
el
Poder
y nacionalizado todos
los medios de
producción.
Por cierto, no sólo a fines del siglo pasado, sino
también en el presente ha alcanzado algún otro país
el
nivel de desarrollo
del capitalismo y de
311
concentración de la producción en la agricultura
que
observamos en Inglaterra. En lo que afecta a los
demás países, en ellos, a pesar del desarrollo del
capitalismo en el campo, hay aún en éste una clase
bastante
numerosa de propietarios productores
pequeños y medios, cuya suerte tendría que
decidirse
en caso de que el proletariado tomase el Poder.
Pero surge la pregunta: ¿cómo deben proceder el
proletariado y su Partido si en uno u otro país,
incluido el nuestro, se dan condiciones favorables
para que el proletariado tome el Poder y derroque
el
capitalismo, si en el país dado el capitalismo en
la
industria ha concentrado hasta tal punto los medios
de producción que éstos pueden ser expropiados y
puestos en manos de la sociedad, pero la
agricultura,
a pesar del desarrollo del capitalismo, está aún
tan
fraccionada entre numerosos propietarios
productores
pequeños y medios que no se puede plantear la
cuestión de expropiar a esos productores?
La
fórmula de Engels
no responde a
esta pregunta. Por cierto, no debe responder a ella, pues surgió sobre
la base de otra cuestión, concretamente de la cuestión de cuál debe ser la
suerte de la producción mercantil una vez socializados todos los medios de
producción.
Así, pues, ¿cómo debemos proceder si no se han
socializado todos los medios de producción, sino tan sólo una
parte de ellos
y existen condiciones favorables para que el
proletariado tome el Poder?, ¿debe en tal caso el proletariado tomar el Poder?,
¿debe destruirse inmediatamente después de ello la producción mercantil?
Naturalmente, no se puede calificar de respuesta
la opinión de algunos marxistas de pacotilla que
estiman que en tales condiciones se debe renunciar
a
la toma del Poder y aguardar a que el capitalismo
arruine a los millones de productores pequeños y
medios, convirtiéndolos en jornaleros, y concentre
los medios de producción en la agricultura; que
únicamente después de esto se puede plantear la
cuestión de la toma del Poder por el proletariado y
de
la socialización de todos los medios de producción.
Claro está que los marxistas no pueden aceptar esa
«salida» si no quieren cubrirse de vergüenza para
siempre.
Tampoco
se puede calificar
de respuesta la
opinión de otros marxistas de pacotilla que piensan
que quizás se debería tomar el Poder y expropiar a
los
productores rurales pequeños
y medios y
socializar sus medios de producción. Los marxistas
tampoco pueden seguir este camino descabellado y
criminal,
pues ello minaría
toda posibilidad de
victoria de la revolución proletaria y empujaría a
los
campesinos, por un largo período, al campo de los
enemigos del proletariado.
La respuesta a esa cuestión la dió Lenin en sus
trabajos acerca del «impuesto en especie» y en su famoso «plan de cooperación».
312
En pocas palabras, la respuesta de Lenin se reduce
a lo siguiente:
a) no dejar escapar las condiciones favorables
para la toma del Poder; el proletariado debe tomar
el
Poder sin esperar a que el capitalismo logre
arruinar
a los millones de productores individuales pequeños
y medios;
b)
expropiar los medios
de producción en la
industria y hacerlos patrimonio de todo el pueblo;
c) en cuanto
a los productores
individuales pequeños y medios,
unirlos paulatinamente en cooperativas de producción, es decir, en
grandes haciendas agrícolas, en koljoses;
d) desarrollar por todos los medios la industria y
dar a los koljoses la base técnica moderna de la
gran
producción, con la particularidad de que no deben
ser
expropiados,
sino, por el
contrario, dotados
intensamente
de tractores y
otras máquinas de
primera calidad;
e) para la alianza económica de la ciudad y el
campo, de la industria y la agricultura, se debe
mantener por cierto tiempo la producción mercantil
(el intercambio mediante la compraventa), como la
única
forma aceptable para
los campesinos de
vinculación económica a la dudad, y desarrollar con
toda amplitud el comercio soviético de Estado y
cooperativo-koljosiano, desalojando
del tráfico
mercantil a todos los capitalistas sin excepción.
La historia de la construcción socialista en
nuestro país demuestra que ese camino de desarrollo, trazado por Lenin, se ha
justificado plenamente.
No cabe duda
de que para
todos los países capitalistas, en los que hay una clase
más o menos numerosa de productores pequeños y medios, ese camino de desarrollo
es el único posible, el único que asegura la victoria del socialismo.
Se dice que la producción mercantil deberá en
todas
las condiciones conducir,
y que conducirá
inevitablemente, al capitalismo. Eso no es cierto.
Eso
no ocurre siempre ni en todas las condiciones. No
se
puede
identificar la producción
mercantil con la
producción capitalista. Son dos cosas distintas. La
producción capitalista es la forma superior de la
producción
mercantil. La producción
mercantil
únicamente
conduce al capitalismo
si existe la
propiedad privada sobre los medios de producción,
si
la fuerza de trabajo aparece en el mercado como una
mercancía
que el capitalista
puede comprar y
explotar en el proceso de la producción, si, por
consiguiente,
rige en el
país el sistema
de la
explotación
de los obreros
asalariados por los
capitalistas. La producción capitalista comienza
allí
donde los medios de producción están concentrados
en manos privadas, y los obreros que no poseen
medios de producción, se ven constreñidos a vender
su fuerza de trabajo como una mercancía. Sin eso no
hay producción capitalista.
Pues bien, si no existen esas condiciones que
J. V. Stalin
convierten la producción mercantil en producción
capitalista, si los medios de producción no son ya
propiedad privada, sino propiedad socialista, si el
sistema del trabajo asalariado ya no rige y la
fuerza
de trabajo ha dejado de ser una mercancía, si hace
ya
tiempo
que ha sido
liquidado el sistema
de
explotación, ¿a qué atenerse?, ¿se puede considerar
que la producción mercantil conducirá, a pesar de
todo, al capitalismo? No, no se puede. Y nuestra
sociedad es precisamente una sociedad donde hace
ya mucho que no existen la propiedad privada sobre
los medios de producción, el sistema del trabajo
asalariado, el sistema de la explotación.
No puede considerarse la producción mercantil
como algo que se baste a sí mismo, como algo
independiente
de las condiciones
económicas
circundantes. La producción mercantil es más vieja
que la producción capitalista. Existió en el
régimen
esclavista y sirvió a ese régimen, y, sin embargo,
no
condujo al capitalismo. Existió en el feudalismo y
sirvió a ese régimen, y, a pesar de que preparó
ciertas
condiciones
para la producción
capitalista, no
condujo al capitalismo. Yo pregunto: ¿por qué no
puede también la producción mercantil servir por
cierto
período a nuestra
sociedad socialista sin
conducir al capitalismo, si se tiene en cuenta que
la
producción
mercantil no está
ilimitadamente
difundida en el país y no lo albarca todo, como en
el
capitalismo, si se tiene en cuenta que en nuestro
país
ha
sido rigurosamente circunscrita gracias
a
condiciones
económicas tan decisivas
como la
propiedad social sobre los medios de producción, la
liquidación
del sistema del
trabajo asalariado, la
liquidación del sistema de la explotación?
Se dice que, una vez establecido en nuestro país el
dominio de la propiedad social sobre los medios de
producción, que, una vez liquidado el sistema del
trabajo asalariado y de la explotación, la
existencia
de la producción mercantil ha perdido su sentido y
que,
por ello, dicha
producción debería ser
suprimida.
Eso tampoco es cierto. Actualmente tenemos en
nuestro
país dos formas
fundamentales de la
producción socialista: la estatal, de todo el
pueblo, y
la
kóljosiana, a la
que no se
puede dar ese
calificativo. En las empresas del Estado, los
medios
de producción y los productos son propiedad de todo
el pueblo. En las empresas koljosianas, aunque los
medios de producción (la tierra y las máquinas)
pertenecen al Estado, los productos son propiedad
de
los distintos koljoses, pues allí la fuerza de
trabajo, lo
mismo, que las semillas, es de los koljoses, y
éstos
disponen de la tierra, que les ha sido cedida en
usufructo perpetuo, como si fuera propiedad suya, a
pesar de que no pueden venderla ni comprarla, ni
arrendarla, ni hipotecarla.
Esta circunstancia hace que el Estado únicamente
pueda disponer de los productos de sus empresas,
Problemas económicos del socialismo en la URSS
pues
los koljoses disponen
ellos mismos de su
producción, como propiedad suya. Pero los koljoses
no quieren enajenar sus productos como no sea bajo
la forma de mercancías, a cambio de las cuales
quieren recibir otras mercancías que necesitan. En
el
presente,
los koljoses no
aceptan más vínculos
económicos
con la ciudad
que los vínculos
mercantiles,
que el intercambio
mediante la
compraventa. Por eso la producción mercantil y el
tráfico de mercancías son hoy en nuestro país una
necesidad,
como lo era, por
ejemplo, hace unos
treinta
años, cuando Lenin
proclamó que era
necesario desarrollar por todos los medios el
tráfico
de mercancías.
Naturalmente, cuando en lugar de los dos sectores
principales
de la producción,
el estatal y el
koljosiano, surja un solo sector que lo abarque
todo y
tenga derecho a disponer de toda la producción del
país
destinada al consumo,
la circulación de
mercancías,
con su «economía monetaria»,
desaparecerá, como un elemento innecesario, de la
economía nacional. Pero mientras no se haya llegado
a eso, mientras existan los dos sectores
principales de
la
producción, la producción
mercantil y la
circulación
de mercancías deberán
continuar en
vigor, como un elemento necesario y muy útil de
nuestro sistema de economía nacional. De qué modo
se
llegará a la
creación de un
sector único y
unificado, si será mediante la simple absorción del
sector koljosiano por el sector estatal, cosa poco
probable (porque sería
interpretado como la
expropiación
de los koljoses),
o mediante la
institución
de un organismo
económico nacional
único (con representantes de la industria del
Estado y
de los koljoses), que tenga al principio el derecho
de
nevar
la cuenta de
toda la producción
del país
destinada al consumo y, posteriormente, también el
de distribuir la producción, por ejemplo, mediante
el
intercambio de productos, es una cuestión especial
que exige ser analizada aparte.
Por consiguiente, nuestra producción mercantil no
es una producción
mercantil habitual, sino
una
producción
mercantil de tipo
especial, una
producción
mercantil sin capitalistas,
que en lo
fundamental tiene que vérselas con las mercancías
de
productores
socialistas unificados (el Estado,
los
koljoses y las cooperativas), una producción cuya
esfera de acción está circunscrita a los objetos de
consumo personal y que -es evidente- no puede de
ningún modo transformarse en producción capitalista
y está llamada
a contribuir, con su
«economía
monetaria», al desarrollo y al fortalecimiento de
la
producción socialista.
Por ello no tienen ninguna razón los camaradas
que afirman que, si la sociedad socialista no
suprime
las formas mercantiles de la producción, deben ser
restablecidas en nuestro país todas las categorías
económicas propias del capitalismo: la fuerza de
313
trabajo como mercancía, la plusvalía, el capital,
el
beneficio del capital, la norma media de beneficio,
etc., etc. Esos camaradas confunden la producción
mercantil con la producción capitalista y suponen
que, si existe la producción mercantil, debe
existir
también la producción capitalista. No comprenden
que
nuestra producción mercantil
se distingue
radicalmente
de la producción
mercantil en el
capitalismo.
Más aún: yo pienso que es necesario rechazar
algunos otros conceptos tomados de «El Capital» -
obra en la que Marx analizaba el capitalismo- y que
han
sido traídos por
los pelos para
aplicarlos a
nuestras
relaciones Socialistas. Me
refiero, entre
otros,
a los conceptos
trabajo «indispensable» y
«suplementario»,
producto «indispensable» y
«suplementario», tiempo
«indispensable» y
«suplementario». Marx analizó el capitalismo para
esclarecer la fuente de la explotación de la clase
obrera, la plusvalía, y dar a la clase obrera,
privada
de medios de producción, un arma espiritual para
derrocar el capitalismo. Se comprende que, al hacer
ese análisis, Marx operara con conceptos
(categorías)
en
plena correspondencia con
las relaciones
capitalistas. Pero resulta algo más que extraño
operar
con esos conceptos ahora que la clase obrera, lejos
de
estar
privada del Poder
y de los
medios de
producción, es, por el contrario, dueña del Poder y
de
los medios de producción. Hoy, en nuestro régimen,
resultan bastante absurdas las palabras acerca de
la
fuerza de trabajo como mercancía y de la «contrata»
de obreros. Parece como si la clase obrera, dueña
de
los medios de producción, se contratara a sí misma
y
se
vendiera a sí
misma su fuerza
de trabajo.
Igualmente extraño resulta hablar hoy de trabajo
«indispensable» y «suplementario». Parece como si
en nuestras condiciones el trabajo entregado por
los
obreros a la sociedad para ampliar la producción,
para fomentar la instrucción pública y la sanidad,
para
organizar la defensa,
etc., no fuese
tan
indispensable a la clase obrera, que está hoy en el
Poder,
como el trabajo
gastado en cubrir
las
necesidades personales del obrero y de su familia.
Conviene señalar que Marx, en su obra «Crítica
del programa de Gotha» -obra en la que ya no
analiza
el capitalismo, sino, entre otras cosas, la primera
fase
de la sociedad
comunista-, reconoce el
trabajo
entregado a la sociedad para ampliar la producción,
para la instrucción pública, para la sanidad, para
los
gastos de administración, para crear reservas,
etc.,
tan indispensable como el trabajo gastado en cubrir
las necesidades de consumo de la clase obrera.
Pienso que nuestros economistas deben poner fin
a ese desacuerdo entre los viejos conceptos y el
nuevo estado de cosas que existe en nuestro país
socialista,
sustituyendo los viejos
conceptos por
conceptos nuevos, de acuerdo con el nuevo estado de
cosas.
314
Ese desacuerdo se ha podido tolerar hasta cierto
momento, pero ha llegado la hora en que, por fin, debemos liquidarlo.
3. La ley del valor en el socialismo
A veces se pregunta si la ley del valor existe y
actúa en nuestro país, en nuestro régimen
socialista.
Sí, existe y actúa. Allí donde hay mercancías y
producción mercantil no puede por menos de existir la ley del valor.
En
nuestro país la
ley del valor
extiende su acción, ante todo, a
la circulación de mercancías, al intercambio de mercancías mediante la
compraventa, al intercambio, principalmente, de las mercancías de consumo
personal. Aquí, en esta esfera, la ley del valor sigue desempeñando,
naturalmente en ciertos límites, el papel de regulador.
Pero la acción de la ley del valor no queda
limitada a la esfera de la circulación de
mercancías.
Se extiende también a la producción. Cierto es que
en
nuestra producción
socialista la ley del valor no
desempeña un papel regulador, pero, con todo y con
eso, actúa sobre la producción, cosa que debe ser
tenida en cuenta al dirigir ésta. La realidad es
que los
productos destinados al consumo, necesarios para
cubrir los gastos de fuerza de trabajo en el
proceso de
la producción, se producen y se realizan en nuestro
país como mercancías sometidas a la acción de la
ley
del valor. Aquí, precisamente, se pone de
manifiesto
la acción de la ley del valor sobre la producción.
Por
este motivo tienen hoy importancia para nuestras
empresas cuestiones como el cálculo económico y la
rentabilidad, el costo de producción, los precios,
etc.
Por eso nuestras
empresas no pueden
ni deben
despreciar la ley del valor.
¿Es eso bueno? No es malo. En las condiciones
actuales
de nuestro país,
no es malo,
ni mucho
menos,
pues esa circunstancia enseña
a los
camaradas que trabajan en el dominio de la economía
a dirigir de un modo racional la producción y la
disciplina. No es malo porque enseña a los
dirigentes
de nuestra economía a calcular las magnitudes de la
producción, a calcularlas exactamente y a tener en
cuenta con la misma exactitud las cosas reales en
la
producción, en vez de hablar y hablar de «datos
aproximados», puro producto de la imaginación. No
es malo porque enseña a los dirigentes de nuestra
economía
a buscar, encontrar
y aprovechar las
reservas ocultas en las entrañas de la producción
ya
no pasar por encima de ellas sin advertirlas. No es
malo
porque enseña a
los dirigentes de
nuestra
economía a mejorar sistemáticamente los métodos de
producción, a reducir el costo de ésta, a aplicar
el
principio del cálculo económico y a esforzarse por
conseguir que las empresas sean rentables. Esta es
una buena escuela práctica, que acelera el
desarrollo
de los cuadros que trabajan en nuestra economía y
su
conversión en verdaderos dirigentes de la
producción
J. V. Stalin
socialista en la actual etapa de desarrollo.
La
desgracia no estriba en que la ley del valor
actúa
en nuestro país
sobre la producción.
La
desgracia consiste en que los dirigentes de nuestra
economía y los encargados de planificarla conocen
mal, salvo raras excepciones, la acción de la ley
del
valor, no estudian esa acción y no saben tenerla en
cuenta al hacer sus cálculos. A ello, precisamente,
se
debe la confusión que aún reina en cuanto a la
política de precios. Daré un ejemplo entre muchos.
Hace algún tiempo se resolvió regular, en interés
del
cultivo del algodón, la correlación de precios
entre el
algodón y los cereales, precisar los precios de los
cereales que se venden a los cultivadores de
algodón
y elevar los precios del algodón que se entrega al
Estado. En relación con ello, algunos dirigentes de
nuestra economía y los camaradas que la planifican
hicieron una propuesta que no pudo por menos de
asombrar a los miembros del CC, ya que en la
propuesta el precio de una tonelada de trigo casi
equivalía al de una tonelada de algodón, con la
particularidad de que el precio de la tonelada de
cereal se igualaba al precio de una tonelada de
pan.
Cuando los miembros del CC observaron que el
precio de una tonelada de pan debía ser más alto
que
el de una tonelada de cereal, debido a los gastos
complementarios de molienda y cochura y que el
algodón, en general, era mucho más caro que el
trigo,
como lo atestiguan también los precios del algodón
y
del trigo en el mercado mundial, los autores de la
propuesta no pudieron decir nada inteligible. En
vista
de ello, el CC tuvo que tomar el asunto en sus
manos,
reducir el precio del trigo y elevar el del
algodón.
¿Qué
habría ocurrido si
la propuesta de
esos
camaradas
hubiese entrado en
vigor? Habríamos
arruinado
a los cultivadores
de algodón y nos
hubiésemos quedado sin este producto.
Pero, ¿quiere decir todo esto que la acción de la
ley del valor tiene en nuestro país vía libre, como
bajo el capitalismo, que la ley del valor es en
nuestro
país un regulador de la producción? No, no quiere
decir eso. En realidad, la esfera de acción de la
ley
del
valor está en
nuestro régimen económico
rígidamente circunscrita y limitada. Ya he dicho
que
la esfera de acción de la producción mercantil está
en
nuestro régimen circunscrita y limitada. Lo mismo
hay que decir de la esfera de acción de la ley del
valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad
privada sobre los medios de producción y que la
socialización de estos medios tanto en la ciudad
como en el campo no pueden por menos de limitar la
esfera de acción de la ley del valor y su
influencia en
la producción.
En el mismo sentido actúa la ley del desarrollo
armónico (proporcional) de la economía del país, que ha sustituido a la ley de
la concurrencia y de la anarquía de la producción.
