© Libro N° 14840. El Caso De La Perrita Desaparecida. Los Busca Pistas – 16. Blanch, Teresa. Emancipación. Febrero 21 de 2026
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EL
CASO DE LA PERRITA
DESAPARECIDA
Los Busca
Pistas - 16
Teresa
Blanch
El Caso De La Perrita
Desaparecida
Los Busca Pistas - 16
Teresa Blanch
¡Conviértete en detective con Pepa Pistas y Maxi Casos!
Súper Trina Star es la perrita más famosa del mundo, ¡y ahora ha llegado
a Basketville para filmar la serie más exitosa del momento! Pero justo el día
del rodaje, la superestrella desaparece y nadie sabe qué ha podido pasar. ¡Sin
ella no hay serie! Por suerte, Pepa y Maxi están ahí y van a seguir el rastro
de las pistas hasta resolver el misterio. ¿Los ayudas?
Teresa Blanch
El Caso De La Perrita
Desaparecida
Los BuscaPistas - 16
ePub r1.0
Titivillus 02.02.2026
Título original: El caso de la perrita desaparecida
Teresa Blanch, 2023
Ilustraciones: José Ángel Labari
Editor digital: Titivillus
ePub base r2.1
Pepa Pistas miraba a uno y otro lado de la calle. Faltaban pocos minutos
para que abrieran el auditorio y Maxi Casos todavía no había llegado. A su
lado, Dani Dado comía palomitas y Lily Nanas sacaba fotos a Cristina Lío y Luci
Crestas en el photocall que los organizadores habían
preparado. ¡Todos se habían vestido para la ocasión!
—¿Os saco una? —Lily se volvió hacia Pepa y Dani.
—¡Sí! —Dani parecía entusiasmado.
En el mismo instante en que Lucy disparó la cámara se escuchó el gruñido
de una mujer que inesperadamente cruzó el photocall y los
sobresaltó.
Las palomitas de Dani volaron por los aires, el cartel cayó al suelo y
la foto…
—¡Uy! Ha salido movida —se lamentó Lily, y la entregó a su amigo.
—¿Me la guardas? —Dani le dio la instantánea a Pepa y se apresuró a
recoger las palomitas del suelo—. ¡Qué mala suerte! Con lo ricas que estaban…
Las puertas del auditorio se abrieron enseguida. Dani tiró el cucurucho
a la papelera y se dispuso a entrar con sus amigas.
—¿Y Maxi? —preguntó Cristina al darse cuenta de que no estaba.
Pepa se encogió de hombros. ¡No tenía ni idea!
—Está al llegar. —Pepa se detuvo. ¿Quizá deberían esperarlo un poco más?
—Ezto eztá hazta loz topez. ¡Rápido o noz quedamoz zin zitio! —ordenó
Luci.
La sala estaba llena a rebosar y los únicos asientos que quedaban libres
eran los de la última fila.
Pepa, Dani, Cristina, Luci y Lily se apresuraron a ocuparlos. ¡Pero
desde donde estaban apenas veían el escenario!
—Vayamos a buscar alzadores de butaca —susurró Cristina.
Antes de que pudieran ir, las luces de la sala se apagaron y de los
altavoces sonó una música ensordecedora acompañada de una voz aguda que
anunciaba el inicio de la presentación.
—Será mejor que no nos movamos —sugirió Lily.
Pepa intentó escudriñar en la oscuridad. ¿Dónde estaba Maxi? ¿Y si había
entrado detrás de ellos? ¡No podía andar lejos!
Justo en ese momento, Maxi apoyaba su bicicleta en la fachada del
auditorio y se disponía a entrar.
—Si no te hubieses caído de la camilla de la consulta de la señora
Pistas, habríamos llegado a tiempo —murmuró a su mascota.
¡Iccc!, Mouse asomó el hocico. Tenía un enorme chichón en la cabeza.
—No me vengas con excusas. Era un pinchacito de nada y al final te han
tenido que curar un coscorrón —murmuró Maxi.
Decidido, se dirigió hacia la sala, pero cuando estaba a punto de
entrar, el acomodador le salió al paso:
—¡No hay butacas libres! Aforo completo.
—Puedo sentarme en el suelo —sugirió Maxi—. No me importa…
—Tengo órdenes de no dejar entrar a nadie más. —El acomodador se mantuvo
firme.
Maxi suspiró y, cabizbajo, dio media vuelta. En la calle, tomó a Mouse
del interior de su capucha y lo miró fijamente:
—¿Ves? ¡Me lo perderé por tu miedo a las vacunas!
Inesperadamente, el ratón saltó al suelo y se escabulló hasta doblar la
esquina.
—¡Lo que me faltaba!
Maxi lo persiguió hasta la parte trasera del edificio. Una vez allí, el
ratón frenó en seco.
—¡Tú sí que sabes! —A Maxi se le iluminó la cara y se dispuso a empujar
la barra mientras Mouse trepaba hasta su hombro.
