© Libro No. 678. Definición y Clasificación del Signo. Sanders
Peirce, Charles. Colección E.O. Marzo 29 de 2014.
Título original: © CHARLES
SANDERS PEIRCE. DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DEL SIGNO
Versión Original: © CHARLES SANDERS PEIRCE. DEFINICIÓN Y CLASIFICACIÓN DEL SIGNO
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
www.medellindigital.gov.co/.../Sanders%20Peirce,%20Charles/Sanders%...
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de
Imagen original:
http://eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/sites/eltalondeaquiles.pucp.edu.pe/files/peirce.jpg?1302813866
© Edición, reedición y
Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Charles Sanders Peirce
(Cambridge, 1839 - Milford, 1914) Filósofo norteamericano. Hijo
del astrónomo y matemático Benjamín Peirce, recibió de su padre, desde los
primeros años, una intensa preparación científica. Consiguió el grado de
"bachelor of arts" en la Harvard University en 1859, el de
"master of arts" en 1862 y el de "bachelor of science" en
1863. Viviendo de su trabajo científico, aunque la filosofía comenzara a
convertirse en su vocación más profunda, trabajó desde 1861 en la United States
Coast Survey.
Auxiliar del Harvard Observatory de 1869 a 1875, inició en 1872
una importante serie de experimentos sobre el péndulo encaminados a determinar
la densidad y la forma de la Tierra; y en aquel año comenzó también estudios
sobre la longitud de las ondas luminosas junto con L. M. Rutherford. En 1876
fue elegido miembro de la National Academy of Sciences. Publicó a continuación
varios artículos sobre problemas matemáticos, físicos, astronómicos, ópticos,
de química y de ingeniería. De esta época son las Investigaciones fotométricas
(1878) y una edición (1882) de la Álgebra lineal asociativa escrita por su
padre
Pero más significativa fue su actividad como filósofo. Enseñó
Filosofía en Harvard en 1864-65 y en 1869-70, fue después profesor de Lógica en
la Johns Hopkins University de 1879 a 1884 y desarrolló cursos durante el mismo
período en Bryn Mawr. Al mismo tiempo colaboraba con centenares de artículos en
los periódicos de los especialistas. Su primer ensayo importante, Cómo hacer
claras nuestras ideas, apareció en el Popular Science Monthly de enero de 1878
y fue traducido al francés y publicado por la Revue philosophique al año
siguiente.
Otros trabajos muy conocidos de Peirce son los Estudios de
lógica (1883), La arquitectura de las teorías (1890), Qué es el pragmatismo
(1905), El nacimiento del pragmatismo (1905). Los estudios de Peirce iniciaron,
en efecto, en Norteamérica aquel movimiento filosófico al que su mismo fundador
dio el nombre de pragmatismo o pragmaticismo. A partir de 1887, cesando
prácticamente (aunque no formalmente) su actividad en el Coast Survey, y sin
recibir ya retribución del gobierno, se había retirado Peirce a Milford.
Formó parte del comité de redacción del Century Dictionary
(1889-91) y del monumental Dictionary of Philosophy and Psychology (1901-1905),
escribiendo con mucha versatilidad artículos de ciencia, psicología, fonética,
bibliografía y cartografía. Falto de capacidad para resolver las dificultades
económicas, pasó los últimos años en medio de la mayor pobreza, solo y
olvidado, atormentado por el cáncer que padecía desde años atrás y que no le
impidió sin embargo continuar hasta el último día su incansable actividad.
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/peirce.htm
Imagen: http://radioteca.net/media/uploads/images/2013_05/CHA_03_small.jpg
Charles
Sanders Peirce *
DEFINICIÓN
Y CLASIFICACIÓN DEL SIGNO
“UN SIGNO, O REPRESENTAMEN, ES ALGO QUE, PARA
ALGUIEN, REPRESENTA O SE REFIERE A ALGO EN ALGÚN ASPECTO O CARÁCTER. SE DIRIGE
A ALGUIEN, ESTO ES, CREA EN LA MENTE DE ESA PERSONAS UN SIGNO EQUIVALENTE, O
TAL VEZ, UN SIGNO AÚN MÁS DESARROLLADO. ESTE SIGNO CREADO ES LO QUE YO LLAMO EL
INTERPRETANTE DEL PRIMER SIGNO. EL SIGNO ESTÁ EN LUGAR DE ALGO, SU OBJETO. ESTÁ
EN LUGAR DE ESE OBJETO, NO EN TODOS LOS ASPECTOS, SINO SOLO CON REFERENCIA A
UNA SUERTE DE IDEA, QUE A VECES HE LLAMADO EL FUNDAMENTO DEL REPRESENTAMEN”.
228 (The collected Papers)
Charles S. Peirce
Un
Interpretante de la cátedra de esta definición:
1.- Un signo significa algo porque está “en lugar de” ese
algo. Supongamos que buscamos en el diccionario la palabra “hombre”.
Encontraremos una forma equivalente: “ser humano”, por ejemplo. Estos segundos
términos representan “hombre” como representando la misma criatura bípeda,
racional que la palabra “hombre” representa. Por acumulación del ejemplos
llegaremos a la conclusión de que existe una representación que actúa por
mediación. En otras palabras, los signos hacen algo más que reemplazar o
sustituir a las cosas, sino que básicamente funcionan como factores en procesos
de mediación.
A esta función MEDIADORA Peirce la llama INTERPRETANTE. El
interpretante de un signo es otro signo. Ese planteo implica la existencia de
una cadena al infinito de los interpretantes, es decir, una SEMIOSIS ILIMITADA.
La semiosis, en cuanto proceso significo, es un proceso de mediación.
El interpretante es la modificación producida en el
pensamiento por un signo. Pero pensamiento no debe entenderse en principio como
fenómeno psicológico individual, sino que tiene que ver con el proceso discursivo que se da en el ámbito de la
comunidad humana.
Cada interpretante es signo de su objeto, y, a su vez,
requiere otro signo para su interpretación. Así se abre una cadena de signos
interpretantes.
Esta descripción subraya el aspecto formal del
funcionamiento de los signos: un signo sólo significa dentro de un sistema
operante de signos; significa sólo en virtud de que otros signos del mismo
sistema significan algo. Esta cadena de interpretantes puede ser de distintos
tipos: signos, definiciones, funciones proposicionales, signos de otro sistema,
etc. Componen lo que Eco llamaría “unidades culturales”.
La unidad cultural “hombre, por ejemplo, en el marco de una
sociedad determinada, consistiría en el conjunto de elementos que esa sociedad pone en
relación con dicho término. El significado global del término se da en relación
con todos los elementos que una cultura tiene en conexión con aquél (Eco
elimina el correlato extralingüístico, en tanto que para el pragmatismo de
Peirce, la referencia al objeto es básica).
2.- Peirce afirma que el signo está en lugar del objeto, no
en todos los aspectos del éste. El signo no representa un objeto completo, sino
desde una determinada perspectiva, en referencia una especie de “idea”. Por
ejemplo, en la relación significa “viento/veleta” sólo es tenido en cuenta el
aspecto significativo de la dirección del viento y la orientación de la veleta,
no otros aspectos de ambos elementos.
El concepto de “idea” debe ser entendido como una
convención o acuerdo sobre la manera de interpretar el signo. La mediación (o interpretación)
funciona mediante reglas convencionales de interpretación. Todo signo es
representacional en el sentido de que la interpretación implica siempre la
representación de una experiencia acumulada (aprendida), que está codificada
mediante signos.
En cuanto al objeto, Peirce distingue dos clases de
objetos:
a.- OBJETO INMEDIATO: es el objeto tal como el signo lo
representa, y cuyo ser depende de su representación en el signo. Está “dentro”
del signo, yu es el aspecto del signo lo que lo hace apropiado para representar
al objeto dinámico u objeto “estra-semiótico”.
b.- OBJETO DINÁMICO: es la realidad en sí misma, que por
diversos medios logra determinar al signo para que represente, para que cause
un interpretante similar a él mismo. Es el último (o el primero) eslabón del
proceso sígnico en su origen, el “significado externo” denotado por el signo.
Por lo tanto, el objeto no es, como pretende cierta
divulgación, un algo externo a la operación sígnica. De hecho, el objeto
inmediato existe solo en virtud de la relación semiótica y se presenta como ley
o regularidad, con lo que trasciende la dimensión subjetiva hacia una
pluralidad de individuos. O, como dice Eco, es una unidad cultural.
El objeto dinámico constituye el fundamento de la
identidad. El objeto no puede ser conocido en el signo, sino representado,
referido, pues el símbolo pertenece a la representación, a lo que se da en el
pensamiento.
Peirce afirma:
“El objeto dinámico es el objeto exterior al
signo. Pero el signo debe indicarlo mediante algún indicio; y este indicio es
el objeto inmediato”.
Es el reenvío de la semiosis a un presupuesto
extrasemiótico, como producto de la actividad compleja del conocer el hombre.
Evita de esta manera un realismo ingenuo, mecánico, pues el objeto que es
elemento de la tríada semiótica se inserta en la dimensión comunitaria, en una
zona de saber objetivo, más que en referencia a un espacio natural y objetual
directo (aunque éste es recuperado en el interior de la representación). Eco
afirma: “... se debe asumir que, en principio, una expresión no designa un objeto,
sino que vehicula un contenido cultural”.
Clasificación de los Signos
Extractos de La ciencia de la semiótica, de Charles S. Peirce (De. Nueva Visión,
Buenos Aires, 1974)
228. Un signo, o REPRESENTAMEN, es algo que, para alguien,
representa o se refiere a algo en algún aspecto o carácter. Se dirige a
alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente, o tal
vez, un signo aún más desarrollado. Este signo creado es lo que yo llamo el INTERPRETANTE del
primer signo. El signo está en lugar de algo, su OBJETO. Está en lugar de ese
objeto, no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de
idea, que a veces he llamado el FUNDAMENTO del representamen. [o ground].
