© Libro N° 14668. Ideas. Historia Intelectual De La Humanidad. Parte III. Watson, Peter. Emancipación. Enero 3 de 2026
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Ideas
Historia Intelectual
De La Humanidad
parte III
Nombre Autor
«La
tierra sólo se volvió de verdad redonda después de 1771, cuando la mitad del
mapa intelectual dejó de estar oculta». Éstas son las palabras del erudito
francés Raymond Schwab en su libro El renacimiento oriental, obra que toma su
título de Edgar Quinet quien en 1841 describió la llegada de muchos manuscritos
en sánscrito a Europa en el siglo XVIII y comparó ese acontecimiento con el
impacto de la Ilíada y la Odisea de Homero.2802 Yo también he recurrido a
Quinet y Schwab para titular este capítulo, y las páginas que siguen se basan
en gran medida en sus obras. La idea de Schwab era que la llegada de
manuscritos hindúes y el desciframiento, casi contemporáneo, de los
jeroglíficos egipcios fueron un suceso de dimensiones más o menos comparables
con la llegada de las obras de la antigüedad grecolatina (muchas de ellas en
traducciones árabes) en los siglos XI y XII, un hecho que en su momento había
transformado la vida europea (véase supra, capítulo 17). Schwab, de hecho,
piensa que el descubrimiento del sánscrito y su literatura fue «uno de los
grandes sucesos intelectuales de la historia».2803
Esta
transformación empezó casi con certeza en 1771 cuando Abraham
Anquetil-Duperron, «una luminaria desconocida», publicó en Francia su
traducción del Zend Avesta. Ésta, afirma Schwab, era «la primera vez que
alguien había conseguido abrirse paso en una de las amuralladas lenguas
asiáticas».2804 Edward Said describe a Anquetil como un académico francés de
«creencias ecuménicas
2802
Raymond Schwab, The Oriental Renaissance: Europe’s Rediscovery of India and the
East,
1680-1880,
Columbia University Press, Nueva York, 1984, p. 11.
2803
Ibid., p. 7.
2804
Abraham Hyacinthe Anquetil-Duperron, traducción, Zenda-Avesta: Ouvrage de
Zoroastre, Tilliard, París, 1771.
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(jansenismo,
catolicismo, brahmanismo)». Este estudioso transcribió y tradujo el Zend Avesta
mientras se encontraba en Surat, «con lo que liberó al viejo humanismo de la
cuenca mediterránea», según la opinión de Schwab.2805 Fue el primer
investigador occidental que visitó la India expresamente para estudiar sus
escrituras. Al principio se refirió al sánscrito como sahanscrit, samcretam o
samscroutam.2806 Sin embargo, el suceso que de verdad marca el comienzo del
renacimiento oriental fue la llegada a Calcuta de William Jones y la fundación
de la Sociedad Asiática de Bengala el 15 de enero de 1784. Esta asociación fue
creada por un grupo de talentosísimos funcionarios ingleses, empleados por la
Compañía de las Indias Orientales, que además de cumplir con sus deberes
oficiales en la administración del subcontinente, tenían también intereses más
amplios, entre ellos el estudio de las lenguas, la recuperación y traducción de
los clásicos indios, la astronomía y las ciencias naturales. Cuatro figuras
destacan aquí. En primer lugar, Warren Hastings (1732-1818), gobernador de
Bengala, y un político muy controvertido, al que más tarde se acusó de
corrupción (y a quien se absolvió después de un juicio intermitente que tardó
siete años), pero que siempre apoyó de forma decidida las actividades de la
sociedad.2807 Fue él quien consiguió que brahmanes eruditos se reunieran en
Fort William para proporcionar los textos más auténticos que ilustraran las
leyes, la literatura y la lengua índicas.
2805
Ibid., p. XII.
2806
Las polémicas ideas de Edward Said sobre las actitudes occidentales hacia
«Oriente» se discuten más adelante, en el capítulo 33.
2807
Patrick Turnbull, Warren Hastings, New English Library, Londres, 1975, pp. 199
y ss.
1576 Preparado por Patricio Barros
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Los
otros miembros destacados del grupo eran William Jones, un juez, Henry
Colebrooke (el «Maestro del Sánscrito») y Charles Wilkins. Entre ellos, estos
hombres lograron tres cosas: localizaron, recobraron y tradujeron los
principales clásicos hindúes y budistas; iniciaron la investigación de la
historia india; y Jones, en un momento de verdadera inspiración, descubrió las
enormes similitudes entre el sánscrito, por un lado, y el griego y el latín,
por otro, con lo que contribuyó a reorganizar la historia de un modo que
exploraremos a lo largo del resto de este capítulo.
Todos
estos hombres eran lingüistas brillantes, en especial Jones. Hijo de un
profesor de matemáticas, era, por encima de todo, un talentoso poeta, que a la
edad de quince años había publicado poemas en griego y a los dieciséis (tras
haber aprendido persa gracias a «un sirio que vivía en Londres») tradujo a
Hafiz al inglés.2808 Años más tarde diría que había estudiado veintiocho
lenguas y tenía un conocimiento profundo de trece.
Junto
al importantísimo avance realizado por Jones, el otro gran logro fue el
desciframiento de los jeroglíficos egipcios por Jean-François Champollion. En
1822 Champollion escribió su famosa Carta a M. Dacier, en la que proporcionaba
la clave de la escritura jeroglífica, tras haber empleado como base el texto
trilingüe de la piedra Rosetta. «En la mañana del 14 de septiembre de 1822,
Champollion corrió por la calle Mazarine, en la que vivía, entró en la
biblioteca de la Académie des Inscriptions, donde sabía que estaría trabajando
su hermano, [JeanJacques] Champollion-Figeac. Al encontrarlo, le gritó: “¡Lo
2808
Schwab, Oriental Renaissance, p. 35.
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tengo!”;
después regresó a su casa y se desmayó. Tras un coma de cinco días, se despertó
y de inmediato pidió sus notas. El día 21 dictó una carta a su hermano, con
fecha del día siguiente, que éste leyó en la Académie des Inscriptions el 27
del mismo mes».2809
Desde
entonces los detalles básicos del proceso de desciframiento consiguieron gran
publicidad. La cuestión fundamental es que en la piedra Rosetta había textos en
tres lenguas, lo cual constituía una oportunidad pero también un inconveniente.
Una de estas lenguas, el griego, era bien conocida. De las otras dos, una era
alfabética (los signos representan sonidos) y la otra ideográfica (los símbolos
representan ideas).2810 El significado de los ideogramas quedó al descubierto
cuando se descubrió que una pequeña cantidad de caracteres desconocidos, y
repetidos con frecuencia, debían ser vocales y que las cartelas estaban
reservadas para los nombres de los reyes, con el del padre siguiendo al del
hijo («A, hijo de B»). Champollion advirtió que la escritura alfabética
desconocida era una traducción del griego, y que los jeroglíficos eran una
versión taquigráfica del mismo mensaje.
Cuando
la Sociedad Asiática de Bengala quedó establecida en 1784, se le ofreció
primero la presidencia a Warren Hastings, pero éste la rechazó y el elegido
finalmente fue Jones, quien apenas llevaba dieciocho meses en el país. Su gran
descubrimiento, la relación entre el sánscrito y el griego y el latín, fue
hecho público en un primer
2809
Lesley y Roy Adkins, The Keys of Egypt, HarperCollins, Nueva York, 2000, pp.
180-181, que reproduce precisamente los jeroglíficos sobre los que Champollion
trabajaba al realizar su descubrimiento. [Hay traducción castellana: Las claves
de Egipto: la carrera por leer los jeroglíficos, Debate, Madrid, 2000].
2810
Lewis, What Went Wrong?, p. 86.
1578 Preparado por Patricio Barros
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momento
en el tercer discurso que ofrecía con ocasión del aniversario de la sociedad.
Durante once años, Jones celebró la fundación de la sociedad con un gran
discurso, y varios de los que redactó con este motivo incluían importantes
observaciones sobre las culturas orientales. Sin embargo, su tercer discurso,
«Sobre los hindúes», pronunciado el 2 de febrero de 1786, fue de lejos el más
trascendental. En esta ocasión Jones sostuvo que «la lengua sánscrita,
independientemente de cual sea su antigüedad, es una maravillosa estructura;
más perfecta que el griego, más rica que el latín y muchísimo más refinada que
estas dos, y sin embargo tiene con ambas una estrecha afinidad, tanto en las
raíces de los verbos como en las formas de la gramática, que no puede haber
surgido por accidente; tan fuerte es esta afinidad, de hecho, que ningún
filólogo puede examinar los tres idiomas sin creer que emanan todos de una
fuente común que, quizá, ya no existe».2811
Hoy
resulta difícil comprender todo el impacto que esta idea tuvo en su momento. Al
vincular el sánscrito al griego y el latín, y afirmar que la lengua oriental
era superior y más antigua que las occidentales, Jones estaba propinando un
duro golpe a los fundamentos de la cultura occidental y (al menos de forma
tácita) a la suposición de que ésta era más avanzada que las demás culturas del
mundo. Se hacía necesaria una enorme «reorientación» del pensamiento y las
actitudes respecto de Asia. Y ésta fue mucho más que meramente histórica. La
traducción del Zend Avesta realizada por Anquetil era la primera ocasión en un
que texto asiático se había concebido de una forma que
2811
Ibid., p. 41 y ref.
1579 Preparado por Patricio Barros
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ignoraba
por completo las tradiciones clásica y cristiana. Ésta es la razón por la que
Schwab afirma que sólo entonces el planeta se volvió de verdad redondo: la
historia de Oriente por fin aparecía a la par que la de Occidente y dejaba de
estar subordinada a ella, de hecho, dejaba de tener que formar parte de esa
historia. «La universalidad del Dios cristiano había terminado y un nuevo tipo
de universalismo vino a sustituirlo». En su estudio de la Société Asiatique
francesa, Felix Lacôte afirma en un artículo titulado «L’Indianisme» que «los
europeos dudaban de que valiera la pena esforzase por conocer la antigua India.
Se trataba de un prejuicio tenaz, y Warren Hastings todavía tendría que luchar
contra él en el último cuarto del siglo XVIII».2812 En cualquier caso, hacia
1832 la situación se había invertido por completo y el romántico alemán August
Wilhelm Schlegel adoptó un enfoque diferente y sostuvo que su propio siglo
había producido más conocimiento sobre la India que «los veintiún siglos que
habían pasado desde Alejandro Magno».2813 (Schlegel era, como Jones, un
prodigio lingüístico. A los quince años ya hablaba árabe y hebreo, y para la
edad de diecisiete, cuando aún era discípulo de Herder, daba conferencias sobre
mitología.2814) En el siglo XIX, Friedrich Max Müller, un orientalista alemán
que se convirtió en el primer profesor de filología comparativa en Oxford, se
manifestó así: «Si se me preguntara cuál considero que sea el descubrimiento
más importante del siglo XIX en relación a la historia antigua de la humanidad,
2812
Ibid., p. 21. Sobre la sabiduría de los indios, véase la traducción de E. J.
Millington de: The Aesthetic and Miscellaneous Works of Friedrich von Schlegel,
Bohn’s Standard Library, Londres, 1849.
2813
Schwab, Oriental Renaissance, p. 21.
2814
Ibid., p. 218.
1580 Preparado por Patricio Barros
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respondería
con la siguiente línea: sánscrito Dyaus Pitar = griego Zeus Πατηρ = latín
Júpiter = noruego antiguo Tyr».2815
El
sánscrito era la clave. Pero no fue el único gran avance de la época. Schwab
identifica cinco descubrimientos de importancia que provocaron una completa
reorientación en el ámbito intelectual en esta era: el desciframiento del
sánscrito en 1785, del pahlavi en 1793, del cuneiforme en 1803, de los
jeroglíficos en 1822 y del avéstico en 1832; «cada uno de estos logros supuso
la apertura de lenguas que durante mucho tiempo habían parecido
infranqueables». Uno de los efectos inmediatos de estos acontecimientos fue que
el estudio de Extremo Oriente dejó, por primera vez, de ser una empresa
misteriosa y conjetural. En Oxford existía la cátedra Laudiana de árabe desde
aproximadamente 1640, pero los estudios de índico y chino no empezaron en serio
hasta esta época.2816
En
1822, los ingleses enviaron a Londres los libros sagrados del Tíbet y Nepal que
estaban saliendo a la luz. Los textos más importantes de éstos eran los que
conformaban el canon budista: cien volúmenes en tibetano y ochenta en
sánscrito, descubiertos y enviados a Occidente por el etnólogo inglés Brian
Hodgson. Fue gracias a las traducciones de estos textos que los estudiosos
occidentales empezaron a advertir las similitudes entre el cristianismo y el
budismo que hemos discutido antes en el capítulo 8. En Alemania, el filósofo de
la historia Johann Gottfried von Herder se sintió profundamente conmovido por
la traducción del Zend Avesta de Anquetil y tradujo al alemán ciertos
2815
H. G. Rawlinson, «India in European literature and thought», en G. T. Garratt,
ed., The Legacy of India, The Clarendon Press of Oxford University Press,
Oxford, 1937, pp. 35-36.
2816
Ibid., pp. 171 y ss.
1581 Preparado por Patricio Barros
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versos
de la versión inglesa del Bhagavad Gita de Wilkins (publicada en 1784). Sin
embargo, la principal transformación de Herder tendría lugar tras la lectura de
una traducción alemana de la versión inglesa del Shakuntala de Kalidasa
realizada por Jones en 1789. Schwab reseña así la importancia de este
acontecimiento: «Es bien sabido que Herder, al volver a encender por la India
descifrada el entusiasmo que había despertado la India imaginada, difundió
entre los románticos la idea de que la cuna de la divina infancia de la raza
humana se encontraba en India».2817 De igual forma, las traducciones alemanas
del Bhagavad Gita y el Gita Govinda, publicadas en la primera década del siglo
XIX, ejercieron una influencia tremenda sobre Friedrich Schleiermacher, F. W.
Schelling, August Schlegel, J. C. Schiller, Novalis y, finalmente, sobre Johann
Goethe y Arthur Schopenhauer. Con todo, el Shakuntala continuó siendo «el gran
milagro». Además de seducir a Herder, conmovió a Goethe, quien pese a no
prestar mucha atención al politeísmo hindú escribió la siguiente línea: «Nenn’
ich Sakontala dich, und so ist alles gesagt» («Cuando digo Shakuntala, todo
queda dicho»). Shakuntala fue una de las cosas que impulsó a Schlegel a
aprender sánscrito. Y Jones adquirió tanta fama por su traducción de este texto
como por haber identificado las similitudes entre el sánscrito y el latín y el
griego. Goethe llegó a referirse a él como «el incomparable Jones». «Shakuntala
fue el primer vínculo con la India auténtica y el fundamento sobre el cual
Herder construyó la idea de una patria índica para la infancia de la raza
humana».2818
2817
Robert T. Clark Jr, Herder: His Life and Thought, University of California
Press, Berkeley,
1955,
pp. 362 y ss.
2818
Schwab, Oriental Renaissance, p. 59.
1582 Preparado por Patricio Barros
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Muchos
versos de Heine tienen como modelo los de Shakuntala. En Francia, en 1830, la
publicación de la traducción del clásico de Kalidasa realizada por
Antoine-Léonard de Chézy «fue uno de los acontecimientos literarios que
conformaron la textura del siglo XIX, no sólo por su influencia directa, sino
porque introdujo una competición inesperada en la literatura mundial».2819 La
traducción de Chézy tenía como epígrafe los famosos versos de Goethe en los que
el poeta alemán confesaba que Shakuntala era «una de las estrellas que hacía
sus noches más brillantes que sus días». Lamartine reconoció en la traducción
de Chézy «el triple genio de Homero, Teócrito y Tasso combinado en un único
poema».2820 Hacia 1858 Shakuntala era tan famoso en Francia, y tan bien considerado,
que inspiró un ballet en la Ópera de París, con música de Ernst Reyer y guión
de Théophile Gautier.
El
efecto del Bhagavad Gita no fue menos profundo. Su poesía, su sabiduría, su
complejidad y riqueza produjeron un gran cambio en la actitud de los europeos
respecto de la India, Oriente y sus capacidades. «Fue una enorme sorpresa»,
escribió el estudioso francés Jean-Denis Lanjuinas, «hallar en estos fragmentos
de un extraordinario y antiguo poema épico indio, junto al sistema de la
metempsicosis, una teoría brillante sobre la existencia de Dios y la
inmortalidad del alma, todas las doctrinas sublimes de los estoicos… un
panteísmo completamente espiritual y, finalmente, la visión de un
2819
M. Von Hersfeld y C. MelvilSym, traductores, Letters from Goethe, Edinburgh
University Press, Edimburgo, 1957, p. 316.
2820
Alphonse de Lamartine, Cours familier de littérature, impresión privada, París,
1856, vol. 3, p. 338.
1583 Preparado por Patricio Barros
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Dios
que todo lo incluye».2821 Otros encontraron en el pensamiento indio precursores
de Spinoza y Berkeley, y el mismo Lanjuinas sostuvo que el Hitopadesha
(enseñanzas sobre la política, la amistad y la sabiduría terrenal que se
remontan al siglo III a. C.) contenía uno de los tratados morales más valiosos
de todos los tiempos, al mismo nivel de las Escrituras y las obras de los
padres de la Iglesia. Friedrich Schlegel confirmó estos veredictos, y en Über
die Sprache und Weisheit der Indier (Sobre el lenguaje y la sabiduría de las
Indias) exploró las tradiciones metafísicas de la India en pie de igualdad con
las ideas griegas y latinas. Esto fue muchísimo más importante de lo que quizá
hoy nos parezca, pues, en un contexto en el que imperaban el deísmo y la duda,
un acercamiento similar permitió atribuir a los indios —los habitantes de
Extremo Oriente— un conocimiento y una creencia en el Dios verdadero tan
legítimos como los de los europeos. Esto se oponía de forma significativa a las
enseñanzas de la Iglesia. Jones había especulado que el sánscrito, el griego y
el latín tenían un origen común, pero había quienes sospechaban que el
sánscrito (que significaba no «escritura sagrada», sino «perfecto», de
samskrta) era en verdad la lengua original que se había hablado en el mundo
tras la Creación. ¿Qué relación había entre Brahmán y Abraham?
La
riqueza del sánscrito desafiaba además la idea ilustrada de que las lenguas
habían empezado siendo muy rudimentarias y poco a poco habían ido ganando
complejidad y elaboración.2822 Esto provocó una creciente convicción en que
Vico había tenido razón, y que la
2821
Schwab, Oriental Renaissance, p. 161.
2822
Ibid., p. 177.
1584 Preparado por Patricio Barros
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estructura
de los idiomas podía revelar muchísimo la antigüedad del hombre. También
contribuyó a su vez a inaugurar la denominada gran era de la filología en el
siglo XIX, a medida que los estudios de gramática y de vocabulario empezaban a
revelar grupos lingüísticos (por ejemplo, la separación de las lenguas
germánicas de los grupos griego, latino y balto-eslavo).2823 Las obras de
Schlegel y de Franz Bopp ejercieron una influencia determinante sobre Wilhelm
von Humboldt, el pastor que contribuyó a la creación de las primeras cátedras
de sánscrito en Alemania en 1818.2824 Humboldt estaba interesado, en
particular, por lo que el lenguaje puede decirnos sobre la psicología de los
distintos pueblos. En esta época muchos espíritus religiosos estaban convencidos
de que la lengua más antigua (y la más perfecta) tenía que ser el hebreo, o
alguna similar a ella, ya que éste era el idioma del pueblo elegido. Bopp dio
la espalda a estos prejuicios, y demostró lo complejo que era el sánscrito hace
miles de años, y en el proceso puso en duda la idea misma de que el hebreo
fuera la lengua primigenia. Fue de esta forma como se consiguió que se
reconociera que el lenguaje tenía una historia natural y no tanto una historia
sagrada, y que, de hecho, los idiomas podían ser objeto de estudio
científico.2825
Schelling
llevó las ideas de Jones un paso más allá. En su conferencia de 1799 sobre la
Philosophie der Mythologie propuso que, así como había existido una «lengua
madre», debía haber existido una
2823
Ibid., p. 179.
2824
Paul R. Sweet, Wilhelm von Humboldt, Ohio State UniversityPress, Cincinnati,
vol. 2, 1980,
398
y ss., que muestra que Humboldt estaba tan interesado en las lenguas de los
indígenas americanos como en el sánscrito.
2825
Schwab, Oriental Renaissance, p. 181.
1585 Preparado por Patricio Barros
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mitología
mundial compartida por todos los pueblos. Su opinión era que la tarea de los
académicos alemanes formados en el estudio de las lenguas era crear, para la
Europa moderna, «una fusión de las tradiciones mitológicas de toda la
humanidad… Todas las leyendas de la India y Grecia, de los escandinavos y los
persas, “tenían que ser” aceptadas como componentes de una nueva religión
universal que permitiría regenerar un mundo distraído por el racionalismo».2826
En una vena muy similar, Hippolyte Taine adoptó la postura de que la
concordancia entre el budismo y el cristianismo era «el acontecimiento más
grandioso de la historia» porque ponía de manifiesto los mitos originarios del
mundo.2827 La India era tan grande y tan viva, y sus religiones eran tan complejas,
que resultaba ya imposible limitarse a maldecir y despreciar a los paganos y
esperar que algún día se convirtieran. El cristianismo tenía que ser capaz de
asimilar una heterodoxia milenaria y especialmente muy viva.2828 Una última e
importantísima forma en la que estos descubrimientos incidieron de manera
profunda en la mentalidad europea la encontramos en la noción de «devenir». Si
las religiones se encontraban en etapas diferentes de desarrollo y, al mismo
tiempo, estaban todas vinculadas de alguna forma misteriosa, hasta el momento
apenas vislumbrada, ¿significaba esto que Dios, en lugar de limitarse a ser,
podía también «devenir» como el resto de la vida en la tierra de acuerdo con la
tradición griega y cristiana? Ésta era con
2826
Ibid., p. 217.
2827
Ibid., p. 250.
2828
Marc Citoleux, Alfred de Vigny, persistances classiques et affinités
étrangères, Champion, París. 1924, p. 321.
1586 Preparado por Patricio Barros
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claridad
una pregunta de primer orden. El aspecto más importante de todas estas
diferentes perspectivas es que proporcionaron al deísmo una segunda
oportunidad. Dios empezaría a ser considerado no en un sentido antropomórfico,
sino como una entidad metafísica abstracta. Había una diferencia muy grande y
muy real entre Dios y el hombre.2829
Al
igual que las nuevas clasificaciones en biología propuestas por Linneo y los
avances en geología de Hutton (véase infra, capítulo 31), la comprensión
sistemática cada vez mayor de las lenguas de la humanidad contribuyó de forma
importante a respaldar una temprana idea de lo que luego se conocería con el
nombre de evolución. Con todo, el renacimiento oriental también desempeñaría un
papel crucial en un desarrollo bastante diferente y que continúa siendo
dominante en la vida actual. Me refiero a su relación con los orígenes del
movimiento romántico.
La
relación más obvia y más viril fue, en este sentido, la de los estudios índicos
con el romanticismo alemán. Los estudios índicos resultaron ser muy populares
entre los académicos y eruditos alemanes por razones que, en términos
generales, podemos considerar nacionalistas. Planteada sin rodeos, la cuestión
es que los estudiosos alemanes pensaban que la tradición aria-india-persa
estaba relacionada con los pueblos bárbaros que habían invadido originalmente
el imperio romano desde el este y que, junto con los mitos escandinavos,
constituía una tradición alternativa (septentrional) a la tradición clasicista
grecolatina mediterránea que
2829
Schwab, Oriental Renaissance, p. 468.
1587 Preparado por Patricio Barros
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había
dominado la vida y el pensamiento europeos durante los últimos dos mil
quinientos años (véase el capítulo 10). Más aún, desde el punto de vista de los
estudiosos alemanes, las similitudes entre el budismo y el cristianismo, así
como las ideas hindúes a propósito del alma, sugerían una forma de revelación
primitiva, de hecho, la revelación original, de la cual podrían haberse
derivado el judaísmo y el cristianismo; ello sin embargo implicaba que el
verdadero propósito de Dios se encontraba oculto en algún lugar de las
religiones orientales, que la primera religión del mundo, aquélla anterior a
todas las Iglesias, estaba de algún modo esperando ser encontrada en las
antiguas escrituras indias. Semejante concepción suponía que había un único
Dios para toda la humanidad, y que había una mitología mundial, cuya
comprensión era una labor fundamental. Según Herder, esta mitología ancestral
constituía «los sueños de infancia de nuestra especie».2830
Un
factor adicional que influyó en el romanticismo fue el hecho de que las
escrituras indias originales estuvieran compuestas en verso, que fueran poesía.
Esto popularizó la idea de que la poesía era «la lengua madre», que el verso
era la forma original en que se transmitía la sabiduría que Dios había
encomendado a la humanidad («el hombre es un animal que canta»). La poesía, se
pensaba, era el idioma originario del Edén, y, por tanto, a través de la
antigua poesía de la India podía redescubrirse el mundo edénico. De este modo,
los filólogos y los poetas se unieron para conseguir lo que Schwab
2830
Clark Jr, Herder, pp. 130 y ss.
1588 Preparado por Patricio Barros
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denomina
«la venganza de la pluralidad en la unidad».2831 En este mismo momento, los
científicos estaban buscando controlar el mundo, a medida que descubrían que
funcionaba siguiendo un número cada vez más reducido de reglas. Así, en un
momento en el que las teorías sobre el progreso reducían la experiencia y daban
por sentado que todas las sociedades debían desarrollarse en una única y misma
dirección, los poetas y los filólogos optaron por el camino opuesto y buscaron
regenerar la sociedad a través de una nueva religión. Desde su punto de vista,
había una primitiva unidad de la raza humana, que, no obstante, con el tiempo
se había separado en diferentes religiones, todas las cuales eran igualmente
válidas, poseedoras de mitos, leyendas y rituales de igual autoridad, todos
igual de bien adaptados a los entornos y países en los que eran dominantes.
Según esta argumentación, originalmente había habido un monoteísmo primigenio
que, al dispersarse, se había transformado en politeísmo, lo que implicaba que,
al menos en principio, el contenido de la revelación no era diferente del de
las mitologías.2832
Este
conjunto de ideas influyó de forma significativa en un importante abanico de
poetas, escritores y filósofos a ambos lados del Atlántico. Emerson y Thoreau
se iniciaron en el budismo. Uno de los primeros poemas de Emerson se titula
«Brahma» y se inspira en el Bhagavad Gita. Sus Diarios contienen muchas
referencias a Zoroastro y a los Vedas. El 1 de octubre de 1848 escribió: «Le
debo…
2831
Schwab, Oriental Renaissance, pp. 273 y ss.
2832
Ibid., p. 217. Friedrich Wilhelm Schelling, Philosophie der Mythologies, C. H.
Beck, Múnich, 1842/1943.
1589 Preparado por Patricio Barros
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un
magnífico día al Bhagavad Gita. Fue el primero de los libros; es como si un
imperio nos hablara, no hay en él nada pequeño o de poco valor, sino la voz,
fuerte, consistente y serena, de una inteligencia antigua que en otra época y
en otro clima sopesó y consideró las mismas preguntas que hoy nos
planteamos».2833 Thoreau legó a Emerson su colección de libros orientales.
Whitman confesó haber leído la poesía hindú para preparar su propia obra.
Goethe aprendió persa y en el prefacio a Der Westostliche Divan escribió:
«Quiero penetrar aquí en los orígenes primeros de las razas humanas, cuando
ellas todavía recibían el mandato de Dios en lenguas terrenales».2834 Heine
estudió sánscrito con Schlegel en Bonn y con Bopp en Berlín.2835 Como escribió
en una ocasión: «Nuestra lírica está dirigida a cantar a Oriente». Schlegel
creía que los arios, los habitantes originales de la India, habían sido
«llamados» al Norte, esto es, que eran los ancestros de los alemanes y los
escandinavos. Tanto Schlegel como Ferdinand Eckstein, otro orientalista alemán,
creían que las epopeyas índicas, persas y helénicas descansaban en las mismas
fábulas que constituían los cimientos del Nibelungenlied, la gran epopeya de
venganza medieval alemana que Wagner retomaría para su drama musical El
anillo.2836 Eckstein buscó «un cristianismo anterior… en las antigüedades del
paganismo».2837 «Para Schleiermacher, así como para todo el círculo de Novalis,
la fuente de
2833
Schwab, Oriental Renaissance, p. 201.
2834
Ibid., p. 211.
2835
Franz Bopp, A Comparative Grammar of the Sanskrit, Zend, Greek, Latin,
Lithuanian, Gothic, German and Slavonic Languages, 3 vols., Madden and Malcolm,
Londres, 1845-1853.
2836
Schwab, Oriental Renaissance, p. 213.
2837
Ibid., p. 220.
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todas
las religiones “podía encontrarse”, según Ricarda Huch, “en el inconsciente o
en Oriente, de donde todas las religiones provenían”».2838
El
encuentro de Schopenhauer con Oriente lo transformó. Su opinión sobre el
budismo era que «nunca un mito se ha acercado más a la verdad, y ninguno
llegará a hacerlo».2839 Estaba convencido de que «nuestras religiones no han
encontrado arraigo ni lo encontrarán en la India; la sabiduría primitiva de la
raza humana no permitirá que se la desvíe de su propio curso por alguna
aventura que tuvo lugar en Galilea».2840 El cristianismo, mas no el judaísmo,
decía, «es indio en espíritu, y por tanto es más probable que sus orígenes sean
indios, si bien sólo de forma indirecta, a través de Egipto».2841 El filósofo
continuaba examinando, de forma no del todo lógica, lo que desde su punto de
vista serían los orígenes indoiranios del cristianismo: «Aunque el cristianismo,
en aspectos esenciales, enseña sólo lo que toda Asia sabía hace mucho tiempo y
mucho mejor, para Europa éste constituyó una revelación completamente nueva y
grandiosa». Y añadía: «El Nuevo Testamento… debe de haber tenido alguna especie
de origen hindú; su ética, que traduce la moral en ascetismo, su pesimismo y su
avatar son todos testimonio de tal origen… La doctrina cristiana, nacida de la
sabiduría hindú, ha cubierto por
2838
Ibid., p. 219.
2839
Rüdiger Safranski, Schopenhauer and the Wild Years of Philosophy, Weidenfeld
& Nicolson, Londres, 1989, p. 63. [Hay traducción castellana del original
alemán: Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía, Alianza, Madrid,
1998].
2840
Schwab, Oriental Renaissance, p. 427.
2841
Ibid.
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completo
el viejo tronco de un judaísmo burdo que le es por completo ajeno».2842
Lamartine
confesaba que la filosofía india era la que más lo conmovía. «Eclipsa a todas
las demás para mí: mientras ella es los océanos, nosotros somos sólo nubes…
Leo, releo y vuelvo a leer… Lloro y cierro mis ojos, abrumado de
admiración…».2843 Tenía planes (nunca realizados) de componer una gran
secuencia de poemas, «una épica del alma», a la que denominaba
Hindoustanique.2844 «De ella [la India] uno inhala un aliento al mismo tiempo
santo, tierno y triste, que, me parece, no hace mucho ha transitado un Edén
vedado a la humanidad».2845 Para Lamartine, el descubrimiento de la India y de
su literatura no era simplemente «una nueva ala que añadir a las viejas
bibliotecas; era una nueva tierra que había de ser recibida con ovación por los
hombres náufragos».2846 Victor Hugo, otro de los grandes escritores franceses
de este período, sentía que Oriente le atraía y le repugnaba al mismo tiempo.
En septiembre de 1870, cuando pronunció su discurso «A los alemanes», en el que
intentaba convencerlos de que respetaran París durante el asedio de la ciudad,
el escritor acudió a una comparación que muchos otros habían antes utilizado y
que, de hecho, a los alemanes les gustaba realizar: «Alemania es a Occidente,
lo que India es a Oriente, una especie de
2842
Arthur Schopenhauer, The World As Will and Idea, R. B. Haldane y J. Kemp,
trads., Trübner, Londres, 3 vols., 1883-1886, vol. 3, p. 281. [Hay traducción
castellana del original alemán: El mundo como voluntad y representación, 2
vols., Trotta, Madrid, 2004-2005].
2843
Schwab, Oriental Renaissance, p. 359.
2844
Ibid., p. 357.
2845
Ibid., p. 361.
2846
Ibid.
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gran
antepasado. Permitidnos venerarla».2847 Su poesía contiene muchas referencias a
Ellora, al Ganges, a los brahmanes, a una «inmensa rueda» y a aves mágicas
inspiradas en el Mantiq ut-Tair (Coloquio de los pájaros) de Farid al-Din.2848
Gustave Flaubert escribió de «un inmenso bosque indio donde la vida late en
cada átomo»;2849 mientras que Verlaine pasó sus vacaciones «inmerso en la
mitología hindú».2850
En
1865, el (autoproclamado) conde francés Joseph-Arthur de Gobineau, un teórico
de las razas tristemente célebre, publicó Les religions et les philosophies
dans l’Asie centrale, obra cuya tesis principal sostenía que todo el
pensamiento europeo se había originado en Asia. Y para verificar su hipótesis
llegó incluso a viajar a Persia en 1855, mientras preparaba su libro.2851
Aunque no compartía la idea de que las lenguas de Europa septentrional
descendían de la India, pensaba que esto sí era cierto en el caso de los
pueblos de esta región. En su opinión, los arios eran la nobleza de la
humanidad y creía que la palabra «ario» estaba relacionada con el alemán Ehre
(que significa «honor», «rectitud»). En la parte final de Sobre la desigualdad
de las razas humanas, titulada «La capacidad de las razas nativas alemanas»,
sostuvo que el ario germánico era sagrado, la raza de los señores de la tierra,
mientras que en la conclusión declaraba que «la raza germánica ha sido dotada
de toda
2847
Joanna Richardson, Victor Hugo, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 1976, pp.
217 y ss.
2848
Schwab, Oriental Renaissance, p. 373.
2849
Ibid., p. 417.
2850
Citado en Émile Carcassone, «Leconte de Lisle et la philosophie indienne»,
Revue de litérature comparée, vol. 11 (1931), pp. 618-646.
2851
Schwab, Oriental Renaissance, p. 431.
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la
energía de la variedad aria… Después de eso las especies blancas no tienen nada
más poderoso y activo que ofrecer».2852
Al
final de su vida, Wagner «se lanzó a los brazos de Gobineau».2853 Lo conoció y
escribió una introducción a sus obras reunidas. Wagner consideró que la
filosofía y la «ciencia» del francés se adecuaban muy bien a sus propios
objetivos, en un momento en el que buscaba desplazar a la ópera franco-italiana
del lugar central que entonces ocupaba en el canon y sustituirla por «la música
del futuro», que promovía una tradición radicalmente diferente: la epopeya
alemana, el paganismo alemán, «la fuente inalterable de la pureza».2854 «Como
relata Wagner en Mi vida, fue en 1855, mientras trabajaba en la orquestación de
Die Walküre, que ocurrió el acontecimiento que decidiría su destino: “La
Introducción a la historia del budismo indio de Burnouf se convirtió en el
libro que más me interesaba, y en él hallé material para un poema dramático que
desde entonces se alojó en mi mente… para la mente del Buda, la vida pasada (en
una encarnación anterior) de cualquier ser que se presenta ante él resulta tan
clara como la presente”».2855 Los diarios de Wagner están salpicados de
referencias al Buda y a los conceptos budistas. «Todo me resulta extraño, y con
frecuencia vislumbro con nostalgia el país del Nirvana. Pero para mí el Nirvana
se convierte, con gran rapidez,
2852
Michael D. Biddiss, The Father of Racist Ideology, Weidenfeld & Nicolson,
Londres, 1970, pp.
175-176.
2853
Schwab, Oriental Renaissance, p. 438.
2854
Richard Wagner, My Life, 2 vols., Dodds Mead, Nueva York, 1911, vol. 2, p. 638.
[Hay traducción castellana del original alemán: Mi vida, Turner, Madrid, 1989].
Schwab dedica todo un capítulo al budismo de Wagner.
2855
También dijo que «odiaba» América, que era «una pesadilla horrible». Wilhelm
Altman, ed., Letters of Richard Wagner, Dent, Londres, 1927, vol. 1, p. 293.
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en
Tristán».2856 En el Parsifal encontramos elementos del Ramayana, y en un
momento el compositor planeó un drama inspirado en el libro Stimmen vom Ganges
(Voces del Ganges).2857
El
renacimiento oriental fue muchas cosas. Arrojó nueva luz sobre la religión,
sobre la historia, sobre el tiempo, sobre el mito y sobre las relaciones entre
los distintos pueblos del mundo. En medio de la Ilustración y la revolución
industrial, aportó una nueva vida a la lírica y al acercamiento estético y
poético a los asuntos humanos. A corto plazo fue una de las fuerzas que
contribuyó a crear la revolución romántica, el tema de nuestro próximo
capítulo. Pero a largo plazo el descubrimiento de los orígenes comunes del
sánscrito, el griego y el latín pasaría a formar parte de una moderna síntesis
científica que vincula a la genética, la arqueología y la lingüística para
comprender cómo se pobló el mundo, sin duda uno de los aspectos más
maravillosos e importantes de nuestra historia. En este sentido, representó un
significativo cambio de mentalidad que con frecuencia tiende a pasarse por alto
en el contexto de los demás desarrollos que tuvieron lugar en el siglo XVIII.
2856
Schwab, Oriental Renaissance, p. 441.
2857
Judith Gautier, Auprès de Richard Wagner, Mercure de France, París, 1943, p.
229.
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Capítulo
30
La
gran inversión de los valores: el romanticismo
El
compositor francés Héctor Berlioz fue un hombre extraordinario. «Era inusual en
todos los sentidos», anota Harold Schénberg en su Lives of the Composers. «Hizo
pedazos el establishment musical europeo prácticamente en solitario. Después de
él, la música nunca volvería a ser igual».2858 Incluso en sus épocas de
estudiante destacaba de una manera que mucha gente encontraba chocante. «No
creía ni en Dios ni en Bach», sostuvo el compositor, pianista y director de
orquesta Ferdinand Hiller, quien describió a Berlioz de la siguiente manera:
«La frente grande y alta, dominando sobre los ojos hundidos; la nariz aguileña,
grande y curva; los labios finos y delgados; la barbilla algo corta; la enorme
mata de pelo castaño claro, contra cuya fantástica abundancia nada podía hacer
el peluquero: quienquiera que hubiera visto esta cabeza nunca la olvidaría». De
hecho, Berlioz era casi tan famoso por su cabeza y su comportamiento, como por
su música. Ernest Legouvé, el dramaturgo francés, se encontraba una noche viendo
la representación de la ópera Der Freischütz de Weber, cuando de repente
estalló un alboroto. «Uno de mis vecinos se levantó de su butaca y,
dirigiéndose a la orquesta, empezó a gritar de forma atronadora: “¡Bestias,
allí no queréis dos flautas! ¡Queréis pícolos! ¡Dos pícolos! ¿Oís? ¡Ay, qué
bestias!”. En medio del tumulto general que produjo este arrebato, me di la
vuelta y vi a un joven apasionado
2858
Harold C. Schonberg, Lives of the Composers, Davis-Poynter/Macdonald Futura,
Londres, 1970/1980, p. 124.
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que
temblaba, las manos apretadas, los ojos brillantes y una mata de pelo… ¡Qué
mata de pelo! Parecía un enorme paraguas de pelo, que se proyectaba como una
especie de toldo móvil sobre un pico de ave de presa». Los caricaturistas de la
época tuvieron su agosto.2859 Berlioz no era un simple fanfarrón o un
exhibicionista, aunque hubo quienes pensaron que lo era. Mendelssohn fue uno de
los que lo consideraba afectado. Después de su primer encuentro, escribió:
«Este entusiasmo puramente externo, esta desesperación en presencia de las
mujeres, el supuesto del genio en mayúsculas, me resultan insoportables».2860
Estas palabras no hacen justicia a la grandiosa ambición de Berlioz, y en
particular a su visión de la orquesta, que Yehudi Menuhin atribuye a una nueva
concepción de la sociedad.2861 Que Berlioz fue el mayor innovador de la
historia en lo que concierne a la orquesta es algo sobre lo que hoy el consenso
es general. Hacia la década de 1830, las orquestas raras veces tenían más de
sesenta músicos. Pero ya en 1825 Berlioz había reunido una orquesta de ciento
cincuenta, aunque su «orquesta soñada», confesó, se componía de 467 y había de
acompañarla un coro de trescientos sesenta miembros. Debía contar con 242
cuerdas, treinta arpas, treinta pianos y dieciséis trompas.2862 Berlioz estaba
adelantado a su época, fue el primero de los verdaderos románticos de la
historia de la música, un entusiasta, un revolucionario, «un déspota sin ley»,
el
2859
Sobre la amistad de Berlioz con Hiller, véase: David Cairns, Berlioz, Allen
Lane The Penguin Press, Londres, 1999, pp. 263-278, passim
2860
Schonberg, Lives of the Composers, p. 126.
2861
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 163.
2862
Schonberg, Lives of the Composers, p. 126.
1597 Preparado por Patricio Barros
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primer
vanguardista consciente, como señala Schonberg.2863 «Desinhibido,
extremadamente emotivo, ingenioso, voluble, pintoresco, era muy consciente de
su romanticismo. Le encantaba la idea del romanticismo: la necesidad acuciante
de expresarse y lo estrambótico en oposición a los ideales clásicos de orden y
contención».2864
En
el ámbito de las ideas el romanticismo fue una gigantesca revolución. Muy
diferente de las revoluciones francesa, industrial y americana, no fue menos
fundamental. Según Isaiah Berlin, en la historia del pensamiento político
occidental (Berlin utiliza aquí el término «político» en su sentido más amplio)
«ha habido tres grandes momentos decisivos, si por momento decisivo entendemos
un cambio radical que altera todo el marco conceptual desde el que se formulan
las preguntas: nuevas ideas, nuevas palabras, nuevas relaciones, en cuyos
términos los viejos problemas no se resuelven en realidad sino que se los hace
parecer remotos, obsoletos e incluso, en ocasiones, ininteligibles, de manera
que los atroces problemas y dudas del pasado parecen producto de formas de
pensar raras, o bien confusiones pertenecientes a un mundo que ha
desaparecido».2865 El primero de estos momentos decisivos, sostiene, ocurrió a
finales del siglo IV a. C., en el corto intervalo que hay entre la muerte de
Aristóteles (384-322) y el ascenso del estoicismo, cuando las escuelas
filosóficas de Atenas «dejaron de concebir a los individuos como seres
2863
Jacques Barzun, Classical, Romantic, Modern, Secker & Warburg, Londres,
1962, p. 5.
2864
Schonberg, Lives of the Composers, p. 124.
2865
Berlin, The Sense of Reality, Chatto & Windus, Londres, 1996. p. 168. [Hay
traducción castellana: El sentido de la realidad, Taurus, Madrid, 2000].
1598 Preparado por Patricio Barros
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inteligibles
sólo en el contexto de la vida social, abandonaron la discusión de las
cuestiones vinculadas a la vida pública y política que habían preocupado a la
Academia y el Liceo, como si estas cuestiones no fueran ya cruciales o hubieran
dejado de ser significativas, y de repente empezaron a hablar de los hombres
puramente en términos de experiencia interior y salvación individual».2866 Esta
gran transformación de los valores —«de lo público a lo privado, de lo exterior
a lo interior, de lo político a lo ético, de la ciudad al individuo, del orden
social al anarquismo apolítico»— fue tan profunda que nada pudo seguir siendo
igual después.2867 De esta transformación nos ocupamos en el capítulo 6.
Un
segundo momento decisivo comienza con Maquiavelo (1469-1527) e implicó el
reconocimiento de que había una división «entre las virtudes naturales y las
virtudes morales, la idea de que los valores políticos no son simplemente
diferentes de la ética cristiana, sino que en principio quizá sean
incompatibles con ella».2868 Este cambio condujo a una visión utilitaria de la
religión, y en el proceso cayeron en el descrédito todos los intentos de hallar
justificaciones teológicas para los distintos sistemas políticos. Esto también
era algo nuevo y asombroso. «Hasta entonces nunca se había invitado
abiertamente a los hombres a elegir entre conjuntos de valores
irreconciliables, privados y públicos, en un mundo sin propósito, y tampoco
nunca se les había advertido antes de que en principio podía no existir un
2866
2867
2868
Ibid.,
p. 168.
Ibid.,
pp. 168-169.
Ibid.,
p. 168.
1599 Preparado por Patricio Barros
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criterio,
último y objetivo, en que fundar esta elección».2869 A las ideas políticas de
Maquiavelo hemos dedicado parte del capítulo 24.
El
tercer gran momento decisivo —que Berlin considera el más grande de todos hasta
el momento— tuvo lugar hacia finales del siglo XVIII, con Alemania a la
vanguardia.2870 «En su forma más simple, la idea de romanticismo fue testigo de
la destrucción de la noción de verdad y de validez en los ámbitos de la ética y
de la política, y no me refiero meramente a la noción de verdad objetiva o
absoluta, sino también a la de verdad subjetiva y relativa, de la verdad y
validez en cuanto tales». Las consecuencias y efectos de esto, afirma Berlin,
fueron enormes e incalculables. El cambio más importante, dice, lo encontramos
en los supuestos mismos en los que se basa el pensamiento occidental. En el
pasado, siempre se había dado por sentado que todas las preguntas generales
eran, en términos lógicos, del mismo tipo, a saber, preguntas de hecho. De esto
se seguía que las preguntas importantes de la vida podrían llegar a responderse
algún día, una vez que hubiera logrado reunirse toda la información relevante.
En otras palabras, se daba por hecho que los interrogantes morales y políticos
del tipo «¿Cuál es la mejor forma de vivir para los hombres?», «¿Qué son los
derechos?» o «¿Qué es la libertad?», podían responderse en principio
exactamente de la misma manera que preguntas como «¿De qué está compuesta el
agua?», «¿Cuántas
2869
Ibid., p. 169.
2870
Sobre el nacionalismo alemán como respuesta a Napoleón, véase: Howard Mumford
Jones, Revolution and Romanticism, The Belknap Press of Harvard University
Press, Cambridge (Massachusetts), 1974, p. 368; y sobre los salones berlineses,
véase: Gerald N. Izenberg, Impossible Individuality: Romanticism, Revolution
and the Origins of Modern Selfhood, 1787-1802, Princeton University Press,
Princeton (Nueva Jersey) y Londres, 1992, pp. 45-47 y 94.
1600 Preparado por Patricio Barros
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estrellas
existen?» o «¿Cuándo murió Julio César?».2871 Ahora bien, aunque se habían
librado guerras por las distintas respuestas que se daban a tales preguntas,
Berlin señala que «siempre se había supuesto que era posible encontrar las
respuestas». La razón para ello es que, a pesar de la diversidad de las
creencias religiosas que habían existido a lo largo de la historia, había una
idea fundamental que unía a los hombres, una idea que tenía tres
componentes.2872 «El primero es la noción de que la naturaleza humana es una
entidad, bien sea natural o sobrenatural, que los expertos pertinentes pueden
comprender; el segundo es la noción de que tener una naturaleza específica
implica perseguir ciertas metas específicas, impuestas a ella o inscritas en
ella ya sea por Dios o por una impersonal naturaleza de las cosas, y que
perseguir tales metas es lo que hace a los hombres humanos; el tercero es la
noción de que estas metas, así como los intereses y valores que implican (cuyo
descubrimiento y formulación es tarea de la teología, la filosofía o la
ciencia), no pueden entrar en conflicto entre sí, de hecho, deben formar un
todo armónico».2873
Fue
esta idea básica la que dio origen a la noción de ley natural y a la búsqueda
de la armonía. La gente había advertido que había inconsistencias: Aristóteles,
por ejemplo, había señalado que en Atenas y en Persia el fuego ardía de la
misma manera, mientras que las reglas morales y sociales eran diferentes. No
obstante, hasta el siglo XVIII, se seguía dando por hecho que toda experiencia
en el
2871
Berlin, Sense of Reality, p. 170.
2872
Ibid., p. 171.
2873
Ibid.
1601 Preparado por Patricio Barros
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mundo
era susceptible de armonización una vez se hubiera logrado reunir suficientes
datos pertinentes.2874 Para subrayar su argumento, Berlin ofrece como ejemplos
las preguntas «¿Debo perseguir la justicia?» y «¿Debo actuar con compasión?».
Como cualquier persona reflexiva habrá advertido, puede haber situaciones en
las que responder «sí» a ambas preguntas (algo con lo que la mayoría de la
gente estaría conforme) resulta imposible. De acuerdo con la concepción
tradicional, se daba por hecho que una proposición verdadera no podía
contradecirse lógicamente con otra proposición verdadera. El punto de vista de
los románticos rivalizaba con esta concepción al poner en duda la idea misma de
que los valores, esto es, las respuestas a las preguntas sobre la acción y la
elección, pudieran ser descubiertos en absoluto. Los románticos sostenían que
algunas de estas preguntas no tenían respuesta, punto y aparte. Y de forma no
menos original, afirmaron que, en principio, no existía ninguna garantía de que
los valores no entraran en conflicto unos con otros. Sostener lo contrario,
insistieron, era «una forma de autoengaño» que sólo provocaba problemas. En
última instancia, los románticos no propusieron únicamente un conjunto de
valores nuevo, sino que de hecho propusieron una forma nueva de concebir los
valores, una forma radicalmente diferente de la antigua.2875
El
primer ser humano que vislumbró esta nueva concepción fue Giambattista Vico
(1668-1744), el estudiante de jurisprudencia napolitano al que ya encontramos
en el capítulo 24 y quien saboteó,
2874
2875
Ibid.,
p. 173.
Ibid.,
p. 175.
1602 Preparado por Patricio Barros
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de
forma increíblemente simple, las concepciones ilustradas sobre la centralidad
de la ciencia. Como se recordará, Vico había publicado en 1725 su Scienza
Nuova, obra en la que proclamaba que el conocimiento de la cultura humana «es
más verdadero que el conocimiento de la naturaleza física, dado que los humanos
pueden conocer con certeza lo que ellos mismos han creado y, por tanto, están
en condiciones de fundar una ciencia al respecto». La vida interior de la
humanidad, sostuvo, puede conocerse de un modo que simplemente no puede
aplicarse al conocimiento del mundo que el hombre no ha hecho, el mundo «ahí
fuera», el mundo físico, que constituye el objeto de estudio de la ciencia
tradicional. De acuerdo con esto, decía Vico, el lenguaje, la poesía y el mito,
todos ellos creaciones humanas, eran verdades que podían aspirar a una mayor
validez que los grandes triunfos de la filosofía matemática. «Allí resplandece
la luz eterna y constante de una verdad que está más allá de toda duda: que el
mundo de la sociedad civil ha sido ciertamente creado por los hombres, y que
sus principios deben, por tanto, hallarse dentro de las modificaciones de
nuestra propia mente. Quien reflexione sobre esto no podrá sino maravillarse de
que los filósofos hayan dedicado todas sus energías al estudio del mundo de la
naturaleza, el cual, habiendo sido creado por Dios, sólo Él conoce; y de que
hayan descuidado el estudio del mundo de las naciones, o el mundo civil, el
cual, habiendo sido creado por los hombres, puede ser conocido por ellos».2876
2876
Sobre Vico como un opositor en términos filosóficos del naturalismo, véase:
Israel, Radical Enlightenment, p. 668.
1603 Preparado por Patricio Barros
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De
esto, decía Vico, se derivaban algunas cuestiones muy importantes, si bien muy
simples, pero el hombre había estado demasiado ocupado en búsquedas exteriores
a sí mismo para advertirlas. Por ejemplo, los distintos pueblos compartían una
misma naturaleza y, por tanto, debían construir sus culturas de formas
similares o análogas.2877 Esto, afirmaba, permitía que historiadores
meticulosos reconstruyeran los procesos mentales de otras épocas y las fases
que atravesaron, un estudio que Vico consideraba incluso imperativo.2878 En su
opinión, era evidente que en toda sociedad civil los hombres necesitaban
albergar ciertas creencias en común, y esto es lo que, pensaba, era el sentido
común. En este sentido, Vico halló tres importantes creencias presentes en todas
las culturas y todas las religiones a lo largo de la historia: la creencia en
la Providencia, la creencia en el alma inmortal y el reconocimiento de la
necesidad de regular las pasiones.2879 El hombre, sostuvo, expresaba su
naturaleza en la historia, de lo que derivaba la conclusión de que el mito y la
poesía «son el registro de la conciencia humana».2880 Al afirmar todo esto,
Vico transformaba las ciencias humanas y las ponía en pie de igualdad con las
ciencias naturales.
Las
innovaciones de Vico permanecieron ignoradas durante varias décadas, y su nueva
concepción no empezó a tomar cuerpo hasta Kant. La mayor contribución de Kant
fue considerar que era la mente la que daba forma al conocimiento, que el
proceso de la intuición era
2877
Ibid.
2878
Ibid., p. 666.
2879
Ibid., pp. 665 y 344.
2880
Ibid., p. 344.
1604 Preparado por Patricio Barros
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instintivo
y que el fenómeno del que más seguros podíamos estar en el mundo era la
diferencia entre el «yo» y el «no yo».2881 Desde este punto de vista, dijo, la
razón como «luz que ilumina los secretos de la naturaleza» es inadecuada e
inapropiada como explicación.2882 En lugar de ello, sostenía Kant, el parto es
una mejor metáfora, pues implica que es la razón humana la que crea el
conocimiento. Para descubrir qué debo hacer en una situación dada, debo
escuchar a «una voz interior». Esto es lo que fue tan subversivo. Según las
ciencias, la razón era esencialmente lógica y, aplicada al conocimiento de la
naturaleza, se la usaba siempre de la misma forma.2883 Pero la voz interior no
se adecuaba bien a este bonito escenario. Sus mandatos no eran necesariamente
declaraciones factuales y, además, tampoco eran necesariamente verdaderos o
falsos. «Los mandatos pueden ser correctos o incorrectos, corruptos o
desinteresados, inteligibles u oscuros, triviales o importantes». El propósito
de la voz interior es, con bastante frecuencia, determinar una meta o un valor,
y ello no tiene nada que ver con la ciencia, sino que es creación del
individuo. Esto suponía un cambio fundamental en el significado mismo de
individualidad y fue algo completamente novedoso.2884 En primer lugar, se
advertía (por primera vez en la historia) que la moralidad era un proceso
creativo, pero, en segundo lugar, se planteaba un nuevo énfasis en la creación,
algo no menos
2881
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 242; véase también: Hawthorn,
Enlightenment and Despair, pp. 32-33.
2882
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 337.
2883
Berlin, Sense of Reality, p. 176.
2884
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 229.
1605 Preparado por Patricio Barros
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importante,
ya que elevaba al artista al nivel del científico.2885 Era el artista el que
creaba, el que se expresaba a sí mismo, el que creaba valores. El artista no
descubría, calculaba o deducía como lo hacía el científico (o el filósofo). Al
crear, el artista inventaba su propia meta y luego imaginaba el camino que le
conduciría hacia ella. «¿Dónde, se preguntaba Herzen, estaba la canción antes
de que el compositor la hubiera concebido?». La creación era, en este sentido,
la única actividad humana completamente autónoma y por ello pasó a ocupar un
lugar preeminente. «Si la esencia del hombre es el autocontrol — la elección
consciente de sus propios fines y forma de vida—, esto implica una ruptura
radical con el antiguo modelo en el que se fundaban las nociones sobre el lugar
del hombre en el cosmos».2886 De un golpe, insiste Berlin, la visión romántica
destruía la noción misma de leyes naturales, en el sentido de la idea de
armonía, la cual postulaba que el hombre podía descubrir su lugar en el mundo de
acuerdo con leyes que eran válidas en todo el universo. De igual modo, la
concepción del arte se transformó y amplió. Éste dejó de ser considerado mera
imitación o representación, y pasó a ser expresión, una actividad mucho más
importante, mucho más significativa y mucho más ambiciosa. Era cuando creaba,
que el hombre era más auténtico, más él mismo. «Eso, y no la capacidad para
razonar, es la chispa divina que hay en mi interior; en este sentido estoy
hecho a imagen de Dios». Esta nueva ética invitaba al desarrollo de una nueva
2885
Berlin, Sense of Reality, p. 178.
2886
Ibid., p. 179.
1606 Preparado por Patricio Barros
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relación
entre el hombre y la Naturaleza. «Ella es la materia con la que forjo mi
voluntad, la que moldeo».2887
Todavía
estamos viviendo con las consecuencias de esta revolución. Las dos formas
rivales de ver el mundo —la luz fría e imparcial de la razón científica
desinteresada, la pasión y el vigor de la creación artística— constituyen la
incoherencia moderna. Ambas parecen ser igualmente ciertas e igualmente
válidas, en ocasiones, pero son fundamentalmente incompatibles. Como anota
Isaiah Berlin, nos movemos con inquietud entre uno y otro ámbito, conscientes
de su incompatibilidad.
La
dicotomía se manifestó por primera vez y de forma más clara en Alemania. El
comienzo del siglo XIX fue testigo de la grandiosa serie de victorias de
Napoleón sobre Austria, Prusia y varios otros estados alemanes más pequeños, y
ello puso en evidencia el retraso económico, social y político del mundo de
habla alemana. Este fracaso se tradujo en los territorios alemanes en un deseo
de renovación y, en respuesta a ello, muchos alemanes se volvieron hacia su
interior y buscaron en las concepciones intelectuales y estéticas una forma de
unir e inspirar a su pueblo.2888 «El romanticismo está fundado en el tormento y
la infelicidad, y a finales del siglo XVIII los países de habla alemana eran
los más atormentados de Europa».2889
2887
Para una exposición sobre el desarrollo de las ideas acerca de la voluntad,
véase: Barzun, Classical, Romantic, Modern, pp. 135 y ss.
2888
Berlin, Sense of Reality, p. 179.
2889
Hauser, A Social History of Art, vol. 3, p. 174.
1607 Preparado por Patricio Barros
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En
la década de 1770 la vida cultural e intelectual giraba alrededor de las muchas
cortes locales dispersas por los territorios de habla alemana y fue en una de
ellas que se desarrolló la tradición de Vico y Kant.2890 El duque Carlos
Augusto de Sajonia-Weimar contrató y llevó a su corte tanto a Johann Wolfgang
von Goethe como a Johann Gottfried Herder. De Goethe nos ocuparemos en un
momento, pero primero debemos concentrarnos en Herder. Herder había estudiado
teología y en Königsberg, bajo la dirección de Kant, había entrado en contacto
con las obras de Hume, Montesquieu y Rousseau.2891 Bajo su influencia, escribió
los cuatro volúmenes de su Ideas para una filosofía de la historia de la
humanidad, que aparecieron entre 1784 y 1791. En estos libros, Herder amplió
las ideas de Vico al sostener que el aumento de la conciencia humana, tal y
como se evidenciaba en la literatura y el arte, formaba parte de un proceso
histórico (por lo general positivo).2892 «Vivimos en el mundo que nosotros
mismos creamos».2893 Para Herder, era el «poder expresivo» de la naturaleza
humana lo que había dado lugar a la existencia de culturas muy diferentes por
todo el mundo, culturas a cuya conformación, estaba demostrado, también
contribuían la geografía, el clima y la historia. Esta concepción le llevaba a
concluir que la naturaleza humana sólo podía comprenderse a partir de una
historia comparada de los diferentes pueblos.2894 Cada Volk, sostuvo, tenía su
propia historia,
2890
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, pp. 346-347.
2891
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 66.
2892
Ibid.
2893
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 347.
2894
Como diría más tarde Ortega y Gasset: «El hombre no tiene naturaleza, sino que
tiene… historia». Ortega y Gasset, «History as a system», en R. Klibonsky y J.
H. Paton, eds., Philosophy and History, Essays Presented to Ernst Cassirer,
1936, p. 313. [Para el texto original en
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resultado
de la cual era su conciencia característica y sus formas artísticas y
literarias, para no hablar de su lenguaje mismo.2895 «¿Tiene una nación algo
más precioso que la lengua de sus padres?». La poesía y la religión, dijo,
mantenían unido al Volk y sus verdades debían entenderse en sentido simbólico o
espiritual y no en términos puramente utilitarios. (La poesía antigua, afirmó,
era una especie de fósil).2896 Según Roger Smith, después de Herder, el estudio
de las humanidades, en especial de la historia y de la literatura, se convirtió
en elemento central de la nueva forma de entender la sociedad.2897 Un
importante factor en el acto creativo era la voluntad. Esta idea fue
introducida por primera vez y de forma particularmente vívida por Johann Gottlieb
Fichte.2898 Partiendo de las conclusiones alcanzadas por Kant, Fichte argumentó
que «yo adquiero conciencia de mi propio ser, no como elemento de algún patrón
más amplio, sino en el choque con el no-ser, el Anstoss, el violento impacto de
la colisión con la materia inerte, a la que opongo resistencia y debo subyugar
con miras a liberar mi designio creativo». Desde esta perspectiva, Fichte
describía al yo como «actividad, esfuerzo, independencia. Desea, altera y
transforma el mundo, tanto en el pensamiento como en la acción, de acuerdo con
sus propios conceptos y categorías». Kant había concebido todo esto como un
proceso inconsciente e intuitivo, pero Fichte propuso en cambio que se trataba
de «una actividad
castellano,
véase: Ortega y Gasset, La historia como sistema y otros ensayos de filosofía,
Alianza, Madrid, 2003].
2895
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 100.
2896
Ibid.
2897
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 350.
2898
Berlin, Sense of Reality, p. 179.
1609 Preparado por Patricio Barros
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consciente
y creativa… Yo no acepto nada porque deba hacerlo», insistía, «lo creo porque
así lo deseo».2899 Existen dos mundos, sostuvo, y el hombre pertenecía a ambos.
Está el mundo material, «ahí afuera», gobernado por las causas y los efectos, y
está el mundo espiritual, interior, «en el que soy por completo mi propia
creación».2900 Este planteamiento (en sí mismo una construcción) provocó un
cambio radical en la forma de entender la filosofía. «Mi filosofía depende del
tipo de hombre que soy, y no al contrario». De esta forma, se atribuyó a la
voluntad una función cada vez mayor en la psicología humana. Todas las personas
razonan básicamente de la misma forma, sostenía Fichte. En lo que se
diferencian es en su voluntad; y esto puede producir conflictos (y de hecho los
produce) en áreas en las que la razón no lo hace, pues la lógica es lógica.2901
Los efectos de esta concepción fueron trascendentales. En primer lugar, la
forma de entender el trabajo cambió de forma radical. En lugar de ser pensado
como una necesidad desagradable, se empezó a considerarlo «la sagrada tarea del
hombre», pues sólo mediante el trabajo, en tanto expresión de la voluntad,
puede el hombre imponer su personalidad distintiva y creativa a la «materia
inerte» de la naturaleza.2902 El hombre se distanció aún más del ideal
monástico de la Edad Media, ya que ahora se postulaba que su verdadera esencia
no era la contemplación sino la actividad. En cierto sentido, y en especial
entre los románticos alemanes, el ideal romántico
2899
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 242, dice que la idea de voluntad
de Fichte podría considerarse una versión primitiva del concepto de superego.
2900
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 180.
2901
Ibid., pp. 181-182; véase también: Hawthorn, Enlightenment and Despair, pp.
238-239.
2902
Berlin, Sense of Reality, pp. 182-183.
1610 Preparado por Patricio Barros
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adaptó
el concepto de vocación de Lutero, sustituyendo a Dios y el culto como meta
principal de la actividad humana por la búsqueda de la libertad individual y,
en particular, del «fin creativo que llena su propósito como individuo».2903 Lo
que contaba ahora para el artista eran «los motivos, la integridad, la
sinceridad… la pureza del corazón, la espontaneidad». Lo que importaba era la
intención, no la sabiduría o el éxito. El modelo tradicional, el sabio, el
hombre que conoce y alcanza «la felicidad, la virtud o la sabiduría mediante el
entendimiento», fue sustituido por el héroe trágico «que busca realizarse a
cualquier costo y contra cualquier adversidad».2904 El éxito mundano es
irrelevante.
Es
imposible exagerar las dimensiones de esta inversión de valores. En primer
lugar, tenemos la negación de la naturaleza humana. Al afirmar que el hombre se
creaba a sí mismo, se negaba la existencia de una naturaleza humana cognoscible
que determinara cómo éste actuaba, reaccionaba y pensaba. Y además, a
diferencia de cuanto se había dicho antes, se sostenía que el hombre no tenía
que rendir cuentas por las consecuencias de sus actos. En segundo lugar,
tenemos la negación de cualquier posible ciencia de los valores, una idea que
probablemente resultaba aún más escandalosa. Dado que los valores humanos no
eran algo que se descubriera sino algo que se creaba, la conclusión era que
nunca se conseguiría describirlos y sistematizarlos, «pues no son hechos ni entidades
del mundo»: los
2903
Ibid., p. 183.
2904
En su capítulo sobre el genio romántico, Mumford Jones sostiene que éste
formaba parte de la teoría de que la mejor manera en que cada uno podía
contribuir a la sociedad era desarrollándose de forma tan plena como fuera
posible, Revolution and Romanticism, p. 274.
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valores,
simplemente, estaban fuera del ámbito de la ciencia, la ética o la política. En
tercer lugar, estaba la incómoda verdad de que los valores de civilizaciones,
naciones e individuos diferentes podían ciertamente entrar en conflicto. Nada
garantizaba la armonía, incluso dentro de un mismo ser humano, cuyos valores
podían cambiar con el paso del tiempo.2905
Y
tampoco es posible exagerar la importancia del cambio en el modo de pensar. En
el pasado, si un cristiano mataba a un musulmán en una cruzada, por ejemplo, el
primero podía lamentar que su valiente adversario hubiera muerto por una fe que
era falsa. Pero, y ésta es la cuestión importante, el hecho mismo de que el
musulmán defendiera sinceramente una fe falsa sólo contribuía a empeorar la
situación. Cuanto más apegado estaba el enemigo a su falsa fe menos se lo
admiraba.2906 Los románticos adoptaron una perspectiva absolutamente contraria.
Para ellos, el ideal era el mártir, el héroe trágico que peleaba con valentía y
arrojo por sus creencias contra adversidades insuperables.2907 Lo que valoraban
por encima de todo era la derrota y el fracaso, que se alzaban desafiantes en
oposición al éxito mundano y las concesiones.2908 Fue de esta forma como nació
la idea del artista o héroe como outsider.
Se
trata de un idea que condujo a un tipo de literatura, de pintura y (con mayor
vitalidad) de música que reconocemos de forma
2905
Berlin, Sense of Reality, pp. 185-186.
2906
Ibid., p. 187.
2907
A pesar del nacionalismo de los alemanes, los románticos pensaban que los
héroes de otras culturas podían acercarse más a esa «naturaleza invisible» que
el hombre compartía con el creador. Mumford Jones, Revolution and Romanticism,
p. 279.
2908
Berlin, Sense of Reality, p. 188.
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instantánea:
el héroe martirizado, el héroe trágico, el genio marginal, el sufridor salvaje,
el hombre que se rebela contra una sociedad domesticada y filistea.2909 Como
señala con toda razón Arnold Hauser, no hay aspecto del arte moderno que no
deba algo importante al romanticismo. «Toda la exuberancia, anarquía y
violencia del arte moderno… su exhibicionismo incontrolado e implacable,
derivan de él. Y esta actitud subjetiva y egocéntrica se ha convertido para
nosotros en cosa normal, algo tan absolutamente inevitable que nos resulta
imposible reproducir incluso un hilo de pensamiento abstracto sin aludir a
nuestros propios sentimientos».2910
La
década de 1770, que marca el comienzo del movimiento romántico, fue testigo de
la aparición del Sturm und Drang, «la tempestad y el ímpetu», una generación de
jóvenes poetas alemanes que se rebelaron contra la educación estricta y las
convenciones sociales para explorar sus emociones.2911 La más célebre de estas
obras fue Las penas del joven Werther (1774) de Goethe.2912 En ella nos
encontramos con el perfecto escenario romántico: el individuo enfrentado y en
desacuerdo con la sociedad. Werther es un joven, apasionado y entusiasta,
aislado en medio de luteranos estrictos, secos y piadosos. Pero Goethe fue sólo
el comienzo. Junto al maestro alemán, la desesperación y la desilusión, el
sentimentalismo y la melancolía de Chateaubriand y Rousseau sirvieron de
pistoletazo de salida al romanticismo, en su exploración de las formas en que
la sociedad
2909
El capítulo XII de la obra de Mumford Jones, Revolution and Romanticism, se
titula «Los rebeldes románticos».
2910
Hauser, A Social History of Art, vol. 3, p. 166.
2911
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 346.
2912
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 274.
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convencional
es incapaz de satisfacer las necesidades espirituales de sus héroes. Los
amplísimos panoramas de Victor Hugo y el mundo bohemio de Théophile Gautier y
Alexandre Dumas, en los que las ambiciones políticas y personales se
entretejen, confirman el argumento del primero de éstos según el cual «el
romanticismo es el liberalismo de la literatura».2913 El acercamiento de
Stendhal y de Prosper Mérimée, para quienes el arte es «un paraíso secreto
vedado a los mortales ordinarios», subraya una de las metas del romanticismo,
lo que llegaría a conocerse como l’art pour l’art, el arte por el arte. Balzac
hacía hincapié en la «necesidad ineludible» de elegir bando en las grandes
cuestiones de la época, argumentando que no se puede ser artista y pretender mantenerse
al margen.2914 Mientras el romanticismo francés fue básicamente una reacción a
la Revolución Francesa, la versión inglesa fue una reacción a la revolución
industrial (Byron, Shelley, Godwin y Leigh Hunt eran todos radicales, aunque
Walter Scott y Wordsworth eran o se convirtieron en tories). Tal y como lo
plantea Arnold Hauser, «el entusiasmo de los románticos por la naturaleza es
impensable sin el aislamiento del campo que supone la vida en la ciudad y, de
igual forma, su pesimismo es inimaginable sin la miseria y desolación de las
ciudades».2915 Fueron los románticos más jóvenes —Shelley, Keats y Byron—
quienes desarrollaron un humanismo inflexible, consciente de los efectos
deshumanizadores de la vida en la fábrica en general, e incluso los representantes
más conservadores del movimiento,
2913
Hauser, A Social History of Art, vol. 3, p. 192.
2914
Ibid., p. 188.
2915
Ibid., p. 208.
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Wordsworth
y Scott, compartieron sus simpatías «democráticas» en el sentido de que sus
obras se proponen la popularización, e incluso la politización, de la
literatura.2916 Como sus colegas alemanes y franceses, los poetas románticos
ingleses creían en un espíritu trascendental que era la fuente de la
inspiración poética. Se regodearon en el lenguaje, exploraron la conciencia y
vieron en todo aquel que tenía la capacidad de crear formas poéticas con
palabras un eco del punto de vista platónico que defiende la existencia de
alguna especie de intención divina. Esto es lo que quería decir el famoso
epigrama de Coleridge: «los poetas son los legisladores no reconocidos de la
humanidad». (Wordsworth temía un «apocalipsis de la imaginación».2917) En
cierto sentido, el poeta se convirtió en su propio dios.2918 Shelley es acaso
el romántico clásico: rebelde de nacimiento, ateo, veía el mundo como una gran
batalla entre las fuerzas del bien y el mal. Y se ha señalado incluso que su
ateísmo era más una revuelta contra la tiranía divina que una negación de Dios
propiamente dicha. De forma similar, la poesía de Keats está dominada por la
melancolía y constituye un luto por «la belleza que no es vida», por una
belleza que está más allá de su comprensión. El misterio del arte empieza
entonces a reemplazar el misterio de la fe.
Byron
fue probablemente el más famoso de los románticos. (Al describir «el moi
romántico», Howard Mumford Jones anota con acierto que mientras el egotismo de
Wordsworth era interno, el de
2916
Izenberg, Impossible Individuality, pp. 142-143.
2917
Ibid., p. 144.
2918
La expresión es de Hauser, A Social History of Art, vol. 3, p. 210.
1615 Preparado por Patricio Barros
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Byron
estaba «a la vista de toda Europa».2919) El retrato del héroe romántico como un
eterno vagabundo sin hogar, en parte condenado por su propia naturaleza
salvaje, que Byron nos ofrece en su obra, no es en ningún sentido original. Sin
embargo, mientras los anteriores héroes de este tipo invariablemente vivían con
culpabilidad o melancolía el hecho de no pertenecer a la sociedad, en Byron el
estatus de outsider se convierte en «un pretencioso motín» contra la sociedad,
«el sentimiento de aislamiento evoluciona en culto resentido de la soledad», y
sus héroes son poco más que exhibicionistas, «dispuestos a mostrar abiertamente
sus heridas».2920 Estos rebeldes en guerra declarada con la sociedad dominaron
la literatura del siglo XIX. Si el modelo había sido inventado por Rousseau y
Chateaubriand, para la época de Byron éste se había vuelto narcisista. «[El
héroe] es implacable consigo mismo y despiadado para con los demás. Desconoce
las disculpas y no pide perdón, ya sea a Dios o al hombre. No se arrepiente de
nada y, a pesar de llevar una vida desastrosa, no desea tener otra diferente…
Es rudo y salvaje, pero de alta cuna… emana un encanto peculiar al que ninguna
mujer es capaz de resistirse y ante el que todos los hombres reaccionan con
simpatía o animadversión».2921
La
importancia de Byron fue mucho más amplia incluso. Su idea del «ángel caído»
fue un arquetipo que adoptaron muchos otros, incluidos Lamartine y Heine. Entre
otras cosas, el siglo XIX se caracterizó por la culpa, producto de la caída y
el alejamiento de Dios (véase el
2919
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 288.
2920
Hauser, A Social History of Art, vol. 3, p. 212.
2921
Ibid., pp. 213-214.
1616 Preparado por Patricio Barros
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capítulo
35), y el héroe trágico de dimensiones byronianas reúne todos los requisitos a
la perfección. Pero los demás cambios que introdujo el poeta inglés fueron
igualmente significativos si consideramos sus efectos a largo plazo. Fue Byron,
por ejemplo, el que animó al lector a identificarse íntimamente con el héroe,
algo que, además, aumentó el interés de los lectores por el autor. Hasta el
movimiento romántico, la vida privada de un escritor era en gran medida una
cuestión sobre la que los lectores nada sabían y en la que no estaban muy
interesados. Byron y su capacidad para autopublicitarse cambiaron todo esto.
Después de él, la relación entre un escritor y su público pasaría a asemejarse,
por un lado, a la del terapeuta y sus pacientes y, por otro, a la de una
estrella de cine y sus seguidores incondicionales.2922
Asociado
a esto hubo otro cambio importante, la noción de «segundo yo», la creencia en
que dentro de cada figura romántica, en los oscuros y caóticos intersticios del
alma, había una persona completamente diferente y que una vez se lograra
acceder a este segundo yo, se descubriría una realidad alternativa y mucho más
profunda.2923 Esto es, de hecho, el descubrimiento del inconsciente,
interpretado aquí como una entidad que está escondida, fuera del alcance de la
mente racional, y que no obstante es la fuente de soluciones irracionales a los
problemas, un algo secreto y extático que es ante todo misterioso, nocturno,
grotesco, fantasmal y
2922
2923
Ibid.,
p. 216.
Ibid.,
p. 181.
1617 Preparado por Patricio Barros
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macabro.2924
(Goethe en alguna ocasión describió el romanticismo como «poesía de hospital» y
Novalis describió la vida como una «enfermedad de la mente»). El segundo yo, el
inconsciente, fue considerado como un camino hacia el crecimiento espiritual y
se esperaba que contribuyera al gran lirismo que caracterizó el pensamiento
romántico.2925 El descubrimiento del inconsciente es el tema del capítulo 36 de
este libro.
Por
otro lado, la idea del artista como un espíritu más sensible que los demás,
poseedor acaso de un vínculo directo con lo divino (una concepción que se
remonta a Platón), implicaba un conflicto natural entre éste y la
burguesía.2926 La primera mitad del siglo XIX fue la época en que surgió el
concepto mismo de avant-garde: el artista visto como alguien adelantado a su
tiempo y, con seguridad, por delante de la burguesía. El arte era un «fruto
prohibido», sólo disponible para el iniciado y, ciertamente, negado a la
burguesía «inculta». De esto a la idea de que la juventud era más creativa que
la vejez y, por tanto, inevitablemente superior a ella, sólo había un paso. La
juventud sabía inevitablemente qué era lo que estaba por venir, forzosamente
tenía la energía para abrazar nuevas ideas y modas, ya que por naturaleza
estaba menos familiarizada con las convenciones establecidas. El concepto mismo
de genio reforzaba la idea de una chispa instintiva
2924
En la sección titulada «Dos conceptos de individualidad», Gerald Izenberg
explora la idea que los románticos tenían de las diferencias entre hombres y
mujeres. Izenberg, Impossible Individuality, pp. 18-53.
2925
Sobre la poesía como purificación, véase: Nicholas Boyle, Goethe: the Poet and
the Age, vol.
1,
The Poetry of Desire, The Clarendon Press of Oxford University Press, Oxford,
1991, pp. 329-
331.
2926
En Revolution and Romanticism, p. 264, Mumford Jones discute aspectos
relevantes de esto.
1618 Preparado por Patricio Barros
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en
el nuevo talento a expensas de los saberes adquiridos con trabajo y esfuerzo a
lo largo de una vida.
En
el campo de la pintura, el romanticismo estuvo representado por Turner, cuyos
cuadros, dijo John Hoppner, eran como una hoguera (una metáfora aplicada a la
música de Berlioz), y por Delacroix, quien sostuvo que una pintura debía, ante
todo, ser una fiesta para los ojos. Pero fue en realidad en el campo de la
música donde el romanticismo se superó a sí mismo. Los miembros más destacados
de la grandiosa generación de compositores románticos nacieron todos en un
lapso de diez años: Berlioz, Schumann, Liszt, Mendelssohn, Verdi y Wagner.
Antes de todos ellos, sin embargo, estaba Beethoven. Mumford Jones sostiene que
toda la música conduce a Beethoven y, también, que toda la música proviene de
él.2927 Beethoven, Schubert y Weber conforman un pequeño grupo de los que
podríamos denominar compositores prerománticos, y fueron ellos quienes
cambiaron tanto el pensamiento musical como el aspecto de las representaciones
musicales.
La
gran diferencia entre Beethoven (1770-1827) y Mozart, que era sólo catorce años
mayor, es que Beethoven pensaba en sí mismo como un artista. La palabra no
aparece en la correspondencia de Mozart, quien se consideraba un artesano
calificado que, como Haydn y Bach antes que él, suministraba una mercancía.
Beethoven, en cambio, se consideraba parte de una raza especial, un creador, y
eso lo ponía al mismo nivel que la realeza y otras almas elevadas. «Lo
2927
Ibid., p. 394.
1619 Preparado por Patricio Barros
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que
está en mi corazón», decía, «debe salir».2928 Goethe fue sólo uno de los que
advirtió la fuerza de su personalidad, y escribió al respecto que: «nunca he
conocido un artista con tanta concentración espiritual, tanta intensidad, tanta
vitalidad y gran corazón. Entiendo muy bien lo difícil que debe resultarle
adaptarse al mundo y sus formas».2929 Incluso las enmiendas en sus partituras
autógrafas tienen una violencia de la que carecen las de Mozart, por
ejemplo.2930 Como Wagner después de él, Beethoven sentía que el mundo le debía
una vida porque él era un genio. En alguna ocasión, dos príncipes vieneses
acordaron pagar algún dinero a Beethoven para mantenerlo en la ciudad. Después
de que uno de ellos muriera en un accidente, Beethoven llevó a sus herederos a
los tribunales para obligarlos a pagarle. Sentía que estaba en su derecho.2931
En
la obra de toda una vida dedicada a crear música hermosísima hay dos trabajos
que destacan, dos composiciones que cambiaron el curso de la historia de la
música para siempre: la sinfonía Heroica, estrenada en 1805, y la Novena
sinfonía, interpretada por primera vez en 1824.2932 Harold Schonberg se
pregunta qué pudo pasar por la mente del público que estuvo presente en ese
trascendental acontecimiento que fue la primera interpretación de la Heroica.
«Estaban ante un monstruo de sinfonía, una sinfonía más larga que cualquiera de
las que se habían escrito hasta entonces y con una
2928
Schonberg, Lives of the Composers, p. 83.
2929
Ibid.
2930
Véase, por ejemplo: Alfred Einstein, A Short History of Music, Cassell,
Londres, 1953, p. 143.
2931
Schonberg, Lives of the Composers, p. 86.
2932
Originalmente, la Heroica estaba dedicada a Napoleón, pero, según la leyenda,
Beethoven cambió de idea después de que Bonaparte se autoproclamara emperador.
George R. Marek, Beethoven, William Kimber, Londres, 1970, p. 343.
1620 Preparado por Patricio Barros
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partitura
muchísimo más rica; una sinfonía de armonías complejas,
una
sinfonía de una fuerza titánica; una sinfonía de disonancias
feroces;
una sinfonía con una marcha fúnebre de una intensidad
paralizante».2933
Éste era un nuevo lenguaje musical, y son muchos
los
que consideran que la Heroica y su patetismo no han sido
superados.
George Marek dice que lo ocurrido debió de haber sido
similar
a escuchar la noticia de la división del átomo.2934
Beethoven
ya era una figura bastante romántica, sin embargo, las
dificultades
auditivas que empezaron a afligirlo aproximadamente por
la
época en que la Heroica se presentó al público por primera vez y
que terminarían dejándolo completamente sordo, también lo
volvieron
retraído. Fidelio, su gran ópera (aunque acaso demasiado
abarrotada
de personajes), sus magníficos conciertos para violín y
piano,
la famosas sonatas para piano como la Waldstein y la
Appassionata, tienen todas elementos misteriosos, místicos y
monumentales.
Pero la Novena sinfonía fue crucial, y siempre fue
tenida
en muy alta estima por los románticos posteriores. Según
todos
los testimonios, el estreno, realizado tras sólo dos ensayos y
cuando
muchos de los cantantes no podían llegar a las notas más
altas,
fue desastroso. (Los solistas le rogaron a Beethoven que las
cambiara,
pero él se negó: nadie tuvo un testamento más magnífico
que
él.2935) Con todo, lo que la Heroica y la Novena sinfonía tenían en
común
y lo que hacía que sus sonidos resultaran tan novedosos y
diferentes
de, digamos, la música de Mozart, era que Beethoven
2933
Schonberg, Lives of the Composers, p. 89.
2934
Einstein, A Short History of Music, p. 146. Marek, Beethoven, p. 344.
2935
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 293.
1621 Preparado por Patricio Barros
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estaba
interesado, por encima de todo, en los estados interiores del ser y tenía una
apremiante necesidad de expresar la dramática intensidad del alma. «La música
de Beethoven no es cortés. Lo que él ofrecía a sus oyentes era un sentimiento
de drama, de conflicto y de resolución, como ningún compositor ha conseguido
hacerlo luego… La música [de la Novena] no es bonita y tampoco atractiva. Es
simplemente sublime… es música interior, música del espíritu, música de una
subjetividad extrema».2936 Fue la Novena sinfonía, su colosal lucha «de
protesta y liberación», la que más influyó en Berlioz y Wagner, la que
constituyó un ideal (en gran medida inalcanzable) para Brahms, Bruckner y
Mahler.2937 Debussy confesó que la obra se había convertido, para los compositores,
en una «pesadilla universal». Lo que quería decir era que pocos otros
compositores podían igualarse a Beethoven, y que quizá sólo uno, Wagner, había
logrado superarlo.
Franz
Schubert ha sido descrito como «el romántico clásico».2938 Tuvo una corta vida
(1797-1828), durante la cual siempre estuvo a la sombra de Beethoven. Con todo,
él también sentía que únicamente podía ser un artista, y había dicho a un amigo
suyo que «he venido al mundo con ningún otro propósito diferente al de
componer». Empezó su vida como niño cantante en un coro y luego como maestro de
escuela después de que le cambiara la voz. Pero Schubert odiaba ese trabajo y
se dedicó a la composición. Al igual que Beethoven, era bajito, medía un metro
cincuenta y seis, y Beethoven un metro
2936
Schonberg, Lives of the Composers, pp. 93-94.
2937
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 394.
2938
Einstein, A Short History of Music, p. 152.
1622 Preparado por Patricio Barros
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sesenta.
Se le apodaba Schwammerl («Fofito») y así como Beethoven tenía problemas de
oído, Schubert los tenía de vista. Más importante aún: fue el perfecto ejemplo
del romántico con dos personalidades. Mientras por un lado era una persona
instruida, que se hizo un nombre poniendo música a poemas de Goethe, Schiller y
Heine, por otro, bebía más de la cuenta, contrajo varias enfermedades venéreas
y, en general, consintió que sus ansias de placer lo arrastraran al fondo. Esto
es algo que se manifiesta en sus composiciones, en especial en su «Canción
triste», de la Sinfonía en B menor.2939 También fue el maestro de la música
para voz sin acompañamiento.2940 Schubert murió un año después que Beethoven.
Para esa época, buena parte de lo que consideramos el mundo moderno ya empezaba
a existir. Los nuevos ferrocarriles conectaban a la gente con rapidez. Gracias
a la revolución industrial, la burguesía estaba amasando enormes fortunas, al
mismo tiempo que la pobreza de muchos se disparaba. Algo de esto se trasladó al
mundo de la música, que dejó de ser simplemente una experiencia de la corte y
empezó a ser disfrutada por la burguesía emergente. Los burgueses habían
descubierto la música bailable, en particular el vals, que hizo furor en la
época del Congreso de Viena, de 1814-1815. En la década de 1820, en los días de
carnaval, Viena era escenario de hasta mil seiscientos bailes en una sola
noche.2941 Pero la ciudad también tenía cuatro teatros que ofrecían funciones
de ópera en algún momento, y
2939
Ibid.
2940
Ibid., p. 154.
2941
Schonberg, Lives of the Composers, p. 98.
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muchos
salones más pequeños en las universidades y otros lugares.
Había
nacido la música de las clases medias.
Junto
a los nuevos teatros para conciertos y ópera, por ejemplo, las nuevas
tecnologías tuvieron un profundo impacto en los instrumentos mismos. Beethoven
había aumentado el tamaño de la orquesta y, como anotamos al comienzo de este
capítulo, Berlioz lo aumentaría todavía más. Paralelamente, la nueva tecnología
del metal mejoró de forma notable los poco fiables instrumentos de viento del
siglo XVIII. Se idearon llaves y válvulas que permitieron que las trompas y los
fagotes, por ejemplo, tocaran con mayor precisión y de forma más
consistente.2942 Las nuevas llaves metálicas articuladas también permitieron a
los intérpretes utilizar agujeros a los que de otra forma sus dedos no habrían
llegado. La tuba evolucionó y Adolph Sax inventó el saxofón.2943 Al mismo
tiempo, a medida que aumentaba el tamaño de las orquestas, surgió la necesidad
de alguien que asumiera el control. Hasta entonces, muchos conjuntos eran
dirigidos por el primer violinista o por quienquiera que estuviera a cargo de
los teclados. Pero después de Beethoven, hacia 1820, aparece el director de
orquesta tal y como hoy lo conocemos. Los compositores Ludwig Spohr y Carl
Maria von Weber fueron de los primeros en dirigir la interpretación de sus
propias obras con una batuta, al igual que François-Antoine Habeneck, el
fundador de la orquesta del Conservatorio de París (en 1828), quien dirigía con
su arco.
2942
Ibid., p. 109.
2943
Barzun, Classical, Romantic, Modern, pp. 545-546. Sobre el desarrollo del
saxofón, véase también: Baines, ed., Musical Instruments Through the Ages, p.