En el mismo
sentido actúan nuestros
planes
Problemas económicos del socialismo en la URSS
anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra
política económica, que se basan en las exigencias
de
la ley del desarrollo armónico de la economía del
país.
Todo ello, sumado, hace que la esfera de acción
de la ley del valor esté en nuestro país
rigurosamente
limitada y que en nuestro régimen la ley del valor
no
pueda
desempeñar el papel
de regulador de la
producción.
Ello, precisamente, explica el hecho «asombroso»
de que,
a pesar del
desarrollo ininterrumpido e impetuoso de nuestra producción socialista,
la ley del valor no conduzca
en nuestro país
a crisis de superproducción, mientras esa misma ley
del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acción, conduce en los
países capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producción en esos
países, a crisis periódicas de superproducción.
Se dice que la ley del valor es una ley constante,
obligatoria para todos los períodos del desarrollo histórico, y que, si pierde
su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el período de la
segunda fase de la sociedad comunista, conservará en esa fase de desarrollo su
fuerza como regulador de las
relaciones entre las
distintas ramas de la
producción, como regulador de la distribución del trabajo entre las ramas de la
producción.
Eso es completamente equivocado. El valor, lo mismo
que la ley del valor, es una categoría histórica vinculada a la existencia de
la producción mercantil. Cuando la producción
mercantil desaparezca,
desaparecerán también el valor, en todas sus formas, y la ley del valor.
En la segunda fase de la sociedad comunista, la
cantidad de trabajo invertido en la producción de
productos no se medirá indirectamente, a través del
valor y de sus formas, como ocurre en la producción
mercantil, sino de manera directa e inmediata, por
la
cantidad
de tiempo, por
la cantidad de
horas
invertidas en la producción de los productos. En
cuanto a la distribución del trabajo entre las
ramas de
la producción, no será regulada por la ley del
valor,
que entonces habrá perdido ya su fuerza, sino por
el
incremento de las necesidades de la sociedad en
productos. Será esta una sociedad en la que las
necesidades de la misma regularán la producción y
el
cálculo
de esas necesidades
adquirirá una
importancia
primordial para los
organismos
encargados de la planificación.
Es también completamente errónea la afirmación
de que en nuestro sistema económico actual, en la
primera fase de desarrollo de la sociedad
comunista,
la ley del valor regula las «proporciones» de la
distribución del trabajo entre las distintas ramas
de la
producción.
Si ello fuera así, no se comprendería por qué en
nuestro país no se desarrolla al máximo la
industria
ligera, la más rentable, dándole preferencia frente
a la
315
industria
pesada, que con
frecuencia es menos rentable y a veces no lo es en
absoluto.
Si ello fuera así, no se comprendería por qué en
nuestro país no se cierran las empresas de la
industria
pesada que por el momento no son rentables y en las
que el trabajo de los obreros no da el «resultado
debido»
y no se
abren nuevas empresas
de la
industria ligera, indiscutiblemente rentable, en
las
que el trabajo de los obreros podría dar «mayor
resultado».
Si eso fuera así, no se comprendería por qué en
nuestro país no se pasa a los obreros de las empresas poco rentables,
aunque muy necesarias
para la economía nacional, a
empresas más rentables, como debería hacerse de acuerdo con la ley del valor, a
la que se atribuye
el papel de
regulador de las «proporciones» de la distribución del
trabajo entre las ramas de la producción.
Es evidente que, de hacer caso a esos camaradas,
tendríamos que renunciar
a la primacía
de la producción de medios de
producción en favor de la producción de medios de consumo. ¿Y qué significa
renunciar a la primacía de la producción de medios de producción? Significa
suprimir la posibilidad de desarrollar
ininterrumpidamente nuestra economía nacional, pues es imposible
desarrollarla ininterrumpidamente si no se da preferencia a la
producción de medios de producción.
Esos camaradas olvidan que la ley del valor sólo
puede
regular la producción
bajo el capitalismo,
cuando existen la propiedad privada sobre los
medios
de producción, la concurrencia, la anarquía de la
producción y las crisis de superproducción. Olvidan
que la esfera de acción de la ley del valor está
limitada
en nuestro país
por la existencia
de la
propiedad social sobre los medios de producción,
por
la acción de la ley del desarrollo armónico de la
economía y, por consiguiente, también por nuestros
planes anuales y quinquenales, que son un reflejo
aproximado de las exigencias de esta última ley.
Algunos camaradas deducen de aquí que la ley del
desarrollo armónico de la economía del país y la
planificación de la misma destruyen el principio de
la
rentabilidad de la producción. Eso es completamente
erróneo. En realidad, ocurre todo lo contrario. Si
consideramos la rentabilidad, no desde el punto de
vista
de esta o
aquella empresa o
rama de la
producción, y no en el transcurso de un año, sino
desde el punto de vista de toda la economía
nacional
y en un período, por ejemplo, de diez a quince años
-
ésta sería la única forma acertada de enfocar el
problema-, veríamos que la rentabilidad temporal e
inconsistente de esta o aquella empresa o rama de
la
producción no puede en absoluto compararse con la
forma superior de rentabilidad, sólida y constante,
que nos dan
la acción de
la ley del
desarrollo
armónico de la economía nacional y la planificación
de la misma, librándonos de las crisis económicas
316
periódicas, que destruyen la economía nacional y
causan a la sociedad tremendos daños materiales, y
asegurándonos
el desarrollo ininterrumpido de la
economía
nacional y el
elevado ritmo de
este
desarrollo.
En pocas palabras: no cabe duda de que en las
condiciones socialistas de la producción que
existen
actualmente en nuestro país, la ley del valor no
puede
«regular las proporciones» de la distribución del
trabajo entre las distintas ramas de la producción.
4. La supresión de la oposición entre la ciudad
y el campo, entre el trabajo intelectual y el
trabajo
manual y la liquidación de las diferencias entre
ellos
Este encabezamiento se refiere a varios problemas
que se distinguen unos de otros esencialmente; sin
embargo, yo los uno en un mismo capítulo, pero no
para confundirlos, sino únicamente
para ser más
breve.
El problema de la supresión de la oposición entre
la
ciudad y el
campo, entre la
industria y la
agricultura, es un problema conocido, planteado
hace
mucho por Marx y por Engels. La base económica de
esta oposición es la explotación del campo por la
ciudad, la expropiación de los campesinos y la
ruina
de la mayor parte de la población rural por todo el
proceso de desarrollo de la industria, el comercio
y el
sistema de créditos en el capitalismo. Por eso la
oposición
entre la ciudad
y el campo
en el
capitalismo debe ser considerada como una oposición
de intereses. Sobre esta base nació la actitud
hostil
del campo hacia la ciudad y, en general, hacia «la
gente de la ciudad».
Es
indudable que con
la destrucción del
capitalismo y del sistema de explotación, con el
fortalecimiento del régimen socialista, en nuestro
país
debía desaparecer también
la oposición de
intereses entre la ciudad y el campo, entre la
industria
y la agricultura. Así ha ocurrido, precisamente. La
enorme ayuda prestada a nuestros campesinos por la
ciudad socialista y por nuestra clase obrera para
liquidar a los terratenientes y a los kulaks
fortaleció
la base de
la alianza de
la clase obrera
y los
campesinos, y el abastecimiento sistemático de los
campesinos y de sus koljoses con tractores y otras
máquinas
de primera calidad
ha convertido en
amistad
la alianza de
la clase obrera
y de los
campesinos.
Naturalmente, los obreros
y los
campesinos koljosianos constituyen dos clases que
se
distinguen por su situación. Pero esta diferencia
no
debilita
en medida alguna
su amistad. Por el
contrario,
están interesados en
un mismo fin: el
fortalecimiento del régimen socialista y la
victoria
del comunismo. Por ello no tiene nada de extraño
que
no quede ni rastro de la vieja desconfianza y,
menos
aún, del odio del campo hacia la ciudad.
Todo eso significa que la base de la oposición
J. V. Stalin
entre la ciudad y el campo, entre la industria y la
agricultura, ha sido ya liquidada por nuestro actual régimen socialista.
Eso no significa, naturalmente, que la supresión
de la oposición entre la ciudad y el campo deba
conducir al «fenecimiento de las grandes ciudades»
(véase el «Anti-Dühríng» de Engels). En vez de
fenecer
las grandes ciudades,
aparecerán nuevas
grandes ciudades, como centros del florecimiento
superior de la cultura, como centros no sólo de la
gran industria, sino de elaboración de los
productos
agrícolas y de poderoso desarrollo de todas las
ramas
de la industria de la alimentación. Esta
circunstancia
facilitará
el florecimiento cultural
del país y
conducirá a que las condiciones de vida en la
ciudad
y en el campo sean las mismas.
Una situación análoga es la que existe en nuestro
país con el problema de la supresión de la
oposición
entre el trabajo intelectual y el trabajo manual.
Este
es también un problema conocido, planteado hace
tiempo por Marx y por Engels. La base económica de
la oposición entre el trabajo intelectual y el
trabajo
manual es la explotación de los hombres dedicados
al
trabajo manual por los representantes del trabajo
intelectual.
Todo el mundo
conoce el divorcio
existente
bajo el capitalismo
entre los hombres
dedicados en las empresas al trabajo manual y el
personal dirigente. Se sabe que sobre la base de
este
divorcio se desarrolló la actitud hostil del obrero
hacia el director, hacia el maestro, hacia el
ingeniero
y hacia otros representantes del personal técnico,
a
los que consideraba enemigos suyos. Se comprende
que, al ser destruidos el capitalismo y el sistema
de
explotación, debía desaparecer también la oposición
de intereses entre el trabajo manual y el trabajo
intelectual. Y en nuestro actual régimen socialista
ha
desaparecido,
efectivamente. Ahora los
hombres
dedicados al trabajo manual y el personal dirigente
no son enemigos,
sino camaradas y
amigos,
miembros de una misma comunidad de producción,
interesados vitalmente en la prosperidad y en el
mejoramiento
de la producción.
De su vieja
enemistad no queda ni rastro.
Tiene
un carácter completamente
distinto el problema de la desaparición
de las diferencias entre la ciudad (la industria) y el campo (la agricultura),
entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Este problema no lo
plantearon los clásicos del marxismo. Es un problema nuevo, planteado por la
práctica de la construcción socialista en nuestro país.
¿No será éste un problema artificial? ¿Tiene para
nosotros alguna importancia práctica o teórica? No se puede considerar este
problema como un problema artificial. Al contrario: es para nosotros un
problema de la mayor importancia.
Si tomamos, por ejemplo, la diferencia entre la
agricultura y la industria, veremos que en nuestro
país no queda reducida a que las condiciones de
Problemas económicos del socialismo en la URSS
trabajo
sean en ellas
distintas, sino, ante
todo,
principalmente, a que en la industria tenemos la
propiedad de todo el pueblo sobre los medios de
producción
y los productos,
mientras que en la
agricultura
no tenemos la
propiedad de todo
el
pueblo, sino la propiedad de determinados grupos,
de
los koljoses. Ya hemos dicho que esta circunstancia
conduce
al mantenimiento de
la circulación
mercantil, y que sólo al desaparecer esta
diferencia
entre la industria y la agricultura podrá
desaparecer la
producción mercantil, con todas las consecuencias
que de ello se derivan. Por tanto, no se puede
negar
que la desaparición de esta diferencia esencial
entre
la agricultura y la industria debe tener para
nosotros
una importancia de primer orden.
Lo mismo hay que decir del problema de la
liquidación de la diferencia esencial entre el
trabajo
intelectual
y el trabajo
manual. Este problema
también
tiene para nosotros
una importancia de
primer orden. Antes de que la emulación socialista
adquiriese
un carácter masivo,
la industria se
desarrollaba a duras penas, y muchos camaradas
incluso plantearon la necesidad de amenguar el
ritmo
de su desarrollo. Debíase todo ello,
principalmente, a
que el nivel cultural y técnico de los obreros era
demasiado bajo y se encontraba muy a la zaga del
nivel del personal técnico. Sin embargo, la casa
cambió radicalmente cuando la emulación socialista
adquirió un carácter de masas. Precisamente después
de ello avanzó la industria a ritmo acelerado. ¿Por
qué la emulación
socialista adquirió un
carácter
masivo? Porque entre los obreros aparecieron grupos
de camaradas que no sólo asimilaron el mínimo de
conocimientos
técnicos indispensables, sino
que
fueron más lejos y se pusieron al nivel del
personal
técnico,
empezaron a hacer
observaciones a los
peritos y a los ingenieros, a echar por tierra las
normas existentes, por considerarlas caducas y a
introducir normas nuevas, más modernas, etc., etc.
¿Qué habría ocurrido si en vez de algunos grupos de
obreros hubiese sido la mayoría de éstos la que
hubiese elevado su nivel cultural y técnico a la
altura
del
nivel del personal
técnico? Nuestra industria
habría
alcanzado cumbres inaccesibles para
la
industria de otros países. Por tanto, no se puede
negar
que la liquidación de la diferencia esencial entre
el
trabajo intelectual y el trabajo manual, mediante
la
elevación del nivel cultural y teórico de los
obreros a
la altura del nivel del personal técnico no puede
por
menos
de tener para
nosotros una importancia
primordial.
Algunos camaradas afirman que, con el tiempo,
no sólo desaparecerá la diferencia esencial entre
la
industria y la agricultura, entre el trabajo manual
y el
trabajo intelectual, sino también toda diferencia
entre
ellos. Eso no es cierto. La liquidación de la
diferencia
esencial entre la industria y la agricultura no
puede
conducir a la liquidación de toda diferencia entre
317
ellas.
Indudablemente, seguirá existiendo
alguna
diferencia,
aunque no esencial,
debido a las
diferencias
en las condiciones
de trabajo de la
industria y de la agricultura. Incluso en la
industria,
si se consideran sus distintas ramas, las
condiciones
de trabajo no son en todas partes las mismas: las
condiciones de trabajo en las minas de carbón, por
ejemplo, se distinguen de las condiciones de
trabajo
de los obreros de una fábrica mecanizada de
calzado;
las
condiciones de trabajo
de los mineros
se
distinguen
de las condiciones
de trabajo de los
obreros productores de máquinas. Si esto es cierto,
con mayor razón debe conservarse cierta diferencia
entre la industria y la agricultura.
Lo mismo hay que decir respecto a la diferencia
entre el trabajo intelectual y el trabajo manual.
La
diferencia esencial entre ellos, es decir, la
diferencia
en cuanto al nivel cultural y técnico,
desaparecerá,
sin duda alguna. Pero, con eso y con todo eso,
seguirá
existiendo alguna diferencia,
si bien no
esencial, aunque sólo sea porque las condiciones de
trabajo del personal dirigente de las empresas no
son
las mismas que las condiciones de trabajo de los
obreros.
Los camaradas que afirman lo contrario se basan,
por lo visto, en una conocida fórmula dada por mí
en
algunos trabajos y que habla de la liquidación de
la
diferencia entre la industria y la agricultura,
entre el
trabajo
intelectual y el
trabajo manual, sin
puntualizar
que se trata
de la liquidación
de la
diferencia
esencial, y no
de toda diferencia.
Precisamente así han comprendido esos camaradas
mi fórmula, suponiendo que se trata de la
liquidación
de toda diferencia. Pero eso significa que la
fórmula
no era exacta, que no puede satisfacernos. Debemos
desecharla y sustituirla por otra formulación, que
diga que serán suprimidas las diferencias
esenciales y
subsistirán diferencias no esenciales entre la
industria
y la agricultura, entre el trabajo intelectual y el
trabajo manual.
5. La disgregación del mercado mundial único y el
ahondamiento de la
crisis del sistema capitalista mundial
La disgregación del mercado mundial único y
omnímodo debe ser considerada como el resultado
económico más importante de la segunda guerra
mundial y de sus consecuencias económicas. Esta
circunstancia
determinó una profundización aún
mayor de la crisis general del sistema capitalista
mundial.
La misma segunda guerra mundial fue engendrada
por esta crisis. Cada una de las dos coaliciones
capitalistas
que se enzarzaron
durante la guerra,
pensaba
derrotar a su
enemigo y conquistar
la
dominación del mundo. En esto buscaban la salida de
la crisis. Los Estados Unidos pensaban poner fuera
de
combate a sus
competidores más peligrosos,
318
Alemania y el Japón, apoderarse de los mercados
extranjeros y de los recursos mundiales de materias primas y conquistar la
dominación del mundo.
Sin
embargo, la guerra
no justificó esas
esperanzas.
Cierto es que
Alemania y el
Japón
quedaron fuera de combate como competidores de
los
tres países capitalistas
más importantes: los
Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Pero, al
mismo
tiempo, se desgajaron del sistema capitalista China
y
las democracias populares de Europa, formando, con
la
Unión Soviética, el
unido y poderoso
campo
socialista, opuesto al campo del capitalismo. Una
consecuencia económica de la existencia de los dos
campos opuestos ha sido la disgregación del mercado
mundial
único y omnímodo;
tenemos hoy la
existencia
paralela de dos
mercados mundiales,
opuestos también el uno al otro.
Debemos
señalar que los
Estados Unidos,
Inglaterra y Francia han contribuido ellos mismos,
aunque sin quererlo, claro está, a la formación y
al
fortalecimiento del nuevo mercado mundial paralelo.
Sometieron a un bloqueo económico a la URSS,
China y las democracias populares de Europa -que no
entraron
en el sistema
del «plan Marshall»-,
suponiendo que con su bloqueo lograrían estrangular
a todos esos países. En realidad, en vez de ser
estrangulado,
el nuevo mercado
mundial se ha
fortalecido.
Ahora bien, la causa principal de lo dicho no es,
claro está, el bloqueo económico, sino el hecho de
que, en el período que ha seguido a la guerra, esos
países se han agrupado estrechamente desde el punto
de vista económico y han organizado la colaboración
y la ayuda mutua en el dominio de la economía. La
experiencia
de esa colaboración
demuestra que
ningún país capitalista hubiera podido prestar a
las
democracias populares una ayuda tan eficaz y tan
calificada desde el punto de vista técnico como la
que les presta la Unión Soviética. No se trata sólo
de
que esa ayuda
es barata en
grado máximo y
altamente calificada desde el punto de vista
técnico.
Se trata, ante todo, de que la base de esa
colaboración
es el sincero deseo de ayudarse mutuamente y de
alcanzar
un auge económico
general. En
consecuencia, la industria de esos países ha
logrado
un elevado ritmo de desarrollo. Puede afirmarse
que,
dado ese ritmo de desarrollo de la industria, esos
países
pronto se pondrán
a tal altura,
que no
necesitarán
importar mercancías de
los países
capitalistas,
sino que ellos
mismos sentirán la
necesidad de exportar las mercancías excedentes por
ellos producidas.
Pero de aquí
se desprende que
la esfera de
explotación
de los recursos
mundiales por los
principales países capitalistas (los Estados
Unidos,
Inglaterra
y Francia) no
va a ampliarse,
sino a
reducirse, que las condiciones del mercado mundial
de venta empeorarán para esos países, extendiendo y
J. V. Stalin
profundizando en ellos el fenómeno de las empresas
que no trabajan
a pleno rendimiento.
En esto,
justamente, consiste la profundización de la crisis
general del
sistema capitalista mundial,
profundización relacionada con la disgregación del
mercado mundial.
