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© Libro N° 14486. La Revolución De Octubre Y La Táctica De Los Comunistas Rusos. Stalin, J. V. Emancipación. Noviembre 15 de 2025

 

Título Original: © La Revolución De Octubre Y La Táctica De Los Comunistas Rusos. J. V. Stalin

 

Versión Original: © La Revolución De Octubre Y La Táctica De Los Comunistas Rusos. J. V. Stalin

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.redstarpublishers.org/StalOctoberEsp.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

Y LA TÁCTICA DE LOS

COMUNISTAS RUSOS

J. V. Stalin


 

 

 

 

 

La Revolución De Octubre

Y La Táctica De Los

Comunistas Rusos

J. V. Stalin

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


J. V. Stalin

 

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

Y LA TÁCTICA DE LOS

COMUNISTAS RUSOS

 

Prefacio al libro Camino de Octubre 17 de diciembre de 1924 De la colección:

 

J. V. Stalin, Cuestiones del leninismo

Págs. 119-61.

 

EDICIONES EN LENGUAS EXTRANJERAS

 

PEKÍN

 

Primera edición 1977

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTA DEL EDITOR

 

La presente versión ha sido realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua castellana y confrontada con el original ruso.

 

Reproducido por Red Star Publishers

Nueva York, 2017

www.RedStarPublishers.org


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE Y LA TÁCTICA

1

DE LOS COMUNISTAS RUSOS

 

I.

LAS CONDICIONES EXTERIORES E

1

INTERIORES DE LA REVOLUCIÓN DE

 

 

OCTUBRE

 

II.

SOBRE LAS DOS PARTICULARIDADES DE LA

3

 

REVOLUCIÓN DE OCTUBRE U OCTUBRE Y LA

 

 

TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN “PERMANENTE”

 

 

DE TROTSKI

 

III. ALGUNAS PARTICULARIDADES DE LA

18

 

TÁCTICA DE LOS BOLCHEVIQUES EN EL

 

 

PERIODO DE LA PREPARACIÓN DE OCTUBRE

 

IV. LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE, COMIENZO Y

50

 

PREMISA DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

 

NOTAS

54


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


I

 

LAS CONDICIONES EXTERIORES E INTERIORES

DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

 

Tres circunstancias de orden exterior determinaron la relativa facilidad con que la revolución proletaria en Rusia logró romper las cadenas del imperialismo y derrocar, de este modo, el Poder de la burguesía.

 

En primer lugar, la circunstancia de que la Revolución de Octu-bre comenzó durante un período de pugna encarnizada entre los dos principales grupos imperialistas, el anglo-francés y el austro-alemán, cuando estos grupos, enzarzados en mortal combate, no tenían ni tiempo ni medios para dedicar una atención seria a la lucha contra la Revolución de Octubre. Esta circunstancia tuvo una im-portancia enorme para la Revolución de Octubre, pues le permitió aprovechar los cruentos choques en el seno del imperialismo para consolidar y organizar sus fuerzas.

 

En segundo lugar, la circunstancia de que la Revolución de Oc-tubre empezó en el curso de la guerra imperialista, cuando las masas trabajadoras, extenuadas por la guerra y ansiosas de paz, se vieron llevadas, por la lógica misma de las cosas, a la revolución proleta-ria, como único medio de salir de la guerra. Esta circunstancia tuvo una importancia inmensa para la Revolución de Octubre, pues puso en sus manos el poderoso instrumento de la paz, ofreciéndole la posibilidad de conjugar la revolución soviética con la terminación de la odiosa guerra y, de este modo, granjearse la simpatía de las masas, tanto en el Occidente, entre los obreros, como en el Oriente, entre los pueblos oprimidos.

 

En tercer lugar, el poderoso movimiento obrero en Europa y la crisis revolucionaria que, engendrada por la prolongada guerra im-perialista, maduraba en el Occidente y en el Oriente. Esta circuns-tancia tuvo para la revolución en Rusia una importancia inaprecia-ble, pues le aseguró fuera de Rusia aliados fieles en su lucha contra el imperialismo mundial.

 

Pero, aparte de las circunstancias de orden exterior, la Revolu-ción de Octubre tuvo a su favor muchas condiciones interiores que coadyuvaron a su triunfo.

 

Entre esas condiciones, las principales son las siguientes:

 

Primera: la Revolución de Octubre contaba con el apoyo más

 

enérgico de la inmensa mayoría de la clase obrera de Rusia.


 

1


Segunda: contaba con el apoyo indudable de los campesinos pobres y de la mayoría de los soldados, ansiosos de paz y de tierra.

 

Tercera: tenía a la cabeza, como fuerza dirigente, un partido tan probado como el Partido Bolchevique, fuerte no sólo por su expe-riencia, no sólo por su disciplina, forjada durante años, sino también por su gran ligazón con las masas trabajadoras.

 

Cuarta: la Revolución de Octubre se enfrentaba con enemigos relativamente fáciles de vencer, como eran la burguesía rusa, más o menos débil, la clase de los terratenientes, totalmente desmoralizada por los “motines” campesinos, y los partidos conciliadores (men-chevique y eserista), que en el transcurso de la guerra quedaron en plena bancarrota.

 

Quinta: disponía de los inmensos espacios del joven Estado, donde podía maniobrar libremente, retroceder cuando las circuns-tancias lo exigiesen, tomar aliento, reponer sus fuerzas, etc.

 

Sexta: la Revolución de Octubre podía contar, en su lucha con-tra la contrarrevolución, con suficientes reservas de víveres, com-bustible y materias primas en el interior del país.

 

Estas circunstancias exteriores e interiores, sumadas, crearon la peculiar situación que hizo relativamente fácil el triunfo de la Revo-lución de Octubre.

 

Eso no quiere decir, naturalmente, que a la Revolución de Oc-tubre no se opusieran condiciones exteriores e interiores desfavora-bles. ¿No fue, por ejemplo, muy desfavorable la soledad de la Revo-lución de Octubre, el hecho de que no tuviera al lado, junto a sus fronteras, un país soviético en el que pudiera apoyarse? Es induda-ble que una futura revolución, en Alemania, por ejemplo, se encon-traría, en este sentido, en situación más ventajosa, pues tendría al lado a un país soviético tan fuerte como nuestra Unión Soviética. Y no hablo ya de la desventaja que para la Revolución de Octubre su-ponía el que los proletarios no fuesen mayoría en el país.

 

Pero estas circunstancias desfavorables no hacen más que sub-rayar la enorme importancia de la peculiaridad de las condiciones interiores y exteriores de la Revolución de Octubre de que hemos hablado anteriormente.

 

No se debe olvidar ni por un instante esa peculiaridad. Convie-ne sobre todo recordarla al analizar los acontecimientos de otoño de 1923 en Alemania. La debe recordar, en primer término, Trotski, que establece muy a la ligera una analogía entre la Revolución de


 

2


Octubre y la revolución de Alemania y vapulea sin piedad al Partido Comunista de Alemania por sus errores reales e imaginarios.

 

“En la situación concreta de 1917, extraordinariamente original desde el punto de vista histórico – dice Lenin –, a Ru-sia le fue fácil empezar la revolución socialista, pero conti-nuarla y llevarla a termino le será más difícil que a los países europeos. A comienzos de 1918 hube ya de indicar esta cir-cunstancia, y la experiencia de los dos años transcurridos des-de entonces ha venido a confirmar enteramente la justeza de tal consideración. Condiciones específicas como fueron: 1) la posibilidad de conjugar la revolución soviética con la termina-ción, gracias a ella, de la guerra imperialista, que había exte-nuado hasta lo indecible a los obreros y los campesinos; 2) la posibilidad de sacar provecho, durante cierto tiempo, de la lu-cha a muerte en que estaban enzarzados los dos grupos más poderosos de los tiburones imperialistas del mundo, grupos que no podían coligarse contra el enemigo soviético; 3) la po-sibilidad de soportar una guerra civil relativamente larga, en parte por la extensión gigantesca del país y por sus malas co-municaciones; 4) la existencia entre los campesinos de un mo-vimiento revolucionario democrático-burgués tan profundo que el partido del proletariado hizo suyas las reivindicaciones revolucionarias del partido de los campesinos (del partido so-cial-revolucionario, profundamente hostil, en su mayoría, al bolchevismo) y las realizó en el acto gracias a la conquista del Poder político por el proletariado; tales condiciones específi-cas no existen hoy en Europa Occidental, y la repetición de es-tas condiciones o de otras análogas no es nada fácil. Por ello, entre otras razones, a Europa Occidental le es más difícil que a nosotros comenzar la revolución socialista” (v. t. XXV, pág. 205).

 

Estas palabras de Lenin no deben olvidarse.

 

II

 

SOBRE LAS DOS PARTICULARIDADES DE LA REVOLU-CIÓN DE OCTUBRE, U OCTUBRE Y LA TEORÍA DE LA REVOLUCIÓN “PERMANENTE” DE TROTSKI

 

Hay dos particularidades de la Revolución de Octubre que es indispensable esclarecer, sobre todo para comprender el sentido interno y la importancia histórica de esta revolución.


 

3


¿Qué particularidades son ésas?

 

En primer lugar, el que la dictadura del proletariado haya naci-do en nuestro país como un Poder surgido sobre la base de la alian-za entre el proletariado y las masas trabajadoras del campesinado, dirigidas por el proletariado. En segundo lugar, el que la dictadura del proletariado se haya afianzado en Rusia a consecuencia de la victoria del socialismo en un solo país, poco desarrollado en el sen-tido capitalista, mientras que el capitalismo subsiste en los otros países, con un mayor desarrollo capitalista. Esto no quiere decir, naturalmente, que la Revolución de Octubre no tenga otras particu-laridades. Pero las que nos importan en este momento son precisa-mente estas dos, y no sólo porque expresan con nitidez la esencia de la Revolución de Octubre, sino también porque revelan a las mil maravillas la naturaleza oportunista de la teoría de la “revolución permanente”.

