© Libro N° 7615. El Panóptico. Bentham, Jeremias. Emancipación. Agosto
8 de 2020.
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Panóptico. Jeremias Bentham
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Panóptico. Jeremias Bentham
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EL P ANÓPTICO
Jeremias Bentham
El P anóptico
Jeremias Bentham
El P anóptico
Jeremias Bentham
EL PANOPTICO
M i c h e l F
o u c a u l t
EL OJO DEL PODER
M a r í a J
e s ú s M i r a n d a
BENTHAM EN ESPAÑA
*Genealogía del poder, colección dirigida por
Julia Varela y Fernando Alvarex-UrFa
Título original:
L'oeil du pouvoir
Diseño
cubierta
Roberto '1'uvc;gano
O Editions Pierre Relfond
C De la
presente edición
I,crs I ~ ~
~ C I O I Id~(J ~Lu Piyuefu
Sescña. 59.
Madrid-8
ISRN: 84-7443-02-1-0
l3epósito
l,egal : M . 12069-1979
Impreso en V E L O C R A ~
Tracia. 17 .
Madrid- 1 7
INDICE
El ojo del
poder, Michel Foucault 9
E1 Panóptico:
- Memoria 1.. 29
- - Informe
............................................................
- Apéndice
..........................................................
- Planos
..............................................................
Bentharn en España, María Jesús Miranda 129
EL OJO DEL PODER
Entrevista
con M i c h
e l F o u c a u l t
Trad. de Julia
Varela y
Fernando
Alvarez-Uria.
Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham
es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido descono-cida.
Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes
como éstas: "Un acontecimiento en la historia del espíritu humano",
"Una especie de huevo de Colón en el campo de la política". Por lo
que se refiere a su autor, el jurista inglés Jere-mías Bentham, lo has
p~esentado,como el "Fourier de una sociedad policial"'. Para
nos.ofros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico.
Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la
medicina clíni-ca; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura
hospitala-ria de la ~ g u n d mitad del siglo XVIII, en la época en la que se
de-sarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médi:
.cas. Quería saber cómo se había institucionalizado
la mirada.- médi-csl.cómo se había inscrito realmente en el espacio social;
cóm; la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el sogorte de un pueyo.
tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos ar-qGtectónicos
posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué
punto el problema de l a ~ o t avisibil-li&d de los cuerpos, de los
individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los
principios básicos m4s constan-tes. En el caso de los hospitales este problema
presentaba una difi-cultad suplementaria: era necesario evitar los contactos,
los conta-gios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo
la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el
espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e
individualizante al mismo tiempo, separando cui-dadosamente a los individuos
que debían ser vigilados. Había pen-sado durante mucho tiempo que estos eran
problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones
teóricas.
-- --
1 Michel
Foucault describe así El Panóptico
y a
en su obra Vigilar y castigar, Siglo X X I , México, 1976.
Después, estudiando los problemas de la penalidad,
he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que
dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo X R
) , retornaban al mismo tema, pero ahora refi-riéndose casi siempre a Bentham.
Casi no existían textos n i pro-yectos acerca de las prisiones en los que no se
encontrase el "in-vento" de Bentham, es decir, el
"panóptico".
El principio era: en la periferia un edificio
circular; en el cen-tro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas
que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está
dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio.
Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el inte-rior que se
corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja
pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en
la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenádo, un
obrero o un alumno. Me-'diante el efecto de contra-luz se pueden captar desde
la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y
recor-tadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La
plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último
término cumplía una función protectora.
Sorprende constatar que mucho antes que Bentham
esta preo-cupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de es-ta
visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de
París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía
disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda
la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los
criados. Existía además
El ojo del poder 11
un mecanismo muy complicado con el único fin de que
el peluque-ro pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo
física-mente: la cabeza del alumno pasaba a travks de un tragaluz, que-dando el
cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permi-tía ver todo lo que
ocurría. Bentham ha contado que fuesu herma-no el que visitando la Escuela
militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente.
Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye
en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un
ele-mento suplementario: que exista un punto central que $ea el lugar del
ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro de saber. De todos modos si
bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la
formule, y ¡a bautice. El mismo nombre de "panóptico" parece
fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente
imaginado una figura arquitectó-nica destinada a resolver un problema concreto,
como el de la pri-sión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera
invención que él mismo denomina "buevo de Colón". Y, en efecto, lo
que busca-ban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas,
Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder es-pecífica para
resolver los problemas de vigilancia. Conviene desta-car una cosa importante:
Bentham ha pensado y dicho que su pro-cedimiento óptico era la gran innovación
para ejercer bien y fácil-mente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido
ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los
procedi-mientos de poder puestos en práctica en las sociedades godernas son
mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de
visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.
Micheíie Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué
pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización polí-tica?
Porque en último ténnino todo es espacial, no solo mental-mente, sino
materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.
Foucault : Desde finales del siglo XVIIIla
arquitectura comien-za a estar ligada a los problemas de población, de salud,
de urbanis-mo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad
de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia
constituían las grandes formas, a las que hay que añadir las plazas-fueGes; se
manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La
arquitectura se ha desarrollado durante mu-cho tiempo alrededor de estas
exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se
trata de servirse de la organi-
Michel Foucault
zación del espacio para fines económico-políticos)
Surge una arquitectura específica. Philippe Aries
ha escrito co-sas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa,
hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay ha-
# bitaciones
en las que se duerme, se come, se recibe ..., en fin poco importa. Después,
poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de
la construcción de las ciudades obre-ras en los años 1830-1870. Se fijará a la
familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un
espacio de vida con
una habitación que es el lugar de la cocina y del
comedor, otra ha-bitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y
la habi-tación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una
habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribir-se toda una
"historia de los espacios" -que sería al mismo tiempo una
"historia de los poderesy'- que comprendería desde las grandes estrategias
de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del habitat, de la arquitectura
institucional, de la sala de clase o de la organiza-ción hospitalaria, pasando
por las implantaciones económico-polí-ticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha
hecho falta para que el pro-blema de los espacios aparezca como un problema
histórico-polí-tico, ya que o bien el espacio se reenviaba a la
"naturaleza" -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la
"geografía física9'- es decir a una especie de capa
"prehistoria",~ bien se lo concebía co-mo lugar de residencia o de
expansión de un pueblo, de una cultu-ra, de una lengua, o de un Estado. En
suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era
el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel
para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espa-cios
marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio
predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El
anclaje espacial es una forma económico-polí-tica que hay que estudiar en
detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una
cierta negligencia respec-to a los espacios, citaré solamente una que concierne
al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse
una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas
adquisiciones de la física teórica y experimental desaloja-ron a la filosofía
de su viejo derecho de hablar del mundo, del cos-mos, del espacio finito o
infinito. Esta doble ocupación del espa-cio por una tecnología política y por
una práctica científica ha cir-cunscrito la filosofía a una problemática del
tiempo. Desde Kant, lo que el fiiósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel,
Bergson,Hei-
El ojo del poder 13
degger-, con una descalificación correlativa del
espacio que apare-' ce del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo
conceptual, de lo muerto, de 1% fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado,
hace una docena de años de estos problemas de una política de los espa-cios, y
se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto so-bre el espacio, que
el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este
reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.
M.P.: De paso, me parece que la noción de
sexualidad es muy importante tal como señaló Vd. a propósito de la vigilancia
en el
caso de los militares; de nuevo aparece este
problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.
Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de
vigilan-cia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la
se-xualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar
las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.
MI'.: Siguiendo con la arquitectura, jno le parece
que indivi-duos como los médico's, cuya participación social es considerable a
finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún
modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en
nombre de la limpieza, la salud, se controlan los
lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la
medicina hi-pocrática, se sitúan entre los más sensibilizados al problema del
entor-no, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la en-cuesta
de Howard sobre las prisiones2.
Foucault: Los médicos eran entonces en cierta
medida espe-cialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales:
el de los emplazamientosr (climas regionales, naturaleza de los sue-los,
humedad y sequedad: bajo el nombre de "constitución", estu-diaban la
combinación de los determinantes locales y de las varia-ciones de estación aue
favorecen en un momento dado un determi-nado tipo de enfermedad); :el de las
coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de
los hombres y
las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya
sea de los hom-
bres y los
animales: mataderos, establos;
ya sea de los hom-
bres y los muertos: cementerios); el de las
residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los
hom-bres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido
2 John Howard
publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the Prisions in
England and Wales, with Preliminary Observations and un Account of some Foreign
Prisions and Hospitals. (1 777) .
14 Michel
Foucault
con los militares, los primeros gestores del
espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las
"campañas" (y por lo tanto el de los "pasos") y el de las
fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y
el de las ciu-dades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augus-to
Comte las grandes etapas del pensamiento sociológib. Es ser bien ignorante.
Elhaber s o c i o ~ ó ~se~forma más bien en prácticas tales como las de los
médicos. Guepin ha escrito en los mismos co-mienzos del siglo XIX un
maravilloso análisis de la ciudad de Nan-tes.
De hecho, si la intervención de los médicos ha sido
tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de
problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de
población.
M.P.: Es chocante además la gran cantidad de
personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos
sitios di-ce haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran
número de individuos a cargo de unos pocos.
Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham
se en-cuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mien-tras que
los economistas planteaban el problema en términos de riqueza
(población-riqueza ya que mano de obra, fuente de activi-dad económica,
consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea la
cuestión en términos de poder la po-blación como blanco de las relaciones de
dominación. Se puede de-cir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían
incluso eri una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa,
dejaban aparecer huecos bastante amplios sistema lacunar, aleato-rio, giobal,
que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos soli-darios o practica el
método del ejemplo (como puede verse clara-mente en el sistema fiscal o en la
justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de
"resolución" como se diría en térmi-nos de fotografía, no era capaz
de practicar un análisis individuali-zante y exhaustivo del cuerpo social.
Ahora bien, las mutaciones económicas del sgilo XVIII han hecho necesaria una
circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos,
hasta al-canzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de
sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que diri-gir a una
multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejer-ciese sobre uno solo.
M P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII
han con-tribuido sin duda al desarrollo de un poder semejante
El ojo del poder 15
J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la
Revolu-ción francesa a través de personas como La Fayette, ha acogido
fa-vorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, co-mo premio a
sus desvelos, ha sido hecho "Ciudadano francés" en 1791.
Foucault: Yo
diría que Bentham es el complemento de Rous-seau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño
rousseauniano que ha animado a 'táfitos revolucionarios?: el de una sociedad
transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no
exibtan zonas os-curas, zonas ordenadas por los privilegios del poder red o por
las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que ca-da
uno, desde el!lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la socie-dad; que los
corazones se comuniquen unos con otros, que las mira-das no encuentren ya
obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha
escrito páginas muy interesan-tes respecto a este tema en La Transparencia y el
obstáculo y en La
invención de la libertad.
Bent'iam es a la vez esto y todo lo contrario.
Plantea el proble-ma de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad
totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace
funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de
un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran te-ma rousseauniano -que es
en alguna medida el lirismo de la Revo-lución- se articula la idea técnica del
ejercicio de un poder "omni-contemplativo" que es la obsesión de Bentham.
Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de\
Bentham.:
M.P.: Hay una frase en el Panóptico: "Cada
camarada se con-vierte en un vigilante".
Foucault:, Roussea-u habría dicho justamente lo
inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de
Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada.
J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace
una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el
proyecto de Bentham miras humanitarias.
Foucault: Justamente, cuando la Revolución se
pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su
problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen castigadas, sino
hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sen-tirían
sumergidas, inmersas, en un campo de visibilidad total en el cual la opinión de
los otros, la mirada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar
mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos
de la Revolución.
16
Michel Foucault
MP.: El
contexto inmediato ha jugado tambiSn su papel en la
adopción del panóptico por
la Revolución: en este momento el
problema de las cárceles está a la orden del día. A
partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud
respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard
sobre las prisiones traducida al francés en 1788.\4Iospi-tales y cárceles son
dos grandes temas de discusión en los salones parísinos, en los círculos
ilustrados. Se ha convertido en algo escan-daloso el que las prisiones sean lo
que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de
higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se
deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la
Revolu-ción francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal
Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos
llamados "de humanidad", vocablo que compren-de hospitales y
prisiones. ,
Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda
mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que im-pide
la entera visibilidad de las cosas, las gentes, las verdades. Di-solver los
fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no existan más espacios
oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la
arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las
supersticionesreligiosas, los complots de los tiranos
y los frailes,
las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castiiios, los hospitales, los
depósitos de cadáveres, las casas de corrección, los conventos, desde antes de
la Revolución han suscitado una des-confianza o un odio que no fueron
subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su
desaparición. Las no-velas de terror en la época de la Revolución, desarrollan
todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la
mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad signi-ficativa, a los
truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los trai-dores: los paisajes de
Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en
los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios
imaginarios son como la "contra-figura" de las transparencias y de
las visibilidades que se in-tentan establecer entonces. Este reino de 'la
opinión" que se invo-ca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de
funciona-miento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que
las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada
inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo resorte principal fuese la
opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si
El ojo del poder 1
7
se han interesado por el proyecto de Bentham se
debe a que, sien-do aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la
fórmula de un "poder por transparencia", de un sometimiento por
"pro-yección de claridad". El panópticc es un poco la utilización de
la forma "castillo" (torreón rodeado de murallas) para
paradójica-mente crear un espacio de legibilidad detallada.
J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos
del hombre lo que el Siglo de las Luces quiere hacer desaparecer.
Foucault: Indudablemente.
M.P.: Sorprenden también las 1 técnicas de poder
qiie funcio-nan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente,
también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero
-extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las
celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino
pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la
disuasión está muy presente en el texto de Bentham: "Es preciso -dice-
estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de
hacer el mal y casi el pensa-miento de quererlo", Nos encontramos de lleno
con las preocupa-ciones de la Revolución: impedir a las gentes obrar mal,
quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.
Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la
rnirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del
pre-cio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe
evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vi-gilantes hacen
falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste
propiamente político. Si se es muy vio-lento se corre el riesgo de suscitar
insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se amesga uno a dejar que
se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político
elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia, que
detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba dicien-do: conviene
que el castigo sea espectacular para que los demás ten-gan miedo. Poder
violento por tanto que debía, mediante el ejem-plo, asegurar las funciones de
continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder
demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de
violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso
obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las
rebe-liones.
M.P.: Eso es lo que sucedió con las insurrecciones
contra el patíbulo.
18 Michel
Foucault
Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada
que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias
físi-cas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vi-gile, y
que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interio-rizarla hasta el
punto de vigilarse a s ímismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra
símismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último
término, ridículo! Cuando Benth-am considera que él lo ha conseguido, cree que
es el huevo de Co-lón en el orden de la política, una fórmula exactamente
inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder
desarro-lladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia
i enorme, pero
como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquie-ra la principal
instrumentación puesta en práctica.
, M.P. :
Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el pro-blema del poder en
función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte
es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse
al todo social? LO bien es que el conjunto social, el poder a nivel del todo
social es al-go que entonces no se concebía realmente? i,Por qué?
Foucault: El problema consiste en evitar
losobstáculos, las in-terrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen,
con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos
cons-tituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero,
hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las
barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los
cuerpos constituidos, los privilegios de
determinadas categorías a los decisiones de poder. La burguesía comprende
perfectamente
que una nueva legislación o una nueva Constitución
no son garan-tía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que
de-be inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo
social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfi-mos resquicios. Y en
esto prec5;amente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino
que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces
conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes
y han
hecho de Bentham uno de los inventores más
eiemplares- de la tec-
"
nología de poder.
J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia
el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la
to-rre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensacibn de es-tar
ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados n i
los que observan.
Foucault: Eso es sin duda lo que hay de diabólico
en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar No existe en
ella un poder que radicaría totalrnecte en alguien y que ese alguien
El ojo del poder
ejercería él solo y de forma absoluta sobre los
demás; es una @á9uj: na en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que
Sercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto
es lo característico de las sociedades que se instauran en el si-glo XIX.
EljPodei ya no se identifica sustancialmente con un indi-viduo que lo ejercería
o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la
que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto,
sin duda ciertos pues-tos son preponderantes y permiten la producción de
efectos de su-premacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una domi-
nación de clase en la misma medida en que disocian
el poder de la potestad individual.
M.P.: El funcionamiento del panóptico es, desde
este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que
des-de la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila
a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene
ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un
tiinto despectivo pese a que, en principio, es-tán destinados a serle próximos.
i~ensamiento,pues, aristocráti-co!
Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta
observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un
problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos
encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fá-bricas.
Foiicault: Es un problema considerable que se
plantea en el si-glo XVIII. ¡Se puede constatar claramente en el caso del
ejército, cuando fue necesario fabricar "suboficiales" aue tuviesen
conoci-mientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de
maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el
fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimien-tos, los desplazamientos, las
filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres
vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus
maestros, sus ayudan-tes, sus vigilantes. La Iglesia era entonces uno de los
raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El
reli-gioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vica-rio
entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de mi-llares de
niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros simila-res hasta mucho más
tarde. Igual sucedió con los hospitales. No ha-ce aún mucho que el personal subalterno
hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.
20 Michel
Foucault
M.P.:Estas mismas religiosas han desempeñado un
papel con-siderable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan
los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal
femenino bajo el control de religiosas formadas especial-mente para ejercer la
disciplina de las fábricas.
El Panóptico está lejos de estar exento de estas
preocupacio-nes ya que se puede constatar la existencia de esta vigilanha del
ins-pector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre
todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas
que hace pensar en "cada camarada se convierte en un vigilante",
hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco ver-tiginosa, de estar en
presencia de una invención que en alguna me-dida se va de las manos de su
creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder
central. Pero, leyéndo-lo uno se pregunta, ja quién mete Bentham en la torre?
¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión
no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ja quién? En definitiva es
preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder.
Foucault : Bentham no puede confiar en nadie en la
medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir,
la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo su-ponía.
Era preciso confiar en e1,rey. Por su propia existencia, que-rida por Dios, él
era la fuente de la jus-ia, de la ley, del poder. El poder que radicaba en su
persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la
historia o a un castigo del sobera-no absolutamente perfecto, Dios. Por el
contrario, no se puede con-fiar en nadie cuando el poder está organizado como
una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es
deter-minante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese
tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él s d o la
responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y
estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Pa-nóptico, cada uno,
según su puesto, está vigilado por todos los de-más, o al menos por alguno de
elios; se está en presencia de u11 apa-rato de desconfianza total y circulante
porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma
de insidias.
J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho,
que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, jcómo crees que
se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto?
Foucault: La
cuestión del poder se simplifica cuando se plan-
El ojo del poder
tea únicamente en términos de legislación o de
Constitución, o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin
duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un con-junto de
leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las
fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo
tecnológico, si no se conocen al mismo tiem-po los aparatos de poder. En el
caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo
XVIII, ~ c Ó ~se ohabría lle-gado a este reparto de tareas si no hubiese
existido una nueva dis-tribución del poder al propio nivel del remodelamiento
de las fuer-zas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no bas-ta
con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de recluta-miento, fue
necesario que se produjera a la vez esta nueva distribu-ción de poder que se
lama disciplina, con sus jerarquías, sus cua-dros, sus inspecciones, sus
ejercicios, sus condicionamientos y do-mesticaciones. Sin esto, el ejército tal
como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible.
J.-P. B.: De todos modos, jexiste alguien o algunos
que im-pulsan el todo?
Foucault: Se impone una distinción. Está claro que
en un dis-positivo como el ejército, el taller, o cualquier tipo de
institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una
cús-pide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta "cúspide"
no es la "fuente" o el "principio" de donde se derivaría
todo el po-der como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se
representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía
están en una relación de sostén y de condiciona-miento recíprocos; se
"sostienen" (el poder como "chantaje" mu-tuo e indefinido).
Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tec-nología de poder tiene
históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos
determinados, que habrían decidido apli-carla para servir sus propios intereses
y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas
tácticas han sido inventa-das, orgariizadas, a partir de condiciones locales y
de urgencias con-cretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una
estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que
señalar además que estos conjuntos no consisten en una homogei-nización sino
más bien en un juego complejo de apoyos que adop-tan los diferentes mecanismos
de poder unos sobre otros permane-ciendo sin embargo en su especificidad. Así,
actualmente, la inter-relación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis,
escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeiniza
estas dis-
22 Michel
Foucault
tintas instancias sino que establece entre ellas
conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que
cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias.
M.P.: Vd. rechaza la idea de un poder que sería una
super-es-tructura, pero no la idea de un poder que es, en cierto modo,
con-sustancial al desarrollo de las fuerzas productivas, que forma parte de él.
Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma
continua-mente con estas fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya
en la época de Bentharn el tema de un poder espacializan-te, vigilante,
inrnovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado por mecanismos
mucho más sutiles que permitían la re-gulación de los fenómenos de población,
el control d e sus oscilacio-nes, la compensación de sus irregularidades.
Bentham es "arcaizan-te" por la importancia que da a la mirada, es
muy actual por la im-portancia que concede a las técnicas de poder en general.
M.P.: No existe un Estado global, existen
micro-sociedades, microcosmos que se instauran.
J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al
despliegue del panóp-tico, poner en cuestión la sociedad industrial? ¿O
conviene hacer responsable a la sociedad capitalista?
Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad
capitalista? No sa-bría responder si no es diciendo que estas formas de poder
se en-cuentran también en las sociedades socialistas: la transferencia ha sido
inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la historiadora.
MP.: Es cierto que la acumulación de capital surge
por una tecnología industrial y por la puesta en marcha de todo un aparato de
poder. Pero n o es menos cierto que un proceso semejanteapare-ce de nuevo en la
sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto modo, corresponde
también a un período de acumulación de capital y de instauración de un poder
fuerte.
J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la
noción de beneficio; en este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra
como algo muy valioso, al menos para algunos.
Foucault: ¡Evidentemente'
Habría que tener el optimismo un
poco ingenuo de los "dandys" del siglo XM
para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, conviene tener en
cuenta sus
golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el
hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan
circuitos de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los
disposi-tivos de poder, y esto de forma dinámica y circular. El poder feu-
El ojo del poder 23
$al, funcionando por deducciones y gasto, se minaba
a símismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante
transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y
de la Revolución formen parte de su historia práctica-mente desde sus
comienzos.
M.P.: Se puede señalar que Bentham concede una
enorme im-portancia al trabajo, al que se refiere una y otra vez.
Foucault : Ello responde al hecho de que las
técnicas de poder se han inventado para responder a las exigencias de la
producción. Me refiero a la producción en un sentido amplio (puede tratarse de
"producir" una destrucción, como en el caso del ejército).
J.-P. B.: Cuando, dicho sea de paso, empleas el
término "tra-bajo" en tus libros, raramente lo haces en relación al
trabajo pro-ductivo.
Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado
de gen-tes que estaban situadas fuera de los circuitos del trabajo producti-vo:
los locos, los enfermos, los prisioneros, y actualmente los ni-ños. El trabajo
para eilos, tal como deben realizarlo, tiene un valor predominantemente
disciplinario.
J.-P. B.: El trabajo como f o w a de domesticación.
¿NOse da siempre?
Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la
triple función del trabajo: función productiva, función simbólica y fun-ción de
domesticación o disciplinaria. La función productiva es sen-siblemente igual a
cero para las categorías de las que me ocupo, mientras que las funciones
simbólica y disciplinaria son muy impor-tantes. Pero, lo más frecuente, es que
coexistan los tres componen-tes.
M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro
de sí, muy confiado en el poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la
sensación de que no calibra muy bien el grado de opacidad y de resistencia del
material que ha de corregir, que ha de integrar en la sociedad -los famosos
prisioneros-. Además, jno es el panóptico de Bentham, en cierto modo, la
ilusión del poder?
Foucault: Es la ilusión de casi todos los
reformadores del si-glo XVIII que han concedido a la opinión un poder
considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por ser la
concien-cia inmediata del cuerpo social entero, los reformadores creyeron que
las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era
para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las
condiciones reales de la opinión, los "media", una materialidad que
está aprisionada en los mecanismos
24 Michel
Foucault
de la economía y del poder bajo la forma de la
prensa, de la edi-ción, y más tarde del cine y de la televisión.
MP.: Cuando dice que han desconocido los
"media", quiere decir que no se han dado cuenta de que les haría
falta utilizarlos.
Foucault: Y que esos media estarían necesariamente
dirigidos por intereses económico-políticos. No percibieron los cqmponen-tes
materiales y económicos de la opinión. Creyeron que la opinión sería justa por
naturaleza, que se extendería por símisma, y que se-ría una especie de
vigilancia democrática. En el fondo, les el perio-dismo -innovación capital del
siglo XIX- el que ha puesto de ma-nifiesto el carácter utópico de toda esta
política de la mirada.
M.P.: En general los pensadores desconocen las
dificultades que van a encontrar para hacer "prender" su sistema.
Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las resistencias jugarán su papel.
En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido gente pasi-va; es
Bentharn quien nos hace pensar lo contrario. El discurso pe-nitenciario se
despliega como si no existiese nadie frente a él, co-mo si no existiese más que
una "Tabula rasa"; gente que hay que reformar para arrojar luego al
circuito de la producción. En reali-dad hay un material -los detenidos- que
resiste de un modo for-midable. Lo mismo se podría decir del taylorismo,
sistema que constituye una extraordinaria invención de un ingeniero que quie-re
luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el ritmo de
producción. Pero en última instancia, se puede uno pre-guntar. Lhafuncionado
realmente alguna vez el taylorismo?
Fouault: En efecto, otro de los elementos que sitúa
tam-bién a Bentham en lo irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas
que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo se ha opues-to la gente en los
talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de pesquisas continuas?
¿Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento insoportable de esta
vigilancia? LOlo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han existido
insurrecciones contra la mirada?
M.P.: Sí, han existido insurrecciones contra la
mirada. La re-pugnancia de los trabajadores a habitar las ciudades obreras es
un hecho patente. Las ciudades obreras, durante mucho tiempo, han sido un
fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del tiempo tan presente en el
Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscita-do durante largo tiempo una
resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se iba.
Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían
inventa-do para "tomar el aire" cada semana. Han existido múltiples
for-
El ojo del poder 25
mas de resistencia al sistema industrial obligando
a los patronos a dar marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los
sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este ti-po
de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un pri-mer tiempo, en
los sectores mecanizados que contaban mayoritaria-mente con mujeres o niños, es
decir, con personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su
familia. Pero en los sec-tores digamos viriles, como la metalurgia, se observa
una situación muy distinta. La patronal no llega a implantar inmediatamente su
sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad del siglo XIX, delegar
sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a través de su jefe
que es generalmente el obrero más ancia-no o más cualificado. Se ejerce un
verdadero contra-poder por par-te de los obreros profesionales, contra-poder
que comporta algunas veces dos facetas: una contra la patronal en defensa de la
comuni-dad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el
je-fecillo op.Ame a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, es-tas
forma; de contra-ppder obrero existieron hasta el momento en que la patronal
supokecanizar las funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder
del obrero profesional. Existen nume-rosos ejemplos: en el caso de los
laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al patrón hasta el
momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El golpe de ojo
del laminador -de nuevo aquí la mirada- que juzgaba si la materia estaba a
pun-to será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un
ter-mómetro.
Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto
de las re-sistencias al panóptico en términos de táctica y de estrategia,
pen-sando que cada ofensiva que se produce en un lado sirve de apoyo
a una
contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de po-der no tiene como
finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso siempre. Se
trata, por el contrario, de señalar las po-siciones y los modos de acción de
cada uno, las posibilidades de re-sistencia y de contra-ataque de unos y otros.
J.-P. B.: Batdas, acciones, reacciones, ofensivas y
contra-ofensivas, hablas como un estratega. Las resistencias al poder,
¿tendrían características esencialmente físicas? ¿Qué pasa con el contenido de
las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en elias?
Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica v
de método importante. Me sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determi-nados
discursos políticos el vocabulario de las relaciones de fuerza;
26 Michel
Foucault
el término "lucha" es uno de los que
aparecen Con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de
sacar consecuen-cias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a
este vo-cabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas "luchas" en
tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código
que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el
orden de la política es una relación de guerra? Perso-nalmente no me siento de
momento preparado para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso
solamente que la pura y simple afirmación de una "lucha" no puede
servir de explicación primera y última en los análisis de las relaciones de
poder. Este tema de la lucha no es opera.tivo más que si se establece
concretamente, y res-pecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar,
con qué ins-trumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en
serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relacio-nes de
poder, hay que tener presente que la brava y vieja "lógica" de la
contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los procesos reales.
M.P.: Dicho de otro modo, y para volver al
panóptico, Benth-am no proyecta sólo una sociedad utópica, describe también una
sociedad existente.
Foucault: Describe en la utopía un sistema general
de meca-nismos concretos que existen realmente.
Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre
Foucault: Sí, con la condición de que este no sea
el sentido fi-nal de la operación. Los prisioneros haciendo funcionar el
panópti-co y asentándose en la torre, jcree Vd. que entonces sería mucho mejor
que con los vigilantes?
EL PANOPTICO *
J e r e m í a s B
e n t h a m
* Reproducción
de Tratados de legislación civil y penal...':
T.V. Imprenta de D. Fermin Villalpando. Madrid,
1822.