Eso lo perciben los propios capitalistas, pues es
difícil no sentir la pérdida de mercados como la
URSS y China. Los capitalistas tratan de resarcirse
de esas dificultades con el «plan Marshall», con la
guerra en Corea, con la carrera armamentista y con
la
militarización de la industria. Pero lo que hace
esa
gente se parece mucho a lo de agarrarse a un clavo
ardiendo.
Esa situación plantea ante los economistas dos
problemas:
a) ¿Se puede afirmar que sigue todavía en pie la
conocida tesis de Stalin respecto a la estabilidad relativa de los mercados en
el período de la crisis general del capitalismo, tesis formulada antes de la
segunda guerra mundial?
b) ¿Se puede afirmar que sigue todavía en pie la
conocida tesis formulada por Lenin en la primavera de 1916 de que, a pesar de
hallarse en proceso de descomposición, «el capitalismo se desarrolla en su
conjunto con una
rapidez inconmensurablemente
mayor que antes»?
Pienso que eso no se puede afirmar. Debido a las
nuevas condiciones, surgidas
en relación con la
segunda guerra mundial, hay que considerar que ambas tesis han envejecido.
6. La inevitabilidad de las guerras entre los
países capitalistas
Algunos
camaradas afirman que,
debido al
desarrollo
de nuevas condiciones
internacionales
después de la segunda guerra mundial, las guerras
entre
los países capitalistas
han dejado de ser
inevitables.
Consideran esos camaradas
que las
contradicciones entre el campo del socialismo y el
campo
del capitalismo son
más fuertes que
las
contradicciones entre los países capitalistas; que
los
Estados Unidos dominan lo bastante a los demás
países capitalistas para no dejarles combatir entre
sí y
debilitarse
mutuamente; que los
hombres más
inteligentes
del capitalismo han
sido lo bastante
aleccionados por la experiencia de las dos guerras
mundiales -guerras que han causado serios
perjuicios
a todo el
mundo capitalista- para
no permitirse
arrastrar de nuevo a los países capitalistas a una
guerra entre sí; y que, en virtud de todo eso, las
guerras entre los países capitalistas han dejado de
ser
inevitables.
Esos camaradas se equivocan. Ven los fenómenos
exteriores, que aparecen en la superficie, pero no
advierten las fuerzas de fondo que, si por el
momento
actúan imperceptiblemente, serán, en fin de
cuentas,
las
que determinen el
desarrollo de los
Problemas económicos del socialismo en la URSS
acontecimientos.
En
apariencia, todo marcha «felizmente»: los
Estados
Unidos tienen a
ración a la
Europa
Occidental, al Japón y a otros países capitalistas;
Alemania (la del Oeste), Inglaterra, Francia,
Italia y
el Japón, que han caído en las garras de Estados
Unidos, cumplen, sumisos, las órdenes de ese país.
Pero
sería un error
suponer que ese «bienestar»
puede subsistir «por los siglos de los siglos», que
esos países soportarán siempre el dominio y el yugo
de Estados Unidos y que no intentarán arrancarse de
la
esclavitud a que
los tienen sometidos
los
norteamericanos
y emprender un
camino de
desarrollo independiente.
Tomemos, ante todo, a Inglaterra y a Francia. Es
indudable que son países imperialistas. Es
indudable
que las materias primas baratas y los mercados de
venta asegurados tienen para ellos una importancia
de primer orden. ¿Se puede suponer que esos países
soportarán eternamente la situación actual, en la
que
los norteamericanos, al socaire de la «ayuda» según
el «plan Marshall», penetran profundamente en la
economía de Inglaterra y de Francia, con el afán de
convertirla en un apéndice de la economía de los
Estados
Unidos? ¿Soportarán
eternamente esos
países que el capital norteamericano eche la zarpa
a
las materias primas y a los mercados de venta en
las
colonias anglo-francesas y prepare de este modo una
catástrofe
para los elevados
beneficios de los
capitalistas anglo-franceses? ¿No será más acertado
decir que la Inglaterra capitalista y, tras ella,
la
Francia
capitalista se verán,
en fin de
cuentas,
obligadas a arrancarse del abrazo de los Estados
Unidos
y a tener
un conflicto con
ellos para
asegurarse una situación independiente y, claro
está,
elevados beneficios?
Pasemos
a los principales
países vencidos, a
Alemania (la del Oeste) y al Japón. Estos países
arrastran hoy una existencia miserable bajo la bota
del imperialismo norteamericano. Su industria y su
agricultura,
su comercio y
su política exterior
e
interior,
toda su vida
se ve encadenada
por el
«régimen»
norteamericano de ocupación.
Y esos
países
todavía ayer eran
grandes potencias
imperialistas, que sacudieron los fundamentos del
dominio de Inglaterra, los Estados Unidos y Francia
en Europa y en Asia. Suponer que esos países no
tratarán de ponerse en pie otra vez, de dar al
traste
con el «régimen» de los Estados Unidos y de abrirse
paso hacia un camino de desarrollo independiente,
significa creer en milagros.
Se
dice que las
contradicciones entre el
capitalismo y el socialismo son más fuertes que las
contradicciones
entre los países
capitalistas.
Teóricamente, eso es acertado, claro está. Y no
sólo
lo es ahora, hoy día, sino que lo era también antes
de
la segunda guerra mundial. Y, más o menos, eso lo
comprendían los dirigentes de los países
capitalistas.
319
Sin embargo, la segunda guerra mundial no empezó
por una guerra contra la URSS, sino por una guerra
entre
países capitalistas. ¿Por qué?
En primer
término, porque la guerra contra la URSS, como el
país
del socialismo, es
más peligrosa para
el
capitalismo que la guerra entre países
capitalistas,
pues si la guerra entre países capitalistas sólo
plantea
la cuestión del predominio de unos países
capitalistas
sobre otros países capitalistas, la guerra contra
la
URSS debe plantear inevitablemente la cuestión de
la
existencia
del propio capitalismo. En
segundo
término, porque los capitalistas, aunque con fines
de
«propaganda» alborotan acerca de la agresividad de
la Unión Soviética, no creen ellos mismos lo que
dicen, pues tienen en cuenta la política pacífica
de la
Unión Soviética y saben que este país no agredirá a
los países capitalistas.
Después
de la primera
guerra mundial
considerábase
también que Alemania
había sido
puesto fuera de combate para siempre, como algunos
camaradas piensan hoy del Japón y de Alemania.
Entonces también se hablaba y se alborotaba en la
prensa diciendo que los Estados Unidos tenían a
Europa a ración, que Alemania no podría ponerse de
nuevo en pie y que no habría ya más guerras entre
los
países capitalistas. Sin embargo, a pesar de todas
esas
consideraciones, Alemania levantó cabeza y se puso
en pie como una gran potencia al cabo de unos
quince
o veinte años
después de su
derrota,
arrancándose
a la esclavitud
y emprendiendo el
camino,
de un desarrollo
independiente. Es muy
sintomático que fueran precisamente Inglaterra y
los
Estados
Unidos quienes ayudaron
a Alemania a
resurgir económicamente y a elevar su potencial
económico
militar. Claro está
que, al ayudar
a
Alemania a
ponerse en pie económicamente, los
Estados
Unidos e Inglaterra
pensaban orientar a
Alemania,
una vez repuesta,
contra la Unión
Soviética, utilizarla contra el país del
socialismo. Sin
embargo, Alemania dirigió sus fuerzas, en primer
término, contra
el bloque
anglo-franco-
norteamericano. Y cuando la Alemania hitleriana
declaró la guerra a la Unión Soviética, el bloque
anglo-franco-norteamericano, no sólo no se unió a
la
Alemania hitleriana, sino que, por el contrario, se
vió
constreñido a formar una coalición con la URSS,
contra la Alemania hitleriana.
Por tanto, la lucha de los países capitalistas por
los mercados y el deseo de hundir a sus competidores resultaron prácticamente más
fuertes que las contradicciones entre el campo del
capitalismo y el campo del socialismo.
Se pregunta: ¿qué garantía puede haber de que
Alemania y el Japón no vuelvan a ponerse en pie, de que no
traten de escapar
de la esclavitud norteamericana y de vivir una
vida independiente? Pienso que no hay tales garantías.
Pero de aquí se desprende que la inevitabilidad de
320
las
guerras entre los
países capitalistas sigue existiendo.
Se dice que la tesis de Lenin relativa a que el
imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe considerarse caducada,
por cuanto en
el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actúan en
defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto.
El presente movimiento pro paz persigue el fin de
levantar
a las masas
populares a la
lucha por
mantener
la paz, por
conjurar una nueva
guerra
mundial.
Consiguientemente, ese movimiento
no
persigue el fin de derrocar el capitalismo y
establecer
el socialismo, y se limita a los fines democráticos
de
la lucha por mantener la paz. En este sentido, el
actual movimiento por mantener la paz se distingue
del movimiento desarrollado en el período de la
primera guerra mundial por la transformación de la
guerra imperialista en guerra civil, pues este
último
movimiento
iba más lejos
y perseguía fines
socialistas.
Es
posible que, de
concurrir determinadas
circunstancias, la lucha por la paz se desarrolle
hasta
transformarse, en algunos lugares, en lucha por el
socialismo, pero eso no sería ya el actual
movimiento
pro
paz, sino un
movimiento por derrocar
el
capitalismo.
Lo más probable es que el actual movimiento pro
paz,
como movimiento para
mantener la paz,
conduzca, en caso de éxito, a conjurar una guerra
concreta,
a aplazarla temporalmente, a
mantener
temporalmente una paz concreta, a que dimitan los
gobiernos
belicistas y sean
sustituidos por otros
gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la
paz. Eso, claro es, está bien. Eso incluso está muy
bien.
Pero todo ello
no basta para
suprimir la
inevitabilidad de las guerras en general entre los
países capitalistas. No basta, porque, aún con
todos
los éxitos del movimiento en defensa de la paz, el
imperialismo se mantiene, continúa existiendo, y,
por
consiguiente,
continúa existiendo también
la
inevitabilidad de las guerras.
Para eliminar la inevitabilidad de las guerras hay
que destruir el imperialismo.
7. Las leyes
económicas fundamentales del capitalismo moderno y del socialismo
Sabido es que la cuestión relativa a las leyes
económicas
fundamentales del capitalismo
y del
socialismo ha sido planteada reiteradas veces en el
transcurso de la discusión. A este respecto se han
manifestado
opiniones diversas, incluso
las más
fantásticas. Por cierto, la mayoría de los
camaradas
que han participado en la discusión ha reaccionado
débilmente ante este problema, y no se ha perfilado
ninguna
solución. No obstante,
ninguno de los
camaradas ha negado la existencia de esas leyes.
¿Existe
una ley económica
fundamental del
J. V. Stalin
capitalismo? Sí, existe. ¿Qué ley es ésa?, ¿cuáles
son
sus
rasgos característicos? La
ley económica
fundamental
del capitalismo es
una ley que no
determina
un aspecto aislado
o unos procesos
aislados del desarrollo de la producción
capitalista,
sino todos los aspectos y todos los procesos más
importantes de ese desarrollo; por tanto, determina
el
fondo de la producción capitalista, su esencia.
¿No
será la ley
del valor la
ley económica
fundamental del capitalismo? No. La ley del valor
es,
ante todo, una ley de la producción mercantil.
Existió
antes del capitalismo y sigue existiendo, lo mismo
que la producción
mercantil, después del
derrocamiento
del capitalismo, como
ocurre, por
ejemplo, en nuestro país, si bien es cierto que con
una esfera de acción limitada. Naturalmente, la ley
del valor, que tiene una amplia esfera de acción en
el
capitalismo,
desempeña un gran
papel en el
desarrollo de la producción capitalista pero no
sólo
no determina la esencia de la producción
capitalista
ni los fundamentos del beneficio capitalista, sino
que
ni siquiera plantea esos problemas. Por eso, no
puede
ser la ley económica fundamental del capitalismo
moderno.
Con las mismas razones no pueden ser tampoco la ley
económica fundamental del capitalismo la ley de la concurrencia y de la
anarquía de la producción ni la ley del desarrollo desigual del capitalismo en
los diferentes países.
Se dice que la ley de la norma media de beneficio
es la ley económica fundamental del capitalismo
moderno. Eso no es cierto. El capitalismo moderno,
el
capitalismo monopolista, no
puede darse por
satisfecho con el beneficio medio, que, además,
tiene
la tendencia a bajar debido a la elevación de la
composición
orgánica del capital.
El capitalismo
monopolista moderno no exige el beneficio medio
sino el beneficio máximo, necesario para llevar a
cabo más o menos regularmente la reproducción
ampliada.
Lo que más cerca está del concepto ley económica
fundamental del capitalismo es la ley de la
plusvalía,
ley del nacimiento y del incremento del beneficio
capitalista. Esa ley predetermina, efectivamente,
los
rasgos principales de la producción capitalista.
Pero
la ley de la plusvalía es demasiado general, y no
toca
los problemas de la norma superior de beneficio
cuyo
aseguramiento
es condición del
desarrollo del
capitalismo monopolista. Para llenar esta laguna
hay
que concretar la ley de la plusvalía y
desarrollarla de
acuerdo
con las condiciones
del capitalismo
monopolista, teniendo en cuenta que el capitalismo
monopolista no exige cualquier beneficio, sino el
beneficio máximo. Esa, precisamente, será la ley
económica fundamental del capitalismo moderno.
Los rasgos principales y las exigencias de la ley
económica
fundamental del capitalismo
moderno
podrían formularse, aproximadamente, como sigue:
Problemas económicos del socialismo en la URSS
asegurar el máximo beneficio capitalista, mediante
la
explotación,
la ruina y
la depauperación de la
mayoría de los habitantes del país dado, mediante
el
avasallamiento y el saqueo sistemático de los
pueblos
de
otros países, principalmente de
los países
atrasados, y, por último, mediante las guerras y la
militarización de la economía nacional, a las que
se
recurre para asegurar el máximo de beneficio.
Se
dice que el
beneficio medio podría
considerarse, sin embargo, por completo suficiente
para el desarrollo
capitalista en las
condiciones
actuales. Eso no es cierto. El beneficio medio es
el
nivel inferior de la rentabilidad, por debajo del
cual
la producción capitalista es imposible. Pero, sería
ridículo suponer que los jerifaltes del capitalismo
monopolista moderno tratan únicamente, al ocupar
las colonias, esclavizar a los pueblos y gestar
guerras,
de asegurarse meramente el beneficio medio. No, no
es el beneficio medio ni son los superbeneficios,
que
únicamente
representan, como regla,
cierta
superación del beneficio medio, sino el beneficio
máximo, concretamente, el motor del capitalismo
monopolista. Precisamente la necesidad de obtener
beneficios
máximos empuja al
capitalismo
monopolista a dar pasos tan arriesgados como el
sojuzgamiento y el saqueo sistemático de las
colonias
y de otros países atrasados, la conversión de
países
independientes
en países dependientes, la
organización de nuevas guerras -que son para los
jerifaltes
del capitalismo moderno
él mejor
«business» para obtener beneficios máximos- y, por
último,
los intentos de
conquistar la dominación
económica del mundo.
La importancia de la ley económica fundamental
del capitalismo consiste, entre otras cosas, en
que, al
determinar todos los fenómenos más importantes del
desarrollo del modo de producción capitalista -sus
ascensos y sus crisis, sus victorias y sus reveses,
sus
virtudes
y sus defectos:
todo su contradictorio
desarrollo-, permite comprenderlos y explicarlos.
He aquí uno de los numerosos y «sorprendentes»
ejemplos.
Todo el mundo conoce hechos de la historia y de
la
práctica del capitalismo
que demuestran el
impetuoso desarrollo de la técnica en el
capitalismo,
hechos en los que los capitalistas aparecen como
abanderados
de la técnica
avanzada, como
revolucionarios en el dominio del desarrollo de la
técnica de la producción. Pero también se conocen
hechos de otro género, que evidencian altos en el
desarrollo de la técnica en el capitalismo, hechos
en
que los capitalistas aparecen como reaccionarios en
el dominio del desarrollo de la nueva técnica y
pasan
con frecuencia al trabajo a mano.
¿A qué se deben estas flagrantes contradicciones?
Únicamente
pueden deberse a
la ley económica
fundamental del capitalismo moderno, es decir, a la
necesidad
de obtener beneficios
máximos. El
321
capitalismo es partidario de la nueva técnica
cuando
ésta
le promete los
mayores beneficios. El
capitalismo
es contrario a
la nueva técnica
y
partidario del paso al trabajo a mano cuando la
nueva
técnica deja de prometerle los mayores beneficios.
Así están las cosas en cuanto a la ley económica
fundamental del capitalismo moderno.
¿Existe
una ley económica
fundamental del
socialismo? Sí, existe. ¿En qué consisten los
rasgos
esenciales y las exigencias de esta ley? Los rasgos
esenciales
y las exigencias
de la ley
económica
fundamental
del socialismo podrían
formularse,
aproximadamente, como sigue: asegurar la máxima
satisfacción
de las necesidades
materiales y
culturales, en constante ascenso, de toda la
sociedad,
mediante
el desarrollo y
el perfeccionamiento
ininterrumpidos de la producción socialista sobre
la
base de la técnica más elevada.
Por
consiguiente, en vez
de asegurar los
beneficios máximos, asegurar la máxima satisfacción
de las necesidades
materiales y culturales
de la
sociedad; en vez de desarrollar la producción con
intermitencias del ascenso a la crisis y de la
crisis al
ascenso, desarrollar
ininterrumpidamente la
producción; en vez de intermitencias periódicas en
el
desarrollo
de la técnica,
acompañadas de la
destrucción de las fuerzas productivas de la
sociedad,
el perfeccionamiento ininterrumpido de
la
producción sobre la base de la técnica más elevada.
Se dice que la ley económica fundamental del
socialismo
es la ley
del desarrollo armónico,
proporcional, de la economía nacional. Eso no es
cierto.
El desarrollo armónico
de la economía
nacional y, por tanto, la planificación de la
misma,
que es un reflejo más o menos fiel de esta ley, de
por
sí no dan nada, si no se sabe en nombre de qué
tarea
se desarrolla planificadamente la economía
nacional,
o si esa tarea no se tiene clara. La ley del
desarrollo
armónico de la economía sólo puede dar el resultado
debido cuando existe una tarea en nombre de la cual
se desarrolla planificadamente la economía
nacional.
Esa
tarea no puede
ofrecerla la propia
ley del
desarrollo
armónico de la
economía nacional. Y
menos
aún puede hacerlo
la planificación de la
economía nacional. Esa tarea se encierra en la ley
económica fundamental del socialismo, bajo la forma
de sus exigencias arriba expuestas. Por eso la
acción
de la ley del desarrollo armónico de la economía
nacional únicamente puede tener vía libre en el
caso
de que se apoye en la ley económica fundamental del
socialismo,
En
cuanto a la
planificación de la
economía nacional, ésta sólo puede obtener buenos resultados si observa dos
condiciones: a) si
refleja acertadamente las exigencias de la ley del desarrollo armónico
de la economía nacional; b) si está de acuerdo
en todo con
las exigencias de
la ley económica fundamental del
socialismo.
322
8. Otras cuestiones
1) La coacción no económica bajo el feudalismo.
Naturalmente, la coacción no económica desempeñó cierto papel
en el fortalecimiento del
poder económico de los
terratenientes feudales; sin embargo, la base del feudalismo no fue
esa coacción, sino la propiedad feudal sobre la tierra.
2) La propiedad personal del hogar koljosiano.