Desde el punto de vista de sus relaciones con sus objetos
dinámicos, divido los signos en Iconos, Indices y Símbolos (esta división la di
en el año 1867). Defino a un Icono como un signo que está determinado por su
objeto dinámico en virtud de su propia naturaleza interna, por ejemplo, una
visión, o el sentimiento provocado por una pieza de música considerada como
representación de lo que el compositor quiso expresar. También un Icono puede
ser un diagrama; digamos, una curva de distribución de errores. Defino a un
Indice como un signo determinado por un objeto dinámico en virtud de estar en
relación real con él. Un nombre propio
es un Indice; también es un Indice la presencia del síntoma de una enfermedad.
Defino a un Símbolo como un signo que es determinado por su objeto dinámico
solamente en el sentido de que así será interpretado. Por lo tanto, depende de
una convención, de un hábito, o de una disposición natural de su interpretante,
o del campo de su interpretante (el campo del cual el interpretante es una
determinación). Todo Símbolo es necesariamente un legisigno; sería inexacto
llamar Símbolo a la réplica de un legisigno.
279. Volviendo
ahora al terreno de los hechos retóricos, la existencia de representaciones
tales como los Iconos es un hecho completamente conocido. Cualquier pintura
(por convencional que sea su método) es, esencialmente, una representación de
esa clase. Lo mismo es válido para todo diagrama, aún cuando no hubiere
parecido sensorial entre él y su objeto, y hubiera solamente una analogía entre
las respectivas relaciones de las partes de cada uno. Los Iconos en los que el
parecido es acentuado mediante reglas convencionales merecen especial atención.
Así, una fórmula algebraica es un Icono, en virtud de las reglas de
conmutatividad, distributividad y asociatividad de los Símbolos.
282. Hay muchos diagramas que no se parecen, en su aspecto
visible, a sus respectivos objetos: el parecido se produce únicamente entre las
relaciones de sus respectivas partes entre sí. Podemos mostrar las relaciones
entre las diferentes clases de signos mediante un cuadro sinóptico:
iconos
Signos índices
símbolos
Este cuadro sinóptico es un ícono. Pero en el único aspecto
en que se parece a su objeto es en que la llave muestra que las tres clases:
íconos, índices, símbolos están relacionadas con la clase general, los signos,
tal como realmente ocurre, de manera general. Cuando en álgebra escribimos las
ecuaciones unas debajo de otras, en una disposición reglar, y especialmente
cuando usamos letras semejantes para los coeficientes correspondientes, la
disposición resultante es un ícono.
He aquí un ejemplo:
a1 x + b1 y = n1
a2 x + b2 y = n2
Este es un ícono en
la medida en que hace aparecer en forma semejante las cantidades que están en
relaciones análogas con el problemas. En realidad, toda ecuación algebraica es
un ícono, en la medida en que exhibe
mediante los signos algebraicos (lo cuales, considerados en sí mismos, no son
íconos), las relaciones de las cantidades de que se trata.
285.
Examinemos algunos ejemplos de índices. Veo un hombre con un andar balanceado,
lo cual es probablemente una indicación de que se trata de un marinero. Veo un
hombre de piernas algo curvadas, con pantalones de pana, polainas y algo
parecido. Un reloj de sol, o un reloj cualquiera, indican qué hora es. Los geómetras colocan letras sobre las
diferentes partes de sus diagramas y luego usan esas letras para indicar dichas
partes. Las letras son usadas en forma similar por los abogados y por muchos
otros. Así, podemos decir: si A y B están casados entre sí y C es hijo de
ellos, mientras que D es hermano de A, entonces D es tío de C. Acá A, B, C y D
cumplen la función de pronombres, pero son más convenientes porque no requieren
ninguna colocación especial de las palabras. Unos golpecitos en la puerta
cerrada son un índice. Cualquier cosa que nos sobresalte es un índice, en
cuanto marca la articulación entre dos partes de una experiencia. Así, un
tremendo tronar indica que algo considerable ha sucedido, aunque no sepamos
exactamente de qué se trata, pero puede ser probable que podamos conectarlo con
otras experiencias.
286.- Un termómetro con marcas bajas, conjuntamente con la
humedad del aire, es un índice de próxima lluvia; es decir, suponemos que las
fuerzas de la naturaleza establecen una conexión entre la marca baja del
barómetro, el aire húmedo y la lluvia inminente. Una veleta es índice de la
dirección del viento: en primer lugar, porque toma la misma dirección del
viento, de modo que existe una real conexión entre ambos; y en segundo lugar,
estamos constituidos de manera tal que el movimiento de la veleta en determinada
dirección atrae nuestra atención hacia esa dirección; y cuando vemos que gira
siguiendo las variaciones del viento, estamos forzados por las leyes de la
mente a pensar que esa dirección está conectada con el viento. La estrella
polar es un índice que nos indica hacia donde se orienta uno si busca el Norte.
Una plomada o nivel de burbuja son índices de la dirección vertical. Una vara
de medir parecería, a primera vista,
ser un ícono del metro o de la yarda; y los sería, si estuviera simplemente
destinada a mostrar un metro o una yarda tan cerca como pueden ser vistos y se
pueda estimar que son un metro o una yarda. Pero el verdadero propósito de una vara de medir es mostrar un metro o
una yarda más fielmente de lo que pueden ser estimados por su apariencia. Esto
es posible mediante la exacta comparación mecánica con el metro-patrón
depositado en París, o con la yarda - patrón existente en Londres. De tal modo,
lo que da a la vara de medir su valor como representamen es una conexión real
y, en consecuencia, se trata de un índice y no de un mero ícono.
287.- Cuando
un conductor grita “Cuidado!” a un peatón para llamar su atención y hacer que
se ponga a salvo, en la medida en que se trata de una palabra signficante es,
como veremos más adelante, algo más que un índice; pero en la medida en que
está destinada simplemente a actuar sobre el sistema nervioso del que la oye y
hacer que se aparte, es un índice, porque lo que se busca es ponerlo en real
conexión con el objeto, que es su propia situación en relación con el vehículo
que se aproxima. Imaginemos que dos
hombres se encuentran en un sendero en medio del campo, y que uno de ellos le
dice al otro: “La chimenea de aquella casa está incendiándose”. El otro mira en
derredor y percibe una casa con persianas verdes y una galería, cuya chimenea
humea. Sigue caminando algunos kilómetros y encuentra a otro peatón. Actuando
como un tonto le dice: “La chimenea de aquella casa está incendiándose”. “¿Qué
casa?”, pregunta el otro. “Oh, una casa con persianas verdes y una galería”,
contesta el tonto. Pregunta nuevamente el otro: “¿Dónde está?”. Está buscando
algún índice que le permita conectar su alarma con la casa en cuestión. Las
palabras por sí mismas son insuficientes para lograr est. Los pronombres
demostrativos “esta”, “aquella”, son índices, puesto que promueven que el
receptor utilice sus poderes de observación para poder establecer una conexión
real entre su mensaje y el objeto; y si el pronombre demostrativo logra eso
-sin lo cual su significado no es comprendido- es él quien establece dicha
conexión; por lo tanto, es un índice. Los pronombres relativos “quien” y “cual”
provocan actividad de observación de manera casi análoga, sólo que con ellos la
atención debe ser dirigida a las palabras que los han precedido.
290. Otras palabras indiciales son las preposiciones y los
giros preposicionales como “a la derecha de”. La derecha (o la izquierda no
puede ser identificada mediante ninguna descripción general. Otras
preposiciones expresan relaciones que podrían tal vez ser descritas; pero
cuando se refieren, como lo hacen más a menudo de lo que pudiera creerse, a una
situación relativa a la colocación observada -o que se supone que se conoce por
medio de la experiencia- de quien habla en relación con la de quien escucha, el
elemento indicial pasa a ser dominante.
304. Un signo
es o bien un ícono, o un índice o un símbolo. (1). Un ícono es un signo que
poseería el carácter que lo vuelve significativo aún cuando su objeto no
tuviera existencia; tal como un trazo de lápiz en un papel que representa una
línea geométrica 92). Un índice es un signo que perdería al instante el
carácter que hace de él un signo si su objeto fuera suprimido [...] Tal es por
ejemplo, un pedazo de tierra que muestra el agujero de una bala como signo de
un disparo; porque sin el disparo no habría habido agujero [...] Un símbolo es
un signo que perdería el carácter que lo convierte en un signo si no hubiera
interpretante. Es tal cualquier emisión de habla que significa lo que significa
sólo en virtud de poder ser entendida como poseedora de esa determinada
significación.
Una aproximación a la teoría
de Charles S. Peirce
Aplicación de los conceptos peircianos
“Fenómeno” es para Peirce todo aquellos que se hace
presente al espíritu. La realidad es una suma de fenómenos. Estos fenómenos se
hacen presentes al espíritu mediante las categorías: la primeridad, la
segundidad, y la terceridad. Cuando hablamos de categorías hablamos de una
especie de cristales a través de los cuales percibimos la realidad. Por
ejemplo, para Kant, el espacio y el tiempo son dos categorías: todo lo que
percibimos, lo percibimos en el tiempo y en el espacio.
La primeridad es la categoría que comprende las cualidades
de los fenómenos, tales como rojo, amargo, tedioso, duro, desagarrador, noble,
etc. Es la categoría del ser, todo lo que es en su inmediatez, sin relación a
nada. Es una cualidad inherente a un cuerpo, sin relación a otra cosa. Es
general, por ejemplo, la “rojez”, sin relación a que un elemento sea rojo,
“rojez’ como la cualidad; el “dolor”, pero no este dolor de cabeza, sino el
sentimiento de dolor. Los fenómenos se nos aparecen en primera instancia
mediante la existencia de sus cualidades; tomamos conciencia de que existen
cualidades.
