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Libro N° 14840. El Caso De La Perrita Desaparecida. Los Busca Pistas – 16. Blanch, Teresa.


© Libro N° 14840. El Caso De La Perrita Desaparecida. Los Busca Pistas – 16. Blanch, Teresa. Emancipación. Febrero 21 de 2026

 

Título Original: © El Caso De La Perrita Desaparecida. Los Busca Pistas – 16. Teresa Blanch

 

Versión Original: © El Caso De La Perrita Desaparecida. Los Busca Pistas – 16. Teresa Blanch

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://ww3.lectulandia.co/book/el-caso-de-la-perrita-desaparecida/


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

EL CASO DE LA PERRITA

DESAPARECIDA

Los Busca Pistas - 16

Teresa Blanch


 

 

 

 

 

El Caso De La Perrita

Desaparecida

Los Busca Pistas - 16

Teresa Blanch

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

¡Conviértete en detective con Pepa Pistas y Maxi Casos!

 

Súper Trina Star es la perrita más famosa del mundo, ¡y ahora ha llegado a Basketville para filmar la serie más exitosa del momento! Pero justo el día del rodaje, la superestrella desaparece y nadie sabe qué ha podido pasar. ¡Sin ella no hay serie! Por suerte, Pepa y Maxi están ahí y van a seguir el rastro de las pistas hasta resolver el misterio. ¿Los ayudas?



 

 

 



 

 

 

Teresa Blanch

 

El Caso De La Perrita

 

Desaparecida

 

Los BuscaPistas - 16

 

 

ePub r1.0

 

Titivillus 02.02.2026



 

 

Título original: El caso de la perrita desaparecida

 

Teresa Blanch, 2023

 

Ilustraciones: José Ángel Labari

 

Editor digital: Titivillus

 

ePub base r2.1



 

 

 

 

 

Pepa Pistas miraba a uno y otro lado de la calle. Faltaban pocos minutos para que abrieran el auditorio y Maxi Casos todavía no había llegado. A su lado, Dani Dado comía palomitas y Lily Nanas sacaba fotos a Cristina Lío y Luci Crestas en el photocall que los organizadores habían preparado. ¡Todos se habían vestido para la ocasión!

 



 

 

 

 

 

 

 

 

—¿Os saco una? —Lily se volvió hacia Pepa y Dani.

 

—¡Sí! —Dani parecía entusiasmado.

 

En el mismo instante en que Lucy disparó la cámara se escuchó el gruñido de una mujer que inesperadamente cruzó el photocall y los sobresaltó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las palomitas de Dani volaron por los aires, el cartel cayó al suelo y la foto…

 

—¡Uy! Ha salido movida —se lamentó Lily, y la entregó a su amigo.



 

 



 

 

 


 

 

 

 

 

 

—¿Me la guardas? —Dani le dio la instantánea a Pepa y se apresuró a recoger las palomitas del suelo—. ¡Qué mala suerte! Con lo ricas que estaban…

 

Las puertas del auditorio se abrieron enseguida. Dani tiró el cucurucho a la papelera y se dispuso a entrar con sus amigas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—¿Y Maxi? —preguntó Cristina al darse cuenta de que no estaba.

 

Pepa se encogió de hombros. ¡No tenía ni idea!



 

 

 



 

—Está al llegar. —Pepa se detuvo. ¿Quizá deberían esperarlo un poco más?

 

—Ezto eztá hazta loz topez. ¡Rápido o noz quedamoz zin zitio! —ordenó Luci.

 

La sala estaba llena a rebosar y los únicos asientos que quedaban libres eran los de la última fila.

 

 



 

Pepa, Dani, Cristina, Luci y Lily se apresuraron a ocuparlos. ¡Pero desde donde estaban apenas veían el escenario!

 

 

 

 

 

 

—Vayamos a buscar alzadores de butaca —susurró Cristina.



 

Antes de que pudieran ir, las luces de la sala se apagaron y de los altavoces sonó una música ensordecedora acompañada de una voz aguda que anunciaba el inicio de la presentación.

 

 

 

 

 

 

 

 

—Será mejor que no nos movamos —sugirió Lily.

 

Pepa intentó escudriñar en la oscuridad. ¿Dónde estaba Maxi? ¿Y si había entrado detrás de ellos? ¡No podía andar lejos!

 

Justo en ese momento, Maxi apoyaba su bicicleta en la fachada del auditorio y se disponía a entrar.

 

 

 

 

 

 

 

—Si no te hubieses caído de la camilla de la consulta de la señora Pistas, habríamos llegado a tiempo —murmuró a su mascota.

 

¡Iccc!, Mouse asomó el hocico. Tenía un enorme chichón en la cabeza.



 

—No me vengas con excusas. Era un pinchacito de nada y al final te han tenido que curar un coscorrón —murmuró Maxi.

 

Decidido, se dirigió hacia la sala, pero cuando estaba a punto de entrar, el acomodador le salió al paso:

 

—¡No hay butacas libres! Aforo completo.

 

 

 

 

 

—Puedo sentarme en el suelo —sugirió Maxi—. No me importa…

 

—Tengo órdenes de no dejar entrar a nadie más. —El acomodador se mantuvo firme.

 

Maxi suspiró y, cabizbajo, dio media vuelta. En la calle, tomó a Mouse del interior de su capucha y lo miró fijamente:

 

—¿Ves? ¡Me lo perderé por tu miedo a las vacunas!