No
sería justo decir en el proyecto de libro de
texto que «cada hogar koljosiano posee en usufructo
personal una vaca, ganado menor y aves de corral».
Como es sabido, la vaca, el ganado menor, las aves,
etc., no se poseen en realidad, en usufructo
personal
sino
que son propiedad
personal del hogar
koljosiano. La expresión «en usufructo personal» ha
sido tomada, por lo visto, del Estatuto Modelo del
artel agrícola. Pero en el Estatuto Modelo del
artel
agrícola se incurrió en un error. La Constitución
de la
URSS, que fue elaborada con más minuciosidad, dice
otra cosa, a saber:
«Cada
hogar koljosiano... posee
en propiedad personal una
economía auxiliar, casa-vivienda, ganado productivo,
aves de corral
y aperos de labranza menudos».
Esto, naturalmente, es acertado.
Debería además decirse, y con detalle, que cada
koljosiano posee en propiedad personal de una a tantas vacas,
según las regiones;
tantas y tantas ovejas, tantas y tantas cabras, tantos
y tantos cerdos (indicando las cifras mínimas y máximas, según las regiones) y
un número ilimitado de aves de corral (patos, gansos, gallinas, pavos).
Estos
detalles tienen gran
importancia para
nuestros camaradas de otros países que quieren
saber
con exactitud qué le ha quedado concretamente al
hogar koljosiano en propiedad personal, después de
haber
sido colectivizada en
nuestro país la
agricultura.
3) El valor
del arriendo pagado
por los campesinos a los
terratenientes y el valor de los gastos de compra de la tierra.
En el proyecto de manual se dice que, como
resultado de la nacionalización de la tierra, «los
campesinos se vieron eximidos del pago de arriendos
a los terratenientes por
una suma total
de unos
500.000.000 de rublos anuales» (es necesario
indicar
«rublos oro»). Haría falta precisar esta cifra,
pues,
según me parece, no comprende la suma total de
arrendamiento en toda Rusia, sino solamente en la
mayor parte de sus provincias. A la vez, hay que
tener en cuenta que en algunas regiones periféricas
de Rusia el pago del arriendo se hacía en especie,
cosa
que, según parece,
no ha sido
tomada en
consideración
por los autores
del proyecto de
manual. Además, es necesario no olvidar que los
campesinos no sólo se vieron eximidos del pago del
arriendo,
sino también de
los gastos anuales
de
J. V. Stalin
compra de la tierra. ¿Se ha tenido en cuenta esto
en el proyecto de manual? Me parece que no se ha tenido en cuenta, aunque
hubiera sido necesario tenerlo.
4) La ensambladura de los monopolios con el aparato
de Estado.
La expresión «ensambladura» no es exacta. Es
una expresión que registra de modo superficial y
descriptivo el acercamiento de los monopolios y del
Estado, pero no revela el sentido económico de ese
acercamiento. Se trata de que en el proceso de ese
acercamiento
no se produce
una simple
ensambladura, sino la subordinación del aparato de
Estado a los monopolios. Por esa razón, procedería
desechar la palabra «ensambladura» y sustituirla
por
las palabras «subordinación del aparato de Estado a
los monopolios».
5) El empleo de la maquinaria en la URSS
En el
proyecto de manual
se dice que «las
máquinas se emplean en la URSS en todos los casos
en que economizan el trabajo a la sociedad». No es
eso, ni mucho menos, lo que procedería decir. En
primer lugar, las máquinas, en la URSS, siempre
economizan trabajo a la sociedad, y por ello no
conocemos ningún caso en que no economicen en
nuestro
país ese trabajo.
En segundo lugar,
las
máquinas no sólo economizan trabajo, sino que, a la
vez, facilitan la labor de los trabajadores, y por
ello
en nuestro país, a diferencia de los países
capitalistas,
los obreros utilizan muy gustosamente las máquinas
en su trabajo.
Hubiera
procedido decir, por
tanto, que en
ninguna parte se emplea la maquinaria de tan buena
gana
como en la
URSS, pues las
máquinas
economizan trabajo a la sociedad y facilitan la
labor
de los obreros, y, como en la URSS no hay paro, los
obreros emplean gustosamente las máquinas en la
economía nacional.
6) La situación material de la clase obrera en los
países capitalistas.
Cuando se habla de la situación material de la
clase obrera se tiene habitualmente en cuenta a los
obreros ocupados, dejando a un lado la situación
material del llamado ejército de reserva de los sin
trabajo. ¿Es acertada esa forma de tratar el
problema
de la situación material de la clase obrera? Yo
creo
que no es acertada. Si existe un ejército de
reserva de
desocupados, cuyos componentes carecen de otro
medio de vida que no sea la venta de su fuerza de
trabajo, los desocupados no pueden por menos de
formar parte de la clase obrera, y, si forman parte
de
ella, su situación de miseria no puede dejar de
influir
en la situación material de los obreros ocupados.
Yo
creo,
por ello, que,
al caracterizar la
situación
material de la clase obrera en los países
capitalistas,
se
hubiera debido tener
también en cuenta
la
situación
del ejército de
reserva de los
obreros
parados.
7) La renta nacional.
Problemas económicos del socialismo en la URSS
Pienso que es indispensable incluir en el proyecto
de manual un capítulo nuevo sobre la renta
nacional.
8) Sobre la inclusión en el manual de un capítulo
especial acerca de Lenin y Stalin como fundadores de la Economía Política del
socialismo.
Yo pienso que se debe excluir del manual el
capítulo «La doctrina marxista del socialismo. V. I. Lenin y J. V. Stalin,
fundadores de la Economía Política del socialismo». Es por completo innecesario
en el manual, ya que no aporta nada nuevo y es sólo una pobre
repetición de lo
que los capítulos anteriores explican con mayor
detalle.
En
cuanto a las
demás cuestiones, no
tengo ninguna observación que hacer a las «propuestas» de los camaradas
Ostrovitiánov, Leóntiev, Shepílov, Gatovski y otros.
9.
Importancia internacional de
un manual marxista de economía
política
Pienso que los camaradas no tienen en cuenta toda
la importancia de un manual marxista de Economía
Política.
Ese manual no
sólo es necesario
para
nuestra
juventud soviética. Es
especialmente
necesario para los comunistas de todos los países y
para las personas que simpatizan con los
comunistas.
Nuestros camaradas de otros países desean saber
cómo nos hemos librado de la esclavitud
capitalista;
cómo
hemos transformado la
economía del país
siguiendo los principios del socialismo; cómo hemos
logrado forjar la amistad con los campesinos; cómo
hemos conseguido que nuestro país, hace aún poco
débil y mísero, se haya convertido en un país rico,
en
un país poderoso; desean saber qué son los
koljoses,
por qué nosotros,
aunque hemos socializado
los
medios de producción, no liquidamos la producción
mercantil, el dinero, el comercio, etc. Desean
saber
todo
eso y muchas
otras cosas no
por simple
curiosidad,
sino para aprender
de nosotros y
aprovechar nuestra experiencia en su propio país.
Por
eso, la aparición de un buen manual marxista de
Economía Política no sólo tiene una gran
importancia
política interior, sino también una gran
importancia
internacional.
Necesitamos, por consiguiente, un manual que sea
un libro de cabecera para la juventud
revolucionaria
no
sólo en nuestro
país, sino también
en el
extranjero. No debe ser excesivamente voluminoso,
ya que un manual excesivamente voluminoso no
puede ser un libro de cabecera y, además, resulta
difícil de asimilar, de digerir. No obstante, debe
contener todo lo fundamental, tanto de la economía
de nuestro país como de la economía del capitalismo
y del sistema colonial.
Algunos
camaradas han propuesto
durante la
discusión
incluir en el
manual varios capítulos
nuevos: los historiadores, sobre historia; los
políticos,
sobre política; los filósofos, sobre filosofía, y
los
economistas, sobre economía. Pero eso hincharía el
323
manual terriblemente, cosa que, claro está, no se
puede permitir. El manual recurre al método histórico para ilustrar los
problemas de la Economía Política, pero eso no quiere decir que debamos
convertir el manual de Economía Política en una historia de las relaciones
económicas.
Necesitamos un manual de 500 a 600 páginas como
máximo. Ese manual de Economía Política marxista será un libro de cabecera, un
buen regalo para los comunistas jóvenes de todos los países.
Además, debido al insuficiente nivel de desarrollo
marxista de la mayoría de los Partidos Comunistas
de
los demás países, un manual así sería también de
gran utilidad a los cuadros comunistas no jóvenes
de
esos países.
10. Como se puede mejorar el proyecto de manual de
economía política
Algunos
camaradas han «arremetido» con
excesivo celo durante la discusión contra el
proyecto
de manual, han increpado a sus autores por los
errores y las omisiones, afirmando que el proyecto
no
vale. Eso es injusto. Naturalmente, el manual tiene
errores y omisiones, cosa que ocurre casi siempre
en
todo trabajo importante. Pero, no obstante, la gran
mayoría de los camaradas que han participado en la
discusión ha reconocido que el proyecto puede
servir
de base para el futuro manual si se introducen en
él
algunas enmiendas y adiciones. En realidad, basta
sólo
comparar el proyecto
con los manuales
de
Economía
Política de que
disponemos hoy, para
llegar a la conclusión de que está a cien codos por
encima de ellos. Eso es un gran mérito de los
autores
del proyecto de manual.
Yo pienso que para mejorar el proyecto de manual
sería conveniente designar una comisión no muy numerosa, en la que deberían
figurar no sólo los autores del manual
y no sólo
partidarios de la mayoría de los participantes en la
discusión, sino también adversarios de
la mayoría, furibundos críticos del proyecto del manual.
Sería bueno incluir también en la comisión a un
estadista experto, para
comprobar las cifras
del proyecto e introducir en él nuevos datos estadísticos, así como a un
jurista experto, para comprobar la exactitud de las formulaciones.
Sería conveniente descargar provisionalmente de
cualquier otro trabajo a los miembros de la
comisión,
dándoles todas las posibilidades materiales para
que
puedan
dedicarse por entero
a confeccionar el
manual.
Haría falta, además, designar una comisión de tres
personas, por ejemplo, para redactar
definitivamente
el
manual. Eso es
indispensable también para
conseguir unidad
de
estilo, cosa que,
lamentablemente, falta en el proyecto de manual.
El libro debe ser presentado al CC dentro de un
año.
324
J. STALIN
1 de febrero de 1952.
Respuesta al camarada Aleksandr Ilich otkin
Camarada Notkin:
No me he apresurado a contestarle, porque no
considero urgentes las cuestiones planteadas por Ud. y con mayor motivo cuando
hay otras cuestiones, de carácter urgente, que, como es lógico, me han tenido
apartado de su carta.
Contesto por puntos.
Primer punto
En las «Observaciones» figura la conocida tesis de
que la sociedad no es impotente frente a las leyes de la ciencia y que el
hombre, una vez ha llegado a conocer las leyes económicas, puede utilizarlas en
interés de la sociedad. Ud. afirma que esta tesis no puede hacerse extensiva a
otras formaciones sociales, que
sólo puede regir
en el socialismo
y en el comunismo, y que el carácter espontáneo de
los procesos económicos bajo
el capitalismo, por ejemplo, no permite a la sociedad
utilizar las leyes económicas en interés de la sociedad.
Eso no es cierto. En la época de la revolución
burguesa,
en Francia, por
ejemplo, la burguesía
empleó contra el feudalismo la conocida ley de la
armonía obligatoria de las relaciones de producción
con el carácter de las fuerzas productivas, dió al
traste con las relaciones de producción feudales y
creó
unas relaciones de
producción nuevas, las
relaciones de producción burguesas, poniendo esas
relaciones de producción en correspondencia con el
carácter de las fuerzas productivas, que se habían
desarrollado en las entrañas del régimen feudal. La
burguesía
no hizo eso
porque tuviera dotes
especiales, sino porque estaba vitalmente
interesada
en ello. Los feudales ofrecieron resistencia no
porque
fueran
torpes, sino porque
estaban vitalmente
interesados en impedir la realización de esa ley.
Lo mismo debe decirse de la revolución socialista
en nuestro país. La clase obrera utilizó la ley de
la
armonía
obligatoria entre las
relaciones de
producción y el carácter de las fuerzas
productivas,
derrocó las relaciones de producción burguesas,
creó
unas relaciones de producción nuevas, las
relaciones
de
producción socialista, y
las puso en
correspondencia
con el carácter
de las fuerzas
productivas.
La clase obrera
pudo hacer eso no
porque tuviese dotes especiales, sino porque estaba
vitalmente
interesada en ello.
La burguesía, que
había dejado de ser la fuerza progresiva que fuera
en
los albores de la revolución burguesa y se había
convertido ya en una fuerza contrarrevolucionaria,
se
resistió por todos los medios a que esta ley fuese
realizada,
y no se
resistió porque le
faltase
organización ni porque el carácter espontáneo de
los
procesos económicos la empujase a ello, sino, sobre
J. V. Stalin
todo, porque estaba vitalmente interesada en
impedir la aplicación de esa ley.
Por consiguiente:
1. La utilización de los procesos económicos y de
las leyes económicas en interés de la sociedad no sólo tiene
lugar, en una
u otra medida,
en el socialismo y en el
comunismo, sino también en las otras formaciones.
2. La utilización de las leyes económicas en la
sociedad de clases tiene siempre y en todas partes un fondo de
clase, con la
particularidad de que el
abanderado de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad
es siempre y en todas partes la clase avanzada, mientras que las clases
llamadas a desaparecer se resisten a ello.
Aquí la diferencia entre el proletariado, de una
parte, y de otra, las demás clases que en el
transcurso
de la historia
han realizado revoluciones
en las
relaciones
de producción, consiste
en que los
intereses de clase del proletariado se funden con
los
intereses de la aplastante mayoría de la sociedad,
pues la revolución del proletariado no significa la
liquidación de esta o aquella forma de explotación,
sino la liquidación de toda explotación, mientras
que
las
revoluciones de las
otras clases, al
liquidar
solamente esta o aquella forma de explotación, no
iban más allá del estrecho marco de sus intereses
de
clase,
que se hallaban
en contradicción con
los
intereses de la mayoría de la sociedad.
En las «Observaciones» se habla del fondo de clase
de la utilización de las leyes económicas en interés de la sociedad. Allí se
dice, que «a diferencia de las leyes de las Ciencias Naturales, en las que el
descubrimiento y la aplicación de una nueva ley casi no encuentra obstáculos,
en la esfera económica el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley,
como ella afecta
a los intereses
de las fuerzas sociales llamadas
a desaparecer, choca
con la resistencia tenacísima de
esas fuerzas». No obstante, Ud. no ha prestado atención a ello.
Segundo punto
Ud. afirma que la completa armonía entre las
relaciones de producción y el carácter de las
fuerzas
productivas
puede conseguirse únicamente
en el
socialismo y en el comunismo, y que en las demás
formaciones
sólo puede darse
una armonía
incompleta.
Eso no es cierto. En la época que siguió a la
revolución burguesa, cuando la burguesía destruyó
las relaciones de producción feudales y estableció
las
relaciones de producción burguesas, hubo
innegablemente períodos en que las relaciones de
producción burguesas armonizaban plenamente con
el carácter de las fuerzas productivas. El
capitalismo
no hubiera podido, en caso contrario, desarrollarse
con la rapidez con que se desarrolló después de la
revolución burguesa.
Problemas económicos del socialismo en la URSS
Prosigamos. Las palabras «completa armonía» no
deben ser comprendidas en sentido absoluto. No
deben ser comprendidas en el sentido de que en el
socialismo no existe ningún retraso de las
relaciones
de
producción con respecto
al desarrollo de las
fuerzas productivas. Las fuerzas productivas son
las
fuerzas más dinámicas y más revolucionarias de la
producción. Y marchan, en el socialismo también,
indiscutiblemente,
delante de las
relaciones de
producción.
Sólo después de
algún tiempo las
relaciones de producción se
transforman,
adaptándose al carácter de las fuerzas productivas.
¿Cómo deben ser comprendidas en tal caso las
palabras «completa armonía»?
Deben ser
comprendidas en el sentido de que en el socialismo,
como
regla, no se
producen conflictos entre
las
relaciones de producción y las fuerzas productivas,
en el sentido de que la sociedad puede hacer, a su
debido tiempo, que las relaciones de producción,
que
vana la zaga, se pongan en correspondencia con el
carácter
de las fuerzas
productivas. La sociedad
socialista puede hacer eso porque en ella no
existen
clases llamadas a desaparecer, clases que puedan
organizar
una resistencia. Naturalmente, en
el
socialismo habrá también fuerzas atrasadas,
inertes,
que no comprendan la necesidad de los cambios en
las relaciones de producción; pero no será difícil,
claro está, vencerlas sin llegar a conflictos.
Tercer punto
De sus razonamientos dimana que los medios de
producción,
y sobre todo
los instrumentos de
producción
fabricados por nuestras
empresas
nacionalizadas,
son considerados por
Ud. como
mercancías.
¿Se
puede considerar que
los medios de
producción
sean en nuestro
régimen socialista
mercancías? Yo pienso que no, de ninguna manera.
La mercancía es un producto de la producción que
se vende a cualquier comprador, con la
particularidad
de que, al efectuarse la venta, el propietario de
la
mercancía pierde el derecho de propiedad sobre
ella,
y el comprador se convierte en propietario de la
misma y puede revenderla, empeñarla, dejar que se
pudra. ¿Se
puede definir así
los medios de
producción?
Claro que no.
En primer lugar,
los
medios de producción no se «venden» a cualquier
comprador, no se «venden» ni siquiera a los
koljoses;
son distribuidos por el Estado entre sus empresas
solamente. En segundo lugar, el Estado, dueño de
los
medios de producción, al entregárselos a una u otra
empresa, no pierde, ni mucho menos, el derecho de
propiedad sobre esos medios de producción; por el
contrario, lo conserva plenamente. En tercer lugar,
los directores de las empresas, al recibir del
Estado
medios de producción, no sólo no se convierten en
propietarios
de esos medios,
sino que, por el
contrario, son confirmados como mandatarios del
325
Estado Soviético para dirigir el empleo de los
medios de producción, de
acuerdo con los
planes establecidos por el Estado.
Como vemos, en nuestro régimen los medios de
producción no pueden
ser, en modo
alguno, considerados como mercancías.
¿Por qué se habla, pues, del valor de los medios de
producción, de su coste, de su precio, etc.?
Por dos causas.
Primera. Porque es indispensable para el cálculo,
para la contabilidad, para determinar si las empresas son rentables o si no lo
son, para la inspección y el control de las empresas. Pero éste es sólo el
aspecto formal de la cuestión.
Segunda. Porque es indispensable para efectuar,
en interés del comercio exterior, la venta de
medios
de producción a los Estados extranjeros. Aquí, en
la
esfera del comercio exterior, pero sólo en esta
esfera,
nuestros
medios de producción
son en realidad
mercancías y en realidad se venden (sin comillas).
Por consiguiente, resulta que en la esfera del
comercio exterior los
medios de producción fabricados por
nuestras empresas conservan, formalmente y en esencia, las
propiedades de las mercancías,
mientras que en
la esfera de
la circulación económica en el interior del país pierden las propiedades
de las mercancías,
dejan de ser mercancías y se salen de la esfera de
acción de la ley del valor, conservando
únicamente la forma
de mercancías (la contabilidad, y demás).
¿Cómo explicar esta peculiaridad?
