Libro N° 15751. De Lenin Al Gran Reajuste. Medina, Manuel y García Vera, Cristóbal
© Libro N° 15751. De Lenin Al Gran Reajuste. Medina, Manuel y García Vera, Cristóbal. Emancipación. Octubre 31 de 2026
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DE
LENIN AL GRAN REAJUSTE
Manuel
Medina y Cristóbal García Vera
INTRODUCCIÓN. ¿POR QUÉ EL CAPITALISMO HA VUELTO A
CONVERTIR EL MUNDO EN UN CAMPO DE DISPUTA?
Durante
buena parte de la segunda mitad del siglo XX, millones de trabajadores europeos
llegaron a considerar que el
capitalismo había cambiado definitivamente de naturaleza. El desempleo masivo
de los años treinta parecía un recuerdo lejano. Los salarios habían aumentado,
las vacaciones pagadas se habían extendido y los servicios públicos de sanidad,
educación y protección social ofrecían unas condiciones de vida que las
generaciones anteriores difícilmente habrían imaginado. Incluso numerosos
partidos que habían nacido con el propósito de acabar con el capitalismo
terminaron aceptando que era posible transformarlo progresivamente mediante
reformas.
Sin embargo, aquel escenario comenzó a desmoronarse durante los años setenta. Las crisis económicas reaparecieron, el desempleo volvió a crecer y los gobiernos occidentales emprendieron políticas destinadas a reducir el poder de los sindicatos, privatizar empresas públicas y modificar las condiciones de trabajo. Cuando la Unión Soviética desapareció en 1991, los dirigentes occidentales proclamaron que la economía de mercado y la democracia liberal habían demostrado su superioridad definitiva. Parecía que la historia había llegado a su destino.
¿Cómo
hemos llegado hasta aquí? ¿Qué relación existe entre el imperialismo que Lenin estudió
hace más de un siglo, las guerras mundiales, el Estado
del Bienestar, la desaparición de la
URSS y la actual rivalidad entre Washington y Pekín? ¿Estamos presenciando un
enfrentamiento entre sistemas sociales diferentes o una nueva lucha entre
grandes potencias que compiten dentro de una misma economía capitalista
mundial?
Para responder necesitamos reconstruir una historia que comienza mucho antes de la aparición de China como potencia industrial. Y, sobre todo, examinar una hipótesis que permite relacionar acontecimientos aparentemente separados: la existencia de la Unión Soviética alteró durante décadas el desarrollo de las rivalidades capitalistas y obligó a las potencias occidentales a desenvolverse en unas condiciones excepcionales. Su desaparición contribuyó a cerrar aquel período y abrió paso, progresivamente, a una nueva distribución del poder económico mundial.
Podemos
denominar a ese período excepcional el gran paréntesis histórico. Entre 1945 y
1991 las contradicciones capitalistas continuaron actuando, pero quedaron
condicionadas por una potencia basada en la propiedad pública de los
principales medios de producción y la planificación. Sus contradicciones
internas no anulaban esa diferencia material respecto de las economías
capitalistas.
La
tesis de este folleto es que el desmantelamiento de la URSS y la expansión de
las relaciones capitalistas en China cambiaron las condiciones de la
competencia mundial. El Gran Reajuste designa la pugna por redistribuir
mercados, recursos y poder
entre centros de acumulación capitalista. Esa pugna endurece las presiones sobre el trabajo y alimenta el
militarismo. Comprender su trayectoria exige relacionar las transformaciones
económicas con las decisiones políticas y las luchas de clases que las hicieron
posibles.
I. 1870-1918. CUANDO LAS GRANDES
POTENCIAS CAPITALISTAS SE REPARTIERON EL PLANETA
DE LAS PEQUEÑAS EMPRESAS A LOS GRANDES MONOPOLIOS
Para
comprender el imperialismo moderno debemos comenzar por una transformación
económica que tuvo lugar durante las últimas décadas del siglo XIX.
En
sus primeras etapas, el capitalismo industrial había estado caracterizado por
la competencia entre numerosas empresas. Cada propietario intentaba producir
mercancías a menor coste, venderlas y obtener beneficios. Pero esa misma
competencia favorecía a las empresas capaces de invertir más, introducir maquinaria avanzada y producir a mayor escala.
Las compañías más grandes absorbían o eliminaban a sus competidoras y
concentraban una proporción creciente de la producción.
El
resultado fue la aparición de gigantes industriales, grandes bancos y empresas
capaces de influir decisivamente sobre mercados enteros.
Pensemos en una fábrica de acero. Mientras existen decenas de pequeños productores, ninguno controla por sí solo el mercado. Pero cuando unas pocas compañías concentran la mayor parte de la producción, pueden influir sobre los precios, imponer condiciones a sus proveedores y ejercer presión sobre los gobiernos. Si además necesitan enormes préstamos para construir instalaciones y ferrocarriles, sus intereses quedan estrechamente vinculados a los de los grandes bancos.
Ese
proceso fue estudiado por Rudolf Hilferding en El capital financiero, publicado
en 1910, y desarrollado por Lenin en El imperialismo, fase superior del
capitalismo, escrito en 1916.
Lenin
identificó cinco características del nuevo capitalismo: concentración de la
producción en grandes monopolios, creciente fusión del capital bancario e
industrial, exportación de capitales, formación de asociaciones internacionales
de grandes empresas y reparto territorial del mundo entre las principales
potencias.
La exportación de
capitales merece una explicación particular. No consiste simplemente en vender
productos al extranjero. Una empresa exporta mercancías cuando fabrica
automóviles en Alemania y los vende en Argentina. Exporta capital cuando
invierte dinero para construir una fábrica en Argentina, comprar minas en
África o controlar una compañía
ferroviaria en Asia, con el propósito de apropiarse de los beneficios que
produzcan esas inversiones.
Esta diferencia resulta fundamental para entender las rivalidades internacionales. Cuando los grandes capitales se expanden fuera de sus fronteras, sus intereses económicos empiezan a depender de las condiciones políticas de otros países. Necesitan garantizar propiedades, asegurar suministros, proteger rutas comerciales y obtener ventajas frente a sus competidores.
Los
Estados intervienen entonces para defender la expansión de los grandes
grupos económicos vinculados a sus respectivas
economías.
EL REPARTO COLONIAL
Y LA APARICIÓN DE NUEVAS POTENCIAS
A
finales del siglo XIX, las principales potencias europeas aceleraron la
conquista y distribución de territorios africanos y asiáticos.
La
Conferencia de Berlín de 1884-1885, convocada por el canciller alemán Otto von
Bismarck, estableció reglas para la expansión colonial europea en África. Los
pueblos africanos no participaron en aquellas decisiones. Sus territorios y
recursos fueron tratados como objetos de negociación entre potencias
extranjeras.
El
Reino Unido controlaba extensas posesiones y rutas marítimas fundamentales.
Francia disponía de un importante imperio colonial. En el Congo, primero bajo
el dominio personal de Leopoldo II y después bajo la administración belga, se impuso una explotación particularmente brutal.
Aquí
apareció una contradicción que Lenin consideró característica del imperialismo:
el desarrollo económico de las
potencias era desigual y modificaba constantemente sus posiciones relativas,
mientras que el reparto territorial del planeta reflejaba relaciones de fuerza
anteriores.
