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Libro N° 15751. De Lenin Al Gran Reajuste. Medina, Manuel y García Vera, Cristóbal

Guillermo Molina Miranda octubre 29, 2026


© Libro N° 15751. De Lenin Al Gran Reajuste. Medina, Manuel y García Vera, Cristóbal. Emancipación. Octubre 31 de 2026

 

Título Original: © Del Imperialismo Descrito Por Lenin Al Gran Reajuste. Manuel Medina y Cristóbal García Vera

 

Versión Original: © De Lenin Al Gran Reajuste

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://drive.google.com/file/d/1ruf6d7C-ckYIivW08V8YosFGu9oL5_X8/view

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

DE LENIN AL GRAN REAJUSTE

Manuel Medina y Cristóbal García Vera


DEL IMPERIALISMO DESCRITO POR LENIN AL GRAN REAJUSTE
Manuel Medina y Cristóbal García Vera
Una herramienta que ayudará a entender la nueva fase del sistema capitalista mundial

INTRODUCCIÓN. ¿POR QUÉ EL CAPITALISMO HA VUELTO A CONVERTIR EL MUNDO EN UN CAMPO DE DISPUTA?

 

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, millones de trabajadores europeos llegaron a considerar que el capitalismo había cambiado definitivamente de naturaleza. El desempleo masivo de los años treinta parecía un recuerdo lejano. Los salarios habían aumentado, las vacaciones pagadas se habían extendido y los servicios públicos de sanidad, educación y protección social ofrecían unas condiciones de vida que las generaciones anteriores difícilmente habrían imaginado. Incluso numerosos partidos que habían nacido con el propósito de acabar con el capitalismo terminaron aceptando que era posible transformarlo progresivamente mediante reformas.

Sin embargo, aquel escenario comenzó a desmoronarse durante los años setenta. Las crisis económicas reaparecieron, el desempleo volvió a crecer y los gobiernos occidentales emprendieron políticas destinadas a reducir el poder de los sindicatos, privatizar empresas públicas y modificar las condiciones de trabajo. Cuando la Unión Soviética desapareció en 1991, los dirigentes occidentales proclamaron que la economía de mercado y la democracia liberal habían demostrado su superioridad definitiva. Parecía que la historia había llegado a su destino.

Treinta y cinco años después, aquel optimismo resulta difícil de reconocer. Estados Unidos utiliza aranceles, subvenciones industriales y restricciones tecnológicas para contener el ascenso chino. Europa discute cómo recuperar su capacidad productiva mientras aumenta el gasto militar. China construye sus propias redes comerciales, financieras y tecnológicas. Las guerras, las sanciones económicas y la competencia por las materias primas vuelven a ocupar un lugar central en las relaciones internacionales. Al mismo tiempo, en numerosos países occidentales, derechos sociales que parecían consolidados están sometidos a nuevas presiones.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Qué relación existe entre el imperialismo que Lenin estudió hace más de un siglo, las guerras mundiales, el Estado del Bienestar, la desaparición de la URSS y la actual rivalidad entre Washington y Pekín? ¿Estamos presenciando un enfrentamiento entre sistemas sociales diferentes o una nueva lucha entre grandes potencias que compiten dentro de una misma economía capitalista mundial?

Para responder necesitamos reconstruir una historia que comienza mucho antes de la aparición de China como potencia industrial. Y, sobre todo, examinar una hipótesis que permite relacionar acontecimientos aparentemente separados: la existencia de la Unión Soviética alteró durante décadas el desarrollo de las rivalidades capitalistas y obligó a las potencias occidentales a desenvolverse en unas condiciones excepcionales. Su desaparición contribuyó a cerrar aquel período y abrió paso, progresivamente, a una nueva distribución del poder económico mundial.

Podemos denominar a ese período excepcional el gran paréntesis histórico. Entre 1945 y 1991 las contradicciones capitalistas continuaron actuando, pero quedaron condicionadas por una potencia basada en la propiedad pública de los principales medios de producción y la planificación. Sus contradicciones internas no anulaban esa diferencia material respecto de las economías capitalistas.

La tesis de este folleto es que el desmantelamiento de la URSS y la expansión de las relaciones capitalistas en China cambiaron las condiciones de la competencia mundial. El Gran Reajuste designa la pugna por redistribuir mercados, recursos y poder entre centros de acumulación capitalista. Esa pugna endurece las presiones sobre el trabajo y alimenta el militarismo. Comprender su trayectoria exige relacionar las transformaciones económicas con las decisiones políticas y las luchas de clases que las hicieron posibles.


I.  1870-1918. CUANDO LAS GRANDES POTENCIAS CAPITALISTAS SE REPARTIERON EL PLANETA

 

DE LAS PEQUEÑAS EMPRESAS A LOS GRANDES MONOPOLIOS

Para comprender el imperialismo moderno debemos comenzar por una transformación económica que tuvo lugar durante las últimas décadas del siglo XIX.

En sus primeras etapas, el capitalismo industrial había estado caracterizado por la competencia entre numerosas empresas. Cada propietario intentaba producir mercancías a menor coste, venderlas y obtener beneficios. Pero esa misma competencia favorecía a las empresas capaces de invertir más, introducir maquinaria avanzada y producir a mayor escala. Las compañías más grandes absorbían o eliminaban a sus competidoras y concentraban una proporción creciente de la producción.

El resultado fue la aparición de gigantes industriales, grandes bancos y empresas capaces de influir decisivamente sobre mercados enteros.

Pensemos en una fábrica de acero. Mientras existen decenas de pequeños productores, ninguno controla por sí solo el mercado. Pero cuando unas pocas compañías concentran la mayor parte de la producción, pueden influir sobre los precios, imponer condiciones a sus proveedores y ejercer presión sobre los gobiernos. Si además necesitan enormes préstamos para construir instalaciones y ferrocarriles, sus intereses quedan estrechamente vinculados a los de los grandes bancos.

Ese proceso fue estudiado por Rudolf Hilferding en El capital financiero, publicado en 1910, y desarrollado por Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916.

Lenin identificó cinco características del nuevo capitalismo: concentración de la producción en grandes monopolios, creciente fusión del capital bancario e industrial, exportación de capitales, formación de asociaciones internacionales de grandes empresas y reparto territorial del mundo entre las principales potencias.

La exportación de capitales merece una explicación particular. No consiste simplemente en vender productos al extranjero. Una empresa exporta mercancías cuando fabrica automóviles en Alemania y los vende en Argentina. Exporta capital cuando invierte dinero para construir una fábrica en Argentina, comprar minas en África o controlar una compañía ferroviaria en Asia, con el propósito de apropiarse de los beneficios que produzcan esas inversiones.

Esta diferencia resulta fundamental para entender las rivalidades internacionales. Cuando los grandes capitales se expanden fuera de sus fronteras, sus intereses económicos empiezan a depender de las condiciones políticas de otros países. Necesitan garantizar propiedades, asegurar suministros, proteger rutas comerciales y obtener ventajas frente a sus competidores.

Los Estados intervienen entonces para defender la expansión de los grandes grupos económicos vinculados a sus respectivas economías.

EL REPARTO COLONIAL Y LA APARICIÓN DE NUEVAS POTENCIAS

A finales del siglo XIX, las principales potencias europeas aceleraron la conquista y distribución de territorios africanos y asiáticos.

