© Libro N° 8999. Onda Cerebral. S. Y J. Palmer. Emancipación. Agosto 28 de 2021.
Título
original: © Onda Cerebral. S. Y J.
Palmer
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S. Y J. Palmer
Onda Cerebral
S. Y J. Palmer
ONDA CEREBRAL
S. y J. Palmer
La puerta estaba cerrada, las
persianas también herméticamente cerradas, pero algo o
alguien trataba de penetrar en su habitación.
Gary Jones
estaba medio dormido en aquellos momentos situándose en esa zona tan
oscura que hay entre el dormitar y el soñar, entre la
euforia y la resaca. Sus defensas estaban bajas, como se asegura están en todos
nosotros durante esa maravillosa hora que precede al amanecer.
Su primera impresión fue la de
un foco de linterna que se reflejaba en
el techo del cuarto, manejada quizá por algún bromista,
o quizá se trataba simplemente del reflejo de los faros de
un automóvil desde el exterior.
Pero allí estaba… una pequeña luz un tanto
errática, una luz que se hallaba donde, razonablemente, no debía estar. Y lo
que resultaba más extraño: la veía exactamente igual con los ojos cerrados como
con los ojos abiertos. La aparición era débilmente prismática y como en suave
tecnicolor. Por otra parte también resultaba atractiva… en la misma medida que
podría serlo un señuelo que se arrastrase sobre la superficie de un río para el
pez que nadase más abajo.
Gary no pudo resistir la tentación de incorporarse
y extender una mano para intentar tocar aquella cosa. Pero si en realidad era
una luz, parecía no iluminar nada, ni siquiera sus dedos.
En aquel instante se acercaba más en sus erráticos
giros, casi como si fuera algo que « sintiera» y anduviera tanteando un lugar
donde posarse.
—Bien. ¡Ven o sal de aquí! —exclamó Gary.
Estaba cansado. El día anterior había
dedicado casi catorce horas a los libros de texto, y antes de
acostarse había tomado dos tabletas de Seconal con un reconfortante
trago de whisky. Todo esto había caído sobre un estómago vacío
porque estaba acercándose el final de mes, y
porque él y Liz habían sostenido otra de sus estériles
disputas de enamorados y había resultado
costoso hacer las paces. Como ocurría con todas
las demás cosas que
se relacionaban con aquel tipo hippy de mujer, a veces fascinante,
a veces imprevisible.
Pero Gary
en aquellos momentos deseaba ardientemente que Liz
estuviese a su lado, en lugar de aquella cosa que brillaba, y
que en aquel preciso instante parecía
haber cambiado de táctica y parecía tantear sobre
su cráneo con suaves, pero persistentes
dedos. Gary tenía la sensación de que sonaba algo…, no
palabras, pero sí algo muy cerca de serlo.
« ¿Hay alguien ahí?» , fue lo que pudo « escuchar»
muy débilmente.
Gary se dijo a sí mismo que debía recordar
definitivamente su sueño. Si fuese un sueño. Pero era un
joven que siempre se enorgullecía de seguir adelante con una broma.
« ¡No hay nadie aquí en el gallinero a no ser
nosotras las gallinas, patrón!» , respondió.
La respuesta llegó entonces fuerte y clara:
« ¿Quién eres tú? Por favor, responde si estás ahí.
Es importante.»
En alguna parte había oído Gary que si se servía en
las fuerzas armadas y el enemigo le capturaba a uno solamente había que dar el
nombre, jerarquía, y número de serie. Y así, repentinamente se escuchó decir:
« Gary Jones está aquí. Graduado UCLA. Número de la
Seguridad Social 567-45-3.032.»
Hubo una explosión silenciosa,
o más bien el estruendo de imaginarias trompetas,
o quizá el ruido de cuerdas de algún poderoso
Wurlitzer. El brillante foco de
luz encajó en la mente de Gary como una
llave en la cerradura, o quizá como un
anzuelo montado por un invisible pescador. En aquel momento se
encontraba metido en un programa que particularmente
no deseaba recibir. Hubo algunos conceptos aritméticos simples, y
luego llegaron las ecuaciones superiores, y después
algo de lo que él imaginaba más difícil. Gary jamás se
había sentido tan fuerte en matemáticas.
« ¿Nos estás recibiendo bien?» , fue el sentido del
mensaje.
« Escucha, si quieres charlar con Einstein te has
equivocado de número. Einstein y a ha muerto y y o soy solamente un pobre
inglés con dos asignaturas atrasadas. Así que dejarme dormir un poco, ¿eh?»
El mensaje, entonces, pareció llegar con más
claridad y con más fuerza:
« Hermano Gary jones no
te alarmes. Somos (¿soy ?) inmensamente
felices al establecer el primer contacto con
una mente de tu mundo. Alabado sea Dios (Alá,
Buda, Osiris, Shiva, ¿alguien más?) por este importante acontecimiento. Todas
las mejores mentes de nuestro planeta (¿Mundo, Tierra?),
están comprometidas en este esfuerzo, amplificándose unas a
otras y ayudando a proteger el pensamiento.»
« ¿Quién eres tú?» , musitó Gary sin creer aún lo
que estaba sintiendo.
« Somos (¿soy ?) felices al hablar en nombre de
nuestro pueblo, (¿ciudadanos?
¿nativos?) de nuestro
mundo, el segundo planeta de nuestra estrella. ¿Querrás, por tu
propia voluntad, tratar de mantener comunicación mental con
nosotros, por favor?»
« ¿Por qué no? Pero lo único que ocurre es que no
os veo.»
« Por favor, comprende que nosotros
sólo podemos enviar pensamientos. Debes traducirlos a tu
idioma empleando tu propio vocabulario. Quizá este contacto pueda ser
de gran valor para ambos pueblos, y a
que aprenderemos a pensar juntos. Puede parecerte a
ti muy nuevo
y muy extraño, pero por favor ten paciencia.»
Gary aún se hallaba muy lejos de estar convencido.
« Podría levantarme, tomar una aspirina y
tú te largarías de ahí» ,
pensó Gary que se sentía un
poco en ridículo, como si fuera un adulto
pillado en pleno juego de
niños, como el del escondite.
¿O acaso era viceversa? Luego añadió:
« Pero probaré una vez…, me siento demasiado débil
para resistir. ¡Sí! Soy Gary Jones, de la Tierra, diciendo que te escucho con
claridad. Saluda a todos tus paisanos y pregunta a los muchachos del cuarto de
atrás qué es lo que quieren.»
« Mensaje poco claro. Tus imágenes y
modismos no se parecen a los nuestros. Pero de
todas maneras benditos sean. Nosotros
(¿y o?) tratamos de ser amistosos. No parece que
tu mente esté cerrada. Por favor
acepta nuestro amor (¿amistad, hermandad?) ¿Está bien?»
« Otra vez diré: ¿por qué no?
Quiero decir “sí”, si esto es realmente auténtico y no se trata
de una broma de los muchachos del departamento de
física o psicología.»