Alemania
podía aumentar su producción industrial y competir con Gran Bretaña, pero
carecía de un imperio colonial comparable. Las viejas potencias pretendían
conservar sus privilegios, mientras las nuevas reclamaban una redistribución de mercados, territorios y zonas de
influencia.
Esta
rivalidad adquirió expresiones militares concretas. Alemania emprendió una
ambiciosa expansión naval para desafiar la supremacía británica. Francia
mantenía con Alemania el conflicto territorial originado por la pérdida de
Alsacia y Lorena en 1871. Austria-Hungría y Rusia competían por su influencia
en los Balcanes.
El capitalismo
había creado un mercado mundial cada vez más integrado, pero su organización
política continuaba dividida entre Estados que defendían intereses
particulares.
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: LA COMPETENCIA
DESEMBOCA EN UNA CATÁSTROFE
El
asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, el 28 de junio de
1914, fue el detonante inmediato de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, el
atentado no explica por sí mismo por qué una crisis balcánica terminó
involucrando a las principales potencias europeas.
Para
entenderlo hay que considerar las alianzas militares, los nacionalismos, las
rivalidades territoriales y la competencia imperialista acumuladas durante las
décadas anteriores.
Alemania
y Austria-Hungría se enfrentaron a una coalición encabezada inicialmente por
Francia, Reino Unido y Rusia. Posteriormente intervinieron otras potencias,
entre ellas Estados Unidos, que entró en la guerra en 1917.
Millones
de soldados fueron movilizados y las economías nacionales se reorganizaron para
sostener el esfuerzo bélico. Las trincheras de Francia y Bélgica, la guerra submarina y las enormes
batallas de desgaste mostraron hasta qué punto la capacidad industrial moderna
había multiplicado el poder destructivo de los ejércitos.
Desde la interpretación marxista de Lenin, la guerra expresó la imposibilidad de resolver pacíficamente determinadas contradicciones entre las grandes potencias imperialistas. Los Estados combatían por modificar una distribución del poder económico, colonial y político que ya no correspondía a sus capacidades y aspiraciones.
Esta
explicación no elimina otros factores. Las decisiones de los gobiernos, las estrategias militares, las reivindicaciones
nacionales y los errores diplomáticos desempeñaron funciones concretas. Pero
permite comprender por qué el conflicto adquirió semejante dimensión.
Cuando
terminó la guerra, en noviembre de 1918, cuatro grandes imperios habían
desaparecido: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano. Europa había
sufrido una destrucción gigantesca.
Y,
sin embargo, el acontecimiento que tendría consecuencias más profundas para el
desarrollo posterior del capitalismo mundial se había producido un año antes,
en Rusia.
II. 1917-1939. APARECE LA UNIÓN SOVIÉTICA, PERO LAS RIVALIDADES IMPERIALISTAS
CONTINÚAN
LA REVOLUCIÓN RUSA INTRODUCE UN ELEMENTO DESCONOCIDO
En
octubre de 1917, según el calendario entonces vigente en Rusia, los
bolcheviques encabezaron una revolución que derribó al Gobierno provisional. El
nuevo poder nacionalizó los principales bancos e industrias y proclamó la
intención de construir una sociedad socialista. En diciembre de 1922 se constituyó
formalmente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Aquello introdujo en
la política internacional una experiencia de transformación radical de las
relaciones de propiedad.
En
una economía capitalista, los medios de producción están controlados
principalmente por propietarios que contratan
trabajo asalariado y orientan las inversiones hacia la
obtención de beneficios. La Revolución rusa pretendió reemplazar ese principio
por la propiedad social de las grandes empresas y la planificación. El proceso
estuvo atravesado por contradicciones, violencia y un desarrollo posterior de
estructuras burocráticas, pero su aparición modificó el horizonte del
movimiento obrero internacional.
La reacción de las grandes potencias fue inmediata. Durante la guerra civil rusa, Reino Unido, Francia, Japón y Estados Unidos, entre otros países, intervinieron de distintas maneras contra los bolcheviques. Hubo motivaciones militares y estratégicas diversas, pero también temor a que la revolución se extendiera a otros países. La existencia de un Estado que cuestionaba las relaciones capitalistas se había convertido en un factor internacional.
LAS VIEJAS RIVALIDADES CONTINUARON
La
aparición de la URSS no significó que las potencias capitalistas abandonaran sus disputas. El Tratado de Versalles
de 1919 impuso severas condiciones a Alemania. Estados Unidos emergió
como gran acreedor
y Reino Unido
y Francia pretendieron
mantener sus posiciones internacionales. Las deudas y las reparaciones
alimentaron nuevas tensiones.
La joven Unión
Soviética debía reconstruir una economía devastada. Durante los años veinte y
treinta se industrializó a gran velocidad, especialmente mediante los planes
quinquenales. Esa transformación fortaleció su capacidad productiva, pero
estuvo acompañada de coerción política, graves sufrimientos sociales y una
crisis agraria devastadora. No poseía todavía la influencia militar y económica
que adquiriría después de 1945.
Por tanto, dos dinámicas coexistían: continuaban las contradicciones entre las potencias capitalistas y, al mismo tiempo, avanzaba un proyecto político que cuestionaba su sistema económico. Esta simultaneidad es decisiva. La historia no se interrumpe bruscamente con una revolución: las nuevas fuerzas actúan dentro de estructuras heredadas que tardan décadas en transformarse.
LA GRAN DEPRESIÓN
Y SUS CONSECUENCIAS
El
derrumbe de Wall Street en octubre de 1929 precedió a una profunda depresión
internacional. Se hundieron bancos y empresas, cayó el comercio y millones de
personas perdieron sus empleos. En Alemania, la crisis económica agravó una
inestabilidad política ya profunda. La desesperación social nutrió tanto organizaciones
revolucionarias como movimientos ultranacionalistas.
La contradicción
era visible: existían fábricas, trabajadores y necesidades de consumo, pero la
producción se detenía porque no resultaba rentable vender. La crisis debilitó
la confianza en el capitalismo liberal y estimuló la búsqueda de alternativas
políticas. Entre ellas apareció el fascismo como respuesta violenta y
contrarrevolucionaria.
III. 1919-1945. FASCISMO, GUERRA Y
TRANSFORMACIÓN DEL CONFLICTO
EL FASCISMO FRENTE AL MOVIMIENTO OBRERO
En Italia,
Mussolini llegó al poder en 1922 después
de años de violencia contra
sindicatos, cooperativas y organizaciones socialistas. En Alemania, Hitler fue
nombrado canciller el 30 de enero de 1933 y destruyó rápidamente las libertades
políticas y las organizaciones obreras independientes. Los sindicatos alemanes
fueron disueltos en mayo de 1933.
Sectores de las
clases empresariales y de las élites tradicionales apoyaron a los fascistas
porque percibían en ellos una defensa contra el movimiento obrero. No obstante,
estos movimientos también tuvieron bases sociales autónomas y una ideología particular. El antisemitismo genocida
y el proyecto racial del nazismo no pueden reducirse
a un simple cálculo empresarial.
La interpretación
marxista destacó el papel del fascismo como forma de contrarrevolución. Georgi
Dimitrov lo caracterizó en 1935 como una dictadura terrorista vinculada a los
sectores más reaccionarios del capital financiero. Esa interpretación ayuda a
comprender sus alianzas sociales, aunque no sustituye el estudio específico de
cada régimen.
