© Libro N° 11007. Gramsci En Detroit. Fuentes Morúa, Jorge. Emancipación. Marzo 18 de 2023
Título original: © Gramsci En Detroit. Jorge Fuentes Morúa
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Jorge Fuentes Morúa
Gramsci En Detroit
Jorge Fuentes Morúa
«…Hoy las comisiones internas limitan el poder del capitalista en la
fábrica y desarrollan funciones de arbitraje y disciplina. Desarrolladas y
enriquecidas deberán ser mañana los órganos del poder proletario que sustituya
el capitalista en todas sus funciones útiles de dirección y administración…
Desde ahora los obreros deberían proceder a la elección de vastas asambleas de
delegados, seleccionados entre los compañeros mejores y más conscientes, bajo
la consigna: «Todo el poder de la fábrica a los comités de fábrica», coordinada
con esta otra: «Todo el poder del estado a los consejos obreros y campesinos…»
A. Gramsci, Democracia Obrera.
«De una manera general se puede decir que el americanismo y el
fordismo derivan de la necesidad inmanente de llegar a la organización de una
economía planificada y que los distintos problemas examinados deberían ser los
eslabones de la cadena que señala precisamente el paso del viejo individualismo
económico a la economía planificada. Estos problemas nacen de las diversas
formas de resistencia que encuentra el proceso de desarrollo ensu
desenvolvimiento, resistencias que provienen de lasdificultades insitas en la
sacietas rerum y en la secretashominum. El hecho de que una tentativa
progresista sea iniciada por una u otra fuerza social no deja de tener
consecuencias fundamentales…»
A. Gramsci, Americanismo y fordismo.
«… Es digno de hacer notar cómo los industriales (especialmente Ford) se
han interesado por las relaciones sexuales entre sus dependientes y, en
general, por la instalación de sus familias; las apariencias de «puritanismo»
que asumió este interés (como en el caso del prohibicionismo) no debe
conducimos a error; la verdad es que no puede desarrollarse el nuevo tipo de
hombre exigido por la racionalización de la producción y del trabajo, mientras
el instinto sexual no haya sido regulado de acuerdo con esta racionalización,
no haya sido él también racionalizado.»
A. Gramsci, Americanismo y fordismo.
La consigna: subordinar el cuerpo sin olvidar el alma
El capitalismo contemporáneo, atraviesa por una aguda crisis que
pareciera estar decidida a ser insuperable. Por ello, los aparatos
gubernamentales, nacionales y trasnacionales, mediante sus mejores
representantes, empeñan afanosamente sus mejores esfuerzos en diseñar políticas
capaces de enderezar el atrofiado sistema capitalista. La vasta producción
teórica, científica e ideológica, de estos administradores de la crisis mundial
capitalista, no se ha limitado al diseño de políticas económicas en sentido restringido,
ya que han comprendido la necesidad de penetrar de manera explícita en todos
los filamentos de la vida social, incluso en los más delicados e inadvertidos.
Por ello, puede afirmarse que la reestructuración capitalista en curso, no
restringe su iniciativa al «campo económico«, haciendo dejar sentir su
impulso en todas las esferas de la vida social. Por lo demás, este hecho no es
novedoso, en manera alguna, pues la actual reconversión capitalista, así como
las otras que forman parte de su historia, también han implicado modificaciones
sucesivas a la estructura de complejas relaciones sociales. Estos cambios han
permitido las permanentes transformaciones y adaptaciones necesarias para la
refuncionalización de la sociedad capitalista. No obstante, conviene
reconocer que nunca antes, como ahora, los aparatos de dominación habían
logrado articular una política reestructuradora con un carácter explícitamente
omnicomprensivo, ya que en otros periodos transformadores las modificaciones
ocurridas en ámbitos de la vida social -distintos de la actividad económica
definida en sentido estricto- habían derivado de ciertos automatismos sociales;
en cambio, la capacidad reorganizadora del capitalismo contemporáneo, no se
limita a los resultados originados en los mecanismos sociales, ya que en razón
de las enormes resistencias que debe vencer para implantarse, la
reestructuración contemporánea incluye proyectos explícitos para reconvertir la
familia, la sexualidad, la educación, la moral, la ética, las costumbres y toda
la amplia gama de prácticas sociales originadas en la vida cotidiana.
La enfermedad o la lucha entre lo nuevo y lo viejo.
El resquebrajamiento capitalista se ha pretendido solucionar -antes y
ahora- mediante la ampliación del mercado, rebasando las fronteras previamente
establecidas, tanto las interiores, así como las exteriores. También, para
remediar sus heridas no se ha excluido la búsqueda de ungüentos válidos
universalmente, recurriendo para su elaboración, tanto a la actividad
especulativa de sus guardianes ideológicos, así como a experiencias históricas
en las que el capitalismo ha resultado relativamente triunfante. La reflexión
hegeliana 1 sobre el carácter promisorio de Estados Unidos de
América, pareciera corroborarse una y otra vez, sobre todo después de cada
caída capitalista. En efecto, las miradas de los patólogos del capitalismo
siempre han buscado remediar los padecimientos del sistema, recurriendo a los
modelos económicos puestos en práctica en Estados Unidos de América; para estos
escolapios, la receta parece sencilla: conviene transformar al mundo entero, a
imagen y semejanza de la tierra prometida.