La Conferencia de Berlín de 1884-1885, convocada por el canciller alemán Otto von Bismarck, estableció reglas para la expansión colonial europea en África. Los pueblos africanos no participaron en aquellas decisiones. Sus territorios y recursos fueron tratados como objetos de negociación entre potencias extranjeras.

El Reino Unido controlaba extensas posesiones y rutas marítimas fundamentales. Francia disponía de un importante imperio colonial. En el Congo, primero bajo el dominio personal de Leopoldo II y después bajo la administración belga, se impuso una explotación particularmente brutal.

Alemania, unificada políticamente en 1871, había desarrollado una poderosa industria, pero había llegado relativamente tarde al reparto colonial.

Aquí apareció una contradicción que Lenin consideró característica del imperialismo: el desarrollo económico de las potencias era desigual y modificaba constantemente sus posiciones relativas, mientras que el reparto territorial del planeta reflejaba relaciones de fuerza anteriores.

Alemania podía aumentar su producción industrial y competir con Gran Bretaña, pero carecía de un imperio colonial comparable. Las viejas potencias pretendían conservar sus privilegios, mientras las nuevas reclamaban una redistribución de mercados, territorios y zonas de influencia.

Esta rivalidad adquirió expresiones militares concretas. Alemania emprendió una ambiciosa expansión naval para desafiar la supremacía británica. Francia mantenía con Alemania el conflicto territorial originado por la pérdida de Alsacia y Lorena en 1871. Austria-Hungría y Rusia competían por su influencia en los Balcanes.

El capitalismo había creado un mercado mundial cada vez más integrado, pero su organización política continuaba dividida entre Estados que defendían intereses particulares.


LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: LA COMPETENCIA DESEMBOCA EN UNA CATÁSTROFE

El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, fue el detonante inmediato de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el atentado no explica por sí mismo por qué una crisis balcánica terminó involucrando a las principales potencias europeas.

Para entenderlo hay que considerar las alianzas militares, los nacionalismos, las rivalidades territoriales y la competencia imperialista acumuladas durante las décadas anteriores.

Alemania y Austria-Hungría se enfrentaron a una coalición encabezada inicialmente por Francia, Reino Unido y Rusia. Posteriormente intervinieron otras potencias, entre ellas Estados Unidos, que entró en la guerra en 1917.

Millones de soldados fueron movilizados y las economías nacionales se reorganizaron para sostener el esfuerzo bélico. Las trincheras de Francia y Bélgica, la guerra submarina y las enormes batallas de desgaste mostraron hasta qué punto la capacidad industrial moderna había multiplicado el poder destructivo de los ejércitos.

Desde la interpretación marxista de Lenin, la guerra expresó la imposibilidad de resolver pacíficamente determinadas contradicciones entre las grandes potencias imperialistas. Los Estados combatían por modificar una distribución del poder económico, colonial y político que ya no correspondía a sus capacidades y aspiraciones.

Esta explicación no elimina otros factores. Las decisiones de los gobiernos, las estrategias militares, las reivindicaciones nacionales y los errores diplomáticos desempeñaron funciones concretas. Pero permite comprender por qué el conflicto adquirió semejante dimensión.

Cuando terminó la guerra, en noviembre de 1918, cuatro grandes imperios habían desaparecido: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano. Europa había sufrido una destrucción gigantesca.

Y, sin embargo, el acontecimiento que tendría consecuencias más profundas para el desarrollo posterior del capitalismo mundial se había producido un año antes, en Rusia.


II.  1917-1939. APARECE LA UNIÓN SOVIÉTICA, PERO LAS RIVALIDADES IMPERIALISTAS CONTINÚAN

 

LA REVOLUCIÓN RUSA INTRODUCE UN ELEMENTO DESCONOCIDO

En octubre de 1917, según el calendario entonces vigente en Rusia, los bolcheviques encabezaron una revolución que derribó al Gobierno provisional. El nuevo poder nacionalizó los principales bancos e industrias y proclamó la intención de construir una sociedad socialista. En diciembre de 1922 se constituyó formalmente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Aquello introdujo en la política internacional una experiencia de transformación radical de las relaciones de propiedad.

En una economía capitalista, los medios de producción están controlados principalmente por propietarios que contratan trabajo asalariado y orientan las inversiones hacia la obtención de beneficios. La Revolución rusa pretendió reemplazar ese principio por la propiedad social de las grandes empresas y la planificación. El proceso estuvo atravesado por contradicciones, violencia y un desarrollo posterior de estructuras burocráticas, pero su aparición modificó el horizonte del movimiento obrero internacional.

La reacción de las grandes potencias fue inmediata. Durante la guerra civil rusa, Reino Unido, Francia, Japón y Estados Unidos, entre otros países, intervinieron de distintas maneras contra los bolcheviques. Hubo motivaciones militares y estratégicas diversas, pero también temor a que la revolución se extendiera a otros países. La existencia de un Estado que cuestionaba las relaciones capitalistas se había convertido en un factor internacional.

LAS VIEJAS RIVALIDADES CONTINUARON

 

La aparición de la URSS no significó que las potencias capitalistas abandonaran sus disputas. El Tratado de Versalles de 1919 impuso severas condiciones a Alemania. Estados Unidos emergió como gran acreedor y Reino Unido y Francia pretendieron mantener sus posiciones internacionales. Las deudas y las reparaciones alimentaron nuevas tensiones.

La joven Unión Soviética debía reconstruir una economía devastada. Durante los años veinte y treinta se industrializó a gran velocidad, especialmente mediante los planes quinquenales. Esa transformación fortaleció su capacidad productiva, pero estuvo acompañada de coerción política, graves sufrimientos sociales y una crisis agraria devastadora. No poseía todavía la influencia militar y económica que adquiriría después de 1945.

Por tanto, dos dinámicas coexistían: continuaban las contradicciones entre las potencias capitalistas y, al mismo tiempo, avanzaba un proyecto político que cuestionaba su sistema  económico.  Esta  simultaneidad  es  decisiva.  La historia no se interrumpe bruscamente con una revolución: las nuevas fuerzas actúan dentro de estructuras heredadas que tardan décadas en transformarse.

LA GRAN DEPRESIÓN Y SUS CONSECUENCIAS

 

El derrumbe de Wall Street en octubre de 1929 precedió a una profunda depresión internacional. Se hundieron bancos y empresas, cayó el comercio y millones de personas perdieron sus empleos. En Alemania, la crisis económica agravó una inestabilidad política ya profunda. La desesperación social nutrió tanto organizaciones revolucionarias como movimientos ultranacionalistas.

La contradicción era visible: existían fábricas, trabajadores y necesidades de consumo, pero la producción se detenía porque no resultaba rentable vender. La crisis debilitó la confianza en el capitalismo liberal y estimuló la búsqueda de alternativas políticas. Entre ellas apareció el fascismo como respuesta violenta y contrarrevolucionaria.


III.  1919-1945. FASCISMO, GUERRA Y TRANSFORMACIÓN DEL CONFLICTO

 

EL FASCISMO FRENTE AL MOVIMIENTO OBRERO

 

En Italia, Mussolini llegó al poder en 1922 después de años de violencia contra sindicatos, cooperativas y organizaciones socialistas. En Alemania, Hitler fue nombrado canciller el 30 de enero de 1933 y destruyó rápidamente las libertades políticas y las organizaciones obreras independientes. Los sindicatos alemanes fueron disueltos en mayo de 1933.