El caso es que en nuestras condiciones socialistas
el
desarrollo económico no
se opera mediante
revoluciones, sino mediante cambios graduales, en
los que lo viejo no queda suprimido por entero,
sino
que cambia su naturaleza, adaptándola a lo nuevo,
conservando sólo su forma; y lo nuevo no destruye
simplemente lo viejo, sino que penetra en ello y
cambia su naturaleza y sus funciones, sin romper su
forma, que utiliza para el desarrollo de lo nuevo.
Eso
no sólo sucede con las mercancías, sino también con
el dinero en nuestras operaciones económicas, así
como con los Bancos, que, al perder sus viejas
funciones y adquirir funciones nuevas, conservan su
vieja
forma, que es
utilizada por el
régimen
socialista.
Si se examina el problema desde un punto de vista
formal, desde el punto de vista de los procesos que
se
operan en la superficie de los fenómenos, se puede
llegar
a la conclusión
desacertada de que
las
categorías del capitalismo siguen rigiendo en
nuestra
economía. Si se analiza el problema de un modo
marxista, estableciendo una rigurosa diferenciación
entre el contenido del proceso económico y su
forma,
entre los procesos profundos del desarrollo y los
fenómenos superficiales, se puede llegar a la única
conclusión atinada, a la conclusión de que de las
viejas categorías del capitalismo en nuestro país
se ha
326
conservado, principalmente, la forma, el exterior,
pero que en esencia es categorías han cambiado de un modo radical, adaptándose
a las exigencias del desarrollo de la economía socialista.
Cuarto punto
Ud. afirma que la ley del valor obra como un
regulador de los
precios de los «medios
de producción»- producidos por
la agricultura y entregados al Estado a precios de tasa. Se
refiere Ud., además, a «medíos de producción» tales como las materias primas;
por ejemplo, el algodón. Hubiera podido Ud. agregar a ello también el lino, la
lana y demás materias primas agrícolas.
Hay que hacer notar, ante todo, que en este caso la
agricultura no produce «medios de producción», sino
uno de los medios de producción: materias primas.
No se puede jugar con las palabras «medios de
producción».
Cuando los marxistas
hablan de la
producción
de medios de
producción, tienen en
cuenta, ante todo, la producción de instrumentos de
producción, es decir, lo que Marx llama «los medios
mecánicos
de trabajo, cuyo
conjunto puede
denominarse
sistema óseo y
muscular de la
producción»,
sistema que constituye «los rasgos
distintivos característicos de una determinada
época
de la producción social». Poner en un mismo plano
una parte de los medios de producción (las materias
primas) y los medios de producción, incluidos los
instrumentos de producción, significa pecar contra
el
marxismo,
pues el marxismo
parte del papel
determinante de los instrumentos de producción, en
comparación
con todos los
otros medios de
producción. Todo el mundo sabe que las materias
primas
no pueden producir
por sí mismas
instrumentos de producción -aunque ciertas materias
primas sean indispensables como material para la
producción de instrumentos de producción-, en tanto
que no hay materia prima que pueda ser producida
sin instrumentos de producción.
Sigamos. ¿Se puede decir que la acción de la ley
del valor sobre el precio de las materias primas
producidas
en la agricultura
sea una acción
reguladora como lo afirma Ud., camarada Notkin?
Esa acción sería reguladora si existiera en nuestro
país un «libre» sube y baja de los precios de las
materias primas agrícolas, si rigiera la ley de la
concurrencia y de la anarquía de la producción, si
no
tuviéramos
una economía planificada, si
la
producción de materias primas no estuviera regulada
por un plan. Pero como en el sistema de nuestra
economía nacional no se dan todos esos «si», la
acción de la ley del valor sobre el precio de las
materias primas agrícolas no puede en modo alguno
ser reguladora. En primer lugar, los precios de las
materias primas agrícolas son en nuestro país
precios
fijos, establecidos por un plan, y no precios
«libres».
En segundo lugar, el volumen de la producción de
J. V. Stalin
materias primas agrícolas no lo determinan fuerzas
ciegas ni estos o aquellos elementos fortuitos,
sino un
plan. En tercer lugar, los instrumentos de
producción
necesarios para la producción de materias primas
agrícolas no se hallan concentrados en manos de
algunas
personas o grupos
de personas, sino
en
manos del Estado. Después de esto, ¿qué es lo que
queda del papel regulador de la ley del valor?
Resulta
que la misma ley del valor es regulada por los
hechos, propios de la producción socialista, arriba
indicados.
Por consiguiente, no se puede negar que la ley del
valor actúa en la formación de los precios de las
materias
primas agrícolas ni
que es uno
de los
factores de esa formación. Pero menos aún se puede
negar que esa acción no es ni puede ser reguladora.
Quinto punto
Al
hablar de la
rentabilidad de la
economía
socialista, he objetado en mis «Observaciones» a
los
asertos de algunos camaradas respecto a que nuestra
economía planificada -al no dar gran preferencia a
las
empresas rentables y admitir la existencia, junto a
ellas, de empresas no rentables- mata el principio
mismo de la rentabilidad de la economía. En las
«Observaciones» se dice que la rentabilidad desde
el
punto
de vista de
una empresa o
rama de la
producción no puede compararse en modo alguno
con la rentabilidad de tipo superior que nos da la
producción socialista al librarnos de las crisis de
superproducción
y asegurarnos el
continuo
incremento de la producción.
No obstante, sería un error deducir de aquí que la
rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de
la
producción no tiene especial valor y no merece
seria
atención.
Esto, naturalmente, no
es cierto. La
rentabilidad de las diferentes empresas y ramas de
la
producción
tiene enorme importancia
para el
desarrollo de nuestra producción. Y hay que tenerla
en cuenta, tanto al planificar la construcción como
al
planificar la producción. Eso es el abecé de
nuestra
actividad económica en la etapa actual de
desarrollo.
Sexto punto
No está claro cómo hay que comprender sus
palabras referentes al
capitalismo: «producción ampliada
muy deformada». Hay
que decir que producción de ese tipo, y además
ampliada, no existe bajo la capa del cielo.
Es evidente que, después de haberse escindido el
mercado mundial y de haber comenzado a reducirse
la esfera de explotación de los recursos mundiales
por los principales países capitalistas (los
Estados
Unidos, Inglaterra y Francia), el carácter cíclico
del
desarrollo del capitalismo -ascenso y descenso de
la
producción- deberá, a pesar de ello, subsistir:
Pero el
ascenso de la producción en estos países tendrá
lugar
sobre una base restringida, pues el volumen de la
Problemas económicos del socialismo en la URSS
producción de esos países descenderá.
Séptimo punto
La crisis general del sistema capitalista mundial
comenzó en el período de la primera guerra mundial;
debido,
sobre todo, al
hecho de que
la Unión
Soviética se desgajó del sistema capitalista. Esa
fue
la primera etapa de la crisis general. La segunda
etapa de la crisis general empezó en el período de
la
segunda
guerra mundial, sobre
todo después de
haberse
desgajado del sistema
capitalista las
democracias populares de Europa y de Asia. La
primera crisis, en el período de la primera guerra
mundial, y la segunda crisis, en el período de la
segunda guerra mundial, no deben ser consideradas
como crisis independientes una de otra, como crisis
separadas sin relación alguna entre sí, sino como
etapas del desarrollo de la crisis general del
sistema
capitalista mundial.
¿Es la crisis general del capitalismo mundial una
crisis meramente política o una crisis meramente
económica? No es ni una cosa ni la otra. Es una
crisis
general, es decir, una crisis del sistema
capitalista
mundial en todos los dominios, una crisis que
abarca
tanto
la economía como
la política. Además,
se
comprende que tiene por base la descomposición
cada vez mayor del sistema económico capitalista
mundial, por una parte, y, por otra, la creciente
potencia
económica de los
países que se han
desgajado del capitalismo: la URSS, China y demás
países de democracia popular.
J. STALIN
21 de abril de 1952.
Los errores del camarada L. D. Yaroshenko
Hace poco se ha dado a conocer a los miembros
del Buró Político del Comité Central del PC(b) de
la
Unión Soviética una carta del camarada Yaroshenko,
fechada el 20 de marzo del año en curso, haciendo
referencia
a algunas cuestiones
económicas que
fueron examinadas en la conocida discusión del mes
de noviembre. El autor de la carta se queja de que
en
los principales documentos en que ha sido
sintetizada
la discusión, lo mismo que en las «Observaciones»
del camarada Stalin, «no ha tenido reflejo alguno
el
punto de vista» del camarada Yaroshenko. Además,
el camarada Yaroshenko propone en su carta que se
le
permita escribir la «Economía
Política del
socialismo» en el curso de un año o año y medio,
facilitándole para ello dos colaboradores.
Yo creo que tendremos que examinar a fondo tanto la
queja del camarada Yaroshenko como su propuesta.
Comencemos por la queja.
Y bien, ¿en qué consiste el «punto de vista» del
camarada Yaroshenko, ese punto de vista que no ha
tenido
ningún reflejo en
los documentos arriba
citados?
327
I. El principal error del camarada Yaroshenko
Si caracterizamos el punto de vista del camarada
Yaroshenko en dos palabras, tendremos que decir
que no es marxista; por tanto, es profundamente
erróneo.
El
principal error del
camarada Yaroshenko
consiste en que se aparta del marxismo en la
cuestión
relativa al papel de las fuerzas productivas y de
las
relaciones
de producción en
el desarrollo de la
sociedad: exagera desmesuradamente el papel de las
fuerzas productivas,
subestima, también
desmesuradamente,
el papel de las
relaciones de
producción y acaba declarando que en el socialismo
las relaciones de producción son parte integrante
de
las fuerzas productivas.
El
camarada Yaroshenko admite
que las
relaciones de producción desempeñan cierto papel
cuando
existen «contradicciones
antagónicas de
clase», ya que las relaciones de producción en ese
caso «contradicen
al desarrollo de
las fuerzas
productivas». Mas para el camarada Yaroshenko, ese
papel es sólo un papel negativo, el papel de factor
que frena el desarrollo de las fuerzas productivas
y
que traba su desarrollo. Y el camarada Yaroshenko
no ve en
las relaciones de
producción otras
funciones, no ve ninguna función positiva.
En cuanto al régimen socialista, donde ya no
existen «contradicciones antagónicas
de clase» y
donde las relaciones de producción «no contradicen
ya al desarrollo
de las fuerzas
productivas», el
camarada
Yaroshenko considera que
aquí las
relaciones
de producción pierden
todo papel
independiente; las relaciones de producción dejan
de
ser un factor
importante del desarrollo
y son
absorbidas por las fuerzas productivas, como la
parte
es absorbida por el todo. El camarada Yaroshenko
dice
que en el
socialismo «las relaciones de
producción
entre los hombres
entran en la
organización de las fuerzas productivas como un
medio,
como un elemento
de esa organización»
(véase la carta del camarada Yaroshenko al Buró
Político del CC).
En tal caso, ¿cuál es la tarea principal de la
Economía
Política del socialismo?
El camarada
Yaroshenko
contesta: «La tarea principal
de la
Economía Política del socialismo no consiste, por
esa
razón, en estudiar las relaciones de producción
entre
los
hombres de la
sociedad socialista, sino
que
consiste en elaborar y desarrollar la teoría
científica
de la organización de las fuerzas productivas en la
producción social, la teoría de la planificación
del
desarrollo
de la economía
nacional» (véase el
discurso del camarada Yaroshenko en el Pleno de los
participantes en la discusión).
Esa es la
causa precisa de
que el camarada
Yaroshenko no se interese por cuestiones económicas
del régimen socialista como la existencia de
diversas
328
formas
de propiedad en
nuestra economía, la
circulación
mercantil, la ley
del valor y
otras,
considerándolas cuestiones secundarias que no hacen
más que provocar discusiones escolásticas. El
declara
sin circunloquios que en su Economía Política del
socialismo «las discusiones en cuanto al papel de
una
u otra categoría
de la Economía
Política del
socialismo -valor, mercancía, dinero, crédito,
etc.-,
que con frecuencia toman entre nosotros un carácter
escolástico,
son reemplazadas por
sensatos
razonamientos sobre la organización racional de las
fuerzas productivas en la producción social y la
fundamentación
científica de esa
organización»
(véase el discurso del camarada Yaroshenko en el
Pleno).
En
consecuencia, Economía Política
sin problemas económicos.
El camarada Yaroshenko piensa que basta con
alcanzar una «organización racional de las fuerzas
productivas»
para que el
paso del socialismo
al
comunismo
transcurra sin grandes
dificultades.
Considera que eso basta y sobra para la transición
al
comunismo. Declara sin más ni más que «la lucha
fundamental
por la construcción
de la sociedad
comunista se reduce, en el socialismo, a la lucha
por
organizar con acierto las fuerzas productivas y por
utilizarlas racionalmente en la producción social»
(véase
el discurso en
el Pleno). El
camarada
Yaroshenko
proclama solemnemente que: «El
comunismo es la organización científica superior de
las fuerzas productivas en la producción social».
Resulta, a lo que se ve, que toda la esencia del
régimen
comunista está comprendida
en la
«organización racional de las fuerzas productivas».
Partiendo de todo eso, el camarada Yaroshenko
deduce que no puede haber una Economía Política
para todas las formaciones sociales, que debe haber
dos economías políticas: una para las formaciones
sociales presocialistas, cuyo objeto es el estudio
de
las relaciones de producción entre los hombres, y
otra para el régimen socialista, cuyo objeto deberá
ser, no el estudio de las relaciones de producción,
es
decir, de las relaciones económicas, sino el de las
cuestiones vinculadas a la organización racional de
las fuerzas productivas.
Tal es el punto de vista del camarada Yaroshenko.
¿Qué puede decirse de ese punto de vista?
No es cierto, primeramente, que el papel de las
relaciones de producción en la historia de la
sociedad
se limite al papel de freno que traba el desarrollo
de
las fuerzas productivas. Cuando los marxistas
hablan
del papel de freno de las relaciones de producción,
no
se refieren a todas las relaciones de producción,
sino
tan sólo a las viejas relaciones de producción, que
no
corresponden
ya al desarrollo
de las fuerzas
productivas y, en consecuencia, frenan su
desarrollo.
Pero, además de las viejas relaciones de
producción,
existen,
como se sabe,
las nuevas relaciones
de
J. V. Stalin
producción que sustituyen a las viejas. ¿Se puede,
acaso, decir que el papel de las nuevas relaciones de producción se reduce al
papel de freno de las fuerzas productivas?
No, no se
puede. Al contrario:
las nuevas relaciones de
producción son la
fuerza principal y decisiva que determina precisamente el
desarrollo continuo, y
poderoso, de las
fuerzas productivas, y sin
ellas las fuerzas
productivas estarían en nuestro país condenadas a vegetar como vegetan
hoy en los países capitalistas.
Nadie puede negar el desarrollo colosal de las
fuerzas productivas de nuestra industria soviética
en
los años de cumplimiento de los planes
quinquenales.
Pero ese desarrollo no se habría producido si en
octubre de 1917 no hubiésemos reemplazado las
viejas relaciones de producción, las relaciones de
producción
capitalistas, por unas
relaciones de
producción nuevas, por las relaciones de producción
socialistas. Sin esa revolución en las relaciones
de
producción, en las relaciones económicas, las
fuerzas
productivas vegetarían en nuestro país como vegetan
hoy en los países capitalistas.
Nadie puede negar el desarrollo colosal de las
fuerzas productivas de nuestra agricultura en el
curso
de los últimos 20-25 años. Pero ese desarrollo no
hubiera tenido lugar si no hubiéramos sustituido,
en
los años del 30, las viejas relaciones de
producción
capitalistas en el campo por nuevas relaciones de
producción,
por unas relaciones
de producción
colectivistas. Sin esa revolución en la producción,
las
fuerzas productivas de la agricultura vegetarían en
nuestro
país como vegetan
hoy en los
países
capitalistas.
Claro que las nuevas relaciones de producción no
pueden ser ni son eternamente nuevas, comienzan a envejecer y a entrar en
contradicción con el continuo desarrollo de las fuerzas productivas, comienzan
a perder el papel de motor principal de las fuerzas productivas y se
transforman en su freno. Entonces, en lugar de esas relaciones de producción,
ya viejas, aparecen nuevas relaciones
de producción, cuyo papel consiste en ser el motor principal
del continuo desarrollo de las fuerzas productivas.
Esta peculiaridad del desarrollo de las relaciones
de producción, que pasan del papel de freno de las
fuerzas productivas al papel de motor principal de
su
avance, y del papel de motor principal al papel de
freno de las fuerzas productivas, constituye uno de
los elementos principales de la dialéctica
materialista
marxista. Esto lo saben hoy todos los que han visto
un libro de marxismo. Esto no lo sabe, según
resulta,
el camarada Yaroshenko.
No es cierto, en segundo lugar, que el papel
independiente de las relaciones de producción, es
decir, de las relaciones económicas, desaparece en
el
socialismo; que las relaciones de producción sean
absorbidas
por las fuerzas
productivas; que la
producción social en el socialismo se reduzca a la
Problemas económicos del socialismo en la URSS
organización de las fuerzas productivas. El
marxismo
considera la producción social como un todo que
consta de dos aspectos vinculados indisolublemente:
las fuerzas productivas de la sociedad (relaciones
de
la sociedad con las fuerzas naturales, en la lucha
con
las cuales obtiene la sociedad los bienes
materiales
necesarios) y las relaciones de producción
(relaciones
mutuas
entre los hombres
en el proceso
de la
producción). Estos dos aspectos de la producción
social, aunque están ligados entre sí de un modo
indisoluble, son diferentes. Y precisamente por ser
aspectos diferentes de la producción social, pueden
actuar uno sobre el otro. Afirmar que uno de esos
aspectos
puede ser absorbido
por el otro
y
transformado en su parte integrante, significa
pecar
gravemente contera el marxismo.
Marx dice:
«En la producción
los hombres no
actúan
solamente
sobre la naturaleza,
sino que actúan
también los unos sobre los otros. No pueden
producir
sin asociarse de un cierto modo, para actuar en
común y establecer un intercambio de actividades.
Para producir, los hombres contraen determinados
vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos
Y
relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es
como
se relacionan con la naturaleza y como se efectúa
la
producción» (véase: «C. Marx y F. Engels», tomo V,
pág. 429).
Por consiguiente, la producción social consta de
dos aspectos que,
aunque están indisolublemente ligados el uno con el otro,
reflejan, no obstante, dos categorías diferentes de relaciones: las relaciones
del hombre con la naturaleza (fuerzas productivas) y las relaciones de unos
hombres con otros en el proceso de la producción (relaciones de producción).
Sólo la existencia de ambos aspectos de la producción nos da la producción
social, ya se
trate del régimen socialista o de otras formaciones sociales.
Por lo visto, el camarada Yaroshenko no está muy
de acuerdo con Marx. Considera que esta tesis de
Marx no es aplicable al régimen socialista. Por
eso,
precisamente, reduce el problema de la Economía
Política del socialismo a la tarea de la
organización
racional de las fuerzas productivas, dejando de un
lado
las relaciones de
producción, las relaciones
económicas,
y separando de
ellas las fuerzas
productivas.
Por
tanto, en lugar
de la Economía
Política marxista, encontramos en el camarada Yaroshenko algo así
como la «Ciencia universal
de la organización» de Bogdánov.