La puerta se abrió con solo tocarla y dejó al descubierto unas escaleras
que conducían a un largo y frío pasillo iluminado por una luz tenue.
—¡Menuda sorpresa se llevará Pepa cuando nos vea!
Avanzó a grandes zancadas hasta llegar a la parte trasera del escenario.
A uno y otro lado había dos pequeñas entradas. Mouse saltó de nuevo al suelo y
se deslizó por uno de los laterales.
—¿Se puede saber adónde vas ahora? —susurró Maxi.
En ese instante, el telón del escenario comenzó a elevarse, se encendió
un potente foco y una voz anunció…
La luz apuntó el centro del escenario y descubrió a la estrella más
famosa del momento, sentada en una butaca orejera.
La acompañaba el también actor Elton Crack. En el centro del escenario,
Becky Ángulo, directora de la película, se dispuso a hablar:
—Súper Trina Star contra el robot malvado 6 ha elegido esta
maravillosa ciudad para el rodaje. Junto a mí está la magnífica Súper Trina
Star, la actriz principal. —Los aplausos del público la interrumpieron unos
segundos—. Para la película contamos con un fabuloso equipo artístico y técnico
y…
Elton Crack levantó la mano como si quisiera hablar y Becky Ángulo se
vio obligada a cederle la palabra.
—¿Sí? —dijo la directora acercándole el micro.
—Yo también actúo en la película —dijo, y alguien de la primera fila
aplaudió—. De hecho, soy el coprota…
Becky Ángulo le apartó el micrófono y volvió a dirigirse al público:
—Como decía, blablablablá…, Y antes de acabar, me complace anunciar que
mañana empezaremos el rodaje en un magnífico plató diseñado para la ocasión.
El público se puso en pie y aplaudió entusiasmado mientras la directora
sonreía satisfecha.
Mouse aprovechó el momento para fisgonear el escenario de uno a otro
lado.
Finalmente optó por detenerse frente a Súper Trina Star. Algo le llamaba
la atención. Movió los bigotes y… ¡saltó sobre la butaca! ¿Olía a queso?
—¡Ups! —desde detrás del escenario Maxi no daba crédito. ¡Su mascota
acababa de meterse en un verdadero lío!
Al ver al roedor, Súper Trina Star abrió los ojos desmesuradamente y
palideció. Soltó un alarido ahogado y comenzó a temblar de forma exagerada.
Elton Crack no tardó en darse cuenta de lo que sucedía y, tras dejar
escapar un chillido, cayó redondo al suelo.
Becky Ángulo se puso las gafas, pero al ver al roedor, se le heló la
sangre:
—¡Atrapad a esa rata antes de que se coma a mi estrella!
Una señora de la primera fila subió a socorrer a Elton Crack al tiempo
que la directora tomaba en volandas a su actriz principal.
Entre el público se oyeron murmullos. ¿Qué sucedía? ¿Todo aquello
formaba parte del espectáculo? ¿Era el momento de los aplausos?
Sin perder tiempo, Maxi salió de su escondite y se abalanzó sobre su
mascota:
—¡La tengo! Es… es… un pobre ratoncito.
La directora respiró aliviada. Parte de su equipo estaba en el escenario
atendiendo a Súper Trina Star. Mientras, un grupo de periodistas hacía fotos a
Maxi.
—¿Eze no ez…? —Luci dio un codazo a sus amigos.
Pepa abrió unos ojos como platos… ¿qué hacía Maxi en el escenario? ¿Y
por qué le hacían fotos?
¡Los cinco amigos apenas habían visto nada de lo que había sucedido!
Al día siguiente Maxi llegó temprano a casa de los Pistas. En el momento
en el que cruzó la puerta, el padre de Pepa salió a su encuentro.
—¡Sales en el periódico! —exclamó el señor Pistas mostrando la
portada, y leyó—: «Un héroe salva a…». ¡Interesante para una novela!
Maxi enrojeció.
—¡Nos vamos! —dijo la señora Pistas.
Llevaba el maletín de primeros auxilios y vestía con su bata de trabajo—. Me
acaba de llamar el equipo técnico de Súper Trina Star. Quieren que estos días
esté pendiente de la protagonista. Por lo visto el sobresalto de ayer le ha
provocado pesadillas y espasmos. Según cuenta su asistente pesonal, ha pasado
una noche de perros.
—¿Puedo acompañaros? —El señor Pistas guiñó el ojo a Maxi—. Podré
recopilar información para mi nuevo libro, ¡je! ¡je!
Por supuesto, Pulgas tampoco quería perdérselo.
Así fue como la familia Pistas y Maxi llegaron al plató en la ambulancia
veterinaria.
Mientras conducía, la madre de Pepa no dejaba de hablar:
—Por lo que tengo entendido, es una perrita bastante delicada. Si
alguien suspira delante de ella, pilla un catarro…
—¡Je! ¡Je! ¡Je! —Al señor Pistas se le escapó una risita.
—De hecho, la tienen demasiado mimada —continuó la señora Pistas—.
