© Libro N° 10995. Gramsci Y El Legado De La “Filosofía
De La Praxis”. Frosini, Fabio. Emancipación. Marzo 11 de 2023
Título original: © Gramsci Y El Legado De La “Filosofía De La
Praxis”. Fabio Frosini
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La “Filosofía De La Praxis”. Fabio Frosini
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GRAMSCI Y EL LEGADO DE LA
“FILOSOFÍA DE LA PRAXIS”
Fabio Frosini
Gramsci Y El Legado De La “Filosofía De La Praxis”
Fabio Frosini
1. El “quién” y el “qué” del proletariado.
“I filosofi hanno solo interpretato il mondo in modi diversi; si tratta
ora di mutarlo”. (“Los filósofos sólo han
interpretado de diversos modos el mundo; se trata ahora de cambiarlo”) [1]. El
texto citado es la traducción que Gramsci hace en la cárcel de
la undécima tesis sobre Feuerbach, la más controvertida, la más
ambigua y oscura. La traducción de Gramsci está basada en el
texto publicado por Engels en 1888 como apéndice a su “Ludwig
Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”, con el título, ausente
en el manuscrito, de Tesis sobre Feuerbach [2]. En el
manuscrito, publicado por primera vez en una edición crítica en 1932, el título
es en cambio, como se sabe, “1. ad Feuerbach” [3]. Este no es el único
cambio realizado por Engels en el texto, que fue publicado por
él con una serie de cambios que debían tornarlo más comprensible, y en
definitiva aclararlo, pero que en realidad lo han interpretado. Precisamente
estamos ante una interpretación en el caso de la tesis once, que en el original
dice “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert, es kömmt
drauf an, sie zu verändern”, es decir “Los filósofos no han hecho más que
interpretar de diversos modos el mundo, se trata de transformarlo”; mientras
que en la reescritura de Engels aparece “Die Philosophen haben die Welt nur
verschieden interpretiert; es kommt aber darauf an, sie zu verändern”, que
se traduce como “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos
modos el mundo; pero de lo que se trata es de transformarlo” [4].
La interpretación de Engels explicita un punto que en
el caso de Marx está solo de forma implícita, el de la
oposición entre “interpretar” y “transformar”. Marx no
usa la palabra “pero”, introducida por Engels. En el
manuscrito, entre los filósofos que “interpretan” el mundo y el nuevo
sujeto, que no está nombrado, de su “transformación”, hay una relación
cambiante, no de oposición directa. Ese sujeto Engels lo había
identificado en su Ludwig Feuerbach en el “proletariado
alemán” como heredero de la “filosofía clásica alemana”[5]. Y por lo
tanto, para él la transición de la interpretación a la transformación
correspondía a la transición histórica de la filosofía al proletariado
organizado en un partido político, es decir, de la teoría a la práctica
política. En Marx, sin embargo, esta transición estaba
indeterminada. Lo estaba en 1848, año de la redacción Manifiesto,
pero sin duda estaba infinitamente más indeterminada en 1845, cuando, además de
las Tesis, Marx escribió junto con Engels La
ideología alemana, en donde “comunismo” se define con precisión como
“el movimiento real que anula y supera al estado de cosas” [6]. ¿Quién
es el sujeto de este movimiento? Es el proletariado, por supuesto. ¿Pero quién
es el proletariado?
La pregunta por qué es el proletariado, Marx ya la
había puesto en el centro en 1843, en la Introducción a la crítica de
la filosofía del derecho de Hegel. Y el concepto también aparece en La
ideología alemana. El proletariado es una clase que, en tanto excluida de
la sociedad en modo absoluto, solo puede “existir” revolucionando todas
las relaciones. Sin duda, esta es una invención extraordinaria de Marx.