« No seas aprensivo. Esto es auténtico. Venimos
como amigos.»
Gary reflexionó. Su aparato de
radio estaba apagado. Lo mismo ocurría con su
televisor.
No acababa de averiguar en qué forma alguien
podría estar tomándole el pelo o gastándole
una broma de aquel calibre. Aun
así tampoco podía apartar de su mente todos
los relatos que había leído acerca de los invasores del
espacio exterior.
« ¿Qué quiere decir eso de que venís?» —preguntó—.
« ¿En una flota de naves espaciales
quizá? ¿Acaso vuestro planeta está muriendo por falta de agua y
oxígeno y os gustaría apoderaros del nuestro?»
« Negativo. Inimaginable.
No estamos familiarizados con el concepto
de naves espaciales, puesto
que viajamos por el pensamiento. Nuestro planeta tiene
abundancia de oxígeno y casi demasiada agua. Nuestras
razones para realizar
este gran esfuerzo en la comunicación son, simplemente, que esperamos intercambiar ideas
y filosofías.»
Aquello sonaba a cosa grande. Se le
ocurrió a Gary pensar que había
una gran diferencia entre el pensamiento
y el lenguaje y que estaba tratando de traducir al inglés
conceptos extraños, con una alta probabilidad de
error. Pero, ¿y si todo aquello fuera
en verdad auténtico? Suspiró hondo y dijo:
« Amigos, me temo que os habéis
puesto en marcha y equivocado de individuo. ¿No hay
alguna manera por la que y o pueda transferir esto a uno de
nuestros grandes cerebros, quien podría tratar de hacerlo mejor?»
« No. Una vez que se ha establecido el contacto y a
no puede cambiarse. Tú eres nuestro (¿mi?) Hombre en el Planeta.»
« Nosotros le llamamos Tierra. Creo
que éste es el tercer planeta de nuestro sol. Pero si
vosotros sois realmente tipos de Marte o de algún otro lugar,
entonces quizá desearéis comerciar o vender algo…, como vuestra
máquina del tiempo o la cura
para el resfriado común o vuestro dispositivo
antigravitatorio a cambio de nuestros secretos
nucleares, propulsión iónica o algo así. Y, la verdad, y
o no soy competente…»
« Muy oscuro. Difícil
de mantener este canal que funciona
mediante el enlace de casi todas las
inteligencias no ocupadas de nuestro mundo. Esperamos
tener mejor contacto la próxima vez, ahora que y a
podemos dirigirnos directamente a ti. Hermano Gary jones, ¿estarás mañana en
idéntico lugar y a la misma hora?»
« Está bien, creo que sí. Pero, ¿dónde diablos…,
quiero decir, dónde estáis vosotros?»
« Estamos aquí. Es muy difícil de
explicar el concepto de los mapas estelares. Nosotros (¿el
pueblo?) ocupamos el segundo planeta de la estrella
binaria, probablemente el más próximo a vosotros,
hablando galácticamente. Somos un planeta verde y pequeño,
solamente con dos lunas, si esto te puede ayudar en algo.»
« No mucho. Nuestros telescopios no alcanzan a
planetas que estén situados fuera de nuestro propio sistema, como supongo lo
harán los vuestros.»
« Los nuestros son mucho más limitados aún. No
somos una civilización técnica. Pero sentimos que no estáis lejos.»
« ¡Bien, hola vecinos!»
Gary recordaba que la
estrella más próxima a nuestro sol se suponía era Alfa del
Centauro. Los habitantes de sus planetas, si había
alguno, seguramente le llamarían de otra manera.
« Está bien —añadió—. Así que nos figuraremos que
llamáis desde Centauro.
¿Os llamaré centaurianos?» Hubo una pausa.
« Es poco importante como nos
llames, hermano Gary jones. Excepto
que el nombre centauriano parece arrancado de una de
vuestras versiones cómicas. Nosotros somos serios,
y como nuestras anteriores
sondas cerebrales, a través del espacio
han demostrado que en cualquier planeta donde hay vida
inteligente, los
nativos siempre se llaman así mismos pueblo, y a
su planeta Tierra, o Mundo, sugerimos
que para el propósito de este cambio trates de
pensar en nosotros como “otro pueblo”, y que
nuestro planeta sea “otro mundo”.»
« Muy claro y muy bien entendido —dijo Gary Jones,
sin acabar de creer mucho en todo aquello—. Espero tener noticias vuestras
mañana por la noche.
¡Un minuto!»
Se le acababa de ocurrir
que quizá el planeta de aquella gente, con toda seguridad
tendría un período de rotación diferente del de la Tierra, y
que la palabra « mañana» podría significar muchas cosas.
Así añadió:
« Decidme, otropueblo, ¿es vuestro tiempo igual que
el nuestro?»
« ¡Ah, lo sentimos!» , fue la respuesta.
Hubo una larga pausa durante la cual
Gary tuvo tiempo para darse cuenta de
que quizá aquellos tipos extraños, después de todo,
no fueran tan omniscientes. Luego llegó el pensamiento
desde muy lejos:
«
Evidentemente necesitamos una medida (regla,
cuadro de referencia,
común denominador). ¿Alguna sugerencia?»
Gary estaba en aquel momento totalmente
despierto, o al menos creía que lo estaba. Y se daba cuenta de
que los pueblos diferentes también debían tener tiempos
diferentes. Pero debía haber una constante. ¿Cuál sería?
Quizá la velocidad de
la luz. Aquella medida sería
igual para todo el universo. Se levantó de
la cama y consultó el diccionario. Luego dijo:
« La velocidad de la luz es de 300.000
kilómetros por segundo. Al nivel del mar un huevo tarda tres
minutos en cocer.»
Luego continuó detallando un poco más, lo
que eran los segundos y los minutos, las horas y los
días, esperando que sus ideas tuviesen algún sentido.
« Gracias, hermano Gary jones. Nosotros (¿y o?)
probablemente lo conoceremos por eso. Nuestras mejores mentes tratarán de
solucionar el problema. Hasta mañana.»
« Entonces muy bien, viejo.
¡Ahora me dormiré y te encontraré mañana
en el mismo sitio! ¿De acuerdo?»
« Corrección. No soy viejo.»
« ¡Oh, no! —pensó Gary Jones—, supongo
que no van a convertirse en grandes insectos o a
hablar como pulpos.»
« Poco claro. Piensa en nosotros como “pueblo”
y en mí como La-Que- Piensa-Cosas-Por-Muchos, ¿te parece? Y para ti seré, querido hermano Gary jones, Aloha.»
La cosa había terminado. Aquellos suaves dedos se
retiraron de su mente y la luz desapareció.
« Aloha, ¿todavía estás ahí?»
Luego recordó, de cuando había hecho el viaje con
sus condiscípulos de segunda enseñanza a Hawai, lo que significaba Aloha. Pero,
repentinamente, se sintió mucho más soñoliento de lo que se había sentido en
todos sus veintidós años. Su rostro apenas tuvo tiempo de tocar la almohada
antes de que y a roncara sonoramente.