 

 

Inesperadamente, el ratón saltó al suelo y se escabulló hasta doblar la esquina.

 

—¡Lo que me faltaba!

 

Maxi lo persiguió hasta la parte trasera del edificio. Una vez allí, el ratón frenó en seco.

 

 

 

 

 

 

—¡Tú sí que sabes! —A Maxi se le iluminó la cara y se dispuso a empujar la barra mientras Mouse trepaba hasta su hombro.

 

La puerta se abrió con solo tocarla y dejó al descubierto unas escaleras que conducían a un largo y frío pasillo iluminado por una luz tenue.

 

—¡Menuda sorpresa se llevará Pepa cuando nos vea!



 

 

 

Avanzó a grandes zancadas hasta llegar a la parte trasera del escenario. A uno y otro lado había dos pequeñas entradas. Mouse saltó de nuevo al suelo y se deslizó por uno de los laterales.

 

 

 

 

 

—¿Se puede saber adónde vas ahora? —susurró Maxi.

 

En ese instante, el telón del escenario comenzó a elevarse, se encendió un potente foco y una voz anunció…

 



 

La luz apuntó el centro del escenario y descubrió a la estrella más famosa del momento, sentada en una butaca orejera.

 

 

 

 

 

 

La acompañaba el también actor Elton Crack. En el centro del escenario, Becky Ángulo, directora de la película, se dispuso a hablar:

 

Súper Trina Star contra el robot malvado 6 ha elegido esta maravillosa ciudad para el rodaje. Junto a mí está la magnífica Súper Trina Star, la actriz principal. —Los aplausos del público la interrumpieron unos segundos—. Para la película contamos con un fabuloso equipo artístico y técnico y…



 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

Elton Crack levantó la mano como si quisiera hablar y Becky Ángulo se vio obligada a cederle la palabra.

 

—¿Sí? —dijo la directora acercándole el micro.

 

 

 

 

 

 

 

 

—Yo también actúo en la película —dijo, y alguien de la primera fila aplaudió—. De hecho, soy el coprota…

 

Becky Ángulo le apartó el micrófono y volvió a dirigirse al público:



 

—Como decía, blablablablá…, Y antes de acabar, me complace anunciar que mañana empezaremos el rodaje en un magnífico plató diseñado para la ocasión.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El público se puso en pie y aplaudió entusiasmado mientras la directora sonreía satisfecha.

 

 

 

 

 

Mouse aprovechó el momento para fisgonear el escenario de uno a otro lado.

 

Finalmente optó por detenerse frente a Súper Trina Star. Algo le llamaba la atención. Movió los bigotes y… ¡saltó sobre la butaca! ¿Olía a queso?



 

 

 

 

—¡Ups! —desde detrás del escenario Maxi no daba crédito. ¡Su mascota acababa de meterse en un verdadero lío!

 

 

 

 

 

 

 

 

Al ver al roedor, Súper Trina Star abrió los ojos desmesuradamente y palideció. Soltó un alarido ahogado y comenzó a temblar de forma exagerada.

 

 

 

 

 

 

Elton Crack no tardó en darse cuenta de lo que sucedía y, tras dejar escapar un chillido, cayó redondo al suelo.

 

 

Becky Ángulo se puso las gafas, pero al ver al roedor, se le heló la sangre:

 

—¡Atrapad a esa rata antes de que se coma a mi estrella!

 

Una señora de la primera fila subió a socorrer a Elton Crack al tiempo que la directora tomaba en volandas a su actriz principal.

 

 

 

 

 

 

Entre el público se oyeron murmullos. ¿Qué sucedía? ¿Todo aquello formaba parte del espectáculo? ¿Era el momento de los aplausos?

 

Sin perder tiempo, Maxi salió de su escondite y se abalanzó sobre su mascota:

 

—¡La tengo! Es… es… un pobre ratoncito.

 



 

La directora respiró aliviada. Parte de su equipo estaba en el escenario atendiendo a Súper Trina Star. Mientras, un grupo de periodistas hacía fotos a Maxi.

 

 

 

 

 

 

 

—¿Eze no ez…? —Luci dio un codazo a sus amigos.

 

 

 

 

 

Pepa abrió unos ojos como platos… ¿qué hacía Maxi en el escenario? ¿Y por qué le hacían fotos?

 

¡Los cinco amigos apenas habían visto nada de lo que había sucedido!



 

 

 

Al día siguiente Maxi llegó temprano a casa de los Pistas. En el momento en el que cruzó la puerta, el padre de Pepa salió a su encuentro.



 

 —¡Sales en el periódico! —exclamó el señor Pistas mostrando la portada, y leyó—: «Un héroe salva a…». ¡Interesante para una novela!

 

Maxi enrojeció.

 

—¡Nos vamos! —dijo la señora Pistas. Llevaba el maletín de primeros auxilios y vestía con su bata de trabajo—. Me acaba de llamar el equipo técnico de Súper Trina Star. Quieren que estos días esté pendiente de la protagonista. Por lo visto el sobresalto de ayer le ha provocado pesadillas y espasmos. Según cuenta su asistente pesonal, ha pasado una noche de perros.

 

 

 

 

 

 

 

—¿Puedo acompañaros? —El señor Pistas guiñó el ojo a Maxi—. Podré recopilar información para mi nuevo libro, ¡je! ¡je!

 



 

 



 

Por supuesto, Pulgas tampoco quería perdérselo.

 

Así fue como la familia Pistas y Maxi llegaron al plató en la ambulancia veterinaria.