Así, pues, partiendo de la idea acertada de que las
fuerzas productivas son las más dinámicas y las más
revolucionarias
de la producción,
el camarada
Yaroshenko lleva esa idea al absurdo, negando el
papel
de las relaciones
de producción, de las
relaciones económicas, en el socialismo; y en lugar
de una producción social llena de vida, obtiene una
329
técnica de la producción unilateral y enclenque,
algo así como la «técnica de organización de la sociedad» de Bujarin.
Marx dice:
«En la producción social de su vida (es decir, en
la producción de los bienes materiales necesarios
para la vida
del hombre - J.
St.), los hombres
contraen
determinadas relaciones necesarias
e
independientes
de su voluntad,
relaciones de
producción,
que corresponden a una
determinada
fase de desarrollo
de sus fuerzas
productivas
materiales.
El conjunto de
estas relaciones de
producción
forma la estructura
económica de la
sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura
jurídica y política
y a la
que
corresponden
determinadas formas de
conciencia
social» (véase el prólogo de la "Contribución
a la
crítica de la Economía Política»).
Eso significa que toda formación social, incluida
la
sociedad socialista, tiene
su base económica,
formada
por el conjunto
de las relaciones
de
producción entre los hombres. Surge la pregunta:
¿qué piensa el camarada Yaroshenko en cuanto a la
base
económica del régimen
socialista? Como
sabemos, el camarada Yaroshenko ha liquidado ya
las relaciones de producción en el socialismo como
una esfera más o menos independiente, incluyendo lo
poco que ha quedado de ellas en la organización de
las fuerzas productivas. Se pregunta uno, ¿posee el
régimen socialista su propia base económica? Es
evidente que, si en el socialismo las relaciones de
producción han desaparecido como fuerza más o
menos independiente, el régimen socialista subsiste
sin su base económica.
En consecuencia, un régimen socialista sin su
base económica. Resulta
una historieta bastante divertida...
¿Es posible, en general, un régimen social sin su
base
económica? El camarada
Yaroshenko,
evidentemente, considera que es posible. Está bien,
pero el marxismo considera que regímenes sociales
de esa naturaleza no existen bajo la capa del
cielo.
No es cierto, por último, que el comunismo sea la
organización racional de las fuerzas productivas;
que
la organización racional de las fuerzas productivas
encierre en sí toda la esencia del régimen
comunista;
que
baste organizar racionalmente las
fuerzas
productivas para pasar al comunismo sin grandes
dificultades. En nuestra literatura hay otra
definición,
otra
fórmula del comunismo,
que es la
fórmula
leninista: «El comunismo es el Poder soviético más
la electrificación de todo el país». Por lo visto,
al
camarada
Yaroshenko no le
gusta la fórmula
leninista, y la reemplaza por su propia fórmula, de
producción
casera: «El comunismo
es la
organización
científica superior de
las fuerzas
productivas en la producción social».
En
primer término, nadie
sabe qué es esa
330
organización «científica superior» o «racional» de
las
fuerzas productivas que proclama a los cuatro
vientos
el camarada Yarosnenko ni cuál es su contenido
concreto. El camarada Yaroshenko repite decenas de
veces esta fórmula mítica en sus discursos ante el
Pleno, en las comisiones de éste, en su carta a los
miembros del Buró Político; pero no dice en ningún
sitio ni una sola palabra para aclarar cómo hay que
comprender,
concretamente, esa «organización
racional» de las fuerzas productivas, que según él,
encierra en si toda la esencia del régimen
comunista.
En segundo término, puesto que se trata de elegir
entre dos fórmulas, no procede rechazar la fórmula leninista, que es la única
acertada, sino la fórmula del camarada Yaroshenko, manifiestamente artificial y
no marxista, extraída
del arsenal de
Bogdánov «Ciencia universal de la organización».
El
camarada Yaroshenko supone
que basta
alcanzar una organización racional de las fuerzas
productivas para obtener la abundancia de productos
y pasar al comunismo, para pasar de la fórmula «a
cada cual, según su trabajo» a la fórmula «a cada
cual, según sus necesidades». Ese es un gran error,
que revela la incomprensión más absoluta de las
leyes del desarrollo económico del socialismo. El
camarada Yaroshenko concibe las condiciones del
paso
del socialismo al
comunismo de un
modo
demasiado simple, con una simplicidad infantil. El
camarada
Yaroshenko no comprende
que no se
puede
obtener una abundancia
de productos que
permita cubrir todas las necesidades de la sociedad
ni
pasar
a la fórmula
"a cada cual,
según sus
necesidades», mientras subsistan fenómenos
económicos
como la propiedad
de determinados
grupos, de los koljoses, la circulación mercantil y
otros. El camarada Yaroshenko no comprende que,
antes de pasar a la fórmula «a cada cual, según sus
necesidades»,
hay que recorrer
varias etapas de
reeducación económica y cultural de la sociedad, en
el curso de las cuales el trabajo dejará de ser a
los
ojos de la sociedad sólo un medio de ganarse la
vida,
para convertirse en la primera necesidad de ésta, y
la
propiedad social, en la base firme e inviolable de
la
existencia de la sociedad.
Para preparar el paso real, y no declarativo, al
comunismo, es necesario cumplir, por lo menos, tres condiciones fundamentales.
1. Es indispensable, en primer término, asegurar
de verdad, no una mítica «organización racional» de
las fuerzas productivas, sino el incremento
constante
de toda la producción social, y preferentemente el
de
la producción de medios de producción. El que se dé
preferencia al incremento de la producción de
medios
de producción, no sólo es necesario porque esta
producción debe asegurar las máquinas necesarias,
tanto a sus propias empresas como a las empresas de
todas las demás ramas de la economía nacional, sino
porque sin ella no es posible, en absoluto, llevar
a
J. V. Stalin
cabo la reproducción ampliada.
2. Es indispensable, en segundo término, elevar la
propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo
el
pueblo, mediante transiciones graduales realizadas
con ventaja para los koljoses y, por consiguiente,
para
toda la sociedad,
y, también, mediante
transiciones
graduales, sustituir la
circulación
mercantil
por un sistema
de intercambio de
productos, para que el Poder central o cualquier
otro
centro económico-social pueda disponer de todo el
producto de la producción social en interés de la
sociedad.
El
camarada Yaroshenko se
equivoca cuando
afirma que en el socialismo no existe contradicción
alguna
entre las relaciones
de producción y las
fuerzas productivas de la sociedad. Claro está que
nuestras actuales relaciones de producción
atraviesan
por un período en que, correspondiendo plenamente
al
incremento de las
fuerzas productivas, las
impulsan adelante a pasos agigantados. Pero sería
una equivocación contentarse con eso y suponer que
no existe contradicción alguna entre nuestras
fuerzas
productivas y nuestras relaciones de producción.
Sin
duda alguna, hay y habrá contradicciones, por
cuanto
el desarrollo de las relaciones de producción va e
irá
a la zaga del desarrollo de las fuerzas
productivas.
Con
una política acertada
de los organismos
dirigentes,
estas contradicciones no
pueden
convertirse
en contradicciones antagónicas,
y no
puede producirse un conflicto entre las relaciones
de
producción y las fuerzas productivas de la
sociedad.
Otra
cosa sucedería si
aplicáramos una política
desacertada,
como la que
propone el camarada
Yaroshenko. En ese caso, el conflicto sería
inevitable
y
nuestras relaciones de
producción podrían
convertirse en un freno muy serio para el
desarrollo
de las fuerzas productivas.
Por ello, la misión de los organismos dirigentes
consiste en
advertir oportunamente las
contradicciones cuando están gestándose y tomar a
tiempo
las medidas necesarias
para eliminarlas
mediante
la adaptación de
las relaciones de
producción al incremento de las fuerzas
productivas.
Esto se refiere, ante todo, a fenómenos económicos
como la propiedad de determinados grupos, de los
koljoses,
y la circulación
mercantil. Claro que
actualmente estos fenómenos son aprovechados con
buen éxito para desarrollar la economía socialista,
y
reportan un beneficio indudable a nuestra sociedad.
No cabe duda de que también en el próximo futuro
reportarán
su beneficio. Pero
sería una ceguera
imperdonable no ver que, al mismo tiempo, esos
fenómenos comienzan ahora ya a frenar el poderoso
desarrollo
de nuestras fuerzas
productivas, por
cuanto son un obstáculo para que la planificación
por
parte
del Estado abarque
plenamente toda la
economía nacional, en particular la agricultura. No
cabe duda de que, con el tiempo, esos fenómenos
Problemas económicos del socialismo en la URSS
frenarán más y más el desarrollo de las fuerzas
productivas de nuestro país. Por consiguiente, la
tarea
consiste en liquidar
esas contradicciones
mediante la transformación gradual de la propiedad
koljosiana
en propiedad de
todo el pueblo
y la
aplicación -también
gradual- del intercambio
de
productos en lugar de la circulación mercantil.
3. Es necesario, en tercer término, alcanzar un
ascenso cultural de la sociedad, que asegure a
todos
sus
miembros el desarrollo
universal de sus
capacidades físicas e intelectuales, para que
puedan
recibir una instrucción que les permita ser agentes
activos
del desarrollo de
la sociedad, para
que
puedan elegir la profesión que más les guste y no
tengan que verse atados de por vida, debido a la
división del trabajo existente, a una sola
profesión.
¿Qué hace falta para esto?
Sería erróneo suponer que se puede alcanzar un
desarrollo cultural tan elevado de los miembros de
la
sociedad sin serios cambios en el estado actual del
trabajo. Para eso es necesario, ante todo, reducir
la
jornada de trabajo, por lo menos, a seis, y más
adelante a cinco horas. Eso es necesario para que
los
miembros de la sociedad dispongan del tiempo libre
suficiente para adquirir una instrucción universal.
Para
ello es necesario,
además, implantar la
enseñanza
politécnica general y
obligatoria,
indispensable para que los miembros de la sociedad
puedan elegir la profesión que más les guste y no
se
vean atados de por vida a una sola profesión. Para
ello es necesario, además, mejorar radicalmente las
condiciones de vivienda y elevar al doble, por lo
menos,
el salario real
de los obreros
y de los
empleados, tanto mediante ,el aumento directo del
salario
metálico, como, sobre
todo, mediante la
rebaja sistemática de los precios de los artículos
de
amplio consumo.
Tales son las condiciones fundamentales de la
preparación del paso al comunismo.
Sólo después de cumplir todas esas condiciones,
se podrá esperar que el trabajo deje de ser para
los
miembros de la sociedad una carga y se convierta
«en la primera necesidad de la vida» (Marx); que
«el
trabajo se convierta, de una penosa carga, en un
placer» (Engels);
que la propiedad
social sea
apreciada por todos los miembros de la sociedad
como la base firme e inviolable de la existencia de
la
sociedad.
Sólo después de cumplir todas esas condiciones,
se podrá pasar de la fórmula socialista «de cada
cual,
según sus capacidades; a cada cual, según su
trabajo»
a la fórmula comunista «de cada cual, según sus
capacidades; a cada cual, según sus necesidades».
Eso representará el paso radical de una economía,
de la
economía del socialismo, a otra
economía superior, a la economía del comunismo.
Como
puede verse, la
cuestión del paso
del
socialismo al comunismo no es tan sencilla como se
331
la imagina el camarada Yaroshenko.
Tratar de reducir cosa tan compleja y polifacética,
que exige cambios económicos muy importantes, a la «organización racional de
las fuerzas productivas», como lo hace
el camarada Yaroshenko,
supone suplantar el marxismo por el bogdanovismo.
II. Otros errores del camarada Yaroshenko
1. Basándose en su erróneo punto de vista, el
camarada Yaroshenko llega a deducciones erróneas
acerca del carácter y del objeto de la Economía
Política.
El camarada Yaroshenko, partiendo de que cada
formación social tiene
sus leyes económicas específicas, niega la necesidad
de una Economía Política única para todas las formaciones sociales. Pero carece
de toda razón, y difiere a este respecto de marxistas como Engels y Lenin.
Engels
dice que la
Economía Política es «la
ciencia de las condiciones y de las formas en que
las
diversas sociedades humanas
producen e
intercambian, y en que, de acuerdo con ello,
efectúan
cada vez la distribución de los productos» («Anti-
Dühring»). Por lo tanto, la Economía Política
estudia
las
leyes del desarrollo
económico, no de una
formación social determinada, sino de las diversas
formaciones sociales.
Como se sabe, Lenin está de completo acuerdo
con ese enunciado. En sus observaciones críticas al
libro
de Bujarin «La economía
del período de
transición»,
Lenin dijo que
Bujarin erraba al
restringir la esfera de acción de la Economía
Política
a la producción mercantil y, ante todo, a la
capitalista
y señaló que Bujarin daba «un paso atrás respecto a
Engels».
Con
ese enunciado está
completamente de acuerdo la definición
de la Economía Política dada en el proyecto de manual, donde se dice que la
Economía Política es la ciencia que estudia «las leyes de la producción social
y de la distribución de los bienes materiales en las diversas fases de
desarrollo de la sociedad humana».
La
cosa es comprensible. En
su desarrollo
económico, las diversas formaciones sociales no
sólo
se subordinan a sus leyes económicas específicas,
sino también a las leyes económicas comunes a todas
las formaciones, por ejemplo, a leyes como la ley
de
la unidad de las fuerzas productivas y las
relaciones
de producción en una producción social única, como
la ley de las relaciones entre las fuerzas
productivas y
las
relaciones de producción
en el proceso
de
desarrollo de todas las formaciones sociales. Por
consiguiente, las formaciones sociales no sólo
están
separadas entre sí por sus leyes específicas, sino
ligadas entre sí por las leyes económicas comunes a
todas ellas.
Engels tenía toda la razón al decir:
«Para hacer con toda plenitud esa crítica de la
332
Economía Política burguesa, no bastaba con estudiar
la forma capitalista de producción, de intercambio
y
de distribución. Era necesario también investigar y
confrontar, siquiera en rasgos generales, las
formas
que la habían precedido o que existían
paralelamente
a ella en los países menos desarrollados» («Anti-
Dühríng»).
Es evidente que en esta cuestión el camarada
Yaroshenko hace eco a Bujarin.
Prosigamos. El camarada Yarosheniko afirma que
en su
«Economía Política del
socialismo» «las
categorías de la Economía Política -valor,
mercancía,
dinero, crédito, etc.- son reemplazadas por
sensatos
razonamientos sobre la organización racional de las
fuerzas productivas en la producción social»; que,
en
consecuencia, el objeto de esta Economía Política
no
son las relaciones de producción del socialismo,
sino
«la elaboración y el desarrollo de la teoría
científica
de la organización de las fuerzas productivas, de
la
teoría de la planificación de la economía nacional,
etc.»;
que en el
socialismo las relaciones
de
producción pierden su significado independiente y
son absorbidas por las fuerzas productivas como
parte integrante de ellas.
Debe decirse que hasta ahora ningún «marxista»
chiflado
había escrito tan
absurdo galimatías.
Recapacítese, ¿qué significa la Economía Política
del
socialismo sin los problemas económicos, sin los
problemas de la producción? ¿Acaso existe bajo la
capa del cielo semejante Economía Política? ¿Qué
significa
sustituir en la
Economía Política del
socialismo
los problemas económicos
por los
problemas
de la organización de
las fuerzas
productivas?
Significa acabar con
la Economía
Política
del socialismo. El
camarada Yaroshenko
procede así precisamente: acaba con la Economía
Política del socialismo. En este aspecto entronca
por
completo
con Bujarin. Bujarin
decía que al ser
destruido
el capitalismo debía
serlo también la
Economía Política. El camarada Yaroshenko no lo
dice,
pero lo hace,
acabando con la
Economía
política del socialismo. Verdad es que el camarada
Yaroshenko
aparenta al mismo
tiempo no estar
totalmente
de acuerdo con
Bujarin, pero eso es
marrullería
y, por cierto,
marrullería barata. En
realidad, hace lo que predicaba Bujarin y censurara
Lenin. El camarada Yaroshenko sigue las huellas de
Bujarin.
Prosigamos. El camarada Yaroshenko reduce los
problemas de la Economía Política del socialismo a
los problemas de una organización racional de las
fuerzas
productivas, a los
problemas de la
planificación de la economía nacional, etc. Pero se
equivoca
profundamente. Los problemas
de una
organización racional de las fuerzas productivas,
de
la planificación de la economía nacional, etc., no
son
objeto de la Economía Política, sino de la política
económica de los organismos dirigentes. Son dos
J. V. Stalin
esferas distintas, que no deben ser confundidas. El
camarada Yaroshenko ha confundido estas dos cosas
distintas y se ha puesto en situación embarazosa.
La
Economía Política estudia las leyes de desarrollo
de
las relaciones de producción entre los hombres. La
política económica deduce de ello las conclusiones
prácticas, las concreta y erige sobre esta base su
trabajo cotidiano. Recargar la Economía Política
con
las
cuestiones de la
política económica significa
hundirla como ciencia.
El
objeto de la
Economía política son
las
relaciones de producción, las relaciones económicas
entre los hombres. A esta esfera corresponden: a)
las
formas
de la propiedad
sobre los medios
de
producción; b) la situación, dimanante de esto, de
los
diversos
grupos sociales en la producción
y sus
relaciones
mutuas, o, como
dice Marx, el
«intercambio
de actividades»; c)
las formas de
distribución
de los productos
que dependen por
completo de dichas formas de propiedad. Todo esto
constituye, en su conjunto, el objeto de la
Economía
política.
En esta definición
no se emplea
la palabra
«intercambio», que figura en la definición de
Engels.
No se emplea
porque habitualmente muchos
entienden
por «intercambio» el intercambio
de
mercancías,
que no es
propio de todas
las
formaciones sociales, sino únicamente de algunas,
lo
que a veces origina confusiones, aunque Engels no
sólo comprendía por «intercambio» el intercambio de
mercancías. Sin embargo, como se ve, lo que Engels
entendía por «intercambio» ha encontrado su lugar
en la citada definición, como parte integrante de
ella.
En consecuencia, por su contenido, esta definición
del
objeto de la
Economía Política coincide
plenamente con la definición de Engels.
2.
Cuando se habla
de la ley
económica
fundamental de una u otra formación social, se
parte,
por lo común, de que esta última no puede tener
varias leyes económicas fundamentales, de que sólo
puede
tener una ley
económica fundamental,
precisamente
como ley fundamental. En
caso
contrario
tendríamos varias leyes
económicas
fundamentales para cada formación social, lo que
está en pugna
con el concepto
mismo de ley
fundamental. Sin embargo, el camarada Yaroshenko
no está de acuerdo. Considera que se puede tener,
no
una ley económica fundamental del socialismo, sino
varias leyes económicas fundamentales.
¡Inverosímil,
pero es un hecho! En su discurso en el Pleno de los
participantes en la discusión dice:
«Las magnitudes y las correlaciones de los fondos
materiales
de la producción
social y de
la
reproducción están determinadas por la existencia y
el incremento en perspectiva de la fuerza de
trabajo
incluida
en la producción
social. Tal es
la ley
económica fundamental de la sociedad socialista, la
ley que condiciona la estructura de la producción
Problemas económicos del socialismo en la URSS
social y la reproducción socialistas».
Esta es la primera ley económica fundamental del
socialismo.
En el mismo discurso el camarada Yaroshenko
declara:
«Las correlaciones entre las secciones I y II están
condicionadas,
en la sociedad
socialista, por la
necesidad de producir medios de producción en las
proporciones necesarias para incluir en la
producción
social a toda la población apta para el trabajo.
Esta es
la ley económica fundamental del socialismo y, al
mismo tiempo, una demanda de nuestra Constitución,
derivada del derecho de los ciudadanos soviéticos
al
trabajo».