Identificando al proletariado como un nuevo protagonista histórico (o de la “historia”), Marx lo
instituye (en el sentido clásico del término instituere, en el
sentido de que se habla de principis institutio sobre los
textos que tratan al mismo tiempo de educar a un príncipe y definir las
cualidades del príncipe), e instituyéndolo coloca dentro de la sociedad
burguesa o sociedad civil[7] un “lugar vacío” que, siendo parte del
orden existente, por definición es y permanece imposible de ocupar por
cualquiera de los “actores” que ya están presentes y reconocidos en
ella[8].
El “quién” del proletariado aparece bajo esta luz como una tarea
que, mientras haya una sociedad burguesa o sociedad civil, nunca puede
considerarse definida de una vez por todas. El “proletariado” es una
categoría política y no sociológica, que se define por el hecho de ocupar una
posición (la posición de lo imposible, se podría decir con Althusser),
no por una serie de características sociales. Cualquier intento de
identificarlo con una figura social particular –como en el caso de Engels–
solo puede tener efectos de empobrecimiento respecto a la indeterminación
estructural en la que Marx la había dejado. Una
indeterminación que es, en retrospectiva, la crítica tanto de todo subjetivismo
político como de toda teleología histórica.
Crítica del subjetivismo político porque, como se desprende de la
lectura del Manifiesto Comunista, el comunismo como el “movimiento
real” nunca puede ser reducido a un “sujeto” que lo personifique por
completo. Por el contrario, este “sujeto”, que en el Manifiesto son
precisamente los “comunistas”, es el protagonista del “movimiento”
solo en la medida en que reconoce el hecho de que no podrá haber un único
sujeto del movimiento comunista, que es en última instancia la historia como la
historia de la lucha de clases. Los comunistas son, por lo tanto, de manera
paradójica, un partido que no es un partido, que es una “parte” pero que
no actúa como parte, ni desde el punto de vista del conflicto entre los
intereses del proletariado y los de las demás “partes” de la sociedad,
ni como “parte” respeto a todas las clases dominadas. “Los comunistas
no son un partido particular aparte de los otros partidos de la clase obrera”
[9], sino que “son en la práctica el sector más resuelto de los partidos
obreros de todos los países, el que siempre impulsa adelante”[10] la lucha.
Se puede decir que la figura del “proletariado” nace a partir del
encuentro entre las diferentes y cada vez más específicas “clases
trabajadoras” y los “comunistas”; que surge en el momento en que la
opresión se traduce en una acción política cuyo sujeto es asignado únicamente por
el tipo de acción llevado a cabo, no por las características preexistentes. Y
es también la crítica de cada teleología histórica, ya que si no existe un
sujeto histórico definido, no hay entonces una “misión” histórica
asignada a él por definición, como dice Engels en La
evolución del socialismo de la utopía a la ciencia y también en Ludwig
Feuerbach.
Volvemos a la undécima tesis. Como se habrá comprendido, en el ligero
cambio introducido por Engels en el texto se puede ver la
huella de la tendencia a hacer del proletariado una figura social reconocible,
del comunismo como el “movimiento real” una política de partido, de la
historia una evolución necesaria. La oposición entre “interpretación” y
“transformación”, que está en la base de estos cambios, a su vez
proviene de una relación profunda, que estructura el conjunto de la
interpretación de Engels de la tesis 11, la relación entre la
identificación del sujeto de la historia y la transición de la filosofía a la
política. Esta relación supone una precisa filosofía de la historia según la
cual la “filosofía”, como tal, ya no existe, ha quedado obsoleta. De la
filosofía, como Engels escribió en el Antidühring,
solamente queda la “ciencia positiva de la naturaleza y de la historia”
[11].
Existe, por tanto, para Engels, una relación entre la
política (el “transformar”) y la ciencia, y entre la ciencia y el
proletariado alemán, y finalmente entre este y, de nuevo, la transformación.
