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Libro N° 8936. 18 Poemas De Rafael Pombo. Jaramillo Agudelo, Darío.

 


© Libro N° 8936. 18 Poemas De Rafael Pombo. Jaramillo Agudelo, Darío. Emancipación. Agosto 14 de 2021.

Título original: ©  18 Poemas De Rafael Pombo. Selección: Darío Jaramillo Agudelo

 

Versión Original: © 18 Poemas De Rafael Pombo. Selección: Darío Jaramillo Agudelo

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

http://www.comunidadandina.org/bda/docs/CO-OC-0002.pdf

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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18 POEMAS DE RAFAEL POMBO

Selección:

Darío Jaramillo Agudelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18 Poemas De Rafael Pombo

Selección:

Darío Jaramillo Agudelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18 POEMAS DE RAFAEL POMBO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Selección: Darío Jaramillo Agudelo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obra suministrada por la Biblioteca Luis Angel Arango de Colombia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

 

 

 

Rafael Pombo

 

Cronología de Rafael Pombo

 

18 poemas

 

La Hora de Tinieblas

 

El Bambuco

 

Noche de Diciembre

 

Lo Desconocido

 

Elvira Tracy

 

Doña Pánfaga o el Sánalotodo

 

Valsando

 

Decíamos Ayer

 

Vals

 

En el Niágara

 

A la Poesía

 

Our Life is Twofold

 

Preludio de Primavera

 

Torbellino a Misa

 

Patria y Poesía

 

De Noche

 

La Memoria

 

NOTAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

RAFAEL POMBO

 

 

 

Mil cuatrocientos poemas. Alrededor de esta cifra alcanza la obra de Rafael Pombo publicada hasta ahora. Los seis gruesos tomos de poesías editadas son el resultado material de una decisión juvenil, cual fue la de entregar su vida a la poesía:

 

"Poco después de graduarse en el Colegio Militar, el vate decidió abandonar las disciplinas científicas y dedicarse de lleno a la literatura".

 

Así nos transcribe él un diálogo sostenido con su padre en el que éste, con cierta reserva, aceptó la voluntad de Rafael:

 

—Vamos, Rafael, veo que eres ingeniero sin obras y sin vocación para el oficio. Te gustan todas Las artes: la pintura, la música y la poesía. Semejante dispersión de actividades del ingenio me parece sencillamente detestable. Tú no serás nada en ningún campo, ni ideal ni práctico. Decídete por ser algo en cosa de provecho. Contestó Rafael: —Si he de ser franco debo confesarte que la cosa por la que siento más definida inclinación es la poesía. —Pues poeta serás aunque después te pese_ terminó don Lino" 2.

 

Esto ocurrió por 1850, año que representa para la historia de Colombia un momento verdaderamente coyuntural, caracterizado por cambios que afectaron profundamente el rumbo de la historia nacional" 3. Don Jaime Jaramillo enumera en detalle aquellos cambios políticos y sociales y hace énfasis en el hecho de que la vida cultural tomó especial auge en esos días:

 

"La sociedad que solicitaba y asimilaba estas influencia era también otra. Las operaciones mercantiles de exportación e importación que empezaron a realizarse con Inglaterra, Alemania, Francia y otros mercados europeos, habían fortificado el grupo comerciante que cada día pedía una mayor liberalización de la economía. Esa sed de liberalización que compartían casi por igual las nuevas generaciones del naciente partido liberal y del igualmente naciente partido conservador creó el caldo de cultivo para el espíritu romántico, pues como lo afirmaba entonces Hugo, pontífice del movimiento, el liberalismo era en política lo que el romanticismo en literatura. En efecto, ambas fuerzas significaban liberación de las energías individuales frente a los controles y formas canónicas impuestas por el Estado en la política y por academias en literatura" 4.

 

 

1

 

 

 

A pesar de que Bogotá no pasaba de 30.000 habitantes y de que cifras indicativas arrojan un 80% de analfabetismo en un país que tenía 954 estudiantes de bachillerato, 591 seminaristas y 747 universitarios Los periódicos de Bogotá, de Cartagena y de Medellín publicaban traducciones de Los discursos de Lamartine y textos de Eugenio Sue y de Lord Byron. Había una verdadera fiebre romántica: exaltación de la libertad y del individuo, culto al héroe, a la patria, al pasado, comunión con la naturaleza, énfasis en las emociones, en el amor, afán de trascendencia, culto a la misión sagrada del artista, inquietud metafísica por el más allá. Esto bebían, esto respiraban y pesaban nuestros escasos letrados de entonces.

 

Fue, pues, en este ambiente espiritual, cuando Pombo decidió dedicarse por entero a la poesía. Y, por este ambiente histórico, por la ligazón entre su vida y su obra, por la insistencia en ciertos temas y por el peculiar modo de abordarlos, Rafael Pombo es, sin duda, nuestro gran poeta romántico El romanticismo rescató para la literatura unos valores que todavía hoy se encuentran vigentes; bastaría enunciar la libertad absoluta del escritor. Pero la sensibilidad del presente es tan distinta de la sensibilidad de nuestros románticos, que puede diferenciarse la Bogotá de hoy de aquella Bogotá de 1850, o, una aldea amenazada por la epidemia del cólera, donde hacía un año el gobernador había mandado recoger las prostitutas y las había expulsado del territorio de San Martín, en los Llanos Orientales, y donde "ninguna señora se hubiera atrevido a usar medias de color, cosa exclusivamente reservada para el arzobispo'' 5.

 

Necesariamente, los enfoques y los gustos reflejan dos realidades distintas, donde el tiempo transcurre con ritmos diferentes. Muchas cosas que eran esenciales para un joven poeta como Pombo, ya hoy tienen un aliento de anacronismo y obsolescencia. En materia de poesía, propiamente, el lenguaje envejece, los temas—como el ambiente— cambian y la métrica, tan importante en la época romántica—como que la sujeción a las reglas de versificación era condición necesaria para la poesía—, hoy en día casi que es materia de especialistas y técnica olvidada por nuestros poetas. Sin embargo, no debe pasarse por alto este punto sin contar que el continuo ejercicio, las traducciones y un prodigioso talento natural hacen notable, verdaderamente notable, la destreza técnica de un Pombo que, si bien no fue un innovador de métrica o rima, confesaba que podía pensar en verso y que su forma natural de razonamiento era el soneto.

 

Si bien es cierto que en nuestro tiempo se mantiene el culto o se ha reivindicado a ciertos escritores románticos—como William Blake, Nerval, Von Kleist Bécquer—, ellos pertenecen a una tradición marginal y no son precisamente parte de ese romanticismo oficial—Hugo, Lamartine, Sue, Zorrilla—que alimentó a nuestros románticos, entre ellos a Pombo.

 

Pero a pesar de estas diferencias de épocas, de sensibilidad. de gustos, Rafael Pombo continúa vivo, permanece, princísimamente, por su poesía infantil. Y de ésta, en especial, por Los Cuentos pintados. Se sabe que Pombo retomó temas que "pertenecen a todas las literaturas", como dice Sanín Cano. También se sabe que poemas como "Simón el bobito" o "Rin Rin renacuajo" son recreaciones en español vertidas del inglés por encargo de una editorial norteamericana. Pero lo esencial aquí no es la originalidad en los temas, después de todo, parte de una herencia común de la humanidad, sino la

 

 

 

2

 

 

 

singular maestría para convertir la poesía en un juego y para hacerles conocer con sus versos la embriaguez de la poesía a los niños colombianos de todas las generaciones posteriores a él. Por todo esto, aunque el principal propósito de esta antología es mostrar otras facetas del poeta bogotano, ella quedaría incompleta sin algún poema infantil; así que he incluído esa "zarabanda de esdrújulas" -como la llamaba Gómez Restrepo—que es "Doña Pánfaga".

 

No obstante esa buena disposición, esa deuda con Pombo desde la irremplazable luminosidad de la niñez, quien aborde la lectura de los casi 1.400 poemas encontrará que abundan los poemas de circunstancia, inevitablemente teñidos de anacronismo, acaso documentalmente valiosos para penetrar en el sistema de valores de la aristocracia criolla del siglo XIX pero difíciles de recomendar para alguien que busque la consolación, el goce y la visión poéticas en estos tiempos de fines del siglo XX. Hay demasiados acrósticos y versos de álbum de autógrafos y versos de matrimonios y cartas en verso y polémicas teológicas en verso y versos de celebraciones y aniversarios y muchos versos con demasiado obvias y demasiadas ganas de aleccionar, de predicar, de prescribir normas de comportamiento en rima; homeopatía en verso, política en verso, chistes en verso: acaso la fuente para un estudio de historia de las mentalidades, casi una crónica en verso del catolicismo bogotano de fines del siglo pasado, pero ciertamente lectura íntegra que no recomiendo para quien busque gran poesía. Sin embargo, Rafael Pombo es un gran poeta. Y lo es porque escribió bellos poemas: bastaría enumerar algunos de sus poemas infantiles, pero pueden agregarse otros, que he incluído aquí, como "La hora de tinieblas", "De noche" y "La memoria", ese soneto rescatado por Héctor Orjuela en la edición de la "poesía inédita y olvidada" de Pombo .

 

Una imaginaria doble columna de los temas propios del romanticismo y de los temas más habituales en Pombo comprobaría la identidad entre unos y otros: el amor y la mujer, la religión y la filosofía, la naturaleza, la patria, el pueblo y sus manifestaciones folclóricas. Dice Rafael Maya:

 

"Dios, la naturaleza y la mujer son las ideas capitales en la obra de Pombo, o Los grandes motivos sentimentales de su invención poética, pero no como conceptos aislados, Sino como fusión y mezcla de los tres, diferenciándose Pombo en esto de otros grandes poetas que han tomado de aquellas tres fuentes el caudal de sus versos. Para mí, logró Pombo esta suprema síntesis por ser el poeta colombiano que puso en acción, simultáneamente, Las tres esenciales facultades del hombre, que son la inteligencia, la imaginación y la sensibilidad. Por este aspecto es el poeta más completo que hemos tenido" 6.

 

A pesar del fervoroso catolicismo de Pombo, su más alto momento poético lo logró con un poema de peroangustia religiosa—en todo caso la angustia de un creyente— publicado contra la voluntad del poeta: "La hora de tinieblas". Por otra parte, la religiosidad, esa constante en sus versos, aparece también en "Lo más desconocido"— entremezclada con manifestaciones de fe en el progreso, esa otra religión de su siglo y de éste—, en "De noche"—que para Sanín Cano "tiene entonaciones de salmo

 

 

 

 

 

3

 

 

 

penitencial"— y, en fin, en "Decíamos ayer", donde se mezclan claramente los tres temas que señala Maya.

 

Hay una persistencia romántica en un enfoque —un tópico—que Shelley expresó hermosamente así: "el anhelo del insecto por la estrella, de la noche por la aurora; el amor de una cosa lejana del mundo de nuestro dolor". En esta dirección están muchos de los poemas de Pombo, de corte filosófico, como "En el Niágara", donde la catarata se convierte, como es hábito entre románticos, en motivo de una reflexión sobre la trascendencia, no del todo carente de fuerza.

 

Igualmente, como buen romántico, Pombo le daba un sentido trascendente a la poesía:

 

“La religión y la verdadera poesía son gemelas, y tan parecidas una a otra que tal vez son una misma cosa, dos ases de un mismo astro, dos revelaciones de una misma verdad: innatas ambas en el corazón del hombre, juntas aparecieron sobre Las colinas del salvaje, juntas nos dignifican con aspiraciones infinitas, consolaciones excelsas y promesas inmortales, y juntas van a satisfacerse con su plenitud el seno de Dios, en la parte sublime de nuestro ser” 7.

 

Así, el poeta se convierte en un oficiante, purificado por la misma poesía, como lo manifiesta en "A la poesía", incluída en esta selección. Al mismo tiempo, y por contraste, la actitud ante su propia poesía es mucho más desconfiada:

 

"Por regla general todo lo mío sale tarde, soy la procastinación encarnada, y mientras más quiero un asunto más demoro en tratarlo, como si lo reservara para las horas de paz y de contento de mí mismo que nunca llegan. ( . . . ) Por esto no he publicado colección de poesías: Las única buenas no están escritas y le aseguro a Ud. que me sorprende que caigan en gracia algunas composiciones mías, fruto de impaciencia y de tedio más o menos disimulado, y que yo considero y siento a enorme distancia del ideal de verdad, de fuerza, de pureza y de limpieza que flota en mi imaginación... cuando no estoy escribiendo —tal vez a todos sucede lo mismo. Es un tormento perpetuo. Si yo fuera crítico no dejaría en pie una línea de mis versos..." 8.

 

Pombo expresa la misma idea en "Patria y poesía", que ha sido incluído en esta selección como una buena muestra de esa poesía de acto social que tanto frecuentó, esta vez con humor y siempre haciendo evidente su prodigiosa capacidad para —se diría— conversar en verso.

 

Puede ser que el rigor de su autocrítica tenga que ver con cierta humildad del oficiante ante la poesía :

 

"Nos falta arte sencillo, grande y solemne, y nos sobra artificio. Muchas imágenes, muchas labores, mucha enciclopedia, mucha anécdota, mucha superficie: ausencia de un corazón sólido, asentado, incontaminado, bueno, luminoso suficiente. infinito" 9.

 

 

Además de su dedicación vocacional a la poesía, algo propio de una época como la romántica, algo accesible sin alarmas económicas para él, Pombo fue una especie de animador cultural: coleccionista de cuadros, autor de guiones de óperas cuya música componía Ponce de León, compositor de música él mismo y, por encima de estas cosas,

 

 

 

4

 

 

 

arquitecto, "único ramo en que nací perfecto", según declaró guasonamente. A este propósito escribe el argentino Garcia Merou:

 

"Este niño grande tiene una manía originalísima: pretende ser un gran arquitecto, sueña con la arquitectura, dirige largas memorias a todos los ministros de fomento que entran en el gobierno, persigue al arquitecto del Capitolio, marcha con libros y planos debajo del brazo y lo más gracioso es que toda esta ciencia que se atribuye es simplemente ilusoria".

 

Y sin embargo admitiendo que esta ciencia sea ilusoria, termino con unas frases de Pombo incluidas, precisamente, en la memoria al ministro en la polémica que desató en 1882 sobre el capitolio nacional, entonces en construcción y al que él llamaba "el enfermo de piedra". He aquí - vale como final- lo que Pombo escribía:

 

``Las formas antiguas en arquitectura han perdido para Los modernos mucho de su objeto y de su significación, y nunca podremos sentirlas como los antiguos las sintieron. Este nuevo culto, nueva vida, nuevas costumbres y necesidades han creado nuevas formas, otros usos, nuevas combinaciones. Mal podría ser estacionario el arte, no siéndolo la sociedad que él expresa, fuera de que cada pueblo le imprime su no carácter y lo amolda a las leyes de su zona y de su tierra, y aspira señalar algo propio suyo en aquel imperio espiritual, sublime" 10.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1833

 

 

 

 

 

 

 

1844

 

1846

 

1847

 

1851

 

1853

 

1854

 

1855

 

1856

 

1857

 

1862

 

1867

 

 

1869

 

 

 

1871

 

 

1872

 

1873

 

 

 

 

 

1

 

 

18 POEMAS DE

 

RAFAEL POMBO

 

Darío Jaramillo Agudelo

 

 

 

 

 

CRONOLOGÍA

 

7 de noviembre, nace en Bogotá José Rafael de Pombo y Rebolledo., Su abuelo, don Manuel de Pombo, abogado payanés, era contador de la Real Casa de la Moneda de Santa Fé cuando, en 1810, fue uno de Los firmantes del Acta de Independencia. Su padre, Lino de Pombo, había defendido a Cartagena del asedio de Morillo, donde fue tomado prisionero y enviado a España; allí participó en el levantamiento de Riego. Luego fue secretario de la Legación en Londres y regresó a Popayán, donde se casó (1827) con Ana María Rebolledo, descendiente de una también importante familia caucana. En 1833, el presidente Santander designó a don Lino de Pombo como secretario del Interior y de Relaciones Exteriores, y la familia se trasladó a Bogotá; doña Ana María iba con cinco meses de embarazo de quien más, tarde seria Rafael Pombo. El poeta tuvo cinco hermanos: Beatriz —que vivió con él toda su vida—, Felisa, Juanita, Fidel—fundador del Museo Nacional—y Manuel.