$obre un nucvo principio para qnstruir chsns de ins-peccion , y rspccin/iacntz cnsis
de 'rcclusion
y 3rrabujo
forsc:do.
ADVERTENCIA.
El aiitor ha compuesto sobre esta materia tres
tornos en dczavo, que ;e han impreso, pero no se han p b l i - cado, 7 que se
eomponian de fragmentos, adiciones y correcciones sucesivas segun se estendian
sus ideas, y segun sus nuevas investigaciones le hab'ran sumiilistra-do nuevos
documentos.
De aquellos tres tomos fue estractads esta
iiiemoria eo fbrma de discurso , y envia:la por el señor Bentham en 1791al
sefior Garran de Coulon , mietilbro de la AsamLiea legislativa y de una
coniision nolnbrada para la reforma de las leyes cri~iiinales.Coilforni5ndose
con el dictámen de esta junta ordenó la Asamblea la impre-sien de esta memoria
:, pero !iiego los actlcciniientos su-cesivos no la dejara1 lugar para pensar
en ella.
E¡ Directorio del clepartariieuto de París , en
qiie se reunieron taotas luces y tanto espíritu píiblico , distin-giiió bien
pronto este proyecto eiitre los riiucllísinio~ que se le presentaron para la
rr:forlna de las prisiones y de los hospitales y le parerió
ii~iivsiil)erior-iílos cl11e
ha6ta entonces Labran uierecido mas la aprobacioii
,tan-
29
30 ADVERTENCIA.
to con respecto á la economía cuanto con respecto 6
la seguridad pílblica ; y que ofrecia una garantía ahsolilta-inerite iiueva
para la custodia y conservacion de los pre-sos, y por la eficacia de los
niedios cle reforma. Asi es que fue adoptado unánimemente, y ya se tomaban
me-diclri pala ponerlo en egecucion cuando el departamen-to rnis~ilofue
arrastrado en el trastorno de la constitu-cion y de la iiioiiarquía.
Parece que una fatalidad contraria persigue á este
plan. En Iriglaterra , donde se delibera con tanta lenti-tud, y se egecuta con
tanta perseverancia, fue este niis-mo Pdnópt~co aprobado por el ministerio ;. y
el prla - mento aljlicó por un hill la suma necesaria para sii coiietrilccion ,
y por otro la que se necesitase para la coiiipra de las tierras i,pero á pesar
de estos clos bills nada lray lieclio ; porqiie se excitaron dificultades
lega-les de miichas especies , pero de las cuales ninguna tie-ne coiiexion con
el plan mismo, y el autor está como el primer dia , á excepciori del tiempo y
de los gastos ycrdidos eli la desgraciada prosecucion de este objcto.
TI:. colisei vdtio acjiii 14 n7cnro1-ia t ~ cual yo
la lia-hia coii-ipcie,-[op r a Id A$~rit?ll)leanacional , con algunas
atlicioiies subre la ac?ii-ii~iisr~nc;oriii~zeiiorde las prisio-nes. No rne he
cleteiiido en los pormenores sobre la construccion del eclificio, ni sobre los
trabajos en que se püecle ociiyr,: A los presos ; porque el priinero de estos
objetos toca á los aiqiiitectos , y el segunth> es negocio particiilar tle
los enrpiesarios ; pero he procurado no oniitir nada de cuaiito puede interesar
á los 1lornbrt.s de e-tntlo, inas si Fe tiata de la egecuciori deberá
consul-taiw la oLia origiiial.
L>,Qwieiscaber ,decia el vYíor Bentliam en su
car->)L,I ,il selnor C:air,in , tiast'i y116grnclo 1Irga riii peisua-vsioii
c'ie 1.i iii~l~oitaiici,~deeste plan de irfornici, y cle *>losgr,indes
re,-ult,idos que se pueden espcrar dc el?
ADVERTENCIA. 31
,,dejaJme construir una prision con arreglo 6 este
mo-,,delo, y yo seré carcelero en clla. Ya vereis en la nie-,jmoria misni3 qiie
este carcelero no quiere salario , y ,,nada costará á la nacion. Cuanto mas
pienso en ello ,,tanto inas me aíirn~oen que este proyecto es uno de
asqt~el\oscuya primera egecucion debe ponerse en ma-*nos del inventor, y si
allí se piensa del niismo mpdo ,,tal vez no habrá repugnancia en condescender
cori m i ,>capricho. Corno quiera que sea , nii libro comprende »!as instrucciot~esmas
necesarias para el que se encar-»gile de esto ; y coi110 aquel ayo de un
príncipe de
tjqriien halla Fonteiielle ,yo lie hecho lo que he
ndo por hacerme inírtil.
Segun los testiinonios de muchos observadores
dig-nos de crédito p ~ d e n i o s ' ~ n e aquer las prisiones de Fi-ladelfia
han llegado á un grado de perfecciori que ape-nas parecia posible , ¿pero
deberá inferirse de esto que aquellos estalleciniientos deban tomarse por
modelos en otros paises? no por cierto ;porque para conseguir en otra parte los
mismos efectos , sería necesario ante todas cosas transportar el instrumento
que los produce, es Jciir , aclnella sociedad religiosa , aquella especie de cartiijos
protestantes que ponen en todas sus empresas un celo , una pacieiicia y una
perseverancia infatiga-bles : y ti11 tapiritu de cuerpo que indemniza de todas
las privaciones. No debe olvidarse que los carceleros europeos no son Curikers
, y que lejos de egercer su
prefesioii con una bondad sublime, los mas de ellos
pierden en ella freeuentíainumeute 10s seiitimieritos Irlas comunes de
liumanidad.
Otra circunstancia muy importante hace ver tam.
bien la necesidad de recurrir á otros medios , quiero decir, el nzinicro de los
presos. Todas saben que apenas se conoce la iridiger~ciapropiame~itedicha en
los Esta. dos Unidos de Aiuérica , y que un mendigo es en mu-
32 ADVERTENCIA.
cl~osde ellos tin objeto de cucicj~itlnd.Por
coilsiguicn te los delitos son al!;, muy raros , y ~ i i i i y~jocovari:tJos ;
y
asi el régimen doinílstico y . tia tr.iaiiiil (luo
~ ) v c ( l f\ )rodil,-cir buen efecto con un c,oi ír ) . iiíiiiiero (le presc
Ir , rio pueJe converiir á unos estal)lt.~i~iiiciitoseii cjue se jun-tan
millares de hoinlxes iiif~~statlosde todas lds esltecies de levaduras , que
fermentan e11 nucssas grandes capi-tales.
Establecimie7zto
propuesto para guardar
20s presos con mas seguridad
y ecorzomia , y para
trabajar a2 mismo tiempo e n
su reforma nzora1 , con medios nuevos de asegurarse
de su buena
conducta , y de proveer ci su
subsistencia despues
de su soltura.
Si se liallára un medio de hacerse dueño de t d o
10 qiie puede suceder á un cierto número de hombres, de disponer todo lo que
les rodea, de moclo que hiciese en ellos la impresion que se quiere proclucir,
de asegurar-se de sus acciones, de sus conexiones, y de todas las
cir-cunstancias de su vida, de rnanera que nacla pudiera ig-nornrse, ni
coiltrariar el efecto deseado, no se puede dudar que un instrumento de esta
especie, seria un ins-trumento nluy enérgico y muy í ~ t i lque las gobiernos
podrian aplicar á diferentes objetos de la mayor irnpor-tancia.
La educacion , por egemplo , no es otra, cosa que
el resultado de todas las circunstancias en que un niño se ve. Velar sobre la
educacion de un hombre, es velar sobre todas sus acciones, es colocarle en una
posicion en que se pueda influir sobre él como se quiera , por la eleccion de
los objetos que se le presentan y de las ideaa que se hacen nacer en él.
33
Pero ;cótilo un hombre solo piiecle ser te pnra
velar pmfectaniente sobre uii gran
bastan* nílmero
de inclividuos ? y aun chino un gr~in rií~nierod e
ilidivicliios pollrinn velar pafectamente sobre un honi-hre solo ? porcliie si
se aclinite coi110 es preciso tina sucesion de personas q n e se releven unas á
otras, ya no liny i~nicla(len sus iristruccionrs ni consecuencia e n sus
mt.totlos.
Siii dificultad pues se confesará que sería una
idea tan íitil coino nueva la que diese á u n hombre solo un poder de
vigilancia que hasta ahora ha superado las fuerzas reunidas de un gran níunero.
Este es el problema que el seÍíor Bentliam cree
ha-ber resuelto con la aplicacion constante de u n princi-pio muy sencillo, y
entre los muclios establecimientos
á que podria
aplicarse este principio, las casas de reciu-sion han parecido merecer la
primera atencion del le-gislador. Impor tuncia , variedad y clificul tad son
las ra-zones de esta preferencia. Para hacer la aplicacion suce-siva del misnio
principio á todos los otros establecimien-tos, n o hdbria mas que hacer que
despo~ará éste de algiinas de las precaiiciones qiie exige.
Introducir una reforma conlpleta e n las prisiones:
asegurarse de la biiena conducta actual, y de la enmieii-da de los presos:
fijar la salubridacl , la limpieza, el ór-den y la industria en estas mansiones
infestadas hasta ahor-a de corrupcion fisica y nioral: aomentar la seguri-dad
disminujeriilo el gasto en vez de hacerlo mayor, y todo esto por una idea
senciLLu de arqu~tecturaea el
~ b j
e t ode su obra.
El estracto de ella que voy á presentaros está
saca-do del original ingles que aun no se lia publicado, y bastdrá pdra qiie se
forine jiiicio de la naturaleza, y de la efiwcbirt de los niedios que se
proponen.
~ Q u C : debe ser una prision? Es una ~iiansionen
que
PAN~PTICO. 35
se priva á ciertos intlividuos <le l~
Iil)ert,~d(le riiie han ab~~sndo,con el fin de prevenir nuevos delitos, y
con-tener á los otros con el terror del egemplo ; y es aclcmas una casa de
correccion en que se debe tratar de refor-mar las costumbres de las personas
recli~sas, para que cuando vuelvan á la libertad 110 sea esto una desgracia
para la sociedad n i para ellas mismas.
Los mayores rigores de las chrceles , los grillos,
10s calabozos solo se emplean para asegurar á los presos ; y
la reforma de ellos ha sido descuidada
,ó
sea por una indiferencia bárbara, ó sea porque se ha
clesesperarlo de conseguirla. Algilnos ensayos que se han
heclio sobre esto no han sido felices, y otros
proyect~s se lian abandonado porque exigian la anticipacion de gastos
considerables. Ello es que las prisiones han sido hasta ahora una morada
infecta, y hoiiible escuela cle to-dos los delitos? y acinamiento de todas las
miserias, que no se podian visitar sin temblar ;porque iin acto de liu-manidad
era á veces castigado con la muerte, y curas iniquidades se consumarian todavia
en iin profundo mis-terio, si el generoso Howard que innrió rnhtir de las
cárceles despues de haber vivido apóstol de ellas, no kiu-biera dispertado la
atencion pública sobre la suerte de estos infelices sacrificados á todos los
géneros Je corrnp-cion por la indiferencia de los gobiernos.
¿Cómo se podrá establecer un nuevo órden de coa
sas? Y establecido i cómo se podrá tener seguridad de que no degenerará?
La inspeccion: este es el principio único para
esta-blecer el órden y para conservarl~;pero tina itispeccion de un nuevo
género, que obra mas sobre la imciginacion que sobre los sentidos, y rlue 1,one
á centeIi;iirs de hombres en la depeiidencia de ijno solo, t1,inrlo á tlste
llombre solo pna especie de t>rcseiicia u n i ersal~ e11 e! re-
cinto de su dominio.
Construccion del Panópt;co.
de penitencia,
segun el plan qtle os pro-
poogo , deberia ser un edificio circular, í,por
niejor decir, dos eclificios enc~j~idounos en otro. Los cuartos de los presos
foriiiarian el edificio de la eiici~nferenci;i con seis altos, y podemos
fig~irarnosestos cuartos colno unas celdillas abiertas por la parte interior,
porq-iie tina reja de hierro bastante anclia los espone enteramente á la vista.
Uiia galería en cada alto sirve para la comuni-cacion, y cada celdilla tieiie
una puerta yiie se abre ld-cia ésta galería.
Uria toire ocupa
el centro , y esta es In habitacion
de inspectores ; pero la torre no está dividida mas
que eii tres altos , porque estan dispuestos de.niodo que cada uno cloinina de
lleno sobre dos Iíiieas de celdillas.
La torre de inspeccion está tarnbien rodeada de una
ga-lería cubierta coi1 una celosía trasparente que permite
á el inspector
registrar todas las celclillas sin qrie le vean, de tndriera qiie coii un3
miiacla ve la trrcern parte de sus presos, y nioi ik~~ctoseel1 un peqiieíío
espacio piiecte ver-Jos á todos en iin riiiniita, pero aniiqne esté ausente ,
la
.opinioil de su presei~ciaes tal eficdz conlo SLI
presencia rnis~iia.
Unos tirbss de hoja de laca oorresponden desde ]la
Iorre de inspeccinn central á cada celdilla, de manera que el inspector sin
esforzar la voz y sin incomodarse piiecle advertir á los presos, dirigir sus
trabajos, y lia-cerles ver sil yigiiai~cia.Entre la torre y las celdillas de-be
haber un espacio vacío, ó iin poza circular, que qui-ta á los presos todo
me.cl~o de intentar algo contra los inspectores.
El tal o cie esre edificio es eomo una colmena,
cu-yas celdillas todas pueden verse desde un punto central.
JlivisiLle e1 ilispcctor reina romo u11
espíritu ; pero en
caso d r
necrsicLjc1 ~ i u e ~ leste espíi.i~iidar
iiipiediata.
meute 1'1 I~riirtba:le su presencia r~'a1.
L t ; ] cbiisn(le peiiireiicia pocliia
llaniarsc
Yn?zdp;ico
p ~ respresx;~ coi1 uria
sola
palabra
su utilitlad esencial,
que es I t r
f ~ < ~ i ~ ldeta dver
sc l~crccCIL cllu.
con
U I L Um,irad~ztodo cuanto
Pcntajas
ese12cinles del
Patioptido.
La
ventaja fundaniental del
panóptico es tan
evi-
d e t ~ t e, que clnereila probar sería arriesgarse
5 oscure-cerla. Estar iiicesaiiteineiite 6 la vista tíe un inspector, es
percler e11 efecto el poder de hacer mal, y c ~ seli pen - sauli<.nto de i I
I teiltarlo.
Uua CIF:lds giai~clesventajas colateralrs de este
plan es la de poner á {u.; sul>knsp~ctoresy á los s~i'ualtcjwos de-_da
especie bajo Id misri- inspeccion qiie á Icis Iire-sos, de manera , yile iiada
liaeclt.li lidcei que 120 vea el
-r -
inspector e n sefe. E n las prisioues ordinarias
iIn presa rnaitl.atatlo por w s .guardas no tiene medio algurio de apelar de
esto á la Irit~i~anirlad(le sus siiperioiea, y si es riial c~iiil,ictoú
oprimido tiene que sufrir cou paclericiii; pero en cl p;inóptico los ojos clel
superior estan en todas partes ; y J l i no puede haljer tiranía biibaitrriia,
iii v e jaciones secretas. Los presos por s13 parte tatnpoco pix-den ii~sultar
ni oieiider á sus guarctas ; y asi se previenen las Gltas recíprocas , y en proporcio.~~son
raros los casik-
gos.
La admiiiistraciori (le la justicia i~iterloies soecep-
tilde en este cstableciniiento (le i m a
perfecciori sin e**ein-
e
plo. Los delitos serán couucicl9s en el moinento
riiismo en que se cotiietari: el acusado, el acusador, loa testigoy, los
jiieces, ioilos estaii presentes ; y el proceso, la sin - teiicia y la
egccucion de ella p~lederaverificarse sin pre-
38 ~ n ~
ó r ~ r c o .
cipitacion y sin iujusiicia en el inter~alode
algunos mi-nutos. Las penas ~ u c d e nEer tanto Eencs seleras ciian-to mayor
es su certidumbre , y esta mitma certidumbre
hará muy raros los delitos.
Ved los reglamentos que se han hecho ya en
Jn-glaterra, ya en otras partes para los hospitales, para las casas de trabajo,
y para las prisiones : reglamentos que anuncian miras de humanidad y de
prudencia, y en los cuales se ve una intencion sincera de prevenir los
incsnvenientes inhererites á estas diferentes reclusio-nes, y una inquietud
manifiesta, y a u n temor continiio de que no se deseniperien las nbligaciones
que ellos prescriben. Los erripleados deben ir freciientemente á las salas, y
recibir á n~eíiiidolas quejas. -El director está obligado á ver y examinar á
los individuos, presen-tarse á ellos en el momento en que no le esperan, y
verlos á lo menos una vez cada semana, y diversos go-bernadores estan
encargados de visitar, de preguntar, de hacer que les presenten los vestidos y
los alimentos, de observar la limpieza, la ma~utencion,las horas del tra-bajo
&c. Estos reglamentos, respetables en su objeto, no pueban mas que una
tentativa infructiiosa en muchos puntos para conseguir con grandes esfuerzos y
enormes gastos una parte pequeñísima de los buenos efectos que naturalniente
produciria la inspeccion central.
No está todo reducido á esto: el principio
panópti-co facilita mucho ademas el desempeño de la obligacion de los
inspectores de un órden 'superior ,de los magis-tradcis y de los jueces, que en
el estado actual de las pri-siones desempeñan con repugnancia una funcion que
coritrasta tanto con la limpieza , el gusto y la elegancia de su vida
ordinaria. En los mejores planes formados hasta el dia , por los cuales los
presos estan clistribtiidos en un gran níiriiero cte cuartos, es preciso -que
el niagis-trado se los ha&? abrir uno á uno : que se ponga en
PAN~PTICO. 39
contacto con cada h,llitacite : que le repita las
miqrnns pregutitas, y que gaste dias enteros eri ver supcrficinl-metite algunos
cerlteiiares de press; p-ro eci el p'inóp-tico no es necesario abrir los
cllaitos que esidri siempre patentes á su vist~ .
Ulia causa bien natural de la repugnancia á visitar
las cárceles , es 13 ii~l'ecciony fetidez de estas rnansio-nes; de innnera que
cuanto mas necesario sería visitar-las, tanto mas se huye de ellas; cuanto snas
funestas son á sus hal)itantes, tanta menos esperanza tienen és-tos de ser
aliviados, en vez de que en la casa de peni-tencia construitla sobre este
principio no hay asco n i peligro: ¿de dóricle podia venir ia infeccior-i?
jcómo poclria durar? Luego vereinos que se puede establecer en ellas un asco tan
grande coino en los ririvíos del ca-pitan Cook, ó en las casas de Holanda. Debe
tambien advertirse que en las otras prisiones aunque sea inespe-rada la visita
del niagistrado, y ailrique sea tan pronta en sus niovilnientos cornn sea
posible, siempre hay lugar para disimular el ,verdadero estado de las cosas;
porque mientras se examina una parte, se corppone y arregla la otra, y hay
tiempo para prevenir y amenazar
á los presos y
,dictarles las respuestas qiie deben dar; pero en el parioptico en el
rnoinerlto que entra el ma-gistrado, toda l~ escena $e presenta á su vista.
Ademas de esto habrá curiosos, viapros, amigos 6
parientes de los presos, conociclus del inspector y de los otros empleados de
la prision , que anirriados todos por motivos diferentes vendrán á añddir
fuerza al princi-pio saludable de la inspeccion , y celará11 á los gefes, como
los gefes celarán á los siibalrernos. Esta gran co-mision del público
perfecciondrá todos los estableci-mientos qiie esten sujetos á SU vigilancia y
á su penetra-cion.
La obra inglesa esplica todos 109 pormenores
nece-sarios para la coristrucciori del panóptico. El autor se liar entregado á
un estudio infinito sobre todos los grados de perfeccion que se puede dar á un
edificio de esta espe-cie: ha consultado con arquitectos : se ha aprovechada de
todas las esperieneias de los hospitales: y nada Ira omitido para adaptar á su
plan las invenciones mas reA cientes, prescindiendo de que la unidad del
panóptico y sn forma particular han dado motivo á aplicaciones
absolutamente nuevas de ~ I U C ~principiosO~ de
arqui-tectura y de econorilía; pero esta parte de la obra que compone un
volíimen íio es susceptible de iin estracto seguido. El plan del panóptico no
ha cle jrizgarse por es-tos pormenores , y si se aprueba el principio
fundamen-tal ,bien pronto se convendrá en los medios de egecw cioii. Sin
embargos, estractaremos de este volúmen al-gunas obcetvaciones sueltas que
ayuden á edtender la utilidad que puede saeane de este nilevo sistema.
El primer objeto es la seguridad de la casa contra
las tentativas interiores y contra los ataques hostiles de fuera. La seguridad
del interior está perfectamente esta-blecida, ya por el principio mismo de la
inspeccion, ya pos la forma de las celdillas, ya por el ai~lamientode la torre
cle los inspectores, ya por lo estrecho de los pa-sos, y ya por otras rnil
precauciones absolutamente nue-vas, que deben quitar á los presos hasta la idea
misma de una sublevacion y de un proyecto de evasion, porqile no se forman
proyectos cuando se ve la imposibilidad de egecutarlos: los hombres se acomodan
naturalmente á $11 sitiiacion , y una sumision forzada produce poco á
poco una obediencia maquinal.
La seguridad
de fuera se establece por una especie
P~N~PTICO. 41
de fortificacion que da á esta plaza toda la fuerza
que de-be tener contra una insurreccion momentánea y co ntra un
niovin~ientopopular sin hacer de ella una fortaleza peligrosa podrá resistir á
todo como no sea al canon.
4
Los pormenores en este punto son tantos que es
preciso remitirse á la obra original; pero aqui se debe notar una idea nueva.
Enfrente de la entrada del pandptico, y en todo lo largo del camino real, habrá
un muro de proteccion que sirva de abrigo á todos los que en el momento en que
la prision fuese atacada quisiesen pa-sar sin mezclarse en esta liostilidad, de
manera, que asi no se arriesgaria el hacer una casniceria inconsiderada al
defender la casa, y castigar al inocente con el culpsdo: porque solamente los
mal intencionados serían los que atravesasen la calle sepa~acladel camino
público por es-ta muralla de proteccion.
Por fin repito que esta prision nunca sería atacada
precisamente, porque no podrá esperarse triunfas en e l ataque. La humanidad
exige que se prevengan estos atentados haciéndolos impracticables ; y se: junta
la crueldad i la irirprudencia cuando se hacen los instru-mentos de la justicia
bastante débiles en apariencia pa-ra provocar á los destructores á una audacia
criminal.
El de la capilla no puede concebirse bien sino por
una larga descripcion. Basta decir aqui, que de Ia torre misma d e los
inspectores, haciéndose en ella los domingos una transformacion con la apertura
de las ga-lerias, se hace una capilla eu que éntre el publico ,y en que los
presos sin salir de siis celdillas pueden ver y oir al sacerdote que oficie.
El autor responde á una objecioii que 'se le ha
he-cha, y es, que rsponienclo entonces los presos á la vista de todo el
111nnc10,se les qilitaria la vergüenza, y asi se perjullicaria al fin de la
reforma moral.
Esta objecioii puede no ser tan fuerte como parece
42 YAN~PTICO.
á primera
vista; porque particla ld atencion de lo; cs-pectadorcss entre todos los
presos, no se fija individual-meirte eir alguno, y ellos encerrados en sus
celdas á una cierta (listanci~pcrisardn mas en el espectáculo que ten-drán á la
vista que en aquel de qiie ellos mismos sexán 10s objetos; pero por otra parte
nada hay mas fácil que darles tina mascara, y asi el delito abstracto estará
es-puesto á la vergiienza y no se mortificará al delincuente: para éste la
huinillacion no tendrá su punta dolorosa, y en los espectadores se fortificará
mas que se debilitará la impresion del espectAculo. Una escena de esta espe-cie
sin darla colores demasi~donegros es tal en sí mis-ma que se impriaisria en la
imaginacion, sería utilísi-ma para lograr el grande objeto del egemplo, y la
pri-rion se convertiria en un teatro moral, cuyas representa-ciones
impritnirian el terror del delito.
Es muy particular que la mas horrible de todas las
instituciones presente en este punto iin modelo escefen-te. La inquisicioli con
sus procesioiles solenines, sus vestidos emblernaticos y con sus dceoraciones
e6pantosas hdbia hallado el verdadero secreto de mover la imagi-nacion y de
hablar á el alma. En una buena comicion de leyes penales la persona mas
esencial es la que está encargacla de combinar el efrcto teatral.
Volviendo al pnnóprico, no debe olvidarse qrie
es-ta es la unica oeacion qu e tendrán los presos de parecer
á la vista del
público. En cualquiera otro tiempo los vi-sitadores serán invisibles cotno los
inspectores, y asi no debe temerse que los presos se acostumbren á desprea ciar
la vista del público y se hagan insensibles á ld ver-guenza.
Una capilla pública es de muchísima importancia en
tina casa de penitencia destinada al egernplo; y ea adeinas uii me;iio
infalible de asegiirar la observancia de los ryldmentos relativos á la
limpieza, á Id sdlubri-
PARÓYTICO.
43
dad, y á
la Liirna admi~~istraciondel panóptico.
La eleceizri <!elos materiales para la
construccion es tal q1;e c7a la n~r;pcrrsegiti idad contra el ~-)ejigro(le un
furgo: el hiel r c ~kit wpie que puede emplearse: ni~~guna mac!cra ,: y el E L
~ C ~deO las celdas si es de piedra ó de ]la-dril!o ctcbe cstar ciibierto cc:ri
una capa de yeso para que no tímiendo intersticios no encubra inmundicias ni
principios de enfermedades, y para que ademris sea in-coriibust~ble.
.Howard no sabiendo cómo determinarse en la elece
cion de los inconvenientes no quiere ventanas en las celdas, porque la
perspectiva del campo distrae á los presas del trabajo, y solamente deja una
abertura alta inaccesible á la vista con un contraviento de madera para evitar
la nieve y la lluvia. Tampoco les da fuego por el riesgo á que estaría espuesta
la prision, y cree ocurrir á la diferencia de Ias estaciones con la diferencia
de los vestidos.
En el panóptico se multiplican las ventanas,
por-qtie con tantas precauciones no puede temerse la evn-
sion dc 10s presos: y porque aun cuando se escapasen
á la vista de sus inspectores, tendrian aun
que vencer á
fuera una multitud de obstaciilos muy poderosos. La
niultiplicacion de las vei~tanasno es solamente un ali-vio necesario en la
cautividad, sino que es tambien un medio de sanidad y de industria, pues h a y
muchas especies de trabajos para los cuales se necesita rnucba luz, y que es
necesario abandonar sino puede el traba-jador sustraerse á las sariacio~nesdel
tiempo, qrie nece-sariamente se han de sentir por una alertiira liechri en lo
alto de una celda.
Quitar á un hombre s11 libertad no es condenarle á
paclerer el frio ni á respirar un aire fétido. Las estiifas pa-ra calentar las
prisiones tendrian muchos iticonveriierites indicados en la obra inglesa; pero
con un glisto mediano
se puede lincer que pasen por las celdas unos tubos
que sedn conductores del calor y sirvan al misrno tienipo pa-r3 renovar el
aire. Esta pcecaucion diciada,por la huil~a-riidad es couforrue á la ecoiiomía
, lioryiie los pnesos-po-drán continuar sus trabajos sin interrupcioil,
Otros tubos pueden distribuir el agua en las
celdas, "Si se ahorrará mucho trabajo en el servicio don~éstico,
y los pcesos no
estarán espuestos á padecer por
el des.
cuido ó por la malicia de un carcelero.
Aqni daremos fin al ectracto sobre la coiistruccion
del panóptico; porque sería preciso traducirlo todo pa-ra liacer ver que la
atencion del a~itorse I-ia estendido h una multitud de objetos oinitidos, ó
imposibles de lo-grar en las carceles ordinarias.
El gran problema~esdar á 13 aplicacion del
princi-pio panóptico el grado de perfeccioii de que es suscepti-ble. Para esto
es ilecesario hacer de modo que pueda es-tenderse á cada individuo de los
presos, á cada instante de su vida, y por consiguiente á cada porcion del
espa-cio que le encierra. Este proble'mn exige una gran va-
- riedad de
soluciones, y el autor las ha dado todas. Esta parte toca principalmente á los
arquitectos; y lo que toca enteraliiexite á los legisladores es la
aclministraciori interior de la casa , que es de lo que trata la segunda parte
de esta memoria.
PARTE SEGUNDA.
La adrninistrncion de las casas dc penitencia es
uno de los objetos sobre los cuales es mas dificil rei~nir las opiniones;
porque cada liornbre , sPgun la diferencia de sus disposiciones, prescribe
n~eclidasdiferentes de t t - ve-riidd ó de indulgencia. Algilnos olvidan que un
pre-s o , encerrado por sus colpas: es un ente sensible ; y otros no
reflexionan que su estado es un castigo : 10s unos quisierai-i quitarles todos
los pequeiios goces c1i:e pueden mitigar su miseria, a1 paso cjue los otros
cla-man contra la inhumanidad sobre todos los puntos dc esta disciplina
penitencial.