DE VERSALLES A LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Las
tensiones no resueltas tras 1918 reaparecieron con fuerza. Alemania emprendió
el rearme y la expansión territorial; Japón avanzó sobre Manchuria desde 1931 e
Italia invadió Etiopía en 1935. En septiembre de 1938, el acuerdo de Múnich
permitió a Hitler anexionarse los Sudetes con la aceptación de Reino Unido y
Francia. Checoslovaquia quedó expuesta a su posterior desmembramiento y la URSS
fue excluida de aquel acuerdo.
La
política soviética había buscado una alianza de seguridad colectiva contra la
expansión nazi. Las negociaciones con Londres y París no desembocaron en una
alianza militar efectiva.
La desconfianza política,
las demoras británicas y la
negativa polaca a permitir el paso de tropas soviéticas contribuyeron al
fracaso. Para Moscú, el peligro era
afrontar la agresión alemana sin garantías de ayuda occidental, mientras
mantenía también un enfrentamiento armado con Japón en el extremo oriental.
En esas condiciones, el pacto de no agresión firmado con Alemania el 23 de agosto de 1939 fue una decisión de supervivencia estratégica. Permitió aplazar el enfrentamiento directo y ganar casi veintidós meses para ampliar la producción militar y preparar la defensa. Jacques Pauwels sitúa ese tiempo ganado en el centro de su interpretación: el pacto debe comprenderse a partir del aislamiento soviético y de la amenaza nazi, no como una afinidad entre ambos regímenes.
El
acuerdo incluyó protocolos secretos de delimitación de esferas de influencia.
Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre y el Ejército Rojo entró en su
territorio oriental el 17; ambos Estados establecieron después una frontera
entre las zonas ocupadas. Estos hechos forman parte de la historia del pacto y
de sus consecuencias para la población polaca. Su explicación requiere
situarlos en el fracaso previo de la seguridad colectiva y en el intento
soviético de alejar y retrasar una agresión que el nazismo había anunciado como
objetivo de su expansión.
El
tiempo ganado fue aprovechado para reforzar las capacidades defensivas, aunque
no eliminó los errores de preparación ni evitó las devastadoras derrotas
iniciales de 1941. La necesidad estratégica del pacto debe entenderse en esas
condiciones: preservar el Estado soviético y mejorar sus posibilidades de
resistencia ante una agresión previsible. El 22 de junio de 1941, Alemania
rompió el acuerdo
e invadió la URSS.
BARBARROJA: UNA GUERRA POR LA SUPERVIVENCIA SOVIÉTICA
Con
la Operación Barbarroja, la Alemania nazi intentó destruir la Unión Soviética,
conquistar su territorio y apropiarse de recursos
estratégicos. Su proyecto
combinaba la eliminación del
Estado surgido de Octubre con la colonización racial y la explotación de sus
poblaciones. La resistencia soviética se convirtió en una lucha por la
supervivencia y en un componente decisivo de la guerra antifascista. La nueva
alianza militar con Reino Unido y, posteriormente, Estados Unidos reunió a
Estados con sistemas e intereses
diferentes frente a un enemigo común.
El
petróleo del Cáucaso era un objetivo central de la ofensiva alemana de 1942.
Sin combustible suficiente, los tanques, aviones y transportes de un ejército
moderno pierden eficacia. La resistencia soviética impidió a Alemania
alcanzar sus principales objetivos energéticos. La derrota en
Stalingrado, consumada en febrero de 1943, inició un cambio estratégico
fundamental.
El Ejército Rojo
soportó una parte gigantesca de la guerra terrestre contra el nazismo, sin que
ello reste importancia a las
aportaciones de otros aliados y de las resistencias antifascistas. Tras la derrota
de Alemania en mayo de 1945, la URSS apareció como una potencia
victoriosa, con una influencia internacional muy superior a la que había
poseído veinte años antes.
IV. 1945-1973. EL GRAN PARÉNTESIS
HISTÓRICO
DE LA ALIANZA CONTRA
HITLER AL MUNDO BIPOLAR
Estados
Unidos terminó la guerra con una enorme superioridad industrial y financiera.
La URSS sufrió una devastación extraordinaria, pero conservaba un ejército
poderoso y había ampliado su influencia en Europa oriental. Entre ambos surgió
una confrontación que reorganizó las alianzas políticas y militares. En 1949 se
creó la OTAN; en 1955, el Pacto de Varsovia.
El
enfrentamiento era diferente del que había precedido a 1914. Las potencias
capitalistas seguían compitiendo por mercados y tecnologías, pero ahora debían
responder a la existencia de un bloque cuya economía se organizaba
principalmente mediante propiedad
estatal y planificación. La rivalidad incluía prestigio ideológico, modelos sociales,
armamento y capacidad científica.
La carrera espacial
fue una expresión visible: la URSS lanzó el Sputnik en 1957 y llevó a Yuri
Gagarin al espacio en 1961; Estados Unidos consiguió el alunizaje del Apolo 11
en 1969. La competencia tecnológica se convirtió en argumento político sobre la
eficacia de cada sistema.
¿QUÉ SIGNIFICA
EL «PARÉNTESIS»?
El
término no significa que el capitalismo dejara de acumular capital ni que
terminaran las guerras. La guerra de Corea, Vietnam y numerosas intervenciones
demuestran lo contrario. Tampoco desapareció la rivalidad comercial entre
Estados Unidos, Alemania
occidental y Japón.
Se trata de una
interpretación más precisa: aquellas rivalidades quedaron condicionadas por la
existencia de un adversario sistémico común.
Washington
apoyó la reconstrucción y el fortalecimiento
de Alemania occidental y Japón porque necesitaba aliados prósperos
contra la influencia soviética. El Plan Marshall, anunciado en 1947, combinó
reconstrucción económica con objetivos geopolíticos. Un competidor industrial
podía ser, al mismo tiempo, un aliado militar indispensable.
La Revolución china
de 1949 y la cubana de 1959 ampliaron la repercusión mundial de las
alternativas revolucionarias, aunque las discrepancias chino-soviéticas
revelaron que tampoco existía un bloque socialista homogéneo. Lo que
caracterizó al período fue la subordinación
relativa de numerosas rivalidades capitalistas a una confrontación internacional de
sistemas.
V. 1945-1975. EL ESTADO DEL
BIENESTAR: CONCESIONES Y CRECIMIENTO
EL INFORME BEVERIDGE Y LA CREACIÓN DE LA
SANIDAD PÚBLICA
En
el Reino Unido, William Beveridge presentó en 1942 un informe que proponía reorganizar las prestaciones sociales para proteger a la población de la enfermedad, la pobreza y el
desempleo. En 1948 comenzó a funcionar el Servicio Nacional de Salud, el NHS, basado
en el acceso universal a la
asistencia sanitaria. La importancia de la reforma fue inmensa: recibir
atención médica dejó de depender exclusivamente del dinero disponible por cada
familia. La experiencia británica debe situarse junto a las conquistas
sindicales anteriores y a las políticas de reconstrucción de una
sociedad devastada por la guerra.