Europa, durante la primera mitad de este siglo se vio sacudida por
explosiones devastadoras: crisis económicas, guerras, insurrecciones y el
ascenso de una revolución anticapitalista triunfante: La Revolución de Octubre.
Todos estos procesos históricos, contribuyeron a la destrucción del antiguo
régimen, pues no obstante las revoluciones burguesas, aún mantenía éste
posiciones vigorosas, a pesar de haberse iniciado el siglo XX. La fragilidad
del liberalismo europeo decimonónico se palpaba de muchas maneras, así las
oleadas sucesivas de emigrantes europeos, tanto meridionales como
septentrionales, ponían de relieve la situación económica siempre quebradiza,
de ciertas sociedades: los países escandinavos, Alemania e Italia, para sólo
señalar algunos. Buena parte de la emigración europea, tuvo como destino
Estados Unidos de América, tierra en la que los europeos de entonces esperaban
encontrar solución a su pobreza ancestral. Ellos convirtieron a Nueva York en
parte principal de acceso para las oleadas sucesivas de quienes estaban seguros
de encontrar en este país las oportunidades que Europa les había negado, pues
no obstante las apariencias, en la mayor parte del viejo continente, la
oligarquía nobiliaria y terrateniente impedía el paso a las fuerzas del capitalismo
que, en las primeras décadas del siglo XX, todavía eran raquíticas y
desmejoradas. Finalizada la I Guerra Mundial, en Italia como en otros países
europeos, los arcaísmos y el atraso generalizado se tornaron agobiantes. Por
ello, organizaciones de todo tipo -de obreros, de intelectuales, de artistas,
industriales- buscaron construir alternativas para diseñar una sociedad de cara
al futuro, capaz de dar por completo la espalda a un régimen esclerotizado por
su corte de clérigos, militares, terratenientes y una nobleza empobrecida, en
ocasiones, pero casi siempre debilitada y atemorizada por su incapacidad para
enganchar a Italia a la moderna sociedad capitalista. La producción teórica y
la actualidad política de Gramsci, ocurrió en esta encrucijada
histórica, durante la cual, como él mismo señaló: «La crisis consiste,
precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede
nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas de enfermedad«. 2
Entre Oriente y Occidente.
Con base en la investigación histórica contemporánea, puede comprenderse
el significado que Gramsci dió a lo «viejo«,
consistente en el conjunto de sobrevivencias del antiguo régimen nobiliario,
terrateniente, despótico y militarista. Por otra parte, lo «nuevo» alude
esencialmente a dos cuestiones:
a) Las corrientes y tendencias revolucionarias derivadas de la
historia de las luchas del incipiente proletariado industrial de Milán 3 pero
sobre todo el turinés: anarquistas, socialistas y, posteriormente, los
comunistas. Además de las luchas en la industria, el proletariado agrícola
ensayó huelgas y movimientos de resistencia, mediante los cuales buscó
continuar las viejas tradiciones anarquistas de lucha agraria que durante
tantos años habían avivado el irresoluble conflicto rural meridional. Esta coyuntura
fue influida radicalmente por el ascenso revolucionario experimentado en Europa
a raíz del triunfo de la Revolución de Octubre. La extensa producción
gramsciana anterior al encarcelamiento, comprendida entre los años de
1911-1926, se dedica al análisis de esta compleja coyuntura, sin duda es
lamentable que aún no haya sido traducido cabalmente al castellano.
b) Finalizada la I Guerra Mundial, se hizo evidente la quiebra del
sistema de dominación europeo imperial, la crisis económica dejó sus huellas en
todos los países europeos, suscitándose experiencias de reforma y recomposición
del capitalismo que en Alemania e Italia vendrían a desembocar en las
dictaduras del nacionalsocialismo y del fascismo. Sin embargo, en Italia
sucedió lo que yo era observable en otros países europeos -en los años de
entreguerras- en tanto algunos ojos miraban hacia el oriente revolucionario y
leninista, otros dirigían su mirada hacia el occidente reformista y
fordista. Gramsci, durante su permanencia carcelaria, examinó
meticulosamente lo que en los Cuadernos de la Cárcel designa «Americanismo
y fordismo«. Esta cuestión atrajo su atención, ya que para la recomposición
capitalista de Italia, en opinión de notables intelectuales y dirigentes
empresariales y políticos burgueses, era indispensable adoptar el producto más
logrado de la pujante civilización norteamericana: el fordismo. En consecuencia,
para importantes sectores de la élite burguesa, Italia podría solucionar sus
problemas, tales como el atraso y la miseria perenne mediante la
americanización de la vida en todos sus aspectos.
Autogestión versus fordismo.
Desde inicios del siglo XX, es observable con cierta nitidez, cómo en la
estructura industrial aparecían perspectivas -tanto desde el enfoque de los
obreros como desde el de los empresarios capitalistas- decididas a lograr
formas de integración de los trabajadores al proceso de producción; sin
embargo, pueden advertirse al interior de este proceso dos facetas
dominantes:
1) La tendencia autogestionaria, mediante la cual los obreros
industriales pretendían incorporarse a la dirección del proceso de producción
industrial.
2) La tendencia empresarial capitalista en la que aparece integrado y
subordinado el obrero industrial. Gramsci, enfrentó teórica y
prácticamente a través de la acción política y del examen crítico, la situación
del proletariado industrial que se veía sometido crecientemente a un proceso de
dominación al que él reconoció como fordismo. 4
La experiencia de los Consejos de Fábrica: una tendencia
autogestionaria.
