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Libro N° 7615. El Panóptico. Bentham, Jeremias. Emancipación. Agosto 8 de 2020.

 


 © Libro N° 7615. El Panóptico. Bentham, Jeremias. Emancipación. Agosto 8 de 2020.

Título original: © El Panóptico. Jeremias    Bentham

 

Versión Original: © El Panóptico. Jeremias Bentham

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://iedimagen.files.wordpress.com/2012/02/bentham-jeremy-el-panoptico-1791.pdf

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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EL   P ANÓPTICO

Jeremias  Bentham

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El  P  anóptico

Jeremias  Bentham

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El        P      anóptico

Jeremias       Bentham

 

EL       PANOPTICO

 

M i c h e l      F o u c a u l t

 

EL       OJO  DEL  PODER

 

M a r í a        J e s ú s       M i r a n d a

 

BENTHAM  EN    ESPAÑA

 

 

 

 

 

 

*Genealogía del poder, colección dirigida por

 

Julia Varela y Fernando Alvarex-UrFa

 

Título original:

 

L'oeil du pouvoir

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diseño  cubierta

 

Roberto        '1'uvc;gano

 

O Editions Pierre Relfond

 

C  De  la  presente  edición

 

I,crs    I ~ ~ ~ C I O I Id~(J ~Lu  Piyuefu

 

Sescña. 59. Madrid-8

ISRN: 84-7443-02-1-0

 

l3epósito  l,egal :  M .       12069-1979

 

Impreso  en   V E L O C R A ~

 

Tracia.  17 . Madrid- 1 7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

El ojo  del poder,  Michel Foucault      9

 

E1 Panóptico:

- Memoria    1..     29

 

- - Informe ............................................................

 

- Apéndice  ..........................................................

 

- Planos  ..............................................................

 

Bentharn en España, María Jesús Miranda    129

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL       OJO  DEL  PODER

 

Entrevista

con  M i c h e l        F o u c a u l t

 

 

Trad. de Julia

 

 

Varela y

 

 

Fernando  Alvarez-Uria.

 

 

Jean-Pierre Barou: El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del siglo XVIII que ha permanecido descono-cida. Sin embargo, tú has escrito una serie de frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: "Un acontecimiento en la historia del espíritu humano", "Una especie de huevo de Colón en el campo de la política". Por lo que se refiere a su autor, el jurista inglés Jere-mías Bentham, lo has p~esentado,como el "Fourier de una sociedad policial"'. Para nos.ofros es un misterio. Pero, explícanos, cómo has descubierto El Panóptico.

 

Michel Foucault: Estudiando los orígenes de la medicina clíni-ca; había pensado hacer un estudio sobre la arquitectura hospitala-ria de la ~ g u n d mitad del siglo XVIII, en la época en la que se de-sarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médi:

.cas. Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada.- médi-csl.cómo se había inscrito realmente en el espacio social; cóm; la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el sogorte de un pueyo. tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos ar-qGtectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta hasta qué punto el problema de l a ~ o t avisibil-li&d de los cuerpos, de los individuos, de las cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos m4s constan-tes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una difi-cultad suplementaria: era necesario evitar los contactos, los conta-gios, la proximidad y los amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cui-dadosamente a los individuos que debían ser vigilados. Había pen-sado durante mucho tiempo que estos eran problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

-- --

 

 

1 Michel Foucault describe así El Panóptico  y  a

en su obra Vigilar y castigar, Siglo X X I ,  México, 1976.

 

 

Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco más tarde, en la primera mitad del siglo X R ) , retornaban al mismo tema, pero ahora refi-riéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos n i pro-yectos acerca de las prisiones en los que no se encontrase el "in-vento" de Bentham, es decir, el "panóptico".

 

El principio era: en la periferia un edificio circular; en el cen-tro una torre; ésta aparece atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el inte-rior que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenádo, un obrero o un alumno. Me-'diante el efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas de la periferia proyectadas y recor-tadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en último término cumplía una función protectora.

 

Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preo-cupación existía ya. Parece que uno de los primeros modelos de es-ta visibilidad aislante había sido puesto en práctica en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados. Existía además

 

El ojo del poder      11

 

un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluque-ro pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo física-mente: la cabeza del alumno pasaba a travks de un tragaluz, que-dando el cuerpo del otro lado de un tabique de cristales que permi-tía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fuesu herma-no el que visitando la Escuela militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas estaba presente. Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina que construye en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un ele-mento suplementario: que exista un punto central que $ea el lugar del ejercicio y, al mismo tiempo, el lugar de registro de saber. De todos modos si bien la idea del panóptico es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y ¡a bautice. El mismo nombre de "panóptico" parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues simplemente imaginado una figura arquitectó-nica destinada a resolver un problema concreto, como el de la pri-sión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera invención que él mismo denomina "buevo de Colón". Y, en efecto, lo que busca-ban los médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha encontrado una tecnología de poder es-pecífica para resolver los problemas de vigilancia. Conviene desta-car una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su pro-cedimiento óptico era la gran innovación para ejercer bien y fácil-mente el poder. De hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin embargo los procedi-mientos de poder puestos en práctica en las sociedades godernas son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.

 

Micheíie Perrot: ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la arquitectura como modo de organización polí-tica? Porque en último ténnino todo es espacial, no solo mental-mente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.

 

Foucault : Desde finales del siglo XVIIIla arquitectura comien-za a estar ligada a los problemas de población, de salud, de urbanis-mo. Antes, el arte de construir respondía sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la iglesia constituían las grandes formas, a las que hay que añadir las plazas-fueGes; se manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura se ha desarrollado durante mu-cho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organi-

 

Michel Foucault

 

zación del espacio para fines económico-políticos)

Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito co-sas que me parecen importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio indiferenciado. En este espacio hay ha-

 

# bitaciones en las que se duerme, se come, se recibe ..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obre-ras en los años 1830-1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole un espacio de vida con

una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra ha-bitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habi-tación de los hijos. Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para los niños. Podría escribir-se toda una "historia de los espacios" -que sería al mismo tiempo una "historia de los poderesy'- que comprendería desde las grandes estrategias de la geopolítica hasta las pequeñas tácticas del habitat, de la arquitectura institucional, de la sala de clase o de la organiza-ción hospitalaria, pasando por las implantaciones económico-polí-ticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el pro-blema de los espacios aparezca como un problema histórico-polí-tico, ya que o bien el espacio se reenviaba a la "naturaleza" -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la "geografía física9'- es decir a una especie de capa "prehistoria",~ bien se lo concebía co-mo lugar de residencia o de expansión de un pueblo, de una cultu-ra, de una lengua, o de un Estado. En suma, se lo analizaba o bien como suelo, o bien como aire; lo que importaba era el sustrato o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que se desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espa-cios marítimos. Es preciso continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-polí-tica que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto tiempo a una cierta negligencia respec-to a los espacios, citaré solamente una que concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas adquisiciones de la física teórica y experimental desaloja-ron a la filosofía de su viejo derecho de hablar del mundo, del cos-mos, del espacio finito o infinito. Esta doble ocupación del espa-cio por una tecnología política y por una práctica científica ha cir-cunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el fiiósofo tiene que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson,Hei-

 

El ojo del poder      13

 

degger-, con una descalificación correlativa del espacio que apare-' ce del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo muerto, de 1% fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de estos problemas de una política de los espa-cios, y se me respondió que era bien reaccionario insistir tanto so-bre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza de la filosofía del siglo XIX-.

 

M.P.: De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como señaló Vd. a propósito de la vigilancia en el

 

caso de los militares; de nuevo aparece este problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.

 

Foucault: Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilan-cia, y en particular de la vigilancia escolar, los controles de la se-xualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la masturbación.

 

MI'.: Siguiendo con la arquitectura, jno le parece que indivi-duos como los médico's, cuya participación social es considerable a

finales del siglo XVIII, han desempeñado de algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en

 

nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los médicos, con el renacimiento de la medicina hi-pocrática, se sitúan entre los más sensibilizados al problema del entor-no, del lugar, de la temperatura, datos que encontramos en la en-cuesta de Howard sobre las prisiones2.

 

Foucault: Los médicos eran entonces en cierta medida espe-cialistas del espacio. Planteaban cuatro problemas fundamentales: el de los emplazamientosr (climas regionales, naturaleza de los sue-los, humedad y sequedad: bajo el nombre de "constitución", estu-diaban la combinación de los determinantes locales y de las varia-ciones de estación aue favorecen en un momento dado un determi-nado tipo de enfermedad); :el de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y

las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea de los hom-

bres  y  los  animales:  mataderos,  establos;  ya  sea de  los hom-

 

bres y los muertos: cementerios); el de las residencias (habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hom-bres, propagación de las enfermedades). Los médicos han sido

 

2 John Howard publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the Prisions in England and Wales, with Preliminary Observations and un Account of some Foreign Prisions and Hospitals. (1 777) .

 

14       Michel Foucault

 

con los militares, los primeros gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las "campañas" (y por lo tanto el de los "pasos") y el de las fortalezas. Los médicos han pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciu-dades. No recuerdo quién ha buscado en Montesquieu y en Augus-to Comte las grandes etapas del pensamiento sociológib. Es ser bien ignorante. Elhaber s o c i o ~ ó ~se~forma más bien en prácticas tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos co-mienzos del siglo XIX un maravilloso análisis de la ciudad de Nan-tes.

 

De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la importancia de los hechos de población.

 

M.P.: Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la reflexión de Bentham. En distintos sitios di-ce haber resuelto los problemas de disciplina planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

 

Foucault: Al igual que sus contemporáneos Bentham se en-cuentra con el problema de la acumulación de hombres. Pero mien-tras que los economistas planteaban el problema en términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de obra, fuente de activi-dad económica, consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea la cuestión en términos de poder la po-blación como blanco de las relaciones de dominación. Se puede de-cir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso eri una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa, dejaban aparecer huecos bastante amplios sistema lacunar, aleato-rio, giobal, que no entra en detalles, que se ejerce sobre grupos soli-darios o practica el método del ejemplo (como puede verse clara-mente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil capacidad de "resolución" como se diría en térmi-nos de fotografía, no era capaz de practicar un análisis individuali-zante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las mutaciones económicas del sgilo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos de poder a través de canales cada vez más finos, hasta al-canzar a los propios individuos, su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso teniendo que diri-gir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejer-ciese sobre uno solo.

 

M P.: Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han con-tribuido sin duda al desarrollo de un poder semejante

 

El ojo del poder      15

 

J.-P. B.: ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolu-ción francesa a través de personas como La Fayette, ha acogido fa-vorablemente el proyecto del panóptico? Se sabe que Bentham, co-mo premio a sus desvelos, ha sido hecho "Ciudadano francés" en 1791.

Foucault:  Yo diría que Bentham es el complemento de Rous-seau. ¿Cuál es, en efecto, el sueño rousseauniano que ha animado a 'táfitos revolucionarios?: el de una sociedad transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no exibtan zonas os-curas, zonas ordenadas por los privilegios del poder red o por las prerrogativas de tal o tal cuerpo, o incluso por el desorden; que ca-da uno, desde el!lugar que ocupa, pueda ver el conjunto de la socie-dad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las mira-das no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesan-tes respecto a este tema en La Transparencia y el obstáculo y en La

invención de la libertad.

Bent'iam es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el proble-ma de la visibilidad, pero pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran te-ma rousseauniano -que es en alguna medida el lirismo de la Revo-lución- se articula la idea técnica del ejercicio de un poder "omni-contemplativo" que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de\ Bentham.:

 

M.P.: Hay una frase en el Panóptico: "Cada camarada se con-vierte en un vigilante".

Foucault:, Roussea-u habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea un camarada. Véase El Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea también un camarada.

 

J.-P. B.: La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias.

 

Foucault: Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen castigadas, sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sen-tirían sumergidas, inmersas, en un campo de visibilidad total en el cual la opinión de los otros, la mirada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución.

 

 

16

 

Michel Foucault

 

 

MP.:    El contexto inmediato ha jugado tambiSn su papel en la

adopción       del  panóptico      por la Revolución:  en este momento el

 

problema de las cárceles está a la orden del día. A partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones traducida al francés en 1788.\4Iospi-tales y cárceles son dos grandes temas de discusión en los salones parísinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escan-daloso el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolu-ción francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados "de humanidad", vocablo que compren-de hospitales y prisiones. ,

 

Foucault: Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio oscuro, la pantalla de oscuridad que im-pide la entera visibilidad de las cosas, las gentes, las verdades. Di-solver los fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticionesreligiosas, los complots de los tiranos

 

y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las epidemias. Los castiiios, los hospitales, los depósitos de cadáveres, las casas de corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una des-confianza o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede instaurarse sin su desaparición. Las no-velas de terror en la época de la Revolución, desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad signi-ficativa, a los truhanes y a los aristócratas, a los monjes y a los trai-dores: los paisajes de Ann Radcliffe son montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la "contra-figura" de las transparencias y de las visibilidades que se in-tentan establecer entonces. Este reino de 'la opinión" que se invo-ca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de funciona-miento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y anónima. Un poder cuyo resorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de sombra. Si

 

El ojo del poder      1 7

 

se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, sien-do aplicable a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un "poder por transparencia", de un sometimiento por "pro-yección de claridad". El panópticc es un poco la utilización de la forma "castillo" (torreón rodeado de murallas) para paradójica-mente crear un espacio de legibilidad detallada.

 

J.-P. B.: Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las Luces quiere hacer desaparecer.

Foucault:      Indudablemente.

M.P.: Sorprenden también las 1 técnicas de poder qiie funcio-nan en el interior del panóptico. La mirada fundamentalmente, también la palabra puesto que existen esos famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está muy presente en el texto de Bentham: "Es preciso -dice- estar incesantemente bajo la mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensa-miento de quererlo", Nos encontramos de lleno con las preocupa-ciones de la Revolución: impedir a las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.

 

Foucault: Estamos hablando de dos cosas: de la rnirada y de la interiorización. Y, en el fondo, ¿no se trata del problema del pre-cio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos vi-gilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el coste propiamente político. Si se es muy vio-lento se corre el riesgo de suscitar insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se amesga uno a dejar que se produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia, que detenía una proporción irrisoria de criminales, argumentaba dicien-do: conviene que el castigo sea espectacular para que los demás ten-gan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el ejem-plo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las rebe-liones.

 

M.P.: Eso es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo.

 

18       Michel Foucault

 

Foucault: Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay necesidad de armas, de violencias físi-cas, de coacciones materiales. Basta una mirada. Una mirada que vi-gile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por interio-rizarla hasta el punto de vigilarse a s ímismo; cada uno ejercerá esta vigilancia sobre y contra símismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último término, ridículo! Cuando Benth-am considera que él lo ha conseguido, cree que es el huevo de Co-lón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarro-lladas en la época moderna, la mirada ha tenido una importancia

i enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la única ni siquie-ra la principal instrumentación puesta en práctica.

, M.P. : Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el pro-blema del poder en función sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? LO bien es que el conjunto social, el poder a nivel del todo social es al-go que entonces no se concebía realmente? i,Por qué?

 

Foucault: El problema consiste en evitar losobstáculos, las in-terrupciones; al igual que ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de poder los cuerpos cons-tituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero, hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras que, en el Antiguo Régimen presentaban los

 

cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías a los decisiones de poder. La burguesía comprende perfectamente

que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garan-tía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que de-be inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de poder llegando hasta sus más ínfi-mos resquicios. Y en esto prec5;amente la burguesía ha hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas invenciones han sido tan importantes y han

hecho de Bentham uno de los inventores más eiemplares- de la tec-

"

nología de poder.

J.-P. B.: No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como Bentham preconiza, si a los que habitan la to-rre central o a los que vienen a visitarla. Se tiene la sensacibn de es-tar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que son observados n i los que observan.

 

Foucault: Eso es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las aplicaciones a que ha dado lugar No existe en ella un poder que radicaría totalrnecte en alguien y que ese alguien

 

El ojo del poder

 

ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una @á9uj: na en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que Sercen el poder como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las sociedades que se instauran en el si-glo XIX. EljPodei ya no se identifica sustancialmente con un indi-viduo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos pues-tos son preponderantes y permiten la producción de efectos de su-premacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una domi-

 

nación de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

 

M.P.: El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto contradictorio. Está el inspector principal que des-de la torre central vigila a los prisioneros. Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un modo un tiinto despectivo pese a que, en principio, es-tán destinados a serle próximos. i~ensamiento,pues, aristocráti-co!

 

Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las fá-bricas.

 

Foiicault: Es un problema considerable que se plantea en el si-glo XVIII. ¡Se puede constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar "suboficiales" aue tuviesen conoci-mientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa de ser perfeccionado. Los movimien-tos, los desplazamientos, las filas, las marchas exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudan-tes, sus vigilantes. La Iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños cuadros competentes. El reli-gioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el vica-rio entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de mi-llares de niños. El Estado no se dotó con pequeños cuadros simila-res hasta mucho más tarde. Igual sucedió con los hospitales. No ha-ce aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba estando constituido en su mayoría por religiosas.

 

20       Michel Foucault

 

M.P.:Estas mismas religiosas han desempeñado un papel con-siderable en la aplicación de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas especial-mente para ejercer la disciplina de las fábricas.

 

El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupacio-nes ya que se puede constatar la existencia de esta vigilanha del ins-pector principal sobre el personal subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión ininterrumpida de miradas que hace pensar en "cada camarada se convierte en un vigilante", hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco ver-tiginosa, de estar en presencia de una invención que en alguna me-dida se va de las manos de su creador. Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero, leyéndo-lo uno se pregunta, ja quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin embargo Dios está poco presente en su texto; la religión no desempeña sino un papel de utilidad. Entonces, ja quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve muy claro a quien confiar el poder.

 

Foucault : Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de la monarquía lo su-ponía. Era preciso confiar en e1,rey. Por su propia existencia, que-rida por Dios, él era la fuente de la jus-ia, de la ley, del poder. El poder que radicaba en su persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un castigo del sobera-no absolutamente perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede con-fiar en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según engranajes complejos, en la que lo que es deter-minante es el puesto de cada uno, no su naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él s d o la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Pa-nóptico, cada uno, según su puesto, está vigilado por todos los de-más, o al menos por alguno de elios; se está en presencia de u11 apa-rato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La perfección de la vigilancia es una suma de insidias.

 

J.-P. B.: Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen quizá del poder de hoy. Pero, jcómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad de quién y con qué objeto?

Foucault:  La cuestión del poder se simplifica cuando se plan-

 

El ojo del poder

 

tea únicamente en términos de legislación o de Constitución, o en términos de Estado o de aparato de Estado. El poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un con-junto de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se conocen al mismo tiem-po los aparatos de poder. En el caso, por ejemplo, de la división de trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ~ c Ó ~se ohabría lle-gado a este reparto de tareas si no hubiese existido una nueva dis-tribución del poder al propio nivel del remodelamiento de las fuer-zas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no bas-ta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de recluta-miento, fue necesario que se produjera a la vez esta nueva distribu-ción de poder que se lama disciplina, con sus jerarquías, sus cua-dros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus condicionamientos y do-mesticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde el siglo XVIII no hubiera sido posible.

 

J.-P. B.: De todos modos, jexiste alguien o algunos que im-pulsan el todo?

 

Foucault: Se impone una distinción. Está claro que en un dis-positivo como el ejército, el taller, o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe pues una cús-pide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta "cúspide" no es la "fuente" o el "principio" de donde se derivaría todo el po-der como de un centro luminoso (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de condiciona-miento recíprocos; se "sostienen" (el poder como "chantaje" mu-tuo e indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tec-nología de poder tiene históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que habrían decidido apli-carla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio, el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventa-das, orgariizadas, a partir de condiciones locales y de urgencias con-cretas. Se han perfilado palmo a palmo antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homogei-nización sino más bien en un juego complejo de apoyos que adop-tan los diferentes mecanismos de poder unos sobre otros permane-ciendo sin embargo en su especificidad. Así, actualmente, la inter-relación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia, familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeiniza estas dis-

 

22       Michel Foucault

 

tintas instancias sino que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son propias.

 

M.P.: Vd. rechaza la idea de un poder que sería una super-es-tructura, pero no la idea de un poder que es, en cierto modo, con-sustancial al desarrollo de las fuerzas productivas, que forma parte de él.

 

Foucault: Por supuesto. Y el poder se transforma continua-mente con estas fuerzas. El Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentharn el tema de un poder espacializan-te, vigilante, inrnovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado por mecanismos mucho más sutiles que permitían la re-gulación de los fenómenos de población, el control d e sus oscilacio-nes, la compensación de sus irregularidades. Bentham es "arcaizan-te" por la importancia que da a la mirada, es muy actual por la im-portancia que concede a las técnicas de poder en general.

 

M.P.: No existe un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que se instauran.

 

J.-P. B.: ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóp-tico, poner en cuestión la sociedad industrial? ¿O conviene hacer responsable a la sociedad capitalista?

 

Foucault: ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sa-bría responder si no es diciendo que estas formas de poder se en-cuentran también en las sociedades socialistas: la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la historiadora.

 

MP.: Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial y por la puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero n o es menos cierto que un proceso semejanteapare-ce de nuevo en la sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto modo, corresponde también a un período de acumulación de capital y de instauración de un poder fuerte.

 

J.-P. B.: De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en este sentido, la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al menos para algunos.

Foucault:      ¡Evidentemente' Habría que tener el optimismo un

poco ingenuo de los "dandys" del siglo XM para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario, conviene tener en cuenta sus

 

golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el hecho de que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos de beneficios los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los disposi-tivos de poder, y esto de forma dinámica y circular. El poder feu-

 

El ojo del poder      23

 

$al, funcionando por deducciones y gasto, se minaba a símismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y de la Revolución formen parte de su historia práctica-mente desde sus comienzos.

 

M.P.: Se puede señalar que Bentham concede una enorme im-portancia al trabajo, al que se refiere una y otra vez.

 

Foucault : Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado para responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un sentido amplio (puede tratarse de "producir" una destrucción, como en el caso del ejército).

 

J.-P. B.: Cuando, dicho sea de paso, empleas el término "tra-bajo" en tus libros, raramente lo haces en relación al trabajo pro-ductivo.

 

Foucault: Porque se da el caso de que me he ocupado de gen-tes que estaban situadas fuera de los circuitos del trabajo producti-vo: los locos, los enfermos, los prisioneros, y actualmente los ni-ños. El trabajo para eilos, tal como deben realizarlo, tiene un valor predominantemente disciplinario.

 

J.-P. B.: El trabajo como f o w a de domesticación. ¿NOse da siempre?

 

Foucault: Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: función productiva, función simbólica y fun-ción de domesticación o disciplinaria. La función productiva es sen-siblemente igual a cero para las categorías de las que me ocupo, mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy impor-tantes. Pero, lo más frecuente, es que coexistan los tres componen-tes.

 

M.P.: Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el poder penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy bien el grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de integrar en la sociedad -los famosos prisioneros-. Además, jno es el panóptico de Bentham, en cierto modo, la ilusión del poder?

 

Foucault: Es la ilusión de casi todos los reformadores del si-glo XVIII que han concedido a la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por ser la concien-cia inmediata del cuerpo social entero, los reformadores creyeron que las gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era para ellos como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las condiciones reales de la opinión, los "media", una materialidad que está aprisionada en los mecanismos

 

24       Michel Foucault

 

de la economía y del poder bajo la forma de la prensa, de la edi-ción, y más tarde del cine y de la televisión.

 

MP.: Cuando dice que han desconocido los "media", quiere decir que no se han dado cuenta de que les haría falta utilizarlos.

 

Foucault: Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses económico-políticos. No percibieron los cqmponen-tes materiales y económicos de la opinión. Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por símisma, y que se-ría una especie de vigilancia democrática. En el fondo, les el perio-dismo -innovación capital del siglo XIX- el que ha puesto de ma-nifiesto el carácter utópico de toda esta política de la mirada.

 

M.P.: En general los pensadores desconocen las dificultades que van a encontrar para hacer "prender" su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido gente pasi-va; es Bentharn quien nos hace pensar lo contrario. El discurso pe-nitenciario se despliega como si no existiese nadie frente a él, co-mo si no existiese más que una "Tabula rasa"; gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito de la producción. En reali-dad hay un material -los detenidos- que resiste de un modo for-midable. Lo mismo se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una extraordinaria invención de un ingeniero que quie-re luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede uno pre-guntar. Lhafuncionado realmente alguna vez el taylorismo?

 

Fouault: En efecto, otro de los elementos que sitúa tam-bién a Bentham en lo irreal es la resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo se ha opues-to la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de pesquisas continuas? ¿Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento insoportable de esta vigilancia? LOlo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han existido insurrecciones contra la mirada?

 

M.P.: Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La re-pugnancia de los trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades obreras, durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscita-do durante largo tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían inventa-do para "tomar el aire" cada semana. Han existido múltiples for-

 

El ojo del poder      25

 

mas de resistencia al sistema industrial obligando a los patronos a dar marcha atrás en el primer momento. Otro ejemplo: los sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este ti-po de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un pri-mer tiempo, en los sectores mecanizados que contaban mayoritaria-mente con mujeres o niños, es decir, con personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los sec-tores digamos viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La patronal no llega a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la primera mitad del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de obreros a través de su jefe que es generalmente el obrero más ancia-no o más cualificado. Se ejerce un verdadero contra-poder por par-te de los obreros profesionales, contra-poder que comporta algunas veces dos facetas: una contra la patronal en defensa de la comuni-dad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el je-fecillo op.Ame a sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, es-tas forma; de contra-ppder obrero existieron hasta el momento en que la patronal supokecanizar las funciones que se le escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. Existen nume-rosos ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El golpe de ojo del laminador -de nuevo aquí la mirada- que juzgaba si la materia estaba a pun-to será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un ter-mómetro.

 

Foucault: Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las re-sistencias al panóptico en términos de táctica y de estrategia, pen-sando que cada ofensiva que se produce en un lado sirve de apoyo

 

a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de po-der no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las po-siciones y los modos de acción de cada uno, las posibilidades de re-sistencia y de contra-ataque de unos y otros.

 

J.-P. B.: Batdas, acciones, reacciones, ofensivas y contra-ofensivas, hablas como un estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente físicas? ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en elias?

 

Foucault: En efecto, esa es una cuestión teórica v de método importante. Me sorprende una cosa: se utiliza mucho, en determi-nados discursos políticos el vocabulario de las relaciones de fuerza;

 

26       Michel Foucault

 

el término "lucha" es uno de los que aparecen Con más frecuencia. Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar consecuen-cias, e incluso, a la de plantear el problema que subyace a este vo-cabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar estas "luchas" en tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un código que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de la política es una relación de guerra? Perso-nalmente no me siento de momento preparado para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple afirmación de una "lucha" no puede servir de explicación primera y última en los análisis de las relaciones de poder. Este tema de la lucha no es opera.tivo más que si se establece concretamente, y res-pecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar, con qué ins-trumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en serio la afirmación de que la lucha está en el corazón de las relacio-nes de poder, hay que tener presente que la brava y vieja "lógica" de la contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los procesos reales.

 

M.P.: Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Benth-am no proyecta sólo una sociedad utópica, describe también una sociedad existente.

Foucault: Describe en la utopía un sistema general de meca-nismos concretos que existen realmente.

Y,  para  los prisioneros,  ¿tiene sentido tomar la torre

 

Foucault: Sí, con la condición de que este no sea el sentido fi-nal de la operación. Los prisioneros haciendo funcionar el panópti-co y asentándose en la torre, jcree Vd. que entonces sería mucho mejor que con los vigilantes?

 

 

 

 

EL PANOPTICO *

 

J e r e m í a s B e n t h a m

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

* Reproducción de Tratados de legislación civil y penal...':

 

T.V. Imprenta de D. Fermin Villalpando. Madrid, 1822.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

$obre un nucvo principio para  qnstruir chsns de ins-peccion , y  rspccin/iacntz  cnsis  de 'rcclusion

y 3rrabujo forsc:do.

 

 

 

 

ADVERTENCIA.

 

El aiitor ha compuesto sobre esta materia tres tornos en dczavo, que ;e han impreso, pero no se han p b l i - cado, 7 que se eomponian de fragmentos, adiciones y correcciones sucesivas segun se estendian sus ideas, y segun sus nuevas investigaciones le hab'ran sumiilistra-do nuevos documentos.

 

De aquellos tres tomos fue estractads esta iiiemoria eo fbrma de discurso , y envia:la por el señor Bentham en 1791al sefior Garran de Coulon , mietilbro de la AsamLiea legislativa y de una coniision nolnbrada para la reforma de las leyes cri~iiinales.Coilforni5ndose con el dictámen de esta junta ordenó la Asamblea la impre-sien de esta memoria :, pero !iiego los actlcciniientos su-cesivos no la dejara1 lugar para pensar en ella.