Sectores de las clases empresariales y de las élites tradicionales apoyaron a los fascistas porque percibían en ellos una defensa contra el movimiento obrero. No obstante, estos movimientos también tuvieron bases sociales autónomas y una ideología particular. El antisemitismo genocida y el proyecto racial del nazismo no pueden reducirse a un simple cálculo empresarial.

La interpretación marxista destacó el papel del fascismo como forma de contrarrevolución. Georgi Dimitrov lo caracterizó en 1935 como una dictadura terrorista vinculada a los sectores más reaccionarios del capital financiero. Esa interpretación ayuda a comprender sus alianzas sociales, aunque no sustituye el estudio específico de cada régimen.


DE VERSALLES A LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

 

Las tensiones no resueltas tras 1918 reaparecieron con fuerza. Alemania emprendió el rearme y la expansión territorial; Japón avanzó sobre Manchuria desde 1931 e Italia invadió Etiopía en 1935. En septiembre de 1938, el acuerdo de Múnich permitió a Hitler anexionarse los Sudetes con la aceptación de Reino Unido y Francia. Checoslovaquia quedó expuesta a su posterior desmembramiento y la URSS fue excluida de aquel acuerdo.

La política soviética había buscado una alianza de seguridad colectiva contra la expansión nazi. Las negociaciones con Londres y París no desembocaron en una alianza militar efectiva. La desconfianza política, las demoras británicas y la negativa polaca a permitir el paso de tropas soviéticas contribuyeron al fracaso. Para Moscú, el peligro era afrontar la agresión alemana sin garantías de ayuda occidental, mientras mantenía también un enfrentamiento armado con Japón en el extremo oriental.

En esas condiciones, el pacto de no agresión firmado con Alemania el 23 de agosto de 1939 fue una decisión de supervivencia estratégica. Permitió aplazar el enfrentamiento directo y ganar casi veintidós meses para ampliar la producción militar y preparar la defensa. Jacques Pauwels sitúa ese tiempo ganado en el centro de su interpretación: el pacto debe comprenderse a partir del aislamiento soviético y de la amenaza nazi, no como una afinidad entre ambos regímenes.

El acuerdo incluyó protocolos secretos de delimitación de esferas de influencia. Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre y el Ejército Rojo entró en su territorio oriental el 17; ambos Estados establecieron después una frontera entre las zonas ocupadas. Estos hechos forman parte de la historia del pacto y de sus consecuencias para la población polaca. Su explicación requiere situarlos en el fracaso previo de la seguridad colectiva y en el intento soviético de alejar y retrasar una agresión que el nazismo había anunciado como objetivo de su expansión.

El tiempo ganado fue aprovechado para reforzar las capacidades defensivas, aunque no eliminó los errores de preparación ni evitó las devastadoras derrotas iniciales de 1941. La necesidad estratégica del pacto debe entenderse en esas condiciones: preservar el Estado soviético y mejorar sus posibilidades de resistencia ante una agresión previsible. El 22 de junio de 1941, Alemania rompió el acuerdo e invadió la URSS.


BARBARROJA: UNA GUERRA POR LA SUPERVIVENCIA SOVIÉTICA

Con la Operación Barbarroja, la Alemania nazi intentó destruir la Unión Soviética, conquistar su territorio y apropiarse de recursos estratégicos. Su proyecto combinaba la eliminación del Estado surgido de Octubre con la colonización racial y la explotación de sus poblaciones. La resistencia soviética se convirtió en una lucha por la supervivencia y en un componente decisivo de la guerra antifascista. La nueva alianza militar con Reino Unido y, posteriormente, Estados Unidos reunió a Estados con sistemas e intereses diferentes frente a un enemigo común.

El petróleo del Cáucaso era un objetivo central de la ofensiva alemana de 1942. Sin combustible suficiente, los tanques, aviones y transportes de un ejército moderno pierden eficacia. La resistencia soviética impidió a Alemania alcanzar sus principales objetivos energéticos. La derrota en Stalingrado, consumada en febrero de 1943, inició un cambio estratégico fundamental.

El Ejército Rojo soportó una parte gigantesca de la guerra terrestre contra el nazismo, sin que ello reste importancia a las aportaciones de otros aliados y de las resistencias antifascistas. Tras la derrota de Alemania en mayo de 1945, la URSS apareció como una potencia victoriosa, con una influencia internacional muy superior a la que había poseído veinte años antes.


IV.  1945-1973. EL GRAN PARÉNTESIS HISTÓRICO

 

DE LA ALIANZA CONTRA HITLER AL MUNDO BIPOLAR

 

Estados Unidos terminó la guerra con una enorme superioridad industrial y financiera. La URSS sufrió una devastación extraordinaria, pero conservaba un ejército poderoso y había ampliado su influencia en Europa oriental. Entre ambos surgió una confrontación que reorganizó las alianzas políticas y militares. En 1949 se creó la OTAN; en 1955, el Pacto de Varsovia.

El enfrentamiento era diferente del que había precedido a 1914. Las potencias capitalistas seguían compitiendo por mercados y tecnologías, pero ahora debían responder a la existencia de un bloque cuya economía se organizaba principalmente mediante propiedad estatal y planificación. La rivalidad incluía prestigio ideológico, modelos sociales, armamento y capacidad científica.

La carrera espacial fue una expresión visible: la URSS lanzó el Sputnik en 1957 y llevó a Yuri Gagarin al espacio en 1961; Estados Unidos consiguió el alunizaje del Apolo 11 en 1969. La competencia tecnológica se convirtió en argumento político sobre la eficacia de cada sistema.


¿QUÉ SIGNIFICA EL «PARÉNTESIS»?

 

El término no significa que el capitalismo dejara de acumular capital ni que terminaran las guerras. La guerra de Corea, Vietnam y numerosas intervenciones demuestran lo contrario. Tampoco desapareció la rivalidad comercial entre Estados Unidos, Alemania occidental y Japón. Se trata de una interpretación más precisa: aquellas rivalidades quedaron condicionadas por la existencia de un adversario sistémico común.

Washington apoyó la reconstrucción y el fortalecimiento de Alemania occidental y Japón porque necesitaba aliados prósperos contra la influencia soviética. El Plan Marshall, anunciado en 1947, combinó reconstrucción económica con objetivos geopolíticos. Un competidor industrial podía ser, al mismo tiempo, un aliado militar indispensable.

La Revolución china de 1949 y la cubana de 1959 ampliaron la repercusión mundial de las alternativas revolucionarias, aunque las discrepancias chino-soviéticas revelaron que tampoco existía un bloque socialista homogéneo. Lo que caracterizó al período fue la subordinación relativa de numerosas rivalidades capitalistas a una confrontación internacional de sistemas.


V.  1945-1975. EL ESTADO DEL BIENESTAR: CONCESIONES Y CRECIMIENTO

 

EL INFORME BEVERIDGE Y LA CREACIÓN DE LA SANIDAD PÚBLICA

En el Reino Unido, William Beveridge presentó en 1942 un informe que proponía reorganizar las prestaciones sociales para proteger a la población de la enfermedad, la pobreza y el desempleo. En 1948 comenzó a funcionar el Servicio Nacional de Salud, el NHS, basado en el acceso universal a la asistencia sanitaria. La importancia de la reforma fue inmensa: recibir atención médica dejó de depender exclusivamente del dinero disponible por cada familia. La experiencia británica debe situarse junto a las conquistas sindicales anteriores y a las políticas de reconstrucción de una sociedad devastada por la guerra.

