© Libro N° 10979. El Proceso De Aprendizaje De Marx. En Contra De Corregir A Marx Con Hegel. Fritz Haug, Wolfgang. Emancipación.
Marzo 11 de 2023
Título original: © El Proceso De Aprendizaje De Marx. En Contra
De Corregir A Marx Con Hegel. Wolfgang Fritz Haug
Versión Original: © El Proceso De
Aprendizaje De Marx. En Contra De Corregir A Marx Con Hegel. Wolfgang Fritz
Haug
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SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
EL PROCESO DE APRENDIZAJE
DE MARX
En Contra De Corregir A
Marx Con Hegel
Wolfgang Fritz Haug
El Proceso De Aprendizaje De Marx
En Contra De Corregir A Marx Con Hegel
Wolfgang Fritz Haug
“No tengo nada que decir. Sólo que mostrar.”
Walter Benjamin, El Libro de los Pasajes
De los suabos se dice que sólo se vuelven “listos” pasada la cuarentena.
Si hubiera que dar crédito a cierta literatura, con Karl Marx pasaría
justo lo contrario. Poco después de cumplir los cuarenta, se dice, su
inteligencia teórica empezó a decaer. Son principalmente las interpretaciones
de orientación hegeliana de la crítica de la economía política las que
consideran por norma retrocesos los progresos que hizo Marx desde
los Grundrisse, pasando por la primera (1867) y segunda (1872)
ediciones del libro I del Capital hasta su traducción al
francés (1872-1875) y culminando en las Notas marginales sobre Wagner,
pues de hecho todo esto fueron pasos que conducían más allá de la dialéctica
especulativa de Hegel. Se afirma que, al popularizarlo, Marx debilitó
el núcleo teórico de su pensamiento (véase Hoff 2004, 21-27).
Particularmente Hans-Georg Backhaus ve –como antes que él, si
bien de manera menos sumaria, Iring Fetscher– sobre todo en las
reelaboraciones de la segunda edición del libro I del Capital una
“vulgarización de su teoría del valor procurada por Marx mismo”
(1997, 297). Asimismo, Backhaus transfiere al propio Marx una
distinción que éste aplicó a Adam Smith, de suerte que Marx se
desdoblaría en una parte “lógica, esotérica” y otra parte
“historicista, exotérica” (1997, 294; análogamente Kurz 2000). La
segunda parece que se relaciona con el Marx comprometido con
el movimiento obrero, y sería el llamado “marxismo de movimiento obrero”, Arbeiterbewegungsmarxismus,
como se suele decir con cierto desdén. En cualquier caso, desde el hundimiento
del socialismo de estado de procedencia soviética en Europa, estos enfoques se
han asociado, con agresividad creciente, al rechazo de todo tipo de marxismo.
Lo que está en juego aquí, además de la epistemología de la crítica de
la economía política, es el concepto de dialéctica. Para el lector riguroso es
indudable que Marx llevó a cabo un cambio de paradigma no sólo
en las Tesis sobre Feuerbach y, junto con Friedrich
Engels, en La ideología alemana, sino también entre la Contribución
a la crítica de la economía política de 1859 y su último fragmento
dedicado a los fundamentos teóricos, las Notas marginales sobre
Wagner.(1) Cierto es que Marx no
efectuó estos desplazamientos con el aplomo de una ruptura declarada y puntual.
Los cambios, más bien, se realizaron en diferentes momentos y en diferentes
planos de la concepción del método, a manera de impulsos no sincrónicos y no
sujetos a una reflexión sistemática; “produciendo una nueva versión”, como
señala Jacques Bidet, “sólo para paliar la insuficiencia de la
versión anterior en relación al proyecto que alentaba” (2004, 10). En conjunto,
no es exagerado hablar de un cambio de paradigma que no es ni decaimiento ni
popularización falseadora, sino más bien la innovación esencial debido a la
cual la obra de Marx sigue siendo todavía hoy “contemporánea”,
porque puede entenderse no como dogma sino como un proyecto teórico-práctico
abierto y, de hecho, como aportación crucial para la comprensión teórica del
emergente capitalismo de alta tecnología.
Si fuera verdad que Marx, que investigó toda su vida, siguió
un proceso de aprendizaje, sería del máximo interés, para quienes lo tomamos
hoy como referencia, adquirir la mayor claridad al respecto. La primera regla
de una clarificación en esta materia es: nos interesa ante todo lo que hace Marx como
crítico de la economía política y sólo en segundo término lo que dice acerca
de lo que hace. El Marx operativo pasa por delante del
declarativo. Va de suyo que debido a la brevedad exigida, lo que sigue son sólo
tesis preliminares.
1. Popularización
¿Es verdad que Marx sacrificó el rigor teórico a la voluntad
popularizadora?