No se puede interpretar el conjunto de estas conquistas como un obsequio de los empresarios. En buena parte de Europa, el movimiento obrero contaba con organizaciones masivas y una capacidad de movilización considerable. Además, en Francia e Italia los partidos comunistas disponían de una fuerza política asociada al prestigio de la resistencia antifascista. Los dirigentes occidentales sabían que las reivindicaciones podían adquirir un contenido más radical si eran sistemáticamente rechazadas. La existencia del bloque soviético influía en esos cálculos, pero no fue la única causa de la ampliación de derechos sociales.
DERECHOS CONQUISTADOS EN CONDICIONES HISTÓRICAS EXCEPCIONALES
La
ampliación de la sanidad, las pensiones, la educación y la protección frente al
desempleo respondió a una relación de fuerzas concreta. Las organizaciones
obreras presionaban desde las fábricas y los barrios, mientras el crecimiento
de la productividad ampliaba los recursos disponibles para financiar concesiones.
La experiencia soviética y el prestigio de los comunistas tras la resistencia
antifascista daban a las reivindicaciones una proyección que desbordaba la
negociación salarial.
Las
clases propietarias podían ceder una parte del excedente para preservar sus
posiciones y evitar conflictos de mayor alcance. Los trabajadores, por su
parte, conquistaban mejoras que alteraban de manera efectiva su vida cotidiana.
La existencia de la URSS reforzó esa presión, aunque los sistemas de protección
social tuvieron trayectorias nacionales diferentes y antecedentes anteriores a
la Revolución rusa.
EL
CRECIMIENTO HIZO POSIBLE EL COMPROMISO SOCIAL
Una
economía que crece rápidamente puede permitir aumentos simultáneos de salarios
y beneficios, aunque su reparto dependa de los conflictos laborales. La reconstrucción de Europa, la
modernización de la maquinaria y la expansión de los mercados generaron
condiciones excepcionales. La llamada edad de oro del capitalismo avanzado se
extendió aproximadamente hasta comienzos de los años setenta.
La
sociedad de consumo incorporó a amplias capas trabajadoras a bienes antes
reservados a minorías: automóviles, electrodomésticos, vacaciones y viviendas mejor equipadas. La mejora material tuvo
consecuencias culturales y políticas. Para parte de la población, pareció
posible progresar indefinidamente mediante reformas sin transformar las
relaciones de propiedad.
Sin embargo, el
aumento de los salarios no eliminó las relaciones capitalistas. La explotación,
entendida por Marx como apropiación privada del excedente generado por el
trabajo asalariado, puede coexistir con mejoras sustanciales del nivel de vida.
Lo que había cambiado era el margen económico y político para negociar
concesiones.
LA NEGOCIACIÓN SINDICAL EN UNA ECONOMÍA EN EXPANSIÓN
Conviene
recordar que la integración institucional nunca fue uniforme. Las direcciones
sindicales negociaban convenios mientras, en numerosos sectores, las plantillas
organizaban huelgas duras y prolongadas. En Francia, mayo de 1968 mostró que el
desarrollo de la sociedad de consumo no había suprimido el conflicto entre
capital y trabajo. Millones de trabajadores participaron en la huelga general y
obligaron al Gobierno y a la patronal a negociar aumentos salariales y otras
medidas.
La
discusión estratégica giraba en torno a qué función debían cumplir las reformas
y la participación electoral. Podían servir para fortalecer la organización y
la independencia de clase, o convertirse en el horizonte exclusivo de la acción
política. Esa segunda orientación fue ganando peso en varias direcciones
comunistas occidentales. El eurocomunismo dio expresión doctrinal a una
adaptación institucional que llevaba años desarrollándose.
VI. 1950-1980. LA IZQUIERDA
EUROPEA Y LA ADAPTACIÓN INSTITUCIONAL
LA VÍA PARLAMENTARIA GANA TERRENO
Durante
la posguerra, numerosos partidos socialistas y comunistas transformaron sus
estrategias. En 1959, el Partido Socialdemócrata alemán aprobó en Bad Godesberg
un programa que abandonó su antigua identificación doctrinal marxista y aceptó
una economía mixta. El reformismo parlamentario se convirtió en una opción
estable de gobierno.
En los partidos
comunistas las transformaciones fueron más
conflictivas. Sus bases sociales continuaron movilizándose y mantuvieron
vínculos con el proyecto soviético, pero sus direcciones fueron concediendo
cada vez más importancia al trabajo parlamentario, las alianzas institucionales
y la administración local.
EL EUROCOMUNISMO: LA INTEGRACIÓN EN EL
ORDEN CAPITALISTA
En
los años setenta, el eurocomunismo asociado a Enrico Berlinguer, Santiago
Carrillo y, con una trayectoria distinta, Georges Marchais presentó la
adaptación institucional como una vía nacional al socialismo. Su significado
fue la socialdemocratización de partidos nacidos para superar el capitalismo: la
ruptura con el poder de la burguesía dejó de orientar su estrategia y fue
sustituida por la búsqueda de acuerdos dentro del Estado existente.
La
cuestión no era participar en elecciones ni defender conquistas democráticas.
Era convertir las instituciones parlamentarias en el horizonte de la
transformación, mientras se aceptaban como límites prácticos la propiedad capitalista y la continuidad del aparato estatal. La autonomía respecto de
Moscú acompañó ese desplazamiento, pero no explica por sí sola su contenido de
clase.
El
compromiso histórico promovido por el Partido Comunista Italiano buscó un
entendimiento estable con la Democracia Cristiana. Las trayectorias nacionales
no fueron idénticas, pero el problema común era qué ocurría cuando una organización obrera subordinaba su
iniciativa a ser admitida como fuerza de gobierno. La conservación de alianzas
y la credibilidad institucional podían pasar a ordenar sus prioridades, desplazando la preparación de una alternativa al poder económico.
LOS LÍMITES DE LA NEGOCIACIÓN DENTRO DEL SISTEMA
La
institucionalización sindical permitió conseguir acuerdos y derechos efectivos.
Al mismo tiempo, contribuyó a consolidar estructuras profesionales orientadas
principalmente a negociar dentro del marco económico existente. Aquella
estrategia funcionó mejor mientras hubo crecimiento y posibilidades de reparto.
El problema
apareció cuando las empresas y los gobiernos comenzaron a exigir reducciones de
costes para restaurar beneficios. Una organización acostumbrada al compromiso
debía decidir si aceptaba retrocesos o reconstruía una capacidad de
confrontación más amplia. Hubo importantes resistencias, pero también una
transformación de las expectativas y estrategias del movimiento obrero.
VII. 1973-1991. CRISIS DE
RENTABILIDAD Y CONTRAOFENSIVA
NEOLIBERAL
LA ECONOMÍA
DEJA DE CRECER AL RITMO ANTERIOR
A
finales de los años sesenta y durante los setenta, la expansión económica
occidental perdió dinamismo. Se agotaba el estímulo excepcional de la
reconstrucción, aumentaba la competencia entre empresas y aparecían tensiones
en la rentabilidad. En 1971, Estados Unidos suspendió la convertibilidad del
dólar en oro. La crisis petrolera de 1973 agravó la inflación y la
desaceleración.