No se puede interpretar el conjunto de estas conquistas como un obsequio de los empresarios. En buena parte de Europa, el movimiento obrero contaba con organizaciones masivas y una capacidad de movilización considerable. Además, en Francia e Italia los partidos comunistas disponían de una fuerza política asociada al prestigio de la resistencia antifascista. Los dirigentes occidentales sabían que las reivindicaciones podían adquirir un contenido más radical si eran sistemáticamente rechazadas. La existencia del bloque soviético influía en esos cálculos, pero no fue la única causa de la ampliación de derechos sociales.

DERECHOS CONQUISTADOS EN CONDICIONES HISTÓRICAS EXCEPCIONALES

La ampliación de la sanidad, las pensiones, la educación y la protección frente al desempleo respondió a una relación de fuerzas concreta. Las organizaciones obreras presionaban desde las fábricas y los barrios, mientras el crecimiento de la productividad ampliaba los recursos disponibles para financiar concesiones. La experiencia soviética y el prestigio de los comunistas tras la resistencia antifascista daban a las reivindicaciones una proyección que desbordaba la negociación salarial.

Las clases propietarias podían ceder una parte del excedente para preservar sus posiciones y evitar conflictos de mayor alcance. Los trabajadores, por su parte, conquistaban mejoras que alteraban de manera efectiva su vida cotidiana. La existencia de la URSS reforzó esa presión, aunque los sistemas de protección social tuvieron trayectorias nacionales diferentes y antecedentes anteriores a la Revolución rusa.


EL CRECIMIENTO HIZO POSIBLE EL COMPROMISO SOCIAL

Una economía que crece rápidamente puede permitir aumentos simultáneos de salarios y beneficios, aunque su reparto dependa de los conflictos laborales. La reconstrucción de Europa, la modernización de la maquinaria y la expansión de los mercados generaron condiciones excepcionales. La llamada edad de oro del capitalismo avanzado se extendió aproximadamente hasta comienzos de los años setenta.

La sociedad de consumo incorporó a amplias capas trabajadoras a bienes antes reservados a minorías: automóviles, electrodomésticos, vacaciones y viviendas mejor equipadas. La mejora material tuvo consecuencias culturales y políticas. Para parte de la población, pareció posible progresar indefinidamente mediante reformas sin transformar las relaciones de propiedad.

Sin embargo, el aumento de los salarios no eliminó las relaciones capitalistas. La explotación, entendida por Marx como apropiación privada del excedente generado por el trabajo asalariado, puede coexistir con mejoras sustanciales del nivel de vida. Lo que había cambiado era el margen económico y político para negociar concesiones.


LA NEGOCIACIÓN SINDICAL EN UNA ECONOMÍA EN EXPANSIÓN

Conviene recordar que la integración institucional nunca fue uniforme. Las direcciones sindicales negociaban convenios mientras, en numerosos sectores, las plantillas organizaban huelgas duras y prolongadas. En Francia, mayo de 1968 mostró que el desarrollo de la sociedad de consumo no había suprimido el conflicto entre capital y trabajo. Millones de trabajadores participaron en la huelga general y obligaron al Gobierno y a la patronal a negociar aumentos salariales y otras medidas.

La discusión estratégica giraba en torno a qué función debían cumplir las reformas y la participación electoral. Podían servir para fortalecer la organización y la independencia de clase, o convertirse en el horizonte exclusivo de la acción política. Esa segunda orientación fue ganando peso en varias direcciones comunistas occidentales. El eurocomunismo dio expresión doctrinal a una adaptación institucional que llevaba años desarrollándose.


VI.  1950-1980. LA IZQUIERDA EUROPEA Y LA ADAPTACIÓN INSTITUCIONAL

 

LA VÍA PARLAMENTARIA GANA TERRENO

 

Durante la posguerra, numerosos partidos socialistas y comunistas transformaron sus estrategias. En 1959, el Partido Socialdemócrata alemán aprobó en Bad Godesberg un programa que abandonó su antigua identificación doctrinal marxista y aceptó una economía mixta. El reformismo parlamentario se convirtió en una opción estable de gobierno.

En los partidos comunistas las transformaciones fueron más conflictivas. Sus bases sociales continuaron movilizándose y mantuvieron vínculos con el proyecto soviético, pero sus direcciones fueron concediendo cada vez más importancia al trabajo parlamentario, las alianzas institucionales y la administración local.


EL EUROCOMUNISMO: LA INTEGRACIÓN EN EL ORDEN CAPITALISTA

En los años setenta, el eurocomunismo asociado a Enrico Berlinguer, Santiago Carrillo y, con una trayectoria distinta, Georges Marchais presentó la adaptación institucional como una vía nacional al socialismo. Su significado fue la socialdemocratización de partidos nacidos para superar el capitalismo: la ruptura con el poder de la burguesía dejó de orientar su estrategia y fue sustituida por la búsqueda de acuerdos dentro del Estado existente.

La cuestión no era participar en elecciones ni defender conquistas democráticas. Era convertir las instituciones parlamentarias en el horizonte de la transformación, mientras se aceptaban como límites prácticos la propiedad capitalista y la continuidad del aparato estatal. La autonomía respecto de Moscú acompañó ese desplazamiento, pero no explica por sí sola su contenido de clase.

El compromiso histórico promovido por el Partido Comunista Italiano buscó un entendimiento estable con la Democracia Cristiana. Las trayectorias nacionales no fueron idénticas, pero el problema común era qué ocurría cuando una organización obrera subordinaba su iniciativa a ser admitida como fuerza de gobierno. La conservación de alianzas y la credibilidad institucional podían pasar a ordenar sus prioridades, desplazando la preparación de una alternativa al poder económico.

Esto no borró la combatividad de las bases ni las luchas sostenidas por numerosos militantes. Sí abrió una distancia entre esa experiencia y unas direcciones que presentaban la conciliación entre clases como estrategia duradera. En el análisis que desarrolla este folleto, el eurocomunismo debilitó la independencia política del movimiento obrero precisamente cuando avanzaba la ofensiva patronal. El vocabulario socialista permaneció, pero la práctica se orientó a administrar el capitalismo y negociar sus efectos.

LOS LÍMITES DE LA NEGOCIACIÓN DENTRO DEL SISTEMA

La institucionalización sindical permitió conseguir acuerdos y derechos efectivos. Al mismo tiempo, contribuyó a consolidar estructuras profesionales orientadas principalmente a negociar dentro del marco económico existente. Aquella estrategia funcionó mejor mientras hubo crecimiento y posibilidades de reparto.

El problema apareció cuando las empresas y los gobiernos comenzaron a exigir reducciones de costes para restaurar beneficios. Una organización acostumbrada al compromiso debía decidir si aceptaba retrocesos o reconstruía una capacidad de confrontación más amplia. Hubo importantes resistencias, pero también una transformación de las expectativas y estrategias del movimiento obrero.


VII. 1973-1991. CRISIS DE RENTABILIDAD Y CONTRAOFENSIVA NEOLIBERAL

 

LA ECONOMÍA DEJA DE CRECER AL RITMO ANTERIOR

 

A finales de los años sesenta y durante los setenta, la expansión económica occidental perdió dinamismo. Se agotaba el estímulo excepcional de la reconstrucción, aumentaba la competencia entre empresas y aparecían tensiones en la rentabilidad. En 1971, Estados Unidos suspendió la convertibilidad del dólar en oro. La crisis petrolera de 1973 agravó la inflación y la desaceleración.