 

E¡ Directorio del clepartariieuto de París , en qiie se reunieron taotas luces y tanto espíritu píiblico , distin-giiió bien pronto este proyecto eiitre los riiucllísinio~ que se le presentaron para la rr:forlna de las prisiones y de los hospitales y le parerió ii~iivsiil)erior-iílos cl11e

ha6ta entonces Labran uierecido mas la aprobacioii ,tan-

 

 

29

 

30       ADVERTENCIA.

 

to con respecto á la economía cuanto con respecto 6 la seguridad pílblica ; y que ofrecia una garantía ahsolilta-inerite iiueva para la custodia y conservacion de los pre-sos, y por la eficacia de los niedios cle reforma. Asi es que fue adoptado unánimemente, y ya se tomaban me-diclri pala ponerlo en egecucion cuando el departamen-to rnis~ilofue arrastrado en el trastorno de la constitu-cion y de la iiioiiarquía.

 

Parece que una fatalidad contraria persigue á este plan. En Iriglaterra , donde se delibera con tanta lenti-tud, y se egecuta con tanta perseverancia, fue este niis-mo Pdnópt~co aprobado por el ministerio ;. y el prla - mento aljlicó por un hill la suma necesaria para sii coiietrilccion , y por otro la que se necesitase para la coiiipra de las tierras i,pero á pesar de estos clos bills nada lray lieclio ; porqiie se excitaron dificultades lega-les de miichas especies , pero de las cuales ninguna tie-ne coiiexion con el plan mismo, y el autor está como el primer dia , á excepciori del tiempo y de los gastos ycrdidos eli la desgraciada prosecucion de este objcto.

 

TI:. colisei vdtio acjiii 14 n7cnro1-ia t ~ cual yo la lia-hia coii-ipcie,-[op r a Id A$~rit?ll)leanacional , con algunas atlicioiies subre la ac?ii-ii~iisr~nc;oriii~zeiiorde las prisio-nes. No rne he cleteiiido en los pormenores sobre la construccion del eclificio, ni sobre los trabajos en que se püecle ociiyr,: A los presos ; porque el priinero de estos objetos toca á los aiqiiitectos , y el segunth> es negocio particiilar tle los enrpiesarios ; pero he procurado no oniitir nada de cuaiito puede interesar á los 1lornbrt.s de e-tntlo, inas si Fe tiata de la egecuciori deberá consul-taiw la oLia origiiial.

 

L>,Qwieiscaber ,decia el vYíor Bentliam en su car->)L,I ,il selnor C:air,in , tiast'i y116grnclo 1Irga riii peisua-vsioii c'ie 1.i iii~l~oitaiici,~deeste plan de irfornici, y cle *>losgr,indes re,-ult,idos que se pueden espcrar dc el?

 

ADVERTENCIA.  31

 

,,dejaJme construir una prision con arreglo 6 este mo-,,delo, y yo seré carcelero en clla. Ya vereis en la nie-,jmoria misni3 qiie este carcelero no quiere salario , y ,,nada costará á la nacion. Cuanto mas pienso en ello ,,tanto inas me aíirn~oen que este proyecto es uno de asqt~el\oscuya primera egecucion debe ponerse en ma-*nos del inventor, y si allí se piensa del niismo mpdo ,,tal vez no habrá repugnancia en condescender cori m i ,>capricho. Corno quiera que sea , nii libro comprende »!as instrucciot~esmas necesarias para el que se encar-»gile de esto ; y coi110 aquel ayo de un príncipe de

 

tjqriien halla Fonteiielle ,yo lie hecho lo que he ndo por hacerme inírtil.

 

Segun los testiinonios de muchos observadores dig-nos de crédito p ~ d e n i o s ' ~ n e aquer las prisiones de Fi-ladelfia han llegado á un grado de perfecciori que ape-nas parecia posible , ¿pero deberá inferirse de esto que aquellos estalleciniientos deban tomarse por modelos en otros paises? no por cierto ;porque para conseguir en otra parte los mismos efectos , sería necesario ante todas cosas transportar el instrumento que los produce, es Jciir , aclnella sociedad religiosa , aquella especie de cartiijos protestantes que ponen en todas sus empresas un celo , una pacieiicia y una perseverancia infatiga-bles : y ti11 tapiritu de cuerpo que indemniza de todas las privaciones. No debe olvidarse que los carceleros europeos no son Curikers , y que lejos de egercer su

 

prefesioii con una bondad sublime, los mas de ellos pierden en ella freeuentíainumeute 10s seiitimieritos Irlas comunes de liumanidad.

 

Otra circunstancia muy importante hace ver tam. bien la necesidad de recurrir á otros medios , quiero decir, el nzinicro de los presos. Todas saben que apenas se conoce la iridiger~ciapropiame~itedicha en los Esta. dos Unidos de Aiuérica , y que un mendigo es en mu-

 

32       ADVERTENCIA.

 

cl~osde ellos tin objeto de cucicj~itlnd.Por coilsiguicn te los delitos son al!;, muy raros , y ~ i i i i y~jocovari:tJos ; y

 

asi el régimen doinílstico y . tia tr.iaiiiil (luo ~ ) v c ( l f\ )rodil,-cir buen efecto con un c,oi ír ) . iiíiiiiero (le presc Ir , rio pueJe converiir á unos estal)lt.~i~iiiciitoseii cjue se jun-tan millares de hoinlxes iiif~~statlosde todas lds esltecies de levaduras , que fermentan e11 nucssas grandes capi-tales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Establecimie7zto  propuesto  para  guardar  20s presos con  mas  seguridad  y  ecorzomia , y  para  trabajar a2 mismo  tiempo e n su  reforma  nzora1 , con medios nuevos de  asegurarse  de  su  buena  conducta , y  de proveer  ci su  subsistencia  despues

de su soltura.

 

Si se liallára un medio de hacerse dueño de t d o 10 qiie puede suceder á un cierto número de hombres, de disponer todo lo que les rodea, de moclo que hiciese en ellos la impresion que se quiere proclucir, de asegurar-se de sus acciones, de sus conexiones, y de todas las cir-cunstancias de su vida, de rnanera que nacla pudiera ig-nornrse, ni coiltrariar el efecto deseado, no se puede dudar que un instrumento de esta especie, seria un ins-trumento nluy enérgico y muy í ~ t i lque las gobiernos podrian aplicar á diferentes objetos de la mayor irnpor-tancia.

 

La educacion , por egemplo , no es otra, cosa que el resultado de todas las circunstancias en que un niño se ve. Velar sobre la educacion de un hombre, es velar sobre todas sus acciones, es colocarle en una posicion en que se pueda influir sobre él como se quiera , por la eleccion de los objetos que se le presentan y de las ideaa que se hacen nacer en él.

 

 

33

 

 

Pero ;cótilo un hombre solo piiecle ser te pnra velar pmfectaniente sobre uii gran

 

 

bastan* nílmero

 

 

de inclividuos ? y aun chino un gr~in rií~nierod e ilidivicliios pollrinn velar pafectamente sobre un honi-hre solo ? porcliie si se aclinite coi110 es preciso tina sucesion de personas q n e se releven unas á otras, ya no liny i~nicla(len sus iristruccionrs ni consecuencia e n sus mt.totlos.

 

Siii dificultad pues se confesará que sería una idea tan íitil coino nueva la que diese á u n hombre solo un poder de vigilancia que hasta ahora ha superado las fuerzas reunidas de un gran níunero.

 

Este es el problema que el seÍíor Bentliam cree ha-ber resuelto con la aplicacion constante de u n princi-pio muy sencillo, y entre los muclios establecimientos

 

á que podria aplicarse este principio, las casas de reciu-sion han parecido merecer la primera atencion del le-gislador. Impor tuncia , variedad y clificul tad son las ra-zones de esta preferencia. Para hacer la aplicacion suce-siva del misnio principio á todos los otros establecimien-tos, n o hdbria mas que hacer que despo~ará éste de algiinas de las precaiiciones qiie exige.

 

Introducir una reforma conlpleta e n las prisiones: asegurarse de la biiena conducta actual, y de la enmieii-da de los presos: fijar la salubridacl , la limpieza, el ór-den y la industria en estas mansiones infestadas hasta ahor-a de corrupcion fisica y nioral: aomentar la seguri-dad disminujeriilo el gasto en vez de hacerlo mayor, y todo esto por una idea senciLLu de arqu~tecturaea el

 

~         b j e t ode su obra.

 

El estracto de ella que voy á presentaros está saca-do del original ingles que aun no se lia publicado, y bastdrá pdra qiie se forine jiiicio de la naturaleza, y de la efiwcbirt de los niedios que se proponen.

~ Q u C : debe ser una prision? Es una ~iiansionen que

 

PAN~PTICO.        35

 

se priva á ciertos intlividuos <le l~ Iil)ert,~d(le riiie han ab~~sndo,con el fin de prevenir nuevos delitos, y con-tener á los otros con el terror del egemplo ; y es aclcmas una casa de correccion en que se debe tratar de refor-mar las costumbres de las personas recli~sas, para que cuando vuelvan á la libertad 110 sea esto una desgracia para la sociedad n i para ellas mismas.

 

Los mayores rigores de las chrceles , los grillos, 10s calabozos solo se emplean para asegurar á los presos ; y

la reforma de ellos ha  sido        descuidada ,ó

sea  por  una indiferencia bárbara,       ó sea porque se ha

clesesperarlo de conseguirla. Algilnos ensayos que se han

heclio sobre esto no han sido felices, y otros proyect~s se lian abandonado porque exigian la anticipacion de gastos considerables. Ello es que las prisiones han sido hasta ahora una morada infecta, y hoiiible escuela cle to-dos los delitos? y acinamiento de todas las miserias, que no se podian visitar sin temblar ;porque iin acto de liu-manidad era á veces castigado con la muerte, y curas iniquidades se consumarian todavia en iin profundo mis-terio, si el generoso Howard que innrió rnhtir de las cárceles despues de haber vivido apóstol de ellas, no kiu-biera dispertado la atencion pública sobre la suerte de estos infelices sacrificados á todos los géneros Je corrnp-cion por la indiferencia de los gobiernos.

 

¿Cómo se podrá establecer un nuevo órden de coa sas? Y establecido i cómo se podrá tener seguridad de que no degenerará?

 

La inspeccion: este es el principio único para esta-blecer el órden y para conservarl~;pero tina itispeccion de un nuevo género, que obra mas sobre la imciginacion que sobre los sentidos, y rlue 1,one á centeIi;iirs de hombres en la depeiidencia de ijno solo, t1,inrlo á tlste llombre solo pna especie de t>rcseiicia u n i ersal~ e11 e! re-

cinto de su dominio.

 

 

Construccion del Panópt;co.

 

de penitencia,  segun  el plan qtle os pro-

poogo , deberia ser un edificio circular, í,por niejor decir, dos eclificios enc~j~idounos en otro. Los cuartos de los presos foriiiarian el edificio de la eiici~nferenci;i con seis altos, y podemos fig~irarnosestos cuartos colno unas celdillas abiertas por la parte interior, porq-iie tina reja de hierro bastante anclia los espone enteramente á la vista. Uiia galería en cada alto sirve para la comuni-cacion, y cada celdilla tieiie una puerta yiie se abre ld-cia ésta galería.

Uria toire ocupa  el centro , y esta es In habitacion

de inspectores ; pero la torre no está dividida mas que eii tres altos , porque estan dispuestos de.niodo que cada uno cloinina de lleno sobre dos Iíiieas de celdillas.

 

La torre de inspeccion está tarnbien rodeada de una ga-lería cubierta coi1 una celosía trasparente que permite

 

á el inspector registrar todas las celclillas sin qrie le vean, de tndriera qiie coii un3 miiacla ve la trrcern parte de sus presos, y nioi ik~~ctoseel1 un peqiieíío espacio piiecte ver-Jos á todos en iin riiiniita, pero aniiqne esté ausente , la

 

.opinioil de su presei~ciaes tal eficdz conlo SLI presencia rnis~iia.

 

Unos tirbss de hoja de laca oorresponden desde ]la Iorre de inspeccinn central á cada celdilla, de manera que el inspector sin esforzar la voz y sin incomodarse piiecle advertir á los presos, dirigir sus trabajos, y lia-cerles ver sil yigiiai~cia.Entre la torre y las celdillas de-be haber un espacio vacío, ó iin poza circular, que qui-ta á los presos todo me.cl~o de intentar algo contra los inspectores.

 

El tal o cie esre edificio es eomo una colmena, cu-yas celdillas todas pueden verse desde un punto central.

 

 

JlivisiLle e1 ilispcctor reina  romo u11  espíritu ; pero en

 

 

caso  d r

 

 

necrsicLjc1 ~ i u e ~ leste espíi.i~iidar

 

 

iiipiediata.

 

 

meute 1'1 I~riirtba:le su presencia r~'a1.

L t ; ] cbiisn(le peiiireiicia  pocliia  llaniarsc

 

 

Yn?zdp;ico

 

p ~ respresx;~ coi1 uria

 

 

sola

 

palabra

 

 

su  utilitlad   esencial,

 

 

que es I t r  f ~ < ~ i ~ ldeta dver

 

sc l~crccCIL cllu.

 

 

con

 

U I L Um,irad~ztodo cuanto

 

 

Pcntajas

 

 

ese12cinles del

 

 

Patioptido.

 

 

La

 

 

ventaja fundaniental  del  panóptico     es tan

 

 

evi-

 

 

d e t ~ t e, que clnereila probar sería arriesgarse 5 oscure-cerla. Estar iiicesaiiteineiite 6 la vista tíe un inspector, es percler e11 efecto el poder de hacer mal, y c ~ seli pen - sauli<.nto de i I I teiltarlo.

 

Uua CIF:lds giai~clesventajas colateralrs de este plan es la de poner á {u.; sul>knsp~ctoresy á los s~i'ualtcjwos de-_da especie bajo Id misri- inspeccion qiie á Icis Iire-sos, de manera , yile iiada liaeclt.li lidcei que 120 vea el

-r         -

inspector e n sefe. E n las prisioues ordinarias iIn presa rnaitl.atatlo por w s .guardas no tiene medio algurio de apelar de esto á la Irit~i~anirlad(le sus siiperioiea, y si es riial c~iiil,ictoú oprimido tiene que sufrir cou paclericiii; pero en cl p;inóptico los ojos clel superior estan en todas partes ; y J l i no puede haljer tiranía biibaitrriia, iii v e jaciones secretas. Los presos por s13 parte tatnpoco pix-den ii~sultar ni oieiider á sus guarctas ; y asi se previenen las Gltas recíprocas , y en proporcio.~~son raros los casik-

gos.

La admiiiistraciori (le  la justicia i~iterloies soecep-

tilde en este cstableciniiento (le i m a perfecciori sin e**ein-

e

 

plo. Los delitos serán couucicl9s en el moinento riiismo en que se cotiietari: el acusado, el acusador, loa testigoy, los jiieces, ioilos estaii presentes ; y el proceso, la sin - teiicia y la egccucion de ella p~lederaverificarse sin pre-

 

38       ~ n ~ ó r ~ r c o .

cipitacion y sin iujusiicia en el inter~alode algunos mi-nutos. Las penas ~ u c d e nEer tanto Eencs seleras ciian-to mayor es su certidumbre , y esta mitma certidumbre

hará muy raros los delitos.

 

Ved los reglamentos que se han hecho ya en Jn-glaterra, ya en otras partes para los hospitales, para las casas de trabajo, y para las prisiones : reglamentos que anuncian miras de humanidad y de prudencia, y en los cuales se ve una intencion sincera de prevenir los incsnvenientes inhererites á estas diferentes reclusio-nes, y una inquietud manifiesta, y a u n temor continiio de que no se deseniperien las nbligaciones que ellos prescriben. Los erripleados deben ir freciientemente á las salas, y recibir á n~eíiiidolas quejas. -El director está obligado á ver y examinar á los individuos, presen-tarse á ellos en el momento en que no le esperan, y verlos á lo menos una vez cada semana, y diversos go-bernadores estan encargados de visitar, de preguntar, de hacer que les presenten los vestidos y los alimentos, de observar la limpieza, la ma~utencion,las horas del tra-bajo &c. Estos reglamentos, respetables en su objeto, no pueban mas que una tentativa infructiiosa en muchos puntos para conseguir con grandes esfuerzos y enormes gastos una parte pequeñísima de los buenos efectos que naturalniente produciria la inspeccion central.

 

No está todo reducido á esto: el principio panópti-co facilita mucho ademas el desempeño de la obligacion de los inspectores de un órden 'superior ,de los magis-tradcis y de los jueces, que en el estado actual de las pri-siones desempeñan con repugnancia una funcion que coritrasta tanto con la limpieza , el gusto y la elegancia de su vida ordinaria. En los mejores planes formados hasta el dia , por los cuales los presos estan clistribtiidos en un gran níiriiero cte cuartos, es preciso -que el niagis-trado se los ha&? abrir uno á uno : que se ponga en

 

PAN~PTICO.        39

 

contacto con cada h,llitacite : que le repita las miqrnns pregutitas, y que gaste dias enteros eri ver supcrficinl-metite algunos cerlteiiares de press; p-ro eci el p'inóp-tico no es necesario abrir los cllaitos que esidri siempre patentes á su vist~ .

 

Ulia causa bien natural de la repugnancia á visitar las cárceles , es 13 ii~l'ecciony fetidez de estas rnansio-nes; de innnera que cuanto mas necesario sería visitar-las, tanto mas se huye de ellas; cuanto snas funestas son á sus hal)itantes, tanta menos esperanza tienen és-tos de ser aliviados, en vez de que en la casa de peni-tencia construitla sobre este principio no hay asco n i peligro: ¿de dóricle podia venir ia infeccior-i? jcómo poclria durar? Luego vereinos que se puede establecer en ellas un asco tan grande coino en los ririvíos del ca-pitan Cook, ó en las casas de Holanda. Debe tambien advertirse que en las otras prisiones aunque sea inespe-rada la visita del niagistrado, y ailrique sea tan pronta en sus niovilnientos cornn sea posible, siempre hay lugar para disimular el ,verdadero estado de las cosas; porque mientras se examina una parte, se corppone y arregla la otra, y hay tiempo para prevenir y amenazar

 

á los presos y ,dictarles las respuestas qiie deben dar; pero en el parioptico en el rnoinerlto que entra el ma-gistrado, toda l~ escena $e presenta á su vista.

 

Ademas de esto habrá curiosos, viapros, amigos 6 parientes de los presos, conociclus del inspector y de los otros empleados de la prision , que anirriados todos por motivos diferentes vendrán á añddir fuerza al princi-pio saludable de la inspeccion , y celará11 á los gefes, como los gefes celarán á los siibalrernos. Esta gran co-mision del público perfecciondrá todos los estableci-mientos qiie esten sujetos á SU vigilancia y á su penetra-cion.

 

 

 

 

La obra inglesa esplica todos 109 pormenores nece-sarios para la coristrucciori del panóptico. El autor se liar entregado á un estudio infinito sobre todos los grados de perfeccion que se puede dar á un edificio de esta espe-cie: ha consultado con arquitectos : se ha aprovechada de todas las esperieneias de los hospitales: y nada Ira omitido para adaptar á su plan las invenciones mas reA cientes, prescindiendo de que la unidad del panóptico y sn forma particular han dado motivo á aplicaciones

 

absolutamente nuevas de ~ I U C ~principiosO~ de arqui-tectura y de econorilía; pero esta parte de la obra que compone un volíimen íio es susceptible de iin estracto seguido. El plan del panóptico no ha cle jrizgarse por es-tos pormenores , y si se aprueba el principio fundamen-tal ,bien pronto se convendrá en los medios de egecw cioii. Sin embargos, estractaremos de este volúmen al-gunas obcetvaciones sueltas que ayuden á edtender la utilidad que puede saeane de este nilevo sistema.

 

El primer objeto es la seguridad de la casa contra las tentativas interiores y contra los ataques hostiles de fuera. La seguridad del interior está perfectamente esta-blecida, ya por el principio mismo de la inspeccion, ya pos la forma de las celdillas, ya por el ai~lamientode la torre cle los inspectores, ya por lo estrecho de los pa-sos, y ya por otras rnil precauciones absolutamente nue-vas, que deben quitar á los presos hasta la idea misma de una sublevacion y de un proyecto de evasion, porqile no se forman proyectos cuando se ve la imposibilidad de egecutarlos: los hombres se acomodan naturalmente á $11 sitiiacion , y una sumision forzada produce poco á

poco una obediencia maquinal.

La  seguridad de fuera se establece por una especie

 

P~N~PTICO. 41

 

de fortificacion que da á esta plaza toda la fuerza que de-be tener contra una insurreccion momentánea y co ntra un niovin~ientopopular sin hacer de ella una fortaleza peligrosa podrá resistir á todo como no sea al canon.

4

Los pormenores en este punto son tantos que es preciso remitirse á la obra original; pero aqui se debe notar una idea nueva. Enfrente de la entrada del pandptico, y en todo lo largo del camino real, habrá un muro de proteccion que sirva de abrigo á todos los que en el momento en que la prision fuese atacada quisiesen pa-sar sin mezclarse en esta liostilidad, de manera, que asi no se arriesgaria el hacer una casniceria inconsiderada al defender la casa, y castigar al inocente con el culpsdo: porque solamente los mal intencionados serían los que atravesasen la calle sepa~acladel camino público por es-ta muralla de proteccion.

 

Por fin repito que esta prision nunca sería atacada precisamente, porque no podrá esperarse triunfas en e l ataque. La humanidad exige que se prevengan estos atentados haciéndolos impracticables ; y se: junta la crueldad i la irirprudencia cuando se hacen los instru-mentos de la justicia bastante débiles en apariencia pa-ra provocar á los destructores á una audacia criminal.

 

El de la capilla no puede concebirse bien sino por una larga descripcion. Basta decir aqui, que de Ia torre misma d e los inspectores, haciéndose en ella los domingos una transformacion con la apertura de las ga-lerias, se hace una capilla eu que éntre el publico ,y en que los presos sin salir de siis celdillas pueden ver y oir al sacerdote que oficie.

 

El autor responde á una objecioii que 'se le ha he-cha, y es, que rsponienclo entonces los presos á la vista de todo el 111nnc10,se les qilitaria la vergüenza, y asi se perjullicaria al fin de la reforma moral.

Esta objecioii puede no ser tan fuerte como  parece

 

42       YAN~PTICO.

 

á primera vista; porque particla ld atencion de lo; cs-pectadorcss entre todos los presos, no se fija individual-meirte eir alguno, y ellos encerrados en sus celdas á una cierta (listanci~pcrisardn mas en el espectáculo que ten-drán á la vista que en aquel de qiie ellos mismos sexán 10s objetos; pero por otra parte nada hay mas fácil que darles tina mascara, y asi el delito abstracto estará es-puesto á la vergiienza y no se mortificará al delincuente: para éste la huinillacion no tendrá su punta dolorosa, y en los espectadores se fortificará mas que se debilitará la impresion del espectAculo. Una escena de esta espe-cie sin darla colores demasi~donegros es tal en sí mis-ma que se impriaisria en la imaginacion, sería utilísi-ma para lograr el grande objeto del egemplo, y la pri-rion se convertiria en un teatro moral, cuyas representa-ciones impritnirian el terror del delito.

 

Es muy particular que la mas horrible de todas las instituciones presente en este punto iin modelo escefen-te. La inquisicioli con sus procesioiles solenines, sus vestidos emblernaticos y con sus dceoraciones e6pantosas hdbia hallado el verdadero secreto de mover la imagi-nacion y de hablar á el alma. En una buena comicion de leyes penales la persona mas esencial es la que está encargacla de combinar el efrcto teatral.

 

Volviendo al pnnóprico, no debe olvidarse qrie es-ta es la unica oeacion qu e tendrán los presos de parecer

 

á la vista del público. En cualquiera otro tiempo los vi-sitadores serán invisibles cotno los inspectores, y asi no debe temerse que los presos se acostumbren á desprea ciar la vista del público y se hagan insensibles á ld ver-guenza.

 

Una capilla pública es de muchísima importancia en tina casa de penitencia destinada al egernplo; y ea adeinas uii me;iio infalible de asegiirar la observancia de los ryldmentos relativos á la limpieza, á Id sdlubri-

 

 

PARÓYTICO.

 

43

 

 

dad,    y        á  la  Liirna  admi~~istraciondel  panóptico.

 

La eleceizri <!elos materiales para la construccion es tal q1;e c7a la n~r;pcrrsegiti idad contra el ~-)ejigro(le un furgo: el hiel r c ~kit wpie que puede emplearse: ni~~guna mac!cra ,: y el E L ~ C ~deO las celdas si es de piedra ó de ]la-dril!o ctcbe cstar ciibierto cc:ri una capa de yeso para que no tímiendo intersticios no encubra inmundicias ni principios de enfermedades, y para que ademris sea in-coriibust~ble.

 

.Howard no sabiendo cómo determinarse en la elece cion de los inconvenientes no quiere ventanas en las celdas, porque la perspectiva del campo distrae á los presas del trabajo, y solamente deja una abertura alta inaccesible á la vista con un contraviento de madera para evitar la nieve y la lluvia. Tampoco les da fuego por el riesgo á que estaría espuesta la prision, y cree ocurrir á la diferencia de Ias estaciones con la diferencia de los vestidos.

 

En el panóptico se multiplican las ventanas, por-qtie con tantas precauciones no puede temerse la evn-

sion dc 10s presos: y  porque aun cuando  se escapasen

á la vista de sus inspectores,  tendrian aun  que vencer á

 

fuera una multitud de obstaciilos muy poderosos. La niultiplicacion de las vei~tanasno es solamente un ali-vio necesario en la cautividad, sino que es tambien un medio de sanidad y de industria, pues h a y muchas especies de trabajos para los cuales se necesita rnucba luz, y que es necesario abandonar sino puede el traba-jador sustraerse á las sariacio~nesdel tiempo, qrie nece-sariamente se han de sentir por una alertiira liechri en lo alto de una celda.

 

Quitar á un hombre s11 libertad no es condenarle á paclerer el frio ni á respirar un aire fétido. Las estiifas pa-ra calentar las prisiones tendrian muchos iticonveriierites indicados en la obra inglesa; pero con un glisto mediano

 

 

se puede lincer que pasen por las celdas unos tubos que sedn conductores del calor y sirvan al misrno tienipo pa-r3 renovar el aire. Esta pcecaucion diciada,por la huil~a-riidad es couforrue á la ecoiiomía , lioryiie los pnesos-po-drán continuar sus trabajos sin interrupcioil,

 

Otros tubos pueden distribuir el agua en las celdas, "Si se ahorrará mucho trabajo en el servicio don~éstico,

y los pcesos no  estarán  espuestos á padecer por el des.

cuido ó por la malicia de un carcelero.

Aqni daremos fin al ectracto sobre la coiistruccion del panóptico; porque sería preciso traducirlo todo pa-ra liacer ver que la atencion del a~itorse I-ia estendido h una multitud de objetos oinitidos, ó imposibles de lo-grar en las carceles ordinarias.

 

El gran problema~esdar á 13 aplicacion del princi-pio panóptico el grado de perfeccioii de que es suscepti-ble. Para esto es ilecesario hacer de modo que pueda es-tenderse á cada individuo de los presos, á cada instante de su vida, y por consiguiente á cada porcion del espa-cio que le encierra. Este proble'mn exige una gran va-

 

- riedad de soluciones, y el autor las ha dado todas. Esta parte toca principalmente á los arquitectos; y lo que toca enteraliiexite á los legisladores es la aclministraciori interior de la casa , que es de lo que trata la segunda parte de esta memoria.

 

 

PARTE SEGUNDA.

 

 

La adrninistrncion de las casas dc penitencia es uno de los objetos sobre los cuales es mas dificil rei~nir las opiniones; porque cada liornbre , sPgun la diferencia de sus disposiciones, prescribe n~eclidasdiferentes de t t - ve-riidd ó de indulgencia. Algilnos olvidan que un pre-s o , encerrado por sus colpas: es un ente sensible ; y otros no reflexionan que su estado es un castigo : 10s unos quisierai-i quitarles todos los pequeiios goces c1i:e pueden mitigar su miseria, a1 paso cjue los otros cla-man contra la inhumanidad sobre todos los puntos dc esta disciplina penitencial.

 

Yo voy 6 sentar algunos principios  fundamentales, por desgracia aun dejan en la aplicacion un campo muy vasto á fa incertidumbre y á las opiniones contra-rias ; pero que á lo nienos tienen la  ventaja de aclarar la cuestion , y poner á las personas qt-ie disputan en es-

tado en entenderse,

Antes de todo conviene recordar  sumariame~~telos

objetos á que debe rnirarse en toda instit~icioride est'i clase. Retraer de la irnitac:iciii de los delitos cori el esern-plo de la pena : prevenir los delitos cle los presos du-rante sii caintividad : mantener entre ellos la decencia: conservar su salu(.i y la limpieza , que es parte cle*ella: estorbar su fugx procurdrles iiieclios de subsistencia para el tiempo de su soltura : clarles las instrucciones nece-

 

sarias : Iiacerles adquirir hábitos virtuosos prest.rrarles de . :

 

todo n ~ a ltrato ilegítimo : procurarles el bien estar de que es susceptible su estado , sin ir contra el objeto

 

del castigo: y en fin , loarar. todo esto por medios eco-nómicas, por una admtnlstracion iiiteresada eri el buen

 

éxito , y por reglas de sulcidiriacian interior, que po-nen ií todos los empleados hajo la mano del gefe , y al gcfe misrno bajo los ojos del público : estos son 10s di-

\ ersos objetos cjue se deben buscar en el, estab ecimien-to de iina carcel.