Esta es, por decirlo así, la segunda ley económica
fundamental del socialismo.
Por último, en su carta a los miembros del Buró
Político el camarada Yaroshenko declara:
«Partiendo de esto, los rasgos esenciales y las
exigencias de la
ley económica fundamental
del socialismo pueden formularse aproximadamente, a mi entender,
en los siguientes
términos: la producción, en
ascenso y perfeccionamiento incesantes, de
condiciones de vida
materiales y culturales de la
sociedad».
Es ya la tercera ley económica fundamental del
socialismo.
¿Todas
estas leyes son
leyes económicas
fundamentales del socialismo o lo es sólo una de
ellas? Y en tal caso, ¿cuál de ellas precisamente?
El
camarada Yaroshenko no responde a estas preguntas
en su última carta a los miembros del Buró
Político.
Al
formular la ley
económica fundamental del
socialismo en su carta a los miembros del Buró
Político, «olvida», por lo visto, que hace tres
meses,
en su discurso en el Pleno de la discusión, formuló
ya
las otras dos leyes económicas fundamentales del
socialismo,
suponiendo, al parecer,
que no se
repararía en esta combinación más que dudosa. Pero,
como se ve, sus cálculos han resultado fallidos.
Admitamos
que las dos
primeras leyes
económicas fundamentales
del socialismo
formuladas
por el camarada
Yaroshenko ya no
existen, que desde ahora el camarada Yaroshenko
considera
como ley económica
fundamental del
socialismo su tercera fórmula, expuesta en la carta
a
los miembros del Buró Político. Veamos la carta del
camarada Yaroshenko.
El camarada Yaroshenko dice en la carta que no está
de acuerdo con la definición de la ley económica fundamental del
socialismo expuesta en
las «Observaciones» del camarada Stalin. Dice así:
«Lo principal en esta definición es «asegurar la
máxima satisfacción de las necesidades... de toda
la
sociedad». La producción aparece aquí como medio
para el logro de este fin principal: satisfacer las
necesidades. Tal definición da motivo para suponer
que la ley económica fundamental del socialismo
333
formulada por Ud. no parte de la primacía de la
producción, sino de la primacía del consumo».
Evidentemente, el camarada Yaroshenko no ha
comprendido ni palabra de la esencia del problema y
no ve que las disquisiciones respecto a la primada
del
consumo o de la producción no tienen nada que ver
con el asunto que nos ocupa. Cuando se habla de la
primacía de unos u otros procesos sociales respecto
a
otros procesos, se parte, por lo común, de que unos
y
otros procesos son más o menos homogéneos. Se
puede y se
debe hablar de
la primacía de la
producción de medios de producción respecto a la
producción de medios de consumo, ya que en uno y
otro
caso se trata
de la producción
y, en
consecuencia, son más o menos homogéneas. Pero
no se puede hablar, sería equivocado hablar de la
primacía del consumo respecto a la producción o de
la
producción respecto al
consumo, ya que la
producción
y el consumo
son, aunque están
vinculados
entre si, dos
esferas completamente
distintas. Evidentemente, el camarada Yaroshenko no
comprende que aquí no se trata de la primacía del
consumo o de la producción, sino del fin que
plantea
la sociedad ante la producción social, de la tarea
a
que supedita la producción social, pongamos por
caso, en el socialismo. Por eso tampoco tienen nada
que
ver con el
asunto que nos
ocupa las
disquisiciones del camarada Yaroshenko acerca de
que «la base de la vida de la sociedad socialista,
como de cualquier otra sociedad, es la producción».
El camarada Yaroshenko olvida que los hombres no
producen
por producir, sino
para satisfacer sus
necesidades; olvida que una producción, divorciada
de la satisfacción de las necesidades de la
sociedad,
enferma y perece.
¿Se puede, en general, hablar de los objetivos de
la producción capitalista o socialista, de las tareas a que se
subordina la producción
capitalista o socialista? Yo
creo que se puede y se debe.
Marx dice:
«El fin inmediato de la producción capitalista no
es la producción de mercancías, sino de plusvalía o
de
beneficio en su
forma desarrollada; no del
producto, sino del producto suplementario. Desde
este
punto de vista,
el mismo trabajo
sólo es
productivo
mientras crea beneficio
o producto
suplementario para el capital. Si el obrero no lo
crea,
su trabajo es improductivo. En consecuencia, la
masa
del trabajo productivo aplicado sólo tiene interés
para
el capital en la medida en que, gracias a ella -o
en
correlación con ella-, aumenta la cantidad de
trabajo
suplementario; sólo en tanto es necesario lo que
hemos llamado tiempo de trabajo indispensable. Si
el
trabajo no da ese resultado, es superfluo y debe
ser
suspendido.
El fin de
la producción capitalista
consiste
siempre en crear el máximo de plusvalía o el máximo
de producto suplementario con el mínimo de capital
334
avanzado. Por cuanto este resultado no se alcanza
con un trabajo excesivo de los obreros, surge la tendencia del capital de
producir el producto dado con el menor costo posible, de economizar fuerza de
trabajo y gastos...
Con
tal comprensión, los
mismos obreros aparecen como lo
que son realmente en la producción capitalista; sólo medios de producción, y no
un fin por sí mismo ni el fin de la producción» (véase: «Teorías de la
plusvalía», tomo II, parte 2).
Estas palabras de Marx son notables no sólo en el
sentido de que definen concisa y exactamente el fin
de la producción
capitalista, sino también
en el
sentido
de que esbozan
el fin básico,
la tarea
fundamental que se debe plantear ante la producción
socialista.
En
consecuencia, el fin
de la producción
capitalista es la obtención de beneficios. Por lo
que
se refiere al consumo el capitalismo sólo lo
necesita
en
tanto en cuanto
asegura la obtención
de
beneficios.
Si se excluye
esto, la cuestión
del
consumo carece de sentido para el capitalismo. Del
campo
visual desaparece el
hombre con sus
necesidades.
¿Cuál es el fin de la producción socialista?, ¿cuál
es la tarea
principal a cuyo
cumplimiento debe
subordinarse la producción social en el socialismo?
El fin de
la producción socialista
no es el
beneficio, sino el hombre con sus necesidades, es
decir, la satisfacción de las necesidades
materiales y
culturales
del hombre. El
fin de la
producción
socialista es, como se dice en las «Observaciones»
del
camarada Stalin, «asegurar la
máxima
satisfacción
de las necesidades
materiales y
culturales,
en constante ascenso,
de toda la
sociedad».
El camarada Yaroshenko cree que se encuentra
ante la «primacía» del
consumo respecto a la
producción. Eso, claro
está, es fruto
de la incomprensión. En
realidad, aquí no nos encontramos ante
la primacía del
consumo, sino ante
la supeditación de la producción socialista a su fin principal: asegurar
la máxima satisfacción de las necesidades
materiales y culturales,
en constante ascenso, de toda la
sociedad.
En consecuencia, el fin de la producción socialista
es asegurar la máxima satisfacción de las
necesidades
materiales y culturales, en constante ascenso, de
toda
la sociedad; el medio para el logro de este fin es
el
desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpido de
la producción socialista sobre la base de la
técnica
más elevada.
Tal es la
ley económica fundamental
del socialismo.
En su afán de mantener la llamada «primacía» de
la
producción respecto al
consumo, el camarada
Yaroshenko
afirma que «la ley
económica
fundamental del socialismo» consiste «en el ascenso
J. V. Stalin
y el perfeccionamiento incesantes de la producción
de
condiciones materiales y
culturales de la
sociedad». Eso es falso de cabo a rabo. El camarada
Yaroshenko
desvirtúa Y adultera
burdamente la
fórmula
expuesta en las «Observaciones» del
camarada Stalin. Según el camarada Yaroshenko, la
producción se convierte de medio en fin, y queda
excluida la tarea de asegurar la máxima
satisfacción
de las necesidades
materiales y culturales,
en
constante
ascenso, de la
sociedad. Resulta el
incremento de la producción por el incremento de la
producción, una producción sin más objetivo que la
producción,
mientras que del
campo visual del
camarada Yarosheniko desaparecen él hombre y sus
necesidades.
Por ello no es sorprendente que, al desaparecer el
hombre como fin
de la producción
socialista, desaparezcan los últimos restos de marxismo en las
«concepciones» del camarada Yaroshenko.
De esta suerte, en el camarada Yaroshenko resulta
no la
«primacía» de la
producción respecto al
consumo, sino algo semejante a la «primacía» de la
ideología burguesa respecto a la ideología
marxista.
3. La cuestión de la teoría de la reproducción
enunciada por Marx
merece capítulo aparte.
El camarada Yaroshenko afirma
que esa teoría
es únicamente la teoría de la reproducción capitalista, que no contiene
nada que pueda ser válido para las demás formaciones sociales, incluida la
formación social socialista. Dice así:
«La aplicación del esquema de la reproducción,
elaborado por Marx para la economía capitalista, a la producción social
socialista es producto
de una comprensión dogmática de
la doctrina de Marx y está en pugna con su esencia» (véase el discurso del
camarada Yaroshenko en el Pleno).
El camarada Yarosheniko afirma también que:
«El esquema de la reproducción trazado por Marx no
corresponde a las leyes económicas de la sociedad
socialista y no puede servir de base para el
estudio de
la reproducción socialista» (véase el discurso
citado).
Refiriéndose a la teoría de la reproducción simple
formulada
por Marx, teoría
que establece
determinada
correlación entre la
producción de
medios de producción (I sección), y la producción
de
medios
de consumo (Ir sección),
el camarada
Yaroshenko dice:
«La
correlación entre la
primera y segunda
secciones
no está condicionada
en la sociedad
socialista por la fórmula de Marx V + M de la
primera sección y e de la segunda. En el socialismo
no debe producirse
la citada correlación
en el
desarrollo de la primera sección y la segunda»
(véase
el discurso citado).
El camarada Yaroshenko afirma que: «La teoría
de las correlaciones
entre las secciones
I y II,
enunciada por Marx, no es aplicable en nuestras
condiciones socialistas, ya que esa teoría tiene
por
Problemas económicos del socialismo en la URSS
base la economía capitalista con sus leyes» (véase
la carta del camarada Yaroshenko a los miembros del Buró Político).
Así está demoliendo el camarada Yaroshenko la
teoría de la reproducción elaborada por Marx.
Por
supuesto, esa teoría
de la reproducción,
elaborada por Marx, como fruto del estudio de las
leyes de la producción capitalista, refleja el
carácter
específico
de dicha producción
y, lógicamente,
reviste la forma de las relaciones de valor
capitalistas
mercantiles. Y no podía ser de otro modo. Pero ver
sólo
esta forma en
la teoría de
la reproducción
enunciada por Marx y no advertir su base, no
advertir
su contenido fundamental, válido no sólo para la
formación social capitalista, significa no entender
nada de esta
teoría. Si el camarada
Yaroshenko
entendiera algo en este asunto, habría comprendido
la
verdad
evidente de que
los esquemas de
la
reproducción trazados por Marx no se limitan, en
modo alguno, a reflejar el carácter específico de
la
producción
capitalista; habría comprendido
que
encierran,
al mismo tiempo,
muchos postulados
fundamentales de la reproducción válidos para todas
las formaciones sociales,
entre ellas, y
particularmente, para la formación social
socialista.
Postulados
fundamentales de la
teoría de Marx
acerca de la reproducción como el postulado sobre
la
división de la producción social en producción de
medios de producción y producción de medios de
consumo;
el postulado sobre
la primacía del
incremento
de la producción
de medios de
producción en la reproducción ampliada; el
postulado
sobre la correlación entre las secciones I y II; el
postulado
sobre el producto
suplementario como
única fuente de acumulación; el postulado sobre la
formación y el destino de los fondos sociales; el
postulado sobre la acumulación como única fuente de
la
reproducción ampliada; todos
estos postulados
fundamentales
de la teoría
marxista de la
reproducción son esos mismos postulados válidos no
sólo
para la formación
capitalista y de
cuya
aplicación
no puede prescindir
ninguna sociedad
socialista
al planificar su
economía nacional. Es
significativo que el mismo camarada Yaroshenko,
que con tanta altanería suelta bufidos contra los
«esquemas de la reproducción» trazados por Marx,
haya de recurrir una y otra vez a estos «esquemas»
al
examinar las cuestiones de la reproducción
socialista.
¿Y qué opinaban de esto Lenin y Marx?
Todos conocen
las observaciones críticas
de
Lenin al libro de Bujarin «La economía del período
de transición». En estas observaciones Lenin dijo,
como se sabe, que la fórmula de Marx relativa a la
correlación entre la I y II secciones, contra la
que
arremete el
camarada Yaroshenko, permanece
en
vigor
tanto para el
socialismo como para
el
«comunismo puro», es decir, para la segunda fase
del
comunismo.
335
Por lo que se refiere a Marx, como se sabe, no le
gustaba abstraerse del estudio de las leyes de la
producción
capitalista y no se
ocupó en su «El
Capital»
del problema de
la aplicación de sus
esquemas
de la reproducción
al socialismo. Sin
embargo,
en el capítulo 20
del II tomo
de «El
Capital», en el apartado «El Capital constante de
la I
sección», donde trata del intercambio de productos
de la I sección en el seno de ella misma, Marx
advierte
como de pasada
que el intercambio
de
productos
en esta sección
transcurriría en el
socialismo
con la misma
constancia que en la
producción capitalista. Marx dice:
«Si la producción fuera social en vez de ser
capitalista, aparecería claro que los productos de
la
sección 1
podrían repartirse no menos
constantemente como medios de producción entre las
ramas de la producción de esta sección, con objeto
de
la
reproducción; una parte
de los mismos
permanecería
directamente en la
esfera de la
producción, de la cual salió como producto; otra
parte, por el contrario, se alejaría a otros
lugares de
producción, y así se daría un constante ir y venir
entre los distintos lugares de la producción de
esta
sección» (véase: Marx, «El Capital», tomo II, 8a
ed.,
pág. 307).
En consecuencia, Marx no consideraba en modo alguno
que su teoría de la reproducción era válida sólo para la producción
capitalista, aunque él se ocupaba de investigar las leyes de la producción
capitalista. Por el contrario, partía, como se ve, de que su teoría de la
reproducción podía ser válida también para la producción socialista.
Debe
señalarse que Marx,
en la «Crítica del programa de Gotha», al analizar la
economía del socialismo y del período de transición al comunismo, parte de los
postulados fundamentales de su teoría de la
reproducción,
considerándolos, evidentemente,
obligatorios para el régimen comunista.
También debe señalarse que Engels, en su «Anti-
Dühring»,
al criticar el «sistema
socialitario» de Dühring y
al definir la
economía del régimen socialista, parte
asimismo de los
postulados fundamentales de la
teoría de la
reproducción elaborada por Marx,
considerándolos obligatorios para
el régimen comunista.
Tales son los hechos.
Resulta
que también en
el problema de la
reproducción el camarada Yaroshenko, a pesar de su
desenfadado tono cuando habla de los «esquemas, de
Marx,
se encuentra de
nuevo en una
situación
embarazosa.
4. El camarada Yaroshenko termina su carta a los
miembros del Buró Político proponiendo que se le confíe la redacción de la
«Economía Política del socialismo». Escribe así:
«Partiendo
de la definición
del objeto de la
Economía Política del socialismo expuesta por mí en
336
la sesión plenaria, en la comisión y en esta carta,
y
utilizando el método dialéctico marxista, yo podría
elaborar en un año, o a lo sumo en año y medio,
asistido por dos personas, las soluciones teóricas
de
los problemas fundamentales de la Economía Política
del socialismo, así como exponer la teoría
marxista,
leninista-stalinista de
la Economía Política
del
socialismo, teoría que convertirá esta ciencia en
un
arma eficaz de lucha del pueblo por el comunismo».
Forzoso
es reconocer que
el camarada Yaroshenko no
peca de modesto.
Todavía más; podría decirse,
utilizando el estilo de ciertos literatos, que «hasta del todo al revés».
Ya
hemos dicho antes
que el camarada
Yaroshenko
confunde la Economía
Política del
socialismo
con la política
económica de los
organismos dirigentes. Lo que él considera objeto
de
la Economía Política del socialismo una
organización
racional de las fuerzas productivas, la
planificación
de la economía nacional, la formación de los fondos
sociales, etc., no es objeto de la Economía
Política
del socialismo, sino de la política económica de
los
organismos dirigentes.
No hablo ya de que los serios errores cometidos por
el camarada Yaroshenko y su «punto de vista» no marxista no predispone a
confiarle tal encargo.
* * *
Conclusiones:
1) La queja del camarada Yaroshenko respecto a los
dirigentes de la discusión carece de sentido, ya que los dirigentes de la
discusión, siendo marxistas, no podían reflejar en los documentos que
sintetizan los resultados de la discusión el «punto de vista» no marxista del
camarada Yaroshenko.
2) La petición del camarada Yaroshenko de que se
le encargue la redacción de la Economía Política
del
socialismo no puede ser considerada en serio,
aunque
sólo sea porque apesta a fanfarronería
jlestakoviana.
J. STALIN
22 de mayo de 1952.
Respuesta a los camaradas A. V. Sanina Y V.
G. Venzher
He recibido sus cartas. Se ve que los firmantes
estudian con profundidad y seriamente los problemas
de la economía de nuestro país. Las cartas
contienen
no pocas formulaciones acertadas y consideraciones
interesantes. Sin embargo, al lado de ello,
contienen
también
algunos graves errores
teóricos. En la
presente contestación pienso detenerme precisamente
en estos errores.
1. El carácter
de las leyes
económicas del socialismo
Los camaradas Sánina y Vénzher afirman que
«las leyes económicas del socialismo surgen sólo
gradas a la acción consciente de los ciudadanos
soviéticos, ocupados en la producción material».
Esta
J. V. Stalin
tesis es completamente falsa.
¿Existen
las leyes del
desarrollo económico
objetivamente, fuera
de nosotros,
independientemente de la voluntad y de la
conciencia
de los hombres?
El marxismo responde
a esta
pregunta de modo afirmativo. El marxismo considera
que las leyes de la Economía Política del
socialismo
son un reflejo, en el cerebro del hombre, de leyes
objetivas
que existen fuera
de nosotros. Pero
la
fórmula de los camaradas Sánina y Vénzher responde
a esta pregunta de modo negativo. Eso quiere decir
que estos camaradas se sitúan en el punto de vista
de
una teoría errónea, según la cual en el socialismo
las
leyes del desarrollo económico «son creadas», «son
transformadas» por los organismos dirigentes de la
sociedad.
Dicho de otro
modo, estos camaradas
rompen con el marxismo y pisan el camino del
idealismo subjetivo.
Naturalmente, los hombres pueden descubrir estas
leyes objetivas, llegar a conocerlas y, basándose en ellas, utilizarlas en
interés de la sociedad. Pero no pueden ni «crearlas» ni «transformarlas».
Admitamos que por un instante compartimos la
errónea teoría que
niega la existencia
de leyes objetivas en la vida
económica del socialismo y que proclama la posibilidad de «crear» leyes
económicas, de «transformar» las leyes económicas. ¿A dónde iríamos a parar?
Iríamos a parar a un reino de caos y de casualidades, dependeríamos como
esclavos de estas casualidades, nos privaríamos de la posibilidad, no ya de
comprender, sino sencillamente de discernir en este caos de casualidades.