260.
1624 Preparado por Patricio Barros
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Fue
también por esta época cuando apareció el piano moderno. En este proceso
intervinieron dos elementos. Por un lado, la evolución del bastidor de acero
que permitió hacer pianos mucho más grandes y robustos de lo que habían sido,
digamos, en época de Mozart. Por otro, el genio (y promoción) de Niccolò
Paganini (1782-1840), que debutó a la edad de diecinueve años y acaso haya sido
el más grande violinista de todos los tiempos.2944 Poseedor de una técnica
espléndida y un supremo artista del espectáculo —le encantaba romper
deliberadamente una de las cuerdas durante su actuación y continuar el resto de
la velada con sólo tres cuerdas—, fue el primero de los supervirtuosos.2945
Pero además amplió la técnica del violín, al introducir nuevos armónicos y
nuevas formas de usar el arco y los dedos, con lo que estimuló a los pianistas
a intentar imitarlo con sus nuevos instrumentos, mucho más versátiles.2946
El
hombre que emuló en el piano los logros de Paganini fue Franz Liszt, el primer
pianista de la historia que dio un concierto solo. En parte gracias a estos
virtuosos se construyeron cientos de salas de conciertos por toda Europa (y, en
menor medida, en Norteamérica) para satisfacer la demanda de la nueva
burguesía, ansiosa de escuchar a estos talentos. Y paralelamente surgió una
avalancha de compositores y músicos que aprovecharon estos hechos: Weber,
2944
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 165; Mumford Jones, Revolution and
Romanticism, p. 391; y véase: Baines, ed., Musical Instruments Through the
Ages, pp. 124-125, sobre Paganini y la evolución final del violín, y p. 91,
sobre la diferencia entre los pianos ingleses y alemanes (vieneses).
2945
Se decía que debía su talento y excelencia a que había vendido su alma al
diablo (tenía una apariencia cadavérica). Paganini nunca se preocupó por negar
esta acusación. Menuhin y Davis, Music of Man, p. 165; y Mumford Jones,
Revolution and Romanticism, p. 410.
2946
Schonberg, Lives of the Composers, p. 110.
1625 Preparado por Patricio Barros
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Mendelssohn,
Chopin y Liszt fueron los cuatro pianistas más importantes de su tiempo y
Berlioz, Mendelssohn, Weber y Wagner fueron los cuatro mejores directores.2947
«En
el lapso de una década, aproximadamente entre 1830 y 1840», anota Harold
Schonberg, «todo el vocabulario armónico de la música cambió. De forma
repentina, sin que se pudiera decir de dónde había empezado, los compositores
empezaron a usar acordes séptimos, novenos e incluso undécimos, acordes
alterados y una armonía cromática en oposición a la armonía diatónica clásica…
los románticos se deleitaron con inusuales combinaciones tonales, acordes
sofisticados y disonancias que las mentes más convencionales de la época
hallaban insoportables».2948 La música romántica tuvo así su propio sonido,
rico y sensual, y su propio tono, místico, pero una novedad adicional era que
tenía un «programa», es decir, contaba una historia, algo que hasta entonces
había sido inimaginable.2949 Este acontecimiento subrayaba una nueva y estrecha
alianza entre la música y la literatura, cuya meta era describir los estados
más profundos del sentimiento y la mente, algo en lo que Beethoven fue un
pionero.
Carl
Maria von Weber fue, como Schubert, otra figura muy romántica, si bien no
precisamente en el sentido en que Beethoven o Berlioz lo fueron. Sufría de
problemas de cadera y caminaba cojeando, y además de ello padecía tuberculosis,
acaso la enfermedad de la era
2947
Edward Dent sostiene que el romanticismo queda establecido para la época en que
Weber entra en escena. Winton Dean, ed., The Rise of Romantic Opera, Cambridge
University Press, Cambridge (Inglaterra), 1976, p. 145.
2948
Schonberg, Lives of the Composers, p. 112.
2949
Einstein, A Short History of Music, p. 152.
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romántica:
se desarrollaba de forma lenta y trágica e iba consumiendo al enfermo (la
heroínas de La Traviata y La Bohème padecen tisis). Weber también fue un
virtuoso de la guitarra y un cantante excelente, hasta que destruyó su voz al
beber por accidente un vaso de ácido nítrico. Pero además tenía unas manos
enormes, lo que le permitía tocar ciertos pasajes de sus obras que estaban
fuera del alcance de los ordinarios mortales.2950 Fue invitado a Dresden para
encargarse de la ópera de la ciudad, donde convirtió al director (función que
desempeñaba él mismo) en la fuerza dominante de la orquesta, con lo que impuso
una moda. Con todo, también realizó grandes esfuerzos por contrarrestar el auge
de la ópera italiana, basada principalmente en las obras de Rossini. Gracias a
Weber surgió la tradición operística alemana que culmina con Wagner. La propia
ópera de Weber Der Freischütz, estrenada en 1820, abrió un mundo nuevo. Trataba
de lo sobrenatural y de los poderes místicos del mal, un tema que sería muy
popular a lo largo del siglo XIX. Él mismo llegó a anotar que el verso más
importante de la obra es pronunciado por el héroe, Max: Doch mich umgarnen
finstre Mächte! («Pero los oscuros poderes me enredan»).2951
Berlioz
fue el primer compositor que se expresó con franqueza en sus obras de forma
autobiográfica, si bien también «halló su fuego» en Shakespeare, Byron y
Goethe.2952 Se lo ha descrito como «el primer salvaje auténtico de la historia
de la música», eclipsando en este sentido incluso a Beethoven. Poseedor de una
personalidad
2950
Schonberg, Lives of the Composers, p. 119.
2951
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 410.
2952
Einstein, A Short History of Music, p. 176.
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revolucionaria
y voluble, Berlioz compartía con el músico alemán esa conciencia sobre el
propio genio que se convertiría en sello distintivo del movimiento romántico, y
aunque escribió una vívida autobiografía, también su música era autobiográfica.
Su primera obra maestra, y quizá la mayor de todas sus obras, su «pesadilla de
opio», la Symphonie fantastique, describe su apasionada relación amorosa con la
actriz irlandesa Harriet Smithson.2953 En un principio, la relación
difícilmente fue romántica, al menos en el sentido convencional. El compositor
la vio en el escenario y empezó a bombardearla con cartas antes de haberla
conocido. Estas cartas eran tan apasionadas y tan íntimas, que Smithson se
sintió desconcertada e incluso asustada. (Berlioz acudía a verla al teatro sólo
para gritar enfurecido y marcharse cuando el que hacía el papel de su amante la
abrazaba en el escenario). Tan perturbado estaba el músico por su conducta que
cuando le llegaron rumores de que ella estaba teniendo un romance, decidió convertirla
en una prostituta en la última parte de su sinfonía. Cuando se enteró de que
los rumores no eran ciertos, cambió la partitura. La tarde en que ella
finalmente accedió a dejarse ver en público en una de las representaciones de
su enamorado, dice David Cairns, coronó «una de las fechas cumbres del
calendario romántico».2954 Hasta Berlioz, las obras musicales nunca habían
contado una historia con tal intensidad y semejante idea cambió a los
compositores y al público. Entre aquellos a los que más impresionó esta
innovación se encontraba Wagner, quien
2953
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 410.
2954
Cairns, Berlioz, vol. 2, p. 1.
1628 Preparado por Patricio Barros
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pensaba
que había sólo tres compositores dignos de que se les prestara atención: Liszt,
Berlioz y él mismo. Ello no hace justicia a Schumann y Chopin.
En
cierto sentido, Robert Schumann fue el romántico más consumado. Rodeado por la
locura y el suicidio en su familia, vivió toda su vida preocupado por la
posibilidad de que él también terminara sucumbiendo de una u otra forma a la
enfermedad. Hijo de un librero y editor, creció rodeado por las obras de los
grandes escritores románticos —Goethe, Shakespeare, Byron y Novalis— que
ejercieron una enorme influencia sobre él. (Estalló en lágrimas al leer el
Manfredo de Byron, al que luego pondría música.2955) Schumann intentó escribir
poesía él mismo y, también, procuró imitar a Byron de otras maneras,
embarcándose, por ejemplo, en numerosas aventuras amorosas. A principios de la
década de 1850, padeció durante una semana de alucinaciones, durante las cuales
pensaba que los ángeles le dictaban música, en medio de amenazadores animales
salvajes. Llegó a arrojarse de un puente sin conseguir acabar con su vida y,
por petición propia, se le encerró en un asilo. Su obra más conocida, y quizá
la más apreciada, es Carnaval, en la que propone retratos de sus amigos, su
esposa Clara, Chopin, Paganini y Mendelssohn. (Carnaval ejerció una gran
influencia sobre Brahms.2956)
Aunque
fue amigo de muchos de los románticos más importantes, incluido Delacroix (que
fue el destinatario de muchas de las cartas
2955
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 375.
2956
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 178.
1629 Preparado por Patricio Barros
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que
escribió en relación con su apasionado romance con George Sand), Chopin fingía
menospreciar sus búsquedas. Apreciaba con cortesía, pero no precisamente con
entusiasmo, las pinturas de Delacroix, y no manifestó ningún interés por la
lectura de los grandes autores románticos, pero compartía con Beethoven,
Berlioz y Liszt la conciencia de que era un genio. Polaco de nacimiento, se
trasladó a París en las décadas de 1830 y 1840, cuando la ciudad era la capital
del movimiento romántico; en las veladas celebradas en el salón del editor
musical Pleyel, llegaría a tocar el piano a cuatro manos con Liszt, mientras
Mendelssohn se encargaba de pasar las páginas.2957 Chopin inventó una nueva
forma de tocar el piano, aquella que hoy nos resulta familiar. Tenía ciertos
reflejos en sus dedos que lo diferenciaban de los demás músicos (en su época,
al menos) y esto le permitió crear una música para piano que era al mismo
tiempo experimental y, no obstante, refinada. Schumann la describió como «un
cañón sepultado en flores». (El elogio no le fue devuelto).2958 Chopin
introdujo nuevas ideas sobre el uso de los pedales, los dedos y los ritmos, que
se revelarían en extremo influyentes. (Prefería los pianos Broadwood ingleses,
menos avanzados que algunos de los entonces disponibles).2959 Sus piezas tienen
la delicadeza y, también, el vívido colorido de las pinturas de los
impresionistas, y así como cualquiera puede diferenciar un Renoir de un Degas,
cualquiera puede reconocer a Chopin cuando lo escucha. Es posible que él no
2957
Jeremy Siepmann, Chopin: The Reluctant Romantic, Gollancz, Londres, 1995, pp.
132-138, passim.
2958
Ibid., p. 103. Schonberg, Lives of the Composers, p. 153.
2959
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 180.
1630 Preparado por Patricio Barros
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pensara
en sí mismo como un romántico, pero sus polonesas y sus nocturnos son
implícitamente románticos (tras él y sus polonesas, la música se vería invadida
de sentimientos nacionalistas).2960 Sin Chopin es imposible entender el piano
de forma plena.
Y
tampoco sin Liszt. Como Chopin, era un músico brillante desde un punto de vista
técnico (dio su primer solo con sólo diez años), y como Beethoven (cuyo
Broadwood compró) y Berlioz, tenía carisma.2961 Un hombre apuesto, lo que
contribuía a su carisma, Liszt inventó el estilo «bravura» de interpretación al
piano. Antes de él, los pianistas tocaban desde la muñeca manteniendo sus manos
juntas y cerca del teclado. A diferencia de ellos, Liszt fue el primer pianista
cuya actuación empezaba con su entrada al escenario. Se sentaba, se quitaba los
guantes y los dejaba caer en cualquier parte, alzaba sus manos y a continuación
atacaba el teclado (las mujeres se peleaban por hacerse con uno de sus
guantes).2962 Él mismo, por tanto, era un espectáculo, y para mucha gente de su
época eso lo convertía en un payaso.2963 No obstante, es indudable que fue el
pianista más romántico, y quizá pueda decirse que fue el más grande que ha
existido, el que supo aprovechar la influencia de Berlioz, Paganini y Chopin.
Inventó el recital y pianistas de toda Europa acudían en gran número para
estudiar con él. Su influencia sobre Wagner fue enorme, ya que introdujo nuevas
formas musicales, en particular el poema
2960
Einstein, A Short History of Music, p. 199.
2961
Eleanor Perényi, Liszt, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 1974, p. 56. Véase
también: Baines, ed., Musical Instruments Through the Ages, p. 100.
2962
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 165.
2963
Aunque Alfred Einstein nos recuerda que Liszt rescató la música de la Iglesia
católica en el siglo XIX. A Short History of Music, p. 180.
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sinfónico,
obras de un solo movimiento de gran contenido simbólico inspiradas en un poema
o un drama.2964 En su audaz cromatismo introdujo disonancias que luego copiaron
todos sus colegas, desde Chopin hasta Wagner. Liszt creció hasta convertirse en
el gran patriarca de la música y de hecho, sobrevivió a la mayoría de sus
contemporáneos en varias décadas. Uno de «los esnobs de la historia», su pelo
blanco, largo y suelto, y su «colección de verrugas» le daban a su cabeza una
apariencia tan distintiva en su ancianidad como la que había tenido en su
juventud.2965
Felix
Mendelssohn fue posiblemente el músico más consumado en términos generales
después de Mozart. Magnífico pianista, fue también uno de los más grandiosos
organistas y directores de orquesta de su época, así como un violinista
excelente, que, además, había leído muchísima poesía y filosofía. (Según Alfred
Einstein, era un clasicista romántico.2966) Provenía de una familia de ricos
banqueros judíos, y era nieto del filósofo Moses Mendelssohn. Ferviente
patriota, creía que los alemanes eran excelentes en todas las artes. De hecho,
podría decirse que Mendelssohn estaba cultivado en exceso (si tal cosa es
posible). De niño se le obligaba a levantarse a las cinco de la mañana para
estudiar música, historia, griego, latín, ciencia y literatura comparada. Cuando
nació, su madre había comentado al ver sus manos: «¡Dedos de fugas de
Bach!».2967 Como tantos otros músicos románticos, Mendelssohn fue un niño
prodigio,
2964
Ibid.
2965
Perényi, Liszt, p. 11. pp. 158 y 178.
2966
Einstein, A Short History of Music, pp. 158 y 178.
2967
Ibid., p. 179.
1632 Preparado por Patricio Barros
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si
bien también hay que añadir que fue doblemente afortunado al contar con unos
padres que podían permitirse contratarle su propia orquesta para que él pudiera
dirigir sus propias composiciones. En París conoció a Liszt, Chopin y Berlioz.
Para su primera obra se inspiró en Shakespeare: Sueño de una noche de verano,
un país de hadas que constituía un material perfecto para un romántico (aunque
Mendelssohn nunca fue alguien de demonios interiores).2968 Después de París, se
trasladó a Leipzig como director y en muy poco tiempo convirtió la ciudad en la
capital musical de Alemania. Uno de los primeros directores en usar batuta, la
empleó para convertir a la orquesta de Leipzig en el instrumento musical más
destacado de la época: preciso, parco y con cierta predilección por la
velocidad. Mendelssohn aumentó el tamaño de la orquesta y revisó su repertorio.
De hecho, parece haber sido el primer director que adoptó el estilo dictatorial
que parece gozar de tanta popularidad en nuestros días, además de haber sido el
principal organizador del repertorio básico que hoy escuchamos, con Mozart y
Beethoven como columna vertebral, Haydn, Bach (cuya Pasión según san Mateo
rescató de un sueño de un centenar de años) y Händel no muy lejos, y la
inclusión de Rossini, Liszt, Chopin, Schubert y Schumann.2969 Fue él quien
concibió la forma de muchos de los programas que hoy oímos: una obertura, una
obra de gran calado como, por ejemplo, una sinfonía, y finalmente un concierto.
(Antes de él, se consideraba que la mayoría de las sinfonías eran demasiado
largas para ser escuchadas sin
2968
2969
Ibid.,
p. 158.
Ibid.,
p. 160.
1633 Preparado por Patricio Barros
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interrupción,
por lo que entre movimiento y movimiento se intercalaban piezas más cortas y
menos exigentes).2970
La
gran avalancha de innovaciones románticas en el ámbito de la música se vio
coronada por los desarrollos de la que posiblemente sea la más apasionada de
todas las formas artísticas: la ópera. Los dos grandes colosos de la ópera, uno
italiano, el otro alemán, son hijos del siglo XIX.
A
diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, Giuseppe Verdi (1813-1901) no
fue un niño prodigio. Su destreza como pianista no era excepcional y no
consiguió entrar al conservatorio de Milán en su primer intento. Su primera
ópera tuvo algún éxito, su segunda fue un fracaso, pero la tercera, Nabucco, lo
hizo famoso en toda Italia. Durante los ensayos de esta obra no se realizaba
ningún trabajo entre bastidores, pues los pintores y tramoyistas se emocionaban
tanto por la música que abandonaban sus tareas y se congregaban, conmovidos,
alrededor del foso de la orquesta. Además de la música y del hecho de que Verdi
usara una orquesta más amplia que la convencional, Nabucco se hizo popular en
Italia debido a que se la interpretó como un símbolo de la resistencia italiana
a la dominación y ocupación del país por los austriacos. «Todos los italianos
identificaron en el coro “Va, pensiero”, que trata de la añoranza del hogar que
sienten los exiliados judíos, su propio deseo de libertad».2971 En la primera
noche el auditorio se puso de pie y aplaudió.2972 Verdi era un fervoroso
nacionalista, y viviría para ver la
2970
Schonberg, Lives of the Composers, p. 183.
2971
Ibid., p. 214.
2972
Menuhin y Davis, Music of Man, p. 187.
1634 Preparado por Patricio Barros
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unificación
de Italia y convertirse luego en diputado (renuente) del nuevo parlamento.
Cuando las letras V.E.R.D.I. aparecían escritas en los muros de cualquier
ciudad italiana bajo ocupación austriaca, la gente las interpretaba como:
«Vittorio Emmanuele, Re d’Italia».2973 En las óperas que siguieron a Nabucco —I
Lombardi, Ernani y, en particular, Macbeth— Verdi consiguió crear un tipo de
música que nunca antes se había oído, pero que tenía como estímulo la que
estaban produciendo los compositores románticos. En lugar de escribir música
graciosa, melódica y controlada, Verdi buscaba que las voces de los cantantes
reflejaran mediante el sonido la riqueza de su vida interior, su confusión, su
amor, su odio, sus tensiones y angustias psicológicas. El mismo compositor
comentó esto de forma explícita en una carta que escribió al director de la
Ópera de París justo en el momento en que iban a empezar los ensayos de
Macbeth. Entre otras cosas, se oponía a la elección de Eugenia Tadolini, una de
las cantantes más importantes de la época, para la obra. «Tadolini tiene
cualidades demasiado grandes para este papel [Lady Macbeth]. ¡Quizá usted
piense que se trata de una contradicción! Pero Tadolini es hermosa y tiene una
buena apariencia, y yo quisiera que Lady Macbeth fuera torcida y fea. Tadolini
canta a la perfección, y yo no quiero que Lady Macbeth cante. Tadolini tiene
una voz maravillosa, clara, brillante, fuerte, y para Lady Macbeth me gustaría
una voz áspera, falsa, ahogada. La voz de Tadolini tiene algo de angélico. Y la
voz de Lady Macbeth debe tener algo de demoníaca».2974 Verdi estaba
2973
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 325n; y Menuhin y Davis, Music of
Man, pp.
187-188.
2974
Charles Osborne, ed. y trad., The Letters of G. Verdi, Gollancz, Londres, 1971,
p. 596.
1635 Preparado por Patricio Barros
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en
camino hacia el drama musical y el melodrama, en los que la emoción se
representa en escena sin refinar «en sus grandiosos colores primarios: el amor,
el odio, la venganza, el ansia de poder».2975 Esto se fundaba más en la melodía
que en la armonía de la orquesta y, por tanto, su obra tiene un humanismo del
que carece Wagner.2976 Pero aun así, la música de Verdi era diferentísima de
todo lo que hasta entonces se había oído, y ello hizo que mientras sus óperas
gozaban de un enorme éxito entre el público (el día del estreno las puertas del
teatro tenían que abrirse cuatro horas antes, tal era la aglomeración de
quienes querían asistir), eran objeto de ataques críticos sin precedentes. Con
ocasión de una presentación de Rigoletto, en Nueva York en 1855, dos hombres
intentaron llevar la producción a los tribunales y conseguir que se prohibiera,
pues consideraban que era demasiado obscena para ser vista por las mujeres.2977
Al
final de su larga vida, cuando ya era una institución en Italia, Verdi volvería
a Shakespeare, con Otello y Falstaff. Como la obra original de Shakespeare,
Falstaff es una tragicomedia, quizá uno de los géneros más difíciles de llevar
a cabo (en el contrato de Verdi se especificaba que él podía retirar la ópera
después del ensayo general si éste no salía bien). Falstaff es un personaje que
nos gusta y nos disgusta. Es difícil creer que un tonto pueda ser un personaje
trágico, pero es claro que lo consigue. La música de Verdi, su majestuosidad,
2975
Mumford Jones, Revolution and Romanticism, p. 216.
2976
Einstein, A Short History of Music, p. 172.
2977
Mary-Jane Phillips-Matz, Verdi, Oxford University Press, Oxford, 1993, p. 204.
[Hay traducción castellana: Verdi: una biografía, Paidós, Barcelona, 2001].
1636 Preparado por Patricio Barros
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sumada
a las historias de Shakespeare, nos permite ver que la tragedia puede tener
lugar incluso en una situación en que no hay un héroe trágico en un sentido
obvio. Desde esta perspectiva, con el estreno del Falstaff de Verdi en La Scala
de Milán, en febrero de 1893, el romanticismo llega a su fin.2978
Para
entonces Wagner y el tipo de romanticismo que preconizaba estaban ya muertos.
Fuera o no un músico más grande que Verdi, Wagner era sin duda alguna un hombre
más grande y más complejo, de las dimensiones de Falstaff y, quizá, una figura
con la que resultaba igualmente difícil simpatizar. En lo referente al
carácter, Wagner era del tipo de Beethoven y Berlioz, siempre consciente de su
genialidad, algo en lo que acaso eclipse a ambos maestros. Llevaba el drama en
sus huesos.2979 «Yo no estoy hecho como la demás gente. Tengo que tener brillo
y belleza y luz. El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la
miseria de organista que ganaba su maestro, Bach».2980 Al igual que Verdi, sus
comienzos fueron lentos y hasta que escuchó la Novena sinfonía de Beethoven, y
Fidelio, cuando tenía quince años, no decidió hacerse músico. Nunca llegó a
hacer algo más que juguetear con el piano, y reconocía que no era el mejor
lector de partituras posible. Sus primeras obras, señala Harold Schonberg, «no
demuestran talento».2981 Como le ocurriera a Berlioz, la intensidad de Wagner
atemorizaba a sus primeras amantes, y al igual que Schubert, estaba
constantemente endeudado, al menos en
2978
Ibid., p. 715.
2979
Einstein, A Short History of Music, p. 185.
2980
Schonberg, Lives of the Composers, p. 230 y ref.
2981
Ibid., p. 232.
1637 Preparado por Patricio Barros
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los
primeros años de su carrera. En Leipzig, donde recibió algunas clases (pero fue
rechazado), se le conocía por su afición a la bebida y el juego y por ser un
hablador compulsivo y dogmático.
Pero
después de una serie de aventuras, cuando sus acreedores lo perseguían a
diestra y siniestra, finalmente escribió la ópera en cinco actos Rienzi y, como
Nabucco en el caso de Verdi, ésta lo hizo famoso.2982 Se estrenó en Dresden,
que de inmediato se garantizó los derechos de Der fliegende Holländer, después
de la cual Wagner fue nombrado Kapellmeister allí. Luego vinieron Tannhäuser y
Lohengrin, que fueron bien acogidas por el público, en especial la última, con
su novedosa combinación de maderas y cuerdas. No obstante, Wagner tuvo que
salir huyendo de Dresden después de haberse puesto del lado de los
revolucionarios durante el levantamiento de 1848.2983 Primero se trasladó a
Weimar, donde estuvo con Liszt, y luego a Zúrich, donde durante cerca de seis
años prácticamente no compuso nada. Wagner estaba intentando desarrollar sus
teorías artísticas, se familiarizó con Schopenhauer, y ello lo llevaría a
producir varias obras escritas —Arte y Revolución (1849), La obra de arte del
futuro (1850), Judaísmo y músic a (1850) y Ópera y drama (1851)— y así mismo un
gran libreto basado en la leyenda teutónica medieval: Nibelungenlied. Ésta
representaba lo que Wagner denominaba Gesamtkunstwerk, la obra de arte
unificada, un concepto fundado en su idea de que todo gran arte (palabras,
música, escenografía y vestuario reunidos) debía basarse en el mito, el primer
registro de las
2982
Einstein, A Short History of Music, p. 185.
2983
Ibid., p. 187; pero véase también: Nike Wagner, The Wagners, Weidenfeld &
Nicolson, Londres, 2000, p. 25, sobre el «problema Tannhäuser».
1638 Preparado por Patricio Barros
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palabras
de los dioses, y convertirse en una especie de glosa moderna (y romántica) de
una escritura sagrada. Para Wagner, los artistas debían indagar necesariamente
en las tradiciones precristianas porque el cristianismo había pervertido lo que
vino después. Una posibilidad, señalada por el Renacimiento, era acudir a los
mitos arios de la India, pero Wagner, siguiendo a los expertos alemanes de la
época, prefería la tradición septentrional, opuesta a la tradición clásica
mediterránea. Y así fue como llegó al Nibelungenlied teutónico.2984 En adición
al nuevo mito, Wagner desarrolló sus ideas acerca de una nueva forma de
discurso o, mejor, recreó una antigua forma, el Stabreim, que evocaba la poesía
de las sagas, en la que las vocales con las que finalizaba un verso se repetían
en las primera palabras del siguiente. Culminando todo esto, tenemos sus nuevas
ideas para la orquesta (que para Wagner debía ser incluso más grande que las de
Beethoven y Berlioz). Aquí desarrolló su concepto de música ininterrumpida a lo
largo de toda la composición. De esta forma, la orquesta se convirtió en parte
integral del drama, al mismo nivel que los cantantes. (Wagner se enorgullecía
de no haber escrito nunca «recitativo» sobre un pasaje, y él mismo consideró
que éste era «el mayor logro artístico de nuestra era».2985)
El
efecto de todo esto, señala un crítico, fue que, por un lado, Europa silbaba
las melodías de Verdi, mientras que, por otro, hablaba sobre Wagner. Muchos
odiaron los nuevos sonidos (algunos todavía lo hacen) y un crítico (británico)
juzgó que Wagner era «simple ruido».
2984
The Nibelungenlied, nueva traducción de A. T. Hatto, Penguin Books, Londres,
1965.
2985
Einstein, A Short History of Music, p. 188.
1639 Preparado por Patricio Barros
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Otros,
sin embargo, pensaban que el compositor era «una fuerza elemental» y cuando
Tristan und Isolde fue estrenada, vieron confirmada su opinión. «Nunca en la
historia de la música se había presentado una ópera de aliento comparable, con
semejante intensidad, riqueza armónica, orquestación, sensualidad, fuerza,
imaginación y color. Los acordes con los que empieza Tristán fueron para la
segunda mitad del siglo XIX lo que la Heroica y la Novena sinfonía habían sido
para la primera: una ruptura, un nuevo concepto». Wagner diría después que se
encontraba en una especie de trance mientras escribía la obra. «Me zambullí,
con absoluta confianza, en las profundidades interiores de los acontecimientos
del alma, y partiendo del centro más íntimo del mundo construí, sin temor, su
forma externa». Tristán es una obra implacable que «de forma gradual, va
retirando las capas del subconsciente y revelando el abismo que aguarda en su
interior».2986
La
posición única de Wagner se reveló con mayor claridad en la última etapa de su
vida, cuando, por fortuna, le salvó el enloquecido rey de Baviera, Luis II.
Éste, que era homosexual, estaba sin duda enamorado de la música de Wagner, y
es probable que también haya estado enamorado del compositor mismo. En
cualquier caso, el monarca le dijo a Wagner que en Baviera podría hacer más o
menos lo que quisiera, y no necesitó repetirlo. «Soy el más alemán de los
seres. Soy el espíritu alemán. Pensad en la magia incomparable de mis
obras».2987 Aunque se había visto obligado a exiliarse durante un
2986
Schonberg, Lives of the Composers, p. 239.
2987
Sobre sus opiniones acerca del Rin, por ejemplo, véase: John Louis Di Gaetani,
Penetrating Wagner’s Ring, Associated Universities Press, Nueva York y Londres,
1978, pp. 206-207.
1640 Preparado por Patricio Barros
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tiempo,
debido a su extravagante y escandalosa incursión en política, su relación con
Luis II le permitiría finalmente llegar a la culminación de su carrera, que fue
también otra cumbre del romanticismo: la idea de un teatro y un festival
dedicados exclusivamente a sus obras y el Anillo en Bayreuth. El primer
festival de Bayreuth se celebró en 1876, y fue allí donde Der Ring des
Nibelungen, el fruto de veinticinco años de trabajo, se presentó por primera
vez.2988 Con ocasión del primer festival, unos cuatro mil discípulos de Wagner
acudieron a Bayreuth, así como el emperador alemán y el emperador y la
emperatriz de Brasil, siete testas coronadas más y unos sesenta corresponsales
de prensa de todo el mundo, incluidos dos de Nueva York, a quienes se permitió
usar el nuevo cable trasatlántico para que sus artículos pudieran publicarse
casi de forma inmediata.2989
Aunque
Wagner tenía sus críticos, y siempre los tendría, la arrasadora maestría del
Anillo constituye otro momento crucial de la historia de las ideas musicales.
Una alegoría, un «drama cósmico sobre la fuerza redimida por el amor», que
expone por qué los valores tradicionales son lo único que puede salvar al mundo
moderno de su inevitable destrucción, la obra no ofrecía consuelo al
cristianismo.2990 Aunque fundada en el mito, el Anillo es curiosamente moderno,
y éste era su atractivo. (Nike Wagner dice que la obra también tiene muchas
similitudes con la familia Wagner). «El auditorio es arrojado a algo
primigenio, intemporal, y sometido a fuerzas elementales. El Anillo no
2988
Einstein, A Short History of Music, p. 190; y véase: Baines, ed., Musical
Instruments Through the Ages, pp. 258-259, para información sobre los nuevos
instrumentos de que se disponía en Bayreuth.
2989
Schonberg, Lives of the Composers, p. 244.
2990
Einstein, A Short History of Music, p. 191.
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trata
de las mujeres sino de la Mujer; no de los hombres, sino del Hombre; no de la
gente, sino del Pueblo; no de la mente, sino del subconsciente; no de la
religión, sino del ritual fundamental; no de la naturaleza, sino de la
Naturaleza».2991 Wagner vivió desde entonces como un híbrido entre rey y
deidad, honrado, alabado, vestido con las mejores sedas, bañado en el más fino
de los inciensos, y aprovechó la oportunidad para desarrollar su escritura
tanto como su música. Sus opiniones —sobre los judíos, la craneología, la
posibilidad de que los arios fueran descendientes de dioses— han envejecido
peor que su música, muchísimo peor, de hecho. Algunas de ellas eran claramente
absurdas, pero no hay duda de que a finales del siglo XIX Wagner, gracias a su
confianza en sí mismo, a su voluntad nietzscheana y a la creación de Bayreuth
como un asilo en el cual refugiarse del mundo cotidiano, contribuyó a forjar un
clima de opinión, particularmente en Alemania (véase el capítulo 36).2992 En el
ámbito de la música su influencia fue enorme: Richard Strauss, Bruckner y
Mahler, Dvorák, e incluso Schönberg y Berg. Whistler, Degas y Cézanne fueron
todos wagnerianos, mientras que Odilon Redon y Henri Fantin-Latour pintaron
imágenes inspiradas en sus óperas. Mallarmé y Baudelaire se declararon
cautivados por él. Y mucho más tarde, Adolf Hitler llegaría a decir:
«Quienquiera entender la Alemania nacionalsocialista debe conocer a
Wagner».2993
2991
Nike Wagner, Wagners, p. 172.
2992
Einstein, A Short History of Music, p. 192.
2993
Di Gaetani, Penetrating Wagner’s Ring, pp. 219-238. Véase también: Erik Levine,
Music in the Third Reich, Macmillan, Londres, 1994, p. 35, sobre el patrocinio
que Hitler ofreció a los estudios sobre Wagner.
1642 Preparado por Patricio Barros
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Un
comentario desafortunado. La verdadera meta del romanticismo, el objetivo en el
que se fundaba, había sido expuesto por Keats, quien afirmaba que escribía
poesía para aliviar «el peso del misterio». El romanticismo siempre fue, en
parte, una reacción a la decadencia de las convicciones religiosas, tan
evidente en el siglo XVIII y, aún más, a lo largo del siglo XIX. Mientras los
científicos intentaban explicar (o esperaban explicar) el misterio, los
románticos se deleitaban en él, lo aprovechaban, lo usaban de maneras que los
científicos no podían o no querían entender. Ésta es la razón por la que las
principales respuestas románticas fueron la poesía y la música: ambas servían
mejor para aliviar el peso del misterio.
Esta
dicotomía, lo que Isaiah Berlin denomina la incompatibilidad o incoherencia
entre la visión de mundo científica y la poética, no podía continuar. El mundo
de los románticos, el mundo interior de las sombras y el misterio, de la pasión
y la interioridad, podía producir una belleza redentora, podía producir
sabiduría, pero el mundo práctico y victoriano del siglo XIX, dominado por las
nuevas tecnologías y los recientes avances científicos, en el que el planeta
empezaba a conocerse, conquistarse y controlarse como nunca antes lo había
sido, exigía una nueva clase de solución o al menos exigía que se la intentara.
Esta solución condujo a dos desarrollos con los que concluiremos este libro. En
la literatura y en las artes, en la música, la poesía y la pintura, el
resultado fue el movimiento que conocemos como «modernismo» o «vanguardia». Y
al otro lado de la barrera, dio lugar al fenómeno quizá más extraordinario de
los
1643 Preparado por Patricio Barros
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tiempos
modernos: el intento de construir una ciencia del inconsciente.
1644 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
31
El
auge de la historia, la prehistoria y el tiempo profundo
En
mayo de 1798 partió de Toulon, Francia, una de las expediciones más
extraordinarias de la historia de las ideas. No menos de 167 químicos,
ingenieros, biólogos, geólogos, arquitectos, pintores, poetas, músicos y
médicos, acudieron al puerto meridional para acompañar como savants a la tropa
de treinta y ocho mil hombres que también se había reunido allí. Al igual que
los soldados, los «sabios» ignoraban a dónde se dirigían, pues su joven
comandante, Napoleón Bonaparte, había mantenido en secreto el destino de la
expedición. La edad media de los «sabios» era de veinticinco años, y el más
joven de ellos tenía sólo catorce; no obstante, también había en el grupo
figuras reconocidas, entre las que se encontraban: Pierre-Joseph Redouté, el
célebre pintor de flores, Gratet de Dolomieu, el geólogo que dio su nombre a
las montañas Dolomitas, y Nicolás Conté, un destacado químico y
naturalista.2994
El
destino real de la expedición era Egipto, y el lugar en el que desembarcó fue
Alejandría, adonde Napoleón, aclamado por Victor Hugo como «el Mahoma de
Occidente», llegó en una nave llamada L’Orient. La empresa era una mezcla de
colonialismo y aventura cultural e intelectual. El propósito manifiesto de
Bonaparte no era simplemente la conquista, según él mismo dijo, su objetivo era
sintetizar la sabiduría de los faraones con la piedad del islam y, con este
fin, todo lo que la Armée hizo en Egipto «se explicó y justificó con
2994
Frank McLynn, Napoleon, Jonathan Cape, Londres, 1997, p. 171.
1645 Preparado por Patricio Barros
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precisión
en árabe coránico». Junto a la Armée, los «sabios» tenían completa libertad
para estudiar el mundo de Oriente Próximo. Los resultados de su trabajo fueron
en muchos sentidos asombrosos. Las condiciones eran severas y se vieron
obligados a improvisar. Conté inventó un nuevo tipo de bomba y un nuevo tipo de
lápiz, sin grafito. Larrey, un cirujano, se convirtió en un antropólogo y tomó
notas sobre las distintas relaciones que se daban en una población en la que se
mezclaban judíos, turcos, griegos y beduinos. Cada diez días aproximadamente
publicaban un periódico, en parte para entretener a las tropas, en parte para
dar cuenta de sus propias actividades y descubrimientos. El mismo Napoleón
organizó debates en los que se discutían cuestiones relativas al gobierno, la
religión y la ética, en una especie de sofisticado divertimento para los
«sabios».2995 Más importante todavía, a largo plazo, fue que los «sabios»
reunieron el material para lo que se convertiría en La descripción de Egipto,
una gigantesca obra en veintitrés volúmenes (cada página medía un metro
cuadrado: el metro, recuérdese, era entonces una nueva unidad de medida) que se
publicaría a lo largo de los siguientes veinticinco años. Fueron muchas las
áreas cubiertas por la Descripción. La obra empezaba con una introducción de
más de un centenar de páginas escrita por Jean-Baptiste-Joseph Fourier,
secretario del Institut de l’Égypte, que Napoleón había creado con cierto
sigilo. Fourier aclaraba que los franceses consideraban a Egipto «un centro de
grandiosas memorias», un punto de encuentro entre Asia, África y
2995
Jacques Barzun, From Dawn to Decadence, 500 Years of Western Cultural Life,
Harper-Collins, Nueva York y Londres, 2000, pp. 442-444. [Hay traducción
castellana: Del amanecer a la decadencia: 500 años de vida cultural en
Occidente, Taurus, Madrid, 2002].
1646 Preparado por Patricio Barros
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Europa
(como lo había sido Alejandría en épocas anteriores) y, por tanto, «repleto de
significado para las artes, las ciencias y el gobierno», y del que había que
esperar grandes cosas en el futuro. La Descripción continuaba con un esbozo de
la fauna, la flora, y las características geológicas del país, así como de las
sustancias químicas que allí existían de forma natural. Con todo, lo que más
llamó la atención de muchos de los «sabios», y lo que los convirtió en los
primeros egiptólogos de la historia, fueron los tesoros arqueológicos del país;
éstos eran de tales dimensiones y de tal abundancia que cuantos entraron en
contacto con ellos quedaron cautivados por su esplendor, algo que ocurriría
también en Francia cuando sus descubrimientos fueron revelados al gran público.
La maravilla de los estudiosos se multiplicó con el descubrimiento de un gran
bloque de granito en Rosetta, donde un contingente de soldados estaba limpiando
un terreno que planeaban convertir en fortificación. La piedra contenía tres textos,
uno en jeroglíficos, otro en caracteres demóticos (una forma de escritura
cursiva egipcia) y otro más en griego. La piedra prometía permitir el
desciframiento de los jeroglíficos. (Véase supra el capítulo 29).2996
Es
posible sostener que la arqueología occidental comienza con esta expedición y
que esto es algo que hay que agradecer a Napoleón. De hecho, en el ámbito de
las ideas, es mucho más lo que tenemos que agradecerle. Tras regresar de
Egipto, organizó una campaña contra Alemania, que también resultó,
indirectamente, muy fructífera. A comienzos del siglo XIX, las cerca de dos mil
unidades territoriales
2996
Ibid., p. 442.
1647 Preparado por Patricio Barros
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autónomas
de habla alemana que habían sobrevivido a la guerra de los Treinta Años se
habían reducido a unas trescientas. Esto todavía era muchísimo de acuerdo con
el patrón de otros lugares, pero en 1813, los alemanes, liderados por Prusia,
consiguieron derrotar por fin a Napoleón, y en el proceso aprendieron las
virtudes del orden y el respeto que tan maravillosos resultados les daría a
partir de entonces.2997 Éste fue un importante paso en el camino hacia la
unificación, que no llegaría hasta 1871.
En
el siglo XVIII, en este fragmentado caleidoscopio de estados alemanes, el
pensamiento se había quedado muy atrás respecto de países como Holanda,
Bélgica, Gran Bretaña o Francia, en términos de libertades políticas, éxito
comercial, avances científicos e innovaciones industriales. Estos avances
llegaron con los rápidos progresos realizados por Napoleón antes de su derrota
definitiva. El siglo XIX sería testigo del ascenso de Alemania, no sólo en
términos políticos sino intelectuales. Hasta que Napoleón se abrió paso por
Europa hacia la segunda década del siglo, las universidades alemanas brillaban
por su ausencia. En el siglo XVIII únicamente Gotinga gozaba de cierto
prestigio académico. Sin embargo, incitados a actuar por el ejemplo y las
campañas de Napoleón, que humillaron a muchos alemanes, el ministro prusiano
Wilhelm von Humboldt (1767-1835), un francófilo que había pasado algún tiempo
en París antes del ascenso de Napoleón, se encargó de poner en marcha una serie
de reformas administrativas que tendrían un profundo impacto en la vida
intelectual alemana. En particular, Humboldt concibió la
2997
Ibid., pp. 395-396.
1648 Preparado por Patricio Barros
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idea
de la universidad moderna. Las universidades dejaron de ser meramente una
colección de colegios para la formación de clérigos, médicos y abogados (el
formato tradicional) y se convirtieron en instituciones en las que la
investigación era la principal actividad. De forma paralela, Humboldt impulsó
la idea de que todos los profesores de instituto del país debían contar con un
grado para poder enseñar, lo que vinculó las universidades con la escuela de
forma mucho más directa, algo que contribuyó a difundir el ideal del estudio
fundado en la investigación original en toda la sociedad de habla alemana. Se
introdujeron los doctorados, el grado más alto basado en una investigación
original. De esta manera, la vida intelectual alemana se transformó y los efectos
de ello no tardaron en dejarse sentir en toda Europa y en Norteamérica.2998
Éste
fue el comienzo de una era dorada de la influencia intelectual alemana, que
sólo acabaría con los estragos provocados por la llegada de Adolf Hitler al
poder en 1933. Los desarrollos impulsados por Humboldt se advirtieron por
primera vez en la Universidad de Berlín, institución que posteriormente
adoptaría el nombre de Universidad Humboldt. Entre los notables pensadores que
se dieron cita allí destacan los nombres de Georg Wilhelm Friedrich Hegel
(1770-1831) en filosofía, Bartold Georg Niebuhr en historia y Friedrich Karl
Savigny en jurisprudencia. Sin embargo, más importante que estas figuras, fue
el hecho de que la universidad alemana fue más allá de la tradicional división
entre derecho, medicina y teología, e introdujo nuevas disciplinas. Por ejemplo,
fue por esta época cuando nacieron
2998
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 372.
1649 Preparado por Patricio Barros
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las
especializaciones en filosofía, historia, química y fisiología, tendencia que
se profundizó y difundió.2999 La idea de especialización se vio reforzada por
la aparición de una nueva literatura: historia para historiadores, química para
químicos. Como ha señalado Roger Smith, fue entonces cuando surgió la
diferencia entre literatura especializada y literatura para el público en
general. Ahora bien, como el mismo Smith anota, entre estas nuevas disciplinas
académicas no se encontraban la sociología o la psicología, que empezarían de
modo mucho más práctico, como resultado de observaciones realizadas muy lejos
de las universidades, en prisiones, sanatorios y asilos para pobres.3000
El
surgimiento de la historia como disciplina se debe en parte a Hegel. En sus
Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, propuso la idea de que
la «voluntad divina» se revelaba en el tiempo, a medida que el universo mismo
lo hacía, lo que le llevaba a concluir que la historia era, de hecho, una
descripción de la voluntad divina. Para Hegel, esto implicaba que la historia
debía sustituir a la teología como modo de conocer las verdades últimas. Desde
esta perspectiva, el hombre no era una criatura pasiva, un mero observador de
la historia, sino un sujeto partícipe que creaba o co-creaba la historia junto
a la divinidad. La célebre teoría de Hegel de que la historia avanza mediante
tesis, antítesis y síntesis, y su creencia en que, en determinados momentos
críticos, aparecen «figuras históricas mundiales» (como Napoleón) que encarnan
las cuestiones centrales
2999
3000
Ibid.,
p. 373.
Ibid.,
p. 374.
1650 Preparado por Patricio Barros
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de
su época, fueron consideradas por muchos la explicación más
satisfactoria
del pasado y de cómo éste conducía al presente.3001
En
cualquier caso, Hegel no fue el único responsable del nacimiento
de
la historia moderna. Ya antes nos hemos referido a la disciplina
que
contribuyó a impulsar el renacimiento de los estudios históricos
en
Alemania: la filología, la ciencia comparativa del lenguaje. En el
siglo XIX, las lenguas clásicas mantenían aún cierta posición
privilegiada,
pese a la transformación de los estudios sobre el
lenguaje
propiciada por las observaciones de sir William Jones sobre
los
vínculos entre el sánscrito y el latín y el griego (de las que nos
hemos
ocupado en el capítulo 29). Los descubrimientos de Jones
tuvieron
el impacto que tuvieron debido a que, en aquella época,
había
muchísimas más personas familiarizadas con las lenguas
clásicas
que en nuestros días, entre otras razones por el hecho de que
(incluso
en las ciencias «duras») las tesis doctorales debían escribirse
en
latín. En las escuelas, se ponía especial énfasis en el griego y el
latín
debido a la importancia de los autores clásicos en el desarrollo
de
la lógica, la retórica y la filosofía moral. La propuesta de William
Jones,
y el descubrimiento y traducción de antiguos textos indios que
le
siguieron, transformaron no sólo la filología, sino el estudio de los
textos
en general. El esfuerzo más importante en este sentido tuvo
lugar
en Gotinga a finales del siglo XVIII, cuando la Biblia misma fue
sometida
a estudio crítico. Con el tiempo esto tendría profundos
efectos
sobre la teología y haría que, en la primera mitad del siglo
3001
Boorstin, Seekers, p. 210, sobre las críticas a Hegel propuestas por Bertrand
Russell y Benjamin Franklin.
1651 Preparado por Patricio Barros
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XIX,
la filología se convirtiera en una disciplina central de las nuevas
universidades, al menos en el ámbito de las humanidades.3002
El
mismo Humboldt estaba particularmente interesado en la filología. En París,
había forjado una amistad con Condillac, y el francés había ayudado a subvertir
la idea convencional de que las distintas lenguas se derivaban de una única
lengua dada por Dios. Humboldt compartía con Condillac la idea de que las
lenguas evolucionan y de que, por ello, constituyen un reflejo de las
diferentes experiencias de tribus y naciones.3003 El lenguaje, opinaba
Humboldt, era una «actividad mental» y como tal reflejaba la experiencia y el
desarrollo de la humanidad.3004 Así fue como la filología y la historia se
convirtieron en partes fundamentales de la investigación universitaria, y su
importancia continuaría aumentando a lo largo del siglo XIX. En conjunción con
el renacimiento oriental, la filología convirtió la India en un campo de
estudios de moda durante un tiempo, y el análisis de los cambios lingüísticos
sugirió que Europa había sido colonizada por cuatro oleadas distintas de
pobladores que habían llegado al continente a través de Oriente Próximo
procedentes de la India. Aunque ésta no es la concepción vigente, resultaría
muy importante, pues en el contexto de este debate, en 1819, Friedrich Schlegel
usaría por primera vez la palabra «ario» para referirse a los
3002
Paul R. Sweet, Wilhelm von Humboldt: A Biography, Ohio University Press,
Columbus, 1980, vol. 2, pp. 392 y ss.
3003
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 379.
3004
Esto ya era bastante moderno, pero Humboldt fue todavía más lejos al sostener
que algunas lenguas, como el alemán (a pesar del triunfo de Napoleón), eran más
«idóneas» para propósitos «elevados». Éste fue el comienzo de lo que se
convertiría en una idea peligrosísima.
1652 Preparado por Patricio Barros
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pueblos
indoeuropeos originales. Ideólogos posteriores tergiversarían con consecuencias
terribles esta idea.3005
En
el sistema universitario alemán reformado por Humboldt, la investigación
histórico-filológica más polémica e influyente fue la crítica textual de la
Biblia y otros documentos asociados con ella.3006 A medida que el mundo se
abría gracias al renacimiento oriental y las incursiones de Napoleón en Egipto
y otros lugares de Oriente Próximo, se iban descubriendo cada vez más
manuscritos (en Alejandría y en Siria, por ejemplo), manuscritos que diferían
de formas muy interesantes y muy instructivas, y que no sólo permitieron a los
estudiosos conocer el desarrollo de ideas antiguas, sino que les resultaron de
gran utilidad para perfeccionar técnicas de datación. Filólogos convertidos en
historiadores, como Leopold von Ranke (1795-1886), fueron pioneros en la datación
e inspección crítica de fuentes primarias.
En
particular, el Nuevo Testamento se convirtió en el centro de atención de los
eruditos. La exégesis, la interpretación del significado de un texto, no era
una actividad nueva, como vimos anteriormente. Sin embargo, los nuevos
filólogos alemanes tenían un proyecto mucho más ambicioso: aprovechando las
nuevas técnicas que tenían a su disposición, su primer logro fue conseguir
datar con bastante exactitud los evangelios, algo que arrojó nueva luz sobre
las inconsistencias detectadas en las diferentes versiones sobre la vida de
Jesús, cuya fiabilidad en términos generales empezó a ser
3005
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 382.
3006
Ibid., p. 385.
1653 Preparado por Patricio Barros
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cuestionada.
Es importante subrayar que esto no ocurrió de un día para otro, y también que
no fue una consecuencia deliberada de la investigación. Inicialmente, el deseo
de estudiosos como F. D. E. Schleiermacher (1768-1834) no era más que proponer
una trayectoria razonable para el relato bíblico, esto es, una que pudiera ser
aceptada por cualquier persona racional. Sin embargo, en el proceso, se
plantearían tantas dudas sobre los textos que la misma existencia de Jesús como
figura histórica empezó a ser cuestionada, con lo que la investigación corría
el riesgo de socavar por completo los cimientos y el significado del
cristianismo.3007 La más polémica de las bombas textuales alemanas fue La vida
de Jesús, examen crítico, publicado en 1835 por David Strauss (1808-1874).
Strauss fue un autor muy influido por el romanticismo alemán: escribió una
tragedia romántica que llegó a representarse, y tenía un gran interés por la
curación mediante el magnetismo y la hipnosis. Fue así como se familiarizó con
la idea de que Dios era algo inmanente en la naturaleza, pero no alguien que
pudiera intervenir en el curso de la historia.3008 Strauss, por tanto, empleó
la historia en contra de la religión al argumentar que los detalles que ésta
proporcionaba eran insuficientes (muy insuficientes) para sustentar la idea de
cristianismo vigente en el siglo XIX. Sus conclusiones afirmaban, por ejemplo,
que Jesús no era una figura divina, que los milagros nunca habían tenido lugar
y que la Iglesia, tal y como la conocemos, tenía muy poca relación con Jesús,
lo que resultaba tan escandaloso e
3007
Ibid., p. 387.
3008
David Friedrich Strauss, The Life of Jesus, Critically Examined, Peter C.
Hodgson, ed., SCM Press, Londres, 1972, p. XX.
1654 Preparado por Patricio Barros
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incendiario
que su nombramiento como profesor en Zúrich en 1839 provocó un disturbio tan
alarmante a nivel local que las autoridades optaron por «jubilarlo» incluso
antes de que tuviera la oportunidad de ocupar su cátedra. Sin embargo,
«jubilar» sus conclusiones no era igual de sencillo. En Inglaterra, Marian
Evans, mejor conocida con el nombre de George Eliot, «estuvo cerca de la
desesperación con el esfuerzo que, en términos emocionales, exigía la
traducción de la obra de Strauss al inglés, algo que hizo con el alma
estupefacta, pero pensando que era su deber para con la humanidad».3009 Como
veremos en el capítulo 35, la obra de Strauss fue sólo uno de los elementos del
conflicto con la religión del siglo XIX, y de lo que algunos empezaban a llamar
«la muerte de Dios».
«Una
vez que los parisinos me vean tres o cuatro veces», dijo Napoleón Bonaparte,
que entonces tenía veintiocho años, después de su victoriosa campaña en Italia,
«ni una sola alma volverá la cabeza para mirarme. Lo que quieren ver es
hazañas».3010 Su siguiente campaña, como hemos visto, tuvo como destino Egipto,
adonde llevó consigo a esos 167 «sabios» o estudiosos que descubrieron y luego
revelaron a Europa los logros más destacados y fascinantes de una civilización
desaparecida. Estos descubrimientos pronto fueron ampliados por otros, con lo
que el siglo XIX se convirtió en la cuna y la época dorada (en Occidente al
menos) de otra nueva disciplina: la arqueología.
3009
Sobre Strauss y la diferencia entre mito y falsedad, véase: John Hadley Brooke,
Science and Religion, Cambridge University Press, Cambridge (Inglaterra), 1991,
p. 266. Véase también: Strauss/Hodgson, The Life of Jesus, p. XLIX.
3010 Vincent Cronin, Napoleon, Collins, Londres,
1971, p. 145. [Hay traducción castellana:
Napoleón,
Bruguera, Barcelona, 1974].
1655 Preparado por Patricio Barros
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La
arqueología (un término que se usó por primera vez en la década de 1860) amplió
y profundizó el trabajo de la filología, al ir más allá de los textos y
confirmar que, en efecto, los hombres tenían un pasado distante anterior a la
escritura, una prehistoria. En 1802, el maestro de escuela Georg Friedrich
Grotefend (1775-1853) envió tres artículos a la Academia de Ciencias de Gotinga
en los que revelaba que había descifrado la escritura cuneiforme de Persépolis,
algo que había conseguido principalmente reorganizando los grupos de cuñas
(«similares a las huellas de los pájaros sobre la arena») y añadiendo espacios
entre grupos de letras, y relacionando luego su forma con el sánscrito, una
lengua (geográficamente) cercana. Grotefend consideraba que algunas de las
inscripciones eran listas de reyes y que el nombre de algunos de éstos era
conocido.3011 Las demás formas de cuneiforme, incluida la babilónica, se
descifraron algunos años más tarde. En la década de 1820, Champollion descifró
los jeroglíficos egipcios, como vimos en el capítulo 29, y en 1847 sir Austen
Layard excavó Nínive y Nimrud, en lo que hoy es Irak, y descubrió los
maravillosos palacios de Assurnasirpal II, rey de Asiria (885-859 a. C.), y
Sennacherib (704-681 a. C.). Los enormes guardianes de las puertas encontrados
allí, semitoros y leones de dimensiones mucho más grandes que las reales,
causaron sensación en Europa y contribuyeron en buena medida a popularizar la
arqueología. Estas excavaciones conducirían finalmente al descubrimiento de una
tablilla en cuneiforme en la que estaba escrita
3011
C. W. Ceram, Gods, Graves and Scholars, Londres, Gollancz, 1971 pp. 207-208.
[Hay traducción castellana: Dioses, tumbas y sabios, Destino, Barcelona, 2001].
1656 Preparado por Patricio Barros
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la
epopeya de Gilgamesh, notable por dos razones: en primer lugar, era mucho más
antigua que los poemas homéricos y la Biblia; en segundo lugar, diversos
episodios del relato, como el de la gran inundación, eran similares a los que
recogía el Antiguo Testamento. Cada uno de estos descubrimientos aumentaba la
edad de la humanidad y arrojaba nueva luz sobre las Sagradas Escrituras. Sin
embargo, con excepción de la epopeya de Gilgamesh, ninguno de ellos aportaba
nada radicalmente nuevo en términos de datación, en el sentido de que no
contradecían de forma significativa la cronología bíblica. Todo ello empezó a
cambiar hacia 1856 cuando se empezó a limpiar a fondo una pequeña cueva en un
costado del valle Neander (Neander Thal en alemán), a través del cual el río
Düssel desemboca en el Rin. En ella se encontró un cráneo, enterrado bajo más
de un metro de barro, así como algunos otros huesos. Los trabajadores que
hallaron los huesos se los entregaron a un amigo local que, pensaron, era lo
bastante culto como para saber qué hacer con ellos, y éste a su vez se los
entregó a Hermann Schaaffhausen, profesor de anatomía de la Universidad de
Bonn. Schaaffhausen identificó la parte superior de un cráneo, dos fémures,
partes de un brazo izquierdo, parte de una pelvis, y algunos otros vestigios de
menor tamaño. En el artículo que sobre el descubrimiento escribió a
continuación, Schaaffhausen llamaba la atención sobre el grosor de los huesos,
el gran tamaño de las marcas dejadas por los músculos que estuvieron unidos a
ellos, el pronunciamiento de los arcos supraorbitales, y la frente pequeña y
estrecha. Un hecho importantísimo fue que Schaaffhausen concluyó que el aspecto
de los huesos no era consecuencia de una deformación
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debida
al lugar en el que se habían conservado todos estos años o a algún proceso
patológico. «Hay indicios suficientes para sostener», escribió, «que el hombre
coexistió con los animales descubiertos en el diluvio; y muchas razas bárbaras
quizá hayan desaparecido antes de todo el tiempo histórico, junto a los
animales del mundo antiguo, mientras que las razas cuya organización mejoró
continuaron el género». Por último, el profesor proponía que el espécimen
«probablemente perteneciera al pueblo bárbaro original que habitaba el norte de
Europa antes de los Germani».3012 Esto no es exactamente lo mismo que hoy
entendemos por hombre de Neandertal, pero en cualquier caso el hallazgo supuso
un gran avance. El descubrimiento no provocó un cambio de actitud inmediato
debido a que era demasiado polémico, pero formó parte del contexto intelectual
de la segunda mitad del siglo XIX en el que se enmarcaron los hallazgos de
Boucher de Perthes y otros investigadores que hemos reseñado en el prólogo de
este libro. Uno de los primeros esbozos de la prehistoria tal y como hoy la
entendemos lo encontramos en Los orígenes de la civilización y la condición
primitiva del hombre (1870) de John Lubbock: «Los testimonios arqueológicos
revelaban una mejora constante de la habilidad técnica desde las primeras
herramientas de piedra rudimentarias hasta el descubrimiento del bronce y el
hierro. En ausencia de pruebas fósiles del desarrollo biológico del hombre, los
evolucionistas aprovecharon las pruebas de progreso cultural que, consideraban,
respaldaban al menos de forma indirecta sus ideas. El
3012
Ian Tattersall, Fossil Trail, p. 14. H. Schaafhausen, «On the crania of the
most ancient races of Man», traducción e introducción de G. Bush, Natural
History Review, vol. 1 (1861), pp. 155-176.
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gran
desarrollo de la arqueología prehistórica que tuvo lugar en la última parte del
siglo XIX permitió construir una secuencia de períodos culturales que, se
creía, se habían sucedido el uno al otro a medida que la raza humana
progresaba. No se prestó mucha atención a la posibilidad de que culturas
diferentes coexistieran en la misma época».3013
Por
esta época, la palabra «ciencia» había empezado a adquirir su significado
moderno. (El término «científico» fue acuñado por William Whewell en 1833).
Hasta finales del siglo XVIII, se había preferido el uso de las expresiones
«filosofía natural» e «historia natural». La razón para ello es que se trataba
de expresiones que sonaban más suaves, más humanas, y que eran términos
híbridos: muchas sociedades de «historia natural» celebraban también
conferencias sobre temas literarios, humanísticos y filosóficos. De forma
gradual, a medida que diversas disciplinas especializadas fueron surgiendo,
primero en Alemania y después en otros lugares, ciencia empezó a ser el término
preferido para designar a estas nuevas actividades.
Aunque
hoy acaso nos resulte difícil comprender las razones para ello, cuando los
filólogos de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX empezaron a
cuestionar los fundamentos básicos del cristianismo, la mayoría de los hombres
de ciencia no se apresuró a apoyarlos. Por lo general, los biólogos, químicos y
fisiólogos de la época eran todavía hombres religiosos y devotos. El caso de
Linneo es en este sentido ejemplar. Pese a ser una de las principales figuras
de la Ilustración y uno de los padres de la biología moderna, cuyos
3013
Bowler, Evolution, p. 65.
1659 Preparado por Patricio Barros
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aportes
forman parte de los antecedentes de la teoría de la evolución, Linneo era muy
diferente de, por ejemplo, Voltaire. El naturalista John Ray (1627-1705) ya
había advertido que no todas las especies (miles de las cuales se habían
encontrado en el Nuevo Mundo y África) podían ordenarse en una jerarquía
significativa, y que las formas de la vida variaban de muchas maneras
diferentes, una concepción que suponía una temprana ruptura con la idea de una
gran cadena del ser. Linneo, por tanto, pensaba que reclasificar los distintos
organismos del mundo le proporcionaría alguna pista sobre el plan de Dios.
Aunque nunca afirmó que conociera la mente de Dios, y abiertamente declaró que
su sistema de clasificación era una construcción artificial, Linneo sí creía
que éste le permitiría tener una noción aproximada de los designios del
Creador. Lo que resultaría ser crucial fue que en su propio campo, la botánica,
Linneo aprovechó el descubrimiento de la sexualidad de las plantas realizado
por R. J. Camerarius en 1694, lo que le llevó a considerar los órganos
reproductivos como la característica clave en la que podía basar su
sistema.3014 (En esa época, se creía que la reproducción sexual era provocada
bien espontáneamente por «gérmenes», bien por la «mezcla» de semen masculino y
femenino en el útero, y se pensaba que estos gérmenes o fluidos seminales
contenían una especie de «memoria» que garantizaba que «supieran» qué formas
debían desarrollar). Por otro lado, la nomenclatura doble propuesta por Linneo
en Species plantarum (1753), Genera plantarum (1754) y Systema naturae (1758),
llamó a atención sobre las similitudes
3014
Ibid., p. 65.
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sistemáticas
entre las especies, géneros, familias, etc. Resultaba obvio, a partir de todo
esto, que el plan del Creador no era lineal y ello llevó a Buffon a proponer,
en su crítica de Linneo, su teoría de la «degeneración», según la cual, por
ejemplo, las doscientas especies de mamíferos por él conocidas derivaban de
treinta y ocho formas «originales», una primitiva versión de la idea de
evolución.3015
No
obstante, había otra disciplina en proceso de formación que proporcionaría a la
historia, y en particular a la prehistoria, una base diferente y contribuiría a
preparar el camino para las ideas de Darwin: la geología. La geología se
diferenciaba radicalmente de todas las demás ciencias y de la filosofía. Se
trataba, como ha señalado Charles Gillispie, de la primera ciencia que se
ocupaba con la historia de la naturaleza más que con su orden.
En
el siglo XVII Descartes había sido el primer pensador que había combinado la
nueva astronomía y la nueva física en una visión coherente del universo, en la
que incluso el sol (por no hablar de la tierra) no era más que una estrella
entre muchas. Descartes había especulado que era posible que el planeta se
hubiera formado a partir del enfriamiento de una bola de cenizas atrapada en el
«vórtice» del sol. (Para evitar las críticas de la Iglesia, se limitó a decir
que esto era algo que «podría» haber ocurrido). Por su parte, en su obra Una
pluralidad de mundos (1688), Bernard de la Fontenelle subrayó la
insignificancia del hombre en el nuevo orden de las cosas e incluso llegó a
plantear la posibilidad de que otras estrellas pudieran estar
3015
Ibid., p. 75.
1661 Preparado por Patricio Barros
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habitadas.3016
La idea de que la física funcionaba de acuerdo con los mismos principios en
todo el universo fue un cambio intelectual de gran trascendencia que no habría
podido darse en el contexto del pensamiento medieval, ya que entonces las ideas
básicas acerca de los cielos y de la tierra, al menos como se los entendía en
Occidente, eran de origen aristotélico y afirmaban que se trataba de dos
ámbitos fundamentalmente diferentes: el uno no podía dar origen al otro.3017 En
su momento, la física de Descartes sería reemplazada por la de Newton, y el
«vórtice» por la gravedad, pero ello no alteró mucho las teorías geológicas
vigentes. En 1691 Thomas Burnet publicó su Teoría sagrada de la tierra, en la
que argumentaba que materiales diversos se habían unido para formar el planeta,
cuyo centro estaría formado por roca densa, a la que se sumaba una capa menos
densa de agua y, por último, una corteza ligera que era sobre la que vivíamos.
Esta concepción tenía la virtud de explicar el Diluvio universal: justo bajo la
delgada corteza en que los hombres vivían había enormes cantidades de agua. Un
lustro después, en 1696, William Whiston, el sucesor de Newton en la
Universidad de Cambridge, propuso que la tierra podría haberse formado a partir
de una nube de polvo dejada por un cometa, que se habría fusionado para dar
origen a un cuerpo sólido que luego se habría inundado con el agua procedente
de un segundo cometa.3018 Esta idea de que la tierra estuvo alguna vez cubierta
por un vasto océano se mostró
3016
Ibid., p. 26.
3017
Suzanne Kelly, «Theories of the earth in Renaissance cosmologies», en Cecil J.
Schneer, ed., Towards a History of Geology, MIT Press, Cambridge
(Massachusetts), 1969, pp. 214-225.
3018
Bowler, Evolution, p. 31.
1662 Preparado por Patricio Barros
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resistente
al paso del tiempo. Y G. W. Leibniz añadiría luego su idea de que la tierra
había sido en otra época mucho más caliente de lo que era en la actualidad, y
que, por tanto, en el pasado los terremotos eran mucho más violentos. (Ya
entonces resultaba evidente que los efectos sobre la superficie terrestre de
los terremotos actuales eran limitados).
En
el siglo XVIII, Kant propuso su «hipótesis nebular», según la cual todo el
sistema solar se habría formado a partir de la condensación de una nube de gas,
una concepción que respaldaron las observaciones de William Herschel, cuyos
mejoradísimos telescopios mostraban (o parecían mostrar) que algunas de las
nebulosas o «manchas difusas» que se veían en el cielo nocturno eran gases o
nubes de polvo «que aparentemente se condensaban en una estrella central».3019
Buffon desarrolló estas ideas, no obstante, al igual que había ocurrido con
Descartes antes que él, buscó conciliarlas con las de la Iglesia y, así,
propuso que la tierra había empezado siendo muy caliente, pero que
progresivamente se había enfriado en siete etapas (equivalentes a los siete
días de la creación del relato bíblico), la última de las cuales había sido
testigo de la aparición del hombre.
Por
tanto, lentamente la idea de que la tierra misma cambiaba con el paso del
tiempo fue afianzándose. No obstante, independientemente de cómo se hubiera
formado la tierra, el principal problema al que se enfrentaban los primeros
geólogos era el de explicar cómo era posible que hubiera en tierra firme rocas
sedimentarias, resultado de la deposición de materiales transportados por el
agua. Como Peter
3019
Ibid., p. 37.
1663 Preparado por Patricio Barros
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Bowler
ha señalado, había sólo dos repuestas posibles: o bien el nivel de los mares
había descendido, o bien la tierra era la que había subido. «La hipótesis de
que todas las rocas sedimentarias se habían formado en el suelo de un vasto
océano que luego había desaparecido recibió el nombre de neptunismo, en alusión
al dios romanos del mar».3020 La teoría alternativa se conocería como
vulcanismo, en alusión al dios del fuego. El neptunista más influyente del
siglo XVIII fue sin duda Abraham Gottlob Werner, quien, de hecho, era el
geólogo más influyente de la época. Profesor en la escuela de minas de
Friburgo, Alemania, Werner propuso que la formación de las rocas podía
explicarse partiendo del supuesto de que la tierra, al enfriarse, tenía una
superficie desigual y que las aguas se retiraron a diferentes ritmos en
diferentes áreas. Las rocas primarias serían las que primero quedaron
expuestas. Luego, dando por sentado que el descenso de las aguas había sido lo
suficientemente lento, estas rocas primarias se habrían erosionado, sus
sedimentos habrían llegado al gran océano y más tarde habrían quedado expuestos
en forma de rocas secundarias al darse un nuevo retroceso de las aguas, en un
proceso que se habría repetido varias veces. De esta manera, se habrían formado
los distintos tipos de rocas en una sucesión que abarcaba cinco etapas. La
primera habría producido rocas «primitivas» — granito, gneis, pórfido— que se
habían cristalizado a partir de la solución química original durante el
Diluvio; las últimas rocas, las cuales no se formaron hasta que las aguas del
Diluvio retrocedieron por completo, se habían producido debido a la actividad
volcánica
3020
Ibid., p. 40.
1664 Preparado por Patricio Barros
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como,
por ejemplo, las lavas y la toba volcánica. Según Werner, los volcanes del
planeta eran consecuencia de la ignición de depósitos de carbón.3021 Werner
pensaba que el efecto de la actividad volcánica en la formación de la tierra
había sido trivial, y aunque la religión no entraba dentro de sus intereses, el
hecho de que su teoría neptunista encajara tan bien con el relato del Diluvio
del Antiguo Testamento contribuyó a popularizarla en toda Europa. Fue esta
teoría la que dio origen a la expresión «geología bíblica».
La
coherencia de esta concepción era uno de sus puntos fuertes, sin embargo, más
allá de ello, la teoría tenía varios inconvenientes serios. Para empezar, no
conseguía explicar por qué algunos tipos de roca, que según Werner eran más
recientes que otros, se encontraban con frecuencia situados precisamente bajo
esos tipos más antiguos. Todavía más problemática era la simple magnitud del
agua que hubiera sido necesaria para diluir toda la corteza terrestre, lo que
habría requerido de una inundación de kilómetros de profundidad y planteaba a
su vez un problema todavía mayor: ¿qué había pasado con toda esa agua cuando
retrocedió?
El
principal rival de Werner fue un escocés perteneciente a la Ilustración de
Edimburgo, James Hutton (1726-1797), aunque su vulcanismo nunca llegó a ser tan
influyente como la teoría del geólogo alemán. Desde mediados del siglo XVIII,
algunos naturalistas habían empezado a sospechar que la actividad volcánica
había producido algún efecto en la tierra. Se había advertido, por ejemplo, que
algunas montañas de la Francia central tenían forma de volcanes, aunque no
3021
Ibid., p. 44.
1665 Preparado por Patricio Barros
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se
tenía noticias de que hubieran actuado como tales en algún momento del pasado.
Otros pensaban por ejemplo en la Calzada del Gigante, en Irlanda, cuyas
columnas de basalto parecían ser consecuencia de la solidificación de material
de origen volcánico. Hutton no empezó por interrogarse por los orígenes de la
tierra, y en lugar de a la especulación se dedicó a la observación. Estudió los
cambios geológicos que podía ver a su alrededor y asumió que estos procesos
habían estado ocurriendo siempre. De esta forma, advirtió que la corteza
terrestre, la capa más exterior del planeta, está formada por dos tipos de
rocas, unas de origen ígneo, formadas por efecto del calor, y otras de origen
acuoso. A continuación, observó que las principales rocas de origen ígneo
(granito, pórfido, basalto) por lo general se encontraban bajo las rocas de
origen acuoso, excepto en aquellos lugares en los que movimientos subterráneos
habían empujado las rocas ígneas hacia arriba. Además, señaló algo que
cualquier otro podía apreciar por sí mismo, a saber, que la acción de los
elementos y la erosión continuaban todavía creando un fino cieno de arenisca,
piedra caliza, arcilla y guijarro en el lecho oceánico cerca de los estuarios.
A continuación, Hutton se preguntó qué podía haber transformado estos cienos en
la roca sólida que vemos en todos lados, y pensó que esto también podía deberse
a la acción del calor. El agua estaba descartada (un importante avance) porque
era claro que muchas de estas rocas eran insolubles. Lo que quedaba por resolver
era de dónde había salido el calor. La conclusión de Hutton fue que éste
provenía del interior del planeta y que se manifestaba mediante la acción de
los volcanes. Esto, comprendió, explicaría los intrincados
1666 Preparado por Patricio Barros
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patrones
e inclinaciones de los estratos en muchos lugares del mundo, y señaló que los
volcanes continuaban actuando, que diferentes masas de tierra estaban aún
surgiendo y desapareciendo (en la época había pruebas de que partes de Escocia
y Suecia estaban levantándose) y que los ríos seguían transportando cienos al
océano.3022
Hutton
publicó por primera vez sus teorías en las Transactions de la Royal Society de
Edimburgo en 1788, y después en 1795 en una obra en dos volúmenes, Teoría de la
tierra, «el primer tratado que puede considerarse una síntesis geológica
auténtica y no un ejercicio de la imaginación».3023 Una de las premisas
importantes de Hutton era que el origen de los fósiles había quedado plenamente
establecido (en un principio «fósil» era cualquier cosa desenterrada). En el
siglo XVII Nicholas Steno y John Woodward habían determinado que los fósiles
eran vestigios de antiguas criaturas vivientes, muchas de las cuales se habían
extinguido.3024 Sin embargo, también se pensaba que la presencia de fósiles en
las montañas se explicaba por el Diluvio de Noé. En la época en la que el libro
de Hutton apareció, la historicidad del Diluvio estaba fuera de discusión.
«Cuando se pensaba en la historia de la tierra desde un punto de vista
geológico, simplemente se daba por hecho que el Diluvio universal debía haber
provocado
3022
Charles Gillispie, Genesis and Geology, Harvard University Press, Cambridge
(Massachusetts), 1949; Harper Torchbook, 1959, p. 48.
3023
Ibid., pp. 41-42.
3024
Nicholas Steno, The Prodromus of Nicholas Steno’s Dissertation concerning a
Solid Body Enclosed by Process of Nature within a solid. Edición original:
1669; traducción al inglés de J. G. Winter, University of Michigan Humanistic
Studies, vol. 1, par. 2 (1916), reimpreso por Hafner Publishing Company, Nueva
York, 1968. John Woodward, «An Essay Toward a Natural History of the Earth and
Terrestrial Bodyes», publicada originalmente en Londres en 1695, reimpreso por
Arno Press, Nueva York, 1977.
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enormes
cambios y que era el principal agente en la formación de la actual superficie
terrestre. El que hubiera tenido lugar era prueba de que Dios era no sólo el
creador del mundo sino también su Señor». De la misma forma en que el Diluvio
estaba fuera de discusión, la verdad del relato bíblico de la creación del
mundo, tal y como se revelaba en el Génesis, se consideraba indudable. Desde
este punto de vista, seguía considerándose que el lapso de tiempo transcurrido
desde la creación era de aproximadamente seis mil años, y aunque ya había
quienes empezaban a preguntarse si esto era suficiente, nadie pensaba que la
tierra fuera mucho más vieja. Una cuestión aparte era si los animales habían
sido creados antes que la humanidad, pero incluso ésta no decía por sí misma
gran cosa sobre la antigüedad del hombre.3025
Que
el vulcanismo de Hutton se adecuaba mejor a los hechos que el neptunismo de
Werner estaba fuera de discusión. Sin embargo, muchos críticos se opusieron a
él porque una teoría semejante implicaba unos lapsos de tiempo geológico
enormes, «eras inconcebibles, que superaban con creces cualquier extensión de
tiempo que hubiera sido imaginada hasta entonces».3026 Como Werner y otros
estudiosos habían observado, la acción de volcanes y terremotos sólo producía
en realidad efectos «triviales» sobre la faz de la tierra. Pero además, el
problema de la teoría de Hutton no era sólo que, si era correcta y esto siempre
había sido así, el planeta debía
3025
Gillispie, Genesis and Geology, p. 42. Jack Repcheck, The Man Who Found Time:
James Hutton and the Discovery of the Earth’s Antiquity, Simon & Schuster,
Londres, 2003, quien dice que la prosa de Hutton era «impenetrable» y que, en
la época, la gente no tenía mucho interés en la cuestión de la antigüedad de la
tierra.
3026
Véase, por ejemplo: Gillispie, Genesis and Geology, p. 46.
1668 Preparado por Patricio Barros
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tener
una gran antigüedad —de otro modo no hubiera sido posible, por ejemplo, la
formación de las enormes montañas que conocemos—
sino
que postulaba un «estado de estabilidad» y ello contradecía la idea de que la
tierra había sido en otra época mucho más caliente de lo que hoy era, un
período en el que (independientemente de que hubiera o no ocurrido el Diluvio)
los acontecimientos geológicos habrían sido de dimensiones mucho mayores.
Mientras esto implicaba cierto desarrollo de la tierra, la teoría de Hutton era
de algún modo poco romántica, ya que afirmaba que el planeta que conocemos era
el resultado de una sucesión de «acontecimientos infinitesimalmente pequeños» y
no de catástrofes espectaculares, como el susodicho Diluvio. Por otro lado, se
requería una enorme cantidad de argucias intelectuales para reconciliar el
vulcanismo de Hutton con la Biblia. Una propuesta, por ejemplo, era que en otra
época había tenido lugar una «gran evaporación», lo que, se esperaba,
permitiría explicar por qué todas las aguas del Diluvio habían desaparecido.
Ahora bien, como ha mostrado Charles Gillispie, pese a las ventajas, desde un
punto de vista científico, de las teorías de Hutton, en el siglo XIX hubo
muchos destacados hombres de ciencia que seguían defendiendo el neptunismo: sir
Joseph Banks, Humphry Davy y James Watt, para no hablar de W. Hyde Wollaston,
secretario de la Royal Society.3027 La propuesta de Hutton no empezaría
realmente a imponerse hasta 1802, cuando John Playfair publicó una versión
popular de su teoría (sobre la importantísima labor llevada a
3027
Ibid., p. 68.
1669 Preparado por Patricio Barros
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cabo
por los divulgadores en el siglo XIX y su contribución al declive de la fe,
véase el capítulo 35).
Con
todo, Hutton (que era deísta) no era el único que creía que la observación de
los procesos geológicos aún vigentes terminaría triunfando. En 1815, William
Smith, un constructor de canales a quien con frecuencia se ha llamado el
«padre» de la geología británica, señaló que, dispersas por todo el planeta,
había formaciones rocosas similares que contenían fósiles similares. Muchas de
esas especies ya no existían. Esto, por sí solo, implicaba que las especies
surgían, florecían y se extinguían en los enormes períodos de tiempo necesarios
para que las rocas se depositaran y endurecieran. Esto era significativo en dos
sentidos. En primer lugar, respaldaba la idea de que las capas de roca
sucesivas se formaban no de manera repentina y completa sino con el paso del
tiempo. Y, en segundo lugar, reforzaba la noción de que a lo largo de la
historia habían ocurrido numerosas creaciones y extinciones separadas, algo
bastante distinto a lo que se afirmaba en la Biblia.3028
No
obstante, aunque las objeciones a la versión que ofrecía el Génesis iban en
aumento, a comienzos del siglo XIX apenas existían aquellos que se atrevían a
cuestionar el Diluvio, y el neptunismo, que encajaba con el relato bíblico,
continuaba siendo la versión más popular. Peter Bowler afirma que en esta época
las obras de geología superaban en ocasiones las ventas de las novelas
populares, pero que, en cualquier caso, la ciencia «sólo era respetable
mientras no pareciera perturbar
3028
Ibid., p. 84.
1670 Preparado por Patricio Barros
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las
convenciones religiosas de la época».3029 El neptunismo, sin embargo,
experimentó un giro significativo en 1811 con la publicación de Recherches sur
les ossements fossiles (Investigaciones sobre los huesos fósiles) del
naturalista francés Georges Cuvier. La obra, que tuvo cuatro ediciones en diez
años, proponía un neptunismo renovado y actualizado que fue del gusto del
público. Cuvier, conservador en el Musée d’Histoire Naturelle, surgido a partir
del Jardin du Roi anterior a 1789, sostenía que a lo largo de la historia del
planeta no había ocurrido uno sino varios cataclismos, incluidos los diluvios.
Observando a su alrededor, a la manera de Hutton, Cuvier había llegado a la
conclusión de que, para que los mamuts y otros vertebrados de tamaño considerable
hubieran quedado por completo encerrados en hielo en las regiones montañosas,
los cataclismos a los que había estado sometido el planeta tenían que haber
sido en realidad bastante repentinos. Respaldaba esta idea el que, en su
opinión, para que las montañas se hubieran alzado del lecho oceánico se
requería, por definición, de cataclismos de una violencia inimaginable, una
violencia que, precisamente, era capaz de exterminar especies enteras y, quizá,
formas primitivas de la humanidad.3030 Por otro lado, las excavaciones
realizadas en la cuenca de París habían mostrado una alternancia de los
depósitos de agua salada y agua dulce, lo que sugería «una serie de grandes
cambios en las posiciones relativas de la tierra y los océanos».3031 Sin
embargo, las indagaciones de Cuvier no eran del todo coherentes con
3029
Bowler, Evolution, p. 110.
3030
Gillispie, Genesis and Geology, p. 99.
3031
Bowler, Evolution, p. 116.
1671 Preparado por Patricio Barros
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el
relato bíblico. Por ejemplo, él también observó (y esto también fue importante)
que, en las rocas, los fósiles encontrados a mayor profundidad eran más
diferentes de las formas de vida actuales que aquellos situados en capas menos
profundas y, además, que los fósiles aparecían en un orden coherente en todo el
mundo. Este orden era: peces, anfibios, reptiles, mamíferos. Esto llevó a
Cuvier a sostener que cuanto más antiguo era un estrato de roca mayor sería la
proporción de especies extintas que contenía. Dado que en esa época no se
habían hallado aún fósiles humanos, el estudioso francés concluyó que «la
humanidad debe haber sido creada en algún momento entre la última y la
penúltima catástrofe».3032 Cuvier también señaló que la expedición a Egipto
había descubierto animales momificados hacía miles de años que eran idénticos a
los actualmente existentes, algo que confirmaba la estabilidad de las especies.
Las especies presentes en el registro fósil debían por tanto haber habitado la
superficie del planeta por un largo período de tiempo antes de desaparecer.3033
De cierta forma, ésta era una versión a medias de la historia bíblica. El
hombre había sido creado antes del Diluvio, pero los animales eran aún más
viejos.
En
cualquier caso, gracias a la obra de Cuvier el neptunismo y el catastrofismo
continuaron siendo populares, en especial en Gran Bretaña, donde la aceptación
de las teorías de Hutton se retrasó hasta la década de 1820. Robert Jameson, el
líder de la Wernerian Society de Edimburgo, incluso consiguió impedir que las
ideas de
3032
Gillispie, Genesis and Geology, p. 101.
3033
Bowler, Evolution, p. 116.
1672 Preparado por Patricio Barros
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Hutton
tuvieran mucha influencia en su ciudad natal.3034 Además, había una razón
adicional por la que muchos geólogos (de nuevo, especialmente en Gran Bretaña)
respaldaban la teoría del gran Diluvio: la existencia de inmensas rocas de un
tipo completamente diferente del paisaje que las rodeaba. Más tarde se
demostraría que éstas habían sido depositadas por las capas de hielo durante la
Edad de Hielo, pero inicialmente su distribución se atribuyó a una gran
inundación. La figura que más insistió en este punto fue William Buckland, el
primer profesor de geología de la Universidad de Oxford. En 1819, en una famosa
lección inaugural, titulada Vindiciae Geologicae; or, the Connexion of Geology
with Religion Explained, intentó «mostrar que el estudio de la geología tendía
a confirmar las pruebas de la religión natural, y que los hechos descubiertos
por ella concuerdan con los relatos de la Creación y el Diluvio recogidos en
las escrituras mosaicas».3035 Además, en 1821, no mucho tiempo después de su
llegada a Oxford, algunos mineros se toparon con una cueva en Kirkdale, en el
Valle de Pickering, en Yorkshire, en la que descubrieron un inmenso depósito de
«diversos huesos». Buckland vio en ello una oportunidad y se apresuró a viajar
a Yorkshire, donde con rapidez determinó que aunque la mayoría de los huesos
pertenecían a hienas, también había muchos de aves y otras especies animales,
algunas de las cuales ya no existían en Gran Bretaña: leones, tigres,
elefantes, rinocerontes e hipopótamos. Por otro lado,
3034
Ibid., p. 119.
3035
Brooke, Science and Religion, p. 203, anota que en una ocasión Buckland
«retuvo» a la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia hasta la
medianoche, «explayándose» sobre el «diseño» del gran perezoso.
1673 Preparado por Patricio Barros
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dado
que todos los huesos y cráneos estaban deformados o rotos más o menos de la
misma forma, concluyó que los mineros habían encontrado una madriguera de
hienas. Buckland redacto un informe sobre el descubrimiento, que convirtió
primero en un ensayo académico, con el que ganó la medalla Copley de la Royal
Society, y luego en un libro destinado al gran público. Su objetivo con este
libro era defender la existencia del Diluvio y la reciente creación del hombre.
Su tesis era ante todo muy pulcra: la mayoría de los huesos de la cueva de
Kirkdale pertenecían a especies extintas en Europa; tales huesos nunca se
habían encontrado en depósitos aluviales (ribereños) de arena o cieno; no
existían pruebas de que estos animales hubieran vivido en Europa desde el Diluvio.
De todo ello se seguía, decía Buckland, que los animales cuyos restos habían
sido hallados por los mineros habían quedado sepultados antes de los tiempos de
Noé. Por último, el hecho de que la parte superior de los restos hubiera
quedado preservada con tanta belleza en barro y cieno le llevaba a pensar que
los animales «debieron de haber quedado sepultados de forma repentina y, a
juzgar por la capa de estalactitas post-diluviales que cubrían el barro, no
hacía mucho más de cinco o seis mil años».3036
Con
todo, la teoría del Diluvio no dejaba de ser problemática. Uno de los
inconvenientes más significativos, como incluso Buckland reconocía, era que las
diversas pruebas del Diluvio encontradas alrededor del mundo situaban el
acontecimiento en una gran variedad de épocas diferentes. (Buckland, como
muchos otros
3036
Gillispie, Genesis and Geology, p. 107.
1674 Preparado por Patricio Barros
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pensadores,
no permitía que su fe pervirtiera su rigor científico).3037 Además, hacia la
década de 1830 la teoría del enfriamiento del planeta resultaba cada día una
explicación más coherente de por qué la actividad geológica había sido mayor en
el pasado que en la actualidad, lo que contribuía a respaldar la idea de que el
desarrollo de la tierra y las formas de vida en ella habían sido muy diferentes
en el pasado. En 1824 el mismo Buckland describió el primer dinosaurio
conocido, el gigantesco megalosaurio, si bien el gran anatomista Richard Owen
no acuñaría la palabra «dinosaurio» hasta 1841. Ese mismo año John Phillips
identificó la secuencia temporal de las grandes formaciones geológicas: el
paleozoico, la era de los peces y los invertebrados, el mesozoico, la era de
los reptiles, y el cenozoico, la era de los mamíferos.3038 Esto se basaba en
parte en el trabajo realizado en Gales por Adam Sedgwick y sir Roderick
Murchison, con el que empezó el desciframiento del sistema paleozoico. Al
final, se mostraría que el período paleozoico se extendía aproximadamente desde
hace quinientos cincuenta millones de años hasta hace doscientos cincuenta
millones de años, y que había sido la época en la que la vida vegetal había
salido de los océanos, los peces habían aparecido, y luego los anfibios y
después los reptiles habían alcanzado la tierra. Todas estas formas de vida se
extinguieron hace unos doscientos cincuenta millones de años, por razones que
todavía no se conocen plenamente. Ahora bien, de los análisis de Sedgwick y
Murchison resultaba claro que las formas de vida primitivas eran
3037
Bowler, Evolution, p. 110.
3038
Ibid., p. 124.