El color rojo, en sí mismo, antes de corporeizarse, ya es
algo positivo.
La primeridad es autosuficiente. Lo primero predomina en la
sensación, por ejemplo, la sensación de los colores. Los olores, por ejemplo,
son formas viscerales del sentir: piénsese en un penetrante olor a podrido que
invade nuestra percepción, antes de relacionar ese olor con nada, de pensarlo,
sólo como sentimiento de asco, de desagrado (náusea).
La segundidad es la categoría del hecho actual, aquí y
ahora. Del hecho individual. Implica la idea de fuerza, de reacción: por
ejemplo, la dureza es una primeridad, pero la percibimos cuando nos chocamos
con una pared, es decir, con una dureza encarnada, contingente. La segundidad
consiste en una cosa que actúa sobre otra, es una relación diádica. Solo se
puede ejercer la fuerza si hay algo que se resiste, es decir, observamos que se
destaca una dualidad, una existencia. La idea de segundidad predomina en las
ideas de causa/efecto y de fuerza. Pensemos en alguien que va caminando y es
empujado al suelo porque choca con otro: hay acción y reacción entre dos
cuerpos; la resistencia le muestra que algo independiente de él está allí.
Cuando algo golpea los sentidos, el flujo de pensamientos de la mente se
interrumpe siempre: estamos en un globo flotando sobre una campiña, todo es
sensación de paz, primeridad pura; de golpe atraviesa el cielo un avión a chorro, y el ruido
fortísimo de sus motores chocan nuestros sentidos, se interrumpe el sentimiento
de paz, experimentamos desagrado, (o nos tapamos los oídos) allí está la
reacción, la segundidad. Es una cualidad encarnada que pone de manifiesto la
existencia. La segundidad es un sentimiento de conmoción, percibido como
existente, y nada más. Peirce dice: “la acción recíproca de dos cosas sin
consideración de una tercera, de un pensamiento mediador entre la sensación
original (primeridad) y la acción y reacción (segundidad) entre nuestra alma y
el estímulo”.
Finalmente, la tercer categoría, la terceridad. Es la
categoría del pensamiento mediador, de la ley. La terceridad al igual que la
primeridad, tiene un grado de generalización, pero son diferentes: la
generalidad de la primeridad tiene la posibilidad de encarnarse totalmente, la
generalidad de la ley es la posibilidad infinita de encarnarse en hábitos, se
lanza hacia un futuro indefinido. La terceridad lleva la información a la mente
o determina la idea y la corporiza. Es un pensamiento informante o cognición.
En la terceridad advertimos el funcionamiento del signo.
Ahora bien, cuando conocemos los fenómenos, los conocemos, como ya
dijimos, mediante las tres categorías. Este desglose que hemos hecho sólo tiene
una finalidad pedagógica. En realidad, cuando percibimos un fenómeno,
intervienen las tres categorías. El sentimiento, la encarnación en un objeto de
ese sentimiento, la idea acerca de esta relación. El pensamiento (como
terceridad) es mediador entre lo primero y lo segundo. Y aquí, con el concepto
de mediación, introduce Peirce la noción de signo. En Peirce, las categorías
son el fundamento filosófico de la noción de signo.
Como ya hemos visto, el signo es mediación:
el signo está en lugar del algo, su objeto, pero no en todos sus aspectos, sino
con referencia a una idea llamada fundamento o “ground”. Ese fundamento es el
fundamento del representamen. Un signo representa la idea que produce o
modifica, es un vehículo que transmite a la mente algo desde afuera: aquello
que representa se llama su objeto; aquello que transmite, su significado; y la
idea que origina, su interpretante. Cada vez que percibimos un fenómeno, percibimos
una primeridad, encarnada (segundidad) y mediada, conceptualizada,
(terceridad). Es decir, lo percibimos mediante un signo. Un signo está
compuesto por un representamen que determina a otra cosa, su interpretante,
para que se refiera a un objeto al cual él mismo (el representamen) se refiere,
que el interpretante se convierte a su vez en otro representamen, y así al
infinito.
El representamen no hace ni conocer ni
reconocer un objeto. El signo no hace más que representar al objeto y decir
algo de él; es decir, que se presupone el conocimiento del objeto para poder
adjuntarle información suplementaria. No partimos de la nada. Si no
conocemos algo del objeto, no existe ese
objeto para nosotros (lo cual no quiere decir que en la realidad no existe,
pero si no sabemos nada de su existencia, para nosotros no forma parte de la
realidad). La realidad la conocemos siempre a través de signos, y los signos
presuponen el conocimiento de por lo menos un aspecto del objeto (aún cuando
ese objeto sea una ficción, como por ejemplo, el minotauro).
En consecuencia de que todo signo determina un
interpretante que es también un signo, tenemos un signo que se apoya en un
signo. La consecuencia es que un signo puede, en su inmediato exterior, es
decir, en su representamen, representar una primeridad, una segundidad o una
terceridad. El signo en sí mismo, como triada, conlleva las tres categorías,
porque siempre implica una terceridad, es decir, una mediación. Pero puede
representar una primeridad, o una segundidad, o una terceridad.
Los signos pueden dividirse según tres tricotomías: 1)
según que el signo en sí mismo sea una mera cualidad; un existente real o una
ley general; 2) según que la relación del signo con su objeto consista en que
el signo tenga algún carácter en sí mismo o una relación existencial con el
objeto, o en su relación con un interpretante; 3) según que su representante lo
represente como un signo de posibilidad, un signo de hecho o un signo de razón.
Veamos algunos ejemplos:
1ra.
tricotomía: signo en sí mismo como
mera cualidad: la blancura (cualisigno)
signo como existente real:
la blancura del traje del novia (sinsigno)
signo como ley general: la
blancura representa pureza (legisigno).
2da.
tricotomía: fotografía
huella (índice)
bandera (símbolo) (ver
apunte)
3ra.
tricotomía: término rhema
proposición dicisigno
argumento argumento
El
Interpretante
El interpretante, que establece una relación entre un
primero (el representamen) y un segundo (el objeto), en los hechos puede ser de
tres clases:.
1) Interpretante afectivo, primero.
2) Interpretante energético, segundo.
3) Interpretante lógico, o tercero.
El interpretante es el primer efecto significado que
tenemos después de reconocer un signo, y puede ser de tres clases: un
sentimiento, una reacción o un pensamiento lógico. El tema del interpretante se
relaciona pues, con el del sentido.
Ni la primeridad, el lenguaje en sí mismo como
representamen; ni la segundidad, las cosas en sí mismas, otorgan el sentido a
las palabras, sino la terceridad, es decir, el pensamiento que es el objeto
propio de la pragmática.
Los sistemas de interpretación pueden ser lógicos (análisis
de las relaciones entre los signos en relación a ellos mismos), contextuales
(análisis en relación con los objetos) o pragmáticos (en relación a sus
interpretantes). Peirce considera que el significado pragmático de un término
consiste en la idea de los efectos prácticos que pensamos que pueden ser
producidos por el objeto de nuestra concepción. Si una palabra, una
proposición, una frase conducen a actuar de dos maneras diferentes, tendrán
diferentes significaciones. Si dan lugar a sólo un tipo de acción, es porque
tienen una sola significación.
La atribución de un sentido a un signo lingüístico se hace
mediante otro signo. Pero sentido o significación y signo no son sinónimos. El
signo interpretante da el sentido o el significado, no es el sentido o el
significado. No es más que el medio de atribución de sentido a un objeto que el
signo representa. El sentido, el significado viene con el signo por el uso que
hacemos de ellos en la práctica, en el mundo de los objetos. Lo que le da vida
al signo es su uso.
Peirce distingue dos clases de objetos: el inmediato, tal
como es representado en el signo; y el mediato, que el signo no puede más que
indicar, y que el hombre no descubre más que por una experiencia colateral.
Supongamos que un hombre despierta por la
mañana, y su mujer desde la cama le pregunta “¿qué tiempo hace?”. Esta pregunta
es un signo, cuyo objeto inmediato, tal como lo manifiesta él mismo es el
tiempo en ese momento, en un aspecto, por ejemplo, en el aspecto del tiempo que
tiene que ver por ejemplo con la vestimenta que se va a poner; y su objeto
dinámico es el tiempo que el hombre ve al correr la cortina de la ventana. El
interpretante primero o afectivo es la cualidad del tiempo, el aspecto del tiempo.
El interpretante dinámico o segundo es la respuesta (acción y reacción,
pregunta-respuesta). El interpretante tercero o lógico es la suma de las
lecciones de la respuesta, morales, científicas, etc.
Las tres clases de interpretantes:
Podemos hablar de tres clases de
interpretantes:
a) Interpretante inmediato; b) Interpretante dinámico; c)
Interpretante final.
Y desde el punto de vista del receptor o
intérprete, los denominamos:
a) Interpretante afectivo; b) Interpretante energético; c)
Interpretante lógico.
a) Interpretante Inmediato:
Es el representado o significado en el signo.
Es un I perceptivo. Toma en cuenta sólo el objeto inmediato (OI). Consiste en
distinguir algo como distinto, es la existencia de la primeridad, de la
emoción, de la sensación (cinco sentidos). Es el efecto que nos produce una
imagen traumática (Barthes) o un ícono gastronómico (Eco), dirigido a nuestras
sensaciones, nuestros sentimientos, antes de todo tipo de verbalización. Es la
conciencia que se da en un instante de tiempo, la conciencia de la pasiva cualidad,
sin reconocimiento o análisis. Por ejemplo, el asco ante una sustancia blanda
que tocamos en un pasamanos.