Ingresa al Seminario de Bogotá.

 

Colegio del Rosario; estudia humanidades.

Colegio Militar; inicia estudios de ingeniería.

 

Recibe diploma de ingeniero. Se une a la Sociedad Filotémica, compuesta por jóvenes conservadores que conspiraron contra el gobierno de José Hilario López.

Viaje al Valle del Cauca y Popayán.

 

Regreso a Bogotá. Se une al ejército legitimista que lucha contra el general Melo; alcanza el grado de oficial

 

Nombrado secretario de la Legación de Colombia 1879 en Estados Unidos, sale para Nueva York. Allí ayuda a Tomás C. de Mosquera a corregir sus Memorias del Libertador. Escribe "La hora de tinieblas".

Viaja a Costa Rica con el embajador Pedro Alcántara Herrán, para definir el litigio de fronteras con ese país . En diciembre regresa a Colombia.

 

En mayo vuelve a Estados Unidos. Conoce allí al poeta García Tassara, ministro de España en Estados Unidos.

 

El presidente Mosquera destituye al embajador Herrán y a su secretario. Más tarde volverá a ocupar la secretaría en carácter interino.

 

La casa Appleton & Co. de Nueva York hace la primera edición de "Cuentos pintados para niños".

 

La misma editorial publica la primera edición de "Cuentos morales para niños formales". Gómez Restrepo atribuye a Pombo un texto de presentación de estos libros, donde dice que estos libros son "colecciones de cuentos que [Pombo] adaptó al español transformándolos a su manera".

 

A instancias del poeta William Cullunt Bryant, la revista Post publica un soneto de Pombo compuesto en inglés. Entra en contacto con Raph Waldo Emerson y con Longfellow, con quien sostuvo correspondencia. Se crea la Academia Colombiana de la Lengua y es elegido miembro correspondiente . El poeta regresa a Colombia, a donde llega el 23 de noviembre, para no volver a salir del país.

 

Propone una ley, luego aprobada, mediante la cual se crea un instituto general de bellas artes e inicia sus colaboraciones en La Escuela Normal, periódico de la Dirección de Instrucción Pública.

 

 

 

1877

 

1879

 

 

 

1883

 

 

 

 

 

 

 

1886

 

 

 

 

 

1888

 

 

 

 

1896

 

 

 

1902

 

 

 

 

 

 

 

1905

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1906

 

 

 

 

1912

 

 

Aparece el ocho de diciembre, colección de poesías religiosas y único libro publicado durante la vida del poeta.

 

Atacado por una úlcera que lo redujo a cama, en convalecencia Pombo inicia la traducción de Las Odas de Horacio.

 

El médico homeópata Gabriel Ujueta lo cura de su enfermedad, que lo atormentaba desde 1854. Se hace miembro de la Sociedad Homeopática y, más tarde, será redactor del periódico La Homeopatia. Desde este año, uno de los temas más persistentes de sus versos será para difundir esta ciencia y en honor del doctor Rahnemann. En junio muere su madre, doña Ana María Rebolledo.

 

Un diplomático argentino, García Merou, pinta así a don Rafael Pombo: "Vivía encerrado en un humilde cuarto, entre un cúmulo de libros y de papeles viejos apiñados sobre las sillas, en los rincones, debajo de la mesa, por todas partes; y sus preocupaciones más absorbentes son las de las bellas artes. Las paredes de su habitación están cubiertas de viejos trozos de molduras, de telas antiguas, y algunas bastante mediocres, de litografías descoloridas, de bocetos y croquis de pintores que han pasado por Bogotá, y han tenido siempre en él un amigo sincero y un franco admirador".

 

Funda su propio periódico, el Centro, del que aparecen 12 números. Vende la casa paterna y se instala con hermana Beatriz en la casa donde morirá, situada en la calle 23 con carrera 13.

Suicidio de José Asunción Silva. Pombo le escribe Ángel y Rufino Cuervo:

 

"Suicidio ayer o antenoche de José Asunción Silva, según unos por el juego de $ 4.000 de viáticos de cónsul para Guatemala; por atavismo en parte, mucho por lectura, de novelistas, poetas y filósofos de moda. Tenía a mano El triunfo de la muerte por D'Annunzio y otros malos libros. Ignominioso, dejando solas una madre y una linda hermana, Julia".

 

nombrado miembro honorario de la Academia de historia.

 

El 20 de agosto es coronado en el Teatro Colón como el mejor poeta de Colombia. El presidente Rafael Reyes ofreció la corona que honró al poeta. Una crónica de El Nuevo Tiempo sobre este acontecimiento, termina así: "Y cuando los aplausos se apagaban salió del teatro, rodeado de jóvenes entusiastas de su gloria, con su corona de oro y el pecho lleno de medallas. Y nuevamente empezó el desfile de coches para la casa del poeta, bajo balcones cubiertos de bellezas, entre doble hilera de multitud entusiasmada, que vitoreaba a un vencedor del olvido y de la muerte, no con espada de guerrero sino con la lira de cantos inmortales". En una carta a una amiga, Pombo escribe: "Estoy purgando la gloria, literalmente, pues mi casa se llenó de coronas con liras y hojas doradas... aunque rogué que no entraran flores a mi casa, pues su aroma podía ser mortal para mi hermana y para mí... mi decadencia física es alarmante" .

 

Don Baldomero Sanín Cano recuerda: "Se fatigó de vivir mucho antes de separarse del mundo, y resolvió entrar en el lecho una vez por todas. Casi nunca estaba solo. El número de sus admiradores y amigos formaba una hueste, pero es de creer que no lo oprimía desaforadamente la soledad. Tenía gratos recuerdos que acariciar durante sus horas de aislamiento. Por su imaginación viva y cristalina, como lo fue siempre, pasarían en sus últimas horas de soledad las imágenes de mujeres amadas, de hombres ilustres con quienes tuvo comunicación y trato íntimo".

 

El 15 de mayo muere Rafael Pombo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

18 POEMAS DE RAFAEL POMBO

 

 

Darío Jaramillo Agudelo

 

LA HORA DE TINIEBLAS

 

 

 

Cogitavi dies antiquos ;

 

et annos aeternos in mente habui.

 

Et meditatus sum nocte cum corde meo, et exercitabar,

 

et scopebam spiritum meum.

 

¿Numquid in aeternum projuciet deus ;

 

aut non apponet ut complacitior sit adhuc ?

 

(  Pensé en los días antiguos, y tuve en mi espíritu los años eternos. De noche medité en mi corazón : me ejercitaba y purificaba mi espíritu. ¿por ventura de-

 

sechará Dios para siempre o no volverá a ser benévolo ?) ¿por qué, si puede Dios, no satisface a la hambre cruel que nos devora ?

 

CARVAJAL - SALMO

 

 

 

I

 

¡Oh, qué misterio espantoso

 

Es este de la existencia!

 

¡Revélame algo, conciencia!

 

¡Háblame, Dios poderoso!

 

Hay no sé qué pavoroso

 

En el ser de nuestro ser.

 

¿Por qué vine yo a nacer?

 

¿Quién a padecer me obligue?

 

¿Quién dió esa ley enemiga

 

De ser para padecer?

 

 

 

 

 

1

 

 

 

II

 

Si en la nada estaba yo

 

¿Por qué salí de la nada

 

A execrar la hora menguada

 

En que mi vida empezó?

 

Y una vez que se cumplió

 

Ese prodigio funesto,

 

¿Por qué el mismo que lo ha impuesto

 

De él no me viene a librar?

 

¿Y he de tener que cargar un bien contra el cual protesto?

 

 

 

III

 

¡AIma! si vienes del Cielo,

 

Si allá viviste otra vida

 

Si eres imagen cumplida

 

Del Soberano Modelo

 

¿Cómo has perdido en el suelo

 

La fe de tu original?

 

¿Cómo en tu lengua inmortal

 

No explicas al hombre rudo

 

Este fatídico nudo,

 

Entre un Dios y un animal?

 

IV

 

O si es que antes no exististe,

 

Y al abrir del mundo al sol

 

Tú, divino girasol

 

Gemela del polvo fuiste,

 

¿Qué crimen obrar pudiste?

 

¿De, contra quién, cómo y cuándo,

 

Que estuviese a Dios clamando

 

Que al hondo valle en que estás

 

Surgieses tú, nada más

 

Que para expiarlo llorando?

 

V

 

Pues cuanto ha sido y será

 

De Dios reside en la mente,

 

Tanto infortunio presente

 

¿No lo completaba ya ?

 

Y ¿Por qué, si en él esta

 

Del bien la fuente suprema,

 

Lanzó esa voz o anatema

 

que hizo súbito existir

 

 

 

2

 

 

 

Un mundo en que oye gemir

 

Y un hombre que de el blasfema ?

 

VI

 

¿Cómo de un bien infinito

 

Surge un infinito mal,

 

De lo justo lo fatal,

 

De lo sabio lo fortuito ?

 

¿por qué está de Dios proscrito

 

El que antes no le ofendió,

 

Y por qué se le formó

 

Para enloquecerlo así

 

De un alma que dice sí

 

Y un cuerpo que dice no ?

 

VII

 

¿Por qué estoy en donde estoy

 

Con esta vida que tengo

 

Sin saber de dónde vengo,

 

sin saber a dónde voy ;

 

Miserable como soy,

 

Perdido en la soledad

 

Con traidora libertad

 

E inteligencia engañosa,

 

Ciego a merced de horrorosa

 

Desatada tempestad ?

 

VIII

 

Hoja arrancada al azar

 

De un libro desconocido

 

Ni fin ni empiezo he traído

 

Ni yo lo sé adivinar;

 

Hoy tal vez me oyen quejar

 

Remolineando al imperio

 

Del viento; en un cementerio

 

Mañana a podrirme iré,

 

Y entonces me llamaré

 

Lo mismo que hoy: ¡un misterio!

 

IX

 

De pronto así cual soñando

 

En alta mar sorda v fuerte

 

Entre la nada y la muerte

 

Me encuentro a oscuras bogando;

 

Sopla el tiempo, y ando, y ando,

 

Ignoro a dónde y por qué,

 

 

 

3

 

 

 

Y si interrogo a la fe

 

Y a la razón pido ayuda,

 

Una voz me dice «duda»

 

Y otra voz me dice «cree»

 

X

 

Con menos alma, quizás

 

Sólo la segunda oyera,

 

O con más alma, pudiera

 

No equivocarme jamás:

 

Entonces creyera más,

 

O al menos, dudara menos;

 

Pero, a malos como a buenos

 

Plugo al Señor conceder

 

Luz bastante para ver

 

Que estamos de sombras llenos.

 

XI

 

La debilidad por guía,

 

La tentación por camino,

 

¿Es de virtud el destino

 

Que su bondad nos confía?

 

¿Es fuerza que en lucha impía

 

Nos pruebe el Genio del mal

 

Para ir a un condicional

 

Anhelado Paraíso?

 

¿Para ser bueno es preciso

 

Poder ser un criminal?

 

XII

 

Mas... ¡soy libre! y ¿para qué?

 

Para enrostrarme a mí mismo

 

EI caer a un hondo abismo

 

Que otro ha cavado a mi pie,

 

Y renegar de la fe,

 

Luz de mi infancia serena,

 

Y fiar a un grano de arena

 

La eternidad de mi ser,

 

Debiendo yo responder

 

De la creación ajena.

 

XIII

 

¡Somos libres! ¡libertad

 

Que no deja ni el consuelo

 

De enrostrar el mal al Cielo

 

O a nuestra fatalidad!

 

 

 

4

 

 

 

¡Libres... y la voluntad

 

Es plena para el deber!

 

Libres... y hay luz para ver

 

Lo que es crimen desear,

 

Y alma para delirar,

 

Y corazón para arder!

 

XIV

 

¡Libres, cuando delincuentes

 

Desde el vientre maternal

 

Ya éramos siervos del mal

 

Y del dolor penitentes;

 

Y con cadenas ardientes

 

Al crimen de otro amarrados

 

Ya estábamos sentenciados

 

A purgarlo aquí por él

 

Y a extender para Luzbel

 

La siembra de los pecados!

 

XV

 

¡Oh, Adán! ¿cuándo estuve en ti?

 

¿Quién te dió mi alma y mi pecho?

 

¿Quién te concedió el derecho

 

De que pecaras por mí?

 

Si en tu falta delinquí

 

Y en tu infición me condeno,

 

¿por qué un Dios tan justo y bueno

 

No me lavó en la virtud de otro Adán, y la salud

 

No me volvió en cuerpo ajeno?

 

XVI

 

Si en mis carnes heredé

 

La ponzoña de la suya,

 

¡Que en las carnes arda y fluya!

 

Pero en el alma ¿por qué?

 

Si mi alma su alma no fue,

 

Si es chispa de Dios directa,

 

¿Cómo de luz tan perfecta

 

Tan imperfecta salió?

 

Si Adán por Dios no pecó

 

¿Cómo su infección la infecta?

 

XVII

 

¡Absurdo! ¡no puede ser!

 

Y sin embargo es, y ha sido,

 

Y aquí lo siento, esculpido

 

 

 

5

 

 

 

En el fondo de mi ser,

 

Cual si otro Dios, Lucifer

 

Concurriese audaz con Dios

 

AI soplar dentro de nos

 

El vital celeste lampo

 

Y fuésemos luego el campo

 

Del batallar de los dos.

 

XVIII

 

¡Esperanza que me engañas,

 

Tentación que me provocas

 

Pasiones que con mil bocas

 

Me desgarráis las entrañas

 

Ciencia que mi vista empañas,

 

Orgullo que atas mi oído.

 

Razón que sólo has servido

 

Para perder la razón. . .!

 

...¡Ay! Contra tantos ¿qué son

 

Los que de polvo han nacido?

 

XIX

 

Dios que por prueba concitas

 

Enemigos qué vencer

 

Dáme armas, dáme poder

 

Para la lid que suscitas.

 

Pero si el poder me quitas,

 

Libre renuncio a existir,

 

Pues no debo consentir

 

Que me hayas venido a echar

 

Esclavo para lidiar

 

Libre para sucumbir.

 

XX

 

Si dijiste: "A cada cual

 

El bien y el mal le propongo,

 

El escoja y yo dispongo",

 

¿El hombre ha escogido el mal?

 

Escoge el reo el dogal

 

O unce el libre su cadena?