 

Examinemos con brevedad esas particularidades.

 

El problema de las masas trabajadoras de la pequeña burguesía urbana y rural, el problema de atraer a estas masas al lado del prole-tariado, es un problema importantísimo de la revolución proletaria. ¿A quién apoyará, en la lucha por el Poder, la gente trabajadora de la ciudad y del campo: a la burguesía o al proletariado? ¿De quién será reserva: de la burguesía o del proletariado? La suerte de la re-volución y la solidez de la dictadura del proletariado dependen de ello. Las revoluciones de 1848 y 1871 en Francia fracasaron, prin-cipalmente, porque las reservas campesinas estuvieron al lado de la burguesía. La Revolución de Octubre triunfó porque supo arrancarle a la burguesía sus reservas campesinas, porque supo conquistar es-tas reservas para la causa del proletariado y el proletariado fue en esta revolución la única fuerza dirigente de las vastas masas de gen-te trabajadora de la ciudad y del campo.

 

Quien no haya comprendido esto no comprenderá jamás ni el carácter de la Revolución de Octubre, ni la naturaleza de la dictadu-ra del proletariado, ni las peculiaridades de la política interior de nuestro Poder proletario.

 

La dictadura del proletariado no es una simple élite guberna-mental, “inteligentemente” “seleccionada” por la mano solícita de un “estratega experimentado” y que “se apoya sabiamente” en tales o cuales capas de la población. La dictadura del proletariado es la alianza de clase del proletariado y de las masas trabajadoras del campo para derribar el capital, para el triunfo definitivo del socia-


 

4


lismo, a condición de que la fuerza dirigente de esa alianza sea el proletariado.

 

No se trata, por tanto, de menospreciar “un poquito” o de so-breestimar “un poquito” las posibilidades revolucionarias del mo-vimiento campesino, como gustan de expresarse ahora algunos di-plomáticos defensores de la “revolución permanente”. Se trata de la naturaleza del nuevo Estado proletario, nacido como resultado de la Revolución de Octubre. Se trata del carácter del Poder proletario, de las bases de la dictadura misma del proletariado.

 

“La dictadura del proletariado – dice Lenin – es una for-ma especial de alianza de clase entre el proletariado, vanguar-dia de los trabajadores, y las numerosas capas trabajadoras no proletarias (pequeña burguesía, pequeños patronos, campesi-nos, intelectuales, etc.) o la mayoría de ellas, alianza dirigida contra el capital, alianza cuyo objeto es el derrocamiento completo del capital, el aplastamiento completo de la resisten-cia de la burguesía y de sus tentativas de restauración, alianza cuyo objetivo es la instauración y la consolidación definitiva del socialismo” (v. t. XXIV, pág. 311).

 

Y más adelante:

 

“La dictadura del proletariado, si traducimos esta expre-sión latina, científica, histórico-filosófica, a un lenguaje más sencillo, quiere decir lo siguiente:

 

sólo una clase determinada – a saber: los obreros de la ciudad y, en general, los obreros de las fábricas, los obreros industriales – está en condiciones de dirigir a toda la masa de los trabajadores y los explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el proceso mismo de su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar la victoria, en la creación de un nuevo orden social, socialista, en toda la lucha por la supresión total de las clases” (v. t. XXIV, pág. 336).

 

Tal es la teoría de la dictadura del proletariado formulada por Lenin.

 

Una de las particularidades de la Revolución de Octubre consis-te en que esta revolución es una aplicación clásica de la teoría leni-nista de la dictadura del proletariado.

 

Algunos camaradas opinan que esta teoría es puramente “rusa”, que sólo guarda relación con la realidad rusa. Eso es falso, comple-tamente falso. Cuando habla de las masas laboriosas de las clases no


 

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proletarias dirigidas por el proletariado, Lenin no se refiere sola-mente a los campesinos rusos, sino también a los elementos trabaja-dores de las regiones periféricas de la Unión Soviética, que hace bien poco aún eran colonias de Rusia. Lenin no se cansaba de repe-tir que, sin una alianza con estas masas de otras nacionalidades, el proletariado de Rusia no podría triunfar. En sus artículos sobre la cuestión nacional y en los discursos pronunciados en los Congresos de la Internacional Comunista, Lenin dijo reiteradas veces que la victoria de la revolución mundial es imposible sin una alianza revo-lucionaria, sin un bloque revolucionario del proletariado de los paí-ses avanzados con los pueblos oprimidos de las colonias esclaviza-das. ¿Y qué son las colonias si no esas mismas masas laboriosas oprimidas y, ante todo, las masas trabajadoras del campesinado? ¿Quién ignora que el problema de liberar a las colonias es, en el fondo, el problema de liberar del yugo y de la explotación del capi-tal financiero a las masas trabajadoras de las clases no proletarias?

 

Pues de esto se desprende que la teoría leninista de la dictadura del proletariado no es una teoría puramente “rusa”, sino una teoría obligatoria para todos los países. El bolchevismo no es un fenómeno exclusivamente ruso. “El bolchevismo” – dice Lenin – es un “mode-lo de táctica para todos “ (v. t. XXIII, pág. 386).

 

Tales son los rasgos que caracterizan la primera particularidad de la Revolución de Octubre.

 

¿Qué se puede decir de la teoría de la “revolución permanente” de Trotski, desde el punto de vista de esta particularidad de la Revo-lución de Octubre?

 

No vamos a extendernos sobre la posición de Trotski en 1905, cuando se olvidó, “simplemente”, del campesinado como fuerza revolucionaria, lanzando la consigna de “sin zar, por un gobierno obrero”, es decir, la consigna de una revolución sin los campesinos. Incluso Rádek, este diplomático defensor de la “revolución perma-nente”, se ve obligado a reconocer ahora que en 1905 la “revolución permanente” significaba un “salto en el vacío”, fuera de la realidad. Hoy todo el mundo, por lo visto, está conforme en que no merece la pena ocuparse de ese “salto en el vacío”.

 

Tampoco vamos a extendernos sobre la posición de Trotski du-rante la guerra, en 1915, por ejemplo, cuando en su artículo La lu-cha por el Poder, partiendo de que “vivimos en la época del impe-rialismo”, de que el imperialismo “no contrapone la nación burgue-sa al viejo régimen, sino el proletariado a la nación burguesa”, lle-


 

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gaba a la conclusión de que el papel revolucionario de los campesi-nos debía decrecer, de que la consigna de la confiscación de la tierra no tenía ya la importancia de antes. Es sabido que Lenin, analizando este artículo de Trotski, le acusaba entonces de “negar” “el papel del campesinado” y decía que “Trotski ayuda de hecho a los políti-cos obreros liberales de Rusia, quienes por ‘negación’ del papel de los campesinos entienden el no querer alzarlos para la revolución” (v. t. XVIII, pág. 318).

 

Pasemos mejor a trabajos posteriores de Trotski acerca de esta cuestión, a las obras escritas en el período en que la dictadura del proletariado estaba ya afianzada y cuando Trotski podía comprobar en la práctica su teoría de la “revolución permanente” y corregir sus errores. Tomemos el Prefacio de Trotski escrito en 1922 para su libro 1905. He aquí lo que Trotski dice en este Prefacio sobre la “revolución permanente”:

 

“Precisamente en el intervalo entre el 9 de enero y la huelga de octubre de 1905 fue cuando llegó el autor a las con-cepciones acerca del carácter del desarrollo revolucionario de Rusia que han recibido el nombre de teoría de la ‘revolución permanente’. Esta denominación abstrusa expresaba la idea de que la revolución rusa, ante la cual se alzan de manera inme-diata objetivos burgueses, no podrá, sin embargo, detenerse en ellos. La revolución no podrá resolver sus tareas burguesas más inmediatas sino colocando en el Poder al proletariado. Y este último, al tomar el Poder en sus manos, no podrá por me-nos de rebasar el marco burgués en la revolución. Al contrario: precisamente para asegurar su victoria, la vanguardia proleta-ria tendrá que hacer, desde los primeros pasos de su domina-ción, las más profundas incursiones, no sólo en la propiedad feudal, sino también en la propiedad burguesa. Este modo de proceder le llevará a choques hostiles, no sólo con todos los grupos burgueses que le apoyaron en los primeros momentos de su lucha revolucionaria, sino también con las vastas masas campesinas, con ayuda de las cuales ha llegado al Poder. Las contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos, podrán ser solucionadas sólo en el


 

 

 

 

 

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plano internacional, en la palestra de la revolución mundial del proletariado”.*

Así habla Trotski de su “revolución permanente”.

 

Basta comparar esta cita con los pasajes de las obras de Lenin acerca de la dictadura del proletariado reproducidos anteriormente, para comprender qué abismo media entre la teoría leninista de la dictadura del proletariado y la teoría de la “revolución permanente” de Trotski.

 

Lenin habla de la alianza entre el proletariado y las capas traba-jadoras del campo como de la base de la dictadura del proletariado. En Trotski, por el contrario, nos encontramos con “choques hostiles “ entre la “vanguardia proletaria” y las “vastas masas campesinas”.

 

Lenin habla de la dirección, por el proletariado, de las masas trabajadoras y explotadas. En Trotski, por el contrario, nos encon-tramos con “contradicciones en la situación del gobierno obrero en un país atrasado, en el que la mayoría aplastante de la población está compuesta de campesinos”.

 

Según Lenin, la revolución saca sus fuerzas, ante todo, de los obreros y los campesinos de Rusia misma. En Trotski, por el contra-rio, resulta que las fuerzas indispensables pueden sacarse únicamen-te de “la palestra de la revolución mundial del proletariado”.

 

¿Y qué hacer si la revolución internacional ha de demorarse? ¿Le queda a nuestra revolución algún rayo de esperanza? Trotski no nos deja ningún rayo de esperanza, pues “las contradicciones en la situación del gobierno obrero... podrán ser solucionadas sólo... en la palestra de la revolución mundial del proletariado”. Con arreglo a este plan, a nuestra revolución no le queda más que una perspectiva: vegetar en sus propias contradicciones y podrirse en vida, esperando la revolución mundial.