La sensación es una multiplicidad de impresiones que
preceden y siguen, no todas del mismo tipo. Genera un movimiento corporal de un
ganglio o del cerebro. No hay conmoción corporal y no ejerce mucha influencia
en la corriente de pensamiento.
La emoción se produce cuando algo llama nuestra atención.
Por ejemplo, la melancolía que colorea los objetos del pensamiento (sensación
intelectual). Ya incorpora en cierta medida un pensamiento inconcluso, o mejor
aún un “matiz” del pensamiento: puede pensar en la pérdida de un ser amado con
desgarrador dolor o con melancolía. Otro ejemplo. La ansiedad, es la emoción
que acompaña el desconocimiento de un hecho futuro: estamos rindiendo nuestra
última materia; es el último llamado regular, el profesor es sumamente exigente
y detallista, estamos hablando y él sólo nos mira inexpresivamente: surge en
nosotros una emoción: ¿vamos bien? ¿estamos diciendo un disparate?. Todo
nuestro pensamiento se tiñe de incertidumbre y ansiedad.
Se genera un movimiento corporal del cerebro que afecta la
corriente de pensamiento. Nos sonrojamos, sonreímos tímidamente, lo desafiamos
mirándolo fijamente, temblamos, vacilamos, tenemos palpitaciones.
En estos casos la cualidad material predomina: es un
pensamiento incompleto, con un componente racional en germen. Es la sensación
de un pensamiento.
b)
Interpretante dinámico:
Es un interpretante factual. Es un efecto que tiene
distintos grados de vivacidad y esta vivacidad implica una conmoción, una
acción y reacción entre nuestra alma y el estímulo. Tenemos la conciencia de
una interrupción de la conciencia, la sensación de resistencia de un hecho
exterior. Estamos en el nivel de la segundidad.
Es el efecto real producido en el espíritu por un signo.
Habíamos visto que hay dos clases de objetos, y que el
interpretante media entre el representamen y el objeto. Cuando la relación es
con el OI, este I no aportará más que la información que surge del signo tal
como él lo representa, la denotación de signo.
Cuando la relación es con el O. Dinámico, este I dinámico
aportará informaciones del contexto del objeto. Se tratará de informaciones
factuales que dirán si el signo es ícono, índice o símbolo de su objeto.
Estas informaciones del ID pueden haberse generado sin
experiencia colateral del objeto, o con experiencias colaterales. Dicho en
otras palabras: este interpretante relaciona el representamen con el objeto
gracias a los conocimientos presentes en esa circunstancia del intérprete,
mediante abducción (hábito colectivo); o bien es una lectura en el contexto
social o histórico (conocimiento inductivo). Por ejemplo, un inglés que ve el
signo de Shell (“concha” en inglés) verá inmediatamente la relación. En cambio,
un español deberá recurrir a un conocimiento colateral: su conocimiento de otro
idioma, para establecer la misma relación. El inglés no necesita traducir: el
ícono significa para él, inmediatamente, la marca, es la marca. El español debe
pasar del ícono al símbolo verbal inglés (Shell) y luego a la traducción
(concha), para relacionar la imagen con la marca.
c)
Interpretante final:
Se lo llama también sistemático.
Es un interpretante sistemático. Implica un desarrollo del
pensamiento. Puede revestir tres formas, según sea la manera en que se produjo:
por abducción, por inducción o por deducción.
1.- En el primer caso, por abducción, se genera por una
experiencia colectiva, en un momento y por un grupo. Es un hábito general no
crítico, a-científico. Por ejemplo, todo el mundo reconoce en el tigre que
salta de una manguera la nafta de marca Esso. Hay un pensamiento que no es
científico, interviniendo en la constitución del I; es sólo un hábito
cotidiano. Este I puede ser correcto, pero cuando así ocurre no es por
contraverificación. I de este tipo son los que generan los prejuicios raciales,
religiosos, intelectuales y todas las ideologías.
2.- En el segundo caso, por inducción, se genera el I por
un hábito especializado, controlado, sujeto a verificación. Es el caso de la
interpretación de un experimento científico, en donde se repite una situación
varias veces y se llega a un resultado a partir de la observación. Por ejemplo,
el razonamiento siguiente: “Si sirve para 1, si sirve para 2, y sirve para n;
por lo tanto, sirve para (n + 1)n; o “si todas las plantas de climas secos son
carnosas, esta planta de hojas carnosas que tengo delante pertenece a un clima
seco”.
3.- En el tercer caso, por deducción, surge el I
sistemático por excelencia. No necesita de ninguna experiencia para existir. Es
deductivo, como lo son los sistemas formales o formalmente sistematizados, como
las grandes hipótesis físicas o las teorías estructuralistas y psicoanalíticas.
Un ejemplo de este interpretante es la descripción de un
universo curvado, tal como la elaboró Einstein. A posteriori, se puede
comprobar (en parte hasta hoy) experiencialmente si esa descripción corresponde
o no a nuestro universo, pero en su origen es razonamiento puro.
EN SÍNTESIS, observamos en el primer caso un Interpretante
de la primeridad (interpretante afectivo); en el segundo caso, encontramos dos
clases de Interpretantes, uno de la primeridad y otro de la segundidad
(Interpretante dinámico que tomaba en cuenta el OI o el OD); en tercer lugar,
tenemos los tres interpretantes, de la primeridad (experiencia colectiva, ésta,
ahora, aquí); de la segundidad (experiencia verificada, relación de un hecho
con otro hecho, y otro...) y de la terceridad (experiencia sintética).
ANÁLISIS DE LA
GIOCONDA
El retrato de La Gioconda, como todo signo de este tipo, es
en realidad una agrupación de cualidades (cualisignos) materializados,
encarnados (sinsigno). Los cualisignos son todas las cualidades (colores,
superficies e impresiones) encarnadas en el cuadro que estoy mirando en El
Louvre, y cuya unidad hacen de él un sinsigno.
El objeto del cuadro y sus interpretantes:
De su objeto, no puedo decir nada sin un signo
interpretante. Todo análisis de signo comienza por un signo interpretante que
reenvía el representamen al objeto que este último re-presenta.
El objeto inmediato:
De su objeto inmediato, de la modelo y del paisaje, el
interpretante inmediato no puede decir nada más. Es una afección simple. Desde
el análisis peirciano, podemos decir algo, sin embargo: sustraigámonos al
interpretante inmediato y digamos que el representamen está hecho de
cualisignos cuyo objeto es icónico, ya que los cualisignos representan algo,
una propiedad, un color, etc.
Del objeto inmediato del cuadro como sinsigno, el
interpretante dinámico puede decir indirectamente cierto número de cosas: la
naturaleza del soporte (óleo sobre madera), la pose, el vestido, el peinado de
la modelo, el paisaje en segundo plano; todo esto actúa como un índice que
permite ir aproximándose a un I dinámico, pero todavía no se lo puede designar.
Hay aquí todo un juego de interpretación dinámico de dos clases: interpretantes
dinámicos abductivos e interpretantes dinámicos inductivos; los índices
requieren en su mayoría de una cierta especialización del receptor para ser
interpretados correctamente técnica, social e históricamente.
La única indicación que el cuadro dará directamente será
mediante el interpretante final afectiva. Diremos que el objeto de ese cuadro
es una joven mujer (hábito de juzgar el sexo y la edad, adquirido por
experiencia en su forma abductiva), y que ella es bella (siguiendo los
criterios occidentales de la belleza femenina, formados abductivamente).
Un historiador del arte o un crítico verá además allí la
mano de Leonardo Da Vinci, incluso si ese cuadro fuera desconocido: reconocería
su estilo (hábito especializado, forma inductiva del interpretante final: si un
cuadro de Da Vinci tiene x características de estilo; y otro cuadro del mismo
autor, la misma característica x, entonces, si La Gioconda posee la
característica x pertenecerá a Da Vinci).
Este interpretante inductivo será hipotético, ya que
estamos dentro del dominio del OI, del cuadro en sí mismo. Estamos analizando
un cuadro que no tiene fecha ni firma.
En conclusión, del OI del cuadro, los interpretantes de los
representámenes no pueden más que decir que es el icono de una mujer joven y
bella, a falta de índices intrínsecamente suficientes para determinarla con más
precisión mediante una proposición.
El objeto dinámico:
Si colocamos ahora el cuadro en su contexto, tomando en
cuenta el OD, el interpretante inmediato nos servirá para percibir algún
elemento constitutivo del contexto. En cambio, el interpretante dinámico y el
interpretante final aportarán innumerables informaciones.
El interpretante dinámico inductivo dará cuenta de los
escritos de Da Vinci, de los testimonios de sus contemporáneos, de los
documentos relativos a los traslados del cuadro, etc. Nos dirá que ése es el
cuadro de una dama florentina de nombre Mona Lisa, esposa de un tal Francesco
Giocondo, y que fue pintada por Leonardo entre 1503 y 1505.
Aquí el contexto sirve de índice del cuadro. Y viceversa:
el cuadro puede ser un índice de un
cambio en la manera de pintar de Da Vinci, cambio que se puede leer como
gestándose en el retrato de Ginevra Benci, en la virgen de La Adoración de los
Reyes Magos, y en la Virgen de las Rocas, y que se constatará en las obras
posteriores a La Gioconda: su Santa Ana y su San Juan Bautista.
En un contexto más vasto es igualmente un índice de un
cambio de mentalidad: el pasaje del mundo hierático de las esencias al mundo
viviente de las experiencias.