Despertó al mediodía, bajo el brillante
sol californiano, sintiéndose descansado a pesar de aquel sueño.
Había perdido una clase a las nueve de la mañana, ¿pero qué diablos
importaba aquello? Tenía la sensación de que nadie,
nadie en absoluto, había tenido jamás un
sueño como aquél.
Luego se fijó en que su diccionario Webster estaba
abierto sobre la mesilla de noche, por la letra « L» .
A media columna se encontraba la palabra « luz» …, lo
que hace posible ver en la oscuridad, esta energía se
transmite a una velocidad de aproximadamente 300.000 kilómetros
por segundo.
Aquel detalle le hizo pensar. De todas maneras,
¿qué clase de sueño había sido aquél?
Por supuesto, tenía que cometer la gran
equivocación de contarle a alguien el
asunto. A
una muchacha naturalmente. Aquel mismo día
se encontraban él y Liz sentados sobre el desnudo
suelo del departamento que la
muchacha compartía con otras dos chicas. La gran
pelirroja, se
hallaba arreglada, como siempre, en forma perfectamente funcional,
y como siempre también, tenía respuesta para todo.
—Y dime, encanto, ¿qué sentido tiene eso de perder
la sangre fría porque has tenido una pesadilla y te has dado un corto paseo
como un sonámbulo?
—Puede que tengas razón —admitió Gary —. Pero más
pronto o más tarde,
¿no será casi inevitable que ocurra una
comunicación entre planetas…? ¡No podemos ser los únicos seres del universo!
—¡Tonterías!
—Pero Liz, ¡fue todo muy real! Y
sabes endiabladamente bien que
todo el mundo olvida el sueño que ha tenido al
cabo de unos minutos
de haber despertado. ¡Yo puedo recordarlo palabra
por palabra!
—Eso es muy típico en ti. Pero apuesto a que no
estudiaste nada de nada.
Hiciste un viaje psicodélico.
—Sabes bien que no hay nada de eso.
No me gusta el LSD ni las demás drogas.
—Bien. Te sugiero,
querido Gary, que trates de amar y no de
soñar. Te sientes realmente muy conmovido por esa
visión, ¿verdad? Déjame que sea y o el antídoto. ¿Qué
te parece si violo las normas de
la casa y mañana por la noche me acerco de
puntillas hasta tu cama y allí
te protejo entre mis brazos durante
la media noche y las primeras horas antes
del amanecer?
—Es la mejor oferta que me han hecho hoy. Pero me
temo…
—Sé que tienes miedo. Pero Liz se encargará de
alejar a los fantasmas.
La muchacha se echó a reír sugestivamente al mismo
tiempo que movía sus pequeños senos.
—Pero… como te iba a decir antes, no sé
si temo que esa manifestación suceda o no de nuevo…
Gary tragó saliva y añadió:
—Prometí estar allí a la misma hora.
—Seguro…, y
la promesa de Gary Jones es como dinero en
el Banco. Dinero confederado. ¡Déjate de tonterías,
amiguito! Seguro que habrás prometido estar allí a
la misma hora. Pero dime, ¿quién está obligado a ser
fiel a una promesa hecha a un fantasma cerebral?
Liz en aquel momento jugueteaba con el pie
izquierdo de Gary acariciando su empeine con los
dedos.
—¡Escúchame un minuto! Si por una casualidad entre
un millón, he sido elegido, aun al azar, como el primer ser humano para recibir
mensajes inteligentes de otro mundo, entonces… la cosa es tan grande que me da
miedo. Debo hablar por teléfono con la Casa Blanca, o con las Naciones Unidas,
o al
menos con la Prensa.
Liz le dirigió una larga y fría mirada.
—Encanto, no sabes lo que dices. Sufres
alucinaciones, ¿verdad? Si cuentas esta historia a
alguien más muy pronto te verás usando
una camisa de fuerza.
La muchacha le rodeó con sus
brazos y le besó en la boca con
fuerza, pero aun así el gesto
no pareció ejercer mucho efecto.
—Lo siento —dijo Gary cuando se liberó
del abrazo de la muchacha—. Pero…, ¿te parece bien que te
telefonee más tarde, esta misma noche…? Acabo…, acabo de recordar que
tengo que ver a alguien.
Liz permaneció de pie en la
puerta, inmóvil, al mismo tiempo que él
escapaba. Luego gritó:
—¡No te des prisa
por regresar! ¡Está bien, déjame por las
doncellas verdes de Marte!
No me importa en absoluto.
La muchacha se sentía herida. Incluso
los hippy como Liz se sentían heridos algunas veces.
Las relaciones de Gary con ella habían sido ocasionalmente
tiernas, ocasionalmente fogosas, pero
siempre imprevisibles. Pero aquella era la única vez
que en realidad debía haberle escuchado. Y no lo
había hecho.
Para Gary era terriblemente importante
que alguien le prestara atención.
No en la forma que podría hacerlo el barman del cercano saloon,
sino alguien que le escuchara con suma atención e interés.
Había buscado una excusa para huir de Liz y de sus
brazos que tanto le atraían, pero ahora se daba cuenta de que
tenía que ver a alguien.
Alguien quizá como Barney
Feist, aquel tipo duro e inteligente. Barney estaba a punto
de terminar su carrera de filosofía y era un tipo
sensato que no filosofaba constantemente, pero que
avanzaba siempre con la tenacidad de un
buey. Vivía solo y solía
estar en casa en aquella hora.
—¡Entra! —fue la bienvenida que le dio Barney en la
puerta—. ¿Comida, bebida, o ajedrez?
Siempre daba la impresión de que
le agradaba que
le interrumpieran, o quizá le agradaba de verdad.
—Es ayuda lo que necesito —admitió Gary al dejarse
caer en su silla preferida—. Tengo una preocupación gorda.
—¿Te preocupa algo del curso?
—¡Diablos…, no! Ya pasé bien todo cuanto tenía
atrasado.
—¡Oh, seguro…, y a lo sé, la pierna!
Gary había tenido un ataque de
polio en su infancia durante una época anterior
a Salk. Caminaba cojeando un poco, excepto
cuando estaba cansado, pero había sido
suficiente para librarse del gimnasio y de ir al Vietnam.
Barney preguntó nuevamente:
—¿Tienes embarazada a tu chica?
—No, Barney. Pero ayer noche tuve un sueño
endiablado…, si es que fue un
sueño. Y tengo otra cita igual para mañana por la
mañana, aunque te parezca extraño.
—Tuve un sueño que no fue en absoluto un
sueño…, o lo que hay a sido. Bien, viejo amigo, no
estoy muy fuerte en
el terreno freudiano, pero los
sueños siempre indican algo, aunque sólo sea una mala digestión. Pero me aventuraré a recetarte algo
por adelantado.