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muy
antiguas y que la vida en el planeta había comenzado en el agua antes de salir
a tierra. Hubiera existido o no un diluvio universal, todo ello contradecía de
forma espectacular el relato bíblico.3039
Los
hallazgos del estudio de los fósiles y de las secuencias de rocas se unieron a
la entonces naciente ciencia de la embriología. La figura clave aquí fue Karl
Ernst von Baer, quien, en contra del saber convencional de la época, sostenía
que el embrión humano recapitulaba en su desarrollo la progresión de
invertebrado-pez-reptil-mamífero, y afirmaba que todos los embriones eran en un
principio simples y que luego desarrollaban características especiales que les
permitían ocupar su lugar en el mundo: los animales inferiores no eran, como se
pensaba, formas inmaduras del hombre.3040 Fue también von Baer quien mostró que
la organización de las formas de vida no daba lugar a una «jerarquía centrada
en el hombre» y que los seres humanos no eran más que una entre muchas formas
de vida posibles. En Archetypes and Homologies of the Vertebrate Skeleton
(1848) y On the Nature of Limbs (1849), Robert Owen demostró que los
vertebrados compartían una estructura básica similar, que adoptaba diferentes
formas, pero que en ningún sentido tenía como «meta» al hombre.3041
Sin
embargo, en lo que a la historia de la geología se refiere, estamos
adelantándonos a los hechos. Más allá de su mérito intrínseco, los
descubrimientos de Cuvier, Buckland, Sedgwick y Murchison fueron importantes
porque provocaron un cambio de mentalidad decisivo en
3039
Gillispie, Genesis and Geology, pp. 111-112 y 142.
3040
Bowler, Evolution, p. 130.
3041
Ibid., p. 132.
1676 Preparado por Patricio Barros
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Charles
Lyell, que en 1830 publicó el primero de los tres volúmenes de sus Principles
of Geology. El argumento de Lyell quedaba expuesto en el subtítulo de la obra:
«Un intento de explicar los cambios experimentados por la superficie terrestre
en el pasado de acuerdo con causas todavía operantes». Las ideas de Lyell se
inspiraban también en los estudios de Georges Scrope, un geólogo francés que
había demostrado a partir de su trabajo en el macizo Central en Francia que
«los ríos creaban sus propios valles en un lapso de incontables siglos». Antes
de la publicación de su obra, Lyell recorrió Europa para entrevistarse con
otros geólogos como Étienne de Serres y estudiar algunos accidentes geológicos
y, en particular, los volcanes activos de Sicilia, donde descubrió que el
gigantesco cono era el resultado de la acumulación gradual de una prolongada
serie de pequeñas erupciones. Pero además, el volcán descansaba sobre rocas
sedimentarias de origen reciente, algo que se infería del hecho de que los
moluscos fósiles del lugar eran idénticos a los de la actualidad. Esto
convenció a Lyell de que, para explicar la existencia de la montaña, no había
necesidad de postular ninguna catástrofe.
Con
todo, los Principles fueron básicamente una obra de síntesis, más que de
investigación original. Allí Lyell aclaraba e interpretaba materiales ya
publicados que respaldaban dos conclusiones. La primera, como es obvio, era que
las principales características geológicas de la tierra podían explicarse como
resultado de procesos exactamente iguales a los que podían observarse en el
presente. En una reseña del libro, alguien empleó el término «uniformismo»,
cuyo uso terminaría imponiéndose. El segundo objetivo de Lyell era refutar
1677 Preparado por Patricio Barros
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la
idea de que un gran diluvio, o una serie de diluvios, era el causante de las
características de la tierra que observamos a nuestro alrededor. Lyell daba
mucho valor a los trabajos de Scrope, y respaldó su idea de que los ríos
creaban sus propios valles y de que «la delicada sinuosidad de los lechos
fluviales» no podía ser el resultado de acontecimientos violentos y, todavía
menos, de catástrofes. En el terreno religioso, Lyell adoptó una postura de
sentido común al sostener que era improbable que Dios actuara en contra de las
leyes de la naturaleza para provocar una serie de grandes cataclismos. En lugar
de ello, Lyell proponía que si se asumía que el tiempo se extendía lo
suficientemente lejos hacia el pasado, los procesos geológicos que aún
observamos bastaban para explicar «lo grabado en las rocas».3042 No faltaban
pruebas de que los volcanes habían estado erupcionando de forma regular a lo
largo de la historia y esto no tenía ninguna relación con diluvios o grandes
cataclismos. Y mediante el estudio comparado de los hallazgos de la
estratigrafía, la paleontología y la geografía física, identificó tres épocas
diferentes, cada una con sus formas de vida características. Éstas recibirían
luego el nombre de plioceno, mioceno y eoceno, la última de las cuales se
remontaba a hace aproximadamente cincuenta y cinco millones de años, de nuevo,
muy lejos del marco temporal que ofrecía el Antiguo Testamento.
El
primer volumen de los Principles planteaba su desacuerdo con el Diluvio y daba
comienzo al proceso que acabaría de forma definitiva con la idea. En el segundo
volumen, Lyell demolía la versión bíblica
3042
Ibid., pp. 134 y ss.
1678 Preparado por Patricio Barros
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de
la creación. Al estudiar los fósiles presentes en el registro geológico, Lyell
mostraba que había habido un flujo constante de creación y extinción en el que
participaban, literalmente, incontables especies. En el siglo XVIII, Linneo
había especulado que en alguna época debía de haber existido «un rincón
especial del globo» que habría hecho las veces de «incubadora divina» y en el
que se habrían originado la vida y las nuevas especies. Lyell intentó demostrar
lo equivocada que era esta concepción. La vida, anotó, había comenzado en
distintos «centros de creación». Lyell pensaba que el hombre había sido creado
recientemente, pero mediante procesos iguales a los de los demás animales.3043
El
gran problema de la teoría de Lyell es que revivía la teoría de un «estado de
estabilidad» del planeta, según la cual el mundo que vemos a nuestro alrededor
es el resultado de la constante acción de fuerzas constructivas y destructivas.
¿De dónde procedía la energía necesaria para todo ello? Con el desarrollo de la
ciencia de la termodinámica a mediados del siglo XIX, físicos como lord Kelvin
propusieron que la tierra debía estarse enfriando y a partir de ahí calcularon
que el planeta tenía por lo menos cien millones de años. Esto no se acercaba en
realidad a la verdad, pero superaba con creces los que se decía en la Biblia.
(Hasta el siglo XX los físicos no comprendieron que la radioactividad de
ciertos elementos permitía que el planeta conservara su temperatura
interna).3044 En retrospectiva, podría decirse que la obra de Lyell coqueteaba
con la idea de evolución. Pero
3043
Gillispie, Genesis and Geology, p. 133.
3044
Bowler, Evolution, p. 138.
1679 Preparado por Patricio Barros
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se
trataba sólo de coqueteo: Lyell carecía del concepto de selección natural.
Ahora bien, lo que sí consiguió fue acabar con el neptunismo. Hubo, sin
embargo, varios intentos desesperados por conciliar el relato bíblico con la
avalancha de descubrimientos científicos que culminaron en una serie de
trabajos conocidos como los tratados de Bridgewater. «Esta extraña serie de
obras (para el lector moderno, aburridísima) fue encargada por el testamento
del reverendo Francis Henry Egerton, octavo conde Bridgewater, un clérigo noble
que siempre descuidó su parroquia y que murió en 1829. Lord Bridgewater dejó a
sus albaceas, el arzobispo de Canterbury, el obispo de Londres y el presidente
de la Royal Society, la tarea de seleccionar a ocho autores científicos, cada
uno perteneciente a una de las principales ramas de las ciencias naturales, que
estuvieran en condiciones de demostrar “el Poder, la Sabiduría y la Bondad de
Dios, tal y como se manifestaban en la Creación; e ilustrar su obra con toda
clase de argumentos razonables, como, por ejemplo, la variedad y formación de
las criaturas de Dios en los reinos animal, vegetal y mineral”». Entre los ocho
autores «científicos» elegidos se encontraban clérigos, físicos y geólogos.3045
Ninguno de ellos aportó nada al debate, pero la existencia misma de sus obras
demuestra lo lejos que estaban dispuestos a llegar algunos para mantener a la
ciencia en su lugar. Entre los argumentos empleados en la discusión estaba el
que afirma que el universo era tan improbable estadísticamente que tenía que
haber una «dirección divina» obrando en él, así como el que sostiene que
nuestro mundo es tan benevolente que sólo podía haber sido
3045
Gillispie, Genesis and Geology, p. 210.
1680 Preparado por Patricio Barros
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hecho
por Dios (como ejemplos de ello se señalaba, entre otras cosas, que los peces
tienen ojos especialmente adecuados para la visión submarina y que el mineral
de hierro siempre se descubre cerca del carbón necesario para fundirlo).3046 En
el último tratado de la serie, el doctor Thomas Chalmers insistió en que la
existencia de la conciencia en los seres humanos, la noción misma de moralidad,
era «prueba concluyente de la exquisita armonía creada por Dios».3047 Los
tratados gozaron de cierta popularidad en su época. Publicados entre 1833 y
1836, hacia la década de 1850 cada uno había sido objeto por lo menos de cuatro
ediciones. El principal inconveniente de todos ellos, y su punto más débil, era
que proponían un acercamiento irreflexivo a la ciencia; cada uno pretendía a su
manera ser una última palabra, como si la geología, la biología, la filología o
cualquiera de las otras nuevas disciplinas no tuvieran nada más que decir,
nuevos ases en la manga que oponer a las explicaciones que los tratados juzgaban
tan convincentes.
La
respuesta más inmediata a los tratados de Bridgewater fue la publicación en
1838 de un noveno tratado (no oficial) por parte de Charles Babbage, quien
argumentaba que un creador podía obrar como él mismo había obrado al crear su
famosa «máquina calculadora», un precursor del ordenador que podía programarse
para que realizara operaciones de acuerdo con un plan predeterminado. De esta
forma nació una idea que resultaría bastante popular, la de «leyes de la
creación», muy similar a la de
3046
3047
Ibid.,
p. 212.
Ibid.,
p. 214.
1681 Preparado por Patricio Barros
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leyes
de la reproducción. Quien más supo aprovecharla fue Robert Chambers, otra
figura de Edimburgo. Su Vestiges of the Natural History of Creation, publicado
en 1844, supuso una ruptura radical con las ideas convencionales, tan radical
que Chambers optó porque el libro apareciera de forma anónima. Como anotamos ya
en el Prólogo de este libro, la obra proponía la idea básica de la evolución,
aunque nada en ella anticipaba la noción darwiniana de selección natural.
Chambers describía el progreso de la vida como un proceso puramente natural. El
libro empezaba afirmando que la vida había surgido por generación espontánea y
«citaba como prueba de ello ciertos experimentos (que pronto quedarían
desacreditados) en los que supuestamente se había conseguido crear pequeños
insectos mediante electricidad», y utilizando como ejemplo el Ninth Bridgewater
Treatise de Babbage, postulaba que el progreso de la vida se explicaba por unas
vagas leyes de la creación.3048 Con todo, el principal aporte de Chambers fue
que organizó el registro paleontológico en un sistema ascendente y sostuvo que
el hombre no destacaba de forma particular entre todos los demás organismos del
mundo natural. Aunque Chambers no advirtió la posibilidad de la selección
natural y no explicó en realidad cómo podía operar la evolución, su obra, es
importante subrayarlo, tiene el mérito de haber presentado al público en
general la idea de la evolución quince años antes que la obra de Darwin.3049 En
su libro Victorian Sensation (2000), James Secord explora el impacto que en su
momento causó
3048
Secord, Victorian Sensation, p. 388.
3049
Ibid., cap. 3, pp. 77 y ss.
1682 Preparado por Patricio Barros
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Vestiges
y llega a decir que, en cierto sentido, fue como si Chambers le hubiera «ganado
la exclusiva» a Darwin. Según Secord, Vestiges despertó el interés de amplios y
variados sectores de la sociedad británica. El libro se discutió en la
Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, así como en otros salones y
sociedades intelectuales de Londres, Cambridge, Liverpool y Edimburgo, pero
también en grupos sociales menos elevados; las ideas que promovía se
convirtieron en tema general de debate, se aludía a ellas en pinturas, en
exhibiciones y en caricaturas publicadas en los nuevos periódicos de
circulación masiva, y llamaron la atención de feministas y librepensadores.
Secord señala que Chambers no era en realidad un científico sino un intelectual
medianamente cultivado, proveniente de una familia de editores, y que su libro,
que básicamente ofrecía un relato del «progreso» de la historia, aprovechaba
tanto los hallazgos de las ciencias como las técnicas narrativas empleadas por
las novelas (ellas mismas, un fenómeno relativamente reciente en esa época).
Chambers creía que su libro causaría sensación, pero la posibilidad de que la
reacción fuera negativa era una razón tan válida para publicarlo de forma
anónima como la posibilidad de que la reacción fuera positiva: la necesidad de
anonimato, sostiene Secord, evidencia que en la década de 1840 la cuestión de
la evolución estaba en el aire y era en extremo polémica. En este sentido, el
estudio de Secord señala algo muy importante, a saber, que Vestiges fue la
primera obra que presentó y divulgó la idea de la evolución a una enorme
cantidad de gente (se publicaron catorce ediciones) y, por tanto, que desde
este punto de vista El origen de la
1683 Preparado por Patricio Barros
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especies
de Darwin vino a resolver una crisis, no a crearla: «La historia de la idea de
la evolución no es un relato centrado en Darwin». Ésta es una enorme revisión
de la historia de la las ideas.3050 Una respuesta no menos convincente a los
tratados de Bridgewater y casi contemporánea a la aparición de Vestiges,
evidencia la naturaleza de la ciencia como conocimiento en constante
desarrollo: el descubrimiento de la gran Edad de Hielo por Louis Agassiz y
otros investigadores. Agassiz fue un geólogo suizo que, más tarde, en 1847,
sería invitado a Harvard por su trabajo sobre la glaciación. La idea original
de una gran Edad de Hielo no era suya: en 1795 James Hutton, en uno de sus
inusuales momentos de especulación, había propuesto la posibilidad de que algunas
extrañas rocas «erráticas» cerca de Ginebra hubieran sido transportadas y
dejadas allí por glaciares que luego habían retrocedido. No obstante, fue
Agassiz quien reunió y recopiló la inmensa masa de datos que permitió resolver
la cuestión más allá de toda duda. Agassiz hizo por la Edad de Hielo lo que
Lyell había hecho por la antigüedad de la tierra.
A
través del estudio de los glaciares actuales (que no escaseaban en los Alpes
suizos), Agassiz llegó a la conclusión de que buena parte de Europa
septentrional había estado sepultada bajo una gran capa de hielo, en ciertos
lugares de hasta tres kilómetros de grosor. Esta conclusión (todavía más
extraordinaria si se tiene en cuenta que en aquella época Agassiz estaba más
interesado en el estudio de los fósiles de peces) se fundaba principalmente en
tres tipos de pruebas
3050
Ibid., p. 526, para una comparación de las historias editoriales de Vestiges y
de El origen de las especies.
1684 Preparado por Patricio Barros
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que
pueden apreciarse en los bordes de los glaciares incluso hoy: los «erráticos»,
la morrena y el till. Los «erráticos» son enormes rocas, como las que Hutton
había observado cerca de Ginebra, cuya constitución es muy diferente de todas
las demás rocas del paisaje que las rodea.3051 A medida que el hielo avanzaba,
empujaba estas piedras y, cuando la tierra volvía a calentarse y el hielo
retrocedía, los «erráticos» quedaban en un entorno «extranjero». Por ello los
geólogos podían encontrarse de repente con una gigantesca roca de, por ejemplo,
granito, en un área compuesta fundamentalmente de piedra caliza. Ahora bien,
mientras los primeros geólogos pensaban que lo que explicaba este tipo de
fenómenos era el Diluvio, Agassiz mostró que éstos eran un efecto del hielo. El
till es una forma de acarreo formada por el hielo a medida que éste se expande
por la superficie de la tierra actuando, en palabras de J. D. Macdougall, como
una gigantesca hoja de papel de lija.3052 (El till proporciona gran cantidad de
grava para la industria de la construcción moderna). La morrena son montículos
de till que se desarrollan en los límites de los glaciares y pueden llegar a
ser bastante grandes: la mayor parte de Long Island, en el estado de Nueva
York, es una morrena que tiene más de ciento setenta kilómetros de un extremo a
otro. Agassiz y otros investigadores concluyeron que la Edad de Hielo más
reciente había empezado hace ciento treinta mil años, había alcanzado su punto
álgido hace veinte mil y había terminado con rapidez hace doce mil o
3051
Edward Lurie, Louis Agassiz: A Life in Science, University of Chicago Press,
Chicago, 1960, pp. 97 y ss., sobre cómo Agassiz desarrolló el concepto de Edad
de Hielo.
3052
J. D. MacDougall, A Short History of Planet Earth, John Wiley & Sons, Nueva
York y Londres,
1996,
p. 210.
1685 Preparado por Patricio Barros
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diez
mil años. Con el tiempo estos cálculos resultarían ser extremadamente
significativos, ya que coincidieron con las primeras pruebas sobre los
comienzos de la agricultura.3053 Esto resultaba coherente tanto en términos
cronológicos como de evolución cultural. Originalmente, el término «evolución»
se empleaba en biología para designar el crecimiento del embrión. La palabra
latina original significaba «desenrollar, desplegar». Más allá de este uso, se
empleaban términos como «progresionismo» o desarrollo para referirse a la idea
de que organismos más simples daban origen a organismos más complejos (cómo
ocurría esto era algo que estaba aún por aclararse). La cuestión de si esta
progresión incluía o no al hombre dividía a los expertos. A continuación se usaba
la palabra evolución en un sentido cultural, de acuerdo con las observaciones
de Vico, Herder y otros autores, que advertían en el desarrollo de las
sociedades humanas una progresión desde un estado primitivo a formas de
civilización cada vez más avanzadas. Peter Bowler señala que algunos de los
primeros antropólogos, como E. B. Tylor y L. H. Morgan, sostuvieron que las
diferentes razas progresan de acuerdo a una secuencia similar de fases
culturales, por lo que los pueblos que aún eran «primitivos» pertenecían a
«líneas retrasadas del desarrollo
3053
Pero había también algo más. Entre las morrenas se encontraron considerables
cantidades de diamantes. Los diamantes se forman en las profundidades de la
tierra y salen a la superficie en el magma fundido que expulsan los volcanes.
Esto, por tanto, era una prueba adicional de la acción continua de los
volcanes, algo que reforzaba el hecho de que el descubrimiento de la gran Edad
de Hielo (o edades de hielo) confirmaba tanto la antigüedad de la tierra como
el enfoque uniformista de la geología. Ibid., pp. 206-210.
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cultural,
atascadas en un estadio que la raza blanca había superado en una fase
anterior».3054
Lamarck
fue uno de los más destacados defensores del progresionismo. Jean-Baptiste de
Monet, chevalier de Lamarck (1744-1829), no fue exactamente el bellaco y el
cretino que algunas veces se ha pintado. Fue él quien advirtió que algunas
especies fósiles eran similares a criaturas todavía existentes, y así fue cómo
concibió la idea de que algunos linajes fósiles podían no haberse extinguido
sino cambiado, en respuesta a modificaciones en las condiciones de vida en la
tierra, y por tanto seguían viviendo «pero en una forma corregida que no somos
capaces de reconocer». Ésta es una noción predarwiniana de adaptación.3055
Lamarck estaba convencido de la gran antigüedad del planeta y de que las formas
de vida habían cambiado continuamente a lo largo de amplios períodos de tiempo.
Y además consideraba al hombre el producto final de esta progresión.3056 La
idea de evolución de Lamarck era doble. Por un lado, creía que la naturaleza
obedecía a un principio de complejidad creciente. Por otro, pensaba que los
órganos de una criatura se desarrollan mejor cuanto más se los utilizaba y que
estas características fortalecidas (o adquiridas) pasaban a posteriores
3054
Peter J. Bowler, The Non-Darwinian Revolution, Johns Hopkins University Press,
Baltimore y Londres, 1988, p. 13.
3055
Mayr, Growth of Biological Thought, p. 349. Véase también: Moynahan, Faith, p.
651.
3056
Pietro Corsi, The Age of Lamarck: Evolutionary Theories in France 1790-1830,
University of California Press, Berkeley y Londres, 1988, pp. 121 y ss. Ernst
Mayr, el eminente historiador de la biología, afirma que Lamarck presentó su
visión de la evolución con más valentía que la empleada por Darwin cincuenta
años después. Mayr, Growth of Biological Thought, p. 352.
1687 Preparado por Patricio Barros
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generaciones,
siempre y cuando «los cambios adquiridos sean comunes a ambos sexos o a
aquellos que producen los jóvenes».3057 Debido a estos factores y a otros que
ya señalaremos, se ha sostenido que a mediados del siglo XIX había algo «en el
aire» que contribuyó al surgimiento de lo que Darwin llamaría selección
natural.3058 La idea de una lucha por la existencia ya había sido planteada en
1797 por Malthus, quien había afirmado que cada tribu de la historia habría
competido por los recursos y que las menos exitosas se habían extinguido. «Hoy
sabemos que además de Malthus, Darwin supo aprovechar la lectura de las obras
de Adam Smith y de otros economistas políticos. El concepto de divergencia como
resultado de la especialización refleja las supuestas ventajas económicas que
se derivaban de la división del trabajo».3059 William Charles Wells propuso
otra teoría en 1813, en «An Account of a Female of the White Race of Mankind»
(Informe sobre una mujer de raza blanca), donde sostuvo que las razas humanas
podrían haber surgido como resultado de la llegada de grupos humanos a
territorios deshabitados en los que debieron de hacer frente a un entorno
nuevo.3060 Las variaciones accidentales dentro de la población harían que
ciertos
3057
Sobre quiénes estuvieron de acuerdo y quiénes en desacuerdo con Lamarck, véase:
Corsi, Age of Lamarck, pp. 157 y ss. El auge de la idea de la gran cadena del
ser, a la que nos referimos en la Introducción, también formaba parte del clima
intelectual de mediados del siglo XIX. Se trataba de una idea muy antigua, lo
que en un principio le otorgaba mucha credibilidad, pero no se trataba en
realidad de una idea científica y, por tanto, no sobrevivió mucho tiempo a las
innovaciones de Darwin. Véase: Bowler, Evolution, pp. 59 y ss., sobre las ideas
decimonónicas acerca de la gran cadena del ser, y p. 61, para un diagrama
explicativo.
3058
Entre esos otros factores se encontraba el capitalismo industrial: la noción de
que la gente tiene toda la libertad para competir en actividades comerciales,
porque se lograba que coincidieran el bien de la comunidad y los intereses
egoístas de los individuos.
3059
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 36.
3060
Ibid., p. 41.
1688 Preparado por Patricio Barros
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individuos
se adaptaran mejor a las nuevas condiciones, por lo que tenderían a convertirse
en padres de una nueva raza.
Por
dónde quiera que uno mire en el siglo XIX, la idea de que en la sociedad y la
naturaleza el conflicto y la competencia desempeñaban un papel importante
estaba en labios de todos.3061 Para entonces ya era difícil intentar
contradecir las pruebas proporcionadas por los registros fósiles y geológicos,
que habían permitido reconstruir un cuadro básico de lo ocurrido bastante
claro. «Las rocas más antiguas [de hace seiscientos millones de años] sólo
ofrecían restos de invertebrados, mientras que los primeros peces no aparecían
hasta el período silúrico [hace 440-410 millones de años]. El mesozoico [hace
250-265 millones de años] estuvo dominado por los reptiles, incluidos los
dinosaurios. Aunque presentes ya en el mesozoico en pequeñas cantidades, los
mamíferos no se volverían dominantes hasta el cenozoico [desde hace sesenta y
cinco millones de años hasta nuestros días], cuando gradualmente fueron
progresando hasta convertirse en las criaturas más avanzadas de la actualidad,
incluida la especie humana».3062 (Las fechas anotadas entre corchetes no
corresponden, por supuesto, a las aceptadas en el siglo XIX). A los hombres de
la época les resultaba difícil no ver en esta progresión una especie de
«finalidad», e identificaban en ella un desarrollo que «conducía», a través de
distintas etapas, a los humanos «y que revelaba un plan divino con un propósito
simbólico». En los libros de
3061
Barry Gale, «Darwin and the concept of the struggle for existence: a study in
the extra-scientific origins of scientific ideas», Isis, vol. 63 (1972), pp.
321-344.
3062
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 57.
1689 Preparado por Patricio Barros
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la
época, muchos «árboles de la vida» incluían un tallo más grueso que todos los
demás que conducía directamente al hombre.
Este
cuadro, por supuesto, debería ser revisado a la luz de la reciente obra de
James Secord antes mencionada. Allí, Secord ofrece ejemplos de las notas que
Darwin realizó cuando leyó Vestiges en la sala de lectura del Museo Británico.
Darwin estaba lejos de sentirse impresionado por muchos aspectos de la
argumentación de Chambers (de hecho, nunca compró su propio ejemplar del
libro), pero resulta claro que la lectura de Vestiges, que se encontraba en la
cumbre de eso que estaba «en el aire», le ayudó a afinar la distinción entre su
teoría de la selección natural y las ideas de sus rivales.3063 Un último
elemento de este «clima de opinión», de ese «algo en el aire» que estamos
reseñando a propósito del surgimiento del «progresionismo», lo constituye la
obra de Alfred Russel Wallace. La reputación de Wallace y su papel en el
descubrimiento de la evolución ha experimentado su propio desarrollo
recientemente. Durante muchos años se aceptó que el artículo que envió a Darwin
en 1858, «Sobre la tendencia de las variedades a alejarse indefinidamente del
tipo original», contenía una clara exposición de la selección natural, por lo
que éste se vio forzado a apresurar la publicación de su propio libro, El
origen de las especies. En consecuencia, algunos académicos han sostenido que a
Wallace nunca se le dio el reconocimiento que merecía e incluso han insinuado
que Darwin y sus seguidores de forma deliberada procuraron mantenerlo apartado
del primer
3063
Brooke, Science and Religion, p. 431.
1690 Preparado por Patricio Barros
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plano.3064
Sin embargo, estudios más recientes han mostrado que una lectura atenta del
trabajo de Wallace revela que su idea de selección natural no era exactamente
igual que la de Darwin, y que como recurso explicativo tenía mucha menos
fuerza. En particular, Wallace no subrayaba la competencia entre individuos
sino entre los individuos y el entorno. Para Wallace, los individuos menos
aptos, esto es, aquéllos menos adaptados a su entorno, eran eliminados, en
especial cuando ese entorno experimentaba grandes cambios. Desde este punto de
vista, cada individuo compite contra el entorno y el destino de cada individuo
es independiente del de los demás.3065 Esta diferencia es fundamental y quizá
explique por qué Wallace no pareció haberse resentido por el hecho de que
Darwin hubiera publicado su libro al año siguiente de haberle enviado su
ensayo.3066 Con todo, nada de lo dicho hasta aquí pretende ocultar el hecho de
que cuando El origen de las especies apareció en 1859, introdujo «un
acercamiento completamente nuevo y (para los contemporáneos de Darwin)
completamente inesperado a la cuestión de la evolución biológica». La teoría de
Darwin explicaba, como ninguna otra lo había hecho hasta entonces, un nuevo
mecanismo de cambio en el mundo biológico. Explicaba cómo una especie daba
lugar a otra y, en palabras de Ernst Mayr, «suponía no simplemente el reemplazo
de una teoría científica (la de las “especies inmutables”) por una nueva,
3064
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 42. Martin Fichnan, «Ideological factors
in the dissemination of Darwinism», en Everett Mendelsohn, ed., Transformation
and Tradition in the Sciences, Harvard University Press, Cambridge
(Massachusetts), 1984, pp. 471-485.
3065
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 43.
3066
Mayr, Growth of Biological Thought, p. 950. Ross A. Slotten, The Heretic in
Darwin’s Court:
The
Life of Alfred Russel Wallace, Columbia University Press, Nueva York, 2004.
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sino
por una que obligaba a repensar por completo el concepto que el hombre tenía
del mundo y de sí mismo y, específicamente, implicaba rechazar algunas de las
creencias más difundidas y más queridas del hombre occidental». Según Peter
Bowler, «el historiador de las ideas ve la revolución que tuvo lugar en la
biología como un síntoma de un cambio mucho más profundo en los valores de la
sociedad occidental, en el que se sustituyó la concepción cristiana del hombre
y la naturaleza por una concepción materialista de ambos».3067 La idea más
destacada y brillante de Darwin fue su teoría de la selección natural, que
constituía la columna vertebral de su libro (el título completo de la obra era
Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la
preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida). Todos los
individuos de cualquier especie son diferentes entre sí y aquéllos más aptos
tienen mayores probabilidades de reproducirse y convertirse en los padres de la
nueva generación. De este modo, resultan favorecidas aquellas variaciones
accidentales que contribuyen a hacer a los individuos más aptos. Esta teoría no
tenía necesidad de ningún «plan», describía un proceso muy parsimonioso y que
podía observarse en todos lados.3068
Aunque
Darwin se hubiera sentido impulsado a publicar El origen de las especies tras
haber sido contactado por Wallace, sus ideas habían estado madurando desde
finales de la década de 1830, tras su famoso viaje a bordo del Beagle. El
tiempo pasado en Suramérica, en
3067
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 152.
3068
Mayr, Growth of Biological Thought, p. 501.
1692 Preparado por Patricio Barros
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particular
en las islas Galápagos, le había enseñado a pensar en términos de poblaciones
más que de individuos, a medida que estudiaba las variaciones que había de una
isla a otra. Se había familiarizado con el ñandú, un ave corredora, en su viaje
por las amplias pampas de la Patagonia, y había comido la carne de distintas
variedades de este animal durante su recorrido. Darwin advirtió que, en los
límites del territorio ocupado por dos poblaciones había una lucha por la
supremacía. Y empezó a preguntarse por qué había especies emparentadas en
continentes e islas diferentes: ¿era posible que el Creador hubiera visitado
cada lugar para realizar estos finos ajustes?3069 El estudio de los percebes le
permitió conocer la enorme variedad que podía haber dentro de una especie, y
todas estas observaciones e inferencias poco a poco fueron encajando unas con
otras. Cuando el libro apareció el 24 de noviembre de 1859, se vendieron 1250
ejemplares en el primer día. El mismo Darwin se fue a tomar las aguas en
Ilkley, Yorkshire, y esperar que se desatara la tormenta.3070 No tardó mucho en
hacerlo y no es difícil entender por qué. Ernst Mayr señala que las teorías de
Darwin tenían seis implicaciones filosóficas de gran relieve: (1) reemplazaban
la idea de un mundo estático por la de un mundo en evolución; (2) demostraban
lo inverosímil que era el creacionismo; (3) refutaban la teología cósmica, esto
es, la idea de que el universo tenía un propósito; (4) acababan con cualquier
justificación de antropocentrismo absoluto (la afirmación de que el propósito
del mundo era la aparición del
3069
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 162.
3070
Ibid., p. 187.
1693 Preparado por Patricio Barros
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hombre);
(5) explicaban el «diseño» del mundo puramente en términos de procesos
materiales; (6) reemplazaban el esencialismo por el pensamiento poblacional.
Es
importante aclarar algo sobre el impacto de El origen de las especies. Éste se
debió en alguna medida a la sólida reputación de Darwin, esto es, a que no
había sido escrito por un don nadie, y al hecho de que el libro estaba
abarrotado de datos que respaldaban sus hipótesis.3071 Pero además su impacto
también se debió al hecho de que, como hemos anotado antes, el libro resolvía
(o parecía resolver) una crisis, no iniciaba otra. Según James Secord, la
selección natural fue en su momento el último peldaño de la tesis
evolucionista, no el primero, la teoría que vino a llenar los vacíos de la
argumentación al proponer el mecanismo mediante el cual unas especies daban
origen a otras. La naturaleza no revolucionaria de El origen de las especies,
para usar la expresión de Peter Bowler, queda demostrada por las tablas que
ofrece Secord en su libro: El origen de las especies no empezó a superar las
ventas de Vestiges de forma clara hasta el siglo XX.3072
Dicho
esto, hay que agregar que El origen de las especies sí motivo una enorme
oposición a las ideas que proponía. El mismo Darwin era consciente de que su
teoría de la selección natural era el aspecto más polémico de su exposición y
no se equivocaba. John F. W. Herschel, un filósofo a quien Darwin admiraba,
llamó a la selección natural la «ley del desorden y el desconcierto», mientras
Sedgwick (que era al
3071
Ibid., p. 67.
3072
Secord, Victorian Sensation, p. 526.
1694 Preparado por Patricio Barros
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mismo
tiempo teólogo y científico) la condenó por considerarla una «aberración
moral».3073 Muchas de las reseñas favorables que recibió la obra se mostraron
tibias respecto a la selección natural: Lyell, por ejemplo, nunca la aceptó del
todo y la consideraba «desagradable», y T. H. Huxley pensaba que no habría
forma de probarla.3074 A finales del siglo XIX la teoría de la evolución ya
gozaba de una amplia aceptación, pero en cambio la idea de la selección natural
tendía a ignorarse, y esto era significativo, pues permitía a la gente dar por
sentado que la evolución tenía algún propósito, que «se desarrollaba con una
meta en particular, de la misma forma en que los embriones crecían para
alcanzar la madurez». Desde esta perspectiva, la evolución no era la amenaza a
la religión que muchas veces se nos ha hecho creer.3075 De hecho, El origen de
las especies tenía dos capítulos sobre la distribución geográfica de las formas
de vida en los que Darwin aprovechaba los hallazgos de la geología y la
paleontología que hemos mencionado, y sus contemporáneos tenían muchas menos
dificultades para aceptar esto que el mecanismo de la selección. Vestiges, como
hemos visto, había preparado en parte el camino. Ernst Mayr afirma que la idea
de selección natural no sería plenamente aceptada hasta la síntesis evolutiva
de las décadas de 1930 y 1940.3076 Por otro lado, mucha gente pensaba
simplemente
3073
Mayr, Growth of Biological Thought, p. 510.
3074
Incluso T. H. Huxley, «el bulldog de Darwin», que tanto hizo para promover la
causa de la evolución en general, nunca creyó mucho en la selección natural.
3075
Bowler, Evolution, p. 24.
3076
Véase: Peter Watson, A Terrible Beauty: The People and Ideas That Shaped the
Modern Mind, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 2000/The Modern Mind: An
Intellectual History of the Twentieth Century, HarperCollins, Nueva York, 2001,
p. 371, para una reseña de la síntesis evolutiva. [Hay traducción castellana:
Historia intelectual del siglo XX, Crítica, Barcelona, 2002]. Véase también:
1695 Preparado por Patricio Barros
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que
las implicaciones de El origen de las especies eran inmorales, y continuaron
creyendo que era evidente que el mundo estaba bien ordenado (una prueba de la
existencia de Dios) y que la evolución accidental («sin orden ni concierto»)
defendida por Darwin no podía producir semejante armonía. El darwinismo era
egoísta y derrochador, se sostenía, y un Dios benevolente nunca permitiría que
existiera un proceso similar. ¿Cuál era el propósito darwiniano de la habilidad
musical o de la facultad de realizar cálculos matemáticos abstractos?3077
Darwin, es necesario anotarlo, nunca se sintió del todo contento con la palabra
«selección», y muchos no entendieron cómo debía interpretarse el término «más
apto». Muchos críticos sostuvieron que la teoría de Darwin no era científica
porque no podía falsearse.
La
teoría de Darwin ciertamente tenía un punto débil muy importante: no daba
cuenta de los mecanismos reales mediante los cuales las características
hereditarias pasaban de una generación a otra («herencia dura»). Esos
mecanismos fueron descubiertos por el monje Gregor Mendel en Moravia en 1865,
pero nadie en tiempos de Darwin advirtió su importancia y sus ideas no serían
redescubiertas y puestas nuevamente en circulación hasta 1900. Hasta el
redescubrimiento de Mendel, las teorías que más despertaban la atención eran
las del biólogo alemán Auguste Weismann, en particular su idea de «plasma
germinativo», que había desarrollado a partir de la teoría de la célula. Se
recordará que las células se habían
Ernst
Mayr y William B. Provine, eds., The Evolutionary Synthesis, Harvard University
Press, Cambridge (Massachusetts), 1990/1998.
3077
Secord, Victorian Sensation, pp. 224 y 230.
1696 Preparado por Patricio Barros
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observado
por primera vez tras la invención del microscopio, cuando se las llamó
«glóbulos» o «burbujas». Ahora bien, a comienzos del siglo XIX, cuando ya se
habían realizado avances significativos en el diseño de microscopios, los
biólogos, siguiendo a Marie-François Xavier Bichat, identificaron veintiún
categorías de tejido animal y advirtieron que todas ellas estaban compuestas de
células, las cuales, ahora podía verse, se componían de algo más que de paredes
y contenían una pegajosa «sustancia de la vida», que en 1839 J. E. Purkinje
bautizó con el nombre de «protoplasma».3078 Los hombres que finalmente
mostraron que todos los animales y plantas estaban hechos de células fueron J.
J. Schleiden (plantas, 1838) y Theodor Schwann (animales, 1839). Weismann
advirtió el núcleo celular y de forma gradual llegó a la conclusión de que el
plasma germinativo no se componía de células germinales completas sino que se
concentraba en las estructuras en forma de bastón que había dentro del núcleo,
a las que llamó cromosomas debido a que se coloreaban de manera diferente. Pero
incluso tras el redescubrimiento de Mendel, el hecho de que los mecanismos que
describía «completaran» en cierto sentido las tesis de Darwin no fue algo que
se reconociera de forma inmediata. La razón para ello es que entonces había un
agitado debate sobre si la selección, en caso de que existiera, operaba sobre
las variaciones continuas o sólo sobre las variaciones discontinuas, esto es,
sobre las características que varían de forma continua, como la altura, por
ejemplo, o sobre las que lo hacen de forma discreta (como el color de los ojos,
que pueden ser azules o marrones). El
3078
Mayr, Growth of Biological Thought, p. 654.
1697 Preparado por Patricio Barros
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mismo
Mendel parecía haber elegido las características discretas (el color de las
flores, si las semillas eran arrugadas o no) porque constituían ejemplos más
claros de la teoría que estaba intentando probar y porque tenía su propia
teoría rival de la de Darwin, a saber, que la selección actuaba sobre híbridos,
sobre formas intermedias. (Tradicionalmente los híbridos planteaban un problema
teológico, pues se los consideraba formas intermedias entre especies que habían
sido creadas separadas por Dios). El profundo significado de la genética
mendeliana para la idea darwinista de la selección natural no se reconocería
hasta la década de 1920.3079
Darwin
no se detuvo con la publicación de El origen de las especies. Ninguna reseña
del darwinismo puede permitirse pasar por alto El origen del hombre. Como hemos
visto, en el siglo XIX la idea de «evolución progresionista» estaba en todas
partes, incluso en la física, donde encontramos la hipótesis nebular de Kant y
Laplace, la noción de que el sistema solar se había formado a partir de la
condensación de una enorme nube de polvo por acción de la gravedad.3080
Ésta
es una de las razones por las que, cuando a mediados del siglo XIX empezaron a
surgir las ciencias de la sociología, la antropología y la arqueología, se
intentó desarrollarlas en el marco del progresionismo. Ya en 1861, sir Henry
Maine había explorado en su libro El derecho antiguo la forma en que los
modernos sistemas jurídicos se habían desarrollado a partir de prácticas
primitivas identificadas en «grupos familiares patriarcales».3081 Entre los
demás
3079
Bowler, Evolution, p. 271.
3080
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 132.
3081
Ibid., p. 135.
1698 Preparado por Patricio Barros
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títulos
que proponían un acercamiento similar destacan Los orígenes de la civilización
(1870) de John Lubbock, La sociedad primitiva (1877) de Lewis Morgan y, el más
impresionante de todos, La rama dorada de James Frazer, publicado en 1890. Los
primeros antropólogos también se habían visto afectados por la experiencia
colonial: en diversas ocasiones se realizaron intentos de educar a las
poblaciones colonizadas con el objetivo de convertirlas a las costumbres
culturales europeas que se consideraban «obviamente» superiores. El hecho de
que estos intentos hubieran fracasado totalmente convenció a al menos algunos
antropólogos de que debía existir «una secuencia fija de etapas a través de las
cuales se desarrollan las culturas».3082 De lo cual se podía concluir que era
imposible pretender impulsar de forma artificial el desarrollo de una cultura y
llevarla a un estadio posterior a aquel en el que se encontraba. Lewis Morgan
definió estas grandes etapas como el salvajismo, la barbarie y la civilización,
una doctrina que resultaba muy reconfortante para las potencias coloniales. Por
otro lado, las principales ideas de cuyo desarrollo se ocupaba eran la del
gobierno, la de la familia y la de la propiedad.3083
En
este clima intelectual los arqueólogos empezaron a concebir los avances en
relación a las hachas de mano de piedra que describimos en el prólogo, cuando
se introdujo el «sistema de tres edades» (de piedra, bronce y hierro). Anotamos
entonces que la primera idea de una «edad de piedra» muy antigua se encontró
con una feroz
3082
Ibid.
3083
Lewis Morgan, Ancient Society, Macmillan, Londres, 1877. [Hay traducción
castellana: La sociedad primitiva, Endymion, Madrid, 1987].
1699 Preparado por Patricio Barros
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resistencia.
Nadie podía aceptar que los primeros humanos habían existido junto a animales
ya extintos, y sólo cuando Boucher des Perthes descubrió herramientas de piedra
junto a los huesos de animales extintos en los lechos de grava de Francia
septentrional, empezó a producirse un cambio en las ideas. Entonces,
aproximadamente en 1860 y gracias en parte a la publicación de El origen de las
especies, la opinión pública evolucionó con rapidez y la idea de que la raza
humana tenía una gran antigüedad fue por fin aceptada. Charles Lyell finalmente
aceptó la visión progresionista de la tierra y recogió una gran cantidad de
pruebas en favor de la nueva concepción, que sintetizó en Geological Evidences
for the Antiquity of Man (Pruebas geológicas de la antigüedad del hombre,
1863).
El
carácter en extremo burdo de las herramientas de piedra más antiguas convenció
a muchos de que el contexto cultural y social de los primeros seres humanos era
igualmente primitivo, lo que llevó a John Lubbock a sostener que la sociedad
había evolucionado a partir de un origen salvaje. Esto era más escandaloso
entonces de lo que podría parecernos debido a que en el siglo XIX aún había
pensadores que consideraban que el hombre moderno era una raza degenerada en
comparación con lo que eran Adán y Eva antes de la Caída. En su libro
Prehistoric Times (1865), Lubbock utilizó por primera vez los términos
«paleolítico» y «neolítico» para describir la transición de la Vieja Edad de
Piedra a la Nueva Edad de Piedra, que según él podía
1700 Preparado por Patricio Barros
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distinguirse
por el paso de la piedra astillada a la piedra pulida, si bien pronto se
observaron variaciones más complejas.3084
Para
mucha gente, la cuestión crucial en el debate sobre si el hombre había
evolucionado a partir de los simios giraba en torno al problema del alma. Si el
hombre era en verdad poco más que un mono, ¿significaba ello que la idea del
alma (por tradición la diferencia trascendental entre los animales y el hombre)
debía ser rechazada? El origen del hombre de Darwin, publicado en 1871, intentó
hacer dos cosas al mismo tiempo: convencer a los escépticos de que el hombre
realmente descendía de los animales y explicar con exactitud qué significa ser
humano, cómo los humanos habían adquirido las cualidades que los hacían únicos.
«Aunque
Darwin poco a poco abandonó su creencia en un creador benevolente, ciertamente
se sentía inclinado a esperar que la raza blanca representara el punto más
elevado de un avance inevitable (aunque irregular) hacia estados
superiores».3085 En El origen del hombre, Darwin sabía que, ante todo, tenía
que explicar el enorme incremento en las facultades mentales que separaba al
hombres del mono.3086 Si la evolución era un proceso lento y gradual, ¿por qué
existía una brecha tan grande? Ésta era la pregunta que los que se mostraban
escépticos desde un punto de vista religioso querían ver
3084
Sin embargo, todo este debate estaba coloreado de pensamientos racistas. El
surgimiento de la nueva ciencia de la «craneología», interesada en el estudio
comparativo del tamaño del cerebro en diferentes razas, constituye un ejemplo
de ello. Las principales figuras aquí fueron S. G. Morton, en Estados Unidos, y
Paul Broca, en Francia, que creían haber demostrado que las razas «inferiores»
poseían cerebros más pequeños y que esto explicaba su menor inteligencia y su
posición en la escala de la evolución cultural.
3085
Bowler, Non-Darwinian Revolution, p. 144.
3086
Ibid., p. 145.
1701 Preparado por Patricio Barros
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respondida.
La respuesta de Darwin aparecía en el capítulo cuatro de su libro. Allí,
proponía la idea de que el hombre posee un atributo físico único, a saber, la
postura erguida (que, recuérdese, fue la entidad con la que empezamos este
libro). Darwin sostenía que la postura erguida y el bipedalismo habían liberado
las manos del hombre y, como consecuencia de ello, éste desarrolló finalmente
la capacidad de usar herramientas. Y fue así, afirmó, cómo se inició un rápido
crecimiento en inteligencia en esta forma de gran simio.3087 En El origen del
hombre, Darwin no ofrecía ninguna razón convincente para que el hombre
primitivo hubiera empezado a caminar erguido y no fue hasta 1889 cuando Wallace
sugirió que ello podría haber sido una adaptación a un nuevo entorno. Wallace
especuló que el hombre primitivo se vio obligado a abandonar los árboles y
adentrarse en las planicies abiertas de la sabana, acaso debido a un cambio
climático que hubiera reducido los bosques. En la sabana, sugirió, el
bipedalismo habría sido un modo de locomoción más apropiado.
A
pesar de que la idea había sido propuesta por el mismo Darwin, la importancia
de la postura erguida no se consideró inicialmente significativa. Hasta que
Éugene Dubois descubrió al «hombre de Java», el Pithecanthropus (hoy Homo)
erectus, en 1891-1892, el valor de la teoría no empezó a ser reconocido (y se
confirmó la importancia de los hallazgos de neandertales: véase el capítulo 1).
Los restos de Pithecanthropus incluían un fémur cuya forma sugería el
bipedalismo y un fragmento de cráneo que indicaba una capacidad cerebral que
estaba entre la de los simios y la de los humanos. Con todo, la
3087
Ibid.
1702 Preparado por Patricio Barros
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importancia
de la postura erguida en la evolución humana no sería aceptada plenamente hasta
la década de 1930.3088
El
legado del darwinismo es complejo. «Algunos consideran que el surgimiento del
evolucionismo es un hito que separa la cultura moderna de las raíces
tradicionales del pensamiento occidental».3089 Más allá de su contenido
intelectual, no hay duda de que llegó en el momento oportuno, lo que le
permitió desempeñar un importantísimo papel en la secularización del
pensamiento europeo que examinaremos en el capítulo 35.3090 El darwinismo
obligó a la gente a adoptar una nueva visión de la historia según la cual ésta
se desarrollaba por accidente, sin que hubiera meta, propósito o fin último.
Además de acabar con la necesidad de Dios, transformó la idea de sabiduría,
considerada hasta entonces como un estadio definitivo y, aunque lejano,
alcanzable. Esto socavó las concepciones tradicionales en todas las formas
posibles y transformó la manera de concebir el futuro. Mencionemos sólo dos:
fue el modelo darwinista de cambio social el que llevó a Marx a creer que la
revolución era inevitable; fue la biología propuesta por Darwin la que sugirió
a Freud la idea de una naturaleza «prehumana» de actividad mental
subconsciente. Como veremos en un capítulo posterior, la concepción darwiniana
de lo que significaba «aptitud» en un contexto evolutivo en muchas ocasiones no
se comprendió de forma adecuada y, consciente o inconscientemente, dio origen a
proyectos sociales
3088
Sobre el contexto del viaje de Dubois a Extremo Oriente, véase: Brooke, Science
and Religion, p. 147.
3089
Bowler, Revolution Non-Darwinian, p. 174.
3090
Ibid., p. 175.
1703 Preparado por Patricio Barros
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injustos
y crueles. Sin embargo, tras el descubrimiento del gen en 1900 y el
florecimiento de la tecnología basada en la genética, el darwinismo ha
triunfado. Con excepción de los dos o tres penosos enclaves «creacionistas» que
quedan en ciertas áreas rurales de Estados Unidos, la gran antigüedad de la
tierra y de la humanidad es algo que hoy está firmemente establecido.
1704 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
32
Nuevas
ideas acerca del orden humano: los orígenes de las
ciencias
sociales y la estadística
Joseph-Ignace
Guillotin nació en Saintes al oeste de Francia el 28 de mayo de 1738, y era el
noveno de doce hijos. Por una curiosa ironía del destino su nacimiento fue
prematuro, consecuencia de que su madre presenciara por casualidad una
angustiosa ejecución pública. Quizá por esto, Joseph-Ignace siempre fue muy
consciente de que en Francia, así como en otros lugares, las técnicas de
ejecución variaban muchísimo en función del estatus social del condenado. En
general, los miembros de la aristocracia disfrutaban de una muerte rápida,
mientras que a los criminales procedentes de los estratos más bajos de la
sociedad a menudo se los ajusticiaba de forma lenta y atroz. En la Francia del
siglo XVIII, existían más de un centenar de delitos castigados con la pena de
muerte, la peor de las cuales se reservó a François Damiens (1714-1757), el
desgraciado que atacó a Luis XV con una navaja y consiguió arañar el brazo del
monarca. A Damiens se le arrancó la piel del pecho, de los brazos y de los
muslos con tenazas al rojo vivo, su mano derecha (la que había sostenido la
navaja) fue quemada con sulfuro; sobre la carne expuesta allí donde se le había
arrancado la piel se vertió plomo fundido y aceite hirviendo, y por último su
cuerpo fue descuartizado utilizando cuatro caballos que tiraban en direcciones
diferentes. El verdugo mostró su simpatía por la víctima cortando con un
cuchillo los tendones de sus
1705 Preparado por Patricio Barros
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articulaciones
para que los caballos pudieran destrozarlo con más facilidad.
Para
la época de la revolución, Joseph-Ignace era ya una figura importante, un
médico distinguido, destacaba también como profesor de anatomía y consejero de
la Facultad de Medicina de la Universidad de París, y se convirtió en diputado
de la Asamblea Nacional. Guillotin era un pacifista y, motivado por sus
preocupaciones humanitarias, en diciembre de 1789 presentó a la Asamblea seis
proposiciones con el objetivo de crear un código penal nuevo y mucho más
humano, en el que todos los hombres fueran considerados iguales y las penas
impuestas no hicieran ningún tipo de distinción entre los diferentes estratos.
El segundo artículo de este nuevo código recomendaba que la pena capital fuera
de ahora en adelante la decapitación y que se la aplicara mediante un mecanismo
simple y novedoso. La Asamblea dedicó algún tiempo a examinar las
recomendaciones del doctor Guillotin antes de adoptarlas, y durante los debates
que tuvieron lugar entonces, un periodista preguntó a propósito del nuevo
mecanismo si éste había de llevar el nombre de Guillotin o el de Mirabeau, una
pregunta sarcástica y retórica, pues el nuevo mecanismo no había sido todavía
diseñado, y menos aún construido. Guillotin no diseñó ni construyó el
instrumento que terminaría llevando su nombre. El diseñador fue otro médico, el
doctor Antoine Louis (en algún momento se planeó llamar al nuevo dispositivo
«Louisette»), mientras que el hombre que de verdad construyó la máquina de
ejecución fue un tal monsieur Guedon o Guidon, el carpintero que normalmente se
había encargado de proporcionar
1706 Preparado por Patricio Barros
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patíbulos
al estado. El nuevo artilugio se probó el 17 de abril de 1792 (se usó paja, una
oveja y varios cadáveres). Cuando no se consiguió decapitar a un cadáver con un
cuello particularmente grueso después de tres intentos, el doctor Louis elevó
la altura desde la que caía la cuchilla y cambió la forma de ésta, que de tener
una curva convexa pasó a ser una hoja recta con un ángulo de 45 grados. Se
celebró un banquete para dar la bienvenida a «la hija del doctor Guillotin», y
se brindó por la igualdad que traería consigo el insigne proyecto.
La
guillotina fue empleada «con rabia», por decirlo de algún modo, una semana
después, el 25 de abril de 1792, cuando el ladrón y asesino Jacques-Nicholas
Pelletier encontró la muerte.3091 Miles de personas acudieron a ver en acción
el nuevo instrumento, pero fueron muchos los que se sintieron decepcionados: la
ejecución había terminado demasiado rápido.
Ni
el doctor Guillotin ni el doctor Louis hubieran podido prever con qué
frecuencia su dispositivo iba a ser empleado en los siguientes años, o con qué
eficacia iba a golpear por igual a todos los estratos de la sociedad. La
Revolución Francesa de 1789 se recuerda principalmente por lo que Hegel
denominó sus «histéricas secuelas», cinco sangrientos años de terror,
linchamientos y masacres, y por los años de tumultuosas agitaciones políticas
que culminarían finalmente con la dictadura de Napoleón Bonaparte y el comienzo
de veinte años de guerras. La nómina de la gente enviada a la guillotina, a
menudo por las razones más triviales, tiene aún la capacidad de escandalizar:
Antoine Lavoisier, el químico, por haber sido
3091
D. Gerould, The Guillotine: Its Legend and Lore, Blast Books, Nueva York, 1992,
p. 25.
1707 Preparado por Patricio Barros
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recaudador
de impuestos; André Chénier, el poeta, por escribir un editorial que no fue del
gusto de alguien; Georges Danton y Camille Desmoulins, acusados por
Robespierre; Robespierre mismo; así como otros dos mil quinientos que corrieron
igual suerte. Philippe Le Blas, el fiel seguidor de Robespierre, se voló los
sesos, pero incluso así se le llevó a la Place de la Révolution (hoy Place de
la Concorde) y se le decapitó. Los contemporáneos hablaban de «guillotinamanía»
y de «la misa roja» que se celebraba para los «devotos del patíbulo».3092
¿Cuántas lecciones pueden extraerse de semejante locura? El historiador Jacques
Barzun sostiene que muchos de los «revolucionarios» que querían ajustar cuentas
con la monarquía, la nobleza y el clero bajo la pancarta de «libertad,
igualdad, fraternidad» eran gente común pero organizada —abogados, artesanos,
funcionarios y terratenientes locales— que en su mayoría carecían de
experiencia política y administrativa. Pese a que muchos de estos individuos
eran personas educadas, la mayoría podía comportarse como una turba en ciertos
momentos, y ello explica en parte la despiadada montaña rusa en que se
convirtieron los años posteriores a la revolución. En el extranjero, y en Gran
Bretaña en especial, los acontecimientos de la Revolución Francesa se seguían
con auténtico horror.3093
Pero
el legado de este período es mucho más complejo y, desde cierto punto de vista,
más positivo. Un indicio de la seriedad con la que muchos se interesaban por
estos acontecimientos lo constituye el
3092
Ibid., p. 33.
3093
Para otras reacciones a la Revolución Francesa, véase: Barzun, From Dawn to
Decadence, pp.
519
y ss.
1708 Preparado por Patricio Barros
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hecho
de que en el decenio que siguió a 1789, El contrato social de Rousseau se
reimprimiera, por término medio, cada cuatro meses.3094 Además, aunque algunas
de las muchísimas reformas que se introdujeron entonces no perduraron, una
buena cantidad sí lo hicieron. Las universidades y las grandes écoles se
reorganizaron para reducir el poder de la Iglesia, la biblioteca real se
convirtió en la Bibliothèque Nationale, y se creó el Conservatoire, con lo que
la formación de los músicos pasó a ser costeada por el estado.
Una
de las innovaciones más influyentes y duraderas fue el sistema metrodecimal.
Hasta la invención del metro, existían en Francia unas doscientas cincuenta mil
unidades de peso y medida diferentes, una cifra increíble. No obstante, la
unidad de longitud más utilizada era el pied, que, se suponía, medía lo mismo
que el pie del rey, y que tenía otros usos: por ejemplo, el «punto» de imprenta
era un 1/144 de pie. En un contexto revolucionario quizá no había nada más
incendiario que esto, aunque en este caso los acontecimientos de 1789
únicamente precipitaron una reforma de la que se había estado hablando desde
1775, cuando el primer ministro, Turgot, pidió a Condorcet que diseñara un plan
para un sistema de pesos y medidas científico basado en el péndulo de un
segundo. La idea de que la unidad básica de longitud debía ser la distancia que
recorre un péndulo cuando oscila durante un segundo (ésta era la idea de
Talleyrand) se remontaba a Galileo. Sin embargo, esto conllevaba demasiados
problemas, principalmente vinculados al hecho de que la tierra no era una
esfera perfecta ya que se achataba en los polos y se
3094
Ibid., p. 428.
1709 Preparado por Patricio Barros
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abultaba
en el ecuador. Incluso Newton había sido consciente de que la gravedad
terrestre varía ligeramente con la latitud, y no de forma sistemática, por lo
que la oscilación de un péndulo es más errática de lo que se podría pensar. La
siguiente propuesta fue basar la unidad en algún hecho de la naturaleza, y se
optó por recurrir a la circunferencia de la tierra, que, se consideró, era algo
que afectaba a todos por igual. Una comisión calculó que una medida igual a la
circunferencia del planeta dividida por cuarenta millones daría un valor muy
cercano a la aune parisina, una conocida medida de tres pies, muy cómoda a
escala humana.3095 Esta solución resultaría popular, más aún cuando podía
servir de base a un sistema de medidas mucho más racional: un gramo sería el
peso de un centímetro cúbico de agua de lluvia pesado en el vacío a la
temperatura de mayor densidad (4° C); un franco equivaldría a 0,1 gramos de
oro, y sería divisible en cien céntimos. Todo esto terminaría imponiéndose,
excepto en la medición del tiempo: el uso del nuevo calendario que llamaba a
los doce meses de treinta días según la naturaleza (brumario: el mes de la
niebla; termidor, el mes del calor; ventoso, el mes de los vientos) nunca se
popularizó; así como tampoco lo hizo la idea de dividir los días en diez horas
de cien minutos cada una. La gente nunca llegó a acostumbrarse a la idea de que
el mediodía era a las cinco en punto y la medianoche a las diez en punto, y el
sistema terminó siendo ignorado.
3095
Ken Alder, The Measure of All Things: The Seven-Year Odyssey That Transformed
the World, Little Brown/Abacus, Londres, 2002/2004, p. 96.
1710 Preparado por Patricio Barros
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Pero
la importancia del metro va mucho más allá de la medida misma, pues fue ocasión
de un célebre experimento o investigación de siete años, en la que dos hombres,
Jean-Baptiste-Joseph Delambre y Pierre-François-André Méchain, midieron el arco
del meridiano que va de Dunkerque a Barcelona (pasando por París) y
determinaron la longitud exacta de la circunferencia terrestre en la que el
metro había de basarse. La medición condujo a la celebración de un primer
congreso científico internacional en 1799, para examinar en colaboración los
resultados del trabajo de Delambre y Méchain y establecer de forma definitiva
la longitud de la circunferencia de la tierra. Irónicamente, la investigación
cometió una serie de errores que, debido a su importancia, la convirtieron en
una importante etapa en la invención de métodos estadísticos que discutiremos
más adelante en este mismo capítulo.3096 La medida de la circunferencia
terrestre calculada por los dos científicos difiere de los cálculos actuales,
realizados mediante mediciones por satélite, por menos de ocho páginas de este
libro.
Ahora
bien, el aspecto más destructivo del período que siguió a los sucesos de 1789
fue, por supuesto, el Terror y, a continuación, el Directorio y el Consulado.
Para muchos, esto era un indicio de que la revolución sólo había conseguido
reemplazar la antigua opresión por una nueva. Para otros, lo ocurrido
simplemente era una prueba adicional que confirmaba que la verdadera naturaleza
del hombre era salvaje, malvada, vengativa y siniestra, todo lo cual
justificaba la necesidad de autoridades absolutas tanto en el ámbito temporal
como
3096
Ibid., pp. 314-325.
1711 Preparado por Patricio Barros
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en
el espiritual.3097 Una tercera reacción proponía algo diferente. Según ésta, la
revolución estaba fuera de control porque mientras algunos deseaban anteponer
la libertad al orden, otros consideraban que lo prioritario era hacer todo lo
contrario, esto es, establecer el orden por encima de la libertad. ¿Cuál era la
mejor forma de orden si lo que se quería era tener el máximo de libertad? Éste
fue uno de los sentimientos fundacionales que darían origen a la sociología.
Roger
Smith anota que fueron los revolucionarios franceses los que describieron el
cambio como l’art social y que una de las primeras referencias a la science
sociale se encuentra en el folleto del abad Sieyès, ¿Qué es el tercer estado?,
en el que se intentaba identificar qué eran exactamente «los comunes» en
Francia, en oposición a la monarquía, la nobleza o la Iglesia. Para Sieyès así
como para autores posteriores, la science social era de hecho una nueva etapa
en la historia del pensamiento, un paso adelante en la concepción del mundo
secular, ya que consideraba la organización y el orden social sin recurrir a la
agrupación política.3098 Condorcet, que entre otras cosas era secretario
permanente de la Académie des Sciences (y había tenido que esconderse ante la
posibilidad de terminar en la guillotina), adoptó la frase de Sieyès en la
fundación de la Société de 1789, cuya meta era, específicamente, la
reconstrucción social de Francia a través de les sciences morales et
politiques. Aunque la Société no sobrevivió a la muerte de Condorcet en
prisión, el ideal de una ciencia de la sociedad sí lo hizo y tras la reforma de
las
3097
Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 67.
3098
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 423.
1712 Preparado por Patricio Barros
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universidades
y las grandes écoles en 1795, la Classe des sciences morales et politiques del
nuevo Institut National contaba con un departamento denominado Science sociale,
et législation.3099
Que
la science sociale se popularizara en Francia no resulta sorprendente en
absoluto. Después de la revolución, la nación francesa había dejado de
componerse de «súbditos» para estar conformada por «ciudadanos», lo cual, se
pensaba, implicaba aprender una nueva forma de vida en común. El hecho de que
tanto los ciudadanos de izquierda o de derecha (términos que se usaron por
primera vez en relación a la disposición de los escaños en la asamblea
constituyente después de 1789) sintieran la necesidad de algo nuevo hacía esto
más acuciante.3100
Si
Sieyès y Condorcet fueron los primeros que acuñaron el término «ciencia
social», el primer científico social digno de este nombre fue, al menos en lo
que respecta a Francia, Claude-Henri de Saint-Simon (1760-1825). Éste había
luchado en la guerra de independencia de Estados Unidos y, por tanto, conocía
muy bien cómo la joven república estaba usando las ideas de la Ilustración para
impulsar la democracia, la ciencia y el progreso, y al igual que muchos otros
franceses de su generación, estaba al tanto de los recientes avances en
matemáticas y ciencias naturales. El contraste que advertía entre el progreso
constante del conocimiento y la locura y falta de rumbo de las maniobras de los
políticos lo empujaron hacia la science sociale. El desarrollo de las ciencias,
y el optimismo general que éste
3099
Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 218.
3100
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, pp. 423-424.
1713 Preparado por Patricio Barros
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traía
consigo, lo llevaron a introducir el término «positivo» para describir aquellas
actividades del hombre que por fin habían conseguido prescindir de toda
dependencia de las explicaciones metafísicas. Pensaba que tras la revolución
las ciencias del hombre se volverían cada vez más positivas, en especial si la
fisiología continuaba progresando de la manera en que lo estaba haciendo.
Saint-Simon creía que era posible descubrir regularidades y patrones en «las
condiciones concretas de la vida social tales como el clima, la salud, la dieta
y el trabajo». Y estaba convencido de que la vida poseía una organización que
no tenía ninguna relación con la política (ni con la teología). Según
Saint-Simon, la medicina ofrecía la mejor metáfora para la organización de la
sociedad, y la fisiología en particular. Y empezó por preguntarse si era
posible que existieran leyes que gobernaran el comportamiento social, que él y
sus contemporáneos ignoraban de la misma forma en que antes se desconocía el
principio de la circulación de la sangre.3101
No
obstante, si las ciencias sociales, en tanto nueva forma de pensar y nueva
teoría sobre el orden humano, emergieron originalmente en Francia, fue la veloz
industrialización de Inglaterra, y en particular la masiva migración del campo
a las ciudades que la acompañó, la que hizo evidente por primera vez la
necesidad práctica de este nuevo desarrollo. Entre 1801 y 1851 la población de
Inglaterra y Gales prácticamente se duplicó, al pasar de diez millones y medio
de habitantes a 20,8 millones, sin embargo, el crecimiento de las
3101
Saint-Simon consideraba que la sociedad estaba compuesta de nobles, industriels
y «clases bastardas». En otras palabras, sentía un saludable desprecio por la
burguesía. Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 68.
1714 Preparado por Patricio Barros
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ciudades
en el mismo período fue en todo sentido desproporcionado. Birmingham pasó de
tener 71 000 habitantes a tener 233 000, un incremento del 328 por 100;
Glasgow, de 84 000 a 329 000, un aumento del 392 por 100; y Manchester/Salford
experimentó un espectacular salto del 422 por 100, al pasar de 95 000
habitantes a 401 000.3102 Un crecimiento de semejante magnitud no podía dejar
de tener consecuencias tremendas, las peores de las cuales estaban relacionadas
con la falta de alojamientos adecuados, la superpoblación en las fábricas, la
crueldad del trabajo infantil, lo primitivo e inadecuado de los servicios
sanitarios y las enfermedades asociadas con ello. Cientos de miles de
trabajadores, si no millones de ellos, vivían hacinados en edificaciones afeadas
por el hollín y el humo procedentes de los altos hornos, que carecían incluso
de las instalaciones más básicas. Las condiciones eran tan precarias que toda
una región, entre Birmingham y Stoke, se conocía como «el País Negro».3103
John
Marks ha recopilado varios relatos sobre los horrores del trabajo infantil y
las enfermedades. «Grandes cantidades de niños pobres eran entregadas a los
patronos desde los siete años de edad para que trabajaran durante doce horas al
día, incluso los sábados, bajo el control de supervisores que con frecuencia
los azotaban. En ocasiones se los hacía trabajar durante catorce o quince horas
al día, seis días a la semana, y teniendo que dedicar las horas de la comida a
limpiar la maquinaria… He aquí parte de las pruebas
3102
John Marks, Science and the Making of the Modern World, Heinemann, Londres,
1983, p. 196.
3103
Ibid., p. 197.
1715 Preparado por Patricio Barros
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proporcionadas
al comité gubernamental sobre el trabajo de los niños en las fábricas entre
1831 y 1832: “¿A qué hora de la mañana, en tiempo fresco, iban estas niñas a la
fábrica?”. “En tiempo fresco, durante unas seis semanas, entraban a las tres de
la mañana y terminaban a las diez o diez y media de la noche”. “¿Qué
intermedios para descansar o refrescarse tuvieron durante esas diecinueve horas
de trabajo?”. “Para el desayuno, un cuarto de hora, y para cenar, media hora, y
otro cuarto de hora para beber”. “¿Se dedicó parte de ese tiempo a limpiar la
maquinaria?”. “Por lo general tenían que hacer lo que denominan secado; algunas
veces ello les llevaba todo el tiempo que tenían para desayunar o beber,
tomaban su cena o su desayuno lo mejor que podían, y si no lograban terminarlo
se lo llevaban a casa”».3104 Desde 1819, se aprobaron en el Parlamento leyes
que pretendían limitar tales excesos pero éstas nunca fueron lo suficientemente
lejos y las condiciones de trabajo de los niños continuaron siendo lamentables.
Bajo
este sistema, los niños quedaban tan agotados que con frecuencia los adultos
supervisores tenían que sacudirlos en las mañanas para conseguir que se
despertaran y luego vestirlos. «En algunas de las minas las condiciones eran
aún más duras: se empleaba a los niños desde los cuatro años para que se
encargaran de abrir y cerrar las trampas de ventilación. Tenían que sentarse
durante horas en pequeños nichos excavados en el carbón en los que, en palabras
de un comisionado, trabajaban “en un confinamiento
3104
Ibid., pp. 198-199.
1716 Preparado por Patricio Barros
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solitario
del peor orden”».3105 No es una sorpresa, por supuesto, que semejante situación
hubiera disparado las tasas de mortalidad de forma alarmante, entre otras
razones porque los niños se quedaban dormidos y caían dentro de la maquinaria.
Y ésa, al menos, era una muerte rápida. Dadas las precarias condiciones
sanitarias en las que se vivía, eran muchas las enfermedades que se propagaban
entre la población, en especial la trinidad compuesta por la tuberculosis, el
cólera y el tifus.3106
Dickens
y otros autores escribieron sus «novelas industriales», Robert Owen y otros
hicieron campaña para impulsar cambios en las leyes, pero la primera persona
que pensó que la industrialización era un problema que podía ser estudiado de
forma sistemática fue el francés Auguste Comte (1798-1857). Comte, que
destacaba físicamente por sus piernas inusualmente cortas, tuvo una infancia
excepcional en el sentido en que creció en una familia compuesta exclusivamente
de mujeres, lo que parece haber ejercido un importante efecto sobre su
personalidad, pues durante toda su vida tuvo problemas con las mujeres y vivió
siempre preocupado por aquellos menos afortunados que él. Hijo de un
funcionario público, Comte ingresó en la École Polytechnique de París, entonces
muy conocida por la formación que ofrecía en ciencia e ingeniería, y se dedicó
al estudio tanto de la revolución industrial como de la Revolución Francesa. En
esta
3105
Ibid.
3106
Charlotte Roberts y Margaret Cox, Health and Disease in Britain: From
Prehistory to the Present Day, Sutton, Stroud (Inglaterra), 2003, pp. 338-340.
Roy Porter señala que no debemos equiparar la tuberculosis con la consunción,
ya que esta última denominación a menudo se aplicaba al asma, el catarro, etc.
Roy y Dorothy Porter, In Sickness and in Health: The British Experience,
1650-1850, Fourth Estate, Londres, 1988, p. 146.
1717 Preparado por Patricio Barros
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institución
Comte descubrió la meta de su vida: «aplicar los métodos de las ciencias
físicas a la sociedad».3107 Comte entendió que la sociedad en la que vivía
estaba cambiando en un sentido fundamental, ya que lo que él denominaba valores
«teológicos» y «militares» estaban siendo reemplazados por un mundo de valores
«científicos» e «industriales». En tal mundo, decía, los industriales ocupaban
el lugar de los guerreros, y los científicos el de los sacerdotes. Los
científicos sociales «al administrar la armonía humana, desempeñan en el nuevo
orden social básicamente la función del sumo sacerdote».3108
Entre
1817 y 1824, después de su época en la École Polytechnique, Comte se convirtió
en secretario de Saint-Simon. Tras pelearse (debido a que Comte sentía que
Saint-Simon no le había dado todo el crédito que merecía en un ensayo que
publicó), el secretario emprendió su propio camino en solitario. Comte creía
muchísimo en la idea de fases y en su libro Cours de Philosophie Positive
(Curso de filosofía positiva) sostuvo que tanto la humanidad como la ciencia
atravesaban tres etapas.3109 En primer lugar estaba la etapa teológica, en la
que la gente atribuía los fenómenos a un dios; en segundo lugar, la etapa
metafísica, en la que los humanos atribuían las causas a fuerzas o formas
abstractas; y en tercer lugar, la que denominaba etapa positiva, en la que la ciencia
«abandona la búsqueda de causas últimas» y en lugar de ello se preocupa por
3107
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 427. Boorstin, Seekers, p.
222.
3108
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 201.
3109
Sobre la ruptura entre Comte y Saint-Simon, véase: Mary Pickering, Auguste
Comte: An Intellectual Biography, Cambridge University Press, Cambridge
(Inglaterra), 1993, pp. 192 y ss.
1718 Preparado por Patricio Barros
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identificar
regularidades y secuencias predecibles en «los fenómenos observables». Su idea
era que la humanidad había realizado progresos sistemáticos en las principales
ciencias: las ciencias físicas en el siglo XVII, y las ciencias de la vida en
el siglo XVIII, así como en su propia época, comienzos del siglo XIX. Desde ese
momento, proponía, las ciencias y en particular las ciencias de la vida
estarían a la vanguardia del progreso de la civilización.3110 Comte daba a las
ciencias de la vida el nombre de «física orgánica», disciplina que dividía en
fisiología y física social, a la que luego denominaría sociología, un
neologismo acuñado por él. La física social, afirmaba, se diferenciaba
claramente de la fisiología, pues «tiene su propio objeto, las regularidades
del mundo social, que no pueden describirse en términos de ninguna otra
ciencia».3111 El propósito deliberado de Comte era, específicamente, reemplazar
la filosofía política por la sociología, algo que consideraba «inevitable», ya
que esta última constituía una base menos partidista sobre la que fundar la
armonía social e incluso la moral. Los fenómenos sociales, decía, eran iguales
a todos los demás fenómenos en el sentido de que obedecen a sus propias leyes
naturales invariables. No obstante, distinguía entre dos formas de sociología:
la forma «estática», que estudiaba las leyes que gobiernan la organización de
la sociedad y producen orden y moral; y la forma «dinámica», que estudia las
leyes que gobiernan el cambio.3112
3110
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 429.
3111
Ibid., p. 430.
3112
Pickering, Auguste Comte, pp. 612-613 y 615.
1719 Preparado por Patricio Barros
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A
partir de aquí Comte se extravió en buena medida. Su obsesión con el orden
social, sumada a su desdeñosa opinión de la religión organizada (por no hablar
de una apasionada aventura amorosa), lo llevaron a intentar proponer su propio
nuevo orden social en forma de nueva religión, la cual tendría como objetivo
«vivir en amor según las bases del conocimiento positivo». A Comte le
encantaban los rituales religiosos, que, pensaba, contribuían a crear la
armonía social, pero las instituciones que se fundaron en su nombre tenían muy
poco de «positivo». En realidad, éstas fueron ante todo réplicas de la Iglesia
católica excepto por el hecho de que el objeto de veneración era el amor a la
humanidad.3113 De esta manera, Comte desvió y dilapidó sus enormes energías
creativas. Esto lastró la maduración de su sistema de física social, que en
última instancia fracasó en dos aspectos claves: en primer lugar, no había en
él espacio para la psicología, esto es, para la motivación individual; en
segundo lugar, su obsesión por el orden y el modo de alcanzarlo era tal que
pasó por alto la función del conflicto en la sociedad, la cruda realidad del
poder. Un vacío que Marx se encargaría de llenar.3114 Inglaterra contó con su
propio Comte en la persona de Herbert Spencer (1820-1903), quien al igual que
el francés estaba muy influido por las ciencias duras y la ingeniería. En el
caso de Spencer esto tenía mucho que ver con el hecho de haber crecido en
Derby, un nudo ferroviario del centro de Inglaterra (su primer trabajo fue precisamente
en una compañía ferroviaria). Pero Spencer se
3113
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 431.
3114
Comte tenía una opinión muy elevada de sus logros y hacia el final de su vida
firmaba: «El fundador de la Religión Universal, Gran Sacerdote de la
Humanidad».
1720 Preparado por Patricio Barros
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diferenciaba
de Comte en un aspecto fundamental: mientras el objetivo del francés era, en
última instancia, que la sociología pudiera influir en las políticas
gubernamentales, la preocupación central del inglés era que la sociología
demostrara que el gobierno «debía interferir tan poco como fuera posible en los
asuntos humanos». Spencer era un admirador de Adam Smith y Charles Darwin, y
adaptó las ideas de ambos pensadores para proponer la idea de que la sociedad
era una organización de complejidad creciente en la que, al igual que en las
fábricas, resultaban necesarias la diferenciación estructural y la
especialización de funciones. Esto era fundamental porque, en su opinión, una
estructura semejante haría a las sociedades más aptas en un sentido darwiniano.
Según pensaba, la evolución ocurría a todos los niveles de la sociedad, lo que
tenía como consecuencia «la supervivencia del más apto» (la frase es suya, si
bien sólo había comprendido a medias la teoría de la selección natural) y la
«erradicación» de los pueblos menos capaces de adaptarse. Este enfoque
recibiría el nombre de darwinismo social.3115
Spencer
fue mucho más popular que Comte, al menos en Gran Bretaña y Estados Unidos,
donde su libro más famoso, The Study of Sociology (1873), se publicó tanto en
un volumen único como por entregas en la prensa. Una de las razones para su
popularidad fue el hecho de que Spencer supo decir a las clases medias
victorianas lo que éstas querían oír, a saber, que el esfuerzo moral individual
era el motor del cambio y que, por tanto, la sociología respaldaba las ideas
3115
Véase: «The vogue for Spencer», en Richard Hofstadter, Social Darwinism in
American Thought, Beacon Books, Boston, 1944/1992, pp. 31 y ss.
1721 Preparado por Patricio Barros
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de
la economía del laissez-faire y de la mínima intervención del gobierno en los
ámbitos de la industria, la salud y el bienestar. Durante el curso del siglo
XIX, la sociología alemana se puso a la par de la francesa e inglesa y luego
las superó a ambas. Tras los horrores del estalinismo y las penosas condiciones
de vida de muchos países de Europa oriental durante la guerra fría (por no
hablar de China), el nombre de Karl Marx (1818-1883) tiene demasiadas
connotaciones. Aunque antes hemos discutido sus teorías políticas (véase el
capítulo 27), aquí nos interesan sus ideas como sociólogo, que para muchos
resultan igualmente relevantes. En el ámbito de la sociología, el pensamiento
de Marx se centra en sus conceptos de alienación e ideología, a los que también
nos hemos referido antes, si bien una breve recapitulación nos será de gran
utilidad.3116 El concepto de alienación alude al hecho de que la vida de las
personas y su propia imagen pueden verse determinadas y con frecuencia dañadas
por sus condiciones materiales de trabajo. «Quienes trabajan en las fábricas»,
decía Marx, «se convierten en meros trabajadores fabriles», con lo que quería
decir que los obreros sentían que no tenían control sobre sus vidas y, con
frecuencia, tenían que trabajar por debajo de sus capacidades. Por «ideología»
Marx entendía las visiones del mundo imperantes que la sociedad interpretaba de
forma inconsciente como «naturales», lo que hacía a la gente pensar, por
ejemplo, que nada podía hacerse para cambiar el estado de cosas vigente o que
nada podía mejorarse. Otra idea sociológica de Marx era la que distinguía entre
la «base» y la «superestructura» de la sociedad. En su opinión,
3116
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 438.
1722 Preparado por Patricio Barros
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las
condiciones de producción constituían la base, la realidad básica de la
sociedad, mientras que las instituciones (las leyes, la administración pública
o la Iglesia, por ejemplo) conformaban la superestructura. Para Marx, la
economía y no la psicología era la ciencia humana fundamental, una postura con
la que dio origen a una nueva forma de pensar los asuntos humanos, preocupada
por la relación entre las creencias o saberes, o instituciones sociales, y el
funcionamiento del poder. «Mientras los pensadores de la Ilustración y los
liberales del siglo XIX empezaban sus reflexiones desde una idea de la
naturaleza humana, Marx invirtió la ecuación y buscó explicar la naturaleza
humana a partir de factores históricos y económicos».3117
Aunque
hoy puede parecernos sorprendente, la verdad es que, en un principio, Europa
occidental no asimiló las ideas de Marx hasta finales del siglo XIX (Harold
Perkins afirma que el marxismo apenas se conocía en Inglaterra antes de la
década de 1880). En un comienzo, las ideas de Marx despertaron más interés en
Rusia, que entonces era un país muy atrasado, tanto en términos políticos como
sociales, y donde la gente había empezado a preguntarse si tal situación podía
superarse con un gran salto o si, en cambio, sería necesario atravesar
distintas reformas, revoluciones y renacimientos como los que ya había
experimentado Occidente. Marx llamaría la atención de Occidente sólo más tarde,
cuando la violencia de lo ocurrido en Rusia pareciera confirmar sus argumentos.
3117
Ibid., p. 446.
1723 Preparado por Patricio Barros
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Los
otros sociólogos alemanes que contribuyeron a crear la sociología moderna y
cuya influencia en el pensamiento del siglo XX fue determinante fueron Max
Weber, Ferdinand Tönnies y Georg Simmel. Como en el caso de Marx, las teorías
de Weber eran predominantemente económicas, pero también debían algo a Comte y
es probable que Weber fuera el primer alemán que se refirió a sí mismo como un
sociólogo. (Referirse a la sociedad como «sociedad» no fue algo común antes de
finales del siglo XIX. La gente se refería a la «sociedad política», a la
«sociedad salvaje» y demás, pero no a algo más abstracto.3118)
La
principal preocupación entre los sociólogos alemanes era la «modernidad»: en
qué sentido la vida moderna difería del pasado en términos sociales, políticos,
económicos, psicológicos, económicos y morales. Esta idea era particularmente
importante en Alemania debido a la unificación formal del país el 1 de enero de
1871. La obra de Max Weber puede leerse en su totalidad como un intento de
identificar qué era lo que distinguía a la civilización occidental moderna, sin
embargo, cómo señala Robert Smith, ésta es una preocupación que compartían
todos los primeros sociólogos. He aquí la tabla que propone Smith:
Herbert
Spencer: la modernidad implica un cambio de una sociedad predominantemente
militante [militar] a una sociedad industrial; Karl Marx: el cambio fue del
feudalismo al capitalismo;
3118
L. A. Coser, Masters in Sociological Thought: Ideas in Historical and
Sociological Context, Harcourt Brace, Nueva York, 1971, p. 281. Harold Perkin,
The Rise of Professional Society: England Since 1880, Routledge, Londres y
Nueva York, 1989/1990, p. 49.
1724 Preparado por Patricio Barros
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Henry
Maine (sociólogo y antropólogo británico, cuya obra más famosa, El derecho
antiguo, adopta un enfoque evolutivo): estatus → contrato; Max Weber: autoridad
tradicional → autoridad racional-legal; Ferdinand Tönnies: Gemeinschaft
(comunidad) → Gesellschaft (asociación).3119
Weber
pensaba que el desarrollo de la ciencia social ayudaría al recién unificado
estado alemán a analizar y aclarar cuáles eran exactamente «las condiciones
económicas y sociales modernas ineludibles». El pensador formaba parte del
grupo de académicos (compuesto predominantemente por historiadores económicos)
que en 1872 fundó la Verein für Sozialpolitik (Asociación para la Política
Social) cuya meta era precisamente ésta, investigar los vínculos entre las
condiciones sociales y la industrialización.3120 Desde su punto de vista, los
miembros de la Verein pensaban que Alemania se enfrentaba a un dilema. Estaban
de acuerdo en que el Segundo Reich, en el que vivían y trabajaban, no tenía
otra opción que aceptar la industrialización, pero al mismo tiempo no creían
que la economía industrial fuera a satisfacer a todos de igual manera. Por esta
razón, recomendaron al gobierno que desarrollara políticas que reflejaran esta
realidad, como la creación de un sistema de seguridad social que aliviara la
pobreza de la clase trabajadora.3121
Dentro
de la sociología, Weber fue un erudito. En un principio empezó escribiendo
historia económica, luego realizó una investigación sobre
3119
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 555.
3120
Sobre los «encendidos» debates que tuvieron lugar en el interior de la Verein,
véase: Hawthorn, Enlightenment and Despair, pp. 147 y ss.
3121
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 556.
1725 Preparado por Patricio Barros
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la
depresión agrícola en Prusia en la década de 1880, antes de dedicarse a un
aspecto diferente de la historia, las antiguas religiones de Israel, la India y
China, lo que le aportó una perspectiva comparativa desde la cual examinar el
(moderno) desarrollo económico occidental.3122 Esto concede autoridad adicional
a su obra más conocida, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que
apareció en 1904. En esta obra, Weber se propuso explicar que «en el mundo
moderno, el desarrollo económico crucial, esto es, el capitalismo, fue en
primer lugar una empresa llevada a cabo por protestantes, incluso en los países
católicos».3123 Además, estos protestante no estaban necesariamente interesados
en la creación de riqueza en cuanto tal o en los lujos a los que el dinero
permite acceder, sino que veían el trabajo ante todo como una obligación moral,
una vocación (Beruf), la mejor forma de cumplir con el propio deber ante Dios.
En efecto, mientras para los católicos el ideal más elevado era la purificación
de la propia alma a través de la contemplación y el retirarse del mundo (como
ocurre con los monjes), para los protestantes lo importante era prácticamente
lo opuesto: la realización era resultado del ayudar a otros.3124
Aunque
era un hombre apasionadamente político, Weber ansiaba tanto como Comte que la
sociología consiguiera proponer «hechos libres de juicios de valor» sobre la
sociedad, esto es, descripciones independientes de los valores personales o
colectivos de los científicos
3122
Ibid., pp. 556-557.
3123
Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 157.
3124
Anthony Giddens, Introducción a Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit
of Capitalism, Routledge, Londres y Nueva York, 1976, p. IX.
1726 Preparado por Patricio Barros
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que
realizan la investigación. Al mismo tiempo, Weber se esforzó especialmente por
señalar que la ciencia no podía ofrecernos valores ni decirnos cómo debemos
vivir, y que lo único que podía proporcionarnos eran nuevos conocimientos,
hechos, para ayudarnos a decidir cómo debemos vivir. Pensaba que el hecho más
sobresaliente del mundo moderno era que implicaba desencanto. En el mundo
moderno, decía, «los dioses no tienen ni pueden tener cabida».3125 Para Weber,
la modernidad implicaba racionalidad, la organización de todas las cuestiones a
partir de la trinidad de la eficacia, el orden y la satisfacción material. En
su opinión, esto se lograba mediante las instituciones legales, comerciales y
burocráticas que, de forma creciente, controlaban las relaciones entre los
seres humanos. El problema, desde su punto de vista, era que la sociedad
comercial e industrial, cualesquiera que sean los beneficios que conlleva,
llena de desencanto nuestras vidas y acaba con la posibilidad de que la
humanidad pueda tener un «propósito espiritual».3126 Según Weber, no había nada
que pudiera hacerse al respecto: el desencanto había llegado para quedarse y
había que aprender a vivir con él.
Un
último argumento de Weber era que las nuevas ciencias humanas, de las cuales la
sociología formaba parte, eran básicamente diferentes de las ciencias
naturales. Mientras resulta posible «explicar» los sucesos naturales en
términos de la aplicación de leyes causales, la conducta humana es
«intrínsecamente significativa» y ha de ser
3125
Reinhard Bendix, Max Weber: An Intellectual Portrait, Heinemann, Londres, 1960,
p. 70. Sobre
las
opiniones políticas de Weber, véase: Hawthorn, Enlightenment and Despair, pp.
154-155.
3126
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, pp. 561-562.
1727 Preparado por Patricio Barros
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«interpretada»
o «comprendida» en un sentido en el que no puede serlo la naturaleza.3127 Esta
dicotomía weberiana ha mantenido su vigencia y pertinencia hasta nuestros días.
Apenas
menos influyente que esta dicotomía, en la época al menos, fue la distinción
propuesta por Ferdinand Tönnies (1855-1936). En 1887, Tönnies sostuvo que las
sociedades premodernas se fundaban en la Gemeinschaft (comunidad), mientras que
las sociedades modernas se fundaban en la Gesellschaft (asociación). Las
comunidades en el sentido tradicional crecen de forma orgánica y poseen un
conjunto de valores «sagrados» (y en su mayoría imposibles de cuestionar) que
comparten todos sus miembros. Las sociedades del mundo moderno, por su parte,
están organizadas de forma más racional y científica y se sustentan en
burocracias. Según Tönnies, la consecuencia de esto es que hay algo de
artificial y arbitrario en las sociedades modernas que resulta inevitable, y que
no hay nada que garantice que quienes están vinculados a ellas compartan sus
valores. El arte moderno expresó con frecuencia esta concepción (véase el
capítulo 36).