 

¿Qué es, según Lenin, la dictadura del proletariado?

 

La dictadura del proletariado es un Poder que descansa en la alianza del proletariado con las masas trabajadoras del campo para “el derrocamiento completo del capital”, para “la instauración y la consolidación definitiva del socialismo”.

 

¿Qué es, según Trotski, la dictadura del proletariado?

 

La dictadura del proletariado es un Poder que llega “a choques hostiles” con “las vastas masas campesinas” y que busca la solución

 

* Subrayado por mí. J. St.


 

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de las “contradicciones” únicamente “en la palestra de la revolución mundial del proletariado”.

 

¿En qué se diferencia esta “teoría de la revolución permanente” de la conocida teoría del menchevismo que niega la idea de la dic-tadura del proletariado?

 

En el fondo, no se diferencia en nada.

 

No cabe duda: la “revolución permanente” no se limita a me-nospreciar las posibilidades revolucionarias del movimiento campe-sino. La “revolución permanente” menosprecia el movimiento cam-pesino hasta tal extremo, que es la negación de la teoría leninista de la dictadura del proletariado.

 

La “revolución permanente” de Trotski es una variedad del menchevismo.

 

Esto es lo que puede decirse en cuanto a la primera particulari-dad de la Revolución de Octubre.

 

¿Cuáles son los rasgos característicos de la segunda particulari-dad de la Revolución de Octubre?

 

Estudiando el imperialismo, sobre todo en el período de la gue-rra, Lenin descubrió la ley del desarrollo económico y político de-sigual y a saltos de los países capitalistas. Según esta ley, el desarro-llo de las empresas, de los trusts, de las ramas de la industria y de los diversos países no se produce en forma igual, con arreglo a un orden de sucesión establecido, de modo que un trust, una rama de la industria o un país marchen constantemente a la cabeza y otros trusts u otros países vayan a la zaga, sujetándose a ese orden de su-cesión, sino que se desarrollan a saltos, con interrupciones en el desarrollo de unos países y saltos adelante en el desarrollo de otros. Además, la tendencia, “completamente legítima”, de los países que se quedan atrás a conservar sus antiguas posiciones y la no menos “legítima” tendencia de los países que saltan adelante a apoderarse de nuevas posiciones, hacen que las colisiones bélicas entre los paí-ses imperialistas sean una necesidad ineluctable. Así ha ocurrido, por ejemplo, con Alemania, que hace medio siglo era, en compara-ción con Francia e Inglaterra, un país atrasado. Lo mismo puede decirse del Japón, en comparación con Rusia. Sin embargo, es noto-rio que, ya a principios del siglo XX, Alemania y el Japón habían dado un salto tan grande, que la primera había sobrepasado a Fran-cia y comenzaba a desplazar a Inglaterra en el mercado mundial, y el segundo a Rusia. De estas contradicciones, como es sabido, sur-gió la reciente guerra imperialista.


 

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Esta ley parte de que:

 

1)  ”El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de sojuzgamiento colonial y de estrangulación financiera de la in-mensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países ‘adelantados’“ (v. el prólogo a la edición francesa de El imperialis-mo, de Lenin, t. XIX, pág. 74).

 

2)  ”El reparto de este ‘botín’ se efectúa entre dos o tres poten-cias rapaces, y armadas hasta los dientes, que dominan en el mundo (Estados Unidos, Inglaterra, el Japón) y arrastran a su guerra, por el reparto de su botín, a todo el planeta” (v. lugar citado).

 

3)  Al agravarse las contradicciones dentro del sistema mundial de opresión financiera, al hacerse inevitables los conflictos bélicos, el frente mundial del imperialismo se hace fácilmente vulnerable para la revolución, y es factible su ruptura por ciertos países por separado.

4)  Lo más probable es que esta ruptura se produzca en los luga-res y países donde la cadena del frente imperialista sea más débil, es decir, donde el imperialismo esté menos fortificado y la revolución pueda desarrollarse con mayor facilidad.

 

5)  Por ello, la victoria del socialismo en un solo país – aun en el caso de que ese país esté menos desarrollado en el sentido capitalis-ta y el capitalismo subsista en otros países, aunque estos países es-tén más desarrollados en el sentido capitalista – es perfectamente posible y probable.

 

Tales son, en pocas palabras, los fundamentos de la teoría leni-nista de la revolución proletaria.

 

¿En qué consiste la segunda particularidad de la Revolución de Octubre?

 

La segunda particularidad de la Revolución de Octubre consiste en que esta revolución es un modelo de aplicación práctica de la teoría leninista de la revolución proletaria.

 

Quien no haya comprendido esta particularidad de la Revolu-ción de Octubre, jamás comprenderá ni el carácter internacional de esta revolución, ni su formidable potencia internacional, ni su pecu-liar política exterior.

 

“La desigualdad del desarrollo económico y político – di-ce Lenin – es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se de-duce que es posible que la victoria del socialismo empiece por unos cuantos países capitalistas, o incluso por un solo país ca-pitalista. El proletariado triunfante de este país, después de ex-


 

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propiar a los capitalistas y de organizar la producción socialis-ta dentro de sus fronteras, se enfrentará con el resto del mun-do, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insu-rrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados”. Pues “la libre unión de las naciones en el socia-lismo es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolon-gada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasa-dos” (v. t. XVIII, págs. 232-233).

 

Los oportunistas de todos los países afirman que la revolución proletaria sólo puede comenzar – si es que ha de comenzar, en gene-ral, en alguna parte, según su teoría – en los países industrialmente desarrollados; que cuanto más desarrollados industrialmente estén esos países, tanto mayores serán las probabilidades de triunfo del so-cialismo. Ellos descartan, como algo totalmente inverosímil, la posi-bilidad de la victoria del socialismo en un solo país, y por añadidura, poco desarrollado en el sentido capitalista. Ya durante la guerra, Le-nin, apoyándose en la ley del desarrollo desigual de los Estados impe-rialistas, opone a los oportunistas su teoría de la revolución proletaria sobre la victoria del socialismo en un solo país, aun cuando este país esté menos desarrollado en el sentido capitalista.

 

Sabido es que la Revolución de Octubre confirmó plenamente la justeza de la teoría leninista de la revolución proletaria.

 

¿Qué podemos decir de la “revolución permanente” de Trotski, desde el punto de vista de la teoría leninista sobre la victoria de la revolución proletaria en un solo país?

 

Tomemos el folleto de Trotski Nuestra revolución (1906).

 

Trotski dice:

 

“Sin un apoyo estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera de Rusia no podrá mantenerse en el Poder y trans-formar su dominación temporal en una dictadura socialista du-radera. De ello no cabe dudar ni un instante”.

 

¿Qué dice esta cita? Que la victoria del socialismo en un solo país, en este caso en Rusia, es imposible “sin un apoyo estatal direc-to del proletariado europeo”, es decir, mientras el proletariado euro-peo no conquiste el Poder.

 

¿Qué hay de común entre esta “teoría” y la tesis de Lenin sobre la posibilidad de la victoria del socialismo “en un solo país


 

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capitalista”?

 

Evidentemente, nada.

 

Pero admitamos que este folleto de Trotski, publicado en 1906, cuando era difícil definir el carácter de nuestra revolución, contiene errores involuntarios y no responde por entero a las concepciones sustentadas por Trotski posteriormente. Examinemos otro folleto de Trotski, El programa de la paz, publicado en vísperas de la Revolu-ción de Octubre, en 1917, y reeditado ahora (1924) en el libro 1917. En este folleto, Trotski critica lo que dice la teoría leninista de la revolución proletaria sobre la victoria del socialismo en un solo país, oponiéndole la consigna de los Estados Unidos de Europa. Trotski afirma que el socialismo no puede triunfar en un solo país, que la victoria del socialismo sólo es posible a condición de que triunfe en algunos de los principales países de Europa (Inglaterra, Rusia, Alemania), agrupados en los Estados Unidos de Europa, siendo en otro caso totalmente imposible. Dice con toda claridad que “una revolución victoriosa en Rusia o en Inglaterra es inconce-bible sin la revolución en Alemania, y vice versa”.

 

“La única consideración histórica más o menos concreta – dice Trotski – contra la consigna de los Estados Unidos ha si-do formulada en el Sotsial-Demokrat de Suiza (entonces ór-gano central de los bolcheviques. J. St.), en la siguiente frase: ‘La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo’. De aquí deducía Sotsial-Demokrat que la victoria del socialismo en un solo país es posible y, por tanto, no hay por qué supeditar la dictadura del proletariado en cada país a la formación de los Estados Unidos de Europa. Que el desarrollo capitalista de los distintos países es desigual, es una afirmación absolutamente indiscutible. Pero esta de-sigualdad es ella misma sumamente desigual. El nivel capita-lista de Inglaterra, de Austria, de Alemania o de Francia no es el mismo. Pero, en comparación con África y Asia, todos estos países representan la ‘Europa’ capitalista, madura ya para la revolución social. Que ningún país debe ‘aguardar’ a los otros en su lucha, es una idea elemental que es útil y necesario repe-tir, para que la idea de una acción internacional paralela no sea sustituida por la idea de una inactividad internacional expec-tante. Sin aguardar a los demás, comenzamos y continuamos la lucha en el terreno nacional, con la plena seguridad de que nuestra iniciativa impulsará la lucha en otros países; y, si esto


 

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no sucediese, no hay ningún fundamento para suponer – así lo atestiguan la experiencia histórica y las consideraciones teóri-cas – que la Rusia revolucionaria, por ejemplo, podría soste-nerse frente a la Europa conservadora o que la Alemania so-cialista podría subsistir aislada en un mundo capitalista”.

