© Libro N° 10980. Necesidad(Es) Del Marxismo. A Cien Años De La Muerte De Karl Marx (1983). Fritz Haug, Wolfgang. Emancipación. Marzo 11 de 2023
Título original: © Necesidad(Es) Del Marxismo. A Cien Años De La
Muerte De Karl Marx (1983). Wolfgang Fritz Haug
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Marxismo. A Cien Años De La Muerte De Karl Marx (1983). Wolfgang Fritz Haug
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SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
A Cien Años De La Muerte De Karl Marx (1983)
Wolfgang Fritz Haug
NECESIDAD(ES) DEL MARXISMO
A Cien Años De La Muerte De Karl Marx (1983)
Wolfgang Fritz Haug
Necesidad(Es) Del Marxismo*
A Cien Años De La Muerte De Karl Marx (1983)
Wolfgang Fritz Haug
¡Pero qué nos ha dejado!
Qué falta de ilusiones.
Cuánta perdida universal
de seguros valores. ¡Qué extendida
incapacidad de someterse!
Y qué descartado, el no dudar
de todo entre nosotros. Desde entonces
todos nuestros éxitos son sólo pagos a plazo
de la historia. Allá el tiempo
de no entregarse a la causa.
Y qué imposible el no ir hasta el fin:
¡y no tomarlo por el inicio!
Volker Braun, Karl Marx (1)
1.
De nueva manera, el estudio crítico de la obra de Karl Marx es
hoy más necesario que nunca.
La necesidad del marxismo cambia y crece con los peligros y necesidades
que sólo se podrán conjurar a través de relaciones sociales solidarias: el
riesgo de la guerra nuclear, la economía de explotación y sus crisis
incontrolables, la contaminación del medio ambiente, la pauperización del
tercer mundo, la enajenación comercial y el allanamiento de las culturas.
2.
El pensamiento de una socialización solidaria y autodeterminada, de la
abolición de la explotación y por ende de las clases, es más antiguo que el
marxismo.
La especificidad de la obra de Marx y Engels consiste
en la combinación de las fuerzas del trabajo y de la ciencia en un proyecto que
fue llamado: socialismo científico.
Algunos de los problemas de este proyecto resuenan en la frase de Engels: Desde
que el socialismo llegó a ser una ciencia, tiene que ser tratado como
tal. A la pregunta sobre los portadores «científicos» de este proyecto se
puede sólo responder con Volker Braun: «Todos son justamente
suficientes y necesarios». Todo lo que pretenda ser marxista debe servir a esta
meta: la autosocialización de los productores asociados.
3.
Es necesario, y en cada época de nuevo, el ocuparse críticamente
de Marx.
Para comprender esto, sólo hay que leer la nota que Engels añadió
en 1888 a la nueva edición del Manifiesto Comunista escrito en
1847: Cuando se escribió la frase de que «la historia de todas las sociedades
hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases», era para los
autores «todavía casi desconocida» la prehistoria comunista primitiva de las
sociedades de clases. Las maneras eurocéntricas de ver, para nombrar todavía
otro ejemplo, tienen que ser eliminadas mediante un trabajo enérgico, teniendo
en cuenta la importancia creciente del tercer mundo.
4.
Pero el problema no es Marx, el problema somos nosotros, los
marxistas.
Cada época desarrolló sus lecturas de Marx partiendo de
las exigencias actuales. El marxismo vivió siempre sólo dialécticamente, como
renovaciones en la tradición marxista. Querer preservar del cambio significa
poner en juego la capacidad de vida. Cada época ha formado sus enemistades
particulares dentro del marxismo; y cada una, sus inercias, su reincidencia en
eso que Lenin llamaba el «terrible poder del hábito», su
incapacidad de aprender, sus desfiguraciones autoritarias y antiautoritarias.
De ahí que periódicamente surja en la historia del marxismo la consigna:
Vuelta a Marx, vuelta a las fuentes auténticas e incorruptas,
vuelta a la figura fundadora que es reconocida por todas las corrientes
principales y tendencias del marxismo, a Karl Marx, la figura de
integración alrededor de la cual se pueden reunir otra vez los marxistas de
todas las orientaciones.
5.
Hay que tener presente las ideas fundamentales de Marx para
entender: No hay ninguna vuelta a Marx, si se quiere perseverar en
estas orientaciones básicas:
La combinación de praxis, historia y dialéctica le
permitió a Marx, sacar de quicio a todo materialismo hasta sus días
y reorganizarlo radicalmente en una nueva disposición.
La historia del marxismo muestra en todas las corrientes muchas formas
de reincidencia en errores, que están lejos de estas orientaciones
fundamentales.
La praxis, actividad de Marx, fue elevada hacia
objeto de culto, bajo el cual la inactividad de la mayoría estaba dispuesta en
las cuestiones decisivas.
La reconstrucción teórica de la sociedad por Marx, debía
descubrir la posibilidad de construcción de una nueva sociedad, que sólo podía
ser «la obra de los trabajadores mismos». Retrospectivamente se solidificó esta
teoría siempre de nuevo como un sistema cerrado. Los hechos fueron deducidos de
éste. El materialismo activo fue mistificado como un acto único, creación del
clásico Marx.
A la historia eludieron (así fue aceptado una y otra
vez de buena fe, o se dio a entender) las frases de Marx sobre
la historia, y sobre el hecho que nada eludiría a ella.