Y acto seguido Barney sirvió dos vasos con unos
dedos de whisky.
Gary contó su historia… y allí, al menos, fue
recibida sin la menor interrupción.
—Y si no hubiese visto luego el diccionario abierto
sobre mi mesa de noche, hubiese podido calificar esto como una alucinación.
¡Pero a nadie se le ocurre consultar un diccionario en pleno sueño!
Barney contempló su vaso como si fuera una bola de
cristal y respondió:
—¿No? Hay personas que han
asesinado mientras dormían. Los casos se
describen en varios libros. Pero tú has estudiado dos
cursos de psicoanálisis y debes poder diagnosticar tu
propio caso.
—¿Cuál es?
—Fantasía. Pura fantasía que surge de tu
subconsciente. No crees mucho ni tienes ninguna fe en
el mundo en que vivimos, ni en el estado de
nuestra actual sociedad. La Bomba… y demás. Te sientes
persona extraña y me temo que
vives en un mundo que tú no
has hecho y, en consecuencia, vienes con una
respuesta encantadora. Quieres vivir en el país de
los sueños.
—Pero, Barney …, ¿es tan sencilla la cosa?
—Todo puede resumirse en una
sola palabra: « culpabilidad» . Te sientes
subconscientemente culpable porque otros jóvenes han sido reclutados
y enviado al Vietnam, quizá a morir en los
arrozales sabe Dios por quién. Te sientes culpable porque lograste
una beca para estudiar ciencias y después cambiaste a
literatura inglesa, cosa que los dos sabemos es un retorno al pasado
poético y literario, cosa que en nuestro mundo de hoy
tiene poco o ningún significado. Casi me atrevería a decir
que no has leído, o al menos no te importan, poetas
tales como Eliot o Round. ¡Vamos…!, ¿qué es lo que has
leído recientemente… para pasar el rato?
Barney volvió a llenar los vasos y colocó queso y
unas galletas sobre una cercana mesilla. Luego preguntó nuevamente:
—¿Quizá ciencia ficción?
—Recientemente… nada de eso. Acabo de
terminar El Señor de los Anillos.
—¡Vaya! Una fantasía
de Tolkien acerca de caballeros, halcones y
duendes, en el mundo de Gondor. Lo entiendo.
Algunas veces y o también leo cosas
así. Pero no me dejo influenciar por ellas. Y te
apostaría una fortuna a que aún hay otro
ángulo más, implicado en ese sueño tuyo…, un ángulo
de más culpabilidad. Has vuelto la
espalda al Dios de tu infancia, y así le has
inyectado en tu sueño.
¿Qué es lo
que dijeron tus imaginarios amigos del
espacio exterior cuando se estableció el contacto? ¿No fue, gracias
a Dios, o algo así? De manera que, subconscientemente, estás
buscando al Dios perdido de tu infancia,
y como tú crees que Él ha muerto en esta tierra,
te agrada imaginarle vivo en alguna otra parte.
—Yo no veo así las cosas,
Barney, pero, ¿para eso tienes que cambiar de
Freud a Watson y luego otra vez a Jung? Lo único que y o quería
que aceptaras, es el hecho de que la última noche tuve un
sueño fantástico y fascinante y que
estoy completamente seguro de que tendré otro esta misma noche mediante la cita.
Barney movió la cabeza y respondió:
—Sospecho que tendré que dejar que te aferres a tus
ilusiones si es que te hacen feliz. Las llamamos esquizofrenia. Sugiero que te
metas en la cama y llames a tu amigo, o viceversa. Y no es que tenga ganas de
meterme en lo que no me importa, pero, ¿cómo marcha ahora tu vida sexual?
—Bien, muy bien —replicó Gary con la sensación de
que la sesión no conducía a ninguna parte—. ¿De manera que también todas las
cosas, tarde o temprano desembocan en el sexo? Barney, soñé con mensajes
mentales interplanetarios, ¡no soñé con encantadores súcubos en mi cama!
—Pero el sexo alzó
su fea cabeza, o movió su
encantador trasero en este sueño tuyo
—señaló el psicólogo con tono de triunfo—. Tu contacto
inmediato en el otro extremo mental era una hembra, ¿verdad?
« La que Piensa y Habla no sé qué más…» y, por favor,
fíjate en eso de « la que» . Mi sugerencia
final es que te largues a dar un paseo y que cuando regreses a
tu nido te tomes una aspirina y duermas todo lo
que puedas.
—Gracias por haberme dedicado todo este tiempo, y
gracias también por el trago.
Gary se
puso en pie para retirarse y luego se volvió
hacia Barney para decirle:
—Barney, ¿no crees que en todo
esto hay a ni la menor probabilidad de que sea auténtico, y que
entre tantos miles de millones de estrellas tenga que haber millones
de planetas habitados, y que a distancias extremadas
el único medio de comunicación pueda ser solamente
la telepatía?
—No me lo preguntes. Interroga a
los muchachos Rhine de la Universidad de Duke. No es que
hayan hecho muchos progresos, científicamente hablando. La telepatía
aún es algo oscuro, si es que en realidad existe.
No puedes apagarla y encenderla como si se tratara de
un aparato de radio. No, Gary, tu sueño no ha sido
auténtico. No has recibido nada que no estuviese y a en tu propia mente, recuérdalo. La forma de expresarse, las
citas, ese nombre de Aloha, todo…, todo
de fabricación casera.
—Bien, puede que tengas razón.
Gary dio las buenas
noches y se dirigió lentamente
a casa atravesando el campus de Westwood. Primero su muchacha, y luego su mejor amigo…, nadie tomaría aquello con cierto grado de seriedad. Era
probable que hubiese estado charlando consigo mismo, disfrutando de una especie
de función mental con su mente subconsciente. Pero, ¡qué forma más extraña de
hacerlo!
Al cabo de unos momentos se
encontró contemplando las estrellas, o las pocas que
brillaban aquella noche a través de la neblina. Allí estaba la Polar
y la Osa Mayor…, no, había muchas más que
podía identificar.
Cuando regresó a
su cuarto consultó de nuevo el diccionario,
descubriendo que la Alfa del Centauro tenía que estar en la
constelación Centauro, « situada entre Hydra y la Cruz del Sur» , según el texto.
Lo cual significaba que la estrella siempre estaría
invisible y muy baja en
el horizonte mirando desde estas latitudes.
El primer contacto, o lo
que fuese, había tenido lugar un poco antes de
las primeras luces
del amanecer. Por esto Gary puso su despertador a las
cinco de la mañana: intentaba estar totalmente despierto cuando «
aquello» sucediese de nuevo.
Solamente el globo de luz
y el invisible contacto le despertaron antes de las dos
y media. En el caso de que estuviese
despierto. Se volvió hacia la lámpara de la mesa de
noche y chocó contra una de sus esquinas. Ya no
estaba seguro de nada.
« Gary jones, ¿estás ahí? Llama otro pueblo.»