 

Como veis, estamos ante la misma teoría del triunfo simultáneo del socialismo en los principales países de Europa, que descarta, como regla general, la teoría leninista de la revolución sobre la vic-toria del socialismo en un solo país.

 

Cierto es que, para la victoria completa del socialismo, para la garantía completa contra la restauración del antiguo orden de cosas, son indispensables los esfuerzos conjuntos de los proletarios de unos cuantos países. Cierto es que, sin el apoyo del proletariado de Europa a nuestra revolución, el proletaria do de Rusia no habría podido resistir la presión general, del mismo modo que el movi-miento revolucionario del Occidente, si no lo hubiera apoyado la revolución de Rusia, no habría podido desarrollarse con el ritmo que adquirió después de la instauración de la dictadura proletaria en Ru-sia. Cierto es que necesitamos apoyo. Pero ¿qué es el apoyo del pro-letariado de la Europa Occidental a nuestra revolución? La simpatía de los obreros europeos por nuestra revolución, su disposición a desbaratar los planes de intervención de los imperialistas, ¿constitu-ye todo esto un apoyo, una ayuda seria? Indudablemente. Sin ese apoyo, sin esa ayuda, no sólo de los obreros europeos, sino también de las colonias y de los países dependientes, la dictadura proletaria de Rusia se vería en un trance muy difícil. ¿Ha bastado hasta ahora con esa simpatía y con esa ayuda, unidas al poderío de nuestro Ejér-cito Rojo y a la disposición de los obreros y campesinos de Rusia a defender con su pecho la patria socialista? ¿Ha bastado todo eso para repeler los ataques de los imperialistas y conquistar las condi-ciones necesarias para una seria labor de edificación? Sí, ha basta-do. Y esa simpatía, ¿crece o disminuye? Indudablemente, crece. ¿Tenemos, pues, condiciones favorables, no sólo para llevar adelan-te la organización de la economía socialista, sino también para pres-tar, a nuestra vez, apoyo a los obreros de la Europa Occidental y a los pueblos oprimidos del Oriente? Sí, tenemos esas condiciones. Los siete años de historia de la dictadura proletaria en Rusia lo ates-tiguan elocuentemente. ¿Puede, acaso, negarse que en nuestro país ha comenzado ya un poderoso auge del trabajo? No, no se puede negar.


 

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¿Qué puede significar, después de todo eso, la declaración de Trotski de que la Rusia revolucionaria no podría resistir ante una Europa conservadora?

 

No puede significar más que una cosa: en primer lugar, que Trotski no percibe la potencia interior de nuestra revolución; en se-gundo lugar, que Trotski no comprende la importancia inapreciable del apoyo moral que los obreros del Occidente y los campesinos del Oriente prestan a nuestra revolución; en tercer lugar, que Trotski no percibe el mal interior que corroe actualmente al imperialismo.

 

Llevado por el apasionamiento en su crítica de la teoría leninis-ta de la revolución proletaria, Trotski, sin darse cuenta, se ha derro-tado por completo a sí mismo en su folleto El programa de la paz, publicado en 1917 y reeditado en 1924.

 

Pero ¿quizás este folleto de Trotski haya también envejecido y no corresponda por una u otra razón a sus puntos de vista actuales? Tomemos trabajos más recientes de Trotski, escritos después del triunfo de la revolución proletaria en un solo país, en Rusia. Tome-mos, por ejemplo, el Epílogo que escribió en 1922 para la nueva edición de su folleto El programa de la paz. He aquí lo que dice en ese Epílogo:

 

“La afirmación, varias veces repetida en El programa de la paz, de que la revolución proletaria no puede terminar vic-toriosamente dentro de un marco nacional, parecerá quizá a algunos lectores desmentida por la experiencia de casi cinco años de vida de nuestra República Soviética. Pero semejante conclusión sería infundada. El hecho de que el Estado obrero haya resistido contra el mundo entero en un solo país, y ade-más en un país atrasado, atestigua la potencia colosal del pro-letariado, que en otros países más adelantados y más civiliza-dos será capaz de hacer verdaderos milagros. Pero, habiendo logrado mantenernos como Estado en el sentido político y mi-litar, no hemos llegado todavía, ni siquiera nos hemos acerca-do a la creación de la sociedad socialista... Mientras en los demás Estados europeos se mantenga en el Poder la burguesía nos veremos obligados, en la lucha contra el aislamiento eco-nómico, a buscar acuerdos con el mundo capitalista; al mismo tiempo, puede afirmarse con toda certidumbre que estos acuerdos pueden, en el mejor de los casos, ayudarnos a cica-trizar una u otra herida económica, a dar uno u otro paso ade-lante, pero el verdadero auge de la economía socialista en Ru-


 

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sia no será posible más que después de la victoria * del prole-tariado en los países más importantes de Europa”.

 

Esto es lo que dice Trotski, pecando manifiestamente contra la realidad y esforzándose a toda costa por salvar del naufragio defini-tivo la “revolución permanente”.

 

Resulta que, por más vueltas que se le dé, no sólo “no hemos llegado”, sino que “ni siquiera nos hemos acercado” a la creación de la sociedad socialista. Resulta que alguien abrigaba la esperanza de llegar a “acuerdos con el mundo capitalista”, pero resulta también que de estos acuerdos tampoco sale nada, pues, por más vueltas que se le dé, “el verdadero auge de la economía socialista” no se alcan-zará mientras el proletariado no haya vencido “en los países más importantes de Europa”.

 

Y como aún no se ha obtenido la victoria en el Occidente, a la revolución de Rusia no le queda más que un “dilema”: o podrirse desde la raíz o degenerar en un Estado burgués.

 

Por algo hace ya dos años que Trotski viene hablando de la “degeneración” de nuestro Partido.

 

Por algo Trotski profetizaba el año pasado el “hundimiento” de nuestro país.

 

¿Cómo se puede conciliar esta extraña “teoría” con la teoría de Lenin sobre la “victoria del socialismo en un solo país”?

 

¿Cómo se puede conciliar esta extraña “perspectiva” con la perspectiva de Lenin, según la cual la nueva política económica nos permitirá “echar los cimientos de la economía socialista”?

 

¿Cómo se puede conciliar esta desesperanza “permanente” con las siguientes palabras de Lenin, por ejemplo?

 

“Hoy, el socialismo no es ya un problema de un futuro remoto, ni una visión abstracta o un icono. De los iconos se-guimos teniendo la opinión de antes, una opinión muy mala. Hemos hecho penetrar el socialismo en la vida diaria, y de eso es de lo que debemos ocuparnos. Esa es la tarea de nuestros días, esa es la tarea de nuestra época. Permitidme que termine expresando la seguridad de que, por más difícil que sea esa ta-rea, por más nueva que sea, en comparación con nuestra tarea anterior, y por más dificultades que nos origine, todos noso-tros, juntos y no mañana, sino en el transcurso de unos cuantos

 

* Subrayado por mí. J. St.


 

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años, todos nosotros, juntos, la resolveremos a toda costa, de modo que de la Rusia de la Nep salga la Rusia socialista” (v. t. XXVII, pág. 366).

 

¿Cómo se puede conciliar la falta “permanente” de pers-pectivas de Trotski con las siguientes palabras de Lenin, por ejemplo?

 

“En efecto, todos los grandes medios de producción en poder del Estado y el Poder del Estado en manos del proleta-riado; la alianza de este proletariado con millones y millones de pequeños y muy pequeños campesinos; asegurar la direc-ción de los campesinos por el proletariado, etc., ¿acaso no es esto todo lo que se necesita para edificar la sociedad socialista completa partiendo de la cooperación, y nada más que de la cooperación, a la que antes motejábamos de mercantilista y que ahora, bajo la Nep, merece también, en cierto modo, el mismo trato; acaso no es esto todo lo imprescindible para edi-ficar la sociedad socialista completa? Eso no es todavía la edi-ficación de la sociedad socialista, pero sí todo lo imprescindi-ble y lo suficiente para esta edificación” (v. t. XXVII, pág. 392).

 

Es evidente que todo eso no se concilia ni puede conciliarse. La “revolución permanente” de Trotski es la negación de la teoría leni-nista de la revolución proletaria, y viceversa: la teoría leninista de la revolución proletaria es la negación de la teoría de la “revolución permanente”.

 

La falta de fe en la fuerza y en la capacidad de nuestra revolu-ción, la falta de fe en las fuerzas y en la capacidad del proletariado de Rusia: tal es el fondo de la teoría de la “revolución permanente”.

 

Hasta ahora solía señalarse un solo lado de la teoría de la “revo-lución permanente”: la falta de fe en las posibilidades revoluciona-rias del movimiento campesino. Ahora, para ser justos, hay que completar ese lado con otro: la falta de fe en las fuerzas y en la ca-pacidad del proletariado de Rusia.

 

¿En qué se diferencia la teoría de Trotski de la teoría corriente del menchevismo, según la cual la victoria del socialismo en un solo país, por añadidura atrasado, es imposible sin la victoria previa de la revolución proletaria “en los principales países de la Europa Occi-dental”?

 

En el fondo, no se diferencia en nada.


 

 

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No cabe duda: la teoría de la “revolución permanente” de Trotski es una variedad del menchevismo.

 

Últimamente han aparecido en nuestra prensa diplomáticos po-dridos, que se esfuerzan por hacer pasar la teoría de la “revolución permanente” como algo compatible con el leninismo. Naturalmente

 

– dicen –, esta teoría resultó inservible en 1905. Pero el error de Trotski consiste en haberse adelantado entonces, intentando aplicar a la situación de 1905 lo que en aquel tiempo no se podía aplicar. Pero más tarde – dicen –, por ejemplo, en octubre de 1917, cuando la revolución había alcanzado plena madurez, la teoría de Trotski estaba completamente en su lugar. No cuesta trabajo adivinar que el principal de estos diplomáticos es Rádek. Escuchad lo que dice:

 

“La guerra ha abierto un abismo entre los campesinos, que aspiran a conquistar la tierra y la paz, y los partidos pe-queñoburgueses; la guerra ha puesto a los campesinos bajo la dirección de la clase obrera y de su vanguardia, el Partido Bolchevique. Lo que se ha hecho posible no es la dictadura de la clase obrera y de los campesinos, sino la dictadura de la cla-se obrera, apoyada en los campesinos. Lo que Rosa Luxem-burgo y Trotski propugnaban en 1905 contra Lenin (es decir, la “revolución permanente”. J. St.) ha resultado ser, de hecho, la segunda etapa del desarrollo histórico”.