 

Todos los planes cpe se han propnesto h ~ ahora~ a son defectuosos , ó por un esceso d r severidad ó por uri esceso de indulgentia ,ó por una exngerack~nen los gas-to, 12 cual ha htcho que todo se malogre. Las tres re-glas siguientes servirán muclio para evitar estos diferen-tes errores.

 

Regla de dulzura.

 

La condicion ordinaria de un preso condenado 6 un trabajo forzado por largo tiempo no debe estar acompn-Gada de malos tratamien tos corporales, perniciosos 6 pea ligrosos para su salud ó para su vida.

 

Regla de severidad.

 

Salvos los miramientos debiclos á la vida ,á la salad, y al bien estar fisico, un preso que sufre esta pena por delitos que casi siempre se cometen por individuos de la clase mas pobre, no debe gozar de una condicion me-jor que la de los individuos de la misma clase que vi-ven en u11 estado de iriocencia y de libertad.

 

Regla de economía.

 

Salvo lo que se debe á la vida, á la salud, al bien estar firico, a la instruecian necefiaria y á los recursos futtiros de los presos, la economía debe ser una consi-deracion de prirnrr órderi en todo 10 q u e colicieriie 6 la administracion; pero no se debe admitir algun gasto pú-

 

blico i i i  desecliar ganancia alguna por motivos de seve.

rid~ctó de iriclulgencia.

 

La regla (le dulzrtra está Eunclada en razones de la niayor Luerza. Los rigorcs que afectan Id vida y la salud de los presos encerrados en el secreto <'reuna cdrcel son absolutainente perdidos para el objeto principal de las penas legales, que es el egcniplo. Por otra parte, como estos rigores se prolongan durarite un largo periodo, las prision se convierte ea una peria inas r i g ~ o s aque otras penas que en la iiitericioil de la ley deben ser nias se-veras. Asi por un trastorno de la ~usticia,unos hombres menos culpados que otros se hsll,~nconrlenados á iin castigo niayor: y en fin como estos rigores abrevian Ia vida, son equivalentes á una pena capital aunqr.ie no se les dé cste noinlxe. Si el poder egecutivo espone piies la vida de lcs presos con severiddes que el legislactor no autoriza, comete iin verdadero homicidio ; pero si el poder legislativo autoriza estas severidades, el resultado es que rio condena á un hombre á miierte, y que sin em-bargo le hace morir, no por un suplicio de un instante sino por un suplicio lento y horrible que dura á veces rnuchos , aiios: y resulta tambien que estos presos no son castigarlos con proporcion á la eilormidad de sus de-

 

litos, sino con proporcion :í su fuerza mayor ó menor, y á sus facultactes de resistir mas ó menos á los rigores del trato qite se ]les di.

 

La regla de severidad no es rnenos esencial ; por-que tina prision que ofreciese 3. los delincuentes una si-tudcion mejor que sil condicion ordinaria en el estado de inocenciii, sería uria tentacion para los hombres cos y desgraciados, ó á lo menos no tendria el carácter de la pena que debe intimidar al que se siente tentado á cometci un delito.

 

La regla de economia siempre importante en sí mis-nla, lo es uiuclio ni.ts en uii sistema en que se ha que-

 

48       PANGPTICO.

 

rido remover la principal ol~jerionque se lia rilcsto siein \)re contia la refoi ma de las prisioilc 6 ;á sílt)er el es-cesi.c o gasto, y crxiveriia hacer ver que el sisteiiia pro-puesto reunía todas las otras ventajas 5 la de una eco-n a d a supe1ior.

 

j, Pero cólno podrá lograrse la eronomia ? por los ri~isrnosmeclios que la hacen reinar en un obrador ó en iina E6l)rica. Los eetab fecimieuitos píit)licos estdn es-puestos á clescuirlos ó robos; pero los esrableciniientos particulcrres prosperan bajo le custotlia y vigilancia de] interks personal: luego se debe confiar á la vigilancia del interés personal la econori~íade las casas de peni-teucia. Este artículo es esencial, y pide una esplicacion deterlida y circuiirtanciada.

 

Comparacion d c  los  dos  modos  de  adrizilzistracion, cl uno por contrato , y el otro de confianza.

 

Solamente se puede escoger entre estas dos especies de arlministracion : administracion por contrato ,ó ad-xi-iinistracioi~de coilfian~a.La administracion por con-trnio es la de un homL!z que trata con el gobierno, qire se encarga de guardar y mantener á los presos á tanto por cabeza, y que aplica el trabajo y la industria de ellos á su provecho personal, como hace un maestro con sus aprendices. La admiuistracion de confianza es la de un solo individuo, ó de una junta que hace los gastos del establecimiento á costa del público, y porie en el tesoro píibfico los proclilctos del trabajo de los presos.

 

Para determinarse en la eleccion de estos dos me-dios, bastaria al parecer proponer las cuestiones si-guientes: i d e quién se debe esperar mas celo y vigilan-cia al frente de un establecimieiito de esta n~ttwaieza? idel qlie tiene milcho interes en qiie 1)ioqwie , 6 dcl que tiene muy poco, b ningurio? del que piticipa

 

PANÓPTLCO.       49

 

ig~ialuietitede las perdidas y (le lis ganancias, ó del que tiene las ganancias sin las pérclidao? Lde aquel cuyas ga-nancias serán siempre proporcionadas á su buena cori-ducta, 6 de aquel cuyos emolume~itosestan seguros, y son siempre los inismos, cim administre bien, ó que administre mal?

 

La economía tiene dos grandes enemigos , el pecu-l a d o , y la negligencia, y iIna adiiiinistracion de con-fianza está espnesta al uno y al otro ; pero una adminis-tracion ppr contrato hace la negligencia improbable, y el peciilado imposible.

 

No se dice que unos admiriistradoics desinteresados nunca desempenasen los deberes de sus empleos: el amor al poder, 6 la novedad y á la r eputacion : el espí-ritu público y la benevolencia son i~tctivosque pueden conservar su celo, é inspirarles vigilancia ; pero el em-

presario por contrato.       . n o puede tambien        ser animado

6 .

por estos diversos principios? El peso de un nuevo mo-

tivo,  idestruiria la fnfiueocia de los otros ? El  amor  al

poder está sujeto á dormitar ;el interés nun-

ca se duerme: el espíritu píiblico se entibia,   la nove-

dad se borra ; pero el interés      pecuriiario  se hace  mas

fuerte y mas ardiente con la edad.

 

Concedamos que los adininistraclorcs clesintcresados nunca serán culpables de peculado n i de negligencia grosera: ¿podrán nrsrica montar los resortes de la econo-mía y del trabajo eri el misiilo piiiito que un hon~br e interesado personalmente en el buen éxito de sus cuida-dos? Bueno y malo son terrninos de coniparacion : vues-tra administracion puede paieceros Aorecieiite y produc-tiva, y sin embargo, no podeis saber qué epiteto rnere-ce hasta que la hayais visto en manos intcreeadas Este es su verdadero critcrio , pues puede ser buena en com-paracioti de b que ha sido, y mala en comparacion de lo que podria ser.

 

50       PAN~PTICO.      

Hay  aun  mas:  los  adminislradores  desinteresados,

es decir, que no  tienen  conlo el empresario los yrove-

clios de la casa , gozan sin  embargo de i ~ i salario,         ha-

gan su obligacion  Ó        no la hagan : pues  ahora .bien, un

salario es c n  gran  motivo  para tomar un empleo; pero

no lo es para JesetnpeÍíar exactamente sus funciones; y al coiitrario , debilita la union qne debe existir'entre el interes y la obligacion. Cuanto rnas considerable es este salario, tanto mas pone á u n lioinlre sob're su empleo, tanto rnas le lanza en medio del mundo y de los place-res, tanto. mas le disgusta de uiu atencion que le parece eerv-il y minuciosa; y si el salario es l>astLtntegrande, el f~~ncionariopíiblico busca al instante u n oficial, ó un diptado*que hace todo el trabajo ;de manera, que lo '¿p~&hace que éste marche, no es 10 que dais al gefe, si-nulo qbe el gefe da-4 su subdelegado. El salario mismo en p y ~ p r c i o nde lo grande q u e es, tiene una tendencia funesta 6 no dejar eleccion para los empleos sino entre los hombres mas incapaces, porqne las plazas muy dota-das.siempre son para intrigantes acreditados, hijos mi-mados de la forruna l que son, no los cortesanos , sino los criados de los rilinistros ,y. de cada mi~iistro,cuyo mérito consiste en sil opulencia, al paso que sil título consiste en sus nereridaclrs, y cu)o orgullo es taii su-perior á la aplicacion de los negocios, como son infe-riores sus talentos.

 

Se hallarán sin durl3 algtinos administraclores que querrhn servir sin inteses por el honor y el bien píibli-co 4 p~>roau,iqne pucbc!cin trabajar mejor que los que tu-viesen st~eltlo,~ J U I I L ,t~r ~ i ) , ~ j a l i atrtrnbien c o ~ i ~uno em-presario. A m a r e1 poder y la autoriclad de un empleo, no es siempre amar I:i fjtina .Y las iiiconiodidades de él, y aun amar 135 ft~ncioi~esnlle~ltrastienen el barniz de la novetlart , no da segiirirlarl de que se amarán cilando la no.ieílad llriya p~sado.Por otra parte , donde no se

 

PAN~PTICO.        51

 

Iialla el celo del iiitcrks ,. 3~ieJesicn~prefaltar 11:ucho á 1

13 activirlncl c?e la iiicliistrla.

Pero la grande objci-ioli contra 10s adnii~iistradores gratuitos, es clue cuanto mas seguro está ti11 lioriibre de

obtener la  coiifiriiiza  piiblica , tanto   menos  esfuerzos

I i x e para niereccria. La en\ iclia es I,i alma del  gobier-

iio;  y la        traaparencia de la a~lniinistracion,si puede de-

cirse asi , es la íinica seguridad durable;  pero  la traspa-

reilcia riiisiiia no basta,  si no hay observadbres C U ~ ~ O S O S

que lo examinen todo con utericion. Véase al empresario

por contrato: todo el mundo       le espía coi1 desconfianza,

todo el mundo le mira coiiio      un agerite soupechoso, que

es menester no perder de vista para que no tiranice y oprima A los presos: se ponderariari todas sus faltas , y se publicarian todas sus, injusticias ;pero el administra-dor gratuito, encantado de su propia generosidad ,espe-ra de todo el niundo una estin~acioucasi ciega, uila de-ferencia casi iliii-iitada , y parece que desde la altura de sus virtudes dice al público, >,que un Iioinbre como 61, >,que sirve sin interés, y desprecia el dinero, tiene de-mecha á la confianza y al respeto : que las sospecl~asle tjofenderian, y que si se digna de dar cuentas, ésta es nuna obra de subrerogcfon á qae nada le obliga mas 5,qiie su honor." El píiblico piensa tlrl inisnio modo, y si algiino se atreve á notar los abusos, los desciiidos, y aun las vejaciones de esta administracion generosa, se le-vanta contra él un grito general de indignacion.

 

Por lo que toca á los inconvenientes de una admi-nistracion confiada á muclias personas, todos los que tie-nen alguna esperiencia los conocen. La multiplicidad d e los administradores destruye la unidad del plan, cansa una fluctuacion perpetua en las providencias, y acarrea la discordia: y despues d e una lucha larga y penosa en-tre los asociados, el mas fuerte ó el inas porfiado que-da dueño de] campo de batalla. Si el poder es suscepti-

 

 

ble de particion, los administradores se componen entre sí pala ser cada irnu absoluto en su ramo, y corno la naturaleza repara los errores de i i r i ineclico , ti11 contra-to tácito corrige asi el vicio de la ley eri un,\ junta de ad~1inistr~cioi.i.

 

h. mas de todo esto , el público, qiie siempre ena-morado de la virtud y de la generosida(l en teoría, yuer. ria mas peider ciricuenta rriil libras por rieg!igencia, que ver qrie un h o n ~ b r egane mil por ~~eculado,no dejar5 de gritar qiie el plan de poner á los presos en-tre las nianos de uti empresario, es 1111 1-ilat-i inhuma-n o , iina usura bjrbara , y que se esporie 6 éstos infelices

 

á toclos los malos tratamientos que puccleii resultar de la codicia de EIJ amo, interesado en darles un mal ali-mento, y en sujetarlos á un trabajo escesivo. Un a com-paracion que se presenta por sí niisma con la esclavitud de los negros, concluirá el cuadro, y hará rnuy odioso este proyecto.

 

Con todo este hermoso lenguage de li~imnnicl~d,los presos han sido hasta ahora los n-ias ~lesgraci~~dosclelos erites : ésto viene de quc todo se rediice á ! . ~ C C C repla-mentos, y los regIame:itos serán siempre \arios hasu qiie se haya liüjlado el medio de itleritificar el interés de los presos, y el clc sal gobernador , lo que no puede lo-grarse sirio cori la aclniinistracion por enlpresa.

 

Estari tan ligarlos en este establecimieiito los deberes del emlrresario parL+con los iiidividiios co~iii~~tlosásu cuidado por1 su i~iteréspropio, que se verá [~recisadoá hacer por su propia utilidad 10 que no qiierria liacer por la cle ellos.

El priiicil,io  es  el rnisrno para asegurar los

deberes de 1'1 l-iurnanid~ll,y los de la economía.

Se le debe asignar un beneficio qiae crezca en propor-cioo del bien 'pie haga, y sujetarle á una pérdida propor-cionada al mal que resulte cle la ornieioii de sus deberes,

 

 

PANÓIJTICO.

 

53

 

 

 

 

 

 

 

 

Los segiiros sobre la vida de los ho~ilbresson una lierii.ios,i in.i eiicion que puede aplicarse ái muchísimos

 

11~0s; pero sobre todo, en el caso en que se trate de li-

gar el ir1terí.s tle uri tlorilbre á la conservacion: de clius.

 

Siipongamos  trescientos presos, y que por  r i n

culo nictlio dc las edades, y liaciendo entrar e n él las circunktaiicias particulares de los habitantes de una pri-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

rion, se coiiipuia por egernplo que cada a& niorirá m o <le~ e i n t e dknsc: al en~presariodiez libras esterlinas por

 

 

 

 

 

 

 

 

cada liornbre que clebe morir, es decir, en 1ii suposicion qiie heii~oshecho ciento y cincuenta libras esterlinas, ye-ro con la coildicion de que al fin del a80 pagará diez libras esterlinas por cada individuo que haya pesclido, sea por rriuerte, ó sea por fuga. Se podrá si se quiere doblar esta sulila para aumentar la influencia de su in-terés : y si se llalla mds rico al fin clel año, si hace e n cierto tiiodo una econori~íade la vida huri~ana, ,j qiié di - nero debe sclitirse menos que el que se haya en.ir>leado en comprar la conservacion y el bien estar de iiiuclios hombres ?

 

Pero no debe fiarse en este solo medio cualquiera que sea su eriergia real, f~~ndaclaen un interés fácil cie calcular. La publicidad es la primera de las fianzas : e!la

10 perfecciona todo,. y es el niejor niedio de poiier eii accion todos los motlvos morales , y todos los recursos intelectualcs. Pues ahora bien: una circe1 eclificacla con arreglo al 1,riocipio panóptico, es como transparente, y Ilena el deseo de aquel virtuoso romano q i ~ chubiera qucrirlo vivir cii lo interior de su farnilia ii la vista tlel público: El panóptico es un espectáculo patexite á todo el nilunclo, y basta en cierto rnodo una rniracla para ver-lo todo critero Cual(iriiera pi~edejuzgar por sí riiismo si el empresario cuinple coi1 las coiitliciones de su empleo, y él no tiene cjrie esperar favor ; porque el público nias

 

54

 

 

I'AXÚPT~GO.

 

 

properiso 6 la  con1pasiori cjue  al  rigor,

 

que las quejas de los presos merecen ser mejor escuclia-das que las razones clel enipresario.

 

Para anmentar la fuerza de esta sancion se le ol~li-gará á publicar todas sus ciientas, todo lo que ha lieclio, todos los pormenores de su gobierno, en una p~labra, toda la liistoria de su prision: y esta cuenta será jurada, y se someter; á un exán~encontradictorio.

 

Pero para alejar todo interés pecuniario ciije pudiera moverle á disiliiular ,es menester que su enipleo le es-té asegiirado por toda su vida bajo las reservas ordina-rias de buena conducta, porque no sería ni prudente, ni justo abligarIe á publicar todos siis rriedios de ganar y sacar partido de esto contra él , ya sea para aumentar el precio de su contrato, ya sea para llamar otros concur-rentes.

Pero bien se ve qu e aurique las condiciones de es-tos contratos sean al principio poco ventajosas + luego se harán mejores para el gobierno, á medida que el in-terés particular haya perfeccionado estas empresas. U n hombre indtistrioso hará una ganancia legítima, tal vez considerable; pero el gobierno se aprovechará de esto en los tratos subsiguientes.

 

Lo repito otra vez, porque conviene insistir cuan-do se atacan preocupaciones públicas ; y sobre todo preocupaciones respetables. Todo sistema de administra-cien, fundado en e1 desinterés real 6 presiimido, es rui-noso en sus bases , y aunque pueda tener en el princi-pio un buen éxito momentáneo , no será durable. El n~otivocon que se debe contar mas, es aquel cuya in-Aoencia es tnas poderosa, mas continua, mas uniforme

 

y nias general, y este motivo es el interés personal, cor-regido por la mayor publicidad.

Despues de haber probado que una aJrninistr3cion por contrato pron~eteInas vigilancia y ccokioiili~qiie

 

 

~ i i ~ I < ~ i lotrari i .especie de adininistracion , voy Q entrar eri el exárne1-i de los difererites objetos clel gobierno in-terior tle estos asilos de penitencia.

 

Separacion    de  Los        sexos.

 

El ii-iedio que desde luego se presenta para efectuar esta separacion , es tener dos panópticos ; pero la,razon de econoriiia se opone á ésto, tanto mas, cuanto en el número total de los presos no habrá un tercio de rnuge-res; y l-iacieaclo 'dos establecimientos para los dos sexos, se tendrán cornparativarnente pocos individuos para el uno, y deinasiados para el otro, sin qu e se pueda aco-

modar el sobrante d e modo que  se establezca  el    nivel

entre los dos.                  

E n la obra ingl&  se esplica largamente cómo        pue-

de salvarse esta dificultad en el panóptico,  poniendo en

u n lado las celdas de los Iiombres,  y en       el  otro las  tle

las  mugeres ; y  como con  precauciones      de estructura,

de inspeccion , y de cliscipliria , puede  prevenirse  todo

lo que pidiera ofender á la decencia.             

Scparacion en clases  y  en compn~iias.       

La mayor dificultad ha sido hasta ahora el  repartir

los presos en lo  interior   de las cárceles. El modo mas

comun , y-sin embargo el mas defectuoso en todo, es el confi~ndirlosjuntos,  poner á los jóvenes  con  los vie-jos,  á los ladrories  con  los asesinos, á los deudores con los delincuentes , y nrnontonarios en una  prision como e n una cloaca, en  la cnal  lo que rio está  mas que me. dio corroinpido , no t a r d ~en ser atacado de una corrup-cioti total, y en cjue la feticléz del aire es rrienos dariosa á su sdlntl, qiie 1.i infeccion moral es nociva á su corazon. Desde  luego se  conoce que el ruido,  la  agitacion,

 

 

el rurnu!lo,  y rotfc~s13s escenas que continuamente

ce el interior de una cárcel en que estan atinados 1-presos, no dejan iritervalo alguno eri que pueda trabajar la reflexioa, y en que el arrepeiitimiento pueda bi.o:dr

y friictificar.

 

Otro efecto n o menos palpable de una ctsociacion semejante, es endurecer á los lloinbres contra la ver-giiei-iza. La vergiienza es el temor de la censura (le aque-llos cori quiencs vivimos; y el delito, ,j puede ser cen-surado por deliiicuentes? cuál (le ellos se conclcriará á ~íinlsnio? jcu31 iio proci-iraiá aclyuirit. ail-iig{isiiids l>ieil q i ~ enemigos entre aquellos COQ c~uienesestá forzado á vivir? La opiriion que nos sirve de regla y de pinci - pio es la de las geutes que nos rodean. Unos Iiombres se-cuestrados de este modo hacen u n píblico aparte: su lengua y sus costumbres se asii-iiilai~,y por un consen-timiento tácito é insensibletnente se hace una ley local, cuyos ailtores son los mas abandonados de los hombres porque en iina sociedad semejante los mas depravados son los mas audaces, y los lilas malvados se hacen te-mer y respetar de los otros. -Este pí~blico,compuesto de este modo, apela de la condenacivn del píiblico este-rior , y revoca sils seiitencias ; y cuanto inas riume-

 

roso es este pueblo encerrado en este recinto, cuanto mas ruitlo hacen sus clamores, tanto mas fácil es aho-gar eii el rurniilto la débil voz de la conciencia , cl re-cuqido de aquella opinion pública que ya no se oye, y el deseo de recobrar la estimacion de los honlbres que ya no se ver].

 

El inoclo mas opuesto á éste es el confinar á los pre-

sos en una  soledad absoluta  para       substraerlos  entera-

mewe a3  contagio moral,  y  entregarlos       á la    reflexion

y al arrepentiinie~ito; pero  el juicioso y        buen  Howard,

que ha l-iecho tantas observaciones     acerca de los presos,

vi; y conoció  perfectameiite  que        la  soledad  absoluta

 

c111c prodiice al principio un efecto sali~rlaLle, picrcle p,roiii,iiiientc su eficacia, y hace caer á un infeliz caiiti-Y O eri 1,i desesperacion, en la lociir~ó en la irisensilili-d'itl. Eii etecto, ¿qué otro resultado priede esperarse cuaiicio se dejii á iina alliia vacía, atormetitarse á sí mis-ma 1x1s ~ncsesy por ahoe enteros ? Esta cs pues una pe. niteiicia cjrie puede ser íitil por algiinos dias para domar iili c~pírittide rekelion; pero que no se debe prolongai-, ;)si con10 Ia qiiitin y el ailtin~oniono deben usarse como alimentos ortliliarios.

 

La soledad absbliita , tan contraria á la justicia y i la huinaiiidad, cuatido se hace de ella u n estado perma-vente, es tarnbien por fortiina combatida por las mas fi~erk srazones de economía, porque exige un gasto cnorm~:eii edificios : clolda los gastos para alumbrar, conservar la limpieza, y renovar cl aire, y limita la eleccioti de los trabajos estrecharido deniasiado la esteri-sion de las celdas , y escluyencto las profesiones que exi-

 

g e la~ reunion~ de dos G mas trabajadores. Perjudica tam-bien á la industria , ya porque no hay medio de dar aprendices á ciertos ilrtnsi?+losesperi~l~entados,y yn por-que el abatiiiiiento de la s~leda ddestruye la actividad y la etnulacion c p e se escienden eil un trabajo hecho en coinpahía.

 

El tercer sistema consiste en agrandar las celdas, y darlas bastante capacidad para recibir á dos, tres, 6 cun-tro presos, y aun mas, asimilándolos, corno muy pronto diré, del modo mas coiiveniente por los caractéres y las edades.

 

La construccion misn~adel panóptico da tantas se-guridades contra las siiblevaciones y conspiraciones en-tre los presos, qiie no debe terrierse su reunion en peque-6as compañías , porque nada hay que pueda favorecer su evasion , y ha y muchos medios combinados para hacerla iinposible.

 

 

Se dirá tal vez que esta sociedaJ será mas bien (1ii.i escuela de delitos en qrie los riienos perversos se perfec-cionarán en el arte de la m ~ l d a i lcon las lecciones de los que tienen una larga práctica de ella ; pero se puede prevenir este inconveniente distinguiendo á los presos e n diferentes clases segun su edad, el grado de sil deli-to, la perversicldcl que manifiestan , la aplicacion al tra-hajo, y las seÍidles que dan de arrepentimiento. El iris-pector debe ser bien poco inteligente y bien inaplicado, b i e11 POCO tiempo no conoce el carácter de sus presos; lo bastante á lo menos para coinbinarlos de manera que de su asoclacion reculre un freno natural, y un n~otivo de s~ibordinacioriy d e industria.

 

Na debemos dejarnos engañar por las palabras: to-dos los qile estar1 presos sor1 culpatlos; pero n o todos es-tan pervertirlos. El libertiliage por egemplo , n o es la rnisnla cosa que la violencia, y aqiielios cuyas culpas con-sisten en actos de una iniquiddd tímida ,corno los ra . teros y los ladrones ri~aiíosos, son mas de temer en ca-lidad cle corrnptores y maestros de maldad, que en cali-dad de l-iomhres peligrosos para la seguridad de la pri-sion ,y por la audacia de sus erilpresas. Los que por la primeia vez se han abandoiiado al delito por la tenra-cion de la pobreza y del egemplo, se distingiien nluy fácilmente cle los malhechores endurecidos. La embria-guez, fuente de tantos delitos , iio puede ensefiarse en una casa de prnitcncia en que rao hay medio alguno de embriagarse. Independientemente de estas diferencias esencidles, bien pronto se reconocerd á los que tienen uiia disposiciori mas visible á reformarse, y contraer niievos hábitos, y todas estas observaciones servirhn pa-ra formar 1'1s asimilaciones de las celdas, y las corupa-TiLs de los presos,

 

Despiies de esta precaucion fiindamei-ital , jqué ha y que temer? jcl libertiriage? El principio de la inspeccioii

 

PANÓPTI~;~.        S9

 

l e hace imposible. ¿Los arrebatos y las riGns? Los ojos qiie lo ven toclo clescubren los primeros movimientos : y separan al punto á los earactéres irreconciliables. 4 Dira el corruptor que no hay riesgo en el delito? La priieba de lo contrario está en su misma situacion, ¿Hará unh pintara atractiva de los placeres? Este placer se estin-guió, y el castigo, como salido de sus cenizas, está siem-pre presente á su imaginacion por la memoria de lo pasado, por 10 que padec.e actualmente , y por la pers-pectiva de lo venidero: idirá que no hay oprobio en el cielito? Ellos estan sumergidos en la humillacion, y cada uno de ellos no tiene por apoyo mas que dos ó tres com-pañero~.

 

Una materia de conversacion mas nati-sral y mas consoladora se les presenta naturalmente, que es la mejo-ra de su estado presente y futuro : i qué harán para sa. car mas partido de sil trabajo? jen qué emplearán lo que ganan ahora que no pueden dejar de trabajar, y que es imposible toda disipacion? qué uso liarán de su li-bertad cuando se haya acabado el térrnino de su prision, y á qué podrán aplicar su industria? Los que liayan-acumulado ganancias inspirarán emulacion A los otros; como el interCs del niomento fue el que los hizo caer en el delito, el interés del momento los restituye á una buena conducta : y asi una reforma n~íitqaes á lo menos tan probable como una corrupcion progre-siva.

 

Las pequeiias asociaciones son favorables á la amis-tad, que es la hermana de las virtudes, y un afecto du-rable y honrado será muchas veces el friito de una so-ciedad tan íntima y tan larga.

 

Cada celda es una isla, y los habitantes son unos marineros desgraciados que arrojados en una tierra ais-lada por un naufragio comun son deudores el uno 31 otro de todos los placeres que puede dar la sociedad:

 

 

a!i\ io necesfiiio, sin el cual su condicion qiie no es mas

qoe triste, S?   h a r i ~hrjriible.

Si l l ~ yentre ellos algiliios l~onilrc-Sviolentos y co.

lcricos, se les iccluce á Id  soletlarl ~~bsolntali'ista lue se

amansan, y se les p r i ~ ade la sociedad para ensefiarles á conocer el valor de ella.

 

Este es tin fondo de atnistades que se les prepara ,.,a-ra e1 tiempo en que viielvan al mundo. Asi se previene uno de los mayores nnconveliien~esque acornpaóan á las prisiones en las casas de penitencia ;porque la desgracia de [lo tener ya amigos en el estado de libertad, las vuelve casi siempre á los escesos de sia primera vida; pe-:o al dejar la escuela de la atlversidad serán como unos antigiios camaradas que han hecho juntos sus estudios.

 

Admitierido la distribilcion de los presos en peque-fia cornpaliías formadas segun las conveniencias inorales, se debe tener niucho cuidado de n o apartarse janlas de este principio, y de 110 pririiti r e n caso alguno una so-ciedad general y confusa, que podria destruir en irn momento todo el bien que se hubiera hecho. La obra inglesa comprende largos detalles sobre un plan para hacer pasear á los presos sin romper las divisiones por cornpaiíías, pero este plan no es mas que un accesorio del proyecto; pues que no sería necesario sino en el ca-so e n que no hiciesen bastante egercicio en sus traba-jos.

 

Del trabajo.

 

Pasemos B la ociipacion del tiempo, objeto de una importancia infinita, ya por razones de economía, ya por principios de justicia y de humanidad, para suavi-zai la suerte actual de los infelices, y para prepararles los inedios de kivir lionradamente del fruto de su tra-bajo.

 

Ninguna  razon hay para prescribir al empresario la

 

rsl,eric tle trabajo en q u e debe ocupar 5 sus presos, 1,orqiie sii interés le descclbrirh bien cuáles son 1~1sriiss I~icrativos.Si el legislador se rilcte Lí reglatrientar sicrn-pie se enptíará : si uidena trabajos poco provecliosos, sus

 

reglainentos sor i : si ordena los trabajos m a s íitiles, sris reglamentos son sriperfluos; y por otra parte los trabajos íiciles en vste a60 acaso no lo serán en el año siguiente; y nada es mas ribs~irdoque el gobernar con leyes la industria y el interés, que espia esenkialmente las necesiclades.