La tasa de ganancia
mide la relación entre los beneficios de una empresa y el capital que necesita
invertir. Si una fábrica invierte un millón y gana cien mil al año, su tasa es
del diez por ciento. Si necesita invertir dos millones para obtener el mismo
beneficio, la tasa cae al cinco por ciento. La empresa continúa ganando dinero,
pero el rendimiento de su inversión es menor.
En la
interpretación marxista, la necesidad de invertir en tecnología y competir por
mercados puede provocar presiones
sobre la rentabilidad, aunque intervienen causas que contrarrestan esa tendencia. Los historiadores económicos discuten el peso relativo de
cada factor, pero el cambio de ciclo de los años setenta es indudable.
THATCHER, REAGAN Y LA REORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN
El
neoliberalismo propuso privatizaciones, liberalización financiera, reducciones
fiscales, debilitamiento sindical y mayor libertad para mover capitales.
Margaret Thatcher gobernó Reino Unido desde 1979 y Ronald Reagan llegó a la
presidencia estadounidense en 1981. Ambos impulsaron políticas que favorecieron
la capacidad empresarial de reorganizar el trabajo.
La
derrota de la huelga minera británica de 1984-1985 simbolizó un desplazamiento
de la correlación de fuerzas. En Estados Unidos, el despido de los
controladores aéreos en huelga en 1981 envió una señal semejante. El conflicto
entre capital y trabajo entraba en una nueva fase.
La deslocalización internacional multiplicó la capacidad de las empresas para comparar salarios y
condiciones laborales entre distintos países.
Una fábrica podía
cerrar en un territorio
y reabrir en otro con costes menores. Esa amenaza modificaba incluso las negociaciones donde no llegaba a materializarse.
La globalización de
las cadenas productivas hizo posible obtener beneficios mediante una
organización internacional del trabajo. Pero también creó las condiciones para
la industrialización acelerada de nuevas economías. China sería su principal
ejemplo.
VIII. 1978-2001. CHINA CAMBIA DE RUMBO
REFORMAS INICIADAS ANTES DE LA CAÍDA SOVIÉTICA
Tras
la Revolución de 1949, China experimentó una transformación económica y social
profunda, acompañada de errores y tragedias como la hambruna
vinculada al Gran Salto
Adelante. Después de la muerte de Mao Zedong en 1976, la dirección encabezada
por Deng Xiaoping impulsó nuevas reformas.
Desde 1978 se
introdujeron mecanismos de mercado, mayor autonomía agrícola y apertura a
inversiones extranjeras. En 1980 comenzaron las primeras zonas económicas
especiales, entre ellas Shenzhen. La transformación no fue instantánea: se
desarrolló durante décadas, mientras todavía existía la Unión Soviética.
Millones de
trabajadores se incorporaron a la producción industrial. Grandes empresas
occidentales trasladaron actividades a China para aprovechar menores costes y
un mercado en expansión. A su vez, el Estado chino destinó enormes recursos a
infraestructura, formación, tecnología y desarrollo industrial.
CAPITALISMO CON CARACTERÍSTICAS CHINAS
La
dirección china denomina a su sistema «socialismo con características chinas».
Quienes defienden esa caracterización
destacan la propiedad estatal en sectores estratégicos, el control público de
grandes bancos y la capacidad de orientar inversiones mediante planes
nacionales. Son rasgos reales que
distinguen su organización económica de la de otros países. La controversia
consiste en determinar qué relaciones sociales sostiene esa intervención y
quién decide sobre el excedente producido.
Las
reformas extendieron la producción mercantil, la contratación de trabajo
asalariado y la competencia por beneficios. Se consolidaron grandes
propietarios privados y empresas que acumulan capital dentro y fuera del país.
La propia Constitución reconoce la actividad privada como componente de la
economía y garantiza su protección. Los trabajadores venden su fuerza de
trabajo, mientras las decisiones de inversión y la organización de la
producción están subordinadas ampliamente a objetivos de rentabilidad,
expansión empresarial y competitividad.
La propiedad estatal, por sí sola, no equivale al control social de la producción. Una empresa pública también puede contratar trabajo asalariado, competir por mercados y utilizar sus beneficios para ampliar la acumulación. El criterio decisivo es si los productores gobiernan las condiciones de su trabajo y el destino del excedente, o si esas decisiones permanecen en manos de propietarios y jerarquías empresariales y estatales situadas por encima de ellos.
Sobre
esa base, la caracterización que sostiene este folleto es la de un capitalismo
con características chinas: relaciones capitalistas articuladas por un Estado
con una capacidad excepcional de dirección económica. La fórmula oficial cumple
una función de legitimación, pues reivindica la continuidad con la revolución
socialista de 1949 mientras presenta como desarrollo del socialismo una
transformación que ha consolidado la acumulación capitalista. Esta es una
conclusión del análisis de clase, discutida por otros autores, y debe
defenderse por sus fundamentos materiales.
Las
conquistas de la revolución, la expansión educativa y la construcción de capacidades industriales contribuyeron al
desarrollo posterior. Reconocer esa herencia no convierte las relaciones
actuales en socialistas. Del mismo modo, reconocer
el crecimiento y las mejoras materiales alcanzadas no resuelve la cuestión de
quién controla la producción: el capitalismo también puede elevar la
productividad y los ingresos mientras reproduce la explotación del trabajo.
SHENZHEN Y LA IMPORTANCIA DE LA INDUSTRIA
La
transformación de Shenzhen ilustra el significado de la apertura china. Junto a
Hong Kong, un territorio con población relativamente reducida se convirtió en
un poderoso centro industrial y tecnológico. Su desarrollo fue favorecido por
inversiones extranjeras, infraestructuras públicas, formación técnica y una
disponibilidad extraordinaria de trabajadores procedentes del campo. Lo que
comenzó como una plataforma exportadora fue adquiriendo gradualmente
capacidades industriales propias.
Esta
experiencia ayuda a explicar una contradicción fundamental de la globalización.
Las multinacionales occidentales trasladaban actividades a China para reducir
costes y aumentar beneficios. Al mismo tiempo, esa expansión productiva
fortalecía el aparato industrial de una economía que, años después, competiría
con ellas en mercados de mayor complejidad tecnológica. La búsqueda privada de
rentabilidad no coincidía necesariamente con la preservación a largo plazo del
predominio industrial de los Estados occidentales.
LA INCORPORACIÓN A LA ECONOMÍA MUNDIAL
China comenzó
como gran plataforma de manufactura para empresas extranjeras, pero
gradualmente fortaleció empresas y tecnologías propias. En 1992 se aceleraron
determinadas reformas y en diciembre de 2001 ingresó en la Organización Mundial
del Comercio.
Las
compañías occidentales obtenían beneficios mediante producción de bajo coste;
mientras tanto, el aparato productivo chino adquiría dimensiones
extraordinarias. Esta contradicción se revelaría después: el capital occidental
había contribuido a fortalecer a una potencia industrial capaz de disputar
mercados y tecnologías a sus antiguos socios.
IX. 1989-2010. EL
DESMANTELAMIENTO DE LA URSS Y LA RESTAURACIÓN
CAPITALISTA
UNA DERROTA POLÍTICA,
NO UN DERRUMBE INEVITABLE
La
Unión Soviética arrastraba problemas de productividad, desequilibrios de
abastecimiento y una burocratización que había reducido la intervención
efectiva de los trabajadores en las decisiones. Pero reconocer esas
contradicciones no demuestra que su economía estuviera condenada a desaparecer.