 

 

 

 

 

 

Mientras conducía, la madre de Pepa no dejaba de hablar:

 

—Por lo que tengo entendido, es una perrita bastante delicada. Si alguien suspira delante de ella, pilla un catarro…

 

 

 

 

 

—¡Je! ¡Je! ¡Je! —Al señor Pistas se le escapó una risita.

 

—De hecho, la tienen demasiado mimada —continuó la señora Pistas—. Vigilad que Pulgas no se le acerque



demasiado, igual la asusta. Por cierto, ¿alguien ha pensado en llevar una correa?

 

 

 

 

 


 

 

 

 

Silencio. ¿Eso era un no?

 

—Supongo que no has traído a Mouse… No me gustaría que la perrita sufriera un colapso —se interesó la señora Pistas.

 

Maxi palideció y, en lugar de responder, se cubrió la cabeza con la capucha y se ajustó los cordones. En su interior, Mouse hizo una mueca. La tela le apretaba el chichón y apenas tenía espacio para moverse. ¡Qué incomodidad!

 

 

 

 

 

 

 

Minutos más tarde, la ambulancia veterinaria se detenía.



 

 

—Hemos llegado —advirtió la señora Pistas.

 

 

 

 

 

 

En la entrada de las instalaciones había una zona de aparcamiento y un guardia. La madre de Pepa lo saludó y le entregó una tarjeta de la clínica veterinaria. El hombre inspeccionó el coche y al mirar a los ocupantes de la parte trasera, exclamó:

 

—¡M. C., el niño del periódico!

 

 

 

 

 

 

Maxi sonrió tímidamente.

 

Luego, el guardia de seguridad consultó una lista y miró al copiloto.



 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

—¿Ese quién es? —señaló al señor Pistas.

 

—Mi… —La señora Pistas buscó una respuesta rápida—.

 

Mi ayudante.

 

Entonces el guardia preparó las acreditaciones y se las entregó.

 

 

 

 

—Será mejor que las lleven en un lugar visible —sugirió.

 

Desde la zona de aparcamiento se distinguía el plató. Estaba situado en el interior de una gran burbuja transparente.

 



 


 

 

 

 

Pepa y Maxi lo observaron boquiabiertos. Y al entrar en aquella esfera se dieron cuenta de que estaban en una ciudad del futuro.

 

 

 

 

 

—¡No le falta detalle! —dijo Pepa señalando unos coches voladores colgantes.

 

A su alrededor, varias personas daban los últimos retoques al atrezo mientras los técnicos iban de un lado a otro con cámaras y equipos de sonido.

 

 

 

 

 

—¿Qué os parece? —Una voz llamó su atención.

 

Becky Ángulo había ido a recibirlos.



 

 

 

—¡Encantada de verte de nuevo, M. C! —La directora tendió la mano a Maxi—. Fuiste muy valiente.

 

 

 

 

 

 

 

—No fue para tanto… —Al decirlo se sonrojó y ladeó la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja—. En realidad me llamo Maxi Casos.

 

Pepa lo observaba atentamente y por un instante tuvo la extraña sensación de que algo se removía en el interior de la capucha de su amigo.

 

Pero cuando iba a preguntarle, se percató de que la directora se llevaba a Maxi para presentarlo al resto del equipo. En cuanto terminó, los condujo al exterior de la burbuja hasta la caravana de la estrella.



 

Un joven alto y repeinado estaba de pie frente a la puerta hablando con una mujer de mediana edad que transportaba una especie de cápsula en una carretilla. Al verlos llegar, callaron. Pepa tuvo la sensación de que conocía a aquella mujer.

 

 

 

 

 

—¡Chisss! Trina está descansando —dijo Malon, el asistente personal de la estrella.

 

—Le harán un chequeo y estarán en el rodaje por si hay algún percance. —Becky Ángulo cruzó los dedos.



 

 


 

 

 

—Solo venía a traer las galletitas de queso preferidas de Súper Trina Star —explicó la mujer con una sonrisa, y se fue.

 

  

 

 

 

¿Queso? A Mouse le crujieron las tripas. ¡Tenía que encontrar la manera de escabullirse de la capucha!

 

—¡Rose es siempre muy detallista! —El asistente detuvo su mirada en Maxi y susurró—. ¡M. C.! Súper Trina Star estará encantada de agradecerte lo que hiciste por ella ayer. ¿Quieres pasar?

 

—¡Sí! —exclamó impaciente y dio un codazo a su amiga, ¡estaban a punto de conocer a la superestrella!



 

 

 

 

—Vosotros esperad fuera. —La directora señaló a Pepa, Bebito y Pulgas.

 

 

 

 

 

 

«¡Vaya!», pensó la niña con cara de decepción mientras Maxi desaparecía en el interior de la caravana.

 

La espera se hizo larga. Tan larga que Pepa tuvo tiempo de dar una vuelta por los alrededores. No muy lejos de allí, encontró una tienda de campaña. En el exterior había un tocador y alguien se estaba retocando el pelo.



 

 

 

 

 

 

—¡Elton Crack! —exclamó Pepa.

 

El hombre la miró:

 

—¡Me has reconocido! ¡Qué maja! Últimamente no me reconoce ni mi madre, ¡je! ¡je! Súper Trina Star me ha quitado todo el protagonismo. ¡Qué se le va a hacer!

 

 

 

 


 

 

 

 

Del interior de la tienda se oyó un gruñido. Pulgas se acercó a husmear, pero enseguida reculó y con la cola entre las patas se cobijó al lado de Pepa.