Quienes lo afirman invocan en particular a las modificaciones que Marx introdujo
en la segunda edición del libro 1 del Capital en comparación
con la primera. Puesto que ya he desarrollado en otro lugar esta cuestión,(2) no
la voy a repetir aquí y abordaré en lugar de eso el argumento de la
popularización. Quienes lo defienden olvidan casi siempre que Marx enunció
ya en la primera edición el problema de que teoría y popularización podrían
entrar en conflicto. Representativa a este respecto es la expresión “trabajo no
pagado”. “Pagar el trabajo” es una de las “categorías” capitalistas básicas en
el sentido marxiano de “modos sociales de ser, determinaciones existenciales”
(42/40). En términos de teoría estricta, explica Marx: 1) el
trabajo no tiene valor, sino que genera valor; 2) el salario como “precio del
trabajo” es así una expresión irracional para el valor y precio de la mercancía
fuerza de trabajo; 3) la explotación se refiere a que el asalariado debe seguir
trabajando más allá del momento en que su trabajo ha generado un equivalente
del salario; 4) en el eje temporal esta secuencia puede representarse como
sucesión del trabajo necesario y el plustrabajo; 5) la relación entre
trabajo necesario y plustrabajo determina la tasa de explotación; 6) hay explotación,
por consiguiente, aunque se haya pagado todo el valor de la fuerza de trabajo.
Y aquí viene el problema: la exposición crítico-teórica choca con las
categorías en las que se expresa y de las que se vale la práctica cotidiana y
por eso también con el sentido común e incluso tal vez con el recto
entendimiento humano, con el buen sentido. Lo que indigna de entrada al
movimiento obrero (y a cualquier movimiento social) es lo que se percibe como
una injusticia. Que los ricos se hagan más ricos mientras los pobres siguen
siendo pobres o incluso se empobrecen todavía más es percibido, comprensiblemente,
como una injusticia. Si el trabajo es pagado, se considera justo; si no se paga
o se paga menos, se considera injusto. En el movimiento obrero, que debía
evitar verse reducido a su núcleo teórica y políticamente más formado, el
discurso político se desgajó en este punto del discurso teórico. Pero no del
todo. El plusvalor, la fuente última de todo beneficio, se atribuye al “trabajo
no pagado”. La indignación contra la forma burguesa habla aquí, lo quiera o no,
un lenguaje burgués.
¿Cómo se maneja Marx con este rasgo de la semántica
político-económica? ¿De manera polémica, a la manera de la Crítica del
Programa de Gotha, donde se oponía a declarar al trabajo fuente única de
toda riqueza, olvidando el papel de la naturaleza? En absoluto. En vez de eso,
integra esta forma de hablar en su lenguaje teórico. En la primera edición
alemana y en la segunda, también preparada por él, pone plustrabajo = “trabajo
no pagado”, plusvalor = “con arreglo a su sustancia, concreción material de
tiempo de trabajo no pagado [Materiatur unbezahlter Arbeit]”
(MEGA II.5, 432; MEW 23, 556). Y al proceder así, comenta: “trabajo no
pagado / trabajo pagado es sólo la expresión popular para referirse a
plustrabajo / trabajo necesario.” Da la impresión de que quiere tranquilizar su
conciencia teórica, al utilizar esta fórmula de “como si”: si, en el tiempo de
trabajo necesario, se genera un producto del mismo valor que la fuerza de
trabajo, para el capitalista es “como si hubiera adquirido en el mercado el
producto terminado. En el período de plustrabajo, por el contrario, el
aprovechamiento de la fuerza de trabajo forma valor para el capitalista, sin
que ese valor le cueste un sustituto de valor. Obtiene gratis esa movilización
de fuerza de trabajo. En este sentido el plustrabajo puede ser llamado trabajo
no pagado.” La traducción italiana de Delio Cantimori lima el
aspecto escandaloso al decir, en vez del popular “non pagato”, “lavoro altrui
non retribuito”,(3) mientras que en la traducción inglesa
controlada por Engels se habla sin más de “other people’s
unpaid labour”. Pedro Scaron pone en su traducción publicada
por Siglo XXI “trabajo ajeno impago” (El Capital, II, 649), e incluso
(como Cantimori) en cursiva, como había hecho Marx en
la primera edición. “El equívoco”, dice Marx a modo de
conclusión, “al que podría inducir la fórmula trabajo no pagado / trabajo
pagado, como si el capitalista pagara el trabajo y no la fuerza de trabajo,
desaparece si se tiene en cuenta el análisis que hiciéramos anteriormente”.
Esta no es una explicación satisfactoria teóricamente sino una manera de tender
puentes con el lenguaje coloquial. He aquí pues el verdadero pecado teórico
de Marx. Quienes le acusan de popularizar no prestan atención a
este punto. Sin embargo, precisamente allí donde se le acusa de popularización
o vulgarización en el sentido de una degradación de la teoría, es donde
descubrimos mejoras decisivas.