El
cuarto gran sociólogo alemán del siglo XIX fue Georg Simmel, que en 1903
publicó el famoso ensayo «La metrópolis y la vida mental», en el que explicaba
que «la intensificación de la vida emocional, resultado del constante y veloz
cambio de estímulos internos y externos, constituye la base psicológica sobre
la que se erige la individualidad metropolitana».3128 Para Simmel, que fue
maestro de
3127
Giddens, Introducción a Max Weber, The Protestant Ethic, pp. IX y ss.
3128
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 563.
1728 Preparado por Patricio Barros
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Karl
Mannheim y Georg Lukács, las vastas ciudades que habían surgido en el siglo XIX
(metrópolis, no ciudades universitarias medievales) eran un nuevo tipo de
espacio, con importantes implicaciones para las interacciones humanas, «un
espacio que al mismo tiempo excita y aliena… un lugar que promueve la atrofia
de la cultura individual a través de la hipertrofia de la cultura
objetiva».3129 Si la primera frase evoca la ciudad que los impresionistas
intentaron pintar, ello explica por qué en Berlín se conocía a Simmel como «el
Manet de la filosofía». Su otra idea influyente fue su distinción entre cultura
«objetiva» y «subjetiva». Cultura objetiva era para Simmel lo que nosotros
llamaríamos «alta cultura», aquello que Matthew Arnold describía como lo mejor
que se ha pensado, escrito, compuesto y pintado. Esta cultura era objetiva en
el sentido de que estaba «ahí afuera», en formas concretas que cualquiera podía
ver, escuchar o leer, y Simmel pensaba que la forma en que la gente se
relacionaba con este «canon» de obras era la mejor manera en que podía
definirse una sociedad o cultura. Por otro lado, Simmel sostenía que en la
«cultura subjetiva» el individuo buscaba «realizarse» no en relación a una
cultura exterior, «ahí afuera», sino a través de sus propios recursos. En esta
cultura subjetiva es nada o muy poco lo que se comparte. Simmel pensaba que el
ejemplo clásico de cultura subjetiva era la cultura de los negocios, en la que
cada quien estaba concentrado en su propio proyecto particular. En un mundo
semejante, cada quien puede sentirse más o menos satisfecho con su suerte sin
advertir la insatisfacción colectiva, que se
3129
Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 186.
1729 Preparado por Patricio Barros
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manifestaba
como alienación. En 1894 Simmel se convirtió en la primera persona que impartió
un curso llamado específicamente sociología.3130
Simmel
nos devuelve a Francia, pues su homólogo allí era Émile Durkheim (1858-1917).
Hijo de un rabino de Lorena, Durkheim era judío y provinciano y, por tanto,
doblemente marginal, algo que quizá le haya beneficiado en sus observaciones.
Desde 1789 Francia había atravesado varios períodos turbulentos, como la
revolución de 1848 y la guerra franco-prusiana y el sitio de París, de
1870-1871, y ello hizo que Durkheim estuviera siempre interesado en el problema
de la estabilidad social, de qué condiciones la promueven y cuáles la
destruyen, y de qué factores proporcionan a los individuos una idea de
propósito que los haga ser honestos y optimistas.3131
Desde
un punto de vista profesional, Durkheim se benefició de toda una avalancha de
cambios en la educación superior francesa. Tras el asedio y la comuna, los
republicanos franceses y los monárquicos católicos habían luchado por hacerse
con el control, en especial en el ámbito educativo, un enfrentamiento del que
los republicanos emergerían finalmente victoriosos. Entre sus prioridades
estaba la reforma de las universidades, en las que se crearon departamentos de
investigación científica siguiendo el modelo alemán. Estos cambios favorecieron
a Durkheim, que hacia 1887 era catedrático en la Universidad de Burdeos, en la
que ofrecía un nuevo curso: «ciencia
3130
David Frisby, Georg Simmel, Tavistock Publications, Londres, 1984, p. 51.
3131
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 546.
1730 Preparado por Patricio Barros
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social».3132
Y por tanto, cuando las autoridades reestructuraron Burdeos, así como las demás
universidades, estaba en la posición perfecta para aprovechar el cambio e
inventar (al menos en Francia) la nueva disciplina de la sociología. Consciente
de que era su oportunidad, Durkheim se movió con rapidez y escribió un manual
sobre la materia y dos obras sobre temas más puntuales pero también más
polémicos: La división social del trabajo (1893) y El suicidio (1897). Un año
después de la publicación de esta última obra, creó una revista, L’année
sociologique. En 1902 se le ascendió a la Sorbona.
El
suicidio, su obra más conocida, aborda un tema que, como señala Roger Smith, no
parece a primera vista ser asunto de la sociología.3133 El suicidio parecería
ante todo ser una cuestión íntima, privada, subjetiva (Gide argumentaría más
tarde que el suicidio era en principio inexplicable). Pero lo que Durkheim
quería mostrar era, precisamente, que la psicología tenía una dimensión
sociológica. En la primera parte de su libro, por ejemplo, usaba la estadística
para mostrar que las tasas de suicidio variaban en función de si se era
católico o protestante, si se vivía en el campo o en la ciudad. Esto era algo
que nunca antes se había hecho y la gente quedó impresionada por sus hallazgos.
Sin embargo, estas variables obvias no satisfacían por completo a Durkheim, que
pensaba que había características sociales menos tangibles que eran igualmente
importantes, lo que le llevó a distinguir entre el suicidio egoísta, altruista,
anómico y
3132
Ibid. Véase: Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 122, sobre los vínculos
con el pragmatismo (véase el capítulo 34 de este libro).
3133
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 547.
1731 Preparado por Patricio Barros
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fatalista.
Durkheim describió el egoísmo como «una medida del fracaso de una sociedad para
convertirse en centro de los sentimientos del individuo».3134 En una sociedad
en la que tales fracasos son evidentes, una alta proporción de la población
carece de rumbo y no se encuentra integrada. Por «anomia» entendía una medida
general de la ausencia de normas en la sociedad, lo que implicaba que la gente
llevaba una vida carente de regulación, lo que tenía numerosos efectos
colaterales como la elevada criminalidad. Durkheim, por tanto, estaba
argumentando que la sociedad era una entidad, algo que existía de hecho, y que
había fenómenos sociales, como el egoísmo o la anomia, que tenían una
existencia fuera de los individuos y que no podían ser reducidos a las descripciones
que de ellos ofrecían la biología o la psicología.3135
Otro
de los logros de Durkheim en su defensa de la necesidad de una aproximación
sociológica a la naturaleza humana fue el de haber puesto los cimientos de una
medicina sociológica, lo que en la actualidad llamamos epidemiología. Él, por
supuesto, no fue el único que lo hizo: los estados alemanes, así como Austria y
Suecia habían empezado a recopilar datos con este objetivo desde el siglo
XVIII. Pero además, la medicina social, la epidemiología, nació también en las
grandes ciudades industriales en las que la población tenía que realizar
grandes esfuerzos para lidiar con problemas y experiencias sin precedentes,
algunos de los cuales estaban relacionados con la
3134
Steven Lukes, Emile Durkheim: His Life and Work, Allen Lane The Penguin Press,
Londres, 1973, pp. 206 y ss. [Hay traducción castellana: Emile Durkheim. Su
vida y su obra: estudio histórico-crítico, Centro de Investigaciones
Sociológicas, Madrid, 1984].
3135
Ibid., p. 207, sobre la diferencia entre egoísmo, anomia y altruismo.
1732 Preparado por Patricio Barros
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higiene.
En Gran Bretaña, uno de los primeros que consiguió realizar avances notables en
este campo, y quien, en ese sentido, se convirtió en modelo para otros, fue sir
John Snow, que estudió el cólera desde un punto de vista estadístico y
sociológico. En 1854, hubo en Londres un terrible brote de cólera que en menos
de diez días había provocado la muerte de más de quinientas personas. Al
examinar las listas de personas fallecidas y afectadas, Snow advirtió que la
mayoría de los casos habían ocurrido en las cercanías de Broad Street. «A
través de entrevistas a miembros de las familias de los fallecidos, Snow
consiguió identificar un único factor común, a saber, la bomba [de agua] de
Broad Street, de la que todas las víctimas habían llegado a beber. El que en el
asilo para pobres local, ubicado también en la zona de Broad Street, sólo unos
cuantos internos hubieran contraído el cólera, y el hecho de que todos ellos lo
hubieran contraído antes de haber ingresado en el centro, ofrecía una prueba
adicional que confirmaba su intuición. Snow propuso la hipótesis de que el agua
del asilo procedía de un pozo separado, y así era… Snow obtuvo su recompensa
por esta cuidadosa investigación cuando, convencido de que las aguas
contaminadas de la bomba de Broad Street eran la causa del brote de cólera,
consiguió persuadir a las autoridades de que la cerraran». Aunque sus efectos
no fueron inmediatos, esto acabó con el brote y el episodio se convirtió luego
en una leyenda. Lo que hace a la investigación de Snow todavía más inusual es
el hecho de que el bacilo del cólera no había sido aún descubierto (lo haría
Robert Koch, unos veintiocho años después).3136
3136
Marks, Science and the Making of the Modern World, p. 208.
1733 Preparado por Patricio Barros
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La
teoría de que los gérmenes eran los causantes de las enfermedades infecciosas
no emergería de forma completa hasta la década de 1880. Por la época en la que
Snow realizó su indagación, Ignaz Semmelweis, un médico húngaro, advirtió que
los casos de fiebre puerperal podían reducirse si los cirujanos se lavaban las
manos antes del parto. En 1865 Joseph Lister fue aún más lejos al defender el
uso del ácido carbólico (fenol) sobre las heridas de los pacientes durante la
cirugía. Sin embargo, la idea de vacunación no surgió hasta que Louis Pasteur
descubrió que podían emplearse versiones débiles de ciertas bacterias para
inmunizar contra las enfermedades que ellas mismas provocaban cuando estaban
dotadas de toda su fuerza, un descubrimiento que pronto se aplicó a la
prevención de un amplio número de enfermedades que entonces proliferaban en la
ciudades: tuberculosis, difteria, cólera.3137
Los
problemas planteados por la urbanización también llevaron a los británicos a
impulsar la creación de un censo decenal, que empezó en 1851. El objetivo de
este proyecto era que proporcionara una base simple pero empírica en que fundar
las decisiones sobre las cuestiones sociales de la Gran Bretaña moderna. A su
vez, el censo estimuló los primeros intentos sistemáticos de evaluar las
dimensiones de la pobreza y de los problemas de vivienda. Según Roger Smith,
esto «transformó la conciencia moral y política del país».3138
3137
Roberts y Cox, Health and Disease in Britain, p. 537. «The germ theory of
disease», Alexander Hellemans y Bryan Bunch, The Timetables of Science, Simon
& Schuster, Nueva York, 1991, p. 356.
3138
R. Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 535.
1734 Preparado por Patricio Barros
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El
censo fue un reflejo del creciente interés en la estadística. La Asociación
Británica para el Avance de la Ciencia, también ella una organización reciente,
fundada en 1831, creó ese mismo año una sección de estadística. La Sociedad
Estadística de Manchester se fundó dos años después, y la Sociedad Estadística
de Londres al año siguiente. Para entonces ya se daba por sentado que el reunir
información sobre las cifras de mortalidad, la incidencia de crímenes o casos
de locura, o los hechos nutricionales, por ejemplo, serviría de base empírica
para las políticas sociales del gobierno, así como el estudio de la ciencia
social en las universidades. De repente (o así lo pareció) había disponible una
enorme cantidad de datos que describían la vida en Gran Bretaña y otros
lugares. Y fue este simple volumen de datos el que incentivó el desarrollo de
análisis estadísticos complejos que fueran más allá del mero conteo. Los
primeros dos tipos de aproximación estadística se concentraron en la
distribución de las mediciones de cualquier aspecto particular de la vida, por
un lado, y en la correlación entre las mediciones, por otro. Además de tener
implicaciones para las decisiones políticas, estas técnicas tuvieron dos
efectos adicionales: mostraron cómo ciertos fenómenos diferentes tendían a
agruparse, lo que sirvió para plantear nuevas preguntas, y revelaron que las
correlaciones estaban invariablemente lejos de ser perfectas. Dado que las
mediciones variaban (a lo largo de una distribución) empezaron a surgir preguntas
sobre la indeterminación del mundo, una preocupación que
1735 Preparado por Patricio Barros
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se
extendió al siglo XX, cuando se manifestó incluso en ciencias duras como la
física.3139
Una
estadística más formal comenzó con el astrónomo belga L.-A. J. Quetelet
(1796-1874). En 1823 Quetelet había viajado a París para estudiar astronomía y
fue allí donde conoció las teorías sobre la probabilidad concebidas por
Pierre-Simon Laplace, que entonces estaba en sus setentas (murió en 1827). Y es
aquí donde volvemos a la investigación de Delambre y Méchain en su intento de
realizar una medida precisa de la circunferencia terrestre en que basar el
metro. En su libro sobre la investigación, Ken Alder señala que ambos hombres
tenían métodos de trabajo muy diferentes. Delambre escribía todo en tinta, en
cuadernos de páginas numeradas: cualquier error que cometiera podía ser
apreciado con claridad por todos. Méchain, en cambio, utilizaba hojas sueltas,
con frecuencia no más que pedazos de papel, y escribía a lápiz, por lo que sus
notas podían perderse o borrarse. Fueran o no estas técnicas de trabajo
sintomáticas, la cuestión es que cuando los dos hombres compararon sus datos,
Delambre advirtió con claridad que su colega, de forma deliberada, había
alterado muchos de sus datos para que estuvieran de acuerdo con lo esperado.
Una de las razones por las que estas «discrepancias» resultaron evidentes era
que, de hecho, la tierra es un cuerpo mucho más irregular de lo que Méchain
creía, lo que significa que los meridianos varían ligeramente en ciertos puntos
y, por tanto, también lo hace la gravedad, y esto afectaba las plomadas que
ambos investigadores utilizaban. Méchain pensaba que él había
3139
Bernal, Science and History, vol. 4, p. 1140.
1736 Preparado por Patricio Barros
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obtenido
resultados anómalos por haber calculado erróneamente sus lecturas de las
estrellas en sus ejercicios de triangulación. Para entonces la posición exacta
de las estrellas se había convertido casi en un problema clásico, tanto en
astronomía como en matemáticas. En apariencia, determinar la localización
exacta de una estrella (y su movimiento aparente) parece simple, pero en
realidad no tiene nada de simple. Para la época en que Delambre y Méchain
realizaron su investigación se sabía muy bien que, incluso con los últimos
telescopios, determinar la posición exacta de las estrellas distantes era una
tarea difícil, y las observaciones tendían a producir diferentes resultados. En
un principio, se consideró que la media aritmética de estas observaciones era
la «verdadera» respuesta. Luego se descubrió que la gente difería de manera
sistemática en sus lecturas y, por tanto, se crearon equipos de investigadores
para intentar eliminar este sesgo. Sin embargo, muchos matemáticos todavía
estaban lejos de sentirse satisfechos: sentían que las observaciones más
cercanas a la media debían tener más validez, más peso, que las observaciones
que más se alejaban de ella. Esto dio origen a dos importantes desarrollos. En
primer lugar, Adrien-Marie Legendre ideó el método de los mínimos cuadrados,
según el cual, dado un conjunto de observaciones, la mejor era aquella que
«minimizaba el cuadrado del valor de partida de cada dato de la curva».3140
Desde nuestro punto de vista, la cuestión importante aquí es que tras concebir
su teoría, Legendre la probó por primera vez con los datos de Delambre y
Méchain.
3140
Alder, Measure of All Things, p. 322.
1737 Preparado por Patricio Barros
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El
trabajo de Laplace, Quetelet y Legendre fue ampliado por Karl Friedrich Gauss
(1777-1855), quien realizó el segundo avance que debemos mencionar aquí.
Básicamente, las técnicas astronómicas habían mostrado que cuando observaciones
realizadas por astrónomos diferentes se proyectaban sobre un gráfico, éstas
presentaban una «distribución regular». Luego se descubrió que esto se aplicaba
a varios otros fenómenos y, por lo tanto, la expresión se cambió por la de
«distribución estándar». La idea fue refinada aún más en la década de 1890 por
el matemático inglés Karl Pearson (1857-1936), quien introdujo el término
«curva de distribución normal», conocida como la curva (en forma) de campana. Y
ésta fue acaso la idea más influyente de todas, al menos en esa época, porque
la curva de campana fue empleada por Quetelet para crear lo que denominó
l’homme moyen, el hombre medio.3141 Esta noción consiguió despertar la
imaginación de muchos, y escritores, publicistas y fabricantes no tardaron en
empezar a usarla. Además de esto, sin embargo, este descubrimiento parecía
plantear preguntas mucho más importantes en relación a la naturaleza humana.
¿Era el hombre medio el ideal? ¿O era éste simplemente el más mediocre? ¿Eran
quienes se ubicaban a uno y otro extremo de la distribución gente exótica o
degenerada? ¿Representaba l’homme moyen lo que era esencial en el ser
humano?3142
La
gente empezó a comprender que había algo básico, e incluso misterioso, en la
estadística. La noción misma de distribución
3141
Alan Desrosières, The Politics of Large Numbers: A History of Statistical
Reasoning, traducción de Camille Naish, Harvard University Press, Cambridge
(Massachusetts), 1998, p. 75. Ibid., pp. 73-79 y 90-91.3142
1738 Preparado por Patricio Barros
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normal,
de hombre medio, significaba que hasta cierto punto los hombres y las mujeres
se comportaban de acuerdo con la lógica de los números. Por ejemplo, pese a que
cada asesinato en particular era impredecible, las estadísticas de criminalidad
revelaban cierta regularidad, y aun cierta estabilidad de año a año, en el
número de homicidios que se cometían y, más o menos, en los lugares en los que
se cometían. Durkheim había observado el mismo fenómeno en relación al
suicidio. ¿Qué decía todo esto sobre las complejidades de la vida moderna?
¿Debían estos patrones mantenerse ocultos? «La estadística parecía ofrecer los
medios que permitirían estudiar los hechos sociales de manera tan objetiva y
precisa como se estudiaban los hechos físicos, y en este sentido parecía ser la
forma en que la ciencia social, al igual que la ciencia física, descubre leyes
generales». Tales ideas dieron esperanzas a aquellos que creían que «el sistema
competitivo… debía reconstruirse por el bienestar común», que el estado debía intervenir
con miras a, por lo menos, amortiguar el daño inflingido por el industrialismo
despiadado.3143 Ésta era una de las creencias básicas de la Sociedad Fabiana,
fundada en Londres en 1883-1884, y de la Escuela de Economía y Ciencias
Políticas de Londres, en la que se enseñó sociología desde 1903.3144
3143
Lisanne Radice, Beatrice y Sidney Webb, Fabian Socialists, Macmillan, Londres,
1984, p. 55. No todos estaban a favor del nuevo enfoque. En Gran Bretaña, el
nuevo registro de nacimientos, matrimonios y muertes recibió críticas de todos
los bandos. El conteo de nacimientos irritó a la Iglesia de Inglaterra, que
consideraba que no contar los bautismos era mostrar demasiado respeto por los
no conformistas; los unitarios pensaban que llevar las cuentas del número de
personas que se reunían con su creador era de algún modo una muestra de
irrespeto para con Dios; y mucha gente pensaba que el tamaño de su familia era
en cualquier caso una cuestión privada. M. T. Cullen, The Statistical Movement
in Early Victorian Britain, Harvester, Hassocks (Sussex), 1975, pp. 29-30.3144
1739 Preparado por Patricio Barros
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Sin
embargo, como vimos en el capítulo 17, el desarrollo de la medición, el aumento
de la exactitud y el auge del pensamiento cuantitativo, en los siglos XIII y
XIV, fue uno de los factores que condujeron al Occidente moderno, y un paso
adicional en ese sentido fue el que tuvo lugar en tiempos victorianos. Una
última influencia aquí es la que encarnó Edwin Chadwick, quien insistió en una
cuestión en particular: la inclusión de la «causa de muerte» en las encuestas
gubernamentales.3145 Chadwick participó como investigador en dos comisiones
reales (sobre la Ley de Pobres y sobre las condiciones sanitarias de los
trabajadores), y gracias a él, la manía victoriana por los números y las
cuentas quedó consolidada (las estadísticas recopiladas por la comisión sobre
la Ley de Pobres abarcaban quince volúmenes). Uno de los datos más escandalosos
que encontró Chadwick era que de los setenta y siete mil pobres estudiados, no
menos de catorce mil se habían empobrecido por haberse contagiado de
fiebre.3146 Esta correlación identificó un problema que nadie hasta entonces
había pensado que existiera y que, en cierta medida, todavía continúa vigente.
Chadwick estableció y publicó cifras terribles, como la relativa al aumento de
la tasa de mortalidad en las ciudades industriales, que se había duplicado en
un lapso de diez años, y demostró, por ejemplo, que en las zonas pobres había
«un retrete usualmente inaccesible» por cada ciento veinte (sí, ciento veinte)
personas.3147
3145
David Boyle, The Tyranny of Numbers, Harper-Collins, Londres, 2000, pp. 64-65.
3146
Ibid., p. 72.
3147
Ibid., p. 74.
1740 Preparado por Patricio Barros
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Tales
cifras provocaron la indignación de las clases medias victorianas, y
contribuyeron así al desarrollo de la política moderna (por ejemplo, en el
surgimiento del Partido Laborista). Al mismo tiempo, otros victorianos pensaban
que el ansia por contar y medir estaba fuera de control. El historiador G. M.
Young escribió: «Se me ha insinuado que el horario del ferrocarril contribuye a
disciplinar a la gente en general».3148 Pero en una sociedad de masas, las
estadísticas se habían convertido en una necesidad, y lejos de ser un factor de
control, para mucha gente demostraron ser una forma de libertad. Para los
victorianos, las estadísticas resultaban excitantes, tanto en términos
filosóficos (por lo que revelaban sobre las determinaciones e indeterminaciones
de la vida colectiva), como en términos prácticos (por la ayuda que
proporcionaban al gobierno en las nuevas y, con frecuencia, sombrías
metrópolis). En la actualidad, la estadística ha perdido por completo el halo
de misterio que una vez tuvo y para la mayoría de la gente resulta una
disciplina árida, no obstante, la sociedad moderna y en particular la idea de
estado de bienestar sería impensable sin ella.
3148
Alan Desrosières, Politics of Large Numbers, pp. 232 y ss.
1741 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
33
Los
usos y abusos del nacionalismo y el imperialismo
En
1648, más de ciento cincuenta años después del descubrimiento de las Indias y
de América, se firmó finalmente la Paz de Westfalia, con el que terminaba la
guerra de los Treinta Años, que había llegado a un punto muerto tras haber
enfrentado a los países católicos y protestantes por la interpretación que unos
y otros hacían de las intenciones de Dios. En el tratado se acordó que desde
ese momento cada estado tendría la libertad de actuar según sus propias
inclinaciones. Era tantísima la sangre derramada por ideas que nunca habrían
podido demostrarse ciertas en uno u otro sentido, que la «tolerancia por
agotamiento» pareció la única forma de salir adelante.3149 Sin embargo, era
imposible pasar por alto el hecho de que el nuevo estado de cosas había traído
consigo varias consecuencias incómodas. El papado había quedado marginado;
España y Portugal habían perdido poder; y el centro de gravedad de Europa se
había desplazado al norte, hacia Francia, Inglaterra y las ahora independientes
Provincias Unidas.3150 No obstante, para entonces resultaba claro que el mundo
era mucho más grande, más variado y más recalcitrante de lo que los primeros
exploradores habían previsto y esto produjo un cambio en la mentalidad de las
naciones septentrionales, cuya misma existencia había quedado confirmada con el
resultado de la guerra de los Cien Años. En lugar
3149
Schulze, States, Nations and Nationalism, p. 69.
3150
Anthony Pagden, People and Empires, Weidenfeld & Nicolson, Londres, 2001,
p. 89. [Hay traducción castellana: Pueblos e imperios, Mondadori, Barcelona,
2002].
1742 Preparado por Patricio Barros
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de
la conquista abierta de otros pueblos que tanto daño había hecho a la imagen
internacional de España por su infame tratamiento de los «indios» americanos,
las naciones del norte de Europa estaban más interesadas en el tráfico y el
comercio. (Mientras sólo un cuarto de los españoles y portugueses que emigraban
a la Latinoamérica colonial eran mujeres, en el caso de Norteamérica se animaba
a los colonos británicos a llevar consigo a sus mujeres e hijos. Como resultado
de ello, fueron muy pocos los colonos británicos que formaron pareja con
miembros de la población indígena). Este cambio de la actitud «católica»
anterior por la «protestante» estuvo estrechamente vinculado al hecho de que
las nuevas clases mercantiles estaban reemplazando, como principal fuerza
política, a las aristocracias militar y terrateniente tradicionales. Esta
transformación, por tanto, tenía un fundamento intelectual y moral: se creía
que el comercio era una fuerza civilizadora, que humanizaba a ambas partes. «El
comercio no era simplemente un intercambio de bienes, implicaba contacto y
tolerancia».3151
Crucial
en este sentido fue el hecho de que los países protestantes, Gran Bretaña y
Holanda, contaran con una sólida tradición comercial y, asimismo, que
tratándose de países en los que la tolerancia religiosa se había alcanzado no
sin dificultades, no estuvieran interesados en infligir el mismo costo a las
poblaciones que encontraron en tierras distantes. Si estaba en sus manos,
rescatarían a estos pueblos «primitivos» del paganismo, pero éste era un
objetivo
3151
Niall Ferguson, Empire: How Britain Made the Modern World, Allen Lane/Penguin,
Londres,
2003/2004,
p. 63. Véase también: Pagden, People and Empires, p. 92.
1743 Preparado por Patricio Barros
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secundario
de las relaciones comerciales y no emplearían la fuerza para conseguirlo.3152
En
este sentido, Gran Bretaña era ahora más importante que Holanda, ya que contaba
con sus colonias en América y, tras la guerra de los Siete Años con Francia,
había emergido como la principal potencia marítima europea. No obstante, el
conflicto la había endeudado enormemente y fue su intento de solucionar sus
problemas financieros a través del cobro de impuestos en las colonias
americanas, combinado con la negativa del gobierno a conceder a estas colonias
cualquier tipo de representación directa en el parlamento, lo que al final
desencadenaría la guerra de Independencia norteamericana (aunque habría que
señalar que en comparación con los niveles alcanzados en Gran Bretaña, los
impuestos en las colonias de Norteamérica eran bastante bajos).3153 Si bien éste
no era un resultado previsible, para mucha gente, tanto en Gran Bretaña como en
otros lugares, resultaba demasiado claro que la colonización nunca funcionaría
a largo plazo. La experiencia había mostrado que o bien las colonias se volvían
dependientes y se convertían en un lastre para la metrópoli, o bien buscaban la
independencia tan pronto advertían indicios de que podían ser económicamente
autosuficientes. Una de las predicciones más afortunadas de Adam Smith fue que
los americanos libres resultarían mejores socios comerciales que cuando eran
súbditos coloniales. Niall Ferguson sostiene que hay razones para pensar que
hacia 1770 los
3152
3153
Ibid.,
p. 94.
Ibid.,
p. 97.
1744 Preparado por Patricio Barros
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habitante
de Nueva Inglaterra estaban cerca de ser «el pueblo más rico del mundo».
Los
historiadores se refieren hoy a Norteamérica como el «primer imperio»
británico, para distinguirlo del segundo, en Asia, África y el Pacífico, donde
las políticas de colonización que se aplicaron fueron muy diferentes. Mientras
que en el segundo imperio, siempre se contó con una presencia militar, la
conquista abierta nunca llegó a ser una meta deseable (o alcanzable).3154 Como
ejemplifican a la perfección los nombres de la Compañía de las Indias
Orientales y la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, que se
convertirían en la principal característica de esta fase del imperio, la
palabra clave era el comercio, el comercio protegido. Las colonias de Oriente
constituían principalmente lo que los portugueses denominaban feitorias,
fábricas, enclaves autónomos independientes, con frecuencia adquiridos mediante
tratados o a través de otros recursos con la intención de convertirlos en
centros de almacenamiento y distribución para mercaderes europeos y asiáticos.
Aunque necesariamente fortificados, estos centros carecían de verdadero poderío
militar, en la India, por ejemplo, nunca representaron una amenaza para las
fuerzas mongolas. Novecientos funcionarios y setenta mil soldados británicos
bastaron para gobernar a más de doscientos cincuenta millones de indios. (Cómo
lograron hacerlo es una cuestión para otro libro).3155
3154
Ibid., p. 98. Sobre la riqueza de los habitantes de Nueva Inglaterra, véase:
Ferguson, Empire, p. 85.
3155
La noción de «protección», sin embargo, implicaba que las compañías de las
Indias orientales tenían que involucrarse en cuestiones de política. Véase:
Jürgen Osterhammel, Colonialism,
1745 Preparado por Patricio Barros
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Pero
la presencia imperial sí creció, algo a lo que contribuyó la retirada de los
musulmanes, y con el triunfo del comercio, el poder y la influencia de las
compañías de las Indias Orientales continuaron aumentando. En la India, la
compañía emergió finalmente como el verdadero gobernante de gran parte del
país, pero según Anthony Pagden, incluso entonces la India siguió siendo muy
diferente de América así como de las posteriores colonias en África. «La India,
y Asia en general», dice, «fue siempre un lugar de tránsito, no de
colonización… Entre los europeos de la India nunca surgió ningún sentimiento de
diferencia, de ser un pueblo distinto. Nunca hubo una población criolla o un
mestizaje semejante al que transformó la población de las antiguas colonias españolas
en América en comunidades verdaderamente multiétnicas».3156
Incluso
así, el constante roce de dos culturas muy diferentes conllevaba ciertos
riesgos. En el capítulo 29 vimos cómo las actividades de la Sociedad Asiática
de Bengala contribuyeron a impulsar el renacimiento oriental: ésta fue la época
en la que sir William Jones llamó la atención sobre las profundas similitudes
que había entre el sánscrito y el griego y el latín, y Warren Hastings,
gobernador general de Bengala, invitó a los estudiosos hindúes a Calcuta para
promover el estudio de las escrituras hindúes (él mismo hablaba con fluidez el
persa y el hindi). Sin embargo, en 1788, tres años después de que su período
como gobernador general hubiera terminado, el parlamento en Londres procesó por
corrupción a
Princeton
University Press, Princeton (Nueva Jersey) y Londres, 2003, p. 32. Véase
también:
Ferguson,
Empire, p. 163.
3156
Pagden, People and Empires, pp. 100-101.
1746 Preparado por Patricio Barros
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Hastings
acusándole de haber «puesto a buen recaudo» una enorme fortuna, que habría
birlado en parte a la Compañía de las Indias Orientales y en parte a los
gobernantes de Benarés y Avadh. Aunque al final, después de siete largos años,
Hastings fue absuelto, su juicio «fue un gran espectáculo teatral», en gran
medida dirigido por Edmund Burke, y el exgobernador general nunca logró
recuperarse del todo. Burke estaba convencido de que la Compañía de las Indias
Orientales había traicionado sus objetivos, que además del comercio implicaban
«la difusión de la civilización y la ilustración en el imperio». En lugar de
ello, sostenía, al mando de Hastings la compañía se había vuelto tiránica y
corrupta y había «subyugado a los indios y traicionado la benevolencia que le
fue ordenado propagar». (Las conclusiones de historiadores posteriores son
diferentes, y señalan que en el caso Hastings cuanto más estudiaba la cultura
india, más respetuoso de ella se volvía.3157) En términos de Burke, Hastings
había traicionado los ideales más elevados del imperio, la difusión benevolente
de la civilización occidental, una actitud de la que encontramos ecos en
Napoleón. Por parte de Burke (y de Napoleón) esto quizá fuera insincero. Lo que
en verdad evidenció el proceso a Hastings fue la mojigatería de la mente
imperial: cualesquiera que fueran las elevadísimas metas que los británicos se
arrogaban, su actuación no difería tanto como pensaban del colonialismo
agresivo del primer imperio. Niall Ferguson propone una lista de nueve ideas en
las que se fundaba el «segundo» imperio
3157 Jeremy Bernstein, Dawning of the Raj: The Life
and Times of Warren Hastings, Aurum,
Londres,
2001, pp. 208 y ss. Véase también: Ferguson, Empire, p. 38.
1747 Preparado por Patricio Barros
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británico
y cuya propagación éste pretendía impulsar: la lengua inglesa, las formas
inglesas de tenencia de la tierra, la banca inglesa y escocesa, el derecho
consuetudinario, el protestantismo, los juegos de equipo, el estado limitado o
«vigilante», las asambleas representativas y la idea de libertad.3158
Y
además estaba la polémica cuestión de la esclavitud. Los imperios siempre
habían involucrado algún tipo de esclavitud. No podemos olvidar que tanto
Atenas como Roma tuvieron esclavos. Ahora bien, también es importante señalar
que en la antigüedad grecorromana ser esclavo no implicaba necesariamente
degradarse. Quienes no tenían suerte eran enviados al ejército o a las minas,
los afortunados podían trabajar como tutores de niños.
La
esclavitud moderna era absolutamente diferente: la idea misma del tráfico de
esclavos era horrenda y degradante. «Empezó la mañana del 8 de agosto de 1444
cuando un primer cargamento de 235 africanos, capturados en lo que en la
actualidad es Senegal, desembarcó en el puerto portugués de Lagos. Un
rudimentario mercado de esclavos se improvisó en el muelle y los africanos, que
confundidos e intimidados caminaban tambaleándose después de haber pasado
semanas encerrados en las insalubres bodegas de las pequeñas embarcaciones en
las que habían sido transportados, fueron arreados en grupos de acuerdo a su
edad, sexo y estado de
3158
Pagden, People and Empires, p. 104. Ferguson, Empire, pp. XXIII y 260. En The
Ideological Origins of the British Empire, Cambridge University Press,
Cambridge (Inglaterra), 2002, David Armitage afirma que las nociones
protestantes acerca de la propiedad fueron importantes para el surgimiento de
la idea de imperio.
1748 Preparado por Patricio Barros
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salud».3159
No se permitió la realización de ninguna transacción hasta que, tras haber sido
notificado, el príncipe Enrique el Navegante llegó al muelle. En tanto
patrocinador del viaje, tenía derecho a una quinta parte del botín, en este
caso cuarenta y seis humanos. Fue así como empezó lo que luego se conocería
como el tráfico de «oro negro».
Aunque
el fenómeno era nuevo en Europa, el tráfico de esclavos había existido en
África durante centenares de años. Lo que cambió con la aparición de los
europeos fueron las dimensiones de la demanda. El comercio de esclavos europeo
era impulsado por una nueva forma de empresa comercial: la plantación
azucarera. Y el gusto de Europa por el azúcar era tal que, según Anthony
Pagden, entre 1492 y 1820, «el número de africanos enviados a América fue cinco
o seis veces mayor que el de emigrantes blancos europeos». Aunque conocida,
esta estadística continúa siendo impresionante. Los efectos de la esclavitud en
la formación de las Américas fueron notables, y el tráfico de esclavos aportó a
Estados Unidos el que probablemente sea su problema de más difícil solución.
Una de las razones profundas que explican el surgimiento de este permanente
dilema americano la encontramos en el hecho de que la esclavitud moderna
implicaba una nueva forma de entender las relaciones entre amo y esclavo.3160
Ni Aristóteles ni Cicerón se sentían cómodos con la idea de esclavitud. En
alguna ocasión intentaron argumentar que los esclavos eran un «tipo» de persona
diferente, pero sabían que ésta no era una razón
3159
En From Freedom to Slavery: Comparative Studies in the Rise and Fall of
Atlantic Slavery, Macmillan, Londres, 1999, p. 344, Seymour Drescher anota que
los judíos no tuvieron una gran participación en las actividades esclavistas.
3160
Pagden, People and Empires, p. 111.
1749 Preparado por Patricio Barros
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convincente
cuando en muchos casos los esclavos simplemente lo eran por haber pertenecido
al bando perdedor en una guerra. Las principales religiones monoteístas
adoptaban al respecto una posición bastante similar. Tanto el Antiguo
Testamento como el Corán aprueban la captura de esclavos, pero sólo después de
una «guerra justa».3161 Los primeros cristianos no miraban con buenos ojos que
se esclavizara a otros cristianos, pero no pensaban con igual compasión de
quienes no compartían su fe. En los primeros años del comercio de esclavos,
algunos clérigos católicos intentaron sostener que las guerras que tenían lugar
en el interior de África eran «justas», pero muy pocos se tomaron en serio sus
argumentos; y aunque es posible ver alguna especie de avance en el hecho de que
el Santo Oficio condenara el tráfico de esclavos en 1686, resulta significativo
que no hubiera condenado la esclavitud en sí misma.3162
La
posición del Vaticano reflejaba la opinión general de la época, a saber, que el
tráfico de esclavos era más repugnante que la esclavitud misma, pero las
protestas continuaron creciendo y llamaron la atención sobre el hecho de que en
ello había una paradoja. Muchos consideraban que los negros eran «un tipo de
persona inferior, poco mejores que los animales», y como si se quisiera
confirmar esta opinión, a menudo se les daba nombres de mascotas: Fido,
Saltarín, etc. No obstante, esta actitud se contradecía de lleno con el hecho
de que los amos ordenaran a sus esclavos la realización de tareas que
3161
Ibid., p. 112.
3162
Ibid., p. 113. Sobre otras bulas papales relativas a la esclavitud, véase:
Moynahan, Faith, pp.
537
y ss.
1750 Preparado por Patricio Barros
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exigían
un equipo mental completo.3163 No menos peligrosa era la posibilidad de que las
mujeres esclavas resultaran sexualmente atractivas para sus amos, lo que
originaba un nuevo tipo de problema social: la prole mestiza. Por tanto, la
nueva relación estaba cargada de incoherencias y tensiones.
Las
ideas racistas siguieron siendo muy fuertes y se mantuvieron vigentes mucho más
allá de la época en la que por fin se abolió la esclavitud. William Wilberforce
fue sólo uno de los abolicionistas que no podían ocultar su creencia en que la
cultura cristiana europea era una fuerza civilizadora. Y en algún momento llegó
a confesar que la emancipación de los esclavos «podía ser en realidad menos
importante que el reinado de la luz, la verdad y la felicidad que les aportaran
el cristianismo y las leyes, instituciones y costumbres británicas». Pero en
cualquier caso lo que sí hizo Wilberforce fue unirse a los patrocinadores de
una colonia experimental, Sierra Leona, fundada en 1787 para «difundir la
civilización entre los nativos y cultivar el suelo empleando trabajadores
libres». Sierra Leona floreció y su capital, Freetown, se convirtió en una de
las bases del nuevo escuadrón antiesclavista de la Armada Real británica.3164
En cualquier caso, la primera nación europea que declaró ilegal el tráfico de
esclavos fue Dinamarca, que lo hizo en 1792. Gran Bretaña emprendió acciones
para acabar con el tráfico en 1805 y para 1824 la captura de esclavos se había
convertido en un delito castigado con
3163
Pagden, People and Empires, p. 114.
3164
Lawrence James, The Rise and Fall of the British Empire, Little Brown/Abacus,
Londres, 1994/1998, p. 185. Sobre las campañas contra la esclavitud
contemporáneas y anteriores a Wilberforce, véase: Drescher, From Freedom to
Slavery, pp. 69-71.
1751 Preparado por Patricio Barros
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la
horca. No obstante, el tráfico continuó en otros lugares durante otros
cincuenta años: el último cargamento desembarcó en Cuba en 1870.3165
En
1648, la Paz de Westfalia había creado un conjunto de estados europeos. En
1815, el Congreso de Viena, convocado para decidir la configuración de Europa
tras la caída de Napoleón, creó otro. Las actitudes eran entonces muy
diferentes de las actuales. Para el ministro de Asuntos Exteriores británico
lord Castlereagh, uno de los arquitectos de la nueva Europa, Italia, no era más
que un «concepto geográfico», y su unificación en un único estado le parecía
«inimaginable».3166 En el congreso, un alemán tenía más o menos la misma
concepción a propósito de su propio país. «La unificación de todas las naciones
alemanas en un estado único e indivisible», dijo, no era más que un sueño que
«había sido refutado por mil años de experiencia y dejado de lado al final… No
existe operación del ingenio humano que pueda hacerlo realidad, y no podrá
imponerlo incluso la más sangrienta de las revoluciones; es una meta que sólo
persiguen los locos». Su conclusión era que si la idea de unidad nacional
terminaba imponiéndose en Europa, «un yermo de ruinas ensangrentadas será el
único legado que reciban nuestros descendientes».3167
El
principal objetivo del Congreso de Viena era prevenir el estallido de una nueva
revolución en Europa, y para ello los diplomáticos y políticos reunidos allí
empezaron recreando más o menos el mismo
3165
Pagden, People and Empires, p. 117.
3166
Schulze, States, Nations and Nationalism, p. 197.
3167
Ibid., p. 198.
1752 Preparado por Patricio Barros
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paisaje
político que había existido tras el tratado de 1648. «En España y Portugal se
restauró a las antiguas familias gobernantes, Holanda se amplió con los Países
Bajos austriacos, que más tarde se convertirían en Bélgica, Suiza se
reconstituyó, Suecia permaneció unida a Noruega, y dado que la Pentarquía, el
club de las cinco mayores potencias europeas, era inimaginable sin Francia, se
permitió que ésta conservara intacta su frontera de 1792».3168 Pero este
sistema europeo, equilibrado con tanto cuidado, dependía de que Europa central
continuara siendo una región fragmentada y sin poder.3169 Muchos de los
europeos presentes en el Congreso de Viena veían con inquietud la actitud de
los denominados «germanófilos», que estaban decididos a unificar Alemania y
convertirla en un estado-nación. Como escribió desde Viena el ministro de
Asuntos Exteriores francés, Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, a Luis
XVIII: «Intentan subvertir un orden que ofende su orgullo y reemplazar todos
los gobiernos del país por una única autoridad. Los apoyan la gente de las
universidades, jovencitos formados en sus teorías, y todos aquellos que
atribuyen al particularismo alemán todos los sufrimientos que se han infligido
al país durante las guerras que se han librado allí. La unidad de la patria
alemana es su lema, su fe y su religión, y creen en ella con un fervor que roza
el fanatismo… ¿Puede alguien calcular las consecuencias de lo que ocurriría si
las masas alemanas se unen en un todo único y se vuelven agresivas?
3168
3169
Ibid.
Ibid.,
p. 199.
1753 Preparado por Patricio Barros
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¿Puede
alguien decir dónde se detendría un movimiento de ese tipo?».3170
En
otras palabras, como señala Hagen Schulze, en ese momento se reconocía el
principio de nacionalidad sólo donde estaba vinculado al gobierno legítimo de
un monarca: en Gran Bretaña, Francia, España, Portugal, los Países Bajos y
Suecia, en resumen, Europa occidental y septentrional. Ello dejaba fuera a los
territorios de habla alemana y a Italia. Y esto contribuye a explicar por qué
el nacionalismo, en el sentido de nacionalismo cultural, comenzó siendo una
idea alemana. La fragmentación política de la región era en realidad el
resultado lógico del orden europeo. Sólo se necesita mirar el mapa para
entender por qué. «Desde el mar Báltico hasta el mar Tirreno, era Europa
central la que separaba a las grandes potencias, manteniéndolas alejadas e
impidiendo la posibilidad de un choque frontal».3171 Nadie deseaba una
concentración de poder excesiva en Europa central, pues si alguna nación se
hacía con el control de la región se convertiría con facilidad en «el amo de
todo el continente».3172 Para muchos, los minúsculos estados italianos y
alemanes constituían una garantía de libertad. Ahora bien, aunque Italia y
Alemania estaban en este sentido en una situación similar, buena parte del país
mediterráneo estaba bajo la ocupación de poderes extranjeros (Austria en el
norte, los Borbones en el sur) y ello también explica por qué el nacionalismo
moderno surgió en Alemania. De hecho, la unificación de Alemania y la de Italia
fueron
3170
3171
3172
Ibid.,
p. 200.
Ibid.,
p. 204.
Ibid.,
p. 205.
1754 Preparado por Patricio Barros
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dos
de los acontecimientos políticos seminales del siglo XIX que — junto a la
guerra civil estadounidense— contribuyeron en gran medida a crear la gran
rivalidad industrial de las últimas décadas del ochocientos y, con ello, a la
conformación del mundo moderno; sin embargo, también conducirían a la primera
guerra mundial y en ese sentido crearon el escenario para las calamidades del
siglo XX. Qué proféticas fueron las palabras de Talleyrand.3173
La
primera persona en identificar lo que podemos llamar «nacionalismo cultural»
fue Johann Gottfried Herder (1744-1803), si bien el gran historiador alemán
Friedrich Meinecke sostuvo que Friedrich Karl von Moser había encontrado los
primeros indicios de un «espíritu nacional» en 1765 «en aquellas partes de
Alemania en las que era posible ver hasta veinte principados en un solo día de
viaje». El escenario había quedado establecido, como vimos en el capítulo 24,
con el surgimiento (no sólo en Alemania) de un «público» consciente de sí mismo
hacia finales del siglo XVII. «La naturaleza», decía Herder «ha separado a las
naciones no sólo mediante bosques y montañas, océanos y desiertos, ríos y
climas, sino que también lo ha hecho de forma muy particular a través de las
lenguas, inclinaciones y caracteres, para que subyugarlas mediante el
despotismo sea mucho más difícil, para que las cuatro esquinas del mundo no
puedan ser embutidas en la barriga de un caballo de madera».3174 Para Herder el
Volk era irreducible, e incompatible con
3173
Tony Smith, The Pattern of Imperialism, Cambridge University Press, Cambridge
(Inglaterra), 1981, p. 41, explora la forma en que los sindicatos empezaron a
interferir con la ideología imperial.
3174
Friedrich Meinecke, Cosmopolitanism and the National State, trad. de Robert B.
Kimber, Princeton University Press, Princeton (Nueva Jersey), 1970, pp. 25-26.
1755 Preparado por Patricio Barros
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la
idea de imperio, la cual, en su opinión, iba en contra del principio mismo de
la «pluralidad natural» de los pueblos del mundo.3175 Los alemanes querían la
unificación, ser un estado-nación, y esto era algo que debía «cultivarse», pues
durante demasiado tiempo el país había sido escenario de las guerras entre las
potencias europeas, en el que «el gobernante de hoy puede convertirse en el
enemigo de mañana».3176 En lugar del revoltijo de estados que durante siglos
había existido en Europa central, el siglo XIX fue testigo del surgimiento de
dos grandes potencias. Resulta difícil exagerar la naturaleza de este cambio.
Las
demás naciones de Europa respondieron a estos sentimientos alemanes e italianos
con lo que Hagen Schulze ha denominado «regeneración patriótica».3177 Esto es
especialmente cierto en el caso de Francia, por ejemplo, donde todo el sistema
educativo se puso al servicio de la causa nacional. La enseñanza de la historia
y la política nacional debían ser el camino hacia la regeneración nacional
después de la revolución y las repetidas derrotas. El ejemplo más obvio (y,
podría decirse, el más espeluznante) fue la obra de G. Bruno Le Tour de la
France par deux enfants: devoir et patrie, que contaba la historia de un niño
de catorce años, André Valden, y su hermano Julien, de siete años. El relato
está ambientado en el período que siguió a la guerra franco-prusiana, tras la
cual los dos niños han quedado huérfanos. La pareja de hermanos se encuentra
varada en Falsburgo,
3175
Ibid., p. 136.
3176
Michael Morton, Herder and the Poetics of Thought, Pensilvania, University
Press, Pittsburgh,
1989,
p. 99.
3177
Schulze, States, Nations and Nationalism, p. 232.
1756 Preparado por Patricio Barros
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su
pueblo natal, anexionado por Alemania, pero ambos escapan a Francia, país que
recorren en el curso de sus aventuras. Al final, encuentran en la nación
francesa un nuevo hogar, que, gracias a lo aprendido en sus peripecias, pueden
ahora contemplar en toda su gloria. Publicado originalmente en 1877, el libro
tuvo veinte reimpresiones en los siguientes treinta años. Otro ejemplo del
ferviente nacionalismo de la época fue el hecho de que mientras Jules Ferry
(1832-1893) fue ministro de Educación cada aula francesa tenía que lucir un
mapa del país en el que Alsacia y Lorena aparecían rodeadas por un crespón
negro. Jules Michelet (1798-1874) escribió que Francia era «el pontificado de
la civilización moderna», con lo que pretendía afirmar que era el adalid del
moderno estado ilustrado: «la idea francesa de civilización se había convertido
así en el núcleo fundamental de una religión nacional». (La Marseillaise se
adoptó como himno nacional en 1879).3178
Inglaterra
también respondió a estos acontecimientos, pero de una manera diferente. La
expansión colonial del Imperio británico alcanzó unas dimensiones sin
precedentes entre 1880 y la primera guerra mundial, como puede apreciarse con
claridad en la siguiente tabla:
3178
Ibid., p. 233.
1757 Preparado por Patricio Barros
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Y he
aquí algunos comentarios contemporáneos, que cito para mostrar no sólo cuál era
el sentimiento sino también qué tan difundido estaba. «El imperialismo se ha
convertido en la última y más elevada encarnación de nuestro nacionalismo
democrático. Es una expresión consciente de nuestra raza» (el duque de
Westminster). «Los británicos somos la raza gobernante más grandiosa que el
mundo haya conocido» (Joseph Chamberlain). Al divisar el puerto de Sydney,
Charles Darwin escribió: «El primer sentimiento que me invadió fue la alegría
de haber nacido inglés». «Sostengo que somos la raza líder del mundo, y que
cuanto más poblemos el mundo, mejor será éste para la humanidad… Dado que
[Dios] obviamente convirtió a la raza de habla inglesa en el instrumento
elegido mediante el cual pretende construir un estado y una sociedad basados en
la justicia, la libertad y la paz, es necesario que cumpliendo con su voluntad
haga todo lo que esté en mis manos para ofrecer a esta raza tanto poder y
abasto como sea posible. Pienso que, si en verdad existe un Dios, es su deseo
que yo haga una cosa, a saber, colorear de rojo británico el mapa de África
hasta donde sea posible» (Cecil Rhodes).3179
El
inconveniente de este brote nacionalista en Europa fue que trajo consigo mucho
más racismo, algo que quizá, con el beneficio de la perspectiva, nos parezca
inevitable. El antisemitismo se manifestó con especial virulencia en Francia y
Alemania, algo que en parte se
3179
William J. Stead, ed., The Last Will and Testament of C. J. Rhodes, Review of
Reviews Office, Londres, 1902, pp. 57 y 97 y ss. James, Rise and Fall of the
British Empire, p. 169.
1758 Preparado por Patricio Barros
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relacionaba
con su envidia de Gran Bretaña.3180 Los imperios francés y alemán eran tan
pequeños comparados con el británico, que surgió la idea de que, en palabras de
Paul Déroulède, fundador de la Liga de los Patriotas francesa, «no podemos
esperar conseguir nada en el extranjero sin antes haber curado nuestras
enfermedades domésticas».3181 Y no había duda de que el enemigo interno número
uno eran los judíos. En 1886 Edouard Drumont publicó La France juive, un
«brebaje» sobre la vida y costumbres judías que pese a ser ordinario y
chapucero se convirtió de forma instantánea en un éxito de ventas. Éste
resultaría ser el preludio de una oleada de antisemitismo en el país que
culminaría en el affaire Dreyfus, cuando se acusó a un oficial judío inocente
de ser un espía alemán. En Alemania, la denominada Kulturkampf, la «batalla
cultural», aunque en apariencia versaba sobre la supervisión de las escuelas y
el nombramiento de curas en las parroquias, fue en realidad un intento por
parte del estado protestante de conseguir que los políticos católicos se
plegaran a las políticas prusianas. Y en medio de este clima de intolerancia,
era inevitable que se discutiera también el papel de los judíos.
El
nacionalismo alcanzó su máxima expresión hacia finales de siglo, con la
trilogía de Maurice Barrès Le roman de l’énergie nationale (1897-1903). La idea
de Barrès era que el culto del ego constituía la principal causa de la
corrupción de la civilización. «La nación está por encima del ego y por tanto
tiene que ser considerada como la
3180
Osterhammel, Colonialism, p. 34.
3181
Raoul Girardet, ed., Le nationalisme français, 1871-1914, A. Colin, París,
1966, p. 179.
1759 Preparado por Patricio Barros
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prioridad
suprema de la vida del hombre. El individuo no tiene otra opción que someterse
a la función que la nación le asigna, “la ley sagrada de su linaje”, y
“escuchar las voces del suelo y de los muertos”».3182 Como señala de forma
acertada Hagen Schulze, el nacionalismo, la idea de nación, que a finales del
siglo XVIII se había convertido en una especie de utopía, una entidad natural
política y cultural, para finales del siglo XIX había pasado a ser un factor
polémico en la política interior: la nación «dejó de ser algo que estaba por
encima de los partidos y unía a la sociedad, para convertirse en sí misma en un
partido y dividir a la sociedad». Las consecuencias serían catastróficas.
Una
vez más, es importante ser prudentes y evitar exagerar. El nacionalismo fue
catastrófico en muchos sentidos, pero también tuvo un lado positivo. Es
evidente en el florecimiento de la vida intelectual alemana durante el siglo
XIX, el cual, haya sido o no provocado por la unificación del país y por el
sentimiento nacionalista que acompañó esa unificación, fue sin duda un fenómeno
contemporáneo.
Sigmund
Freud, Max Planck, Ernst Mach, Hermann Helmholtz, Marx, Weber, Nietzsche,
Ibsen, Strindberg, Von Hofmannsthal, Rudolf Clausius, Wilhelm Röntgen, Eduard
von Hartmann… todos ellos eran alemanes o de habla alemana. En ocasiones
pasamos por alto que el período comprendido entre 1848 y 1933, que se solapa
con el cambio de siglo (el límite de la historia cubierta en este libro),
representó el punto culminante del genio alemán. Como anotaba el
3182
Schulze, States, Nations and Nationalism, p. 237.
1760 Preparado por Patricio Barros
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historiador
estadounidense Norman Cantor en 1991: «Se suponía que el siglo XX iba a ser el
siglo alemán». Sus palabras se hacen eco de las que pronunciara el filósofo
francés Raymond Aron en una conversación que mantuvo con el historiador alemán
Fritz Stern, mientras se encontraba en Berlín para una exhibición que
conmemoraba el centerario del nacimiento de los físicos Albert Einstein, Otto
Hahn y Lise Meitner. Todos ellos habían nacido entre 1878 y 1879 y esto llevó a
Aron a señalar: «Podría haber sido el siglo de Alemania».3183 Lo que Cantor y
Aron querían decir era que, dejados a su suerte, los pensadores, artistas,
escritores, filósofos y científicos alemanes, que entre 1848 y 1933 eran los
mejores del mundo, habrían llevado su recién unificado país a alturas nuevas y
nunca antes soñadas, y que estaban haciéndolo cuando el desastre personificado
en Adolf Hitler irrumpió en la vida nacional.
Cualquiera
que dude de que el período comprendido entre 1848 y 1933 fue de hecho el siglo
alemán sólo necesita consultar el siguiente listado de figuras. Aunque
podríamos empezar por cualquier ámbito (tan completo era el dominio alemán),
hagámoslo por la música: Johannes Brahms, Richard Wagner, Anton Bruckner, Franz
Liszt, Franz Schubert, Robert Schumann, Gustav Mahler, Arnold Schönberg, Johann
Strauss, Richard Strauss, Alban Berg, Anton Webern, Wilhelm Furtwängler, Bruno
Walter, Fritz Kreisler, Arthur Honegger, Paul Hindemith, Kurt Weill, Franz
Lehár, la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Viena. La medicina y la
psicología no se
3183
Fritz Stern, Einstein’s German World, Princeton University Press, Princeton
(Nueva Jersey) y Londres, 1999, p. 3. [Hay traducción castellana: El mundo
alemán de Einstein: la promesa de una cultura, Paidós, Barcelona, 2003].
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quedan
muy atrás, piénsese, además de Freud, en Alfred Adler, Carl Jung, Otto Rank,
Wilhelm Wundt, Hermann Rorschach, Emil Kraepelin, Wilhelm Reich, Karen Horney,
Melanie Klein, Ernst Kretschmer, Géza Roheim, Jacob Breuer, Richard
Krafft-Ebing, Paul Ehrlich, Robert Koch, Wagner von Jauregg, August von
Wassermann, Gregor Mendel, Erich Tschermak, Paul Corremans. En la pintura
encontramos los nombres de Max Liebermann, Paul Klee, Max Pechstein, Max
Klinger, Gustav Klimt, Franz Marc, Lovis Corinth, Hans Arp, Georg Grosz, Otto
Dix, Max Slevogt, Max Ernst, Leon Feininger, Max Beckmann, Alex Jawlensky;
Wassily Kandinsky era ruso de nacimiento, pero fue en Múnich donde realizó el
avance más importante de todo el arte moderno, la conquista de la abstracción.
En filosofía tenemos, además de Nietzsche, a Martin Heidegger, Edmund Husserl,
Franz Brentano, Ernst Cassirer, Ernst Haeckel, Gottlob Frege, Ludwig
Wittgenstein, Rudolf Carnap, Ferdinand Tönnies, Martin Buber, Theodore Herzl,
Karl Liebknecht, Moritz Schlick.
En
el campo de la historia y la investigación académica destacan Julius
Meier-Graefe, Leopold von Ranke, Theodor Mommsen, Ludwig Pastor, Wilhelm Bode y
Jacob Burckhardt. Y en literatura encontramos, junto a Hugo von Hofmannsthal, a
Heinrich y Thomas Mann, Rainer Maria Rilke, Hermann Hesse, Stefan Zweig,
Gerhard Hauptmann, Gottfried Keller, Theodor Fontane, Walter Hasenclever, Franz
Werfel, Franz Wedekind, Arthur Schnitzler, Stefan George, Bertolt Brecht, Karl
Kraus, Wilhelm Dilthey, Max Brod, Franz Kafka, Arnold Zweig, Erich Maria
Remarque, Carl Zuckmayer. En sociología
1762 Preparado por Patricio Barros
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y
economía estaban Werner Sombart, Georg Simmel, Karl Mannheim, Max Weber, Joseph
Schumpeter y Karl Popper. En arqueología y estudios bíblicos tenemos, además de
D. F. Strauss, a Heinrich Schliemann, Ernst Curtius, Peter Horchhammer, Georg
Grotefend, Karl Richard Lepsius, Bruno Meissner. Por último (aunque también
hubiera sido fácil empezar nuestra lista por aquí), en los campos de las
ciencias, las matemáticas y la ingeniería, sobresalen Ernst Mach, Albert
Einstein, Max Planck, Erwin Schrödinger, Heinrich Hertz, Rudolf Diesel, Hermann
von Helmholtz, Wilhelm Röntgen, Karl von Linde, Ferdinand von Zeppelin, Emil
Fischer, Fritz Haber, Herman Geiger, Heinz Junkers, George Cantor, Richard
Courant, Arthur Sommerfeld, Otto Hahn, Lise Meitner, Wolfgang Pauli, David
Hilbert, Walther Heisenberg, Ludwig von Bertalanffy, Alfred Wegener, para no
hablar de las firmas de ingeniería de uno u otro tipo como: AEG, Bosch, Benz,
Siemens, Hoechst, Krupp, Mercedes, Daimler, Leica, Thyssen.
Pero
incluso esto no hace del todo justicia al genio alemán. El año 1900, que
representa el límite de este libro, fue testigo de las muertes de Nietzsche,
Ruskin y Oscar Wilde, sin embargo también lo fue la presentación ante el mundo
de tres ideas que, se puede decir sin temor a exagerar, constituyeron la
columna vertebral intelectual del siglo XX, al menos en el ámbito de las
ciencias: el inconsciente, el gen y el cuanto. Todas ellas eran de origen
alemán.
Al
explicar el enorme y rápido triunfo de las ideas alemanas en el período que va
de 1848 a 1933, es necesario que examinemos tres factores, cada uno de ellos
específico de Alemania y el pensamiento
1763 Preparado por Patricio Barros
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alemán,
pero también relacionados con el tema general de este capítulo. En primer
lugar, tenemos que detenernos en las ideas alemanas a propósito de la cultura:
qué era, qué abarcaba y cuál era su lugar en la vida nacional. Por ejemplo, en
inglés, el término «culture» por lo general no distingue radicalmente entre los
ámbitos espiritual y tecnológico, pero en alemán, Kultur alude a las áreas
intelectual, espiritual y artística de la actividad creativa, pero no a la vida
social, política, económica o técnico-científica. Como resultado de ello,
mientras en otras lenguas las palabras «cultura» y «civilización» designan
aspectos complementarios de la misma cosa, en alemán no ocurre lo mismo. En el
siglo XIX, Kultur denotaba las manifestaciones de la creatividad espiritual
—las artes, la religión, la filosofía—, y Zivilisation se refería al ámbito de
la organización social, política y técnica y, lo más importante de todo, se
consideraba que, en comparación con la cultura, éstos eran de un orden
inferior. Nietzsche supo sacar mucho partido de esta distinción, que resulta
fundamental para entender plenamente el pensamiento alemán del siglo XIX.
Había
por tanto en Alemania lo que C. P. Snow llamaría una mentalidad de «dos
culturas» auténtica. Uno de los efectos de esto fue que puso de relieve y
profundizó la separación entre las ciencias naturales, por un lado, y las artes
y las humanidades, por otro. Debido a su naturaleza, varias de las ciencias
formaron una alianza natural con la ingeniería, el comercio y la industria.
Pero al mismo tiempo, y pese a su enorme éxito, los artistas menospreciaban el
valor de las ciencias. Mientras en países como Inglaterra o Estados Unidos
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las
ciencias y las artes eran vistas en gran medida como dos caras de la misma
moneda, y sus representantes eran considerados por igual miembros de la élite
intelectual, no ocurría lo mismo en la Alemania del siglo XIX. Un buen ejemplo
de ello es Max Planck, el físico que en 1900 descubrió el cuanto, la idea de
que toda energía se emite en paquetes muy pequeños llamados cuantos. Planck
provenía de una familia muy religiosa y culta, y él mismo era un pianista
excelente. Ahora bien, a pesar de que el descubrimiento del cuanto se considera
uno de los hallazgos científicos más importantes de todos los tiempos, en la
propia familia Planck las humanidades se consideraban una forma de conocimiento
muy superior a la ciencia.3184 El primo de Planck, el historiador Max Lenz,
decía en broma que los científicos (Naturforscher) eran en realidad
silvicultores (Naturförster) o, como diríamos hoy, paletos.3185
La
obra de Ernst Mach refuerza este argumento. Mach (1838-1916) fue uno de los
reduccionistas más apasionados e impresionantes, y a quien debemos muchos
descubrimientos valiosos, incluido el de la importancia de los canales
semicirculares del oído interno para el equilibrio, así como el de que los
cuerpos que superan la velocidad del sonido crean dos ondas de choque, una al
frente y otra en la parte posterior como resultado del vacío creado por su
elevadísima velocidad (ésta es la razón por la que en el caso del Concorde
hablamos, o hablábamos, de un «número de Mach»). Pero, además, Mach era un
opositor implacable de cualquier tipo de metafísica y
3184
William R. Everdell, The First Moderns: Profiles in the Origins of
Twentieth-Century Thought, University of Chicago Press, Chicago, 1997, p. 166.
3185
Reelaboro aquí algunos párrafos de mi libro anterior, Historia intelectual del
siglo XX.
1765 Preparado por Patricio Barros
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criticó
el uso indebido de conceptos como Dios, la naturaleza y el alma. Opinaba que la
idea freudiana del «ego» era una «una hipótesis sin ninguna utilidad». Pensaba
incluso que el concepto de «yo» era «irrecuperable», que todo conocimiento
podía reducirse a la sensación y que la tarea de la ciencia era describir los
datos de la forma más neutral posible. En su época Mach fue un autor muy leído:
tanto Lenin y sus discípulos como el Círculo de Viena se adhirieron a sus
teorías. Mach estaba firmemente convencido de que la ciencia tenía la
respuesta, y que disciplinas como la filosofía y el psicoanálisis carecían de
verdadera utilidad.3186
Esta
profunda división entre las ciencias, por un lado, y las artes y las
humanidades, por otro, tendría consecuencias graves. Una particularmente
importante para nosotros es que en Alemania se concedía mucho más respeto a la
intuición del artista que en cualquier otro lugar del mundo en este mismo
período, por lo que el artista gozaba allí de un estatus elevadísimo. Esto se
reflejaba en una segunda distinción, además de la que oponía las artes a las
ciencias y la Kultur a la Zivilisation. Me refiero a la oposición entre Geist y
Macht, entre el ámbito de las búsquedas intelectuales o espirituales y el
ámbito del poder y el control político. Es importante anotar que la relación
entre Geist y Macht, esto es, el problema de si la cultura tenía prioridad
sobre el estado o viceversa, nunca llegó a resolverse de forma satisfactoria en
Alemania. Las consecuencias de ello fueron
3186
William Johnston, The Austrian Mind: An Intellectual and Social History
1848-1938, University of California Press, Berkeley, Los Ángeles y Londres,
1972/1983, p. 183.
1766 Preparado por Patricio Barros
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trascendentales,
como un breve repaso de la historia social y política nos permitirá mostrar.
En
1848, Alemania intentó llevar a cabo una revolución burguesa que fracasó y, con
ella, el esfuerzo de sus clases profesionales y comerciales por alcanzar la
igualdad política y social con el ancien régime. En otras palabras, Alemania no
consiguió realizar los avances sociopolíticos que Inglaterra, Holanda, Francia
y Norteamérica habían logrado implantar, en algunos casos, generaciones antes.
El liberalismo alemán (o el movimiento que aspiraba serlo) se fundaba en las
exigencias de la clase media, que quería «libertad comercial y un marco
constitucional que protegiera su espacio socioeconómico dentro de la sociedad».
Después de que este intento de cambio constitucional fracasara, y de que luego,
en 1871, se estableciera el Reich, bajo el liderazgo de Prusia, se creó un
conjuntos de circunstancias bastante inusual. Como Gordon Craig ha señalado, el
pueblo alemán no desempeñó en realidad ningún papel en la creación del Reich.
«El nuevo estado fue un “regalo” a la nación sobre el que ninguno de sus
destinatarios había sido consultado».3187 Su constitución no era algo que los
alemanes hubieran ganado, era, simplemente, un contrato entre los príncipes de
los distintos estados alemanes, y de hecho éstos mantuvieron sus coronas hasta
1918. Desde una perspectiva moderna, las consecuencias de esta situación
resultan extraordinarias. Por ejemplo, una consecuencia era que «el Reich tenía
un parlamento sin poder, partidos políticos sin
3187
Gordon A. Craig, Germany: 1866-1945, Oxford University Press, Oxford y Nueva
York, 1978/1981, pp. 39 y ss. Eva Kolinsky y Wilfried van der Will, eds., The
Cambridge Companion to Modern German Culture, Cambridge University Press,
Cambridge (Inglaterra), 1998, p. 5.
1767 Preparado por Patricio Barros
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posibilidades
de alcanzar niveles de responsabilidad gubernamental, y elecciones cuyos
resultados no determinaban la composición del gobierno». Además del Reichstag,
existía el Bundesrat, que no era un cuerpo elegido sino un comité de los
gobiernos estatales, que compartía el poder con el parlamento, pero ninguno de
los dos podía deponer al canciller. Por otro lado, la organización interna de
cada estado en particular no se vio afectada por los acontecimientos de 1871.
El derecho a votar por el parlamento prusiano, por ejemplo (y Prusia equivalía
a tres quintas partes de la población de Alemania), dependía de cuántos
impuestos se pagaban, lo que implicaba que el 5 por 100 de los contribuyentes,
aquéllos situados en la parte más alta de la escala, tenía un tercio de los
votos, la misma proporción que tenía el 85 por 100 situado en la parte más
baja.3188 Y el canciller no gobernaba con la ayuda del gabinete: los
departamentos imperiales, cuya influencia fue aumentando con el paso del
tiempo, estaban dirigidos por secretarios de estado subordinados. Esto era muy
diferente (y bastante más retrógrado) que cualquier cosa que existiera entre
los rivales occidentales del país (aunque hay que señalar que actualmente el
«retraso» o no de Alemania es objeto de una animada controversia académica).
Los asuntos de estado continuaron en manos de la aristocracia terrateniente,
pese a que el país se había convertido ya en una potencia industrial. Este
poder fue concentrándose en cada vez menos manos a medida que, con la urbanización
de la ciudades, el crecimiento del comercio y la
3188
Ibid., pp. 43 y ss. Kolinsky y van der Will, eds., Cambridge Companion to
Modern German Culture, p. 21.
1768 Preparado por Patricio Barros
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expansión
de la industria, el antiguo mosaico de estados alemanes individuales iba
perdiendo fuerza y el imperio se volvía cada vez más una realidad. De esta
forma, el estado fue tornándose progresivamente más autoritario y asumiendo un
papel cada vez mayor en la regulación de las cuestiones económicas y sociales.
En resumen, cuanta más gente participaba de los éxitos industriales,
científicos e intelectuales alemanes, tanto más el gobierno del país se
concentraba en un pequeño círculo de figuras tradicionales, un conjunto de
aristócratas terratenientes y líderes militares, a la cabeza de los cuales
estaba el emperador. Esta dislocación, uno de los mayores anacronismos de la
historia, era un componente fundamental de la «germanidad» en el período que
antecedió al estallido de la primera guerra mundial.3189
Esta
gran dislocación tuvo dos efectos relevantes para nosotros. El primero, que la
exclusión política de la clase media, ansiosa por alcanzar cierto grado de
igualdad, la empujó a ver en la educación y la Kultur las áreas clave en las
que podía triunfar y mostrarse igual a la aristocracia y superior a los
extranjeros, algo básico en un mundo nacionalista y competitivo. Por esta
razón, la «alta cultura» fue siempre mucho más importante en la Alemania
imperial que en cualquier otro lugar, y ello contribuye a explicar su
espléndido florecimiento en el período comprendido entre 1871 y 1933. Pero esto
dio a la cultura un tono particular: la libertad, la igualdad y la distinción
personal tendieron a ubicarse en el «santuario interior» del
3189
Véase, por ejemplo: Giles MacDonogh, The Last Kaiser, Weidenfeld &
Nicolson, Londres, 2000/Phoenix, 2001, p. 3. Kolinsky y van der Will, eds.,
Cambridge Companion to Modern German Culture, pp. 22-23.
1769 Preparado por Patricio Barros
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individuo,
mientras que la sociedad empezó a ser descrita como un «mundo arbitrario,
externo y, con frecuencia, hostil». El segundo efecto, que en parte se solapó
con el primero, fue el surgimiento de un nacionalismo basado en la clase social
que se volvió contra la clase trabajadora industrial (y los indicios de
movimientos socialistas), los judíos y las minorías no alemanas. «Se
consideraba al nacionalismo como un progreso moral, y se le atribuían
posibilidades utópicas».3190 Un efecto de este segundo factor fue la
idealización de épocas anteriores, cuando no existía la clase trabajadora
industrial, en particular la Edad Media y el Renacimiento, consideradas
ejemplos de una vida cotidiana integrada, una «edad dorada», en tiempos
preindustriales. En un momento que era testigo del desarrollo de una sociedad
de masas, los miembros de la clase media educada alemana vieron en la cultura
un conjunto de valores estables que enriquecía sus vidas, realzaba su
orientación nacionalista. El Volk, una versión ideal, semimística y nostálgica
de lo que los alemanes habían sido en otra época, se impuso: un pueblo feliz,
talentoso, apolítico y «puro».
Estos
diversos factores se unieron para dar origen en la cultura alemana a una noción
que es casi intraducible, pero que probablemente sea un elemento decisivo para
comprender buena parte del pensamiento alemán de finales del siglo XIX y
comienzos del XX, así como para explicar el descubrimiento del inconsciente
(una empresa predominantemente germana) y el dominio alcanzado por los alemanes
en este ámbito. La palabra en alemán es
3190
Craig, Germany, p. 56. Kolinsky y van der Will, eds., Cambridge Companion to
Modern German Culture, pp. 4 y 50.
1770 Preparado por Patricio Barros
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Innerlichkeit.3191
En la medida en que puede describirse, designa la tendencia a alejarse de (o
ser indiferente a) la política y dirigir la mirada hacia el interior del
individuo. Innerlichkeit significa que el artista, de forma deliberada, evita
el poder y la política, amparado en la creencia de que participar en ella, e
incluso escribir sobre ella, menoscababa su vocación y con la convicción de
que, para el artista el verdadero mundo no era el mundo exterior sino el
interior. Por ejemplo, como señala Gordon Craig, antes de 1914 los artistas
alemanes sólo en raras oportunidades mostraron curiosidad por las cuestiones y
acontecimientos de carácter político y social. Ni siquiera los sucesos de
1870-1871 consiguieron sacarlos de su indiferencia. «La victoria sobre Francia
y la unificación de Alemania no inspiraron ninguna gran obra en literatura,
música o pintura».3192 Los escritores y los pintores pensaban que su propia
época no era lo «suficientemente poética» para dedicar a ella su talento.
«Mientras surgía la infraestructura del nuevo estado, los artistas alemanes se
dedicaban a escribir sobre tiempos infinitamente remotos o a llenar sus lienzos
con nereidas, centauros y columnas griegas». Incluso Wagner estaba dedicado a
componer dramas musicales que sólo de forma muy remota se vinculaban con el
mundo en el que vivía (Siegfried, 1876; Parsifal, 1882).3193
Existían,
por supuesto, excepciones. En la década de 1880, por ejemplo, surgió en las
artes el movimiento conocido como naturalismo, inspirado en parte por las
novelas del francés Émile
3191
3192
Ibid.,
218.
Ibid.,
pp. 218-219.
3193
Schonberg, Lives of the Composers, pp. 239 y ss.
1771 Preparado por Patricio Barros
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Zola,
que se propuso describir los padecimientos e injusticias sociales provocados
por el industrialismo. No obstante, en comparación con la literatura de otros
países europeos, el movimiento naturalista alemán fue bastante tibio en su
intento de proponer una crítica radical y no se interesó por los peligros
políticos inherentes al sistema imperial. «De hecho», escribe Gordon Craig en
su historia de la Alemania imperial, «cuando esos peligros se hicieron más
palpables bajo Guillermo II, con la aparición de un imperialismo frenético y un
agresivo programa armamentístico, la gran mayoría de los novelistas y poetas
del país desviaron su mirada y se retiraron a ese Innerlichkeit que siempre
había constituido su refugio celestial cuando el mundo real les resultaba
demasiado desconcertante».3194 No existen equivalentes alemanes de Zola, Shaw,
Conrad, Gide, Gorky e incluso Henry James. Para las principales figuras de la
literatura alemana de la época —Stefan George, Rainer Maria Rilke, Hugo von
Hofmannsthal— la dura y difícil realidad debía subordinarse al sentimiento, y
por tanto su principal preocupación era conseguir captar en el papel
impresiones fugaces, estados de ánimo pasajeros, vagas percepciones. En el
capítulo 36 discutiremos el concepto de Das Gleitende de Hofmannsthal, con el
que el poeta alude a la naturaleza «inestable» de su época, en la que nada
puede definirse con precisión porque nada permanece constante, en la que la
ambigüedad y lo paradójico son la regla. Gustav Klimt hizo exactamente lo mismo
en pintura y su caso es instructivo.
3194
Craig, Germany, p. 218.
1772 Preparado por Patricio Barros
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Nacido
en Baumgarten, cerca de Viena, en 1862, Klimt era hijo de un orfebre y se forjó
un nombre gracias a los vastos murales con los que decoró los nuevos edificios
de la Ringstrasse, realizados en colaboración con su hermano Ernst. Sin
embargo, tras la muerte de éste en 1892, Gustav se retiró durante cinco años,
en los cuales al parecer se dedicó a estudiar las obras de James McNeill
Whistler, Aubrey Beardsley y Edvard Munch. Klimt no reaparecería hasta 1897, y
lo haría con un estilo completamente nuevo. Este nuevo estilo, audaz e
intrincado, tenía tres características que lo definían: el delicado uso del pan
de oro (empleando una técnica que había aprendido de su padre), la aplicación
de pequeños retazos de colores iridiscentes, duros como el esmalte, y un
erotismo lánguido, en particular en la representación de figuras femeninas. Las
pinturas de Klimt no eran en ningún sentido freudianas: sus mujeres estaban muy
lejos de ser neuróticas. En Alemania, más que en cualquier otro lugar, el
movimiento por la emancipación de la mujer había estado muy interesado por la
emancipación interior, y las figuras de Klimt constituyen una expresión de
ello.3195 Se trata de figuras tranquilas, plácidas y sobre todo lúbricas, que
de alguna forma son «vida instintiva congelada en arte», como anotó
Hofmannsthal. Al llamar la atención sobre la sensualidad femenina, Klimt estaba
subvirtiendo la forma común de pensar en la misma medida en que lo estaba
haciendo Freud. He aquí a mujeres que eran capaces de cometer todas las perversiones
recogidas en el libro de Richard Krafft Ebing
3195
J. W. Burrow, The Crisis of Reason: European Thought, 1848-1914, Yale
University Press, New Haven y Londres, 2000, p. 158. [Hay traducción
castellana: La crisis de la razón: el pensamiento europeo entre 1848 y 1914,
Crítica, Barcelona, 2001].
1773 Preparado por Patricio Barros
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Psychopathia
Sexualis, lo que resultaba a la vez tentador y escandaloso. El nuevo estilo de
Klimt dividió a Viena de inmediato, pero también se tradujo en un importante
encargo de la universidad de la ciudad.
Se
le solicitaron tres grandes paneles: Filosofía, Medicina y Jurisprudencia. Los
tres provocaron escándalo, pero las disputas que siguieron a Medicina y
Jurisprudencia no fueron más que una repetición de las protestas que causó
Filosofía. Para este cuadro el encargo estipulaba que el tema debía ser «el
triunfo de la luz sobre la oscuridad». Ahora bien, lo que Klimt realmente hizo
fue pintar un cuadro opaco, una «maraña delicuescente» de cuerpos que parecían
alejarse del espectador, un revoltijo caleidoscópico de formas que se
confundían unas con otras en medio del vacío. Los profesores de la facultad de
Filosofía reaccionaron indignados. Se vilipendió a Klimt por ofrecer «ideas sin
claridad a través de formas sin claridad». Se suponía que la filosofía era un
empresa racional, «la búsqueda de la verdad a través de las ciencias exactas».
La visión propuesta por el cuadro de Klimt sugería todo lo contrario, un
resultado que no fue del agrado de nadie: ochenta profesores firmaron una
petición en la que se exigía que la pintura nunca se exhibiera en la
universidad. En respuesta, el pintor devolvió sus honorarios y se negó a
presentar a la institución los dos cuadros restantes.3196 Esta disputa es
relevante porque en estas obras Klimt estaba realizando una declaración
trascendental. El artista estaba cuestionando las posibilidades del
3196
Fueron destruidos en 1945 cuando los nazis incendiaron el castillo de
Immendorf, donde se los había almacenado durante la segunda guerra mundial.
1774 Preparado por Patricio Barros
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racionalismo
cuando lo irracional, lo instintivo y lo inconsciente constituyen una parte tan
importante de la vida. ¿Era realmente la razón la forma de avanzar? A fin de
cuentas, el instinto era un fuerza mucho más antigua y poderosa. Acaso era una
fuerza más atávica y primitiva y, en ocasiones, incluso oscura, ¿pero qué se
ganaba negándolo?3197
El
concepto de Innerlichkeit fue algo especial en manos de Freud, por ejemplo, o
de Mann, Schnitzler o Klimt: era original, estimulante y suponía un desafío.
Sin embargo, esta noción también tenía otra cara, representada por figuras como
Paul Lagarde y Julius Langbehn. Ninguno de ellos es hoy tan famoso como Freud,
Klimt, Mann, etc., pero en su época eran igual de conocidos. Y lo eran por ser
tenazmente antimodernos, por no ver en las fantásticas y brillantes
innovaciones de este período otra cosa que decadencia. Lagarde, un historiador
experto en estudios bíblicos (otra de las áreas en las que la academia alemana
era líder mundial indiscutible), odiaba la modernidad en la misma medida en que
amaba el pasado. Creía en la grandeza humana y en la voluntad: la importancia
de la razón, pensaba, era secundaria. Creía que las naciones tenían un alma y
creía en el Deutschtum, el germanismo: pensaba que el país era encarnación de
una raza única de héroes alemanes dotados de una voluntad sin igual. Lagarde
fue otro de aquellos que esperaban el surgimiento de una nueva religión, una
idea que muchos años más tarde llamaría la atención de Alfred Rosenberg, Göring
y el mismísimo
3197
Carl E. Schorske, Fin-de-Siècle Vienna: Politics and Culture, Weidenfeld &
Nicolson, Londres/Knopf, Nueva York, 1980, pp. 227-232. [Hay traducción
castellana: Fin de siglo, Gustavo Gili, Barcelona, 1981].
1775 Preparado por Patricio Barros
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Hitler.
Lagarde criticaba al protestantismo por carecer de ritual y misterio, y
consideraba que era poco más que un secularismo. Al defender la idea de una
nueva religión, anotó que quería ver «una fusión de las antiguas doctrinas de
los evangelios con las características nacionales de los alemanes». Ante todo,
Lagarde buscaba el resurgimiento del pueblo alemán. En un principio, adoptó la
idea de «migración interior»: el pueblo debía de encontrar la salvación en su
interior; pero luego apoyó la idea de que Alemania se impusiera a todos los
países no germanos del imperio austriaco. La razón para ello era que los
alemanes eran superiores a todos los demás, en especial a los judíos que eran
claramente inferiores.3198 En 1890 Julius Langbehn publicó Rembrandt als
Erzieher (Rembrandt como maestro), un libro con el que se proponía denunciar el
intelectualismo y la ciencia. El arte, y no la ciencia o la religión, era en su
opinión la verdadera fuente del conocimiento y de la virtud. En la ciencia,
pensaba se perdían las virtudes tradicionales alemanas: la simplicidad, la
subjetividad, la individualidad. Rembrandt als Erzieher era «una protesta
estridente contra el intelectualismo enrarecido de la Alemania moderna», el
cual, en opinión de Langbehn, sofocaba la vida creativa; era una invitación al
despertar de las energías irracionales del pueblo o de la tribu, el Volk-geist,
sepultado durante tanto tiempo bajo capas y capas de Zivilisation. Rembrandt,
«el perfecto alemán y un artista incomparable», se presentaba en esta obra como
la antítesis de la cultura moderna y el modelo para la
3198
Burrow, Crisis of Reason, pp. 137-138.
1776 Preparado por Patricio Barros
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«tercera
Reforma» alemana, un nuevo punto de inflexión.3199 La idea dominante del libro
era que el intelectualismo y la ciencia estaban destruyendo la cultura alemana,
y que el único modo de regenerarla era a través de un renacimiento artístico,
que reflejara las cualidades íntimas del gran pueblo alemán, y del ascenso al
poder de individuos heroicos y artísticos en una sociedad nueva. Después de
1871, Alemania había perdido su estilo artístico y sus figuras más grandiosas,
y para Langbehn, Berlín simbolizaba ante todo el mal en la cultura alemana. El
veneno del comercio y el materialismo («manchesterismo» o, en ocasiones,
Amerikanisierung) estaba corroyendo el antiguo espíritu de plaza fuerte
prusiana. El deber del arte, sostenía Langbehn, era ennoblecer el espíritu, y
por tanto el naturalismo, el realismo y cualquier tendencia que denunciara el
tipo de injusticias sobre las que escritores como Zola o Mann llamaban la
atención, eran anatema.3200
En
otras palabras, podría sostenerse (y se ha sostenido) que la Alemania del siglo
XIX produjo un tipo especial de artista y un tipo especial de arte,
introvertido y retrógrado, y que la fascinación y la obsesión alemanas por la
Kultur hicieron salir de madre a la Zivilisation. Esto, entre otras cosas,
constituyó el trasfondo profundo del surgimiento del racismo científico.
El
racismo (científico) moderno emana de tres factores diferentes: la idea
ilustrada de que la condición humana es en esencia un estado biológico (en
oposición a uno teológico); el contacto más amplio entre
3199
Véase Craig, Germany, p. 188.
3200
Burrow, Crisis of Reason, p. 188.
1777 Preparado por Patricio Barros
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las
distintas razas provocado por las conquistas imperiales; y la aplicación
equivocada del pensamiento darwiniano a la reflexión sobre las diversas
culturas del mundo.
Uno
de los primeros divulgadores del racismo biológico fue Jules Virey, un médico
francés que en 1841 presentó en la Académie de Médecine parisina sus ideas
sobre «las causas biológicas de la civilización». Virey dividía a los pueblos
del mundo en dos clases. Por un lado estaban los blancos, «que habían alcanzado
un estadio de civilización más o menos perfecto», y por otro, los negros (los
africanos, los asiáticos y los indígenas americanos), que estaban condenados a
vivir en una «civilización siempre imperfecta». Virey se sentía muy pesimista
respecto a la posibilidad de que los «negros» conquistaran la «civilización
plena», y señalaba a propósito que mientras los animales domesticados por los
pueblos blancos, como las vacas, tienen carne blanca, los animales salvajes,
como los ciervos, tienen carne oscura. Aun entonces esto no se correspondía con
los hallazgos de la ciencia (desde el siglo XVI se sabía que más allá de la
piel, la carne humana tiene toda el mismo color), pero ello no impidió que
Virey usara esta diferencia «básica» para justificar toda clase de
conclusiones. Por ejemplo, sostuvo que «de la misma forma en que los animales
salvajes eran por naturaleza la presa de los seres humanos, los humanos negros
eran por naturaleza la presa de los humanos blancos».3201 En otras palabras,
lejos de ser una
3201
Pagden, People and Empires, p. 147.
1778 Preparado por Patricio Barros
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práctica
cruel, la esclavitud era coherente con lo que se observaba en la
naturaleza.3202
Un
nuevo elemento en la ecuación fue el desarrollo en el siglo XIX del pensamiento
racista en el interior de Europa. En este sentido, una figura muy conocida es
la de Arthur de Gobineau, quien en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas
humanas (publicado en 1853-1855, esto es, antes de que Darwin propusiera su
teoría de la selección natural, pero después de la aparición de Vestiges of
Creation) aseguraba que las aristocracias alemana y francesa (recuérdese que se
trataba de alguien que se había autoproclamado aristócrata) «conservaban las
características originales de los arios», la raza humana primigenia, mientras
que todas las demás personas eran una suerte de híbridos.3203 Aunque esta idea
nunca gozó de mucha popularidad, la supuesta diferencia entre los pueblos
protestantes de Europa septentrional, trabajadores, piadosos e incluso
taciturnos, y los católicos de Europa meridional, «latinos lánguidos,
potencialmente pasivos y potencialmente despóticos», tuvo mucho más éxito. Y
por tanto, quizá no sea sorprendente descubrir que muchos habitantes del norte
(como sir Charles Dilke, por ejemplo) estuvieran convencidos de que las «razas»
septentrionales, los anglosajones, los rusos y los chinos, serían en el futuro
los líderes del mundo, mientras que las demás se convertirían en las «naciones
moribundas» del planeta.3204
3202
Ibid., p. 148.
3203
Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, p. 171.
3204
Véase: Tony Smith, Pattern of Imperialism, pp. 63-65, sobre por qué Rusia no
habría podido ser en aquel momento una nación del futuro.