 

Si su ciencia, mala o buena,

 

Le basta para escoger,

 

¿El mismo ha venido a hacer

 

La elección que le condena?

 

XXI

 

Si libre siempre ha elegido

 

 

 

6

 

 

 

El hombre flaco y mortal,

 

¿A elegir siempre su mal

 

Qué negro azar lo ha impelido?

 

Y si, una vez que ha caído

 

Libre alguna vez se vió,

 

¿Cómo de nuevo tornó

 

De su pérdida al abismo,

 

Enemigo de sí mismo

 

Y del ser que lo creó?

 

XXII

 

Si tu infinita bondad

 

Presidió a cuanto hay creado,

 

¿Por qué le diste al pecado

 

Sombra de felicidad?

 

¿Por qué de la adversidad

 

Hiciste hermano al delito?

 

¡Ah! con verdad está escrito

 

Que cuando tu ángel bajó

 

Sólo un Lot, un justo, halló,

 

En la ciudad del maldito.

 

XXIII

 

Nula es mi sabiduría,

 

Pobre mi benevolencia

 

Pero si la Omnipotencia

 

Un instante fuese mía,

 

¡No! yo no concebiría

 

Culpas de la criatura!

 

Santa, universal ventura,

 

Fuera un himno sin cesar

 

¡De incienso para mi altar !

 

¡De amor para mi hermosura !

 

XXIV

 

No así en la obra de aquel

 

Que desóyenos su nombre,

 

Cual si el tormento del hombre

 

No lo atormentara a él;

 

Cual si pudiera cruel

 

Ser también consigo mismo,

 

O suscitar el abismo

 

Do impele a su creación

 

Por dar lugar al perdón

 

Con que adula su egoísmo.

 

 

 

 

 

7

 

 

 

XXV

 

¿Quién te hizo Dios? ¿Por qué, di

 

Cómo, dónde y cuándo vino

 

Privilegio tan leonino

 

A corresponderte a ti?

 

¿Por qué no me tocó a mí

 

Ese poder de poderes?

 

¡Ay! siendo lo que tú eres

 

No fuera el mundo cual es,

 

O aplastara con mis pies

 

Tan triste enjambre de seres.

 

XXVI

 

¡He aquí el mundo que a tu acento

 

Vió la hermosa luz del día!

 

Si fuese mi obra, sería

 

Mi eterno remordimiento:

 

Fue un edén tu pensamiento,

 

Un infierno resultó,

 

Y al hombre que te burló

 

Y audaz tu imagen degrada

 

No lo vuelves a la nada

 

XXVII

 

¡Qué importa, oh sol, tu esplendor

 

Jugando en mil gayas lumbres

 

Desde las nevadas cumbres

 

Hasta la nítida flor!

 

¡Que importan, noches de amor

 

Tus cariñosas estrellas. . . !

 

¡Ah! tantas cosas tan bellas

 

Que provocando a llorar

 

Parecen hoy extrañar

 

Delicias que vieron ellas!

 

XXVIII

 

Del templo monumental

 

Siguen contando el portento

 

El fúlgido pavimento

 

Y el dombo etéreo, inmortal;

 

Mas donde un velo nupcial

 

Cubrió angélicos sonrojos,

 

Hoy nos ofenden los ojos

 

Ahuyentándonos infectos,

 

 

 

 

8

 

 

 

Abominables insectos

 

Que procrean entre abrojos.

 

XIX

 

El palacio en que a reinar

 

El Creador nos convida,

 

Se tornó en prisión por vida

 

De aislamiento y de pesar.

 

De su excelso palomar

 

El alma inocente huyó:

 

atraída cuando vió

 

tu hermosura de la pampa,

 

Cayó aquí, como en la trampa

 

Que para el buitre se armó.

 

XXX

 

Lástima, lástima horrenda

 

Ver en tal desarmonía

 

Claro sol y alma sombría

 

El viviente y su vivienda.

 

Sentir la eterna contienda

 

Y el caos siniestro interior,

 

Cuando todo en derredor,

 

Todo, excepto el hombre infando,

 

Va en paz y en orden cantando

 

La gloria de su Hacedor.

 

XXXI

 

¡Oh angustia! sentir por dentro

 

De este infernal laberinto

 

La espuela cruel de un instinto

 

De algo que busco y no encuentro,

 

Caverna odiosa, y al centro

 

Un ojo para mirarla,

 

Luz que en vez de iluminarla

 

Permite que se entrevean

 

Vampiros mil que aletean

 

Luchando por apagarla.

 

XXXII

 

¿En dónde estás ¡oh verdad!

 

Oh rabia del alma mía,

 

Concierto de la anarquía,

 

Ley de la contrariedad,

 

Amor del odio, equidad

 

De tantas iniquidades,

 

 

 

9

 

 

 

Beldad de monstruosidades,

 

Tu razón, ¡oh Creador!

 

Para ver crimen y error

 

Sin que al surgir lo anonades?

 

XXXIII

 

¿En dónde estás ¡oh hermosura!

 

Que de ti no más que el nombre

 

Diste a otro ser como el hombre,

 

De arcilla y de desventura;

 

Esa ingeniosa impostura

 

Que al tacto se disipó

 

y sólo acibar dejó,

 

Y el vivo rastro infelice

 

De otro eslabón que eternice

 

El llanto que le costó?

 

XXXIV

 

Pobre mujer,sea cual sea

 

Tu elevación o tu afrenta,

 

¡quien habrá que hombre se sienta

 

Y sin caridad te vea!

 

La más feliz se crea

 

Es mártir aún de sus dichas,

 

Y a las demás, entredichas

 

como sombras del festín,

 

No tocó ni el bien ruín

 

De desahogar sus dichas.

 

XXXV

 

Gente... y más gente... y más gente

 

Pasa delante de mí,

 

¡Oh! qué triste es ver así

 

La humanidad en torrente!

 

ignoro cual es su fuente

 

Y en qué mar se perderá;

 

Mas de cierto juro ya

 

Que en el ser de cada uno

 

El aguijón importuno

 

De la desventura va.

 

XXXVI

 

¡Dardo que nunca se embota,

 

Elemento creador!

 

Inmenso pan de dolor,

 

Que la humanidad no agota,

 

 

 

10

 

 

 

Gaje fatal con que dota

 

La existencia a cada cual,

 

Genio insaciable del mal,

 

Demonio ¡sombra del hombre!

 

¡Dí quién eres, dí tu nombre

 

Para maldecirte tal!

 

XXXVII

 

¿Eres la serpiente horrenda

 

Que en su torva fantasía

 

Vió el escadinavo un día

 

Ciñendo el mundo tremenda?

 

Como con perpetuo delenda

 

Oigo su ronco silbar.

 

Y estrechando sin cesar

 

Sus férreos anillos duros,

 

¡Hace en sus ejes seguros

 

Gemir el orbe y temblar!

 

XXXVIII

 

¿No te basta el mundo? ¡Dí!

 

¿Son pocos tantos millones

 

De infelices corazones

 

Engendrados para ti?

 

Supremo déspota aquí,

 

¿Pasa de aquí tu poder?

 

Y aún no harto con hacer

 

De la existencia un infierno,

 

¿Siempre que el hombre sea eterno,

 

Como él. eterno has de ser?

 

XXXIX

 

Un tiempo la idolatría

 

Preces y altares te alzó

 

Y al Dios del bien lo negó

 

Y en ti a Dios reconocía

 

Te palpaba, te tenía,

 

Mal, soberano iracundo

 

Cual si con desdén profundo

 

Dios de su obra avergonzado

 

Hubiera en tu pro abdicado

 

El triste imperio del mundo.

 

XL

 

¡Ah! ¿qué no tiene el Señor?

 

Nunca agotarán sus manos

 

 

 

11

 

 

 

Sus oceanos de oceanos

 

De felicidad y amor;

 

¡Venid! dijo el Creador,

 

«Que a mi banquete os convida

 

Mi largueza» Estremecida

 

Natura hirviente fundió,

 

Y el hombre nació... ¡y nació

 

Llorando el don de la vida!

 

XLI

 

Angeles creó para sí,

 

En el cielo y para el cielo,

 

Ellos no bajan al suelo

 

A perder el cielo aquí;

 

No tan dichoso, ¡ay de mí!

 

Ha sido el hombre creado:

 

Nace para ser tentado,

 

Vive en pugna y en error,

 

E hijo de un mismo Señor

 

El no es el predestinado.

 

XLII

 

Entre dolores naciendo,

 

Miseria y dolor mamando

 

Pecado y llanto mirando

 

Sin saber lo que está viendo:

 

En su fuente van vertiendo

 

Desde antes de la razón,

 

La vida la tentación,

 

La tentación el delito

 

Y con éste, Dios lo ha escrito

 

¡Quizá la condenación!

 

XLIII

 

Fuente que de la montaña

 

Salió ernponzoñada ya,

 

En sus claras linfas va

 

Ponzoña por la campaña;

 

Envenena cuanto baña,

 

Corrómpese ella también,

 

¿Y quién la depura? ¿quién

 

La vuelve a su manantial?

 

¿Quién esa fuente del mal

 

Tornará fuente del bien?

 

XLIV

 

 

 

12

 

 

 

Y ¡ah! con balanza traidora

 

Dotóse a la criatura,

 

El mal lo palpa y lo apura,

 

El bien lo sueña. . . o lo llora:

 

Cuando uno es feliz lo ignora,

 

Cuando infeliz, bien lo prueba,

 

Parece que Dios nos lleva

 

Libro de cuentas extraño

 

Dándonos íntegro el daño,

 

Para que el bien se nos deba.

 

XLV

 

El mal es piedra que cae,

 

Niágara que se desprende;

 

El hombre no lo suspende.

 

Su propio ser se lo trae;

 

Parece que nos atrae,

 

Que él es nuestro fin preciso,

 

Y que de haber paraíso

 

Sobre este infierno, hacia él

 

Vamos contra una cruel

 

Ley que condenarnos quiso.

 

XLVI

 

La tempestad nos presenta

 

Sus iris por agasajo,

 

Un rayo de luz los trajo,

 

Otro rayo los ahuyenta;

 

Así en la eterna tormenta

 

De este infeliz corazón,

 

Si luce gaya ilusión

 

En el cielo del destino,

 

A una pulsación nos vino,

 

Y huye en otra pulsación.

 

XLVII

 

Siempre el mal va acompañado

 

De algo indeleble y eterno,

 

Y él tiene mas del infierno

 

Que del cielo al bien se ha dado:

 

El bien como que es prestado;

 

Mas ¡ay! bien propio es el mal.

 

Y aún las veces que el mortal

 

Fantástico lo delira,

 

Tiene su triste mentira

 

Más verdad que el bien real.

 

 

 

13

 

 

 

XLVIII

 

El recuerdo del placer

 

Es el dolor de su ausencia

 

Y nos duele en su presencia ,

 

El tenerlo que perder.

 

Un bien que no ha de volver

 

Es un torrnento mayor,

 

Y a fin de que su rigor

 

No diese treguas al pecho,

 

Dios en el recuerdo ha hecho

 

La eternidad del dolor.

 

XLIX

 

Un bien nunca satisface

 

Mientras que el mal es sobrado

 

Y el mal hace desgraciado,

 

Pero un bien feliz no hace;

 

Y tan predispuesto nace

 

El hombre para el pesar,

 

Que imbécil para gozar

 

Y hábil para padecer,

 

Llora su propio placer

 

Cuando no halla qué llorar.

 

L

 

Duda y exasperación

 

Dejan los padecimientos,

 

Y tedio y remordimientos

 

Deja el goce al corazón.

 

Lágrimas a un tiempo son

 

De angustia y risa despojos,

 

Y cuando libres de enojos

 

Más inocentes reímos,

 

Bien nos dice que mentimos

 

El llanto que hay en Los ojos.

 

LI

 

Yo, mísero, ya nací

 

Crisálida de la nada,

 

Y no ha de ser revocada

 

La sentencia que cumplí.

 

Dispones, ¡oh mal! de mí

 

Y a evitarte nada alcanza

 

Armada de ti se avanza

 

La eternidad luego en pos

 

 

 

14

 

 

 

Y hay que dar eterno adiós

 

Al sueño de la esperanza.

 

LII

 

La vida es sueño— ¡Callad,

 

Oh Calderón! estáis loco:

 

Hace veinte años que toco

 

Su abrumante realidad;

 

Yo te palpo ¡Iniquidad!

 

¡Desgracia! no eres fingida.

 

Que si al placer dí acogida,

 

Un instante aquello fue;

 

Un instante en que olvidé

 

La realidad de la vida.

 

LIII

 

¿La vida un sueño? ¡Qué sueño

 

Tan raro en su obstinación!

 

¡Siempre el mismo! ¡Siempre Ixión

 

Volteando en su hórrido leño

 

Siempre en su bárbaro empeño

 

El demonio que llevamos!

 

¡Ah! con razón despertamos

 

Con lívida faz que aterra,

 

Yertos, mordiendo la tierra

 

Que en frío sudor empapamos.

 

LIV

 

No es un sueño, es un delirio

 

Es pesadilla infernal

 

De un despierto, un criminal

 

Que envejece en el martirio.

 

En vano irónico cirio

 

Nos alumbra la razón:

 

Entrevemos salvación ,

 

De dicha y paz hay asomo

 

Mas ¡ah! Los pies son de plomo

 

Y es Tántalo el corazón.

 

LV

 

Duelo y crimen sólo veo,

 

Duelo y crimen sólo aspiro,

 

Al mal un verdugo miro

 

Y al mundo un inmenso reo,

 

Despechado clamoreo

 

Oigo alzarse eternamente,

 

 

 

15

 

 

 

Y con hastío vehemente

 

Pasma la imaginación

 

Que esta sea la creación

 

De un Dios amante y clemente

 

LVI

 

¿Quién sino el genio del mal

 

Improvocado y sañudo

 

Revestirme el alma pudo

 

De carne flaca y mortal?

 

¿Quién sino él a este raudal

 

De corrupción me trajera

 

A tornar en monstruo, en fiera,

 

Un ente ávido del bien

 

Digno sólo de un edén

 

Donde feliz ser debiera ?

 

LVII

 

¿ Por qué, invisible sayón

 

Que llamo y no me respondes,

 

Lanzas el dardo y te escondes

 

A mi desesperación?

 

Estoy a tu discreción,

 

Invulnerable enemigo;

 

Sáciate, apúra el castigo,

 

Triunfa y goza en mi dolor

 

Mientras yo, vil gladiador,

 

Te saludo y te bendigo.

 

LVIII

 

«Ama, cree, sufre y espera»,

 

Me dirá, «que aunque te espante

 

La vida, es sólo un instante

 

De probación pasajera»

 

¡Señor! por corta que fuera

 

Fue sobrada para mí

 

Si el instante que viví

 

Bastó para condenarme,

 

Bastó para exasperarme,

 

¡Hasta blasfemar de ti!

 

LIX

 

¡Cómo es posible, Dios mío,

 

Que haya tantos, tantos tristes

 

Cuando tú, oh Señor, existes

 

Con tu inmenso poderío,

 

 

 

16

 

 

 

Y cuando de tu albedrío

 

Solamente a la intención

 

En lluvia de bendición

 

Sonreída a nuestro ruego

 

Volviera la vista al ciego

 

Y al demente la razón!