En El socialismo traicionado, Roger Keeran y Thomas Kenny rechazan esa
inevitabilidad y sitúan en las políticas de Gorbachov y sus aliados el factor
que convirtió dificultades reformables en un proceso de desmantelamiento.
Los
autores prestan especial atención a la «segunda economía»: actividades
privadas, legales e ilegales, que crecieron junto al sector planificado y
generaron intereses favorables a la extensión del mercado. Su relación con
sectores del aparato político ayuda a explicar por qué la restauración encontró
apoyos dentro del propio sistema. En esta interpretación, las decisiones de la dirección tuvieron una base
social y expresaron una pugna por el rumbo económico del país.
Desde 1985, Gorbachov impulsó reformas cuyo desarrollo debilitó la coordinación económica y el poder político que sostenían la propiedad social. La orientación adoptada, especialmente desde 1987-1988, amplió el espacio de las relaciones mercantiles y erosionó los instrumentos existentes de planificación. La crisis de los últimos años soviéticos debe analizarse también como resultado de esas medidas, no proyectarse hacia atrás como prueba de que el desenlace estaba escrito desde el principio.
DE LOS PRIVILEGIOS BUROCRÁTICOS A LA
PROPIEDAD PRIVADA
Keeran
y Kenny precisan que la burocracia no actuó como un bloque homogéneo con un
proyecto común de restauración. Su explicación se centra en la segunda economía y en la corrupción que vinculó a
sectores del Partido y del Estado con intereses privados. El deterioro del
control colectivo y de los vínculos con los trabajadores debilitó la capacidad
de frenar el giro político. Cuando avanzó
la privatización, parte de los funcionarios y administradores aprovechó su
posición para convertirse en propietaria.
La formación de las nuevas oligarquías reunió a antiguos administradores, intermediarios financieros y empresarios surgidos de las actividades privadas. La transferencia de activos estatales concentró en pocas manos empresas y recursos construidos mediante el trabajo de varias generaciones. La apropiación del patrimonio público fue un resultado de la restauración y un estímulo para sus beneficiarios. Explicar ese proceso exige relacionar sus intereses con las decisiones políticas que lo hicieron posible, en lugar de diluir la responsabilidad de Gorbachov en una acusación genérica contra la burocracia.
LAS
RESPONSABILIDADES DE GORBACHOV Y YELTSIN
Gorbachov
no fue un espectador inocente de un proceso ajeno a sus decisiones. Su
orientación política debilitó las bases del sistema que decía reformar. Boris
Yeltsin y las direcciones republicanas que impulsaron la ruptura dieron pasos
decisivos hacia la liquidación del Estado común y la restauración capitalista.
Sus proyectos y sus responsabilidades
fueron diferentes: Gorbachov defendió finalmente una unión reformada, mientras
Yeltsin disputó el poder al centro soviético y promovió su disolución.
El
acercamiento a los gobiernos occidentales formó parte de ese proceso. Thatcher
se reunió con Gorbachov en diciembre de 1984 y expresó públicamente su
disposición a trabajar con él. Los documentos de aquellas conversaciones
muestran el interés británico en favorecer la interlocución con un dirigente considerado capaz de
cambiar la política soviética. Ese acercamiento debe examinarse junto con las
concesiones internacionales y las decisiones internas que debilitaron la
posición soviética. Su responsabilidad política se aprecia en el rumbo que
adoptó y en sus consecuencias para el socialismo.
EL COSTE SOCIAL
E INTERNACIONAL DE LA
RESTAURACIÓN
Durante
los años noventa, las privatizaciones y la reorganización capitalista
provocaron en Rusia una profunda contracción productiva y un deterioro de las
condiciones de vida. Se debilitaron garantías sociales y se concentró la
riqueza en nuevas fortunas privadas. La evolución varió entre las antiguas
repúblicas soviéticas y los países de Europa oriental, pero la restauración
significó una derrota de los trabajadores y una transferencia de poder hacia
las clases propietarias.
En el exterior desapareció el principal contrapeso estatal al poder occidental. Estados Unidos dispuso de mayor libertad para intervenir y la OTAN amplió su espacio de actuación. Esa victoria geopolítica alentó la idea de que el capitalismo había alcanzado su forma definitiva. Sin embargo, el predominio militar estadounidense convivía con una redistribución de la capacidad industrial mundial que acabaría generando nuevos competidores.
LA VICTORIA POLÍTICA NO ELIMINÓ LAS CONTRADICCIONES ECONÓMICAS
La
globalización continuó trasladando capacidad productiva hacia Asia. China
amplió sus exportaciones e inversiones y desarrolló grandes centros
industriales. Mientras tanto, Estados
Unidos mantenía posiciones decisivas
en finanzas, innovación y poder militar.
La
crisis financiera de 2008 cuestionó la imagen de estabilidad del capitalismo occidental. El colapso de bancos y mercados provocó una recesión
internacional que obligó a realizar rescates estatales extraordinarios. Al
mismo tiempo, el crecimiento de China seguía modificando las relaciones de
fuerza mundiales.
Lo que había
desaparecido era el antagonismo entre dos bloques organizados alrededor de
sistemas socioeconómicos distintos. Lo que persistía era la competencia y el
desarrollo desigual de los centros de acumulación. El «paréntesis» se cerraba,
pero el escenario no volvía a ser el de 1914: la economía mundial era ahora
mucho más integrada.
X. 2010-2026. EL GRAN REAJUSTE Y
LA DISPUTA POR LA HEGEMONÍA
LA
CARRERA ESPACIAL DE AYER Y LOS MICROPROCESADORES DE HOY
La
comparación con la Guerra Fría resulta tentadora porque vuelve a existir una gran rivalidad tecnológica. Pero la confrontación soviético-estadounidense
enfrentaba economías organizadas
sobre fundamentos distintos. La pugna actual entre Estados Unidos y China se
desarrolla, según la caracterización expuesta, entre potencias capitalistas con
formas diferentes de intervención estatal. Compiten por las posiciones superiores
de unas cadenas productivas que vinculan empresas, proveedores y trabajo
asalariado a escala mundial.
Los
semiconductores permiten comprender esa interdependencia. Un procesador
avanzado puede diseñarse en un país, fabricarse en otro y depender de
maquinaria o componentes procedentes de varios más. La imposición de
restricciones de exportación no afecta únicamente a un Estado adversario: también puede perjudicar a empresas
nacionales que pierden compradores o encuentran dificultades para reorganizar sus suministros. Por ello las
medidas estadounidenses han sido revisadas en distintas ocasiones y sus efectos
dependen de cambios tecnológicos y decisiones empresariales.
ESTADOS UNIDOS FRENTE A
LA NUEVA CAPACIDAD INDUSTRIAL CHINA
China
desarrolló industrias competitivas en electrónica, baterías, vehículos
eléctricos, maquinaria y otros sectores estratégicos. Estados Unidos conservó
enormes ventajas militares, tecnológicas y financieras, pero la superioridad
industrial del período posterior a 1945 había desaparecido.
Desde
el primer mandato de Donald Trump, Washington recurrió a aranceles y
restricciones comerciales dirigidas contra productos chinos. La administración
de Joe Biden mantuvo parte de esa política y amplió los controles tecnológicos.