Yo voy 6 sentar algunos principios fundamentales, por desgracia aun dejan en la
aplicacion un campo muy vasto á fa incertidumbre y á las opiniones contra-rias
; pero que á lo nienos tienen la ventaja
de aclarar la cuestion , y poner á las personas qt-ie disputan en es-
tado en entenderse,
Antes de todo conviene recordar sumariame~~telos
objetos á que debe rnirarse en toda instit~icioride
est'i clase. Retraer de la irnitac:iciii de los delitos cori el esern-plo de la
pena : prevenir los delitos cle los presos du-rante sii caintividad : mantener
entre ellos la decencia: conservar su salu(.i y la limpieza , que es parte
cle*ella: estorbar su fugx procurdrles iiieclios de subsistencia para el tiempo
de su soltura : clarles las instrucciones nece-
sarias : Iiacerles adquirir hábitos virtuosos
prest.rrarles de . :
todo n ~ a ltrato ilegítimo : procurarles el bien
estar de que es susceptible su estado , sin ir contra el objeto
del castigo: y en fin , loarar. todo esto por
medios eco-nómicas, por una admtnlstracion iiiteresada eri el buen
éxito , y por reglas de sulcidiriacian interior,
que po-nen ií todos los empleados hajo la mano del gefe , y al gcfe misrno bajo
los ojos del público : estos son 10s di-
\ ersos objetos cjue se deben buscar en el, estab
ecimien-to de iina carcel.
Todos los planes cpe se han propnesto h ~ ahora~ a
son defectuosos , ó por un esceso d r severidad ó por uri esceso de indulgentia
,ó por una exngerack~nen los gas-to, 12 cual ha htcho que todo se malogre. Las
tres re-glas siguientes servirán muclio para evitar estos diferen-tes errores.
Regla de dulzura.
La condicion ordinaria de un preso condenado 6 un
trabajo forzado por largo tiempo no debe estar acompn-Gada de malos tratamien
tos corporales, perniciosos 6 pea ligrosos para su salud ó para su vida.
Regla de severidad.
Salvos los miramientos debiclos á la vida ,á la
salad, y al bien estar fisico, un preso que sufre esta pena por delitos que
casi siempre se cometen por individuos de la clase mas pobre, no debe gozar de
una condicion me-jor que la de los individuos de la misma clase que vi-ven en
u11 estado de iriocencia y de libertad.
Regla de economía.
Salvo lo que se debe á la vida, á la salud, al bien
estar firico, a la instruecian necefiaria y á los recursos futtiros de los
presos, la economía debe ser una consi-deracion de prirnrr órderi en todo 10 q
u e colicieriie 6 la administracion; pero no se debe admitir algun gasto pú-
blico i i i
desecliar ganancia alguna por motivos de seve.
rid~ctó de iriclulgencia.
La regla (le dulzrtra está Eunclada en razones de
la niayor Luerza. Los rigorcs que afectan Id vida y la salud de los presos
encerrados en el secreto <'reuna cdrcel son absolutainente perdidos para el
objeto principal de las penas legales, que es el egcniplo. Por otra parte, como
estos rigores se prolongan durarite un largo periodo, las prision se convierte
ea una peria inas r i g ~ o s aque otras penas que en la iiitericioil de la ley
deben ser nias se-veras. Asi por un trastorno de la ~usticia,unos hombres menos
culpados que otros se hsll,~nconrlenados á iin castigo niayor: y en fin como
estos rigores abrevian Ia vida, son equivalentes á una pena capital aunqr.ie no
se les dé cste noinlxe. Si el poder egecutivo espone piies la vida de lcs
presos con severiddes que el legislactor no autoriza, comete iin verdadero
homicidio ; pero si el poder legislativo autoriza estas severidades, el
resultado es que rio condena á un hombre á miierte, y que sin em-bargo le hace
morir, no por un suplicio de un instante sino por un suplicio lento y horrible
que dura á veces rnuchos , aiios: y resulta tambien que estos presos no son
castigarlos con proporcion á la eilormidad de sus de-
litos, sino con proporcion :í su fuerza mayor ó
menor, y á sus facultactes de resistir mas ó menos á los rigores del trato qite
se ]les di.
La regla de severidad no es rnenos esencial ;
por-que tina prision que ofreciese 3. los delincuentes una si-tudcion mejor que
sil condicion ordinaria en el estado de inocenciii, sería uria tentacion para
los hombres cos y desgraciados, ó á lo menos no tendria el carácter de la pena
que debe intimidar al que se siente tentado á cometci un delito.
La regla de economia siempre importante en sí
mis-nla, lo es uiuclio ni.ts en uii sistema en que se ha que-
48 PANGPTICO.
rido remover la principal ol~jerionque se lia
rilcsto siein \)re contia la refoi ma de las prisioilc 6 ;á sílt)er el
es-cesi.c o gasto, y crxiveriia hacer ver que el sisteiiia pro-puesto reunía
todas las otras ventajas 5 la de una eco-n a d a supe1ior.
j, Pero cólno podrá lograrse la eronomia ? por los
ri~isrnosmeclios que la hacen reinar en un obrador ó en iina E6l)rica. Los
eetab fecimieuitos píit)licos estdn es-puestos á clescuirlos ó robos; pero los
esrableciniientos particulcrres prosperan bajo le custotlia y vigilancia de]
interks personal: luego se debe confiar á la vigilancia del interés personal la
econori~íade las casas de peni-teucia. Este artículo es esencial, y pide una
esplicacion deterlida y circuiirtanciada.
Comparacion d c
los dos modos
de adrizilzistracion, cl uno por
contrato , y el otro de confianza.
Solamente se puede escoger entre estas dos especies
de arlministracion : administracion por contrato ,ó ad-xi-iinistracioi~de
coilfian~a.La administracion por con-trnio es la de un homL!z que trata con el
gobierno, qire se encarga de guardar y mantener á los presos á tanto por
cabeza, y que aplica el trabajo y la industria de ellos á su provecho personal,
como hace un maestro con sus aprendices. La admiuistracion de confianza es la
de un solo individuo, ó de una junta que hace los gastos del establecimiento á
costa del público, y porie en el tesoro píibfico los proclilctos del trabajo de
los presos.
Para determinarse en la eleccion de estos dos
me-dios, bastaria al parecer proponer las cuestiones si-guientes: i d e quién
se debe esperar mas celo y vigilan-cia al frente de un establecimieiito de esta
n~ttwaieza? idel qlie tiene milcho interes en qiie 1)ioqwie , 6 dcl que tiene
muy poco, b ningurio? del que piticipa
PANÓPTLCO. 49
ig~ialuietitede las perdidas y (le lis ganancias, ó
del que tiene las ganancias sin las pérclidao? Lde aquel cuyas ga-nancias serán
siempre proporcionadas á su buena cori-ducta, 6 de aquel cuyos
emolume~itosestan seguros, y son siempre los inismos, cim administre bien, ó
que administre mal?
La economía tiene dos grandes enemigos , el pecu-l
a d o , y la negligencia, y iIna adiiiinistracion de con-fianza está espnesta
al uno y al otro ; pero una adminis-tracion ppr contrato hace la negligencia
improbable, y el peciilado imposible.
No se dice que unos admiriistradoics desinteresados
nunca desempenasen los deberes de sus empleos: el amor al poder, 6 la novedad y
á la r eputacion : el espí-ritu público y la benevolencia son i~tctivosque
pueden conservar su celo, é inspirarles vigilancia ; pero el em-
presario por contrato. . n o puede tambien ser
animado
6 .
por estos diversos principios? El peso de un nuevo
mo-
tivo,
idestruiria la fnfiueocia de los otros ? El amor
al
poder está sujeto á dormitar ;el interés nun-
ca se duerme: el espíritu píiblico se entibia, la nove-
dad se borra ; pero el interés pecuriiario se hace
mas
fuerte y mas ardiente con la edad.
Concedamos que los adininistraclorcs
clesintcresados nunca serán culpables de peculado n i de negligencia grosera:
¿podrán nrsrica montar los resortes de la econo-mía y del trabajo eri el
misiilo piiiito que un hon~br e interesado personalmente en el buen éxito de
sus cuida-dos? Bueno y malo son terrninos de coniparacion : vues-tra
administracion puede paieceros Aorecieiite y produc-tiva, y sin embargo, no
podeis saber qué epiteto rnere-ce hasta que la hayais visto en manos
intcreeadas Este es su verdadero critcrio , pues puede ser buena en
com-paracioti de b que ha sido, y mala en comparacion de lo que podria ser.
50 PAN~PTICO.
Hay aun mas:
los adminislradores desinteresados,
es decir, que no
tienen conlo el empresario los
yrove-
clios de la casa , gozan sin embargo de i ~ i salario, ha-
gan su obligacion
Ó no la hagan : pues ahora .bien, un
salario es c n
gran motivo para tomar un empleo; pero
no lo es para JesetnpeÍíar exactamente sus
funciones; y al coiitrario , debilita la union qne debe existir'entre el
interes y la obligacion. Cuanto rnas considerable es este salario, tanto mas
pone á u n lioinlre sob're su empleo, tanto rnas le lanza en medio del mundo y
de los place-res, tanto. mas le disgusta de uiu atencion que le parece eerv-il
y minuciosa; y si el salario es l>astLtntegrande, el f~~ncionariopíiblico
busca al instante u n oficial, ó un diptado*que hace todo el trabajo ;de
manera, que lo '¿p~&hace que éste marche, no es 10 que dais al gefe,
si-nulo qbe el gefe da-4 su subdelegado. El salario mismo en p y ~ p r c i o
nde lo grande q u e es, tiene una tendencia funesta 6 no dejar eleccion para
los empleos sino entre los hombres mas incapaces, porqne las plazas muy
dota-das.siempre son para intrigantes acreditados, hijos mi-mados de la forruna
l que son, no los cortesanos , sino los criados de los rilinistros ,y. de cada
mi~iistro,cuyo mérito consiste en sil opulencia, al paso que sil título consiste
en sus nereridaclrs, y cu)o orgullo es taii su-perior á la aplicacion de los
negocios, como son infe-riores sus talentos.
Se hallarán sin durl3 algtinos administraclores que
querrhn servir sin inteses por el honor y el bien píibli-co 4 p~>roau,iqne
pucbc!cin trabajar mejor que los que tu-viesen st~eltlo,~ J U I I L ,t~r ~ i )
, ~ j a l i atrtrnbien c o ~ i ~uno em-presario. A m a r e1 poder y la
autoriclad de un empleo, no es siempre amar I:i fjtina .Y las iiiconiodidades
de él, y aun amar 135 ft~ncioi~esnlle~ltrastienen el barniz de la novetlart ,
no da segiirirlarl de que se amarán cilando la no.ieílad llriya p~sado.Por otra
parte , donde no se
PAN~PTICO. 51
Iialla el celo del iiitcrks ,. 3~ieJesicn~prefaltar
11:ucho á 1
13 activirlncl c?e la iiicliistrla.
Pero la grande objci-ioli contra 10s
adnii~iistradores gratuitos, es clue cuanto mas seguro está ti11 lioriibre de
obtener la coiifiriiiza
piiblica , tanto menos esfuerzos
I i x e para niereccria. La en\ iclia es I,i alma del
gobier-
iio; y la traaparencia de la a~lniinistracion,si
puede de-
cirse asi , es la íinica seguridad durable; pero
la traspa-
reilcia riiisiiia no basta, si no hay observadbres C U ~ ~ O S O S
que lo examinen todo con utericion. Véase al
empresario
por contrato: todo el mundo le espía coi1 desconfianza,
todo el mundo le mira coiiio un agerite soupechoso, que
es menester no perder de vista para que no tiranice
y oprima A los presos: se ponderariari todas sus faltas , y se publicarian
todas sus, injusticias ;pero el administra-dor gratuito, encantado de su propia
generosidad ,espe-ra de todo el niundo una estin~acioucasi ciega, uila
de-ferencia casi iliii-iitada , y parece que desde la altura de sus virtudes
dice al público, >,que un Iioinbre como 61, >,que sirve sin interés, y
desprecia el dinero, tiene de-mecha á la confianza y al respeto : que las sospecl~asle
tjofenderian, y que si se digna de dar cuentas, ésta es nuna obra de
subrerogcfon á qae nada le obliga mas 5,qiie su honor." El píiblico piensa
tlrl inisnio modo, y si algiino se atreve á notar los abusos, los desciiidos, y
aun las vejaciones de esta administracion generosa, se le-vanta contra él un
grito general de indignacion.
Por lo que toca á los inconvenientes de una
admi-nistracion confiada á muclias personas, todos los que tie-nen alguna
esperiencia los conocen. La multiplicidad d e los administradores destruye la
unidad del plan, cansa una fluctuacion perpetua en las providencias, y acarrea
la discordia: y despues d e una lucha larga y penosa en-tre los asociados, el
mas fuerte ó el inas porfiado que-da dueño de] campo de batalla. Si el poder es
suscepti-
ble de particion, los administradores se componen
entre sí pala ser cada irnu absoluto en su ramo, y corno la naturaleza repara
los errores de i i r i ineclico , ti11 contra-to tácito corrige asi el vicio de
la ley eri un,\ junta de ad~1inistr~cioi.i.
h. mas de todo esto , el público, qiie siempre
ena-morado de la virtud y de la generosida(l en teoría, yuer. ria mas peider
ciricuenta rriil libras por rieg!igencia, que ver qrie un h o n ~ b r egane mil
por ~~eculado,no dejar5 de gritar qiie el plan de poner á los presos en-tre las
nianos de uti empresario, es 1111 1-ilat-i inhuma-n o , iina usura bjrbara , y
que se esporie 6 éstos infelices
á toclos los
malos tratamientos que puccleii resultar de la codicia de EIJ amo, interesado
en darles un mal ali-mento, y en sujetarlos á un trabajo escesivo. Un a
com-paracion que se presenta por sí niisma con la esclavitud de los negros,
concluirá el cuadro, y hará rnuy odioso este proyecto.
Con todo este hermoso lenguage de li~imnnicl~d,los
presos han sido hasta ahora los n-ias ~lesgraci~~dosclelos erites : ésto viene
de quc todo se rediice á ! . ~ C C C repla-mentos, y los regIame:itos serán
siempre \arios hasu qiie se haya liüjlado el medio de itleritificar el interés
de los presos, y el clc sal gobernador , lo que no puede lo-grarse sirio cori
la aclniinistracion por enlpresa.
Estari tan ligarlos en este establecimieiito los
deberes del emlrresario parL+con los iiidividiios co~iii~~tlosásu cuidado por1
su i~iteréspropio, que se verá [~recisadoá hacer por su propia utilidad 10 que
no qiierria liacer por la cle ellos.
El priiicil,io es el rnisrno para asegurar los
deberes de 1'1 l-iurnanid~ll,y los de la economía.
Se le debe asignar un beneficio qiae crezca en
propor-cioo del bien 'pie haga, y sujetarle á una pérdida propor-cionada al mal
que resulte cle la ornieioii de sus deberes,
PANÓIJTICO.
53
Los segiiros sobre la vida de los ho~ilbresson una
lierii.ios,i in.i eiicion que puede aplicarse ái muchísimos
11~0s; pero sobre todo, en el caso en que se trate
de li-
gar el ir1terí.s tle uri tlorilbre á la
conservacion: de clius.
Siipongamos
trescientos presos, y que por r i n
culo nictlio dc las edades, y liaciendo entrar e n
él las circunktaiicias particulares de los habitantes de una pri-
rion, se coiiipuia por egernplo que cada a&
niorirá m o <le~ e i n t e dknsc: al en~presariodiez libras esterlinas por
cada liornbre que clebe morir, es decir, en 1ii
suposicion qiie heii~oshecho ciento y cincuenta libras esterlinas, ye-ro con la
coildicion de que al fin del a80 pagará diez libras esterlinas por cada
individuo que haya pesclido, sea por rriuerte, ó sea por fuga. Se podrá si se
quiere doblar esta sulila para aumentar la influencia de su in-terés : y si se
llalla mds rico al fin clel año, si hace e n cierto tiiodo una econori~íade la
vida huri~ana, ,j qiié di - nero debe sclitirse menos que el que se haya
en.ir>leado en comprar la conservacion y el bien estar de iiiuclios hombres
?
Pero no debe fiarse en este solo medio cualquiera
que sea su eriergia real, f~~ndaclaen un interés fácil cie calcular. La
publicidad es la primera de las fianzas : e!la
10 perfecciona todo,. y es el niejor niedio de
poiier eii accion todos los motlvos morales , y todos los recursos
intelectualcs. Pues ahora bien: una circe1 eclificacla con arreglo al
1,riocipio panóptico, es como transparente, y Ilena el deseo de aquel virtuoso
romano q i ~ chubiera qucrirlo vivir cii lo interior de su farnilia ii la vista
tlel público: El panóptico es un espectáculo patexite á todo el nilunclo, y
basta en cierto rnodo una rniracla para ver-lo todo critero Cual(iriiera
pi~edejuzgar por sí riiismo si el empresario cuinple coi1 las coiitliciones de
su empleo, y él no tiene cjrie esperar favor ; porque el público nias
54
I'AXÚPT~GO.
properiso 6 la
con1pasiori cjue al rigor,
que las quejas de los presos merecen ser mejor
escuclia-das que las razones clel enipresario.
Para anmentar la fuerza de esta sancion se le
ol~li-gará á publicar todas sus ciientas, todo lo que ha lieclio, todos los
pormenores de su gobierno, en una p~labra, toda la liistoria de su prision: y
esta cuenta será jurada, y se someter; á un exán~encontradictorio.
Pero para alejar todo interés pecuniario ciije
pudiera moverle á disiliiular ,es menester que su enipleo le es-té asegiirado
por toda su vida bajo las reservas ordina-rias de buena conducta, porque no
sería ni prudente, ni justo abligarIe á publicar todos siis rriedios de ganar y
sacar partido de esto contra él , ya sea para aumentar el precio de su
contrato, ya sea para llamar otros concur-rentes.
Pero bien se ve qu e aurique las condiciones de
es-tos contratos sean al principio poco ventajosas + luego se harán mejores
para el gobierno, á medida que el in-terés particular haya perfeccionado estas
empresas. U n hombre indtistrioso hará una ganancia legítima, tal vez
considerable; pero el gobierno se aprovechará de esto en los tratos
subsiguientes.
Lo repito otra vez, porque conviene insistir
cuan-do se atacan preocupaciones públicas ; y sobre todo preocupaciones
respetables. Todo sistema de administra-cien, fundado en e1 desinterés real 6
presiimido, es rui-noso en sus bases , y aunque pueda tener en el princi-pio un
buen éxito momentáneo , no será durable. El n~otivocon que se debe contar mas,
es aquel cuya in-Aoencia es tnas poderosa, mas continua, mas uniforme
y nias
general, y este motivo es el interés personal, cor-regido por la mayor
publicidad.
Despues de haber probado que una aJrninistr3cion
por contrato pron~eteInas vigilancia y ccokioiili~qiie
~ i i ~ I < ~ i lotrari i .especie de
adininistracion , voy Q entrar eri el exárne1-i de los difererites objetos clel
gobierno in-terior tle estos asilos de penitencia.
Separacion de Los sexos.
El ii-iedio que desde luego se presenta para
efectuar esta separacion , es tener dos panópticos ; pero la,razon de
econoriiia se opone á ésto, tanto mas, cuanto en el número total de los presos
no habrá un tercio de rnuge-res; y l-iacieaclo 'dos establecimientos para los
dos sexos, se tendrán cornparativarnente pocos individuos para el uno, y
deinasiados para el otro, sin qu e se pueda aco-
modar el sobrante d e modo que se establezca
el nivel
entre los dos.
E n la obra ingl& se esplica largamente cómo pue-
de salvarse esta dificultad en el panóptico, poniendo en
u n lado las celdas de los Iiombres, y en el otro las
tle
las mugeres
; y como con precauciones de
estructura,
de inspeccion , y de cliscipliria , puede prevenirse todo
lo que pidiera ofender á la decencia.
Scparacion en clases y en
compn~iias.
La mayor dificultad ha
sido hasta ahora el repartir
los presos en lo
interior de las cárceles. El modo mas
comun , y-sin embargo el mas defectuoso en todo, es
el confi~ndirlosjuntos, poner á los
jóvenes con los vie-jos,
á los ladrories con los asesinos, á los deudores con los
delincuentes , y nrnontonarios en una prision
como e n una cloaca, en la cnal lo que rio está mas que me. dio corroinpido , no t a r d ~en
ser atacado de una corrup-cioti total, y en cjue la feticléz del aire es
rrienos dariosa á su sdlntl, qiie 1.i infeccion moral es nociva á su corazon.
Desde luego se conoce que el ruido, la agitacion,
el rurnu!lo,
y rotfc~s13s escenas que continuamente
ce el interior de una cárcel en que estan atinados
1-presos, no dejan iritervalo alguno eri que pueda trabajar la reflexioa, y en
que el arrepeiitimiento pueda bi.o:dr
y friictificar.
Otro efecto n o menos palpable de una ctsociacion
semejante, es endurecer á los lloinbres contra la ver-giiei-iza. La vergiienza
es el temor de la censura (le aque-llos cori quiencs vivimos; y el delito, ,j
puede ser cen-surado por deliiicuentes? cuál (le ellos se conclcriará á
~íinlsnio? jcu31 iio proci-iraiá aclyuirit. ail-iig{isiiids l>ieil q i ~
enemigos entre aquellos COQ c~uienesestá forzado á vivir? La opiriion que nos
sirve de regla y de pinci - pio es la de las geutes que nos rodean. Unos Iiombres
se-cuestrados de este modo hacen u n píblico aparte: su lengua y sus costumbres
se asii-iiilai~,y por un consen-timiento tácito é insensibletnente se hace una
ley local, cuyos ailtores son los mas abandonados de los hombres porque en iina
sociedad semejante los mas depravados son los mas audaces, y los lilas malvados
se hacen te-mer y respetar de los otros. -Este pí~blico,compuesto de este modo,
apela de la condenacivn del píiblico este-rior , y revoca sils seiitencias ; y
cuanto inas riume-
roso es este pueblo encerrado en este recinto,
cuanto mas ruitlo hacen sus clamores, tanto mas fácil es aho-gar eii el
rurniilto la débil voz de la conciencia , cl re-cuqido de aquella opinion
pública que ya no se oye, y el deseo de recobrar la estimacion de los honlbres
que ya no se ver].
El inoclo mas opuesto á éste es el confinar á los
pre-
sos en una
soledad absoluta para substraerlos entera-
mewe a3
contagio moral, y entregarlos á
la reflexion
y al arrepentiinie~ito; pero el juicioso y buen Howard,
que ha l-iecho tantas observaciones acerca de los presos,
vi; y conoció
perfectameiite que la
soledad absoluta
c111c prodiice al principio un efecto sali~rlaLle,
picrcle p,roiii,iiiientc su eficacia, y hace caer á un infeliz caiiti-Y O eri
1,i desesperacion, en la lociir~ó en la irisensilili-d'itl. Eii etecto, ¿qué
otro resultado priede esperarse cuaiicio se dejii á iina alliia vacía,
atormetitarse á sí mis-ma 1x1s ~ncsesy por ahoe enteros ? Esta cs pues una pe.
niteiicia cjrie puede ser íitil por algiinos dias para domar iili c~pírittide
rekelion; pero que no se debe prolongai-, ;)si con10 Ia qiiitin y el ailtin~oniono
deben usarse como alimentos ortliliarios.
La soledad absbliita , tan contraria á la justicia
y i la huinaiiidad, cuatido se hace de ella u n estado perma-vente, es tarnbien
por fortiina combatida por las mas fi~erk srazones de economía, porque exige un
gasto cnorm~:eii edificios : clolda los gastos para alumbrar, conservar la
limpieza, y renovar cl aire, y limita la eleccioti de los trabajos estrecharido
deniasiado la esteri-sion de las celdas , y escluyencto las profesiones que
exi-
g e la~ reunion~ de dos G mas trabajadores.
Perjudica tam-bien á la industria , ya porque no hay medio de dar aprendices á
ciertos ilrtnsi?+losesperi~l~entados,y yn por-que el abatiiiiiento de la s~leda
ddestruye la actividad y la etnulacion c p e se escienden eil un trabajo hecho
en coinpahía.
El tercer sistema consiste en agrandar las celdas,
y darlas bastante capacidad para recibir á dos, tres, 6 cun-tro presos, y aun
mas, asimilándolos, corno muy pronto diré, del modo mas coiiveniente por los
caractéres y las edades.
La construccion misn~adel panóptico da tantas
se-guridades contra las siiblevaciones y conspiraciones en-tre los presos, qiie
no debe terrierse su reunion en peque-6as compañías , porque nada hay que pueda
favorecer su evasion , y ha y muchos medios combinados para hacerla iinposible.
Se dirá tal vez que esta sociedaJ será mas bien
(1ii.i escuela de delitos en qrie los riienos perversos se perfec-cionarán en
el arte de la m ~ l d a i lcon las lecciones de los que tienen una larga
práctica de ella ; pero se puede prevenir este inconveniente distinguiendo á
los presos e n diferentes clases segun su edad, el grado de sil deli-to, la
perversicldcl que manifiestan , la aplicacion al tra-hajo, y las seÍidles que
dan de arrepentimiento. El iris-pector debe ser bien poco inteligente y bien inaplicado,
b i e11 POCO tiempo no conoce el carácter de sus presos; lo bastante á lo menos
para coinbinarlos de manera que de su asoclacion reculre un freno natural, y un
n~otivo de s~ibordinacioriy d e industria.
Na debemos dejarnos engañar por las palabras:
to-dos los qile estar1 presos sor1 culpatlos; pero n o todos es-tan
pervertirlos. El libertiliage por egemplo , n o es la rnisnla cosa que la
violencia, y aqiielios cuyas culpas con-sisten en actos de una iniquiddd tímida
,corno los ra . teros y los ladrones ri~aiíosos, son mas de temer en ca-lidad
cle corrnptores y maestros de maldad, que en cali-dad de l-iomhres peligrosos
para la seguridad de la pri-sion ,y por la audacia de sus erilpresas. Los que
por la primeia vez se han abandoiiado al delito por la tenra-cion de la pobreza
y del egemplo, se distingiien nluy fácilmente cle los malhechores endurecidos.
La embria-guez, fuente de tantos delitos , iio puede ensefiarse en una casa de
prnitcncia en que rao hay medio alguno de embriagarse. Independientemente de
estas diferencias esencidles, bien pronto se reconocerd á los que tienen uiia
disposiciori mas visible á reformarse, y contraer niievos hábitos, y todas
estas observaciones servirhn pa-ra formar 1'1s asimilaciones de las celdas, y
las corupa-TiLs de los presos,
Despiies de esta precaucion fiindamei-ital , jqué
ha y que temer? jcl libertiriage? El principio de la inspeccioii
PANÓPTI~;~. S9
l e hace imposible. ¿Los arrebatos y las riGns? Los
ojos qiie lo ven toclo clescubren los primeros movimientos : y separan al punto
á los earactéres irreconciliables. 4 Dira el corruptor que no hay riesgo en el
delito? La priieba de lo contrario está en su misma situacion, ¿Hará unh
pintara atractiva de los placeres? Este placer se estin-guió, y el castigo,
como salido de sus cenizas, está siem-pre presente á su imaginacion por la
memoria de lo pasado, por 10 que padec.e actualmente , y por la pers-pectiva de
lo venidero: idirá que no hay oprobio en el cielito? Ellos estan sumergidos en
la humillacion, y cada uno de ellos no tiene por apoyo mas que dos ó tres
com-pañero~.
Una materia de conversacion mas nati-sral y mas
consoladora se les presenta naturalmente, que es la mejo-ra de su estado
presente y futuro : i qué harán para sa. car mas partido de sil trabajo? jen
qué emplearán lo que ganan ahora que no pueden dejar de trabajar, y que es
imposible toda disipacion? qué uso liarán de su li-bertad cuando se haya
acabado el térrnino de su prision, y á qué podrán aplicar su industria? Los que
liayan-acumulado ganancias inspirarán emulacion A los otros; como el interCs
del niomento fue el que los hizo caer en el delito, el interés del momento los
restituye á una buena conducta : y asi una reforma n~íitqaes á lo menos tan
probable como una corrupcion progre-siva.
Las pequeiias asociaciones son favorables á la
amis-tad, que es la hermana de las virtudes, y un afecto du-rable y honrado
será muchas veces el friito de una so-ciedad tan íntima y tan larga.
Cada celda es una isla, y los habitantes son unos
marineros desgraciados que arrojados en una tierra ais-lada por un naufragio
comun son deudores el uno 31 otro de todos los placeres que puede dar la
sociedad:
a!i\ io necesfiiio, sin el cual su condicion qiie
no es mas
qoe triste, S?
h a r i ~hrjriible.
Si l l ~ yentre ellos algiliios l~onilrc-Sviolentos
y co.
lcricos, se les iccluce á Id soletlarl ~~bsolntali'ista lue se
amansan, y se les p r i ~ ade la sociedad para
ensefiarles á conocer el valor de ella.