2. Deshegelianización de la dialéctica
La crítica de la economía política no puede ser entendida, como se hace
a menudo, en términos de un “sistema”, como si procediese de la época en que
los filósofos tenían que construir un sistema. Si hay un sistema, es el sistema
asistemático del proceso proclive a las crisis del capital mismo. Su crítica
teórica hay que concebirla, antes bien, como proceso de investigación sumado al
proceso de aprendizaje del investigador. No faltan comentarios de Marx a los
cambios de paradigma efectuados por él en el curso de esta work in
progress. Pero los comentarios sobre el método son con frecuencia demasiado
generales y, a veces, “relativamente esquemáticos y enigmáticos” (Arthur 2002,
9), e incluso equívocos. Así, cuando Marx declara que su
“método dialéctico” “no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos,
sino que es su antítesis directa” y que en lo que atañe a la dialéctica
hegeliana “es necesario darle la vuelta, para descubrir así el núcleo racional
que se oculta bajo la envoltura mística” (23/27). Mientras Hegel “convierte
el proceso de pensar […], bajo el nombre de idea, en un sujeto autónomo”, para
él “a la inversa, lo ideal no es sino lo material transpuesto y traducido en la
mente humana” (ibid.). ¿Habría, de esta suerte, que convertir, como “antítesis
directa”, la materia en un sujeto autónomo? La designación de lo ideal como
resultado de la transposición y traducción de lo material en la mente humana
indujo ya a Plejanov, en Problemas fundamentales del
marxismo, a confundir a este respecto a Marx con Feuerbach.
Pero debería estar claro que la primera tesis sobre Feuerbach prohíbe
categóricamente presuponer una configuración en la que el pensamiento se
contrapone directamente, sin manos ni herramientas, y sin red social de
actividades, a lo “material”. La imagen de “darle la vuelta” a la dialéctica
hegeliana es totalmente equívoca. Sugiere que se conservaría como quien dice de
una pieza, sólo que invertida, “puesta sobre los pies”, o bien como un guante o
una camisa a los que se giraría de sentido pero que se mantendrían exactamente
iguales en cuanto a forma y textura. En realidad, sin embargo, la textura no
puede mantenerse en este caso; todo ha de revolverse y organizarse en base a un
algoritmo completamente distinto, que es el materialismo histórico. El
análisis de su dialéctica operativa muestra que Marx hizo esto
mismo al menos en los puntos decisivos y en todo caso implícitamente (véase
Haug 2005).
A veces aparecen sólo pequeñas huellas, en los textos manifiestos, que
indican un cambio de terreno. Donde el cambio queda implícito, la atención a
las huellas se convierte en lectura de síntomas. Un síntoma que invita a ello
se encuentra en el segundo capítulo de la traducción francesa que hiciera Joseph
Roy del libro primero del Capital, revisada por Marx.
Esta revisión ocupó a Marx durante cinco años, y le costó
definitivamente la pérdida de la inocencia lingüística, como ha observado
acertadamente Jean-Pierre Lefebvre.(4) Marx experimentó
entre 1871 y 1875 en su propia obra maestra la “seducción” del pensamiento por
el lenguaje, sobre la que Nietzsche llamó la atención en la
década de 1880. Precisamente alguien como Marx, capaz de moverse
con tanta maestría en la fisonomía de su lengua materna, tiende a considerar
conceptos que parecen articularse, por así decir, automáticamente en el
lenguaje como si estuviesen teóricamente del todo consolidados. Günther
Anders nos pide a los contemporáneos que escribamos de una manera que
sea traducible. Marx mostró una preocupación similar aunque,
en su época, llegó hasta los límites de la traducibilidad de su propio texto.
Esta experiencia le llevó a agudizar y a veces incluso a renovar su pensamiento
teórico. Desplazado de su lengua materna –y tengamos en cuenta que, por su
naturaleza misma, las lenguas propias tienden a oscurecer los significados para
los hablantes originarios debido a su autoevidencia-, se vio obligado a ser más
claro acerca de sus movimientos. Quienes, como algunos autores alemanes, se
atienen lingüísticamente a la versión original sin más reflexión, tenderán a
contemplar la clarificación como una pérdida de significado. Incluso para Engels “die
ganze Bedeutung” (23/37),(5) “el pleno significado” (II.9/12),
parece ligado al “original” alemán; y cuando la traducción francesa difiere de
ese original él sólo ve un “indicador de lo que el autor, por su parte, estaba
dispuesto a sacrificar” (ibid.). Esta especie de mito alemán del origen no
debería influir al marxismo internacional.(6)
Pero pasemos a nuestro ejemplo. Se encuentra en el capítulo 2 (“El
proceso de intercambio”). El contexto trata de cómo en el curso del desarrollo
de las relaciones de intercambio, la determinación dominante que se encuentra
en toda mercancía de convertirse en medio de cambio cristaliza en una
“mercancía dinero”, como “producto necesario del proceso de intercambio” (la
traducción francesa de Marx/Roy dice, centrándose más
de cerca en el proceso implicado: “se forme spontanément”). Más adelante
leemos: “La necesidad [Bedürfnis] de dar una expresión exterior a esa
oposición [de valor de uso y valor], con vistas al intercambio, contribuye
a que se establezca una forma independiente [selbständig] del valor
mercantil, y [esta necesidad] no reposa ni ceja hasta que se alcanza
definitivamente la misma [la expresión externa de esta antítesis] mediante el
desdoblamiento [Verdopplung] de la mercancía en mercancía y dinero.”