Turín, 5 tuvo una década revolucionaria que comprendió
los años que van de 1910 a 1920. Durante este lapso los obreros industriales
desarrollaron una intensa actividad orientada hacia la apropiación de los
órganos de dirección de la industria italiana más avanzada de la época: la
industria automotriz. El centro del complejo industrial fabril italiano, se
localizaba en Turín, creándose en esta ciudad una estructura de clases
claramente polarizada, ya que la mayoría de los habitantes eran obreros; sin
embargo, los puestos de dirección y la organización de la propiedad favorecían
la constitución de un núcleo dirigente de carácter burgués. La industria
capitalista más avanzada, a inicios de este siglo, exigió para su
funcionamiento eficiente la conformación de comités de empresa. Estas
instancias organizativas fueron constituidas a partir de la iniciativa de la
misma dirección empresarial (en 1906), interesada en incrementar la calidad, la
productividad y el rendimiento industrial. Los obreros fueron asimilando, paulatinamente,
esta forma de organización dotándola de un carácter proletario -a pesar de las
irregularidades y deficiencias que ésta contenía- designándolas comisiones
internas. Conviene recordar que en Italia existió un poderoso movimiento
anarquista, tanto en el campo como en la ciudad; por ello, puede comprenderse
cómo la mirada de los obreros industriales descubrió en los comités de empresa
la posibilidad de crear a partir de esta organización, instancias asociativas
capaces de favorecer cierta intervención, tendencialmente autogestionaria. En
efecto, las tradiciones del anarcosindicalismo influyeron, inicialmente de
manera callada y luego de forma estridente, en el cambio, al principio lento y
luego acelerado, que habría de permitir la transformación del comité de empresa
en comisión interna y luego en consejo de fábrica. Esta modificación fue
favorecida por la coyuntura internacional y la nacional de esos años:
estallamiento de la I Guerra Mundial, intervención de Italia en esta guerra,
agudizamiento de la crisis industrial y agraria, estallido de la Revolución de
Octubre y el triunfo de los bolcheviques. Estos hechos, conformaron una
situación política adversa a los intereses de la mayoría de los trabajadores,
desatándose una inconformidad creciente que vino a desembocar en la
insurrección de los asalariados del campo y la ciudad, sucedida en el Piamonte.
En Turín, ciudad obrera, los trabajadores se apropiaron de todas las instancias
de decisiones, tanto en las fábricas como fuera de ellas, convirtiendo a esta
ciudad en el Petrogrado italiano. El proletariado industrial, extrajo de la
rica tradición anarcosindicalista las enseñanzas más útiles para el ejercicio
político, adecuado a la coyuntura que se vivía. Por ello, la fuerza de las
comisiones internas y la de los sindicatos, se condensó en un nuevo aparato de
gobierno: el consejo de fábrica. Mediante este aparato, los trabajadores
turineses gobernaron a la ciudad roja, impulsando iniciativas para conformar
organizaciones semejantes en las zonas donde se localizaba el proletariado
agrícola, en franco proceso de insurrección. El apogeo de los consejos de
fábrica, hizo evidente la quiebra, tanto de la hegemonía burguesa, asi como de
los socialistas, la del Partido Socialista de Italia. En gracia a estas fracturas,
el poder autónomo de los trabajadores logró apropiarse de la principal ciudad
industrial italiana y de la más importante región donde la agricultura
capitalista había logrado establecerse. Gramsci y otros
notables miembros del Partido Socialista extrajeron las consecuencias políticas
de estos hechos:
I. La hegemonía burguesa había sido rota creándose condiciones para el
ascenso revolucionario.
II. El Partido Socialista Italiano (PSI) había mostrado su incapacidad y
su distanciamiento de la fuerza real de los trabajadores.
III. El consejo de fábrica surgió como un aparato de dominación al
servicio de una nueva hegemonía, la de los trabajadores. Esta circunstancia,
significaba una perspectiva más amplia para el poder de los trabajadores, al
rebasar el confinamiento fabril, superando los límites estrechos impuestos por
las comisiones internas y los sindicatos.
IV Esta nueva coyuntura obligó a Gramsci y a otros
disidentes del PSI a organizar una corriente política e ideológica decidida a
colocarse a la altura de las circunstancias; por ello crearon la publicación
periódica: L’0rdine Nuovo.
Tasca, Terracini, Togliatti y Gramsci,
trabajaron afanosamente para conformar un órgano de dirección política e
ideológica, capaz de extraer las enseñanzas de la ocupación de las fábricas.