1779 Preparado por Patricio Barros
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El
encargado de llevar este razonamiento al extremo fue otro francés, Georges
Vacher de Lapouge (1854-1936). Lapouge, que se dedicó al estudió de cráneos
antiguos, creía que las razas eran especies en proceso de formación, que las
diferencias raciales eran «innatas e imposibles de erradicar» y que su posible
integración era contraria a las leyes de la biología.3205 En su opinión, Europa
estaba poblada por tres grupos raciales: el Homo europaeus, alto, de piel clara
y cráneo grande (dolicocéfalo); el Homo alpinus, algo más bajo y oscuro y de
cabeza más pequeña (braquicéfalo); y por último el tipo mediterráneo, también
de cabeza grande pero más bajo y de tez más oscura que el Homo alpinus.3206
Lapouge consideraba que la democracia era un desastre y creía que los tipos
braquicéfalos estaban conquistando el mundo. Pensaba que la proporción de
individuos dolicocéfalos en Europa estaba disminuyendo debido a la emigración
hacia Estados Unidos, y llegó a insinuar que se proporcionara alcohol sin costo
alguno con la esperanza de que los peores tipos abusaran de él y se mataran
entre sí. Y no estaba bromeando.3207
Tras
la publicación de El origen de las especies, las ideas de Darwin no tardaron en
superar el ámbito de la biología para empezar a ser aplicadas a la reflexión
sobre el funcionamiento de las sociedades humanas. Estados Unidos fue el primer
lugar en el que el darwinismo se popularizó. (La American Philosophical Society
nombró a Darwin miembro honorario en 1869, diez años antes de que su propia
3205
Ivan Hannaford, Race: The History of an Idea, The Woodrow Wilson Center Press y
Johns Hopkins University Press, Washington, DC, y Baltimore, 1996, p. 292.
3206
Mike Hawkins, Social Darwinism in European and American Thought, 1860-1945,
Cambridge University Press, Cambridge (Inglaterra), 1997, p. 193.
3207
Ibid., p. 196.
1780 Preparado por Patricio Barros
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universidad,
la de Cambridge, le otorgara un título honorario.3208) Sociólogos y pensadores
estadounidenses como William Graham Sumner y Thorsten Veblen de la Universidad
de Yale, Lester Ward de la Universidad de Brown, John Dewey de la Universidad
de Chicago, William James, John Fiske y otros de la Universidad de Harvard,
debatieron sobre la política, la guerra y la estratificación de las comunidades
humanas en clases sociales diferenciadas a partir de las ideas darwinianas de
«lucha por la supervivencia» y «supervivencia del más apto». Sumner creía que,
aplicada al estudio de la humanidad, la nueva perspectiva propuesta por Darwin
proporcionaba una explicación definitiva (y racional) del mundo. Su teoría, por
ejemplo, daba cuenta de la economía del laissez-faire, la idea de libre
competencia sin intervención tan popular entre los hombres de negocios. Otros
consideraban que explicaba la estructura imperial que dominaba el mundo, ya que
las razas blancas «aptas» se encontraban «por naturaleza» por encima de las
razas «degeneradas» de otros colores.32093210
Fiske
y Veblen, cuya Teoría de la clase ociosa se publicó en 1899, rechazaban por
completo la identificación de las clases acomodadas con los más aptos en
términos biológicos propuesta por Sumner. Veblen, de hecho, invirtió este
razonamiento al argumentar que las personas «seleccionadas para dominar» en el
mundo de los negocios
3208 Hofstadter, Social Darwinism in American
Thought, p. 5.
3209 Ibid., pp. 51-70.
3210 También aquí reelaboro parcialmente algunos
párrafos de mi libro anterior, Historia
intelectual
del siglo XX.
1781 Preparado por Patricio Barros
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eran
poco más que bárbaros, un «retroceso» hacia una forma de sociedad más
primitiva.3211
En
los países de habla alemana, había una verdadera constelación de científicos y
pseudocientíficos, filósofos y pseudofilósofos, intelectuales y
pseudointelectuales, que competían entre sí por ganarse la atención del
público. El zoólogo y geógrafo Friedrich Ratzel sostuvo que todos los
organismos vivos se enfrentaban entre sí en una Kampf um Raum, una lucha por el
espacio, en la que los vencedores expulsaban a los vencidos. Este conflicto se
extendía también al mundo humano, en el que las razas exitosas necesitaban
ampliar su espacio vital, Lebensraum, si querían evitar la decadencia.3212
Ernst Haeckel (1834-1919), zoólogo de la Universidad de Jena, adoptó el
darwinismo social como una segunda naturaleza: en su opinión, la palabra
«lucha» era «el santo y seña de la época».3213 No obstante, Haeckel era un
defensor apasionado de la herencia de los caracteres adquiridos y, a diferencia
de Spencer, fue partidario de un estado fuerte. Esta concepción, sumada a su
racismo y antisemitismo combativos, ha hecho que se le considere como una
especie de protonazi.3214 Para Houston Stewart Chamberlain (1855-1927), el hijo
renegado de un almirante británico que se estableció en Alemania y se casó con
la hija de Wagner, la lucha racial resultaba «fundamental para un entendimiento
“científico” de la historia y la cultura».3215 Chamberlain describía la
historia de Occidente «como un
3211
Ibid., pp. 143 y ss.
3212
Hannaford, Race, pp. 291-292.
3213
Hawkins, Social Darwinism in European and American Thought, p. 132.
3214
Hannaford, Race, pp. 289-290.
3215
Hawkins, Social Darwinism in European and American Thought, p. 185.
1782 Preparado por Patricio Barros
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conflicto
incesante entre los arios, espirituales y creadores de cultura, y los judíos,
mercenarios y militaristas» (su primera esposa era medio judía).3216 Según él,
los pueblos germánicos eran los últimos vestigios de los antiguos arios, pero
su mezcla con otras razas los había debilitado.
Max
Nordau (1849-1923), nacido en Budapest, era como Durkheim hijo de un rabino. Su
título más conocido es Entartung (Degeneración), obra en dos volúmenes que pese
a sus seiscientas páginas se convirtió en un éxito de ventas internacional.
Nordau estaba convencido de que había una «grave epidemia mental, una especie
de peste negra de degeneración e histeria» que afectaba a Europa y socavaba su
vitalidad, una enfermedad que se manifestaba en una amplia variedad de
síntomas: «ojos estrábicos, orejas imperfectas, raquitismo… pesimismo, apatía,
impulsividad, sentimentalismo, misticismo y una falta absoluta del sentido del
bien y el mal».3217 Había indicios de decadencia dondequiera que miraba.3218 En
su opinión, por ejemplo, la obra de los pintores impresionistas era
consecuencia de una degeneración fisiológica, el nistagmo, la oscilación
espasmódica del globo ocular, lo que provocaba que sus pinturas fueran borrosas
y confusas. En los textos de Baudelaire, Wilde y Nietzsche, Nordau advertía un
«egocentrismo desmesurado», y pensaba que las novelas de Zola estaban
«obsesionadas con la suciedad». Nordau creía que la sociedad industrializada
era la causante de esta degeneración, debida,
3216
3217
3218
Ibid.
Hannaford,
Race, p. 338.
Ibid.
1783 Preparado por Patricio Barros
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literalmente,
a la forma en que los trenes, barcos de vapor, teléfonos y fábricas desgastaban
a sus líderes. Tras visitar a Nordau, Freud anotó que era un individuo de una
vanidad insoportable que carecía de todo sentido del humor.3219 Fue en Austria,
más que en cualquier otro país de Europa, donde el darwinismo social no se
quedó en mera teoría. Dos líderes políticos, Georg von Schönerer y Karl Lueger,
crearon plataformas políticas que insistían en dos aspectos que consideraban
emparentados: en primer lugar, la búsqueda del poder para los campesinos, a los
que se consideraba «incontaminados» por no haber tenido contacto con la
corrupción de las ciudades; y en segundo lugar, la promoción de un virulento
antisemitismo, que presentaba a los judíos como la encarnación de la
degeneración. Fue este miasma ideológico el que recibió al joven Adolf Hitler
cuando visitó Viena por primera vez en 1907 para presentarse a la escuela de
arte de la ciudad.
En
contraste con lo ocurrido en los países de habla alemana, el avance del
darwinismo en Francia fue relativamente lento, sin embargo, cuando éste
finalmente prendió, el país desarrolló su propio (y apasionado) darwinismo
social. En su Origines de l’homme et des sociétés, Clémence Auguste Royer
adoptó una línea darwinista social dura, que consideraba a la raza «aria»
superior a todas las demás razas y en la que la guerra entre ellas aparecía
como algo inevitable que beneficiaba al progreso.3220 En Rusia, el anarquista
Peter Kropotkin (1842-1921) publicó en 1902 su libro El apoyo mutuo, en
3219
Johnston, The Austrian Mind, p. 364.
3220
Hawkins, Social Darwinism in European and American Thought, pp. 126-127.
1784 Preparado por Patricio Barros
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el
que proponía una perspectiva radicalmente distinta, al sostener
que
aunque la competencia era un hecho de la vida sobre el que no
había
duda alguna, también la cooperación lo era, y que ésta tenía
tal
predominio en el reino animal que podía considerársela una ley
natural.
Al igual que Veblen, presentó un modelo alternativo al
defendido
por los seguidores de Spencer que condenaba la violencia
como
algo anormal. El darwinismo social se comparó en su momento
con
el marxismo, lo que no resulta especialmente sorprendente, y de
hecho
no sólo lo hicieron los intelectuales rusos.3221
Razonamientos
similares se escucharon al otro lado del Atlántico, en
el
sur de Estados Unidos. El darwinismo afirmaba que todas las razas
tenían un origen común y en este sentido proporcionaba un
argumento
contra la esclavitud, y como tal lo empleó Chester Loring
Brace.3222
Sin embargo, otros sostuvieron precisamente lo contrario.
Uno
de ellos fue el geólogo Joseph le Conte (1823-1901), quien al
igual que Lapouge o Ratzel era un hombre educado, y no
precisamente
un campesino sureño: cuando su libro The
Race
Problem
in the South (El problema racial en el sur) apareció en 1892,
era
el respetadísimo presidente de la Asociación Estadounidense para
el Avance de la Ciencia. Su razonamiento era brutalmente
darwiniano.
En su opinión, cuando dos razas entraban en contacto,
una
estaba destinada a dominar a la otra.3223
El
efecto político más inmediato del darwinismo social fue el movimiento
eugenésico, que quedó establecido para comienzos del
3221
3222
3223
Ibid.,
p. 178.
Ibid.,
p. 62.
Ibid.,
p. 201.
1785 Preparado por Patricio Barros
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nuevo
siglo. Aunque todos los autores mencionados en las páginas anteriores
desempeñaron algún papel en su formación, su progenitor más directo, su
verdadero padre, fue un primo de Darwin: Francis Galton (1822-1911). En un
artículo publicado en 1904 (en el American Journal of Sociology), Galton expuso
la idea que consideraba la esencia de la eugenesia, a saber, que la
«inferioridad» y «superioridad» podían describirse y medirse de manera
objetiva.3224 El racismo o, en el mejor de los casos, el etnocentrismo
inflexible lo impregnaba entonces todo. Richard King, experto en la filosofía
india antigua, afirma que fueron los orientalistas quienes «crearon de hecho»
las religiones hinduista y budista en los siglos XVIII y XIX.3225 Con esto King
quiere decir que aunque en Oriente existían sistemas de creencias complejos,
que habían estado evolucionando durante siglos, quienes vivían en esa parte del
mundo no concebían la religión «como una entidad monolítica que implicaba un
conjunto coherente de creencias, doctrinas y prácticas litúrgicas». En su
opinión, la idea misma de religión, en el sentido de un sistema de creencias
organizado, basado en textos sagrados y con un clero dedicado al culto, era una
noción europea, derivada del cristianismo del siglo III, que había redefinido
la palabra latina religio. En un principio, ésta significaba una «recreación»
de las prácticas tradicionales de los ancestros, pero el cristianismo
primitivo, perseguido en esa época por los romanos, había redefinido la palabra
de manera que para ellos significara «una forma de agruparse, en la que un
“lazo de piedad”
3224
Hannaford, Race, p. 330.
3225
A. L. Macfie, Orientalism, Longman, Londres, 2002, p. 179.
1786 Preparado por Patricio Barros
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unía
a todos los verdaderos creyentes».3226 De este modo, sostiene King, el término
religión empezó a designar un sistema que hacía hincapié en «las creencias
teológicas, la exclusividad y el dualismo fundamental entre el mundo humano y
el mundo trascendente de lo divino… Para la época de la Ilustración se daba por
sentado que todas las culturas podían interpretarse de este modo».3227
De
hecho, King afirma que el término «hindú» es de origen persa, una versión del
sánscrito sindhu, utilizado para designar el río Indo. En otras palabras, los
persas empleaban el término para referirse a las tribus que habitan la región,
y la palabra, por tanto, carecía de significado religioso.3228 Cuando los
británicos llegaron a la India, continúa este estudioso, describieron a los
habitantes locales «bien fuera como paganos, hijos del demonio, gentoos (del
portugués gentio, gentil) o banianos (por los comerciantes del norte de la
India)». Sin embargo, los primero colonialistas eran incapaces de concebir un
pueblo sin una religión, en el sentido en que ellos la entendían, y fueron
ellos los que empezaron a designar su complejo sistema de creencias con la
expresión «la religión de los gentoos».3229 La palabra «gentoo» se cambió por
«hindoo» y luego, en 1816, siempre según King, Rammohan Roy, un intelectual
indio, empleó por primera vez el término «hinduismo».3230
3226
Ibid., p. 180.
3227
Ibid.
3228
Ibid.
3229
Tony Smith afirma que, en términos económicos, antes de la llegada de los
británicos la India se encontraba quinientos años por detrás de Europa. Macfie,
Orientalism, p. 75.
3230
Ibid., p. 181.
1787 Preparado por Patricio Barros
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Lo
ocurrido en el caso del budismo fue bastante similar. «No es seguro», anota
King, «que los tibetanos, sinhaleses y los chinos pensaran en sí mismos como
budistas antes de que los europeos los etiquetaran así en los siglos XVIII y
XIX».3231 En este caso, la figura clave fue Eugène Burnouf, cuya Introduction à
l’histoire de Bouddhisme indien de hecho creó la religión tal y como hoy la
conocemos. Publicado en 1844, el libro de Burnouf se basaba en 147 manuscritos
sánscritos que Brian Hodgson había encontrado en Nepal en 1824.
En
ambos casos, y esto es crucial, sostiene King, se consideró que las
manifestaciones actuales de ambas religiones eran versiones
«degeneradas»
del original clásico y que, por tanto, necesitaban ser
reformadas. Esta «mistificación» resultaba apropiada para tres
propósitos distintos. En
primer lugar, mostrar a Oriente como
«degenerado y atrasado» permitía justificar el imperialismo. En
segundo lugar, en comparación con la antigüedad de Oriente,
Occidente
aparecía como encarnación de la modernidad y el progreso.
Y por último, las antiguas religiones orientales satisficieron la
nostalgia
europea por los orígenes, tan en boga en la época. Friedrich
Schlegel
dio voz a los pensamientos de muchos cuando escribió que
«todo,
sí, todo sin excepción, tiene su origen en la India».3232
Warren
Hastings, a quien ya nos hemos referido, fue nombrado
gobernador general de Bengala en 1772. Estaba firmemente
convencido
de que si Gran Bretaña quería consolidar su poder sobre
3231
3232
Ibid.
Ibid.,
p. 182.
1788 Preparado por Patricio Barros
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la
India, necesitaría del apoyo de la población nativa. Al parecer, la
inverosimilitud de un enfoque semejante no disuadió a nadie. Y en lugar de
ello, Hastings emprendió una serie de iniciativas educativas diseñadas para
granjearse el favor de ciertas clases de la población india. En primer lugar,
propuso la creación de una cátedra de persa en la Universidad de Oxford. Una
vez conseguido esto, su siguiente paso fue la fundación, junto a William Jones
y otros, de la Sociedad Asiática de Bengala, cuyos logros mencionamos en el
capítulo 29. Todavía más práctica fue la decisión de Hastings de hacer que los
funcionarios de la Compañía de las Indias Orientales estudiaran persa, el
lenguaje de la corte mongola, así como la de llevar a Calcuta a pandits hindúes
para que enseñaran sánscrito a esos mismos funcionarios y, al mismo tiempo, se
encargaran de traducir las escrituras antiguas. Una consecuencia directa de
esto fue que se consiguió formar varias generaciones de funcionarios británicos
familiarizados con las lenguas locales e interesados en las culturas hindú y
musulmana. He aquí algunas de las palabras que Hastings escribió para el
prefacio de la traducción del Bhagavad Gita que él mismo había encargado: «Cada
ejemplo que nos permite conocer de cerca el verdadero carácter [de los indios]
nos impresiona profundamente, moviéndonos a considerar con generosidad sus
derechos naturales, y nos enseña a valorarlos de acuerdo con nuestra propia
medida. Pero tales ejemplos sólo pueden conseguirse en sus escritos; y estos
sobrevivirán aun cuando el dominio británico sobre la India haya dejado de
existir desde hace mucho tiempo, y cuando
1789 Preparado por Patricio Barros
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se
haya borrado el recuerdo de las fuentes de las que en otra época se derivaron
riquezas y poder».3233
Los
logros de Hastings fueron ampliados en 1800 cuando Marquess Wellesley, el nuevo
gobernador general, creó el Colegio de Fort William, que más tarde se haría
famoso como la «universidad de Oriente». Esta institución amplió la enseñanza
de lenguas, y además del persa y sánscrito, se impartieron en ella cursos de
árabe y de seis lenguas locales indias, así como de derecho hindú, musulmán e
indio, ciencias y matemáticas. Wellesley, además, se encargó de que
introdujeran técnicas de enseñanza occidentales, en particular, los exámenes
escritos y los debates públicos. «Durante muchos años la ceremonia en que los
debates tenían lugar se consideró uno de los acontecimientos sociales más
importantes del año». El colegio fue una empresa ambiciosa, al menos en sus comienzos.
Tenía su propia imprenta para la publicación de manuales, traducciones de los
clásicos indios y estudios sobre historia, cultura y leyes del país, y contaba
con una biblioteca en la que se inició una colección de manuscritos raros.3234
Esta
política ilustrada no se prolongó durante mucho tiempo. El primer revés ocurrió
cuando el «tribunal» de la Compañía de las Indias Orientales propuso que el
colegio, o al menos la sección dedicada a la enseñanza de materias europeas, se
trasladara a Inglaterra. Y luego, tras la masacre de súbditos británicos en
Vellore
3233
Citado en Ferguson, Empire, p. 39. Bernstein, Dawning of the Raj, p. 89, anota
que Nathaniel Halhed (que en 1771 tenía veintitrés años) fue el primero en
advertir la relación entre el bengalí y el sánscrito.
3234
Hastings también financió varias expediciones: Bernstein, Dawning of the Raj,
pp. 145 y ss.
1790 Preparado por Patricio Barros
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(al
sureste de la India), las actitudes cambiaron de forma decisiva y se tomó la
decisión de que el único modo en que los británicos podían mantener el poder en
el subcontinente era mediante la conversión masiva de los hindúes.3235 Este
cambio era tan radical que era imposible pretender que se diera sin violencia.
En un célebre panfleto titulado Vindications of the Hindoos, by a Bengal
Officer, el coronel «Hindoo» Stewart sostuvo que cualquier intento de convertir
masivamente a los indios estaba condenado al fracaso, y entre las razones para
ello anotaba el hecho de que la religión hindú era «en muchos sentidos
superior… Los numerosos dioses hindúes representaban apenas “tipos” de virtud,
mientras que, por su parte, la teoría de la transmigración de las almas era
preferible a las nociones cristianas de cielo e infierno».3236
Las
cosas no salieron bien. Después de que el parlamento renovara los estatutos de
la Companía de las Indias Orientales en 1813, se creó un obispado de Calcuta,
se desmanteló el Colegio de Fort William y se dispersó su colección de libros y
manuscritos.3237 Y se dejó a su suerte a la Sociedad Asiática de Bengala. El
destino del colegio y la sociedad constituye un buen indicativo de los cambios
que tuvieron lugar a un nivel más amplio. Las políticas orientalistas
emprendidas por los británicos a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo
XIX habían al menos ayudado a ampliar de forma significativa el conocimiento de
Oriente en Occidente. La nueva actitud, encarnada
3235
Macfie, Orientalism, p. 53.
3236
Sobre la destrucción causada por los británicos en la India, véase: Tony Smith,
Pattern of Imperialism, p. 74.
3237
Macfie, Orientalism, p. 56.
1791 Preparado por Patricio Barros
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en
los intentos de conversiones masivas, únicamente contribuyó a polarizar el
país, que quedó dividido entre colonizados y colonizadores.
¿Cuál
es el legado del imperialismo desde la perspectiva de la historia de las ideas?
Se trata de una pregunta compleja, y la respuesta no puede ignorar la evolución
social, económica y política de las antiguas colonias en el mundo moderno.
Durante muchos años, después de que tras la segunda guerra mundial el proceso
de descolonización se acelerara, el imperialismo cargaba consigo una serie de
connotaciones muy negativas: la palabra era sinónimo de racismo, explotación
económica y arrogancia cultural por parte de los colonizadores y a expensas del
«otro», los colonizados. Buena parte del movimiento posmoderno tenía como
objeto la rehabilitación de las antiguas culturas colonizadas. El economista
indio Amartya Sen, ganador del premio Nobel y profesor en Harvard y Cambridge,
ha señalado que la India ha padecido menos hambrunas desde que los británicos
dejaron el país.
Sin
embargo, descripciones recientes del imperialismo nos ofrecen un cuadro con
muchos más matices. «Sin la difusión del dominio británico por todo el mundo,
resulta difícil pensar cómo habrían podido establecerse firmemente las
estructuras del capitalismo liberal en tantas economías diferentes… La India,
la democracia más grande del mundo, le debe mucho más al dominio británico de
lo que está de moda reconocer. Sus escuelas de élite, sus universidades, su
funcionariado, su ejército, su prensa y su sistema parlamentario se fundan
todos en modelos británicos. Y por último, tenemos el idioma
1792 Preparado por Patricio Barros
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inglés
en sí… es indudable que el imperio decimonónico fue un pionero del libre
comercio, de la libre circulación de capitales [lo que Lawrence James denomina
“el imperceptible imperio del dinero”] y, con la abolición de la esclavitud,
del trabajo libre. Invirtió enormes sumas en el desarrollo de una red global de
comunicaciones. Difundió y promovió el imperio de la ley en vastas áreas del
mundo». Niall Ferguson ha mostrado que en 1913, en el apogeo del imperio, el 63
por 100 de la inversión extranjera directa se destinaba a los países en
desarrollo, mientras que en 1996 sólo lo hacía el 28 por 100. En 1913 cerca de
un 25 por 100 de las reservas mundiales de capital estaba invertido en países
con una renta per cápita equivalente a un 20 por 100 o menos del PIB
estadounidense; para 1997 la cifra había caído al 5 por 100. En 1955, hacia el
final del período colonial, Zambia tenía un PIB equivalente a la séptima parte
del de Gran Bretaña; en 2003, tras unos cuarenta años de independencia,
hablamos de un veintiochoavo. Una investigación reciente de cuarenta y nueve
países ha mostrado que «los países basados en el derecho británico ofrecen una
protección jurídica mucho mayor a los inversores que los países basados en el
derecho civil francés». La gran mayoría de los países cuyo sistema se inspira
en la jurisprudencia inglesa estuvieron alguna vez bajo dominación británica.
El politólogo estadounidense Seymour Martin Lipset ha mostrado que los países
que
antiguamente fueron colonias británicas tenían significativamente mayores
oportunidades de convertirse en «democracias perdurables» tras alcanzar la
independencia que aquellos que estuvieron gobernados por otros países. Por otro
lado,
1793 Preparado por Patricio Barros
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los
efectos de la colonización fueron más negativos en aquellos países que estaban
urbanizados y tenían una cultura propia desarrollada antes de la llegada de los
imperialistas, como fue el caso de la India y de China, en el que los
colonizadores se mostraron más interesados en el saqueo que en la construcción
de nuevas instituciones. Ferguson considera que esto quizá explique la «gran
divergencia» que hizo que estos dos países dejaran de ser prósperas
civilizaciones (acaso hasta una fecha tan tardía como el siglo XVI) para verse
reducidos a una relativa pobreza.
El
imperialismo, por tanto, no fue sólo conquista. Fue una forma de gobierno
internacional, de globalización, y no benefició únicamente a las potencias
dominantes. Los colonialistas fueron no sólo Cecil Rhodes, sino también Warren
Hastings y sir William Jones.3238
A
finales del siglo XX, la cuestión de hasta qué punto el desarrollo del
orientalismo constituyó un aspecto del imperialismo fue tema de muchos debates
que se prolongan hasta hoy. La reflexión que más interés ha despertado es la
propuesta por el crítico palestino Edward Said, recientemente fallecido y
durante muchos años profesor de literatura comparada en la Universidad de
Columbia en Nueva York. En dos libros muy influyentes, Said sostuvo en primer
lugar que muchas obras de arte del siglo XIX describen un Oriente imaginario y
estereotipado, una representación en la que abundan las caricaturas y las
simplificaciones. La pintura de Jean-Léon Gérôme Encantador de serpientes
(1870), por ejemplo, nos muestra a un joven, desnudo excepto por la serpiente
que lo envuelve, sentado
3238
Ferguson, Empire, pp. 365-371.
1794 Preparado por Patricio Barros
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sobre
una alfombra para entretenimiento de un grupo de hombres árabes de piel oscura,
engalanados con rifles y espadas y apoyados en una pared recubierta de baldosas
decoradas con arabescos y caligrafía árabe. Said consideraba que el poder
político había corrompido la historia intelectual de los estudios orientales,
tal y como se los practica en Occidente, que la noción de «Oriente» como una
entidad única era absurda y que, además, suponía subestimar una región
gigantesca, en la que convivían muchísimas culturas, religiones y grupos
étnicos diferentes. Ejemplo de ello es la obra Chrestomathie arabe, del
estudioso francés Silvestre de Sacy, publicada en 1806, con la que su autor
intentaba colocar los «estudios orientales» a la par de los estudios latinos y helenísticos,
y que contribuyó a crear la idea de que Oriente era tan homogéneo como la
Grecia o la Roma clásicas. Fue de este modo, sostuvo, como el mundo pasó a
estar compuesto por dos mitades desiguales y a basarse en un intercambio
desigual cimentado en el poder político (imperial). Existe, afirmó, una
«demonología imaginativa» del «Oriente misterioso» en la que los «orientales»
son presentados invariablemente como haraganes, embaucadores e
irracionales.3239
Said
desarrolló aún más estas ideas en Cultura e imperialismo (1993). En este libro
sostuvo que «el gran archivo cultural se encuentra donde se hacen las grandes
inversiones intelectuales y estéticas en los dominios de ultramar. Si se era
británico o francés alrededor de 1860, se veía y se sentía respecto a la India
y el norte de África una
3239 Edward Said, Orientalism, Vintage, Nueva York, 1979. [Hay traducción castellana:
Orientalismo,
Debate, Madrid, 2002].
1795 Preparado por Patricio Barros
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combinación
de sentimientos de familiaridad y distancia, pero nunca se experimentaba la
sensación de que poseyesen una soberanía separada de la metrópoli. En las
narraciones, historias y relatos de viajes y exploraciones, la conciencia
estaba representada como autoridad principal, como una fuente de energía que
daba sentido no sólo a las actividades colonizadoras sino también a las
geografías y los pueblos exóticos. Y sobre todo el sentimiento de poder casi no
permitía imaginar que aquellos “nativos” que tan pronto se presentaban como
excesivamente serviciales, tan pronto como hoscos y poco cooperativos, fueran
capaces de echar al inglés o al francés de la India o de Argelia. O capaces de
decir algo que fuese quizá a contradecir, desafiar o de alguna otra manera
interrumpir el discurso dominante».3240 «En un plano muy primario», insistía
Said, «imperialismo supone pensar en establecerse y controlar tierras que no se
poseen, que son lejanas, que están habitadas y que pertenecen a otros… En
cambio, para los ciudadanos de la Gran bretaña y la Francia del siglo XIX el
imperio era un asunto principal que atraía una atención cultural completamente
desenfadada. La India británica o el norte de África dominado por los franceses
jugaban por sí solos papeles de inestimable valor en la imaginación, la
economía, la vida política y el quehacer de las sociedades británicas y
francesas. Si mencionamos los nombres de Delacroix, Edmund Burke, Ruskin,
Carlyle, James y John Stuart Mill, Kipling, Balzac, Nerval, Flaubert o Conrad,
tan sólo estaremos cubriendo un pequeñísimo sector de una
3240
Edward Said, Culture and Imperialism, Chatto & Windus/Vintage, Londres y
Nueva York, 1993/1994, pp. XI y ss. [Hay traducción castellana: Cultura e
imperialismo, Anagrama, Barcelona, 1996].
1796 Preparado por Patricio Barros
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realidad
mucho más amplia que la alcanzada por sus talentos, incluso tomados
colectivamente». El argumento polémico de Said fue que uno de los principales
propósitos de «la gran novela realista europea» era reforzar el consenso de la
sociedad respecto a la expansión en ultramar.3241
Said
se centra en el período alrededor del año 1878, cuando comienza «el reparto de
África» y la novela realista se ha convertido en la forma artística dominante.
«Hacia 1840 la novela inglesa había logrado un carácter eminente como la forma
estética y la voz intelectual más prestigiosa dentro de su sociedad».3242 Todos
los novelistas ingleses importantes de mediados del siglo XIX aceptaban una
visión del mundo globalizada, afirma, y les resultaba imposible ignorar el
enorme alcance del poder británico en ultramar.3243 Entre los libros que en su
opinión se adecuan a su propuesta, Said menciona los siguientes: Mansfield Park
de Jane Austen y Jane Eyre de Charlotte Brontë, La feria de las vanidades de
Thackeray, Westward Ho! de Charles Kingsley, Grandes esperanzas de Charles
Dickens, Tancred de Disraeli, Daniel Deronda de George Eliot y Retrato de una
dama de Henry James. El imperio, sostiene, es el contexto clave en todas ellas.
En muchos casos, afirma Said, «durante la mayor parte del siglo XIX europeo el
imperio funciona como referencia, punto de definición y
3241
Ibid., pp. 40, 43 y 48.
3242
Ibid., p. 129.
3243
Sobre los puntos débiles del trabajo de Said, véase: Valerie Kennedy, Edward
Said: A Critical Introduction, Polity Press, Cambridge (Inglaterra), 2000, pp.
25 y 37. Said trata sólo de novelas, véase: Roger Benjamin, Orientalist
Aesthetics: Art, Colonialism and North Africa, 1880-1930, University of
California Press, Berkeley y Londres, 2003, en especial pp. 129 y ss., sobre
las becas de viaje para artistas. Y véase: Philippe Jullian, The Orientalists:
European Painters of Eastern Scenes, Phaidon, Oxford, 1977, quien sostiene, en
su capítulo sobre la influencia de los artistas, que éstos contribuyeron a
presentar el «desolado Oriente», p. 39.
1797 Preparado por Patricio Barros
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sitio
fácilmente aceptado para viajar y para obtener riqueza y servicio:
es
una presencia codificada, aunque sólo en parte visible, similar a
los
criados de las grandes mansiones y hoteles, cuyo trabajo se da
por
supuesto, aunque muchas veces apenas se lo mencione».3244
La
principal trama narrativa de Mansfield Park (1814), por ejemplo,
la
constituyen las vicisitudes de Fanny Price, quien a la edad de diez
años
deja el hogar familiar, cerca de Portsmouth, para vivir en calidad
de
pariente pobre y acompañante en Mansfield Park, la propiedad
campestre
de la familia Bertram. A su debido tiempo, Fanny se gana
el
respeto de la familia, en particular de las hijas de ésta, y conquista
el
amor del hijo mayor, con quien contrae matrimonio al final de la
novela,
con lo que se convierte en la señora de la casa. Said, sin
embargo,
se concentra en unos pocos comentarios secundarios de
Austen
en el sentido de que sir Thomas Bertram se encuentra lejos,
en
el extranjero, supervisando su propiedad en Antigua, en las Indias
occidentales. Según Said, la naturaleza secundaria de estas
referencias
delata el hecho de que se trataba de cuestiones que en la
época
se daban por sentadas. Y con todo, el hecho es que «el sostén
material
de su vida es la finca de los Bertram en la isla de Antigua,
que
a su vez tampoco marcha bien».3245 Austen, afirma Said, advierte
con
claridad que «poseer y gobernar Mansfield Park es poseer y
gobernar
una propiedad imperial en estrecha, por no decir inevitable,
relación
con el imperio. Lo que asegura la tranquilidad doméstica y
3244
Said, Cultura e imperialismo, p. 117.
3245
Ibid., p. 149.
1798 Preparado por Patricio Barros
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la
atractiva armonía de uno es la disciplina regulada y la productividad del
otro».3246
Es
esta tranquilidad y armonía la que tanto gusta a Fanny. Con el azúcar que
produce la propiedad de la familia en Antigua, y de la que depende la serenidad
de Mansfield Park, ocurre algo similar a lo que ha pasado con Fanny, que es
ella misma una extraña que ha sido llevada a la casa como si se tratara de una
«mercancía trasladada». Austen, por tanto, combina una cuestión social —la
sangre vieja necesita sangre nueva que la rejuvenezca— con una cuestión
política: el imperio quizá sea invisible, pero desde un punto de vista
económico es fundamental. Lo que Said sugiere es que, pese a toda su humanidad
y talento artístico, Austen implícitamente acepta la esclavitud y la crueldad
que implica esta situación, y que, de igual forma, acepta la subordinación absoluta
de la colonia a la metrópolis. Y cita a propósito un pasaje de John Stuart Mill
sobre las colonias en sus Principios de economía política: «No podemos apenas
considerar éstas como países que mantengan un intercambio de bienes con
nuestros países, sino, más adecuadamente, como remotas propiedades agrícolas o
manufactureras que pertenecen a una comunidad más grande… Todo el capital
empleado es capital inglés, casi toda la industria se lleva allí para usos
británicos… Apenas puede concebirse el intercambio con las Indias occidentales
como un intercambio externo, sino que en realidad se asemeja mucho más al
comercio entre el campo y la ciudad».3247 El argumento básico de Said
3246
3247
Ibid.,
p. 151.
Ibid.,
p. 156.
1799 Preparado por Patricio Barros
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es
que la riqueza y complejidad intelectual de Mansfield Park, un brillante
componente del canon occidental, dependen no sólo de lo que revela sino también
de lo que oculta, y que en ese sentido es una obra típica de su tiempo.
Tanto
Kipling como Conrad utilizaron la experiencia del imperio como tema central de
sus obras, el primero en Kim (1901), el segundo en El corazón de las tinieblas
(1899), Lord Jim (1900) y Nostromo (1904). Said describe Kim como una novela
«totalmente masculina», centrada en dos personajes masculinos muy atractivos.
Kim, que da título a la obra, es a lo largo de todo el libro un niño (en su
desarrollo pasa de los trece a los diecisiete años), y el contexto fundamental
en el que transcurre su historia es el de «el Gran Juego»: la política, la
diplomacia, la guerra, que, anota Said, Kim ve como una gran travesura. La
opinión de Edmund Wilson sobre esta obra es famosa: «Se nos han mostrado dos
mundos completamente distintos y coexistentes, que carecen de auténtica
comprensión el uno del otro… las líneas paralelas nunca se unen… así la obra no
dramatiza un conflicto fundamental al que el mismo Kipling jamás se
enfrentaría».3248 Said, por el contrario, considera que «el conflicto entre el
servicio de Kim a la colonia y la lealtad a sus compañeros indios permanece sin
resolver no porque Kipling no pueda enfrentarse a él sino porque para Kipling
no existía conflicto» (las cursivas son del original). Para Kipling, lo mejor
que podía ocurrirle
3248
Edmund Wilson, «The Kipling that nobody read», en The Wound and the Bow, Oxford
University Press, Oxford, 1947, pp. 100-103, citado por Said, Cultura e
imperialismo, pp. 234-235.
1800 Preparado por Patricio Barros
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a la
India era ser gobernada por Inglaterra.3249 Kipling respeta todas las
divisiones de la sociedad india, no muestra ninguna preocupación por ellas, y
ni él ni sus personajes intentan interferir con ellas. Geoffrey Moorhouse
sostiene que hacia finales del siglo XIX, había sesenta y un niveles de estatus
diferentes en la India, y se pregunta si las relaciones de amor y odio entre
británicos e indios pueden ser consecuencia «de esas complejas actitudes
jerarquizantes presentes en los dos grupos».3250 «Debemos leer la novela»,
concluye Said, «en tanto que realización de ese gran proceso acumulativo que en
los años finales del siglo XIX, antes de la independencia de la India, llegaba
a su momento de mayor intensidad: por un lado, vigilancia y control sobre ella;
por el otro, amor y fascinada atención a cada detalle… Al leer Kim en la
actualidad comprobamos la ceguera de un gran artista a causa de sus propias
vivencias en torno a la India… una India a la que amaba pero que nunca sería
del todo suya».3251
De
todas las personas que participaron en la rebatiña del imperio, Joseph Conrad
se hizo famoso por haber dado la espalda a los oscuros continentes de
«abundantes riquezas» y, tras pasar varios años como marinero en distintos
barcos mercantes, optar por la
3249
Noel Annan ha propuesto una concepción muy diferente al respecto en su ensayo
«Kipling’s Place in the History of Ideas», en el que sostiene que la visión de
Kipling era similar a la de los nuevos sociólogos de la época, como Durkheim,
Weber y Pareto, que «veían a la sociedad como nexos entre grupos; y el modelo
de conducta que esos grupos inadvertidamente establecían determinaba sus
acciones mucho más que sus voluntades o que elementos tan evanescentes como la
clase o la tradición cultural o nacional. Ellos se preguntaron cómo hacían esos
grupos para garantizar el orden o alimentar la inestabilidad social, mientras
que sus antecesores se habían preguntado si ciertos grupos ayudaban a la
sociedad a progresar». Noel Annan, «Kipling’s Place in the History of Ideas»,
Victorian Studies, vol. 3, n.º 4 (junio de 1960), p. 323, citado por Said,
Cultura e imperialismo, p. 247.
3250
Said, Cultura e imperialismo, p. 248.
3251
Ibid., pp. 257-258.
1801 Preparado por Patricio Barros
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sedentaria
vida del escritor de ficción. Sus libros más célebres, Lord Jim (1900), El
corazón de las tinieblas (publicado en forma de libro en 1902), Nostromo (1904)
y El agente secreto (1907), retoman ideas de Darwin, Nietzsche y Nordau para
indagar en la gran falla que separa el optimismo científico, técnico y liberal
del siglo XX, por un lado, y la visión pesimista de la naturaleza humana, por
otro. Se cuenta que en una ocasión Conrad dijo a H. G. Wells: «La diferencia
entre nosotros es fundamental. A usted no le preocupa la humanidad, pero piensa
que ésta puede mejorar. Yo en cambio la amo, pero sé que no lo hará».3252
Bautizado
Józef Teodor Konrad Korzeniowski, Conrad nació en 1857 en una parte de Polonia
de la que los rusos se habían apoderado en 1793 en una de las frecuentes
particiones del país (en la actualidad su ciudad natal se encuentra en
Ucrania). Su padre, Apollo, era un aristócrata que se había quedado sin tierras
después de que las propiedades de la familia fueran embargadas en 1839 tras una
rebelión contra los rusos. Huérfano desde antes de cumplir los doce años, el
futuro de Conrad dependió en gran medida de la generosidad de su tío materno
Tadeusz, quien le proporcionó una pensión anual y, al morir, le legó cerca de
mil seiscientas libras esterlinas (equivalentes a más de cien mil libras
actuales). Esto coincidió con la aceptación de su primer libro, La locura de
Almayer (que había empezado a escribir en 1889) y la adopción de Joseph Conrad
como su nombre de pluma. Desde entonces se convirtió en un hombre de
3252 Redmond O’Hanlon, Joseph Conrad and Charles
Darwin, Salamander Press, Edimburgo,
1984,
p. 17.
1802 Preparado por Patricio Barros
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letras,
dedicado a convertir en relatos de ficción sus experiencias y las historias que
había escuchado en el mar.3253
Algún
tiempo antes de que su tío falleciera, Conrad se detuvo en Bruselas de camino
hacia Polonia, para presentarse a una entrevista de trabajo en la Société
Anonyme Belge pour le Commerce du Haut-Congo, un aciago encuentro que le
conduciría entre junio y diciembre de 1890 al Congo belga y que, diez años más
tarde, daría lugar a El corazón de las tinieblas. Durante esa década la
experiencia vivida en el Congo estuvo al acecho en su cabeza, a la espera del
desencadenante que la tradujera en prosa. Las terribles noticias sobre las
«masacres de Benín» en 1897, así como los relatos sobre las expediciones de
Stanley en África, sirvieron de aliciente. Benin: The City of Blood se publicó
en Londres y Nueva York en 1897, y reveló a Occidente, el mundo civilizado, una
historia de horror sobre los sangrientos ritos de los nativos africanos. Tras
la Conferencia de Berlín de 1884, Gran Bretaña estableció un protectorado sobre
la región del río Níger. Después de la matanza de una misión británica que
llegó a Benín (en la actualidad una ciudad nigeriana) durante la celebración
que el rey Duboar dedicaba a sus ancestros, y que implicaba sacrificios
rituales, se envió al lugar una expedición de castigo para capturar la ciudad,
desde hacía mucho tiempo un centro del comercio de esclavos. El relato del
comandante R. H. Bacon, oficial de inteligencia de la expedición, se asemeja en
ciertos detalles a los acontecimientos narrados en El corazón de las tinieblas.
A pesar
3253
D. C. R. A. Goonetilleke, Joseph Conrad: Beyond Culture and Background,
Macmillan, Londres, 1990, pp. 15 y ss.
1803 Preparado por Patricio Barros
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de
la fluidez de su lenguaje, el comandante anotó que lo que vio al llegar a Benín
superaba cualquier descripción que pudiera ofrecer: «Es inútil continuar
describiendo los horrores del lugar, la muerte, la barbarie y la sangre estaban
por todas partes, y el olor era tal que resulta difícil pensar que el ser
humano pueda continuar viviendo después de haberlo conocido».3254 Conrad evita
definir en qué consistía «el horror» —en el libro, «¡Ah, el horror! ¡El
horror!» son las celebres palabras finales de Kurtz, el hombre a quien Marlow,
el héroe, ha acudido a salvar— y opta en cambio por realizar sugerencias
indirectas como las bolas que Marlow cree ver, a través de sus gemelos de
campo, coronando los postes a medida que se acerca al campamento de Kurtz. Bacon,
por su parte, describe «árboles de crucifixión» rodeados de pilas de cráneos y
huesos, y la sangre desparramada por todas partes sobre ídolos de bronce y
marfiles.
El
propósito de Conrad, sin embargo, no era suscitar la típica respuesta del mundo
civilizado ante los relatos de barbarie. El texto del comandante Bacon
ejemplifica muy bien esa actitud: los nativos «son incapaces de apreciar que la
paz y el buen gobierno del hombre blanco significan felicidad, satisfacción y
seguridad». En la novela de Conrad, encontramos ideas similares en el informe
que Kurtz redacta para la Sociedad Internacional para la Eliminación de las
Costumbres Salvajes. Marlow describe este texto como «una magnífica pieza
literaria», «vibrante de elocuencia». Y, sin embargo, «al final de aquella
3254
Kingsley Widner, «Joseph Conrad», en Dictionary of Literary Biography, Bruccoli
Clark, Detroit, vol. 34, 1988, pp. 43-82.
1804 Preparado por Patricio Barros
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apelación
patética a todos los sentimientos altruistas, llegaba a deslumbrar, luminosa y
terrible, como un relámpago en un cielo sereno: “¡Exterminen a estos
bárbaros!”».3255
Este
salvajismo en el corazón mismo de seres humanos civilizados también se
evidencia en la conducta de los comerciantes blancos, «peregrinos» en palabras
de Marlow. Conrad conocía los relatos de los viajeros blancos que habían estado
en África, como H. M. Stanley, textos que los europeos habían escrito desde un
incuestionable sentido de superioridad respecto de los nativos. El corazón de
las tinieblas gira en torno al modo en que civilización y barbarie, luz y
oscuridad, se invierten de forma irónica. He aquí un episodio característico,
tal y como lo recoge Stanley en su diario. Al necesitar comida, le dice a un
grupo de nativos que «la necesito o moriremos… Debían vendérnosla por cuentas
rojas, azules o verdes, alambre de cobre o latón, o conchas o… Realicé varios
signos significativos señalándome la garganta. Fue suficiente, entendieron de
inmediato».3256 A diferencia de ello, en El corazón de las tinieblas Marlow
advierte impresionado el extraordinario dominio de los caníbales hambrientos
que acompañan la expedición, a quienes se les pagaba con fragmentos de alambre
de latón, pero que carecían de comida, después de que su carne de hipopótamo
podrida, cuyo olor los europeos encontraban demasiado nauseabundo, había sido
arrojada por la borda: «¿Por qué en nombre de todos los roedores
3255
Joseph Conrad, Heart of Darkness, William Blackwood/Penguin, Edimburgo y
Londres, 1902/1995. [La traducción castellana del pasaje es de Sergio Pitol, El
corazón de las tinieblas, Orbis, Barcelona, 1986, p. 90].
3256
Goonetilleke, Joseph Conrad, pp. 88-91.
1805 Preparado por Patricio Barros
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diablos
del hambre no nos atacaron —eran treinta para cinco— y se dieron con nosotros
un buen banquete?».3257 Kurtz es, por supuesto, una figura simbólica («Toda
Europa participó en la educación de Kurtz»), y el quid de la feroz sátira de
Conrad emerge con claridad a través del relato de Marlow. La misión
civilizadora imperial equivale a una depredación salvaje: «la pelea por el
botín más vil que haya desfigurado nunca la historia de la conciencia humana»,
como señaló el mismo Conrad en otro lugar.3258
En
la época en que apareció la novela, algunos lectores reaccionaron con desagrado
ante El corazón de las tinieblas (algo que continúa ocurriendo). No obstante,
esa misma reacción subraya la importancia de la obra. Esto es algo que explica
muy bien Richard Curle, autor del primer estudio completo sobre Conrad,
publicado en 1914.3259 Según Curle, mucha gente necesitaba tenazmente creer que
el mundo, por más horrible que fuera, podía ser mejorado a través del esfuerzo
humano y el tipo de filosofía liberal adecuado. Sin embargo, a diferencia de
las novelas de autores contemporáneos como Wells y Galsworthy, el relato de
Conrad rebajaba este punto de vista a mera ilusión, en el mejor de los casos, y
sugería incluso que podía ser un camino hacia una terrible destrucción.3260
Existen pruebas de que su
3257
Conrad, El corazón de las tinieblas, trad. cit., p. 75.
3258
Goonetilleke, Joseph Conrad, p. 168.
3259
Richard Curle, Joseph Conrad: A Study, Kegan Paul, French, Trübner, Londres,
1914.
3260
En Occidentalism, Atlantic Books, Londres, 2004, Ian Buruma y Avishai Margalit
exploran el sentimiento opuesto al orientalismo, a saber, «los estereotipos
hostiles del mundo musulmán que estimulan el odio en el que se fundan
movimientos como al-Qaeda». Estos autores consideran que esto tiene diferentes
raíces: los movimientos pangermánicos del siglo XIX, que promovieron
sentimientos nacionalistas en el mundo árabe y en Japón en el siglo XX, en el
maniqueísmo persa, y en las diferencias entre la Iglesia católica y la ortodoxa
griega, la cual avivó en Rusia la mentalidad antirracionalista. [Hay traducción
castellana: Occidentalismo: breve historia del sentimiento antioccidental,
Península, Barcelona, 2005].
1806 Preparado por Patricio Barros
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experiencia
en África había afectado a Conrad profundamente, tanto en términos físicos como
psicológicos, y que se había granjeado la antipatía de los imperialistas y
racistas que en esa época se dedicaban a explotar África y a los africanos. El
corazón de las tinieblas contribuyó en alguna medida a poner fin al tiránico
dominio del rey Leopoldo en lo que entonces era el Congo belga.
Pese
a que Conrad había nacido en Polonia y a que El corazón de las tinieblas se
desarrolla en el Congo belga, la novela está escrita en inglés. Un último logro
del imperio, que empezó con las colonias americanas y culminó con la conquista
de la India y el «reparto» de África, fue la difusión de la lengua inglesa. En
la actualidad, hay tantos hablantes de inglés en la India como en Inglaterra y
en Norteamérica ese número se multiplica por cinco. En todo el mundo hay mil
quinientos millones de personas que hablan inglés. Y sin embargo, durante
muchos años, durante siglos, de hecho, el inglés fue un idioma minoritario, que
prosperó sólo superando grandes dificultades. Su posterior triunfo hasta
convertirse en la lengua más útil del mundo es, como anota Melvyn Bragg, una
aventura extraordinaria.
Los
primeros indicios que tenemos de la lengua inglesa se remontan al siglo V d.
C., cuando llegó con los mercenarios germanos contratados para apuntalar las
ruinas del imperio romano.3261 Los habitantes originales de las islas
británicas eran celtas, que hablaban un celta sin duda contaminado por un poco
de latín, gracias a los romanos. No obstante, las tribus germánicas —los
sajones, los anglos
3261
Melvyn Bragg, The Adventure of English, Hodder & Stoughton, Londres, 2003,
p. 1.
1807 Preparado por Patricio Barros
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y
los jutos— hablaban diversos dialectos, mutuamente inteligibles, y pasó algún
tiempo antes de que el de los anglos resultara vencedor. Se cree que el idioma
más cercano al inglés primitivo es el frisón, la lengua de la actual provincia
holandesa de Frisia, donde aún se utilizan palabras como trije (three, árbol),
froast (frost, helada), blau (blue, azul), brea (bread, pan) y sliepe (sleep,
dormir).3262
El
inglés primitivo acogió algunas palabras de origen celta o latino como «win»
(wine, vino), «cetel» (cattle, ganado) y «streat» (street, calle), pero la
inmensa mayoría de las palabras del inglés contemporáneo proceden del inglés
antiguo: you, man, son, daughter, friend, house, etc. También las formas
septentrionales «owt» (anything, algo) y «nowt» (nothing, nada), que provienen
de «awiht» y «nawiht».3263 La terminación «ing» en los nombres de lugares
significa «el pueblo de…»: Reading, Dorking, Hastings; la terminación «ham»
significa «granja», como en Birmingham, Fulham, Nottingham; mientras que la
terminación «ton» significa «cercado» o «aldea», como en Taunton, Luton,
Wilton. Las tribus germánicas trajeron consigo el alfabeto rúnico, que recibe
el nombre de futhorc, palabra que como nuestro abecedario está formada por las
primeras letras de ese alfabeto. Las runas estaban formadas principalmente por
líneas rectas de manera que resultaba fácil grabarlas sobre la madera o la
piedra. El alfabeto se componía de veinticuatro letras, carecía de j, q, v, x y
z, pero en su
3262
Ibid., p. 3. Pero véase también: Geoffrey Hughes, A History of English Words,
Blackwell, Oxford, 2000, p. 99.
3263
Bragg, Adventure of English, p. 28.
1808 Preparado por Patricio Barros
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lugar
incluía los símbolos æ, þ, ð y uu, que luego daría lugar a la letra
w.3264
El
«englisc», como se le llamaba originalmente, no empezó a desarrollarse hasta
las invasiones vikingas, cuando terminaciones como «by» se añaden a los nombre
de lugares para indicar una granja o ciudad: Corby, Derby, Rugby. Los daneses
construían nombres personales añadiendo la partícula «son» al nombre del padre:
Johnson, Hudson, Watson. Otras palabras del noruego antiguo que ingresaron al
ingles por aquella época fueron: birth, cake, leg, sister, smile, thrift y
trust.3265
La
lengua se vio especialmente amenazada en los trescientos años que siguieron a
la batalla de Hastings en 1066. Cuando se coronó a Guillermo el Conquistador en
la abadía de Westminster el día de Navidad de ese año, el servicio se ofreció
en inglés y latín, pero él habló todo el tiempo en francés. El francés se
convirtió entonces en la lengua de la corte, de los tribunales y del
parlamento. Y aunque el inglés sobrevivió, adoptó palabras francesas, en
especial referentes al nuevo orden social —army (armée), throne (trone), duke
(duc), govern (governer)—, pero también al mundo de la cocina: pork (porc),
sausages (saussiches), biscuit (bescoit), fry (frire) y vinegar (vyn egre).3266
El inglés antiguo no desapareció simplemente, con frecuencia se adaptó. Por ejemplo,
la palabra «æppel» en inglés antiguo se usaba para designar cualquier tipo de
fruta, pero tras la
3264
Para una cronología del inglés, véase: Hughes, A History of English Words, pp.
XVII-XVIII; y
véase
también: Barbara A. Fennell, A History of English, Blackwell, Oxford, 2001, pp.
55-93.
3265
Bragg, Adventure of English, p. 23.
3266
Para una exposición sobre cómo los colonizadores afectan (y con frecuencia
destruyen) la lengua de los colonizados, véase: Osterhammel, Colonialism, pp.
103-104.
1809 Preparado por Patricio Barros
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aparición
de la palabra fruit, procedente del francés, la antigua expresión pasó a
denotar un solo tipo de fruta, la manzana (apple).3267 Otras palabras francesas
que entraron a formar parte del inglés en este período fueron: chimney, chess,
art, dance, music, boot, buckle, dozen, person, country, debt, cruel, calm y
honest. La palabra «checkmate» (jaque mate) proviene del francés eschec mat,
que a su vez proviene del árabe Sh h m t, que significa «el rey está
muerto».3268 Éstas fueron las palabras que se convirtieron en el inglés
medio.3269 El inglés medio empezó a reemplazar al francés en Inglaterra sólo a
finales del siglo XIV. Inglaterra había cambiado, al igual que toda Europa,
debido a la peste negra, que se había llevado consigo a muchos clérigos, los
principales hablantes de latín y francés. La revuelta de los campesinos también
contribuyó en gran medida al resurgimiento del inglés, que era la lengua de
quienes protestaban. Cuando Ricardo II se dirigió a Wat Tyler y sus tropas en
Smithfield, señala Bragg, habló en inglés. Y desde la época de la Conquista,
Ricardo fue el primer monarca del que tenemos noticias que usó únicamente el
inglés. En 1399, cuando Enrique, el duque de Lancaster, se autocoronó tras
deponer a Ricardo II, también él hablaba en lo que la historia oficial llama
«su lengua materna», inglés.3270 «En el nombre del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo, yo, Enrique de Lancaster, tomo este reino de Inglaterra y la
corona con todos sus miembros y sus privilegios, a los que tengo derecho por
3267
Bragg, Adventure of English, p. 52.
3268
Ibid., p. 58.
3269
3270
Ibid.,
p. 52.
Ibid.,
p. 67.
1810 Preparado por Patricio Barros
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pertenecer
al linaje de la sangre del buen señor el rey Enrique tercero…».3271 Aunque
cerca de una cuarta parte de las palabras usadas por Chaucer son de origen
francés (si bien con frecuencia con significados hoy desaparecidos, como es el
caso de «lycour», humedad, y «straunge», exterior, distante), la confianza con
que su obra utiliza el inglés constituye una prueba de que se había producido
un gran cambio.3272
Esta
confianza quedó reflejada en el deseo de traducir la Biblia al inglés. Ahora
bien, aunque se atribuye a John Wycliffe el primer intento de hacerlo, Bragg
sostiene que fue en realidad Nicholas Hereford, del Queen’s College de Oxford,
quien realizó la mayor parte del trabajo. Sus scriptoria, organizados en
secreto en Oxford, produjeron muchos manuscritos, de los que sobreviven al
menos 175.3273
In
the bigynnyng God made of nouyt heuene and erthe Forsothe the erthe was idel
and voide, and derknessis weren on the face of depthe; and the Spiryt of the
Lord was borun on the watris.
And
God seide, Liyt be maad, and liyt was maad.3274
3271
M. T. Clanchy, England and Its Rulers, Blackwell, Oxford, 19982.
3272
No todos los conquistadores impusieron su lengua, véase: Osterhammel,
Colonialism, p. 95, sobre las experiencias diferentes de españoles y holandeses
(en Indonesia) en este sentido.
3273
Bragg, Adventure of English, p. 85.
3274
«In the beginning God created the heaven and the earth. And the earth was
without form, and void; and darkness was upon the face of the deep. And the
Spirit of God moved upon the face of the waters. And God said, Let there be
light: and there was light».; «En el principio creó Dios los cielos y la
tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un
viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: “Haya luz”, y hubo
luz».
1811 Preparado por Patricio Barros
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La
ortografía era todavía caótica. La palabra church, «iglesia», podía escribirse
cherche, chirche, charge o cirche, mientras que people, «pueblo, gente», podía
ser pepull, pepille, poepul o pupill. La cancillería, una institución que era
una mezcla de tribunal de justicia, departamento fiscal y Ministerio de
Gobierno, y era, de hecho, la que manejaba el país, vino a poner algo de orden
en todo esto, y el «inglés de la cancillería» empezó a considerarse la versión
«oficial», autorizada, de la lengua. Ich se reemplazó por I; sych y sich por
suche; righte se convirtió en right. La invención de la imprenta contribuyó aún
más a fijar la ortografía, y el proceso estuvo además acompañado por el gran
cambio vocálico, cuando la pronunciación del inglés sufrió una modificación
sistemática, aunque nadie sabe con exactitud por qué ocurrió esto.3275
Todo
esto son indicios de una confianza creciente en la lengua, algo evidente en la
gran innovación de 1611, la aparición de la Biblia del rey Jacobo, basada en la
traducción de William Tyndale, en la que es posible advertir el inglés moderno
en pleno proceso de formación:
Blessed
are the povre in sprete: for theirs is the kyngdome off heven. Blessed are they
that morne: for they shalbe comforted.
Blessed
are the meke: for they shall inherit the erth. Blessed are they which honger
and thurst for rightewesnes: for they shalbe filled.3276
3275
Ibid., p. 101.
3276
«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
Cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la herencia de la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán
saciados».
1812 Preparado por Patricio Barros
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Durante
el Renacimiento y la era de los descubrimientos, el inglés empezó a ampliarse
con la llegada de nuevas palabras: bamboo (malayo), coffee y kiosk (turco),
alcohol (árabe), curry (tamil). El auge del humanismo y el interés por los
clásicos resucitó muchas palabras griegas y latinas (skeleton, glottis, larynx,
thermometer, parasite, pneumonia). Su uso dio lugar a la llamada controversia
inkhorn. Un «inkhorn» era un cuerno que servía como recipiente para la tinta
necesaria para escribir con pluma, y el objeto se convirtió en símbolo de
aquellos a los que les gustaba acuñar nuevas palabras para demostrar su
erudición y conocimiento de los clásicos. La polémica se agotó sola, pero
aunque las palabras mencionadas antes continúan siendo usadas, no todos los
neologismos introducidos en esta época permanecieron en la lengua, como es el
caso de «fatigate» (fatigar), «nidulate» (anidar, en el sentido de hacer nidos)
y «expede» (lograr, como opuesto de impedir).3277 En tanto autor renacentista,
Shakespeare fue el primero que dio uso literario a muchas palabras y
expresiones, independientemente de que fueran o no invención suya. Sobre el
inglés de Shakespeare se han escrito libros enteros, pero entre las palabras y
frases frescas que incluyen sus dramas y sus poemas encontramos: obscene,
barefaced (descarado), lacklustre (mediocre), salad-days (juventud, inocencia),
in my mind’s eye (ver con la imaginación), more in sorrow than in anger (con
más tristeza que furia). Sin embargo, Shakespeare también empleó palabras cuyo
3277
Hughes, A History of English Words, pp. 153-158.
1813 Preparado por Patricio Barros
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uso
no se implantó: cadent, tortive, perisive e incluso honorificabilitu
dinatibus.3278
Los
nuevos paisajes y gentes de América inspiraron muchas palabras frescas y
acuñaciones novedosas: foothill (colina en la falda de una montaña), bluff
(acantilado), watershed (línea divisoria de aguas, cuenca), moose (alce), stoop
(pequeño porche o escalera a la entrada de una casa o edificio). Luego
aparecieron squatter (ocupante ilegal), raccoon (mapache, en algún momento
rahaugcum), y skunk (mofeta, segankw). Palabras ya conocidas se unieron para
describir experiencias nuevas: bull-frog (rana toro), rattlesnake (serpiente de
cascabel), warpath (en pie de guerra). Algunas palabras tradicionales cambiaron
de significado en el Nuevo Mundo: lumber, que significaba en Londres
«cachivaches», pasó en Estados Unidos a significar «madera». Noah Webster, un
maestro de escuela, publicó su American Spelling Book, un manual de ortografía,
pronunciación y gramática que se convirtió en un éxito de ventas, con excepción
de la Biblia, fue el libro más vendido del Nuevo Mundo y contribuyó a propagar
la particular obsesión estadounidense por la pronunciación: en la actualidad,
mientras los británicos dicen cemet’ry y laborat’ry, los estadounidenses
pronuncian la palabra completa, cemetery y laboratory.3279 Fue Webster quién
eliminó la «u» de colour y labour en el inglés estadounidense, así como la
segunda «l» en traveller, que según decía eran innecesarias. Cambió theatre y
centre por theater y center (esto fue mucho más claro, así como también el
cambio de
3278
Bragg, Adventure of English, p. 148.
3279
Boorstin, Americans, pp. 275 y ss., sobre el habla americana.
1814 Preparado por Patricio Barros
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check
por cheque). Las palabras music y physic perdieron su «k» final.3280 La
apertura de la frontera introdujo más palabras indias: maize, pecan (pacana),
persimmon (caqui, fruta), toboggan, aunque tamarack (un tipo de alerce) y
pemmican (alimento preparado a base de carne de bisonte) no lograron imponerse
igual de bien. Los viajeros pobres viajaban al oeste en balsas (rafts) que
dirigían mediante remos conocidos como riffs, de dónde surge la palabra
riffraff, «gentuza». Las expresiones «pass the buck» (pasar la pelota) y «the
buck stops here» (la responsabilidad es mía) derivaban de los juegos de cartas
del oeste americano. El buck era originalmente un cuchillo con un mango hecho
de cuerno de ciervo, que se rotaba como señal de quien tenía la autoridad o
llevaba la mano.3281 Se han propuesto muchas etimologías para OK u okay,
supuestamente la palabra más usada en la lengua inglesa. Los indios choctaw
tienen la palabra okeh, que significa «es así». En Boston se decía que era una
abreviatura para Orl Korrekt (todo bien), y algunos aseguran que el dialecto de
los barrios obreros londinenses también usaba un Orl Korrec. En Luisiana los
trabajadores acostumbraban garabatear Au quai sobre las balas de algodón que
estaban listas para ser enviadas río abajo hasta el mar. Pero todas estas
etimologías son apenas orígenes posibles y la cuestión está lejos de resolverse
de forma definitiva.3282
3280
John Algeo, ed., The Cambridge History of the English Language, Cambridge
University Press, Cambridge (Inglaterra), vol. VI, 2001, pp. 92-93 y 163-168
passim. Véase también: Bragg, Adventure of English, p. 169.
3281
Bragg, Adventure of English, p. 178.
3282
Boorstin, Americans, p. 287, anota que otro posible origen de la palabra sea
Old Kinderhook, el apodo de Martin van Buren durante su campaña presidencial,
que recibió el apoyo de OK Clubs demócratas en Nueva York.
1815 Preparado por Patricio Barros
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La
palabra jean debe su existencia al señor Levi Strauss, quien utilizó un fustán
llamado geane, fabricado originalmente en Génova.
La
Ilustración y la revolución industrial introdujeron obviamente muchas palabras
nuevas: reservoir, condenser, sodium (1807), centigrade (1812), biology (1819),
kleptomania (1830), palaeontology (1838), gynaecology y bacterium (ambas en
1847), claustrophobia
(1879).
Se ha calculado que entre 1750 y 1900 la mitad de los artículos científicos del
mundo se publicaron en inglés.3283 En la India, durante el apogeo del imperio
británico, es discutible qué pueblo tenía el poder lingüístico. Y en cualquier
caso, siendo el inglés una lengua indoeuropea, el sánscrito formaba parte de su
distante pasado. Con todo, entre las palabras de las lenguas indias que el
inglés incorporó se encuentran: bungalow, cheroot (puro cortado en ambos
extremos), thug (matón), chintz, polo (el deporte), jungle, lilac, pariah,
khaki (que significa «color polvo») y pyjamas.3284 Los ingleses rebautizaron a
Kolkata como Calcuta, aunque recientemente la ciudad ha recuperado su nombre
original.
Con
la difusión del inglés en el siglo XIX gracias a la expansión del imperio
británico, el idioma se propagó por Australia, las Indias occidentales, África
y muchas regiones de Oriente Próximo, y se convirtió en lo que en otra época
fueron el árabe, el latín y el francés, la lengua común de la comunicación
internacional, una posición que ha detentado desde entonces. Gandhi se sentía,
o decía que se sentía,
3283
Bragg, Adventure of English, p. 241.
3284
Sobre el inglés alrededor del mundo, véase: Robert Burchfield, The Cambridge
History of the English Language, Cambridge University Press, Cambridge
(Inglaterra), vol. V, 1994, en especial el cap. 10.
1816 Preparado por Patricio Barros
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esclavizado
por el inglés, pero la excelencia y popularidad de los novelistas indios que
escriben en inglés no revela ese mismo sentimiento. El triunfo mundial del
inglés puede ser consecuencia del nacionalismo y el imperialismo del pasado,
pero ha ido mucho más allá de ellos. La lengua inglesa no es ya sólo la lengua
del imperio, sino la de la ciencia, la del capitalismo, la de la democracia y
la de Internet.
1817 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
34
La
mente «americana» y la universidad moderna
El
auge del imperio en el Viejo Mundo coincidió, aproximadamente, con la guerra
civil estadounidense. En cierto sentido, por tanto, ambos continentes se
enfrentaban a problemas similares en este período: cómo habían de vivir juntos
pueblos y razas diferentes. La guerra civil constituyó un hito en la historia
de Estados Unidos. Aunque no muchos lo comprendieron en su momento, el
conflicto alrededor de la esclavitud había mantenido al país en el atraso y la
guerra permitió, en última instancia, que el industrialismo y el capitalismo se
expresaran con toda su fuerza. Sólo después de la guerra, pudo la joven nación
realizar con total libertad la promesa que contenía.
En
1865 la población estadounidense superaba los treinta y un millones de
habitantes, una cifra relativamente pequeña si se la compara con la de las
principales potencias europeas de la época. La vida intelectual, al igual que
todo lo demás, estaba aún en proceso de formación y expansión.3285 Después de
los triunfos de 1776 y los logros alcanzados con la Constitución, que había
resultado tan estimulante para muchísimos europeos, los estadounidenses no
carecían de confianza. No obstante, incluso así, había bastantes motivos para
la incertidumbre: la frontera continuaba ampliándose (lo que obligaba a
preguntarse cómo había que tratar con los indios
3285
Boris Ford, ed., The New Pelican Guide to English Literature, vol. 9, American
Literature, Penguin Books, Londres, 1967/1995, p. 61.
1818 Preparado por Patricio Barros
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de
las planicies) y el patrón de la inmigración estaba cambiando. En 1803 se
compró Luisiana a los franceses. Así las cosas, las cuestiones de la raza, la
tribu, la nacionalidad, la filiación religiosa y la identidad étnica eran,
prácticamente, omnipresentes. En este contexto, Estados unidos tuvo que
inventarse como país, concibiendo nuevas ideas allí donde fueron necesarias y
empleando antiguas nociones del viejo mundo cuando se las consideró
relevantes.3286
La
asimilación gradual de las ideas europeas en el contexto americano ha sido
estudiada por Richard Hofstadter y, en años más recientes, por Louis Menand,
profesor de literatura inglesa en la Universidad de Harvard, quienes se han
ocupado de un pequeño número de pensadores de la Nueva Inglaterra del siglo
XIX, todos relacionados entre sí, que inventaron lo que podemos considerar la
tradición moderna del pensamiento «americano», la mente «americana». La primera
parte de este capítulo se basa en gran medida en la obra de Menand.3287 Entre
las especialidades de estos individuos se encontraban la filosofía, la
jurisprudencia, la psicología, la biología, la geología, las matemáticas, la
economía y la religión. Estamos hablando en particular de Ralph Waldo Emerson,
Oliver Wendell Holmes, William James, Benjamin y Charles Peirce, Louis Agassiz
y John Dewey.
«Estos
hombres tenían cada uno una personalidad muy especial, y no siempre estaban de
acuerdo entre sí, pero sus carreras se cruzan en muchos puntos, y en su
conjunto fueron, más que cualquier otro
3286
Commager, Empire of Reason, pp. 16 y ss.
3287
Louis Menand, The Metaphysical Club: A Story of Ideas in America,
HarperCollins/Flamingo,
Londres,
2001. [Hay traducción castellana: El club de los metafísicos, Destino,
Barcelona, 2002].
1819 Preparado por Patricio Barros
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grupos,
los responsables de haber llevado el pensamiento estadounidense a la
modernidad… Sus ideas cambiaron la forma en que los estadounidenses pensaban —y
continúan pensando— sobre la educación, la democracia, la libertad, la justicia
y la tolerancia. Una consecuencia de ello es que cambiaron también la forma en
la que los estadounidenses vivían, con lo que definieron la forma en la que los
estadounidenses aprenden, la forma en la que expresan sus puntos de vista, la
forma en que se entienden a sí mismos y la forma en que tratan a quienes son
diferentes… Podemos afirmar que lo que estos pensadores tenían en común no fue
tanto un conjunto de ideas, sino una única idea; una idea sobre las ideas.
Todos ellos creían que las ideas no estaban “ahí afuera”, esperando ser
descubiertas, sino que eran herramientas, como los tenedores y los cuchillos y
los microchips, que la gente concebía para dar cuenta del mundo en el que
vivía… Y creían que dado que las ideas eran respuestas provisionales a
circunstancias particulares e irrepetibles, su supervivencia dependía no de que
fueran inmutables sino de su capacidad para adaptarse… Enseñaron un tipo de
escepticismo que ayudó a la gente a desenvolverse en una sociedad heterogénea e
industrializada, una sociedad de mercado masificada, en la que los antiguos
vínculos de la comunidad y la costumbre parecían haberse vuelto más tenues…
Pero, además, implícito en sus escritos, está el reconocimiento de que existen
límites a lo que el pensamiento puede hacer en el esfuerzo por aumentar la
felicidad humana».3288 Y por el
3288
Menand, Metaphysical Club, pp. X-XII. Véase también: Hofstadter, Social
Darwinism in American Thought, p. 168, quien también identifica lo que denomina
un «renacimiento» del pensamiento estadounidense.
1820 Preparado por Patricio Barros
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camino
nos ocuparemos también de la creación de algunos de los centros intelectuales
más importantes de Estados Unidos: las universidades de Yale, Princeton,
Chicago, Johns Hopkins y Harvard y el MIT en Cambridge, Massachusetts.
Uno
de los padres fundadores de esta «tradición americana» fue el doctor Oliver
Wendell Holmes, padre. Aunque era un hombre muy bien relacionado, que contaba
entre sus amigos a los Cabot, los Quincy y los Jackson, todas ellas viejas
familias terratenientes, Holmes era ante todo un profesor que había estudiado
medicina en París. Y fue él quien acuñó el término de «brahmán bostoniano» para
referirse a los intelectuales de buena cuna. Como médico, descubrió la causa de
la fiebre puerperal y demostró de forma concluyente que la enfermedad era
transmitida de un parto a otro por los médicos que los atendían. Aunque esto
difícilmente lo hizo popular entre sus colegas, el descubrimiento fue un
significativo avance hacia el desarrollo de la teoría de los gérmenes como
causantes de las enfermedades así como de la antisepsia.3289 Culminó su carrera
académica como decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard,
si bien fue todavía más célebre por ser lo que muchos consideraban el mejor
conversador que uno pudiera escuchar, y por su papel como fundador del «Club de
los Sábados», en el que tras cenar los participantes discutían asuntos
literarios y al que pertenecían figuras como Emerson, Hawthorne, Longfellow,
James Russell Lowell y Charles Eliot Norton. Holmes también contribuyó al
3289
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 209.
1821 Preparado por Patricio Barros
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nacimiento
del Atlantic Monthly, cuyo nombre concibió para dar cuenta del vínculo entre el
Nuevo y el Viejo Mundo.3290
El
otro padre fundador de la tradición intelectual americana fue Emerson. Holmes
padre y él eran buenos amigos, que se influyeron mutuamente. Holmes se
encontraba entre el público cuando Emerson pronunció su famoso discurso Phi
Beta Kappa sobre «El estudioso americano» en la Universidad de Harvard en 1837.
Este discurso fue el primero de una serie en la que el escritor declaró la
independencia literaria americana e instó a sus conciudadanos a desarrollar un
estilo propio, diferente de los europeos (aunque muchos de sus «grandes
hombres» no eran precisamente americanos). Un año más tarde, en un discurso no
menos célebre, Emerson se dirigió a la Facultad de Teología de Harvard para
contar cómo un aburrido sermón lo había llevado a distraerse comparando su artificialidad
con la salvaje tormenta de nieve que tenía lugar fuera de la iglesia. Esto,
sumado a otras varias meditaciones, le había hecho abandonar, según dijo, su
creencia en un Jesús sobrenatural y en el cristianismo organizado, y a preferir
en cambio una forma de revelación más personal. En parte como consecuencia de
esto, Harvard, que entonces era una institución calvinista, dio la espalda a
Emerson durante treinta años.3291 Holmes padre, sin embargo, continuó siendo su
amigo. Éste compartía sobre todo la creencia de Emerson en el nacimiento de una
literatura americana, que es la
3290
Menand, Metaphysical Club, p. 6. Harvey Wish, Society and Thought in Modern
America, Longmans Green, Londres, 1952, añade a la lista a Veblen, Sumner,
Whitman, Dreiser y Pulitzer, Louis Sullivan y Winslow Homer.
3291
Brogan, Penguin History of the United States, p. 300. Véase también: Boorstin,
Americans:
The
National Experience, p. 251.
1822 Preparado por Patricio Barros
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razón
por la cual se sentía tan comprometido con en el Atlantic Monthly.3292
Emerson
impresionó tanto a Holmes hijo como a Holmes padre, y según contó muchos años
después, el contacto con el escritor durante el primer año de Holmes en
Harvard, en 1858, lo «encendió». Con todo, padre e hijo no estaban hechos
exactamente del mismo molde. Aunque Holmes padre era abolicionista por razones
religiosas, nunca tuvo realmente mucho contacto directo con los negros,
mientras que su hijo sentía un interés mucho más profundo por la cuestión. La
lectura de Los papeles póstumos del club Pickwick le había resultado
desagradable debido a su trato de los indígenas americanos, y de igual modo
detestaba los espectáculos de los trovadores, que consideraba
«humillantes».3293 Coincidía con Emerson en que tener una visión científica del
mundo no impide llevar una vida moral, y también en que era posible vivir en
una mejor relación con nuestros semejantes fuera de la religión organizada que
dentro de ella.
Teniendo
una posición semejante, el estallido de la guerra civil en 1861 le proporcionó
una oportunidad de hacer algo práctico. Fiel a su palabra, Holmes aceptó el
servicio como una «obligación moral».3294 Su primera participación en combate,
en la batalla de Ball’s Bluff, el 21 de octubre de ese año, estuvo lejos de ser
un éxito: de los mil setecientos soldados que realizaron el avance al otro lado
3292
Menand, Metaphysical Club, p. 19.
3293
Ibid., p. 26. Sobre la importancia crucial de Emerson para los escritores
estadounidenses, véase también: Luther S. Luedtke, Making America: The Society
and Culture of the United States, University of North Carolina Press, Chapel
Hill, 1992, p. 225.
3294
Menand, Metaphysical Club, p. 46.
1823 Preparado por Patricio Barros
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del
río menos de la mitad regresaron con vida. Holmes recibió un disparo cerca del
corazón, la primera de las tres heridas que recibiría durante el conflicto y
que, como anota Menand, influyeron profundamente en él. (La caligrafía de sus
cartas en esta época estaba lejos de ser la mejor, decía a sus corresponsales,
porque tenía que permanecer echado de espaldas).3295 De hecho, a pesar de que
de vez en cuando contaba sus hazañas en combate, nunca leyó historias de la
guerra civil.3296 Sabía lo que sabía, y no necesitaba ni deseaba visitar de
nuevo el horror. La guerra civil estadounidense se libró con armamento moderno
y tácticas premodernas. La carga de infantería cerrada estaba diseñada para
hacer frente a los mosquetes, un arma con un alcance de algo más de setenta
metros, pero los rifles del siglo XIX tenían un alcance de casi trescientos
setenta metros. Esto explica parte de la carnicería que tuvo lugar en la guerra
civil, que continúa siendo el conflicto que más vidas estadounidenses se ha
cobrado, y el enorme impacto que tuvo en Holmes y tantos otros.3297
En
medio de la matanza, Holmes aprendió una lección para el resto de su vida: a
desconfiar de los absolutos y la certeza, la guerra lo había convencido de que
«la certidumbre conduce a la violencia».3298 Observando lo que ocurría a su
alrededor, advirtió que si bien hacia 1850 los norteños consideraban
subversivos a los abolicionistas, para
3295
Mark De Wolfe Howe, Justice Oliver Wendell Holmes: The Shaping Years, 2 vols.,
The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge (Massachusetts),
1957-1963, vol. 1, p. 100.
3296
Menand, Metaphysical Club, p. 61.
3297
Para una buena y breve introducción al armamento y tácticas empleadas en la
guerra civil estadounidense, véase: Brogan, Penguin History of the United
States, pp. 325 y ss.
3298
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 209. Véase también: Albert
W. Alschuler,
Law
Without Values: The Life, Work and Legacy of Justice Holmes, University of
Chicago Press, Chicago, 2000, pp. 41 y ss., «The battlefield conversion of
Oliver Wendell Holmes».
1824 Preparado por Patricio Barros
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el
final de la guerra éstos se habían convertido en «patriotas», lo que le llevó a
concluir que «no existe un único modo en el que se deba vivir».3299 Este
pensamiento se convirtió en su guía y le permitió llegar a ser luego un juez
muy sabio. Esta sabiduría se manifiesta en su magnífico libro The Common
Law,3300 que empezó siendo una serie de doce conferencias pronunciadas en la
Universidad de Harvard, las Lowell Lectures, en las que Holmes habló ante un
auditorio repleto sin utilizar apuntes de ningún tipo.3301
Su
biógrafo, Mark De Wolfe Howe, dice que Holmes fue el primer abogado, inglés o
estadounidense, que propuso un análisis filosófico y una explicación histórica
del derecho consuetudinario.3302 La brillantez filosófica de Holmes le permitió
ver que el derecho no tiene una meta o idea primordial. (Ésta era la enseñanza
que había sacado del desastre de la guerra civil).3303 El derecho había
evolucionado de forma pragmática.3304 Al menos en términos de los hechos, cada
caso es único. Y cuando llega a los tribunales se ve inmerso en lo que Menand
denomina un «vórtice» de intenciones, suposiciones y creencias. Por un lado,
por ejemplo, existe la intención de hallar una solución adecuada a este caso en
particular. Al mismo tiempo, sin embargo, también existe la intención de llegar
a un veredicto que sea coherente con los alcanzados en el pasado en casos
similares. Y
3299
Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, p. 32, sobre el efecto de
Darwin en Holmes. 3300 Holmes era conocido por decir que para ser alguien uno
debía haber hecho algo sobresaliente para cuando llegaba a los cuarenta años.
En su caso, lo consiguió en el límite: The Common Law apareció cuando tenía
treinta y nueve.
3301
Menand, Metaphysical Club, p. 338.
3302
Howe, Justice Oliver Wendell Holmes, vol. 2, p. 137.
3303
Menand, Metaphysical Club, p. 339.
3304
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 209.
1825 Preparado por Patricio Barros
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además
existe la intención de llegar al veredicto que sea más benéfico para la
sociedad en su conjunto: una solución que prevenga en lo posible nuevos casos
de este tipo.3305 Luego hay cierto número de objetivos menos apremiantes que
afecta el veredicto, algunos de los cuales, Holmes concedía, no llegan a
manifestarse explícitamente. Entre éstos puede incluirse el deseo de
redistribuir los costos para que los asuman no quienes no pueden permitírselos
(con frecuencia las víctimas) sino quienes sí pueden hacerlo (con frecuencia
los empresarios o las compañías de seguros). «No obstante, por encima de todo
este patrón, que, por decirlo de algún modo, existe incluso antes de que surja
cualquier caso, hay un único meta-imperativo: que no parezca que cualquiera de
estos imperativos de menor importancia haya decidido el caso, de forma
descarada, a costa de los demás. Un resultado que parezca justo intuitivamente
pero que sea evidentemente incompatible con los precedentes jurídicos es tabú;
el tribunal no quiere aparecer como excusando un comportamiento imprudente
(como operar un ferrocarril demasiado cerca de una zona muy poblada), pero
tampoco quiere imponer una barrera de responsabilidad demasiado alta a
actividades que la sociedad quiere promover (como la construcción de
ferrocarriles)».3306
La
genialidad de Holmes fue entender que no existían distinciones estrictas y
definitivas en ninguna de estas áreas. Esto se expresa con gran claridad en una
de las primeras frases de The Common Law, que luego se haría famosa: «La vida
del derecho no es la lógica, sino la
3305
Menand, Metaphysical Club, p. 339.
3306
Ibid., p. 340.
1826 Preparado por Patricio Barros
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experiencia».3307
Pensaba que su tarea era decir duras verdades, no propagar leyendas
históricas.3308 Su argumento era que la mayoría de los jueces de derecho
consuetudinario llegan primero a una conclusión y sólo después conciben un
«relato verosímil» de cómo la alcanzaron. Holmes incluso admitía la posibilidad
de que los jueces tuvieran influencias «inconscientes», un uso temprano y muy
interesante del término.3309 Holmes no pretendía afirmar que los jueces fueran
caprichosos, inconstantes o bien personalistas en sus pronunciamientos.
Simplemente no estaba seguro de que la experiencia pudiera reducirse a
abstracciones generales, a pesar de todo el tiempo que dedicaban los seres
humanos a semejante actividad. «Todo lo que es placentero en la vida reside en
ideas generales», escribió en 1899, «pero todo lo que resulta útil en la vida
lo hallamos en soluciones específicas, a las que es imposible llegar mediante
generalidades del mismo modo en que es imposible pintar un cuadro conociendo
sólo unas cuantas reglas técnicas. Para encontrarlas necesitamos perspicacia,
tacto y conocimientos específicos».3310 Posteriormente desarrollaría su idea de
experiencia para proponer la que quizá sea su contribución más importante al
derecho civil: la invención del «hombre razonable». Holmes pensaba que el quid
de la experiencia es que era «colectiva y consensual», algo social y no
psicológico. Esto constituye el meollo de la teoría moderna de la
responsabilidad civil y es una de las principales cuestiones que
3307
Ibid., p. 341.
3308
Howe, Justice Oliver Wendell Holmes, vol. 2, p. 140.
3309
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 209.
3310
Menand, Metaphysical Club, p. 342.
1827 Preparado por Patricio Barros
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aborda
el derecho cuando se pregunta cómo hemos de vivir juntos. En el ejemplo
clásico, tal y como lo presenta Menand, alguien resulta herido a consecuencia
de algo que otro ha hecho, que es lo que da origen a la pregunta: ¿qué
determina la responsabilidad civil? Hay tres argumentos tradicionales para
resolver esta cuestión. Uno afirma que basta con demostrar la causalidad. Todos
los ciudadanos actúan bajo su propia responsabilidad, y por tanto puede
exigírseles que respondan por cualquier daño producido por sus acciones, hayan
o no previsto las consecuencias de ellas. Esto es «responsabilidad estricta».
Un segundo argumento considera que un ciudadano es responsable de los daños que
causa intencionalmente pero no de aquellos que nunca llegó a contemplar. En
términos jurídicos se habla aquí de mens rea, la doctrina de la «mente
culpable». El tercer argumento se refiere a la negligencia: aunque un ciudadano
no hubiera previsto la posibilidad de que, actuando de determinada manera,
pudiera causar daño a alguien, se le considera responsable de los daños
causados si su conducta fue descuidada o imprudente.3311
La
contribución de Holmes en este ámbito fue reemplazar los términos jurídicos
tradicionales, «culpa» y «falta», con palabras como «descuido» e
«imprudencia».3312 Pensaba que al hacer esto nos resultaría más fácil
determinar con claridad qué conducta puede ser considerada descuidada o
imprudente. La cuestión clave, desde su punto de vista, era identificar cuáles
eran y cuáles no eran «las
3311
Alschuler, Law Without Values, p. 126.
3312
Menand, Metaphysical Club, p. 344.
1828 Preparado por Patricio Barros
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consecuencias
permisibles» de cualquier actividad. La respuesta, decía, residía en la
«experiencia», y su logro fue definir en qué consistía esta «experiencia».3313
A lo que Holmes apelaba en este contexto era a la experiencia de cualquier
«miembro inteligente y prudente de la comunidad». La ley, sostenía, no era algo
que emanara de una inteligencia omnisciente que contemplaba el mundo desde el
cielo, sino algo que debía funcionar de acuerdo con los preceptos de un miembro
«medio» de la sociedad, cuyo mejor representante era el jurado.3314 «Cuando los
hombres viven en sociedad», insistía Holmes, «el bienestar general requiere una
cierta conducta media y un sacrificio de las peculiaridades individuales». Por
tanto, la forma en que Holmes entendía la responsabilidad se fundaba en este
«hombre razonable», en sus creencias y su conducta. Ahora bien, como anota con
acierto Menand, ésta no deja de ser una ficción estadística, un «primo
jurídico» del homme moyen de Adolphe Quetelet. «El “hombre razonable” sabe, porque
se lo dice la “experiencia”, que un comportamiento dado en una circunstancia
dada, por ejemplo, practicar el tiro en una zona poblada, conlleva determinados
riesgos, en este caso, el de herir a otras personas».3315
Holmes
también afirmó en alguna ocasión que los jueces «no debían tener una política».
No obstante, él mismo era partidario de los capitalistas, que asumían riesgos y
generaban riqueza, y hubo quienes consideraron que sus argumentos consiguieron
en realidad
3313
Su visión de la humanidad, decía, era pesimista. Alschuler, Law Without Values,
pp. 65 y
207.
3314
Morison et al., Growth of the American Republic, pp. 201-210.
3315
Menand, Metaphysical Club, p. 346.
1829 Preparado por Patricio Barros
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desplazar
el derecho de la teoría de la responsabilidad estricta a la de la negligencia,
una concepción que permitía que las grandes empresas eludieran con más
facilidad su «deber» para con sus trabajadores y clientes. «En cualquier caso,
en su teoría del agravio, Holmes hizo lo mismo que hicieron Darwin, en su
teoría de la evolución por cambios aleatorios, y Maxwell, en su teoría cinética
de los gases: aplicar a su propia especialidad el gran descubrimiento del siglo
XIX de que la enorme indeterminación del comportamiento individual podía
reducirse si se consideraba a las personas desde un punto de vista estadístico
como masa».3316 Éste fue un paso crucial hacia la democratización del derecho.
La
experiencia, que Oliver Wendell Holmes consideraba tan importante en el ámbito
del derecho, no era menos valiosa para su colega del Club de los Sábados, el
filósofo y psicólogo William James. A pesar de tener un nombre impecablemente
galés, James era en realidad de origen irlandés.3317
El
primer William James, el abuelo del filósofo, era un millonario dedicado a los
textiles que, de no ser por John Jacob Astor, habría sido el hombre más rico
del estado de Nueva York.3318 Su hijo Henry era demasiado aficionado a la
bebida y William lo desheredó, no obstante, Henry impugnó el testamento y ganó.