 

 

 

 

El actor continuó como si nada:

 

—Dentro de pocos minutos empieza el rodaje. ¿Alguna vez has estado en alguno?

 

Pepa negó con la cabeza.

 

—¡Te encantará! ¡Je! ¡Je! —El actor se puso de pie y gritó hacia el interior de la tienda—. ¡Me voy pitando al plató!

 

Pepa y Bebito cruzaron la mirada. ¡Aquel hombre era muy curioso!

 

 

 

 

Maxi le hacía señales desde el exterior de la caravana. Malon llevaba a Súper Trina Star en una especie de cochecito y se dirigían al plató.



 


 

 

 

Pepa tomó a Bebito de la mano y se apresuró a ir tras ellos. Sin embargo, el bebé corría a paso de tortuga y no lograron alcanzarlos.

 

 

 

 

 

Cuando entraron en la burbuja de la ciudad del futuro, la directora gritó:

 

—¡Elton, ponte el casco de una vez!

 

—No  se  me  verá  la  cara…  —se  quejó  el  actor—.

 

Además, no me permite hablar bien.

 

—¿Qué más da? ¡En esta película no hablas! Simplemente acompañas a Súper Trina Star.



 

 

—¡Pobre! —A Pepa le dio lástima que Elton Crack estuviera tan mal valorado.

 

—¡Sí, una pena! —suspiró Rose a su lado—. Pero qué se le va a hacer…

 

 

 

 

 

Pepa intentaba recordar de qué le sonaba aquella mujer. ¿Dónde la había visto?

 

Mientras Becky Ángulo daba indicaciones a un cámara, el maquillador hizo unos cuantos retoques a la perrita en el interior de un coche aéreo supersónico.



 

 

 

 

 

Desde lo alto de uno de los edificios, se distinguía a otro actor disfrazado de robot malvado.

 

La directora tomó aire y gritó:

 

—¡Silencio! ¡Se rueda!

 

 

 

 

 

 

—Toma uno —dijo el chico de la claqueta.



 

 

 

 

Pulgas corrió hacia Súper Trina Star y saltó al interior del vehículo.

 

—¡Eh! ¡Ahí voy yo! —Elton regañó a Pulgas.



 

 

Elton Crack se dirigió a Súper Trina Star dispuesto a sacarla del coche, pero Becky Ángulo lo detuvo:

 

—¡Me refiero al otro!

 

—¡Uy! Perdón… —se excusó el actor—. Qué confusión más tonta, ¡je! ¡je!

 

La señora Pistas silbó para atraer la atención de Pulgas. Al oírla, el perro saltó y echó a correr. Súper Trina Star lo observó extrañada e inesperadamente lo imitó y fue tras él hasta el exterior.

 

La directora no daba crédito:

 

—¡No dejéis que se vaya! Sin la actriz principal no hay película…

 

El actor que interpretaba al robot malvado, bajó del edificio y aprovechó para ir al baño.



 

 


 

 

 

 

La señora Pistas llamó de nuevo a Pulgas. Daba brincos con Súper Trina Star por el descampado que había al lado de los estudios de cine. ¡Estaba claro que aquellos dos perritos habían hecho buenas migas!

 

Al escuchar el silbido, Pulgas dio media vuelta y regresó acompañado de su nueva amiga.





 

 

 

—¡No vuelvas a desaparecer! —Malon estaba visiblemente nervioso—. ¿Alguien puede llevarse al chucho peludo? Distrae a mi estrella.

 

—Yo me hago cargo. Esperaré en la ambulancia —se excusó el señor Pistas. Tomó a Pulgas entre los brazos y, seguido de Bebito, se dirigió a la zona de aparcamiento.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Becky Ángulo echó un vistazo al plató y se volvió hacia

 

Maxi y Pepa con los dedos cruzados:

 

—¡Ojalá el rodaje salga bien! Últimamente, hay muchos accidentes.



 

 

—¿Accidentes? —se interesó Pepa.

 

—Sospecho que algunos son provocados… —La directora cerró los ojos y recordó algunos de ellos.



  

 

 

 

 

 

 

 

—¡Es un caso para Los Buscapistas! —exclamó Maxi.

 

Al ver la cara de extrañeza de Becky Ángulo, Pepa decidió mostrarle una de las tarjetas de la agencia. ¡Siempre las llevaba encima!

 

—Somos detectives —dijo.



 

 


 

 

 

 

 

La mujer levantó una ceja y suspiró. No estaba de humor para jueguecitos. Se volvió hacia su equipo y gritó:

 

—¡Rodamos! ¿Está preparado el robot malvado?

 

El equipo técnico señaló el edificio en el que se encontraba el actor.

 

 

 

 

 

 

 

Este, a su vez, levantó el pulgar hacia arriba para indicar que estaba listo.

 

—Toma dos —intervino el chico de la claqueta.



 

 

 

 

 

 

 

 

El auto de Súper Trina Star comenzó a elevarse en dirección al robot malvado. La actriz estaba muy concentrada en su papel. Preparó su lanzador de hilo megarresistente y lo dirigió al robot. Sin embargo, una voz la desconcentró.

 

—¡No empecéis sin mí!

 

Elton Crack apareció de detrás de los decorados con el casco en la mano. ¡Nadie se había acordado de él!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El actor intentó alcanzar el auto. Pero al hacerlo, tropezó con un cable y cayó al suelo.