Para tal efecto constituyeron L’0rdine Nuovo, que al inicio se
presentó como un órgano de difusión tradicional, pero que a raíz del ascenso de
la lucha consejista, debió oscilar a la izquierda identificándose con los
aspectos más relevantes del consejismo. 6 Este viraje puede
comprenderse mediante el análisis de hechos e influencias como las siguientes:
la capacidad organizativa y la decisión política demostrada por los
trabajadores piamonteses; los planteamientos anarcosindicalistas; el
conocimiento de otras experiencias que lograron articular marxismo y consejismo
como sucedió en Estados Unidos de América, donde la Industrial Workers of the
World (IWW) y De León 7 avanzaban en el terreno de la
organización de los trabajadores; el desenvolvimiento de corrientes
intelectuales interesadas en plantear desarrollos para una revitalización
cultural a partir del saber popular; todos estos factores influidos
poderosamente por la Revolución de Octubre y el llamado leninista decidido a
conceder todo el poder a los soviets. Gramsci, al igual que Bordiga,
reconoció en la experiencia soviética un hecho de relevancia mundial, ya que
por medio de esta práctica se mostraba la fuerza emancipadora de los
trabajadores y la lucha por la autonomía del trabajo. No obstante, esta
confluencia de puntos de vista, existían cuestiones que distanciaban a estos
revolucionarios: Gramsci apostó a las expresiones de la
autoorganización del trabajo, en tanto Bordiga en ningún
momento abandonó la idea del partido centralizado, a pesar de que el órgano de
propaganda bordigiano se llamaba Il Soviet. 8 La
desocupación de las fábricas terminó con el periplo consejista, imponiéndose
gradualmente aspectos de las tesis de los bordigianos, lo que permitiría la
confluencia de aquellos y de los gramscianos en la construcción del Partido
Comunista Italiano. Ciertamente, en el mismo L’0rdine Nuovo, Gramsci reconocerla
la necesidad de la reconstrucción del partido; sin embargo, esta instancia
centralizadora, para la perspectiva gramsciana, quedó marcada por la
experiencia consejista, Esta experiencia influyó en la interpretación
gramsciana, no sólo de la revolución en Italia, sino en la de la misma
Revolución de Octubre, pues ésta se distingue por la experiencia soviética que,
como en el caso italiano, también provenía de las tradiciones
anarcosindicalistas, primeras formas de lucha y resistencia frente al despotismo
industrial. 9 Por ello Gramsci defenderá
antes y durante su encarcelamiento la idea de la revolución democrática y la de
un partido que gobierne mediante la intervención de los consejos, no sólo
obreros, sino también campesinos, ya que mediante estas instituciones se
resolvería la organización de la producción y la alianza de obreros y
campesinos. Para estos últimos, no resultaría tarea extraña la organización de
consejos agrarios, pues tanto la cultura ancestral, así como el largo trabajo
de propaganda desarrollado por los anarquistas, favorecería la constitución de
consejos rurales, instancia indispensable para la alianza entre el campo y la
ciudad, entre Norte industrial y el Sur agrario, entre la Península y las
islas: Cerdeña y Sicilia.
Americanismo y fordismo o la subyugación del obrera industrial.
Para las tradiciones políticas italianas, opuestas o distantes del
paradigma revolucionario, socialista y comunista, la reconstrucción de la
sociedad europea occidental, y en particular la italiana, podía contemplar otro
tipo de alternativa social, diferente a la planteada por la izquierda. Por
ello, para la burguesía italiana, la alternativa, el modelo histórico, habría
de ser localizada en el occidente, en la sociedad capitalista más avanzada:
Estados Unidos de América. Esta sociedad había logrado desarrollarse
espectacularmente, prescindiendo del conjunto de rémoras sociales inseparables
del antiguo régimen; Estados Unidos de América, surgía como la nación donde el
capitalismo había instalado el conjunto de relaciones sociales que le permitían
el desenvolvimiento impetuoso, que a Europa la historia le negaba. En Estados
Unidos de América la industria transformaba al conjunto de la sociedad,
convirtiéndose en un país altamente industrializado, donde la agricultura era
desplazada en tanto actividad principal. La industria más adelantada, durante
los años comprendidos entre la I y II Guerra Mundial, era la industria
automotriz. Para los años 30, la corporación Ford aparecía plenamente
consolidada, tanto en Estados Unidos de América, como en los países donde instalaba
sus plantas; el éxito de esta importante firma automotriz se debía tanto a la
calidad técnica de sus productos, así como a la reestructuración que había
logrado imprimir al proceso de producción, a la gestión y a la administración
industrial. Por estas razones, la experiencia Ford aparecía como un faro
iluminador 10 en medio de la crisis capitalista. Gramsci,
en Cuadernos de la Cárcel consignó su interés en lo que él
consagró como «Americanismo y fordismo«; advirtió cómo la influencia
cultural norteamericana permeaba gradualmente la sociedad europea, incluida
Italia. El examen gramsciano mostró como la industrialización norteamericana
consistía en un proceso cuya capacidad expansiva rebasaba con mucho los límites
estrechos impuestos por los muros y alambrados de la fábrica. Distanciado del
reduccionismo economicista, Gramsci pudo señalar como el
pujante desarrollo de la tecnología industrial exigía una modificación en los
aspectos siguientes:
I. Transformación del aparato productivo, en sentido estricto,
maquinaria, herramientas, técnicas y tecnología.
II. Restructuración de las técnicas administrativas y gerenciales,
con el propósito esencial de lograr mayor productividad mediante la integración
del obrero industrial al proceso productivo, inclusión limitada y
subordinada.
III. Afán empresarial posesivo, ya que la gerencia industrial no
conforme con apoderarse del tiempo correspondiente a la jornada laboral,
diseñaba mecanismos de control, con el propósito de adueñarse de la
subjetividad proletaria, regulando las actividades recreativas después de
finalizada la jornada de trabajo. La empresa valiéndose de técnicas propias de
la Sociología del trabajo, intentó regular el tiempo libre del obrero,
preocupada por controlar sus actividades recreativas, por ejemplo, luchando
contra el alcoholismo. Además, era necesario difundir costumbres nuevas,
orientadas hacia el despliegue de una conciencia productivista y eficientista;
para tales propósitos convenía vigilar la salud de los trabajadores, fomentar
el ahorro del gasto de energía física, corporal, sobre todo fuera de la
fábrica, después de finalizada la jornada laboral. Por ello las condiciones de
trabajo, se ensanchaban hasta el lecho conyugal, cuidando las costumbres
erótico-sexuales, favoreciendo la represión y la reglamentación de la
sexualidad.