Este es tin fondo de atnistades que se les prepara
,.,a-ra e1 tiempo en que viielvan al mundo. Asi se previene uno de los mayores
nnconveliien~esque acornpaóan á las prisiones en las casas de penitencia
;porque la desgracia de [lo tener ya amigos en el estado de libertad, las
vuelve casi siempre á los escesos de sia primera vida; pe-:o al dejar la
escuela de la atlversidad serán como unos antigiios camaradas que han hecho
juntos sus estudios.
Admitierido la distribilcion de los presos en
peque-fia cornpaliías formadas segun las conveniencias inorales, se debe tener
niucho cuidado de n o apartarse janlas de este principio, y de 110 pririiti r e
n caso alguno una so-ciedad general y confusa, que podria destruir en irn
momento todo el bien que se hubiera hecho. La obra inglesa comprende largos
detalles sobre un plan para hacer pasear á los presos sin romper las divisiones
por cornpaiíías, pero este plan no es mas que un accesorio del proyecto; pues
que no sería necesario sino en el ca-so e n que no hiciesen bastante egercicio
en sus traba-jos.
Del trabajo.
Pasemos B la ociipacion del tiempo, objeto de una
importancia infinita, ya por razones de economía, ya por principios de justicia
y de humanidad, para suavi-zai la suerte actual de los infelices, y para
prepararles los inedios de kivir lionradamente del fruto de su tra-bajo.
Ninguna
razon hay para prescribir al empresario la
rsl,eric tle trabajo en q u e debe ocupar 5 sus
presos, 1,orqiie sii interés le descclbrirh bien cuáles son 1~1sriiss
I~icrativos.Si el legislador se rilcte Lí reglatrientar sicrn-pie se enptíará :
si uidena trabajos poco provecliosos, sus
reglainentos sor i : si ordena los trabajos m a s
íitiles, sris reglamentos son sriperfluos; y por otra parte los trabajos
íiciles en vste a60 acaso no lo serán en el año siguiente; y nada es mas
ribs~irdoque el gobernar con leyes la industria y el interés, que espia
esenkialmente las necesiclades.
Una falta que debe decirse porqile es comun , es
irnaginar que se debe conc?enar á los presos á ciertos trabajos riidos y
penosos frecuentemente inútiles, sol0 por fatigarles. I-loward habla de u n
carcelero que habia heclio un nlonton de piedras en u n estcemo del patio cle
la cárcel, y iiiaildah á los presos llevarlas al otro cstreino: despues
necesitaban volverlas á su primer lu-gar, y asi continuaban todo el dia. Cuando
se le pre-guntó el objeto de esta graciosa industria, dijo que era ]por hacer
rabiar á todos áqnellos pícaros.
Es una imprudencia miiy fnnesta la de hacer odioso
el trabajo, preseritar en él u n espantajo á los delin-cuentes é imprimirle una
especie de inhmia, El horror de una prision no debe: recaer sobre la idea del
trabajo sino sobre la severidad de la discipliria, sobre IIII vesti-d o
liumillante , sobre un alimento grosero, sobre la privacion de la libertad. La
ocupacion en vez de ser un castigo para el preso debe concedérsele como su
consue-lo y un placer, y con efecto es dulce en sí niisma compa-rada con la ociosidad
forzada, y su liroducto la dará un doble sabor. El trabajo, padre de la
riqueza: el trabajo, el iiiayor de los bienes.... ¿por qué pintarle como una
maldicion ?
El trabajo forzado no es hecha para las cárceles, y
si liay necesidad de producir grandes esfuerzos, esto se
logrará con r~cornpensasy rio con penas. La fuerza
y 1~ esclci\itud nunca adelantarán tanto en 1'1 carrera como la emulacion y la
l i h r t d . iCón10 se podrá obligar á un preso á llevar el peso cle que un
ganapan se carga con gusto por cuatro reales? fingiria que el p.eso le
agovihba: i7 cóino podrid descubrirle el fraude? TdI vez le ago-viaria en
efecto, porque la fuerza del cuerpo está en ra-zon de la buena voluntad ; y
cuando ésta carece de energía, los músculos no tienen resorte.
.El trabajo debe duiar todo el dia, escepto el
inter-v a b de las comidas; pero s e ~ áconveniente que se suce-dan trabajos
diferentes, y que los haya sedentarios y Zaborzosos ,á que se aplique á los
hombres alternativa-mente, porque una ocupacion constantemen te sedenta - ria ó
constantemente laboriosa protlaciria una melanco-lía sombría sobre todo en un
estado de cautividad, ó ar-rtiinaria la salud; pero la alternativa del uno al
otro llena el doble objeto del descanso )I del egercicio. La mezcla pues de las
ocupaciones es una idea feliz para la econo-mía de las casas de penitencia,
Del alimento.
Se deben evitar clos errores principales sobre el
alimento de losa presos. Los mas han creido que debe limitarse la cantidad de
él dando medidas y pesos fijos; pero esto es un verdadero acto de inhumanidad
para to-cios aquellos que rio tienen bastante con la racion, y es un castigo
muy desigual qiie no se proporciona al gra-do del delito, sino á la fuerza ó á
la flaqueza de un hombre,, y muy cruel porque no es una injusticia de un dia ni
de un mes, sino de muchos años. Si la hambre de un desgraciado no queda
satisfeclia luego que ha co-mido, ciertamente no se desminnirá en el intervalo,
y asi esperimentará una incomodidad perpetua , y una
~ a x ó r r r ~ c o . 63
laog~~iclezclixe poco á poco arriiinari sns
faerras. Este cs un tormento verrladero, cori c i t ~ctiferencia, que erl este
caso el torrileilto se aplica al iiiterior del estómago eli vez de aplicarlo á
los brazos y á las piernas.
i Por qiié aun no se iia dicl-io con pureza que se
de-bia alimentar á iin preso segun la medida de su apetito? ¿n o es esta la
idea nias sencilla, y Io primero que exi-ge la justicia?
E1 segrrndo error en qiie se iia caido por una
bo1.i-dac? mal e'itenclida es el proponer qrie liaya varied'itl eri los
alimeiitos cle los prews, tatito qrie algunos re-forrnadoi-es, y enrre otros el
buen Iltoward , mas i:?-dulgentc para los otros que para si mismo, ha c
qce-rido que se les tlé carne A lo n-ienos (los veces por N-mana, sin
rcflexioniar que los mas de Ic,- habitantes Jei campo y muchos de las citidades
no pnetleii adquirir este rbrinier objeto del Injo. i Deberá redizarse pira los
que por sus delitos han pertlido la libertad el deseo d e Enriclne rv, que no
es todavia mas que una esperanza
remota para tantos labradores virtuosos?
Este error se manifiesta e n Iriglaterra por una
duacion cilriosa en el aliniento de los
individiios, coin-parado coi1 la calidücl de éstos. Los pobres lnas hoiirados,
ayiiellos que viven de su trabajo, apenas comen un poco de carne 10s domingos:
los pobres qile se mantie. neri á costa cIel público la tienen segun iin
cálculo me-dio ciratro veces por semana; y los malhechores presos por los
delitos mas odiosoy, la tienen todos los dias; jqué puede pensarse de esta
diferencia?
El alirnerito de los presos debe ser el mas comiln
y el mas barato que dé el pais; porque no deben ser me-jor tratados que la
clase pobre y laboriosa: ningiii~a mezcla, porqiie no coilviene escitar su
apetito : agua por única lebirla, y nunca licor algiiilo fermentado: pan,
si el pan es el alimento iuas econóinico; pero cl ya
64 PAX~PTICO.
es un objeto de fabricncion , y la tierra nos da
rilimeri-tos aluiidantísiinos y n ~ í ysanos que no necesitan ser
11-ianui'acturado~jcs., débil y degenerada la raza de los ir-Iniideses que no
come11 mas qiie patatas ? jel ~ioritaiíes de Escocia que no se alimenta sino de
arina de habcna es tímido en la guerra?
Pero se debe dejar á cada preso la libertad de
~0111-prar alimeritos mas variados y mas siiculentos con el producto de su t r
a bja~ : porque la mejor' especulacion, aun para la economía, es escitar la
industria con una recompensa, y dar á cada uno de ellos una cierta pos-cion de
lo que ganan; pero para que 13 recompensa tenga toda su energía, debe ofrecerse
bajo la forma de una gratificacion actual ; y nacla mas inocente puede pensarse
, ni mas propio para obrar e11 esta clase de hombres, que un goce de tal
naturaleza que adula al mismo tiempo el gusto y la vanidad. Sin embargo, se
deben siempre esceptuar los licores fermentados; pbr-que es imposible tolerar
un uso modcrado de ellos sin esponerse á escesos ; pues la bebida que no
prortuce efecto sensible en un hombre basta para que otro pier-da la razon.
Esta regla na es demasiado severa supuesto que hay muchos pobres indcistriosos
y honrados que nunca pueden proporciona:se este gusto.
El vestido.
En este ponto debe consultarse la economía en to-do
lo que no sea contrario á la salud 6 á la decencia. Para que el ve3i;Jo pueda
contribuir al egemplo debe presentar alguna sena1 de humillacion. La mas
sei~cilla y la mas íitil sería hacer las mangas del vestido y de la camisa de
una longitiid desigual para tos dos brazos. Es-to sería una seguridad mas
contra la evasion, y un me-dio de conocer á un preso qrie se hiibiere escapado,
por-
que aun despues cle un cierto tiempo babria una
dife-rencia muy visible de color entre el brazo cubierto y el brazo desnudo.
Del aseo y de la salud.
Los pormenores en este punto no san nobles en si
mismos, pero se ennoblecen por el objeto á que se di-rigen.
.Iia adrnision de un preso en su celda debe ser
prece-dida de una ablucion completa ; y sería conveniente que se acornpafiase
esta adniision con alguna ceremonia solenme, como algun rezo , una música
grave, un apa-rato capaz de hacer impresioii en alrnas groseras. ,Cuán débiles
son los discilrsos en eomparacion de lo que hte-re á la imaginacion por los
sentidos!
El preso debe tener un vestido grosero, pero blanco
y sin teiíir, para que no pueda contraer alguna suciedad que no se advierta al
momento, y debe tener afeitada la cabeza, ó cortado el pelo niuy corte. El uso
tle los baíios debe ser regular: no se tolerai.6 especie algnna de tabaco, ni
costumbre contraria á la práctica de las casas mas limpias, y se seiialarán los
dias en que se debe mudar ropa.
Toda esta delicadeza ncr es necesaria para la
salud, pero como una cárcel ha sido casi en todas partes iiiia mansion de
horror, mas vale tornar precauciones eu-traordinarias qne omitir alguna. Para
enderezar an arco, dice el proverbio , es preciso torcerle en sentido con.
trarics.
Esta parte del régimen tiene ademas iIn objeto
perior; porque se ha de observado qtie entre la
dclic ;i-deza fisica y moral hay tina conexion qiie es obra ch. l,r imaginacion
, pero que no por esto es iiicrios cic.1 i,r: Howard y otros lo han notado. El
cuiddtlo íiel asco cr
66 PAN~PTICO,
un estimulante contra la pereza, acostumbra á la
cir-cunspeccion y eiise6,i 4 respetar la clecencia a1111 eti las cosas ti-i'is
~~clii'r6 .1~La . p u ~ t mnmrd y fifisica tienen un lengii->?ecoiiiiin , y
no se piiede alabar una tle c s t ~ svir-
0.
t u ( l ~ ssin qiie iiiin parte clc la al,iba,.za iesalte strble la
otra. De nqli i 11311 venido aquellos sisteinas dc
purifica-cioncs y cle abl~iciones,á qu e hdii dado una iinport~ii-cia tan
mitiuciosa los fui~dadoresde las religiones del oriente, y aiin los que no
crcail en la etirac'in espiritual de estos ritos sagrados, no ilegaijlz s u
influencia corpo-ral. La ablucioii es un tipo ,ojali que si3 una profecía! i
ojalá que fuera tan láciil 13urificar l ~ asl n m de nuestros presos como sus
cuerpos!
El egercicio al aire libre es u n prcsertativo para
la
sali~d .3ero este cgercicio debe, conlo fodo lo
rlcinas, es-
'.1 1'1 regla inviolable de la inspeccion: debe no
tar sujeto á
ser iricoriipatiLle con el grado de separ,icion ó
de for-niacion en pey iieGas sociedades, que se Iidyd tenido por coiivenientr ;
y favorable 6 1'1 economía, esto es produc-tivo si es posible y aplicado á un
trabaio útil. Lag obia inglesa coinprende i~iuchosporrueiiores, cle ciiw resul.
ta que el autor da la peferencia al uso de 12s graricles ruedas cliie se ponen
en movimiento por el peso de uilo
ó de
n-~uchoshatilbres, y da11 uiia fiicrz'i cjiie paetle emplearse segrin se
c-ltiicrd en iilil objetos 1i~ecánir.o~. E3te egeiticio tleberl-ipeña todas las
coridiciones que pue-deti de*earse , y se puede proporcionar á la fcieiza de
ca-da individuo. Un preso perezoso no puecle engaar'iar al
inspector , y uii iiispectop n o puede hacer de
esto un u ~ tiráriico rontra sus presos. Nada tiene (le duro y rle inliuinano,
pues rio es mas que, u n modo b c1'fI ereiite de; subir por una colina, y el
efecto se produce por el peso solo tlel cuerpo que se aplica sucesivdri-iente á
dife-rentes l>iii~tos,Por otra parte este trabajo es compptiMe con el pldn
de separacioil, y aun con el de una soledad
absoluta. Se puede emplcar en él tí las mugeres,
es rrias fácil que arreglar los turnos de los
presos , de modo que se les dé dos veces al dia un egercicio que n o será
rnenos bueno para la salud porque te.~gaade-nias un objeto económico y útil.
Estas precauciones son mas bien ideas susceptibles d e perfeccionarse, que
re-glas perentorias.
Tampoco se quiere fijar la Jistribucion del tiempo
que pirede variar segundiversas circiinstancias ,peroen un régitiien qixe tiene
por objeto la reforma de las costam-bres debe tenerse por ~ r i n c i p i
oehitar toda ociosidad, y sería una gran falta el dar á los pre3os iiias cle
siete ú ocho lloras para dormir, La costilmbre poltrona de per-manecer en la
cama estando clespierto es tan contraria á la constitucion delcuerpo, al cual
debilita, como á la cle la alnia en que la indolencia y la niolicie fomentan
todas las semillas de la corrupcion. Las noches largas de invier-no deben
tambien tener sus ocupaciones arregladas, y ci~andopudiera suponerse que el
trabajo no valiera el gasto de las luces, aun h ~ b r i arazones de humanidad y
de prudencia rnas fuertes que las de la economía para no condenar á todos estos
infelices á doce 6 quince horas de tristeza y d e oscuridad. Nacla es tan fácil
colno colo-car las luces fuera de las celdas, de modo que se evite todo peligro
de descuido ó de nialicia, y aun para nian-tener durante la noche la principal
fuerza del principio de la inspeecioii.
De la instruccion y clc la ocupacion del domingo.
Toda casa cle penitencia debe ser una escuela. Esto
es necesario para los jóvenes encerrados en ella :pues que esta edad tierna no
está exenta de los delitos que se cas-tigan con este gkiiero de pena; ;pero por
qué se negaria el beneficio de la instruccion á unos hombres ignoran-
68 PANÓPTICO.
tes, que pueclen hacerse nlicmbros í~tilesde la
socieclad con una nueva ediicacion? La lectura, la escritiira , la aritmética
pueden convenir i todos : y si algunos de ellos tienen principios de algun
talento ()articular, pueb den cultivarse, y sacar de ellos un partido
veritnjoso. El dibujo es un ramo lucrativo de iiidiistria qiie sir-ve pJra
riiilch~sartes, y la música porlia tener una uti-lidad especial llaniando mayor
concurencia A la capilla. Si el gefe de una casa semejante juntaba .í i-ina
idca exac-ta de su interés una cierta medida de arclor y cte iiiteli-gencia ,
bieil pronto Iiallaria su ganancia en desenvol-ver las diferentes capacidades
de sus prcsüs, y no po-dria hacer su bicn particular sin hacer igualinente el d
e ellos. No hay maestro que tenga un interés tan grande como el empres~rioen
los progresos de sus discípulos, pues éstos son SUS aprendices y siis,
oficiales,
El rlomigo nos ofrece un esp~ciovacío que llenar.
La suspensioti cle los tr'ibajos mecánicos nos coiiduce natu-raluiente á 1~
enst.r'innza moral y religiosa, conforme al destino (le este dia, pero conlo no
se priede ocupar to-do en estas instriicciones, que se I-iariail inútiles,
mo-notonas y fa.iticliosas si fueran muy I,irgns, c-o~ivieneva-riarlds con
diferelites lectilras, á las cuales se puede tain-
ti11 objeto mordl ó relicioso con la eleceion de en
cjue se les egrcite á leer, á copiar, ó á tli-el cálculo inisrno puede dar una
cloble instruc-
cion present,íiitioles á resolver criestioi~esque
desen-vuelven los pro, lnctos del coraercio, cle la agricultura, de ici
intlrtstria y tlel trabajo.
Remiio á 1,i obra
inglesa sobre el modo de colocar
á los I)resos
en iin anfite~trodescubierto mientras
tiuiari
estos cgrrcic.ios,
siti a l ~ ~ ~ n ( I elo~principiod tle
la iiis-
pecc.io~i y
de la sepnracion , y sin
comproinecei; la se*
guriclaJ de lo:
maestros.
De los castigos.
Eii la prision inisn>a se piieden coriieter
c¿pas, y por consiguiente es necesario que haya en ella castigos. Se pucde
aumentar el riúrnero de éstos sin autneiitar su severidad , y se piicdeii
diversificar útilmente seguqi la
natur,ileza del delito. I
Uii modo de analogía es dirigir la pena contra la
fa-cultad de que se ha abusado; y otro modo es disponer las cosas de suerte que
la pena salga, por decirlo asi , de la ciilpa misma. Siguiendo estos
principios, las palabras injuriosas puede11 doriiarse y caitigarse con la
mordaza: los golpes y las violencias con el vestido estrecho qiie se pone ;í
lus locos : y la resistencia al trabajo con la privacion de alimento, liasta
que se haya acabado la ta-rea. Acpii se \-e la utilidad de no condenar
iliabitual-mente á los presos á una soledad absoluta; porque la frecuencia
haria perder su eficacia á este instrumento útil de disciplina, que es un medio
de obligar , tanto mas precioso cnanto 110 se puede abusar de él, y 110 es
coiitrario ;(i la salud, como los castigos corporales: pero al gobernador no se
dehe clar mas pocler que el de con-deliar á los presos h la soledad; y los
otros castigos sola-mente podráu imponerse en presencia y bajo la autosi*
dad de algiinos magistrados.
Asi es como la ley de la responsabilidad se muestra
en toda su ventaja. Ei~cerratladentro de las paredes de cada celd~i, no puede
traspasar los límites de la mas es-tricta justicia: dcnurlclar el mal, o
paclecer corno cómpli-ce d e él: ¿qué artificio puede eludir una ley
tc\ninexo1.a. Lle? ¿qué conspiiacion piiede manterierSsecontra ella? La iilGmia
que en todas las cárceles se atribuye coii tan-ta viru!ericia al carácter cle
dclutor, tio liallaria aqui ba-3~ ~ 1 (1lle pl ,iior npuyarbe ; pory ile iiirigciiio
tiene clere-
cho para qiiejarsc de lo que otro hace por su
propia con-eervacion. Tú rnc echas en cara mi malicia, respon-deria el
acusador; pero ¿qué debo yo pensar de la tuya cuando sabes que seré custigudo
por 10 que hagas, y @eres hacerme padecer por tu gzlsto? Asi en este plan hay
tantos inspectores cuantos camaradas, y las yerso-nas inismas que deben ser
guardadas se guardan mútua-mente, y contribuyen á la seguridad general. Aqui
pue-de. tambien observarse otra ventaja de las divisiories por pequeñas
compañías ;parque en todas las cárceles la so-ciedad de los presos es una
fuente conticua de faltas; pero en las celdas de los panópticos la sociedad es
una fianza mas de su buena condricta.
Cubierta del lierrutnbre de la antigüedad, la ley
de la responsabilidad rnútua ha cautivado siglos hace á los ingleses. Las
familias estaban divididas por decenas, .y cada una respondia por todas las
otras: ¿ y cuál es stn embargo el resultado de esta ley célebre? Nueve imen -
tes castigados por un delincuente. Para imprimir á esta responsabilidad la
equidad que la caracteriza en el pa-nóptico, i qué sería necesario? Dar
transpariencia á las paredes y á los bosques, y reducir á .toda una ciudad en
un espacio de dos toesas.
Prwision para los presos que satgan de la cárcel.
Se piiede creer con muclio motivo que despues de un
curso de algunos años , 7 aun acaso solamente de al-gunos nieses de una
etlucacion tan rigurosa ,los presos, acostumbraclos al trabajo, instriiidos en
la moral y en la religion? y I~abiendoperdido sus hábitos viciosos por la
imposib~ltdaclde entregarse á ellos, se habrán hecho unos hombres nuevos ; pero
sin embargo , sería una grande iioprildencia el lanzarlos en el snurido sin
cus-todia y sin auxilios en la época de sil ernancipacion, en
que puede11 compararse á los niuchachos, que
estreclia-dos mucl-io tiempo acabar1 $e quedar libres de la vi$-Iancia y
cuidado de si~smaestros.
No se debe poner á un preso en libertad sino
ciian-. do puede cumplir una de estas condiciones: desde liiego si las
preocupaciones no se oponen á ésto, puede entrar en el servicio del egército ó
d e la marina: y está tan acostumbrado á la obediencia que sin inuclio trabajo
se haria cie él un buen soldado. Si algilnos temen que se-mejantes reclutas
rnancliarári y envilecerán el servicio, es porqtie n o Iiacen atencion á la
especie de hombres de que los enganchadores llenan los egércitos.
E11 el caso de que una ~iacionforrne colonias, los
presos estarian preparados por su especie de e.tucacion
á ser
súbditos, inas útiles en eetas nuevas sociedades, que los malhechores que se
envian á ellas ; pero no se forza* ria a1 preso que hubiese cumplido su tiempo
de prision
á sspatriarse
,y solamente se le darian la eleccion y los madias (cle hacerIo.
Otro medio para ellos de volver á la libertad sería
hallar un bofnbre responsable que quisiese constituirse su fiador por una
cierta suma, renovando esta caiicion to&s ,los aÍíos, y obligándose si no
la renovaba á pre-santtir la persona misma,. :
Los presos que tuvkxan parientes y amigos, :y los
que hubieran adquirido rcputacion de juicio , de,iddus-tria y,de honradez en
los arios de prueba, rio tenrli-iari di'ficialtad enfhallar fiador <; porque
auiique no se toinan prsonas de un carádter manchado para el servicio
do-mésticsh hay otros mil trabajos para los cuales no se tie* ne el misnm
escrúipiilo , y *adermas se podrian promover las fianzas de muchos modos.
El mas sencillo de todos sería dar al que saliese
fia-dor el poder de hacer con el preso puesto en libertad un contrata p ~ unr
largo tiicnip, semejante a! de un
rnaectro con su aprendiz, de manera, que tuviese el
po-der de iecobrarlo, si se escapaba, y-de obtener alguna3 indeniriizacioiles
contra los que hubiesen querido sedu-cirle y tomarle á su servicio.
Esta condicion, que á primera vista parece dura
pa-ra el preso que lla recobrado su libertad, es eii realidad un bien para é l
, porque le asegura la eleccion entre un número mayor de coriipetidoies que
buscará11 el privile-gio de tener trabajadores cle que pueden 'estar seguros.
,No se entra en el exámen de*las precauciones
nece-sarias para asegurarse de la s~ificienciade las fi:~nzas. La mejor sería
hacer responsable al gobernador de la cárcel de la niitad de la fianza en el
caso en que ésta fallase; porque entonces tendria un interés cn conocer bien á
las personas con quie-n celebrase estas transaciones ju-diciales.
Pero examinemos ahora el caso que debe ser
fre-cuente en que un preso no tuviese ni aniigos ni parien-tes: que no hdlase
fiador, y qiie no fuese admitido á alistdrse ni á pasar á una colonia: ¿se le
deberá abando-nar á la aventura, y volverle asi á la sociedad ? Sin du-da que
no, porque esto sería esponerle á la miseria G al del~to; i se le dehrrá
retener sujeto como antes á una disciplina severa? Tatnpoco ; porque esto sería
proloii-gar s u castigo fuera del término serialado por la ley.
Lo qiie debe hacerse es tener un establecimiento
subsidiario fundado sobre el mismo principio: un panóp-tic0 cti el cual reinará
mas libertad, donde ya no habrá seiial liiimillante, donde podrán celebrarse
niatrimonios, donde los lidbitantes ajustarán su trabajo sobre el misma pie,
poco mas ó nienos que los oficiales ordinarios, don-de en una palabra se puede
dar tanta comodidad y tanta lihertarl, cuanta pueda ser compatible con los
princi-pios de la segi~ridarl,de la decencia, y de la sobriedad. Este establecimiento
será un convento con reglas fijas, á
escepcion de qne en él no liabrá votos, y de que
las personas reclusas podrán dejarle luego qiie hallen fia-dor, ó tleseriipeñeo
las condiciones de la scltiira.
Contra esto tal vez se propondrá una ohj-cion: +)el
panóptico siibsidiario, se dirií , es un receptáculo Hpara un cierto níimero de
oficiales que trabajan bajo de ,)un tcclio , y Id esperiencia ha probado que
estos recep-r>táculos son 1111 semillero de vicios. Las úiijcas
marlu-,)facturas y iie no arminan las costiinilres; , son aquellas ,>en que
los trabajadores estan esparcidos. ay iiellas que *)corno la agricultura,
cubren tocla la superficie de u n tjpais, ó aquellas que se encierran en lo interior
de las nfamilias, en que cada honibre puede trabajar en medio +)de los suyos,
en el seno de la inocencia y del retiro."
Esta observdcion es fa~itfdcla;pero no es contraria
ár nuestro plan; poiqiie hay utia gran clifereiicia entre iiria fábrica
ordinaria, y la clile se. estalrleceria en un panóp-tico: ¿en qu é casa
píiblica ó particular se pitede liallar una segriridad igual para la castidad
del celil-lato, para Id fidelitlad del matrimonio, y para la supresiori c!e la
e~ubria~uez,causa de tanta miseria y de tantos desórde-nes?
Estas precauciones para los presos en la bpoca cle
sil soltura, son lo que deben ser para qi~itarlesla tent,icioil
y la facilidad
de recaer en el delito. Se ha adtniiado mucho la idea cle dar una cierta
canticlad de dinero á los presos cuando se les pone en libeitatl, para ciiie
una necesidad inrriediata no los arroje en la rleseaperacion; pero este recurso
es mcmentáneo, y aun podrá ser un lazo para unos lionibres que tienen tan roca
niedida y
prevision ; y despues de uri goce pasagera, tanto n
~ a s irresistible , cuanto mas largas han sic10 las privaciones, el dinero es
pertlido, la pobreza les queda , y las secluc-cioues les ra-lean.
Esta esposicion qve no comprende mas que las priri-
ripales icleas clel autor, Lmta sin einbnrgo para
apreciar lo que se aiiuricia eii el p~iricipiode esta inrin9r;a.
Por metlio cle los princiljios, la ii7speccion
ccentraZ y la crdrninistracion por cotitrtrto, se logra por resiiltarlo una
reforma verdafleramente esencial e n Ids prisiows: se adquiere la seguridad de
la buena condiicta actual, y de la enmienda futura de lo; presos: se aumenta la
scguri-dad pública haciendo tina economía-para el estado, y ae crea rin nlievo
instru~iientode gobierno, por el cual un hombre solo se 'halla revestido d e un
poder muy grai-icle para hacer el bien, y nulo para hacer el mal.
El principio patiópti~o pilede adoptarse con felíz
exito á totlos los estallecimieritos en que se deban re-unir la inspecciori y
la economía : no está necesariamente ligado á ideas de rigor: pueden
siiprimirse las rejas cle hiert-o : se puede permitir co~niinicacion; y se
puecle hacer cómoda y nada molesta la inspeceion. Una cam de industria, una
fábrica edificada por este plan , da á un honibre solo 1s facilidad de dirigir
los trabajos de un gran níimero , y piidiendo estar los cuartos abier-tos ó
cerrados , permiten difvrentes aplicaciones del
principio.
En un hospital panól)tico
no poclris liaber
abuso alguno de negli5e:riicia
, ni en
la iinipiaa , n i
e n la reiiovacion del
aire, ni en la admitiistracion de
fos remedios
: una division mayor de cuartos serviria
para separar mejor las enferinedacles : los tubos
de ho-ja de lata proporcionarian á los enfermos una comuni-carion contitiu~con
siis asistentes : una vidriera por dentro en vez de reja dejaria á su eleccion
el grado de temper~tnra,y una cortiiln podria encubrirlos á la vista de todos.
En fin, este principio ~ i t e d aplicarse con fa-cili<lacly utilidad á las
escuelas, j. los ciiarteles, y á to-dos los establecimientos en qrie iin
Iiombre solo está en-cargarlo del ciiidado de miiclio.;. Por medio de rin pnnóp-tico
la prudencia iriteresada de un solo individuo es una
r ~xór"arCo.
75
garantía mcjor otro sistenia lii
r ? ~ iacierto cjue PO lo providad de mucliou.
scria en
cualquiera
RESUMEN.