« Sí, estoy aquí —respondió Gary,
torpemente—, pero, ¿no me llamáis antes de la hora?»
« Lo sentimos mucho. Evidentemente
vuestras cifras acerca de la velocidad de la luz no
son exactas. Trataremos de ajustarnos más en futuros contactos.»
« Escucha, otro pueblo —dijo Gary,
desesperadamente—, aquí nadie va a creerme. Necesito pruebas. ¿Todavía estoy
hablando con Ella?»
«
Respuesta afirmativa. Los mismos controles, pero y
a no es necesario disponer de enlace de amplitud
planetaria para asegurar la necesaria amplificación,
y a que ahora poseemos foco direccional.
Ahora estamos manteniendo el contacto con un grupo
altamente especializado y muy entusiasta. Ahora,
para empezar, sugerimos…»
« ¡Espera! Escúchame. Si esto es real, ¿no puedes
enviarme algo, quizá una fotografía, para que y o pueda demostrar que no estoy
imaginando todo esto?»
Hubo una pausa.
« Comprendemos el problema. Pero el teletransporte
a grandes distancias no está a nuestro alcance. Solamente podemos enviar
pensamientos, no cosas materiales.»
« ¡Pero si incluso aquí en la Tierra podemos enviar
telefotos!»
« Concepto interesante. Intentaremos realizar el
experimento de enviar un cuadro mental del grupo. Por favor, no te muevas.»
Hubo a continuación una larga espera y entonces la
mente de Gary se llenó
súbitamente con un cuadro en blanco y negro, con
foco muy borroso. Finalmente distinguió una imagen de un grupo formado por
quizá una docena de figuras con aspecto semihumano sentadas alrededor de una
especie de mesa llena de copas talladas en lo que parecía ser madera o un
material parecido y lo que también parecían ser blocs de notas. O quizá
pizarras.
Por ninguna parte había la
formidable maquinaria científica
que Gary imaginaba. Había unas cuantas personas (¿Pueblo?)
sentadas en cónclave alrededor de
una mesa. Dos eran varones…, si sus oscuras
barbas bien recortadas podían servir de guía. El resto de
las personas usaba faldas blancas y muy anchas y estaban
desnudas hasta la cintura. Evidentemente se trataba de hembras.
Las orejas de
aquellos seres eran un
tanto extrañas y Gary creyó observar que poseían dos dedos
pulgares en cada mano. Había también otras
diferencias, pero no tuvo tiempo para fijarlas
en su mente.
« ¿Realmente están ahí? ¿No se trata de una broma?»
« Aquí es Ella hablando. ¿Llegamos bien hasta ti?»
El cuadro cambió hasta
convertirse en el primer plano de
unas facciones…, era un rostro bello,
con grandes ojos, y pequeña barbilla, encuadrado en lo
que más bien parecía ser una peluca rizada. No era
exactamente un rostro humano, pero tampoco espantaba
ni asombraba mucho. Aquellos labios incluso sonrieron, y acto
seguido la imagen se esfumó.
« Gracias» , dijo Gary.
Súbitamente se sintió muy pequeño y muy fatigado.
« Esto es demasiado
para que me lo trague
tan repentinamente. Estoy muy cansado.
Me alegro de conoceros. Me habéis
dado muchas ideas y algunas de ellas nuevas.»
« Está bien, Gary jones. Pero
como vemos que
quieres dormir, haremos una sugerencia. Ahora que se
ha establecido un buen
contacto, ¿nos permitirás continuar en él y explorar
tu mente y recuerdos durante tu período de
inconsciencia? Te prometemos que no habrá síntomas
desagradables, (¿efectos
secundarios?) para ti. Y en anteriores experimentos esto
ha demostrado ser y a la
única manera de recoger tu vocabulario y esbozos
de recuerdos. Hará que los futuros
contactos sean mucho más sencillos
y más remuneradores para todos.
¿Te parece bien?»
« Realmente no tengo ningún inconveniente en
convertirme en una especie de rata de laboratorio o en uno de los perros de
Pavlov. ¿Seguro que no habrá lavado de cerebro?»
« El procedimiento, hermano Gary jones, es simple e
inofensivo.»
« ¿No me están mintiendo?»
« ¡Nada de eso! Gary jones, piensa un poco. En una
sociedad puramente telepática, ¿cómo puede alguien mentir? Ese concepto es
totalmente desconocido
para nosotros.»
« Entonces, está bien. Todavía me cuesta mucho
creer que podáis leerme a través de una distancia de 4,5 años-luz, pero
adelante.»
« Una cosa más, por favor. Tan pronto como me abras
tu mente (¿a nosotros?) podemos, en cierta medida, al menos, ver a través de
tus ojos y recibir impresiones visuales. ¿Tienes a mano una luz y alguna
superficie que devuelva la imagen? Aquí hay algunos a los que les gustaría
saber cómo eres.»
A través de la enorme distancia, Gary creyó
percibir como una suave risa entre dientes. Se levantó de la cama y se acercó
hasta el pequeño escritorio para tomar un espejo de bolsillo. Luego regresó a
la cama y se observó en el espejo bajo la lámpara.
« Si sois capaces de leerme y a podéis prepararos
para recibir una sorpresa» , dijo modestamente.
Debió ser mayúscula la sorpresa, y a que la pausa
fue larga.
« ¡Oh, pero si no tienes barba!»
En aquella frase telepática había
sensación de sorpresa y desilusión. Luego llegó otra frase:
« Entonces, ¿eres un niño?»
« ¡No, maldita sea! Aquí solamente
los granujas usan patillas, por el
momento. Soy un varón adulto y me afeito una
vez al día y algunas veces dos.
¡De manera que y a podéis deducir algo de eso!»
« Lo
sentimos, hermano Gary jones. Sin embargo, estarías mucho mejor con
una barba. Debo explicar rápidamente que todos
nuestros varones en este planeta usan barba a la vez
que las hembras usan peluca. Somos una
raza casi sin vello ni pelo desde hace miles
de… (aquí se perdió una palabra), pero
estamos seguros de que con el tiempo aún descubriremos más diferencias entre
nosotros. De manera que ahora y a
puedes descansar, porque, efectivamente,
también hemos descubierto que eres una persona atávica que
debe pasar la tercera parte de su vida en la
inconsciencia. Podríamos explicarte cómo evitar
esa pérdida de tiempo, pero nos falta
vocabulario para ello. Con tu permiso, ¿podemos grabar tu mente? (¿cerebro,
memoria?) Por favor, no hagas mucho caso de esa
crítica sobre el hecho de no
tener barba. Ya cerramos el contacto. ¡Aloha!»
« ¿Aloha? Eso significa “hola” y “adiós” y “Dios te
bendiga”. Pero aún creo que Liz y Barney tienen razón y que todos vosotros no
sois más que una ilusión. Pero, Aloha también a vosotros. Y hasta pronto. Ahora
dejadme dormir, por favor.»