Que la dialéctica se detendría ante nosotros, fue una y
otra vez supuesto inconscientemente, que ésta sería nuestra segura propiedad y
que nosotros mismos no nos moveríamos en contradicciones. El duro núcleo
práctico de semejantes pareceres es en la regla el hecho, que la contradicción
no es apenas tolerada más que a media voz o de modo des-plazado, como arte
sobre todo.
6.
Así pues, tenemos que volver siempre de nuevo a Marx, y sin
embargo, no hay ninguna vuelta a Marx. El socialismo científico
debe ser tratado como ciencia, y debe ser portado decididamente por
no-científicos. ¿Qué formas de movimiento tenemos para semejantes
contradicciones?
Un posible camino, reñido como todos, fue visto en el estudio en masa de
la única teoría científica enteramente desarrollada que Marx nos
ha dejado; su obra principal que desde hace más de cien años no ha encontrado
competición seria: El Capital – Critica de la economía política.
Esta orientación tiene como base la idea de una adquisición en masa de
competencia científica en relación a cuestiones de la estructura de la sociedad
capitalista; junto a esto, está la idea de un aprender-a-pensar general, de la
toma de un punto de vista científico incluso en la vida cotidiana.
Marx mismo y nada más ni nada menos
que su obra principal debía ser donde todo esto fuera aprendido, sin
intervención de otras doctrinas. Este concepto conserva su derecho y su
necesidad. Pero encierra peligros: La detención no-histórica de la teoría en la
textualidad del «Capital»; el hacer economísticamente algo absoluto del
«Capital», o sea, el desconocimiento del derecho propio de la política,
cultura, etc.
7.
El estudio de El Capital es también sólo un punto de
partida. No hay ninguna interrupción. El marxismo sólo puede ser vivido con el
ideal personal del aprender-toda-la-vida, como era el ideal
realizado por Marx. Toda la vida, Marx cambió y
renovó sus opiniones de acuerdo con los desarrollos científicos y las luchas de
clases de su tiempo. Pero el tiempo del marxismo es el presente.
Desde la muerte de Marx se han descubierto continentes
enteros del conocimiento científico, que para Marx eran
todavía casi desconocidos. Se entró en nuevos espacios de la praxis y nuevas
formas de lucha fueron descubiertas. Hoy no hay ninguna disculpa, o sea, no hay
posibilidades de sobrevivir para nosotros, los marxistas, si no tomamos en
cuenta estos adelantos.
8.
Un objetivo-a-aprender fundamental para los marxistas, que la historia
nos da, es el aprender el trato productivo con las contradicciones; el arte de
la dialéctica en la praxis. Una cuestión clave es la del modelo de unidad. El
pensamiento de una unidad libre de contradicciones es
precientífico y produce un efecto anticientífico. La unidad debe ser pensada y
practicada de tal manera que en ella se prevean: los muchos individuos activos
y lo múltiple; la transformación histórica, que avanza continua e irresistiblemente,
que transcurre desigual y no-simultáneamente en muchas líneas, nunca en una;
las contradicciones y el contradecir.
El marxismo no es, él deviene. El marxismo sólo puede existir como
proceso. La verdad del marxismo no puede ser organizada en una cantidad de
frases, sino sólo en el proceso del encuentro no-cerrado de diferencias.
Contradicciones, que en otro caso, serían formas de vida, de movimiento,
de desarrollo adelante, se convierten bajo el régimen de una doctrina fijada y
terminada en formas autodestructivas.
Tanto la inmovilidad como la oposición reprimida contra ella se
convierten en armas del antimarxismo.
Permanencia, inalterabilidad, eliminación de contradicción, unanimidad –
son formas ilusorias, que consiguen lo contrario de lo que se persigue con
ellas, y en las que lo «metafísico», como Marx y Engels solían
decir, recoge nuevamente la dialéctica marxista.
Difícil de aprender a comprender son razones como éstas:
No hay marxismo – debemos aprehenderlo nosotros. No
existe el marxismo, hay marxismos. El marxismo existe
en plural.
Los marxistas deben aprender a entenderse en plural y en diferencia
entre sí, a hacer productiva la forma de encuentro de la divergencia, es decir,
a aprender la convergencia en la divergencia.
Lo que las iglesias cristianas han aprendido amargamente en larga y
sangrienta historia, queda todavía por aprender para los marxistas: Una actitud
ecuménica, una cohesión marxista en contradicción.
9.
La humanidad tiene poco que esperar sin la realización del proyecto
articulado por Marx.
NOTAS
*Publicado sin título en: Institut für marxistische Studien und
Forschungen (ed.), »…Einen grossen Hebel der Geschichte«. Zum 100.
Todestag von Karl Marx, Frankfurt/M 1982; después con el título »Keine
Hoffnung ohne das Projekt von Marx« (»Ninguna esperanza sin el proyecto de
Marx«) en Wochenzeitung (WOZ), Zürich, el 18 de marzo de 1983, p. 11.
Después de haber sido condenado por el SED (Partido de Estado de la
República Democrática Alemana) (cf. http://www.inkrit.de/argument/buhr-wulff-ridder83-84.htm) y luego por el DKP (Partido Comunista Alemán) (cf. Holz, Hans
Heinz, Thomas Metscher, Josef Schleifstein y Robert Steigerwald (eds.),
Marxismus – Ideologie – Politik. Krise des Marxismus oder Krise des
»Arguments«? Frankfurt/M 1984) el texto fue reimpreso en el libro al cual
esa polémica había dado lugar: Wolfgang Fritz Haug, Pluraler Marxismus.
Beiträge zur politischen Kultur, vol. 1, Berlin/W: Argument 1985, pp.
17–21.
(1) Lo impreso en cursiva proviene de Marx.

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