Esta triple relación instituye una reflexión recíproca entre el proletariado
como sujeto real, al que la ciencia se dirige para “iluminarlo”, y el
proletariado como sujeto histórico, “llamado” (en el sentido del Beruf,
la vocación luterana) a liberar a la humanidad entera [12]. Uno se refleja en
el otro gracias a la función de bisagra realizada por la “ciencia” como
la “expresión teórica del movimiento obrero, el socialismo científico”
[13]. La ciencia de la historia, por lo tanto, actúa como una garantía de que
este proletariado, que tengo frente a mí, será capaz de incorporar en sí mismo
al Proletariado que recibió el Beruf de liberar a la humanidad.
2. Pasado y presente – y la filosofía
Si retomamos la traducción de Gramsci de la tesis 11,
no puede más que sorprender la infidelidad al texto de Marx (Engels). Gramsci de
hecho –que no conocía el texto crítico– no solamente eliminaba la adversativa
que opone interpretar y transformar, sino que agrega un “ahora” (“se
trata ahora de cambiarlo”) que rechaza todavía más esta oposición. “Ahora”
indica una especificación temporal que en definitiva se repite en cada momento
presente, lo que quiere decir que el pasaje de la interpretación a la transformación
es necesario repetirlo cada vez, que no es algo acaecido de una vez y para
siempre. Tal pasaje no está por lo tanto garantizado para el poseedor de un
instrumento científico –el materialismo histórico–. Esto quiere decir que no
existe una ciencia que haga de garante de la correspondencia entre clase obrera
y proletariado, en modo “objetivo”. Pero si el pasaje de la
interpretación a la transformación no está condicionado por la conquista de una
teoría científica, entonces ese pasaje será de naturaleza práctica, política.
En apariencia estamos ante una paradoja. De una parte la distinción del
presente respecto del pasado es un hecho político, de la otra la filosofía
(exponente del “pasado”, de la interpretación) permanece como un
elemento vital del tiempo presente. Esta paradoja no es otra cosa que la
expresión de la necesidad –plenamente advertida por Gramsci– de
eliminar la oposición entre teoría y práctica, entre filosofía y política, no
solamente en tanto principio, sino concretamente, en la definición tanto del
estatuto de la filosofía del pasado, cuanto del propio marxismo. Y esto pasa
ante todo por la negación del carácter “científico” (entendido en tanto
ideología de la ciencia) del marxismo. El marxismo no es una ciencia de la
historia, porque su punto de vista no está establecido de una vez y para
siempre. Este punto de vista se va redefiniendo cada vez en base a las
situaciones concretas, a las relaciones de fuerzas. El único elemento de
universalidad, o si se quiere de invariante, es el criterio con el cual se realiza
esta redefinición, es decir, el punto de vista del proletariado como dinámica
(no sujeto) de universalización del proceso de emancipación al interior de las
relaciones de fuerzas sociales dadas.
“Forzando” la traducción de la tesis 11, Gramsci termina
por reencontrar la versión originaria de la misma, la riqueza de la idea
expresada por Marx. Este reencuentro no es por otra parte casual.
En la definición de la filosofía de la praxis, Gramsci relaciona
las Tesis sobre Feuerbach con la Miseria de la
Filosofía (“desde el punto de vista teórico, la Miseria de la
Filosofía puede ser considerada en parte como la aplicación y el desarrollo de
las Tesis sobre Feuerbach”[14]), pero esto también quiere decir abrir el
camino a una interpretación que se opone no solamente a todas las
interpretaciones dominantes, comenzando con Engels, sino también en
parte con aquella dada por Marx mismo a su propio pensamiento.