 

LX

 

Esta abdicación que has hecho

 

De tu excelsa voluntad

 

En mal de la humanidad,

 

Aunque intentada en provecho,

 

He aquí el correntoso estrecho

 

Y el escollo en que caí,

 

Y yo no puedo ¡ay de mí!

 

Juzgar de tu providencia

 

Sino con esta conciencia

 

Con que a juzgarme aprendí.

 

LXI

 

¡Sabios funestos, callaos!

 

El caos físico ha cesado,

 

Pero el que lo hizo ha dejado

 

Al espíritu en un caos.

 

¡Pobres hombres! revolcaos

 

Mintiendo felicidad;

 

Yo entre tanta oscuridad

 

Rebelde contra mi suerte,

 

Ansío deberle a la muerte,

 

O la nada o la verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

17

 

 

 

EL BAMBUCO

 

Aire y baile popular de la Nueva Granada

 

(Colombia)

 

 

I

 

Para conjurar el tedio

 

De este vivir tan maluco

 

Dios me depare un bambuco,

 

Y al punto, santo remedio.

 

Buena orquesta de bandola

 

Y una banda de morenas,

 

De aquellas que son tan buenas

 

Que casi basta una sola.

 

¡Y aquí de los granadinos!

 

¡Venga el cometa dragón!

 

Veremos el encontrón

 

Sin dársenos tres cominos.

 

¡Lejos Verdi, Auber, Mozart!

 

Son vuestros aires muy bellos,

 

Más no doy por todos ellos

 

EI aire de mi lugar.

 

"Mal gusto" diréis, tiranos,

 

Más yo en mi gusto porfío,

 

Que bueno o malo, es el mío

 

Y el de todos mis paisanos.

 

Ningún autor lo escribió,

 

Más cuando alguien lo está oyendo,

 

El corazón va diciendo,

 

«Eso lo compuse yo».

 

Y bien se ve que no miente,

 

Pues hijo de padre tal,

 

Es como triste y jovial,

 

Quejumbroso, inconsecuente.

 

Nadie lo hizo, porque nos

 

Disfrutamos del derecho

 

De recibirlo ya hecho

 

Todo de manos de Dios.

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

Vino y pan, tienda y colchón

 

El árbol sabe ofrecernos,

 

¿Por qué no ha de componernos

 

El viento nuestra canción?

 

Justo es que nadie se alabe

 

De inventor de aquel cantar

 

Que es de todos, a la par

 

Que el cielo, el viento y el ave.

 

Del Carchi hasta Panamá

 

Nuestros niños lo adivinan.

 

Nuestros pájaros lo trinan

 

Y en nuestras brisas está.

 

Es el lamento que lanza

 

El genio de estas regiones

 

Por tantas generaciones

 

Que vió morir sin venganza.

 

Una melodía incierta

 

Intima, desgarradora,

 

Compañera del que llora

 

Y que al dolor nos despierta.

 

O una risa de placer,

 

Instadora, turbulenta,

 

Que arrebata, que impacienta

 

Con eléctrico poder.

 

Un retozo tan simpático,

 

Que en contagiosa locura

 

No consiente ceja dura

 

Ni melindre aristocrático.

 

Nuestros rústicos con él

 

Cantan al recién nacido,

 

Y él les sirve de gemido

 

De una tumba en el dintel.

 

Parabién o funeral

 

Del que nace o del que muere:

 

Ya solemne miserere,

 

Ya cántico bacanal.

 

Doma con él los rigores

 

 

 

2

 

 

 

De su Filis un patán,

 

Mejor que el mismo don Juan

 

Con su almanaque de amores;

 

Y cuando a su desdeñosa

 

Feroz castiga el salvaje

 

Propinándole el brebaje

 

De la tonga ponzoñosa,

 

Ella, en fatal zamacuco

 

De erótico frenesí,

 

Corre y danza aquí y allí

 

Tarareando el bambuco.

 

Hay en él más poesía,

 

Riqueza, verdad, ternura,

 

Que en mucha docta obertura

 

y mística sinfonía;

 

Y así respóndele fiel

 

El corazón donde llega:

 

Con él el alegre juega

 

Y el triste llora con él

 

Mágico el más obediente,

 

Camaleón musical,

 

Siempre el mismo original,

 

Pero siempre diferente.

 

Eterna variación

 

En que hallamos por instinto

 

Acento fiel y distinto

 

Para cada sensación;

 

Porque ha fundido aquel aire

 

La indiana melancolía

 

Con la africana ardentía

 

Y el guapo andaluz donaire.

 

Su ritmo vago y traidor

 

Desespera a los maestros;

 

Pero acá nacemos diestros

 

Y con patentes de autor.

 

Tesoro de pobres es,

 

Y ¡ay! que nadie se lo quita,

 

 

 

3

 

 

 

Mientras su voz lo repita

 

Y lo ejecuten sus pies.

 

Y si ordenase un tirano

 

La abolición del bambuco,

 

Pronto vieran cuán caduco

 

Es todo poder humano.

 

 

 

II

 

En un salón de palmares

 

Que vagando descubrí,

 

Su hechicera danza vi

 

Al compás de sus cantares.

 

Era una noche de aquellas

 

Noches de la patria mía,

 

Que bien pudieran ser día

 

Donde no hay noches como ellas.

 

El terciopelo mejor,

 

Al del cielo no igualaba,

 

Ni estrella alguna faltaba

 

A esa gran cita de amor.

 

Oíanse los bramidos

 

Del Cauca y sus reventones,

 

Como enjambres de leones

 

Celosos o mal dormidos:

 

Y el aura circunvolante

 

Embalsamaba el lugar,

 

De albahaca y de azahar,

 

Y de jazmín embriagante.

 

Ñapangas, que por modelo

 

Las quisiera un escultor,

 

Giraban al resplandor

 

De las lámparas del cielo.

 

De indianas y de españolas

 

Las perfecciones lucían,

 

Lindas ¡ay! que parecían

 

Enamorarse ellas solas.

 

 

 

 

 

4

 

 

 

Bajo una gran cabellera

 

Un blanco busto imperial

 

Y una forma amplia y cabal

 

Cuanto elástica y ligera:

 

Rica tez, mórbido pecho,

 

Nada de afeite o falsía

 

Que el arte no enmendaría

 

Lo que hizo Dios tan bien hecho.

 

Contra el talle de jazmín

 

Un brazo en jarra elegante,

 

Caído el otro adelante

 

Sofaldaba el faldellín;

 

Y era de verse el candor

 

De esos rostros de ángel, cuando

 

Iba en los pies retozando

 

Un demonio tentador.

 

¡Y qué pies! ni el mameluco

 

Sultán mejores los vió:

 

El diablo los inventó

 

Para bailar el bambuco.

 

Se alternaban pulcramente

 

Hincando rápida huella.

 

Y ondulaba toda ella

 

La fascinante serpiente.

 

Al compás del tamboril

 

Con la bandola armoniosa

 

Y a la venia respetuosa

 

Del desafiador gentil.

 

Una por una salía

 

Hacia su galán derecha,

 

Y él, la boca almíbar hecha,

 

Aguardarla parecía.

 

Más, con sandunga imanada,

 

Ella, escapando del pillo,

 

Como el boa al pajarillo

 

lo atraía en retirada.

 

¡La eterna historia de amor!

 

 

 

5

 

 

 

¡Ley que natura instituye!

 

La mujer siguiendo al que huye

 

Y huyendo al perseguidor.

 

Ya evitaban su mitad,

 

Ya lo buscaban festivas.

 

Provocadoras y esquivas

 

Como la felicidad.

 

La una pareja cantando,

 

La otra vivas respondiendo.

 

Las coplas que iban diciendo

 

Iba el amor enseñando.

 

Poesía humilde era aquella,

 

Pero, en su espontaneidad

 

Bella como la verdad

 

Y a veces triste como ella.

 

Dos veces eran bastantes

 

Para hacerla bien sentida:

 

Amor, cielo de la vida;

 

Celos, infierno de amantes.

 

Y cual la danza en sus giros,

 

La música en sus manejos

 

Iba burlando en sus dejos

 

O acompañando en suspiros.

 

Yo, sentado sobre un tronco,

 

Contemplaba aquella escena

 

En esa noche serena

 

Y al mugir del Cauca bronco.

 

Esas cándidas figuras

 

Que ondulaban y reían

 

Y hasta mí en sombra veían

 

Como a acariciarme a oscuras;

 

Y aspiraba esos olores

 

Mezclados a esos sonidos;

 

Y ese aire que los vestidos

 

Les salpicaba de flores;

 

Y todo en mi derredor,

 

Desde el silencioso cielo

 

 

 

6

 

 

 

Hasta la grama del suelo

 

Y el bambuco seductor,

 

Formaba tal armonía,

 

Que todo a un golpe creado,

 

Y uno para otro inventado

 

Por el Señor parecía.

 

Allí el poder peregrino

 

Del bambuco percibí;

 

Jamás, desde que nací,

 

Me sentí más granadino;

 

Y si un pensamiento malo

 

Me hirió la imaginación,

 

Porque era gran tentación

 

Tanta inocencia y regalo,

 

Mi alma de poeta quiso

 

Holgarse en ver solamente,

 

Y no ir a hacer de serpiente

 

De aquel nuevo paraíso.

 

Más bien exclamé gozoso:

 

" Gracias a Dios ya encontré

 

Un pueblo feliz, ya sé

 

Dónde y cómo uno es dichoso.

 

A otros, con ciencia y riqueza,

 

Tedio cruel royendo está;

 

A éstos, de balde les da

 

Fiesta real Naturaleza".

 

 

 

III

 

Cambió la situación:

 

Pronto sonó, enhoramala,

 

La maldita generala

 

De alarma y revolución.

 

Todos mis conciudadanos

 

Gozaron de su derecho

 

De ir a atajar con el pecho

 

Las balas de sus hermanos.

 

 

 

 

 

7

 

 

 

Vi a mis pobres campesinos

 

Cambiados en dragonazos

 

Aprendiendo a machetazos

 

Los fueros neogranadinos;

 

Y a su lado en la pelea

 

Las heroicas voluntarias,

 

Esas dulces pasionarias

 

De la danzante asamblea.

 

Entonces, entre el chischás

 

De la lanza y el trabuco,

 

Del infalible bambuco,

 

Vi el poder una vez más.

 

Bien puede estar sin ración

 

El granadino soldado,

 

Y descalzo trasnochado:

 

Eso entra en la diversión.

 

Después de veinte chubascos

 

Por páramos inclementes,

 

Cruzando a nado torrentes

 

Y rodando por peñascos;

 

Tras de una jornada impía

 

Que desjarretara a un perro,

 

Hecha en caminos de hierro

 

De los que Adán conocía;

 

Desde el gentil bogotano

 

Que aun al morir suelta un chiste,

 

Hasta el indio humilde y triste

 

Que no abrió el cantón cristiano.

 

Llegado el momento crítico

 

De embestir al contendor

 

Entran con todo el fervor

 

De un "adversario político",

 

Y en ese truco y retruco

 

Triunfa el primero que manda

 

A su respectiva banda:

 

"¡Muchachos, rompa el bambuco!".

 

Tal se encarnice irrisoria

 

Nuestra fraticida holganza:

 

 

 

8

 

 

 

Matarnos a són de danza,

 

Sin causa alguna y sin gloria.

 

Pero en otra ,en mejor guerra,

 

La única de lauros digna

 

Y en que el señor no se indigna

 

Viendo ira y sangre en la tierra,

 

Tambien el bambuco fue

 

Música de la victoria,

 

Y aunque lo olvide la historia

 

Yo se lo recordaré:

 

El a Córdoba marcó

 

Su paso de vencedores.

 

Y de los libertadores

 

La hazaña solemnizó.

 

¡Campo inmortal, sol bendito!

 

Cuanto haya soñado allí,

 

Cual la voz del Sinaí

 

Resonará en lo infinito.

 

Y nuestro aire nacional

 

Iris fue allí de vencidos,

 

Parabién de redimidos,

 

De déspotas, funeral.

 

Le debemos en conciencia

 

Gratitud, y mientras él

 

Exista, guardará fiel

 

Nuestra patria independencia.

 

Yo, para ser benemérito

 

Desde el solio hasta el conuco,

 

No ambicionara otro mérito

 

Que haber compuesto el bambuco

 

 

'   Muchachas del pueblo en Popayán. Palabra de origen uichua, que otros escriben yapanga o llapanga. En cuanto al nombre del bambuco, supónese que vino de Africa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

9

 

 

NOCHE DE DICIEMBRE

 

 

Noche como ésta, y contemplada a solas

 

No la puede sufrir mi corazón:

 

Da un dolor de hermosura irresistible

 

Un miedo profundísimo de Dios.

 

Ven a partir conmigo lo que siento,

 

Esto que abrumador desborda en mí;

 

Ven a hacerme finito lo infinito

 

Y a encarnar el angélico festín.

 

¡Mira ese cielo!... Es demasiado cielo

 

Para el ojo de insecto de un mortal

 

Refléjame en tus ojos un fragmento

 

Que yo alcance a medir y a sondear.

 

Un cielo que responda a mi delirio

 

Sin hacerme sentir mi pequeñez;

 

Un cielo mío, que me esté mirando

 

Y que tan sólo a mí mirando esté.

 

Esas estrellas . . . ¡ ay, brillan tan lejos!

 

Con tus pupilas tráemelas aquí

 

Donde yo pueda en mi avidez tocarlas

 

Y apurar su seráfico elíxir.

 

Hay un silencio en esta inmensa noche

 

Que no es silencio: es místico disfraz

 

De un concierto inmortal. Por escucharlo

 

Mudo como la muerte el orbe está.

 

Déjame oírlo, enamorada mía

 

Al través de tu ardiente corazón:

 

Sólo el amor transporta a nuestro mundo

 

Las notas de la música de Dios.

 

El es la clave de la ciencia eterna,

 

La invisible cadena creatriz

 

Que une al hombre con Dios y con sus obras,

 

Y Adán a Cristo, y el principio al fin.

 

De aquel hervor de luz está manando

 

El rocío del alma. Ebrio de amor

 

Y de delicia tiembla el firmamento,

 

 

 

 

1

 

 

 

Inunda el Creador la creación.

 

¡Sí, el Creador! cuya grandeza misma

 

Es la que nos impide verlo aquí,

 

Pero que, como atmósfera de gracia,

 

Se hace entretanto por doquier sentir. . .

 

Déjame unir mis labios a tus labios,

 

Une a tu corazón mi corazón,

 

Doblemos nuestro ser para que alcance

 

A recoger la bendición de Dios.

 

Todo, la gota como el orte, cabe

 

En su grandeza y su bondad. Tal vez

 

Pensó en nosotros cuando abrió esta noche,

 

Como a las turbas su palacio un rey.

 

¡Danza gloriosa de almas y de estrellas!

 

¡Banquete de inmortales! Y pues ya,

 

Por su largueza en él nos encontramos,

 

De amor y vida en el cenit fugaz.

 

Ven a partir conmigo lo que siento,

 

Esto que abrumador desborda en mí;

 

Ven a hacerme finito lo infinito

 

Y a encarnar el angélico festín.

 

¿Qué perdió Adán perdiendo el paraíso

 

Si ese azul firmamento le quedó

 

Y una mujer, compendio de Natura,

 

Donde saborear la obra de Dios?

 

¡Tú y Dios me disputáis en este instante!

 

Fúndanse nuestras almas, y en audaz

 

Rapto de adoración volemos juntas

 

De nuestro amor al santo manantial.