  

 

 

 

Inesperadamente, el robot malvado dejó escapar un fuerte gruñido, y se impulsó hacia la perrita con unas tijeras gigantes, dispuesto a cortar el cable que sujetaba el vehículo de Súper Trina Star.

 

 

 

—¡Cooorten! —gritó Becky Ángulo al darse cuenta del peligro—. ¡He dicho CORTEN!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero el robot malvado no obedeció y siguió adelante. La perrita, con los pelos completamente erizados, se volvió





hacia la directora. ¿Qué podía hacer? ¡Soltó un terrible alarido!

 

 

—Pe… pero… —La directora tomó el guion y releyó la escena—. Esto no estaba previsto…

 

 

 

 

 

 

 

De un tijeretazo, el robot cortó el cable del auto, que cayó aparatosamente al suelo.

 

 

 

 

 

—Menudo tortazo… —Maxi cerró los ojos para no verlo.



 




 

 

 

 

Rápidamente el robot malvado se apoderó del lanzador de hilo y apuntó hacia Súper Trina Star. Un hilo negro rodeó a la perrita ¡y la dejó hecha un ovillo!

 

 

 

 

 

 

 

Entonces el robot la tomó entre sus brazos y huyó al exterior.



 

 

 

 

—¡IIIIIIh! —Malon, extremadamente pálido, dejó escapar un chillido de impotencia y se desmayó. La señora Pistas se acercó con su maletín para socorrerlo.

 

 

 

 

 

Becky Ángulo hizo un gesto con la mano para reunir a todo el equipo. Durante unos largos minutos, se entretuvieron a revisar las imágenes que acababan de rodar para comprobar qué había sucedido. Pepa y Maxi no querían perdérselo.



 

 



 

—Quizá encontremos pistas —susurró Pepa a Maxi. El chico de la claqueta se puso un dedo sobre la boca en señal de silencio.

 

—Menudo giro ha dado la película. ¡Traed al robot malvado! ¡No volverá a actuar! —gritó Becky Ángulo visiblemente enojada.

 

 

 

—¿Qué es todo este alboroto? —Rose acababa de entrar en el plató y al ver a Elton Crack sentado en el suelo se asustó. El disfraz del actor era tan rígido que apenas podía moverse y, por tanto, sin ayuda era incapaz de levantarse. ¡Con la confusión nadie se había fijado en él!

 

 

 

 

—Mamá… ¡no vas a creer qué ha sucedido! —El actor comenzó a contarle con pelos y señales todo lo ocurrido. El resto, ajenos a Elton, trazaban un plan para encontrar un nuevo actor en tiempo récord.



 

 

 

 

—¡Uy! —Maxi, con la mano en la cabeza, dejó escapar un grito y todos se volvieron hacia él.

 

—¿Alguna idea? —dijo Becky Ángulo.

 

—Ejem… Esto… —Maxi tomó del brazo a Pepa y se excusó—. Tengo que ir al baño.

 

—¿Ahora? —Pepa pensó que no era un buen momento, pero su amigo insistió.

 

Cuando estuvieron apartados del grupo, Maxi susurró:

 

—Mouse no está…

 

 

 

 

 

—Lo sé. —Pepa le recordó que en la ambulancia veterinaria ya habían hablado del tema.

 

—En realidad estaba en el interior de mi capucha. — Maxi estaba cabizbajo. No le gustaba decir mentirijillas a su amiga, pero tampoco quería separarse de su mascota—. ¡Y ahora se ha escapado!

 

 

 

 

—Tenemos que encontrarle antes de que sea demasiado tarde. —Pepa arrugó la nariz en señal de enojo—. Ya sabes que Súper Trina Star no soporta a los roedores.





 

—Primero tengo que ir al baño —insistió. ¡No aguantaba más!

 

Una señal indicaba que los baños estaban en la parte trasera de los decorados. Pasaron junto a la señora Pistas y Malon, que permanecía en el suelo con las piernas en alto. Y en el instante en que entraban en el baño, el grito de Becky Ángulo retumbó por el plató:

 

 

 


 

 

 

 

 

El baño era un cubículo diminuto equipado con dos váteres y un lavamanos. Una de las puertas estaba cerrada con llave. La otra, en cambio, permanecía entreabierta. Maxi no dudó en entrar. A los pocos segundos…

 

—Pepa…

 

—¿Qué?





 

 

Pepa echó un vistazo a su alrededor por si había papel secamanos.

 

Lo único que encontró fue un viejo secador de aire. Por eso rebuscó en sus bolsillos, a veces llevaba pañuelos de papel. ¡Efectivamente! Pero estaba sucio… Al sacarlo, una pequeña foto le cayó al suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

—¡La instantánea que Lily nos hizo! —exclamó.

 

—¿Puedo verla? —Maxi sacudió la mano y cuando Pepa se la dio, algo le llamó la atención unos segundos—. Está desenfocada, pero…



 

Un leve ruidito lo distrajo. ¿Podía ser su ratoncito? —Mira en el otro baño… ¡Mouse no anda lejos!

 

 

 

 

Pepa resopló y vaciló unos segundos. Finalmente se agachó e introdujo medio cuerpo por el espacio que quedaba entre la puerta y el suelo. Al ver lo que había en el interior, se le heló la sangre.

 

—¿Lo has encontrado? —Maxi se estaba impacientando.

 

Silencio.

 

Como no respondía, se asomó para saber qué sucedía. Su amiga permanecía tumbada en el suelo con la parte superior del tronco en el interior del retrete cerrado.