Principios
caractcristicos
del panóptico.
r .O Presencia
un'iversal y constante del gobernador
del establecimiento.
2 . O . Efecto iiimidiato de este principio en todos los
miembros del estdbiecirniento: la conviccion de
cpie vi-ven y obran incesaiiternente bajo la inspeccion perfecta de un iiombre
interesado en toda su coiitlucta.
3.' Gobernador sevestitlo de u n poder desconociclo
hasta aliosa por el efecto de este principio
panóptico, é
intcresa(lo por la cotisti tiicion misma del esrciblecimien-
to, lo inzs
qrfe es posible, en la salud, en
la inclustria,
en la buena
conducta, y eri la reforrna de las
personas
sujetas á él.
4.' Facilidad
qiie se J a al legislaclor ,á la nacion en
general, y á caíla i~idividiioen particular para
asegorar-
se á todo rilomento de la
perfecciori del plan y de su
egecucion.
Citstodia scgrrra.
1.' Edificio
circular ó polígono.
aO. Celtlas
en la ~ircurifcre~iciapara los presos.
3.' I-labitacion
del inspector en el centro tloride ca-
da visitador puede ser rccibido sin algiin
desórclc.11.
Galerías
iiiniediatas al ilrredor (le la
1ial)itacion
del4:'inspector para los subinsyectoics y los
sirvit.iites.
5,' Cierros
estesiores de las celcl,ls formados por In
parretl del
eclificio : cierlos interiores foi
iiiiidos por u113
r e j ~de hierro para
que nada se oculte á la ii~~pecciu~l:
di~isiouesentre 13s celdas por uiia pared de
ladrillo que iiitercepte la comunicaciori entre ellas.
6.' Celosí,is
eri las ventanas de la
ha1)itacion y de
las gaierías para que los presos, no pudiendo yer lo que
pasa en lo
iiiterior , nunca esten seguros de que no se
les inira.
7.' Patrilllas
y Faroles dirigidos hácia las celdas pa-
ra dar á la noche la seguridad del db.
8." Espacio
vacío entre las celdas y !a casa de ins-
peccion de alto á bajo, cubierto en lo alto por una
vi-driera, y hondo por bajo d e modo qiie se impida toda co-municacion.
9." Pasos y escaleras en poco níimero,
estrechas y guarnecidas de rejas de hierro pala evitar las reuniones
y no
perjudicar á la i~speccion.
1 . Ningun
medio del llegar á los preso5 corno no aea por la habitacio~idel inspector.
r I . Foso circular en lo esterior del edificio
para ha-cer aun mds impracticable la fi~ga.
I 2.Espacio vacío al otro laclo del foso para
diversos
usos, rodeado de una p a r d cuadrangular.
I 3. Empalizada
al otro lado de la muralla, la cual
nadie saltar
sin hacerse culpado.
14. DOS cuerpos de guardia en dos áiigulos
opues-tos entre el muro y la empalizada.
15. Un solo camino formado por dos muros, que
vienen en árigulo recio desde el camino real á parar en la fachada del
edificio, de manera que n'idie puede acer-carse á éste Sin que se le observe.
I 6 . Puertas de rejas de hierro á la entrada del
cami-no por medio de las cuales se pueda hacer fuego contra agresores mal
intencionados.
7. En
frente de esta puerta, y en la direccion
del
I
camino red
tina pared bastante larga para proteger á los
pasageros pacificas en un momento de tumulto.
Sr-rniclad y limpieza.
I ,O Medios
cle ventilacion perfeccionados : 1.O por el
espacio circiilar interior
qiie se abre por arriba: 2." ihr
la
estructura de las celdas , con
ventanas hácia afuera,
y una reja
de hierro hácia
adentro: 3." por las estofas
para el invierno,
construiclas de modo que renueven
coritiriuamente el aire. .
2: Canales
egecutados en cada pared entre dos cel-das , segun el principio ingles , para
evitar los malos olores y las suciedades.
3." Depósito de agua al deredor de lo alto del
edifi-cio ,y ti11)os que la conducen á cada celda.
4. Suelos
de piedra 6 de yeso, de manera que no
haya intersticios
que puedan ocnltar materias píitridas
y porqurrias.
5 .O Cuarto separado en que se visita á todos los
pre-sos cuando se reciben.
6 . O Alternati va de trabajos sedentarios y
activos, icstos al aire libre.
7." Licores fermentados absolutamente
proliibidos, prokiibido tambien el tabaco de toda especie.
8.' El pelo cortado muy corto : baiios frecuentes y
vestidos sin color , y labados á mepudo.
g.'> Sanidad y limpieza asegiiradas por la
estancia del cirujano, del gobernador, y de los empleados qlie respiran el
mismo aire que los presos; por la adriii-sion continua de los visitadoree, y
por la concurrenicia phblica á la capilla.
i o. Ciiidado del gobernador interesado en la
con-servacion de los presos por la constitiicion del establtaci-miento que le
obliga á pagar un tanto por c ~ d iiima que muere.
Economía.
1.' Celdas qiie Iiacen las diversas funciones de
dor-mitorio, de refectorio, de obrador, y ocasionaimente de calabozo ,de
enfermeria, de capilla y de divisioiies para separar los dos sexos :
estableciinientos necesarios para llegar á poner un buen órden en cualquiera
edifi-
cio distinto del pan6ptico. I
9 . O Las
medidas necesarias liasta ahora en las
pri-
siones de paredes gruesas, y otros gastos de hierro
se hacen inútiles por la iliiposibilitlad de intentar abrir una brecha sin ser
visto.
3.' Aclniii~istrriciouclelegada al gobernador con
una pcquería siiina para la inaniitenciori cle caib preso, su-puesto que el
trabajo de ellos le pertenece en propie-dad: clientas que se publicarán con el
ol)jeto de qiie sir~aripara arreglar el precio en las empresas ~iguierites, sin
molestar al priiiler enlpresario eri Ids diferentes tcn-
tativas qiií. quiera lincvr para aurnerirclr su ganaiicia.
$.U Níiinero
cle ein pleados y siilirispectores , dismi-
ni~ictoaso~iibrosamentepor la
peri'eccion del principio
par.ópticc:, , y
con la ti yada cle diferentes iuvencioi~es,
~01110:.O tut~osÓ V O C I ~ (le~S liola de lata que
atraviesan
des(le la balitacion del inspector á cada celda:
2.' los
tubos que conducen Ir7 agria á todas p_iríes: 3.'
las puer-tas tle las celcir:~que el inspector abre sin salir del cuar-to de
inspeccion , &c.
5 . O It~dusiriaaumentada por Ta mezcla y
alternati-va (le t r a h jos se~lentariosy 1'1boi io?os, y por las
pre-cauciones tnrnarl~scontra los escesos de la teriipeiatura, c?e manera qiie
se ocope todo el dia, á esccpcion de 1'1s lioras de siiciio y cfi scailso.
6 . O Ali!i-ieiito aunque ilimitado en la
caiitidad, siern-pre el mas económico y sin variedad.
y." Los clelitos cornilnes en todas las
cáicele? preve-nidos por el prilicii>io 1~3ní)ptico.
2.' Cuidaclo religiaso que es constante con la
estan-cia eii la casa de un eclesiástico á cuya vista estan siem-pro los
presos.
3.O Largo háfiito de o l ~ ~ d i e n r,i ade
t;inplariza , de trdiiqiiilidad, de linipic7,a y de iiidustria, colltraitlo
ba-jo el régiiilen del Iwi~icipiopanóptico.
4." Resporis,il;lidacf mí~ruaentre los
habitantes de un,, nlisma celda.
5." Biieiios
efectos de la atnistad que debe resultar
de esta ~sociacionp r o l ~ r ~ ~ a d a .
6.' ?
influencia d
e 1;1 11113piezacorporal sobre lo rno-
ral.
Domingo detlicada á toda especie de instrilccion
7 . O
que no sea contraria á los usos rcligiosos.
Precauciones para la sol~uradc los presos.
1.' Permiso <leentrar en el servicio militar en
que b33t3 la (!\sc.ipliiia para asrgilrar su biicrin contlucta.
'.2 Per~iiisotlz ajustarse para el servicio de uti
parti-ciilar qiie dará fian7a de la buena cor~ductadel preso ó de volverlo á
presentar..
3.' Alicientes dados á los maestros para qiie los t
e men eti su servicio, asi coino el derecho de tratar con ellos como con ulioi
aprendices.
4.' Resporisabilitiad
del gobernador por la mitad de
la fianza ,e11 el caso de qiie ésta falle.
5.' Periiiiso
coricectitlo al gobernador de establecer
por SI' cuenta
un panóptico subsi(1iario para recibir
á
106 presos en hs inisiiios términos que otros
maestros.
6.' Prolongacion de estancia en la misma casa c n
defecto de otros estableciniientos de caridad para aque-llos que por falta de
industria , ó de fiierza no hallen quien los reciba.
Restricciones contra el interés
personat
del gobcrr~crdor.
1.' Obligacion del gobernador á publicar todo el
porinenpr de su admioist&cion.
2.' Obligacion de recibir á todos los visitadores
has-ta un cierto nílmero al nlisrno tiempo.
3." Obligacion de dar á horas sehaladas una
cantidad de alimento segun la necesidad del preso.
4." Prohibicion de otro castigo fuera del de
la sole: dad , sin que preceda IA decision de: personas designa-das por la
legist~turapara los casos estraordi ~iarios.
5." Ccialquiera otra restriccion sería milchas
veces daíiosa , y segiiramente superArra por el interés del go-bernador eri la
conservacion cle siis presos, á causa de In sunia que tiene cjue pagar por la
iiiuette de cada uno.
Otros usos dcl prirrcipio parzdptico.
1.d Aplicacion de este principio general á todos
los casos en que un gran níirnero de hombres debe estar coiistantemente bajo la
inspecciori de 111103 POCOS , sea para el simple encierro de las personas
acusadas , sea pa-
rd el castigo de
los c u l p i d ~ ) ~sea, para refoiniar á
loi
rnalos , sea p.1~3forzar i 103 perezo$os
a \ trabajo , Sea
para
facilitar la asistericia de los enkrint) ~,6 S e;i p-iia
hacer Cicil la enrefianza , y llevar el potler de la etlc~c~i-
cion á un plinto incoiicebi!)le Ii.ista el
clia.
z ,O Ect'~!)leciiriieiitosá
qiie por co~isi~uientees nl,li-
cable : '.1
casas de seguricldcl: 2.' cárceles: 3.'
6as.i~Je
PAN~PTICO. 81
correccion : 4: casas
de trabajo: 5.' hospitales : 6.'
ma-
wficturas : 7.O escuela.
3." Soficieticia de un so10 hombre de
confianza pa-ra estos establecimiuntos, por grandes que sean.
COMENTARIO,
Hace muchos anos que la hurnailidsd ,escituda por
la filosofia ; no deja de clarnar á los gobiernos por la reforma de las
prisiones, y sus clamores no han sido del todo perdiclos , pues no puede
negarse que algo se lia mejorado la suerte de los presos ; pero esta mejora ,
que aun se debe mas al celo bienheclior de los particulares, que al cuidaclo de
los gefes de la sociedad, está miiy le-jos de lo que podia ser. Las cárceles
son todavía unas sentinas de eorrupci~nfisica y moral, que exhalan á ve* ces un
mefitismo que lleva las enfermedades y la miier-te 6 unas largas ctistancias de
ellas. E\. acinamiento de tantos infelices ei~cerraclosen un recinto estreclio
y sin ventilacion ,su desaseo, SU desnudez, su escaso y mal sario alimento:
todo esto reunido, sotamente por una especie de prodigio, puede no producir una
infeccion
general y rnortifeta, Nadie siti esponerse mucho
puede acercarse á socorrer y consolar á estas víctin~asdesgra-ciaclas cle la
inclotencia inhumana de los gobiernos, y no es solo el bueno y generoso H o w ~
i del, que despr-es de haber sido e\ apóstol de las cárceles, ha nluerto
már-tir de elids.
Si Iri atmosfera fisica que se respira en las
prisioiies es peatilencial para los cuerpos de los presos, no lo es menos p r a
sus almas la atniósfera moral, si me es lícito servirnie de esta espresio~i: no
pudieiido emplear el. tiempo en ~ ~ - ~ ~ a c i ohonestas lo yasoti eti ioe:.
u1 se
82 PAN~PTICO.
mútuam~nteen la ciencia fiiiiesta del delito: cada
preso presenta los adelaritamieritoe que lia liecllo en ell'-l coa
nlo rin título á la coiisicleracion y respcto de
sus
Beros, y el que no era mas que estudiante 6
apreiidiz cuando entró en la cárcel, sale de ella maestro consu-mado, y con
vivos deseos de saber si la práctica corres-ponde á las teorías que tia
aprendido en aquella~esciiela de perversidad y en las lecciones de los maestros
riias sábios. Este inconveniente es mas de bulta en las cárce-les destinadas á
custodiar presos que aun no han sido conclenados, entre los cuales hay muchos
inocentes? pues que liay muclios que serán absueltos, y será un niilagro que estos
inocentes conserven a!gun tienipo su inoceii-cia en la sociedad de tantos
malvados de toda especie.
Asi pues el filósofo filantrópico que halle el
tnoclo de construir una prision excnta de estos inconvenientes, y los gobiernos
que adopten sus ideas se: harán ucreedo-res al reconsciiniento y á las
bendiciones del género 1111-mano. Bentham cree haber hallado este modo, y
proba-bletnente no se equivoca ; pero para tener una seguridad absoluta de ello
sería necesario que su plan se hubiese puesto en egecucion, lo que todavia no
se ha hecho, sin embargo de haberle aprobado y adoptado los gobier-nos de Inglaterra
y de Francia. El panóptico de nuestro autor reune á su parecer la seguridad, la
salubridad, la comodidad, la economía, y la facilidad de corregir el carácter y
los principios morales (le los presos, es decir, de quitarles la voluntad de
volver á cleliiiqiiir ; y un
plan que presenta tantas ventajas no mereceria la pena '6.
de que se ensayase? jno sería nlejor gastado el
dinero que se aplicase á este objeto que el que se emplea en ningnificencias
inútiles de una córte? De lo que se gas-t.1 á veces en construir un palacio que
nunca ó rara vez oe ha de habitar sobraria dinero para hacei muchos pa-nbpt
icos.
Una pricion, dice Beniham ,debe ser una casa en que
vi\,in ~wiitadosde su libertad ciertos indihidaos que liaii al~usatlode ella,
para que ellos 110 cometan noe-vos drlitos y los otros se abstengan de
imitarles qor el terror del egemplo; y es al mismo tiernpo una casa de cor.
reccion, donde se debe trabajar en reformar las costurn-bres cle los presos,
para que cuando recobren la libertad rio sea este aconteciniiento una desgracia
para la socie-clac1 y para ellos niisirios. Esta clcfinicion hice ver que Reiltharil
solninente habla de las cárceles en que se en-cierran personas ya cormdenaclas
por sus delitos , y ilo de la chrcel en qne son detenidos liasta ser jilzgados
ciertos indik idaos que llar1 dado motivo á que se les sospeche delincuentes y
se examine su conducta, de la cárcel que es una pena y no de la qiie es
solamente custodia; pero nluclias de las reglas que él aplica á la primera
especie de prisiones, pueden aplicarse á la otra.
IIay sin embargo una diferencia muy notable entre
ellas, y es que las últimas no tienen otro objeto que el de asegiirar y tener
siempre á la disposicion de la ley
y del
magistrado ciertas personas de que hay motivo pa-ra recelar la fuga : y de ayui
se sigue que en ellas ila debe tratarse al preso coino ciilpado n i hacerle
sufrir al-guna pena , alguna iiiconiodidad que no sea necesaria 13xa s ~
seguridad , y para rndntener la observancia Je la disciplina y policía de la
prision. La humanidad exi-ge taniLien qtie á presos de esta clase se les
procuren to-C ~ losS :ilivios, todos los cons~ielos,y todas las comodi-dades
qiie sean compatibles con sli seguri(1ad: que SP les ~ i s tcon,~ ropas cómodas
y lin~pias,aunque groseras: que se les dé un alimento abundante y sano, aunqiie
co-mun y tle poco precio: que sus encierros sean rspacio-sos y bien aireados:
que tengan una cdrna oseada en que piiednn descarisar : cine se les proporcione
afgun egercicio corporal propio para conservar su salud y sus
84 PANGPTICO.
fuerzas, y aiin que se les permita divertirse en
pasatien-pos l-~onestos.
Como no sería justo forzar 3. estos presos á
trabajar por cuenta de otro, no pueden ser mantenidos por un eiiipresario
aplicándole el producto del trabajo y .es preciso que los mantenga el gobierno,
ó mas bien la caja de indemnizaciotles , ó de a~eguracionde que he. mos hablado
en otra parte. La esperiencia demuestra que no puede fiarse enteramente el
trato de los presos i los carceleros , hombres en general duros, y que á
ue& de ver padecer y de ser instrumentos de
dolor ian perdido toda sensibilidad. En Espalía las ciiceles U n visitadas por
los jueces dos ó tres veces al ailo; pe-:o estas visitas son una pura ceremonia
que nada reme-dia. Los jueces se fijan en una sala donde se presrntan los
presos que lo piden ; y si no soii niiiy imprudentes se guardarán muy bien de
quejarse del carcelero, de quien depende absolutsmenre sil suerte; pues la
visita 170 se repetirá hasta despues de pasado niucho tiempo. En lugar de estas
visitas pomposas, insignificantes y periódicas , que el carcelero sabe cuando
ha de recibir, y á que por consiguiente está preparado, podriail esta-blecerse
unas visitas diarias sin llora fija?y estas visitas se harian alternativamente
por un individuo del tribu-nal, donde liubiese un tribunal colegiado, de
manera, qile ésta fuese una obligacion inuy sagrada de la magis-tratura: el
juez oiria en secreto á los presos, y hallaria inil medios de remediar sus
justas quejas sin compro-meterlos; oiria tailibien al carcelero, y castigaria
correc-cionalmente al preso que alterase la trat~~uilidady el buen órden en la
prision, porque el carcelero no debe-ria estar autorizado para imponer estos
castigos.
Si se piensa que
estas visiras sesian una ocupacion
deniasiado penosa para los jiieces, nada es mas
fácil que f o r w una junta compuesta de cierto núr~iero de per-
PAN~PTXCO. 85
sonas respetaliles del piiello, dos de las cuales
visiten didriameiite las cárceles, alternando por meses ó por se-manas. En
todos los ~ueblosde algun vecindario se ha-llan algunos habitantes honrados que
viven sin necesi-dad de aplicarse sin interrupcion al trabajo, y de éstos y de
eclesiásticos, principalmente párrocos que el pue-blo mira con respeto y en
quienes tiene confianza, de. ben componerse estas juntas; y pasa conteptar el
amor propio de los individuos que las compongan y sacar p r t i d o de la vanidad,
pasion mily natural al hombre,
y que f uede
ser un instrumento iiiuy íitil en las nianos de un egislador que sepa servirse
de él, los ma~stiados los tratdrian con mucha consideracion , esci~cháudoles
siempre que quisiesen hablarles y confiándoles la policía de las prisiones con
un'a cierta autoridad sobre los em-pleados en ellas; y aun corivendria tal vez
seíialarles un lugar distinguido en las funciorles y ceremonias públi-cas :
¿quien sabe el partido que un adaiinistrador fil6-sofo y prudente puede sacar
de la vanidad bien mane-jada? No hay una pasion por la cual se pueda gobernar y
conducir al hornbre mas fácilniente y á menos costa: las cosas que se hacen por
una cinta, una cruz, un título vdno y un tratamiento insignificante, son una
buena prueba de la fuerza del resorte niosal de la vanidad.
Yo conozco algunas jiintas de éstas,
estal>lecidascon un felíz éxito para el cuidacio de los hospitales, ¿ y por
que estos establecinlientos apiicados á las cárceles no pro-ducirian los mismos
efectos? Los diputados (Ilamérnolos asi) visitarian las prisiones á horas en
que no fuesen es-perados: asistiriai-i á las comidas de los presos, visitariari
SUS ropas, sils camas y sus ericieiios, y cuidarian de que en todo hubiera inut
ha liinpieza, sin la cudl no puede conservarse la sdiiibi iddd : oirian en particular
las quejas dc los desdicliados, y cnai-ido las llallasen fundadas las
pa-raiirin á la noticia del magistrado : activarian sus ;)roce-
sos: intercederian por ellos : solicitarian 4 su
favor la con.
n~iseracion pública : y 10s consolaiian y
so~tcnclriari en su miseria por todos los medios que iiispirai~la religion
y la
htimanirlad: procurarian qne se ocupasen en i l i i tra. bajo compatible con ld
seguridad y disciplina d e la crír-crl ;y. cuiclarim de que el prodiicto de
este trabajo, clue debrria ser vol~~ntario,se invirtiese en beneficio del que
le hubiese hecho. No sé si me hago ilusion; pero ine
parece que estas juntas bien
orprinizad~s,y qire yo no
'?
Iiago mas que bojquejar, mejorarian mucho el estado de
las prisiones, y las puriiicarian de la infeccion
fisica y moral que lioy reina en ellas.
Tal vez todos los principios del panóptico de
Ben-tliarn no podrian aplicarse á las cárceles (le pura cusro-clia que deben
estar dentro de las p ~ l l ~ i c i o n ey scerca cuanto se pueda del lugar en
que el tribunal tiene ells aixdiencias; porque es necesario que los presos se
pre-senten frecuentemente á los jneccs: pero se podrian apli-car n~ucliosde
acluellos principios , y sobre todo sería muy conveniente la division de clases
que Bentham propone para su parióptico. Este debe estar aislado y fuera cle la
poblacion; pero l)ar,i hablar con cot-iocimien-to acerca de sli f o r i n ~y
construccion, sería preciso te-ner a la vista un plan de él, sin el cual se
presriitnn so-bre fa egecucioii del edificio algunas dificultades qiie á
priniera vista parecen invencibles, y que seguramelite no lo serán para un
hábil arqiiitecto: Bentliam las tuvo todas presentes, y podemos fiarnos de
811sIi~ces.
Lo esencial es qiie el eclificio esté construi~lode
mo-do, que el gefe cle la casa sin moverse de sri Irabit~cioli, tenga á la
vista á todos los prehoo y a 10s emple~dossu-bdlterrios que cuidan de ellos.
Esto solo previene ti.icta la idea de evcisiori, porqiie fa 11ac.r iii.ipf sibl
a : 1 ue- par^ que iin preso pi~cclaev.itlirse tle IJ l>ii>iorle -
iirct~,,iiio que pueda tr~b,ijarun cierto tieiiipu si11 scr obsei~ddo:
PANGPTTCO.
87
previene tamf>ientodo desórden en !a prision, y asegurl
c1 castigo tlcl qne interite violar la disciplina : pues un
clc Iito no p i e d e dej,ir de ser conociclo desde
el iliorneti-to en que empiece á egecntarse: proporciona ílcie pueda
continuaniente velarse sobre las ociipaciones de los preh
asegura qiie nada falte á éstos, y que sean bien
tra.
tallos por los sirvierites de la prision , que
estan siempre como los presos á la vista del gefe. Hacer que la inspec-cien se
estienda á cada prcso, á cada instante de su vi-da, .y á cada punto del espacio
que ocupa, es el proble-ma importante, cuya solueion ha creido hallar nuestro
au-tor eti su panóptico. Los pormenores relativos á la lim-pieza, á la
ventilacion , B la comodidad de los presos en todas las estaciones, y á la
con~unicacionde ellos eritre sí y con el alcaide y sus subalternos, tocan á los
arqui-tectos, y Beritham ha consultado á muchos que le Iian asegurado la
posibilidad de la egecucion de su proyecto: lo rjue toca al legislador
peculiarmente es arreglar la admiriistracion interior de estas casas de
correccion , y ahora vamos á tratar de esto.
I'ienios dicho en su lugar que el doble objeto de
la pena es quitar al delincuente el poder ó la voluntad de volver á delinquir,
y hacer con el terror del egeiiiplo que otros se abstengan de imitarles; y pues
la prision es una pena, debe llenar estos dos objetos. Hernos dicho tan]. bien
que toda pena que no es necesaria para producir estos dos efectos, y que liemos
llamado dispendiosa , es un acto de crueldad y de violencia ,. y no de
justicia, y que no debe liacerse sufrir á un delincuente ni un áto-mo de. dolor
que no sea necesario.
Estos principios son la base de la administracion
de una casa de correccion, en la cual deben evitarse cuida-dosamente los dos
estrerrios opuestos de la indulgencia y de la severiclad, porque si la
indulgencia es deninsiada, la piision dejará de ser una pena contra la
intexrcio~icle
88 PaXoYTICO.
la ley; y si lo es la severidad, el preso padecer5
nm3s de lo que la ley ha querido que padezca. Deben pues man-tenerse entre los
presos la decencia, la s,tl~itl y la lim-pieza, que tanto contiibuye á ésta: no
se les debe privar cle las conlodidades y goces de que su estado es
suscep-tible, sin ir contra el objeto del castigo: á los que sola-mente han
sido condenados á una prision temporal, conviene porpoacionarles nledios de
subsistir honrada-nlenre cuando sean puestos en libertad ;.y por ¿iitimo es
r?:uy esencial cliie todo esto se llaga por meclios econó-micos.
Bentharn establece tres reglas ; una de dulzura,
se-gun la cual rio debe obligarse á un preso 6 trabajos ó fa-tigas
cory>r>rafesq u e l~crjudiquená su salrid, porque esto sería imponerle 1~
pena de uria milerte lanti y prolon-g~da,mas dolorosa que lana muerle proiiia
contra la in-tcncion del legisixlor , que solan~enteha querido concie-narle á
una pena menos grave. Esto es, aplicable á la 1 rision perpetua como á 13
temporal, el objeto cle la pri-mera es quitar el poder de delinquir á u n
delincuente que se tiene por incorregible : el objeto clc la segunda es quitar
la volui-itatl cte dclinriuir á Lin int!ividuo suscep-tible de correccion ; y
todo lo que se l-iaga sufi-ir á los presos, á mas de lo necesario para llenar
estos (los obje-tus , cada uno en su caco ,es una crueldad enteranlente
gratuita, pues ni aun puede servir para el egemplo.
La regla de severidad exige que no se haga gozar
:íun preso de mas comodidades en la prision que las que gozaria en su casa n o
liabiendo delinquido; porque es-to sería persentar á los pobres, á couyaclase
pertenecen ordiiiariamente 10.. deliricurritrs de cierta especie , u n
aliciente para delinquir. Reg!d general: el delincuente condena<!o á prijion
debe estar en ella mas mal que es-taria en su casa lial~iénclose coiiser~'icio
inocente, con tal que esto iio perjudicjue á su salud.
PAN~PPXCO. 89
En fin, la regla de econoinln prescribe qiie no se
baga ningi~ne s t o , ni se deje perder alpuna pn,~ncia por puros inotivos de
indulgencia ó (le serericld(l; ipc-ro cómo se puede asegurar la economía en
estos estáble-cimientos ? Como se asegura en las estriblecimientos par-
ticulares, poniénd'oloo bajo la dircccion interés
individual.
bnthctm compara aqni las ventajas y los
inconve-nientes de los dos modos conocidos de aclministracio~~, el uno por
coritrato , 7 el otro de confianza, y se decide fuertemente por el primero. Si
solo se trata de la eco-nomía, y de la sencillez y facilidad de la
administrdcion,
t d o el inundo será de s u dicráinen; pero si se
ha de te-ner tambien cuenta con el bien estar de los presos, ten-drá m ~ c h o
contradictores ;y si yo iio'soy uno de ellos, tampoco me atrevo á tomar
decididamente el partido conrrario. No he visto casa alguna de correecion ó de
trabajo administrada por contrato; pero he visto un hos-pital administrado por
este método, doride los desgracia-dos enfermos eran víctimas de la codicia
inhumana del empresa~io.Tarnbien era libre para todo el inundo ia entrada en este
hospital , como lo deberia ser en el pa-nóptico : tambien el píiblico
censur~balas operaciones inhumanamente mercantiles del en-ipresario ; pero á
éste le importaba poco la censura, y solo trataba de enrique-cerse á costa de
la humanidad doliente. El medio de ha-cer pagar al empresario del. panóptico
una cantidad por cada pFeso que le falte, es mas ingenioso y seductor, que
sólido; porque el hombre puede sufrir muclio , y no morir: un colono americano,
dueiío de un ingenio de azucar, tiene sin duda un grande interés en qiie sus
ne-gros no mueran, y sin embargo los agovia con trabajos escesivos y malos
tartamientos; y del niismo malo el em-presario del panóptieo no matarla á sus
presos; pero sin matarlos podría hacerlos padecer mucho. Claro está que
YO PBN~PTICO.
la publicid.id da las ruelitas d-1
estil>lecimiento? y de los g.~stosy gati:ilicias del ernpresuiio no
reiliedia este
in~~iivaiiieiitc; ~ ) P ~ I v
~po#liA"~Easegurar" la leg~li
-
d'id
di: las Cli:iltd*, c~ldtlrfonadie iiitervieae las entradas
y l ~ i s~ ~ l
i L l de~\ ilos caull,~les?Potlria tiaber tinos cel:idores qu e visir,iscn
frec~ientenlente14s prisiones , y velasen sobre l~ coiitiucta del einpresario;
pero si estos celadores eran pag~dos, ocasioaciriaii un ga;asto contrwio á la
'regla de: econoliiía; y si eran gratciitos, i por qué no se les po-dria
aplicar lo que Bentlian dice de los aclininistradores de confianza?