Vigilad que Pulgas no se le acerque
demasiado, igual la asusta. Por cierto, ¿alguien ha pensado en llevar
una correa?
Silencio. ¿Eso era un no?
—Supongo que no has traído a Mouse… No me gustaría que la perrita
sufriera un colapso —se interesó la señora Pistas.
Maxi palideció y, en lugar de responder, se cubrió la cabeza con la
capucha y se ajustó los cordones. En su interior, Mouse hizo una mueca. La tela
le apretaba el chichón y apenas tenía espacio para moverse. ¡Qué incomodidad!
Minutos más tarde, la ambulancia veterinaria se detenía.
—Hemos llegado —advirtió la señora Pistas.
En la entrada de las instalaciones había una zona de aparcamiento y un
guardia. La madre de Pepa lo saludó y le entregó una tarjeta de la clínica
veterinaria. El hombre inspeccionó el coche y al mirar a los ocupantes de la
parte trasera, exclamó:
—¡M. C., el niño del periódico!
Maxi sonrió tímidamente.
Luego, el guardia de seguridad consultó una lista y miró al copiloto.
—¿Ese quién es? —señaló al señor Pistas.
—Mi… —La señora Pistas buscó una respuesta rápida—.
Mi ayudante.
Entonces el guardia preparó las acreditaciones y se las entregó.
—Será mejor que las lleven en un lugar visible —sugirió.
Desde la zona de aparcamiento se distinguía el plató. Estaba situado en
el interior de una gran burbuja transparente.
Pepa y Maxi lo observaron boquiabiertos. Y al entrar en aquella esfera
se dieron cuenta de que estaban en una ciudad del futuro.
—¡No le falta detalle! —dijo Pepa señalando unos coches voladores
colgantes.
A su alrededor, varias personas daban los últimos retoques al atrezo
mientras los técnicos iban de un lado a otro con cámaras y equipos de sonido.
—¿Qué os parece? —Una voz llamó su atención.
Becky Ángulo había ido a recibirlos.
—¡Encantada de verte de nuevo, M. C! —La directora tendió la mano a
Maxi—. Fuiste muy valiente.
—No fue para tanto… —Al decirlo se sonrojó y ladeó la cabeza con una
sonrisa de oreja a oreja—. En realidad me llamo Maxi Casos.
Pepa lo observaba atentamente y por un instante tuvo la extraña
sensación de que algo se removía en el interior de la capucha de su amigo.
Pero cuando iba a preguntarle, se percató de que la directora se llevaba
a Maxi para presentarlo al resto del equipo. En cuanto terminó, los condujo al
exterior de la burbuja hasta la caravana de la estrella.
Un joven alto y repeinado estaba de pie frente a la puerta hablando con
una mujer de mediana edad que transportaba una especie de cápsula en una
carretilla. Al verlos llegar, callaron. Pepa tuvo la sensación de que conocía a
aquella mujer.
—¡Chisss! Trina está descansando —dijo Malon, el asistente personal de
la estrella.
—Le harán un chequeo y estarán en el rodaje por si hay algún percance.
—Becky Ángulo cruzó los dedos.
—Solo venía a traer las galletitas de queso preferidas de Súper Trina
Star —explicó la mujer con una sonrisa, y se fue.
¿Queso? A Mouse le crujieron las tripas. ¡Tenía que encontrar la manera
de escabullirse de la capucha!
—¡Rose es siempre muy detallista! —El asistente detuvo su mirada en Maxi
y susurró—. ¡M. C.! Súper Trina Star estará encantada de agradecerte lo que
hiciste por ella ayer. ¿Quieres pasar?
—¡Sí! —exclamó impaciente y dio un codazo a su amiga, ¡estaban a punto
de conocer a la superestrella!
—Vosotros esperad fuera. —La directora señaló a Pepa, Bebito y Pulgas.
«¡Vaya!», pensó la niña con cara de decepción mientras Maxi desaparecía
en el interior de la caravana.
La espera se hizo larga. Tan larga que Pepa tuvo tiempo de dar una
vuelta por los alrededores. No muy lejos de allí, encontró una tienda de
campaña. En el exterior había un tocador y alguien se estaba retocando el pelo.
—¡Elton Crack! —exclamó Pepa.
El hombre la miró:
—¡Me has reconocido! ¡Qué maja! Últimamente no me reconoce ni mi madre,
¡je! ¡je! Súper Trina Star me ha quitado todo el protagonismo. ¡Qué se le va a
hacer!
Del interior de la tienda se oyó un gruñido. Pulgas se acercó a husmear,
pero enseguida reculó y con la cola entre las patas se cobijó al lado de Pepa.
El actor continuó como si nada:
—Dentro de pocos minutos empieza el rodaje. ¿Alguna vez has estado en
alguno?
Pepa negó con la cabeza.
—¡Te encantará! ¡Je! ¡Je! —El actor se puso de pie y gritó hacia el
interior de la tienda—. ¡Me voy pitando al plató!