 

Maxi se arrastró a su lado. Al verlo, Pepa señaló en dirección al retrete:

 

—He encontrado…



 

 

 

 

 



 

 

  

 

 

 

—¿A Mouse? —preguntó Maxi con una sonrisa. Pero enmudeció al descubrir a un hombre joven sentado en el retrete. Un jersey largo de neopreno lo tenía totalmente inmovilizado y en la boca mordía una manzana sujeta con cinta que le impedía hablar.

 

 

 

 

—¡Hay que ayudarle! —Pepa se puso de pie y tiró de la cinta. En ese instante, la manzana rodó por el suelo.



 

 

 

 

—Gracias, chicos —dijo el joven—. Ahora ayudadme con el neopreno…

 

Pero a pesar de tirar con todas sus fuerzas, no consiguieron quitárselo.

 

—¡Imposible! —dijo Maxi—. Por cierto, ¿no habrá visto un ratoncito merodeando por aquí?

 

El joven negó con la cabeza.

 

—No he visto nada. Ni siquiera sé muy bien qué ha sucedido. Recuerdo que he aprovechado el descanso de la primera toma para ir al baño. Me he quitado el disfraz de…

 

—¡Robot malvado! —exclamaron Pepa y Maxi—. ¡Eres

 

tú!



 

  

 

 

—El mismo. —El actor hizo una pequeña pausa y luego continuó su relato—. Al llegar al lavabo he notado que alguien entraba detrás de mí y esparcía una especie de ambientador. Curiosamente, me he quedado dormido. Y en el instante en que habéis aparecido, he despertado. El resto ya lo sabéis.

 

—Entonces, si estabas aquí —Maxi tragó saliva—, ¿quién estaba bajo el traje de robot malvado de la toma dos?

 

—¡Oh, no! —se lamentó el joven actor—. Esta película está maldita. Hay que encontrar al saboteador. ¡Buscad la llave y sacadme de aquí!

 

Pepa y Maxi se deslizaron por debajo de la puerta y examinaron el baño palmo a palmo hasta que…



 

 

 

 

 

 

—¡La encontré! —Maxi señaló la papelera—. Mete la mano, Pepa.

 

Pepa frunció el ceño. ¿Por qué ella?

 

—¡Ni hablar! —dijo con cara de asco—. La has encontrado tú y…

 

Pero Maxi le recordó que todavía no había ido al baño y, sin que Pepa pudiera reaccionar, desapareció tras la puerta.

 

—¡Puaj! —Pepa cerró los ojos y se hizo con la llave.

 

Maxi tiró de la cadena en el momento en que su amiga abría al joven actor.




 

 

En el plató todos andaban alborotados. Al ver llegar al actor que interpretaba al robot malvado, enmudecieron.

 

—¿Se puede saber dónde está Súper Trina Star? —dijo Becky Ángulo enojada.

 

El actor dio unos saltitos hacia ella. El traje de neopreno no le permitía moverse demasiado.



 

 

 

 



 

—¡Ni idea! Pregunta a Malon, es el encargado de la perrita.

 

—¡Hemos visto con nuestros propios ojos cómo te la llevabas! —El asistente se cubrió la cara con las manos en señal de desesperación.

 

—¡A mí me han encerrado en el baño! —El joven actor había montado en cólera—. ¡Si no llega a ser por estos dos críos, todavía seguiría dentro!

 

—Entonces ¿quién estaba en el plató con tu disfraz de robot? —Rose se acercó al actor e hizo una señal a Elton Crack para que la ayudara a liberar al joven de aquel traje de neopreno. La señora Pistas y el chico de la claqueta también quisieron ayudar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

—Me temo que el falso robot se ha llevado a nuestra estrella. —Becky Ángulo paseaba de un lado a otro sin saber qué hacer. Finalmente se detuvo—. ¡Moveos! ¡Buscad a Súper Trina Star y al impostor! ¡No pueden andar lejos!

 

Dicho esto, desapareció al exterior seguida de su equipo.



 

 

 

 

 

 

—Voy a la ambulancia veterinaria —dijo la señora Pistas

 

—. No me extrañaría que Súper Trina Star hubiese seguido a Pulgas.

 

—¡Je! ¡Je! Yo aprovecharé para preparar unas cuantas galletitas de queso y refrescos. Un tentempié siempre viene bien. —Rose se dirigió hacia la salida, pero antes de abandonar el plató…



 

 

 

 


 

 

 

 

—¡Chissst! —Pepa dio un codazo a Maxi—. ¡Mouse acababa de asomar el hocico por el bolsillo de Rose!

 

Maxi palideció.

 

 

 

 

—Seguro que ha pensado que encontraría queso… — Pepa dio unos golpecitos a su amigo para que reaccionara.

 

—¡Hay que seguir a Rose! —Maxi dio prioridad a su mascota.

 

La mujer se dirigió hacia la zona de las caravanas. Se oía el vocerío del equipo llamando a la perrita. Pepa y Maxi iban a una distancia prudencial para no ser descubiertos. Al llegar frente a la tienda de campaña de Elton Crack, Rose desapareció en su interior y minutos después salió empujando una carretilla con una especie de cápsula.



 

 

 

 


 

 

 

 

—Debe ser parte del decorado de la película —susurró Pepa—. Pero ¿por qué lo carretea ahora? ¿No iba a preparar comida?