 

Te abrazaré como la tierra al cielo

 

En consorcio sagrado; oirás de mí

 

Lo que oidos mortales nunca oyeron,

 

Lo que habla el serafin al serafín.

 

Y entonces esta angustia de hermosura,

 

Este miedo de Dios que al hombre da

 

El sentirlo tan cerca, tendrá un nombre

 

Eterno entre los dos: ¡felicidad!

 

 

 

2

 

 

 

..............................................................................................

 

La luna apareció: sol de las almas

 

Si astro de los sentidos es el sol.

 

Nunca desde una cúpula más bella

 

Ni templo más magnífico alumbró.

 

¡Rito imponente! Ahuyéntase el pecado

 

Y hasta su sombra. El rayo de esta luz

 

Te transfigura en ángel. Nuestra dicha

 

Toca al fin su solemne plenitud.

 

A consagrar nuestras eternas nupcias

 

Esta noche llegó... ¡Siento soplar

 

Brisa de gloria, estamos en el puerto!

 

Esa luna feliz viene de allá.

 

Cándida vela que redonda se alza

 

Sobre el piélago azul de la ilusión,

 

¡Mírala, está llamándonos! !Volemos

 

A embarcarnos en ella para Dios!

 

Bogotá, diciembre de 1874

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

LO DESCONOCIDO

 

(En el álbum de una bella desconocida)

 

¿Qué instinto misterioso al hombre inclina

 

Al despego y frialdad por todo aquello

 

Que ya conoce, y a vestir de encanto

 

Y aun perseguir con afanosa industria

 

Todo lo que le es desconocido?

 

La cumbre azul de inaccesible monte,

 

La temblorosa estrella, el pajarillo

 

Que canta y no se ve, la forma vaga

 

Que definir las sombras no permiten;

 

El raudal que velado entre hondo bosque

 

Estrepitoso se derrumba; el río

 

Que por arcos de selva entrando vemos

 

A otro mayor do navegando vamos;

 

Una frase fugaz de amiga boca

 

Que a medias, percibimos; un sarao

 

Desde afuera escuchado; un pie que asoma

 

La media estrofa de un papel rasgado;

 

La inscripción rota, la actitud y asunto

 

Del torso antiguo, el fondo del estanque,

 

Los remotos orígenes del Nilo;

 

La ignota mano que escribió un billete

 

La nave que en la bruma se consume;

 

El crepúsculo incierto, grato al alma

 

Muy más que el esplendor del mediodia;

 

Los cuasi temas, los acordes sueltos

 

Que de lejana música nos traen

 

Las ráfagas del viento caprichosas;

 

El recién muerto, cuyo gesto inmóvil

 

Calla pertinazmente el gran secreto

 

Que fascinada el alma le pregunta;

 

El héroe muerto en flor, que siempre excede

 

A cuantos su epopeya remataron...

 

Hay en todo eso el íntimo atractivo De lo desconocido o lo incompleto

Que a investigar o a completar provoca.

 

Oigo en todo eso un ¡búscame! irritante;

 

Imán de lo infinito a lo finito;

 

O una belleza de ilusión que acaso

 

La belleza real no alcanza nunca .

 

 

 

 

 

1

 

 

 

Parece que abrigara el alma humana

 

Tipos de toda perfección , los cuales

 

En infalible idealidad modelan

 

Los breves elementos que reciben;

 

Mientras que, si tentamos coronarlo

 

Con nuestros medios materiales, todo

 

De los sentidos la torpeza acusa.

 

Pero ese afán perseguidor envuelve

 

La mejor Iucha de la vida, y llenos

 

Siglos y tierra están de sus conquistas.

 

De allí la ciencia, progresiva marcha

 

De lo noto a lo ignoto, a la cual deben

 

El cielo estrellas, y la tierra un mundo;

 

De allí el perdido Edén y de allí el Arte,

 

Cazador de hermosura, que delira

 

En volver a encontrar el Paraíso

 

De allí la Historia, la locuaz curiosa;

 

De allí el Amor, pues siempre en lo que amamos,

 

Algo, a nuestro pesar, desconocemos;

 

Y de allí, el desamor para el ingenio

 

Que, como un libro de escolar, permite

 

Que el corazón le aprenda de memoria;

 

Allí la Fe, visión de lo invisible;

 

Allí, en fin, el instinto, la conciencia

 

De un destino inmortal; de algo que abraza

 

Juntos misterio y solución de todo;

 

Unidad, perfección de perfecciones;

 

Causa primera y fin de cuanto existe;

 

Consciente posesión de lo absoluto

 

Ardiente vida en éxtasi inefable.

 

 

Bogotá, febrero 15 de 1881

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

ELVIRA TRACY

 

The mass is over: come, come let us go home!

 

(De sus últimas palabras)

 

 

¡He aquí del año el más hermoso día

 

Digno del paraíso!, es el temprano

 

Saludo que el otoño nos envía

 

¡Son los adioses que nos da el verano!

 

Ondas de luz purísima abrillantan

 

La blanca alcoba de la dulce Elvira

 

Los pajarillos cariñosos cantan,

 

El perfumado céfiro suspira.

 

He allí su tocador: aún se estremece

 

Cual de su virgen forma al facto blando.

 

He allí a la Madre de Jesús: parece

 

Estar sus oraciones escuchando.

 

¡Un féretro en el centro, un paño, un Cristo!

 

¡Un cadáver! ¡Gran Dios!. . . ¡Elvira!. . . ¡Es ella

 

Alegremente linda ayer la he visto,

 

¿Y hoy?. . . hela allí. . . ¡solemnemente bella!

 

¡No ha muerto: duerme! ¡Vedla sonreída!

 

Ayer, en esta alcoba deliciosa,

 

Feliz soñaba el sueño de la vida

 

¡Hoy sueña el de otra vida aún más dichosa!

 

Ya de la rosa el tinte pudibundo

 

Murió en su faz; pero en augusta calma

 

La ilumina un reflejo de otro mundo

 

Que al morir se entreabrió para su alma.

 

Ya para los sentidos no se enciende

 

La efímera beldad de arcilla impura;

 

Mas, tras de ella, el espíritu sorprende

 

La santa eternidad de otra hermosura.

 

Cumplió quince años: ¡ay! edad festiva,

 

¡Más misteriosa y rara, edad traidora!

 

¡Cuando es la niña para el hombre esquiva,

 

 

 

 

1

 

 

 

Y a los ángeles férvida enamora!

 

¡Pobre madre! ¡del hombre la guardaste,

 

Pero esconderla a su ángel no supiste!

 

¡La vió, se amaron, nada sospechaste,

 

Y en impensado instante la perdiste!

 

Vio al expirar a su ángel adorado,

 

Y abrió los ojos al fulgor del cielo,

 

Y dijo: el sacrificio ha terminado,

 

¡Ven vámonos a casa! y tendió el vuelo.

 

¡Por eso luce tan hermoso el día,

 

Indiferente al llanto que nos cuesta!

 

Hoy hay boda en el cielo: él se gloría:

 

¡La patria de la novia está de fiesta!

 

 

Nueva York, agosto 30 de 1863

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

DOÑA PANFAGA O EL SANALOTODO

 

(PARA TARTAJOSOS Y OTROS)

 

 

 

 

Según díceres públicos doña Pánfaga hallábase hidrópica

 

O pudiera ser víctima de apoplético golpe fatal;

 

Su exorbitante estómago era el más alarmante espectáculo

 

Fenómeno volcánico su incesante jadear y bufar.

 

Sus fámulos y adláteres la apodaban Pantófaga Omnívora Gastrónoma vorágine que tragaba más bien que comer Y a veces suplicábanle (ya previendo inminente catástrofe) "Señora doña Pánfaga, véase el buche, modérese usted"

 

Ella daba por réplica: "¿A qué vienen sermones y escándalos? "Mi comida es el mínimum requisito en perfecta salud. "Siéntome salubérrima y no quiero volverme un espárrago, "Un cínife ridículo, un sutil zancarrón de avestruz.

 

"¿Esta panza magnífica la encontráis por ventura estrambótica?

 

"¿Hay pájaros más ágiles? ¿Hay quien marche con tal majestad?

 

"Mi capacidad óptima no consiente un vulgar sustentáculo.

 

"Vuestras zumbas y prédicas son de envidia: "¡En buena hora rabiad!"

 

Y prosiguió impertérrita la garbosa madama Heliogábalo A ejércitos de víveres embistiendo con ímpetu audaz, Hasta que, levantándose de una crápula clásica, opípara, Sintió cólico y vértigo, y " ¡el doctor! " exclamó la voraz.

 

SALTABANCOS FARANDULA, protomédico de ánsares y ánades,

 

Homeo-alópata-hidrópata-nosomántico cuatri-doctor,

 

Con cáfila de títulos que constaban en muchos periódicos,

 

Y autógrafos sin número declarando que él era el mejor;

 

Gran patólogo ecléctico, fabricante de ungüentos y bálsamos

 

Que al cántaro octogésimo reintegraban flamante salud,

 

Tal fue, según la crónica, el llamado por posta o telégrafo

 

A ver a Pata Pánfaga y salvarla en aquel patatús.

 

«Iré al punto» respóndele, y durante media hora dedícase A cubrir con cosmético y cepillo la calva senil, Pues, aunque vende un líquido que al más calvo lo empluma de súbito, Nunca es lícito a un médico emplumarse o curarse por sí.

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

Saltabancos es célibe, doña Pánfaga es viuda y riquísima,

 

Y en carátula o físico no se cobran hechuras los dos:

 

Por esto entra en los cálculos del doctor atraparla de cónyuge,

 

Y antes de verla alíñase con insólita extrema atención.

 

Al presentarse el pánfilo daba lástima ver a esa prójima, Pata y poltrona y cámara retemblaban cual buque al vapor «Señora Excelentísima, él le dijo, aquí estoy a sus órdenes «Ay mi doctor Farándula, repuso ella, ¡qué mala estoy yo!

 

FARANDULA—Sin preámbulos, procedamos a hacer el diagnóstico:

 

¿Qué siente usted de anómalo, qué de extrínseco a su orden normal?

 

PANFAGA—Dióme un síncope y he quedado muy lánguida y trémula,

 

Tengo la vista túrbida y en el pecho una mole, un volcán.

 

FARANDULA—Entendámonos: ¿a qué causas remotas o próximas

 

Su actual estado mórbido y aquel síncope debo atribuír ?

 

En análisis técnico lo que usted llama pecho es estómago:

 

Tal vez hoy en su régimen tuvo usted un ligero desliz.

 

PANFAGA—¿En la bucólica? no doctor, nunca tuve, el más mínimo,

 

Soy sobria anacorética, con mi mesa ayunara un ratón;

 

Pero el miércoles último fui a escuchar a la Pata en Sonámbula,

 

El céfiro estaba húmedo y quizás me ha inflamado el pulmón.

 

FARANDULA—Permítame toco el pulso y consulto el cronómetro.. ¡Hum, fiebre de mala índole, grave plétora, crece veloz! ¿A ver la lengua?... ¡Cáspita! nunca he visto más diáfanos sintomas:

 

¡Tragazón troglodítica, tupa bárbara, hartazo feroz! Del colon al esófago, del polo ártico al ínfimo antártico Cuántas vísceras y órganos la armazón constituyen

 

Cuanto encierra, hasta el tuétano, su distensa cutícula elástica,

 

Es un cúmulo omnígeno de indigesta panzada brutal.

 

PANFAGA—¡Abate, pécora! matasanos, gaznápiro empírico

 

¡Qué con tales andróminas faltas cínico a dama gentil!

 

FARANDULA—Harto pésame, pero tengo que ser muy explícito;

 

Mi conciencia, mi crédito, mi amistad me lo ordenan así.

 

Ser, mándanos Hipócrates, confesores, apóstoles, mártires,

 

Y a la antropófaga Atropos es preciso esta perla arrancar.

 

Interesante Pánfaga, ¡haga usted testamento,confiésese!

 

Su situación es crítica y ni a un ganso pudiera engañar.

 

Mas tengo un específico infalible en extremas análogas

 

 

 

2

 

 

 

El Nostram Curapáporos , fruto de años y estudios sin fin,

 

Quintaesencia de innúmeras, y aún incógnitas,plantas indígenas,

 

Y de cuantos artículos ha enfrascado jamás botiquín.

 

De este líquido sólido cada escrúpulo cuesta dos águilas,

 

Que ante omnia, y en metálico, me hará usted el favor de pagar

 

Pues óigame el catálogo de los simples que incluyen mi fórmula

 

Y dígame si a crédito o de bóbilis puédolo dar:—

 

"Récipe:—Acido prúsico, asafétida, fósforo, arsénico,

 

Pólvora, coloquíntida, tragorígano asarabácara,

 

Cantáridas, nuez vómica, sal catártica, sen, bolo arménico, Ruipóntigo, opobálsamo, opopónace, alumbre y sandáraca,

 

Cañafistula, zábila, ésula, ámbar, sucínico, alúmina,

 

Eléboro, mandrágora, opio, acónito, lúpulo, argémone,

 

Canfora, álcali, gálbano, tártago, ánime, pímpido, albúmina,

 

Tártaro emético, inola, ásaro, isico, láudano, anémone.

 

Agáloco, tusílago, ácula, íride, azúmbar, betónica,

 

Elixir paregórico, yúyuba, éter, almáraco aurícula,

 

Sarcócola y crisócola con dorónica y flor de verónica,

 

Ranúnculo, dracúncula, emplasto géminis, guaco sanícula,

 

Cal, ácido sulfúrico, zinc, astrágalo, muérdago, etcéter.

 

Mézclense por hectógramas todas estas sustancias, ad líbitum,

 

Y en cataplasmas, caústicos, baños, píldoras, cápsulas, glóbulos

 

Sinapismos, apósitos, polvos, pócimas, gárgaras, clísteres

 

Bébase, úntese, tráguese, adminístrese, sóbese y friéguese".

 

Aquí el método o táctica es similia curantur similibus. Una atracada cósmica pide un cósmico fármaco atroz. Un esmético ecfráctico ecoprótico alexipirético, Calólicon enérgico que no deje decir ¡Santo Dios!

 

Señora, oiga el pronóstico: in artículo mortis no hay jácaras:

 

Pague y trague este antídoto o me marcho a otra parte con él.

 

¡Está usted a los últimos. ya me olisca su trágico término!

 

¡Pánfaga, amada Pánfaga!. ..¡Oh dolor, oh espectáculo cruel!.

 

La gálofre, la adéfaga oyó al fin tan patéticas súplicas; Bebió hectólitros, múcuras; vomitó, se sangró, se purgó; «¡Etela, dijo el físico, ya está fuera de riesgo, qué júbilo! Pero... la erró el oráculo:—¡a los cinco minutos murió!

 

Fueron sus honras fúnebres solemnísimas, largas, espléndidas

 

 

 

3

 

 

 

Con dobles, kirieléisones, gran sarcófago, séquito real;

 

Melancólica música la condujo a la umbrosa necrópolis

 

Y allí, ciegos de lágrimas, le entonaron responso final.

 

Mil rasgos necrológicos, mil sonetos y párrafos lúgubres,

 

Mil láminas y pésames dió la prensa en tan triste ocasión

 

Y hoy, con dolor de estómago, léese aún en su lápida el rótulo:

 

Yace aqui doña Pánfaga.

 

¡Véase en este espejito el glotón!