La tasa de ganancia mide la relación entre los beneficios de una empresa y el capital que necesita invertir. Si una fábrica invierte un millón y gana cien mil al año, su tasa es del diez por ciento. Si necesita invertir dos millones para obtener el mismo beneficio, la tasa cae al cinco por ciento. La empresa continúa ganando dinero, pero el rendimiento de su inversión es menor.

En la interpretación marxista, la necesidad de invertir en tecnología y competir por mercados puede provocar presiones sobre la rentabilidad, aunque intervienen causas que contrarrestan esa tendencia. Los historiadores económicos discuten el peso relativo de cada factor, pero el cambio de ciclo de los años setenta es indudable.


THATCHER, REAGAN Y LA REORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN

El neoliberalismo propuso privatizaciones, liberalización financiera, reducciones fiscales, debilitamiento sindical y mayor libertad para mover capitales. Margaret Thatcher gobernó Reino Unido desde 1979 y Ronald Reagan llegó a la presidencia estadounidense en 1981. Ambos impulsaron políticas que favorecieron la capacidad empresarial de reorganizar el trabajo.

La derrota de la huelga minera británica de 1984-1985 simbolizó un desplazamiento de la correlación de fuerzas. En Estados Unidos, el despido de los controladores aéreos en huelga en 1981 envió una señal semejante. El conflicto entre capital y trabajo entraba en una nueva fase.

La deslocalización internacional multiplicó la capacidad de las empresas para comparar salarios y condiciones laborales entre distintos países. Una fábrica podía cerrar en un territorio y reabrir en otro con costes menores. Esa amenaza modificaba incluso las negociaciones donde no llegaba a materializarse.

La globalización de las cadenas productivas hizo posible obtener beneficios mediante una organización internacional del trabajo. Pero también creó las condiciones para la industrialización acelerada de nuevas economías. China sería su principal ejemplo.


VIII. 1978-2001. CHINA CAMBIA DE RUMBO

 

REFORMAS INICIADAS ANTES DE LA CAÍDA SOVIÉTICA

Tras la Revolución de 1949, China experimentó una transformación económica y social profunda, acompañada de errores y tragedias como la hambruna vinculada al Gran Salto Adelante. Después de la muerte de Mao Zedong en 1976, la dirección encabezada por Deng Xiaoping impulsó nuevas reformas.

Desde 1978 se introdujeron mecanismos de mercado, mayor autonomía agrícola y apertura a inversiones extranjeras. En 1980 comenzaron las primeras zonas económicas especiales, entre ellas Shenzhen. La transformación no fue instantánea: se desarrolló durante décadas, mientras todavía existía la Unión Soviética.

Millones de trabajadores se incorporaron a la producción industrial. Grandes empresas occidentales trasladaron actividades a China para aprovechar menores costes y un mercado en expansión. A su vez, el Estado chino destinó enormes recursos a infraestructura, formación, tecnología y desarrollo industrial.


CAPITALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS

 

La dirección china denomina a su sistema «socialismo con características chinas». Quienes defienden esa caracterización destacan la propiedad estatal en sectores estratégicos, el control público de grandes bancos y la capacidad de orientar inversiones mediante planes nacionales. Son rasgos reales que distinguen su organización económica de la de otros países. La controversia consiste en determinar qué relaciones sociales sostiene esa intervención y quién decide sobre el excedente producido.

Las reformas extendieron la producción mercantil, la contratación de trabajo asalariado y la competencia por beneficios. Se consolidaron grandes propietarios privados y empresas que acumulan capital dentro y fuera del país. La propia Constitución reconoce la actividad privada como componente de la economía y garantiza su protección. Los trabajadores venden su fuerza de trabajo, mientras las decisiones de inversión y la organización de la producción están subordinadas ampliamente a objetivos de rentabilidad, expansión empresarial y competitividad.

La propiedad estatal, por sí sola, no equivale al control social de la producción. Una empresa pública también puede contratar trabajo asalariado, competir por mercados y utilizar sus beneficios para ampliar la acumulación. El criterio decisivo es si los productores gobiernan las condiciones de su trabajo y el destino del excedente, o si esas decisiones permanecen    en    manos    de    propietarios    y    jerarquías empresariales y estatales situadas por encima de ellos.

Sobre esa base, la caracterización que sostiene este folleto es la de un capitalismo con características chinas: relaciones capitalistas articuladas por un Estado con una capacidad excepcional de dirección económica. La fórmula oficial cumple una función de legitimación, pues reivindica la continuidad con la revolución socialista de 1949 mientras presenta como desarrollo del socialismo una transformación que ha consolidado la acumulación capitalista. Esta es una conclusión del análisis de clase, discutida por otros autores, y debe defenderse por sus fundamentos materiales.

Las conquistas de la revolución, la expansión educativa y la construcción de capacidades industriales contribuyeron al desarrollo posterior. Reconocer esa herencia no convierte las relaciones actuales en socialistas. Del mismo modo, reconocer el crecimiento y las mejoras materiales alcanzadas no resuelve la cuestión de quién controla la producción: el capitalismo también puede elevar la productividad y los ingresos mientras reproduce la explotación del trabajo.


SHENZHEN Y LA IMPORTANCIA DE LA INDUSTRIA

 

La transformación de Shenzhen ilustra el significado de la apertura china. Junto a Hong Kong, un territorio con población relativamente reducida se convirtió en un poderoso centro industrial y tecnológico. Su desarrollo fue favorecido por inversiones extranjeras, infraestructuras públicas, formación técnica y una disponibilidad extraordinaria de trabajadores procedentes del campo. Lo que comenzó como una plataforma exportadora fue adquiriendo gradualmente capacidades industriales propias.

Esta experiencia ayuda a explicar una contradicción fundamental de la globalización. Las multinacionales occidentales trasladaban actividades a China para reducir costes y aumentar beneficios. Al mismo tiempo, esa expansión productiva fortalecía el aparato industrial de una economía que, años después, competiría con ellas en mercados de mayor complejidad tecnológica. La búsqueda privada de rentabilidad no coincidía necesariamente con la preservación a largo plazo del predominio industrial de los Estados occidentales.


LA INCORPORACIÓN A LA ECONOMÍA MUNDIAL

 

China comenzó como gran plataforma de manufactura para empresas extranjeras, pero gradualmente fortaleció empresas y tecnologías propias. En 1992 se aceleraron determinadas reformas y en diciembre de 2001 ingresó en la Organización Mundial del Comercio.

Las compañías occidentales obtenían beneficios mediante producción de bajo coste; mientras tanto, el aparato productivo chino adquiría dimensiones extraordinarias. Esta contradicción se revelaría después: el capital occidental había contribuido a fortalecer a una potencia industrial capaz de disputar mercados y tecnologías a sus antiguos socios.