 

En lugar de regresar al plató, la mujer se dirigió hacia la zona de aparcamiento.

 

 

 

—Entremos en la tienda… ¡Quizá Mouse esté comiendo galletitas de queso! —Maxi estaba impaciente por encontrarlo.

 

No había ni rastro del ratón, pero oculto en el interior de un baúl encontraron parte del disfraz de robot malvado, unos frascos de espray Dormilón y…



 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

—¡Cinta de pintor! —exclamaron Pepa y Maxi.

 

—¿Se puede saber qué hacéis aquí? —los sobresaltó una voz.

 

¡Elton Crack los había descubierto!

 

—Bu… Buscamos a mi masco… —Maxi calló en seco. Estaba a punto de meter la pata—. ¡Glups!

 

—A Súper Trina Star —corrigió Pepa.

 

—Es como si la tierra se la hubiese tragado —dijo el actor, y se encogió de hombros—. He venido a buscar unas galletitas de queso para animar al equipo, ¿queréis?

 

¡Galletitas de queso! Maxi tiró del brazo de Pepa. ¡Si Mouse no estaba en la tienda, significaba que seguía en el bolsillo de Rose!



 

 

 

 

 

 

La lluvia había humedecido la tierra y se distinguía claramente el trazo que había dejado en el suelo la carretilla de Rose. Todo indicaba que había llegado hasta la zona de aparcamiento. A partir de ahí, el rastro desaparecía en el asfalto.

 

 

 

Pulgas los saludó desde la ventana abierta de la ambulancia veterinaria. En el interior Bebito dormía a pierna suelta junto al señor Pistas.



 

 



 

—¿Por qué no os lleváis a Pulgas un rato? —sugirió la señora Pistas—. Parece nervioso.

 

 

 

Dicho esto, abrió la puerta y lo dejó salir. Pulgas, en lugar de ir hacia los niños, corrió en dirección a la salida de las instalaciones.

 

—¡Eeeh! ¡Se os escapa el perro! —El guardia de la puerta agarró a Pulgas del collar.

 

 

 

 

 

 

 

 

—Seguro que es capaz de olfatear a Mouse… —Maxi siempre veía la parte positiva de las cosas.

 

—Gracias —dijo Pepa al guardia—. ¿Ha visto pasar por aquí a una señora con una carretilla?

 

—¿Te refieres a la buena de Rose? ¡Ha ido en dirección al puerto!



 

 

 

 


 

 

 

 

El puerto no quedaba lejos. Solo tenían que cruzar una calle ancha y caminar unos metros hasta una zona repleta de contenedores.

 

Frente a ellos había un buque de mercancías y barcos de pesca. Pulgas olfateaba incansable. Parecía buscar algo… Pero ¿qué?

 

 

 

 

—Sabe que Mouse está cerca —explicó Maxi, y acarició la cabeza del perro—. ¿Verdad?

 

—¡Chissst! —Pepa se detuvo—. ¡Mira!



 

Delante de ellos, en uno de los muelles, Rose charlaba con un pescador que cargaba su barco con redes y otros materiales. Mouse aprovechó el momento para abandonar el bolsillo y saltar a la embarcación.

 

 

 

 

 

 

—¡Si lo descubren, se meterá en un buen aprieto! — exclamó Maxi—. Hay que…

 

—Esperar… —advirtió Pepa. Hasta que Rose y el pescador no desaparecieran, no podían actuar.

 

Mientras, Rose cruzó la pasarela carretilla en mano. Entre los dos, sacaron la cápsula y la guardaron en una especie de trampilla.



 

Luego entraron en la cabina. Desde donde estaban Pepa y Maxi se distinguía un rastro de humo de una tetera. Seguramente, estaban a punto de tomar una taza de té.

 

 

 

—¡Ahora es el momento! Nos escabulliremos por la cubierta —propuso Pepa—: A la de tres corremos hacia el barco. ¡Uno! ¡Dos! Y…

 

Maxi y Pulgas corrieron veloces…

 

—¡Tres! ¡Esperadme! —Pepa salió tras ellos.


 

 

 

Mouse permanecía inmóvil en plena cubierta mirándolos fijamente. El barco se zarandeaba más de lo debido por culpa de una lancha que daba vueltas por la zona y agitaba el agua provocando oleaje. Pepa y Maxi estaban en cuclillas para que no los descubrieran.

 

—Pepa… —susurró Maxi. Tenía la cara de una tonalidad amarilla— me mareo.

 

  

 

 

 

Pulgas no estaba mejor.

 

—No es momento de… —Pepa echó un vistazo a la cabina. De espaldas a ellos, el pescador y Rose reían a carcajadas. Daba la impresión de que se conocían. Incluso le pareció que el pescador tenía cierto parecido a Elton Crack.



 

 

—¡Tonterías! —decidió Pepa, y se volvió hacia Mouse—. ¡Ven aquí!

 

Pero el ratoncito, en lugar de hacerle caso, desapareció por una ranura de la cubierta.

 

 

 

 

La niña se desplazó a gatas hasta la abertura y echó un vistazo. Estaba muy oscuro…

 

—¡Maxi! —exclamó Pepa.

 

Silencio.

 

Pepa levantó la cabeza y miró a uno y otro lado. Finalmente, descubrió a Maxi y a Pulgas tumbados en el muelle.

 

¡La habían dejado sola en el barco!



 

 

 

 

 

Tenía que recuperar a Mouse y salir de la embarcación tan rápido como fuera posible.