No es posible seguir en sus detalles este desarrollo[15], pero será al
menos necesario nombrar sus principales consecuencias. La primera y principal
es, como se ha dicho, la redefinición del concepto de filosofía y de pasaje de
la filosofía a la política. En modo perfectamente coherente con su traducción
de la tesis 11, Gramsci escribe en los Cuadernos de la
cárcel:
La tesis XI […] no puede ser interpretada como un gesto de repudio a
toda clase de filosofía, sino sólo de fastidio por los filósofos y su
papagayismo y la enérgica afirmación de una unidad entre teoría y práctica. […]
Esta interpretación de las Glosse al Feuerbach como reivindicación de unidad
entre teoría y práctica, y por lo tanto como identificación de la filosofía con
lo que Croce llama ahora religión (concepción del mundo con una norma de
conducta correspondiente) –lo que por lo demás no es más que la afirmación de
la historicidad de la filosofía hecha en los términos de una inmanencia
absoluta, de una “terrenidad absoluta” – aún se puede justificar con la famosa
proposición de que “el movimiento obrero alemán es el heredero de la filosofía
clásica alemana”, la cual no significa, como escribe Croce: “heredero que no
continuaría ya la obra del predecesor, sino que emprendería otra, de naturaleza
diversa y contraria”, sino que significaría precisamente que el “heredero”
continúa al predecesor, pero lo continúa “prácticamente” porque ha deducido una
voluntad activa, transformadora del mundo, de la simple contemplación y en esta
actividad práctica se halla contenido también el “conocimiento” que sólo en la
actividad práctica es “conocimiento real” y no “escolasticismo”[16].
Sería complicado comentar detalladamente este pasaje. Me limitaré a dar
los elementos esenciales. Se nota de inmediato que la afirmación de Engels sobre
el proletariado alemán es releída al interior de esta noción de unidad de
teoría y práctica, de lo que sigue que todas las consecuencias de ese texto son
reabsorbidas al interior de esta concepción y por ende neutralizadas. El
proletariado alemán no “rompe” el nexo entre filosofía y política sino
que lo vuelve concreto. Así es que la “contemplación” es el punto de
partida de esta nueva posición en el sentido de que también al interior de la “interpretación”
estaba presente aquel nexo, que todavía en ella se ponía como “escolasticismo”.
Este término nos lleva a otro aspecto de este texto, que es el recurso a
la tesis 2 y la tesis 8: el escolasticismo y la terrenalidad son sus señales
precisas. Esto quiere decir también que cuando Gramsci nombra
la “filosofía” la pone en equivalencia con lo que Marx en las
Tesis describe en la tensión entre “pensamiento” concreto,
práctico, potente, etc., y “teoría”, es decir el pensamiento “que se
aísla de la praxis” (tesis 2); y que se desvía “hacia el misticismo”
(tesis 8). Esto tiene como consecuencia que no es posible prescindir de la
filosofía, si se intenta plantear la distinción entre “pensamiento” y “teoría”,
entre “verdad” y “escolasticismo”. El criterio de esta distinción
no está contenido en una fórmula científica, sino en la capacidad del
pensamiento de “imponer” una cierta verdad, de apropiarse de la vida
histórica, de conformarla a sí mismo, de ser su expresión más “verdadera”.
Pero esto no sucede, si el pensamiento –aunque sea especulativo– no logra
evadir el “escolasticismo” y el “misticismo”. Es decir, si el
pensamiento no se plantea, en su interior y con sus medios, la cuestión de la
unidad de la teoría y la práctica.