Yo
preferiria este iiltimo modo de
administracion,
ponientlo al gefe de la casa bajo la vigilancia de
una j o r l t ~compuesta coino antes he, dicho, á la cual tendria q i ~ cc l ~
rsus cuentas. La junta podria nornbrar u n ein-pleatlo que cilidase anicamente
de los trabajos de los j~resos, asignándole un tanto por ciento del producto de
estos trabajos para i~iteresarleen ellos. Este emplea-
do no po.lria agovibr á los presos con un trabajo
escesi-vo , porque t ~ ~ n e r ial inspector y á sus dependientes,
(lile podrian dar noticia de ello á la junta: y el
incpec-
tor y este eiiiplea(lo, que podria llamarse veedor, se-
r an iinoa celadores uno de otro, y se ternerian inútua-
111t 11te.
Las prisiones cle Filadelfia, que son las mejores
que hoy se conoccn ,se administrai~por el método de con-fianza; y lo qiir 10s
qiialiere Iiacen en ellas; ¿ p.m qué en otras no I~odrianhacerlo otros hombres
sensibles y bienhechores cliie se hallan en toclas las re!igiones, por que por
fortuna c!e 1~ 11urnanid~c1,la virtud iio está vin-culada en tina sola secta,
aunque sea la mas pura y res-peta ble? Por otra parte : las especulaciones
mercantiles sot~reclestlicliados , presentan no stl: qué de indecente y de
iilliurnaiio (lar hace que el lx'íi->licolas mire con hor-ror, y que
desprecie á los que se enriqucceii en ellas,
col110 persoilas en quienes la codicia es superior
á la IiumaniJad.
La clivision de los sesos en el ~anópticocs
necesaria por 13 honestidad y las cost~ztnbres, y aunque en la meliloria no se
nos esplicar-i por menor los medios de eiectuarla, no es dificil de coiicebir
ponie~ido13s celdas de 13s iiiugeres al lado opuesto de las de los hombres, y
dirigiendo clesde el edificio central algunos tabiques interiwestos entre las
habitacloncc de las mugeres y los Ilombres, que por este medio solamerite
podrían verse de lejos en aqiiellos dias de fiesta en q u e se abriese la capilla.
Para evitar todo lo que podria ser contrario 6 la decencia, parece que no poJia
haber inconveniente en que las rnugeres fuesen servidas inmediatamente por
mugeres, corno se hace en los hospiraies; y por otra par-te, la inspeccion
continua, y una 1)uena disciplina esta-blecida en la casa bastarian para
prevenir toda especie de desórden.
La separacion de los presos en clases 6 pequenas
compaiíías en lo interior de la prision, es algo mas dif - cii de conseguir,
sin ser menos necesaria ; porque el amontoriarniento de todos los presos sin
distincion de edades y de delitos, produce en ellos una corrupcion general en
lo fisico y en lo moral; y por otra parte la soledad absoluta es un tormento
insoportable, que al cabo de algun tiempo conduce 6 la desesperacion y al
suicidio, consecuencia de ella. Nada prueba taii bien que el hombre es nacido
para la sociedad, como lo que pa-dece en un estado de aislamiento absoluto. Una
soledad de algunos dias puede producir efectos saludables para la correccion
del condenado á ella; pero prolongada por mucho tiempo no hay tormento con que
comparaila.
Á las
observaciones del humano HowarrJ yo puedo añadir las de un alcaide antiguo de
la inquisicion, >>to-+)dos los presos que entran en las cárceles secretas
del
92 PAN~PTICO.
»santo oficio, me decia este hombre, se muestran
muy jxonientos los primeros dias al ver el buen trato que nreciben en ellas, y
creen que sin violencia podrian pa-mar muchos años en aqiiella situacion que
tiene á prime-r>ra vista muy poco de desaeradable ; pero ningunb h e ,)visto
que sufra con paciencia un mes de privacion de 5jtocla sociedad." En
ningunas cárceles son tan bien tra-tados los presos como en las de la
inquisicion: no tiay grillos, no hay cadenas: ciiartos bastante espaciosos y ventilados:
hilenos alimentos, una cama cómoda y lim-pia, ropas convenientes , asisteocia
cuidadosa en las enfermedades: de nada cjue sea necesario , ni aun sola-mente
cómodo , se les deja carecer, con tal que no sea incompatible con la seguridad
y el secreto de la prision, 7 en esta paite se ha calumniado al santo 06-eio, á
qiiien precia imposible poder calumniar por mu-cIro u~al que se dijese de él:
pues á pesar de ésto en ningunas otras cárceles han sido tan frecuentes los
sui-ciclios , la desesperacioii y aquella tristeza profuiilida que pára en la
locura, ó en la insensibiliddd y abatimiento total de fuerzas.
Resta pues que los presos sean divididos en clases
ó pequehas eonipañias, poniendo en iin cuarto á dos, tres
ú mas, y en
esta c\a>ificacionse tendrá consideracion á la eclad, al carácter, á la
naoralidad, á la especie de los delitos, y aun al gknero de trabajo e11 que han
de ucoparm los pesos, pues hay unos ti abajos que exigen la concurrencia de mas
personas que ocsos. Un akaide observaclor apenas podrá equivocarse en esta
operacion, y ciiando se eqtii\ocjm es muy fácil corregir liiego el er-mr antes
de que plieda ser muy perjudicial, pues que está siempre á la vista del alcaide
la conducta de t o h los presos. Convendria á riii parecer que los coridenados
6 prision perpetiid no se inezclasei~con los qne solamcn-rc: lo ebtdi~á prision
temporal, porque 10s piiiieros tie*
nen menos inotivo para aplicarse al trabajo, y
corregir-se que los segunclos.
Lot tiabajos en una prisioil deben ser lo rnas
varia-dos que sea posil)le, alteriiando los sedentarios con los lriloi losos ;
porque la uniformidad fastidiaria á los pre-sos, y les liaria caer en una
rnelancolía sombría qcle conduce a la desesperacion, en vez de qulv la vatiedad
de ocupaciories los distraerá de la idea de su
situacion;
y asi el trabajo,
en vez de ser una pena p a h dlos , se-
r U un
alivio y una. recomperisa, á nias
de que siendo
para ellos una parte de lo que ganan, este interés
les hará aplicarse al trabajo y desedrlo', de modo que la ociosidad será mirada
corno un castigo.
Cualquiera especie de trabajo que pueda hacerse en
una prision ,sin esponer. la seguridad de ella, es bueno para los presos; pero
ciertos trabajos no serían forzados: los que exigen algiln esfuerzo
eetraordinario nunca se ha-rían bien por fuerza, y para esto siempre las
recompensas producen niejoxs efectos, que los medios coercitivos. En aquellas
labores e11 que es necesario servirse de lier-rainientas que fácilmente puctlen
coiiveitirse en armas homicidas, no se ociiparán aquellos presos de quienes puede
recelarse que hagan mal uso de ellas ; porqiie pi>. dria suceder q ~ i eun
rnalbechor con~ienadoá prision per-petua prefiriese al encierro la muerte, )r
que para lograr-
la la diese á
otro. Las nlugeres
trabajarán eii labores
propias de su sexo 9'.si
no las saben podrán aprender-
las de otras en la priaion.
Los trabajos no se interrumpirán h a s que durante
el tiempo de l a coniitlas , que se servirán á los
presos
en sus celdas, y serán ahunddntes y suficientes,
para sal ciar su apetito , aunque compuestas de alinientos poco variados,
Laratos y los mas comiines y simples. pero sa. nos. Sobre esto no pueden darse
reglas geiierales y fijas, pues 1'1s circ~~ista~iciaslocales deben dictarlas
;p"ero en
generil el arroz, las patatas, las liabas y otras
legurnbrcs farii~osasseráii los alimentos orclinarios de los presos. A l que
con lo que gana para sí quiera comer mejor, no se le estorbará; y aun en
ciertos dias del a60 podria serkirse
á todos los
que han trabajado con aplicacion ciertas co-midas mejores que las diarias,
escl~iyendode ellas á los
holgazanes , y á los que han incurrido en alguna otra
0.
falta digns de este castigo. Yo no veo
inconveniente en que en tales clias se les diese tambien un poco de vino floio
donde sea obiidante y barato, supuesto que los presos no podrian abusar de esta
indulgerlcia, porque las raciones serian muy moderadas, y se distribuirian y
con-sumirian á la vista del inspector. Un pequeño vaso de vino de tiempo en
tiempo podria ser una escelente re compenisa para el preso que se hubiese
distinguido en el trabajo ó en la buena condvcta, y el gasto que ocasiona-sen
estos regalillos, sería bien recompensado por el aii-mento de aplicacion, y por
consiguiente de producto. Lo que Benthain ha dicho en otra parte del padre de
familia puede aplicarse á un inspector que tiene á su dispc>sicoriun fondo
inagotable de penas y recompen-sas ; porque apenas hay una concesion de que no
pue-da hacerse un premio, ni una privacion que no pueda convertirse en un
castigo, que es la gran ventaja que tiene el gobierno doméstico sobre el
gobierno civil.
Los vestidos de los presos deben sor pobres y de
te-las groseras, pero limpios, y que no molesten. Een-tham quiere que presenten
alguna señal de humilla-cion , y la idea de hacer las mangas desiguales, es sin
duda muy ingeniosa.
Debe cuidarse mucho en una prision de la l i m p i
e za, no sotainente por lo que contribiiye á la salud fisi-ca de los presos ,
sino tambien por lo que puede contri-buir á su reforma moral;
acosti~mbrándolosá respetar la decencia hasta en las cosas mas pequetías, ,y
que parecen
. -
nieiios irnportnntes , y es una e~peciede
proverl>io qtie la lirrit>icza del cuerpo indica L pureza del alxiirt. Un
egercicio niotlerado es necesario pard conservar la 5 3 - Iud , y el cine ha
imaginado Bentllarn reutie toílas 1 ~ 5 circuristaneiac que puedeii apetecerse.
Corno uiia perso-na no puede continuar este egercicio por muchas horas
seguidas, tres ó cuatro ruedas en iiria prision Lastarian para cgercitar
alternativamente á todos los presos; á mas de que el inspector conoceria
fácilmente los cliie tuvie. sen mas necesidad de egercicio , y los dedicaria
con pre-ferencia á este trabajo destinado á dar niovimieuto á máquinas útiles
en las nñaliufacturas. Los presos mis-mos deben barrer todos los dias , y aun á
cierta llora los cuartos y galerías de la prision ,sacando la basura hasta un
cierto sitio; y por estos medios las prisiones dejarrtn de ser unas mansiones
infectas y asquerosas, y las perso-nas mas delicadas podrán -visitarlas siii
repuguancia. En este punto no es necesario encargar el cuidado al ins-pector y
sus subalternos ; porque como lian de vivir en la misma prisioti , tienen el
mismo interés que los pre-sos en la limpieza, y eri respirar un aire sano y
agra-dable.
El domingo es un clia de descanso de trabajos mate-
~ i a
l e s, y debe aprovecharse para la instruccioii de los presos, que ctespiies de
haber oido las lecciones de re-ligion y de moral que les dará un capellrin ,
podrán aplicarse á adquirir (os cotiocimientos para los cuales se sientan nias
iriclin~ciony talento, al dibujo, á Icr rnúsi-ca, á la aritmética, á la lectura
vnria &c. pertiiitiénclo-les tauibieii divertirse á j~iegosinocentes, l u
peloia ó las liochas por egernplo, para los que pue(len haber eri la casa
sitios destiliados sin perju'cio de la inspeccioti continua.
Hay tarnbicn tiiurlios juegos que se jrirgan sol)re niei;is
á manera del
villar; y me parece que si11 incoiivqien-te podia hacerse uso de ellos en las
casas J e cori.eccion;
95 P A N
~ ricoY.
pero en eslos pormenores debe dejarse muclia
latitud á la prudeiicia de uii inspector.
En iina prision, por iiluy buena y exacta que sea
la discipliria de ella , siempre se cometerán faltas que de-ben ser castigadas
con penas análogas y proporcionads
á su gravedad:
un gritador insoportable é insultante siz-frirá la mordaza : un holgazan no
comerá hasta que haya acabado sil tarea; pero por ligeros que parezcan estos
castigos no podrán i~nponersesino e11 presencia y con la autoridad de iin
niagistrado clue oirá al inculpado y examinará los cargos y las pruebas qut
contra él se pre-
senten: el inspector solamente podrá aplicar u n
preso turbiilento y peligroso la pena de la soledad absoluta por pocos dias, y
aun esto con la reserva de dar parte al magistrado; porque hasta la sombra de
la injusticia y de la arbitrariedad debe desterrarse de una casa de correc-cion
y de penitencia. Por fortuna no pueden multipli-carse mucho las faltas eri un
panóptico, en que los ha-bitantes estan siempre á 1s vista del gefe y de sus
de-pendientes: y por otra parte la responsabilidad inhtua, que esteridida á
todas las clases de los ciudadanos sería una medida absurda , es muy saludable
reduciéndola á los habitantes de una celda en un panóptico, donde
á lo menos no
se corre el riesgo de castigar á: un inocen-te; porque es imposible que se
cometa una falta en issia celda sin que la conozcan todos los que la havitan, y
el silencio solo es una culpa.
Es de creer que un hombre que ha pasado cierto
tiempo en una casa de penitencia organizada y dirigida como acabamos de deeir
,saldiá de ella corregido y he-cho un hombre nuevo, y que ademas habrá
aprendido un medio de vivir honradamente en libertad; pero pa-ra no esponerlo á
las tentacio~esde la miseria, las mas fuertes de todas las tentaciones,
convendrá que al salir de su encierro tenga variedad de destinos ó trabajos en
PANÓPTICO. 9
7
gue escoger ; porque 1-10 toclos los trabajos y
todos los clestinos eonvieiieri iriclistintamente á todos los Iiom-bres ,
jóvenes ó viejos, robustos ó erifermizos. Por egem-ylo, uii viejo no puede
destinarse a1 servicio de tierra n i al de mar, ni puede transferirse con
ventaja á una colo-nia, y con dificultad encontrar6 ti11 particolar que quie-ra
recibirlo por criado y respai~derde él.
Para casos semejantes es escelente la idea de un
pa-n6ptico subsidiario, donde todos los que salen del pa-nóptico de correccion
pidiesen l-iallar trabajo propor-cionado á sus circunstancias ;pero no sería
justo forzar
á ninguno á
que entrase en él; porque un delincuente que ha sufrido la pena que le ha
irnpuesto la ley, ha satisfecho cornpletarnente la deuda que por su delito
ha-bia coutraido con la sociedad ,y recobra todos los dere-ellos que haba
perdido , y cle que goran sus conciuda-danos. Forrrar á este hombre á
encerrarse en el panópti-co subsidiario, por muy suave que sea su disciplina,
sienipre sería privarle de su libertad , y prolongar su castigo contra la
irltencion de la ley.
Tampoco creo que seria justo obligar á un preso que
ha cumplido su tiempo de recltision á dar iins fiariza, ei la sentencia de
condenacion no le obligl á hacerlo; por-
que la obliuacion á dar fianza es una pena ;y
una pena
P
que no esta espresada en la sentencia, es iin acto
de vio-lencia. El inconveniente sera auri mayor, ci la fianza se ha de dar á
sntisfaccion del empresario en el caso de que la prision se administre por
contrato ; porque en-tonces si el que ha cumplido su tieropo es un trabaja-dor
aplicado y útil al empresario, nunca hallará una fianza que contente á éste.
E n el panóptico subsidiario no entrarán pues sino
loe que quieran entrar, y en el servicio de tierra ó de mdr no se alistarán
sino los que quieran alistarse , asi como no quiere Benthani que se fuerce á
ninguno á* pasar 6
98 PAN~PTICO.
las colonias, y no veo que haya mas razon I)ara lo
uno que para lo otro, ques cudquiera fuerza, ó es una pena,
ó es un acto
de violenicia. Convendrá sin duda mucho aconsejar al preso que recobre lii
libertad, el partido que debe tornar , y presentarle los medios honrados de
vi-vir en que puede escojei; pero no se le debe forrar á tomar uno
determinadamente. La policía velará sobre él, y si le ve OC~OSOy sin medios
conocidos de existen-cia, le destinará.á alguno de los establecimientos que
debe haber para recoger á estos l~olgazanesvagarnundos y peligrosos. Los viejos
y enfermos ilnposibilitados de tral.~ajar,serán trdtados como los dernas pobres
que se hall'in en este caso.
Esta bella memoria concluye con uii resumen de lo
que se ha dicho en ella , y que sirve para recordar al lector con pocas
palabras todo lo que ha leido. Se espre-san los objetos que clelxu llenarse en
la coostruccion del panóptico; y aunque en esta parte se presentan algunas
dificultades, es c3e creer que todas se desvaneciesen á la vista de iin plan
del edificio: se numeran todas las ven-tajas qne deben nacer del ~anóptico:se
dan Iüs reglas para su adriiinistracion interior, tanto en lo que toca tí los
trabajos , cuanto en lo que pertenece al tratamiento de los presos; y por
último ,se hace ver que la idea es aplicable , no sofamente á las casas de
coireccion , siiio tarnbien á todos los establecimientos en que un gran nú -
mero de individuos deben estar bajo la vigilancia de pocos , como hospitales ,
escuelas , fábricas, &c. Solo quecla que desear que un gobierno
filantrópico adopte y egecute el plan, que no es mas que para aquellas cae saa
de correccion en que hayan de encerrarse mucl.ios presos ;porque aquellas
prisiones en que haya de haber pocos colno las de Filadelfia , pueden
construirse y go-berriarse por otros principios que den el mismo resul-edo.
PAN~PTICO.
99
priiicipio panóptico
rgecutarre en las pri-
siones de pura custodia como en las de correccion ó
pe-nitencia y solmente re tendrá presente que los preros en las primeras no
deben acn ser tiatados conlo delin-cuentes ; pues mientras se examina si Io son
Ó n o , tie-nen derecho á ser reputai'os iiiorrntes ;.y asi sería in-justo
sujetallos d una pena ni á otras inconlodidades que las que exige la seguridad
de unas personas que han dado justo rnotilo para que se desconfie de ellas, y
se trate de averiguar su conducta ; pero los detenidos en 1; S prisiones de
corrcccion estan ya condenados i% una pena, y deben sufrirla. Todos sin embargo
con anos entes desdichados, y acreedores por este título A que se les trate con
toda la dulzura que sea compatiile con el objeto de su prision , y á que los
gobiernos tomen en su suerte mas interés del que hasta ahora han tomado.
Que sobre el primer original de esta ubrcc di-
rigib á S. M. Za Sociedad
econOnrica Ma-
tritense en el año 98B.
8;Escmo. Sr. : Con Real orden de 16 de mayo de 1819
se pasó por la Secretaria del despacho de Estado .á examen de la Sociedad
económica Matritense una traduccion apendizada de la obra de Bentbarn sobre
casas de reclusion, acornpaGada de n n modelo panóptico trabaja-do con mucho
esmero. La obra fue escrita en iiigles por el jurisconsrilto Jeremías Bentham,
traducida al frances por Dumon, y última-mente al castellano por Don J a c o b
Villanova Y Jordan, que la ha aumantado con un apén-dice muy interesante y
notas muy oportunas. L a Sociedad, sin detenerse en prodigar elogios r i i
recomendaciorres, mariifestará su dictamen coi1 alguiia deteuciori.
Broyúsox el
autor discurrir sobre el m0-
* El informe y
el apéndice han sido reproducidos de la obra
de D. Jacobo Viiianova y Jordán Aplicación de la
Panóptica de
Jeremías Bentham a las cárceles y casas de
corrección de España
... Imprenta
de D. Tomás Jordán. Madrid, 1834.
( f2>
do de guardar los presos cori mayor seguridad y
economía, consultaiido al rnismo tiempo á su reforma moral con el auxilio de
nuevos me-dios para asegurarse de su conducta dentro de la cárcel, y ocurrir a
su suhsisteiicia posterior.
Peiisó con acierto que el plan se realizaria
á beneficio de
una simple idea de arquitectu-ra, dando á u n hombre solo tal poderío de vi-
gilancia que esceda á las fuerzas reunidas d e uri
gran iiúmero de personas que Iiasta el dia se ocupan inútilrneiite e n esto.
Propone que el edificio sea un círculo, y su punto
céntrico u n torreon desde donde piie-dar) inspeccionarse las operaciones de
todos, sometiendo centenares de hombres bajo la de-pendencia de uno que
preseiicia universalme~i-
te el circuito del departamento.
La idea general ya presentada era muy á propósito
para que con otras pocas subalternas diese un sistema escelente de cárceles
grandes, casas de correcciori, hospitales generales y otros cualesquiera
establecimientos e n que hayan d e vivir muclias gentes reunidas; porque donde
se inspecciona con tal universalidad, ó sea doti-de a todos giros se registra
cuanto pasa deri-
( 13)
tro, si el inspector tiene interds en cumplir con
su deber, son casi impasibles los desórdenes.
A veces coiivendria que el inspector no pudiese ser
visto por los iilspeccionados, y que los gefes del inspector mismo le celasen
de se-crcto cuando por bicn tuvieran; y á veces no seriar1 necesarias estas
precauciones. Las salas, cuartos ó ckltlas donde, reunidas ó separadas,
hubiesen de estar las personas para quien fuese el establecimiento, habia n de
tener descubierta su parte interior, con mayor ó menor seguri-dad segun el
objeto, para dejar franco el paso
á la vista del
inspector, y que pudiese regis-trar cuaiito alli se hiciera. Asi quedarian bajo
su vigilancia hasta los subalternos en el des-empefio de sus funciones: se
escusarian visitas, rondas y requisas, casi siempre infructuosas: no se
moriificaria injustamente á nadie : se
quitaria hasta la esperanza de poder conseguir
cualquier designio de alboroto ó fuga; y aria-diendo al edificio muy pocas
cosas, se conver-
tiria , segiin los del
autor, en una es-
pecie de fortaleza que proporcionase la fuerza
necesaria para repeler los ataques hostiles es-teriores en los casos de
iixursion.
('4)
Es hermosa ííla verdad la pintura de este plan
donde todo se combina, y que sobre las ventajas de la limpieza, de la
ventilacion y de
la comodidad, tiene cuantos medios de seguri-dad
quiera darsele. Pero todo era poco si su sabio autor no hubiese meditado acerca
del modo de mantener eii ejercicio el resorte de todas nuestras acciones,
escitando 'en todas u11 interes permanente, modificado de suerte que los goces
y las comodidades sean proporciona-dos á la situacíon, sin pasar mas allá de lo
in-dispensable para maritencr la salud y el bien-estar fisico; porque todo
establecimienta que ofreciese á los individuos vida mas cómoda que la correspondiente,
se co~ivertiria en objeto de conveniencia. ; Cuántos hombres esporieri su salud
por la indiscreta aclmision universal que encuentran en los hospitales! La
esperieii-cia decide á creer que por aborrecimiento del trabajo apetecen
algunos holgazanes la suerte de presos.
Tendrá interes el inspector de estos
esta-blecimientos, si los administra por contrato ajustado con el g&ierna,
entrando e n el cál-culo el producto del trabajo fabril á que des-
('51
tine á los encarcelados, y será siempre poca para
la administracion que se desempefie á suel-do por los empleados que velen sobre
la cus-todia é industria de los presos.
No es esto decir que los asientos no ten-gan sus
inconvenientes ; pero es mas. facil prevenirlos que cortar los abusos naturales
de la administracion pagada, que siempre dege-nera en estudiar el modo de
economizar á costa de privaciones para disminuir las entregas eii beneficio de
los sugetos que tienen el manejo.
Otras materias necesitarian mas examen para
demostrar su utilidad. E n la presente, con Iiaber indicado su objeto, está
bastante reco-mendado el mérito de los dos jurisconsultos que la han discutido,
aun cuando no hubiesen sido tan felices en presentarla.
Nunca pudiera ser mas necesaria la publi-cacion de
esta obra que ahora cuando eski in-
d i c a d ~ZG
forrnacion
de
un n u e b Código cri-
minal
que
ha
de disponer la reforma de esta
parte principal y mas sublime de nuestra
ju-risprudencia; puesto que la bondad de las cár-celes debe emanar de las leyes
rela~ivas6 ellas, y que 1s nuestras en el estado eii que se ha-
( '6)
llan siempre serán lugar de dolor, e n vez de ser
depósito de seguridad y custodia.
De ahí dimana que aunque tengamos es-celentes leyes
y reglamentos que respiren sa-biduria y vivos deseos de aliviar la situacion de
los ericarcelados, aquellas se vean ultraja-das, y estos no surtan el apetecido
efecto.
Nuestro traductor, cuyo Apéndice nada desdice de la
famosa Memoria de Bentham, ha tenido facilidad de investigar el estado de las
cárceles de Madrid; mas, acaso por modera-cion , al descubrir sus defectos no
habrá pre-sentado alguiios que influyen directamente en la administracion de
justicia.
Si este informe lo permitiera se detendria gustosa
la Sociedad eil descubrirlos. Pero no
puede escusarse : indicar los dos mas princi-*ales,
refiriendo -imero la antigua disposicion de la llamada caycel de Corte.
Este ed;f- 3 , que se hizo por orden de Fe-lipe IV
en el siglo XVII, desde 14 de setiem-bre del ano 1629 hasta el de 1638, fue
dis-puesto bajo la regla de una inspeccion uiiiver-sal, y ya habia poco que
discurrir para perfec-cionar el plan. Sobre la meseta primera de la
('7)
espaciosa escalera que hoy conserva, estaba la
entrada de los presos, y un hombre solo en la posterior tenia al alcance de su
vista todos los deyartamptos y todos los presos que existian en la parte alta,
en el patio cerrado y en el interior corralon de desahogo. Verdad es que no
veia lo interior de los departamentos; pero por medio de tubos hablaban á todas
partes, Mientras la cárcel permaneció así estuvo bien gobernada, y fue admirada
de los estrangeros que la visitaban. Despues, á fines del siglo pa-sado, se
pensó convertirla en tribunal, agre-gando para los presos la casa religiosa de
la espalda. Asi de una cosa buena se hicieron dos malas, que á pesar de las
composturas y refor-rnas nunca sirvieron bien para sus respectivos objetos.
E n cuaiito a la cárcel de Corte, como está en el
dia , nunca dejará de ofrecer proporcio-nes que faciliten la cornunicacion de
los iiico-municados, y el trato de los dos sexos mas ó menos escandalosoi rnas
ó menos lascivo, pero siempre espuesto á desorden. Mientras sea lí-cito tener
departamento de mayor ensanche por u n precio dado, costará niucho 5 los al-
( 18)
caides evitar los desórdenes de todo linage que
dentro de aquellas paredes se cometen, ha-ciéndose hasta las personas mas
decentes cóm-plices por tolerancia de cosas indecibles. La constrriccion de
casas panópticas es tanto mas necesaria, cuanto que casi todas las del reino
.no tienen ninguna de
las calidades que re-
.quieren la Eiumailidad y el orden. Bastará e n
prueba de ello una rápida ojeada sobre el es-tado que tienéri e n el dia
nuestras cárceles, ,y e5 como siguc: De 1285 pueblos que compo-niari el
distrito de la chancillería de Valladolid, solo habia 167 cárceles seguras y
saludables, de Irlanera que en 11 1 8 poblaciones, ó no hay
carccles , ó son
poco seguras, ó mal sanas,
y casi todas
las unas y las otras carecen de
inedios de subsistencia.
En el territorio
de
Granada
apenas llegan á 22 las que gozaban
.capacidad(, regular temple seguridad :$yaun-
que hay ,491 cárceles son estrecbas, poco ser-
guras, y
dependen de la caridad. Las de Ga-
Iicia
estan e n el peor estdo . E n el Deino de
Andalucía ninguna hay que $merezcala ppro-bacion de
la h~maiiidad.~IEnAsturias siquiera una:que sea segura:, ni que tenga me-
( '9)
dios para sostener los presos. Las de Estrema-dura
son muy pocas y mal sanas. E11 Aragon las de Alcañiz y Calatayud, y la de la
ciu-dad en Zaragoza son buenas en cuanto á segu-ridad y sailidad ; las de las
demas capitales son
á cual mas
deplorables, y en los 1280 pueblos que componen los ~ a r t i d o se ~ u e d
decir que
no hay una carccl. Apenas tiene el reiiio de
Valencia una carcel segura, sana y dotada. El1 Catalufla liay iin
coi~siderablenumero de pueblos que no la tieiieir biieiia ni mala; 45 carceles
cuenta aquel priiicipatlo salu(1ables y seguras ; pero escasean iiota blcmezite
de fon-d ~ paras la niai~u~eiicioiide sus presos. Por
ultimo, e11
las islas Baleares son peorcs.
Estas iloticias que ha tomado la Sociedn(1 de la
respuesia cle los fiscales dada eii el espe-diepte general sobre cárceles en 8
d e junio 1818 , prestan margen á fijar la siguiente pro-
p ~ ~ i ~: Lai~mayorii parte de los prleblos
nece-sitan carcel, y las pocas (pie eristen exigen refirmas y dotasion.