IX. 1989-2010. EL DESMANTELAMIENTO DE LA URSS Y LA RESTAURACIÓN CAPITALISTA

 

UNA DERROTA POLÍTICA, NO UN DERRUMBE INEVITABLE

La Unión Soviética arrastraba problemas de productividad, desequilibrios de abastecimiento y una burocratización que había reducido la intervención efectiva de los trabajadores en las decisiones. Pero reconocer esas contradicciones no demuestra que su economía estuviera condenada a desaparecer. En El socialismo traicionado, Roger Keeran y Thomas Kenny rechazan esa inevitabilidad y sitúan en las políticas de Gorbachov y sus aliados el factor que convirtió dificultades reformables en un proceso de desmantelamiento.

Los autores prestan especial atención a la «segunda economía»: actividades privadas, legales e ilegales, que crecieron junto al sector planificado y generaron intereses favorables a la extensión del mercado. Su relación con sectores del aparato político ayuda a explicar por qué la restauración encontró apoyos dentro del propio sistema. En esta interpretación, las decisiones de la dirección tuvieron una base social y expresaron una pugna por el rumbo económico del país.

Desde 1985, Gorbachov impulsó reformas cuyo desarrollo debilitó la coordinación económica y el poder político que sostenían la propiedad social. La orientación adoptada, especialmente desde 1987-1988, amplió el espacio de las relaciones mercantiles y erosionó los instrumentos existentes de planificación. La crisis de los últimos años soviéticos debe analizarse también como resultado de esas medidas, no proyectarse hacia atrás como prueba de que el desenlace estaba escrito desde el principio.

DE LOS PRIVILEGIOS BUROCRÁTICOS A LA PROPIEDAD PRIVADA

Keeran y Kenny precisan que la burocracia no actuó como un bloque homogéneo con un proyecto común de restauración. Su explicación se centra en la segunda economía y en la corrupción que vinculó a sectores del Partido y del Estado con intereses privados. El deterioro del control colectivo y de los vínculos con los trabajadores debilitó la capacidad de frenar el giro político. Cuando avanzó la privatización, parte de los funcionarios y administradores aprovechó su posición para convertirse en propietaria.

La formación de las nuevas oligarquías reunió a antiguos administradores, intermediarios financieros y empresarios surgidos de las actividades privadas. La transferencia de activos estatales concentró en pocas manos empresas y recursos construidos mediante el trabajo de varias generaciones. La apropiación del patrimonio público fue un resultado  de  la  restauración  y  un  estímulo  para  sus beneficiarios. Explicar ese proceso exige relacionar sus intereses con las decisiones políticas que lo hicieron posible, en lugar de diluir la responsabilidad de Gorbachov en una acusación genérica contra la burocracia.

LAS RESPONSABILIDADES DE GORBACHOV Y YELTSIN

Gorbachov no fue un espectador inocente de un proceso ajeno a sus decisiones. Su orientación política debilitó las bases del sistema que decía reformar. Boris Yeltsin y las direcciones republicanas que impulsaron la ruptura dieron pasos decisivos hacia la liquidación del Estado común y la restauración capitalista. Sus proyectos y sus responsabilidades fueron diferentes: Gorbachov defendió finalmente una unión reformada, mientras Yeltsin disputó el poder al centro soviético y promovió su disolución.

El acercamiento a los gobiernos occidentales formó parte de ese proceso. Thatcher se reunió con Gorbachov en diciembre de 1984 y expresó públicamente su disposición a trabajar con él. Los documentos de aquellas conversaciones muestran el interés británico en favorecer la interlocución con un dirigente considerado capaz de cambiar la política soviética. Ese acercamiento debe examinarse junto con las concesiones internacionales y las decisiones internas que debilitaron la posición soviética. Su responsabilidad política se aprecia en el rumbo que adoptó y en sus consecuencias para el socialismo.

La responsabilidad histórica se sostiene en decisiones verificables: el debilitamiento de los mecanismos de dirección económica, la desarticulación del poder soviético y, finalmente, las decisiones de las élites republicanas. El 8 de diciembre de 1991, los dirigentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia suscribieron los acuerdos de Belavezha. Gorbachov dimitió el 25 y la disolución formal culminó el 26. El desenlace fue político y tuvo protagonistas concretos, aunque actuaran en un país atravesado por contradicciones acumuladas.

EL COSTE SOCIAL E INTERNACIONAL DE LA RESTAURACIÓN

Durante los años noventa, las privatizaciones y la reorganización capitalista provocaron en Rusia una profunda contracción productiva y un deterioro de las condiciones de vida. Se debilitaron garantías sociales y se concentró la riqueza en nuevas fortunas privadas. La evolución varió entre las antiguas repúblicas soviéticas y los países de Europa oriental, pero la restauración significó una derrota de los trabajadores y una transferencia de poder hacia las clases propietarias.

En el exterior desapareció el principal contrapeso estatal al poder occidental. Estados Unidos dispuso de mayor libertad para intervenir y la OTAN amplió su espacio de actuación. Esa victoria geopolítica alentó la idea de que el capitalismo había  alcanzado  su  forma  definitiva.  Sin  embargo,  el predominio militar estadounidense convivía con una redistribución de la capacidad industrial mundial que acabaría generando nuevos competidores.

LA VICTORIA POLÍTICA NO ELIMINÓ LAS CONTRADICCIONES ECONÓMICAS

La globalización continuó trasladando capacidad productiva hacia Asia. China amplió sus exportaciones e inversiones y desarrolló grandes centros industriales. Mientras tanto, Estados Unidos mantenía posiciones decisivas en finanzas, innovación y poder militar.

La crisis financiera de 2008 cuestionó la imagen de estabilidad del capitalismo occidental. El colapso de bancos y mercados provocó una recesión internacional que obligó a realizar rescates estatales extraordinarios. Al mismo tiempo, el crecimiento de China seguía modificando las relaciones de fuerza mundiales.

Lo que había desaparecido era el antagonismo entre dos bloques organizados alrededor de sistemas socioeconómicos distintos. Lo que persistía era la competencia y el desarrollo desigual de los centros de acumulación. El «paréntesis» se cerraba, pero el escenario no volvía a ser el de 1914: la economía mundial era ahora mucho más integrada.


X. 2010-2026. EL GRAN REAJUSTE Y LA DISPUTA POR LA HEGEMONÍA

 

LA CARRERA ESPACIAL DE AYER Y LOS MICROPROCESADORES DE HOY

La comparación con la Guerra Fría resulta tentadora porque vuelve a existir una gran rivalidad tecnológica. Pero la confrontación soviético-estadounidense enfrentaba economías organizadas sobre fundamentos distintos. La pugna actual entre Estados Unidos y China se desarrolla, según la caracterización expuesta, entre potencias capitalistas con formas diferentes de intervención estatal. Compiten por las posiciones superiores de unas cadenas productivas que vinculan empresas, proveedores y trabajo asalariado a escala mundial.

Los semiconductores permiten comprender esa interdependencia. Un procesador avanzado puede diseñarse en un país, fabricarse en otro y depender de maquinaria o componentes procedentes de varios más. La imposición de restricciones de exportación no afecta únicamente a un Estado adversario: también puede perjudicar a empresas nacionales que pierden compradores o encuentran dificultades para reorganizar sus suministros. Por ello las medidas estadounidenses han sido revisadas en distintas ocasiones y sus efectos dependen de cambios tecnológicos y decisiones empresariales.


ESTADOS UNIDOS FRENTE A LA NUEVA CAPACIDAD INDUSTRIAL CHINA

China desarrolló industrias competitivas en electrónica, baterías, vehículos eléctricos, maquinaria y otros sectores estratégicos. Estados Unidos conservó enormes ventajas militares, tecnológicas y financieras, pero la superioridad industrial del período posterior a 1945 había desaparecido.