 

Cada una de estas palabras es una falsedad.

 

Es falso que durante la guerra “lo que se ha hecho posible no es la dictadura de la clase obrera y de los campesinos, sino la dictadura de la clase obrera, apoyada en los campesinos”. En realidad, la re-volución de febrero de 1917 fue la realización de la dictadura del proletariado y de los campesinos, entrelazada de modo peculiar con la dictadura de la burguesía.

 

Es falso que la teoría de la “revolución permanente”, que Rádek silencia púdicamente, fuese formulada en 1905 por Rosa Luxem-burgo y Trotski. En realidad, esa teoría la expusieron Parvus y Trotski. Ahora, a los diez meses, Rádek se rectifica y estima necesa-rio reprochar a Parvus la “revolución permanente”. Pero la justicia exige de Rádek que los reproches alcancen también a Trotski, el socio de Parvus.

 

No es cierto que la “revolución permanente”, refutada por la re-volución de 1905, haya resultado acertada en la “segunda etapa del desarrollo histórico”, es decir, durante la Revolución de Octubre.


 

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Todo el curso de la Revolución de Octubre, todo su desarrollo han revelado y demostrado la inconsistencia absoluta de la teoría de la “revolución permanente”, su absoluta incompatibilidad con los fun-damentos del leninismo.

 

Con discursos melifluos y diplomacia podrida no se puede cu-brir la profunda sima que separa la teoría de la “revolución perma-nente” y el leninismo.

 

III

 

ALGUNAS PARTICULARIDADES DE LA TÁCTICA DE LOS BOLCHEVIQUES EN EL PERIODO DE LA PREPA-RACIÓN DE OCTUBRE

 

Para comprender la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre, hay que conocer, por lo menos, algunas particularidades sumamente importantes de esta táctica. Ello es tan-to más necesario, por cuanto en los numerosos folletos acerca de la táctica de los bolcheviques a menudo se pasa por alto precisamente esas particularidades.

 

¿Qué particularidades son ésas?

 

Primera particularidad. Oyendo a Trotski, podría creerse que en la historia de la preparación de Octubre existen tan sólo dos pe-ríodos: el período de reconocimiento y el período de la insurrección, y que lo demás, de mal procede. ¿Qué fue la manifestación de abril de 1917? “La manifestación de abril, que fue más a la ‘izquierda’ de lo dispuesto, constituyó una operación de reconocimiento para pul-sar el estado de ánimo de las masas y sus relaciones con la mayoría de los Soviets”. ¿Y qué fue la manifestación de julio de 1917? Se-gún Trotski, “también esta vez la cosa se redujo, en el fondo, a un nuevo reconocimiento, más profundo, en una etapa nueva y más elevada del movimiento”. Ni que decir tiene que la manifestación de junio de 1917, organizada a instancias de nuestro Partido, con ma-yor razón debe ser calificada, según Trotski, de “reconocimiento”.

 

Resulta pues que en marzo de 1917 los bolcheviques tenían ya preparado un ejército político de obreros y campesinos y que, si no lo emplearon para la insurrección ni en abril, ni en junio, ni en julio y sólo se dedicaron a hacer “reconocimientos”, ello fue, única y exclusivamente, porque “los datos de los reconocimientos” no pro-porcionaban entonces “indicios” favorables.


 

 

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Ni que decir tiene que esta concepción simplista de la táctica política de nuestro Partido no es sino una confusión de la táctica militar corriente con la táctica revolucionaria de los bolcheviques.

 

En realidad, todas aquellas manifestaciones fueron, ante todo, resultado de la acometividad espontánea de las masas, resultado de su indignación contra la guerra, indignación que pugnaba por mani-festarse en la calle.

 

En realidad, el papel del Partido consistía entonces en dar a las acciones espontáneas de las masas una forma y una dirección que respondiesen a las consignas revolucionarias de los bolcheviques.

 

En realidad, los bolcheviques no tenían ni podían tener en mar-zo de 1917 un ejército político preparado. Lo fueron formando (y lo formaron, por fin, hacia octubre de 1917) sólo en el transcurso de la lucha y de los choques de clases de abril a octubre de 1917; lo for-maron pasando por la manifestación de abril, y por las manifesta-ciones de junio y julio, y por las elecciones a las Dumas de distrito y urbanas, y por la lucha contra la korniloviada, y por la conquista de los Soviets. Un ejército político no es lo mismo que un ejército mili-tar. Mientras que el mando militar comienza la guerra disponiendo ya de un ejército formado, el Partido debe crear su ejército en el curso de la lucha misma, en el curso de los choques entre las clases, a medida que las masas mismas se van convenciendo, por propia experiencia, de que las consignas del Partido son acertadas, de que su política es justa.

 

Naturalmente, cada una de esas manifestaciones arrojaba, al mismo tiempo, cierta luz sobre correlaciones de fuerzas impercepti-bles a simple vista; constituía, en cierto modo, un reconocimiento, pero éste no era el motivo de la manifestación, sino un resultado natural de ella.

 

Analizando los acontecimientos de vísperas de la insurrección de octubre y comparándolos con los acontecimientos de abril-julio, Lenin dice:

 

“La situación se presenta, precisamente, de modo distinto a como se presentaba en vísperas del 20 y el 21 de abril, del 9 de junio y del 3 de julio, pues entonces nos hallábamos ante una efervescencia espontánea, que nosotros, como partido, o bien no percibíamos (20 de abril), o con teníamos, dándole la forma de una manifestación pacífica (9 de junio y 3 de julio). Porque entonces sabíamos bien que los Soviets no eran toda-vía nuestros, que los campesinos creían todavía en el camino


 

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liberdanista chernovista, y no en el camino bolchevique (el de la insurrección); que, por consiguiente, no podíamos contar con la mayoría del pueblo y, por ello, la insurrección sería prematura” (v. t. XXI, pág. 345).

 

Es evidente que sólo con “reconocimientos” no se puede ir muy lejos.

 

Por lo visto, no se trata de “reconocimientos”, sino de que:

 

1)  durante todo el período de la preparación de Octubre, el Par-tido no dejó un momento de apoyarse, para su lucha, en el auge es-pontáneo del movimiento revolucionario de las masas;

2)  al apoyarse en este auge espontáneo, el Partido conservaba en sus manos la dirección indivisa del movimiento;

 

3)  tal dirección del movimiento le facilitaba la formación del ejército político de masas para la insurrección de Octubre;

 

4)  tal política debía necesariamente llevar a que toda la prepara-ción de Octubre se hiciese bajo la dirección de un solo partido, el Partido Bolchevique;

 

5)  tal preparación de Octubre llevó, a su vez, a que, como resul-tado de la insurrección de Octubre, el Poder quedase en manos de un solo partido, el Partido Bolchevique.

Por tanto, la dirección indivisa de un solo partido, del Partido Comunista, como factor esencial de la preparación de Octubre tal es el rasgo característico de la Revolución de Octubre, tal es la primera particularidad de la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre.

Es poco necesario demostrar que, sin esta particularidad de la táctica de los bolcheviques, la victoria de la dictadura del proleta-riado, bajo el imperialismo, hubiera sido imposible.

Por esto, la Revolución de Octubre se distingue ventajosamente de la revolución de 1871 en Francia, donde compartían la dirección de la revolución dos partidos, de los cuales ninguno puede ser cali-ficado de partido comunista.

 

Segunda particularidad. La preparación de Octubre se llevó a cabo, pues, bajo la dirección de un solo partido, del Partido Bolche-vique. Pero ¿cómo ejercía el Partido esa dirección? ¿Y qué línea seguía para ejercer esa dirección? Tal dirección se ejercía siguiendo la línea de aislar a los partidos conciliadores, por ser los grupos más peligrosos en el período de desencadenamiento de la revolución, de aislamiento de los eseristas y los mencheviques.

 

¿En  qué  consiste  la  regla  estratégica  fundamental  del


 

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leninismo?

 

Consiste en reconocer que:

 

1)  el más peligroso apoyo social de los enemigos de la revolu-ción, en el período en que se avecina un desenlace revolucionario, lo constituyen los partidos conciliadores;

 

2)  es imposible derrocar al enemigo (al zarismo o a la burgue-sía) sin haber aislado a estos partidos;

 

3)  en el período preparatorio de la revolución, los principales ti-ros deben, por ello, dirigirse a aislar a estos partidos, a desgajar de ellos a las amplias masas trabajadoras.

En el período de la lucha contra el zarismo, en el período prepa-ratorio de la revolución democrático-burguesa (1905-1916), el apo-yo social más peligroso del zarismo era el partido liberal-monárquico, el partido de los demócratas constitucionalistas. ¿Por qué? Por ser un partido conciliador, el partido de la conciliación entre el zarismo y la mayoría del pueblo, es decir, el campesinado en su conjunto. Es natural que el Partido dirigiese entonces sus principales golpes contra los demócratas constitucionalistas, pues sin aislarlos no podía contarse con la ruptura de los campesinos con el zarismo, y sin asegurar esta ruptura no podía contarse con la vic-toria de la revolución. Muchos no comprendían entonces esta parti-cularidad de la estrategia bolchevique y acusaban a los bolcheviques de excesiva “inquina a los demócratas constitucionalistas”, afir-mando que la lucha contra los demócratas constitucionalistas hacía que los bolcheviques “perdieran de vista” la lucha contra el enemi-go principal: el zarismo. Pero estas acusaciones, infundadas, revela-ban una incomprensión evidente de la estrategia bolchevique, que exigía el aislamiento del partido conciliador para facilitar y acercar la victoria sobre el enemigo principal.