Toda la historia de la filosofía es, para Gramsci, la
historia de las tentativas de plantearse este problema, pero siempre desde un
punto de vista limitado, signado por los intereses de ciertas clases sociales,
de ciertas posiciones de poder. Por eso Gramsci nombra en
aquel pasaje a Benedetto Croce y la concepción de la “religión”. Gramsci se
refiere a la reducción de la filosofía a religión en el sentido de una “concepción
de la realidad y […] una ética acorde”, prescindiendo “del
elemento mitológico, por el cual solo secundariamente las religiones se diferencian
de las filosofías”, realizada por Croce en Historia
de Europa [17], pero ya presente en el ensayo sobre Historia
económico-política e historia ético-política publicado por él en
1924[18]. Es significativo el hecho de que esta equiparación se acompaña
en Croce de la cada vez más advertida necesidad de luchar
Contra las supervivencias del materialismo histórico, como reza el título de un
opúsculo de su autoría, también de 1924, que Gramsci tenía
antes de su arresto [19]. En esta concomitancia Gramsci fija
la importancia de la elaboración más reciente de Croce, elaboración
que le parece desarrollarse toda en previsión de una “revaluación triunfal
del materialismo histórico […] Él –prosigue Gramsci– resiste
con todas sus fuerzas a esta presión de la realidad histórica, con una
inteligencia excepcional de los peligros y de los medios dialécticos de
obviarlos. Por eso el estudio de sus escritos del 19 hasta hoy es del mayor
valor” [20].
No casualmente, si de una parte Croce “fuerza”
la naturaleza “especulativa” de la filosofía, acuñando este nuevo
concepto de “religión/filosofía”, que va en dirección de una forma de
unidad de teoría y práctica, de la otra mantiene firme su interpretación de
las Tesis sobre Feuerbach como despedida de toda filosofía y
pasaje a la agitación y la propaganda política (como se ha visto en el pasaje
del Cuaderno 10 antes citado). El marxismo en suma, no podía
ser un movimiento de pensamiento, porque era una corriente política. La
importancia que Gramsci le asigna nace de la posición
que Croce tiende a ocupar: la más mimética posible con la
marxista auténtica, de modo de impedir su readmisión en el circuito de la
discusión cultural [21], de modo de poder desfigurar la posición marxista en
filosofía, hegemonizándola desde una perspectiva burguesa.
3. La traducibilidad de los lenguajes
¿Cuál es, entonces, la herencia más viva que podemos recibir hoy
de Gramsci? La confrontación con Benedetto Croce –gran
filósofo liberal– es en este sentido ejemplar. Gramsci parece
decir que no es posible criticar realmente una posición si se permanece
subalterno de ella, pero no es posible liberarse de esta subalternidad, si no
se reconoce la presencia, dentro de esa posición de una específica “potencia-verdad”
(en el sentido de las Tesis sobre Feuerbach) y que en definitiva
este reconocimiento no es posible si se pretende liberarse de una vez y para
siempre de la “filosofía” para encontrar refugio en la (ideología de la)
“ciencia”. La filosofía no es solamente un estéril juego de
interpretaciones. Así, ésta contiene mucho más de lo que muestra de modo
explícito opciones políticas, prácticas. Es necesario saberlas reconocer
–en Croce, en Hegel– y para hacer esto es indispensable
tener unidas la teoría y la práctica, ver la filosofía como una fuerza política
y la verdad no como logro de la ciencia sino como resultado de un choque que es
de conjunto teórico y práctico.
El pensamiento de Gramsci extrae de este punto de vista
su originalidad, su unicidad; en el hecho de colocarse exactamente en la
intersección de filosofía y política, haciendo de la unificación de teoría
y práctica la tarea para la cual el marxismo surgió y que identifica su
naturaleza más profunda. Él ha elaborado, en la noción de traducibilidad de los
lenguajes, el instrumento lógico que permite entender la específica posición de
la teoría y la práctica en su reflejarse recíproco la una en la otra (el valor
práctico de la teoría y el teórico de la práctica). El conjunto de estas dos
tesis –unidad de teoría y práctica y traducibilidad de los lenguajes–
constituye su marxismo. Pero no solo eso. Es la intervención más aguda que el
mismo marxismo haya producido para estar a la altura de su propia tarea, si
esta debe ser la transformación global del mundo.
La definición probablemente más completa de lo que Gramsci exactamente
se proponía con la “traducibilidad de los lenguajes” [22], la da en el
siguiente pasaje del Cuaderno 10:
Traducibilidad de los lenguajes científicos. Las notas escritas en esta
sección deben ser recogidas en la sección general sobre las relaciones de las
filosofías especulativas y la filosofía de la praxis y de su reducción a ésta
como momento político que la filosofía de la praxis explica “políticamente”.