Esto nos conduciría a acabar con la Economía
Política como ciencia, ya que la ciencia no puede ni vivir ni desarrollarse sin
el reconocimiento de las leyes objetivas, sin el estudio de esas leyes. Y, al
acabar con la
ciencia, nos privaríamos
de la posibilidad de prever el
curso de los acontecimientos en la vida
económica del país,
es decir, nos privaríamos de a posibilidad de organizar
incluso la dirección económica más elemental.
En última instancia, nos hallaríamos a merced de
los
caprichos de los
aventureros «economistas»
dispuestos a
«demoler» las leyes
del desarrollo
económico y a «crear» nuevas leyes sin comprender
y sin tomar en consideración las leyes objetivas.
Todos conocen el postulado clásico de la posición
marxista respecto a
este problema, expuesta
por Engels en su. «Anti-Dühring»:
«Las fuerzas sociales, al igual que las fuerzas de
la naturaleza, actúan ciegamente, violentamente, de
modo destructor, hasta que las llegamos a conocer y
las tomamos en consideración. Pero una vez que las
hemos conocido, que hemos estudiado su acción, su
dirección y su influencia, dependerá exclusivamente
de nosotros mismos supeditarlas más y más a nuestra
voluntad
y conseguir con
su ayuda nuestros
objetivos. Esto se refiere, en particular, a las
potentes
Problemas económicos del socialismo en la URSS
fuerzas productivas contemporáneas. Mientras nos
neguemos
obcecadamente a comprender
su
naturaleza y su carácter -y a esta comprensión se
oponen el modo capitalista de producción y sus
defensores-,
las fuerzas productivas
actuarán a
despecho de nosotros, contra nosotros, dominarán
sobre nosotros, como hemos demostrado con todo
detalle
antes. Pero una
vez comprendida su
naturaleza,
pueden convertirse, en
manos de los
productores
asociados, de tiranos
demoníacos en
obedientes
servidores. Aquí existe
la misma
diferencia que media entre la fuerza destructora de
la
electricidad
en los rayos
de una tormenta
y la
electricidad domeñada en el aparato telegráfico y
en
la lámpara voltaica; la misma diferencia que media
entre el incendio y el fuego que actúa al servicio
del
hombre. Cuando se comience a tratar a las fuerzas
productivas contemporáneas de conformidad con su
naturaleza por fin conocida, la anarquía social en
la
producción será reemplazada por la regulación
social
y planificada de la producción destinada a
satisfacer
las necesidades tanto de la sociedad en su conjunto
como de cada uno de sus miembros. Entonces el
modo
capitalista de apropiación,
bajo el cual
el
producto esclaviza primero al productor y después
también al que se apropia de él, será reemplazado
por
un nuevo modo de apropiación de los productos
basado en la naturaleza misma de los medios de
producción modernos: de un lado, por la apropiación
social directa de los productos en calidad de
medios
para mantener y ampliar la producción, y, de otro
lado, por la apropiación individual directa en
calidad
de medios de vida y de deleite».
2. Las medidas
para elevar la
propiedad
koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo
¿Qué
medidas son necesarias
para elevar la propiedad
koljosiana, que no
es, naturalmente, propiedad de
todo el pueblo, al nivel de propiedad de todo el pueblo («nacional»)?
Algunos
camaradas piensan que
basta
sencillamente
con nacionalizar la
propiedad
koljosiana, declarándola propiedad de todo el
pueblo,
como se hiciera, en otro tiempo, con la propiedad
capitalista. Esta propuesta es errónea por los
cuatro
costados y completamente inaceptable. La propiedad
koljosiana es propiedad socialista, y no podemos
tratarla en modo alguno como propiedad capitalista.
Del hecho de que la propiedad koljosiana no sea
propiedad de todo el pueblo no se desprende en
ningún
caso que la
propiedad koljosiana no sea
propiedad socialista.
Estos camaradas suponen que la transferencia de
la propiedad de individuos o de grupos a propiedad
del Estado es la única forma de nacionalización o,
en
todo caso, la mejor. Tal suposición es falsa. En
realidad, la transferencia a propiedad del Estado
no
es la única forma de nacionalización y ni siquiera
la
337
mejor, sino la forma inicial de nacionalización,
como
acertadamente dice Engels en el «Anti-Düihring». Es
indudable
que, mientras exista
el Estado, la
transferencia a propiedad de éste será la forma
inicial
de nacionalización más comprensible. Ahora bien, el
Estado no existirá por los siglos de los siglos.
Con la
ampliación de la esfera de acción del socialismo en
la
mayoría de
los países del mundo,
el Estado irá
extinguiéndose, y, lógicamente, desaparecerá,
debido
a ello, el problema de la transferencia de los
bienes
de individuos o de grupos a propiedad del Estado.
El
Estado
se extinguirá, pero
la sociedad seguirá
subsistiendo. En consecuencia, como heredero de la
propiedad de todo el pueblo aparecerá no ya el
Estado, que se extinguirá, sino la sociedad misma,
en
la
persona de su
organismo económico central,
dirigente.
¿Qué es, pues, necesario emprender en tal caso
para elevar la
propiedad koljosiana al
nivel de propiedad de todo el
pueblo?
Los camaradas Sánina y Vénzher proponen como
medida
fundamental para tal
elevación de la
propiedad
koljosiana, vender en
propiedad a los
koljoses
los instrumentos fundamentales de
producción
concentrados en las
estaciones de
máquinas
y tractores, descargar
de tal modo
al
Estado de las inversiones básicas en la agricultura
y
conseguir
que los mismos
koljoses asuman la
responsabilidad del mantenimiento y del desarrollo
de las estaciones de máquinas y tractores. Dicen
así:
«Sería
erróneo suponer que
las inversiones koljosianas deberán
encausarse principalmente a cubrir las necesidades culturales del agro
koljosiano y que para las necesidades de la producción agrícola debe el Estado,
como antes, correr con la masa fundamental
de las inversiones. ¿No sería
más acertado liberar al Estado de esta carga, en vista de la plena
capacidad de los koljoses de asumirla por entero? El Estado encontrará no pocas
esferas para invertir sus recursos a fin de crear en el país la abundancia de
objetos de consumo».
Para
fundamentar esta propuesta,
sus autores presentan varios
argumentos.
Primero. Invocando las palabras de Stalin acerca de
que los medios de producción no se venden ni siquiera a los koljoses, los
autores de la propuesta ponen en tela de juicio esta tesis de Stalin y dicen
que, pese a
todo, el Estado
vende medios de producción
a los koljoses,
tales como pequeños aperos, por ejemplo: guadañas y
hoces, pequeños motores, etc. Consideran que, si el Estado vende estos medios
de producción a los koljoses, podría venderles
también todos los
demás medios de producción, por
ejemplo: las máquinas
de las estaciones de máquinas y
tractores.
Este argumento es inconsistente. El Estado, como
es natural, vende pequeños aperos a los koljoses,
como estipulan los Estatutos del artel agrícola y
la
338
Constitución. Ahora bien, ¿se puede equiparar los
pequeños
aperos con medios
de producción tan
fundamentales en la agricultura como las máquinas y
tractores,
o, pongamos por
caso, la tierra,
que
también
es uno de
los medios de
producción
fundamentales en la agricultura? Está claro que no
se
puede. No se puede, porque los pequeños aperos no
deciden
en absoluto la
suerte de la
producción
koljosiana, mientras que medios de producción como
las
máquinas de las
estaciones de máquinas
y
tractores y la tierra deciden por entero la suerte
de la
agricultura en nuestras condiciones actuales.
No cuesta trabajo comprender que cuando Stalin
decía que los medios de producción no se venden a
los koljoses, no se refería a los pequeños aperos,
sino
a los medios de producción agrícola fundamentales:
las
máquinas de las
estaciones de máquinas
y
tractores y la tierra. Los autores de la propuesta
juegan con las palabras «medios de producción» y
confunden dos cosas distintas, sin advertir que se
ponen en evidencia.
Segundo.
Los camaradas Sánina
y Vénzher invocan también que en
el período en que comenzaba el movimiento koljosíano en masa -a últimos de 1929
y principios de 1930- el mismo Comité Central del Partido Comunista (b) de la
URSS era partidario de entregar en propiedad a los koljoses las estaciones de
máquinas y tractores, estipulando que amortizaran su coste en el transcurso de
tres años. Los autores de la propuesta consideran que, si bien entonces la
medida en cuestión fracasó «en vista de la pobreza» de los koljoses, ahora,
cuando los koljoses son ricos, podría volverse a esta política, a la venta de
las estaciones de máquinas y tractores a los koljoses.
Este
argumento es también
inconsistente. En
efecto, a principios de 1930, en el Comité Central
del
Partido
Comunista (b) de la
URSS se tomó
el
acuerdo de vender las estaciones de máquinas y
tractores a los koljoses. El acuerdo se adoptó a
propuesta de un grupo de koljosianos de choque a
título de experimento, de prueba, a fin de volver
en
un futuro inmediato a esta cuestión y examinarla de
nuevo.
Sin embargo, la
primera comprobación
demostró que ese acuerdo no era conveniente y al
cabo de unos meses -precisamente a últimos de 1930-
se anuló esa decisión.
El ascenso posterior del movimiento koljosiano y
el
desarrollo de la
construcción koljosiana
persuadieron definitivamente, tanto a los
koljosianos
como a los
trabajadores dirigentes, de
que la
concentración de los medios de producción agrícola
fundamentales en manos del Estado, en las
estaciones
de
máquinas y tractores,
era el único
medio de
asegurar
un ritmo rápido
de incremento de la
producción koljosiana.
Todos
nos congratulamos del
gigantesco
incremento de la producción agrícola en nuestro
país,
de la producción cerealista, de algodón, de lino,
de
J. V. Stalin
remolacha, etc. ¿Dónde reside el manantial de este
incremento?
Su manantial reside
en la técnica
moderna, en la profusión de máquinas modernas que
sirven a todas estas ramas de la producción. No se
trata sólo de la técnica en general, sino de que la
técnica no puede mantenerse en un punto muerto, de
que debe perfeccionarse sin cesar, de que la
técnica
vieja debe ser desplazada y sustituida por la
técnica
nueva y ésta por la novísima. Sin ello es
inconcebible
la
marcha ascendente de
nuestra agricultura
socialista, son inconcebibles las grandes cosechas,
la
abundancia
de productos agrícolas.
Pero, ¿qué
significa desplazar a centenares de miles de
tractores
de
ruedas y sustituirlos
por tractores de
oruga,
sustituir
decenas de miles
de cosechadoras
combinadas
envejecidas por otras
nuevas, crear
nuevas
máquinas, pongamos por
caso, para los
cultivos
industriales? Significa gastar
miles de
millones de rublos de los que no se podrá
resarcirse
hasta pasados seis u ocho años. ¿Pueden efectuar
estos
gastos nuestros koljoses,
aunque sean
millonarios? No, no pueden, ya que no están en
condiciones de asumir gastos de miles de millones
de
rublos que no se pueden resarcir hasta la vuelta de
seis u ocho años. Sólo el Estado está en
condiciones
de correr con esos gastos, pues él y únicamente él,
puede
soportar las pérdidas
causadas por el
desplazamiento
de las máquinas
viejas y su
sustitución por otras nuevas; pues él, y únicamente
él, está en condiciones de soportar esas pérdidas
en el
transcurso de seis u ocho años para la extinción de
este plazo, resarcirse de los gastos efectuados.
¿Qué significa, después de todo eso, pedir la venta
de las
estaciones de máquinas
y tractores en propiedad
a los koljoses?
Significa condenar a grandes pérdidas a los koljoses y
arruinarlos, socavar la mecanización de la agricultura, aminorar el ritmo de la
producción koljosiana.
De aquí la siguiente deducción: al proponer la
venta de las estaciones de máquinas y tractores en propiedad a los koljoses,
los camaradas Sánina y Vénzher dan un paso atrás, hacia el atraso, e intentan
retrotraer la rueda de la historia.
Admitimos por un instante que hemos aceptado la
propuesta de los camaradas Sánina y Vénzher y nos
hemos puesto a vender en propiedad a los koljoses
los instrumentos de producción fundamentales, las
estaciones de máquinas y tractores, ¿Qué resultado
obtendríamos?
De ello resultaría
que, en primer
lugar, los
koljoses serían los propietarios de los
instrumentos
de producción fundamentales, es decir, se hallarían
en una situación excepcional, en una situación que
no
tiene en nuestro país ninguna empresa, ya que, como
se sabe, ni siquiera las empresas nacionalizadas
son
en nuestro país propietarias de los instrumentos de
producción. ¿Cómo
se puede fundamentar
esta
situación excepcional de los koljoses?, ¿en virtud
de
Problemas económicos del socialismo en la URSS
qué consideraciones de progreso, de avance? ¿Puede
decirse que tal situación contribuiría a la
elevación de
la propiedad koljosiana al nivel de propiedad de
todo
el pueblo, que aceleraría el paso de nuestra
sociedad
del socialismo al comunismo? ¿No será más acertado
decir que tal situación sólo podría alejar la
propiedad
koljosiana de la propiedad de todo el pueblo y que
no
conduciría a aproximarnos al comunismo, sino, al
revés, a alejarnos de él?
De
ello resultaría, en
segundo lugar, una
ampliación de la esfera de acción de la circulación
mercantil, ya que en la órbita de ésta entraría una
enorme
cantidad de instrumentos
de producción
agrícola.
Qué piensan los
camaradas Sánina y
Vénzher, ¿podría contribuir una ampliación de la
esfera de la circulación mercantil a nuestro avance
hacia el comunismo? ¿No sería más exacto decir que
no
haría sino frenar
nuestro avance hacia
el
comunismo?
El error fundamental de los camaradas Sánina y
Vénzher consiste en que no comprenden el papel y el significado de
la circulación mercantil
en el socialismo, no comprenden
que es incompatible con la perspectiva del paso del socialismo al comunismo.
Piensan, por lo visto, que la circulación mercantil no es óbice para pasar del
socialismo al comunismo, que la
circulación mercantil no
puede impedir esa transición. Es éste un profundo error
nacido de la incomprensión del marxismo.
Al criticar la «comuna económica» de Dühring
que
actúa en las
condiciones de la
circulación
mercantil, Engels, en su «Anti-Dühring», demostró
persuasivamente que la existencia de la circulación
mercantil debe conducir ineluctablemente la llamada
«comuna económica» de Dühring al resurgimiento
del capitalismo. Los camaradas Sánina y Vénzher,
por lo visto, no están de acuerdo con esto. Tanto
peor
para ellos. Por nuestra parte, los marxistas
partimos
del conocido postulado marxista de que el paso del
socialismo al comunismo y el principio comunista de
la distribución de los productos con arreglo a las
necesidades
excluyen todo intercambio de
mercancías, en consecuencia excluyen también la
transformación de los productos en mercancías y, al
mismo tiempo, su transformación en valor.
Eso es lo que quería decir respecto a la propuesta
y a
los argumentos de
los camaradas Sánina
y Vénzher.
¿Qué se debe hacer, en resumidas cuentas, para
elevar la propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo?
El koljós es una empresa de tipo no corriente. El
koljós actúa sobre una tierra y trabaja una tierra que ya hace
mucho tiempo no
es koljosiana, sino propiedad de todo el pueblo. Por lo
tanto, el koljós no es propietario de la tierra que trabaja.
Prosigamos.
El koljós trabaja
con ayuda de
instrumentos de producción fundamentales que no
339
son propiedad koljosiana, sino de todo el pueblo.
Por lo tanto, el
koljós no es
propietario de los instrumentos de producción
fundamentales.
Prosigamos.
El koljós es
una empresa cooperativa; se vale
del trabajo de sus miembros y distribuye los ingresos entre ellos con arreglo a
los días de trabajo que han cumplido; además, el koljós tiene sus semillas, que
se renuevan anualmente y se destinan a la producción.
Cabe
preguntar: ¿qué posee concretamente
el
koljós?, ¿dónde está la propiedad koljosiana, de la
que puede disponer con plena libertad, a su antojo?
Tal propiedad es la producción del koljós, el fruto
de
la producción koljosiana: los cereales, la carne,
la
manteca, las legumbres, el algodón, la remolacha,
el
lino, etc., sin contar la casa, las dependencias y
la
hacienda personal de los hogares koljosianos. Ahora
bien, una parte considerable de esta producción,
los
excedentes de la producción koljosiana, va a parar
al
mercado
y se suma
de tal modo
al sistema de
circulación mercantil.
Precisamente esta
circunstancia
impide ahora elevar
la propiedad
koljosiana al nivel de propiedad de todo el pueblo.
Por eso precisamente hay que tomar este hecho como
punto
de arranque del
trabajo para elevar
la
propiedad koljosiana al nivel de propiedad de todo
el
pueblo.
Para elevar la propiedad koljosiana al nivel de
propiedad de todo el pueblo, es necesario sustraer
los
excedentes de la producción koljosiana del sistema
de circulación mercantil y sumarlos al sistema de
intercambio
de productos entre
la industria del
Estado y los koljoses. En ello reside el quid de la
cuestión.
No
disponemos todavía de
un sistema de
intercambio de productos desarrollado, pero existen
los gérmenes del intercambio de productos en la
forma de «pago en mercancías» por los productos
agrícolas.
Como se sabe,
la producción de los
koljoses que cultivan algodón, lino, remolacha y
otros, hace ya mucho que se «paga en mercancías»,
si
bien es verdad
que no por
entero, sino
parcialmente,
pero, pese a
todo, se «paga en
mercancías». Observemos de paso que el término
«pago en mercancías» es desafortunado, que debería
ser
sustituido por el
término «intercambio de
productos». La tarea consiste en organizar en todas
las
ramas de la
agricultura estos gérmenes
del
intercambio
de productos y
desarrollarlos en un
amplio sistema de intercambio de productos, a fin
de
que los koljoses obtengan por su producción, no
sólo
dinero, sino principalmente los artículos
necesarios.
Tal
sistema exige un
aumento inmenso de la
producción que envía la ciudad al campo; por ello
habrá que introducirlo sin grandes apresuramientos,
en la medida en que se acumulen los artículos de la
ciudad. Pero hay que introducirlo con firmeza, sin
vacilaciones, reduciendo paso a paso la esfera de
340 J. V.
Stalin
acción de la circulación mercantil y ampliando la
esfera de acción del intercambio de productos.
Tal
sistema, al reducir la esfera de acción de la
circulación
mercantil, facilitará el
paso del
socialismo al comunismo. Además, permitirá incluir
la propiedad fundamental de los koljoses -el fruto
de
la producción koljosiana- en el sistema general de
la
planificación de toda la economía del país.
Este
será, precisamente, el medio real y decisivo
para
elevar la propiedad
koljosiana al nivel
de
propiedad de todo el pueblo en nuestras condiciones
de hoy día.
¿Es ventajoso tal sistema para los campesinos
koljosianos?
Indudablemente,
es ventajoso. Es
ventajoso,
puesto que los campesinos koljosianos obtendrán del
Estado
mucha más producción
y a precios
más
baratos que con el sistema de circulación
mercantil.
Todos saben que los koljoses que tienen un contrato
de intercambio de productos con el Gobierno («pago
en mercancías») obtienen ventajas
incomparablemente mayores que los koljoses que no
tienen tales contratos. Si el sistema de
intercambio de
productos se extiende a todos los koljoses del
país,
estas
ventajas serán patrimonio
de todos los
campesinos koljosianos.
J. STALIN
28 de septiembre de 1952.

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