 

¿Qué fue de Saltabancos?. . . El mundo está lleno de pájaros tales,

 

¡Y de gansos que dellos se fían!

 

Apóstoles, Mesías, abolicionistas de todos lo males,

 

Que con migas de pan o disfraz para drogas triviales

 

Alborotan, deslumbran, enganchan... y el bolsillo vacían.

 

Con arduo estudio, con carísima diaria experiencia

 

Logra un mortal darse cuenta de sí,

 

Porque iguales no hay dos en complexión, salud ni dolencia:

 

¿Y uno que nunca me ha visto en su perra existencia

 

Me curará de un mal que jamás me expliqué ni entendí?

 

Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena. Remedio para todos a nadie cura. Esa cura es la locura, que no hace bien ni mal, o envena. Cada cual lleva en sí mismo su Hipócrates, su Avicena:

 

¡LA NATURA!

 

La Natura y la Moral son dos maestras socias y hermanas,

 

Como hijas de un mismo Dios que a cada instante anuncian y prueban,

 

Ellas nos aconsejan; ellas premian, castigan, reprueban;

 

Y ellas también curan o alivian las dolencias humanas.

 

Trabajo, sobriedad, orden, régimen, conciencia tranquila, Clima, ejercicio, aseo, aire puro, fragancia de Dios; Agua, vino del cielo, que el limpio éter acendra y destila: He aquí el SANALOTODO, el eterno e infalible doctor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

 

VALSANDO

 

Casta madonna del siglo trece,

 

En fondo de oro la blanca luna;

 

Un cielo inmenso, sin mancha alguna,

 

Que al que lo mira rejuvenece,

 

Y en su éter puro nos desvanece,

 

Dando alas de ángel al corazón:

 

Y en mis oídos vibrando el rápido

 

Vals embriagante de aquellos días

 

En que girando loca de júbilo

 

Entre mis brazos amanecías,

 

Y negra hallábamos el alba hermosa

 

Que con sus tintas de perla rosa

 

Nos daba el toque de dispersión.

 

En esta noche, bajo este cielo,

 

A sus compases inflamadores,

 

Que alegre mi alma levanta el vuelo

 

Y torna al cielo de sus amores,

 

ya percibe tu aura de flores,

 

Y

 

Y el dulce peso...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

 

DECIAMOS AYER...

 

Sobre tema de Ella Wheeler, dedicado a mi amigo C. M. S.

 

Como Fray Luis tras de su largo encierro

 

"Decíamos ayer . ." también digamos.

¿Han pasado años? En la cuenta hay yerro,

O nosotros con ellos no pasamos.

 

Donde ayer lo dejamos, dulce dueño

 

Recomencemos. Recogiendo amantes

Los rotos hilos del antiguo sueño

 

Sigamos arrullándolo como antes.

 

Respetuosa apartemos la mirada

 

De tumbas que haya entre partida y vuelta.

Y si hubiere una lágrima ya helada

Ruede al calor del corazón disuelta.

 

Olvidemos la herrumbre que en el oro

 

De la rica ilusión depuso el llanto,

Y los hielos que pálido, inodoro

 

Dejaron el jardín que amamos tanto.

 

Olvidemos el hado que hizo injusto

 

De nuestros corazones su juguete,

Y regalemos la orfandad del gusto

Con el añejo néctar del banquete.

 

¡No es tarde, es tiempo! Olvida la ígnea huella Que al arador pesar cruzó en frente. Para mis ojos tú siempre eres bella Yo para ti soy llama siempre ardiente:

 

Llama que hoy mismo a mi pupila fría

 

Surge desde el recóndito santuario

Pese a la nieve que en mi sien rocía

El invierno precoz del solitario.

 

Mírame en estos ojos que tu imagen

 

Extáticos copiaron tantas veces.

Allí estas tú, sin lágrimas que te ajen

 

Ni tiempo que interponga sus dobleces.

 

Búscame sólo allí, que yo entretanto

 

En los tiernos abismos de tus ojos

 

Torno a encontrar mi disipado encanto,

 

 

 

 

1

 

 

La juventud que te ofrendé de hinojos.

 

¡Mi juventud! espléndida al intenso

 

Reverberar de tu alma ingenua y pura,

Con brisas de verano por incienso,

Y por palma de triunfo tu hermosura.

 

¡Mi juventud! por título divino

 

Espigadora en todo lo creado;

Nauta en persecución del vellocino

 

De cuanto fuese de tu culto agrado.

 

Islas de luz del cielo, margaritas

 

De colgantes jardines y hondos mares,

Néctar de espirituales sibaritas,

Soplos de Dios a humanos luminares:

 

Las miradas del sabio más profundas

 

Y del tal vez más sabio anacoreta;

Las perlas de Arte, hijas de amor fecundas;

 

La suma voz de todo gran poeta.

 

Esas trombas de lírica armonía,

 

Infiernos de pasión divinizados,

En que nos arrebatan a porfía

Todos los embelesos conjurados:

 

Auras de aquella cima do confluyen

 

Hermosura y Verdad, pareja santa,

Y las dos una misma constituyen,

 

Y espíritu de amor sus nupcias canta.

 

Buscar palabra al silencioso drama

 

De la contemplación, mística guerra

Entre Dios, Padre amante que reclama

Al eterno extranjero de la tierra;

 

Y esta madre de muerte, inmensa y bella

 

Venus que al por nos nutre y nos devora,

Y presintiendo que escapamos de ella

 

Con tanto hechizo nos abraza y llora.

 

Leer amor en tanta ruda espina

 

Que escarnece a la fe y angustia al bueno

Mostrar flores del alma en la ruína,

Luz en la oscuridad, oro en el cieno.

 

La flor de cuanto existe, oro celeste,

 

Unico que halagando tu alma noble

Brindara en vago esparcimiento agreste

 

 

 

2

 

 

A nuestro doble ser regalo doble;

 

Tal era mi tributo. Una confianza

 

Una sonrisa, una palabra tuya,

Retorno abrumador, que en mi balanza

Dios, no un mortal, será quien retribuya.

 

Pero todo en redor, la limpia esfera

 

El bosque, el viento, el pajarillo amable

Semejaba, en tu obsequio, que quisiera

 

Pagar por mí la dádiva impagable.

 

Aún veo sobre el carbón de tus pupilas

 

El arrebol fascinador de ocaso;

Veo la vacada, escucho las esquilas:

Va entrando en su redil paso entre paso.

 

Escucha, recelosa de la sombra,

 

La blanda codorniz que al nido llama

Y al sentirnos parece que te nombra

 

Y que por verte se empinó en la rama.

 

Escúchate a ti misma entre el concento

 

De aquella fiesta universal de amores,

Cuando nos coronaba el firmamento

Ciñéndonos de púrpura y de flores.

 

Esas flores murieron. Pero ¿has muerto

 

Tú, fragancia inmortal del alma mía?

Años y años pasaron. Pero ¿es cierto

 

O es visión que existimos todavía?

 

Juntos aquí como esa tarde estamos,

 

Y el mismo cielo es ara suntuosa

De aquel amor que entonces nos juramos

Y hoy, en los mismos dos, arde y rebosa.

 

Ahí está el campo, el mirador collado,

 

El pasmoso horizonte, el sol propicio;

La cúpula y el templo no han variado.

 

Vuelva el glorificante sacrificio.

 

¿Y no ha herido tal vez tu fantasía

 

Que aquella tarde insólita, imponente,

Fue sólo misteriosa profecía

De este rnisteriosísimo presente. . . ?

 

En aquel hinmo universal, un dejo

 

Percibí melancólico; y al fondo

De una lágrima tuya vi el bosquejo

 

 

 

3

 

 

Del duelo que hoy en lo pasado escondo.

 

Pasó... Pero esa tarde en su misterio

 

Citó para otra tarde nuestra vida

Y hela aquí. El alma recobró su imperio

Del sol abrasador a la caída.

 

¡La tarde! la hora del perfecto aroma,

 

La hora de fe, de intimidad perfecta,

Cuando Dios sobre el sol que se desploma

 

El infinito incógnito proyecta.

 

Cuanto es ya el suelo en fuego y tintes falto,

 

Es de ardiente el espíritu y profundo;

Y abiertas las esclusas de lo alto

Flotamos como en brisas de otro mundo.

 

Ve cómo el blanco Véspero fulgura,

 

Pasando intacto el arrebol sangriento.

¡Es la Amistad! la roca firme y pura

 

Que sirve a nuestro amor de hondo cimiento.

 

Nadie dejó de amar si amó de veras.

 

Cuando en árido tronco te encarnices

Con la segur, tal vez lo regeneras

Si son como las nuestras sus raíces.

 

Y antes te sonará más dulcemente

 

Templada en el raudal de los gemidos,

La antigua voz que murmuraba ardiente

 

La música de mi alma en tus oídos.

 

¿Han pasado años?... Puede ser. ¿Quién halla Que el Tiempo sólo arrumbe o dañe o borre? ¡Cuánta espina embotó! ¡Qué de iras calla!

 

¡Su olvido a cuántos míseros socorre!

 

Para los dos el ministerio suyo

 

Fue de ungido de Dios y extremo amigo.

Te veo sagrada, y sacro cuanto es tuyo,

 

Y como de un cristal al casto abrigo.

 

En torno a ti, y a cuanto es tuyo, encuentro

 

Halo de luz, atmósfera de santo;

Como al santuario a visitarte hoy entro

Y algo hay solemne en tu adorable encanto.

 

¡Dulce es sentir que hay almas, y que aman!

 

Su amor—inerme el tiempo para ellas—

Las vuelve, al Dios que férvidas aclaman,

 

 

 

4

 

 

Como El las hizo—jóvenes y bellas.

 

Han pasado años, sí... ¡por fin pasaron!

 

¡Rudo tropel que atravesó el camino!

Ya, como un nubarrón se disiparon,

Y nuestro sol a reclamarnos vino.

 

¡Y ande el tiempo, y sin fin rondando siga

 

La fiel aguja que su afán nos muestra!

¿Qué hora marcará que no nos diga:

 

«Aquí os amasteis; yo también soy vuestra?».

 

En todo grato sueño nos parece

 

Que ya lo hemos soñado: ese es su hechizo.

Mi mejor sueño a ti te pertenece;

En ti el pasado mágico realizo.

 

Como a la aparición del rey del día,

 

De entre la nada lóbrega que espanta,

Brota un mundo de vida y poesía

 

En que todo ama y resplandece y canta;

 

Así tú para mí: foco potente.

 

Núcleo de una creación que he poseído,

Llegas, y en torno a ti surge esplendente

Mi portentoso hogar, y en él resido.

 

Y el corazón se me abre inmenso, en alas

 

De música ideal que lo acaricia;

Y tanto aroma y fuego en mi alma exhalas

 

Que a un tiempo vivo y muero de delicia.

 

Y tú y yo, tierra y cielo, mente y acto,

 

Hoy y ayer, la esperanza y la memoria,

Todo ya es uno, en inefable rapto,

Fruición anticipada de la gloria.

 

Y esa es la juventud: el fugitivo

 

Presagio de la eterna, que al conjuro

Vuelve de Amor, como en miraje esquivo,

 

A enseñarnos un bien siempre futuro.

 

¿Y el sueño cuál será? ¿La no apagada

 

Luz, o esta bruma efímera de invierno?

¡Ah! lo que pasa no es: es sombra, es nada;

Y no hay más que una realidad: lo Eterno.

 

Atando el hilo roto un largo instante

 

Sigamos, pues, llorada compañera,

Hacia atrás, y a la par hacia delante.

 

 

 

5

 

 

A nuestro gran será que hace años era.

 

Como Fray Luis saliendo del profundo

 

"Decíamos ayer» también digamos:

 

Corra el tiempo del mundo para el mundo

 

Nuestro tiempo, en el alma lo llevamos.

 

Bogotá, febrero 7 de 1889

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6

 

 

 

VALS

 

¡Más y más rápida

 

vuele la música!

 

¡Más y más ágiles

 

giren Los pies!

 

En abrazo íntimo

 

locos lancémonos

 

a la vorágine

 

de la embriaguez.

 

Amantes hálitos

 

pueblan la atmósfera,

 

y al rico estrépito

 

cimbra el salón.

 

Y de cien lámparas

 

los prismas trémulos

 

arpas eólicas

 

vibrando son.

 

Diamantes príncipes

 

se eclipsan pálidos

 

al ojo fébrido

 

de la beldad.

 

Y en lunas vénetas

 

hierve a relámpagos

 

de oro y de púrpura,

 

su claridad.

 

Del valse al ímpetu

 

formas angélicas

 

despiden ráfagas

 

de tentación:

 

Las telas púdicas

 

forman un vórtice

 

que causa vértigos

 

al corazón.

 

Cometas fúlgidos,

 

¡Cuántos espíritus

 

en vuestras órbitas

 

girando van!

 

 

 

 

1

 

 

 

Vuestra periódica

 

vuelta balsámica

 

mil ojos tímidos

 

ansiando están

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

EN EL NIAGARA

 

(contemplación)

 

Dedicada en prenda de respetuosa admiración y de profundo reconocimiento a la señora María Juana Christie de Serrano

 

 

 

 

Ahí estás otra vez. . . ! El mismo hechizo

 

Que años ha conocí, monstruo de gracia,

 

Blanco, fascinador, enorme, augusto,

 

Sultán de los torrentes,

 

Muelle y sereno en tu sin par pujanza.

 

¡Ahí estás siempre el Niágara! Perenne

 

En tu extático trance, en ese vértigo

 

De voluntad tremenda, sin cansarte

 

Nunca de ti, ni el hombre de admirarte.

 

¡Cómo cansarse! La belleza activa,

 

La siempre viva, porque siempre pura,

 

No puede fatigar. Hija perfecta

 

Sin medio humano, del excelso fiat

 

Que perpetuaron leyes inviolables

 

En su incesante acción; mimada hermana

 

Del firmamento, de la luz, del aire;

 

Huésped no expulsado del edén perdido;

 

Esta hermosura es creación constante

 

Y original, donde trasciende el soplo

 

De su autor soberano. Algo nos dice

 

Que allí está Dios: el néctar de embeleso

 

Y de reparación que a un tiempo mana.

 

Al contemplarla en nuestro fondo bullen

 

Los dormitados gérmenes divinos,

 

Cual hierve al sol el ánima viviente

 

De la naturaleza; y surge ansioso

 

El amor de familia, el de la eterna

 

E indisoluble y como al mar la gota

 

Emancipada al fin de térreos lazos,

 

Como del pecho de la madre el niño,

 

Mudos de íntimo gozo nos prendemos

 

En comunión de eternidad con ella.

 

¿Podrá Dios fatigar? ¡Ah! en lo que hastía

 

Hay encanto letal, triste principio

 

 

 

 

1

 

 

De inercia, hostil a Dios, germen de muerte,

 

Gangrena de Las almas secuestradas

 

De su raudal vivífico...

 

Mas ¿dónde

 

Mi mente descendió? Llámala al punto,

 

¡Oh Niágara! y en ti la imagen vea

 

De las almas triunfantes; mire al héroe

 

Sublime en su martirio; al genio mire

 

Sereno en la conciencia de su fuerza.

 

Distráeme, diviérteme, museo

 

De cataratas, fábrica de nubes;

 

Mar desfondado al peso de tus ondas;

 

Columnas que un omnipotente Alcides

 

Descolgó del Olimpo, entre dos vastos

 

Mediterráneos piélagos de un mundo.