Sin embargo tenían
razón acerca de una cosa. Fuese lo
que fuera que deseaban hacer o trataban
de hacer era inofensivo e incluso
tranquilizador; durmió algunas horas como el proverbial
leño y despertó mucho más fresco que
nunca. Pero lo más sorprendente era que recordaba su
sueño tan vívidamente como el primero. Y el espejo de bolsillo se hallaba sobre la mesa de noche, junto
a su cama, para recordárselo.
En aquel día, Gary no faltó a
ninguna de sus clases, y vio a Liz brevemente en el campus y
a Barney también. Pero, aunque los dos le miraron crítica
y compasivamente, y le
hicieron muchas preguntas, Gary les mintió. Después de
todo, ¿quiénes eran ellos para saber ciertas cosas íntimas?
—No, no hay nada de particular —les
respondió—. ¿Por qué debía sucederme algo?
Gary había decidido
que aquél era su secreto, su bebé, su happening,
su experiencia particular. Era muy probable que él entre un
millón o más pudiera lograr algo mediante
aquellos cerebros del espacio exterior. Pero tendría
que existir un quid pro quo. Si en realidad se
hallaba en contacto con otra civilización más antigua
y más alta, si era cierto que estaban estudiando
su mente, entonces tendría que haber un noble intercambio.
Podría haber algo de su cultura que no viniese nada mal a
la Tierra. Por ejemplo, ¿qué? Quizá alguna clase de
inventos…
Gary permaneció despierto a la noche
siguiente, reflexionando sobre lo que preguntaría… o pediría.
Aquello era casi como el cuento en
el que aquel mortal pedía tres cosas a
una lámpara maravillosa. Había que
estar muy seguro acerca de los tres deseos.
Aquella noche
la lejana visita llegó aproximadamente sobre las 3.45.
Una vez más le despertó, pero y a estaba acostumbrándose a
aquella especie de nuevo curso escolar. También
le pareció que había cierto tono de restricción en
el mensaje.
« Pueblo a Gary jones. ¿Estás
ahí? Responde.»
« Me
sonáis en forma extraña. ¿Ocurre algo?»
« Nada que no
hay amos previsto. Ocurrió que tu mente y
tus recuerdos fueron
excesivamente raros para nosotros. El
tuyo es un mundo sediento de sangre. Eres mucho más diferente
a nosotros de lo que suponíamos.»
« ¡Soy lo que soy ! —como dice Popeye—. ¿Qué es lo
que ocurre ahora?»
« Hermano Gary jones, te amamos.
Pero el mundo en que vives y tu sociedad nos
confunde. Teníamos grandes esperanzas
de trabajar sobre un plan de intercambios culturales
y disponer para ti y para uno de
nuestros varones más jóvenes un intercambio de
conocimientos. Es
difícil, pero factible. Pero ahora, sobre la base de
lo que estamos aprendiendo creemos que
no será posible hallar aquí un voluntario.»
« ¿Y quién ha dicho que y o me prestaría
voluntario… aun cuando me convencieseis de que vosotros podéis realmente
encender y apagar las mentes?»
« No sabemos mentir. Es cierto. Hemos desarrollado
técnicas de transposición mental, memorias, y personalidades, a través de
distancias de años-luz. Sin embargo, por favor, no olvides… que conocemos tu
mente. Creemos que te agradaría estar aquí, en nuestro mundo, y a que pareces
sentirte insatisfecho con tu propia civilización supertécnica.»
« Podría ser. Pero, ¿podéis enseñarme a dominar la
telepatía?»
« Esa habilidad, usualmente se adquiere aquí
durante la infancia. Además, te
sentirías muy desgraciado con el poder de
leer en otras mentes
en ese mundo tuy o. Constantemente
vivirías amargado y sorprendido.»
«
Bien —insistió tenazmente Gary —. Debe
haber algo. Vuestro mundo está por delante del nuestro en
muchas cosas. ¿Y qué me decís acerca de la
adivinación? ¿Podéis explicarme cómo sabré el caballo
ganador de mañana en las carreras de
Santa Anita?»
« Datos insuficientes. Petición frívola. Un caballo
siempre puede correr más que otro caballo, pero no necesariamente en un
determinado momento.»
«
Entonces, ¿qué me decís acerca de algunas
invenciones de nuevos aparatos y cosas
así? ¿No podéis enviarme la fórmula
para convertir en oro los plomos de pescar, o la de
construir un aparato que vaya en contra de las
ley es de la gravedad, o la de un par de prismáticos
que me hagan ver el pasado?»
« No. Lo
sentimos mucho. No estamos familiarizados con los conceptos
que expones. La nuestra no es una sociedad tecnológica. Solamente nos
interesa la poesía, la música, la
filosofía, el arte, y la historia. Por
favor, ¿querrías leernos algo de vuestros libros?»
« ¡Seguro! Si me correspondéis, y
si me permitís traer aquí un tablero de dibujo,
algún papel y lápices, y
luego, en trance, pueda automáticamente escribir algo.
Enviadme los planos de una de vuestras últimas
invenciones. ¿No tenéis ahí oficina de registro de patentes?»
« El concepto no está claro. ¿Para qué
tiene alguien que retener una invención?»
Pero al menos Gary y a había logrado algo que
deseaba, y el otro mundo no rechazaba probar el experimento. Entonces Gary leyó
(silenciosamente) los primeros capítulos de The Outline of History,
de H. G. Wells. Después cayó en el más profundo trance y durmió profundamente.
Despertó por la mañana y a tarde,
para descubrir que, aunque no había libros de consulta sobre
su mesa de noche, de alguna manera se las
había arreglado para cubrir el papel de
dibujo con unos esbozos increíblemente bellos,
que representaban algo. Eran, en cierta medida, tridimensionales
y poseían diminutas figuras y símbolos que le recordaron los dibujos
de Leonardo da Vinci.
¡Pero al menos aquello era una prueba!
« ¡Gracias, amigos! —dijo—.
Ahora estamos llegando a alguna
parte. Os leeré mañana.»
« En el mismo lugar y a la misma hora —dijo Ella…
un poco tristemente—.
Pero nada más de Wells, por favor. ¿No hay algo que
sea más ligero?»
« ¡Aloha!» , exclamó Gary.
En aquel día Gary faltó de nuevo a sus clases y
buscó unos cuantos amigos de
la Escuela de Ingenieros.
Se sintieron gratamente impresionados
con los dibujos y sugirieron que llevase aquella obra de arte
a un museo.
—¿Queréis decir con eso que no tienen valor
práctico e inmediato? — preguntó.
—No demasiado —le dijo un
amigo—. Porque, por muy bellos
que sean estos planos o proyectos, lo
que en realidad hay aquí son los planos del Madurador
de Grano de McCormack, la Bomba Orgánica, y los de
una cisterna de toilette. Nada nuevo.
—Gracias —murmuró Gary.