Cuando el objeto dinámico entra en el campo del
interpretante final, podemos decir que puede recibir interpretaciones
abductivas, inductivas y/o deductivas. En el caso de las últimas, el
interpretante entra en un sistema. En este tercer nivel, siempre en relación a
su objeto dinámico, el retrato de La Gioconda no aparece como ícono ni como
índice, sino como símbolo, como “el emblema de lo indecible”, como “un
hieroglifo viviente”. En otro sistema , aquél de Freud, la Gioconda es también
un símbolo: el tipo o el arquetipo de la madre de Leonardo de quien él
reproduce su sonrisa, tanto como en la Santa Ana y el San Juan Bautista. Freud
dice expresamente que “las mujeres sonrientes de Leonardo no son otra cosa que
réplicas de Catalina, su madre” (Freud, en “Un recuerdo de la infancia de
Leonardo Da Vinci”).
EJEMPLOS DE APLICACIÓN DE LOS CONCEPTOS DE PEIRCE:
Un compositor interpreta sus sentimientos mediante una obra
dodecafónica.
¿Qué ocurre con un receptor poco avezado que escucha por
primera vez esa música?. Al escucharla se genera en él un sentimiento de
extrañeza, e incluso de rechazo. Se produce en este receptor un esfuerzo
originado en la novedad de la interpretación que motiva la reacción de irse del
concierto. Una vez en la calle conceptualiza el desagrado y el rechazo y lo
comenta a un amigo.
Analicemos esta situación con los conceptos de Peirce. La
música es un signo que comunica los sentimientos del autor (función emotiva de
Jakobson). Esa música es un fenómeno percibido por el receptor como un signo
que genera en él un interpretante afectivo o primero, en primer lugar:
experimenta una sensación de rechazo. Cuando decide retirarse del auditorio
genera un interpretante energético o segundo, ya que se produce un esfuerzo
mental en su mundo interior, es acción y reacción, causa y efecto. Cuando conceptualiza
ese desagrado y su consiguiente respuesta genera un interpretante lógico o
tercero. Estos tres pasos que planteamos en forma sucesiva y separados en el
tiempo se pueden dar, y de hecho se dan generalmente, en forma casi simultánea,
de diferentes maneras.
Es decir, interpretante como 1) mero sentimiento; 2)
esfuerzo; 3) efecto de tipo intelectual.
Ahora bien, la música es un signo. ¿Qué clase de signo o
qué clases de signos? En primer lugar, puede considerarse que es un ícono, una
primeridad, en tanto mantiene una relación de analogía con los sentimientos que
representa. Representa una primeridad, una cualidad, un sentimiento, en este
caso. Es un sentimiento vehiculizado por sonidos organizados.
Es también un índice, segundidad, si consideramos que
existe en tanto existen los sentimientos que la originaron. Tiene una relación
existencial con su objeto. Es una segundidad: el efecto de una causa, la
intención del autor. Además, en el orden audible, es una encarnación de
cualidades del sonido: ritmo, intensidad, etc.
Y finalmente, es un símbolo, porque remite a una
significación, es decir, a una serie de relaciones dentro de un sistema.
Veamos otro ejemplo, esta vez a través de imágenes de
películas.
Tomemos el tema del vampirismo. Existen innumerables
películas que ofrecen diferentes versiones sobre este tema.
En una de ellas, el Nosferatu de Werner Herzog, Klaus
Kinski es el actor que encarna a Drácula. Su aspecto es repulsivo y a la vez
subyugante. Es casi totalmente calvo, con unas hebras de pelo que le cuelgan
ralas. Tiene uñas extremadamente largas. Expresión cadavérica y hambrienta...
Desborda ambigüedad. Sus ropas son oscuras y flotantes.
La escena que nos interesa es la siguiente:
Sabemos que Drácula llega a Inglaterra en barco,
aparentemente dentro de un ataúd con tierra de Transilvania. Todos los
tripulantes del barco han muerto misteriosamente, y la nave se aproxima a la
deriva a tierra.
En esas circunstancias, la cámara comienza a enfocar las
cuerdas que cuelgan de los costados del barco y por ellas comienzan a
deslizarse, enloquecidas miles de ratas. La gente del puerto que se había
acercado a la orilla corre despavorida al ver estos roedores que los invaden.
Es entonces cuando la cámara capta desde un punto elevado la figura de Drácula
que se aleja del muelle hacia la ciudad: sus movimientos y la ondulación de la
capa, captados desde atrás y arriba, con tonos oscuros, semejan un reptar, un
deslizarse subterráneo que lo identifica con el mundo subterráneo de las ratas,
las cloacas, todo lo bajo y sucio, el mal, la peste.
En otra versión, de Tony Scott, denominada El Ansia, la
figura del vampiro está encarnada en una mujer, que es representada por
Catherine Deneuve.
En esta película, la sutileza y la belleza de Deneuve se
despliegan para presentar una versión diferente del vampiro: hay dos clases de
víctimas, aquellas a las que les quita la vida para alimentarse, y aquellas a
las que absorbe afectivamente para sobrellevar su eternidad. A las segundas les
promete la eternidad. Y en el fondo, espera desesperadamente que alguna de
ellas consiga sobrevivir. El ansia, o el hambre, es no sólo de sangre, sino y
fundamentalmente, de amor. La acosa no tanto el mal, sino la soledad
metafísica, eterna.
Una de sus víctimas, encarnada por Susan Sarandon,
sobrevive, pero al precio de la muerte de Deneuve. Por lo tanto, la soledad se
transfiere a ella.
En la escena final aparece Sarandon en un balcón. La cámara
la enfoca y comienza a alejarse, por el aire, al mismo nivel del balcón muy
elevado sobre el nivel del resto de la ciudad. La imagen final es un contraluz
del edificio, alejado, donde se adivina la presencia de una figura en sombras
en el balcón, los tules de las cortinas volando hacia afuera, el sol poniente
en el horizonte, todo en un color indefinido, amarillento anaranjado que vira
hacia el final de la toma hacia un morado oscuro.
¿Cómo aplicamos los conceptos de Peirce a estas imágenes?
En primer lugar, circunscribamos nuestro objeto de
análisis: veamos fundamentalmente la figura del vampiro, y cómo es tratada en
ambas películas.
El vampiro es un objeto real, en el sentido peirciano, en
el sentido que le otorga Eco a las unidades culturales. Es un objeto creado por
la cultura tanto como un árbol o una computadora.
En ambas películas se intenta, además de narrar una
historia, describir, pintar, resaltar, representar este objeto. Pero el
vampiro, tanto como una persona de carne y hueso, no puede ser conocida en su
totalidad. Siempre conocemos aspectos, escorzos, del objeto. Ese objeto, en su
condición de signo, genera interpretantes parciales, en constante evolución,
dependientes de la época que los genera, de los conocimientos y las técnicas
que se manejan. Asimismo en estos casos, como en toda obra artística, los interpretantes
dependen en parte de la intencionalidad del autor, porque son índices de esa
intencionalidad, tanto como íconos.
¿Qué rasgos caracterizan al vampiro? Dicho de otra manera,
¿qué rasgos pertinentes le otorga nuestra cultura a este personaje?
En primer lugar, los rasgos que arrastra desde las primeras
películas del cine mudo: un andar sinuoso, un juego de sombras y luces, el
terror, lo desconocido, el Mal, la capacidad de metamorfosearse, la
identificación con animales tradicionalmente relacionados con el demonio o el
mal como el lobo, las ratas, la serpiente. Asimismo, su pertenencia a la
oscuridad, al mundo subterráneo, la sangre, la muerte. Y como legado de nuestra
época, la tristeza infinita, la soledad, la angustia, la ambigüedad.
Cada una de las películas presenta al vampiro como un
signo. El representamen difiere en cada
caso, y está determinado por el objeto inmediato al que refleja. Concretamente,
veamos el ground del signo en cada uno de los casos.
Kinski, como representamen, está determinado por lo que de
oscuro, repugnante, ambiguo y subterráneo tiene aquel OD que es el vampiro.
Estas características son los aspectos del OD que toma el OI para determinar el
representamen de este signo en particular. Formalmente, estos aspectos se hacen
manifiestos mediante el color, la pose, la selección de objetos, la
iluminación, la fotogenia, morfología y sintaxis de la imagen. El representamen
construido mediante todos estos recursos y determinado por el OI genera varios
interpretantes posibles: uno afectivo, que puede consistir en el sentimiento de
repulsión; uno energético, levantarse e irse del cine, o voltear la vista; y
finalmente, uno lógico, que consiste en la elaboración de una serie de
proposiciones o razonamientos, como por ejemplo, en su forma más desarrollada,
una crítica cinematográfica donde se plantee la relación entre el mal, lo
oscuro, lo subterráneo, la fealdad, o en un comentario al respecto.
En cambio, la imagen final de El Ansia es un evidente signo
de soledad. El representamen golpea nuestros sentidos por el alto grado de
esteticismo de la imagen resuelto mediante el tratamiento del color, el juego
de los diferentes planos horizontales y verticales, el contraluz, la pose. El
interpretante es, como en el caso anterior, fundamental y primeramente,
afectivo, pero de un signo opuesto. Genera en el receptor una primeridad: una
aguda sensación de soledad y tristeza. Un segundo interpretante es posiblemente,
la conciencia de compartir esa soledad. Una sensación de conmoción, una acción
y reacción entre el estímulo y nuestro interior. Un tercer interpretante sería
un juicio, una serie de pensamientos sobre el tema.
Segunda aproximación a la Teoría
de Charles S. Peirce
Consideración
preliminar
El presente artículo se presenta como una reformulación de
algunos ítems planteados en nuestro primero interpretante “Una aproximación a
la Teoría de Charles S. Peirce”, e introduce nuevos conocimientos, por lo tanto
es una idea más desarrollada en relación a nuestro tema de estudio.