(MEW 23, 102).(7) Así, una lectura hegelianizante del análisis
marxiano de la forma valor (8) viene a sumarse a lo que Backhaus (1997,
p. 142) llama el “bien conocido término hegeliano ‘desdoblamiento’”: mediante
el “desdoblamiento”, se nos dice, se designa la unidad en la diversidad de la
mercancía. El sujeto del proceso es entonces, como en la primera edición, la
“contradicción inmanente de la mercancía”, que en el curso de una serie de
“desdoblamientos” genera las determinaciones del mundo burgués, incluyendo el
capital y el estado. Se olvida aquí que la “mercancía” es la forma que
confieren a los productos las relaciones privadas y basadas en la división del
trabajo y que para los materialistas históricos la comprensión de la dinámica
generadora de estructuras sólo puede provenir de la reconstrucción de la
actividad humana en el seno de tales relaciones. La “contradicción interna” de
la mercancía refleja sólo el antagonismo existente en estas relaciones. “La
necesidad de dar una expresión exterior a esa oposición, con vistas al
intercambio», como dice Marx, es considerada por la lectura
“hegelológica” como una concesión popular-didáctica pero que induce en el
terreno de la teoría a equívocos. De hecho, en la primera edición leemos aún:
“Esta contradicción inmanente […] no descansa hasta que se resuelve finalmente
a través del desdoblamiento [Verdopplung] de la mercancía en mercancía y
dinero” (MEGA II. 5, p. 54). En la segunda edición alemana, Marx sustituye
el sujeto “esta contradicción inmanente” por “das Bedürfnis, diesen Gegensatz
für den Verkehr äusserlich darzustellen” (23/102), y en la traducción francesa
por “le besoin même du commerce” (II.7, p. 66). El pensamiento de Marx ha
pasado a través del “convertidor” interlingüístico. Y así es la “necesidad” del
“tráfico comercial” la que “no reposa ni ceja” hasta que el valor de la
mercancía ha tomado su “forma independiente”.
Realmente, parece como si Marx se hubiese dado cuenta
mientras preparaba en paralelo las traducciones rusa y francesa cuando
trabajaba, al mismo tiempo, en la segunda edición alemana (véase MEGA II.7, pp.
715-718) del peligro de una recaída en la dialéctica especulativa. Así en la
frase siguiente de la traducción francesa, sustituye el indeterminado “von
Ware” (“de mercancía”) por el más determinado “une marchandise”, es decir una
mercancía determinada: “À mesure donc que s’accomplit la transformation générale
des produits du travail en marchandises, s’accomplit aussi la transformation
d’une marchandise en argent.” (Ibidem).(9) En esta mercancía
determinada singular y específica,(10) el oro, subyace
la doble determinación de ser a la vez valor de uso como oro en la forma
mercancía y la “mercancía dinero” (II.5, p. 56) por excelencia, que encarna el
valor de cambio de todas las otras mercancías.(11)
¿Por qué entonces Marx no asumió en la segunda edición
alemana la sustitución de “von Ware” por el determinado(12) “eine
Ware”? Sólo podemos especular. Una posibilidad es que fuese algo tan obvio para
él que estaba tratando de la “mercancía dinero” y no de la mercancía como tal
que la posibilidad de una malinterpretación hegelianizante ni se le
ocurriese. Engels, por su parte, sustituye “el desdoblamiento de la
mercancía en mercancía y dinero” por “la diferenciación de las mercancías en
mercancías y dinero” (II.9, 75). Como para compensar el equívoco plural,
sustituye la frase “la metamorfosis de la mercancía en dinero” por “la
conversión de una mercancía especial en dinero” (l. c., 76).
3. Una ira filosófica
Louis Althusser inició en 1968 su conferencia
ante la Société Française de Philosophie con una anécdota: durante una estancia
en Capri, parece ser que Lenin rechazó con una gran carcajada
la invitación que le hizo Maxim Gorki a participar en una discusión
filosófica con un grupo de la izquierda bolchevique del que él formaba parte
(1969, p. 10). Este grupo estaba convencido de que “el marxismo debía
desembarazarse de su metafísica pre-crítica, representada por el ‘materialismo
dialéctico’(13) y en la búsqueda de un alternativa dirigía sus ojos
al empiriocriticismo del físico austriaco Ernst Mach. “Se puede
entender, así las cosas, la risa de Lenin”, dice Althusser: “no hay
comunicación filosófica, no hay discusión filosófica”. Y añade: “No haré otra
cosa hoy más que comentar esa risa, que es ya en sí misma una tesis” (p. 10).
Un siglo después, todavía bajo la impresión de la metafísica vulgar y
pre-crítica en que llegó a convertirse el “Diamat” finalmente canonizado
por Stalin, muchos de nosotros no tendríamos reparo en compartir el
punto de partida de aquel grupo formado en torno a Gorki, aunque
nos hubiera gustado que Lenin no se limitase a reír, sino que
hubiera pugnado seriamente con las razones que animaban a aquellos camaradas,
recorriendo así una senda filosófica que habría hecho imposible a la futura
ideología de estado derivar de él su legitimidad. Puede que tras la carcajada
de Lenin hubiera una tesis filosófica, pero esa tesis bien
podría generar la fundada sospecha de que en nombre de Marx retrocedió
detrás de Marx.