Supuesto este estado, y supuesto qiie las
panópticas sirven para toda clase de cárceles, parece que se remediaria con su
establecirriieil-
(20 1
to el defecto actual. Los jurisconsultos Beritham y
Villanova presenta11 corno axioma su utili-dad y uso, siendo tan aplicables los
principios panópticos ó inspeccion central á las clírceles pequerias como á las
grandes, porque si en uria capital se necesita un dozágono de cinco ó seis
altos, en una villa pequeña bastará un sexágono de un alta: consistiendo la
~rincipal bondad de este plan en la forma tlel edificio,
y no en su
estension.
La Sociedad concluye su dictámen con re-comendar á
V. E. el trabajo del benemérito D. Jacobo Villanova y Jordan , porque la
Me-moria que tradujo es interebante en su objeto, y porque el Apéndice y notas
que la ha puesto esclarece la materia y la acomoda á nuestras circunstancias.
Sírvase V. E. fiiar su atencion por un momento en ese niodelo que acompaña á
esta esposicion, y le hallara digno de elevarse á la consideracion del Rey,
corno tanibien fa obra de Bentham que con celo patriótico ha tra-ducido y apendizado
Villanova (l)."
(1) Consta
la aprobacion de este informe en el act,a de la sesion celebrada por la Real
Sociedad econórnira ha;-tritense el sábado i o de junio de 1830.
íden del estado
nclunl de las cdrcebs de
Espnh .
Cuaildo los seriiiwicilios de llunanidad fue-raii
iiicompatibles col1 las reglas de justicia;
cuaildo la bociedad, iliteresada e n
que 'nin-
g u n clelito yuctfc iriil,uile
, repartase afgun
1wotwl~ocje. eiiipcorar la suerte clcl iiidividuo,
que la perdida de su libertad agrega la des-
gi~aeia*,deuiia
pctrn iiieviiable; cualido
las le-
l e s no repxo!>aseil que las cásccles sean con-
sideradas bn-jo otra aspecto qm el de unas ra-
sas de dcteiicioii para asegurar las personas
de-Iiiicueiites ó sospechosas ; y cuaiido las inves-rigacioiies clcl
Itiu~rianoNaward no hubieran demostradoilo q u e soii , y lo que deben ser casi
todas las 'yrisioues cle Europa, sería dis-rulpabk el, estaclo actual de
iiuestras cárcclés Mas desde que varias plumas ilustradas de E?+
(98)
paila,
la del
Sr.
T P
,iizal>al,
nliliibtr~del Lieal Consejo de Castilla , se
ocu-paron esclusi~ameiitede este asunto, 7 cla-iriaroii por la reforma con
eficacia , riinguii descubrimiento , niriguna iclea útil dirigida á este fin
debe rnirarsc con iricliferencia.
No trazaré el cuadro de nuestras cárceles, yero
tiraré algulias líneas. E l que quiera ins-truirae en este puiito, ericoiitrará
bastantes motivos de dolor eii el Di~cur.sosobre las ye-rzas de aquel digno
magistrado, e n el Estado cie I/cs ctirceles de H o w a r d , e n las obras de
Elizoiido y Vizcaino, y en la I'rríctica cr*inri~lcrl del licenciado Cuiierrez.
Iiepciir lo que estos celosos escritores han clicllo con tanta clari-dad ,
erudicion y buena crítica , sería abrir riuevamente la llaga , y retardar su
curacion. Así, pues, me liriiitaré a decir con Jeremías Bcnrba m : "Las
crircclrs JOTL lo que son, por-
>, (lile han sido lo que sol^.''
Los rcglarncritos de cárceles sancioiiados por
nuestros legisladores estan llenos de ]a mejor iiitenciori: todos respiraii
sabiduría, y u n tivo deseo de aliviar la sitilacioii del pre-so, poiiiendo
trabas al desúrderi, y á la codi-cia de aus guardas. Eii las Partidas y e n la
Red copilacion encontrarnos, que ninguii alcaide pueda ejercer el oficio de tal
sin aprobacion de los alcaldes y justicias, debiendo jurar an-tes que
custodia~anbieri á los presos, y ob-
(99)
servarán las leyes relativas á estos ; que 110
admitan niiigun preso, sin cjue los alguaciles eiltreguen- una cc'dula
esprcsiva del motivo del arresto ; que eii u11 libro de registro apunten el
nombre de cada preso que entre, el de los alguaciles que le coiiduzcaii, y la
causa de la prision; que los alcaides no pucddn almare-liar víveres y licores
para veiiderlos á los pre-sos, á quienes se permite se los propoi cioiieii de
afuera, siempre que no resulte de ello al-guii dailo ó esceso; que eii la
entrada ú 011-0 paraje público de las cárceles esté espuesto á la vista de
todos el arancel de los dercclios que
; p que no
recibaii de 10s pre-sos otra cosa por tia de dadivn, ni e n kiaii-das, ni en
dinero, iii en alhajas ; que á todo preso declarado despues inoceilte se le
'res-tilupa cuanto fuese suyo, sin ninguna des-membracioli q i costas ; que a
los pobres lio
se les exiian dereclios de carcelaie; que no se
,
l~crrnitaiijuegos proiiibidos, ni se proporcio-nen
apobentos para los pern>itidos;.yue en ci caso de jugar a 10s naipes no sea
cliriero, y si solo cosas de comer.
Para tigilar sobre la policia interior, y oir las
cjuejas respectivas de los presos, esta11 or-denadas las visitas semanales de
dos niiriistios tlei Supremo Consejo de
Castilla. A estas clis-se
agregan las acertadas
medidas acordadas par las Asociacioilcs de cár celes, 1 es-
t '00)
pecto á la Iirnpleza , al alimento, al ~ c s t i d
o , j las ramas, *á la ocupacion , f 5 la partc da-fequística: diicdi(1:is que
l ~ a r c r liorior a sus ins-tituidores, y manifiesiaii cl g r a n fondo de
hu-manidad que abrigan sus corazoiics beliéficos. D e modo que iiuesrras
circelcs cri SU estado a c t u a l , cornl)araclas con las d e alguiias
nacio-iics estrarigcras, llevan la vetitaja.
Mas aunque gocernos por u n momeiito de esla dulce
i l u s i o ~Iliaii~ llegado 5 tener las cár-celes de Madrid, n i n i n g u n a
otra de Esparia, la l~crfeccioiide que son susceptibles? 2Sc h a n obteniclo
todos los resultados clue eraii d e cs-yerar cle la t)revciicioii de
~iuestroslegislado-res, y d e rnas dc cuarcilta arios, d e des\.i-los Y fatigas
de las asociacioiies fulidadas por los Es-ccleiitíbimos Seiiorcs Conde de
Mirarida y Alar& quesa de C a s a d a Estos inodctos de filauiro-fila resoiverán
la cuestiori: hicimos cuanto yu-
dimos, dirn'n, pcrw no c u n ~ ~qrrisicito.nmos;
por-
que no era l
c o n n ~ a ru7r mn~firrm~ntosri-
Zido y
grrrndio . ~~en u r ~terreno dc.csi6urrl y de-
Ieun/rtrle. Biet~públicos son sus esfuerzos, y
bieii notorio s u pehar de verhe al freiite de uiias ca-sas, cuyo plan de
ronstru'ccion es el mayor obs-táculo para la reforma á q u e aspiral,aii. '
En e l aGo 1 8 i 4 nuestro scnsible Rejr Sr! dig-nó
visitar por primera vez 13s cárceles d e Ma-drid. Eritonces a u n ex;stiaii'
1:)s espailiosas gri-llrrns e n qrie Iiahian ghínido taiitas victi-
mas (1) ; p conmovido su tierilo corazon , man-dcí
derrioier al morr~eiltoaqucllos teatros de in-liumaniclad. Vió los subtcrrjncos
siii ventila-cion, en que cori grave perjuicio de la salud y de la rrioral
duerrrien aciiiados rnuclios hom-
( 1 ) Por
victirnas enticndo no solo
los irioceiites, que
por hal~ercontra ellos iiidicios vcliernclites ha11
sufrido estas duras prisiones, sillo tambicii los inismos criminales rirgativos
á quienes se ericerra1)a en ellas. para unos y otros erd tina verdadera pena,
que casi podia apellidarse iormeii-to. La griZzera de la cárcel de Villa era un
cuadragono de poco mas de seis varas de dihnietro . su altura de ii~iasntie-ve
cuartas escasas. se entraba en ella por iin callejou es-trecho, corto y
osciiro, coi1 uria piierta estrrior y otra in-
terior, y el preso clueclaha rcdiicido taxi
estrecho Iiniite, sir1 ver janiüs fa luz iiatiirai. El l>avimeiito era dc
piedra
de sillería, y eii el cciitro liabia uiia argolla
de hierro para
sujetar
con uiia grande
cadena al reo.
E.1 iiil'eliz 6 quien
le cupiese tal
desgracia, con razori cnvitliaria la suerte de
las fieras enjauladas. Aunque
no he visto la
de la cirucl
de corte, supoiigo sería tañ riiala, 6 pcor pero esta breve
dcscripcioii es siificiriitr para aunicriiar los
motivos de gw-
titiiti a la
hun1:inidad de nuestro Rey. Ocho
aiios despues
auri existiari cu T'aleiicia eii uiia de
sus dos y i i ~ ~ c i l ~ aclire s-
~ e l c scirico
es(aricias tan malas y tarl
irlsarla'. L O I I ~ O las
6ri/ze~aade nladiid. á sabcr, ~rricalaliozo
1lani:~doel ~<rBo
~ I I
Crecibe tina escasa luz por pequcfias ahcrtciras horizon-
tales al paviirieiiio . uri criarlo casi os( uro y
irriiy pequeSo,
cuya pucria se pi c.aerita coiiio vciiiaria cii
uiia p:ii.ed tic la y iiii eairecl:~corredor eii la [>arte 3113, Oc~i!ro
del cual se Iiallaii las puertas dc tire
cslreclrisiiiioz c~icier-ros, siri l u z , ili veritilacion alguna.
Suponien<lo, pues, que existirán otros igualrs eii varias cáitelcs dc
E.-paila, rlania la huniauidad por una resolucioii geileral par.) que todos se
dcm~ielaii.
b'res, y respiró 5 duras penas el aire fétido que
exhalan. Vi6 ralabozos inniundos, y los grillos y las cadenas. Vió los patios
de donde salen al anochecer ejdrcitos de ratas e'spantosas, que sin perdonar la
habitacion del alcaide, dispu-t a n á los presos su corto alimento, y privan
á los mas del
alimento y del sueiio. Vió tam-bien reunidos los reos, el enamorado y el
ase-siiio, el deudor y el ladron, el falsario y el quiinerista , .torlos sin
distincion al lado del inoceiite. Vió en la porteria alcaides p porie-ros, que
riinguiio puede determinar la posi-cion actual y ocupaciones particulares de
to-dos los presos (1). Ultimamente, recorrió con
(1) Pregúritcsc ei.i.la actualidad á u n alcaide ¿qué hace,
Ó dónde
está tal 6 cucil preso? SeZor, responderá, no lo . se', porque desde aqz~íso20
veo alguqos, y m i vista no al-canzu á todos. Entretanto, los que no vé pueden
alterar impiinementc el orden digo impunemente, porque eii las cárceles siguen
la costunibrc de no descubrirse unos á otros. Eii el aiio r 8 i 5 ciertos
presos de la cárcel de Má-
laga disputaron el barato á u n presidario que se
halla-b á en ella; y acosado éite por otros valentones que cons-piraban á
ganarle la accion, sacó una navaja, y asesirió 5, u110 de ellos, sin que el
alcaide pudiese prevenir tal des-gracia. Pocos aEos hace fue descubierto en una
de las cár-celes de Madrid u n reo, que al abrigo de la soledad y os-curidad de
su entierro habia fabricado por sí mismo las llaves neresarias para su fuga, de
las que solo Ic faltaba iina. E n otra ocasion los presos de la cárcel de Villa
ha-hiari minado hasta muy cerca de la habitacion del alcaide, acaso para
asesiriarle, y á su familia y á los porteros, y exagarse despues por la puerta
principal. Estos y otros
('03)
sil vista cuanto contienen aquellas tristes
mo-radas del crímep , y auijqiic b u Corazon gene-roso le ins irara la poble
idea de corregir eli la hora to !pslos rlefectos y abusos de las gár-celes, 130
se esraparía de su peneiraciori que era preciso empezar variando la forma del
edificio. Bastante hizo en consolar con su ati+ gusta prcseiicia á los
infelices presos, y en cerrar para siempre las grillerns.
ejemplares que cada dia ocurreri, prueban hasta la
eviden-cia que los grillos, las cadenas, la estrechez y corto nú-mero de
ventanas , y el grueso de las paredes, so11 insciíi-cientes para asegurar las
personas de los presoi, y redu-cirlos á su deber, sacaridose de aquí, que la
principal causa de estos escesos, es la falta de u n puiito central de
inspec-cioii. Así, pues, debernos suponer que muchas de las me; didas adoptadas
en nuestras cárceles, contra las cuales se ha declamado tanto, mas bien son hijas
de la cecesidad que del rigor.
DE LAS I;AbIINr2S
ADdkTNTAS.
n .......
b ........
c.. .....
d.......
e .,......
j .......
g ,..,...
Torre ó i~ispcccioiicentral.
I'riilcipio de la escalera de la torre, y
posicio~ide la rercera.
E s p c i o anular entre la torre y cl edi-fic-io
priricip:il,
Ditisioiies ó celdas para los prrsos.
Escalera priiicipnl del ediiicio.
Eo trada a l mismo.
Galería.
Paiiúptica de J.
Villanova.
a ....... Torre
central.
b. ...... Galería
ó corrcclor del edificio princi-
cipal.
C........ Salas
6 esiancias para los presos coniu-
ii icados.
d ......... Encierros para los presos sin comuni-
ti.
e........ Piezas
para alniacen ú otros usos.
fi...e.. Letrinas.
g ....... Tutios para desa11ogo de aguas in-
mundas.
Zanja cle limpieza de idem.
Escaleras primeras del edificio principal.
J..... .
Entrad a del edificio.
1.. ..... Soportales
y oficinas.
Pueiite <le comiiriicacion de la iorrc ceiitral
coi1 el edificio : su l>osicioii.
Depósitos de agua.
Cuerpos (le guardia.
Cerca separacfa.
Espacio para huerta y arbolado.
Cerceras.
Empalizatla.
Garitas clc ceiitiiielas : su posit ion.
bluralla de protercion,
$ w Q p ~ c k bL ,Ya,,,
LAMJNA 3."
Sistema de ciifcriiierias.
Se omite la descripcion del edificio e n lo
concerniente al objeto de esta lhmina , reduci-do a manifestar la situacion de
la enfermería de una casa panóptica, conservando el prin-cipio de inspeccioii
central.
n...,... Estancias para los enfermos b,......
Celdas para los convalecieiites.
Uiiiori de las panhpticas tu. y 2."
n ....... Torre
central.
G........ Principio
dc la escalera de la torre, y
posicion
de la ccrcera.
c........ Espacio
anular eiitre la torre y el edi-
d. ficio principal.
...... Salcis
para los presos.
e 1 lias- Encierros para los
presos incomuni-
ta e 6. 1 cados.
J....... Estancias
para almacen tí otros usos.
g ....... Letrinas.
h....,;.
Tubos de desahogo de las letrinas.
i....... Zanja esterior
para reeepticulo d e
j....... aguas
inmundas.
Depósitos de
agua para limpiar
la
. l........ zanja
, etc.
Escaleras
del edificio
m ...... Entrada
del mismo.
n ....... Calle
esterior con soportales.
o ....... Cerca
circular.
y ....... Barrera
de proteccion.
(1. ..... Cuerpos dc guardia.
r ....... Empalizada.
s ....... Garitas
de ceritiriclas.
t ........ Espacio
para huerta y arbolado.
BENTHAM EN ESPARA
María Jesús M i r a n d a
Bentham, una de las figuras centrales del
radicalismo fdosófi-co inglés, el inspirador de una buena parte de la
legislación liberal de la Europa del XIX, utilitarista, moderado, racionalista
y aman-te del common sense, creó también su utopía. Una de las muchas utopías
que recorrieron la Europa liberal y romántica, desde el tay-lorismo al
falamsterio. O quizá la más ambiciosa, la única que pre-tendía un carácter de
piedra fdosofal, aplicable a todos los ámbitos de la vida en los que debería
intervenir el recto gobierno de los hombres.
"Si se hallara un medio de hacerse dueño de
todo lo que puede suceder a un cierto número de hombres, de disponer todo lo
que les rodea, de modo que hiciese en ellos la im-presión que se quiere
producir, de asegurarse de sus accio-nes, conexiones, y de todas las
circunstancias de su vida, de manera que nada pudiera ignorarse, ni contrariar
el efecto deseado ..." (Panóptico, 33):
He ahí el secreto del nuevo gobierno. Hacerse dueño
de los hombres, no por medio de la esclavitud o la fuerza, sino por medio de la
disposición de lo que les rodea, de las impresiones que se les producen ... de
forma que nada pueda ignorane ni contrariar el efecto deseado. Es decir, de
forma que el saber elimine hasta el ú1-timo rastro de oposición o resistencia.
He ahí la quintaesencia del pensamiento liberal; al fin el consenso, el
contrato, son posibles y precisamente gracias al conocimiento, gracias a la
razón.
Y Bentharn,
como buen inglés de los que están inventando la industria, lleva la idea a la
práctica. Si una idea es cierta, tiene que
1 En todo el
texto, las citas del Panóptico van seguidas de un parénte-sis en el que se
indica la página del texto correspondiente a la presente ed.
129
130 María
Jesús Miranda
-
ser aplicable, dice la física. Si los hechos
materiales pueden expre-sarse según leyes, las leyes podrán traducirse en
hechos materiales.
Y Bentham
pretende expresar su concepción del gobierno en pie-dra, hierro y cristal.
Sobre todo, en hierro y cristal; resistencia y transparencia. Porque,
ciertamente, las formas de gobierno se ex-presan en hechos materiales y a cada
una de ellas le corresponde una arquitectura.
Bentham dedicó veinte años de su vida a construir y
hacer fun-cionar su panóptico, utilizando para su experimento a la población
más necesitada de gobierno: los presos. Sus reiterados fracasos obli-garon al
gobierno inglés a quitárselo de encima con una cuantiosa indemnización. Pero, a
pesar de elio, "según consigna John Hill Burton, a él fue debida la
reforma penitenciaria y municipal, la mo-deración de las penas, la adopción de
un sistema penitenciario pro-poniéndose la reforma moral del delincuente, el mejoramiento
de la organización del jurado, la derogación de leyes que excluían cierta clase
de pruebas judiciales, la abolición de las disposiciones de ex-clusión de los
católicos y otras muchas prolijas de enumerar y que hacen relación únicamente a
la constitución de la vieja ~ n ~ l a t e r r a " ~ . Es decir, el autor
de una utopía que fracasa estrepitosamente influ-ye de manera decisiva m la
nueva constitución legal británica. Y otro tanto puede decirse del resto de
Europa. La Asamblea Nacio-nal francesa manda editar, en 1791, la Memoria sobre
el Panóptico realizada por Dumont y Bentharn es nombrado ciudadano francés
honorífico. Los liberales italianos y portugueses beben de sus fuen-tes. Y ya
veremos el amplio eco que Bentham ha tenido en España.
Y esto por una razón fundamental. La obra de
Bentham prefi-gura los elementos técnicos de gobierno en una sociedad
democráti-ca y en perfecta consonancia con su definición ideal, filosófica. Los
filósofos del XVIII establecen los grandes principios del funciona-miento de la
sociedad democrática: contrato social, voluntad gene-
ral, soberanía popular, libertad, igualdad
-Rousseau- y los abs-traen de la realidad, elevándolos al rango de categorías
absolutas y haciéndolos incontestables -Kant-. Beccaria los traslada al terreno
penal; tres son sus principales consecuencias: ' L ~ ólas ~leyes pueden
decretar las penas sobre los delitos", 'la necesidad de un
magistra-do" y "que si se probase que la atrocidad de las penas, ya
que no inmediatamente opuesta al bien público, fuera al menos inútil ... se-ría
contraria a la justicia y a la naturaleza del mismo contrato so-
2 Luis
Silvela: Bentham en España. Memona da- ingreso de la Real Academia de Ciencias
Morales y Políticas. Madrid, 1894.
Bentham en España
131
--,
cidm3.Soberanía de la ley -ni de unos ni de otros,
sino de un ele-mento exterior de abstracción de la voluntad de todos. necesidad
de un poder judicial "independiente",
economía de las penas. En ese momento, dice Foucault, "la burguesía
comprende perfecta-
mente que una nueva legislación o una nueva
Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da
cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación en
todo el cuerpo social de los efectos de poder llegandchhasta sus más ínfimos
resquicios"4 . Es decir, establecidos los principios ideales de
funcionamiento de la sociedad, a los políticos les corre'sponde lle-varlos a la
práctica. Y para ello es necesaria una tecnología de po-der de la que Bentham
es maestro, pues establece desde el principio sus líneasfundamentales; el
ocultamiento del sujeto agente del po-der mediante la disolución de las
relaciones poderoso-sometido en una estructura que es quien impone las normas
(máquina de poder), relaciones que se expresan a nivel simbólico, lo que
permite que "lo representado" pase a ser lo esencial, mientras lo
real queda oculto.
El panóptico es u'n "instrumento muy útil y
enérgico que los gobiernos pueden apiicar a objetos de la mayor
importancia". Y al final de la obra se establece una relación: casas de
seguridad, cárce-les, casas de corrección de trabajo; hospitales, manufacturas,
escue-las. Todo tipo de lugares en que muchos hombres deban estar some-tidos a
vigilancia. Es decir, desde el punto de vista del gobierno, to-dos.
¿Cuáles son sus principios? El primero y básico, la
vigilancia. Dice Foucault que el elemento más arcaizante del panóptico es la
importancia de la mirada, y probablemente tiene razón. El princi-pio de
inspección central, por una sola persona, tiene antecedentes muy antiguos; la
revista de sus tropas por los generales, los mirado-res de castillos y palacios
sobre las poblaciones, los minaretes y púl-pitos de los rezadores, las cátedras
y estrados de los maestros ... La cárcel de Madrid que manda edificar Felipe IV
se construye según el principio de inspección central y Foucault dice lo mismo
de hos-pitales y escuelas anteriores al panóptico. La vigilancia física,
inme-diata, ha perdido espacio progresivamente en-las instituciones de control
y ha dejado paso a la visión mediatizada por la palabra, a la observación
simbólica a través del discurso técnico. Al igual que en medicina es cada vez
menos importante el reconocimiento visual
3 Beccaria: De
los delitos y de las penas. pp. 74-75, Aguilar, Madrid.
1976.
4. M.
Foucault: "El ojo del poder".
Ver pág. 18 de la presente edición.
132 Maria
Jesús Miranda
del paciente, y más el telediagnóstico, emitido
tras el examen de una serie de documentos técnicos que lo representan, en la
cárcel, el manicomio o la escuela la mirada directa pierde valor, a la vez que
lo ganan los discursos elaborados en torno a observaciones téc-nicas. Y no es
ninguna casualidad, sino una manifestación más del fenómeno general de
validación de la representación en nuestra cul-tura.
Esta "simbolización" de la vigilancia,
sustitución del vigilante por su representación, tiene dos efectos inmediatos
que se perci-ben ya en el panóptico: el primero es el de escamotear el
vigilante a los ojos del vigilado. El segundo, permitir que el vigilante, una
vez simbolizado, se instale en la conciencia del vigilado.
Lo que cobra importancia en la nueva sociedad n o
es la mirada directa del otro significativo, sino la noción abstracta de
vigilancia. El elemento nuevo del panóptico es la celosía que oculta el
inspec-tor a los ojos de los presos. No es una persona, sino una presencia.
Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en otras mu-chas, porque n
o está sólo en los ojos sino que está, sobre todo, en la piel de uno mismo. Los
primeros reformadores liberales, los cuá-queros de Pensilvania, dieron mucha importancia
a la opinión pú-blica. Bentham se la da también y hace entrar al pueblo en la
cár-cel para la misa del domingo. Pero ni así es suficiente. Hay otro pú-blico
siempre presente: los conlpañeros. "Que cada compafiero se convierta en un
vigilante", dirá Bentham. Que el reo no esté nunca solo hasta que se haya
corregido; es decir, hasta que haya internali-zado al público, metido a los
otros dentro de sí.
Pero la simbolización no es suficiente para
internalizar al públi-co. Hace falta otro elemento, elemento fundamental
también de las ciencias humanas y -cómo no- del derecho de la sociedad
capita-lista. Es el concepto de culpa. Como ya señalara Pasukanis, una de las
características del moderno derecho penal es la estricta distin-ción entre dolo
y culpa. Y en una sociedad regida por el mercado, la culpa es un precio que hay
que pagar, un débito adquirido, un deber. La conciencia. Estamos en la
culminación del proceso inicia-do por Bentham. Los desviados de nuestra
sociedad lo son porque, al fin, la torre central del panóptico se ha instalado
en sus concien-cias. Por fin han aprendido a observarse, vigilarse, analizarse,
expre-sarse y decirse como desviados. El panóptico eliminaba las cadenas
y los gruesos
muros y los sustituía por la transparencia y la mirada. Ahora ya podemos hacer
cárceles abiertas, hospitales de día;los de-lincuentes y los locos volverán a
su lugar cada mañana porque lle-van dentro su propio carcelero.
Bentham en España
133
La sociología de la desviación de los años 60
-Lemert, Becker,
Goffman, Marza- va a conceder una importancia
primordial al pro-ceso de "estigmatización" del delincuenie o el
loco. Las institucio-nes de control actuales van a hacer pensar a Goffman o a
Becker que el desviado es, casi exclusivamente, su producto. Una nueva
manifestación de la sustitución de la representación por lo repre-sentado a la
que estamos asistiendo. Es precisamente este fenóme-no el que hace posible que
estos autores, tras un analisis correcto de las instituciones de control,
caigan en el idealismo más aparato-so, percibiendo sólo al individuo enfrentado
a la sociedad o al esta-do y sus aparatos, ignorando una verdad tan elemental
como que el único enfrentamiento posible, en definitiva, es el de hombres
con-tra hombres.
Pero Bentham no se conforma con escamotear la
vigilancia. Debe justificarla más aún, añadiéndole el elemento más valioso de
los que dispone el Siglo de las Luces: el saber.
La mirada tecnificada de Bentham, en consecuencia,
no solo vigila a los presos. Sobre todo, los clasifica. La clasificación es
otra de las bases de los modernos sistemas carcelarios, incluido nuestro
"sistema progresivo".
El actual sistema de grados, e incluso la cárcel
abierta, están perfectamente previstos por Bentharn:
'40 que debe hacerse es tener un establecimiento
subsidia-rio ... un panóptico donde reinará más libertad, donde ya no habrá
señal humillante, donde podrán celebrarse matrimo-nios, donde los trabajadores
podrán ajustar su trabajo sobre el mismo pie, más o menos, que los oficiales
ordinarios, donde en una palabra se puede dar tanta comodidad y tanta libertad,
cuanta pueda ser compatible con los principios de la seguridad, la decencia y
la sobriedad". (p. 72).
No es partidario del sistema celular, reliquia del
pasado, antie-conómico y, sobre todo, inútil. "La soledad absoluta, que
produce al principio un efecto saludable, pierde prontamente su eficacia y hace
caer al infeliz cautivo en la desesperación, en la locura o en la
insensibilidad" (p. 57). Como buen liberal, cree en los efectos
bene-ficiosos de la asociación y la coniunicación. La convivencia es el único
sistema que puede mantener vivos los sentimientos humanos en los presos.
"Las pequeñas asociaciones son favorables a la amis-tad, que es la hermana
de las virtudes, y un afecto durable y honra-do será muchas veces el fruto de
una sociedad tan íntima y tan lar-ga" (p. 59). "Se dirá tal vez que
esta asociación será más bien una escuela de delitos en la que los menos
perversos se perfeccionen en
134 María
Jesús Miranda
el arte de la maldad, con las lecciones de los que
tienen una larga práctica en ella; pero se puede prevenir este inconveniente
distin-guiendo a los presos en diferentes clases según su edad, el grado de su
delito, la perversidad que manifiestan, la aplicación al trabajo y las señales
que dan de arrepentimiento. El inspector debe de ser bien poco inteligente y
bien inaplicado si en poco t i e m p ~no cono-ce el carácter de sus presos
..." @. 58). Ya no basta con que el ins-pector sea poderoso; además, ha de
ser inteligente y atento. Ha de "saber"; saber cómo obtener el
conocimiento y saber aplicar técni-camente los resultados. En la torre del
panóptico se unen el poder
y el saber; el
centinela que guarda los presos hacinados se ha trans-formado en el sabio
inspector que los clasifica, los estudia, los ob-serva, los "trata"
técnicamente, en especial disponiendo el espacio donde deben situarse, espacio
vigilado pero también espacio, de convivencia, de trabajo, de instrucción y d
~ocio! y afectos.