Se llevó consigo sus
bellos pero inútiles dibujos y caminó lentamente
por el campus bajo la luz del
sol. Tenía que hablar con alguien,
y en aquellos momentos tenía la impresión de que, por
lo menos, poseía una
prueba para mostrársela a Liz. La esperó en
el exterior de Price Hall, donde ella tenía una clase por
la tarde.
Pero todo cuanto Liz dijo, fue:
—Amiguito, estoy muy preocupada contigo. ¡Ya has
dejado de estar con nosotros! ¡Tomarse semejante molestia de hacer esos dibujos
para demostrarnos que tus alucinaciones son cosa real!
—Pero son dibujos bellos y tú sabes endiabladamente
bien que y o no pude crearlos por mi propia iniciativa.
Gary hablaba casi tímidamente.
—Encanto, no sé lo que tú eres capaz de hacer, sólo
sé que probablemente sería algo inútil…
Liz hizo una pausa para tomarle por un brazo, a la
vez que se lo oprimía con cierta fuerza para añadir a continuación:
—Gary, soy la última persona
del mundo que
desea mostrarse arbitraria, pero tienes que
elegir entre las doncellas de esa Luna Verde y y
o… ¡Te lo digo en serio!
—No se trata ni de la Luna ni de Marte…, ¡maldita
sea! Se trata del segundo planeta de la Alfa del Centauro, la que solamente
tiene dos lunas.
—¿Quién lo ha dicho?
—¡Lo ha dicho Ella-Quien-Habla y Piensa! Liz
retrocedió dos pasos.
—Creo que me das miedo. Creo
que y a has elegido. Dejemos de pretender que entre tú y y
o hay algo. Te devolveré tu
anillo. Todo cuanto me has dado fue un juego de
tambores-bongo y una imitación de una
pulsera navajo. La pulsera se perdió no sé
dónde, pero me quedaré con los bongos para
recordarte en el caso de que alguna vez quiera recordarte. ¡Adiós!
—¡Aloha! —exclamó Gary Jones un poco
tristemente cuando la muchacha se volvió y
se alejó de él.
Tanto mejor o peor para Liz. Era una muchacha tan
simpática como otra
cualquiera, pero jamás recordaría lavarse los pies.
Una vez más visitó a
Barney en aquella misma tarde, y
su amigo le invitó a otro trago.
—¡Pareces ahora más relajado! —fue el saludo
del psicólogo en embrión—. De manera que, después de
todo me hiciste caso, y has apartado de
tu mente todos esos sueños, ¿no? Buen muchacho. Ya veo
que también te has arreglado
nuevamente con Liz. Es
una gran muchacha. ¡Seguro…! Su carácter es un
tanto bohemio, pero y a se corregirá con el tiempo…
Olvidará todo ese cuento hippy, abandonará las drogas, y
llegará a ser una buena esposa.
—¡Claro, Barney …! Eso significará un
bebé cada año, pago de la renta del piso y de los muebles,
aparte de la lavadora automática y así sucesivamente. Liz
irá al supermercado con rulos puestos y a las reuniones
de padres de familia toda indignada porque alguno de
los profesores no ha dado buenas notas al pequeño
Johnny. ¡Y todas las demás cosas que hacen grande
a América y que no menciono!
Barney se inclinó hacia delante.
—¡Oye…!, ¿te estás dejando crecer la barba?
—¿De veras?
Gary no se había dado cuenta de
ello, pero su barba había crecido un
tanto. Todos los varones adultos de otro pueblo
usaban barba. Pero, mientras tanto, Gary intentó
relacionarse con su inmediato ambiente, olvidar a los adultos
de otro pueblo, y así, él y Barney pasaron el rato
viendo la televisión, bebiendo unos cuantos grogs y jugando unas
partidas de ajedrez durante dos horas.
Finalmente Gary enseñó a Barney sus dibujos, que recibieron una
fría recepción.
—Muy extraños. No los entiendo —dijo Barney
—. Sin embargo, creo que serían
maravillosos como modelo para papel de pared.
Podrías probar por ahí. Son parte de tu fantasía,
pero…, ¡mira eso de Kafka!
Barney centró de nuevo su
atención en la
pantalla pequeña, y Gary murmuró:
—Está bien, gracias por
los aperitivos.
Gary abandonó la estancia dirigiéndose
hacia el lugar llamado hogar, deteniéndose en
el más cercano establecimiento de
bebidas para armarse de valor mediante un trago
de Old Stenfather.
Tenía la sensación de
que en las próximas horas iba a
necesitar mucho valor, y quizá aquel trago
de licor holandés no le vendría mal del todo.
Aquella noche se sentía sólo ligeramente eufórico.
Cuando se estableció la comunicación, tal y como la esperaba, eran y a las
cinco de la mañana. Llegó la llamada más fuerte que nunca.
« Llamando a Gary jones. ¿Estás ahí?»
« Sí, aquí estoy. ¿Qué hay de nuevo?»
« ¡Saludos!»
Pero parecía que Ella y los otros
técnicos de
la mesa tenían malas noticias para él.
Después de haber publicado telepáticamente sus modelos básicos
de memoria-mente y retazos del libro de Wells parecía que
ningún joven varón de otro mundo se presentaba
voluntario para pasar un par de años, o cualquier otro período de
tiempo en la Tierra. Tenía que abandonarse el intercambio
estudiantil.
« Bien, si es así, así habrá que aceptarlo.»
« Lo
sentimos mucho, hermano Gary jones. Estábamos deseando
verte aquí en nuestro próximo Día de Mayo (Baile de la Cosecha,
o ¿Ritos de la Fertilidad?) Podrías
traernos muchas cosas. El proyecto aún no
está cancelado. ¿Nos volverás a leer otra vez alguna poesía
o filosofía?»
« Seguro…, si me decís algo. Quiero decir…, ¿cómo
evitáis las guerras en vuestro mundo?»
« Tenemos una sola sociedad, un estado, y aún
cuando en el distante pasado hubo luchas tribales, y a hemos superado tales
cosas.»
« Pero aún creéis que esa cisterna de toilette es
nueva. Está bien, sois básicamente una sociedad comunista, ¿no es así?»
« Respuesta negativa, si te comprendemos bien. La
nuestra es, básicamente,
una cultura agraria. Trabajamos con
nuestras manos. La mayor parte de nosotros
vivimos en granjas (¿ranchos, pueblos?) y, cultivamos nuestra
propia comida. Somos vegetarianos en gran
parte. Nuestro índice de natalidad es bajo y está
totalmente controlado.
Nos agrada mucho enlazar mentes, a través de
nuestro mundo y a través del espacio. ¿Suena aburrido?
Estamos recibiendo una respuesta negativa.»
« Lo siento —dijo Gary —, me gustaría saber más
semántica. Pero, ¿puedo preguntaros por vuestra religión, en vuestra cultura?»
« Hemos tenido muchas religiones en nuestro
mundo. Algunas muy hermosas, y algunas
terribles. Por el momento es cuestión de inclinación
personal. Hay un alto poder, pero ninguno de nosotros,
hasta ahora, encontró forma de expresarlo.»