Durante el segundo mandato de Trump continuó
la disputa, aunque las restricciones se ajustaron: en enero de 2026, el
Departamento de Comercio abrió la revisión
caso por caso de determinadas exportaciones de chips avanzados a China. El
conflicto combina medidas de contención con la defensa de los negocios de las
propias empresas estadounidenses.
La
disputa es económica y estratégica. Los chips
avanzados se utilizan en sistemas industriales, comunicaciones y
aplicaciones militares. Restringir su suministro puede limitar capacidades
productivas, mientras China intenta desarrollar tecnologías propias para
reducir su dependencia exterior.
VUELVEN LAS POLÍTICAS INDUSTRIALES Y LA
DISPUTA POR RECURSOS
Los
gobiernos occidentales que durante décadas proclamaron las ventajas del libre
comercio utilizan ahora subvenciones y aranceles para fortalecer industrias
nacionales. Una subvención puede facilitar la instalación de fábricas
estratégicas; un arancel eleva el coste de determinados productos importados y
pretende proteger productores interiores.
La
competencia depende también de minerales estratégicos.
Distintos tipos de baterías utilizan litio, cobalto o níquel; los sistemas eléctricos consumen cobre y determinadas
tecnologías emplean tierras raras. No todas las baterías necesitan los mismos
minerales. El control del refinado y de las fases industriales posteriores
resulta tan importante como poseer los yacimientos.
Las cadenas
mundiales de producción muestran que los Estados no han dejado de intervenir en
la economía. Al contrario, cuando los grandes capitales necesitan proteger
suministros y tecnologías, los gobiernos movilizan recursos y regulaciones en
su favor.
EL INTERCAMBIO DESIGUAL
Y LA APROPIACIÓN DEL VALOR
Para
analizar las inversiones exteriores no basta con contar fábricas, puertos y
carreteras. Hay que estudiar las relaciones sociales y económicas que generan.
Una mina puede proporcionar ingresos fiscales y empleos a un país, pero si el
mineral se exporta sin transformación, parte importante del valor añadido
asociado a las siguientes etapas industriales se produce en otros territorios.
Esta especialización puede limitar las posibilidades de diversificación
productiva de los países exportadores.
El
concepto de intercambio desigual pretende explicar cómo las diferencias de
productividad, tecnología, salarios y poder comercial influyen en la
distribución internacional del valor. No significa que toda transacción entre
países ricos y pobres sea perjudicial para una de las partes. Significa que es
necesario examinar las estructuras persistentes que permiten a unos territorios concentrar actividades
industriales de alto valor mientras otros dependen de vender bienes primarios.
ÁFRICA Y AMÉRICA LATINA EN LA COMPETENCIA POR LA ACUMULACIÓN
Las
inversiones chinas en África y América Latina forman parte de la expansión
internacional de sus empresas y de la búsqueda de suministros y mercados.
Pueden construir infraestructuras útiles y ofrecer a los gobiernos
alternativas de financiación,
pero su contenido social depende de quién controla los recursos, organiza el
trabajo y se apropia de los beneficios. La procedencia china del capital no
transforma una operación comercial en cooperación socialista.
Si
un país exporta minerales sin desarrollar el refinado y la transformación
industrial, su inserción dependiente puede mantenerse aunque cambie el
comprador principal. Una carretera o un puerto pueden atender necesidades de la
población y, a la vez, estar organizados prioritariamente para sacar materias
primas. La existencia de una obra no basta para
determinar qué intereses dominan el conjunto de la relación.
Los
contratos, los salarios, la deuda y las condiciones de transferencia
tecnológica permiten precisar ese contenido. También importa la capacidad de
las comunidades y de los trabajadores para intervenir en las decisiones. Los
resultados varían entre proyectos y países, pero la competencia entre
inversores capitalistas no elimina la oposición entre la rentabilidad de sus
negocios y las necesidades sociales.
EL GRAN REAJUSTE RECRUDECE LA COMPETENCIA CAPITALISTA
El
Gran Reajuste es una pugna por redistribuir el poder dentro del capitalismo
mundial. Las potencias establecidas intentan preservar sus ventajas y las
ascendentes buscan ampliar mercados, controlar tecnologías y asegurar recursos.
Esta rivalidad endurece las condiciones de acumulación y aumenta la presión
para trasladar sus costes a quienes viven de su trabajo.
La
competencia comercial se combina con sanciones, rearme y disputas por rutas y
territorios. Los Estados movilizan presupuestos, diplomacia y capacidad militar
para defender posiciones económicas. El reparto por el que pugnan
es el de las oportunidades de acumulación y las áreas de influencia; la
satisfacción de las necesidades populares queda subordinada a esos objetivos.
Por eso, el sentido
social del reajuste descrito aquí es regresivo: refuerza la disciplina
empresarial y la exigencia de sacrificios en nombre de la competitividad o la
seguridad nacional. La rivalidad entre potencias capitalistas multiplica las presiones sobre las condiciones de vida y agrava el peligro
de guerra. Ese rumbo puede ser combatido, pero su modificación exige una fuerza
social independiente de los intereses enfrentados.
LOS BRICS Y LOS LÍMITES DE LA MULTIPOLARIDAD
Los
BRICS representan el ascenso de potencias y economías que buscan ampliar su
influencia frente a la posición dominante de Estados Unidos y sus aliados. Sus
integrantes tienen estructuras políticas diversas e intereses nacionales que no
siempre coinciden. China, India, Brasil, Rusia y otros países no constituyen un
bloque económico homogéneo.
La
disputa con Washington se produce dentro de una economía capitalista mundial y
no constituye un programa de superación de sus relaciones de producción. El
margen diplomático que ciertos gobiernos obtengan al negociar con varios
centros de poder es una cuestión diferente de la emancipación de sus trabajadores.
Una burguesía puede mejorar su posición exterior mientras intensifica la
explotación dentro de sus fronteras.
Las
contradicciones entre potencias emergentes también son reales. La rivalidad de
China e India y las distintas posiciones de países exportadores e importadores
de energía demuestran que no existe una unidad de intereses automática.
EL REAJUSTE TAMBIÉN TRANSFORMA EL TRABAJO Y
LA POLÍTICA
La
competencia internacional incentiva a las empresas a reducir costes y elevar
productividad. Esas mejoras pueden lograrse mediante innovación, pero también
mediante precarización, externalizaciones o debilitamiento de la negociación
colectiva. El uso de inteligencia artificial y automatización abrirá nuevas
disputas sobre la distribución de los
beneficios productivos.
El
incremento del gasto militar modifica las prioridades presupuestarias y
favorece a la industria de armamento. El compromiso adoptado por la OTAN en La Haya en 2025,
con un horizonte de gasto del 5 % del PIB para 2035 entre defensa y partidas relacionadas con la
seguridad, expresa esa orientación. Su financiación abre disputas sobre
impuestos, deuda y recursos públicos. Los discursos de seguridad nacional
buscan, además, presentar la contención salarial y la paz social como
obligaciones patrióticas.
En
numerosos países crecen fuerzas nacionalistas y de extrema derecha que
aprovechan el malestar social. Aunque sus condiciones son distintas de las del
fascismo histórico, ciertos mecanismos merecen comparación: la conversión de
agravios económicos en hostilidad contra minorías y adversarios políticos y la
promesa de restaurar una supuesta grandeza nacional.