El modelo estadounidense fundaba su fuerza en la hegemonía proveniente
de la restructuración industrial, en consecuencia era imprescindible hacer
concordar todos los poros de la sociedad civil con las modificaciones ocurridas
en la estructura productiva. La reconversión de la subjetividad colectiva
señalaba los cambios urgentes que los trabajadores y el conjunto de la sociedad
debían cumplir. Las mutaciones en la subjetividad colectiva nunca se han dado
en el aire, pues para lograr efectividad cabal, deben construirse nuevas
instituciones, capaces de difundir los nuevos hábitos, creencias y costumbres
que exige el aparato industrial; desde esta perspectiva explicó Gramsci el
surgimiento de ciertas asociaciones como la YMCA y el Rotary Club. Ciertamente,
para el fordismo, el obrero debía ser incluído en el proceso de producción; sin
embargo, dicha integración suponía la constitución de una subjetividad dócil,
mansa, capaz de favorecer el funcionamiento del «simio amaestrado«,
producto del taylorismo.» Gramsci esquematizó los nudos
problemáticos contenidos en el americanismo y en el fordismo de la siguiente
manera:
«Registro de algunos de los problemas más importantes o de un interés
esencial, aunque en primera instancia no parezcan serlo:
1) Sustitución de la capa plutocrática actual por un nuevo mecanismo de
acumulación y distribución del capital financiero basado inmediatamente sobre
la producción industrial.
2) Cuestión sexual.
3) ¿Puede el americanismo constituir una época histórica?, vale decir,
¿puede determinar un desarrollo gradual del tipo, ya examinado en otro lugar,
de las revoluciones pasivas propias del siglo pasado, o representa solamente la
acumulación molecular de elementos destinados a producir una explosión, es
decir, una subversión de tipo francés?
4) Cuestión de la racionalización de la composición demográfica
europea.
5) Este desarrollo debe tener su punto de partida en el seno mismo del
mundo industrial y productivo o puede provenir del exterior, a través de la
construcción cautelosa y sólida de un andamiaje jurídico formal que guíe desde
afuera los desarrollos necesarios del aparato productivo.
6) Problema de los «altos salarios» pagados por la industria fordizada y
racionalizada.
7) El fordismo como punto extremo del proceso de las reiteradas
tentativas realizadas por la industria para superar la ley tendencial de la
caída de la tasa de beneficio.
8) El psicoanálisis (su enorme difusión en la postguerra como expresión
de la creciente coerción moral ejercida por el aparato estatal y social sobre
cada uno de los individuos y de las crisis morbosas que tal coerción
determina.
9) El Rotary Club y la masonería.” 12
La investigación gramsciana sobre la experiencia estadounidense,
estableció los lineamientos para examinar la relación existente entre
estructura industrial y las características de la sociedad civil; también
explicito las razones por las que para la burguesía italiana era, la
experiencia norteamericana, una alternativa extraordinariamente llamativa;
además explotó las razones históricas que daban cuenta del atraso europeo y la
modernidad capitalista norteamericana; no olvidó fijar los nexos existentes entre
las modificaciones en la estructura productiva y la capacidad difusiva de estos
cambios hasta el punto de exigir una nueva subjetividad colectiva; todas estas
cuestiones fueron contempladas desde la perspectiva de la revolución, así como
del papel que en todo este proceso desempeñaba el proletariado industrial.
Turín, entre Leningrado y Detroit
Actualmente, en aras de una perspectiva ideológica, pretendidamente
modernizadora, se insiste en desechar el pensamiento producido por los teóricos
marxistas. En vez de las aportaciones críticas de éstos, se propone volver a
ciertos clásicos del pensamiento burgués: Hobbes, Smith, Hegel, Hayek, Malthus.
Este extraño ejercicio de mirar al futuro desde la retrospectiva, parece poco
modemizador, en tanto que intenta dar soluciones a la crisis contemporánea
mediante el uso de prácticas que, por lo que se ve, lejos de mejorar la
situación, la empeoran. 13 Esta acción extraña ofrece una
metodología poco usual, descuidando que el pensamiento burgués ha sido
criticado tanto desde el terreno de la teoría, así como desde el de la
práctica, por la frondosa experiencia del pensamiento y la acción marxista. De
ahí, que en estas sesiones de trabajo empeñadas en reflexionar sobre la
actualidad del pensamiento de Antonio Gramsci, vale la pena
recordar que el método que él siguió para comprender y criticar la coyuntura
histórica de su época, consistió en dirigir su aguda mirada hacia las
experiencias revolucionarias más importantes que en ese momento el mundo
experimentaba:
A) La Revolución de Octubre, experiencia revolucionaria activa compuesta
por la práctica de los trabajadores en plena insurrección.
B) La experiencia de la «revolución pasiva» más importante que el
capitalismo construía, el americanismo y el fordismo. Esta iniciativa, en
oposición a la comunista, era dirigida por un nuevo tipo de burguesía enérgica
y emprendedora, decidida a subordinar a los trabajadores mediante la persuasión,
hasta en los aspectos más recónditos de su cuerpo y de su alma.