Desde el primer mandato de Donald Trump, Washington recurrió a aranceles y restricciones comerciales dirigidas contra productos chinos. La administración de Joe Biden mantuvo parte de esa política y amplió los controles tecnológicos. Durante el segundo mandato de Trump continuó la disputa, aunque las restricciones se ajustaron: en enero de 2026, el Departamento de Comercio abrió la revisión caso por caso de determinadas exportaciones de chips avanzados a China. El conflicto combina medidas de contención con la defensa de los negocios de las propias empresas estadounidenses.

La disputa es económica y estratégica. Los chips avanzados se utilizan en sistemas industriales, comunicaciones y aplicaciones militares. Restringir su suministro puede limitar capacidades productivas, mientras China intenta desarrollar tecnologías propias para reducir su dependencia exterior.


VUELVEN LAS POLÍTICAS INDUSTRIALES Y LA DISPUTA POR RECURSOS

Los gobiernos occidentales que durante décadas proclamaron las ventajas del libre comercio utilizan ahora subvenciones y aranceles para fortalecer industrias nacionales. Una subvención puede facilitar la instalación de fábricas estratégicas; un arancel eleva el coste de determinados productos importados y pretende proteger productores interiores.

La competencia depende también de minerales estratégicos. Distintos tipos de baterías utilizan litio, cobalto o níquel; los sistemas eléctricos consumen cobre y determinadas tecnologías emplean tierras raras. No todas las baterías necesitan los mismos minerales. El control del refinado y de las fases industriales posteriores resulta tan importante como poseer los yacimientos.

Las cadenas mundiales de producción muestran que los Estados no han dejado de intervenir en la economía. Al contrario, cuando los grandes capitales necesitan proteger suministros y tecnologías, los gobiernos movilizan recursos y regulaciones en su favor.


EL INTERCAMBIO DESIGUAL Y LA APROPIACIÓN DEL VALOR

Para analizar las inversiones exteriores no basta con contar fábricas, puertos y carreteras. Hay que estudiar las relaciones sociales y económicas que generan. Una mina puede proporcionar ingresos fiscales y empleos a un país, pero si el mineral se exporta sin transformación, parte importante del valor añadido asociado a las siguientes etapas industriales se produce en otros territorios. Esta especialización puede limitar las posibilidades de diversificación productiva de los países exportadores.

El concepto de intercambio desigual pretende explicar cómo las diferencias de productividad, tecnología, salarios y poder comercial influyen en la distribución internacional del valor. No significa que toda transacción entre países ricos y pobres sea perjudicial para una de las partes. Significa que es necesario examinar las estructuras persistentes que permiten a unos territorios concentrar actividades industriales de alto valor mientras otros dependen de vender bienes primarios.


ÁFRICA Y AMÉRICA LATINA EN LA COMPETENCIA POR LA ACUMULACIÓN

Las inversiones chinas en África y América Latina forman parte de la expansión internacional de sus empresas y de la búsqueda de suministros y mercados. Pueden construir infraestructuras útiles y ofrecer a los gobiernos alternativas de financiación, pero su contenido social depende de quién controla los recursos, organiza el trabajo y se apropia de los beneficios. La procedencia china del capital no transforma una operación comercial en cooperación socialista.

Si un país exporta minerales sin desarrollar el refinado y la transformación industrial, su inserción dependiente puede mantenerse aunque cambie el comprador principal. Una carretera o un puerto pueden atender necesidades de la población y, a la vez, estar organizados prioritariamente para sacar materias primas. La existencia de una obra no basta para determinar qué intereses dominan el conjunto de la relación.

Los contratos, los salarios, la deuda y las condiciones de transferencia tecnológica permiten precisar ese contenido. También importa la capacidad de las comunidades y de los trabajadores para intervenir en las decisiones. Los resultados varían entre proyectos y países, pero la competencia entre inversores capitalistas no elimina la oposición entre la rentabilidad de sus negocios y las necesidades sociales.


EL GRAN REAJUSTE RECRUDECE LA COMPETENCIA CAPITALISTA

El Gran Reajuste es una pugna por redistribuir el poder dentro del capitalismo mundial. Las potencias establecidas intentan preservar sus ventajas y las ascendentes buscan ampliar mercados, controlar tecnologías y asegurar recursos. Esta rivalidad endurece las condiciones de acumulación y aumenta la presión para trasladar sus costes a quienes viven de su trabajo.

La competencia comercial se combina con sanciones, rearme y disputas por rutas y territorios. Los Estados movilizan presupuestos, diplomacia y capacidad militar para defender posiciones económicas. El reparto por el que pugnan es el de las oportunidades de acumulación y las áreas de influencia; la satisfacción de las necesidades populares queda subordinada a esos objetivos.

Por eso, el sentido social del reajuste descrito aquí es regresivo: refuerza la disciplina empresarial y la exigencia de sacrificios en nombre de la competitividad o la seguridad nacional. La rivalidad entre potencias capitalistas multiplica las presiones sobre las condiciones de vida y agrava el peligro de guerra. Ese rumbo puede ser combatido, pero su modificación exige una fuerza social independiente de los intereses enfrentados.


LOS BRICS Y LOS LÍMITES DE LA MULTIPOLARIDAD

 

Los BRICS representan el ascenso de potencias y economías que buscan ampliar su influencia frente a la posición dominante de Estados Unidos y sus aliados. Sus integrantes tienen estructuras políticas diversas e intereses nacionales que no siempre coinciden. China, India, Brasil, Rusia y otros países no constituyen un bloque económico homogéneo.

La disputa con Washington se produce dentro de una economía capitalista mundial y no constituye un programa de superación de sus relaciones de producción. El margen diplomático que ciertos gobiernos obtengan al negociar con varios centros de poder es una cuestión diferente de la emancipación de sus trabajadores. Una burguesía puede mejorar su posición exterior mientras intensifica la explotación dentro de sus fronteras.

Las contradicciones entre potencias emergentes también son reales. La rivalidad de China e India y las distintas posiciones de países exportadores e importadores de energía demuestran que no existe una unidad de intereses automática.


EL REAJUSTE TAMBIÉN TRANSFORMA EL TRABAJO Y LA POLÍTICA

La competencia internacional incentiva a las empresas a reducir costes y elevar productividad. Esas mejoras pueden lograrse mediante innovación, pero también mediante precarización, externalizaciones o debilitamiento de la negociación colectiva. El uso de inteligencia artificial y automatización abrirá nuevas disputas sobre la distribución de los beneficios productivos.

El incremento del gasto militar modifica las prioridades presupuestarias y favorece a la industria de armamento. El compromiso adoptado por la OTAN en La Haya en 2025, con un horizonte de gasto del 5 % del PIB para 2035 entre defensa y partidas relacionadas con la seguridad, expresa esa orientación. Su financiación abre disputas sobre impuestos, deuda y recursos públicos. Los discursos de seguridad nacional buscan, además, presentar la contención salarial y la paz social como obligaciones patrióticas.

En numerosos países crecen fuerzas nacionalistas y de extrema derecha que aprovechan el malestar social. Aunque sus condiciones son distintas de las del fascismo histórico, ciertos mecanismos merecen comparación: la conversión de agravios económicos en hostilidad contra minorías y adversarios políticos y la promesa de restaurar una supuesta grandeza nacional.