Según Richard Hofstadter, William James fue el primer gran beneficiario de la
educación científica que emergió en Estados Unidos durante las décadas de 1860
y 1870 (y que estudiaremos más adelante en este
3316
Ibid.
3317
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 209.
3318
Menand, Metaphysical Club, p. 79.
1830 Preparado por Patricio Barros
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mismo
capítulo). Según un chiste, William era mucho mejor escritor que su hermano
Henry, quien, en cambio, era mejor psicólogo. Al igual que Wendell Holmes,
William James desconfiaba de la certeza. Una de sus frase favoritas era
«¡maldito Absoluto!».3319 Ahora bien, en lugar de recibir una educación formal,
viajó por Europa junto a su familia y aunque nunca permaneció mucho tiempo en
una escuela en particular, el viaje le proporcionó experiencia. (En algún
lugar, por ejemplo, aprendió a dibujar.3320) Al final, en 1861, se estableció
para emprender una carrera como científico en Harvard, donde formó parte del
círculo de Louis Agassiz, el descubridor de la Edad de Hielo y, en esa época,
uno de los críticos más estridentes de Charles Darwin (Agassiz basaba su
oposición en razones que, en su opinión, eran científicas).3321 Tras sus
tempranos logros, la suerte de Agassiz se había invertido después de que
perdiera una buena cantidad de dinero en una aventura editorial. La invitación
a dictar una serie de conferencias en América era una oportunidad para salir
del atolladero. En Boston tuvo un gran éxito (a menudo se hablaba del Club de
los Sábados como del Club de Agassiz), y durante su estadía allí, Harvard
estaba empezando a crear su facultad de ciencia (véase infra, en este mismo
capítulo) y se creó una cátedra específicamente para él.3322
3319
Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, p. 127. Morison et al.,
Growth of the American Republic, p. 199.
3320
Véase su esbozo de autorretrato en: Gary Wilson Allen, William James: A
Biography, Rupert Hart-Davis, Londres, 1967, p. 140.
3321
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 297.
3322
Esto, afirma Menand, «marcó el comienzo de la profesionalización de la ciencia
en Estados Unidos». Metaphysical Club, p. 100.
1831 Preparado por Patricio Barros
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Fue
la batalla de Agassiz contra Darwin la que más despertó el interés de James y,
cuenta uno de sus biógrafos, fue el ejemplo del suizo lo que lo decidió a
convertirse en un hombre de ciencia.3323 Agassiz, que era deísta, consideraba
que la teoría de Darwin era «un error»; cuestionaba los hechos en que se basaba
y opinaba que era una trapacería y no verdadera ciencia.3324 James, en cambio,
no estaba tan seguro. Desconfiaba del dogmatismo de Agassiz y pensaba que la
teoría evolutiva contenía toda clase de ideas novedosas, además creía que
revelaba que la biología actuaba de acuerdo con principios muy prácticos,
incluso pragmáticos, y esto era lo que más le atraía del darwinismo. Para James
la selección natural era una idea hermosa porque era muy simple y sensata,
desde la cual las adaptaciones no eran más que un modo de resolver problemas de
índole práctica dondequiera que éstos se presentaban.3325 La vida, le encantaba
decir a James, debía ser juzgada por sus consecuencias.3326
En
1867, tras su período en Harvard, James viajó a Alemania. En el siglo XIX unos
nueve mil estadounidenses visitaron Alemania para estudiar en las universidades
del país, que, como hemos visto, estaban organizadas de acuerdo con las
distintas disciplinas y no tanto como lugares para la formación de sacerdotes,
médicos y abogados. James estudió con el psicólogo experimental más destacado
de la época, Wilhelm Wundt, quien había creado en Leipzig el primer laboratorio
en la materia. La especialidad de Wundt —la
3323
Linda Simon, Genuine Reality: A Life of William James, Harcourt Brace, Nueva
York, 1998, p.
90.
3324
Menand, Metaphysical Club, p. 127.
3325
Ibid., p. 146.
3326
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 199.
1832 Preparado por Patricio Barros
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psicología
fisiológica o «psicofísica»— se consideraba entonces como el área en la que era
más probable realizar algún tipo de avance. El supuesto básico de la psicología
fisiológica era que todos los procesos (conscientes) de la mente estaban
relacionados con procesos que tenían lugar en el cerebro, que todo pensamiento
o acción consciente tenía una base orgánica o física. Uno de los efectos de
esto era que la experimentación había sustituido a la introspección como el
principal método de investigación. En esta denominada Nueva Psicología, los
sentimientos y pensamientos se entendían como el resultado de «secreciones
cerebrales», cambios de naturaleza orgánica que, con el tiempo, podrían ser
manipulados experimentalmente. James se sintió decepcionado por la Nueva
Psicología y por Wundt, a quien hoy muy pocos leen (de hecho, hoy se sabe que
él mismo estaba entonces distanciándose lentamente del rígido enfoque
experimental).3327 Con todo, el principal legado de Wundt es sin duda que,
gracias precisamente a su enfoque experimental, mejoró el estatus de la
psicología como disciplina. Esta mejor consideración de la psicología sí se le
contagió a James.
Si
la influencia de Wundt sobre James fue secundaria, la de los Peirce fue
muchísimo más trascendental. Como los Wendell Holmes y los James, los Peirce
fueron un formidable equipo de padre e hijo. Benjamin Peirce fue acaso el
primer matemático de talla mundial que Estados Unidos produjo (el matemático
irlandés William Rowan Hamilton pensaba que Peirce era el mayor intelecto que
había tenido
3327
Allen, William James, p. 25.
1833 Preparado por Patricio Barros
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ocasión
de conocer de cerca) y también formaba parte de los once miembros fundadores
del Club de los Sábados.3328
El
talento de su hijo Charles fue igualmente impresionante. Un niño prodigio que
escribió una historia de la química a los once años y que para los doce tenía
ya su propio laboratorio, Charles Peirce podía escribir con ambas manos al
mismo tiempo. Quizá no resulte sorprendente entonces que en Harvard se sintiera
aburrido, bebiera mucho y terminara graduándose de setenta y nueve en una clase
de noventa.3329 Ése fue el punto más bajo de su carrera. Después de ello,
amplió el trabajo de su padre y entre ambos concibieron la filosofía del
pragmatismo, fundada en las matemáticas. «No es fácil definir el pragmatismo:
el italiano Papini señaló que el pragmatismo era menos una filosofía que un
método para arreglárselas sin uno».3330 En primera instancia, Benjamin Peirce
se sintió fascinado por las teorías
cálculos
de Pierre-Simon Laplace y Karl Friedrich Gauss (mencionados en el capítulo 32),
y en particular por sus ideas acerca de la probabilidad.3331 La probabilidad, o
las leyes del error, tuvo un profundo impacto en el pensamiento del siglo XIX
debido a la aparente paradoja que planteaban, esto es, que las fluctuaciones
accidentales que hacen que los fenómenos se desvíen de las leyes «normales»
están en sí mismas sujetas a una ley (estadística). El hecho de que esta ley se
aplicara incluso a los seres humanos era para muchos una invitación al
determinismo.3332
3328
Menand, Metaphysical Club, p. 154.
3329
Ibid.
3330
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 198.
3331
Menand, Metaphysical Club, p. 180.
3332
Ibid., p. 186.
1834 Preparado por Patricio Barros
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Charles
Peirce no se contaba entre ellos. Creía que podía ver espontaneidad en cada
esquina. (Y criticó a Laplace por escrito). En su opinión, las leyes de la
naturaleza debían ellas mismas haber evolucionado.3333 Era lo suficientemente
darwiniano como para creer en lo contingente y lo indeterminado, y concibió su
filosofía en última instancia como un modo de conducirse en medio de la
confusión.3334 En 1812, en su Théorie analytique des probabilités, Laplace
había afirmado: «Debemos… imaginar el presente estado del universo como el
efecto de un estado anterior y como la causa de su estado posterior». Ésta es
una aplicación generalizada de la teoría newtoniana de la materia como bolas de
billar, que daría cuenta incluso del comportamiento de los seres humanos, y en
la que no habría lugar para el azar.3335 En contra de esta concepción, el
físico escocés James Clerk Maxwell había sostenido en su Theory of Heat,
publicada en 1871, que el comportamiento de las moléculas de gas debía
entenderse en términos probabilísticos. (Peirce conoció a Maxwell durante una
visita a Cambridge en 1875).3336 La temperatura de un gas en un contenedor
cerrado es una función de la velocidad de las moléculas: cuanto más rápido se
mueven, más chocan entre sí y más alta es la temperatura. Pero, lo que desde un
punto de vista teórico es todavía más importante, la temperatura se relaciona
con la velocidad media de las moléculas, cada una de las cuales puede tener
3333
Joseph Brent, C. S. Peirce: A Life, Indiana University Press, Bloomington
(Indiana), 1993, p.
208.
3334
Sobre los vínculos entre Herbert Spencer y el pragmatismo, véase: Hofstadter,
Social Darwinism in American Thought, pp. 124 y ss.
3335
Menand, Metaphysical Club, p. 196.
3336
Brent, C. S. Peirce, p. 96.
1835 Preparado por Patricio Barros
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una
velocidad diferente. ¿Cómo se llegaba a esta media y cómo debía entendérsela?
Maxwell propuso que «las velocidades se distribuyen entre las partículas de
acuerdo con la misma ley que los errores se distribuyen entre las observaciones
en la teoría del “método de los mínimos cuadrados”». (Esto se había advertido
por primera vez entre los astrónomos).3337 El profundo significado del
argumento de Maxwell para la física del siglo XIX era que mostraba que las
leyes físicas no eran newtonianas ni absolutamente precisas. Peirce supo captar
la importancia que esta idea tenía en el ámbito de la biología darwinista,
pues, de hecho, creaba las circunstancias en las que la selección natural podía
operar. Menand nos propone que pensemos en el ejemplo de las aves. En cualquier
especie particular, los pinzones, por ejemplo, la mayoría de los individuos
tendrán picos dentro de la «distribución normal», pero de cuando en cuando
aparecerá un pájaro cuyo pico se encuentra fuera de ese rango, y si ello le
confiere una ventaja evolutiva, el rasgo será «seleccionado». Desde este punto
de vista, la evolución se desarrolla por azar, pero no de forma completamente
aleatoria, sino de acuerdo con leyes estadísticas.3338
Esta
forma de pensar fascinaba a Peirce. Si los sucesos físicos son inciertos,
incluso los más pequeños y, en cierto sentido, más básicos, y si la percepción
de cosas simples como la localización de las estrellas es falible, ¿cómo
entonces es posible que la mente «refleje» la realidad? La incómoda verdad era
que «la realidad ni siquiera
3337
Menand, Metaphysical Club, p. 197.
3338
Ibid., p. 199.
1836 Preparado por Patricio Barros
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permanecía
estable el tiempo suficiente para poder reflejarla de forma fidedigna». Peirce,
por tanto, coincidía con Wendell Holmes y William James: lo que contaba era la
experiencia e incluso en el ámbito de la ciencia eran necesarios los jurados.
El conocimiento era un asunto social.3339
Todo
esto puede considerar el «transfondo profundo» en el que surgió el
pragmatismo.3340 Esta filosofía fue, y continúa siendo, muchísimo más
importante de lo que parece a primera vista y bastante más profunda de lo que
el uso cotidiano de la palabra «pragmático» puede sugerir. En parte fue el
corolario natural de las ideas que en un primer momento contribuyeron al
nacimiento de Estados Unidos, y que expusimos en el capítulo 28. Pero también
fue consecuencia de la aparición del indeterminismo en ciencia, una cuestión
central en el pensamiento del siglo XX, y asimismo, y acaso principalmente, una
evolución intelectual en el camino hacia el individualismo.
Menand
llama la atención sobre un problema pragmático clásico conocido por Holmes y
desarrollado por James. Supongamos que un amigo le da a usted una información
estrictamente confidencial. Más tarde, en una conversación con un segundo
amigo, usted descubre dos cosas: primera, que él no está al tanto de la
información confidencial que su primer amigo le ha proporcionado; y segunda,
que, en su opinión, está a punto de cometer un grave error que podría evitarse
si supiera lo que usted sabe. ¿Qué hace usted? ¿Sigue siendo
3339
Ibid., p. 200.
3340
Brent, C. S. Peirce, p. 274. Sobre la influencia de Peirce y Spencer sobre
James, véase: Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, pp. 128 y ss.
Véase también: Boorstin, Americans, p. 260.
1837 Preparado por Patricio Barros
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leal
con su primer amigo y guarda su secreto? ¿O traiciona su confianza para ayudar
a su segundo amigo e impedir que éste salga perjudicado o sufra algún apuro?
James decía que la decisión final podía depender de cuál de los dos amigos era
su preferido, y esta observación formaba parte de su razonamiento. A diferencia
de los románticos, que habían afirmado que el «verdadero» yo se hallaba en el
interior de la persona, James sostenía que, incluso en una situación tan simple
como la del ejemplo, había varios yos, o ninguno en absoluto. De hecho, le
gustaba sostener que, hasta que uno no eligiera un curso de acción en
particular, uno no podía saber quién era. «Al final usted hará lo que cree que
es correcto, pero ese “correcto” será en realidad el cumplido que usted dedique
al resultado de sus deliberaciones».3341 Sólo podemos entender de verdad el
pensamiento, afirmaba James, si entendemos su relación con la conducta.
«Decidir ordenar langosta en un restaurante nos ayuda a determinar que nos
gusta la langosta; decidir que el acusado es culpable nos ayuda a establecer el
patrón de justicia que consideramos aplicable en este caso específico; elegir
guardar un secreto nos ayuda a hacer de la honestidad un principio, optar por
revelarlo nos ayuda a confirmar cuánto valoramos una amistad».3342 El yo surge
de la conducta, y no al revés. Esta opinión contradecía de forma directa la
tesis romántica.
James
se apresuraba a señalar que este enfoque no implicaba que la vida fuera
arbitraria o que las personas actuaran siempre por motivos
3341
Menand, Metaphysical Club, p. 352.
3342
Ibid.
1838 Preparado por Patricio Barros
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egoístas.
«La mayoría de los seres humanos no sentimos que nuestras decisiones en
relación a la vida moral, por ejemplo, sean siempre egoístas». Lo que James
creía era que todos disponemos de un conjunto imperfecto de supuestos acerca de
cómo somos y cómo actuamos, y acerca de cómo son los demás y cómo actúan, y que
son estos supuestos los que inspiran los juicios que realizamos y las
decisiones que tomamos.3343 Según James, la verdad es circular: «No existe un
conjunto no circular de criterio para saber si una creencia en particular es
verdadera, y tampoco hay forma de apelar a algún estándar exterior al proceso
por el cual se llega a la creencia misma. Pensar es precisamente un proceso
circular, en el que determinado fin, determinado resultado imaginado, se
encuentra ya presente al inicio de cualquier hilo de pensamiento… La verdad es
algo que le ocurre a una idea, que se vuelve verdadera, o a la que los
acontecimientos hacen verdadera».3344
Por
la época en la que James estaba proponiendo estas ideas, la denominada Nueva
Psicología (Experimental) estaba realizando extraordinarios desarrollos. En
Berkeley, Edward Thorndike había colocado gallinas en una caja en la que había
una puerta que podía abrirse si los animales picoteaban una palanca. Si lo
hacían, las gallinas conseguían acceder a un suministro de bolas de comida que
había al otro lado de la puerta. Thorndike observó que «aunque al principio los
animales probaron muchas acciones diferentes, en apariencia de forma no
sistemática (esto es, aleatoria), sólo se
3343
Sobre la deuda de James con Peirce, véase: Simon, Genuine Reality, pp. 348 y
ss.
3344
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 199.
1839 Preparado por Patricio Barros
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aprendieron
aquellas acciones realizadas por gallinas que estaban hambrientas».3345 Esto no
sorprendió exactamente a James, pues el experimento confirmaba su punto de
vista, aunque de una forma más bien trivial. Las gallinas habían aprendido que
si picaban en la palanca la puerta se abría, lo que les permitía alcanzar la
comida, su recompensa. James fue un paso más allá. A todos los efectos, dijo,
las gallinas creían que si picoteaban la palanca, la puerta se abriría: «Sus
creencias eran reglas para actuar». Y en su opinión, tales reglas se aplicaban
de forma más general. «Si comportándonos como si tuviéramos libre albedrío, o
como si Dios existiera, obtenemos los resultados que queremos, no sólo
creeremos en tales cosas, sino que, en términos pragmáticos, serán verdaderas…
“La verdad” es el nombre que damos a cualquier cosa que demuestre funcionar
como creencia».3346 En otras palabras, bastante más subversivas: la verdad no
es algo que esté «ahí afuera», no tiene que ver con «lo que las cosas son en
realidad». Ésta no es la razón por la que tenemos mentes, decía James. La mente
es adaptativa en un sentido darwiniano: nos ayuda a desenvolvernos en el mundo,
lo que implica una coherencia entre pensamiento y conducta.
Más
polémico aún fue el hecho de que James aplicara su razonamiento a la intuición,
a las ideas innatas. Mientras Locke había sostenido que todas nuestras ideas
proceden de la experiencia sensible, Kant había insistido en que algunas
nociones fundamentales, como la idea de causalidad, por ejemplo, no eran
3345
Menand, Metaphysical Club, p. 355.
3346
Ibid.
1840 Preparado por Patricio Barros
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resultado
de la experiencia sensible, ya que no «vemos» la causalidad sino que sólo la
inferimos, y ello le llevaba a concluir que tales ideas «debían ser innatas,
grabadas en nosotros desde que nacemos».3347 James (en buena parte) adoptó la
perspectiva de Kant de que muchas ideas son innatas, pero sin creer que ello
dependiera de algo misterioso o divino.3348 En términos darwinianos, resultaba
claro que las ideas «innatas» eran simplemente variaciones que habían surgido
en algún momento de la evolución y habían sido seleccionadas de forma natural.
«Se privilegió a las mentes que las poseían por encima de las que no». Pero
ello no ocurrió porque esas ideas fueran más «verdaderas» en un sentido
abstracto o teológico, sino porque ayudaban a los organismos a adaptarse.3349
La razón por la que los seres humanos creen en Dios (cuando creen en Dios) es
porque la experiencia les ha enseñado que creer en Dios les beneficia. Cuando
la gente deja de creer en Dios (como lo hicieron muchísimo en el siglo XIX como
veremos en el próximo capítulo) es porque tal creencia ha dejado de ser
rentable.
Después
de Peirce y James, el tercer filósofo pragmatista estadounidense fue John
Dewey. Profesor en la Universidad de Chicago, Dewey tenía un marcado acento de
Vermont, usaba anteojos sin montura y carecía por completo del sentido de la
moda. En cierto sentido, fue el pragmatista más exitoso de todos. Al igual que
James creía que cada quien tenía su propia filosofía, su propio conjunto de
creencias, y que esa filosofía debía ayudar a la gente a llevar vidas
3347
Ibid., p. 357.
3348
Sobre sus reservas, véase: Allen, William James, p. 321.
3349
Menand, Metaphysical Club, pp. 357-358.
1841 Preparado por Patricio Barros
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más
felices y productivas. Y, de hecho, su propia vida fue bastante productiva.
Gracias a sus artículos de prensa, sus libros populares y los debates que
mantuvo con pensadores como Bertrand Russell o Arthur Lovejoy (el autor de La
gran cadena del ser), Dewey alcanzó una celebridad entre el gran público de la
que pocos filósofos han gozado.3350 Como James, Dewey era un darwinista
convencido, y creía firmemente en que la ciencia y la perspectiva científica
debían incorporarse a otros ámbitos de la vida. En particular, pensaba que los
descubrimientos de la ciencia debían adaptarse para la educación de los niños.
En su opinión, el comienzo del siglo XX era el inicio de una época de
«democracia, ciencia e industrialización», y ello, consideraba, tenía profundas
implicaciones para la educación. En esta época, la actitud hacia los niños
estaba cambiando a gran velocidad. En 1900 la feminista sueca Ellen Key publicó
su libro El siglo del niño, que reflejaba la opinión general de que se había
redescubierto al niño, en el sentido de que se contemplaba con renovada alegría
las posibilidades de la infancia y se volvía a comprender que los niños eran
distintos de los adultos y distintos uno de otro.3351 Hoy esto puede parecernos
no más que una cuestión de sentido común, pero en el siglo XIX, antes de que se
consiguiera hacer descender las altísimas tasas de mortalidad infantil, las
familias eran mucho más grandes y muchos de los hijos no sobrevivían a la
infancia, en estas condiciones no se invertía tanto en
3350
Lovejoy, Great Chain of Being.
3351
Véase por ejemplo: Ellen Key, The Century of the Child, G. P. Putnam’s sons,
Londres y Nueva
York,
1912. [Hay traducción castellana del original: El siglo de los niños, Imprenta
de Henrich y Compañía, Barcelona, 1906].
1842 Preparado por Patricio Barros
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los
niños, en términos de tiempo, emoción y educación, como en épocas posteriores,
simplemente porque no habría sido posible hacerlo. Dewey advertía que este
cambio tenía profundas consecuencias para la enseñanza. Incluso en América,
donde en general se era más indulgente con los niños que en Europa, la escuela
había estado hasta entonces dominada por la rígida autoridad del maestro, quien
tenía un concepto claro de qué era una persona educada y cuyo principal
objetivo era transmitir a sus discípulos la idea de que el conocimiento era la
«contemplación de verdades inmutables».3352 Dewey fue uno de los líderes del
movimiento que cambió semejante forma de pensar en dos dirección distintas. La
idea tradicional de la educación, anotó, tenía sus raíces en una sociedad
aristocrática y ociosa, un tipo de sociedad que en Europa estaba desapareciendo
con rapidez y que en América nunca había existido. La educación actual, en
cambio, tenía que satisfacer las necesidades de una sociedad democrática. En
segundo lugar, algo que no era menos importante, la educación debía tener en
cuenta el hecho de que los niños eran muy diferentes entre sí y, por tanto,
tenían distintas habilidades e intereses. Si se quería que los niños
contribuyeran a la sociedad de la mejor forma a su alcance, entonces la
educación debía centrarse menos en «meterles en la cabeza» cuantos datos el
maestro consideraba necesarios, y más en descubrir y desarrollar aquello que
cada niño era capaz de realizar. En otras palabras, esto era el pragmatismo aplicado
a la educación.
3352
Boorstin, Americans, p. 201.
1843 Preparado por Patricio Barros
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Es
indudable que las ideas de Dewey, así como las teorías de Freud, contribuyeron
a dar a la infancia una importancia mayor de la que nunca había tenido. La
noción de crecimiento personal y la sustitución de las concepciones
tradicionales y autoritarias sobre el conocimiento y la educación resultaron
liberadoras para muchísima gente. (La meta declarada de Dewey era conseguir, a
través de la educación, que la sociedad fuera más «buena, rica y
armoniosa»).3353 Dada su amplitud geográfica y los muchos grupos inmigrantes
que contenía el país, la nueva educación ayudó en Estados Unidos a la formación
de muchos individualistas. Al mismo tiempo, las ideas del movimiento por el
libre desarrollo siempre estuvieron a punto de ir demasiado lejos y conceder
una excesiva libertad a los niños. En algunas escuelas en las que los
profesores creían que «los niños no debían nunca conocer el fracaso» se
eliminaron por completo los exámenes y las notas.3354
La
concepción que Dewey tenía de la filosofía coincidía en gran medida con la de
James y los Peirce. En su opinión, ésta debía ocuparse con el aquí y ahora de
la vida en el mundo.3355 Pensamiento y conducta no eran más que dos caras de la
misma moneda. El conocimiento era parte de la naturaleza, y cada uno se abría
camino en el mundo lo mejor que podía, aprendiendo a cada paso qué funcionaba y
qué no: el cómo nos comportamos no era algo
3353
Morison et al., Growth of the American Republic, p. 223.
3354
Esta ausencia de estructura en última instancia se volvió en su contra, al
producir niños más conformistas, precisamente porque carecían del conocimiento
o la independencia de juicio que el fracaso ocasional enseña. Liberar a los
niños de la «dominación» paterna fue sin duda un gran paso adelante, pero en el
siglo XX ello traería consigo sus propios inconvenientes.
3355
Morison et al., Growth of the American Republic, pp. 198-199.
1844 Preparado por Patricio Barros
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preestablecido
al momento de nacer.3356 Esta perspectiva, pensaba Dewey, debía aplicarse a la
filosofía, un ámbito en el que por tradición la gente vivía obsesionada por la
relación entre mente y mundo. Debido a ello, el famoso misterio filosófico del
cómo es que sabemos era, en cierto sentido, una pregunta equivocada. Dewey,
señala Menand, ilustraba su razonamiento mediante una analogía: ningún pensador
se había preocupado en exceso por una cuestión no menos crucial, la relación,
por ejemplo, entre la mano y el mundo. «La función de la mano es ayudar al
organismo a apañárselas con su entorno; en situaciones en las que la mano no
nos resulta útil, recurrimos a otros instrumentos, un pie, un anzuelo o un
editorial».3357 Su argumento era que nadie se inquieta por aquellas situaciones
en las que la mano no «encaja» o no «se entiende con el mundo». Usamos las
manos cuando nos resultan útiles, y no otra cosa es lo que hacemos con los pies
o las lenguas.
Dewey
era de la opinión de que las ideas eran muy similares a las manos: instrumentos
para lidiar con el mundo. «Una idea no tiene un estatus metafísico mayor que,
por decir algo, un tenedor. Cuando descubrimos que el tenedor es inadecuado
para tomar sopa, no nos preocupamos por las limitaciones inherentes a la
naturaleza de los tenedores, sino que buscamos una cuchara». Con las ideas
ocurre más o menos lo mismo. Nuestras dificultades derivan del hecho de que la
«mente» y la «realidad» no existen más que como abstracciones, lo que significa
que tienen todos los inconvenientes de cualquier
3356
Menand, Metaphysical Club, p. 360.
3357
Ibid., p. 361. Véase también: Hofstadter, Social Darwinism in American Thought,
p. 136.
1845 Preparado por Patricio Barros
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generalización.
«Por tanto, tiene tan poco sentido hablar de una “escisión” entre la mente y el
mundo como hablar de una escisión entre la mano y el entorno, o el tenedor y la
sopa». «Las cosas», escribió, «son lo que la experiencia las hace ser».3358 Según
Menand, Dewey pensaba que la filosofía había empezado con mal pie desde el
comienzo, y que habíamos llegado hasta donde habíamos llegado en gran parte
debido a la estructura de clases de la Grecia clásica. Pitágoras, Platón,
Sócrates, Aristóteles y los demás filósofos griegos eran en su mayoría miembros
de una clase ociosa, «segura y dueña de sí misma», y desde un punto de vista
pragmático les resultaba útil exaltar la reflexión y la especulación a costa
del hacer y el producir. La filosofía, consideraba, había estado desde entonces
lastrada por prejuicios de clase similares, que sustentaban una misma
separación de valores, privilegiando la estabilidad sobre el cambio, la certeza
sobre la contingencia, las bellas artes sobre las artes aplicadas, «lo que hace
la mente sobre lo que hace la mano».3359 El resultado estaba a la vista de
todos. «Mientras la filosofía se había dedicado a considerar rompecabezas
artificiales, la ciencia, tras desarrollar un enfoque puramente instrumental
basado en la experimentación, había conseguido transformar el mundo». El
pragmatismo era la forma en que la filosofía podía ponerse al día.
Que
el pragmatismo surgiera en Estados Unidos no es extraño, de hecho, no es
sorprendente en absoluto. Las doctrinas mecanicistas y materialistas de Hegel,
Laplace, Malthus, Marx, Darwin y Spencer
3358
Menand, Metaphysical Club, p. 361.
3359
Robert B. Westbrook, John Dewey and American Democracy, Cornell University
Press, Nueva York, 1991, p. 349.
1846 Preparado por Patricio Barros
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eran
básicamente deterministas, mientras que para James y Dewey el universo (al
igual que América) era todavía un proceso, algo que aún estaba haciéndose, «un
lugar en el que no existen conclusiones conocidas de antemano y en el que cada
problema era susceptible de ser enfrentado desde lo que Dewey denominaba la
acción inteligente». Dewey estaba convencido especialmente de que la ética,
como cualquier otra cosa en el universo, evolucionaba. Ésta era una aguda
deducción a partir de Darwin, a la que se llegó muy pronto y a la que, con
frecuencia, aún no se ha prestado la suficiente atención. «El cuidado de los
enfermos nos ha enseñado cómo proteger a los sanos».3360
William
James, como hemos visto, fue un hombre universitario. A lo largo de su vida
estuvo vinculado, en un sentido u otro, a la Universidad de Harvard, a la Johns
Hopkins y a la Universidad de Chicago. Como hemos señalado, fue uno de los
nueve mil americanos que en el siglo XIX estudiaron en universidades alemanas.
En la época en que Emerson, Holmes, los Peirce y los James estaban
desarrollando sus talentos, las universidades estadounidenses estaban en
proceso de formación y, hay que decirlo, lo mismo ocurría con las alemanas y
las británicas. En Gran Bretaña, especialmente, se considera con orgullo a las
universidades como instituciones muy antiguas, cuyos orígenes se remontan a la
Edad Media. Y es así, en cierto sentido. No obstante, ello no debe impedirnos
apreciar que las universidades, tal y como hoy las conocemos, son en gran
medida una creación del siglo XIX.
3360
Morison et al., Growth of the American Republic, pp. 199-200.
1847 Preparado por Patricio Barros
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No
es difícil ver por qué. Hasta 1826 existían únicamente dos universidades en
Inglaterra, la de Oxford y la de Cambridge, y ambas ofrecían una formación muy
limitada.3361 En Oxford se admitían apenas doscientos estudiantes cada año y
muchos de ellos no permanecían lo suficiente como para llegar a graduarse. A
las universidades inglesas sólo podían asistir anglicanos, según una regulación
que exigía aceptar los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra.
En tanto centros de aprendizaje, ambas instituciones habían decaído a lo largo
del siglo XVIII. En Oxford, al menos, el único curso reconocido era un
currículo muy limitado de estudios clásicos que incluía «algunas nociones de
filosofía aristotélica», y en Cambridge los exámenes formales se dedicaban
prácticamente por completo a las matemáticas. En ninguna de las dos
instituciones había pruebas de ingreso y, aún peor, los estudiantes podían
obtener un título sin someterse a ningún tipo de examen. Los exámenes se
ampliaron y refinaron en las primeras décadas del siglo XIX, aunque más
relevantes (en vista de lo que ocurriría luego) fueron las críticas lanzadas
desde Edimburgo por un trío de escoceses: Francis Jeffrey, Henry Brougham y
Sydney Smith. Dos de ellos eran egresados de Oxford y en una publicación que
fundaron, la Edinburgh Review, atacaron a Oxford y Cambridge por ofrecer una
educación basada fundamentalmente en los clásicos y, por tanto, en gran parte
inútil. «El sesgo impuesto a las mentes de los hombres es tan fuerte que no es
inusual encontrarse con ingleses que, de no ser por su cabello cano y sus
arrugas, cualquiera tomaría
3361
Fergal McGrath, The Consecration of Learning, Gill & Son, Dublín, 1962, pp.
3-4.
1848 Preparado por Patricio Barros
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por
escolares. Su charla se compone de versos latinos; y resulta bastante claro
que, si la edad del hombre debe establecerse a partir del estado de su progreso
mental, tales individuos tienen a lo sumo dieciocho años y ni un día más».3362
Sydney Smith, el autor de este ataque, continuaba criticando a los hombres de
Oxbridge por carecer de conocimientos de ciencias, economía y política, e
ignorar las relaciones geográficas y comerciales de Gran Bretaña con Europa.
Los clásicos, decía, servían para cultivar la imaginación, no el intelecto.
Hubo
dos respuestas a estas críticas que vale la pena mencionar. Una fue la creación
de universidades civiles en Gran Bretaña, en particular el University College y
el King’s College, en Londres, en ambos casos fundadas con el propósito
deliberado de admitir a no conformistas, e inspiradas parcialmente en las
universidades escocesas y sus excelentes facultades de medicina. Una de las
personas que participaron en la creación del University College de Londres,
Thomas Campbell, visitó las universidades de Berlín (fundada en 1809) y Bonn
(1816), y uno de los resultados de este viaje fue que optó por el sistema
magistral de enseñanza utilizado allí y en Escocia, y no en el sistema de
seminarios propio de Oxford. Otra fuente de inspiración fue la Universidad de Virginia,
fundada en 1819 gracias en especial a los esfuerzos de Thomas Jefferson. Los
ideales principales de esta institución quedaron expresados en el informe de
una comisión estatal reunida en Rockfish Gap, en las montañas Azules, en 1818 y
que se conocería luego como el Rockfish Gap
3362
Ibid., p. 11.
1849 Preparado por Patricio Barros
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Report.
El objetivo específico de esta universidad, según el informe, era «formar los
estadistas, legisladores y jueces, de los que la prosperidad y felicidad
individuales tanto depende». Se incluyeron estudios de política, derecho,
agricultura, comercio, matemáticas y ciencias físicas, y artes. El University
College de Londres implementó esta visión más práctica y se adoptó la idea,
todavía más práctica y novedosa, de pignorar una compañía pública para
financiar la construcción del centro. La universidad no confesional había
comenzado en Inglaterra.3363
Esto
se convirtió en una manzana de la discordia, en una polémica que culminó en
mayo de 1852 en una serie de conferencias pronunciadas en Dublín por John Henry
Newman, que más tarde se convertiría en el cardenal Newman, sobre «La idea de
universidad». El estímulo inmediato para estas charlas había sido la fundación
de nuevos centros universitarios, como la Universidad de Londres y los Queen’s
Colleges irlandeses (en Belfast, Cork y Galway), en los cuales, por principio,
se habían dejado de lado los estudios de teología. Las charlas de Newman, que
se harían famosas como defensa clásica de lo que todavía se denomina una
«educación liberal», se basaban en dos argumentos. El primero era que «el
cristianismo, y no otra cosa, debe constituir el fundamento y principio de toda
la educación».3364 Newman sostenía que todas las ramas del conocimiento están
interconectadas y que excluir a la teología era distorsionar el saber.
3363
Negley Harte, The University of Londres, 1836-1986, Athlone Press, Dublín,
1986, pp. 67 y ss.
John
Newman, The Idea of a University, Basil Montague Pickering, Londres,
1873/Connecticut Yale University Press, New Haven, 1996, p. 88.3364
1850 Preparado por Patricio Barros
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Su
segundo argumento era que el conocimiento es un fin en sí mismo, y que por
tanto el propósito de la educación universitaria no era la utilidad inmediata
que pudiera proporcionar sino los frutos que ofrecía a lo largo de la vida. «Se
forma un hábito mental que perdura toda la vida, cuyos atributos son la
libertad, la imparcialidad, la calma, la moderación y la sabiduría; o lo que en
un discurso anterior me aventuré a llamar hábito filosófico… El conocimiento es
capaz de convertirse en su propia meta».3365 La idea seminal de Newman, y la
más polémica, pues se trata de un debate que sigue vigente, aparece en su
séptima conferencia (pronunció cinco en Dublín, pero publicó cinco más que no
llegó a dictar). En ella, se afirmaba que «el hombre que ha aprendido a pensar
y razonar, a comparar y discriminar y analizar, que ha refinado su gusto,
formado su juicio y agudizado su visión intelectual, no se convertirá de
inmediato en un letrado o en un abogado defensor, en un orador, un estadista,
un médico, en un buen patrón u hombre de negocios, ni en un soldado, un
ingeniero, un químico, un geólogo o un experto en la antigüedad, sino que su
intelecto estará en condiciones de elegir cualquiera de estas ciencias o
vocaciones que he mencionado… con una facilidad, una gracia, una versatilidad y
un éxito, que a cualquier otro le serán desconocidos. En este sentido, por
tanto… la cultura intelectual es absolutamente útil».3366
Más
allá de su preocupación por la educación «liberal», el énfasis que Newman ponía
en la religión no estaba tan fuera de lugar como podría
3365
3366
Ibid.,
p. 123.
Ibid.,
p. 133.
1851 Preparado por Patricio Barros
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parecernos,
especialmente en Estados Unidos. Como ha mostrado George M. Marsden en su
estudio sobre los primeros colegios universitarios estadounidenses, antes de la
guerra civil se habían fundado unos quinientos centros, de los que quizá
doscientos sobrevivieron hasta el siglo XX. Dos quintas partes de ellos eran o
bien presbiterianos o bien congregacionistas, después de haber sido más de la
mitad en días de Jefferson, debido al avance de los centros metodistas,
baptistas y católicos después de 1830 y, en especial, después de 1850.3367 En
el ámbito educativo de la América del siglo XIX era un artículo de fe,
compartido por una amplia mayoría, que la ciencia, el sentido común, la moral y
la religión verdadera eran «firmes aliados».3368
Durante
muchos años, desde, digamos, mediados del siglo XVII hasta mediados del siglo
XVIII, Harvard y Yale eran prácticamente todo lo que Estados Unidos podía
ofrecer en términos de educación superior. Sólo hacia finales de ese período,
se creó un colegio anglicano en el sur, el de William and Mary (aprobado en
1693 y abierto en 1707, aunque sólo de forma gradual se convirtió en un colegio
universitario en toda regla). Más allá de ello, la mayoría de los colegios que
luego se convertirían en universidades famosas fueron fundados por los clérigos
de la Nueva Luz: Nueva Jersey (Princeton) en 1746, Brown
3367
George M. Marsden, The Soul of the American University, Oxford University
Press, Nueva York y Oxford, 1994, p. 80.
3368
Ibid., p. 91. Daniel Boorstin señala que una característica de los colegios
americanos es que eran menos lugares de enseñanza que de veneración: veneración
del individuo en desarrollo; esto es lo que vincula las dos partes de este
capítulo: el pragmatismo y las universidades. Véase: Boorstin, The Americans:
The Democratic Experience, Vintage, Nueva York, 1973, que también tiene una
útil exposición sobre la conformación de la educación estadounidense, que
incluye muchos de los nuevos títulos ideados, pp. 479-481.
1852 Preparado por Patricio Barros
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en
1764, Queen’s (Rutgers) en 1766, y Dartmouth en 1769. La «Nueva Luz» fue una
respuesta americana a la Ilustración. Yale había sido fundada en 1701 en
respuesta al declive de la ortodoxia teológica en Harvard. La nueva filosofía
moral sostenía que la «virtud» podía descubrirse de forma racional, esto es,
que Dios revelaría al hombre los fundamentos morales de la vida, de acuerdo con
la razón, de la misma forma en que había revelado a Newton las leyes del
funcionamiento del universo. Éstas fueron, esencialmente, las bases sobre las
que se creó la Universidad de Yale.3369 En poco tiempo el nuevo enfoque se
desarrolló en lo que se conoció como el Gran Despertar, lo que en el contexto
estadounidense designa el cambio de una visión predominantemente pesimista de
la naturaleza humana por una perspectiva bastante más optimista y positiva.
Esto suponía una mentalidad mucho más humanista (a diferencia de Harvard, que
continuó siendo calvinista), que favoreció una mejor apreciación de los logros
de la Ilustración en colegios como Princeton, que siguió a Yale.
Tal
forma de pensar culminó en el famoso Yale Report de 1828, en el que se afirmaba
que la personalidad humana está conformada por varias facultades, de las cuales
las más elevadas eran la razón y la conciencia, y que éstas debían mantenerse
en equilibrio. Desde este punto de vista, el objetivo de la educación era
«ofrecer al estudiante una proporción adecuada de las diferentes ramas de las
letras y las ciencias para la formación de un carácter equilibrado».3370 El
informe
3369
Marsden, Soul of the American University, pp. 51-52.
3370
Brooks Mather Kelley, A History of Yale, Yale University Press, New Haven
(Connecticut),
1974,
pp. 162-165. Con todo, en una fecha tan tardía como 1886, las lenguas clásicas
seguían
1853 Preparado por Patricio Barros
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continuaba
señalando que los clásicos debían constituir el núcleo básico para este
proyecto de desarrollo personal.
Uno
de los propósitos más importantes de los colegios era la difusión del
cristianismo protestante en los territorios salvajes del oeste y en 1835, en su
Plea for the West, Lyman Beecher sostuvo que la misión de llevar la educación
más allá del litoral no podía realizarse simplemente enviando maestros al
oeste: el oeste debía contar con sus propios colegios y seminarios. Existía
entonces el temor de que los católicos se apoderaran del oeste, un temor
fortalecido por el aumento del número de inmigrantes procedentes de los países
católicos de Europa meridional. La advertencia fue escuchada y para 1847 los
presbiterianos habían construido un sistema de cerca de un centenar de escuelas
en veintiséis estados.3371 En 1868 se fundó la Universidad de Illinois y en
1869 la de California. Por esta época empezaron a advertirse las ventajas del
sistema alemán, y varios profesores y funcionarios universitarios viajaron a
Prusia, en particular, para estudiar la forma en la que se organizaban las
cosas allí. Así fue como la religión empezó a perder peso en la educación
universitaria estadounidense. El hecho, por ejemplo, de que los alemanes
estuvieran a la vanguardia de los estudios históricos implicaba que la teología
era, en sí misma, un desarrollo histórico, y ello fomentó la crítica bíblica.
También era alemana la idea de que la educación era una responsabilidad del
estado que no podía dejarse
ocupando
en Yale la tercera parte del tiempo dedicado al estudio. Véase: Caroline
Winterer, The Culture of Classicism, Johns Hopkins University Press, Baltimore
y Londres, 2002, pp. 101-102. 3371 Ibid., p. 88. Para estadísticas sobre el
crecimiento de las universidades estadounidenses, véase: Morison et al., Growth
of the American Republic, pp. 224-225.
1854 Preparado por Patricio Barros
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exclusivamente
en manos del sector privado, e igualmente era alemana la idea de que la
universidad debía ser un espacio para estudiosos (investigadores, escritores) y
no sólo para maestros.
En
ningún lugar fue esto más evidente que en la Universidad de Harvard. Harvard
había empezado siendo un colegio puritano en 1636. Más de treinta de los socios
de la Massachusetts Bay Colony eran egresados del Emmanuel College, de
Cambridge, y por tanto era natural que el colegio que fundaron cerca de Boston
se inspirara en éste. Igualmente influyente fue el modelo escocés, en
particular el ofrecido por Aberdeen. Las universidades escocesas eran no
residenciales y eran instituciones democráticas más que religiosas, dirigidas
por un equipo de dignatarios locales, un precursor de los consejos de
administración.
El
primer hombre que concibió la universidad moderna como hoy la entendemos fue
Charles Eliot, un profesor de química en el Instituto Tecnológico de
Massachusetts, quien en 1869, con sólo treinta y cinco años, fue nombrado
rector de Harvard, donde había estudiado originalmente. Cuando Eliot llegó a
Harvard, la universidad tenía 1050 estudiantes y un profesorado de cincuenta y
nueve miembros. En 1909, cuando se retiró, el número de estudiantes se había
cuadruplicado y el profesorado se había multiplicado por diez. No obstante,
Eliot no estaba interesado solamente en el tamaño de la institución. «Acabó por
completo con el limitado currículo de la facultad de artes que había heredado.
Creó escuelas profesionales y las convirtió en parte integral de la universidad.
Y por último fomentó la formación de licenciados, con lo que estableció un
modelo que
1855 Preparado por Patricio Barros
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todas
las demás universidades americanas con ambiciones similares imitaron». Ante
todo, Eliot siguió el sistema alemán de educación superior, el sistema que dio
al mundo figuras como Planck, Weber, Strauss, Freud y Einstein. Desde un punto
de vista intelectual, Johann Fichte, Christian Wolff e Immanuel Kant fueron
figuras especialmente significativas en la reflexión sobre la educación en
Alemania, y contribuyeron a liberar a la academia alemana de la embrutecedora
dependencia de la teología. Una consecuencia de ello es que, como hemos visto,
en el ámbito de la filosofía, la filología y las ciencias físicas, los
estudiosos alemanes gozaron de una clara ventaja sobre sus colegas europeos.
Fue en las universidades alemanas, por ejemplo, donde por primera vez se
consideró que la física, la química y la geología eran disciplinas tan valiosas
como las humanidades.3372 El seminario de posgrado, el doctorado y la libertad
estudiantil fueron todas originalmente ideas alemanas.
Desde
la época de Eliot en adelante, las universidades estadounidenses se propusieron
emular el sistema alemán, en especial en el ámbito de la investigación. Sin
embargo, pese a los impresionantes avances logrados por la universidad alemana
tanto en el terreno intelectual como en la creación de nuevos procesos
tecnológicos aplicables en la industria, su ejemplo minó «el estilo de vida
universitario» y las estrechas relaciones personales entre estudiantes y
profesorado que habían caracterizado hasta entonces la educación superior
americana. El sistema alemán fue el principal responsable de lo que William
James denominó «el pulpo de los
3372
Marsden, Soul of the American University, p. 153.
1856 Preparado por Patricio Barros
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doctorados».
Yale concedió el primer doctorado al otro lado del Atlántico en 1861; para 1900
se estaban concediendo bastante más de trescientos al año.3373
El
precio de seguir el exitoso modelo alemán fue la ruptura total con el sistema
de colegios británico. En muchas universidades las residencias estudiantiles
desaparecieron por completo junto con los comedores comunales. Hacia la década
de 1880 el sistema alemán se seguía en Harvard tan ciegamente que la asistencia
a clases dejó de considerarse necesaria, lo único que contaba era el desempeño
de los estudiantes en los exámenes. La reacción no tardó en producirse. La
Universidad de Chicago fue la primera, con la construcción de siete residencias
hacia 1900 «a pesar de los prejuicios que entonces había en el [medio] oeste
donde se las consideraba instituciones medievales, británicas y autocráticas».
Yale y Princeton pronto adoptaron decisiones similares. Harvard se reorganizó
de acuerdo con el modelo de alojamientos inglés en la década de 1920.3374
Más
o menos por la misma época en que los pragmatistas del Club de los Sábados
estaban forjando su amistad y desarrollando sus opiniones, un grupo muy
diferente de individuos pragmáticos estaba teniendo un importante impacto en la
vida estadounidense. Tras la guerra civil, desde 1870 aproximadamente, Estados
Unidos dio origen a una generación de los inventores más originales que el país
(de hecho, cualquier otro país) hubiera conocido. Thomas P. Hughes,
3373
Abraham Flexner, Universities: American, English, German, Oxford University
Press, Oxford,
1930,
p. 124.
3374
Samuel Eliot Morison, ed., The Development of Harvard University, Harvard
University Press, Cambridge (Massachusetts), 1930, pp. 11 y 158.
1857 Preparado por Patricio Barros
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en
su historia de la invención en América, llega incluso a decir que el medio
siglo que va de 1870 a 1918 fue comparable a la Atenas de Pericles, la Italia
del Renacimiento o la Gran Bretaña de la revolución industrial. Entre 1866 y
1896 el número de patentes concedidas anualmente en Estados Unidos se duplicó y
en la década que va de 1879 a 1890 se pasó de 18 200 al año a 26 300.3375
En
su libro Antiintelectualismo en la vida norteamericana, Richard Hofstadter se
ha referido a la tensión que había en los Estados Unidos entre hombres de
negocios e intelectuales, a la advertencia de Herman Melville sobre «el hombre
embrutecido y sin nobleza / por causa de la ciencia popular», a Van Wyck
Brooks, que reprendía a Twain acusándole de que «su entusiasmo por la
literatura no era nada en comparación con su entusiasmo por la maquinaria», al
famoso comentario de Henry Ford según el cual «la historia es más o menos una
bobada».3376 No obstante, la primera generación de inventores americanos no
parece haber sido especialmente antiintelectual, y es posible decir que
vivieron en una cultura diferente, ya que, como hemos visto, la suya era una
época en la que el estudio erudito y la investigación apenas estaban empezando
a desarrollarse en las universidades del siglo XIX, que eran todavía
instituciones predominantemente religiosas y no se convertirían en el tipo de
centros educativos que hoy conocemos hasta finales de siglo.
3375
Thomas P. Hughes, American Genesis, Penguin, Londres, 1990, p. 14.
3376
Ibid., p. 241. Richard Hofstadter, Anti-Intellectualism in American Life,
Knopf, Nueva York,
1963.
[Hay traducción castellana: Antiintelectualismo en la vida norteamericana,
Tecnos, Madrid,
1969].
1858 Preparado por Patricio Barros
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Por
otro lado, dado que los laboratorios de investigación industriales no
empezarían a ser comunes hasta 1900 aproximadamente, muchos de estos inventores
tuvieron que construir sus propios laboratorios privados. En este contexto,
Thomas Edison inventó la bombilla eléctrica y el fonógrafo, Alexander Graham
Bell, el teléfono, y los hermanos Wright, su máquina voladora, y en él también
surgieron la telegrafía y la radio.3377 Éste fue igualmente el ambiente en el
que Elmer Sperry desarrolló la brújula giroscópica y dispositivos de control
automático para la marina, y en el que Hiram Stevens Maxim demostró y empezó a
fabricar (en 1885) «la ametralladora más destructiva del mundo». Al usar el
retroceso de un cartucho para cargar y disparar el siguiente, la Maxim superó a
la Gatling, inventada en 1862. La ametralladora Maxim fue la responsable de
gran parte de los horrores infligidos a los territorios coloniales en el apogeo
del imperio.3378 Y fue la Maxim alemana la que produjo sesenta mil bajas en el
Somme el 1 de julio de 1916. Estos inventores, en colaboración con empresarios
emprendedores, fueron los que crearon algunos de los negocios e instituciones
educativas más duraderos de América, nombres conocidísimos hasta nuestros días:
General Electric, AT&T, Bell Telephone Company, Consolidated Edison
Company, MIT.
En
el contexto de este libro acaso sea importante destacar el telégrafo por encima
de todos los demás inventos mencionados. La idea de usar electricidad como
medio para transmitir señales había sido concebida
3377
Ibid., p. 16. Morison et al., Growth of the American Republic, p. 53.
3378
Hughes, American Genesis, p. 105.
1859 Preparado por Patricio Barros
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hacia
1750, pero el primer telégrafo que funcionaba no se construyó hasta 1816,
cuando lo hizo Francis Ronalds, en su jardín de Hammersmith, en Londres.
Charles Wheatstone, profesor de filosofía experimental en el King’s College de
Londres y el primero que midió (erróneamente) la velocidad de la electricidad,
fue el primero en advertir que el ohmio, la unidad de medida de la resistencia,
era un concepto importante para la telegrafía y, junto a su colega Fothergill
Cooke, consiguió la primera patente en 1837. Casi tan importante como los
detalles técnicos de la telegrafía fue la idea de Wheatstone y Cooke de
extender los cables a lo largo de las recién construidas vías del ferrocarril,
algo que contribuyó a garantizar la rápida difusión del telégrafo. (También
resultó de utilidad la captura de John Tawell, un suceso al que se dio mucha
publicidad en la época: gracias al telégrafo, Tawell, que había huido tras
cometer un asesinato en Slough, pudo ser arrestado en Londres). Como es
evidente, el código ideado por Samuel Morse también desempeñó un importante
papel, y Morse fue uno de los varios americanos que impulsaron la creación de
un cable transatlántico. La instalación de este cable fue una aventura de
proporciones épicas que, por desgracia, excede los límites de este libro.
Durante este período, muchas personas abrigaban grandes esperanzas de que unas
comunicaciones más veloces contribuirían significativamente a la paz mundial,
al permitir un contacto más estrecho y constante entre los jefes de estado. Con
el tiempo estas esperanzas se revelaron vana ilusión, pero es indudable que la
instalación del cable transatlántico, terminada en 1866, fue un completo éxito
en términos comerciales. Y, como escribe
1860 Preparado por Patricio Barros
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Gillian
Cookson en The Cable: The Wire that Changed the World, «desde ese momento
surgió entre las dos naciones de habla inglesa un sentido de experiencia
compartida y de convergencia cultural».3379
3379
Gillian Cookson, The Cable: The Wire that Changed the World, Tempus, Stroud
(Gloucestershire), 2003, p. 152.
1861 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
35
Los
enemigos de la Cruz y del Corán: el fin del alma
En
1842, la novelista inglesa George Eliot dejó de ir a la iglesia. Sus dudas
alrededor del cristianismo se habían manifestado muy temprano, pero luego se
sintió profundamente impactada por la lectura de La vida de Jesús, examen
crítico de David Friedrich Strauss, que, como hemos visto, había aparecido en
Alemania a mediados de la década de 1830 y que la misma Eliot traduciría al
inglés. En su libro, Strauss había concluido que «es muy poco lo que podemos
decir con certeza que ocurrió realmente, y es bastante más probable que todo
aquello con lo que se relaciona en especial la fe de la Iglesia, los hechos de
naturaleza milagrosa y sobrenatural de la vida de Jesús, nunca ocurrieran».3380
De forma similar, cuando Tennyson leyó los Principios de geología de Lyell en
1836 se sintió perturbado, al igual que muchos otros, por la interpretación que
Lyell proponía de los testimonios fósiles, a saber, que «los habitantes del
planeta, al igual que todas las demás partes que lo componen, están sometidos
al cambio. Los individuos no son los únicos que perecen, también lo hacen
especies enteras».3381
A lo
largo del siglo XIX, una gran cantidad de personas, destacadas o no, perdieron
la fe, en un proceso lento, y en ocasiones triste, pero inexorable. El
acontecimiento ha sido estudiado por el escritor A. N. Wilson, cuya
investigación de Eliot, Tennyson, Hardy, Carlyle,
3380
A. N. Wilson, God’s Funeral, John Murray, Londres, 1999, p. 133.
3381
Ibid., p. 160.
1862 Preparado por Patricio Barros
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Swinburne,
James Anthony Froude, Arthur Clough, Tolstoy, Herbert Spencer, Samuel Butler,
John Ruskin y Edmund Gosse confirma lo que también otros han señalado, esto es,
que la pérdida de la fe, la «muerte de Dios», no supuso sólo un cambio
emocional sino igualmente una conversión emocional. Ciertos libros y
discusiones específicas marcaron una diferencia, pero hubo asimismo un cambio
en el clima de opinión general, el efecto inquietante producido, de forma
acumulativa, por una sucesión de hechos con frecuencia bastante diferentes
entre sí.3382 En 1874, Francis Galton, el primo de Darwin, hizo circular entre
los 189 miembros de la Royal Society un cuestionario en el que se indagaba
sobre su filiación religiosa: las respuestas que recibió le parecieron sorprendentes.
El 70 por 100 se describían a sí mismos como miembros de iglesias establecidas,
y aunque algunos habían anotado que no tenían filiación religiosa, muchos otros
eran no conformistas de uno y otro tipo: wesleyanos, católicos o pertenecientes
a alguna otra forma de iglesia organizada. En el mismo cuestionario se
preguntaba si creían que su educación religiosa había tenido algún efecto
disuasorio sobre sus carreras científicas, una cuestión a la que casi el 90 por
100 de los encuestados respondió «no en absoluto».3383 Entre aquellos que en
una fecha tan avanzada como 1874 todavía creían en un dios se encontraban
Michael Faraday, John Herschel, James Joule, James Clerk Maxwell y William
Thomson (lord Kelvin). Wilson muestra en su estudio que había tantas razones
para perder la fe como personas
3382
3383
Ibid.,
p. 4.
Ibid.,
p. 189.
1863 Preparado por Patricio Barros
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que
perdían la fe. Y aunque algunos estaban más convencidos que otros de la muerte
de Dios, hubo quienes consiguieron «estar al mismo tiempo contra Dios y contra
la ciencia».3384
A
diferencia de las batallas intelectuales sobre la falta de fe de los siglos XVI
y XVII, en el siglo XIX los creyentes tenían que lidiar con muchas más
cuestiones que, por ejemplo, las dudas sobre la verdad literal de la Biblia y
la inverosimilitud de los milagros. Wilson sitúa el comienzo del cambio de
atmósfera intelectual a finales del siglo XVIII. El ateísmo de los filósofos
ilustrados franceses fue un factor importante, pero en Gran Bretaña, anota,
aparecieron dos libros que minaron más que cualquier otro los cimientos de la
fe cristiana: la Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano de Edward
Gibbon, publicada en tres entregas entre 1776 y 1788, y los Diálogos sobre la
religión natural de David Hume, publicados en 1779, tres años después de su
muerte. La obra de Gibbon no ofrecía ningún argumento metafísico o teológico
destacado, señala Wilson.3385 Pero «fue demoledor con la fe… en su
despreocupada revelación, página tras página, de lo despreciables que eran no
sólo los héroes cristianos, sino también sus ideales “más elevados”. Gibbon no
consigue su objetivo simplemente por identificar de forma repetida casos
individuales de maldad cristiana (lo que resulta muy entretenido) sino por su
actitud general, al rehusar de manera decidida a dejarse impresionar por la
supuesta contribución de los
3384
Ibid., p. 193.
3385
Esto es algo que confirma una encuesta publicada en 1905 sobre libros que los
«librepensadores» encontraban influyentes. Véase: Edward Royle, Radicals,
Secularists and Republicans, Manchester University Press, Manchester, 1980, p.
173.
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cristianos
a la “civilización”».3386 Lo que impactó profundamente a sus lectores fue el
constante contraste que Gibbon proponía entre la «sabiduría evidente» de las
culturas precristianas y las supersticiones, anacronismos irracionales y
barbarie del cristianismo primitivo.3387
En
un capítulo anterior repasamos la crítica de Hume a las nociones sobre la
«mente» y el orden del universo, así como la idea de Kant de que conceptos como
el de Dios o el de Inmortalidad eran imposibles de probar.3388 Si estas
reflexiones pueden considerarse el «transfondo profundo» de la pérdida de la fe
que se manifestaría de forma generalizada en años posteriores, también
existieron factores específicos, propios del siglo XIX. El historiador Owen
Chadwick los divide en «sociales» e «intelectuales». Entre ellos incluye el
liberalismo, el marxismo, el anticlericalismo y la «mentalidad de la clase
trabajadora».
El
liberalismo, dice Chadwick, dominó el siglo XIX.3389 Pero éste, reconoce, era
un término proteico, que en principio sólo significaba libre, en el sentido de
libre de impedimentos. Durante la última etapa de la Reforma la palabra vendría
a denotar demasiada libertad y a designar comportamientos licenciosos o
anárquicos. Ésta es la manera en que la entendían hombres como John Henry
Newman a mediados del siglo XIX. Sin embargo, el liberalismo, gustara o no,
debía mucho al cristianismo. Al dividir a Europa por razones
3386
Wilson, God’s Funeral, p. 20.
3387
Ibid., p. 22.
3388
Ibid., p. 35.
3389
Owen Chadwick, The Secularisation of European Thought in the Nineteenth
Century, Cambridge University Press/Canto, Cambridge (Inglaterra), 1975/1985,
p. 21.
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religiosas,
la Reforma, llegado el momento, constituyó una invitación a la tolerancia, pero
desde cierta perspectiva el cristianismo siempre había defendido la idea de una
religión interior por encima de la mera celebración de ritos, y fue esta
reverencia por la conciencia individual la que al final, señala Chadwick,
resultaría fatal, al debilitar el deseo de la pura conformidad. «La conciencia
cristiana fue [por tanto] la fuerza que empezó la “secularización” de Europa,
esto es, a permitir la existencia de muchas religiones o de ninguna en el
estado».3390 Lo que había empezado siendo libertad de tolerancia se convirtió
en amor de la libertad por sí misma, en la idea de la libertad como derecho
(ésta, se recordará, fue una contribución de John Locke, y fue una de las
razones manifiestas que animaron la Revolución Francesa). Pero esto fue algo
que, en los principales países de Europa occidental, no se consiguió de verdad
hasta el período comprendido entre 1860 y 1890.3391 Según Chadwick, este
desarrollo debe mucho a John Stuart Mill, que publicó su ensayo Sobre la
libertad en 1859, el mismo año en que apareció El origen de las especies de
Darwin. La reflexión de Mill sobre la libertad, sin embargo, planteaba lo que
en su opinión era un nuevo problema. Bajo la influencia de Comte en especial,
le inquietaba menos la cuestión de las libertades que pueden verse amenazadas
en el contexto de una tiranía, lo que a fin de cuentas era un problema viejo y
bastante conocido. En lugar de ello, le preocupaba un fenómeno propio de las
nuevas democracias, a saber, la tiranía de la mayoría sobre el individuo o la
minoría, y la
3390
3391
Ibid.,
p. 23.
Ibid.,
p. 27.
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coerción
intelectual que implicaba. Mill advertía a su alrededor que «el pueblo» estaba
llegando al poder, y preveía que ese «pueblo», con demasiada frecuencia la
chusma de épocas anteriores, podría luego negar a otros el derecho a mantener
una opinión diferente a la suya.3392 Era esta nueva clase de libertad la que
pretendía definir. «La única razón por la que es posible ejercer legítimamente
el poder sobre cualquier miembro de una comunidad civilizada en contra de su
voluntad es para impedir que éste dañe a otros. Su propio bien, ya sea físico o
moral, no es motivo suficiente para ello. No es legítimo obligarlo a hacer algo
o abstenerse de hacerlo con la idea de que ello sería lo mejor para él o lo
haría más feliz o porque, en opinión de otros, actuar así sería sabio o incluso
correcto».3393 Esto era mucho más importante de lo que parecía porque implicaba
que un hombre libre «tiene el derecho de ser persuadido y convencido», que es
precisamente una implicación de la democracia tan importante como la idea de
«un hombre, un voto». Y fue esto lo que vinculó liberalismo y secularización.
El ensayo de Mill fue la primera reflexión sobre las implicaciones profundas
del estado secular. La absoluta falta de pasión que caracteriza el texto fue
una manera de dar ejemplo sobre cómo debían enfrentarse estas cuestiones.3394
Chadwick
anota que desde el punto de vista de cómo hablaba y actuaba la gente común y
corriente, la sociedad inglesa se volvió «secular» entre 1860 y 1880.3395 Esto
es algo que puede verse en las
3392
Alfred Cobban, In Search of Humanity: The Role of the Enlightenment in Modern
History,
Cape,
Londres, 1966, p. 236. Véase también: Hawthorn, Enlightenment and Despair, pp.
82-84.
3393
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 28.
3394
Ibid., pp. 29-30; y Hawthorn, Enlightenment and Despair, p. 87.
3395
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 37.
1867 Preparado por Patricio Barros
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memorias
y novelas escritas en la época, que reflejan los hábitos de lecturas y las
conversaciones del individuo medio, y en las que se aprecia, por ejemplo, una
creciente disposición de las personas devotas a relacionarse y forjar amistades
con personas que no lo eran y a las que «se valora por su sinceridad en lugar
de condenarlas por su falta de fe».3396 Esto es algo que también puede
advertirse en la función que desempeñó la nueva prensa de circulación
masiva.3397 La prensa, de hecho, desempeñó varios papeles, uno de los cuales
fue avivar y polarizar las batallas intelectuales dotándolas de mayor pasión,
con lo que se consiguió que muchos ciudadanos comunes se convirtieran, por
primera vez, en sujetos políticos al estar ahora mejor informados. Ésta también
fue una fuerza secularizadora, ya que reemplazó a la religión por la política
como principal preocupación intelectual de la gente común. El periodismo como
nueva profesión quedó establecido más o menos por la misma época en la que los
maestros empezaron a formar un cuerpo distinto, independiente del clero.3398
A
medida que el nivel de alfabetización aumentaba y el periodismo respondía en
consecuencia, las ideas acerca de la libertad experimentaron un nuevo giro. Se
descubrió que la libertad individual, en el sentido que se le daba en economía
o en cuestiones relativas a la conciencia o la opinión, no era lo mismo que
verdadera libertad política o psicológica. A través de los periódicos, la gente
3396
Ibid.
3397
Ibid., p. 38.
3398
Pero la polarización operó en ambos sentidos. «En 1889 el papa era mucho más
influyente que en 1839, porque este último papa estaba rodeado por la prensa
[de un modo que] el anterior no había conocido». Ibid., p. 41.
1868 Preparado por Patricio Barros
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empezó
a comprender mejor que nunca que el desarrollo industrial, por sí solo,
únicamente había ayudado a ampliar la brecha que separaba a ricos y pobres.
«Era difícil que una doctrina que acababa en las chabolas de las grandes
ciudades tuviera toda la verdad».3399 Esto provocó un profundo cambio en las
mentes liberales y, de hecho, empezó a modificar el significado mismo del
liberalismo, lo que, dice Chadwick, marcó el comienzo de lo que podríamos
denominar pensamiento colectivista, cuando la gente empezó a sostener cada vez
con más fuerza que el gobierno debía intervenir para mejorar el bienestar
general.3400 «Desde entonces la libertad empezó a ser pensada más en términos
de la sociedad que del individuo; menos como libertad que como una cualidad de
la vida social responsable que todos los seres humanos tenían la oportunidad de
compartir».3401 Esta nueva forma de pensar hizo que el marxismo fuera más
atractivo, y también su idea fundamental de que la religión era básicamente
falsa, lo que le convirtió en otro factor del proceso de secularización.3402
Para Marx, por supuesto, lo que explicaba la popularidad de la religión era que
ésta era un síntoma más de la enfermedad de la vida social. «Ayuda a los
pacientes a soportar lo que de otro modo resultaría insoportable».3403 La
sociedad capitalista,
3399
David Landes, Unbound Prometheus, p. 127, dice que los pobres «entraban en el
mercado tan poco como era posible».
3400
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 46.
3401
Ibid., p. 47.
3402
Marx, al igual que Gibbon, ocupaba un destacadísimo lugar en la lista de libros
influyentes a la que nos hemos referidos antes en la nota 6. Royle, Radicals,
Secularists and Republicans, p. 174.
3403
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 57. Hawthorn, Enlightenment
and Despair, p. 85, explora las diferencias entre protestantismo y catolicismo
y lo que esto implicaba para el marxismo.
1869 Preparado por Patricio Barros
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sostenía,
necesitaba la religión para mantener a las masas en su lugar, ya que al
ofrecerles algo en la otra vida, conseguía que aceptaran con mayor facilidad la
suerte que les había correspondido en ésta.3404 El cristianismo (como la
mayoría de las religiones) aceptaba las divisiones existentes en la sociedad,
«consolaba» a los desposeídos con la idea de que sus desgracias eran el justo
castigo por sus pecados, o bien una especie de prueba que ennoblecería y
elevaría sus espíritus. La importancia que adquirió el marxismo no dependió
sólo de aquellos acontecimientos del siglo XIX que parecían confirmar que lo
que decía era verdad —la Comuna de París, el impacto de la Comuna sobre la
Internacional, los socialistas alemanes, el desarrollo de un partido revolucionario
en Rusia— sino también de que ofrecía una nueva versión de la otra vida: la
revolución, después de la cual la justicia y la dicha reinarían en el mundo.
Chadwick afirma que al ofrecer una vida secular el marxismo dio origen a una
consecuencia imprevista muy importante: el socialismo y el ateísmo quedaron
vinculados, y la religión se politizó. Pero Marx, por supuesto, no estaba solo.
En La condición de las clases trabajadoras en Inglaterra en 1844, Engels
informaba de «una indiferencia total hacia la religión casi universal, o a lo
sumo algún rastro de deísmo, pero demasiado poco desarrollado para ser algo más
que meras palabras, o un vago temor de términos como infiel, ateo, etc»..3405
Los ateos absolutos nunca habían sido muy comunes pero, hacia mediados de la
década de 1850, se fundaron a lo largo de
3404
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 59.
3405
Ibid., p. 89.
1870 Preparado por Patricio Barros
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Gran
Bretaña las primeras «sociedades seculares». Paradójicamente, estos grupos
tenía una vena puritana, y muchos de ellos estaban ligados al movimiento en
contra del consumo de alcohol. Este proceso parece haber alcanzado su punto
culminante hacia 1883-1885, cuando se permitió que los ateos ocuparan escaños
en el Parlamento.3406
Otro
factor de carácter general que contribuyó a crear un mundo más secular fue la
urbanización misma de Europa. Las estadísticas de Alemania y Francia demuestran
durante décadas un descenso constante de la asistencia a las iglesias, más
pronunciado en el caso de las grandes ciudades, y paralelo al descenso en el
número de sacerdotes ordenados.3407 Es posible que esto no haya sido más que
consecuencia de un fallo de organización por parte de la religión establecida,
pero fue importante, pues revela la incapacidad de las iglesias para adaptarse
con rapidez a los cambios que estaban sufriendo las ciudades. «La población de
París aumentó casi un 100 por 100 entre 1861 y 1905, mientras que el número de
parroquias sólo aumentó un 33 por 100 y el de sacerdotes, un 30 por 100».3408
El siglo XIX no compartía nuestra idea de que la Ilustración fue algo «bueno»,
un paso adelante, una etapa necesaria en la evolución del mundo moderno.3409
Para los victorianos la Ilustración era la época que había terminado con la guillotina
y el Terror. Thomas Carlyle era sólo uno de los que pensaba que Voltaire y su
deísmo eran
3406
Hofstadter, Social Darwinism in American Thought, p. 24, observa que los
protestantes tenían más probabilidades de convertirse en ateos.
3407
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 92.
3408
Ibid., p. 97.
3409
Ibid., p. 144.
1871 Preparado por Patricio Barros
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«despreciables».
En su opinión, Napoleón era el último gran hombre, y se sentía orgulloso de que
su propio padre «nunca hubiera sido visitado por la duda».3410 A lo largo del
período napoleónico y bien entrado el reinado de la reina Victoria, «la gente pensaba
que la Ilustración era un cadáver, un callejón sin salida ideológico, una era
destructiva que había subvertido los puntos de referencia intelectuales y
físicos que permitían a la sociedad humana vivir de manera civilizada».3411
Esta
opinión no empezaría a cambiar hasta la década de 1870. De hecho, la primera
vez que se usó en inglés la palabra Ilustración (Enlightenment) en el sentido
de Aufklärung fue en 1865, en un libro sobre Hegel escrito por J. H. Stirling.
Pero incluso allí la palabra era peyorativa, y no adquiriría un significado
plenamente positivo hasta 1889, en el estudio sobre Kant de Edward Caird, donde
se la usó por primera vez en la frase «la era de la Ilustración».3412 Sin
embargo, la persona que en verdad libró a la Ilustración y sus valores
seculares de las connotaciones negativas que se les había asignado, fue John
Morley, un periodista de la Fortnightly Review. Morley (quien también fuera
miembro del Parlamento) sentía que la reacción de los británicos a los excesos
de 1789 se había extendido injustificadamente a los philosophes, y que la
pasión romántica por la vida interior había dado lugar a una especie de
filisteísmo que oscurecía los verdaderos logros del siglo XVIII. Lo que lo
llevó a pasar
3410
Cobban, In Search of Humanity, p. 110. Sobre Carlyle, véase: Boorstin,
Americans, pp. 246-
247.
3411
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 145.
3412
Ibid., p. 151.
1872 Preparado por Patricio Barros
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a la
acción, en una serie de artículos, fue la sensación de que la Iglesia estaba
intentando reprimir el avance de las ciencias positivas.3413 En Francia tuvo
lugar un cambio parecido. Los franceses tenían a su particular Carlyle en la
figura de Joseph de Maistre, quien escribió que «admirar a Voltaire es indicio
de un corazón corrupto, y si alguien se siente atraído por su obra, estad
seguros de que Dios no le quiere».3414 Aunque las relaciones de Napoleón con la
Iglesia fueron caprichosas, se dice que mandó atacar a Voltaire a los autores
que tenía a su servicio.
Luego
vino Jules Michelet. A principios de la década de 1840, el historiador, junto
con un grupo de amigos entre los que se encontraban Victor Hugo y Lamartine,
atacó a la Iglesia de forma directa. En su opinión, el catolicismo era
imperdonablemente estrecho de miras; el celibato, un vicio «antinatural»; la
confesión, un abuso de la privacidad; y los jesuitas, unos manipuladores
retorcidos. Michelet vertió estas invectivas en una serie de conferencias
desaforadas pronunciadas en el Collège de France y, a diferencia de lo que
ocurría en otros lugares, el centro de su ofensiva no fue la ciencia sino la
ética. Lo que resulta irónico, por supuesto, dado que Voltaire se había opuesto
de forma fanática al fanatismo que él mismo había promovido. Michelet bombardeó
a la Iglesia «en nombre de la justicia y la libertad», y una consecuencia de
sus incursiones fue que Voltaire se convirtió en el centro de una despiadada
guerra intelectual en Francia.3415 Por ejemplo, con la llegada al poder de Luis
Napoleón
3413
Royle, Radicals, Secularists and Republicans, p. 220.
3414
Ibid., p. 17.
3415
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 155. Boorstin, Americans, p.
195.
1873 Preparado por Patricio Barros
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en
1851 se obligó a todas las bibliotecas a que retiraran las obras de Voltaire y
Rousseau de sus anaqueles. Y un ejemplo adicional: al editar los documentos de
Voltaire, un estudioso, por lo demás respetable, advertía a sus lectores de que
el pensador había «causado» 1789 y el Terror de 1793.3416 La cuestión llegó a
un punto crítico hacia 1885, cuando empezó a circular por París el rumor de que
los restos de Voltaire y Rousseau no se encontraban en el Panthéon, como se
creía.3417 Según se decía, en 1814 un grupo de monárquicos, incapaces de
aceptar la idea de que tales restos descansaran en lugar sagrado, había
retirado los huesos de ambos pensadores durante la noche y se habían desecho de
ellos en un erial. Los rumores no tenían otro fundamento que pruebas
circunstanciales, pero se les dio tal crédito que la indignación de los
seguidores de Voltaire obligó a que el gobierno creara en 1897 un comité
encargado de investigar los hechos. La investigación llegó al extremo de que
las tumbas tuvieron que ser abiertas de nuevo y los restos exhumados para su
análisis, que dictaminó que efectivamente eran los de Voltaire y Rousseau.3418
La gente comprendió entonces por fin que la disputa había ido demasiado lejos y
los huesos fueron enterrados de nuevo. Tras este episodio tan vergonzoso, la
actitud hacia la Ilustración empezó a cambiar en el país para acomodarse más o
menos a la opinión que hoy tenemos.
3416
Sobre el pesimismo con el que, en general, el siglo XIX veía al XVIII, véase:
Cobban, In Search of Humanity, p. 215.
3417
Chadwick, Secularisation of European Thought, pp. 158-159.
3418
Ibid., p. 159.
1874 Preparado por Patricio Barros
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Las
creencias de George Eliot, como hemos anotado, se vieron profundamente
afectadas por el libro de David Strauss sobre La vida de Jesús, pero su caso no
fue del todo típico. Una reacción común fue la de los suizos, cuyas amenazas de
disturbios provocaron que Strauss fuera liberado de su cátedra antes incluso de
haberla ocupado. La mayoría de los libros del siglo XIX que hoy consideramos
importantes por haber contribuido al declive de las creencias religiosas por lo
general no ejercieron una influencia directa sobre enormes masas de personas.
El público en general no leyó a Lyell, Strauss o Darwin. Lo que sí leyeron
fueron a diversos divulgadores de sus teorías, como Karl Vogt en el caso de
Darwin, Jakob Moleschott en el de Strauss, y Ludwig Büchner sobre la nueva
física y la nueva biología celular. Estos hombres tenían lectores porque
estaban dispuestos a ir bastante más allá de Darwin o, digamos, Lyell. El
origen de las especies o los Principios de geología no atacaban la religión por
sí mismos. Las ideas problemáticas desde un punto de vista religioso estaban en
ellos, pero fueron los divulgadores los que interpretaron estas obras y
explicaron con detalle las implicaciones de esas teorías a una audiencia más
amplia. «La religión es un asunto de interés común para la raza humana mucho
más de lo que pueden serlo la física o la biología. El gran público», sostiene
Owen Chadwick, «estaba más interesado en la confrontación entre ciencia y
religión que en la ciencia en sí». Fueron, por tanto, los popularizadores quienes
alertaron a las clases medias victorianas de que había formas alternativas de
explicar por qué el mundo era como era. Estos autores no afirmaban de inmediato
que toda la religión estuviera equivocada,
1875 Preparado por Patricio Barros
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pero
si planteaban serias dudas sobre la exactitud, veracidad y verosimilitud de los
hechos narrados en la Biblia.3419
El
más destacado de todos estos divulgadores fue el alemán Ernst Haeckel, que en
1862, sólo tres años después de la aparición de El origen de las especies,
publicó una Historia natural de la creación. Para finales de siglo, la obra,
una interesante polémica en favor de Darwin, que explicaba con gran claridad
sus implicaciones, había tenido nueve ediciones y había sido traducida a doce
lenguas. Die Welträtsel, publicado en inglés en 1900 como The Riddle of the
Universe (El enigma del universo), era una exposición de la nueva cosmología
que vendió cien mil ejemplares en alemán y otros tantos en inglés.3420 En su
época Haeckel llegó a ser igual de famoso que Darwin, y mucho más leído: la
gente acudía en tropel a escuchar sus conferencias.3421
Otro
popularizador notable fue Ernest Renan, que hizo por Strauss lo que Haeckel
hizo por Darwin, y quien también se hizo famoso a consecuencia de ello.
Destinado en un principio al sacerdocio, Renan perdió la fe y dedicó varios
libros a manifestar sus nuevas convicciones, el más influyente de los cuales
fue sin duda su Vida de Jesús (1863).3422 Aunque sostuvo diferentes cosas en
diferentes
3419
Sobre la organización de la secularización en Gran Bretaña y su reactivación en
1876, véase: Royle, Radicals, Secularists and Republicans. Para el caso de
Francia, véase: Jennifer Michael Hecht, The End of the Soul: Scientific
Modernity, Atheism and Anthropology in France, Columbia University Press, Nueva
York, 2003.
3420
Ibid., p. 177.
3421
Hacia finales de siglo, Josef Bautz, un profesor de teología católico en
Münster, sostuvo que los volcanes eran una prueba de la existencia del
purgatorio, se ganó el apodo del «profesor del infierno» y se convirtió en
objeto de toda clase de burlas. Chadwick, Secularisation of European Thought,
p. 179. Chadwick señala que aunque la mayoría de los padres ya no creía en el
infierno, seguían hablándole de él a sus hijos ya que lo consideraban una forma
de control adecuada.
3422
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 212.
1876 Preparado por Patricio Barros
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momentos,
al parecer lo que acabó con la fe de Renan fueron sus estudios de historia, y
su libro sobre Jesús causó un efecto similar sobre muchos otros.3423 El libro
tuvo la influencia que tuvo en parte debido al exquisito francés de su autor,
pero también al hecho de que se ocupaba de Jesús en tanto figura histórica;
aunque la obra negaba que hubiera realizado actos sobrenaturales y presentaba
de forma clara las investigaciones académicas que planteaban serias dudas sobre
su divinidad, mostraba a Jesús desde una perspectiva amable como una «cumbre de
la humanidad», cuyo espíritu y enseñanzas morales habían cambiado el mundo. Es
muy probable que la evidente simpatía que Renan sentía por la figura de Jesús
hiciera más aceptables los defectos que la obra identificaba en el relato
bíblico. Pero además, el libro acababa con la necesidad de las iglesias, los
credos, los sacramentos y los dogmas. Al igual que Comte, Renan pensaba que el
positivismo podía servir de base a una nueva fe.3424 Uno de sus argumentos centrales
era que Jesús era un líder moral, un gran hombre, pero en ningún sentido un ser
divino: la religión organizada, tal y como existía en el siglo XIX, no tenía
ninguna relación con él. La forma de religión propuesta por Renan era una
especie de humanismo ético que resultaba aceptable para muchas personas
educadas en las nuevas universidades. Su enfoque era en ocasiones inusual, por
decirlo de algún modo. «La divinidad tiene lapsos intermitentes; uno no puede
ser Hijo de Dios a lo largo de toda una vida sin descanso». En cierto sentido
esto era una especie de
3423
3424
Ibid.,
p. 215.
Ibid.,
p. 220. Hawthorn, Enlightenment and Despair, pp. 114-115.
1877 Preparado por Patricio Barros
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retorno
a la idea griega de los dioses como seres en parte heroicos, en parte humanos.
El libro de Renan era atractivo por la misma razón que el deísmo había sido
atractivo en los siglos XVII y XVIII: ayudaba a la gente a dejar sus creencias
en entidades sobrenaturales sin tener que abandonarlas por completo. Para la
mayoría de la gente resultaba imposible pasar de la fe al descreimiento en un
solo paso. La Vida de Jesús fue el título más famoso publicado en Francia en el
siglo XIX y tuvo también mucho éxito en Inglaterra, donde causó gran sensación.
Más allá de la imagen comprensiva que Renan ofrecía de Jesús, lo que impresionó
a mucha gente fue lo que su obra revelaba sobre los tambaleantes cimientos del
cristianismo, al menos en lo relativo a sus documentos básicos. Por ejemplo,
tras leer el libro de Strauss sobre la vida de Jesús el historiador suizo Jacob
Burckhardt comprendió que la historia del Nuevo Testamento «no aguantaba el
peso que la fe quería poner en él», y fueron muchos los que llegaron a una conclusión
similar.3425
Otro
elemento nuevo que diferenció el debate sobre la secularización del siglo XIX
del de los siglos XVI y XVII se relaciona con la revisión del «dogma». Dogma
significa originalmente una afirmación de creencias o doctrinas, en otras
palabras, el término tenía un contenido positivo. No obstante, eso fue
cambiando, y para la época de la Ilustración, ser dogmático pasó a significar
ser alguien «ignorante y cerrado a las interpretaciones alternativas de la
verdad».3426 Ésta fue una transformación importante porque si bien
3425
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 224.
3426
Lester R. Kurtz, The Politics of Heresy, University of California Press,
Berkeley, 1986, p. 18.
1878 Preparado por Patricio Barros
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la
jerarquía católica tenía mucha experiencia enfrentándose a dogmas heréticos, lo
que estaba siendo objeto de ataque era la noción misma de dogma. El triunfo de
los métodos de las ciencias positivas los convertía en una alternativa a las
verdades reveladas de la religión y cada vez se los usó con mayor frecuencia
para criticar a la Iglesia. Tomemos por ejemplo el caso de una organización que
hoy nos suena extravagante pero que fue típica de su tiempo, la Sociedad para
la Autopsia Mutua. Éste fue un grupo (formado principalmente por antropólogos)
tan interesado en probar que no existía el alma, que todos sus miembros legaban
sus cuerpos a la sociedad de manera que pudieran ser diseccionados y
estudiados, y así acabar de una vez por todas con la idea de que el alma estaba
situada en algún punto del cuerpo. La sociedad celebraba cenas en las que la
comida se servía en cerámica prehistórica o en las cavidades de cráneos humanos
y, en una ocasión, de jirafa, con lo que se buscaba hacer hincapié en que no
había nada especial acerca de los restos humanos y que no había nada que los
diferenciara de los de los animales. En su libro sobre el fin del alma,
Jennifer Michael Hecht cita las palabras de un antropólogo: «Hemos sido
testigos de muchos sistemas diseñados para mantener la moral y los principios
fundamentales de la ley. Sin embargo, a decir verdad, estos intentos no eran
otra cosa que ilusiones… La conciencia no es más que un aspecto particular del
instinto, y el instinto no es más que un hábito hereditario… Sin la existencia
de un alma, sin inmortalidad y sin la amenaza de una vida después de la muerte,
las sanciones desaparecen».3427
3427
Hecht, End of the Soul, p. 182. Véase también: Kurtz, Politics of Heresy, p.
18.
1879 Preparado por Patricio Barros
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En
estas circunstancias, no era difícil que la jerarquía católica reaccionara con
frecuencia de mala gana y de forma poco generosa. Esta misma reacción se
convirtió en un elemento más del debate y en un factor adicional para el
aumento del anticlericalismo, otro aspecto de la secularización, al menos en el
caso de una minoría vociferante. En Gran Bretaña, anota Chadwick, esto salió a
la superficie por primera vez en mayo de 1864, en un editorial de la Saturday
Review, donde se criticaba la terquedad e incapacidad de la Curia romana para
aceptar los avances de la ciencia moderna, en particular los descubrimientos de
Galileo, que para entonces tenían ya centenares de años. De esta forma,
clericalismo se convirtió en un sinónimo de oscurantismo y obstruccionismo, y
la acusación fue más allá de la Iglesia católica romana y se amplió a todas las
iglesias que se oponían al pensamiento moderno, incluido el político.3428 Todos
los católicos cultos del mundo veían con cierta pena la postura antimoderna
asumida por el Vaticano, pero en Italia había un problema adicional. En 1848,
el año de la revolución en toda Europa, los italianos emprendieron su guerra de
liberación contra Austria, y ello puso al papa Pío IX en una posición poco
envidiable: ¿de parte de quién se pondría el Vaticano dado que tanto Italia
como Austria eran hijos de la Iglesia? A finales de abril de ese año, Pío IX
declaró que «como pastor supremo» de la Iglesia no podía declarar la guerra a
ningún correligionario. Para muchos nacionalistas italianos esto fue demasiado,
y se volvieron contra el Vaticano: era la primera vez que el anticlericalismo
se manifestaba en Italia.
3428
Chadwick, Secularisation of European Thought, p. 123.
1880 Preparado por Patricio Barros
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En
Francia el anticlericalismo puso patas arriba la religión establecida. Además
de los ataques intelectuales a la autoridad de la Iglesia —Strauss, Darwin,
Renan, Haeckel—, en Francia los clérigos católicos fueron expulsados
sistemáticamente de todas las instituciones de educación superior, lo que
implicó que, con el paso del tiempo, el acceso de la Iglesia a las mentes de
los jóvenes fue cada vez menor.3429 La Iglesia francesa estaba pagando el hecho
de que, en el siglo XVIII, una enorme mayoría de los obispos del país provenían
de la aristocracia. Diezmada por la Revolución, la Iglesia francesa tuvo que
cambiar de tal modo su conformación que el papa se vio forzado a anatematizar a
toda la jerarquía galicana y se negó a consagrar a nuevos obispos. La Iglesia
francesa cortó sus lazos con Roma durante un tiempo, pero esto sirvió muy poco
para reducir el sentimiento anticlerical en el país, dado que para gran parte
de la gente común Roma estaba ahora más lejos de lo que había estado nunca.3430
Una
giro adicional vino a complicar las tentativas de reconciliar a la Iglesia
francesa con las metas de la Revolución. El principal intento estuvo encabezado
por Félicité de Lamennais, un sacerdote con un firme compromiso con las
instituciones educativas seculares, que fundó un diario, L’Avenir, que defendía
la libertad religiosa, la libertad educativa, la libertad de prensa, la
libertad de asociación, el sufragio universal y la descentralización. Todo ello
era muy moderno, de hecho, demasiado moderno. Las políticas de L’Avenir
resultaron ser
3429
Kurtz, Politics of Heresy, p. 25.
3430
Ibid., p. 27.
1881 Preparado por Patricio Barros
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tan
polémicas que, después de que la publicación se suspendiera varias veces, el
papa llegó al punto de emitir una encíclica, Mirari vos, condenando el
periódico.3431 Lamennais respondió dos años después con su Paroles d’un croyant
(Palabras de un creyente) en el que denunciaba el capitalismo por razones
religiosas e instaba a las clases trabajadora a alzarse y exigir los «derechos
que Dios les había concedido». Esto motivó una nueva encíclica, Singulari nos,
en la que se criticaba el texto de Lemennais, «pequeño en tamaño pero inmenso
en perversidad», al que se acusaba de difundir ideas falsas que «promovían la
anarquía [y eran] contrarias a la Palabra de Dios». Gregorio XVI terminó
ordenando a los católicos de todos los países que se sometieran a la «autoridad
legítima». En cierto sentido, sin embargo, esto también se volvió en su contra,
pues apareció no mucho antes de la revolución de 1848, que resucitó el
republicanismo entre los católicos franceses y en la que por primera vez un
número significativo de miembros de la jerarquía eclesiástica mostraron su
simpatía para con la revolución.3432
Pío
IX era en principio un liberal (fue elegido a los cincuenta y cinco años, una
edad relativamente joven para un papa), pero los acontecimientos de 1848 lo
cambiaron al igual que a los demás italianos. «Curado ya de todo liberalismo»,
Pío dio carta blanca a un triunvirato de cardenales para que restaurara el
gobierno absoluto en Roma.3433 Sin embargo, en vista de que esta decisión se
tomaba en un contexto político en la que los poderes tradicionales en general
3431
Moynahan, Faith, p. 655.