 

Es poco necesario demostrar que, sin esta estrategia, la hege-monía del proletariado en la revolución democrático-burguesa hu-biera sido imposible.

En el período de la preparación de Octubre, el centro de grave-dad de las fuerzas en lucha se desplazó a un nuevo plano. Ya no había zar. El partido demócrata constitucionalista se había transfor-mado, de fuerza conciliadora, en fuerza gobernante, en la fuerza dominante del imperialismo. La lucha ya no se libraba entre el za-rismo y el pueblo, sino entre la burguesía y el proletariado. En este período, el apoyo social más peligroso del imperialismo lo consti-tuían los partidos democráticos pequeñoburgueses, los partidos ese-


 

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rista y menchevique. ¿Por qué? Porque estos partidos eran entonces partidos conciliadores, partidos de la conciliación entre el imperia-lismo y las masas trabajadoras. Es natural que los principales golpes de los bolcheviques fueran dirigidos entonces contra estos partidos, pues sin el aislamiento de estos partidos no se podía contar con la ruptura de las masas trabajadoras y el imperialismo, y sin conseguir esta ruptura no se podía contar con la victoria de la revolución so-viética. Muchos no comprendían entonces esta particularidad de la táctica bolchevique, acusando a los bolcheviques de “excesivo odio” a los eseristas y a los mencheviques y de “olvido” del objeti-vo fundamental. Pero todo el período de la preparación de Octubre evidencia elocuentemente que sólo gracias a esta táctica pudieron los bolcheviques asegurar la victoria de la Revolución de Octubre.

 

El rasgo característico de este período consiste en una radicali-zación más profunda de las masas trabajadoras del campo, en su decepción respecto a los eseristas y los mencheviques, en su aleja-miento de estos partidos, en su viraje para agruparse directamente en torno al proletariado, única fuerza consecuentemente revolucio-naria, capaz de llevar el país a la paz. La historia de este período es la historia de la lucha entre los eseristas y los mencheviques, de una parte, y los bolcheviques, de otra, por atraerse a las masas trabaja-doras del campo, por conquistar a estas masas. Decidieron la suerte de esta lucha el período de la coalición, el período de la kerenskia-da, la negativa de los eseristas y los mencheviques a confiscar las tierras de los terratenientes, la lucha de los eseristas y los menche-viques por la continuación de la guerra, la ofensiva de junio en el frente, la pena de muerte para los soldados y la sublevación de Kor-nílov. Y estos factores decidieron la suerte de esa lucha exclusiva-mente en favor de la estrategia bolchevique. Pues, sin aislar a los eseristas y a los mencheviques era imposible derrocar al gobierno de los imperialistas, y sin derrocar a este gobierno era imposible salir de la guerra. La política de aislamiento de los eseristas y los mencheviques resultó ser la única política acertada.

 

Así, pues, aislamiento de los partidos menchevique y eserista, como línea principal de la dirección de la preparación de Octubre: tal es la segunda particularidad de la táctica de los bolcheviques.

 

Es innecesario demostrar que, sin esta particularidad de la tácti-ca de los bolcheviques, la alianza entre la clase obrera y las masas trabajadoras del campo hubiera quedado suspendida en el vacío.


 

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Es significativo que, en sus Enseñanzas de Octubre, Trotski no diga nada, o casi nada, de esta particularidad de la táctica bolchevique.

 

Tercera particularidad. La dirección del Partido en la prepara-ción de Octubre seguía, pues, la línea de aislar a los partidos eserista y menchevique, la de desgajar de estos partidos a las amplias masas obreras y campesinas. Pero ¿cómo conseguía, concretamente, el Partido llevar a cabo este aislamiento?, ¿en qué forma y bajo qué consigna? Lo llevaba a cabo en la forma de un movimiento revolu-cionario de las masas por el Poder de los Soviets, bajo la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, luchando por transformar a los Soviets, de organismos de movilización de las masas, en organis-mos de la insurrección, en organismos de Poder, en el aparato de un nuevo Estado, del Estado proletario.

 

¿Por qué se aferraron los bolcheviques precisamente a los So-viets como a la palanca fundamental de organización, que podía contribuir al aislamiento de los mencheviques y de los eseristas, que podía impulsar la revolución proletaria y estaba llamada a llevar a las masas de millones y millones de trabajadores a la victoria de la dictadura del proletariado?

 

¿Qué son los Soviets?

 

“Los Soviets – decía Lenin ya en septiembre de 1917 – son un nuevo aparato de Estado que, en primer lugar, propor-ciona la fuerza armada de los obreros y de los campesinos, fuerza que no está, como lo estaba la del viejo ejército perma-nente, apartada del pueblo, sino ligada a él del modo más es-trecho; en el sentido militar, esta fuerza es incomparablemente más poderosa que las anteriores; en el sentido revolucionario, no puede ser remplazada por ninguna otra. En segundo lugar, este aparato proporciona una ligazón tan estrecha e indisoluble con las masas, con la mayoría del pueblo, una ligazón tan fácil de controlar y renovar, que en el aparato del Estado anterior no hay nada que se le parezca. En tercer lugar, este aparato, por ser elegibles y revocables a voluntad del pueblo, sin for-malidades burocráticas, los hombres que lo integran, es mucho más democrático que los aparatos anteriores. En cuarto lugar, este aparato proporciona una sólida ligazón con las profesio-nes más diversas, facilitando de este modo, sin burocracia, las más distintas y más profundas reformas. En quinto lugar, pro-porciona una forma de organización de la vanguardia, es decir,


 

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de la parte más consciente, más enérgica y más avanzada de las clases oprimidas, de los obreros y de los campesinos, cons-tituyendo, de este modo, un aparato por medio del cual la van-guardia de las clases oprimidas puede elevar, educar, instruir y guiar a toda la gigantesca masa de estas clases, que hasta hoy permanecía completamente al margen de la vida política, al margen de la historia. En sexto lugar, proporciona la posibili-dad de conjugar las ventajas del parlamentarismo con las ven-tajas de la democracia inmediata y directa, es decir, reúne en la persona de los representantes elegidos por el pueblo la fun-ción legislativa y la ejecutiva. Comparado con el parlamenta-rismo burgués, es un avance de trascendencia histórica mun-dial en el desarrollo de la democracia....

 

Si la iniciativa creadora popular de las clases revoluciona-rias no hubiera organizado los Soviets, la revolución proletaria en Rusia se vería condenada al fracaso, pues, con el viejo apa-rato, el proletariado no habría podido, indudablemente, man-tenerse en el Poder. En cuanto al nuevo aparato, es imposible crearlo de golpe” (v. t. XXI, págs. 258-259).

 

Por eso, los bolcheviques se aferraron a los Soviets como al es-labón orgánico fundamental, que podía facilitar la organización de la Revolución de Octubre y la creación del nuevo y poderoso apara-to del Estado proletario.

 

Desde el punto de vista de su desarrollo interno, la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” pasó por dos etapas: la primera, has-ta la derrota de los bolcheviques en julio, durante la dualidad de poderes, y la segunda, después de la derrota de la sublevación de Kornílov.

 

En la primera etapa, esta consigna significaba la ruptura del bloque de los mencheviques y los eseristas con los demócratas constitucionalistas, la formación de un gobierno soviético, integrado por mencheviques y eseristas (pues los Soviets estaban entonces en sus manos), la libertad de agitación para la oposición (es decir, para los bolcheviques) y libertad de lucha entre los partidos en el seno de los Soviets, con la esperanza de que esta lucha permitiría a los bol-cheviques conquistar los Soviets y modificar la composición del gobierno soviético mediante un desarrollo pacífico de la revolución. Este plan no era, naturalmente, la dictadura del proletariado. Pero, sin duda alguna, facilitaba la preparación de las condiciones necesa-rias para asegurar la dictadura, pues al colocar en el Poder a los


 

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mencheviques y eseristas y al obligarles a poner en práctica su pla-taforma antirrevolucionaria, aceleraba el desenmascaramiento de la verdadera naturaleza de esos partidos, aceleraba su aislamiento, su separación de las masas. Sin embargo, la derrota de los bolchevi-ques en el mes de julio interrumpió este proceso, dando ventaja a la contrarrevolución de los generales y los demócratas constituciona-listas y arrojando a los eseristas y a los mencheviques en sus brazos. Esta circunstancia obligó al Partido a retirar por el momento la con-signa de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, para volver a lanzarla cuando se produjera un nuevo auge de la revolución.

 

La derrota de la sublevación de Kornílov inauguró la segunda etapa. La consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!” se puso de nuevo a la orden del día. Pero ahora esta consigna no significaba ya lo mismo que en la primera etapa. Su contenido había cambiado radicalmente. Ahora, esta consigna significaba la ruptura completa con el imperialismo y el paso del Poder a los bolcheviques, pues los Soviets eran ya, en su mayoría, bolcheviques. Ahora, esta consigna significaba que la revolución abordaba el establecimiento de la dic-tadura del proletariado mediante la insurrección. Es más: esta con-signa significaba ahora la organización de la dictadura del proleta-riado y su constitución en Estado.

 

La táctica de transformación de los Soviets en organismos de Poder del Estado tenía una importancia inapreciable, porque aparta-ba del imperialismo a las masas de millones y millones de trabaja-dores, desenmascaraba a los partidos menchevique y eserista como instrumentos del imperialismo y llevaba a las masas por vía directa, digámoslo así, a la dictadura del proletariado.

 

Por tanto, la política de transformación de los Soviets en orga-nismos de Poder del Estado, como la condición primordial para el aislamiento de los partidos conciliadores y para la victoria de la dic-tadura del proletariado: tal es la tercera particularidad de la táctica de los bolcheviques en el período de la preparación de Octubre.