Reducción a “política” de todas las filosofías especulativas, a momento de la
vida histórico-política; la filosofía de la praxis concibe la realidad de las
relaciones humanas de conocimiento como elemento de “hegemonía” política.[ 23].
En la medida en que no son elucubraciones intelectuales, sino que
intervienen sobre los problemas concretos (políticamente concretos), las
filosofías tradicionales pueden ser traducidas (reducidas)[24] críticamente en
relaciones de conocimiento reales, esto es, eficaces sobre el sentido común, de
masa, es decir en definitiva pueden ser entendidas como “elemento de
‘hegemonía’ política”. Entre filosofía y hegemonía hay por tanto un nexo
estrechísimo y no reconocerlo pone al marxismo en un estado de perenne subalternidad
al interior de las “relaciones humanas de conocimiento”. De hecho ¿quién
hoy, como marxista, está en un grado de hacer este trabajo de comprensión de la
potencia y al mismo tiempo de crítica destructiva de las filosofías
contemporáneas? Esta es la tarea que Gramsci nos ha legado:
esto tiene que ver con la política –con la política real– mucho más de lo que
aparece a los ojos de quien continúa pensando que las cartas ya están echadas,
mientras el mundo sigue adelante, tranquilamente “interpretando”.
NOTAS
[1] A. Gramsci, Quaderni del carcere, Vol. 1: Quaderni di traduzioni
(1929-1932), a cura di G. Cospito e G. Francioni, Roma, Istituto della
Enciclopedia italiana, 2007, p. 745.
[2] El texto en alemán es leído por Gramsci en una antología: K. Marx,
Lohnarbeit und Kapital. Zur Judenfrage und andere Schriften aus der Frühzeit,
ausgewählt und eingeleitet von E. Drahn, Leipzig, Phil. Reclam jun., [s.d. ma
1919].
[3] Sobre todas estas cuestiones cfr. G. Labica, Karl Marx – Les “Thèses
sur Feuerbach”, Paris, P.U.F., 1987; y más recientemente P. Macherey, Marx
1845. Les “thèses” sur Feuerbach, Paris, Éditions Ámsterdam, 2008.
[4] Para el texto en alemán cfr. K. Marx, F. Engels, Werke, Vol. 3,
Berlin, Dietz, 1958, p. 7 (texto crítico) e p. 535 (ed. Engels). Para a
traducción al español cfr. C. Marx, Obras escogidas, Edición del Instituto
Marx-Engels-Lenin, de Moscú, bajo la dirección de V. Adoratsky, trad. de W.
Roces, Barcelona 1938, Ediciones Europa-América, p. 445 (texto crítico) y F.
Engels, L. Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, trad. W. Roces,
Barcelona, Ediciones Europa-América, 1936, p. 65 (ed. Engels). Hay que decir
que en la traducción de Wenceslao Roces la diferencia entre las dos versiones
se pierde por completo.
[5] Cfr. F. Engels, Ludwig Feuerbach und der Ausgang der deutschen
klassischen Philosophie, in K. Marx, F. Engels, Werke, Bd. 21, Berlin, Dietz,
1962, p. 307.
[6] Cfr. K. Marx, F. Engels, Werke, Vol. 3, cit., p. 35.
[7] Como se puede ver, la expresión utilizada por Marx, que antes que
suya es una expresión de Hegel, es “bürgerliche Gesellschaft”, que Hegel, como
recuerda Marx en el Prefacio de 1859 a Para una crítica de la economía
política, había retomado de los autores ingleses y franceses del siglo XVIII
(K. Marx, Vorwort a Zur Kritik der politischen Ökonomie, in K. Marx, F. Engels,
Werke, Vol. 13, Berlin, Dietz, 1969, p. 8). Esta expresión traduce al alemán la
de “civil society” del inglés, y por tanto significa, de modo irreductible, sea
en el terreno de la sociedad como distinta al del Estado, sea –dada la
particularidad de la lengua alemana que no distingue entre burgués y ciudadano,
mientras ambas son expresadas por el término Bürger – una particular organización
de la sociedad.