Por lo tanto, el instrumento de que se sirve
Bentham para pro-porcionar saber al inspector del panóptico es la distribución
del es-pacio. La máquina funciona en virtud de dos principios arquitectó-nicos:
la construcción circular y la transparencia. La distribución del espacio va a
ser una de las grandes preocupaciones del XIX por-
que lo es de una burguesía obligada a reinstalar -y
a hacerlo "con-venientemente"- una enorme masa de población,
expulsada de la sociedad mial o producto, simplemente, del enorme desarrollo
de-mográfico del siglo. "A finales del XVIII se plantea un problema nuevo;
se trata de servirse de la organización del espacio con fines
económico-políticos~'5. A los proyectos de distribución del espacio urbano que
surgen en el XVIII se añaden progresivamente la racio-nalización del espacio
rural, marítimo ... Pero, sobre todo, de los microespacios; la vivienda obrera,
los hospitales, las aulas, las fábri-cas ... todos los lugares en los que
transcurre la vida cotidiana se or-ganizan funcionalmente. El panóptico no es
sólo, ni sobre todo, un proyecto de cárcel. Es un primer ejemplo, y bien claro,
de arqui-tectura funcional. Arquitectura posible, y necesaria, en una socie-dad
en la que el poder se ha escapado de las manos del hombre y se ha instalado en
las relaciones entre ellos. Expresión plástica de una sociedad que "va
d'elle meme" pero, sobre todo, arquitectura -y concepción social- que
permiten que la sociedad se ajuste a leyes creadas por los hombres como si esas
leyes fueran naturales y estu-vieran fuera del control de quienes las han
creado. En un proceso
5 . Idem
id., pgs. 11-12.
Bentham en Espaiia
13.7
que ha llevado a la sociedad -y a las cárceles- actuales de ser "las
mejores posibles" a ser "las únicas
posibles".
La otra gran preocupación del panóptico es la transparencia,
pues no en vano es un producto del siglo de las
luces. En él, todo está a la vista, pero en un solo sentido. Mientras los
vigilados están situados en contraluz, para mejor exponer sus siluetas, la
torre cen-tral está protegida de sus miradas por una celosía. Es bien cierto
que los viajeros, los políticos y las personas interesadas pueden en-trar en la
torre, pero nunca los presos. El panóptico es una maravi-llosa imagen de la
ciencia social de nuestro tiempo. E1 técnico -el inspector- se encuentra en situación
privilegiada para observar una serie de individuos que se le exponen, si no
materialmente, sí al menos mediante técnicas de observación sofisticadas. Estas
técni-cas, sin embargo, sólo valen en la medida en que los observados se
comporten de acuerdo con determinadas normas, que no rompan con la ley de los
grandes números. Los observados deben estar en situación de imposibilidad
material de romperlas La observación se dota así de una doble función: observar
la conformidad y provocar-la, en bien de la propia observación. La
transparencia del panópti-co es la imagen ideal de un sueño de las ciencias
sociales; la socie-dad como conjunto de individuos perfectamente contados,
pesados y medidos, sin márgenes de error ni variables aleatorias.
Pero semejante ciencia social sólo ha podido surgir
al final de un proceso dominado por una idea: la igualdad entre todos los
hombres. Una igualdad que, en un primer momento, resulta verda-deramente
irrisoria. Una igualdad que, para que sea credible, hay que construir. Y que,
de hecho, la sociedad capitalista ha ido, y va, construyendo día a día.
Precisamente, en los espacios de poder de-finidos por la arquitectura funcional
y la vigilancia; la familia, la es-cuela, la industria, las instituciones sanitarias
y de "reforma". Que se manifiesta en miles de cosas, desde la
disolución de la propiedad en sociedades cuanto más "anónimas7' mejor y la
revolución de los managers, hasta el aprendizaje obligado del inglés para todo
hom-bre de hoy que se precie de serlo.
A esta cuidadosa disposición del espacio, Bentham
añade otro elemento básico de su proyecto, elemento que también se mantiene
intacto en la prisión moderna: la ingeniería del tiempo. "Pasemos a la
ocupación del tiempo, objeto de una importancia infinita..." (p. 60, el
subrayado es mío).
Del suplicio al empleo del tiempo. Rasgos
defmitorios de siste-mas penales diversos, separados, sin embargo, pcr menos de
un si-do .
136 María
Jesús Miranda
"Es la época en la que se redistribuyó, en
Europa y Estados Unidos, toda la economía del castigo. Epoca de grandes
es-cándalos para la justicia tradicional, época de innumerables proyectos de
reforma; nueva teoría de la ley y el delito, nuevas justificaciones morales y
políticas del derecho de castigar; abolición de las viejas ordenanzas,
desaparición de las costumbres; proyectos de redacción de códigos
"moder-nos"; Rusia, 1769; Prusia, 1780; Pensilvania y Toscana, 1786;
Austria, 1788; Francia, 1791, Año IV. 1808 y 1810. Una era nueva para la
justicia penal"6.
Pasukanis entrevió, hace ya mucho tiempo, esta
importancia central del tiempo en el derecho penal y penitenciario de la
sacie-dad capitalista.
"Las prisiones y los calabozos existían
igualmente en la an-tiguedad y la Edad Media, junto ccn otros medios de
vio-lencia psíquica... (Pero) para que la idea de la posibilidad de reparar el
delito con un auantum de libertad abstractamen-te-predeterminado haya
p"odido nacer, ha sido necesario que todas las formas concretas de la
riqueza social hayan sido reducidas a la forma más abstracta y más simple, al
trabajo humano medido por el tiempo. Tenemos aquí indudabie-mente un ejemplo
que confirma la interconexión de los distintos aspectos de la cultura. El
capitalismo industrial, la declaración de los derechos humanos, la economía
política de Ricardo y el sistema de detención temporal son fenóme-nos que
pertenecen a una y Única época histórica"'.
El tiempo de la cárcel, más que nunca es oro, es
decir, produc-tor de propiedad. Para que sea válido como pago por la culpa, el
tiempo del condenado debe ser tiempo social, tiempo del mercado. Tiempo, pues,
de instrucción y trabajo, las dos maneras en que el tiempo se convierte en
propiedad. Bentham, el autor de "Defensa de la usura", es, de nuevo,
el heraldo, si no el inventor, de las dos formas básicas de utilización del
tiempo en nuestras prisiones: el trabajo y la instrucción.
El trabajo que se propone para el panóptico no es
ya el trabajo forzoso de las galeras. En la nueva sociedad, el trabajo no es el
hijo de un castigo divino, sino "el padre de la riqueza, el mayor de los
bienes". La Constitución española de 1978 propone, en su artículo
--
6 . M. Foucault: Surveiller etptinir, Gallimwd,
Paris, 1975, p. 13. Hay traducción en Siglo XXI, Ediciones. México, 1976.
7. E.
B. Pasukanis: Teoríageneral del derecho y ,marxismo, Labor, Ma-drid, 1976, p.
154.
Bentham en España 137
26.2 que "el condenado a pena de prisión ...
en todo caso tendrá de-recho a un trabajo remunerado y a los beneficios
correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al
desarro-llo integral de su personalidad". Y así es exactamente en la
prisión benthamiana. El trabajo no es un suplicio adicional, sino un dere-cho
del preso, derecho a mejorar algo su condición en la cárcel, a ahorrar para
cuando salga de elia, en una palabra, a acumular pro-piedad, es decir, a ser
hombre, porque hemos entrado ya en el tiem-po en el que ser hombre es idéntico
a ser trabajador. Negar 4 preso el derecho al trabajo es negarle su esencia
humana ... algo incompa-tible con el humanismo de la sociedad burguesa. De ahí
todas las preocupaciones de Bentham -y de los reformadores actuales- so-bre el
trabajo carcelario; que no sea forzoso ni predeterminado, si-no de libre
elección, dentro de lo posible; que permita la formación profesional del preso;
que sea lo suficientemente rentable como pa-ra proporcionarle un aliciente
económico ... que sea, en fin, trabajo, en el estricto sentido que el término
tiene en la sociedad capitalis-ta: quehacer "libre" y remunerado.
Otro tanto podemos decir de la instrucción, modo en
que el tiempo se convierte en propiedad del interesado con valor de cam-bio
social. "Toda casa de penitencia debe ser una escuela. Esto es necesario
para los jóvenes encerrados en ella: ipor qué se negaría el beneficio de la
instrucción a unos hombres ignorantes, que pueden hacerse miembros útiles de la
sociedad con una nueva educación?
(p. 67, el subrayado es mío). El mismo
planteamiento: la educa-ción es un derecho ... que hace al hombre útil a la
sociedad. Sólo que, como esta sociedad es más útil para unos que para otros, la
burguesía en el poder va a intentar convertir cada cárcel en una es-cuela. Se
enseñará en ellas 'la lectura, la escritura, la aritmética, el dibujo" ...
pero también la "enseñanza moral y religiosa". Obsesión permanente de
los penitenciaristas de nuestra época que, de tanto perseguir la "educación
nueva" van a terminar llamándose "reedu-cadores", nombre que hoy
ostentan con orgullo.
La sociedad capitalista hace posible, pues, la
detención tempo-ral, el pago de la culpa en tiempo. Pero el tiempo no es más
que una idea. Para que adquiera valor de cambio social hay que conver-tirlo en
tiempo de instrucción y trabajo: tiempo objetivo. ¿Podría-mos decir tiempo
alienado? En cualquier caso, tiempo separado del sujeto. Manipular esta
dimensión del tiempo no es suficiente por-que, como veáamos al hablar de la
vigilancia, una de las condiciones de la sociedad democrática es que la
vigilancia se ejerza desde uno mismo. Por eso es preciso manejar también el
tiempo subjetivo. Y
138
María Jesús Miranda
eso sólo puede
hacerse a través del cuerpo, que es lo que lo hace
perceptible. El cuerpo del preso sigue siendo el
resorte último de la justicia, a donde el poder acude para rentabilizar el
delito. Lo que sucede es que ya no recurre a la pompa del suplicio. Ahora, lo
que trata de inscribir en el cuerpo del preso no es tanto el valor-de-po-der
como el valor-del-valor. El exponente más general del valor$s el trabajo. El
trabajo se hace con el cuerpo; rio por casualidad la fuer-za de trabajo se
llama mano de obra. Manos, pies, brazos, espaldas, sometidos al tiempo: gimnasia.
"El ejercicio al aire libre es un pre-servativo parala salud; pero este
ejercicio debe, como todo lo demás, estar sometido a la regla inviolable de la
inspección" (p. 66).
Esta es, en definitiva, la verdad de la cárcel. Una
caricatura, un modelo a escala reducida, de la sociedad que la produce. En eiia
se va a reproducir, más inexorable y más ceñido que los gdete s de hierro, el
ciclo vital -o más bien, anti-vital- a que nos somete la sociedad capitalista;
instrucción, trabajo, producción, descanso, producción, trabajo, descanso,,
producción. El cuerpo del preso de-be ser el cuerpo más saludable de todos los
cuerpos; en él está ins-crito el valor del trabajo.
Una forma adicional, pero no menos importante, de
la relación cuerpoespacio-tiempo es la dramatización del proceso de
encarce-lamiento, dramatización completamente viva hoy en día, como ha puesto
de manifiesto el trabajo de Goffman y de muchos otros que le han seguido. Nos
dice Bentham: "Es muy particular que la más horrible de las instituciones
presente en este punto un modelo ex-celente. La Inquisición, con sus
procesiones solemnes, sus vestidos emblemáticos, y sus decoraciones espantosas,
había hallado el ver-dadero secreto de mover la imaginación y hablar al alma.
En una buena comisión de leyes penales, la persona más esencial es la
en-cargada de combinar el efecto teatral" (p. 42, el subrayado es mío). He
aquí otro de los eiementos fundamentales de la sociedad demo-crática, elemento
que la hace posible y la mantiene; el de hacer pa-sar la apariencia por la
esencia, el fenómeno por el ser. La palabra que Bentham utiliza es exacta; lo
esencial es el efecto, la represen-tación, el símbolo. Reaparición del fenómeno
central del que ha-blábamos al principio: escamotear los objetos y sustituirlos
por su representación. Es esta escenificación del proceso la que hace creí-ble
a los ojos del sujeto y del público en general la realidad de lo re-presentado.
En este caso, la realidad de la justicia penal de la socie-dad burguesa. Ni la
ley, ni el juicio. Ni los hechos ni la razón son eserzciales. Ni una ni otra
aparecen en el modelo de Bentham. Lo que si está presente por todas partes es
la escenificáción: en la de-
Bentham en España 139
coración, en el vestido @. 64), en los
procedimientos de admisión (p. 65), en los castigos (p. 69). Toda una
dramatización orientada a "destruir el yo del preso", que diría
Goffman o, más simplemente, a "sumergirlo en la h u d a c i ó n " que
dice Bentham para poder, posteriormente, "iniciar el tratamiento'"
que diría Goffman o, más simplemente, "disponer todo lo que le rodea de
modo que haga en él la impresión que se desea producir", que dice Bentham.
A través
del cuerpo. Pero "como el rayo de sol que atraviesa el cristal, sin
romperlo ni mancharlo". Del poder físico al poder sim-bólico. Del verdugo
al psiquiatra ... en un proceso que aún no se ha detenido... ni tiene visos de
detenerse.
¿Por qué? En mi opinión, porque la forma de
ejercicio del po-der prevista en el panóptico es una forma esencialmente
democrá-tica, es decir, una forma en la que el poder se diluye en un campo de
fuerzas. En la cárcel democrática. como en la familia actual, el ejercicio del
poder se enmascara tras'una apariencia de trampa. To-dos están atrapados por la
relación y es ésta la que determina los comportamientos. Kropotkin entendía muy
bien eI problema cuan-do decía: "Poned un Pestalozzi al frente de cada
cárcel ... y segui-réis cosechando la rein~idencia"~.No hay en la cárcel
democráti-
ca un poder
que se entrega a alguien para que lo
ejerza sobre los
otros. Se trata más bien, como dice Foucault,
"de una máquina en
la que todo el mundo está aprisionado, tanto los
que ejercen el po-
der como aquellos sobre los que el poder se ejerce.
Pienso que esto
es lo característico de las sociedades que se
instauran en el siglo XIX.
El poder ya no se identifica sustancialmente con un
individuo que lo
ejercería o lo poseería en yirtud de su nacimiento,
se convierte en
una maquinaria de ia que nadie es titular. Sin
duda, en esta máquina
nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos
puestos son prepon-
derantes y permiten la producción de efectos de
supremacía. De es-
ta forma, estos puestos pueden asegurar una
dominación de clase en
la misma medida en que disocian el poder de la
potestad indi~idual"~.
La crítica de la cárcel, como la de tantas otras
instituciones burguesas, sólo puede hacerse, pues, en base a una crítica radial
de la misma, como mercado político, generalizado como organización técnica del
poder que permite y mantiene e1 dominio de la burgue-sía. La sociedad
capitalista se mantiene precisamente gracias al pro-ceso de democratización de
sus instituciones básicas. El problema
8 Kropotkin:
Las prisiones. Calamus Scdptorius,
Bacelona, 1977,
140 María
Jesús Miranda
es que la democratización no elimina la dominación
ni la opresión. No elimina el ejercicio del poder que, por el contrario, pasa a
ser elemento integrante -e indispensable- de la propia relación, de la propia
institución. Este carácter obvio y generalizado de las relacio-nes de poder en
la sociedad capitalista es precisamente lo que hace posible que no sean
percibidas.
En el caso concreto de la criminología, el hecho es
evidente. Desde "L'uomo criminal" de Lombroso, la criminología
médica, psiquiátrica o social se han olvidado sistemáticamente de que, en
definitiva, la criminalidad es la expresión de una relación de poder. Bentham
lo expresa claramente al decir que la ley crea el derecho al crear el delito.
El delito, como la ley, es una expresión del poder. Pero cien años más tarde,
todos los criminólogos parecen haberlo olvidado. Se busque la causa del delito
en lo fisiol&gico, lo psicoló-gico o lo social, se harán escasas o nulas
referencias al poder, al es-tado o sus aparatos. Con algunas excepciones; como
notables, po-dríamos citar a Pasukanis y a Durkheim. Pero también es cierto que
sus análisis conducen a estos dos autores a conclusiones muy poco democráticas;
Durkheim defenderá una organización política cor-porativa; Pasukanis, la
dictadura del proletariado. Y cuando, por fin, el tema del poder se ha
planteado, la realidad de las institucio-nes "democráticas" de control
ha hecho que el enfoque haya sido totalmente idealista.
En los últimos años, España está sufriendo un
proceso de de-mocratización. Como es característico de estos casos, el tema de
las cárceles ha saltado a la arena del debate. Por una doble vía: la polí-tica
y la de la acción. Mientras se elabora un proyecto de reforma penitenciaria,
arden las cárceles. Tal vez una mirada retrospectiva pueda aclararnos algo este
fenómeno.
En 1894, D. Luis Silvela, el introductor en España
del concep-to de pena correccional (con su obra "El derecho penal
estudiado en principios", 1874), dedica a Bentham su discurso de ingreso
en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Silvela es, para García Valdés,
-por ejemplo- "uno de los cuatro españoles que más se distinguieron en su
afán de reformar las cárceles". Y, dato signifi-cativo, dedica parte de su
labor intelectual al estudio de Bentham y su huella entre nosotros. También en
España, la reforma legal y penitenciaria del XIX está profundamente marcada por
el pensa-dor inglés que Silvela, en una curiosa coincidencia con Foucault, no d
e f i e como fdósofo o jurisconsulto, según las opiniones más fre-cuentes de su
época -y de la nuestra- sinc como persona a la que "si!s estudios, la
índole de su genio, sus tendencias todas le coloca-
Bentham en España 141
ban más bien entre los sociólogos, entre los
hombres prácticos que tienen horror a la metafísica7'l o .Para el inefable D.
Luis, Bentham es un hombre de acción, preocupado por la realidad social, un
téc-nico reformador, pero un mal filósofo. Los principios en que pre-tende
basar su obra son toscos y débiles. Pero ésta es importante, porque 'la
humanidad se ha beneficiado de sus indudables acier-tos, desdeñando el débil
principio en que se apoya"ll.
Esa es, efectivamente, la historia de la herencia
de Bentham. En 1957, en la Revista de Estudios ~enitenciarios'~podemos leer:
"los principios característicos del Panóptico destinados a prevale-cer o a
reactualizarse con posterioridad son:
1 . su idea esencial de la inspección central.
2. su minucioso dispositivo de seguridad.
3. la celda como unidad de alojamiento de varios
indivi-duos.
4 . paredes interiores formadas por una reja, que
permite la visibilidad plena.
5. principio
de clasificación moral".
Es decir, ¡todo! Los postulados esenciales de la
obra de Benth-am permanecen como base de la cárcel ciento cincuenta años
des-pués de haber sido formulados ... y después de haber sido refutados ciento
cincuenta mil veces los principios filosóficos en los que pre-tendían basarse.
Bentham empieza a influir temprana y fuertemente en
los li-berales españoles. Su primer introductor es Toribio Núñez, profe-sor de
la Universidad de Salamanca, discípulo de Meléndez Valdés, diputado en Cortes
en 1820, autor del libro "Ciencia social según los principios de Jefemías
Bentham", impreso en 1835 por orden del gobierno español en la Real
Imprenta, lo que nos da idea de hasta qué punto los liberales entonces en el
poder estimaban la *m-portancia de la obra benthamiana, y que ya en 1820 había
traduci-do los "Principios de Legislación Civil y Penal" extractados
por Du-mont de la obra de Bentham (de los que hemos extraído la Memo-ria sobre
el Panóptico). La misma memoria es editada en 1834 por iniciativa de Villanueva
y Jordá -que ya en 1819 había ideado la aplicación del principio panóptico a
las cárceles españolas- acom-pañada de una Memoria de la Sociedad Económica
Matritense de
10 Silvela,
op. cit., p. 13.
11 Idem
id.,p. 13.
12 Carlos
García Basalo: El panóptico de Bentham. Revista de Estudios
Penitenciarios, núm. 129. Madrid, 1957, p. 594.
María Jesús Miranda
Amigos del País sobre la situación de las cárceles
de la Villa y Corte y un apéndice del propio Villanueva sobre la situación de
la pobla-ción penal española, que también incluimos en este volumen. Y no cabe
duda de la influencia benthamiana en las dos primeras mues-tras del derecho
penal y penitenciario español, respectivamente, el Código Penal de 1822 y la
Ordenanza General de Presidios del Rei-no de 1834.
Pero ambas leyes corren una suerte muy diversa:
mientras el Código Penal goza de una vida muy corta -es abolido por Fernan-do
VI1 en 1823, y su sucesor, el Código de Narváez de 1848, es ya mucho menos
liberal, y mucho menos bentharnista- la Real Orde-nanza va a perpetuarse con
escasas modificaciones (que giran íinica-mente en torno al tema de la
separación individual o no de los pre-sos; es decir, a la instauración o no del
sistema celular), aunque manteniendo en pie al resto de los principios:
inspección, clasifi-cación, trabajo obligatorio y "redentor",
instrucción, etc., etc., que son los que triunfan definitivamente en el Real
Decreto de 5-5-1913, que ha sido calificado de "verdadero Código
penitenciario español", y que según García Valdés recoge una serie de
"instituciones que, modernizadas, se reproducen en los sucesivos
reglamentos de Pri-siones" 1 3 . Y no puede por menos de ser así. La
sociedad democrá-tica ha establecido, también en España, sus normas y esas
normas implican unos instrumentos determinados de control social. pena-tiempo,
tiempo-trabajo, trabajo-inspección, inspección-pena ... cír-culo infernal del
que la "modernización" de la que habla García
Valdés -,no es
más propio llamarla sofisticación tecnológica?-
no
nos permite escapar.
Y, mientras tanto, se produce un doble proceso: por
un lado,
la situación de
la población carcelaria se mantiene en un estado de
miseria sangrante y por el otro, al nivel de
codificación, al nivel de las ideas hechas leyes, se entabla una batalla --muy
poco sangrien-ta- entre progresistas y reaccionarios, que convierte la historia
de la codificación penal española en una farsa maniquea y que sirve, de hecho,
para ocultar entre ríos de tinta y montañas de papel la permanente desgracia de
quienes caen en las manos de la justicia. Dicho en otras palabras: mientras que
penales como El Dueso, San-ta María, Ocaña, La Casa Galera de Mujeres de Alcalá
siguen en pie tras varios siglos de servicio, España disfruta de siete códigos
pena-les diferentes.
13 Sarcía
Valdés: Régimen penitenciario de España. Instituto de Crirni-nología, Madrid,
1975, p. 37.
Bentham en España 143
En el terreno de las reformas penitenciarias,
Bentham señala desde el principio todos los elementos fundamentales.
"Conviene recordar sumariamente los objetos a
que debe mirarse en una institución de esta clase; retraer de la imita-ción de
los delitos con el ejemplo de la pena; prevenir los delitos de los presos
durante su cautividad; mantenq entre eilos la decencia; conservar su salud y
limpieza, que es parte de eila; estorbar su fuga; procurarles medios de
subsistencia para el tiempo de su soltura; darles la instrucción necesaria;
hacerles adquirir hábitos virtuosos; preservarles de todo mal trato ilegítimo; darles
el bienestar del que es susceptible su estado ..." etcétera, etcétera.
(Panóptico, 45).
Nada nuevo han añadido a esta lista los sucesivos
proyectos de reforma penitenciaria que se han realizado en nuestro país, ni los
hermosos y grandes proyectos realizados por los liberales de finales del XIX ni
los regresivos y delezriables realizados por los regímenes reaccionarios. Es
precisamente esta continuidad en la situación -y en su crítica- la que hace
posible que García Valdés cometa el in-creíble error de confundir a Fernando
VI1 con Alfonso XIII y de creer que la Real Ordenanza de 1819 en la que el
primero pide un informe a la Red Sociedad Matritense sobre la situacióii de las
cár-celes, es obra del segundo y tiene fecha de 1919 14. La descripción de los
horrores de la cárcel de la Viila que hace la Sociedad podría haberse hecho un
siglo después, lo mismo que ciento cincuenta años después de haberse escrito,
el panóptico sigue siendo progresi-vo o, en palabras del actual director
general de prisiones, un mode-lo de "las modernas tendencias
arquitectónicas aplicables a las mis-mas" (instituciones penitenciarias).
Cien años, cuatro constitucio-nes con sus correspondientes códigos penales y
reformas peniten-ciarias, las voces de Concepción Arenal, Salillas, Bernaldo de
Qui-rós, Silvela, Villanueva, Montesinos, Dorado ... y, en una mirada
re-trospectiva, un experto en nuestro tiempo puede confundir hechos separados
por un siglo. ¿Estamos o no en un círculo infernal?
Porque la rueda sigue girando. García Valdés se
encuentra, co-mo los liberales del 22 (mil ochocientos) enfrentado a la reforma
democrática de las prisiones. Y poco más que ellos puede hacer. Puede repetir,
con Bentham, que privar al hombre de libertad no es arrojarle a una cloaca.
Puede seguir persiguiendo obsesivamente, co-mo él, la limpieza que es parte de
la decencia, porque la limpieza será la eterna obsesión de una institución que
condensa todas las
14 Ver la obra anteriormente citada, pp. 36 y 37
144 María
Jesús Miranda
tendencias anales de los hombres de la sociedad
capitalista; su sadis-mo, sus sentimientos de culpa, sus ciegos temores ...
Puede, en el ca-mino iniciado por él, seguir sustituyendo elementos físicos de
con-trol por elementos simbólicos: los muros y las cadenas pueden ir cayendo
bajo el impulso de la vigilancia, desde la tecnificación pro-gresiva de la
administración pública -hoy por hoy es tan malo ir in-documentado como ir
marcado con hierro el siglo XVII-- hasta la aplicación in extenso de la psicoterapia
más sofisticada. Puede ha-cer a los presos algo más hombres -perdón, más
propietarios- gra-cias a la Seguridad Social y a la enseñanza a distancia. Y
nada más.
No quiero decir que esté en contra de la limpieza o
de la Segu-ridad Social o a favor de las cadenas y los electroshocks. Quiero
de-cir que ni el director general de prisiones tiene el poder suficiente para
romper un círculo vicioso que engendra dolor y delincuencia y dolor. Que está
atrapado en él tanto como el último preso, o como cualquiera de nosotros. En
primer lugar, por una serie de limitacio-nes que se derivan de la propia
naturaleza de la cárcel como realiza-dora de penas justas; como ya señalaba Bentharn,
la comida, el alo-jamiento y el vestido que la cárcel proporcione debe ser
siempre "el más común y el más barato que dé el país, porque no deben (los
presos) ser mejor tratados que la clase pobre y laboriosa" (Panópti-
co, 63).
La cárcel justa y democrática tiene que ser mala,
porque así lo exige el pueblo. El pueblo enfrentado al poder asalta las
bastillas, porque ve en ellas su manifestación extrema. Pero el pueblo que se
cree instalado en el poder por la democracia -por limitada que ésta sea- se
queja del gasto de las prisiones. Ya a mediados del XM, los obreros de Paris
reclamaban que los trabajos peligrosos o desagrada-bles fueran realizados por
los presos.
La insensibilidad popular ante el problema de las
prisiones es también una consecuencia de la organización democrática de la
so-ciedad, como hemos podido observar claramente en España en los tres últimos
años. A medida que ha ido progresando la estabiliza-ción democrática, el tema
de la cárcel, la amnistía, etc., ha ido cam-biando de signo. En diciembre del
77 fue casi realidad un indulto ge-neral para los presos comunes, apoyado
incluso por el PSOE. En noviembre del 78 se celebran manifestaciones multitudinarias
con-tra el terrorismo y a favor del aparato de control -cárceles inclui-das-
apoyado incluso por partidos maoístas. Este giro de 180 gra-dos se explica en
parte por la cuidadosa campaña propagandística emprendida por el gobierno
Suárez contra los delincuentes y a fa-vor de las fuerzas del orden. Pero es
indudable que el eco de esta
Bentham en España 145
campaña ha sido posible fundamentalmente gracias a
las ilusiones democráticas -de compartir el poder frente a- del pueblo. Y son
precisamente estas ilusioneslas que van a dificultar la reforma. Pero, sobre
todo, la reforma es imposible, por el carácter utópico del pro-pio
planteamiento. El panóptico fracasó porque Bentham no previó las resistencias
o, mejor dicho, porque no estaba diseñado para tra-tar con hombres, sino con el
mítico homo utilitario que el propio Bentham había creado. El mismo creador del
mito fue víctima de su criatura e incapaz de darse cuenta de ello. Hasta
ahr'llega el po-der de la representación.
Hechas para tratar con mitos, las cárceles de hoy,
mucho que se tecnifiquen, siguen fracasando frente a las resistencias de los
hombres que las pueblan. A fuerza de dolor, los presos "previenen del
delito con el ejemplo". Pero es precisamente ese dolor constan-te y
acrecentado el que puede hacernos pensar que algo tiene que estar equivocado
para que esta sociedad del mercado y la democra-cia neces'te del dolor para
seguir viva. Desde el terror y con el te-rror - i p ~ d r í aacaso haber sido de
otro modo?- los presos están tratando de esclarecer ekiremendo error que les
condena a un sufri-miento perpetuo por&e es necesario. Quizá su grito sea
también un signo de los tiempos y no caiga en el vacío.
María Jesús Miranda
Diciembre de 19 78
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España (1868-1873). 1977. 156 págs.
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