Pepa y Bebito cruzaron la mirada. ¡Aquel hombre era muy curioso!
Maxi le hacía señales desde el exterior de la caravana. Malon llevaba a
Súper Trina Star en una especie de cochecito y se dirigían al plató.
Pepa tomó a Bebito de la mano y se apresuró a ir tras ellos. Sin
embargo, el bebé corría a paso de tortuga y no lograron alcanzarlos.
Cuando entraron en la burbuja de la ciudad del futuro, la directora
gritó:
—¡Elton, ponte el casco de una vez!
—No se me verá la cara… —se quejó el actor—.
Además, no me permite hablar bien.
—¿Qué más da? ¡En esta película no hablas! Simplemente acompañas a Súper
Trina Star.
—¡Pobre! —A Pepa le dio lástima que Elton Crack estuviera tan mal
valorado.
—¡Sí, una pena! —suspiró Rose a su lado—. Pero qué se le va a hacer…
Pepa intentaba recordar de qué le sonaba aquella mujer. ¿Dónde la había
visto?
Mientras Becky Ángulo daba indicaciones a un cámara, el maquillador hizo
unos cuantos retoques a la perrita en el interior de un coche aéreo
supersónico.
Desde lo alto de uno de los edificios, se distinguía a otro actor
disfrazado de robot malvado.
La directora tomó aire y gritó:
—¡Silencio! ¡Se rueda!
—Toma uno —dijo el chico de la claqueta.
Pulgas corrió hacia Súper Trina Star y saltó al interior del vehículo.
—¡Eh! ¡Ahí voy yo! —Elton regañó a Pulgas.
Elton Crack se dirigió a Súper Trina Star dispuesto a sacarla del coche,
pero Becky Ángulo lo detuvo:
—¡Me refiero al otro!
—¡Uy! Perdón… —se excusó el actor—. Qué confusión más tonta, ¡je! ¡je!
La señora Pistas silbó para atraer la atención de Pulgas. Al oírla, el
perro saltó y echó a correr. Súper Trina Star lo observó extrañada e
inesperadamente lo imitó y fue tras él hasta el exterior.
La directora no daba crédito:
—¡No dejéis que se vaya! Sin la actriz principal no hay película…
El actor que interpretaba al robot malvado, bajó del edificio y
aprovechó para ir al baño.
La señora Pistas llamó de nuevo a Pulgas. Daba brincos con Súper Trina
Star por el descampado que había al lado de los estudios de cine. ¡Estaba claro
que aquellos dos perritos habían hecho buenas migas!
Al escuchar el silbido, Pulgas dio media vuelta y regresó acompañado de
su nueva amiga.
—¡No vuelvas a desaparecer! —Malon estaba visiblemente nervioso—.
¿Alguien puede llevarse al chucho peludo? Distrae a mi estrella.
—Yo me hago cargo. Esperaré en la ambulancia —se excusó el señor Pistas.
Tomó a Pulgas entre los brazos y, seguido de Bebito, se dirigió a la zona de
aparcamiento.
Becky Ángulo echó un vistazo al plató y se volvió hacia
Maxi y Pepa con los dedos cruzados:
—¡Ojalá el rodaje salga bien! Últimamente, hay muchos accidentes.
—¿Accidentes? —se interesó Pepa.
—Sospecho que algunos son provocados… —La directora cerró los ojos y
recordó algunos de ellos.
—¡Es un caso para Los Buscapistas! —exclamó Maxi.
Al ver la cara de extrañeza de Becky Ángulo, Pepa decidió mostrarle una
de las tarjetas de la agencia. ¡Siempre las llevaba encima!
—Somos detectives —dijo.
La mujer levantó una ceja y suspiró. No estaba de humor para
jueguecitos. Se volvió hacia su equipo y gritó:
—¡Rodamos! ¿Está preparado el robot malvado?
El equipo técnico señaló el edificio en el que se encontraba el actor.
Este, a su vez, levantó el pulgar hacia arriba para indicar que estaba
listo.
—Toma dos —intervino el chico de la claqueta.
El auto de Súper Trina Star comenzó a elevarse en dirección al robot
malvado. La actriz estaba muy concentrada en su papel. Preparó su lanzador de
hilo megarresistente y lo dirigió al robot. Sin embargo, una voz la
desconcentró.
—¡No empecéis sin mí!
Elton Crack apareció de detrás de los decorados con el casco en la mano.
¡Nadie se había acordado de él!
El actor intentó alcanzar el auto. Pero al hacerlo, tropezó con un cable
y cayó al suelo.
Inesperadamente, el robot malvado dejó escapar un fuerte gruñido, y se
impulsó hacia la perrita con unas tijeras gigantes, dispuesto a cortar el cable
que sujetaba el vehículo de Súper Trina Star.
—¡Cooorten! —gritó Becky Ángulo al darse cuenta del peligro—. ¡He dicho
CORTEN!