[8] Para esta tesis cfr. E. Kouvélakis, Philosophie et révolution de
Kant à Marx, Paris, PUF, 2003, pp. 404-409.
[9] Marx, Engels, Manifest der kommunistischen Partei, en K. Marx, F.
Engels, Werke, Vol. 4, Berlin, Dietz, 1969, p. 474.
[10] Ibídem.
[11] F. Engels, Herrn Eugen Dührings Umwälzung der Wissenschaft
(Antidühring), enK. Marx, F. Engels, Werke, Vol. 20, Berlin, Dietz, 1968, p.
24.
[12] Cfr. F. Engels, Die Entwicklung des Sozialismus von der Utopie zur
Wissenschaft, in K. Marx, F. Engels, Werke, Vol. 19, Berlin, Dietz, 1969, p.
228.
[13] Ibídem.
[14] Quaderno 4, § 38 (A. Gramsci, Quaderni del carcere, edizione
critica dell’Istituto Gramsci a cura di V. Gerratana, Torino, Einaudi, 1975, p.
462).
[15] Cfr. F. Frosini, Da Gramsci a Marx. Ideologia, verità e politica,
Roma, DeriveApprodi, 2009.
[16] Quaderno 10 II, § 31 (Quaderni del carcere, cit., p. 1270).
Cotejado con versión en español de ediciones Era, México D.F., 1999 (Nota de
los traductores).
[17] B. Croce, Storia d’Europa nel secolo decimonono (1932), a cura di
G. Galasso, Milano, Adelphi, 1991, pp. 28-29.
[18] “Es necesario no obstante recomendar no tomar ‘religión’ en el
significado material de los adeptos a las varias religiones o restringido a los
adversarios filosóficos de la religión, sino como entendía Goethe, en aquello
de todo sistema mental, de toda concepción de la realidad, que se ha trasmutado
en una fe, devenida base de acción y luz de vida moral” (B. Croce, Storia
economico-politica e storia etico-politica, “La Critica”, a. 22, 1924, pp.
334-341: 341). Traducción propia.
[19] B. Croce, Contro le sopravvivenze del materialismo storico. Nota
letta all’ Accademia di scienze morali e politiche della Società Reale di
Napoli dal socio Benedetto Croce, Napoli, 1924.
[20] Quaderno 1, § 132 (Quaderni del carcere, cit., p. 119).
[21] Reimprimiendo en 1938 los ensayos de Antonio Labriola sobre La
concepción materialista de la historia i saggi di Antonio Labriola (Bari,
Laterza, 1947), Croce les adjuntó su escrito Cómo nació y como murió el
marxismo teórico en Italia(1895-1900). Cartas y Recuerdos personales (ivi, pp.
265-312), de que todos modos (porque fuese del todo claro) puso también en
apéndice a la quinta edición (1941) de Materialismo histórico y economía
marxista(Bari, Laterza, 1968, pp. 253-294).
[22] Cfr. R. Lacorte, Translatability, Language and Freedom in
Gramsci’s Prison Notebooks, en Gramsci, Language, and Translation, ed. by P.
Ives and R. Lacorte, Lanham (Maryland),Lexington Books, 2010, pp. 213-224.
[23] Quaderno 10 II, § 6.IV (Quaderni, cit., p. 1245).
[24] Sobre la relación entre estos dos conceptos, cfr. F. Frosini, On
‘Translatability’ in Gramsci’s Prison Notebooks, en Gramsci, Language, and
Translation, cit., pp. 171-186: 178-183.

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