Gramsci confrontó la herencia marxista
con las experiencias sociales, económicas y políticas más avanzadas de la
época, tanto las nacionales (Turín la ciudad industrial más importante de
Italia en su época), así como las internacionales ya señaladas. En sus escritos
se advierte la construcción de un enfoque analítico que elabora el pensamiento
crítico asumiendo la confrontación con los datos históricos más frescos y
recientes para demostrar que, a pesar de las apariencias, tan sólo conforman
versiones remosadas de la tradicional forma de expoliación capitalista. En
consecuencia, Gramsci mostró la riqueza contenida en la
tensión que significa enfrentar las tradiciones revolucionarias críticas del
capitalismo con la metamorfosis permanente que mantiene. este para que todo
permanezca igual. Como se ve, Gramsci carecía de disposición
hacia la necrofilia, pues se interesó por la situación del proletariado más
moderno y pujante de la época, el norteamericano, buscando desentrañar cuál era
su destino al interior de una gigantesca transformación como la que implicaba
el perfeccionamiento, internacíonalización y generalización del fordismo.
También mostró la riqueza que significaba pensar la realidad y conocerla desde
la perspectiva analítica que ofrece la teoría de las clases sociales, pues
mediante este dispositivo teórico escudriñó las experiencias revolucionarias
acontecidas en Italia, la Rusia zarísta y en Estados Unidos de América. La
coyuntura contemporánea actual, está marcada por «nuevos» ejercicios de
reconversión y reestrucuturación que de una u otra forma profundizan,
reelaboran, refuncionalizan y adaptan la experiencia prístina del fordismo.
Para el cumplimiento de estos proyectos de restauración capitalista, es
indispensable destruir las experiencias de construcción de poder obrero, por
pequeñas que éstas sean. De nueva cuenta, la reflexión del revolucionario
comunista ilumina sobre los alcances, limitaciones y debilidades que en su
momento contuvo la experiencia consejista, intento vigoroso decidido a imponer
una nueva hegemonía -como el fordismo- desde la fábrica, pues no debe olvidarse
que una y otra experiencia, la consejista y la fordista, reconocieron la
capacidad difusíva de las prácticas fabriles y, por supuesto, el contenido de
clase que éstas significan. En razón de lo anteriormente expuesto, parece
notablemente enriquecedor continuar confrontando la realidad contemporánea
-preñada de reconversiones para que todo permanezca igual- desde la perspectiva
critica y revolucionaria que ofrece la extensa obra de Antonio Gramsci.
Del fordismo al neoliberalismo o la nueva máscara del capataz.
A mediados de la década de los años setenta, fue remozado el corazón
urbano de Detroit; Renaissance Center coronó los afanes de los urbanistas
empeñados en restañar las heridas de la ciudad que vio nacer al Ford-T, desde
entonces permanece como la capital mundial de la industria automotriz. El
observador que apaciblemente contempla desde el comedor giratorio, ubicado en
la que probablemente sea la torre más alta de la ciudad, relieve principal de
Renaissance Center, puede apreciar la belleza del río con sus yates, las
piernas colosales del puente (Ambassador Bridge) que une la ribera
estadounidense con la canadiense y desde el mirador puede percibir las aristas
principales de Windsor, ciudad canadiense fronteriza, en cuyo territorio
también Ford Motor Company estableció sus plantas con el propósito esencial de
enfrentar las consecuencias de las huelgas de los obreros automotrices de
Detroit.
La belleza del panorama y las alturas que impiden recordar las
características de la crisis del fordismo, que en el terreno de la vida urbana
se percibe en el estado ruinoso que guarda el Grand Boulevard, cuya hermosura
perdida hoy sólo se percibe como fantasma entre las ruinas de las residencias
destruidas 14 a causa de la guerra económica orientada
esencialmente en contra de los niveles de vida alcanzados por los sindicatos de
la industria automotriz.
La crisis que en los últimos veinticinco años ha puesto en su lugar
histórico al fordismo, que una vez terminado su ciclo, ha debido volverse
claramente en contra de los niveles de consumo y de ingreso de sus
trabajadores. Por ello, la bancarrota del fordismo ha empujado a las
corporaciones automotrices a buscar nuevos lugares donde asentar su estructura
opresiva y explotadora. Lugar privilegiado para la reconversión de la industria
automotriz, es la franja fronteriza del norte de México -cada vez más dilatada-
espacio donde el capital ha podido encontrar fuerza de trabajo barata, ausencia
de movimientos ecologistas, sindicatos frágiles y una débil estructura de
protección social. 15
Gramsci no equivocó el juicio al
cuestionar el fordismo, presentando una alternativa ante la creciente hegemonía
del americanismo; su reflexión lo llevó a pensar en la democracia de los
consejos de fábrica, es decir, de los trabajadores. En los mismos años en
que Gramsci redactó sus ideas a propósito del americanismo y
del fordismo, un artista mexicano pintó (1932-1933) majestuosos murales en el
Instituto de Arte de Detroit. No obstante el título eufemistico de estos
murales: «Detroit Industry Frescoes», es evidente que Rivera criticó
a sus mecenas, los Ford, y no tuvo reparo en plantear la lucha de los
trabajadores: puños crispados en lucha contra el rostro despótico de los
capataces y de los mismos Edison y Ford. No
conforme con este cuestionamiento, la esperanza de la humanidad aparece
simbolizada por la histórica estrella roja de cinco puntas, síntesis
emblemática de las aspiraciones, de la civilización y de los trabajadores
automotrices, quienes aparecen en primer plano mostrando claramente los rasgos
de un proletariado plurirracial: Negros, blancos, hispanos y asiáticos. El
muralista mexicano, siguió los pasos de los grandes artistas que en la propia
obra plástica cuestionaron a sus mecenas: Miguel Angel dotó de genitales
generosos a los personajes bíblicos, no obstante la censura papal; por su parte
Velázquez con sus «Meninas» ridículizó la vida cortesana. 16
El mexicano, como Gramsci en el momento del apogeo del
fordismo, explicó plásticamente lo que el tiempo vendría a confirmar: el
fordismo fue un instrumento pasajero de la política histórica del poder
capitalista que entonces como ahora niega y cancela la democracia de los trabajadores.