LA PREGUNTA QUE ATRAVIESA TODO EL RECORRIDO
Las
contradicciones económicas no se desenvuelven como un mecanismo automático.
Intervienen los Estados, las decisiones de las clases dirigentes, las
organizaciones obreras y la capacidad de actuar colectivamente. Precisamente
por eso el paréntesis histórico no
debe entenderse como una pausa de la
historia, sino como un cambio duradero de las relaciones de fuerza. Su
desaparición tampoco hizo volver el mundo al punto de partida: abrió una etapa
sobre bases industriales, tecnológicas y geopolíticas radicalmente distintas.
CONCLUSIÓN. ¿QUIÉN
PAGARÁ EL PRECIO DE LA NUEVA COMPETENCIA MUNDIAL?
A comienzos del siglo XX, las grandes potencias
capitalistas competían por territorios, recursos y mercados. La Revolución rusa
introdujo un Estado que pretendía transformar las relaciones de propiedad, pero
no eliminó inmediatamente aquellas rivalidades. La Segunda Guerra Mundial
mostró su persistencia y, desde 1941, añadió la lucha por la supervivencia del
Estado soviético.
Después de 1945, la existencia de la URSS como
superpotencia alteró durante décadas las condiciones del capitalismo
occidental. Las potencias capitalistas continuaron compitiendo, pero sus
relaciones estuvieron condicionadas por una confrontación entre bloques y
modelos económicos diferentes. Esa situación contribuyó a configurar las
alianzas internacionales y la correlación de fuerzas sociales en los países industrializados.
El Estado del Bienestar fue producto de las luchas
obreras, del crecimiento excepcional
de posguerra y de la existencia de una alternativa socialista influyente. Las
concesiones materiales permitieron elevar el nivel de vida y favorecieron
también estrategias reformistas e institucionales en parte de la izquierda. La
crisis de los años setenta alteró aquellas condiciones y abrió paso a una
ofensiva dirigida a restaurar la rentabilidad.
El desmantelamiento de la URSS cerró aquel período mediante una derrota política y una restauración de las relaciones capitalistas. Sus dificultades internas no imponían ese desenlace: las decisiones de sus dirigentes y los intereses de los sectores beneficiados por la apropiación privada fueron determinantes. En China, una trayectoria diferente consolidó relaciones capitalistas bajo la dirección de un Estado fuerte. Su expansión industrial convirtió al país en competidor de las potencias que habían promovido la globalización productiva.
No hemos regresado a 1914. La interdependencia financiera,
las armas nucleares y las cadenas productivas internacionales modifican
profundamente las condiciones del conflicto. Pero reaparece con fuerza una
lógica conocida: grandes centros de acumulación que compiten por posiciones de
poder en una economía mundial caracterizada por un desarrollo profundamente
desigual.
La multipolaridad que emerge de ese proceso redistribuye
poder entre Estados y grupos capitalistas. No altera por esa sola
redistribución la relación entre quienes controlan los medios de producción y
quienes venden su fuerza de trabajo. En las condiciones examinadas, el reajuste
recrudece la competencia, alimenta el rearme y refuerza la presión para que los
trabajadores acepten retrocesos en beneficio de sus empresas y potencias
respectivas.
La respuesta exige recuperar una política de clase
independiente: defender las condiciones de vida y la organización obrera,
oponerse al militarismo y disputar el control de la riqueza social. La
experiencia histórica muestra tanto el alcance de las conquistas como la
posibilidad de perderlas. Frente a la competencia que enfrenta a los pueblos por intereses ajenos, la tarea es
construir una fuerza capaz de transformar las relaciones que la producen.
FUENTES Y LECTURAS
PARA PROFUNDIZAR
Las obras y
documentos siguientes permiten contrastar los hechos y profundizar en las
interpretaciones del folleto. La caracterización del eurocomunismo, de China y del Gran Reajuste corresponde al análisis
desarrollado en el texto; no se atribuye
a los organismos citados como fuentes documentales.
IMPERIALISMO E HISTORIA DEL SIGLO XX
V. I.
Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916. Rudolf Hilferding: El capital financiero, 1910. Eric Hobsbawm:
Historia del siglo XX, 1994.
William Beveridge: Social Insurance and Allied Services, 1942. Obras de
referencia conservadas de la edición anterior.
EL PACTO DE 1939
Jacques
Pauwels: entrevista «Sin el pacto germano-soviético Hitler habría ganado la II Guerra
Mundial», Canarias-semanal, publicada en la web el 4 de
enero de 2025. Referencia para la interpretación estratégica del pacto.
Documentación
diplomática: Foreign Relations of the United States, 1939, volumen I, documento
255, sobre las negociaciones anglo-franco-soviéticas. Hansard, Cámara de los Comunes, 7 de junio de 1939, «Great Britain,
France and Russia». Documentación británica del 19 de agosto de 1939, FO
371/23073/8, sobre el rechazo polaco al tránsito de tropas soviéticas.
Documento
diplomático Debate
parlamentario Archivo británico
EUROCOMUNISMO Y RESTAURACIÓN CAPITALISTA
Altiero Spinelli: entrevista sobre el eurocomunismo y el
compromiso histórico, 1977, reproducida en Marxists Internet Archive. Sam Marcy:
«True and False
Historical Compromise», 7 de mayo de 1976.
Testimonio y crítica contemporáneos de la orientación italiana. Entrevista a Spinelli
Texto de
Marcy
Roger Keeran y Thomas Kenny: Socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2013; traducción de Gerardo García Cabrera. Edición española aportada para esta revisión: apartados «La Segunda Economía», «Conclusiones e implicaciones» y «Epílogo», especialmente pp. 89-91, 241-246 y 277-281 de la numeración visible del archivo. Véase también la entrevista a los autores publicada por MLToday el 25 de septiembre de 2008. Entrevista a los autores
Margaret Thatcher
Foundation: entrevista de la BBC del 17 de diciembre de 1984. National Security Archive: memorando de la
conversación entre Thatcher y Gorbachov en Chequers, 16 de diciembre de 1984.
Documentación de sus contactos
y de las expectativas británicas. Transcripción
de la BBC
Memorando
de Chequers
CHINA Y LA COMPETENCIA CONTEMPORÁNEA
Constitución
de la República Popular China, artículos 11 y 15, sobre economía privada y
economía de mercado. Minqi Li: «China’s Changing Class Structure and National
Income Distribution, 1952-2015», Journal of Labor and Society, 20(1),
2017, pp. 61-84.
Constitución china
Artículo de
Minqi
Li
Agencia Internacional de la Energía:
Global Critical Minerals
Outlook 2025. Organización
Mundial del Comercio: documentación sobre la adhesión china, diciembre de 2001.
Referencias temáticas conservadas de la edición anterior.
Departamento
de Comercio de Estados Unidos, BIS: revisión de la política de licencias para
exportaciones de semiconductores a China, 13 de enero de 2026. OTAN: «Defence
investment and NATO’s 5% commitment», actualización del 29 de junio de 2026.
FMI: consulta del artículo IV con China, publicada el 18 de febrero de 2026. Comunicado del BIS
Documento de
la OTAN
Informe
del FMI
FIN