Pero el robot malvado no obedeció y siguió adelante. La perrita, con los
pelos completamente erizados, se volvió
hacia la directora. ¿Qué podía hacer? ¡Soltó un terrible alarido!
—Pe… pero… —La directora tomó el guion y releyó la escena—. Esto no
estaba previsto…
De un tijeretazo, el robot cortó el cable del auto, que cayó
aparatosamente al suelo.
—Menudo tortazo… —Maxi cerró los ojos para no verlo.
Rápidamente el robot malvado se apoderó del lanzador de hilo y apuntó
hacia Súper Trina Star. Un hilo negro rodeó a la perrita ¡y la dejó hecha un
ovillo!
Entonces el robot la tomó entre sus brazos y huyó al exterior.
—¡IIIIIIh! —Malon, extremadamente pálido, dejó escapar un chillido de
impotencia y se desmayó. La señora Pistas se acercó con su maletín para
socorrerlo.
Becky Ángulo hizo un gesto con la mano para reunir a todo el equipo.
Durante unos largos minutos, se entretuvieron a revisar las imágenes que
acababan de rodar para comprobar qué había sucedido. Pepa y Maxi no querían
perdérselo.
—Quizá encontremos pistas —susurró Pepa a Maxi. El chico de la claqueta
se puso un dedo sobre la boca en señal de silencio.
—Menudo giro ha dado la película. ¡Traed al robot malvado! ¡No volverá a
actuar! —gritó Becky Ángulo visiblemente enojada.
—¿Qué es todo este alboroto? —Rose acababa de entrar en el plató y al
ver a Elton Crack sentado en el suelo se asustó. El disfraz del actor era tan
rígido que apenas podía moverse y, por tanto, sin ayuda era incapaz de
levantarse. ¡Con la confusión nadie se había fijado en él!
—Mamá… ¡no vas a creer qué ha sucedido! —El actor comenzó a contarle con
pelos y señales todo lo ocurrido. El resto, ajenos a Elton, trazaban un plan
para encontrar un nuevo actor en tiempo récord.
—¡Uy! —Maxi, con la mano en la cabeza, dejó escapar un grito y todos se
volvieron hacia él.
—¿Alguna idea? —dijo Becky Ángulo.
—Ejem… Esto… —Maxi tomó del brazo a Pepa y se excusó—. Tengo que ir al
baño.
—¿Ahora? —Pepa pensó que no era un buen momento, pero su amigo insistió.
Cuando estuvieron apartados del grupo, Maxi susurró:
—Mouse no está…
—Lo sé. —Pepa le recordó que en la ambulancia veterinaria ya habían
hablado del tema.
—En realidad estaba en el interior de mi capucha. — Maxi estaba
cabizbajo. No le gustaba decir mentirijillas a su amiga, pero tampoco quería
separarse de su mascota—. ¡Y ahora se ha escapado!
—Tenemos que encontrarle antes de que sea demasiado tarde. —Pepa arrugó
la nariz en señal de enojo—. Ya sabes que Súper Trina Star no soporta a los
roedores.
—Primero tengo que ir al baño —insistió. ¡No aguantaba más!
Una señal indicaba que los baños estaban en la parte trasera de los
decorados. Pasaron junto a la señora Pistas y Malon, que permanecía en el suelo
con las piernas en alto. Y en el instante en que entraban en el baño, el grito
de Becky Ángulo retumbó por el plató:
El baño era un cubículo diminuto equipado con dos váteres y un
lavamanos. Una de las puertas estaba cerrada con llave. La otra, en cambio,
permanecía entreabierta. Maxi no dudó en entrar. A los pocos segundos…
—Pepa…
—¿Qué?
Pepa echó un vistazo a su alrededor por si había papel secamanos.
Lo único que encontró fue un viejo secador de aire. Por eso rebuscó en
sus bolsillos, a veces llevaba pañuelos de papel. ¡Efectivamente! Pero estaba
sucio… Al sacarlo, una pequeña foto le cayó al suelo.
—¡La instantánea que Lily nos hizo! —exclamó.
—¿Puedo verla? —Maxi sacudió la mano y cuando Pepa se la dio, algo le
llamó la atención unos segundos—. Está desenfocada, pero…
Un leve ruidito lo distrajo. ¿Podía ser su ratoncito? —Mira en el otro
baño… ¡Mouse no anda lejos!
Pepa resopló y vaciló unos segundos. Finalmente se agachó e introdujo
medio cuerpo por el espacio que quedaba entre la puerta y el suelo. Al ver lo
que había en el interior, se le heló la sangre.
—¿Lo has encontrado? —Maxi se estaba impacientando.
Silencio.
Como no respondía, se asomó para saber qué sucedía. Su amiga permanecía
tumbada en el suelo con la parte superior del tronco en el interior del retrete
cerrado.
Maxi se arrastró a su lado. Al verlo, Pepa señaló en dirección al
retrete:
—He encontrado…
—¿A Mouse? —preguntó Maxi con una sonrisa. Pero enmudeció al descubrir a
un hombre joven sentado en el retrete. Un jersey largo de neopreno lo tenía
totalmente inmovilizado y en la boca mordía una manzana sujeta con cinta que le
impedía hablar.