3432
Kurtz, Politics of Heresy, p. 30.
3433
Moynahan, Faith, p. 655.
1882 Preparado por Patricio Barros
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estaban
perdiendo autoridad (ejemplos de ello eran la guerra de independencia italiana
contra Austria y la unificación de Alemania), lo único que se consiguió fue
suscitar nuevas oleadas de anticlericalismo. En 1857, Gustave Flaubert retrató
en Madame Bovary un pueblo que la mayor parte del tiempo era anticlerical,
aunque se bautizara a los niños y los sacerdotes continuaran aplicando la
extremaunción a los moribundos.3434 En Francia, la indiferencia hacia la
religión había estado creciendo entre la gente común, el mismo fenómeno que
Engels había advertido en Inglaterra una década antes.
El
anticlericalismo llegó a su apogeo en Francia en las últimas décadas del siglo
con la secularización de las escuelas. Perder las escuelas fue para el Vaticano
el golpe final a su influencia en el país.3435 Y ésta es la razón por la que
hacia mediados de la década de 1870 se crearon por toda Europa universidades
católicas en un intento de recuperar el terreno perdido. Pero esto sólo creó un
nuevo campo de batalla en el que sacerdotes y maestros de escuela se
enfrentaban entre sí.
Los
maestros, liderados por el nuevo ministro de Educación de la Tercera República,
Jules Ferry, resultaron vencedores. Al igual que Auguste Comte, Ferry estaba
convencido de que las eras teológica y metafísica eran cosa del pasado y que
las ciencias positivas debían ser la base del nuevo orden. «Mi objetivo»,
declaró Ferry «es organizar
3434
Kurtz, Politics of Heresy, p. 30.
3435
Ibid., pp. 30-31.
1883 Preparado por Patricio Barros
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la
sociedad sin Dios y sin rey», y para hacerlo despidió a más de cien mil
docentes religiosos de sus puestos.3436
El
Vaticano respondió a este último movimiento fundando institutos católicos en
París, Lyón, Lille, Angers y Toulouse. Cada uno de ellos disponía de una
facultad de teología, independiente de las universidades estatales, cuya tarea
era desarrollar sus propias investigaciones para contrarrestar lo que estaba
ocurriendo en los ámbitos de la ciencia y de la historiografía bíblica. Lester
Kurtz reseña en su obra el pensamiento del Vaticano.3437 «En primer lugar,
definió la ortodoxia católica dentro de los límites de la teología escolástica,
con lo que proporcionaba una respuesta lógica y sistemática a las cuestiones
planteadas por los estudios modernos. En segundo lugar, elaboró las doctrinas
de la autoridad papal y del magisterium (la autoridad de la Iglesia en materia
de dogma y moral) y afirmó que únicamente la Iglesia y sus líderes eran los
herederos de la autoridad de los apóstoles de Jesús en cuestiones religiosas.
Por último, definió la ortodoxia católica en términos de lo que no era, de
manera que construyó la imagen de una conspiración herética conducida por
miembros desviados».3438 De forma gradual, la Iglesia empezó a referirse a una
nueva era de «herejía», cuya identificación corrió a cargo principalmente de la
prensa católica conservadora (en particular, de dos publicaciones jesuitas,
Civiltà cattolica en Roma y La Vérité en París). También se produjeron una
serie de edictos
3436
Alec R. Vidler, The Modernist Movement and the Roman Church, Garden Press,
Nueva York,
1976,
cap. III, «Liberals and intransigents in France, 1848-1878», pp. 25 y ss.
3437
Kurtz, Politics of Heresy, p. 33.
3438
Ibid.
1884 Preparado por Patricio Barros
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papales
(Syllabus errorum, 1864; Aeterni Patris, 1879; Providentissimus Deus, 1893), a
los que siguió la condena del americanismo, Testem benevolentiae (1899), y
finalmente un ataque frontal contra el modernismo, Lamentabili (1907).
En
su enfoque del problema el Vaticano cometió un error fatal, apreciable en todos
estos edictos y condenas, a saber, caracterizar a sus críticos como un grupo de
conspiradores que pretendían minar a la jerarquía eclesiástica al mismo tiempo
que fingían ser sus amigos.3439 Esto suponía subestimar a la oposición, a la
que se trataba incluso con condescendencia. Sin embargo, el verdadero enemigo
del Vaticano era la naturaleza misma de la autoridad en el nuevo clima
intelectual. El papado insistió una y otra vez en que detentaba una autoridad
tradicional e histórica debido a la sucesión apostólica.3440 Una idea que se
llevó al extremo en la doctrina de la infalibilidad papal, expuesta por primera
vez en el concilio Vaticano Primero en 1870. El catolicismo del siglo XIX era
en muchos sentidos parecido al catolicismo del siglo XII, entre otras cosas por
haber estado dominado por dos largos pontificados, el de Pío IX (1846-1878) y
el de su sucesor León XIII (1878-1903). Resulta asombroso que, en una época en
la que estaban surgiendo democracias y repúblicas por todo el mundo, estos dos
pontífices pretendieran resucitar teorías de gobierno monárquicas, tanto dentro
como fuera de la Iglesia. En su encíclica Quanto conficiamur, Pío IX se remontó
a Unam sanctam, la bula papal emitida por Bonifacio VIII en 1302 (véase supra,
capítulo
3439
Vidler, Modernist Movement and the Roman Church, pp. 42 y 96.
3440
Kurtz, Politics of Heresy, p. 34.
1885 Preparado por Patricio Barros
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16).
En otras palabras, buscaba resucitar la noción medieval de la supremacía
absoluta del papado. En Testem benevolentiae, su ataque contra el americanismo,
León XIII descartó cualquier posibilidad de democratizar la Iglesia con el
argumento de que la autoridad absoluta era la única salvaguardia eficaz contra
la herejía.3441
En
estas circunstancias, y ante el peligro que suponían para los estados papales
los deseos italianos de independencia y unificación del país, el
anticlericalismo ganó fuerza en Italia. Esto constituye uno de los elementos
más importantes del contexto que dio lugar a la carta apostólica en la que el
papa Pío IX convocó el primer concilio general celebrado en el Vaticano.3442 La
confusión política de la época estuvo a punto de hacer que el concilio nunca
llegara a realizarse. Y cuando por fin empezó, debió enfrentarse al problema de
reestablecer la jerarquía eclesiástica, lo que dio lugar a dos declaraciones
famosas: La primera afirmaba que «la Iglesia de Cristo no es una comunidad de
iguales en la que todos los fieles tienen los mismos derechos» y que, en lugar
de ello, a algunos se les había otorgado «el poder de Dios… para santificar,
enseñar y gobernar». La segunda, la más conocida de las dos, dice así:
«Enseñamos y definimos que es dogma revelado por Dios que el Romano Pontífice,
cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de
Pastor y Doctor de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad
apostólica, define una doctrina relativa a la fe o a la moral que debe ser
mantenida por la Iglesia universal, posee, gracias a la divina asistencia
prometida
3441
3442
Ibid.,
p. 35.
Ibid.
1886 Preparado por Patricio Barros
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por
el bienaventurado Pedro, esa infalibilidad de la que el divino redentor quiso
otorgar a su Iglesia para la definición de doctrinas relativas a la fe y las
costumbres».3443
Y
fue así como la doctrina de la infalibilidad del papa se convirtió por primera
vez en artículo de fe para todos los católicos.3444 Ésta era una decisión muy
arriesgada, ya que, al menos desde el siglo XIV, la idea se había topado con
una importante resistencia. Es posible que el Vaticano creyera que, dada la
revolución que habían experimentado los transportes y las comunicaciones en el
siglo XIX, ahora le resultaría más fácil ejercer su autoridad de forma más
eficaz que en la Edad Media, y ello quizá explique por qué en 1879 León XIII
sumó a la doctrina de la infalibilidad papal la idea de que santo Tomás de
Aquino había de ser el guía dominante del pensamiento católico moderno, algo
que sostuvo en su encíclica Aeterni Patris. Al igual que el edicto Quanto
conficiamur de Pío IX, la encíclica de León XIII implicaba un retroceso a un
pensamiento propio de la Edad Media, anterior a la Ilustración, la Reforma y el
Renacimiento. La teología escolástica había sido un ejercicio especulativo
precientífico, puramente intelectual, y aunque destacaba como intento de
conciliar el cristianismo con otras formas de pensamiento, sus conclusiones
eran notables más por su ingenio que por su veracidad.3445 El resultado de este
retorno al pasado fue que el pensamiento católico volvió a ser un sistema
circular, cerrado y autorreferencial, a cargo
3443 Para un vívido relato de lo ocurrido aquel día
(incluido el clima extraordinario), véase:
Moynahan,
Faith, p. 659.
3444
Kurtz, Politics of Heresy, p. 37.
3445
Ibid., p. 38.
1887 Preparado por Patricio Barros
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principalmente
de los teólogos jesuitas. Los más influyentes de éstos se agruparon en torno a
la revista Civiltà cattolica, creada en 1849, por solicitud del papa, como
respuesta a los acontecimientos de 1848.3446 Estos tomistas (entre los que
destacaba el obispo de Perugia Gioachino Pecci, quien más tarde se convertiría
en León XIII) se oponían de manera implacable a los desarrollos del pensamiento
moderno. Las ideas modernas, insistían, debían rechazarse «sin excepción».
La
principal característica del pensamiento neotomista era su oposición a
cualquier idea de evolución, de cambio. El neotomismo dirigió su mirada al
pasado, más allá del siglo XII, a Aristóteles, para afirmar la idea de verdades
intemporales defendida por el escolasticismo. Después de la encíclica Aeterni
Patris se ordenó a los obispos nombrar como maestros y sacerdotes sólo a
quienes se hubieran formado en «la sabiduría de santo Tomás».3447 En todo
momento, su objetivo era mostrar que cuando las nuevas ciencias entraban en
conflicto con la doctrina revelada, eran en realidad ellas las que se
equivocaban. Esto era la «infalibilidad del papa» en acción, pero además se
reintrodujo y redefinió la doctrina del magisterium. Según Lester Kurtz, este
proceso vino a ser reforzado por el cambio más ambicioso emprendido en este
período: el intento de convertir a la Universidad Gregoriana, la institución
académica más importante del mundo católico, en un gran centro de estudios
tomistas. Con este fin se realizaron nombramientos claves con los que se
pretendía
3446
Vidler, Modernist Movement and the Roman Church, pp. 60-65 y 133 y ss.
3447
Kurtz, Politics of Heresy, p. 41.
1888 Preparado por Patricio Barros
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cambiar
el equilibrio de poder dentro de la universidad y garantizar así que ésta se
adecuara a la nueva ortodoxia papal. La Curia estaba más interesada que nunca
en perpetuar los dogmas antiguos, a los que consideraba todavía válidos, y ello
hacía irrelevante el descubrimiento de nuevas ideas.3448
Y
como si todo esto no fuera suficiente, en 1893 León XIII dio a conocer la
encíclica Providentissimus Deus con el propósito de contener las nuevas
investigaciones relativas a la Biblia. Más de treinta años después de la
publicación de El origen de las especies y casi sesenta desde la aparición de
las obras de Strauss y Lyell, el papa declaraba en ella que era imposible
alcanzar «una comprensión provechosa de las Sagradas Escrituras» por medio de
la «ciencia terrenal». La sabiduría, reiteraba el texto, venía de lo alto, y
por supuesto en este ámbito el papa era infalible. La encíclica desestimaba la
acusación de que la Biblia contenía falsedades y falsificaciones y señalaba que
la ciencia estaba «tan lejos de la verdad última que [los científicos] se dedican
todo el tiempo a modificarla y complementarla».3449
Una
forma adicional de acallar el debate sobre la veracidad de la Biblia fue la
Comisión Bíblica, nombrada por León XIII en 1902. En una carta apostólica
titulada Vigilantiae, el papa anunció que la tarea de la comisión de estudiosos
sería la de interpretar el texto divino de acuerdo con «las exigencias de
nuestra época» y que esa
3448
Ibid., p. 42.
3449
Vidler, Modernist Movement and the Roman Church, cap. X, «The Biblical
Question», pp. 81 y
Moynahan,
Faith, p. 661, sostiene que León «le tenía simpatía» a las ideas de democracia
y libertad de conciencia. Pero sólo en comparación con Pío.
1889 Preparado por Patricio Barros
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interpretación
estaría «protegida no sólo de cualquier sospecha de error sino también de
cualquier opinión temeraria».3450 El último intento de contener el cambio
emprendido por León fue su carta apostólica Testem benevolentiae, en la que
sostuvo que el «americanismo» era una herejía. Este paso extraordinario
evidencia el conflicto que existía dentro de la Iglesia entre las concepciones
monárquicas y democráticas, ejemplificado en el hecho de que algunos católicos
conservadores europeos vieran con preocupación la postura adoptada por la élite
católica estadounidense, a la que consideraban culpable de socavar la autoridad
del papado al apoyar «a los liberales, evolucionistas… y hablar siempre de
libertad, de respeto del individuo, de iniciativa, de virtudes naturales, y
mostrar su simpatía por nuestra época».3451 En Testem benevolentiae, el papa
declaraba su «cariño» por el pueblo americano pero su objetivo principal era
«señalar ciertas cosas que deben evitarse y corregirse». En este sentido,
afirmaba que los esfuerzos por adaptar el catolicismo al mundo moderno estaban
condenados al fracaso debido a que «la fe católica no es una teoría filosófica
que los seres humanos puedan desarrollar, sino un depósito divino que es deber
de los fieles salvaguardar y afirmar sin error». Por tanto, una vez más,
insistía en la diferencia fundamental que existía entre la autoridad religiosa
y la autoridad política: mientras la autoridad política emanaba del
3450
Kurtz, Politics of Heresy, p. 44.
3451
Ibid., p. 45.
1890 Preparado por Patricio Barros
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pueblo,
la autoridad de la Iglesia emanaba de Dios y no podía ponerse en cuestión.3452
El
dilema al que se enfrentaba el Vaticano a finales del siglo XIX — que,
recordemos, era el siglo de Lyell, Darwin, Strauss, Comte, Marx, Spencer,
Quetelet, Maxwell y tantos otros pensadores y científicos— era que la
estrategia destinada a mantener en la Iglesia a quienes todavía conservaban la
fe nunca resultaría aceptable para aquellos que ya habían dejado el rebaño: la
única alternativa posible era la contención. En 1903 Pío X se convirtió en papa
convencido de que «el número de los enemigos de la cruz de Cristo se había
multiplicado excesivamente en tiempos recientes». Estaba seguro, dijo, de que
sólo los creyentes «estaban del lado del orden y tenían el poder para
reinstaurar la calma en esta época de agitación».3453 Y por tanto, se impuso la
tarea de continuar la lucha de su predecesor contra el modernismo con renovado
vigor. En Lamentabili, su decreto de 1907, el nuevo pontífice condenó sesenta y
cinco proposiciones específicas del modernismo, incluidas las críticas de la
Biblia, y reafirmó la doctrina sobre el principio del misterio de la fe. El
número de libros incluidos en el Índice aumentó y se obligó a los candidatos a
las órdenes mayores a jurar lealtad al papa con una fórmula que implicaba el
rechazo de las ideas modernistas. Lamentabili reafirmó una vez más la función
del dogma con una frase famosa: «La fe es un acto del intelecto realizado bajo
la influencia de la voluntad».3454
3452
Moynahan, Faith, p. 661, sobre la Kulturkampf en Alemania, que dejó vacantes
todas las sedes de Prusia y a más de un millón de católicos sin acceso a los
sacramentos.
3453
Kurtz, Politics of Heresy, p. 50.
3454
Ibid., p. 148.
1891 Preparado por Patricio Barros
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Por
todo el mundo los fieles católicos agradecieron el razonamiento detallado y
argumentado del Vaticano y su postura firme. Para 1907, las ciencias estaban
realizando descubrimientos a gran velocidad: el electrón, el cuanto, el
inconsciente y, quizá el más destacado de todos en ese momento, el gen, que
permitía explicar por fin cómo operaba la selección natural propuesta por
Darwin. Era bueno tener una roca a la que aferrarse en un mundo tan turbulento.
Sin embargo, más allá de la Iglesia católica, eran pocos los que prestaban
atención a las palabras del papa. Mientras el Vaticano peleaba con su propia
crisis moderna, los movimientos artísticos vanguardistas, también conocidos en
general como modernismo, marcaban la llegada definitiva de una sensibilidad nueva,
posterior al romanticismo, a la revolución industrial, a la Revolución Francesa
y a la guerra civil estadounidense. Como Nietzsche había predicho, la muerte de
Dios desencadenó fuerzas nuevas. «El cristianismo resolvió que el mundo era
malo y feo», escribió este hijo de un pastor protestante, «y lo hizo malo y
feo». Pensaba que una de esas nuevas fuerzas sería el nacionalismo, y estaba en
lo cierto. Pero también aparecieron otras fuerzas para llenar el vacío que se
había creado. Una de ellas fue el socialismo de corte marxista, que contaba con
su propia versión de la otra vida, y otra una psicología supuestamente
científica que tenía su propia versión actualizada de la idea de alma: el
freudismo.
En
el capítulo 29, dedicado al renacimiento oriental, vimos que las relaciones del
mundo musulmán con Occidente habían sido por lo menos accidentadas, y habían
estado marcadas por cierta arrogancia respecto a lo poco que el islam podía
aprender de Europa, moderada
1892 Preparado por Patricio Barros
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más
tarde a medida que los logros técnicos europeos superaban la barrera impuesta
por la división religiosa. Sin embargo, la brecha entre ambos mundos sólo
empezó a reducirse con la retirada del imperio otomano, que culminó en la
guerra de Crimea en la década de 1850. Este conflicto fue crucial porque fue la
primera vez en la historia que se produjo una verdadera alianza entre fuerzas
cristianas e islámicas, cuando Turquía se unió con Francia e Inglaterra en
contra de Rusia. El resultado de esta cooperación más estrecha de lo normal,
fue que los musulmanes descubrieron que eran muchísimas las cosas que podían
aprender de los europeos, no sólo en lo relativo al armamento, las tácticas de
combate y la medicina, materias que siempre les habían resultado atractivas,
sino también en otras esferas de la vida.
Esta
nueva actitud se manifestó por primera vez en Turquía, donde, por ejemplo,
surgió un movimiento conocido como Tanzimat, «reforma».3455 El país creó un
Consejo Supremo de Reforma, se reorganizó de acuerdo con el modelo francés y se
limitó el ámbito de aplicación de la sharia al derecho familiar. Los
recaudadores de impuestos fueron sustituidos por la imposición directa y la
gente se convirtió en «súbditos». La figura clave aquí fue Namik Kemal
(1840-1888), quien editaba un diario, Libertad, cuyas metas eran la búsqueda
del desarrollo tecnológico, la libertad de prensa, la separación de poderes, la
igualdad ante la ley y una reinterpretación del Corán coherente con una
democracia parlamentaria. El mensaje
3455
Véase: Hourani, History of the Arab Peoples, cap. 18, «The culture of
imperialism and reform»,
299
y ss. Y también: Erik J. Zürcher, Turkey: A Modern History, I. B. Tauris,
Londres, 1993, pp. 52-74.
1893 Preparado por Patricio Barros
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más
importante que Kemal tenía que ofrecer era que no todo estaba predeterminado
por Dios. Ishak Efendi fue nombrado bashoca de la Escuela Imperial de
Ingeniería Militar y en 1834 publicó su obra en cuatro volúmenes Mecmua-i
Ulum-i Riyaziye, basada en fuentes extranjeras y que introdujo las ciencias
modernas en el mundo musulmán. Doce años después, Kudsi Efendi escribió su
Asrar al-Malakut, en el que intentó reconciliar el sistema copernicano con el
islam. En 1839 se seleccionó a treinta y seis estudiantes de las escuelas
militares y de ingeniería para que estudiaran en París, Londres y Viena, y en
1845 se creó un Consejo Temporal de Educación para examinar la idea de
«educación pública». El primer libro de química moderna publicado en turco
apareció en 1848 y el primer título de biología moderna lo hizo en 1865. La
construcción de fábricas siguiendo el modelo occidental empezó en serio en la
década de 1860. En 1867 se fundó en Estambul una escuela de medicina civil, y
dos años después se abrieron las inscripciones para la Darülfünân,
«universidad». Los cursos se iniciaron en 1874-1875, cuando se contaba con
escuelas de letras, de derecho y, en lugar de ciencias como se había previsto
originalmente, de ingeniería civil (basada en la École des Ponts et Chaussées
francesa). En 1851 surgió la Encümen-i Danis, una institución similar a la
Académie Française; en 1866 se creó un consejo de traducción; en 1869 se adoptó
el sistema métrico; y en 1885, cuando Pasteur descubrió la vacuna para la
rabia, los turcos enviaron una delegación de médicos a París para
1894 Preparado por Patricio Barros
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conocer
la nueva información y entregarle al gran científico una condecoración.3456
3456
Ekmeleddin Ihsanoglu, Science, T The Times, Londres (29 de abril de 2004).
Véase también: Aziz Al-Azmeh, Islams and Modernities, Londres, Verso, 19962, en
especial el cap. 4, pp. 101-127.echnology and Learning in the Ottoman Empire,
en especial los caps. II, III, IV, V, VII, VIII, IX y Hourani, History of the
Arab Peoples, p. 307, y pp. 346-347.X. The Times, Londres (29 de abril de
2004). Véase también: Aziz Al-Azmeh, Islams and Modernities, Londres, Verso,
19962 , en especial el cap. 4, pp. 101-127. Hourani, History of the Arab
Peoples, p. 307, y pp. 346-347. The Times, Londres (29 de abril de 2004).
Al-Azmeh, Islams and Modernities, pp. 107-117. Véase también: Francis Robinson,
«Other-worldly and This-Worldly Islam and the Islamic Revival», Cantwell Smith
memorial Lecture, Royal Asiatic Society, 10 de abril de 2003. El estudio de
Maquiavelo se popularizó en el mundo islámico como forma de entender a los
tiranos y déspotas. The Times, Londres (29 de abril de 2004). Al-Azmeh, Islams
and Modernities, pp. 41 y ss. Hourani, History of the Arab Peoples, pp. 254,
302 y 344-345. Véase también: Tariq Ramadan, Western Muslims and the Future of
Islam, Oxford University Press, Oxford, 2003. El movimiento reformista terminó,
aproximadamente, con la primera guerra mundial, cuando muchos seres humanos
perdieron su fe en la cultura de la ciencia y el materialismo. En el mundo
islámico, la posguerra fue testigo de dos procesos paralelos. En muchas áreas
el modernismo continuó, pero al mismo tiempo surgió una corriente del islam
mucho más militante, una de cuyas primeras manifestaciones fue la Hermandad
Musulmana en Egipto. A lo largo de las décadas de 1920, 1930 y 1940, cuando el
marxismo y el socialismo se convirtieron en las doctrinas de gobierno
oficiales, la religión perdió importancia y no se buscó ninguna conciliación
con el islam. El punto culminante de este proceso fue la guerra de los Seis
Días con Israel, en 1968, conflicto que los países musulmanes perdieron de
forma contundente. En el mundo islámico esto se interpretó como un gran fracaso
del socialismo, y fue entonces cuando un islamismo más fundamentalista y
militante empezó a llenar el vacío político creado. Ronald Clark, Freud: The
Man and the Cause, Random House, Nueva York, 1980, pp. 20 y 504. [Hay traducción
castellana: Freud, el hombre y su causa, Planeta, Barcelona, 1985]. Everdell,
First Moderns, p. 129. Mark D. Altschule, Origins of Concepts in Human
Behavior: Social and Cultural Factors, John Wiley, Nueva York y Londres, 1977,
p. 199. Peter Gay, Schnitzler’s Century: The Making of Middle Class Culture
1815-1914, W. W. Norton, Nueva York y Londres, 2002, pp. 132 y 137. [Hay
traducción castellana: Schnitzler y su tiempo: retrato cultural de la Viena del
siglo XIX, Paidós, Barcelona, 2002]. Guy Claxton, The Wayward Mind: An Intimate
History of the Unconscious, Little, Brown, Londres, 2005, passim. Henri F.
Ellenberger, The Discovery of the Unconscious, Allen Lane The Penguin Press,
Londres, 1970, pp. 56-70. [Hay traducción castellana: El descubrimiento del
inconsciente: historia y evolución de la psiquiatría dinámica, Gredos, Madrid,
1976]. Ibid., pp. 124-125. Ibid., p. 142. Reuben Fine, A History of
Psychoanalysis, Columbia University Press, Nueva York, 1979,
9-10.
Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 145. La obra del historiador
Peter Gay, en especial en los cuatro volúmenes de The Bourgeois Experience:
Victoria to Freud, Oxford University Press, Oxford y Nueva York, 1984, propone
que todo el siglo XIX culmina de algún modo en Freud. Su libro aborda las
cuestiones del sexo, el género, el gusto, el aprendizaje, la privacidad y el
cambio en la noción del yo, y es demasiado amplio para ofrecer un razonable
resumen de él aquí. Por otro lado, el libro de Gustave Gely, From the
Unconscious to the Conscious, Collins, Londres, 1920, sostiene la teoría
opuesta: que la conciencia es resultado de la evolución. Ellenberger, Discovery
of the Unconscious, p. 205. Ibid., p. 212. Ibid., p. 219. Ibid., pp. 218-223.
De una tradición diferente, demasiado tangencial en opinión del autor, se ocupa
el libro de David Bakan, Sigmund Freud and the Jewish Mystical Tradition, D.
Van Nostrand, Princeton (Nueva Jersey), 1958. Ellenberger, Discovery of the
Unconscious, p. 208. Ibid., p. 209. Citado en Bryan Magee, The Philosophy of
Schopenhauer, Oxford University Press, Oxford, 1983, pp. 132-133. [Hay
traducción castellana: Schopenhauer, Cátedra, Madrid, 1991]. Ernest Gellner,
The Psychoanalytic Movement, Paladin, Londres, 1985, pp. 21 y ss. Allen
Esterson, Seductive
1895 Preparado por Patricio Barros
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Contemporáneo
de Namik Kemal fue el iraní Malkom Khan (1844-1908), muy influido por Aguste
Comte. Khan, que se había educado en París, escribió un Libro de reforma en el
que defendía la separación de poderes y el derecho secular, y abogaba por una
Declaración de Derechos. Al igual que Kemal, publicó un periódico, Qanun,
«Ley», en el que propuso la creación de dos asambleas, una asamblea popular y
otra de ulemas. Una figura similar a ambos fue la del tunecino Khayr al-din
al-Tunisi (1822-1890), que también estudió en París y quien, como ya hiciera
Aristóteles en la Grecia clásica, realizó un estudio comparativo de veintiún
estados europeos y sus respectivos sistemas políticos. En su opinión, los
musulmanes se equivocaban al rechazar los logros de otras culturas simplemente
por el hecho de no ser musulmanas y recomendaba que el mundo islámico se
apropiara de lo mejor que Europa tenía que ofrecer.3457
En
total, en este período surgieron más de cincuenta pensadores de primer orden en
el mundo islámico partidarios de la modernización del islam, figuras como Qasim
Amin en Egipto, Mahmud Tarzi en Afganistán, Sayyid Khan en la India, Achmad
Dachlan en Java y Wang Jingshai en China. No obstante, los tres modernistas
islámicos de más influencia fueron: el iraní Sayyid Jamal al-Din al-Afghani
Mirage,
Open Court, Chicago y La Salle (Illinois), 1993, p. 224. Ernest Jones, Sigmund
Freud: Life and Work, Hogarth Press, Londres, 1953/1980, vol. 1, p. 410. [Hay
traducción castellana: Vida y obra de Sigmund Freud, Anagrama, Barcelona,
2003]. Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 358. Elton Mayo, The
Psychology of Pierre Janet, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1951, pp. 24 y
ss., proporciona una breve y clara exposición de esta técnica. Ellenberger,
Discovery of the Unconscious, p. 296. Ibid. Giovanni Costigan, Sigmund Freud: A
Short Biography, Robert Hale, Londres, 1967, p. 100. Johnston, Austrian Mind,
p. 235. Esterson, Seductive Mirage, pp. 2-3. Johnston, Austrian Mind, p. 236.
Johnston, Austrian Mind, p. 236.
3457
The Times, Londres (29 de abril de 2004). Véase también: Aziz Al-Azmeh, Islams
and Modernities, Londres, Verso, 19962, en especial el cap. 4, pp. 101-127.
1896 Preparado por Patricio Barros
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(1838-1897),
el egipcio Muhammad Abduh (1849-1905), y Muhammad Rashid Rida (1865-1935),
quien nació en el Líbano pero pasó la mayor parte de su vida adulta en Egipto;
todos ellos merecerían ser mejor conocidos en Occidente.
El
principal mensaje de Al-Afghani era que el éxito de Europa se debía básicamente
a dos cosas, su ciencia y sus leyes, y sostenía que ambas tenían su origen en
la Grecia y la India antiguas. «La ciencia no conoce fin o límite», decía en
1882, «la ciencia gobierna el mundo». «No hubo, hay ni habrá gobernante en el
mundo sin ayuda de la ciencia». «Los ingleses han llegado a Afganistán, los
franceses se han apoderado de Túnez. Pero en realidad esta usurpación, agresión
y conquista no han sido logradas por los franceses o los ingleses, sino que es
la ciencia la que en todas partes manifiesta su grandeza y poderío». AlAfghani
quería que todo el islam reconsiderara su posición. Creía que «la mente es el
motor del cambio histórico», y afirmaba que el islam necesitaba reformarse. Se
burlaba de los ulemas de su época que estudiaban los textos antiguos pero
desconocían las causas de la electricidad o los principios de la máquina de
vapor. ¿Cómo, se preguntaba, pueden esta clase de personas autodenominarse
«sabios»? Y los comparaba a una vela con una mecha muy pequeña «incapaz de
alumbrar a su alrededor ni de dar luz a otros». Al-Afghani estudió en Francia y
Rusia y durante su estancia en París trabó amistad con Ernest Renan. Al-Afghani
sostuvo específicamente que la persona religiosa era como el buey sujeto al
arado, «sujeto al dogma del que es esclavo», y que en este sentido su destino
era caminar siempre en el surco que se le había
1897 Preparado por Patricio Barros
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trazado
por adelantado. Culpaba al islam de haber puesto fin a la era dorada de Bagdad,
consideraba que las escuelas de teología reprimían el avance de la ciencia, y
abogaba por una filosofía no dogmática que promoviera la indagación científica.
Muhammad
Abduh también estudió en París, donde publicó un famoso diario llamado El
vínculo más fuerte, en el que hacía campaña contra el imperialismo pero también
a favor de la reforma religiosa.3458 Al regresar a Egipto, se convirtió en un
destacado juez y participó en el cuerpo directivo del colegio-mezquita de
al-Azhar, uno de los centros de estudio más influyentes del mundo árabe. Era
partidario de que las niñas recibieran educación y también de las leyes
seculares, más allá de la sharia. El derecho y la política le interesaron
especialmente. He aquí algunas de las cosas que escribió: «El conocimiento
humano es en realidad una colección de reglas para obtener beneficios útiles, a
través de las cuales la gente puede organizar métodos de trabajo para obtener
esos beneficios… las leyes son la base de las actividades organizadas… para
producir beneficios manifiestos… las leyes de cada nación corresponden a su
nivel de entendimiento… Por tanto, no es posible aplicar la ley de un grupo de
gente a otro grupo que se encuentra por encima del primero en nivel de
comprensión… en tal caso el orden del segundo grupo se vería perturbado». Las
políticas, insistió en otra ocasión, deben determinarse de acuerdo a las
circunstancias, no por razones doctrinales. Abduh continuó defendiendo la
necesidad de una reforma jurídica en Egipto y de leyes más claras y simples,
que
3458
Hourani, History of the Arab Peoples, p. 307, y pp. 346-347.
1898 Preparado por Patricio Barros
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evitaran
lo que consideraba las «ambigüedades» del Corán. Pensaba que Egipto debía
imitar a Francia, que tras la Revolución había conseguido pasar de una
monarquía absoluta, luego a una monarquía restringida y finalmente a una
república libre. Su deseo era que el derecho civil, acordado por todos de forma
lógica, dirigiera la mayor parte de la vida del país. En su sistema jurídico no
se menciona al profeta, el islam, las mezquitas o la religión.
Muhammad
Rashid Rida asistió en el Líbano a una escuela que combinaba la educación
moderna con la religiosa. Hablaba varias lenguas europeas y tenía amplios
estudios de ciencias.3459 Tuvo una estrecha relación con Abduh, de quien
escribió una biografía. También él tuvo su propio diario, al-Manar (La
almenara), en el que difundió sus ideas acerca de la reforma hasta su muerte.
Rida opinaba que estaba en marcha una renovación social, política, cívica y
religiosa muy necesaria, que permitiría a la sociedad «ascender por los caminos
de la ciencia y el conocimiento». «En todas las épocas, los humanos han
necesitado lo viejo y lo nuevo», afirmaba. Y advirtió que aunque los
británicos, franceses y alemanes preferían la mayor parte de las veces sus
propias formas de pensar y de hacer las cosas, todos ellos también estaban
abiertos a influencias extranjeras. Reconocía que hombres a los que consideraba
heréticos le gustaban y le habían sido de gran ayuda. Rida en cierto modo se
parece un poco a Erasmo, pero también nos recuerda el argumento de Owen
Chadwick, que antes hemos mencionado, de que los europeos que se consideraban
3459
The Times, Londres (29 de abril de 2004). Al-Azmeh, Islams and Modernities, pp.
107-117. Véase también: Francis Robinson, «Other-worldly and This-Worldly Islam
and the Islamic Revival», Cantwell Smith memorial Lecture, Royal Asiatic
Society, 10 de abril de 2003.
1899 Preparado por Patricio Barros
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a sí
mismos cristianos no empezaron a tener relaciones amistosas con quienes no eran
creyentes hasta 1860. Más importante todavía fue el hecho de que Rida
sostuviera que la sharia tenía muy poco o nada que decir a propósito de la
agricultura, la industria y el comercio, que debían dejarse «a la experiencia
del pueblo». El estado, sostuvo, consistía precisamente en ello: las ciencias,
las artes y las industrias, los sistemas financieros, administrativos y
militares. En el islam esto es un deber colectivo y es un pecado desatenderlo.
La única regla que había siempre que tener en mente era «la necesidad permite
lo no permitido».
El
logro colectivo del modernismo en el mundo islámico puede resumirse en cinco
aspectos. (1) El renacimiento cultural. Ésta fue una tentativa de revivir la
cultura y las artes islámicas, principalmente teniendo como referencia lo
ocurrido en la Ilustración europea. He aquí unos cuantos ejemplos: la práctica
de la hagiografía cambió para convertirse en algo muy parecido a la biografía
moderna; se desarrolló una tradición de relatos de viajes en el mundo árabe,
que abiertamente manifestaban su maravilla ante la prosperidad de Europa y
Norteamérica: las lámparas de gas, los ferrocarriles, los barcos de vapor. En
el Líbano empezaron a presentarse las primeras obras de teatro en 1847, con una
adaptación de un drama francés; en India se representó una primera pieza en
urdu en 1853; y en 1859 se presentó la primera obra en turco. Con el desarrollo
de la prensa rotativa, surgió una nueva prensa periódica en el mundo árabe
(como ocurrió también en Europa). Los títulos de estas publicaciones son
significativos: Libertad, Advertencia, El intérprete. Argelia incluso tuvo
1900 Preparado por Patricio Barros
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un
periódico reformista, El crítico. El ensayista al-Tahtawi escribió un libro
sobre Voltaire, Rousseau y Montesquieu, y sobre las leyes occidentales; en
Turquía, Namik Kemal tradujo a Bacon, Condillac, Rousseau y Montesquieu. (2) El
constitucionalismo. En este contexto constitucionalismo significa un gobierno
limitado por la ley, lo que hoy denominaríamos separación de poderes, y
compuesto por parlamentarios elegidos en lugar de reyes, jeques o líderes
tribales. Los constitucionalistas decidieron específicamente despreocuparse de
la idea de paraíso, y sostuvieron que lo que importaba en realidad era la
equidad aquí en la tierra, en esta vida. Las propuestas constitucionalistas se
produjeron, o aprobaron, en Egipto en 1866, en Túnez en 1861, en el Imperio otomano
en 1876 y en 1908, en Irán en 1906 y de nuevo en 1909. En Afganistán se
suprimió un movimiento de carácter modernista en 1909.3460 Y la gente incluso
empezó a hablar de «los países constitucionales». (3) La ciencia y la
educación. En los países musulmanes las ideas de Darwin despertaban gran
preocupación debido a que muchos estudios islámicos, convencidos por el
darwinismo social de Herbert Spencer, pensaban que, dado que sus sociedades
eran anticuadas, éstas estaban condenadas a desaparecer. Por tanto,
consideraban que era urgente apropiarse de los conocimientos de las ciencias
occidentales, en particular, que se los enseñara en las nuevas escuelas. De
hecho, hubo un movimiento en esta época que promovía una nueva escuela, usul-I
jaded, «los nuevos principios», que enseñaba materias
3460
El estudio de Maquiavelo se popularizó en el mundo islámico como forma de
entender a los tiranos y déspotas.
1901 Preparado por Patricio Barros
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religiosas
y seculares de forma conjunta, pero cuyo verdadero objetivo era, claramente,
reemplazar a los académicos religiosos tradicionales por estudiosos más
modernos. Entre los modernistas islámicos la sociología se convirtió en una
disciplina muy popular; en especial se seguía a Comte, cuya idea de que las
sociedades podían dividirse en tres etapas progresivas era muy apreciada.
Afghani opinó que el hombre no era diferente a los demás animales y que, por
tanto, podía estudiarse de la misma forma que ellos, y sostuvo que los más
aptos serían los que sobrevivirían. Al igual que Marx y Nietzsche, pensaba que,
al final, la vida era una cuestión de poder. Abduh visitó a Herbert Spencer,
cuya obra tradujo. Más importante aún fue que los modernistas sostuvieron que
las leyes eran consecuencia de la naturaleza humana, del estudio de las
regularidades de la naturaleza, y que era de esta forma y no a través del Corán
como Dios se revelaba al mundo. (4) Al igual que estaba ocurriendo en Occidente
con la Biblia, en el siglo XIX los textos del Corán y los hadith se
convirtieron en objeto de importantes estudios críticos. Rida fue un crítico
implacable de los hadith, un conjunto de textos introducidos por figuras
posteriores al profeta, a los que consideraba uno de los principales culpables
del atraso del islam. En lo que respecta al Corán mismo, la opinión de Rida era
que el texto era sólo una guía, no un mandato. Al-Saykh Tartawi Jawhari
(1870-1940) realizó una exégesis del Corán en veintiséis volúmenes, basada en la
ciencia moderna. (5) Las mujeres. El siglo XIX fue testigo del surgimiento de
la escolaridad femenina en varios países islámicos, aunque no en todos. También
vio la aparición de organizaciones de mujeres en Bengala y Rusia, y
1902 Preparado por Patricio Barros
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el
fin de la poligamia en la India. El sufragio femenino apareció en Azerbaiyán en
1918 (antes incluso que en Francia, donde las mujeres tendrían que esperar
hasta 1947 para poder votar, y en Suiza, donde su aprobación fue todavía más
tardía). En 1896, en el Líbano, y en 1920, en Túnez, se realizaron campañas a
favor de que las mujeres tuvieran libre acceso a las profesiones.
Quizá
el lector se pregunte qué pasó con este movimiento modernista en los países
islámicos. Una respuesta breve es que floreció hasta la primera guerra mundial
y luego se fragmentó. Dado que este proceso queda fuera del marco temporal de
este libro, ofrezco en las notas un breve resumen de lo que ocurrió entre la
primera guerra mundial y el presente.3461
A
finales del siglo XIX, tanto el cristianismo como el islam fueron objeto de una
avalancha de ataques constantes. ¿Quién puede decir, en la actualidad, qué fe
consiguió resistir con más éxito esas críticas?
3461
The Times, Londres (29 de abril de 2004). Al-Azmeh, Islams and Modernities, pp.
41 y ss. Hourani, History of the Arab Peoples, pp. 254, 302 y 344-345. Véase
también: Tariq Ramadan, Western Muslims and the Future of Islam, Oxford
University Press, Oxford, 2003. El movimiento reformista terminó,
aproximadamente, con la primera guerra mundial, cuando muchos seres humanos
perdieron su fe en la cultura de la ciencia y el materialismo. En el mundo
islámico, la posguerra fue testigo de dos procesos paralelos. En muchas áreas
el modernismo continuó, pero al mismo tiempo surgió una corriente del islam
mucho más militante, una de cuyas primeras manifestaciones fue la Hermandad
Musulmana en Egipto. A lo largo de las décadas de 1920, 1930 y 1940, cuando el
marxismo y el socialismo se convirtieron en las doctrinas de gobierno
oficiales, la religión perdió importancia y no se buscó ninguna conciliación
con el islam. El punto culminante de este proceso fue la guerra de los Seis
Días con Israel, en 1968, conflicto que los países musulmanes perdieron de
forma contundente. En el mundo islámico esto se interpretó como un gran fracaso
del socialismo, y fue entonces cuando un islamismo más fundamentalista y
militante empezó a llenar el vacío político creado.
1903 Preparado por Patricio Barros
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Capítulo
36
El
modernismo y el descubrimiento del inconsciente
De
joven, Sigmund Freud no carecía de ambición. Aunque tenía fama de ser un ratón
de biblioteca, sus ojos oscuros y su exuberante cabello negro le daban un aire
de seguridad al que se ha calificado de «carismático».3462 Fantaseaba
imaginándose en la piel de Aníbal, Oliver Cromwell, Napoleón, Heinrich
Schliemann (el descubridor de Troya) e incluso Cristóbal Colón. Más tarde,
cuando ya se había hecho un nombre, se comparaba a sí mismo de forma menos
caprichosa con Copérnico, Leonardo da Vinci, Galileo y Darwin. En vida fue
encumbrado por figuras como André Breton, Theodore Dreiser y Salvador Dalí.
Durante un tiempo Thomas Mann pensaba que era «el oráculo» (luego cambiaría de
opinión). En 1938, el presidente de Estados Unidos, Franklin Roosevelt se
preocupó personalmente por la seguridad de Freud bajo el Tercer Reich, y
finalmente consiguió que los nazis le permitieran abandonar Austria.3463
En
la historia de las ideas, acaso ninguna otra figura haya sido sometida a una
revisión tan severa como Freud, ciertamente no ha ocurrido algo semejante con
Darwin e incluso tampoco con Marx. Así como en la actualidad los historiadores
profesionales tienen una concepción del Renacimiento y lo que, para abreviar,
podríamos denominar Prerrenacimiento (el período comprendido entre el año
3462
Ronald Clark, Freud: The Man and the Cause, Random House, Nueva York, 1980, pp.
20 y
[Hay
traducción castellana: Freud, el hombre y su causa, Planeta, Barcelona, 1985].
3463 Everdell, First Moderns, p. 129.
1904 Preparado por Patricio Barros
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1050
y 1250 en el que comenzó el mundo moderno) que difiere en gran medida de la
visión del público lector en general, existe igualmente un enorme abismo entre
lo que el común de la gente piensa de Freud y lo que opinan de él la mayoría de
los psiquiatras profesionales.
La
primera revisión, en cuanto tal, supone dejar de atribuir a Freud el
descubrimiento del inconsciente. Guy Claxton, en su reciente historia de esta
idea, rastrea entidades «similares al inconsciente» en los «templos de
incubación» de Asia Menor del año 1000 a. C., en los que era común realizar
rituales de «liberación del espíritu». Claxton señala que la idea griega del
alma implicaba «profundidades desconocidas», que Pascal, Hobbes y Edgar Allan
Poe son sólo tres de los autores que concibieron la idea de que el yo tenía un
doble misterioso y semioculto, que de algún modo ejercía su influencia sobre el
comportamiento y los sentimientos. Poe no era en absoluto un caso aislado. «Es
difícil (y acaso imposible) encontrar un psicólogo o psicólogo-médico del siglo
XIX que no reconociera la existencia de actividad cerebral inconsciente no sólo
como algo real sino también de la mayor importancia». Éstas son las palabras de
Mark D. Altschule en su Origins of Concepts in Human Behavior (1977). En Viena,
hacia 1833, el barón Ernst von Feuchtersleben (1806-1849) introdujo los
términos «psicosis» y «psiquiátrico» en el sentido que hoy los usamos. Entre
los novelistas, el siglo XIX se describió como «nuestro siglo de nervios», y
George Beard acuñó la palabra
1905 Preparado por Patricio Barros
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«neurastenia»
en 1858.3464 El filósofo británico Lancelot Law Whyte afirma que hacia 1870 el
inconsciente era un tema normal de conversación, no sólo entre profesionales,
sino entre todas aquellas personas que deseaban demostrar su cultura. El
escritor alemán Friedrich Spielhagen coincidía: en una novela publicada en
1890, describe un salón berlinés de la década de 1870 en el que dos temas
dominan la conversación, Wagner y la filosofía del inconsciente. Pero incluso
esto no nos permite hacernos una idea de hasta qué punto la noción de
inconsciente se había desarrollado a lo largo del siglo XIX. Para ello debemos
remitirnos a la magistral (y extensa) obra de Henri Ellenberger El
descubrimiento del inconsciente.3465
Ellenberger
explora, por un lado, los precursores médicos del psicoanálisis, tanto lejanos
como cercanos, y por otro, el contexto cultural del siglo XIX. Todos estos
factores fueron igualmente importantes.
Entre
las causas lejanas del psicoanálisis se encuentran predecesores como Franz
Anton Mesmer (1734-1815), a quien en algún momento llegó a compararse con
Cristóbal Colón, pues se creía que había descubierto «un nuevo mundo», en este
caso, un mundo interior. Tras hacerles tragar una preparación que contenía
hierro, Mesmer trataba a sus pacientes con imanes. Después de haber advertido
que ciertos síntomas psicológicos variaban con las fases de
3464
Mark D. Altschule, Origins of Concepts in Human Behavior: Social and Cultural
Factors,
John
Wiley, Nueva York y Londres, 1977, p. 199. Peter Gay, Schnitzler’s Century: The
Making of Middle Class Culture 1815-1914, W. W. Norton, Nueva York y Londres,
2002, pp. 132 y 137. [Hay traducción castellana: Schnitzler y su tiempo:
retrato cultural de la Viena del siglo XIX, Paidós, Barcelona, 2002].
3465
Guy Claxton, The Wayward Mind: An Intimate History of the Unconscious, Little,
Brown, Londres, 2005, passim.
1906 Preparado por Patricio Barros
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la
luna, su objetivo era manipular «mareas artificiales» dentro del cuerpo humano.
En algunos casos el método pareció funcionar y los síntomas desaparecieron al
menos durante varias horas. Mesmer estaba convencido de que había descubierto
un «fluido invisible» del cuerpo humano, que estaba en condiciones de
manipular. Esto coincidió con otros fluidos «imponderables» como el flogisto y
la electricidad, lo que en parte explica el gran interés por estas
innovaciones, que ampliaría luego el marqués de Puységur (1751-1825). Éste
desarrolló dos técnicas conocidas como «la crisis perfecta» y el «sonambulismo
artificial», que parecen haber sido formas de hipnosis inducidas
magnéticamente.3466
Jean-Martin
Charcot (1835-1893), quizá el precursor más cercano de Freud, fue el neurólogo
más destacado de su época y trató pacientes «desde Samarcanda hasta las Indias
occidentales». Fue Charcot quien otorgó respetabilidad al hipnotismo al
emplearlo para distinguir entre las parálisis histéricas y las parálisis
orgánicas. (Demostró su argumento consiguiendo provocar parálisis a pacientes
hipnotizados). Luego mostró que las parálisis histéricas con frecuencia
ocurrían después de traumas, y también que las pérdidas de memoria de carácter
histérico podían recuperarse mediante la hipnosis. Freud pasó cuatro meses en
el hospital de Salpêtrière en París, estudiando con Charcot, aunque
recientemente se ha puesto en duda el valor del trabajo del francés: al parecer
sus pacientes
3466
Henri F. Ellenberger, The Discovery of the Unconscious, Allen Lane The Penguin
Press, Londres, 1970, pp. 56-70. [Hay traducción castellana: El descubrimiento
del inconsciente: historia y evolución de la psiquiatría dinámica, Gredos,
Madrid, 1976].
1907 Preparado por Patricio Barros
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actuaban
de la forma en que lo hacían para acomodarse a las expectativas del
terapeuta.3467
La
hipnosis fue una forma de tratamiento muy popular a lo largo del siglo XIX,
relacionada también con un estado conocido como automatismo ambulatorio, en el
que la gente parece hipnotizarse a sí misma y realiza tareas de las que al
recuperar la conciencia no conserva ningún recuerdo. La hipnosis también
demostró ser útil en cierto número de casos de lo que hoy denominamos fugas, en
los que la gente repentinamente se disocia de su vida, deja su hogar e incluso
puede llegar a olvidar quién es.3468 Sin embargo, a medida que el siglo
avanzaba, el interés por la hipnosis empezó a desvanecerse, aunque la histeria
continuó teniendo la atención de los psiquiatras. Dado que había
aproximadamente veinte casos de histeria femenina por cada caso de histeria
masculina, desde el principio se pensó que la histeria era una enfermedad de
las mujeres, y aunque originalmente se creyó que su causa tenía alguna
misteriosa relación con el movimiento o «deambular» del útero, pronto resultó
evidente que se trataba de una enfermedad psicológica. El vínculo con el sexo
se consideró posible, e incluso probable, ya que la histeria prácticamente era
desconocida entre las monjas y, en cambio, era frecuente entre las
prostitutas.3469 Podría decirse que la primera aparición del inconsciente en el
sentido en que actualmente entendemos el término ocurrió después de que los
partidarios del magnetismo animal advirtieran que, cuando
3467
3468
Ibid.,
pp. 124-125.
Ibid.,
p. 142.
3469
Reuben Fine, A History of Psychoanalysis, Columbia University Press, Nueva
York, 1979, pp.
9-10.
1908 Preparado por Patricio Barros
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inducían
el sueño magnético en alguien, «se manifestaba una nueva vida de la que el
sujeto no tenía conciencia, y que entonces emergía una personalidad nueva y con
frecuencia más brillante».3470 Estas «dos mentes» fascinaron al siglo XIX, y
fue entonces cuando surgió el concepto de «doble ego» o «dipsiquismo».3471 Se
dividió a la gente según si su segunda mente era «cerrada» o «abierta». La
teoría del dipsiquismo fue desarrollada por Max Dessoir en su libro El doble
ego, publicado en 1890 y que fuera en su momento recibido con grandes elogios.
Dessoir dividía la mente en el Oberbewussten y el Unterbewussten, la
«conciencia superior» y la «conciencia inferior», la última de las cuales,
sostenía, se revela ocasionalmente en los sueños.
Entre
los factores de carácter más general que contribuyeron al surgimiento de la
idea del inconsciente destaca el romanticismo. El romanticismo tiene un vínculo
estrecho con la idea de inconsciente, dice Ellenberger, porque la filosofía
romántica adoptó la noción de los Urphänomene, «los fenómenos primordiales», y
las metamorfosis que derivaban de ellos.3472 Entre los Urphänomene se
encontraba la Urpflanze, la planta primordial, el All-Sinn, el sentido
universal, y el inconsciente. Según Gotthilf Heinrich von Schubert (1780-1860),
otro fenómeno primordial era el Ich-Sucht (el amor propio). Von Schubert
3470
Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 145.
3471
La obra del historiador Peter Gay, en especial en los cuatro volúmenes de The
Bourgeois Experience: Victoria to Freud, Oxford University Press, Oxford y
Nueva York, 1984, propone que todo el siglo XIX culmina de algún modo en Freud.
Su libro aborda las cuestiones del sexo, el género, el gusto, el aprendizaje,
la privacidad y el cambio en la noción del yo, y es demasiado amplio para
ofrecer un razonable resumen de él aquí. Por otro lado, el libro de Gustave
Gely, From the Unconscious to the Conscious, Collins, Londres, 1920, sostiene
la teoría opuesta: que la conciencia es resultado de la evolución.
3472
Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 205.
1909 Preparado por Patricio Barros
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afirmaba
que el hombre era una «estrella doble», dotado de un Selbstbewussten, un
segundo centro.3473 Johann Christian August Heinroth (1773-1843), a quien
Ellenberger describe como un «médico romántico», sostenía que la principal
causa de las enfermedades mentales era el pecado. De acuerdo con su teoría, la
conciencia tenía su origen en otro fenómeno primordial, el Über-Uns
(super-nosotros).3474 El suizo Johann Jakob Bachofen (1815-1887) promulgó la
teoría del matriarcado con la publicación en 1861 de El derecho materno.3475 La
historia, creía Bachofen, había atravesado tres fases: «el hetairismo, el
matriarcado y el patriarcado». La primera se había caracterizado por la
promiscuidad sexual, en un momento en el que los niños no sabían quienes eran
sus padres. La segunda sólo se alcanzó tras miles de años de lucha, y las
mujeres resultaron vencedoras. Durante esta época, las mujeres dieron origen a
la familia y a la agricultura y detentaron todo el poder político y social. La
principal virtud de esta etapa era el amor a la madre, habiendo sido las madres
creadoras de un sistema social que favorecía la libertad general. La sociedad
matriarcal privilegiaba la educación del cuerpo (los valores prácticos) sobre
la educación del intelecto. La sociedad patriarcal emergió sólo después de otro
largo período de encarnizado conflicto, e implicó una inversión completa de la
sociedad matriarcal. La sociedad patriarcal favoreció la independencia y la
individualidad y separó a los hombres entre sí. Para Bachofen el amor paterno
es un principio más abstracto y menos práctico que el amor materno, por
3473
3474
3475
Ibid.,
p. 212.
Ibid.,
p. 219.
Ibid.,
pp. 218-223.
1910 Preparado por Patricio Barros
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lo
que condujo a grandes logros intelectuales. En su opinión, muchos mitos
contenían testimonios de la sociedad matriarcal, como el mito de Edipo.3476
Varios
filósofos también se adelantaron a los conceptos freudianos. El siguiente
listado de libros resulta instructivo, aunque está lejos de ser exhaustivo
(Unbewussten significa «inconsciente» en alemán): August Winkelmann,
Introducción a la psicología dinámica (1802); Eduard von Hartmann, Filosofía
del inconsciente (1868); W. B. Carpenter, Unconscious Action of the Brain
(1872); J. C. Fischer, Hartmann’s Philosophie des Unbewussten (1872); J.
Vokelt, Das Unbewussten und der Pessimismus (1873); C. F. Flemming, Zur Klärung
des Vegriffsder Unbewussten Seelen-Thätigkeit (1877); A. Schmidt, Die
naturwissenschaftlichen Grundlagen der Philosophie des Unbewussten (1877); E.
Colsenet, La Vie Inconsciente de l’Esprit (1880).3477
En
El mundo como voluntad y representación, Schopenhauer consideraba a la voluntad
una «fuerza motriz ciega». El hombre, decía, era un ser irracional guiado por
fuerzas interiores, «que le resultan desconocidas y de las que apenas se
percata».3478 La metáfora que proponía Schopenhauer era la de la tierra, de la
que conocemos su superficie, pero cuyo interior ignoramos. Esas fuerzas
irracionales que dominaban al hombre, decía, eran de dos tipos: el instinto de
supervivencia y el instinto sexual. De los dos, el instinto sexual era
3476
De una tradición diferente, demasiado tangencial en opinión del autor, se ocupa
el libro de David Bakan, Sigmund Freud and the Jewish Mystical Tradition, D.
Van Nostrand, Princeton (Nueva Jersey), 1958.
3477
Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 208.
3478
Ibid., p. 209.
1911 Preparado por Patricio Barros
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de
lejos el más poderoso, y de hecho, opinaba Schopenhauer, nada podía competir
con él. «El hombre se engaña si cree que puede negar el instinto sexual. Es
posible que piense que puede, pero en realidad las pulsiones sexuales sobornan
al intelecto y en este sentido la voluntad es “el antagonista secreto del
intelecto”». Schopenhauer llegó incluso a proponer algo similar a lo que luego
se llamaría represión, que en sí misma es una actividad inconsciente: «La
oposición de la voluntad a dejar que lo que repele llegue a ser conocido por el
intelecto es el punto a través del cual la locura puede abrirse paso en el
espíritu».3479 «La conciencia es apenas la superficie de la mente, y de ésta,
como del globo, no conocemos más que la corteza, no el interior».3480
Con
todo, von Hartmann fue todavía más lejos y argumentó que el inconsciente tenía
tres capas, a saber: (1) el inconsciente absoluto, «que constituye la sustancia
del universo y es la fuente de las demás formas»; (2) el inconsciente
fisiológico, que forma parte del desarrollo evolutivo del hombre; y (3) el
inconsciente psicológico, que gobierna nuestra vida mental consciente. Von
Hartmann, más que Schopenhauer, recopiló abundantes pruebas (pruebas clínicas,
en cierto sentido) para respaldar su razonamiento. Por ejemplo, exploró la
asociación de ideas, el ingenio, el lenguaje, la religión, la historia y la
vida social, y resulta significativo que todas ellas sean áreas de las que
también se ocuparía Freud.
3479
Citado en Bryan Magee, The Philosophy of Schopenhauer, Oxford University Press,
Oxford,
1983,
pp. 132-133. [Hay traducción castellana: Schopenhauer, Cátedra, Madrid, 1991].
3480
Ernest Gellner, The Psychoanalytic Movement, Paladin, Londres, 1985, pp. 21 y
ss.
1912 Preparado por Patricio Barros
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Nietzsche
también prefiguró muchas de las ideas de Freud acerca del inconsciente (más
adelante examinaremos otras de las cuestiones planteadas por la filosofía de
Nietzsche). Lo concebía como una entidad «astuta, oculta e instintiva», con
frecuencia marcada por un trauma, que se camuflaba de formas surrealistas pero
que conducía a la patología.3481 Lo mismo puede decirse de Johann Herbart y de
G. T. Fechner. Ernest Jones, el primer biógrafo (oficial) de Freud, llama la
atención sobre Luise von Karpinska, un psicólogo polaco que advirtió de manera
original el parecido entre algunas de las ideas fundamentales del padre del
psicoanálisis y las de Herbart (que escribió setenta años antes). Herbart
entendía la mente como una entidad dual, en la que los procesos conscientes e
inconscientes estaban en constante conflicto; y describía una determinada idea
como verdrängt (reprimida) «cuando no logra alcanzar la conciencia debido a
alguna otra idea que se le opone».3482 Fechner, por su parte, desarrolló las
ideas de Herbart, y específicamente comparó la mente a un iceberg «del que
nueve décimas partes se encuentran bajo el agua y cuyo curso no sólo lo
determina el viento en la superficie, sino también las corrientes de las
profundidades».3483
También
es posible considerar «prefreudiano» a Pierre Janet, quien formó parte de una
gran generación de intelectuales franceses entre los que destacan Bergson,
Émile Durkheim, Lucien Lévy-Bruhl y Alfred Binet. La primera obra importante de
Janet fue El automatismo
3481
Allen Esterson, Seductive Mirage, Open Court, Chicago y La Salle (Illinois),
1993, p. 224.
3482
Ernest Jones, Sigmund Freud: Life and Work, Hogarth Press, Londres, 1953/1980,
vol. 1, p.
[Hay
traducción castellana: Vida y obra de Sigmund Freud, Anagrama, Barcelona,
2003]. 3483 Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 358.
1913 Preparado por Patricio Barros
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psicológico,
que incluía los resultados de experimentos llevados a cabo en Le Havre entre
1882 y 1888. Allí, el científico aseguraba haber refinado una técnica de
hipnosis en la que inducía a sus pacientes a realizar ejercicios de escritura
automática. Estos escritos, afirmaba, explicaban por qué sus pacientes tenían
ataques de «terror» sin ningún motivo aparente.3484 Janet advirtió asimismo
que, en estado de hipnosis, algunos pacientes exhibían en ocasiones una doble
personalidad. Mientras una surgía para complacer al médico, la segunda, que
aparecía de forma espontánea, se explicaba mejor como un «regreso a la
infancia». (Los pacientes, por ejemplo, empezaban súbitamente a referirse a sí
mismos por sus apodos de la niñez). Después de trasladarse a París, Janet
desarrolló su técnica conocida como «análisis psicológico». Ésta involucraba el
uso constante de la hipnosis y la escritura automática, en sesiones durante las
cuales la mente del paciente seguía crisis inducidas aclarándolas de forma
progresiva. Sin embargo, a medida que se avanzaba las crisis se hacían cada vez
más graves y las ideas que emergían evidenciaban que se remontaban a períodos
cada vez más lejanos en la vida del paciente. Janet concluía que «en la mente
humana, nada se pierde», y que «las ideas fijas del subconsciente son al mismo
tiempo consecuencia de una debilidad mental y causa de posteriores
empeoramientos de esa debilidad».3485
El
siglo XIX también se enfrentaba a la cuestión de la sexualidad infantil.
Tradicionalmente, los médicos la habían considerado una
3484
Elton Mayo, The Psychology of Pierre Janet, Routledge & Kegan Paul,
Londres, 1951, pp. 24 y ss., proporciona una breve y clara exposición de esta
técnica.
3485
Ellenberger, Discovery of the Unconscious, p. 296.
1914 Preparado por Patricio Barros
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rara
anormalidad, sin embargo, ya en 1846, el padre P. J. C. Debreyne, un teólogo
moral que también era médico, publicó un folleto en el que se insistía en la
alta frecuencia de la masturbación infantil, de los juegos sexuales entre niños
pequeños, de la seducción de niños por parte de nodrizas y sirvientes. El
obispo Dupanloup de Orléans fue otro clérigo que repetidas veces hizo hincapié
en la frecuencia de los juegos sexuales entre los niños, sosteniendo que la
mayoría de ellos adquiría esos «malos hábitos» entre el primer y el segundo año
de vida. Más famoso es el caso de Jules Michelet, que en Nuestros hijos (1869)
advertía a los padres sobre la realidad de la sexualidad infantil y en
particular sobre lo que en la actualidad llamaríamos complejo de Edipo.3486
De
este breve resumen del pensamiento (principalmente alemán y francés) del siglo
XIX se desprenden dos conclusiones importantes. La primera es que debemos
olvidar por completo la idea de que Freud «descubrió» el inconsciente. Exista o
no como una entidad (una cuestión sobre la que volveremos más adelante), la
idea del inconsciente aparece varias décadas antes que él y fue moneda común en
el pensamiento europeo durante la mayor parte del ochocientos. La segunda es
que muchos de los demás conceptos psicológicos que acostumbramos a vincular a
él —la sexualidad infantil, el complejo de Edipo, la represión, la regresión,
la transferencia, la libido, el ello y el superyó— tampoco son originalmente
freudianos. Estas ideas estaban tan «en el aire» como el inconsciente, al igual
que lo estaba la idea de «evolución» cuando
3486
Ibid.
1915 Preparado por Patricio Barros
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Darwin
concibió el mecanismo de la selección natural. La cuestión, en cualquier caso,
es que Freud no era una mente tan original como por lo general se cree.
Ahora
bien, por sorprendente que esto pueda ser para muchas personas, la falta de
originalidad no es la principal acusación contra Freud, y tampoco su principal
pecado en lo que respecta a sus críticos. Éstos, figuras como Frederick Crews,
Frank Cioffi, Allen Esterson, Malcolm Macmillan y Frank Sulloway (la lista es
larga y continúa creciendo), sostienen además que Freud era, para no andarnos
por las ramas, un charlatán, un «científico» sólo entre comillas, que
deliberadamente tergiversó y falsificó sus datos y que consiguió engañarse a sí
mismo al mismo tiempo que engañaba a otros. Y esto, señalan dichos autores,
vicia por completo sus teorías y las conclusiones basadas en ellas.
La
mejor forma de presentar esta nueva visión de Freud es ofrecer primero la
versión ortodoxa sobre cómo concibió sus teorías y cuál fue su recepción, y
después reseñar las principales acusaciones que se le hacen y mostrar cómo ello
nos obliga a modificar hoy la imagen que nos proporciona la ortodoxia (esta
modificación, debemos anotarlo una vez más, es drástica: a continuación
hablaremos de estudios críticos de carácter académico realizados durante los
últimos cuarenta años y, en particular, en los últimos quince). Empecemos, por
tanto, por la versión ortodoxa.
Las
ideas de Sigmund Freud fueron presentadas por primera vez en su libro Estudios
sobre la histeria, publicado en 1895 con Joseph Breuer, y luego, de forma más
completa, en La interpretación de los
1916 Preparado por Patricio Barros
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sueños,
publicada en las últimas semanas de 1899. (En términos técnicos, el libro fue
lanzado en noviembre de 1899, en Leipzig y Viena, pero llevaba fecha de 1900 y
la primera reseña aparece en enero de ese año). Freud, un médico judío nacido
en Freiberg, Moravia, tenía entonces cuarenta y cuatro años. El mayor de ocho
hermanos, y en apariencia una persona convencional. Valoraba muchísimo la
puntualidad y vestía trajes de paño inglés cortados a medida (las telas las
elegía su esposa). Además era un hombre atlético, aficionado al montañismo, que
nunca bebía alcohol, aunque por otro lado era un fumador «infatigable».3487
No
obstante, aunque de acuerdo con sus hábitos personales Freud pareciera ser un
hombre convencional, La interpretación de los sueños resultó enormemente
polémica y muchos vieneses encontraron el libro por completo escandaloso. Ésta
fue la primera obra en la que se presentaron juntos los cuatro pilares
fundamentales de la teoría freudiana de la naturaleza humana: el inconsciente,
la represión, la sexualidad infantil (que conduce al complejo de Edipo) y la
concepción tripartita de la mente como dividida en el yo, el sentido de ser uno
mismo, el superyó, en términos muy amplios lo que llamaríamos la conciencia, y
el ello, la expresión primaria, biológica, del inconsciente. Freud había
desarrollado sus ideas y refinado su técnica a lo largo de unos quince años,
más o menos desde mediados de la década de 1880. Desde su punto de vista, se
sentía perteneciente a la tradición de pensamiento biológico iniciada por
Darwin. Tras graduarse como médico, Freud obtuvo una beca
3487
Giovanni Costigan, Sigmund Freud: A Short Biography, Robert Hale, Londres,
1967, p. 100.
1917 Preparado por Patricio Barros
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para
estudiar con Charcot, que en esa época dirigía un asilo para mujeres afectadas
por desórdenes nerviosos incurables. Como anotamos antes, Charcot había
demostrado en su investigación que los síntomas de la histeria podían inducirse
durante la hipnosis. Tras pasar algunos meses en París, Freud regresó a Viena
y, después de haber escrito varios artículos de neurología (sobre la parálisis
cerebral y sobre la afasia, por ejemplo), empezó a colaborar con otro brillante
médico vienés, el doctor Josef Breuer (1842-1925). Breuer, que también era
judío, había realizado dos hallazgos de gran importancia: el primero sobre la
función del nervio vago en la regulación de la respiración, y el segundo sobre
el papel de los canales semicirculares del oído interno que, descubrió,
controlan el equilibrio corporal. No obstante, la importancia de Breuer para
Freud y el psicoanálisis fue su descubrimiento, en 1881, de la que se denominó
«cura hablada».3488
Desde
diciembre de 1880, y durante casi dos años, Breuer trató la histeria de una
joven vienesa de origen judío, Bertha Pappenheim (1859-1936), a quien en sus
estudios se refería como «Anna O».. El padecimiento de la muchacha se
manifestaba a través de diversos síntomas: alucinaciones, desórdenes del habla,
embarazos psicológicos, parálisis intermitentes y problemas visuales. Durante
el curso de su enfermedad (o enfermedades) la joven había mostrado dos estados
de conciencia diferentes, y había sufrido además ataques de sonambulismo.
Breuer descubrió que en este último estado «Anna O». podía, si se la animaba,
contar historias inventadas por ella, tras
3488
Johnston, Austrian Mind, p. 235.
1918 Preparado por Patricio Barros
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lo
cual sus síntomas mejoraron durante un tiempo. Sin embargo, después de la
muerte de su padre, su condición empeoró gravemente, las alucinaciones se
hicieron más intensas y los ataques de ansiedad se multiplicaron. No obstante,
Breuer advirtió, una vez más, que si conseguía que la joven hablara sobre sus
alucinaciones durante sus episodios de autohipnosis, su condición mejoraba en
cierta medida. Fue a este proceso al que la misma joven llamó «cura hablada» o
«deshollinar la chimenea». El siguiente paso adelante fue accidental: en una
ocasión «Anna O». empezó a hablar sobre el comienzo de un síntoma en particular
(la dificultad para tragar), tras lo cual el síntoma desapareció. Desarrollando
esto, Breuer descubrió finalmente (después de un considerable lapso de tiempo)
que si lograba que su paciente recordara en orden cronológico inverso cada
manifestación pasada de un síntoma específico hasta llegar a su primera
aparición, la mayoría de ellos también desaparecían. Hacia junio de 1882, la
señorita Pappenheim terminó el tratamiento «completamente curada».3489
El
caso de «Anna O». impresionó profundamente a Freud (a quien, era claro, no
habían convencido las ideas de George Beard sobre la neurastenia). Durante un
período, él mismo probó la electroterapia, los masajes, la hidroterapia y la
hipnosis con pacientes aquejados de histeria, pero al final abandonó este
enfoque y lo reemplazó por la «asociación libre», una técnica en la que dejaba
a sus pacientes hablar sobre cualquier cosa que les viniera a la cabeza. Fue
esta técnica la que le condujo al descubrimiento de que, dadas las
circunstancias
3489
Esterson, Seductive Mirage, pp. 2-3. Johnston, Austrian Mind, p. 236.
1919 Preparado por Patricio Barros
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adecuadas,
mucha gente podía recordar sucesos ocurridos al comienzo de su vida y que luego
había olvidado por completo. Freud llegó entonces a la conclusión de que,
aunque olvidados, estos acontecimientos tempranos seguían determinando la forma
en la que las personas se comportaban. Y fue así como nació su concepto del
inconsciente y, con él, la idea de represión. Freud también advirtió que muchos
de esos recuerdos que se revelaban (con dificultad) durante la asociación libre
eran de naturaleza sexual. Y cuando descubrió luego que muchos de los sucesos
«recordados» nunca habían ocurrido en realidad, empezó a afinar su idea del
complejo de Edipo. En otras palabras, Freud consideró que los falsos traumas y
aberraciones sexuales de los que le hablaban sus pacientes eran una especie de
mensaje cifrado, que revelaba no lo que de verdad había ocurrido sino lo que la
gente, en secreto, deseaba que ocurriera, lo que confirmaba que durante la
infancia los niños atraviesan un período muy temprano de conciencia sexual. Durante
este período, sostuvo, los hijos se sienten atraídos por la madre y se ven a sí
mismos como rival del padre (el complejo de Edipo) o al contrario, en el caso
de las hijas (el complejo de Electra). Esta motivación, pensaba Freud, se
mantenía a lo largo de toda la vida y contribuía a determinar el carácter de la
persona.3490
Estas
primeras teorías fueron recibidas con indignación, incredulidad y una
hostilidad incesante. El instituto neurológico de la Universidad de Viena negó
tener alguna relación con Freud, que más tarde
3490
Johnston, Austrian Mind, p. 236.
1920 Preparado por Patricio Barros
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anotaría:
«No tardó en crearse un vacío alrededor de mi persona».3491 En respuesta a esta
reacción, Freud se concentró aún más en sus investigaciones y se sometió él
mismo a análisis. Lo que desencadenó esto fue la muerte de su padre, Jakob, en
octubre de 1896. Aunque durante muchos años padre e hijo no habían sido muy
cercanos, Freud descubrió con sorpresa que la muerte de su padre lo conmovía de
forma inexplicable, y que espontáneamente el acontecimiento había despertado en
él recuerdos de sucesos hacía mucho tiempo olvidados. Sus sueños también
cambiaron, y Freud reconoció en ellos una hostilidad inconsciente hacia su
padre que hasta entonces había reprimido. Esto lo llevó a concebir la idea de
que los sueños eran «el camino principal al inconsciente».3492 El argumento
central de La interpretación de los sueños es que mientras soñamos el yo es
como una especie de «centinela dormido en su puesto».3493 La vigilancia normal
a la que están sometidas las pulsiones reprimidas del ello es entonces menos
eficaz y eso permite que los sueños sean un adecuado disfraz para que el ello
se manifieste.
Las
ventas iniciales de La interpretación de los sueños son un indicio de la pobre
acogida que tuvo la obra. De los seiscientos ejemplares impresos originalmente,
sólo se vendieron 228 durante los primeros dos años, y aparentemente la
situación no mejoró después: seis años más tarde de su lanzamiento apenas se
habían vendido 351 copias.3494 No obstante, lo que más indignó a Freud fue la
absoluta
3491
Costigan, Sigmund Freud, p. 42.
3492
Ibid., pp. 68 y ss.
3493
Ibid., p. 70.
3494
Clark, Freud: The Man and the Cause, p. 181.
1921 Preparado por Patricio Barros
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falta
de interés que los profesionales de la medicina vieneses mostraron por su
obra.3495 La escena prácticamente se repitió en Berlín. Freud había acordado
ofrecer una conferencia sobre los sueños en la universidad, pero al final sólo
tres personas acudieron a escucharle. En 1901, poco antes de que se dirigiera a
la Sociedad Filosófica se le entregó una nota en la que se le rogaba que
indicara «cuándo iba a abordar asuntos ofensivos, e hiciera una pausa para que
las damas pudieran abandonar el recinto». Este aislamiento no iba a prolongarse
por mucho tiempo, y a pesar de la feroz polémica desatada por sus teorías, el
inconsciente terminaría convirtiéndose para muchos en la idea más influyente
del siglo XX.
Hasta
aquí la versión ortodoxa de la historia. Pasemos ahora a la revisada. Las
acusaciones contra Freud son principalmente cuatro, y las consideraremos en
orden de importancia creciente. En primer lugar, los críticos señalan que no
fue él quien inventó la técnica de la «asociación libre». La técnica fue
inventada en 1879 o 1880 por Francis Galton y se informó de ello en la revista
Brain, donde se la describió como un método para explorar «oscuras
profundidades».3496 La segunda acusación es que la reacción hostil a las
teorías y libros de Freud no es más que un mito, investigaciones recientes han
revelado hasta qué punto esto es cierto. En Freud Without Hindsight (1988),
Norman Kiell señala que de las cuarenta y cuatro reseñas de La interpretación
de los sueños que se publicaron entre 1899 y 1913 (una cifra ya de por sí
respetable) sólo ocho podrían calificarse de
3495
Ibid., p. 185.
3496
Gregory Zilboorg, «Free association», International Journal of Psychoanalysis,
vol. 33 (1952), pp. 492-494.
1922 Preparado por Patricio Barros
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«desfavorables».
Por su parte Hannah Decker, ella misma freudiana, concluye en su libro Freud in
Germany: Revolution and Reaction in Science, 1893-1907 (1977) que «una
proporción abrumadora de las respuestas laicas [publicadas] a las teorías de
Freud sobre los sueños eran entusiastas».3497 Aunque La interpretación de los
sueños no vendió bien, una versión popular sí lo hizo. La historia de la idea
de inconsciente, reseñada al comienzo de este capítulo, y la evolución de las
nociones de superyó, sexualidad infantil y represión, evidencian que Freud no
estaba diciendo nada completamente nuevo. ¿Por qué se iba entonces a tratarlo
de forma tan excepcional? Freud nunca tuvo problemas para publicar sus ideas, y
mucho menos tuvo que divulgarlas de forma anónima como sí tuvo que hacerlo
Robert Chambers cuando presentó la idea de evolución al público en general. La
tercera acusación es que la descripción que Freud mismo ofreció del caso de
«Anna O». contenía graves errores y muy posiblemente se basaba en un engaño deliberado.
Henri Ellenberger investigó las clínicas en las que Pappenheim fue tratada y
desenterró las notas tomadas en su momento por Breuer. Dado que algunas de las
frases empleadas en ellas son idénticas a las que aparecieron luego en el
artículo publicado, existe la certeza de que se trata en verdad de las notas e
informes originales. Ellenberger, y otros después de él, hallaron que no hay
ninguna prueba de que Pappenheim hubiera sufrido un embarazo psicológico. Hoy
se cree que Freud inventó la historia para contrarrestar la aparente falta de
etiología sexual en el
3497
Véase también: Hannah Decker, «The medical reception of psychoanalysis in
Germany, 1894-
1907:
three brief studies», Bulletin of the History of Medicine, vol. 45 (1971), pp.
461-481.
1923 Preparado por Patricio Barros
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caso
de Anna O. tal y como lo expuso Breuer, quien estaba absolutamente en
desacuerdo con la insistencia del padre del psicoanálisis en que en la raíz de
todo síntoma histérico había problemas de índole sexual. En su biografía de
Josef Breuer (1989), Albrecht Hirschmüller llega incluso a afirmar que «el
relato de Freud-Jones sobre la finalización del tratamiento de Anna O. debe ser
considerado como un mito».3498 Hirschmüller consigue mostrar que muchos de los
síntomas de Pappenheim remitieron espontáneamente de forma total o parcial, que
la joven no experimentó ningún tipo de catarsis (de hecho las notas terminan de
forma abrupta en 1882) y que, en el año que siguió al tratamiento de Breuer,
debió de ser hospitalizada no menos de cuatro veces, siendo «histeria» el
diagnóstico en cada una de esas ocasiones. Esto significa, en otras palabras,
que la afirmación de Freud de que Breuer «había devuelto la salud a Anna O».
era falsa y, lo que es aún más importante, que Freud tenía que saber que lo
era, pues existe una carta suya en la que resulta claro que Breuer sabía que
Anna O. todavía estaba enferma en 1883 y, además, porque la muchacha era amiga
de la prometida de Freud, Martha Bernays.3499
El
caso de Anna O., o al menos la forma en la que Freud dio cuenta de él, resulta
relevante por tres razones. En primer lugar, demuestra que Freud exageró los
efectos de la «cura hablada». En segundo lugar, demuestra que introdujo un
elemento de carácter sexual donde no
3498
Albrecht Hirschmüller, The Life and Work of Josef Breuer, New York University
Press, Nueva York y Londres, 1978/1989, p. 131.
3499
Véase: Mikkel Borch-Jacobsen, Remembering Anna O. A Century of Mystification
(traducido por Kirby Olson en colaboración con Xavier Callahan y el autor),
Routledge, Nueva York y Londres, 1996, pp. 29-48.
1924 Preparado por Patricio Barros
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había
ninguno. Y en tercer lugar, demuestra que era muy ligero con los detalles
clínicos. Como veremos, esta tendencia se repitió a lo largo de toda su
carrera, y de formas muy importantes.
La
cuarta acusación contra Freud es, de lejos, la más grave de todas, pero se
deriva de lo ocurrido con Anna O: todo el edificio del psicoanálisis está
basado en observaciones y pruebas clínicas que, en el mejor de los casos,
contienen errores o resultan dudosas, y que, en el peor de los casos, son
fraudulentas. Quizá la idea más importante del psicoanálisis sea la conclusión
de Freud según la cual los deseos sexuales infantiles persisten en la vida
adulta, pero fuera del alcance de nuestra conciencia, y pueden ser la causa de
psicopatologías. «En la raíz de cada caso de histeria», escribió en 1896, «hay
uno o más sucesos acaecidos en los primeros años de la infancia, pero que, a
pesar de las décadas transcurridas, pueden ser recuperados a través del psicoanálisis».
Lo que resulta extraño en esta cita es que, si bien hasta 1896 Freud nunca
había informado de ningún caso de abusos sexuales en la infancia, al cabo de
cuatro meses aseguraba haber «rastreado» recuerdos inconscientes de tales
abusos en trece pacientes aquejados de histeria. Estrechamente vinculado a esa
idea central, se encuentra el argumento de que el acontecimiento o situación
responsable de un síntoma en particular puede revelarse a través de la técnica
psicoanalítica, y que esta «abreacción» del suceso (revivirlo en el discurso
con las expresiones emocionales asociadas) se traduce en una «catarsis», la
remisión del síntoma. Freud estaba convencido de que esto, en sus propias
palabras, era «un hallazgo importantísimo, el descubrimiento de un
1925 Preparado por Patricio Barros
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caput
Nili [la fuente de Nilo] en la neuropatología».3500 Sin embargo, Freud
continuaba añadiendo que (y es esto lo que ha provocado la mayor revisión de su
trabajo) «estos pacientes nunca repiten estas historias de forma espontánea, y
tampoco durante el curso del tratamiento le presentan al especialista de forma
repentina el recuerdo completo de una escena de este tipo». Tal y como Freud
presentaba la cuestión al informar de sus hallazgos, estas memorias eran
inconscientes y se encontraban fuera del alcance de la conciencia del paciente,
«en la memoria consciente nunca hay huellas, que sólo se manifiestan en los
síntomas de la enfermedad». Los pacientes que iban a su terapia no tenían idea
de estas escenas, confesaba, que «por regla general les indignaban» cuando se
las contaba. «Únicamente el cumplimiento más firme del tratamiento puede
inducirlos a embarcarse en recrearlas» (las circunstancias originales del
abuso). Como Allen Esterson y otros han mostrado, las técnicas empleadas en un
comienzo por Freud no eran las de un analista sensible que se sienta en
silencio en un sillón y escucha lo que sus pacientes tienen que decir. Freud,
por el contrario, tocaba a sus pacientes en la frente (ésta era su técnica de
«presión») y se empeñaba en que algo debía acudir a sus mentes, una idea, una
imagen, un recuerdo. Se les pedía que describieran esas imágenes o memorias
hasta que, después de un largo recorrido, dieran con el acontecimiento que (se
suponía) había causado el síntoma histérico. En otras palabras, los críticos
sostienen que Freud tenía ideas
3500
Morton Schatzman, «Freud: who seduced whom?», New Scientist (21 de marzo de
1992), pp.
34-37.
1926 Preparado por Patricio Barros
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bastante
fijas acerca de lo que constituía la raíz de diversos síntomas y no se limitaba
a escuchar pasivamente lo que sus pacientes decían, por lo que las pruebas
clínicas no emergieron de la observación, sino del hecho de que él forzaba a
sus pacientes a acomodarse a sus opiniones.
Mediante
este inusual enfoque llegó a sus observaciones más famosas, a saber, que los
pacientes habían sido seducidos o sufrido abusos sexuales durante la infancia,
y que estas experiencias eran la causa profunda de sus posteriores neurosis.
Los culpables se dividían en tres categorías: adultos extraños; adultos al
cuidado de los niños (doncellas, institutrices, tutores); y «niños inocentes…
en su mayoría hermanos que durante años habían mantenido relaciones con
hermanas un poco más pequeñas que ellos mismos».3501 La edad a la que estas
experiencias sexuales precoces tenían lugar estaba por lo general entre los
tres y los cinco años. En este punto, el principal argumento de los críticos es
que las supuestas observaciones «clínicas» de Freud no son tal cosa. Son, en
cambio, dudosas «reconstrucciones» basadas en interpretaciones simbólicas de
los síntomas. Es importante repetir que una lectura atenta de los distintos
informes proporcionados por Freud evidencia que los pacientes nunca llegaron en
verdad a ofrecer de forma voluntaria esas historias de abusos sexuales. Todo lo
contrario: las negaron con vehemencia. En todos los casos, fue Freud quien
«informó», «convenció», «intuyó» o «infirió». Además, en varios lugares
reconoció
3501
Esterson, Seductive Mirage, p. 52.
1927 Preparado por Patricio Barros
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explícitamente
estar en realidad «adivinando» cuál era el problema subyacente.
Sin
embargo, y éste es otro suceso de cierta relevancia, en septiembre de 1897
Freud confiaba a su colega Wilhelm Fleiss (pero sólo a él) que ya no creía en
esta teoría sobre el origen de la neurosis. Pensaba que era improbable que
tales perversiones contra los niños estuvieran tan difundidas, y de todos modos
sus intentos de llevar sus análisis basados en estos supuestos a una conclusión
sólida estaban resultando un fracaso. «Por supuesto, no lo diré en Dan, ni
hablaré de ello en Ascalón, en la tierra de los filisteos, pero en tus ojos y
los míos…». En otras palabras, no se sentía preparado para hacer lo que era
honorable desde un punto de vista científico y reconocer públicamente que se
retractaba de lo que el año anterior había calificado con toda confianza como
«hallazgos». Fue entonces cuando Freud empezó a considerar la posibilidad de
que esos supuestos recuerdos fueran en realidad fantasías inconscientes. Sin
embargo, incluso entonces esta nueva versión tardó algún tiempo en
consolidarse, pues inicialmente Freud pensó que las fantasías infantiles eran
una forma de «ocultar la actividad autoerótica de los primeros años de la
niñez». En 1906 y de nuevo en 1914 sostuvo que, alrededor de la pubertad,
algunos pacientes evocaban memorias de «seducción» infantil para «eludir» sus
recuerdos de masturbación infantil. En 1906 los «culpables» de estas fantasías
eran adultos u otros niños, mientras que en 1914 no se especificaba quiénes
eran. Aunque entonces sí se retractó de su teoría de la seducción. No obstante,
no fue hasta 1925 cuando Freud afirmó públicamente que
1928 Preparado por Patricio Barros
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la
mayoría de sus primeras pacientes habían acusado a sus padres de haberlas
seducido: 1925, casi treinta años después de haberlas atendido. Es imposible
exagerar las dimensiones de este asombroso cambio de opinión. En primer lugar,
no hay discusión respecto a que Freud alteró radicalmente el guión de la
seducción: primero, cambió la seducción real por la fantaseada; y luego,
modificó la identidad de los seductores que de ser extraños o tutores o
hermanos pasaron a ser los padres. Pero la cuestión que no debe pasarse por
alto aquí es que estos cambios no fueron el resultado de nuevas pruebas
clínicas: Freud se limitó simplemente a componer un cuadro diferente usando los
mismos ingredientes, la única diferencia era que esta vez había transcurrido
más de un cuarto de siglo desde que había recopilado los testimonios en que se
basaba su teoría. En segundo lugar, algo no menos importante: desde finales de
la década de 1890 hasta 1925, tiempo durante el cual Freud trató a muchas
pacientes mujeres, éste nunca señaló que alguna de ellas mencionara haber sido
seducida a temprana edad, por su padre o por cualquier otro. En otras palabras,
parece ser que una vez Freud dejaba de buscarlo, el síndrome no volvía a
manifestarse. Esto, concluyen los críticos, es una prueba adicional de que su
teoría de la seducción, y por extensión los complejos de Edipo y de Electra,
acaso el aspecto más destacado del freudismo y una de las ideas más influyentes
del siglo XX tanto en el campo de la medicina como en el de las artes (para no
hablar de la jerga cotidiana), tiene una genealogía muy inusual, tortuosa y
francamente improbable. Las incoherencias en lo que respecta a la génesis de la
teoría son patentes. Freud no «descubrió» ninguna
1929 Preparado por Patricio Barros
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temprana
conciencia sexual en sus pacientes: infirió, intuyó o «adivinó» que existía. No
descubrió el complejo de Edipo a partir de un cuidadoso examen de las pruebas
clínicas reunidas: tenía una idea preestablecida y forzó las pruebas para que
se acomodaran a ella, después de que «imposiciones» hubieran sido incapaces de
convencerlo incluso a él mismo. Peor aún, el proceso por el que Freud llegó a
sus conclusiones no puede ser reproducido por ningún científico independiente
de mentalidad escéptica, y ésta quizá sea la prueba más concluyente de todas,
el último clavo en el ataúd en lo que a las aspiraciones científicas de Freud
se refiere. ¿Qué clase de ciencia puede ser una disciplina cuyas pruebas
experimentales o clínicas no pueden ser reproducidas por otros científicos
empleando las mismas técnicas y la misma metodología? Anthony Clare, el célebre
psiquiatra británico, describe a Freud como un «charlatán retorcido y
marrullero» y concluye que «muchas de las piedras fundacionales del
psicoanálisis son una farsa».3502 Es difícil no coincidir con él. Teniendo en
cuenta su técnica de «presión», sus «convencer» y sus «adivinar», estamos
autorizados a dudar de la existencia misma del inconsciente. Básicamente, Freud
se lo inventó todo.