Nada excitaba más la ira de Marx que verse enfrentado a
este tipo de interpretación. Tal vez podríamos decir de esa ira de Marx,
con no menos justificación que Althusser a propósito
de la carcajada de Lenin, que es ya en sí misma una
tesis. Aunque justificada en general, dicha ira es también a veces
injusta. Así por ejemplo cuando reconviene a un ruso que le cita en lo que hoy
llamaríamos un contexto eurocéntrico, diciendo que haría bien en consultar la
traducción francesa en vez de la rusa. De
hecho, la primera contiene, en el capítulo que nos interesa aquí,
desplazamientos de énfasis extraordinariamente importantes relativos a la
“llamada acumulación originaria”, en los que se puede constatar un cambio de
paradigma en dirección a una concepción de la historia que ya no es unilineal.
Se trata de cambios que ponen de manifiesto la absoluta actualidad de la teoría
de Marx para la época emergente del capitalismo transnacional
de alta tecnología, cambios que Engels, contrariamente a sus
aseveraciones introductorias, no recogió en la cuarta edición alemana (Véase
23/41). Pero consideremos de qué cambios se trata.
Donde la cuarta edición dice de la acumulación originaria: “Su historia
adquiere tonos diferentes en diferentes países y atraviesa las diferentes fases
en diferente sucesión y diferentes épocas históricas” (OME 41, 362; cf.
23/744), en la edición francesa Marx limita el alcance a
Inglaterra y Europa occidental –“tous les autres pays de l’Europe occidental”-
y reduce las pretensiones de su exposición a un “esbozo” (esquisse)
(II.7, 634). De aquí el reproche dirigido al marxista ruso Mijailovski:
“Insiste en transformar mi esbozo histórico del origen del capitalismo en
Europa occidental en una teoría, del estilo de una filosofía de la historia,
del proceso general de desarrollo, al que deberían sujetarse obligadamente
todos los pueblos” (19/108). La ira de Marx es indicativa de
una brusca toma de conciencia: a la luz de la recepción que está teniendo El
Capital se horroriza ante ciertas posibilidades interpretativas de su
propia obra. También incluye cierta dosis de autocrítica que no llega a
articularse. Pero Marx podrá advertir que ya la había
enunciado públicamente: la edición francesa tiene “un valor científico
independientemente del original, y debería ser tenida en cuenta incluso por
lectores que dominen la lengua alemana” (OME 40, 23; II.7, p. 690).(14) Lo
que le “obligó” a “modificar la formulación”, dice, no fue en absoluto alguna
inexactitud por parte de Roy. Muy al contrario, éste cumplió con
“puntual precisión” a la hora de “ofrecer una traducción tan exacta y hasta tan
literal como fuera posible” (ibid.).
Al hilo de esta exactitud literal Marx se hace consciente de que
asimismo su propio pensamiento, como se dice en La ideología alemana,
no existe “de antemano como conciencia ‘pura’”: “El ‘espíritu’ nace ya con la
maldición de estar ‘cargado’ de materia, que aquí se manifiesta bajo la forma
de […] sonidos, en una palabra, bajo la forma del lenguaje.” (MEW 3, 30) La
materialidad lingüística del lenguaje, condición y medio de la
conciencia articulada, es de entrada su inconsciencia. Ya Hegel en
el prefacio a la segunda edición de su Ciencia de la lógica,
observaba: “La inconsciencia a este respecto tiene un alcance increíble”. Hegel desplaza
aquí la interpretación paradigmática de su objeto de conocimiento del
“pensamiento de Dios antes de la Creación”, como decía en el prefacio a la
primera edición, a la red conceptual del lenguaje. De ningún modo puede decirse
de los nudos de esta red, las categorías, en las que se disponen las formas de
pensar, que “nos sirven, que las poseemos nosotros más de lo que ellas a nosotros”,
mientras no hayamos conseguido para nosotros mismos una cierta libertad de
movimientos a través de la reflexión. Marx y Engels dan
aquí otro paso decisivo en dirección a la red de prácticas vitales, articuladas
en materialidad histórica, una red que mantiene una conexión móvil y propia de
un proceso con el lenguaje y el pensamiento.(15) Despiertan del
sueño de Hegel de un orden inmóvil de todo movimiento y de una
predestinación abstracta de todo lo concreto.