 

Abrió la trampilla y saltó al interior. Al hacerlo, un terrible olor a pescado la envolvió. Había cajas esparcidas por el suelo y… ¡la cápsula! ¿Por qué Rose la había guardado allí?



 

 

 

Mouse estaba junto a aquel chisme. Rápidamente se acercó hasta el ratón y le tendió la palma de la mano para que se subiera a ella, pero en ese instante…

 

 

 

 

Del interior de la cápsula salió un aullido lastimero. Pepa levantó aquel chisme e intentó abrirlo. En la parte trasera había un botón. ¡Quizá si lo apretaba…!

 

La cápsula se abrió en dos y dejó al descubierto a…



 

 

 

—¡Súper Trina Star!

 

La perrita saltó a los brazos de Pepa. ¿Qué estaba pasando?

 

 

 

 

 

 

 

La niña asomó la cabeza a través de la trampilla. Maxi daba brincos desde tierra firme y le mostraba la foto desenfocada. ¡Intentaba decirle algo!

 

—¿Se puede saber qué hacéis aquí?

 

Rose estaba a dos palmos de su cabeza y no parecía muy contenta de verlos. El pescador saltó del barco, tomó




a Maxi en volandas y, seguido de Pulgas, que ladraba sin cesar, embarcó de nuevo.

 

  

 

 

 

—Debo zarpar de inmediato —dijo el pescador—. Se están complicando las cosas.

 

—¿Qué hacemos con los críos? —Rose estaba algo nerviosa.

 

—Me los llevo también y los dejo a todos en alguna isla perdida.

 

 

 

 

Pepa observó a aquel hombre de la cabeza a los pies. ¡El parecido con Elton Crack era más que razonable!

 

—¿Qué miras? —dijo de mala gana el pescador.

 

—Me… me… recuerda a alguien —respondió Pepa.

 

—¡Je! ¡Je! Es clavadito a nuestro hijo. —Rose no pudo contenerse.



 


 

 

 

 

Pepa y Maxi cruzaron miradas.

 

—¡Nos vamos! —El pescador se despidió de Rose—. Quita el amarre. Y dile a Elton que por fin brillará como una estrella.

 

Rose cruzó la pasarela y cuando se disponía a deshacer el nudo del amarre el coche del inspector frenó en seco. Becky Ángulo, la señora Pistas, Elton Crack y Malon llegaron juntos.

 

 

 

 


 

 

 

—¡No tan deprisa! —gritó el inspector.


 

 

 




 

—¡Grrr! —Rose soltó un gruñido.

 

La agente de policía saltó a cubierta y comprobó que todos estaban bien.

 

—¿Se puede saber qué hace Súper Trina Star en un barco? ¿Y quién ha avisado al inspector? —La directora no daba crédito.

 

—¡Papá! ¡Cuánto tiempo! —Elton Crack fue a abrazar a su padre.

 

 

 

 

 

—Tan solo quería deshacerme del chucho. —Rose estaba terriblemente enojada—. Le ha quitado todo el protagonismo a mi hijo. Mi marido me propuso dejar a Súper Trina Star en la otra parte del mundo.

 

Al escucharlo, Malon cayó al suelo desmayado. La señora Pistas acudió en su ayuda.



 

 

 


 

—Pero, mamá… —Elton Crack soltó a su padre—. Eso es muy feo.

 

—Lo he intentado todo, sin éxito —continuó explicando la mujer—. Hoy era el día perfecto. El barco estaba amarrado en Basketville, he podido suplantar al actor que hace de robot malvado y me he llevado a Súper Trina Star sin problemas. Pero por culpa de estos críos… ¡Grrr!

 

 

 

 

 

—¡El mismo gruñido que oí en la tienda de Elton! —Pepa acababa de darse cuenta.

 

 

 

Maxi mostró la foto desenfocada:


 

 

 


 

 

—En la imagen se ve a Rose dando un puntapié al cartel de Súper Trina Star. ¡Es lo que intentaba decirte antes, Pepa!





 

El inspector y la agente se llevaron a Rose y a su marido.

 

 

 

 


 

 

Elton Crack estaba muy enfadado con sus padres y los ojos se le llenaron de lágrimas. Malon, a su lado, lo rodeó con el brazo.

 

 

 


 

 

 

—¡Creo que cambiaremos un poco el guion! —Becky Ángulo también intentó animarlo—. Incluso te dejaré hablar…

 

 

 

 

 

Eso hizo reír a Elton Crack.

 

Mientras, Pulgas y Súper Trina Star correteaban y jugueteaban por los alrededores.

 

—Con todo lo que ha pasado papá tiene material más que suficiente para una novela —sonrió Pepa.

 

—Duerme como un lirón —suspiró la señora Pistas—. No se ha enterado de nada.

 

Maxi guiñó un ojo a su amiga. ¡Y tampoco nadie se había percatado de que Mouse estaba con él!




 

 

 

 

 

 

 

TERESA BLANCH nació en Barcelona y estudió Ciencias de la Comunicación en la UAB, y un máster de Edición en la UPF. Actualmente escribe para el público infantil y juvenil, y colabora con algunas publicaciones especializadas en literatura.

 

 

JOSÉ ÁNGEL LABARI ILUNDAIN es licenciado en Bellas Artes por la UB. Ha trabajado en series de animación como Las tres mellizas, Miniman y Juanito Jones. Además, ha publicado diversos cómics con el pseudónimo de Jali por los que ha sido nominado a numerosos premios.





FIN

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