El
concepto del inconsciente, y todo lo que conlleva, puede considerarse como el
punto culminante de una tradición predominantemente germana, una constelación
de ideas médico-metafísicas, y este vínculo es crucial. Freud siempre pensó en
sí
3502
Anthony Clare, «That shrinking feeling», The Sunday Times (16 de noviembre de
1997), pp. 8-
10.
1930 Preparado por Patricio Barros
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mismo
como un científico y un biólogo, era un admirador de Copérnico y de Darwin y
sentía que su trabajo se enmarcaba en esta misma tradición. Nada está más lejos
de la verdad, y es hora de sepultar al psicoanálisis como idea, junto al
flogisto, los elixires alquímicos, el purgatorio y otras nociones fallidas que
han resultado tan útiles a los charlatanes a lo largo de la historia. En la
actualidad es claro que el psicoanálisis no funciona como tratamiento médico,
que muchos de los escritos tardíos de Freud, como Tótem y tabú o su análisis de
la «imaginería sexual» de las pinturas de Leonardo da Vinci, son
vergonzosamente ingenuos y emplean datos pasados de moda cuando no simplemente
erróneos. La aventura freudiana en su totalidad es una empresa estrafalaria y
obsoleta.
Dicho
esto, es importante recordar que los párrafos precedentes describen la versión
más reciente de la historia. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, la
época en la que Freud vivió, el inconsciente era considerado como una entidad
real y se lo tomaba muy en serio. En este sentido, desempeñó un papel seminal
ya que apuntaló la última gran idea de carácter general de la que nos
ocuparemos en este libro, una transformación que tendría profundos efectos en
el pensamiento y, en particular, en el ámbito artístico: el modernismo. En 1886
el pintor Vincent van Gogh realizó un pequeño cuadro, Afueras de París. Se
trata de una imagen desoladora. El cielo gris y amenazador, el horizonte bajo,
y senderos fangosos permiten avanzar a izquierda y derecha: la composición
carece de dirección. En un lado hay una cerca rota, un soldado sin rostro
aparece en primer plano, detrás de él se encuentra una madre con algunos niños,
entre uno y
1931 Preparado por Patricio Barros
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otros
hay una solitaria lámpara de gas. Sobre el horizonte es posible advertir un
molino de viento, entre edificios bajos y desmañados con hileras de ventanas
idénticas, son fábricas y almacenes. Los colores son en general apagados. Bien
podría tratarse de una escena de una novela de Victor Hugo o de Émile Zola.3503
La
fecha de composición de esta pintura, que retrata una banlieue en los límites
de la capital francesa, es importante. Pues lo que Van Gogh estaba
representando de manera tan triste era lo que los parisinos llamaban «las
secuelas de la haussmannización».3504 El mundo, y el mundo francés en
particular, había cambiado enormemente desde 1789 y la revolución industrial,
pero París había cambiado más que cualquier otra ciudad y la «haussmannización»
representaba la brutalidad de ese cambio. A instancias de Napoleón III, y
durante diecisiete años, el barón Haussmann había rehecho París en una empresa
sin precedentes en el país o en cualquier otro sitio. Hacia 1870 una quinta
parte de las calles del centro de París eran creación suya, trescientas
cincuenta mil personas habían sido desplazadas, se habían gastado dos mil
quinientos millones de francos y uno de cada cinco trabajadores estaba empleado
por la industria de la construcción. (Adviértase la pasión del siglo XIX por
las estadísticas). Desde entonces, el bulevar se convertiría en el corazón de
París.3505 El cuadro de Van Gogh registraba en 1886 los lúgubres bordes de este
mundo, pero otros pintores, como Manet y los impresionistas
3503
T. J. Clark, The Painting of Modern Life, Princeton University Press, Princeton
(Nueva Jersey) y Londres, 1984, p. 25.
3504
3505
Ibid.,
p. 30.
Ibid.,
pp. 23 y ss.
1932 Preparado por Patricio Barros
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que
habían seguido su ejemplo, consideraron más apropiado celebrar los nuevos
espacios abiertos y las amplias calles de la ciudad, el «ajetreo» del que el
nuevo París, la ciudad luz, era emblema. Piénsese en Rue de Paris, temps de
pluie (1877) o Le Pont de l’Europe (1876) de Gustave Caillebotte, en Le
Boulevard des Capucines (1873) de Monet, en Les Grands Boulevards de Renoir
(1875), en Place de la Concorde, Paris de Degas (c. 1873) o en los diversos
cuadros que Pissarro dedicó a mostrar las grandes avenidas en primavera u
otoño, bajo la lluvia o la nieve.
El
modernismo nació precisamente en las ciudades del siglo XIX. En los últimos
años de este período, se inventaron el motor de combustión interna y la turbina
de vapor, se consiguió por fin dominar la electricidad, aparecieron el teléfono
y la máquina de escribir, y se descubrió el principio de la grabación
magnética. También se habían inventado la prensa popular y el cine. Habían
surgido los primeros sindicatos y los trabajadores se organizaron. Para 1900
había once metrópolis, entre ellas Londres, París, Berlín y Nueva York, de más
de un millón de habitantes, una concentración de gente nunca antes vista. La
expansión de las ciudades y la de las universidades (de la que nos hemos
ocupado en un capítulo anterior) fueron las causantes de lo que Harold Perkin
ha denominado el ascenso de la sociedad profesional, la época, que empieza
aproximadamente hacia el año 1800, en la que médicos, abogados, maestros,
catedráticos, funcionarios, arquitectos y científicos empezaron a dominar la
vida política de las democracias, y en la que la pericia se convirtió en la
principal forma de progresar socialmente.
1933 Preparado por Patricio Barros
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Perkin
señala que, en Inglaterra, el número de esta clase de profesionales se duplicó
por lo menos entre 1880 y 1911, y que en algunos casos incluso se cuadruplicó.
Charles Baudelaire y Gustave Flaubert fueron los primeros que expresaron con
palabras la nueva vida de las ciudades, que era lo que Manet y su «pandilla»
(como los llamó un crítico) estaban intentando representar en sus cuadros: las
experiencias fugaces de la ciudad, breves, intensas, accidentales, arbitrarias.
Los impresionistas no sólo consiguieron captar los cambios de la luz sino que
también dieron cuenta de escenas inusuales: la nueva maquinaria, como los
ferrocarriles, sorprendentes y aterradores a un mismo tiempo, las enormes y
cavernosas estaciones de tren, que contenían la promesa implícita del viaje
pero resultaban asfixiantes debido al hollín, un hermoso paisaje urbano
truncado por un feo pero necesario puente, estrellas de cabaret iluminadas de
forma poco natural por lámparas situadas a sus pies, una camarera vista desde
el frente y desde la espalda gracias a un enorme y brillante espejo situado en
la pared. Ahora bien, aunque éstos eran los emblemas visuales de la «novedad»,
el modernismo es mucho más que eso. Su interés reside en el hecho de que como
movimiento fue a la vez una celebración y una condena de lo moderno, y del
mundo (el mundo de la ciencia, el positivismo y el racionalismo) que habían
producido las grandes ciudades, por un lado, inmensamente ricas, y por otro,
repletas de nuevas formas de pobreza, desolación y degradación.3506 Las
ciudades del modernismo
3506
Véase una tabla en: Perkin, Rise of Professional Society, p. 80. Para una
aplicación de la
misma
tesis al caso de Alemania, véase: Geoffrey Cocks y Konrad H. Jarausch, eds.,
German
Professions:
1800-1950, Oxford University Press, Nueva York y Oxford, 1990. Malcolm Bradbury
1934 Preparado por Patricio Barros
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eran
desconcertantes, llenas de trajín, dominadas fundamentalmente por la
contingencia y la accidentalidad. La ciencia había desprovisto a este mundo de
significado (en sentido religioso o espiritual) y ante semejante catástrofe se
convirtió en tarea del arte el dar cuenta de este estado de cosas, describirlo,
pero también evaluarlo, criticarlo y, de ser posible, redimirlo. De esta
manera, se formó un clima intelectual en el que cualquier cosa que el
modernismo simbolizaba, también simbolizaba lo opuesto. Y lo que resulta en
verdad asombroso es la cantidad de talento que floreció en unas circunstancias
tan paradójicas y extraordinarias. «En términos de pura creatividad, la época
del modernismo se encuentra a la par que el romanticismo e incluso el período renacentista».3507
Se desarrolló entonces lo que Harold Rosenberg denomina «la tradición de lo
nuevo». Este período constituye el apogeo de la cultura burguesa y fue este
mundo, en este mundo ingente, el que dio origen al concepto de vanguardia, una
consagración de la idea romántica de que el artista estaba por delante (y, en
la mayoría de los casos, mortalmente en contra) de la burguesía, un pionero en
lo que a gusto e imaginación se refiere, pero también alguien cuya función
tenía tanto de invención como de sabotaje.
Sí
algo unía a los modernistas —los racionalistas y realistas, por un lado, y los
críticos de la racionalidad, los apóstoles del inconsciente y los pesimistas
culturales, por otro— era la intensidad de su compromiso. El modernismo fue,
ante todo, un momento cumbre en
y
James McFarlane, eds., Modernism: A Guide to European Literature, 1890-1930,
Penguin, Londres, 1976/1991, p. 47.
3507
Ibid., p. 68.
1935 Preparado por Patricio Barros
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la
historia de las artes, la pintura, la música, la literatura, porque la ciudades
actuaron como intensificadores de la experiencia: por su naturaleza arrojaban a
la gente una contra otra, y unas mejores comunicaciones garantizaron que los
encuentros y contactos se aceleraran.3508 Una consecuencia de ello es que los
intercambios se hicieron más bruscos, más ruidosos e inevitablemente más
amargos. Hoy damos estas cosas por sentadas, pero en la época todo ello se
experimentó como un aumento de tensión, y hubo quienes encontraron que ésta
también podía ser una fuerza creativa. Si el modernismo con frecuencia se
manifestó contrario a la ciencia, fue debido al pesimismo que ella misma
propagó. Los descubrimientos de Darwin, Maxwell y J. J. Thomson resultaban por
lo menos desconcertantes, y parecían poner punto final a toda moral y a
cualquier posibilidad de un mundo estable y con una dirección; la ciencia, en
este sentido, había socavado la noción misma de realidad. De los muchos
escritores que lucharon por encontrar un camino en este mundo apabullante, Hugo
von Hofmannsthal (1874-1929) es un punto de partida bastante razonable, ya que
consiguió aclarar buena parte de la confusión. Hofmannsthal nació en una
familia aristocrática, y fue bendecido con un padre que le animó a convertirse
en un esteta. No obstante, Hofmannsthal no dejó de advertir cómo la ciencia
empezaba a invadir la antigua cultura estética vienesa. «La naturaleza de
nuestra época», escribió en 1905, «es la multiplicidad y la indeterminación.
Sólo descansa en das Gleitende». Das Gleitende: lo que se desliza, lo que se
escapa de las manos. Y Hofmannsthal
3508
Ibid., p. 100.
1936 Preparado por Patricio Barros
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añadía
que «aquello que otras generaciones creían firme es en realidad das
Gleitende».3509 ¿Es posible una mejor descripción de la forma en la que el
mundo newtoniano parecía deshacerse tras los descubrimientos de Maxwell y
Planck? (De éstos nos ocuparemos en la conclusión). «Todo se rompe en pedazos»,
escribió Hofmannsthal, «y los pedazos se rompen a su vez en más pedazos, y nada
se deja ya capturar mediante conceptos».3510 Al escritor le inquietaban la
evolución de los acontecimientos políticos en el Imperio austrohúngaro, en
particular el aumento del antisemitismo, y pensaba que el auge del
irracionalismo debía parte de su fuerza a los cambios en la forma de entender
la realidad provocados por la ciencia moderna: las nuevas ideas eran tan
perturbadoras que, de algún modo, contribuían a fomentar un irracionalismo
reaccionario a gran escala.
Por
otro lado, Hofmannsthal, Ibsen, Strindberg y Nietzsche representaban el avance
final del pensamiento europeo hacia el norte del continente, después de que el
centro de gravedad hubiera cambiado tras la guerra de los Treinta Años. Estos
tres últimos autores deben buena parte de su destacado lugar a Georg Brandes,
un crítico danés que en 1883 publicó un volumen titulado, precisamente, Los
hombres de la eclosión moderna.3511 Entre las «mentes modernas» que el libro
identificaba se encontraban Flaubert, John Stuart Mill, Zola, Tolstoy, Bret
Harte y Walt Whitman, pero por encima de todos ellos Ibsen, Strindberg y
Nietzsche. Brandes definía
3509
Johnston, Austrian Mind, pp. 23 y 32; y Schorske, Fin-de-Siècle Vienna, p. 19.
3510
Schorske, Fin-de-Siècle Vienna, p. 19.
3511
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 37
1937 Preparado por Patricio Barros
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la
literatura moderna como una síntesis del naturalismo y el romanticismo —de lo
exterior y lo interior— y citaba a estas tres figuras como ejemplos supremos de
este logro.
El
fenómeno Ibsen empezó en Berlín y luego se propagó por toda Europa. Se inició
en 1887, con Los espectros, que fue prohibida por la policía (algo perfecto
desde el punto de vista modernista-vanguardista). Se ofrecieron
representaciones a puerta cerrada y mucha gente se quedó sin entrar. (El libro
se vendió bien y fue necesario reimprimirlo.3512) Se celebró un banquete a
Ibsen en que se anunció «el amanecer de una nueva era», al que siguió una
«semana Ibsen» en la que se presentaron de forma simultánea La dama del mar, El
pato salvaje y Casa de muñecas. Cuando se permitió por fin que Los espectros
fuera representada públicamente, lo que ocurrió más adelante ese mismo año, la
obra causó gran sensación y se convertiría luego en una importante influencia
para James Joyce, entre otros autores. Franz Servaes dijo al respecto: «Algunas
personas, como si se sintieran destrozadas por dentro, no recuperaron la calma
durante días. Vagaban por la ciudad y por el Tiergarten…». La fiebre por Ibsen
ardió durante dos años.3513 «El acontecimiento más importante de la historia de
la dramaturgia moderna», se ha dicho, «fue el que Ibsen abandonara el verso
tras Peer Gynt y se dedicara a escribir dramas en prosa sobre problemas
contemporáneos».3514 Son muchos los escritores que tienen una gran
3512
Robert Ferguson, Henrik Ibsen, Richard Cohen Books, Londres, 1996, p. 321.
3513
Everdell, First Moderns, p. 290. Franz Servaes, «Jung Berlin, I, II, III», en
Die Zeit Viena (21 y
28
de noviembre y 5 de diciembre de 1896).
3514
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 499.
1938 Preparado por Patricio Barros
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deuda
con su obra: Henry James, Chejov, Shaw, Joyce, Rilke, Brecht y Pirandello,
entre otros. El nuevo territorio que Ibsen hizo suyo abarcaba la política
contemporánea, la importancia cada vez mayor de los medios de comunicación
masiva, los cambios en las costumbres, las formas del inconsciente, y supo
abordarlo con una sutileza y una intensidad que ningún otro ha logrado
alcanzar. Constituye un verdadero homenaje al maestro noruego constatar que
hizo tan suyo el teatro moderno que en la actualidad nos resulta difícil
entender a simple vista por qué provocaba tanto escándalo, tan pertinente
fueron en su momento los temas que trató: el papel de la mujer (Casa de
muñecas), la brecha generacional (Solness, el constructor), el conflicto entre
la libertad individual y la autoridad institucional (Rosmersholm), la amenaza
de la contaminación provocada por el comercio que, no obstante, también
proporciona empleo (Un enemigo del pueblo).3515 Con todo, lo que cautivó a
tantos espectadores fue la sutileza de su lenguaje y la intensa vida interior
de sus personajes; los críticos aseguraban que era posible detectar «una
segunda realidad no explicitada» bajo la superficie de sus dramas. Como
comentaría más tarde Rilke, el conjunto de las obras de Ibsen es «una búsqueda,
aún más desesperada, de correlatos visibles de lo visto interiormente».3516 El
noruego fue el primero que halló una estructura dramática apropiada para ese
«segundo yo» de la era moderna, y al hacerlo iluminó esa incoherencia que desde
Vico
3515
Se basaba en la rabia que Ibsen sentía contra sus compatriotas. Ferguson,
Henrik Ibsen, pp.
269
y ss.
3516
John Fletcher y James McFarlane, «Modernist drama: origins and patterns», en
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 502.
1939 Preparado por Patricio Barros
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constituye
el centro de las tribulaciones humanas. Mostró que esas tribulaciones podían
ser trágicas, cómicas o simplemente banales. Al igual que Verdi (y Shakespeare,
por supuesto), Ibsen había comprendido que la tragedia más profunda afecta al
antihéroe (algo que Joyce volvería a mostrar a la perfección en su Ulises,
1922). Ibsen reveló que la banalidad, el absurdo o el sinsentido, o la amenaza
de ellos, constituían los inestables cimientos del modernismo. En este sentido,
las ideas de Darwin habían hecho mella.
Si
el punto fuerte de Ibsen era su intensidad, el de Strindberg era su
versatilidad. En palabras de un testigo, su mente «iba a caballo», un genio
polifacético que, para algunos, era equiparable al de Leonardo o al de
Goethe.3517 Novelista y pintor, pero sobre todo, como Ibsen, dramaturgo,
Strindberg vivió las grandes convulsiones del mundo moderno. Una de sus obras,
la novela A orillas del mar libre, terminada en junio de 1890, tiene por tema,
según su propia descripción, «la ruina del individuo que se aísla a sí
mismo».3518 Borg, el personaje central, «se ha visto obligado a vivir demasiado
deprisa en esta era de motores a vapor y electricidad», y se está convirtiendo
en un hombre moderno, trastornado y lleno de «ansiedad». Según Strindberg,
éstos eran los síntomas de un aumento de la «vitalidad» (estrés) en la vida que
volvía a la gente cada vez más «sensible» (psicológicamente enferma), lo que
tenía como consecuencia «la creación de una nueva raza o, al menos, de un nuevo
tipo de ser
3517
Ibid., p. 504.
3518
Mary Sandbach, en Strindberg, Inferno and from an Ocult Diary, Penguin Books,
Londres,
1988,
p. VIII.
1940 Preparado por Patricio Barros
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humano».3519
Posteriormente, en dramas escritos tras su crisis nerviosa de los cuarenta (lo
que denominó su «Inferno»), se interesó cada vez más por los sueños (El camino
de Damasco, El sueño) y por lo que un crítico llamó «una realidad interior
afirmativa, el sentido de la lógica interior de la ilógica y el reconocimiento
de la supremacía de estas fuerzas (tanto interiores como exteriores al
individuo) que no están por completo bajo el control de la conciencia». También
le interesaron mucho las nuevas tecnologías teatrales, lo que le permitió crear
un teatro «expresionista».3520 En El camino de Damasco, no es ni siquiera claro
si los personajes anónimos son personajes o bien arquetipos psicológicos que
representan estados mentales o emocionales, entre ellos lo Desconocido, como si
se tratara de uno de los Urphänomene de la filosofía romántica mencionados por
Ellenberger. «Los personajes», anotó el mismo Strindberg, «se dividen, se
duplican, se multiplican; se evaporan, cristalizan, dispersan y convergen. Pero
una única conciencia tiene dominio sobre todos ellos, la de quien sueña».3521
(Estas palabras bien podrían ser de Hofmannsthal describiendo das Gleitende).
El drama es muy diferente de A orillas del mar libre: lo que aquí está diciendo
Strindberg es que la ciencia no puede decirnos nada acerca de la fe, que ante
los misterios más fundamentales de la vida, la racionalidad pura es impotente.
«Los sueños nos proporcionan un medio para dar forma a la aleatoriedad
aparente: mezclando, transformando,
3519
Ibid., p. IX.
3520
Frederich Marker y Lise-Lone Marker, Strindberg and Modernist Theatre,
Cambridge University Press, Cambridge (Inglaterra), 2002, p. 31; James
McFarlane, «Intimate theatre: Maeterlinck to Strindberg», en Bradbury y
McFarlane, eds., Modernism, pp. 524-525.
3521
Marker y Marker, Strindberg and Modernist Theatre, pp. 23 y ss.
1941 Preparado por Patricio Barros
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disolviendo».
Y hay más: «en ocasiones pienso en mí mismo como un médium: todo se me ocurre
con gran facilidad, de forma semiinconsciente, con apenas algo de planeación y
cálculo… Pero no hay un orden en ello, y eso no me gusta».3522 Rilke dijo algo
muy similar a propósito de la «llegada» de sus Elegías de Duino, y Picasso se
refirió a las máscaras africanas como «intercesores» de su arte.3523 El hecho
de que Strindberg tuviera tantas facetas, y no una sola, su experimentalismo o,
en otras palabras, su insatisfacción con la tradición, su rechazo de la ciencia
tras su crisis nerviosa y su fascinación por lo irracional —los sueños, el
inconsciente, la persistencia de la fe en un mundo posdarwiniano—, todo ello lo
convierte en la quintaesencia de lo moderno, un foco en el que confluyen las
muchas y diversas fuerzas que apremian al individuo desde todos los flancos.
Eugene O’Neill dijo que Strindberg fue «el precursor de todo lo moderno en
nuestro teatro actual». El sueco fue, como han anotado James Fletcher y James
McFarlane, un sensor único de nuestra era.3524
Los
grandes autores rusos de este período compartieron con Strindberg e Ibsen su
preocupación por la intensidad de la vida interior: Tolstoy, Turguenev,
Pushkin, Lermontov y, por encima de todos, Dostoyevski. Algunas de las
investigaciones más originales sobre lo que J. W. Burrow ha denominado «el yo
escurridizo» se realizaron en Rusia, y ello acaso se deba a que, en comparación
con
3522
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 525.
3523
André Malraux, Picasso’s Masks, Holt, Rinehart & Winston, Nueva York, 1976,
pp. 10-11. 3524 Everdell, First Moderns, p. 252; Fletcher y McFarlane,
«Modernist drama: origins and patterns», p. 503.
1942 Preparado por Patricio Barros
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las
demás naciones europeas, el país estaba muy atrasado y, por tanto, sus
escritores tenían menos prestigio y se sentían más desarraigados.3525 Turguenev
llegó al extremo de usar el término «superfluo» (Diario de un hombre superfluo,
1850), superfluo porque los protagonistas de la obra se sienten tan
atormentados por su autoconciencia que apenas consiguen hacer algo con sus
vidas, habiéndolas gastado «en palabras y autoanálisis».3526 Rudin, el
protagonista de la novela homónima publicada por Turguenev en 1856, es en este
sentido similar a los personajes de Dostoyevski — Raskolnikov en Crimen y
castigo (1866) y Stavrogin en Los demonios (1872)— y de Tolstoy —Pierre en
Guerra y Paz (1869) y Levin en Anna Karenina (1877)—, todos ellos intentan
escapar de una autoconciencia enfermiza a través del crimen, el amor, la
religión o la actividad revolucionaria.3527 Con todo, es posible sostener que
Dostoyevski fue todavía más lejos en sus Apuntes del subsuelo (1864), obra en
la que explora la vida (si puede llamarse así) de un insignificante funcionario
que ha recibido una pequeña herencia, se ha retirado y vive como un recluso. El
relato es en realidad una discusión sobre la conciencia, el carácter, la
identidad. Aunque en un momento se presenta al funcionario como rencoroso,
vengativo y malévolo, en otras ocasiones éste demuestra poseer cualidades
opuestas. Esta incoherencia de la personalidad, del carácter, es el principal
argumento de Dostoyevski. Al final, el infeliz protagonista termina confesando:
«La cuestión es que nunca conseguí ser nada en
3525
Burrow, Crisis of Reason, p. 148.
3526
Ibid.
3527
Ibid., p. 148.
1943 Preparado por Patricio Barros
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absoluto».
El funcionario carece de personalidad, tiene una máscara y detrás de ella sólo
hay más máscaras.3528
El
vínculo de estas ideas con el pragmatismo de William James y Oliver Wendell
Holmes es claro: la personalidad, en el sentido de una entidad coherente,
procedente del interior de los seres humanos, no existe. La gente se comporta
de forma pragmática en multitud de situaciones y no hay ninguna garantía de que
sus actos posean alguna coherencia: de hecho, si las leyes del azar nos
proporcionan algún indicativo, el comportamiento de las personas diferirá de
acuerdo con una distribución estándar. A partir de ese comportamiento, sacamos
las conclusiones que podemos sobre nosotros mismos, pero lo que los escritores
rusos tendieron a señalar es que con frecuencia elegimos de manera arbitraria
«precisamente con miras a tener una identidad de algún tipo».3529 Encontramos
influencias de esta forma de pensar incluso en Proust, cuya obra maestra, En
busca del tiempo perdido, explora la inestabilidad de la personalidad a lo
largo del tiempo. En la obra de Proust las personas no son sólo impredecibles,
sino que adoptan características incompatibles de manera desconcertante,
mientras que otros se comportan de forma completamente opuesta.3530
Y
por último, tenemos a Nietzsche (1844-1900). A Nietzsche se le considera por lo
general un filósofo, aunque él mismo aseguró que la psicología ocupaba un
primerísimo lugar entre las ciencias. «Hasta ahora la psicología se ha atascado
en los prejuicios y temores
3528
Ibid., p. 149.
3529
Ibid.
3530
Ibid., pp. 162-163.
1944 Preparado por Patricio Barros
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morales,
sin atreverse a descender a las profundidades… el psicólogo que así “se
sacrifique” [a explorar tales profundidades]… tendrá por fin derecho a exigir
que en pago la psicología sea reconocida como la reina de las ciencias, a cuyo
servicio y para cuya preparación existen todas las demás»..3531 Walter Kaufmann
llamó a Nietzsche «el primer gran psicólogo (profundo)», con lo que se refería
a su capacidad para ir más allá de la propia descripción de la persona e
«indagar sus motivos escondidos y escuchar lo no dicho».3532 Freud también
reconoció su deuda con Nietzsche, aunque esa deuda estaba lejos de ser simple.
Al mostrar que nuestros sentimientos y deseos no son los que decimos que son,
Freud llegó al inconsciente, mientras que Nietzsche llegó en cambio a la
«voluntad de poder». Para Nietzsche, ese segundo o escurridizo yo no era tanto
algo oculto como algo insuficientemente reconocido. El medio para llegar a
sentirse realizado era la voluntad, un proceso que suponía «vencerse a sí
mismo», romper los límites del yo. Para Nietzsche, uno no encontraba su yo
interior buscando dentro de sí, sino que lo descubría permitiendo la expresión
exterior de ese yo, algo que requería esfuerzo e implicaba aceptar la
existencia de motivos tales como el orgullo, que además no eran algo de lo que
sentirse avergonzado sino sentimientos completamente naturales; uno descubría
su propio yo cuando «superaba» sus límites.3533
3531
Roger Smith, Fontana History of the Human Sciences, p. 851 y ref.
3532
Ibid., p. 852 y ref.
3533
Ibid., p. 853. Curtis Cate, biógrafo de Nietzsche, sostiene que éste se
adelantó a Freud, Adler y Jung al advertir que la actitud del individuo ante su
pasado es básicamente ambivalente. Esto puede constituir un acicate o bien un
lastre. El pasado, en opinión de Nietzsche, puede ofrecer inspiración y fuerza
a la voluntad. Curtis Cate, Friedrich Nietzsche, Hutchinson, Londres, 2002, p.
185.
1945 Preparado por Patricio Barros
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Nietzsche
pensaba que el culto científico de la objetividad era irrelevante, y que, como
los románticos habían dicho (aunque él considerara que con frecuencia fueron
también hipócritas), uno creaba su propia vida y sus propios valores: sólo a
través de la acción era posible descubrir el propio ser. «La autodisciplina y
el ponerse a prueba constantemente que concentraban e intensificaban la vida…
eran el polo opuesto de la abnegación y la represión que… al desviar la
voluntad de poder hacia el interior y contra el yo, engendraban, como ocurría
en el cristianismo, odio hacia sí mismo, culpa y rencor contra los saludables,
los satisfechos y los superiores… En un mundo caracterizado por el flujo de
conciencia y desprovisto de cualquier garantía metafísica de sentido moral, la
idea de vocación ofrecía una forma obvia de probar, forjar y equilibrar el yo
en un contexto social, mediante una actividad elegida, regulada y disciplinada,
y la aceptación autoimpuesta de sus obligaciones».3534
En
el fondo, el modernismo puede ser considerado como el equivalente estético del
inconsciente freudiano. Al igual que éste, fue expresión de un interés por los
estados interiores y un intento de resolver la incoherencia moderna. El
modernismo buscó hermanar el romanticismo y el naturalismo, así como poner en
orden la ciencia, el racionalismo y la democracia al tiempo que subrayaba sus
defectos y deficiencias. El modernismo fue una tentativa estética de ir más
allá de la superficie de las cosas y, desde este punto de vista, su oposición
al arte representativo al uso fue una decisión muy consciente y, al mismo
tiempo, intuitiva; las cimas del arte moderno llevan la marca
3534
Burrow, Crisis of Reason, pp. 189-190.
1946 Preparado por Patricio Barros
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indeleble
de sus autores, son obras muy particulares e irrepetibles, diferentes de todo
lo que las había precedido, y en este sentido el movimiento constituye un nuevo
clímax de la individualidad. Sus muchos ismos —impresionismo,
postimpresionismo, expresionismo, fovismo, cubismo, futurismo, simbolismo,
imaginismo, puntillismo, cloisonismo, vorticismo, dadaísmo, surrealismo— son
una secuencia de vanguardias, entendidas como experimentos revolucionarios,
exploraciones de la conciencia futura.3535 El modernismo fue también una
celebración de la muerte de los antiguos regímenes de la cultura, y del hecho
de que el arte, al igual que la ciencia, nos estaba introduciendo a nuevos
modos de concebir las asociaciones mentales y emocionales; las formas
experimentales del arte modernista, absurdas y sin sentido al mismo tiempo,
aparecen así como un intento de redimir «el universo amorfo de la
contingencia».3536 Las vanguardias también eran manifestación de cierta
impaciencia por el cambio, a lo que contribuía la creencia marxista (que en esa
época todavía era una nueva «fe») en el carácter inevitable de la revolución.
Con todo, bajo la superficie nunca dejó de acechar el nihilismo, algo que se
explica fácilmente dada la inquietud que despertaba la idea de la verdad como
algo impermanente, tal y como se infería de las nuevas ciencias, y la
incertidumbre respecto a la naturaleza misma del yo, más escurridizo que nunca
en las nuevas metrópolis. La doctrina del
3535
Véase: Everdell, First Moderns, pp. 1-12, para una exposición sobre lo que el
modernismo es «y sobre lo que probablemente no es»; y p. 63, donde señala que
Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte de Seurat es un buen candidato a
la primera obra maestra modernista. Malcolm Bradbury y James McFarlane, «The
name and nature of modernism», en Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 28.
3536
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 50.
1947 Preparado por Patricio Barros
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«nihilismo
terapéutico», según la cual nada puede hacerse respecto a las enfermedades del
cuerpo y de la sociedad, floreció en ciudades como Viena. De obligatoria
mención aquí es El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, una novela fantástica
sobre una obra de arte que hace las veces de alma y revela el «verdadero» ser
del personaje principal.
Esto
fue lo que hizo que La interpretación de los sueños y el conjunto de teorías
que proponía resultaran tan importantes y oportunos. Según autores no
especializados (y que habitaban todavía un mundo «prerrevisionista»), Freud
había introducido «la respetabilidad de la prueba clínica» en un área de la
mente que hasta entonces era un pantano de imágenes revueltas.3537 Sus teorías
parecían dar coherencia a lo que aparentemente eran los recovecos irracionales
del yo, y los dignificaba en nombre de la ciencia. En 1900 éste parecía ser el
camino que había que recorrer.
3537
James McFarlane, «The Mind of Modernism», en Bradbury y McFarlane, eds.,
Modernism, p.
85.
1948 Preparado por Patricio Barros
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Conclusión
El
Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, es
posiblemente la institución científica más prestigiosa del mundo. Desde su
fundación, a finales del siglo XIX, el laboratorio ha sido responsable de
algunos de los avances más innovadores y trascendentales de todos los tiempos:
el descubrimiento del electrón (1897), el descubrimiento de los isótopos de los
elementos ligeros de la tabla periódica (1919), la división del átomo (también
en 1919), el descubrimiento del protón (1920) y del neutrón (1932), la
revelación de la estructura del ADN (1953) y el descubrimiento de los púlsares
(1967). Desde la creación del premio Nobel en 1901, más de veinte científicos
del Laboratorio Cavendish o formados en él lo han ganado, ya sea en física o en
química.3538
Fundado
en 1871, el laboratorio abrió sus puertas tres años después en un edificio
neogótico de Free School Lane, que ostentaba una fachada de seis hastiales y
una maraña de pequeñas habitaciones conectadas, en palabras de Steven Weinberg,
«por una red incomprensible de escaleras y corredores».3539 A finales del siglo
XIX, poca gente sabía con exactitud a qué se dedicaban los «físicos». El
término mismo era relativamente nuevo. No existían cosas tales como
Entre
los científicos de Cavendish que han ganado el premio Nobel se encuentran: J.
J. Thomson (1906), Ernest Rutherford (1908), W. L. Bragg (1915), F. W. Aston
(1922), James Chadwick (1935), E. V. Appleton (1947), P. M. S. Blackett (1948),
Francis Crick y James Watson (1962), Anthony Hewish y Martin Ryle (1974), y
Peter Kapitza (1978). Véase: Jeffrey Hughes, «“Brains in their finger-tips”:
physics at the Cavendish Laboratory, 1880-1940», en Richard Mason, ed.,
Cambridge Minds, Cambridge University Press/Canto, Cambridge (Inglaterra),
1994, pp. 160 y ss.3538
3539
Véase la fotografía en la p. 243 de: J. G. Crowther, The Cavendish Laboratory,
1874-1974, Macmillan, Londres, 1974.
1949 Preparado por Patricio Barros
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laboratorios
de física financiados por el estado, y de hecho, la idea misma de un
laboratorio de física era insólita. Más aún: a juzgar por los estándares
actuales, la física era todavía una disciplina primitiva. En Cambridge, la
física se enseñaba como parte del grado en matemáticas, que estaba concebido
para formar jóvenes destinados a desempeñarse como funcionarios en Gran Bretaña
y el imperio británico. En este sistema no había espacio para la investigación:
se consideraba que la física era una rama de las matemáticas y lo que se les
enseñaba a los estudiantes era cómo resolver problemas, de manera que pudieran
luego convertirse en clérigos, abogados, maestros de escuela o funcionarios
(esto es, no para ser físicos).3540 Sin embargo, durante la década de 1870,
cuando la competencia económica a cuatro bandas que mantenían Alemania,
Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña se intensificó —debido principalmente a
la unificación alemana y a los progresos realizados por los estadounidenses
tras la guerra civil—, las universidades se ampliaron y, tras iniciarse la
construcción de un laboratorio de física experimental en Berlín, Cambridge
sufrió una reorganización. William Cavendish, el séptimo duque de Devonshire,
un terrateniente y un industrial, cuyo antepasado Henry Cavendish había sido
una temprana autoridad en teoría de la gravitación, accedió a financiar un
laboratorio si la universidad prometía fundar una cátedra de física
experimental. Cuando el laboratorio abrió, el duque recibió una carta
3540
Mason, ed., Cambridge Minds, p. 162.
1950 Preparado por Patricio Barros
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en
la que se le informaba (en un elegante latín) que el laboratorio llevaría su
nombre.3541
El
nuevo laboratorio sólo logró despegar tras unas cuantas salidas en falso. Tras
intentar conseguir sin éxito atraer primero a William Thomson, más tarde lord
Kelvin (quien, entre otras cosas, concibió la idea del cero absoluto y
contribuyó a la segunda ley de la termodinámica), y después a Hermann von
Helmholtz, de Alemania (entre cuyas decenas de ideas y descubrimientos destaca
una noción pionera del cuanto), finalmente se ofreció la dirección del centro a
James Clerk Maxwell, un escocés que se había graduado en Cambridge. Éste fue un
hecho fortuito, pero Maxwell terminaría convirtiéndose en lo que por lo general
se considera «el físico más grande entre Newton y Einstein».3542 Su principal
aportación fue, por encima de todo, haber proporcionado las ecuaciones
matemáticas que permitieron entender de forma cabal la electricidad y el
magnetismo. Éstas explicaban la naturaleza de la luz, pero también condujeron
al físico alemán Heinrich Hertz a identificar en 1887, en Karlsruhe, las ondas
electromagnéticas que hoy conocemos como ondas de radio.
Maxwell
también creó un programa de investigación en Cavendish con el propósito de
idear un estándar preciso de medición eléctrica, en particular la unidad de
resistencia eléctrica, el ohmio. Ésta era una cuestión de importancia
internacional debido a la enorme expansión que había experimentado la
telegrafía en las décadas de
3541
Crowther, Cavendish Laboratory, p. 48.
3542
Steven Weinberg, The Discovery of Subatomic Particles, W. H. Freeman, Nueva
York, 1983/1990, p. 7.
1951 Preparado por Patricio Barros
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1850
y 1860, y la iniciativa de Maxwell no sólo puso a Gran Bretaña a la vanguardia
de este campo, sino que también consolidó la reputación de Cavendish como un
centro en el que se trataban problemas prácticos y se ideaban nuevos
instrumentos. A este hecho es posible atribuir parte del crucial papel que el
laboratorio iba a desempeñar en la edad dorada de la física, entre 1897 y 1933.
Los científicos de Cavendish, se decía, tenían «sus cerebros en la punta de sus
dedos».3543
Maxwell
murió en 1879 y le sucedió lord Rayleigh, quien continuó su labor, pero después
de cinco años se retiró a vivir en sus propiedades en Essex. La dirección pasó
entonces, de forma de algún modo inesperada, a un joven de veintiocho años,
Joseph John Thomson, que a pesar de su juventud ya se había labrado una
reputación en Cambridge como físico-matemático. Conocido universalmente como
«J. J»., puede decirse que Thomson fue quien dio comienzo a la segunda
revolución científica que creó el mundo que conocemos. Como se recordará, la
primera revolución científica, de la que nos ocupamos en el capítulo 23, tuvo
lugar, aproximadamente, entre los descubrimientos astronómicos de Copérnico,
divulgados en 1543, y los de Isaac Newton, centrados alrededor de la idea de
gravedad y publicados en 1687 en los Principia Mathematica. La segunda
revolución giraría alrededor de los nuevos hallazgos en la física, la biología
y la psicología.
Pero
fue la física la que abrió el camino. La disciplina se encontraba desde hacía
algún tiempo en un estado de permanente cambio,
3543
Mason, ed., Cambridge Minds, p. 161.
1952 Preparado por Patricio Barros
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debido
principalmente a las discrepancias en la forma de entender el átomo. Como hemos
visto, la idea de átomo —una sustancia elemental, invisible e indivisible— se
remontaba a la Grecia antigua. Esta concepción se desarrolló en el siglo XVII,
cuando Newton propuso concebir los átomos como minúsculas bolas de billar
«duras e impenetrables». En las primeras décadas del siglo XIX, químicos como
John Dalton se habían visto forzados a aceptar la teoría de los átomos como las
unidades mínimas de los elementos, con miras a explicar lo que ocurría en las
reacciones químicas (por ejemplo, el hecho de que dos líquidos incoloros
produjeran, al mezclarse, un precipitado blanco). De forma similar, fueron
estas propiedades químicas y el hecho de que variaran de forma sistemática,
combinada con sus pesos atómicos, lo que sugirió al ruso Dimitri Mendeleyev la
organización de la tabla periódica de los elementos, que concibió jugando, con
«paciencia química», con sesenta y tres cartas en su finca de Tver, a unos
trescientos kilómetros de Moscú. Pero además, la tabla periódica, a la que se
ha llamado «el alfabeto del lenguaje del universo», insinuaba que existían
todavía elementos por descubrir. La tabla de Mendeleyev encajaba a la
perfección con los hallazgos de la física de partículas, con lo que vinculaba
física y química de forma racional: era el primer paso hacia la unificación de
las ciencias que caracterizaría el siglo XX.
En
Cavendish, en 1873, Maxwell refinaría la idea de átomo de Newton al introducir
la idea de campo electromagnético en su mundo de bolas de billar en miniatura.
Este campo, sostuvo, «impregnaba el vacío» y la energía eléctrica y magnética
se «propagaba a través de él» a la
1953 Preparado por Patricio Barros
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velocidad
de la luz.3544 A pesar de ese avance, Maxwell aún pensaba que los átomos eran
sólidos y duros y que, básicamente, obedecían a las leyes de la mecánica.
El
problema era que los átomos, si existían, eran demasiado pequeños para ser
observados con la tecnología entonces disponible. Esa situación empezaría a
cambiar con Max Planck, el físico alemán. Como parte de su investigación de
doctorado, Planck había estudiado los conductores de calor y la segunda ley de
la termodinámica. La ley había sido establecida originalmente por Rudolf
Clausius, un físico alemán nacido en Polonia, aunque lord Kelvin también había
hecho algún aporte. Clausius había presentado su ley por primera vez en 1850, y
ésta estipulaba algo que cualquiera podía observar, a saber, que cuando se
realizaba un trabajo la energía se disipaba convertida en calor y que ese calor
no puede reorganizarse en una forma útil. Esta idea, que por lo demás parecería
una anotación de sentido común, tenía consecuencias importantísimas. Dado que
el calor (energía) no podía recuperarse, reorganizarse y reutilizarse, el
universo estaba dirigiéndose gradualmente hacia un desorden completo: una casa
que se desmorona nunca se reconstruye a sí misma, una botella rota nunca se
recompone por decisión propia. La palabra que Clausius empleó para designar
este desorden irreversible y creciente fue «entropía»: su conclusión era que,
llegado el momento, el universo moriría. En su doctorado, Planck advirtió la
relevancia de
3544
Paul Strathern, Mendeleyev’s Dream: The Quest for the Elements, Hamish
Hamilton, Londres,
2000,
pp. 3 y 286. [Hay traducción castellana: El sueño de Mendeléiev, de la alquimia
a la química, Siglo XXI, Madrid, 2000]. Véase también: Richard Rhodes, The
Making of the Atomic Bomb, Simon & Schuster, Nueva York, 1986, p. 30.
1954 Preparado por Patricio Barros
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esta
idea. La segunda ley de la termodinámica evidenciaba que el tiempo era en
verdad una parte fundamental del universo, de la física. Empezamos este libro,
en el prólogo, con el descubrimiento del tiempo profundo, y Planck nos permite
ahora cerrar el círculo. Sea lo que sea, el tiempo es un componente básico del
mundo que nos rodea y se relaciona con la materia de formas que todavía no
entendemos cabalmente. La noción de tiempo implicaba que el universo sólo
funcionaba en un sentido, y que, por tanto, la imagen que de él nos ofrecían
las bolas de billar de la mecánica newtoniana era errónea o, en el mejor de los
casos, incompleta, pues permitía que el universo funcionara de igual forma en
cualquier dirección, para delante o para atrás.3545
Pero
si los átomos no eran bolas de billar, ¿qué eran entonces?
La
nueva física surgió de forma gradual a partir de un problema viejo y un
instrumento nuevo. El problema viejo era la electricidad: ¿qué era
exactamente?3546 Benjamin Franklin había estado muy cerca de la solución cuando
relacionó la electricidad con un «fluido sutil», pero era difícil ir más lejos
debido a que la principal forma natural del fenómeno, el rayo, no era algo
precisamente fácil de llevar al laboratorio. Un nuevo avance tuvo lugar cuando
se advirtió que en los vacíos parciales de los barómetros en ocasiones se
producían destellos de «luz». Esto condujo a la invención de un nuevo
instrumento que luego se revelaría de suma importancia: recipientes
3545
Ibid., p. 31.
3546
Se la llamó electricidad por la palabra griega ηλεκτρον, elektron, que
significa ámbar. En la Grecia antigua se había observado por primera vez que el
ámbar, al ser frotado, atraía hacía sí toda clase de pequeñas partículas.
1955 Preparado por Patricio Barros
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de
vidrio con electrodos de metal en ambos extremos. A estos recipientes se les
sacaba el aire, lo que creaba un vacío, antes de introducir gases en ellos y
pasar una corriente eléctrica a través de los electrodos (un poco como un rayo)
para ver qué ocurría, cuál era el efecto sobre los gases. En el desarrollo de
estos experimentos, se descubrió que si se hacía pasar una corriente eléctrica
en el vacío se producía un extraño resplandor. La naturaleza exacta de ese
resplandor fue algo que no se comprendió de inmediato, sin embargo, dado que
los rayos emanaban del cátodo y eran absorbidos por el ánodo, Eugen Goldstein
los denominó Cathodenstrahlen, rayos catódicos. Con todo, no fue hasta la
década de 1890 que los experimentos derivados del uso de tubos de rayos
catódicos consiguieron aclarar por fin el enigma y poner a la física moderna en
la senda del triunfo.
En
primer lugar, en noviembre de 1895, en Würzburgo, Wilhelm Röntgen, advirtió que
cuando los rayos catódicos golpeaban la pared de vidrio del tubo, se emitían
rayos muy penetrantes, que denominó rayos X (porque la x, para un matemático,
significaba lo desconocido). Los rayos X hacían que varios metales produjeran
luz fluorescente y, lo que resultaba aún más asombroso, Röntgen advirtió que
pasaban a través de los tejidos blandos de su mano y permitían ver los huesos
dentro de ella. Un año después, Henri Becquerel, intrigado por el fenómeno de
la fluorescencia observado por Röntgen, decidió establecer si elementos que por
naturaleza eran fluorescentes producían el mismo efecto. En un experimento
famoso, aunque accidental, Becquerel puso un poco de sal de uranio sobre
algunas
1956 Preparado por Patricio Barros
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placas
fotoeléctricas, que encerró en un cajón, donde era imposible que les diera la
luz. Cuatro días más tarde, encontró imágenes en las placas, imágenes
producidas por lo que, hoy sabemos, era una sustancia radioactiva. El
científico francés había descubierto que la «fluorescencia» era una
manifestación natural de la radioactividad.3547
Con
todo, fue Thomson quien, en 1897, realizó el descubrimiento que vino a coronar
estos avances y a convertir a la física moderna en una de las aventuras
intelectuales más fascinantes e importantes del mundo contemporáneo. Su
hallazgo fue el primer gran éxito del Laboratorio Cavendish. En una serie de
experimentos J. J. bombeaba gases diferentes en los tubos de vidrio, hacía
pasar a través de ellos una corriente eléctrica, y luego los rodeaba bien fuera
con campos eléctricos o con imanes. Como resultado de su manipulación
sistemática de las condiciones experimentales, Thomson consiguió demostrar de
manera convincente que los «rayos» catódicos eran en realidad partículas
infinitesimalmente pequeñas que saltaban del cátodo y que el ánodo absorbía.
Thomson luego mostró que la trayectoria de las partículas podía alterarse
mediante un campo eléctrico y que un campo magnético las hacía describir una
curva.3548 Y lo que era todavía más significativo, descubrió que esas
partículas eran más ligeras que los átomos de hidrógeno, la unidad de materia
más pequeña conocida hasta entonces, y que ocurría exactamente lo mismo con
cualquier gas a través del cual se hiciera pasar la
3547
3548
Ibid.,
pp. 41-42.
Ibid.,
pp. 38-40.
1957 Preparado por Patricio Barros
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descarga.
Era claro que Thomson había identificado una partícula fundamental, de hecho,
había conseguido la primera demostración experimental de la teoría de las
partículas elementales de la materia. Los «corpúsculos», como Thomson denominó
inicialmente a estas partículas, eran lo que hoy conocemos como electrones. Su
descubrimiento (y el estudio sistemático de sus propiedades emprendido por
Thomson) condujo de forma directa al trascendental avance realizado una década
después por Ernest Rutherford, quien concibió al átomo como una especie de
«sistema solar» en miniatura, con los electrones diminutos orbitando un núcleo
masivo como los planetas alrededor del sol. Rutherford demostró
experimentalmente lo que Einstein había descubierto en su cabeza y revelado en
su famosa ecuación, E = mc2 (1905), esto es que la materia y la energía eran
esencialmente lo mismo.3549 Las consecuencias de estos avances y experimentos
(entre los que se encuentran el desarrollo de las armas termonucleares y el
estancamiento político de la Guerra Fría) superan el marco temporal del
presente libro.3550 No obstante, el trabajo de Thomson también es importante
por otro motivo que sí atañe a nuestra exposición.
Thomson
logró realizar estos avances gracias a la experimentación sistemática. Al
comienzo de este libro, en la Introducción, afirmé que en mi opinión las tres
ideas más influyentes de la historia eran el alma, la idea de Europa y el
experimento. Ha llegado el momento de
3549
Ibid., pp. 50-51 y 83-85.
3550
Me ocupo con más detenimiento de estos sucesos en mi libro Historia intelectual
del siglo XX.
1958 Preparado por Patricio Barros
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justificar
esta elección. La forma más convincente de hacerlo es, me parece, examinar
estas ideas en orden inverso.
El
hecho de que, en la actualidad, y desde hace un lapso de tiempo considerable,
los países que conforman lo que denominamos Occidente (por tradición Europa
occidental y Norteamérica, en particular, pero la expresión también abarca
lugares distantes como Australia) son las sociedades más exitosas y prósperas
del planeta resulta indudable, tanto en términos de las ventajas materiales al
alcance de sus ciudadanos como de las libertades políticas y morales de las que
disfrutan. (Esta situación está cambiando en nuestros días, pero ello no
invalida aún esta descripción). Esas ventajas están estrechamente vinculadas,
en el sentido de que muchos progresos materiales —piénsese en las innovaciones
en los ámbitos de la medicina, los medios de comunicación, el transporte y la
industria— traen consigo libertades sociales y políticas y contribuyen así a un
proceso de democratización general. Ahora bien, casi sin excepción, estas
ventajas son fruto de innovaciones científicas basadas en la observación, la
experimentación y la deducción. En este contexto, la experimentación es
esencial porque constituye una forma independiente y racional (y por tanto
democrática) de autoridad. Sobre esta autoridad del experimento descansa
precisamente el mundo moderno: la autoridad del método científico, que se
revela y refuerza en una miríada de tecnologías que podemos compartir todos los
seres humanos y que es independiente del estatus individual de los
investigadores y de su cercanía a Dios o al rey. La naturaleza acumulativa del
conocimiento científico lo convierte además en la
1959 Preparado por Patricio Barros
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forma
menos frágil de conocimiento. Esto es lo que hace del experimento una idea tan
importante. El método científico, aparte de otras abstracciones, es
probablemente la forma más pura de democracia que existe.
Esto
plantea de inmediato una pregunta: ¿por qué el experimento surgió primero y de
forma más productiva en Occidente? La respuesta a este interrogante demuestra
la importancia de la idea de Europa, el conjunto de cambios que tuvieron lugar,
en términos aproximados, entre 1050 y 1250. De este proceso nos ocupamos ya en
el capítulo 15, pero me gustaría repasar aquí los aspectos más relevantes.
Anotamos allí que Europa tuvo la enorme suerte de no verse devastada por la
peste en igual medida que Asia; que fue el primer continente que se «llenó», lo
que, en vista de lo limitado de los recursos, convirtió la idea de eficacia en
un importante valor; que esto propició el surgimiento de la individualidad,
algo que también debe mucho al desarrollo de la religión cristiana, que creó
una cultura unificada y contribuyó al nacimiento de las universidades como
centros en los que el pensamiento independiente pudo florecer y en los que se
concibieron las ideas de lo secular y del experimento. Uno de los momentos más
dolorosos de la historia de las ideas ocurrió a mediados del siglo XI. En 1065
o 1067 se funda en el Nizamiyah, un seminario teológico cuya creación marca el
fin de una era de gran apertura intelectual en el mundo árabe y musulmán, que
había florecido durante dos o tres centenares de años. Apenas dos décadas
después, en 1087, Irnerio empieza a enseñar derecho en Bolonia, dando comienzo
al gran movimiento intelectual europeo. Mientras
1960 Preparado por Patricio Barros
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una
cultura entraba en decadencia, la otra empezaba a hallar su camino. La creación
de Europa fue uno de los mayores y más trascendentales giros de la historia de
las ideas.
Algunos
lectores encontrarán extraño el que la noción de «alma» sea considerada entre
las candidatas a las tres ideas más influyentes de la historia. La idea de
Dios, es seguro, parecerá a muchos más poderosa y universal y, en cualquier
caso, habrá quien se pregunte si ambas ideas no se sobreponen. Y así es, la
idea de Dios ha sido una idea poderosísima a lo largo de la historia, y
continúa siéndolo en gran parte del planeta. Al mismo tiempo, sin embargo, hay
dos buenas razones para pensar que el alma ha sido —y sigue siendo— una idea
más influyente y fecunda que la idea misma de la divinidad. Una razón es que,
con la invención de la otra vida (una idea que no todas las religiones
comparten, pero sin la cual una entidad como el alma tendría mucho menos sentido),
se abrió el camino para que las religiones organizadas controlaran mejor las
mentes de los hombres. Durante la antigüedad tardía y la Edad Media, la
tecnología del alma, su relación con la otra vida, con la divinidad y, en
especial, con el clero, permitió a las autoridades religiosas ejercer un poder
extraordinario. A pesar de que la idea de alma enriqueció inmensamente las
mentes de los seres humanos a lo largo de los siglos, también es cierto que
durante ese mismo tiempo mantuvo a raya el pensamiento y la libertad, lo que
sólo contribuyó a obstaculizar y retrasar el progreso y a mantener al pueblo
(en su mayor parte) ignorante sometido al clero educado. Piénsese en la
seguridad con que el fraile Tetzel afirmaba que era posible comprar
1961 Preparado por Patricio Barros
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indulgencias
para las almas del purgatorio, y que éstas saldrían volando al cielo tan pronto
como las monedas golpearan el plato. Los abusos a los que se prestaba lo que
hemos llamado «tecnologías del alma» fueron uno de los principales factores que
condujeron a la Reforma, la cual, a pesar de lo ocurrido con Juan Calvino en
Ginebra, fundamentalmente despojó al clero del control de la fe e impulsó la
duda y el descreimiento (como vimos en el capítulo 22). Las diversas
transformaciones del alma (la idea de que estaba contenida en el semen en la
Grecia de Aristóteles, el alma tripartita del Timeo platónico, la concepción
medieval y renacentista del Homo duplex, la idea del alma como mujer, o como
ave, el diálogo entre el alma y el cuerpo de Marvell, «las mónadas» de Leibniz)
pueden resultar hoy bastante pintorescas, pero en su época fueron cuestiones
muy serias, y constituyeron importantes etapas en la ruta hacia la idea moderna
del yo. La transformación que tuvo lugar en el siglo XVII —de los humores, a la
panza y los intestinos y, por fin, al cerebro como lugar del yo esencial—, así
como la idea de Hobbes de que no existía nada semejante al «espíritu» o el
alma, o la redefinición del alma como noción filosófica (en lugar de religiosa)
propuesta por Descartes, también fueron pasos significativos.3551 La transición
del mundo del alma (incluida la otra vida) al mundo del experimento (el aquí y
ahora), que ocurrió por primera vez y de forma más profunda en Europa, es la
que mejor describe la diferencia entre el mundo antiguo
3551
Roy Porter, Flesh in the Age of Reason, Allen Lane, The Penguin Press, Londres,
2003, pp. 69 y ss.
1962 Preparado por Patricio Barros
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y el
mundo moderno, y sigue siendo el cambio intelectual más importante de la
historia.
No
obstante, hay una razón adicional —y bastante diferente— por la que la idea del
alma, en Occidente al menos, es fundamental, y acaso más importante y fértil
que la idea de Dios. Para expresarlo sin rodeos, la cuestión es que la idea de
alma ha sobrevivido a la idea de Dios. E incluso podríamos decir que ha
evolucionado más allá de Dios y más allá de la religión, dado que incluso
quienes no tienen fe —y acaso especialmente quienes no la tienen— se preocupan
por su vida interior.
Podemos
apreciar el poder imperecedero del alma, y al mismo tiempo su naturaleza
cambiante, en varias coyunturas críticas de la historia. La idea ha revelado su
poder a través de un patrón particular que se ha repetido con mucha frecuencia,
aunque cada vez de manera algo diferente. Esto podría describirse como una
tendencia a la «introspección» por parte de la humanidad, un esfuerzo continuo
y recurrente por buscar la verdad en las «profundidades» del ser, lo que Dror
Wahrman denomina nuestro «complejo de interioridad». La primera vez que
(sabemos que) esta tendencia se manifestó tuvo lugar en la llamada Era Axial
(véase el capítulo 5), en términos muy aproximados, entre los siglos VII y IV
a. C. En esa época, más o menos de manera simultánea, ocurrió algo similar en
Palestina, la India, China, Grecia y muy posiblemente también en Persia. En
cada uno de estos casos, la religión establecida se había vuelto en extremo
ritualista y exhibicionista. En particular, en todas partes habían surgido
sacerdotes que se habían adjudicado una posición de altísimo
1963 Preparado por Patricio Barros
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privilegio:
el clero se había convertido en una casta hereditaria que controlaba el acceso
a Dios o a los dioses, y que se beneficiaba de su elevado estatus tanto en
términos materiales como espirituales. Sin embargo, en todas las culturas antes
mencionadas surgieron profetas (en Israel) u hombres sabios (Buda y los autores
de los Upanishads en la India, Confucio en China) que denunciaron al clero y
abogaron por la introspección, al sostener que la ruta hacia la auténtica
santidad implicaba algún tipo de abnegación y de estudio íntimo. Platón es
famoso por haber considerado que la mente era superior a la materia.3552
Estos
hombres mostraron el camino a través de su ejemplo personal, y su mensaje es
muy similar al que luego predicaron Jesús y, más tarde, san Agustín. Jesús, por
ejemplo, hacía hincapié en la misericordia divina e insistía más en la
convicción interior del creyente, que en la observancia exterior del ritual
(capítulo 7). San Agustín (354–430 d. C.), por su parte, se interesó en
especial por el libre albedrío; sostuvo que los seres humanos tenían dentro de
sí la capacidad de evaluar la moralidad de las acciones y de las personas, lo
que les permitía ejercer su juicio, decidir sus prioridades. Según pensaba,
mirar en nuestro interior y elegir a Dios era conocer a Dios (capítulo 10). En
el siglo XII, como vimos en el capítulo 16, volvió a producirse otro gran giro
hacia el interior en la Iglesia católica romana. Se manifestó entonces una
creciente conciencia de que lo que Dios quería era el arrepentimiento interno
del pecador, no muestras externas de ese arrepentimiento. Fue entonces cuando
el
3552
Ibid., p. 30. Wahrman, Making of the Modern Self, pp. 182-184.
1964 Preparado por Patricio Barros
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cuarto
concilio de Letrán convirtió en obligatorio el que los fieles se confesaran
regularmente. La peste negra en el siglo XIV produjo un efecto similar. El
enorme número de muertos hizo que la gente se volviera pesimista y se refugiara
en formas más privadas de la fe (tras la peste, se construyeron un gran número
de capillas privadas y se crearon muchas organizaciones benéficas, y el
misticismo aumentó). El auge de la autobiografía en el Renacimiento, lo que
Jacob Burckhardt llamó «la abundancia de retratos del alma más íntima», fue
otro movimiento de introspección. En Florencia, a finales del siglo XV, fray
Girolamo Savonarola, convencido de que Dios le había enviado «para ayudar a la
reforma interior del pueblo italiano», impulsó la regeneración de la Iglesia en
una serie de jeremiadas, en las que advertía de los terribles males que se
desencadenarían si no se producía una reforma íntima inmediata y total. Y por
supuesto no otro fue el motor de la Reforma protestante del siglo XVI (capítulo
22), quizá el giro al interior más grande de todos los tiempos. En respuesta a
la declaración del papa de que lo fieles podían comprar el alivio de las almas
de aquellos parientes que «sufrían en el purgatorio», Martín Lutero estalló
definitivamente y defendió la idea de que los hombres no necesitaban la
intervención del clero para recibir la gracia de Dios, y aseguró que la pompa
de la Iglesia católica y su teórica función de «intercesora» entre el hombre y
su creador eran igual de absurdas y no tenían respaldo alguno en las
Escrituras. Lutero invitó a los cristianos a volver a «la auténtica penitencia
interior» y sostuvo que lo único que se necesitaba para la remisión de los
pecados era un sincero arrepentimiento íntimo: lo más importante era la
conciencia
1965 Preparado por Patricio Barros
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del
individuo. En el siglo XVII, encontramos uno de los momentos de introspección
más famosos con Descartes, quien arguyó que el hombre únicamente podía estar
seguro de su propia vida interior y, en particular, de su duda. El romanticismo
de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX fue de igual modo un
movimiento de introspección, una reacción contra la Ilustración. A la creencia
dieciochesca en que la ciencia proporcionaba la mejor forma de entender el
mundo, los románticos opusieron la idea de que el único hecho irreducible de la
experiencia humana era precisamente la experiencia interior. Siguiendo a Vico,
tanto Rousseau (1712–1778) como Kant (1724–1804) sostuvieron que, con miras a
saber qué debemos hacer, lo más importante es que escuchemos a nuestra voz
interior.3553 Los románticos desarrollaron esta idea para decir que todo lo que
es valioso en la vida humana, y la moral en primer lugar, proviene del
interior. El auge de la novela y de las demás artes reflejó esta opinión.
Los
románticos, en particular, constituyen un claro ejemplo de la evolución de la
idea de alma. Como ha señalado J. W. Burrow, la esencia del romanticismo (y
acaso, podríamos decir, de todos los demás episodios de «introspección» de la
historia) es la noción de Homo duplex, de un «segundo yo», un yo diferente, con
bastante frecuencia mejor o más elevado que el yo convencional, que cada quien
se esfuerza por descubrir o liberar. Arnold Hauser lo explica de
3553
Bradbury y McFarlane, eds., Modernism, p. 86; y Arnold Hauser, A Social History
of Art, vol. IV, p. 224. En Augustine’s Invention of the Inner Self, Cambridge
University Press, Cambridge (Inglaterra), 2003, Phillip Cary sostiene que
Agustín inventó el concepto de yo como un espacio interior íntimo y que al
hacerlo inauguró la tradición introspectiva occidental.
1966 Preparado por Patricio Barros
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otra
manera: «Vivimos en dos niveles, dos esferas diferentes… estas regiones del ser
se compenetran entre sí de forma tan completa que es imposible subordinar la
una a la otra u oponerlas como si fueran antitéticas. El dualismo del ser no
era, es evidente, una noción nueva, y la idea de la coincidentia oppositorum
nos resulta bastante familiar… pero la cuestión es que la duplicidad de la
existencia y su doble significado… nunca se habían experimentado con tanta
intensidad como ahora [esto es, en tiempos de los románticos]».3554 El
romanticismo, y su idea de un «segundo yo» es, como hemos anotado, uno de los
factores que Henri Ellenberger incluye en El descubrimiento del inconsciente,
su amplísima obra sobre los orígenes de la psicología profunda y las ideas que
conducirían a las teorías de Sigmund Freud, Alfred Adler y Carl Jung. Como
vimos en el capítulo final, el inconsciente, la última gran «introspección» de
nuestra historia, fue un intento de crear una ciencia que diera cuenta de
nuestra vida interior. Sin embargo, el hecho de que fuera un intento fallido es
mucho más importante y tiene implicaciones más amplias que la simple
incompetencia del psicoanálisis como tratamiento, como veremos a continuación.
El
romanticismo, la voluntad, la Bildung, el concepto weberiano de vocación, el
Volkgeist, el descubrimiento del inconsciente, el Innerlichkeit… el tema de la
vida interior, del segundo yo o, como pensaba Kant, del yo superior, domina el
pensamiento del siglo XIX con la misma fuerza, sino más, que ha dominado otros
períodos de la historia. Algunos autores han señalado que el interés por lo
3554
Burrow, Crisis of Reason, pp. 137-138.
1967 Preparado por Patricio Barros
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irracional,
predominante en una tradición del pensamiento alemán, constituye el «transfondo
profundo» de los horrores del nazismo en el siglo XX (cuando la creación del
superhombre, un individuo capaz de vencer sus limitaciones a través del
ejercicio de la voluntad, se convierte en la principal meta de la historia
humana). Aunque ésta no es en absoluto una cuestión trivial, no es nuestra
principal preocupación aquí. En lugar de ello, nos interesa entender qué nos
permite concluir sobre la historia de las ideas esta obsesión por la vida
interior. Por un lado, es evidente que confirma el patrón expuesto en la página
anterior cuando repasábamos los repetidos esfuerzos del hombre por mirar dentro
de sí en búsqueda de… Dios, realización personal, catarsis, sus «verdaderos»
motivos, su «verdadero» yo.
Alfred
North Whitehead anotó en una ocasión que la historia del pensamiento occidental
no era más que una serie de notas a pie de página a Platón. Al final de este
largo recorrido, podemos concluir que, independientemente de si Whitehead
pretendía ser retórico o irónico, su célebre comentario era acertado sólo a
medias, en el mejor de los casos. En el ámbito de las ideas, la historia humana
se compone de dos corrientes principales (soy consciente de que estoy
simplificando en extremo, pero, se entenderá, ésta es la Conclusión). Por un
lado, está la historia del «ahí fuera», del mundo exterior al hombre, el mundo
aristotélico de la observación, la exploración, el viaje, el descubrimiento, la
medición, el experimento y la manipulación del entorno, en resumen, el mundo
materialista de lo que hoy denominamos ciencia. Aunque esta aventura
difícilmente dibuja una línea recta, y los avances en ocasiones han llegado
poco a
1968 Preparado por Patricio Barros
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poco
e, incluso, se han detenido u obstaculizado durante siglos (principalmente
debido a religiones fundamentalistas), en términos generales debe
considerársela un triunfo. Pocos pondrán en duda que el progreso material del
mundo, o al menos buena parte de él, es algo apreciable por todos. Este
progreso continuó, de forma acelerada, a lo largo del siglo XX.
La
otra gran corriente de la historia de las ideas ha sido la exploración de la
vida interior del hombre, su alma o su segundo yo, lo que podríamos denominar
(con Whitehead) inquietudes platónicas, en oposición a las aristotélicas. Esta
corriente podría a su vez dividirse en dos. En primer lugar, tenemos la
historia de la vida moral, social y política del hombre, el desarrollo de
formas de vida en común, una aventura que debe ser calificada como un triunfo
con reservas, en el sentido de que el resultado, en términos generales, es
positivo. Tanto la transición de las monarquías autocráticas, fueran temporales
o papales, a la democracia (pasando por el feudalismo), como el cambio de un
contexto teocrático por uno secular, han redundado sin duda en que un enorme
número de personas gocen hoy de mayores libertades y mayores posibilidades de
realización que en el pasado (en términos generales, por supuesto. Siempre hay
excepciones). A lo largo del libro, hemos descrito las varias etapas que ha
atravesado este proceso. Aunque los sistemas políticos y jurídicos que hoy
existen sean diferentes en todo el mundo, la cuestión es que todos los pueblos
tienen un sistema legal y jurídico, y poseen conceptos de justicia que van
mucho más allá de lo que por simplicidad llamamos la ley de la selva. Una
institución como la de exámenes de ingreso,
1969 Preparado por Patricio Barros
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por
ejemplo, supone una extensión del concepto de justicia a la educación, mucho
más allá del ámbito puramente jurídico o criminal. La preocupación por la
justicia, como vimos en el capítulo 32, incluso llegó a impulsar el desarrollo
de la estadística, como rama de las matemáticas. Aunque los logros de las
ciencias sociales en tanto disciplinas hayan sido limitados en comparación con
los de la física, la astronomía, la química o la medicina, su evolución ha
estado animada por un interés de mejorar y hacer más justo el mundo de la
política, por naturaleza partidista y sesgado. Todo ello puede ser considerado
un triunfo (con reservas, probablemente).
Nuestro
último hilo conductor, el esfuerzo del hombre por entenderse a sí mismo, su
vida interior, se ha revelado el más decepcionante de todos. Algunos, quizá la
mayoría, se opondrán a esta conclusión argumentando que la mejor parte de la
historia del arte y la creación es la historia de la vida interior del hombre.
Ahora bien, aunque esto es indudablemente cierto desde un punto de vista,
también es verdad que las artes no explican el yo. Con bastante frecuencia, lo
que intentan es describir el yo o, para ser más precisos, una miríada de yos en
una miríada de circunstancias diferentes. Sin embargo, la popularidad actual
del freudismo y demás psicologías «profundas» preocupadas por el «yo interior»
y la autoestima (por más desencaminadas que estén) confirma, en mi opinión,
este diagnóstico. Si realmente las artes hubieran tenido éxito en este ámbito,
¿qué necesidad habría de estas psicologías, de estos nuevos modos de
introspección?
1970 Preparado por Patricio Barros
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Resulta
extraordinario concluir que, a pesar del gran desarrollo de la individualidad,
del vastísimo corpus artístico, del auge de la novela y de las muchas formas
que hombres y mujeres han concebido para expresarse, el estudio del hombre
mismo es el mayor fracaso intelectual de la historia, su área de investigación
menos fructífera. Sin embargo, es indudable que es así, y esto es algo que
subrayan esos constantes «giros al interior» que se repiten a lo largo de los
siglos. Estos movimientos de introspección no se suman uno al otro y se
desarrollan de forma acumulativa como ocurre en la ciencia, sino que se
reemplazan a medida que una nueva versión sustituye a la anterior, que se ha
agotado o se ha revelado inútil. Platón nos ha inducido al error, y Whitehead
estaba equivocado: el gran triunfo de la historia de las ideas ha sido
principalmente realizar el legado de Aristóteles, no el de Platón. Esto es algo
que confirman en especial los últimos hallazgos de la historiografía, que
subrayan el hecho de que los inicios de la era moderna (como ahora se conoce a
este período) hayan reemplazado al Renacimiento como la transición más
significativa de la historia. Como R. W. S. Southern ha sostenido, el período
comprendido entre 1050 y 1250, el redescubrimiento de Aristóteles, fue la
transformación más grande y más importante de la historia humana y es ella, no
el Renacimiento (platónico) de dos siglos después, la que conduce a la
modernidad.
Durante
muchos años, centenares de años, el hombre no albergaba dudas acerca de la
existencia del alma e, independientemente de que ésta fuera o no una sustancia
identificable en el interior del cuerpo, estaba convencido de que representaba
su esencia y que esta esencia
1971 Preparado por Patricio Barros
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era
inmortal, indestructible. Las ideas acerca del alma cambiaron en los siglos XVI
y XVII, a medida que la fe en Dios empezaba a perder terreno, y surgieron
nuevos conceptos. Desde Hobbes y Vico, las referencias al yo y la mente
empiezan a reemplazar a las referencias al alma, y esta concepción triunfó en
el siglo XIX, especialmente en Alemania, con el desarrollo del romanticismo, de
las ciencias humanas o sociales, del Innerlichkeit y el inconsciente. El
surgimiento de la sociedad de masas, de nuevas y gigantescas metrópolis,
también constituyó un destacado factor en este proceso, pues condujo a un
sentimiento de pérdida del yo.3555
En
este contexto, la aparición de Freud resulta un asunto curioso. Al haber estado
precedidas por Schopenhauer, von Hartmann, Charcot, Janet, el dipsiquismo de
Max Dessoir, los Urphänomene de von Schubert o El derecho materno de Bachofen,
las ideas de Freud no parecen tan asombrosamente originales como en ocasiones
se las presenta. Con todo, tras un comienzo titubeante, sus propuestas fueron
haciéndose cada vez más influyentes, hasta convertir al padre del psicoanálisis
en lo que, a mediados de la década de 1990, Paul Robinson describió como «la
figura intelectual dominante de nuestro siglo».3556 Una razón para ello era
que, siendo médico, Freud pensaba en sí mismo como un biólogo, un científico en
la tradición de Copérnico y Darwin. El inconsciente freudiano era, por tanto,
un intento complejo de tratar de forma científica el yo. En este sentido,
prometía una gran convergencia de las dos principales corrientes de
3555
Ibid., p. 153.
3556
Robinson, «Symbols at an Exhibition», p. 12.
1972 Preparado por Patricio Barros
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la
historia de las ideas, lo que podríamos denominar una comprensión aristotélica
de las preocupaciones platónicas. De haber funcionado, el inconsciente habría
sido el mayor logro intelectual de la historia, la mayor síntesis de la
historia de las ideas.
En
la actualidad, muchas personas siguen convencidas de que los esfuerzos de Freud
lograron su cometido, lo que explica en parte por qué razón el ámbito de la
«psicología profunda» continúa siendo tan popular. Al mismo tiempo, sin
embargo, entre los profesionales de la psiquiatría y en el mundo de la ciencia
en general Freud es por lo común vilipendiado, y sus ideas se rechazan por
considerárselas descabelladas y poco científicas. En 1972, sir Peter Medawar,
premio Nobel de medicina, describió el psicoanálisis como «uno de los hitos más
penosos y extraños de la historia intelectual del siglo XX».35573558 Se han
publicado muchos estudios que ponen en duda que el psicoanálisis tenga alguna
utilidad como tratamiento, y varias de las ideas que Freud vertió en otros de
sus libros (Tótem y tabú o Moisés y el monoteísmo, por ejemplo) han sido
descartadas por completo por estar desencaminadas o basarse en pruebas que ya
no se consideran tales. Las investigaciones más recientes, reseñadas en el
capítulo anterior, que tanto han desacreditado a Freud, subrayan en particular
este punto y lo subrayan de forma enfática.
Pero
si la mayoría de las personas cultas reconoce hoy que el psicoanálisis fracasó,
también debe señalarse que el concepto de
3557
P. B. Medawar, The Hope of Progress, Methuen, Londres, 1972, p. 68.
3558
En cierto sentido, el gen ha asumido algunas de las propiedades del alma en el
mundo contemporáneo. Pienso en el hecho de que se lo concibe como una sustancia
escondida e indestructible, que gobierna nuestra naturaleza prescindiendo de lo
que conscientemente podamos desear. El gen no es el alma, pero para muchas
personas parecen un buen sustituto.
1973 Preparado por Patricio Barros
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conciencia
—que es el término que biólogos y neurólogos emplean actualmente para describir
el sentido del yo— no lo ha hecho mucho mejor. Si, para concluir, saltamos de
finales del siglo XIX a los últimos años del siglo XX, nos topamos con la
«década del cerebro» (el eslogan adoptado por el congreso estadounidense en
1990). Durante ese decenio, se publicaron muchos libros sobre la conciencia,
proliferaron los «estudios de la conciencia» como disciplina académica y se
realizaron tres simposios internacionales sobre la materia. ¿Cuál fue el
resultado? La respuesta depende mucho de con quién hable usted. John Maddox,
exdirector de Nature, que junto a Science, es la revista científica más
destacada del mundo, escribió que: «No hay introspección que permita a una
persona descubrir precisamente qué conjunto de neuronas en qué parte de su
cabeza ejecuta determinado proceso mental. Esa información parece estar fuera
del alcance del usuario». El filósofo británico Colin McGinn, de la Universidad
de Rutgers, en Nueva Jersey, sostiene que por principio la conciencia se
resiste a ser explicada, y que siempre será así.3559 Otros pensadores, como
Thomas Nagel y Hilary Putnam, de la Universidad de Harvard, consideran que en
la actualidad (y quizá para siempre) la ciencia no puede explicar los «qualia»,
la experiencia fenoménica en primera persona a la que llamamos conciencia
(cosas como por qué, en palabras de Simon Blackburn, la materia gris del
cerebro nos proporciona, por ejemplo, la experiencia de lo amarillo). Tras una
serie de polémicos experimentos, Benjamin Libet ha llegado a la
3559
John Maddox, What Remains to Be Discovered, Macmillan, Londres, 1998, p. 306.
[Hay traducción castellana: Lo que queda por descubrir, Barcelona, Debate,
1999].
1974 Preparado por Patricio Barros
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conclusión
de que la conciencia requiere medio segundo para manifestarse («el retraso de
Libet»), aunque si éste es o no un (auténtico) avance aún no está claro. John
Gray, profesor de pensamiento europeo en la London School of Economics, es uno
de los que considera que tales fenómenos son el «problema más difícil» en los
estudios de la conciencia.3560
Por
otro lado, John Searle, profesor Mills de filosofía en la Universidad de
California, en Berkeley, afirma que la conciencia es una «propiedad emergente»
que surge de forma automática cuando se reúne «un conjunto de neuronas», algo
que intenta explicar mediante una analogía: el comportamiento de las moléculas
de H2 O «explica» la liquidez, pero las moléculas individuales no son líquidas,
la liquidez es una propiedad emergente del conjunto.3561 (Tales argumentos nos
recuerdan la filosofía «pragmática» de William James y Charles Peirce, que
examinamos en el capítulo 34, en la que el sentido del yo es consecuencia de la
conducta y no al revés). Roger Penrose, físico de la Universidad de Londres,
cree que es necesario un nuevo tipo de dualismo para afrontar este problema, y
que es posible que dentro del cerebro se aplique todo un conjunto de nuevas
leyes físicas que explicarían la conciencia. Su particular contribución a este
debate ha sido argumentar que fenómenos descritos por la física cuántica tienen
lugar en unas pequeñísimas estructuras, conocidas como
3560
John Cornwell, ed., Consciousness and Human Identity, Oxford University Press,
Oxford y Nueva York, 1998, p. VII. Véase: Simon Blackburn, «The world in your
head», New Scientist (11 de septiembre de 2004), pp. 4245; y Jeffrey Gray,
Consciousness: Creeping Up on the Hard Problem, Oxford University Press,
Oxford, 2004. Benjamin Libet, Mind Time: The Temporal Factor in Consciousness,
Harvard University Press, Cambridge (Massachusetts), 2004.
3561
Véase, por ejemplo: J. R. Searle, The Mystery of Consciousness, Londres,
Granta, 1996, pp.
95 y
ss. [Hay traducción castellana: El misterio de la conciencia, Paidós,
Barcelona, 2000].
1975 Preparado por Patricio Barros
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microtúbulos,
dentro de las células nerviosas del cerebro y que éstos (de un modo aún por
aclarar) son los responsables de la experiencia a la que llamamos
conciencia.3562 De hecho, Penrose sostiene que vivimos en tres mundos: el
físico, el mental y el matemático. «El mundo físico constituye el soporte del
mundo mental, que a su vez es el soporte del mundo matemático, el cual es el
soporte del mundo físico, así, en un círculo».3563 No obstante, incluso los
muchos que encuentran sugestivas sus ideas, no creen que Penrose haya probado
nada. Su especulación es estimulante y original, pero no por ello deja de ser
especulación.
Ahora
bien, en el actual clima intelectual, las concepciones que más interés
despiertan son dos formas de reduccionismo. Para personas como Daniel Dennett,
un filósofo muy interesado por los hallazgos de la biología de la Universidad
de Tufts, cerca de Boston (Massachusetts), la conciencia y la identidad humanas
surgen del relato de nuestras vidas, y esto puede vincularse a estados
cerebrales específicos. Por ejemplo, cada vez hay más pruebas de que la
capacidad para «aplicar predicados intencionales a otra gente es universal en
el ser humano» y que está asociada con un área específica del cerebro (la
corteza orbitofrontal), una capacidad de la que carecen ciertos autistas.
También hay pruebas de que el riego sanguíneo de la corteza orbitofrontal se
incrementa cuando la gente «procesa» verbos intencionales (en oposición a
cuando se ocupa de
3562
Roger Penrose, Shadows of the Mind: A Search for the Missing Science of
Consciousness,
Oxford
University Press, Oxford y Nueva York, 1994. [Hay traducción castellana: Las
sombras de
la
mente: hacia una compresión científica de la conciencia, Crítica, Barcelona,
1996].
3563
Ibid., p. 87.
1976 Preparado por Patricio Barros
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verbos
no intencionales) y que los daños en esta área del cerebro pueden traducirse en
problemas en la capacidad de introspección. Otros experimentos han mostrado que
la actividad en el área del cerebro conocida como la amígdala se relaciona con
la experiencia del miedo, que las decisiones de monos individuales en ciertos
juegos pueden predecirse a partir del patrón de disparo de las neuronas de los
circuitos orbitofrontales-estriatales del cerebro, que neurotransmisores
conocidos como propranolol y serotonina afectan a la toma de decisiones, y que
el putamen ventral dentro del estriato se activa cuando la gente experimenta
placer.3564 Ahora bien, aunque esto resulta muy sugerente, también es cierto
que la microanatomía del cerebro varía de forma bastante considerable de un
individuo a otro, y que la experiencia de un fenómeno particular se representa
en puntos diferentes del cerebro, lo que requiere una integración. Todavía está
por descubrirse el patrón «profundo» que explique cómo se vincula la experiencia
a la actividad cerebral, y aunque éste parece ser el camino más apropiado, todo
indica que todavía estamos lejos de hacerlo.
Un
enfoque relacionado con éste (lo que acaso era de esperarse, dados los demás
desarrollos que han tenido lugar en años recientes) es el estudio del cerebro y
la conciencia desde una perspectiva darwiniana. La pregunta aquí es en qué
sentido la conciencia sería una adaptación. Este acercamiento ha producido dos
perspectivas. La primera sostiene que el cerebro fue «construido de forma
chapucera»
3564
Cornwell, ed., Consciousness and Human Identity, pp. 11-12. Laura Spinney, «Why
we do what we do», New Scientist (31 de julio de 2004), pp. 32-35; Emily
Suiger, «They know what you want», Ibid., p. 36.
1977 Preparado por Patricio Barros
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por
la evolución para realizar un gran número de tareas muy diferentes entre sí.
Desde esta perspectiva, el cerebro se compone esencialmente de tres órganos: un
núcleo reptiliano (la sede de nuestros instintos básicos), una capa
paleomamífera, a la que debemos cosas como el afecto por la descendencia, y un
cerebro neomamífero, en el que tienen lugar el razonamiento, el lenguaje y
otras «funciones superiores».3565 La segunda perspectiva sostiene que a lo
largo de la evolución (y por todo nuestro cuerpo) han surgido propiedades
emergentes: por ejemplo, siempre ha existido una explicación bioquímica
subyacente a los fenómenos médicos o psicológicos (el flujo de sodio y de
potasio a través de una membrana también puede describirse como una «acción
nerviosa potencial»).3566 En este sentido, la conciencia no es nada nuevo en
principio, aunque por el momento, no podamos entenderla plenamente.
Los
estudios sobre la actividad nerviosa en el reino animal también han revelado
que los nervios trabajan «disparando» o no disparando; la intensidad se
representa por la tasa de disparos: cuanto más intensa es la estimulación tanto
más rápido es el encendido y apagado de un nervio en particular. Esto, por
supuesto, es muy similar a la forma en que funcionan los ordenadores al
procesar «bits» de información, que consisten básicamente en configuraciones de
unos y ceros. El surgimiento del procesamiento en paralelo en el ámbito de la
informática ha llevado a Daniel Dennett a considerar que en el cerebro podría
haber tenido lugar un proceso análogo en
3565
Robert Wright, The Moral Animal, Nueva York, Pantheon, 1994, p. 321.
3566
Olaf Sporns, «Biological variability and brain function», en Cornwell, ed.,
Consciousness and Human Identity, pp. 38-53.
1978 Preparado por Patricio Barros
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diferentes
niveles evolutivos, lo que habría originado la conciencia. Pero una vez más:
aunque todo esto es muy sugerente, los investigadores no han ido mucho más allá
de los pasos preliminares. Y por el momento, nadie parece estar en condiciones
de establecer cuál debe ser el siguiente paso.
Por
tanto, a pesar de toda la atención que los investigadores han dedicado al
problema de la conciencia en años recientes, y a pesar de que las ciencias
«duras» seguirán con seguridad siendo el camino para realizar avances en este
campo, el yo continúa siendo tan escurridizo como siempre. La ciencia ha
demostrado ser un completo éxito en lo que respecta al mundo «ahí fuera», pero
hasta el momento no ha conseguido hacer lo mismo en el área que probablemente
más nos interesa a la mayoría de los seres humanos: nosotros mismos. Más allá
de la idea de que el yo es resultado de la actividad cerebral
—de
la acción de los electrones y los elementos, si así lo prefieren—, es difícil
huir de la conclusión de que, después de todos estos años, todavía no sabemos
ni siquiera cómo hablar acerca de la conciencia, acerca del yo.
Así
las cosas, al final del recorrido que hemos realizado a lo largo de este libro,
nos encontramos con una última idea que los científicos tendrán que
desarrollar. Dado el triunfo del enfoque aristotélico tanto en el pasado remoto
como inmediato, ¿no ha llegado quizá el momento de enfrentar la posibilidad, e
incluso la probabilidad, de que la noción platónica de «yo interior» sea
equívoca? Esto es, la posibilidad de que no exista yo interior. Al buscar
«dentro», no hemos encontrado nada —nada estable en cualquier caso, nada
perdurable,
1979 Preparado por Patricio Barros
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nada
sobre lo que podamos establecer un consenso, nada concluyente— porque no hay
nada que encontrar. Los seres humanos somos parte de la naturaleza y, por
tanto, es muy probable que aprendamos más sobre nuestro ser «interior», sobre
nosotros mismos, buscando fuera de nosotros, atendiendo al lugar que tenemos en
ella como animales. En palabras de John Gray: «Un zoológico es una mejor
ventana desde la cual observar el mundo humano que un monasterio».3567 Esto no
pretende ser una paradoja: sin un reajuste de perspectiva semejante, la
incoherencia moderna continuará.
3567
John Gray, Straw Dogs, Granta, Londres, 2002, p. 151. [Hay traducción
castellana: Perros
de
paja: reflexiones sobre los humanos y otros animales, Paidós, Barcelona, 2003].
1980 Preparado por Patricio Barros
www.librosmaravillosos.com
El
autor
PETER
WATSON nació en 1943 y fue educado en las universidades de Durham, Londres y
Roma. Fue nombrado editor de New Society y formó parte durante cuatro años del
grupo
«Insight»
de The Sunday Times. También ha sido corresponsal de The Times en Nueva York y
ha escrito para The Observer, The New York Times, Punch y The Spectator. Es
autor de trece libros, entre los que destaca su Historia intelectual del
siglo
XX (Crítica, 2004), y ha presentado diversos programas de televisión sobre
arte. Desde 1998 es asociado de investigación en el McDonald Institute for
Archaeological research, en la Universidad de Cambridge.
FIN

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