Por ello, nunca fueron consultados para decidir el desplazamiento masivo de
importantes sectores de la industria automotriz a la franja fronteriza mexicana
y ya instaladas en México las corporaciones tampoco se preocupan por los
desajustes que ocurren fuera de la fábrica, urbanos, sociales, ambientales,
etc., pues la mirada de capataces y magnates que plasmó vivamente Rivera,
es la misma que hoy vigila la implantación del despotismo industrial
fronterizo, enemigo declarado de las prácticas democráticas de los
trabajadores. Las ideas de Gramsci a propósito de la
recuperación de la sociedad civil, rescatada por y para los trabajadores y
ciudadanos 17 es hoy plenamente vigente, pues el capitalismo
ha conformado sus rasgos despóticos, no sólo en su forma imperialista, sino
también en contra de los trabajadores de su país. Por ello, la otra cara de la
destrucción urbana en Detroit es el caos originado a raíz del establecimiento
de las plantas automotrices fronterizas, tablas de salvación de las
corporaciones que han visto naufragar el ídilico fordismo y que ahora mediante
programas de reconversión o productivismo, luchan contra el descenso de sus
ganacias, poniendo en el centro sus objetivos políticos y sociales, así como la
desarticulación de todas las formas de organización defensoras de los intereses
del trabajo.
NOTAS
1. Hegel describió las virtudes de Norteamérica (Estados Unidos de
América), señalando la superioridad de esta porción de América frente al
resto de los países americanos (Latinoamérica); por ello no dudó en
asegurar un futuro promisorio para los norteamericanos (estadounidenses).
Cfr. Hegel, G.W.F., Lecciones sobre la filosofía de la Historia
Universal, Revista de Occidente, Madrid, 1974, pp. 169-177.
2. Gramsci, Antonio, Selectiansfram the prísanr notebooks, comp. por
Quintín Hoare y Geoffrey Nowell-Smith, Londres, 1972, p. 276, citado en
Anderson P., «Modernidad y revolución«, en La Batalla, núm. 24,
México, 1990.
3. Gramsci examinó las caracteristicas de Milán en “ll Problema di
Milano», en Gramsci, La Construzione del Partito Comunista,
1923-1926, Einaudi, Torino, 1974, pp. 7-10.
4. El estudio de Coriat replantea la actualidad de las reflexiones
gramscianas a propósito del fordismo; cfr. Coriat, B., El taller y el
cronómetro, Ed. S.XXI, México, 1989, cap.IV.
5. Sobre la importancia y el significado histórico de Turín, cfr.
Gramsci, A.,»Torino e l’Italia«. «La relazione Tasca e il
Congresso camerale di Torino«, en L’Ordine Nuovo, 1919-1920, Einaudi,
Torino, 1975, pp. 105-107 y pp, 127-131, respectivamente.
6. lbid.
7. «Es evidente que el papel central de la revolución de Octubre y de
Lenin, no excluye la presencia de otras influencias reconocidas y
reivindicadas; influencias que, además, se extienden más allá del marco
exclusivo de L’0rdine Nuovo para constituir el patrimonio común a los
movimientos revolucionarios europeos e internacionales. Ante todo, una
influencia filosófica; Croce, evidentemente, pero también el movimiento
cultural francés (Barbusse, el grupo Clarté) orientado hacia la búsqueda
de una literatura proletaria, de una nueva relación entre cultura y
revolución. Influencias políticas, también; la de Sorel y la de De León,
ese teórico marxista norteamericano que había intentado implantar el
marxismo en los Estados Unidos, a fin de promover un ‘sindicalismo
industrial’ de clase (el movimiento de asociaciones sindicales
revolucionarias o IWW). Recordemos, de paso, que el propio Lenin en sus
Conversaciones con Arthur Rarrsome, publicadas en L ‘Ordine Nuovo el 13 de
septiembre de 1919, reconocía que, sorprendido por la coincidencia entre
algunos aspectos del pensamiento de De León y el sistema soviético
(designación de delegados obreros a partir de las fábricas y no de las
circunscripciones territoriales), habia introducido algunas frases de De
León en el programa del partido comunista ruso a manera de homenaje…»,
Buci-Glucksmann, C., Gramsci y el Estado, S.XXI, México, 1978, p. 156.