—¡Hay que ayudarle! —Pepa se puso de pie y tiró de la cinta. En ese
instante, la manzana rodó por el suelo.
—Gracias, chicos —dijo el joven—. Ahora ayudadme con el neopreno…
Pero a pesar de tirar con todas sus fuerzas, no consiguieron quitárselo.
—¡Imposible! —dijo Maxi—. Por cierto, ¿no habrá visto un ratoncito
merodeando por aquí?
El joven negó con la cabeza.
—No he visto nada. Ni siquiera sé muy bien qué ha sucedido. Recuerdo que
he aprovechado el descanso de la primera toma para ir al baño. Me he quitado el
disfraz de…
—¡Robot malvado! —exclamaron Pepa y Maxi—. ¡Eres
tú!
—El mismo. —El actor hizo una pequeña pausa y luego continuó su relato—.
Al llegar al lavabo he notado que alguien entraba detrás de mí y esparcía una
especie de ambientador. Curiosamente, me he quedado dormido. Y en el instante
en que habéis aparecido, he despertado. El resto ya lo sabéis.
—Entonces, si estabas aquí —Maxi tragó saliva—, ¿quién estaba bajo el
traje de robot malvado de la toma dos?
—¡Oh, no! —se lamentó el joven actor—. Esta película está maldita. Hay
que encontrar al saboteador. ¡Buscad la llave y sacadme de aquí!
Pepa y Maxi se deslizaron por debajo de la puerta y examinaron el baño
palmo a palmo hasta que…
—¡La encontré! —Maxi señaló la papelera—. Mete la mano, Pepa.
Pepa frunció el ceño. ¿Por qué ella?
—¡Ni hablar! —dijo con cara de asco—. La has encontrado tú y…
Pero Maxi le recordó que todavía no había ido al baño y, sin que Pepa
pudiera reaccionar, desapareció tras la puerta.
—¡Puaj! —Pepa cerró los ojos y se hizo con la llave.
Maxi tiró de la cadena en el momento en que su amiga abría al joven
actor.
En el plató todos andaban alborotados. Al ver llegar al actor que
interpretaba al robot malvado, enmudecieron.
—¿Se puede saber dónde está Súper Trina Star? —dijo Becky Ángulo
enojada.
El actor dio unos saltitos hacia ella. El traje de neopreno no le
permitía moverse demasiado.
—¡Ni idea! Pregunta a Malon, es el encargado de la perrita.
—¡Hemos visto con nuestros propios ojos cómo te la llevabas! —El
asistente se cubrió la cara con las manos en señal de desesperación.
—¡A mí me han encerrado en el baño! —El joven actor había montado en
cólera—. ¡Si no llega a ser por estos dos críos, todavía seguiría dentro!
—Entonces ¿quién estaba en el plató con tu disfraz de robot? —Rose se
acercó al actor e hizo una señal a Elton Crack para que la ayudara a liberar al
joven de aquel traje de neopreno. La señora Pistas y el chico de la claqueta
también quisieron ayudar.
—Me temo que el falso robot se ha llevado a nuestra estrella. —Becky
Ángulo paseaba de un lado a otro sin saber qué hacer. Finalmente se detuvo—.
¡Moveos! ¡Buscad a Súper Trina Star y al impostor! ¡No pueden andar lejos!
Dicho esto, desapareció al exterior seguida de su equipo.
—Voy a la ambulancia veterinaria —dijo la señora Pistas
—. No me extrañaría que Súper Trina Star hubiese seguido a Pulgas.
—¡Je! ¡Je! Yo aprovecharé para preparar unas cuantas galletitas de queso
y refrescos. Un tentempié siempre viene bien. —Rose se dirigió hacia la salida,
pero antes de abandonar el plató…
—¡Chissst! —Pepa dio un codazo a Maxi—. ¡Mouse acababa de asomar el
hocico por el bolsillo de Rose!
Maxi palideció.
—Seguro que ha pensado que encontraría queso… — Pepa dio unos golpecitos
a su amigo para que reaccionara.
—¡Hay que seguir a Rose! —Maxi dio prioridad a su mascota.
La mujer se dirigió hacia la zona de las caravanas. Se oía el vocerío
del equipo llamando a la perrita. Pepa y Maxi iban a una distancia prudencial
para no ser descubiertos. Al llegar frente a la tienda de campaña de Elton
Crack, Rose desapareció en su interior y minutos después salió empujando una
carretilla con una especie de cápsula.
—Debe ser parte del decorado de la película —susurró Pepa—. Pero ¿por
qué lo carretea ahora? ¿No iba a preparar comida?
En lugar de regresar al plató, la mujer se dirigió hacia la zona de
aparcamiento.
—Entremos en la tienda… ¡Quizá Mouse esté comiendo galletitas de queso!