Lógica de las
relaciones como teoría de los signos
La lógica de Peirce consiste esencialmente en un análisis
de los procesos del pensamiento, dicha
lógica está construida sobre la lógica categorial y por lo tanto se basa en el
estudio de la presencia de las categorías en el pensamiento, en la naturaleza y
en la experiencia. Superando la posición kanteana de reconocer tres
fundamentales concepciones o categorías de todos los objetos y materias, pero
donde estas categorías del conocimiento eran esencialmente psicológicas, Peirce
supera esta posición respetando el número pero considerándolas como categorías
objetivas.
La búsqueda de una visión amplia de la naturaleza, una
visión inteligible de la realidad pone de manifiesto que cualquier experiencia
o cualquier condición imaginable manifiesta de alguna forma cada una de las
tres categorías. ¿Pero qué es la realidad?. Es “aquello cuyos caracteres son
independientes de lo que alguien pueda pensar que son” (5.405). “La realidad,
como cualquier otra cualidad, consiste en los peculiares efectos sensibles que
producen las cosas que participan en ella. El único efecto que ejercen las
cosas reales es causar una creencia, porque todas las sensaciones que provocan
aparecen en la conciencia en forma de creencias” (5.406). Para conocer la
realidad Peirce parte del análisis del fenómeno en sí mismo, en reducir la
multiplicidad de las impresiones sensibles a una unidad, lo que da la idea de
una gradación de concepciones entre las que hay unas que son universales
(1.546). Parte del fenómeno, tal como se presenta a la mente, sin mediaciones,
tratando de establecer lo que es universal y elemental, lo que constituye toda
experiencia. La finalidad de la doctrina de las categorías consiste en
describir lo observable y estudiar las clases de elementos universalmente
presentes en el fenómeno (todo lo que se presente a la mente, experiencias verídicas
y equivocadas, sueños, deseos, memoria, etc.). La presencia de ese fenómeno no
es sólo a través de meras sensaciones, sino que abarca la experiencia, la
interpretación y la reacción a la misma. Pero no hay que considerar todo lo que
hay en el fenómeno, sino sólo los elementos indescomponibles.
Según este criterio, sólo tres categorías son necesarias
para describir los elementos básicos contenidos en el fenómeno, destacando que
las tres categorías universales pertenecen a cada fenómeno, aunque quizás en
cada aspecto del fenómeno una categoría predomina, pero todas están presentes
(5.43). La verdad debe llegar por vía de la experiencia, para lo cual es
necesario examinar las categorías más universales de los elementos de la
experiencia.
Las categorías
1a. categoría.
Primeridad: percibimos el fenómeno, y
nuestra mente separa la cualidad o característica del objeto, como único método
para reducir la multiplicidad de impresiones a la unidad del ser. Cualidad
tomada en sí misma y no como aplicada a un objeto, es una especie pura, es una
abstracción; esa cualidad es percibida por los sentidos, y es de naturaleza general y por lo tanto vaga y potencial. Peirce dice que esta
abstracción es indispensable para pensar. La cualidad es un elemento
indescomponible, que es lo que es sin relación a ninguna otra cosa. Es una
sensación, no materializada (por lo tanto no puede reaccionar). Es una relación
monádica.
Las cualidades típicas de la Primeridad son cualidades del
sentir (espontaneidad, vida, libertad); son meras apariencias (azul, amargo,
agudo, áspero) (percepción); es un grado de perturbación de la conciencia (los
sentimientos, las sensaciones); es una posibilidad al margen de cualquier otra
cosa. La idea de dureza es una idea de Primeridad, como idea de una simple
cualidad, como una simple posibilidad positiva de aparición.
2a. categoría.
Seguridad: es el modo de ser de algo con respecto a
una segunda cosa, pero sin relación a una tercera cosa. Abarca los hechos
reales, que ocurren aquí y ahora, por lo tanto le hecho es individual, no se puede repetir dos veces exactamente igual; no
podemos cruzar dos veces un río exactamente de la misma forma. Sentimos que los
hechos resisten nuestra voluntad, y por ello se los llama brutales, la materia
es la que resiste (las cualidades no).
Comprende también la lucha, la acción y reacción, la causa
y el efecto, la fuerza bruta; la fuerza sin ley o razón. Aún en la sensación
real hay una reacción. Sólo conocemos lo potencial (cualidades) a través de lo
real, e inferimos las cualidades sólo por una generalización a partir de lo que
percibimos en la materia. Es una relación diádica.
La Segundidad pone de manifiesto dos cosas que entran en
interacción. Al chocar contra una pared tenemos en un primer momento la idea de
dureza (primeridad), después asociamos esa idea de dureza (como cualidad)
encarnada en la pared (primeridad de una segundidad), y por último tomamos
conciencia del esfuerzo (segundidad). No puede existir la experiencia del
esfuerzo sin la experiencia de la resistencia. El esfuerzo existe en tanto algo
que se le oponga, (dos fuerzas que interactúan, acción y reacción, causa-efecto).
Otro ejemplo: estamos relajados, tenemos la impresión de
calma (idea de primeridad, una cualidad del sentir), suena un silbato
penetrante (primeridad que golpea nuestros sentidos), se ejerce sobre nosotros
una fuerza bruta. En nuestra inercia nos identificamos con el estado anterior
de calma y el nuevo sentir (silbato) nos lleva a una conciencia bilateral, a
una nueva conciencia de acción que destruye el sentir antiguo. Esa nueva
conciencia es una experiencia y actuamos. Compulsivamente nos tapamos los oídos
(reacción).
3a. categoría.
Terceridad: es el modo de ser de aquello que es, al
relacionar una segunda cosa con una tercera entre sí. Es una relación triádica.
Es el pensamiento, el conocimiento, la regla, la ley. Es de carácter general, y
es general en el sentido en que se refiere a todas las cosas posibles y no sólo
a las cosas existentes. La ley determina de qué manera se caracterizan los
hechos que pueden ser, ya que no pueden haber ocurrido todos los hechos, nunca.
Una ley es un hecho general, entendiendo que lo general
tiene una mezcla de potencialidad en sí mismo (primeridad), y que la suma de
acciones (aquí y ahora) (individuales) nunca puede producir un hecho general.
Como general, la ley se refiere al mundo
potencial de la cualidad (primeridad), en tanto que como hecho (segundidad) se
refiere al mundo real de la realidad.
El concepto de mediación se da entre la primeridad
(posibilidad) y la segundidad (hechos), por lo tanto esta relación es triádica.
La acción de la ley presupone la existencia de ciertos hechos en una
determinada relación, pues si ciertos hechos se verifican, entonces probable o
necesariamente se verifican ciertos otros hechos. Pero esta categoría existe
sólo en el universo de la representación (1.430), circunscribiéndose al área de
los signos. Es la única categoría que se da en
el pensamiento, y es la única categoría que es análoga al pensamiento. Ya que
éste puede producirse y desarrollarse, puede comunicarse y es general, porque
se mueve en el campo de la dualidad o posibilidad, y en cuanto efectivo, afecto al campo de los hechos
individuales, del mundo real (1.420), realizando así el criterio de mediación
de la terceridad.
Con el concepto de mediación Peirce introduce el concepto
de signo ya que al percibir un
fenómeno, percibimos una primeridad en relación con una segundidad y mediada
por una terceridad, es decir percibimos un fenómeno a través de un signo.
Percibimos la realidad a través de signos.
Signo: el signo está en lugar de algo, su objeto que existe en la
realidad (Peirce llama a este objeto: Objeto Dinámico), pero no en todos sus
aspectos (sino teniendo en cuenta algunos, los que se conozca, según un punto
de vista), en referencia a una idea vaga (llamada fundamento o ground u Objeto
Inmediato). Ese ground o fundamento determina al representamen, que dice algo
(una información suplementaria) y además origina una idea, su interpretante,
que es una idea más desarrollada que también se refiere al objeto. En tanto que
se refiere al objeto y es una idea, ese interpretante se convierte en
representamen de un nuevo signo, que tendrá como ground un nuevo aspecto
conocido ahora, gracias al signo anterior, y originará un nuevo interpretante
aún más desarrollado. Y así al infinito. En esto se basa la semiosis ilimitada.
Gráficamente podemos sintetizar:
OD (realidad) ? OI (idea vaga) ? R1 (dice algo) ? I1 (idea más desarrollada)
OI 2(más aspectos) R2 ??I2 (idea aún
más desarr.)
permite
conocer otros aspectos del OD
se van
ampliando esas ideas vagas del OI y se van generando
así
nuevos conocimientos (nuevos interpretantes)
El objeto de la semiótica es pues la semiosis que, como
proceso sígnico, es una proceso de mediación. En el aspecto lógico, el método
de la inferencia está relacionado con la semiosis, ya que todo proceso
semiótico implica inferencia y que toda inferencia es un proceso semiótico.
Peirce sostiene que el pensamiento es captado por
inferencia de sus manifestaciones externas, del signo. “Todo pensamiento de
cualquier especie es un signo, y particita esencialmente de la naturaleza del
lenguaje” (5.421). Las palabras y los signos que empleamos en nuestras
descripciones son elementos que no están limitados a la expresión de nuestros
pensamientos “privados”, sino que aparte de las diferencias peculiares de cada
individuo, la interpretación de los signos tiene una naturaleza pública.
Toda situación cognoscitiva es una situación simbólica,
capaz de ser manifestada mediante signos, las cosas reales son de naturaleza
cognitiva y por lo tanto significativa (5.320).