 

Una falta que debe decirse porqile es comun , es irnaginar que se debe conc?enar á los presos á ciertos trabajos riidos y penosos frecuentemente inútiles, sol0 por fatigarles. I-loward habla de u n carcelero que habia heclio un nlonton de piedras en u n estcemo del patio cle la cárcel, y iiiaildah á los presos llevarlas al otro cstreino: despues necesitaban volverlas á su primer lu-gar, y asi continuaban todo el dia. Cuando se le pre-guntó el objeto de esta graciosa industria, dijo que era ]por hacer rabiar á todos áqnellos pícaros.

 

Es una imprudencia miiy fnnesta la de hacer odioso el trabajo, preseritar en él u n espantajo á los delin-cuentes é imprimirle una especie de inhmia, El horror de una prision no debe: recaer sobre la idea del trabajo sino sobre la severidad de la discipliria, sobre IIII vesti-d o liumillante , sobre un alimento grosero, sobre la privacion de la libertad. La ocupacion en vez de ser un castigo para el preso debe concedérsele como su consue-lo y un placer, y con efecto es dulce en sí niisma compa-rada con la ociosidad forzada, y su liroducto la dará un doble sabor. El trabajo, padre de la riqueza: el trabajo, el iiiayor de los bienes.... ¿por qué pintarle como una

maldicion ?

 

El trabajo forzado no es hecha para las cárceles, y si liay necesidad de producir grandes esfuerzos, esto se

 

 

logrará con r~cornpensasy rio con penas. La fuerza y 1~ esclci\itud nunca adelantarán tanto en 1'1 carrera como la emulacion y la l i h r t d . iCón10 se podrá obligar á un preso á llevar el peso cle que un ganapan se carga con gusto por cuatro reales? fingiria que el p.eso le agovihba: i7 cóino podrid descubrirle el fraude? TdI vez le ago-viaria en efecto, porque la fuerza del cuerpo está en ra-zon de la buena voluntad ; y cuando ésta carece de energía, los músculos no tienen resorte.

 

.El trabajo debe duiar todo el dia, escepto el inter-v a b de las comidas; pero s e ~ áconveniente que se suce-dan trabajos diferentes, y que los haya sedentarios y Zaborzosos ,á que se aplique á los hombres alternativa-mente, porque una ocupacion constantemen te sedenta - ria ó constantemente laboriosa protlaciria una melanco-lía sombría sobre todo en un estado de cautividad, ó ar-rtiinaria la salud; pero la alternativa del uno al otro llena el doble objeto del descanso )I del egercicio. La mezcla pues de las ocupaciones es una idea feliz para la econo-mía de las casas de penitencia,

 

Del alimento.

 

Se deben evitar clos errores principales sobre el alimento de losa presos. Los mas han creido que debe limitarse la cantidad de él dando medidas y pesos fijos; pero esto es un verdadero acto de inhumanidad para to-cios aquellos que rio tienen bastante con la racion, y es un castigo muy desigual qiie no se proporciona al gra-do del delito, sino á la fuerza ó á la flaqueza de un hombre,, y muy cruel porque no es una injusticia de un dia ni de un mes, sino de muchos años. Si la hambre de un desgraciado no queda satisfeclia luego que ha co-mido, ciertamente no se desminnirá en el intervalo, y asi esperimentará una incomodidad perpetua , y una

 

~ a x ó r r r ~ c o .   63

 

laog~~iclezclixe poco á poco arriiinari sns faerras. Este cs un tormento verrladero, cori c i t ~ctiferencia, que erl este caso el torrileilto se aplica al iiiterior del estómago eli vez de aplicarlo á los brazos y á las piernas.

 

i Por qiié aun no se iia dicl-io con pureza que se de-bia alimentar á iin preso segun la medida de su apetito? ¿n o es esta la idea nias sencilla, y Io primero que exi-ge la justicia?

 

E1 segrrndo error en qiie se iia caido por una bo1.i-dac? mal e'itenclida es el proponer qrie liaya varied'itl eri los alimeiitos cle los prews, tatito qrie algunos re-forrnadoi-es, y enrre otros el buen Iltoward , mas i:?-dulgentc para los otros que para si mismo, ha c qce-rido que se les tlé carne A lo n-ienos (los veces por N-mana, sin rcflexioniar que los mas de Ic,- habitantes Jei campo y muchos de las citidades no pnetleii adquirir este rbrinier objeto del Injo. i Deberá redizarse pira los que por sus delitos han pertlido la libertad el deseo d e Enriclne rv, que no es todavia mas que una esperanza

remota para tantos labradores virtuosos?

Este error se manifiesta e n Iriglaterra por  una

 

duacion cilriosa en el aliniento de los individiios, coin-parado coi1 la calidücl de éstos. Los pobres lnas hoiirados, ayiiellos que viven de su trabajo, apenas comen un poco de carne 10s domingos: los pobres qile se mantie. neri á costa cIel público la tienen segun iin cálculo me-dio ciratro veces por semana; y los malhechores presos por los delitos mas odiosoy, la tienen todos los dias; jqué puede pensarse de esta diferencia?

 

El alirnerito de los presos debe ser el mas comiln y el mas barato que dé el pais; porque no deben ser me-jor tratados que la clase pobre y laboriosa: ningiii~a mezcla, porqiie no coilviene escitar su apetito : agua por única lebirla, y nunca licor algiiilo fermentado: pan,

 

si el pan es el alimento iuas econóinico;  pero cl      ya

 

64       PAX~PTICO.

 

es un objeto de fabricncion , y la tierra nos da rilimeri-tos aluiidantísiinos y n ~ í ysanos que no necesitan ser 11-ianui'acturado~jcs., débil y degenerada la raza de los ir-Iniideses que no come11 mas qiie patatas ? jel ~ioritaiíes de Escocia que no se alimenta sino de arina de habcna es tímido en la guerra?

 

Pero se debe dejar á cada preso la libertad de ~0111-prar alimeritos mas variados y mas siiculentos con el producto de su t r a bja~ : porque la mejor' especulacion, aun para la economía, es escitar la industria con una recompensa, y dar á cada uno de ellos una cierta pos-cion de lo que ganan; pero para que 13 recompensa tenga toda su energía, debe ofrecerse bajo la forma de una gratificacion actual ; y nacla mas inocente puede pensarse , ni mas propio para obrar e11 esta clase de hombres, que un goce de tal naturaleza que adula al mismo tiempo el gusto y la vanidad. Sin embargo, se deben siempre esceptuar los licores fermentados; pbr-que es imposible tolerar un uso modcrado de ellos sin esponerse á escesos ; pues la bebida que no prortuce efecto sensible en un hombre basta para que otro pier-da la razon. Esta regla na es demasiado severa supuesto que hay muchos pobres indcistriosos y honrados que nunca pueden proporciona:se este gusto.

 

El vestido.

 

En este ponto debe consultarse la economía en to-do lo que no sea contrario á la salud 6 á la decencia. Para que el ve3i;Jo pueda contribuir al egemplo debe presentar alguna sena1 de humillacion. La mas sei~cilla y la mas íitil sería hacer las mangas del vestido y de la camisa de una longitiid desigual para tos dos brazos. Es-to sería una seguridad mas contra la evasion, y un me-dio de conocer á un preso qrie se hiibiere escapado, por-

 

 

que aun despues cle un cierto tiempo babria una dife-rencia muy visible de color entre el brazo cubierto y el brazo desnudo.

 

Del aseo y de la salud.

 

Los pormenores en este punto no san nobles en si mismos, pero se ennoblecen por el objeto á que se di-rigen.

.Iia adrnision de un preso en su celda debe ser prece-dida de una ablucion completa ; y sería conveniente que se acornpafiase esta adniision con alguna ceremonia solenme, como algun rezo , una música grave, un apa-rato capaz de hacer impresioii en alrnas groseras. ,Cuán débiles son los discilrsos en eomparacion de lo que hte-re á la imaginacion por los sentidos!

 

El preso debe tener un vestido grosero, pero blanco y sin teiíir, para que no pueda contraer alguna suciedad que no se advierta al momento, y debe tener afeitada la cabeza, ó cortado el pelo niuy corte. El uso tle los baíios debe ser regular: no se tolerai.6 especie algnna de tabaco, ni costumbre contraria á la práctica de las casas mas limpias, y se seiialarán los dias en que se debe mudar ropa.

 

Toda esta delicadeza ncr es necesaria para la salud, pero como una cárcel ha sido casi en todas partes iiiia mansion de horror, mas vale tornar precauciones eu-traordinarias qne omitir alguna. Para enderezar an arco, dice el proverbio , es preciso torcerle en sentido con.

trarics.

Esta parte del régimen  tiene ademas iIn objeto

 

perior; porque se ha de observado qtie entre la dclic ;i-deza fisica y moral hay tina conexion qiie es obra ch. l,r imaginacion , pero que no por esto es iiicrios cic.1 i,r: Howard y otros lo han notado. El cuiddtlo íiel asco cr

 

66       PAN~PTICO,

 

un estimulante contra la pereza, acostumbra á la cir-cunspeccion y eiise6,i 4 respetar la clecencia a1111 eti las cosas ti-i'is ~~clii'r6 .1~La . p u ~ t mnmrd y fifisica tienen un lengii->?ecoiiiiin , y no se piiede alabar una tle c s t ~ svir-

0.

t u ( l ~ ssin qiie iiiin  parte clc la al,iba,.za  iesalte strble la

 

otra. De nqli i 11311 venido aquellos sisteinas dc purifica-cioncs y cle abl~iciones,á qu e hdii dado una iinport~ii-cia tan mitiuciosa los fui~dadoresde las religiones del oriente, y aiin los que no crcail en la etirac'in espiritual de estos ritos sagrados, no ilegaijlz s u influencia corpo-ral. La ablucioii es un tipo ,ojali que si3 una profecía! i ojalá que fuera tan láciil 13urificar l ~ asl n m de nuestros presos como sus cuerpos!

El egercicio al aire libre es u n prcsertativo para la

sali~d .3ero este cgercicio debe, conlo fodo lo rlcinas, es-

'.1       1'1  regla inviolable de la inspeccion: debe no

tar sujeto á   

ser iricoriipatiLle con el grado de separ,icion ó de for-niacion en pey iieGas sociedades, que se Iidyd tenido por coiivenientr ; y favorable 6 1'1 economía, esto es produc-tivo si es posible y aplicado á un trabaio útil. Lag obia inglesa coinprende i~iuchosporrueiiores, cle ciiw resul. ta que el autor da la peferencia al uso de 12s graricles ruedas cliie se ponen en movimiento por el peso de uilo

 

ó de n-~uchoshatilbres, y da11 uiia fiicrz'i cjiie paetle emplearse segrin se c-ltiicrd en iilil objetos 1i~ecánir.o~. E3te egeiticio tleberl-ipeña todas las coridiciones que pue-deti de*earse , y se puede proporcionar á la fcieiza de ca-da individuo. Un preso perezoso no puecle engaar'iar al

 

inspector , y uii iiispectop n o puede hacer de esto un u ~ tiráriico rontra sus presos. Nada tiene (le duro y rle inliuinano, pues rio es mas que, u n modo b c1'fI ereiite de; subir por una colina, y el efecto se produce por el peso solo tlel cuerpo que se aplica sucesivdri-iente á dife-rentes l>iii~tos,Por otra parte este trabajo es compptiMe con el pldn de separacioil, y aun con el de una soledad

 

absoluta. Se puede emplcar en él tí las mugeres,

 

es rrias fácil que arreglar los turnos de los presos , de modo que se les dé dos veces al dia un egercicio que n o será rnenos bueno para la salud porque te.~gaade-nias un objeto económico y útil. Estas precauciones son mas bien ideas susceptibles d e perfeccionarse, que re-glas perentorias.

 

Tampoco se quiere fijar la Jistribucion del tiempo que pirede variar segundiversas circiinstancias ,peroen un régitiien qixe tiene por objeto la reforma de las costam-bres debe tenerse por ~ r i n c i p i oehitar toda ociosidad, y sería una gran falta el dar á los pre3os iiias cle siete ú ocho lloras para dormir, La costilmbre poltrona de per-manecer en la cama estando clespierto es tan contraria á la constitucion delcuerpo, al cual debilita, como á la cle la alnia en que la indolencia y la niolicie fomentan todas las semillas de la corrupcion. Las noches largas de invier-no deben tambien tener sus ocupaciones arregladas, y ci~andopudiera suponerse que el trabajo no valiera el gasto de las luces, aun h ~ b r i arazones de humanidad y de prudencia rnas fuertes que las de la economía para no condenar á todos estos infelices á doce 6 quince horas de tristeza y d e oscuridad. Nacla es tan fácil colno colo-car las luces fuera de las celdas, de modo que se evite todo peligro de descuido ó de nialicia, y aun para nian-tener durante la noche la principal fuerza del principio de la inspeecioii.

 

De la instruccion y clc la ocupacion del domingo.

 

Toda casa cle penitencia debe ser una escuela. Esto es necesario para los jóvenes encerrados en ella :pues que esta edad tierna no está exenta de los delitos que se cas-tigan con este gkiiero de pena; ;pero por qué se negaria el beneficio de la instruccion á unos hombres ignoran-

 

68       PANÓPTICO.

 

tes, que pueclen hacerse nlicmbros í~tilesde la socieclad con una nueva ediicacion? La lectura, la escritiira , la aritmética pueden convenir i todos : y si algunos de ellos tienen principios de algun talento ()articular, pueb den cultivarse, y sacar de ellos un partido veritnjoso. El dibujo es un ramo lucrativo de iiidiistria qiie sir-ve pJra riiilch~sartes, y la música porlia tener una uti-lidad especial llaniando mayor concurencia A la capilla. Si el gefe de una casa semejante juntaba .í i-ina idca exac-ta de su interés una cierta medida de arclor y cte iiiteli-gencia , bieil pronto Iiallaria su ganancia en desenvol-ver las diferentes capacidades de sus prcsüs, y no po-dria hacer su bicn particular sin hacer igualinente el d e ellos. No hay maestro que tenga un interés tan grande como el empres~rioen los progresos de sus discípulos, pues éstos son SUS aprendices y siis, oficiales,

 

El rlomigo nos ofrece un esp~ciovacío que llenar. La suspensioti cle los tr'ibajos mecánicos nos coiiduce natu-raluiente á 1~ enst.r'innza moral y religiosa, conforme al destino (le este dia, pero conlo no se priede ocupar to-do en estas instriicciones, que se I-iariail inútiles, mo-notonas y fa.iticliosas si fueran muy I,irgns, c-o~ivieneva-riarlds con diferelites lectilras, á las cuales se puede tain-

 

ti11 objeto mordl ó relicioso con la eleceion de en cjue se les egrcite á leer, á copiar, ó á tli-el cálculo inisrno puede dar una cloble instruc-

 

cion present,íiitioles á resolver criestioi~esque desen-vuelven los pro, lnctos del coraercio, cle la agricultura, de ici intlrtstria y tlel trabajo.

Remiio á 1,i obra  inglesa sobre el modo de colocar

á los I)resos en iin  anfite~trodescubierto mientras tiuiari

estos cgrrcic.ios,  siti a l ~ ~ ~ n ( I elo~principiod  tle la iiis-

pecc.io~i y  de la  sepnracion , y sin comproinecei; la se*

guriclaJ de lo:  maestros.

 

 

De los castigos.

 

Eii la prision inisn>a se piieden coriieter c¿pas, y por consiguiente es necesario que haya en ella castigos. Se pucde aumentar el riúrnero de éstos sin autneiitar su severidad , y se piicdeii diversificar útilmente seguqi la

natur,ileza del delito.        I

 

Uii modo de analogía es dirigir la pena contra la fa-cultad de que se ha abusado; y otro modo es disponer las cosas de suerte que la pena salga, por decirlo asi , de la ciilpa misma. Siguiendo estos principios, las palabras injuriosas puede11 doriiarse y caitigarse con la mordaza: los golpes y las violencias con el vestido estrecho qiie se pone ;í lus locos : y la resistencia al trabajo con la privacion de alimento, liasta que se haya acabado la ta-rea. Acpii se \-e la utilidad de no condenar iliabitual-mente á los presos á una soledad absoluta; porque la frecuencia haria perder su eficacia á este instrumento útil de disciplina, que es un medio de obligar , tanto mas precioso cnanto 110 se puede abusar de él, y 110 es coiitrario ;(i la salud, como los castigos corporales: pero al gobernador no se dehe clar mas pocler que el de con-deliar á los presos h la soledad; y los otros castigos sola-mente podráu imponerse en presencia y bajo la autosi*

dad de algiinos magistrados.

Asi es como la ley de la responsabilidad se muestra en toda su ventaja. Ei~cerratladentro de las paredes de cada celd~i, no puede traspasar los límites de la mas es-tricta justicia: dcnurlclar el mal, o paclecer corno cómpli-ce d e él: ¿qué artificio puede eludir una ley tc\ninexo1.a. Lle? ¿qué conspiiacion piiede manterierSsecontra ella? La iilGmia que en todas las cárceles se atribuye coii tan-ta viru!ericia al carácter cle dclutor, tio liallaria aqui ba-3~ ~ 1 (1lle pl ,iior npuyarbe ; pory ile iiirigciiio tiene clere-

 

 

cho para qiiejarsc de lo que otro hace por su propia con-eervacion. Tú rnc echas en cara mi malicia, respon-deria el acusador; pero ¿qué debo yo pensar de la tuya cuando sabes que seré custigudo por 10 que hagas, y @eres hacerme padecer por tu gzlsto? Asi en este plan hay tantos inspectores cuantos camaradas, y las yerso-nas inismas que deben ser guardadas se guardan mútua-mente, y contribuyen á la seguridad general. Aqui pue-de. tambien observarse otra ventaja de las divisiories por pequeñas compañías ;parque en todas las cárceles la so-ciedad de los presos es una fuente conticua de faltas; pero en las celdas de los panópticos la sociedad es una fianza mas de su buena condricta.

 

Cubierta del lierrutnbre de la antigüedad, la ley de la responsabilidad rnútua ha cautivado siglos hace á los ingleses. Las familias estaban divididas por decenas, .y cada una respondia por todas las otras: ¿ y cuál es stn embargo el resultado de esta ley célebre? Nueve imen - tes castigados por un delincuente. Para imprimir á esta responsabilidad la equidad que la caracteriza en el pa-nóptico, i qué sería necesario? Dar transpariencia á las paredes y á los bosques, y reducir á .toda una ciudad en un espacio de dos toesas.

 

Prwision para los presos que satgan de la cárcel.

 

Se piiede creer con muclio motivo que despues de un curso de algunos años , 7 aun acaso solamente de al-gunos nieses de una etlucacion tan rigurosa ,los presos, acostumbraclos al trabajo, instriiidos en la moral y en la religion? y I~abiendoperdido sus hábitos viciosos por la imposib~ltdaclde entregarse á ellos, se habrán hecho unos hombres nuevos ; pero sin embargo , sería una grande iioprildencia el lanzarlos en el snurido sin cus-todia y sin auxilios en la época de sil ernancipacion, en

 

que puede11 compararse á los niuchachos, que estreclia-dos mucl-io tiempo acabar1 $e quedar libres de la vi$-Iancia y cuidado de si~smaestros.

 

No se debe poner á un preso en libertad sino ciian-. do puede cumplir una de estas condiciones: desde liiego si las preocupaciones no se oponen á ésto, puede entrar en el servicio del egército ó d e la marina: y está tan acostumbrado á la obediencia que sin inuclio trabajo se haria cie él un buen soldado. Si algilnos temen que se-mejantes reclutas rnancliarári y envilecerán el servicio, es porqtie n o Iiacen atencion á la especie de hombres de que los enganchadores llenan los egércitos.

 

E11 el caso de que una ~iacionforrne colonias, los presos estarian preparados por su especie de e.tucacion

 

á ser súbditos, inas útiles en eetas nuevas sociedades, que los malhechores que se envian á ellas ; pero no se forza* ria a1 preso que hubiese cumplido su tiempo de prision

á sspatriarse ,y solamente se le darian la eleccion y los madias (cle hacerIo.

 

Otro medio para ellos de volver á la libertad sería hallar un bofnbre responsable que quisiese constituirse su fiador por una cierta suma, renovando esta caiicion to&s ,los aÍíos, y obligándose si no la renovaba á pre-santtir la persona misma,. :

Los presos que tuvkxan parientes y amigos, :y los que hubieran adquirido rcputacion de juicio , de,iddus-tria y,de honradez en los arios de prueba, rio tenrli-iari di'ficialtad enfhallar fiador <; porque auiique no se toinan prsonas de un carádter manchado para el servicio do-mésticsh hay otros mil trabajos para los cuales no se tie* ne el misnm escrúipiilo , y *adermas se podrian promover las fianzas de muchos modos.

El mas sencillo de todos sería dar al que saliese fia-dor el poder de hacer con el preso puesto en libertad un contrata p ~ unr largo tiicnip, semejante a! de un

 

 

rnaectro con su aprendiz, de manera, que tuviese el po-der de iecobrarlo, si se escapaba, y-de obtener alguna3 indeniriizacioiles contra los que hubiesen querido sedu-cirle y tomarle á su servicio.

 

Esta condicion, que á primera vista parece dura pa-ra el preso que lla recobrado su libertad, es eii realidad un bien para é l , porque le asegura la eleccion entre un número mayor de coriipetidoies que buscará11 el privile-gio de tener trabajadores cle que pueden 'estar seguros.

,No se entra en el exámen de*las precauciones nece-sarias para asegurarse de la s~ificienciade las fi:~nzas. La mejor sería hacer responsable al gobernador de la cárcel de la niitad de la fianza en el caso en que ésta fallase; porque entonces tendria un interés cn conocer bien á las personas con quie-n celebrase estas transaciones ju-diciales.

 

Pero examinemos ahora el caso que debe ser fre-cuente en que un preso no tuviese ni aniigos ni parien-tes: que no hdlase fiador, y qiie no fuese admitido á alistdrse ni á pasar á una colonia: ¿se le deberá abando-nar á la aventura, y volverle asi á la sociedad ? Sin du-da que no, porque esto sería esponerle á la miseria G al del~to; i se le dehrrá retener sujeto como antes á una disciplina severa? Tatnpoco ; porque esto sería proloii-gar s u castigo fuera del término serialado por la ley.

 

Lo qiie debe hacerse es tener un establecimiento subsidiario fundado sobre el mismo principio: un panóp-tic0 cti el cual reinará mas libertad, donde ya no habrá seiial liiimillante, donde podrán celebrarse niatrimonios, donde los lidbitantes ajustarán su trabajo sobre el misma pie, poco mas ó nienos que los oficiales ordinarios, don-de en una palabra se puede dar tanta comodidad y tanta lihertarl, cuanta pueda ser compatible con los princi-pios de la segi~ridarl,de la decencia, y de la sobriedad. Este establecimiento será un convento con reglas fijas, á

 

 

escepcion de qne en él no liabrá votos, y de que las personas reclusas podrán dejarle luego qiie hallen fia-dor, ó tleseriipeñeo las condiciones de la scltiira.

 

Contra esto tal vez se propondrá una ohj-cion: +)el panóptico siibsidiario, se dirií , es un receptáculo Hpara un cierto níimero de oficiales que trabajan bajo de ,)un tcclio , y Id esperiencia ha probado que estos recep-r>táculos son 1111 semillero de vicios. Las úiijcas marlu-,)facturas y iie no arminan las costiinilres; , son aquellas ,>en que los trabajadores estan esparcidos. ay iiellas que *)corno la agricultura, cubren tocla la superficie de u n tjpais, ó aquellas que se encierran en lo interior de las nfamilias, en que cada honibre puede trabajar en medio +)de los suyos, en el seno de la inocencia y del retiro."

 

Esta observdcion es fa~itfdcla;pero no es contraria ár nuestro plan; poiqiie hay utia gran clifereiicia entre iiria fábrica ordinaria, y la clile se. estalrleceria en un panóp-tico: ¿en qu é casa píiblica ó particular se pitede liallar una segriridad igual para la castidad del celil-lato, para Id fidelitlad del matrimonio, y para la supresiori c!e la e~ubria~uez,causa de tanta miseria y de tantos desórde-nes?

 

Estas precauciones para los presos en la bpoca cle sil soltura, son lo que deben ser para qi~itarlesla tent,icioil

 

y la facilidad de recaer en el delito. Se ha adtniiado mucho la idea cle dar una cierta canticlad de dinero á los presos cuando se les pone en libeitatl, para ciiie una necesidad inrriediata no los arroje en la rleseaperacion; pero este recurso es mcmentáneo, y aun podrá ser un lazo para unos lionibres que tienen tan roca niedida y

 

prevision ; y despues de uri goce pasagera, tanto n ~ a s irresistible , cuanto mas largas han sic10 las privaciones, el dinero es pertlido, la pobreza les queda , y las secluc-cioues les ra-lean.

Esta esposicion qve no comprende mas que las priri-

 

 

ripales icleas clel autor, Lmta sin einbnrgo para apreciar lo que se aiiuricia eii el p~iricipiode esta inrin9r;a.

Por metlio cle los princiljios, la ii7speccion ccentraZ y la crdrninistracion por cotitrtrto, se logra por resiiltarlo una reforma verdafleramente esencial e n Ids prisiows: se adquiere la seguridad de la buena condiicta actual, y de la enmienda futura de lo; presos: se aumenta la scguri-dad pública haciendo tina economía-para el estado, y ae crea rin nlievo instru~iientode gobierno, por el cual un hombre solo se 'halla revestido d e un poder muy grai-icle para hacer el bien, y nulo para hacer el mal.

 

El principio patiópti~o pilede adoptarse con felíz exito á totlos los estallecimieritos en que se deban re-unir la inspecciori y la economía : no está necesariamente ligado á ideas de rigor: pueden siiprimirse las rejas cle hiert-o : se puede permitir co~niinicacion; y se puecle hacer cómoda y nada molesta la inspeceion. Una cam de industria, una fábrica edificada por este plan , da á un honibre solo 1s facilidad de dirigir los trabajos de un gran níimero , y piidiendo estar los cuartos abier-tos ó cerrados , permiten difvrentes aplicaciones del

principio.  En  un    hospital      panól)tico no  poclris liaber

abuso alguno de      negli5e:riicia , ni   en  la  iinipiaa , n i

e n la reiiovacion    del aire,       ni en  la admitiistracion  de

fos      remedios : una division  mayor         de cuartos serviria

para separar mejor las enferinedacles : los tubos de ho-ja de lata proporcionarian á los enfermos una comuni-carion contitiu~con siis asistentes : una vidriera por dentro en vez de reja dejaria á su eleccion el grado de temper~tnra,y una cortiiln podria encubrirlos á la vista de todos. En fin, este principio ~ i t e d aplicarse con fa-cili<lacly utilidad á las escuelas, j. los ciiarteles, y á to-dos los establecimientos en qrie iin Iiombre solo está en-cargarlo del ciiidado de miiclio.;. Por medio de rin pnnóp-tico la prudencia iriteresada de un solo individuo es una

 

r ~xór"arCo.

 

 

75

 

 

garantía mcjor otro sistenia lii

 

 

r ? ~ iacierto cjue PO lo providad de mucliou.

 

 

scria en

 

 

cualquiera

 

 

RESUMEN.

 

 

Principios

 

 

caractcristicos

 

 

del panóptico.

 

 

r .O     Presencia un'iversal y constante  del gobernador

del establecimiento.

2 . O    .  Efecto iiimidiato de este principio en  todos los

 

 

miembros del estdbiecirniento: la conviccion de cpie vi-ven y obran incesaiiternente bajo la inspeccion perfecta de un iiombre interesado en toda su coiitlucta.

3.'       Gobernador  sevestitlo de u n poder desconociclo

hasta aliosa por el efecto de este principio panóptico,  é

intcresa(lo por la cotisti tiicion   misma del esrciblecimien-

to, lo   inzs qrfe es posible, en   la  salud, en  la inclustria,

en la  buena conducta, y eri  la reforrna de las personas

sujetas á él.  

4.'       Facilidad qiie se J a al legislaclor ,á la nacion en

general, y á caíla i~idividiioen particular para asegorar-

se á todo rilomento de  la  perfecciori del plan y de su

egecucion.    

  Citstodia  scgrrra.

1.'       Edificio circular ó polígono.

aO.      Celtlas en la ~ircurifcre~iciapara los presos.

3.'       I-labitacion del inspector en el centro tloride ca-

da visitador puede ser rccibido sin algiin desórclc.11.

  Galerías iiiniediatas al ilrredor  (le la 1ial)itacion

del4:'inspector para los subinsyectoics y los sirvit.iites.

5,'       Cierros estesiores de las celcl,ls formados por In

parretl del eclificio : cierlos  interiores foi iiiiidos por  u113

r e j ~de        hierro  para  que nada     se oculte á la  ii~~pecciu~l:

 

 

di~isiouesentre 13s celdas por uiia pared de ladrillo que iiitercepte la comunicaciori entre ellas.

6.'       Celosí,is eri las  ventanas  de la  ha1)itacion y de

las gaierías para que los presos,  no pudiendo yer lo que

pasa en lo iiiterior , nunca  esten  seguros de que no se

les inira.