—Maxi estaba impaciente por encontrarlo.
No había ni rastro del ratón, pero oculto en el interior de un baúl
encontraron parte del disfraz de robot malvado, unos frascos de espray Dormilón
y…
—¡Cinta de pintor! —exclamaron Pepa y Maxi.
—¿Se puede saber qué hacéis aquí? —los sobresaltó una voz.
¡Elton Crack los había descubierto!
—Bu… Buscamos a mi masco… —Maxi calló en seco. Estaba a punto de meter
la pata—. ¡Glups!
—A Súper Trina Star —corrigió Pepa.
—Es como si la tierra se la hubiese tragado —dijo el actor, y se encogió
de hombros—. He venido a buscar unas galletitas de queso para animar al equipo,
¿queréis?
¡Galletitas de queso! Maxi tiró del brazo de Pepa. ¡Si Mouse no estaba
en la tienda, significaba que seguía en el bolsillo de Rose!
La lluvia había humedecido la tierra y se distinguía claramente el trazo
que había dejado en el suelo la carretilla de Rose. Todo indicaba que había
llegado hasta la zona de aparcamiento. A partir de ahí, el rastro desaparecía
en el asfalto.
Pulgas los saludó desde la ventana abierta de la ambulancia veterinaria.
En el interior Bebito dormía a pierna suelta junto al señor Pistas.
—¿Por qué no os lleváis a Pulgas un rato? —sugirió la señora Pistas—.
Parece nervioso.
Dicho esto, abrió la puerta y lo dejó salir. Pulgas, en lugar de ir
hacia los niños, corrió en dirección a la salida de las instalaciones.
—¡Eeeh! ¡Se os escapa el perro! —El guardia de la puerta agarró a Pulgas
del collar.
—Seguro que es capaz de olfatear a Mouse… —Maxi siempre veía la parte
positiva de las cosas.
—Gracias —dijo Pepa al guardia—. ¿Ha visto pasar por aquí a una señora
con una carretilla?
—¿Te refieres a la buena de Rose? ¡Ha ido en dirección al puerto!
El puerto no quedaba lejos. Solo tenían que cruzar una calle ancha y
caminar unos metros hasta una zona repleta de contenedores.
Frente a ellos había un buque de mercancías y barcos de pesca. Pulgas
olfateaba incansable. Parecía buscar algo… Pero ¿qué?
—Sabe que Mouse está cerca —explicó Maxi, y acarició la cabeza del
perro—. ¿Verdad?
—¡Chissst! —Pepa se detuvo—. ¡Mira!
Delante de ellos, en uno de los muelles, Rose charlaba con un pescador
que cargaba su barco con redes y otros materiales. Mouse aprovechó el momento
para abandonar el bolsillo y saltar a la embarcación.
—¡Si lo descubren, se meterá en un buen aprieto! — exclamó Maxi—. Hay
que…
—Esperar… —advirtió Pepa. Hasta que Rose y el pescador no
desaparecieran, no podían actuar.
Mientras, Rose cruzó la pasarela carretilla en mano. Entre los dos,
sacaron la cápsula y la guardaron en una especie de trampilla.
Luego entraron en la cabina. Desde donde estaban Pepa y Maxi se
distinguía un rastro de humo de una tetera. Seguramente, estaban a punto de
tomar una taza de té.
—¡Ahora es el momento! Nos escabulliremos por la cubierta —propuso
Pepa—: A la de tres corremos hacia el barco. ¡Uno! ¡Dos! Y…
Maxi y Pulgas corrieron veloces…
—¡Tres! ¡Esperadme! —Pepa salió tras ellos.
Mouse permanecía inmóvil en plena cubierta mirándolos fijamente. El
barco se zarandeaba más de lo debido por culpa de una lancha que daba vueltas
por la zona y agitaba el agua provocando oleaje. Pepa y Maxi estaban en
cuclillas para que no los descubrieran.
—Pepa… —susurró Maxi. Tenía la cara de una tonalidad amarilla— me mareo.
Pulgas no estaba mejor.
—No es momento de… —Pepa echó un vistazo a la cabina. De espaldas a
ellos, el pescador y Rose reían a carcajadas. Daba la impresión de que se
conocían. Incluso le pareció que el pescador tenía cierto parecido a Elton
Crack.
—¡Tonterías! —decidió Pepa, y se volvió hacia Mouse—. ¡Ven aquí!
Pero el ratoncito, en lugar de hacerle caso, desapareció por una ranura
de la cubierta.
La niña se desplazó a gatas hasta la abertura y echó un vistazo. Estaba
muy oscuro…
—¡Maxi! —exclamó Pepa.
Silencio.
Pepa levantó la cabeza y miró a uno y otro lado. Finalmente, descubrió a
Maxi y a Pulgas tumbados en el muelle.
¡La habían dejado sola en el barco!
Tenía que recuperar a Mouse y salir de la embarcación tan rápido como
fuera posible.