 

Sigues, gigante excéntrico, gozando

 

Tu solitaria, inmemorial locura,

 

Digna de un Dios. Descadenada sueltas

 

Del valle por la rápida pendiente

 

Tu oceánica mole, y poseído

 

Del rapto a que impetuoso te abandonas

 

Ebrio del regocijo de tu fuerza,

 

No adviertes que ya el hombre ha sorprendido

 

Este retozo de titán, violando

 

La agreste soledad, y que en tus bordes

 

La hormiga semidiós bulle y se empina

 

A medirse contigo. .. ¡Ah, qué te importa!

 

No cabes en la tierra, y de un arranque

 

Vas a tomar por lecho el océano.

 

De los más lejos términos del globo

 

A visitarte viene y a elevarse

 

Con tu contemplación, reconociéndote

 

Sin rival hermosura. En tus orillas

 

Un sentimiento en lenguas mil proclamas

 

La grandeza de Dios y el inocente

 

Triunfo de la inmortal naturaleza.

 

Heredia te tributa entusiasmado

 

El Niágara de su alma, pavoroso

 

Muy más que el de tus ondas; el activo

 

Cíclope anglosajón, probando al mundo

 

Que es digno amo de ti, con puente aéreo

 

Salva tu abismo inmenso, y por su mano

 

Te da su abrazo atlético de hierro

 

Esto que el hombre (insecto de un instante

 

 

 

2

 

 

Y atolondrado por su instante) llama

 

La civilización. El cielo mismo

 

Tiende a tus pies esos divanes de ángeles,

 

Nácar del firmamento, y oponiendo

 

A un puente, mil; al arte de los hombres

 

El del Señor, suspende caprichoso,

 

Cual la sonrisa de la paz del alma

 

Entre los estertores del que muere,

 

Su iris tranquilo en medio a tu desastre.

 

Basta para tu gloria, insigne muestra

 

Del manantial de las bellezas; ara

 

De la perpetua admiración del hombre.

 

Yo, nada podré darte, aunque aspirara

 

A unir mi nombre a tu famoso nombre;

 

Que soy la misma sombra que otro día

 

A tus umbrales se asomó impasible.

 

Fantasma evanescente que en silencio

 

Va arravesando entre tu niebla fría. . .

 

Si al estruendo volcánico, profundo

 

De tu derrumbamiento, cimbra en torno

 

La tierra estremecida, el viento llora

 

Y aún tu cuenca de piedra conmovida,

 

Sonora te responde; ¡ay! entretanto

 

Sordo mi corazón no te percibe

 

Ni en mi alma hierve el frenesí del canto.

 

Pero ¿qué a ti, si el mismo de aquel día

 

Ahí estás, en tu pompa y magno aliento,

 

Como yo aquí, perenne en mi aislamiento

 

Y en su tedio infinito el alma mía?

 

Hoy te recorren otra vez mis ojos,

 

Mustios y melancólicos como antes.

 

Divino anfiteatro

 

Do entre un misterio de borrasca y nieblas

 

Luchan, cual en eterna pesadilla,

 

Monstruos de roca y amazonas de agua.

 

En mí no hay lucha, no; y en tu presencia,

 

Más que tu alta beldad, me maravilla

 

Mi absorta postración, mi indiferencia.

 

Ese lago de leche que dormido

 

Yace a tus pies; esas tendidas hojas

 

De cuajada esmeralda, opacas, turbias,

 

Manto marino que tu cauce vela,

 

 

 

3

 

 

Cuyas inertes, aplanadas olas

 

Atónitas al golpe, ignoran dónde

 

Seguir corriendo; ese ancho remolino

 

Que abajo las aguarda, y retorciéndose

 

Al empuje del mar que los violenta

 

Yérguese al centro, y cual pausada boa

 

En silencio fatal se enrosca, y nunca

 

Suelta la presa que atrayente arrolla

 

Allí más bien estoy; ese el mar muerto

 

De mi existencia, y el designio arcano

 

Que en giro estéril me aletarga y me hunde.

 

¿Dónde, oh Heredia, tu terror? Lo anhelo

 

Y no puedo encontrarlo. ¡Ah! no serías

 

Tan infeliz cuando esto te aterraba.

 

Si aquí la dicha palidece y tiembla,

 

Aquí por fín respira

 

La desesperación: sobre estos bordes

 

Alza ella sus altares; de ese abismo

 

En el tartáreo fondo

 

A voluptuosidades infernales

 

Un genio tentador la está llamando. . .

 

No, nada alcanza a dar pavor en toda

 

La alma naturaleza; el mal más grave

 

Que hace, es un bien: servirnos una tumba,

 

Un lecho al fatigado. Ella es un niño,

 

Siempre inocente, y candorosa, y dulce,

 

Nodriza; en fin que la bondad del cielo

 

Concedió al hombre...

 

El hombre, ese es el monstruo

 

(Bien lo supiste, Heredia) ese es el áspid

 

Cuyo contacto me estremece; el áspid

 

Que cuerpo y alma pérfido emponzoña.

 

Sempiterno satán de ajenas vidas

 

Y aun de la propia; turbador de tanto

 

Terrenal paraíso que natura

 

Brinda obsequiosa, y de cualquiera escena

 

De orden y paz, beldad que a su memoria

 

Presentará la aborrecida imagen

 

Del malogrado bienestar celeste.

 

El hombre, injerto atroz de ángel y diablo,

 

Enemigo mortal de cuanto asciende

 

La escala etérea en descollante copia

 

De la Divinidad. . ¡Aporte, oh monstruo!

 

¡Aquí Naturaleza! Yo, a la vista

 

De este rio de truenos—fulgurante

 

 

 

4

 

 

Cometa de Las aguas—no querría

 

Si no abrazarme dél, como aquel iris

 

Que en su columna espléndida serpea.

 

Y como él, ni sentido, ni sensible

 

Desaparecer... Eres tan grande, oh Niágara,

 

Es tan irresistible tu embeleso,

 

Tu majestad, que el infortunio humano,

 

A no haber otro dios, te adoraría;

 

Dios de la blanda muerte, a quien en vano

 

Jamás acudiría

 

A descargar su insoportable peso...

 

—¿Perdón, oh madre mía, Mártir idolatrada! Hoy es la fecha En que allá en nuestro hogar, alegre un tiempo, Tu nombre festejábamos. ¡Imploro De hinojos tu perdón! No es culpa tuya Deberte yo tan miserable vida. Hoy me salvas de nuevo; hoy, por ti sola, Por tu ternura infatigable, ardiente, Tu hijo infeliz se inmola, Se inmola, sí, viviendo nuevamente...

 

 

 

 

Aquí, al salir del templo, venir usan

 

Los desposados. Su segundo templo,

 

Su ara de amor es ésta; aquí se sienten

 

Como fuera del mundo, y ya en Los brazos

 

De ese Dios, todo amor, todo clemencia,

 

Que los bendijo; y al más bello y puro

 

Torrente arrojan el jazmín primero

 

De su fresca guirnalda...

 

Duérme, duérme.

 

Casta y dulce visión! duérme al arrullo

 

Del mismo padre Niágara que un día

 

Recién nacida te arrulló,(1) y no ha mucho

 

Recién feliz te prometió arrullarte.

 

Duérme, y al par que a tus guirnaldas llegue

 

El perdurable réquiem que él te canta.

 

Llegue a tu alma mi oración profunda,

 

Llegue mi bendición a tu memoria.

 

Bendita porque amaste; más bendita

 

Por no ser ya mujer, porque moriste,

 

Y desapareciste, y descansaste,

 

Y descansó mi espíritu en tu fosa.

 

 

 

5

 

 

 

Todo acabó, perfectamente todo,

 

Como el Señor lo quiso... Hoy el ausente

 

Regresa al fin cerca de ti. Bien cerca

 

Estamos otra vez: tú en tu sepulcro

 

Muerta, es verdad. . . y yo quizá más muerto

 

Que tú. sobreviviéndome a mí mismo...

 

¡Silencio, paz! No turbarán mis voces

 

A la que fue; más fácil turbarían,

 

Niágara, tu tremendo arrobamiento.

 

En ti parece que comienza el mundo

 

Soltándose de manos del Eterno

 

Para emprender su curso sempiterno

 

Por el éter profundo

 

Eres el cielo que a cubrir la tierra

 

Desciendes, y velada en blancas nubes

 

La majestad de Dios baja contigo.

 

Siempre nuevo, brillante, en movimiento

 

Siempre fecundo, poderoso y fuerte

 

Como el vivo raudal de hirviente savia

 

Que de los pechos deslumbrantes brota

 

De la madre común naturaleza,

 

Despliegas tu grandeza en tu caída,

 

Y alzas de aquel abismo al firmamento

 

El himno de la fuerza y de la vida.

 

Mas para mí la vida es un sarcasmo,

 

Mi mundo ha concluído

 

Mi alma es hoy incapaz del entusiasmo

 

Y al quererte cantar, mi canto fuera

 

Del despecho el rugido,

 

O un de profundis de cansancio y muerte.

 

Por variar de tedio únicamente .

 

A contemplarte, Niágara, he venido;

 

Y al volverte la espalda indiferente

 

Limpio de tu vapor mi helada frente

 

Y te pago tu olvido con olvido.

 

 

 

(1)         En la vecina ciudad de Buffalo. Las guirnaldas a que luego se elude, son Las sepulcrales, muy numerosas en Los cementerios norteamericanos.

 

 

 

 

 

6

 

 

 

 

A LA POESIA

 

 

 

Vicio divino, que a groseros vicios

 

Me hiciste despreciar,

 

Y las mil vanidades y artificios

 

Del tráfico vulgar;

 

Sacro elixir que al corazón y al alma

 

Das juventud sin fin,

 

Y entre abrojos y fango, etérea calma

 

Y alas de serafín,

 

Con que volver al aire primitivo,

 

Al gusto primicial

 

Y juicio puro, y al entero activo

 

Ser todo personal.

 

Libre del yugo de años mil, y de hombres,

 

Y de hábito y refrán,

 

Para llamar las cosas por sus nombres

 

Otra vez, como Adán;

 

señalar el cauce del derecho,

 

Y por sobre el saber

 

Y modo y ley del hombre, siempre estrecho,

 

Los del Supremo Ser.

 

Y así del mar ir a su fuente arcana

 

Y del acto al motor

 

Y adelantándose a la marcha humana

 

Servir de gastador.

 

O revolar por cuantas cosas bellas

 

Hizo Dios con querer

 

Y el alma ufana regalando en ellas

 

Vivir, sentir, creer.

 

Genio de amor inagotable, ardiente,

 

Eterno, universal,

 

Que a pasado y futuro haces presente,

 

Y real a lo ideal;

 

Y a un hombre solo, humanidad entera,

 

Con cuyo corazón

 

Toda ella lucha, y cree, ama, y espera,

 

Y llora su aflicción:

 

Siempre, ¡oh poesía! te adoré en privado

 

Como a dios familiar.

 

Nunca a exponerte me atreví al mercado,

 

Ni profané tu altar.

 

 

 

 

1

 

 

 

Tu néctar mismo, la embriaguez del canto

 

Fue mi rico laurel,

 

Y el tierno abrazo, la sonrisa, el llanto

 

Que arrebaté con él.

 

Y una, y ciento, y mil veces te bendigo

 

Por más de un dulce sí,

 

Y más de un noble corazón amigo

 

Conquistados por ti,

 

Ese es mi oro, el único, tú sabes,

 

A que tengo afición,

 

Yo que no sueño en poseer más llaves

 

Que las del corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

OUR LIFE IS TWOFOLD

 

 

 

Doble es el hombre; ángel y bestia unidos

 

Disputándose el cetro en lucha ingrata.

 

Doble es el mundo:—espíritu y sentidos,

 

Cada cual en su mundo se dilata.

 

Doble es la vida: a todos los nacidos

 

El tiempo a un doble fin nos arrebata,

 

Nudo entre lo visible y lo invisible,

 

El polvo y Dios, lo eterno y lo finible.

 

 

1860

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

 

PRELUDIO DE PRIMAVERA

 

A...

 

Ya viene la galana primavera

 

Con su séquito de aves y de flores,

Anunciando a la lívida pradera

Blando engramado y música de amores.

 

Deja ¡oh amigo! el nido acostumbrado

 

Enfrente de la inútil chimenea;

 

Ven a mirar el sol resucitado

 

Y el milagro de luz que nos rodea.

 

Deja ese hogar, nuestra invención mezquina

 

Ven a este cielo, al inmortal brasero

Con que el amor de Dios nos ilumina

Y abrasa como padre al mundo entero.

 

Ven a este mirador, ven y presencia

 

La primera entrevista cariñosa

Tras largo tedio y dolorida ausencia

 

Del rubio sol y su morena esposa;

 

Ella no ha desceñido todavía

 

Su sayal melancólico de duelo

Y en su primer sonrisa de alegría

Con llanto de dolor empapa el suelo.

 

No esperaba tan pronto al tierno amante

 

Y recelosa en su contento llora.

Y parece decirle sollozante:

 

¿Por qué si te has de ir vienes ahora?

 

Ya se oye palpitar bajo esa nieve

 

Tu noble pecho maternal, Natura

 

Y el sol palpita enamorado y bebe

 

El llanto postrimer de tu amargura.

 

"¡Oh, qué brisa tan dulce!—va diciendo—

 

Yo traeré miel al cáliz de las flores;

Y a su rico festín ya irán viniendo

 

Mis veraneros huéspedes cantores",

 

¡Qué luz tan deliciosa! Es cada rayo,

 

Larga mirada intensa de cariño,

 

Sacude el cuerpo su letal desmayo

 

Y el corazón se siente otra vez niño.

 

Esta es la luz que rompe generosa

 

Sus cadenas de hielo a los torrentes

Y devuelve su plática armoniosa

 

Y su alba espuma a las dormidas fuentes.

 

 

 

 

1

 

 

 

Esta es la luz que pinta los jardines

 

Y en ricas tintas la creación retoca;

 

La que devuelve al rostro los carmines

 

Y las francas sonrisas a la boca.

 

Múdanse el cierzo y ábrego enojosos

 

Y andan auras y céfiros triscando

Como enjambre de niños bulliciosos

Que salen de su escuela retozando.

 

Naturaleza entera estremecida

 

Comienza a preludiar la grande orquesta,

 

Y hospitalaria a todos nos convida

 

A disfrutar su regalada fiesta.

 

Y todos le responden: toda casa

 

Abrese al sol bebiéndolo a torrentes.

Y cada boca al céfiro que pasa,

Y al cielo azul los ojos y las frentes.

 

Al fin soltó su garra áspera y fría

 

El concentrado y taciturno invierno,

 

Y entran en comunión de simpatía

 

Nuestro mundo interior y el mundo externo.

 

Como ágil prisionero pajarillo

 

Se nos escapa el corazón cantando.

Y otro como él y un verde bosquecillo

En alegre inquietud anda buscando:

 

O una arbolada cumbre, deslizante

 

Sobre algún valle agreste y silencioso,

Desde donde cantar en dueto amante

 

Un Dios tan bueno. un mundo tan hermoso:

 

Una vida tan dulce, cuando al lado

 

Hay otro corazón que nos lo diga

Con un cerrar de mano alborozado

O una mirada tiernamente amiga;

 

Un corazón que para el nuestro sea

 

Luz de esa vida y centro de ese mundo

Hogar del alma, santa panacea

 

Y abrevadero al labio sitibundo...