7.'       Patrilllas y Faroles dirigidos hácia las celdas pa-

ra dar á la noche la seguridad del db.

8."       Espacio vacío entre las celdas y !a  casa de ins-

peccion de alto á bajo, cubierto en lo alto por una vi-driera, y hondo por bajo d e modo qiie se impida toda co-municacion.

 

9." Pasos y escaleras en poco níimero, estrechas y guarnecidas de rejas de hierro pala evitar las reuniones

y no perjudicar á la i~speccion.

 

1 . Ningun medio del llegar á los preso5 corno no aea por la habitacio~idel inspector.

 

r I . Foso circular en lo esterior del edificio para ha-cer aun mds impracticable la fi~ga.

I 2.Espacio vacío al otro laclo del foso para diversos

 

usos, rodeado de una p a r d cuadrangular.

I 3.      Empalizada al otro lado de la  muralla, la cual

nadie   saltar sin hacerse culpado.

 

14. DOS cuerpos de guardia en dos áiigulos opues-tos entre el muro y la empalizada.

 

15. Un solo camino formado por dos muros, que vienen en árigulo recio desde el camino real á parar en la fachada del edificio, de manera que n'idie puede acer-carse á éste Sin que se le observe.

 

I 6 . Puertas de rejas de hierro á la entrada del cami-no por medio de las cuales se pueda hacer fuego contra agresores mal intencionados.

7.        En frente de esta  puerta, y en la direccion del

I

camino red  tina pared bastante larga para proteger á los

pasageros pacificas en un momento de tumulto.

 

 

Sr-rniclad y limpieza.

 

I ,O     Medios cle ventilacion perfeccionados : 1.O por  el

espacio circiilar      interior qiie se abre por arriba: 2." ihr

la  estructura de      las celdas , con ventanas  hácia afuera,

y una reja  de  hierro  hácia  adentro:  3." por las estofas

para    el  invierno,  construiclas de modo que        renueven

coritiriuamente el aire.  .           

 

2:        Canales egecutados en cada pared entre dos cel-das , segun el principio ingles , para evitar los malos olores y las suciedades.

 

3." Depósito de agua al deredor de lo alto del edifi-cio ,y ti11)os que la conducen á cada celda.

 

4.        Suelos de piedra  6 de yeso, de manera que no

haya    intersticios que  puedan  ocnltar materias píitridas

y porqurrias.

 

5 .O Cuarto separado en que se visita á todos los pre-sos cuando se reciben.

 

6 . O Alternati va de trabajos sedentarios y activos, icstos al aire libre.

 

7." Licores fermentados absolutamente proliibidos, prokiibido tambien el tabaco de toda especie.

 

8.' El pelo cortado muy corto : baiios frecuentes y vestidos sin color , y labados á mepudo.

 

g.'> Sanidad y limpieza asegiiradas por la estancia del cirujano, del gobernador, y de los empleados qlie respiran el mismo aire que los presos; por la adriii-sion continua de los visitadoree, y por la concurrenicia phblica á la capilla.

 

i o. Ciiidado del gobernador interesado en la con-servacion de los presos por la constitiicion del establtaci-miento que le obliga á pagar un tanto por c ~ d iiima que muere.

 

 

Economía.

 

1.' Celdas qiie Iiacen las diversas funciones de dor-mitorio, de refectorio, de obrador, y ocasionaimente de calabozo ,de enfermeria, de capilla y de divisioiies para separar los dos sexos : estableciinientos necesarios para llegar á poner un buen órden en cualquiera edifi-

 

cio distinto del pan6ptico. I

 

9 . O    Las medidas necesarias liasta  ahora en  las  pri-

siones de paredes gruesas, y otros gastos de hierro se hacen inútiles por la iliiposibilitlad de intentar abrir una brecha sin ser visto.

 

3.' Aclniii~istrriciouclelegada al gobernador con una pcquería siiina para la inaniitenciori cle caib preso, su-puesto que el trabajo de ellos le pertenece en propie-dad: clientas que se publicarán con el ol)jeto de qiie sir~aripara arreglar el precio en las empresas ~iguierites, sin molestar al priiiler enlpresario eri Ids diferentes tcn-

tativas qiií. quiera   lincvr para aurnerirclr su ganaiicia.

$.U     Níiinero cle ein pleados y siilirispectores , dismi-

                    

ni~ictoaso~iibrosamentepor  la  peri'eccion del  principio

par.ópticc:, , y  con la  ti yada cle diferentes  iuvencioi~es,

~01110:.O    tut~osÓ      V O C I ~ (le~S liola de lata que atraviesan

des(le la        balitacion  del inspector á cada  celda:  2.'   los

tubos que conducen Ir7 agria á todas p_iríes: 3.' las puer-tas tle las celcir:~que el inspector abre sin salir del cuar-to de inspeccion , &c.

 

5 . O It~dusiriaaumentada por Ta mezcla y alternati-va (le t r a h jos se~lentariosy 1'1boi io?os, y por las pre-cauciones tnrnarl~scontra los escesos de la teriipeiatura, c?e manera qiie se ocope todo el dia, á esccpcion de 1'1s lioras de siiciio y cfi scailso.

 

6 . O Ali!i-ieiito aunque ilimitado en la caiitidad, siern-pre el mas económico y sin variedad.

 

 

 

 

y." Los clelitos cornilnes en todas las cáicele? preve-nidos por el prilicii>io 1~3ní)ptico.

 

2.' Cuidaclo religiaso que es constante con la estan-cia eii la casa de un eclesiástico á cuya vista estan siem-pro los presos.

 

3.O Largo háfiito de o l ~ ~ d i e n r,i ade t;inplariza , de trdiiqiiilidad, de linipic7,a y de iiidustria, colltraitlo ba-jo el régiiilen del Iwi~icipiopanóptico.

 

4." Resporis,il;lidacf mí~ruaentre los habitantes de un,, nlisma celda.

5."       Biieiios efectos de la atnistad que debe resultar

de esta ~sociacionp r o l ~ r ~ ~ a d a .

6.'       ?

  influencia d e 1;1  11113piezacorporal sobre  lo rno-

ral.

Domingo detlicada á toda especie de instrilccion

7 . O

que no sea contraria á los usos rcligiosos.

 

Precauciones para la sol~uradc los presos.

 

1.' Permiso <leentrar en el servicio militar en que b33t3 la (!\sc.ipliiia para asrgilrar su biicrin contlucta.

 

'.2 Per~iiisotlz ajustarse para el servicio de uti parti-ciilar qiie dará fian7a de la buena cor~ductadel preso ó de volverlo á presentar..

 

3.' Alicientes dados á los maestros para qiie los t e men eti su servicio, asi coino el derecho de tratar con ellos como con ulioi aprendices.

4.'       Resporisabilitiad del gobernador por la mitad de

la fianza ,e11 el caso de qiie ésta falle.

5.'       Periiiiso coricectitlo al    gobernador  de establecer

por  SI' cuenta  un  panóptico     subsi(1iario para  recibir  á

106 presos en hs inisiiios términos que otros maestros.

 

6.' Prolongacion de estancia en la misma casa c n defecto de otros estableciniientos de caridad para aque-llos que por falta de industria , ó de fiierza no hallen quien los reciba.

 

Restricciones contra el       interés personat

del gobcrr~crdor.

 

1.' Obligacion del gobernador á publicar todo el porinenpr de su admioist&cion.

 

2.' Obligacion de recibir á todos los visitadores has-ta un cierto nílmero al nlisrno tiempo.

 

3." Obligacion de dar á horas sehaladas una cantidad de alimento segun la necesidad del preso.

 

4." Prohibicion de otro castigo fuera del de la sole: dad , sin que preceda IA decision de: personas designa-das por la legist~turapara los casos estraordi ~iarios.

 

5." Ccialquiera otra restriccion sería milchas veces daíiosa , y segiiramente superArra por el interés del go-bernador eri la conservacion cle siis presos, á causa de In sunia que tiene cjue pagar por la iiiuette de cada uno.

 

Otros usos dcl prirrcipio parzdptico.

 

1.d Aplicacion de este principio general á todos los casos en que un gran níirnero de hombres debe estar coiistantemente bajo la inspecciori de 111103 POCOS , sea para el simple encierro de las personas acusadas , sea pa-

rd  el    castigo de  los c u l p i d ~ ) ~sea,       para  refoiniar      á loi

rnalos , sea p.1~3forzar  i 103    perezo$os a \ trabajo , Sea

para  facilitar  la  asistericia de   los     enkrint) ~,6 S e;i   p-iia

hacer Cicil la enrefianza , y llevar        el potler de la  etlc~c~i-

cion á un plinto incoiicebi!)le     Ii.ista el clia.        

z ,O     Ect'~!)leciiriieiitosá qiie por     co~isi~uientees nl,li-

cable : '.1   casas de seguricldcl: 2.'                cárceles:  3.'  6as.i~Je

 

PAN~PTICO.        81

 

correccion : 4:         casas de trabajo: 5.'        hospitales : 6.' ma-

wficturas : 7.O escuela.

 

3." Soficieticia de un so10 hombre de confianza pa-ra estos establecimiuntos, por grandes que sean.

 

 

 

COMENTARIO,

 

Hace muchos anos que la hurnailidsd ,escituda por la filosofia ; no deja de clarnar á los gobiernos por la reforma de las prisiones, y sus clamores no han sido del todo perdiclos , pues no puede negarse que algo se lia mejorado la suerte de los presos ; pero esta mejora , que aun se debe mas al celo bienheclior de los particulares, que al cuidaclo de los gefes de la sociedad, está miiy le-jos de lo que podia ser. Las cárceles son todavía unas sentinas de eorrupci~nfisica y moral, que exhalan á ve* ces un mefitismo que lleva las enfermedades y la miier-te 6 unas largas ctistancias de ellas. E\. acinamiento de tantos infelices ei~cerraclosen un recinto estreclio y sin ventilacion ,su desaseo, SU desnudez, su escaso y mal sario alimento: todo esto reunido, sotamente por una especie de prodigio, puede no producir una infeccion

 

general y rnortifeta, Nadie siti esponerse mucho puede acercarse á socorrer y consolar á estas víctin~asdesgra-ciaclas cle la inclotencia inhumana de los gobiernos, y no es solo el bueno y generoso H o w ~ i del, que despr-es de haber sido e\ apóstol de las cárceles, ha nluerto már-tir de elids.

 

Si Iri atmosfera fisica que se respira en las prisioiies es peatilencial para los cuerpos de los presos, no lo es menos p r a sus almas la atniósfera moral, si me es lícito servirnie de esta espresio~i: no pudieiido emplear el. tiempo en ~ ~ - ~ ~ a c i ohonestas lo yasoti eti ioe:. u1 se

 

82       PAN~PTICO.

 

mútuam~nteen la ciencia fiiiiesta del delito: cada preso presenta los adelaritamieritoe que lia liecllo en ell'-l coa

nlo rin título á la coiisicleracion y respcto de sus

 

Beros, y el que no era mas que estudiante 6 apreiidiz cuando entró en la cárcel, sale de ella maestro consu-mado, y con vivos deseos de saber si la práctica corres-ponde á las teorías que tia aprendido en aquella~esciiela de perversidad y en las lecciones de los maestros riias sábios. Este inconveniente es mas de bulta en las cárce-les destinadas á custodiar presos que aun no han sido conclenados, entre los cuales hay muchos inocentes? pues que liay muclios que serán absueltos, y será un niilagro que estos inocentes conserven a!gun tienipo su inoceii-cia en la sociedad de tantos malvados de toda especie.

 

Asi pues el filósofo filantrópico que halle el tnoclo de construir una prision excnta de estos inconvenientes, y los gobiernos que adopten sus ideas se: harán ucreedo-res al reconsciiniento y á las bendiciones del género 1111-mano. Bentham cree haber hallado este modo, y proba-bletnente no se equivoca ; pero para tener una seguridad absoluta de ello sería necesario que su plan se hubiese puesto en egecucion, lo que todavia no se ha hecho, sin embargo de haberle aprobado y adoptado los gobier-nos de Inglaterra y de Francia. El panóptico de nuestro autor reune á su parecer la seguridad, la salubridad, la comodidad, la economía, y la facilidad de corregir el carácter y los principios morales (le los presos, es decir, de quitarles la voluntad de volver á cleliiiqiiir ; y un

 

plan que presenta tantas ventajas no mereceria la pena '6.

de que se ensayase? jno sería nlejor gastado el dinero que se aplicase á este objeto que el que se emplea en ningnificencias inútiles de una córte? De lo que se gas-t.1 á veces en construir un palacio que nunca ó rara vez oe ha de habitar sobraria dinero para hacei muchos pa-nbpt icos.

 

 

Una pricion, dice Beniham ,debe ser una casa en que vi\,in ~wiitadosde su libertad ciertos indihidaos que liaii al~usatlode ella, para que ellos 110 cometan noe-vos drlitos y los otros se abstengan de imitarles qor el terror del egemplo; y es al mismo tiernpo una casa de cor. reccion, donde se debe trabajar en reformar las costurn-bres cle los presos, para que cuando recobren la libertad rio sea este aconteciniiento una desgracia para la socie-clac1 y para ellos niisirios. Esta clcfinicion hice ver que Reiltharil solninente habla de las cárceles en que se en-cierran personas ya cormdenaclas por sus delitos , y ilo de la chrcel en qne son detenidos liasta ser jilzgados ciertos indik idaos que llar1 dado motivo á que se les sospeche delincuentes y se examine su conducta, de la cárcel que es una pena y no de la qiie es solamente custodia; pero nluclias de las reglas que él aplica á la primera especie de prisiones, pueden aplicarse á la otra.

 

IIay sin embargo una diferencia muy notable entre ellas, y es que las últimas no tienen otro objeto que el de asegiirar y tener siempre á la disposicion de la ley

 

y del magistrado ciertas personas de que hay motivo pa-ra recelar la fuga : y de ayui se sigue que en ellas ila debe tratarse al preso coino ciilpado n i hacerle sufrir al-guna pena , alguna iiiconiodidad que no sea necesaria 13xa s ~ seguridad , y para rndntener la observancia Je la disciplina y policía de la prision. La humanidad exi-ge taniLien qtie á presos de esta clase se les procuren to-C ~ losS :ilivios, todos los cons~ielos,y todas las comodi-dades qiie sean compatibles con sli seguri(1ad: que SP les ~ i s tcon,~ ropas cómodas y lin~pias,aunque groseras: que se les dé un alimento abundante y sano, aunqiie co-mun y tle poco precio: que sus encierros sean rspacio-sos y bien aireados: que tengan una cdrna oseada en que piiednn descarisar : cine se les proporcione afgun egercicio corporal propio para conservar su salud y sus

 

84       PANGPTICO.

 

fuerzas, y aiin que se les permita divertirse en pasatien-pos l-~onestos.

Como no sería justo forzar 3. estos presos á trabajar por cuenta de otro, no pueden ser mantenidos por un eiiipresario aplicándole el producto del trabajo y .es preciso que los mantenga el gobierno, ó mas bien la caja de indemnizaciotles , ó de a~eguracionde que he. mos hablado en otra parte. La esperiencia demuestra que no puede fiarse enteramente el trato de los presos i los carceleros , hombres en general duros, y que á

 

ue& de ver padecer y de ser instrumentos de dolor ian perdido toda sensibilidad. En Espalía las ciiceles U n visitadas por los jueces dos ó tres veces al ailo; pe-:o estas visitas son una pura ceremonia que nada reme-dia. Los jueces se fijan en una sala donde se presrntan los presos que lo piden ; y si no soii niiiy imprudentes se guardarán muy bien de quejarse del carcelero, de quien depende absolutsmenre sil suerte; pues la visita 170 se repetirá hasta despues de pasado niucho tiempo. En lugar de estas visitas pomposas, insignificantes y periódicas , que el carcelero sabe cuando ha de recibir, y á que por consiguiente está preparado, podriail esta-blecerse unas visitas diarias sin llora fija?y estas visitas se harian alternativamente por un individuo del tribu-nal, donde liubiese un tribunal colegiado, de manera, qile ésta fuese una obligacion inuy sagrada de la magis-tratura: el juez oiria en secreto á los presos, y hallaria inil medios de remediar sus justas quejas sin compro-meterlos; oiria tailibien al carcelero, y castigaria correc-cionalmente al preso que alterase la trat~~uilidady el buen órden en la prision, porque el carcelero no debe-ria estar autorizado para imponer estos castigos.

Si se piensa que  estas visiras sesian una ocupacion

 

deniasiado penosa para los jiieces, nada es mas fácil que f o r w una junta compuesta de cierto núr~iero de per-

 

PAN~PTXCO.       85

 

sonas respetaliles del piiello, dos de las cuales visiten didriameiite las cárceles, alternando por meses ó por se-manas. En todos los ~ueblosde algun vecindario se ha-llan algunos habitantes honrados que viven sin necesi-dad de aplicarse sin interrupcion al trabajo, y de éstos y de eclesiásticos, principalmente párrocos que el pue-blo mira con respeto y en quienes tiene confianza, de. ben componerse estas juntas; y pasa conteptar el amor propio de los individuos que las compongan y sacar p r t i d o de la vanidad, pasion mily natural al hombre,

 

y que f uede ser un instrumento iiiuy íitil en las nianos de un egislador que sepa servirse de él, los ma~stiados los tratdrian con mucha consideracion , esci~cháudoles siempre que quisiesen hablarles y confiándoles la policía de las prisiones con un'a cierta autoridad sobre los em-pleados en ellas; y aun corivendria tal vez seíialarles un lugar distinguido en las funciorles y ceremonias públi-cas : ¿quien sabe el partido que un adaiinistrador fil6-sofo y prudente puede sacar de la vanidad bien mane-jada? No hay una pasion por la cual se pueda gobernar y conducir al hornbre mas fácilniente y á menos costa: las cosas que se hacen por una cinta, una cruz, un título vdno y un tratamiento insignificante, son una buena prueba de la fuerza del resorte niosal de la vanidad.

 

Yo conozco algunas jiintas de éstas, estal>lecidascon un felíz éxito para el cuidacio de los hospitales, ¿ y por que estos establecinlientos apiicados á las cárceles no pro-ducirian los mismos efectos? Los diputados (Ilamérnolos asi) visitarian las prisiones á horas en que no fuesen es-perados: asistiriai-i á las comidas de los presos, visitariari SUS ropas, sils camas y sus ericieiios, y cuidarian de que en todo hubiera inut ha liinpieza, sin la cudl no puede conservarse la sdiiibi iddd : oirian en particular las quejas dc los desdicliados, y cnai-ido las llallasen fundadas las pa-raiirin á la noticia del magistrado : activarian sus ;)roce-

 

 

sos: intercederian por ellos : solicitarian 4 su favor la con.

 

n~iseracion pública : y 10s consolaiian y so~tcnclriari en su miseria por todos los medios que iiispirai~la religion

 

y la htimanirlad: procurarian qne se ocupasen en i l i i tra. bajo compatible con ld seguridad y disciplina d e la crír-crl ;y. cuiclarim de que el prodiicto de este trabajo, clue debrria ser vol~~ntario,se invirtiese en beneficio del que le hubiese hecho. No sé si me hago ilusion; pero ine

parece que estas juntas  bien  orprinizad~s,y qire yo  no

'?

Iiago mas que bojquejar,  mejorarian mucho el estado de

 

las prisiones, y las puriiicarian de la infeccion fisica y moral que lioy reina en ellas.

 

Tal vez todos los principios del panóptico de Ben-tliarn no podrian aplicarse á las cárceles (le pura cusro-clia que deben estar dentro de las p ~ l l ~ i c i o n ey scerca cuanto se pueda del lugar en que el tribunal tiene ells aixdiencias; porque es necesario que los presos se pre-senten frecuentemente á los jneccs: pero se podrian apli-car n~ucliosde acluellos principios , y sobre todo sería muy conveniente la division de clases que Bentham propone para su parióptico. Este debe estar aislado y fuera cle la poblacion; pero l)ar,i hablar con cot-iocimien-to acerca de sli f o r i n ~y construccion, sería preciso te-ner a la vista un plan de él, sin el cual se presriitnn so-bre fa egecucioii del edificio algunas dificultades qiie á priniera vista parecen invencibles, y que seguramelite no lo serán para un hábil arqiiitecto: Bentliam las tuvo todas presentes, y podemos fiarnos de 811sIi~ces.

 

Lo esencial es qiie el eclificio esté construi~lode mo-do, que el gefe cle la casa sin moverse de sri Irabit~cioli, tenga á la vista á todos los prehoo y a 10s emple~dossu-bdlterrios que cuidan de ellos. Esto solo previene ti.icta la idea de evcisiori, porqiie fa 11ac.r iii.ipf sibl a : 1 ue- par^ que iin preso pi~cclaev.itlirse tle IJ l>ii>iorle - iirct~,,iiio que pueda tr~b,ijarun cierto tieiiipu si11 scr obsei~ddo:

 

PANGPTTCO.

 

 

87

 

 

previene tamf>ientodo desórden en !a  prision, y asegurl

c1 castigo tlcl qne interite violar la  disciplina : pues un

 

 

clc Iito no p i e d e dej,ir de ser conociclo desde el iliorneti-to en que empiece á egecntarse: proporciona ílcie pueda continuaniente velarse sobre las ociipaciones de los preh

asegura qiie nada falte á éstos, y que sean bien tra.

 

tallos por los sirvierites de la prision , que estan siempre como los presos á la vista del gefe. Hacer que la inspec-cien se estienda á cada prcso, á cada instante de su vi-da, .y á cada punto del espacio que ocupa, es el proble-ma importante, cuya solueion ha creido hallar nuestro au-tor eti su panóptico. Los pormenores relativos á la lim-pieza, á la ventilacion , B la comodidad de los presos en todas las estaciones, y á la con~unicacionde ellos eritre sí y con el alcaide y sus subalternos, tocan á los arqui-tectos, y Beritham ha consultado á muchos que le Iian asegurado la posibilidad de la egecucion de su proyecto: lo rjue toca al legislador peculiarmente es arreglar la admiriistracion interior de estas casas de correccion , y ahora vamos á tratar de esto.

 

I'ienios dicho en su lugar que el doble objeto de la pena es quitar al delincuente el poder ó la voluntad de volver á delinquir, y hacer con el terror del egeiiiplo que otros se abstengan de imitarles; y pues la prision es una pena, debe llenar estos dos objetos. Hernos dicho tan]. bien que toda pena que no es necesaria para producir estos dos efectos, y que liemos llamado dispendiosa , es un acto de crueldad y de violencia ,. y no de justicia, y que no debe liacerse sufrir á un delincuente ni un áto-mo de. dolor que no sea necesario.

Estos principios son la base de la administracion de una casa de correccion, en la cual deben evitarse cuida-dosamente los dos estrerrios opuestos de la indulgencia y de la severiclad, porque si la indulgencia es deninsiada, la piision dejará de ser una pena contra la intexrcio~icle

 

88       PaXoYTICO.

 

la ley; y si lo es la severidad, el preso padecer5 nm3s de lo que la ley ha querido que padezca. Deben pues man-tenerse entre los presos la decencia, la s,tl~itl y la lim-pieza, que tanto contiibuye á ésta: no se les debe privar cle las conlodidades y goces de que su estado es suscep-tible, sin ir contra el objeto del castigo: á los que sola-mente han sido condenados á una prision temporal, conviene porpoacionarles nledios de subsistir honrada-nlenre cuando sean puestos en libertad ;.y por ¿iitimo es r?:uy esencial cliie todo esto se llaga por meclios econó-micos.

 

Bentharn establece tres reglas ; una de dulzura, se-gun la cual rio debe obligarse á un preso 6 trabajos ó fa-tigas cory>r>rafesq u e l~crjudiquená su salrid, porque esto sería imponerle 1~ pena de uria milerte lanti y prolon-g~da,mas dolorosa que lana muerle proiiia contra la in-tcncion del legisixlor , que solan~enteha querido concie-narle á una pena menos grave. Esto es, aplicable á la 1 rision perpetua como á 13 temporal, el objeto cle la pri-mera es quitar el poder de delinquir á u n delincuente que se tiene por incorregible : el objeto clc la segunda es quitar la volui-itatl cte dclinriuir á Lin int!ividuo suscep-tible de correccion ; y todo lo que se l-iaga sufi-ir á los presos, á mas de lo necesario para llenar estos (los obje-tus , cada uno en su caco ,es una crueldad enteranlente gratuita, pues ni aun puede servir para el egemplo.

 

La regla de severidad exige que no se haga gozar :íun preso de mas comodidades en la prision que las que gozaria en su casa n o liabiendo delinquido; porque es-to sería persentar á los pobres, á couyaclase pertenecen ordiiiariamente 10.. deliricurritrs de cierta especie , u n aliciente para delinquir. Reg!d general: el delincuente condena<!o á prijion debe estar en ella mas mal que es-taria en su casa lial~iénclose coiiser~'icio inocente, con tal que esto iio perjudicjue á su salud.

 

PAN~PPXCO.       89

 

En fin, la regla de econoinln prescribe qiie no se baga ningi~ne s t o , ni se deje perder alpuna pn,~ncia por puros inotivos de indulgencia ó (le serericld(l; ipc-ro cómo se puede asegurar la economía en estos estáble-cimientos ? Como se asegura en las estriblecimientos par-

 

ticulares, poniénd'oloo bajo la dircccion interés individual.

 

bnthctm compara aqni las ventajas y los inconve-nientes de los dos modos conocidos de aclministracio~~, el uno por coritrato , 7 el otro de confianza, y se decide fuertemente por el primero. Si solo se trata de la eco-nomía, y de la sencillez y facilidad de la administrdcion,

 

t d o el inundo será de s u dicráinen; pero si se ha de te-ner tambien cuenta con el bien estar de los presos, ten-drá m ~ c h o contradictores ;y si yo iio'soy uno de ellos, tampoco me atrevo á tomar decididamente el partido conrrario. No he visto casa alguna de correecion ó de trabajo administrada por contrato; pero he visto un hos-pital administrado por este método, doride los desgracia-dos enfermos eran víctimas de la codicia inhumana del empresa~io.Tarnbien era libre para todo el inundo ia entrada en este hospital , como lo deberia ser en el pa-nóptico : tambien el píiblico censur~balas operaciones inhumanamente mercantiles del en-ipresario ; pero á éste le importaba poco la censura, y solo trataba de enrique-cerse á costa de la humanidad doliente. El medio de ha-cer pagar al empresario del. panóptico una cantidad por cada pFeso que le falte, es mas ingenioso y seductor, que sólido; porque el hombre puede sufrir muclio , y no morir: un colono americano, dueiío de un ingenio de azucar, tiene sin duda un grande interés en qiie sus ne-gros no mueran, y sin embargo los agovia con trabajos escesivos y malos tartamientos; y del niismo malo el em-presario del panóptieo no matarla á sus presos; pero sin matarlos podría hacerlos padecer mucho. Claro está que

 

YO      PBN~PTICO.

 

la publicid.id da las ruelitas d-1 estil>lecimiento? y de los g.~stosy gati:ilicias del ernpresuiio no reiliedia este

in~~iivaiiieiitc; ~ ) P ~ I v ~po#liA"~Easegurar"  la leg~li -

d'id  di:  las Cli:iltd*,        c~ldtlrfonadie iiitervieae las entradas

 

y l ~ i s~ ~ l i L l de~\ ilos caull,~les?Potlria tiaber tinos cel:idores qu e visir,iscn frec~ientenlente14s prisiones , y velasen sobre l~ coiitiucta del einpresario; pero si estos celadores eran pag~dos, ocasioaciriaii un ga;asto contrwio á la 'regla de: econoliiía; y si eran gratciitos, i por qué no se les po-dria aplicar lo que Bentlian dice de los aclininistradores de confianza?

 

Yo  preferiria  este iiltimo modo de administracion,

ponientlo al gefe de la casa bajo la vigilancia de una j o r l t ~compuesta coino antes he, dicho, á la cual tendria q i ~ cc l ~ rsus cuentas. La junta podria nornbrar u n ein-pleatlo que cilidase anicamente de los trabajos de los j~resos, asignándole un tanto por ciento del producto de estos trabajos para i~iteresarleen ellos. Este emplea-

do no po.lria agovibr á los presos con un trabajo escesi-vo , porque t ~ ~ n e r ial inspector y á sus dependientes,

(lile podrian dar noticia de ello á la junta:  y el  incpec-

tor  y este      eiiiplea(lo, que podria  llamarse veedor,  se-

r an iinoa celadores uno  de otro, y se ternerian inútua-

 

111t 11te.

 

Las prisiones cle Filadelfia, que son las mejores que hoy se conoccn ,se administrai~por el método de con-fianza; y lo qiir 10s qiialiere Iiacen en ellas; ¿ p.m qué en otras no I~odrianhacerlo otros hombres sensibles y bienhechores cliie se hallan en toclas las re!igiones, por que por fortuna c!e 1~ 11urnanid~c1,la virtud iio está vin-culada en tina sola secta, aunque sea la mas pura y res-peta ble? Por otra parte : las especulaciones mercantiles sot~reclestlicliados , presentan no stl: qué de indecente y de iilliurnaiio (lar hace que el lx'íi->licolas mire con hor-ror, y que desprecie á los que se enriqucceii en ellas,

 

 

col110 persoilas en quienes la codicia es superior á la IiumaniJad.