Algunos estudios reexaminan la influencia del sindicalismo revolucionario y
libertario de la IWW, en el Partido Liberal Mexicano. Véase: Cockrofi, J
.D., hecursores intelectuales dela Revolución mexicana, S.XXI, México,
1971; Hernández Padilla, S., El magnetismo: historia de una
pasión libertario, 1900-1922, Ed. Era, México, 1984; W,Dirk Raat, Los
revoltosos, Ed. F.C.E., México, 1988; Aguilar Mora, J., Una muerte
sencilla, justa, eterna, Ed. Era México, 1990; Tones Pares, J ., La
Revolución sin frontera, UNAM, México, 1990; Fuentes, J., «Historia y
politica en la frontera», en Cuadernos del Norte, núm. 13, Chihuahua,
Chih., 1991; Dale, J./ Vargas, J., «Los magonistas en Chihuahuha», en
Cuadernos del norte, núm. 17, Chihuahua, Chih., 1991, Estas
investigaciones ponen de relieve una experiencia histórica
extraordinariamente significativa: la relación entre la izquierda
revolucionaria norteamericana y la corriente más radical de la Revolución
Mexicana. Esta cuestión tiene singular importancia, ya que tradicionalmente
la relación politica e ideológica entre México y EUA se ha construido
desde las perspectivas del pensamiento religioso (protestantismo); del
pensamiento capitalista (YMCA, Rotary Club, etc); o el pensamiento conservador
y reaccionario, tal y como sucede en la actualidad.
8. Piotte, J .M., El pensamiento política de Gramsci, Redondo
Editor, Barcelona, 1972, pp.250-2S5.
9. La Revolución de 1905 condensó las experiencias derivadas de la lucha
de los anarcosindicalistas, populistas y socialdemócrata, quienes habian
asumido la defensa del trabajo desde que San Petersburgo se había
convertido en una ciudad industria]. Véase Boffa, G., La revolución rusa,
T.], Era México, 1976; Berman, M, Toda la sólida se desvanece en el aire,
S.XXI, México, 1989, «San Petersburgo: modernismo del subdesarrollo“.
10. Gramsci escogió la opinión de un notable representante de la cultura
italiana de la época, para mostrar los alcances y limitaciones de la
influencia cultural norteamericana: «…Luigi Pirandello afirma: ‘El
americanismo nos sumerge. Creo que un nuevo faro de civilización se ha
encendido allí’. ‘El dinero que circula en el mundo es americano (?!) y
detrás del dinero (l) corre el mundo de la vida y la cultura (esto es
verdad sólo para la espuma de la sociedad y parece que Pirandello y muchos
otros como él creen que el «mundo» entero está constituido por esa
espuma)…» A. Gramsci, «Americanismo y fordismo“, en Obras de Antonia
Gramsci, T.I., Juan Pablos Editores, México, 1975, p. 315.
11. Sobre taylorismo véase Amerícanismo y fordismo, op. cit., pp.299-302
y El Taller del cronómetro, op. cit., cap. 2.
12. Americanismo y Fordismo, op. cit., pp.281-282.
13. Dumont ha escrito recientemente un trabajo en el que enfatiza las
consecuencias desastrosas que la política neoliberal ha tenido en los paises
subdesarrollados: Dumont, R., Un mundo intolerable. Gaesríonamiento del
liberalismo, S.XXI, México, 199]; por su parte, Guillén ha explorado los
efectos que ha tenido la politica económica neoliberal en México: Guillén R.H.,
El sexenio de crecimiento cero. México, 1982-1988, Ed. Era, México, 1990.
14. Las reflexiones de Berman sobre la destrucción-reconstrucción de
Nueva York pemiiten pensar en la historia de los últimos años de la
ciudad-capital mundial, de la industria automotriz. En efecto, Renaissance
Center constituye uno de los esfuerzos para reconstruir Detroit; sin embargo,
enormes áreas de la ciudad, actualmente muestran en medio de la ruina, su
antiguo esplendor… otro intento… imaginario, irónico y critico fue llevado ala
pantalla por Beerhoven… “Robocop”. Cfr. Berman, M., Todo lo sólido se desvanece
en el aire, S XXI, 2a. edición, México, 1989, cap. S, pp. 301-367.
15. Para el estudio de la crisis del fordismo, asi como las alternativas
que el capital diseña para resolver definitivamente la embestida contra los
trabajadores, véase: Coriat, B. El talla y el robot, S. XXl, México, 1992, y
Pensar al revés, S. XXI, México, 1992. Hirsch, J., Fordisnto y posfondismo. La
crisis social actual y sus consecuencias y Holloway, J., La 03a Mayor:
posfordismo y lucha de clases, en Bonefeld W. y Holloway J ., ¿Un Nuevo Estado?
Debate sobre Ia reestructuración del Estado y el Capital, Ed. Cambio XXI,
México, 1994.
16. Conviene señalar que en el contexto de los años treinta, la estrella
aparecía claramente como uno de los emblemas de la Revolución de Octubre; no
obstante, los Ford respetaron la voluntad y el genio del artista. Rockefeller,
por el contrario, no pudo soportar la figura de Lenin contenida en los murales
de Diego en Nueva York; por ello cometió el acto de barbarie que significó
ordenar la destrucción de los magníficos frescos de Rivera. Cfr. The Detroit
Institute of Arts. The Detroit Industry Frase-ves, by Diego Rivera, Detroit,
Mi., 1994.
17. Cerroni, U., «Gramsci y la superación de la separación entre
sociedad y Estado», en A. V., Gramsci y el marxismo, Ed. Proteo, Buenos Aires,
1965. Cerroni U., Teoría política y socialismo, Ed. Era, México, 1976, «Gramsci
y Ia teoría política del socialismo», pp. 135-167.

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