 

Por hoy el ave amante busca en vano

 

Su ara de amor, su plácida espesura:

Que ha borrado el Artista Soberano

Con cierzo y nieve su mejor pintura.

 

Pero no desespera, oye una pía

 

Voz misteriosa que su instinto encierra

De que así como al alma la alegría

 

 

 

 

2

 

 

Volverá la alegría de la tierra;

 

Al jardín, con sus flores, la sonrisa;

 

Y al mustio prado la opulenta alfombra;

 

Rumor y olor de selvas a la brisa,

 

Y al bosque los misterios de su sombra.

 

Nuevo traje de fiesta a todo duelo,

 

Nueva risa de olvido a todo llanto;

¿Y a mí?. . . Tal vez el árido consuelo

 

De recordar mi dicha al son del canto.

 

Quizá, como a su cebo emponzoñado,

 

Vuelve la fiera que su mal no ignora,

 

Iré ya solo, y triste, y olvidado

 

A esos parajes que mi mente adora...

 

¿Habrá sido todo eso una quimera

 

Que al fuego del hogar vi sin palparla?

¡Ah! fue tan dulce, que morir quisiera

 

Antes que despertar y no encontrarla. . .

Tú que aún eres feliz, tú en cuyo seno

Preludia el corazón su abril florido,

 

Vaso edenal sin gota de veneno,

 

Alma que ignoras decepción y olvido:

 

Deja ¡oh paloma! el nido acostumbrado

 

Enfrente de la inútil chimenea;

Ven a mirar el sol resucitado

Y el milagro de luz que nos rodea.

 

Ven a ver cómo entre su blanca y pura

 

Nieve, imagen de ti resplandeciente

También a par de ti la gran Natura

 

Su dulce abril con júbilo presiente.

 

No verás flores. Tus hermanas bellas

 

Luego vendrán, cuando en el campo jueguen

Los niños coronándose con ellas;

Cuando a beber su miel las aves lleguen.

 

Verás un campo azul, limpio, infinito,

 

Y otro a sus pies de tornasol de plata,

Donde, como en tu frente, ángel bendito,

 

La gloria de los cielos se retrata.

 

Nada hay más triste que un alegre día

 

Para el que no es feliz; pero en mi duelo

Recordaré a la luz de tu alegría

Que un tiempo el mundo para mí fue un cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

 

TORBELLINO A MISA

 

 

(Letra para este baile popular)

 

I

 

¡Ande la rueda

 

Del torbellino!

 

Tray-la-ra-lá.

 

Es la rueda del destino;

 

El que se queda se queda;

 

¡Pronto el vecino

 

Me alcanzará!

 

Tray-la-ra-lá.

 

Privilegio no se alega

 

En torbellino de amor.

 

El primero es el que llega,

 

Y el que llega es el mejor.

 

Siga el que pueda

 

Mi remolino.

 

Tray-la-ra-lá.

 

¡Bien venido el que ya vino!

 

¡Bien quedado el que se queda!

 

Y ni un comino

 

Se me dará.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Sepa que juega el que juega

 

El torbellino de amor.

 

El que pasa, se relega;

 

A un pícaro otro mayor.

 

II

 

¡Y ande la rueda

 

Del torbellino!

 

Si alguien se enreda

 

Abra camino,

 

Y como seda

 

Venga el vecino.

 

Tray-la-ra-lá.

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

Pero en la rueda

 

Del torbellino

 

Sepa el que vino

 

Que al que se va,

 

Pronto lo hereda

 

Quien seguir pueda

 

Mi remolino.

 

Tray-la-ra-lá.

 

¡Y ande la rueda

 

Del torbellino!

 

No retroceda

 

Ni el más ladino,

 

Que igual moneda

 

Se pagará.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Nadie interceda

 

Por el vecino,

 

Que en esta rueda

 

No hay San Padrino;

 

Y si mohío

 

Alguno queda

 

Muerda un pepino

 

Y por do vino

 

Se marchará.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Quede el que queda

 

Siempre que pueda,

 

O retroceda

 

De su camino.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Que esta es la rueda

 

De mi destino

 

Y ni un comino

 

Se me dará.

 

Tray-la-ra-lá.

 

III

 

Siga la rueda

 

Del torbellino,

 

Que en la arboleda

 

Ya rueda el trino

 

Del gurrumino

 

 

 

2

 

 

 

Curruculá:

 

El adivino

 

Del matutino

 

Sol asesino

 

Del torbellino

 

Cuando en lo fino

 

Ya entrando va.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Ya el alba ufana

 

Sabrosa mana

 

Su fresco aroma

 

De mejorana;

 

Y la paloma

 

Dice al palomo.

 

Piquito romo

 

Curruculá.

 

Ya en los candiles

 

Luces febriles

 

Ora levantan

 

La llamarada,

 

Ora se espantan

 

De la alborada

 

Torbellinada

 

Que andando va;

 

Y una guiñada

 

De enamorada

 

Como embriagada

 

La luz nos da.

 

Curruculá.

 

¡Y ande la rueda

 

Del torbellino

 

Que no la exceda

 

La de un molino!

 

¡Ande, y suceda

 

Lo que suceda,

 

Que esta es la rueda

 

De amor dañino

 

Y todo indino

 

La pagará!

 

Tray-la-ra-lá.

 

¡Ande el molino

 

Pueda o no pueda,

 

 

 

3

 

 

 

Que con su rueda

 

Me engolosino!

 

¡Qué polvareda,

 

Qué remolino.

 

Loca humareda

 

De amor y vino,

 

Lampos de seda,

 

Trombas de lino,

 

Ya el pie se enreda,

 

Ya pierdo el tino,

 

Ya no hay vereda,

 

Ya es desatino!

 

Rueda que rueda

 

Cada vecino

 

Con la que queda

 

Por su camino,

 

Y nadie sabe

 

Por donde va.

 

Tray-la-ra-lá.

 

Y canta el ave

 

Tierna y suave

 

¡ Curruculá,

 

Curruculá!

 

 

Junio de 1856

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4

 

 

 

 

PATRIA Y POESIA

 

( Fragmento)

 

POSTRE VARIO

 

A mis amigos Juan B. Pérez y Soto y compañeros.

(En un banquete ofrecido al autor el día 9 de diciembre, aniversario de Ayacucho)

 

 

 

Caro juan y demás patronos míos

 

Que un triunfo me acordáis sin que haya guerra,

Por azuzar los moribundos bríos

De un zancarrón que está pidiendo tierra:

 

Creadores de la nada, por maniobra

 

De la amistad que pródiga os engaña

Ciñendo lauros a un autor sin obra

 

Rey sin dominio y héroe sin hazaña:

 

Cuando en vosotros mi alabanza escucho

 

Y me enseña mi yo vuestro relato

Yo desde luego os lo agradezco mucho,

Mas no me reconozco en mi retrato.

 

Busco ese Pombo y no lo encuentro en casa

 

Sois, pues, vosotros la encantada avena

Y yo no más que el céfiro que pasa,

Y a cuyo soplo el instrumento suena.

 

El alma del que mira es el encanto

 

Que en más de una visión nos gratifica;

 

Y lo sonoro, lo íntimo del canto

 

Está en el corazón que se lo aplica.

 

Así es el pueblo el alma del tribuno

 

Y amamos como rey de los cantores

Al que leyó de joven cada uno

Poniéndole su música de amores.

 

Por eso me embalsama todavía

 

Zorrilla el corazón. Su cantilena

 

Bien puede ser una ánfora vacía.

 

La Hebe que evoco a su rumor, la llena.

 

Advierto ahora mi casual talento

 

De mantenerme en condición de mito.

Lo ideal no consiente tocamiento,

Y en lo invisible hay algo de infinito.

 

Del mismo modo un vago buhonero

 

O un guerrillero que jamás da blanco

 

Pasa por general o por banquero

 

Por no tener eiército ni banco.

 

 

 

 

1

 

 

 

Mi inedición, esa es precisamente

 

Toda mi fuerza. En publicando tomo,

 

¿Qué gajo del laurel queda en mi frente

 

O átorno de epidermis en mi lomo?

 

El que se imprime en colección, se entrega

 

Cual pollo asado al secular cuchillo,

Mientras que si en la atmósfera se riega,

Hará siluetas de águila un cuclillo.

 

Sigo, como sabéis la homeopatía,

 

Y el público lector es su observante.

 

Un glóbulo de verso a nadie hastía;

 

Columna o tomo necesita aguante.

 

A Dante y Milton nadie se antepone,

 

Y es, no leerlos y admirarlos, mengua;

Al Dante, en especial, no hay quien destrone

Por su sin par estilo y mala lengua:

 

No obstante: todo un Lamartín mordisca

 

Por pesado al inglés, y en el toscano

 

Sólo halló el episodio de Francisca

 

Digno de su renombre soberano.

 

Cada cual lleva en sí la poesía,

 

Potencia que del polvo lo redime,

La más breve ocasión que le sonría

Basta a soltar la facultad sublime.

 

Allí el hechizo, o a su turno espanto

 

De Arte y beldad, de página y banquete,

No es fuerza ver, leer, recibir tanto

 

Da todo su valor quien lo interprete.

 

Edgardo Poe, esprítu analítico

 

Estudia esta cuestión, y en limpio sienta

Que en cualquiera poesía es impolítico

Que los renglones pasen de cuarenta.

 

Yo, que sólo al humor suelto la vena ,

 

Y jamás hice versos por programa ,

Por lucir mi arpa o deslucir la ajena

 

O hacerme colección, dinero o fama,

 

No llevo regla o cuenta semejante

 

En cuanto llaman pies calzo a mi gusto,

Y ya inflo un ratón hasta elefante,

Ya en un dedal un elefante ajusto.

 

Suele ser la pereza mi poética ;

 

El momento, el humor me da el asunto,

Y hago sonetos por pereza estética ,

 

 

 

 

2

 

 

Porque eso tiene intraspasable punto.

 

Sólo allí la aritmética introduzco

 

Me encanta por lo neto y lo lacónico,

 

Y, aunque tal vez ni yo me los traduzco,

Obedezco al hacerlos a un mal crónico:

La impaciencia moderna, el tedio y prisa

 

Del público lector, es el secreto

Que asegura, a despecho de la risa,

El fuero imprescriptible del Soneto.

 

Hasta allá, con el tiempo, irá el poema;

 

Y la lírica suelta al epigrama;

 

Como la ley gramatical suprema

 

Ya la va formulando el telegrama.

 

He allí el nivelador de los idiomas,

 

El rendez vous, de la expresión humana,

La interjección, sin puntos y sin comas,

Suprimirá la prosa charlatana:

 

Habrá un enorme Webster, una clave

 

Eléctrico-pictórica de signos;

 

Y algo como el cuadrúpedo o el ave

 

Serán nuestros repórters fidedignos;

 

Y cuando de este modo se inventarie

 

Cuanto Dios o el mortal inventar quiso,

Vueltos por la cultura a la barbarie,

Tendremos la poesía del Paraíso.

 

Así quisiera hablaros esta noche,

 

Pero ¿dónde está Adán? ¿Dónde está Eva?

La civilización es un derroche

 

De lo que nada sirve y nada prueba.

 

Del lujo y gloria del jardín primero

 

Réstanos sólo la perversa fruta,

El arte de hacer daño al compañero,

La ciencia de la hablilla y la disputa.

 

En vano desgañítase entretanto

 

Diciendo en su esplendor el firmamento:

¡Vivid! ¡Dejad vivir! que éste es un santo

 

Don del Señor que durará un momento:

 

Un momento no más; pero éste sobra

 

Para amar mucho, y que algún ser nos ame;

 

Elevarnos a Dios, admirar su obra

Y alistarnos para El cuando nos llame.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

DE NOCHE

 

La vieillese esf une voyageuse de nuit

 

Chateaubriand

 

 

No ya mi corazón desasosiegan

 

Las mágicas visiones de otros días.

 

¡Oh Patria! ¡oh casa! ¡oh sacras musas mías!. . .

 

Silencio! Unas no son, otras me niegan.

 

Los gajos del pomar ya no doblegan

 

Para mí sus purpúreas ambrosías;

 

Y del rumor de ajenas alegrías

 

Sólo ecos melancólicos me llegan.

 

Dios lo hizo así. Las quejas, el reproche

 

Son ceguedad. ¡Feliz el que consulta

 

Oráculos más altos que su dueño!

 

Es la Vejez viajera de la noche;

 

Y al paso que la tierra se le oculta,

 

Abrese amigo a su mirada el cielo.

 

Junio 1° de 1890

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

 

 

 

LA MEMORIA

 

 

 

¡Oh perfecto presente del pasado,

 

Vida de tanto amado ausente y muerto,

 

Que poblando aquel fúnebre desierto

 

Burlas del tiempo el hierro despiadado!

 

En mi hoy, más prosaico y desolado

 

Que el muerto ayer, me ofreces más de un puerto

 

Do a buscar vuelvo en mi soñar despierto

 

Un asilo poético y sagrado:

 

Un temple a cuya entrada unjo con llanto

 

El corazón, y en otro mundo, el eco

 

De inolvidables voces, oro y canto,

 

¿Será tal fruición juego, embeleso

 

Y no fiel prenda, misterioso rito,

 

Aurora boreal de lo infinito?

 

Enero 4 de 1904

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NOTAS

 

 

 

 

1. Durante su vida, salvo textos marginales y poesías para niños, no se editaron libros con Las poesías de Pombo. La edición oficial apareció en 1916-17 y fue encomendada a don Antonio Gómez Restrepo por el Congreso; consta de 4 volúmenes: dos de poesías originales, uno con fábulas y verdades y otro con traducciones y "comprende cerca de

670       poemas y 200 traducciones". En 1970, el Instituto Caro y Cuervo publicó la Poesía inédita y olvidada de Pombo, edición preparada por Hector Orjuela en 2 volúmenes, que contienen alrededor de 700 poemas originales, sin contar traducciones. Los poemas de la presente selección han sido tomados de estas ediciones.

 

2. HECTOR ORJUELA. La obra poética de Rafael Pombo. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1975, pág. 66. Orjuela es también autor de una Biografia y bibliografía de Rafael Pombo, también editada por el Instituto Caro y Cuervo 1965. Ambas obras son de imprescindible consulta para cualquier interesado en 'Pombo.

 

3. JAIME JARAMILLO URIBE, "Las sociedades democráticas de artesanos y la coyuntura política y social colombiana de 1948", publicado en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Bogotá, 1976, número 8,pág.

 

4. JAlME JARAMILLO URIBE, La personalidad histórica de Colombia y otros ensayos. Bogotá, Colcultura, Biblioteca Básica, volumen 28, 1976, pág. 122.

 

5. Fuente: Salvador Camacho Roldán. Memorias. Medellín, Editorial Bedout, s. f

 

6. RAFAEL MAYA en su prólogo a RAFAEL POMBO Antología poética. Bogotá, Ministerio de Educación, Ediciones de la Revista Bolívar, 1952, pág. XXI.

 

7. Citado por Orjuela, ob. cit., pág. 122.

 

8. De una carta de Pombo a Miguel Antonio Caro, abril 29 de 1879, citada por Orjuela, ob. cit., pág. 109.

 

9. Pombo, citado por Orjuela, ob. cit., pág. 125.

 

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