 

Cuarta particularidad. El cuadro quedaría incompleto si no examináramos cómo y por qué consiguieron los bolcheviques trans-formar las consignas de su Partido en consignas para millones y millones de masas, en consignas que impulsaban la revolución; có-mo y por qué lograron convencer de que su política era acertada, no sólo a la vanguardia y no sólo a la mayoría de la clase obrera, sino también a la mayoría del pueblo.


 

 

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La realidad es que, para el triunfo de una revolución, si esta re-volución es auténticamente popular y engloba a millones de hom-bres, no basta que las consignas del Partido sean acertadas. Para que la revolución triunfe, es necesario, además, otra condición indispen-sable, a saber: que las masas se convenzan ellas mismas, por propia experiencia, de que esas consignas son acertadas Sólo en tal caso las consignas del Partido se convierten en consignas de las masas mis-mas. Sólo en tal caso la revolución se convierte en una auténtica revolución popular. Una de las particularidades de la táctica de los bolcheviques durante el período de la preparación de Octubre es que supo trazar certeramente las rutas y los virajes que llevan de un mo-do natural a las masas a identificarse con las consignas del Partido, al umbral mismo, por decirlo así, de la revolución, y de este modo hacen más fácil para ellas el percibir, comprobar y reconocer, por propia experiencia, que esas consignas son acertadas. En otros tér-minos: una de las particularidades de la táctica de los bolcheviques es que no confunde la dirección del Partido con la dirección de las masas; que ve claramente la diferencia entre esa primera dirección y la segunda; que no sólo es, por tanto, la ciencia de dirigir al Partido, sino también la de dirigir a las masas de millones y millones de tra-bajadores.

 

La experiencia de la convocatoria y disolución de la Asamblea Constituyente es una manifestación patente de esa particularidad de la táctica bolchevique.

 

Sabido es que los bolcheviques habían lanzado la consigna de República de los Soviets ya en abril de 1917. Sabido es que la Asamblea Constituyente era un parlamento burgués, en contradic-ción flagrante con los principios de la República de los Soviets. ¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques, marchando hacia la Re-pública de los Soviets, exigieran al mismo tiempo del Gobierno Provisional la convocatoria inmediata de la Asamblea Constituyen-te? ¿Cómo pudo ocurrir que los bolcheviques, no sólo participaran en las elecciones, sino que convocaran ellos mismos la Asamblea Constituyente? ¿Cómo pudo ocurrir que un mes antes de la insu-rrección, cuando se estaba pasando de lo viejo a lo nuevo, los bol-cheviques admitieran la posibilidad de una combinación temporal de la República de los Soviets y de la Asamblea Constituyente?

 

“Ocurrió” esto porque:

 

1)  la idea de la Asamblea Constituyente era una de las ideas más extendidas entre las amplias masas de la población;


 

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2)  la consigna de convocatoria inmediata de la Asamblea Cons-tituyente permitía desenmascarar con más facilidad la naturaleza contrarrevolucionaria del Gobierno Provisional;

 

3)  para desprestigiar ante las masas populares la idea de la Asamblea Constituyente, era indispensable llevar a estas masas, con sus reivindicaciones sobre la tierra, la paz y el Poder de los Soviets, hasta los muros de la Asamblea Constituyente, haciéndolas chocar, de esta manera, con la Asamblea Constituyente real y viva;

 

4)  ésta era la única forma de hacer que las masas se con vencie-ran fácilmente, por experiencia propia, del carácter contrarrevolu-cionario de la Asamblea Constituyente y de la necesidad de su diso-lución;

 

5)  todo esto implicaba, naturalmente, la posibilidad de una combinación temporal de la República de los Soviets y de la Asam-blea Constituyente, como uno de los medios de eliminar a esta últi-ma;

 

6)  semejante combinación, llevada a cabo siempre y cuando que todo el Poder pasase a los Soviets, sólo podía significar la supedita-ción de la Asamblea Constituyente a los Soviets, su transformación en un apéndice de los Soviets, su extinción sin dolor.

 

Huelga demostrar que, sin semejante política de los bolchevi-ques, la disolución de la Asamblea Constituyente no habría sido tan fácil, y que las acciones posteriores de los eseristas y los menchevi-ques bajo la consigna de “¡Todo el Poder a la Asamblea Constitu-yente!” no habrían fracasado con tal estrépito.

 

“Participamos – dice Lenin – en las elecciones al parla-mento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente, en sep-tiembre-noviembre de 1917. ¿Era acertada nuestra táctica o no?... ¿Acaso nosotros, los bolcheviques rusos, no teníamos en septiembre-noviembre de 1917 más derecho que todos los comunistas del Occidente a considerar que el parlamentarismo había sido superado políticamente en Rusia? Lo teníamos, na-turalmente, pues la cuestión no estriba en si los parlamentos burgueses existen desde hace mucho o poco tiempo, sino en el grado de preparación (ideológica, política y práctica) de las grandes masas trabajadoras para adoptar el régimen soviético y disolver (o permitir la disolución) del parlamento democráti-co-burgués. Que la clase obrera de las ciudades, los soldados y los campesinos de Rusia estaban, en septiembre-noviembre de 1917, en virtud de una serie de condiciones particulares, ex-


 

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cepcionalmente preparados para adoptar el régimen soviético y disolver el parlamento burgués más democrático, es un he-cho histórico absolutamente indiscutible y plenamente esta-blecido. Y, no obstante, los bolcheviques no boicotearon la Asamblea Constituyente, sino que participaron en las eleccio-nes, tanto antes como después de la conquista del Poder políti-co por el proletariado” (v. t. XXV, págs. 201-202).

 

¿Y por qué no boicotearon los bolcheviques la Asamblea Constituyente? Porque, dice Lenin:

 

“Incluso unas semanas antes de la victoria de la República Soviética, incluso después de esta victoria, la participación en un parlamento democrático-burgués, lejos de perjudicar al pro-letariado revolucionario, le permite demostrar fácilmente a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la ‘supera-ción política’ del parlamentarismo burgués” (v. lugar citado).

 

Es significativo que Trotski no comprenda esta particularidad de la táctica de los bolcheviques y gruña contra la “teoría” de la combinación de la Asamblea Constituyente y de los Soviets, tildán-dola de hilferdingada.

 

No comprende que, bajo la consigna de insurrección y del triunfo probable de los Soviets, admitir esa combinación, admitir la convocatoria de la Asamblea Constituyente constituye la única tác-tica revolucionaria, que no tiene nada de común con la táctica a lo Hilferding de transformar los Soviets en un apéndice de la Asam-blea Constituyente; no comprende que el error de algunos camara-das en este problema no le autoriza a vituperar la posición absolu-tamente acertada de Lenin y del Partido en cuanto a un “Poder esta-tal combinado” bajo ciertas condiciones (cfr. t. XXI, pág. 338).

 

No comprende que, sin su política peculiar en relación con la Asamblea Constituyente, los bolcheviques no habrían logrado ga-narse a millones y millones de hombres del pueblo y que, sin ganar-se a estas masas, no habrían podido transformar la insurrección de Octubre en una profunda revolución popular.

 

Es interesante ver cómo Trotski gruñe hasta contra las palabras “pueblo”, “democracia revolucionaria”, etc., etc., que suelen encon-trarse en los artículos de los bolcheviques y que él considera indeco-rosas para un marxista.

 

Por lo visto, Trotski olvida que incluso en septiembre de 1917, un mes antes de la victoria de la dictadura del proletariado, Lenin,


 

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marxista indudable, escribía sobre la “necesidad del paso inmediato de todo el Poder a manos de la democracia revolucionariacon el proletariado revolucionario a la cabeza “ (v. t. XXI, pág. 198).

 

Por lo visto, Trotski olvida que Lenin, marxista indudable, ci-tando la conocida carta de Marx a Kugelmann (abril de 1871) donde se dice que la demolición del aparato burocrático -militar del Estado es condición previa de toda verdadera revolución popular en el con-tinente, escribe, con claridad meridiana, las siguientes líneas:

 

Merece especial atención la observación extraordinaria-mente profunda de Marx de que la demolición de la máquina burocrático-militar del Estado es ‘condición previa de toda verdadera revolución popular’. Este concepto de revolución ‘popular’ parece extraño en boca de Marx, y los adeptos de Plejánov y los mencheviques rusos, esos discípulos de Struve que quieren hacerse pasar por marxistas, podrían tal vez califi-car de ‘lapsus’ esta expresión de Marx. Esa gente ha hecho una tergiversación tan liberal e indigente del marxismo, que para ellos no existe nada sino la antítesis entre revolución bur-guesa y revolución proletaria, y hasta esta antítesis la conciben de un modo a más no poder escolástico...

 

En la Europa de 1871, el proletariado no formaba en nin-gún país del continente la mayoría del pueblo. La revolución no podía ser ‘popular’ ni arrastrar verdaderamente a la mayo-ría al movimiento, si no englobaba tanto al proletariado como a los campesinos. Ambas clases formaban entonces el ‘pue-blo’. Une a estas clases el hecho de que la ‘máquina burocráti-co-militar del Estado’ las oprime, las esclaviza, las explota. Destruirdemoler esta máquina, eso es lo que aconsejan los verdaderos intereses del ‘pueblo’, de su mayoría, de los obre-ros y de la mayoría de los campesinos, tal es la ‘condición previa’ para una alianza libre de los campesinos pobres con los proletarios; sin esa alianza, la democracia es precaria y la transformación socialista imposible” (v. t. XXI, págs. 395-396).

 

Estas palabras de Lenin no deben olvidarse.

 

Así, pues, lograr que las masas se convenzan por experiencia propia de que las consignas del Partido son acertadas, llevando a estas masas a posiciones revolucionarias, como la condición pri-mordial para la conquista de millones de trabajadores en favor del


 

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Partido: tal es la cuarta particularidad de la táctica de los bolchevi-ques durante el período de la preparación de Octubre.