Esa relación del conocimiento hacia lo real que se
establece “en progreso”, o mejor “en proceso”, implica que cada signo, ya sea
una palabra, una frase o una fórmula científica, es sobre todo algo que exige
“desarrollo”, algo que exige ser desarrollado para satisfacer la función de
expresar o comunicarse un pensamiento inteligible: un signo si quiere ser
inteligible y significante debe ser interpretable, de modo que la
interpretación de cualquier signo, usado para los fines del pensamiento, quiere
decir la interpretación de ese signo por medio de otro signo, que puede ampliar
o corregir el signo originario.
Este proceso sígnico es un continuum, y presupone un
“acuerdo” de la entera comunidad humana sobre un realismo lógico, y además que
toda interpretación está en relación con otras interpretaciones.
Oponiéndose a Descartes, Peirce dice:
1- no tenemos facultad de introspección, sino que el
conocimiento del mundo interno deriva de un razonamiento hipotético de nuestros
conocimientos de los hechos externos.
2- no tenemos ninguna facultad de intuición, sino que toda
cognición es determinada por cogniciones anteriores.
3- no tenemos ninguna facultad de pensamiento sin signos.
4- no tenemos ninguna concepción de lo absolutamente
incognoscible.
Siempre que pensamos tenemos presente en la conciencia
algún sentimiento, imagen, concepción u otra representación que sirve como
signo. Ese pensamiento es interpretado por un subsiguiente pensamiento propio,
una corriente de ideas que fluye libremente, siguiendo una ley de asociación
mental. Todo pensamiento anterior sugiere al pensamiento que lo sigue, es el
signo de algo para este último.
Peirce distingue tres elementos del pensamiento, aplicando las tres
categorías antes mencionadas:
1- la cualidad material, o cómo se la siente, que da al
pensamiento su cualidad.
2- la aplicación denotativa pura, o la conexión real que
pone un pensamiento en relación con otro.
3- la función representativa que lo convierte en una
representación.
Toda modificación de la conciencia (sensación, atención,
comprensión) es una inferencia.
Cuando se habla de asociación de imágenes es en realidad una asociación de
juicios. La asociación de ideas se efectúa de acuerdo a: semejanza, contigüidad
y causalidad, por lo tanto la asociación de ideas consiste en que un juicio
ocasiona otro juicio, del cual es el signo. Esto es la inferencia, que puede lograrse por deducción, por inducción o por
hipótesis (abducción para Peirce), o bien combina dos o más de estas características.
Tricotomía de
los signos
Teniendo en cuenta esos tres elementos del pensamiento,
Peirce distingue tres tipos de relaciones triádicas:
a- relaciones
triádicas de comparación
que tienen la misma naturaleza que las cualidades o
posibilidades lógicas (primeridad). El signo (R/I) en relación a su R.
1- cualisigno
(el signo representa una mera cualidad (primeridad). Blancura.
2- sinsigno (el
signo representa un existente real (segundidad), una cualidad encarnada
(primeridad de la segundidad). Blancura en un traje de novia.
3- lesisigno (el
signo representa una ley, un hábito de tipo general (terceridad). Blancura
representando pureza.
b- relaciones
triádicas de ejecución o funcionamiento
que tienen la misma naturaleza que los hechos reales
(segundidad). El signo en relación con el objeto dinámico.
1- ícono (el
signo tiene alguna cualidad del objeto, guarda cierta analogía con el objeto,
manifiesta algunos rasgos pertinentes del objeto (primeridad).
2- índice (el
signo tiene alguna relación existencial con el objeto, existe uno porque existe
el otro, (segundidad).
3- símbolo (el
signo manifiesta una relación convencional con el objeto, es una ley, un
hábito, un acuerdo social (terceridad).
Ejemplo: una cruz en un colgante, en el cuello de un hombre
es un ícono, en tanto guarda una analogía (cualidad, primeridad) con la cruz
donde fue crucificado Cristo. Es índice en tanto indica que el que la usa es
cristiano (hecho, relación existencial, segundidad). Es símbolo en cuanto a una
convención social, ya que representa a la Iglesia Cristiana (remite a una
significación, terceridad).
c- relaciones
triádicas de pensamiento
que tienen la misma naturaleza que las leyes (terceridad).
El signo en relación a I.
1- rhema o
término (el signo representa una información, pero información en sí misma, sin
estar en relación a ninguna otra cosa (primeridad).
2- proposición o
signo dicente (el signo dice, aporta información de algo (segundidad).
3- argumento (el
signo dice algo más, aporta información de algo en relación a una tercera cosa
(terceridad), es un razonamiento, una conclusión). Y puede lograrse por
razonamiento hipotético, por razonamiento inductivo (de lo particular a lo
general) o por razonamiento deductivo (de lo general a lo particular).
El
interpretante
Para comenzar a hablar de este tema debemos remitirnos a
los tres elementos que Peirce distingue en el pensamiento:
1- la cualidad material o cómo se siente esa cualidad en el
pensamiento.
2- la aplicación denotativa pura, o la conexión real que
pone un pensamiento en relación con otro.
3- la función representativa que convierte al pensamiento
es una representación.
Teniendo en cuenta estos tres elementos, Peirce distingue
tres clases del interpretantes: interpretante inmediato o afectivo,
interpretante dinámico o energético e interpretante final o lógico.
Simplificando la terminología los llamaremos: I-1o, I-2o,
I-3o. Desarrollaremos cada uno de ellos en términos generales, y en
particular los aplicaremos al análisis de una imagen específica, para lo cual
elegimos una fotografía de un artista norteamericano, donde se ve un hombre
negro desnudo de espaldas, sentado con las piernas abiertas sobre una mesa.
a-
Interpretante afectivo: Es
perceptivo, es un estado de conciencia que se da en un instante de tiempo. Es
la conciencia de la pasiva cualidad, sin hacer ningún análisis, antes de
cualquier verbalización. Se genera una sensación, una emoción, un sentimiento
(primeridad). Se genera una sensación de un pensamiento inconcluso, es un
germen de pensamiento.
** En el caso particular de la fotografía elegida, el I-1o sería un sentimiento de “belleza” o de
“esteticismo” que percibo, o sea una primeridad en un primer momento; luego esa
sensación o sentimiento me va a generar una sensación (primeridad) de un
pensamiento (interpretante), pero antes de verbalizar ese pensamiento.
b-
Interpretante energético: es el efecto
real experimentado en el espíritu, en la conciencia, en cada acto de
interpretación, producido por un signo. Ese efecto es una conmoción, una acción
y reacción. Este interpretante es la conciencia, es el darse cuenta que hay una
interrupción de la conciencia producida por esa sensación de primeridad que
genera ese pensamiento inconcluso que es el I-1o; y se reacciona ante el hecho
exterior (OD) representado por el signo. Hay una acción y una reacción, o sea
que estamos en el plano de la segundidad, que generan una idea (interpretante
energético).
Peirce destaca dos grandes clases de I-2o:
1- si el interpretante está en relación al objeto inmediato
indica que no se posee experiencia colateral del objeto, por lo tanto ese
interpretante no aportará más información que la que surge del signo. Esa
información sería la denotación. Este
interpretante es un I-2o de primaridad.
2- si el interpretante está en relación al objeto dinámico
manifiesta que se posee experiencia colateral del objeto, entonces ese
interpretante aportará información del contexto, informaciones para la
interpretación del signo. Este interpretante es un I-2o de segundidad. Relaciona al signo
(representamen) con el objeto por conocimientos previos que tenemos de esa
relación (R/OD), y dirá por lo tanto si es ícono, índice o símbolo.
Como estamos en el campo de la segundidad, Peirce,
coherente con toda su teoría, observa que este I-2o de segundidad puede surgir por: a) abducción
(hipótesis) o sea por hábitos colectivos no controlados (genero una hipótesis
no verificable), b) inducción, se da en un contexto social e histórico a partir
del hecho, de la existencia real y por competencias previas sociales. También
dirá si es ícono, índice o símbolo, pero no en relación a lo emotivo, como en
el caso anterior, sino en relación al hecho real.
** En nuestro ejemplo de la fotografía, el I-2o de primeridad que corresponde a la denotación,
sería la descripción verbalizada de lo que veo en el signo (foto): un hombre
sentado sobre una mesa.
El I-2o de segundidad abductivo
genera hipótesis como que el signo (foto) es un ícono en tanto guarda cierta
analogía de cualidades con el OD (hombre real), por ejemplo su negrura. Es
índice en tanto indica la cualidad (color negro) encarnada en un cuerpo real.
Es símbolo de una generalidad en cuanto cualidad (raza negra).
El I-2o de segundidad inductivo
que genera relaciones de ese signo (foto) con otros signos que tienen similares
relaciones con sus OD, conocidas éstas a partir de conocimientos previos, y
esas asociaciones múltiples generan más información. Diremos entonces que es
ícono de un hombre, ya que a pesar de no estar representada la cabeza, por
competencias anteriores puedo inferir su existencia. Es índice en la medida que
indica la existencia real del hombre tomado como modelo para esa fotografía, ya
que por conocimientos previos infiero que toda fotografía no manipulada plasma
en el papel un objeto real existente. Es
símbolo de masculinidad, de armonía, ya que por experiencias previas con otras
representaciones, en este caso renacentistas, el cuerpo humano era representado
y analizado en base a esa armonía y simetría que le es propia.
3.
Interpretante lógico: es el
interpretante que alimenta los sistemas de interpretación, e implica un
desarrollo del pensamiento, elabora una serie de argumentos o conclusiones y
puede ser de tres grandes ti-pos, según el modo de desarrollo de ese
pensamiento:
a- Interpretante 3o de primeridad, producido por abducción (hipótesis):
Es el que surge por experiencia colectiva, en un momento
dado y en un grupo social. Es un hábito general no crítico, es a-científico. No
hay contraverificación a esa hipótesis. Pertenecen a este tipo las ideologías,
los prejuicios raciales, los prejuicios en general, las creencias, las
tradiciones, los dogmas. Son pensamientos que surgen de lo emotivo (primeridad)
subordinado al I-2o de primeridad, denotado
en relación a un interpretante abductivo hipotético, colectivo y no crítico.