El hecho de que se pasase por alto esta concepción en la recepción de su
propia obra encendió la ira final de Marx, que le impelió a dar una
serie de nuevos pasos teóricos en las Notas marginales
sobre Wagner. Esta ira final “que en sí misma ya es una tesis filosófica”
estalló en él a la vista de la recepción burguesa-académica
de El Capital en Alemania. Esencialmente, toma como una ofensa
que se le atribuya un método lógico-conceptual en el que “a través de la pura
razón” la siguiente “fase”, en cada caso, haya sido generada por la anterior,
como él mismo lo había caracterizado treinta años atrás cuando tronaba
contra Proudhon. Ahora lo llama el “método de entrelazamiento de
conceptos” (Begriffsanknüpfungsmethode) y acusa al vir
obscurus de Wagner de “no haberse siquiera dado
cuenta de que mi método analítico […] no guarda ni la más remota
relación con ese método de entrelazamiento de conceptos que gustan de emplear
los profesores alemanes” (MEW 19, 371). Todavía hoy no es infrecuente que se
atribuya a Marx haber arrancado del “concepto de mercancía” en
el que “está prefigurado el concepto de dinero”(16) y que es la
categoría más abstracta, etc. Ante este tipo de interpretaciones, Marx da
un puñetazo sobre la mesa: No, yo empiezo por lo “concreto más pequeño”, es
decir, “la forma social más simple en que toma cuerpo el producto del trabajo
en la sociedad actual” (369). Es “escolasticismo”, afirma Marx,
derivar del concepto de valor el valor de cambio y el valor de
uso, en vez de, como él mismo hace, elaborarlos analíticamente partiendo “de lo
concreto de la mercancía”, “von einem Konkretum der Ware” (362).
Cuando Marx analiza en El Capital la
oposición entre valor de cambio y valor de uso, Rodbertus considera
que establece una “contraposición lógica” (374). Sin embargo, al proceder de
esta guisa, replica Marx, Rodbertus lee su
exposición en El Capital en términos lógicos y considera
las dos determinaciones de la mercancía como “puros conceptos”. En otro caso,
no la habría interpretado como una contraposición “lógica”. En realidad,
prosigue Marx, en cualquier lista de precios “cada clase concreta
de mercancías incurre en este mismo proceso ilógico” de distinguirse como
valores de uso totalmente de las demás, “a la par que su precio las
representa como cualitativamente iguales, como modalidades sólo cuantitativamente
distintas de la misma sustancia”. “Aquí sólo existe una
contraposición lógica para […aquellos] que arrancan del ‘concepto’ del valor,
no de la ‘realidad social’ de la ‘mercancía’, y luego desdoblan el concepto
como si tuviese dos caras, para acabar discutiendo cuál de los dos fantasmas
alumbrados por su cerebro es el verdadero” (374 y s.). La anterior ambigüedad
en el lenguaje de Marx desaparece, una ambigüedad de la
que Backhaus dice correctamente que conduce a “disputas
pseudoteológicas” (1997, p. 196). Y yo añadiría: siempre que se niegue, como
hace el mismo Backhaus, el proceso de aprendizaje de Marx y
se tome el estadio anterior, más cercano a Hegel, como el auténtico
y verdadero.(17)
A fin de evitar la falsa dialéctica del concepto de valor, que a través
de la parcial identidad de palabras (valor de uso y valor de
cambio) parece remitir a una unidad contradictoria de esencia, que llevaría a
una serie cosmogónica de desdoblamientos (Verdopplungen), Marx mantiene
una constante reflexividad lingüística en estas notas.(18)
En el intento de registrar las tareas de “distinguir o fijar en la
representación” insertas en la red de actividades vitales, y consiguientemente
en el lenguaje, Marx considera determinaciones que
posteriormente han sido denominadas por la filosofía analítica de la ciencia
“predicados de disposición” (“la sal es soluble en el agua”), pero con
referencia categorial a la praxis humana, y en este sentido llama la atención
acerca de la especial índole “para nosotros” de esos predicados con la
sarcástica sentencia de que “difícilmente se le ocurriría a un cordero que una
de sus cualidades ‘útiles’ sería que es comestible para los humanos” (363).
Denuncia el engaño seudo-objetivo haciendo manifiesto su antropocentrismo.
Sin duda aquí ya no se puede decir con Althusser que Marx “produjo
[estos conceptos] como en una iluminación, pero no los enlazó teóricamente ni
los elaboró ulteriormente” (Lire le Capital, II, p.
175).(19) No, aquí Marx está trabajando a
la luz del día de su taller en las condiciones de validez
histórico-materialistas. En contraste con una concepción de la dialéctica que a
menudo se presenta como una especie de arte secreto, estas reflexiones tienen
algo de liberador. Para nuestra lectura actual es recomendable tomar en cuenta
las indicaciones que da Marx aquí y aplicarlas
retrospectivamente a manera de orientación heurística. En tal caso
estaremos tras las huellas de algo que cobra una importancia estratégica: una
mejor comprensión del proceso de aprendizaje del Marx llamado
“maduro” e incluso “viejo”. Puede que el impacto principal de este proceso de
aprendizaje sea una reconsideración en términos histórico-materialistas de la
dialéctica.