 

La clivision de los sesos en el ~anópticocs necesaria por 13 honestidad y las cost~ztnbres, y aunque en la meliloria no se nos esplicar-i por menor los medios de eiectuarla, no es dificil de coiicebir ponie~ido13s celdas de 13s iiiugeres al lado opuesto de las de los hombres, y dirigiendo clesde el edificio central algunos tabiques interiwestos entre las habitacloncc de las mugeres y los Ilombres, que por este medio solamerite podrían verse de lejos en aqiiellos dias de fiesta en q u e se abriese la capilla. Para evitar todo lo que podria ser contrario 6 la decencia, parece que no poJia haber inconveniente en que las rnugeres fuesen servidas inmediatamente por mugeres, corno se hace en los hospiraies; y por otra par-te, la inspeccion continua, y una 1)uena disciplina esta-blecida en la casa bastarian para prevenir toda especie de desórden.

 

La separacion de los presos en clases 6 pequenas compaiíías en lo interior de la prision, es algo mas dif - cii de conseguir, sin ser menos necesaria ; porque el amontoriarniento de todos los presos sin distincion de edades y de delitos, produce en ellos una corrupcion general en lo fisico y en lo moral; y por otra parte la soledad absoluta es un tormento insoportable, que al cabo de algun tiempo conduce 6 la desesperacion y al suicidio, consecuencia de ella. Nada prueba taii bien que el hombre es nacido para la sociedad, como lo que pa-dece en un estado de aislamiento absoluto. Una soledad de algunos dias puede producir efectos saludables para la correccion del condenado á ella; pero prolongada por mucho tiempo no hay tormento con que comparaila.

 

Á        las observaciones del humano HowarrJ yo puedo añadir las de un alcaide antiguo de la inquisicion, >>to-+)dos los presos que entran en las cárceles secretas del

 

92       PAN~PTICO.

 

»santo oficio, me decia este hombre, se muestran muy jxonientos los primeros dias al ver el buen trato que nreciben en ellas, y creen que sin violencia podrian pa-mar muchos años en aqiiella situacion que tiene á prime-r>ra vista muy poco de desaeradable ; pero ningunb h e ,)visto que sufra con paciencia un mes de privacion de 5jtocla sociedad." En ningunas cárceles son tan bien tra-tados los presos como en las de la inquisicion: no tiay grillos, no hay cadenas: ciiartos bastante espaciosos y ventilados: hilenos alimentos, una cama cómoda y lim-pia, ropas convenientes , asisteocia cuidadosa en las enfermedades: de nada cjue sea necesario , ni aun sola-mente cómodo , se les deja carecer, con tal que no sea incompatible con la seguridad y el secreto de la prision, 7 en esta paite se ha calumniado al santo 06-eio, á qiiien precia imposible poder calumniar por mu-cIro u~al que se dijese de él: pues á pesar de ésto en ningunas otras cárceles han sido tan frecuentes los sui-ciclios , la desesperacioii y aquella tristeza profuiilida que pára en la locura, ó en la insensibiliddd y abatimiento total de fuerzas.

 

Resta pues que los presos sean divididos en clases ó pequehas eonipañias, poniendo en iin cuarto á dos, tres

 

ú mas, y en esta c\a>ificacionse tendrá consideracion á la eclad, al carácter, á la naoralidad, á la especie de los delitos, y aun al gknero de trabajo e11 que han de ucoparm los pesos, pues hay unos ti abajos que exigen la concurrencia de mas personas que ocsos. Un akaide observaclor apenas podrá equivocarse en esta operacion, y ciiando se eqtii\ocjm es muy fácil corregir liiego el er-mr antes de que plieda ser muy perjudicial, pues que está siempre á la vista del alcaide la conducta de t o h los presos. Convendria á riii parecer que los coridenados 6 prision perpetiid no se inezclasei~con los qne solamcn-rc: lo ebtdi~á prision temporal, porque 10s piiiieros tie*

 

 

nen menos inotivo para aplicarse al trabajo, y corregir-se que los segunclos.

 

Lot tiabajos en una prisioil deben ser lo rnas varia-dos que sea posil)le, alteriiando los sedentarios con los lriloi losos ; porque la uniformidad fastidiaria á los pre-sos, y les liaria caer en una rnelancolía sombría qcle conduce a la desesperacion, en vez de qulv la vatiedad

de ocupaciories los distraerá de la idea de su situacion;

y asi el trabajo,  en  vez de ser una pena p a h  dlos , se-

r U un  alivio y  una. recomperisa,  á  nias de que siendo

 

para ellos una parte de lo que ganan, este interés les hará aplicarse al trabajo y desedrlo', de modo que la ociosidad será mirada corno un castigo.

 

Cualquiera especie de trabajo que pueda hacerse en una prision ,sin esponer. la seguridad de ella, es bueno para los presos; pero ciertos trabajos no serían forzados: los que exigen algiln esfuerzo eetraordinario nunca se ha-rían bien por fuerza, y para esto siempre las recompensas producen niejoxs efectos, que los medios coercitivos. En aquellas labores e11 que es necesario servirse de lier-rainientas que fácilmente puctlen coiiveitirse en armas homicidas, no se ociiparán aquellos presos de quienes puede recelarse que hagan mal uso de ellas ; porqiie pi>. dria suceder q ~ i eun rnalbechor con~ienadoá prision per-petua prefiriese al encierro la muerte, )r que para lograr-

la  la  diese á  otro. Las  nlugeres  trabajarán eii labores

propias de su sexo  9'.si no las saben podrán aprender-

las de otras en la priaion. 

Los trabajos no se interrumpirán h a s que durante

el tiempo de l a coniitlas , que se servirán  á  los presos

en sus celdas, y serán ahunddntes y suficientes, para sal ciar su apetito , aunque compuestas de alinientos poco variados, Laratos y los mas comiines y simples. pero sa. nos. Sobre esto no pueden darse reglas geiierales y fijas, pues 1'1s circ~~ista~iciaslocales deben dictarlas ;p"ero en

 

 

generil el arroz, las patatas, las liabas y otras legurnbrcs farii~osasseráii los alimentos orclinarios de los presos. A l que con lo que gana para sí quiera comer mejor, no se le estorbará; y aun en ciertos dias del a60 podria serkirse

 

á todos los que han trabajado con aplicacion ciertas co-midas mejores que las diarias, escl~iyendode ellas á los

holgazanes , y á los que han  incurrido en alguna otra

0.

falta digns de este castigo. Yo no veo inconveniente en que en tales clias se les diese tambien un poco de vino floio donde sea obiidante y barato, supuesto que los presos no podrian abusar de esta indulgerlcia, porque las raciones serian muy moderadas, y se distribuirian y con-sumirian á la vista del inspector. Un pequeño vaso de vino de tiempo en tiempo podria ser una escelente re compenisa para el preso que se hubiese distinguido en el trabajo ó en la buena condvcta, y el gasto que ocasiona-sen estos regalillos, sería bien recompensado por el aii-mento de aplicacion, y por consiguiente de producto. Lo que Benthain ha dicho en otra parte del padre de familia puede aplicarse á un inspector que tiene á su dispc>sicoriun fondo inagotable de penas y recompen-sas ; porque apenas hay una concesion de que no pue-da hacerse un premio, ni una privacion que no pueda convertirse en un castigo, que es la gran ventaja que tiene el gobierno doméstico sobre el gobierno civil.

 

Los vestidos de los presos deben sor pobres y de te-las groseras, pero limpios, y que no molesten. Een-tham quiere que presenten alguna señal de humilla-cion , y la idea de hacer las mangas desiguales, es sin duda muy ingeniosa.

 

Debe cuidarse mucho en una prision de la l i m p i e za, no sotainente por lo que contribiiye á la salud fisi-ca de los presos , sino tambien por lo que puede contri-buir á su reforma moral; acosti~mbrándolosá respetar la decencia hasta en las cosas mas pequetías, ,y que parecen

 

. -

nieiios irnportnntes , y es una e~peciede proverl>io qtie la lirrit>icza del cuerpo indica L pureza del alxiirt. Un egercicio niotlerado es necesario pard conservar la 5 3 - Iud , y el cine ha imaginado Bentllarn reutie toílas 1 ~ 5 circuristaneiac que puedeii apetecerse. Corno uiia perso-na no puede continuar este egercicio por muchas horas seguidas, tres ó cuatro ruedas en iiria prision Lastarian para cgercitar alternativamente á todos los presos; á mas de que el inspector conoceria fácilmente los cliie tuvie. sen mas necesidad de egercicio , y los dedicaria con pre-ferencia á este trabajo destinado á dar niovimieuto á máquinas útiles en las nñaliufacturas. Los presos mis-mos deben barrer todos los dias , y aun á cierta llora los cuartos y galerías de la prision ,sacando la basura hasta un cierto sitio; y por estos medios las prisiones dejarrtn de ser unas mansiones infectas y asquerosas, y las perso-nas mas delicadas podrán -visitarlas siii repuguancia. En este punto no es necesario encargar el cuidado al ins-pector y sus subalternos ; porque como lian de vivir en la misma prisioti , tienen el mismo interés que los pre-sos en la limpieza, y eri respirar un aire sano y agra-dable.

El domingo es un clia de descanso de trabajos mate-

 

~         i a l e s, y debe aprovecharse para la instruccioii de los presos, que ctespiies de haber oido las lecciones de re-ligion y de moral que les dará un capellrin , podrán aplicarse á adquirir (os cotiocimientos para los cuales se sientan nias iriclin~ciony talento, al dibujo, á Icr rnúsi-ca, á la aritmética, á la lectura vnria &c. pertiiitiénclo-les tauibieii divertirse á j~iegosinocentes, l u peloia ó las liochas por egernplo, para los que pue(len haber eri la casa sitios destiliados sin perju'cio de la inspeccioti continua.

Hay tarnbicn tiiurlios juegos que se jrirgan  sol)re niei;is

 

á manera del villar; y me parece que si11 incoiivqien-te podia hacerse uso de ellos en las casas J e cori.eccion;

 

95       P A N ~ ricoY.

pero en eslos pormenores debe dejarse muclia latitud á la prudeiicia de uii inspector.

 

En iina prision, por iiluy buena y exacta que sea la discipliria de ella , siempre se cometerán faltas que de-ben ser castigadas con penas análogas y proporcionads

 

á su gravedad: un gritador insoportable é insultante siz-frirá la mordaza : un holgazan no comerá hasta que haya acabado sil tarea; pero por ligeros que parezcan estos castigos no podrán i~nponersesino e11 presencia y con la autoridad de iin niagistrado clue oirá al inculpado y examinará los cargos y las pruebas qut contra él se pre-

 

senten: el inspector solamente podrá aplicar u n preso turbiilento y peligroso la pena de la soledad absoluta por pocos dias, y aun esto con la reserva de dar parte al magistrado; porque hasta la sombra de la injusticia y de la arbitrariedad debe desterrarse de una casa de correc-cion y de penitencia. Por fortuna no pueden multipli-carse mucho las faltas eri un panóptico, en que los ha-bitantes estan siempre á 1s vista del gefe y de sus de-pendientes: y por otra parte la responsabilidad inhtua, que esteridida á todas las clases de los ciudadanos sería una medida absurda , es muy saludable reduciéndola á los habitantes de una celda en un panóptico, donde

 

á lo menos no se corre el riesgo de castigar á: un inocen-te; porque es imposible que se cometa una falta en issia celda sin que la conozcan todos los que la havitan, y el silencio solo es una culpa.

Es de creer que un hombre que ha pasado cierto tiempo en una casa de penitencia organizada y dirigida como acabamos de deeir ,saldiá de ella corregido y he-cho un hombre nuevo, y que ademas habrá aprendido un medio de vivir honradamente en libertad; pero pa-ra no esponerlo á las tentacio~esde la miseria, las mas fuertes de todas las tentaciones, convendrá que al salir de su encierro tenga variedad de destinos ó trabajos en

 

PANÓPTICO.        9 7

 

gue escoger ; porque 1-10 toclos los trabajos y todos los clestinos eonvieiieri iriclistintamente á todos los Iiom-bres , jóvenes ó viejos, robustos ó erifermizos. Por egem-ylo, uii viejo no puede destinarse a1 servicio de tierra n i al de mar, ni puede transferirse con ventaja á una colo-nia, y con dificultad encontrar6 ti11 particolar que quie-ra recibirlo por criado y respai~derde él.

 

Para casos semejantes es escelente la idea de un pa-n6ptico subsidiario, donde todos los que salen del pa-nóptico de correccion pidiesen l-iallar trabajo propor-cionado á sus circunstancias ;pero no sería justo forzar

 

á ninguno á que entrase en él; porque un delincuente que ha sufrido la pena que le ha irnpuesto la ley, ha satisfecho cornpletarnente la deuda que por su delito ha-bia coutraido con la sociedad ,y recobra todos los dere-ellos que haba perdido , y cle que goran sus conciuda-danos. Forrrar á este hombre á encerrarse en el panópti-co subsidiario, por muy suave que sea su disciplina, sienipre sería privarle de su libertad , y prolongar su castigo contra la irltencion de la ley.

 

Tampoco creo que seria justo obligar á un preso que ha cumplido su tiempo de recltision á dar iins fiariza, ei la sentencia de condenacion no le obligl á hacerlo; por-

que la obliuacion á dar fianza es una pena ;y una  pena

P

que no esta espresada en la sentencia, es iin acto de vio-lencia. El inconveniente sera auri mayor, ci la fianza se ha de dar á sntisfaccion del empresario en el caso de que la prision se administre por contrato ; porque en-tonces si el que ha cumplido su tieropo es un trabaja-dor aplicado y útil al empresario, nunca hallará una fianza que contente á éste.

 

E n el panóptico subsidiario no entrarán pues sino loe que quieran entrar, y en el servicio de tierra ó de mdr no se alistarán sino los que quieran alistarse , asi como no quiere Benthani que se fuerce á ninguno á* pasar 6

 

98       PAN~PTICO.

 

las colonias, y no veo que haya mas razon I)ara lo uno que para lo otro, ques cudquiera fuerza, ó es una pena,

ó es un acto de violenicia. Convendrá sin duda mucho aconsejar al preso que recobre lii libertad, el partido que debe tornar , y presentarle los medios honrados de vi-vir en que puede escojei; pero no se le debe forrar á tomar uno determinadamente. La policía velará sobre él, y si le ve OC~OSOy sin medios conocidos de existen-cia, le destinará.á alguno de los establecimientos que debe haber para recoger á estos l~olgazanesvagarnundos y peligrosos. Los viejos y enfermos ilnposibilitados de tral.~ajar,serán trdtados como los dernas pobres que se hall'in en este caso.

 

Esta bella memoria concluye con uii resumen de lo que se ha dicho en ella , y que sirve para recordar al lector con pocas palabras todo lo que ha leido. Se espre-san los objetos que clelxu llenarse en la coostruccion del panóptico; y aunque en esta parte se presentan algunas dificultades, es c3e creer que todas se desvaneciesen á la vista de iin plan del edificio: se numeran todas las ven-tajas qne deben nacer del ~anóptico:se dan Iüs reglas para su adriiinistracion interior, tanto en lo que toca tí los trabajos , cuanto en lo que pertenece al tratamiento de los presos; y por último ,se hace ver que la idea es aplicable , no sofamente á las casas de coireccion , siiio tarnbien á todos los establecimientos en que un gran nú - mero de individuos deben estar bajo la vigilancia de pocos , como hospitales , escuelas , fábricas, &c. Solo quecla que desear que un gobierno filantrópico adopte y egecute el plan, que no es mas que para aquellas cae saa de correccion en que hayan de encerrarse mucl.ios presos ;porque aquellas prisiones en que haya de haber pocos colno las de Filadelfia , pueden construirse y go-berriarse por otros principios que den el mismo resul-edo.

 

 

PAN~PTICO.

 

99

 

 

priiicipio panóptico

 

 

rgecutarre en las pri-

 

siones de pura custodia como en las de correccion ó pe-nitencia y solmente re tendrá presente que los preros en las primeras no deben acn ser tiatados conlo delin-cuentes ; pues mientras se examina si Io son Ó n o , tie-nen derecho á ser reputai'os iiiorrntes ;.y asi sería in-justo sujetallos d una pena ni á otras inconlodidades que las que exige la seguridad de unas personas que han dado justo rnotilo para que se desconfie de ellas, y se trate de averiguar su conducta ; pero los detenidos en 1; S prisiones de corrcccion estan ya condenados i% una pena, y deben sufrirla. Todos sin embargo con anos entes desdichados, y acreedores por este título A que se les trate con toda la dulzura que sea compatiile con el objeto de su prision , y á que los gobiernos tomen en su suerte mas interés del que hasta ahora han tomado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que sobre el primer original  de esta ubrcc di-

rigib á S. M. Za      Sociedad econOnrica Ma-

tritense en el año    98B.

 

 

8;Escmo. Sr. : Con Real orden de 16 de mayo de 1819 se pasó por la Secretaria del despacho de Estado .á examen de la Sociedad económica Matritense una traduccion apendizada de la obra de Bentbarn sobre casas de reclusion, acornpaGada de n n modelo panóptico trabaja-do con mucho esmero. La obra fue escrita en iiigles por el jurisconsrilto Jeremías Bentham, traducida al frances por Dumon, y última-mente al castellano por Don J a c o b Villanova Y Jordan, que la ha aumantado con un apén-dice muy interesante y notas muy oportunas. L a Sociedad, sin detenerse en prodigar elogios r i i recomendaciorres, mariifestará su dictamen coi1 alguiia deteuciori.

 

Broyúsox      el autor discurrir sobre el m0-

 

* El informe y el apéndice han sido reproducidos de la obra

de D. Jacobo Viiianova y Jordán Aplicación de la Panóptica      de

Jeremías Bentham a las cárceles y casas de corrección de España

...        Imprenta de D. Tomás Jordán. Madrid, 1834.

 

 

 

 

( f2>

do de guardar los presos cori mayor seguridad y economía, consultaiido al rnismo tiempo á su reforma moral con el auxilio de nuevos me-dios para asegurarse de su conducta dentro de la cárcel, y ocurrir a su suhsisteiicia posterior.

 

Peiisó con acierto que el plan se realizaria

 

á beneficio de una simple idea de arquitectu-ra, dando á u n hombre solo tal poderío de vi-

 

gilancia que esceda á las fuerzas reunidas d e uri gran iiúmero de personas que Iiasta el dia se ocupan inútilrneiite e n esto.

 

Propone que el edificio sea un círculo, y su punto céntrico u n torreon desde donde piie-dar) inspeccionarse las operaciones de todos, sometiendo centenares de hombres bajo la de-pendencia de uno que preseiicia universalme~i-

 

te el circuito del departamento.

 

La idea general ya presentada era muy á propósito para que con otras pocas subalternas diese un sistema escelente de cárceles grandes, casas de correcciori, hospitales generales y otros cualesquiera establecimientos e n que hayan d e vivir muclias gentes reunidas; porque donde se inspecciona con tal universalidad, ó sea doti-de a todos giros se registra cuanto pasa deri-

 

 

 

 

( 13)

 

tro, si el inspector tiene interds en cumplir con su deber, son casi impasibles los desórdenes.

 

A veces coiivendria que el inspector no pudiese ser visto por los iilspeccionados, y que los gefes del inspector mismo le celasen de se-crcto cuando por bicn tuvieran; y á veces no seriar1 necesarias estas precauciones. Las salas, cuartos ó ckltlas donde, reunidas ó separadas, hubiesen de estar las personas para quien fuese el establecimiento, habia n de tener descubierta su parte interior, con mayor ó menor seguri-dad segun el objeto, para dejar franco el paso

 

á la vista del inspector, y que pudiese regis-trar cuaiito alli se hiciera. Asi quedarian bajo su vigilancia hasta los subalternos en el des-empefio de sus funciones: se escusarian visitas, rondas y requisas, casi siempre infructuosas: no se moriificaria injustamente á nadie : se

 

quitaria hasta la esperanza de poder conseguir cualquier designio de alboroto ó fuga; y aria-diendo al edificio muy pocas cosas, se conver-

tiria , segiin los       del autor, en una es-

 

pecie de fortaleza que proporcionase la fuerza necesaria para repeler los ataques hostiles es-teriores en los casos de iixursion.

 

 

 

 

 

('4)

 

Es hermosa ííla verdad la pintura de este plan donde todo se combina, y que sobre las ventajas de la limpieza, de la ventilacion y de

 

la comodidad, tiene cuantos medios de seguri-dad quiera darsele. Pero todo era poco si su sabio autor no hubiese meditado acerca del modo de mantener eii ejercicio el resorte de todas nuestras acciones, escitando 'en todas u11 interes permanente, modificado de suerte que los goces y las comodidades sean proporciona-dos á la situacíon, sin pasar mas allá de lo in-dispensable para maritencr la salud y el bien-estar fisico; porque todo establecimienta que ofreciese á los individuos vida mas cómoda que la correspondiente, se co~ivertiria en objeto de conveniencia. ; Cuántos hombres esporieri su salud por la indiscreta aclmision universal que encuentran en los hospitales! La esperieii-cia decide á creer que por aborrecimiento del trabajo apetecen algunos holgazanes la suerte de presos.

 

Tendrá interes el inspector de estos esta-blecimientos, si los administra por contrato ajustado con el g&ierna, entrando e n el cál-culo el producto del trabajo fabril á que des-

 

 

('51

tine á los encarcelados, y será siempre poca para la administracion que se desempefie á suel-do por los empleados que velen sobre la cus-todia é industria de los presos.

 

No es esto decir que los asientos no ten-gan sus inconvenientes ; pero es mas. facil prevenirlos que cortar los abusos naturales de la administracion pagada, que siempre dege-nera en estudiar el modo de economizar á costa de privaciones para disminuir las entregas eii beneficio de los sugetos que tienen el manejo.

 

Otras materias necesitarian mas examen para demostrar su utilidad. E n la presente, con Iiaber indicado su objeto, está bastante reco-mendado el mérito de los dos jurisconsultos que la han discutido, aun cuando no hubiesen sido tan felices en presentarla.

 

Nunca pudiera ser mas necesaria la publi-cacion de esta obra que ahora cuando eski in-

 

 

d i c a d ~ZG

 

 

forrnacion

 

 

de

 

 

un n u e b Código cri-

 

 

minal

 

 

que

 

 

ha

 

 

de disponer la reforma de esta

 

 

parte principal y mas sublime de nuestra ju-risprudencia; puesto que la bondad de las cár-celes debe emanar de las leyes rela~ivas6 ellas, y que 1s nuestras en el estado eii que se ha-

 

 

 

 

( '6)

llan siempre serán lugar de dolor, e n vez de ser depósito de seguridad y custodia.

 

De ahí dimana que aunque tengamos es-celentes leyes y reglamentos que respiren sa-biduria y vivos deseos de aliviar la situacion de los ericarcelados, aquellas se vean ultraja-das, y estos no surtan el apetecido efecto.

 

Nuestro traductor, cuyo Apéndice nada desdice de la famosa Memoria de Bentham, ha tenido facilidad de investigar el estado de las cárceles de Madrid; mas, acaso por modera-cion , al descubrir sus defectos no habrá pre-sentado alguiios que influyen directamente en la administracion de justicia.

 

Si este informe lo permitiera se detendria gustosa la Sociedad eil descubrirlos. Pero no

 

puede escusarse : indicar los dos mas princi-*ales, refiriendo -imero la antigua disposicion de la llamada caycel de Corte.

 

Este ed;f- 3 , que se hizo por orden de Fe-lipe IV en el siglo XVII, desde 14 de setiem-bre del ano 1629 hasta el de 1638, fue dis-puesto bajo la regla de una inspeccion uiiiver-sal, y ya habia poco que discurrir para perfec-cionar el plan. Sobre la meseta primera de la

 

 

 

 

('7)

espaciosa escalera que hoy conserva, estaba la entrada de los presos, y un hombre solo en la posterior tenia al alcance de su vista todos los deyartamptos y todos los presos que existian en la parte alta, en el patio cerrado y en el interior corralon de desahogo. Verdad es que no veia lo interior de los departamentos; pero por medio de tubos hablaban á todas partes, Mientras la cárcel permaneció así estuvo bien gobernada, y fue admirada de los estrangeros que la visitaban. Despues, á fines del siglo pa-sado, se pensó convertirla en tribunal, agre-gando para los presos la casa religiosa de la espalda. Asi de una cosa buena se hicieron dos malas, que á pesar de las composturas y refor-rnas nunca sirvieron bien para sus respectivos objetos.

 

E n cuaiito a la cárcel de Corte, como está en el dia , nunca dejará de ofrecer proporcio-nes que faciliten la cornunicacion de los iiico-municados, y el trato de los dos sexos mas ó menos escandalosoi rnas ó menos lascivo, pero siempre espuesto á desorden. Mientras sea lí-cito tener departamento de mayor ensanche por u n precio dado, costará niucho 5 los al-

 

 

 

 

( 18)

 

caides evitar los desórdenes de todo linage que dentro de aquellas paredes se cometen, ha-ciéndose hasta las personas mas decentes cóm-plices por tolerancia de cosas indecibles. La constrriccion de casas panópticas es tanto mas necesaria, cuanto que casi todas las del reino

.no  tienen     ninguna      de las calidades  que  re-

 

.quieren la Eiumailidad y el orden. Bastará e n prueba de ello una rápida ojeada sobre el es-tado que tienéri e n el dia nuestras cárceles, ,y e5 como siguc: De 1285 pueblos que compo-niari el distrito de la chancillería de Valladolid, solo habia 167 cárceles seguras y saludables, de Irlanera que en 11 1 8 poblaciones, ó no hay

carccles , ó son  poco       seguras,  ó  mal  sanas,

y  casi todas  las  unas     y las  otras  carecen de

inedios de  subsistencia.  En  el  territorio  de

Granada  apenas  llegan á 22 las que gozaban

.capacidad(, regular temple        seguridad :$yaun-

que hay ,491 cárceles son estrecbas,  poco  ser-

guras,  y dependen de la caridad.  Las de Ga-

Iicia  estan  e n el peor     estdo . E n el Deino  de

 

 

Andalucía ninguna hay que $merezcala ppro-bacion de la h~maiiidad.~IEnAsturias siquiera una:que sea segura:, ni que tenga me-

 

 

 

 

 

( '9)

dios para sostener los presos. Las de Estrema-dura son muy pocas y mal sanas. E11 Aragon las de Alcañiz y Calatayud, y la de la ciu-dad en Zaragoza son buenas en cuanto á segu-ridad y sailidad ; las de las demas capitales son

 

á cual mas deplorables, y en los 1280 pueblos que componen los ~ a r t i d o se ~ u e d decir que

 

no hay una carccl. Apenas tiene el reiiio de Valencia una carcel segura, sana y dotada. El1 Catalufla liay iin coi~siderablenumero de pueblos que no la tieiieir biieiia ni mala; 45 carceles cuenta aquel priiicipatlo salu(1ables y seguras ; pero escasean iiota blcmezite de fon-d ~ paras la niai~u~eiicioiide sus presos. Por

 

ultimo,  e11 las islas Baleares son peorcs.

 

Estas iloticias que ha tomado la Sociedn(1 de la respuesia cle los fiscales dada eii el espe-diepte general sobre cárceles en 8 d e junio 1818 , prestan margen á fijar la siguiente pro-

 

p ~ ~ i ~: Lai~mayorii parte de los prleblos nece-sitan carcel, y las pocas (pie eristen exigen refirmas y dotasion.

 

Supuesto este estado, y supuesto qiie las panópticas sirven para toda clase de cárceles, parece que se remediaria con su establecirriieil-

 

 

 

 

(20 1

 

to el defecto actual. Los jurisconsultos Beritham y Villanova presenta11 corno axioma su utili-dad y uso, siendo tan aplicables los principios panópticos ó inspeccion central á las clírceles pequerias como á las grandes, porque si en uria capital se necesita un dozágono de cinco ó seis altos, en una villa pequeña bastará un sexágono de un alta: consistiendo la ~rincipal bondad de este plan en la forma tlel edificio,

 

y no en su estension.

 

La Sociedad concluye su dictámen con re-comendar á V. E. el trabajo del benemérito D. Jacobo Villanova y Jordan , porque la Me-moria que tradujo es interebante en su objeto, y porque el Apéndice y notas que la ha puesto esclarece la materia y la acomoda á nuestras circunstancias. Sírvase V. E. fiiar su atencion por un momento en ese niodelo que acompaña á esta esposicion, y le hallara digno de elevarse á la consideracion del Rey, corno tanibien fa obra de Bentham que con celo patriótico ha tra-ducido y apendizado Villanova (l)."

 

(1)       Consta la aprobacion de este informe en el act,a de la sesion celebrada por la Real Sociedad econórnira ha;-tritense el sábado i o de junio de 1830.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

íden  del        estado  nclunl       de      las     cdrcebs       de

Espnh .