 

Creo que lo dicho es suficiente para comprender bien los rasgos característicos de esta táctica.

 

IV

 

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE, COMIENZO Y

 

PREMISA DE LA REVOLUCIÓN MUNDIAL

 

Es indudable que la teoría universal del triunfo simultáneo de la revolución en los principales países de Europa, la teoría de la impo-sibilidad de la victoria del socialismo en un solo país ha resultado ser una teoría artificial, una teoría no viable. La historia de siete años de revolución proletaria en Rusia no habla en favor, sino en contra de esa teoría. Esa teoría no sólo es inaceptable como esque-ma del desarrollo de la revolución mundial, ya que está en contra-dicción con hechos evidentes. Es todavía más inaceptable como consigna, porque no libera, sino que encadena la iniciativa de los distintos países que, en virtud de ciertas condiciones históricas, ad-quieren la posibilidad de romper ellos solos el frente del capital; porque no estimula a los distintos países a emprender una arremeti-da enérgica contra el capital, sino a mantenerse pasivamente a la expectativa, en espera del momento de “desenlace general”; porque no fomenta en los proletarios de los distintos países el espíritu de decisión revolucionaria, sino el espíritu de las dudas a lo Hamlet: “¿y si los demás no nos apoyan?”. Lenin tiene completa razón al decir que la victoria del proletariado en un solo país es un “caso típico”, que “la revolución simultánea en varios países” sólo puede darse como una “excepción rara” (v. t. XXIII, pág. 354).

 

Pero la teoría leninista de la revolución no se circunscribe, co-mo es sabido, a este solo aspecto del problema. Es, al mismo tiem-po, la teoría del desarrollo de la revolución mundial.* La victoria del socialismo en un solo país no constituye un fin en sí. La revolución del país victorioso no debe considerarse como una magnitud autó-noma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en todos los países. Porque la victoria de la revolu-ción en un solo país, en este caso en Rusia, no es solamente un pro-ducto del desarrollo desigual y de la disgregación progresiva del

 

* Véase: Los fundamentos del leninismo. J. St.


 

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imperialismo. Es, al mismo tiempo, el comienzo y la premisa de la revolución mundial.

 

Es indudable que las vías del desarrollo de la revolución mun-dial no son tan sencillas como podían parecer antes de la victoria de la revolución en un solo país, antes de la aparición del imperialismo desarrollado, “antesala de la revolución socialista”. Porque ha sur-gido un factor nuevo: la ley del desarrollo desigual de los países capitalistas, que rige bajo las condiciones del imperialismo desarro-llado y evidencia la inevitabilidad de los conflictos armados, el de-bilitamiento general del frente mundial del capital y la posibilidad de la victoria del socialismo en algunos países por separado. Porque ha surgido un factor nuevo: el inmenso País Soviético, situado entre el Occidente y el Oriente, entre el centro de la explotación financie-ra del mundo y el teatro de la opresión colonial, un país cuya sola existencia revoluciona el mundo entero.

 

Todos estos factores (por no citar otros de menor importancia) no pueden ser pasados por alto al estudiar las vías de la revolución mundial.

 

Antes solía suponerse que la revolución iría desarrollándose por “maduración” proporcionada de los elementos de socialismo, ante todo en los países más desarrollados, en los países “adelantados”. Ahora, esta idea debe ser modificada de modo substancial.

 

“El sistema de las relaciones internacionales – dice Lenin

 

– es actualmente tal, que uno de los Estados de Europa, Ale-mania, se ve avasallado por los Estados vencedores. Por otra parte, diversos Estados, por cierto los más antiguos del Occi-dente, se hallan, gracias a la victoria, en condiciones de poder aprovechar esa misma victoria para hacer a sus clases oprimi-das una serie de concesiones, que, si bien son insignificantes, retardan el movimiento revolucionario en estos países, crean-do una apariencia de ‘paz social’“.

 

“Al mismo tiempo, otros muchos países – el Oriente, la India, China etc. –, se han visto definitivamente sacados de su carril, precisamente por causa de la última guerra imperialista. Su desarrollo se ha orientado definitivamente por la vía gene-ral del capitalismo europeo. En esos países ha comenzado la misma efervescencia que se observa en toda Europa. Y para todo el mundo es ahora claro que ellos han entrado en un pro-ceso de desarrollo que no puede por menos de conducir a la crisis de todo el capitalismo mundial”.


 

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En vista de esto y en relación con ello, “los países capita-listas de la Europa Occidental llevarán a término su desarrollo hacia el socialismo... de un modo distinto a como esperábamos anteriormente. No lo llevan a término por un proceso propor-cionado de “maduración” del socialismo en ellos, sino me-diante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer Estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el Oriente se ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta prime-ra guerra imperialista, viéndose arrastrado definitivamente a la órbita general del movimiento revolucionario mundial” (v. t. XXVII, págs. 415-416).

 

Si a esto se añade que no sólo los países vencidos y las colonias son explotados por los países vencedores, sino que, además, una parte de los países vencedores cae en la órbita de la explotación fi-nanciera de los países vencedores más poderosos, de los Estados Unidos e Inglaterra; que las contradicciones entre todos estos países constituyen el factor más importante de la disgregación del imperia-lismo mundial; que, además de estas contradicciones, existen y se están desarrollando otras contradicciones, profundísimas, dentro de cada uno de estos países; que todas estas contradicciones se ahon-dan y se agudizan por el hecho de existir al lado de esos países la gran República de los Soviets; si tomamos todo eso en considera-ción, tendremos una idea, más o menos completa, de la peculiaridad de la presente situación internacional.

 

Lo más probable es que la revolución mundial se desarrolle del siguiente modo: nuevos países se desgajarán del sistema de los paí-ses imperialistas por vía revolucionaria, siendo apoyados sus prole-tarios por los proletarios de los países imperialistas. Vemos que el primer país que se ha desgajado, el primer país que ha vencido, es apoyado ya por los obreros y las masas trabajadoras de los otros países. Sin este apoyo no podría mantenerse. Es indudable que este apoyo irá cobrando mayor intensidad y fuerza. Pero también es in-dudable que el mismo desarrollo de la revolución mundial, el mis-mo proceso por el que se desgajen del imperialismo nuevos países se operará con tanta mayor rapidez y profundidad cuanto más fir-memente se vaya consolidando el socialismo en el primer país vic-torioso, cuanto más rápidamente se transforme este país en una base


 

 

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para el desarrollo sucesivo de la revolución mundial, en una palanca de la disgregación sucesiva del imperialismo.

 

Si es cierta la tesis de que el triunfo definitivo del socialismo en el primer país liberado no es posible sin los esfuerzos comunes de los proletarios de varios países, no menos lo es que la revolución mundial se desarrollará con tanta mayor rapidez y profundidad, cuanto más eficaz sea la ayuda prestada por el primer país socialista a los obreros y a las masas trabajadoras de todos los otros países.

 

¿En qué debe consistir esta ayuda?

 

En primer lugar, en que el país que ha triunfado “lleve a cabo el máximo de lo realizable en un solo país para desarrollar, apoyar y despertar la revolución en todos los países “ (v. Lenin, t. XXIII, pág. 385).

 

En segundo lugar, en que “el proletariado triunfante” de un país, “después de expropiar a los capitalistas y de organizar la pro-ducción socialista dentro de sus fronteras, se enfrente con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las cla-ses oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrec-ción contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados” (v. Lenin, t. XVIII, págs. 232-233).

 

La particularidad característica de esta ayuda del país victorioso no sólo consiste en que acelera la victoria del proletariado de los otros países, sino también en que, al facilitar esta victoria, asegura el triunfo definitivo del socialismo en el primer país victorioso.

 

Lo más probable es que, en el curso del desarrollo de la revolu-ción mundial, se formen, al lado de los focos de imperialismo en distintos países capitalistas y junto al sistema de estos países en todo el mundo, focos de socialismo en distintos países soviéticos y un sistema de estos focos en el mundo entero, y que la lucha entre estos dos sistemas llene la historia del desarrollo de la revolución mun-dial.

 

Pues, “la libre unión de las naciones en el socialismo – dice Le-nin – es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasados” (v. lugar ci-tado).

 

La importancia mundial de la Revolución de Octubre no sólo reside en que es la gran iniciativa de un país que ha abierto una bre-cha en el sistema del imperialismo y constituye el primer foco de socialismo en medio del océano de los países imperialistas, sino


 

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también en que es la primera etapa de la revolución mundial y una base potente para su desenvolvimiento sucesivo.

 

Por eso no sólo yerran quienes, olvidando el carácter interna-cional de la Revolución de Octubre, afirman que la victoria de la revolución en un solo país es un fenómeno pura y exclusivamente nacional; yerran también quienes, sin olvidar el carácter internacio-nal de la Revolución de Octubre, propenden a considerarla como algo pasivo, sujeto únicamente al apoyo que pueda recibir del exte-rior. La realidad es que no sólo la Revolución de Octubre necesita del apoyo de la revolución de los otros países, sino que también la revolución de estos países necesita del apoyo de la Revolución de Octubre para acelerar e impulsar el derrocamiento del imperialismo mundial.

 

17 de diciembre de 1924.

 

J. V. Stalin, Obras, t. VI.

 

NOTAS

 

El libro de J. V. Stalin Camino de Octubre apareció separadamente en dos ediciones, enero y mayo de 1925. Los artículos y discursos que figuran en este libro se encuentran en el tomo III de las Obras de J. V Stalin. El prefacio fue terminado por el autor en diciembre de 1924 y únicamente fue publicado completo en el libro Camino de Octubre. La mayor parte del prefacio, bajo el título La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos, vio la luz, aparte de diferentes colec-ciones de artículos y en folletos, en todas las ediciones del libro de J. V. Stalin Cuestiones del leninismo. Parte del prefacio se ha publicado en el tomo III de las Obras de J. V. Stalin, como nota del autor al artículo Contra el federalismo.

 

 

 



FIN

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