4. Final abierto
Quienes creen en “corregir a Marx con Hegel”
(Engels, Anti-Dühring), ceden este terreno vital a la
ideología filosófica premarxiana. Para ellos el punto de vista dialéctico se
sitúa al final de la historia. ¿No dijo acaso el propio Marx que
“la anatomía del hombre es la clave para la anatomía del mono”? Sí, lo dijo en
la Introducción a los Grundrisse. Pero hay que entender que este fragmento no
fue revisado nunca por Marx y puede mostrarse que se trata de
un texto fallido.(20) Porque para los materialistas históricos, una
“lectura rigurosamente dialéctica” sólo puede ser aquella que “no lee el
principio a la luz de lo que viene después” (Bidet 2004, 60). En efecto,
para Marx “el único [enfoque] materialista y por tanto el
único científico” (C I, 494. n. 4) ha de proceder en la misma dirección que el
proceso, y nunca a partir de lo que Marx llama “el punto de vista de los
fenómenos consumados” (“fertige Phänomene, C II, MEW 24, 218). Contra la
crítica de la religión realizada por Feuerbach, Marx plantea
la misma objeción estructural que contra los economistas clásicos burgueses:
“Es, en realidad, más fácil descubrir a través del análisis el núcleo terrenal
de las creaciones mistificadas de la religión que hacer lo contrario, esto es,
desarrollar a partir de las relaciones reales, dadas, de vida las formas en que
éstas han sido transfiguradas.” (C I, 494, n. 4) La economía política clásica,
por otra parte, ha “analizado el valor y su magnitud […] y ha descubierto el
contenido oculto en estas formas. Pero nunca ha respondido a la pregunta de por
qué este contenido ha adoptado esa forma particular, es decir, por qué el
trabajo se expresa en valor” (C I, 173 y s.). Esto, sin embargo, no puede
llevarse a cabo “a partir de las relaciones reales, dadas, de la vida”, que ya
están estructuradas por las formas de valor. Se necesita una reconstrucción
genética de la transición de las “relaciones de vida” más elementales a las
actuales. Esta es el lado objetivo de aquello de lo que trata la dialéctica
de Marx. El lado subjetivo puede entenderse como la filosofía
práctica del marxismo. En este punto, la aproximación a una problemática en la
investigación tiene raíces comunes con la sabiduría a propósito de las
coyunturas en las luchas sociales y políticas así como en la antigua technee
tou biou, el arte de vivir, “el más grande de todas las artes”, como
decía Brecht, cuya comprensión y práctica de una dialéctica
realmente nueva, ya no hegeliana, es una de las aportaciones más destacadas a
una renovación antidogmática del pensamiento marxista. Esta comprensión de
la dialéctica no sólo ha aceptado sus límites, sino que ha incorporado ya el
momento “aleatorio” sobre el que insistió Althusser mucho
después, En cualquier caso, inscribió la actividad subjetiva en el campo de
realidad, y con ella también un elemento de indeterminación. La filosofía de la
dialéctica y la dialéctica de la filosofía de Brecht, todavía muy
poco conocida incluso entre estudiosos marxistas, es en muchos aspectos
coincidente con la de Marx. De algún modo, Brecht,
aprendiendo de Korsch, asumió el proceso de aprendizaje de Marx.
Para quienes nos identificamos con Marx y nos vemos obligados
a estudiar en medio de enormes rupturas y transformaciones estructurales,
afligidos de añadidura por todo tipo de political correctnes,
políticas de la identidad, fundamentalismos y sectarismos, que son otros tantos
síntomas de una carencia de dialéctica, las incursiones en esta “obra en
progreso”, con una clara comprensión de los progresos que se dan en ella,
resultan de vital interés. La tarea de elaborar una comprensión
histórico-materialista de una dialéctica sin trabas, tal vez no ha sido
plenamente entendida y no digamos ya realizada.
NOTAS
1 Fechadas por los editores de MEW en
1879-1880, pero por Eike Kopf (1992) el año de su muerte, 1883.
2 Véase el artículo
“Historisches/Logisches”, en Historisch-kritisches Wörterbuch
des Marxismus, vol. 6/1, pp. 360 y ss., así como en la versión abreviada
en Das Argument 251, vol. 45, 2003, nº 3, pp. 392 y s.
3 “In questo senso il pluslavoro può
essere chiamato lavoro non retribuido” (Il Capitale, I, p.
582).
4 En su introducción a la traducción
francesa de la cuarta edición alemana (París, 1983).
5 Ben Fowkes traduce: “the full impact
of original” (Capital I, p. 110).
6 Sin embargo, dado que la comunidad
científica marxista internacional carece de reflexividad multilingüe, tiende a
tomar las particularidades lingüístico-nacionales por teoría. La traducción
inglesa de La ideología alemana atribuye, por así decir,
género al “individuo”: mientras que Marx y Engels utilizaban
expresamente el pronombre neutro “es”, incluyendo así ambos géneros, la versión
inglesa utiliza el masculino “he”. Jan Rehmann (2000) ha reconstruido la enorme
confusión que la “bürgerliche Gesellschaft” –bourgeois society- ha causado
traducida como “civil society” en el marxismo de habla inglesa.
7 Fowkes, en su traducción inglesa,
confunde el significado poniendo “the differentiation of commodities into
commodities and money” (181). No son las “commodities” [las ‘mercancías’] en
general lo que se desdobla, sino la “money commodity”, la mercancía dinero.
Como si quisiera reparar el error, altera también el sentido de la siguiente
frase. Donde Marx habla de “Verwandlung von Ware in Geld” (“transformación de
la mercancía en dinero”; 23/102), él pone: “one particular commodity is
transformed into money” (181) [‘una mercancía particular se transforma en
dinero’].