China también debe reajustar su propia economía. Afronta desequilibrios inmobiliarios, endeudamiento, presión demográfica y competencia tecnológica. Sus empresas necesitan vender para recuperar inversiones, y la capacidad industrial puede superar la demanda solvente. El gran reajuste implica cambios en todas las grandes economías, no únicamente en Occidente.

LA PREGUNTA QUE ATRAVIESA TODO EL RECORRIDO

 

Las contradicciones económicas no se desenvuelven como un mecanismo automático. Intervienen los Estados, las decisiones de las clases dirigentes, las organizaciones obreras y la capacidad de actuar colectivamente. Precisamente por eso el paréntesis histórico no debe entenderse como una pausa de la historia, sino como un cambio duradero de las relaciones de fuerza. Su desaparición tampoco hizo volver el mundo al punto de partida: abrió una etapa sobre bases industriales, tecnológicas y geopolíticas radicalmente distintas.


CONCLUSIÓN. ¿QUIÉN PAGARÁ EL PRECIO DE LA NUEVA COMPETENCIA MUNDIAL?

 

A comienzos del siglo XX, las grandes potencias capitalistas competían por territorios, recursos y mercados. La Revolución rusa introdujo un Estado que pretendía transformar las relaciones de propiedad, pero no eliminó inmediatamente aquellas rivalidades. La Segunda Guerra Mundial mostró su persistencia y, desde 1941, añadió la lucha por la supervivencia del Estado soviético.

Después de 1945, la existencia de la URSS como superpotencia alteró durante décadas las condiciones del capitalismo occidental. Las potencias capitalistas continuaron compitiendo, pero sus relaciones estuvieron condicionadas por una confrontación entre bloques y modelos económicos diferentes. Esa situación contribuyó a configurar las alianzas internacionales y la correlación de fuerzas sociales en los países industrializados.

El Estado del Bienestar fue producto de las luchas obreras, del crecimiento excepcional de posguerra y de la existencia de una alternativa socialista influyente. Las concesiones materiales permitieron elevar el nivel de vida y favorecieron también estrategias reformistas e institucionales en parte de la izquierda. La crisis de los años setenta alteró aquellas condiciones y abrió paso a una ofensiva dirigida a restaurar la rentabilidad.

El desmantelamiento de la URSS cerró aquel período mediante una derrota política y una restauración de las relaciones capitalistas. Sus dificultades internas no imponían ese desenlace: las decisiones de sus dirigentes y los intereses de los sectores beneficiados por la apropiación privada fueron determinantes. En China, una trayectoria diferente consolidó relaciones capitalistas bajo la dirección de un Estado fuerte. Su expansión industrial convirtió al país en competidor de las potencias que habían promovido la globalización productiva.

No hemos regresado a 1914. La interdependencia financiera, las armas nucleares y las cadenas productivas internacionales modifican profundamente las condiciones del conflicto. Pero reaparece con fuerza una lógica conocida: grandes centros de acumulación que compiten por posiciones de poder en una economía mundial caracterizada por un desarrollo profundamente desigual.

La multipolaridad que emerge de ese proceso redistribuye poder entre Estados y grupos capitalistas. No altera por esa sola redistribución la relación entre quienes controlan los medios de producción y quienes venden su fuerza de trabajo. En las condiciones examinadas, el reajuste recrudece la competencia, alimenta el rearme y refuerza la presión para que los trabajadores acepten retrocesos en beneficio de sus empresas y potencias respectivas.

La respuesta exige recuperar una política de clase independiente: defender las condiciones de vida y la organización obrera, oponerse al militarismo y disputar el control de la riqueza social. La experiencia histórica muestra tanto el alcance de las conquistas como la posibilidad de perderlas. Frente a la competencia que enfrenta a los pueblos por intereses ajenos, la tarea es construir una fuerza capaz de transformar las relaciones que la producen.


FUENTES Y LECTURAS PARA PROFUNDIZAR

 

Las obras y documentos siguientes permiten contrastar los hechos y profundizar en las interpretaciones del folleto. La caracterización del eurocomunismo, de China y del Gran Reajuste corresponde al análisis desarrollado en el texto; no se atribuye a los organismos citados como fuentes documentales.

IMPERIALISMO E HISTORIA DEL SIGLO XX

V. I. Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916. Rudolf Hilferding: El capital financiero, 1910. Eric Hobsbawm: Historia del siglo XX, 1994. William Beveridge: Social Insurance and Allied Services, 1942. Obras de referencia conservadas de la edición anterior.

EL PACTO DE 1939

Jacques Pauwels: entrevista «Sin el pacto germano-soviético Hitler habría ganado la II Guerra Mundial», Canarias-semanal, publicada en la web el 4 de enero de 2025. Referencia para la interpretación estratégica del pacto.

Entrevista a Pauwels

Documentación diplomática: Foreign Relations of the United States, 1939, volumen I, documento 255, sobre las negociaciones anglo-franco-soviéticas. Hansard, Cámara de los Comunes, 7 de junio de 1939, «Great Britain, France and Russia». Documentación británica del 19 de agosto de 1939, FO 371/23073/8, sobre el rechazo polaco al tránsito de tropas soviéticas.

Documento diplomático Debate parlamentario Archivo británico

EUROCOMUNISMO Y RESTAURACIÓN CAPITALISTA

Altiero Spinelli: entrevista sobre el eurocomunismo y el compromiso histórico, 1977, reproducida en Marxists Internet Archive. Sam Marcy:

«True and False Historical Compromise», 7 de mayo de 1976. Testimonio y crítica contemporáneos de la orientación italiana. Entrevista a Spinelli Texto de Marcy

Roger Keeran y Thomas Kenny: Socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013; traducción de Gerardo García Cabrera. Edición española aportada para esta revisión: apartados «La Segunda Economía», «Conclusiones e implicaciones» y «Epílogo», especialmente pp. 89-91, 241-246 y 277-281 de la numeración visible del archivo. Véase también la entrevista a los autores publicada por MLToday el 25 de septiembre de 2008. Entrevista a los autores

Margaret Thatcher Foundation: entrevista de la BBC del 17 de diciembre de 1984. National Security Archive: memorando de la conversación entre Thatcher y Gorbachov en Chequers, 16 de diciembre de 1984.

Documentación de sus contactos y de las expectativas británicas. Transcripción de la BBC Memorando de Chequers

CHINA Y LA COMPETENCIA CONTEMPORÁNEA

Constitución de la República Popular China, artículos 11 y 15, sobre economía privada y economía de mercado. Minqi Li: «China’s Changing Class Structure and National Income Distribution, 1952-2015», Journal of Labor and Society, 20(1), 2017, pp. 61-84. Constitución china Artículo de Minqi Li

Agencia Internacional de la Energía: Global Critical Minerals Outlook 2025. Organización Mundial del Comercio: documentación sobre la adhesión china, diciembre de 2001. Referencias temáticas conservadas de la edición anterior.

Departamento de Comercio de Estados Unidos, BIS: revisión de la política de licencias para exportaciones de semiconductores a China, 13 de enero de 2026. OTAN: «Defence investment and NATO’s 5% commitment», actualización del 29 de junio de 2026. FMI: consulta del artículo IV con China, publicada el 18 de febrero de 2026. Comunicado del BIS Documento de la OTAN Informe del FMI

FIN

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