Abrió la trampilla y saltó al interior. Al hacerlo, un terrible olor a
pescado la envolvió. Había cajas esparcidas por el suelo y… ¡la cápsula! ¿Por
qué Rose la había guardado allí?
Mouse estaba junto a aquel chisme. Rápidamente se acercó hasta el ratón
y le tendió la palma de la mano para que se subiera a ella, pero en ese
instante…
Del interior de la cápsula salió un aullido lastimero. Pepa levantó
aquel chisme e intentó abrirlo. En la parte trasera había un botón. ¡Quizá si
lo apretaba…!
La cápsula se abrió en dos y dejó al descubierto a…
—¡Súper Trina Star!
La perrita saltó a los brazos de Pepa. ¿Qué estaba pasando?
La niña asomó la cabeza a través de la trampilla. Maxi daba brincos
desde tierra firme y le mostraba la foto desenfocada. ¡Intentaba decirle algo!
—¿Se puede saber qué hacéis aquí?
Rose estaba a dos palmos de su cabeza y no parecía muy contenta de
verlos. El pescador saltó del barco, tomó
a Maxi en volandas y, seguido de Pulgas, que ladraba sin cesar, embarcó
de nuevo.
—Debo zarpar de inmediato —dijo el pescador—. Se están complicando las
cosas.
—¿Qué hacemos con los críos? —Rose estaba algo nerviosa.
—Me los llevo también y los dejo a todos en alguna isla perdida.
Pepa observó a aquel hombre de la cabeza a los pies. ¡El parecido con
Elton Crack era más que razonable!
—¿Qué miras? —dijo de mala gana el pescador.
—Me… me… recuerda a alguien —respondió Pepa.
—¡Je! ¡Je! Es clavadito a nuestro hijo. —Rose no pudo contenerse.
Pepa y Maxi cruzaron miradas.
—¡Nos vamos! —El pescador se despidió de Rose—. Quita el amarre. Y dile
a Elton que por fin brillará como una estrella.
Rose cruzó la pasarela y cuando se disponía a deshacer el nudo del
amarre el coche del inspector frenó en seco. Becky Ángulo, la señora Pistas,
Elton Crack y Malon llegaron juntos.
—¡No tan deprisa! —gritó el inspector.
—¡Grrr! —Rose soltó un gruñido.
La agente de policía saltó a cubierta y comprobó que todos estaban bien.
—¿Se puede saber qué hace Súper Trina Star en un barco? ¿Y quién ha
avisado al inspector? —La directora no daba crédito.
—¡Papá! ¡Cuánto tiempo! —Elton Crack fue a abrazar a su padre.
—Tan solo quería deshacerme del chucho. —Rose estaba terriblemente
enojada—. Le ha quitado todo el protagonismo a mi hijo. Mi marido me propuso
dejar a Súper Trina Star en la otra parte del mundo.
Al escucharlo, Malon cayó al suelo desmayado. La señora Pistas acudió en
su ayuda.
—Pero, mamá… —Elton Crack soltó a su padre—. Eso es muy feo.
—Lo he intentado todo, sin éxito —continuó explicando la mujer—. Hoy era
el día perfecto. El barco estaba amarrado en Basketville, he podido suplantar
al actor que hace de robot malvado y me he llevado a Súper Trina Star sin
problemas. Pero por culpa de estos críos… ¡Grrr!
—¡El mismo gruñido que oí en la tienda de Elton! —Pepa acababa de darse
cuenta.
Maxi mostró la foto desenfocada:
—En la imagen se ve a Rose dando un puntapié al cartel de Súper Trina
Star. ¡Es lo que intentaba decirte antes, Pepa!
El inspector y la agente se llevaron a Rose y a su marido.
Elton Crack estaba muy enfadado con sus padres y los ojos se le llenaron
de lágrimas. Malon, a su lado, lo rodeó con el brazo.
—¡Creo que cambiaremos un poco el guion! —Becky Ángulo también intentó
animarlo—. Incluso te dejaré hablar…
Eso hizo reír a Elton Crack.
Mientras, Pulgas y Súper Trina Star correteaban y jugueteaban por los
alrededores.
—Con todo lo que ha pasado papá tiene material más que suficiente para
una novela —sonrió Pepa.
—Duerme como un lirón —suspiró la señora Pistas—. No se ha enterado de
nada.
Maxi guiñó un ojo a su amiga. ¡Y tampoco nadie se había percatado de que
Mouse estaba con él!
TERESA BLANCH nació en Barcelona y estudió Ciencias de la Comunicación
en la UAB, y un máster de Edición en la UPF. Actualmente escribe para el
público infantil y juvenil, y colabora con algunas publicaciones especializadas
en literatura.
JOSÉ ÁNGEL LABARI ILUNDAIN es licenciado en Bellas Artes por la UB. Ha
trabajado en series de animación como Las tres mellizas, Miniman y Juanito
Jones. Además, ha publicado diversos cómics con el pseudónimo de Jali por
los que ha sido nominado a numerosos premios.
FIN

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