8“Esta dialéctica está modelada a partir de la de
Hegel” (Arthur 2002, 160) y opera en el “espíritu universal del capital” (163).
0 En la lectura hegeliana de
Christopher Arthur no es esta mercancía singular y particular, el oro, lo que
se “desdobla” en mercancía y dinero, sino la forma-valor (cf. 2002, 31).
10 Marx: “bestimmte
Ware”; Fowkes: “single commodity” (184).
11 En nombre de la “teoría monetaria del
valor”, que trata de derivar la forma mercancía del dinero en vez de la forma
dinero de las mercancías, Michael Heinrich ha argumentado recientemente que el
concepto de “mercancía dinero” debería ser eliminado (1999, p. 233; véase mi
crítica 2004), probablemente bajo el impacto de la abolición del respaldo en
oro de las monedas. Para Marx es un concepto mediador clave para entender el
papel moneda moderno.
12 El uso del artículo indeterminado
(“une marchandise”) es la forma de referirse a una mercancía determinada (el
oro).
13 “…que le marxisme devait se
débarasser de cette métaphysique précritique qu’était le ‘matérialisme
dialectique’” (1969, 9).
14 “Welches auch die literarischen
Mängel dieser französischen Ausgabe sein mögen, sie besitzt einen
wissenschaftlichen Wert unabhängig vom Original und sollte selbst von Lesern
herangezogen werden, die der deutschen Sprache mächtig sind” (MEW 23, 32).
15 Sobre esto, véase el capítulo 4 de mi
libro Philosophizing with Brecht and Gramsci:
“’Epistemology must be above all critique of language’ – Brecht,
Gramsci, and Wittgenstein”.
16 Altvater 1969, 17; análogamente,
también Lenin (véase LW [Obras de Lenin, edición alemana] vol. 38, p. 340), a
quien siguieron acríticamente mis Vorlesungen zur Einführung ins
“Kapital” (1974/1976, p. 79 y s.) [trad. esp.: Introducción
a la lectura de “El Capital”, Barcelona, Materiales, 1978, pp. 110 y
s.] (cf. la versión totalmente revisada de 2005, pp. 76 y s.).
17 Heinrich objeta que las Notas
marginales “ no son “en absoluto una cuestión de hegelianismos
[Hegeleien] ni siquiera una cuestión que tenga que ver con que Marx fuera
acusado de ese hegelianismo. Más bien sucede que Marx critica a algunos
exponentes de la economía vulgar alemana” (2004, p. 94). Ahora bien, de esta
forma se elimina el aspecto decisivo, a saber, que Marx está pugnando con la
recepción burguesa de Marx, que lo interpreta de acuerdo con el paradigma del
“Bregriffsanknüpfungsmethode” o método basado en la mera derivación de
conceptos a partir de otros conceptos.
18 Al proceder de esta manera busca cada
vez un punto de partida en la realidad, en el sentido de la primera tesis sobre
Feuerbach: en la actividad, especialmente el proceso de apropiación del que
surgen las apreciaciones teoréticas. La dialéctica pseudo-conceptual de Wagner
recuerda las prácticas de los alquimistas, de “los viejos químicos anteriores a
la ciencia de la química”: puesto que la manteca es blanda, insisten “en lo
mantecoso de todos los clorhidratos, del clorhidrato de zinc, del clorhidrato de
antimonio” y hablan de “manteca de zinc, manteca de antimonio”. O porque la
“sal” fue la primera materia cristalina y soluble en agua conocida, el azúcar,
por ejemplo, se contaba entre las “sales” (372). De esta manera, los
alquimistas filosóficos consideran al valor de uso como valor. En pocas
palabras, Marx consigna aquí procesos similares de derivación de palabras en
base a propiedades similares, a fin de destruir la falsa dialéctica conceptual
del “valor”.
19 “…les produisant dans le geste d’un
éclair, il n’avait pas rassemblé et affronté théoriquement cette production, ne
l’avait pas réfléchie pour l’imposer au champ total de ses analyses” (LLC II,
175).
20 Su fórmula relativa a “ascender de lo
abstracto a lo concreto” como el “método científicamente correcto” tiene sus
méritos, pero describe la estructura de la ciencia burguesa clásica y no, en
absoluto, el método dialéctico específico de Marx como muchos comentaristas
creen todavía hoy. 22 Jacques Bidet comparte el punto de
vista según el cual el concepto de dialéctica de Marx es básicamente hegeliano
y que las transiciones deben deducirse de una “insuficiencia” “lógica”, no
práctica, “de una forma que permanecía insuficiente mientras no se desarrollase
completamente” (“tant qu’elle n’était pas complètement déployée”. Concluye:
“Por consiguiente es imposible en este sentido ‘pasar dialécticamente’ del
dinero al capital” (2004, 101). Pero cuando se atiene a la idea de una
“insuficiencia” en el sentido de no estar “completamente desarrollado” hace
exactamente lo que condena con razón, a saber, “leer el comienzo a la luz de lo
que sigue”. Más aún: sólo en posesión de un “conocimiento absoluto” al “final
de la historia” se podríamos estar seguros de que un fenómeno se ha
“desarrollado completamente”.
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