« Entonces, ¿nunca habéis tenido algún
Mesías en otro pueblo? ¿Ningún Hombre de Milagros que orase
y enseñara el amor fraternal y luego
fuese atormentado hasta morir en una cruz, o rotos sus
huesos en un potro, o que hay a muerto de
otra manera por vuestros pecados?»
« ¡Nada de eso! ¡Qué pensamiento más extraño!»
Desde otro pueblo llegó hasta Gary una evidente
muestra de revulsión. Luego:
« ¿Nos leerás algo, Gary jones? ¿Poesía?»
« Sí. Lo haré. Si es que
puedo haceros sólo una pregunta más. ¿Tienen ahí la
cuestión “sexo”, si es que entiendes lo que
quiero decir?»
« Desde luego que sí. Pero con
ello hacemos más y hablamos menos que
vosotros en vuestro mundo, a juzgar por lo que leo en ti.»
« Está bien, pueblo.»
Y Gary leyó (si es que se
podía llamar leer a mirar las líneas) algunas cosas
de los principales poetas. También deslizó algunos versos propios.
Y luego, cuando se detuvo, pues sus ojos estaban
fatigados, el pueblo de otro pueblo gritó:
« ¡Más!»
Parecía que todo estaba
siendo grabado, registrado y radiado en su
planeta, para delicia general.
« Ahora tengo que detenerme» , dijo finalmente
cuando dejó los libros a un lado… The Golden Treasure y
el Oxford Book of English Verse, y todo el resto de los sueños de
los hombres.
Gary suspiró hondo y añadió:
« Pueblo, creo que me voy a
dormir. Dijisteis que penetraríais en mi mente sólo
con mi permiso. Pues ahora retiro el permiso. De manera que alejaos y manteneos lejos.
No puedo soportarlo. Sois como alguien que estuviese
enseñando comida en un escaparate a un niño
hambriento. Ya tenéis vuestra historia de Americanus
Juvenilis, y probablemente sabréis más sobre
nosotros de lo que necesitáis
saber. Pero habéis arruinado mi espíritu para este mundo en
el que vivo. Así que… ¡adiós para siempre! ¡Aloha!»
« ¡Un momento, no te vayas!»
La voz de Ella (o los pensamientos de
Ella), eran en aquel instante mucho más fuertes.
« No olvides, Gary jones, que nos has permitido
entrar en tu mente, y que ahora y a no tienes secretos para nosotros. Antes de
que abandones el contacto, dinos esto: ¿eres en alguna forma indispensable en
tu planeta?»
« Desde luego que no. Realmente, no. Desde luego,
tampoco lo soy para mis padres, para quienes he sido una carga durante años. Ni
para nadie. ¿Por qué?»
« Entonces, ¿te gustaría venir aquí,
no como intercambio estudiantil, sino de una forma real?»
« ¿Te refieres a dejar mi cuerpo atrás?»
« No podemos transferir
cuerpos. Se te proporcionará un perfecto cuerpo de
varón, y tendrás tu propia personalidad, tus propios recuerdos, tu
propia mente. Quedarás totalmente desnudo y se te trasplantará a
este nuevo jardín. Podrá
haber un momento de dolor cuando, por así
decirlo, aterrices aquí, pero luego sentirás
nuestro amoroso abrazo.»
« ¿Y dices que y a habéis hecho esto otra vez?»
« Numerosas veces. Once, para ser más exactos. Una
persona hembra del planeta Bootes es ahora nuestra primera bailarina en la
Ópera.»
« ¿Y todavía me queréis? ¿Creéis que encajaría en
vuestro pueblo a pesar de mis recuerdos, personalidad, y ajuste deficiente?»
« Respuesta afirmativa. Serás nuevamente formado.»
Hubo una pausa. Era quizá la decisión más
trascendental que Gary jones tenía que hacer en su vida, pero y a sabía lo que
iba a decir. Lo que ocurría era que
resultaba difícil decirlo con palabras.
« ¿Te agradaría pensarlo?» , fue la pregunta que
llegó al cabo de un rato.
« No. Si lo pienso quizá me volvería a dormir.
¿Cuánto tiempo se tardará en arreglar todo el asunto… Me refiero a esta
transferencia, vía telepatía, del y o esencial a vuestro planeta?»
« Espera, lo comprobaremos. Dentro
de breve rato saldrá el sol en
el lado más poblado de nuestro planeta, y la mayor parte de
nosotros usualmente estamos despiertos para saludar al sol.
Este procedimiento necesitará de la amplificación de todas
las mentes conscientes que podamos reunir, pero
espera un instante. Aún no hemos encontrado un cuerpo conveniente para ti, pero eso será fácil.»
Gary saltó de la cama y bebió un
largo trago de la botella porque tenía la impresión de que iba a
ser el último por largo tiempo. A menos que la gente de
otro pueblo hubiese aprendido las normas más elementales de
la fermentación de la uva. Lanzó una
última ojeada alrededor de su cuarto, deseando poder llevarse
consigo algunos de sus libros. Pero, no, aquello
no era necesario, puesto que ellos podían
investigar en sus recuerdos, en busca de todo
cuanto él había leído. Pero,
¿y el resto? ¿Tendría que componerlo él?
« Gary jones a pueblo. ¿Dejo mi cuerpo en la cama,
sosteniendo entre las manos una azucena?»
« Probablemente habrá suficientes residuos en tu
mente para permitir que los restos funcionen posiblemente en unas
manifestaciones de estudiantes. Manifestaciones que se sugieren deben portar
pancartas donde se lea “LSD, no LBJ”, o algo por el estilo. ¿Importa eso mucho?
Ya estamos preparados. ¿Lo estás tú?»
« Gary jones a pueblo —dijo Gary casi y a sin
fuerzas—, podéis disparar cuando queráis.»
El viaje, de cuatro y medio años luz, puede hacerse
en media décima de segundo. Hubo algún dolor, tal
y como le habían dicho, y después abrió la
boca para respirar aquel nuevo aire. Sus ojos no parecían
enfocar muy bien, aunque sí veía el rostro de
una mujer (¿Ella?) sobre la almohada de un
hospital, el rostro también de una enfermera muy cerca (¿también
Ella?). Era una experiencia traumática.
Gary no estaba seguro de casi
nada, excepto de que súbitamente una gigantesca figura, ataviada con
chaqueta blanca, luciendo negras patillas, y una tranquilizadora
sonrisa, le estaba sosteniendo boca abajo por los tobillos y
que en aquel momento le aplicaba
una tremenda bofetada en el trasero.
Gary jones lanzó un fuerte vagido, como debía
hacerlo cualquier recién nacido. Pesó ocho libras y cuatro onzas.
—¡Un niño maravilloso! —gritó el doctor.
—¡He cambiado de idea! —gritó el niño maravilloso,
que hasta hacía un momento había sido el adulto Gary Jones. Pero y a la queja resultaba
excesivamente tardía.

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