** Para nuestro ejemplo el interpretante sería: es un
hombre desnudo (denotación del signo), pero negro (lo emotivo). Poniéndolo en
relación con un prejuicio racial llego a producir por hipótesis (premisa no
válida, en este caso), un pensamiento de rechazo, por prejuicios. Donde ese negro tiene la piel negra, asociada
a un color, a una cualidad, a una primeridad. Donde ese negro, por su piel tiene feo olor (esta hipótesis surge de
creencias colectivas). El olor está en relación a la percepción, a la cualidad,
a la primeridad. Donde ese negro por
su calidad de piel, tiene textura áspera; hipótesis en relación a una
sensación, a la primeridad, y que surge de una comparación entre mi piel
blanca, traslúcida, tersa, suave, con su opuesta. Justifico así mis
pensamientos surgidos de hipótesis emotivas, no verificables. Las tomo como
ciertas y no las cuestiono.
b- Interpretante 3o de segundidad, producido por inducción:
Surge por un hábito especializado, sujeto a verificación.
Es la experiencia verificada de un hecho en relación a otro hecho o hechos.
Este interpretante está subordinado por el I-2o de segundidad.
** En el ejemplo, me apoyo en el I-2o de segundidad y completo más la interpretación
del signo. Es un hombre cuya negrura
contrasta con lo blanco de la mesa. La pose artificial me indica que es
una foto artística; el juego de luces marcan la musculatura dando la sensación
de fuerza del cuerpo armónico, reforzado éste por la construcción axial de la
pose. Todos son razonamientos que surgen a partir de asociaciones múltiples del
signo en cuestión con otras imágenes que me vienen a la mente por experiencias
previas, por conocimientos, por competencias. Todos esos razonamientos son
producidos por inducción.
c- Interpretante 3o de terceridad, producido por deducción:
Es el razonamiento puro, es una experiencia sintética, es
una síntesis. Conforman este campo los sistemas formales, las hipótesis
físicas, las leyes generales; que pueden, a posteriori, comprobarse por
experimentación (de forma directa o indirecta).
** El I-3o de
terceridad sería el siguiente razonamiento: el signo representa una naturaleza
muerta postmoderna.
¿Cómo justifico esto?. La mesa y el cuerpo presentan una
mesa-soporte de un cuerpo-objeto. Cuerpo-objeto en tanto que está en una
actitud pasiva, laxa, como después de haberlo cortado de una planta;
cuerpo-objeto sustituyen a una fruta. Mesa-fruta conforman una naturaleza
muerta convencional, donde la fruta se presenta fresca. El cuerpo-objeto
también conserva aún la lozanía, pero en apariencia, ya que no tiene
nutrientes, y por lo tanto la esencia está muerta. Esa esencia está reflejada
por la laxitud de la pose. Hoy el hombre inmerso en la sociedad actual, se ha
transformado en cuerpo-objeto, que guarda la apariencia, la lozanía, pero sin
nutrientes (por eso la cabeza no se ve en la fotografía). El signo funciona
como una metáfora del hombre postmoderno.
El vampiro.
Nosferatu de Werner Herzog
Habiéndose operado sobre nosotros la fuerza bruta del
hecho, concreto, individual, del nuevo campo que abren estos interpretantes, y
conociendo nuevos aspectos del
objeto en cuestión, nuestro interpretante primero plasmado en “Una aproximación
a la Teoría de Charles S. Peirce” ha pasado a ser representamen de un nuevo
signo, y origina este nuevo interpretante más desarrollado que el precedente.
Como la cadena de interpretantes es ilimitada, o tiene un
fin relativo en tanto se vayan conociendo distintos aspectos del objeto antes
desconocidos, este artículo reformula
ciertas apreciaciones anteriores en referencia al signo determinado por el
objeto dinámico “vampiro”, representado en la película Nosferatu, pero no
quiere decir que en un futuro próximo este nuevo acercamiento a la teoría de
Peirce no sea reformulado a la luz de nuevos conocimientos; para este signo en
particular y para otros razonamientos expuestos en el presente.
El OD vampiro determina al signo, que está representado y
se pone de manifiesto en la caracterización del actor Klaus Kinski, el ground
es el aspecto del OD que se ha tomado en cuenta para determinar ese
representamen o sea es el OI, que toma el aspecto de lo oscuro, lo repugnante,
lo subterráneo del OD. Objeto que no existe en la realidad concreta, pero que
existe como objeto creado por una cultura (Unidad cultural).
Ese signo tal como se nos presenta genera distintos
interpretantes:
1-Interpretante
1o (primeridad): Tenemos un sentimiento de repulsión, es una idea de ese
sentimiento antes de ser verbalizada.
2-
Interpretante 2o:
a) si nunca vimos una película de vampiros, o
no tenemos conocimiento de su existencia, no tenemos experiencia colateral y
analizaremos al signo tal como se nos presenta determinado por su OI. Tendremos
esa sensación de repugnancia anterior pero encarnada en el actor, y
reaccionaremos volteando la vista por ejemplo. Luego verbalizaremos esa idea,
que se basa en cualidades, en sentimientos, que denota sólo los rasgos
pertinentes o características que se observan, ya que no se conoce al objeto
dinámico. Este es el interpretante 2o de
primeridad.
b) si tenemos experiencia colateral ya conocemos al OD y se
puede emitir un razonamiento de tipo abductivo o inductivo: 1-abductivo: a
partir de lo emotivo se genera una hipótesis no verificable y se reconoce al
signo como un ícono de algo repugnante (primeridad), como un índice del mal
(primeridad), como símbolo de lo desconocido (primeridad). Es el interpretante
2o de segundidad degenerado.
2- inductivo: a partir del hecho real observado y por
competencias previas sociales se genera una inferencia con hechos anteriores
que se ponen en relación con él. Y se puede decir que el signo es ícono porque
guarda las mismas cualidades, o es análogo a otras representaciones de vampiros
conocidas. Es índice porque indica, señala el aspecto animal del OD. Es símbolo
porque en su carácter general, representa una visión del vampiro ya
convencionalizada de acuerdo a una época y sociedad. Este es el interpretante 2o de segundidad genuino.
3-
Interpretante 3o o lógico (terceridad): puede ser de tres clases:
a- abductivo. I-3o de
primeridad: basándose en creencias se emite una hipótesis emotiva: El vampiro
representa, a través de su aspecto y conductas repugnantes al Diablo.
b- inductivo. I-3o de
segundidad: (se apoya en el I-2o de
segundidad): Este signo es análogo a otros en términos generales, pero con un
plus de significado negativo, donde la iconicidad visual se ve reforzada por la
palabra. Puesto que esta representación es análoga visualmente a la visión de
la realidad-vampiro del cine mudo, mantiene el mismo tipo de maquillaje de los
personajes, las poses y las expresiones de los actores, exagerados en el cine
mudo por la necesidad de llenar el vacío verbal con gestos y sobreactuaciones.
Además los recursos técnicos actuales ayudan a plasmar visualmente esas
primeridades encarnadas. Este interpretante surge por asociaciones múltiples de
ideas que vienen de nuestras experiencias, de nuestro conocimiento previo de
otras imágenes, otras representaciones, otros contextos.
c- deductivo. I-3o de
terceridad: es una síntesis. El signo tal como se nos presenta en la
representación de Kinski, muestra el aspecto animal del hombre, sus instintos
incontrolables, su aspecto impredecible, desconocido, oculto. Representa su
ambigüedad, vida-muerte.
Verifiquemos este razonamiento. Presente una asociación
ambigua con hombre (por lo tanto vida) y con animal asociado a movimientos
reptales, ratas, lobo (por lo tanto muerte). Por otra parte, muestra al aspecto
concreto, real, en tanto existe, y por otro lado el aspecto abstracto, irreal
representado por una sombra gigante que todo lo envuelve. Como sombra está
relacionado con lo oscuro, y esto con lo que no se ve, y lo que no se ve es lo
desconocido. En otro aspecto la sombra se relaciona con lo nocturno, y lo
nocturno con los instintos, que nos remiten a lo animal. Además presenta un
exterior ambiguo en relación a su existencia también ambigua, porque está vivo
(vida eterna) pero tiene aspecto de muerto, porque da vida pero también da
muerte. Y ese aspecto de muerto asociado a muerte nos remite nuevamente a lo
desconocido, lo que nos es oculto. Y la vida, el dar vida va asociada al deseo,
el deseo en tanto instinto, instinto animal, instinto que da muerte.
NOTAS
*Charles Sanders Peirce
Nació en Cambridge, Massachusetts (E.E.U.U.), en 1939. Su
formación de base es matemática. Enseñó en Harvard, por un corto lapso,
Filosofía de la Ciencia y Lógica. Su actividad filosófica se desarrolla fuera
de las universidades, en forma autónoma. Murió en 1914.
Hay que entender su obra en el marco de la segunda mitad
del siglo XIX. Su teoría semiótica está inmersa
en sus trabajos filosóficos generales (lógica, epistemología,
fenomenología). En realidad, su semiótica es una lógica del discurso científico
y del conocimiento en general. Constituye una teoría del conocimiento.
1) En realidad, como Peirce afirma en otros párrafos, todo
signo participa de las tres categorías, con predominio, generalmente, de uno u
otro aspecto.
2) O el
dibujo de un centauro…

No hay comentarios:
Publicar un comentario