 

Cuaildo los seriiiwicilios de llunanidad fue-raii iiicompatibles col1 las reglas de justicia;

cuaildo  la     bociedad,    iliteresada   e n  que 'nin-

g u n    clelito  yuctfc        iriil,uile , repartase afgun

1wotwl~ocje. eiiipcorar la suerte clcl iiidividuo,

que      la  perdida de su libertad agrega la des-

gi~aeia*,deuiia  pctrn       iiieviiable; cualido las le-

l e s     no  repxo!>aseil    que las cásccles  sean con-

sideradas bn-jo otra aspecto qm el de unas ra-

sas de dcteiicioii para asegurar las personas de-Iiiicueiites ó sospechosas ; y cuaiido las inves-rigacioiies clcl Itiu~rianoNaward no hubieran demostradoilo q u e soii , y lo que deben ser casi todas las 'yrisioues cle Europa, sería dis-rulpabk el, estaclo actual de iiuestras cárcclés Mas desde que varias plumas ilustradas de E?+

 

 

 

 

(98)

 

 

paila,

 

la  del

 

Sr.

 

T P

 

,iizal>al,

 

nliliibtr~del Lieal Consejo de Castilla , se ocu-paron esclusi~ameiitede este asunto, 7 cla-iriaroii por la reforma con eficacia , riinguii descubrimiento , niriguna iclea útil dirigida á este fin debe rnirarsc con iricliferencia.

No trazaré el cuadro de nuestras cárceles, yero tiraré algulias líneas. E l que quiera ins-truirae en este puiito, ericoiitrará bastantes motivos de dolor eii el Di~cur.sosobre las ye-rzas de aquel digno magistrado, e n el Estado cie I/cs ctirceles de H o w a r d , e n las obras de Elizoiido y Vizcaino, y en la I'rríctica cr*inri~lcrl del licenciado Cuiierrez. Iiepciir lo que estos celosos escritores han clicllo con tanta clari-dad , erudicion y buena crítica , sería abrir riuevamente la llaga , y retardar su curacion. Así, pues, me liriiitaré a decir con Jeremías Bcnrba m : "Las crircclrs JOTL lo que son, por-

>, (lile han sido lo que  sol^.''

 

Los rcglarncritos de cárceles sancioiiados por nuestros legisladores estan llenos de ]a mejor iiitenciori: todos respiraii sabiduría, y u n tivo deseo de aliviar la sitilacioii del pre-so, poiiiendo trabas al desúrderi, y á la codi-cia de aus guardas. Eii las Partidas y e n la Red copilacion encontrarnos, que ninguii alcaide pueda ejercer el oficio de tal sin aprobacion de los alcaldes y justicias, debiendo jurar an-tes que custodia~anbieri á los presos, y ob-

 

 

 

 

(99)

servarán las leyes relativas á estos ; que 110 admitan niiigun preso, sin cjue los alguaciles eiltreguen- una cc'dula esprcsiva del motivo del arresto ; que eii u11 libro de registro apunten el nombre de cada preso que entre, el de los alguaciles que le coiiduzcaii, y la causa de la prision; que los alcaides no pucddn almare-liar víveres y licores para veiiderlos á los pre-sos, á quienes se permite se los propoi cioiieii de afuera, siempre que no resulte de ello al-guii dailo ó esceso; que eii la entrada ú 011-0 paraje público de las cárceles esté espuesto á la vista de todos el arancel de los dercclios que

 

; p que no recibaii de 10s pre-sos otra cosa por tia de dadivn, ni e n kiaii-das, ni en dinero, iii en alhajas ; que á todo preso declarado despues inoceilte se le 'res-tilupa cuanto fuese suyo, sin ninguna des-membracioli q i costas ; que a los pobres lio

se les exiian dereclios de carcelaie; que no se

,

l~crrnitaiijuegos proiiibidos, ni se proporcio-nen apobentos para los pern>itidos;.yue en ci caso de jugar a 10s naipes no sea cliriero, y si solo cosas de comer.

 

Para tigilar sobre la policia interior, y oir las cjuejas respectivas de los presos, esta11 or-denadas las visitas semanales de dos niiriistios tlei Supremo Consejo de  Castilla. A estas clis-se  agregan  las  acertadas  medidas acordadas par las Asociacioilcs de cár celes, 1 es-

 

 

 

 

t '00)

pecto á la Iirnpleza , al alimento, al ~ c s t i d o , j las ramas, *á la ocupacion , f 5 la partc da-fequística: diicdi(1:is que l ~ a r c r liorior a sus ins-tituidores, y manifiesiaii cl g r a n fondo de hu-manidad que abrigan sus corazoiics beliéficos. D e modo que iiuesrras circelcs cri SU estado a c t u a l , cornl)araclas con las d e alguiias nacio-iics estrarigcras, llevan la vetitaja.

 

Mas aunque gocernos por u n momeiito de esla dulce i l u s i o ~Iliaii~ llegado 5 tener las cár-celes de Madrid, n i n i n g u n a otra de Esparia, la l~crfeccioiide que son susceptibles? 2Sc h a n obteniclo todos los resultados clue eraii d e cs-yerar cle la t)revciicioii de ~iuestroslegislado-res, y d e rnas dc cuarcilta arios, d e des\.i-los Y fatigas de las asociacioiies fulidadas por los Es-ccleiitíbimos Seiiorcs Conde de Mirarida y Alar& quesa de C a s a d a Estos inodctos de filauiro-fila resoiverán la cuestiori: hicimos cuanto yu-

dimos, dirn'n, pcrw no c u n ~ ~qrrisicito.nmos; por-

 

que no era     l c o n n ~ a ru7r  mn~firrm~ntosri-

Zido y  grrrndio . ~~en u r ~terreno dc.csi6urrl y  de-

Ieun/rtrle. Biet~públicos son sus esfuerzos, y bieii notorio s u pehar de verhe al freiite de uiias ca-sas, cuyo plan de ronstru'ccion es el mayor obs-táculo para la reforma á q u e aspiral,aii. '

 

En e l aGo 1 8 i 4 nuestro scnsible Rejr Sr! dig-nó visitar por primera vez 13s cárceles d e Ma-drid. Eritonces a u n ex;stiaii' 1:)s espailiosas gri-llrrns e n qrie Iiahian ghínido taiitas victi-

 

 

 

 

 

mas (1) ; p conmovido su tierilo corazon , man-dcí derrioier al morr~eiltoaqucllos teatros de in-liumaniclad. Vió los subtcrrjncos siii ventila-cion, en que cori grave perjuicio de la salud y de la rrioral duerrrien aciiiados rnuclios hom-

 

 

( 1 )     Por victirnas  enticndo  no solo  los  irioceiites,  que

 

por hal~ercontra ellos iiidicios vcliernclites ha11 sufrido estas duras prisiones, sillo tambicii los inismos criminales rirgativos á quienes se ericerra1)a en ellas. para unos y otros erd tina verdadera pena, que casi podia apellidarse iormeii-to. La griZzera de la cárcel de Villa era un cuadragono de poco mas de seis varas de dihnietro . su altura de ii~iasntie-ve cuartas escasas. se entraba en ella por iin callejou es-trecho, corto y osciiro, coi1 uria piierta estrrior y otra in-

 

 

 

 

 

 

 

 

terior, y el preso clueclaha rcdiicido taxi estrecho Iiniite, sir1 ver janiüs fa luz iiatiirai. El l>avimeiito era dc piedra

de sillería, y eii el cciitro liabia uiia argolla de hierro para

sujetar  con  uiia  grande  cadena  al  reo.  E.1         iiil'eliz 6 quien

le cupiese tal  desgracia, con  razori     cnvitliaria la suerte de

las fieras enjauladas.  Aunque  no        he visto       la  de  la  cirucl

de corte, supoiigo sería tañ  riiala, 6 pcor      pero esta breve

 

dcscripcioii es siificiriitr para aunicriiar los motivos de gw-

titiiti a la  hun1:inidad      de nuestro  Rey. Ocho  aiios despues

auri existiari cu T'aleiicia eii       uiia    de sus dos y i i ~ ~ c i l ~ aclire s-

~ e l c scirico  es(aricias   tan    malas y  tarl  irlsarla'.  L O I I ~ O las

6ri/ze~aade nladiid. á sabcr,  ~rricalaliozo 1lani:~doel ~<rBo

 

~         I  I  Crecibe tina escasa luz por pequcfias ahcrtciras  horizon-

tales al paviirieiiio . uri criarlo casi os( uro y irriiy pequeSo,

 

cuya pucria se pi c.aerita coiiio vciiiaria cii uiia p:ii.ed tic la y iiii eairecl:~corredor eii la [>arte 3113, Oc~i!ro

 

del cual se Iiallaii las puertas dc tire cslreclrisiiiioz c~icier-ros, siri l u z , ili veritilacion alguna. Suponien<lo, pues, que existirán otros igualrs eii varias cáitelcs dc E.-paila, rlania la huniauidad por una resolucioii geileral par.) que todos se dcm~ielaii.

 

 

 

 

 

b'res, y respiró 5 duras penas el aire fétido que exhalan. Vi6 ralabozos inniundos, y los grillos y las cadenas. Vió los patios de donde salen al anochecer ejdrcitos de ratas e'spantosas, que sin perdonar la habitacion del alcaide, dispu-t a n á los presos su corto alimento, y privan

 

á los mas del alimento y del sueiio. Vió tam-bien reunidos los reos, el enamorado y el ase-siiio, el deudor y el ladron, el falsario y el quiinerista , .torlos sin distincion al lado del inoceiite. Vió en la porteria alcaides p porie-ros, que riinguiio puede determinar la posi-cion actual y ocupaciones particulares de to-dos los presos (1). Ultimamente, recorrió con

 

(1)       Pregúritcsc  ei.i.la actualidad á u n alcaide ¿qué hace,

 

Ó        dónde está tal 6 cucil preso? SeZor, responderá, no lo . se', porque desde aqz~íso20 veo alguqos, y m i vista no al-canzu á todos. Entretanto, los que no vé pueden alterar impiinementc el orden digo impunemente, porque eii las cárceles siguen la costunibrc de no descubrirse unos á otros. Eii el aiio r 8 i 5 ciertos presos de la cárcel de Má-

 

laga disputaron el barato á u n presidario que se halla-b á en ella; y acosado éite por otros valentones que cons-piraban á ganarle la accion, sacó una navaja, y asesirió 5, u110 de ellos, sin que el alcaide pudiese prevenir tal des-gracia. Pocos aEos hace fue descubierto en una de las cár-celes de Madrid u n reo, que al abrigo de la soledad y os-curidad de su entierro habia fabricado por sí mismo las llaves neresarias para su fuga, de las que solo Ic faltaba iina. E n otra ocasion los presos de la cárcel de Villa ha-hiari minado hasta muy cerca de la habitacion del alcaide, acaso para asesiriarle, y á su familia y á los porteros, y exagarse despues por la puerta principal. Estos y otros

 

 

 

 

('03)

sil vista cuanto contienen aquellas tristes mo-radas del crímep , y auijqiic b u Corazon gene-roso le ins irara la poble idea de corregir eli la hora to !pslos rlefectos y abusos de las gár-celes, 130 se esraparía de su peneiraciori que era preciso empezar variando la forma del edificio. Bastante hizo en consolar con su ati+ gusta prcseiicia á los infelices presos, y en cerrar para siempre las grillerns.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ejemplares que cada dia ocurreri, prueban hasta la eviden-cia que los grillos, las cadenas, la estrechez y corto nú-mero de ventanas , y el grueso de las paredes, so11 insciíi-cientes para asegurar las personas de los presoi, y redu-cirlos á su deber, sacaridose de aquí, que la principal causa de estos escesos, es la falta de u n puiito central de inspec-cioii. Así, pues, debernos suponer que muchas de las me; didas adoptadas en nuestras cárceles, contra las cuales se ha declamado tanto, mas bien son hijas de la cecesidad que del rigor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DE  LAS  I;AbIINr2S   ADdkTNTAS.

 

 

 

 

 

 

 

 

n .......

 

b ........

 

c.. .....

 

d.......

e .,......

j .......

g ,..,...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Torre ó i~ispcccioiicentral.

I'riilcipio de la escalera de la torre, y posicio~ide la rercera.

 

E s p c i o anular entre la torre y cl edi-fic-io priricip:il,

 

Ditisioiies ó celdas para los       prrsos.

Escalera priiicipnl del ediiicio.

Eo trada a l mismo.

 

Galería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paiiúptica     de      J.  Villanova.

a .......  Torre central.

b. ...... Galería ó corrcclor  del edificio princi-

cipal.

 

C........ Salas 6 esiancias para los presos coniu-

ii         icados.

d ......... Encierros para los presos sin  comuni-

ti.

e........  Piezas para  alniacen ú otros    usos.

fi...e..  Letrinas.

g ....... Tutios         para  desa11ogo  de      aguas in-

mundas.

 

Zanja cle limpieza de idem.

 

Escaleras primeras del edificio principal.

J.....     . Entrad a  del edificio.

1.. .....  Soportales y oficinas.

 

Pueiite <le comiiriicacion de la iorrc ceiitral coi1 el edificio : su l>osicioii.

 

Depósitos de agua.

 

Cuerpos (le guardia.

 

Cerca separacfa.

Espacio para huerta y arbolado.

 

Cerceras.

 

Empalizatla.

Garitas clc ceiitiiielas : su posit ion.

bluralla de protercion,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

$ w Q p ~ c k bL     ,Ya,,,

 

 

 

 

 

 

 

LAMJNA     3."

 

Sistema        de      ciifcriiierias.

 

Se omite la descripcion del edificio e n lo concerniente al objeto de esta lhmina , reduci-do a manifestar la situacion de la enfermería de una casa panóptica, conservando el prin-cipio de inspeccioii central.

 

n...,... Estancias para los enfermos b,...... Celdas para los convalecieiites.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uiiiori de las panhpticas tu.  y 2."

 

n ....... Torre central.

G........ Principio dc la escalera de la  torre, y

                     posicion de la ccrcera.

c........  Espacio anular eiitre la torre y el edi-

d.                           ficio   principal.

......     Salcis para  los presos.

e 1 lias- Encierros   para  los  presos  incomuni-

ta        e 6.    1       cados.        

J.......   Estancias para  almacen tí otros usos.

g ....... Letrinas.              

h....,;.  Tubos de desahogo de las letrinas.

i.......   Zanja esterior   para   reeepticulo  d e

j.......             aguas inmundas.

           Depósitos   de  agua  para  limpiar  la

. l........          zanja , etc.

           Escaleras del  edificio

m ...... Entrada del mismo.

n ....... Calle esterior con  soportales.

o ....... Cerca circular.

y ....... Barrera de proteccion.

(1. ..... Cuerpos      dc guardia.

r .......  Empalizada.

s .......  Garitas de ceritiriclas.

t ........ Espacio para huerta  y arbolado.

 

 

 

 

 

BENTHAM  EN    ESPARA

 

 

 

María  Jesús M i r a n d a

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bentham, una de las figuras centrales del radicalismo fdosófi-co inglés, el inspirador de una buena parte de la legislación liberal de la Europa del XIX, utilitarista, moderado, racionalista y aman-te del common sense, creó también su utopía. Una de las muchas utopías que recorrieron la Europa liberal y romántica, desde el tay-lorismo al falamsterio. O quizá la más ambiciosa, la única que pre-tendía un carácter de piedra fdosofal, aplicable a todos los ámbitos de la vida en los que debería intervenir el recto gobierno de los hombres.

 

"Si se hallara un medio de hacerse dueño de todo lo que puede suceder a un cierto número de hombres, de disponer todo lo que les rodea, de modo que hiciese en ellos la im-presión que se quiere producir, de asegurarse de sus accio-nes, conexiones, y de todas las circunstancias de su vida, de manera que nada pudiera ignorarse, ni contrariar el efecto deseado ..." (Panóptico, 33):

 

He ahí el secreto del nuevo gobierno. Hacerse dueño de los hombres, no por medio de la esclavitud o la fuerza, sino por medio de la disposición de lo que les rodea, de las impresiones que se les producen ... de forma que nada pueda ignorane ni contrariar el efecto deseado. Es decir, de forma que el saber elimine hasta el ú1-timo rastro de oposición o resistencia. He ahí la quintaesencia del pensamiento liberal; al fin el consenso, el contrato, son posibles y precisamente gracias al conocimiento, gracias a la razón.

 

Y        Bentharn, como buen inglés de los que están inventando la industria, lleva la idea a la práctica. Si una idea es cierta, tiene que

 

1 En todo el texto, las citas del Panóptico van seguidas de un parénte-sis en el que se indica la página del texto correspondiente a la presente ed.

 

 

129

 

130     María Jesús Miranda

  -

ser aplicable, dice la física. Si los hechos materiales pueden expre-sarse según leyes, las leyes podrán traducirse en hechos materiales.

 

Y        Bentham pretende expresar su concepción del gobierno en pie-dra, hierro y cristal. Sobre todo, en hierro y cristal; resistencia y transparencia. Porque, ciertamente, las formas de gobierno se ex-presan en hechos materiales y a cada una de ellas le corresponde una arquitectura.

 

Bentham dedicó veinte años de su vida a construir y hacer fun-cionar su panóptico, utilizando para su experimento a la población más necesitada de gobierno: los presos. Sus reiterados fracasos obli-garon al gobierno inglés a quitárselo de encima con una cuantiosa indemnización. Pero, a pesar de elio, "según consigna John Hill Burton, a él fue debida la reforma penitenciaria y municipal, la mo-deración de las penas, la adopción de un sistema penitenciario pro-poniéndose la reforma moral del delincuente, el mejoramiento de la organización del jurado, la derogación de leyes que excluían cierta clase de pruebas judiciales, la abolición de las disposiciones de ex-clusión de los católicos y otras muchas prolijas de enumerar y que hacen relación únicamente a la constitución de la vieja ~ n ~ l a t e r r a " ~ . Es decir, el autor de una utopía que fracasa estrepitosamente influ-ye de manera decisiva m la nueva constitución legal británica. Y otro tanto puede decirse del resto de Europa. La Asamblea Nacio-nal francesa manda editar, en 1791, la Memoria sobre el Panóptico realizada por Dumont y Bentharn es nombrado ciudadano francés honorífico. Los liberales italianos y portugueses beben de sus fuen-tes. Y ya veremos el amplio eco que Bentham ha tenido en España.

Y esto por una razón fundamental. La obra de Bentham prefi-gura los elementos técnicos de gobierno en una sociedad democráti-ca y en perfecta consonancia con su definición ideal, filosófica. Los filósofos del XVIII establecen los grandes principios del funciona-miento de la sociedad democrática: contrato social, voluntad gene-

 

ral, soberanía popular, libertad, igualdad -Rousseau- y los abs-traen de la realidad, elevándolos al rango de categorías absolutas y haciéndolos incontestables -Kant-. Beccaria los traslada al terreno penal; tres son sus principales consecuencias: ' L ~ ólas ~leyes pueden decretar las penas sobre los delitos", 'la necesidad de un magistra-do" y "que si se probase que la atrocidad de las penas, ya que no inmediatamente opuesta al bien público, fuera al menos inútil ... se-ría contraria a la justicia y a la naturaleza del mismo contrato so-

 

 

2 Luis Silvela: Bentham en España. Memona da- ingreso de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Madrid, 1894.

 

 

Bentham en España

 

131

 

--,

 

 

cidm3.Soberanía de la ley -ni de unos ni de otros, sino de un ele-mento exterior de abstracción de la voluntad de todos. necesidad

 

de un poder judicial "independiente", economía de las penas. En ese momento, dice Foucault, "la burguesía comprende perfecta-

 

mente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una tecnología nueva que asegure la irrigación en todo el cuerpo social de los efectos de poder llegandchhasta sus más ínfimos resquicios"4 . Es decir, establecidos los principios ideales de funcionamiento de la sociedad, a los políticos les corre'sponde lle-varlos a la práctica. Y para ello es necesaria una tecnología de po-der de la que Bentham es maestro, pues establece desde el principio sus líneasfundamentales; el ocultamiento del sujeto agente del po-der mediante la disolución de las relaciones poderoso-sometido en una estructura que es quien impone las normas (máquina de poder), relaciones que se expresan a nivel simbólico, lo que permite que "lo representado" pase a ser lo esencial, mientras lo real queda oculto.

 

El panóptico es u'n "instrumento muy útil y enérgico que los gobiernos pueden apiicar a objetos de la mayor importancia". Y al final de la obra se establece una relación: casas de seguridad, cárce-les, casas de corrección de trabajo; hospitales, manufacturas, escue-las. Todo tipo de lugares en que muchos hombres deban estar some-tidos a vigilancia. Es decir, desde el punto de vista del gobierno, to-dos.

 

¿Cuáles son sus principios? El primero y básico, la vigilancia. Dice Foucault que el elemento más arcaizante del panóptico es la importancia de la mirada, y probablemente tiene razón. El princi-pio de inspección central, por una sola persona, tiene antecedentes muy antiguos; la revista de sus tropas por los generales, los mirado-res de castillos y palacios sobre las poblaciones, los minaretes y púl-pitos de los rezadores, las cátedras y estrados de los maestros ... La cárcel de Madrid que manda edificar Felipe IV se construye según el principio de inspección central y Foucault dice lo mismo de hos-pitales y escuelas anteriores al panóptico. La vigilancia física, inme-diata, ha perdido espacio progresivamente en-las instituciones de control y ha dejado paso a la visión mediatizada por la palabra, a la observación simbólica a través del discurso técnico. Al igual que en medicina es cada vez menos importante el reconocimiento visual

 

3 Beccaria: De los delitos y de las penas. pp. 74-75, Aguilar, Madrid.

1976.

4.        M. Foucault: "El ojo del poder".  Ver pág. 18 de la presente edición.

 

132     Maria Jesús Miranda

 

del paciente, y más el telediagnóstico, emitido tras el examen de una serie de documentos técnicos que lo representan, en la cárcel, el manicomio o la escuela la mirada directa pierde valor, a la vez que lo ganan los discursos elaborados en torno a observaciones téc-nicas. Y no es ninguna casualidad, sino una manifestación más del fenómeno general de validación de la representación en nuestra cul-tura.

 

Esta "simbolización" de la vigilancia, sustitución del vigilante por su representación, tiene dos efectos inmediatos que se perci-ben ya en el panóptico: el primero es el de escamotear el vigilante a los ojos del vigilado. El segundo, permitir que el vigilante, una vez simbolizado, se instale en la conciencia del vigilado.

 

Lo que cobra importancia en la nueva sociedad n o es la mirada directa del otro significativo, sino la noción abstracta de vigilancia. El elemento nuevo del panóptico es la celosía que oculta el inspec-tor a los ojos de los presos. No es una persona, sino una presencia. Presencia abstracta que se multiplica y se subdivide en otras mu-chas, porque n o está sólo en los ojos sino que está, sobre todo, en la piel de uno mismo. Los primeros reformadores liberales, los cuá-queros de Pensilvania, dieron mucha importancia a la opinión pú-blica. Bentham se la da también y hace entrar al pueblo en la cár-cel para la misa del domingo. Pero ni así es suficiente. Hay otro pú-blico siempre presente: los conlpañeros. "Que cada compafiero se convierta en un vigilante", dirá Bentham. Que el reo no esté nunca solo hasta que se haya corregido; es decir, hasta que haya internali-zado al público, metido a los otros dentro de sí.

 

Pero la simbolización no es suficiente para internalizar al públi-co. Hace falta otro elemento, elemento fundamental también de las ciencias humanas y -cómo no- del derecho de la sociedad capita-lista. Es el concepto de culpa. Como ya señalara Pasukanis, una de las características del moderno derecho penal es la estricta distin-ción entre dolo y culpa. Y en una sociedad regida por el mercado, la culpa es un precio que hay que pagar, un débito adquirido, un deber. La conciencia. Estamos en la culminación del proceso inicia-do por Bentham. Los desviados de nuestra sociedad lo son porque, al fin, la torre central del panóptico se ha instalado en sus concien-cias. Por fin han aprendido a observarse, vigilarse, analizarse, expre-sarse y decirse como desviados. El panóptico eliminaba las cadenas

 

y los gruesos muros y los sustituía por la transparencia y la mirada. Ahora ya podemos hacer cárceles abiertas, hospitales de día;los de-lincuentes y los locos volverán a su lugar cada mañana porque lle-van dentro su propio carcelero.

 

 

Bentham en España

 

133

 

 

La sociología de la desviación de los años 60 -Lemert,  Becker,

 

Goffman, Marza- va a conceder una importancia primordial al pro-ceso de "estigmatización" del delincuenie o el loco. Las institucio-nes de control actuales van a hacer pensar a Goffman o a Becker que el desviado es, casi exclusivamente, su producto. Una nueva manifestación de la sustitución de la representación por lo repre-sentado a la que estamos asistiendo. Es precisamente este fenóme-no el que hace posible que estos autores, tras un analisis correcto de las instituciones de control, caigan en el idealismo más aparato-so, percibiendo sólo al individuo enfrentado a la sociedad o al esta-do y sus aparatos, ignorando una verdad tan elemental como que el único enfrentamiento posible, en definitiva, es el de hombres con-tra hombres.

 

Pero Bentham no se conforma con escamotear la vigilancia. Debe justificarla más aún, añadiéndole el elemento más valioso de los que dispone el Siglo de las Luces: el saber.

La mirada tecnificada de Bentham, en consecuencia, no solo vigila a los presos. Sobre todo, los clasifica. La clasificación es otra de las bases de los modernos sistemas carcelarios, incluido nuestro "sistema progresivo".

 

El actual sistema de grados, e incluso la cárcel abierta, están perfectamente previstos por Bentharn:

 

'40 que debe hacerse es tener un establecimiento subsidia-rio ... un panóptico donde reinará más libertad, donde ya no habrá señal humillante, donde podrán celebrarse matrimo-nios, donde los trabajadores podrán ajustar su trabajo sobre el mismo pie, más o menos, que los oficiales ordinarios, donde en una palabra se puede dar tanta comodidad y tanta libertad, cuanta pueda ser compatible con los principios de la seguridad, la decencia y la sobriedad". (p. 72).

 

No es partidario del sistema celular, reliquia del pasado, antie-conómico y, sobre todo, inútil. "La soledad absoluta, que produce al principio un efecto saludable, pierde prontamente su eficacia y hace caer al infeliz cautivo en la desesperación, en la locura o en la insensibilidad" (p. 57). Como buen liberal, cree en los efectos bene-ficiosos de la asociación y la coniunicación. La convivencia es el único sistema que puede mantener vivos los sentimientos humanos en los presos. "Las pequeñas asociaciones son favorables a la amis-tad, que es la hermana de las virtudes, y un afecto durable y honra-do será muchas veces el fruto de una sociedad tan íntima y tan lar-ga" (p. 59). "Se dirá tal vez que esta asociación será más bien una escuela de delitos en la que los menos perversos se perfeccionen en

 

134     María Jesús Miranda

 

el arte de la maldad, con las lecciones de los que tienen una larga práctica en ella; pero se puede prevenir este inconveniente distin-guiendo a los presos en diferentes clases según su edad, el grado de su delito, la perversidad que manifiestan, la aplicación al trabajo y las señales que dan de arrepentimiento. El inspector debe de ser bien poco inteligente y bien inaplicado si en poco t i e m p ~no cono-ce el carácter de sus presos ..." @. 58). Ya no basta con que el ins-pector sea poderoso; además, ha de ser inteligente y atento. Ha de "saber"; saber cómo obtener el conocimiento y saber aplicar técni-camente los resultados. En la torre del panóptico se unen el poder

 

y el saber; el centinela que guarda los presos hacinados se ha trans-formado en el sabio inspector que los clasifica, los estudia, los ob-serva, los "trata" técnicamente, en especial disponiendo el espacio donde deben situarse, espacio vigilado pero también espacio, de convivencia, de trabajo, de instrucción y d ~ocio! y afectos.

 

Por lo tanto, el instrumento de que se sirve Bentham para pro-porcionar saber al inspector del panóptico es la distribución del es-pacio. La máquina funciona en virtud de dos principios arquitectó-nicos: la construcción circular y la transparencia. La distribución del espacio va a ser una de las grandes preocupaciones del XIX por-

 

que lo es de una burguesía obligada a reinstalar -y a hacerlo "con-venientemente"- una enorme masa de población, expulsada de la sociedad mial o producto, simplemente, del enorme desarrollo de-mográfico del siglo. "A finales del XVIII se plantea un problema nuevo; se trata de servirse de la organización del espacio con fines económico-políticos~'5. A los proyectos de distribución del espacio urbano que surgen en el XVIII se añaden progresivamente la racio-nalización del espacio rural, marítimo ... Pero, sobre todo, de los microespacios; la vivienda obrera, los hospitales, las aulas, las fábri-cas ... todos los lugares en los que transcurre la vida cotidiana se or-ganizan funcionalmente. El panóptico no es sólo, ni sobre todo, un proyecto de cárcel. Es un primer ejemplo, y bien claro, de arqui-tectura funcional. Arquitectura posible, y necesaria, en una socie-dad en la que el poder se ha escapado de las manos del hombre y se ha instalado en las relaciones entre ellos. Expresión plástica de una sociedad que "va d'elle meme" pero, sobre todo, arquitectura -y concepción social- que permiten que la sociedad se ajuste a leyes creadas por los hombres como si esas leyes fueran naturales y estu-vieran fuera del control de quienes las han creado. En un proceso

 

 

 

5 .       Idem id., pgs. 11-12.

 

Bentham en Espaiia

 

 

13.7

 

 

que ha llevado a la sociedad -y   a las cárceles-       actuales de ser "las

mejores posibles" a ser "las únicas posibles".

La otra gran preocupación  del panóptico es la transparencia,

 

 

pues no en vano es un producto del siglo de las luces. En él, todo está a la vista, pero en un solo sentido. Mientras los vigilados están situados en contraluz, para mejor exponer sus siluetas, la torre cen-tral está protegida de sus miradas por una celosía. Es bien cierto que los viajeros, los políticos y las personas interesadas pueden en-trar en la torre, pero nunca los presos. El panóptico es una maravi-llosa imagen de la ciencia social de nuestro tiempo. E1 técnico -el inspector- se encuentra en situación privilegiada para observar una serie de individuos que se le exponen, si no materialmente, sí al menos mediante técnicas de observación sofisticadas. Estas técni-cas, sin embargo, sólo valen en la medida en que los observados se comporten de acuerdo con determinadas normas, que no rompan con la ley de los grandes números. Los observados deben estar en situación de imposibilidad material de romperlas La observación se dota así de una doble función: observar la conformidad y provocar-la, en bien de la propia observación. La transparencia del panópti-co es la imagen ideal de un sueño de las ciencias sociales; la socie-dad como conjunto de individuos perfectamente contados, pesados y medidos, sin márgenes de error ni variables aleatorias.

 

Pero semejante ciencia social sólo ha podido surgir al final de un proceso dominado por una idea: la igualdad entre todos los hombres. Una igualdad que, en un primer momento, resulta verda-deramente irrisoria. Una igualdad que, para que sea credible, hay que construir. Y que, de hecho, la sociedad capitalista ha ido, y va, construyendo día a día. Precisamente, en los espacios de poder de-finidos por la arquitectura funcional y la vigilancia; la familia, la es-cuela, la industria, las instituciones sanitarias y de "reforma". Que se manifiesta en miles de cosas, desde la disolución de la propiedad en sociedades cuanto más "anónimas7' mejor y la revolución de los managers, hasta el aprendizaje obligado del inglés para todo hom-bre de hoy que se precie de serlo.

 

A esta cuidadosa disposición del espacio, Bentham añade otro elemento básico de su proyecto, elemento que también se mantiene intacto en la prisión moderna: la ingeniería del tiempo. "Pasemos a la ocupación del tiempo, objeto de una importancia infinita..." (p. 60, el subrayado es mío).

 

Del suplicio al empleo del tiempo. Rasgos defmitorios de siste-mas penales diversos, separados, sin embargo, pcr menos de un si-do .

 

136     María Jesús Miranda

 

"Es la época en la que se redistribuyó, en Europa y Estados Unidos, toda la economía del castigo. Epoca de grandes es-cándalos para la justicia tradicional, época de innumerables proyectos de reforma; nueva teoría de la ley y el delito, nuevas justificaciones morales y políticas del derecho de castigar; abolición de las viejas ordenanzas, desaparición de las costumbres; proyectos de redacción de códigos "moder-nos"; Rusia, 1769; Prusia, 1780; Pensilvania y Toscana, 1786; Austria, 1788; Francia, 1791, Año IV. 1808 y 1810. Una era nueva para la justicia penal"6.

 

Pasukanis entrevió, hace ya mucho tiempo, esta importancia central del tiempo en el derecho penal y penitenciario de la sacie-dad capitalista.

 

"Las prisiones y los calabozos existían igualmente en la an-tiguedad y la Edad Media, junto ccn otros medios de vio-lencia psíquica... (Pero) para que la idea de la posibilidad de reparar el delito con un auantum de libertad abstractamen-te-predeterminado haya p"odido nacer, ha sido necesario que todas las formas concretas de la riqueza social hayan sido reducidas a la forma más abstracta y más simple, al trabajo humano medido por el tiempo. Tenemos aquí indudabie-mente un ejemplo que confirma la interconexión de los distintos aspectos de la cultura. El capitalismo industrial, la declaración de los derechos humanos, la economía política de Ricardo y el sistema de detención temporal son fenóme-nos que pertenecen a una y Única época histórica"'.

 

El tiempo de la cárcel, más que nunca es oro, es decir, produc-tor de propiedad. Para que sea válido como pago por la culpa, el tiempo del condenado debe ser tiempo social, tiempo del mercado. Tiempo, pues, de instrucción y trabajo, las dos maneras en que el tiempo se convierte en propiedad. Bentham, el autor de "Defensa de la usura", es, de nuevo, el heraldo, si no el inventor, de las dos formas básicas de utilización del tiempo en nuestras prisiones: el trabajo y la instrucción.

 

El trabajo que se propone para el panóptico no es ya el trabajo forzoso de las galeras. En la nueva sociedad, el trabajo no es el hijo de un castigo divino, sino "el padre de la riqueza, el mayor de los bienes". La Constitución española de 1978 propone, en su artículo

 

--

6 . M. Foucault: Surveiller etptinir, Gallimwd, Paris, 1975, p. 13. Hay traducción en Siglo XXI, Ediciones. México, 1976.

 

7.        E. B. Pasukanis: Teoríageneral del derecho y ,marxismo, Labor, Ma-drid, 1976, p. 154.

 

Bentham en España 137

 

26.2 que "el condenado a pena de prisión ... en todo caso tendrá de-recho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarro-llo integral de su personalidad". Y así es exactamente en la prisión benthamiana. El trabajo no es un suplicio adicional, sino un dere-cho del preso, derecho a mejorar algo su condición en la cárcel, a ahorrar para cuando salga de elia, en una palabra, a acumular pro-piedad, es decir, a ser hombre, porque hemos entrado ya en el tiem-po en el que ser hombre es idéntico a ser trabajador. Negar 4 preso el derecho al trabajo es negarle su esencia humana ... algo incompa-tible con el humanismo de la sociedad burguesa. De ahí todas las preocupaciones de Bentham -y de los reformadores actuales- so-bre el trabajo carcelario; que no sea forzoso ni predeterminado, si-no de libre elección, dentro de lo posible; que permita la formación profesional del preso; que sea lo suficientemente rentable como pa-ra proporcionarle un aliciente económico ... que sea, en fin, trabajo, en el estricto sentido que el término tiene en la sociedad capitalis-ta: quehacer "libre" y remunerado.

 

Otro tanto podemos decir de la instrucción, modo en que el tiempo se convierte en propiedad del interesado con valor de cam-bio social. "Toda casa de penitencia debe ser una escuela. Esto es necesario para los jóvenes encerrados en ella: ipor qué se negaría el beneficio de la instrucción a unos hombres ignorantes, que pueden hacerse miembros útiles de la sociedad con una nueva educación?

 

(p. 67, el subrayado es mío). El mismo planteamiento: la educa-ción es un derecho ... que hace al hombre útil a la sociedad. Sólo que, como esta sociedad es más útil para unos que para otros, la burguesía en el poder va a intentar convertir cada cárcel en una es-cuela. Se enseñará en ellas 'la lectura, la escritura, la aritmética, el dibujo" ... pero también la "enseñanza moral y religiosa". Obsesión permanente de los penitenciaristas de nuestra época que, de tanto perseguir la "educación nueva" van a terminar llamándose "reedu-cadores", nombre que hoy ostentan con orgullo.

 

La sociedad capitalista hace posible, pues, la detención tempo-ral, el pago de la culpa en tiempo. Pero el tiempo no es más que una idea. Para que adquiera valor de cambio social hay que conver-tirlo en tiempo de instrucción y trabajo: tiempo objetivo. ¿Podría-mos decir tiempo alienado? En cualquier caso, tiempo separado del sujeto. Manipular esta dimensión del tiempo no es suficiente por-que, como veáamos al hablar de la vigilancia, una de las condiciones de la sociedad democrática es que la vigilancia se ejerza desde uno mismo. Por eso es preciso manejar también el tiempo subjetivo. Y

 

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María Jesús Miranda

 

 

eso sólo puede  hacerse a través del cuerpo, que es lo que lo hace

 

perceptible. El cuerpo del preso sigue siendo el resorte último de la justicia, a donde el poder acude para rentabilizar el delito. Lo que sucede es que ya no recurre a la pompa del suplicio. Ahora, lo que trata de inscribir en el cuerpo del preso no es tanto el valor-de-po-der como el valor-del-valor. El exponente más general del valor$s el trabajo. El trabajo se hace con el cuerpo; rio por casualidad la fuer-za de trabajo se llama mano de obra. Manos, pies, brazos, espaldas, sometidos al tiempo: gimnasia. "El ejercicio al aire libre es un pre-servativo parala salud; pero este ejercicio debe, como todo lo demás, estar sometido a la regla inviolable de la inspección" (p. 66).

 

Esta es, en definitiva, la verdad de la cárcel. Una caricatura, un modelo a escala reducida, de la sociedad que la produce. En eiia se va a reproducir, más inexorable y más ceñido que los gdete s de hierro, el ciclo vital -o más bien, anti-vital- a que nos somete la sociedad capitalista; instrucción, trabajo, producción, descanso, producción, trabajo, descanso,, producción. El cuerpo del preso de-be ser el cuerpo más saludable de todos los cuerpos; en él está ins-crito el valor del trabajo.

 

Una forma adicional, pero no menos importante, de la relación cuerpoespacio-tiempo es la dramatización del proceso de encarce-lamiento, dramatización completamente viva hoy en día, como ha puesto de manifiesto el trabajo de Goffman y de muchos otros que le han seguido. Nos dice Bentham: "Es muy particular que la más horrible de las instituciones presente en este punto un modelo ex-celente. La Inquisición, con sus procesiones solemnes, sus vestidos emblemáticos, y sus decoraciones espantosas, había hallado el ver-dadero secreto de mover la imaginación y hablar al alma. En una buena comisión de leyes penales, la persona más esencial es la en-cargada de combinar el efecto teatral" (p. 42, el subrayado es mío). He aquí otro de los eiementos fundamentales de la sociedad demo-crática, elemento que la hace posible y la mantiene; el de hacer pa-sar la apariencia por la esencia, el fenómeno por el ser. La palabra que Bentham utiliza es exacta; lo esencial es el efecto, la represen-tación, el símbolo. Reaparición del fenómeno central del que ha-blábamos al principio: escamotear los objetos y sustituirlos por su representación. Es esta escenificación del proceso la que hace creí-ble a los ojos del sujeto y del público en general la realidad de lo re-presentado. En este caso, la realidad de la justicia penal de la socie-dad burguesa. Ni la ley, ni el juicio. Ni los hechos ni la razón son eserzciales. Ni una ni otra aparecen en el modelo de Bentham. Lo que si está presente por todas partes es la escenificáción: en la de-

 

Bentham en España 139

 

coración, en el vestido @. 64), en los procedimientos de admisión (p. 65), en los castigos (p. 69). Toda una dramatización orientada a "destruir el yo del preso", que diría Goffman o, más simplemente, a "sumergirlo en la h u d a c i ó n " que dice Bentham para poder, posteriormente, "iniciar el tratamiento'" que diría Goffman o, más simplemente, "disponer todo lo que le rodea de modo que haga en él la impresión que se desea producir", que dice Bentham.

 

A        través del cuerpo. Pero "como el rayo de sol que atraviesa el cristal, sin romperlo ni mancharlo". Del poder físico al poder sim-bólico. Del verdugo al psiquiatra ... en un proceso que aún no se ha detenido... ni tiene visos de detenerse.

¿Por qué? En mi opinión, porque la forma de ejercicio del po-der prevista en el panóptico es una forma esencialmente democrá-tica, es decir, una forma en la que el poder se diluye en un campo de fuerzas. En la cárcel democrática. como en la familia actual, el ejercicio del poder se enmascara tras'una apariencia de trampa. To-dos están atrapados por la relación y es ésta la que determina los comportamientos. Kropotkin entendía muy bien eI problema cuan-do decía: "Poned un Pestalozzi al frente de cada cárcel ... y segui-réis cosechando la rein~idencia"~.No hay en la cárcel democráti-

ca un   poder que se entrega a    alguien para que lo ejerza sobre los

otros. Se trata más bien, como dice Foucault, "de una máquina en

la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el po-

der como aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto

es lo característico de las sociedades que se instauran en el siglo XIX.

El poder ya no se identifica sustancialmente con un individuo que lo

ejercería o lo poseería en yirtud de su nacimiento, se convierte en

una maquinaria de ia que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina

nadie ocupa el mismo puesto, sin duda ciertos puestos son prepon-

derantes y permiten la producción de efectos de supremacía. De es-

ta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación de clase en

la misma medida en que disocian el poder de la potestad indi~idual"~.

La crítica de la cárcel, como la de tantas otras instituciones burguesas, sólo puede hacerse, pues, en base a una crítica radial de la misma, como mercado político, generalizado como organización técnica del poder que permite y mantiene e1 dominio de la burgue-sía. La sociedad capitalista se mantiene precisamente gracias al pro-ceso de democratización de sus instituciones básicas. El problema

 

 

8 Kropotkin: Las  prisiones. Calamus Scdptorius, Bacelona, 1977,

 

140     María Jesús Miranda

 

es que la democratización no elimina la dominación ni la opresión. No elimina el ejercicio del poder que, por el contrario, pasa a ser elemento integrante -e indispensable- de la propia relación, de la propia institución. Este carácter obvio y generalizado de las relacio-nes de poder en la sociedad capitalista es precisamente lo que hace posible que no sean percibidas.

 

En el caso concreto de la criminología, el hecho es evidente. Desde "L'uomo criminal" de Lombroso, la criminología médica, psiquiátrica o social se han olvidado sistemáticamente de que, en definitiva, la criminalidad es la expresión de una relación de poder. Bentham lo expresa claramente al decir que la ley crea el derecho al crear el delito. El delito, como la ley, es una expresión del poder. Pero cien años más tarde, todos los criminólogos parecen haberlo olvidado. Se busque la causa del delito en lo fisiol&gico, lo psicoló-gico o lo social, se harán escasas o nulas referencias al poder, al es-tado o sus aparatos. Con algunas excepciones; como notables, po-dríamos citar a Pasukanis y a Durkheim. Pero también es cierto que sus análisis conducen a estos dos autores a conclusiones muy poco democráticas; Durkheim defenderá una organización política cor-porativa; Pasukanis, la dictadura del proletariado. Y cuando, por fin, el tema del poder se ha planteado, la realidad de las institucio-nes "democráticas" de control ha hecho que el enfoque haya sido totalmente idealista.

 

En los últimos años, España está sufriendo un proceso de de-mocratización. Como es característico de estos casos, el tema de las cárceles ha saltado a la arena del debate. Por una doble vía: la polí-tica y la de la acción. Mientras se elabora un proyecto de reforma penitenciaria, arden las cárceles. Tal vez una mirada retrospectiva pueda aclararnos algo este fenómeno.

 

En 1894, D. Luis Silvela, el introductor en España del concep-to de pena correccional (con su obra "El derecho penal estudiado en principios", 1874), dedica a Bentham su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Silvela es, para García Valdés, -por ejemplo- "uno de los cuatro españoles que más se distinguieron en su afán de reformar las cárceles". Y, dato signifi-cativo, dedica parte de su labor intelectual al estudio de Bentham y su huella entre nosotros. También en España, la reforma legal y penitenciaria del XIX está profundamente marcada por el pensa-dor inglés que Silvela, en una curiosa coincidencia con Foucault, no d e f i e como fdósofo o jurisconsulto, según las opiniones más fre-cuentes de su época -y de la nuestra- sinc como persona a la que "si!s estudios, la índole de su genio, sus tendencias todas le coloca-

 

Bentham en España 141

 

ban más bien entre los sociólogos, entre los hombres prácticos que tienen horror a la metafísica7'l o .Para el inefable D. Luis, Bentham es un hombre de acción, preocupado por la realidad social, un téc-nico reformador, pero un mal filósofo. Los principios en que pre-tende basar su obra son toscos y débiles. Pero ésta es importante, porque 'la humanidad se ha beneficiado de sus indudables acier-tos, desdeñando el débil principio en que se apoya"ll.

 

Esa es, efectivamente, la historia de la herencia de Bentham. En 1957, en la Revista de Estudios ~enitenciarios'~podemos leer: "los principios característicos del Panóptico destinados a prevale-cer o a reactualizarse con posterioridad son:

1 . su idea esencial de la inspección central.

2. su minucioso dispositivo de seguridad.

3. la celda como unidad de alojamiento de varios indivi-duos.

 

4 . paredes interiores formadas por una reja, que permite la visibilidad plena.

5.        principio de clasificación moral".

Es decir, ¡todo! Los postulados esenciales de la obra de Benth-am permanecen como base de la cárcel ciento cincuenta años des-pués de haber sido formulados ... y después de haber sido refutados ciento cincuenta mil veces los principios filosóficos en los que pre-tendían basarse.

 

Bentham empieza a influir temprana y fuertemente en los li-berales españoles. Su primer introductor es Toribio Núñez, profe-sor de la Universidad de Salamanca, discípulo de Meléndez Valdés, diputado en Cortes en 1820, autor del libro "Ciencia social según los principios de Jefemías Bentham", impreso en 1835 por orden del gobierno español en la Real Imprenta, lo que nos da idea de hasta qué punto los liberales entonces en el poder estimaban la *m-portancia de la obra benthamiana, y que ya en 1820 había traduci-do los "Principios de Legislación Civil y Penal" extractados por Du-mont de la obra de Bentham (de los que hemos extraído la Memo-ria sobre el Panóptico). La misma memoria es editada en 1834 por iniciativa de Villanueva y Jordá -que ya en 1819 había ideado la aplicación del principio panóptico a las cárceles españolas- acom-pañada de una Memoria de la Sociedad Económica Matritense de

 

10       Silvela, op. cit., p. 13.

11       Idem id.,p. 13.

12       Carlos García Basalo: El panóptico de Bentham. Revista de Estudios

Penitenciarios, núm. 129. Madrid, 1957, p. 594.

 

María Jesús Miranda

 

Amigos del País sobre la situación de las cárceles de la Villa y Corte y un apéndice del propio Villanueva sobre la situación de la pobla-ción penal española, que también incluimos en este volumen. Y no cabe duda de la influencia benthamiana en las dos primeras mues-tras del derecho penal y penitenciario español, respectivamente, el Código Penal de 1822 y la Ordenanza General de Presidios del Rei-no de 1834.

 

Pero ambas leyes corren una suerte muy diversa: mientras el Código Penal goza de una vida muy corta -es abolido por Fernan-do VI1 en 1823, y su sucesor, el Código de Narváez de 1848, es ya mucho menos liberal, y mucho menos bentharnista- la Real Orde-nanza va a perpetuarse con escasas modificaciones (que giran íinica-mente en torno al tema de la separación individual o no de los pre-sos; es decir, a la instauración o no del sistema celular), aunque manteniendo en pie al resto de los principios: inspección, clasifi-cación, trabajo obligatorio y "redentor", instrucción, etc., etc., que son los que triunfan definitivamente en el Real Decreto de 5-5-1913, que ha sido calificado de "verdadero Código penitenciario español", y que según García Valdés recoge una serie de "instituciones que, modernizadas, se reproducen en los sucesivos reglamentos de Pri-siones" 1 3 . Y no puede por menos de ser así. La sociedad democrá-tica ha establecido, también en España, sus normas y esas normas implican unos instrumentos determinados de control social. pena-tiempo, tiempo-trabajo, trabajo-inspección, inspección-pena ... cír-culo infernal del que la "modernización" de la que habla García

Valdés -,no   es más propio llamarla sofisticación tecnológica?-  no

nos permite escapar.

Y, mientras tanto, se produce un doble proceso: por un lado,

la situación   de la población carcelaria se mantiene en un estado de

miseria sangrante y por el otro, al nivel de codificación, al nivel de las ideas hechas leyes, se entabla una batalla --muy poco sangrien-ta- entre progresistas y reaccionarios, que convierte la historia de la codificación penal española en una farsa maniquea y que sirve, de hecho, para ocultar entre ríos de tinta y montañas de papel la permanente desgracia de quienes caen en las manos de la justicia. Dicho en otras palabras: mientras que penales como El Dueso, San-ta María, Ocaña, La Casa Galera de Mujeres de Alcalá siguen en pie tras varios siglos de servicio, España disfruta de siete códigos pena-les diferentes.

 

 

13       Sarcía Valdés: Régimen penitenciario de España. Instituto de Crirni-nología, Madrid, 1975, p. 37.

 

Bentham en España 143

 

En el terreno de las reformas penitenciarias, Bentham señala desde el principio todos los elementos fundamentales.

 

"Conviene recordar sumariamente los objetos a que debe mirarse en una institución de esta clase; retraer de la imita-ción de los delitos con el ejemplo de la pena; prevenir los delitos de los presos durante su cautividad; mantenq entre eilos la decencia; conservar su salud y limpieza, que es parte de eila; estorbar su fuga; procurarles medios de subsistencia para el tiempo de su soltura; darles la instrucción necesaria; hacerles adquirir hábitos virtuosos; preservarles de todo mal trato ilegítimo; darles el bienestar del que es susceptible su estado ..." etcétera, etcétera. (Panóptico, 45).

Nada nuevo han añadido a esta lista los sucesivos proyectos de reforma penitenciaria que se han realizado en nuestro país, ni los hermosos y grandes proyectos realizados por los liberales de finales del XIX ni los regresivos y delezriables realizados por los regímenes reaccionarios. Es precisamente esta continuidad en la situación -y en su crítica- la que hace posible que García Valdés cometa el in-creíble error de confundir a Fernando VI1 con Alfonso XIII y de creer que la Real Ordenanza de 1819 en la que el primero pide un informe a la Red Sociedad Matritense sobre la situacióii de las cár-celes, es obra del segundo y tiene fecha de 1919 14. La descripción de los horrores de la cárcel de la Viila que hace la Sociedad podría haberse hecho un siglo después, lo mismo que ciento cincuenta años después de haberse escrito, el panóptico sigue siendo progresi-vo o, en palabras del actual director general de prisiones, un mode-lo de "las modernas tendencias arquitectónicas aplicables a las mis-mas" (instituciones penitenciarias). Cien años, cuatro constitucio-nes con sus correspondientes códigos penales y reformas peniten-ciarias, las voces de Concepción Arenal, Salillas, Bernaldo de Qui-rós, Silvela, Villanueva, Montesinos, Dorado ... y, en una mirada re-trospectiva, un experto en nuestro tiempo puede confundir hechos separados por un siglo. ¿Estamos o no en un círculo infernal?

 

Porque la rueda sigue girando. García Valdés se encuentra, co-mo los liberales del 22 (mil ochocientos) enfrentado a la reforma democrática de las prisiones. Y poco más que ellos puede hacer. Puede repetir, con Bentham, que privar al hombre de libertad no es arrojarle a una cloaca. Puede seguir persiguiendo obsesivamente, co-mo él, la limpieza que es parte de la decencia, porque la limpieza será la eterna obsesión de una institución que condensa todas las

 

 

14 Ver la obra anteriormente citada, pp. 36 y 37

 

144     María Jesús Miranda

 

tendencias anales de los hombres de la sociedad capitalista; su sadis-mo, sus sentimientos de culpa, sus ciegos temores ... Puede, en el ca-mino iniciado por él, seguir sustituyendo elementos físicos de con-trol por elementos simbólicos: los muros y las cadenas pueden ir cayendo bajo el impulso de la vigilancia, desde la tecnificación pro-gresiva de la administración pública -hoy por hoy es tan malo ir in-documentado como ir marcado con hierro el siglo XVII-- hasta la aplicación in extenso de la psicoterapia más sofisticada. Puede ha-cer a los presos algo más hombres -perdón, más propietarios- gra-cias a la Seguridad Social y a la enseñanza a distancia. Y nada más.

 

No quiero decir que esté en contra de la limpieza o de la Segu-ridad Social o a favor de las cadenas y los electroshocks. Quiero de-cir que ni el director general de prisiones tiene el poder suficiente para romper un círculo vicioso que engendra dolor y delincuencia y dolor. Que está atrapado en él tanto como el último preso, o como cualquiera de nosotros. En primer lugar, por una serie de limitacio-nes que se derivan de la propia naturaleza de la cárcel como realiza-dora de penas justas; como ya señalaba Bentharn, la comida, el alo-jamiento y el vestido que la cárcel proporcione debe ser siempre "el más común y el más barato que dé el país, porque no deben (los presos) ser mejor tratados que la clase pobre y laboriosa" (Panópti-

co, 63).

 

La cárcel justa y democrática tiene que ser mala, porque así lo exige el pueblo. El pueblo enfrentado al poder asalta las bastillas, porque ve en ellas su manifestación extrema. Pero el pueblo que se cree instalado en el poder por la democracia -por limitada que ésta sea- se queja del gasto de las prisiones. Ya a mediados del XM, los obreros de Paris reclamaban que los trabajos peligrosos o desagrada-bles fueran realizados por los presos.

 

La insensibilidad popular ante el problema de las prisiones es también una consecuencia de la organización democrática de la so-ciedad, como hemos podido observar claramente en España en los tres últimos años. A medida que ha ido progresando la estabiliza-ción democrática, el tema de la cárcel, la amnistía, etc., ha ido cam-biando de signo. En diciembre del 77 fue casi realidad un indulto ge-neral para los presos comunes, apoyado incluso por el PSOE. En noviembre del 78 se celebran manifestaciones multitudinarias con-tra el terrorismo y a favor del aparato de control -cárceles inclui-das- apoyado incluso por partidos maoístas. Este giro de 180 gra-dos se explica en parte por la cuidadosa campaña propagandística emprendida por el gobierno Suárez contra los delincuentes y a fa-vor de las fuerzas del orden. Pero es indudable que el eco de esta

 

Bentham en España 145

 

campaña ha sido posible fundamentalmente gracias a las ilusiones democráticas -de compartir el poder frente a- del pueblo. Y son precisamente estas ilusioneslas que van a dificultar la reforma. Pero, sobre todo, la reforma es imposible, por el carácter utópico del pro-pio planteamiento. El panóptico fracasó porque Bentham no previó las resistencias o, mejor dicho, porque no estaba diseñado para tra-tar con hombres, sino con el mítico homo utilitario que el propio Bentham había creado. El mismo creador del mito fue víctima de su criatura e incapaz de darse cuenta de ello. Hasta ahr'llega el po-der de la representación.

 

Hechas para tratar con mitos, las cárceles de hoy, mucho que se tecnifiquen, siguen fracasando frente a las resistencias de los hombres que las pueblan. A fuerza de dolor, los presos "previenen del delito con el ejemplo". Pero es precisamente ese dolor constan-te y acrecentado el que puede hacernos pensar que algo tiene que estar equivocado para que esta sociedad del mercado y la democra-cia neces'te del dolor para seguir viva. Desde el terror y con el te-rror - i p ~ d r í aacaso haber sido de otro modo?- los presos están tratando de esclarecer ekiremendo error que les condena a un sufri-miento perpetuo por&e es necesario. Quizá su grito sea también un signo de los tiempos y no caiga en el vacío.

 

María Jesús Miranda

Diciembre de 19 78

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

OBRAS PUBLICADAS:

 

 

 

 

SERIE GENEALOGIA DEL PODER

 

MICHEL FOUCAULT

Microfísica del poder.  1978. 193 págs.

El        cura  Galeote asesino del  obispo de Madrid-Alcaki. Proceso

 

médico legal reconstruido y presentado por Julia Varela y Fernan-

 

do Alvarez-Uría

 

ANNE QUERRIEN

 

Trabajos elementales sobre la escuela primaria. (En preparación).

 

ROBERT CASTEL

 

El orden psiquiázrico. (En preparación).

 

COLECCION DE QUE VA:

 

JESUS ORDOVAS

 

DE QUE VA Elwollo. 1977. 104 págs.

 

DIEGO A. MANRIQUE

DE QUE VA El rock macarra. (Punk rock). 1977.84 págs.

 

EDUARDO HARO IBARS

DE QUE V M Las drogas. 1978.112 págs.

M.       ROSA SOLA

DE QUE VA La alimentación natural.

 

LUIS RACIONERO

 

DE QUE VAN Los mitos de los 60 (En preparación).

 

PEPE RIBAS

 

DE QUE VAN Las comunas (En preparación).

 

RUDOLF ROCKER

Nacionalismo y cultura. 1977.736 págs.

FRANK MINTZ

 

La autogestión en la Españ~revoluczonana. 1977. 436 págs.

INTERNACIONAL SITUACIONISTA

 

La creación abierta y sus enemigos. Textos situacionistas sobre arte

y urbanismo. 1977.318 págs.

MAX NETTLAU

 

Miguel Bakunin, la Internacional y la Alianza en España (1868-1873). 1977. 156 págs.

 

ANGEL J. CAPPELLETTI

 

Etapas del pensamiento socialista. 1978. 120 págs.

 

PERE FOIX

 

Los archivos del terrorismo blanco. El fichero Lasarte (1910-1930). 129 págs.

 

HENRI SIMON

 

La huelga salvaje en Polonia el 25 de junio de 1976. 1978. 76 págs.

 

CARLOS DIAZ

Manifiesto libertario de la enseñanza. 1978.64 págs.

 

MIGUEL BAKUNIN

Obras completas. (Publicados 1 y TI)

 

ISIDRO GUARDIA

 

Conversaciones sobre el movimiento obrero. Entrevistas con mi-litantes de la CNT. 1978. 146 págs.

 

DIDEROT

 

Carta sobre los ciegos para  uso de los qtle ven.  1978. 94 págs.

RAMON SAFON

 

La educación en la España revolucionaria ( 1936-1939). 184 págs.

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